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HUMANITAS
ANUARIO DEL CENTRO DE ESTUDIOS HUMANISTICOS

UNIVERSIDAD DE NUEVO LEON
N9 1
196 O

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�HUMANITAS
ANUARIO DEL CENTRO DE ESTUDIOS HUMANISTICOS

UNIVERSIDAD DE NUEVO LEON

Año 1
1960

�AÑO

NUM.

196 O

I

1

HU MANITAS

• ¿..,

ANUARIO DEL CENTRO DE ESTUDIOS HUMANÍSTICOS
DE LA UNIVERSIDAD DE NUEVO LEÓN
CE TRO DE ESTUDIOS HUMANÍSTICOS DE LA
UNIVERSIDAD DE NUEVO LEÓN

Presidente y Jefe de la Sección de Filosofía:

DR.

AousriN BASAVE FERNÁNDEZ DEL VALLE

Jefe de la Sección de Letras:

LIC.

JUAN ANTONIO AYALA

Jefe de la Sección de Historia:
PROF. ISRAEL CAVAZOS GARZA

Jefe de la Sección de Ciencias Sociales:
Lic.

ALBERTO GARCÍA GóMEZ

Jefe de la Sección Editorial:
Lle.

ALFONSO RANGEL GUERRA

EDITORIAL JUS
MEXICO,

1960

�HUMANITAS

Correspondencia: Centro de Estudios
Humanisticos. - Dirección : Zaragoza
Norte 224.

-

Monterre , N. L.

EL CENTRO DE ESTIJDIOS HUMANÍSTICOS
DE LA UNIVERSIDAD DE NUEVO LEÓN
Dr.

AGUSTÍN BASAVE FERNÁNDEZ DEL VALLE
Universidad de Nuevo León

PRIMERA EDICIO

Derechos Reservados ©
por el Centro de Estudios Humanísticos de la U.N.L.

La responsabilidad derivada de los estudios contenidos en
este Anuario corresponde exclusivamente a sus respectivos autores

EL CENTRO DE ESTUDIOS HUMANÍSTICOS de la Universidad de
Nuevo León es el nombre de una esperanza mexicana, específicamente neolonesa. Nace a la vida de relación, limpio de prejuicios,
con anhelos de verdad y con voluntad de servicio.
Vivimos en una época de crisis. La vida actual .se ve acosada
por una terrible angustia producida por la desorientación; nos toca vivir en un mundo que al parecer se desquicia. Un sistema de
ideas y formas de vida se hunde en el ocaso y no se ven alborear
nuevas estructuras, nuevos pensanlientos. El debilitamiento y la
distorsión del raciocinio caracteriza la crisis actual. La técnica, que
debiera servir al hombre para dominar la naturaleza y poder vacar en sus menesteres espirituales, le ha esclavizado. Padecemos
una crisis de intimidad. Vivimos extravertidos en lo de fuera, fugándonos de nuestro yo auténtico y aturdiéndonos con el vocerío
de los instrumentos de disipación (prensa, radio, televisión, cinematógrafo). Aunque tengamos más información que en otras épocas, hay una creciente indiferencia crítica. Al arecer ya no importa pensar y saber, sino vivir y ser eficiente. La técnica orientada en un sentido gigantesco y mercantil, es la plasmación materialista de la eficacia cuantitativa, que ha sustituído a la idea de
.salvación. Se ha perdido el sentido de universo, de verdad total,
5

�para caer en la atomización de un puñado de verdades parciales
que no se sabe cómo conciliar.
Los cultivadores de las ciencias especiales buscan al hombre donde e1 hombre no está, con instrumentos inapropiados para captar
las sutilezas de lo humano. De ahí la certera agudeza de la paradoja de Heidegger: "en ninguna época se ha sabido tanto y tan
diverso con respecto al hombre como en la nuestra. En ninguna
época se expuso el conocimiento acerca del hombre en forma más
penetrante ni más fascinante que en ésta. Ninguna época, hasta
la fecha, ha sidQ capaz de hacer accesible este saber con la rapidez y facilidad que la nuestra. Y, sin embargo, en ningún tiempo
se ha sabido menos acerca de lo que el hombre es. En ninguna época ha sido el hombre tan problemático como en la actual". (M.
Heidegger, Kant y el Problema de la Metafísica. Fondo de Cultura Económica, México 1954, p. 175). Todo esto es cierto, innegable, pero siempre queda lugar para el examen de conciencia y
para la esperanza.
La responsabilidad de un Centro de Estudios Humanísticos, con
sus diversas Secciones, ante la crisis del mundo actual, no se limita al señalamiento, más o menos lúcido, de los fundamentos de la
crisis y de las posibilidades de superarla. Estamos comprometidos
( así lo pienso yo por lo menos), a reafirmar vitalmente la verdad,
la bondad, la belleza y los demás valores eternos en lo que tienen
de imperecedero, limpiándolos de todo lastre circunstancial. El
hombre no podría vivir, si no tuviese la convicción de que sus facultades cognoscitivas lo llevan a la verdad. Sería imposible obrar
o abstenerse de obrar. Indudablemente 1a razón alcanza con certeza plena las verdades más elevadas del orden natural. Y ello es
así, porque lo que es, es lo que causa en nuestro espíritu la verdad.
Para ser plenamente escéptico habría que convertirse en vegetal.
Es claro que al afirmar la veracidad de nuestras facultades cognoscitivas estamos muy lejos de caer en el error, por exceso, del racionalismo. Nuestra razón alcanza la verdad no sin dificultad y a condición de someterse a una disciplina externa a ella.
Todo el hombre está empeñado en la indagación de la verdad.
6

Y cuando se la descubre amorosamente en etsilencio de la ·medita&lt;:ión, se pega al alma' y le infunde vida interior. No es bien mostrenco, sino asunto íntimo, descubrimiento histórico con una filiación personal. El hcmbre no inventa la verdad, se acerca a ella y
la recoge con reverente humildad. Pero en este acercamiento, el
ser humano rasga la corteza de las cosas para alumbrar su secreto
íntimo. Sólo después de ser poseída, la verdad -luz y alimentopuede ser comunicada. Y es lo cierto que nacimos para la verdad,
aunque nos empeñemos algunas veces, en vivir en el error. Cuando la verdad nos posee, surge la ciencia. Los griegos daban el nombre de "aletheia" al "descubrimiento'\ a la "patencia" de las cos as. La verdad era, para ellos, una propiedad del ser real. La pre.5encia humana en el mundo posibilita -no genera- la verdad.
En este sentido, somos responsables de la verdad en cuanto develamiento y en cuanto comunicación. El amor es inseparable de la
verdad: la esclarece y la posibilita. Estamos llamados -todos, sin
excepción- a dar testimonio de la verdad. Abrirse a la verdad, y
abrirse en la verdad para los otros es cumplir la ley de nuestro
propio ser. Tenemos la certeza de que somos hombres para algo
más que para dar con nuestros huesos en una tumba. Por eso me
ha parecido siempre magnífico el lema de la Universidad de Nuevo León, mi "alma mater": "Alere Flammam Veritatis". Si la administración de la verdad está confiada a la libertad humana, es
preciso alentar la flama de la verdad. Condenados como estamos
.a la muerte, debemos apresurarnos -con inquebrantable voluntad
y sin descanso-, a dar nuestro mensaje -grande o pequeño pero
siempre auténtico-, antes de pasar a aquel estadio en donde tenemos la certeza -los creyentes- de que sobran los mensajes porque todo está a la vista, en su más prístina patencia. Pero todo develamiento, todo mensaje debe estar al servicio del amor que abra.za y excede a la verdad. Otra cosa sería exhibicionismo y escándalo. Si todo hombre es un ser dialógico, la verdad tiene también,
en consecuencia, un carácter dialógico, social. Florece en el coloquio de los espíritus libres. Cada hombre tiene la posibilidad de
.enriquecer su propio campo visual con el de los otros. Cada hom7

�bre capta, sostiene y transmite la verdad de manera personal. Y
todo ello sin mengua del carácter universalmente válido y supratemporal de la verdad. Por diversas rutas: Filosofia, Ciencias Literarias, Historia y Ciencias Sociales, los miembros del Centro de
Estudios Humanísticos andamos en pos de la verdad. Sabemos que
en el ser, en la verdad, habrá siempre un fondo de misterio y, por
tanto, una inagotable fuente de sorpresa. De ahí nuestra perpetua
inquisición de la verdad. ¿Pero es que puede ser otra cosa la investigación? "Busquemos, sugiere San Agustín, como quienes van
a encontrar, y entremos como quienes aún han de buscar, pues,.
cuando el hombre ha terminado algo, entonces es cuando empieza". (De Trin., IX, c. l. ) . Búsqueda que es preciso insertar en el
momento histórico, porque el descubrimiento de la verdad -sucesivo y progresivo- se hace en el tiempo. Siempre cabe descubrir, en diversos momentos históricos, aspectos diversos de una norma universal y eternamente válida.
No basta, sin embargo, un decidido y apasionado amor por la
verdad. Las disciplinas humanísticas -la Filosofía, la Lingüística,.
la Historia, las Ciencias Sociales- exigen un dominio del instru-mental metodológico, incompatible con la facilidad del saber vulgar. Es menester que nuestros investigadores tengan un conocimiento suficiente de la metodología para estar en aptitud de recoger y estructurar todas las normas que la razón y la experiencia
dictan, a fin de llegar segura y prácticamente a los especiales objetivos de investigación que en concreto se pretenden. Ningún sis
tema ideológico por respetable que sea, podría servir a manera
de común denominador entre investigadores de muy diversa formación y procedencia. Algo hay, no obstante, que permitirá estampar, en los trabajos de nuestros colaboradores, su sello peculiar·
e inconf undiblc: el rigor metódico, el estilo cientüico. El ensayismo y los trabajos de divulgación -dignos de respeto y hasta convenientes en otras circunstancias- quedarán fuera de nuestros objetivos. Nos hermana una tarea científica, una disciplina metodológica, por encima de cualquier cosmovisión personal. No estamo
solos. Contamos con el apoyo moral y material del H. Poder Eje-•
8

cutivo del Estado de Nuevo León, del H. Patronato Universitario
y de nuestra Universidad que, en la digna persona de su Rector,
ha puesto especial empeño para fomentar, en nosotros, el esfuerzo
para la consecución de la meta propuesta. Hace aproximadamente un año, cuando el Centro de Estudios Humanisticos era a penas
una idea auroral que bullía en mi cerebro, tuve la decisión de
confiar mi proyecto al licenciado don Raúl Rangel Frías, Gobernador del Estado y universitario "ex veritate", quien me brindó,
desde el primer instante, su franco respaldo y su generosa simpatía.
Que conste, desde ahora, el público testimonio de mi gratitud. El
resto: la estructura y el funcionamiento del Centro, fue cuestión
de entusiasmo del Comité Organizador.
Séame permitido ofrecer, siquiera sea en sus líneas fundamentales, la urdimbre del Centro de Estudios Humanísticos de la Universidad de Nuevo León. Trátase de un organismo universitario cuyo objeto primordial es fomentar y promover la investigación dentro de las disciplinas humanísticas. Por ser una institución de carácter estrictamente científico, queda fuera de su campo de actividades todo tipo de proselitismo político o religioso. El Centro
de Estudios Humanísticos está legalmente representado por su Presidente, pero la autoridad máxima será el Consejo General, formado por el Presidente y los Jefes de las Secciones que lo forman.
Inicialmente tenemos las siguientes Secciones: a) .-Filosofia; b) .
- Letras; c) .- Historia ; d) .-Ciencias Sociales; e) .-Editorial. Se
contará con investigadores de las siguientes categorías: a) .-Investigador Jefe de Sección; b) .-Investigador de Planta; c) .-Investigador extraordinario (becado o huésped). Además de los diveros libros que produzcan los investigadores, el Centro de Estudios
Humanísticos publicará un anuario intitulado "Humanitas", con
todos los trabajos aprobados de sus investigadores y aquellos otros
que se soliciten a escritores nacionales o extranjeros de reconocido
prestigio. La Institución tendrá como patrimonio económico, el
que se constituya por las aportaciones regulares que haga el Gobierno del Estado, el Patronato Universitario de Nuevo Le6n, la
Universidad de Nuevo León y los ingresos que obtenga de sus ac9

�tividades y publicaciones. Sin perjuicio de su fin primordial, la
investigación, el Centro realizará actividades de extensión tales
como : misiones culturales, conferencias y cursos monográficos dentro de la Institución, participación en Congresos Nacionales y extranjeros, estudios que le encomiende el Gobierno del Estado dentro de su campo propio de trabajos, etc. Los perfiles del Centro
de Estudios Humanísticos están diseñados. El programa, noblemente ambicioso, queda trazado. Pero la realización nos incumbe,
en una forma o en otra, a todos los amantes de la Universidad.
Nuestra tarea es eminentemente universitaria. Si la cultura y las
profesiones no estuviesen en un estrecho contacto con el incesante
fermento de la investigación, La Universidad se anquilosaría muy
pronto en sarmentosa rutina. Nada sería la enseñanza superior
si no tuviese hincadas sus ávidas raíces en el suelo nutricio de la
ciencia. La investigación dignifica a la Universidad y la salva de
caer en las redes de 1llla mecánica ciega. Todo puede ser penetrado, aclarado y objetivado en el viviente espíritu de La Universidad
investigadora. Partiendo de nuestra fidelidad a las mejores esencias universitarias, podemos, por el espíritu de la investigación henchir de posibilidades y de realidades a nuestra "Alma mater", que
se renovará en nosotros y en las generaciones que nos sucedan. Estamos abiertos al diálogo porque creemos que es el único medio
para expresar y comunicar a los demás la vida de la investigación
humanística. Sabemos que por el diálogo la investigación se asocia y hace solidarios los esfuerzos de los individuos que la cultivan.
Tenemos la convicción de que las humanidades son, antes que un
sistema de doctrinas, una búsqueda que replantea incesantemente los problemas, para sacar de ellos el significado y la realidad de
la vida humana. o andamos en pos de un humanismo libresco y
conceptual, 'almendrado de citas griegas y latinas, pero sin latido cordial para el hombre" ( Caba) . Queremos llegar a un saber
del hombre para el hombre. Un saper del hombre concreto, del
hombre integral que es, a la par, espíritu y carne, alma y hueso,
razón y sangre, instinto y pasión. El ser multidimensional del hombre reclama una visión comprensiva de todos sus planos. "El co10

nociiniento no es nada, escribe E .. R . Cúrtiús, si no es el entusiasmo del amor". Una atmósfera cargada de entusiasmos y esfuerzos
científicos, permea, como supuesto radical, la' existencia- de nuestro Centro de Estudios Humanísticos.
·

"El hombre -intuyó Nietzsche con penetrante agudeza- está
hecho p~a ser superado". Pero el poeta:.filósofo· germano equivo. có el camino. ·La "bestia rubia", qué soñó Ni"e~che, está de ant~mano frustrada. El estancamiento en la evolúción· biológica de la
especie humana no es mera cisualidad. La inteligencia, la razón,
la capacidad de crear instrumentos y civilizaciones ~ embotado
loo instintos, 1~ fuerza animal y la facultad de aaaptación ál ·medio.· Por eso ~e ·me ocurrió ·decir alguna vez que- el 'hombre, como
anithai· és uti animal frustrado.
:
Si la evolución del hombre s~.na det~nido
el 'ord~n fisioÍógico
y anatómico es porque continúa en el orden espiritual y moral.
Desde el momento en que surgió el lenguaje hablado, apareció una
forma de inteligencia específicamente humana. La evolución morfológica y los instintos comenzaron a perder importancia. En su lugar apareció la libertad de elegir entre la satisfacción indiscriminada de los apetitos biológicos y el cumplimiento de nuestro dinamismo espiritual ascensional. Aqui se detiene la evolución y se
inicia la revolución.

en

Estamos en la aurora de una nueva etapa. La historia de la humanidad no es, comparativamente, muy antigua. La realización de
los grandes valores por nuestros primitivos y cavernarios ancestros
debe haber resultado una seria desventaja en la lucha con la crueldad inconsciente y la brutalidad de los otros. Pero fueron estos conductores los que hicieron perdurar las más caras enseñanzas al rebaño humano.
Biológicamente, el hombre sigue siendo un animal; pero un animal disminuído, enfermo; aunque también, preciso es decirlo, correlativamente aumentado, engrandecido en su dignidad. La libertad no es sólo un privilegio; es una prueba. Podemos subir por la
escala ascendente del espíritu o podemos bajar por la vertiente de
11

�nuestra animalidad frustrada que, en definitiva, apunta hacia la
nada.
En ese trascender a las cosas, el hombre llega hasta trascender
a sí mismo, a su propia vida y a toda vida.
S6lo al servicio de un valor que la incite y la guíe, cobra la vida
contenido y plenitud. La vida es ofrenda, es misión a algo metavital. Los integrantes del Centro de Estudios Humanísticos de la
Universidad de Nuevo León nos hemos entregado a una tarea. Una
misteriosa abertura de nuestro espíritu hacia el mundo de la verdad, de la bondad y de la belleza eternas se ha hecho patente en
nuestro quehacer. Y bien sabemos que fuera del cumplimiento
-aunque sea parcial, pobre, distante- de los valores supremos
-cada quien en su propio camino y estilo- no podremos llegar a
la paz íntima, a conclusión y descanso.

12

Sección Primera
FILOSOFIA

�SIGNIFICACION Y SENTIDO DE LA MUERTE

Dr. AousTÍN

BASAVE FERNÁNDEZ DEL VALLE

Sumario: l. Significación de la. Muertc. -2. La Vida como Preparación para la Muerte.- 3. El sentido del Morir.-4. Presentimiento y Revelación de la Mucrte.-5.
Caracteres esenciales de la. Muerte.--6. Muerte y Supervivencia. -7. La Victoria
sobre la Muerte.

ME

en esta investigaci6n1 algunas reflexiones metafísicas sobre "El Sentido de la Muerte y el Problema del
Más Allá". Trabajo desde hace algunos años, con verdadera intensidad y entusiasmo, en una "Filosofía como Propedéutica de Salvación". Y claro está, en una "Filosofía como Propedéutica
de Salvación" no podía estar ausente el tema de la muerte y del
más allá. Mi vocación, probada y definida, es filosófica. Por lealtad a esa vocación, por razones de pureza metódica y por respeto
a los dominios del teólogo&gt; a los cuales me asomo con los ojos esperanzados de un creyente, me abstendré de estudiar la muerte y
la vida perdurable a la luz del dogma. Mi propósito es bien modesto: situarme entre los angustiados hombres de este siglo para
hablarles a su inteligencia y a su corazón, hacer mías sus preocupaciones y sus zozobras, para balbucear a la luz de la razón natural, si se puede, algunas palabras de esperanza. Porque ustedes y
yo necesitamos saber por qué morirnos y por qué vivimos si hemos
de morir. ¿Cuál es la significación de la muerte? ¿Por qué ha de
ser la vida una preparación para la muerte? ¿ Qué sentido tiene
el morir? ¿Seda un presentimiento y una revelación de la muerte?
PROPONGO COMUNICAR,

15

�¿ Cuáles son en definitiva los caracteres esenciales de la muerte?
¿ En qué sentido cabe hablar de supervivencia y de victoria sobre
la muerte? Más que la cabal solución de los problemas enunciados,
quisiera trazar caminos, proponer criterios de comprensión, incitar
a una meditación directa sobre el tema. Tengo para mí, como uno
de los mejores títulos de seriedad de la filosofía actual, el de afrontar el tema de la muerte.

I
SIGNIFICACIÓN DE LA MUERTE
"Puede medirse la seriedad de una
doct rina filosófica por la consideración de que hace objeto a la muer te.
Una doctrina en la que no pueda
entrar la consideración de la muerte sin trastornar su orden )' su cuadro, es una ejercitación abstracta, no
una filoso/la".
NicoLÁs ABBAONANO.

Para la vida banal e inauténtica, el muerto es un importuno. Es
preciso deshacerse de él, de su presencia ausente, de su recuerdo.
Hay que recobrar el ritmo de la vida ordinaria, el buen tono,
olvidando la lección de una muerte. La mayoría de los hombres
pretenden poner sobre sus ojos - síntoma del envilecimiento de
la conciencia pública- una venda de indiferencia ante el drama
de un agonizante. Ya no se quiere ver en este drama de solemne grandeza un comienzo. Sólo se piensa en una aniquilación, en
un término. Los más sólo piensan en la cesación de la vida orgánica y de la vida mental individual. La mirada superficial se
posa -y sólo de paso- en la "descomposición cadavérica". Algunos tratarán, tal vez, de imaginar al moribundo evocando su
16

pasado -tan breve, después de todo- y tan lejano del momento actual. El presente es de pena, por lo que deja. El futuro -ya
tan inminente-, de preocupación. Preocupación, no sólo por
los supervivientes queridos y las obras inconclusas -siempre habrá asuntos pendientes-, sino por su propia trasvivencia, si es
religioso o creyente, o por su próximo anonadamiento, si es ateo.
El religioso se preocupa de su responsabilidad ante Dios por lo
actuado en vida. El ateo se angustia porque su ser ( "todo ser en
cuanto es --decía Espinosa- tiende a perseverar en su ser") se
perderá en su individualidad concreta y consciente.
La muerte se presenta al hombre como un desgarramiento inevitable. Su cuerpo ya no va a tener "ánima" que le anime. Hasta
ahora cuerpo y alma habían sido inseparables, hasta el grado de
ser una unidad sustancial. La escisión la presiente dolorosísima,
terrible. Las preocupaciones son aplastantes; la soledad es devoradora. "Lo que constituye la muerte -apunta Nicolás Berdiaeffes justamente que todo lazo, que todo contacto son cortados, que
la soledad es absoluta. Con la muerte, el comercio del hombre con
el mundo de los objetos llega a su fin" (págs. 115 y 116, Cinco
Meditaciones sobre la Existencia, Casa Unida de Publicaciones,
México 1948).
Mientras mi nacimiento no depende de mí -no se escoge venir
a la vida, ni se elige tiempo, lugar, raza y familia-, mi libertad
se ejercita en la muerte. No tan sólo puedo prever y preparar mi
muerte, sino que puedo optar por el suicidio. Si prosigo viviendo,
he aceptado mantener la vida que me ha sido dada. Aunque no soy
libre para implantarme o no en la existencia- estoy implantado-sí soy libre para suicidarme o seguir viviendo.
Puedo prever que mi muerte será absolutamente cierta, aunque
sus circunstancias --el "cómo" y el "cuándo"- permanezcan envueltas en la incertidumbre. Hay muertes ejemplares, es cierto, pero estas muertes nos suministran un socorro muy relativo. Porque
mi muerte, esencialmente inexperimentable mientras viva, será estrictamente personal y única. Si los que mueren volviesen para decimos cómo se presentó la prueba cómo la vencieron y cómo ha17

�bremos de portarnos nosotros en el último trance, cabría hablar
de una técnica para morir y hasta se podrían establecer cátedras
para la enseñanza de la muerte.
Lo único que está en nuestras manos es descubrir el significado
de la muerte -tránsito o aniquilación del ser personal- y tratar
de morir en consonancia con nuestra visión metafísica o religiosa del
mundo y del destino humano. La razón puede arrojar una buena
porción de luz sobre el misterio de la muerte.
Decíamos que la muerte es desgarramiento. ¿ En qué sentido?
Se trata de una separación o ruptura. Separación de nuestros seres
queridos, ruptura de alma y cuerpo. Desaparecemos visiblemente.
Sólo quedará nuestra presencia espiritual. Por eso se dice -y con
razón- que la muerte es la gran prueba del amor. "Si el amor se
ha espiritualizado, si ha pasado al plano de la amistad, --observa
R. Troisfontaines- si el hecho objetivo de estar allí y de manifestar
exteriormente su presencia -por muy preciosa que sea-, se subordina por completo o casi enteramente al hecho inobjetivable,
indescriptible de estar-con, de fundir nuestras existencias en un destino común, de ser más bien nosotros que dos yos yuxtapuestos, de
abrirnos más bien juntos al amor que encerramos en un "egoísmo
a dos", entonces el desgarramiento de la muerte, por muy agudo y
doloroso que sea, no alcanza, no roza el fondo mismo de ese amor,
de esa amistad". (Véase el estudio "La Muerte, Prueba de Amor,
Condición de la Libertad", en el volumen La Muerte, pág. 39,
Ediciones Studium de Cultura, Madrid-Buenos Aires). Entre los
cristianos no es raro encontrar esa experiencia de comunión viva
que sobrevive al fallecimiento de uno de los cónyuges.
Si ser verdaderamente libres es ser libres de las pasiones, durante
nuestra existencia mundanal somos muy poco libres. Por la libertad nos determinamos personalmente en nuestro modo de obrar y
en nuestro modo de ser. En la tierra nos vamos haciendo libres, pero no somos plenamente libres. Nosotros nos haremos a nosotros
mismos tal como queramos ser para toda la eternidad, el día de
la muerte. Por eso para los antiguos martirólogos la muerte era el
"dies natalis", el día de nacimiento auténtico. Entonces -y sólo
18

entonces- se opera el acto decisivo y supremo de "autodisposición". La fórmula platónica sobre "la vida, aprendizaje para la
muerte" significa la preparación vital para el acontecimiento único, imprevisible, ineludible e irrefragable, que dotará de un sentido definitivo a nuestro breve tránsito por la tierra.
Cada uno se escoge a sí mismo en el acto de la muerte de un modo singular, inimitable, inopinado ... Y no hay ulteriores opciones.
Seremos lo que queramos ser. Moriremos con amor, en comunión
con los otros y abiertos a Dios, o con odio, excluyendo a los demás y replegándonos sobre nosotros mismos. Nuestro ser adoptará
su medida: egoísmo o caridad. Es lógico suponer que los hábitos
contraídos pesarán mucho a la hora de la elección. En todo caso,
no es Dios quien rechazará al hombre, es el hombre quien rechazará el perdón de Dios. Me complace pensar que como seres contingentes estamos hechos por Dios y para Dios. Dios nos quiere.
¿ Por qué no tener confianza - una vez más y para siempre- al
morir? Pero esta confianza no es humanamente esperable sin una
vida ejercitada como preparación para la muerte.

II
LA VIDA COMO PREPARACIÓN PARA LA MUERTE

''Pasar por la muerte es pasar por la soledad absoluta,
romper con el mundo entero. La muerte es la ruptura
con la esfera entera del ser, la interrupci.6n d., todos
los lazos y de todos los contactos, el aislamiento completo. Si en el tlrmino último del misterio de la muerte,
ésta fuera todavfo compartida; si r, mantuviera todavía
el contacto con lo otro y los otros, ya no sería la muerte".
N1coLÁs BER.OlAEPP.

Yo he de morir. Es inútil que, como amador del mundo, apegado
a las vanidades de él, me ingenie, de mil maneras, apartar de mi
mente el pensamiento de la muerte, como si, huyendo del pensa19

�miento y recuerdo del hecho insoslayable, pudiera lograr evitarla.
Ahuyentando la idea del término de mi mortal carrera s6lo conseguiré ponerme en grave riesgo de morir mal.
La vida, toda vida sensata por lo menos, es una preparación para la muerte. No vamos a aguardar el trance de la muerte para
buscar el sentido y el término del destino humano.
Nuestra época es una época de distracción, de insensatez. Se
busca, a toda costa, perder de vista el hecho de la muerte. Cada
día se inventan nuevas formas para ocultar, socialmente, las muertes -desgarradoras, inquietantes, terribles- de nuestros prójimos.
Es hora de evocar -como lo hacía San Alfonso Ma. de Ligorioaquellos santos anacoretas, que huían del mundo y se retiraban a
las soledades del yermo, sin llevar consigo más que algún libro espiritual y una calavera, cuya vista les traía de continuo a la memoria el pensamiento del último trance. "Como esos descarnados
huesos -se decían- ha de ser un día mi cuerpo; y ¿ dónde estará entonces mi alma?", animándose así a tratar con todo empeño
de allegar, no bienes de esta vida, sino de aquella que nunca ha
de acabar.
Espanta la muerte en este siglo, más de lo que naturalmente
ha espantado en otros siglos, porque se presenta de improviso ante los locos gozadores que sólo han pensado en halagar sus pasiones e ir en pos de sus gustos. Se presenta en el deceso de sus familiares y amigos, en las noticias de la prensa diaria. Pero el efecto -superficial, momentáneo-- pasa pronto, debido al sistema social, hábilmente organizado, de la mala fe. No espanta en cambio
la muerte a los que menosprecian los engaños del mundo poniendo todo su afán en no amar sino a Dios. "Mostraba suma alegría
un santo solitario hallándose al fin de la vida, - nos refiere San
Alfonso Ma. de Ligorio-- y como le preguntasen por qué estaba
tan alegre, respondió: Siempre tuve ante los ojos la muerte, y por
eso, no me espanta ahora su llegada". (Pág. 82, El Camino de
la Salvación, Librería Editorial Santa Catalina, Buenos Aires
1941) . He aquí una actitud vital ante la muerte que contrasta con
las simulaciones actuales.
20

La enfermedad, la culpa y todas las situaciones-límites nos llevan a la consideración del límite y último trance de la existencia.
Cada hombre tiene una relación peculiar con su propia muerte.
El final previsible de su vida repercute en el significado de su diario vivir. No importa que no podamos vivir la muerte como hecho.
Nos basta circunscribirla en su esencia, en su significación, en su
efecto. "El viviente -ha dicho genialmente Dilthey- ve la muerte sin poder comprenderla". No se trata de la muerte de otro hombre, sino de la mía, de la de cada uno. Trátase de una certidumbre que me acompaña siempre, que está inserta en mi vida. Esta
certidumbre culminará en un proceso: el "adiós a la vida". Más
que el estar muerto, lo que nos importa destacar es el morir. Ese
morir que Fray Luis de Granada anticipara imaginativamente en
su Guía de Pecadores: "Día vendrá en que amanezcas y no anochezcas, o anochezcas y no amanezcas. Día vendrá (y no sabes
cuándo, si hoy, si mañana) en el cual tú mismo, que estás agora
leyendo esta escriptura sano y bueno de todos tus miembros y sentidos, midiendo los días de tu vida conforme a tus negocios y deseos, te has de ver en una cama con una vela en la mano, esperando el golpe de la muerte y la sentencia dada contra todo el linaje
humano, de la cual no hay apelación ni suplicación. Allí se te representará luego el apartamiento de todas las cosas, el agonía de
la muerte, el término de la vida, el horror de la sepultura, la suerte del cuerpo que vendrá a ser manjar de gusanos, y mucho más
la del ánima, que entonces está dentro del cuerpo, y de a y a dos
horas no sabes dónde estará" (págs. 22-23, Guía de Pecadores,
Editorial Difusión) . Y este día, por el carácter siempre alevoso de
la muerte, puede ser mañana. Por eso es preciso incorporar la muerte a la vida, mediante la apropiación existencial.
Aunque la muerte aparezca a primera vista como una deficiencia, puede cobrar, también, un sentido postitivo para la vida. Gracias a la muerte podemos intensificar la vida, impulsar la tarea
vital. La angustia de la muerte se supera cumpliendo fielmente la
vocación. El hombre alcanza en el saber de la muerte sus máximas
posibilidades. El despliegue de la vida cesa de ser vano, vacío, sin
21

�sentido. En el momento presente está ya contenida la muerte, como un elemento constitutivo. No se trata de un suceso exterior que
puede sobrevenir accidentalmente. Trátase de una posibilidad fundamental y fundamentante de las otras posibilidades. Por ella, la
vida humana llega, en su existir, al máximo rigor. La muerte está
en la vida como amenaza constante, como presión continua. Estamos comprometidos a aceptar y sufrir la caducidad de la auténtica
existencia. Esto significa que tenemos que salirnos y abandonar todo dominio seguro (burgués) de la existencia. Viviremos en la
incertidumbre y en el riesgo pero con la mira puesta en una existencia que se cumpla vocacionalmente, que remate - único remate
digno del afán de plenitud subsistencia!- en Dios.
El existencialismo ha hecho aparecer a la muerte "como lo absolutamente amenazador y horrible ante lo cual la vida retrocede
espantada" (Bollnow). No ha podido o no ha querido ver la importancia de la forma terminada que trasciende el cambio y la caducidad, la significación como fuerza plasmadora de la vida, en un
sentido positivo. Urge, en consecuencia, poner de manifiesto el sentido personal del morir.

Ill
EL SENTIDO DEL MORIR
" La uida que consumimos acercándonos a la muerte,
la consumimos también para httfr de ella. Somos como
hombres que estu uieran en un buque caminando en él
en direcci6n contraria a la marcha que lle11a el buque :
caminan hacia el sur mientras el terreno en que lo ha•
cen es Ueuado con ellos hacia el norte".
GEORG

So.naL.

Justamente porque voy a morir, no me pueden ser indiferentes las
diversas posibilidades que se me ofrecen en mi vida . Es preciso
que realice íntegramente la vocación de mi individualidad finita.
22

Al aceptar la muerte acepto mi finitud, defino mi personal misión
y me apasiono por ella frente al riesgo ineliminable.
La muerte es inherente a la vida. Marca su fin y configura definitivamente su trayectoria. La vivencia del envéjecimiento nos suministra la experiencia de una consumación sucesiva. Lógicamente cabe deducir la cesación final del ser que envejece. Pero esta
'
.
deducción no es una experiencia, sino una operación lógica.
La contemplación de la muerte ajena me alecciona en el sentido
de que hay miles y miles de modos en el morir. En todo caso, tenemos la convicción de que la muerte está ligada indisolublemente a
la vida humana y que llegará el día en que tengamos que morir. Y
este morir no es tan sólo consunción biológica, sino desaparición
de la posibilidad de que el espíritu tenga en el cuerpo terrenal su
escenario y su campo de expresión. La memoria del muerto no basta para hacerle existir, nuevamente, como espíritu encamado, por
más que prolongue el sentido de lo que fue su existencia. Tampoco
se puede considerar como sobrevivencia la inmersión en el nirvana.
El budismo y el estoicismo salvan al ser y a la naturaleza, que son
propiamente los que sobreviven, pero no al individuo. Aunque aumente el ser, aunque se devuelva el individuo a la naturaleza, la
persona, como tal, desaparece definitivamente. Sólo el cristianismo afirma la supervivencia personal -"vida verdadera"- después de la muerte: En esta doctrina la muerte aparece como liberadora de una vida mortal y como tránsito a una vida eterna. Desde esta perspectiva es fácil comprender el "muero porque no muero" de Santa Teresa. El hombre no es ya "el ser para la muerte"
heideggeriano, sino el ser para la vida real e inacabable. La muerte queda vencida por una vida distinta. El morir es tan sólo una
condición -ciertamente difícil y terrible- de la inmortalidad. El
moribundo -marcado con los estigmas de la muerte- se encuentra fuera de la circulación mundanal, separado del ritmo de la vida.
Su impotencia es patente. Quiere vivir y va a morir. No encuentra
apoyo firme y el mundo se le va alejando silenciosamente. Está a
solas consigo mismo. Tal vez esta soledad le anuncie la soledad de
las tumbas. Como no puede ya divertirse ni obrar exteriormente

23

�se vuelve hacia lo interior -reflexiona- para ver surgir, por última vez, su pasado: infancia, juventud, madurez, decrepitud ...
Medita sobre sus actos: los público y los secretos. Ya no es hora
de trampas. Quizá descubra "a través de la historia escrita por él
la historia escrita por Dios, -observa P. Deffine, S. J.- la bondad
constante de Dios, la bondad constante del Padre'\ (Pág. 72, "El
médico junto al moribundo,\ en el volumen La Muerte, Studium). Bajo la ceniza del pasado el agonizante advierte que no es
Dios quien le ha rechazado, sino es él quien ha rechazado a Dio ,
sus verdades, sus mandamientos, su misericordia. El perdón puede
ser el término, cuando no hay un rechazo de la invocación en un
repliegue de soberbia y desesperanza.
La muerte no viene, desde afuera, a limitar a la vida. Desde el
principio y desde dentro, la muerte está unida a la vida. Por eso
es tan falsa la popular representación de las "Parcas" que en un
determinado momento del tiempo "cortan" de una vez el hilo de
la vida.
La vida apunta a la muerte es ella misma quien la produce y
la alberga. Muy pronto comienzan los procesos de fermentación
destructivos, la pigmentación celular, especialmente en el sistema
nervioso central, que se considera como síntoma inequívoco de decrepitud. Los órganos se van modificando de modo patológico por
la edad. En este sentido, cabe decir que la muerte es un límite inmanente de la vida que configura y matiza todos sus contenido . Incluso
el ser matado violentamente supone ya la posibilidad de morir. Y
desde este punto de vista resulta indiferente que la po ibilidad se
actualice por un balazo o por una embolia cardíaca.
En su obra "Lebensanschaung -Vier metaphysiche Kapitel-"
Georg Simmel nos refiere que un amigo suyo le decía: "¡ Cuánto
mejor sería la vida si supiéramos con seguridad cuántos años no
quedan todavía ! Entonces podríamos guiamos por eso, organizar
convenientemente la vida, no sería dejar nada sin terminar, no se
empezaría nada que no pudiera terminarse, y además tendríamos
ocasión de aprovechar realmente el tiempo 1'. Pero en este caso, como bien obseiva Simmei la vida constituiría una presión insopor
24

table para la mayoría de los hombres. En lo objetivo, dejarían de
emprenderse innumerables tareas por el ~e~ho de q~e ~uy a menudo el hombre sólo acierta a lograr su maxuno rendlilllento cuando emprende más de lo que puede realizar. Y, en lo subjetivo, lo
que ocurre con respecto a la voluntad de vi~ir ':s se~ramente que
el miedo a la muerte y el desaliento ante su mevitabilidad sólo puede reducirse a proporciones tolerables gracias a la insegurida~ del
momento en que se produzca, a las proporciones que hasta cierto
punto garanticen al hombre un margen de lib':r~d interna de movimientos para gozar de la vida, el desenvolvlffilento de sus fuerzas y la productividad de la única vida que hemos experimentado.
Es mejor, en consecuencia, saber el hecho, pero ignorar su pu:1to
temporal. Así tendremos un "acicate,, y no un peligro de paralización vital.
Nuestro yo exige consumar totalmente la liberación de la contingencia de los contenidos singulares. Aspiramos y esperamos redimirnos, justificarnos, purificamos. No queremos la muerte como
término, sino la visión de Dio , la bienaventuranza. Dentro de cada
cual dormitan innumerables posibilidades de llegar a ser otro de
lo que realmente llegó a ser, ¿serán estas ilimitadas direcciones potenciales el presagio de una infinitud intensiva que se proyecta como inmortalidad?

IV
FRESE TIMIE TO y REVELACIÓN DE LA MUERTE
"Oh, Señor, da a cada uno su muerte propia, la muert,
que procede de esta vida, donde él ha conocido su amor,
su misi6n y su aflícci6n".
RAINER MARÍA RILKE.

Los animales -válgame la redundancia- mueren su propia muerte, de una manera ciega, -apacible, siempre igual. Se acuestan re25

�signadamente a la espera de la muerte. Parecen tener un presentimiento -instintivo, sensible-- de su inminente morir. Perciben el
acaecer sin inquirir sus causas. Sienten los procesos fisiológicos graduales que paralizan y de componen los órganos de su cuerpo, pero estas sensaciones no son, rigurosamente, un saber. La muerte de
los animales tiene un carácter unívoco.
En los hombres, en cambio, la muerte no tiene un sentido unívoco, sino análogo. Hay miles de modos diversos de morir. Y sin embargo, todos ellos conservan una unidad o conexión fundamental :
son modos de morir humanos.
Mientras que para los animales la muerte es un puro acaecer
natural, para los hombres la muerte es un problema, un drama
extraño y difícil. Todo animal está preparado, por su propia naturaleza, para morir perfectamente en cualquier momento. Sólo
los hombres se preparan para su muerte, toman las medidas que
juzgan adecuadas. En los más egregios ejemplares de la especie humana, la muerte ha sido esperada, presentida, madurada. Tal vez
por eso Rainer María Rilke ha designado al hombre como "aquel
que-pare-a-la muerte" ( Libro de Horas). Ciertos enfermos, y los
ancianos, sobre todo, presienten la proximidad de la muerte. Oigamos al poeta :
La vida -que se nos vay la muerte - que nos llegavan a encontrarse. ( El que juega,
gana o pierde). Dios dirá.
Lo que yo soy aquí está.
Tengo expedita la entrega.
A la muerte ¿ quién se niega?
la vida ¿ quién nos la da?
Súbitamente mi ciega
condición, humana ya,
ve: ve el filo que la siega.

26

Dios sabe si llegará
a ser cielo claro! ( Ruega
por quien de camino va).
JuAN JosÉ DoMENCHINA.

El poeta presiente que va a callarse para siempre, que va a ser
silencio. Es nuestro destino: hablar y callar. Callamos para ser,
por lo menos en parte, tierra. Es triste decir adiós. No quisiéramos
abandonar nada de nuestro existir. Y quizá nada abandonamos, s1
sabemos miramos en el ser -ya apagado- que se nos dio ardiendo, y del que quisiéramos no olvidarnos. Pero es preciso que la
muerte no nos despierte. Bien dice el poeta Domenchina:
Vivir por lo cabal es ir muriendo
a conciencia, sentirse uida y muerte.

Sabe vivir de veras quien advierte que cuando se va llegando
se está yendo. En las vivencias que rebozan vida se transparenta la
muerte. Desde el instante en que nacemos viene, con esa misma
vida, la posibilidad de morir en cualquier momento. Mi concien- ,
cía me dice: soy vida en acto y muerte en potencia. Y al anticipar
imagina tivamente mi desenlace, voy viviendo -en cierto modomi muerte. "Quién sabe -dice Eurípides-, puede que la vida sea
la muerte, y la muerte, la vida".
Me aventuro a pensar que ante la inminencia de la muerte se
opera, en el moribundo, una "metanoia" (conversión) . Tras la indiferencia mundana precedente, es lógico suponer que la proximidad de la muerte provoque una pasión de signo religioso. Con Dios
o contra Dios. No cabe término medio. La presencia de la muerte
revela, de bulto, nuestra insuficiencia radical, nuestra miseria, nuestro desamparo ontol6gico ... Y revela también - así quiero pensarlo- lo fútil, lo vano de esa adhesión a las cosas de la tierra.
En la medida en que aceptamos el dolor y la muerte, en la medida
en que aprendamos a amar por encima de la prueba, nos alzare-

27

�mos hacia el reinado del espíritu, emprenderemos la ascensión
hacia la verdadera y pura existencia.
La muerte nos revela nuestro límite absoluto y nos muestra lo
abierto, puro y simple, el espacio donde reina el Dios vivo. No se
trata simplemente del otro lado de lo finito, sino del Otro en tanto que Otro esto es de Dios y su poder creador. Lo abierto de la
muerte ha de ser concebido no en altura o en extensión, sino según la perspectiva de lo íntimo y de lo secreto. Ante la "clisgregación" o "evaporación" -mayor o menor- de nuestra personalidad pre-sentiremos una auténtica "recuperación,,.
No estamos aquí para siempre pronto estaremos en "el más
allá", en el despertar admirable y alborozado. Pero antes es precio pasar por la más brutal ruptura, por la disonancia más grande:
la muerte. A más de ruptura y clisonancia, la muerte tiene un carácter de opresión torturante de la nada. Nuestra nihilidad ontológica se expresará, como nunca antes, en el momento de 1a muerte. En nuestra conci ncia surgirá esta dramática interrogante: ¿ aniquilación o cgundo nacimiento? Plotino, que ensayó volar por encima de nue tra experiencia, refiere que en el primer momento se
tiene la impre ión de que todo desaparece, y sobreviene entonces
un miedo loco ante la pura nada. Agreguemos nosotros que será
necesario un esfuerzo verdaderamente sobrenatural para que el
hombre tenga el coraje de oponer su yo a la clisgregación y a la
nada. Mucho nos ayudará, en esta lucha, el conocimiento sereno
de los caracteres esenciales de la muerte.

V
CARACTERES

Es E

CIALES DE LA MUERTE
"La murrte en cuanto fin del 'ser
ahl' es la posibilidad más peculiar,
irref erente, ci,rta y en cuanto tal indeterminada, e irrebasable, del 'ser
ahl' " .
M . lhmwou,

El hombre es, constitutivamente, un ser inacabado con una potencialidad inexaurible. Permanecemos incompletos hasta la muerte.
Conservamos en reserva, un número ilimitado de posibilidades. Y
cuando completamos nuestra historia dejamos de ser hombres.
Propiamente no tenemos la experiencia de la muerte de otro.
i timo a su agonía, pero no a su muerte. i siquiera la desaparición la podemos experimentar claramente, porque el muerto no
desaparece verdaderamente para sus prójimos --el cadáver no es
una co a- y la existencia en común con su persona no queda rota
sin má.
Ant la muerte, como posibilidad propia de cada uno, ponemo
en juego la totalidad de nuestro ser. Morir no es, necesariamente,
perfeccionarse o agotar todas nue tras posibilidades. S trata, simplemente del cumplimiento de la posibilidad más personal e intransfcrible. No hay manera de superar esta posibilidad, ni podemos, tampoco defendemos de ella. Si somos el fundamento de nuestra muerte no cabe decir que ten mos una muerte, sino que existimos avocado a la muerte. Todas las otra posibilidades están dominadas por esta posibilidad uprema que se adueña de nosotros.
Por ella podemo forjamos una vista de conjunto de nuestra existencia como totalidad. En entera conformidad con este sentido,
la auténtica aceptación de la muerte habrá de ser una espera
(Erwarten) constante de ella, que afecta cada una de las ideas
y de la acciones del existente. Hasta aquí la interpretación ontológica d la muerte elaborada por Heidegger, expue ta por nos-

28
29

�otros con cierta libertad. Pero mientras Heidegger ve todo a la luz
de la nada, cuya revelación es la muerte que consigo 11eva, nosotros
no podemos concluir en la posible imposibilidad de sí mismo y de
toda existencia humana en general. El testimonio de Heidegger
-luminoso en muchos aspectos- no llega a plasmar en una metafísica de la muerte. Recogiendo sus agudas interpretaciones de
hechos, pero usando de la reflexión metafísica, intentaremos, más
adelante, construir una teoría de la muerte y de la supervivencia.
"En cuanto 'poder ser' -expresa Martín Heidegger- no puede el 'ser ahí&gt; rebasar la posibilidad de la muerte. La muerte es
la posibilidad de la absoluta imposibilidad del 'ser a1ú'. Asi se
desemboza la muerte como la posibilidad más peculiar, irreferente e irrebasable. En cuanto tal, es una señalada inminencia. Su posibilidad existenciaria se funda en que el 'ser ahí' es abierto esencialmente para sí mismo, y lo es en el modo del 'pre-ser-_se ,, ( El
Ser y el Tiempo, pág. 288, Fondo de Cultura Económica, MéxicoBuenos Aires, traducción de José Gaos). Del hecho de que no podemos rebasar la posibilidad de la muerte, no cabe concluir que
la muerte es la posibilidad de nuestra absoluta imposibilidad.
Entre las obras póstumas de Max Scheler, figura, en lugar prominente, el ensayo intitulado: Muerte y Supervivenda {Tod und
Fortleben), anunciado en varios pasaje de su Etica. Aunque no
terminó Scheler la obra proyectada, nos legó una serie de felices
atisbos que es preciso recoger para integrarlos en una teoría rigurosa. ''La muerte -piensa Scheler- no es simplemente prevista
como probable en virtud de una generalización de aquello que nosotros aprendemos en otros vivientes, sino porque ella (la muerte)
es un elemento evidente y necesario de toda experiencia interna
del proceso vital". (Véase Mort et Survie, p. 30, Aubier, Editions
Montaigne, París 1952). La muerte significa siempre la cesación
de un proceso, cesación que se determina desde dentro y que no
presenta analogía con ninguna desaparición en el mundo de lo inorgánico. Al atribuir a todo existente en general una forma de conciencia, Scheler le atribuye, también, la certeza intuitiva de la
muerte. Esta certeza es completamente distinta del sentimiento de
30

proximidad de la muerte, o de un presentimiento ,de nuestro fin.
Trátase de un elemento constante de toda experiencia vital, susceptible de múltiples variaciones en el interés y en la atención que
los hombres le dedican. En todo caso, la muerte acompaña a la
vida entera, a título de parte integrante de todos sus momentos.
Que nosotros no veamos a la persona después de la muerte - la
persona es invisible- no quiere decir gran cosa, puesto que ella
no puede ser objeto de una percepción sensible. "La ausencia, después de la muerte, de los fenómenos de expresión, constituye solamente una razón para admitir que yo no puedo comprender más
en lo sucesivo, a la persona; pero esta ausencia no me autoriza a
creer que esta persona no existe" (pág. 56, Mort et Survie, Aubier, Editions Montaigne, París 1952). Si existe una independencia
esencial de la persona con relación a la vida orgánica, y si hay leyes eidéticas de sus actos ( aprehender intuitivamente, pensar, sentir, amar, odiar) leyes eidéticas que son independientes de toda
vida; resulta extraño que Scheler declare, después d.e reconocer los
hechos expresados, la imposibilidad absoluta de probar la supervivencia del espíritu, limitándose a observar que la carga de la prueba -onus probandi- corresponde a quienes niegan la supervivencia.
Concluyamos apuntando los caracteres esenciales de la estructura ideo-existencial de la muerte:
a) Posibilidad, actualizada en tanto que posibilidad, que nos está siempre presente, como una amenaza cierta y delimitante.
b) Riesgo ineliminable que condiciona cualquier posibilidad determinada (por ejemplo: ser arrebatado a la familia, a los amigos
y a mí mismo en mi actual situación de espíritu encamado) que
me incita a la fidelidad conmigo mismo y a la fidelidad con Dios.
c) Término incierto. Término, porque se trata de un acontecimiento futuro y de realización cierta. Incierto, por lo que atañe a
la época de su realización.
31
n3

�d) Conclusión única y definitiva -sin posibles adiciones ni reformas- del yo-programa.
e) Desgarramiento inevitable y soledad devoradora del trance.
A más de ruptura y disonancia, la muerte tiene un carácter de
opresión torturante de la nada.

f) En la muerte nuestro ser adoptará definitivamente su medida:
moriremos con amor, en comunión con los otros y abiertos a Dios,
o con odio, excluyendo a los demás y replegándonos sobre nosotros
mismo . En e e sentido, la vida es preparación para la muerte.
g) La muerte es inherente a la vida. Marca su fin y configura
definitivamente u trayectoria. os revela nuestro límite absoluto
y nos muestra lo abierto, puro y simple.
h) La muerte en los hombres, no tiene un sentido unívoco, sino análogo. Hay miles de modos diver os de morir. Y sin embargo,
todos ello conservan una unidad o conexión fundamental: son modos de morir humanos. Mientras que para los animales la muerte
es un puro acaecer natural, para los hombres la muerte es un problema, un drama extraño y difícil.
i) La muerte corporal no puede afectar al espíritu. Mi persona
no está, en su propia esencia, avocada a la muerte sino a su perfección en la eternidad.
Expuestos los caracter esenciales de la muerte, conviene detenemos a examinar el problema de la supervivencia.

32

VI
MUERTE y SUPERVIVENCIA

"E1to &amp;on.stituye para todos un miste
rio: quien se &amp;onsaera 11nt11rament, a
la filoso/fa, es, no aspira m4s qu, a
p111pararu para la mu'1tt, m4s que
a morir".
PLATÓN.

"Por d eontrario, ,l alma hu mana
subsiste por si misma, es creada por
Dios en el momento que puede se,
infundida en el sujeto suficientemente dispuesto, y por su naturaleza es
incorruptible e inmortal" .
SANTO

TowÁs.

De la visión de las muertes ajenas pasamos a la previsi6n de la muerte propia, irrealizada aún, pero realizable. 1 proponemos la imagen de nuestra futura muerte se despierta en nosotros un sentimiento de cumplimiento o de aversión. En todo caso, nuestra vida se
haila inexorablemente avocada a la muerte. Pese a la preocupación y a la esperanza de prolongar todo lo posible esta existencia,
sabemos con ab oluta certeza que llegaremos al trance ya final de
la agonía. Y es justamente este tránsito agónico, este estar muriendoJ más que la misma muerte el motivo de nuestra angustia y de
nuestro sobresalto.
Con la agonía se opera una "metanoia" (conversión) . La vida
a punto de fenecer, nos evidencia la brevedad y Ja vanidad de casi
todo los goces y sufrimientos del pasado. La prometedora ilusión
de la vida terrestre, proyectada hacia el futuro, se corta de raíz.
También los que nos rodean, los descendientes y los seres más queridos, están llamados a morir. Nadie podrá escapar a la amargura
de Ja desilusión final de esta vida terrenal. La misma sociedad, que
33

�carece de un "alma colectiva", está muriendo todos los días en sus
individuos.
En tanto que el cuerpo tiende al desgaste y al agotamiento, el
espíritu -independiente del influjo directo material- asciende
siempre en vertical, "sit venia verbo". Como espíritu, el alma puede existir y obrar sola, pero no como forma vivificadora del cuerpo. Si sólo damos crédito a los sentidos y no pasamos de sus estrechos límites, con la muerte se aniquila totahnente la existencia
del hombre. Para el materialismo, que reduce al hombre a su
cuerpo, todo termina con la muerte. Y efectivamente con la muerte concluye todo el aspecto vegetativo y sensitivo de la vida humana. Pero es propio de la humana mentalidad conocer lo abstracto,
necesario y universal. El proceso que a ello conduce y la conciencia de la propia personalidad que acusa, se manifiestan como relativamente independientes del cuerpo. Ningún sentido orgánico es
capaz, tampoco, de la reflexión o autospección arúmica. También
el dinamismo universalista de la voluntad nos muestra, en lo humano, la esfera propia del espíritu.
Sin la inmortalidad o supervivencia, la vida humana temporal
no tiene sentido alguno. "Hacer al hombre asomarse en ésta a los
sublimes horizontes de lo ideal, para luego sustraérse1os definitivamente sumiéndole en el abismo de la nada o de la inconsciencia
con la muerte del cuerpo, y nivelando en el mismo siniestro destino -expresa Juan Zaragüeta- a buenos y malos, justos e injustos, es algo incomprensible con una mínima fe en la Providencia
divina". (Pág. 206, Una Introducción Moderna a la Filosofía Escolástica, publicaciones de la cátedra Francisco Suárez, Universidad de Granada, 1946). No sólo queremos vivir siempre sino "vivir más alto". ¿Será vano este afán, o estaremos avocados a una
trasvivencia interminable, sustraída a las actuales vicisitudes?
La muerte corporal no puede afectar al espíritu. La muerte del
espíritu -repugna hasta el mencionarla- es contra su propia naturaleza. Decir que no todo muere en nosotros no es afirmar que
nosotros mismos dejemos de morir y seamos inmortales. El hombre
no es sólo su alma. Por eso, precisamente, es mortal.
34

Tres actos del entendimiento humano revelan su independencia
de las condiciones naturales: 1 ) .-El concepto abstracto que representa las cosas en su misma esencia inespacial e intemporal; 2) . El juicio que une al predicado con el sujeto (piénsese en esos juicios
analíticos "a priori": absolutos e irreformables) ; 3) .-El raciocinio, paso lógico de las premisas a la conclusión. Estos actos sobre·pasan a la mirada de los sentidos, entrando de lleno, evidentemente, en el orden puramente inmaterial. Ahora bien, si las operaciones siguen al ser y le son proporcionadas, habiendo puesto de manifiesto que la actividad del entendimiento es inmaterial tenemos
que concluir que el mismo entendimiento es inmaterial o espiritual. En otras palabras: si el objeto y el acto de la inteligencia del
hombre es espiritual, esta facultad humana lo será también. Su
dependencia del cuerpo es puramente extrínseca. La inteligencia
no está contenida por el organismo, aunque se sirva de él. Es capaz
de reflexión perfecta, es decir, volver sobre sí misma, apoderándose de su operación entera. La toma de conciencia de sí -recordemos a Hegel- es un privilegio del espíritu. También lo es el
amor, la alegría y el afán de plenitud subsistencial. De la espiritualidad del alma se sigue, como corolario inmediato, su inmortalidad.
Careciendo de materia y de partes substanciales, no puede perder
su unidad individual. Santo Tomás nos enseña que después de la ·
muerte desaparecen las funciones condicionadas al cuerpo: sentidos, imaginación, experiencia sensible, memoria y pasiones. Pero se
conservan las funciones intelectuales, aunque ·polarizadas en otro
sentido. (Véase Suma contra gentiles, 1, II, Cap. LXXXI). A la
luz trabajosamente filtrada de la abstracción, sucederá una luz directa. Una vez franqueadas las barreras de este mundo, nuestra alma formará parte del mundo inteligible. Mirando hacia el interior del espíritu se reflejará en nosotros, sin mediación de lo real
que ahora nos circunda, el absoluto y los otros seres superiores. El
mundo de la materia no es más que un mundo de sombras en com paración con el mundo espiritual. Pero la filosofía nos puede decir
bien poco de las condiciones naturales del alma después de la muerte del cuerpo.
35

�VII
LA

VICTORIA SOBRE LA MUERTE
"A juzgar según las apariencias, la
prueba de hecho más fuerte, más universal, que manifiesta la de/ iciencia
inevitable de todo pensamiento humano, es la muerte".
M.

BLONDl!.L.

El acto de pensar escapa, en cierto modo, al devenir, a la degradación y a la simple duración; al inteligir esencias extratemporales
Y universales. Pensemos, por ejemplo, en la superación de la muerte, en la inmortalidad. Pero ese pensamiento no puede colmar por
sí mismo el anhelo de eternidad y el hambre de salvación, porque
no es un Absoluto. Y sin embargo, no podemos prescindir del anhelo. ¿ Cómo explicar este "déficit"?
Es en la vida temporal -válgame la expresión- donde germina la vida eterna. Por la certeza moral que tenemos de la inmortalidad, se nos hace posible -y comprensible- la muerte. Los animales no tienen anhelo de eternidad porque no tienen idea de la
muerte. Los hombres vivimos una vida biológica que se cansa y
se acaba, como la de cualquier animal. Pero además existimos con
una existencia espiritual que se proyecta más allá del límite físico,
del con-fin biológico. La muerte aprieta nuestro existir y nos urge·
a realizar nuestra tarea, pero no puede impedirnos que actuemos
para ser con un sentido de perennidad. Por una parte, la perspectiva de la muerte se nos presenta como la última oportunidad para
ratificar o anular una vida; por otra, esta hora suprema se nos
ofrece como un último peligro de desesperación y de terror final.
Como espíritu encarnado -y a causa precisamente de su existencia espiritual- el hombre no puede ni quiere morirse. El cansancio del cuerpo no trae aparejado el cansancio del espíritu. Sabe
que ha de morir porque se sabe --saboreándose- a muerte corpo-

ral. Pero sabe también que lo que de inmortal hay en él no puede
ser alcanzado por la muerte biológica. La misma muerte nos induce, en ocasiones, a reforzar nuestra convicción de inmortales en
el espíritu. Aun así, quisiéramos retardar la hora suprema, alejar
a la muerte, para cumplir dignamente la propia vocación y para
hacer más méritos. No deseamos presentamos ante Dios con las
manos vacías. Hacemos proyectos con ánimo de victoria sobre la
muerte. Nuestros hijos y nuestras obras llevarán algo nuestro. No
podemos resignamos a dejar de ser después de haber sido, después
de haber probado la existencia. La nada pre-natal no llega a preocupamos por la sencilla razón de que antes no habíamos probado el ser.
Vivimos --si vivimos auténticamente- en la antesala del más
allá. Este estado de espera nos hace vivir la idea de la muerte propia y ajena. Y es claro que el estar en presencia de la muerte equivale, para un teísta, al estar en presencia de Dios. De ahí que la
presencia de la muerte tenga ese carácter terrible que inspira temor. La superación gowsa por la esperanza de un más allá en que
vivamos plenamente, no hace desaparecer, por completo, el temor
a la hora suprema. Aun los más grandes santos han temido el momento de morir, con todos los peligros que le son inherentes.
Todo hombre que se enfrenta a la muerte con el ánimo de vencerla debe pensar, por lo pronto, que va a morir su propia muerte, su muerte personalísima, única, intransferible. No se trata de
un accidente impersonal que me acaece por coincidencia, sino de
una muerte que no podría ser de nadie más porque me pertenece
como me pertenece mi destino. Una vida que se vive como preparación para la muerte no se siente sorprendida por la llegada de:
la muerte, que ya esperaba de un modo familiar. Se pasará el.
trance en la soledad humana propia del agonizante, pero habrá una.
compañía moral del expirante con su Dios y con sus seres queridos. Sabe, como hombre preparado para la muerte, que muere noporque esté enfermo -mera resultante- sino porque vive. "Desde que naciste -advierte Séneca- eres llevado a la muerte''. La.
vida nos huye y la muerte nos persigue. ¿Por qué no aceptarla en-

36

3'1

�tonces resignadamente? Ante ella se acaba nuestro poder. Nada
pueden contra la muerte nuestro pensamiento y nuestra acción. Y
sin embargo hay un medio de vencerla: haciéndola nuestra, voluntariamente nuestra ... No se trata de una intrusa, sino de una realidad humana que nos configura. Después de ella quedaremos libres de las angustias, miserias y peligros de esta vida. ¿Dónde está
la victoria de la muerte, cuando un San Juan de la Cruz nos trastoca radicalmente el sentido de esta vida que no es verdadera vida?
Esta vida que yo vivo
es privaci6n de vivir
y así, es continuo morir
hasta que viva cont.igo.
Oye, mi Dios, lo que digo:
que esta vida no la quiero
que muero porque no muero.

tiempo y más allá del espacio pensarnos en una vida per-durable
que nos representamos o imaginamos imperfectamente. El anhelo
natural de una vida feliz, incrustado en lo más profundo de la conciencia, imprime ruta y sentido a esta "menos-vida" que marc~a,
en su afán de "más-vida" al descubrimiento en lo alto de un Dios
personal.
El pensamiento del premio y del castigo -coronación del sentimiento íntimo de nuestra libertad- fundamenta, moralmente hablando la certeza en el más allá. Si existe un Dios personal y om' -justiciero supremo de la vida moral- tiene que haber
nisciente
una correspondencia, en la allendidad, entre servicio y felicidad
eterna. La verdadera totalidad del hombre no reside en un cuerpo que se marchita; radica en ese fundamento anímico con su núcleo inmortal.

Estamos a la espera de un más allá presentido. Vivimos, mientras tanto, en tensión por la "allendidad" definitiva. Abiertos a lo
imprevisible, sentimos hambre de salvación. Aunque ocupados en
menesteres particulares, nuestras tareas concretas no absorben la
totalidad de nuestra existencia, manteniéndonos en disponibilidad
con relación al fondo de la realidad "abarcante" y "religante".
Nuestra confianza está fundada en la verdad. Pero, ¿ qué es lo que
esperamos? Por de pronto esperamos seguir siendo, no dejar de
ser, y ... ¿ algo más? Sí, esperamos siempre, mientras vivamos, ser
algo más. Esperamos en nuestro "status viatoris", una perfección,
una plenitud, de la cual carecemos por ahora. Somos, pero no somos plenamente. Somos seres hacia la salvación, no somos seres
salvados. Saboreamos tiempos de aproximación a la plenitud o
tiempos de fracasos. Coesperamos porque convivimos. Bien dice
Gabriel Marcel, en fórmula feliz "Yo espero en Ti para nosotros".
Esperarnos con los otros y para un nos-otros que incluye los otros. Y
esperarnos "en" y "con" el universo. La espera es nuestra prueba.
El "más allá" de nuestra espera no está en el espacio y el tiempo. Por eso, justamente, le denominamos "más allá,,. Más allá del
38

39

�HEGEL Y EL PROBLEMA DE LA SUBJETIVIDAD

Dr. CHRISTIAN BRUNET
Universidad de Nuevo León

LA CONCEPCIÓN DE LAS RELACIONES del hombre con la realidad que
lo rodea ha seguido una evolución que presenta un dibujo bastante curioso. En su origen toda explicación es antropomórfica, es decir, que tiende a concebir todos los seres como vinculados entre sí
por relaciones de tipo humano. Cuando Hesíodo aborda la primera cosmogonía griega, saca los principios de su explicación de la
psicología y de los afectos del hombre: hubo la Noche, luego el
Error y la Discordia. Con los Orficos, Fane~ o Eros engendra la
Némesis, luego la desposa y de su unión nacen Uranos y Gaia. Se
concibe la sucesión de los hechos a la vez como una procreación
camal y un engendramiento moral, al evocar cada uno de los dioses
fuerzas sentimentales, Eros, el amor; N émesis, los celos, etc. Las
relaciones intra e intersubjetivas servían de patrón según el cual
se representaba toda relación. Empédocles utiliza todavía el amor
y el odio como principios de explicación física. En otros términos
la subjetividad tendía a invadir toda realidad. Fue mérito de los
Milesios haber inaugurado una era objetiva, en la cual a 1-0s hechos
de la realidad exterior no les serán atribuídas sino causas observadas en el seno de esta misma realidad.
Pero la realidad exterior debía vengarse de la atribución de las
estructuras subjetivas que le fue hecha durante tanto tiempo. Los
pensadores llegaron rápidamente a tratar de la subjetividad según
las estructuras del mundo exterior. Los principios que, en la cien41

�-cía naciente de los objetos habían demostrado su eficacia se aplicaron al conocimiento de sí, swnergiendo los problemas metafísicos del "yo" en insolubles dilemas. Se quiso "ser objetivo", aun
cuando se trataba de una realidad que no se aprehendía sino como
"subjetividad". Lo que es sujeto y no puede ser concebido sino
como tal, se volvió el "objeto" de las investigaciones de biólogos,
psicólogos, sociólogos, metafísicos que fracasaron, parcialmente
cuando menos, por esta razón mayor que, si las estructuras intrasubjetivas tuvieron que estar apartadas del dato exterior para permitir el desarrollo de las ciencias, es igualmente depurando la subjetividad del "cosismo" y de la exterioridad que se hará posible el
desenvolvimiento de la metafísica. Y nadie más que Hegel ha cooperado a esta reinstauración de la subjetividad.
Con él la subjetividad abandonada por la filosofía desde los Milesios cobra al fin derecho de ciudadanía. No es simplemente un
tema de estudio entre otros, entre los problemas de Dios y los de
la naturaleza. Es la forma misma de toda investigación filosófica.
Ella ha reemplazado como absoluto a la vieja substancia. Más aún,
al hacer del sujeto lo verdadero y lo absoluto, Hegel irá hasta un
pan-subjetivismo. Después de filosofías sin filósofos, es decir, sin
lugar para el filósofo como subjetividad, henos aquí frente a un
.sistema en el que la filosofía y el filósofo son una y sola cosa. Este
filósofo, claro está, Hegel lo considera en su existencia, en la medida en la que ésta es racional, dialéctica. Todas las ambigüedades son construidas de modo que la Razón apa1·ezca un poco artificialmente como el optimismo reconciliador y expresaremos acerca
de ello algunas reservas. Pero hay una presencia de la conciencia
tal como la experimento en mi existencia que debemos subrayar en
primer lugar.
Primero Hegel destaca el carácter irreductible de la subjetividad que reside en su interioridad y su historicidad. Este carácter
a su vez implica la dialéctica como método, un método no exterior
ni ·anterior al estudio mismo, un método que es el movimiento, la
esencia y el tema mismo de este estudio. El filósofo está sometido a
la dialéctica porque él es dialéctica y el ser es dialéctica. Es el mo42

vimiento de su propio concepto que se pierde para volverse a encontrar. Es historia, es decir, proyectado fucrc1 de sí en un desgarramiento motor de su perpetuo afán de reconciliarse consigo mismo.
Este afán, esta búsqueda debe forzosamente modelarse sobre esta
proyección, debe aceptar el perderse en la altcrida~ para que, en
esta negación de sí, pueda surgir el otro como cammo que regresa a sí. Es la razón por la cual Hegel repudia el método de los matemáticos como inaplicable a la filosofía, el "Geometrismo" de Spinoza, e-0n quien, en tantos otros respectos, se descubre afinidades.
En matemáticas el "devenir" de la reflexión no es objeto de la re~
flexión misma; le es exterior. La filosofía también conoce una reflexión exterior cuando se interesa en el ser-ahí, tanto tiempo como, puro en-sí este ser-ahí no ha sido asumido por el dinamismode la conciencia, no ha remitido la conciencia a sí, permanece "el
otro" pura y simplemente. Pero la filosofía conoce también una reflexión interior, es decir una reflexión constituyente de su objeto
mismo. En las proposiciones filosóficas, la demostración debe coincidir con el movimiento del contenido. La objetividad, la exterioridad no son más que momentos que remiten a su propio sobrepasarse.
Volveremos a considerar los supuestos idealistas de la dialéctica
hegeliana como método. Nos basta por lo pronto señalar este elemento positivo importante: la filosofía deja con Hegel de pretender aplicar a la metafísica el método que triunfa en la ciencia. Descubre que la exterioridad del mundo objetivo que pertenece al científico no debe caracterizar mi visión del ser tal como se revela en
el desenvolvimiento interior de mi subjetividad. Hegel definirá la
filosofía como ciencia, pero sin mentar con ello que deba usar ru
el mismo método ni los mismos postulados. Quiere solamente que
la filosofía alcance el mismo rigor, la misma precisión, pero este rigor y esta precisión no le vendrán de cuadros fijos y definidos en
su inmutabilidad, cajones de clasificación de los objetos. La aplicación de estas categorías objetivas rígidas a un ser cuyo Absoluto es el ser sujeto, no puede sino, paradójicamente, finalizar en
43

�la imprecisión de la que se queja Bergson al principio de l'Etre
et le M ouvant.
Necesita la filosofía de un método modelado sobre el desenvolvimiento interior de la conciencia como sujeto y, por lo tanto, capaz de revelar su esencia. Las matemáticas consideran lo abstracto,
lo inesencial, nos dice Hegel, es decir, lo que no tiene esencia. Eso
se evidencia tan pronto como se las aplica a una descripción del
tiempo que Hegel, anunciando a Bergson, considera ya no como
objetivización espacializada, receptáculo vacío, sino como lo efectivamente real, el concepto mismo del ser-ahí "pura inquietud de
la vida y proceso de absoluta distinción".
La meta de la filosofía, como la de las ciencias, será el aprehender la verdad, pero ya no como una substancia que se descubre al
apartar los accidentes que la esconden y la revelan a la vez, sino
como sujeto cuyo "ser sí mismo" se toma en "ser otro" en su esfuerzo mismo de ser "para sí", para congregar finalmente todos
sus momentos en el concepto en que será a la vez en sí y para sí.
No hay accidentes que se puedan oponer a una substancia de tal
modo que aparezcan como neglegibles. "El sujeto como absoluto,
escribe Hegel, es resultado, es decir, que es al final lo que es en
verdad" 1 • Es un polo el "connatus" de Leibniz, pero reversible,
ya no solamente como una fuerza que se actualizaría en su trabajo sino también que resume y actualiza este trabajo mismo.
Me proyecto fuera de mí para pensar, actuar, sentir, pero mi
verdad es mi subjetividad como resultado de mis pensamientos,
de mis actos y de mis sentimientos. Nada es accidental en el sentido de que la substancia permanecería no profundamente afectada por ello, pero nada es esencial en el sentido de inmóvil entidad definible: todo es momento de un Absoluto que asume estos
momentos. La verdad no es la substancia clásica igual a sí-misma :
"Es el devenir de sí-mismo, el círculo que presupone y tiene en el
1

Fenomenología del Esplritu; traducción al francés de Jean Hyppolite, Aubier, Edit.

p. 17.

44

principio su propio fin como su meta y que no es efecti:~e~te
real sino mediante su actualización desarrollada y su propio fm -•
El Universo de la división bi-partita ha estallado. Demasiados
"residuos" deben permanecer fuera de esta perfecta colección piramidal de géneros y especies. La filosofía clásica había preferido
ignorar estos residuos, aun cuando u_no_ de ellos. era _el hombre, ~
filósofo mismo. Él es la vida, el movlfillento, la mqmetud de la filosofía y ésta es a su vez la esperanza del filósofo que se rehusa a
reconocer que todo es lo mejor en el mejor de los mundos porque
se ha asignado un lugar estable, una clase, una especie entre otras,
porque se hizo de él un objeto entre los otros objetos. Se pe:cata
que lejos de definirse en una relación externa con esos obJe~os,
son los objetos los que se definen en relación con él. Él está mov1do
por una fuerza que es su existencia misma y que invade, con su
presencia indispensable y su mediación, toda categorialidad. Hegel
es este momento de la historia del filósofo. Él reprueba la "cosificación" que ha sido el vicio más entrañable de la psicología experimental o racional. "Ella -la psicología- encuentra entonces
muchas facultades, inclinaciones y pasiones diversas; y porque en
la enumeración de tal cosecha de facultades, el recuerdo de la unidad de la conciencia de sí no se deja sumergir, la psicología debe
al menos llegar hasta el asombrarse de que en el espíritu, como dentro de una bolsa, puedan estar juntas, cohabitar tantas cosas contingentes y heterogéneas unas a las otras, y eso tanto más que estas
cosas no se revelan como cosas inertes y muertas sino como procesos inquietos e inestables" 8 •
A esta imposible fusión de los heterogéneos, Hegel agrega la no
menos difícil unión de la particularidad objetiva con la universalidad del espíritu que las filosofías espiritualistas intentan salvaguardar por la invención de un "alma", "forma" que no logra después
sin tropiezos entrar en composición con su materia, o una s~bstancia en acto primero que no puede pasar a actos segundos smo negándose a sí misma.
9

' Fenomtnología dtl Espíritu, tomo I, p. 18.
Fenomenología del Espíritu, tomo 1, p. 253.

1

45

�Al hacer del hombre un "objeto" del conocimiento observable
y clasificable, el filósofo ha olvidado que todo objeto es correlativo
a un sujeto y que este sujeto es precisamente esta conciencia "objetivizante" y cuando se ha opuesto el sujeto al objeto, se lo ha hecho por la definición de dos entidades en cuya inmovilidad desaparece precisamente su relación activa que los constituye. "Las
expresiones: unidad del su jeto y del objeto. . . presentan el inconveniente que los términos de objeto y de sujeto, etc., designan lo que
son fuera de su unidad" 4 • Definir consiste aquí en fijar en dos lo
que no se intuye sino en la unidad, en predicar a estos dos términos
separados, atributos específicos que se apresuran en perder tan
pronto como se restablece su unidad concreta. De ahí se sigue la
imposibilidad de una ciencia objetiva del yo por una parte y de
una cosmología por otra.
Hegel cree encontrar la razón de esta importante laguna de la
filosofía tradicional en la identidad positiva según la cual concibieron el ser. Un todo, lleno, positivo, en el que se alojan sin implicar negatividad, como elementos igualmente positivos de este todo, todas las realidades, inclusive los cuerpos y las almas, tal es el
panorama que Hegel rehusa. La subjetividad no puede surgir sino
por un pensamiento que daría su lugar a esta presencia que es desprendimiento del ser en-s~ es decir, negación. El movimiento, rompe-cabezas de la filosofía antigua y medieval y principalmente este movimiento consciente de sí que es la historia, no puede caber
en una concepción del mundo como lleno e idéntico a sí. Sin la
conciencia como otro, presente y exterior, no hay movimiento, no
hay sino la división pura y abstracta del espacio y del tiempo según
la matemática que acarrea las insolubles wioe,aí de Zenón. Hyppolite apunta en una nota de su bella traducción de la Fenomenología del Espíritu que "para Hegel, la esencia de la operación es precisamente la negatividad para con el ser" 5 • Esta negatividad no
aparece a la conciencia inmediata que Hegel llama conciencia "observante". Pero se revela a la conciencia reflexiva, operante. Lo

que explica que la psicología que se sitúa al nivel de la conciencia
observante haya considerado su objeto como pura positividad,
que se le haya escapado la negatividad y con ella la esencia misma
de la subjetividad. Es por el acto reflexivo en el que me constituyo
como conciencia de mí, por el que me aparezco como espectador de
un "yo" que debe arrojar de mí-mismo, negar de mí. mismo, transformar en otro.
Con Hegel se afirma el carácter irreductible de la subjetividad.
Va a revelarse en una fenomenología en la cual el devenir de la
reflexión constituye el objeto mismo, en lugar de serle exterior como en las matemáticas. Después del primer momento que consiste
en mirar a los seres (conciencia observante) viene el segundo en
el cual mi mirar a estos seres está a su vez aprehendido en tanto que
constitutivo de estos seres y constitutivo de mí. La objetividad concebida como exterioridad es pues un momento que se
sobrepasa cuando el movimiento de la reflexión, o dialéctica, está
reconocido como esencia, es decir, como el momento en el que el
sujeto y e1 objeto no son sino una misma cosa. Estamos ahí en uno
de esos pasos hacia el límite predilecto de Hegel, el momento en
que las paralelas se juntan. Es embriagador para el espíritu, pero
¿ es acaso muy convincente? ¿ Llegamos a reconciliarnos con el
mundo y con nosotros mismos? La oposición de la interioridad y de
la exterioridad y la ambigüedad de la existencia y del ser-ahí ¿son
momentos del Absoluto, o el Absoluto mismo? En otros términos,
la presencia, la distancia, el rehuso de la identidad, la negación
que me constituyen como sujeto ¿son provisionales o debo acaso
aceptar el vaivén incesante y sin esperanza que, de la macicez compacta del ser-ahí, me hace rebotar hacia la claridad inconsistente
de mi presencia pura del mundo? Tal es la pregunta a la que intentaremos contestar con Hegel o en contra de él, después de haber
acompañado al filósofo alemán en la danza que hacen, antes de
acoplarse, el objeto y la subjetividad.

' Fenomeno/ogla del Esplritu, tomo I, p. 35.
• Fenomenología del Espíritu, tomo I, p. 252.

46

47
u4

�Lo Concreto y lo Universal.

Todo esfuerzo del pensamiento es una tensión hacia lo Universal.
Hegel subraya este carácter esencial de toda reflexión. Esta universalidad, la tradición aristotélico-escolástica pretendía alcanzarla
cuando el intelecto activo, haciendo abstracción de los aspectos individuales y concretos, secundarios y accidentales, desprendía de
ellos la esencia. Lo universal coincide entonce3 con lo general y, correlativamente, lo concreto con lo particular. Hegel acepta esta
confusión como una hipótesis de traba jo necesaria en un cierto
momento de la dialéctica: "El principio de la Cultura (proceso
de liberación de la inmediatez de la vida substancial) debe siempre
hacerse por la adquisición del conocimiento de los principios fundamentales y de los puntos de vista universales; primero debe hacerse solamente elevándose por sus propios esfuerzos al pensamiento
de la cosa en general" 6 •
Lo que no impide a Hegel notar que la pérdida de lo concreto
que acarrea este procedimiento del espíritu es una frustración incompatible con la exigencia del Absoluto que mueve el pensamiento. "Lo Absoluto, escribe él, no debe estar concebido sino sentido
e intuído; no su concepto sino su sentimiento y su intención deben
tener la palabra y expresarse". 7 Hegel, claro está, se pronuncia
contra el romanticismo que ha impregnado su juventud; pero, si
no está dispuesto a sacrificar el rigor del concepto a las divagaciones sentimentales de los individuos, no deja de conservar la exigencia de particularidad y acierta Benedetto Croce cuando escribe "El
prólogo de la Fenomenología ha sido definido como el 'adiós de Hegel al romanticismo'; pero la verdad es que el romanticismo fue
salvado por la filosofía, gracias a aquella separación. Sólo un romántico que hubiese superado, en cierto sentido el romanticismo,
podía obtener de éste, el fruto filosófico". 8 Si Hegel rehusa con has-:
tante frecuencia la intuición, es porque la palabra le llega, cargada de sentimentalismo, de imprecisión, de morbosa aceptación de
• Fenomenologla del Esp!ritu. Tomo 1, p. 7.
' Fenome,iología del Espíritu. Tomo I, p. 2.
• ÜRocE, Lo vivo y lo muerto de la Filosofía de Hegel. Ed. Imán, p. 49.

las deficiencias de nuestro espíritu. Es la intuición, tomada en este
sentido, a la que él fustiga con las palabras siguientes: "Pero como
hay una extensión vacía, hay una vacía profundidad; como hay
una extensión de la substancia que se difunde en multiplicidad finita, sin fuerza para congregar y detener esa multiplicidad, hay
también una intensidad sin contenido que, comportándose como
fuerza pura sin expansión, coincide con la superficialidad". 9 Es
muy interesante notar las semejanzas que constata Hegel entre esa
intuición sentimental que no tiene otro contenido fuera de su intensidad emotiva y la substancia a la que se accede después de una
abstracción que ha vaciado la substancia del ser mismo.
La intuición, como momento del conocimiento es una cosa muy
distinta. Es el acto de ver, claro y concreto, que determina la adhesión a una evidencia. Lo único que requiere Hegel, es que esta
intuición trascienda en el concepto; pero, fiel en eso a la tradición
kantiana, Hegel rechaza el concepto que no nutre intuición alguna
y que, como tal, no es más que una forma vacía. No hay que aceptar pagar lo universal con el abandono de lo concreto, so pena de
no alcanzar sino un formulismo puro. El "Begriff" hegeliano no
es, como el concepto escolástico, el resultado de una actividad abstrayente del intelecto. Al menos Hegel no se conforma con eso. Regresa a menudo a este tema; las matemáticas, para las que él no
siente una particular ternura, "consideran lo abstracto, es decir
lo inesencial". Lejos de revelarme la esencia, la abstracción me
hace desembocar en lo que no tiene ni puede tener esencia. No
hace otra cosa que remitir, según el proceso dialéctico, a todo aquello que ha negado, es decir, a todo lo concreto.
Todo eso explica que Hegel asume todo el contexto afectivo con
el cual se manifiesta "in concreto" un individuo. Le concede un
sentido positivo, una fuerza motriz en la accesión a lo Universal
que no negará este concreto sino para volver a asumirlo. "Con la
existencia singular, el más allá está al mismo tiempo opuesto en la
conciencia, aunque sea solamente como en la intuición espacial, al
• Fenomenología del Espíritu. Tomo I , p. 11.

48

49
.r

�lado de lo limitado. La conciencia soporta pues esta violencia que
viene de ella misma, violencia por la cual ella echa a perder para
sí misma toda satisfacción limitada. En el sentimiento de esta violencia, la angustia puede retroceder ante la verdad, aspirar y tender a conservar aquello cuya pérdida amenaza. Pero esta angustia no puede aplacarse: en vano quiere fijarse en una inercia sin
pensamiento y su inquietud turba esta inercia; en vano e aferra a
una cierta forma de sentimentalismo que asegura que todo es bueno en su especie; esta seguridad sufre tanta violencia por parte de
la razón que no encuentra algo bueno precisamente en tanto que
es una especie". 1 º El descansar del espíritu en el estatismo formal
de las categorías abstractas es ilusorio pues no se obtiene sino por
el acto violento de una conciencia que secreta un cierto sentimentalismo alrededor de estas categorías-tabús para escapar a su apremiante angustia. He ahí un Hegel que Heidegger ciertamente no
desmentiría.
Pero ¿ qué es pues este concreto fuera del cual el concepto no es
más que forma vacía e inútil? Nos encontramos aquí frente a una
de las nociones-límites tan típicas de Hegel, esas nociones que no
se alcanzan sino eliminando todo lo que no es su esencia y que, hecha esta reducción, se encuentra no tener otra realidad sino aquello mismo que ha sido eliminado para llegar a ellas y a lo cual remiten. Primero Hegel nos llama la atención sobre la errónea interpretación clásica de lo concreto concebido como equivalente de
sensorial por oposición a lo abstracto que vendría a ser lo racional.
Hegel nos informa paradójicamente que el conocimiento sensible
de los objetos no es el saber inmediato del ser, sino la abstracción.
El dizque conocimiento inmediato de un objeto es, por el contrario, el resultado de una doble mediación, la de la cosa en frente
de la cual el "yo" se pone como otro, la del "yo" mismo que extrae
la cosa del ser puro y total al constituírla como objeto. Mediación,
separación, abstracción son ahí casi sinónimos. Por el hecho que
10

50

Fenomenología del Espíritu. Tomo I, p. 71.

hay un "yo" "en medio" del ser, este ser se separa en objetos que
se vuelven así ab-stractos. El verde de este abrigo no surge como
tal sino porque un sentido específico ( la vista) lo ha separado de
ciertas determinaciones (la calidad táctil de la tela, su forma, uso,
etc.) de los que, de hecho, no está separado. En lugar de desintegrar como lo hace la sensación, hay que integrar todos los elementos
para tener un auténtico conocimiento concreto y esta "integrar'
es el concepto. La dificultad es que esta integración es un paso
hasta el infinito, pues si el verde, para ser concreto, debe reunirse
con la textura de la tela, la forma del abrigo, etc., para que surja
el abrigo como concreto; éste a su vez, en tanto que su entidad le
viene también de una mediación que lo ha separado de su contexto
(sus causas, sus efectos, todo lo que ha precedido, lo acompaña y
lo seguirá, todo con lo que tiene relaciones en el espacio y en el
tiempo ) es también una abstracción. Así son abstractas todas las
determinaciones para con lo que determinan, y lo que es concreto en un momento de la dialética es una abstracción en el momento siguiente. Así, en el infinito y lo absoluto, no es concreto sino el
"todo", el ser. Pero este ser total no puede ser logrado sino vaciándolo de toda determinación, haciendo de él una abstracción pura.
·No llegamos a este último resultado de la reducción sino para
tener que descender de nuevo con Hegel en la lógica, hacia todo
lo que tuvimos que sobrepasar para llegar ahí, hasta volver a encontrar el verde del abrigo, pues el ser puro se halla como equivalente de la nada absoluta. De este "verde" hacia el cual nos encaminara esta dialéctica descendente, rebotamos de nuevo hacia la
determinación, la esencia, la cosa, el ser-ahí, el ser puro en un ascenso en espiral. Lo que singulariza es lo que es universal puesto que
este carácter de ser singular, cada objeto lo tiene en común con
todos los objetos, pero esta singularidad no es verdaderamente. concreta sino en la comunidad de todo lo que es . . . en y por la cual
desaparece esta singularidad misma. "Cuando yo digo: lo individual, este individuo, aquí, ahora) todas estas frases son universalidades. . . Igualmente, cuando digo: Yo, entiendo por tal el individuo
51

�constituido por mí que excluye a todos los demás; pero cada individuo es también este mismo yo que excluye a todos los demás"_ u
De ahí resulta que hablar de sujeto concreto en un contexto hege~ano es muy equívoco. A veces se tratará del "yo" singular y
existente, del "para-sí" de Sartre o del "Dasein" de Heidegger
cuando Hegel lo quiera oponer a la forma vacía "animal racional"
de la psicología clásica. Otras veces por el contrario, sujeto tendrá
que entenderse de la totalidad del "en-sí para-sí" del que los individuos no son más que momentos que esta totalidad resume.
Así vemos a veces la dialéctica del sujeto cargada con toda la
afectividad del "yo,, singular; pero esta afectividad se encontrará
°:ega~a en el concepto: "En muchos casos, al describir la experiencia que hace la conciencia, Hegel describe una manera de existir, una visión del mundo particular, pero, difiere de la filosofía
existencial en el no atenerse en esta existencia; ve en ella un momento que, en su sobrepasarse, permite alcanzar un saber absoluto" . 12 Dejamos para más tarde el examen cic esta pretensión hegeliana. No~emos simplemente, por lo pronto, la dificultad que
tendremos siempre en mente al estudiar la subjetividad en Hegel:
no deberemos sorprendemos de que encontremos negado en un momento de la dialéctica eso mismo que se había afirmado en el momento a~terior. Será también menester no perder de vista que el
andar rrusino de la dialéctica resume en una afirmación sintética
todo lo que niega como momentos que apuntan hada su propio
sobrepasarse. Pero ¿resume verdaderamente? ¿Lo que está negado
se vuelve a encontrar efectivamente en el momento sintético de la
~ialéctica? ¿ Está el ser puro repleto de las determinaciones que han
sido negadas p__ara acceder hasta él? Ahí creemos tener que oponernos a Hegel. Este ser puro no es nada; Hegel mismo hace de esta
paradójica equivalencia el punto de partida de su Lógica. Contienen t~n poco las determinaciones que han suprimido, que será necesario todo el trabajo dialéctico de la Lógica para volverlas a encontrar. Igualmente la subjetividad, en el momento supremo de la
u Enciclopedia, Buenos Aires, p. 32.
u Hyppolite - Traducción de la Fenomenologla del Espíritu , ·ota I página 15.

52

dialéctica, donde llega a coincidir con la objetividad, no resume
los caracteres singulares gracias a los cuales ella tomó conciencia
de sí misma. Mi subjetividad, tal como la experimento en la angustia, no tiene parte en la reconciliación que, en el éter del concepto,
le ha preparado Hegel. También se podría decir que la abstracción
"animal racional" remite a toda la extensión del concepto y que,
dentro de esta extensión, estoy yo con mi singularidad, lo que no
impide que "animal racional" como especie no deja de ser la negación de las singularidades. Hegel nos muestra lo concreto y lo abstracto afirmando y negándose recíprocamente a lo largo del camino que va del "verde-de-este-abrigo" al ser puro. Le concederemos
que, en ninguna de las etapas, encontrarnos ni el abstracto puro ni el
concreto absoluto, que la ambigüedad no parece borrarse sino para
reaparecer. Pero lo que no admitiremos es que el término último
los fundamenta. El ser puro, lejos de unir el abstracto y el concreto, lejos de resumirlos, los niega a ambos, por esta sencilla razón:
que el ser puro de Hegel no es nada: la nada pura. Si lo abstracto
es una forma sin contenido, el Ser puro ni siquiera es abstracto
pues es una nada de forma al mismo tiempo que una nada de contenido alguno. No es tampoco concreto puesto que no surge como
concepto sino de la negación de todo aquello que lo particulariza.
Nos rehusaremos a admitir que haya jamás reconciliación alguna
entre los opuestos: Ser y nada, concreto y abstracto, concepto y realidad, sujeto y objeto se manifiestan en una ambigüedad que los
constituye y esta ambigüedad es definitiva. Suprimirla en una hipotética síntesis no es reconciliar los opuestos, es negar a ambos y
esta negación misma sigue siendo la mediación de un sujeto que,
por este hecho mismo, se sitúa frente a su propia negación y reconstituye así la ambigüedad ineludible. Hegel ha vislumbrado que una
metafísica en la que la subjetividad es un absoluto no puede escapar a la positividad de la negación que no es ya simplemente el
µ11 º" de la ontología clásica. Lo que tal vez no ha visto Hegel) es
que el origen de esta negación es precisamente el sujeto en su presencia constitutiva del objeto y que esta presencia, esta no-identidad es tan definitiva corno la negación misma. El Ser puro no es
53

�la pura Nada sino por un acto que no es el del Ser mismo sino el
de F. G. W. Hegel, que no ha sobrepasado la ambigüedad, sino
que permanece constituído por un conflicto que no resolverá otra
reconciliación que la de la muerte: pues Hegel ha muerto.
La Subjetividad en las conductas del yo singular.

Hay, en la base de la concepción hegeliana de la subjetividad,
una experiencia primordial que había escapado a Descartes. El
"cogito" cartesiano se afirma a partir de su no-identificación con
el mundo del que se separa al ponerlo entre paréntesis en la duda.
Pero después de este violento relámpago de la trascendencia, volvemos a caer en las obscuridades de la inmanencia cuando Descartes pasa del "cogito" a la afirmación de una "res cogitans". Nada
menos apegado a la experiencia que tenemos de la subjetividad en
nuestras vivencias. El sujeto no solamente se opone al mundo y
surge frente a él, sino que, además, surge frente a sí mismo, un
«si-mismo" con el cual no puede identificarse, sin que le sea dado
tampoco separarse, ni liberarse. El "yo" como mirada, como presencia en el instante se opone al "yo" como corriente de conciencia;
no surge como sujeto, sino con la condición de arrancarse de símismo como historia: resulta una dolorosa partición definitiva,
pues la subjetividad en mí no se volvería a juntar con lo objetivo,
no se identificará con él sino negándose, destruyendo a la vez como conciencia y como historia; el "yo" se volvería entonces el "no
yo". Hegel ha sacado de esta experiencia las debidas conclusiones.
Ha subrayado esta inadaptación del yo como conciencia al "yo",
como substancia que finaliza en la inadaptación de la substancia
a ella misma, al constituírse surge la substancia como sujeto, en un
"renversement" muy hegeliano; el sujeto surge como tal por el acto en el que se niega como sujeto para ponerse como objeto. En
otros términos la subjetividad se voltea en contra de sí misma en un
desgarrar en el centro mismo del "yo". Pero este objeto, espíritu de
mi espíritu, no se conoce a su vez sino restableciendo su imbjetividad, al suprimirse como objeto. Partiendo del sujeto, el "yo" se
54

aliena en la objetividad para regresar luego a la subjetividad como conciencia de sí, es decir sujeto-objeto.
• Esta dialéctica del "yo", nos avisa Hegel, es paralela a la dialéctica de la cosa: a este "aquí" y a este "ahora" corresponde este
"yo"-aquí, este "yo"-ahora. Si el "yo" se pone, oponiéndose al mundo, 1o "su-pone" también. El "yo" se emaiza en el "aquí" y en el
instante y, como tal, desaparece en el "allá" y en el instante siguiente. Y sin embargo compruebo una continuidad del "yo" que
ya no es ni el yo-aquí ni el yo-allá, o, más exactamente que los
envuelve todos. Henos aquí ante el problema que Aristóteles creía
resolver con la noción de substancia y Kant por la conciencia de sí
que perdura a través de los juicios. El "yo allá" se opone al "yo
aquí", lo niega pero remite a él y el "yo" trascendental, tal como
resulta de estos juegos de va y ven, niega a su vez todos estos "yo"
aquí y "allá" que asume como síntesis. Es siempre en la última etapa de la dialéctica hegeliana donde todo se echa a perder. Pues si
como sujeto, estoy constituído como trascendencia a mis propios
momentos que corresponden a los momentos de la cosa, no es cierto que esta subjetividad como emerger puro pueda regresar a los
"yo"-esto o aquello sin negarse otra vez en tanto que subjetividad.
Ella cambiaría entonces su trascendencia por una inmanencia en
la que se perdería sin que, de modo alguno, se realice la síntesis de
esta trascendencia y de esta inmanencia. Para volver a constituírse
como subjetividad tendría entonces que empezar de nuevo el proceso de negación que la dejaría exactamente en el mismo punto
que antes, es decir, igualmente no-idéntica a los momentos frente
y más allá de los cuales ella se afirma. Vana es la esperanza de
aprender algo acerca de la subjetividad "realizándola" en objeto;
es su esencia misma el escapar a toda objetividad: rehuye siempre
d en-sí y siempre se encuentra a distancia, inasequible a ella misma. Concordamos con Hegel cuando, en los primeros momentos
de la dialéctica él escribe: "Para nosotros, el devenir de este objeto mediante el movimiento de la conciencia es de tal naturaleza
que la conciencia misma está implicada en este devenir y que la
reflexión es la misma de ambos lados o una sola reflexión. Pero
55

�la conciencia en este movlilllento tenía solamente por objeto la
esencia objetiva y no la conciencia como tal; así, para ella, el resultado debe estar colocado dentro de un significado objetivo; y
la conciencia debe ponerse una vez más como alejándose de lo
"devenido", de tal suerte que este "devenido" como objeto se vuelva esencia para ella". 13 No se puede expresar más concisa y claramente: 1.-el pertenecer de la conciencia como corriente, a la
exterioridad, al devenir objetivo, 2.-su emergir como presencia
que se opera, "alejándose de lo devenido" (notemos que Hegel usa
un pasado, pues el objeto conocido, aun si se trata de la conciencia como historia, es siempre un pasado, un "devenido"), 3.-lo
que esta presencia hace cognoscible, lo que posee la esencia es precisamente lo que la conciencia no es, aquello de lo que "se aleja'\
este "devenido como objetivo". Aquí el Hegel de la dialéctica tiene razón contra el Hegel del conc~pto que no logrará ni hacer "entrar" el "devenido objetivo" dentro de la conciencia ( que no tiene
"dentro") ni a submergir la conciencia en su propia historia, al
transformar como por arte de magia este "devenido" (pasado) en
un "devenir" (presente) .
Hay, en efecto, un cierto sentido en el que es cierto decir quelas cosas como otras son también como "yo", del mismo modo que
mi cuerpo y mi corriente de conciencia son a la vez como cosas y
como "yo", puesto que las cosas se definen como "lo otro" ante un
"yo" que también es "lo otro" : estas cosas y este "yo ' son igualmente sí y otros, es decir, idénticas. Es cierto también que el acto
de distinguir supone la in-distinción inmediata. Pero el acto por el
cual yo recorto mi "yo" objetivo en el "continuum" del ser con el
cual Hegel lo identifica no sin razón, es absolutamente distinto del
acto por el que el sujeto se opone a lo "devenido". El primer acto.
es, en efecto, una mediación que, como tal, requiere un sujeto.
El segundo es inmediato y absoluto, primordial y por ende apodíctico, como lo mostró Husserl con el "cogito" trascendental. Mirar
al fondo de las cosas, Hegel lo dice hermosamente, es finalmente
" Fenomenología del Espíritu.. Tomo I, p. 110.

56

mirar al fondo de sí. Pero, en el fondo de sí, se encontrará todo
salvo la mirada misma en su actualidad. En el fondo de s~ hay
precisamente 1a opacidad de la cosa.
Vimos cómo para Hegel, el "yo" simple es la "esencia negativa',,
de sus momentos. Esta negación lo hace aparecer a sí mismo como
"falto de", no en el sentido escolástico de "limitado" sino en el de
vacío, llanamente, tensión hacia, fundamento de todas las conductas
volitivas y afectivas. Es la dialéctica del deseo. La conciencia surge corno deseo en el acto mismo por el que se pone como sujeto
en el desprenderse del mundo que se presenta entonces como "lo
otro", lo que la conciencia no es. "Así la conciencia de sí es segura
de sí-misma, solamente por la supresión de este Otro que se presenta a ella como vida independiente; ella es deseo". 14 El segundo
paso de la dialéctica pretende ser la supresión de esta independencia del otro en su posesión en que. la conciencia se afirma, se vuelve conciencia de sí, certidumbre para sí misma. "Percatada de la
nulidad de este Otro, ella pone para sí esta nulidad como verdad
propia, anonada el objeto independiente y se da por ello la certeza de sí-misma". 1 G Pero en esta certeza de sí, la conciencia se halla como condicionada por el otro, por el objeto, es decir, por aquello de que ella es la negación y he allí de nuevo reconstruida la
independencia del objeto ... y la conciencia como deseo. En lapo
sesión, el objeto independiente se había desvanecido pero la conciencia también se suprimió como distancia. En otros términos, el
poseedor fue poseído. Al beber este vaso de agua, lo he suprimido
enfrente de mí pero al suprimir mi sed, me perdí como distancia
y presencia al vaso de agua; estuve alineado por el otro al alinearlo. Me he vuelto "agua en proceso de aniquilarse". Cuando se ha
consumido ese anonadamiento, mi sed quedó suprimida, no satisfecha. Pues la satisfacción hubiera sido que yo hubiese podido poseer esta agua como "otro", independiente de mí, poseer s:n ser
poseído; pero no alcancé a negar la independencia del objeto sino
haciéndome objeto a mí mismo. Todos los desarrollos que a este.
" Fenomenología del Esplritu. Tomo I, p. 139.
Tomo I, p. 154.

u Fenomenologla del Espiritu.

57

�respecto encontramos en el Ser y la Nada de Sartre están contenidos virtualmente en esta frase de Hegel: ccLa figura distinta) solamente viva) suprime ella también su propia independencia ~ el
proceso de la vida, pero con la supresión de su diferencia, deJa de
ser lo que era".16
El fracaso de este doble momento del deseo desemboca en el
tercero) lo que, de parte de Hegel, no nos sorprende. La satisfacción que no fue alcanzada en la exterioridad de un objeto en el que
la conciencia perdía su subjetividad va a buscarse en la posesión
de un objeto tal que no amenace esta subjetividad, es decir, otra
subjetividad. "La conciencia de sí logra su satisfacción solamente
en otra conciencia de sí" .17 Es decir, que al frustrado deseo del
otro en cuanto otro, va a substituirse el deseo del otro como ccsí".
Esta operación va a efectuarse según el habitual proceso dialéctico de ida y vuelta de la negación : 1.-Al buscarse en el otro, la
conciencia se pierde como sí: se ha vuelto "el otro" pero este otro
ya no es otro, puesto que la conciencia dejó de emergir de él para
"mediarlo": se ha vuelto sí, 2.-al suprimir este otro que ya no
es otro sino sí, la conciencia regresa a sí misma librándose al mismo tiempo que devuelve al otro su libertad. No hay mejor ilustración de este "va y ven" que los análisis sartrianos acerca de la imposibilidad del amor que se podría resumir en una fórmula trivial,
cargándola de todo su sentido: el amante se pierde en el amado,
se entrega a él para poseerse a sí mismo al poseer a otro, pero, por
ser imposible dicha posesión, se entrega en balde, pues permanece
otro para el otro que también permanece otro para él: no se en-cuentran sino en la inmanencia de sus objetividades. Después de
haberse suprimido a sí mismo al hundirse en el otro, el resentimiento impulsará al amante a suprimir el amado para volver a entrar
en posesión de sí-mismo; pero la negación del otro finaliza en lo
mismo que la entrega de sí: en la autosupresión.
o hay posesión de sí como conciencia m antes del amor, ni
después, ni en él ni fuera. "La conciencia debe emprender la su" Fenomenologia del Esp!ritu. Tomo I, p. 154.
" Fenomenología del Espíritu. Tomo 1, p. 153.

58

presión de la otra esencia independiente para adquirir así la certeza de sí-misma como esencia; emprende así el suprimirse a sí
misma, pues este 'otro' es ella misma". 18 Hice del otro una cosa
para adueñarme, enseñorearme de él, y es corno cosa que me veo
en él: El esclavo, como lo dice Hegel, es esclavo mediatamente, es
decir, por el intermedio de la cosa. El amo domina inmediatamente toda la "coseidad" y, mediatamente, al esclavo mismo ya dominado por la cosa. Pero el esclavo es también la mediación para llegar a la cosa. La dialéctica del deseo encuentra la resolución de
su ambigüedad en la dialéctica siguiente del Amo y del Esclavo:
pero ésta, a su vez, no se resuelve en ella-misma sino en la siguiente en que Amo y Esclavo se oponen en una sola y misma "conciencia infeliz".
La Conciencia infeliz deberá a su vez trascenderse y resolverse
en un plano superior de la dialéctica hasta que la dialéctica toda
encuentre su anti-tesis en la no-dialéctica. La dialéctica del deseo es un callejón sin salida, la del otro considerado como amo o
esclavo también lo es. Que Hegel fuerce el primer callejón para
desembocar en el segundo y éste en otro y así sucesivamente, no
sirve para nada puesto que en fin de cuentas el último desemboca
en este ser puro-pura nada, en que mi reconciliación conmigo mismo, con el mundo, los otros y el ser, será la muerte. La dialéctica
del deseo se termina con su ambigüedad misma, con la supresión
del deseo que es esencialmente no-satisfacción. Mi relación con el
otro se cierra también sobre sí misma. No poseo ni el "yo" ni la
cosa, ni el "yo" en la cosa, ni "el otro", ni la cosa en el otro, ni el
"yo" en el otro. El rostro del amo que refleja el esclavo es un rostro de esclavo y la dialéctica se invierte, como lo nota Hegel. Pero
se invierte en el mismo punto para volver a empezar el mismo "va
y ven" dentro de la misma situación. Nada está salvado ni sobrepasado. Podré encontrar en mis ambigüedades interiores de conciencia infeliz la misma tensión "diadica" sin que las anteriores se
encuentren resueltas, contenidas o sobrepasadas. La conciencia infe11

Fe11om11nologia del Espíritu. Tomo 1, p. 156.

59

�liz es definitiva; como la dialéctica del amo y del esclavo es definitiva ; como también lo es la dialéctica del deseo, tan definitiva como la
conciencia misma. Aun si, como Hegel, forz6 los datos hasta identificar finalmente esta conciencia subjetiva con la objetividad, no
habré resuelto ni sobrepasado nada: no habré suprimido la ambigüedad sino negando abstractamente sus términos.
Todos los análisis hegelianos son valiosos porque revelan la subjetividad ahogada en las categorías de las filosofías tradicionales.
Vemos con el filósofo alemán, al sujeto surgir y revelarse como ambigüedad. Pero lamentamos que después de esta vida larga y fecunda la subjetividad acabe por hundirse en el c9ncepto como
después de la vida breve y esbozada que le confirió Descartes, se
.sumergi6 en la substancia. No hay unión ni reconciliación de mi
-conciencia con el mundo. Y si esta reconciliación debería operarse
en el Espíritu, no sería mi espíritu, mi conciencia, no sería mi reconciliación y, por ende, en cuanto "yo", único sujeto que experimento, permanezco irreconciliado con lo que deseo, con lo que
amo y finalmente conmigo mismo, pues la conciencia infeliz no es
una etapa transitoria que superan y resuelven las anteriores sino
la conciencia de esas como insuperables.
La desgracia de la conciencia es el saber que no puedo ni poseer,
ni amar, ni hallarme a mí mismo y que, sin embargo, no puedo
superar ni el deseo, ni al otro ni a nú mismo como duración. El
vaso de agua permanece frente a mi sed; me veo siempre detestable objeto en la claridad inaccesible de la mirada del ser amado
y sigo pasando, fluyendo bajo mi mirada impotente. Mientras viva, todo seguirá así. Y o sé, claro está que como lo dice Hegel,
mi libertad es absoluta y que puedo suprimirme: "Es solamente
por el riesgo de su vida por lo que conserva uno la libertad y comprueba que la esencia de la conciencia de sí no es el ser". 19 Pero
¿ de qué riesgo se trata? No es una elección; es acrobacia al borde
del abismo. Correr el riesgo de morir es también correr el de vivir.
Si no hay esperanza del lado de la vida, tampoco hay del lado de
11

60

Fenomenología del Espíritu. Tomo I, p. 159.

la muerte; pues la muerte, como lo dice Hegel, "es la negación natural de esta misma conciencia, la negación sin la independencia".
No hay paz en la nada: no hay más que la nada.
Desde este abismo la conciencia puede gritar hacia las alturas:
"De profundis clamavi ad te, Domine". Pero la filosofía es impotente para asegurarnos que Alguien oiga este grito y le conteste.
Si existiese, no sería en todo caso el Concepto, el Espíritu hegeliano que no es una contestación sino un desierto donde mi voz se
pierde. Es vano el forzar mi conciencia a partir de un Espíritu en
el que ella se desintegra como individualidad si dicho Espíritu no
es capaz de desempeñar el papel salvador por el cual lo llamé. Es
comprensible el que la angustia me empuje a veces a buscar la
reconciliación aun al precio de la claridad o de la evidencia; pero
estamos doblemente engañados si la balsa que nos hemos fabricado es incapaz de llevarnos. Aquél hacia quien grita el creyente
tiene cuando menos el mérito de ser trascendente "altissuni donurn
Dei" amén de inmanente: "intimior meo mihi", más íntimo en mí
que yo mismo, dice San Agustín. El Espíritu de Hegel no es ni el
uno ni el otro. No trasciente la historia puesto que se constituye
en ella y no nos es inmanente puesto que su pureza supone nuestra negación como momento. Es un Moloch inasequible. No atrae
el movimiento como la causa final de Aristóteles; resume más bien
su esencia negativa : "La cosa no se agota en su fin sino en su actualizarse; el resultado no es el todo efectivamente real, lo es solamente con su u devenir". El resultado desnudo es el cadáver que
la tendencia ha dejado detrás de sí". ¿Qué nos dice Hegel de este Espíritu? Primero que es sujeto, lo que evoca inmediatamente
los desarrollos que acabamos de resumir: conflicto, presencia, distancia, negación, angustia. Pero no; él es sujeto en el término de la
dialéctica, es decir, cuando el sujeto ha sido paradójicamente liberado de lo que constituía su subjetividad ... sin dejar de ser sujeto. El Espíritu es el saber de sí como Espíritu; es decir, que debe ser
objeto p~ra sí-mismo y al mismo tiempo objeto suprimido y reflejado en sí, pues este objeto es también para sí: volverse otro
para sí-mismo, es decir, objeto de su propio sí y suprimir luego este
61

�ser-otro al reconocerlo como ser-sí. Hegel ha prolongado hasta el
Infinito su asimptota y acaba de decimos qu: "eso"_ se junta al
infinito. Quisiéramos creerle; pero para eso sena preciso haber estado convencido que cada etapa de la dialéctica es verdadera~ente
una síntesis resume y resuelve verdaderamente la etapa antenm Y
hemos vistd que no hay tal síntesis. o es legítimo aquí el prolongar las aristas hasta la cúspide de una pirámide ~ara asistir ahí,
maravillados, a la convergencia de todo lo que diverge, por esta
sencilla razón de que no hay pirámide y, por ende, ~arecem~ de
un "sentido'' en el cual deberíamos prolongar. Ademas, aun s1 tuviéramos que conceder algún crédito a ese paradójico sujeto qu
tan brillantemente se torna objeto de su propio sí y suprime luego
este ser- otro al reconocerlo como sí, a la vez mirada, espejo e imagen, todo eso dentro de una acrobática unida~, no estaríamos_ en
lo más mínimo interesados puesto que expenmentamos precISamente nuestra subjetividad como la imposibilidad radical de tal
acrobacia. Es una filosofía de pájaros para peces.
Y l· cuándo veremos realizado este "cogitamus' , esta unión "per.
fecta" esta fusión de los "yo" en el "nosotros" en el cual se marufiesta ~l Espíritu? "Cuando una conciencia de sí es objeto, el objeto
es también 'yo' como 'objeto'. Así para nosotros ya está prese~te ~l
concepto del espíritu; lo que vendrá más tarde para la. conc1encta
es la experiencia de lo que es el espíritu es~a substancia ~~~oluta
que, en la perfecta libertad e independencia de su opo 1c10?, es
decir de las conciencias de sí diversas siendo para sí, constituye
'
su unidad
un Yo que es un osotros y un Nesotros que es un y'
o .!lO
¡ Qué hermoso cuadro! Por desgracia las realidades fundidas al fuego de este lirismo son mucho más resistentes de lo que la frase de
Hegel lo deja suponer. Pues, en fin, ¿ cuándo surge el Nosotros?
Su primera aparición se efectúa en la inmediatez circunstancial.
Varios "Yo" reunidos por el azar en un autobús o una sala de espectáculos entrañan un cierto tipo de unidad, absolutamente extrínseca, comparable a la de piedras en un montón: lo que une
'°
62

Fenomeno/ogfa del Espíritu. Tomo I, p. 156.

los elementos es un factor espacial, consecuencia a su vez de decisiones individuales sin que estas decisiones se unifiquen. Es evidente que este "nosotros" no es el que interesa aquí a Hegel. El "nosotros" puede presentar un tipo de unidad puramente objetiva; a
éste nos referimos al decir "nosotros hombres", "nosotras mujeres",
"nosotros médicos", etc. El principio de unificación es entonces
una clase de objetos a la que "pertenecemos" en la medida precisamente en la que no emergemos como sujetos. No hay nada ahí que
pueda reconciliar subjetividades que no surgieron todavía.
El "nosotros,, no presupone el "yo" como subjetividad sino cuando la libertad está de por medio, es decir en la relación del "yo"
con el "tú". Existe entonces el "no otros" pero como limite jamás
alcanzado; quiere ser a la vez la posesión recíproca de dos libertades sin que cada una deje de hallarse como libertad. El amor como resolución de la dialéctica del amo y del esclavo es un fracaso.
Jean Hyppolite nota a este respecto que el mismo Hegel quien consideraba, en sus obras de juventud, al amor, como "este milagro
por el cual lo que es dos se welve uno, sin finalizar sin embargo, en
la supresión completa de la dualidad. . . lo que realiza la esencia
de la vida manteniendo la diferencia en la unión'\ 21 tuvo que
abandonar las ilusiones hacia las cuales lo empujaba su lirismo romántico, para insistir, por el contrario, "sobre el carácter trágico
de la separación, la fuerza, la paciencia y el trabajo de lo negativo". El "nosotros" que enfoca Hegel ahora no es aquél que abandona a los fantasmas del fervor romántico. O más bien, su fervor
romántico lo lleva más allá. El "milagro" que empezó por ver en
el amor, lo ve ahora en el Espíritu, sin perder nada de su lirismo
que lo empuja siempre a creer a los milagros que se unen, más milagrosamente aún, con la Raz6n, puesto que "todo lo que es racional es real". Pero leamos cuidadosamente el párrafo aludido.
El Espíritu se presenta como algo que la conciencia experimenta
fuera de todos los datos sensibles puesto que Hegel agrega: "de
ahí, ella (la conciencia) se encamina fuera de la apariencia colott

Fenomenologla del Esplrilu. Tomo I, p. 158.

63

�reada del 'más acá' sensible" .22 ¿ Qué es pues esta :xp~r~encia no
sensible del Espíritu? ¿No sería acaso u~a de estas mtuic1on~ que
Hegel mismo condenaba en la Introduccz6n a la Fenom~nologza 1el
Espíritu, burlándose de aquellos que pretend_en, ~om~ el ,en.~~ JUventud que "el Absoluto no debe ser concebido sino mtmdo. • Pero sig~mos nuestra lectura: el nombre at:ibuído al E~pír1tu es
"substancia absoluta". En un contexto hegeliano substancia se
ne a presencia. Así lo hemos visto oponer el "yo" como ~ubstancia
al "yo" como conciencia. El Espíritu como Abs~luto_ sena pues _la
substancia que se ha vuelto conciencia o la conc1enc1a, substancia.
Aristóteles O Descartes tenían al menos el mérito de darse el Pensamiento como substancia desde un principio, pero cuando, con justa razón, se ha empezado por afirmar que los dos términos no tienen finalmente otra realidad que su oposición misma que los constituye, no se les puede luego unir por malabarismo o por neces~d~d
de creer en los milagros. Es evidente que situado en el Espmtu
puro al que el "Yo" no tiene acceso sino al negarse como tal, el
"milagro" está mejor colocado que en el amor donde queda amenazado por la experiencia de todos los amantes habidos y por haber. Si en efecto, para comprobar esta "substancia absoluta" en el
"nosotros" debemos conocer el acuerdo de las conciencias de sí diversas y siendo para sí, tenemos poca probabilidad de llegar jamás
a ello, pues si me pongo al balcón para verme pasa~ en_ la calle, p~
dré tal vez asistir al desfile de los fantasmas de mi-m1Smo que m1
presencia en la ventana ha desprendido de mi subjetividad, pero
siendo esta subjetividad misma esencialmente esta ventana, no tengo esperanza alguna de verla pasar debajo del balcón. Abajo en la
calle se forman y se deshacen los "nosotros", los de la especie bípeda
"
"
1
d
0 el de los enamorados entrelazados, to os estos nosotros en os
que los conflictos cunden. Pero mi mirada de~de la ve~t.ana permanece sola, como las miradas de todos aquellos que ad1vmo pegados
a los cristales. No hay nada más opaco al mirar que otro mirar. No

º??-

n Fenomenologta del Espiritu. Tomo l, p. 154.

64

hay nada más incompatible con el vacío que el vacío: "Tienen un
sonido, mas voz no, un nombre y no hay persona alguna". 28

Objetividad e historia.
El sujeto en lo que lo constituye como tal no puede considerarse,
acabamos de verlo, como un ser intra-histórico. Lo que es historia es el objeto, es decir el ser en su relación con una subjetividad.
Es muy evidente que en la medida en la que dicho objeto está constituído como relación, su historicidad depende del otro término de
esta relación: la presencia en la historia. El sujeto, como conciencia, es conciencia de esto y luego de aquello gracias a una doble
relación: primero, lo que establece la conciencia frente a esto y aqueUo; luego, lo que opone el "aquello" al "esto". Como conciencia
pura, es decir, para tomar a nuestra cuenta la expresión de Valery, como "rehusar indefinido de ser lo que sea" el sujeto escapa a
la historia, se constituye por este escapar mismo. Pero, por otra
parte como conciencia del "esto" y de "aquello", se inserta en la
historia. Es lo que mentamos al decir que la ambigüedad no es
historia, pero sí la historia ambigua. En un cierto sentido tiene
razón Bergson de hacer de la duración la dimensión característica
de la conciencia fuera de la cual no hay sino el "tota simul". Como
duración soy para mí y como duración las cosas son, no en ellas
mismas, sino también para mí. Este yo, preferiríamos decir este
"me", usando un acusativo de objeto, y estas cosas son duración
para y por un "yo" que constituye esta duración al escaparse de
ellas. Él es quien hace el "ahora", el "antes" y el "después" porque no es ni este "antes" ni este "después". . . sin dejar de serlo
en una cierta forma, pues este "yo" es "conciencia de ... " y no
tiene realidad captable fuera de lo de que es conciencia, es decir,
el objeto, la historia. De esta intencionalidad de la que los escol~sticos mostraron la positividad, Hegel iba a evidenciar la negatividad. La conciencia se da "como una relación al Otro, objeto,
., PAUL CLAUDEL,

Magnifical . Gallimard, p. 77 .

65

�mundo o naturaleza". 24 ¿Qué es este Otro enfrente de mi conciencia a la vez como condicionado y condición?
Este Otro es devenir sin que podamos afirmar que el "hic et
nunc" le pertenezca en tanto que ente, sino en tanto precisamente
que Otro, por un yo como presencia que enuncia cada "aqui'~ y cada
"ahora". El ahora de la cosa es una apercepción que descansa en
la negación del momento precedente y en la amenaza de su propia negación.
Igual cosa sucede aparentemente con el "aquí" y el "allá" y esta consideración puede llevamos a una solución simple del problema del objeto: los objetos no tienen otros contornos y, por consiguiente, otra definición que aquellos que les impone la concie~cia en su libre recorte del tiempo y del espacio; en la homogeneidad absoluta del ser, recorto elementos que surgen así en heterogéneos y los agrupo en "cosas". Esta teoría puede. s~ducir a primera vista, pues suprime ]a ambigüedad en benef1c10 de la conciencia así soberana; no resiste sin embargo a un examen más detenido. La permanencia de las cosas, la repetición de sus relaciones que llamamos leyes; su resistencia a mi conciencia que puede
hacer variar los ángulos y los puntos de vista sin poder acabar con
este ser-ahí, son la piedra de toque de este optimismo; no puedo
hacer del mundo lo que se me antoja. Mi lirismo visual puede
transformar en rostro la fachada de esta casa ; pero solamente en
el arte puedo mantener esta asimilación y ganar mi apuesta contra la realidad. Fuera del arte un rostro es un rostro, una casa es
una casa y un árbol, un árbol. Todas estas entidades tienen demasiada solidez para ser pura y sencillamente mi acto. Y no basta
hacer un llamado a la costumbre (Hume) para dar cuenta de
esta solidez de los elementos que no se quieren considerar sino co~
mo el resultado de un recorte, que se conciba este recorte como racional o gratuito. Pues tendríamos después que explicar la costumbre misma.
Concederemos pues la razón a Hegel cuando señala que la igual-

dad del objeto consigo mismo persiste fuera de nuestra aprehensión y que, por consiguiente, la certidumbre de la percepción está
del lado del objeto. Pero Hegel nota inmediatamente que las cualidades simultáneas y exclusivas una de la otra contradicen la unidad del objeto. Deja de haber un árbol cuando mi conciencia opone, como dos cosas tan reales como el árbol mismo, este verde, que
ya no es el-verde-de-las hojas del árbol, sino este verde, a este azul
que dejó por su lado de ser el azul-del-cielo. Será necesario para
restituir al árbol su unidad que el yo declare que este verde era su
acto, que, en la realidad no hay este verde, sino el verde-de-lashojas-del árbol.
El yo, para usar la terminología hegeliana "se responsabiliza" de
estas cualidades para salvaguardar la unidad del objeto. Parece
decir: ccdispensen, este desorden es mi culpa, pero lo voy a reparar; volveré a poner las cosas en su lugar,,. Ponerlas en su lugar
significa procurar que su simple unidad que es relación a sí, surja
como cualidad distinta por oposición al otro. Pues, por una parte
la cosa es un "uno" y las diversas propiedades que parecen serlo
de la cosa, amenazan esta unidad, quieren en cierta forma escapar de ella para constituirse a sí mismas en unidad. Por otra parte
sin estas propiedades no hubiera la cosa sino lo "Uno" de la cosa
igual a todas las cosas (ver el diálogo Parménides de Platón). "Es
por su determinabilidad que la cosa es exclusiva. Las cosas mismas son pues determinadas en sí y para sí; tienen propiedades por
las que se distinguen de las demás,, .26 Pero el círculo vicioso se
vuelve a cerrar, pues estas propiedades no son sino para nosotros:
"Esta cosa es solamente de hecho blanca ante nuestros ojos, insípida también sobre nuestra lengua y también cúbica para nuestro
tocar,, .26 Por una parte la cosa resiste y se presenta como lo que
es en sí y por otra sus dos características: unidad y propiedades
son por rrú y para mí.
·
Después de haber seguido en las páginas anteriores a Hegel en
su dialéctica de la subjetividad, adivinamos a dónde nos va a lleFenomenología del Espíritu, p. 100.
,. Fenomenología del Espíritu, p. 104.

16
14

H.,,ppolite, p. 25.

67

�var. El Otro, es decir lo que no es la cosa, la no-cosa, ha sido necesario para que la cosa regrese a sí como unidad cuando sus propiedades han sido "responsabilizadas" por el yo. Pero estos "no-la
cosa" también son cosas o, en otros términos, lo Otro es también
en la cosa. La última realidad es el ser-otro que las otras cosas ...
que también son otnµ, etc. El fenómeno no remite a un en-sí escondido, una substancia que fundamentaría su unidad. Esta unidad
la confiere al fenómeno su contrario y este contrario no es un nofenómeno sino fenómeno de cualidades contrarias. El fenómeno no
es el opuesto a un absoluto sino lo opuesto a un opuesto.
Reconciliar la cosa con ella misma; suprimir su alineación no
puede ni afirmarla a ella sola, pues perdería la unidad que lo otro
le confiere, ni negar el en-sí de sus propiedades, lo que equivaldría
a identificarla con lo que sea. No es en sí y por-sí "sino ligada a
la totalidad del Ser, un 'processus' de relación en la cual ella desaparece como cosa independiente" .27 Aquí se cierra el círculo por
segunda vez, ya no esta vez como cosa frente a la otra cosa. No nos
sorprende que Hegel haga así de la cosa como independiente una
abstracción y no le atribuye realidad concreta sino en y por el
Todo. Pero no hemos adelantado: ¿Cómo este Todo se hace "cosas"? Al regreso el panorama hegeliano es diferente del de la ida.
En la ida, es decir, partiendo del conocimiento sensible, la certidumbre estaba toda del lado del objeto. Al regreso, es decir, partiendo del todo como concepto, la certidumbre se encuentra del
lado del sujeto lo que se articula con la reconciliación del sujeto
tal como la hemos considerado en el anterior capítulo. Al regreso
el en-sí del objeto es una ilusión y el objeto no tiene realidad fuera
del hecho de ser conocido. "Su verdad está en el objeto en tanto
que objeto mío o en el apuntar mío; es porque yo tengo un saber
de él". 28 Es ahora la mediación de mi subjetividad la que va a
agrupar los fenómenos en cosas. Las esencias particulares y también las generales no son más que abstracciones, "momentos de la
Fenomenología del Espíritu, p . 106.
,. Fenomllnologia del Esplritu, p. 85.

conciencia de sí que preceden su regreso a si". 29 Aquí la dialéctica
del objeto desemboca en la del sujeto. Como siempre Hegel, consciente de los dos polos de la ambigüedad, quiere a toda costa sobreponerse a ella dialécticamente, cosa a la que nos rehusamos
por las razones que hemos enunciado en la parte de este trabajo
acerca de la dialéctica de la subjetividad y cuya repetición nos
ahorraremos aquí. Habremos más o menos co~iderado cuanto nos
interesa aquí cuando hayamos especulado sobre un tipo de objeto
especial que, por ser exterior no deja de condicionar singularmente la subjetividad: mi cuerpo.
Es evidente que el simple hecho de decir mi cuerpo no nos sitúa precisamente dentro de una perspectiva hegeliana. Mi cuerpo,
para Hegel no es, como concreto, sino en la medida en la que remite
a todos los cuerpos. Es sin embargo, como mío, como mi cuerpo
tiene un sentido y solamente como tal nos puede revelar algo
acerca de la "corporeidad,,. Tradicionalmente la línea de demarcación entre lo que en el hombre es interioridad y lo que es exterior, ha sido situada entre el cuerpo y el alma, de las que se hizo
dos fuerzas opuestas, representando la primera la inmanencia, lo
perecedero, lo extraño, la cárcel, hasta la tumba &lt;1wµa ªTJµa; la
otra la trascendencia, la incorruptibilidad, la forma, la libertad.
Si en este dualismo se disolviese la ambigüedad, cada uno de los
dos términos estaría exento de ella. Ahora bien, las cosas no son
así. El cuerpo en tanto que mi cuerpo es ambiguo.
Es interioridad, inherente a mi subjetividad, en la medida misma en la que es precisamente un accidente acontecido a mi cuerpo lo que constituirá mi muerte. Y, por otra parte, me es exterior
cuando establezco para con él una relación posesiva que hace de
él un objeto entre todos los otros objetos que yo tengo, puedo o
quiero tener. Mi cuerpo es obstáculo cuando lo considero como
ligado al ce aquí" y al "ahora", pero no puedo concebir que mi liberación del aquí y del ahora se efectúe sin mi cuerpo. Al decir de
Unamuno, no estoy interesado en pagar mi liberación al costo de

tr

68

11

Fenomenologia d11l Espíritu, p. 145.

69

�rñi desencamación, pues soy un ente corporal. Mi cuerpo es inmanencia, pero también él es lo que da un sentido a la tr~cendencia que, a causa de mi cuerpo, viene a ser mi trascendencia.
Hegel mantiene al principio la línea de demarcación donde el
dualismo tradicional la había colocado; opone el dinamismo de la
conciencia al cuerpo, regresando así a la clásica oposición del cuerpo y del alma: "Es en sí mismo (en el hombre) que surge pues
la oposición, oposición que consiste en ser de una dobl~- manera;
en ser el movimiento de la conciencia, y en ser el ente h JO de una
realidad efectiva fenomenal".ªº Pero de nuevo, la maquinaria dialéctica se echa a andar y la oposición cae al interior mismo de los
dos términos anteriormente opuestos como simples y surge entonces la ambigüedad del cuerpo. El cuerpo que, en lo que precede,
se presentaba como un "dado", como "el carácter originario de esta individualidad, aquello que ella misma no ha hecho", se ofrece ahora, con sus rasgos: "]a figura como expresión de la actualización original del individuo ahí puesta por el mismo, es decir los
rasgos, realidad efectiva libre de lo interior y que es algo completamente otro que este interior".
Al cuerpo como dato o dado se opone el cuerpo como hecho, escogido, ser-ahí de mi destino, de un destino que puede no estar del
todo realizado, pero que se da en espectáculo a los otros, les traduce exteriormente una interioridad a la que no tenían acceso.
Por mi cuerpo soy vulnerable hasta lo más profundo de mí mismo. Ya no es la exterioridad pura y simple, sino el ser-ahí de mi
interioridad. Esta "cierta" interioridad en mi cuerpo es exterioridad en relación con la conciencia reflexiva, pero basta para hacer
al cuerpo ambiguo: es la interioridad al exterior, expuesta: "En
este interior. que, en su exteriorización, permanece un interior, el
ser reflexivo del individuo, fuera de su realidad efectiva, está pues
observado". 31 El cráneo deja de ser un dato anatómico para volverse el ser-ahí del espíritu.
Sabemos que Hegel salvará esta ambigüedad por una dialéctica
'°
11

70

Fenomenología del Espfritu, p. 257.
Fenomenolog/a. del Espíritu, p. 263.

en la que no lo seguiremos; pues, como creemos haberlo establecido con bastante firmeza, una ambigüedad no sucede a otra si·no que se encuentra implicada e intrincada en la otra. No concederemos a Hegel que "la individualidad abandona este ser-reflejado en sí que se expuso por los rasgos".ª 2 No abandono nada ni
,quiero nada abandonar y es falso que mi obrar salve y sobrepase la
ambigüedad de mi cuerpo. La dialéctica, de cierta fecundidad como historia de la cultura, lejos de ser, como muchos lo consideran, el hallazgo de Hegel, es más bien el residuo de su pensar, un
.sistematizar que tiende a borrar la hondura y lo matizado de sus
geniales intuiciones. De gran interés documental la tentativa hegeliana de asumir todas las teorías que lo han precedido, para hacer de ello, al negarlas, los momentos dialécticos de su propio sistema, como acabamos de verlo con la noción tradicional de cuerpo y alma de la que parte. Pero una cosa es la historia de sus intentos de solución de un problema y otra cosa la problemática misma. Distinguir esta problemática de las concepciones sucesivas que
ha suscitado, es finalmente rehusar el idealismo dialéctico de Hegel.

•
Nuestro rechazo de la síntesis como momento dialéctico y del
idealismo como coincidencia de la problemática con su colaboración cultural, no nos ha impedido recoger los rasgos característicos
de la subjetividad frente al objeto, tales como Hegel los puso en
evidencia. Que las ambigüedades fundamentales permanezcan, no
nos impide conceder a Hegel que la conciencia que el hombre toma de ellas es histórica y también le concederemos que esta historia es un progreso, no en el sentido científico de conquistas de
:soluciones, sino de cada vez mayor integración e interioridad de
la problemática. Para concluir nos queda reunir los principales caracteres de la subjetividad tales como, a través de Hegel, se nos
fueron revelando: 1.-La subjetividad surge como negación. El
yo se vuelve lo que es: "Mediación entre su propio devenir otro y

ª

Fenomenologla del Esplritu, p. 264.

71

�sí mismo" mediación que no es posible sino "porque el sujeto en
'
.
cuanto tal es la pura negatividad". Su acto negador que lo constltuye como sujeto es doble: negación de la diversidad indiferente,
de la objetividad como totalidad para extraer de ella las cosas como conocidas; negación de su propia diferenciación en el acto de
hacerse otro (me hago ser esta mesa al conocerla) . Prolongaremos a Hegel en este sentido al decir, un poco en el sentido de ~artre que no solamente el sujeto es negatividad sino que es el ongen
mi;mo de 1a negación y no el ser como lo apunta el primer capítulo de la Lógica. 2.-Su negatividad frente al ser constituye al
sujeto como libertad, no en el sentido tradicional de "libre albedrío" que se liga a una escala de valores, ni tampoco en el sentido
pragmático del "poder hacer". El su jeto es libertad porque no
puede ser determinado por lo que le es ajeno y que, siendo negación, todo le es ajeno. "Puesto que el pensar reflexivo es mi actividad propia, las cosas pueden ser consideradas desde este punto de
vista, como el producto de mi espíritu, en tanto que sujeto pensate, en tanto que "yo" en su estado de universalidad simple y reflexiva y de libertad". 33 Esta libertad constituye. mi ser-en-el-mundo
como ambiguo, libre e influenciado, dominando las circunstancias
y dominado por ellas: "el individuo, o bien deja pasar sin turbarlo
el curso de la realidad efectiva que lo influencia, o bien lo interrumpe y lo trastorna. Pero entonces la necesidad psicológica se
vuelve una frase tan vacía que es absolutamente imposible que lo
que debe haber tenido esta influencia, hubiera también podido
no haberla tenido". 34 Tan influenciado como esté, tan orientado
como se presente el curso de mi conciencia, es como posibilidad
de rehusar todo eso como me hallo a mí mismo. Soy mi posibilidad
de escogerme otro: ahí está la esencia de mi subjetividad, aun si nada de ello debe transparecer en la realidad objetiva de mi ser-ahí.

ª Enciclopedia, p. 33.
.. Fenomenología del Espíritu, p. 256.

72

JULES LEQUIER, UN PRECURSOR DE LA
AUTONOMÍA FILOSÓFICA

Lic.

CoNsUELO BoTELLO

T.

EL SIGLO xrx RECIBE como herencia de los siglos anteriores, dos manifestaciones: lo que podríamos llamar propiamente la filosofía
europea y la atmósfera cultural de la ilustración.
Entre los ingleses nos encontrábamos con este idealismo: bien
sea como algo formal, como la simple traducción general del ser
al ser para otro, en el ser percibido como instintos, impulsos, hábitos, etc., como fuerzas ciegas y determinadas: el retorno a la
conciencia de sí, que se manifiesta a su vez como cosa natural. El
escepticismo de Hume hace que todo lo general se disuelva en los
hábitos y en los instintos: ese escepticismo es, dicho de otro modo,
una simple yuxtaposición del mundo de los fenómenos.
La filosofía francesa es más viva, más dinámica, más ingeniosa.
Es el concepto absoluto que se vuelve contra todo el reino de las
representaciones existentes y los pensamientos fijos, que destmye
todo lo fijo y se atribuye La conciencia de la libertad pura. Esta
actividad idealista tiene como base la certeza que lo que es, lo que
vale en sí, es toda la esencia de la conciencia en sí, de que ni los
conceptos del bien y del mal, ni los que se refieren al poder y la
riqueza, ni las representaciones fijas de la fe en Dios, de que todo
esto no es una verdad que sea en sí y que exista fuera de la conciencia de sí.
Ahora bien, hay que ver ahora cómo es la esencia para esta con73

�,ciencia de sí que se concibe absolutamente. Primeramente, este
concepto se fija como el movimiento puramente negativo del concepto; lo positivo, lo simple o la esencia cae fuera de este movimiento. No se le deja ninguna distinción ningún contenido, pues
todo contenido determinado se pierde en aquella negatividad. Esta esencia vacía es para nosotros, en general, el pensamiento puro,
Jo que los franceses llaman el ser supremo, o se representa objetivamente como algo que es, como algo que aparece frente a la conciencia, como la materia. Por tanto en cuanto materia, en cuanto
objetividad vacía, la esencia absoluta se halla determinada por el
concepto, que destruye todo contenido y toda determinación y tiene solamente como objeto suyo, este algo general.
Vemos manifestarse libremente el llamado materialismo y ateísmo, como resultado necesario de la pura conciencia en s~ comprensiva. De una parte en este movimiento negativo naufraga to•da determinación que se representa al espíritu más allá de ]a conciencia de sí. Sólo queda en pie la esencia presente y real, pues la
,conciencia de sí solo reconoce aJ en sí como algo que existe para
ella como conciencia de sí, en la que ella se sabe por tanto, real:
la materia como aquello en que puede ensancharse y realizarse en
la pluralidad, la naturaleza.
En la filosofía de la Ilustración, lo predominante es el aspecto negativo que se manifiesta en el carácter del sentimiento de la más
profunda rebelión contra los poderes vigentes que representan una
esencia extraña para la conciencia de sí, la cual trata de ser sin
aquello en que no se encuentra a sí misma. El ateísmo francés, el
materialismo y el intelectualismo de los franceses ha destruído todos los pre juicios y triunfado sobre las premisas y valideces de concepto de lo positivo en la religión y socializado en los hábitos, en
las costumbres, en las opiniones, en las determinaciones jurídicas
y morales y en las instituciones civiles.
Le Systeme de la Nature (El Materialismo), es el libro principal
de un alemán, el barón de Hollbach, escrito en París, ciudad que
-era el centro de todos aquellos filósofos. Montcsquieu, D'Alembert,
Rousseau, vivieron durante algún tiempo en el círculo de HoUbach,
74

y aunque todos ellos se rebelaban contra lo existente tenían entre
ellos diferencias bastante acusadas.
"El Universo sólo nos revela una infinita acumulación de materia y movimiento, una cadena ininterrumpida de causas y efectos,.
de cuyas causas algunas afectan directamente nuestros sentidos,
mientras que otras nos son desconocidas ya que los efectos que de
ellas percibimos se hallan demasiado alejados de sus causas. Las
diversas cualidades de aquellas materias, sus múltiples combinaciones y, los efectos que son resultado de todo ello, constituyen para nosotros, las esencias. De la diversidad de esas esencias surgen
los diferentes órdenes, géneros y sistemas que las cosas asumen y
cuya suma global forma ese gran todo al que damos el nombre de
naturaleza,,.
Otro libro fundamental y muy cuestionable e el titulado De la
NatureJ que tiene por autor a Robinct. Habla de la naturaleza como lo único que conocemos de Dios y del germen como lo que causa
y es causado. Llama germen a la forma simple de suyo, a la forma
substancial, al concepto.
El resultado de la filosofía francesa reside en que se esfuerza por
mantener una unidad general pero no abstracta, sino concreta. Ya
Robinet establece una vivacidad orgánica general y un modo uniforme de nacimiento: da a este algo concreto el nombre de naturaleza, sobre la que coloca a Dios, pero como lo incognoscible; todos los predicados que de El se proclaman encerraban algo inadecuado. Hay que reconocer que nos encontramos con grandes representaciones de la unidad concreta contrapuestas a las determinaciones metafísicas abstractas del entendimiento, por ejemplo la
de la fecundidad de la naturaleza.
Pero por otra parte, el momento fundamental con que nos encontramos en estos filósofos es el de que lo que debe ser válido tiene que tener presente y de que el hombre ha de entregarse a ello
con todo su conocimiento, de tal modo que declare la guerra a
toda autoridad extraña del Estado, o de la Iglesia y en particular
al pensamiento abstracto, que no tiene en nosotros sentido presente alguno. Las dos determinaciones de toda filosofía son: la con-

75-

�creción de la idea y la presencia del espíritu en ella; mi contenido debe ser a la par, un contenido concreto y presente.
Por eso en el lado teórico de su filosofía, los franceses avanzan
hacia el materialismo o el naturalismo, ya que la necesidad del entendimiento, como del pensamiento abstracto que obliga a sacar
de un principio afirmado, las consecuencias más desastrosas, los
empuja a establecer un principio como lo último, pero un principio que, al mismo tiempo, tenga presente y se halle muy cerca de
la experiencia. Por eso acaban tomando la sensación y la materia
como lo único verdadero, como aquello a que se reduce en última
instancia, todo pensamiento y todo lo ético, viendo en esto una simple modificación de las sensaciones. Por eso las unidades puestas
de manifiesto por los franceses tenían que acabar siendo unilaterales. De esta unilateralidad forma parte la contraposición entre
sentir y pensar o, si se quiere, la identidad de ambos, de tal modo
que lo segundo no se conciba sino como un resultado de lo primero,
aunque sin llegar a unificar especulativamente en Dios esta contraposición, como hacía Spinoza y Malebranche. Esta reducción de
todo pensamiento a sensación, como en ciertos respectos veíamos
que ocurría en Locke, se convierte ahora en una teoría muy extendida. Robinet llega también a esta contraposición y se atiene a la
tesis de que el espíritu y el cuerpo son indivisos y de que el modo
de la unidad es inexplicable. Montesquieu en su libro L'Esprit des
Lois contempla a los pueblos desde el grandioso punto de vista
que consiste en considerar como una totalidad su constitución política, su religión, en una palabra, todo lo que se encuentra dentro
del Estado.
En Rousseau lo vemos aparecer en el campo de la voluntad, de
lo práctico, de lo jurídico. Rousseau afirma la legitimidad de la
voluntad y afirma que el hombre se halla dotado de una voluntad
libre en cuanto que "la libertad es lo cualitativo del hombre; renunciar a su voluntad equivaldría a renunciar a su condición humana. Cuando el hombre renuncia a ser libre, renuncia, por tanto, a los derechos del hombre e incluso a los deberes". "El problema
fundamental --dice Rousseau- consiste en encontrar una forma
76

de vinculación que ampare y defienda al mismo tiempo que todo
el poder común, la persona y la propiedad de todos y cada uno
de los miembros de la comunidad y en la que cada cual, al incorporarse a ella, no obedezca a nadie sino a sí mismo, permaneciendo
por tanto, tan libre como antes. La solución de este problema la
ofrece el contrato social". Esta es según Rousseau la vinculación
en la que cada cual entra voluntariamente.
Sin embargo hay una tergiversación acerca de la voluntad general que comienza desde el momento en que el concepto de la libertad no debe ser interpretado en el sentido de la arbitrariedad
fortuita de cada cual, sino en el sentido de la voluntad racional,
de la voluntad en sí y para sí. La voluntad general debe ser, la
voluntad racional, aunque no se tenga conciencia de ello. El principio de la libertad se manifiesta en Rousseau e infunde esta fuerza infinita al hombre, que se concibe a sí mismo como infinito. Es
el punto de transición a la filosofía kantiana, la cual toma como
base, desde el punto de vista teórico, este principio; el conocimiento ha llegado a su libertad y al contenido concreto que se encerraba en su conciencia.
Por cierto que ya se ha observado cómo Kant, resulta en el fondo una especie de discípulo vergonzante, por decir así, de Juan
Jacobo Rousseau. La pretendida sentimentalidad y el aparente recurso a los sentimientos en los escritos del pensador ginebrino, ocultan y a muy poca profundidad un pensamiento más riguroso que
el que en apariencia se diría que congela a Voltaire. Este ironista
casi despiadado resulta tras un análisis cuidadoso, verdaderamente
sensible y menos frío que Rousseau. Tanto en la una corno en la
otra direcciones filosóficas francesas alcanza a encontrarse el problema que se plantea Jules Lequier; el mismo derrumbe de la revolución parece poner por acto, en obra viva e .informada por las
teorías, la decisión de entonces. El hombre iba dejando en planos
secundarios sus convicciones dogmáticas; la predestinación agustiniana había sido impropiamente explotada en la rebeldía luterana. Los avances y las demostraciones científicas, secreteaban de
modo que iban colocando al hombre si no en la convicción de vi77

�vir y de consistir en un proceso tan necesar~o y det:r~nado comp
la caída de los cuerpos, sí alejaron las actitudes bas1cas de la _f~.
Si hasta la centuria décimosexta se recurría al cimiento dogmático
de la religión, ha tenido que reconocerse que con la ~odemidacl
surge un fanatismo diferente: se le conoce como fanatismo de la
c1enc1a.
El pensador renacentista pudo en sus límites, separa~ co~. su
vuelta al clasicismo recuperado, lo religioso frente a lo c1entíf1co.
Lequier se aproxima inusitadamente a nuestros puntos actuales de
reconocimiento ponderado, de cuanto respecta ~ las anterior~dades
de la modernidad· no sería correcto como lo hizo el Cartes10, suprimir todo lo ant~rior. El mismo Descartes ofrece la eviden~ia de
su formación, no sólo escolástica, sino incluso adelantada se~ las
enseñanzas de la Compañía de Jesús. En su temporada LeqUter ya
opera y medita con la lección liquidada de las. se~araciones renacentistas pero simultáneamente con el reconoc~ent~ de que ~os
valores se habían cambiado de sitio de preferenc1a : s1 antes quiso
dictaminarse religiosamente en filosofía o en medicina, Lequier se
siente perplejo de que pretenda decidirse filosófica o científicamente en cuanto compete a la religión.
.
Con lo anterior se ha obtenido en líneas generales, las perspectivas del modo de pensar y de estudiar sus problemas, pecu_lia~es a
Lequier. Se lo ha visto en la colocación histórica de cart~s1arusmo
filtrado con Malebranche, Leibnitz, Hume y Berkeley, Spmoza Y la
crítica kantiana, hasta no reconocer que el tema de saber algo en
fa tal determinación o la nota de libertad de la persona humana
' conocimiento, constituy~n ~~rte de_ la r1?-ea
ante el problema del
divisoria, tanto en un pensamiento correcto c1enüftco o filos6f1co;
cuanto en el ámbito de la actitud religiosa.
No se trata de que Lequier regrese a cuestiones de imposici,ón
dogmática; nada menos próximo que eso ~uede id~tificarse e~
su obra· casi todo lo contrario, pues con una mformac10n y un cwdado q~e asombra en lo teológico a los comentaristas de s~ _obra,
Lequier emplaza a los tratadistas religiosos y ~e respo~ab_iliza de
los términos y extremos del problema que avIZOra. Nmgun d~g78

mático intenta críticas ni descubre problemas: cree, admite y nada más. Lequier se pone con toda entereza ante la posibilidad de
conocer pero en la humana y limpia inquietud de pensarse a sí
propio, preso en la forzosidad o libre y posibilitado como persona
o ser en sí y para sí.
La libertad humana.- En cualquier perspectiva en la que se enfoque el concepto de libertad resalta su equivocidad: para Rousseau por ejemplo, resultaba tan completo y radical el ser-libre del
hombre, que todos saben que su pacto social, supuso, tan completa
libertad como para poder renunciar y delegar su ejercicio en la
personalidad autoritaria; muy a pesar de que acaso el único libro
serio y digno de Ortega y Gasset, el repaso que hace Gaos sobre
la predicción en la obra del maestro español, tiene que competir
verdaderamente con ocurrencias del todo superficiales, aquel criterio citado de Rousseau resultaria sencillamente escandaloso, inhumano y desorbitado para don José Ortega y Gasset; ser libre para
este memorable maestro español, era más fundamental que para
Rousseau; tan básica es así la libertad humana que no se la puede
renunciar, se es humanamente libre para todo menos para dejar
de ser libre. La palmaria contradicción del contratismo social iluminista es uno de los descubrimientos más acertados de Ortega;
casi nadie lo ha señalado. Aquí en Monterrey, en ocasión del estudio de los valores del Padre Suárez, se tocó el punto. Lo examinado entonces, es lo que trata aquí de conectarse con esa aspiración
constante de Lequier que era la de considerarse libre y por ello
capaz de aspirar al conocimiento o reconocerse apodícticamente
dado como un / actum y dentro de limitaciones que aminoran la libertad; conocer resultaría para el pensador francés algo tan necesario como una trayectoria luminosa. Urge que se distinga entre
esa forzosidad de la fenoménica que señala como nomotesis Heinrich Rickert y la imposición inalterable de lo que vale. Justamente, de esta parecida diferenciación parte y se ramifica lo que quiero considerar como la axiotropía humana. Se es libre de seguir o
no la exigencia de lo valioso; pero se obedezca o no el valor más
digno, éste sigue necesaria y forzosamente valiendo. Por el estilo,
79
a6

�se ha movido la problemática de la libertad entre los dos extremos
que se han señalado : o se nos tiene libres en todo, para y de todo,
o se nos adocena y determina sin ningún margen de responsabilidad; por supuesto, personalmente aquí se proclama y se acepta
la mesurada tesis de Ortega ya comentada.
Véase alguna de las secuelas predominantes entre los extremismos apuntados para poder situar con rigor tanto histórico como
filosófico el tratamiento de Lequier.
La citación a la que se ha recurrido, del maestro Ortega y Gasset
en la pág. 13 de sus Obras; 3a. Ed. Madrid, 1943, reza: "¿Cómo no se ha advertido que la paradójica condición del hombre
radica en que no puede ser lo que quiere, sino lo que tiene necesariamente que ser, y al mismo tiempo puede no aceptar esa necesidad, eludirla, defraudarla? ¿ Cómo subsiste la ceguera, la incomprensión para lo que significa ser libre? Porque en primer lugar, sólo es libre el que no tiene más remedio que serlo. Una libertad de que pudiéramos exoneramos como de un título oficial
no sería constitutiva de nuestro ser. Pero el hombre es libre, quiera o no, ya que, quiera o no, está forzado a cada instante a decidir lo que va a ser. Pero, en segundo lugar, la libertad no puede
consistir en elegir entre posibilidades equivalentes, es decir, que
ellas, las posibilidades, sean también libres. No; la libertad adquiere su propio carácter cuando se es libre frente a algo necesario; es la capacidad de no aceptar una necesidad".
El Dr. Manuel Cabrera Maciá, analizó conceptos próximos a
los manejados aquí, hace 7 años. Ofrecía entre el 25 y 29 de agosto, en 1952, un repaso veraniego del Escepticismo. Para la lectura final de aquel interesante cursillo, tras el repertorio de los
tropoi clásicos, se los aproximó a concepciones modernas: el antiguo se detenía ; eludía predicar nada. En su fondo, di jo el conferenciante, al exponer la doctrina dubitativa, se cayó en el no ser
de quien se abstenía. ~ensaba cautelosa y negativamente. No quería preocuparse; buscaba la calma ataráctica. En tanto que el
Cartesio, en seguida de su duda, proclama su ser. Epilogó el Dr.
80

Cabrera sus disertaciones, con el señalamiento de cómo la tesis
cartesiana, implica libertad, y alineación la escéptica antigua. Forzosamente el meditativo pirrónico, aceptaba ignorar su s~r y toda otra realidad. Admitía su pensamiento; cambiaba y vaciló entre contingencias. No era, meditó nada más. Le parecía necesario
que así fuese. No así Descartes; por vacilar y quedar en suspenso,
se alcanza; es y se indica libre, no ajeno a su pensamiento. Se delimita como res cogitans, propia, suya; capaz de determinarse ante lo claro y distinto. Así consta la visión primerísima de Descartes, más que ante algo ente, en libre posesión del valente Verdad.
Bien puede distinguirse en lo ya anotado aquí, que la conceptuación filosófica de la libertad en su relación con la posibilidad
del conocimiento, toca los extremos de la radicalidad; ya positiva,
ya negativa. Una rigurosa tentativa de dirimir esa problemática,
tan solamente en Ortega se ha encontrado, para informar este estudio. José Ferrater Mora en su Diccionario de Filosofía, artículo
relativo, al medir la docena de columnas que dedica a libertad,
hace que comparezca Ortega; Jules Lequier, concentra para Ferrater los antecedentes del problema: ser libre se requiere a priori
de p_osibilitar el conocimiento. Por semejante planteo de Lequier,
la disputación entre determinismo y libertad como inherentes al
hombre, pasa de la simple problemática parcial a la integrativa de
lo real. Darse o no, ponerse o no la libertad humana condiciona
cualquier metafísica, toda ontología. No se requiere demasiada
agudeza ni erudición abrumadora, para presentir las tesis existencialistas y existenciaristas más actuales. En la 2a. parte de su Philosophie Karl Jaspers determina cómo lo anterior, limitaba la libertad al arbitrio; y en nuestras fechas el deber exige dignificar a
quien elige, no sólo la elección. Por el estilo se lee en el estudio
sobre San Agustín de Hipona ante la Belleza, en el número 10 de
la Rev. Universidad, de la de Nuevo León, " ... elección ... dilección. . . predilección ... " La gradación no puede darse más en
homología de las constelaciones valiosas. El existente decide · su
li??rtad es lo que importa y perfila lo importante en preferen;ias;
dinme su ser en previsión de valores. Resulta en tal argumento,
81

�que tampoco ser axiotrópico puede quedar en nota baldía. Ordenación a valentes y libertad, valen a su vez en la consideración de
lo humano. No son agregaciones de matices. Indican substantividad básica, configuración requisitiva del ser humano, de su darse
o ponerse; de conocer o de admitir que ignora, de su ipseitas y autenticidad. Otros supuestos o postulados, adulteran cuanto se dice
admitir; deforman al cognoscente requerido para cualquier ap6fansis.
Medina Echevarría trata en su Psicología Social "mentifacturas',, como ilustraciones del hacer humano. No se trata de la traída y llevada "cultura objetiva". Es la hechura decisiva del hombre. Habría, aquí~ un término como los que J. David García Bacca
dictamina al traducir a Martín Heidegger " ... que diría en palabras una de esas máquinas remachadoras que clavara para siempre de un golpe una máquina de piezas elaboradas con la más fina técnica de precisión". (Holderlin y la Esencia de la Poesía,
Esencia del Fundamento. Arbol, Ed. Séneca, Méx. 1944) ; el Prof.
F. Uribe sugiere "existentifactura"; él mismo ha escrito cómo para José Gaos, la meditación heideggeriana parece de palabras. No
hay que confundir; la captura de un término, de la "palabrita" como dijo en alguna ocasión Recansés Siches, no constituye filosofía.
Lo que con lo anterior que citábamos de Heidegger, se quiere
significar es lo que Ortega estableció: El existente debe hacerse
libre. Lección suprema en tomo al asunto, la ofrece el Evangelio
con "la Verdad os hará libres". Se transluce un círculo vicioso,
ya que el valor lógico de la Verdad, se da o pone en el conocimiento; contrariamente, el valor existencial de la libertad quedaría condicionado, en su cumplimiento, por la previa posesión del lógico
de la Verdad. El sofisma es nada más que aparente; pues la Verdad evangélica no es la limitada y relativa al alcance del conocimiento habitual; éste queda al descubierto en la arrogancia positivista "saber para prever a fin de poder". o se trata de la Verdad sin preposición. Sería el mero saber factible, no el agible de
los escolásticos clásicos. Tampoco se alude al "saber de Salvación"
que la Verdad evangélica indica. Por todo ello, la opresión en
82

Lequier, que acaso, lo encaminó a la demencia para sus días últimos..se derrun:ibó como Nietzsche y como antes, Rousseau; pero
Leqm;r lo hab1a pre entido. Quería compaginar la posibilidad de
saber en el ejercicio pleno de su libertad. Desde un principio sus
apuntes exhumados técnicamente por Charles Renouvier y por
Jean Grenier, vueltos a estudiar por L. Dugas y actualizados por
Jean Whal, osan una especie de apuesta del estilo de la de Pascal.
1?duso a cost_a d~ su razón quiso saber y lograrlo libremente. AproXIIna su meditación al renacimiento escolástico y, lógicamente, a
la controversia en tomo a Otto Liebmann y a su "volvamos a
Kant". Era la contrapartida del V ae mihi si non thomistiza vero
en la expresión de Jacques Maritain; de donde puede juzgarse eÍ
sabor de inmediata actualidad en las opiniones de Lequier. Y pronto, en 1956, va a hacer ya un siglo que, a los tres años de su muerte Charles Renouvier ordenó La Rccherce d'une Premiere V erité.
Fragmentes posthumes, mismos que reeditó hace 35 años, L. Dugas. Más se precisa, si cabe, el problema con la publicación llevada al cabo por Jean Grenier, de La Liberté apenas 15 años antes de ahora y el trabajo monográfico de Jean Whal de hace 10
~os. ~sa. "primera verdad,, hay que admitirlo, encamina ya a la
filoso/za sin supuestos. La misma célebre disquisición kantiana entre la razón pura y la práctica, la clásica aporía entre el orden
teor~tico y el práctico, se desata en las conclusiones de Lequier.
La libertad humana, en libre actuación establecida, no se constriñe a c~eencia. Recuérdese la amable fenomenología de Ideas y
Creencias en Ortega y Gasset. La libertad según la examina Le~uier, denota opción por la cuenta y riesgo del sujeto compromet1do en el acto de conocer. Ese existente es lo que llama Jaspers
~lector y ~ecisor. Comprometerse así, el existente, hay que ins1stJ.r, nada nene que ver con psicologismos ya superados como el
del liberum arbitrium para actuar o abstenerse. Admitirse libre en
~ trance de poder conocer ya significa actuación, opción y decisiva postura, compromiso y co-implicación. Se está en la textura
de la realidad.

e!

Por nuestras antevísperas y a 3 decenios de Lequier, Henri Berg83

�son analiza su "libertad profunda 11 o íntima. Repercute en esto
días en J ean Paul Sartre quien condena la noción de libertad si
dependiera de fundamento trascendente, no humano. Ferrater condena estos extremos con una alusión a Ensimismamiento y Alteración de Ortega, y curiosamente toca la plenitud óntica en alternativa a la alteridad; pero para nada roza lo subsistente en o por la
libertad que conoce. Estamos en las fechas últimas y libres con el
mundo; se cuenta también con la óptica axioética de Emile Boutroux. En protesta frente a Wienn y el pretenso neopositivismo, los
estratos de la realidad van escalonándose; se impone el valor por
esos dictámenes; aun cuando se les suele tomar de otra manera,
aquí se sostiene que el hecho de invocarlos para establecer ordenamientos en lo real, inciden ahí mismo. Su aplicación criterion6mica para organizar la realidad, lleva a Boutroux al aniquilamiento de la contingencia. De modo que el deber ser ínsito en todo atributo de valor, se diferencia de cualquier tipo de forzosidad. En
tanto ésta disminuye, en tanto el valor priva, la contingencia decrece. Recaséns Siches hablaba de esta inafectabilidad del valor:
mientras más elevado, más requiere la libertad para cumplirse.
Se ve también acerca de Santo Tomás de Aquino y de su estética,
lo concreto en proporción a los planos de ser en necesaria determinación; y lo valioso generalizado y afecto de contingencia ante
la meditación. Se sabe también, la proximidad doctrinal de Boutroux, como introductor a la religión, con el "reino de los fines" de
ascendencia kantiana. En ambos se juega la libertad; para Kant
hay que purificar libremente la motivación del acto; para Boutroux, tan sólo en la síntesis o renovación que supere lo necesario,
en la libre contingencia, se opera la concreta existencia responsable. Es el eco tardío del kantismo que, tras el mostrenco imperativo
categórico, _posibilita la norma práctica y presagia la necesidad de
autofines en la convivencia éticamente valiosa, en la juridicidad
integrada del ce reino de los fines". Igual que Kant al exigir lo ex~
perimentado y requisitar lo puramente pensado, cuando ha de
transigir con la libertad; así Boutroux dictamina que la ciencia de
lo necesario, no capacita para deslindar la autonomía moral Su
84

metafísica apunta hacia allá pero tampoco satisface el desideratum.
La vieja invasión liminar de provincias divisorias, entre normación
religiosa, posibilidad de conocer y libertad para adoptar la una o
para alcanzar lo otro, perdura después de tres cuartos de centuria, transcurridos desde los estudios de Boutroux.
Jules Lachelier, con Maine de Biran, con Félix Ravaisson-Molien, el mismo Boutroux e inclusive Henri Bergson, se presentan
positivo-espiritualistas. Lachelier critica y objeta la validez cognoscitiva del proceso inductivo. Como Kant al aceptar realidades
referidas a la categoría de fin, más que a la de causación antecedente necesario, da cabida a la finalidad pero "no como afirmación arbitraria destinada a salvar la libertad de la persona" (Ferrater).
Pero Lachelier claramente en su discusión, tanto como sus contemporáneos y sus sucesores se aproxima y discute el problema derivado de Lequier, la libertad personal en relación con el conocimiento y las nociones de lo forwsamente determinado. Los orígenes remotos de un planteo semejante constan según ya se ha dicho aquí en disputaciones de precisión e intereses teológicos. Todavía la colocación del saber histórico en nuestras fechas y en las
inmediatas anteriores remontan hacia las más nobles fuentes del
providencialismo agustiniano; de ahí que entre los antecedentes
bien determinados y estudiados para la colocación doctrinal del
pensamiento de Lequier, haya que dejar constancia del problema
teológico de la infalible presciencia divina. Y no se olvide que entre más de alguno de los tratadistas, teólogos oficiales o no, suele
confundirse ese aparente conflicto entre la omnisapiencia divina
frente a la libre disposición de la libertad humana; también es
comprobable que se interfieren las nociones de libertad y voluntad.
Llega la problemática al grado de tener que reconocer que la primacía de los análisis psicológicos iniciada con Sócrates, es, lo que
por la línea de Platón y la desembocadura de Plotino y de San
Agustín, los tratamientos de Santo Tomás y decisiones cartesianas;
al dar esa conciencia trascendente ya repasada en Jaspers y Sartre, permitió en las controversias frente al empiricismo y al escep85

�ticismo ingleses, una diferenciación ya aceptable de voluntad y de
libertad. Es algo similar a lo que puede encontrarse en la página
103 de La Libertad de Lequier, donde su visión teológica-filosófica distingue la presciencia de la providencia divina. Se ve también en la opinión de Grerúer que Lequier en esas cuestiones se
inclinaba al scotismo más que al tomismo. En Boecio por ejemplo,
en su hermosa Consolación de la Filosofía, maneja admirablemente la conceptuación de eterrúdad y nos dice de ello: conocer con
certidumbre absoluta lo porvenir convierte eso verúdero en presente ya. La eternidad simultánea para Severino Boecio, que es
su hermosa posición al simultanear todo lo que en la sucesión temporal aparece como anterior, presente o futuro, enseña la eternidad sin sucesión. El previo examen necesario a las meditaciones de
Lequier sobre esos temas, con las directrices del scotismo parecería no limitar precisamente, pero sí re-ubicar la omnipotencia divina a favor de la libertad humana. Aquí no es admisible la conclusión de Grenier respecto a que estos dictámenes de Jules Lequier, limiten o determinen la reconocida omnipotencia del Ser Supremo. Suele decirse palmariamente, sin corrección teológica ni
filosófica que "ni la voluntad divina alteraría la humana ... " Tal
argumento estaría bien para el ámbito pirrónico pero no para el
que nosotros estamos viendo. Ya no vale para el clima católico en
el que Lequier enuncia su problemática. Continuar una disputación así, equivaldría al desdén por los exámenes psicológicos y al
más grave menosprecio de la doctrina de la gracia en los dones y
carismas. Es precepto ascético de lo más clásico, la posible supresión de la propia voluntad, en plegaria de instrumentar, la voluntad divina. La perspectiva en la que Lequier se coloca en la página 104 de su texto dicho, descuida que aunque aparte Creador y
creatura, ésta en el caso de la humana, consiste y debe consistir en
un proceso de salvación. La gracia nos acorre, el orden eterno e
intemporal está al alcance del hombre. Se es a imagen y semejanz~ del Creador.
Lequier no quiere, rechaza, quedarse con la más mínima dubitación respecto a que es libre, dueño de sí. Tal certeza le arma para
86

la consecución del conocimiento que busca, pero no advierte, ni
alcanza a advertir o no lo quiere superficialmente, que ya se encontraba firme y seguro sobre su inicial opción. Había decidido,
eligió y prefería su libertad; lo des~pera sospechar el que pueda
ser una lábil ilusión. Teme a las cuestiones determinadas. A eso
le parecería condescender, de admitir sin examen la predestinación, la omniesciencia y lógicamente a su parecer, predeterminación y predeterminismo. La cuestión como se ha tratado de articular aquí, parece claro que no compromete la auténtica autarquía humana. El propio episodio de Lequier lo está mostrando según y como se lo trata. Algo similar ocurre con la pretendida antinomia de no considerar a Dios "antecedente necesario" (pág.
112); no es que Lequier en su antelación sufra o no la imposición
divina, la disputa se refiere a la forma doctrinal de considerar lo
supremo y a la facticia de ejercitar la libertad de pensamiento.
En esos pasajes Lequier, bien a pesar de ciertas irorúas, de cómo se
transparece su información teológica, sorprende al modernizar las
clásicas disputas, con toda la dignidad humana más actual y más
vigente. La clásica tentativa de tratar el ser y su cambio, el ser en
acto o en potencia, cae necesariamente en el estudio de Lequier.
Si en el acto puro, sin nada en potencia, todo resulta por ello, inmutable y eterno, la realidad posible como creada, tampoco pasaría hacia el acto; pues ese devenir estaría ya dado en la presciencia y omnisciencia. Se ve claro el proceso de inversión de la
&lt;loctrina de Boecio; para éste, la certeza de cuanto ha de advenir,
-cristaliza la eternidad. En la objeción de Lequier la inmutabilidad y presciencia detiene lo real dado.
Se transparece ya la durée réel de Henri Bergson. Otra ponen,cia existencialista acudió a un pastiche similar de Sartre. El paso
fluvial se detenía y el ser empaté se presentaba. Es la resonancia
de la detención estática que objeta Bergson; es el mismo empeño
de Lequier de sentirse flúido y libre, en contraste con la permanencia eterna; de ahí las cuatro peculiaridades escolásticas que
ffi la página 117 predica de Dios: ambivalencia, amplitud y omnipresencia, de donde sucesión de partes y por ello, dos criterios de
87

�exi tencia humana. Lequier objeta la duplicidad de la consideración, sigue a Duns Scoto; en tanto en cuanto que realmente la
creatura se refiere a Dios y racionalmente Dios a su crea tura; por
esa racionalidad se da el logos, el Verbo. Da con este motivo L quier una especie de réplica calcada de la que Aristóteles hizo a
la hip6stasis ideísta de Plat6n: de caber la ~oble manera de conocer a Dios en la eternidad, y de ser en el tiempo las creaturas lo
creado existiría dos veces, se hipostasiaría. (p. 126). Aquí en Monterrey se han dado discusiones mucho meno formadas par~ consecuentar, si se quiere tiempo y eternidad; inclusive se medio b~lbuce la eternidad sucesiva. Todo ello importa, en tanto que e dictamine la libertad de conocer o la forzosidad inevitable. Y a lo
tomistas habían establecido según lo recuerda y lo organiza en su
Ensayo de Clasificaci6n de las Doctrinas Fil~sófi~as, Charles ~e
nouvier, que una sucesión infinita es contradictoria; de donde, mfiere el tomismo, lo divino no admite sucesión.

E

UNCI.ADOS Y SOLUCIONES DE LEQUIER

Bien a pesar de todo lo contrario, la actitud adoptada por Lequier, en el tratamiento de su problema compagina d~l todo con la
que tomaría cualquier cat6lico ortodoxo. Hay que interponer la
advertencia que muy a tiempo ofrecía Oswaldo Robles en su Propedéutica Filos6fica: se ha confundido peligrosamente filosofía católica con filosofía medieval; habría en nuestro caso que ofrecer
similarmente alguno distingos entre el católico ortodoxo y el
verdadero fil6sofo católico. o hay precisamente urgencia de hacerlo y ello porque sin confundir ni lesionar las co~otaciones y
denotaciones de lo uno y de lo otro, todo pensador seno cuenta radicalmente primero, con un sub uelo de convicciones axiomáticas.
Recuérdese una vez más el riguroso estudio de la cuesti6n en Ideas
y Creencias de Don José Ortega y Gasset. Al tr~ducir El Di~c~rso
del Método del Cartesio, el Dr. Manuel Garc1a Morente ms1Steen algo similar, "el hombre no puede vivir sin creencias,,; estén

éstas o no articuladas en la integralidad de un dogma con fuente
de revelación válidas o disputables; organice o no ese dogma o esa
revelación una conducta comunitaria en la forma clásica del culto; y otra personal con el rango de moralidad, el dato palmario s
que todos nos nutrimos en un almacén de creencias. Está comprobado que Jules Lequier fue un creyente y católico; su santo temor
de creatura ante Dios se encuentra palpable y palpitante en todo
cuanto meditó. Y como filtrado de cuanto en este estudio se ha
visto, lo mismo Lequier que otro cat6lico observante aunque no
se puede llamar perfecto cuenta por ese temor y temblor con la hetero-refercncia a su gesto fervoro o. Se vive en la gracia de Dios;
tal vez no se frecuente la comunión, no se esté ante la Gracia, pero
una causal y suprema nos sostiene en vilo. orno , nos reconocemos
creaturas demuestra en Lo Santo, Otto Rudolf.
Tras lo inalterable de la eternidad divina Lequier estudia las
concesiones de la gracia en lo que técnicamente se designa como
possibilia. Entre ellos, algunos pasarían a ser, y otros no; la antinomia de estos últimos suscita las inquietudes de Lequier; no acaba de admitir filosóficamente una predestinación rígida que no le
permita contar con su libertad para conocer. Traído de San Agustín, en cita de Campanella, Lequier repite que la gracia se otorga
para la salvación de todos; dificilmcnte se puede ser más cat61ico,
pero recuérdese que el drama del liberum arbitrium desde San
Agustín y el neoplatonismo, puede viciar el destino. Por la posibilidad ( no eventual) de que el arbitrio en su libertad, transtruequey desvíe la naturaleza otorgada por la gracia, tanto voluntad como libertad se deficientan. No es, como se lee en la página 146
( cap. de la gracia) que ésta se vuelva ineficaz; aqui no hay para
qué argumentar católicamente, basta con conservarse consecuentefilo óficamente: a la gracia se le define "socorro divino", ¿ podría
haberlo ineficaz? De modo que esa disquisición no lo es pero podría parecer desesperada. En el siguiente capítulo sobre la voluntad divina, Lequier cuenta con Juan Benigno Bossuet, el elocuente
obispo de Meaux; se apoya Lequier en uno de los conceptos meno
examinados filosóficamente, el de la voluntad divina. Cuando el
89-

88

�Redentor alecciona para hacer nuestras peticiones con "fíat voluntas tua" evidencia la operación y efectividad de lo que se está
impetr~do. na solución del conflicto, de admiw:5elo. entre lo humano y lo divino, sería la de Lequier: la deternunac1ó~ suprer:ia
lo es en acto, y la humana cuenta con residuos en potencia. La misma gracia no nos podría violentar como libres y autónomos; pero
1a solicitación de la gracia, lógicamente funda la de la vol':1°tad
divina. Por ello Lequier, se revuelve en el argumento y duplica el
modo de ser libre. Admite como en la oración del Redentor para
ceumplimiento máximo del valor, el de aceptar_ la d~posición divina; la voluntad última, en una palabra, la gracia. Tomese en cuenta que no quiere desdibujarse gracia en voluntad suprema; es más,
se puede decir que se subsume una en la otra. La forma_ d~ comunión de la creatura con su Creador reconoce como Clffilento la
_gracia original. La misma voluntad que se sup~ca -~n la plc~aria,
recurre a la gracia que nos concede esa comurucac1on. Lequicr lo
determina cuando pone el informe agustiniano, señala la correcta
o incorrecta aplicación del arbitrio libre; así coinciden e interfuncionan presciencia divina y libre decisión humana (pág. 150).
En aprovechamiento de las enseñanzas clásicas, Lequier ofrece
un diálogo como los usuales en el Renacimiento; y queda de poco
antes, el de Berkeley entre el amante del saber y el materialista.
En el de Lequier vemos que enfrenta a un réprobo, vuelto a la buena senda y como teólogo, con un extranjero o gentil honrado. Ha-ce pensar en el Proceso a Jesús sólo que con cuidada disciplina; el
experimento con el niño se asemeja en todo al de Sócrates en busca de la reminiscencia. Se ha dicho que en el examen del azar matemático Lequier se aproxima al quietismo molinista; bastaría primero, con determinar la conceptuación de contingencia, y en seguida con examinar no teológica, sino filosóficamente-~ ,abandono
y la resignación ante las decisiones suprem~s. 1;Jna v~1on somera
aproxima inesperadamente lo que en apanenc1a sena azaroso o
-contingente a la pretendida forzosidad del orden creado. La ecua-ción de Heisenberg parecería inferida para defensa de la absoluta presciencia divina. Por el otro aspecto, conviene anotar que ya
'90

un abandono y resignación decisivos, implican y piden la plena libertad de haberlos optado. . . A este respecto hay que notar el
dato ciertamente curioso de que la discusión más próxima a la justicia en el caso del quietismo no la ofreció ningún teólogo y los hubo ilustres entre sus contraventores; tampoco un filósofo preocupado por la determinación libre del destino de cada quien, el que
desata la disputación sobre la doctrina de Miguel de Molinos; sino,
que se nos ha ofrecido el reporte de Karl Vossler, en su celebérrimo tratado de La Soledad en la Literatura Española. La mixtura
de cuestiones teológicas con filosóficas es ~claramente palpable en
el episodio del quietismo; por ello cabe con todo derecho y autenticidad, la admisión razonada de los actos "verdaderamente libres" y del todo conocidos en la eternidad por la omnisciencia. La
parte exclusivamente filosófica en la página 158 queda estrictamente "la voluntad de Dios no opera como la voluntad humana, sino
que puede querer los contradictorios ... "; e inclusive en la página
161, al prolongarse en Duns Scoto la polémica tomista, se rebate el
"que Dios produce las creaturas por la sola necesidad de su naturaleza"; pues ello equivaldría a un panteísmo en el que la libertad
disminuiría en beneficio del determinismo. Se ve la contingencia no
para hacer dependiente al Creador, sino para libertar a la creatura.
La conceptuación de voluntad y noluntad libres, indica intencionalidad hacia las cosas; en éstas radica la contingencia del querer
divino, la forzosidad, no en la voluntad ni en la noluntad. Tampoco acepta del todo Lequier el que libertad y presciencia se reduzcan a síntesis de contradictorios. En el comentario que le sugiere
a Grenier, el problema de la predestinación tal como Lequier lo
recoge en las Sagradas Escrituras, no se alcanza a separar con el
rigor que sería de desear, lo filosófico de lo teológico. Las dudas y
preocupaciones que Lequier tuvo que dirimir con tal motivo, lo
predispusieron a influjos tan claros como el que se le nota directo
de Lammennais, como puede comprobárselo en su exposición dialogada entre un nuevo Abel y un nuevo Caín: se pone en operación dialéctica la manera como el autor piensa que Dios concede
la libertad a sus creaturas; no las constriñe en un predestino, aun91

�,que necesariamente la omnisciencia la presepa_ o preconozca. ~
-esa altura, Lequier adelanta sus primeros pasos mc~uso ~n un_ Iexico que en nuestra actualidad circula en e_l ambiente filosófico.
El investigador de la libertad, declara, confiesa, Y lo _que es más
filosófico e importante, evidencia el misterio. La p~opia 1:~tura ,Y
comprensión de Gabriel Marcel para ofrecer la ilustraoon mas
clara y reconocible, se ilumina y esclarece de pronto con el antecedente de Lequier.
.
Se ha dicho con bastante exactitud, que el caso de Leqmer n~
-es el de un filósofo de enseñanzas, con el sentido de que no es limitadamente un profesor de filosofía; también en esto el autor estudiado ofrece el dibujo de nuestra actualidad; por supuesto que
importa la filosofía, y por ello se estudia en su sist~má_tica y con
sus problemas; pero lo que se arriesgaba en la meditación de Lequier y en la nuestra de más de treinta años a la fecha,_ es el hombre mismo que piensa. Las resoluciones a las que Leq~:~ se apr&lt;:
xima derraman el ensayo de una filosofía, de una pos1c1on doctrinal más O menos válida y aceptable; en cambio se refieren a la
creatura concreta que busca las soluciones.
Resulta por demás curioso el hecho de que el. esco~asticisr~o le,queriano consistía en reconocerse conforme al mfluJO de F1chte.
Para evaluarse en toda su trascendencia ese dato, se puede traer a
mano el recuerdo de la disputa del Dr. Sánchez Villaseñor; el
idealismo que quiso imputar este ilustre miembro S. J., a Don José Ortega y Gasset lo argumentaba en el anteced~nte _de_ Fichte.
Probablemente el de Lequier no ofrezca dudas m obJec1ones, el
caso de Ortega sí resulta por demás opinable; pues ya se ha visto
-en estas páginas la posición orteguiana ante la libertad, no puede
ser menos .idealista ni en el sentido metafísico, ni en el gnoseol6gico.
.
.
El escolasticismo de Lequier le permite maneJar la actualidad
y ta potencia; la presciencia infa~ble y. absoluta de Di~, dice acto puro, nada en potencia. La mISma imagen Y_ semeJanz; d~ su
Creador el hombre que tanto inquieta a Leqwer es autarqUicO;
para de~ostrarlo lucha Lequier; pero es también creatura, no ac-

to puro; potencialmente se apoya en esa autonomía y su libertad

es actual, pero para realizaciones posibles. Por eso no hay aporía
ni teológica, ni filosófica entre omnisciencia ni predestinación frente a la libertad y subsecuente posibilidad de conocer.
Hay una tesis entre los comentarios a Lequier, en la que se sienta . la coparticipación en la durabilidad humana al lado de una
eternidad no conforme a Boecio, tomista como plena actualidad,
sin transcurso. Adviértase en la forma en que ya antes se hizo aquí
que tanto presente como pretérito y futuro quedan en la predicación de quando. En estricto rigor no es factible tratar la esencia,
omnipotencia ni presencia divinas como insertables en el cuadro
de los predicables del ser. Este cuadro alude por el ser conocido,
pensado ( ens cogitatio). Un tratamiento del Creador puede comprobárselo en cualquier teólogo serio: Báñez, Santo Tomás, Duns,
Scoto, Suárez, etc., se refieren eo ipso al ens a se, alcanzar. Se trata del ser en tanto que ser, más que del ser conocido. Así su revelación graciosa nos ofrece misterios. Lequier vivió toda entereza filosófica, con ejemplar fervor; Marcel lo vuelve a encontrar y cada
creyente perturbado por teologías a medias o por pseudofilosofías,
tiene ante sí esas rutas; y no perdedizas como las de Heidegger sino posibles y practicables como las de Lequier. Así ha fundamentado este recatado pensador, la autonomía filosófica; así dio el
ejemplo áe respeto y abstención frente a los dictámenes teológicos,
que sin facultad, no se pueden poner a discusión por algún quidam;
son campos diversos de la investigación; en deslindarlos y proceder de acuerdo con esa precisión establecida funda Lequier la autonomía filosófica.
Discute, no puede negárselo, el determinismo de tipo leibnitziano: el más adecuado de los posibles universos, no es aceptable como inferencia de una razón que lo determine así. Muy a pesar de
haber querido rechazar a Christian Wolff y a Gottfried Leibnitz
Kant hereda del primero esa "razón legisladora,,. Para Lequier la
libertad personal implica el acto creador que se dirige a los fines
supremos de la creatura; esa libertad es "espontaneidad creatriz".
93

�La posterior secuencia en la evolución del mismo apellido de Henri
Bcrgson, ya s repasó en estas páginas.
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EXISTENCIALISMO Y PSICOANALISIS

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L. Duc"s ; Pensles. Revue Blcue. París, 1920. Rcv. Universidad de la Univ. de N •

Le6n, No. 10.

TÚ GoNZÁLEZ

desarrollar es el producto de algunas
lecturas y reflexiones sobre las relaciones que al parecer existen
entre la Psicoterapia analítica y la o las llamadas filosofías existenciales.
Me ha parecido conveniente para la exposición dividir este trabajo en algunos breves subtítulos que serán: 1.-El Existencialismo, 2.-El Psicoanálisis, 3.-Comparación entre el Existencialismo y el Psicoanálisis, y finalmente procuraré hacer algunas Con-

EL TEMA QUE ME PROPO GO

clusiones.
EL EXISTE CIALISMO

Con este nombre se conocen y señalan diferentes teorías y sus
aplicaciones al arte, la literatura y aún a la práctica terapéutica;
por muy diversas y antagónicas (si se quiere) que sean estas teorias tienen algo en común, que es lo que ha hecho que se las conozca bajo esta den-0minaci6n.
95
94

a7

�EJ primero más importante de. lo usos que. se h~ce ?cel té~mino "Existencialismo" es el refenrse a una filosof1a: La filosofía de la existencia'&gt;, para algunos parece evidente que debe
hablar e de exi tencialismo y no en singular, dado que son muy
diversa la doctrinas de que se trata. Antes de definir el existenciali mo, sería conveniente recordar que se han escrito libros profundo y ex.ten os para explicar ¿qué es la Filo ofía? Por esta razón nosotros no concretar mos a dar algunas ideas que puedan
aclarar el concepto:
La Filo ofía e el producto de la reflexión humana. Parece conveniente a mucho el definirla como el producto o el resultado de
e ta labor más bien que por u contenido ideológico (por demás
muy variable) . de ahí que se diga, filosofía e el producto o el
resultado del filosofar que e la acción y del r,ujeto que es el hombre, el filó ofo. Esta labor que es el filosofar tiene por fin conocer
la verdad sobre el ser del mundo y del hombre que es el filósofo.
Existe un1 filo ofar ingenuo o espontáneo al que se pueden referir
las situaciones en las cuales, el hombre se pregunta: ¿ Qué significa el mundo? ¿ Qué sentido tiene la vida? ¿ Qué significa para
mí esta ida que vivo? etc., por lo que se ha dicho "el hombre
e un animal que hace metafísica con la misma facilidad con que
respira". Pero cuando se hace una reflexión seria, con rigor metodológico elementos de juicio, etc., es cuando se dice con propiedad que se hace filosofía. Pues bien, el filo ofar existencialista
es un filosofar que tiene su punto de partida en el hombre que
es filósofo, mejor dicho es una reflexión que se dirige antes que
nada al ser del hombre que es el filósofo. Por este motivo se ha
dicho: que el existencialismo es un antropocentrismo, un ubjetivismo, un p icologismo, un egocentrismo, "una metafísica desde
el hombre» (Finlay on), "el existencialismo es un humanismo'
(Sartre), para algunos esta corriente de pensamiento no es una
filo ofía sino una Antropología.
La Metafísica o filosofía prima, ha sido entendida de diversas
maneras, pero tradicionalmente se refería este término a la "cien96

cia del ser en cuanto ser y de los atributos que tiene en cuanto
a tal' (Ari tótelcs), esto hacía la Ontología como producto de
abstracción de las esencias y en oposición con los fenómenos (lo
que aparece) . Así fundamentalmente la Metafísica es la abstracción con desprendimiento de toda materia de toda cualidad sensible del ser, sea por separación real o ideal. Para el existencialismo, en el problema del ser lo que realmente es primordial es
la existencia y respecto a las esencias se comportan de diferente
modo los diversos filó ofos existencialistas, llegando algunos a negar o uprimir la esencias, ]as naturalezas. etc. Para el existencialismo lo importante es el ser concreto, individual, presente y
las abstracciones limitan y mutilan la realidad, de aquí su nombre de Existencialismo que se refiere a esta su posición respecto
al "Ser" y al binomio "Esencia - Exi tencia . Por esta razón,
la de referir e al "Ser" en su perfección última al "existente', algunos opinan que el problema del "Ser" en la filosofía existencial
no puede er tratado en una Ontología sino que es una "Ontica".
Orígenes del Existencialismo: Se ha pretendido por algunos
remontar el origen del pen amiento existencialista a la "Biblia \
otro a los antiguos libros sagrados de la India; también se ha invocado el pensar subjetivo de San Agustín, pero en realidad no
es muy debatido este a unto y los principales representantes de
este movimiento o corriente espiritual de nuestra época invocan el
nombre de Soren Kierkegaard ( 1813-1855) este filó ofo danés del
siglo pa ado, que en su tiempo pasó casi de apercibido, pero cuyo
pensamiento ha ido cobrando gran actualidad y es quizá la influencia intelectual más fuerte en la Europa órdica de nuestros
días. Sin embargo es digno de mención el hecho de que Marcel,
uno de lo más notables representantes de ta escuela, desarrolló
idea afines en una época en la que aún no conocía la obra de
Kierkegaard.
Aunque el problema de la existencia humana sea tan antiguo
como el hombre y la subjetividad humana, para Kierkegaard tiene sus orígenes en Sócrates, "mi tarea es socrática" decía, este pen97

�sador subjetivo y trágico que se debatía en la angustia de la cual
nos ha dejado magníficas descripciones y análisis, era un enfermo
de la mente. Si es verdad que siempre la obra del pensador &lt;:5tá
ligada a su vida, en ningún caso es esto más evidente qu~ en Kierkegaard, al grado de decirse que es imposible ~rof~diz.ar en su
filosofía sin conocer su vida, y viceversa, que es JIJ1pos1ble conocer
su vida sin su filosofía. Respecto de sí mism~ Kierkegaard de~ía,
que su melancolía era hereditaria. Magnussen interpreta la vida
de Kierkegaard a través de su deformidad física, no ~an falta~o
interpretaciones psicoanalíticas que la explican por la 1mpotenc~a
sexual Künzli de la escuela de Jung, lo explica por un complejo
de Edipo y la fijación a la madre por una identificación _d~ la
naturaleza con la madre, y del espíritu, con el padre p1 t1Sta
(severamente puritano) y de la tensión entre ésto ; para Hjalmar
Helweg, p iquiatra danés y autor de una patografía sobre Kierkegaard, éste pertenece al tipo depresivo de la psicosi maníacodepresiva; para Igor Ca ruso "el estado de Kierkegaard estaba recubierto considerablemente (en el sentido de una p icogenesis neurótica) por los resultados de su evolución histórica particularmente de su educación tan contraria al buen sentido&gt;'. En urna nos
parece (sin que esto agote el tema), que la melancolía de Kierkegaard tenía muy probablemente su base constitucional agra ada
de factores psicogenéticos, principalmente de su educación, en Jo
que estamos de acuerdo con Regís Jolivet uno de los grandes conocedores de la vida y la obra del filósofo. Las profunda reflexiones de Kierkegaard sobre su enfennedad han hecho decir a
lgor Caruso: " ... tenemos derecho a preguntar si son los p icoanalistas modernos, o si más bien es Kierkegaard quien penetró más
profundamente la esencia misma de la melancolía, quien captó
con más seguridad su significado". 1
El pensamiento de Kierkegaard en la Europa del iglo pasado
tiene el valor de una justa y sana protesta de la libertad rontra el
sistema de Hegel. En verdad el genio de Hegel dominaba el panorama intelectual de Europa, quizá como ningún otro filó ofo lo
haya hecho. Dentro de su sistema que fue el idealismo lógico, que
98

e califica como un " Ionismo Idealista·, que es también un Panteísmo, no había lugar para lo concreto, para lo individual, para
Jo ubjetivo, no había en este sistema regido por la "Idea", "del
e píritu qu se objetiva", lugar para la "Libertad", el mundo de
la abstracción mutilaba al ser humano. Este sentimiento debemos
con iderarlo como una de las grandes motivaciones del pensamiento de Ki rkegaard; el hombre no es una ab tracción, el filósofo
danés e rebela rontra esta tiranía y en su exceso se coloca en el
xtremo opuesto, en lugar del pensamiento ab tracto que trata de
comprender lo concreto, "él" pensador subjetivo, trata de comprcnd concretamente lo abstracto.
1

S ha dicho, y con mucha razón, que hay también un existencialismo de Hegel; que hay mucha diferencia del Hegel del Sistema
Cristalizado de 1827 al Hegel de la Fenomenología del Espíritu
( 1807 ) y que puede decirse que el pensamiento existencialista, como el marxista tien n sus raíces en Hegel, lo que es una vez más
rendir tributo al indisputado "Genio" de Hegel. Cf. M. MerleauPonty 2 y de ,, aelhen , 3 p ro esto, no parece, no invalida la justa
opo ici6n de Kierkegaard al "Sistema" idealista de Hegel).
Además de Kierkegaard se menciona a Husserl con su fenomenología como fuente u origen del moderno pensamiento existencial· al respecto artre ha dicho ( L'imaginaire) : "La aparición de
las Ideen fue el gran acontecimiento de la filosofía de la anteguerra (1914-18 ) "tanto como a la filosofía, ese libro está llama&lt;fo a re olucionar la psicología". Detengámonos un momento a considerar to:
Edmund Husserl (1859-1938 ) fue un notable filósofo y de él
e ha dicho que es el p n ador más profundo y original de Ja
primera mitad del siglo. La parte más importante de su obra se
ncuentra en sus Investigaciones Lógfras, pero a lo que debe
u popularidad y su gran difusión en el mundo actual es más bien
a la invención del "Método Fenomenológico". Husserl es un penador esencialista y como tal nada tiene que ver con el existencialismo al que explícitamente desaprobó, pero como creador del
método fenomenológico, se coloca realmente en el origen del exis99

�tencialismo. Algunos opinan que los existencial~os no son si~o
fenomenologías existenciales, que la fenomenolog1a del esencialista que era se ha vuelto existencialista, y para los que ven en
el ~stencialismo un psicologismo, esto es, y nada más, una f enomenología de la existencia.
Cuando se habla de Husserl y del "método f nomenológico" es
necesario referirse a Franz Brentano ( 1838-1917) quien fue su
maestro y de quién tomó algunas idea a las que dio genial desarrollo, primero y más importante de los concepto , que ~usserl
toma de Brentano, quien a su vez lo toma de los Escolásticos, lo
que no remonta hasta Aristóteles es el de la "int~ncionalida~ de
la conciencia"· la conciencia es, dice Brentano, 1empre cone1encia de algo, y 1esa conciencia, no nos dice nada de la realidad de
ese algo de que es conciencia; de esta manera Bren ta~~ se opone
a los idealistas y formula un método que llama emp1nsmo, pero
que no hay que confundirlo con el s nsualismo, pues de lo qu
trata
de encontrar las e.senda detrás de lo fenómeno ; claramente se separa o diferencia también, del reali ~o ing~uo, así
que, si su método es un "Empiri mo'.', habría que d1:erenc1arlo del
de Locke y relacionarlo con el de Anstóteles. Este metodo de Brentano depurado y perfeccionado por H~erl con tituye el Método
Fenomenol6gico, en el que se di tinguen dos etapas, el de la ~educción eidética, o Fenomenología eidética y el de la reducción
trascendental o Fenomenología Trascendental; a í como en el
pensamiento de Husserl se -distinguen dos etapa , en su F~nomenología se distinguen do cosas,_ su ~étodo que en la ~ctu~lidad
ampliamente usado tanto en filo ofía co~o en las c1enc1~s naturales y sociales y que para muchos constituye el mayor mulo de
gloria del Maestro de Friburgo (véase arriba Sartre)_, y su Metafísica, que parece conveniente llamarla un eokantismo y en la
cual parece no haber tenido continuadores.
El Método Fenomenológico, consiste fundamentalmente en realizar la "Epojé" Fenomenológica y esto significa el colocar la realidad entre paréntesis, n ponerla "fuera de juego", en ab tenerse de emitir juicio de existencia real, como es propio de la actitud
100

~genua; para ello hay que tener en cuenta primero la intencionalidad de la co~ci;°c~a y acercars_e a "la cosas mismas", dejando
de lado toda hipot 1S preconcebida y toda teoría científica obre
el hecho ~ue s_e desee e tudiar · para Husserl lo dado originalmente
en la conc1en:1a es el Fenómeno (del griego "fainetaf') lo que aparece, y el obJeto de la Fenomenología es intuir las esencias inteli_gibles de ,las cosas dada originalmente en Ja conciencia ( es decir 1-0s fenom_eno ) ; para realizar esta intuición esencial (W enschau), cons1d ra ncce ario como ya dijimos la reducción a los
fenómenos, a lo dado originalmente en la conciencia. La reducción eidética (del griego eidós) que nos permite la intuición de
las ideas (del eidó ) e hace al abstenemo de emitir juicios d
realidad On~ca r~ pecto al hecho de que se trata o en general,
de toda la existencia del mundo; a este respecto dice Husserl: "Si
a~í lo ,~ago como,, soy ple~amente libre de hacerlo, no por ello
niego este mundo como s1 yo fuera un sofista, ni dudo de su exis~~ncia, como ~i Y? fuera un. escéptico, ino que practico la epojé
f~om~nológica que me a.erra completamente todo jucio sobre
existcna.as en el espacio y en el tiempo".• El método fenomenológico, no es emp~ico ni deductivo, trata de mostrar lo dado y
e~clarecerlo; e? cierta forma es descriptivo y trata de intuir el
e1dós, la esencia pura en lo fenómenos. Posteriormente Husserl
hace la reducción trascendental por medio de la cual se "purifican" "los f cnómeno psicológicos de lo que les presta realidad y
por ende los inserta en el ' mundo,, "real" 6 ; por medio de esta
reducción la r a1idad "puesta entre paréntesis ' queda como correlato_ de la c~nci ncia pu_~a, y por este camino la realidad deja
d ser independiente para ÍlJarse en la polaridad de conciencia dada por ~l sujeto puro y el sujeto a su vez se haya como correlato de
este -0bJeto al que tá remitido intencionalmente. De este modo
se dice que la filosofía de Husserl desemboca en un eokantismo.
En los orígenes del Existencialismo hay que anotar también
la Escuela Vitalista de la que en cierto sentido el Exi tencialismo no parece sino una continuación; así parecen evidentes las in101

�fluencias de Nieusche, de Bergson, Dilthey y Blondel. Los principales representantes de la Escuela Existencialis~ son: Karl
Jaspers, Martín Heidegger, Jean Paul Sartre, Gabnel Mar~el se
cita también a: Unamuno, Louis Lavelle, Peter Wust, al filósofo
ruso Berdiaeff y algunos más. ( ota: tal parece que la obra del
notable pensador alemán Martin Heidegger, p0sterior a la publicación de Sein und Zeit (El ser y el tiempo) aparecida en 1927,
hace muy difícil el clasificarlo como filósofo existencialista. Sin embargo la Analítica Existencial desarrollada en esta obra El Ser Y
el Tiempo obligan a considerarlo como un filósofo de la existencia).

Características Generales Comunes, a los diversos existencialismos: La Filosofía existencial a lo dijimos, es una metafísica desde el hombre es un "antropocentrismo', má aún es un "egocentrismo"; por lo mismo que el ser del filósofo está implicado no
puede ser una meditación fría, sino que siendo como es el ser del
ujeto puesto en la balanza, si soy yo el que tiene que salvarse o
perderse, esta reflexión está cargada de afectivida~ de, ahí ~a atmó f era en que se desen uelve por lo general la filo of1a exi tencial de ahí la preocupación (sorge), el cuidado ( ouci), la angustia existencial; la subjetividad de la meditación reviste en muchos casos como punto de partida una vivencia existencial difícil
de precisar o definir: la fragilidad del ser, la :ontigencia, el, desamparo ontológico del ser en el mundo, en Kierkegaard sena la
tristeza, para Sartre "la áusea ', para Heidegger "La Angustia
del Ser-para-la-muerte''. Otra de las características generales es
ocuparse de la "Existencia" sin que les importen grandemente las
esencia , en particular se ocupan de la existencia del hombre, a
la que distinguen de las demás existencias y a la que llaman con
·
. ' (S er-ahí) ,
términos
espeo"ales: "Y o" , " ser-para-mi,,. , "D asem
Existenz (Existente), etc.
Junto con el subjetivismo que el punto de partida implica, se
puede colocar, el que la verdad, así no más, "la verdad", no interesa, lo que se busca dicen los existencialistas es "la verdad para
mi", la verdad hay que vivirla, hay que incorporarla al propio
102

ser; rechazan todos los existencialistas la suficiencia de la razón, son
.anti-intelectualistas, el contacto con la realidad tiene que ir más
allá de la razón, debe ser un contacto vital; rechazan también la
distinción entre sujeto y objeto de conocimiento. Consecuencia de
esta actitud contraria al racionalismo, puede considerarse el valorar más la acción que el pensamiento, es preciso ir a la acción,
realizar e. El hombre se encuentra a sí mismo en la acción y también es ésta en la que encuentra la realidad; el hombre se crea
libremente en la acción, el hombre se hace a sí mismo en la acción; el hombre e eHge, al decidirse; realiza una posibilidad de
ser por la que se realiza a sí mismo, siendo su elección, etc., etc.
De ahí el imperativo para la acción, el "realízate" de Sartre. A
este respecto ha dicho Tristán D'Athayde, que la sentencia de
Goethe, Im Anfang war die Tat (en principio era la acción),
a la inversa de la filo ofía del logos y del Evangelio de San Juan,
encuentra en Sartre lo que jamás hubiera pen ado encontrar...
Por esta lú1ea de pensarnient-0 se comprende, que el presente en
que se vive, en que se existe, sea muy importante, su valor es muy
upcrior al pasado y al futuro; la "Existencia" es una presencia,
e un estar hic et nunc ( aquí y ahora), el instante es copia e imagen de la eternidad, en el que por la acción nos elegimos y nos
creamos para la eternidad, en el instante presente, podemos actuar realizando valores y obedecemos al imperativo de vivir nuestra verdad creándola para la eternidad. Si es cierto que podernos
modificar . el pasado esto sólo lo podemos hacer en el presente y
,en él elegimos nuestro futuro. En el acto de exi tir, el hombre
es libre para elegirse, el hombre es su "Libertad", de ahí la responsabilidad en que se vive, esto ha hecho decir a un comentarista
&lt;le la actitud exi tencialista: "ellos, lo existencialistas, toman la
vida muy en serio, tal parece, como si vivieran sobre un volcán '.
De la importancia que tiene lo concreto, en el ser del hombre,
e puede juzgar por él que: "existir es un estar en situación, el
hombre es su situación, el hombre es un ser arrojado, echado en
el mundo entre los otros. Existir es un estar aquí y ahora en el
mundo (su mundo), entre los hombres, por eso el existencialista,
103

�aunque su pensamiento es un subjetivismo, no se cierra en sí mismo; la existencia es una co-existencia, es el Mit-dasein de Heidegger, la Comunión con el mundo, la Comunicación de Jaspers. La
Filosofía es un saber comunicativo, además, ante la contingencia
de ser-en-el-mundo, (In-dcr-Welt-sein) con una Historia la de
la humanidad y la del propio pais, etc. el hombre tiene la libertad y la responsabilidad de asumir la historia, tiene la libertad
de su actitud. Así, existir es un estar, aquí y ahora, en u mundo
con su historia en su situación entre los otros y realizarse libremente y con responsabilidad, aswniendo la contingencia y eligiéndose al realizar valores en el Con-ser, en el Co-existir.
El movimiento existencialista se puede considerar en u conjunto, orientado por aquella línea del pensamiento europeo que
va de nuevo hacia la metafísica, pero aquí se encuentran diferencias importantes: así Heidegger trata de construír una Ontología General (su problema es ocuparse del Ser), y su Analítica Existencial desarrollada en la parte publicada de Sein und Zeit no
es sino un paso previo, es más, y según esto, él no es existencialista; sin embargo para muchos la obra más importante de Heidegger es El Ser y el Tiempo y además no aparece claro, cómo
los ulteriores desarrollos metafísicos de este autor, enlazarían o
quedarían en continuación de esta Analítica Existencial que tanto renombre le diera. Sartre, quien para muchos no es sino un discípulo de Heidegger, pretende elaborar una Ontología
F enomenol6gica, su método como el de su maestro es una fenomenología muy rigurosa. Jaspers y Marcel por su parte y cada
cada uno de ellos por su rumbo, permanecen dentro del análisis
existencial fenomenológico, pero también hacen metafísica, aunque no pretendan edificar una ontología, ni su método sea tan riguroso. Hay otro autores, como Maurice Merleau-Ponty y Simone de Beauvoir (del grupo de Sartre), que quedan dentro de la
Analítica Existencial, o como algunos la han llamado "P icología
Existencial", y aquí podemos colocar a F. J. J. Buytendijk, quien
parece influenciado por Heidegger, Kierkegaard, y Merleau-Ponty:
a este mismo tipo de análisis existencial, que llevado a los casos.
104

concretos constituye el Psicoanálisis de Sartre, y que inspirado
más bien por Heidegger y con anterioridad había creado L. Binswanger con el nombre de "Daseinsanalyse", se lo ha llamado Antropología Fenomenológica, Antropología Filosófica, o simplemente "Antropología", esta antropología que, según Binswanger,
no es ni psicología ni filosofía, que no se puede acomodar al rango de las ciencias experimentales de un lado ni a las especulativas y cuyo privilegio le viene de su objeto "el ser humano", en
suma que este conocimiento, fundamental por relación a todo otro
conocimiento se sitúa en el cruzamiento, axial de la existencia concreta y de las condiciones ontológicas, que la hacen posible y que
la limitan. Finalmente, aquí se puede citar que algunos autores,
permaneciendo en el terreno de la Literatura como Albert Camus,
desarrollan una brillante analítica exi tencial.
Para terminar esta breve caracterizaci6n a lo que es común a
los diversos existencialismos, nos parece oportuno señalar, que el
existencialismo trata de llevar al hombre a su perfección, de otra
manera, que es una vía, un camino estrecho para que el hombre
realice más completamente su existencia en la acción, con conciencia de su libertad y de su responsabilidad de elegirse creando valores, con conciencia de su limitación, y de la limitación de la razón
para obtener estos objetivos, de tal manera que el existencialismo
llama a la afectividad y a la emotividad del hombre. El existencialismo apela a la razón del hombre pero también aquella Logique du coeur de que hablaba Pascal, por ello así como por
valorar el Arte y la Poesía, más que el ejercicio de la razón, se
puede decir que el existencialismo, se asemeja a aquella manera
de concebir la Filosofía que como en San Buenaventura fue
calificada de Mística, se puede añadir a estos rasgos, el sentido
del misterio y las vivencias fundamentales incomunicables que se
encuentran en el punto de partida de las meditaciones existenciales. Se puede agrandar la analogía incluyendo aquellas escuelas
de espiritualismo de Oriente como el Budismo, el Yoga, el Taoísmo,
etc., de las que se separa por La Mística de la Acción, característica del pensamiento occidental.
105

�Características Especiales:
SoRE Kn:RKEGAARD ( 1813-1855): Su posición es decididamente
teísta su existencialismo es un hacerse cristiano, un cristianismo vivido; para Kierkegaard el cristianismo debe vivirse o no es nada,
su religión era el Luteranismo, en la que fue educado, de la que
se separó, para olver d pués a ella, y dada su singular manera
de entender la religión, ponerse en conflicto con las autoridades
eclesi' ricas, y morir sin el consuelo oficial de su religión ( excomulgado) . Su fe era irracional, y para él todo aquello que tratara
de hacerla racional iba contra la verdad misma del cristianismo.
Hacía tesis suya la sentencia atribuida a Tertuliano Credo quia
absurdum, con todo rigor, y pensaba que cuando su fe no hacía
este esfuerzo, este salto hacia lo irracional no era su cristianismo
auténtico ni vivido. u melancolía la vivía como angustia, esta
angustia era el vértigo de la libertad, la po ibilidad antes que la
posibilidad, la angustia ante la nada, que es la libertad; la angustia del pecado, de la culpa; de su angustia procedía su desesperación, y de ahí también arrancaba toda su meditación, como el
vértigo de la nada para asentar la temporalidad, la historicidad y
la recuperación; el existir tenía tres modos: el estético, el ético y
el religioso. La angustia reviste para él también las tres modalidades, predicaba la desesperación de lo finito, para ganar la infinitud, pero asentaba que por la desesperación de lo infinito se
pierde el hombre. Su e.xistencialismo no lo concebía como una
filosofía y menos que nada como una filosofía que pudiera enseñarse; era una pasión de la interioridad, un buscar su verdad subjeti a, sólo los conocimientos éticos y ético-religiosos, que estuvieran esencialmente relacionados a la existencia eran conocimiento
esenciales, éstos eran los conocimientos de w1a interioridad vuelta
sobre si misma en busca de una verdad supra-subjetiva, estos conocimientos eran en muchos aspectos algo incomunicable que solamente podía vivirse. Finalmente el Instante era algo muy importante para Kierkegaard, copia e imagen de la eternidad.
Karl Jaspers ( 1883) . En los principios de su carrera, fue

psiquiatra y su paso por este campo nos dejó el fruto de su Psicopatología General, obra en mucho aspectos notable. Su existencialismo es el que parece más compacto y coherente y el que más
se asemeja a lo que pudiéramos llamar un sistema. Casi todo lo
que se dijo al hablar de las características comunes puede aplicarse al existencialismo de Jaspers; como dijimos entonces, no intenta hacer una Ontología de la Exi tencia; es más, niega qu
ésta sea posible, no habiendo pensamiento sino general y no habiendo existente sino individual. No cree que esta Teoría general
de la existencia es factible permanece dentro de la fenomenología existencial y sus análisis p icológicos tienen por objeto hacer más intensamente presente la existencia posible, a esto lo llama el esclarecimiento de la existencia. La Busca del ser se desarrolla en el ámbito de lo abarcable, de lo asible, ahí, se reconocen
tres niveles del ser: el ser objeto (Dasein) el existente ( Existentz),
y la Tra cendencia; a estos dos últimos se los conoce en lenguaje
mítico, como "alma" y "Dio '; en la realidad cósmica se dan cuatro esferas: materia, vida, alma y espiritu; para cada una de las
cuales hay una verdad. La Libertad es lo primordial en el esclarecimiento de la existencia ( Existenzerhllung), pero esta libertad no
resulta de una deliberación racional, es una elección que yo hago
de mí mismo, como siendo libre sin justificación, por el hecho
~~o de mi libertad ( es como el vértigo de Kierkegaard, la pos1b~dad antes de la posibilidad) . En la Decisión yo experimento
la libertad por la cual yo no decido solamente alguna cosa sino
a mí-mismo en ella ( la libertad) . Es impo ible establecer una
separación entre la elección y yo. (Aquí es notable la no distinción entre sujeto y objeto, ya que el Existente es lo que nunca
puede er obj to ) . De la Libertad se engendra la culpa, la culpa
primordial originada de mi decisión es inevitable, es la Existencia misma. La Existencia se halla en el hacer -en la acción , tropezamos con ella en las 'tuaciones en las situaciones límite (muerte, enfermedad lucha, culpa, etc.) la historicidad, la libertad y
en la comunicación. El mundo es una ruina, la existencia jamás
se realiza, y en consecuencia viene el fraca o, que es inevitable y
107

106

�en el fracaso auténtico (no en el falso) , se da la lectura de cifras
de la Trascendencia. A este respecto se ha dicho que Jaspers hace
la apología del fracaso. Conceptos de Jaspers son tambi~ el de la
fragilidad del ser, del desamparo ontológico y el muy mteres~te
de la Comunicación, la cual es una lucha amorosa entre dos eXIStencias y en la cual se encuentra la trascendencia. En este sentido
de la comunicación así como por la idea del misterio, se encuentra
mucha similitud entre las ideas de Jaspers y Marcel.
Por la lectura de las cifras de la Trascendencia, y a través
de su filosofía, parece que Jaspers, que en ocasiones menciona a
Dios al referirse a la Trascendencia, elabora una especie de Teología laica.
MARTÍN HEIDEGGER ( 1889) . Es un pensador original Y
muy vigoroso, su obra más conocida, El Ser y el Tiempo (hay traducción española), no está concluída y en la primer~ parte que
apareció en 1927, hace con un método muy riguroso el Anális~s
de la Existencia. Fue colaborador y discípulo de Husserl en Fnburgo, después catedrático en Marburgo, para pasar, antes de retirarse, a ejercer la cátedra de Friburgo. El problema al cual se
encara Heidegger es el "sentido del ser,,, pero considera necesario como conocimiento fundamental o busca de fundamento, haccr' el análisis de la existencia, para lo cual, ya lo hemos dicho,
utiliza muy rigurosamente el método fenomenológico. Así pues si
en la primera mitad del Ser y el Tiempo, traza una teoría sobre
la estructura de la existencia humana, en la segunda mitad (no
aparecida), iba a elaborar una Ontología Fenomenológica Universal a partir de la hermenéutica de la existencia, sin embargo y
aunque esta obra quede inconclusa, Heidegger, ha publicado toda una serie de trabajos que si bien no quedan en línea directa con
El Ser y el Tiempo, sí son obras dedicadas a los problemas tradicionales de la Metafísica y de la Ontología. 6 Aquí nos ocuparemos muy brevemente de la Analítica existencial de este autor:
la Existencia, se caracteriza por ser siempre la de uno, el fundamento de este modo de ser es: "ser en el mundo". El mundo es un
Co-mundo, su ser en un con-ser (ser-con-otros), una coexistencia;
108

en el mundo de los objetos se dan dos modos de ser, la "amanualidad,,, y el simple hallarse; el comportamiento por lo que respecta
a los objetos es la procuración, por lo que respecta a las otras
existencias es la solicitud. A la Existencia le corresponde: el cuidado ( Sorge), o la comprensión del ser, que a su vez tiene tres
modos: La derelicción (facticidad, echada, el ser abyecto, o arrojado en el mundo), el proyecto del mundo y el hablar. En la base
del Dasein (ser-ahí) está la angustia del ser arrojado en el mundo
como un proyecto en el cual descubro la posibilidad de mi imposibilidad, mi posibilidad de no ser. El ser de la existencia es Ser-para
la-muerte. Por esta angustia la Existencia busca refugio en el mundo del ser impersonal (Dasman), ser inauténtico; por la conciencia
y la resolución se puede rescatar la existencia del "Sé", de la existencia inauténtica, y avanzar hacia la culpa genuina, que es la lealtad de la existencia para consigo misma, que es la libertad para la
muerte. El sentido del cuidado (Sorge), es la temporalidad, esta es
esencialmente extática (lo fuera de sí). El futuro, el pasado y el
presente son éxtasis de la temporalidad, el tiempo primordial es
el futuro, pero como la existencia es Ser-para-la-muerte, el futuro
se nos revela como finito y el tiempo primordial es finito. La existencia se extiende al temporalizarse, a este extenderse lo denomina Heidegger "acaecer". Del descubrimiento de la estructura de
este acaecer viene la comprensión de la historicidad. La índole
(Wesen) de la Existencia es el trascender, la naturaleza humana
se determina primero como Dasein (ser-ahí); lugar de la patencia del ser del ente reunido en totalidad, es decir la existencia es
trascendida por el mundo, y en segundo término corno Existenz,
es decir corno el ente que sale de sí o se expone, para "insistir,,
o estar en lo interior del ser, es decir, la existencia trasciende el
mundo; en la angustia se nos da la trascendencia de la nada que
hace posible la posibilidad, de la nada es que surge la totalidad
del ente, es la que nos revela la libertad que es el fundamento del
fundamento. La existencia se constituye a sí misma, como proyecto
en el trascender, el trascender es la libertad, la existencia es libertad.
109

�El hombre, caracterizado como Dasein, pues, es el lugar en que
aflora la patencia del ente; determinado como Existenz, es el que
indica la presencia de lo que se presenta en la manifestada verdad del ente, aunque sustrayéndose o reteniéndose en su propia
verdad. "En resumidas cuentas -sostiene Heidegger- sólo somos y somos únicamente mientras mostramos lo que se sustrae.
Este mostrar constituye nuestra esencia. El hombre, como ser que
indica hacia allí, es el Indicador". 7 El hombre es pues un signo,
es un signo del ser y Heidegger recuerda el verso de Holderlin,
"somos un signo indescifrado". Para terminar diremos que el existencialismo de Heidegger es ateo, que su filosofía es anti-cristiana,
aunque según su propio decir, su filosofía no niega a Dios.
GABRIEL MARCEL ( 1889) . Es el iniciador del existencialismo francés. Educado fuera de toda religión se convierte al catolicismo y recibe el bautismo a la edad de 40 años ( 1929) . Su existencialismo es fundamentalmente religioso y teísta, católico. Partidario en su período inicial del idealismo eokantiano. Por una
superación llegó a sobrepasarlo en dirección de un realismo radical. Su método es la fenomenología, la que sin embargo no
guarda muy rigurosamente. Buscador del ser más allá de lo fenomenológico. Tratando de llegar a una verdadera Ontología y
Metafísica es a pesar de esto un existenciafüta y está de acuerdo
con los principios fundamentales que distinguen a éstos. Dentro
de su filosofía se encuentran tratados en forma diseminada grandes temas alrededor de los cuales gira su pensamiento. Entre ellos
tenemos: primero, la exigencia del ser concreto "exigencia ontológica", hambre de realidad, por ella se plantea la pregunta: ¿ qué
es el ser?, pero en esta pregunta está implicado mi ser mismo, por
ello, esta pregunta ha de responderse en la esfera del misterio, es
anterior a toda problemática de lo ob-jec-tum, es anterior a la
distinción entre sujeto y objeto y para responderla adecuadamente es preciso el recogimiento (recueillement). En él es un sondeo
de las capas más íntimas de mi conocimiento, se responde por medio de un existencial indemostrable "yo soy". P-0r esto la metafísica
es una reflexión enfilada al misterio y la filosofía una metacrítica
110

orientada hacia una metaproblemática. De esta experiencia existencial, reconocible pero indemostrable, nace el segundo tema de
la filosofía de Marcel: que es una tensión vital entre el Yo y el
ser en el cual y por el cual somos. Este tema es El diálogo con
el Ser. La filosofía no puede ser sino la explotación de una experiencia, el Yo que participa en el diálogo es sólo el yo integral,
el yo encamado, enraizado en el mundo por los tentáculos d 1
cuerpo. Así para Marce! es: "el Ser encamado referencia central
de la reflexión metafísica". La filosofía que nace de esta tensión
entre el Yo y las profundidades del ser es la filo ofía concreta
cuyo método es trascender lo fenomenológico puro, para llegar
a la raíz ontológica, y esta tensión es una tensión amorosa, cuyo
modo fundamental debe ser el encuentro con otro. sí llegamos al
tercer tema de la filosofía de Marcel: la Comunión, el contacto
con el mundo lugar de traición, la respuesta del Tú contingente
con el cual vivimos en sociedad y el encuentro con el Tú absoluto
y trascendente, que nos cimenta en el Ser y que en definitiva apoya todo lo real. (Para Bochenski La filosofía Actual: la filosofía
de Marcel parece consistir, casi exclusivamente, en formulaciones
diversas de un principio único - La superación de la Dualidad y
la oposición) .
JEAN PAUL SARTRE ( 1905) . Muy popular a través de su
obra literaria, Sartre discípulo de Heidegger y como este último
muy influenciado por Kierkegaard, de quien ambos han tomado
su problemática, utiliza con todo rigor el método fenomenológico,
pensador agudo, frío y original. Sartre se separa fundamentalmente de Heidegger y da un desarrollo propio a los problemas, e intenta dar soluciones originales a éstos. Su existencialismo es un
existencialismo ateo, racionalista y congruente consigo mismo. En
su obra filosófica más importante El Ser y la nada, desarrolla Sartre, a partir de Heidegger (de cuyas citas en alemán está llena su
obra), su tesis del nihilismo creador. A partir de las meditaciones
de Kierkegaard sobre la angustia y la culpa, de la posibilidad
antes de la posibilidad y de la meditación de Heidegger sobre la
posibilidad de mi imposibilidad, que lo lleva a decir que la exis-

111
R8

�tencia es lll1 Ser-para-la-muerte, Sartre dice que la conc!encia es
la negación concreta, la puesta en duda ( mise en ques~on), del
ser por el ser mismo, una pura negació~ q~~ hace surgrr el_ presente, el pasado y el futuro, la temporalizac1on que es la. exist~cia mi ser no es Ser-para-la-muerte, la muerte no es rn1 pos1b1lid;d sino mi imposibilidad, así la muerte es "la imposibilidad de
mi posibilidad''. Así la nada hace surgir la _libertad, . que no es
libertad para la muerte, mi libertad que es rm ser, es libertad para mi imposibilidad; es decir, es libertad para la nada. Las regiones del Ser son tres: el Ser-en-sí, el Ser-para-sí, Y el Serpara-sí, y el Ser-para-otro. El En-sí, que es el ~undo de las. cos~s
sin conciencia tiene más realidad que el Para-si que es conc1enc1a
y negación, pero el para-si, lleva c~nsi~o el En-sí, ~~e es ~ pasado. Quiere e to decir que la conciencia es negac10n, ~s S1empre
conciencia de haber sido, lo que no puede no haber sido, d: lo
que no es, como es conciencia de lo que pued~ ser_ que no ha sido,
que no es, que es nada (el futuro), la conciencia que ~tá condenada a llevar el En-sí de su pasado. Esto le produce nauseas Y
le da ganas de vomitar; mi cuerpo es el que me permite existir i
el para-sí tiene necesidad de un cuerpo que es_ el que me. permite la perspectiva sobre el mundo, por es? miro y soy __mirado
por los otros, cuando yo me avergüenzo de rm el me averguenzo es
el para-sí, y el mí es la mirada de los otros, éste es el S~r-?ara-otro,
y en la mirada del otro que me hace ser lo que soy, esta fi~rada la
mirada de Dios, porque el otro que me mira y me hace obJ~to, me
fija con su mirada en lo que soy, pero yo a mi vez pu~do rmrarl? Y
hacer de él un objeto. Dios es la mirada que me mira y a qwen
yo no puedo mirar; el hombre no quisiera ser el objeto ~e nadie es decir, un para-sí, que no fuese para-otro, esto es decir que
el hombre juega a ser Dios, que el hombre quisiera ser D~os.
Este sería un En-sí-para-sí, en esta forma el hombre es la pasión
de ser Dios, y para ello quisiera aún en ocasiones abdicar de su
libertad pero ello no es posible y el hombre es una pasión inútil.
El hombre es un ser sexuado y es a través del sexo que el Para-sí,
quiere llegar al otro, y dominarlo en la posesión, como u.na li112

bertad que posee a otra libertad, pero aquí es donde el para-sí
se descubre para-otro, que también es una libertad; por medio
de brillantes análisis fenomenológicos de la vida sexual normal y
patológica y con ayuda de estos conceptos del para-sí y del paraotro nos e..'&lt;plica Sartre el sadismo, el masoquismo y todas las relaciones sexuales. El hombre que es conciencia de algo, es el Parasí, está siempre fuera de él, es tu1a eterna inquietud, es tu1a existencia a la que no precede ninguna esencia, y a la que el cuerpo
proporciona la instrumentalización de las cosas del mundo y una
perspectiva, desde la que se trasciende sin límite, y que aunque
quisiera abdicar de su libertad, no puede hacerlo, es un condenado a la libertad, es el hombre del mito de Sísifo de Camus, es el
hombre de "Pirrus y Cineas" de Simone de Beauvoir (los dos discípulos de Sartre). A esta "conciencia testigo'' del para-sí, se opone Merleau-Ponty con su "conciencia comprometida" (la conscience engagée) sin la cual el hombre sería, realmente una pasión inútil. Para este último, Merleau-Ponty, el hombre en situación no es una pura conciencia testigo, sino una conciencia comprometida con los otros, la existencia se experimenta no sólo como
siendo fuera de sí sino como siendo con; si el .-:uerpo se nos impone
como lll1 hecho, nuestro cuerpo es el medio general de tener un mundo. "Vivo no para morir sino para siempre; y del mismo modo, no
para mí sino con los otros". 8 También para Binswanger esta posición de Sartre es equivocada y el Dasein, es Ser-en-el-mundo,
más-allá-del-mundo, en la existencia como-nosotros, en el hallazgo del otro que en su encuentro me hace ser yo mismo, en el encuentro amoroso con tu1 Tú, que es siempre un encuentro creador; la antropología de F. J. J. Buytendijk también critica como
Alphonse de Waelhens, 0 -1° esta postura de Sartre. Finalmente
diremos que Sartre rechaza toda actitud seria como inauténtica,
y propone un amoralismo o, al decir de algunos, lll1 inmoralismo y
una antiteología que lo ha hecho escandaloso.

113

�EL PsrcoAN Áus1s

Al hablar del psicoanálisis viene necesariamente a nuestra mente el nombre de Sigmund Freud su genial descubridor, cuyo nombre queda indisolublemente ligado al método de su invención Y
al estudio del inconsciente que hizo posible .. Su nombre pasará,
a la historia de la medicina&gt; de la psiquiatría, de las disciplinas
psicológicas y a la historia general de las ciencias ligado n~cesariamente al método de su creación. El problema del Inconsciente,
su investigación, era un problema al que concurrían por distintas
vías los esfuerzos y el pensamiento de notables investigadores, su
des~ubrimiento estaba en el aire (es usual decirlo) &gt; el ambiente
estaba preparado para recibirlo por las actividades de: filósofos,
médicos, charlatanes&gt; y también por el influjo de los literatos.
Orígenes del Psicoanálisis: Entre los precursores_ ~e ~reud :e
menciona a Leibnitz, a Kant (como autor de la distmc1ón fenomeno-noúmeno), a Shelling, Hegel y Shopenhauer con su obra _El
Mundo como Voluntad y Representación; a los filósofos del mconsciente: Carl Gustav Carus y Edouard von Hartman. Muy importante aparece la figura de Federico Nietzsche y la ~el liter~to
ruso Dostoyevsky. En la práctica terapéutica es necesano mencionar a Mesmer, the Christian Science, el marqués de Puysegur&gt;
Braid ( el hipnotismo), Charcot, Liebault&gt; Bemheim (la sugestión) Dubois (la persuasión), Babinski, Emile Coue _(la autosugestión); finalmente es preciso recordar el nombre de _Pierre Janet~
cuyos estudios sobre la histeria y las neurosis obses1v~s _son casi
confluentes si no directamente anteriores al descubnm1ento de
Freud. 11 Mas estaba reservado a Freud hacer el descubrimiento
que habría de revolucionar la Psiquiatría y la Medicina. Muy conocida es la historia de cómo en colaboración con el Dr. J oseph
Breuer y utilizando entonces el hipnotismo&gt; crea un método terapéutico llamado ccmétodo catártico", que operaba con los conceptos de "trauma" y "abreacción" (reacción retardada); después
de abandonar el hipnotismo y en sus principios en colaboración con
Breuer inicia los trabajos que lo conducirán&gt; después de la de-

fección de éste, ya solo al descubrimiento del método psicoanalítico
( 1893-1895). A los anteriores conceptos de 1rauma y abreacción,
había agregado Freud el de supresión, o rechazo al inconsciente y
la importancia de la sexualidad, que como tendencia rechazada,
era la causa de la neurosis, tal aparecía a sus investigaciones clínicas, que la tendencia fundamental del hombre era el instinto
sexual; con esto había aparecido la piedra de escándalo de la
Teoría de las Neurosis de Freud. En este momento ya había elaborado el maestro de Viena&gt; una teoría del Inconsciente, una Teoría de las Neurosis, un Método de exploración del Inconsciente,
que a su vez era un método terapéutico y había esbozado su teoría
de los instintos. La oposición de la medicina académica y la psicología también académica se sumó al prejuicio de la sociedad burguesa de la Europa de la era Victoriana; Freud luchó contra los
prejuicios, dando muestras de un valor y una terquedad ejemplares, en un principio solo&gt; después rodeado de colaboradores; en
torno a esta lucha se constituyó el llamado "Movimiento Psicoanalítico", cuya historia no vamos a recordar sino en algunos de los
hechos más importantes que han contribuído a que el psicoanálisis sea lo que es. En el año de 1900 se publicó La interpretación
de los Sueños (Traumdeutung), al decir de muchos, la obra maestra del genio creador de Freud; poco después, los discípulos y
colaboradores se empiezan a agrupar en tomo de él&gt; unos personalmente y otros a través de sus escritos; los partidarios de Freud
son cada día más, entre los primeros discípulos de Freud se contaba Alfred Adler; también fue de importancia la contribución&gt;
que como ayuda o impulso del exterior recibiera el movimiento
psicoanalítico, con la aplicación de los conceptos y teorías de Freud,
a los enfermos psicóticos en los trabajos hechos en colaboración, .
por el entonces muy notable psiquiatra E. Bleuler y su discípulo
C. G. Jung, con esta colaboración, o mejor dicho, con la aplicación a los enfennos esquizofrénicos, de las teorías de Freud y con
la elaboración de la "Prueba de las asociaciones condicionadas,,,
el psicoanálisis recibía una comprobación desde otro campo, ganaba mucho en aceptación científica; la escuela de Zurich, le da115

114

�ba el espaldarazo. Entre las influencias intelectuales que obraron
sobre Freud se menciona principalmente a Shopenhauer, Y muy
probableme~te a Nietzsche. Freud era un materialista convencido, y esto influyó notablemente en la ~abor~ción de_su Teoría de
los Instintos; por otra parte estaba baJo la influencia ~el ~volucionismo Darwinista y era un positivista afecto al racionalismo;
durante la primera década del siglo, Freud ela6?ró su teorí~ de
los instintos, abandonó la tesis del trauma infantil y descubno su
famoso complejo de Edipo. Aquí y desde las primera~ co~~,cciones teóricas de Freud se ven mezclarse, conceptos de msp1rac1on
biológica (fisiológica), con conceptos de origen educativo, de ~piración más bien sociológica; esta última, ha pa~e~i~o a los cnticos modernos la más deficiente. En 1909 Freud v1s1to los Estados
Unidos en compañía de su discípulo J~~, a invi~ción ~~ Sta~ey
Hall de la Clark University y el mov1m1ento ps1coanaht1co tiene
seguidores entusiastas en toda Europa y en América_; la lista de lo~
discípulos de Freud es en verdad muy grande, menc10naremos aqlll
solamente algunos de los más conocidos: Adler, K. Abraham, Ferenczi, Jung, Fenichel, Brill, Flournoy, Reich, Frink Jellife, Otto
Rank, Maeder, Melanie Klein, Silberer Fromm, Alexander, Badouin Odier, etc., etc. Se ha hecho notar, que una de las característi~as del movimiento psicoanalítico, fue el recibir colaboraciones del exterior, que lo hicieron progresar y lograron introducir las.
ideas de Freud en todos los campos al grado de darle una popularidad en ocasiones realmente indeseable.
El movimiento psicoanaJitico surcó desde su juventud la separación y disidencia de algunos de sus miembros, el primero de ellos
fue Adler, quien a causa de la no importanci~ para _Freu_d de l~s
impulsos del "ego", y a lo que consideraba la mtrans1genc1a y unilateralidad de Freud, se separa y funda una escuela a la que llama
"La psicología individual". Esto sucedió en 1'911 y dos años más
tarde se producía la herejía de Jung, éste que había fundado "La
Sociedad Internacional de Psicoanálisis" y que en 1911 había sido
nombrado presidente de este Instituto, y que para muchos era el
discípuló predilecto de Freud y el llamado a sucederle en la direc116

ción del movimiento, tuvo que separarse y fundó una escuela, a
la que denominó de "Psicología Analítica" o todavía mejor de
"Psicología Profunda", o de "Psicología Compleja"; según muchos,
fue muy de lamentarse que tan valiosos elementos no continuasen
en el seno del movimiento, y hubiera sido mucho mejor que permanecieran en él, siempre y cuando se diera lugar a sus colaboraciones. En 1'920, la aparición de la obra de Freud 1vfás allá del
Principio del Placer (Jenseits des Lustprinzips) enmendaba la primitiva teoría de los instintos y hacía justicia a la concepción de
Adler sin mencionarlo. Posteriormente se realizaron las separaciones de Stekel, de Reich, de Otto Rank, la de Schulz-Henckle; se
produjeron las variantes de Alexander, la separación de Karen
Homey, la de Erich Fromm, y la de Melanie Klein (para nomencionar sino las más conocidas) .
Para hacer un poco más metódica la exposición, me referiré primero a las concepciones de Freud, y diré luego algunas palabras
sobre las diferencias que se encuentran en otras escuelas disidentes.
El Psicoanálisis según Freud (y la escuela que lo sigue sin modificaciones fundamentales -llamada también por algunos ortodoxa-) : Psicoanálisis y freudismo, no son la misma cosa, dice
Roland Dalbiez, quien insiste en la necesidad de hacer esta distinción, pero aun ésta se le hace insuficiente y considera finalmente en la obra de Freud tres aspectos principales: una Metodología, una Psicología y una Filosofía. Las trataremos por separado.
La Metodología Psicoanalítica: El método psicoanalítico es el
que se hace acreedor del término de psicoanálisis, a él es al que se
debe aplicar propiamente y strictu sensu el nombre propuesto
por Freud; consiste fundamentalmente en escuchar las asociaciones libres de los sujetos y en la observación cuidadosa y pasiva de
la conducta mientras éstos hablan ( en ocasiones, si se trata de algún enfermo, la charla será en relación de sus síntomas, puede
hactrse alrededor de los actos fallidos, de los actos sintomáticos,
de los sueños pero siempre que estos temas surjan espontáneamente del sujeto). "La metodología es ( dice Dalbiez) la parte esencial de la obra de Freud. El verdadero título de gloria del maestro
117

�de Viena es la creaci6n de un procedimiento de cxploraci6n del
inconsciente". l método ha podido s r llevado, con algunas modificaciones a la interpretación de los delirios y otras produccion patológicas. Al conjunto de las asociaciones del sujeto y de su
comportamiento expre ión fi onómica, gesticulaciones, etc., se
aplica la hermenéutica de acuerdo con las doctrinas y po tulados
d Freud; aquí se hace n c aria la distinción entre contenido aparente y contenido latente, o mejor dicho, entre contenido manifiesto y contenido latente, que forma la base de la estructura de
la "Int rpr tación d los Sueños", los que son según la opinión de
Freud la "vía regia" para la exploración del inconsciente. En 1
método cabe distinguir: primero, el método terapéutico ( el p-icoanálisis fue creado como método terapéutico de las neurosis) ; segundo, el método de investigación clínica ( que en algunos caso
puede ser usado para establee r un diagnóstico) y tercero, como
método de exploración del inconsciente, de sujeto sanos y enfermos ( que e el que mayor univer alidad le concede y le da mayor alcance científico). El método, siguió una evolución histórica,
de acuerdo con las teorías que lo inspiraban y lo que se entendía
como objetos o fines de la terapia psicoanalítica. Aquí no encontramo con concepto como: su pre ión, reprcsi6n, censura, resistencia tendencia, impulso (Tricbe), transferencia, mecanismo de
defen a formación reactiva. Modificaciones importantes se siguieron a las contribuciones de W. Reich con su Análi.sis del Carácter,
y de Anna Freud con su obra El Y o y los mecanismos de Defensa;
estas modificacione hicieron evolucionar principalmente el manejo de las re istencias y de la transferencia y estas modificacione
son las que nos parecen más importantes a la metodología freu&lt;liana. Se puede mencionar que Freud dio un conjunto de reglas
técnicas: la pa ividad del p icoanalista, el paciente permanecerá
aco tado en un diván no se tendrá con él ninguna otra relación
que la trictamentc profesional, no se tomarán notas, etc.; toda
ellas han sufrido y sufren modificaciones que la flexibilidad de
la práctica exige, y que la evolución de lo conceptos doctrinarios permite o aconseja. os parece oportuno mencionar el con-

scjo de Freud elevado a condición rigurosa, por sus seguidores, de
realizar el análisis didáctico· se po tula que para la correcta aplicación del método sea menester o cuando menos muy conveniente
el que el psicoanalista haya ido a su vez p icoanalizado; por
nu tra parte aunque comprendemo que en principio, el método n sí de ninguna manera supone la nec ·idad de este análisis
didáctico
tamos de acuerdo con la mayoría de los conocedores,
pensamo que realmente e la mejor manera d aprender a utilizar el p icoanálisi , aunque no absolutamente indispen abl · para
terminar esta cuestión nos permitimos citar ]a opinión del Dr. l.
Caruso: 'Ciertamente el haber pa ado el análi is no es una garantía de nueva forma de existencia y n-0 es una 'consagración&gt;.
Por e o hace daño a la idea de la necesidad del análisis didáctico
el aire que e dan algunos analista que miran por encima del
hombro a lo cno analizados' y forman una especie de masonería
analítica . 1 2
Como . a lo hemos dicho
a nuestra opinión, el método p icoanalítico la parte más valiosa de la obra de Freud sin embargo
no parece conveniente agregar, que el método ha sufrido modificaciones y adiciones importantes por parte de los discípulos y de alguno grupos di identes. Respecto a los resultados terapéuticos del
método p icoanalítico, no podemos ser muy optimistas; algunos
de lo pacientes curan de us neurosis, y otro no; las opiniones
de algunos p icoanali tas autorizados on bastante desalentadoras.
De la interpretación de los datos de una estadística hecha por el
R. P., ~ight, se desprende que el éxito definido de la terapia
p 1coanalíoca alcanza algo menos que el 50% de los pacientes
que, en principio, le son tributarios. 13 A este respecto K. Jaspers
expresa de la iguiente manera: "La eficacia terapéutica del
p ·coanálisis es cuestionable. Sabemo que todos lo procedimiento p ·coterapéutico en manos de personalidades eficientes tienen
éxito a tra és de lo iglos. Comprobamo que los procedimientos
p icoanaliticos triunfan y fraca an lo mismo que otros métodos,_ª
La Psicología en la obra de Freud (M ta-p icología) : en el
:fundamento de la teoría psicoanalítica se encuentra el concepto

D:·

119

118

�de "conflicto psíquico"; este conflicto entre el consciente Y el inconsciente, es explicado de una manera dinámica; l~s fuerzas del
inconsciente luchando contra la personalidad consciente del enfermo neurótico, producían los síntomas y en consecuencia eran
causantes del trastorno, y así aparece el concepto de "dinamismo
psíquico"; el psiquismo era dividido esquem~tic~ente ent:e consciente e inconsciente; en el umbral del ps1qU1smo consciente se
encontraba el preconsciente; el inconsciente se piensa en los comienzos del psicoanálisis como formado por el material rechazado de la conciencia, lo reprimido, y vien~ a agregarse el concepto de represión; la fuerza psíquica principal, de donde tomaban su energía todas las otras era el instinto sexual y así se formó ·
el concepto de la "libido" energía psíquica por excelencia; en este
caso tenemos que la libido, para Freud significaba el instinto, o
mejor, la energía del instinto sexual, considerado este último término de sexual en un sentido muy amplio, e indudablemente mucho más amplio que lo que se entiende en términos científicos Y
en el uso vulgar de la palabra. Para Waelder se debería entender
por este concepto de la ,:libido", lo que los escritores patrísticos
llamaban "camalis concupiscentia". A partir de la realidad clínica y por su interpretación elabora Freud su complejo de Edipo;
aquí a los conceptos tomados de la mecánica física se ~un:ia~ los
de la coerción educativa y aparecen los conceptos de Pnnc1p10 de
realidad y Principio del placer; se considera a la libido como invistiendo algunas determinadas regiones y funciones orgánicas Y
como una energía susceptible de valoraciones cuantitativas, se estudia la evolución genética de la libido y queda elaborada la primera teoría de los instintos de Freud ( 1910) . Esta primera teoría
de los instintos consideraba como ya dijimos como energía psíquica única a la libido, la cual investía diversas funciones orgánicas~
durante el desarrollo del niño, éstas marcaban las etapas de la
evolución libidinal, y eran: la etapa bucal (oral), la etapa anal&gt;
la etapa genital (fálica) ; de aquí nació el concepto del niño co~o
un perverso polimorfo. Al final, en la etapa fálica se formaba el
complejo de Edipo y con su resolución (entre los 5-6 años) la
120

tendencias instintivas entraban en un período de latencia, pai-a
hacer su irrupción en la vida en la época de la pubertad, ya en
su forma adulta. A partir de la energía de la libido que procedía
del primitivo "Id" (ello) y por las exigencias que la realidad
planteaba al niño, se formaba el "egon (yo) o personalidad consciente; con la solución del conflicto de Edipo -(amor a la madre
y celos y rivalidad con el padre) aparecía el "super ego" (superyo) instancia moral que se formaba, cuando el niño introyectaba
(asimilaba, haciéndola parte de su personalidad) la imagen de
los padi-es y sus prohibiciones. En esta primc:ra teoría de los instintos, Freud consideraba todo el psi9uismo como extrayendo su
energía de la libido y hacía que esta energía formase toda la personalidad. Por esta razón fue considerada esta teoría como un
pansexualismo; en realidad Freud había mencionado algunas ocasiones algunas tendencias del yo o instintos del yo pero no les
concedía ninguna importancia pues no consideraba que el "yo"
pudiera tener algo incon ciente. En 1920 y con la publicación
de su obra Más allá del principio del placer, se inicia una nueva
concepción que se ha llamado La Segunda T eoría de los Instintos; en ella, hace figurar Freud, al lado de un instinto de la vida
(Eros), cuya energía le provenía principalmente de la antigua
libido, un instinto de la destrucción, instinto de la muerte, cuya
energía le provenía de la agresión; esta evolución en la teoría de
los instintos se considera en parte influenciac;la por la tremenda
experiencia que significó la guerra de 1914-18, y para explicar
los problemas que planteaban algunos enfermos chocados por los
traumatismos de la guerra, así como los que planteaba el problema dd sado-masoquismo. Tenemos pues la estructura del aparato psíquico: el inconsciente, el preconsciente, el consciente por
una parte, el "Id" primitivo (ello), el "ego" (yo) y el "super
ego" (super yo) ; la evolución de la libido con sus etapas: oral,
sádico-anal, fálica; los aspectos de la afectividad por lo que respecta al objeto: narcisismo, introyección, proyección y objetivación, o conducta objetal. A esto podemos agregar la genética evolutiva de las tendencias destructivas (algolágnicas) y las fases de
121

�transición que entre las distintas etapas de evolución libidinal consideran algunos autores como la fase sádico-oral, etc. Se pueden
mencionar también, los conceptos de fijación de la libido y el de
regresión. Toda la genética evolutiva se hace en la teoría freudiana en tomo del "Complejo de Edipo" y es a su alrededor que
se forma la personalidad infantil, y es de su correcta solución que
depende el futuro del niño. En las primitivas concepciones de
Freud el inconsciente era calificado como: reprimido, activo, bestial, infantil, alógico y sexual; con la posterior evolución de la
teoría, parece que estas caracterizaciones corresponden mejor al
&lt;'Id" (ello) que no a todo el inconsciente; en la interpretación
de los sueños considera los mecanismos siguientes: condensación,
desplazamiento, dramatización, simbolización, elaboración secundaria. Estos mismos mecanismos presiden la formación de los síntomas neuróticos condicionados por la fijación de la libido y la
regresión (o i!nvolución). Con la contribución de Anna Freud
la psicología del "yo", cobra más importancia que en los trabajos de Freud; también el aporte de W. Reich va en ese sentido; para Anna Freud los mecanismos de defensa del "yo" son:
represión, regresión, formación reactiva, ai:slamiento, anulación,
introyección, proyección, vuelta contra sí mismo, transformación
en lo contrario y sublimación o desplazamiento del objeto instintivo. La Sublimación es un concepto muy importante en la metapsicología freudiana; por él se entiende el desplazamiento de
una cierta cantidad de libido de su objeto instintivo, que bajo
1a presión de las normas educativas se aplica a un fin más noble
o de utilidad social. Freud y en su seguimiento K. Abraham elaboraron una caracterología basada principalmente en las etapas de evolución libidinal y en el concepto de fijación. Así habría un carácter oral, uno anal y uno genital; la caracterología
encuentra un desarrollo mucho más avanzado en la obra de W.
Reich y con ello y el análisis del carácter como ya lo dijimos
se da más importancia a la psicología del "yo". En realidad cuanto se ha dicho hasta aquí pertenece a la psicología normal. Como se comprende fácilmente, el camino seguido por Freud fue

a _la inversa del que hemos recorrido, y él, del estudio de las
ps1coneurosis y de otros enfermos mentales, indujo las condiciones normale,s _del funcionamiento psíquico; a este respecto se le ha
hecho la ~ntica de hacer una generalización indebida y que trata de aplicar a los psiquismos normales los datos extraídos de su
experiencia clínica con individuos enfermos.
La labor del psicoanálisis en el campo de la psicopatología es
en?~~; de ella ~aremos aquí una brevísima enumeración: de los
pru:mti~os trabajos sobre la histeria, y las neurosis obsesivas, las
a~hcac1ones ~echas por la Escuela de Zurich a los esquizofrérncos, las teonas sobre la angustia: la primera la consideraba co- '
mo producida po~ la falta de satisfacción sexual y estaba de
acuerdo_ con su primera teoría de los instintos; la segunda consecuencia de la correspondiente teoría de los instintos la considera como signo de alarma del "Yo" y en consecuencia con ella
elabora Anna Freud sus conceptos de mecanismos de defensa deI
"Y
. h su caracterolog1a.
' Su teoría general de las neuro. o" Y Re1c
sis, s~ clasificación en neurosis actuales y psiconeurosis, su teoría
e~pecial ~e las neurosis: psiconeurosis de conversión, psiconeuros1s obsesivas. En_ la parte central de la construcción, se encont:~ba _e~ ~ompleJo de Edipo, la teoría de los instintos, la fijac10n. hb1dm_al, la regresión y los mecanismos de las formaciones.
del mc?nsc1ente ya mencionadas. En sus primeras concepciones,
Fre_ud
con su muy discutido concepto del "niño perverso
po~orfo , as;°~aba que la neurosis era la negación de una perversm~ i este ultuno postulado fue abandonado en elaboraciones:
posteriores, Y la teoría psicoanalítica ha sido llevada al estudio
de las perve~siones (y en ocasiones a su tratamiento). También
deben mencionarse como investigaciones psicopatológicas las de
Abraham sobre la melancolía, las de Freud, Ferenczi, Frink sobre la paranoia, las de Reich en la esquizofrenia, Rosen Hill
etc., etc. También en este campo quedan las concepcion~ mo:
dernas_ de la medicina psicosomática y el de las llamadas órgano~e~osis: S~b_re la_ valoración de la metapsicología como adquis1c10n científica du-emos que es una parte de la obra de Freud

J~;º

�que ha sufrido muchas modificaciones y que necesariamente está
sujeta a revisiones, que en este campo se han producido las principales diferencias y disidencias en el movimiento psicoanalítico;
a este respecto nos parece oportuno recordar aquí el concepto
creado por Leuler de Pensamiento Drefstico: función inferior del
psiquismo humano que en realidad no es pensamiento sino Wla
expresión sin contenido conceptual y sin sentido de relación lógica ( sueños, delirios, alucinaciones), a los que se puede aplicar la hermenéutica psicoanalítica, pero de cuyo resultado es imposible obtener W1a interpretación con calidad de certeza lógica.
Es por esto, en nuestra opinión, que es muy difícil, si no es imposible construir una teoría firme y racional sobre esta materia;
en apoyo a esto podemos mencionar al Dr. Madouin que dice: "el
psicoanálisis es, antes que nada, una técnica experimental y concreta y sus especulaciones metapsicológicas se quedan en hipótesis . .. " 16 Uno de los conceptos más discutidos de Freud es el
de sublimación; se dice es imposible explicar una cosa por una
causa inferi-0r a ella, también se critica mucho el origen de las ideas
morales a partir del "super yo" inconsciente. A propósito de la
segunda teoría de los instintos de Freud en la que hace figurar
al lado del instinto de la vida un instinto de la muerte o de
la destrucción ( que ha sido llamado por Weil "destrudo", y que
.
"A nk ,,,
.algunos h an 11 ama do con 1a palab ra gnega
na e - en relación con las neurosis anancásticas- probablemente) . Dice Dalbiez, que para Freud como para el viejo Heráclito, la investigación filos6fica termina en una contradicción irreductible: el "Eros"
y el "Tanathós".
La Filosofía en la obra de Freud: Según su propia confesión,
Freud no tenía aptitudes ni afición por la filosofía; podemos conceder que estaba en lo cierto y que era sincero, cuando apegándose a la realidad clínica afirmaba que su intención no era ha-cer filosofía ni metafísica. Las influencias intelectuales que dejaron huella en su pensamiento son: el determinismo materialista,
el evolucionismo darwinista, el positivismo y el racionalismo (se
:sospecha la influencia de Shopenhauer, de Nietzche y probable-

mente la de Kant) . La filosofía de Freud fue una filosofía hecha contra sus deseos, una filosofía inconsciente; ella se encuentra
impregnando casi todas sus tesis metapsicológicas y desparramada a lo largo de sus obras, principalmente de aquellas en las que
se ocupa de problemas culturales. El método y la teoría psicoanalítica han sido llevados y llamados a explicar: el arte, la ciencia, la moral, la religión, la literatura, la pedagogía, la criminología, la política, la antropología, la sociología, etc. Para no citar
ino algunas de las obras de Freud en las que éste es llevado a
exp~~ar estos problemas recordaré: Totem y Tabú, Moisés y la
R eligión Monoteísta, El malestar de la Civilización, El Porvenir
de una ilusión. Aquí se le ha criticado a Freud diciendo que de
un método terapéutico que era el psicoanálisis, lo ha transformado en ·una "v.isión del mundo", "cosmovisión" ( en alemán
"Wdtanschauung") , le que evidentemente es hacer filosofía; sr
dice además que al llevar los conocim1entos de la psicopatología,
a explicar cosas de tan distinta índole es cometer el sofisma de
"metábasis"; que cuando Freud se pregunta: ¿qué es el hombre?,
¿qué es el arte?, ¿qué es la moral?, etc., hace filosofía quiéralo
o no. En algunas de estas obras que hemos citado, comete Freud
errores notables que la antropología, la sociología y la arqueología contemporáneas han corregido destruyendo las generalizaciones y construcciones arbitrarias de Freud. Además utiliza conceptos filosóficos, como el alma colectiva, que en la actualidad
están completamente desechados. Jacques Maritain dice: "toda
la filosofía freudiana descansa sobre un prejuicio: la negación
violenta de la espiritualidad y de la libertad". 10 Ante el problema del conocimiento, asienta Dalbiez, Freud se muestra incierto
siendo su tesis en ocasiones un empirismo y en otras un racionalismo dentista; como se sabe estas dos tesi~ son inasimilables y
desarrolladas sistemáticamente llevarían a una contradicción que
anula el sistema larvado de Freud. En opinión del mismo autor
(Dalbiez), quizá debamos considerar al pensamiento psicoanalítico y al movimiento freudiano como el legítimo heredero de la
liquidación del kantismo en el pensamiento europeo moderno, y
125

124

�q~~

agrega: "la investigación psicoanalítica no explica aquello que
es filosófico en la filosofía, ni aquello que es artístico en el arte,
científico en la ciencia, moral en la moral, religioso en la religión.
La especificidad de los valores espirituales escapa al instrumento
de investigación creado por Freud ... " "La obra de Freud es el
análisis más profundo que la historia haya conocido, de aquello
,, 11 p
.
d'
que en el hombre no es lo más humano .
ara termmar iremos
que para algunos pensadores el lema que puso a su obra Trau~deutung'' (la interpretación de los sueños), aquel verso de V 1rgilio: Flectere si nequeo superos Acheronta movebo ( Aeneis, Liber
VII, v. 312), deberia ser el lema de toda la obra de Freud.

VARIANTES PRINCIPALES: DISIDENTES DEL MOVIMIENTO
PSICOANALÍTICO

Al/red Adler: (1870-1937). Ya en 1907, había publicado Adler
un trabajo sobre Las minusvalías orgánicas y su repercución psíquica que denotaba una orientación distinta de la de Freud, pero
no fue sino hasta 1911 cuando se separó y fundó su escuela de "la
psicología individual". A partir de su trabajo mencionado elabora
Adler sus conceptos de: Sentimiento de inferioridad, superación
de la inferioridad, complejo de inferioridad, complejo de superioridad, sentimiento de comunidad, etc. La personalidad de Adler está en consonancia con su obra, y se establece así una relación, que
en el caso de Freud, para sorpresa de muchos, no se ha podido establecer, pues este último era una persona de costumbres ordenadas
y de vida de hogar correcta, que elaboró una teoría francamente
escandalosa. La obra de Adler es la de un observador profundo;
su psicología, para la que es fundamental la libertad y la responsabilidad, es una psicología del Yo, al que veía como causante de las
neurosis, a las que interpreta principalmente desde el punto de vista de la finalidad que se propone el individuo (lo que Freud llama
la ganancia de la enfermedad) y no desde el punto causal determinista; su investigación se encamina a encontrar el estilo de vida

se ha hecho el sujeto, y su método terapéutico se propone modificar este estilo de vida; con vista al "Sentimiento de Comunidad", al_ cual considera fundamental para la cultura, su terapéutica
es. esencialmente educativa y a este respecto ha dicho Jung: "que
m1en~ras Freud era el sabio investigador e interpretador, Adler es
esencialmente educador'&gt;. La psicagogía, educación de las tendencias neuróticas es la contribución de Adler y que todas las escuelas
~ode1:13-s de psicoterapia incorporan a su acervo. Respecto a la
filosofia, debemos recordar que en ocasiones Adler reconocía que
hacía metafísica, si bien pretendía ejercerla como un saber positivo.
Karl G_ustav Jung (1875). En el año de 1912 publicó Jung
un trabaJO con el título Transformaciones y símbolos de la libido
(Wandlungen und Symbole der Libido) en el que aparece la causa
de la separación de Freud que habría de tener lugar un año más
tarde. Jung no aceptaba el concepto de la "libido", tal cual lo predicaba ~reud; para él este concepto no era exacto, no lo consideraba
como mstinto sexual, sino como algo que si pudiera tener un equivalente sería
~lan vital" de Bergson, o la energía psiquica
total, que pudiera mterpretarse como tensión entre contrarios. La
mentalidad de Jung como la de Freud, ha mostrado ser extraordinariamente prolífica; no mencionaremos aquí sino dos de las
obras de Jung más conocidas: El Y o y el inconsciente y los
Tipos Psicológicos ( 1920). La escuela que fundó J ung la 'namó:
"Psicología Analítica", y Ja •procuraré caracterizar a grandes rasgos: E~ ~u princ~pio y a partir de su concepción de los símbolos y
de la bb1do, llego pronto Jung a su concepto de: inconsciente individual e inconsciente colectivo, con lo que se marca la diferencia
en la estructura del aparato psíquico; después viene a sumarse a
estas ~eren~ias la Tipología; los tipos psicológicos de Jung se diferencian pnmero por la actitud fundamental, extraversión o introversión; después vienen las funciones de las que se cortsideran
4: e~ pensar y el sentir, el percibir y el intuir; concibe que estas
funcmnes son opuestas por pares, se matiza la tipología con el conce~to ~e funciones, diferenciada y auxiliar, funciones mezcladas
y t1pos unpuros. En función del concepto del símbolo y del comple-

:'el

127
126

�jo ( este último creado por Blculer y aportació~ d~ la escuela de
Zurich), se concibe la estructura del aparato ps1qmco de una manera dilerente : primero, consciente e inconsciente, después? en el
consciente se considera la persona y el Yo (ego) ; en el mconsciente el personal y el colectivo; en el inconsciente personal, la sombra principalmente; en el colectivo, el ánima, el ánimus, Y el. conjunto de los Arquetipos; la función del símbolo Y el cm~pleJO en
el proceso de individuación, en relación con los. Arquetipos Y _el
inconsciente colectivo, que concurren a la formación del Un_o-!m~mo ( Selbst), que en su conjunto constituyen la idea de la din~ca evolutiva de la personalidad, y que se confirman con la función
prospectiva de los sueños (idea esta última, c~mpartida por Adler,
Maeder y Silberer), el concepto que los suenos no se pueden explicar, exclusivamente como la realización
un ~e~eo Y que deben interpretarse, tanto desde el punto ,de vista o~Jehvo,
del
subjetivo ( tanto como todas las &lt;lemas producc10nes dr~istlca~)
el concepto de la transferencia y su manejo en la terapia; baJo
esta doctrina diferente, hacen que la hermenéutica analítica de
Jung sea muy diferente de la freudiana, a esto puede agregarse,
que el método de las asociaciones es diferente,. r:or ~a par~e centrado temáticamente y por la otra con la paruc1paCion acuva del
analista, y que la técnica misma comporta modificaciones importantes, se recurre a la escritura y al dibujo ( y en general es más
flexible) . 18 La Terapia debe entenderse en c_ua
~!anos: 1o.-,
de acción catártica, 2o.-la acción de consc1enoac1on y el analisis de la transferencia, 3o.-la acción educadora o mejor autoeducadora y 4o.-La metamorfosis, el recentramiento de la personalidad la maduración o la metanoia. Estos planos deben entenderse co~o escalones de eficiencia y nunca debe olvidarse que el
análisis es el encuentro de dos personalidades y que las dos participan tctivamente en el proc~so. Jung es un gran co~ocedor de
las mitologías, es un admirador del Taoísmo, del Budismo Y del
Yoga; ha estudiado la alquimia, y del estudio de estas escuelas
espirituales de Oriente ha extraído muchos conceptos que usualmente maneja (sobre estas materias ha publicado buen número

?e

co~?

U:º

128

de obras) . Con respecto a las ideas filosóficas de Jung poco puede
decirse excepto, que quizá participa del prejuicio anti.metafísico •
de Freud, pero reivindica para la psicología el estudiar problemas
metafísicos cuando los encuentra como vivencias en los sujetos. Es
más cauto que Freud en llevar el psicoanálisis más allá de su terreno en falsas generalizaciones. Su modo de concebir el proceso
de individuación recuerda la Gnosis de los primeros siglos del cristianismo, sus estudios sobre la alquimia lo llevan a encontrar semejanza entre ésta y La terapia concebida como proceso de individuación; estas semejanzas es posible que provengan tanto como
con la herejía gnóstica de fuentes comunes en el misticismo de
Oriente.
Nuevas Disi,dendas: Se citan la separación de Stekel, Reich,
Shulz-Henckle, las variantes de Bjerre, Maeder, Silberer, la variante de Ferenczi, con sus dos etapas, la de terapia activa y de
relajación, la importante concepción de Otto Rank, acerca del
trauma de nacimiento, a propósito de la situación analítica, y acerca de la personalidad. Las modificaciones de la escuela de Chicago
de Alexander y French, con la mayor flexibilidad de la Terapia,
y su modo de entender la situación analítica. Las Terapias de
Grupo, que son aplicaciones y modificaciones de las técnicas ( aquí
se mencionan las concepciones de El Prico-drama de Moreno).
La Escuela Neo-Freudiana: que tuvo sus orígenes en Estados Unidos, bajo el influjo de la Antropología Cultural y cuyos
representantes más notables han sido: H. S. Sullivan; muy original en sus concepciones, desarrolló una especie de fenomenología
behaviorista con el nombre de Relaciones interpersonales, que
ha tenido gran difusión en los Estados Unidos; su muerte dejó su
sistema sin elaboración final; rechaza el complejo de Eclipo, y la
teoría de la libido; en su lugar coloca en la base de la psicodinamia los deseos de "Gratificación" y el sentimiento de seguridad,
o "Deseo de aseguramiento '; concede gran importancia a los factores culturales en la formación de la personalidad, estudia preferentemente la crisis de la pubertad, y es muy importante su con129

�cepto de inadvertencia selectiva y de disociación o de formación
par atáxica.
• K. Horney: Influenciada por Sullivan y por From, publicó antes que ellos sus concepciones en una obra titulada La personalidad
neurótica de nuestros tiempos; tant-0 como sus maestros, rechaza
el concepto de libido y da al complejo de ~dipo un significado
n-0 sexual, concede gran importancia a los factores culturales y su
concepto de tendencias neuróticas (neurotic trends), es muy importante, y recuerda el concepto del estilo de vida de Adler.
Erich From: Actualmente en México, ha fundado una escuela
propia (Frommiana), y ha construído un sistema en el q~e: los
factores culturales, las relaciones interpersonales, el determmisrno
biológico, y el determinismo económico (con aplicación de los conceptos sociológicos y de movimientos de masas), se mezclan y tratan de ser armonizados por medio de una filosofía humanista
inspirada por el panteísmo de Spinoza y que sería una especie de
"Existencialismo hedonista". Incluye From una Caracterología,
bastante más completa que la freudiana.
Para terminar esta breve descripción del movimiento psicoanalítico, queremos decir que la escuela de Freud no nos parece
la más bien orientada y que a nuestro juicio lo mejor es la actitud ecléctica como lo aconseja el Dr. Ch. Badouin.

COMPARACIÓN ENTRE EL EXISTENCIALISMO Y EL PSICOANÁLISIS:

(Relaciones entre el existencialismo y psicoanálisis)
Por el lado del existencialismo, tenemos que además de ser una
filosofía, es una Antropología; así Jaspers, desde sus principios utilizó la fenomenología, para hacer sus análisis del existente, y los
aplicó a los problemas de la psicopatología; por su parte, Binswanger, discípulo y amigo que fue de Freu&lt;l se separó de éste para
dedicarse a sus estuclios de Fenomenología, y fue así como creó
su análisis existencial (Daseinanalyse) inspirándose en la analítica
existencial de Heidegger; desde sus principios esta forma de aná130

lisis, está dedicada al estudio de los pacientes mentales, y a su
tratamiento; Sartre en Francia ha dado las bases y ha creado lo
que él llama el psicoanálisis existencialista, por el que trata de poner
en claro la elección original (el proyecto-original de ser), y sus anáJisis fenomenológicos de la vida sexual normal y patológica han arrojado mucha luz sobre estos problemas; Sartre mismo en su obra La
imaginación,, hace un profundo estudio de psicología existencial; sus
discípulos, como Si.mane de Beauvoir, en su obra El segundo sexo
hace un estudio de psicología existencial, vale decir antropología,
muy brillante; las obras de Merleau-Ponty, dedicadas a la Antropología, como La estructura del Comportamiento, La Fenomenología de la percepción; las obras de Buytendijk: ·El Dolor,
La Mujer; las obras propiamente psiquiátricas de Binswanger; las
concepciones de Víctor von Weizakcr, con su medicina antropológica; la obra del notable psicoterapeuta Igor Caruso, del Círculo vienés de Psicología Profunda; los esfuerzos del Dr. Victor Frankl
por crear una "logoterapia, de inspiración existencialista; la labor
del Dr. Ramón Sarró, de Barcelona y de sus colaboradores que
ya en el Congreso de Psiquiatría Internacional efectuado en París en 1950, propugnaron por integrar la obra valiosa de Freud
con las adquisiciones de la Fenomenología y que culminaron, cuando el año de 1958 tuvo lugar en Barcelona e1 IV Congreso Inter.nacional de Psicoterapia (de 1 al 7 de Sept.) y que tuvo por tema
"Psicoterapia y Análisis Existencial" en el cual, se presentaron
notables trabajos: como el del mismo Dr. Sarró (Presidente del
Congreso) "La Interpretación del mito de Edipo en Freud y en
Heideggerº, y el de el Dr. Minkowski "El encuentro y el diálogo'',
las aportaciones del filósofo Martín Buber, etc. Sírvame esta larga enumeración ya que no puede ser otra cosa, para asentar el
hecho, de que si bien, el Existencialismo tiene su origen en la especulación o en la meditación subjetiva, si ha salido de las aulas
filosóficas, de aquí se ha dirigido hacia la comprensión del hombre, y del hombre enfermo de la mente y trata de constituir una
psicoterapia que fundada en una concepción más justa o más correcta del ser humano, le permita a éste mejor resolver sus pro131

�blemas y gozar de una vida más plena, en la completa realización
de su existencia.
Por el lado del psicoanálisis tenemos: que esta doctrina nacida a
la cabecera de los enfermos, y tratando de resolver los ~roblemas de
los psiconeur6ticos, en un principio ha c_onstituído un~ lillagen total
del hombre sano y enfermo, ha producido una doctnna, de la per:
sonalidad total, es decir, ha producido una Anu-opologia~ de_ aqm
ha salido y ha llegado a todos los campos, al arte, _la, c1enc1a, _la
religión, la sociología, la filosofia, etc. y que ha constitUido propiamente una Cosmovisión, (Weltanschauung) ~ que es lo que ha venido a ser el movimiento psicoanalítico. Se ha dicho que t~da
acción médica O curativa implica necesariamente una concepc16n
del hombre· si esto es verdad, cuando se trata a un enfermo de
alguna afec~ión corporal, lo es con mucha más evidencia cuand~
la acción terapéutica se dirige a un enfermo ,~e la m~nte. ~ 1
a nosotros nos parece de toda evidencia que toda pS1coterap1a
implica una concepción del hombre", es decir una Antropología,
este conocimiento fundamental por lo que respecta a todo conocimiento de que hablaba Binswanger. Freud trabaja con una ~cmcepción del hombre basada en el determinismo causal;. y~ _vimos
al hablar de su filosofía, que ésta descansa sobre el pre3mc10 que
niega al hombre la libertad y la espiritualidad; tenemos ~ue en
cambio la psicología de Adler considera fundamental la libertad
y la responsabilidad del hombre, (siendo esto natural al_ ser, ~a
primera una psicología de los instintos y la segunda una ps1cologia
del yo) . Por otro lado la psicología ~el Yo, que desarr~Ua Anna
Freud y la Caracterología_ d~ W. R~1ch, e~. parte ~Lend~n la
primitiva postura del movmuento ps1coanaht1co ;_ 1~ ps1cologia de
Jung parece no ser ni tan resueltam~nte dete~mm1sta como la de
Freud , ni conceder tanta importancia a la libertad Y la respon.
sabilidad como lo hace Adler. La unilateralidad de los sistemas
de Freud y de Adler es en opinión de la Dra. C. Thompson la que,
al permitir un esquema simple y de fácil aplicación a los caso.
concretos es causa de la extraordinaria difusión que ambos alcanzaron; es~e problema es el que trata de remediar el Dr. Víctor E.
132

Frankl al crear su cclogoterapia,,, de inspiración existencialista. 111
En la práctica misma de la psicoterapia, ya lo decía Freud, hay
ocasiones en las cuales el terapeuta tiene necesidad de actuar como maestro, como confesor, como portador de una visión más
amplia del mundo ( esto es decir, como filósofo); como se comprende fácilmente, en estos casos la acción del terapeuta tiene que
dirigirse y apelar también a su libertad. En ocasiones ( dice Frankl)
es indudable que los enfermos en el curso del análisis, colocan ante el analista problemas filosóficos importantes ante los cuales no
es posible responder si no se tiene una preparación especial. La
psicoterapia clásica al tratar de responder estas cuestiones en la
práctica, ha utilizado el racionalismo y la explicación determinista biológica para resolver problemas de índole netamente filosófica. La Escuela cultural del psicoanálisis, vale decir Antropológica, neo-freudiana, o Frornmiana, que en la actualidad este movimiento parece centrarse alrededor de Fromm, trata de resolver
el problema apelando a la Sociología, la antropología cultural y
la economía política, formando un sistema híbrido, pero el cual
no encara el verdadero aspecto filosófico del problema. "Hasta
ahora (dice el Dr. Igor Caruso), la psicoterapia ha sido con harta frecuencia híbrida. Muchas veces ha intentado sustituir lo ontológico y existencial por lo racional y biológico". 20 Pasando ahora a afrontar el movimiento psicoanalítico y el movimiento existencialista, como corrientes intelectuales o sistemas de pensamientos,
podemos decir que en ellos encontramos notables similitudes y
grandes diferencias: Primero, ambas doctrinas son fundamentalmente sistemas en los que el hombre es el punto central, por tanto pueden llamarse humanismos o antropocentrismos y confluyen
con otras corrientes intelectuales modernas a la comprensión del
hombre como totalidad. Defienden una postura que hace resaltar
lo irracional en el hombre, en cierto sentido puede considerárselos como antirracionalismos, por su clara orientación vitalista pueden ser llamados vitalismos (si bien es cierto que el existencialismo se diferencia claramente de la escuela vitalista), usando este
término en el sentido de la defensa de la vida y los intereses vi.133

�tales en contra de aquel absolutismo de la razón que había llevado a Hegel a decir: "Todo lo real es racional y todo lo racional
es real"; ambos movimientos reciben la influencia de ietzsche y
a travé de él la de Shopenhauer y ya en los tiempos contemporáneos la de Bergson y de Blondel. Por otra parte ambo sistemas
son ubjetivistas; ya que, como se sabe: el psicoanálisis no usa
prueba , sino que se basa o se demuestra por medio de experiencias internas de la verdad de sus interpretaciones de las que, como
ya dijimos, nunca puede obtenerse un resultado con calidad, de
certeza lógica; es preciso experimentar uno mismo la verdad de
la interpretación y basta ahí se puede llegar. Por su parte "El
existencialismo no prueba, en el entido corriente de la palabra,
los dato en qu se apoya. La prueba es lo que produce la universalidad y no
más que un recurso de la objetividad. El existencialismo prueba sus datos elementales por la resonancia que ellos
producen en la alma dado que las vivencias existenciales profundas on innegabl ". 21
Tanto el existencialismo como el p icoanálisis quieren llevar al
hombre a un vivir más pleno, más completo, más productivo y en
ocasiones, puede decirse también, más feliz. Así tenemos que esto sistemas son: humanismo , antropocentri~mos, antirracionalismos, italismos, subjetivismos, que tratan de llevar al hombre a
una comprensión total o al menos má íntegra de su ser, que pretenden llevarlo a la perfección y a la felicidad. Se diferencian
fundamentalmente en que para el existencialismo el hombre es
libertad y responsabilidad y para el psicoanálisis el hombre está
determinado causalmente por su ser biológico. Además puede agregarse como diferencia que el existencialismo concede muy poca
importancia a lo que se llama interioridad, ya que el hombre vive afuera, es pro-yecto; y el psicoanáli is concede mucha importancia a la interioridad (pero aquí hay muchas diferencias de
escuelas). También se pueden diferenciar entre lo que entienden
las diferentes escuela existencialistas por la perfección del hombre y lo que entienden las escuelas psicoanalistas. Para Freud la
perfección se busca a través de un hedonismo materialista. Para

Adler esto se busca en el sentimiento de comunidad, lo que se ha
llamado la oblatividad social; para Jung una especie de maduración interior; para Fromm en un hedonismo materialista, que comporta los sentimientos de oblatividad social, productividad y amor
al prójimo.
CONCLUSIONES :

El movimiento existencialista, nacido de la reflexión filosófica ,
e ha constituido como una antropología, que se coloca como saber
Fundan~e de todo conocimiento experimental y concreto y que ha
promo ido el que cada día las ciencias del hombre sean más bien
. .
'
'
c1enc1a humanas. Esto obliga a todo aquel que trata con seres humanos, a no perder de vista la perspectiva antropológica. El médico en particular debe ir hacia aquella comprensión: analógicosimbólica o empático-existencial de sus enfermos que le permita
saber de ello no exclusivamente de sus padecimientos; si esto es
nece. ario al médico lo es con mucha mayor razón para el p iquiatra y el psicoterapeuta. La Antropología Fenomenológica se ha
mostrado irreductibl a todo otro saber, dice el Dr. Minkowski, 22
importa conservarla, pero esto no puede dispensarnos de buscar
los dato objetivos y los conocimientos que la ciencia médica, p iquiátrica o psicológica, nos proporcionan, pero nuestra actitud ha
de ser como de va-i-ven, como el reflejo de las olas, de los datos de
la ciencia positi a, a la perspectiva antropológica.
En conclu ión, importa al psicoterapeuta el conocimiento de la
per pecti a antropológica; es necesario que el psicoterapeuta sepa
con qué concepció~ del hombre está trabajando, es decir, el esclarecimiento de su visión antropológica, para que no haga escamoteos metafísico y filo ofía inconsciente.
En ocasiones quizá será necesario realizar en la psicoterapia,
&lt;lespu~, o en lugar de la analítica causal, la "logoterapia", como
aconseJa Frankl, o la Síntesis Existencial que preconiza Igor Ca135

134

�ruso, para terminar la psicoterapia (hecha primero, como analítica causal de desenmascaramiento) .

Brouwer, Buenos Aires, 1948. Versión Castellana de HAvoÉs MEnR, págs. 362363.
18. C. G. Ju No, Les Probltmts de la Psychotherapie moderne. "La Semaine des
Hospitaux de Paris". 28 -Année No. 39- 26 Mai 1952, (traduit par le Da.

BIBLIOGRAFIA

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RoLAND CAHEN), págs. 1627 a 1637.

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Print. Argent. 1949, pág. 99. Traducido del original francés por A. DB Mcou&amp;L.
2. MAURIC&amp; MERLEAU-PONTY, Existencialismo y Marxi.Imo. Editorial Deucali6n.
Buenos Aires, 1954. Traduc. de BERNARDO GurLLbr. Págs. 7 a 20, El Exist,ncialismo
y tl Marxismo de Hegel.
3. ALPHONSE DE W11ELHENS, Una Filosofía de la Ambigüedad, Artículo que precede
al libro de M. MERLEAU·PONTY La Estructura del Comportamiento, traducido de
la 3a. Edición por ENRIQUE ALONSO. Librería Hachctte, S. A., págs 7 a 18.
Bue.nos Aires, 1953.
4. E. HussERL, Ideas relativas a una f1momimologla pura y a una filoso/la /cnomenol6gica, traducida del alemán por JosÉ GAos. Fondo de Cultura Económica, Méx.icoBuenos Aires. Primera Edic. en español, pág. 73.
5. E. HusSERL, op. cit., pig. JO.
6. Nota: un sucinto y documentado trabajo sobre el problema metafísico en Heidegger
se encuentra en: EMILIO ESTrú, El Problema M etaf lsico en las últimas obras d11
Heidegger, estudio prefunjnar que se encuentra en la obra Introducci6n a la Metafisica de M&gt;.RTJN HEIDEGGER, traducci6n de E. Esn6. Editorial Nova. Buenos Aires.
1956, págs. 7 a 33.
7. EMILIO EsT1Ú, op. cit., pág 31.
8. M.-.uruCJ?; MERLEAo-PoNTY, op. cit., (E,c.ist. y Mane.), pág. 20.
9. F. J. J. BuYTENDJJK, La Mujer. Naturaleza-Apariencia-Existtmcia. Traducción
del alemán por FERNA-NDO VE.LA. Revista de Occidente, Madrid, 1955, pág. 46 .
JO. ALPHONSE DE WAELKENS, ob. &amp;it., pág. 20.
11. Nota: una documentada relación de la historia del descubrimiento y la investiga•
ción del Inconsciente se encuentra en: JEAN-C. F1LLOUX, El Tnconscient11, Salval
Editores, S. A. Barcelona Madrid-Buenos Aires, Colecci6n Surco impreso en
España. la. edición en español, 1953. Traduc. de J-E. CtRLOT.
12. Iaoa A. CAR uso, Análisis Pslquico y Síntesis Existencial, traduc. del :ilemán por
PEDRO MesEGUER, S. J. Editorial Herder, Barcelona, 1954, pág. 220.
13. DR. Osw11,Loo Ronu:s, Freud a Distancia, Jus, México, 1955, pág. 166.
!4. KAR.L JASPERS, La razón y sus tnemigos en 11uutl'o tiempo, traduc. del alemán
de LucÍA PmssEK PREBlSCH, Biblioteca de Filosofla, Editorial Sudamericana, 1953,
pág. 24.
15. Da. B.ADOUJN, en un artículo: "Reflex. sóbre la discc.". En el libro: Ptcado,
Can/esión, Psicoanálisis. Desclée de Brouwer. 1956. Gráficas González, Madrid.
pág. 136.
16. JACQUEs MAR1TA!N, Cuatro Ensayos sobu el esplritu en su condici6n carnal. T~aduc.
de EocENIO S. MELO. Ediciones Dcsclée de Brouwer, Buenos Aires, 1944 pág. 51.
17. RoLAND DALJllEZ, El MI todo Psicoanalitico y la Doctrina Freudiana. De!clée de

136

Econ6mica, México-Buenos Aires, traduc. del alemán por CARLOS Sn.vA, Méxiro,
1950, pig. 13.
20. Icoa CAauso, Psicoterapia y Valores Existenciales, op. cit., ( l), pág. 105.
21. JuAN Lu1s SEOUNDo, S. J., Existencialismo, Filoso/la y Poesla, Espasa-Calpe Mexicana, S. A. México, 1948, pág. 49.
22. EuoENE M!NKOWSKI, articulo Psychiatrie et Philosophie, en la Revista: Medicine
de France, Número 99, MCMLIX, Oliver Perrin, Editeur París, págs. 3 a 9.

137

�LA NACIONALIDAD MEXICANA
Lic.

ALBERTO GARCÍA GóMEZ
Universidad de Nuevo León

INTRODUCCIÓN

Es DE OBSERVARSE que en nuestro medio -por lamentable omisión- el estudio de la nacionalidad mexicana no ha sido atendido,
ni suficiente ni adecuadamente, pese a que ya es una exigencia natural, atendiendo a los altos niveles de progreso que nuestro país
ha alcanzado en múltiples aspectos.
Hácese necesario reconocer, no obstante,. los atisbos, los trabajos
meritorios y aun los estudios de valor innegable que han sido elaborados en tomo a este tema -ciertamente escasos- , sólo que
sus autores han hecho, más que un estudio específico, un comentario a la Ley de Nacionalidad y Naturalización, como así es dable
verlo en las publicaciones relativas, las que, si bien son de utilidad
práctica, no resuelven las grandes interrogaciones que la nacionalidad formula.
Debemos, también, aclarar que no pretendemos que estos breves apuntamientos constituyan la última palabra sobre un tema
de tan significativa importancia, o que esté dirigido a la elaboración de una posible filosofía de la nacionalidad mexicana - lo
que será objeto de trabajos futuros-, en la actitud de que nos
habla Antonio Gómez Robledo, de "buscar el 'ser' debajo de las
apariencias". 1
' Idea y Experiencia de América,

A N TOi-10 GÓMFZ ROBLEDO,

p. 11.

139

�Por ahora, nuestra modesta aportación y deseo van dirigidos
a los estudiosos y amantes de lo mexicano, si atendemos a que un
gran número de nuestros intelectuales -a. q~ienes c~rres~o~dededican sus inteligencias y esfuerzos a obJet1vos de mteres md~dable en todos los campos del saber, pero lamentablemente omiten, pese a la cercanía a nosotros mismos, _eJ tema vital de ~uestra nacionalidad, para que aquellos con meJores luces y capacidad
promuevan y realicen su investigación y estudio, contribuyendo
así a alcanzar su verdadero conocimiento.
De su conocimiento y comprensión dependen grandes posibilidades en lo porvenir, no para los fines de un exaltado y negativo
nacionalismo, sino para la unión, fortalecimiento y elevación de
la familia mexicana.
La nacionalidad mexicana, constituye, a no dudarlo, un tema
complejo y apasionante y como tal, difícil de en;e~derse ~l. ~rimer
impulso, cuya génesis y evolución ha tenido múluples vic1S1tudes
y en no pocos aspectos, una incomprensión e indiferencia que han
obstaculizado el penetrar en su contenido. De aquí, la necesidad
de adoptar una actitud ponderada par~ tocar los diversos aspe~tos que el tema encierra, como, por eJemplo, ante la presenc1~
de las corrientes del Indigenismo y del Hispanismo, que en posiciones ideológicas opuestas y sin la debida mesura, han contribuído a crear el problema interpretativo, atribuyéndose para sí
las glorias de los grandes hechos, así como la que pueda corresponder a los diversos personajes que -~parecen e_n la _escena de
nuestra historia y contribuyendo tamb1en a la existencia de prejuicios.

.a) Nación y nacionalidad.
La nacionalidad -como predicado de nación- es una realidad ontológica que fundamentalmente tiene dos aspectos: el sociológico y el jurídico. Los tratadistas la aceptan unifo~~~ente como "un lazo o vínculo político y jurídico que une al md1viduo con
el Estado", sólo que esta cuasi definición no nos explica el rico

contenido que la misma encierra, por lo que hemos creído conveniente citar a las más autorizadas opiniones en relación con
e1 tema que nos ocupa, con objeto de facilitar -posteriormentela comprensión de la nacionalidad mexicana.
Recaséns Siches estima que "la Nación, elemento básico de la
nacionalidad en el sentido en que hoy empleamos esta palabra,
es una formación social moderna. Aunque el hombre es conocido
desde antiguo, hasta entrada la Edad Moderna, no se formó ninguna estructura nacional en el sentido que hoy damos a esa expresión. Pero, en cambio, antes de que se formaran las modernas
nacionalidades, encontrarnos comunidades, las cuales desempeñaron un papel parecido al que hoy corresponde a la Nación en los
pueblos adelantados, y las cuales, aunque con características diferentes venían en el fondo, a significar algo parecido a lo que la
Nación hubo de significar después; así, por ejemplo, la tribu, las
confederaciones de tribus, la ciudad-estado de la Antigüedad clásica, etc." 2
Sin embargo, ya el Derecho Romano distinguía entre la "natio"
(grupo sociológicamente formado) y el "populus", o sea la agrupación organizada por el Derecho. Tales conceptos han tenido su
evolución natural a través de la historia.
Dice Max Weber que "es difícil dar una definición ~voca de
nación, que cubra todas las realidades empíricas a que suele aplicarse este nombre. Observa, asimismo, que hay una gran indecisión
en cuanto al empleo de la palabra. Pero, P9r otra parte, ocurre
que por debajo de todas las variedades sociales designadas como
Naciones y aún de las diferencias de sentido de ese vocablo se
'
destaca indudablemente siempre un significado común: "la posición de ciertos grupos humanos de un sentimiento específico de
solidaridad interna frente a otros grupos humanos". 3
Observa Agustín Basave Fernández del Valle, que la "voz nación proviene de una raíz latina y brota en el mundo culto, de una
~ REcASÉNS S1cHES,
' MAX WEBER,

Tratado dt Sociolog!a, p. 451.
Economla y Socieda.d, t. IV. Fondo de Cultura Económicll, p. 454.

141
140

�Universidad medieval para designar un grupo de estudiant · de
origen &lt;:omún".
Mancini -cronológicamente uno de los primeros teóricos de
la nacionalidad-, sostuvo que la ación es "una sociedad natural
de hombres, creada por la unidad de territorio, de costumbres
y de idioma, formada por una comunidad de vida y de conciencia social". En su opinión correspondía a las naciones y no a los
Estados -constituídos frecuentemente por el fraude y la violencia- la prerrogativa de ser elevadas a sujetos de derecho internacional. Los diversos factores que contribuyen a formar las naciones, fueron reducidas por Mancini a los siguientes:
a) Naturales ( territorio, raza, idioma).
b) Históricos ( tradiciones, costumbres, religión, leyes) .
e) Sicológicos ( la conciencia nacional) .
Con frecuencia se emplean las palabras nación y pueblo como
·inónimas.
Conviene distinguirlas en beneficio de la claridad científica.
Por nación se entiende un conjunto de hombres que, hablando la
misma lengua, se acomodan a las mismas costumbres y se hallan
dotados de las mismas cualidades morales, que los diferencian de
otros grupos de igual naturaleza. Estamos, pues, frente a un concepto sociológico. El pueblo, en cambio, es un concepto político.
Significa un conglomerado humano unido por un vínculo de sociedad para ayudarse mutuamente en orden a un fin político. Podría deducir e que una nación se halla destinada a constituir un
olo Estado formando una unidad indivisible; mas la deducción no
sería exacta por cuanto ia historia antigua y la historia contemporánea registran de consuno, naciones fragmentada en cliveros Estados.
Tampoco cabe confundir la nación -aclara- con la raza. E te último concepto entra dentro del ámbito psicobiológico. En
una misma raza se suelen dar diversas naciones con u os y gusto
antitéticos, o por lo menos, desemejante . Baste citar, por ejem142

plo, la disparidad existente entre el carácter soñador e idealista
del alemán y el carácter práctico y activo del inglé , pese a su
común cepa germánica.
Un pueblo es una nación en cuanto es uno frente a otros, "otro"
en lo universal. El concepto sociológico de la Nación como singularidad de existencia histórica reposa sobre pivotes de la cohesión e individualidad del grupo social que le constituye como
apto para darse un orden político-autónomo.
Renán desecha las teorías naturalistas de la nacionalidad porque pronto se da cuenta que la raza, la sangre, el territorio y el idioma no bastan a explicar los contenidos trascendentales de la nacionalidad. "Una ación -dice el filó ofo francé - es un plebiscito cotidiano,,. ¿ Sobre qué objeto recae ese acto espiritual
colectivo de adhesión?, para Renán no puede ser otro que el pretérito, la historia nacional, "un pa ado de glorias y de remordimientos".
Para el filósofo José Ortega y Gasset, la ación es: "primero
un proyecto de convivencia total en una empresa común; segundo,
la adhesión de los hombres a ese proyecto incitativo" .
Manuel García Morente señala los errores fundamentales de
estas dos tesis y propone a su vez una nueva que superaría a las
anteriores. La adhesión plebiscitaria al pasado no tendría eficacia ni virtualidad histórica, viva y ·activa - sería un mero romanticismo contemplativo---, si no fuera completada por la adhesión
a un proyecto de ulterior vida común. Ma · por otra parte un
proyecto cualquiera de futuro no va a recibir, por el solo hecho
de ser proyecto futuro, la adhesión plebiscitaria d los nacionales, si no tiene "cierto modo de ser". En real.i dad la nación no es,
pues, el acto de adherir, sino a lo que nos adherimos. Por encima de la pluralidad de instantes en el tiempo, hay algo que liga pasado, presente y futuro, en una unidad de ser, en una homogeneidad de esencia. Ahora bien, e a homogeneidad no tien
realmente más que un nombre: estilo. na nación es un estilo;
un estilo de vida colectiva. Y estilo es e a rúbrica de nuestro más
íntimo y auténtico ser moral; en el fondo de cada estilo indivi143
RIO

�dual está latente y actuante un e tilo colectivo. He aquí entonces
la nación.
o es un mero azar el hecho de que exista una idea española
de ación, i se pien a que España ha sido en la historia el primer
tado nacional. E ta idea española de "nación", tiene una
erie de expre iones entre las que seleccionaremos unas cuantas.
o nos detendremos a examinar las definiciones de los erudito
del iglo de Oro - ebrija, Covarrubias y Alonso de Placenciani la teorías de las diferencias nacionales de Gracián, de Saavedra y de Feijóo, porque desgraciadamente no disponemos del espacio requerido.
La doctrina católica de la solidaridad le sirve a Donoso Cortés para construir su concepto de ación. "El principio de la
identidad nacional -dice Donoso- no ignifica nada o significa que hay comunidad de mérito, y demérito, de glorias y desastres, de talentos y aptitudes entre las generaciones pasadas y
las presentes, entre las presentes y las futuras". Hay un destino
histórico nacional del cual respondemos por solidaridad en lo
tres tiempos.
n ilu trc contemporáneo, en una fórmula feliz, breve y contundente, di jo hace unos pocos años: una nación es "una unidad
de de tino en lo universal". Frente a la di gregación del particularismo naturalismo se afirma la sub tancia del pasado y el porvenir alentado en una empresa. La nación no es un contrato rescindible, sino una función irrevocable, pero que como entidad
histórica necesita un continuo derramar de simiente en los surcos
del destino nacional"."E conveniente citar por último, dentro de la diversas corrientes del pensamiento moderno sobre nuestro tema la doctrina francesa, la que ha venido tratando ampliamente la llamada así por
dicha escuela, T oría de la acionalidad y que considera a la ación como "un fenómeno espiritual", en la expresión de su má
connotado positor Hauriou.
• BASAVE FERNÁNDEZ DEL VALLE ,
ousTfN, Teoría del Estado. Fundamentos de
Filosofia Polltica. Editorial Jus. México, 1955 pp. 75 y sigts.

144

Con objeto de obtener una má clara idea de nacionalidad,
conviene, pues, señalar con precisión a ambos conceptos: nación
y nacionalidad.
La nación tiene un conjunto de atributo a los que se les identifica erróneamente, al tratar de definír ele tales son --como inmediato - : el aspecto geográfico, la angre, el lenguaje, la cultura
aún el E tado como su expre ión jurídica el que neceariamente
di tinto de la nación.
Rccas 'ns Siches afirma que es necesario advertir que el contenido de la nación muchí imo má rico que el de Estado ... , "ya
que no
po ible enumerar la funciones de la nación, porque
la ación es una comunidad total o upraf uncional. En cambio
perf ctamente posible enumerar con toda pr cisión las funcione del E tado las cuale están definidas por el Derecho". 0
Por su parte J. T. Delo, uno de los má destacado tratadistas
en el tema qu no ocupa hablando de la relaciones entre la
nación y el Estado, expon un "principio dr armonía ' en la siguiente forma:
La relaciones entre la ación y el Estado --o, en términos
más enerales y exacto entre el orden político y el de nacionalidad-, plantean uno de lo problemas e enciales que nuestra
civilización tendrá que re ol er. i nu tros análisis sociológico
han roo trado que era impo ible identificar los dos órdenes, rectificando a í un error común en lo nacionalismos nacidos en el
siglo XIX, dejan ver por otra parte que hay entre ello una conexión ncce aria. El principio de esta conexión e el derecho. De
lo derechos del hombre brotan, de manera por lo demá diferente
lo Derechos del Ciudadano y los Derechos del Nacional. Ahora
bien -pro igue- la protección del der cho
una razón de er
dcl E tado.
La di tinción de la funciones del Estado y de la Nación sumini tra la regla teórica de sus relaciones. El Estado es el protector
• lbid, p. 461.

145

�de la vida privada de los individuos y de lo grupos; d taca lo
valores jurídicos y les da una expresión po itiva.
Si La Nacionalidad es para el Hombre un Patrimonio de valor,
si el cuadro nacional le suministra el medio que lo estabiliza y lo
educa, el Estado aparece como el garante de las instituciones
nacionales que sirven eficazmente la causa del hombre y de la
cultura.
El nacionalismo individuali ta y el nacionalismo totalitario, por
vías enteramente diferentes llegan a re ultado análogo obre un
punto: La Identificación de la Nación y del Estado.
¿ Cómo podría escapar al ambiente filosófico del siglo X III
la concepción de la nación? Sufrió más aún los efectos de esa
filosofía, que es más política que étnica, y que ve en la nación
la substancia in tema del Estado. 'La Soberanía reside esencialmente en la Nación", pero la soberanía es un poder de querer;
la voluntad nacional es la oberanía, y us atributo como los d
toda voluntad, son la libertad y la autonomía. La ación tá
personificada, por lo menos verbalmente, la oberanía que po e
es una propiedad subjetiva y una fuentr. de derecho. La influencia de Rou eau se añade a las influ ncias anteriores. . . Como
no hay derecho in sujeto se dota al conjunto de los ignatarios
del contrato social, titular del derecho subjetivo d soberanía de
la personalidad jurídica: esto es la Nación. El "yo común", la
"Voluntad General" de Rous eau, quedan así vaciado en el molde de la personalidad moral, y e llega al principio de la soberanía
nacional. . . según el cual la obcranía en el E tado s como un
derecho subjetivo perteneciente a una per ona jurídica: La Nación". 6
Ahora bi n, la multiplicidad de concepto relativo a la nación,
tratando de explicar su contenido, tanto inmediato, como tr ~
cendental, es muy significativo. Ciertamente que podríamo conformamos con la definición proporcionada por la Sociología, ya
que para los fines de nuestro estudio, ésta resulta uficientement
• J. T . DELOS,
146

La Nación; V. II, p. 21.

válida y es indi pen able para lo mismos tomar un punto de partida para tratar lo relativo a la nacionalidad.
Aunque no e el problema de la nación el que constituy la
meta central de nuestro trabajo, creemo conveniente señalar los
aspecto sociológico , jurídicos y políticos, que encierra dicho término en sus diver as interpretaciones, las que han evolucionado
n el tiempo y en los diversos conjuntos humanos que proceden de
dj tinto origen o de circunstancias que permitieron su nacimiento
y volución.
Si, como hemo visto diversos autores hablan de la nación inglesa, o bien de la e pañola, singularizándolas, esto revela que estas
agrupaciones nacional tienen características que las hacen di tintas una de otras si bien, éstas -sociológicamente hablandopodemo con id radas como generales y con tantes. Conviene, sin
embargo, el que nos hayamos detenido a analizar aspectos varios
i tomamos en cuenta la estrecha relación que hay de nación a
nacionalidad, estimando que con lo expuesto por los tratadi tas citados, ha quedado debidamente aclarado, in extenso, lo relativo
a la nación.

b) La Nacionalidad.
De la observación de los elementos que componen a la nación
e llega a conclu iones que nos aproximan más al concepto de
nacionalidad, lo que nos permite adentramos en esa compleja r alidad.
imo que la agrupación humana concebida como nación encierra el mento que considcramo como generales y constantes en su
formación y existencia. Esa agrupación -con las excepciones naturales- está contenida en un territorio, geográficamente determinado. Esto no significa que el elemento geográfico determine a
una nación, como así lo expresa Ortega y Gasset, cuando no habla del "mistici mo geográfico de las fronteras naturales", quien
so tiene que "la naturalidad" de las fronteras es meramente relati a. Depende de los medios económicos y bélicos de la época.
147

�"Considerando a la ubicación geográfica como un medio material para asegurar la unidad' . 7
Es cierto que las fronteras e diluyen, si analizamos, por ejemplo, un mapa anterior a las dos guerras mundiales y· lo confrontamos con uno actual; pero no lo es menos que la nación, en a
otra de sus constantes generales, no e concibe in un territorio
que la encuadre.
Para los sociólogos la influencia de lo telúrico e important en
muchos aspectos sobre los habitantes de un lugar determinado.
En tal sentido lo confirma la autorizada opinión de Reca éns iches, cuando dice: "Por otra parte, los ra gos completos del paiaje, unos articulados con los otro tienen en ocasiones ef ctos obre el carácter de sus habitantes dan a ésta peculiar matic ; y,
así pu den en alguno casos -no en todos ni siempre- convertire en un factor del sentimiento nacional. Claro que la influencia
de estos factores se produce con mayor medida sobre la formación
del sentimiento regional o comarcal". 8
Con razón Ruara Parella ha escrito que "cualquier pérdida de
territorio por pequeña que ea y toda intromisión de otra nación
dentro del propio suelo nacional son sentidas como amputación del
alma". 9
Actualmente no e acepta el concepto de la raza como determinante de una nacionalidad.
"El antropólogo y penador norteamericano
hley Montagu
-citado por Recaséns Siches- observa que la idea común de raza
representa uno de los errores más peligrosos de nuc tro tiempos
y uno de los más trágicos en sus consecuencias. Casi todo el mundo
parece dar por supuesto que abe lo que la palabra "raza ignifica,
y que la ciencia desde hace mucho tiempo probó la existencia de
diferencias fí icas y p íquicas muy importantes, entre las llamadas razas. Ni lo uno ni lo otro es verdad.
Al examinar esta cuestión de cerca, e advierte que no
fácil
' Lurs R11cAsÉNs Srce11s, Tratado de Sociologfo, p. 456.
• Lurs R11CAsÉNs S1ca11s, Tratado d, Sociologln, p. 457.

• Idem, 456.

148

cla ificar la humanidad en razas rigurosamente diferenciadas, y
muchísimo menos atribuir diferentes capacidades mentales a las
variedades llamada razas. La cuestión de la superioridad de una
determinada raza sobre las demás no ha ido nunca examinada
científicamente, ni mucho menos ha sido probada jamás.
En el lenguaje común se uele confundir lo que más o meno
vagamente se apunta como caracteres raciales físicos ( color de la
piel, forma del cráneo, clase de cabello etc.) con el concepto de
pueblo (los latinos los germanos, los chino , etc.) que no denota
un producto de la naturaleza, sino una configuración cultural moldeada por la historia". 10
Sin embargo, cabe notar que aunque el concepto de raza no es
definiti o, sí constituye un elemento que debe ser considerado en
la apreciación de la nacionalidad. Lejos de no otro está el falso
concepto de la "pureza" de angre que ha servido de bandera a
políticos con prop6 itos inconfesables. La sangre que se tran mit
de generación en generación, constituye a no dudarlo, un elemento
de importancia.
Finalmente, Recaséns Siches, advierte qu "con muchísima frecuencia e incurre en la crasa equivocación de confundir el concepto de raza --que, por otra parte, se ha visto que ha fracasado
desde el punto de vista científico con el del pueblo o nación. El
pueblo y la nación son realidades sociológicas, formadas en la hi toria ... la nación constituye un especial grupo social determinado
por múltiples factores- ca i todos ellos humanos, históricos entre los cuales acaso el principal sea la conciencia de una especial
solidaridad activa, ya que ni sigui ra se puede definir la nación
por la lengua, ni por la cultura solamente. Pero aquí importa destacar el hecho de que las llamadas nacionalidades europea ( españoles, italianos, frances s, ingleses, alemanes, suecos, daneses, noruegos, polacos rusos, etc.) y americana ( estadounidense , mexicanos, guatemalteco , colombiano , brasileño , argentinos, etc. ) , no
representan de ninguna manera, en ah oluto, ni grupo ni subgrupos raciales en el sentido (relativo) antropológico.
• Ibid., pág. 287.

149

�"Los conceptos importantes para la Sociología son lo de: pueblo
nación círculo cultural '. 11
Estimamo que con la anterior exposición, necesaria para los propósitos de nu tro tema se ha logrado obtener una panorámica
ha tante ilu trativa obre la nación en la que se observan sus
principale elementos y característica .
Para lo fin de nuestro estudio tomaremo -por er la más
adecuada a nue tro juicio- la d finición que no proporciona
Mancini sobre la nación: " na ociedad natural de hombres a
quienc la unidad de territorio de origen de costumbres y de
lenguaje llevan a la comunidad de vida y de conciencia sociales".
Definición ésta -que alvo ligera varientes- se conserva en las
demá al presente, como en la que nos ofrece Jacques Maury, al
decir que la nación "es un conjunto de individuos que tienen un
alma Co ro y que desean seguir una suerte colectiva común,,. 12
Ahora bien, a todo miembro de esa agrupación social por razones de u propia supervivencia, así como de organización el
Der cho les ha otor ado una ituación jurídica determinada, que
e distinta para otro individuo que, por diversas circunstancias
no reúnen lo atributo
tablecidos para calificarlos como tales,
d donde nace un " tatus" , que el Derecho establece como la nacionalidad.
E dabl advertir por tanto, que la nacionalidad es: a) un
vínculo; b) una categoría i c) un patrimonio de valor y d) una
condición jurídica.
ínculo, en cuanto relaciona y une al indi iduo con una agrupación, ya sea en lo jurídico o en lo político; categoría, porque
el miembro es, dentro de esa agrupación nacional di tinto del que
no pertenece a ella en los término que la ley objetiva lo condiciona; es un patrimonio de valor, ya que el indi iduo-miembro participa y disfruta del goce ya por herencia -ya por transmisión- de un todo o conjunto de bienes de muy variada naturaleza
espiritual y material, los que se han venido formando y desarro-" lbid., pá.g. 287.
" Lic. EDUAJIDO TIUOUEROS, La Nacionalidad Mexicana. p. 23 .

liando en el transcurso histórico y, finalmente: repetimo , el derecho crea un "status' que otorga y confiere personalidad jurídica
n la adecuación de derechos y obljgaciones, como se ob erva en
lo ordenamiento constitucionale de los Estados. 18
E po iblc pue , tra ladar -con la naturales modificacion los elementos de nación a los de nacionalidad, si bien, siendo ésta
un predicado de aquélla resume y expre a una calidad especial
una categoría di tinta.
Por lo que respecta a Ja exactitud del concepto que afirma que
la nacionalidad e un vínculo político y jurídico que une al inclividuo con el Estado, vemos que, al meno , objetivamente e aceptable. Sin embargo, estimamo que sí es necesario estudiar la naturaleza y la compo oción propias de La nacionalidad en sus elemento , lo que ya hemo señalado con anterioridad, ya que eso
lemento hacen pcn:ni ibl la po 'bilidad de obtener resultados
muy valio o para el conocimiento verdadero del " er ' nacional.
El E tado -para el lo ro de sus propio fines itales- necesita
proteger la sustancia humana de que está compu to no solamente
desde el punto de vista de su propia supervivencia, sino en atención también a lo fines tra cendentales que le han ido encomendado , como por ejemplo el más importante de todos: el Bien
Común.
, _Cabe ~or~~ar la pregunta: ¿cómo e verifica ese vínculo pohoco y 1und1co que un al individuo con el E tado? Pod mos
decir que es una relación recíproca. El E tado necesita crear
determinar y prote er la calidad específica n que reconoce, o
bien otorg la nacionalidad en uso de lo derechos derivado de
su soberanía interna.
Reconoce y crea cuando é ta ( la nacionalidad) se origina por
un hecho, como lo es el nacimiento del individuo en el eno del
grupo social; o bien por la determinación en que considera la
~ngre de su progenitores; o bien por ambo , que es el i tema
mixto que e observa en nuestro país, por ejemplo, el "jus soli" y
'" En México, la Constituci6n Polltica de los E tados
parte r Jativa aJ capitulo "De los Mexicanos ... "

nidos Mexicanos, en su

151
150

�el "jus sanguini '. La otorga el E tado, cuando -en el upuesto
jurídico-- se satisfacen determinados requisitos legales, como acontece en el caso de la naturalización.
En el primer ca o, el individuo, queda r conocido e inve tido y,
por tanto, su per onalidad nacional, ti ne plenitud en el ámbito
jurídico y político de una agrupación nacional (E tado), a dif rencia del no-nacional o extranjero, cuya participación en la vida
estatal, jurídica y política, está limitada a círculos restringido
como uceae en las acti idadcs política entre otras, tal y como
se observa en las diver a lcgi lacion del mundo.
c) La N adonalidad Mexicana.
El tema de nu tra nacionalidad, como es natural puede ser
tomado de de diver os ángulo .
desemejanza de otro Estado
que la han utilizado para fines de política demagógica y de qu
a su sombra han tejido utiles, aunque no IPuy sólidas teorías la
ou tra reclama su estudio por razones vitales, ya que ha sido y
es una realidad su de conocimiento.
La objetivización jurídica de Ja nacionalidad mexicana encuentra su consagración en nu tro Derecho aspecto que no coosideramo en este capítulo ya ci.ue lo fue brevemente tratado en el anterior, aunqu sin desconocer que constituye su fuente inmediata
-al meno en lo jurídico-, i bien, ésta resultaría insuficiente para la completa explanación de su cont nido, por lo que hemo
creído con eniente hacer primero un análi is sociológico, principalmente, para u·atar de comprender u totalidad o al meno
aproximarnos a ella.
Hemos tomado al azar la opinión de dos di tintos pensadores,
que, aunque no han profundizado en el tema, lo han tocado, siendo posible considerarlas como la expresión de un sentir mexicano
en gen ral. ólo en cuanto a e aspecto -como expresiónque las tomamo , ya que verificar su certeza en lo que pueda referir e a otro ordenes, como los históricos o sociológicos, por ejemplo, nos alejaría de nuestro propósito.

La primera de estas opinion

afirma que: "México es todavía
un semillero de naciones en el sentido sociológico de la palabra,
aunque ellas aparezcan formando un sólo E tado". 14 La egunda,
de actualidad reciente, nos dice ... '' que los tiempo van carnbiendo. Nos hemos convencido de que el concepto de "nación"
seguirá siendo entre nosotros un valor que ira en el vacío mientras nos empeñamo en dividimo , habida cuenta de que la nacionalidad es vinculación de ideales e intereses comune ". 10
En realidad, el concepto, no digamos vulgar, del « er,, del mexicano, como tal, e capa a los propios mexicanos, si atendemos a
un cúmulo de causas, ya sean circunstanciales o hi tóricas, no olamente por lo que atañe a nuestras clase intelectuales, que sólo
en casos de notoria singularidad han tratado alguno a pecto del
mexicano como por ejemplo, de nuestro Llamado "complejo de
inferioridad' y de otras característica más o menos acertadas, sino
a todas las capas sociales que integran a la nación, por razone
que on fáciles de advertir. La elocuencia de nuestra historia de
'
nuestra verdadera historia, es significativa y aleccionadora.
Pese al esfuerzo de algunos pensadores -en la época actual
sobresale el maestro Sarnuel Ramos-, sin embargo, no no han
dicho en qué consiste e e "ser", esa compleja composición; no
tanto por la dificultad de su aprehen ión -en el caso supuesto
de que pudiera definír ele-, sino más bien, por la ostensible
indiferencia y "escapismo ' que nuestra intelectualidad ha mo trado a los grandes temas de lo mexicano.
Los "pensadores patriotas'\ a que se refiere el filó ofo norteamericano, Patrick Romanell en su obra 16 -pocos, ciertamente¡ se han ocupado de "contemplar el universo desde el punto de
vista mexicano" lo han hecho más por imperativos políticos, que
filosóficos o de otra índole.
El Doctor Mora -José Luis María Mora-, que indudable,. JosÉ CASTILLO ToRRE, CITADO POR. ScBAR.UIAN EN M,xico, Tierra de Volcanes,.

p. 12.
"

FERNANDO DIEZ DE UaoANIVIA ;

La Unidad Nacional.

Novedades. 30 de julio-

de 1959.
11

PATRICK RoMANBLL;

Making of Muican Mind, pág. 25.

153,

152

�mente fue el más notable, no solamente de su tiempo, se ve a~ectado, en su obra desgraciadamente, por la m~reas _de las co~ne~tes
políticas, si bien constituye la primera y_mas valiosa contnbuc16n
-a la causa de la mexicanidad. Igual actitud puede ser o~~ervada
en lo que se refiere a los llamados ideólogos de la_ Revoluoon -en
la época contemporánea-, los maestros Antonio Caso y el _recientemente desaparecido, José Vasconcelos, sobre todo _en ~ste
último, para quien el "leit motiv" o nervio motor, lo constituyo la
política preponderantemente.
. .
.
En parte es posible encontrar una ~plicac1~n a estas actitudes,
en primer término, por las circunstancias accidentadas del desenvolvimiento de nuestra nacionalidad, así como por su profundo
contenido, la que no puede estar apoyada en la traruit_oriedad de
los sacudimientos o cambios sociales, que si bien han deJado honda
huella en nuestra evolución, hay otros elementos, tanto en los aspectos humanos como en los espirituales, ~ue desde an~es, º. sea
desde el principio, han servido para dar ongen a la nac1onal1dad
mexicana.
Es por ello que la responsabilidad históric~ de al~os prohombres que figuran en los archivos de ~u_estra ~ida política, es ~a~e,
porque ante la responsabilidad poht1ca, ciertamente tra~S1to~a,
-sobre todo en México-- les quedaba, al menos, la obhgacion
moral de fortalecer la obra, que otros más dignos en el uso del po-der, habían realizado para bien de la nación.
Ahora bien, al no ser posible -en realidad, ha~lar de un~ ~ase
común, tanto espiritual, como material, que ~e:mita _la partiopaci6n de todos los miembros del grupo en ese vivir nacional, resulta,
_ pues, que se desconoce, no solamente el co~cepto de n_uestra nacionalidad, sino su contenido mismo, ~parecu~ndo el p~ero balbuceante, pese a que se le invoca con 1rreflex1va frecuen~1a, s?bre
todo en el aspecto político. Por lo que al hablar de la nac1omu~dad
mexicana, una vez que ya se ha analizado lo ref ere~te a su pnmer
.aspecto, veamos lo relativo a su condición de mexicana. .
Ser mexicano, es pertenecer a una comunidad que encierra. en
.sí, elementos, notas y características, tanto de naturaleza matenal,
154

como espiritual, que así la constituyen y que la distinguen de otras
nacionalidades. ¿Bastaría acaso con decir que un individuo es mexicano -en su plenitud- por el hecho biológico de haber nacido
en México?, como así nos lo explica el precepto legal que consagra
nuestro derecho y que mencionábamos al iniciar este capítulo.
Para el filósofo norteamericano, ya citado, la situación es colocar al mexicano en posición de "contemplar el universo desde un
punto de vista mexicano,,= s6lo que habría que ubicar "ese punto
de vista mexicano", conocerlo, o para mayor precisión, formular la
pregunta: ¿ qué es lo mexicano?, lo que constituye la radicación del
problema.
Cuando hablábamos con anterioridad de una base común o bien
de una conciencia nacional, esto sería suponer que se contaba de
antemano con una conciencia común del "ser" del mexicano, que
es lo que reclama nuestra atención.
Tener, por tanto, una conciencia nacional, supone sentir, saber
y comprender, lo relativo a una personalidad propia y, por lo mismo, distinta a otras -como individualidad y como nación- no
solamente por el hecho físico del nacimiento, sino por la participación y convivencia en un todo generador de valores y de vivencias de carácter fundamentalmente espiritual en el presente,
las que, a su vez, provienen de un pasado que encierra la tradición
histórica en todos los órdenes, como lo son: el jurídico, el social
mismo, el económico, el religioso, el lingüístico, etc., y con una
proyección lógica de futuro. La naturaleza de México, pues, como nación, refleja su propia personalidad, su "ser", en el que, si
bien es posible encontrar características más o menos generales
-de tipo sociológico- revela su indudable individualidad.
Establecido Jo anterior, pasaremos al estudio concreto que haga posible un conocimiento de nuestra nacionalidad, siguiendo un
criterio de acuerdo con los elementos que la forman.
Hemos dicho en anterior ocasión, que la fundamentación de la
nacionalidad con propósitos de índole solamente política, distorsiona la realidad sociológica de una nacionalidad, ya que cualquiera metavaloración de sus elementos resulta insubstancial y de155

�magógica. La encilla elocuencia de la historia e impone sobre el
mito o las "obra '' de e critorcs oportuni ta , que atribuyen a sus
nacione "destino ' de dominación mundial o ueñan en quiméricas epop yas, que, a la postr , resultan menguadas triquiñuelas
para de pojar a pueblos débiles.
uestra historia es dolorosa, porque es la lucha de un pueblo
n la forja de sí mismo, contra adver idades de dentro y de fuera
pero que no e encuentra animada de "misiones" extraterrenas o
extraterritoriales, tan caras a dictadores.
olviendo a nuestro tema, e de oh ervarse que en el estudio
de los elementos que integran a la nacionalidad podemo encontrar un denominador constante que singulariza su contenido:
la comunidad. Comunidad en lo espiritual y en lo material.
Por lo que, en nu tro concepto, si aplicamo la idea de comunidad a la realidad ocio-histórica de México, ¿ hasta qué punto
es de observarse esa comunidad en lo diver os órdenes o instituciones de nuestro er nacional que nos permita determinar la nacionalidad mexicana? Creemos que es en la hi toria de nuestras
Constituciones en donde
po ible encontrar la contestación.
certadamentc apunta el constitucionali ta, Lle. Felipe de Jesús
Tena Ramírcz que "nuestras Constituciones on el complejo más
íntimo que tiene México''.
Separando - para los fines a estudio- la naturaleza jurídica
de toda obra con tituciorial, nos intere a, como ya hemos dicho
en forma preponderante, el contenido . ociológico que indudablemente opera n la mi ma, atendiendo a que en tal sentido la Constitución Política es la realización de un "querer see', la cristalización d ideales, a piracione y anhelo , o bien, el triunfo de una
doctrina que una nación adopta con iderándola adecuada para
un momento histórico determinado. A su vez el Lic. Jesús Ruiz
de Chá ez, refiriéndose a este punto, ha escrito recientemente:
" na política in facciones sin ismo ideológicos que fragmenten
nuestra mexicanidad en sectores opuestos, tal es el espíritu de
nuestras Constituciones, de nuestra vida cívica y de nuestro estilo
de con iveneia nacional".

Es, en efecto, en las Constituciones de nuestro país en donde
e puede abrevar y juzgar, desde su altura -aplicando el elemento fundamental de comunidad y no olvidando lo que el poder político igrufica- hasta qué punto hemo realizado nuestra
nacionalidad, por lo que es conveniente asomar e para el caso
y aunque ello sea someramente, por ejemplo, en lo a pectos históricos y sociológicos que nos presenta la Constitución Politica de
1857, indudablemente una de las más importantes en la hi toria
Constitucional de México, sin que nuestra actitud se interprete
como un examen crítico, o bien, el ' remontar e en el río tumultuoso de los acontecimientos político '.
Resulta, por demás, interesante, conocer ciertos pa ajes en la
formación y discusión de dicha Carta Magna, lo que nos permiten oh ervar el juego de fuenas sociale y política , para percatamos de que su participación revela una comunidad, no una totalidad política, dentro del proce o gestorio de nuestra nacionalidad.
Consecuentemente, habría que analizar las corrient ideológicas
o doctrinales, ya que éstas son las que animan a la obra Constitucional.
En la Memoria de la Academia Nacional de Historia y Geografía, corre pondiente al Boletín número 4, aparecen unas "Consideraciones de carácter histórico sobre la Constitución de 1857 '
por el Académico, Lic. Desiderio Graue y Díaz González, quien
eñala: " í, i bien casi todos los historiadores imparciale están de acuerdo en que el Constituyente de 1856 reunió a los más
destacados miembros de la pequeña burguesía liberal (aquí aparece la corriente doctrinal política), que como clase dirigente y
dominante ( en el poder) se estimaban como los auténticos representantes del pueblo ( comunidad no totalidad), alguno escritore , como Percyra, niegan la legalidad de tales nombramiento, a virtud de la imposición que hacen al si tema de elección ya
citado. Otro como Molina Enríqu z, entusia ta panegirista de todo lo índigena, afirman que el Congreso estuvo muy distante de ser
electo realmente por el pueblo. Molina ostiene, que cada Con157

156

�gre o ha venido a ser una junta de las personalidades más notables del Partido que convoca y que éste de 1856, no era sino el
Congreso del elemento mestizo, muy débilmente contrapesado por
contadísimas unidades del elemento criollo ( aspecto étnico), tesis
que comparte Arrangoiz cuando irónicamente explicaba que esa
era la manera mexicana de legalizar un movimiento. Pero quizá
el juicio más extremista, lo emite Bulnes, pues dice que en el
Congreso no había, más que por excepción, propietarios territoriales, no había industriales, ni comerciante , ni representantes de
asociaciones obreras; en realidad, afirma, representaba a la burocracia, a la literatura y al apostolado político, a intereses políticos
más que sociales, abstractos y de ningún modo económicos. Justo
Sierra, asienta que si bien legalmente el Congreso era la representación oficial de la Nación, la realidad era otra, pues la Nación
rural no votaba; la urbana e industrial obedecía la consigna de
sus capataces o se abstenía también y el partido conservador tampoco fue a los comicios, por todo lo cual la nueva asamblea, sostiene Don Justo, representaba en realidad una minoría, no sólo
de los ciudadanos capaces de tener interés en los asuntos políticos.
sino de la opinión, y la opinión del grupo pensante se dividía entre los moderados, los militares y los clérigos, pues las nuevas
generaciones eran por lo general apasionadas de la Reforma y como ellas los veteranos del federalimo puro, formaban la parte
más activa de la sociedad, ésta fue la que formó el Congreso. Pero
Don Justo termina confesando que el Congreso répresentó "una
selección, como todas las grandes asambleas revolucionarias; era
una minoría como todas las asambleas reformistas; era un conjunto
de confesores de la nueva fe como todos los concilios llamados a
definir dogmas, si son eclesiásticos, o a definir ideales, si son laicos.
Por ello, no obstante todas las circunstancias y las críticas anteriormente expuestas, puede asegurarse que el Congreso Constituyente
de 1856, sí representaba con bastante fidelidad la opinión pública
de aquella época. Por eso podemos afirmar, con Garcia Granados: "que la fuerza del pueblo mexicano, que algunas veces duerme, pero que no muere sino con el pueblo, que entra en mayor

o en menor activida~ según las circunstancias, fue 1a que en un
~omento ~e. ,exaltación patriótica y liberal derrocó en Ayutla al
urano Y eli?w en 1856, sus representantes a un Congreso destina~º a consutuír a la Nación conforme a los principios democráticos".
Los antecedentes necesarios de la Constitución de 185 7 se remontan, .co~o es lógico, hasta la aparición de los primeros eventos constituc1onales, comprendidos a partir de la Independencia
los que, por su naturaleza y circunstancias históricas en que fue~
ron_ elaborados Y realizados, necesitan su investigación y estudio
aplicando el concepto de comunidad a cada uno de ellos par~
obt;ner las etapas de gestación de la nacionalidad mexican~, destacando~e, en ma~era especial, la influencia de las ideas, que c~mo la li,beral, deJa huella profunda en las instituciones políticas
como as1 veremos.
'
Inex~~~ablemente, el doctor Mora (José María Luis), nos da
una oplillon que es necesario atender de la situación relativa a la
Nueva Espa~a, .c,uando dice: "desde que apareció por segunda
vez la _Gonstzt~:.on Española en México, a mediados de 1820, se
en_ipezo a perc1 Ir en esta República, entonces Colonia, un sentirr:zento ~ago de cambios sociales, el cual no tardó en hacer prosélitos,
. . ,mas
, por
. moda y espíritu de novedad ( ;&gt;)
. , que por una conviccion mtlilla de sus ventajas que no se podían conocer, de sus
r:5ultados q~e. t~mpoco se podían apreciar. Este sentimiento déb~l en su prmc1p10, comenzó a ser contrariado por una resistencia
bien ~oderosa de aquella época, que combinada con otras causas
produjo la Inde?e~dencia .. Efectuada ésta, nada se omitió para
c?ntener el movmuento social y la tendencia a los cambios políticos que empezaba a ser más viva, pero que no salía todavía de
la esfera de un deseo" (México y sus Revoluciones. Librería de
Rosa. París, 183 7) .
•
La explicación al criterio sustentado por el doctor Mora no
Ia proporciona_
.
'
s
e1 L'
. 1c. ~anue~ Ramírez Arriaga, quien en documenta~o estudio dice: RecoJamos la valiosa aunque somera observac1on de Mora: 'Desde que apareció por segunda vez en 1820
159

158

all

�la Constitución de Cádiz, e comenzó a sentir en México un sentimiento vago de cambios sociales.. .' n
.
Don Gregorio Torres Quintero, en su biografía de Mora, se mterroua: · es po ible que ideas tan radicales como las de Mora naº' en e:México y se propagaran baJo
• el d om1mo
. . espano
- !?U
cieran
. y se
contesta: "Bueno es recordar, para responder a esta pregunta,
que las cortes españolas o sea el Congreso ~pañol habi~ expedido en 1812, una Constitución que era eminentemente l~beral
y la cual se mandó observar en la Nueva España. Pues bien, a
la sombra de aquella Constitución y en 1813, nació en México un
Partido que se llamó Escocés y que tenia por objeto sostener los
principios liberales de dicha Constitución relativos al sistema representativo y a las reformas del clero".
.
Mas ninguno, ni :Mora ni Torres Quintero, explican en plerutud la influencia de la Constitución Española de 1812 para gestar la reforma en México.
No sólo sentimiento vago de reformas sociales emana de la Constitución de 12 como quiere Mora, ni únicamente los principios
,
del sistema representativo y de la reforma de la clerecia, como
pretende Torres Quintero, ino la mayor y mejor parte de_ la reforma en México y desde luego, el ideario, la Marcha Política del
Progreso de Mora.
.
.
Para terminar, c;Iebemos confesar qu el estudio apasionante de nuestra nacionalidad, no puede delimitarse en la brevedad
de estos apuntamientos, renovando nuestro deseo de que mej&lt;r
res plumas se ocupen de ella y se logre elaborar una Teoría de .
la Nacionalidad Mexicana que satisfaga debidamente dos fundamentales cue tiones:
En qué con iste y cómo es.
)

160

SANTO TOMAS DE AQUINO
Y EL PENSAMIENTO
DE NUESTRO TIEMPO

Lic. MA UEL ME DOZA S.
Irutituto TeCDol6gico y de E1tudi01 Superioru
de Monterrey
l. Su

VIDA

de Santo Tomás de Aquino el año de
124-5 en el momento que bien pudiera señalarse como fecha d
su nacimiento a la vida de abio y a la vocación de santo.
E de todos conocida la historia sucedida entonces.
ecuestrado por indicaciones de u propia madre, que se oponía a que vi tiera el hábito de lo, hermano predicadores, Tomás
d Aquino fue pri ionero un año en J palacio de su familia. Ahí
fue donde tuvo que decidir, probablemente, el destino de su vida,
re i tiendo toda da de tentaciones que se tramaron en su contra.
Ve.int años tenía el hermano Tomás cuando hubo de defender, en Ja cárcel su hábito dominicano y su vocación intelectual
e inicia entonces en la filosofía, escribiendo para sus antiguos
condi cipulos de la Facultad de Arte de Nápoles dos obras d
Lógica intituladas Las Proposiciones Modales y Las Falacias. Tal
fue u primer paso en el camino de la sabiduría.
Ma 1 camino de la santidad tuvo que empezarlo también con
una prueba cruel y dura por venir de quienes venía: los propios
hermano cuenta su biógrafo, Je llevaron a su prisión "a una joEMPEZARE 10s LA HISTORIA

161

�ven y hermosa niña aderezada con todos los encantos de la galantería".
Se apoderó Tomás de un tizón encendido, puso a la niña en fuga y trazó sobre la puerta, con ceniza del tizón, una señal de la
cruz. Desde entonces fue liberado, por especial gracia divina, de
toda tentación corporal.
Ahora bien, lo que hace más maravilloso aún tal milagro, no
ólo es la liberación de las pasiones o más bien el dominio sobre
ellas, sino el haberle mi teriosamente donado, con la viril madurez
de un hombre que no necesitó la dolorosa enseñanza de la experiencia, un alma sencilla con la inocencia de un niño. El confeor que lo auxilió en sus últimos momento pudo decir: " cabo
de escuchar la confesión de un niño de 5 año ".
El itinerario espiritual de Tomás, séptimo hijo de los condes
de Aquino, nacido a fines de 1225 en el palacio de Rocca~eca,
cerca de Nápoles, podría decirse precisamente que comienza hacia esos 5 años de edad, cuando sus padres lo dejan en el monasterio de Montecasino al amoroso cuidado de su tío Sinibaldo abad
de ese convento benedictino, en el que permanece hasta entrado
los 15 años.
Por azares políticos de su familia, es enviado después a la Facultad de Artes de ápoles, donde conoce y trata con intimidad
a los dominicos que acababan de abrir una escuela pública de
Teología. En ese lugar encuentra el feliz término y fin de u itinerario: se encuentra a sí mismo.
Contra la voluntad de su madre y hermanos -su padre el conde Landulfo de Aquino había ya muerto--, Tomá recibe el hábito de lo religio os dominicos, siendo que todos lo querían ver
como abad ben dictino en sucesión de su tío Sinibaldo. Toma el
hábito, pue , de Santo Domingo en 1244, y es el año siguiente cuando lo hallamos en la prisión de su palacio de Rocca eca.
Escapado de ahí, se dirige a París y termina su noviciado en el
convento de Saint Jacques, donde enseñaba por entone el teólogo
Alberto Magno. Lo toma a su cargo este ilustre maestro y el "Buey

mudo,,, como lo apodan sus condiscípulo , va pronto a dejar oír
us mugidos por todo el orbe, como profetiza su maestro.

2. Su

TIEMPO

El convento de Saint Jacques, anexo a la ya famosa Universidad
de París, se hallaba situado en las montañas de Santa Genoveva,
un lugar propicio para la meditación y el estudio. En ese mismo
lugar, donde Tomás se hace teólogo, empieza u enseñanza de las
sagradas escrituras una ez que recibe el cargo de "bachiller bíblico". Dos años después, con el título de "bachiller sentenciario"
inicia sus comentarios a las entencias de escritores y padres de
la Iglesia. Finalmente, en 1256, a los 31 años de edad -4 antes
de los requerido para ser maestro universitario- recibe del canciller Heimerico de la Iglesia de otre Dame, y en nombre del
Papa, su "Licentia Docendi,, o Licencia de enseñar Teología en
la Universidad.
En su libro El doctor angélico el tomista Jacques Maritain obseiva cómo lo términos de "Licenciado", "Ma tro'' o "Doctor'
en Teología, no nos e ocan ahora sino un título cualquiera, como
tantos otros "honores de papel", o si acaso -pero esto para los
pueblos de cierta frivolidad decorativa en la vida cultural-, algo semejante a una figura con birrete el día de "graduación".
Somos incapaces realmente de ~ber, en nuestro tiempo sin
alores, lo que era y lo que valía en verdad para la Edad Media, el teólogo y el maestro.
El prestigio de un Tomás de Aquino o un Alberto Magno, a
los cuales dos su enemigo común el averroísta iger de Brabante
llamó "praecipui viri in philosophia", o sea los más esclarecidos
hombres de filosofía -ahora diríamos "nombres"-, no era sólo
fama de nombre, sino verdadero alor de autoridad.
No tenemos en la conciencia moderna la facultad de estimar el
valor de la autoridad moral o intelectual: ninguna doctrina tiene ya validez para nosotros por la sola autoridad de quien la en163

162

�seña, y con frecuencia menospreciamos neciamente una autoridad
moral y aun le cerramos la conciencia. De reos en lo moral pasamos gratis a jueces y aun, con ignorante audacia, criticamos sin
considerar ni menos conocer a fondo, el criterio y doctrina de un
verdadero juez intelectual. Pensemos, para esto último, en cualquier caso de censura o condena de alguna obra o autor modernos por parte de la Iglesia. Nos preguntamos: ¿Tiene ella la
suficiente autoridad intelectual para dictar tal sentencia?
La ingenua Edad Media tenía fe ciega en la Iglesia como urna
autoridad espiritual. Pero -hay que tenerlo bien presente-, si
crey6 ingenuamente en la Iglesia, nunca la Edad Media que conocemos creyó el Dogma ingenuamente. Siempre fue ' te apasionadamente discutido, aunque también, es cierto, fue siempre creído. En todo caso, el más hondo drama del hombre medieval fu
la inevitablemente doble necesidad de comprender racionalmente
y creer, por encima de la razón, para vivirlo ínt ro, el dogma
revelado.
Ahora podemos entender en Santo Tomás el porqué de sus dudas y vacilaciones en aceptar la delicada responsabilidad de un
cargo de maestro de teología. Iba a ser depositario de la misión
de engendrar sabiduría divina en la inteligencia de sus oyentes. Fray Tomás ruega a Dios llorando, dice Maritain, le conceda
los dones indispensables para ejercer el oficio de maestro, y eleva
su oración diciendo: "Señor, sálvame, pues la verdad d aparece
de entre los hijos de los hombres". En la tesis de su "Principium"
o lección inaugural de su magisterio avalado ya con la "Licentia
Pontificia Docendi" en la Universidad de París, no deja, a través
de las siguientes palabras, el principio que deb u tentar todo
magisterio :
"La verdad, dice, la comunica Dios por su propia virtud,
como riega El por sí mismo los campo . A El se debe atribuir el
fruto de los espíritus como se le atribuyen a El los fmto de las
montañas". Y así, desde la cátedra de la Universidad de Parí! ,
el maestro en Teología Tomás de Aquino empieza a difundir, con

proyección universal, más aún, con vigor sobrenatural, la luz que
efecúvamente puede iluminar en todo tiempo las inteligencias.

3. Su onRA:

UNA REVOLuc16

Hemos visto al santo y al teólogo; pero Tomás de Aquino no
sólo tiene, y cumple, la misión de edificar con el ejemplo de su
vida e iluminar el mundo ( católico y cri tiano) con la doctrina revelada. Santo Tomás es -desde luego- un hombre y un filósofo.
Tomás de Aquino es -con toda la palabra- un hombre; un
verdadero hombre de su tiempo que tiene que enfrentarse a sus
circunstancias y tiene que luchar a contracorriente en muchas ocasiones. No es hombre de su época por haber vivido en el convento, que
la vida más "medieval ', diríamos; ni por haber
escrito en latín, que es el lenguaje de su siglo; ni aun por haber
compuesto Summas de Teología, de acuerdo con su época.
No se puede estar absolutamente de acuerdo con la época que
le toca a uno vivir, si es que se quieren ver realmente los propio
problemas. Santo Tomás es de su tiempo porque no fue un conformista ni menos tampoco un conservador. Fue un renovador
espiritual, fue el creador, me atrevo a decirlo, de una revolución
intelectual en el espíritu de la Edad Media. Revolucionó la tra•
dición que había recibido, esto es, el pensamiento católico.
Pero voy a seguir el criterio de un notable tomista moderno, el
Padre Manser de la Orden de los Predicadores. Dice en su libro
La esencia del tomismo: "La síntesis tomista es para muchos piedra de tropiezo, pues creen que compromete incluso la divina revelación que, como fuente de la Verdad ab oluta, no necesita dt
ningún determinado sistema filo 6fico de origen hwnano,,.
Santo Tomá hace lo contrario: escoge un istema filosófico,
y de origen pagano. ¿Por qué lo hizo? ¿ Y por qué escogió pr cisamente el de Aristóteles?
La tradición escolástica era agustiniano-platónica. fundamentalmente. "¡ Cuántas veces, continúa el padre Manser se proclamó
165

164

�a Platón, en la antigüedad e incluso en los tiempos modernos, el
precursor del Cristianismo !"
Ir no solamente contra un filósofo como Platón, que en todo
caso era pagano, sino contra los seguidores literales de la tradición
patrística eminentemente agustiniana, contra el propio San Agustín en lo que tomó de Platón y de Plotino, pero sobre todo, incorporar en pleno siglo XIIl la filo ofía pagana de Aristóteles al
pensamiento cristiano, ¿no es de verdad Revolución? Revolución,
í, contra el divino Platón y el místico Plotino, intocables "precursores" del cristianismo; revolución que provoca, al parecer de
su tiempo, una "ruptura entre la escolástica y lo padres de la
Iglesia", pero sobre todo he dicho revolución, y aún para nosotro
porque ni en el siglo XIII ni aun ahora se puede saber cómo Santo Tomás logró hacer cristiano al pagano Aristóteles.
Si ahora el padre Manser puede ya decir con tranquila conciencia: "Ari tóteles es más cristiano que cualquiera otro filósofo
del paganismo", él mismo nos hace recordar las repetidas prohibiciones de este pensador por parte de la Iglesia del siglo XIII.
Bástenos esto para imaginar lo que tuvo que luchar Santo Tomás
para sostener su pensamiento. Por esta lucha que fue de verdadera re olución Tomás de Aquino es hombre de su tiempo.
Sólo quiero ahora, muy de paso, tocar otro punto igualmente
contra el común parecer, en relación con esos tiempos de la Edad
Media. Me voy a permitir calificarla también como época de verdadera revolución espiritual, pese a que se la pueda colocar cómodamente frente al Renacimiento como la noche frente al amanee r de la cultura moderna, y aún llegar a considerarla como
una noche de tinieblas, sm luz del cielo ni luz del hombre ...
En su discutida obra Una nueva edad media, el escritor ruso
Nicolás Berdiaeff hace esta observación: "no es el pensamiento de
la antigüedad, sino en el de los padres y doctores de la Iglesia el
verdadero movimiento de vanguardia en la Edad Media. En cambio, en la época del Renacimiento, la única novedad e el retorno a la Antigüedad".
En efecto, el Renacimiento vuelve a tomar de la antigüedad

principios muertos, cánones y modelo por largo tiempo olvidados,
obras que fueron vivas hacía más de 15 siglos; y hace renacer
todo en una nueva cultura.
La Edad Media no tiene que revivir principios antiguo , no
necesita recurrir a ninguna otra cultura de ningún tiempo ni de
otro espíritu para crear su propio modo de vivir. Es una edad ...
¿por qué se le llama medi'a?, por su plena juventud. Es juventud
cristiana que no necesita vigorizarse de lo pagano, que vive su fe
íntima y en ella trasciende los límites de su tiempo, los límites del
tiempo.
"En realidad, Ja civilización medieval era ya un renacimiento
apunta el mismo Berdiaeff una lucha contra la barbarie y sus tiniebla que habían sobrevivido a la caída de la civilización antigua. El cristianismo había sido esa luz medie al".
Ma dejemo esta época media en que vi e Tomás de Aquino,
para er ya el 'gnificado y valor de su obra.
4. LA

TRADICIÓ

ESCOLÁSTICA

En Tomás de Aquino culmina la tradición del pensamiento
íntegramente católico: cristianismo que se ha hecho ya doctrina
universal y que ha sintetizado en un todo orgánica y jerárquicamente, las relaciones y el orden entre los 3 términos de toda cosmovisión religiosa : Dio , el hombre, el mundo.
Mas si la sabiduría del aquinatense sintetiza la suma del saber
cristiano, su pensamiento no constituye ni una totalidad puramente lógica (pues tiene el sistema tomista dos aberturas: se abre
a _la unidad de la fe, y se rompe a la pluralidad infinita de lo real),
ru tampoco es de una unicidad puramente teológica, puesto que
el tomismo es también filosofía.
En cuanto unión pues de ambos saberes, teológico o de fe, y
filo 6fico o de razón, el tomismo termina desde una cúspide la
tradición del pensamiento cristiano que hemos llamado escolástica.
167

166

�En la historia dd pensamiento filosófico, la corriente escolástica se nos presenta como un movimiento constante del pensar
cristiano hacia la cada vez mejor comprensión de lo que tenga d
racionalmente inteligible (no de "racional, pues
supra-racional") la Verdad de la Revelaci6n.
Por otra parte, dada la finalidad docente de la Teología o doctrina del dogma que la autoridad de la Iglesia debe enseñar a los
fieles, y la subordinación al mi mo fin de la no doctrinal ni dogmática pero sí tradicional forma de encauzar dentro del píritu del
cristianismo la razón filosofante, la misma filosofía colá tica
en su propia estructura y método tuvo que organizarse de modo
a poder enseñarse fácilmente en las escuelas. De ahí su denominación de escolástica.
El hi toriador de la Filo ofía Nicolás Abagnano contrapone la
escolástica a la filosofía griega -de la que tom6 us principiosdiciendo que es una filo ofía aplicada a la enseñanza y formación
de clérigos, mientras la griega es pura y libre investigación. Le
niega, pues, a la escolástica, desde sus orígenes basta d último de
sus filó ofo , la libertad y obligación de encontrar verdades nueva
y la ncarga s6lo de una mera intelección de verdades viejas,
previamente anunciadas y supuestas (ya que no explicadas) en la
tradición teológica. No en ano los propios escolásticos la han
llamado a golpe martillo, la "sierva de la teología''.
¿Será esta una calificada e imparcial presentación de la filosofía escolástica?
Tratemos de entrar un poco en su espíritu.
n historiador escolástico, Thonnard, agustino de religión y
tomista de convicciones, la define como "un movimiento doctrinal
que llega a su apogeo en la edad media occidental o latina y que
comprende una teolo 'a y una filo ofía . Distingue, pues, en buena escolástica y a diferencia de Abagnano, los do campo del
saber cristiano: el teol6gico y el filo 6fico. La sitúa luego históricamente entre los siglo VII al XIII (para Abagnano empieza
a mediados del siglo IX) encuentra en una diversidad enorme
de escuelas y pensadores, 3 caracteres comunes: lo. el método y

el lenguaje: Por lo que hace a éste, se la escribe tradicionalmente
en latín, y en los seminarios aun ahora e discuten sus problemas
en te mismo idioma; mas por lo que ve al método, que denomina
Thonnard dialéctico intelectivo, acepta -con Abagnano- que s
ordena siempre a la enseñanza y no a la investigación.-20. carácter: Asimila en su seno la tradición, pero no religiosa, sin&lt;&gt;
filosófica grecolatina. En esto difiere del primer historiador que,.
al no distinguir teología de filo ofía, supedita ésta última a la tradición doctrinal dd cristianismo.-30. La sumisión a la / e ( no a
la teología) : Este último es el carácter distintivo y el factor deunidad de la escolástica en su historia. Sin embargo, agrega, sólo
paulatinamente se fue precisando la distinción entre el saber natural y el de origen sobrenatural hasta llegar, en el siglo XIII, a formarse y constituirse definitivamente una filosofía escolástica, independiente como ciencia racional, que se subordina a la Fe libremente. En tal respecto, termina, tiene a honor ser llamada "ancilla Theologiae", expresión que traduce sencillamente como "filosofía cristiana" y no como algunos más papistas que d Papa, qu
la designan "esclava de la Teología'&gt;, confundiendo, a mi ver, Fe
con Teología (las raíces y el árbol) y é. ta casi siempre de manual, y resbalando luego de teología a teólogos, de teólogos a profesores de teología (que no doctores y ma tros como los medievales) y llegando aun a veinteañeros tudiantes que, en el lenguaje del seminario, se designan con el algo ampuloso nombre de
"teólogos". Y así, claro que sería muy digno y muy cómodo tener
por esclava a esa señora que a eces se subleva con el orgulloso
nombre de filosofía.
Mas detengamo la crítica y tratemo mejor de entender el pensamiento filo 6fico de Tomás de Aquino adentrándonos, en lo
posible, hasta donde podamos palpar el alma misma de su istema-

169

168

�5. Los

PRINCIP1OS DEL TOMISMO

Se han escrito bibliotecas inagotables, no sólo comentarios ni
conferencias de unas páginas, en el estudio de Sant? : omás. ~ntonces, sólo queda preguntarnos lo siguiente: ¿Que idea radical
0 principio de su pensamiento podría exponerse en unas cuantas
palabras? Lo diré de una vez. Creo yo que el principio de toda la
sabiduría tomista está en esto: el ORDEN. Y escojo precisamente
tal principio, de ascendencia greco-aristotélica, por dos rawnes:
lo., porque al asentar la sabiduría cr~tian,a sobre el plano de lo
sobrenatural arranca de cuajo la sab1duna pagana del hombre
natural y cr~a un orden jerárquico que trasciende lo puramente
racional y lo puramente humano; 2o, porque desde ~se pl~no, no
-sólo han de ser compatibles, sino necesarias, re~oluc1ones. mtelectuales como la del genio del orden, que es Tomas de Aqumo.
"Lo propio del sabio es ordenar", dice repetidamente, y este
principio de ordenamiento jerárquico des~e lo sobrenatu:al, podemos verlo en la obra íntegra de nuestro filósofo. No consideraremos) desde luego, su teología, pues en ésta no hay un orden humano
-como esencial e íntima estructura de la verdad. Sólo veremos su
pensamiento filosófico, que sí obedece perfectamente a un ordenamiento de la razón lógica.
.
Lo ideal sería seguir, por un lado, el proceso histonco subJetivo
de su evolución intelectual, y por otro, encontrar, e? l_a estruc~a
de su sistema la línea lógica de su pensamiento obJet1vo. ReqUJere tal cosa u; estudio y facultades fuera de mí y de la brevedad de
nuestro tiempo. Me conformaré con señalar algunos puntos.
Vimos cómo parecen ser sus primeras pre~cupaciones relativas
a la Lógica, pues de ella tratan las dos pnmeras obras que escribe, a los 20 años, en su prisión de Roccasseca. Luego p~a, de
golpe, a la Ontología, pues_ e~ 1252 c~mpo~e su famoso opusculo
De Ente et Essentia. Continua con Filosof1a de la Naturaleza en
su obra De Principiis Naturae, de 1255. Ento~ces, '! _d~spués de
éstos que pudieran considerarse ensayos ~los6hcos, 1mc1a lo que
,constituye sin duda su definitiva y más nnportante tarea crea•

1

•

•

dora de filosofía, pese a las apariencias: la tarea de comentarista.
Principia, en 1257, con un comentario a la obra De Hebdomadibus
de Boecio, y después emprende, desde 1261, su obra filosófica fundamental, los Comentarios a Aristóteles. Expone y explica una
veintena de obras de este fil6sofo que le traduce directamente deI
griego al latín el filólogo Guillermo de Moerbeke. Comprenden
estudios y tratados de Física ( es decir, Filosofía de la Naturaleza,
mal llamada a veces "Cosmología"), Metafísica, Psicología, Etica, Lógica y ciencias en general.
Al margen de esta obra, capital, hay también una obra menor,
por así decirlo: 5 estudios de filosofía jurídica, política y social,
y más de 20 libros de las muy medievales ''cuestiones quodlibetales" y "cuestiones disputadas".
Visto en general el conjunto de su obra filosófica, ¿ cuál podría
ser el orden lógico y jerárquico que halláramos en su sistema?
Nos encontramos a la ciencia lógica como un preámbulo de la
verdadera filosofía, de la filosofía en el más estricto sentido de
la palabra, esto es, la Filosofía Primera o Metafísica. La metafísica, para Aristóteles, tiene como objeto inicial el ser que existe
en sí mismo, es decir, la sustancia. Tal objeto la hace identificarse con la Ontología. Concluye la metafísica en el Ser Primero, que no sólo existe en sí, sino por sí, corno Causa Incausada.
Santo Tomás, completando el pensamiento griego con la idea cristiana de Creación, agrega al Ser Incausado el atributo de Causa
final creadora de causas eficientes. En esto, la metafísica es Teología.
Y precisamente en la Metafísica o Filosofía Primera se asientan los primeros principios ordenadores del sistema aristotélico tomista. Se nos dan en las dos nociones más elementales que podemos
formarnos del Ser. Tales son: el acto y la potencia.
El padre Manser, ya citado antes, dice en su obra La esencia.
del Tomismo, (pág. 61) : "Tres diversas concepciones del Ser marcan en toda la historia de la filosofía tres líneas evolutivas diversas: puro devenir sin ser, ser sin devenir y ser y devenir".
El viejo problema del total devenir que planteó Heráclito y el
171

170

�&lt;lel puro ser que contrapuso Parménides Aristóteles los resuelve
en un Ser que Deviene, mediante esto dos coprincipios ontológicos de Acto y de Potencia.
Tales principios le bastarían realmente a toda filosofía. Pero
hay más. El citado padre Manser llega a la siguiente tesis (pág.
65) : "Una filosofía cristiana, una íntesis cristianamente lógica
( el traductor dice científica) tiene que apoyarse en la doctrina
aristotélica del acto y la potencia en orden a la Revelación".
En eguida es cuando declara a Aristóteles como ya habíamos
mencionado, el filó ofo más cristiano de todos lo paganos.
En realidad, la sabiduría cristiana del filósofo Tomás de Aquino encuentra para estos principios ontológicos de la filosofía aristotélica, no sólo la luz natural de la razón metafísica sino la luz
sobrenatural de la fe teológica.
La fe de la teología revelada, ocupa, por consiguiente, el primer lugar en el ordenamiento jerárquico de la abiduría tomi ta;
abajo hállase la metafísica, pero ésta, y con raíces propias, sustenta las demás ramas de toda la filosofía. Veamo
t orden en
un breve delineamiento: El acto y la potencia descienden de la
metat ica y se convi rten, para la filo ofía de la Naturaleza en
1os principios del devenir que son la Forma (acto) y la Materia
(potencia) y dan lugar a las famo as 4 causas (formal material
eficiente y final); para la Psicología se hacen alma (acto) y fa-cultad del alma (potencias) ; en el campo de la política, aber
por encia tel ológico, el acto es el bien común o causa final que
debe mover y atraer a sí todas las potencias o capacidades de acción libre de lo ciudadanos; y en la moral, ciencia también de
fines ontológicos, cau al , el acto se hace energía virtuosa; la
potencia, mera ind terminación o disponibilidad de la naturaleza
humana para el bien o para el mal.
Ahora bien, Santo Tomás expone y comenta los diez libros de
la Moral que Aristóteles dedicó a ic6maco, pero de ellos no toma ninguna idea encial al contenido del bien o del mal. En
efecto, los conceptos de Virtud, Vicio, Pecado, Arrepentimiento,
etcétera, pertenecen a categorías radicalmente cristiana y no ad-

quieren pleno sentido sino en la Caridad y en la Gracia, mundo
sobrenatural desconocido para el pensamiento griego.
Lo que sí toma de la pagana, pero perfectamente bien equilibrada moral aristotélica, son elementos formales como lo es la
medida o norma prudencial de los actos humanos, a saber, el

término medio.
En resumen, si su precursor an Agustín cristianiza las ideas
morales o teológicas del pagano Platón, Santo Tomás no hace
cristiano a Aristóteles a travé de su moral, sino a través de su
L6gi,ca. Bautiza la Lógica, es decir, la razón aristotélica, y sus
aguas lustrale llegan hasta la Metafísica.
60. EL

PE SAMIENTO DE NUESTRO TIEMPO

Al enfrentar la filo ofía d Tomás de Aquino y el pensamiento
actual, no debemos tomar al primero como un arma de polémica,
sino más bien como una inteligencia con quien, a través de su
obra, se pueda dialogar obre los problemas que se plantean a la
conciencia intelectual de nuestro tiempo.
En tal supuesto, quizá sea posible un buen entendimiento con
el más univer al e inteligible de los pensadores escolásticos, si encontramos los principios }' los problemas de nuestro pensar filosófico y, además la esencia lógica o al menos las más evidentes
cancterística del aber científico actual.
Esto, desde luego no equivale a un intento de "modernizar"
el pensamiento tomista ni, por el contrario, a enmarcar tampoco
dentro de las categorías de tal doctrina los muy libres concepto
d~ pensamiento contemporáneo.
Distinguirlos y comprenderlos objeti amente, en buena e colástica, y buscar la propia verdad, en el buen sentido del filosofar
actual, ha de ser, creo yo, la condición previa del diálogo.
Y i se expuso ya lo elementalmente esencial del pensamiento
filos6fico del aquinatense, falta, pues, buscar esto propio en el
pensar de nuestros filósofos.
173

172

�Porque sí hay filósofos ahora, a qué dudarlo, pero lo qu no
exi te -para desgracia o ventura de expositores y creador de filosofia-, es algo que pudiera llamar e verdaderamente una filosofía contemporánea.
E tamos viviendo todavía del pensamiento moderno, colgando
ya débilmente de una d garrada metafísica idealista, pero sin
alir aún d sus consecuencia . La filo ofía moderna está perfectamente definida en su contenido y delimitada ya en la historia,
porque es algo que terminó su obra. Los fil6 ofo contemporáneos, en cambio, no han creado una verdadera filosofía que quede para la historia, no porque su obra e té sin terminar, ino fundamentalmente por lo siguiente: porque no han creado Metafísica.
Veamos, entonces, la ciencia. Ella e , ahora como ante , un
producto de la historia, es decir, una renovación continua a veces
destructora del saber precedente, y una búsqueda constante de
resultados futuros.
En nuestro tiempo, la matemáticas e han convertido en instrumento universal de creación y fundamentación del saber cientifico, al dotar a la ciencia de estructura lógica y lenguaje propios
de igno y valores con encionalmente autónomos, y obre todo
de libertad racional para fundamentarse a í misma. Con ello
no sólo le dieron una cohesión lógica indestructible, sino (esto
u pecado óntico) la hicieron independiente y libre de la antigua
"realidad' que quiere ser conocida como es,, y no "como e piense".
ista, por otra parte, la tan desme urada desproporción de conocimiento entre la empobrecida reflexión de la filosofía y el aber in límites de la ciencia, no le han quedado a la primera sino
do actitudes po ibles: o enfrentarse a la ciencia para su crítica
sobre todo para su fundamentación, o renunciar a todo punto
de semejanza con ella y aun salirse del campo del conocimiento
en que domina el rigor lógico.
Como paradoja de la primera actitud, mientra el filo ofar contemporáneo e caracteriza por su reacción antipositivista (pues
el po itivismo ha sido el último reducto de la ciencia que luchó
174

contra 'lo metafísico 1 ) , 1 conocimiento científico es el que busca ahora la metafisica ( verdadera ciencia de los principios), al
buscar su propia fundamentación. Tal es el camino de la razón
lógica seguido principalmente por neocríticos como Renouvier,
atorp, el propio Dilthey, idealistas como Gentile y Benedetto
Croce, o filó ofos de la ciencia como Meyerson, Russel y "\Vhitchead.
La cgunda actitud, de los que buscan lo caminos de la metafísica fuera de la razón como facultad de conocimiento, e oponen a la ciencia ignorante de existencias y alores humanos. Estos, y no sólo la ciencia, son lo que nec itan un principio de justificación. Por la vía del espíritu e busca, pues la justificación
del hombre y de u .aber científico y filosófico, y se llega en última instancia al apoyo de la realidad ab oluta del espíritu ( e piritualismo) , la validez del arte ( idealismo estético) , o la propia
conciencia del ser humano (fenomenología y existcnciali mo) etc.
De todas estas tendencias es el existenciali mo en sus múltiples
manifestaciones, el que más se acerca a la metafísica por sus intentos de llegar a la raíz misma del er y del saber.
Ahora bien, sólo puede iniciarse -desde la metafí ica- una
filosofía nue a si e tiene plena y radical conciencia de problema.
nue os. Esto deberán originar e en el e píritu de filó ofo que no
solamente tengan conciencia hi tórica o por a í decir padezcan
intelectualmente los problemas de su tiempo, sino obre todo, busquen en el origen de tos problema un punto de apoyo, un algo
último que sostenga y dé entido y alidez tanto al trabajo intelectual creador de ciencia y filo ofía como a lo objeto y ujeto d
estos dos saberes.
La metafísica, pues, debe darno un algo tra cendcnte a lo penado y al pensante a las co as pen adas qu son y dejan de ser,
y al hombre pensante qu existe y que muere.
Toda filo ofía debe nacer, pero no morir, en el tiempo, como el
hombre mismo. Y i en algo no ha mu rto la filo ofía tomista es
en u metafísica. Pero hemos dicho que hay que llegar a ella de de
los propios problemas. Y los problema que con toda deci ión
17!&gt;
ul2

�plantean a la conciencia r.le nuestro tiempo, son de dos clases: de
índole económico-política, en el plano objetivo de las relaciones
humanas, y de carácter existencial en lo íntimo de la conciencia
subjetiva.
Ninguno de estos problemas son de esencia filosófica, debe reconocerse. La filosofía sabe que se le escapan, pero también se sabe
responsable de ellos porque el abuso que hizo de la razón, por decirlo en términos extremos, dio origen por igual a un racionalismo
de la materia (marxismo) y a un irracionalismo del espíritu ( existencialismo) .
Tal situación no fue, claro, vivida ni presentida siquiera por
Tomás de Aquino. Tampoco se planteó problema alguno con verdadera conciencia histórica, inexistente todavía. Por eso, en lo más
contingente que hay para el pensamiento, como son los problemas
políticos, Santo Tomás escribió para todo tiempo. Tal vemos en
sus comentarios a la Política de Aristóteles y en sus breves escritos
sobre materia política, como De Rege et Regno (intitulado también De R egi,mine Principum o El gobierno de los Príncipes y De
R e Pi.mine Judaeorurn, El gobierno de los judíos) obras en que, a
pesar de ser puramente de ocasión ( el primero solicitado para Hugo II de Lusignan, rey de Chipre y el segundo pedido por la Duquesa de Brabante) sostiene el fundamento jurídico de toda autoridad, por encima de condiciones históricas y, del mismo modo, el
castigo de la usura junto con el respeto absoluto a la libertad de
conciencia, respecto a los judíos y todo hombre, "porque creer es
privileg10 de la voluntad libre y ésta no puede obligarse por la
fuerza".
En rigor de justicia, Santo Tomás no tiene filosofía política. Los
creadores del pensamiento político tomista han sido discípulos y
seguidores. En el siglo de oro español, por ejemplo, un Francisco
de Vitoria, con su obra De la Potestad Civil y sobre todo De Indis, que nos concierne directamente; y el tomista por espíritu de
contradicción, Francisco Suárez, con su obra De Legibus, principalmente. En la actualidad, un Jacques Maritain o un Charles de
Konninck hacen filosofía social y política a la luz del tomismo.
176

Yo creo, sin embargo, que el tomismo mariteniano es un poco
forzado en política al querer reducir a este campo conceptos morales o metafísicos de Santo Tomás sobre Bien Común, Libertad,
Autoridad, etc., etc.; en cambio, sí me parece auténticamente tomista la posición de De K onninck que toma las situaciones sociopolíticas como datos de experiencia contingente y de ahí se eleva
a la metafísica. Así como Santo Tomás habl6 del origen de la
autoridad en ocasión de problemas de un gobernante de su tiempo, el tomista Charles De Konninck aclara ahora que el origen
del problema social contemporáneo no está en las relaciones de la
persona con la sociedad ( círculo vicioso, ya que la sociedad es
personas), sino en las relaciones de persona y sociedad con su sustancian te Bien Común, con Dios, fin último de personas y sociedades. La desgracia de esta tesis metafísica es que algunos la han
convertido en tesis política ( concretamente, en España) .
Mas el problema social o econ6mico-político no se "resuelve"
ideológicamente. La propia ideología marxista, único sistema de
metafísica social ( el ser económico social es la "sustancia primera"
para el marxismo), ha muerto filosóficamente. La dialéctica marxista no tiene ya la fuerza racional de la Idea hegeliana, sino la
mística de la venganza o justicia por mano propia alimentada por
el hambre y sostenida por el mito (ya no idea) de la fatal destrucción de la "sociedad capitalista". De ahí su peligro, nada intelectual.
Mas el que no está liquidado intelectualmente, sino que, de crisis d~ la postguerra en Europa ha pasado a jnquietud universal
de la conciencia, es el existencialismo, preñado también de fuerzas negativas.
Ahora bien, si pocos han sido los filósofos políticos del tomismo,
son numerosos los pensadores católicos que han querido conciliar
la doctrina del ser inteligible de Santo Tomás y el angustiado ser
del existencialismo.
No he de tratar de este último, pues no se puede decir nada con
verdad de lo que "no es objeto de conocimiento,,; sólo se puede
177

�pensar o no pensar existencialmente, ser o no ser 'sujeto de la
.
. . ,,
propia conciencia .
.
Sólo puedo señalar que la condición existencial previa al pensamiento es ésta: no hallar qué hacer con la existencia.
Desesperación angustia fastidio de ser, qué más da lo que
aflore a la conciencia la más tremenda amenaza del fondo de
nuestro ser: la nada. Surgir de la nada ... ser para la muerte; o
ser para la nada; ser nada. Entonces, ¿para qué ser?
adie sabe nada, en firme, de sí mismo. adíe puede dar razón de su existencia. El origen y el fin, en el misterio. La razón
no responde a ¿para qué existimos?
Estamos hartos de razones abstractas y fastidiados de idealismos e ideologías. Hay sed de realidad en la conciencia.
Existencialismo y marxismo ( enemigos "realistas" del idealista Hegel) se ocupan con egoísmo de la "realidad humana", pero
sólo para despojarla de esencia o de ser espiritual y reducirla a
pura "historia".
Necesitamos un pensamiento plenamente realista.
Que se finque en algo más firme que la trama dialéctica de
la historia, y en algo más radical que la última negación de la nada. Que aliente al ser sin negar con razones la nada; que trascienda el tiempo sin prescindir de él.
Tomás de Aquino es, ante todo, un realista que busca realidades trascendentes. Pero estas realidades, que encuentra como teólogo y como hombre religioso ¿ se nos dan también en su "filosofía pura"?
El aquinatense es auténticamente realista, no sólo por u actitud religiosa de creencia en realidades que escapan a la razón
porque la superan, sino que es realista filosóficamente por u aceptación humilde del ser, de la existencia, de la realidad, como algo
que se impone a la razón, prime~amente a _trav~s de_ la experiencia sen ible, y como algo último, fmal, en la mtehgenc1a de lo trascendente. Más aún, si queremos entender a Santo Tomás desde
nuestro tiempo, podremos ver que su pensamiento es el único que
se trasciende realmente a sí mi mo, ya que, negándose al afirmar
178

lo real, se hace otro ( ser existente) sin dejar de ser lo que es ( pena.miento).
Se ha dicho que tal metafísica no es realista, sino más bien es
una filosofia optimista del ser. Es, dicen, una "metafísica de elogios al ser". El ser es bueno, es verdadero, es bello, es todo. Mas
tal crítica es incapaz de entender cómo tales "elogios'' no se dirigen a todo ser sino en reconocimiento al Primer Ser que "vio que
todo lo que había hecho era bueno", a pesar y por encima de
todos los males y miserias que son negaciones de ser.
Tampoco ve esta crítica que el ser y sus trascendentales (la
Verdad, el Bien, la Belleza... ) no se nos presentan a nosotros, dentro del tomismo, sino en su ínfima condición de sustancia finita,
individual, contingente, en sí solamente capaz de un mínimo de
ser, y por ende de un mínimo de verdad, de un mínimo de bien
y de un mínimo de belleza.
No. El realismo de Santo Tomás está indemne al optimismo o
a] pesimismo. Es un sólido y auténtico realismo trascendente.
Lo que se necesita, creo yo, es un radicalmente nuevo enfoque
de la metafísica tomista: un enfoque desde el tiempo, desde la
conciencia, desde la angustia de existir en cuerpo mortal, desde
la inseguridad del instante.
E1 Instante, indicio o patencia de lo intemporal en el tiempo,
creo que podría ser el principio de la aventura metafísica. No me
atrevería a considerar verdadero punto de apoyo a tal comienzo
tan inasible e inestable. Sin embargo, es tan cierto como el presente, tan definitivo como el nacimiento y la muerte, tan trascendente como el último "momento del que depende la eternidad".
¿ Es una filosofía para pensarse o para vivirse?
Es una filosofía para trascenderse a sí misma. Y no sólo hacia
una pura especulación teológica ( pues en este sentido toda filosofía cristiana y no sólo el tomismo, trascienden la "filosofía pura"),
ni tampoco en un mero realismo natural metafísico, sino como la
trascendió en su existencia el propio Santo Tomás, que, para morir -no antes, pues habría sido falso--, quiso destruir su obra,
179

�y en su santidad demostró ésta su verdad existencial:.

"8;~ apren-

dido infinitamente más en Cristo que en todos los libros .
Una filosofía existencial de proyección esencial tomista: Un salto
a lo objetivo. Tal debió dar, como filósofo, Soren Kierkegaard, ~r~ador del existencialismo. Ello hubiera sido la verdadera Y uru~
salvación intelectual, no la que buscó (intelec~almente) en ~-último de sus tres estadios, el religioso. Estos debieron ser: Estetico,
Etico-Filosófico y Religioso. Llegar al último, pero no con la razón sino con la libertad y con la gracia.
La tarea filosófica de la inteligencia termina en lo objetivo,
y... nada más.

FILOSOFIA DE LA COORDINACION

Dr. JosÉ

VASCONCELOS

PREÁMBULO
BIBLIOGRAFIA

B. Aires, 194,2.
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MAATIN GRABMANN, La vida espiritual

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Aires,

Historia de la Filoso/fa, tJ. 11 Y III.
A. A., Prlcis d'Histoire de la Philosophie, Bllgica, 1946.

N.

A.8BAONANO

F.

J. TnoNN~,

1945.

EL SILENCIO ES AL SONIDO lo que la luz blanca al color. De la luz
natural salen todos los colores cada vez que opera el sortilegio del
prisma. Del silencio emergen sones cada ocasión en que los seres
o las cosas se mueven y chocan. De la entraña del silencio arrancan gritos de angustia, o acentos de dicha y esperanza, los seres
vivos, siempre que se agitan y actúan.
En vez de la nada del sonido, su negación, el silencio, es la matriz de todos los clamores. Sin silencio no habría notas así como
no habría colores si no existiese la luz. Y así como la luz es armonía y fusión de todos los colores, el silencio es armonía y cohesión de todos los sonidos. Se equivocaron los pitagóricos al afirmar que la música de las esferas suena; la música perfecta es silencio; tal y como el color se disuelve en la armonía que es luz.
La armonía cabal es silencio.
No hay en la suma de los colores o en la síntesis aplacadora de
los sonidos, que es el silencio, ningún resabio de la unificación de
tipo abstracto, de identificación. Las notas, los tonos diversos, lo
sonidos diferenciados no se reducen, corno si fueran casos particulares de un mismo género a una sola esencia que seria el sonido.
Entre sí y dentro de sus conjuntos, las notas y los colores son individuaciones; no es posible traducirlas unas a otras, m s1qwera
181

180

�conc ptualmente; para de arrollo de color o sonido es indispensable que ub ista cada uno la nota y el color, fieles a sí mismos.
Las imágenes rápidas que u a el cinematógrafo on invariables,
de otra manera no engendrarían la traslación que, por continua
y di er a, es creadora de algo que simula vida: el movimiento
gráfico ignificativo nace de una concurrencia de heterogéneos,
no de la suma de sus partes. El orden que sin embargo liga colores y notas es muy distinto de un común denominador cualquiera. Si los colores no se conservasen auténticos, no engendrarían la mara illa de la luz; si las notas no Po eye en estructura vibratoria im ariable, su entrecruzamiento armonioso no engendraría la ventura del silencio. Se trata, pues, de fu ión y unión de
tipo no di cur ivo sino armónico, no analítico, sintético: no aditivo sino heterogéneo y coherente.

LAS FORMAS ESPECmCADAS DEL CONOCER COMO ACCIÓN

Formas elementales y específicas del conocimiento, se nos manilie tan en la actividad de todo lo que nos rodea. Examinemo·
la manera como se desenvuelve el movimiento en los seres vivos.
La primera condición del movimiento creador es el ritmo. En él
hallamo un modo de la acción y también un modo del conocimiento. Analicemos la marcha del hombre: consiste de dos impul iones desemejantes que producen avance corpóreo. Adelánta e el pie izquierdo y le sigue el pie derecho; los dos impulsos
heterogéneos se resuelven en la unidad que llamamos un paso.
os hallamos frente a una contradicción palmaria de la matemática que nos dice que uno y uno son nec ariamente dos; en el paso
humano uno y uno combinado nos dan uno, un paso. Y i observamo un caballo que trota, veremos que la acción acompasada de
cuatro pata engendra un salto; de suerte que el concurso de cuatro elemento dinámicos heterogéneos nos da una unidad que es
el salto. ¿Quién podrá negar, entonces, que cuatro ya no es aquí
igual a cuatro? ¿ Qué haremos ante la e idencia desconcertante

de que cuatro es igual a uno? Lo cierto es que nos hallamos ante
un modo sui gencris de conocimiento.
Po tulemos en consecuencia una ley propia de la constitución
de vivir, el ser, a diferencia de la sola extensión g ométrica; uno
y uno si son difer ntes en calidad como lo izquierdo y lo derecho,
no dan dos, sino una unidad nueva que engloba ambos y genera
acción. no más uno, más uno, más uno, o sean cuatro unos, diferentes en calidad pero concurrentes en un prop6 ito vivo, vuelven a dar uno; pero un uno de género superior, vital, activo.

¿Cuáles son las consecuencias filosóficas de estas verdade evidentes como las de la matemática, sin embargo totalmente diferentes en sus resultados? En eguida veremos que para explicarlas se hace necesario un cambio radical de los métodos usuales
de la filosofía.

LA

COORDINACIÓN

El problema de la unificación de lo heterogéneos lo vengo tratando desde hace año . En mi Estética, publicada por el 1937
apunté la olución que sigue y es la base de lo que hoy Uamo:
Filosofía E tética o Filosofía de la Coordinación. Consiste la so1ución en afirmar que, elementos que no pueden, ni deben reducirse al denominador común que suponen la abstracción y la
lógica, se pueden manejar, sin embargo, ordenadamente, gracias
a las formas que conocemos con los nombres de: ritmo, melodíai
armonía y contrapunto. Postulo, en seguida, que el ejercicio de
tales formas estéticas obedece a un sistema de acción que titulo:
apriori estético, por analogía con el apriori mental clásico. Pero
señalando que el apriori estético nos lleva a un modo de pensar
por concierto o concurrencia de intenciones y significaciones, diferente del método abstracto propio del di cur o.
Por este mismo camino, llegué a la tesis que aparece en mi
L6gi.ca Orgánica,, publicada hace unos catorce años, en la cual
183

182

�afirmo que pensar, para el hombre moderno, ya no es reducir lo
particular a lo general, sino que: pensar es coordinar conjuntos.
n ejemplo ya expuesto en mi Lógica Orgánica, define la po:sición que adoptamos.
Al decir hombre, no consumamos hoy la operación di cur iva
clásica: "hombre, caso particular del género humanidad' ; no
referimos el indi iduo a su género ino que pcnsamo en el hombre como cuerpo vivo racional o n el hombre como miembro de
la sociedad, o en el hombre como er de destino, un alma; o como
el hombre, compuesto biológico, cuyo caracteres nos darán la fíica y la química, etc. En resumen en torno al hombre vamo
deslindando una cric de círculos o zonas de realidad, uj ta cada
una a ley propias: la ley de la física, la ley de la química, de
la lógica, de la moral de la literatura. El pensar, entone , opera ligando zonas de experiencia, conjuntos de conocimi nto: el
de la física, l de la química, etc. Tomado separadamente, cada
uno de ei to conjuntos es homogéneo en cuanto a las ley de u
acción; ob ervado dentro de la totalidad hombre es heterogéneo.
No pueden ser reducido uno a otros, los distintos conjuntos; no
los podemos unir por medio de implificaciones, como la de la
aritmética o la abstracción. Mentalmente, los unificamo , pero
no por relaciones ónticas o lógicas sino por la cone.xión que entre í revelan, de hecho. En efecto, el existir físico no se pued
explicar, sino mediante las leyes de la fí ica y la química; a u vez
la biología obedece a leyes diversa aunque no independientes de
las físico-químicas. En seguida para juzuar al hombre consciente, entran en juego las determinaciones del espíritu tales como
la lógica, la poesía, la religión. Todo esto nos obliga a reconocer
un Todo que no es caos, sino orden estricto, pero no orden lógico
abstracto. ¿ Se trata de un orden de armonía y proporción movido en último extremo por Eros? Probablemente, pero to como meta final. En la realidad que nosotros percibimo, la ley de[
conjunto nace de las relaciones de hecho de los conjunto parciales: la física en sus relaciones con la química y éstas con la biología, etc., etc. La ley de la integración última es la que consuma

la meta de la acción. La unidad de tipo abstracto matemático,
resulta todavía más inepta cuando pasando de lo corpóreo a istimos a las operaciones propias del espíritu; son éstas de tipo compren ivo, int grador, como la actividad que da vida a los conjuntos. El pensamiento de esta suerte se identifica con el funcionamiento de lo heterogéneo . La ínt is filosófico-estética, en
consecuencia, se halla en el polo opuesto de la operación desintegrante, separativa e inerte que es necesario ejecutar para entender por análisis. El pensamiento coordina, emparentando los movimientos, buscando en ello la armonía y la meta de la acción
combinada que crea el conjunto. Y en cada conjunto se revela
un existir renovado, que deja intacta la individualidad de cada
una de las partes y éstas, por concurrencia, engendran todo parciales que las superan y les dan finalidad. En forma simplificada
podemos observar la naturaleza de la coordinación, la coherencia
en el caso del contrapunto musical. Sin despersonalizar las notas
las voces el contrapunto engendra con ellas una composición, un
ignificado, un mensaje rudimentario o alto. La filosofía tiend
a descifrar la compo ición del Universo para expresarla en contrapunto de Sabiduría.
Consideremos el enigma del Todo concebido como un contrapunto de contenido universal. Todo así, no es "la abstracción de
las partes", según la vieja definición. No es tampoco la suma
de las partes. El todo es más que sus partes. Un todo es el conjunto de las partes y el resultado de la interacción de partes que
son cada una, elementos internos activos. Alcanzamos de esta suerte
la percepción directa d~ conjuntos dinámicos, vivos. Un todo
congruente, como los que se dan en la existencia, es un sistema
animado que a.ñade intención y propósito al ser de las partes. Por
su combinación las partes logran lo que no podrían consumar por
i solas. De suerte que en el todo se enriquecen las partes. Asi,
por ejemplo, la sociedad enriquece las potencialidades de su individuos. En cada todo orgánico, las relaciones complejas de las
partes, concurren al propósito que es inherente a cuanto existe.
El hombre es un todo complejo que rebasa el concepto de la uni185

184

�dad abstracta. Secciones enteras de su persona quedan fuera del
discurso. Tampoco lo abarca la sensación; la sensación nos revela
una potencialidad del ser. Sin embargo, el hombre no es dispersión; en su esencia opera un instrumento dedicado específicamente
a la labor de unificación por integración y coordinación; ese instrumento es la conciencia. La conciencia recibe en su seno el
reflejo de las cosas y los seres y s.us relaciones: lo ordena todo según las determinaciones de cada género de existencias y le da
sentido hacia lo absoluto. La conciencia, insertada en el devenir
universal, lo aclara, mediante el conocimiento, lo enriquece y orienta por la intervención de su voluntad. El Universo por su parte
es pluralidad que se unifica en tomo de la conciencia divina, y
en ella encuentra integración y sostén. De esta suerte Dios es la
conciencia del mundo. Pero la conciencia tanto en el hombre como en Dios, es más que discurso y sensación: es coordinación que
mantiene un existir asentado en la armonía e impelido por el
amor.
Reconocemos, en consecuencia, un todo que no es caos, sino
orden estricto, pero no orden lógico abstracto sino orden existencial de armonía y proporción, como el de los colores o los sonidos,
pero inmensamente más vario. Tan completo que sólo podemos
unificarlo por armonía de afinidad en cuanto al fin último. Y no
hay otra manera de concebirlo que por coherencia y coordinación. El centro vivo de todas las coordinaciones es el Creador del
Universo. En él se opera un tipo de unificación que deja intacta.
la individualidad, la personalidad de cada una de las partes del
conjunto, así se trate de un conjunto tan vasto como el propio
Universo.
El hombre es el módulo que recibe en su seno al Cosmos y lo
transfigura en dirección de lo absoluto, al mismo tiempo que en
su conciencia descubre el germen que le dará ciudadanía en el
Universo de lo Invisible. Por su parte, Dios unifica con su persona, su conciencia, el Universo que es su creación.

UNIDAD y VERDAD

El problema de la unidad guarda estrecha relación con el problema de la verdad, pero la verdad supone diversas maneras de
unificación.
Como postulado inicial podemos aceptar la tesis clásica que define la verdad, como acuerdo de pensamiento y realidad, cosa y
concepto, mundo y conciencia. La verdad como correspondencia rigurosa de idea y realidad es una consecuencia de la Teoría
de las Ideas y en seguida del logicismo, el conceptualismo que
acaba por desentenderse de las cosas y de la vida. La teoría platónica de las ideas no suponía identidad entre idea y cosa ni sólo postulaba ideas. Quería que la idea fuese un modelo al cuaT
la realidad aspira sin alcanzarlo. En este sentido el platonismo·
es fecundo: deja de serlo cuando se acepta como Hegel que el
"ser es la idea"; ser es en todo caso una coordinación de elementos que poseen concreción y propósito.
El desarrollo escolástico, fundado en la teoría aristotélica de
forma y materia, condujo a la definición: que la verdad es "adequatio :ei et intellectus"; en realidad esta doctrina sólo puede aplicarse ngurosamente al conocimiento como idea. Sólo puede haber identidad entre mi idea del triángulo y la definición del triángulo; nunca hallaremos identidad entre la idea del triángulo y
los triángulos que pueden manifestarse en la naturaleza. Desde
que nos hallamos en el terreno de los hechos, las verdades abstractas, las verdades de razón se aplican a los hechos, pero sólo relativamente. Recuérdese a Poincaré y su insistencia sobre la imposible identificación de las ecuaciones matemáticas c-on los fenómenos que estudia la ciencia. En ellos siempre hay mucho que
escapa a la matemática. Eso que escapa, la calidad, es lo que intentamos captar en la filosofía de la coordinación. En la doctrina de la correspondencia, la verdad se define como acuerdo de
realidad con idea. Pero queda fuera el capítulo de la interrelación, interacción de los hechos entre sí y de éstos con las ideas
Y las representaciones que ellos mismos engendran. Además, con-

186

187

�tra lo que supone el intelectualismo, entre los hechos hay acciones
-y reacciones. que no dependen de exigencias conceptuales, por ejemplo: cualquier fenómeno físico; al revés de los conceptos que sólo
.admiten relaciones lógicas. Aparecen así dos mundos diferenciados por las leyes de su existencia y desarrollo. El mundo conceptual se desenvuelve dialécticamente. El mundo de los hechos se
desarrolla genéticamente (conforme la razón suficiente de Leibnitz) o según la casualidad, o la finalidad. Estos dos desarrollos
han dado origen a las dos lógicas hasta hoy deslindadas: la deductiva y la inductiva. Y nosotros, en nuestra doctrina de la coordinación buscamos las leyes de un tercer desarrollo, o sea, el que
,combina los heterogéneos sin sumarlos o reducirlos a denominador
común, sin simplicarlos en busca de unidades abstractas que no
corresponden a lo que realmente existe o sucede. Sin encerrarnos
en la simple observación de lo que ocurre de facto, pretendemos
nosotros consumar una síntesis de heterogéneos dentro de la cual
hallen cabida: la verdad dialéctica, la verdad experimental y un
nuevo tipo de síntesis, el propio de la conciencia que pone en ejercicio la plenitud de sus facultades. Esta operación conscienteJ
llámese intuición o como se quiera, sirve para que nos demos
cuenta del movimiento creador que opera en cada punto del Universo. Esta operación coordinadora obedece a lo que llamamos
un orden estético. En él se integra la pluralidad a fin de que podamos pensarla, sin falsificarla en abstracciones, sino tal cual es:
diversa, activa y coordinada. No hay otra manera de entender
1a realidad. No es legítimo identificar idea con realidad. Las cosas no nos llegan a la conciencia del mismo modo que las ideas,
ni con parecida certeza. Las conocemos por experiencia, que se
nos manifiesta como representación siempre variable, por estar
'Subordinada a los cambios de sensación y memoria, sin embargo,
sujetas a leyes. Las leyes propias de las cosas, ya sean causales,
ya estadísticas, no son nece arias como lo son las de los conceptos,
lo que prueba que en el Universo no hay necesidad sino divina y
-creadora espontaneidad, al revés de la verdad formal que acaba
188

identificando el hecho con la abstracción, reemplazando así la' realidad viva, con el mundo inerte de los entes. Mirase entonces patente el error de explicar la realidad por caminos unilaterales, ya
sea el del discurso, ya sea el de la sensación. Ni siquiera coinciden
ambos entre sí, aparte de que no abarcan todo lo que llega a la
conciencia. El todo complejo que es el hombre, no encuentra su
unidad ni por medio de la mente lógica y su principio de identidad, ni por la vía de la sensación y su provisionalidad. El hombre deriva unidad y certeza de su conciencia que es la madre del
conocer y también inserción de lo fijo de los principios, los aprioris en la corriente misteriosa del devenir.
Consecuencia de lo dicho hasta ahora y lo que vendrá después
es que po tulamos una filosofía sin entes propiamente sin metafí ica. No reconocemos encima ni abajo porque todo es divino en
su origen y proporcionado conforme a su situación, dentro de una
existencia que abarca todos los lugares en la infinidad del tiempo.
Filosofía de hechos pensado~, según la manera en que los hechos
aparecen, se desarrollan y cumplen. Lograremos así una filosoüa del vivir real y concreto, sin .conceptualismos deformadores.
Constantemente, filosofía ha estado equivaliendo a destrucción y
exclusión; se u prime al individuo, para pensar en el universal:
se maneja el concepto y se deja la realidad "entre paréntesis".
uestra filosofía u a el universal para mejor determinar al individuo, lo aprovecha como instrumento estructural, indispensable para plasmar como ser de existencia, pero en vez de darle la espalda
a la realidad entra en ella confiada en que ha de hallarle significación y armonía.
La verdad es como el diamante : sus caras dirigidas a planos
distintos recogen la claridad de todos los rumbos, para lograr brillo y firmeza. Lo que ólo en un plano se desenvuelve es pobre y
por fortuna falso.
La causa de la estrechez de ciertas filosofías contemporáneas
procede de la limitación que impuso Descartes a la noción del ser.
Aun de de el punto de vista de la visión, la conciencia es poliédrica. Po tuló Descartes pensamiento y extensión y nada más, con
189

�lo que divorció la filosofía de la vida que es lo ~ o que divorciarla del ser. El poeta percibe la unidad de las cien facetas del
diamante y lo infinito de los factores que en el Universo concurren a la armonía. Y la armonía es la estructura del todo de la
existencia. El filósofo poeta ordena la pluralidad sin menoscabo
de sus partes, siguiéndolas en su funcionamiento. significativ~ ,Y
creador. De allí que el verdadero poeta atine meJor que el filosofo idealista en la tarea de lograr una concepción coherente de
la vida. Y sólo es filósofo en grande quien alcanza una visión
universal de tipo poético cuya norma no es el discurso. sino el
orden creador que se desenvuelve según las formas del ntmo, la
melodía y la armonía.

EL PROCESO DE LA COORDINACIÓN

La doctrina de la coordinación encuentra sus orígenes más remotos en el hecho de que la conciencia en su despertar no atiende a una sola cosa, ni siquiera a varias c?sa,; aisladas Y ~articularizadas , sino a todas las cosas, sus relaciones, sus conex10nes.. El
primer esfuerzo mental es el de com~aración ent~e el yo que_ p1e~sa y los objetos externos que son diferentes a el. ~a conc1enc1a
los reconoce como diferentes, pero nunca como aJenos a nuestro yo; la convicción de que podemos actuar sobre las cosa~, aprovecharlas, clirigirnos a ellas o defendernos de ellas y eludirlas es
tan elemental en el pensar, como la visión misma y la representación que nos particulariza cada objeto. Todo_ conocimiento. v_a
acompañado de un significado atribuído al obJeto, ya ~e. ~hrudad ya de repulsión y diferencia. El próximo saldo del JUICIO es
el que reconoce la interacción de las cosas entre sí, ya no con relación directa a nuestra persona. De esta suerte, en todo pensar
aparte del elemento del "cognoscere" primitivo que _viene de a~~rrar, apoderarse de algo, aparece también un sentido de pos1b1lidad en cuanto al uso o la relación que podemos establecer con
lo percibido. Aparece también la noci6n de las relaciones entre
190

las cosas mismas. En cada caso, pensamos, siempre dentro de un
sistema. Averiguar el engrane y el operar del sistema es tan necesario como deslindar sus elementos. Conocemos por síntesis antes que por análisis. La operación de la síntesis consiste en una
coordinación, para tal o cual fin, de los datos captados por la conciencia. El análisis que descompone esos datos es fecundo cuando
sirve para formular mejor la síntesis. Un pensamiento que se conforma con el análisis, no es un pensamiento filosófico. La síntesis
es la operación capital del filósofo. El desarrollo de la síntesis
aprovecha los principios de la razón. El principio de identidad,
trasunto de la permanencia de nuestro yo consciente, nos lleva
a distinguir las cosas para referirlas en seguida al yo permanente
que se supone idéntico a sí mismo. Pero como todo lo que existe
cambia, incluso nuestra propia individualidad, la filosofía eleática
no es otra cosa que un escape hacia la ficción de la identidad. Y
para conquistar certeza1 la identidad tiene que refugiarse en la
simpleza del A es A y no B, principio que es válido sólo para las
creaciones mentales que son las ideas, nunca para las cosas y los
seres que poseen existencia real. La identificación que postula la
mente lógica no corresponde rigurosamente a la realidad, porque
no hay en la naturaleza dos seres, dos estructuras, dos organismos
exactamente iguales. La identidad es una ficción necesaria al intelecto, contraria a la naturaleza y también al espíritu que por
doquiera plasma según la heterogeneidad. Y si no hay identidad
rigurosa entre los objetos concretos, menos aún, la hallamos en
los sujetos del pensamiento. La identidad en cada sujeto, sirve
para sostenerlo en la afirmación de su unicidad, singularidad: soy
yo diferente a todo lo demás de la existencia y no hay otro igual
a mí exactamente; y no pueden consumarse en mí sino identidades de concepto. El único que soy, es e1 testimonio de la infinita
variedad, de seres análogos, que ni quieren ni pueden resolverse
en abstracciones como las esencias, o los entes de los metafísicos.
Fuera del conceptualismo, el principio de identidad tiene que
transformarse en experiencia del yo frente al tú, del yo frente a
la pluralidad.
191
Hl3

�SUMAR ES IDENTIFICAR, PERO NO ES UNIFICAR

El concepto define la cosa, le otorga figura asequible al espíritu, pero el mal está en que pronto se olvida el residuo de significado que no marca el concepto. Este mal de origen viene de
la tendencia matemática de reducir las cosas a común denominador. Esta operación sirve para sumarlas; a la filosofía no le importan las sumas; quiere enterarse del mundo como es, en su constitución íntima, sus leyes, su orden peculiar, su armonía y su afán
que se expresa en odio y amor. Las sumas nos dan identidades
que ya sólo interesan dentro de la cantidad. En su operación final de las ecuaciones, la matemática, según lo ha demostrado ampliamente Brunswick, no hace otra cosa que formular identidades. El tipo de unidad que la filosofía debe alcanzar es muy distinto y se parece más que a la matemática, a las unidades de sentido que da el lenguaje; a las unidades como armonía que engendran los sonidos en la música y los colores en la luz.
Los conceptos se unifican por abstracción que elige ciertos caracteres para construir un género y elimina otros que a menudo son
esenciales. Los individuos, los seres, se unifican por vía de relación
congruente, puesto que no es legítimo prescindir de uno solo de
ellos. Para el pensar estético, cada cosa y aún cada propiedad
de las cosas ha de mantenerse individualizada y única. De otra
manera el conjunto a que cada cosa pertenece no podrá funcionar según capacidades y jerarquías. Se trata de un frmcionamiento que no es posible expresar con ecuaciones. Para la filosofía de
la coordinación, la identidad de cada ser y cada cosa es única e
indisoluble. Con respecto de todo lo que existe, igual a sí mismo
diferente cada uno de los demás. Se advierte, en seguida, la diferencia radical que separa este tipo de identidad: persona, una
en lo vario, y la identidad abstracta que suprime lo vario y su
derecho a persistir ante la conciencia. La abstracción iguala los
unos que son por esencia inigualables. El principio de identidad
afirma que A es igual a A. Esto es un postulado aplicable sólo a
las abstracciones. En el mundo real, cada A es A y no es idéntica
192

a ninguna otra A, menos a una B cualquiera. Cada ser es único
en su contextura, en su función y en su destino. Y, sin embargo,
podemos pensar juntos, sin esfuerzo alguno, a todos los seres; los
pensamos siguiendo con la imaginación el ejercicio regulado y
ordenado de sus concreciones y sus interpendencias. El secreto de
este pensar se manifiesta en la experiencia ordinaria y en la experiencia científica. Para organizar la experiencia, hemos menester
de las formas mentales, las categorías, pero como instrumentos,
de conformación y de medida. Se sale de la experiencia y se cae
en el error conceptualista, cuando convertimos formas, conceptos,
categorías, en fetiches o ídolos del conocer; entes falsos, porque la
creación, consiste de una variedad de criaturas ligadas por sus actividades y sus propósitos. De esta suerte el principio de identidad, caracteriza a la criatura, pero sólo la afinidad y la armonía
nos permiten concebirlas a todas en la realidad de su vivir. Y en
él cada cosa es lo que es y no lo contrario. Al revés del que diga
que todo es uno y lo mismo.
Tomemos un ejemplo: 2 más 2 igual a 4; esto es cierto sólo
cuando sumamos los entes que son cada número. En el momento
en que manejamos cosas, la situación cambia radicalmente. Aparte de la identificación que supone el decir: dos manzanas y dos
manzanas son cuatro manzanas, sabemos que la chispa y la pólvora pueden sumarse diciendo que son dos cosas. Pero en seguida
advertimos la futilidad de reducir chispa y pólvora al género cosas. Nos consta que el efecto de combinar chispa y pólvora es la
explosión. Ni el proceso ni el resultado tienen que ver con la suma. Elementos heterogéneos, dispares, al reunirse, producen efectos inesperados que podrán ser objeto de medidas expresadas en
fórrnulas, pero que no deben su origen a la combinación formal,
matemática, sino a las cualidades heterogéneas, de la pólvora y
la chispa, o del rojo con amarillo, que producen efecto agradable.
Tampoco se puede sumar rojo con amarillo; para expresar la
liga abstracta y numérica de los dos heterogéneos rojo y amarillo, decimos que son dos colores; pero el artista no se conforma
con la obvia definición genérica; ya se sabe que son colores; lo
193

�que le preocupa es la cualidad que hace fecunda la ~o~binación
de los colores. Reducir uno al otro, según el procedrrmento abstracto, es imposible sin prescindir de las cualidades de ambos:
combinándolos de hecho se nos da la novedad de que engendran
el naranjado, etc. Exponer los colores, oponerlos,
lograr efe~tos de armonía, es la tarea propia del artista. LeJOS de reduc~r
un elemento a otro, el artista se apega a sus diferen~ias; el roJO
ha de seguir rojo y el amarino, amarillo. Pensamos as1, el mundo
enriquecido de la realidad y dejamos de lado el mundo empobrecedor de la abstracción.

Pª:ª

FILOSOflA COMO SIMPLlFICACIÓN Y FILOSOFÍA
COMO ARQUITECTURA

La filosofía comienza con un esfuerzo de reducción de la pluralidad a la unidad. Encontrar un elemento al cual pudiesen s~r
asimilados todos los cuerpos, todas las apariencias, fue la ambición de los primitivos filósofos. Tales creyó haber resuelto el. pr~blema cuando afirmó su tesis de los cuatro elementos constitutlvos de la creación que creyó poder reducir a uno solo afirmando:
"todo es tierra". Después de Tales, Anaxímenes modifica la ~lución cuando afirma que "todo es aire", y más tarde Heráclito
asentaba: "todo es fuego". Y si de los físicos pasamos a los ~leatas,
veremos que la tendencia es la misma : encontrar una ~dad a
la cual pueda referirse todo lo existente, ~odo lo c~mb1ante. Al
advertir que los hechos cambian pero la idea subsiste, surge ~l
idealismo que no es otra cosa que el mismo esfuerzo de reducir
lo plural a lo uno; en este caso, la idea _representa un uno d~ apariencia inmutable. En este uno, la idea inmutable, se fundara todo
el idealismo sin advertir el mal de origen que consiste en reem'
.
plazar las cosas reales o seres vivos con un ~te que n~ ,nene otra
virtud que su ficticia inmutabilidad. La idea del tnangulo no
cambia, pero un Universo compuesto de triángulos abstractos, de
ideas inmutables, es un Universo falso que sin embargo es capaz

de un desarrollo natural, desarrollo científico que es el de las
conexiones lógicas entre los conceptos. A base de conceptos fijos
y de relaciones lógicas se ha construído una filosofía ya milenaria, sumamente ingeniosa y que divierte a determinados espíritus
teóricos, pero que no corresponde ni a la realidad del Universo
externo ni al misterio de la conciencia humana y sus destinos. El
descubrimiento pitagórico del número como esencia de los seres
y su consecuencia obligada de que las relaciones numéricas, la
matemática, explicarían el proceso del mundo real, debe ser visto como otro ensayo fallido. Desde hace tiempo sostenemos que
la fecundidad del descubrimiento pitagórico no está en el número
que se desenvuelve según sumas y restas infecundas, en ecuaciones obvias, sino en haber hallado que todos los movimientos de la
creación obedecen a un ritmo cuyas leyes no son matemáticas,
aunque a veces sean susceptibles de determinación matemática.
A través de la historia de la filosofía ha subsistido la división entre realidad plural por un lado y por el otro nuestra mente, cuyas
normas no son adaptables rigurosamente al Universo externo. Propiamente ni siquiera nuestra conciencia puede ser subordinada a
las leyes de la lógica o a las leyes del cálculo matemático. Y es
porque en la creación se nos manifiestan series de procesos. Cada uno de estos procesos obedece a ley propia, y el afán de unificar en el sentido de reducir un proceso al otro, de identificar un
elemento con otro elemento, ha sido siempre y seguirá siendo un
afán bastardo. La filosofía no busca unificar lo heterogéneo, no
es una aritmética que para sumar precisa reducir las cantidades
a un común denominador. La filosofía es un ejercicio que comprende algo más que la cantidad. Sólo la cantidad es reductible
a términos matemáticos v a términos lógicos, no así la calidad. Y
tanto el mundo exterior, como la conciencia del hombre, están
hechos con elementos y variantes de cualidad.
El error fundamental de los filósofos ha sido en consecuencia
desentenderse de la calidad que no se somete a sus esquemas o
reducir la calidad a cantidad para damos sistemas de pensamiento en los que la realidad, la vida misma parecen sacrificadas, subor195

194

�dinadas a esquemas de cantidad y de lógica. De ahí la insuficiencia de la filosofía a través de su historia, porque la conciencia
del hombre no se resignará nunca a prescindir de la cualidad.
En la cualidad encontramos no sólo la esencia de cada existencia,
sino la ley de su determinación y de su desarrollo. De aquí también la antítesis que ha perdurado entre el temperamento del filósofo, por regla general del teórico, que se satisface con abstracciones, y el temperamento del artista que exige comprender sin
destruir, comprender en su integridad un Universo que posee más
contenido que el que cabe dentro de los casilleros de los filósofos.
Hay en la filosofía figuras excelsas como la de Platón, que reconocían la necesidad de una filosofía de cualidades, una filosofía
de concierto y no de exclusiones. Por desgracia lo único que de
su obra pudieron entender la mayor parte de sus continuadores,
fue la teoría de las ideas; teoría que en Platón no pasa de ser una
hipótesis agradable, nunca una explicación de conjunto.
Pero hay además en la filosofía una figura poco recordada y
que hoy se nos aparece como precursor y maestro de esta filosofía
que llamamos "de la coordinación". Se trata del único filósofo
antiguo que se rehusó a explicar el mundo convirtiendo lo blanco
en negro y viceversa, sino que procuró hallar el elemento superior, una ley o un orden, dentro del cual se expliquen lo blanco
y lo negro, sin dejar de ser negro y blanco. En suma, abordó la
pluralidad sin reducirla a falsas unidades sino en su directo y vivo
esplendor. No pretendió reducir el color al sonido ni lo humano
a lo sub-humano o lo divino, sino encontrar la conexión no sólo
inteligible sino sensible y estética que otorga su sitio y aprovecha
para las finalidades superiores de la existencia cada una de las
criaturas del Universo.
El antecesor a que nos referíamos, antecesor de esta "filosofía
de la coordinación", es nada menos que Empédocles.

196

EMPÉDOCLES .

El gran predecesor de los que hoy postulamos la filosofía como
coor&lt;linación, es Empédocles. El habló, el primero, de que, es la
combinación de los elementos el secreto del ser. Dijo también
Empédocles: "no intentes reducir la calidad". Una filosofía de
calidades es la nuestra, en oposición a las filosofías abstractas que,
para generalizar, prescinden de las calidades y los caracteres que
singularizan los seres.
La matemática no discurre si previamente no reducen las cosas, los predicados, a un común denominador. Pero la filosofía,
integración cabal en cantidad y calidad, personalidad y destino,
tiene que concebir los seres en su integridad; para ello se atiene
a las relaciones de la armonía o la desarmonía. A la filosofía no
le importan las sumas, quiere enterarse del mundo tal cual es en
su integración cabal, de estructura y sustancia, en su realidad de
seres que poseen caracteres irreductibles a otros. No hay entre
estos seres común denominador posible, como no sea el de la existencia.
La idea de fijeza implícita en el uno abstracto, sedujo a las
mentes más preclaras, que imaginaron haber resuelto el jeroglífico filosófico, sin advertir que al desarrollar ideas fijas, sólo ideas,
al hacer platonismo incompleto, condenaban a la filosofía al divorcio de realidad y concepto: vida y ficción.
Desde entonces, la filosofía será juego de conceptos, desligados
de los seres; fantasmagoría de entes sin posesión del ser; pesadilla
de estructuras que flotan en el vacío y son declaradas eternas, pero
a cambio de quitarles lo que es esencial en el ser: la potencia que
lo hace cambiante, progresivo, real, jocundo y fecundo. Frente a
esta inexplicable falsificación, el artista se ha quedado perplejo
Y su obra ha sido tanto más fecunda cuanto más se ha apartado
de una filosofía que como tal filosofía es falsa.
La v~rdad, entonces, es armonía de pensamiento y realidad. Tengo sobre la mesa dos peras y dos manzanas, y pretendo informar de
ello en lenguaje genérico: diré entonces que están allí cuatro obje197

�tos, cuatro fruta . En este momento dejo de ser filó ofo, si por filosofía e entiende sabiduría de conjunto específico, conocimiento
de la multitud de las coas conforme al orden que las hace existir.
Al decir cuatro cosas, confieso el fraca o de la razón, el fraca o de
la abstracción. o quiero hablar de cuatro coas; mi erdadero
deseo traducir al lenguaje la placentera realidad de las do manzanas de tamaño de igual, de color peculiar, la dos peras de lustro a corteza apetecible. Tanta preciosas particularidades que se
contienen en cada cosa tengo que sacrificarla para decir: "cuatro objeto ' . Si e to es hablar filo óficamente, hay que renunciar
a la filo ofía y in embargo, esta ha ido la filo ofía : un i tema
de qucmatizaciones, fal ificaciones de la realidad. Sostengo que
el modo de expre ión del artista, que pinta las manzana , según el
consejo de Empédocles " in sacrificar la cualidad' reproduciendo en imágenes la cualidad, es más filo ófico que el del intelectuali ta que lo reduce todo a entes y número . El lenguaje de imágenes
e sobrepone cuando interviene el artista al lenguaje de las ideas
abstractas y con ello la expresión se perfecciona e complementa.
Afirmo que el filó ofo ha de ser el intérprete de todas las expreione , la conceptual, la pictórica, la mu ical, la expresión entimental, deri ada de las conexiones de la cosa o el er con nuestra
vida. Para lograr esta suprema síntesis no basta la razón; hacen
falta los aparato vario de que dispone la conciencia para conocer: aparato que quizá se reducen a las tres categorías: a priori
mental racional, apriori ético constituído por juicios de valor,
apnon tético que responde a las forma estética esp cíficas:
ritmo melodía, contrapunto. El contrapunto, ya lo hemo dicho,
el silogismo de la estética pero no equivale al silogismo, no puede ser reducido a ilogismo , pues es como la realidad, armonización de lo diverso.
Para que tornen a colaborar filó ofos y poeta , e men ter recordar que, en definitiva, la función del pensamiento es ordenar;
pero no sólo se ordena por géneros y especies, lo que da "un ordenarwento conceptual" ; e piensa ordenando conforme las afini198

dades y relaciones que las co as mi mas y los sere manifiestan egún su constitución interna y us relaciones recíprocas.
De donde resulta que ta filo ofía estética que postulo, lejo
de ser confusa, aclara la confusión. Expr a la co a n sí el elei:nento irreductible a razón. El irracional que otro filós~fo deJ~n umer~~do en tiniebla, no otros lo dcslindamo egún categorias espec1f1cas, la categorías de la estética. El orden de la belleza se construye en nuestro istema serrún el ritmo la melodía.
~a a~moní_a y u finalidad. La finalidad se revela juzgando con la
mtehgenc1a y con la ética y la estética. e alcanza a í la finalidad
absoluta que
Ero , divino amor que se organiza en formas de
armonía dicho a y eterna.

F

CTOR DE

CooRDINACIÓN

¿ Cuál es el tipo de unidad que alcanza nuestra filo ofía? Una
~idad no m~temática, una unidad compleja pero activa y organizada, la urudad qu da a nu tro vivir la conciencia. La unidad
que se encuentra en la acción en vez de la unidad de lo inerte.
Hay en la conciencia una raíz de ord n obrenatural. En ella lo
natural es participación, no es origen. La conciencia e un comp_uesto trino y uno de pa ado, presente y futuro; memoria aten~ón Y previsión; al mismo tiempo, quietud y movimiento'; a un
tiempo, noción de cambio y certidumbre de fijeza. E te contrae?tido original es la causa de todas las perplejidades del pcnsa~ento y to~as ellas e aclaran según la coordinación, que no permite. concebir pasado, presente y futuro en unidad de conciencia.
La Vlda es acción pero en las tres etapa del verbo, pretérito pre~nte Y futuro; un caso más de las determinacion s trinitarias que
ngen a todo lo creado.
La Trinidad
el primer sistema impar y conforme a él se
construye. todo lo que tiene existencia. Por o la verdad, toda verdad es trma no una; por eso también la verdad es coordinación
no identificación ni abstracción.
'
199

�Si reducirnos la cambiante fijeza de la conciencia a su elemento fijo, haremos idealismo y llegaremos a la absurda conclusión
hegeliana de que "el ser es la idea"; si nos quedamos con el cambio, caeremos en el escepticismo de Heráclito que declara imposible la verdad. Pero si hacemos filosofía de la coordinación que
respeta cada factor y le busca el proceso concurrente, advertiremos que el cambio tiene su estructura y su ley. Lo mismo en los
cambios físicos que en el psicológico fluír de la existencia, los momentos del cambio canalizan según normas eternas ya de razón,
o de experiencia moral o de belleza. El ser se manifiesta en la
combinación, la armonización de elementos dispares. El ser se
desenvuelve alternando irreductibles como: el cambio y la fijeza,
la idea y el movimjento; la imagen y su armonía. Las imágenes
expresan la realidad mejor que las ideas. Las ideas mantienen entre sí la conexión que les da la lógica; las imágenes para hacer
sentido deben acomodar el Universo al orden de la conciencia.
No se rigen las imágenes por las asociaciones mentales que imaginaba Hume, sino por imitación y paralelismo de la acción de
. los cuerpos que simbolizan; las imágenes que responden a los cuerpos físicos, se gobiernan mejor por las leyes de la física que por
la asociación de las imágenes en la memoria. La vida y sus estampas mentales obedecen en definitiva a las leyes de la biología y así
sucesivamente, el Universo es un sistema de zonas diferentes que
actúan una sobre otra y sin reducirse una a la otra. El conjunto
actúa según armonia y proporción orientadas a un fin. La realización del fin último requiere que cada quien ejercite su función
propia, cumpliendo así su destino. El Cosmos no está presidido
por el Uno abstracto de Parménides. Lo rige la persona Divina
que en la plenitud de su existencia se nos revela según la Trinidad de Padre, Hijo y Espíritu Santo; el Creador, el Redentor y
el Verbo perenne que es sostén de los mundos. 1
El Personalismo.
Un gran refuerzo para mis propias reflexiones, vine a encontrarlo en los últimosaños en la filosofía norteamericana llamada del Personalismo. Las conclusiones de esta escuela son de hecho las mismas que nosotros alcanzamos por caminos independientes. Tanto el personalismo como nuestra propia filosoüa estética, son doctrinas.
' NOTA.

200

EL RITMO TRINO, CONDICIÓN DEL SER

Parti~do de doctrinas como las del cuanta de los físicos, he
?retendi~~ generalizar, afirmando que toda creación supone la
m~ervenc1on, de cuerpos y elementos heterogéneos, impares, disímiles. El numero y la proporción de los elementos que integran
la luz no es homogéneo, es irregular, impar, como el puñado del
sembrador o el '~o~tón de monedas,, que el pródigo regala sin
contar.. Con esto últuno basta para nuestra tesis estética; no es:
necesano ~esarrollar fórmulas matemáticas que, por otra parte,
no hacen smo expresar en el lenguaje del cálculo el hecho de la
heter~~eneidad de los componentes de todo acto c~eador. La antigua f~s1ca_ del p~ralelismo y equivalencia de fuerza y materia, en
co1?bmac10nes ,Sln fin, como origen de lo que existe, supone una
calidad ho_mogenea en la fuer.za y la materia, y se presta a desarroll?s cartes1a_nos de pura extensión. En cambio, hoy sabemos que
m la matena homogénea ni la fuerza como género se encuentran
en la realidad. Propiamente no hay fuerza y materia como elementos separados. Lo único que existe es una familia de seres hech~s de átomos, células, organismos, conciencias. Desde su origen
el atomo es una estructura -protones y electrones en acción recíproca, específica-, cuerpo heterogéneo, como el nuestro dentro
del cua~ opera un principio de alma que llamamos electricidad &lt;&gt;
magnetismo Y_ que es invisible al sentido, sin embargo, indispensab~e para_ exphc,ar el fenómeno. No existen, pues, cuerpos sólidos,.
ru espacios vac1os; todo pasa en el continuo espacio tiempo que·
no ~udo sospechar Kant. Desde el comienzo, la existencia es una.
acción, ~e factores en perpetua interacción dispar. Lo abstracto y
lo genenco care~en d~'~istencia real y no pasan de ser, para muchos, una especie de idola menti''. Comienza la tarea construcque toman en cuenta el desarrollo de las teorias científicas experimental
.
podrd_los pensadores científicos como Whitehead y los intérpretes de laesf.'1S1?canentado9'
E
. . como punto de partida 1
nueva &gt;
li lllgton , .Halda ne, e t c., y toman d o a Le1brutz
~uóperan el determinismo positivista y alcanzan verdades qu:s

C:\t~q~

gi

n.

Je::~:
201.

�tora, en el átomo moderno, comparable a la mónada ~e Leibnitz,
estructura dotada de interna actividad de desarrollo, clif erente del
todo del átomo homogéneo de Demócrito.
.
y según lo tengo expuesto en mi Lógica Orgáni~a, si de la física
pasamos a la química, nos encontramos con ~ sIS~ema co~sn:uctivo natural, perfectamente análogo a las combmaciones atorrucas
hechas de protón, electrón y ión. Los componentes de todas las
~ustancias son impares, heterogéneos, de otro modo no hay cre~ción; ejemplo, H 20, el agua, ChNa la sal, cte., et~. En cambio
H2
H2 produce suma que es aumento de cantidad, no crea-

+

ción de un cuerpo nuevo.
.
En vez de la antigua catálisis que era una palabra para designar un enigma, el químico de hoy estudia h acción de element~s
eléctricos llamados iones que son factor o resultado de la _com.~1nación pero que no aparecen si los elementos de la combmac10n
dejan de ser impares y heterogéneos.
.
También en físico-química, adoptamos, desde hace t1e1:°?º' el
principio revolucionario que reforma la química de Lavo1S1er: ~a
segunda ley de la termodinámica. La segunda ley ~e la termodmamica nos enseña que la energía ni es homogénea ru se conse_r~a_- La
energía cambia de calidad por el fenómeno de la ~r,ev~rs1bilidad
. 0 también, en vez de conservarse 1dent1ca
y por eso nusm
.
. se de.
grada, al pasar de la creación al reposo, del trab~Jo a la merc1a.
Los seres de la física entonces se nos presentan unpares, heterogéneos en su composición y sujetos a la calidad en su desarrollo.
Un paso adelante y tenemos la operación de la célula viva. D~ ~lla
están hecho3 todos los seres vivos. Y a desde nuestra Me,taf1S1c~,
publicada en 1929, señalamos el carácter_ s~gular de ~a _celula viva y la contradicción que hace del d_eter~urusmo ~atenahsta, puesto que lo viola al ejecutar actos fmahstas. Recientemente Euge. D Ors en s~ libro: Secreto- de la Filosofía, señala el caso de la
mo
'
. D
. (
d
teoría de la evolución como uno en que ru ar~n Y po emos
añadir, ni Spencer), se dieron cuenta de que mmaban, ~chaban
abajo el determinismo mecanicista en que, ~an~o Darwm como
Spencer, siguieron creyendo pese a su evoluc1omsmo. Los evolu202

cionistas Darwin, Goethc, dice Eugenio D'Ors "introdujeron en
las ciencias naturales un estilo de música, en otro términos un
estilo de historia y arrebataron la condición de estabilidad a nuestra visión del mundo, atacando por su base la validez del principio de contradicción. ¿ Cómo se pudo compaginar la evolución
con el mecanicismo, teóricamente dominante entonces?, constituye una de esas anomalías en que vemos caer a veces el espíritu
colectivo. Darwin no se dio cuenta de que rompía la rígida racionalidad en la explicación mecánica del Univer o. Pero antes que él
Leibnitz sí comprendió que su racionalismo no encajaba en el dinamismo de su monadología, por eso descubrió el cálculo diferencial que hace que la distinción del número 2 y el número 3 sea
presentada como una distinción entre el negro y el gris porque la
ha e de tal concepción se halla en la continuidad. Tenemos en
Leibnitz todo un capítulo de saber emancipado de las leyes lógicas
que gobiernan toda la ciencia". Se nos muestra Eugenio D'Ors
en esta obra suya, que es el mejor libro de filosofía publicado en
España en más de un siglo como un pensador emparentado con
el personalismo, según tiene que hacerlo a la fecha quien no hace
lo que Husserl: taparse los ojos para no mirar lo concreto y los
oídos para mantenerse sordo al rumor del Cosmos que es canto
de vida. Por eso después no encuentra entre sus entes un sitio para
el ser que posee acción y pasión.
Desde que en el seno de lo biológico aparece el organismo, hallamos en éste la oposición creadora propia de ciertos heterogéneos_
No es fecunda la acción del ser vivo sin el ritmo concurrente de la
izquierda y la derecha. Sin el mecanismo heterogéneo, pero concurrente del lado izquierdo y el lado derecho, el hombre sería un
robot. Sin la acción dispar de macho y hembra la cadena de la
vida se rompería. En la vida opera el principio de la trinidad
igual que en la química. La condición de la heterogeneidad concurrente la encontramos en el Universo, desde la lucha y concierto
del protón y el electrón en el átomo y pasando por la célula viva,
hasta la Teología que enseña ser Dios, Trino y Uno, y no sólo uno
o sólo tres. Y nos sorprende el hallazgo de que la Trinidad, que
203

�es misterio de la fe y contrasentido lógico, resulta necesaria para
1a lógica de la coordinación que no maneja unidades de tipo -~atemático, sino factores, de calidad irreductible. En lo matematJ.co
·se es uno o se es tres, pero el método de la coordinación nos en·seña que el ser no existe ni en el uno ni en el tres, sino en la combinación de ambos, desde los hijos de la biología que proceden de
la disparidad hembra y macho, hasta la naturaleza divina. Toda
Tealidad se nos revela entonces construída según factores heterogéneos que para existir han tenido que consumar combinaciones
de carácter impar.
Y la última verdad, milagro de los milagros, es que, dado el
,orden genético y no dialéctico de toda existencia, Dios es la ,Trinidad de Padre, Hijo y Espíritu Santo. Quedando resuelto as1, de
golpe, un problema que es insoluble para el racionalismo dial~ctico. La razón racional no me permite concebir lo uno como trmo
y viceversa; pero la razón como coordinación encuentr_a obvio
,que toda unidad viva sea un resultado de la concurrencia de lo
&lt;lispar, según armonía que se va resolviend-0 en amor.

'204

LA OBJETIVIDAD INTRAVITAL DE LOS VALORES

Dr. Lms

RECASÉNS

SrcHEs

Universidad Nacional Aut6noma de Mlxico

LA FILOSOFÍA FENOMENOLÓGICA de los valores de Max Scheler y
Nicolai Hartmann tuvo razón en las críticas que dirigió contra el
subjetivismo axiológico, al poner en evidencia que los valores -sobre todo los de rango superior- no constituyen ni una expresión
de lo que es agradable a un sujeto, ni tampoco la proyección de
lo que un sujeto desea.
Ahora bien, si la objetividad de los valores significa que éstos
no son meramente subjetivos, es decir, si significa tan sólo que no
consisten en el resultado de mecanismos psíquicos, entonces, debemos declararnos en favor de la objetividad en el dicho sentido.
Pero sucede que Scheler y Hartmann tendieron a sostener una especie de objetividad ideal abstracta de los valores, tendieron a
desarrollar lo que un famoso filósofo de nuestro tiempo (Heidegger) llamó, graciosa e irónicamente, una "astronomía de los valores". Esta concepción tiene el peligro de llevar a una especie de
"utopía y ucronía" de los valores. Yo no me digo que Scheler y
Hartmann cayeran en tal "utopía y ucronía'\ pues por el contrario
relacionaron los valores, al menos en cuanto a su "deber hacer" con
las realidades de la vida humana, tanto individual como socialhistórica. Sin embargo, esa tendencia a la utopía y a la ucronía
está, por lo menos latente, en aquella filosofía fenomenológica.
Frente a esa tendencia a considerar los valores como puras esencias ideales, en un remoto firmamento, considero que es necesa205

�rio introducir algunas puntualizaciones
algunas rectificaciones.
Debemos entender que los valore son objetivos, en el sentido de
que no son meras emanaciones d l ujeto en el entido de que no
on 1 yes ni hecho ca uales de naturaleza psicológica. Pero la objetividad de lo valor se da dentro del marco de la vida humana.
Es decir se trata de una objetividad intra- ital. Son objeti o
porque no son producidos por el sujeto. El sujeto lo encuentra
ante sí como objeto, como objeto con lo cuales tropieza al igual
que tropieza con todos los demás objeto · como objeto de carácter ideal a cuya validez tiene que asentir tanto si le gusta como
i no le gu ta, tanto si le conviene como si no le conviene, tanto
i fa orecen sus d eo como si lo contrarían. Ahora bien esta
objetividad
tal dentro de la vida humana, para el hombre.
Me e toy refiriendo a la vida humana en el ntido de la filoofía de Jo é Ortega y Gasset, es decir del humani mo tra cendental. Mi vida no oy yo, ni es el mundo. Mi vida es la co- istencia
inseparable inescindible entre el ujeto los objetos, entre el yo
y su mundo. Cierto que lo objetos dependen en alguna manera
del sujeto -este es el legado que obre ive perennement del
idealismo a p ar d que debamo considerar al ideali mo en u
conjunto como periclitado--; sin que tal dependencia signifique
ni mucho menos, la forzosidad de que el sujeto deforme lo objeto . Pero, en todo caso, yo no soy una de tantas co a que en el
mundo haya· yo oy, por lo meno la coa testigo de todas la demás. Pero si bien es verdad que los objetos dependen de mí en alguna manera, es igualmente verdad que o dependo de lo objeto ,
pues si no hubiera objetos qu pensar que cli frutar que tolerar o
sufrir que desear o detestar, con los cuales ocuparme o no sería,
yo no existiría, pues tal hipótesis convertiría a mi yo en un total
vacío en nada. El dato radical, punto de partida de la filo offa
no es ningún objeto ni tampoco mi subjetividad: por el contrario
es el hallarme a mí mismo en el mundo ocupándome de él. o ha
prioridad ni en favor del sujeto ni en favor de lo objetos: me encuentro a mí mismo y el mundo en que estoy simultáneamente,
in eparablemente. Mi ida es la realidad raclical primaria, la cual
206

e_ una realidad dual. Mi vida consiste en la recíproca articulac16n entre el yo y su mundo, entre el sujeto y lo objeto . Todo
cuanto es - r al, ideal pr ente, latente, mundanal o en cl más
allá::- por de pro~to _I~ es en mi vida, como dato o como preocupac10n. E to no s1~1ca que lo objetos no tengan una realidad
trascendente a mi vida. Muchos de ellos pueden tenerla la ticn n s guramente. Pero tal r alidad no es algo autoevidente; es
ª!go a lo que tenemo que llegar por medio intelectuales, gracias a los cuales la podremos justificar. E to e lo que no sucede ~ambién con la exi tencia de Dios. Lo que trato de eñalar
aqw es que todo cuanto e lo es por de pronto como un objeto
de mi vida.
unque el ideali mo haya ido superado se con erva como r~ad f~rme que mi conciencia constituy el centro oporte y t amomo de todas las demá realidad . La conciencia es ineluclib~e- y necesariamente el centro nato del universo; puesto que la
v1s16n o concepción de é te se articula en una persp ctiva que
converge de. modo forzoso en mi pupila mental que lo contempla.
La p_er pectlva cr ada por la inclividualidad e ineludible y nece ~na; Y yo -y a í cada uno-- no puedo referirme ino a mi
universo. El mundo aparece necesariamente como un correlato
del yo ~~mo mi mundo. Y i desaparezco , o conmigo desapare~e. tamb1en el mundo mi mundo. Pero
que mi mundo e el
umco que p~r,a mí existe. e dirá tal ,·ez, ingenuamente, que el
mundo egmra para lo demás despué que yo haya de aparecid~; pero en e ta cxpr ión, que a primera vi ta puede parecer
di c~e:a se encubre una gran superchería; pues el mundo que
segurra es el de lo demá , pero como quien habla o yo, resulta
que~ de apa~ec~r yo desaparece el único mW1do aJ cual puedo yo
rc~ennne a~tenticamente. Por otra parte, adviérta e que los de~as para m1 son una parte del mundo es decir de mi mundo; y
51 este mundo mío desaparece con él e an también todo su
ingredientes, entre lo cuales figuran lo dcmá ( cada cual con su
r~ pe~ti o mundo ) . e dirá tal ez, que o puedo por con trucción mtelectual llegar a concluir que el mundo
algo en sí in207
Hl4

�dependientemente de mí - por lo menos hasta cierto punto
yo admito desde luego que esta afirmación es correct~;. pero ella
es una teoría verdadera que he fabricado o que he admitido, Y, por
tanto, una parte de mi mundo. Cierto que es verdad la afiimación
de un mundo ajeno a mí. Pero esto no es un dato, sino que es una
teoría · teoría verdadera, mas no de primera evidencia, sino resultado de' una construcción intelectual; la cual es un ingrediente de mi
mundo. Todo eso en nada se opone a la tesis de la inmortalidad porque todo eso se refiere exclusivamente a esta vida mía, aquí, terrena
y en este mundo, el cual es correlato del yo, es decir, uno ~e los
ingredientes de mi vida; pero no se refiere a nada más: ru por
tanto se opone de ninguna manera a una vida ultraterrena.
Cierto que la metafísica de la vida no es subjetivismo ni idealismo como tampoco es realismo. o es subjetivismo ni idealismo,
porque precisamente descubre que la vida es c~existe~cia del yo
y de los objetos. Mi vida requiere de estos dos mgred1entes esenciales: el mundo y yo somos como gemelos inseparables. Pero los
objetos del mundo, lo mismo que yo, se dan en la ~;alidad d~ mi
vida, que es la realidad indubitable, y que es tamb1en la realidad
que sustenta y condiciona todas las demás realidades. No es realismo ingenuo, porque reconoce en el sujeto el papel de ser por
lo menos el testigo de todo lo demás.
Los valores son peculiares objetos ideales, que tienen ciertamente una validez análoga a la que corresponde a otras ideas;
pero, a diferencia de éstas, poseen ~demás algo esgecial ~ue podríamos llamar vocación de ser realizados, pretens1on de imperar
sobre el mundo y encarnar en él a través de la acción del hombre.
Cierto que la e encía de los valores es independiente d~ esa
realización, es decir, un valor vale no porq~e se haya realiza~o,
sino a pesar de u no realización. Por eso se_ ~ce que la~ categonas
ser y valor son independientes. Pero tamb1en es notorio q_ue ~~ta
independencia no significa indiferencia frente a su no r:;fuac10n,
antes bien en el sentido de los valores late la pretens10n de ser
cumplidos.' Cuando los valores que se refieren a una determinada
realidad no son cumplidos o encarnados en ésta, ocurre que tal
208

realidad, sin dejar de ser la realidad que sea, parece como injustificada, como algo que ciertamente es, pero que no debiera ser.
Y, asimismo, los valores no realizados tienen una dimensión que
consiste en una manera de tendencia o dirección ideal de afirmarse en la realidad. Su sentido consiste en querer ser cumplidos,
en determinar normas para el comportamiento. Naturalmente que
cuando hablo de "tendencia'\ de "querer", de "vocación", empleo estas palabras como expresiones metafóricas, para denotar
el especial sentido de los valoTes, y no en las acepciones rigurosas
de esos vocablos (como poder efectivo, o como impulso real).
Paréceme conveniente adherirme a unas certeras aclaraciones
ofrecidas por Risieri Frondizi sobre la controversia entre subjetivismo, en la teoría de los valores, a saber : la posibilidad de que no
todos los valores tienen una índole semejante en lo que se refiere
a la objetividad o subjetividad. Es muy verosirnil que en los valores más bajos, los que se refieren al agrado o desagrado, por ejemplo, del paladar predomine lo subjetivo. Pero "este predominio
se perderá si saltamos a 110 más alto en la escala axiológica: a los
valores éticos, por ejemplo". Por otra parte, añade Frondizi que,
aun cuando tendamos preponderantemente a la tesis objetivista,
al menos para los valores de rango superior, no es posible separar
por entero, en términos absolutos, el valor y la valoración, bien
que el valor no se pueda reducir a la valoración.
La filosofía de los valores, especialmente la de la escuela de
Scheler y de Hartmann, ha representado una de las más resonantes conquistas del pensamiento contemporáneo. Pero también es
fuerza reconocer que, desde hace unos cuatro o cinco lustros, ha
entrado en una peregrina situación. La teoría fenomenológica de
los valores, al producirse en la obra de Scheler, alcanzó enorme
influjo en toda el área filosófica de nuestra época; y fue considerada como uno de los más certeros y fecundos descubrimientos de
la meditación contemporánea, sobre todo en los países de la Europa Continental y de lberoamérica. En cambio, la filosofía fenomenológica objetivista de los valores, apenas encontró reconocimiento en las regiones de lengua inglesa, pues en éstas han pre209

�. . .
ha ya habido también
dominado las doctrinas sub1eov1stas, aunqu~
1 G E Moore
pensadores próximos al objetivismo, por eJemp o, . .
'
M" h ll Robert S Hartmann, etc.
E. T. itc e '
.
..
d l humanismo trascendental -soCon algunas marofestac1ones e
Gasset- ha sucedido resbre todo con la metafísica de Ort~ga y Primera~ente, de 1920 a
1 res algo muy curioso.
pecto d e los va o
,
anas a vuelo con gran entu1925, Ortega_y Gas~e\~cho/asd:~f valores de :Max Scheler, cosiasmo anunciando a oso ia . t del pensamiento del siglo XX;
ás grandes conqws as
'd d
mo una d e 1,as m
.ó haber d eJa
. do a.un lado , casi como olv1 a a,
pero despues, pareci
.
ue Ortega y Gasset no se
1
esa axiología. Ahora bien, o ~aro es q l ro ósito de lograr una
enfrentó críticamente con la misma _con e p p
. dir de ella
.,
s li itó sencillamente a prescm
superac1on de ella. e . m .
d' , os que a desviar de ella
l
apariencia-, maro
-por o menos en
h
t . t años estaban en el cenia atención. Los temas que ac; remf a on sustituídos por otros
• t contemporaneo uer
tro del pensamien
ero sin ue desarrollase
en el pensamiento _de ~rtega iloG:sse~a~ de que ~os antes hubo
una suficiente exphcacrnn de e . ' ~
11 fil sofía de los
. .
róximamente el influJO de aque a o
de vivir muy P
. . t
orno urgente tarea, para el
valores. Queda,
c~ns1gwfen e, cel revisar la filosofía de los
• t del mmediato uturo,
.
.
d
pensanuen o
.
b e cuál pueda ser su s1tuac16n en las ocvalores y determinar so r
. as del humanismo trascendental.
. . .
tnn
. todo lo que en la axiología obJet1vista feAunque _uno aprecie
de fértil conquista, uno percibe hoy
nomenol6g1ca de Sc~e~er ~y. l
dejó a espalda sin aclarar-

°

.

?ºr

en elyla algund ~serinste:f:=~:s iat:Xci:g:raciones y la unilateralidad
las.
se a v1
en que Scheler incur~ió.
ino de la realidad fenoménica
La separación radical entre ~ r~ n punto de vista metódico,
y el reino del valor puede. se~' es e u
ede constituir una
.
d gran rendimiento; pero no pu
.
necesana Y e
.d da como una prunera y
última palabra, no p_uede, ser con~ eradecir en una Metafísica.
radical base en una filosoha gener '_es
'ódi
de la distinSin desdeñar las fructíferas perspe,covas met ca;ano más proción entre realidad y valor, debenamos, en un p

fundo, planteamos el problema de vincular de nuevo esos dos reinos, para explicarnos cómo el uno está destinado al otro, y encontrar un principio más radical en el que ambos quedasen articulados. Es decir, en un plano de diferenciación formal resulta correcto distinguir entre realidad fenoménica y valor; pero, de otra
parte, aunque desde ese punto de vista de caracterización formal
se presenten el ser y el valor como independientes, es necesario
reconocer que entre ambos se da una relación que podríamos llamar de recíproca vocación pues pertenece a la esencia misma
de los valores una pretensión de ser realizados, de ser cumplidos
en determinados hechos; y, correspondientemente, de otra parte,
hay realidades en las cuales deben ser encamados unos ciertos
valores -y no otros-, hasta el punto de que cuando no ocurra
así, esas realidades nos resultan injustificadas a pesar de ser reales,
es decir, son, pero no debi'eran ser. Esto es, hay unos valores para
ser cumplidos en determinadas realidades; y hay unas realidades
en las cuales deben cumplirse unos determinados valores. Y todo ésto supone que entre los dos reinos se da una conexión, una
vinculación, que no fue suficientemente estudiada en la filosofía
de los valores de Max Scheler. Cierto que éste vio y expuso muy
bien esa recíproca vocación entre los valores y las realidades correspondientes donde ésos deban ser cumplidos; pero no aoometió debidamente el análisis del problema que tal recíproca vocación plantea.
Este tema, el del nexo de recíproca vocación entre los valores
y la realidad, se relaciona con la cuestión más general sobre el
punto de inserción de la teoría de los valores en el sistema de una
filosofía general. Se trata de la pregunta: ¿ dónde están o dónde
ponemos los valores? Esta pregunta puede ser entendida de dos
maneras. Según una de ellas, entendida como pregunta sobre una
siruación en el espacio, su significado sería estúpido, porque siendo
los valores ideas inespaciales e intemporales, carece de sentido interrogar por dónde estén. Pero esta pregunta puede formularse
con una significación diferente: atribuyendo a ese dónde el sentido de cuál sea el puesto de los valores dentro de una concepción filosófica, en relación con las demás partes de la Filosofía y,
211

210

�por tanto en relación con lo demás objetos de otra índ~l~ que
en el niver o hay. Tal problema no fue enfocado suficientemente en las obras de cheler y de Hartmann. A mi entender,
cabe plantearlo y orientarlo certeramente, bu cando el punto ~e
inserción de los valore en la realidad fundamental que es la existencia o vida humana.
Ademá querría advertir algo qu puede tener excepcional alcance n esa revisión de la filo ofía f enomenol6gica de los valores.
Cuando s d scubrió la categoría del valor como una categoría
distinta de la del ser real de la naturaleza experimentaron lo
filó ofos el entusia mo que tiene el explorador al poner por vez
primera su planta en tierra antes inc6rnita y ubrayaron que la
categoría "valor"
tan primaria y radical como la categoría " er
real ' y que no deriva de ésta. La filosofía fenomenológica de los
valores insi tió mucho en ese carácter que el valor tiene de constituir una categoría tan primaria como la categoría "ser real"
y, por tanto, independientemente de ésta. Ahora bien yo creo
que esa filo ofía de lo valores ha entrado en crisi , porque erá
preciso dar e cuenta de qu en lugar de constituir lo que pretendió en un principio e decir un nuevo capítulo del tratado sobre los objeto ideales, se tran formará en algo má importante y
radical, a aber, n un elemento condicionante de la !fetafísica
general. Porque seguramente e tamo en trance de damos cuenta
de que la categoría valor no e tan primaria como la categoría ser,
sino que es más primaria que é ta --si me
admitida tal expresión. Seguram nte -a la luz del humanismo tra cendental ( filosofía de la ida)- reconoceremos que puesto que las coas se
presentan para el hombre en una función servicial y pu to que
las cosas son ingredientes de la ida del hombre, elementos en su
ida y para su vida, y puesto que la vida humana está constituida
por una serie de actos de preferir, que suponen juicios de valor,
resultará que lo estimativo condiciona toda las demás maneras de
ser; en urna, condiciona el Universo entero con todas sus zonas y
categorías.
Lo valores no son esencia parecida a la ideas platónicas. Por
212

el contrario lo valor

están esencialmente r ferido y vinculados
a la vida humana: tienen entido en la vida humana y para ella.
Este reconocimiento m&lt;' 11 va a modificar la t is objctivista de
Scheler-Hartmann. Tienen razón to dos filósofos al refutar la
tesi puramente ubjetivi -ta psicologista de que lo valores sean
tan ólo proyeccion d l a ado o del d co, emanacione de meros
mecani mos p íquico al reaccionar ant las co a del mundo. En
. ~ entido, to , en el entido de que no son merament ubJet.Ivos pued decir e que son objetivo . Pero debemo entender
e ta objeti idad como una objetividad inmanente a la vida huma~a, como_ una objetividad intravital, porque nada es para mí, ni
tI~n~ sentido para mí fuera del marco de mi vida; ent ndiendo que
n:u VIda la realidad primaria dual que consiste en la coexi tencia
in, c~dible en!re, ~ o y mi mundo mundo en el cual figuran
~ultiples y vanadísima clases de objeto inclu o Dio --cuya Realidad Absoluta aunque tra cienda de mi vida- obtiene t timonio
en mi vida. Todo cuanto es, lo
en el marco de mi vida. Así
c?mo el mundo de la naturaleza no es algo en absoluto, independiente del yo porque sólo podemos apuntar al mundo que conocerno, tal y como lo conocemos o tal y como lo pr entimos, tal
Y como hallamos de él alguno vestigios en nuestra vida, como
correlato, o como contorno, o como preocupación, o como esperanza del yo asimismo los valores lo hallarno como una serie
de calidade que figuran en nuestra vida y de lo cuales nos ocupamo . ~ierto que el mundo con todas sus múltiples y varias clases de obJ:tos no es una producción del propio yo sino que por
el co?,trano, se da ante el yo como un conjunto de objetos. Así
tamb1~n suce?e que los vaJores no on pura proyección de la p ¡_
que, smo objeto cualidade , que la mente halla ante si. Pero
esta objet~vidad es una objetividad dentro de la vida humana, y
para la vida del hombre, referida a esta vida en general, y arfemás también a las situaci.ones particulares de la vida. El alor
~ tal, no porque el sujeto le otorgue e ta calidad mediante y en
virtud de su agrado, deseo o interés. Pero el valor tiene entido
en el contexto de la vida humana. Tiene razón Ri ieri Frondizi
213

�al sostener que no se puede separar radicalmente, por entero, el valor de la valoración. El valor es valor para el hombre que es
quien valora.
.,
Desde hace tiempo he venido llamando la atenc1on _sobre esta
tesis de la objetividad intra-vital de los valores, es dectr, que los
valores tienen validez objetiva, sentido justificado dentro ~e la
existencia del hombre y para ella. Creo ahora que esta tesis debo completarla con algunas de las directrices, señaladas. certera:
mente por Risieri Frondizi, las cual_es se ~~nan reswmr Y acle
más articular con mi propio pensanuento, d1c1endo que los valores
se dan objetivamente no sólo dentro del ~arco '! del con:exto de
la vida humana, con sentido referido a es~a, s~~o ademas en el
contexto de "situaciones concretas". Cada situacmn concreta comprende la conjugación de ingredientes subjetivo~ y componentes
objetivos. Por mi parte, añadiría yo que nada uene ~e r~ro .~ue
esto sea así, porque nuestra vida es siempre una relación mescm-

dible entre el yo y su mundo.
Todos los objetos que hallo, presentes o latentes, los hallo en
mi mundo, como parte o como componentes ?e. mi vida, Y con
sentido dentro de ésta y para ésta. El reconoclllllento de que todo cuanto se da ante mí se da en mi vida no niega que algunos
objetos, por ejemplo, Dios, los fenómenos de la naturaleza, e~~-,
tengan una realidad más allá de mi vida, y posiblemente tamb1en
un sentido. Mas aunque sea así, resultará siempre que yo encuentro todos los objetos como ingredientes de mi ~ida, como ~echos
ante mí, como presentimientos, como preocup_a~10nes, como incentivos para tareas, como facilidades, como dificultades, com? esperanzas. y admitiendo incluso que yo pued~ llegar a averiguar
algo sobre la realidad y el sentido que los obJetos que se ~an ~
mi mundo tengan más allá de éste, en el mundo, esto lo avenguare
y lo entenderé desde la perspectiva de mi propia vida, y nunca con
total independencia de ella. Los valores su~erior~ ~iertamente
no dependen de mi querencia, tienen una validez ~bJebva, que yo
no determino. Pero su sentido está ligado a la vida humana en
general, y además vinculado a las situaciones particulares de ésta.

Podríamos expresar esto diciendo que su objetividad intravital,
significa que Dios los piensa como válidos; pero como válidos para la existencia del hombre, y no como entes abstractos.
Los valores tienen una entidad o consistencia más allá de nuestra mente. Pero no debemos embalarnos más allá de estos límites
y pensar que hay una especie de reinos de ideas de carácter platónico, una especie de firmamento axiol6gico, donde los valores
estén en sí y para sí, con independencia de la vida humana. Que
los valores sean objetivos quiere decir simplemente que no son
creados por la subjetividad del hombre, pero no que sean independientes de la humana existencia.
Cabrla decir que los valores, los cuales. se funden en ideas objetivas, adquieran sentido en la relación con el sujeto, es decir, en
el contexto de su vida. Por tanto, el sentido de los valores, y las
demandas normativas que de ellos fluyen tienen que estar en necesaria relación con la estructura de las funciones de la vida humana en general, y con las concreciones particulares de éstas en
cada situación.
Así, los valores son ingredientes de la vida humana. Son objetivos, esto es, no dimanan del sujeto. Pero se dan en la relación
:ntre el sujeto y su mundo. En ese mundo del sujeto figuran ohJetos de las más variadas índoles: naturaleza, sociedad, cultura,
Y también ideas, entre las cuales se dan los valores. Entonces resulta que los valores cobran sentido para el hombre en relación
co~ ,los otros componentes .del mundo o circunstancia, y en la re1ac10n de éstos con los suJetos humanos en una determinada situación.
Nuestra vida se halla encajada y apoyada en un contorno en
realidades, entre las cuales, además del mundo en tomo y d¡ mi
cuerpo, figuran los mecanismos psicológicos, con todo lo cual realizo mis quehaceres. Pero mis quehaceres son referidos intencionalmente a un reino de ideas axiológicas, esto es, a unas esencias del
valor, las cuales no tienen realidad, sino validez objetiva. Mi vida
limita a un lado con la psicología y a través de ella con la biología
Y con el mundo; y, por otro lado, confina con los valores, que son
215

214

�los que dan sentido a la estructura y a ~~ ~nc~ón estimati~a que
mi vida es. Y mi vida es enlace y fus1on mtima de realidad Y
valor a la vez: reino de funciones con sentido. Mi vida es tarea,
quehacer, urgencia de vivir entre las cosas y ~~n ellas, ! a 1~ vez
de ir determinándose a sí misma en una suces1on de estimac10nes.
Mi vida es, pues, la articulación de realidad y valor; y es, al propio tiempo, la realidad profunda y radical en la que se dan todos
los demás seres (los reales como los ideales) pues a todos los encuentro formando parte de mi vida y como ingredientes de ella.
El fundamento de los valores es objetivo. Esto quiere decir que
su sentido es objetivo, pero es objetivo para el hombre que siente
la necesidad de valorar en cada situación de su vida; por lo tanto, ese su sentido objetivo está conectado en alguna medida con
la realidad en la cual se produce la valorización, con la realidad humana en la cual se suscita la valorización según certeramente señala Frondizi. Al fin y al cabo, también Max Scheler intuyó esto
certeramente, cuando dijo que en la misma materia o contenido
de los valores hay como una flecha de dirección hacia el hombre,
la cual parece decir a éste "yo (valor) soy para ti"; así c?mo,
a la inversa, en la persona humana hay, a modo de nec~dad,
una aspiración hacia los valores, en cada persona una especie de
constelación fáctica que clama por una correspondencia en el mundo de los valores.
Así pues, la vía correcta sería la de señalar que los valores tienen una objetividad relacional en el contexto de la vida humana,
de la vida humana en general, y, además, en el contexto particular
de cada una de sus situaciones concretas. Por lo tanto, se trata
de una objetividad pluri-relacional.
Y si queremos dar un fundamento teológico a los valores -lo
cual probablemente sea indispensable para una Axiología completa- entonces habríamos de decir que Dios recono_~e los valores
como válidos para la vida del hombre, y en conex1on con cada
una de las situaciones concretas de ésta, por lo tanto los reconoce
como válidos en su pluri-relacionalidad dentro de la humana existencia.
216

LA FILOSOFÍA DE LOS VALORES EN LA HISTORIA Y
EN LA FILOSOFÍA ALEMANA ACTUAL

Dr. FRITZ

JoACHIM

V0N RINTELEN

Universidad de Maguncia

SóLo DESDE HACE CINCUENTA AÑos se puede hablar propiamente
de una filosofía de los valores. Se ocupa, sin embargo, de cuestiones que surgieron ya en el comienzo de todo filosofar. Fundamentahnente investiga el sentido de la existencia humana o, en
general, del ser del mundo, pero con la variante particular de
remitirnos a un sentido valioso cuya realización se autojustifique
y pueda por tanto constituírse en meta de un esfuerzo inconscioconsciente. Se trata, pues, no de un mero dato lleno de sentido,
demostrable y libre de contradicción lógica. sino de la plenificación de una significación valiosa variable según los casos y a la
que se opone lo anti valioso (Wertwidrige). Indudablemente se
contraponen muchas teorías axiológicas y de ahí que se justifique
el empeño hodierno para procurar una visión unitaria mediante
el repliegue al fenómeno valioso inmediatamente dado. Así vemos
cómo, en las consideraciones histórico-culturales, las "tomas de
posición" (Stellungnahme) axiológicas constituyen el gome de las
distintas imágenes del mundo (W eltbilder). "El mundo se vuelve siempre hacia los inventores de valores nuevos", dijo Nietzsche.
Queda sin embargo por decidir la cuestión fundamental: si los
valores de la existencia (Daseins) son invenciones o meros descubrimientos o redescubrimientos de referencias fundamentales
supratemporales que se anuncian siempre con ropaje distinto.
217

�A

TIGÜEDAD, MEDIEVO, EDAD MoDERNA

Ya en la antigüedad podemos considerar la probl~áti~a axiológica, en cuanto que Platón no limita, la idea ~el bien ( ayafJo,v)
, .
.
e lo estima µeyuno'II µaOr¡µa, el supremo
al aspecto etico, 100 qu
,
objeto de conocimiento. Determina todo ente ordenandolo y configurándolo, perteneciendo, en cuar;to id:ª' a l~ esfera de~ v~l~r
superior del ser propiamente taJ ( o.,,,wi; O'&gt;'). S1 en un prrnc1p10
Platón acentuó lo útil y lo agradable más que lo buen~, más tarde
pasó al reconocimiento del bien por sí mismo (Gorgias, 500_ a) .
Su consideración del mundo está traspasada por un dualismo
axiológico claro por cuanto el mundo superior e invariab~e d~l ser
propiamente tal, de las ideas, se enfrenta ~o~o _m~del~ mf enor y
fugaz en el que sólo es posible hablar de debiles rrrutac1ones y participaciones. La valiosidad más elevada hay que buscarla,_ en lo
, · sentir
· gn·ego , es la medida de
. ·
(8eio,.,) que , en el autentico
d !VlllO
.
, .
,
todo (µi'E'eo,.,). En Aristóteles, de acuerdo con su s1stemauca_ m~s
racional, el bien se halla estrechamente ~nculad~ co? la finalidad y se constituye en meta de todo deverur y aspiración. Su re. una eud aunoma,
·
, la f eliCl"dad del obrar moral.
ladón trae consigo
.
Se persigue el fin porque su cumplimiento incluye, tanto. un b1en
, cuan t o un "bien para algo". El tránsito de lo posible
en s1,
. . a lo
actual característico de su ontología, representa un movuruento
hacia 'grados de perfección axiológica. Todo ente puede entender e, de acuerdo con su forma esencial, co~o un grado de perfección siempre distinto, ya se trate de esenc1~s conc_retas º. ~e zonas ontológicas ( inorgánica, org~nica, psíqmca, ét1co-espm~ual)
rdinadas en la relación a una Jerarquía ascendente. En Dios se
~:º1a suma plenitud de toda posibilidad, siendo a la vez, en cu~to
.
o·almente perfecto. Es por ello pura enteleqwa,
fm supremo, esen
.
As' I
esto es: absoluta esencialidad y actualidad a un _uempo;
i, a
antigüedad conoce ya las diferencias de valor y 1erarqma ~e las
zonas ontológicas. La suprema perfectibilidad de nu~tra ~ ten.
h lla en el dominio ético-espiritual. Tal cons1derac1ón es
c1asea
.
d
dualística por cuanto la esfera espiritual e imperecedera se es218

taca claramente de la sensitividad inferior y muy variable. Lo
que acontece de una manera más acentuada en Platón con su
teoría de los dos mundos, en Aristóteles, por .el contrario, con su
vinculación concreta del principio espiritual de ordenación de la
e encialidad eterna con la ensitividad accidental y fortuita.
Las líneas de evolución del Medievo, platónico-agustiniana primero y aristotélica después empalman con estas ideas. Pero mientras en la antigüedad ser y valor no se hallan todavía separados,
el aspecto axiológico va a tener ahora u propia ignificación e
importancia. En Agustín encontramos una versión de la existencia que la interpreta como un ordo bonorum, bajo cuyo aspecto
puede concebirse la totalidad de los entes. La metafísica onto162"ica se convierte en metafísica axiológica. Todo lo que posee
un elemento entitativo es, en cuanto creado por Dios, bueno. Quidquid est bonum est ( de era relig. XI, n. 21). La divinidad misma
representa el valor de todos los valores, el bonum omnis boni ( de
trin. VIII c. 3, n. 4). Frente a ella los distintos grados de perfección (gradibus ordinata universitas) significan como un volverse ascendente hacia Dios al que corresponde una jerarquía de
lo amable. Las mismas ideas se encuentran, en forma parecida►
en Tomás de Aquino con una inclinación más fuerte a Aristóteles.
Bueno es lo que todos apetecen (bonum, quod omnia appetunt),
de modo que logren su íntima finalidad. Todo este diseño es entendido como una imitatio Dei deficiens. Así ser y valor se comprenden en el sentido de la clásica doctrina de los trascendentales.
Omne ens, in quantum est ens, est bonum (S. th. I, 5 a. 1 y 3).
En la Edad Moderna se produce una fuerte variación. La nueva física intenta determinar la realidad según puntos de vista
cuantitativos y libres de toda alorización, excluyendo toda conideración finalista. La cuestión axiológica e separa por completo de toda referencia al ser y se convierte en una relación al sujeto procuradora de la felicidad humana. Es lo que vale para el
empirismo inglés que, en definitiva, conduce al eudaimonismo social de un Bentham ( m. 1832). Bentham considera el placer
(pleasure) como bueno y "la mayor felicidad del mayor núme219

�ro" constituye el principio directivo de su ética y de su filosofía
social. El utilitarisIIl'O de los racionalistas se destaca como aspecto
axiol6gico de modo particular en Spinoza: bonum nobis esse utile
( Eth. III). El bien se logra en la inclinaci6n ( cupiditas) del sujeto anímico, dirigido por la raz6n y en la utilidad. Leibniz, en
cambio, considera el valor como un grado de perfección en el
desarrollo siempre individual e íntimo de las mónadas.
La palabra "valor" se emplea por vez primera en sentido filosófico unívoco en Kant. Con Kant nos hallamos transportados
al plano del ser inteligible, del pw-o espíritu. Existe una profundización e interiorización de lo valioso que escapa por completo
a la utilidad y a los bienes felicitarios externos que sólo pueden
ser bienes relativos. Sólo la persona posee en su dignidad un valor incondicionado. La prosecución del imperativo categórico formal es algo bueno en sí. "Nada hay en el mundo ... que pueda
ser tenido por bueno sin restricción salvo la buena voluntad" ( Gdl.
zur Met. der Sitten I) . Y en definitiva podríamos hablar también
del ideal de un bien originariamente supremo tal como se nos
ofrece en la idea de Dios (Reine Vemunft, 62, 842).

Las rnodernas teorías axiológicas
El fundador propiamente tal de la moderna filosofía de los valores es Hermann Lotze ( 1817-1881). Empalmando con la teoría
kantiana de las ideas cree poder mostrar los valores en un valer
( Gel ten) llevando a cabo una separación estricta del mundo del
ser concreto frente al de nuestros valores en cuanto mundo del deber ser, de la visión nocturnal frente a la visión diurna. Los valores
se convierten en una objetividad espiritual, de modo supraindividual, con validez pero que sólo se aguanta merced a su referencia
a un ser espiritual. Es singular cómo su concepción axiológica, no
muy unitaria, comprende cuatro momentos que posteriormente
han ido configurándose de modo especial en las principales corrientes axiológicas del pasado más inmediato y de la actualidad:
1) Los valores están siempre vinculados con el placer ( cf. más aba220

jo la derivación psicológica) ; 2) se apoyan empero en valideces
ideales ( Gelterngen cf. neokantismo) ; 3) tienen su dominio objetivo y un contenido propios ( cf. la fenomenología axiológica); 4) procuran una elevación de la personalidad con impronta individual
(parentesco con un realismo axiológico). Es preciso esbozar estas
cuatro direcciones fundamentales. Tras ellas se alzan siempre las
tres cuestiones siguientes : ¿ puede derivarse lo valioso exclusivamente de la relación subjetiva, a la vivencia psicológica?, ¿o, por
el contrario, debemos atribuir a lo valioso un dominio propio general y objetivo ya sea formal o con contenido?, ¿ o, sólo puede
concebírsele vinculándole a una realidad individualmente configurada?

l. El esclarecimiento psicológico del valor, tal como se ensa-yó al comienzo del siglo X,X, iguala los valores con el valorar.
La apetencia (Lust ) de los valores es ya el valor. No se codicia
algo porque tenga un valor independiente del apetito. Es más
bien éste el que determina que algo sea codiciado como valioso. Hay que derivar lo bueno de la afectividad reflexiva. Se puede interrogar, sin embargo, si, con ello, no se hace depender el
carácter valioso, por completo, de la concepción y estructura psicosubjetiva del individuo o de una época. De hecho esta posición
fundamental ha conducido, así en el historicismo filosófico, a la
relativización de los juicios de valor. La apetibilidad de una cosa,
su satisfacción de la necesidad es para Ehrenfels el valor (System
der Werth. I, 10, 53, 116. 18-97). Esta apetencia es cela representación fundante de una relativa procuración de felicidad". En
cuanto se extiende a los valores, debo decir: "El valor es una
relación entre sujeto y objeto que expresa la apetencia efectiva
del objeto por parte del sujeto1' ( 165). Para Meinong existe ya
una fuerte tendencia en el objeto mismo, en cuanto el valor significa la apropiación de un objeto, a polarizar hacia sí mi sentimiento axiológico (Werth. 257. 1932). En el valorar, por vez
primera y sobre la base de su fuerza motivadora, se constituye algo en valor. En esta posición resulta difícil distinguir la "Psico221

�logía del valorar" de una "axiología filosófica". ~l act~ ~s_mo
de la valoración constituye el fenómeno del contemdo axiologico.
Posteriormente sin embargo, Meinong pasará de la fundamentación purament~ "psicológica" de los valores a otra más objetivista.
Lo "objetivo" (das "Ojektiv'.') se no~ P?~á a~~re,~er_ a~or~ ~orno lo "deseable" (Desideratlv) y "dignificante ( D1grutat1v ) ·
También Doring ("Valor como provocación del sentimiento ~e
placer") y Kreibig ( "cualidad placentera"). ~ert~ec~. a esta _dirección. Lo decisivo de ~emejante concepc10n ax.10log1ca estnba
en que lo valioso se constituye merced a una rati~ic~ción psíquico~
subjetiva, no como un aspecto valioso dado y obJet1vo.
2. Completamente distinta es la fundamentación de_ la fi~osofía
de los valores neokantiana. Para ella los valores son ex1genc1as del
deber puramente espirituales de un dominio propio, !rre~l~ de validez incondicional, independientes de los actos ps1colog1cos. El
valor se convierte en ( Geltung) validez noética, ideal. "En sentido filosófico valor quiere decir que algo posee validez" (B.
Bauch Idee 160 y sgts. 1926). De este modo la Escuela de Baden
( Windelband, Rickert, Bauch) representará la validez axiol6gica
apriorística de lo verdadero, lo bueno, lo bello y aun lo santo. Según Windelband, deben interpretarse como postulados de . una
"conciencia normativa" para la que "valores absolutos son Justo
los valores". Su sistema axiológico de validez general es suprahistórico y objetivo, rechazando enérgicamente toda sub]etivaci?~ _Y
relativización (Einleitung 255. 1923). El comportamiento dmg1do normativamente resulta ser entonces una efectuación de valores aun cuando procure "la oscura potencia de lo antivalioso" •
Para Rickert "interpretar el sentido de la vida -significa-: traer
a la conciencia los valores que le presten sentido" (Syst. 1, 142.
1921 ) . "Lo que sea el valor en sí no puede definirse estrictamente".
Es uno de los conceptos últimos e inderivables que tan sólo podemos "circunscribir". Los valores valen, esto es, tienen validez objetiva irreal a diferencia dd "ente real", y lograble sólo a partir del
"deber trascendental" (transzendentes Sallen). En el sujeto trascendental ganaremos conciencia de la "jerarquía axiológica" for-

mal ( 354) . Su mostración necesitará siempre ser completada; por
ello no puede hablarse sino de un "sistema abierto". De todos modos lo primario en este caso es su carácter obligatorio ( Sollenscharackter), del que nos apropiamos interiormente en una "conciencia en general" ("Bewusstsein überhaupt") y que nos muestra
luego lo que debemos reconocer como valor. Su fundamentación
estriba, pues, en su validez formal-trascendental, no en la mostración de esencias-fenómenos de contenido cualitativo. Una razón
más para que se exija la incondicionalidad del "reino de los valores", que defenderá a la filosofía del peligro de caer de la lluvia
del psicologismo en el canal del historicismo" ( 321 ) .
3. La fenomenología axiológi-ca por el contrario pretende lograr valores de contenido cualitativo no a partir de un acto psicológico o de deducciones formales-apriorísticas, sino inmediatamente, a partir de un acto espiritual intencional del sentimiento, al
modo de una intuición esencial (Wesensschau). Max Scheler fue,
por lo pronto, su heraldo, en cuanto que para él los valores son
cualidades objetivas, irreductibles, independientes, esto es, "materiales'\ "auténticas y verdaderas cualidades&gt;\ cual "objetos ideales" (Formalismus in der Ethik, 10 y sgts. 2a. edición, 1921). Se
lograrán en un apriori axiológico, en una evidencia axiológica
conforme al "primado del amor" ( 64) . Sobre esta base desarrolló Scheler una "ética material de los valores" (Materiale Wertethik) . Scheler admite también una evidencia preferencial intuitiva, de carácter no deductivo, mostrativa de una jerarquía axiológica incluso ya en el plano de los valores vitales ( 87). La relatividad depende sólo de nuestros modos subjetivos de valoración,
determinadas acaso por una ceguera axiológica. En el plano de
lo humano se dan valores personales, en la realidad ontológica,
por el contrario, sólo se dan valores de las cosas ( Güterwerte) .
En cuanto a la realidad individual queda "entre paréntesis" desde
el punto de vista filosófico ya que en nuestro caso sólo nos ocupamos con el conocimiento axiológico general.
Nicolai Hartmann se apropió, en general y en sus grandes lí223

222
nlS

�neas, esta posición. Habla de un "ser en sí i?eal". de los _v~ores,
al modo de un "reino de los valores con consistencia propia concebido casi platónicamente (Eth. 136, 146. 1926). Es imposible
determinar, por modo de definición, por qué algo es un 'bien".
"La exigencia se pierde en el infinito" ( 11 O) . Los valores son
esencialidades materiales y generales, cuya vivencia puede logra~se merced a un sentir axiológico intencional ( 109). Una relat:vización subjetivista no les alcanza. Solamen~e en ~a ,~tencia
(Dasein) se "anclan" los valores. La cat?g?nas axiologtcas son
de especie distinta de las categorías ontolog1cas. Justamente por
ello se da un conflicto entre valor y realidad. Además, los valores
inferiores de las cosas han de ser los más fuertes de manera que
la relación axiológica según la fuerza no es la misma que la relación axiológica según la elevación (Werthohe) que ella presupone, en absoluto, también, una jerarquía (~48-251, 543) •. Pero la inconsideración de la pregunta por lo valioso en la reahd~d
concreta en la misma existencia, a la vista de los fenómenos axiológicos ;olamente generales mostrados hasta ahora, des~i,erta ~l
deseo de responder la cuestión axiológica en una relac1on mas
estrecha con la realidad concreta.
4. Tal es el ensayo que acomete el realismo axiológico. Con la
palabra realismo no hay que entender, por lo d~más, qu_e los valores son "cosas" sino que lo valioso no debe denvarse m establecerse a partir de una relación o referencia a la subjetivid~~ (t~oría
psicológica), que no es tampoco una mera abstracc10~ 1de~l
(Neokantismo) o un fenómeno al simple modo de una v1~e~cia
intencional (Fenomenoloo-ía). Más bien llegamos al estableclffilento de exigencias axiológicas obligante al ver cómo puede realizarse en actos concretos entitativos o en configuraciones ontológicas lo que, justificado en sí, es valioso y susceptible, conforme a
su propia ley interna, de desarrollo o despliegue: Pues se trata de
la vida concreta en el ser mismo, no de abstracciones conceptuales
y generales.
Como precursores del realismo axiológico podrían considerarse

H. Münsterberg cuya filosofía de los valores está estructurada
voluntarísticamente siendo rica en datos. En la realización de la
v?luntad hay un valor objetivo que sin embargo remonta el prop1~ ~cto de la voluntad. (Philos. d. Werte 70, 115. 2.A. 1921) y
Wzllzam Stern, con su filosofía de la persona ("Yo creo en los valores objetivos" .. "Hay valores". Persona y cosas III, 34. 1924).
En el pleno sentido de la palabra, el realismo axiológico se halla
representado por F. ]. von Rintelen y S. Behn habiendo destacado
el último más bien el aspecto pedagógico.
. Cara~te~i~emos ahora en unas palabras nuestra propia concepción axiol?gica. Valor, entendido como valor real (Realwert), es
un ~ontemdo de significación cualitativa y concreta, susceptible de
r~alizarse en distintos grados de elevación (Steigerung) y perfecc1ón en cuanto meta de una aspiración consciente o inconsciente
Y que, ~n vir~d de su contenido interno (valor propio-Eigenwert)
puede mcardinarse en una ordenación más amplia (valor de re1aci6n-Relationswert).
Los contenidos generales destacables podrían entenderse como
valores fundamentales o formas axiológicas, como valores impersonales según la plenitud cualitativa existencial de los entes en
general y como valores personales en el sentido de una exigencia
Y de una tarea normativa respecto a la persona actuante. La pers~na puede lograr un valor ideal ( Wertideal) en distintas profrmdidades, al modo de estrella polar. Tenemos que distinguir el aspe~to., ~ntológico que fi ~a los hechos, leyes y órdenes del aspecto
axiologico cuyos contemdos pueden colmarse en grados distintos
tales,_ por ejemplo, la cualidad de lo bello, de los grados de per~
sonahdad, del desarrollo de la vida. La realización concreta del
v~or real gana, empero, su configuración individual en el ser
mismo.
La valorización (Bewertung) se logra sobre la base de una toma de posición anímico espiritual. La indudable variación histórica de las valoraciones (Wertungen) no tiene por qué incluír
necesariamente una relatividad. Considerándolo más de cerca po225

224

�LITERATURA

demos notar que los valores fundamentales (Grundwerte order
Werúormen) generales y supratemporales son su ceptibles de distintas improntas según la gama de variación ( ariationsbreite)
que a cada cual le corre ponde en la historia. sí, por ejemplo,
el valor fundamental del amor se cumplió históricamente en el
antiguo Eros, en la Caritas fraterna, en el amor humanitario y
ocial, iempre en profundidad variable (Tiefendimension). Sin
embargo los valores no podrían nunca lograr una realización absoluta en un pacio finito. De ahí su tendencia a apuntar hacia lllla
trascendencia. E te realismo axiológico pretende, pues, remontar
la interpretación subjetivo-psicológica y el formalismo y poner la
multiplicidad de las esencias-fenómeno generales de la vivencia
axiológica intencional en relación concreta e inmediata con cada
realización determinante, de modo individual, del grado de valor.
Conforme a la medida de la ordenación de planos de la existencia, puede hablarse de una ordenación jerárquica de los cumplirruentos axiológicos de sentido. En todo contenido axiológico e
da un momento estático y otro dinámico. Estático es el sentido
esencial en las diferentes realizaciones, dinámica la tendencia a
la realización en el grado má alto posible de inten idad, que re-

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va ores como f.un1~m,nto
d,l ¡,robltma filosófico d, los valores &lt;'1931?' l •
VON. RlNTELEN, La s1gnif1cac-i6n
nis 11 ( 1930) El pensamiento
. 1 .
' ª m.111!1° bempo tn Philosophia P,ren-J. fussxN,' Filoso/la. d, los v'::o:,~g,ti°9;;/l desarrollo espiritual en Europa ( 1932) .

!-

clama nuestro e fuerzo.
La moderna filosofía existencial y la ontología fundamental de
Heidegger -citémosle para concluír- rechaza violentamente la
aplicación de la palabra valor al ser y a lo entes. La razón es
porque Heidegger habla solamente de un "valor-para" ( "Wertzu") en el sentido de una valoración utilitaria subjetiva y relativa.
Precisamente él quiere remontar esta subjetividad. Su exigencia,
empero, de que el hombre ha de alzarse de la inautenticidad a la autenticidad, de la cotidianidad a la existencia en cuanto transcendencia, traiciona una instancia axiológica, aunque no lo declare.

227
226

�EL SUICIDIO METAFÍSICO

Dr.

MicHELE F. ScTACCA
Universidad de Génova

EL SUICIDIO "METAFÍSICO" manifiesta la exigencia, compleja y
profunda, de querer ser el Todo con la muerte voluntaria, dada
la imposibilidad de serlo aceptando la vida en todas sus dimensiones. Aunque esta forma de suicidio, como las demás, tiene toda
una gama de actitudes, cada una corresponde a posiciones diversas
del mismo problema. Dos de ellas nos parecen fundamentales:
a) Ser el Todo con la práctica perfecta y heroica de la virtud
( posición ética); b) O con la negación de lo humano, condición
para actuar lo absoluto de la libertad, como absoluto del hombre
"nada más que hombre" ( posición ontológica).
La posición ética del suicidio metafísico tiene ya un nombre
consagrado por la tradición filosófica y literaria: el suicidio estoico, que involucra el problema de la libertad en sus raíces metafísicas. La distinción de los estoicos entre "las cosas en nuestro
poder" y aquellas que no lo están, interesa también a la muerte:
no está en nuestro poder la muerte natural o la separación del
alma del cuerpo, pero está en nuestro poder la muerte voluntaria, para e_vitar la del alma consistente en la destrucción de la
virtud. El suicidio no es una necesidad inevitable para el que vive
según la virtud ( esto es, el que sabe evitar la muerte espiritual),
pero se vuelve un deber ineludible cuando la elección está entre
el vivir no según la virtud, y el morir voluntariamente para no
perecer espirituahnente. La muerte natural, aquella que no está

229

�en nuestro poder, pertenece a las cosas "indiferentes" : interesa
a la naturaleza física y no a la ética; la otra, la espiritual, interesa
a la esencialidad misma del hombre, en cuanto, como dice Séneca, han mu rto aquellos que no ejercitan más la virtud. Esta
muerte se evita quitándost&gt; voluntariamente la vida, anticipando
la muerte o las paración del alma y del cuerpo, es decir, escogiendo
la muerte física, que, de cosa fuera de nue tro poder e indiferente,
deviene así acto de libertad, ejercicio de poder y por eso ya no
indiferente, sino acción libre: libre responsable, racional.
Hay un punto de contacto entre la posición toica y la epicúrea:
la muerte natural no nos interesa (cuando ella viene nosotros ya
no somos) y por eso nos debe ser indiferente, también porque
-agregan los estoicos- está entre las co as fuera de nuestro poder, esto es, que no dependen de nosotro , no seleccionadas y
queridas. Por otra parte1 es esencial al existir según la virtud,
despreciar todo lo que no depende de nuestra voluntad; luego,
también la muerte. Ejercitarse en este desprecio e conquistar la
sabiduría de ser libres juzgadores ( árbitro ) del vivir o morir, según el comando de la razón. Sólo así el hecho empírico de la
muerte natural deviene "un permanente y consciente poder morir,,,
listo para ser actuado cada vez que el "destino", que nos ha puesto
en una determinada condición, pide a la razón misma que ordene
la ejecución. Aquí no se trata para nada de aceptar el destino del
hombre ( la muerte) transformándolo así en un acto de libertad
( como interpreta algún fil6sofo contemporáneo, que, bajo la apariencia de descubrir profundidad inéditas en el pensamiento
griego, en realidad demu tra entender muy poco de ta materia); sino de conquistar la libertad interior, de cometer el suicidio cuando e presenta, en determinadas circunstancias, una necesidad moral, para lo cual el acto exterior del suicidio mismo se
welve un hecho secundario, y olamente el medio nec ario para
la realización de un fin que no es la muerte querida y actuada.
Aquí el acto de proporcionarse la muerte no es él mismo afirmación de la libertad, sino la liberación de ella desde la clavitud o
desde una esclavitud, dada por una particular circunstancia. En
230

este segu~1do caso, además que vía liberatíonis es también
quedó dicho, vía libertatis. Pertenece a este, segund
od'comdo
0 m
entender
el
·
'di
·
ob e
• •
SUIC1 o estoico, la muerte de Catón (no q .
vivir a la t
· .6 d
were so reermma~1 .º e las libertades republicanas) Lucrecia
(
se
rehusa
a
sobrevivir al ultraje de su virginid a d) , .n.wua
A _ n_ I (
ge la
escomuerte ant~ que vivir pri ionero de los romanos)' etc. Toobed,~c;n al imperativo de la razón como lo ha formulado
. n~ca: tu no debes vivir bajo la necesidad, r ue no ha
ti ninguna necesidad d · · ,, 1 y
po q
Y para
1
e v1v1r .
no la hay, en cuanto la vida y
a muerte no son cosas en nuestro poder y por eso . dif
h ta
d
,
,
m erentes
as .cuan o la razon, según las circunstancias nos exige vivir
o monr, esto es, no ordena poder actuar librem~te aquel "poder

:~s

, También la muerte de Sócrates en la int
.
.
el sentido de rechazar 1 · ·
..
erpretación CJtoica, es voluntaria en
e VJvrr como fugitivo fuera d
•
muerte escogida voluntariamente p"b . . e su patna, como es estoica. cada
~- no so rCVJvir a un 51'tua '6
la cual ae lesiona la libertad .. ·í
ª
CJ n degradante; en
1
"
.
· ru es a muerte de Bruto c
"alm
•.
en 1os infaustos días" {Leopard')
• uya
a vml" rehusa
1 Y contra el lado adverso af
el
•• .
1
su vo untad de victoria: sobre 1:i balanza del "d .
irma por
swCJdio
tud", lanza Ja protesta extrema de su cad&amp;ver cstmo", que ha humillado la "virsu muerte tenga un futuro
. ' en la desesperada esperanza de que
toicos", en este sentido tocio;i~ eso. c~~stítuya u~a victoria de la virtud. Son "es,
•
s SWCJwos que 11guen a una d
ru·
eJemp1o, el de los alem.lnes, después de 1
.
e~ta m tar, por
mos alemanes, japoneses, etc., durante Y des;u~~~ ~~~ mundial y de los misse ha realizado siempre el suicidio to'
tuna guerra. En estos limites
Y es fuerza que exista siempre. Es
de. q_u~ lo teorizara (la "Stoa")
de la vida, porque se aburre de re
el swcidio del que sale del teatro
tarle, o deja de darle satisfacciones p(senta~ su tape} o porque ella deja de gusnota estoica es dada solamente por el
;1e:p
~ caso de Petronio). Aquí la
aer libres de vivir o de morir según el .mp e. e o e encontrarse en el estado de
. .
,
1mpeno de la raz6n . pero la
reh usar VJvtr
en la esclavitud (~rdida d la .
•
.
causa no es el
aburrimiento Y el cansancio de continuar ~ .¿_7d, etc.)_, llDO
bien es el
estético. Aparte de esto, el suicidio de ti VI • s la vem~n esto_1ca del suicidio
en la conciencia humana y es
..
I;&gt;O e~to1co es una mstanc1a siempre viva
to ser voluntario y racional,
ts~a~c;;a éuca: l autonomía d,:l hombre en cuan,
la otra, de manera ue él
Y. a a muerte, senor de la una y de
rencia frente a la m!rte na::::fªc obedecer libremente -en la adquirida indifede la razón que juzga un bien qui:a:
no depende. ~e ~- a la orden
con au libertad y a la cual no e
ah!
ben _u~a condit16n no concordante
s razon e so rev1VJr En est
muerte y proporcionársela sin pasi6n Y en la absol ta . . .
.e caso, aceptar la
plem nte racional, necesario a la autonomia de la u :düe~cia, es un acto aimbcrtad frente a la vida y a la muerte. 1Cuánto eKr;. ~ misma confonn~ a la lisolada y compleja, hecha de desC3J&gt;eraci6 di.u ulad ptJCJsmo en. e ta aab1durfa detacadal
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ª en la racionalidad m&amp;s des-

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231

�vivir" o "poder morir", de los cuales nosotros mismos nos hicimos
libres jueces.
Pero la posición ética del suicidio estoico adquiere la plenitud
de su sentido metafísico en aquello que se entiende como "vía liberationis". Quiere el hombre estar colocado frente a lo absoluto
de la perfección, al ideal que, no sólo normativo o concepto límite,
debe ser realizado a fin de que sea el Todo. 2 Vivir cuando no se
puede ser virtuoso a la manera de Dios, es la caída, el pecado,
la derrilección. La exigencia de la razón es incondicionada: si no
puede ser el Todo, si no puedes liberarte de tus debilidades, libérate de la vida. Bajo este aspecto, el suicidio se presenta como
una necesidad inserta en la sabiduría estoica como tal, y por eso,
como la denuncia y la confirma su fracaso, esto es, la imposibilidad
de ser sabios, o si se quiere, de la no racionalidad de una parecida
sabiduría que, como no razonable, es insensata. El estoicismo se
niega a sí mismo. Estas afirmaciones merecen ser aclaradas y
profundizadas.
El estoico, como hemos dicho, se proporciona la muerte corporal (cosa indiferente ya que vivir no es necesario) para huír de la
muerte espiritualJ esto es, cuando no pudiendo ejercitar la virtud, no
quiere ser presa de las pasiones y del mal. Pero, ¿ cuándo puede
ejercer la virtud de modo absolutamente libre, perfectamente racional y liberado de toda esclavitud? Evidentemente nunca. Él
sabe que cualquier ocasión humana está condicionada, puede ser
más o menos virtuosa, pero nunca jamás puede ser la virtud plena
en la plenitud de la libertad absolutamente incondicionada. De
aquí el imperativo: "abstente", esto es, refúgiate en ti mismo, en
la pura "ataraxia", en el no-querer nada, en el querer el no-querer.
"Y tú, por tu parte, no querrás ser ni capitán de ejército, ni presidente de concejo, ni cónsul, sino libre: y para esto hay un solo
• Usando la terminología kantiana, podemos decir que el suicidio como "via li,
bertatis" es un imperativo hipotético "si te encuentras en estas condiciones (si las
libertades republicanas están oprimidas, si caes prisionero del enemigo, etc.) tú no
debes sobrevivir, debes quitarte la vida"; aquello como "vía liberationis" es el imperativo categórico "tú debes quitarte la vida, dada la imposibilidad invencible y
siempre actual de realizar en el mundo la salvación o el cumplimiento de tus fines".

232

camino, que es el de no cuidarse de las cosas que no están en nuestro poder" .. Este consejo de Epicteto (que también contiene una
profunda_ vrrtud}, d~ ser ~ólo libre, simplemente significa: "tú puedes ser libre, solo s1 qweres la pura libertad indetennm· ad tu
.
" E
a,
~ismo quere~ • s la libertad vacía, plena solamente de la angus~a de su vac10, de la potencia estéril de su complacida impotencia. '.En nu~tro ~o~~r" quedan solamente 1a libertad sin ejercicio
)'. la vutud. ~m ~os1bilida~ de actuación, en cuanto cada una, acto
libre Y acc10n virtuosa, ruegan necesariamente lo absoluto de la libertad Y_la perfección de la virtud. No hay tránsito de la libertad
al acto libre,
1a virtud a la acción virtuosa; de la "ataraxia"
1
Y de la a~ste~: on a la esclavitud y al pecado. Por consiguiente~
la d:termma~1on se pone en términos de este "aut aut": 0 la angustia de la libertad cerrada y suspendida en el vacío de sí misma
?la mue~te ~s?iritual. Pero una libertad prisionera de su absoluta
mdetermmac~on tampoco es libre (cualquier cosa quiere, quiere el
~al) , un sab10 que no ~~ede ejercer la virtud no es sabio y una
virtud que no puede cal1f1car una acción no es virtud. Esta no es
la ~ara~oja: sino "lo absurdo" del estoicismo. El estoico por necesida? _mtnnseca de su misma posición, está condenado a la muerte espmtual;. pero dado que la muerte natural le es indiferente y
q_u~ es prefen ble a la otra, está necesariamente condenado al suicidio. Pero de este modo el suicidio estoico pierde todo sentido y
valo~ moral. Por ~a.,rarte, el estoicismo es una especie de protestantismo de la antiguedad (cada acción humana es pecaminosa
porque el pecado ha hecho sierva a la libertad) y por ]a otra, fal~,ando el ~ogm~ de la _obra reparadora de 1a Gracia Divina, es un
pelage~smo ante lztteram (el hombre tiene el poder de salvarse por s1 solo), esto es, la contradicción de una libertad absolutamente esclava ( el hombre no puede ser nunca perfectamente virtuoso)_ Y al mismo tiempo absolutamente libre como posibilidad•
es decrr, la contradicción del "hombre que quiere ser Dios".
'
. Epicteto, en efecto, aconseja todavía gobernarse durante toda la
vida como en un banquete: si 1a comida se detiene frente a nosotros, tomarla moderadamente; si pasa lejos, no retenerla; si no

d:,

233

�llega, esperar igual que para todas las demás cosas. _Si a~ haccmo ,
seremos digno "de entamos a la die tra de los ~1os. . P~ro la
virtud de la templanza y de la moderación, que es mdiferenc1a para todas la coas que no e tán en nuestro poder, no es la ver~adera
sabiduría ni la plenitud de la libertad: tomar con moderación las
cosa del' mundo es, iemprc debilidad, y también caída: no basta
al sabio sentarse a la mesa con lo dio e . "Si tú no toca lo que
te será pue to delante y no lo tomas en cuenta, tu e:ás dign~ no
sólo de sentarte con los dio es a la comida sino también de remar
con ello ". El ideal del hombre es volver e dio y reinar, como un
Dios. ¿ Cómo? Absteniéndose de tomar también moderadamente,
esto es con la renuncia total, condición nec aria para ser el Todo;
y según el consejo arriba citado, en el n~ comer, en_ el rehusar también la migajas del banquete de la vida, es decir, en 1 ~~ndenarse al suicidio, dado que la alternativa es: o la muerte f1S1ca o
la espiritual, que debe evitar e a cualquier costo. Por otra parte,
para vivir 'en estado conforme a 1~ nat~raleza", _es nece ar~o antes
&lt;:umplir cualquier acción ( es todavia Ep1cteto qmen aconseja) ~ue
nosotro conozcamos la esencia y las circun tancias de la acción
misma, de manera que todo sea racional, previsto y conocido, Y nada conferido a lo imprevisto y a lo ignoto. En otras palabra , se
requiere conocer el orden del uní ~rso, la necesida~ rac~onal que
lo gobierna, es decir toda~ía ser Dios. En_ efect~, si pudies~ p~everse todas las consecuencia de una de nus acciones ( tambien mfima) y conocer cómo ella se inserta en el orden universal, in c~nfiar nada a lo impre isto y de manera que nada pe~anezc~ ignorado, conoceáa el orden universal mi mo, la nec ida~ rac1o~al
del cosmos, esto es, todavía po e ría el conocimiento _Propio de Dio ,
sería Dio mismo. Pero esto es imposible; en cualqw:r caso la tr~d del alma estaría en grave peligro; también, para viVIr
qu ilida
f"º
"en estado conforme a la naturaleza", no hay que quedarse iJOS
en este estado, abstenerse de toda acción. E to es: renunc~ar a er
virtuosos en cuanto, en cada circunstancia, ninguna acción p~ede ser perfectamente conforme a la virtud. La libertad Y la vrrtud misma experimentan así la angustia de "ser nada" por no po-

der er Dio. Por otra parte, también nece ariamente, durante
n~&lt;:5tra v~da, contaminarse y sufrir la muerte espiritual, el suiadio, se unpone como una necesidad, no como la muerte libre
sino_ como aquella necesaria, sin otra posibilidad de elección: con~
cluS1ón ab ~da d~ ~a ab _urda libertad. La vida en cualquier
caso, co~tam~a e rmpid remar con los dioses; pues el suicidio es
la nece .~dad mel~cta_bl;
hombre, el destino adherido a u querer ser una pasión mutil . El estoico, el sabio del "vive según la
razón', es el enemigo encarnizado de toda las pasiones, es el "insensato,, el que se forja la "pasión,, inútil de ser dios. 8 Adversario
de cada fanatismo y héroe de la indiferencia, es el fanático de la
autonomía racional, de la auto uficiencia de la voluntad de la
divinizac_ión del ho~bre. El uicidio no es el acto libre po/ el cual
se es árbitro de la vida y de la muerte, sino la consecuencia ineluctable de este fanatismo.

?~

Tal posición ética del suicidio metafísico ( que, como tentación
es _una ~o ibilidad inherente a la existencia) obedece a profunda~
exigencias ontológicas, que, distintas de las reacciones psicológicas, van a aclararse y recuperarse obre un plan distinto. Antes
que todo, la exigencia del Absoluto de realizarse a través de la
perfecta virtud. Todo equívoco es aquí, en cierto sentido "errante'
' caminar'
pero " errante ,, es lo que, cargado de una verdad, la hace
fuera de dirección: 1a verdad que basta situar otra vez en la buena
vía. El estoicismo ( y las posiciones análogas) son la tentativa de
satisfacer la exigencia del Absoluto y el fin último del hombre
con la sola ética (no moral) que se pone como religión; pero en
el momento más alto y omnicomprensivo coincide con la racionalidad pura y absoluta. En otras palabras el hombre se cumple
Y se salva solo. El suicidio ( aunque no efectuado, lo que es secundario) se vuelve una necesidad invencible, el acto inmanente a
esta po ición, como lo único que comporta el rechazo total de
1

6tesc c6mo la exigencia estoica, en sus aspectos negativos y positivos está hoy
viva, ":tual, no solamente en algunos existencialistas, sino en muchos factores del
J)CnJamlcnto moderno y contemporáneo, y en algunas manifestaciones de la cultura
europea.
•

234
235

�todo aquello que no es esencial a nuestra perfección, la medicina
radical a la caída ine itable en la debilidades y en la muerte
espiritual la afirmación suprema de la libertad de la vida, nuestro poder juzgarnos árbitros de nosotro mismos, no otro mismo
en el acto de salvarno en la renunciación indiferente a todo, y
en el sacrificio a la dirección de la razón. El que cree que el
hombre se cumple y se alva solo, metafísicamente es iempre uicida, aunque se muera de muerte natural, es mártir al contrario,
aunque nadie lo mate, quien cree que solamente Dio puede cumplirlo y alvarlo y toda la vida di pone a este cumplimiento, d de
lo Alto de la existencia.
o obstante en la po ición estoica, la
exigencia ontológica de la alvaci6n y del cumplimiento, má allá
y a costa de la vida
vivísima y percntoria,4 también es transferida del plano religioso al puramente racional, e convierte de
exigencia del Ab oluto en voluntad de er como lo Ah oluto mismo.
En efecto, otra co a es decir que el hombre, como aquel que participa del er, tiene una pr encia de lo divino que ontológicamente lo empuja a elevarse hasta Dios, quien olo puede cumplirlo y al arlo ( aquí el momento moral-racional tiene u cumplimiento en lo religio o) otra co a es decir que la uprema posibilidad del hombre, a co ta de todo, es el ser el mismo Dios o
también volverse parecido a Él con sus olas fuerzas o, de toda
maneras, cumplir e y alvarse por í mismo, ea también por el
uicidio. Pero queda válida la exigencia ontológica de cumplimiento y de sal ación en lo b oluto y no en el mundo natural e
histórico.
LA Pos1c16

O

TOLÓGIC'\

Diversa de la po ici6n ética del uicidio metafísico ( aunque la
incluya y tenga con ella puntos de contacto) es la posición onto• Ella está presente también en la forma más alta del suicidio CJtéti~ (fijada
etemamente en el ápice de la imagen de la verdad y de la belleza}, y, también aql.Ú,
recuperada más allá del plano p•icol6gico.

236

l6gica, la cual no obedece a exigencia de cumplimiento y salvación ( er como Dios o parecido a Él) pero de "absolutización"
del hombre y de la libertad ( inmanencia del hombre en sí mismo)
en la . forma negativa del tra cender lo humano • E ta pos1c1on
· · ' es
coDSCJcnte ha ta cuando el hombre queda obre u plano y tiende
~- lo q~e. ~ "h,~ano' tender y actuar, la auto uficiencia es su
impoSJbilidad msuperable e ineliminable de "más allá,, trascendente (como lo en lo toico ) : no podemos permanecer hombres, po~ cuanto p rfecto y ser parecido a Dio . También ordena hwr de todas la determinaciones de la voluntad en cuanto
fatalm~te limitativa del ab oluto de la libertad,
parcial
Y relativas pero in la peranza de actuar con más allá de
la muerte, el ideal perseguido y in una finalidad de toda maneras J&gt;? itiv~. El s~cidio metafí ico de tipo estoico es dictado por
~1?enc1a d:, evitar la muerte espiritual, y por el ideal de er
~0s1tlvamen~e. . parecido a Dios o común a la plenitud de sí
Dllsm?; el . wc1dio metafísico de tipo ontológico está ugerido por
la exi.genc1a de er lo bsoluto negativo no pudiendo er lo pottJvo_. er la ada, hacer tabla ra a de la existencia condenada
a lo fmito y en lo finito. Por no poder ser lo que quiere ser no quiere ser lo que puede y debe ser: o pudiendo s r lo Ab oluto no
debo_ er ni si~uie.r:i, relativo a mi humanidad. De aquí la aboluta mdetermmac1~n de la voluntad como afirmación negativa de
lo Absoluto de la libertad, y la consiguiente tentación del uicidio
p~ra huír a aqu~~ ,caída queriendo en cualquier modo algo. También en esta po 1c1on hay una afirmación, ea también negativa
d~ I_a tra cendencia del er y del valor; en efecto, ello admite im~
phc1tamente que lo Ah oluto trasciende toda determinación. La
reducción a cero de lo límites determinante ate tigua, en el fondo, un momento mí tico, en el entido que pone "el más allá,, de
cada determinación, la plenitud y lo ab oluto del er, que quiere
captar negativamente y afirmar en el ab oluto negativo de la libertad, que es precisamente el suicidio.
En la po ici6n ontológica del uicidio metafísico se actúa verdaderamente 1 vértigo de la libertad, cegada (no "enamorada")

tod;

!~

237

�del propio poder: ella quiere probar que no teme nada, que no
ama nada, que no quiere nada, con excepción de la propia "absolutez", de ser disponible sólo para sí misma al punto que pueda
decidir su muerte cuando le parezca y plazca. Es la libertad de
Kirillov, del hombre que vive como conciencia siempre actual del
suicidio (en este sentido, como el estoico, es árbitro de la vida y
de la muerte), siempre listo al acto para probar el terrible poder
de medir lo que al hombre es posible, esto es, "volverse Dios". Pocos se han matado por una razón; Kirillov se mata "sin una razón, solamente para afirmar la propia libertad", para darse gratuitamente el atributo de la divinidad, la "libertad" misma, para
mostrar su "nueva terrible libertad". Pero en el "ateo" Kirillov
( ex-seminarista y creyente en Dios, "peor que un cura" como teme Stepanovik) hay una instancia religiosa: la mentira no excluyó tampoco a Cristo, "el hombre que fue todo lo que de más
alto ha sido sobre la tierra", el "milagro" de las leyes de la
naturaleza; también "Él fue constreñido a vivir en el medio de
la mentira y a morir por la mentira'', esto es, para un Dios, un
paraíso, una resurrección, que nunca han existido. Si también Cristo ha sido engañado, el universo no es sino mentira, "fuerza diabólica". ¿Por qué vivir entonces? Kirillov "llega a ser Dios", no
porque Dios exista y él quiera ser semejante a Él, sino porque es
verdad que Dios mismo es mentira, porque ha muerto. Se vuelve Dios para negar que El exista y no morir, como Cristo, por
la mentira: es suicida porque es un engaño el martirio; se proporciona la muerte desafiando todo y aceptándola por una engañosa ilusión. Es ateo porque no puede ser creyente, pero por eso
mismo reconoce que, si Dios no fuese mentira, el martirio sería
la única auténtica voluntad escogida por el hombre. Al contrario,
si Dios ha muerto, al hombre mismo no queda sino matarse. Pero
matarse es el terrible poder de la libertad, esto es, volverse "un
Dios por fuerza". Por eso Kirillov es "infeliz'': está "constreñidoª afirmar" su libre albedrío y con este acto hacerse un Dios. Para
demostrar que Él es mentira debe mentirse a sí mismo, esto es,.
probar que el hombre es una verdad solamente si Dios es verdad.
238

Estamos lejos del tipo estoico del suicidio metafísico: no se trata de ser parecidos a Dios, sino de demostrar la mentira en su
existencia, probar por el suicidio que El no existe y así afirmar
al mismo tiempo que, solamente si ha muerto, el hombre puede
ser el trágico heredero condenado a afirmar el poder absoluto y
terrible de su libertad, el osar todo ... como un Dios. El suicidio
es la afirmación apodíctica (basta mi sola presencia) que desmiente la mentira de Dios y pone en su lugar la del hombre, dado que no puede ser verdad su martirio.
La dialéctica de Kirillov es alucinante y desesperada: todo en
el mundo es mentira y el mismo Cristo, milagro de la naturaleza,
ha caído en el engaño y se ha hecho matar para testimonio de
Dios, esto es, de la mentira misma; entonces, no vale la pena vivir. Pero valdría la pena que Dios no fuese mentira, porque en
tal caso, todo sería verdad y se explicaría. Y entonces, para ,cdemostrar" que Dios no existe y nada es verdad (para librar de esta
mentira a cuantos la creen todavía), y todo es sin verdad, Kirillov escoge la muerte libertadora; propi2 de esta elección,
que prueba el terrible poder de la libertad, lo "constriñe\' a hacerse Dios, "por fuerza ''. Vale decir, por una parte, el suicidio es
realizado para demostrar que Dios es mentira, y por la otra, en
el momento que la libertad afirma su poder absoluto de osario
todo, el hombre se hace Dios, él mismo mentira, lo que constituye
toda su verdad negativa, en cuanto es la negación de la mentira
de la existencia de Dios. Si él afirma el poder absoluto de la
libertad, si escoge la tentación del suicidio, por el hecho que puede hacerse Dios, demuestra que Dios mismo es mentira y es verdad su no-existencia. Con este acto, sin embargo, no descubre su
verdad humana, en cuanto no puede demostrar que Dios es mentira sin "constreñirse" a sí mismo a ser mentira, esto es, hacerse
Dios mismo por fuerza, cediendo a la coacción del terrible poder
de su libertad. Cristo, haciéndose dar muerte, ha confirmado la
mentira de la existencia de Dios; Kirillov, obedeciendo al "constreñimiento" del suicidio para afirmar el terrible poder de la libertad, demuestra que Dios mismo es mentira, pero puede hacer239
Hl6

�lo haciéndose Dios, es decir, la mentira de sí mismo en cuanto
hombre. También su terrible libertad se ahoga en la inmensa mentira que son la vida, esta "fuerza diabólica", Dios y el hombre y
nuestro planeta. Cristo y Kirillov: el martirio por la fidelidad
total a la fe total en la verdad total; el suicidio por desesperación
absoluta con Dios y toda su mentira por probar que es justamente así.
Pero el hombre está obligado, por el suicidio metafísico, a transformarse en la mentira de sí mismo, porque la existencia de Dios
no es una verdad. Si Él existiera, no sería necesario demostrar que
no existe, transformándose él mismo en dios, por el terrible poder
de la libertad esto es, no estaría obligado a una "absolutez" que
lo niega como hombre. En el fondo, la libertad le impone transformarse en mentira porque no tiene alguna esperanza en la verdad. Y entonces, por un lado, se deja tentar por el tremendo vértigo de lo Absoluto de la libertad misma, con el fin de liberarse
para siempre la humanidad de la colo al mentira de Dios; por
otro, acepta transformarse él mismo en mentira, "hombre, nada
más que hombre", en la desesperada tentativa, eligiendo el suicidio, de ser el "mártir" de lo imposible. Kirillov es el hombre que,
no pudiendo ser mártir de la Verdad porque Dios no existe, tiene
tal sed de Dios mismo que, como el enamorado desilusionado, se
hace uicida para demostrar a cuantos todavía creen en eso, que
Él es una mentira. De otro lado, para dar a su vida y a su muerte
una razón, aunque sea absurda, precisamente la de ser en alguna
manera "el heredero de Dios", se quita la vida por lo que no puede ser y en el fondo no quiere ser y está obligado a tratar de ser
sólo porque Dios, la Verdad, no es y todo es mentira.
Kirillov es el superhombre de Niet.1.sche "ante litteram'', es la
esencia trágica del "titani mo" de la humanidad de hoy en día,
distinto de lo griego: no es la fuerza bruta que se lanza contra el
Olimpo, sino la libertad que quiere volverse divina para probar
que Dios es mentira, sin lograr afirmarse a sí misma como heredera de Dios mismo; no le queda más que el terrible poder de
darse la muerte. No es 1a libertad que quiere igualarse a Dios
240

ser parecida a Él, sino la que, constatado que Él es mentira y
ha ccmuerto", se atreve al imposible conociendo bien que es imposible. y todo es inútil. Así afirma su positividad en la aceptación
consciente de osar sin esperanza. No se puede negar a Dios y pasar la práctica en el archivo; habiéndolo negado es necesario aceptar las consecuencias que el acto comporta. heredar el cielo, imponerse la misión "nueva,, del hombre nada más que hombre,
del hombre que se vuelve Dios. El primer acto de esta misión es
radical, se resuelve desde cero: el suicidio, como lo que da al hombre mismo el primer atributo divino, la libertad absoluta, incondicionalmente señora de sí misma. Esto demuestra que Dios es
mentira y al mismo tiempo, se atreve a querer todavía la verdad, aunque sepa que todo es sin verdad, Cristo es el mártir de la
fe y de la esperanza; Kirillov es el suicida por desesperación, el
que no pudiendo creer en la verdad de Dios, rechaza la mentira
de su existencia, pero confirma que sólo Él es la verdad en el acto
mismo que acepta ser la mentira de sí mismo, el hombre nada más
que hombre. La dialéctica del absurdo de Kirillov implica la
dialéctica de la verdad, en la cual él no cree, pero para la cual se
atreve lo mismo, aunque conociendo que ella es imposible. Kirillov, el príncipe Nicolás, lván Karamasov, Brand, Zaratustra,
Sigfrido, etc., son los hombres de la grandiosa trágica epopeya de
todos los que osan el imposible. Son la verdad en la mentira: saben que su querer ser nada más que hombres es mentira, pero saben que es fatal aceptarla porque sólo aceptándola hasta el fondo, muriendo para la verdad que no es, actúan la sola posibilidad
de dar un sentido a su desesperación, de calificar su existencia y
rebelarse, sea también sin esperanza, a la mentira universal, que
comprende también la de ellos.
Por otra parte, la elección se impone: ser "Peer Gint", que es
solamente su instinto espontáneo (y por eso sin libertad), es "como
es,,, "feliz,,, y "tierno" como un corderito, que se dobla a las canciones de Solveig; o ser Brand, el "deber ser" más allá de lo humano, libertad autónoma de la sociedad y de Dios que impone a
Inés beber todo el cáliz del dolor, al hijo la muerte y a la madre
0

241

�el rehusamiento del consuelo religioso en la lucha "por el hombre,
el heredero del cielo", en la batalla desesperada de hacer del
hombre mismo el constructor de Dios. Brand sube desde el
"abismo hacia las supremas alturas", se queda "a cualquier precio" contra todo lo que se esconde detrás de la "vil palabra"
hur:iana, inderribable en la lucha, en la tempestad, en la acción,
en el nombre del tremendo Dios que es su voluntad de osar, en
la encrucijada entre el todo y la nada, allá arriba sangrando sobre la roca y la nieve, solo, listo al sacrificio supremo, decidido
a escoger la muerte. La avalancha Jo envuelve y sofoca sus últimas
palabras: "Contéstame, Dios, en el momento de la muerte: ¿no
basta el quantum satis de la voluntad humana, para conseguir una
brizna de salvación?" "No basta", grita una voz entre el relampaguear de los rayos: "El es Deus charitatis''.
Zaratustra es el símbolo del Hombre que se consuma para una
finalidad imposible, frente a algo que lo trasciende, lo "desconocido''.
Él busca el fin trágico, el suicidio, fuego de atracción para los
discípulos, testimonio ejemplar. El superhombre, el hombre que
no es nada más que hombre, es todavía una encamación del Absoluto. En la inmensidad del "todo es inútil y vano", del "todo es
igual a lo que ha sido y será,,, el hombre inserta el absurdo de su
voluntad : sobrepasarse a sí mismo, ir más allá de la vida, tentar
la posibilidad de una "libertad nueva". La resolución es desesperada porque sabe querer el absurdo, pero es justamente esta absurda voluntad de sobrepasar el humano insignificante ( de ser "por
encima" del hombre) que confiere valor a la existencia: sólo reduciendo la humanidad a su negación, el hombre puede calificarse
a sí mismo. Es ésta el "alma nueva" del "hombre nuevo", que se
atreve al imposible, sabe que su destino es la insignificancia en la
universal insignificancia de las fuerzas cósmicas, que la vida es
mentira y a pesar de eso se atreve, desafía al destino mismo, se
califica en este acto de rebeldía, héroe que para rehusar la mentira escoge el imposible más allá de lo humano sin sentido, mera
"representación" que esconde la verdadera "tragedia". El super242

hombre es el caballero que, entre la muerte y el diablo ( en una
como agua fuerte de Durero), con su perro y su caballo, procede
en su fatal camino serenamente, lanzado a la desgracia, pero decidido a avanzar igualmente, a hacer de la fatalidad del destino
la potencia de su voluntad, la libre lección de su muerte para lo
imposible. "Estaba sin esperanza y quería la verdad". Dialéctica
que gira en el vacío sobre sí misma, pero el círculo empieza y se
cierra siempre en el signo de lo Absoluto, negación y afirmación
de él, al mismo tiempo rechazado y aceptado.
En el mártir la fe indestructible está unida a una indestructible esperanza: él reza ardientemente a fin de que la una y la otra
nunca se le pierdan. En el suicidio metafísico ( en las formas consideradas por nosotros) está una fe sin esperanza y sin objeto. En
Kirillov hay, como en Brand y Zaratustra: cada uno de ellos tiene una fe potente de apóstol y de profeta, que aceptaría el martirio si Dios existiera. Son ricos, desbordantes de fe, quemados por
su ateísmo que les priva del objeto sobre el cual hacerla recaer;
ni pueden dirigir al mundo lo que puede ser satisfecho sólo por
Dios. Desde aquí su radical negación de todo significado y valor
a lo que es natural y hum~no ( a la ciencia y a la historia) , el querer pasar más allá de la naturaleza y del hombre, su polémica
contra el orden constituído, la sociedad, la mora~ etc. 5
"Muerto Dios", nada -ni ciencia, ni historia ni infinitos universos-- pueden satisfacer la fe que el hombre tenía puesta en Él.
No queda sino intentar el imposible, matar la infinita heredad
que aplasta. En ellos la plegaria del creyente, que suplica a Dios
a fin de que Él venga a conservar la fe y la esperanza, se transforma en la tremenda plegaria de tener la terrible fuerza de mudar la fe que mueve las montañas y ya sin objeto, en una desesperación metafísica otro tanto potente, porque sólo ella puede darles
' Desde este punto de vista su ate!smo, como iremos a ver, es antitético a aquel
del "humanismo absoluto" y es la negaci6n del historicismo de Hegel y del hegelismo, los cuales indican al hombre como objeto de su fe en el hombre mismo, la
humanidad futura: le ofrecen la solución "antropol6gica" del problema de Dios. En
este sentido también Kierkegaard se alinea con Dostoiewski, Ibsen, Nietzsche, Una,.
muno, etc.

243

�la absurda férrea voluntad de osar contra el destino, de ir adelante
sin esperanza, de querer lo imposible. o es el titánico o sat~co
desafío a Dios en una voluntad de soberbia sin amor (Lucifer)•
Es más bien o~a cosa: pronunciada la blasfemia de su negación,
es el desafío a la insignificancia de un mundo privado de Dios,
la protesta contra el ateísmo, que, diciendo que "Dios es una mentira", en la pretensión de "liberar" al hombre por ella, hace de él
y del todo "farsa diabólica". Si se necesita toda la fe para creer
en Cristo, a pesar de todo, y también si en el mundo pr~alecen
el mal y la mentira, se necesita toda la fe de la de esperación para desafiar al destino, sabiendo que es invencible en su ceguera
inmutable. No es el suicidio "satánico ' de quien odia el bien y lo
contrapone al mal (Smerdiakoff, en cierto sentido), q~e. es una
forma distinta del suicidio metafísico. Es verdad que Kirillov calificándose con el absoluto de la libertad "se vuelve" Dios, pero
está obligado a eso propiamente porque ~íos ~ o no ~te.
En el suicidio satánico, en cambio, no se ruega a Dios: se afrrma
y no se le reconoce, se le rechaza, se rebela la creatura que se
"contra-pone". Satanás no es ateo: afirma a _Dios y se 1~ pone
en contra: quiere tener, negativamente, la nnsma potencra que
El tiene positivamente. Dios es Amor y él quiere ser la "creatura,
sin amor"· El es el Bien y él quiere ser el Mal; El es la Verdad y
'
.
él quiere ser la Mentira, etc. Es la pura soberbia que_ ~uiere ~er
el opuesto Todo negativo, no pudiendo ser el Todo pos1bvo; qwere ser todo lo que no es el Ser.
En el momento en el cual maduraba la crisis de la conciencia religiosa europea "los ateos" suicidas, de los cuales estamos hab!ando, representan el rompimiento con otro ateísmo, aquél de ongen
o de inspiraci6n hegeliana, el cual afirma que la "muerte" del
Dio tra cendente representaba un grado superior de conciencia
en la historia del hombre, y precisamente la conciencia de que el
problema de Dios es problema del hombre, de aquello que él mismo se construye a través del proce o histórico, para el cual el "mito ' de Dios mismo se ha transformado en la realidad racional del
Hombre cual será, una vez liberado de la "alienación" religio a.

Este ateísmo pone la naturaleza, la historia, el hombre, en y para
sí mismas como la solución verdadera del problema teológico, cambia el eterno con el devenir. El otro ateísmo se revela contra esta
mentira de querer traer de la conclusión negativa (Dios no existe)
consecuencias positivas: el Hombre en el mundo es el futuro de
Dios, es el absoluto positivo de la libertad en la naturaleza y en
la historia. Contra el engaño de colgar sobre el pecho de la Nada
el 1 trero con una inscripción sobre el "Ser'', y de querer esconder la desolación con el entusiasmo "humanístico"; contra la vileza de crearse voluntariamente la ilusión de que la existencia,
ahora que se ha descubierto que Dios es mentira, ha conquistado
su verdadero y último significado, prote ta el ateo suicida y provoca la ruptura con el mundo y con la historia, ya sin sentido y
sin alguna uraz6n de ser". Por esto él se extraña del mundo mismo, donde todo es mentira, niega todo valor a la ciencia y a la
historia misma y se dispone, armado del tremendo valor de la
desesperación, a aceptar la muerte voluntaria como Ja liberadora
de la vanalidad del "vivere et necesse", para ser Dios, por lo
menos por un instante, lo que, substrayéndose al futuro como escribe Michel Stoedter, fija en sí mismo, sólo present~ toda la
existencia, hace del tiempo un solo punto, donde eIJa ~e recoge
"en .el, r,uerto " y h ace "11 ama " de sí misma quemando en la "pers1:13s1on de 1a muerte libre toda la "retórica" de la vida, cuyo
vmo, todo, ha sido vertido con el "asesinato" de Dios. No es la
búsqueda de la muerte para hacer cesar toda necesidad con la
n~~ación del yo (esto es, adherirse todavía a la vida que se ma~esta ,,con el libertars~ por ella) sino la afirmación del yo mismo,
~ alla de toda necesidad, comprendida la de vivir (todo men~a_) • Es la catástrofe al límite de los límites del hombre, que se
ilusiona de rescatamos a todos con 1a muerte libre, con un calvario, sin otra meta que no sea la muerte misma y la Nada. Por
también la audacia de osar lo imposible no se salva en la positlv1dad y se ahoga en su misma negatividad, careciendo de un real
"más allá" del hombre, del mundo y de la historia. Pero permanece

~st?

244

245

�válido el rompimiento con el historici mo, con lo_s mitos de la ciencia de la historia y del progreso, del hombre-D10s.
' este punto la desesperada soledad del " olo" -solo en. la
mentira de Dios y en la del mundo- que cu_lmim: en la trágica
epopeya del suicidio metafísico, e hunde en _el la aspera_ dulzura
· finito deseo de caer siempre má abaJo
d el m
. . en el abtSmo d
la "vuelta , al líquido cao primitivo (sentumentos estos que s_e
encuentran, por ejemplo, en el joven W ~rther y en Ana Karemna) empujado por el ansia de confundir e con lo elementos de
la n'aturaleza: disolver e en el aire, en el agua, en, el !uego, en la
tierra sentidos en toda ·u potencia de fuerzas cosrrucas necesarias así como lo sintieron los filósofos griego antes de 6crates
y c~n todo el sentido trágico del que quiere anular~- en lo elementos que no conocen luz de conciencia y responsabilidad ~e ohmtad. Sentido pánico de la naturaleza, don de nuestra vida a
la tierra madre, que está ahí esperando beber nuestra ~ngre,
que da vida a una incomprensible existencia. Es el atr~ctJ.vo del
viaje de regreso in regre o, del desierto, de la montana, de la
estepa, de la pampa, la atracción "homérica", de la. naturaleza
potente en su insignificante grandeza, en la cual es tiempo d_esde siempre que el hombre anule su propia ~xistencia. Es el vér~go
de la libertad que no le interesa nada er libre, y anula el senado
dionisíaco de í misma en el baile eterno de los elementos.
Traducción de:

GIANCARLO VON NAOHER

BERGSO E M:ÉXICO: UN TRIBUTO
A JOSt VASCO CELOS

Dr.

PATRICK ROMA ELL
Universidad de Texas

CoN A TERIORIDAD A LA REvoLuc16 MExic A de 1910, México era, pese a todo los intento y propó ito , una colonia cultural de Europa, no obstante el progre o alcanzado por su independencia política de España, un iglo antes. Con la Revolución, México nació como entidad cultural "per se".
En contraste con la bandera ostensiblemente anti-nacionali ta
de la Revolución Rusa de 1917 la Revolución de México en 1910,
fue abiertamente nacionalista en su orientación general. La Reolución Mexicana, a principio del siglo XX, no solamente llegó a obrepasar a la Guerra de Independencia de principios del
siglo XIX, propugnando por una recuperación política y económica de México, ino que dentro de la búsqueda de una plataforma política, llega también a completar la conquista hispana,
de comienzos del siglo XVI, si consideramo a í su esfuerzo intelectual y cultural, en el descubrimiento de México mismo. E te
descubrimiento de México -en su aspecto ideológico-- realizado por los propios mexicano, se refleja en forma má precisa en
eso pensadores que han interpretado la Revolución en términos
que giran en tomo al concepto-pivote de la mexi.canidad.

Así, si queremos comprender qué es lo que hay de nuevo obre
el México antiguo, es necesario acudir en última instancia, a sus
filósofo más representativo . ¿ Cuál es el motivo de esta actitud?
246

247

�Porque aun en el caso de que no quisiéramos aceptar -in _tota:la opinión del eminente historiador médico, Henry E. S1genst,
cuando afirma que "los filósofos son los más poderosos hacedores de la historia", 1 por lo menos, es necesario admitir que éstos
son sus más persuasivos "rehacedores". De la misma manera que
no podríamos comprender a los Estados Unidos de ~érica sin
los pensadores del Iluminismo, así también, no es posible hacerlo
con los Estados Unidos Mexicanos, sin considerar a los pensadores
de la Revolución. Ahora bien, de todos los "pensadores patriotas"
de la Revolución Mexicana, el más grande ha sido, sin lugar a
duda , el recientemente desaparecido, José Vasconcelos ( 1882.
1959). Para comprender su contribución intelectual, en su propio
contexto, es necesario echar una breve mirada al desarrollo general de la filosofía en México, durante los últimos cincuenta años.
La filosofía mexicana contemporánea se puede dividir, en términos generales, en dos períodos: 1) El Bergsoniano ( de 191 O a
1925) y 2) el Orteguiano (a partir de 1925). Cada uno de estos
períodos encuentra sus últimas raíces, en una forma o ~- otra, en
la Revolución Mexicana de 1910. Tal y como tuve ocas1on de señalarlo en reciente conferencia sobre este tema, en la Universidad
de Indiana, la Revolución procrea la idea de la mexicanidad Y
esto trae, como consecuencia, la germinación, en el transcurso del
tierp.po, de la idea de una filosofía mexi~a. Al co~~~o d;l
período bergsoniano, el acercamiento a la idea de ~a , filos?ffa
mexicana" se realiza primordialmente sólo como filosofia, mientras que ~ el segundo, u orteguiano, este a~ercamiento ~acia la
misma idea se da primeramente, como mexicano. La razon para
establecer ~ta diferencia entre las dos etapas en la nacionalización del pensamiento mexicano puede no parecer muy obvia; mas,
sin embargo, antes de esto, no es posible encontrar una filosofía
mexicana auténtica del todo, ya que naturalmente, debió haber
sido primero filosofía, como tal.
Ahora bien, de acuerdo con Samuel Ramos, el filósofo español,
José Ortega y Gasset ciertamente ayudó a la presente generación
intelectual en México, a encontrar "la justificación epistemol6-

gica de una filosofía nacional" 2 pero fue, sobre todo, el filósofo·
francés, Henri Bergson, quien ayudó a la generación mexicana
la anterior a la Revolución, para encontrar la justificación meto~
dológica de la filosofía misma, lo que distingue a la filosofía en
México, desde su curso inicial, a partir de 1910, es precisamenteuna tenaz búsqueda para lograr autonomía. Mientras una gran
porción de esa filosofía dependía de las llamadas "Filosofías Madres" europeas para su inspiración, la filosofía mexicana contemP?ránea, no se preocupará ya más en ser tutelada por patrones;
aJenos, ya se trate de la Iglesia, del Estado o de la Industria. Ya
que el alcance histórico de este ensayo se limita al período ini-cial bergsoniano de la filosofía mexicana contemporánea, · cómo
~ía especificarse el que la filosofía en México pudiese ~dquinr su autonomía en el terreno de la investigación? Esto nos lleva
directamente a la contraparte filosófica, en 1910, la insurrección
en contra del positivismo en México, parangonable con el famos01
Grito de Dolores, de 1810.
La primera manifestación pública organizada de la insurrección mexicana en contra del positivismo, data de una serie deconferencias auspiciadas por una sociedad de jóvenes intelectua
les, llamada "El Ateneo de la Juventud", fundada el 28 de octubre de 1906, ~ la ciudad de México. En conmemoración del primer Centenario de la Independencia Mexicana el Ateneo pro-gramó seis conferencias públicas que tuvieron lugar en la Facultad
de Derecho, de la Universidad de México, durante los meses deagost_o y se~tiembre de 1910. Estas conferencias fueron impresas:
el ffilsmo ano, en forma de panfleto. En la introducción de las.
mismas, leemos que el propósito de esta serie de conferencias fue
"estu~ar, la personalidad y los trabajos de los pensadores hispano-amencanos, de los hombres de letras,,. ª Sin embargo, el motivo,
real que estaba en el fondo de las conferencias del Ateneo era
crear un ferviente interés para que se extendieran en todo el' territorio mexicano, los ideales hispano-americanos, de tal manera,
que el pueblo mexicano pudiera encontrar un modo legítimo de
expresarse a sí mismo, y por ello, sentirse espiritualmente dentro

�de un hogar común. De las eis per onalidades ~spanoamericana que habrían de servir de tema en las conferencias, suste~tadas
por los propios miembros del Ateneo, cuatro fueron . m~cano
(Manuel Jo é Othón, José Joaquín Femández de Lizard1, Sor
otros dos fueron,
Juana Inés de la Cruz y Gabino Barreda),J lo, Enr'
R dó de
Eugenio M. de Ho to , de Puerto Rico y ose
1que o ,
Uruguay. Los jó enes conferencistas incluyeron a las para ~ntonce e entuales celebridades del 1éxico nuevo, como Antoruo ~aso Alfonso Reyes y Jo é Va concelos ( el egundo de los -~enc101 "B · mín del Ateneo" es hoy el único superv1v1ente),
d
na os e
ºJª
D •
l "S6
así como a Pedro Henríquez Ureña, de anto ommgo, e
crates" del grupo.
Aunque los esfuerzos sub iguientes del Ateneo en el ~ampo. de
la educación para lo adulto , no tuvieron el impa~to mmed1ato
en el despertar de México, su miembro habían avizorado -podemo afirmar en forma retrospectiva- que •u búsqu.eda pa~a una
independencia intelectual constituiría, en el plan~ .1d oló~co , lo
que la Revolución Mexicana de 1910 es en lo político. M3: ~un
de las sei conferencia 2.uspiciada por el Ateneo en el ultuno
la que llegó a acercarse má a ex.temar el desverano d e 1910,
b'
· d
contento general hacia la ideología positi,vi .ta que ha 1a. rema o
en México por dos generaciones fue la últlfila, pronunciada por
V asconcelos con el título de ' Don Gabino Barreda Y las Ideas
Contemporánea ". Invirtiendo los concepto a Comte por la restauración del valor en tocio su "sentido poético" del ho~bre y
tomando al principal discípulo mexicano de Comte Gabmo. B~rreda, para culparlo de no haber e percatado de q~e los prmc1.
· tífco son "mera hipótesis" Vasconcelos mvocó en u
p1os c1enp i_
é Camot Clausius Lord Kelvin y a Bergson, ceapoyo a ornear
,
d l fl
trevida exposición con palabra en contra e a 1 od
rran o su a
'
f' . D'
M ' ·co •
sofía oficial del régimen decadente de Por mo , 1az .en
exi ,
"El Positivismo de Comte y pencer nunca podna satisfacer nues-

.

.

,,

.

tras a pirac1ones .
.
Esta última conferencia de la serie, la que fue dicha por asconcelos n la tarde fatídica del 12 de diciembre de 1910 (o ea
250

tres día antes de la fecha de la conmemoración de la Independencia de México, y casi en la víspera de la Revolución misma),
expresó en forma clara el espíritu que animaba a la nueva generación del Centenario a la que pertenecía y que hemo bautizado
como la Declaración Mexicana de la Independencia Filo ófica.
pe ar de los po ibJe-- desacuerdo que podamos tener con el
recientemente desaparecido a concelos debido a su cambio de
pensamiento en sentido con rvador, no hay duda de que el primer asconcelo , con su Grito del Ateneo en contra del Positivismo llegó a er en 191 O el Padre Hidalgo de la Filosofía Mexicana.
Si Comte y pencer ( así como us discípulo mexicano , Gabino Barr da y Ju to Sierra, respectivamente), nunca pudieron satisfacer las a piraciones de los Ateneí ta ¿qué filósofos lo hubieran logrado? Para obtener una contestación, tomamo la versión
que obre este punto da Henríquez reña: "Hemos sentido la
opre ión intelectual junto con la opresión política y económica,
que ya una gran mayoría del país ha advertido de in.mecliato. Vimo que la filo ofía oficial era demasiado sistemática &lt;lema iado•
definitiva como para no estar equivocada. o lanzamo entonces a la lectura de todo lo filó ofo para quien el positivismo
era condenado como inútil partiendo de Platón -que fue nuestro má grande maestro---, hasta Kant y chopenhauer. Llegamo a considerar aun a iet7.Sche seriamente. ¡ Imagínense eso!
Descubrimos a Berg on Boutroux Jame y Croce". 5
Incidentalmente, el e ctitor dominicano no pecifica en el paaje anteriormente citado, una influencia peculiar en Va concelo
durante esa época
presamente, la de Plotino y la del misticismo hindú. Pero de toda las fuentes de inspiración que se encontraban en el fondo de la in urrección mexicana en contra del positivi mo la sub ecuente evidencia lo conduce a uno a la conclusión de que el que más influencia ejerci6 fue Henri Bergson. Claramente aparece esto si t'xaminamo la obra de Caso y de Vasconcelo 1o dos más grandes fil6sofo del Ateneo y de la generaci6n del Centenario. De hecho, en su tributo a la memoria de
251

�:B r on en 1941 Vasconcelo admite claramente, que en la prim ra etapa de su propio pensamiento fue "sin duda bergsonian~ ',
otorgándole al filósofo francé su reconocimiento por haber sido
"el más importante animador filo 6fico de nu tra era". 0
El porqué de la profunda influencia que B~rg on ejercier~, e~
México en la primera década del presente siglo, no es d1ñcil
imaginárselo.
í como el gran filósofo francés. ha~í~ elaborado
a principio de iglo, una nítida doctrina de la m~~!6n en Una
introducción a la M etaff.sica ( 1903) , qu se convrrtlo en un arma para combatir al po itivismo fundado por su propio pai ano,
Augusto Comte, y desarrollada post riorrnente, a travé de
lineamientos evolucionistas de Darwin establecidos por el po 1t1vista ingl' Herbert pencer; Caso y Vasconcelo , después, en el
mi mo iglo, invocarán en su oportunidad al intuicionismo bergsoniano con objeto de atacar a Comte, así como a sus discípulo
mexicanos. Tampoco es difícil explicarse por qué la reacci6n en
contra del positivismo en México durante el siglo XIX haya sido
más violenta, que la de su predecesor en Francia.
El positivi mo n México no fue simplemente ~ produc:º. de
especulación de gabinete -ya que toda especulación metafis1ca
por definición po itivista, resulta inconveniente o inadecuada-.
¡ En cambio, el positivismo mexicano era un arma de propaganda del Presidente Díaz, "el tirano honesto,,! y esto era tan verdadero que fu nec aria una revolución entera para acudir e
tanto el arma como al tirano. Ahora bien, dado el apoyo político
que e le otorgó en México al po itivismo, aproximadamente de
lo años de 1867 a 1910, ¿es posible dudar el por qué lo jóvenes
Ca o y Va concelo , e hayan vuelto hacia Berg on para obtener
una ayuda en la restauración y rehabilitaci6n de la filosofía especulativa?
Dejando a los políticos a un lado, lo que en realidad cuenta filosóficamente es lo siguiente: aunque Ca o y a concelo permanecieron hasta el fin, como di cípulos de Bergson no fueron imples imitador o expo itor
uyos en México. La erdad
que
.ambos desarrollaron el pensamiento her oniano en dos aspectos

!~s

252

distintos. Mientra Caso desarroll6 un "dualismo ético" derivado del . dualismo científico iguiendo una de Ja i::orri:ntes del
p~anuento ber oniano, Va concelo igue a su vez un "monismo
d prend de la corri nte del, momsmo
·
, . estético". que
~tico _que le_ mcluye. o
necesario agregar que esta pronunc,1ad~ diferencia entre los dos berg oniano mexicanos indica por
1 ?11Slllª la ª°?bigüedad de B rgson en u propia posición filo. 6fica, como a 1 podrá advertirse fácilmente en su última y más
un~rtante_?bra, Las _dos fuentes de la Al[oral y de la Religi.ón.
La ~estabilidad del 1 tema bergsoniano en filo ofía se debe al
conflicto de dos corrientes que operan en su pensami oto. Por
~a part , ~orno un duali ta en biología, Bergson asum la dualid~d. del origen de la materia y de la vida, cuando e tablece qu
la vida no puede s r resuelta en hecho físico y químicos, opera
en la forma de una cau a especial, agr gada a lo que ordinar-ia~ente ll~a~os materia". 7 Pero en otro aspecto, como un místico en ~ lig1on, se encuentra lógicamente forzado a interpr tar
1~ ~~ten~ Y la vida como "asp ctos complementarios de la creación • m_ embargo, la ·oluci6n para tratar de hacer justicia a
amba corrientes -la dualística y la moní tica-, es -cunosa·
ment~-. el confundir el dualismo con una teoría de doble aspecto
metaf1S1co -lo que constituye el dilema de Bergson.
_Para ob ervar cómo . Caso y asconcelos difieren de Bergson,
.asi co_mo entre ello nusmos, es necesario hacer una breve comparación _de us respecti as obras. Principiaremos con un análi ·
comparativo de Caso y Bergson.
~torif o Caso, _quie~ acostumbraba impartir su enseñanza de
_ociologia Y de Filosofia con elocuencia consumada en la Univerd~d de Méx!co,_ se sentí_a satisfecho de emplear su dualismo berg~ruan_o, en te~nos. sociológico , en vez de utilizarlo en término
b1ol?g!co o p icol6g1cos. Haciendo una distinción polarizadora
r~numscente de Heinrich Rickert, escribió: "La cultura, está lógicamente, opuesta a la naturaleza". 9 E ta polaridad entre la
naturaleza y la cultura e interpreta en form3. ontológica recibiendo una elaboración d de el punto de vista de un neo-vitalismo,

253

�como así se encuentra en su obra principal La existencia como
economía como desinterés y como caridad, la que apareció primeramen~e en 1916 bajo un título más breve y con un subtítulo
de Ensayo sobre la esencia del cristianismo. La tesis central de
la obra consiste en que solamente a través del "amor" (en el sentido paulino de caridad), el hombre puede llegar a obten e: un~
"victoria mística" 10 sobre la vida. Explotando para sus propias finalidades, el punto de vista bergsoniano en La Evolución Creadora, en el sentido de que cada organismo persigue "solamente
su propia conveniencia" y "va por aquello que dem~da ~l. m~nor esfuerzo" 11 Caso concluye que la vida, sub specze utzlitatis,
es esencialme~te un negocio egoísta. De aquí que el completo significado moral de la proposición, general: "La cultura está opuesta, lógicamente a la naturaleza", sea: "El amor está opuesto, ló-

gi,camente, a la vida".

.

Caso no ha necesitado emplear tantas palabras para decir lo
anterior, pero eso es lo que substancialmente pers~~~e en_ s~ libro. Podemos preguntarnos: ¿ Cómo esta cosmovision cristiana,
la que no solamente asume un conflicto entre la vida y el amor,
sino que llega a constituir la mayor "antinomia" de la ética Y de
la religión, pueda ser comparada con la posición de Bergson?
Debemos hacer notar que Bergson confiesa en su último testamento, Las dos fuentes de la Moral y de la Religión ( 1932) , que
sus conclusiones místicas "completan naturalmente, aunque no
necesariamente, aquello contenido en nuestro libro anterior, 12 La
Evolución Creadora" ( 1907), su obra maestra.
Ahora bien, el punto importante en la confesión berg~oniana, es
la distinción implicada entre un natural y un necesario complemento de su posición filosófica. Esto es significativo, ya que nos
lleva a la cuestión de ver cómo Caso presta su propia contribución al Bergsonismo en México.
El ensayo de Caso sobre la existencia ( 1a. edición, en 1916;
2a. en 1919 y la 3a. en 1934) es importante, no solamente en
las dos primeras ediciones, anticipando el "cabal misticismo", 1 ~
proclamado en la obra de Bergson, de 1932. En virtud de haber254

se colocado de esta manera, nos demuestra también, que el discípulo mexicano había advertido años antes que su maestro francés, las conclusiones místicas de Las dos fuentes de la Moralidad
y de la Religión, las que no necesariamente completan aquellas
alcanzadas en La Evolución Creadora. Porque lógicamente, tanto "el ímpetu de amor" y el "ímpetu de vida", resultan incongruentes, después de todo y a pesar de lo afirmado por Bergson.
De hecho, el trabajo de Caso es más consistente en esta materia,
con una ética de amor, que las "Dos Fuentes" mismas de Bergson, en las que se escribió que "toda moralidad sea por presión
o por aspiración, es, en esencia, biológica". 14 ¿ Por qué es esto
así? Porque en contraste con el biologismo metafísico de Bergson,
el meollo en la filosofía de la conducta en Caso, estriba en que
toda moralidad genuina, es en esencia, antibiológica, ya que lo biológico para él llega a ser idéntico con el egoísmo. Consecuentemente1 si la vida no llega a ser algo de que podamos vanagloriarnos, no debemos hacer una virtud moral de una necesidad biológica. En pocas palabras, ¡ abajo con Ja Regla de Acero del élan
vital! ¡ La Cruz de Jesús simboliza la Regla de Diamante de la
Etica!
Para resumir la relación de Caso con Bergson, así como su contribución al bergsonismo en México, podemos decir que mientras
Bergson nos muestra lo que es debido en la vida, Caso nos indica
lo que hay de equivocado en ella. Como Bergson, Caso es un neovitalista, pero siendo característicamente mexicano, es un neovitalista, con un toque trágico. La oda de Caso es en desprecio,
no en aprecio de la vida. Ahora bien, aparte de las dificultades
semánticas que producen términos tales como "vida" y "amor",
el mensaje de Caso es de la más grande significación espiritual,
especialmente en tiempos como los nuestros, cuando vemos que
lo que se está haciendo son precipitados preparativos para una
simple supervivencia en un mundo mecanicista que tal vez no pueda proporcionar ni siquiera medios de vida para una simple almeja,
menos aún para el hombre mismo.
En lo que respecta a la contribución de Vasconcelos al bergso255
el7

�n · mo en México permíta eno lanzar un vi tazo a la forma en
qu difier de Ca o. La nota má di tintiva de identificación del
· tema va conceliano de filo ofía, el "moni. mo tet.Ico bastaría
para di tinguirlo repetimo , del dualismo Cristiano o ético de Cao. E te ello característico provi ne originalmente del título de
un pequeño libro, publicado en 1918, El Monismo Estético, que
un preludio de su si tema. El libro a' !Jamado, conteni ndo
1 si t ma mismo, fu precedido en otra da e de anticipo , como
u obra titulada Pitágoras (1916) seguido de tres compacto volúmen , Tratado de Metafísica (1929) Etica (1932) y Estética
( 1936). E ta trilogía de Moni mo estético fue completada por
la Lógica Orgánica ( 1945) y la Todología ( 1952). uficientemente irónica la Todología intentó er la culminación mí tica del
i tema y de hecho, constituy el último testamento del autor pero como su título su iere ( con perdón de lo lingüísticos puri tas )
un verdadero "potpourri", tratando de manera puramente esp culativa, toda da de co a terrena y... ¡ cel tes también!
Debe tomarse nota que el primer quema de a concelo que
contiene u punto de vi ta aparecido en u en ayo obr Pitágoras,
ale n el mi mo año - 1916- en el que aparece la primera edición de la principal obra de Ca o, cuyo título original fue: La
Existencia como Economía y como Caridad. Sin embargo es encillo advertir d de el principi-0 que aunque ambo tratadi ta
ob ervan el mundo d de una per pectiva piritual
a concelo
la interpreta en u totalidad n término estéticos má qu éticos.
El punto importante que e nece ario mantener en la mente acerca de a concelo y de Ca o tanto como en la relación d ambo
con B rg on s que mientra Caso anticipa en cierta forma la
conclu ion mística de é te en Las dos Fuentes, a concelo no
610 anticipa ino qu la actualiza, trabajándola y pr entándola , virtualmente, en un nuevo i tema de filo ofía. Para preci ar nu tro a erto en te punto
a concelo fu un cerebro
mucho más creador que Ca o aunque por ningún conc pto tan
cuidado o como lo fue Ca o en u formación e colar.
El hecho de que \ a cancelo no hava recibido aún el reconoci256

miento f!lo ófico que e merece en México - para no mencionar
otro P~• olamcnte prueba la fatalidad consagrada por el
pro erbio d que el profeta no recib honor en u propia tierra. Ha de de luego, e ·cepcion a e ta indebida negligencia
a concelo el filó ofo. iü in embargo i yo pudiera
a entura_rme a ~er por ahora,.~ prof ta, predigo que llegará por
pr-0p10s mén~o a er ~n filosofo cono ido algún día que su
o~~a crá exammada senamente en terreno.
trictamente filo~fico tal y como en cualquier forma, deb rá ser. Cuando e e
día Jlegue u · tema de Moni mo E tético cuyo acento mi mo
n 1~ coordinac~ón_ de elemento hetero éneo . e un insinuante
rcfle10 ~ 1 mestiza7e cultural de íéxico mi mo erá visto en sus
prof&gt;?rc1ones verdadera y erá considerado como producto má
g numo de_la mexicanidad de la 'Filo ofía Mexicana', que todo lo sueno de u~a 'Raza Cósmica , que toda la e pecula~ione qu . antoJan extravagant en e o do trabajo, qu
Junto c?ns~tuyen la propaganda de a concclo el político: La
Raza Cosmzca (1925) elndología (1927). D ntro de lo quepodamo P~ ar del moni mo e tético como sistema tiene al
meno la virtud de er una filo ofía, y no olamente una obr; de
propaganda xhibida como Filo ofía Mrxicana .
.

~!viendo, in má circunloquio a la consideración de la orial1dad de a concelo con re pecto a Bergson hay por lo meno tres a pecto , en lo cuale
asconcelo el discípulo igue
~l, maestro Y de ta manera o de otra llega m' cerca que el
filo ofo fran~és a la acariciada meta del "compl to mistici mo
qu ambo ttenen n común.
En primer lugar, a concelo remuey la corrient dual' tica
~ l~. metafísica berg oniana, in i tiendo a tra, é de u sistema
fil?sofi~o en un riguro o "monismo xistencial d energía có .
Junto .ª un "mo~o. jerarquizado" y di ver ificado -la
t ª ~;na, l~ VIda Y la con~1enc1a son concebida como tre diferen_rcvul tones de la nusma energía e d cir no como tr
ub _
10
tanc1a
dif
rentes
•
b
d
b
la
. .,
.
m em argo, e e acrregar e para completar

:tea .

expo ic1on que de pué del regr o de Va cancelo a la Igle257

�sia Católica, ya en sus últimos años, reintrodujo la corriente dualística de la religión tradicional a su pensamiento. Esto aparece
así en plenitud en un escrito preparado para el XII Congreso Internacional de Filosofía, en Venecia, el que vio la luz un poco
antes de su muerte. En dicho escrito, que tal vez haya sido el
último que publicara, Vasconcelos sencillamente declara que Dios,
el Creador, es el único ser "quien no es energía". 17
En segundo lugar, parte de la originalidad de Vasconcelos con
respecto a Bergson, descansa en que desintelectualiza el último
concepto inicial de la intuición como "simpatía intelectual", haciéndolo "super-intelectual": pathos o emoción.
Al verificarlo así, Vasconcelos anticipa la variada "extensión"
de la intuición más allá del límite filosófico que Bergson estableciera en Las dos Fuentes, desde convicciones místicas. Pero aún
así, persiste una diferencia entre los dos pensadores. En tanto que
el maestro francés diferencia la "intuición mística" 18 de otras variedades y tiene algunos escrúpulos acerca de su formalidad cognoscitiva, el discípulo mexicano en su andar a través de la mística
en metodología, llega a tanto, que insiste en que todas las intuiciones, en el fondo, son místicas, esto es, "supraintelectuales". Para Vasconcelos, no hay diferencia, con excepción del nombre, entre el catnino del profeta y del santo, en un aspecto; y el camino
del poeta y del filósofo, en el otro; tanto como cada uno de ellos,
en su propia manera, revela la res significans, hacia el órgano especial del hombre de "emoción estética". Esto nos lleva hasta el
corazón mismo del Monismo Estético, como sistema filosófico, y
de lo que es único, sobre esto, su denominada metodología estética
o "Lógica Orgánica".
La más característica y novedosa cuestión acerca del Monismo ·
Estético, como sistema de filosofía, es que el autor deliberada y
audazmente, le asigna primacía a la imaginación, como una forma de conocer, en una época en que, prácticamente, todo mundo
jura y se inclina por el método de la ciencia. Para apreciar la
contribución de Vasconcelos y no tomarla, así como así, no debemos olvidar que -salvando algunas notorias excepciones- la
258

imagi~ación ha sido metodológicamente sospechosa, por largo,
largo tiempo, en la historia del pensamiento occidental, con el resultado neto de que esto, a semejanza de la pobre Cenicienta ha
sido obligada a jugar un papel secundario frente a sus má; favorecidos rivales: la razón y la voluntad. Con los cambios del
siglo, sin embargo, el status de la imaginación ha cambiado cons~de:~ble?1ente. Testimonjo de lo anterior, lo es, por ejemplo, la
s1~1cat1va ~~~a hecha por Croce y por Bergson a ese propósito,
a~1 como la vis10n de Montague, en el sentido de que la imaginación creadora es el más próximo acercamiento a los caminos del
"Ser primordial,,. 10 Más aún, a últimas fechas, la voz de la imag~a~i~n comienza a ser escuchada hasta en los propios centros
CLentificos, como así nos lo ilustra, en reciente contribución, la
pluma de Edmund W. Sinnott, un distinguido botánico norteamericano.20 A pesar de t-0do, para nuestro conocimiento, ningún
pensador ha hecho tan fuerte advocación a la lógica significación
de la imaginación como V asconcelos -por lo menos, desde la época del preñado presentimiento de Schelline- de que el arte es el
organon de la filosofía.
~
De _s~guro, ~orno en el caso de Bergson-, Vasconcelos puede
ser cnticado fac1lmente por haber tomado fü método favorito de
imagina,ción, ~em~siado :::eriamente y por no haber optado por
otras mas sobnas v1as de conocer, suficientemente serias. Tal crítica
del romanticismo, en lógica, es sin duda alguna, pertinente, pero no
debemos desdeñar el otro lado del cuadro. Dicho esto, podríamos
colocar las más elevadas contribuciones de Vasconcelos, en relación
a Bergson, como sigue: mientras Bergson enseña a nuestro mundo
contemporáneo qué es lo equivocado en la ciencia, Vasconcelos en~eña qué es lo debido en el arte. La diferencia entre los dos mensaJes, es naturalmente, de énfasis, pero en materia de filosofía tales
diferencias de acento, producen todas las diferencias en la teoría.
El Monismo Estético representa un desarrollo más elevado del
pensamiento bergsoniano, en el sentido de que hace explícito, lo
que es solamente implícito en la defensa de Bergson a la metafísica
.
'
en un mundo dominado por la ciencia, es decir, que la metafísica
259

�uede verdaderamente sub tanciar su fines in opo ici6n_ a l~s _con~e tos de la ciencia siempre y cuando opere con las mtU1c1ones
co~cretas del arú ta. Extendiendo la t i de Be:g on en el ensayo
lási contenido en La Risa ( 1900) ' en el sentido de que el arte
21 y aclarando el
c co
-¿ d ·
lleva "cara a cara con la rea1t a mi ma
' .
,
:~icado de la intuición berg oniana que es.' estét:J.ca en c~~cter'' a cancelo llega a la implicativa conclus16n de que 1,a uruca
forma de la comprensión completa de 1~ co ,:! e a tr~ves de la
"intuición estética o 'pensamiento estét1co" -- ¿Por que? Porque
1
s iendo actualmente ' heterogéneas olamcnte pue~en ser
c:~o~~didas por un modo de pcn amiento qu~ ea apro~iado a
ella ~ el modo que en ambla con la circunstanc1_a ~ prectSamente el ;en amiento estético, producto de la i1:1~gmac16n creado:ad
Si to
a í, entonce tanto la verdad metah ica como la verd
artística coinciden.
De acuerdo con nuestro autor mexican?, la_ dificult~d fundam~tal con el rawnamiento di cursivo u ordinario - el tl~o. deduc~:
de ensarniento usado exclusivamente en las matematicas pu '
rado menor, en la ciencia naturale -. e aquel que reduce
Ío "h~terogénco· a lo homogéneo , lo parttcula~· a _lo general, lo
E ta reducción de lo cualitativo a los camconcre t o a lo abstracto ·
· f
·'
po de lo cuantitativo, in duda e mu útil para la m ormac1on
científica pero la ciencia no es ~abiduría. in em~argo, en 1,u~ar
de admitir cándidamente la limitaciones de u ~e~odo analiu~o
. a1·sta
( asconcelo le llama abstracciomstas), reacc10lo rac1on
1
l
.
nan como 1a zo1 ra de la fa' bula con idcrando no maduras a a
qu e se encuentran fuera de u alcance. En otr palabra ~
uva
.
· t
en s1
r ultando ba tante irónico por cierto e1 pen ami n o
,
.
más complejo d Jo que lo racionali. ta creen. ¿~n que
:~od cansa la uper.ioridad d l pensar estético obre el upo or.· :&gt; En u fuerza d,. 'coordinación ' ic ponde .asconcelos.
d.ma110.
.
.
E t poder para coordinar a toda la área del conocm:uento sm
reducirla a un último y común denominador,
la prop1 da~ ~,eculiar de la ima inación humana. ontrariamcnte a la op~on
popular, la imaginación del hombre no es una facultad arbitra-

J

260

ria" ya que la mente humana ademá de e tar conformada en
conjunto de cat goría , como a í lo e tablece Kant 'e tá también
condicionada con forma especiale de compren ión, aplicable a lo
fenómeno e tético ", d nominado~, ritmo, melodía y armonía'. :i:i
E ta 'trinidad tética ' -ritmo melodía y armonía- constituye,
por cierto el Apriori Estético va conceliano d cubrimiento que
él proclama 'en gran parte" como u o. :H Ahora bien cualquiera
que pueda er nue tra opinión de ta variedad mexicana de Tra cendentali mo
tético hay al o de alentador e instructi o acerca
de u intento para fcctuar por medio de la imaginación, una concordancia d la razón con la emoción e pecialmente cuando hemo
llamado así ' cognocitivi ta ' y emoti i ta ' en to día a aquellos que los eparan innece a1'iamente. En ta forma
asconcelo
obrepa a a B rg on en I a pecto egundo o m todológico.
a conceJo lleva el mistici mo má.
allá que Berg on no olamente porque
más compl to moni ta
en metafísica y má completo intuicionista en metodología ino
porque tambJén
un místico más completo en filosofía práctica.
Esto provoca má aún la cu tión crucial y delicada relativa al
contenido mismo del misticismo, a í como a la definición del ideal
místico.

En tercero y último lugar,

De acuerdo con Bcrgson, el último fin del mi ticismo es el
establecimiento de un contacto, consecuentemente de una parcial
coincidencia con el esfuerzo cr ador, que en sí mi ma manifiesta la
ida. E te esfuerzo e de Dios i no es Dio mismo.
concibe al
gran místico como un er individual, capaz de tra cend r la limitacion impue tas a la e peci por su naturaleza material, si bien
continuando
tendiendo la acción divina. Tal e nue tra defini20
ción'. E ta la definición de Bergson, de un completo rnistíci mo
y de un gran místico pero no la de a concelo . Por el contrarío,
para lo ojo de nue tro filó ofo mexicano el último objeti o del
mistic· mo no e buscar una "identidad o coincidencia parcial o
total, ino una 'armonía de la criatura y el Cr ador. 26 En una palabra mi ticismo no es panteí mo. Má aún, en realidad el gran
místico, para a concclo , ería esa pcr~ona cepcfrmal, la cual
261

�obtiene éxito no solamente "triunfando sobre la materia", como
Bergson lo precisa, sino que triunfa trascendiendo _las_ limitaciones
de la vida misma, esto es, triunfando sobre la v1talidad. De los
dos puntos de vista expuestos, ¿cuál revela la más grande penetraci6n en el problema que se ha planteado?
Si un no-místico, como yo mismo, pudiera aún hablar acerca de
algo que ha sido admitido como inefable, sospecho que el ~un~o
de vista de Vasconcelos está más relacionado con la expenenc1a
mística en sí misma, que el sostenido por Bergson, el que aparece
un tanto demasiado sensible y demasiado secular, para adaptarse
a la peculiar lógica de la situación. En este respecto l~ c~~cepción
bergsoniana del ideal místico es tal, que su modelo ~d1v1d~al se
mantiene tan ocupado con los negocios divinos, que no tiene tiempo
para detenerse a escuchar la voz de Dios.
Bergson identifica el misticismo total, con el misticismo de la
Cristianidad, pero su interpretaci6n humanística de este último,
sería prontamente combatida por los propios místicos cns:1~os.
De acuerdo con Vasconcelos -quien habla por ellos-, la última
meta de la mística, la que constituye la "ciencia suprema,,, es
obtenible solamente a través de la "operación sobrenatural" de la
gracia, esto es, a través de la Gracia de Dios, no a través de cualquier esfuerzo del hombre. 28
En relación con esto, a Bergson puede justificársele un tanto en
su insistente actitud sobre "el completo misticismo es la acción" 29
y no mera contemplación. Sin embargo, temo que se encuentra en
un camino equivocado, cuando insiste al mismo tiempo, que la
marca distintiva de un misticismo completo, es su fe "en la eficiencia de la acción humana" 30 y de esto concluye que su fe es lo
que hace superior al misticismo de la Cristianidad de las otras
formas históricas de misticismo. Pero su conclusi6n acerca de la
superioridad del misticismo cristiano, aunque cierta, está basada
en una dudosa concepción de que el místico cristiano efectivamente cree en la eficacia de la acción humana. No, Vasconcelos afirmaría que lo que completa al misticismo cristiano, "misticismo
activo", es su completa fe en la eficacia de la acción divina, no
262

de la acción humana. En otro aspecto, ¿qué es lo que distinguiría
al misticismo cristiano del humanismo ético? Además el autor mexicano piensa que "hay una profunda diferencia entre lo religioso
y lo ético" y lo ético alcanza en su sistema filosófico un "rango
secundario". 31 Si bien la esencia de la religión reside en "saber
cómo perdonar", la esencia de la moralidad descansa en saber
cómo dar y tomar -siendo simplemente la justicia una cuestión de
cálculo, materia de cheques y balances. 32
Para recapitular, el más interesante aspecto del Monismo Estético, cuando se ha comparado con la filosofía de Bergson, es que
ésta culmina en el misticismo por el camino de la experiencia
artística, en vez del de la experiencia moral. Si bi~ cualesquiera
diferencias que hubiera entre Bergson y Vasconcelos, en el pensar
filosófico, son debidas en última instancia, al hecho de que en el
primero, el misticismo final se deriva de cuestiones éticas y en último, de cuestiones estéticas.
Tal ha sido el caso. Se sigue de las precedentes consideraciones
que un místico estético, como Vasconcelos, quien aproximó su
oído a la música de las esferas y, como resultado, fue apto, para
ser más receptivo, a la voz de Dios; es un místico mejor en teoría
-aunque no necesariamente un mejor moralista- que un místico
ético como Bergson, para quien la principal preocupación fue el
mejoramiento o "la conquista del mundo". 8 ª Aunque el mismo
Bergson estaba convencido de que la mística cristiana ejemplifica
en la historia, lo que él llamó el misticismo completo, parece que
tuvo bastante del aura de los profetas judíos, en sus antecedentes
culturales, así como en su propia alma, para adoptar un totalizador misticismo cristiano.
En cualquier forma, independientemente de quien pueda tener
razón sobre la esencia del misticismo, Vasconcelos apoyándose en
Schopenhauer y en contra de Bergson, afirma que la meta última
de la vida humana, "es trascender la vida" y no "crearla". 84 En
forma breve, podemos decir que, como su compatriota, Antonio
Caso, fue un radical pesimista acerca de la vida.
Con estos breves comentarios sobre el misticismo, cerraremos
263

�este resumen de la influencia de Bergson en México. De las tre
principales contribuciones de la filosofía mexicana contemporánea: - ( 1 ) desarrollo del bergsonismo, ( 2) desarrollo de la idea
de una filosofía nacional, y (3) desarrollo de un sentimiento trágico de la vida- nuestro estudio se ha limitado a discutir la primera contribución, la cual es, hasta ahora, la más importante que
se ha hecho en México hasta el presente. El bergsonismo mexicano, el que nació con la Revolución, como una reacción en contra del positivismo, se desarrolla después de 191 O, en dos direcciones, cada una correspondiendo a una corriente del pensamiento
bergsoniano.
En la primera parte de nuestro tributo, hecho en memoria de
Vasconcelos, tratamos de demostrar, en forma sumaria y por motivos de contraste, que Antonio Caso representa una versión más
consistente, en México, de Bergson el dualista, en la que desarrolló
un declarado dualismo cristiano.
En la segunda, el intento ha sido hecho para demostrar, con
cierto detalle, que José Vasconcelos representa una versión más
consistente en México, de Bergson, el Místico, en la que, a su vez,
desarrolló un abierto misticismo católico. Ya habíamos mencionado el hecho de que, en 1941, el año en que Bergson murió, Vasconcelos rindió un gran tributo al maestro francés, en su artículo
"Bergson en México", publicado en la principal revista filosófica
de México, Filosofía y Letras. 86 De aquí en adelante, el año de
1959 será recordado siempre, en los anales de La filosofía occidental, tanto por el centenario del nacimiento de Henri Bergson, como porque en dicho año, su más grande discípulo en la América
Latina, José Vasconcelos, de México, murió.

REFERENCIAS

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4. Ibid., p. 164.
5. Quoted in ALFONSO REYEs, Pasado inmediato y otros ensayos {México, El Colegio de México, 1941 ), p. 4 7.
6. JosÉ VAsCONCELOS, "Bergson en México", Filosofia y L etras, tomo I, No. 2
(1941), p. 239.
7. HENRI BEROSON, The Two Sources of Morality and Religio n (New York, Holt,
1935), p. 104.
8. Ibid., p. 245.
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10. [bid., La existencia como economía, como desinterés y como caridad (2nd. ed.,
México, México Moderno, 1919), p. 128.

11. liENRI BERGSON, Creative Evolution (New York, Holt, 1911), p. 129.
12. [bid., Th e Two Sources of Morality a11d Religion, p. 245.
13. Ibid., p. 210.
14. !bid., p. 91.
15. PATRICK RoMANELL, Making of the Mexican Mind. (Lincoln, University of Nebraska Press, 1952), pp. 95-138; La formación de la mentalidad mexicana (México,
El Colegio de México, 1954) , pp. 109, 159; "ll Monismo Estetico di José Vasconcelos", Rivista di Filosofía, vol. XLIV, No. 2 (1953), pp. 137-157. Also,
Da. AousTÍN BASAVE FER, ÁNDEZ DEL VALLE, La Filosofía de José Vasconcelos (Madrid, Cultura Hispánica, 1958).
16. JosÉ VAscoNCELos, La revulsión de la energía (México, 1924 ), pp. 1-22.
17. !bid., "El hombre y la diversidad de la naturaleza", Revista Mexicana de Filoso/la, Año, I, No. 2 ( 1958 ), p. 6.

18.

HENRI

19.

WILLIAM

p. 25.
20.

Traducción del
Lic. ALBERTO GARcÍA GóMEZ

21.

22.
23.

24.
25.
26.

264

BERGSON, The Two Sources of Morality and R,i/igion, pp. 244-245.
P. MoNTAGUE, Great Visions of Philosophy (La Salle, Open Court, 1950),

W. StNNOTT, "Man's Uniquc Distinction", Main Gurrents in Modern
Thought, Vol. 14, No. 5 ( 1958 ), pp. 99-106.
lliNJu BERGSoN, Laughter (New York, 'Macmillan, 1911), p. 157.
JosÉ VAscoNCELos, Todología (México, Botas, 1952), pp. 55 y 156.
!bid., p. 193 Als, "The Aesthetic Development of Creation", in Papers and Abstracts
of the Second lnter-American Congress of Philosophy ( ew York, Columbia University Press, 1947), p. 124.
Ibid. Estética (3a. ed., México, Botas, 1945), pp. 215 y 641.
IiENRI BEROSON, The Two Sources of Morality and Religion, p. 209.
JosÉ VASCONCELos, Todologia, p . 73.
Eo.MUND

265

�27. IIENRI BERGSON, The Two Sources o/ Morality and Religion, p. 246.
28. JosÉ VASCONCELOS, Todología, p. 244.
. .
29. HENRI BERGSON, The Two Sources of Morality and Rel1gton, P· 215.
-30. lbid., p. 214.
31. JosÉ VAsCONCELOS, Todologla, p. 164.
.32.
33
34:
.35.

lbid., p. 165.

z· ·

229

IIENRI BERosoN The Two Sources o/ Morality and Re igton, p.
·
JosÉ VASCONCE~os, Tratado de metafísica (México, México Joven, 1929 ), p. 2 5 ·
Tomo I, No. 2 ( 1941), pp. 239-253.

º

EL REALISMO AXIOLóGICO EN LA FILOSOFÍA
TOMISTA
Dr.

0CTAVIO
ICOLÁS DERIST
Universidad C a t ó 1 i e a Argentina
"Santa María de los Buenos Aires"

l. La ubicaci.ón del ser del hombre, entre Dios y el ser material,
determina el problema de su perfeccionamiento en su diversas dimensiones: teorética, práctica; y técnico-artística.-Por su espíritu
el hombre está ubicado entre el Acto Puro de Dios y los seres materiales. Tal situación óntica del hombre determina el modo de

su obrar; dentro del cual ocupa especial lugar la actividad axiológica, tanto en su aspecto de aprehensi6n o estimación de los valores como en el de su elección o realización práctica de los mismos.
En la cima del Acto está Dios, quien es, por eso mismo, omniperfección en suma simplicidad. Su Esencia y su Existencia, y
su Actividad y su Objeto cuasi especificante, están identificados
en el único y simplicísimo Acto. La Actividad de Dios -Intelección y Volición- es tan necesaria como su Existir, como que está con El identificada. Y como el objeto cuasi especificante de
tal actividad no puede ser sino esa misma Existencia o Actividad,
síguese que el Conocimiento y Amor que Dios tiene de sí sean tan
necesarios como su Existir. Todo en Dios es necesario respecto a
su Ser y Actividad. Su libertad sólo es respecto a los objetos finitos, los cuales únicamente pueden ser y existir fuera de El. Dios
es la necesidad por la plenitud del Acto, por la realización total
de todo Ser.
'266

267

�infinita di tancia están lo . ere finitos que en cuanto a su
esencia son por participación necesaria de la Esencia e Inteligencia divinas, y en cuanto a u existencia llegan a ser por participación contingente, por libre elección de la Voluntad divina.
De eso ere uno on mateúal y otro
pirituale . Lo primeros -scre inorgánico , ivi ntes eg tale
animales- e tán
uj tos a un determini mo ab oluto: mecánico, químico, biológico
e instintivo. La actividad de esto ere
tá ujeta a necesidad,
preci amente porque tá om tida a la determinación material.
La limitación o no er de la materia coarta la actividad de esto
seres y los determina de man ra necesaria por una única dirección.
trata de una necesidad inversa a la de Di-o : no por
riqueza, por plenitud de toda determinación y perfección, ino de
una necesidad por pobreza, en que el obrar no po ee in.o un solo
modo de actuar determinado por el er material.
El hombre
un r finito y material , en cuanto tal, ujeto al
determinismo causal; pero por u espíritu alcanza un doble señorío de su er y actividad: por su conciencia, por la cual lo posee
inmaterial y objetivamente, y por su libertad, por la cual es dueña
de lo mi mo : no e tá determinada a un preciso acto, como la
actividad material ni tampoco a toda perfección o Infinito cto
como la ctividad Di ina, sino entre ambos : está en po esión de
lo múltipl y diverso actos po ible , en poder de elección de cada uno de ello o de u omisión, bien que deba optar iempre por
uno finito limitado y no pueda realizar todos a la ez.
E ta doble po esión de J, por la conciencia y la libertad -hij
de su espíritu- hace que el hombre, a dilerencia de lo demá
eres que lo rodean po ea el problema de la elecci6n de u er y
de u vida la elección d u de tino. Con u conciencia y libertad
el hombre puede realizar o de truir u perfeccionamiento.
diferencia de lo demás ere material que on
tán determinados en u acti idad por leyes necesaria , que la encauzan de un
modo preciso, dentro del cual cumplen su de tino in saberlo ni
proponérselo, ólo el hombre se hace consciente y libremente en
cuanto eli e lo fines y medio para acrecentar o empobrecer con

su actividad su propio er u tancial permanente. Unicamcnte el
h~mbre
dueño de su d tino de La claboraci6n del perfecciona~iento d~ su er porque es dueño de u actividad por la concienºª. Y la libertad d u e píritu. Por ejemplo el tudio la poe ~ón de 1~ crdad actúa y enriquece a la inteligencia, así como
la ignorancia y el error la empobrecen.
El espíritu o la per ona humana por u inteligencia des-cubre el
ser d;
cosas y de sí mi mo a través de sus manife tac iones feno1:11erncas concreta . El ser en cuanto tal oculto a lo eres materiales, aún al conocimiento sensible, e de-vela a la .inteligencia.
De aquí que ólo el espíritu o la persona esté ordenado hacia el
ser, en dos direcciones opuesta pero correlativas: hacia la trascendencia_-al er ~~e no es lla-. y a la inmanencia -al propio
ser-, esta en pose mu del ser obJeúvo y ubjetivo: e un u jeto
~u~, al contacto y pose ión intencional del er trascendente u obJetJ.vo, cobra c?nciencia o pos "ón intencional de u ser objetivo:
es un er .c?n~c1 ntemente frente al objeto. Y como el er tra cendente es ilimitado y en u tramo supremo e imparticipado e el
Ser a-se o divino, el hombre
un er en po ión de su e; • ordenado por su inteligencia a posesionar e intencional u objeti\'amente de todo ser o verdad tra cendente.
. En esa orientación esencial del e píritu al er o erdad infimt~ -t_ra cende~te e ~manente- por vía intelectiva o especul~nva, uen_c su raiz la libertad del espíritu por vía voliti a o práctica. Prec1 amente porque la inteligencia pone al espfritu frente
a todo ser o verdad al er o erdad en ' -trascendente o in~ente- la voluntad la pone frente a todo bien - tra cendente
0 mmanente- al bien en si o felicidad, porque el bien no es ino
el ser ~ cuan:º ~pet_ec~b] .
porque la oluntad e tá hecha para_ el bien en 4 m lnmtes y en definitiva. para el Bien Infinito
D10s
· elig nc1a
· lo tá para el er o verdad in
, . - as'1 como L
a mt
~te !' en definiti a para la erdad Divina-, frente a cualqmer bie~ finito -o al Bien Infinito. finita o imperfectamente
apreh_~dido- pued quererlo, en cuanto participa de su objeto
espeoficante, el bien· pero puede no quer rlo, en cuanto no es l

!ª

269
268

�bien. Unicamente ante el bien en sí como tal, la voluntad no puede elegir, pues cuando elige siempre. e~g.e un bien en ~uanto participa del bien en sí -su objeto espec,,f~cante necesano-- o ~nte
el Bien Infinito perfectamente aprehendido -el caso de los bienaventurados que ven claramente a Dios- en cuanto la voluntad
no puede elegir ya entre varios bienes finitos, pues se .encuentra
ante el Bien que realiza plena y eminentemente todo bien.
Por su espíritu finito, el hombre aparece, pues, abierto en una
doble dimensión: al ser trascendente, 1) que debe a~rehender
como es, como verdad, por vía teorética o contemplativa de ~
inteligencia, y 2) al ser, que debe realizar. o adquirir -hacer existir- como bien por vía práctica de su libertad. Y esta consecución del bien puede realizarse a) ya en el propio obrar _Y ser humano: por la actividad moral, b) ya en ~as cosas ext~nor_es a su
propia actividad lib~e, para hacerlas servu ~ su ~~opio b~~ humano: actividad técnico-artística. Por su dimens.zon teoretica de
la inteligencia, el hombre está o~dena~~ a la, v~rdad, a la V ~rdad
Infinita en definitiva; por su dimension practico-moral, _está
denado al bien, al Bien Infinito en definitiva; y por su dime~si_on
técnico-artística, está ordenado a la belleza, a la Belleza I nfmita,
en definitiva, y a la utilidad de los medios. Mas Verda~, Bondad
y Belleza, en buena metafísica, se identifican y no son smo el Ser
-el Ser Infinito, en última instancia-.
Por todas sus dimensiones o aberturas a la trascendencia del
ser, el hombre aparece como un ser finito, pe:º. conscien~e Y libre y ordenado esencialmente al Ser o Bien Infiruto, en qUJen ~cuentra su perfección y felicidad, vale decir, como un ser esencialmente religioso. El hombre no es Dios, pero está he~h~ para poseer a Dios formal o expresamente -por el conocmuento Y el
amor- y para encontrar la perfección de su ser únicamente en
esa posesión plena del Ser trascendente divino.
Mientras Dios está en posesión de Sí por su Conocimiento Y
Amor infinitos, identificados con su Ser, y los seres finitos materiales están encerrados en sí mismos y en el ámbito finito de su
propia actividad sujeta a necesidad, sin sospechar siquiera el mun-

?~-

270

do del ser y menos el del Ser divino -el mundo de la verdad, bien
y belleza-; sólo el hombre se encuentra en posesión consciente
de sí, de su ser finito, y consciente de su ordenación y necesidad
de franquear la inmanencia de su ser finito en busca de la trascendencia del ser trascendente y, en última instancia, del Ser infinito.
Tal la situación singular y única en que el hombre se encuentra,
colocado entre Dios y los seres materiales, a causa de su finitud,
por una parte, que lo distingue de Dios, y de su espiritualidad, por
otra, que lo distingue de los seres materiales, y, que, al hacerlo
-sólo a él entre todos éstos- dueño de su ser inmanente y del
ser trascendente por la conciencia e inteligencia y la libertad, lo
ponen en trance de tener que elegir y decidir de su propio obrar
y ser y de su propio destino y de los medios para realizarlo, de
tener que acabar de hacerse de acuerdo a las exigencias de su
propia naturaleza y de su correlativo propio Bien o Fin al que
~tá ordenado, si quiere labrar la perfección de su propio ser y
vida.

2. Doble problema del perfeccionamiento humano: teorético o
de dilucidación del fin y de los medios, y práctico o de realización
de éstos para alcanzar aquél. El problema del perfeccionamiento
humano supone, pues, dos términos: uno a quo: el hombre tal
cual es, dado por su naturaleza, una unidad sustancial finita de
materia y espíritu a la vez; y otro ad quem: el Bien o Fin trascendente supremo, al que el hombre está esencialmente destinado
Y que debe alcanzar para lograr su propia perfección inmanente
o actualización de su ser.
El ~ombre por su espíritu, por su inteligencia se ve abocado,
en primer lugar, al problema de de-velar el camino que conduce
a su ser y actividad a su perfección, des-cubriendo su auténtico
ser inmanente -punto de partida- y su Bien o Fin trascendente para el que está esencial y definitivamente hecho -punto de
llegada- y las exigencias que éste impone a aquél para su consecución; y, en segundo lugar, y siempre bajo la dirección de la
inteligencia, está abocado al problema de la decisión de su volun271
n18

�tad, de realizar tales exigencias, de hacer pasar el deber ser al ser,
a fin d lograr perfeccionar la propia actividad y, mediante ella,
el propfo ser humano.
E por u finitud que l hombre puede perfeccionarse; y e por
u espiritualidad -inteligencia, conciencia y libertad- que el
hombre debe hac rlo. E la conjunción de amba notas en el hombre quien d termina el problema de su perfeccionamiento por parte d l propio hombre especialmente en su aspecto moral o trictamente humano.
3.
nidad jerárquica de las diferentes partes de la actividad
y ser humanos y de sus correspondientes bienes. Por u inteligencia
el hombre ha de de- elar primeramente la naturaleza de su propio er.
través de u actividad múltiple y di ersa y a la vez jerárquica.mente unificada r ordenada, en definitiva, a su actividad
piritual pecífica ha de llegar a conocer u ser también múltiple y unitario. A u vez la naturaleza humana e manifiesta ordenada por u actividad y er e pecífico al er tra cendente y
en definitiva al er divino, como a u Fin o Bien último en cuya
po esión encuentra su propia perfección o plenitud ontológica inmanente.
En verdad la naturaleza de un ser y su fin o bien específico son
correlativo : en el orden real la naturaleza es tal} ha ido hecha
a í por su divino utor en vista y para tal determinado fin; y
en el orden del conocimiento, como el fin responde a la naturaleza cual acto o perfección suya por el fin podemo descubrir la
naturaleza de un er.
Ahora bien, la naturaleza humana, dentro de u unidad jerárquica, po ee varios grados en su actividad, que denotan los grado
de su er. De abajo arriba serían: un plano de actividad y ser
material otro d vida y ser egetativo inconsciente, otro de vida
y er p icolólrico- ensiti o-conscient y finalmente otro de vida
piritual el cual e tá abierto y centrado en el ser -verdad, bien
y belleza- tra cendente. Cada uno de tos grado irve y está
ometido al inmediato uperior.
El hombre, pue para perfeccionar u er debe procurarse el
272

bfen corr~ponclientc a cada una de estas zona . Y, como ésta estan ~rgánicamente ordenada
jerárquicamente subordinadas entre SJ no de otra uerte lo bien correlativo a cada uno de eso
grado del ser y actividad humano han de ubordinar e entre sí.
4. La cultura .º hu~nanismo como obra de perfeccionamiento
humano en_ su tnn~ dimensi6n técnico-artística, práctico-moral ,,
contemplativa, con1ugándose en la religiosa. Tal perfeccionamiento humano en los diferentes a pectos de la actividad y er del
hornbr~ Y de la co as a él subordinada , constituye la cultura o el
humanismo.. Para. que la cultura ea auténtica
d ecir,
. un genw.
f
no p~r eccionamtento humano -humanismo ,, cultura expresan
lo ~o,. apuntando aquél al fieri y ésta al factum esse del perfecc1onarmento humano- ha de realizar e de un modo jerárquico, confluyendo toda ella al bien del er }' acti idad
íf'
m d' t 1 d . . . ,
espec 1co
e 1an e a a qws~c1on del er - erdad bien , belleza- trascendente, que culmina en el er divino.
Tal ~rg~ación aun de lo aspecto inferior . que conduce al
perfecc1o~arruento o cultura humana, en u raíz primera, es fruto exclusivo del espíritu.
En efecto, tal perfeccionamiento u ordenamiento del hombre
l~s cos~ a él subordi~adas, que es la cultura o humanismo,
dealiza radicalm?nte med1ante el perfeccionamiento jerárquico or~ado de la nusma actividad espiritual. Esta se ordena iempre
a ser, al ser trascendente e inmanente: ya a u aprehens', t l
cual e
. 'd d .
.
ion a
.
s -activt a intelectiva o teorética- ya a su modifica~~~~ª:ª q~e s~ como debe ser -actividad volitiva o práctica.
. . mteligenc1a el hombre se enriquece con la verdad del ser
º?Jet~vo o trascendente y el propio ser subjetivo o inmanente -con~encia-. Por ella tiende a de-velar el misterio del ser a captar
a v~r?ad de la co as, tal cual es: y ésta es la actividad por eso
:eoretica o co~templativa. Por la voluntad tiende ya a :nodifica;
o s:res exteriores a u propia actividad, de acuerdo a las exigencias
nas en ,del .s r de las. co as por transformar para hacerla bue51 m15~as a fm de hacerlas ervir mejor al bien del homb
re -tal el f m del hacer técnico-artístico-, ya a modificar su

:e

s:

273

�propia actividad libre de acuerdo a las exigencias de su fin o bien
y hacerla así buena en cuanto humana -tal el fin del obrar moral.
Toda la actividad práctica o de modificación de las cosas para
el logro de su fin o bien de las cosas mismas, en el hacer técnicoartístico: la utili.dad y la belleza, respectivamente, o del bien del
propio hombre como tal, en el obrar moral: la bondad de la acción y de la conducta humana, se ordena a la actividad contemplativa o teorética, de aprehensión o posesión de la verdad. Se
trata, en efecto de a) una actividad técnico-artística, cuyos bienes: la utilidad de los medios y la expresión de la belleza son para
el bien del hombre; y b) de una actividad moral, que e dirige a
perfeccionar o lograr el bien del hombre como tal, es decir, a
ordenarlo a la po esión de su Fin o Bien definitivo. Ahora bien,
por su naturaleza la voluntad tiende o se dirige a la conquista
de un bien no poseído o .te goza en su posesión; pero por sí misma nunca es aprehensiva del bien. La voluntad perfecciona al
hombre conduciéndolo hacia el bien ordenándolo de un modo
permanente hacia él mediante la repetición de actos que forjan
los hábitos o virtudes morales; pero la posesión o acto aprehensivo mismo del bien, en el plano espiritual se logra por la contemplación o asimilación del ser o bien, como verdad, por vía intelectiva.
De aquí que a ) todo perfeccionamiento del hacer técnico artístico -autónomo en sí mismo, constituído como está tanto en
su aspecto de regulación teórica como de realización práctica, a
partir de su propio bien, del que se derivan sus exigencias regulativa , al que ha de someterse la acción se ordene y subordine
al bien del obrar moral; y b ) éste a u vez -constituído a partir
de su propio bien, del que se derivan sus exigencias normativas y
de la actividad estrictamente práctica a ellas subordinada- se
ordene jerárquicamente al Bien o Fin trascendente y divino supremo del hombre, cuya po esión se alcanza formalmente por la
actividad intelectiva. tilidad de los medios y belleza, bondad y
verdad --que en su cima ~on lo mismo que el ser, el er de Dios274

son _los bi~nes o valores jerárquicamente subordinados o del erf ccc1onarruento humano: del humanismo o cultura
p
y co~o quiera que esta Belleza, Bondad y V erd~d trascendent constituyen el Fin ?.Bien supremo de la actividad y la natural~ h~~nas -la utilidad de la técnica es sólo de los mediosse
con el ser' &gt;. en su cto Puro def.lill·u· vo, con el Ser
d identifican
D.
e rns, tod~ la obra de perfeccionamiento humano -la cultura
o
cobra entido, en últ1·ma ms· tanc1a,
. como una
b , el humanismo
.
usq~eda mcesant~ ~ plena de Dios y se constituye, en su tramo
supenor como actividad religi.osa.
5. La cultura_ es tarea del espíritu en su vida terrena: perten~ce al homo vtator. Esta obra de perfeccionamiento del humarus~? o cultura, que en -u raíz es siempre espiritual fruto de la
~ctlv1dad de la inte_ligencia y de la voluntad libre, e~ha mano de
mstrumentos matenales --comenzando por el propio cuerpo hu~an~ para su elaboración, principalmente en sus realizaciones
mfenores de la técnica y del arte, donde su concurso es esencial
mente
necesario. Pero aún en tales zona , donde tod a su realiza-.6
c1 ,n es
.
. enteramente material' no es obra del hum amsmo
o cul :~a smo en cuant? está organizada y dirigida por el espíritu, quien
eJa, por eso su IIDpronta en ella.
P~r ot_ra parte todo este perfeccionamiento humano no tiene
sentido _smo por el ser, como que no es sino un acrecentamiento
ontol6ITTco. d~ se~ finito del hombre en sus diversos aspectos, de
un ~odo Jerarqlll~am~te orgánico y tendiente, en suprema inst~cia? a la actualtzacz6n ontol6gica de la vida intelectual -inteligencia y voluntad- por la posesión del Ser (Bellrza Bondad
Verdad) tra cendente infinito de Dios.
'
Y

Y_ c~~o quiera que tal posesión plenamente actualizante del
er infinito po~ parte del hombre no se puede realizar en la vida
terrcn~ _-precisamente por las condicione materiales de su vi~ª espmtual- ha de realizarse más allá de la muerte en la vida
inmortal.
'

De_ aquí. qu,e la_ obra del humanismo O cultura en sus tre dimenciones Jerarqwcamentc ubordinadas: del hacer, ob rar y con275

�templar -es decir, de la técnica y del arte, de la, ~1.oral Y de _las
ciencias y de la filosofía- sean una tarea del es?mtu en su vida
temporal y pertenezcan esencialmente al homo viator.
6. La cultura se realiza por la adquisición de los bienes tras_cendentes, jerárquicamente subordinad?s, que responden a la triple dimensión del espíritu, y que constituyen l~s valore~. Entre el
hombre inicialmente dado al comienzo de su mda del tiempo y el
hombre totalmente actualizado en s.u vida y ser específico espiritual por la posesión cabal del Ser -Verdad, Bondad y Belleza-.
de Dios en la vida inmortal, más allá de la muerte, logra sentido y e' estructura la obra de perfeccionamiento específicamente
hwnano, realizado por el espíritu -inteligencia y voluntad- del
hombre, como cultura o humanismo de todos los aspectos del ser
y actividad hwnanos, aun de los materiales y de las cosas _exteriores al hombre en cuanto a él subordinados de un modo Jerárquicamente ordenado, m &lt;liante la conquista o realización de lo
bienes correspondientes a cada uno de esos aspectos del hombre
y de una manera correlati a y jerárquicamente ordenada.
Tales bienes trascendente , por cuya realización o conquista
logra perfeccionarse en uno u otro aspecto de su ser - iempre
de un modo orgánico dentro de la unidad de su naturaleza ~uya
cima dominante es el espíritu- con tituyen los valores o bienes
intermedios entre el ser del hombre y su Fin divino definitivo de
su ser y de su vida.
Y es así como el problema del perfeccionamiento humano o,
lo que es lo mismo, de su humanismo o cultura, da origen e implica el problema de los bienes o valores.

7. Los valores son los bienes que el hombre ha de realizar para
su perfeccionamiento esencial o individual en dirección a su perfección plena inmanente por la posesión de su Bien trascendente
definitivo. Ahora bien, el bien es lo mismo que el ser en cuanto
apetecible, en cuanto responde a una necesidad del apetito o, en
otros término , en cuanto e un acto capaz de perfeccionar al
a petente.

276

En los seres materiales, ha ta el animal inclusive, la actividad
está ordenada de un modo necesario por leyes mecánicas, químicas, biológicas e instintivas, a su bien propio, que es siempre un
bien finito y material. En cambio, ya dijimo cómo por su ser y

vida espirituales, por su inteligencia y voluntad el hombre ha
de des-cubrir su verdadero bien -de cada una de las zonas de
su er dentro de la unidad del todo- y realizarlo libremente.
~~ora bien, a diferencia de los demás eres materiales, por u
espmtu el hombre está esencialmente hecho para el Bien infinito, para Dios. Por u vida espiritual específica, por su vida intelectiva,
hom.b.re está hecho esencialmente para la verdad; y
por su vida volitiva para el bien; pero no para esta o aquella verdad y bien, sino para la verdad y bien en sí, que sólo la Verdad
y Bien infinitos pueden cohnar. Sólo en la po esión de este Bien
infinit? tr~scendent: la actividad especifica del hombre logra u
actual1zac16n plena mmanente de sí y, por ella, la de toda su actividad inferior a ella subordinada.
La norma de perfeccionamiento humano o de discernimiento del
verdadero bien no es otra más que la exigencia de ese Bien o Fin
supremo, ejercida sobre la conducta hwnana: para alcanzar ese
Bien_ definitivo, que le confiere la perfección de su actividad y
ser mmanente, el hombre debe realizar tal o cual acción. ale
decir, que la conqui ta del Bien infinito trascendente con el consiguiente bien pleno inmanente, exige de parte del hombre su
ordenamiento permanente a El por una serie de realizaciones o
co~quis~as_ del bien, que a la vez que lo van perfeccionando en
s~ mtenondad humana lo van disponiendo a la posesión de aquel
Bien.

?

Y corno 1 hombre es una unidad orgánica de múltiples a p eto , tal exigencia del Fin o Bien específico incide en todo los plano de la actividad y del ser del hombre dentro de la ubordinación de cada uno de ellos al inmediato superior, terminando en
e~ u?remo de todo ellos que e el espiritual especifico; vale decir, lillplica la realización o conquista de los diversos biene correspondientes a estos plano o aspectos de la vida y del ser huma277

�no o, en otros término , la conquista o realización de los valores,
también jerárquicamente ordenado entre sí.
Los valores, pue , son los bienes intermedios trascendentes, que
la consecución del Bien divino impone al hombre para con eguir
su propio perfeccionamiento humano en las múltiples facetas de
su ser, orgánicamente unidas en dirección a la posesión de Aquél.
Y supuesto que la naturaleza humana ha ido hecha por Dios,
e encialmente ordenada a aquel Bien divino, los valores son los
bienes que todavía no existen, pero que el hombre, por la intcrención de su actividad libre, ha de hacer existir o realizar para
su perfeccionamiento.
Los valores no son sino bienes, bienes intermedio ubicados entre el ser del hombre tal cual es y de su ser tal cual debe llegar a
ser por la po esión de su Bien divino, y, como tales, son o se constitu en en sí mismo , pero siempre con relación a algún a pecto
del hombre que lo apetece, y al que aquél actualiza o perf ecciona; son bienes que aún no exi ten pero que el hombre puede y,
a las veces debe hacer exi tir, debe realizar en sí mismo o en otras
persona y aún en las cosas exteriores para perfeccionar su propio er en dirección a su perfección definitiva por la posesión de
su Bien supremo.
Debemos distinguir, pue , entre bien realizado -lo que la Filo ofía contemporánea llama 'bienes'' o "seres portadores de valore ' - y el bien aún no realizado, pero que puede o debe ser
realizado por el hombre para su perfeccionamiento inmediato o
mediato -por ejemplo por el bien logrado en la cosa exteriores- y que es lo que esta misma Filo ofía llama e trictamente
"valores". Por consiguiente, el alor es siempre un bien; pero no
todo bien
valor. El valor es aquel bien, que responde a una indigencia del hombre, a una falta o limitación de su er bajo cualquiera de us aspectos, ya en el de su propia esencia -y en tal
ca o y por eso mismo es siempre valor para todos los hombr ya en el de su situación o circunstancias sociales e indi iduales
concretas en que se encuentra -y en tal caso el valor sólo vale
para los hombres que están en tal situación.
278

B. Aunque constituídos por relación al sujeto, los valores son
siempre en sí mismos absolutos. El valor es un bien, en í mismo
~bsoluto, como ser_ que es -una esencia que existe o puede cxistlr o d be se~ r~alizada para el logro de un bien-; pero que no

llega a consntwrse en valor formalmente tal, ino en cuanto responde a una apetencia eisencial o del hombre en í o del hombre individual o de tal hombre determinado. ale decir que el
b~en en sí mismo ab oluto y tra cendente y, como tal, indepen~1ente de toda apreciación subjetiva, no e constituye ni se estima c~mo valor,_, ino por una referencia o relación al sujeto. Por
~ta mI ma relac1on _es_ ab oluta e independiente de toda apreciación puramente subJetiva o desprovi ta de fundamento real. En
verdad, según observa Santo Tomás todo bien es tal por respecto,,al ap~tente, es decir al ujeto -"bien es lo que todos apetecen , repite una y otra vez el Santo Doctor en pos de Aristóteles- al que es capaz de perfeccionar o acrecentar en su ser
en
de sus aspectos. Pero puede ser que un bien, que lo es
en 1 mISmo a saber, apetecible para alguno sujeto, no lo sea
para. otros, al m~os en determinadas circunstancias. Para poner
un eJemplo sencillo, el agua, que es un bien portador de valor
p~ra un sediento bajo su aspecto de saci.ar la sed, deja de serlo
hic et nun_c para qui~ no tenga ed. Cuando responde al apetit~ o necesidad del suJeto, el bien ejerce su acción y atracción de
bien Y se co~tituye_ en valor: El valor no , pues el ser u objeto
~ cuanto ob7eto~ smo el obJeto en su a pecto de bien o apetibilidad _para el su7eto, y en cuanto aún no alcanzado, ya porque
no exISte, ya porque aún no ha logrado ser po eído.
Est~ no quiere deci_r ta~poco que lo valores can o dependan
exclus1 amente del SU.Jeto m de su situación a saber que sean puramente relativos -tal como lo proclama la moral existenci.alista de la situación. El valor e constituye de un modo ab oluto co~o algo en í como una esencia adecuada 1 o relacionado ;orno
bien con el hombre, a en algun-0 de sus a pecto
enciales ya

ª!~º

: Cfr. ÜSWALDO RoBLES, Propedlulica filosófica, 3a. cdic. pp. 238 y sgts. 1 p 0 .
rrua, féxico, 1952.

279

�en algún aspecto individual concreto o, en otIOs términos, el valor no depende del sujeto sino que es trascendente e independiente de él, aunque desde la trascendencia su carácter de valor -como de bien que es- se constituye siempre por relación al sujeto.
9. Carácter real y trascendente de los valores. El valor, pues,
está esencialmente constituído como bien o ser apetecible o capaz de ser amado. No se puede, por consiguiente, escindir entre
ser y valor, como pretende la Filosofía contemporánea; la AxioIogía no es independiente de la Metafísica, como no lo es ninguna disciplina filosófica. El valor es tal en cuanto bien o ser apetecible, en cuanto ser o esencia real, que aún no tiene existencia
en acto, pero sí en potencia, y que además puede ser y, a las veces, debe o exige ser a la voluntad libre del hombre, a través de
su inteligencia. Es verdad que el valor, como valor aún no existe o no es poseído, pero ello no implica que no sea y que toda su
consistencia óntica le venga de que pueda o debe existir. No es
real o ser en acto, pero sí real o ser en potencia : una esencia real,
aun antes de existir; más aún, es un ser que no sólo puede ser
absolutamente -ser posi,ble- sino ser que debe ser, ser posible
que actúa a través de la inteligencia, sobre la libertad humana,
como exigencia -o conveniencia en algunos casos- de su realización.
También es verdad que el valor -como el bien del ser, que
es en definitiva- no se presenta formalmente como valor sino
en la persona humana, vale decir, que no de-vela su ser de valor
o bien sino en la inteligencia, y no desarrolla sus exigencias o deber ser sino sobre la volW1tad libre, desde la misma inteligencia.
Pero ello tampoco quiere decir, como ligeramente afirman a veces ciertos axiólogos fenomenológicos o existencialistas contemporáneos, que el valor no sea ni valga realmente en sí mismo, sino
únicamente en y por la persona, como si el valor lograse constitución -y no sólo de-velación o presentación y ejercer su presión o exigencia de realización- únicamente por la actividad de
la persona y como un fruto suyo y, por ende, de carácter meramente subjetivo. Trascendentes a los fenómenos empíricos y ubi280

cados en el plano inmaterial del ser, los valores y bienes son visibles únicamente a los ojos del conocimiento intelectivo o espiritual, y no son realizables sino mediante el obrar también espiritual de la voluntad libre, vale decir, no son aprehensibles ni
realizables sino por el espíritu ( Cfr. N. 15, donde se da razón última de la realidad de los valores).
10. Diversidad y jerarquía de los valores. Ya dijimos antes cómo en la actividad y ser humanos hay diversos aspectos o planos
subordinados entre sí: en primer lugar el puramente vital inconsciente, luego el consciente de la vida de los sentidos externos e
internos, por encima de éste el de la vida espiritual y, ya dentro
de ésta, primero el del obrar técnico-artístico, segundo el del obrar
moral, en tercer lugar el de la vida intelectiva o contemplativa
y, agrupando todas las direcciones del espíritu, el de la vida religiosa.
Ahora bien, atendiendo a estos diversos planos y a la importancia que éstos tienen en sí mismos y en relación con la vida espiritual, sobre todo en sus dimensiones supremas: moral, contemplativa y religiosa, los valores o bienes intermedios, que hemos
ubicado entre el ser y vida del hombre como son en sus diversos
grados, y el ser y vida del hombre como deben llegar a ser por la
posesión del Bien divino trascendente, se presentan constituídos
en un orden jerárquico: 1 ) en primer lugar los valores hedónicos:
los bienes que nos causan dolor o placer, 2) los valores útiles o
técnicos, 3) los valores vitales: salud, bienestar, etc., 4) los valores estéticos, 5) los valores morales, tales como la justicia, la templanza, etc., 6) los valores intelectuales de la verdad científica
Y filosófica y 7) los valores religiosos, como el perdón de Dios, etc.
Conviene advertir que esta escala de valores puede variar de
acuerdo a la relación con el sujeto, a que antes aludimos (n. 8),
Y a la necesidad de la realización de un determinado valor para
la consecución de los valores supremos. Es decir, que esta escala
no se establece atendiendo únicamente a los aspectos humanos
abstractamente sino de un modo concreto, en su grado de nece281

�sidad o conveniencia para el bien del hombre, esencial e individualmente considerado.
Debemos notar, en segundo lugar, que en oposición a cada valor se presenta si~mpre el desvalor o valor negativo, como privación de bien o ser, es decir, como el mal o falta de actualización
correspondiente a cada aspecto de la vida humana; y que impone al hombre la correlativa exigencia o conveniencia, según los
casos, de su destrucción para el logro del valor positivo contrario.
Los valores técnicos y artísticos se refieren a las cosas, son el
bien de las cosas mismas, aunque siempre en relación o en cuanto sirven a los bienes o valores de los diferentes aspectos del ser
humano. En cambio, los va10res hedónicos, vitales, morales, intelectuales y religiosos se relacionan directamente con el propio
hombre, del cual son bienes. Son la perfección real que actualiza
una potencia o falta de ser; y, según sea ésta -material o espiTitual- será también aquélla.

11.-La actividad axiológica es siempre tarea del espíritu. Tales valores o bienes por realizar son materiales o espirituales de
acuerdo a los aspectos materiales -de los objetos exteriores o
del propio cuerpo del hombre- o espirituales -de la inteligencia, de la voluntad o de los sentimientos humanos- por perfeccionar.
Lo que conviene subrayar aquí, dada la finalidad misma de este
trabajo, es el sentido ontológico con que esta jerarquía se constituye: los valores se ubican, según su jerarquía ontológica, es decir,
según sea mayor o menor el acto o perfección que su realización
trae aparejada para el sujeto. Pero la apreciación y la decisión
libre que realizan tales valores, aun los materiales, pertenecen
siempre al plano espiritual. Sólo la persona finita, el ser espiritual finito en busca de su suprema perfección, que no ha llegado
a actualizar plenamente su ser finito, ordenado al Ser infinito,
a la posesión de la Verdad y Bien de Dios, es capaz de des-cubrir
el valor y aprehenderlo en cuanto tal, y sólo él es capaz de realizarlo consciente y libremente: con deliberada y libre elección
y decisión.

. Los valores o bienes del hombre pueden ser materiales o espintuales, de las cosas o del hombre, pero la actividad axiológica, en
su doble aspecto de aprehensión y decisión de realización es según dijimos siempre tarea del espíritu.
'
Si en los seres mat~riales -sobre todo en los animales, princiP_~lmente en ~os supenores- se observa la búsqueda y la realizac~o? de los bienes que convienen al sujeto -ya específica ya in~vidualm~;e considerado- ello no es fruto ni de aprehensión
m de elecc1on valorativa~ formalmente tal, por parte de los mismos seres ~ue_ dan signos evidentes de no poseer inteligencia ni
voluntad libre m de acceso consiguiente a los objetos inmateriales
como tales- sino de la Inteligencia y Voluntad divinas, que han
ordenado a esos seres a sus respectivos bienes o valores, mediante
las leyes que de un modo necesario gobiernan su actividad; la
c~al, por eso, c~ando es sacada de la órbita natural de tales leyes,
pierde la segundad de la dirección hacia su verdadero bien. Así
la defensa instintiva que obra con tanta firmeza en el ámbito d;
los enemigos naturales de una especie, no actúa de la misma manera frente a los enemigos artificiales creados por el hombre.

. 12: La ª!r~hensión de los valores o juicio estimativo y la realizacz6n practica de los mismos. a) Aprehensi6n intelectiva de los
valo~e!. El ~alar, real y trascendente a la persona humana, no se
manifiesta m logra, pues, fuera de tal sino en la persona humana
en el es~Íritu, según ya dijimos; el cual no lo aprehende sino po;
~eferenc1a a un aspecto del hombre o de las cosas relacionadas con
este, en cuanto contribuyen al bien del mismo.
~l. valor, b~en trascendente como es, necesita sin embargo del
espmt~,. en pnmer lugar para de-velarse como tal. El conocimiento espmtual de la inteligencia es el único que puede aprehenderlo. En la luz d~ su_ último Fin, en cuya posesión el espíritu finito
log:a la actuahzac16n o perfección de su actividad y de su ser
la m t ~ lige~cia
· d es-cubre las exi?encias para su consecución. Ta-'
1
es exige~cias son los valores o bienes, ya necesarios ya convenientes ~segun los casos- para actualizar unitaria y armónicamente
los diversos aspectos del propio ser, como otros tantos bienes que

282
283

�disponen al hombre al pleno logro de u definitivo Bien, más allá
de la vida terrena. Los valores aparecen ante el espíritu como
bienes trascendentes! que deben realizar e o conseguirse para actualizar o perfeccionar el propio ser del hombre. Se formulan,
por eso, en juicios prácticos estimativos. Ahora bien ólo el conocimiento espiritual es capaz de penetrar )' de-velar, a través de
los objetos fenoménicos !os objetos inmateriales como on el ser
o el bien o fin -identificado con aquél- formalmente tal, y la
relación de medio a fin o de fines o bienes intermedios a Fin último, en que se constituyen lo valore . Los entidos perciben los
seres que son bienes o valores, medios o fines, pero sin des-cubrirlos ni verlos bajo su formalidad de tales.
Todos los valores se presentan como estimables con cierta exigencia de realización, bien que no todos imponen su realización
al sujeto que lo aprehende. Ello depende de lo dicho; no todos
los bienes son siempre bienes para un determinado individuo, es
decir, no todos los bienes son iempre valores. Ello depende de que
tal sujeto necesite de ellos para su propia sati facción. Si no son
bienes para él, el sujeto los aprehende como valore en relación
&lt;:on otro sujetos y, en tal sentido, son en sí mismo valores, pero
no valores para él. Además lo valore responden, como bienes, a
diversos aspectos perfeccionables del hombre que éste no siempre
está obligado a realizar, vale decir, que la noción de valor es mu-cho más amplia que la de valor moral, como es natural: sólo lo
valores morales encierran el deber ser o exigencias de realización
propiamente tales. Tal exigencia de realización o deber ser del
alor moral puede provenir de constituir él un bien esencial al
hombre y entonces es siempre moralmente coactivo u obligatorio
de realización para todo hombre; o de constituir un bien para un
hombre en su situación concreta -verbigracia, en su condición
de hijo, de funcionario, etc.- y entonces puede no obligar a todos,
como es el caso de los que no están en tal situación. Lo cual no
quiere decir que el valor dependa y sea puramente relativo a la
situación, y que no tenga un valor absoluto para los hombres en
:284

tal situación y no sea, como tal, por consiguiente, independiente
y trascendente a ello .
En todo caso sólo el bien o valor moral es quien se presenta
con esta imposición u obligación de realización, con esta nota de
deber ser. Lo demás valores, por ejemplo, los hedónicos, estéticos, 1científicos, etc., pueden asumir también tal carácter en
cuanto son a la vez alares morales o caen bajo la órbita de las
exigencias o imposiciones de un valor moral, en cuanto su realización es necesaria no sólo para el logro del bien del valor mismo, por ejemplo 1a bellez.a en una obra de arte, sino también en
el perfeccionamiento del hombre en cuanto tal -bien moral-,
por ejemplo, la realización de una obra de arte puede ser necearía para cumplir una obligación moral como un contrato o
una promesa.
Fuera de tales casos, los demás valores, más que encerrar una
exigencia de realización, ejercen una atracción sobre el sujeto
despiertan en éste ya implemente una estima o amor, ya una
invitación a su realización para lograr, mediante ella, un determinado bien o perfección ya en el propio sujeto ya en otros o en
las cosas mismas.
De todos modos, ya como deber ser u obligación, ya como atracción, todos los alares son tales en cuanto estimables, en cuanto su
consecución o realización es un acto o perfección del hombre -o
de las cosas en subordinación a éste- y, como tales, colocados
en la noción del bien y, por ende, constituyendo el término o fin
de una actividad práctica de estima o de realización; y, por eso,
e tán siempre formulados por juicios prácticos, estimativos o normativos: son un acto o perfección que responde a una necesidad
o ausencia de la cosas o del sujeto, y su consecución o realización
exige tales determinadas acciones, que la inteligencia formula en
dichos juicios.
b) Realizaci.ón volitiva de los valores. El valor toma fuerza de
tal, pues, en la inteligencia, en el juicio práctico estimativo. Pero la inteligencia únicamente aprehende el valor o formula sus
exigencias prácticas o de realización. Pero para realizar efectiva285

�mente el valor, para hacerlo pasar de sus exigencias o de su atracción de realización a la realidad, de su deber ser a su ser en acto
o realizado, es menester la intervenci6n de la voluntad libre. Precisamente el valor ej ere e esta fuerza, ya como exigencia ya como
atracción, para su realización, porque el espíritu no se agota en
la contemplación intelectiva del bien ni en la formulación del
juicio práctico de sus exigencias para alcanzarlo, sino que ~demás
es voluntad libre, capaz de elección y decisión, fuerza realizadora
del bien y, por eso mismo, del valor.
A través de la inteligencia, del juicio estimativo práctico, en
que se instaura, el valor logra desarrollar su fuerza de obligaci~n
-si es moral- o de atracción o de amor, si es de otra especie
-o ambas cosas a la vez, sobre la voluntad. Esta está obligada a
realizarlo o se siente atraída a él, por lo menos, a amarlo, desde
su presencia intelectiva, desde donde ejerce su fue~a d_e valor.
El valor como ta~ es siempre un llamad&lt;&gt; a la reabzac16n o al
amor. y' la respuesta la da la voluntad libre, quien con su decisi,_ón
elige el valor y le da realidad, lo hace pasar del estado de bien
realizable a bien realizado y cuando es moral, de deber ser a ser,
o por lo menos de bien amable a bien amado.
Cuando se trata de valores o bienes realizables en los seres materiales o en el ser y actividad material del hombre, la voluntad
decide libremente su realización -raíz espiritual que está en toda realización del valor o bien en cuanto tal- pero ésta no se
lleva a cabo sin la intervención de las facultades corpóreas del
hombre incluso de los objetos exteriores a éstas subordinados,
como ;tros tantos instrumentos materiales sometidos y dirigidos
por la voluntad.
Pero ésta tampoco puede dirigir tales actividades interiores sino a través de la mteligencia: la fuerza estrictamente práctica
o realizadora de la voluntad libre toma forma o dirección precisa
a través de la elección de un juicio normativo o práctico de la
inteligencia, al que da eficacia de acció~ haciéndolo_ f:';ácticam_ente práctico o conductor de su acto rrusmo de decis1on, precisamente por la irrupción de su actividad libre. Vale decir, que la
286

inteligencia y la voluntad se conjugan en el juicio prácticamente
práctico: juicio de acción por la inteligencia que da forma a la
fuerza realizadora de la voluntad que se encauza por ella; y práctico o realizador por la voluntad libre, que da fuerza de decisión
y acción a la forma normativa del juicio de la inteligencia. tbis
Este juicio práctico, de inteligencia y voluntad íntimamente unidos
como forma y materia, respectivamente, mueve las demás facultades y fuerza materiales a la realización de los bienes o valores
en la materia.
Pero cuando se trata de valores puramente espirituales, tales
como la verdad de la ciencia o de la Filosofía, o el bien de la
propia oluntad 1 la elección y realización de tales bienes se efectúa y termina con la sola decisión de este juicio práctico de inteligencia y voluntad conjugadas. Aun lo valores de la actividad
puramente teorética; la verdad, descubierta por la actividad intelectiva en la tarea científica o filosófica, tampoco se logran realizar sino mediante la actividad práctica de la voluntad y de la
inteligencia -unidas en el juicio práctico- que deciden realizar
la actividad teorética para la consecución de la verdad, como bien
o valor de la inteligencia.

13.-Fundamento ontológico supremo de la Axiología.- A la
luz de lo expuesto se ve cómo la Axiologia posee un sentido profundamente realista, sentido último ontológico de los valores. Supone, en efecto, por un extremo, un er espiritual finito o imperfecto, que debe acrecentarse o perfeccionarse en su er mediante
el desarrollo de su actividad por la adquisición del valor o bien
trascendente, y, por otra parte, la perfección total de este mismo
er por la actualización plena de su actividad especifica o espiritual, alcanzada en la posesión aciante de la Verdad, bondad y
Belleza del Ser Infinito, último Fin trascendente de la vida del
hombre. Entre esto dos extremos, que son el terminus a quo y el
terminus ad quern del perfeccionamiento humano, se ubica el hu'bis Cfr. ÜCTAvtO , •. Dr;RIST, Los Fundamentos Metafúicos del Orden Moral, 29 ed.
c. X, Instituto "Luis Vives" de Filosofía, Madrid, 1951 .

287

�manismo o cultura como obra de perfeccionamiento humano, que
a su vez tiene entido por los bienes o valores trascendentes los
cuales son tales como participación finita del Bien infinito, cuya
realización o con ecución por parte del hombre acrecientan su P.erf ección y lo aproximan y di ponen de este modo a la con ecuc16n
de aquel supremo Bien Divino.

Lo valor , pues n definitiva son bienes fini~o~ y, co~o ~a~es,
esencias reales realizables, tra cendentes a la actividad axiolog1ca
de la persona humana, que los aprehende y pu~de y debe ~uando son morales- realizarlo para conseguir u bien o perfección ontológica inmanente, a las eces mediante el bien logrado . en las
cosas material por la actividad técnico-artística sometldas a
aquel bien del hombre.

14.- La doble participación de los valores: lógica y real.-~ora bien lo valor
e constituyen tales, son bienes en sí mismos
re pect~ al hombre, por participación del Bien Infinito.
Toda participación upone un er o bien en í, que es tal por sí
mismo o esencialmente y, como tal, imparticipado, y otro que es
ser o bien en una determinada y finita medida, por comunicación
cau al del primero.

Ahora bien, hay do tipo de participación 1) una lógica y 2)
otra real. 2
1) La primera se refiere a las perfecciones o bienes_ esencialmente imperfectos o predicamentales. e trata de perfecciones que formalmente o como tales encierran imperfección y que, por ende,
no pueden existir por í mismas, imp.articipad~e.nte y en ~rado
infinito. Porque todo er que
o ex.i te por 1 m1 mo es Dio , _Y
por eso mismo, es a fortiori la Exi t:ncia o ~to Puro y, cons1gui ntemente, infinito u Omniperfecc1ón. Por ejemplo, no pue_de
exi tir el cuerpo en í infinito; pue el cuerpo en tal estado deJaría de ser cuerpo; ni iquiera puede existir como esencia uni er al,
• Cfr.

OCTAYJO ~ . Du1s1.

Los dos tipos de participación lógica y real, en la Revino

d, Filosofía, Instituto "Luis Vives" de Filosofía, enero-marzo de 1958, pp. 43 Y sgs.,
Madrid.

pues sería una y múltiple a la vez, ya que e identifica en sus notas
esencial con cada uno de los individuo .
Y sin embargo, concebimos los eres y bien finitos como par-tie ser o esencia en sí: verbigracia a Juan o Pedro
participando de la esencia de hombre, como si ésta fuese una esencia sub istente. La verdad que tal esencia es un concepto universal ab tracto, que sólo · real en su contenido -hombre en sus
notas de animal racional-, en el ca o, pero no en el modo universal de encia en sí, tal cual se la concibe. Los individuo humano, como Juan Antonio etc., se conciben como siendo hombres
por participación de la esencia humana en sí, que no existe realmente como tal bien que us notas constitutiva -tomada por
abstracción de los eres concretos individuales- son reale y fundamentan esta atribución de las mi ma a cada individuo real.

cipando de

2) La egunda participación, la real, se refiere a las perfecciones o bienes esencialmente perfectos o que en su concepto no encierran imperfección, aunque se encuentren realizada imperfectament . Tales perfecciones no son sino el ser y su propiedades,
llamada trascendentales por la Filosofía clásica ---concepto que
nada tiene que ver con el kantismo, sino que significa el no estar
encerrado en lo concepto predicamentales- con él identificados: la unidad, bondad y verdad, que en sus grados perfectamente
inmateriales o pirituales implican correlativamente la voluntad
y la inteligencia, y en u grado máximo de Acto Puro se identifica.
Por u misma noción tales perfecciones pu den exi tir realmente
en grado imparticipado y, como tal, infinito; má todavía deben
existir en te grado, ya que la existencia de tal perfecciones en
grado finito denota que ésta no son sino que tienen tal perfección
recibida o participada y que por ende, su existencia implica en
última instancia ontológica, la existencia de esa perfección en sí.
(Tal
la demo tración, que ustancialmente está en todos los
argumentos de la exi tencia del er imparticipado, o ea, de Dio ) .
Y como quiera que unidad, verdad y bondad -y lo correlativos

288

289

�de estos dos últimos, inteligencia y voluntad, implicados en ellos
en los grados espirituales, e identificados con ellos en el Acto puro
de Dios- y belleza se identifican con el ser, todas las perfecciones
reales, es decir, la realidad en sus múltiples aspectos, se constituye por participación casual del Ser o Bien en sí, es decir, del Ser
o Bien divino.
15.-La realidad última de los valores a la luz de la doble participación: real y lógi,ca. A la luz de la doctrina expuesta de la
participación, los valores se presentan como bienes determinados,
que son tales por participación del bien en sí; y a la vez, como esencias en sí -universales y abstractas- por participación de las
cuales, son tales las acciones o bienes concretos. Por ejemplo, la
salud y la fortaleza se presentan como valores. Son realmente tales por participación del Bien en sí, desde que son bienes determinados, es decir, esencias que reciben o participan en una determinada medida del bien.
Pero a la vez, los valores se presentan como esencias en sí -la
salud, la fortaleza, etc.- por participación de las cuales son saludables y fuertes las acciones de los hombres que se ajustan a sus
exigencias.
Ahora bien, en el primer caso o, mejor, bajo el primer aspecto,
los valores son por participación real: son eJencias reales, constituídas por participación del Bien en St imparticipado y que no es
sino la Existencia divina. Estas esencias no existen en sí mismas, pero
son reales en cuanto esencias, en cuanto pueden existir concreta o
individualmente, en una palabra, son esencias posibles, las cuales
son reales, porque pueden Ilegar a existir, a diferencia de la nada,
que no sólo no existe sino que no puede llegar a existir.
En cambio, en el segundo caso o, mejor, bajo el segundo aspecto, concebidos como esencias en sí universales, los valores son
conceptos abstractos y, como tales, no existen. Las acciones concretas se conciben saludables o fuertes, en el ejemplo aducido, por
participación de la salud y de la fortaleza en sí o abstracta. Ahora
bien, tal participación no es real, sino lógica; es la participación

290

d: un individuo que recibe de las notas esenciales de un concepto,
bien que las notas atribuídas a este individuo real -las de salud
o fortaleza, en el ejemplo-- sean reales, y no lo sean en su modo
universal de existir en el concepto.
Esta doble participación del valor: una real, por la cual él se
constituye en un bien determinado por participación real del Bien
en Sí divino; y otra lógi,ca -aunque fundamentada en la realidad
, l
'
segun o e~puest?-. por cual el mismo se concibe constituyendo
u_n~ es~~cia en si imparttcipa_da de un bien determinado, por participacion de la cual se conciben sean buenas en categoría valiosa
las acciones concretas que la realizan.
Precisamente la confusión de estas dos participaciones ha engendrado
el error de que los valores son "esencias idealesn, es de.
c1r, no reales, escindidas del ser o, en otros términos, de la independencia entre ser y valer.

!ª.

El valor en sus notas constitutivas es real y se establece como
un bien determinado, por la acción causal ejemplar del Bien en
Sí,. q~e lo ha~e participante de su Perfección o Bien en la precisa
Y f1mta esencia capaz de ser realizada o existir por la acción causal
eficiente y final del propio Bien en Sí o de la persona humana.
Esta esencia valiosa, constituída por participación necesaria real
ejemplar de la divina Esencia o Bien en S~ aunque no existe, es
real, como son reales todas las esencias posibles o modos finitos
capaces de existir.
En cambio, concebido como una esencia universal abstracta de
bien o valor, por la cual valen las accione;; determinadas de los
hombres o las cosas materiales, el valor únicamente es real en sus
notas constitutivas - las notas que constituyen la salud o la fortaleza en el ejemplo-- pero no es real el modo universal como se
lo concibe, pues no existe ni puede existir de ese modo universal
la salud o la fortaleza; así como son reales las notas de hombre
-animal racional- pero no el hombre concebido como esencia
universal, de la cual participan los hombres individuales.
Según se atienda a la primera o segunda participación o, en
otros términos, a sus notas reales constitutivas, o al modo universal
291

�como se las concibe, el valor es real, o, por el contrario, una esencia abstracta y como tal no es real, pues no puede existir de ese
modo.
En síntesis, tomado en su realidad participada el valor es un
bien real, una esencia real, una esencia posible realizable por la
actividad espiritual de la persona humana; pero tomada como
esencia imparticipada de un bien determinado, concebido universal y abstractamente, por participación de la cual son buenas
las acciones y seres concretos, no es real en cuanto tal, aunque se
fundamente en la realidad, en cuanto sus notas constitutivas han
sido tomadas de la realidad individual concreta por abstracción
de sus notas individuantes.

LA ACCIÓN EN LA METAFÍSICA PRESENCIAL
FILOSOFÍA DEL HACER

Dr.

PEDRO CABA
Madrid

PRE-OCUPACIÓN Y ACTITUD: LA ACCIÓN Y EL HACER

EL ESPÍRITU ES ACCIÓN. La existencia del hombre es un "siendo"
'
esto es, acción. Pero acción es algo más y algo previo a la actividad
y al movimiento y a toda realización: es lo que hace que el hombre
se cumpla como "ser quien". Ya dejé dicho en otra parte: El espíritu ama la acción y odia el movimiento. Y dije algunas cosas
más que ahora interesa recordar, pero que yo no recordaré, sino
que ampliaré en lo necesario para ir a donde voy.
En la acción se integra y cumple el hombre como respuesta y
como pregunta. La presencia del hombre en el mundo, como
pre-esencia, viene de un "pre" fundamental, y se pone en el mundo como una dis-posición previa y prima para la acción: la actitud. El hombre es un pre-ocupado fundamental. Antes de toda
ocupación, aparece pre-ocupado por lo divino. En esa pre-ocupación se da el asombro y el temor originarios, con la adhesión
o ligación de la fe primordial. Pero una vez vuelto al mundo, orientado a él, en cuanto el hombre empieza a presenciar, empieza
también su existir y con el existir, su acción, su "siendo". Y lo
primero es la actitud presencial que es acto y acción, aunque
no todavía actividad. De la actitud mana el sentido existencial que
292

293

�se hace intencionalidad y cuidado con sus formas primeras: intención, atención, admiración y mirada. El cuidado da paso a la ocupación con sus formas primarias: contemplar, pensar, originar, amar,
creer, esperar, recordar, proyectar; y al "hacer", con las suyas: hablar, obrar, operar, ejecutar, realizar, consumar. El morir no es
un hacer porque es él el que obra, y nosotros somos pasivos para
la muerte, la cual nos hace morir; no somos nosotros los que la
hacemos. La muerte nos ocurre, nos sobreviene, casi como el futurante del vivir. Nuestro vivir labra nuestra muerte, es irse muriendo,
pero "nuestro vivir'' no somos nosotros, ni podemos disponer de
él. Vivir no es una actitud, como no es acción ni ocupación, ni
preocupación, ni sentido existencial; vivir es un hecho, no un acto
ni una suma de actos. El vivir es un dato con que nos encontramos
y con el que tenemos que contar para existir y realizamos como
seres-quién. No hacemos nuestra vida sino nuestra existencia. Nos
dan la vida, pero no el existir. No consumamos nuestro morir; pero tampoco él nos consuma, sino que nos consume. Lo que nos consuma es nuestra inmortalidad. En la acción nos consumamos o
realizamos como espíritu. En el hacer nos consumamos como hombres. Y si somos fieles a la vocación existencial, en el hacer nos
autentificamos y plenificamos. Para ello, el hacer se nos vuelve
"obrar", es decir, un dejar en el mundo alguna obra hecha. El
hacer avanza hacia el obrar según estos grados: juego y jugueteo,
deporte, quehacer, trabajo y poetizar; este último es la forma más
alta de obrar. Para el obrar, hay una dis-posición: la aptitud,
una especie de agilidad prevista, una ad-aptación de la intencionalidad a la realidad objetiva de las cosas. El sentido existencial
se hace afán o cuidado, en que la intencionalidad, de espaldas a
la perplejidad primera, se vuelve mirar, admirar y atender. Y
de ahl la autoconciencia y la búsqueda, y con ésta, la pregunta,
y con el preguntar, el saber, el conocer, comprender, entender,
ignorar consciente, etc. El pensar es acción ( como amar, esperar, recordar) y una forma de la acción es cuidar o curar ( procurar es un cuidar más anhelante y tenso) . La acción se hace
intencionalidad, y la intencionalidad, se hace pensar y cuidado.

El cuidado es acción, pero no es todavía hacer, sino algo antes
que hacer, un pre-hacer y en cierto modo, un sub-hacer. En e]
cuidado ya está la respuesta que es el existir y también la pregunta a punto de formularse. El responder existencial no es propiamente un hacer, sino "un hacer como-que se-hace": un qué-hacer
esto es, un hacer sin fin, sin tensión y sin obra hecha, pero un hacer
de mucho cuidado. El pensar es un "que-hacer".
A mitad del camino entre el pensar como acción y el hacer como obrar, está el cuidado, que es atención a cosas y personas.
Poner atención en algo es poner mucho cuidado en ello. La intención es in-tensión; y es ad-tender en el cuidado. La intenci6n
es intensión, intensidad; una manifestación del hombre como ser
.intensivo. La atención es ya un "tender a ... ", un extenderse una
f?rma de ir al mu~do de las cosas, al orbe de lo extenso. El'espíritu _como presencia y como sentido es intensivo, y por eso, es intencional. La intencionalidad no cuenta con campos, cosas ni
áreas de proyección ; brota en sí misma, como disposición d~ la
actitud para la acción, y en sí misma se cumple, la atención -el
cuidado- ya tiende a las cosas del mundo.
Por. ,último, son formas disminuidas del hacer; el pensar que
es a~c1on, pero ya que-haciendo; el jugar y aun el deporte, son
manifestaciones del sub-hacer, y no son obrar, porque no dejan
una obra hecha. Tam~ién son formas del hacer, en diverso grado, el éxtasis, la contemplación, la admiración y el ocio. Pero
no son formas disminuídas de la acción, sino del hacer. En cambio, el _aburrimiento existencial y sus formas más conocidas (intempen: metafísica, vacío sentimental~ apatía, indiferencia, in~petenc1a, desgana, ~rialdad afectiva, etc.) son formas degeneratI~as del hacer y casi tendencia a la parálisis existencial, por pérdida del sentido y de la acción.
No es posible -ni aconsejabl~ tratar aquí todas las formas
de la acción a que acabo de aludir de un modo nervioso y apretado. To_das ~llas serán e~tucliadas en libros venideros, pues toda una ftlosof1a del tr~baJo brota ahí. Digamos solamente, por

294
295

�ahora, aquello que conviene al desarrollo intencional de este momento.

PRE-HACER Y PRE-OCUPACIÓN

hay pre-acd6n en el hombre porque ya su pre encia es _acción desde el "pre", exi tir, pre enciar, son ya formas de la acción.
y antes de presenciar y existir, no hay en el hombre nada. Pero
si 00 hay pre-acción, sí hay, en el hombre, pre-hacer, que no es un
'hacer" anterior, sino un antes del hacer. Antes del hacer es la
acción, y a acción constituye un pre-h~cer. El que pre-hace,
no hace todavía algo, ino que, en u acción, pre-para, pro-ye_cta
0 pro-grama lo que va a hacer. El vero pre-hacer es, prcsenoar,
no presentarse que es aparecer ante otros como esp ctaculo Y preentación
presenciar lanzar desde í, desde el "pre,, la pro'
'
Pero es claro que ese "1 anza r ,, y
yecci6n de la propia presencia.
e e "desde sí" son modos de decir nada más, pues antes de "hacer' algo desde sí, hay presencia en el hombre.
No hay en el hombre pre-acd6n, pero hay pre-ocupación. Ocupar es ya un ''hacer" y antes de hacer y o~upar, el hombre se
pre-ocupa", se ocupa presencialmente a _í InJ mo; se autopresencia. Ocupar es presenciar y autopresenc1arse es pre-ocupar~e .. El
hombre e un ser fundamentalmente pre-ocupado por lo d1vmo►
y preocupador y preocupante de las cosa del mundo. Y también
ocupado de ella, con ellas en ellas y por ellas. Para existir el
hombre ha de ocuparse de co as, pero, nótese bien, ocuparla , Y
ocupar-se de ellas, preocuparse. Ahí nace el cuidado o la cura
heideggerianos. Y a la vez el hombre está ocupado por ~as co as.
Estas, con su especialidad, su exten ión, su coseidad: tienden a
ocuparle. Y si el hombre no se autentifica, si no se libra y salva
de la ocupación de las co as éstas le llenan le inundan, le aneaan,
le hacen perderse entre ellas. Y le enredan y entre-tienen, y no
e realiza con plenitud según la ocación existencial hacia su autenticidad. Por eso el hombre, para er quien debe ser, ha de so0

smd

meter las cosas, sobre-ser a ellas, juzgarlas, so-juzgarlas y ponerlas
a su servicio. Más que ocuparse y pre-ocuparse de ellas, ocuparlas, tomarla , conquistarlas y disponer e a en-red-arlas, esto es, saberlas, ponerlas en conexiones intencionales y manejarlas hacer
algo con ellas. Pero para ello ha de poner e antes, a distancia~
pre-parar, pro-yectar, pre-hacer en suma. En cambio, de las personas ha de pre-ocupar e, dejarse ocupar de ella porque su existir es ca-existir y u presenciar, co-pr senciar. Y más que entretenerse con las per onas y en-red-arse, ha de comprometerse y solidarizar e con ellas para responder en conjunto para con-testar.
Y en vez de un aber de ellas, tendrá abiduría y amor y caridad.
El hombre no olamente hace, sino que pre-hace. Es el único
ser vivo que puede y debe prometer, comprometer, adelantar, proponer, proyectar. Induso todo Jo que hace, es realizado con vistas
a otro hacer ulterior, y los fines del hombre no son ino medio
para otros fines, ha ta llegar al último y verdadero fin que es su
muerte de hombr , su realización existencia. El hombr es un
animal que pace futuros, que se alimenta de lo que no es de lo
que no ha y todavía, pero no por e o se alimenta de la nada, sino
de sí mismo en proyección o proyecto, pues los futuro del hombre son siempre más o meno enérgico y claros proyecto, programas, propósitos, promesas. Lo futurante, lo que puede sobrevenir
sin previsión ni proyecto por su parte, no cae dentro de los futuro
existenciales del hombre. Pero aun hay algo antes de proyectar
proponer, etc., y es la inquietud de la acción, verdadero pre-hacer,
cuya más inminente ejecución resulta un ante-proyecto. "Tener
inquietudes'' por algo es di poner e, pre-disponerse a ese algo. El
existir, antes que hacer es pre-hacer, acción, una disposición al
hacer.

QuÉ-HACER Y HACER-QUÉ

Y a1 disponerse a hacer, surge, como anteproyecto el hacer-qué
o qué-hacer, que no debe ser confundido con el "quehacer", sin

296

297

�,
'
uave modulación del ir haciendo, ~ues
acento en el que ' como
. t entrehaciendo y entrcteruenin acabarmen o,
h
e trata de .un acer
s
. t'rr en efecto , es quehacer co• · y es que exis
do el propio existir.
l
'6 la cual busca aplicar e y
día . t
. able de a acc1 n
roo melo
m enrun
1 co as. El primer hacer no es un
enredars en un hacer con as
, l cual empieza en ante.
, hacer o hacer-que, e
quehacer sino un que1 h b e se elige a sí mi roo, lo que
proyecto. Dice Ortega que e
r . mo' ha que hacerlo y
me parece de acertado, pue e SlbffilS dirige y se propone es
.
, al cual el hom re se
,
ch
el pnmer hacer-que
,
ele .do porque no esta he o.
el " í mismo., que no puede aunn:~:ho ~haceres-qué" del hombre
y añade Ortega que entre los
1 suyo E te "acertar , pa'bl
·
que acertar con e
·
que on pos1 es nene
" , .
,, dado y hecho. Pero e1
ferir
e
a
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Sl
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,, ·
rece en O rtega re
. , ,,
i hubiera vario s1 IIUSh bla de "e1ecc1on ' como s
1
ca o es que a
.
á en "r olverse certero entre o
mos". y dice que el acierto es\
hacer" de modo que el
que se puede hacer por lo que Aay q,~:acer' acertado en la elecli b'en e frustra.
ese
• • --d'
1que no se e ge 1 ,
,
h
, . "El acierto en el v1v1r
dón, le llama Ortega que acer : 'd con su hacer ,. y ahi se
'h
quehacer como a
ce-- es lograr que su
" eh e " con el "qué-hacer o a, 'd tif1cando el qu ac r
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.
ecto de vida que somo
»
tes de cumplir ese proy
· al
cer-qué ' pues an
h
elaborar ese proyecto v1t ' y
, O tega
hay que acer,
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1 "quehacer" de cada VI a,
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el " ,,, como contem o Y
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.
l
del proyecto rrusm .
" . dum" e nos anuncia en a voel "hacer" existencial, el f~c1en
,
cto y de ese quehacer
.
·a1 orno enttdo de ese proye
'd
caci6n existenc1 ' c
. . Sobra decir que ese sentl o
· tir nuestro exisur.
•
en que va a consis
.
t al existir mismo, rno que
y esa meta no se no.s dan previadi~den e e vamos siendo y exi tien. entando a me
qu
los vamos. expenm
desde la persona, pero la persona es
do. Exisumo' quehacemo_ .
lo ue va quedando hecho del
lo que hacemos con el existtr Y
q

¡°~,

ª

"existiendo'.
s existir co-e.~tir, en acLa misión, la co-.~i6n del hho~~r~:se. y e~e "haciéndo e" es
. , gerundiva de ir siendo y ac1en
c1on
298

un quehac r por su ininterrumpible continuidad melódica, y su
hacer-qué
en verdad, un 'hacer-quién' , e to
un hacer la propia persona que su tancia el existir, pero una ustancía que, a la vez,
resuJta y origina. Me sorprende que Ortega no viera la distinción
entr el "quehacer y el 'hacer-qué", porqu creo recordar que ya
en su epílogo al libro de ictoria de Ocampo De Francesca a Beatriz, caract rizaba el quehacer como un hacer sin fin. Pero ahí
está ju tamente la difer ncia con el hacer-qué: el "quehaceru
interminable y ago de finalidad; el "hacer qué" es siempre un
hacer al o concreto y determinado y es un hacer que pide término
o acabamiento. El "quehacer" no tiene fin no ya u ando este vocablo como acabamiento o término, ino tampoco como fin télico
o finalidad. En cambio, el "hacer-qué" tiene finalidad concreta
exige acabamiento. Por eso el "quehacer" no aspira a dejar una
obra hecha red.onda y terminada pero el "hacer-qué" sí. El "hacerqué ' es operosidad, trabajo· el "quehacer" es un entr tenerse, un
en-redarse en co as o persona .
u contraposición marca la diferencia encialí irna entre el hacer humano f eminal el varonil. El hacer más profundo y genuino de la mujer e un "quehacer': amar, cuidar, atender, dar
fluidez a u exi tir entreteniéndole entre las co as y las per ona
del hogar (habla faenas, cuidados) con labor que no termina
nunca ni deja una obra acabada. El hacer del ar6n es el trabajo,
la técnica el pensamiento la guerra, que aspiran a dejar una obra
terminada. Por eso, mientras el hacer varonil e llama "trabajo"
el de la mujer toma la forma erundiva del "haciendo' y se llama
"hacendo idad . El quehacer e enlaza existencialmente con la
quietud con la esp ra y 1a peranza el "hacer-qué,, con el trabajo la conquista y la a entura.
n buen varón siempre tiene
qué hacer; la mujer siempre quehace. Enredándo e en la labor,
haciendo y d haciendo para no terminar nunca. Penélope hace
y quehace en u paciente p ra. Por algo el encaje de bolillo
la labor d punto el repasar prendas y el cuidar, son los más profundos hacere femeninos que e traman de su mejor quehacer:
amar .
299

�Pero más allá de lo
o humano , y pr cindiéndol ahora,
digamos que el existir es tanto un quehacer como un hacer-qué,
porque la obra que ha de terminar y redondear es la per ona pero esta obra no queda hecha ha ta que el hombre acaba de ser
hasta que termina; pero quien la termina y hace es la persona.
Esta, más que el principio,
el fin y la finalidad pero está tramada de fines la per ona como su principio. El fin del existir es
la persona pero es la persona la que hace el existir, haciéndo
ella misma y desde ella. La persona tá más allá del tiempo;
el exi tires temporal, Jo que temporaliza a la per ona, pues el existir
la per ona temporalizándo e, pero no hay existir que no
ea desde una persona, no hecha sino haciéndo e, en el "faciendum" per onal del existir de cada uno. Hay pues un igno diver o y aun contrapuesto entre el quehacer y el hacer-qué, de tal
manera que mientras el primero e fluído e interminable, el segundo
cuántico discontinuo, con intervalo de pensar en acción y de obra terminada. En el quehacer se evita el pensar fuera
de lo que se está haciendo; en el "hacer-qué, e aparta el hacedor
para pensar, y piensa, para hacer y terminar y hacer otra cosa
no hacer siempre la mi ma, como en el quehacer. El "qué" del
hacer-qué da talidad y calidad ontológicas, no al hacer, sino a
aquello que, luego, al término del hacer, ha de resultar hecho,
esto , una obra, un " r-qué" nuevo, con u talidad, u calidad,
us cualidades y u modalidad. En el hacer-qué ha de campear
un e tilo alguna originalidad y personalidad, pero eso no ocurre
en el quehacer siempre borroso y como repetido y ciego. El "hacerqué exige algún aber y alguna técnica o saber-hacer. En el
quehacer ( cuidar hijo , atender la casa repasar la ropa, cantar
o hablar sin interés) no se exigen técnicas ni saberes, pero sí un
ahorco, una gu tación y regustación en lo que se está quehaciendo,
con inagotable, incansable hacendosidad. El "que" del quehacer
no tiene acento ni supone acusada personalidad en el quehacedor,
pues el hacer del quehacer, en cuanto a aspiración a una obra redonda y terminada, es más bien un uh-hacer o sub-obrar, y está
tramado de inercia y repeticion próximas al automatismo. Pa-

rece que la personalidad del que está quchaciendo se tenuifica y
re uelve en el quehacer mismo. Pero a la vez, el gozo del quehacer
está en que se enreda y engrana en lo que está quehaciendo. No
es la espera de algo, sino el esperanzamiento en el propio hacedor.
Penélope haciendo, rehaciendo de día lo que deshizo en la noche
es el ímbolo del quehacer femenino, y también de la e peranza,
no de la pera ávida y anhelante que es propia del cazador. Mientra el rematar una obra viene a interrumpir el gozo del hacer
porque, quizá más que goza en el hacer, hay placer en acabar
el quehacer
un engolosinamiento en lo que e está quehaciendo. Así podemos comprender cómo el acabar, el rematar una obra
el sentido profundo del trabajo, no sólo no es un amor al hacer
sino que es afán que o curamente e enlaza con el irnpul o de destrucción con el gozo de deshacer. Para sostener e en el quehacer,
Penélope des-hace; para desentender e, para deshacerse del hacer,
el arquitecto el artesano, acaban su obra.

SUB-HACER, SOBRE-HACER Y OMITIR

La tendencia secreta a no acabar es propia del hacer feminal,
pero también hay un hacer aronil procra tinante (de "procrastinare , aplazar o dilatar el acabamiento). Ambo parecen constituir un sub-hacer o cua i-hacer. Pero no es lo mismo el quehacer
de la mujer que e enreda y entretiene, con voluntad de obra,
que el procrastinar del arti ta en que hay oluntad de obra y aun
de perfección en ella. El procra tinar del arti ta es dedicación;
el quehacer f eminal puede serlo y entonces toma la forma más
alta del sobre-hacer, pero también puede ser mero entretenimiento
banal, in pera ni esperanza. La dedicación como orientación
honda y decisi\'a de una existencia a una obra es común a las madres y a Jo artistas y poetas. También parece dedicación análoga la del científico, pero en verdad el científico no busca realizar una obra, sino muchas, y alta cuánticamente de una a otra.
Todas las obra de un arti ta tienen de común un e tilo un modo

300
301

�de hacer; la de un científico, a lo más, tienen de común un modo
de pensar. El científico om te, dedica toda u obra a su pensamiento; el arti ta, la madre, el poeta, dedican todo su pen amiento y su existencia a su obra. quí prevalece la obra, no ya obre
el pensar sino aún obre el existir. En el científico, la obra es como un instrumento del pensamiento; al meno , una oca i6n de
manifestar e y cumplir e. Por e o es menos creador, menos materno que el hacer del poeta y del arti ta.
o se confunda el quehacer del po ta de ia madre, verdadero
obr -hacer en dedicación, con el enredar, el entretenerse y el charlataneo, de quien no ha encontrado el centro de gravedad de su
xi tencia, la satisfacción a u entido ocacional; por ejemplo,
en el varón desfondado o la mujer olterona, ambos sin ocupación
profunda, in pera ni e peranza ni confianza en í mismo , en
los que el hacer o quehacer es puro relleno de un existir vacío.
Amar fundar, poetizar maternizar on forma del obre-hacer y
la dedicación; no lo on el ersificar, el verbificar, el enredar y
el charlatanear. También puede constituir un sobre-hacer la investigación científica o filo 6fica cuando e vi ten de poe ía, y e
traman de afán creador dedicación. P ro el mero hacer técnico
o científico, l inv tigar el razonar, el afán de sistema o de teoría sin creación
trabajo más un hacer que un quehacer, y menos, un obre-hacer, pues el técnico el científico entonces, part n
a de lo que buscan quieren encontrar mientras el poeta el
artista y el filó ofo de raza la madre, nunca saben lo que quieren
ni a dónde van. Y in aber lo que quieren hacer, lo están haciendo. in duda el arte y la po ía tienen fines télico pero a piran ecretamentc a no tener fin ni término, como la maternidad.
·mgún verdadero artista o poeta desea rematar; es profundamente quebacedor, procrastinante, exi tencia en dedicación exclusiva.
Todo artista todo poeta se siente autor de obras incompletas. n
ello los apuntes bocetos y obras iniciada on iempre más, y mucho más importantes que las obra acabada y cumplidas. El taller
del artista y el gabinete del poeta on siempre pai ajes de ueños
maternale poblado de feto y muñones.
inguna gran obra de
302

ningún gran artista está realmente acabada en la intenc1·6 d
to p
h
- .
n e au-

, r. ero ay suen~ intensos vividos de obra que no e cumplir~. y no se cumplirán porque e trata de un per-hacer, un "perf icere y. busca lo qu no puede lograr: la perfección última.

En el Juego y en el deporte no hay trabajo, pero tampoco hay
sobre-hacer. Falta el su ño y el propó ito de
b
Nº 1 ·
.
una o ra como meta. . 1 e Juego ni el deporte tienen fin ni fines; son inacabables
atélico . Se trata de formas del sub-hacer y más q
I
f '
·ó · l
·
ue a per ec~ n m a obra terminada, buscan la di tracción. Pero hay otra
Iormas d&lt;:1 sub-hacer que no on la del juego ni el deporte y que
~s aproxun~ a la omisión, al ab1-tenerse. Ya no es dis-tracción
smo re-!racc~on y abs-traerse de toda obra y de todo hacer. E ~
hacer-sin obJet? más que un no-hacer, ni un omitir en rigor. Tal
es el enfaenarru_ento para o curecer y casi desaparecer en el hacer,
~ el apresura!111en~o en el obrar para borrar la propia conciencia
e que ~ esta haciendo, y acabar lo que no ~e hace ni en el fondo, se qwere hacer. Hay por último un hacer desganado y sin imp~s, en q~e el hacedor va remolcado por las circunstancias.
n cambio, puede hablar e de un sobre-hacer que apenas hace
nada, pero que hace que otros hagan. Tal es el manda I.
.
el
· S
r, e mspuar,
sugerir. on formas de hacer que brotan de la presencia pura
del hombre ante otros hombres, inyectándoles sentido de la acción
:C. has~ vo,l,untad y propósitos de hacer y sobre-hacer. Hay un
unpenurn varonil que sin hacer aparentemente nada hace que
otros hombres, por influjo de su pre encia imperial, ha~an ejecuten y sobr_ehagan. y hay formas de "imperium' feminal por el
~ue _la ~UJer descubre su capacidad de hacer in hacer. Tal
la
~ prr~c16n de la mujer musa de la mujer amada y la sugestión
~~~t~d para su {b)~erir. La inspiración sopla de arriba; la su~
g
influye por abaJO. En cualquier caso sin mandar ni hacer
:~da ~ace~ y hace en forma de mandar ~directo. El quehace;
Hi~tona sólo no presenta varone que gesticulan, pero tras
tona está la sugestión, la inspiración de la mujer que actúa
como u motor inmóvil rigiéndola con clirección y riendas invisi-

la¿

303
H20

�bles. Y más alto, por encima de todo hacer humano y de todo
sobrehacer, está el misterioso sobre-hacer de lo Divino.

AcAECIVIDAD Y ACTIVIDAD

Hay actos y hay hechos. La actividad, el hacer del hombre, remite al acto, que es su fruto, no al hecho, el cual es siempre natural. No hay actos naturales, realizados por eres de la naturaleza. Tampoco hay hechos realizado por el hombre e piritual_ y
libre, sino actos.
o hay en español palabras adecuadas para distinguir debidamente estos matices. Y tengo que recurrir a forzar
el significado de los ocablos "acto' y "hecho", aun sabiendo que
el "acto" es forma del ''agere ' y el "hech o' o "fecho" d el "facere", que no designan respectivamente con exactitud lo q~~ q~:ro decir. Quizá pudiera permitírseme usar frente a la actlVIdad" o generación d acto , la "acaecividad" o realización de a~aeceres o acontecimiento , dando a este último término lo que tiene
de azarosa impersonalidad. Lo que acaece sin mí, o lo que me
acaece, no es acto porque no es mío ni es fruto de mi acción. Es
más bien hecho o acontecimiento, aunque tenga causas bien determinadas y conocidas, pues tienen causa, pero no ~~tor. Y_o
crezco o digiero pero el crecer o el digerir, no los ongmo espiritualmente yo; no soy el autor sino la causa, cuando más de ello:;
son en suma hechos y no actos. Los hechos que acaecen en mi,
per~ no son míos en cuanto a la ori~~c~ón, ~e s~n ablativos, :~cunstanciales, ad enticios. Todo 011 v1vu b1ológ1co no es acc1on
ni es mi hacer o actividad, sino mi acaecividad. Puedo contrariar
alguno de sus hechos, por ejemplo, la visión de mis oj~s la contracción de mis brazos, y puedo mandar hacer que m1 OJO vea Y
mi brazo se extienda, pero sólo soy autor del sobrehacer o mandato para ello.
El hacer humano propiamente dicho, no s6lo es hacer un "qué",
o mandar hacerlo, o sugerirlo, ino también es indispensable que
sea actuado o mandado actuar por un "quién", por "alguien" -y

º.

304

no "algo"- que alumbrado poéticamente por Ja presencia actúa
y aspira a dejar una obra hecha, y en cuanto puede, bien hecha.
La noci6n de "bien", vinculándose al hacer, anuncia a alguien
que re ponde en el doble sentido de respuesta y re ponsabilidad,
pues imprim a lo que hace una tonalidad ética que ningún animal ni ser inerte da a sus hechos. El hombre no s6lo tiene que
hacer en el mundo, sino también hacer alao que e como su respue ta, y hacerlo bien, porque marca su re pon abilidad, pues lo
no bien hecho se le revuelve y le irve de acusación.
El hombre en su hacer es autor en la doble acepción de respuesta y de responsabilidad en lo que hace. Autor (de "augere' ) quiere decir adición, el que aumenta o incrementa, en do significado : por su respue ta e.xi tencial creadora que trae al mundo algo
nuevo, no usado hasta él, y por la respon abilidad que contrae o
trae-consigo si deja de hacer lo que debe. Se ve que trae consigo
una intención poética o creadora y una deuda metafísica inicial;
en suma, trae un ímpetu una presencia, pero también una falta,
una ausencia, un déficit ontológico (menestero idad, necesidad de
ayuda para poder ser) y un deber de ser. Haciendo co as, haciendo lo que debe, hace bien y e cumple en u vocación y su misión.
La ontología del hombre es de talidad y calidad éticas y por eso
la ética brota de la metafísica del hombre. La primera forma ontológica del hombre es la de deber, ser en deuda; y el primer deber,
d de er, precisamente el que cada cual debe ser. Y así la llamada
"moral como contenido" brota de Ja estructura ontológica del hombre, que es, me parece, lo que dicen Zubiri y Aranguren. Todo
acto humano e poético de algún modo y en algún grado, y pone,
gracias a su presencia de hombre, una luz exi tencial obre las
co as del mundo. La misma persona que cada uno resulta ser,
en su existir es fruto de la acci6n creadora de esa per ona. Se
asombrará algún lector de tal "círculo vicioso" o contradicci6n en
eso términos, pues -podrá decir- si la per ona es fruto de la
acción existencial, no puede ser la autora de esa acción. Sin embargo, todo Jo circular es así, a la vez semilla y fruto, generador
Y consecuencia. Y así es todo lo que se autoengendra: el círculo,
305

�el pensamiento, la vida pues la e~illa da el, fruto y el _fruto, _Ia
semilla conservando u homogeneidad. Y asi es la acción exis'
.
tencial, en la que el fin es el principio y el principio lo es ~a~~
al fin. El acto humano funda us fines, sacándolo de su pnnc1p10
como acción· el fin de la volición está a la vez, al principio y en
'
. . .
la meta, y en lo fin principian otro fine , y en el pnn_c1p10 ~
ve que tán latiendo fin . El autor :11 us ac~os s~ engc a 1
mimo como principio merced a los fmes que el m.t.smo funda.
El autor , como tal' se autogenera y aca todo de sí mismo.
. El
autor no obedece uno mandatos que le vienen de fuera mo que
su autoría tá en qu todo nace de él. Lo que hacen el animal,
el astro o la piedra no es propiamente un hacer,. ino un de~arse
hacer. Su mover e ignifica exactamente ser movidos. La nusma
energía que incansablemente mue e y se mueve lo hace porque
está forzada a ello, movida a e11o. Lo propio de las cosas no es
un "hacer,, en la acepción que le vengo dando a este vocablo,
sino un "agere' un "operari", o mejor, un "efectuar", un ~ealizar
como efecto. Sólo el hombre tiene aptitud para mover Slil moverse; y esa aptitud es la acción: cuando piensa, ama, ~royecta
recuerda. Si, por la acción de su voluntad mueve m~culos. Y
hueso
e movimiento es efecto de la acción y no la acoón mrs'
. .
ma. Quien causa eso movirmento
es un " autor,, , no una " causa ,, .
Lo más que podría decirse es que hay un "hacer11 activo de persona y un "hacer" pasivo de co as.
Pero insisto en que en rigor las co a no hacen nada, sino que
en ella obrevicne, acontece el "hacer" como un hecho.
o es
acción ni actividad la uya, ino aca cividad, acontecividad. Las
cosas sirven a la acción y entran en la activida~ del hombre gracias a la fuerza poética con que éste actúa sobre ellas. Pero el
actuar mismo, la actividad no es propio de las cosas ino del hombre. En las cosas hay movimiento no acción.

306

EL

SOBRE-HACER DE LA DEDICAOIÓ

Y LA PERFECCIÓ

Todo 'hacer,, del hombre con autenticidad es "acto ' y es poético; si no, resulta sólo "hecho , extraño a su autoría. El hacer
es pasivo en los seres inertes, porque lo que hacen está previsto,
pre-hecho en sus leyes, como tá previsto lo que hacen lo animales en su instintos específicos o gencrale . ingún ser natural
deja de hacer Jo que tiene que hacer cuando llega el momento,
la conjunción del mandato con la circunstancia favorable o la
instancia propicia. Sólo en el hombre el verbo "hacer ' e poético, lo que le configura como poeta y como er extra-natural, preter-natural y sobre-natural. Ha ta el omitir mismo, el no-hacer
y aun el des-hacer exigen del hombre actitud y acción poética y
nada natural. Decir que no, a la aturaleza es disponet e a hacer
poesf.a, erigir e en actitud de autor, sobre-poniéndose al si tema
de Jas causas que rigen en el mundo natural. Lo seres natural
(animales, vegetales, inertes) obedeciendo a lo natural cumplen,
viven no responden, pero se dejan er lo que son.
o n ccsitan
hacer nada nuevo para elfo no nec itan csforzar e en er, ino
dejarse hacer. Cuando decimos que la piedra cae o 1 perro come no decimo que la pi dra "hace" el caer ni el perro ' hace"
el comer sino que uno y otro cumplen un 'hacer', la orden de
un "hacer" que l viene impue to. Algo o alguien hace y prehace o sobre-hac por Uo , pues les manda, les inspira, les hace
er. u perfección e pecífica está en su pecie que
la que se
la comunica. Todo lo eres naturale pueden ser p rfectos según
su especi . Pero tampoco la pecie manda o sobre-hace por í
mi ma, en virtud de una aptitud poética o autora, ino que alguien
está detrá o obre la especie y le comunica el poder de es hacer
Y comunicar a lo seres de su jurisdicción natural.
Sólo el hombre poetiza y autoriza en el mundo y frente a lo natural, hasta cuando no e lo propone. 610 el hombre "hace' y perhace y obre-hace y e per-fecciona, pues todo lo que va haciendo le sirve para irse haciendo, y no ólo su hacer
propio o auténtico, sino que en ese hacer se va apropiando de lo que hace,
307

�lo va incorporando sustantivamente a su ser, y en ese per-bacer
se per-fecciona. Siempre hacemos según lo que profundamente
somos, y siempre resultamos ser aquello que vamos haciendo, siempre que el "hacer" sea acción y no un mero ejecutar automático
y sin autoría. Pero hasta cuando lo hacemos no nos es propio, terminamos por apropiárnoslo, si hacemos intervenir en ello la autenticidad, el ímpetu poético de la presencia y el sentido.
Las co as no hacen, pero a imilándolas, ordenándolas, mandándolas, el hombre las hace concurrir a su "hacer"; y ellas van concretándose, con-creciendo en su contacto, en el uso, en el manejo,
en el conocer y aber del hombre. Por eso, porque el hombre
las necesita para su "hacer", las ocupa y se pre-ocupa de ellas.
Si las co as no se dan, sino que son dadas, y por eso son datos,
menos podrán dedicarse al hombre, pues ya sabemos que el dedicarse es un sobre-hacer poético. Las cosas sólo quedan dedicadas
cuando la sometemos y ordenamos, pero ellas no se dedican por
sí mismas. Sobre el "hacer" y el "dedicar", Ortega dej6 dicho cosas bellas y hondas, aunque insuficientes. Por ejemplo: "El hombre no es sino lo que él se hace. En cada instante, queramos o no,
tenemos que decidir lo que vamos a hacer en el iguiente. Al hacer algo, lo que verdaderamente hacemos es nue tra vida mi ma,
puesto que la hacemos consistir en e a ocupación" ( O. C. VI,
348). Y en otra parte: "Al animal no sólo le es dada la vida,
sino también el repertorio invariable de su conducta. Sin intervención suya, los instinto le dan ya resucito lo que va a hacer y
e itar. Por eso, no puede decirse del animal que se ocupa en esto
o en lo otro ' (Dos prólogos, pág. 17). Pero antes de tas últimas
palabras, dijo: ' lo más acti o que un hombre puede hacer es
no hacer simplemente algo, sino dedicarse a hacerlo. Los demás
sere vivientes viven in más. Al hombre, en cambio, no le dado
dejarse, sin más, vivir; antes bien, tiene que dedicarse a vivir; es
decir, entregar deliberadamente y bajo u intransferible responabilidad, u vida, o partes de ella, a determinadas ocupaciones.
La dedicación
el privilegio y el tormento de nuestra especie".
otemos que nos dice ahí que la dedicación es lo "más activo",
308

una intensificación del "hacer,, al

hace o sobre-hace o per fe . ' go que per-hacemos y nos per- cczona.
¿ Qué es la dedicación :&gt; Por de

quiera, sino un obre-ha~er o er:::nto, no ~ un "hacer" cualcapaces de hacer por sí menos ~dr~e~_ediy s1 ~as _cos~ n~ son
no se dan, sino que son dadas m
, car.. s1 a s1 rrusmas
lo má 'ser dedicadas. Qmen dede;:~s podran.dedicar-se, sino todo
dador, jardinero de i' y d 1
y se dedzca es el hombre, cuie as cosa del m d
como artificiales. El hombre es el ra
~n o tanto naturales
hacedor y poeta por e o
. ~ l n _dedicador, puesto que es
. .
d e u ontología. El "ded· por ,,pnui-. egio' por un a Jey pnvatJva
1atJno tuvo m
.
icare
nificado de voto O promesa, de un "h
,,
uy pronto el sigagraci6n. Vino a ser entre l l . acer sagrado, de una convotio"
1b
os aunos lo que ésto llamaron "d
pa a ra emparentada con "de »
ene forma verbal como la t·
l , us y que en español no tie1ene en atin ( "devovere ,, ) • En p - 1
la "d
•, ,,
evoc1on suena como un d di .
.
·
ano ,
"hacer" máximo del d d"
a e cac16n mten ificada, como el
e 1car. Pero el mism "f
,,
.
vo también acepción reJi i
.,
o acere laono tu"haccr" máximo. En 1 E glosa, 3acep_c1on de consagración como
fa,_;.,....,. "tul
a g oga a. dice una vez Virgili'o. "Q
-.-u,., v1
a pro frugibus".
•
uum

E que el verbo "hacer,' tá
f
brc al de ser o "exi t; ..n al d cfhrobundamente unido en el hom_._. '
e a er"
b
Lo
bre hace con autenticidad lo h
.
y sa er.
que el hom.
a o tiene y lo es 1
va siendo, es que Jo hac
l h
.
y o que el hombre
forma de aber Lo
~ yalo ª. o be.ne. y lo tiene al menos en
·
arnm es m hacen ni b
· •
eso son, pero no existen. El hombre al
a en ru tienen. Por
sabe, pues 1as sabe hacer El p .
b hacer las cosas ya Jas
, .
·
nmer sa er del h b
.
y autenuco sabor brota con eJ
. .
o~ re, su propio
do y sabiendo li~a a las cosa
que es ~ "hacer". Hacienen un co-hacer social
' y s~ religa con lo hombres

::t:i

hacer ante Dios, con-~g:r~o~~~::~7;~ar
~ ~eligión o cose vuelve primero fe un " el·
,,
.
existir del hombre
,
' ,
r 1gere con lo d · ·
un 'religare" con los hombres
lid . ivmo y luego se hace
dicación al hombre. d
'6 , enDs? andad y con-testación. De.
, evoc1 n a 10
d ·d'
smo que las d dica al hombre .
. o s~ e ica a las cosas,
rru mo a Dios, aprovechando la

EÍ

309

�respectividad de las cosas al hombre, y su texto de seres creados
por Dios. Ligadas las cosas al hombre por el hacer, el haber y
el saber, éstas quedan per-hechas, per-feccionadas en su función
ontológica respecto a él. No sól&lt;? las cosas en su relación con el
hombre se concretan y con-crecen, sino que se perfeccionan en su
ser-qué. Pero el per-hacer y el sobre-hacer toman su carga intensificada y su sentido del hombre y no de las cosas. En el "perficere'' del hombre sobre las cosas no son las cosas las que, en rigor, se perfeccionan, sino el hombre. Al dedicarlas a él, el hombre
se perfecciona, y con la perfección del hombre se perfeccionan también las cosas.
Todo hacer auténtico de autor, no solamente es un bien-hacer
sino también un hacer bien, pues siendo auténtico ese hacer constituye un per-hacer, y en él el hombre se perfecciona, y la perfección de cada uno se manifiesta como un bien ontológico del
hombre para sí y para los demás. Es que el bien humano es de
esencia comunitaria, como lo es la ca-presencia y el espíritu. Toda moral es comulgada o, al menos, colectiva y de índole social.
La ética, en singular, tiende a convertirse en costumbres, en plural, pues la llamada vocacional en cada hombre está orientada
hacia los demás hombres y sólo con ellos y en su respectividad
se cumple. La moral nunca podrá ser relativa, en la acepción
de que hay una para cada uno, pero siempre será funcional y respectiva. De alú, no la individualidad de sus principios sino su
universalidad, pues ésta se toma de la universalidad de todo lo
espiritual. De donde resulta la historicidad de la moral y de las
costumbres, haciendo que éstas varíen en sus postulados, pero no
en sus principios. La historicidad no es opuesta o contradictoria
a lo universal, sino el modo humano de realizarse lo universal,
no en abstracto, sino en concreto, en el hacer del hombre que va
haciendo, con-crecer las cosas.
Todo bien-hacer supone hacer el bien, proyectarlo presencialmente en el mundo. El primer bien que el hombre proyecta es
su presencia misma, que es también el primer valor porque es lo
que hace que las cosas se presenten a él en respectividad y puedan
310

valer. El bien que proyecta el hombre, como la presencia con que
ilumina las cosas del mundo, no son sino reflejo de Dios, algo así
como su eco luminoso y presencial. De ahí en el hombre su aspiración al fin último del que tiene la entreconciencia de haberlo
quedado atrás, pero también la sobreconcicncia de poderlo reencontrar hacia adelante, en su acción existencial si es auténtica
y sincera. El hombre en ~u autenticidad experimenta que de lejos
le viene la luz de una Presencia de que su presencia está tejida.
Y todo lo que se relaciona con esa Presencia le sabe a bien y por
eso la rastrea en sus haceres entre las cosas. El bien que el hombre da (y no sólo el bien que alcanza), le brota de su bien hacer
que, al proyectarlo en el mundo, se convierte en un hacer bien.
Y en ese hacer bien y bien hacer se van perfeccionando tanto
el hombre como las cosas que junto a él concrecen.
Creo que de ahí arranca el principio escolástico de que el hombre actúa siempre bajo la razón de bien, aunque esté ejecutando
el mal, pues si. el hombre busca hacerse en su autenticidad y el
mal es la negación de esa autenticidad no tiene sentido que busque el mal como mal para recrearse en él. Puede hacer el mal,
pero no quererlo. Cuanto el hombre hace sinceramente como autor es en sí, bueno, porque busca crear, fundar su propio ser, y
fundarlo según los dictados del espíritu que en él va a cumplirse
como persona. Si lo que el hombre hace resulta malo, es que no
obró sinceramente ni buscó su propia autenticidad en acción de
autor. Todo lo que cumple los dictados e imperativos del espíritu
es bueno. No se trata de que el hombre intente en su conducta
ética realizar el espíritu ( convirtiéndole en "res,,), ni de ef ectuarlo (haciéndole un "efecto"), que eso significa des-conocer al
espíritu, sino que se trata de asegurarle el mando, la primacía sobre el mundo de lo natural, y por eso el hacer es un sobre-hacer,
un per-hacer que perfecciona. Todo aquello que disminuye el influjo y predominio del espíritu, o lo retarda, o lo contraría, es malo. Hay mal en el mundo porque hay hombres inauténticas e infieles a su más profunda vocación. La autenticidad favorece siem311

�pre los designios del espíritu y con la verdad existencial siembra
el bien.
Por eso, la persona se perfecciona siempre con el hacer auténtico o bien hacer. El mal no es auténtico; nos suena a extraño, a
in-debido sin que nos lo enseñen. Ni el salvaje ni el anaHabeto
obran mal si obran con autenticidad. Hallamos el mal cuando
echamos de menos el bien y notamos nuestra insinceridad o nuestra falsificación existencial. Tiene el hombre necesidad metafísica
y por eso nota el mal donde se le presenta, y se le presenta como
algo negativo. Por eso, porque el hombre no es perfecto y necesita serlo sin poderlo ser, es perfectible. De ahí su profunda necesidad metafísica de hacer y hacerse. Se experimenta como necesse, y haciéndose, se perfecciona. El hacer del hombre no brota
del ser, como brota en el animal, sino del no-ser de su existir. Su
"siendo" es su "faciendum". Nunca acaba su perfección porque
sus fines no son término y acabamiento &lt;le la acción, sino medios
para otros fines más altos. El fin se perfecciona haciéndose medio. En cambio el medio se deteriora y pervierte haciéndose fin.
Sacando unos fines de otros, el hacer es quehacer, es acepción de
sobrehacer, per-fectibilidad. Al través de sus fines se va cumpliendo. Esos fines son sus posibilidades, no abstractas sino existenciales.
Por eso, financiamos nuestros fines prorrogándolos. Fundamos nuestras posibilidades en nuestros fines, no porque nos los apropiemos
sino porque como las posibilidades, esos fines, nos son propios.

HACER y HABER

Hay en el genio de la lengua española -y de otros idiomastal ímpetu poético, que le lleva a dar forma verbal, acción verbal, a nombres y hechos, a veces inertes que, por sí solos, no son
capaces de "hacer" nada. Basta tomar un nombre o su tema radical y añadirle el sufijo "cer", quizá aféresis de "hacer", para
que el hombre, el hecho aquél, tome acción y se haga verbo. Y
así decimos "frute-cer"., "enrique-c.er'', "anoche-cer''. Notemos
312

que atribuimos un "hacer" a lo que no es capaz de ningún "hacer", y que cuando son verbos que llevan en sí su propio 'hacer"
no necesitamos atribuírselo ni ponerle enclíticamente ningún "cer".
Construir, saltar, hablar, correr, no lo llevan porque no lo necesitan. Es sólo cuando de un nombre que no es acción, queremos
volverlo un verbo. La poética del hombre le lleva hasta fundar,
atribuir o inventar un "hacer" en lo que no "hace". Esos verbos
que formamos haciéndoles terminar en "cer", indican cierta impersonalidad, in-subjetividad en el "hacer", un "acae-cer" o "aconte-cer", un mero ocurrir (ob-currir), tomando el "currere" del
"correr" impersonal del tiempo.
Notemos que también decimos "fructi-ficar", "elasi-ficar",
"noti-ficar", "cosi-ficar", pero siempre en lenguaje intencionadamente culto y para aludir siempre a un hacer de hombre, con
ímpetu de acción y fundación. N-0 puede ser más que un hombre
el que "clasifica", "cosifica", "notifica", "fructifica". Indebidamente decimos que el árbol fructifica, en vez de frutece. Y cuando decimos que el hombre se enriquece o empobrece no va dicho en forma activa, sino en pasiva. Es algo que acontece o acaece
al hombre. Sobreviene u ocurre la pobreza, el enriquecimiento, el
fruto. Es un matiz muy fino de nuestra lengua, lograr un "hacer"
sin sujeto que haga. Por eso atribuimos también el "hacer" a seres y fenómenos que no pueden ser sujetos activos. Pero entonces
impersonalizados, desubjetivamos el verbo. Y así decimos: hace
tiempo, hace frío, que equivalen a "frie-cer", "tempore-cer". Notamos de este modo que el "hacer" no es acto, sino más hecho
que nunca, pues son aconteceres naturales que ya encontramos
como tales hechos. Y esos hechos ahí acontecidos sin esperar el
hacer del hombre, tienen el aspecto de lo que "hay". Cuando decimos ªhace calor" o "hace buen tiempo", lo que venimos a decir
es que ''hay buen tiempo" o "hay calor", porque han acontecido
o sobrevenido. En los nombres que queremos verbalizar ponemos
un "cer", para indicar el acontecer impersonal de su "hacer". En
los acontecimientos ya hechos, sin sujeto, el "hacer" lo convierte
en "hay,, , forma 1mperson
.
ald
' cuan. el"ha b er"T
. am b''
1en, a1 reves,
313

�do lo que hay no me conviene, no me importa, no me interesa, en
la forma unipersonal e impersonal de estos verbos, usamos, en
su lugar, el verbo "hacer' y decimos por ejemplo: "esto no me
hace", no me peta.
Hacer es siempre incrementar poéticamente el mundo, poner en
e'l a Igo nuevo. El reciproco
'
d e1 ver bo "h acer" es "tener " o "habcr" ,
tomar posesión de lo que "hay►', de lo hecho y actuado. Y así el vocablo "ocupación" tiene doble sentido: el de "ocupar" activamente,
tomar posesión, y el de ocupar-se sobre-activamente, como sobrehacer atender cuidar. Lo que hay, es previo a lo que es, por lo
menos es la indeterminación previa al ser-qué de cada cosa. Pero
todo lo que acontece y ocurre, todo lo acontecido y hecho, ahí está, lo ha)', Lo que hay, ha acontecido u ocurrido sin "hacer" de
hombre, de un modo impersonal o in-subjetivo. Pero el hombre
entra a saco y tala en lo que hay y va fundando seres-qué, es decir, lo que hay lo va ocupando, habiéndolo o teniéndolo, se va apoderando de ello, esto es, le va quitando su poder difuso y confuso
y le va dando su propio poder de hombre. Y así va ligando lo que
hay, a su ser existencial. Lo que hay, como tal, el hombre ni lo
ha, ni lo tiene, ni lo hace, pero a medida que del "hay" va haciendo ontología de seres-qué lo va habiendo, o teniendo, se va
apoderando, posesionando al ritmo del ir haciendo. Todo hacer·
es ir fnndando e ir habiendo. Al hombre que hace las cosas bien,
le llamamos "hábil" de haber, pero significando "hacer''; también le llamamos "apto", de "apiscor'\ derivado del antiguo "apere", coger, apropin:r, apoderarse, de modo que "apto" quiere decir apropiado, pronto a apoderarse de las cosas. Poseemos y habemos lo que hacemos, en sentido profundo, para apropiarlo, volverlo existencialmente propio. El imperativo antiguo de "haber"
es "habe", y en mi pueblo natal de Extremadura se dice imperativamente "¡ habe !" con el significado de "haz sitio", como si fuera un "hacer" rderido a un "hay" en el espacio. Y es que el
"siendo" existencial del hombre, le hace haber o tener aquello
que va incorporando a su ser o existir.
Pero si lo que el hombre hace (y aún no hace, pero acaece o

acontece) queda hecho y constituido en ser-qué, y si ya el exis~ rnism~ ~ un "faciendum", resultará que el "hacer" no es prev10 al existir del hombre, pero sí es anterior al "ser-qué" de las
cosas, pues a las cosas sólo la presencia del hombre les hace "serqué". Su entidad u onticidad, su condición óntica se la da Dios
pero u "ser-qué" respectivo solamente se constituye con la pre-'
sencial. ~umana,, pues solamente el hombre les hace ser-qué en
respectiv1dad a el. Para ser cada cosa lo que es, necesita un "hacer" de hombre, por lo m nos una presencia, un presenciar, que
es también un "hacer" primero.
Pero si el h~cer del hombre es anterior al ser-qué de las cosas,
pues ya el pnmer hacer sobre eUas el presenciarlas es hacerlas
ser, Y es haberlas o tenerlas, un apoderarse y apropiarse de ellas
todo existir de hombre, por su parte, si no es previo al hace;
(puesto que es un "haciendo" y un "haciéndose") y sí es, por
lo menos, previo al ser-qué de las cosas. Y ese existir es más que
un "hacer", un "sobrehacer", pues por ejemplo, querer hacer algo, resulta siempre anterior al hacerlo. Y hasta cabe que queramos hacer lo que no podemos hacer. Y no podemos hacerlo no por
falta de querer., sino porque no tenemos poder para hacerlo. Pero
en cambio, tenemos poder pani querer hacerlo, pues la voluntad
es poder o fuerza, y no mera posibilidad abstraída desde el homb_re a las cosas y los acontecimientos. Y por eso, porque podemos
siempre querer hacer, aunque no podemos hacerlo, ese "poder
hacer' del querer es ya un pre-hacer o sobre-hacer, y no un mero
Y simple hacer. En el "pre" de la presencia se fundan, pues el
poder, el haber y el hacer del existir. Y al margen de todos esos
verbos, el saber.
Lo que se hace, se hace porque se puede, pero no siempre lo
que se puede hacer, se hace. i la posibilidad es la potencia o
poder, ni lo posible es lo fácil ni lo factible. Fácil o hacible, es lo
que puede ser hecho, lo acontecible u ocurrible. Factible es lo que
alguien, un hombre, puede hacer, instituyéndolo en acto y no en
hecho. Es posible, en abstracto, lo que no es fácil ni factible sino
acontecible. Pero en el hombre el poder mismo puede ser fruto
315

314

�de un acto, del querer como potencia. Es lo que llamamos "hacer un poder", porque hay posibilidades, y el "hay", en sí mismo,
es una inmensa posibilidad, pero quien hace o saca posibilidades
del "hay'' es el hombre. Y las saca según sus poderes o potencias
existenciales. El hombre no es sólo un posible, un ser lleno de posibilidades que le han sobrevenido y que las halla en él, sin haberlas hecho, sino que es máxima potencia o poder que no sólo
hace o sobrehace cosas, sino que "hace también los posibles" y
aún los imposibles para actuar y mandar en el mundo. Tiene poder y lo da, y funda posibilidades que no hay antes de darlas él.
Cuando decimos que el hombre se a-podera de cosas, no decimos
que quite a éstas su poder o posibilidad, sino que les da u otorga
poderes y posibilidades que ellas no tienen: los del hombre como
existencia poética. El hombre, al querer, "hace los posibles". Y si
el hombre, a veces, quiere hacer más de lo que puede hacer, es
porque su querer es un sobre-hacer, que empieza por f~dar su
propio querer y su mismo existir como ir siendo y haciendo y
pudiendo y habiendo y sabiendo. Su existir se trama de "queriendos'\ de proyectos y futuros, de lo que no es y acaso de lo
que nunca llegará a ser.
Las cosas se prestan ofertivamente a ser-qué para que el hombre pueda existir. Cuanto el hombre hace (una silla, rezar, consolar, pensar), y hasta lo que es hecho sin su actividad intencional revierte sobre el hombre y modifica, le influye en su "siendo"
'
.
y su modo de ser. Pero esa "ofertividad" de las cosas no _es actividad ni intencionalidad. Lo que ellas hacen, les sobreviene; lo
efectúan, lo ejecutan, lo realizan, dejándose ser lo que son y la
presencia les hace ser. Hasta cuando son causas y hacen efectos,
se dejan instituir en causas; ellas no deciden serlo. Toda cosa como "hecho'' pide una determinación y una causa extraña a ella.
Si el acto brota del presenciar, y el presenciar es ya un acto, el
"hecho" brota con el después del suceso y la posterioridad a una
causa. Y una vez constituido el "hecho" queda muerto como "sido", sin que haga nada para seguir siendo. En cambio, el acto,
sigue siendo y actuando y nunca llega a pasado completo y aca316

hado. Por eso la Historia se integra de actos y no sólo de "hechos"; Y no es puro pasado, sino pasado actual, presenciado o
presente, con virtualidad de acción todavía. Mientras los hechos
naturales del pasado (catástrofes, epidemias, accidentes futurantes, etc.), no son históricos y han dejado ya de ser, son totalmente "sido", la invención de la imprenta, el paso del Rubicón las
di~cusio~es de Trento, no han pasado del todo y siguen reson~do
existenc1alm~nte .en los hombres. Y si algún hecho natural es reputad~ com~ histónco ~ P?rque lo revestimos de la historicidad que
en s1 no tiene. El naclllllento de Platón o de Goethe es un hecho
natural que ellos mismos, y nosotros después, hemos dotado de historicidad como si fueran actos.
Y ahora una cuestión importante para 1a historia de la filosofía: ¿ qué relación tiene la noción del acto y la potencia aristotélicos con estas acepciones del poder y el acto que vengo dando
en estas páginas?

317

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                  <text>Humanitas es la revista de investigación más antigua del noreste de México en el área de Ciencias Sociales y Humanidades, se publica desde 1960 y actualmente está indexada en Latindex. Es una revista arbitrada y de acceso abierto que considera para su publicación artículos originales escritos en español e inglés, que sean el resultado de una investigación científica y que representen una clara contribución al debate y conocimiento de las áreas de la revista: Filosofía, Letras, Ciencias Sociales e Historia.</text>
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                <text>Humanitas es la revista de investigación más antigua del noreste de México en el área de Ciencias Sociales y Humanidades, se publica desde 1960 y actualmente está indexada en Latindex. Es una revista arbitrada y de acceso abierto que considera para su publicación artículos originales escritos en español e inglés, que sean el resultado de una investigación científica y que representen una clara contribución al debate y conocimiento de las áreas de la revista: Filosofía, Letras, Ciencias Sociales e Historia.</text>
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                    <text>MARoUÉRITE L. DREVET, Bibliographie de la Littérature franfaise, 1940-1949 (Geneve,
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464

Sección Tercera
HISTORIA

�ALGUNAS CARACTERISTICAS DE LOS POBLADORES
DE NUEVO LEON, EN EL SIGLO XVII
ISRAEL CAVAZOS GARZA

El poblador de la parte septentrional de la Nueva España tiene
características particulares, en relación al de otras regiones del
interior. El medio geográfico y diversas circunstancias especiales
contribuyen a ello.
El norte no ofrece atractivo alguno a los criollos o peninsulares
residentes en el interior de la Nueva España. Traspasar la frontera chichimeca, significa renunciar a las comodidades de que disfrutan. Se impone, con todo, el espíritu de aventura, y el hombre
blanco se int&lt;;rna en estas soledades.
La entrada de Alberto del Canto ( 15 77) primero, y la de Carvajal y de la Cueva ( 1581 ) después, marcan el principio de la
población del noreste.
El cronista Alonso de León es crudo al analizar la causa de este
entusiasmo: " ...hacían entradas -dice-, sacaban gente, que se
vendían bien, cebo con que acudían más soldados, que llovidos
aventureros". 1
En la antigua ciudad de León (Cerralvo), llega a haber hasta
doscientos hombres. Las prohibiciones oficiales tendientes a contener este exceso, traen como consecuencia la despoblación.
La tercera etapa de población ( 1596) acaudillada por Diego
1

ALONSO DE LEóx, Historia de Nueuo León. .. Librería de Ch. Bouret. México,
1909, págs. 75 y 76.

467

\

�de Montemayor, hereda este pernicioso "entretenimiento", que ha
de convertirse después en el sistema de las encomiendas, que reciben
aquí el nombre de congregas. El cultivo de la tierra y el descubrimiento de algunos yacimientos minerales, suavizan un tanto esta
situación.
Los primeros pobladores, ante el enigma de lo desconocido,
echan a volar la fantasía y forjan las famosas Siete Ciudades, la
Gran Quivi!a o la Fuente de la Eterna Juventud. Los colonizadores del Nuevo Reino de León acarician también la posibilidad
de descubrir algún día el cerro de la Plata, " ...incógnito a los
que hoy viven, . .. es hacia el norte". 2 Se organizan dos jornadas, una en 1644, otra en 48, al mando de Juan de Zavala; pero
los temibles alazapas impiden siempre llegar al maravilloso cerro
de la Plata, que sólo existe en la imaginación;
Arriba en 1626 el gobernador Martín de Zavala. Todo cambia
a partir de entonces. Hombre activo y diligente, han pasado apenas diez días de su llegada y ya dispone la repoblación de la ciudad de León, el 4 de septiembre, con el nombre de villa de San
Gregorio de Cerralvo. Se observa un inusitado movimiento minero. En el Archivo Municipal de Monterrey se conserva por lo
menos un centenar de registros de vetas, en un término menor de
diez años. El propio gobernador Zavala se establece en Cerralvo,
a fin de vigilar este auge, del que depende, en gran parte, la estabilidad, tan difícil, de los pobladores.
El buscador de metales es terco. Penetra a lugares increíbles
en pos de vetas argentíferas.
~n este tipo de pobladores se encuentran personajes interesantes. Juan Alonso Lobo Guerrero entra con más de diez mil pesos de avíos de minas, ropa y otras cosas adherentes de sacar plata; sin los ganados mayores, esclavos, etc.
Andrés de Arauna, "con buena ynventiva, yngenio y artificio", 3
• /bid., p. 84.
' MS., Registro de Invento. Archivo Municipal de Monterrey (Se citará en lo sucesivo: AMM.) Leg. 2, Exp. 11, fol. 39, 14 de mayo de 1636.

468

crea en 1636 un molino que simplifica el beneficio de la plata,
acabado con arte y absolutamente original.
En Diego de Ayala, criollo del Nuevo Reino de León tenemos
uno de los ejemplos más claros de las actividades mine;as. Veamos lo que dice al solicitar ~n 1666 cierta merced:
". • .truje a esta villa maesos de carpintería, herreros albañiles
con sus oficiales; y para avío y fomento de dicha haci;nda y labor de; minas metí cien yeguas, ochenta caballos mansos y sesenta bestias mulares de carga y silla; con más cien cabezas de ganado mayor, sesenta vacas y cuarenta novillos y toros, y doscientas
cabezas de ganado cabrío y ovejuno; con cuatrocientas fanegas
de maíz y trigo, y veinte arrobas de tabaco; una parada de fuelles alcribís, dos paradas de cañones, guijo y tejuelo y veinte lía-··
chas Y siete barras de hierro, una azuela, sierra, escoplos, barrenas,
~on ot~as herramientas y pertrechos necesarios; con lo cual y mi
mdustna y ?uen agasajo, por medio de intérpretes, ... se redujeron a e~ta villa todos los más indios chichimecos de naciones aguanas Y lzsguegues, con todas sus familias de hijos y mujeres..." 4
, ~uran~e el auge m~ero de Boca de Leones (Villaldama), en la
ultima decada del xvn, acuden otros individuos interesantes. Antonio López de Villegas entra en 1696 procedente de San Luis
Potosí, "con una cuadrilla de mineros de tierra afuera, que se compondrá de más de trescientas personas". Con ellas funda haciendas de beneficio en dicho lugar y en el real de las Sabinas esta
última "una de las mejores que hay en todo el reino" -dice. 5
El adelanto relativo de la minería, trae consigo el movimiento
comercial. El madrileño Juan de Espíndola es de los primeros
en entrar periódicamente con su tren de carretas. Trae a vender
efe~tos que van desde el chocolate de Soconusco y prendas de la
Chi~a, ha~ta esclavos e implementos de minería. Se le guardan
cons1deraci~nes ~or el beneficio que reporta a esta provincia, y
goza preemmencias de vecino.
En igual caso está Francisco de Iribe y Vergara. Entra y sale
: MS., Vista de ojos.. . AMM, Civil, Leg. 6A, Exp. 11, fol. 35; 15 de dic. de 1666.
MS., Encomienda AMM, Civil, Leg. 3, Exp. 4, fol. 41, 11 de enero de 1700.

469

�cada año con mercaderías. No es vecino, pero se casa aquí con
una hija de Blas de la Garza y hasta llega a ser electo alcalde ordinario y teniente de gobernador; acudiendo, además, a las jornadas contra los indios.
Monterrey va creciendo. Al finalizar el siglo cuenta con poco
más de mil vecinos, y ya se ven gentes de oficio: carpinteros, espaderos, barberos, ensambladores, sastres, etc. Aunque los hay también de estancia ilegal y "sin oficio ni beneficio", como todos los
paniaguados y parientes, que viven a expensas de los señores, o
como Francisco Arenas, natural de Osuna, quien declara en 1635
que él vino en la flota de Tierra Firme, y que en ella "vino por
llovido y que no trujo licencia". 6
Ganaderos y pastores
De tiempo de Zavala data el incremento de población hacia el
sur del Nuevo Reino, antes infranqueable. Fray José de San Gabriel entra en 1626, desde el convento de Charcas, y establece la
misión de San José de Río Blanco, hoy Zaragoza, N. L. Viene
luego fray Juan Caballero, procedente del mismo convento, y funda la de Santa María del Río Blanco, hoy Aramberri. Estas poblaciones son mantenidas después por el capitán Fernando Sánchez de Zamora, sobrino del gobernador.
Es muy conocida la referencia de la entrada de Antonio Leal,
vecino de Huichapan. Atraído por la fertilidad de los pastos y la
abundancia de tierras salitrosas, introduce, en 1635, sus haciendas
de ovejas. El gobernador, a partir de entonces, merceda grandes
extensiones de tierra a criadores de ganado menor de San Luis
Potosí, Zacatecas, Querétaro y México. Hacendados hay que
traen a pastar hasta 60,000 ovejas. Al tiempo de las trasquilas
estos ganados vuelven a sus lugares de origen.
El auge ganadero es verdaderamente prodigioso. A fines del

,
'

xvii, pasa del medio millón el número de cabezas de ganado menor que entran a pastar, de las provincias del interior.
Casi toda la nobleza criolla tiene aquí sus latifundios, en los
siglos _xvii y xviii. Los marqueses del Castillo de Aysa, de San
Francisco y de Buenavista; los condes del Álamo, de Penalva y de
la Canal, etc., poseen dilatadas posesiones. Algunos pasan aquí
grandes temporadas. El conde de Penalva llega a ser gobernador
del Nuevo Reino. Otros jamás conocen sus bienes. Todos tienen
sus mayor?omos y administradores, y los cascos o casas grandes
de las haciendas, se van rodeando cada vez de chozas y viviendas
de pastores.
Aunque el beneficio económico del Nuevo Reino de León por
este c~ncepto es nulo, los derechos de 1ana y pieles se pagan en
la capital de la Nueva España, o en los lugares de procedencia de
los pastores. El único beneficio que recibe, es el de esta población
rural de mayor~omos y pastores, trashumantes al principio, pero
que llegan por fm a tomar asiento definitivo.
A principios del siglo xviii, la ganadería ha llegado a su mayor a~g;. El gobernador Barbadillo hace un cómputo y resulta
u? n_iillon de ~abezas. El hecho llama la atención del gobierno
virremal. El o_i?or Francisc~ Picado Pacheco propone al rey, en
1717, la ereccion de un obispado. El millón de ovejas procrea
300,000 cabezas al año. De éstas, 30,000 corresponden al diezmo
Y su va!or asciende a 15,000 pesos. Igual suma producen la lana
Y las pieles. Con 30,000 pesos anuales, de sólo este ramo de ing_resos, bien puede sostenerse una institución piadosa tan necesaria, por lo apartado de los obispados de Guadalajara y Michoa7
cán. El _obisp~do de Monterrey no es creado sin embargo, hasta
sesenta anos mas tarde. Los productos del Nuevo Reino de León
siguen siendo centralizados por el virreinato, sin provecho alguno
para Monterrey, cuyos templos y edificios públicos son por ello
los del más pobre villorrio.
'
'
La cría de ganados mayores~ reses y caballada, da origen a otro
: MS. Proposición del oidor don Juan Picado Pacheco.. . Arch. Gral. de Ja Nación

• Declaración AMM, Causas, Vol. 1, Exp. 16, fol. 4, 11 de sept. de 1635.

470

Mex. Reales Cédulas, Vol. 43, Exp. 24, fol. 31, 31 de mayo de 1717.

'

471

�tipo de poblador, estudiado por Chevalier admirablemente: el
hombre de a caballo. 8 El hombre recio y valeroso, que sabe soportar largas jornadas de camino en las campañas de guerra. El
hábil jinete que luce su habilidad y gallardía en los rodeos, que
· desde muy a principios del xvii se observan en estas regiones. El
hombre de a caballo, que ha de decidir más tarde batallas y
combates en los días de Ayuda y de Reforma, la Intervención
Francesa y la Revolución Mexicana.

Hidalguía
Entre la masa general de mineros · y pastores, soldados y mercaderes, se nota cierta clase social de hidalgos auténticos, de gente noble que se ufana de su origen y que, en habiendo ocasión,
lo manifiesta.
Ser de los primeros pobladores ya otorga, de suyo, cierta categoría. El Título 100 de las Ordenanzas de Nueva,s Poblaciones,
dadas en Segovia por Felipe II el 13 de julio de 1573, establece:
"A los que se obligasen a hacer la dicha poblazón y la hubiesen
poblado e cumplido con su asiento, por honrar sus personas y descendientes y que de ellos, como de primeros pobladores, quede
memoria loable, les hacemos hijosdalgo de solar conocido a ellos
y a sus descendientes legítimos, para que, en el pueblo que poblaren y en otras cualesquier partes de las Indias, sean hijosdalgo
y personas nobles, de linaje y solar conocido, y por tales sean habidos y tenidos, gocen de todas las honras y preeminencias, y puedan hacer todas las cosas que todos los hombres hijosdalgo y caballeros de los reinos de Castilla, según fueros, leyes y costumbres
de España, y puedan y deban gozar".
Los descendientes inmediatos reclaman con frecuencia estos privilegios, y hacen alusión constante a los servicios prestados por
sus mayores. El que llega más tarde y se casa con hija de pobladores y conquistadores, pasa, de facto, a disfrutar las mismas pre8

FRAN«;o1s CHEVALIER, La Formaci6n de los Grandes Latifundios en México.
México, 1956. Cap. III.

472

eminencias. En las peticiones de mercedes que hemos manejado,
es argumento que se encuentra en abundancia.
Las tierras y aguas, o las encomiendas de indios, se piden:
" ...por ser persona de toda calidad y buena sangre, y cargado de
muchas y honradas obligaciones"; (Sebastián Flores de Abrego) . 9
O, " ...para el sustento de mi persona y lustre della"; (Bernardo
García de Sepúlveda). 10 O, " ...para mantenerme con Ía decencia que a mis obligaciones es forzosa"; (Manuel García de las
Rivas) . 11 O, " ...para mantener la calidad de mi persona con la
decencia que pide mi conocida nobleza" (José de Benavides). 12
De este grupo selecto, salen aquellos que han de desempeñar las
comisiones o empleos honoríficos; los que forman las cofradías y
hermandades, y los que ejercen los cargos de república.

SEÑORES "FEUDALES"

Otra clase social es aquella a cuya hidalguía se unen el poder
y el dinero. Señores de un carácter semifeudal, que logran señorear en vastas extensiones de tierra y que se rodean de multitud
de sirvientes, esclavos, parientes, criados y paniaguados, logrando
ejercer cierto influjo patriarcal en la vida política y social del
Nuevo Reino.
Bernabé de las Casas, por ejemplo, puebla sobre el cañón de
las Salinas, infestado por los temibles cuanaales. En las dos primeras décadas del xvii, crea un latifundio que, partiendo de las
inmediaciones de Monterrey, alcanza a llegar a los límites actuales
de Coahuila. Está casado con doña María Navarro. Su hija mayor, doña María de las Casas, contrae nupcias con el noble cordobés Juan Alonso Lobo Guerrero y recibe en dote la importante
hacienda de San Francisco de las Cañas, que habrá de convertir• MS. Merced de Tierras. AMM, Civil, 1706, Leg. 6, Exp. 3, Fol. 23, 29 de Nov.
de 1700.
"' Merced, lbid, Leg. 3A, Exp. 48, Fol. 16V, 12 de Nov. de 1640.
11
Merced, lbid, 1703, Exp. 12, fol. 151, 25 de enero de 1705.
" Merced, lbid, 1706, Leg. 6B, Exp. 13, fol. 93, 27 de abril de 1707.

473

�se, al correr de los años, en la villa de Mina. Otro de sus yernos,
Diego de Villarreal, entra en 1608, procedente de San Miguel el
Grande. Está casado con doña Beatriz de las Casas, y puebla otra
estancia minera que da origen al actual municipio de Abasolo. Doña Juliana de las Casas, esposa de Diego Fernández, tiene su hacienda de beneficio de metales en la que habrá de ser después villa del Carmen.
Es Bernabé de las Casas uno de los vecinos más poderosos del
reino. Protege a numerosas gentes que le rodean, y es señor que
se hace acompañar ordinariamente de regular número de pajes
y criados.
José de Treviño, avecindado en 1604, es quizá el hombre más
acaudalado que asienta vecindad en el Nuevo Reino de León.
Viene con familia noble y numerosa, y considerable número de
esclavos y sirvientes. Trae, además, diez carretas y dos mil vacas;
así como gran cantidad de implementos agrícolas. 13
Bias de la Garza puebla en 1607 la estancia de San Francisco.
Bajo su protección viven sus padres y los dc- su esposa, así como
sus hermanos y cuñados y las esposas y los hijos de éstos. Tiene
casa fuerte o torreón, a fin de protegerse en las incursiones de los
bárbaros, y para servir de frontera o defensa a la ciudad. De su
propio peculio mantiene, durante cuarenta años, un cuerpo de
doce hombres, con sus armas, caballos y bastimentas; " ... para
salir a la hora que fuese menester". 14
Organiza campañas de pacificación, "con gran gasto de carne
y caballada", y puede enviar quince hombres en auxilio de doña
Isabel de Urdiñola, por el asalto de los indios al puesto de Parras;
y pacificar también el de Mapimí, su lugar natal. Envía mensajeros a los indios de la región, y a base de granjerías "de sayal,
frazadas, pisiete y otras dádivas", logra atraerlos. Provee, sin interés alguno, de herramientas a los mineros pobres. "Soy -dice en 1653- uno de los vecinos que mayor lustre y aumento ha
Mercedes a Joseph de Treviño, ! bid, civil, Leg. 4, Exp. 23, 5 de abril de 1604.
Merced a José Eugenio de la Garza Falcón, ! bid, 1706, Leg. 6B, Exp. 13, fol.
111; 25 de junio de 1707.
u

11

474

dado a este reino, pues en él hoy tengo once hijas y hijos casados
y que viven de por sí, con sus casas, de que proceden más de
treinta y seis ñetos y ñetas, que aumentan el crecimiento de esta
ciudad y reino sin cinco doncellas que tengo para dar estado". 15
Femán Blas Pérez, poblador del norte del reino, hacia Lampazos, ayuda al rey con trescientos caballos,16 y sostiene a su costa,
cada vez que se ofrece, pequeños ejércitos de veinte o más hombres.
Juan Alvarez de Godoy: entra a la fundación de la villa de Cadereyta con cinco españoles casados y setenta y cinco indios naboríos de diversas edades, y negros esclavos. 17
Remando de Mendiola, "hombre rico y poderoso", viene también "con intención de perpetuarse en la tierra". Trae 30,000 ovejas, cuadrilla de carros, numerosos esclavos y muchos adherentes
para fundar minas.
"Y viendo el gobernador ( Zavala) poblador de tanta consecuencia, y que entró con tanto aparato y prevención; en consideración a lo mucho que a su sombra se podían fomentar otros
vecinos, y el acrecentamiento que se seguiría a este reino por la
numerosa familia que metió, que fueron más de cincuenta personas, le dio facultad para que escogiese el puesto más de su agrado, a la otra banda del río de la Pesquería, donde edificó casa
opulenta y molino de fundición de cuatro hornos".18
Luis de Zúñiga Almaraz, viene también ( 1638 ) con su numerosa familia y parientes, y trae "quinientas vacas y 16,000 ovejas
y 500 yeguas de vientre, y cuarenta indios naboríos, con sus hijos
y mujeres", y funda, además de sus haciendas de labor, un obraje
de telas para el avío de éstas. 19
Sebastián de Villegas, fundador, después, de Linares, mantiene
la campaña permanente contra los indios de Tamaulipas, "con
,.
"
"
'"
,.

Encomienda. ! bid, Vol. 8, Exp. 20, fol. 18 ; 10 de marzo de 1634.
Merced de Tierras a José Pérez. !bid, 1703, Exp. 12, fol. 129, 28 de julio de 1704.
M erced de tierras. !b id, Lcg. 3A, Exp. 42, fol. 3, 16 de abril de 1635.
MS. Litis sobre tierras. !bid, Leg. 8, Exp. 10, fol. 9, 18 de Feb. de 1690.
MS. Merced de tierras. !bid, Leg. 2, Exp. 13A, fol. 5, 16 de abril de 1635.

475

�prevención de soldados a mi costa -dice- y más de ciento cincuen. d as d e oveJas.
. 20
ta caballos", protegiendo 1as h acien
Carlos Cantú Francisco Báez de Treviño, Juan Esteban de Ballesteros y otros ~uchos vecinos pudientes, organizan también_ cuerpos hasta de treinta hombres; y, sin costo alguno de la real hacienda,
verifican campañas de pacificación que se prolongan por tres o
cuatro meses.

SOLDADOS

Fue siempre el Nuevo Reino de León "tierra de guerra viva";
esto es, de lucha continua contra el salvaje. Las campañas son ininterrumpidas en toda la región. Las hay que duran hasta oc?o
y diez años, manteniéndose "a sangre y fuego", hasta lograr qmetud relativa.
Los lapsos de paz son brevísimos. Lorenzo Díaz expresa en un
escrito de 1636: " ... agora por estarlo pacificados y quietos (los
.
,,..21
indios), dan lugar a que 110s ocupemos en la 1ab~r d.e 1a tierra
Hay que acudir también en auxilio de la provmc~a
Coahmla, y que participar en las expediciones de descubrimiento y pacificación.
El niño aprende la doctrina cristiana con los franciscanos, Y
apenas si recibe los más rudimentarios conocimientos de lect~ra
y escritura. Vicente de Treviño es maestrescuela por muchos anos
en la segunda mitad del xvii, pero ha de dejar su noble labor frecuentemente, a fin de acudir a las campañas que constantemente
se organizan.
.
No hay aquí centros de estudios superiores. Ya e~ las postn~erías del siglo se ve que algunas familias logran en~iar a sus hiJ~S
a cursar la carrera eclesiástica a México, GuadalaJara o San Miguel el Grande.
Apenas puede un niño empuñar el arcabuz, y ya participa en

?e

combates y asonadas. Juan Martín de Lerma participa en la defensa de su casa, "siendo muy muchacho". 22
Juan de León y Pedro Botello de Morales, son soldados desde
los quince años. Juan Bautista de Ruiz, asiste al primer encuentro
con los indios cuando tiene catorce. José González de Quintanilla, refiere que él ha combatido desde los trece años. Nicolás de
la Serna ha cumplido apenas doce años y ya sale a las campañas; y José de la Mota, Francisco de la Garza, Diego de Villarreal y Antonio García de Sepúlveda, asientan haber concurrido
a éstas, "desde que tuve uso de razón". 23
Puede decirse que no hay un solo vecino, en el siglo xvii, que
no haya tenido vida militar. Aquel que por su posición social o
por sus enfermedades no lo puede hacer, proporciona un segundo
que lo haga, o brinda ayuda de otro género.
Y se ejerce la milicia por servir al rey "como buen soldado y
fiel vasallo suyo". La real hacienda apenas si sostiene los escasos
presidios (destacamentos militares), de Cerralvo y Cadereyta, de
quince o veinte hombres cada uno. Los demás vecinos, hacen
siempre las campañas "a mi costa y mención, y con mis armas y
caballos". El constante ejercicio de las armas, llega a darles basta experiencia en el conocimiento de la tierra y de las costumbres
de los indios.
"Los soldados ( del Nuevo Reino de León) -dice el Cronista
Anónimo (Juan Bautista Chapa) - no saben volver la espalda al
24
riesgo". El Lic. Francisco de Barbadillo Vitoria, en carta dirigida al virrey Duque de Linares, esto ya en 1712, dice, refiriéndose a los servicios del capitán Juan Guerra Cañamar: "Sus acciones no tienen más desgracia que no haber .sucedido en Flandes".
Hay tipos cuya trayectoria militar tiene antecedentes muy interesantes. Juan Esteban de Ballesteros es mosquetero más de cuatro años en la Armada de Barlovento, y cabo, poco después, en la
22

MS. Declaración. Ibid, Causas, Vol. 9, Exp. 122, fol. 6V, 17 de Oct. de 1657.
MS. Merced de tierras. Ibid, Civil, 1706, Leg. 6B, Exp. 13, fol. 91, 27 de abril
de 1707.
" Historia de Nuevo León, p. 313.
21

,. MS. Merced de tierras. [bid, Leg. 80, Exp. 52, fol. 5, lo. de Feb. de 1699.
1
•
MS. Información. ]bid, Leg. 3A, Exp. 47, fol. 14,_ 12 de Dic. de 1645.

476

477

�Escuadra de Guzmanes. Combate a los piratas de Lorencillo en
Campeche; pica la peste en la Armada y queda enfermo en Veracruz, en 1684. Viene luego a Coahuila y participa en las campañas contra los tobosos. Como alférez real y reformado, combate a los coaruamas y, hecho capitán de arcabuceros de a caballo, pelea contra los janambres. Se casa en el Nuevo Reino y aquí
permanece como labrador y encomendero y criador de ganados
mayores y menores, ocupando, además, diversos cargos de república.25
Vecinos hay que han asistido a más de 30 jornadas peligrosas,
o que, "en servicio de ambas majestades" (Dios y el rey) han
consagrado veinte, treinta y cinco y hasta cincuenta años de su vida.
Una de las épocas más brillantes en la historia militar del Nuevo Reino de León, es la de las célebres expediciones a Texas, hechas por el general Alonso de León, en el último tercio del xvii;
unas a proteger a los misioneros, otras a combatir a los franceses
que se habían posesionado de aquellas costas.
Sólo los años y el agotamiento físico dan quietud al reinero, que
vuelve a labrar la tierra. Gaspar de Treviño, ya viejo, en 1705,
nos dice: "El ejercicio militar es rigoroso (sic) y precisamente,
con el tiempo, por golpes, lluvias, nieve y otros contratiempos,
aminoran las fuerzas y descomponen la salud y robustez de la naturaleza"; ( y pide por ello nuevas mercedes al gobierno). 20
A otros soldados se les ve decir en sus escritos: " ... me hallo
viejo y cargado de obligaciones" (Tomás Pérez); o, " ... me hallo cargado de años y sin poder trabajar, por lo quebrado que
me han dejado la salud la continuación de las campañas" (Mateo de León) .
El problema de las incursiones de los salvajes, continúa durante todo el siglo xviii, y se proyecta hasta el xix. En los días de Ayuda y la Reforma, lipanes y comanches, son el azote constante de
los pueblos fronterizos. Juan Zuazua, en el norte, y Mariano Es-

cobedo, en el sur, forjan combatiéndolos, su pericia militar. Zaragoza y Quiroga, Treviño, Garza Ayala y muchos otros, inician
su vida de soldados en estas campañas.
Muchas otras observaciones podrían hacerse en torno a los pobladores del noreste de México, y que explicarían el carácter y
la idiosincrasia del norteño de nuestros días.

"' 'MS. Merced de tierras, AMM., Civil, 1703, Exp. 12, fol. 149; 5 de enero de 1705.
"' MS. Merced de tierras. !bid, 1703, Exp. 4, fol. 56, 30 de mayo de 1703.

478

479

H31

�POR QUE SE VINO A VIVIR A MONTERREY
EL DR. DON JOSE ELEUTERIO GONZALEZ
CARLOS PÉREZ-MALDONAOO

TREs HAN SIDO LAS BIOGRAFÍAS que se han escrito del sabio filántropo Dr. don José Eleuterio González: las dos primeras por uno
de sus más queridos discípulos: don Hermenegildo Dávila, y la
otra por el Sr. Lic. don Santiago Roe!.
La primera edición del Sr. Dávila se publicó en el año de 1869,
dedicándola a su maestro, y en su ofrecimiento le decía: "Que siquiera sirvan mis líneas para que otro escriba de una manera
brillante sobre la vida de usted, que ciertamente puede servir de
modelo al que se proponga ser benéfico, virtuoso, sabio y filósofo;
al que se proponga alcanzar por medio de la ciencia, un cariño profundo de sus conciudadanos y un laurel que conserve su nombre".
En aquel tiempo don Hermcnegildo Dávila no era más que un
humilde estudiante del Colegio Civil.
En 1888, poco tiempo después del fallecimiento del Benemérito
Doctor, el mismo don Hermenegildo, ya entonces abogado, continuó aquel estudio biográfico de su maestro y en el mismo año
dio a la publicidad su obra completa, tan interesante y bien documentada, dedicándola al Sr. Manuel González, hijo del General del mismo nombre.
Por último, en el año de 1938, con motivo del quincuagésimo
aniversario de la muerte del Dr. González, el Sr. Dr. don Amado
Femández, acucioso historiador de grata memoria, y el que esto
481

�escribe, lanzaron una iniciativa proponiendo que los restos del Benemérito y su monumento, fueran trasladados al nuevo Hospital
Civil "José Eleuterio González" que estaba ya próximo a terminarse en el extremo poniente de la Avenida Madero.
La iniciativa tuvo magnífica aceptación y bien pronto se constituyó una Comisión para que se encargara de la organización de
los diversos homenajes que deberían de rendirse a la memoria de
tan insigne sabio.
Uno de los acuerdos que se tomaron, fue el de auspiciar la publicación de unos "Apuntes Biográficos" que el referido Sr. Lic.
Roel había preparado, debido a que la obra del Lic. Dávila se
encontraba completamente agotada desde hacía muchos años.
Todos los datos y relaciones contenidas en estas biografías son
de mucho interés e importancia, pues nos dan a conocer en todos
sus detalles la vida ejemplar del hombre civil más grande que ha
pisado tierra neoleonesa.
En los archivos de mi familia existen documentos muy interesantes : unos pertenecieron al mismo doctor González y otros a
su hermano político, el Sr. Lic. don Félix Pérez-Maldonado, Diputado al Congreso de la Unión por el Estado de Jalisco, de 1849
a 1851, y quien posteriormente cambió su residencia a Monterrey. Estos documentos, como he dicho, contienen datos muy interesantes relacionados con la vida y actividades del ilustre Doctor. Además, incidentalmente cayeron en mis manos unos artículos publicados en el año de 1913 en el periódico local La Ley, los
cuales seguramente se dieron a conocer en ocasión al centenario
del nacimiento del Dr. González.
No me ha sido posible hasta ahora saber quién recopiló estos
datos que había escrito el ilustre Doctor en 1884, pues la serie de
recortes de dicho periódico no está completa y, en consecuencia,
falta el final con el nombre del recopilador y comentarista. El
único dato que trae es que aquellas notas fueron dedicadas al Dr.
don Juan de Dios Treviño.
De estos papeles se deduce que el Benemérito Doctor vino a

Monterrey en fecha anterior al 18 de diciembre de 1833 que es la
señalada por sus biógrafos. Además, su accidentada venida no había sido previamente planeada, pues mediaron diversos acontecimientos dignos de relatarse y que puede decirse que son casi desconocidos, pues es la creencia del que esto escribe que solamente
fueron publicados en el mencionado periódico, cuya circulación
era muy limitada.
Pero veamos lo que el mismo doctor González nos dice en relación a este asunto:
"Estudié latinidad y retórica en el Colegio Seminario de Guadalajara, mi patria, y no queriendo seguir la carrera eclesiástica,
dejé el Colegio Seminario y pasé a estudiar filosofía al Instituto
Literario, que era la antigua Universidad, y allí mismo seguí estudiando medicina.
"En el mes de enero de 1830 estudiaba fisiología y a ·la vez era
practicante en el Hospital de San Juan de Dios, cuando la Providencia quiso (ella encadena siempre los acontecimientos humanos
con amor y suma sabiduría) que llegara a ese lugar, a donde se
acogen las humanas dolencias, un joven sacerdote originario de
esta ciudad,1 muy enfermo, víctima de incurable mal. Se llamaba
Fray Gabriel María Jiménez, hombre de severísima moralidad,
muy inteligente y dado al estudio y a la predicación.
"El Padre Jiménez, Franciscano, estaba destinado a las misiones de California, pero debido a la enfermedad que padecía, no
pudo ir al lugar de su destino". Para esto, el Dr. R. Bustamante
había dejado al joven estudiante de medicina, un tratamiento por
escrito para atender a aquel religioso y, en esta forma, le fue tomando particular estimación y cariño.
"Yo conocí -continúa- la amistad que me había inclinado a
él, porque sentía verdadera pesadumbre al considerar que aquel
hombre tan bueno y que tan útil podría ser, había de morir dentro de muy poco tiempo.
"El Padre Jiménez había tomado la determinación de cambiarse a San Luis Potosí, creyendo que sería más benigna la tempera1

Se refiere a Monterrey.

483
482

�tura para sus dolencias. Sólo siento ( me decía el Padre) irme
sin compañía tal vez a morir sin que nadie me vea; yo me llamaría dichoso si tú te fueras conmigo, pues tú has estudiado bien mi
enfermedad, la has visto tratar y has aprendido el método que en
mí ha seguido el Doctor Bustamante. Tú, para enseñarme a tener
paciencia rrie has leído el libro de Job, y para alentar mi esperanza
los salmos de David; tu me has aliviado mis padecimientos en
cuanto has podido. ¿ Qué más podría yo desear en la condición
en que me encuentro, sino es tener un amigo que me asistiera con
caridad y endulzara mis últimos instantes? Mira, en San Luis
podrías muy bien seguir tu carrera. Y o tengo allí muy buenos
amigos, sobre todo los médicos del Hospital son muy buenos y
muy amigos míos; son también los catedráticos; con ellos te recomendaré y te aseguro que conseguiré en aquel hospital un destino
con un regular sueldo".
Ante aquellas súplicas y, dados los sentimientos humanitarios
del Doctor González, era imposible negarse a los deseos del religioso. Por otra parte ( y esto sí lo relatan sus biógrafos), como residía en la casa de su hermano político que ya he dicho era el
Sr. Lic. don Félix Pérez-Maldonado, quien estaba casado con su
única hermana mayor, doña Josefa González, y tenían numerosa
familia, su extremada delicadeza, al no poder contribuír a los
gastos domésticos, fue otro de los motivos que decidieron al joven
estudiante de medicina a tomar la resolución de acompañar a
Fray Gabriel. Para ésto había consultado previamente con el Prior
del Hospital, Fray José Guerrero, quien aprobó la decisión del
sabio, y así salieron de Guadalajara el día 29 de Septiembre, llegando a San Luis Potosí el 6 de octubre de 1830. Para entonces
nuestro biografiado contaba solamente diecisiete años de edad.
El trayecto que separa la Perla de Occidente de San Luis, lo
hicieron a caballo, y ya podemos imaginarnos las penalidades de
Fray Gabriel durante aquel largo y pesado viaje, y la solicitud de
su compañero para atenderlo en tan precario estado de salud.
Una vez en San Luis Potosí, visitó a los Doctores don Pablo de
Cuadriello y a don Pascual Aranda, del Hospital de San Juan de
484

Dios y, sin tropiezo alguno ni mayores dificultades, continuó el estudio de su carrera, y es fama que se acarreó tales simpatías, que
para fines de aquel mismo mes de octubre fue designado Practicante Segundo del referido Hospital, con veinte pesos de sueldo
que le fijara el Secretario de Gobierno, don Eusebio Salazar.
Por desgracia los males que aquejaban al Padre Jiménez se
recrudecieron en San Luis, pero ésto no era motivo para que él
descuidara sus obligaciones ministeriales, principalmente como
orador sagrado. Tratando de aliviar en parte sus dolencias, decidió venir a Monterrey a pasar los meses de Diciembre y Enero.
El joven González, fiel a su obligación y no queriendo separarse
del predicador, logró le dieran una licencia de tres meses, y así
fue como llegaron a Monterrey a fines de Noviembre de 1830,
permaneciendo en esta ciudad hasta principios de Febrero, pues
Fray Gabriel, a pesar de haberse sentido mejor en este clima, se
empeñó en ir a predicar la Cuaresma siguiente a San Luis y, por
lo mismo, nuestros viajeros llegaron a esta última ciudad, de regreso, el 12 de Febrero de 1831.
Por el mes de Julio de 1833 sobrevino el cólera morbus, y todo
el tiempo de la epidemia lo pasaron allá. "El Padre Jiménez se entregó de lleno al cuidado de los coléricos, diciendo que los que
estaban buenos exponían más que él al atender a los apestados;
"ellos exponen -decía- la salud y la vida, mientras que yo sólo
la vida, pues la salud no la tengo". Era de verlo montado en la
burra que le daba la leche con que se alimentaba, recorriendo
las calles de San Luis y lugares circunvecinos. Tanta abnegación
y caridad las respetó la enfermedad".
"Ya que Dios no quiso que muriera del cólera -decía- claro
es que quiere que yo muera de consunción. Me voy a Monterrey; es
el temperamento que más me conviene; yo no quería ir a morir
allá para ahorrarle a mi pobre madre el disgusto de verme morir,
pero bien pensado ésto, considero que más pena le daría que yo
muriera lejos de ella, y que yendo allá le quedará el consuelo de
haberme dado los últimos cuidados, e ir cuando ella quiera encomendarme a Dios sobre mi mismo sepulcro. Conque, hazme este
485

�último servicio -le decía a su compañero-- ya que me has servido tanto: acompáñame a Monterrey para que allá entierres mis
huesos".
Y en esta forma emprendieron de nuevo el viaje a nuestra ciudad, llegando el día 12 de Noviembre de 1833. ~l comentarista
refiere "que la noche de ese día acaeció el curioso fenómeno atmosférico, o meteoro luminoso llamado 'lluvia de estrellas', pero
en tan grande abundancia como no se había visto cosa igual. Llamó la atención a todos, ignorantes y entendidos, y suscitó los más
curiosos comentarios".
Fray Gabriel había traído cartas de algunos religiosos de San
Luis Potosí, recomendando al joven González, dirigidas al Sr. Obispo de esta Diócesis, Excmo. y Rvmo. Sr. Dr. don Fray José María
de Jesús Belaunzarán y Ureña, y en una visita que hizo este ilustre
prelado al Padre Jiménez, le dijo: "Dígame Vuestra Paternidad,
¿este es el niño médico de quien tanto me hablan en sus cartas
Fray Matías Gómez y Fray Cayetano Salazar?". "Sí, Ilustrísimo
Señor" -le contestó el Padre-. "Mucho me alegro --dijo el prelado-- de que se hayan venido entre nosotros, yo haré por usted
cuanto pueda y e~pero en Dios que se ha de hallar bien en Monterrey".
Para entonces el humanitario y caritativo joven no traía más
título que el certificado que le extendió el Profesor en Cirugía! don
Pablo de Cuadriello, Director del Hospital Nacional de San Luis
Potosí, en el cual hacía constar que había practicado cirugía por
diez y siete meses bajo su dirección en aquel hospital, "en cuyo
tiempo desempeñó con exactitud y aprovechamiento todos los oficios que se le encomendaron". Este certificado tiene fecha lo. de
Noviembre de 1833.
El recopilador y comentarista de los rasgos biográficos que vengo apuntando, refiere que a los pocos días de haber llegado el
joven González a Monterrey, fue a visitar el Hospital de Nuestra
Señora del Rosario, y que ya no encontró al médico guineo que
hallara en su primera estancia en esta ciudad. "Ya el negrito Reyes -así le llamaban- había sido sustituído por un boticario de
486

nombre Ignacio Zendejas, de Guanajuato. Empezó desde luego
a practicar la medicina y cirugía, siendo el primer caso que se le
presentó, la amputación de una mano, determinación tomada en
contra del dictamen del boticario Zendejas, pero el éxito dio la
razón al joven cirujano, y al infeliz paciente le salvó la vida".
El lo. de Mayo de 1834, por disposición del Señor Obispo Belaunzarán, nuestro biografiado quedó encargado de la dirección
del referido hospital.
"Entre tanto nuestro Padre Jiménez se desmejoraba cada día
-sigue diciendo el Doctor- y, sin embargo, todavía así predicó
la cuaresma de 1834. El último sermón que predicó fue el de San
Juan Nepomuceno, en la fiesta que le hacía el Lic. Juan Arizpe".
"Llegó el 28 de Febrero de 1835: comprendió que le llegaba su
última hora: la veía llegar con toda tranquilidad y toda calma:
hablaba de ella como de un paseo que fuera a dar por su gusto;
hizo le cantaran el Credo y, a los pocos momentos después murió.
El primero de Marzo amaneció tendido y al día siguiente me fui
a vivir al Hospital".
"Tal fue el hombre que trajo al sabio filántropo -dice nuestro
comentarista- tal fue el instrumento de que Dios se valió para
traer aquí a un hombre que tanto había de contribuír para el bien de
esta porción de nuestra querida Patria. Al Doctor González, pues,
lo trajo la amistad; lo arrastró la compasión, y preso lo tenía la
ternura de esos dos corazones que tan bien se ent"endieron y unieron".
Estas fueron las causas que determinaron la venida del sabio a
Monterrey, y ahora veamos los verdaderos motivos por los cuales
decidió quedarse aquí y que él mismo nos lo dice: "Desde que
yo vine a Monterrey compré una Constitución para estudiarla.
Yo ya había visto la Constitución de Jalisco, la de San Luis, la
General de la Nación dada en el año de 1824, y la de la Monarquía Española publicada en 1812 ... " "En Nuevo León -me decía yo-- el que no es patriota, el embustero, el injusto y el egoísta,
pueden ser acusados y perseguidos por infractores a la Constitución. Además, aquí puede uno aprender y enseñar cuanto quiera,
487

�sin más restricción que la de que lo que se aprende o enseña sea
cosa honesta; este país es, pues, un verdadero paraíso".
Por lo tanto, lo que retuvo al Benemérito en esta tierra, fue una
sabia legislación.
Los demás aspectos de la luminosa vida del Dr. don José Eleuterio González como historiador, humanitario, educador y filántropo son ya conocidos y están muy bien descritos en las biografías citadas al principio, y termino con las frases que dijera don
Guillermo Prieto al referirse a nuestro Benemérito: "Es un luminar para la ciencia, para la juventud un tesoro, para la humanidad doliente un tierno y generoso consuelo, y para Monterrey
un justo título de orgullo".

VOCABLOS DE LA LENGUA QUINIGUA DE LOS INDIOS
BORRADOS DEL NORESTE DE MEXICO
A la memoria de mi padre.
EUGENIO DEL HOYO

l. JUSTIFICACIÓN
EN EL CURSO DE UNA INVESTIGACIÓN realizada en el Archivo Municipal de la ciudad de Monterrey en busca de documentos sobre
encomiendas y esclavitud de indios en el Nuevo Reino de León,
tuve oportunidad de recoger una gran cantidad de vocablos -no
menos de tres mil- de las lenguas habladas por las bandas nómadas del noreste de México. Todas estas lenguas se habían extinguido ya a fines del siglo XVIII y no queda de ellas más rastro
que las palabras por mí recogidas en documentos de los siglos
XVII y XVIII. Se trata, pues, de lenguas verdaderamente "muertas". En algunos de esos documentos tuve la fortuna de encontrar
la tradución a nuestra lengua española de algunos de esos vocablos.
Frente a esta riqueza de material lingüístico, en su mayor parte
inédito, no pude menos que sentirme emocionado y, lo confieso,
no pude tampoco resistir la tentación de organizarlo e intentar su
análisis. Confieso también que enfrentarme con semejante problema, ha sido un acto temerario, ignorando, como ignoro, los
principios elementales de ia lingüística; por eso, si se me pregunta
cual fue el método que seguí, tendré que responder, no sin cierta
vergüenza, que el método lo fuí inventando a To largo del trabajo;
488

489

�método que con toda sencillez, someto a la crítica de los especialistas.
No pretendo ofrecer mi trabajo como algo cuajado y definitivo,
ni creo que los resultados de mi análisis sean en todo satisfactorios
y, tal vez, nunca hubiera tenido el atrevimiento de publicarlo si no
hubiese contado con los consejos valiosísimos y el estímulo cordial
de un notable lingüista, el Dr. Mauricio Swadesh y, más tarde,
con la crítica inteligente y autorizada de la Sra. María Teresa F.
de Miranda, reconocida autoridad en estas disciplinas. A ambos
quiero expresar mi gratitud y manifestarles que sin su ayuda y estímulo no hubiese tenido valor de dar a luz este fruto de mi audacia.'
Considerando, además, que el problema lingüístico y etnográfico del noreste de México no ha sido resuelto, ya que todo lo que
se ha dicho no pasa de ser hipótesis y conjetura, creo que cualquiera aportación, por humilde que sea, será bien recibida y servirá
de estímulo para ulteriores estudios que vengan a esclarecer punto
tan oscuro y harán posible llenar ese lunar vacío de datos - terra
ignota- que existe aun en el mapa etnográfico y lingüístico de
América.
Uno de mis proyectos, el más ambicioso, es trazar ese "Mapa
lingüístico y etnográfico del noreste de México" y hace ya algún
tiempo que vengo colectando y organizando material con
.objeto; mi trabajo está muy avanzado y, ahora, como un ant1c1po,
ofrezco a los especialistas este intento de vocabulario de la lengua
"quin1gua" o "borrada" que hablaron las bandas nómadas del
noroeste de Tamaulipas y la parte oriental de Nuevo León.

es:

II. Los BoRRADos
En el extenso ámbito geográfico de aridamérica habitaron, hasta principios del siglo XIX, multitud de pequeñas bandas nómadas de cazadores-recolectores, belicosos, desnudos, hambrientos,
crueles y que vivían en un horizonte cultural comparable, si es
490

que son lícitas tales comparaciones, con el paleolítico del Viejo
Mundo. Los españoles, siguiendo en ésto a los aztecas, los llamaron con el nombre genérico de "chichimecas", que en la lengua náhuatl viene a decir "de linaje de perros", como traduce don Wigberto Jiménez Moreno. Al avanzar hacia el norte la conquista española, se fueron conociendo los diferentes grupos indígenas y,
por razones obvias, hubo necesidad de diferenciarlos, no bastando
ya el término genérico de "chichimecas": de algunos de estos grupos se pudo averiguar el nombre que a sí mismos se daban en su
lengua : otros se conocieron por los nombres con que los llamaron
los mexicanos y tlaxcaltecas que acompañaron siempre a los españoles en este formidable avance hacia el norte y que, en ciertos
casos, era la traducción, a lengua náhuatl, del nombre que ellos
se daban en su propia lengua y, por último, muchos fueron bautizados caprichosamente por los españoles, traduciendo a nuestro
idioma, algunas veces, la palabra aborigen y, otras, las más, apodándolos simplemente. En este último caso están los grupos nómadas del noreste, donde los españoles encontraron muy generalizada la costumbre de pintarse o tatuarse el rostro y el cuerpo con
gran diversidad de rayas y dibujos. Y como observaran que todos
los componentes de una misma banda o ranchería se pintaban o
tatuaban de la misma manera y que las pinturas o tatuajes variaban de unos grupos a otros, de ello tomaron base para diferenciarlos: Llamaron "pintos" a los que se pintaban el rostro y el cuerpo
con rayas muy anchas y separadas; "rayados" a aquellos que.
usando también rayas anchas, estas no lo eran tanto como en los
"pintos" y que, además, formaban figuras muy diferentes a las de
éstos; dieron el pintoresco nombre de "aculibrinados" a los que
se pintaban rayas ondeadas o en culebrilla y "blancos" o "blanquillos" a los que no acostumbraban pintarse ni tatuarse y que
eran los menos. Los "barreteados" eran aquellos que tenían el rostro
y el cuerpo cubiertos de finos tatuajes en forma de rayas muy finas
y paralelas. En otro grupo podríamos considerar a los "pelones",
que eran todos aquellos que acostumbraban raparse parcialmente el cráneo en formas por demás variadas y pintorescas; los
491

�había de "corona de fraile", que traían completamente rapada la
"calota", dejando largos mechones al rededor; otros llevaban una
especie de cresta que terminaba hacia atrás en una larga y bien
cuidada cabellera, rapándose ambos lados de la cabeza; los había
que sólo conservaban un largo mechón sobre el frontal, atado
como cimera en lo alto de la frente; en fin, había 'pelones' de muy
diversas hechuras y maneras.
Para pintarse usaban tierras de muy diversos colores, principalmente en la rica gama de los ocres; el empleo del almagre estaba
muy extendido, lo mismo que el del "tezcatete" -yeso o alabastro
calcina~os-; usaban mucho de un color azul que no he logrado
averiguar, hasta ahora, de dónde lo obtenían; el color negro lo
sacaban del carbón vegetal mezclado con sebo de venado y, algunos grupos cercanos a las costas del Golfo, empleaban el chapopote. Las tierras y carbones, finamente molidos, se aplicaban al
cuerpo untándolo previamente de sebo de venado, que era lo más
frecuente, o de agua, saliva, sumo de tuna u otros sumos o pegamentos vegetales y hasta algún otro líquido menos limpio; sospechamos que utilizaron también para pintarse la cochinilla del
nopal. El color se aplicaba cuidadosamente con el dedo o con finos
pinceles. Los "barreteados" obtenían sus tatuajes abriéndose las
carnes con peinecillos hechos de dientes de ratón sujetos a una
pieza de madera mediante un fuerte pegamento que obtenían
mezclando la baba podrida de ciertas viznagas con ceniza de zacate, este pegamento en lengua náhuatl se llamaba "chaute" o
"chautla". Dentro de las heridas introducían fino polvo de carbón
para obtener cicatrices realzadas y de color azul oscuro.
Para ilustrar esta nota que he formado a base de datos de archivo, pondré aquí tres citas de tres notables cronistas que escribieron en tres siglos diferentes. Son ellos Gonzalo de las Casas, autor de La Guerra de los Chichimecas, el capitán Alonso de León
quien en su Relación y Discursos nos ha dejado el más completo
y valioso estudio sobre los indios del Nuevo Reino y Fray José de
Arlegui cronista de la Provincia Franciscana de Jalisco. Dice Gonzalo de las Casas: " ... para que mejor se conozcan (los que ha492

cen la guerra a los españoles) doy unas señas que son las muchas
rayas y pinturas de la cara, que estos tales afirman los que lo saben que son de la laguna grande o de los confines de la florida
o de la tierra donde anduvo el gobernador Francisco Vázquez Co~
ronado ... " y en otro lugar nos dice: " ... usan mucho invixarse
que es, untarse de colores con almagre colorado y otros minerales'
dellos n~gros y amarillos y casi de todas colores. Su luto es tresquilarse y tiznarse de negro, y tráenlo por algun tiempo, y para quitárselo, hazen fiesta y convidan sus amigos y acompañados van a
labarse. : . " Gonzalo de las Casas escribió su obra por el año de
1570. Oigamos ahora lo que nos dice el capitán Alonso de León.
agudo observador y profundo conocedor de los indios nómadas deÍ
noreste: " .. .píntanse las caras, en general cada nación con diferentes rayas, y otros todo el cuerpo, a la larga, atravesadas, derechas las rayas, u ondeadas, cual suele estar la tirela (una clase
d~ tela) ; No, ~/fieren las indias de ellos, en las rayas muy poco,
m en lo demas . Y, en otro lugar, nos entrega esta magnífica nota
sobre 1os " pe1ones" : " ... a1gunos tienen,
·
de la coronilla a la frente, pelado y rayado, que nacen las rayas de las narices: llámanlos
calvos o pelones; y esta parte pelada, unas naciones la tienen más
ancha que otras, pero todas muy lisa, de arte que, apenas apunta
el vello, cuando lo quitan, que parece según está aquella parte,
que el artificio ha convertido en naturaleza y que no podrá nacer cabello; más nace, si lo dejan". D. Alonso de León escribía
estas palabras por el año de 1648. Oigamos, por fin, lo que nos
dice el Padre Arlegui un siglo más tarde, su crónica fue editada
el año de 1737: "Para distinguirse éstas (las naciones del Nuevo
Reino de León) entre sí, usan unas señales o rayas que se hacen
en el cuerpo y en las caras, para lo cual luego que nacen sus hijos, con rústicos, aunque afilados pedernales, les rajan sus rostros
Y pechos, y poniendo carbón molido sobre las recién (sic,) heridas, como lo negro se reconcentra, quedan para siempre estampadas". "yo he visto varias veces, cuando salían en la Vizcaya a
recibirme visitando la Provincia, a los indios envijados de esta
forma, y aseguro que son unos espectáculos tan diformes, que
493

�pueden retratar al vivo a los demonios, porque como son adustos,
me~br~dos y denegridos, pintados de colores pálidos y adustos,
con unagenes tan feas y horribles, causan pavor a los que los miran, y aun las bestias mulares tiemblan y se espantan con su vista, y lo p.eor es que juzgan que se les infunde el valor y ponzoña
de los arumales que llevan pintados en sus cuerpos, y así procuran que sean de los más feroces. Estas y otras figuras sacan en
sus batallas, indignas que se refieran ... "El traje y gala con
que salen a batallas es también digno de risa, porque buscan barros de diferentes colores, de que hay abundancia en estas tierras
,
'
y emb arrandose con ellas sus adustos cuerpos, se pintan en ellos
sierpes, víboras, sapos y otros inmundos animales, poniéndose en
las cabezas plumas de varias aves y colores, y esta es la mejor
gala y el mejor adorno para sus ojos".
Dentro de este criterio de clasificación, se llamaron "borrados"
a los indios que se pintaban el rostro y el cuerpo con rayas "menudas", es decir, rayas muy finas, paralelas y muy próximas unas
a otras; la palabra "borrados" tal vez se refiera a que la multitud
y proximidad de las rayas les "borraba" las facciones. De los documentos consultados se desprende que los "borrados" eran más
dóciles y un poco menos belicosos que sus vecinos guachichiles y
alazapas y, por lo tanto, fueron víctimas predilectas de los cazadores de esclavos y encomenderos; en algunos documentos la palabra "borrado" parece ser sinónimo de indio no belicoso.

III.

AREA GEOGRÁFICA

El área habitada por los "borrados" no he podido fija.r ia aún
en forma detallada; pero, tentativamente, y por lo mismo, sin la
precisión deseada, puedo decir que los "borrados" se extendían por
una faja de terreno orientada sensiblemente NNE-SSW, entre la
Sierra Madre Oriental y Tamaulipa la Nueva (Sierra de San Carlos), limitada al norte por el Río Bravo y al sur por el Río del
Pilón Grande; aunque pensamos que entre el Río Grande y las
494

rancherías de "borrados", se interponían bandas de indios "pelones"; y en el sur, al establecerse las Misiones del Río Blanco, se
incorporaron a ellas, junto con los "vocalos'' y "negritos", algunas bandas de "borrados" que, huyendo de las encomiendas del
Nuevo Reino de León, habían emigrado de su antiguo habitat en
la Región del Pilón Chico ( Montemorelos) . Esta zona, según datos tomados del magnífico trabajo del Ing. D. Isidro Vizcaya Canales: "Agricultura en Nuevo León", corresponde al "pied de
mont", con altitudes entre 200 a 300 metros sobre el nivel del
mar, con temperatura media anual superior a los 22º C., y con clima BShw en la clasificación de Koeppen, o sea clima caliente y
árido con la mayor precipitación pluvial en verano, con una vegetación constituida principalmente por arbustos espinosos con extensiones cubiertas de hierbas y zacate, que, antes de la introducción de los ganados de ovejas, en el siglo XVII, ha de haber
cubierto casi toda la zona. A pesar de su carácter semi-desértico,
la zona está irrigada por numerosos ríos y arroyos de márgenes arboladas, principalmente de sabinos, y que forman ciénagas de
abundantes lampazos, carrizos y tulares. Para cerrar esta breve nota de localización geográfica, pondré aquí algunos de los lugares
que aparecen en los documentos como habitat de los "borrados"
y que son fácilmente localizables: Salinas de San Lorenzo, Valle
de las Salinas, Río San Lorenzo, Valle de Apamona, Río del Pilón
Chico, Río del Pilón Grande, Sierra de Tamaulipa la Vieja, Río
de San Juan, Valle de los Canainas, Agualeguas o Gualeguas.
IV.

EL PROBLEMA LINGÜÍSTICO

Me parece que uno de los datos más importantes que se obtuvo
de esta investigación de archivo, es que los diferentes grupos formados atendiendo a sus pinturas o tatuajes: Borrados, pintos, rayados, pelones, etc., corresponden a diversos grupos lingüísticos.
De los documentos consultados se desprende que los "rayados" eran
de lengua cuachichil, los "pintos" hablaban la lengua alazapa,
495

�los "borrados" la lengua quinigua, etc. Mi ignorancia en la lingüística me impide saber si estas diferentes lenguas podrán reducirse dentro de un solo grupo; pero el carácter general de los
vocablos de los diversos grupos, me lleva a pensar que se trata, no
de simples diferencias dialectales, sino de lenguas diferentes.
Que el problema de clasificación de las lenguas del noreste de
México no ha sido resuelto, se puede constatar sencillamente siguiendo en forma cronológica, las opiniones más autorizadas.
En 1864, en su Geografía de las Lenguas y Carta Etnográfica
de México, D. Manuel Orozco y Berra, partiendo de un dato geográfico por carecer de datos lingüísticos, incluyó nuestra zona en
la familia Tamaulipeca. Al año siguiente ( 1865) D. Francisco
Pimentel en su Cuadro Descriptivo y Comparativo de las Lenguas
Indígenas de México, optó por dejar en blanco la zona. En 1888
D. Antonio García Cubas en el Atlas Pintoresco, siguiendo a
Orozco y Berra, los llama Tamaulipecos. En 1908 D. Nicolás León
en Familias Lingüísticas de México, los incluye en la Familia
Athapascana. Cyrus Thomas y John R. Swanton en Indian Languages of M exico, etc., en 1911, vuelven a llamarlos Tamaulipecos. En 1920 Walter Lehmann deja en blanco la zona. En 1924
Paul Rivet vuelve a llamarlos Tamaulipecos. En 1926 Walter
Schmidt los incluye en el grupo Hoka. En 1929 Edward Sapir
señala dentro de la zona a las familias Tamaulipeca y Janambreña. En 1934 Alfred Kroeber en Uto Aztecan Languages of Mexico los incluye en el grupo Atapascano. En 1938 Trager-WolfMcQuown dividen la zona en Tamaulipeco y Janambre. En 1937
Miguel Othón de Mendizábal y Wigberto Jiménez Moreno en
Distribución Prehispánica de las Lenguas Indígenas de México
insisten en llamarlos Tamaulipecos por la misma y única razón
geográfica que tuvo para hacerlo Orozco y Berra en 1864. En
193'9 J. Alden Mason en The Natives Languages of Middle America, los incluye en la familia Hokana. Por último, Mauricio
Swadesh en 1959 en Mapas de clasificación lingüística de México
y las Américas los clasifica dentro del grupo macro-yuma, subgrupo cuahuilteco-karankawa.
496

Del examen de la lista de arriba, encontramos que ia mayor
parte de los autores incluyen a los "borrados" en la familia Tamaulipeca siguiendo a Orozco y Berra; pero oigamos lo que él
dice respecto a esa denominación: "El resto de las tribus (del
noreste) tenían habla peculiar, que tal vez se diferenciaría más
o menos en algunas comarcas, cosa que no podemos asegurar careciendo de datos; tampoco sabemos cómo se llamaría, mas para
poderlo distinguir le decimos Tamaulipeco. Otros de los autores
mencionados incluyen a los "borrados" en la Familia Athapascana;
juzgo que se trata de un error de carácter cronológico, ya que
los Apaches, que pertenecen a esa familia, incursionaron a través del territorio de nuestro estudio, desde el siglo XVIII, pero
sin tener nada que ver, desde el punto de vista lingüístico, con
los antiguos habitantes de la zona. Por último, algunos autores los
incluyen en la Familia Hokana. Oigamos lo que nos dice John
R. Swanton en Linguistic Material from the tribes of Southern
Texas and Northeastern Mexico, comentando un trabajo de Sapir:
"Professor Sapir has also suggested a much wider connection
for the old south and central Texan tangues, aligning them
as he does with the great Hokan famili of the Pacific coast.
This contention has still to be placed beyond reasonable doubt,
but there are certain considerations which lend considerable
color to the idea. W e note that, north of M exico, there are
two regions of high linguistic complexity. The better known
area is, of course, California and Oregon, but the lands about
the northwestern angle of the Gulf of M exico exhibit a similar condition, yet one which has been obscured to some extent
by the fragmentary charecter of the material from this
section. lt is not only that we have a number of small linguistic
stocks but that there is evidence of very considerable divergence among the dialects of those stocks. Now, between the
Pacific and Gulf areas are, or rather were, two great f amilies,
one of which, the Athapascan, appears to have intruded itself
497

�from the north at a relatively late period while the other,
the Uto~Aztecan, seems to have moved in a northsouth direction one way or the other considerably earlier. M ay it not
be that the aboriginal Californians and south Texas represented remnants o/ carlier waves, aplit in two by these later comers and driven west and east respectively?". Opinión que
en 1959 sigue sosteniendo Swadesh en Mapas de clasificación
lingüística de México y las Américas, al incluirlos en el grupo que él llama macroyuma.

Una de las razones que me movieron a publicar, sin la depuración crítica necesaria, este material lingüístico, fue el deseo de
ponerlo cuanto antes en manos de los especialistas, con la esperanza de que este apasionante problema pueda ser resuelto.
1
1

v.

EL MATERIAL

El material lingüístico que aquí publicamos fue recogido, casi
en su totalidad, de documentos inéditos que se guardan en el riquísimo Archivo Municipal de la ciudad de Monterrey, y muy
especialmente del Ramo Civil, habiendo examinado sistemáticamente ciento cuarenta y cinco volúmenes que van desde 1596 a
1799, recogiendo cuidadosamente los vocablos indígenas en ellos
contenidos.
Los documentos que proporcionaron material más abundante
y valioso fueron las solicitudes y mercedes de encomiendas de indios, las ipformaciones testimoniales en las muchas y diversas guerras que los españoles sostuvieron contra los aborígenes y, en forma muy especial, por la calidad de los datos, los pleitos sostenidos por los encomenderos sobre la propiedad de rancherías de
indios.
El trabajo con este material presenta una serie de problemas
de gran dificultad e interés.
498

El primero, para mí sin solución posible, es mi desconocimiento de los métodos de la lingüística. Por eso deseo entregar cuanto
antes mi material, clasificado y situado geográficamente, a los especialistas para que trabajen con él, _seguramente con gran fruto.
Pero, además de este primero y grave problema, que no intenté
resolver, quiero señalar otro tipo de problemas que se han presentado en esta investigación.
En primer lugar, quienes redactaron los documentos no conocían la lengua ni tenían la menor noción de la fonética y transcribían los vocablos muy a su manera y así se encuentran variantes que mucho desconciertan.
La fuente principal fueron las solicitudes de encomiendas y los
pleitos sobre indios. En las primeras se exigía el nombre de la
ranchería, su significado y el lugar donde residían y era frecuente que los intérpretes diesen el lugar de residencia como significado del nombre. En otros casos el nombre de la ranchería era
muy largo y complicado y el solicitante tomaba sólo una parte
de él dando el significado del todo. En los pleitos sobre indios se
encuentran informaciones testimoniales que muchas veces aclaran algunos de estos problemas; pero, que en ocasiones los complican, ya que cada una de las partes del litigio da diferente nombre a la ranchería o, para el mismo nombre ofrecen diferentes
significados y, caso muy frecuente, los informantes, intérpretes o
testigos, eran indios aleccionados y amenazados por el encomendero. En otras ocasiones hay confusión acerca del grupo a que
pertenecen: así se habla de "alazapas-borrados", o de "borrados
que llaman pelones", o la ranchería, que en un documento aparece como de "borrados", otro la señala como de "alazapas", etc.
Otras veces se dice: tal nombre que en nuestra lengua castellana
quiere decir tal, "o la significación que resultare porque no se
pudo averiguar bien por ser tan bozales dichos indios" y, ¿cuantas veces no se inventaría un significado para cubrir el trámite
legal?
499

�Sin embargo, creo yo que un cuidadoso estudio de los vocablos
y de diferentes grupos con ellos formados, puede conducir a resultados bastante satisfactorios. A este grupo de vocablos de la
lengua "quinigua" de los indios "borrados" con significado en español, que ahora ofrezco a los estudiosos, he aplicado la crítica
más rigurosa así como el análisis paleográfico más cuidadoso.
VOCABLOS DE LA LENGUA GUINIGUA DE LOS INDIOS BORRADOS
11

Abasusiniguara
aguariguanapao
aguariguanaguapao
aguecapan quedejeños
aguispisguaras
aguiquegua
agustiguaras
ammgurra
amachuchiniguara
amalcuaperco
amacualperco
amapanamas
amaquiapinimen
amaugtiguara
ambara y guimo
amiguara
amiguas
amoquamaray
amosisiniguaras
a¡npapa caene amiguas
amapapanauco
anagmane
anagua
anaguíguas
anaiguigas
aniguaras
anipigua
500

tierra colorada.
loma espinosa.
loma espinosa.
come mezquite y nopal.
carrizal.
carrizo que está en el agua.
cerrito puntiagudo.
cerrito agujereado.
tierra colorada.
gusanos revolcados en el zoquete.
gusanos revolcados en el zoquete.
pescado grande.
patos que andan en el agua ¿borrados?
tierra blanca.
peñasco blanco.
aletas de pescado - pescado que abre las cola y
las aletas para nadar.
pescado ?
gente que come puerco.
tierra colorada.
que se untan con almagre y comen pescado ¿borrados?
coje narices.
chaparro espinoso que da frijol colorado amargoso.
anacuas ?
un arbolito espinoso que da una frutilla.
arbolillo espinoso que da una frutilla.
flechas.
vara de flecha.

anipiguaque
anicapanes
aquispisguaras
arichimamoica
airiñiguara

ariscapanes
aútecapaguame

ayanguara
ayeriguara
ayesiguara
ayirañiguaras
ayrañiguara

ayundiguiguara
ayuniguile
ayuniguira
bayaguaniguara
bayagueras
bayamiguara
boiguaras
cachupiniguara
caguarañiguara
caguiamiguara

caguijamiguara
caguiraniguaras
caguirañiguara
caguiyacana
caguiyamiguara
caiguara
caijuaniguaras
canaina
canapanama
canaraguayo

varas de flecha.
comedores de gavilanes.
carrizal.
comedores de gavilanes.
monte de álamos u otros árboles de junto al agua,
porque eran naturales de un montecillo de éstos
árboles junto a una ciénaga.
comedores de gavilanes.
pájaros que andan en el agua o en la orilla del
río - pájaros que viven en la orilla de un río
donde hay muchos árboles que llaman sabinos
y en el plan hace una piedra resbalosa.
monte sin espinas.
mucha gente.
mucha gente.
monte grande.
gente que vive en un gran llano en una ciénaga
junto a un montecillo y que no sabe de que
árboles es el montecillo ...
cerro agujereado.
agujero donde hacen mezcal.
cerro agujereado - agujero donde hacen mezcal.
que viven en unas barranquitas.
pies de venado.
gentes que viven en barrancas pequeñas.
pie de venado.
tierra blanca.
liebre de las orejas grandes - orejas de liebre.
gente que vive junto a unos sabinos - agua entre
sabinos - un sabino grande, beben en un ojito
de agua y viven en unas salinillas.
que viven junto a unos sabinos.
pajaritos pintillos ?
orejas de liebre ?
sabino grande - sabino grande donde beben agua.
sabino grande - sabinos grandes de muchas raíces.
mucha gente ?
cabecita de conejo.
carrizo que está en el agua.
comedores de gavilanes ?
caracoles.

501

�canaynas
capanamas
carama
caramaperiguancananaréchecanano
caramapama
caramapinguan
caramariguanes
caramaperiguancamanichicanano
caruncapanos
cayuiguara
cguiacana
cothoayaguala
cotoayala
cotoguayagua
cotoyaguala
cuidajos
cunpanama
cunpanamoquiniapin
guarastiguara
guarauctigua
guareytigua
guareytigua puniapatama
guaripa
guayatiguara
guimo aiauco
irapaguines
maapiguara
macatiguire
manigua
mapi
mapique
mapiniguara
maupanama
milantiguas
minaguaguapo
miñaguapa
macoápanamas

502

carrizo que está en el agua.
come cochinos ?
perro
perros que entran por una cueva y salen a otra perros que entran por una boca y salen por otra.
come perros.
¿ ... ?
¿ .. .?
perros que entran por una cueva y salen por otra.
perros que comen pescado.
mucha ge~te.
sabino grande donde beben agua.
árboles grandes que tienen pastle.
árboles grandes que tienen pastle.
pastle o heno.
árboles grandes que tienen pastle
chupa tabaco.
come conejos.
come conejos y gente de la frente grande.
agua limpia.
agua blanca.
agua clara del río.
agua clara del río y tule ancho.
¿ .. . ?
que viven en la orilla del río.
peñasco blanco.
espina de nopal.
mezcal del que tiene espinas por los bordes.
río que lleva fuerza.
estero (significado muy dudoso)
¿ .. . ?
¿ . . .?
¿ . .. ?
come venados.
come tunas.
chaparro espinoso que da un frijol colorado espinoso.
fri jolillo.
come cochinos ?

opaguiguara
paacarañiguaras
pacacnomo
pacacnomo
panamiguara

pantiguara
pantiguaras
passa-guaniguara
patiporas
pelicaguaro
pioguani conpagua
pioguara coapagua
pixaguaniguaras
punia patama
quedejeños
quiáguechamqueguexosmapi
quiapanama
quidajos
quídeclapos.samalpa
quereas
quiniapin
quitamocapanama
quitamoquapanamas
saractigua
saratiguacaramanigua
upahuiguaras
xinipiguara
yminiguaras
ypantiguaras
ysmacurapemue

ciénaga de mucho tular - "que por vivir en una
ciénaga de mucho tular se llaman así".
agua que llueve.
que viven junto al agua bañándose empinados que viven en el cerro de las chorreras.
cara lavada.
agujero donde se entran las liebres y ratones, que
van de huída, y allí cavan y les pr:enden fuego
y los sacan de allí.
tierra colorada.
untados de almagre - que viven junto a una cueva o mina que de ella sacan almagre.
están pintados como chapules.
tierra amarilla o parda.
piedras coloradas:
tacopates.
tacopates.
unos peñascos altos y al pie de ellos hay unos charcos de agua que no corren.
tule ancho.
nopales ?
sapos unos y otros berrendos.
comedores de sapos ?
chupa tabaco.
come chapotes y bebe en la orilla del agua.
hombres de la frente grande.
que come muchos javalines.
come javalines - come puercos.
que viven en un estero hondo en que hay zacate
cortador y en él habitan muchas palomas.
estero donde habitan palomas.
ciénaga o carrizal.
matorrales chiquitos.
cerrito.
tierra colorada.
pajaritos colorados copetones.

503

�ANALISIS DE LOS VOCABLOS DE LA LENGUA GUINIGUA DE
LOS INDIOS BORRADOS
abasusiniguara
aba-susini-guara
aguariguanaguapao
agu-ari-guanaguapao
aguariguanapao
agu-?-guanapao
aguecapan quedejeños
agueca-p-an-quedejeños
aguispisguaras
agui-s-pi-s-guaras
aguiquegua
agui-que-gua
agustiguaras
agu-s-ti-guaras
airiñiguara
ai-riñi-guara
aiuniguira
aiu-ni-guira
amachuchiniguara
ama-chuchini-guara
amalcuaperco
ama-1-cua-perco
amacualperco
ama-cua-1-perco
amapanama
ama-p-anama
amaquiapinimen
amaugtiguara
ama-ug-ti-guara
amabara y guimo
amiguara
ami-guara
amiguas
ami-gua
amoquamaray
504

tierra colorada.
tierra-colorado-gente.
loma espinosa.
cerro-?-espinoso.
loma espinosa.
cerro-?-espinoso.
come mezquite y nopal.
mezquite-quien-come-tunas?
carrizal.
carrizo-?-vara-?-gente.
carrizo que está en el agua.
carrizo-está?-agua.
cerrito puntiagudo ?
cerro-limpio-que está-gente.
monte de álamos u otros árboles - junto al agua.
cerro-álamo?? ?-gente.
cerrito agujereado ?
cerro-chico-gente.
tierra colorada.
tierra-colorado-gente.
gusanos revolcados en el zoquete.
tierra-?-agua-gusano.
gusanos revolcados en el zoquete.
tierra agua-?-gusano.
pescado grande.
pescado-quien-come.
patos que andan en el agua ¿borrados?
tierra blanca.
tierra-blanco-que es-gente.
peñasco blanco.
aletas de pescado - pescado que abre la cola y
las aletas para nadar.
pescado-gen te.
pescados.
pescado-gente.
gente que come puerco.

amoqua-ma-r-ay
amossissiniguara
amo-ssissini-guara
ampapacaeneamiguas
am-pa-pa-caene-amigua
amapapanauco
ana-gmane
ana-gmane
anagua
ana-gua
anaguíguas
ana-guí-gua
anaiguigas
ana-i-gui-ga
anicapanes
anica-p-anes
aniguaras
ani-guaras
anipigua
ani-pi-gua
ani-pi-gua-que
anipiguaque
arichimamoica
arichi-ma-moica
ariscapanes
arisca-p-anes
aútecapaguame

javalí-come-?-mucho?
tierra colorada.
tierra-colorado-gente.
que se untan con almagre y comen pescado.
tierra-muy parda-?-pescado-gente.
coje narices.
chaparro espinoso que da frijol colorado amargoso.
arbusto-frijolillo - colorín.
frutilla comestible.
arbusto-frutilla comestible - anacua.
un arbolito que da una frutilla.
arbusto-?-gente?
arbolillo espinoso que da una frutilla.
arbusto-?-?-?
comedores de gavilanes.
gavilán-quien-come.
flechas.
flecha-gente.
vara de flecha.
flecha-vara-gente.
flecha-vara-gente-que hace??
varas de flecha.
comedores de gavilanes.
gavilán-come-?
comedores de gavilanes.
gavilán-quien-come.
pájaros que andan en el agua o en la orilla del

río.
ayanguara
ay-an-guara
ayeriguara
aye-ri-guara
ayesiguara
a ye-si-guara
ayirañiguara
ayi-rañi-guara
ayrañiguara
ay-rañi-guara
ayuniguile

monte sin espinas.
cerro-desnudo-gente.
mucha gente.
muchos-que son??-gente.
mucha gente.
muchos-que son??-gente
monte grande.
cerro-grande-gente.
gente que vive en un gran llano en una ciénaga
junto a un montecillo.
cerro-grande-gente.
agujero donde hacen mezcal.
505

�ayu-ni-guile
ayu-n (d) i-gui-le
ayuniguira
ayu-ni-guira
ayu-n (d) i-gui-ra
a yundiguiguara
ayu-ndi-gui-guara
ayu-ndi-gui-guara
bayaguaniguara
baya-gua-ni-guara
bayagueras
baya-guera
bayamiguara
baya-mi-guara
boiguaras
boi-guaras
cachupiniguara
cachupini-guara
caguarañiguara
cagua-rañi-guara
cagua-rañi-guara
caguijamiguara
cagui-ja-mi-guara
caguirañiguara
cagui ?-rañi-guara
caguiyacana
cagui-ya-ca-na
caguiraniguaras
cagui-rani-guaras
caguiamiguara
cagui-ami-guara
cagui-a-mi-guara
cagui-yamiguara
cagui-ya-mi-guara
caiguara
cai-guara
caijuaniguara
cai-juan-ni-guara
canaraguayo
canama

506

'I

cerro-chico-?
cerro-agujero ?-muchos-?
cerro agujereado - agujero donde hacen mezcal.
cerro-chico-gente?
cerro-agujero ?-muchos-?
cerro agujereado.
cerro-agujero ?-muchos-gente.
cerro-chico-?-gente.
que viven en unas barranquitas.
barranca-agua-chico-gente.
pies de venado ?
barranca-gente ?
gentes que viven en unas barrancas pequeñas.
barranca-chico-gente.
pie de venado.
pie de venado?-gente.
tierra blanca.
tierra blanca-gente - tizate - tiza.
liebre de las orejas grandes - orejas de liebre.
liebre ?-grande-gente.
oreja?-grande-gente.
que viven junto a unos sabinos.
sabino-grande-pocos ?-gente.
orejas de liebre ?
sabino?-grande-gente?
sabino grande donde beben agua.
sabino-grande-agua- (bebe?).
pajaritos pintillos ?
sabino-grande-gente ?
gente que vive junto a unos sabinos.
sabino-pescado ?-gente.
sabino-?-chico-gente.
sabino grande - sabinos grandes de muchas raíces.
sabino-grande-pocos ?-gente.
mucha gente.
cabeza ?-gente.
cabecita de conejo.
cabeza-conejo-chico-gente.
caracoles ¿borrados?
carrizo que está en el agua ¿ borrados?

canapanama
cana-p-anama
canaynas
capanamas ?
ca-p-anamas
carama
caramapama
carama-p-ama
caramapinguan
carama-pinguan
caramariguanes
carama-riguanes
caramaperiguancananaréchecanano
carama - periguan canana - réche-ca nano
caruncapanos
carun-ca-p-ano
cayuiguara
ca-yui-guara
' .
cgmacana
cguia-ca-na
cothoayaguala
cotho-a-ya-guala
cotoayala
coto-a-ya-la
cotoguayagua
coto-gua-ya-gua
cotoyaguala
cotoya-gua-la
cuidajos
cui-d-ajo
cunpanama
cun-p-anama
cunpanamoquiniapin
cun-p-anamo-quiniapin
guarastiguara
guara-s-ti-guara
guarauctiguara

comedores de gavilanes ?
gavilán ?-quien-come.
carrizo que está en el agua ¿ borrados?
come cochinos.
?-quien-come.
perro-?
come perro.
perro-quien-come.
¿ ... ?
perro-?
¿ ... ?
perro-?
perros que entran por una cueva y salen a otra.

perro-entra?-cueva-sale ?-cueva.
perro que come pescado.
perro-pescado-quien-come ?
mucha gente.
agua? o pescado?-mucho-gente.
sabino grande donde beben agua.
sabino-agua-bebe.
árboles grandes que tienen pastle.
pastle-grande-árbol?
árboles grandes que tienen pastle.
pastle-grande-?
pastle.
pastle- agua ?-grande-gente?
árboles grandes que tienen pastle.
pastle-grande-gente?
chupa tabaco.
chupa-tabaco.
come conejos.
conejo-quien-come.
come conejos y gente de la frente grande.
conejo-quien-come-gente de la frente grande.
agua limpia.
agua-limpia-que es-gente.
agua blanca.

507

�'I

guara-uc-ti-guara
guareytigua
guar-ey-ti-gua
guayatiguara
gua-ya-ti-guara
guimoaiauco
guimo-aia-uc-o
irapaguines
maapiguara
maapi-guara
macatiguire
ma-ca-ti-gui-re
manigua
ma-ni-gua
maupanama
mau-p-anama
milantiguas
mmaguaguapo
mina-guaguapo
miñaguapa
miña-guapa
mocoápanamas
mocoá-p-anamas
opaguiguara
opa-gui-guara
paac
paacarañiguara
paac-a-rañi-guara
pacacnomo

pac-ac-nomo
panamiguara
pantiguara
pan-ti-guara
panti-guara
pantiguaras
patiporas

508

agua-blanca-que es-gente.
agua clara del río.
agua-claro-que es-gente.
que viven en la orilla del río.
agua-grande-que es-gepte.
peñasco blanco.
?-cerro-blanco-?
espina de nopal {borrados?
mezcal que tiene espinas por los bordes.
mezcal-gente.
río que lleva fuerza.
fuerte-agua-que es-mucho-?
estero?
?-?-agua.
come venados.
venado-quien-come.
come tunas { borrados?
chaparro espinoso que da un frijol colorado espinoso (sic).
fri jolillo-espinoso.
frijolillo - colorín.
frijolillo-espina.
come cochinos.
cochino-quien-come.
ciénaga de mucho tular.
tule-grande o mucho-gente.
agua que llueve.
agua que llueve.
agua que llueve-?-mucho-gente.
que viven junto al agua bañándose empinados que viven en el cerro de las chorreras - cara
lavada.
agua que cae-?-?
agujero donde se entran las liebres y ratones que
van de huída, y allí cavan y les prenden fuego.
tierra colorada.
colorado-que es-gente.
almagre-gente.
untados de almagre - que viven junto a una cueva o mina que de ella sacan almagre.
tierra amarilla o parda.
·

pa-ti-poras
pelicaguaro
pioguani conpagua
pi-o-gua-ni-conpagua
pioguara coapagua
pi-o-guara
pixaguaniguaras
pixa-gua-ni-guaras
pi-xa-gua-ni-guaras
punia patama
quedejeños
queguexosmapi
quiáguechamqueguejosmapi
quiapanama
quiá-p-anama
quidajos
quid-ajos
quídeclapossamalpaquereas
quiniapin
qui-niapin
quispisguaras
(a) qui-s-pi-s-guara
quitamocapanama
qui-t-amoca-p-anama
qui-t-amoqua-panamas
qui-t-amoqua-panamas
saractigua
sarac-ti-gua
saratiguacaramanigua
sarac-ti-gua-caramamani-gua
upahuiguaras
upa-hui-guaras
xinipiguara

almagre-?
piedras coloradas.
tacopates - palo de que hacen barretas o catanas.
vara-?agua?-chico- ¿ ... ?
tacopates - bastones arrojadizos o catanas.
vara-?-agua? o gente? ¿ ... ?
unos peñascos altos y al pie de ellos hay unos charcos de agua que no corre.
peñasco?? ?-agua-chico-gente.
vara-carrizo ??-agua-chico-gente (¿gente que vive
entre los carricitos ?) .
tule ancho.
nopales.
berrendos ???
sapos unos y otros berrendos (mapi ¿ come sapos?
sapos ?-quien-come.
chupa tabaco.
chupa-tabaco.

sapo?).

come chapotes y bebe en la orilla del agua.
hombres de la frente grande.
grande-frente?
carrizal.
carrizo-?-vara-?-gen te.
que comen muchos javalines.
muchos-?-javalines-quien-come.
come javalines -

come puercos.

muchos-?-javalines-quien-come.
que viven en un estero hondo en que hay zacate
cortador y en él habitan muchas palomas.
hondo???-que es-agua.
estero donde habitan palomas.
hondo ???-que es-agua-perro????-estero.
ciénaga o carrizal.
tule-mucho-gente.
matorrales chiquitos.
509

�xi-ni-pi-guara
yminiguaras
ymi-ni-guara
ypantiguara
y-pa-n-ti-guara
ysmacurapemue

carrizo-chico-vara-gente.
cerrito.
cerro-chico-gente.
tierra colorada.
?-tierra colorada-que es-gente.
pajaritos colorados copetones dos?

chivos? ¿borra-

VOCABULARIO DE LA LENGUA GUINIGUA DE LOS INDIOS
BORRADOS DE NUEVO LEON

aba
agu
aguari
agueca
agui
ai
aiu

ajo
aJU

am
ama
ama
amapapanauco
amaquiapinimen
ambara y guimo
ami
ami

amo
amo
amoca
amoqu
amoqua
an
an
an
ana
anagua
anaguígas

tierra.
cerro.
loma.
mezquite.
carrizo.
cerro.
cerro.
tabaco.
tabaco.
tierra.
tierra.
pescado.
coje narices.
patos que andan en el agua.
peñasco blanco.
pescado.
cochino? pamoranos.
tierra.
pescado.
javalí.
puerco.
javalí.
desnudo-que es ?? pamoranos.
come.
come.
arbusto.
anacua?
arbolito espinoso que da una frutilla.

anagmane
anaiguígas
anama
anamo
anana
anano
ane
aru

anica
ano
aparcum
apino
aqui
anguanaguapao
anguanapao
arichi
arisca
aútecapaguame
ay
ay

aye-ri
aye-si
ayi
ayu

axi-te
baya
boi
ca
ca
ca
cachupini
cacomarpa
cacumarpan
cad
cagua
cagua
cagua
cagui
cagui
cagui

frijoli!lo - colorín.
arbolito espinoso que da una frutilla.
come.
come.
cueva.
cueva.
come.
flecha.
gavilán?
come.
un palo de que hacen barretas o catanas - tacopates pamoranos.
que se amarran colas de venado.
carnzo.
????-espinoso (muy?).
????-espinoso.
gavilán.
gavilán.
pájaros que andan en el agua o en la orilla del río.
cerro.
mucho.
muchos.
muchos.
cerro.
cerro.
carrizo.
barranca.
pie de venado.
agua.
cochino????
pescado.
tierra blanca?
cardenales (pájaros) pamoranos.
cardenales (pájaros) pamoranos.
chupa.
que les gustan sur de Texas.
liebre?
orejas??
liebre???
orejas???
sabino.

511

510

�1

i

cai
cana
canama
canana
canano
canaraguayo
canayna
carama
carama
carama
carán
carún
cgma
chuán
chuchini
coapagua
conpagua
cotho
coto
eran
cua
cuid
cun
( e) clapo
ey
eyti
gmane
gua
gua
guala
guapa
guara
guara
guanaguapao
guanapao
guera
gui
guira
hui
512

cabeza.
gavilán??
carrizo que está en el agua.
cueva.
cueva.
caracoles.
carrizo que está en el agua.
coyote pamoranos.
perro.
perro.
perro sur de Texas.
perro.
sabino.
conejo alazapas.
colorado.
tacopates - barreta - catana - coa??
tacopates - barreta - catana - coa??
pastle.
pastle.
perro pamoranos.
agua.
chupa.
conejo.
chapotes.
claro?
que es claro.
frijolillo - colorín.
gente.
agua.
árbol???
espina?
gente.
agua.
muy? espinoso.
espinoso.
gente.
muy o mucho o grande.
gente?
muchos.

irapaguines

ja
juan
ma
ma

maapi
macati
maguacata
mau
ffil

palo ;urojadizo
palo arrojadizo

milantiguas
mma
miñaguaguapo
miñaguapa
mocoá
na
na
ndi
n (d) i
Ill

niapin
ña
ñejau
ñexo

opa
p
p
pa
paac
paac
pac
pachale
pan
panamiguara

panti
pau-xi-an
pelica
pelicaguaro
perco

espina de nopal.
grande?
conejo
come
fuerte?
mezcal.
que es fuerte.
semilla comestible del ébano.
venado.
chico.
come tunas.
fri jolillo.
fri jolillo (espinoso) .
fri jolillo (espina?) - colorín.
javalí - cerdo.
bebe??
frijol??
agujero??
chico?
chico o poco.
frente?
frijol??
chupa pintos.
chupa pintos.
tule
quien (relativo) .
quien (relativo) pamoranos.
amarillo, colorado o pardo (almagre) .
agua que llueve sur de Texas.
agua que llueve.
agua que llueve.
nopal podrido ¿ ... ?
amarillo, colorado o pardo (almagre) .
agujero donde se entran las liebres y ratones que
van de huída y allí cavan y les prenden fuego
y los sacan.
tierra colorada (almagre) , amarilla o parda.
barriga-carrizo-come?? Coahuila.
piedras coloradas.
piedras coloradas-gente.
gusano.
513

�periguan
pi
pixa
punía patama
que
que
quedejeños
queguexos-mapi
qui
quiá
quiáguechamqueguexosmapi
quiapanama
quid
quídeclapo
quianapin
qui-t
rani
rañi
réche

ri
riñi
s
sti
sarac
Sl

s-pis
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tati
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ugti
upa
xi
ya

514

entra????
vara.
peñasco??? (pi-xi - vara de carrizo ?) .
tule ancho.
que hace????
está ???
nopales.
berrendos?? (berrendos?-mezcal).
mucho.
sapo??

ya
yati
ymi
ysmacurapemue
yui

corre???
que es corriente ( del verbo correr) .
cerro.
pajaritos colorados copetones - chivos {borrados?
muchos.

sapos unos y otros berrendos.
come sapos???
chupa.
come chapotes (quid-eclapo) - chupa chapotes.
gente de la frente grande.
muchos-?
grande.
grande-mucho.
sale???
que son????
álamo???? (rañi - grande ?) .
limpio.
que es limpio.
hondo?
que son???
varas ( montón de varas ?) .
matorral?
que beben agua en la orilla del agua.
colorado.
que es limpio.
gordo.
que es gordo.
que es o que está.
blanco.
que es blanco.
blanco.
que es blanco.
tule.
carrizo.
grande.

515

�LA CONSPIRACION DEL PADRE ARENAS
JORGE FERNANDO lTURRIBARRÍA

Con este nombre ha pasado a la historia, con más sentido convencional que histórico, la primera coalición intentada contra el
estado mexicano desde la consumación de nuestra Independencia,
para restaurar el régimen de la Colonia.
Por haber sido descubierta la conspiración en una época de
gran efervescencia política -la lucha entre las logias masónicas
por la conquista del poder público- los historiadores contemporáneos a los sucesos los han expuesto con cierto deliberado propósito de introducir elementos de confusión. Esta tendencia ha
influído en su esclarecimiento, demorándolo en el ya bien largo
período de cerca de siglo y medio que va transcurrido desde 1827
a la fecha.
Resulta curioso advertir cómo de la confrontación de estos sucesos a través de las versiones encontradas de sus expositores, según el partido a que hayan pertenecido y en ocasiones pasando
como por entre un aro de fuego, prefieren mantenerse en discreta reserva, desde el ángulo neutro de enfoque, dejando a la obra
del tiempo su decantación.
La razón no puede ser otra, si bien se medita en este desistimiento, que el escrúpulo bien explicable de precaver la pluma ante
el peligro de incurrir en juicios ligeros, porque se llegó a observar
que del debate histórico podrían surgir serias imputaciones casi
igualmente atribuibles a los representantes de los dos bandos irreconciliables, dado el clima de exaltación, de virulencia política
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�y de pasión en que se descorre y baja el telón de este drama nacional salpicado de sangre.
La conspiración adquirió perfiles de escándalo nacional, tanto
en su aspecto de conjura contra la soberanía nacional, como en
sus consecuencias probables, en la secuela procesal y en su trágico
y precipitado desenlace.
Los sucesos principian en 1827. Estaba aún fresca la sangre
de Iturbide y reciente la permanencia de las tropas españolas en
la fortaleza de San Juan de Ulúa, bajo el sucesivo mando de los
generales realistas Dávila, Lemaur y Copinger, hasta la capitulación de este último, el 15 de septiembre de 1825. Cuba era la
avanzada de España sobre las costas mexicanas en el afán de retener su dominio sobre la liberta Colonia, cuya independencia política negábase a reconocer Fernando VII.
Descubierta la conjura en término tan próx,imo de aquellos
acontecimientos, la excitación se justificaba, incluso contra los españoles iturbidistas, militares o civiles, señalados como candidatos a la expulsión.
En los diversos procesos que fueron\ incoados con motivo de la
conjura figuraron cuatro generales: Gregorio Arana, Miguel Negrete, José Antonio Echávarri e Ignacio Mora; seis frailes: J oaquín Arenas, Francisco Martínez, Rafael Torres, Manuel Hidalgo, Diego de San José y Margarito Morán; cinco funcionarios públicos: el general Vicente Filisola, el coronel José Antonio Fado,
José María Bocanegra, don José María Tornel y don Francisco
Molinos del Campo. De estos dos últimos, e1 primero era diputado por Veracruz y Secretario Particular del Presidente Victoria,
y el último, gobernador del Distrito Federal. Además cinco civiles, y tres militares retirados.
De estos procesos, uno tuvo lugar en la ciudad de México y los
otros dos en las de Puebla y Oaxaca, respectivamente. Como resultado de las sentencias dictadas, fueron fusilados el general Gregorio Arana, veterano español del extinto ejército realista; los
eclesiásticos Arenas, Martínez, Torres e Hidalgo; los civiles David, Zaleta, López de Castro, Prado y Puebla, y los militares Cam518

pos, González y Ortet. La pena de destierro, tras larga prisión,
aplicóse a los generales Negrete y Echávarri. Más tarde fueron
fusilados en la Ciudad de Oaxaca Fray Diego de San José y Fray
Margarito Morán, según el historiador Olavarría y Ferrari.
Todos los diversos incidentes de la conjura causaron honda conmoción y suscitaron encontrados comentarios entre los secuaces de
los partidos yorquino y escocés, cuando la política era dirigida
por las logias masónicas. Era presidente de la República el general Guadalupe Victoria y vice-presidente el general Nicolás Bravo, ambos antiguos y ameritados insurgentes, pero divididos y enemistados por la obra de las mismas logias. Victoria militaba en el
rito yorquino; Bravo acaudillaba la facción del escocés.
Desde las ejecuciones de religiosos ocurridas en la lucha de Independencia, éstos son los primeros frailes y clérigos que en México van al patíbulo.
La conjura, sus consecuencias y epílogo eran interpretados en
diverso modo, según la militancia política de sus comentaristas.
Los yorquinos, que ocupaban los puestos clave del régimen, ponderaron la gravedad de un atentado inaudito contra la soberanía
nacional, y se empeñaron en probar, aunque con no muy legales
recursos y valiéndose de estratagemas indignas, que los conjurados
actuaban como agentes de los borbonistas, tramaban la muerte
de la república y el restablecimiento del dominio español. Aseguraban, y esto sí parece bien probado en autos, que para estos
planes había negociaciones con Fernando VII a través de la capitanía general de Cuba. Se relacionaba este intento con el que
había sido liquidado en 1824, en Padilla, encomendado al exEmperador Iturbide.
En cambio, para los escoceses -en cuyo grupo militaban varios
de los conjurados-, ex-realistas despechados por la Independencia, la conspiración sólo era un pretexto urdido por los yorquinos
para desplazarlos de los cargos civiles y militares y propiciar así su
expulsión del país. Señalaban al general Manuel Gómez Pedraza,
a la sazón Ministro de la Guerra, como el autor intelectual de la
maniobra.
519

�Por otra parte, la verdadera opinión pública del país, la ajena
a las pasiones políticas, aturdida por tan opuestas versiones, sólo
presenció espectante sus episodios sin llegar a formarse juicio del
drama.
Confusa y alarmada veía, por una parte, la necesidad de precaver al país contra cualquier intento de reconquista, y por la
otra, los graves males derivados de la multiplicación de las sociedades secretas, y se anonadaba al meditar que, ya fuese en manos
de yorquinos o de escoceses, la dirección del país se desviaba por
cauces ajenos a los intereses nacionales.
El descontento público causado por varias irregularidades en
los juicios de los generales Arana, Negrete y Echávarri llegó a la
representación nacional, y un grupo de senadores exigió responsabilidades al Ministro de la Guerra. Se hicieron apreciaciones desfavorables de los funcionarios judiciales que actuaron en el proceso, se declaró que obraban por estricta consigna y se precisaron
detalles reveladores de que., actuaban con parcialidad.
En sus Me morías don José María Bocanegra, en prenda de que la
conspiración del padre Arenas no fue estratagema de partido o producto de fantasía, inserta una gacetilla que apareció en el número
249 del Diario de La Habana, correspondiente al martes 6 de
septiembre de 1831. En dicha nota se condena la Independencia
de México, tildándola de absurda y torpe, se asegura que la Nueva España siempre fue devota de "su amado monarca Femando
VII", pues desde 1808 hasta 1821 "se celebraron tratados reducidos a que fuera a reinar en México un príncipe de la augusta
Casa de Borbón". Esto no fue posible, se aseguraba, porque España estaba oprimida, y los peninsulares tuvieron que desistir de
sus proyectos en favor de la reconquista. Prosigue la gacetilla con
esta afirmación que corrobora la presunción de que existían planes siniestros contra la república: "Mas no por eso suspendieron
un momento sus tentativas dirigidas a restablecer el gobierno legítimo de un rey, y más de una vez estuvieron a punto de conseguirlo durante los años de 24 y 26, si no les hubieran faltado los
520

auxilios ofrecidos, cuya falta costó la vida a muchos buenos españoles, que expiraron en los patíbulos".
La existencia de la conjura se confirma con la siguiente exposición del arzobispo de México, Dr. Manuel Posada y Garduño,
diocesano durante los sucesos de la conspiración: "En mi último
viaje a Nueva Orleáns el año de 1834, supe algunos pormenores
por haber tenido oportunidad y haber visto el informe que hizo a
la Corte de Madrid el comisionado regfo · sobre la revolución conocida entre nosotros por del padre Arenas: advirtiendo que este comisionado regio fue D. Eugenio de Aviraneta, residente
siempre en el Estado de V eracruz. El informe fue copiado horas
antes de darse a la vela el buque en que iba. Que la división y
complicación de las ideas y opiniones de los mexicanos, principalmente entre los dos ritos masónicos de la República, fue el medio
entre otros, el más eficaz de que se valió el comisionado. Y hablando con el religioso franciscano fray Rafael Torres, que fue
en la revolución el discípulo del presbítero don Manuel Hidalgo,
de Puebla, le ratificó lisa y llanamente su cooperación, siendo presente el Sr. magistrado de la Suprema Corte de Justicia D. José
Domínguez Manzo; asegurando, por fin, dicho padre Torres, que
sus conocimientos en el plan y combinaciones para llevarlo a efecto, no eran tales que le asegurasen y le diesen una instrucción
exacta, ni mucho menos completa de cuando se obraba, y de los
enlaces y ramificaciones que existían; pero se aseguraba (decía
el padre Torres) que él hacía por su parte lo que le correspondía
como a un agente subalterno que reconocía, obedecía y obsequiaba órdenes superiores".1
Para descargo de su conciencia, el general José María Torne!,
que tal directamente participó en la celada puesta al padre Arenas, reprodujo la anterior exposición del arzobispo de México en
su Reseña histórica (p. 113), seguida de interesantes consideraciones acerca de la verdadera identidad de Aviraneta y de la secreta comisión que trajo a México.
Antecedentes de la conspiración del Padre Arenas, y como ac' Publícala Bocanegra en sus Memorias.

521

�titud de represalia, puede considerarse en el caso la conducta del
general Victoria, al promover oficialmente el apoyo militar de México en favor de la conjura descubierta en Cuba para independizar la Isla de España. En efecto, para formalizar el descabellado proyecto, el presidente Victoria presentó una iniciativa al Senado el 8 de octubre de 1825, que fue desechada lógicamente porque carecíamos de barcos para emprender esta aventura, y porque tendría que considerarse la actitud de México como poco
amistosa de parte de los Estados Unidos, pues bien conocido era
su empeño de impedir que la colonia antillana quedara bajo el
radio de influencia de otro país que no fuera precisamente nuestro vecino del norte.
Entremos en materia: el día 25 de enero de 1827 debía estallar simultáneamente en México, Puebla, Tehuantepec, Acapulco,
Durango, Cuernavaca y Tampico, la conjura militar contra el gobierno de la República, encaminada a restaurar el dominio español, con el apoyo de Fernando VII.
Parece haber sido uno de los principales conjurados el general
español retirado Gregorio Arana. Fue capturado el 4 de febrero
del mismo año, y ejecutado en Mixcalco, el 5 de enero de 1828.
El agente más activo de la conjura fue, sin duda, el fraile dominico Francisco Martínez, que se dio a conocer entre los comprometidos con el título de Comisfonado regio, bajo el nombre de
Juan Clímaco Vásquez, aunque usó indistintamente los de Manuel Cervantes, Rómulo Porter, Luis García y Benito Sánchez.
Español por nacimiento y realista intransigente, tan pronto como,
en 1821, fue consumada la Independencia, salió del país por iniciativa propia. Fuése a La Habana, en donde aprovechó todas
las oportunidades a su alcance para conspirar contra la autonomía de México, ponderando lo fácil que resultaría a España reivindicar la perdida colonia. Esperó el resultado de la ocupación
de S. Juan de Ulúa por las fuerzas españolas y cuando el general
Copinger capituló en septiembre de 1825, lejos de desistir aquél
de sus proyectos, logró interesar al gobierno español para que se
reemprendiera la reconquista con medios más eficaces. "México
522

-decía- no anhelaba otra cosa que ver restablecido el régimen
español".
Impresionado el gobierno español, en buena parte, por la dialéctica persuasiva de Fray Martínez, accedió a ensayar otros planes, y después de algunas consultas con el gobernador de Cuba,
se dieron instrucciones al capitán Eugenio de Aviraneta. Hombre
capaz de todas las audacias, Aviraneta había llegado a Veracruz
desde 1825, probablemente en combinación con la expedición
española a Ulúa de ese año, para agitar a la población del puerto en favor de la reconquista.
Aquí se impone una digresión. ¿ Quién era Aviraneta? Este
hombre que impresiona por sus perfiles novelescos tuvo una vida
agitada y extraordinariamente pintoresca. Hecho a todos los peligros, metía las narices y también el sable y los puños donde quiera que se conspiraba contra algo. Intervino en infinidad de complots, conjuras, escaramuzas, asaltos, fugas, comisiones arriesgadas,
rescate de prisioneros, etc., etc. Se jugó la vida en España, Francia y México, y siempre resultó más o menos bien librado.
Aviraneta nació en Madrid, el 13 de noviembre de 1792. Era
de origen vasco, aunque tenía sangre francesa por su padre, que
venía de los normandos. Aprendió el francés en Irún, en casa de
su tío Fermín Esteban Ibargoyen. Allí se hizo masón escocés, y
así comenzó a relacionarse con algunos republicanos franceses y
emigrados españoles en tiempos de Carlos IV. En Irún fundó una
sociedad secreta llamada "El Aventino", de la que fue presidente,
con 27 afiliadas. Con motivo de la invasión napoleónica en España se enroló en las famosas guerrillas del célebre cura de Villoviado Jerónimo Merino, contra quien años más tarde peleó. En
este grupo de franco-tiradores realizó hazañas que revelan gran
audacia y valor personal. En esta misma época estuvo a las órdenes del notable guerrillero Juan Martín, "El Empecinado".
Concluida la guerra de invasión, de 1814 a 1820, Aviraneta viajó por distintos países, y al retornar a España tomó partido en la
conspiración de Richart. Fue a Francia, y comisionado por las
logias conspiró para apoderarse de Valladolid, lo que no tuvo lu523

�gar por la sublevación del coronel del Riego y la proclamación
de la Constitución de Cádiz. Tuvo relaciones con los carbonarios
de París, y en dicha ciudad hizo su presentación en el Gran Oriente del rito masónico escocés. En la Venta Carbonaría conoció a
Cugnet de Montarlot fundador de las sociedades secretas de Francia y se hizo correligionario de los grupos franceses que pretendían
organizar una legión francesa en Zaragoza y otra inglesa en Galicia, para defender la Constitución gaditana después de su abrogación por Fernando VIL
Estuvo del lado de los constitucionales con "El Empecinado"
y contra los realistas. Es objeto de pintorescas aventuras, cae preso de los realistas en 1823, se escapa y va a Tánger; de allí pasa
a Gibraltar, donde se embarca para Alejandría con la ayuda económica del tío Alzate e Ibargoyen, que vivía en México y que le
envía 5,000 pesetas por conducto de los banqueros Benolié y Cía.
En el Cairo es nombrado jefe de escuadrón, se aburre y marcha
a Grecia, en donde se hace gran amigo de Lord Byron y, siendo
huésped suyo, le asiste en su muerte. De Grecia parte a Marsella,
y de allí a Burdeos, en donde se encuentra con el tío "indiano",
que lo convence de ir con él México. Este encuentro no parece
casual, sino parte de la combinación tramada para que se sitúe
en Veracruz, en su plan de apoyar las operaciones militares de la
expedición enviada a Ulúa.
Para disfrazar sus intenéiones, compró Ibargoyen en Burdeos
un cargamento de mercancía, con destino al referido puerto mexicano: sedería francesa y cajas de vino de Burdeos, y Champagne.
Asociados tío y sobrino, llegan al embarcadero del Río Alvarado a fines de abril de 1825. En Veracruz la dragonea de comerciante, embozado en un oficio por el que no tenía la menor vocación, y luego se une a los masones escoceses, enemigos del gobierno de don Guadalupe Victoria y se mete a redactor de El
Veracruzano Libre, órgano presuntivamente fundado por él para enfrentarlo a las publicaciones de los yorquinos El Sol y El
Mercurio. No parece casual que hubiera en Alvarado una imprenta nueva y empacada, tan a la mano, recién traída de los
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Estados Unidos, con destino a un periódico que se iba a fundar
y no se fundó. El encargado de ella era un español emigrado de
La Habana, don Tiburcio Campe, "insigne impresor y antiguo
periodista que me debía muchos favores por géneros que le había prestado para venderlos en aquel puerto". 2
El decreto de expulsión de los españoles ( 20 de diciembre de
1827) lo obligó a salir anticipadamente rumbo a Nueva Orleáns,
en compañía del Padre Diego Miguel de Bringas, ameritado en
la evangelización-de una parte de Texas y muy conocido en aquella provincia; . de varios frailes y de un grupo numeroso de connacionales suyos. Tan pronto como llega, se relaciona con un acaudalado español, comerciante y naviero de Nueva York, de apellido Fernández, conocido en los Estados Unidos por "Peter Armony", y busca contacto con la colonia española de Nueva Orleáns.
Sin pérdida de tiempo, el Padre Bringas empezó a conspirar en
la organización de una incursión a México, que penetraría a Tamaulipas por el puerto de Matamoros. Se planeó reclutar 150
hombres, comprar 500 rifles, 1,000 puntas de lanza y 1,000 sillas
de montar, con sus arneses, fletando para su transporte un vapor
y dos corbetas de guerra. Aviraneta dice en sus Memorias que
rumores de una próxima guerra entre México y los Estados Unidos, por el asunto de Texas y la existencia de buques de guerra (?)
mexicanos en la bahía de San Bernardo hicieron fracasar la incursión.
Finalmente Peter Armony retiraba su compañía porque no quería arriesgar sus intereses y reputación, y todo el plan se desarticuló.
Entonces se decidieron Aviraneta y sus secuaces a que se redactara una Memoria dirigida al rey de España, enumerando ·en
ella los sacrificios que se hacían por la reconquista de México, · y
se convino en que la llevarían Aviraneta, el Padre Bririgas, un tal
Irigoyen y ocho misioneros de los colegios de Querétaro y Orizaba; El 28 de febrero de 1828 embarcaron, y luego de llegar a La
• EUGENIO DE Av1RAN ETA E IBARGOYEN. Mis memorias íntimas ( 1825-1?29). Don
Luis GARCÍA P1MENTEL. Prólogo de D. Luis GoNzÁLEZ OBREGÓN. México, 1906.

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�Habana visitaron al gobernador y al capitán general Vives, dándole cuenta de su Comisión. Ponderaron a éste lo fácil que sería
intentar la reconquista, lograron convencerlo, y Aviraneta redactó,
para interiorizarlo de la situación, una Memoria sobre el estado
actual del reyno de México, y el modo de pacificarlo.
Vives, impresionado por los informes, resolvió organizar la expedición de reconquista. Pensó confiar su dirección al brigadier
Antonio de la Oliva; pero, teniendo que dar cuenta al general
de Marina Angel Laborde, para la habilitación de los barcos,
éste, por viejas rivalidades con aquél, se negó, alegando que se lo
prohibía la Ordenanza. Escribió Laborde a Madrid y secretamente obtuvo que el mando de la expedición se confiara al general Barradas, hombre impulsivo, cruel y al mismo tiempo indeciso, sin el valor ni las condiciones requeridas para tamaña
empresa. Bien conocido es el fin de la desastrosa aventura.
Fracasada la expedición, Aviraneta volvió a La Habana, en
donde vivió de su pluma, escribiendo en los diarios, hasta que fue
llamado a España para participar en la conspiración liberal de
don Francisco Espoz y Mina, en lo que ya no tuvo oportunidad,
por la derrota de los liberales. Así continúan sus aventuras llenas
de lances y episodios pintorescos. Ingresa al partido de los carlistas; después, reniega del aspirante al trono español y se torna
a la sucesión de Fernando VII, combate a "El Empecinado",
entra en una conspiración para secuestrar a don Carlos, en Azcoitia; en 1837 fue comisionado por el ministro de la Gobernación
para marchar a Francia e introducir la discordia en la facción
carlista, y al año siguiente emprende la misma encomienda y logra, por fin, que se firmen los convenios de Vergara, que restituyen la paz en España y acaban con el aspirantismo de don Carlos y con la prolongada guerra intestina.
Aviraneta casó el 4 de noviembre de 1852, y hasta en este episodio de su vida es desconcertante: actuaba en Madrid una compañía de Opera y en ella una cantante, Josefina de Esperamons,
de 26 años, tan mala como diva y actriz que exasperó al público
y fue víctima de una silba tremenda. Lloraba desesperada en su
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camerino porque el empresario le había rescindido el contrato.
Aviraneta, que era espectador en el teatro, sin conocerla, fue a
buscarla. No se le ocurrió cosa mejor para consolarla que ofrecerle matrimonio. Naturalmente, ella aceptó, y Aviraneta se dejó
poner la coyunda.
Volviendo al punto de nuestro relato, es ya oportuno aclarar que
la desaprensiva alusión con que Aviraneta se refiere en sus Memorias al caso del padre Arenas, parece demostrar que, o no tuvo
participación en ella, o, por no comprometer al gobierno español,
prefirió omitir cualquiera referencia personal.
Sólo dice: "No contentos los yorquinos con abatir de este modo
a los escoceses, urdieron una diabólica trama para envolver en ella
a los generales Bravo, Marqués de Vivanco, al Obispo de Puebla,
a varios senadores, al alto clero, a los regulares y a todos los españoles en gener'al. Representaron la ridícula farsa del padre Arenas,
frayle inmoral que se prostituyó a los yorquinos, denunciando a los
generales Negrete, Echávarri, Arana y a los demás españoles, dando por positiva la existencia de una horrorosa conspiración, con
un comisionado regio al frente, que suponía debía estallar a favor
del gobierno español, para destruir la república y la independencia Mexicana. 3
Sin embargo, en la hoja de servicios de Aviraneta, hay un hito
que se puede seguir, pese a su laconismo: "Por la guerra de América -dice-, con arreglo a la Real orden de 30 de abril y sus
aclaraciones del 23 y 24 de Octubre de 1835; duración, dos años,
un mes y quince días". 4 Estos dos años, un mes y quince días, ¿ a
qué período de tiempo se refieren? No, desde luego, a los cuatro
meses y medio transcurridos desde la llegada al puerto de Alvarado -fines de abril de 1825- hasta la capitulación de Ulúa, el
15 de septiembre de ese año; tampoco a los tres meses, de julio a
septiembre de 1829, que duró la expedición de Barradas, desde su
salida de La Habana hasta los convenios de Pueblo Viejo. Indudablemente comprende un período más largo que abarca ocho meses
ª Ob. cit., pág. 251.
' Pío BAROJA. Aviraneta o la vida de un conspirador. (Apéndice colecci6n Crisol).

527

1134

�de 1825, desde fines de abril o principios de mayo, fecha, la primera, de su llegada al puerto de Alvarado; más los doce meses del
año de 1826, que presuntivamente dedicó a preparar la conjura,
y cinco meses y medio del siguiente de 1827, hasta mediados de
junio, en que, anticipándose al decreto de expulsión de los españoles, se embarcó para Nueva Orleans, como ya se dijo. La suma
de estos períodos de tiempo coincide con el lapso de la hoja de servicios de Aviraneta, en que éste aparece comisionado en la guerra
de América.

•
El programa proselitista de la conjura ajustábase en su organización a la técnica de las sociedades secretas. Cada comprometido
debía conquistar a otro, y así sucesivamente. El seductor y el seducido se conocerían convencionalmente como "maestro" y "discípulo", respectivamente, cuidando del incógnito, para garantizar la
discreción necesaria. Parece que sólo Aviraneta, fray Martínez y
el padre Arenas conocían los hilos de la conjura.
Parece ser también que el primer paso de los conspiradores para
contaminar al ejército, fue catequizar al general de brigada en retiro don Gregario Arana, conocido en el plan bajo el pseudónimo
de Jerónimo Gangoiti. 5
Otro de los cabecillas importantes fue Jacinto Pérez Uride, que
actuaba con el nombre supuesto de Manuel David, y fingíase comerciante. Fue "discípulo" del general Arana y, a su vez, "maestro" de Fr. Rafael Torres. Este religioso franciscano vivía en su
convento de la ciudad de Puebla y pasaba amparado por el nombre de José Cisneros.
Seguían después, en orden de importancia, el presbítero Manuel
Hidalgo, Manuel Segura, Juan Bautista Zuleta (conocido indistintamente por Antonio Miró, Juan Arnés del Portal y "El Niño de
Dávila"). Ramón López de Castro, Benvenuto López, Santiago
Prado, Policarpo Puebla, el subteniente Juan Ortet, el teniente
• Tenía un primo: Miguel Gangoiti, que aparece como su encubridor y cómplice.

528

Juan González y el coronel Miguel Campos, los tres últimos militares retirados.
De todos los conjurados y cómplices los únicos que se libraron
del patíbulo fueron el propio Aviraneta, Manuel Vega, Miguel
Ibáñez y Francisco Caride. Aviraneta se escapó, inexplicablemente, hasta de figurar en el proceso. Es verdad que Fr. Martínez, el único que conocía su verdadera identidad, no lo denunció, pero resulta increíble que la policía militar del gobierno del general Victoria no hubiese sospechado de su conducta.
Vega, Ibáñez y Caride se salvaron de la muerte, el primero, por
que sólo sirvió de amanuense para copiar el plan, "obrando maquinalmente y para ganar algún dinero", el segundo, porque sólo
sirvió de conducto para entregar el plan a Manuel David, de manos de Policarpo Puebla, a fin de propagarlo en Cholula, y el tercero, por ser único cargo en contra suya el de haber mandado llamar
al propio David, su dependiente, por encargo del presbítero Hidalgo.
La primera víctima fue Segura, fusilado el 7 de abril de 1827.
El padre Arenas fue ejecutado el 2 de junio, cerca de Chapultepec,
a la vera del puente de Tacubaya; el general Arana, el 5 de enero de
1828; Fr. Francisco Martínez, el 29 de Marzo del mismo año, en
la plazuela de Mixcalco; los otros: Manuel David (o Jacinto Pérez Uridi), fray Rafael Torres, el presbítero Hidalgo, Zuleta, López de Castro, Prado, González, Ortet y Puebla fueron pasados
por las armas en la ciudad de Puebla, donde radicó su causa y se
les sentenció, en los primeros días del mes de septiembre de 1829.
En Oaxaca la conspiración estuvo encabezada por el fraile franciscano Margarita Morán y por el carmelita Domingo de San José. El foco se hallaba en J amiltepec, de la Costa Chica. Descubiertos, fueron enviados a la capital del Estado y detenidos en el convento de Santo Domingo, de conformidad con los privilegios
eclesiásticos. Morán logró seducir a su custodio, que le proporcionó
un traje de arriero, con el que se fugó la noche del 19 de agosto de
1827. Tan pronto como se halló libre, fue al cuartel del Batallón
Activo de Tehuantepec a soliviantar a la tropa, al grito de "Viva
529

�España". Avisado el comandante de las armas, llegó al cuartel en
los momentos en que el fraile arengaba a los soldados, y así pudo
escuchar los detalles de la frustrada revuelta y reaprehender al
audaz clérigo.
Ambos frailes fueron ejecutados a principios de enero de 1828
frente a las tapias del convento de Betlemitas, en la propia ciudad
de Oaxaca.
Los generales Pedro Celestino Negrete y José Antonio Echávarri fueron arrestados como sospechosos de colusión en la conjura,
por las declaraciones de los detenidos en Puebla. Se les condujo
en reclusión muy severa a puntos distantes y diferentes: Cueinavaca, Lerma, Tacubaya, Atzcapotzalco, y posteriormente fueron
confinados en el edificio de la antigua Inquisición, en la capital
del país.
El 16 de junio de 1828 se inició el Consejo de Guerra de Negrete y concluyó. . . ¡ al día siguiente! Al ser requerido para designar
defensor, dijo con sorna: "Nombro a los editores del Correo de la
Federación" que lo habían llenado de insultos. Lo hizo después
en la persona del coronel Cirilo Gómez Anaya, que actuó con imparcialidad. Ambos, Negrete y Echávarri resuitaron absueltos contra el paracer de los yorquinos, que se reunieron en la casa de don
José María Bocanegra para maniobrar en favor de su condena.
Como no lo consiguieron, enderezaron sus gestiones a obtener, como sucedió, que se los desterrara. A Negrete se le dio pasaporte
para salir del país, con la condición de que lo hiciera por Acapulco; después se le permitió el destierro por Veracruz. Echávarri
murió en los Estados Unidos, después de larga enfermedad y agobiado por la miseria. Fue atendido en sus últimos momentos por
la viuda de don Agustín de Iturbide, "que con la magnanimidad
de una princesa le socorrió en su dolencia". 6 Negrete permaneció
desterrado varios años en Burdeos, y más tarde fue reincorporado
al ejército con su grado.
La saña contra ambos militares se atribuye al general Manuel
Gómez Pedraza que, aunque no era yorquino, trataba de formar
• ÜLAVARRÍA Y

530

FERRARI.

Episodios Históricos M exicanos. Tomo 11-ps. 339-40.

un nuevo partido y creía poder tener en Negrete y Echávarri dos
fuertes opositores.
¿ Cómo buscó seducir el padre Arenas al general Mora, comandante de la guarnición de México? Oigamos las declaraciones de
éste al fiscal de la causa, el entonces coronel José Antonio Facio,
de funesta recordación: "Después de haberle escuchado sin contradecirlo, me mostró el plan que llevaba consigo, él constaba de
dieciocho artículos. El primero era relativo al grito que debía pronunciarse, y era el de '¡ Viva España, viva la religión de
Jesucristo!' Los otros, no podré afirmar su enumeración, pero
comprendían el arresto del E. S. D. Vicente Guerrero, el del E. S.
Bravo (D. Nicolás), por consideración a la generosidad que usó
con los prisioneros (realistas) en otro tiempo. Que las rentas de la
nación continuaran en la forma en que están, igualmente que los
que las manejan y demás empleados. Que se repondrían a todos
los europeos en sus respectivos empleos. Que a los cónsules y comisionados extranjeros no se les incomodaría ni se moverían hasta
nueva disposición, entrando en esta providencia los que con el carácter de comerciantes existen en el territorio".
"Seguidamente le pregunté -continúa el general Mora- que
era necesario saber con qué clase de gente se contaba para semejante operación; qué caudales y qué seguridades; me dijo entonces
que había un comisionado regio cerca ,:le la capital, el cual estaba
completamente autorizado por el rey (de España) para conceder
amnistías, gracias, etc. : que si yo me decidía ya en este caso me
aclararía toda duda y vería la cosa en su verdadero punto de vista.
Que al hacerlo quedaba bien secreto, que nadie llegaría a presumirlo, y que desde luego me pondría en comunicación directa con
aquella persona. Que se contaba con todos los cabildos eclesiásticos,
con los mismos eclesiásticos particulares, con todos los pueblos, y
últimamente con el comandante general de Puebla, con su obispo
y demás personas de influjo".
"Visto todo -añade el declarante-· le dije que el asunto era
delicadísimo, y que era preciso me concediese algún tiempo para
pensar resolverme, a lo que dijo que era ejecutiva mi contestación
531

�por no dar ya tiempo la ejecución proyectada, pues debía darse
el grito el día sábado 20, o bien mañana. En tal aprieto, le dije
volviese hoy para darle mi última contestación: se fue en ello,
asegurándome antes que, si como esperaba, no revelaba el secreto
que me había confiado, nada tenía que temer, porque estaba bien
segura mi persona; pero que si, por el contrario, hacía uso de
ello, éLpodría.ir a un patíbulo y algún otro; que por eso no dejaría de hacerse la revolución y yo sería asesinado. En efecto, se fue
y en seguida pasé a dar cuenta al E. S. presidente, quien impuesto
de lo ocurrido me ordenó tomase la providencia de hacerle reiterar su exposición en forma, y que pudiese ser oída y entendida de
las personas que se nombrasen al efecto. Con este antecedente dispuse que a las cuatro de la mañana se hallase en mi citada casa
el señor diputado D. José Maria Tomel, el señor senador D. Francisco Molinos del Campo y el teniente coronel D. Ignacio de la
Garza Falcón, nombrados por S. E., y además, dos de mis ayudantes, D. Joaquín Muñoz y D. Francisco Ruíz Femándéz a los cuales
los coloqué en una pieza inmediata para que pudiesen imponerse
de lo que deseaba".
•
"Colocados allí -prosigue-, llegó la hora citada, y sin falta
se presentó el referido padre Arenas, a quien con modo le hice
volviera a reproducir lo principal de su comisión, logrando vaciara
todo el objeto de su misión, y que a tiempo de que yo, formalizando
ya, le reprendiese su infame proceder, saliesen y reprendiesen los
ocultos a este padre, como en efecto se verificó. A presencia de
ellos volvió a ratificar en todo lo que había dicho, asegurándonos
que si lo conducía al patíbulo, iba contento porque moría por la
fé de Jesucristo".
·
"Entonces lo conduje hasta el arresto en que se halla, y de allí
se tomaron las más providencias de que tengo dado a V. S. conocimiento en el otro (oficio) mío, fecho hoy, al que le acompañaba
las pistolas, puñal y papel~s que se le encontraron en la celda".
El proceso del padre Arenas adolece de muchas irregularidades -menos, desde luego, que el del infortunado general Arana
y más que los de los otros comprometidos-, lo que despierta la

sospecha de que hubo consignas para mover la maquinaria de
la judicatura militar. El padre Arenas propuso varias veces delatar a los demás conjurados, a condición de serle concedida la
gracia de la vida y de protegerlo de las posibles represalias de sus
correligionarios. Mas se rechazó la primera oferta, y sucesivamente fueron denegadas las siguientes, por considerarse "que nada
faltaba por descubrir".
Su delator, el general Mora, siguió al frente de la guarnición
de la Plaza de México, a pesar de su notoria intervención oficial
en el proceso del Padre Arenas como funcionario del fuero de
guerra, influyendo decisivamente con su asesoría para el rechazo
de sus peticiones; lo que dio pábulo a la versión de haberse deveras comprometido en la conjura y de ahora estar temeroso de
ser, a su vez, delatado por el preso. Más tarde éste pidió al presidente Victoria, por escrito, la expedición de una amnistía general en favor de todos los comprometidos: "Si no se concede
-advirtió- yo voy al suplicio y no declaro lo que sé, y quedará
un germen en la República difícil de a pagar ... " En acuerdo de
7 de marzo, el presidente comunicó la determinación de su negativa. Viendo el Padre Arenas inminente el desenlace, el 2 de
abril ofreció revelar, a cambio de su vida, quién era el sujeto de
primera jerarquía que le encomendó entregar el plan general de
la conspiración al general Mora, bajo la garantía de que había
más de veintemil hombres alistados en las diversas provincias. Esta vez también negó el asesor, y el general Mora ratificó la denegación.
Marchando el proceso a su fin, al serle solicitado al prelado
provincial la degradación eclesiástica del reo para que pudiera
ejecutarse en él la sentencia de muerte, y volviendo aquél la oración por pasiva, reclamó al tribunal la irregularidad del proceso,
preferentemente la de que el general Mora "no ha podido ejercer
las funciones de comandante general y juez de la causa, por haber
sido propiamente el que denunció al Padre Arenas, y haber servido de testigo en el proceso, en donde aparece su declaración".
Más tarde, se formalizó este incidente de incompetencia judicial
533

532

�del general Mora, con intervención del cabildo de la Iglesia Metropolitana. Terció, entonces, el ministerio de Justicia, pidiendo al
obispo de Puebla, don Manuel Ignacio Campillo que, en defecto
del arzobispo de México proveyera a la degradación, pero también se negó por motivos que se omiten en el proceso, aunque se
admitió por buena la excusa.
Entonces, se pensó recurrir al obispo de Oaxaca, don Manuel
Isidoro Pérez; sin embargo, después se desistió por motivos de distancia, aunque habríase obtenido el mismo resultado. Mas Pérez,
con excelente olfato, temeroso de verse compelido, pidió licencia
ilimitada a Roma y, mientras le era proveída, discurrió emprender una larga visita pastoral por la sierra oaxaqueña, donde no
le alcanzaran las comunicaciones del gobierno. A su regreso, puso
de por medio el océano, y se fue a radicar a Guadalajara, España, su tierra natal. Renuente a regresar, fue compelido por el
Papa Gregorio XVI, a instancias del Arzobispo de México, para
reasumir la jefatura de su abandonada diócesis. Optó por la dimisión irrevocable, que suscribió el 27 de diciembre de 1831.7
Resuelto -aunque extra juri- el moroso problema de competencia, para que la excepción opuesta no se tradujera en demora -lo que supone espíritu de festinación-, le fue notificada
la sentencia de muerte al Padre Arenas. Se previno a la escolta
que el reo no saliera "al patíbulo con el hábito, sino que a las cuatro de la mañana del día de la ejecución se le quitará y se le pondrán botas, pantalón, levita y corbata, negro todo, y un lienzo
de la misma color que cubra la corona, sin taparle el rostro ... "
" ... y que se le ponga en el pecho una tarjeta que diga: Por
traidor a la nación, con letras muy perceptibles, y permanecerá
con ella el tiempo que quede expuesto el cadáver".
Estos hechos ocurrieron en la madrugada del 2 de junio de
1827. En el camino al cadalso, cuando la escolta pasaba por el
bosque de Chapultepec, Arenas pidió vehementemente que se detuviera el coche que le conducía, porque quería hacer una importante revelación a cambio de su vida. Aunque al principio el
' EuTIMIO

534

PÉREZ,

El episcopado oaxaqueño, págs. 95-96.

jefe de la escolta, teniente Francisco Mejía, se negó a transmitir
la petición al fiscal, lo hizo después. Mientras tanto, se entabló
allí un patético diálogo entre reo y custodio, del que resultó -si
la transcr~pción es exacta- que realmente el Padre Arenas ignoraba los hilos de la conspiración y hasta la identidad del comisionado regio, aunque sí sabía que la cabeza visible de la conjura
era el fraile dominico, Francisco Martínez; de todo lo que resultaba ser Arenas sólo responsable del delito de encubrimiento, e
inocente el general Mora. Según esta misma declaración, el dominico había fraguado la conjura en su parroquia de Chimalapa,
Oaxaca. Los veintemil hombres aludidos en el proceso referíanse a
supuestos adictos en Colima y Durango, a los peones de las haciendas del español Gabriel del Yermo -de triste memoria-, más la
guarnición de Perote, que se reputaba por dispuesta a la sublevación, según los propagandistas del movimiento. Del general Arana
dijo que había sido personalmente seducido por el fraile, y que por
eso, cuando él le trató el punto mostrándole el pl_an, respondió
que ya lo conocía. En cambio, de la responsabilidad de los generales Negrete y Echávarri, dijo desconocerla en absoluto.
Después de suscrita esta declaración por el reo, el fiscal y el
secretario, bajo el testimonio de los oficiales de la escolta, continuó ésta su marcha con el reo al lugar del suplicio por el rumbo
de Tacubaya. Desahuciado Arenas y visiblemente desesperado por
no haber logrado siquiera un aplazamiento, mientras el coche se
iba alejando de la zona urbana, bien amanecido como estaba y
con algún tránsito de población madrugadora, gritó con acento
de profunda convicción: "¡ Todo lo que he dicho es mentira, es
mentira!" Repetido con voz trémula y angustiada, alarmó a la
escolta y al piquete de la ejecución que, a pie unos, y otros a caballo, custodiaban el coche, porque la gente deteníase y comenzaba a formar corrillos. Pero la inquietud de los guardianes subió
de punto cuando el preso comenzó a arengar a las gentes para
que combatieran sin descanso a las logias masónicas, enemigas
de la religión y de México. ¿ Fue éste su recurso póstumo para
535

�escapar, si el pueblo, llegando a contender con los soldados le
propiciaba la ocasión de perderse por aquellos arrabales o entre
la arboleda del cercano bosque? 8
El 15 de marzo de 1827, en Ayolotepec, Miahuatlán, del Estado de Oaxaca, a varias leguas de su parroquia de Chimalapa cayó en poder de sus aprehensores el fraile dominico Francisco Martínez. Conducido a México, le fue destinada por prisión una pieza
del Palacio Nacional, inusitado lugar de cautiverio que hace suponer que tratábase de un preso de importancia excepcional o
que iba a ser interrogado por altos funcionarios públicos. Podrían
ser ambas cosas, pues no se excluyen. Aunque, al declarar fray
Martínez se mantuvo en una cerrada negativa, luego, y contrastando con su discreta actitud, procedió con visible imprudencia
en su comportamiento con el teniente José María Velasco, su defensor de oficio, pues tan pronto como lo visitó éste en su calabozo del Palacio Nacional, para el desempeño de su oficio, trató
de catequizarlo en favor de la conjura. Le hizo tentadoras ofertas y, aparentemente admitidas por el mílite, el preso le expidió
despacho de "Teniente Coronel efectivo del Primer Escuadrón de
la Fe". 9 El teniente Velasco era un joven de 31 años, de buen
parecer, muy valiente y reservado, pero de pésimos antecedentes.
• La historia del Padre Arenas, fraile dieguino descalzo, es de lo más aventurera,
proteica y turbia. Cuando, antes de la consumación de la Independencia, fue capellán de las compañías presidiales de Chihuahua y trató de asesinar al obispo de Durango, el Marqués de Castañiza, bajo cuya jurisdicción se hallaba, fue enviado a
México y procesado por intento de homicidio con vías de hecho. Purgado su castigo,
fue a Durango durante el Imperio y allí se dedicó al comercio "en compañía de la
modista baronesa que hizo los trajes imperiales para la coronación de Iturbide". Comprometido desde allí para participar en la conjura, se trasladó a la capital del país
y estableció "una fábrica de moneda falsa, disimulada con el nombre de fábrica de jabón,
cerca de la Capilla de la "Candelarita". ZAt.1Acots. Historia de México. T. II; c,

XII, pág. 626.

• He aquí el texto del curioso despacho, según textualmente aparece en el proceso:
"Juan Clímaco Velasco, comisionado regio, inventor del proyecto, primer miembro
de la causa y director de sus operaciones, etc. . . En atención a los méritos y servicios
de D. José María Velasco, hechos a la causa, he tenido por justo el concederle el
empleo de teniente coronel efectivo del primer escuadrón de la Fé, y en uso de las
facultades a mi concedidas por el Rey de las Españas e Indias, que Dios guarde. -En
México, a las sombras de un calabozo y a los veinte días del mes de mayo de mil
ochocientos veintisiete.-Juan Clímaco Velasco.-Valga por sello mi firma secreta".

Años después apareció complicado con el robo y asesinato del
coronel español Lorenzo Guardamino. V elasco fingió aceptar con
fervor de convencido el grado que Martínez le extendió; y tan
pronto como tuvo aquel documento en sus manos lo entregó a la
comandancia militar, pero ante el preso siguió fingiendo sus simpatías por la causa de la conjura, interesado en conocer algunos
detalles comprometedores para revelarlos al gobierno. Por estas
circunstancias debe suponerse que Velasco haya sido especialmente escogido por su falta de escrúpulos, para jugar tan bajo papel.
Ante la lectura de este documento se tienen que suponer dos
cosas: o el Padre Martínez estaba loco o, conociéndose perdido
y fracasada la causa tomó actitudes ostensibles de autor y cabeza
de la conspiración sólo para ocultar y salvar a don Eugenio Aviraneta, cuya verdadera identidad debía mantenerse en el más impenetrable secreto, a fin de garantizar el éxito de la comisión.
El 12 de marzo de 1828 fue consignado llanamente el reo y
entregado a la jurisdicción militar, después de su degradación
real. Agotada la averiguación, fue declarado convicto y confeso
del delito de traición a la patria y sentenciado a ser fusilado por
la espalda. Esta sentencia fue cumplida a las once de la mañana
del 29, en la plazuela de Mixcalco, frente a las tropas formadas.
El cadáver estuvo expuesto al público, y al día siguiente fue recogido por los religiosos de la Orden de Santo Domingo y enterrado, en secreto, en la capilla de las Animas de su iglesia.
Igual que lo hizo el Padre Arenas, al caminar al patíbulo fray
Martínez exhortó a los curiosos y circunstantes a que detestaran
de las sociedades secretas, e hizo el vaticinio de que serían la
ruina de México.
En cuanto al infortunado general Gregorio Arana, basta un vistazo a su proceso para convencemos de la iniquidad que se usó
con él y de la increíble festinación con que se le llevó al suplicio.
Según algunos historiadores como don Carlos María Bustamante -insospechables de conservatismo- la pena de muerte a que
se le condenó fue un asesinato legal. Don Lorenzo de Zavala
opinó en su epílogo en el cadalso, que no merecía, fue "un ase537

536

�sinato político", y que toca al licenciado Bocanegra, asesor de la
causa, "justificarse ante la posteridad de este hecho tan grave".
Por otra parte, el fiscal de la causa paladinamente advierte en
la parte conducente de sus conclusiones que ha procedido a pedir la última pena para el reo con base en catorce indicios y presunciones, pues "si es cierto -dice- que la prueba de indicios y
presunciones no lo es legalmente, sino suplemento de ella; pero en
los crímenes de tanta gravedad como el de lesa nación, en los que
el principal objeto es ocultar la materia de que se trata, para realizar los planes sobre seguro, los indicios y presunciones bastan por
ser el único modo que la ley tiene para evitar el trastorno del
gobierno y precaver las ruinas de la nación ... " " ... y como en
el 'caso, reunidos los catorce indicios de que hablé, precisan a que
el entendimiento crea que Arana es reo de los dos delitos porque
se le ha procesado, es necesario convenir en que efectivamente
lo es . .. "
El galimatías jurídico a que condujo al fiscal la falta de elementos para configurar los delitos atribuidos al general Arana,
evidencian que tuvo que proceder por consigna, y que esta consigna venía de las más altas esferas de la política.
Don Enrique Olavarría y Ferrari afirma haber tenido en sus
manos, para hacer un estracto, un manuscrito que don Carlos
María Bustamante pasó al padre de aquél, conteniendo una versión memorizada del historiador oaxaqueño sobre la conspiradón
del Padre Arenas, para que Olavarría padre la revisara y dijera
si faltaba algo en ella. La parte conducente del manuscrito, relativa al proceso del general Arana, dice: "No me ocuparé en
hablar de su causa, porque su defensa corre impresa y da la más
completa idea de la injusticia con que fue inmolado. La dureza
de sus jueces no se limitó a este general, extendiose a su defen. sor, que por haber llenado su deber y explicádose con la libertad
que para tales casos garantizan las leyes, fue condenado por la
comandancia general a sufrir un arresto de seis meses. Este hombre de bien -prosigue Bustamante- fue el capitán D. José María Antepara, de claro talento y de feliz disposición para la poesía".
538

Conviene aclarar, para conocer el mar de fondo de este proceso, que operaba en contra del general Arana la inquina del
partido yorquino, porque dicho militar estaba afiliado al escocés,
y los contrarios no podían olvidar que el general José Manuel
Montaño, correligionario del acusado, se había pronunciado en
octubre de 1826, pidiendo el exterminio de todas las sociedades
secretas, la renovación del gabinete del presidente Victoria -golpe dirigido contra el general Gómez Pedraza y don Miguel Ramos Arizpe, ministros de la Guerra y de Justicia, respectivamente- y la expulsión del funesto Joel R. Poinsset, enviado plenipotenciario de los Estados Unidos, cuya verdadera misión era dividir a México promoviendo y patrocinando la fundación de logias masónicas, germen de discordia que desangró al país hasta
madurarlo para la guerra de Texas y la invasión norteamericana
del 47.
En efecto, la vindicta pública exigía razonablemente la depuración del equipo humano coludido con los intereses políticos del
partido entronizado en el poder para llevar a un hombre al suplicio sólo por simples presunciones. En realidad, los escoceses sólo se anticipaban a pedir lo que más tarde harían los propios
yorquinos, nulificando la elección presidencial de Gómez Pedraza, y luego, en desquite, harían a su turno los mismos escoceses, al declarar a su sucesor, el general Vicente Guerrero, "imposibilitado para gobernar", sin antes declararlo fuera de la ley,
para luego hacerlo víctima de una abominable celada, llevándolo
al cadalso después de una farsa de proceso, con irregularidades
iguales o parecidas al que sufrió el del general Arana.
Convertido en lamentable instrumento de Poinsset, el gobierno
del general Victoria no fue capaz de ver adelante, siempre ofuscado por las pasiones de partido; ni menos lo que fuere de reparar -como, en cambio, sí lo hizo Alamán- en que el enemigo
eficaz y peligroso ya no era España, sino los Estados Unidos.
En la misma memorizada versión de don Carlos María Bustamante se puede leer el relato de los últimos momentos del general Arana, víctima expiatoria de la discordia de los partidos,
539

�al que primero se le calumnió y luego se le llevó al cadalso: "Marchó al suplicio con serenidad, y no se le notó la menor turbación,
excepto en el instante en que le quitaron el uniforme y la banda
de general, mostrando con esto que era un oficial pundonoroso y
caballero. Pidió agua, porque dijo que se le abrasaban las. entrañas, pidió también que no se le fusilara por la espalda, pero se
negó a concedérselo el fiscal, que hasta ese punto llevó su saña.
Luego que cayó muerto lo rodearon muchos espectadores, y una
malvada mujer pisó su sangre y dijo que tenía a honra el hacerlo por ser la sangre de un traidor: a imitación de esta harpía,
algunos arrojaron piedras sobre el cadáver ... "
Los sucesos relacionados con la conjuración del Padre Arenas,
probados históricamente como tentativa de España para reivindicar su perdida colonia carecen, en sí, de cualquiera significación que no sea la de un nuevo intento fallido, que pronto habría
de repetirse, en 1829, con la fracasada expedición de Barradas en
Tampico; pero el suceso nos ofrece valiosos elementos de información para penetrar en el corrompido ambiente político infestado
por la lucha de facciones y enardecido por la pasión, en una época
que influyó decisivamente en el futuro de la patria; porque es
indudable que los hechos ocurridos entonces propiciaron, en gran
parte, el ambiente favorable para que los Estados Unidos actuaran en el desarrollo de su política de absorción, que culminó con
la mutilación territorial impuesta a México en la jornada del 4 7.
Del relato anterior, se desprenden las conclusiones siguientes:
1a. En 1826 España intentó promover una insurrección en México, para reincorporarlo a su dominio, después de la capitulación de la fortaleza de S. Juan de Ulúa.
2a. La fundación de sociedades secretas fue arma política de
dos facciones irreconciliables, dirigida a la conquista del poder;
pero, en el fondo, sirvió de eficaz instrumento a la táctica norteamericana de absorción del territorio nacional.
3a. Prohijada por ese clima de antagonismo, existió la llama-

da conspiración del Padre Arenas; aunque torpemente concebida y desde su inicio condenada al fracaso.
4a. En el supuesto caso de que los expedicionarios españoles
hubieran triunfado, esto de nada les habría valido, porque los Estados Unidos terminarían por expulsarlos del país en corto o largo plaro, con tropas filibusteras o de voluntarios, como lo hiw
después en Cuba; pero entonces el vecino país habría hallado una
excelente oportunidad para fundar en México un protectorado, a
pretexto de la Doctrina Monroe, y modificar nuestra línea divisoria territorial hasta donde les hubiere placido.
Sa. Las pasiones del partido impidieron ver al régimen del general Victoria, que no radicaba ya en España, sino en los Estados
Unidos, como lo proclamó don Lucas Alamán, el futuro peligro.
6a. El gobierno nacional sabía que la conspiración era ya un
movimiento definitivamente abortado, sin peligro para la soberanía del país; pero lo presentó a la opinión pública con todo
el aparato teatral que necesitaba entonces su partido para dar la
impresión contraria, capitalizando así los resultados en favor d~
la corriente política que pedía la exclusión de los españoles de
los cargos públicos y creaba el clima propicio a su próxima expulsión.
7a. Condicionados los procesos a esta finalidad política de facción, fue preciso que el régimen forzara los débiles cargos contra
el general Arana, víctima propiciatoria por su condición de soldado del viejo orden, llevándolo con preconcebida intención al
suplicio.
8a. El plan llamado de Montaña señaló oportunamente al gobierno del general Victoria sus más visibles y graves errores, y
fue saludable advertencia, que se perdió en la algazara de los
odios de partido.
9a. Se advierte un táctico consenso en los historiadores -incluso en los menos sospechosos de conservatismo-- al estimar que
541

540

�la condena del general Arana asume las características de un
típico asesinato político.
10a. A la concurrencia de un conjunto de fines inconfesables
y de intereses discutibles, que parecen concitarse contra México
en una época en que pudo haber alcanzado envidiable prosperidad, y a la participación que tuvieron en este drama ameritados próceres de la Independencia Nacional, puede atribuirse la
actitud piadosa con que nuestros historiadores han vuelto esta
dolorosa página de la vida nacional, página que casi han dejado
intacta, aunque no invulnerable a la crítica histórica y a la censura moral.

Sección Cuarta

NOTICIAS Y RESEÑAS
BIBLIOGRAFICAS

542

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                  <text>Humanitas es la revista de investigación más antigua del noreste de México en el área de Ciencias Sociales y Humanidades, se publica desde 1960 y actualmente está indexada en Latindex. Es una revista arbitrada y de acceso abierto que considera para su publicación artículos originales escritos en español e inglés, que sean el resultado de una investigación científica y que representen una clara contribución al debate y conocimiento de las áreas de la revista: Filosofía, Letras, Ciencias Sociales e Historia.</text>
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                <text>Humanitas es la revista de investigación más antigua del noreste de México en el área de Ciencias Sociales y Humanidades, se publica desde 1960 y actualmente está indexada en Latindex. Es una revista arbitrada y de acceso abierto que considera para su publicación artículos originales escritos en español e inglés, que sean el resultado de una investigación científica y que representen una clara contribución al debate y conocimiento de las áreas de la revista: Filosofía, Letras, Ciencias Sociales e Historia.</text>
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                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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                    <text>Sección Segunda

LETRAS

�PROBLEMAS BIBLIOGRAFICOS EN LA OBRA DE
JUAN RAMON JIMENEZ

( 1900-1916)
Mi obra es como el mar, cuando me
muera será el mar quieto para mi.

J.

R.

J.

Lic. JuAN ANTONIO AYALA
Centro de Estudios Humanísticos. Monterrey, N. L.

LA OBRA DE JUAN RAMÓN J1MÉNEZ, concebida como una totalidad en constante desarrollo y en función de una alta idea poética, presenta una serie de problemas bibliográficos que, en cualquien otro caso, serían insuperables. J. R. J . fue siempre un hombre
meticuloso en todo lo que se refería al cuidado de sus archivos,
comparación de sus distintos originales y registro de la correspondencia recibida y despachada. Afortunadamente, la mayor parte
de estos documentos ·se hallan depositados en dos instituciones que
ofrecen máximas garantías de conservación y ordenación; son éstas, la Biblioteca del Congreso de los Estados Unidos de Norteamérica, en Washington, y la Sala Zenobia y Juan Ramón de la
Universidad de Puerto Rico. Parte de los documentos de J.R.J.,
anteriores a 1936, guardados celosamente en su casa de Madrid,
se perdió cuando fue asaltada al finalizar la guerra civil en 1939.

•
321

�. 1·iogra, fico que pueden presentar
d
,
L dif . ultades de orden b1b
as
1c R
.
.
1m
t
de
estos
os
cap1los textos d e J • ·J ·, Provienen, prmc1pa en e,
tulos:
d
oemas que fueron incorporados
a) Poemas o fragment?s e p
f eron rehechos en nuevas
a poemas o libros posteriores o que u
ediciones.
.
nunca fueron publicadas, cuyo texto
b) Obras anunciadas que
tre los originales de su archivo.
o proyecto de texto se encuentra en
textuales nos servimos de
Para la exposición de estos problemas N
Vida y Obra de
d G · la Palau de emes,
la excelente obra e ra:ie.
, 1· ' z (Bibhoteca R om •ca Hispánica' Estudios
Juan Ramon imen_e
M d 'd 1957) documento de
'
·
31 Ed'torial Gredos, a ri ,
y .Ensayos,
' el1 mas
, competo
1 h asª
t el presente- cuyas afir•
primera
mano
'a
de
los
casos
en
el
test1.
, b d s en 1a mayon
'
mac1ones estan asa ª '
•
Juan Ramón.
monio directo proporcionado por el mismo

Sarcasmo (recordados fragmentariamente por el poeta en los últimos años de su vida) .
Muerte del Genio, escrito a la muerte de Emilio Castelar e inspirado en la crónica que Rubén Darío publicara, con el mismo
motivo, en La Nación de Buenos Aires. Este poema plantea uno
de los primeros problemas textuales en la obra de J.R.J. Lo recordó, más tarde, corregido, para su obra Destino, inédita, y anunciada por él, de viva voz, en España y América a partir de 1936.
Nocturnos, bajo la influencia de Manuel Reina.

aru'

•
Al as de Violeta con un atrio de FranEn el año 1900 apa~ece m
. d Rubén Darío ambas en
.
V'll
Ninfeas con atno e
'
. .,
cisco 1 aespesa y
d 1 b a anterior a la pubhcac10n
la Tipografía Moderna. o a a º. r.
.
de estos dos libros de J.R.J. es la s1~1ente.
Un oema en prosa titulado Anden.
.
p
imitan
el
estilo
de
Bécquer,
publicados
en el
Unos versos, que
· 'd'
ºllano El Programa.
Peno
1co sevi
. S lt
L Quincena El
br d
n Ho;as ue as, a
'
Poemas sueltos pu ica os e ,
S ·na y en el Diario y H ePorvenir, El Correo de Andalucza, en ev1

T

raldo de Huelva.
C
E ' uez
.
d
R
l'
de
Castro
y
Manuel
urros
nnq .
Traducc10nes e osa ia
.
· m adrileño Vida Nueva.
Nocturno en el semanario
.
. . 1 de
.,
Vida Nueva de cmco ongma es
Traducciones, tamb1en en l R
d
nii A migo el Orador
El Minero Poder de ecuer o,
Ibsen: .
.
·
. N' he Triste
y p,
a;aro
y Pa;·arero.
.
R evolucionario, _oc
d d Ibsen: Dichoso, La Guardilla,
Poemas anarqmstas al mo o e

A

•
En 1899, J.R.J. preparaba un tomo de poesía que pensaba titular Nubes, libro que no llegó a aparecer y sobre el cual no volvió a insistir ni a dar ninguna referencia. Sin embargo, muchos
de los poemas destinados a este volumen iban a ser incorporados
a obras posteriores tales como Almas de Violeta ( 1900) [Salvadoras, ¡Solo!, El cementerio de los niños, Tristeza Primaveral, Silencio, Remembranzas] y Ninfeas ( 1900) [Paisaje del Corazón,
Las Amantes del Miserable, La Canción de los Besos, Sarcástica,
A urea].
El proyecto de Nubes se desdobló en dos libros que aparecieron en 1900, Almas de Violetas y Ninfeas; la distribución del material estuvo a cargo de Villaespesa, en Madrid. ¿ Quedaría fuera
de selección algún poema y habrá sido aprovechado por J.R.J.
en alguna de sus obras posteriores? No existe referencia alguna.
De Ninfeas incorporó, después, a sus "Antolojías", R ecuerdos y
Paisajes del Corazón.
Tanto en Ninfeas como en Almas de Violetas, J.R.J. comienza ya a anunciar otras obras, modalidad que tomaría arraigo a
través de su larga vida. Esto mismo anuncia a Rubén Darío por
carta. Una de estas obras era Besos de Oro, también prometía El
Poema de las Canciones, Rosa de Sangre (prosa), Siempreviva,
Laureles Rosas, Rubíes (prosa ), obras que nunca aparecieron. Tuvo el proyecto de publicar, además, un libro con el título de Pe-

322
323

�numbra, en el cual pensaba incluir lo mejor de Nin/eas y Almas
de Violetas, con nuevas correcciones. Penumbra pasó a ser Anunciación. Nunca se dio como libro, pero en las "antolojías" juanrramonianas que aparecieron mucho después, selecciones de sus
dos primeros libros -pero sólo selecciones- aparecieron bajo el
título de Anunciación (Graciela Palau de N., ver cap. viii).

•
Rimas ( 1902), escrita en el Sanatorio de Castel d'Andorte, marca el momento en que J.R.J. comienza a incorporar a su obra
poemas corregidos, pertenecientes a su obra anterior y es de aquí
en adelante cuando se plantean los verdaderos problemas bibliográficos. Dejamos la palabra a Graciela Palau de Nemes:
"En Rimas hay trece poemas y cuatro cantares de una estrofa
cada uno, que ya se habían publicado en Almas de Violetas y
Ninfeas. De Ninfeas sólo recoge tres poemas. Solamente cuatro
poemas y los cantares aparecen intactos, es decir, si exceptuamos
los cambios en la puntuación que se observan en todos los mencionados, cambios muy a propósito, puesto que Juan Ramón, al
depurar el estilo, depura la forma, haciendo desaparecer las mayúsculas caprichosas, los excesivos puntos suspensivos y de exclamación e interrogación. Las dedicatorias ya no son 'para', a lo
modernista, sino 'a'. Algunos títulos, especialmente los modernistas, desaparecen. Los poemas Nívea, Azul, N egra, Elegíaca, Paisajes del Corazón, se quedan sin nombres. El poema antes titulado 'Salvadoras' en Almas de Violetas, se convierte en 'A mis penas', y algunas dedicatorias, sin duda las que fueron producto del
capricho de Villaespesa, también desaparecen, incluyendo la dedicatoria al mismo Villaespesa en el poema El Cementerio de loJ
Niños".
Besos de Oro, otra de las obras proyectadas por J.R.J. desapareció, cuando su mismo autor la destruyó en los momentos de
crisis psicológica por que pasó a raíz de la muerte repentina de
su padre, por "considerarlo demasiado profano". No hay referen324

cias posteriores a esta obra Ni si ui
. . .
vechara parte del material.
~ era el mdicio de que aproTristes.
para mcorporarlo a Rimas o Arias
En 1904 publica Jardines Le ·a
b
.
tancia en el Sanatorio del R J. nos, o ra escnta durante su esrro en Mad 'd E
osano y en la casa del doctor Sima'
n · n esta obra anun i d l;b
publicados, Penumbra [Ninfeas S c a os , I :ºs que no fueron
genuos] y Rimas de Somb
p'. º?etos romanticos, Romances in. .
ra [ aisa3es de la 'd
·
timI~nto, Paisajes del Corazón, 1901-1902] v~a, P~1!11avera ~ ,senJardines Lejanos otra obra
. ambien anuncio en
mánticas. [Palabras ro , _en prOosa que se titularía Palabras Romanticas. tras palab
, .
palabras románticas] 1906.
ras romanticas. Otras

•
Una de las épocas más fructíferas en la ob d
prendida entre 1905 y 1911 t
.
ra e J.R.J. es la com' ranscurnda en el reti d
M
guer natal. Veamos qué dificulta
. . , .
ro e su oobras escritas y no publ' d
des bi~hograficas presentan las
B .
'
ica as, en esta epoca
ªJº el título general de Olvidanz
..
I, Elegías Puras Madrid T'
f' asd {anunciado en "Elegías",
.
' ipogra ia e la Re . t d Ar .
1908 ) ' pensaba publi car tres tomos titul d . Lvis ª e• chivos'
Rosas de Septiembre y V ers A 'd a os. as Ho;as Verdes,
el primero es decir L H _os V ccz entales; solamente apareció
'
, as o;as erdes (01 'd
I
Verdes, 1906. Madrid T'
f'
v1_ anzas ' Las Hojas
En
.
' ipogra Ia de la Revista de Archivos)

lo Ext;a~oH~ea~;e:d:s, el ~?~~a h_a~ía publicado una Balada .de
P. de N q
g p~recio rev1v1da" en su obra de 1933 (G
·, P· 147) • Graciela Palau nos
•
·
y creemos oportuna su trans . . ,
proporc10na ambos textos
cnpc10n como eJ·
IO d 1
.
tes a que sometía J R J
emp
e as vanan. • • sus textos fruto ·d
d
ración poética orgánica que
1'
, ev1 ente e una maduse pro ongo durante toda su vida:
1909

La arboleda entreabría su fronda
melanc6licamente· Alla', al f m,
'

1933
El verdor descolgaba su fronda
de rocío amarillo. Allá, al fin,

325

�era un cuento de oro la honda
vaguedad del doliente jardín.

era un oro de elíxir la honda
transparencia del tierno jardín.

Me habéis dicho: Senderos extraños...
. 1
Yo: Senderos extraños . .. por D zos.
yo no llevo senderos extraños,
es que marcho delante de vos.

Tú dijiste: Cendero jejtraño!
Yo: Senderos estraños . .. ¡ jú! ¡ jú!
- ¡ Que tú lleba cendero jejtraño!
-Es que soy de otra calle que tú.

Era el valle de otoño. Un castillo
viejo hablaba de ensueño y de amor.
El romántico ocaso amarillo
le ponía los muros en flor.

Era el monte de otoño. Un castillo
alto hablaba de blancos de amor.
El ocaso con luna amarillo
le volvía las torres en flor.

Me habéis dicho: Senderos extraños...
. 1
Yo: Senderos extraños . .. por D zos.
yo no llevo senderos extraños
es que marcho delante de vos.

Usted dice: ¡ Senderus estrañus!
Yo: Senderos estraños. . . ¡ bé! i bé!
-¡Qué usted lleva senderus estrañus!
-Es que .soy de otra costa que usté.

Por el río celeste un navío
iba, abierto de velas, al mar.
Abandono, nostalgia, humo . .. Al río
se le oia, en la tarde, llorar . . .

Amarillo, increíble, un navío
de cristal iba opaco a la mar.
De llevarlo en sus ondas, al río
se le oía reír y llorar.

Me habéis dicho: Senderos extraños...

Me habéis dicho: ¡Sendeross estra[ñoss!
. I
Yo: Senderos estraños. . . ¡ por Dzos.
-¡Qué voss lleva sendeross estra[ñoss!
-Es que soy de otra nube que vos.

.

1

Yo: Senderos extraños . .. por D zos.
yo no llevo senderos extraños
Es que marcho delante de vos.

A esta época de. Moguer -una de las más fecundas de J:R}- Y
de las más trascendentales para su poesía- pertenecen las s1gmentes obras publicadas :
Elegías de 1908 a 1910
(Elegías I, Elegías Puras, 19?8)
(Elegías II, Elegías Intermedias, 1909)
(Elegías III, Elegías Lamentables, 1910)
La Soledad Sonora, 1908 (Publicada en 1911)
Poemas Mágicos y Dolientes, 1909 (Publicada en 1911)
Melancolía, 1910-1911 (Publicada en 1912)
·
Laberinto, 1910-1911 (Publicada en 1913)
326

Pero quedaron inéditas y solamente anunciadas las siguientes
obras:
Arte Menor, 1909 (Anunciada en Elegías Lamentables, 1910)
Esto, de 1908 a 1911.
Poemas Agrestes, 1910-1911 (Anunciada en Elegías Lamentables, 1910)
Poemas Impersonales, 1911 (Anunciada en La Soledad Sonora, 1911)
Historias, de 1909 a 1912.

Las obras que siguen fueron anunciadas conjuntamente en Melancolía en 1'912 y también quedaron inéditas:
Libros de Amor, empezado en 1911.
El Dolor Solitario, 1911-1912.
Domingos, 1911-1912.
El Silencio de Oro, 1911-1912.
La Frente Pensativa, 1911-1912.
A esta época pertenecen, también, cierto número de obras en
prosa que solamente fueron anunciadas. Aunque la bibliografía
de las obras en prosa de J.R.J. no es objeto de estudio, damos a
continuación los nombres de las mismas a título informativo:
Comentario Sentimental ( 1903-1908) (Anunciada en Elegías
Puras, 1908) .
Ideas Líricas, 1907-1908, anunciada en la misma obra anterior.
Paisajes Líricos, 1907-1908, en la misma.
Ideas Líricas [Ideas Líricas, Acotaciones, Notas] 1907-1908
(Anunciada en Elegías Lamentables, 1910)
Paisajes Líricos [Paisajes Líricos, Paisajes sensuales, Esquisses]
1907-1908 (Anunciada en Elegías Lamentables, 1910).
Recuerdos, 1911 (Anunciada en Melancolía, 1912)
Insomnio, sin fecha de redacción.
Pensamientos, 1912 (Anunciada en Melancolía, 1912)

•
De 1911 a 1916, J.R.J. vivió en Madrid, alojado, casi permanentemente, en la Residencia de Estudiantes. Son estos tiempos
327

�de plenitud, de soledad y de aislamiento, de profunda introspección y de logros poéticos definidos y definitivos. Ha encontrado,
después del sacudimiento de la profunda tragedia familiar y de
la pérdida casi total de sus haberes paternos, un equilibrio propicio para la creación. J.R.J. desarrolla, además, una labor editorial de grandes alcances; se encargó de las publicaciones de la
Residencia; intervino como director literario de la casa Calleja,
edita los hoy tesoros bibliográficos de los Jardinillos. El ambiente recoleto y laborioso de la Residencia de Estudiantes y el paisaje circundante influyen hondamente en su obra. A esta época
pertenece La Colina de los Chopos (anunciada en Estío, 1916),
cuyos fragmentos aparecieron en Unidad (8 números de 12 hojas sueltas cada uno, dentro de una cubierta marcada con el número, la firma de J.R.J. y la fecha, 1925, Madrid, León Sánchez
Cuesta, librero) y en Revista de Occidente ( 1923, Año 1, No. 11,
agosto; Colina del Alto Chopo, págs. 137-160).
Brevemente indicaremos las obras anunciadas y no publicadas
que pertenecen a esta época. Intencionalmente dejamos de lado
el estudio de los poemas o fragmentos de poemas que J.R.J. aprovechó para su obra posterior, así como el estudio detallado de las
variantes estilísticas, puesto que no entran dentro de los propósitos de este modesto trabajo.
Bonanza, 1912 (Anunciada en Melancolía, 1912)
Pureza, 1912, (Anunciada en Laberinto, 1912)
Unidad, 1912-1913 (Anunciada en Laberinto)
Primeras Poesías, 1898-1902 (Anunciada en Estío, 1916) y dos
obras más sin fecha de redacción: Apartamiento (Anunciada en
Estío) y En la Rama del Verde Limón, anunciada en España
( 1920, octubre 9, En la rama del verde limón).
Pensamientos, 1912 (Anunciada en Melancolía, 1912).
Odas libres, sin fecha de redacción y anunciada en Laberinto,
1913.
Prosa Primera, sin fecha de redacción y anunciada en Estío,
1906.
Poemas en Prosa, 1913-1920 (Anunciada en Estío).
328

Elegía a la muerte de un hombre, sin fecha de redacción y Las
Flores de Moguer, ambas anunciadas también en Estío.

•
E~ 1916, matrimonio, viaje a los Estados Unidos y nueva residencia ~ Madrid, se inaugura una nueva época en la poesía de
J.R.J., epoca_ que se suele alargar hasta 1923. No nos ocupamos
en este t:a~a~o de la producción inédita y de la incorporación de
la º?ra medita a la obra publicada, por falta de información
precisa Y ~or la carencia que tenemos de bibliografía de primera
mano. Guillermo de Torre ha hecho un balance total de la
obra de J. .R. J. Y totaliza 83 obras inéditas anunciadas. Aquí
he~os querido esclarecer
cuáles son las que corresponden a 1a
,.
t
Pnmera ~ ap~ ~oeti,c~ de nuestro autor. Un segundo paso en
este estu~io bibhogr~fico sería deslindar hasta qué punto J.R.J.
ªP:º:echo los i:natenales de su obra inédita en las obras editadas;
que import~ncia concedía él a estos materiales en reposo· cuál
fue la sucesiva elaboración a que fueron sometidos para s~r incorpo~ados. ~ la obra definitiva y, finalmente, hasta qué punto
e~tas m?ec~s~on~s, estos anuncios frustrados marcan épocas O penodos ~I~icativos en la vida y en la obra de Juan Ramón. No
nos resistimos a transcribir aquí la opinión de Guillermo de T0 _
rre, ~n torno a este o estos problemas de orden bibliográfico y
poetico planteados en la obra de J.R.J. "¿Existirían verdadera~ente es:os libros como tales?, ¿podremos conocerlos ahora? O
l'.no pasanan de proyectos, bosquejos, páginas sueltas, anuladas luego o pasadas a otros libros inéditos? Por lo demás su fac di
lí'
.
,
un a
nea, s~ asiduidad de escritor fueron patentes para todos los que
le conocimos.
Y o recuerdo -lo he contado otra vez- cómo du_
.
.
rante rru primera visita hace bastantes años en Madrid siendo
yo muchacho, mi vista se detuvo ante un gran rimero de cajas
de papel que se apilaban en el suelo, cobrando casi la talla hu?1~n~. Juan Ramón me explicó: "Son los originales de mis libros
meditos; trabajo en ellos diariamente". Más adelante, y en el
329

�mismo estudio, Guillermo de Torre se plantea el problema de
cómo hubieran sido las obras completas de J.R.J. -mejor dicho,
La Obra, tal como él la concebía- y su proyección para el estudio bibliográfico de las mismas: "La misma variación de títulos -dice- y ordenaciones que experimentó esa serie revela
su perplejidad. Primero habría de comprender dos volúmenes de
mil quinientas páginas cada uno, según anunciaba la Editorial
Losada desde 1942; luego se extendían a catorce; finalmente se
reducían a nueve y a la postre, sensiblemente, a cero. La indecisión y la confusión se agravaban por otro detalle nuevo: y es
que el autor proyectó, durante algún tiempo, agrupar sus obras
completas en diversas formas y series: una por géneros, otra por
épocas, otra mezclando cronología y temas. . . lo que hubiera hecho aún quizás más inextricable su laberinto bibliográfico. El
título conjunto que imaginaba - Destino-- se volvía adversamente contra él, sin que el poeta lograra sobreponerse a intermitentes achaques de salud, y sobre todo, a desánimos, rigores o perplejidades más continuos en su vida y, al cabo, más aniquiladores".

•
Queda, por tanto, abierto el problema fundamental de la Obra
de J. R. J. : el problema del laberinto bibliográfico, cuyo deslinde
es necesario, desde cualquier punto de vista, para poder penetrar
en el estudio estilístico integral del gran poeta moderno de lengua
española. No se trata de menudencias bibliográficas o de un tema
interesante para una tesis de estadística literaria. Se trata de reconstruir orgánicamente toda la obra de J. R. J. para poder seguir, paso a paso, el desarrollo de tenias. motivos, a través de una
difícil cronología: la temporal y la emocional. Sobre la curva que
nos da esta clase de estudio se podrán ir colocando coherentemente
todos los demás estudios, parciales o totales, que nos lleven al verdadero

J. R. J.

ALGUNAS INTERPRETACIONES
NOVELISTICAS DE LA BOLSA

Dr. MYRON I. LICHTBLAU
Universidad de Syracuse

EN LA LITERATURA COMPARADA sucede
h
traspasa los límites de un ,
. lmuc as veces que un tema
pa1s particu ar para entreg
.
pretaciones más universales El
, . d
arse a mternar algunas novelas de . ·. pro~os1to e este estudio es examide la bolsa d l
d~stmtos pa1ses que versan sobre la fiebre
1900 U y e os ncgoc10s que prevalecía durante los años 1865. n tema de esta magn ·t d
de la vida rnism
,
1 u '. que posee el vigor y el espíritu
Narcis Oller pu:Ú:1n;:t!u~;;~eia~~~;nl la literatura. El catalán
bre d' or i . Emilio Zol
bl' ,
as tres partes de La feleídas, L'Árgent 2. el mª?u ico_ en 1891 una de sus novelas más
,
ismo ano 1891 a
., L b l
argentino José María Mi , .
' ,
' ~arec10 a o sa a del
la luz The Pit 4 obra
y un: fecada mas ~arde, 1903, se sacó a

/º'

:!;:~~:

Como se nota, l~s fechas~ost:es :b~:t::;n;;:~aon~e F:0
' La edición que siempre citamos en
b .
.
La.,eb_re d'or ~Barcelona, Editorial Selec~,st;9:;)_ªJº es la siguiente:
Citamos siempre la siguiente edición.
completes, vol. 18 (París, 1928).
.

EMILE

z
OLA,

NARCIS ÜLLER,

,

L Argent, ed. Les Oeuvres

• La edición que citamos es· JosÉ M ,
.
Argentinos, vol. XXI (Buenos Ái
Ed" _ARIA MIRO, La bolsa, Biblioteca de Clásicos
,
res,
1c1ones Estrada 1946)
FRANK NoRRIS, The Pit A Sto
f e .
'
.
York, 1934). The Pit forma' la seg rydo
h1cago, ed. de The Modern Library (New
.
un a parte de una trilo '
b
1 •
yect6 Norm. La primera obra d
.
g1a so re e trigo que pro1903. Por desgracia Norris m ~- esta serd
1c, Octopus, apareció en 1901; The Piten
,
uno antes e escribi'r ¡
r·
e vo1umen mal, que él iba a
11amar The Wolf.

331
330

�muy estrechamente; y la otra obra, por las más claras señas literarias cae también dentro del grupo, aunque apareció unos diez
'
.
años después. Y esta correspondencia va más allá de la pura comcidencia; antes bien procede de ciertas condiciones literarias y sociales como veremos en las páginas que siguen. No deseamos pre'
.
sentar aquí un estudio general de cada obra, pues tal comentario
puede encontrarse en numerosos ensayos de literatura. Tenemos por
objeto indicar los puntos de semejanza de las cuatro novelas, sobre
todo en cuanto a la concepción básica que rige las obras, las influencias literarias ejercidas sobre ellas, y la expresión novelística
de la contextura social y económica.
Aunque en el período 1865-1900 cada uno de los países t_ratados aquí representaba distintos niveles de desarrollo, todos disfrutaron de un gran auge de expansión material. Cuando se verifica
la acción de L' Argent, 1865-1870, reinaba Napoleón III sobre una
nación vigorosa que rebosaba de actividad económica. La famosa
Bourse de París, foco de la vida financiera de la nación, ejerció
también una influencia marcada sobre las operaciones monetarias
de toda Europa. En la Argentina, el empuje económico y social
se concentró principalmente en Buenos Aires, que se transformó
en una gran metrópoli y fijó aún más definitivamente que antes
la dicotomía entre la capital y las otras provincias del interior. El
puerto de Barcelona, retratado tan bien en La febre d'or, es el centro industrial y comercial de la región de Cataluña y hasta de toda
España. La ciudad adquirió gran importancia mercantil hacia
fines del siglo pasado, que es el período que forma el fondo del
drama conmovedor que se despliega en la obra de Oller. Finalmente, notamos que la novela de Norris lleva el subtítulo de A
Story of Chicago, aquella ciudad enorme y heterogénea que parece tender mil dedos hacia los rincones más remotos del país, enlazándose íntimamente con los asuntos más esenciales y diversos
de la nación. La gran producción de trigo y maíz en los estados
centrales desempeñó un papel fundamental en el progreso económico y la riqueza agrícola de los Estados Unidos; y la ciudad de
332

~hicago sirvi~ ( y todavía sirve) de centro comercial y eje financiero de esta importante región.
Presentamos en los párrafos que siguen el núcleo de cada obra
a fin _de observar los puntos comunes a todas, así como los elemen~
tos divergentes. La tumultuosa carrera financiera del protagonista
Saccard constituye la base de L'Argent. Cuando la novela comien~ s~~emos que Saccard ha perdido una inmensa fortuna; pero,
mtrepido y arrogante, se determina a renovar sus actividades se~ro de :ecobrar el prestigio que antes tenía en la Bolsa. Con'este
fm con~i~e una g:an empresa, La Banque Universelle, que goza
de un exit~ form_i?able por algún tiempo, debido en parte a la
astuta mampulacion ?e las acciones del Banco. Mas, por causa
de. una tremenda baJa en el precio de estas acciones, el Banco
qmebra y Saccard se halla arruinado por completo. Además está
sentenciado a cinco años de presidio por ciertas irregularidades en
la administración del Banco, pero un fallo subsecuente del tribunal_ le permite salir de Francia. Lo que sigue, a modo de epílogo,
reviste mucha importancia dentro de la armazón filosófica de la
obra: Saccard no abandona sus operaciones bursátiles, aunque
ésta es la segunda derrota que sufre. No puede rendirse porque
una fuerza natural superior a su propio ser se lo impide. De manera
~ue lo encontramos después en Holanda, dedicado de nuevo a van~s empresas financieras con la misma energía y confianza en sí
nus~o Y con la esperanza de regresar algún día a su patria para
contmuar allí sus actividades.

La acció~ central de T he Pit versa sobre la especulación en trigo
e~ The Chicago Board of Trade. El protagonista Curtís Jawdin,
pmtado con mucho acierto novelístico, es una figura imponente
furt
·
d e carácter, que considera la Bolsa no tanto como'
e e Y vigoroso
un_medio de enriquecerse, sino como un instrumento de poder de
sausfaccion
., personal. Especulador sagaz y egoísta, logra acaparar
'
el mercado del trigo, pero por fin lo pierde todo por causa de un
aumento inesperado en la producción de este grano en los estados
de Kansas, Nebraska, Iowa, y otros. Es decir, Jadwin, el terrible
acaparador, hace subir tanto el precio del trigo que los agricul333

�'dad mucho mayor de la que se acostumtores siembran una canti,
d r to y no puede hacer fren1
to que este se pasa e is
.
bra, hasta ta pun
S ard capitalista parisiense, y Jadwm,
te a la tremenda oferta. a~c 'd 1
·sma estirpe· los dos sa.
provienen e a mi
'
,
capitalista americano,
1
d 1 e'xito para sentir despues
t
orada e gozo e
'
·
borean por una emp
L
Norris logra demostrar muy bien
los dolores de la derro~a. ~ que
rticular la superabundancia
en The Pites que el tngo mismo, en pda Jadwin y no tanto el eleble del fracaso e
,
del grano, es responsa .
. 'd des bursátiles de sus antamento humano, es dec1r, las activ1 a
gonistas.
.
un abo ado escrupuloso y conEn La bolsa el protagorusta es
d . g llevar por el frenesí de
. . .,
d O L ·s Glow que se eJa
cienzudo llama
UI
'
d
as de dinero que mvirtio
la Bolsa y acaba por perder graln. es sumPara el autor la Bolsa es
as especu aovas.
' .
en numerosas e~pres
. r
fastuoso de Buenos Aires, y la
símbolo del med10 maten~ i~ta Je tantas vidas anteriormente patragedia del Dr. Glow es tlpica
11 época se convierten en torcíficas y bien ordenadas ~ue enpaq_ul; ~ em
"deciso Glow no tiee ero usi amme
,
1. • f'
bellinos de de mo man i . , . d Saccard o J adwin. Lo que
ne el carácter dominante y energic? e
y bien- son las conse.
y en esto acierta mu
. .
1
Miró qmere reve ar 1 que se arrojan precipitacuencias fatales que puedan pasar a os
r de la Bolsa.
1
&lt;lamente a remo mo
. orosa y dinámica de las
,
· d da la menos vig
·
.
La febre d or es, sm u '
f"
la fuerza e intensidad
,
lo que se re iere a
.
novelas tratadas aqm por
1
. . to fogoso del mundo h.
época
y
e
movim1en
1
con ~ue se pmtan a
ra de Oller el alcance épico y arrebatananc1ero. Faltan e~ la ob
1 d
brumador de las otras novedor de la Bolsa, el 1IDpetu y e dp; er do en la representación de
las del grupo. En el retr~to e dpelno b'i·ente Oller procede con
·
1 pintura e am
'
los personaJes Y en ª
f eo-o verbal que los otros
ás calma y menos u o
más reserva, con m
ramento artístico no posee
.
ace que su tempe
.
.
novelistas; pues par.
N . 1 brío juvenil de Miró, lll 1a
la exuberancia emocional de orns, _et de Febre d'or es Gil Foix,
.
d z la El protagorus a
energía v10lenta e o .
Gl
de repente se embrolla en
mo el Dr
ow, que
.
il l
hombre sene o co
l.
011 r nos hace percibir muy bien
la red de la Bolsa de Barce ona.
e

,ª

el cambio radical entre los miembros de 1a familia Foix. Vemos
cómo la ambición desenfrenada y el éxito monetario del marido
convierten un hogar Heno de felicidad y armonía en una casa discorde y aun hostil. Las razones fundamentales que impulsan al marido a sus actividades especulativas --el deseo de alarde y buen
tono, el ansia de una vida presuntuosa, el afán por el dinero-son en sumo grado desagradables a su esposa, que se rebela contra
el medio ostentoso y hueco en que se ve obligada a vivir. Explica
Oller, con referencia a la desunión de la familia y al descontento
de la esposa :

... mentre que a casa En Foix tot eren presses, angúnies i
mals humors: el papa pensant dia i nit en el negoci; la mama
vivint amb l'anima pendent d'un fil, sempre temerosa que es
perdés el que s'havia guanyat, amb més set d'or que el papa
mateix, amargant-li la vida les despeses i aquelles diversions
de que, pel dir de la gent, no es podia prescindir. r:' On eren,
dones, els avantatges de la riquesa? . .. No, no: ella estava desenganyada, desenganyada d' quella societat perversa, mentidera, hipocrita, en la qual no hi havia amor, ni amistat, ni altra cosa que interes i egoisme fastigos i vil. 11
E1 movimiento naturalista iniciado por Zola pronto cundió por
toda Europa y el Nuevo Mundo. Hacia fines del siglo diez y nueve
sería difícil encontrar una literatura que se librara por entero de
los principios y la técnica de esta corriente naturalista. Las novelas consideradas aquí muestran muy daramente la influencia del
maestro francés. El tema mismo -el ánimo de adquirir lucro, la
bolsa como una fuerza indomable, la codicia, la entrega de la voluntad por la pasión del dinero- se presta muy bien a una interpretación naturalista, en 1a cual el credo del determinismo aplasta
sin piedad la vida de hombres ambiciosos y egoístas. L'Argent es
una de las últimas novelas de la famosa serie Rougon-Macquart;
en otras obras de este grupo la mina, la tierra, la fábrica, ei am• La febr, d'or, p. 194.

334
335
R22

�biente pobre, la herencia deficiente, representan la fuer~ vital
que impulsa y domina a los hombres. En L'A-rgen: la mala ~~~uencia del dinero logra arrastrar a los hombres hacia la perd1cion.
El naturalismo en la ficción argentina llegó con las novelas_de
Eugenio Cambaceres, publicadas entre los años 1882 y 1887, siendo la más notable la obra titulada Sin rumbo ( 1885). Por estos
6
años también otros autores hispanoamericanos reflejaron en sus
' ciertas' tendencias naturalistas; pero los escritores
.
novelas
argentinos -Cambaceres, Juan Antonio Argerich, Manuel T . Podestá,
Francisco A. Sicardi- fueron los que mostraron mejor la aplicación a la novela de los principios zolescos. El desarrollo de la ficción naturalista en la Argentina corresponde cronológicamente al
auge del realismo de los años 1880-1900. Coe~stían los dos movimientos. Mientras salían las novelas naturalistas de Cambaceres
y Sicardi, por ejemplo, aparecían al mismo tiempo las obras netamente realistas de Lucio V. López, Paul Groussac, y Carlos M.
Ocantos. Las novelas realistas y naturalistas surgieron en la Argentina durante una época importantísima, una época de gran p~ogreso económico y social que a~~nció una n_ación próspera. Y_ sena.
La vida del país cambió muchísllllo a medida que las actividades
comerciales y financieras aumentaron grandemente. Algunas señas bien evidentes de este aumento eran la furia de la Bolsa, la
fundación de bancos, sociedades anónimas y otras organi~ciones
comerciales y la construcción de lujosos edificios y un buen sisten:a
de ferrocarriles. Pero ya por el año de 1889 la estructura economica de la nación comenzó a debilitarse y el año siguiente se
derribó por completo. Esta vigorosa actividad económic~ que condujo a tal prosperidad y a la crisis financiera poco ~';pues, proporcionó materia muy apropiada para una presentac10n novelesca e
impulsó a varios escritores a tratar el tema. De las cinc? novelas
argentinas 7 publicadas sobre este tema, La bolsa es la mas famosa

y la mejor. En primer término es una obra sólidamente realista
que pinta con mucha destreza novelística una época de transformación. Sin estar concebida cabalmente en la matriz del naturalismo, ~a bol~~ tiene unos rasgos naturalistas, siendo el principal
la mamfestacion de la doctrina del determinismo en el retrato del
protagonista.
La influencia naturalista en la ficción norteamericana se nota
principalment~ en las obras de Stephen Crane, Frank Norris, y
Theodore Dre1ser. Por desgracia, Crane y Norris murieron en la
flor de la edad-Crane en 1900 a los veinte y nueve años Norris
en 1902 a los treinta y dos años. 8 Con la muerte de estos dos 'novelistas,, el des~rrollo
la novela naturalista quedó truncado y le
toco a Dre1ser contmuar el movimiento, desenvolverlo, y llevarlo
a su máxima expresión literaria. Pero a pesar de una carrera prem~t~rai:iente terminada, Norris dejó un grupo de novelas de gran
mento, que revelan plenamente la influencia de Zola en su form~ción Y expresión novelísticas. En The Pit, la fuerza vital del
trigo, que se extiende todopoderoso a través de las llanuras, entrampa a los hombres en la lucha por la riqueza potencial que el
grano representa. El trigo no obedece a las leyes humanas ni hace
caso de los caprichos de los hombres en sus operaciones de bolsa.
En el sigui:~te párrafo, nótese cómo Norris hace figurar la doctrina determm1sta del · naturalismo en las actividades especulativas
de Jadwin:

d:

• • • Why, the Wheat had grown itself; demand and supply,
these were the two great laws the Wheat obeyed. Almost blasphemous in his effrontery, he had tampered with these laws,

t

.;i.guientes: SEGUNDO I. V1LLAFAÑE, Horas de fiebre ( 1891) · CARLOS M ÜCANTOS
u, lto ( 1891 ); ALBERTO DEL SOLAR, Contra la marea ( 1894) · PEDRO G · MoRANTE'
C randezas ( 1896).
'
·
'
1

• Nos referimos, por ejemplo, a MERCEDES CABELLO DE CARBONERA, ~eru~na, autora
de Blanca Sol (1889); a FEDERICO GAMBOA, mexicano, autor de Apar1enc1as (1892) ,
Suprema Ley (1896), Metamorfosis ( 1899 ) y Sant~ (1903); a CARLOS REYLE5,
uruguayo, que escribió Beba ( 1894) y La raza de Cam ( 1900) · . . .
.
son
, Además de La Bolsa, las otras novelas que versan sobre la crms fmanc1era

336

~bservamos que JosÉ MAR.ÍA MIRÓ (1867-1896) también murió muy joven a
1os vemte y nueve a - d d d L
, •
'
nos e e a . a bolsa es la uruca novela que publicó pero basta

~E revelar su talento novelístico, desgraciadamente cortado por la mu~rte.

(l 0 )tre las otras novelas de NoRRIS figuran: McTeag1¡e (1899), The Octopus
9 1
, Y Vandouer and the Brute ( escrito en 1894 y publicado en 1914).

337

�d had roused a Titan. He had laid his puny human grasp
:;on Creation and the very earth herself, the gre~t m~t~e~
[' the touch of the cobweb that the human insec a
~;:~nghad stirred at last in her sleep and sent he~ omni~otenc~
~ g through the grooves of the world,
to find an crus
movin
10
the distruber of her appointed courses.
En el desarrollo de la novela realista catalana, la pri~era fi~~
, .
N , Oller ( 1846-1930)' autor de vanas obras
ra de mento es arcis
•
· d de Barcelona
que reflejan fielmente el mundo compl~~o y ~g1t~
1 retrato
a fines del siglo pasado. Por la captac1on ps1cologi~ y e
1
.
L
febre
d'or
figura
entre
bien logrado de algunos persona1es, a
1 h os
e ·, París ,a Zola yb"da os. erlibros más valiosos de Oller. onoc10 en
ulGoncourt Parece que Zola y Oller habia conce 1 o s1m
manos
·
b 1 bolsa Cuantánea pero independientemente sus novelas so re a ,
.
1
do Zola anunció su proyecto al público, Olle: temia qule set e
, publicar su nove a an es
acusara de plagiario, y por eso se apresuro ª.
t de La febre
de que apareciera la obra de Zola. La pnmera par e 1
do
.
1890 un año antes que L'Argent; e segun
d'or sahó a luz en
' .
y 1893 respectivamente.
1 en y el tercero aparecieron en 1891
vo um
1 l'b de Miró La febre d' or es fundamentalmente
Igual que e 1 _ro
1·' o en la cual se revela la influencia
novela de vigoroso rea 1sm ,
una
. .
1 filosofía determinista que reconaturalista principalmente por ª
d d minador
la obra Pero aun aquí la fuerza de la Bolsa, e1 po er o
.
rre
.
bl
d
1
.
za
no
se
ponen
de
mamd 1 dinero la pasión inexora e e a nque '
,
_e
'
.
ener ,a e intensidad que notamos en L Argent y
fiesto c_on la misma
~ en La febre d' or el aspecto físico de
The Pit. Tampoco sentimos
do1
.
.
1
hormigueo
constante,
os
corre
la Borsa catalana, e1 mtenor, e
F 1 1 des
eculadores y otros que prueban fortuna. a tan as
r~ y. esp . orosas del mundo financiero, la rivalidad y la lucha,
~:t~::::c:!es variables; antes bien Oller prefiere retratar esce-

?

,. Th, Pit, p. 358.
ll
( 1879); L'escanya
u O
las de ÜLLER son las siguientes: La Pape ona
tras nove
.
• ( 1905)
pobres ( 1884) ; La bogerla ( 1899) ; Pilar Pnm
.

338

nas domésticas entre la familia Foix, aquel hogar que sufre tantos
trastornos a consecuencia de la pasión inmoderada del marido.
Sería conveniente a continuación precisar más los puntos de contacto en la concepción e ideología básicas de las cuatro novelas.
En cada una la bolsa y la fiebre del oro por fin vencen al protagonista, desempeñando así el papel de un monstruo que trae el
desastre consigo a cada paso. Bien que los novelistas hacen hincapié en la muy probable influencia negativa y en el poder destructivo de esa pasión, al mismo tiempo no pueden menos de reconocer que esta misma fuerza dañina es beneficiosa y forma la
base de nuestra economía. Análoga a esta dualidad implícita en
la naturaleza de la Bolsa, encontramos una especie de dicotomía
en el carácter de los protagonistas. Es decir, las cualidades agresivas, arrogantes, y egoístas que manifiestan continuamente en sus
negocios se truecan en rasgos de sumisión y humildad cuando se
trata de asuntos de otra índole. Y a este respecto es interesante
notar una circunstancia paralela en The Pit y L' Argent. Jadwin
dirige los domingos una escuela religiosa y también contribuye
al apoyo de un hospital para niños, a donde pueden ir los alumnos de esta escuela en caso de necesidad. Saccard, por su parte,
tiene interés en una institución de caridad llamada L'Oeuvre du
Travail, y llega a ser director. En los dos casos es evidente la intención del novelista: presentar un aspecto más benigno en el conjunto emocional de estos hombres para contrastar con los rasgos de
impasibilidad y dureza.
Los cuatro protagonistas caen víctimas de su propia codicia y
de la implacable fuerza de las circunstancias que los rodean. Y
en los cuatro casos la derrota no sólo es material y económica, sino también emocional y hasta mental. Todos sufren en alguna
forma un desorden o perturbación de la razón. La novela argentina termina trágicamente con la completa demencia del Dr. Glow,
que percibe en su desvarío un monstruo espantoso que profiere
las palabras fatales: "Soy la bolsa". 12 Foix, en La febre d'or,
también pierde la razón al hallarse arruinado en la Bolsa y des11

La bolsa, p. 280.

339

�honrado ante su familia. Esta última condición constituye tal vez
su mayor infortunio, particularmente en vista de la felicidad doméstica que antes prevalecía y el gran respeto y admiración que
le brindaba su familia. Ya que el enfoque novelístico de Oller se
basa en gran medida en escenas de familia, es natural que el desequilibrio mental de Foix se manifieste en la conducta extraña
que exhibe en su propia casa. Veamos este párrafo:
-No ho sabem pas. Mai no es traba bé. Passa nits enteres
sense dormir; no pot pair el que menja; tot ['enfada, tot el
posa furiós; la memoria li falta, el cap se li'n va; agafa manies
estranyes com la d' ara, que fa vuit dies que no el podem
arrencar del quarto, i allí menja, i allí dorm, i allí es migra
a les fosques, sense escoltar els nostres precs in els consells
dels metges, i fent-nos consumir a tots. Res! n'ha passades
tant es, po bre papa'f. ... 13

En The Pit la lucha constante y vigorosa sostenida por Jadwin
para acaparar el ·mercado del trigo casi le hace perder la salud física y hasta mental. Sufre toda clase de trastornos -paroxismo,
histerismo, vértigo, alucinaciones, espasmos. Igual que el monstruo
que representa la Bolsa en la imaginación del Dr. Glow, el trigo
mismo es el que llega a atormentarlo. "For a thousand, a million,
forty million voices were shouting in cadence: Wheat-wheatwheat, wheat-wheat-wheat". 14 Pero a pesar de su turbación Jadwin nunca deja de ser un personaje casi nietzschiano, atrevido y
orgulloso aun cuando percibe su derrumbe final. En una de las
últimas escenas, que retrata magníficamente esta derrota; presenciamos todo el desequilibrio de Jadwin (que después recobra la
salud gracias a la solicitud de su esposa Laura) :
And then, under the str,ess and violence of the hour, something snapped in his brain. The murk behind his eyes had been
u La febre d'or, pp.
" The Pit, p. 308.

suddenly pierced by a white flash. The strange qualms and
tiny nervous paroxysms of the last few months all at once
culminated in sorne indefinite indefinable crisis and the
'
.
'
wheels and cogs of all activities save one lapsed away and
ceased. Only one function of the complicated machine
persisted; but it moved with a rapidity of vibration that
seemed to be tearing the tissues of being to shreds, while its
rhythm beat out the old and terrible cadence:
"Wheat-wheat-wheat, wheat-wheat-wheat". 15

, C~da novela ;efleja a su modo ciertos elementos sociales y eco~
nomicos del pa1s tratado. Notamos numerosas referencias a importantes aco~tecimientos y problemas nacionales que de algún
se relacionan con las operaciones de Bolsa y con la vida
cotidiana de los personajes. Por eso las novelas son valiosos doc~mentos social~s. Al tratar el tema de la Bolsa y la pasión del
dmero, l~s ~ovehstas hacen resaltar una época entera, todo el drama economico y personal que ocurre diariamente en nombre del
progreso Y la satisfacción de los anhelos individuales. En La bolsa
observamos qu: una filosofía materialista y positivista se apodera
de .la gran capital de Buenos Aires, haciendo que los valores más
estimables Y duraderos cedan paso al culto de la ostentación la
a~e~tación Y la hipocresía. Percibimos también cómo fueron' recibidos los_ m~Ilares de inmigrantes de España, Italia, Francia, que
~an co~tnbmdo tanto al desarrollo del país, pero a la vez han
sido obJeto de odio y resentimiento por parte de una minoría intolerante y necia. En The Pit sentimos los azares y vicisitudes de
l~ ,carrera de Jadwin no sólo como una lucha personal, sino tambien .~esd~ un punto de vista más amplio y significativo, en su
r:lacion d1recta con el pulso económico de la nación, con el vaiven de.l mundo financiero y con los mercados nacionales y hasta
ternac10nales. El alza y baja de las cotizaciones diarias, los caprichos Y enredos de los corredores, los acontecimientos mundiales
que influyen en la compra y venta de las acciones: toda esta acti-

mo?~

in-

496-497.
" lbid., p. 3 76.

34-0

341

�·vidad significa para Jadwin pasos sucesivos hacia la realización
de sus proyectos o hacia la derrota financiera y el fracaso de sus
sueños y ambiciones. Mas para millones de personas en los Estados Unidos y aun en el extranjero, tales fluctuaciones de la
Bolsa tienen un significado mucho más grave y profundo; pueden
presagiar una amplia cosecha o una escasez de trigo, la prosperidad económica o la ruina total, tiempos propicios o una temporada de privación.
El cuadro contemporáneo de Francia ( 1864-1867) se vincula
en L'Argent con la narración de la carrera bancaria de Saccard.
Notamos, por ejemplo, las siguientes referencias: el asunto mexicano y la tragedia de Maximiliano y Carlota; la formación de
varias asociaciones a favor de la clase obrera, como para contrapesar el poder creciente de los capitalistas; la construcción de muchas obras públicas, la cual disminuyó los fondos de la tesorería;
la doctrina de un pequeño grupo de socialistas y comunistas, representado por la figura de Segisµiond; la apertura del canal de
Suez, que dio estímulo a los intereses bancarios de Saccard; y L'
Exposition Universelle, inaugurada en París en 1867 con toda gala
y festividad.
La presencia de los judíos en las múltiples transacciones bancarias y bursátiles se hace sentir de algún modo u otro en las novelas tratadas aquí. Principalmente en los grandes centros cosmopolitas, esta raza hebrea ha figurado importantemente en asuntos
financieros y económicos; y debido al prejuicio arraigado que remonta de la antigüedad, sus actividades han sido objeto de censura y difamación. Los actos fraudulentos y ruines de unos pocos
judíos en operaciones comerciales han sido aplicados injustamente
a una raza entera, engendrando así hondos sentimientos de odio
y recelo. En L'Argent, por ejemplo, figuran varios judíos que desempeñan un papel principal en el fervor financiero de la época
y que tienen una relación directa con las actividades d~ Saccard.
Gundermann, hombre altivo y muy respetado, enemigo implacable de Saccard, se niega rotundamente a ayudarle en sus empresas
y profetiza maliciosamente la quiebra de la Banque Universelle

para vengarse de s~s pr~pi,a~ pérdidas en la Bolsa. Otra figura,
~usch, es de las mas ant1pat1cas y odiosas. Es usurero y chantajista soez que negocia en acciones y bonos depreciados. Se ocupa
en 1~ compra de deudas y luego se vale de toda clase de bajos
med10s para .cobrarlas. De ideología enteramente opuesta es su
hermano Seg1smond, defensor ardiente del Marxismo que vive
apartado de la .lucha cotidiana del mundo de negocios. Acerca
de otro pers~naJe secundario, llamado Nathansohn, un antiguo
profesor profiere estas palabras sucintas: "Mais il
·
1·
·¡
· •f" 16 . ,
arnvera, m,
ca~ i est JUI . Por ultimo, todo el rencor y mala voluntad, el
odio Y sospecha, se funden en el protagonista Saccard que
·
d
1 · d'
,
consiera a os JU ios como una raza sin país, como parásitos que aprovechan el fruto de la labor de otras naciones.
E~ ~a ~olsa no figura directamente en la acción ningún perS(?naJe Jud10, pero sí hay referencias muy extensas y vehementes
al ~arácter Yacti:id~des de esta raza. Como Saccard en L'Argent,
qmen lanza la diatriba contra los judíos es el protagonista de la
~
L·ru
.
. r~,. ms ow: ~~e ofrece el mismo razonamiento espurio para
17
~UStlÍic~r su ~~eJmc1~. , Afirma él, revelando así toda su propia
msegun~ad: (Lo~ Jud1os) ya son dueños de los europeos, y si
se empenan, lo seran de los nuestros, completando así la conquista del mundo". 18
N.orr~s prefiere no señalar de una manera especial el papel de
l?s JU~IOs, aunque la participación de ellos en las transacciones
f~anc1eras de The Chicago Board of Trade debió de ser vigorosa
e .importante. Sólo de paso incluye a los judíos en la narración.
;igur~n muy brevemente en la acción un joven hebreo llamao Hirsh, uno de tantos corredores de ]a Bolsa y otro llamado
Grossman, a qmen
· nad.1e hace caso en las operaciones
'
de Bolsa a
P:sar de su presencia constante. Y Norris no hace comentario de
runguna m
' d o1e, m· s1qmera
· ·
por boca de los personajes; de manera

---,. L'Argent, p. 27.

1T V'
.
eanse pp. 94-95 de L'Argent y pp. 120-125 de La bolsa para esta comparación
mteresante.
,. La bolsa, p. 2 l.

343
342

�, · mas,
' entre otros
· · advertidos sin mas
que estos judíos pasan casi i~ d
Í Bolsa ruFinalmente,
en la
centenares de hombres asocia ols c?,n pªasaJ· er~ a los judíos en la
h sólo una a us1on
novela cata1ana ay
El , fo en que ocurre esta refevida. medrca~tilb. del !::;:l~;a~lgun!ª;~:ancieros de quitarles el porenc1a escn e e
. d' 19
der a unos banqueros JU ios. 1 d . ción que sea Bolsa, Bours
P;ra concl~~~:~!:Ja:;:. ~st~ i~:ituci6n econ~mic_~, por su
se, orsa, o
.
. ha encendido la imagmac1on de un
tremenda fuerza e mfluenc~a,
, animándoles a crear
grupo de novelistas de pnmeral_categ_ona,De la novela de Zola
1
alidad 1terana.
cuatro novelas d e a ta e
errar la filosofía implícita
citamos estas palabras que parecen ene
.
en las cuatro obras:

M D. ' au-dessus de tant de boue remuée, au-dessus
on ieu. .
,
, d
t ette abominable soufde tant de victimes ecrasees, e tou e c
, -t-il
"t
,
l'humanité
chaque
pas
en
avant,
n
france que cou e a
, ·y a de
as un but obscur et lointain, quelque chose de superieur, .
p
d ·uste de définitif, auquel nous allons sans le. savoir
bon,
1 gon
, fl e le coeur de l'obstiné besoin de vwre et
et qui.enous
d'espérer? 20

.. La febre d'or, p. 190.
"' L'Argent, p. 428.

344

ALEJO CARPENTIER: REALISMO MAGICO

Dr. FERNANDO ALEGRÍA
University of California, Berkeley, Cal.

DEBO CONFESAR que, hasta hace muy poco tiempo, el nombre de
Alejo Carpentier entrañaba para mí un recuerdo brumoso de ciertas intensas búsquedas literarias durante mis años universitarios
en Chile. Allá por 1934 o 1935 llegó hasta nosotros su novela
Ecue-Yamba-O, historia afrocubana y, momentáneamente, nos
deslumbró. A semejanza de un ventarrón de apasionantes corrientes folklóricas, con algo de emoción popular y casi, casi revolucionaria, su obra venía arrasando con todo lo cursi y lo falso de una
pseudo-tradición cubana imitada del castañuelismo andaluz y mantenida torpemente por críticos que, confundiendo la literatura con
el couplet, aún consideraban al negro como un personaje de La
cabaña del Tío T om y no como una herida en el costado mismo
de la sociedad cubana. Naturalmente, aun en esos años, nos dimos cuenta de que Carpentier narraba sus cosas con cierta perspectiva de erudito que no garantizaba la autenticidad de su mundo -con algo del despego de los blancos-negros de la pseudo poesía folklórica uruguaya o de los rumbistas de Puerto Rico- pero
su experimento conmovía e inquietaba, avanzando como un tractor que abría caminos en montes, selvas, plantaciones y suburbios
donde la novela cubana rara vez había osado asomarse. Lo exótico
de Ecue-Yamba-O, lo primitivo mezclado a lo social y engalanado con una atrayente imaginería creacionista, nos sedujo. En aquella época mi generación leía el Cocktail negro de Claude MacKay
345

�y El Emperador ]ones de Eugene O'Neill; no acabábamos aún
de descubrir el jazz en todas sus acepciones y variantes geográficas, pero lo seguíamos desde New Orleans a Chicago y lo buscábamos ya en el Harlem afrohispano.
Sin pasar más allá de esta impresión literaria -presintiendo
acaso, pero sin distinguir con claridad aquello de estético-social
que bullía en Ecue-Yamba-O y que más tarde iba a expandirse
y profundizarse en audaces interpretaciones de la mitología tropical-americana- Carpentier se nos apareció entonces como un
pionero, ligeramente extraño y un tanto descastado en su propia
patria.
No volví a leer nada suyo hasta 1958. Requerido por un editor
hube de ponerme al día en su obra. Leí Los pasos perdidos: la
primera página con asombro, las siguientes, hasta el comienzo del
viaje a América, con desgano y, tal vez, con antipatía; desde allí
hasta el final con la emoción profunda e inolvidable de haber descubierto para mí una obra de genio, y digo "descubierto" porque no vine a saber sino después de concluir la lectura que el libro había alcanzado un éxito sorprendente en Francia, Inglaterra
y los Estados Unidos. Busqué sus otros relatos y la impresión se
afianzó: me pareció increíble que durante años de teorizar sobre
la decadencia del super-regionalismo descriptivo de la novela americana y sobre el advenimiento de una nueva forma de novelar
hecha de realidades esenciales, de universal comunión en el drama social y filosófico del hombre moderno, concebida en la actividad portentosa, a veces subterránea, a veces sobrenatural, de
la vieja mitología india, negra y blanca de nuestros pueblos, no
hubiese yo sabido del trabajo admirable de este cubano, de sus
creaciones seguras, de su maravilloso poder para dar forma a la
intuición más quintaesenciada en rápidas, firmes y espléndidas
estructuras de un estilo barroco sólo comparable en la literatura
hispanoamericana contemporánea al de Miguel Angel Asturias, en
la prosa, y al de Pablo Neruda, en el verso.
Le he seguido ahora la pista con mayor cuidado. Sé de su vida
346

a tr~vés de_ ,un ensayo de su compatriota Salvador Bueno.1 Carpentier
nacio en La Habana en 1904, hiJ'o d e un arqwtecto
.
fran,
ces :, de. ~a ;11sa,. p_r~fesora de idiomas e inclinada "hacia las letra~ . Nmo aun, VIaJO ~or Francia, Austria, Bélgica y Rusia. Despues de _ha_ce,r sus estudios secundarios en el Liceo Janson de Sailly
se especializo en teoría musical y arquitectura. Regresó a La Habana co~ el pro~ósito de obtener allí un grado universitario, pero
no ~ardo en partir una vez más a Francia. La música le atrae especi~lmente, tanto en su aspecto creativo como histórico.2 Carpent~e~ lu~h~ po_r, generar un movimiento autóctono que supere la
meca~ic~ imitac1on del vanguardismo europeo. Escribe cuatro "escenanos para obras del compositor Amadeo Roldán. L
b
bara b (1928)
. a re amm a
' ballet en dos actos; El milagro de Anaquillé
( 1929)' Mata-c~ngre jo y Azúcar, poemas coreográficos.
. ~n 19~7, a raIZ de su participación en actividades políticas antidic:atonales, Carpentier fue encarcelado. En la prisión escribió
~l _pnmer borra~or de su novela Ecue-Yamba-O, editada en Mand en 1933. ~ibre de persecuciones, viajó nuevamente a Europa
en 1~28: Francia le atrae irresistiblemente y le da base a su formacio~ intelectual hast~ el punto de que en Cuba no falta quién
le ,~ons1dere un desarraigado, pero, como dice Bueno :
... este desarraigado encontrará sus fuentes nutricias en una
:~~a de cultu:as: lo euro?eo occidental, lo hispánico y lo africano
areª- mezcla_ ~1ca de sus circunstancias ambientales. En la casa hog na los dialogos y los libros traerán ecos de aquellas viejas culturas europeas, lo bretón y lo eslavo en conjunción fructífera. Afue;:~ en la calle, en la ciudad, entre los amigos que surgen, entre
es g:ntes que pasan y conversan, va alimentándose con lo colonial
I panol con el trasplante africano que, a fin de cuentas, forman
a esencial cubanía". (Op. cit., p. 157 ) .
B En París se dedica a la radio-difusión colaborando con Louis
arrault, Artaud, Desnos y otras figuras destacadas del ambiente

r

1

C/. La
,·
La H a bana, 1957. El ensayo se titula "Alejo Carpentier
novelista
a letra
till como t ~sigo,
n
ano
y
umversal",
pp. 153-1 79.
'
1
Carpentier es autor de La Música e C b Méxi
su valor histórico y crítico.
" u a,
co, 1946, obra consagrada por

347

�artístico francés. Le atrae el cinematógrafo también; escribe el texto y prepara el montaje y la sincronización de una película documental titulada Le Vaudou. 3
En 1944 publica un relato breve Viaje a la semilla. Visita Haití
en compañía del actor francés Louis Jouvet, y producto de este
viaje es su novela El reino de este mundo, editada en México en
1949. Se radica, por fin, en Caracas donde desempeña un cargo
en una empresa publicitaria.
Allí escribe Los pasos perdidos, publicada en México en 1953,
que, traducida al francés., recibe el "Prix du Me.illeiur Li.vre
Etranger" en 1956, y cuya traducción al inglés fue elogiosamente
acogida por la crítica de los Estados Unidos y lleva ya seis o más
ediciones en Inglaterra. Ultimamente, Carpcntier ha publicado
una novela corta, El acoso (Buenos Aires, 195 7) y Guerra del tiempo ( México, 1958), volumen este último que incluye El acoso y
los cuentos El camino de Santiago, Viaje a la Semilla y Semejante a la noche. Tiene en preparación otra novela titulada El
siglo de las luces.

•
Se advierte en la obra de Carpentier cierto desarrollo evolutivo relativamente fácil de identificar. Desde Ecue-Yamba-O hasta
El acoso muévese en una búsqueda -vertical y horizontal- de las
raíces mitológicas americanas para enfrentarlas en un afán de
comprender los signos secretos que dividen su facultad creadora
y su conciencia social. Fundamentahnente, le obsesiona la idea de
traspasar los límites del tiempo, de superarlos y conseguir una síntesis histórica monumental en que el hombre cambia de circunstancia pero no de esencia y, en el fondo, repite una eterna fábula
cuyo diseño es posible captar y fijar en la obra de arte. En el terreno literario su evolución va desde el exotismo científico de
• El héroe de Los pasos perdidos realiza una obra cinematográfica semejante, e/. pp.
34-35. Nuestras citas son de la primera edición de esta novela: México, 1953.

348

..

Ecue-Yamba-O hasta la abstracción neosimbolista de El acoso.
Examinemos los detalles del proceso.
Ecue-Yamba-O es una novela semi-documental sobre el mundo
mágico primitivo de un sector de la población negra en Cuba. Parte importante juegan en ella los ritos religiosos, las ceremonias de
iniciación, las fórmulas de encantamiento, el substrato ñáñigo de
gentes que viven en una etapa de representación colectiva, prelógica y mística, en el medio mismo de una civilización moderna.
Refiriéndose al aspecto científico de la novela afirma Salvador
Bueno:
"Aparentemente la obra posee carácter documental. Quiere revelar los m_isterios de la religiones afrocubanas. Por eso el texto
literario está acompañado por fotografías de símbolos ñáñigos, de
objetos rituales, tambores y oraciones. Lo folklórico predomina en
esta obra, cuyas últimas páginas acogen un necesario glosario de
términos afrocubanos. Sin embargo, nota esencial en esta novela
resulta la estilización de la vida cubana que en ella aparece. Las
costumbres, el lenguaje, el escenario físico y humano están artísticamente elaborados" (!bid., p. 163).
Producto característico de la tradición africana que mantienen
viva sus antepasados, Menegildo Cué, el héroe, representa en su
pasión y muerte el destino de su raza. Menegildo va de la exaltación a la derrota, del juego aspaventoso de puñales, sones y guitarras, al abismo iluminado de los mitos que consagra desangrándose. El sexo, la violencia, la oración mágica, le preparan para
el martirologio. Enamorado de Longina, una negra que vive amancebada con un haitiano, busca febril y en celo la ocasión del combate con su rival. Le asesina a puñaladas y va _a parar a la cárcel.
"Serían las cinco de la tarde cuando la pareja de la guardia rural
arrest~ a Menegildo. No se le acusaba -por casualidad- de hacer propaganda comunista ni de atentar contra la seguridad del
Estado. Era sencillamente que el haitiano Napoleón había sido
hallado en una cuneta de la carretera, casi desangrado, con un
muslo abierto por una cuchillada ... "

¿Menegildo acusado de comunista? Menegildo ha visto cómo
349

�una empresa yanqui usurpa las tierras de los campesinos cubanos,
incluso las de su padre. El negro pierde sus plantaciones de caña
de azúcar ante el poder ilimitado de la compañía que avanza con
su aparatoso material técnico de último modelo. Los abuelos recibieron cierta compensación a cambio de las tierras; sus descendientes, en cambio, pasaron a ser peones, y, muy pronto, esclavos.
Menegilda ve el robo de que es víctima su padre y presiente, a
su vez, que su propio hijo, a quien no llega a conocer, habrá de
heredar la esclavitud no escrita que es su patrimonio, perpetuando así en una cadena interminable de menegildas la dominación
extranjera sobre los despojos de la riqueza nacional.
"¿Acaso valía menos un negro que un americano? Por lo menos los negros no chivaban a nadie ni andaban robando tierras a
los guajiros, obligándolos a vendérselas en tres pesetas. ¿ Los americanos? ¡ Sanamanbiche ! Ante ellos llegaba a tener un verdadero orgullo de su vida primitiva, llena de pequeñas complicaciones y de argucias mágicas que los hombres del norte no conocerían
nunca.
" ... ¿ de qué había servido la Guerra de Independencia, que
tanto mentaban los oradores políticos, si continuamente era uno
desalojado por esos hijos de la gran perra ... ? ¡ Era tan sabido que,
al fin y al cabo, sólo los yanquis, ambos del Central, lograban beneficiarse con las magras ganancias de aquellas zafras ruinosas!
"Y los trabajadores y campesinos cubanos, explotados por el
ingenio yanqui, vencidos por la importación de braceros a bajo
costo, engañados por todo el mundo, traicionados por las autoridades, reventando de miseria, comían -cuando comían- lo que
podía cosecharse en los zureos horizontales que fecundaban las
paredes de la bodega".
Carpentier no rehuye el conflicto económico y social. Lo examina con franqueza y responde con agresividad, sin caer en los
excesos de la literatura propagandística. La injusticia social es
un ingrediente más de la rutina sangrienta en que se consume Menegilda. De la política va, sin transición, al rito ñáñigo y en el
frenesí de estas corrientes que le turban con visiones místicas, pri350

si~nero ~e fuerzas ancestrales que, sin el color ni el prestigio del
mito antiguo, se revuelven hoy en la alcantarilla del suburbio ba.
'
JO la luz infecta de viejos faroles, al ritmo de húmedos tambores
y en una bruma de licor barato, Menegilda cae con la yugular cortada de un tajo durante una riña a muerte entre los iniciados del
"Sexteto de Física Popular" y los del "Alma Tropical"...
A su espalda quedan los consorcios llenándose de dinero; se
es~onden en las sombras de sus mansiones suntuosas los agiotistas
criollos; los negros rezan, cantan y procrean en la tierra colorada
Y verde; mueren en la miseria de los bohíos; mientras en el conventillo de la ciudad persiste la rumba eterna. El sacrificio de
mujeres poseídas y apuñaleadas, de terroristas traicionados, de lustrabotas de sabia perversión, de presidiarios hermafroditas, todos
entregándose orgiásticamente a un dios negro y a un demonio blanco que insisten en su demanda de sangre secreta y derrotada.
Como una sombra lujuriosa y tierna, de suaves relieves, fuerte
e~ su primitiva pasión y en su silencio, la.imagen de la negra Longma parece acaparar el único símbolo amable en la historia: de
algún modo se presiente que, acaso, en la amplitud de su entrega
Y en el heroísmo, tenacidad y vigor escondido de su fe en Menegildo, hay una esencia de la tierra que rehusa reconocer la dest~ucción impuesta desde afuera y se afirma, se aprieta en su propia entraña y, con irresistible energía, suelta una semilla nueva
Y victoriosa. Esta mujer-sombra en cuya presencia se atisba solamente un mensaje, se tornará espléndido tipo de mujer-símbolo
en Los pasos perdidos.
_J~~n Marinello considerando a Carpentier "tan ansioso de primitivismos como esclavo de refinamientos" le censuró su falta de
definición política en Ecue-Yamba-O.
"Ni nuestro negro ni nuestro pueblo --dijo Marinello-- enseñan
su estatura en Ecue-Yamba-O. Menegilda, sin perder su perfil
~udo comunicamos su gran pena de hombre sitiado, y los guaJiras del 'San Lucio' la angustia de su desahucio. La novela,
351
u23

�a pesar de sus logradísimas bellezas, queda en libro de episodios,
pudiendo haber sido libro de esencias". 4
Marinello se refiere, con marcado rigor, a una condición marginal que, aún en los más apasionados instantes del relato, mantiene Carpentier: condición de observador técnico y erudito, artesano ingenioso que sabe combinar con refinado instinto las especies agridulces del mundo afrocubano, que pinta con sangre, que
suelta olores sexuales y humos de iniciación ñáñiga a intervalos
artísticamente medidos, y que ordena sus mitos en poses de inequívoco orden surrealista para tomarles la trascendental instantánea: Tan gráfico es su mundo de locuras vegetales, tanta realidad adquieren sus ornamentos barrocos de yeso, mármol y esmeralda, que de pronto Carpentier se nos aparece como un prodigioso meteur ·en scene, como un docto y genial decorador interior y exterior. La verdad que en Ecue-Yamba-O no se refiere
aún al camino de su propia reintegración en la patria, ni a sus
aventuras por encima del tiempo en busca de los mitos que revelándole el derrotero circular entre la selva y la civilización unirán las mitades de su personalidad creadora. Tal será el mensaje
de El rei~o de este mundo y Los pq,sos perdidos. Por el momento
recorrió la patria negra goloso de hallarle el sentido a las visiones
de su infancia, acumuladas y absorbidas, sin llegar a comprenderlas. Fotografió sus pesadillas, documentó sus presentimientos,
le dio orden y sentido a . sus simpatías; no se identificó con ese
mundo porque no era del todo suyo. Le tocaba íntimamente, hasta pudo comprometerle, pero no cambiarle en un sentido de salvación o perdición definitivas.

•
El reino de este mundo es una fabulosa novela de aventuras ba-

sada en episodios verídicos de la historia de Haití. El propósito
de Carpentier ,en este relato es demostrar que el mundo fantástico de la poesía maldita, dt la tradición gótica inglesa, del surrea• Cf. Literatura hispanoizmerican~, México, 1937, p. 175.

352

lismo negro -uso la palabra tanto en su sentido literal, como en
su sentido de literatura esotérica- · es una realidad en América.
En el prólogo declara Carpentier:
"Esto se me hizo particularmente evidente durante mi permanencia en Haití, al hallarme en contacto cotidiano con algo que
podríamos llamar lo real maravilloso. Pisaba yo una tierra donde
millares de hombres ansiosos de libertad creyeron en los poderes
lic~ntrópicos de Mackandal, a punto de que esa. fe colectiva produjera un milagro el día de su ejecución. Conocía ya la historia
prodigiosa de Bouckman, el iniciado jamaiquino. Había estado
en la Ciudadela La Ferriere, obra sin antecedentes arquitectónicos, únicamente anunciada por las Prisiones Imaginarias del Piranese. Había respirado la atmósfera creada por Henri Christophe,
monarca de increíbles empeños, mucho más sorprendente que todos los reyes crueles inventados por los surrealistas, muy afectos
a tiranías imaginarias, aunque no padecidas. A cada paso hallaba
lo real maravilloso. Pero pensaba, además, que esa presencia y
~igencia de lo real maravilloso no era privilegio único de Haití,
smo patrimonio de la América ent_era, donde todavía no se ha
terminado de establecer, por ejemplo, un recuento de cosmogonías. Lo real maravilloso se encuentra a cada paso en las vidas
de hombres que inscribieron fechas en la historia del Continente Y dejaron apellidos aún llevados: desde los buscadores de la
Fuente de la Eterna Juventud, de la áurea ciudad de Manoa,
hasta ciertos rebeldes de la primera hora o ciertos héroes modernos de nuestras guerras de independencia de tan mitológica traza
como la coronela Juana de Azurduy...
"Y es que, por la virginidad del paisaje, por la formación, por
la ontología, por la presencia fáustica del indio y del negro, por
la revelación que constituyó su reciente descubrimiento, por los
fecundos mestizajes que propició, América está muy lejos de ha-·
ber agotado su caudal de mitologías.

"Sin habérmelo propuesto de modo sistemático, el texto que sigue ha respondido a este orden de preocupaciones. En él se narra una sucesión de hechos extraordinarios, ocurridos en la isla
353

�de Santo Domingo, en determinada época que no alcanza el lapso
de una vida humana, dejándose que lo maravilloso fluya libremente de una realidad estrictamente seguida en todos sus detalles" (pp. 12-16).
El realismo mágico de Carpentier se afirma, entonces, en una
autenticidad que es, a la vez, ideológica y material. Esto que, a
primera vista, puede parecer inofensivo, encierra -como se verá más tarde en Los pasos perdidos -una profunda escisión en un
complejo cultural que ha comprometido hasta ahora a la expresión artística americana.
Carpentier escribe, como los cronistas españoles de la Conquista, para un público europeo. Le domina la obsesión de probar
a gentes que subsisten ya de la quinta esencia del artificio, que
en América existe un depósito activo de fuerzas mitológicas -a
veces dormidas bajo una capa de occidentalismo superficial- cuyo funcionamiento, en el terreno del arte, da realidad a todo un
sistema de símbolos que la cultura europea no concibe sino en un
plano estático, abstracto. Lo que en la tradición surrealista es caos
organizado, en su obra es un caos natural e irracional; el artificio
es realidad, lo exótico se convierte en primitivismo auténtico.
De la utopía europea le interesa a Carpentier particularmente
el pseudo-primitivismo romántico francés. Juzgado a la ligera, el
novelista cubano pudiera impresionar como un hombre culto, un
occidental atraído por lo exótico americano, un creador que, antes
de producir su fábula, procede a estudiarla con minuciosidad de arqueólogo. Desde este punto de vista, su obra pudiera aparecer como
una idealización del mundo mitológico americano. Las referencias a Atala y a Paul et Virginie son frecuentes en El reino de este
mundo y Los pasos perdidos. La idea básica de esta última novela
-el hombre corrompido por la supercivilización, que descubre en
la selva su verdadero ser y el idílico ambiente para crear su obra
maestra, que nace a una vida sana, pura, primitiva, cristalizando
su vitalidad creadora en el arte y en una pasión rústica y terrenalmente sensual- descrita así, superficialmente, podría identificarse como un rebrote del enciclopedismo romántico francés. Sus
354

lectores europeos -la Sitwell le ha llamado "uno de los más grandes escritores de nuestra época"- es posible que buscaran en sus
obras la gota de elíxir bárbaro que Montaigne y Voltaire gustaron
en La Araucana, siguiendo fascinados el proceso de un segundo
descubrimiento de América, de una América en que se preserva
y exalta la civilización mitológica para proveer de renovada sangre los restos exangües de una cultura hastiada de sí misma. Contra el artificio venenoso, he aquí el mito en carne y hueso. El
mensaje de Carpentier se reduciría a una admonición dirigida
contra los surrealistas: Dejad los trucos de salón, venid a vivir la
realidad delirante de la América mágica, venid a s~ergiros en
la nueva leyenda negra salvadora.
Todo esto queda corto, sin embargo, porque hay algo más que
considerar, algo de importancia fundamental: Carpentier pertenece, en cuerpo y alma, a este organismo mitológico en que funciona su obra literaria. Pronto dará testimonio de esta dependencia esencial de su genio creativo y de la aventura en que intenta
definir su concepción del arte y de la vida por encima de los límites del tiempo: ese testimonio y esa aventura constituyen la
médula de Los pasos perdidos. Carpentier no está solo en la empresa. El mismo año en que aparece El reino de este mundo se
publica en Buenos Aires Hombres de maíz de Miguel Angel Asturias. Ambos, Carpentier y Asturias, regresan desde Europa, una
Europa erudita e investigadora, al mundo totémico, mágico, barroco y tropical de ciertas zonas de América. Ambos estudiaron
la red mitológica en que iban a penetrar -no del todo despojados
de artificio y de retórica- para buscarse el alma en un activo
ritual nahualístico, aderezado con exorcismos y revoluciones. Ambos vienen con crujidos de pergaminos y diplomas a comprobar
la realidad de una visión entrevista en salas de conferencias francesas.
En el realismo mágico de Carpentier y Asturias no se encierra
idealización alguna de origen romántico: por el contrario, ese realismo vive de una constatación de hechos históricos que se tornan
leyendas en la imaginación del pueblo y actúan, luego, como mitos
355

�desde una subconsciencia colectiva. Este fondo etnológico y social de su creación artística la marca distintivamente y la diferencia del realismo mágico de un poeta como Jorge Carrera Andrade, por ejemplo, cuya poesía florece a ras de tierra sin tocar
las corrientes subterráneas del pasado americano. Más cerca de
la concepción de Carpentier y Asturias se halla el realismo afrocubano de Nicolás Guillén, aunque éste rehusa perderse en la
eternidad mitológica afirmado, como está, a un ritmo de modernas circunstancias que poco afectan al criterio trascendentalista
de aquéllos. La magia de Carpentier y Asturias puede ser genuina experiencia metafísica, es decir, compromiso personal no sólo
en el reino de éste sino también del otro mundo.
Sin el auto de fe anti-retórico del prólogo, El reino de este mundo podría considerarse como una pequeña obra maestra de literatura gótica, una floración surrealista cargada de elementos negros,
rica de ornamentación onírica, lujuriosa en su densidad vegetal
y en la sangrienta tonalidad de su sensualismo. Pero, como se ha
dicho, cada personaje, cada episodio -la época, el ambiente, el paisaje-- todo posee una realidad histórica esencial. El arte -¿podría decirse el truco?- consiste en la disposición de los elementos
y en el enfoque con que ellos son presentados al lector. Así por
ejemplo, de la escena inicial nos queda la imagen de un escaparate de peluquería donde se exhiben cabezas de cera rizadas y
de una vidriera adjunta donde un carnicero expone cabezas de animales degollados. En una escena pletórica de sugerencias el novelista destaca deliberadamente esas cabezas y logra el efecto de extravagancia deseado. Seleccionando los episodios, presentando a
sus personajes -Mackandal, Ouckman, Henri Christophe, Paulina
Bonaparte-- en un momento culminante de sus increíbles aventuras~ ordenando_los objetos y el paisaje desde un ángulo que agudiza
la mcongruenc1a y el absurdo poético, la historia adquiere en manos de Carpentier un aire de locura, un frenesí de pesadillesco movimiento, una riqueza de asociaciones que tan pronto tocan a los
sentidos como al intelecto.
El mundo de violencia, de tiranía sangrienta, de violaciones, ase356

sinatos, que es la isla descrita por Carpentier, emerge esquemático,
directo, alucinante. Vive en un lenguaje de símbolos tan vibrantes, aún en su escueta dureza y en la suspensión del tiempo en que
el autor los fija a través de luces y sombras, que el relato se desprende espontáneamente de la historia y nos queda mirando con
todas las caras de su múltiple realidad. Tal acto de simbolismo en
el corazón de la historia de América no tiene, que yo sepa, sino un
antecedente: El matadero de Esteban Echevarría y, tal vez, un
paralelo: El señor Presidente de Asturias.

•
Los pasos perdidos es la más alta expresión de lo que tradicionalmente se ha llamado la novela artística en Hispanoamérica. La
corriente preciosista del modernismo con su búsqueda de lo exótico
Y fantástico, la reactualización del indigenismo americano en su
complejo acoplamiento con el espíritu español renacentista, ideas
Y formas de literatura que sobreviven al romanticismo y a la tradición dariana, se armonizan en la obra de Carpentier y, cobrando la luminosidad de una alegoría vaciada en perfecto marco estético, adquieren también la hondura y la trascendencia de una
aventura del espíritu que atañe directamente al hombre contemporáneo.
El héroe de Carpentier es un hombre consumido en el vacío
espiritual y la espantosa presión que genera la decadencia del mundo moderno. Su rutina consiste en mantener la eficiencia de la
angustia, en dar sólida respetabilidad al cinismo, en embellecer
la mentira y la simulación, en coronar la podredumbre colectiva
e individual con un halo de serena superioridad burguesa. En el
fondo, los hilos que sostienen su representación están a punto de
cortarse, la angustia es ya desesperación, el vacío es casi locura.
Postergando el desenlace va de la cama de su esposa a la cama
de su querida deteniéndose en el trayecto para reponer fuerzas en
~ bar. Su esposa desempeña a conciencia el papel de la ruina
disfrazada de próspera respetabilidad. Durante la semana actúa
357

�como actriz principal de un drama cuya acción sucede en el sur
de los Estados Unidos. El domingo celebra el rito sexual con su
esposo. La querida, dedicada a la astrología y otras ciencias afines,
es la exquisita simuladora del espíritu y sostiene el calor sensual
de su cuerpo con arreglos de luces, música, cuadros y varios aspectos de decoración interior.
A punto de sucumbir definitivamente, el héroe parte a un lugar
de las selvas americanas -el Orinoco, según la explicación del
epílogo de la historia- con el propósito de descubrir unos instrumentos musicales primitivos que le servirán para probar su tesis
sobre el origen de la música. Le acompaña su querida. Primero la
ciudad hispanoamericana, donde presencian una sangrienta revolución, y luego la selva actúan como un ácido que al entrar en contacto con la humanidad cansada de la pareja produce una reacción súbita. Se acentúa la "muerte en vida de ella": sin el decorado interior, expuesta a la luz implacable del trópico, se deshace como maniquí de cera, se sueltan los nudos de su carne, se
afloja la sensualidad y acaba, arrastrándose, impotente, consumida por la fiebre palúdica, rechazada por el hombre y por la
mujer -asedia también a la campesina con la tentación de la
lujuria- oúscando refugio en la guarida original de sus barrios
existencialistas.
El hombre, en cambio, rompe la campana de vacío que le apresa en la decadencia y emerge al mundo que llevaba ancestralmente pulsando en su sangre. He aquí el camino de su salvación.
Enmurallado entre dos culturas -una que va en la sangre y otra
en los libros-, enmudecido por años de simulación y honorable
inconsciencia en medio de una fosa común donde sólo el instinto
le guardó con vida, comienza a reconocer paulatinamente su lugar
de origen, a comprender su razón de vida, a buscar la final reintegración. Fúgase de la indecente esterilidad del artista nativo
pegado a una cultura extranjera como caracol que absorbe la coloración de máscara de las disonancias y abstracciones, resuelto a
parodiar una decadencia que le queda grande. Descubre, en cambio, entre sombras primitivas, la expresión de harpistas, flautistas
358

y bongoceros que le abren la huella hacia una zona del mundo
americano donde ha de captar la verídica imagen de sí mismo,
transfigurada en los espejos de la selva.
Refiriéndose a su propia obra en una entrevista con Salvador
Bueno, Carpentier ha dicho:
"En ese libro el argumento sólo tiene una función de elemento
estructural, de factor de unidad. En Los pasos perdidos domina
una idea: la de una evasión posible en el tiempo.
"Ante mis preguntas - añade Bueno-- aclaraba Carpentier:
"En dicha novela una crisis de conciencia, padecida por el persona je central que habla en primera persona, le hace encontrar
un modo de evasión que le conduce más allá de todo lo imaginable.
"Y a ¿ dónde conduce esa evasión? -le pregunté.
"Una vez hallada la suprema independencia ante el Tiempo,
ante la Epoca, el protagonista habrá de hallar, dentro de la misma
lograda evasión, las razones que le harán desandar lo andado, regresando al punto de partida". 5
Y en una carta dirigida al mismo crítico cubano, Carpentier
puntualiza aún más:
"Todo esto responde a mi preocupación actual por universalizar el escenario americano, por abrirlo, ampliarlo, extenderlo.. .
Ahora hay que orientarse hacia un concepto más ecuménico de lo
americano" (!bid., pp. 178-179).
Su peregrinaje en la selva es extraña parábola. Como en la
famosa novela de José Eustasio Rivera, La vorági.ne 6, el descubrimiento de la selva se realiza en un viaje del héroe, hombre de
la ciudad, que camina apremiado por intensas emociones de índole sensual y estética, hacia una meta líricamente presentida.
' Citado por Bueno, op. cit. p. 17 3.
1
Carpentier -por intermedio de su personaje central- hace una curiosa referencia
a una "novela sudamericana" que muy bien pudiera ser La vorágine de Rivera:
"Tengo en mi maleta una novela famosa, de un escritor suramericano, en que se precisan los nombres de animales, de árboles, refiriéndose leyendas indígenas, sucedidos antiguos, y todo lo necesario para dar un giro de veracidad a mi relato". (Los pasos perdidos,
p. 293).

359

�Arturo Cova y el héroe anónimo de Carpentier son fugitivos de
una decadencia; ambos llevan, como una categoría kantiana, la
concepción artística en blanco para encajar en ella el mundo primitivo que desconocen pero que les arrastra con un poder sobrenatural. Ambos se acompañan de una mujer que representa lo
que, subconscientemente, anhelan destruír. Las mujeres y ellos
revelan su índole más secreta en el contacto con la presencia mitológica de la naturaleza y con seres de brutal fascinación que la
selva usa diabólicamente para perderles. Mas, no ha de confundirse el móvil fundamental de una y otra obra. La selva de Rivera
está vista a través del vocabulario preciosista del modernismo romántico y de la conciencia social surgida en la crisis del capitalismo que siguió a la primera guerra europea. La selva de Carpentier, sin constituir una idealización literaria, como la de Hudson,
por ejemplo, es un mundo mitológico interpretado por encima
de la historia y descrito en un lenguaje pleno de símbolos de ascendencia surrealista pero de base concreta, contemporánea, autóctona. Ambos novelistas, el colombiano y el cubano, expresan
la mitología tropical americana, en el mismo sentido en que la
expresan también Miguel Angel Asturias y E ugene O 'N eill -éste en su drama The Emperor Jones-; pero la raíz románticosocial de Rivera se convierte en raíz romántico-esteticista en la
obra de Carpentier.
En Los pasos perdidos el héroe marcha con un Adelantado, un
fraile y una mujer, como el colonizador español de antaño. Al
igual que en la Conquista, hay quien busca el oro, quién la Fuente de la Juventud, quien funda misiones y quien las puebla. Pero
también va con ellos un griego que lee La Odisea. La verdad es
que, mientras en un plano la expedición repite la hazaña de la
Conquista -en pleno siglo XX- y descubre el secreto de la cópula fabulosa de dos culturas, en otro plano, de más honda proyección, el héroe duplica la aventura de Ulises y la visión de cada soñador que buscara en nuestro continente la Tierra Prometida, llámese El Dorado, La ciudad de los Césares, Cíbola o Santa Mónica de los Venados. Encuentra él la fuente de la felicidad,

pero, bajo el implacable ojo de Dios, la abandona, creyendo q~e
ha de regresar, sin advertir que abandonándola, aunque sea ehmeramente ha renunciado a ella, pues ella no puede durar sino el
instante milagroso de la posesión.
Las dos aventuras nos apasionan. Participamos en la fundación de la ciudad en la selva, quisiéramos quedamos con el héroe
y establecer nuestro rancho en la aldea que crece poco a poco,
querríamos advertirle su error cuando sube al avión de l_os exploradores que vienen a rescatarle. Más tarde --cuando al igual que
el héroe de Lost H orizons, la famosa novela de James Hiltonlucha por regresar, merodea por los caminos de la selva, a lo largo de las corrientes del Orinoco, arriesgándolo todo por encontrar
el paso secreto en la maraña y el sendero que ha de llevarle a la
ciudad escondida, nos conmueve el fervor dramático de su hazaña
y sufrimos con él los efectos de la tremenda decepción.
En otro plano, el de la aventura espiritual, Carpentier también
procede con genuina emoción y acabado arte. El proceso del
descubrimiento del mundo que lleva en su ancestro es auténtico
en toda su complejidad. El lenguaje es el primer obstáculo grave. Las páginas iniciales de su relato, escritas en un idioma en
que los ornamentos verbales no consiguen ocultar un cierto balbuceo gramatical, contienen frases como éstas:
"Supe que allí vivía el nuevo Presidente de la República y que,
por muy pocos días, me había faltado de asistir a los festejos populares ... " (p. 52).
"Mouche se antojó de un hipocambo" (p. 54).
"No quedaba una revista, una novela policíaca, una lectura distrayente... " (p. 68 ) .
"Quien hubiera abierto una puerta, de súbito, habría promovido fugas de insectos todavía inhábiles en correr sobre maderas"
(p. 70).
El mismo Carpentier constata sus momentos de extravagancia
sintáctica: "He aquí, pues, el idioma que hablé en mi infancia;
el idioma en que aprendí a leer y a solfear; el idioma enmohecido

360
361

�en mi mente por el poco uso, dejado de lado como herramienta
inútil, en país donde de poco pudiera servirme" (p. 53).
Muy luego, sin embargo, la gramática y sus pequeñas trampas
desaparecen como barca vieja en la tumultuosa corriente del barroco americano y dejamos de notar las incongruencias y los errores, no nos damos cuenta ya cuando un vocablo es inventado, traducido del francés o desenterrado de las arcas espléndidas del
español clásico. El idioma de Carpentier se levanta como una
catedral en la selva, se asienta o vuela, se ilumina o se ensombrece,
se enjoya hasta cegarnos, se retuerce o se estiliza, resuena en infinitas cadencias, estalla en colores, o se afirma en pátina de pintura antigua. Es, al fin, instrumento mágico.
Mariano Picón Salas, impresionado por el lenguaje de El reino
de este mundo, ha dicho:
"Sólo con algunos de los mejores esperpentos de Valle Inclán
se podría comparar en la prosa hispánica de nuestro tiempo el
casi escorzado estilo plástico en que está escrito. Un estilo que a
fuerza de maestría da alternativamente no sólo el color o las medias tintas, sino hasta ofrece -cuando es necesario- ese lujo de
los maestros que se llama el garabato. Un estilo que cuando lo
necesita, puede formar su propia perfección".7
No es el idioma de Carpentier una acumulación de sonidos soplados en cuerno sonoro y hueco, al modo del preciosismo verbal
de comienzos de siglo que se ha denominado tradicionalmente tropi.calismo. Lo " tropical" en el lenguaje es como un crecimiento
vegetativo que aparece en la superficie de las palabras: una mancha
de hongos, o una apretada formación de corolas de pasajera estabilidad; es una impostación de la voz y una traducción del gesto
en vocablos. En la obra de Carpentier no observamos esta invasión
vegetal en la estructura del lenguaje. El frenesí de sus extensas y
minuciosas descripciones es racional; en el fondo, encierra un dominio de la exaltación; es, en una palabra, estilo.
No es difícil notar en su obra concomitancias de peso con la
• Citado por Bueno, pp. 169-170.

362

obra de otro eminente escritor barroco: Miguel Angel Asturias.
Carpentier parece seguir a Asturias cuando intenta sugerir la
transición de un ser desde su condición humana a su condición de
mito. Por ejemplo, dice Carpentier en Los Pasos perdidos:
"Ya aparecían junto al hogar, llamados por Montsalvatje, los
curanderos que cerraban heridas recitando el ensalmo de Bogotá,
la Reina gigante Cicañocohora, los hombres anfibios que iban a
dormir al fondo de los lagos, y los que se alimentaban con el solo
olor de las flores. Ya aceptábamos a los Perrillos Carbunclos que
llevaban una piedra resplandeciente entre los ojos, a la hidra
vista por la gente de Federmann, a la Piedra Bezar, de prodigiosas
virtudes, hallada en las entrañas de los venados, a los tatunachas,
bajo cuyas orejas podían cobijarse hasta cinco personas, o aquellos otros salvajes que tenían las piernas rematadas por pezuñas
de avestruz ... "
"Las Amawnas habían existido: eran las mujeres de los varones muertos por los caribes, en su misteriosa migración hacia el
Imperio del Maíz. De la selva en los Mayas surgían escalinatas,
atracaderos, monumentos, templos llenos de pinturas portentosas,
que representaban ritos de sacerdotes-peces y de sacerdotes-langostas ... " (pp. 174-175).
Este lenguaje en que se evidencia la intención de trascendentalizar por medio de palabras símbolos es común en cierta zona
de la novela hispanoamericana contemporánea: lo emplean Agustín Yáñez, Manuel Rojas, Eduardo Mallea, entre otros; escritores afanados en crear síntesis poderosas y profundas, amalgamas
de hombres y ambientes, de visiones que superan lo circunstancial
y cotidiano. En esta ambición lingüística -a menudo desorbitada, no pocas veces grandilocuente, o pesada o árida, siempre difícil- no ha de verse un signo de lo que suele llamarse "tropicalismo" con obvio desdén. Si "tropicalismo" es desatarse, el estilo
a que me refiero es unificador; si "tropicalismo" es cubrir el vacío con densa parodia de frenesí lírico, el estilo de Carpentier,
Asturias y los otros novelistas nombrados, es desnudar la honda
veta espiritual para definirla en una rígida estructura poética.
363

�No obstante, la palabra "tropiéalismo" bien entendida debiera
ser en este caso tan válida como la palabra "barroco", al menos
en cuanto se refiere al estilo de Carpentier y Asturias. Pues la
savia con que crean sus obras el cubano y el guatemalteco es autóctona. Su estilo, en verdad neobarroco, representa la adaptación de una forma artística europea a la idiosincracia nativa de
América, para ser más exactos, de una América tropical. Acaso
se hace indispensable intentar una redefinición de lo tropical y
a la luz de la obra literaria de Carpentier y Asturias reivindicar
ese concepto rescatándolo del venenoso aire en que flota actualmente para conferirle una significación positiva, digna y trascendente.
Quienes hablan de "tropicalismo" político para referirse a las
revoluciones en miniatura tan características de Centro América,
en realidad se refieren a un tipo de irresponsabilidad individual y
colectiva que no es ajena al resto del mundo hispánico; así como
quienes hablan de "tropicalismo" cuando aluden a una sensualidad fácil y pueril, o cuando censuran una exuberancia en las costumbres, en el modo de vestir, o de hablar, una falta de reserva,
un entusiasmo inconsecuente, en verdad parecen disfrazar el temor de reconocer una actitud mestiza en los llamados pueblos
"blancos" de Sudamérica cargándosela a quienes la llevan accidentalmente más a flor de piel.
Consideremos como legítimo el uso del vocablo tropical para
designar la variedad del barroco que constituye el estilo de Carpentier. Tropicalismo en su obra -como en la de Asturias- sería el nombre para una expresión artística en que el fondo mágico de las culturas primitivas de América se funde con la belleza formal de la tradición barroca europea en un espléndido intento de interpretar el espíritu y la realidad ambiente del hombre del Caribe y de la América Central en la época contemporánea.
Ningún otro estilo sirve para tamaña empresa: ni las viejas
normas costumbristas, ni el seco y rudo regionalismo, ni el impresionismo modernista. Se · necesita un instrumento para crear mitos o para rescatarlos del pasado pre-colombino, para hacer vi364

vir al hombre y al paisaje en la unidad esencial que exige la
creación artística moderna, para llevar la voz de la América indígena al intelectualismo cansado de la Europa-de hoy. Eso mismo que hace a Carpentier "extraño", y a Asturias "difícil" en la
literatura hispanoamericana, eso que les distancia de la crítica
oficial, es precisamente aquello que les comunica con lo más genuino en el pensamiento estético de proyección universal. No de
otro modo pueden interpretarse los elogios de Paul Valéry sobre
las Leyendas de Guatemala de Asturias y los de Edith Sitwell
acerca de las novelas de Carpentier.
En el plano lingüístico Carpentier despierta misteriosas resonancias que pronto invaden el mundo de las sensaciones y del intelecto. De las palabras suéltanse substancias que tocan al héroe
y le alteran. A medida que se interna en la selva va perdiendo un
alma y le va saliendo otra; como culebra que cambia la piel. Le
vemos avanzar por las Tierras del Caballo:
"Al penetrar en un pueblo donde mucho se habla de coleadas
y manganas, advertí que habíamos llegado a las Tierras del Caballo.
Era, ante todo, ese olor a pista de circo? a sudor de ijares, que
por tanto tiempo anduvo por el mundo, pregonando la cultura
con el relincho. Era ese martilleo de sonido mate que me anunció la proximidad del herrero, aún atareado sobre sus yunques y
fuelles, pintado en sombra, con su mandil de cuero, ante las llamas de la fragua. Era el bullir de la herradura al rojo apagada
en el agua fría, y la canción que ritmaba la hincada del corcel
con zapatos nuevos, aún temeroso de resbalar sobre la,s piedras,
y los encabritamientos y resabios, logrados a brida, ante la joven
asomada a su ventana, luciendo una cinta en el pelo. Con el caballo había reaparecido la talabartería, perfumada de cueros, fresca de cordobanes, con sus operarios atareados bajo colgaduras de
cinchas, estribos vaqueros, arciones de guadamecí y cabezad_as para domingos con tachuelas de plata en la frontolera. En las Tierras del Caballo parecía que el hombre Juera más hombre. Volvía a ser dueño de técnicas milenarias que ponían sus manos en
trato -directo con el hierro y el pellejo, le enseñaban ,las artes de
365

�la doma y la monta, desarrollando destrezas físicas de qué alardear en días de fiesta, frente a las mujeres admiradas de quien
tanto sabía apretar con las piernas, de quien tanto sabía hacer
con los brazos. Renacían los juegos machos de amansar al garañón relinchante y colear y derribar al toro, la bestia solar, haciendo rodar su arrogancia por el polvo. Una misteriosa solidaridad
se establecía entre el animal de testículos bien colgados, que penetraba sus hembras más hondamente que ningún otro, y el hombre, que tenía por símbolo de universal coraje aquello que los escultores de estatuas ecuestres tenían que modelar y fundir en bronce, o tallar en mármol, para que el corcel de buen ver respondiera por el héroe sobre él montado, dando buena sombra a los
enamorados que se daban cita en los parques municipales. Gran
reunión de hombres había en las casas de muchos caballos cabeceando en los soportales; pero donde un solo caballo aguardaba
en la noche, medio oculto entre las malezas, debía el amo haberse
quitado las espuelas para entrar más quedo en la casa donde le
aguardaba una sombra. Me resultaba interesante observar ahora
que, luego de haber sido la máxima fortuna del hombre en Europa, su máquina de guerra, su vehículo, su mensajero, el pedestal
de sus próceres, el adorno de sus metopas y arcos de triunfo, el
caballo alargaba en América su grande historia, pues sólo en el
Nuevo Mundo seguía ·desempeñando cabalmente y en enorme escala sus oficios seculares" ( pp. 139-141 ) .
Vemos cómo el héroe invade las Tierras del Perro (pp. 147148) ; presenciamos con algo de estupefacción la lenta y penetrante atadura de dos mundos -ahora, no el español y el indio del
siglo XV, sino el europeo y el nativo del siglo XX- cruzados
ambos por signos mágicos y cabalísticos: a veces científicos, psicológicos y filosóficos, a veces religiosos y sexuales. Uno de ellos,
el de la decadencia europea, persigue al otro con voracidad sensual. Le ha descubierto a la distancia, le imita poniéndose sus máscaras ritualísticas sobre sus facciones de ser rubio y diurno. En
instantes de paroxismo estético le ha dedicado un culto mezclando
con extravagancia el oriente y el occidente, la magia, la supers366

tición y la máquina teatral. De ese culto quedan máscaras negroides colgadas en departamentos de lujo a las orillas del Sena•
quedan cerámicas, cueros, maderas y ópalos en tiendas de moda'
quedan acordes de piano, soplidos de saxofón y exabruptos d~
tambores en pequeñas boites tenebrosas.

Los pasos perdidos conducen al héroe de Carpentier a descub~ir la verdad detrás de esta parodia y en sus palabras recobra
vida aquello que feneció en hábiles pero· artificiales conatos de
arte primitivo y en aproximaciones automáticas del surrealismo.
Lo _q~e pudo ser un cuadro surrealista colgado en una exposición
parisiense, es aquí un paisaje de intachable realidad:
"Cumplido el propósito, con magistral manejo del timón y una
que otra peña sorteada a la pértiga, me hallé aquel mediodía en
una prodigiosa ciudad en ruinas. Eran largas calles desiertas de
casas deshabitadas, con las puertas podridas, reducidas a las j~mbas o al cabestril_lo, _cuyos tejados musgosos se hundían a veces por
el mero ~entro, s1gmendo la rotura de una viga maestra, roída por
los comeJenes, ennegrecida de escarzos. Quedaba la columnata de
u~ soportal car~ando con los restos de una cornisa rota por las
raices d~ una higuera. Había escaleras sin principio ni fin, como
suspendidas en el vacío y balcones ajemizados, colgados de un
marco de ventana abierto sobre el cielo. Las matas de campanas
blancas ponían ligereza de cortinas en la vastedad de los salones
que aún conservaban sus baldosas rajadas, y eran oros viejos de
aromos, encarnado de flores de Pascuas en los rincones oscuros
Y cact~s de brazos en candelero que temblaban en los corredores:
e~ _el eJe de las corrientes de aire, como alzados por manos de inV1S1ble~ servidores. Había hongos en los umbrales y cardones en
l~s chimeneas. Los árboles trepaban a lo largo de los paredones
~mc~ndo garfios en las hendeduras de la mampostería, y de un~
igleSia quemada quedaban algunos contrafuertes y archivoltas y
u~, arco monumental, presto a desplomarse, en cuyo tímpano divis~banse aún, en borroso relieve, las figuras de un concierto celestial, con ángeles que tocaban el bajón, la tiorba, el órgano de
tecla, la viola y las maracas. Esto último me dejó tan admirado
367

�que quise regresar al barco en busca de lápiz y papel, para revelar al Curador, por medio de algunos croquis, esta rara referencia organográfica. Pero en ese instante sonaron tambores y agudas flautas y varios diablos aparecieron en una esquina de la
plaza, dirigiéndose a una mísera Iglesia, de yeso y ladrillo, situada
frente a la catedral incendiada" (pp. 141-142).
·
En Francia se ha soñado una América y un Africa surrealistas,
como Chateaubriand soñó una América romántica. La Atala coronada de plumas y quetzales ha tenido su contraparte en una
Atala nocturnal, totémica, cuajada en diamantes o seca en planicies de sol mexicano, abierta y herida por el cúmulo de símbolos fálicos que los poetas-etnólogos le disparan en medio de apasionados trances. Carpentier reconoce la engañosa dualidad, y
por intermedio de un personaje, alude a ese veneno de la pueril
idealización, o del símbolo superimpuesto que pudiera desvirtuar
la autenticidad de la aventura del héroe. Porque este héroe, aunque movido aparentemente por una vieja utopía romántica, aunque en momentos de laxitud sexual confunda el claro de la selva
con la selva misma y crea ver en la mujer que le sigue, le cocina,
le refocila y le ampara, una especie de alegoría telúrica, algo así
como un tambor de guerra de espaldas-, pronto es sacudido por
el impacto de las realidades elementales. Tan pronto se aleja de
la ciudad escondida, su Atala se acopla con otro colono, pues,
según lo expresa el griego de la novela :
"Ella no Penélope. Mujer joven, fuerte, hermosa, necesita marido. Ella no Penélope. Naturaleza mujer aquí necesita varón ... "
(p. 331).
Los camiQos a la ciudad escondida se cierran y cuando vuelvan
a abrirse a nada conducen, pues el héroe, aunque vence al tiempo, no descubre el secreto de su propia liberación interior, sino
recursos exteriores, avances, señales, ayudas de inconclusa índole.
Descubre, sí, el camino de un resignado regreso al viejo mundo.

•

Como ya se ha dicho, con el título de Guerra del tiempo Carpentier ha reunido en 1958 tres relatos breves -El camino de
Santiago, Viaje a la Semilla y Semejante a la noche- y su
novela corta: El acoso. 8 Carpentier experimenta en estas obras
con una idea que parece haberle obsesionado largamente: la de
romper los márgenes artificialmente sólidos del tiempo y de integrar el pasado, el presente y el porvenir en una duración, a la
vez, estable y voluble, cuyo eje puede ser una persona, un acontecimiento o una vida íntegra. Que esta idea no es del todo original, no hace falta decir; antecedentes de Carpentier son a este
respecto: la comedia romántica de John Balderston, Berkeley
Square, y la novela lírica de Virginia Wolf, Orlando. Como al
golpe del dedo cambian los planos de un kaleidoscopio, las historias de Carpentier van situándose caprichosamente más allá de
las unidades convencionales del tiempo hasta establecer en su movilidad, a través de "años" y aún de "siglos", un armonioso fluir
en que se identifica con alucinante claridad la raíz del destino
humano.
Un instante supremo de crisis en Semejante a la noche fija la
suerte del hombre ante la inminencia de la guerra y la voluntad
de vivir. El soldado griego que observa la carga del barco en que
partirá a Troya y acercándose al pueblo para despedirse de sus padres se convierte, sin transición, en Adelantado que marcha a
América y, durante su entrevista con la novia, se transforma en colono que emigra hacia el Golfo de México, para -concluir nuevamente como soldado griego en la caída moral y la vergüenza de -la
impotencia, ese soldado es el hombre, desde el comienzo de la
historia, en trance de muerte, carcomido por el ácido que, debajo de la aventura heroica, va pelando, capa tras capa, la soledad, el
vacío, la derrota y el cinismo trágico de quienes le manejan en la
sombra y se aprestan a cortar los hilos que le suspenden en el abismo.
1

"El camino de Santiago" se basa en una frase tomada del libro de Carpentier La música en Cuba: "En 1557 La Habana no contaba con más músico que un Juan de Amberes que tocaba el tambor cuando había un navío a la vista . . ."
"Viaje a la semilla" se public6 previamente en La Habana en 1944 y fue incluído en la
Antologia del cuento cubano de S. Bueno.

368
369

�El peregrino que va a Santiago de Compostela -El camino de
Santiago- es un hombre que vive, en la experiencia de un semejante, aquello que debió experimentar él mismo más tarde. Lo
que ha de suceder después está ya vivido en éste y otros relatos
de Carpentier. He aquí la intriga básica y el sorprendente efecto
de su fabular. Luchando contra el tiempo, ingeniándose para desarmarlo como reloj, pieza a pieza, y rearmarlo como un reloj que
marcha al revés o da saltos de siglos, en Viaj.e a la semilla Carpentier cuenta la vida de su personaje al revés. Parte de una casa
que desmantelan y, como en una película cuya acción retrocede
gracias a un truco del proyector, la casa se reconstruye, vuelve
el héroe a habitaría, se rejuvenece, alcanza una vez más la adolescencia, la infancia, se ve junto a su ·madre, luego penetra en
ella, se instala en su vientre y termina en la obscuridad uterina
reintegrado a la semilla original.
El acoso es una síntesis de estos experimentos con la noción del
tiempo y una aplicación perfecta de las teorías de Carpentier a
la técnica de la narración literaria. No conozco en la literatura
americana una demostración tan maestra de virtuosismo técnico
como la que ofrece el cubano en esta extraña novela. El equilibrio entre los diversos episodios que se van acumulando como una
carga dramática en tomo a los personajes es el resultado de una
tensión que Carpentier mantiene hasta el último instante de la
historia. Todo en este drama del terrorista acosado por sus verdugos parece depender de una voluntad diabólica que va dejando
caer los minutos como granos de un reloj de arena y con cada uno
aproxima la ejecución fatídica. Los episodios, las palabras, los
gestos, van buscando el lugar que les corresponde en el puzzle hasta que, al integrarse en la imagen final, se ha producido el desenlace y la historia entera se ilumina en toda su genial complejidad.
El substrato ético del drama está, como en las alegorías de Kafka,
acumulado en la atmósfera del relato, intenso como un presentimiento o como un eco de algo que aún está por decirse. Nada
tiene sentido por sí mismo -ni aun en la perfección clásica del
detalle -sino en la concatenación última y total donde los signi370

ficados ocultos se definen, donde el tiempo -detenido un instante, mejor dicho 46 minutos, duración de la Sinfonía Heroica de
Beethoven, durante cuya ejecución ocurre el drama- reasume su
marcha circular, incitándonos a recomenzar la lectura de la historia, asimilándonos nosotros mismos a ese transcurrir que refleja el paso de la vida.
El esquema del relato -si lo organizamos cronológicamente y
en abstracto-- es de una sencillez engañosa: se inicia la Sinfonía
Heroica de Beethoven en una sala de conciertos; llega un individuo a la carrera, echa un billete entre las rejas de la taquilla, y
entra al teatro; dos hombres le siguen, y sin perderle de vista, se
instalan en una fila trasera. El boletero, que no logra identificar
a quien le ha dado ese billete sin esperar el cambio, sale durante
la ejecución de la Sinfonía en busca de una mujer. Esta le revela
que el billete es falso; regresa al teatro, escucha los últimos momentos del concierto. Termina la música. Aplausos. Sale el público.
Los dos hombres que llegaran atrasados se dirigen a un palco donde se esconde el del billete y le acribillan a balazos. Compare el
lector este esquema con la organización que le da a los hechos
Carpentier. ¡ La sorpresa será mayúscula! Carpentier narra la historia en un monólogo interior continuado de los dos personajes
centrales: el terrorista perseguido y el boletero de la sala de conciertos. Desde adentro de ellos va surgiendo la tela de araña en
que se mueven los asesinos, la vieja negra del Mirador, Estrella,
la prostituta, los revolucionarios, los espías. Un mundo de portentosa intensidad dramática emana del condenado a muerte, le sale como sangre, un hilillo primero, una mancha y el desborde postrero. Hechos verídicos de la historia moderna de Cuba -el complot del cementerio para asesinar a las autoridades, el fusilamiento del delator- se entrelazan con la crónica pesadillesca de los
terrores del acosado, con los pormenores de su encierro muriéndose
de hambre, y la fuga a través de las calles de la ciudad. Los mundos de ambos personajes centrales se tocan a cada instante en hechos de apariencia insignificante pero preñados de fatalismo, se
tocan hasta confundirse, pero no esencialmente, sino como dos
371

�•
círculos concéntricos que, flotando, se traspasan para separarse
luego.
.
En esta novela en que Carpentier -como O'Flaherty en The
Informer- revela en la crisis de un hombre, perseguido por la
jauría de terroristas que traicionó, la desnuda y brutal soledad
básica de la condición humana, culmina su genio de narrador. Su
obra anterior no supera a esta novela en perfección artística y emoción genuina. Las técnicas ~odernas del relato, el contrapunto, el
f lash-backJ el monólogo interior y la asociación libre de ideas, están
utilizadas con dominio admirable. Su tradicional exuberancia barroca viene medida y domeñada por un frío y calculador poder
de discernimiento estético. Nada falta aquí ni nada sobra. El lenguaje no se desprende de la obra como ornamentación postiza,
por el contrario, se ciñe a ella, se le junta y la integra como carne
al hueso, revela con dolor la médula y deja vibrando en su parquedad ecos que van a perseguirnos, insistentes, punzantes, como
el recuerdo del desamparo sangriento del acosado.

VIRGILIO EN MEXICO

Dr. JOAQUÍN ANTONIO PEÑALOSA
1
AQUEL A QUIEN TEODORO HAECKER llamó padre de Occidente,
encarnación de Roma y aima naturalmente cristiana, vive en México desde su incorporación a la cultura occidental, cuando el
nombre y la poesía del Mantuano florece ya en los primeros colegios de enseñanza superior de los misioneros, y en los albores
mismos de la Imprenta y de la Universidad.
Don Manuel Toussaint soñó con la aventura de ir siguiendo, a
través de cuatro siglos, la presencia del Cantor de Eneas. Tal como otros consagraron sus empeños en rastrear las huellas de Horacio o de Ovidio en México, como en el caso de Gabriel Méndez
Plancarte, sin que olvidemos a Ovidio en su paso por las letras
españolas, de Antonio Alatorre; y, entre otras muestras, El Quijote en México de Julián Amo, San Juan de la Cruz en México
de Alfonso Méndez Plancarte, Manzoni en México de Federico
Escobedo.
De los clásicos latinos, ninguno como Horacio ha interesado al
espíritu mexicano. Quizá por su sentido del -equilibrio, por su "tono menor", por su incidencia en el tema de la muerte, o simplemente por el deslumbramiento de su arte bruñido y puro.
Ningún otro clásico latino, después de Horacio, ha interesado

373

�más a México como Virgilio. Habrá de adjudicarse a Ovidio el
tercer lugar.
Alguna vez pensé, escaso de tiempo y más de fuerza, evocar el
mensaje del Mantuano en labios mexicanos, Pero hoy, entre dudoso y resignado, confío a los afortunados este manojo de notas,
que indudablemente pueden duplicarse y multiplicarse, con el deseo de que el sueño de Toussaint disipe sus sombras: Virgilio en
México. Noble y ardua tarea de crítica y erudición que bien vale
por el cántico y por el eco.
Haecker ha didi"o: "Todo aquel que ha comenzado a amarlo,
nunca deja ese amor".

Acaso el trabajo más ingrato y sagaz de ese futuro ensayo sobre
Virgilio en México, consista en desentrañar, sin fáciles condescendencias de "fuentistas", tal como se ríe de ellos Dámaso Alonso,
las verdaderas reminiscencias y los influjos ciertos de la poesía
del Mantuano en la lírica de México.

2

He aquí un esquema provisional que señala las diversas vertientes de la inundación virgiliana :

De nuestros intérpretes de Virgilio, sólo José Rafael Larrañaga
lo ha vertido íntegramente. Aunque Beristáin, Manuel de Olaguíbel, Pimentel y Sosa elogiaron la obra en demasía, es en realidad
una versión mediocre en romance endecasílabo, "menos que mediana", a juicio de Menéndez y Pelayo; pero que tiene "el mérito
relativo", tal como puntualiza Gabriel Méndez Plancarte, de haber sido la primera versión completa de Virgilio hecha en México
y en América.
La Eneida y las Bucólicas han atraído más a los traductores que
las Geórgicas. Y, entre todos ellos, emergen Pagaza y Casasús como los mejores. Pero nadie aventaja a Francisco Xavier Alegre y
al cantor de los Murmurios de la selva, en el acercamiento al alma
virgiliana.
Sólo Góngora y el Mantuano han despertado, entre nosotros,
aquel donoso juego de ingenio y erudición a un tiempo, que fueron
los "centones". Por lo menos enumeramos siete reales, incluyendo la
versión latina de la Ilíada, de Alegre, cuyo defecto, si lo es, consiste en ser excesivamente virgiliana, "o más bien, llena de centones
de Virgilio" (M. y Pelayo). Habría que añadir el centón futurible
de Bruno Larrañaga que suscitó una violenta escaramuza entre el

posible autor y sus opositores; como para consignarse en breve
placa conmemorativa.

3

l. Traducción de Obras Completas: José Rafael Larrañaga.

II. Traducciones parciales de la Eneida:
Fermín de la Puente y Apezechea (Libro IV),
José María Roa Bárcena ( dos fragmentos del L. II),
Pagaza (Libros I, II, III, IV y VI).

111. Traducción de todas las Bucólicas: Casasús, Pagaza y Tirso
Sáenz.
IV. Traducción de algunas Bucólicas:
la. Agustín de Castro.
4a. José Sebastián Segura.
5a. Concha Urquiza.
8a. Diego José Abad, Ambrosio Ramírez (?), Alfredo
Placencia.
10a. Alegre.
V. Traducción de las Geórgicas:
De los cuatro libros, Pagaza.
De cinco pasajes, Roa Bárcena.
VI. Traductores cuya obra se desconoce: Pbro. Trejo; Pbro. Vi-

374
375

�cente Torija; Abad (gran parte de cada libro de la Eneida);
Femando de Córdova y Bocanegra.
VII. Traducción de poemas menores (apócrifos) :
el poema Hortulus, vertido por Francisco de P. Guzmán
y Vigil.

VIII. Imitadores en verso latino: Alegre, Landívar, Santa Cruz.
IX. Centones virgilianos:
Bernardo Ceinos de Río Frío,
José López Avilés,
Certamen de Zacatecas (con cuatro minúsculos centones),
Alegre ( en su Ilíada latina),
Bruno Larrañaga.
X. Estudios y ensayos sobre Virgilio, y sus traductores e imitadores.

XI. Poemas dedicados a Virgilio : (Pagaza, Blengio, Martínez
Dolz, etc.) .
XII. Menciones, reminiscencias, influjos. Especialmente en la
poesía.
XIII. Ediciones mexicanas de Virgilio.

Tradujo gran parte de cada libro de Eneida (Fabri); varias
églogas (Beristáin). Lo único ciertamente conocido es la versión
de la Bucólica VIII. De la cual existen dos lecciones: la de Alza te (Cfr. Joaquín Antonio Peñalosa. Diego José Abad, poeta castellano. San Luis Potosí, "Estilo", núm. 34. Abril-Junio, 1955, pp.
111-116 y 137-142); y la del MS. de Austin (Cfr. Joaquín Antonio Peñalosa. Dos poemas mexicanos del XVIII. "Estilo", núm. 43.
San Luis Potosí, Julio-Septiembre, 1957, p. 174).

2. Academia de Letrán.
"Salían a relucir en ella nombres· antiguos: Horado y Virgilio,
Herrera o Fray Luis" ( Carlos González Peña. Historia de la Literatura Mexicana. México, Eclit. Cultura y Polis. 1940, p. 154).

3. Alegre, Francisco Xavier ( 1729-1788) . .
Su hermosa égloga Nyssus, vertida al españ_ol por Pagaza,-- su
épica Alejandríada y su versión latina de la Ilíada homérica, son
obras de inspiración reconocidarnente virgiliana. Versión de la
Égloga X (Cfr. J. A. Peñalosa. Dos poemas mexicanos de XVIII,
ib., pp. 173-179).

4. Al~arez, José.
"Dante y Virgilio", en Ábside, XX-4, México, 1956, pp. 43437. (Artículo en que discute la afirmación de Aurelio Espinosa
Pólit: Virgilio es más cristiano que Dante). .

4

En orden alfabético transcribimos este medio centenar de fichas, siempre en fecunda posibilidad de aumento. Pero aún así,
en su esbozo y congelada brevedad de bibliografía, recogen el sonido de aquella dulce avena que cantó, bajo el almo Sol de Roma,
a los pastores, a los labriegos y a los caudillos y cuyos ecos vienen
resonando desde hace cuatro siglos, en este México de geórgicas
-"patria, tu superficie es el maíz"- y de eneidas no siempre felices.

l. Abad, Diego José (1727-1779).
376

5. Anónimo.
El conocido soneto del siglo XVI, Viene de España por el mar
salobre, vv. 7 y 8.

6. Balbuena, Bernardo de ( 1568-1627).
Según el propio autor, el Siglo de Oro en las Selvas de Erífile
es "una agradable y rigurosa imitación del estilo pastoril de Teócri~o, Virgilio y Sannazaro". (Véanse M. Menéndez y Pelayo,
Origenes de la novela. Buenos Aires, Ed. Glen., t. IV, p. 59; y
José Rojas Garcidueñas, Bernardo de Balbuena. La vida y la obra.
México, Instituto de investigaciones estéticas, U.N.A.M., 1958,
pp. 89-113).
377

�7. Blengio, Joaquín ( 1834-1901).
A Virgilio, soneto. Sonetos del Dr. Joaquín Blengio. México,
Oficina Tip. de la Secretaría de Fomento 1897, (p. 127).
8. Campos, Rubén M. ( 1876-1945).
Epígrafe de Virgilio en su poema A Gutiérrez Nájera, del libro
La Flauta de Pan.
9. Cardoso, Joaquín.
Virgilio, Pollión y Mecenas. Ensayo en "Homenaje de México
al poeta Virgilio, en el Segundo Milenario de su nacimiento".
México, 1931, pp. 457-486.
10. Casasús, Joaquín D. ( 1858-1916) .
"Las Bucólicas de Publio Virgilio Marón, traducidas por..."
México, 1903. En Musa antigua (2a. ed., México, 1911), tiene
pulcros poemas inspirados en palabras de los "príncipes de la Musa Latina: Virgilio, Horacio, Catulo, Ovidio, Tibulo" (pp. 71137).
11. Castro, Agustín de ( 1728-1 790) .
En exámetros castellanos tradujo la Égloga l. Sus obras quedaron inéditas en Italia y se consideran irreparablemente perdidas.
12. Ceinos de Río Frío, Dr. Bernardo.
Centonicum Virgilianum, México, 1688. Cantó en 300 exámetros del Mantuano, la Aparición de Guadalupe. "Amenísimo
poema... , Virgilio coronado de rosas americanas" (Eguiara) .
13. Certamen de Zacatecas por las nupcias de D. Luis I (Estatua de la Paz. México, 1727, ff. 73-80). Son cuatro minúsculos
centones virgilianos. (Cfr. Alfonso Méndez Plancarte, Poetas Novohispanos. Segundo Siglo, parte segunda. Biblioteca del Estudiante Universitario, núm. 54, U .N.A.M., México, 1945, p. XVIII).
14. Colegio de San Idelfonso (1583), de la Compañía de J esús.
En cuya imprenta, regenteada por Antonio Ricardo, se publicaron, entre otras obras de texto para uso de los alumnos, las Églogas
de Virgilio.

15. Córdoba y Bocanegra, Femando de (1565-1589).
"Sobresalía, ya a los catorce años, con espontáneas versiones de
Homero, Horacio y Virgilio" (Alfonso Méndez Plancarte, Poetas
Novohispanos. Primer siglo, ib., México, 1942, p. XXV).
16. Dávalos, Balbino ( 1866-1951 ) .
El ensayo Joaquín Arcadio Pag.aza. El hombre y el poeta, en Ábside, III-3. México, 1939, pp. 8-29. El ensayo La rima en la antigua
poesía clásica romana. (Discursos Académicos, A-femorias de la
Academia Mexicana de la Lengua. Tomo X. México, Edit. Jus,
1954, pp. 246-268). En el poemario Las Ofrendas, título del poema
lncipe parve puer (3a. ed., Madrid, Tip. de la Revista de Archivos,
1909, p. 131).
17. Delgado, Juan B. ( 1868-1929).
En varios poemas, especialmente en el libro Bajo el haya de
Títiro, 1920.
18. Díaz Mirón, Salvador ( 1853-1928).
Alusión a la "égloga virgiliana" en su poema Beatus ille. En
Oda mínima, recuerdo de la Égloga I, v. 60: "primero Jove y
en seguida el arte". El título de dos poemas: Date filia (Eneida,
VI, v. 883) y Venit Hesperus (Égloga X, v. 77).
19. Elguero, José (1856-1932).
Virgilio le inspira tres hermosos sonetos: Polión ( alusión a la ·
Égl~ga IV, interpretada en sentido mesiánico); Galatea (paráfrasis de la Égloga III, vv. 64-64) ; y Laocoonte ( inspirado en la
Eneida, Lib. II, v. 201 y sigs.). Los dos primeros sonetos en Algunos versos. Morelia. Tip. de Francisco Antúnez, 1906, pp. 22 y 23.
El tercero en Senilias poéticas. La Habana, 1920, p. 130.
20. Escobedo, Federico (Tamiro Miceneo) ( 1874-1949) .
Del huerto virgiliano, en su libro Flores del huerto clásico y joyas literarias desconocidas. Traducciones y comentarios. México,
E_dit. Lumen, 1932, pp. 28-42. La sombra de Virgilio, poema origmal y su traducción latina, Visio Virgiliana en el libro Aromas
de leyenda, Puebla, 1931, pp. 79-87; y en el folleto La sombra de
379

378

�Virgilio, "canto bilingüe latino y español". Teziutlán, Negociación Impresora, 1930. Poesías, Puebla, 1903 (reminiscencias en
las págs. 8 y 36). Geórgicas Mexicanas (Rusticatio Mexicana)
Versión Métrica . .. México, Secretaría de Educación Pública, 1925.
En torno a Landívar, folleto s.p.i., 1934.

21. Fernández de Lizardi, José Joaquín ( 1776-1827).
En el Periquillo Sarniento, ofrece traducido un texto brevísimo
de la Eneida (Ed. Ramón Sopena, Barcelona, p. 84).
22. Garibay K., Angel M. ( 1892).
Virgilio romántico. (Son 16 sonetos: "finas vetas románticas que
corren bajo la marmórea blancura del más puro de los clásicos
latinos") Ábside, II1-2. México, 1939, pp. 13-22.

23. González Martínez, Enrique ( 1871-1952).
De sus estudios latinos, confiesa: "Al terminar nuestro segundo año, leíamos a libro abierto. . . cualquier canto de la Eneida,
las Églogas y las Geórgicas del Mantuano"; pero "la dulzura virgiliana pasó siempre inadvertida para nosotros". . . ( El hombre
del buho. México, Cuadernos Americanos, 1944, pp. 57-59).
24. Gutiérrez Dávila, Julián (muerto en 1749).
En su Historia Mythologica, poema inédito que dio a conocer
Alfonso Méndez .Plancarte ( Ábside, V-5, México, 1941, pp. 306319), un recuerdo lejano de la Égloga IV: "De Cristo profetiza que
vendría ... "
25. Guzmán, Francisco de Paula (1844-1884).
El huertecillo. Poema atribuído a Virgilio. (En las Memorias
de la Academia Mexicana, tomo II. México, Imprenta de Francisco Díaz de León, 1883, p. 356).
26. Herrasti, Francisco de P. ( 1879-1930).
"Virgilio: su mundo, su obra y sus ideas, con notas críticas sobre
los principales lugares disputados del texto de la Eneida". (En
Homenaje de México ... , loe. cit., pp. 11-330). Discurso (ib., pp.
331-62). Discurso (ib., pp. 363-84).
380

27. Homenaje de México al poeta Virgilio, en el Segundo Milenario de su nacimiento. México, 1931. Contiene:
El C. Presidente de la República y el homenaje de México a Virgilio, trabajos de Francisco de P. Herrastí, Alfonso Reyes, Mariano
Silva y Aceves, Pietro d'Argent, Joaquín Cardoso, Tirso Sáenz,
Félix Martínez Dolz.
28. Landívar, Rafael (1731-1793).
Rusticatio Mexicana: "uno de los más excelentes poemas que en
la latinidad moderna pueden encontrarse" (M. y Pelayo).
29. Larrañaga, Bruno (muerto en 1804).
Proyectó componer una M argileida; poema en elogio de Fray
Antonio Margil de Jesús, hecho con versos de Virgilio, por lo cual
se llamaría también Eneida Apostólica, que luego traduciría a verso castellano. El prospecto se publicó en 1788 o en 1789. Alzate
lo criticó en su Gaceta de literatura (25 de julio de 1789). Larrañaga se defendió en una "Apología por la Margileida y su prospecto" (México, 1789). Parece que las censuras de la Gaceta lograron impedir la realización del poema. (Antología del Centenario. la. parte, vol. 2o., México, 1910, pp. 852-53).
30. Larrañaga, Joseph Rafael.
"Traducción de las obras del Príncipe de los Poetas Latinos, P.
Virgilio Marón a verso castellano. Dividida en quatro tomos: Tomo l. Que contiene las Églogas y Geórgicas. Por D. Joseph Raphael Larrañaga. Con las licencias necesarias. En México, en la
oficina de los herederos del Lic. D. Joseph de Jáuregui. Calle de
S. Bernardo. Año de '1787". Los otros tres tomos contienen la traducción de la Eneida ( cuatro libros en cada tomo) ; el II y III, impresos en el mismo año de 1787, y el IV en 1788 y 89.
31. López Avilés, Pbro. Br. José.
Poeticum Viridarium, 1669 ( centón virgiliano).
32. López Velarde, Rafael (1888-1921).
"Una notable semejanza que presentan la estrofa inicial de la
Suave Patria con la estrofa inicial de la Eneida... : antiguo can381

�tor lírico que emprende un canto épico". . . (José Lui~. Mar!m.ez,
en su artículo "Examen de R.L.P.", en la revista El hz70 prodigo.
México, junio de 1946, pp. 135-36).
33. Martínez Dolz, Félix.
Dos poesías (a Virgilio). En Homenaje de México ... (ib., pp.

563-572).
34. Menéndez y Pelayo, Marcelino (1856-1912).
Lugares donde alude a traductores o imitadores mexicanos de
Virgilio. Se cita la "Edición Nacional de las Obras de M.M. _Y P.",
del Consejo Superior de Investigaciones Científicas, Madnd.
a) Historia de la Poesía Hispanoamericana, t. l. Madri,d, 1948,
Balbuena (p. 51); Río Frío (p. 65); Abad (p. 82); Jose Rafael
Larrañaga (pp. 92-93) ; Bruno Larrañaga (p. 94) ; Agustín de
Castro ( p. 8 7 ) , Landívar ( p. 180) .
b) Bibliografía Hispano-Latina Clásica. Madrid, 1952 José Rafael Lárrañaga (t. VIII, pp. 206 y 378; tomo IX, p. 207) ; Roa
Bárcena (t. VIII, p. 359; IX, pp. 147-49); Abad (IX, p. 25);
Balbuena (IX, 125-26); Blengio (IX, 175-76); Guzmán (IX,
177) ; Alegre ( IX, 179-181 ) , Segura ( IX, 225).
c) Biblioteca de Traductores Españoles. Madrid, 1952. Alegre (p. 64).
35. Nervo, Amado ( 1870-1919).
"Pasó los primeros años de su adolescencia. . . traduciendo a
Horacio y a Virgilio" (Perfecto Méndez Padilla).
36. Ochoa, Anastasio de ( 1783-1833).
"Docto en bailes, pero ignorante en letras, hasta el punto de
creer autor de la Eneida al Venusino" (Gabriel Méndez Plancarte
Horacio en México, México, Edit. U.N.A.M., 1956, p. 87). Véanse sus Poesías de un Mexicano, Nueva York, 1828, II, p. 117.
3 7. Othón, Manuel José ( 1858-1906) .
De Virgilio tiene "la afición al campo, el don de lágrimas Y
el profundo clamor humano que resuella bajo el campanilleo de

los versos" (Alfonso Reyes, Los poemas rústicos de M. José Othón.
Obras completas de M.J.O. Edición de Jesús Zavala. México,
Edit. Nueva Espafia, 1945, p. 1060). Virgilianos: el epígrafe de
Poemas Rústicos, tomado de la Égloga IX; la flauta que heredó
de Teócrito, en el poema A Clearco Meonio; "el haya de Títiro
florida", del poema Procul negotiis; los versos que estropea Don
Sixto en el cuento El Pastor Corydón son de la Égloga 11.
38. Pagaza, Joaquín Arcadio ( Clearco Meonio). ( 1839-1918).
a) Influjo virgiliano en varias poesías originales. Passim.
b) En Murmurios de la selva (México, 1883), versión parafrástica de las diez églogas (pp. 3- 78).
c) Algunas trovas últimas ( México, 1893) . Amplio fragmento del Libro IV de la Eneida (pp. 73-94).
d) Virgilio (Jalapa, 1907). Versión parafrástica de todas las
Geórgicas. Eneida: Libros I, 11, IV y VI. Nueva interpretación,
esta vez literal, de las Églogas II y IV.
e) Obras Completas de Publio Virgilio Marón, tomo I, Jalapa,
1913. Contiene la versión literal de las diez Églogas, de los cuatro
libros de las Geórgicas y de los tres primeros libros de la Eneida.
f) Epistolario de Joaquín Arcadio Pagaza (en prensa). Introducción, transcripción y notas de Joaquín Antonio Peñalosa.
39. Peña, Rafael Angel de la (1837-1906).
Discurso sobre la enseñanza de humanidades y especialmente
de la lengua latina (Memorias de la Academia Mexicana de la
Lengua, tomo IV. México, 1895, pp. 309-311 ) .
40. Placencia, Alfredo (1873-1930).
Versión de la Égloga VIII (fragmento). En Estilo, núm. 43,
San Luis Potosí, julio-septiembre de 1957, (pp. 169-172).
41. Puente y Apezechea, Ferrnín de la ( 1821-1875).
Versión del Libro IV de la Eneida.

382
383

H25

�1¡

42. Ramírez, Ambrosio ( 1856-1913).
En sus mss. hay un cuaderno dedicado a Virgilio; dos fragmentos de versiones 'inéditas y una versión de la Égloga VIII, sin fecha ni firma, publicada en el periódico El aldeano, de Saltillo,
bajo la dirección del Pbro. Marcelino T. Guzmán. Me inclino
a creer que la versión es de Ramírez. (Cfr. J. A. Peñalosa, Ambrosio Ramírez, traductor de H oracio. San Luis Potosí. Universidad Autónoma Potosina, 1954, p. 39).
43. Reyes, Alfonso (1889-1959).
"Discurso por Virgilio" (en Homenaje a Virgilio ... , loe. cit.,
pp. 385-41 O) . Véanse algunos de sus ·poemas del libro Huellas
--de su "edad pastoral"- "con sus lamentaciones bucólicas que
recuerdan a Virgilio y a André Chénier" (Antonio Castro Leal,
La poesía mexicana moderna, en Memorias de la Academia mexicana de la lengua, tomo XIV. México. Edit. Jus, 1956, p. 219).
44. Roa_Bárcena, José María (1827-1908) .
Versiones de cinco pasajes de las Geórgicas y dos de la Eneida
en sus Ultimas poesías líricas (México, Imprenta de l. Escalante.
1888, pp. 173-192).
45. Ruiz de Alarcón, Juan (1581-1639).
Lector de Virgilio en su juventud, según todos sus biógrafos.
Recuerda a Virgilio como cantor de Dido en La Verdad Sospechosa (Acto 111, escena 3a.).
46. Sáenz Tirso.
"Bucólicas de Publio Virgilio Marón, traducidas en versos castellanos por..." (En Homenaje de México ... , loe. cit., pp. 487561).
47. Santa Cruz, Modesto (1787?-1877).
Brevis descriptio vesperis verni quodam in vico reipublicae mexicanae, anno 1850. Poema latino, de inspiración virgiliana, traducido por Manuel José Othón en su poema Tarde Campestre
y por Ambrosio Ramírez en el poema Reinando primavera. (Joa384

~uín Antoni~ Peñal~sa, Modesto Santa Cruz. Un juguete de la
literatura latino-mexicana. Ábside, XX-3 México 1956 pp 251282).
·
'
'
' .
48. Segura, José Sebastián ( 181 7-1889) .
Églo_~a IV, vertida en exámetros castellanos. Poesías de José
Sebastian Segura. París, Dannamette, 1844, pp. 246-249.
49. Silva y Aceves, Mariano ( 1886-193 7) .
. "Virgilio y su poeta mexicano" (Homenaje de México ... Loe.
cit., pp. 411-446) .
50. Torija, Vicente Pbro.
Natural del Obispado de Puebla. Versión métrica de Virgilio
" cuyo, manuscrito
. fue llevado a España para imprimirse". (Alfon-'
so M?ndez Pla~carte, Poetas novohispanos. Segundo Siglo. Parte primera. Bibl. del Est. Univ., núm. 43. México 1944 p
XXVIII).
'
' .
51. Toussaint, Manuel ( 1890-1955).
Pagaza, traductor -de Virgilio ( Ábside, 111-3. México, 1939,
pp. 38-50).
52. Trejo, Pbro.
"Se sabe que el Pbro. Trejo puso a Virgilio en verso español".
(Alfonso Reyes, Letras de la Nueva España. México Colección
Tierra Firme del Fondo de Cultura Económica, 1948: p. 87) .
53. Urbina, Luis G. (1861-1934).
Su poema Fascinación, de Los últimos pájaros, Madrid. 1924,
pp. 31-34 ("Qué dirás tú, Virgilio pensativo" ... ).
54. U rquiza, Concha (1910-1945) .
"Parece haber sido su predilecto". Versión de la Égloga V con
bastante libertad. (Obras. Edición y prólogo de Gabriel Méndez
Pl~ncarte. México, "bajo el signo de Ábside", 1946, pp. 78-86).
Ep1grafe para el soneto "Cándida fui, mi Dios". Tomado de la
Eneida. Lib. IV. vv. 691-92 (ib., p. 40). Recuerdo de la clásica
385

�tempestad virgiliana, Eneida, L. l., v. 81 y sig~. (ib., p. 255) • Recuerdo de la Eneida, L. VIII, w. 485-488 (1b., p. XXVII).

55 Vigil, José María ( 1829-1909).
Paráfrasis de Hortulus.
56. Vasconcelos, José ( 1881-1959).
.
.
"De mí, sé decir que las Églogas me duermen y la Ene1da me mdigna" ( Estética, 1935, p. 689) .

EL INSTITUTO DE LITERATURA IBEROAMERICANA

Dr. Juuo J1MÉNEZ RUEDA
Universidad Nacional Autónoma de México

HAcIA FINES DEL AÑo de 1937, el catedrático de literatura ibero-

americana en la Universidad de California en Los Angeles, don
Manuel Pedro González, se dirigió a mí, para proponerme la organización de un Congreso de Literatura Iberoamericana. La situación era propicia. Muchas son las cátedras de esta materia que
se dan en los Estados Unidos. La posibilidad de que concurriesen a él los profesores de la especialidad era indudable y el éxito,
para la comprensión del espíritv de nuestras letras muy factible.
Así, pues, acepté la propuesta de don Manuel Pedro González
para organizar el congreso que proponía y aunque· la Universidad de México no se encontraba preparada para la reunión de
una asamblea semejante, por su pobreza e inquietud, encontré cálida acogida en el Rector de la Institución, don Luis Chico Goerne. Se creó un comité organizador, se giraron las invitaciones y
el día 15 de agosto de 1938 se reunían en el Paraninfo de la Universidad, los delegados de los Estados Unidos e Iberoamérica. Presidió la sesión el Dr. Gustavo Baz, Rector, por entonces, de nuestra Universidad. Asistía don Antonio Caso, Director de la Facultad de Filosofía y Letras, y con la concurrencia de los delegados,
de miembros de los gobiernos de Hispanoamérica, de sus Universidades, Colegios e Institutos se dio principio a la Asamblea
que había de durar hasta el veintidós de agosto del mismo año.
Estaban representados los siguientes países : Alemania, Argenti386
387

�na, Bolivia, Colombia, Costa Rica, Cuba, Checoeslovaquia, Chile, China, Ecuador, El Salvador, Estados Unidos, Guatemala,
Honduras, México, Nicaragua, Panamá, Paraguay y el Uruguay.
De México estuvieron presentes en algunas de las sesiones D. Antonio Caso, don Enrique González Martínez, don Mariano Azuela, don Federico Gamboa, don Alfonso Reyes, don Carlos González Peña y don José Rubén Romero. Fueron Vicepresidentes de
la Asamblea Torres Rioseco, E. K. Mapes, John Englekirk, José
Balseiro, Roberto Brenes Mesen, William Berriem, Manuel Pedro González. Actuó en la Secretaría Francisco Monterde con la
cooperación de Rafael Heliodoro Valle, Julio Torri, Raúl Cordero Amador, Enrique González Rojo, Agustín Yáñez, Alfredo
Maillefert y Fulgencio Vargas. Entre los delegados se destacaban
los nombres del cubano Medardo Vitier, de los norteamericanos
Sturgis Elleavitt, John Crow, Emest Moore, Ana Oursler, Samuel
M. Waxman; de la española Jesusa Alfau de Solalinde, del colombiano Carlos García Frada, de la portorriqueña Concha Meléndez. La Secretaría de Educación nombró a los profesores José
-Calvo, Raymundo Sánchez y Ermilo Abreu Gómez. La Comisión
de Cooperación Intelectual a don Luis Sánchez Pontón L6pez.
En la sesión inaugural di la bienvenida a los congresistas y hablaron a nombre de los delegados de los Estados Unidos el Profesor Leavitt y de los Hispanoamericanos don Arturo Torres Rioseco. En cuatro sesiones se leyeron los temas señalados para la
Asamblea y que constan en la Memoria publicada por el Congreso en el año de 1939, con las conclusiones aprobadas en el
mismo que constan en el Acta General de la misma asamblea.
Una nueva reunión de catedráticos de literatura Iberoamericana se celebró en la ciudad de México en los últimos días del mes
de agosto y los primeros del mes de septiembre de 1953, a invitación de la Universidad Nacional de México, para cerrar el cuarto centenario de la fundación de la misma entidad de enseñanza,
que se había iniciado en 1951. Fue inaugurada por el Rector
Nabor Carrillo el 31 de agosto y clausurada en la ciudad de Guadalajara, Jalisco, el 5 de septiembre del mismo año de 1953. Es388

ta asamblea estaba dedicada especialmente a Hidalgo D'

6
J , M ,
, 1az M.1r n y ose arti a los que se dedicaron sendas asambleas del
Congreso.
~. este con?reso concurrieron entre los muy importantes catedraticos
de Literatura
H.
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e , ispanoam:nca emando Alegría, Enrique Anderson lmbert,
Jose A: Balseiro, Juan José Arrom, Antonio Castro Leal John
Englekirk,
· L · Roberto
G , . lbáñez, Sara de lbáñez, Andrés Iduart e,' Sturgis eavitt, erommo Mallo, María del Carmen M.11' Cl
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i an, emena iaz e vando, Luis Monguió, Francisco Monterde R E
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1a 1. El segundo congreso tuvo lugar en la ciudad de Los An 1 1
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389

�Consejo de Sociedades de Investigación y de la Universidad de
Carolina del Norte. Pedro Salinas de la Fundación del Amo, Dorothy Schons de la Universidad de Texas, James Swain de la Asociación de Lenguas Modernas de América, Arturo Torres Rioseco
de la Universidad de California, Leavitt O. Wrigth de la Universidad de Oregon y Manuel Pedro González de la Universidad
de California en Los Angeles. Las asambleas se desenvolvieron
normalmente mediante la lectura y discusión de los trabajos en
ella presentados y que se publicaron en la Memoria del segundo
congreso, impresa en la Universidad de California, de Berkeley y
de Los Angeles en el año de 1941. Fuera de ellas, hubo visitas a
la biblioteca y al Museo de Arte Huntington de Pasadena, a los
Colegios Claremont de Padua Bilis, un Concierto en el Hollywood
Bowl, bajo la dirección de José Iturbi; y una recepción y un banquete en la Universidad de California del Sur con palabras de
su presidente Rufus B. Von Kleimsmit, y respuesta del profesor Heras y yo; un concierto de órgano en la Universidad de
California y un banquete de despedida en el Riviera Country Club,
de Palisades, ofrecido por la Universidad de California a los delegados.
Todo habría sido magnífico, a no ser por la violenta división
que se dejó sentir desde el mismo día de la inauguración de los
trabajos del congreso. Un grupo de delegados hispanoamericanos
la emprendió contra el presidente del Congreso don Manuel Pedro González por cuestiones de dominio. Hube de asumir la presidencia, mostrar cierta energía, atenuar todas las exaltaciones,
encauzar debidamente la Asamblea, que parecía barco agitado
por violenta tempestad y llevarlo a puerto sin problemas mayores. Así se cumplió con el programa del Congreso y se hizo el
anuncio de la reunión del próximo en la Universidad de Tulane
bajo la presidencia del delegado J. R. Englekirk que traía la invitación de la Universidad de ese lugar para la reunión del mismo.
Tentado estuve de considerar que el congreso convocado para
Nueva Orleáns iba a suspenderse por la guerra. No fue así. "El
veinte de diciembre de 1942 empezaron a llegar al histórico ho390

tel St. Charles de Nueva Orleáns los delegados al Tercer Congreso Internacional de Catedráticos de Literatura Iberoamericana.
Venían de todos los puntos de América. De Argentina, María
Rosa Oliver; de Venezuela, Mariano Picón Salas; de Cuba, Esperanza Figueroa, Juan Clemente Zamora, Raimundo Lazo, J.
González y Contreras; de México, Julio Jiménez Rueda, y Francisco Monterde. Había delegados del Brasil, de Centro América,
del Perú, de Chile y de Colombia, de muchas universidades y
centros Norteamericanos. Anunciaron su presencia, pero nunca
llegaron por imprevistas causas, Federico de Onís, Alfonso Reyes,
Germán Arciniegas, Gilberto Freyre, Méndez Pereyra, Ariel García. Allí estaban algunos miembros fundadores del Instituto, "de
la vieja guardia": John Englekirk, Sturgis Leavitt, Doroty Schons,
E. K. Mapes, William Berrien, Carlos García Prada, Ernest Moore,
Alfred Coester; y había otros que por primera vez se acercaban
a nosotros; César Barja, Rex Crawford, Henry Holmes, Concha
Romero, Henry Seidel Camby, Otis Green, Alberto Rembao. A
pesar de la guerra, de las grandes distancias, de la intensidad de
nuestro momento histórico, el Congreso ya era una realidad -decía Torres Rioseco- en el Prefacio a la Memoria de este congreso publicada en 1944. El tema de los trabajos presentados en él
giraba en torno a El Mundo en busca de su expresión y estaba dedicado al aniversario cuatrocientos cincuenta del Descubrimiento
de América. Patrocinaba la Universidad de Tulane y en ella fueron las sesiones de la misma asamblea. En la sesión inaugural
habló el gobernador del estado de Louisiana, el señor Jesse L. Carne, concejal del Ayuntamiento de Nueva Orleáns; el señor Rufus
C. Harris, Presidente de la Universidad de Tulane y el profesor
Englekirk, presidente del Instituto Internacional de Literatura.
Contestaron los profesores Alfred Coester de la Universidad de
Stanford, y Mariano Picón S41as. Presentaron trabajos en las sesiones del congreso, entre otros, los profesores Federico de Onís,
Baldomero .Sanín C~po, Hermenegildo Corbato, Gerónimo Mallo,
Alberto Zun Felde, Antonio Aita, Raúl Silva Castro, José Carrera
391

�Andrade, Torres Rioseco, Carlos García Prada, Alfred Coester,
Gastón Figueira.
Estar en Nueva Orleáns es ya un privilegio para el espíritu latino. Es la ciudad de los Estados Unidos que conserva con mayor
integridad el espíritu de Francia. Su barrio francés, es un recuerdo del siglo XVIII de la vieja capital. Hay una casa que estuvo
reservada a la visita de Napoleón. Al pasar por sus callej_as se respira un poco el aire de las ciudades francesas del otro lado del
Atlántico. El Antoine tiene todas las características de una fonda francesa. Así pues, vivir en este ambiente fue un regalo para
los congresistas.
El cuarto congreso se realizó en la ciudad de La Habana a partir del día 11 de abril para terminar el día 16 del mismo mes del
año de 1949. La Asamblea se había pospuesto por causa de la
guerra, que ya nos afligía en la reunión de Nueva Orleáns.
Entre tanto habían sucedido acontecimientos de importancia,
como la renuncia d~l Presidente del Instituto don Arturo Torres Rioseco, causada por la falta de cooperación de los demás
miembros para seguir desempeñando el cargo. Asumió la dirección del Instituto el profesor cubano Raimundo Lazo. Se constituyó después una comisión organizadora del cuarto en la que estaban incluídas personalidades muy destacadas de la vida intelectual de la Isla, por ejemplo: don José Chacón y Calvo, don
Jorge Mañach, don Juan J. Remos, don Eligio de la Fuente, don
Félix Lizaso, don Francisco !chazo, don Ernesto Fernández Arrondo, don Felipe lchardo Moya, don José Russinyol, don Rafael
Marquina, don Ciro Espinosa. Eran Secretarios doña Anita Arroyo de Hernández, don Salvador Bueno y doña Dolores Martí de
Cid. Concurrieron muy importantes personalidades de la vida internacional de Norteamérica e Hispanoamérica y algunos profesores españoles que enseñaban en los Estados Unidos. De la memoria de esa reunión tomamos los siguientes nombres entre los más
destacados de la asamblea: Fernando Ortiz, Andrés Iduarte, Américo Castro, Néstor Carbonen, Alfonso Escudero, José M. Balseiro, Octavio Méndez Pereyra, Andrés Eloy Blanco, Francisco
392

Ichaso, José María Chacón y Calvo, Raimundo Lida, Miguel Angel Carbonell, Antonio Sánchez de Bustamante, Antonio Castro
Leal, Arturo Arnáiz y Freg, José Luis Martínez, José M. Carbonell, José Antonio Portuondo, Francisco Monterde, Elías Entralgo, Raúl Roa, Roberto Agramonte, Mariano Picón Salas, John
Englekirk, Francisco Aguilera, Gastón Figueira, Flavio Herrera,
Emilio Ruiz de Leuschsenning. Materia principal de esta reunión
fue el proyecto "de una biblioteca general que recoja lo representativo de la producción literaria de los pueblos iberoamericanos",
iniciativa presentada por el profesor Raimundo Lazo, en los congresos de Los Angeles y NtJeva Orleáns, quedó definitivamente
aprobada por esta reunión de La Habana. Se insistió además en
la organización de una filial del Instituto en cada uno de los pueblos iberoamericanos.
Hubo incidentes importantes en la reunión que pudieron convertirse en tempestad que hiciera factible el naufragio de la Asamblea. Fueron fácilmente superados y los congresistas gozaron de la
hospitalidad inigualable de una capital como la habanera, acogedora, simpática, plena de interés. Hubo festejos agradabilísimos
como el cocktail organizado en honor de los delegados en la casapalacio de los condes de Bayona en la Plaza de la Catedral, como
la excursión al Instituto Politécnico de Ceiba del Agua, como el
acto organizado por el Ministerio de Educación en honor de don
Enrique José Varona en el Hemiciclo del Ministerio de Educación y como el Homenaje, al mismo gran hombre de letras cubano, organizado por el Historiador de la ciudad en la casa-palacio
de los condes de Lombillo en la Plaza de la Catedral, y el acto organizado por la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad.
Como el banquete de clausura del Congreso en el Hotel Nacional
en el que hablaron el Dr. Raimundo Lazo, don Jorge Mañach,
don Andrés Eloy Blanco. En la sesión inaugural lo había hecho
don Rómulo Gallegos, y el miembro de la delegación cubana don
Juan J. Remos. La sesión final del congreso fue transmitida por
la Universidad del Aire, teniéndose en consideración que inconta393

�ble número de personas no habían tenido oportunidad de escuchar las ideas expresadas por los concurrentes a la Asamblea y en
Radiocentro fueron transmitidas las palabras de varios delegados
al Congreso. Habló el Dr. Lazo, presidente de la Asamblea, don
Antonio Castro Leal, don Américo Castro, don Mariano Picón
Salas y el que esto escribe. Quedó aprobada como sede de la próxima reunión la ciudad de Albuquerque en el Estado de Nuevo
México en los Estados Unidos gracias a la invitación traída al
Congreso por el profesor don Alberto R. López, de esa entidad
educativa tan importante de los Estados Unidos.
La reunión de este congreso estuvo dedicada a La Novela Iberoamericana, su pasado, su presente y su porvenir. Se presentaron
muy interesantes estudios en la Asamblea que se reunió en la ciudad de Albuquerque en el mes de agosto de 1951. Así Enrique Anderson Imbert presentó un importante estudio sobre la Novela
Histórica en el siglo XIX, Alfredo Roggiano, sobre el M odernismo y la novela en la América hispana, Ciro Alegría sobre algunas Notas sobre el personaje en la novela hispanoamericana, Fernando Alegría con Una clasificación de la novela hispanoamericana, José Antonio Portuondo sobre El rasgo predominante en la
novela hispanoamericana, Luis Monguió sobre algunas R ef lexiones sobre el aspecto de la novela hispanoamericana actual, José
A. Balseiro, sobre una R evisión de H ernández Catá, Arturo Torres Rioseco sobre la Definición de don Segundo Londres, Federico de Onís, acerca de Tomás Carrasquilla, precursor de la novela americana moderna, don José Enrique Etcheverri acerca de
la Historia, nacimiento y tradición de la novela de Eduardo Acevedalices, Benjamín Mather Woodbridge Jr., sobre Lo que sobra
de Alencar, Arnold Chapman acerca de la Perspectiva de la novela en la ciudad de Chile y el que esto escribe el Influjo de Quevedo y de Torres de Villarreal en el M éxico Virreinal.
La finalidad de ~te congreso radicó en el interés que se tuvo
en presentar un amplio panorama de la novela en Hispanoamérica. Arturo Torres Rioseco, dijo a este respecto en su memoria

del congreso: "La novela hispanoamericana entra en un período
de madurez. Quienes nos dedicamos a la crítica literaria o ejercemos cátedra universitaria tenemos el deber de analizarla, explicarla y orientarla. Los autores de los presentes ensayos saben que
esta es una tarea de gran responsabilidad y al desempeñar dignamente su cometido se hacen acreedores al agradecimiento de todo el mundo". Los profesores de la Universidad de Nuevo México, Albert R. López y Marshall R. Nason, organizadores del
Congreso, trabajaron con gran actividad e interés en el desarrollo
del mismo. Los congresistas agradecieron cumplidamente al Presidente de la Universidad de Nuevo México, Thomas L. Popefoy,
las múltiples atenciones recibidas.
El sexto Congreso se realizó en la ciudad de México con motivo
de las conmemoraciones de la Universidad, que conmemoraba el
cuarto centenario de su fundación y se habla de él en páginas anteriores. En 1955 se reunió el congreso en la ciudad de San Francisco California, bajo los auspicios de la Universidad de California, en los días 29, 30 y 31 de agosto de 1955. Era presidente de
la instalación don Luis Monguió, catedrático del colegio Mills establecido en Oakland. El tema central de la Asamblea fue "La cultura iberoamericana vista a través de su literatura". Participaron en
él, entre otros profesores muy distinguidos de las Universidades de
los Estados Unidos, Hispanoamérica y el Brasil, por ejemplo Enrique Anderson Imbert, Francisco Monterde, Max Henríquez
Ureña, Alfredo Roggiano, Jack H. Paucher, Leo Kirchenbaum,
Erico Verissimo. Presentó un trabajo sobre El México de Gutiérrez N ájera. La reunión fue agradable como todas las de esta
Asamblea.
El octavo y noveno congresos se han realizado sin mi asistencia,
en las ciudades de Puerto Rico y Nueva York. La situación del
Instituto se ha afirmado en ellas, el radio de acción de sus funciones se ha ampliado considerablemente. La actividad de Balseiro en una de las reuniones, la de Andrés Iduarte en la otra
han asegurado el éxito de la Institución. Los que concurrimos

394

395

�al nacimiento de esta central de trabajo en el México de hace'
tantos años, nos alegramos de ello porque, en definitiva, un poco
del espíritu de la América nuestra anima las creaciones de los
que en la institución participan. Nuestra voz se deja escuchar
en las reuniones en que actúa gente de otros idiomas. Es un
mensaje que se recibe, siempre con cariño, a veces con entusiasmo.
LOS INFIERNOS HELENICOS

t

Dr. ALFONSO REYES
Presidente de la Academia Mexicana de la Lengua

1. El estudio de la vida futura entre los gnegos y cuanto los
teólogos han llamado "escatología" obliga a algunas explicaciones previas respecto a las nociones ético-religiosas.
Desde muy pronto se nota la tendencia a combinar las imágenes de lo subterráneo y lo infernal. La muerte parece un retorno
al seno de la tierra y es muy comprensible que las deidades de la
muerte asuman un aspecto siniestro. Por otra parte, el anhelo
humano exige una compensación a las penalidades terrestres, y
de algún modo quiere asegurarse una suerte de inmortalidad y
una futura salvación. Pero la necesidad de otorgar a las almas
premios y castigos, concepto de la justicia distributiva en el "ultramundo", no aparece de una sola vez. Se fue esclareciendo poco a poco merced a las promesas de los Misterios (Deméter,
Cora, Dioniso) , a las doctrinas de las sectas místicas (orfismo,
pitagorismo en uno de sus aspectos) y a las prédicas de los poetas
y filósofos dotados de genio religioso (Píndaro, Platón). Al fin se
llegó a unos como bocetos de los que más tarde serán el Infierno
y el Cielo de los medievales. No puede decirse que estos lugares
correspondan exacta y distintamente a los lugares míticos de los
griegos. Hubo siempre una indecisión de fronteras y algo como
una falta de enfoque.
2. Aunque los tres sitios tienden a confundirse un tanto, hay
396

397

�que distinguir entre el Tártaro, cuya región menos profunda es
el Erebo, las Islas Bienaventuradas (Campos Elíseos o Elíseo) y
la Casa de Hades o Casa de los Muertos.
El Tártaro corresponde al régimen hesiódico, a la etapa vetusta. Es una noción prehelénica que se incorpora en la mentalidad griega a modo de proemio, de asepsia previa para_ poder
instaurar el orden olímpico; es una cárcel para los antiguos dioses derrotados. La imaginación homérica presta al Tártaro un
vestíbulo de bronce y lo cierra con puertas de hierro. O el Tártaro
está en las honduras de la Tierra, o en algún abismo muy lejano.
Pero de repente aparece como un anexo de la Casa de Hades,
una suerte de crujía penitenciaria. Según Homero, se encuentra
situado en un punto que dista de la Tierra cuar:ito ésta dista del
Cielo; sin embargo, en otro pasaje, lo confunde un poco con la
Casa de Hades, pues hace que Odiseo encuentre aquí, al lado de
los espectros comunes, a algunos reclusos del Tártaro. No esperemos, pues, una repartición muy estricta de los penados. Tampoco
una descripción muy precisa de estos lugares fantásticos; si, para
Homero, el Tártaro es una región sin luz y sin aire, para Hesíodo
es una región tempestuosa.
En principio, el Tártaro no está destinado al castigo sobrenatural de los hombres, sino de los personajes míticos que han agraviado a los dioses. La mente helénica no se conformó con encerrar
allí a los Titanes en categoría de poderes ya destronados, sino que
dibujó con nuevos toques la figura de algunos, atribuyéndoles determinadas ofensas particulares. Así sucede con Titio, Tántalo,
Sísifo, Ixión. También Tifeo y los Aloades purgan su condena
en el Tártaro, y ya sabemos que Prometeo, pecador aparte, mereció también un castigo excepcional, un infierno ad hoc en el
Cáucaso.
3. El gigante Titio habitó, en vida, la isla de Eubea, donde
alguna vez lo visitó "el rubio Radamantis", futuro juez de los infiernos. Titio pretendió adueñarse de la diosa Latona, y los hijos
de ésta, Apolo y Artemisa, le dieron muerte, pues así acostumbra398

ban vengar siempre los agravios de la familia. Ahora, derribado
en el suelo, el cuerpo de Titio cubría no menos de nueve yugadas.
Como a Prometeo, dos buitres le devoraban el hígado, entendido
entonces centro de la concupiscencia. El castigo era adecuado a
su falta.
4. Tántalo, un riquísimo rey de Lidia, padre de Pélope y de
Niobe, antecesor de Agamenón y de Orestes, a quienes transmite
la maldición de su raza, es generalmente acusado de haber servido a los dioses, para probar su sabiduría, la carne de su propio hijo. Los dioses se percataron al instante, salvo Deméter, quien
distraída con el dolor de haber perdido el rastro de su hija Cora,
devoró descuidadamente el hombro de Pélope. Devuelto a la vida
por Zeus, Pélope llevó en adelante un hombro de marfil, y su
padre Tántalo fue precipitado en el abismo infernal.
(Algún delito muy parecido se atribuye a Licaón, rey de Arcadia e hijo de Pelasgo, cuya piedad lo movió a fundar el culto de
Zeus Liceo o Licayo, pero cuya locura lo arrastró a sacrificar a
Zeus sus cincuenta hijos, una de las causas del Diluvio griego
en ciertas versiones ).
El delito de Tántalo se cuenta también de otras maneras: a)
Se dice que se robó el néctar y la ambrosía de los dioses para
brindarlo a sus amigos; b) que reclamó para sí la inmortalidad
o algún otro privilegio divino; e) que divulgó ciertos secretos celestes; d) que encubrió a Pandáreo y no quiso revelar a Hermes
dónde había ocultado aquél los bienes que sustrajo del sagrario
de Zeus, y especialmente un perro de oro; e) que fue él, y no Zeus
ni los dioses por orden de éste, quien robó a Ganimedes, el hijo
de Tros, fábula tardía que no explicaría su castigo, puesto que
Zeus aprovechó este rapto y convirtió a Ganimedes en copero de
sus festines olímpicos; f) que, adelantándose a ciertos filósofos,
declaró que el Sol no era un dios, sino una masa incandescente,
versión igualmente tardía.
Su castigo -que en alguna tradición de última hora se reduce
a haber sido aplastado, como un Gigante, bajo el monte Sipilo399
H26

�es proverbialmente conocido como una tortura constante de hambre y sed. Sumergido hasta el cuello en un pozo de agua, el agua
huye de su boca cuando quiere beber un trago. Sobre su cabeza,
los árboles suspenden sus frutos; pero, si llega a alargar la mano,
un viento aleja las ramas y las pone fuera de su alcance.
5. Sísifo, legendario rey de Corinto, fue famoso por su ingenio
y su astucia. Se explica que una tradición tardía quiera hacerlo
padre de Odiseo, quitando su lugar legítimo a Laertes, pues Sísifo pertenece a la misma casta de los maestros en ardides que el
sutil personaje homérico ha bautizado con su nombre. Autólico,
abuelo materno de Odiseo e hijo de Hermes -dios que es, en mucho, un verdadero patrono de los ladrones-, había recibi_do de
éste el don de hacer invisibles los objetos que hurtaba, o bien de
mudarlos de aspecto. Un día robó las reses de sus vecinos y, desde
luego, las transformó hasta hacerlas incognoscibles. Pero Sísifo
pudo rescatar las suyas fácilmente, gracias a cierta marca secreta
que les había hecho bajo las pezuñas.
Si, por una parte, Sísifo arranca del tema del Ladrón Simpático,
por otra se relaciona con el tema del Diablo Burlado. Por haber
delatado sus amoríos con Egnia, Zeus ordenó a la Muerte que
cargara con aquel indiscreto. Pero Sísifo logró encadenar a la
Muerte. Libertada por Ares, la Muerte intentó un nuevo ataque.
Sísifo, ya agonizante, tuvo tiempo de recomendar a su esposa, la
Pléyade Mérope, que abandonara su cuerpo sin sepultura. Ante
tan impía transgresión, Hades no podía darle cabida entre los
muertos, y otra vez lo mandó a la tierra para que castigara la negligencia de Mérope. Sísifo volvió, en efecto, pero nunca se cuidó
de castigar a su esposa, y murió de viejo, habiéndose reído de los
dioses a su sabor. Sin duda se dejó llevar de su ingenio y no midió
las consecuencias. Por lo cual lo encontramos ahora, en el Tártaro,
obligado a encaramar incesantemente una pesadísima roca hasta
una eminencia. En llegando a la cima, la roca rueda otra vez
barranca abajo, y Sísifo vuelve a la faena.
Este castigo se ha prestado a interpretaciones. Ya se lo ve como
400

alegoría de los vanos esfuerzos para contener los embates de las
olas contra las peñas del istmo de Corinto; ya se lo refiere a ciertas
imágenes artísticas que representan a Sísifo acarreando piedras
para edificar la muralla del Acrocorinto.
6. Finalmente, Ixión, un nativo de Tesalia, era esposo de Día,
hija de Eioneo. Cuando éste, según la antigua costumbre, fue a
cobrar el precio de su hija, lxión lo precipitó en un pozo de carbón ardiente. Zeus, sin embargo, le concedió purificarse del crimen. lxión le pagó con la ingratitud, pues osó poner los ojos en
Hera. Ixión, creyendo poseer a Hera, engendró en la nube la raza
salvaje de los Centauros, cuyo primer ejemplar, Quirón, había
sido hijo de Cronos y de Filira. Ixión recibió por castigo el girar
eternamente, atado a una rueda.
7. En los ejemplares anteriores, al lado de las torturas físicas
hay una tortura moral que podemos reducir a la decepción de
los empeños frustrados o imposibles, a la repetición incesante de
un acto inútil. Esto nos recuerda a otros penitentes: a las Danaides, obligadas a llenar un tonel sin fondo, y a su contrafigura humorística, Ocnos el. Soguero, el que trenza pacientemente una
cuerda, mientras por el otro cabo su asno se la va comiendo. Pero
este Ocnos más bien es personaje folklórico (motivo semejante a
la tela que Penélope teje de día y desteje de noche ), aunque la
tremenda sistematización de los mitólogos lo haga pasar después
por un pecador castigado.
8. Por supuesto que los distintos autores mandan al Tártaro a
quien les place, con la misma libertad que Dante usó en su Infierno. No falta quien nos pinte allí a Teseo y a Pirítoo sujetos mágicamente en sendas sillas, por haber intentado rescatar a Cora.
Pero la historia se dulcifica explicando que el castigo de Teseo
fue pasajero; y la veneración de los atenienses por su héroe nacional los lleva a decir que Teseo se ofreció como víctima voluntaria, sea para salvar a su compañero Pirítoo o bien para compartir su muerte.
401

�9. Según Virgilio, también está enclaustrado en el Tártaro cierto hijo de Eolo, es decir, hermano de Sísifo, que se llamaba Salmoneo. Fue padre de Tiro, reina amada por Posidón, y, en consecuencia, fue antecesor del héroe minio Jasón, capitán de los
Argonautas. El rey Salmoneo parece haber sido originariamente
un mago, un evocador del rayo y la lluvia: aquello, para amedrentar al enemigo; esto, para el provecho de su tierra. Y si imitaba
el trueno de Zeus con el estrépito de su carro de bronce, y las centellas de Zeus arrojando teas encendidas, tal vez no lo hacía para
emular al dios, sino en la función misma de su oficio. Zeus lo
fulminó con una descarga, lo que prueba que murió cumpliendo
satisfactoriamente su deber, puesto que, efectivamente, provocó
y atrajo el meteoro. Homero lo trata todavía con respeto. Pero
luego se lo hizo pasar por un desorbitado cuyas extralimitaciones
tuvo que castigar el cielo. Vestigio de antiguas hechicerías y de la
profesión de mago que nunca prosperó en Grecia -pues los evocadores de lluvias, en tiempos históricos, tenían siempre buen
cuidado de implorar la voluntad de Zeus, convirtiendo así en sentido religioso lo que antes pudo ser una acción de magia directa-, sin duda Salmoneo proviene de una tradición muy remota,
y la radicación de su fábula en tierras septentrionales y extremadas acusa ya el contagio de la barbarie prehelénica. Conviene recordar, además, que la fulminación por el rayo se entendió más
de una vez como una consagración divina.

10. Nos hemos asomado al Tártaro. Asomémonos ahora a la
segunda mansión de ultratumba: el Elíseo o Campos Elíseos, especie de paraíso minoico que los griegos identificaron con sus islas Bienaventuradas. Frente al espantable Tártaro y a la penumbrosa mansión de Hades, el Elíseo es un lugar placentero. Lo gobierna Radamantis, solo o en compañía de Cronos. Allí son trasplantados en cuerpo y alma ciertos mortales amados de los dioses,
como Menelao, para gozar de una dicha imperecedera. No es todavía un lugar de premios, sino de favores divinos, aunque ha de
llegar a serlo. Los griegos acaban por enviar al Elíseo, como si
402

dijéramos de propia autoridad, y también a consecuencia de la
evoluc!ón, e_n las i?eas ético-religiosas, a sus héroes predilectos,
ora m1tolog1cos (D10medes, Aquiles), ora históricos (los tiranicidas, con:io H~rmodio y Aristogitón, etc.). Podemos decir que si
Hades nge directamente la Casa de los Muertos e interviene en
los negocios del Tártaro, el Elíseo escapa prácticamente a su poderío.
Píndaro describe el Elíseo como lugar acariciado por las brisas
oceánicas, poblado de aúreas flores, terrestres y acuáticas, prados
aromosos y opulentos trigales. Los bienaventurados, ceñida la frente de guirnaldas, llevan la existencia propia de los caballeros helénicos, entregados a los deportes y a las artes. En los altares de
los dioses, arden inciensos que dan a la región un olor balsámico.
Y, ?esde luego, los bienaventurados no necesitan trabajar, pues
la tierra les da el sustento espontáneo: añoranza de la Edad de
Oro. Cronos, ya destronado, se llevó consigo sus normas al reino
subsidiario que Zeus dejó bajo su guarda.

11. Llegamos a la tercera región, la Casa de los Muertos, su
verdadera morada, el refugio para las almas ordinarias el recinto
,
'
sub terraneo de Hades, que bien podemos imaginar como situado
entre la Tierra y el Tártaro.
La entrada al reino de las sombras se halla, según tradiciones
locales, en el Tenaro (Esparta). Pero la tradición homérica lo envía al país caliginoso y septentrional de los cimerios (que tampoes la Cimeria o Crimea histórica), allende el Océano, en un sit10 donde crecen los sauces y álamos sacros de Perséfone, junto
a las Puertas del Sol y a la Mansión de los Sueños, más allá de las
Rocas Blancas, en la confluencia de dos grandes ríos interiores.
~llí, en la Pradera de Asfódelos, los espectros, tristes y atenuadas
imágenes de los vivientes, arrastran un remedo de existencia mil
veces peor que el aniquilamiento.

c?

12. Una descripción sintética de la morada de las sombras, combinando a Homero y a otros autores, nos permite imaginarla como
un territorio inferior, separado del resto del mundo por alguno de
403

�los cinco ríos infernales: Estix (la Horripilante), Aqueronte (el
Funesto), Periflégeto o Flégeto (el Ardiente, el de la pira fúnebre),
Cocito (el Gimiente) y Leteo (el del Olvido). Algunos de estos
nombres se aplicaron a ríos reales, lo que crea muchas confusiones.
Estix era también un río de Arcadia; L~teo (el Olvido) y Mnem6sine (la Memoria) también eran unas fuentes que brotaban en la
caverna oracular de Trofonio (Lebadea, Beocia), y cuyas aguas
hacían olvidarlo todo, salvo las 6rdenes que dictaba el oráculo;
Mnem6sine -así bautizado por los griegos- fue asimismo un río
de Galicia (España) . El Aqueronte es río aquí, lago allá, y en
otras partes, simple pantano.

13. La frontera del otro mundo suele situarse en el Aqueronte
mítico, y más generalmente, en la Estix. El barquero que transporta a las almas es Caronte. (¿dios de los muertos entre los etruscos?), a quien hay que pagar un 6bolo por sus servicios. El 6bolo _
o los 6bolos para los gastos del viaje se ponían en la boca de los difuntos (a menos que sea una chuscada de Arist6fanes). Las puertas
están guardadas por el Cancerbero, al que es fuerza echarle, para
que se distraiga y permita la entrada, la torta de harina y miel que
solía depositarse en las tumbas. Virgilio todavía complica el tránsito, pues habla de una zona intermediaria, un Limbo entre el Elíseo y el Tártaro, destinado a los que mueren antes de su hora, a
los niños, a los suicidas o a los caídos en combate. Pero, para llegar al definitivo aposento de los muertos, era indispensable que
el cadáver hubiera sido ritualmente inhumado o, durante la época
de las invasiones y guerras heroicas, debidamente incinerado.
14. La existencia de las sombras no pasaba de ser una continuada lamentaci6n, un llorar y suspirar por la vida. Se comprende
que la imaginaci6n gri,ega haya reaccionado contra tan doliente
perspectiva, y se haya inclinado hacia las tradiciones más edificantes del Elíseo prehelénico, hacia las promesas de los Misterios
y las esperanzas místicas del orfismo y el pitagorismo. Aunque la
fábula posterior sitúa en el Elíseo al héroe Aquiles, mientras éste
-como en Homero habita el reino de Hades- no hace más que
404

echar de menos la tierra, y declara que preferiría mil veces ser
el último esclavo entre los vivientes a seguir de príncipe entre los
muertos. Por este camino, Grecia hubiera podido llegar prematuramente al descreimiento completo. Y así cuando, siglos después,
el materialista Lucrecio oponga a esta imagen pavorosa y a los
miedos de la superstici6n la idea de la disoluci6n absoluta, puede
decirse que, en verdad, más que una amenaza ofrece un consuelo.

15. Los muertos, en principio, conservan en la mansi6n de Hades el estado que ocuparon en vida: príncipe el príncipe, rico el rico,
pobre el pobre, esclavo el esclavo. Y así, aunque gradualmente se
perfila la figura de unos Jueces de los Muertos, que reparten premios y castigos de acuerdo con la conducta anterior de cada uno,
puede creerse que, en el origen, los grandes monarcas, por ejemplo
Minos, sencillamente siguen administrando justicia i:-ntre sus súbditos y resolviendo sus posibles querellas como lo hacía en vida.

16. Pues, en efecto, habrá un juicio y habrá tormentos para
las almas condenadas. Hades ejerce sobre todo ello una autoridad
superior, pero sólo excepcionalmente se ocupa en persona de los
castigos. Los verdaderos jueces son Minos, Eaco y Radamantis,
cuyas funciones se han distribuído de muy diversos modos. Platón
las h~, s!stematizado de manera ingeniosa: Radamantis juzga a
los as1at1cos, Eaco, a los europeos, y Minos decide en caso de empate.
17. La ejecución misma de las penas queda a cargo de la Quimera y, sobre todo, de las Erinies. Estas diosas, a quienes en la
fábula hesiódica vemos nacer de la sangre de Cronos que goteaba
sobre la tierra, son mitos de origen muy oscuro. Se las representa
con cabelleras de serpientes, teas encendidas y látigos en la mano.
Aunque llenas de fiereza, más bien son hermosas, en contraste con
los diablos etruscos o medievales. Habitan el reino inferior, y sin
duda.viajan entre el Tártaro y la mansión de Hades, pero vienen
también al mundo para cumplir su misión terrestre. Los romanos
las llamaron Furias, o por su oficio o porque las relacionaron con
Furina, una deidad harto nebulosa.
405

�a) Las Erinies, por sus funciones, muestran algún vago pare~tesco original con Deméter y los demás poderes terrestres,_ depositarios de la venganza. No sólo castigan a los muertos, smo que
persiguen a los delincuentes en este mundo, los de~medran hasta
convertirlos en sombras, los precipitan en la mansión de Hades,
y todavía allí los torturan. No califican el delito, no distinguen
entre el dolo y la culpa sin intención: están aún en los albores de
la conciencia moral. Sin embargo, representan ya un segundo paso
en la evolución de los sentimientos penales, puesto que no castigan
ya a los clanes y a las familias, sino sólo a los individuos, .ªu,n~ue
todavía las inspira y mueve la ética del clan. En la era preh!stonca,
los agravios exteriores, entre uno y otro clan, se resolvian por
el desquite o la venganza de sangre. Pero ¿ qué hacer con
agravios entre individuos del propio clan, cuya sangre no debia derramarse? Había que segregar del grupo a los delincuentes, dejarlos
morir de hambre o algún recurso parecido, y entonces entraban en
acción las Erinies. Además de que su castigo era eterno, pues
continuaba más allá de la tumba.

!ºs

b) Su remota relación con los poderes terrestres confiere también a las Erinies cierto carácter de divinidades agrícolas, rasgo
mitológico el más generalizado y constante, en virtud del cual
suele confundírselas con otros espíritus más benévolos, como las
Euménides. Siempre andan en compañía de otras deidades, cuyo
nombre con frecuencia usurpan para poder merecer algún culto.
A veces se mezclan con las Arpías, genio3 del viento, sin duda porque el espectro de los difuntos, psique o alma, s: confunde_ ~on el
soplo, el resuello. Se las emparienta con las Mamas -rel~ci~n con
las Ménades, las mujeres enloquecidas en el culto orgiastico de
Dióniso-, porque enfurecen a sus víctimas y las llevan a la enajenación.
e) Se ha querido ver en ellas los espectros mismos de los muer~
tos que vuelven a vengar sus agravios. Pero es más lícito considerarlas como espíritus incorporados de la maldición, que ellas se
encargan de cumplir ciegamente, sin atenuantes ni excepciones

y que, como un movimiento de relojería, una vez que se ha echado a andar no podría ya detenerse.
d) Les incumbe remediar toda violación de las normas naturales, y así, se encargan de privar cuanto antes del habla a Janto,
el caballo de Aquiles, a quien Hera ha permitido excepcionalmente dirigir a su amo algunas palabras. Y Heráclito, especulando
por su cuenta, decía que, si el Sol perdiera su camino, las Erinies
se encargarían de imponérselo.
e) De modo especial, vengan los agravios de los hijos o los hermanos menores contra los padres o los mayores, y acaso también
escuchan las quejas de los mendigos desairados y de cuantos merecen compasión. Y todavía más especialmente, castigan los crímenes entre gente de la misma sangre. No se ocupan de Clitemnestra, aunque ésta asesinó a su esposo: pero sí atormentan, sin
querer atender razones, a Orestes, porque él, en desquite, dio muerte a su madre Clitemnestra.

18. Las Erinies son personajes predilectos de la literatura, como puede verse en la leyenda de Orestes, que tanto ayuda para
entender la función punitiva a que estas diosas se consagran:
a) A su regreso de Troya, Agamenón muere a manos de su esposa Clitemnestra y de Egisto. Orestes, el único hijo varón, sobre
quien recae el derecho de la familia, venga a Agamenón dando
la muerte a Clitemnestra. Homero y Sófocles, fieles a la jurídica de
los aqueos, lo hallan justo, tanto más cuanto que Orestes ha obrado por consejo de Apolo. La tradición esquiliana, que ignora estas sutilezas, lo somete pura y sencillamente a la persecución de
las Erinies, puesto que ha derramado la sangre materna. Orestes
sólo podrá ser absuelto por el Areópago ateniense, al que se someten los mismos dioses. Las Erinies acusan a Orestes y lo defiende
el mismo Apolo. Los jueces están divididos, y decide el pleito el
voto de calidad de Atenea, que favorece al vengador de su padre.
Para aplacar a las Erinies, Atenea instituye en el Atica un culto
en honor de tales diosas disimulando su terrible nombre bajo el

406
407

�de Euménides o "Diosas Benévolas". Los soci6logos investigan
aquí el paso del vetusto matriarcado al nuevo respeto patriarcal.

b) Según otra fábula, Orestes no resulta absuelto por tribunal
alguno, sino que, para alcanzar el perd6n, debe antes puri~icarse
de alguna suerte, parece que por diligencia de Apolo, el dios de
las purificaciones, y mediante la aspersi6n ritual de sangre de cerdo, episodio que sitúa en Megalópolis (Arcadia) donde se adoraba juntamente a las Erinies y a las Gracias.
·
e) Eurípides -postura sintética- somete a Orestes a una absolución condicional. Su liberaci6n definitiva será el resultado de
una penitencia: deberá emprender un viaje expiatorio a Táuride
(Crimea) , y allí rescatar la efigie de la diosa Artemis, que era
hasta entonces objeto de una adoración bárbara y sanguinaria en
aquellas tierras distantes. Recobrada la efigie, se instituye en Hale
(Atica) el culto de la Artemis Taurópolos, donde un rasguño en
la garganta d~l fiel conserva el recuerdo de los antiguos sacrificios humanos.

d) Pausanias nos da una versión más cruda: para mitigar la
ira de las Erinies, Orestes tiene que morderse un dedo y entregarles la porción de sangre que _le reclaman. Las Erinies, de negras
que eran, se emblanquecen al instante y perdonan.

e) Los racionalistas -y Eurípides el primero-- dan a entend~r
que las Erinies no son más que una figura mítica del remordimiento.
19. Este paseo por los infiernos helénicos nos ha permitido
apreciar las últimas proyecciones del dominio de Hades, y el contraste entre las visiones desesperadas y las visiones placenteras de
ultratumba· donde comenzaron a elaborarse, de modo inconexo y
'
.
vacilante, las ideas que el cristianismo medieval dejó en herencia
a los modernos.

LA NOVELA EXPERIMENTAL Y LA REPUBLICA
COMPRENSIVA DE HISPANOAMERICA:
Estudio analítico y comparativo de Nostromo, Le Dictateur,
Tirano Banderas y El señor Presidente.

Dr. SEYMOUR MENTON
University of Kansas

LA REPÚBLICA COMPRENSIVA de Hispanoamérica fue un tema ideal
para los novelistas del primer tercio del siglo veinte que se destacaron por sus innovaciones radicales. Balzac y Zola, con una
forma narrativa tradicional del siglo diecinueve, habían necesitado veinte volúmenes o más para componer sus enormes cuadros
de las distintas capas de la sociedad francesa. Conrad, Miomandre, Valle-Inclán y Asturias, todos novelistas del siglo veinte, se
adelantaron mucho a sus precursores franceses. Por medio de diversos métodos experimentales, fueron capaces de describir no sólo
cierta capa de la sociedad de cierto país en cierto período de la
historia sino la sociedad entera de toda Hispanoamérica abarcando un período de tiempo indeterminado.
La Guerra de 1898 y las subsiguientes operaciones imperialistas de los poderes mundiales habían resucitado interés en esta región cuya agitación constante vista desde afuera parecía incomprensiblemente ridícula. Debido a las muchas semejanzas entre las
diecinueve repúblicas hispanoamericanas, los novelistas decidieron fundirlas en un solo país imaginario que representara a todos.
Para lograr su propósito, Joseph Conrad crea en Nostromo

408
409

�( 1904) un país imaginario que contiene detalles g~ográfic~s, históricos y raciales de muchos países diferentes. Franc1s de M1oma~dre en Le dictateur ( 1926) se limita más claramente a ~ P~IS
imaginario de Centroamérica, pero logra un efe~to panoramico
convirtiendo una pintura en la realidad. En Tirano B~nderas
(1926), Ramón del Valle-Inclán, al igual_ que_ ~nrad, mte~ta
abarcar toda Hispanoamérica con su país imagmano, p~ro. principalmente por medio de una combinación de las p~cuhan~ades
. .., t" cas de los varios países. De los cuatro novelistas, Miguel
lmgu1s
1
)
, ·
des
Angel Asturias en El Señor Presidente ( 1946 es e1 un_1co que
cribe una época particular de un país verdadero. Sm .embargo,
este país llega a ser representativo porque el au~~~ evita el uso
de nombres locales y lo transforma todo en una V1s1on del mundo
infernal.

•
Sin duda la presentación más panorámica se encu:~tra en Nostromo de Joseph Conrad. Con el fin de crear su ~ac1on compre,n. a el autor hizo un esfuerzo especial por entreteJer la geograf1a,
::v historia la economía y la gente de varios países. En una carta
a Cunnigham Graham, el mismo Conrad afirma que "Costag~ana is meant for a S. American state in general; thence the nuxture of customs and expressions". i El nombre Costaguana es ~a
.
N"icaragua y Argentina
combinación telescópica de C osta R ica,
,
Co~
No obstante geográficamente Costaguana se parece mas a
lombia. Aun'que la llaman la República Occidental,_ en con~raste
1 Banda Oriental (el Uruguay)' Costaguana tiene el litoral
con a
Et por
Caribe de Santa Marta al otro lado de las montan~s. s o,
supuesto, sólo se puede aplicar a Colombia. En ca~b10.' hay otr~s
factores geográficos que dan la impresión de un pa1s situado mas
al sur. La pequeña bahía de Esmeraldas, el nombre verdadero
de un puerto en el Ecuador, y la gran lla~ura cos~anera de Sulaco dominada por los picos cubiertos de rueve sugieren tanto al
1

G. ]EAN AuBRY, ]oseph Conrad, Life and Letters ( London, 1927), p. 338.

Ecuador como al Perú. Se evoca a la Argentina con la mención
de estancias y Entre-Montes, probable variación de Entrerríos.
Pensamos en México al notar el Camino Real, los nopales, la Alameda y la gran estatua ecuestre de Carlos IV. La nieve en la meseta donde está situada la mina y el viento frío del páramo enfocan a Bolivia. El conjunto de productos: caña de azúcar, maíz,
caucho, pescado, plata, bananos, yerba mate y pimienta, también
contribuye a la impresión mixta.
El mismo efecto panorámico se busca racialmente. Si la Costaguana de Conrad es una República Occidental, entonces sus indios nos hacen pensar en el Ecuador y el Perú. Esto se confirma
cuando el autor habla de los indios que viven en obscuras aldeas
y de los mineros que llevan ponchos blancos con una franja verde
y blancos sombreros de paja terminados en punta con cordón verde y trencilla. Montan burritos, tocan guitarras pequeñas y llaman "Taita" al administrador de la mina. La impresión peruanoecuatoriana también se refuerza por las "unknown Indian tribes
in the great forests of the far interior, where the great rivers have
2
their sources". No obstante, aun en su presentación de los indios
de Costaguana, Conrad insiste en desconcertar a sus lectores con
alusiones a otros países. En una ocasión dice que las niñas se vis3
ten como yucatecas. En una descripción del mercado, la presencia del mate da la impresión de los países rioplatenses. "Indian
women squatting on mats, cooked food in black earthen pots, and
boiled the water for the maté gourds". 4 Conforme a la composición racial del Ecuador y del Perú conviven los pescadores negros
y mulatos, los chulos 6 pobres y las muchachas chinas. En cambio,
el papel importante de los italianos Nostromo y Giorgio Viola y
el gran número de trabajadores italianos que incluso han formado
sus propias aldeas hacen que en definitiva el lector piense en la
Argentina durante toda la novela.
La gran variedad de clases sociales también ayuda a crear la
'JosEPH CoNRAD, Nostromo (New York: Random House, 1951), p. 346.

• /bid., p. 26.
' lbid., p. 136.
' Ibid., p. 107.

410
411

�nación comprensiva. Los peones y los descendientes de las antiguas familias españolas, dueñas de grandes haciendas, se identifican con el Perú. Los vaqueros de los grandes llanos del sur evocan a Venezuela. La posada dirigida por un ex-torero mexicano
ensancha la perspectiva. Para reflejar la situación exacta de la
mayoría de los países hispanoamericanos, Conrad indica que los
indios, negros, cholos, mulatos e inmigrantes italianos tienen muy
poco o nada que decir en la política. Costaguana es gobernada
por los ricos terratenientes españoles, l~ colonia. europea y ~os
ubicuos hombres de negocios norteamericanos. Sm duda la mfluencia más importante en Costaguana la ejerce el gran empresario de San Francisco, California: Mr. Holroyd. Convencido de
la grandeza de los Estados Unidos y empapado ?el. proselitismo protestante, Mr. Ho1royd se sienta en su escntono ~n San
Francisco y dedica veinte minutos al mes para determmar el
futuro de Costaguana. El hecho de que este hombre tan poderoso aparezca muy rara vez en la novela no es casual. La r:lación de Holroyd con la República Occidental se debe a que financió la rehabilitación de la mina de plata San Tomé que dirige Charles Gould, un inglés de tercera o cua:ta generació~, cuya
vida está dedicada por completo a su trabaJO con exclusion de
todo lo demás. Aun Emilia, su esposa, a quien él ama sinceramente, se siente abandonada a causa de la mina. Otros extranjeros de importancia en Costaguana son el capitán Mitchell, que
es un oficial de la compañía de vapores y la voz principal en la
narración de toda la novela; el ingeniero anónimo del ferrocarril;
el dilettante cosmopolita Martín Decoud; el cínico doctor Monygham; y el tragicómico Hirsch, un judío-alemán de Esmeraldas.º
Los propios hispanoamericanos constituyen un grupo verdaderamente representativo. Don Vicente. Ribiera, el dict~dor ~enévolo, es el caudillo cobarde del partido Blanco, que mmediatamente sugiere al Uruguay. José Avellanos es el "distinguished Spanish-American of the old school, a true Hidalgo ... " 7 Viejo esta• lbid., p. 252.
• lbid., p. 534.

412

dista ! poeta, ha pasado muchísimo tiempo escribiendo Fifty Y ears
of Misrule, una evaluación histórica de la dictadura de Guzmán
Bento. Su hija Antonia, tan distinguida como su padre, lo ayuda
constantemente. En contraste a esta familia noble se encuentran
los hermanos Montero. El general Montero, antiguamente un oscuro capitán de ejército, junta a sus fuerzas con las de los blancos
~ristocrátic~s y llega a ser ministro de guerra. Conrad le atribuye
the atrocious grotesqueness of sorne military ido! of Aztec
conception and European bedecking, awaiting the homage of
8
worsh'ippers. " A su hermano, que encabeza la revuelta contra
Ribiera, los amigos de Gould lo llaman "this criminal, this sha9
meless Indio." Se dice también que los Montero tienen unas
cuantas gotas de sangre negra. De los dos sacerdotes en la nov~Ia, el pad:e Román es el más típico. Como clérigo de la comum~ad de mmeros, s~ tarea consiste en mantener a sus feligreses
resignados a su destmo en la tierra y esperanzados en una vida
mejor después de la muerte. El padre Corbelan, vicario mayor
de la Catedral, es el tipo de sacerdote violento, fanático, belicoso,
como aquellos de las epopeyas medievales. Su vida está dedicada
a la "restitution of the confiscated church property." 10 El padre
Corbelan es responsable por alistar en la defensa de Sulaco a Hernández, el bandido tipo Robin Hood que es tan común en la historia de la mayor parte de los países hispanoamericanos.
El único personaje principal de todo el libro que no tiene un
valor representativo es el protagonista Nostromo, un italiano fuerte y silencioso, montado a caballo, cubierto hasta el cuello con un
poncho, o algunas veces vestido con un sarape de colores llamativos y un sombrero gris con cordones de seda y adornos de borlas.
Aunque el tít~lo de la novela es el nombre por el cual se le conoce, Y la mayoría de los críticos interpretan este libro analizando su carácter y el de los otros personajes individualizados, el propósito más fundamental de Conrad en esta obra paree~ ser no
' lbid., p. 135.
' lbid., p. 211.
,. lbid., p. 208.

413

�tanto la descripción de varios personajes importantes como la
creación de un enorme cuadro que captara la esencia de toda
Hispanoamérica. Esta interpretación quizá desmienta algo la acusación de Joseph Warren Beach de que el libro no satisface porque
"no one character or group of characters holds the center of the
stage long enough for us to grow comfortably intereste,d .in him
or it." 11 De todos los críticos, Tillyard parece ser el uruco que
ha dado con la clave de la novela. Se da cuenta del plan compren12
.
·' de 1a geograf'a
sivo de Conrad, pero se limita a una d1scus1on
i •,
Ben Kimpel y T. C. Duncan Eaves estudiaron tanto la geog~a~ia
como la historia de Costaguana pero por desconocer el proposito
de Conrad, se dejan desconcertar por lo que consideran anomalías.13 Respecto a la geografía de su nación ficticia, el mismo Conrad confirma su construcción muy cuidadosa. "There was not. a
single brick, stone, or grain of sand of its soil. I had not placed m
position with my own hands." 14
Además de conseguir un efecto panorámico con la ge?~rafía Y
la población, Conrad se distingue aún más en la presenta~1on .comprensiva de la historia. En términos muy gen:rales, la h1~to~1a de
cualquier país hispanoamericano puede divi?irse en lo~ s1gmentes
períodos cronológicos: precolombin?; conqms~a, y. colorua; guerras
de la independencia; anarquía; y dictadores tiramcos que resultan
de la lucha entre centralistas y federalistas por una parte, y entre
liberales y conservadores por otra; dictadores absolutos en la .última parte del siglo diecinueve que dependen mucho del cap1~al
extranjero para el progreso material; y movimientos revolucionarios del siglo veinte. Conrad no se refiere solamente a las condiciones generales de cada período, sino que también .alud.e ~e. vez
en cuando con exactitud a acontecimientos o persona1es histoncos.
n JosEPH WARREN BEACH, The Twentieh-Century Novel, Studies in Technique
(New York: Century Co., 1932), p. 364.
.
12
E. M. W. Tn.LYARD, The Epic St rain in the English No vel (London : Chatto
and Windus, 1958) , Appendix B.
.
.
u BEN KIMPEL and T. C. DuNCAN EAVES, The Geography and H1story in Nostramo M odern Philology ( Chicago, U. of Chicago Press, Aug. '58), pp. 45-54.
,; JosEPH CoNRAD, A Personal Record (New York, Doublcday, 1929) , p. 100.

La mina ~e plata ·es el recurso que usa Conrad repetidas veces
para resucitar el pasado. La colonia se :evoca por una mención de
tod~,s las tribus indios que perecieron en los primeros años de ope~ac~on de la mma. En el mismo trozo lamenta la situación de los
mdws que no ha cambiado aun después de las guerras de la independencia.

?e

The heavy stone-work of bridges and churches left by the
conquerors proclaimed the disregard of human labor the
tribute labor of vanished nations. The power of kin¡ and
church "'_'ªS gone, but at the sight of sorne heavy ruinous pile
overtoppmg
a knoll the low mud walls of a village, Don
Pefe would mterrupt the tale of his campaigns to exclaim:
~oor Costaguana ! Before it was everything for the padres,
not~g f~r the people; and now it is everything for these great
pohticos m Sta. Marta, for negroes and thieves." 15

:rom

El período colonial de Sulaco se identifica con el del Perú cuando la señora Gould dice orgullosamente al presidente del consejo
fer:oviario qu~ "the highest ecclesiastical court for two viceroyalt1es sat here m the olden time." 16
. La transición a las guerras de la independencia se realiza mediante una descripción de la Asamblea Provincial en los edificios
municipales de Sulaco "with its portraits of the Liberator~ on
the walls and- an old flag of Cortez." 17 La mención de Cortés
naturalmente enfoca a México. Esta visión se precisa más adelante
con la descripción de un monumento para reemplazar la estatua
ecuestre de Carlos IV, el cual a pesar de algunas diferencias tiene
~ pare~ido con el famoso "Angelito" de la ciudad de México.
There 1s sorne talk of replacing it by a marble shaft commemorative of separation with angels of peace at the four corners and
a bronze Justice holding an .even balance, ali gilt, on the top." 18
,. CoNRAD, Nostramo, p. 99.
" !bid., p . 39.
" !bid., p. 150.
11
Ibid., p. 539.

414
415
H27

�Conrad, teniendo siempre presente su plan de crear una nación
comprensiva, dirige la atención del lector a Venezuela con datos
de poca trascendencia sobre el abuelo de Charles Gould que había luchado en la legión inglesa bajo Bolívar, y sobre don Pepe
que fue un antiguo soldado de Páez, uno de los mejores generales
de Bolívar y el primer dictador de Venezuela.
En muchos países de Hispanoamérica, la independencia fue seguida de un conflicto sangriento entre los partidarios de un sistema de gobierno federal y los que favorecían un gobierno fuertemente centralizado. Esta lucha fue encarnizada especialmente en
México, en la América Central y en la Argentina. En N ostromo
se recuerda este conflicto histórico cuando sabemos que don Pepe
fue admitido en uno de los clubes aristocráticos de Sulaco debido
a antiguos servicios prestados a la ya difunta causa de la Federación. Uno de los tíos de Gould había sido presidente del Estado
de Sulaco en los días de la Federación. La existencia de una verdadera Federación hace pensar en la Federadón Centroamericana
que duró unos quince años antes de ser despedazada por los intereses antagónicos de los estados individuales. En Centroamérica,
el fin de la Federación trajo por consecuencia el desorden y la
aparición de dictadores tiránicos como el guatemalteco Rafael Carrera. En la Costaguana de Conrad, Guzmán Bento se convirtió
en el "Citizen Savior of the Country". Un general unionista bárbaro, Guzmán Bento fue "Perpetua! President" durante quince
~
. das de 1os "horn.d anstocra
.
t s, " 10 1os "Suanos
y arraso' 1as h ac1en
laco oligarchs." 20 Uno de sus subalternos más importantes fue el
arzobispo que él mismo había nombrado y que hizo torturar de
una manera diabólica al doctor Monygham. Conrad da cierto tono auténtico a este dictador imaginario al referirse a sucesos históricos del mismo período en otros países. Así sabemos que el general Barrios, personaje ficticio, había luchado al lado de Juárez
contra los franceses en México y que el hijo de Viola se había alistado en la marina de Montevideo bajo Garibaldi para luchar con" /bid., p. 153.
" /bid., p. 52.

416

tra el dictador Rosas. Después de la muetre de Guzmán Bento
sucedió un agitado período de pronunciamientos durante el cual
pandillas grote.scas y asesinas se burlaban de los gobiernos y jugaban a revoluc10nes. En esta época los mineros asesinaron a sus
patrones ingleses_y la mina fue confiscada por el gobierno y luego
abandonada.
Del caos de los primeros dos tercios de siglo diecinueve surgió
un grupo de dictadores positivistas. El régimen de Porfirio Díaz
en México equivale a la Inglaterra victoriana, la Francia de la
Tercera República, la Alemania de Bismarck, la Rusia de Nicolás
II Y la España de Alfonso XII. En Nostramo la mina constituye
una, vez más el punto de partida. Fue la mina San Tomé que
pago los gastos de la última revolución que llevó al poder a Vicente Ribiera, el primer civil que había llegado a la presidencia.
Era un "scrupulous constitutionalist" 21 que había recibido un
doctorado de la Universidad de Córdoba, una alusión obvia a la
Argentina. El lema de este dictador benévolo era "order peace
•
'
'
progress " 22 que se mantuvieron
en parte por el reclutamiento
?bligatorio. El progreso se basó en la inversión de capital extranJero; se consiguieron préstamos de Europa; se construyó el primer
ferrocarril y la mina empezó a prosperar nuevamente debido en
e~p:~ial a Mr. Holroyd. Otra vez Conrad mezcla la historia y la
ficc1on cuando Holroyd compara su inversión a los comienzos de
las salitreras de Atacama en Chile.
La mayor parte de la verdadera acción de Nostromo ocurre
durante la revolución contra el gobierno de Ribiera. Las causas
fundamentales están "rooted in the political immaturity of the
people, in the indolence of the upper classes and the mental dark23
ness of the lower." Sin embargo, la revolución encabezada por
el general Montero tiene un verdadero carácter popular y en algunos aspectos anticipa la Revolución Mexicana de 191 O. "Mean" lbid., p . 156.
" lbid., p. 151.
.. lbid., p. 431.

417

�time the ignorant were beginning to murmur that the Ribierist
reforms meant simply the taking away of the land from the
people~ Sorne of it was to be given to foreigners who made the
railway; the greater part was to go to the padres." 24 El pueblo
amotinado grita "¡ Viva la libertad! Down with Feudalism!. ..
Down with the Goths and Paralytics." 25 La revuelta militar de
Montero se hace en nombre del honor nacional contra los explotadores europeos. Su éxito deja horrorizado a Conrad. Cuando
describe la entrada victoriosa del ejército de Montero a Sulaco,
hace hincapié en el carácter inculto y abigarrado de los soldados a la vez que continúa esforzándose por captar el efecto pa, .
noram1co.
And first carne straggling in through the land gate the armed mob, of all colors, complexions, types, and states of raggedness, calling them selves the Sulaco National Guard, and
. commanded by Señor Camacho.
Through the middle of the street, streamed, like a torrent
of rubbish. ' a mass of straw hats, ponchos, gunbarrels, with an
enormous green and yellow falg flapping in their midst, in a
cloud of dust, to the furious beating of drums. The spectators
recoiled against the walls of the houses, shounting their vivas!
Behind the rabble could be seen the lances of the cavalry, the
"army" of Pedro Montero. He advanced between Señores
Fuentes and Camacho, at the head of his Llaneros, who had
accomplished the feat of crossing the paramos of the Higuerota in a snow-storm. The rode four abreast, mounted on confiscated Campo horses, dad in the heterogeneous stock of roadside stores the had looted hurriedly in thcir rapid ride through
the northem part of the province; for Pedro Montero had
been in a great hurry to occupy Sulaco. The handkerchiefs
knotted loosely around their hare throats are glaringly new,
" !bid., p. 216.
'" Ibid., p. 252. El término "godos" se aplicaba de una manera despreciativa a los
partidarios de España en las guerras de independencia en Sudamérica.
' · ·•

418

and all the righ sleeves of their cotton shirts had been cut off
close ~o the shoulder for greater freedom in throwing the lazo.
Emac1ated gray-beards rode by the side of lean, dark youths,
marked by ~ll the hardships of campaigning, with strips of
raw beef twmed round the crowns of their hats and huge iron
spurs fastened to heir naked heels. Those that in the passes of
the mountain had lost their lances had provided themselves
with the goads used by the Campo cattlemenslender shafts of
plam fully ten feet long, with a lot of loose rings jingling under
the iron-shod point. They were armed with knifes and revolvers. A haggard fearlessness characterized the expression
of all these sun-blacked countenances; they glared clown
haughtil~ with their s.corched eyes at the crowd, or, blinking
upward msolently, pomt_ed out to each other sorne particular
head. among the women at the windows. When they had ridden mto the Plaza and caught signt of the equestrian statue
of the king dazzlingly white in the sunshine, towering enormous and motionless above the surges of the _crowd with its
eternal gesture of saluting, a murmur of surprise ran through
their ranks. "What ist that saint int the big hat?" they asked
each other. 26
El triunfo de Montero dura poco. A Decoud se le ocurre la
idea de declarar la independencia de Sulaco para conservar el
poder de la oligarquía. Al igual que Conrad, desprecia las masas. "After one Montero there would be another, the lawlessness
of a populace of all colors and races, barbarism, irremediable
tyranny. As the great Liberator Bolívar had said in the bitterness
of his spirit, 'America is ungovernable. Those who worked for
her independence have ploughed the sea.'" 27 El plan de De~oud
tiene éxito a pesar de su propia muerte. Una vez más intervienen
los directores de la mina. Charles Gould dice, "1 shall write to
Holroyd that the San Tomé mine is big enough to take in hand
" !bid., pp. 427-428.
,, lb.id., p. 206.

.....
419

�the making of a new state. It'll please him. It'll reconcile him to
the new risk." 28 Por supuesto que la nueva república de Sulaco
es reconocida inmediatamente por los Estados Unidos y no tarda
en llegar una invasión protestante organizada por Holroyd.
Aun con el regreso al poder de los ribieristas, Conrad no vaticina una paz duradera. La señora Gould "saw the San Tomé mountain hanging over the Campo, over the whole land, fea red,
hated, wealthy, more soulless than any tyrant, more ready to crush
innumerable lives in the expansion of its greatness." 29
El cardenal-arzobispo de Sulaco censura amargamente los intereses extranjeros. "Let them beware, then, lest the people, prevented from their aspirations, should rise and clajm their share
of the wealth and their share of the power." 30 El doctor Monygham anticipa no sólo el descontento sino también las revoluciones que causará.
"Mrs. Gould, the time approaches when all that the Gould
Concession stands far shall weigh as heavily upan the people
as the barbarism, cruelty, and misrule of a few years back."
"How can you say that, Dr. Monygham?" she cried out, as
if hurt in the most sensitive place of her soul.
"I can sav, what is true," the doctor insisted obstinately.
"It'll weigh as heavily and provoke resentment, bloodshed,
and vengeance, because the men have grown different." 31
La visión profética de Conrad ya se ha cumplido en varios de
los países hispanoamericanos. El descontento continúa hoy día y
continuará en el futuro. Irving Howe 32 hace una comparación
un poco forzada con la situación en Cuba:
Guzmán Bento - Machado; Vicente Ribiera - Grau San
Martín; el general Montero - Batista. La reciente revolución po•
'" !bid., p. 423.
" !bid., p. 583.
,. !bid., p. 569.
81
!bid., p. 571.
u 1Rv1NG

420

HowE, Politics and the Novel (New York: Horiwn Press, 1957), p. 105.

pular de Fidel Castro también se podría atribuir a la profecía de
Conrad.
La realización del vaticinio de Conrad concuerda con la mezcla de realidad y fantasía que predomina en todas las páginas de
Nostramo. Aunque Conrad menciona muchos lugares, personas y
sucesos particulares, hay un leve velo de fantasía que envuelve todo_ el libro. El turista contemporáneo que oye contar al capitán
Mitchell gran parte de la historia "would listen like a tired child
33
to a f~iry tal;·." Martin Decoud que se deja arrastrar por el
torbellino pohtico a causa de su amor por Antonia, aún puede
contemplar la situación de vez en cuando desde el punto de vista
?el cí_nico parisiense. "Imagine an atmosphere of opera-bouffe
lil which all_ the comic business of stage statesmen, brigands, etc.,
• ~te., all their farcic~l stealing, intriguing, and stabbings is done
~ dead earnest. It Is screamingly funny; the blood flows all the
time, an~ the actors believe themselves to be influencing the fate
of the umv~rse. ~f course, government in general, any government
anywhere, IS a thing of exquisite comicality to a discerning mind •
but really we Spanish-Americans overstep the bounds." 34
'
El sabor fantástico se debe en gran parte a la técnica narrativa. Se vislumbra un cuadro total de Hispanoamérica casi de la
misma manera con que se arma un rompecabezas. Las escenas
dram~tic~s, lentas e ~ntensas, alternan con los cambios rápidos y
panoramicos de una epoca a otra. La narración va alternando entre el _autor: el capitán Mitchell y a veces Decoud. Conrad presenta mgemosamente a sus lectores los puntos de vista relativos
no sólo de éstos sino también del doctor Monygham, de los señores Gould y de Nostramo. No obstante, más que nada es la cronología de la novela que da la impresión de un país fantástico.
El narrador principal, el capitán Joseph Mitchell, cuenta la maY_ºr parte de la historia a un turista anónimo que parece tan cautivo como el invitado a la boda en The Rime of the Ancient M ariner. La identidad del Sulaco de la historia del capitán Mitchell
11

CoNRAD, Nostromo, p. 544.
"' !bid., p. 168.

421

�con la nación independiente y próspera del presente novelístico. no
se aclara hasta la tercera y última parte del libro. La partida del
turista coincide con el fin de la historia. "And the cockswain's
voice at the door announcing that the gig was ready, closed the
cycle." 35 Durant; la narración de Mitchell hay dos fechas b~sicas.
Empieza hablando de lo que sucedió el día en. que el presi?ente
Ribiera regresó a Sulaco, pero antes de termmar esta sene de
acontecimientos, vuelve atrás otros dieciocho meses hasta e_l día
de la inauguración del ferrocarril. Este retroceso se anuncia en
el párrafo inicial del capítulo quinto de la primera parte. "In
this way only was the power of the local authorities vindicated
among the great body of stronglimbed forcigners who dug the
earth, blasted the rocks, drove the engines for the 'progressive and
patriotic undertaking.' In these very words eighteen months before •
the Excellentissimo Señor don Vincente Ribiera, the dictator of Costaguana, had described the National Central Railway in his _great
speech at the tuming of the first sod." 36 El resto de la_ ~nmera
parte se compone de una serie de retrocesos que se ongman el
día en que llegó el ferrocarril a Sulaco y revelan el pasado del
doctor Monygham y de los Gould. El capitán Mitchell, obsesionado por la importancia histórica de los personajes y de los sucesos que maneja, se detiene para describir detalladamente dos
ocasiones especiales: cuando la señora Gould festejó a los tr~s
hombres de San Francisco y cuando se recibió en Sulaco la primera partida de plata de la mina San Tom_é para ~mbarcarla
a San Francisco durante el reinado del despiadado tirano Guzmán Bento. Así es que estas dos ocasiones constituyen retrocesos
dentro de un retroceso que a su vez forma parte de otro retroceso.
El capitán Mitchell tarda más de cien pá_ginas en_ t:rminar ,de
contar lo que sucedió ese día en que el presidente Ribiera llego a
Sulaco para celebrar la fundación del primer. ferro~a~ril del p~ís.
Sin embargo, no olvida que su punto de partida ongmal fue dieci~cho meses más tarde. En el párraf~ final de la primera parte
.. lbid., p. 547.
• lbid., p. 37.

422

vuelve a dirigir la atención del lector a la fuga del presidente Ribie:a m~entras que al mismo tiempo, de una manera vaga y misteriosa, mtroduce el tema final del libro: el robo del tesoro perpetrado por Nostromo y sus consecuencias.
Next time when the "Hope of honest men" was to come
that way, a year and a half later, it was unofficially, over
the mountain tracks, fleeing after a defeat on a lame mule,
to be only just saved by Nostromo from an ingnominious death
at the hands of a mob. It was a very different event, of which
Captain Mitchell used to say:
"It was history - history, sir! And that fellow of mine,
Nostromo, you know, was right in it. Absolutely making history, sir."
But this event, creditable to Nostromo, was to lead inmediately to another, which could not be classed either as "history" or as "a mistake" in Captain Mitchell's phraseology.
He had another word for it.
"Sir, he used to say, afterwards, that was no mistake. It
was a fatality. A misfortune, pure and simple, sir. And that
poor fellow of mine was rigth in it - right in the middle of
it ! A fatality, if ever there was one - and to my mind he
has never been the same man since." 37
Casi toda la segunda parte se compone de los sucesos dramáticos que ocurrieron en Sulaco durante la revuelta de Montero.
Algunos de éstos los revela Decoud en una larga carta a su hermana en París. Terminada la carta, la narración pasa sutilmente
a manos de Conrad que acaba la segunda parte con una gran
descripción emocionante del escape con el tesoro realizado por
Nostromo y Decoud.
L_a t~rcera paÍt~ empieza con otra escena retrospectiva para
poner al lector al día con las actividades de la gente en Sulaco
mientras Decoud y Nostromo se llevaban el tesoro. La acción gira
1.

" lbid., pp. 144-145.

423

�alrededor del hogar de Giorgio Viola, el Albergo d'Italia, donde
entran y salen los varios personajes distintos, ~~luso Decoud_ Y
Nostromo. El punto de vista que alterna entre d1stmtos persona1es
por más de cien páginas produce una confusión cronológica que
Conrad resuelve resumiendo las actividades del día. "The sun of
Pedrito's entry into Sulaco, the last sun of Señor Hirsch's life, the
first of Decoud's solitude on the Great Isabel, passed over the Al. Una on 1ts
. way to t h e west"
bergo d'Itaha
. 38
El capitán Mitchell vuelve a aparecer después de una larga
ausencia para narrar lo que sucedió al día siguiente. Si_n embar~o,
se interrumpe varias veces para servir de guía ~l tu~1s:a. cautivo
en un paseo por la ciudad salpicado de comentarios h1ston~os. Esto continúa hasta la partida del turista y entonces el propio Conrad termina la historia alternando un estilo lento e intensamente
dramático con una presentació_g panorámica cuyo propósito es de
atar los cabos sueltos.
En Nostramo, que ya se ha establecido como su obra maestra,
Conrad presenta tanto una variedad de personajes interesantes como un amplio cuadro de Hispanoamérica. El análisis realista de la
geografía, población e historia de cada país en pa~ti?ular.sól~ está
deformado en cuanto a su combinación en el pa1s 1magmano de
Costaguana. A pesar de los numerosos detalles realistas, :l efec:o
total es quimérico debido a la actitud de Decoud y del tunsta_ anonimo, al "chronological looping method" 39 y a la_ ten?enc1a ?e
cambiar de narrador. La evaluación exacta de la h1stona de Hispanoamérica sorprende aún más si se tiene en cuenta que Con~a.d
conoció esta parte del mundo veinticinco años ant~s, de escnb~r
Nostramo. A los diez y siete años de edad Conrad saho de Poloma
e ingresó en las filas de la marina francesa. "In 1876-_77 he ~as
on the Saint-Antaine in the Gulf of Mexico, egaged m runnmg
arms to a revolution, and in the latter year was part owner of
the Tremolina, running arms to the Spanish coast." 40 Las únicas
" lbid., p . 524.
" JosEPH WARREN BEACH, op. cit., p. 364.
'° CoNRAD, Nostramo, Prologue, p . XL.

424

otras fuentes conocidas de Conrad fueron su amigo gaucho escocés Robert Cunningham Graham que había escrito sobre la región rioplatense y el libro Seven Eventful Years in Paraguay de
G. F. Masterman. 41

•
En tanto que el interés de Conrad en Hispanoamérica se manifiesta literariamente sólo en Nostramo, el cuento "Gaspar Ruiz"
y el personaje Pedro en Victory, a Francis de Miomandre, autor
francés de Le dictateur ( 1926), le ha fascinado en forma más
constante tanto España como Hispanoamérica. L'enfant prodigue
et son pere ( 1924) está dedicado al crítico y cuentista peruano
Ventura García Calderón. L e jeu de l'Amour et de la danse
( 1922 ) tiene un epígrafe en español. El pretendiente de la heroína
es un mexicano que finge ser descendiente de Guatimozín; y el
protagonista masculino hace un viaje a San Sebastián en el norte
de España. En Ces petits messieurs ( 1921 ) , uno de los personajes
principales es la millonaria brasileña Madame de Santa-Trinidad.
Además de sus libros originales, Miomandre se ha distinguido sobre todo por sus traducciones de las obras &lt;Teniales
de Unamunol
b
Horacio Quiroga, Enrique Rodríguez Larreta, Teresa de la Parra, Luis Alberto Sánchez y Machado de Assís. No hace más 'que
unos seis años que Miomandre publicó una traducción de L eyendas de Guatemala de Miguel Angel Asturias. 42 De todas sus obras
originales la más interesante es L e dictateur, una novelita de unas
setenta páginas cuyo propósito, al igual que Nostromo, es la creación de una nación hispanoamericana con rasgos típicos de varios países verdaderos. Publicada en L es oeuvres libres, esta obra
está totalmente de~conocida entre los críticos de la literatura fran" lvo VIDAN, "One Source of Conrad's Nostramo", Reuiew of English Studies ( London, Oxford U. Press, July '56), pp. 287-293.
" MIGUEL ANGEL ASTURIAS, Ugendes du Guatémala ( Paris: Gallimard, 1953),
traducidas por Francis de Miomandre.

425

�cesa. Ni está incluida en las bibliografías de Hugo Thieme y de sus
sucesores Dreher y Rolli, Drevet y D. W. Alden. 0
El panorama de Miomandre es de alcance mucho más limitado
que el de Conrad. Aunque incluye muchos representantes de la sociedad hispanoamericana y de los distintos grupos raciales, limita su
ubicación geográfica a lo que probablemente es Nicaragua y repara en los acontecimientos históricos de sólo un breve período
del siglo veinte. En realidad, Miomandre no intenta disfrazar mucho a Nicaragua. Cambia su nombre por V eraguas, sin duda para
evocar el ducado colonial de Veragua que incluía toda la costa
atlántica desde Gracias a Dios en Honduras, hasta Colombia. También cambia la capital Managua a Santa Granada (Granada es la
tercera ciudad en importancia de Nicaragua) y la siguiente descripción no se podría aplicar a ningún otro país: "c'est ce petit pays
d'Amérique, entre les deux Oceans, tout plein d'oiseaux de couleur,
de grands lacs, de volcans, de mines d'or. La capitale, Santa Granada n'est pas une ville considérable, mais elle est si attrayante, avec
ses maisons en bois sculpté, des fleurs autour des fontaines ... " 44 El
contraste entre las costas del Atlántico y del Pacífico es otro acierto geográfico. "-Le rivage atlantique est un peu sacrifié. C'est
de l'autre coté que la nature nous a préparé un Paradis. 11 faut
traverser la Cordillere." 45
En tanto que la geografía de Veraguas es más bien precisa, la
composición racial del país traspasa las fronteras de Nicaragua.
La convivencia de indios, negros, mulatos y blancos en la costa
del Atlántico da la impresión de un país comprensivo. "Des Ne.. Huco THIEME, Bibliographie de la littérature franfaise de 1800 a 1930 (Paris,
Librairie Droz, 1933).
S. DREHER and M. RoLLI, Bibliographie de la littérature franfaise, 1930-1939
( Geneve, Librairie Droz, 1948).
MARGUÉRITE L. DREVET, Bibliographie de la littérature franfaise, 1940-1949
( Geneve, Librairie Droz, 1954).
D. W. ALDEN ET AL., Bibliography of Critica/ and Biographical References for the
Study of Contemporary French Literature (New York: Stechert-Hafner, 1949-1958).
" FRANCIS DE MioMANDRE, Le dictateur, en Les oeuvres libres (París: Artheme
Fayard et Cie., 1926), vol. LXVI,-p. 122.
"lbid., p. 137.

gres, des lndiens, des Blancs parcheminés se hataient, qui sait
vers quelles besognes?" 46 La única otra mención de los negros
se encuentra en una breve descripción de un velorio. "Des Noirs,
impregnés d'une tristesse solennelle dansaient, chantaient, veillaient leurs morts, avec des airs affairés d'insectes, et je ne sais quelle
joie mystérieuse d'esclaves enfin seuls." 47 Los indios, como grupo,
reciben mucha más atención. Se habla acerca "des lndiens couleur
de terre cuite qui offrent des fruits extraordinaires, au coin des
48
rues." También están presentes los indios un tanto románticos
que todavía vagan por las selvas como antes de la llegada de los
blancos. "11 y a, dans les forets, des lndiens qui sont demeurés
pareils a leurs ancetres d'avant Colomb, tout couverts de plumes,
comme des faisans dorés ... " 49 Pero el tipo de verdadero indio
mesoamericano se capta en un hermoso párrafo que hace hincapié en su inmovilidad sobrenatural. "Des Indiens, blottis dans
leurs ponchos comme dans des cahutes, accroupis, faisaient cercle
autour de quelque sorciere, et chantaient, leur Dieu seul savait
quoi. De tres vieilles choses si tristes qu'on avait envie de mourir.
Surnaturellement immobiles, on ne pouvait s'imaginer que sortlt
d'eux cette complainte étrange. On efit plutot dit qu'elle tombait
du ciel sur eux, les accablant, les ensevelissant comme une nei11
ge." º El único indio individualizado es Arnobio, el viejo criado
de Calixte, a quien se le representa como "muet, fidele et farouche comme un chien danois." 5 t
Con los grupos pintorescos de indios que adornan el fondo, hay
en efecto muy pocos personajes particularizados que intervienen
en la novela. Entre éstos, los protagonistas en Veraguas, Calixte
Tonnancour y Régine Nyoscatus, son los invasores franceses que
conquistan el país y se casan en la Catedral de Santa Granada.
La acaudalada Régine salió de París porque su madrastra intenta'"Idem.
" lbid., p.
• lbid., p.
• lbid., p .
• lbid., p.
11
lbid., p.

163.
122.
124.
164.
163.

426
427

�ha casarla con el propósito de librarse de ella. Régine es una ambiciosa intrigante que sueña con el poder. En cambio, Calixte,
aunque en realidad es responsable por el éxito de la invasión, se
opone a la guerra con el país vecino de Magdalena. Se espanta
ante la falta de sentimientos humanitarios que demuestran Régine
y Burubudge, un viejo inventor por quien había trabajado en París. Burubudge ahora está encantado ideando armas destructivas
en Veraguas. En cuanto Calixte encuentra la pluma mágica buscada con avidez por tanto tiempo, renuncia a la soberanía de Veraguas, repudia a su mujer y regresa a Europa. Entretanto, Régine termina la conquista de Magdalena ayudada por el poeta nacional Ismael Pascuas Barquillo con quien ella luego se casa en la Catedral de Gracias a Dios. Sin embargo, a su regreso a Santa Granada, los dos son acusados de traición y no tardan en hallarse en la
cárcel. Régine regresa a Francia después que su padre paga un
rescate de tres millones de francos.
La "atmosphere of opera-bouffe" observada por Decoud en Costaguana prevalece en Veraguas. Ismael Pascuas Barquillo, el poeta nacional, finge ser gran patriota, pero cuando se da cuenta que
el triunfo de los invasores es seguro, no vacila en desertar del gobierno. Sirve a los invasores distribuyendo mensajes por medio
de sus queridas palomas mensajeras, las cuales incitan a los veraguanos a aceptar a esta pura Virgen rubia (Régine) que ha surgido del mar.
Después de su apoteosis en Gracias a Dios, Ismael pasa tres
años en la cárcel, los tres años que dura la presidencia de Leonidas
Ejarque. Este se venga lindamente del poeta sirviéndole. en un
plato cada domingo una de sus mimadas palomas mensaJeras.
Ejarque mismo es un traidor acomodaticio. Antes de ser presidente, había sido Ministro de guerra de Calixte y antes de eso,
el general a cargo de las tropas federales que hicieron fren~e a la
invasión extranjera. El autor lo pone en solfa cuando EJarque
realiza una maniobra que ha venido soñando desde que estaba en
la escuela militar: un ataque de sorpresa a la retaguardia del enemigo. Desgraciadamente para él, no cuenta con la valentía, la in428

geniosidad y la fuerza inspiradora de Calixte que salva la situación
de los invasores.
En ese entonces, el jefe oficial de la invasión era Macario Crespo Colorado, un ex-presidente derrocado de Veraguas, que había
pasado mucho tiempo en París. Lo menosprecia el presidente Cristóbal de Saldaña porque es mulato. Después de avanzar hasta las
montañas que dominan a la capital, Crespo se enferma de una
fiebre tropical. No hay duda que fue en forma irónica que Miomandre comparó la situación de Crespo a la de Moisés en el umbral de la Tierra Prometida. "ttendu sur une civiere· au bord du
plateau, il passait la ses journées, affaibli et mélancholique, tel
Moise sur le seuil de la Terre Promise." 52 Cuando Saldaña trata
de sembrar la discordia entre Calixte y Macario, éste, en un rasgo
decididamente heroico se mata de un tiro para asegurar el éxito
de la invasión.
El ambiente de "opera-bouffe" en Veraguas se capta más que
en ninguna otra parte en las magníficas fiestas que se dan en la casa
colonial de Mme. de Miraflores. Se celebran bailes de etiqueta incluso durante las revoluciones y los conspiradores acostumbran bailar antes de empezar sus revueltas hacia las dos de la mañana. Las
conspiraciones se atribuyen indirectamente a las mujeres encinta.
-11 y a encore, la-has, des balcons a grille bombés, derriere
laquelle les jeunes fille écoutent les sérénades. Elles les écoutent trois, quatre, cinq ans. Et puis, elles épousent l'homme
qui leur a fait tous ces jolis vers et canté ces douces chansons.
-Et apres?
-Apres, hélas ! elles grossissent. Alors, leur mari, ne sachant
plus que faire, pour avoir un préteste a sortir le soir se met a
conspirer. 53
Aunque predomina el tono burlesco en V eraguas, ha y alguna
que otra alusión a acontecimientos históricos que producen un
.. Ibid., p. 152.
" lbid., pp. 123-124.

429

�efecto épico : la bienvenida preparada para C~te y Ré?ine como encarnaciones de San Jorge y de un San Miguel fememno sabe
a la recepción de Cortés como Quetzalcoad. Ya se han notado ~as
breves alusiones a los indios pre-colombinos y a la casa colorual
de Mme. de Miraflores. También a Bolívar, lo menciona el p~esidente Saldaña cuando queda pasmado al informarse que los mvasores no han usado el ferrocarril. "Ces mendiants se croient done
'
en temps de Bolivar,
ou d'Ann.b
i al?. . . . " 54
.
Sin embargo, Miomandre no intenta reconstrwr el. pasado ~e
su país. Se esfuerza más por captar la esenci_a de la Hispa~oamerica del siglo veinte y lo consigue por medio de una ca1:catura
de la trágica realidad política. Calixte asume el mand? d~ ,dictador
con buenas intenciones.. Hasta quiso leer la constltucion, pero
·
, Personne n ' y comprend nen.
· " 55 P r onto
" ... on m'en a dissuade.
se contagia de la filosofía aletargada del país. Abandona su programa de reformas: en caso de sanear el puerto de Chiriquitos
(Chiriquí es el nombre de una bahía en el Atlántico, de un golfo
en el Pacífico y de un río, todos los cuales se encuentran en Panamá), sólo traería por consecuencia la ocupación de_ dicho puerto por los poderes europeos; si lim~iara de mosquitos la cos~
atlántica, sería solamente para que infectaran la costa del Pacifico; ¿ ampliar la red de caminos? Sólo daría pábulo a la presencia de automóviles mal olientes. Total, el poder supremo de
Calixte degenera en la inercia. El dictador se queja de que todos
gobiernan menos él. Su único derecho es conducir a la muerte a los
pobres en una guerra contra sus vecinos, guerra que ap~?vecha
el ministro de guerra Ejarque para recuperar su reputac1on. La
guerra misma empieza de una manera ridícula. Una mañana, las
dos vanguardias se encuentran cara a cara en la frontera. ~os soldados de Magdalena, desmoralizados ante los flamantes uniformes
de sus adversarios, huyen en desbandada mientras los veraguanos
los siguen de cerca. La única alusión al imperialismo de los Estados
Unidos se hace cuando Saldaña se ve obligado a salir de Magda.. !bid., p. 147.
'" !bid., p. 160.

430

lena. "Cristóbal de Saldaña, prié par les habitants de cette ville
infortunée de leur épargner la vue de sa personne malencontreuse,
remonta vers le Nord proposer a une nation plus évoluée ses talents
diplomatiques." 56
Como si los personajes y las peripecias no fueran suficientemente fantásticos de por sí, Miomandre traslada al lector por completo al plano de la fantasía al hacer surgir toda la nación de
Veraguas de una pantalla pintada en París por una niña enferma.
Desde los comienzos del libro, los acontecimientos que preceden a
la presentación de la pantalla dan la impresión de un mundo imaginario. Calixte Tonnancour, el futuro dictador, es invitado a la
tertulia del famoso multimillonario Luc-Evariste Nyoscatus por
Florent Bernaz, quien le es totalmente desconocido. Los propios
nombres de los personajes contribuyen a este ambiente de fantasía.
Calixte va después a un restaurant italiano donde escucha disimuladamente una conversación entré la madrastra de Régine y
su amante. Al mirar en un espejo ve cómo apetecen a la madrastra
un adolescente, un senador, un artista ¡ y una acróbata! Al entrar
en el departamento de Florent, Calixte conoce a J acinte, la hermana enferma de su nuevo amigo, la cual, como la heroína de
Glass M enagerie de Tennessee Williams, ha creado su propio mundo imaginario para olvidarse de su situación trágica. Entre las
pantallas que pinta hay una de la república de Veraguas que
para ella verdaderamente existe. Después de una serie de sucesos
extraños, Calixte parte a la conquista de Veraguas con Régine y
Jacinte le pide que le busque una pluma del ala izquierda del
outoutau. La pluma atrae la buena suerte. Durante la invasión
de V eraguas, Calixte sueña que toda la expedición es un sueño y
que si cayera rodando de la peña, se despertaría en París.
Después de los primeros triunfos de los invasores, los dos mundos
de Le dictateur se convierten en uno por el mismo recurso que
utilizó Conrad en Nostromo. Calixte reemplaza al autor en la narración y prosigue con la historia en sus cartas a Florent. Tanto el
capítulo cuarto como el séptimo empiezan en medio de una carta.
.. !bid., p. 183.

431
H28

�El capítulo noveno, que es el último del libro, empieza en París
en medio de una conversación entre Florent y Calixte después que
éste ha regresado a París con la extraña pluma que le consiguió
Amobio, su criado indio. Jacinte se había curado milagrosamente
el mismo día en que Amobio dio la pluma a Calixte. En las últimas páginas de la novela, el autor se sirve de una escena retrospectiva para explicar la suerte de los otros personajes. El libro
termina con una moraleja que recuerda algo a L'oise,au bleu de
Maeterlinck. "Aucune de ces choses désastreuses n'arrive a ceux
qui sous l'influence benigne de la plume d'outoutaou, au lieu de
saisir la vie a pleines mains, se contentent de la regarder peinte
sur des écrans. La, personne ne peut venir, sous prétexte de gloire,
de fortune, ni d'aventure, leur enlever le plaisir de la voir, douce,
lointaine, brillante, magique." 57
La última palabra del libro, "magique", es un término excelente
para caracterizar el concepto que tiene Miomandre de las repúblicas hipanoamericanas. Menos detallado y menos complejo que
Nostramo y careciendo de personajes de carne y hueso, Le dictateur es, no obstante, una caricatura preciosa. Tal cual el polaco
Conrad, el francés Miomandre interpreta los trágicos sucesos de
la América como una farsa fantástica. Aunque Hispanoamérica
en algunos aspectos quedaba casi igualmente remota y fantástica
para el español Valle-Inclán, su novela Tirano Banderas luce un
tono grotesco que concuerda más con el horror de la realidad.

•
A diferencia de Nostramo y Le dictateur, Tirano Banderas
tiene como eje al dictador. Aunque Guzmán Bento y Vicente
Ribiera en Nostramo y Calixte Tonnancour en Le dictateur desempeñan papeles importantes, no constituyen más que uno de los
varios elementos que componen el panorama. Valle-Inclán concibe su historia como una Sinfonía del Trópico, en la cual los
actores se reducen a títeres. Por eso, se dan muy P?cos antece•

1

!bid., p. 184.

dentes de los protagonistas. Están en escena durante los tres días
~ue dura la novela y todo lo que sabemos acerca de ellos lo avengu~mos po~ sus propias acciones y palabras. Los diversos person~J constituyen un censo de la dictadura típica de Hispanoa~enca aunque tal vez sean más propios de México que de cualqmer otro país. Valle-Inclán visitó a México en 1890 y t amb'1en
'
Io uti·¡·izo, como escenario para Sonata de estío.

:s

El verdadero nombre del dictador no es Tirano Banderas sino
San~~s. Banderas. Este último nombre describe la misión divinopatnot1ca que se han atribuído todos los dictadores hispanoamericanos desde Agustín de Iturbide hasta Rafael L. Trujillo. Una
pe~fecta red de espionaje ha creado el terror en todo el país. Cual~m~r persona acusada de oposición al dictador es echada sin prel~mares a la cárcel donde se le deja podrir en vida, 0 bien se
tira de cebo a los tiburones. Se hacen ejecuciones en masa. Durante toda la novela, el dictador mantiene una actitud impasible.
Sólo muestra sentimientos humanos poco antes de su derrota final
cuando da de puñaladas a su propia hija idiota de veinte años
para evitar que caiga en manos de sus enemigos. Aunque el autor logra crear una extensa vista panorámica de un país mixto
la trama principal se limita a una revolución en contra de Ti~
rano Banderas, en la cual están comprometidos de una manera
u ot~a todos los protagonistas. Lo que hace que la revolución sea
tan 1m~o~tante es que muchos de los episodios dependen de un
suceso nd1culo: el coronel Domiciano de la Gándara quebró algunos _cascos _al pasar precipitadamente por el puesto de refrescos
de dona_ Lup1ta._ Al-·apremiar a ésta para que presente los cargos
por es~nto, el dictador demuestra cómo es capaz de agarrarse de
cualqmer pretexto para eliminar a un antiguo camarada. A causa de los cascos quebrados, el hijo de doña Rosa Pintado es encarcelado; el prostíbulo de Cucarachita la Taracena es clausur~do; por poco se rompen las relaciones con España; y el licenciado Nacho Veguillas cae en desgracia. Todo esto sucede porque el Coronel se entera de la orden de prenderlo por medio de
Nacho Veguillas con quien se encuentra en el prostíbulo y se es-

432
433

�capa por una ventana en el cuarto de un estudiante desconocido
que resulta ser hijo de doña Rosa Pintado.
El jefe espiritual de la revolución es don Roque Cepeda, un
idealista puro que es encarcelado por Santos Banderas a causa
de sus discursos revolucionarios. Sin embargo, el verdadero jefe
de la revolución es Filomeno Cuevas, un hacendado criollo que
defiende su derecho de dirigir el ejército pese a las protestas del
científico coronel Domiciano de la Gándara. Este llega al rancho
de Filomeno después de escapar de la capital con la ayuda del
indio Zacarías San José.
Zacarías, apodado el Cruzado por una cicatriz que tiene en la
cara, está decidido a luchar contra el dictador y contra los españoles que fueron responsables del encarcelamiento de su mujer y
de la muerte consiguiente de su hijito abandonado a los cerdos
hambrientos. Como un recuerdo grotesco de su tragedia, lleva consigo el saco que contiene los huesos de su hijo.
Al igual que en Nostramo y Le dictateur, los extranjeros tienen papeles importantes en Tirano Banderas. Teniendo en cuenta la nacionalidad y el orgullo de Valle-Inclán, es natural que los
españoles constituyan el grupo de más importancia, aunque hay
que notar que bajo ningún aspecto los presenta en forma favorable. Celestino Galindo, representante de la colonia española, se
opone rotundamente a los ideales de la revolución. El ministro de
España es una figura de lo más ridículo desde su nombre hasta
sus vicios. Mariano Isabel Cristino Queralt y Roca de T ogores,
Barón de Benicarlés y Maestrante de Ronda es morfinómano, homosexual y sodomita. Quintín Pereda, dueño cruel de una casa
de empeños, y Melquíades, su sobrino taimado, son otras contribuciones nefandas que aporta España al Nuevo Mundo. El norteamericano también es un tipo despreciable. Mister Contum, cuyo nombre simboliza su codicia, es un aventurero en busca de minas. El autor caricaturiza asimismo a los representantes de Gran
Bretaña, Francia, Brasil, Ecuador, Alemania, Uruguay y Japón.
Puesto que Valle-Inclán no se interesa por el pasado de sus personajes, tampoco se interesa por la historia de su país imaginario.
434

~ólo le preocupan los sucesos contemporáneos. Aunque siempre
tiene presen~e el obj~t~ de crear una nación comprensiva, parece
depend~; mas de Mexico para los episodios relacionados con la
revoluc1on: La alusión a los científicos, aunque Valle-Inclán deforma su nnport~ncia ~stórica, y la oposición de los españoles a
la r~f~rma, agraria sugieren la última década de la dictadura de
Porfirio Diaz_ en México y la Revolución de 191 O. Los planes de
batalla de Filomeno Cuevas también recuerdan a México. Este
e~pera mover las tropas a la Ciudadela (famosa en la historia mexicana p~r. el papel que tuvo en el asesinato del presidente Mad~ro), afiliarse a la revolución e incendiar un convento. En la
carcel de S~nta Mónica, que se parece mucho a la prisión verdadera en la isla de San Juan de Ulúa en la bahía de V eracruz, el
~octor Atle _( el Dr.1tl es el seudónimo de Gerardo Murillo, artist~ Y_cuent_IS_ta mexicano muy conocido) toma apuntes mientras
los md1os pns1oner?s hablan de la revolución. El nombre del jefe
local, Doroteo Ro3as, puede ser también un esfuerzo consciente
para evocar la imagen de Pancho Villa, cuyo verdadero nombre
fue Doroteo Arango.
"-Pues de a~uélla, yo aún andaba incorporado a la partida
de Dor?teo Ro3as. Un servicio perro, sin soltar el fusil, siempre mo3ados. Y el día más negro fue el siete de julio: íbamos
atravesando un pantano, cuando empezó la balacera de los
federales: no los habíamos visto porque tiraban al resguardo
de los huizaches que hay a una mano y otra, y no más salimos
de aquel pantano por la Gracia Bendita. Desde que salimos,
les contestamos con fuego muy duro, y nos tiroteamos un chico
rato, Y ~tra ve~, jala y jala y jala, por aquellos llanos que no
se les mrraba fm. . . Y un solazo que hacía arder las arenas
Y ahí vamos jala y jala y jala. Escapábamos a paso de coyote
embarrándonos en la tierra, y los federales nos venían detrás'.
Y no más zumbaban las balas. Y nosotros jala y jala y jala ...
-Y jala y jala y jala. Todo el día caminamos al trote
hasta que al meterse el sol divisamos un ranchito quemado:
435

�y corrimos para agazaparnos. Pero no pudo ser. Tamb~én
nos echaron, y fuimos más adelante y nos agarramos al hocico
de una noria. Y ahí está otra vez la balacera, pero fuerte Y
tupida como granizo. Y aquí caía una bala, y allá caía otra,
y empezó a hervir la tierra. Los federales teman ganas de ,acabarnos, y nos baleaban muy fuerte, y al poco rato no mas s:
oía el esquitero, y el esquitero y esquitero, como ~uando ~1
vieja me tostaba el maíz. El compañero que estab~ Junto a m1,
no más me hacía para un lado y para otro: Moa.vado que le
dije: no las atores, manís, porque es peor. Hasta que le dieron
un diablazo en la maceta, y allí se quedó mirando a las estrellas. Y fuimos al amanecer al pie de una sierra, donde no
•
había ni agua ni maíz, ni cosa mnguna
que comer . . . " 58 ·
El ~inistro del Ecuador resume la actitud del cuerpo diplomático respecto a Ía revolución.
"-Nuestra América sigue siendo, desgraciadamente, una
Colonia Europea... Pero el Gobierno de Santa Fe, en esta
ocasión, posiblemente no se dejará coaccionar: sabe que el
ideario de los revolucionarios está en pugna con los monopolios de las Compañías. Tirano Banderas no morirá de cornada diplomática. Se unen para sostenerlo los egoí_smos del
criollaje, dueño de la tierra, y las finanzas. extran~era~. El
Gobierno, llegado el caso, podría neg~r la~ mde~~c10nes,
seguro de que los radicalismos revoluc1onanos en mngun momento merecerán el apoyo de las Cancillerías. Cierto que la
emancipación del indio debemos enfocarla como un hecho
fatal. -No es cuerdo cerrar los ojos a esa realidad. Pero
reconocer la fatalidad de un hecho, no apareja su inminencia.
Fatal es la muerte, y toda nuestra vida se construye en un
esfuerzo para alejarla. El Cuerpo Diplomátic~ ~ctúa raz_onablemente, defendiendo la existencia de los VIeJos orgarus08

RAMÓN DEL VALLE-INCLÁN,

pp. 137-138.

Tirano Banderas (Buenos Aires, Espasa Calpe, 1945),

mos políticos que declinan. Nosotros somos las muletas de
esos valetudinarios crónicos, valetudinarios como aquellos éticos antiguos, que no acaban de morirse". 59
A pesar de que los episodios revolucionarios deben sus orígenes
a México, Valle-Inclán ni aun aquí pierde de vista su objeto primordial, que es la creación de un país comprensivo de Hispanoamérica. Uno de los. discursos revolucionarios del licenciado Sánchez Ocaña tiene reminiscencias del Perú. - "Redención del Indio: Comunismo precolombiano. Marsellesa del mar Pacífico.
Fraternidad de las razas amarillas". 60
Del mismo modo que Conrad en Nostromo, Valle-Inclán a propósito incluye elementos raciales y geográficos de toda Hispanoamérica. La diferencia está en que Valle-Inclán no quiere crear
un país tan preciso como la Costaguana de Conrad. En efecto,·.
nunca se le da un nombre al país de Tirano Banderas, y pocas veces se describe geográficamente. Solamente se conoce el nombre
de. la capital, Santa Fe de Tierra Firme. Aunque su nombre recuerda a Santa Fe de Bogotá, su situación. en el océano Pacífico,
la diferencia de la capital colombiana.
"Santa Fe de Tierra Firme - arenales, pitas, manglares,
chumberas- en las cartas antiguas, Punta de las Serpientes.
Sobre una loma, entre granados y palmas, mirando al vasto
mar y al sol poniente, encendía los azulejos de sus redondas
cúpulas coloniales San Martín de los Mostenses. En el campanario sin campanas levantaba el brillo de su bayoneta uncentinela. San Martín de los Mostenses, aquel desmantelado convento de donde una lejana revolución había expulsado a los
frailes, era, por mudanzas del tiempo, Cuartel del Presidente
Don Santos· Banderas - Tirano Banderas". 61
"' lbid., p. 172.
lbid., p. 48.
" Ibid., p. 15.
00

436
437

�Varios detalles orientan al lector hacia el Perú pero las pampas 62 estancieros 63 y Santos Vega 64 sólo se podrían aplicar a la
Ar~entina. La coexistencia de minas, petróleo y caucho también
sugieren al Perú como así mismo las frecuentes alusiones a los
soles como la unidad monetaria. En cambio, los soles algunas
veces se reemplazan por bolivianos y bolívares, las unidades monetarias de Bolivia y Venezuela respectivamente. La mayor parte
de la población del país parece estar compuesta de indios y cholos
aunque también hay negros, mulatos, chinos y criollos. De éstos,
casi todos son españoles a quienes a menudo se les aplica con desprecio el término mexicano de gachupines.
Si Valle-Inclán penetra menos en el pasado y da menos detalles geográficos que Conrad, su cuadro no es por eso menos completo ya que dispone del recurso valioso de la lengua española.
Aunque cada uno de los diez y nueve países hispanoamericanos
habla más o menos el mismo idioma, cada uno tiene ciertas peculiaridades. Más que nada, Valle-Inclán se atiene a estas diferencias lingüísticas para crear su nación comprensiva. El uso exagerado del diminutivo -ito es netamente mexicano mientras que
el empleo de vos en vez de tú nunca se oye en México (a excepción de Chiapas) y en cambio, es muy típico de la mayoría de los
países centroamericanos, de la Argentina, del ~rugu~y. y de p~rtes de Colombia, Venezuela, el Ecuador, el Peru, Bohv1a y Chile.
Unos pocos ejemplos bastarán para mostrar cómo Valle-Inclán
insiste en juntar de un modo artificial localismos de varios países, tanto en sus propias descripciones como en el habla de sus
personajes: "El Coronelito tumbado en la hamaca, rasguea la
güitarra y hace bailar a los chamacos. Dos mucamas cobrizas..." 65
- "Mi jefecito, en estas bolucas somos baqueanos". 66 -"¡Nos ve.. !bid., p. 12.
.. !bid., p. 21.
" !bid., p. 103.
•• Jdem: "chamacos" es netamente mexicano mientras que "mucama" se usa en la
Argentina, Chile, el Uruguay y el Perú.
,.
''baqueanos,, en
"' ]bid., p. 9. "Jcfecito" y "bolucas" hacen pensar en M ex1co;
la Argentina.

438

mos! Compadrito, cuídame vos del ruano". 67 "¡ Estas ferias son
las bacanales del cholo y del roto!" 6 S
Además de los personajes titerescos y la fusión descomunal de
ele~entos de geografía, población y lenguaje, la construcción expenment~l de Vall_e-Inclán también da un aspecto fantástico a
todo el hbro. A diferencia de Conrad, Valle-Inclán se limita a
~n narrador, el propio autor. Sin embargo, la mayor parte del
l~bro se compone de diálogos cortos, técnica que también caractenza los Esperpentos del mismo Valle-Inclán. Lo que más se destaca de la construcción de Tirano Banderas es su cubismo. Aunque la acción de la n-Ovela ocurre dentro de unos dos días este
co:to período de tie?1Pº ª?arca todo el siglo diez y nueve' y la
pnmera parte del siglo vemte mediante unos anacronismos hechos a propósito. El autor nos dice que Santos Banderas había
luchado co~t.ra los españoles en el Perú (c. 1824) ; Emilio Cast~l~r es mm1stro en España ( 1873-1874); predominan el positi:i_smo materialista y los científicos (c. 1880) ; el petróleo es co~IClado por_ los Estados Unidos (c. 1900) ; y la revolución agrana es sugenda ~~r la Rev~l~ción Mexicana de 191 O. Apenas si
hay una progresion cronologica. A veces, el autor se siente obligado a record_arnos que todavía es el Día de los Santos, porque
~ay tanta acción que es difícil pensar que todo sucede al mismo
tie~po. Las citas siguientes señalan los aspectos geométricos del
cubismo como también su concepto del tiempo.
"Los gendarmes comenzaban a repartir sablazos. Cachizas
de ~~roles, gritos, manos en alto, caras ensangrentadas. Con~l~i,on de·_luces· apagándose. Rotura de la pista en ángulos.
VIS1on cubista del Circo Harris. 69
El tiempo parece haber prolongado todas las acciones, suspensas absurdamente en el ápice de un instante, estupefac.,. !bid., p. 112: "nos vemos" y "compadrito" evocan a México: "cuídame vos"
y "ruano" a Colombia.

.. /bid., P· 174: "cholo" se aplica a Bolivia, al Ecuador y al Perú• mientras q
"roto" pertenece indiscutiblemente a Chile.
'
ue
•• !bid., p. 46.

439

�. t a1·izadas, nítidas, inverosímiles como sucede bajo la
tas cns
,
.h
10
influencia de la man uana.
.
la luz trianguSentíanse alejados en una orilla r;;1~~ª:0~demo y cubista
lada del calabozo realzaba en un mo u

f
1
la;:~~!::c~ei;,~::, ;~~::•~e la escalera,
71

bajbo la asrfai.:
· que proyecta
ña destellante de luces, ante e1 espeJ.º
d ,, 2 a a
guras con una geometría oblicua y disparata a . 7

1

!::

1
La celebració? ,dt:1 Día de ~: ~~n¿~: ~: tit~:e:t~::::
&lt;leras contrasta irorucamente c
1 descuartizamiento de su cabién se celebra en su honor, con e
,
dáver y su distribución a los cuatro rincones del pais. . ,
te
.
. •
El cubismo se manifiesta
asimismo
en la construccion marga, .
novela Mientras que N ostromo a veces se reca
matica de la
.
.
Le dictateur es en realidad una
con su cronología retrospectiva y
..
1·
de una
,
•
0 y parisienses se igan
novelita cu~o_s _capitu_los am;;~c;;; tiene una construcción bien
manera art1f1cial, Tirano
. u· 'a el escrutinio del
f
te reforzada que res1s n .
equil~brada Y, uer~emen El rólogo y el epílogo son presentacioarqmtecto mas exigente.
P
1 ·' desde los pundo de 1a revo uc1on
nes paralelas del a~pecto arma eldes de Tirano Banderas. La
tos de vista respectivos de los reb
yt todos los episodios que
parte principal de la noveld qu\.ir~:~~d~a en siete partes, cada
preceddenl al colmesbaestteá ::~:iv~di:a en tres libros, excepto la cuaruna e as cua
.
· t
ta parte piedra angular de la novela, que tiene s~e e.
1 ,
Le dzctateur
meTirano' Banderas comparte con N ost r~mo YDeb1ºdo
a que eValle.
1 1 · ºón comprensiva.
todo expenme~ta y a v1~alle-Inclán es Valle-Inclán, no tiene el
lnclán es espanol y a ~ue
,.
e tienen el polaco Conrad
.
tO de Hrpanoamenca qu
.
mismo concep
:,
•
ºbilºd d de Le dzctateur
y elmismo
~rancésque
Mi1om~-~re.e'Fp~::a
~:
\r:ne-Inclán ve una
lo
a v1s10n

¼::t;;:~.

•• Jbid., p. 73.
/bid., p. 139.
,. Jbid., p. 160.
11

440

multitud de figurillas grotescas que viven posesas de un miedo constante frente a un dictador caprichoso que pretende gobernar en
nombre de la religión y del patriotismo. Aunque la tragedia de esta
nación mixta a veces se sobrepone a la impasibilidad del autor,
el lector no puede menos de sentir que Valle-Inclán se aprovecha
del tema principalmente para lucir su ingeniosidad. Aun cuando el lector puede apreciar intelectualmente la experimentación
del novelista, no logra identificarse con los personajes.

•
El guatemalteco Miguel Angel Asturias, aunque se inspiró en
Tirano Banderas, consigue crear un mundo más auténtico al limitar su visión sobrenatural a un solo país durante una dictadura
determinada. A pesar de que el nombre de Guatemala no se menciona en El Señor Presidente, eI título se refiere sin duda alguna
al dictador guatemalteco Manuel Estrada Cabrera ( 1898-1920).
Muchos de los episodios que cuenta Asturias pueden encontrarse
en Ecce Pericles, una biografía bien documentada del mismo dictador por Rafael Arévalo Martínez. La mención de la bataIIa de
Verdún ( 1916) confirma cronológicamente el intento del autor.
La acción se desenvuelve principalmente en 1a ciudad de Guatemala, pero también hay escenas en Puerto Barrios y en un pueblo
provinciano cerca de la frontera con El Salvador, posiblemente
Asunción Mita, aunque el autor nunca menciona sus nombres.
En esta novela, Asturias no se interesa demasiado en los problemas raciales de su país. Se supone que los capitalinos son mestizos. El problema indio, cuya solución es una de las finalidades
de la revolución, sólo se hace presente mientras el general Canales huye por una remota región del país. En tanto que Asturias
a sabiendas evita toda mención de Guatemala y hace todo lo
posible por desarraigar la novela de su país, el dialecto hablado,
en especial por algunas personas de la clase baja, no podría ser
sino guatemalteco. La edición Losada de 1952 tiene un glosario
que incluye guatemaltequismos como bolo (borracho), cauta ( en441

�gaño), cuque (soldado), chamarra (frazada), chirís (niño),
chumpipe (pavo), castilla (lengua castellana), estar de goma (malestar que sigue a la borrachera), hacer campaña (favorecer),
ishtos (indios), muchá (muchachos), pisto (dinero), chucho (perro), torcidura (desgracia), traído (novio), zope (zopilote).
Puesto que Miguel Angel Asturias describe un solo período en
la historia de un solo país, su obra es una presentación más lógica y más poderosa de la dictadura típica de Hispanoamérica.
El protagonista no es el dictador sino la dictadura. Aunque se
siente la sombra del señor Presidente a través de todo el libro, en
realidad lo vemos muy poco. Su poca participación directa en el
sistema que él ha creado lo rodea de un misterio sobrenatural y
al mismo tiempo, comprueba que la dictadura, una vez iniciada,
corre por su propia cuenta sin la intervención personal del dictador. Es decir, que si el señor Presidente no fuera Manuel Estrada
Cabrera, sería otro quien ejercería el mismo despotismo.
En todos los distintos aspectos de la dictadura, predomina una
emoción: el terror. Toda la novela está empapada del terror que
determina la conducta de todos los personajes, desde los mendigos
desgraciados hasta el tan exaltado Presidente. El Auditor de guerra
aterra a los mendigos torturándolos hasta que confirman su denuncia falsa contra el general Eusebio Canales y el licenciado Miguel
Carvajal por el asesinato del coronel José Parrales Sonriente. Fedina
Rodas, al oír el llanto de su criatura hambrienta, ya no puede resistir más y le admite al Auditor que Lucio Vásquez, el amigo de su
marido, fue cómplice de Miguel Cara de Angel en el rapto de Camila, la hija del general Canales. Todo, pero absolutamente todo lo
que ocurre en todas partes del país llega a los oídos del dictador. Los
espías hasta se espían unos a otros para conseguir favores que
otorga el señor Presidente. Este terror no se limita a los pobres.
Por miedo a los espías omnipresentes, don Juan Canales, ayudado
por su esposa Judith, niega a su propio hermano, el general Eusebio Canales, el falsamente denunciado, y no quiere admitir en su
casa a su propia sobrina. Hasta telefonea a otros dos hermanos,
Juan Antonio y Luis, para advertirles que no deben recibir en su
442

casa a Camila. El licenciado Abel Ca .
.
cio aturdido y preso de t
p rva}al asiste a su propio juierror. resenciando s
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por co-asesino del coronel p
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mosca. Sin embargo, el terror en en~racom,o una arana con una
dictador se contagia del terror u! él h mas terror "( el mismo
de guardias día y noche. Sólo ~llos ba formad?. Vive rodeado
casas de campo va a p
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1 p
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1
traba a un prisionero político
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tal se moría la ;en;:ª:tret° f&gt;?rque desc~brió que en el hospide sulfato de sodio que lose º;toma~; aguJereado por una dosis
presos cuyos diálogos aparecenr:e : ; icos le recetaban. Hay dos
al reforzamiento de la est t
E z en cuando para contribuir
,
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.
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El sacristán es un homfu.:r in::i;; :i~n ~u~/cupan en la sociedad.
gracia de quitarle al cancel de su igl:;1 icante ~ue tuvo la despleaños de_ la madre del dictador. Sui c:;~::~1oe:º~~e e~ ~umes ~~ estudiante. Puesto que el autor nunca nos ofrece ca a o~o
cac1on del encarcelamiento del estudiante
1 . una_ explide
q.ue el d'icta dor considera que el solo hecho 'decrea a impresión
titu
.
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ye un crlffien. El estudiante llega a ser el portavoz del auto:
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MIGUEL ANGEL ASTU

RIAS,

El

senor
- Prendente
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(Buenos Aires, Losada, 1952 )' p. 70.
443

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.,
la osibilidad de salir de la pnyor consideración a excepc1on de G p
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de un prostíbulo.
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·
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enviado a as mg on.
.
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to, 1a desilusión de Miguel se mtensi ica

el que administra el castigo diabólico. Ese mismo mayor Farfán fue
prevenido por Cara de Angel contra el señor Presidente, quien lo
tenía vigilado por los discursos revolucionarios que lanzaba al emborracharse.

Al parecer, el dictador prefiere la tortura mental a la física, por
sus efectos mayores. La carta anónima se usa como instrumento
para hacer dudar a la gente de su propia familia. Una descripción larga pero falsa de la boda de Camila y Cara de Angel se
publica en los periódicos y tiene el efecto previsto por el señor
Presidente. Mientras que come, el general Canales, que encabeza
las fuerzas revolucionarias, lee que su gran enemigo apadrinó la
boda de su hija Camila y Cara de Angel, conocido por todos como el favorito del señor Presidente. Sin emitir ni un sonido, muere. Pero esta desesperanza del general Canales, aunque lo mata,
no se compara con la muerte de Cara de Angel. Ni la brutalidad
ingrata del mayor Farfán; ni la vuelta por tren a Guatemala; ni
la oscuridad eterna de su calabozo inmundo puede anonadar a
Miguel. A pesar de todo, lo sostiene el recuerdo de su esposa Camila. El autor llega a crear el colmo de la desesperanza cuando
otro preso, Vich, se insinúa en la amistad de Miguel para mentirle después que Carnila ha llegado a ser la amante predilecta
del señor Presidente. Por este servicio rendido al gobierno, Vich
recibe ochenta y siete pesos y el permiso de salir para Vladivostok.
La oscuridad de la prisión se hace más sombría por el contraste
con el brillo falso que rodea al señor Presidente. Las injusticias
perpetradas contra los seres inocentes y la brutalidad de los que
abusan de su poder se destacan aún más por algunas alusiones
periódicas a las extensas preparaciones para celebrar el fracaso del
atentado contra 1a vida del dictador. Durante la ceremonia pública, al dictador lo exaltan de una manera ridícula. En la cantina,
llamada el Tus-Tep, Cara de Angel mira un retrato del dictador,
de joven, con ferrocarriles en los hombros de charreteras y un angelito en actitud de colocarle en 1a cabeza una corona de laurel.
Recordando las pretensiones culturales de Estrada Cabrera - hizo
construir templos de Minerva por toda la república para celebrar
445

�- su cump1eanos

Asturias le da al poeta'doficial un lugar de honor
d d' d 1 señor Pres1 ente.
en el banquete e ica o a. d h" anoamericano, casi siempre
Por tiránico que sea el dicta or isp
f .do de la constitu. 'f.
ndo con un respeto mg1
.
trata de JUStl icar su ma
1 . d' la insistencia del d1ctación. El mismo título_ de la nove; ~e:~:ente, tiene que adminisdor en llamarse presidente.
p
anencia en el cargo. La
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e autorizan su perro
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1 e y sus discursotes sena
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venciendo e que su
1 dictadura sigue penetran o
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en todos los aspectos de la vida e to

?ºm

más humilde hasta el más elev~do.
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por hacer sobresalir
. 1 An el Asturias se es uerza
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Aunque Migue
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bases de ese gobierno.
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sus grandes empresas
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fuerte ( 1950)' El papa verde ( El selor Presi.dente no contenga
( 1956). Por eso, sorprende que L . da del licenciado Carva· , a1 r especto. ,a .vm
más que una a1us10n
e eloo-ia a su man·do
de pésame anoruma qu
0 •
jal recibe una carta
"uno de los muchos han1
por haber matado al coron(el ~::)ª ~~nen reducida, apoyados en
didos con galones que la nac ,
e" 1,
.
orquena y sangr ·
el oro norteamencan~, ª P .
Iglesia y el Señor Pre1
Sin indicar una alianza directa entre 1ª función de la religión
.
. . con amargura a
, .
sidente, Astunas critica
El A d'tor de Guerra, patolog1caen la sociedad guatemalteca. , tu ª1 el órgano en la iglesia de
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1 h t O poder mas, oc
mente crue as ª n
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d 1 C men y nunca e1a
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Camila Jud1th CanaD
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,
.
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· 1 ·
ra rezar
un
les se dirige a la ig es1a pa
, d
con el verdadero candor e
de la extremaunción contr~stan o o d 1 como un "refugio de
.
. de Camila. Descnbe la cate ra
mocenc1a

i

" 1 bid., p. 238.

446

mendigos y basurero de gente sin religión". 75 Su cinismo hasta es
capaz de transformar el nombre Jesucristo en Jesupisto en boca
del Mosco. Sin embargo, este juego de palabras procede de la boca del Mosco, lo que indica que Asturias no está atacando la religión en general sino la forma corrompida que ha asumido en
Hispanoamérica. El mismo Mosco, ciego y sin piernas, llega a
transformarse en una especie de Cristo, cuando lo cuelgan de los
dedos y lo vapulean brutalmente -pero a pesar de todo, muere
afirmando la verdad: que el coronel Parrales fue asesinado por
el idiota Pelele. Su integridad se aprecia aún más si se pone en
contraste con la actitud del Auditor de Guerra, quien, además de
todas las barbaridades que comete, se vale de su oficio para ganar dinero. Por diez mil pesos vende la prisionera Fedina Rodas
a la Niña Chon, dueña de un prostíbulo, y después acude a mil
trampas para no devolverle el dinero cuando Fedina se enferma
gravemente.
Mientras que el Auditor y los otros amigos del dictador explotan el país sin compasión, los pobres maestros ni siquiera reciben
sus sueldos. Asturias describe a los amigos del primer mandatario
como "propietarios de casas --cuarenta casas, cincuenta casas-,
prestamistas de dinero al nueve, nueve y medio y diez por ciento
mensual, funcionarios con siete y ocho empleos públicos, explotadores de concesiones, montepíos, títulos profesionales, casas de
juego, patios de gallos, indios, fábricas de aguardiente, prostíbulos,
tabernas y periódicos subvencionados". 76 Al mismo tiempo los profesores venden a medio precio los recibos de sus sueldos todavía
no pagados.
El terror, las injusticias y los abusos de la dictadura hispanoamericana no se limitan a la capital. El señor Pre.sidente recibe informes
de sus espías colocados estratégicamente por todo el país. Cuando
el General Canales llega a un pueblo cerca de la frontera, pronto se
entera de que el cacique local y el médico están sirviéndose de los
mismos medios que el jefe supremo para explotar a la gente. El po" lbid., p. 299.
" lbid., p. 20.

447
H29

�der del cacique se extiende al campo donde la víctima es el indio. En solamente dos páginas, el indio que le sirve de guía al
general Canales presenta en su propio dialecto una serie de desgracias que le han acaecido personalmente, pero que son casi
exactamente iguales a esas que ocurren con frecuencia en las muy
conocidas novelas indigenistas del siglo veinte de México, Guatemala y los países andinos. El cacique le manda al indio que le
"ofrezca" el uso de sus mulas para cargar leña. Le quitan las mulas y lo echan en la cárcel incomunicato. Cuando protesta, lo
apalean tanto que tienen que llevarlo al hospital. Al reponerse y
al salir del hospital, el indio sabe que sus dos hijos están presos
y que no los soltarán hasta que él le pague al cacique tres mil
pesos. Va a la capital y consigue los tres mil pesos hipotecando su
terreno. Aunque le da el dinero al cacique, sus hijos son mandados de reclutas al ejército. Uno de ellos muere vigilando la frontera; el otro se pone zapatos y abandona la cultura de sus padres.
La esposa del indio muere de paludismo. Para el colmo, descubre que el documento que firmó en la capital no fue una hipoteca
sino una venta de su terreno a un extranjero. Privado de su tierra y de su familia, el indio se ha hecho bandolero, sin considerarse ladrón. La historia del indio, más la narración de lo que han
sufrido tres hermanas pobres a causa de la avaricia de un médico
refuerzan las propias experiencias del general Canales con el dictador. Ya no puede contenerse. Se lanza a la revolución con el
fin de derribar todo ese sistema malévolo.
"Y volvió el puño -platos, cubiertos y vasos tintineaban-,
abriendo y cerrando los dedos como para estrangular no sólo
a aquel bandido con título, sino a todo un sistema social que
le traía de vergüenza en vergüenza. Por eso -pensaba- se
les promete a los humildes el reino de los cielos -jesucristerías- , para que aguanten a todos esos pícaros. ¡ Pues no!
¡ Basta ya de Reino de Camelos! Yo juro hacer la revolución
completa, total, de abajo arriba y de arriba abajo; el pueblo
debe alzarse contra tanto zángano, vividores con título, hara448

ganes que estarían mejor trabajando la tierra. Todos tienen
que demoler algo; demoler, demoler. . . Que no quede Dios
ni títere con cabeza..." 77
Aun cuando también hay revoluciones sociales en Nostramo de
Conrad y en Tirano Banderas de Valle-Inclán, los objetivos no
se expresan tan claramente como en El señor Presidente. El programa definitivo de la revolución indica algunos abusos que no
se habían mencionado antes: una reforma agraria; división justa
de las aguas; eliminar el castigo del cepo; creación de cooperativas agrícolas para importar maquinaria, buenas semillas, animales de sangre pura, abonos y técnicos; mejores y más baratos medios de transporte; facilidades para llevar las cosechas a los mercados; entregar los periódicos a personas electas por el pueblo, las
cuales se sentirán responsables .a sus electores; abolir las escuelas
particulares; fijar impuestos proporcionales; rebajar los precios de
las medicinas; eliminar el exceso de médicos y abogados; libertad
de cultos, inclusive el derecho de los indios de adorar sus dioses
y reconstruir sus templos.
La revolución del general Canales fracasa porque él muere. De
este modo, el autor promulga su idea de que la verdadera revolución no debe provenir de los militares. Sólo así se explica la
importancia que Asturias le concede al estudiante anónimo. En
el epílogo, éste sale de la prisión. Su casa está situada al final
de una calle sin salida y su madre, todavía confiando en el poder de las oraciones, ruega por las almas benditas que sufren en
el santo purgatorio. Sin embargo, el hecho de que el estudiante
siga viviendo representa una pequeña esperanza para el futuro.
En efecto, las revoluciones guatemaltecas de 1920 y de 1944, lo
mismo que varias otras revoluciones hispanoamericanas, han sido
realizadas en gran parte por los estudiantes.
El señor Presidente tiene en común con Nostramo, Le dictateur
Y Tirano Banderas la finalidad de describir una república de Hisrr

!bid., p. 202.

449

�panoamérica. Asturias, sin embargo, ataca el problema desde un
ángulo distinto. Mientras que Conrad, Miomandre y Valle-Inclán
crean países comprensivos artificiales, Asturias describe la situación en un país verdadero, Guatemala. El mismo efecto panorámico que logra Conrad con una mezcla geográfica e histórica;
que logra Miomandre con una mezcla más limitada y la fantasía
de la pantalla de seda que consigue Valle-Inclán principalmente por medio de un lenguaje mixto - este mismo efecto se consigue en El señor Presidente por medio de la transformación del
mundo verdadero en un mundo dantesco.
A través de todo el libro, el autor lo presenta todo como un infierno-purgatorio. El párrafo inicial es una presentación onomatopéyica del doblar de las campanas en medio de las sombras. El
nombre---de Luzbel tiene que referirse al señor Presidente, príncipe de las tinieblas.
" .. . ¡ Alumbra, lumbre de alumbre, Luzbel de piedralumbre !
Como zumbido de oído persistía el rumor de las campanas a
la oración, maldoblestar de la luz en la sombra, de la sombra
en la luz. ¡ Alumbra, lumbre de alumbre, Luzbel de piedralumbre ! ¡ Alumbra, alumbra, lumbre de alumbre.. . , alumbre.. . ,
alumbra . . . , alumbra, lumbre de alumbre... , alumbra,
alumbre..." 78
Conforme con los retratos consagrados de Lucifer, el señor Presidente viste rigurosamente de luto. Su vestido, sus zapatos, su
sombrero y su corbata son negros. Se asocia no sólo con el Lucifer
cristiano sino también con Tohil, el dios maya del fuego. El capítulo "El baile de Tohil" presenta una visión del baile durante
el cual se ofrecen a T ohil sacrificios humanos en cambio por el
fuego. Los efectos onomatopéyicos de los tambores indios y la alusión al purgatorio refuerzan la impresión de oscuridad y terror
de la primera página y al mismo tiempo atestiguan la coexistencia del paganismo y el catolicismo en Guatemala.
18

450

Ibid., p. 9.

"¡ Estoy contento! -dijo Tohil. ¡ Re-tún-tún ! ·1Re-tún-tún !
. 1a tierra.
·
'
retumbo, baJO
.
-¡ Estoy contento! Sobre hombres cazadores de hombres
puedo asentar mi gobierno. No habrá ni verdadera muerte ni
verdadera vida. ¡ Que se me baile la jícara!
Y ~ada cazador-guerrero tomó una jícara, sin despegársela
del aliento que le repellaba la cara, al compás del tún, del retumbo y el tún de los tumbos y el tún de las turnas, que le bailaban los ojos a Tohil." 79
Mientras que el nombre Lucifer indica que el señor Presidente
es todavía el dueño todopoderoso de la luz el nombre Satán se
aplica ge?eralmente a Miguel Cara de An¡el como el ángel caído. Su mismo nombre basta para revelar el intento del ·autor pero
se refuerza con la repetición de la frase "era bello y malo como
Satán".ªº Al final del libro, Cara de Angel baja literalmente a
las entrañas de la tierra cuando lo encierran en el calabozo más
oscuro Y más profundo de toda la prisión. Aunque Asturias trata
de deshumanizar a sus personajes, su propio conocimiento del
mundo que describe no se lo permite. Varios personajes revelan
de vez en cuando emociones humanas muy sinceras y Miguel Cara de Angel.hasta se transforma durante la novela. En la primera
p~rte, es el más servil de todos los aduladores. Sin embargo, lo redime su amor por Camila. N ótense las alusiones religiosas. Cuando Camila se siente rechazada por todos sus tíos, Cara de Angel
llora por primera vez desde la muerte de su madre. Más tarde,
cuando Camila está gravemente enferma, Cara de Angel espera
salvarle la vida haciendo buenas obras, intercede a favor de una
mujer que pregunta por su hijo en la puerta del cuartel y aun
se arriesga la vida para decirle al mayor Farfán que es persona
non grata con el señor Presidente. Cara de Angel se asombra tanto de su propia conducta que apenas puede creerlo. "Al marcharse el mayor, Cara de Angel se tocó para saber si era el mismo que
,. Ibid., p. 272.
lbid., pp. 41 y 254.

'°

451

�,
. dO hacia la muerte, el que ahora, ante el
a tantos habia empuja
b a un hombre hacia la
azul infrangible de la marrana, empuja a
N

•

81

vida".
•
1 mundo infernal, Cristo tiene
Mientras que Lucifer dommaf e d en Pelele el idiota, vaga
• h ·bl ente Trans orma o
que suf nr orn em
· .
d·lla Un zopilote 1e
por la ciudad co~o si estuv~era en u:a ;:::e~ aquellos lanzamuerde en el labio y sus gntos, que b" d de "erre erre ere" a
. d se van cam ian o
'
dos por un perro h en o,
J
c les' niega
a su
"·1I-N-R-Idiota !" s2 El episodio en_ qu~ , uan 1 an_a dio de Pedro
brina se mspiro en e episo
propio hermano y a su so
d J an Canales se llama Judith,
esús
mientras
que
la
esposa
e u
· · 'n la muerte de
YJ
.
1 a la heroína bi'bl"ica que causa por su traicio
.
igua
1 No sólo los protagonistas sino todos los personajes conun genera . .
. , . f al Abundan los diablitos representribuyen a la impresion m ern · .
· 1 -"fantas1Os mendigos las prostitutas, los centme as
,
tados por
'
,, 83
y los policías antropofagos.
mas envueltos en ponchos a rayas . , en algunas esce,
,
, hay otros cuya actuacion
Ademas de esos, aun
,
otesco de las regiones subnas particulares aumenta el lcal_racte_r dgr Carvaj· al el abogado del
,
E el proceso de icencia o
'
terraneas. n
hi .
cuello largo. El cartero
gobierno tiene una cabeza c qmta y ~ lle es un hombre bajo
borracho que va tirando las cartas por .ª ca
de mientras
,
1 uniforme le viene muy gran
y cabezudo, asi es que e
El tamaño físico también es
1 gorra resulta muy pequena.
· ,

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::::~:iante en la present~cit del ti,tirit~

::::.!~: !:;'

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1

y su mujer grandota do_na enj,amon.
interludio humode que todos lo~ personaJes sos~ titemr~a;gf~ec:l ~tiritero no vuelve
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la pnmera parte. m e
'
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a a arecer hasta el epílogo don e su VlSl~n
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1
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una
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importancia
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de la muerLa relación de los procesos biológicos e 1a vi ª, y
E t los
te también añade a lo grotesco del mundo subterraneo. n re 1
mendigos torturados por e1 Au ditor de Guerra se encuentra a
•• !bid., p. 185.
.. !bid., p. 22.
u !bid., p. 13.

452

sordomuda encinta. Fedina Rodas, después que la torturan con
el llanto de su criatura hambrienta, abraza el cadáver y, completamente anonadada, lo tiene escondido entre los pechos hasta que
unas horas después se lo arrancan. Gracias a la teoría grotesca
de los injertos, propagada por el profesor de inglés, Camila se
escapa de la muerte casándose con Cara de Angel.
Para crear el ambiente del purgatorio-infierno, Asturias está
muy aficionado al uso de las pesadillas. La más horrenda es la de
Genaro Rodas quien se siente perseguido por un ojo de vidrio.
Los ruidos le proporcionan a los personajes demoníacos una sinfonía análoga. Durante el rapto de Camila, la Chabelona, su cría~
da, es empujada contra la cómoda. Se le enreda el pelo en el agarrador de la gaveta que contiene todos los cubiertos de la familia. Al caerse la gaveta, se produce una explosión plateada que
retumba por toda la casa. En la misma escena, los ladrones golpean el teclado del piano a la vez que saquean la casa. La novela
comienza con el doblar de las campanas. Las explosiones ensordecedoras producidas por el primer bombo interrumpen la celebración del Señor residente: El capítulo "Toquidos" es una pieza
musical elaborada sobre el tema repetido de los toquidos. A pesar del estruendo, las puertas que permitirían a Camila una salida del infierno quedan cerradas. La única respuesta a su desesperación son los ladridos del perro. Una parte de otro capítulo
comienza y termina con los gritos destemplados de un perico.
Los efectos auditivos son crescendos de lo que podría llamarse
Ja composición musical de toda la novela. Esta composición se
basa en monólogos sinfónicos, hablados y pensados a la vez, por
Cara de Angel en cuatro ocasiones distintas; por Camila en dos
ocasiones; y en una ocasión, por Pelele, el general Canales, la Chabelona, don Juan Canales, Fedina Rodas y la señora de Carvajal. Estos largos movimientos sinfónicos se contrastan con los cortos diálogos esticomíticos presentados por el sacristán, el estudiante y el licenciado Carvajal mientras que sufren en la oscuridad
de su prisión. Un ejemplo exagerado de ese artificio se observa
en la escena de la cantina.
453

�N

,

;&gt;

Los senores. . . ¿ que toman. . ..
-Cerveza...
- Para rm,' no; para mi,' " wh'isk ey" ...
-Y para mí coñac...
-Entonces son.. .
-Una cerveza.. .
-Un "whiskey" y un coñac...
-¡ Y unas boquitas!
-Entonces son una cerveza, un "whiskey", un "coñá" y unas
bocas...
-¡ Y a mí. .. go que me coma el chucho! -se oyó la voz
de Cara de Angel, que volvía abrochándose la bragueta con
cierta prisa.
-¿Qué va a tomar?
-Cualquier cosa; tráeme una chibola...
-¡Ah! pues... entonces son una cerveza, un "whiskeyn,
un "coñá" y una chibola. 84
La luz, lo mismo que los sonidos, desempeña un papel muy
importante en la creación del purgatorio-infierno. A través de toda la novela, la mayor parte de la acción transcurre en la oscuridad o de la noche o de los calabozos. La palabra lumbre y otras
palabras derivadas de la misma raíz se usan muchísimo para dar
énfasis a la inmensidad de la oscuridad. Muchos capítulos terminan con el amanecer. Muchas veces la luz o la sombra tiene un
sentido simbólico bastante claro. El único capítulo inundado de
luz se llama "Luz para ciegos" y presenta una bella escena amorosa completamente platónica entre Camila y Cara de Angel bajo
un sol brillante. ¡ Qué contraste con la vela que se apaga cuando
esas dos personas salen para buscar ayuda de los hermanos Canales! "La fondera salió con la candela que ardía ante la Virgen
.. lbid., p. 263.

454

p~ra s~guirles _lo~ primeros pasos. El viento se la apagó. La llamita hizo movnmento de· santiguada".s5
En sus contra~tes chiaroscuros, Asturias se preocupa mucho por
la marc?a d.el tiempo. Durante algunas pesadillas, el movimiento
del reloJ es mexorable, mientras que en otras ocasiones el tiempo
parece pararse: "se llevó el reloj de pulsera al oído para saber si
estaba andando".sª La eternidad de su mundo se
1·
b• . ,
.
rea iza con una
com maci~n de tiempo parado y tiempo acelerado. La primera
parte del libro transcurre el 21, 22 y 23 de abril. La portada de
la segunda parte lleva las fechas 24 25 26 y 27 d b ·1 p
d · I
•,
' '
e a n . ara re~cir a ac_cion de una gran variedad de gente en unos cuantos
días, Astuna~ ~resenta una serie de capítulos que no siguen el
o~den ~ronologico. El bosquejo siguiente de la primera parte indi~a como algunos capítulos representan un retroceso cronológico
mientras que otros ocurren simultáneamente.
TIEMPO CRONOLOGICO _ _ _ _ _ _

c

I

II

A

p
I
T

-----

III

IV

V

u
L

VI

VII

VIII

IX

o
s

X
XI

En contraste con el tiempo muy limitado de la .
d
primera y sea partes, la portada de la tercera parte lleva las palab
semanas me
s1 E
ras
____'_ ses, anos. . .
n 1a prisión, el guardia chino pa-

F

N

"

.. lbid., p. 128.
.. lbid., p. 46 .
" lbid., p. 205.

455

�sa "de siglo en siglo". 88 Para la viuda del licenciado Carvajal.
mientras que hace antesala para hablar con el señor Presidente,
.
, eterno" .s9
"el tiempo
se 1e hacia
La idea del tiempo inmóvil y eterno a la vez es una característica del cubismo, que en la década entre 1920 y 1930, cuando Asturias comenzó a escribir esta novela, estaba muy de moda entre
los vanguardistas tanto en la pintura como en 1~ literatura. Otro
rasgo cubista es la multiplicidad de puntos_ d: vist~. En un retrato de Picasso, vemos a la persona desde distmtos angulos. En El
señor Presidente la narración se proyecta en la pantalla alternando entre el ~unto de vista de unos diez personajes. Conrad
había -usado el cambio de punto de vista en Nostramo ya en 1904,
pero no lo hizo con la precisión matemática, ca_racterísti~a del cubismo de Asturias. Por medio del concepto cubista del tiempo, los
capítulos se entrelazan estrechamente. La estru_ctu~a de ~oda _la
novela en general se refuerza con alusiones a episod10s o situaciones anteriores. En el capítulo veinte, Genaro Rodas recuerda la
mirada de Pelele cuando lo asesinaron en el capítulo nueve. El
proceso del licenciado Carvajal en el capítu~o veint~ueve dep_ende del asesinato del coronel Parrales en el pnmer capitulo. La importancia del cartero en el capítulo cuarenta explica en parte la
escena del cartero borracho del capítulo dieciocho. La trama básica de toda la novela se repasa en el capítulo treinta y nueve
- hay cuarenta y un capítulos en el libro- mediante una conversación inconsecuente entre el mayor Farfán y Genaro Rodas en
el tren que los lleva de vuelta a la capital después de que los dos
han colaborado en la paliza regalada a Cara de Angel. Genaro
divaga aludiendo a su amistad con Lucio Vásquez, a la muerte
de su niño y a la desgracia de su mujer Fedina en el prostíbulo
de Chon, a la complicidad de Vásquez en el escape ~el general
Canales y el rapto de Camila y por fin, a la importa?;ia del TusT ep. Además de la estructura trenzada, la construc~ion de la novela se refuerza y se hace más rítmica con el paralelismo entre las

dos primeras partes. El equilibrio entre los personajes y los episodios da un sentido de orden a ese mundo caótico. Sin embargo, se
van introduciendo nuevos temas que mantienen el movimiento dinámico del libro sin romper su estructura.
Dentro del concepto cubista del arte, no sólo la obra entera sino
también cada parte debe constituirse en una unidad precisamente
forjada. En El señor Presidente, cada capítulo es una unidad artística en sí. A menudo, el capítulo se encierra en un marco cronológico, comenzando durante la noche y terminando con el amanecer. Varios capítulos se refuerzan internamente con la repetición sinfónica del mismo leit motif. El capítulo dieciséis, que presenta a Fedina Rodas martirizada en la prisión se hace mucho
'
más eficaz con tres alusiones muy bien colocadas a la fiesta presidencial que seguía afuera en todo su esplendor. La pesadilla de
Genaro Rodas en el capítulo nueve se interrumpe repetidas veces
con la pregunta de su mujer, "-Genaro: ¿qué te pasa?" 90 El
trágico calabozo del capítulo veintiocho se reviste de patetismo
con los ruegos constantes del licenciado Carvajal: "¡ Hablen, sigan hablando, sigan hablando!" 91
Aunque la mayor parte de los capítulos constan de una sola
escena, los que tienen dos o más no pierden su unidad. Dentro del
capítulo quinto, la transición entre la casa del doctor Barreño y
el palacio presidencial se logra con el anuncio "-¡ Ya está servida 1a comi'da.,,, 92 que se ap1·ica a ambas escl'.:nas en exactamente
el mismo instante. El capítulo diez incluye un monólogo sinfónico
del general Canales igual que una carta, dirigida al dictador por
uno de sus espías, que describe las actividades recientes del general. El rapto de Camila se presenta en tres escenas distintas que
abarcan en un solo capítulo los tres puntos de vista de Lucio Vásquez, Camila y Cara de Angel. El capítulo siguiente comienza con
un retroceso cronológico por medio del cual Camila recuerda su
niñez mirando un álbum de fotografías de sus familiares. Este re00

18

!bid., p . 218.
.. !bid., p. 278.

456

/bid., pp. 61 y 62.
•• !bid., pp. 208, 209, 211, 212.
" !bid., p. 36.

457

�troceso está en una posición anómala que al parecer, interrumpe
sin razón el relato del rapto que se completa al final del capítulo.
El capítulo parece estar compuesto de dos escenas independientes
sin más nexo que Camila, protagonista de las dos. Sólo más adelante se reconoce la importancia del retroceso en la construcción
de la novela, en los capítulos quince y dieciocho, que señalan la
ingratitud egoísta de los tíos. A pesar de la esmerada construcción del libro, en ninguna parte parece demasiado obvia. El
sentido fresco y espontáneo se mantiene por la variedad entre capítulos. Uno de los capítulos más originales del libro consta de
dieciséis informes de distintos espías, los cuales se presentan al
lector sin introducción, transición ni conclusión y unidos por
el personaje del señor Presidente, el destinatario, y por alusiones
a casi todos los personajes ya conocidos.
Además de armar una estructura poligonal reforzada por contrafuertes horizontales, verticales y diagonales, Asturias se sirve
de varios artificios estilísticos para crear su panorama infernal.
Como sus compatriotas Antonio José de Irisarri, José Milla y Rafael Arévalo Martínez, tiene un gran sentido lingüístico. Está muy
aficionado a la repetición rápida de frases breves, palabras y aun
sílabas, no tanto para estrechar la construcción del capítulo o del
libro como para crear efectos acústicos propios del mundo subterráneo. El doctor Barreño, al explicar sus desgracias al secretario presidencial, se sirve de la muletilla "yo le diré" 93 once veces
dentro de página y media, lo que contribuye a acentuar la frustración patética de ese hombre. El idiota Pelele, huyendo locamente por la ciudad, ve pasar puertas y ventanas. "A sus costados
pasaban puertas y puertas y puertas y ventanas y puertas y ventanas".94 Su risa idiota se recalca repitiendo la primera sílaba de
la palabra carcajada. "El idiota se despertaba riendo, parecía que
a él también le daba risa su pena, hambre, corazón y lágrimas
saltándole en los dientes, mientras los pordioseros arrebataban del
aire la car-car-car-car-carcajada, del aire, del aire. . . la car" Ibid., pp. 32 y 33.
"' Ibid., p. 21.

car-car-car-carcajada "05 E 1
. .
de Cara de Angel hac·i·a· ·1
n Asa descripción del viaje en tren
a costa
turia
l d
. .
para efectos acústicos vfaual 'd. , . s se va e e la repetición
.
'
es, mam1cos y aun d
•
la semejanza
entre cada ver
d,
e presagio en
Y ca aver.

"Cara de Angel aband ,
1 b
to de j.unto Segu1'a l t· ono a ~a eza en el respaldo del asien.
a ierra baja pl
r
.
de la costa con los Oj·os
d'd d' an~, ca iente, malterable
•,
fusa de ir en el tren dper i . os e sueno y la sensac1on
conatrás del tren cada ve'z e ,no ir, en el tren, de irse quedando
'
mas atras del tren '
,
más atrás del tren ma's t , del
' mas atras del tren,
'
ª ras , tren' cada vez mas
,
,
cada vez más atrás cada
atras,
,
vez mas atrás
'
,
cada ver cada vez cad
d
, mas Y mas cada vez,
,
a ver ca a vez
d
cada ver cada vez cada
, ca a ver cada vez,
ver. .." 9o
'
ver cada ver cada ver cada ver cada .
Para describir a un hombre m d'
telones a la paredes Ast .
e. iocre que está pegando car'
unas combma la
· ·,
medio con la enumeración d
.
re~et~cion del adverbio
..
e una sene de adjeti
", .
.
dijo
un medio bajito med' . .
.
vos. i 8i1enc10!',
dio loco med'
'
i~ viejo, medio calvo, medio sano me'
10 ronco, medio s .
d'
'
preso " 01 L
.,
ucw, exten iendo un cartelón im...
a enumerac1on se em lea
descripción precisa y detall d
p
no tanto para darnos una
.
ª
ª
como para recalcar l
d'
D e 1a rrusma
manera, Astunas
. 1ogra una .
o me 10cre.
•,
tones de basura enumerand
impresion total de mondividuales "C b.
d
o en orden calculado los artículos in.
u ierto e oapele
raguas, alas de sombrero; d s,. cueros, trapos, esqueletos de pafragmentos de porcelana Caj~aspdaja, tra~tos de peltre agujereados,
,
e carton pastas d l'b
. .
rotos, zapatos de lenguas aba 'II d
'
e 1 ros, vidrios
huevo, algodones, sobras de :¿m .; as al sol, cuellos, cáscaras de
do".98 La brevedad del
mi. as.' .. , el Pelele seguía soñana parte principal de la oración y su colo.. lbid., p. 11.
" Ibid., p. 277.
" lbid., p. 265.
• lbid., p. 25.

458

459

�cación al final ayudan a hacer .mo1vidable el cuadro de montones

~,P~.:

de basura oprimiendo al trapo humano. . t mm·ables e indican
• d
1 b as parecen m er
A veces, estas sene~
r ex lotada con tanto éxito por Jaun cultivo de la asoc1ac10~. I re bp anera J·ugando con deriva· se d1v1erte so rem
A
mes J oyce. stunas
El .
puede consistir en sena1ar
.
1 ·
palabra.
Juego
, .
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1 . "l'g·co
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0
1 go elaborar a •
, • '
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una pa1ab ra Y ue
, . ,, . 09 "luego luegmto, re. 1 1, ·
equetecontra1og1co ,
'
b
lógico, ilolo o og1co, r
formas de la misma pa1a ra
•to" 100 El contraste entre dos
d B • mm' y su
1
uegm .
, . en e1 caso e enJa
·
humonst1co
constituye un
. 1e m
. trigan las etimologías falsas:
· motivo
, A Asturias
V
esposa enJamon.
. t "102 Se divierte enorme,
• , " 101
"murga de mugnen os .
'l b
ho, bon
Y
b
transformando
las
s1
a as.
mente despedazando las pa1a ras y
, usted es. • · Les corté su conversación. Perdonen...
-Dec1an
-¡De... !
-¡Sí. .. !
-·,Han.. •!
•
•
103
Los tres hablaron al mismo tiempo.
mediante errores hechos a propóLos nombres se transforman
b de Lucio Vásquez a Sucio
mbia el nom re
sito. La Masacuata ca .
condición sucia tanto en
. d.
su disausto
por su
O
Bascas para m icar
•
te a Jesucristo en
1 físico El Mosco conv1er
lo moral como en o
. 1·d d de la Iglesia. Asturias observa
•
· ndicar la vena 1 a
~
J esupISto para Jrto 104 tienen
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. mas letras. Este anagrama no
que rapto Y Pa
. t mbién nos prepara para e1 ma.
de palabras smo a
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sólo es un Juego
d An 1 v el nacimiento de su JO.
.
. d Camila y Cara e
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Hasta los mismos personaJes uc10 a
,. !bid.,
100 Jbid.,
101 !bid.,
'" !bid.,
,,. Jbid.,
'"' !bid.,

460

p.
p.
p.
p.
p.
p.

58.
93.
53.

27.
108.
44.

incultos que sean, juegan a la poesía rimando alternativamente
"importa, torta, corta, aborta". 105
Como ya se ha notado, la conciencia lingüística es una característica netamente guatemalteca. Más en consonancia con la literatura mundial de esa época está la experimentación de Asturias con símiles y metáforas novedosos. Los símiles que siguen
dan forma, color, sustancia, movimiento y significado especial al
objeto comparado: " ... la voz se perdía como sangre chorreada
en el oído del infeliz"; 106 " ••• carcajada se le endureció en la
boca, como el yeso que emplean los dentistas''; 1 º1 "en el mar entraban los ríos como bigotes de gato en taza de leche". 108 Las metáforas que siguen atestiguan la imaginación original del autor lo
mismo que su conciencia lingüística. En " ... el silencio ordeñaba
el eco espeso de los pasos", 109 la frecuencia de la ese produce el
efecto de silencio mientras que la palabra espeso refuerza al uso
distinto de ordeñaba. El uso de la doble metáfora de fuego y agua
no es tan atrevido pero vale la pena notarlo como buen ejemplo
del sentido humorístico de Asturias. "Los vivas de la Lengua de
vaca se perdieron en un incendio de vítores que un mar de aplausos fue apagando". 11º

•
La experimentación que emplea Asturias en esta obra lo sitúa
dentro del movimiento vanguardista de los 1920. Aunque no se
publicó El señor Presidente hasta 1946, fue escrita principalmente
en esa década de la postguerra en Guatemala así como en París.
Seguramente fue entonces que Asturias llegó a conocer Tirano
Banderas ( 1926) . El parecido entre los dos libros salta a la vista.
La trama, el concepto cubista del tiempo y los personajes esperpen,.. Ibid.,
00
!bid.,
'°' !bid.,
,,. lbid.,
00
'
lbid.,
JlO ]bid.,
'

pp. 50, 51.
p. 78.
p. 54.
p. 281.
p. 48.
p. 103.

461

�tescos son casi iguales en las dos novelas. No obstante, El señor Presidente es un estudio más vasto, más sensible y más auténtico de la
dictadura típica de Hispanoamérica. Mientras que Valle-Inclán se
preocupa más por su destreza en manejar las peculiaridades lingüísticas, a través de la obra de Asturias transluce el dolor sincero
que siente el autor al describir las condiciones increíblemente infernales de su patria, y, en efecto, de toda Hispanoamérica. Precisamente ahí se descuella Asturias por encima de sus colegas europeos. Un español, un francés, o un polaco observaron pero no
sintieron la vida trágica de Hispanoamérica. Aunque Valle-Inclán se esfuerza por crear un país de elementos geográficos, raciales y lingüísticos de distintos países hispanoamericanos, la cualidad de títeres de sus personajes le quita fuerza a la novela. El
autor da a entender que considera este mundo una farsa grotesca
en la cual actúa gente de condición desesperadamente inferior.
Francis de Miomandre también considera los chanchullos de la
política hispanoamericana como una farsa, pero en vez de parecerle grotescos, le fascinan de una manera deliciosa. Miomandre
no se esfuerza tanto como los otros autores por crear con precisión
absoluta una república representativa de toda Hispanoamérica.
Queda claro que se limita más bien a Nicaragua y a Honduras
pero las envuelve en un aire de fantasía tropical para darles valor
simbólico. A Miomandre se le pueden perdonar la falta de profundidad y la construcción poco precisa de su novelita teniendo
en cuenta la ingenuidad encantadora de la niña enferma que crea
en una pantalla de seda el país imaginario que más tarde se convierte en realidad. De las cuatro obras, Nostromo es sin duda la
más profunda. A diferencia de los otros autores, Conrad crea personajes individualizados que piensan, sienten y están sujetos a cambios. Al describir las condiciones anárquicas en Hispanoamérica,
Conrad es en verdad el único que busca una explicación histórica.
Por su método extraño de entrelazar escenas retrospectivas, nos
presenta una impresión histórica bastante completa desde los tiempos de la conquista hasta el presente. Sin embargo, su punto de
vista es siempre el de un extranjero. Casi ninguno de los prota462·

gonistas es natural de Costaguana A pes d 1
.
·
d H'
·
ar e os vastos conoci:1:~~:s d el . ispan~~mérica que Conrad indudablemente poseía,
a a impres10n de no ser completamente auténtica
como en los casos de Valle-Inclán d M'
d
porque,
·
•
.
Y e 10man re, es un extranjero que examma a Hispanoamérica como
trucción complicada d l l'b
. espectador. La consd
.
e 1 ro, aunque es Importante por su nove ad, desconcierta un poco por su falta d l 'd d
.. .
L
e c an a y eqmlibno
os cuatro autores de este estudio tenían l .
,. .
la treació~ de una república típica de Hispan;a=::: !r::s1:~~
~~sªdexpenm~~tal. Como se esforzaban por encontrar nuevos moe explre~10n, a veces su experimentación llega a ser excesiva
L a crono ogia enredada d C
d
.
M'
e onra , la fantasía soñolienta de
wmandre, el lenguaje híbrido de Valle-Inclán 1 .
.
mológ'
d A
•
Y os Juegos et11~os e stunas son todos algo exagerados. Sin embar o el
contemdo de las novelas es bastante am 110
·
g '
Atxperimenta ·, c d
P
para absorber esa
c1on. a a uno de los autores realiza su propósito e~ol po; mucho q~e se parezcan las cuatro repúblicas, cada un~ ~e\ e a a personalidad y la nacionalidad de su creador T . d
en cue~ta los ~uatro ,ángulos distintos, el lector no sól~ s/::t:r:
de las mnovac10nes tecnicas en el arte de novelar del s·gl
.
sin
b·,
1 o vemte
~ ~ue talm ien llega a una comprensión multiforme de Hispano'
amenca, a cual hasta hoy día sigue siendo un .
' d 1
emgma para la
mayona e os espectadores extranjeros.

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464

Sección Tercera
HISTORIA

�</text>
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                  <text>Humanitas es la revista de investigación más antigua del noreste de México en el área de Ciencias Sociales y Humanidades, se publica desde 1960 y actualmente está indexada en Latindex. Es una revista arbitrada y de acceso abierto que considera para su publicación artículos originales escritos en español e inglés, que sean el resultado de una investigación científica y que representen una clara contribución al debate y conocimiento de las áreas de la revista: Filosofía, Letras, Ciencias Sociales e Historia.</text>
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                <text>Humanitas es la revista de investigación más antigua del noreste de México en el área de Ciencias Sociales y Humanidades, se publica desde 1960 y actualmente está indexada en Latindex. Es una revista arbitrada y de acceso abierto que considera para su publicación artículos originales escritos en español e inglés, que sean el resultado de una investigación científica y que representen una clara contribución al debate y conocimiento de las áreas de la revista: Filosofía, Letras, Ciencias Sociales e Historia.</text>
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                <text>Universidad Autónoma de Nuevo León, Centro de Estudios Humanísticos; Editorial Jus</text>
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                <text>Cavazos Garza, Israel, 1923-2016</text>
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                <text>Rangel Frías, Raúl, 1913-1993</text>
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                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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                    <text>la condena del general Arana asume las características de un
típico asesinato político.
10a. A la concurrencia de un conjunto de fines inconfesables
y de intereses discutibles, que parecen concitarse contra México
en una época en que pudo haber alcanzado envidiable prosperidad, y a la participación que tuvieron en este drama ameritados próceres de la Independencia Nacional, puede atribuirse la
actitud piadosa con que nuestros historiadores han vuelto esta
dolorosa página de la vida nacional, página que casi han dejado
intacta, aunque no invulnerable a la crítica histórica y a la censura moral.

Sección Cuarta

NOTICIAS Y RESEÑAS
BIBLIOGRAFICAS

542

�CHARLES Du Bos: Qué es la Literatura. Ed. Troquel, Col. Diálogos del Presente. Buenos Aires, 1955.
En este libro se recogen las conferencias que Charles Du Bos
dictó el año de 1938 en Colegio Saint Mary, Notre Dame, de
Indiana, único texto que este escritor francés escribió en lengua
inglesa.
La literatura y el alma, la literatura y la luz, la literatura y
la belleza y la literatura y el verbo, son los temas de estas cuatro
conferencias, en las cuales la pregunta fundamental es ¿qué es
la literatura?
Para saber qué es la literatura, dice Du Bos, tenemos que saber
primero qué es la vida. Sin responder a esta pregunta, nunca podremos conocer la esencia de la literatura. Y por este camino se
interna hacia la solución de ese interrogante fundamental, ayudándose para ello de un texto del poeta inglés John Keats, correspondiente a su carta-diario dirigida a George y Georgina
Keats. El poeta inglés llama a la vida el valle donde se forman
las almas; esta creación se cumple gracias a tres nobles elementos que actúan entre sí y que son el intelecto, el corazón humano
en tanto que distinto del intelecto y el mundo o espacio donde se
realiza la interacción de intelecto y corazón humano a fin de formar el alma. Entonces, si la vida es esa formación de las almas,
"si la vida definida por Keats es la esencia de la vida", la literatura no es sino esa misma vida que toma conciencia de sí misma, expresada en su plenitud por el hombre de genio.
Vida y literatura están, así, estrechamente unidas, y son interdependientes. Sin la vida, la literatura no tendría sentido, y sin la
545

�literatura ¿qué sería la vida?, se pregunta Du Bos, sin respondemos, dejando abierta esta interrogación para hacer más notoria su importancia. No ya la vida entendida como ese "valle donde se forman las almas", sino la vida del individuo.
Charles Du Bos sigue completando la visión de la literatura,
enfrentándola al problema del tiempo. En realidad, concebida ya
la literatura como la expresión de la vida, cm-no la expresión de
esa vida que toma conciencia de sí misma, llegamos directamente
a considerar que la literatura, en cierta forma, se libera del tiempo, es decir, que es inmortal, inmortalidad "que sólo se detiene
en el umbral de la inmortalidad más allá de la cual comienza la
vida eterna".
Todos los ensayistas que tocan el problema de la literatura, que
tratan de abarcar su profundo sentido, se ocupan no sólo del creador, del escritor, sino también de este otro personaje cuya importancia tiene quizá la misma medida que la del primero. Para
Du Bos, no se puede ser lector si no se está en condición de crear,
es decir, la lectura requiere una acción positiva que permita re•
cibir la obra realizada antes por el escritor. Afirma la existencia
de una lectura creadora, "con los mismos títulos que la escritura".
Y si el escritor crea lo que el lector va a recrear, estamos ya ante
la segunda definición de la literatura que nos propone Du Bos:
la literatura es el lugar de encuentro de dos almas.
En las páginas de este libro se recoge todo el amor que Charles
Du Bos prodigó a la literatura, a la investigación literaria y al
noble ejercicio de escribir, al cual dedicó toda su vida. Páginas
de verdadero escritor, donde él mismo va delineando su retrato,
su vida y su obra literaria, de escritor francés que amó la literatura y la lengua inglesa tanto como la lengua y la literatura de
su país.
Al final se recogen juicios de Frarn;ois Mauriac, Gabriel Marcel, Jacques Madaule y Albert Beguin, sobre el escritor desaparecido.
A. R. G.

CESARE PAVESE, El Oficio de Poeta. Editorial Nueva Visión. Buenos Aires, 195 7.
Veinte ensayos de Cesare Pavese se reúnen en este volumen, todos ellos relativos a la poesía, la cultura, o el oficio de escritor.
Aun cuando algunos parecen orientados hacia problemas ajenos,
puede encontrarse en todos una secreta unidad que los acerca y
familiariza.
Sin embargo, es necesario señalar que algunos de estos escritos
guardan un mensaje donde se recoge el pensamiento más profundo, el más esencial del autor, mientras que otros responden a
situaciones momentáneas o meramente circunstanciales, como entrevistas o comentarios radiofónicos. Cesare Pavese se nos presenta
en este libro bajo el aspecto que, por lo general, los lectores desconocen del escritor. No se ofrece la obra literaria, sino los caminos por los cuales se llega a ella; o bien, se profundiza en el fenómeno de la creación poética, del mito, de las corrientes literarias. Es siempre interesante conocer las observaciones que sobre
estos problemas nos presenta el novelista, poeta o dramaturgo, porque éstos calan en dirección distinta y estratos también diferentes, del crítico literario, que situado desde la otra orilla se permite juicios y comentarios sobre la labor creadora, los cuales muchas veces no logran acertar y se nos aparecen como un trabajo
frío y alejado del auténtico problema. En realidad, muchos son
los escritores que dejan, junto a la obra de creación, las notas y
juicios sobre su propio trabajo y en general sobre el fenómeno de
la creación literaria. Holderlin, Flaubert, Valery, Gide, Virginia
Woolf, Eliot, Proust, serían quizá los más representativos, pero
no los únicos. Cesare Pavese se agrega a esta línea de escritorescríticos, y los ensayos reunidos bajo el título El oficio de poeta
lo colocan entre uno de los principales escritores contemporáneos
preocupados por esclarecer y entender el fenómeno de la creación
poética.
El autor de Lavorare stanca, Feriad'Agosto, Dialoghi con Leuco,
547

546

�Una Obra de
afirma que las palabras fueron hechas para el hombre y no el
hombre para ellas. En un hombre de letras, o mejor dicho de palabras, como lo es todo escritor, esta afirmación es como una dec!aración de principios, y a la vez, respuesta a todos aquellos que
sienten desaparecer la fuerza del lenguaje, o que sienten que los
envuelve la decadencia de las letras. Las palabras fueron hechas
para _el hombre, ~ no el hombre para ellas. Sin embargo, suele
ocurnr lo contrario, y no es difícil comprobarlo cuando los catálogos editoriales nos inundan de obras inútiles, vacías de contenido Y de lenguaje. Las palabras son para aquellos que saben
dominarlas y, auténticos creadores, van forjando con ellas el lenguaje de su tiempo. El verdadero novelista, el auténtico poeta,
es el hombre a quien fueron hechas las palabras. Con ellas y sólo
c?~ ellas, crean los universos que ya llevan consigo y que se mamfiestan por medio de la palabra. "Las palabras --dice Paveseson tiernas cosas, intratables y vivas, pero hechas para el hombre
Y_ no el hombre para ellas. Todos sentimos que vivimos en un
tiempo en que se hace necesario volver a llevar las palabras a la
sóli~a Y desnuda limpieza de cuando el hombre las creaba para
s~rvirse de ellas. Y nos sucede que, precisamente por ello, porque
sirven ~l hombre, las nuevas palabras nos conmueven y aferran
como nmguna de las voces más pomposas del mundo que muere,
nos _conmueven como una plegaria o un boletín de guerra". En
realidad, desde la creación de la palabra nace la necesidad de
de~olverle esa limpieza original que hace perder el uso. El objeto
senal~~o, el momento en que se pronuncian, la ocasión en que
s~ ut1,l,1zan, b~stan a veces para devolver su "sólida y desnuda limpieza . El mismo Pavese lo logró -quizá sin saberlo-- cuando
es~ribió _una nota a sus amigos en la primera página d¡ su libro
Dzaloghi con Leuco, la noche que se suicidó en un cuarto de un
hotel de Turín, en 1950.

A. R. G.

ALAIN

Guv sobre los Filósofos Españoles de Ayer

y de Hoy.
Equidistante de la incondicional loa y de la -ciega diatriba.
Alain Guy, doctor en letras y profesor en la Universidad de Toulouse, ha escrito, con plenitud de simpatía, una obra decisiva para
el conocimiento de la filosofía española: L es philosophes espagnols
d'hier et d'aujourd'hui (Privat, Editeur, Toulouse, 1956). En
1943 presentó su tesis doctoral sobre "El pensamiento de Fray
Luis de León". Desde entonces, el hispanista galo, no ha cesado
de contribuir a "la reapertura espiritual del camino francés de
Compostela, es decir, a la comprensión siempre creciente entre
filósofos franceses y españoles" (Opus cit., pág. 24, vol I ). ¡ Nobles palabras de un espíritu abierto y fraternal, que contrasta con
la miopía "chauvinista" y con el pseudo cosmopolitismo de algunos otros autores franceses que han pretendido borrar a España
del mapa filosófico!
Conocí a Alain Guy en el Congreso Internacional de Filosofía
que tuvo lugar en Venecia, durante el mes de septiembre de 1958.
Me llamaron la atención su sencillez, su afabilidad, su mesura, su
cortesía. . . Después he leído, con íntima complacencia y con vivo interés, los dos volúmenes -Epoques et auteurs y Textes
choisis- de la obra Les philosophes espagnols d'hier et d'aujourd'
hui, que le consagran como el más destacado conocedor de la filosofía española entre los hispanistas franceses. Con máxima imparcialidad, con penetrante simpatía, con admirable capacidad
de síntesis, Alain Guy ha estudiado un total de 51 filósofos, de
los cuales 36 pertenecen al siglo XX. Escolásticos y agnósticos, liberales y conservadores. Todas las familias espirituales de España se encuentran representadas, con irreprochable objetividad, en
la obra del hispanista galo. Ontología y fenomenología, logística y
psicofisiología son recogidas por Alain Guy con el mismo respeto
y con el mismo cuidado metódico. Tras de precisar el elemento
nacional de una filosofía, dirige sus pasos hacia lo hispánico en
549

548

�la filosofía hispánica. España ha llevado a la filosofía su alma y
con ella la insistencia en temas que le son especialmente caros.
"Un pueblo que ha profundizado en la exploración de la Divinidad, sólo por eso quedaría más definido que otro que tenga
en su haber el ir perturbando todas las grandes nociones filosóficas", ha dicho con toda razón Joaquín Iriarte, S. J. (pág. 50,
Menéndez Pelayo y la Filosofía Española, Editorial Razón y Fe).
Más allá de los odios nacionales y de las guerras, del aislamiento geográfico y de la leyenda negra, el Prof. Guy ha sabido ver
los trazos constantes de la filosofía española: la influencia oriental en todos sus sectores -Islam y judaísmo- el interés insoslayable por la ética y la casuística, la tradición de médicos y filósofos, la referencia latente a los problemas religiosos (aun en los
filósofos más escépticos), la huella indeleble recibida del catolicismo por esa democracia frayluna, como la denominó Menéndez
y Pelayo, el estilo frecuentemente estético de las especulaciones
más sutiles, la orientación hacia la filosofía germánica después de
Sanz del Río. Señala además, el autor esa perpetua oscilación
de los filósofos iberos entre el orden y el progreso, entre la tradición y la heterodoxia. Si es cierto que España es el país de la
autoridad y del anarquismo a la vez, no lo es menos que algunos
de sus más grandes maestros -Fray Luis de León, Feijóo o Zubiri- realizan un raro equilibrio de serenidad y de libertad.
La obra de Alain Guy, dirigida a todos, servirá especialmente
a los estudiantes franceses que se afanan por perfeccionar su cultura y por des~ubrir a España. Se empieza por trazar la biografía
del filósofo en cuestión, se continúa por presentar la bibliografía
y se termina por estudiar la doctrina. El libro tiene, fundamentalmente, un carácter expositivo más que crítico. Apenas si en contadas ocasiones se apuntan tímidamente algunas observaciones críticas. En el primer tomo de la obra, subtitulado Epocas y Autores,
se ofrece, en apretado resumen, la filosofía española: en la Edad
Media (Raimundo Lulio, Raimundo de Sebonde) ; en el Siglo
de Oro (Francisco de Vitoria, Juan Luis Vives, Hernán Pérez
de Oliva, Fray Luis de León, Juan Huarte, Miguel Sabuco, Juan
550

de Mariana y Francisco Suárez); en el siglo XVIII (Benito
Feijóo y Andrés Piquer); en el siglo XIX (Jaime Balmes, Julián
Sanz del Río y Javier Llorens y Barba) ; en la generación del 98
(Ramón Turro, Miguel de Unamuno, Juan Domínguez Berrueta);
en la generación anterior a 1914 (Tomás Carreras y Artau, Eugenio D'Ors, José Ortega y Gasset, Juan Zaragüeta, Manuel García Morente, Gregorio Marañón, Francisco Mirabent, Pedro Font
y Puig), en la generación de la primera guerra mundial (Joaquín Carreras y Artau, Joaquín Xirau, Xavier Zubiri, José Gaos:
José Germain, Juan _David García Bacca, Manuel Granell, María Zambrano, Ramón Ceñal, Eduardo Nícol), en la promoción
surgida entre las dos guerras (Juan José López Ibor, José María
Sánchez de Muniain, José Ignacio Alcorta de Echevarría, Jaime
Bofill, Juan Roig Gironella, Leopoldo Eulogio Palacios, José Ferrater Mora, Julián Marías, Adolfo Muñoz Alonso, José Todolí,
Angel González Alvarez), y en los jóvenes (Miguel Cruz Hemández, Antonio Millán Puelles, Miguel Sánchez Mazas, Jorge Pérez
Ballester). Cierra el primer tomo con una conclusión: los filósofos
españoles se rehusan a esquivar los temas esenciales de la inquietud humana. Lo que presta un vivo interés a sus soluciones, extremamente diversas, es su propósito de asediar el enigma del absoluto y del destino. "Qu'est-ce que tout cela qui n'est pas eternel?"
En el segundo tomo, Alain Guy nos presenta una antología de 72
textos filosóficos españoles de ayer y de hoy, todos ellos -excepto
cuatro que están en catalán- escritos en castellano y escogidos
por su valor expresivo -desbordante y proteico del genio ibero.
Aunque toda antología se preste a la consabida crítica de que
"ni son todos los que están ni están todos los que son", nosotros
no diremos quienes sobran, pero sí apuntaremos quienes faltan:
Luis Recaséns Siches y Pedro Caba, para no citar sino a los dos
más ilustres autores omitidos.
El libro de Guy marca un comienzo. Asistimos a un movimiento auroral, surgido en Francia por obra de este inteligente y esforzado profesor, preñado de esperanza. Alain Guy, que tiene escuela y estilo, nos vuelve -o mejor nos devuelve- a la realidad
551

�filosófica española en su armazón medular. Esta es la mejor alabanza que le podemos hacer los hispanolocuentes.
A. B. F. del V.

La Lógica de EusEBIO

CASTRO.

El Dr. Eusebio Castro, Catedrático de Lógica en la Universidad Nacional Autónoma de México y Secretario Fundador de la
Sociedad Mexicana de Filosofía, acaba de publicar este año, en
Xalapa, Veracruz, la segunda edición de su texto de Lógica. La
modesta publicación -casi franciscana por su aspecto- recoge,
en síntesis armoniosa, la "estructura y básica vertebración ideal''
de la Lógica. Se prescinde de lo accesorio y se pone especial empeño en ofrecer un breviario que falte lo menos posible a la claridad y al · orden.
El estudio de la Lógica y de la Gramática han sido postergados, hoy en día, para echarse en brazos de un psicologismo unilateral y ramplón y de una charlatanería pseudopedagógica verdaderamente pavorosa. Maestros y alumnos carecen, por lo general, de una elemental formación lógica. La crisis reviste excepcional gravedad. Todo un sector del pensamiento contemporáneo
pretende brindamos una filosofía del absurdo. Lo cierto es que
no se acaba de precisar las palabras, de definir, de concluir. La
desconfianza, la ambigüedad, la indecisión y la ausencia de un
claro y riguroso sistema doctrinario han presidido, hasta ahora,
la marcha de muchos pensadores.
La Lógica de Eusebio Castro, contiene, en 89 páginas, la exposición apretada y lúcida de las partes fundamentales que supone
un tratado sobre esta materia. Sorprende la riqueza de sugerencias y relaciones. El libro es una auténtica iniciación en Lógica
formal, Metodología y Crítica. El autor sabe aprovechar, admirablemente, sus meditaciones personales y su experiencia en cá552

tedra, para ofrecer a los estudiantes y a los estudiosos no especializados, un seguro y útil compendio. Escrita a la altura de nuestro tiempo, la obra es un magnífico puente entre la Lógica tradicional y la Lógica contemporánea.
"La lógica -expresa el Dr. Castro-- estudia al pensamiento y
las condiciones que hacen posible el conocimiento progresivo en
orden a la verdad" (pág. 7). Trátase de aclarar y fijar conceptos,
y por las leyes y relaciones asegurar un dinamismo y un progreso en
el conocimiento. Todo pensamiento tiene, como características, las
siguientes: a) Idealidad; b) Significatividad; c) Intencionalidad.
Sujeto que piensa, actividad del pensar, (temporalidad, imágenes,
sensaciones ... ) , pensamiento en cuanto tal, objeto del pensamiento y expresión del mismo, son condiciones reales del pensamiento
que nos sirven para mejor comprenderlo y separarlo de lo que no
es él.
Después de exponer los principios lógicos, supremos (principio
de identidad, principio de contradicción, principio de tercero excluído, principio de razón suficiente), el autor define y clasifica los
conceptos con todas sus relaciones. Los lectores podrán comprender, fácilmente, el Arbol de Porfirio, las diez categorías de Aristóteles y los conceptos unívocos y análogos. La definición y la división, con sus reglas, son expuestas en cuatro concisas páginas.
El juicio -conexión enunciativa de conceptos- es la estructura
lógica fundamental que Eusebio Castro examina en sus elementos
(sujeto, predicado y cópula) , en su expresión o ropaje gramatical
(la proposición), y en su clasificación. El estudio termina con las
cuatro maneras fundamentales de predicación: cualidad, cantidad, relación y modalidad.
Inferir o concluír -y ahora estamos ya en la tercera forma del
pensamiento: el raciocinio-- es la operación lógica por la cual,
de uno o varios juicios dados se deriva otro llamado conclusión.
Las formas de inferencia -mediata, por analogía y estadísticason objeto de especial examen. No obstante, echamos de menos la
definición y la ejemplificación de algunas inferencias inmediatas:
la equipolencia, la subaltemación, la consecuencia modal y el cam553

�bio de relación. El Dr. Castro se limita a enumerarlas, excusándose de exponerlas, porque cree que presentan menor utilidad que
la oposición, la conversión y la contraposición. Aunque así fuere,
pensamos nosotros que hubiese convenido su inclusión expresa en
el texto, en beneficio de la materia misma y de los estudiantes.
El silogismo, con sus principios y reglas, con sus figuras y modos, es eficazmente puesto al alcance de cualquier lector no especializado. A ello contribuyen las gráficas y los ejemplos. También
se determinan los silogismos irregulares (entinema, epiquerema,
polisilogismo y sorites), los silogismos compuestos (hipotético, disyuntivo y dilema) y la argumentación sofística (sofisma, ignorancia del asunto, petición de principio, círculo vicioso, sofisma de
deducción). A la inducción -tan fecunda para la ciencia moderna- le está dedicada uh capítulo especial. En él encontramos todas las condiciones y garantías para que el análisis de los hechos
nos conduzcan a la formulación de las leyes. Las inferencias por
analogía y la estadística han contribuído, asimismo, al adelanto
científico de nuestros días.
La Metodología, aunque estudiada en dos breves capítulos, está expuesta en toda la rica complejidad de su problemática y de
su temática. Primero se define lo que se entiende por método;
después se dice lo que es el análisis y lo que es la síntesis; luego
se exponen las cuatro reglas de Descartes y la problemática y método de la filosofía; concluyéndose por dar las nociones de Lógica
de la matemática, Lógica de las ciencias naturales, Lógica de las
ciencias del espíritu y Lógica de la integración. Ciencia -en su
concepto funcionai y causal-, hipótesis, ley, axioma, demostración y teoría son conceptos definidos por Castro en términos nítidos y precisos.
Hubiera sido deseable que el Dr. Eusebio Castro le dedicase
mayor atención a la criteriología. En la próxima edición de su
"Lógica", puede mejorar, notablemente, este capítulo que maneja
problemas de una importancia tan grande como el de la verdad
-criterios y actitudes-, el del realismo e id~alismo, etc. No le
será difícil, tampoco, mejorar algunos ejemplos y extender algu-

nas explicaciones. La extensa exposición del existencialismo positivo de Abbagnano, en un compendio de lógica, nos parece que
está fuera de sitio.
El texto de Eusebio Castro constituye una encomiable aportación a la didáctica filosófica de México y es una sugestiva incitación para ahondar en los problemas lógicos. Nos complace felicitar
al filósofo ex veritate y al amigo ex corde.
A. B. F. del V.

RicARDO CovARRUBIAS, Las Calles de Monterrey. (Tomo 11) Tip.
Garza y Jiménez. Monterrey, 1958. 418 pp. ( de los dos tomos).
La aparición de un libro en Monterrey marca un acontecimiento de los más destacados en los anales de la vida cultural nuevoleonesa. Ha llegado a nuestras manos el tomo segundo de Las Calles
de Monterrey, por don Ricardo Covarrubias; esperado con verdadero interés, no sólo por quienes cultivamos estudios del pasado
regional, sino por todos aquellos que aprecian en todo lo que vale
la calidad bibliográfica del tomo primero.
Vinculado a la vida cultural de Nuevo León, don Ricardo Covarrubias, jalisciense distinguido residente en Monterrey hace más
de cuatro lustros, conoce nuestro Estado mejor que muchos nuevoleoneses.
Hurtando tiempo a sus múltiples e importantes actividades diarias, nos dio en 1947 el primer volumen de Las Calles de Monterrey. Publicó luego un eruditísimo estudio sobre Los 65 Gobernantes del México Independiente, y ahora nos ofrece el tomo segundo, a que nos referimos.
Siguiendo un orden alfabético, que facilita el manejo de la obra,
asienta el señor Covarrubias el origen de cada una de las calles de
la ciudad; pero, más todavía, analiza el porqué de cada nombre,
con excelentes estudios biográficos e históricos de los personajes o
555

554

�acontecimientos que lo motivaron. Ello imprime a la obra un carácter de diccionario histórico biográfico de indiscutible utilidad.
A los datos sobre distinguidos personajes de renombre universal
o nacional, se suman los de muchos nuevoleoneses, cuyo conocimiento es difícil obtener en otras obras. La aportación del señor
Covarrubias en este sentido, es, por lo mismo, apreciabilísima. Conocedor profundo de la historia de México, de que es catedrático
en la Universidad de Nuevo León, e investigador erudito de las
fuentes primarias, le hemos visto en los archivos parroquiales y
oficiales, consultando con paciencia y maestría los documentos,
hasta obtener el dato preciso.
En el campo de las actividades históricas, ha descollado el señor
Covarrubias merecidamente. Es secretario de la Academia de
Ciencias Históricas de Monterrey y miembro activo de la Sociedad
Nuevoleonesa de Historia, Geografía y Estadística. Su generoso
gesto de desprendimiento al donar a la Biblioteca Universitaria
Alfonso Reyes la suya valiosísima integrada por cinco mil volúmenes, habla muy alto de su sentido de la cultura y de su identificación con nuestro Estado.
l. C. G.

JosÉ P. SALDAÑA, Episodios de Ayer. Sistemas y Servicios Técnicos,
Monterrey, 1959. 229 pp.
A la ya interesante bibliografía de don José P. Saldaña: Estampas Antiguas de Monterrey ( 1942) ; Historia y Tradiciones de
Monterrey (1945); Episodios Históricos (1948), y La Novela de
Juan Luis ( 1951 ) , ha venido a sumarse, con beneplácito de quienes nos interesamos por las cosas del pasado, su nuevo libro: Episodios de Ayer.
En estilo clarísimo y preciso, a la vez que ameno, se ocupa el
autor de cinco episodios históricos, todos de carácter regional; con

excepción del primero: "Carranza, Tlaxcalantongo y la Imposición", que tiene interés nacional, porque incluye sucesos de la vida
política de Nuevo León.
Actor de los acontecimientos que relata, ofrece el señor Saldaña
en su capítulo primero, un panorama fiel de la situación nacional
que sucedió al triunfo de la Revolución Constitucionalista; así como los incidentes de las campañas presidenciales de Obregón, Pablo
González y Lic. Bonilla. Como diputado al Congreso federal y
comisionado para realizar la campaña de este último en Nuevo
León, deja perfectamente establecida la actitud civilista de Carranza, calificada de imposicionismo por los contrincantes de
Bonilla.
Sección interesantísima del libro (pp. 40 a 143), la constituye
la inclusión de la apasionante polémica que hace nueve años suscitó la tesis del arquitecto Joaquín A. Mora, en tomo al sitio en
que se fundó Monterrey. La participación de historiadores como
el propio señor Saldaña, Carlos Pérez-Maldonado, Timoteo L.
Hemández y Vito Alessio Robles, quienes refutaron a Mora; y la
del licenciado Santiago Roel, señor, que secundó al arquitecto, hacen verdaderamente valiosos los artículos sobre tema tan discutido
y que, en opinión de Saldaña, quedó indeciso.
Viene luego un capítulo dedicado a "La Calle Juan Ignacio Ramón", lo inicia con un magnífico antecedente de la ampliación y
prolongación de diversas calles citadinas. Estas páginas son de
fuerte sabor tradicional. Los nombres de las antiguas calles del Nogal (Juárez), del Angel (Guerrero), del Aguacate (Allende), etc.,
reviven al Monterrey que se ha ido para siempre. Su objeto es el
de establecer comparación del costo (2,000 pesos) que en 1861
iría a tener la ya entonces proyectada prolongación de Juan Ignacio Ramón, con el fabuloso de las obras actuales. Inserta documentos interesantes y cierra con una muy bien lograda semblanza de
Ramón, héroe de la Independencia, fusilado en Chihuahua.
Sigue a éste un magnífico trabajo sobre el "Consejo de Guerra
al General Pablo González". Toda la trama de este proceso sensacional, cobra vida en la pluma del señor Saldaña. Acusadores,
557

556

�defensores y acusado, son plasmados en párrafos de precisión fotográfica. Esta parte del libro liga perfectamente con la primera,
de la muerte de Carranza.
Y, finalmente, otro tema muy regional: "Los Puentes del Santa
Catarina". Da cuenta de los primeros que tuvo el río y de su desaparición. Dedica catorce páginas a describir, con todo su dramatismo, la trágica avenida de 1909; y las diecisiete páginas restantes, a las obras de canalización y construcción de los cinco
puentes actuales.
Labor encomiable la del señor Saldaña, realizada con el esfuerzo que supone la importancia del cargo que ocupa.
Con sus Episodios de Ayer, reafirma su calidad de "Cronista de
Monterrey", que le reconocemos y admiramos.

l. C. G.

558

INDICE DE MATERIAS

�Página

El Centro de Estudios Humanísticos de la Universidad de Nuevo Le6n,

por el Dr.

AGUSTÍN BASAVE FERNÁNDEZ DEL VALLE . . . . . . . . . .

SECCIÓN

I

5

PRIMERA

FILOSOFIA

(A) INVESTIGADORES LOCALES

Dr.
Dr.

Significaci6n y Sentido
de la Muerte .......... . ....... . ....... . ................. .

AGUSTÍN BASAVE FERNÁNDEZ DEL VALLE:

CHRISTIAN BRuNET:

Hegel y el Problema de la Subjetividad .. ..

T.: fules Lequier, Un Precursor de la Auto, F'l
nomia
i oso'f.ica .......................................... .

15
41

Lic. CoNSUELo BoTELLO

Dr.

73

La Nacionalidad Mexicana ......... .

95
139

Santo Tomás de Aquino y el Pensamiento
de nuestro Tiempo .......... . .................... . ........ .

161

MIGUEL ANGEL CANTÚ GoNZÁLEZ:

Lic. ALBERTO GARCJA GÓMEZ:

Existencialismo y Psicoanálisis

Lic. MANUEL MENDOZA S.:

(B) COLABORADORES FORÁNEOS

r

Dr.
Dr.
Dr.
Dr.
Dr.

JosÉ VASCONCELOS:

Filosofía de la Coordinaci6n . . . . . . . . . . . .

Luis RECASÉNS S1cHES:

La Objetividad Intravital de los Valores

La Filosofía de los valores en la
Historia y en la Filosofía Alemana actual . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .

181
205

FRITZ JoACHIM VON RINTELEN:

El Suicidio Metafísico . . . . . . . . . . . . . . . . . . .

217
229

Bergson en México: Un Tributo a José Vasconcelos . . . . . . . . . . . . . . . . .. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .

247

MrcHELE

F.

ScIAcCA:

PATRICK RoMANELL:

561

�Página

Página

El Realismo Axiológico en la Filosofía
Tomista . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 267
PEDRO CABA: La acción en la Metafísica presencial, FILOSOFIA
DEL HACER . . .. .. .. .. .. .. .. . .. .. . .. . .. . . .. .. . .. . .. . .. . .
293

Dr. OcTAVIO NICOLÁS DERISI:

Dr.

Vocablos de la Lengua Quinigua de los
indios Borrados del noreste de México . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 489

Prof. EUGENIO DEL Hovo:

(B) COLABORADORES

JoRGE FERNANDO lTuRRIBARRÍA:
SECCIÓN

La Conspiración del Padre Arenas

517

SEGUNDA
SECCIÓN

LETRAS
NOTICIAS

(A)

FORÁNEOS

Y

CUARTA

RESE~AS

BIBLIOGRAFICAS

INVESTIGADORES LOCALES

Problemas Bibliográficos en la obra de
Juan Ramón Jiménez ( 1900-1916) . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 321

Lic. JUAN ANTONIO AYALA:

(A) INVESTIGADORES

Charles Du Bos: Qué es la Literatura
Cesare Pavese: El Oficio de Poeta . . . . . .
AGUSTÍN BASAVE FERNÁNDEZ DEL VALLE: Una Obra de Alain Guy
sobre los Filósofos Españoles de Ayer y de Hoy . . . . . . . . . . . . . .
AGUSTÍN BASAVE FERNÁNDEZ DEL VALLE: La "Lógica" de Eusebio
Castro . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .
ISRAEL CAVAZOS GARZA: Ricardo Covarrubias: Las Calles de Monterrey
ISRAEL CAVAZOS GARZA: José P. Saldaña: Episodios de Ayer . . . . . .
ALFONSO RANGEL GuERRA:

ALFONSO RANGEL GuERRA:
(B) COLABORADORES FORÁNEOS

Algunas Interpretaciones Novelísticas de
la Bolsa . . .. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .. . . . . .
Dr. FERNANDO ALEGRÍA: Alejo Carpentier: REALISMO MAGICO . .
Dr. JOAQUÍN ANTONIO PEÑALOSA: Virgilio en México . . . . . . . . . . . .
Dr. Juuo J1MÉNEZ RuEDA: El Instituto de Literatura Iberoamericana
Dr. ALFONSO REYES: Los Infiernos Helénicos . . . . . . . . . . . . . . . . . . .
Dr. SEYMOUR MENTON: La novela experimental y la República comprensiva de Hispanoamérica . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .. . . . . .

Dr. MYRON I. L1cHTBLAU:

SECCIÓN

331
345
373
387
397

LOCALES

545
547
549

552
555
556

409

TERCERA

HISTORIA

(A) INVESTIGADORES LOCALES

Algunas Características de los pobladores de Nuevo León, en el Siglo XVII . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 467
CARLOS PÉREZ-MALDONADO: Por qué se vino a vivir a Monterrey el
Dr. don José Eleuterio González ......... ~... . . . . . . . . . . . . . . .. 481

Prof. IsRAEL CAVAZOS GARZA:

563

562

�Acab6se de imprrmir el d!a 8
de febrero de I 960, en los
Talleres de la Editorial J us,
S. A. Plaza de Abasolo 14,
Col. Guerrero, México 3, D. F.
El tiro fue de 1,000 ejemplares.

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                  <text>Humanitas es la revista de investigación más antigua del noreste de México en el área de Ciencias Sociales y Humanidades, se publica desde 1960 y actualmente está indexada en Latindex. Es una revista arbitrada y de acceso abierto que considera para su publicación artículos originales escritos en español e inglés, que sean el resultado de una investigación científica y que representen una clara contribución al debate y conocimiento de las áreas de la revista: Filosofía, Letras, Ciencias Sociales e Historia.</text>
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              <text>https://www.codice.uanl.mx/RegistroBibliografico/InformacionBibliografica?from=BusquedaAvanzada&amp;bibId=1784592&amp;biblioteca=0&amp;fb=20000&amp;fm=6&amp;isbn=</text>
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                <text>Humanitas, Sección Noticias y Reseñas Bibliográficas, 1960, Año 1, No 1, Enero</text>
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                <text>Basave Fernández del Valle, Agustín, 1923-2006</text>
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                <text>Humanitas es la revista de investigación más antigua del noreste de México en el área de Ciencias Sociales y Humanidades, se publica desde 1960 y actualmente está indexada en Latindex. Es una revista arbitrada y de acceso abierto que considera para su publicación artículos originales escritos en español e inglés, que sean el resultado de una investigación científica y que representen una clara contribución al debate y conocimiento de las áreas de la revista: Filosofía, Letras, Ciencias Sociales e Historia.</text>
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                <text>Universidad Autónoma de Nuevo León, Centro de Estudios Humanísticos; Editorial Jus</text>
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                <text>Cavazos Garza, Israel, 1923-2016</text>
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                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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        <name>Calle de Monterrey</name>
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        <name>Charles Du Bos</name>
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        <name>Oficio de poeta</name>
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        <name>Ricardo Covaburrias</name>
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                    <text>HUMANIT AS
--¡ANUAIIO :DEL CENTRO DE F.STUDIOS HUMANISnOOS

,
UNIVERSIDAD DE NUEVO LEON
N'2

19 6 1

�.........,..

�HUMANITAS
ANUARIO DEL CENTRO DE ESTUDIOS HUMAN!STICOS

UNIVERSIDAD DE NUEVO LEÓN

N' 2

Año II
196 1

�N U M. 2

196 1

A~ O I I

HUMANITAS
ANUARIO DEL CENTRO DE ESTUDIOS HUMANÍSTICOS
DE LA UNIVERSIDAD DE NUEVO LEÓN
CENTRO DE ESTUDIOS HUMANfSTICOS DE LA
UNIVERSIDAD DE NUEVO LEÓN
Presidente y Jefe de la Sección de Filosofía:

DR.

AGUSTÍN

BASAVE FERNÁNDEZ DEL VALLE

Jefe de la Sección de Letras:
Lic. JuAN ANTONIO AvALA

Jefe de la Sección de Historia:
PROF.

IsR~EL CAvAzos GARZA

Jefe de la Sección de Ciencias Sociales:
Lic.

ALBERTO GARCÍA GóMEZ

Je/ e de la Sección Editorial:

LIC. ALFONSO RANGEL

GUERRA

EDITORIAL JUS
MEXICO, 1961

�HUMANITAS
Correspondencia: Centro de Estudios
Humanbticoa. - Dirección: Zaragoza
Norte 244. -

Monterrey,

N.

L.

I

DICE

SECCIÓN

PRIMERA EDICION

PRIMERA

FILOSOFIA

Marzo de 1961.-1,000 ejemplares.
(A)

Dr. AousTÍN

INVESTIGADORES

LocALEs

Filosofía y Filosofar
Lic. CONSUELO BoTELLO: lAs Categorías . . . • .. . • . . . . . . . . . . . . . • . . .
Lic. LulS RABAsA: La Filosofía de la Materia en un Tomista Contemporáneo . . . . . . . . . . . . . . . . . . • . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .
Dr. RoBERT S. 8.ARTMAN: Lo Analftico y lo Sintltico como Categorías
Metodológicas . . . . . . . . . • . . . . . . . . . . . . • . • . . . . . . . . . . . • . . . . . . .
BASAVE FERNÁNDEZ DEL VALLE:

(B)

Derech01 Reservados

©

por el Centro de Estudios Humanisticos de la U.N.L.

La retponsabilidad derivada de los estudiot contenidos en este
Anuario corresponde cxcluaivamente a 1us mpectivot autores

13

43
55
99

CoLABORADORES foRÁNEOS

Dr. ANTONIO GóMEZ Roeuoo: Introducción a la Política .Aristotélica
Dr. Luow10 ScHAJOW1cz: El Hombre y sus Veneraciones . . . . . . . . . • .
Dr. ALBERTO CATURELLI: Breve Ensayo sobre el Ser . . . . . . . . . . . . . . . .
Dr. PEDRO CABA: Soledad en el Hombre . . . . . . . . . . . . . • . . . . . . . . . . . .
Dr. Ivo HoLLHUBER: Rez,alorización de la Filosofía y Jurisprudencia
amenazadas de desquiciamie11to en sus conceptos básicos . . • . . . . .
Dr. PATRICK Ro11ANELL: Fe contra Ciencia: una Resolución al Conflicto . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . • . . . . . . . . . . . . . • • . . . . . . . .

129
145
163
191
217

239

7

�SECCIÓN
SF.CCIÓN

CIENCIAS SOCIALES

LETRAS
(A)

(A)

Jr..'\'ESTICADORES LocAU:S

Lic.

( B)

Dr.

(B)

JOAQUÍN ANTONIO PESALOsA:

325
343
355

SECClÓN

389
401
419

TF, RCERA

HISTORIA
J::-,'VESTIOAOORES

Loc:ALES

lsRAEL CAvAZOS GARZA: La Obra Franciscana en Nuevo Le6n . . . . • . . 437
JosÉ P. SALDAÑA: Don Martln de Zavala • .. . .. . .. .. .. . .. .. .. .. . . . . 453
To1a1Ás Mnr-.DlR1CHAOA Cu'llVA: Médicos)' Hospitales en r.l Nuevo Reino
de Lt611 . • . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . • . . . . . . . • . . . . . . . • . . . . . . . . . . . 471

Dr.

Los Comienzos de la Colonizaci6n Española en el
Nur.vo J.I undo • . • • . • . • . • • . • . • • . • . • . • • . . • • . . . . . . . . . . . . . . . . . 495
Abog. RoooLPO Ruz MB?-:ÉNDEZ: La Patria Lejana . . • . . • • . . . . . . . . . • 509
XAVlRR TA,.ERA ALPARO: El Pesimümo Mexicano a la Mitad del siglo
.YJX .. . . •.... ... ............. . ... . . . ... . .. . . . ••..•.. . .••. 517
SIL\'JO Ü.\'ALA:

549
577

601
617

Qul:'-:TA

NOTICIAS Y RESE~AS

..

BIBI..IOGRAFICAS

SALINAS QulROOA: Co11greso de Sociología Política, 643.JoACHIM ,·oN R1!&gt;o'TELF.N: Encur.ntro entre Orirnte )' Occidente,

GENARO

ANGEL

(A)

COLABORADORES FORÁNEOS

371

MA:-:UEL MENDOZA

SECCIÓN

De la Guerra )' de la Par. . . . . . . . . . . . . 527

Dr. Luis RECASÉ!'~s-S1cnEs: La Finalidad en el Derecho . • . . • . . . . . .
Lic. DESIDBRIO GRAUE: La Justicia Distributiva • •.. .. , . . . . • . . . . . . . .
Dr. W1L1JAM M. W1NNIE: 1A tene11cia de la tierra en la Cuenca del
Bajo Paptiloapan ... .... , • • . . • • . . . . . . ..• . . . . . . . . . . • . . . . . • . . .
Prof. Dr. C. A. CANNEOIET.ER: Sociocracia. Un medio para mejorar la
vida de la comunidad . . . . . • . • . . • . . . . . • . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .

COLABORADORES FORÁNEOS

Hernando I&gt;ominguez Camargo, Primogénito de G6ngora . • • • . . . . . . • . • • . . . . . . • . . . • . . . . . . • • . • • •
Dr. Suo10 F.ERNÁNDEZ: El Mal Amor . .. . ... .. .. . .... .... . •• , . . .
ERNESTO MEJÍA SÁNCllEZ: !.A Vida en la Obra de Alfonso Re,·es . . • . • .
PORFIRIO l\ÍARTÍNEZ PEÑA.LOZA: Ignacio Mariscal, Traductor de Poesía
Francesa . • . . . . . . • • . . . . . . . . . • • . . . . . . • . . . . . . . . . . . . . • . . . . . . .
Dr. MYRON J. LrcHTBLAU: Temar 'Y Tlcnica en los Cuentos de Bduardo J.1allea . . . • . • • . • . . ... • • • • • • • . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . • • • . •
Gt:ORGE. J. Eoat:ac: Un Estudio de Don Manuel del Pr.z, una Creaci6n
Literaria Galdosiana . . • • • . • . • . • • . • . . • • • • • • • • . • . . . ... . . . . . . . .
Dr. CHRISTOPH Eren: E11sayo de Topología Uteraria . . • . . . . . . . . . . .

JN\'ESTIGAOORES LocAt.ES

Lic. ALBERTO GARCÍA G6MEZ:

El Problema de los Géneros Literarios . . . . 259
ALFONSO RANG&amp;L GuERRA: !.A Poesía de Bias de Otero . • • . . . . . . 269
Luis AsTEY V.: El Mito Acadio de Zu y Dos Documentos Afines 299

Lic. JuAN ANTONIO AVALA:
Lic.

CUARTA

SECUNDA

S.,:-.c,rnz: Comentario a José Gaos,

FRIT"L

645.-

669.-Mrcu&amp;L

CA.."ITÚ: "Vida )' sentido", por Luis Abad Carretero, 673.-JUAN

Handbook of 1.atin American Studies, No. 21, 681.juAN ANTOl\'lO AYALA: Crítica literaria, por Manuel Gutiérrez Nájera
(Obras, 1), 682.- AcusTÍN BAsAVB Fotz. DEL VALLE: Rclncion~s de la
filosofía, por Francisco Romt'ro, 683.- AousTÍN BASA\"E FnEz. DEL VALLE: Tratado general de filosofía del derecho, por Luis Recaséns Siches,
685.-ALFONSO RANGEL GUERRA: Estructura de la lírica modr.ma, por
Hugo Friedrich, 687 .-ALFosso RA:-:GEL G1JERRA: / orge Luis Borges,
un ensayo de interpretación, por Rafael Gutiérrez Girardot, 690.-ALBERTO GARCÍA GóMEZ: Derecho lnternacio11al Público, por César Sepúlveda,
691.-lsRAEL CAvAzos GARZA: Apellidos de Nuevo León. Guerra . .Apellido materno de Fray Semando, por Tomás Mendirichaga Cueva, 692.IsRAEL CAvAZOS GARZA: El Benemlrito Educador Nucvoleonés Profesor Dn. Serafín Peña. Datos biográficos, por Plinio D. Ord6ñez, 693.

ANTONIO AYALA:

9
8

�Sección Primera

FILOSOFIA

�FILOSOF1A Y FILOSOFAR

DR.

-

AGUSTÍN BASAVE FERNÁNDEZ DEL VALLE

Oentro de Estudios Humanísticos
de la Universidad de Nuevo Le6n
Sumario: l. Esencia de la Filosofía y Raíz del Filosofar.-2. Fundamento y Sentido del
Filosofar.-3. ¿ Qué signüica ser Filósofo?-4. La Filosofía como Forma de Vida.-

5. ¿Para qué sirve 1a Filosofía?--6. Filosofar para mejor vivir.-7. Filosofia como
compromiso.-8. Hacia una Filosofía Existencial, no Existencialista.-9. La Filosofía prepara para la Salvaci6n.-10. La Filosofía al servicio del Hombre -Philosophia ancilla vitae.-1 l. El Hombre al servicio de Dios.-12. Abertura de la Filosofía a la Salvaci6n.

l.

EsENClA DE LA FILOSOFÍA v RAíz DEL FILOSOFAR

una definición de la filosofía en la que todos los filósofos
estén de acuerdo, es lo cierto que todas las filosofías pretenden dar una explicaci6n fundamental de la realidad entera. Por debajo de las pugnas de la historia, los filósofos han perseguido siempre un mismo objetivo: la sabiduría
humana. La tradicional definición de la filosofía como conocimiento cientiAUNQUE No EXISTE

fico de las cosas por las jJrimeras causas, en cuattto éstas conciernen al orden
natural, recoge la fundamental coincidencia genérica de todos los sistemas, a
saber: que la filosofía pertenece a un orden cognoscitivo -no afectivo- y
que pretende saber decir las últimas razones de realidad universal.
Es preciso, sin embargo, no dejarnos llevar por un optimismo racionalista.
La filosofía pretende llegar a una integral comprensión de la realidad total,
pero una cosa es el intento y otn, muy diferente, la realización. Nunca llegaremos a conocer, exhaustivamente, el orden nahrraL Nos topamos, al final de
cuentas, con el misterio, con la franja nebulosa. . . El último acto de la razón
-como lo advirtió Pascal- es reconocer que la razón tiene límites. Cabe
agregar, no obstante, que como no se pueden establecer "a priori" estos límites, siempre es posilile, en la práctica, el progreso indefinido del filosofar.

,

13

�Algo le falta a la clásica y tradicional definición de filosofía. Autores muy
próximos a la filosofía aristotélica }' medieval han hecho notar que esa definición, aunque cierta, es incomplela. En efecto, échase de menos el aspecto de
"sabiduría yjtal de los últimos problemas humanos" que tiene la filosofía. Si
suprimimos el carácter de síntesis superior y ,·ita] de los conocimientos del
hombre, nuestra disciplina pierde todo su valor íntimo y c..xistencial. Una filosofía que no esté al servicio del existir -dicho sea con absoluta sincerida&lt;lno nos interesa.
En español, la palabra "filosofía" l designa la suprema ciencia natural puramente humana, Fruto, esta designación, de la concepción greco-latina que
e1mc nosotros c;ícmpre ha estado presente. Etimológicamente la voz filosofía
-formada por dos palabras griegas ''philo" y "sophia"- significa amor o
tendencia a la sabiduría. Ni ignorancia infrahumana, ni sabiduría divina. Trátase de un saber natural y propiamente humano, de una justa medida de la
potencia intelectual del hombre. Al hombre sólo le es posible conseguir una
docta ignorancia ( bien distinta, por cierto, · de la ignorancia del palurdo) .
"Así pues -apunta Nicolis de Cusa-, a ningún hombre, por más estudioso
que sea, le sobrevendrá nada más perfecto en la doctrina que saberse doctísi mo en la ignorancia misma la cual es propia de él. Y tanto más docto será
cualquiera cuanto más se sepa ignorante". 2 Desgraciadamente esta &lt;locta íg-

.

' Aunque tradicionalmente se nos había venido diciendo que se debe a Pitágoras
la invención del vocablo "filosofía", lo cierto parece ser que fue Hrráclito quien por primera ,·ez crnple6 el tC:·rmino "filósofo". "Es n('c,·sario - dice Heráclito- que los filósofos sean buenos investigadores de muchas cosas" (Fragmentos 35, Diels). Herodoto
usa el verbo "filosofar" al atribuir a Creso -quien se dirige a Salón- las ,iguiemes
palabras: "he oído que, por el placer de la especulación, has recorrido, filosofando,
muclios países' (Hist. I, 30). Tucididt's hace e.'Cpresar a Pericles: "Amamos lo bello
i:on medida'', ''filosofamos sin molicie" (Guena del Pel., II, 40). Eutidemo, según
apunta Xcnofonte, ~r cree "muy adelantado en filosofía" (Mcm. IV, II, 23). En todas
estas frasc.1 de escritores clásicos se advierte un concepto de íilosoffa como afán de
conocer fas cosas todas, como "cultivo intelectual''.
Cicerón y Di6grnc5 Laerdo son los principa les promotores de In venerable tradición
c¡uc atribuye a Pitágoras la inn·nción del término "íilosofía" (Véase del primero "Tusc
V., c. 3, n. 7-9"', y drl segundo "Declaror. Philosoph. vitis, [eclic. DidotJ 1, B, c. J.
n. B"), Conocemos de sobra el bello relato y no es el caso de volverlo a reproducir. Pero cabe apuntar que la anfrdota reco¡:r, admirablt'mrnte, el carácter de búsqueda desinteresada -pragmáticamente hablando--, noble. contrmplativa y amorosa que ha
tenido i;icmpre la actitud filosófica. Parcrr ser, s1•gún el testimonio de los mejores historiadores de la filosofia, que un pitagórico llamado .Heráclides Póntico atribuyó a Pitágora.s -por el fervor que le profesaba- lo que era propio de la modestia socrática )'
fl aprendió cuando concurrfa a la escuda platónica. De esta opinión participan Kurg,
Ritter y Preller, Jaeger.
: NmoLÁs DE CUSA, La Docta Ignorancia, pág. 25. Editorial Aguilar, 1957 .

H

norancia, de pura cepa socrática ha sido amplificada hasta el extremo por el
"problematicismo filos6fico,, y por la "dialéctica del no-saber". Bástenos dec_ir que el hombre, aunque nunca llegue a poseer la abidmía en plenitud,
siempre tenderá hacia ella y de ella recibir::í reflejos y orientaciones. Ese poder
zaumúsico que nos Jleva al propósito de lograr ese anhelado sabrr de la uniYersalidad de lo universal, es in-eprimible e inoC11ltable. Antes que otra cosa,
la filosofía es una realidad vital, un hecho histórico. Filosofamos porque sentimos, como ley imperiosa de nuestra mente. b necesidad de buscar afanosamente la Ycrdad, para hacerla sustancia propia (''ampkxus veritatis"). Tengo la certeza de que antes de haber sido b filo~ofía una auténtica realidad
dentro de mi espíritu, ha estado ahí: como algo existente -en libros, cátedras, sociedades y congresos- fuera de mí. .hfanifestación 1 sí se quiere, social,
externa, visible e impositiva de su existencia; pero no por ello menos contundente. Y esta manifestación objetiva, histórica, me enseña por de pronto, c¡ue
no estoy frente a un cuerpo de verdades acabado, concluido. A modo de
"Geiser" incontemble brota de mí propio ser e] af:in de investigar la verdad
arribando hasta el ser de las cosas, hasta la comprensión cabal del Gnivcrso.
Me importa poner en claro el qué de las cosas y el qué de mí mismo. Es mi
propia vida, con sus angustias y esperanzas, la que me insta a filosofar. Por
mi propia cuenta y riesgo personal ando en pos de verdades comprometedoras.
No se trata de \'erdades como las de la Botánica o la Mineralogía. Se trata &lt;le
un imprcuin"dibú- menesta de ubicación )' de autoposesión. Y en ese menester me juego a mi mismo de manera integral, porque en la búsqueda y descubrimiento de la verdad me identifico con la ülosofía. No ocurre cosa semejante con ninguna otra ciencia. Todo auténtico filósofo forja una filosofía y
la encarna. Pero esta filosofía no es una simple abstracción: es 1a vida, en su
sentido radical, henchida de significación.

Las hipótesis del hombre de ciencia -falsas o verdaderas- no alteran la
vida del científico. Otra cosa ocurre con el filósofo. Su vida queda radicalmente afectada por el hecho de que admita o rechace la existencia de Dios; por
el hecho de que encuentre un sentido y un fin del mundo o porque cree que
el Universo es el resultado de ciegas combinaciones mednicas; por la conclusión de que el bien sea una realidad o una ilusión ... ''Hay en la filosofía
-observa Michcle Federico Sciacca- una esencia de totalidad, profundamente metafísica y hasta diría religiosa, que falta en la ciencia".ª Las diversas filosofías determinan cosmovisiones fundamentalmente diferentes. Ya por el
hecho de que estemos insertos, em·iados o puestos en un mundo dentro del
' M1cHP.LE FtDER!Co SCIAcCA,

La Filosofia y ti Concepto d, fa Fi!osa/ía, pág. 21.

Ecliciones Troquel, Buenos Aires, 1955.

15

...

�cual hemos de hacer nuestro quehacer -- faena vocacional- y ante el cual
hemos de ser responsables, estamos comprometidos. Pero este compromiso
vital se vuelve lúcidamente consciente -y por ello mismo apremiante- con
la filosofía. Asumimos, al filosofar, el riesgo y la responsabilidad. Puedo equivocar mi ruta y debo responder de mi vida. Mi conciencia histórica me soli' dariza con las generaciones pasadas y me señala mi responsabilidad ante las
generaciones futuras. Con mi conducta me juego mi vida y, en parte, la vida
de otros. No puedo ser espectador. Tengo que ser actor. Actor que actúa en
una vida que es conflicto, desazón. Y mis acciones -para que no sean simples agitaciones- tienen que estar precedidas de contemplaciones.
Necesito cultivar la reflexión filosófica para saber ver, saber pensar, saber
sentir, saber amar, saber decir, actuar y vivir. "La mayor miseria del hombre -afirma Etienne Lamy- no es la pobreza ni la enfermedad ni la muerte, sino ignorar por qué nace, sufre y muere". En este sentido, el saber filosófico -integral, armónico y coherente- reviste para el hombre una importancia extraordinaria e insustituible. No puedo quedarme en la superficie de
las cosas. No quiero detenerme sino hasta llegar a la causa primera, al origen
y razón de las cosas. Siento el imperativo de acercarme a la esencia, a la estructura óntica de los objetos y escrutar su fondo invisible, subyacente, ontológico.
Pero no basta apuntar la necesidad de cultivar la reflexión filosófica, como un imprescindible menester de ubicación y de autoposesión; menester es
inquirir por el fundamento y por el sentido del filosofar.

2. FuNDAMENTO v

SENTIDO

DEL FrLosoFAR

¿ PoR QUÉ CULTIVAN LOS HOMBRES LA FCLOSOFÍA? ¿Qué es lo que les impulsa

a ir tras este tipo de saber?
Aristóteles inicia su Metafísica apuntando lo que considera como la raíz
humana del filosofar: "Todos los hombres tienen naturalmente el deseo de
saber. El placer que nos causan las percepciones de nuestros sentidos son una
prueba de esta verdad. Nos agradan por sí mismas, independientemente de
su utilidad, sobre todo las de la vista". Pero cabría aún preguntarle a Aristóteles: ¿por qué todos los hombres tienen naturalmente el deseo de saber? Porque no basta indicar un hecho: la sed de saber, se precisa explicarlo, hasta
donde sea posible.
Nuestra condición de seres contingentes es, en una gran medida, incertidumbre sustancial. Inseguridad y riesgo son notas inseparables a la vida hu-

mana. Nuestras adquisiciones, fruto de laboriosas faenas intelectuales son
.
.
'
~e~pre ~r_e,canas. T_en~mos que pensar -y pensar bien- para poder subs1s_t1r. Qu1s1eramos e ~ la incertidumbre y el riesgo. Y si no podemos elimmarlos del todo, aspiramos, por lo menos, a guardar el equilibrio. Tenemos
que elegir y decidir, a cada momento, la direcci6n de nuestra vida. "El hom~re ~ ha perdido muchas veces y a lo largo de la historia: más aún, es constitutivo del hombre, a diferencia de todos los demás seres, ser capaz de perd.~rse en la s:lva del existir, dentro de sí mismo, y, gracias a esa otra sensacion de perdrmento -observa José Ortega y Gasset-, reobrar enérgicamente
p~r~ volver. a encont~arse. La capacidad y desazón de sentirse perdido es su
tragico destino y su ilustre privilegio". c1 Pero la filosofía no es tan sólo una
técnica vital para salvarse del naufragio. Más allá de los menesteres temporales Y el "Eros" de seguridad y certidumbre, se da el "Eros" filosófico. El hombre se extraña de la realidad circundante y de su propia realidad. En ese instante ya no cuenta con las cosas usándolas, gozándolas o temiéndolas, sino que
se pone frente a ellas, se sitúa fuera, extra1iado de los objetos y se pregunta
con asombro por esas cosas próximas y cotidianas que ahora, por primera vez,
se le ap~re_cen como problemas. ¿ Qué es esto? ¿Porqué es? ¿Para qué es? Estas
caractensticas preguntas suponen una actitud que Zubiri ha denominado teoré~ica por oposición a la actitud mítica. Surge en Grecia, un buen día, por
prrmera vez en la historia, y desde entonces el mundo ya no ha dejado de hablar de filosofía. Así, pues, la Filosofía es, en mucha parte, hija del asombro.
El que tiene v~r~, sino. para comprenderla -explicándola causal y teleológicamente-- y v1V1rla meJor. Pero la filosofía no puede quedar reducida a una
medit~ción sob_re la vida o sobre la historia. No se trata tan sólo de inquirir
la r3:2on de IIl1 ser en el mundo, sino de investigar, también, el significado
propio del mundo en que tengo que vivir. No me basta saber cuál es la más
ínt~a ,co.ntextura d~l espíritu humano, aspiro a desentrañar el significado y
el f m ~ltnno ~el .W:Uverso. Esto quiere decir, en otros términos, que anhelo
descubnr el pnne1p10 absoluto de la vida univcr5al y el fundamento de los
valores espirituales.

Estando en soledad, y en el mundo, me encuentro a mí mismo sintiendo fa
tensión entre mi desamparo ontológico y mi afán de plenitud subsistencial.
Filosofo porque aspiro a la plenitud subsistencia! y porque quiero protegerme
contra mi desamparo ontológico. Pero como toda plenitud lograda es siempre relativa y está amenazada por el desamparo, prosigo filosofando siempre,
en mi "status uiatoris", hasta llegar a la muerte.
• JosÉ ORTEGA Y GASSl!.T, El Hombre
dente, Madrid, 1957.

)1

la gente, pág. 61. Editorial Revista de Occi-

17

16

H. 2

�cp me inapde a COllOCel' filol6fnmente. De aJú la batima y profunda hu,.
....... de la fiba&amp;a. Por el hecho mismo de - raci,na~ DO puedo reDllilciar a .la IOluá6n del problema IObre el sipificado de mi vida ain re.QIIDCW' a
i. . . . vida bmnana. A nadie le puede• mdiflftllte el problema de 111
dllitiQo penonal. A todos nos importa llber de dónde 'fflmllOI; a dónde vam. Por . , ha dicho Sciacca que "el problema de i.. 6bafta 1e identifica_,
~ COll el problema de Ja vida apiritual del hombre. La filoeofla es atJa0,lmentr. humana, inchuo cuando el objeto de 111 invesdgaci6n DO es el homln y 1111 problemas. Una flboffa que DO sea profunctizaci6n en la vida espiritüal DO es fibofia tino ejercicio J6gico vano y vado".• Ydosofamos IObre la
vida, DO para apartarnos de ella O disolvemot en temas fih6ficot literatu-

~ afanel le 1le\'IA a la filmoftat
Qu6 . . de hemble • el fi161ofo? ¿ ~
.
WlñlRf m6a de• iNlc;a, m clefinitM, tnl de ID peaquaa? Conviene el8
'
l~
tignfficeci4n del fillilo(o.

tlD•dame#e, 1a - - -

'

s. eQri mMJnCA

na Fn.6so,o?

ACCB&gt;EMTAL11BNT1 Por el mero hecho de existir
EL PltOSOFAa NO AOONTBCB
producto del ribofar.
humana~ acontece la fibaffa comotodo
tro ser os convertimos en
fibol
lo hacemos con
nues
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01aQdo
amoe,
t6 una voz española entre 1IOl0trol.
altaws entitatiw de las COIII, como apun
.....1:-"IJ. se racatan del
,,.....1-- al hombre las cosas salen a la luz de lo ~M.116..,.... y
•
adtica
Ul'III.IM
la
templaci6n requiere una continua
olvido. Pero la libertad en con .
inmmpatible -en el filósofo,
del pensamiP.Dto Y del 6zgano cordial, q~ es
de poder o se realiza el

~

rialoJ.
~ ea fib6fico es un vehemente amor de participar con el meollo de

= :n

nuestra penona en lo esencial de todos les entes posibles. Esta puticipad6n
le reaJia en el hombre ntlno, con la totalidad de sus facultades espirituales

mperiorea. Filoaofa el hombn: entero que quiere llegar a una unión inmediata entre su 1er y ef ser de lo esencial. El conocimiento filoa6fico se hace potil,le por el desposeimiento 11D01010 de la penona que, bauniJIIDdo su )'O y
avtc,dnmiaáncbe, llega, sin ánimo concupj,cente, al ser y al valor de los ob;... Entnga a la pura esencia eterna que DO se podria dar sin la primaria
coavir.ci6n evidente de que la 11nada no •t", o, dicho de otra manera: algo u
~•• La "obviedad" del ser no impide el uombro al fil6aofo ante el
hecho de que en general aJgo es. ¿Por qué hay ente y DO más bien nada?, prepta Heidegger. ¿Por q~ IOIDOI y no DO-IOIDCII?, preguntamos por nuestra
parte. El camino de acceso a todo lo contingentemente existente, que sigue la
fibafta, ae encuentra en el orden y en la jemqufa que guardan e9CJI exiatentel con el Ser Absoluto y su esencia.

por lo menoe-:- con el af~
una ~ n doloroaa del
anhelo IOCJ'ittc:o de ~Jarle ºdad especulativa no hay sabiduria humana
alma hacia la ventad. Sin esta castila
• estitica que le quiera; una dispopoaible, aunque exista toda la ~P cenaa
.
inquiriendo problemas,
sici6n filoll6fica está siempre admirando, pel'Cibitndo, ·dos. A esta disposici61l
inc6gnitas, arcanos que al vulgo le pasan ~t6di incompatible con
de inocente e inquieto niño se debe aunar un ngor me co
la facilidad y 1igeraa del ~6n~ ~ d o coherente y arm6nica, que rePara alcanzar una concepa
. tas propo'rciones, se requieie la filolofia.
le
-'-todos los __.¡aliSfflRI a sus JUI
d
uzca
w.-7
1 bitu adquiera SU temp y IU a,¡p;y se requiere, tambim~0
~co nunca se ha edificado ninguna
si6n interna. Sobre el
1 Prof August Brunner- influye
cultura suJ&gt;ffl?r·. "El ~o~~ qu~ se agitan en el mundo, sin
con sus conocmuentos en
achasccio
de ello Muchas posibilidades han
1 tales mu
veces
·
eli
que se p e ~ os
das de la IOCiedad porque primero fueron •
quedado para nempre descarta
ámbi de la filoeofía". •
• ~entes de los
tos
minadas como ID1y•""":.
ma curiosidad nos lleva hacia un saber puro,
Una especie de exqumta Y fi
balumba abigarrada y multiforme de
com remivo simplificacb. Toda esa
tal
reducine a
p todo ' universal hacinami~to de sucesos puede;
vez, la realidad
cosas,
~ . . suprasensibles. No me basta saber c6mo es
-sí.
UDOI pocos prmapaos .
.
.
la met6dicamente en su puro ser-en
.. _:. ___ , para mí· aspU'O a mvestigar
·
•
....:.. la
uwve&amp;-.i
,
definida
el saber; es D1I propa ese.Mi entidad humana aparece
por

:;m~

• Pam. Auovn BaV1'1ND, ltl,llrio llilos6füo,
drid. 1952.

18

pq.

17. Bcli10ria1 1laz6n y Fe, Ma•

•

Ya 1e habrá advertido que la fdasofia es, para ella misma, el primero de
IUI problemas. Caso único entre las ciencias de un problematismo que revierte 10bre la propia esencia de la ciencia filoe6f1CL Sólo la fiJoeoffa puede establecer Jo que ea filoaofta. Lo que no quiere decir, claro está, que la fibof1a
deba comertine en una pura indagaci6n filológico-etimol6gca. Qumse indicar, únicamente, que comenzamos a filoeofar cuando el pensar pretende
lituane mú allá de todo supuesto en general, aunque resultase ioaicanable
la ablOhda independencia de todo supuesto. Con 1111 propiol medios, la filo.
IOffa c:lelfflDina 1U objeto, 1US fines y 5UI DJ&amp;odos; detennina Jo que quiere
¡irtpntar y lo que quiere responder. "Acuo pueda designarse al filóeofo -&lt;JI,.
sena Simmel- diciendo que es el hombre que posee el órgano apropiado pa' VJc,m a Fanmco ScuccA, Hillorila ü lc Filoioffa, P',. 12. Luia Mirade, editor.

19

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1

�Elaborando los datos de su experiencia, todo hombre digno de tal nombre
se construye una visión del mundo y de la vida. En esta constnicci6n, vibran•
te de vida interior, no se puede prescindir del sentimiento del "yo", de la
dignidad de la persona, aunque la \'erdad deba cimentarse sobre lo absoluto, independientemente de las contingentes fluctuaciones de cada hombre.
La visión del mundo y de la vida, que es una teoría sintética de la realidad, no puede ofrecérnosla ninguna ciencia particular. Más allá de las
relaciones que studia 1a matemática ; de los fenómenos estudiados por la física, la química, la biología, etc.; más allá de número y de figura,; de mo\·imientos y de condensacione energéticas1 ambicionamos penetrar ontológica
e intensi\'amente en la realidad, para obtener una explicación del significado
de la e.xistencia.
El significado de la existencia humana no se puede desentrañar sin partir de la libertad creadora vivida desde dentro. Jamás comprcndcrt'mos el
significado de la existencia humana estudiando desde fuera -y sólo desde
fuera- los datos humanos. Me encuentro a mí mismo más allá del despliegue
del objeto y más allá del repliegue egoísta. Para alcanzanne tengo que vivirme, en una ex-periencia original, como una creatura que sintiendo su insuficiencia radical se afana, no obstante, por salvarse, por llegar a la plenitud
subsistencia!. En este afán me sobrepaso, me trasciendo para remontarme
hasta el ámbito del Ser Absoluto. Sobrepaso el flujo del devenir y me entrego libremente al Ser que no deviene. Entrega que me compromete a mantener mi promesa y mi palabra. Fidelidad personal y creadora qu • se guarda en
medio de una comunión ontológica. Es en el libre despliegue de mis march:is
y contramarchas donde sorprendo el sentido de mi ser. Porque me importa, en
definiliva, conocer la vida, conocer mi vida, su .sentido o sinrazón. Y no hay
otro modo de poseerla que por la conquista o reconquista de cada momento.
Toda teoría ~ una tentativa de acercamiento, una exhortación para 1a verdadera vida. La verdad misma la tengo que obtener como fruto o regusto de mi
esperanza o de mi angustia, de mi íe o de mi desesperación, de mi e.xperiencia
ontológica, en suma.
rge estrechar los lazos entre la filosofía y la vida. o basta contemplar
esencias estáticas, es preciso examinar el surgir y el caminar de la libertad en
todos sus pasos. Cada hombre tiene la tarea fundamental de. hallar el sentido del ser en concreto, de su ser. Lo cual no quiere decir, por supuesto, que
no se deba jam:ís disertar más allá de la experiencia concreta, como lo pretende cierto existencialismo. Quiéresc afomar, únicamente, la necesidad de
experimentar aquello de que se habla, siempre que se pueda, y de dar, a clicha
experiencia, una expresión concreta. Esto significa, en otras palabras, vivir la
verdad. Pero sería lamentable sacrificar 1a estructura racional y la solidez

22

obj~~iva en ~r~. de los análisis subjetivos y de la atm6sfera e.xistencial. Evocaoon dY def· 1mc16n
son indispensables para la vida del espíritu . Q ue d arse en
•
puras., escnpo~~es Y postular la inexistencia de lo indescriptible es negar la
reflc."&lt;lon metafts1ca y es cercenar al espírin1 humano su parte más bl
E , .
.
no e.
. 1 mmimo requendo para participar en la~ prerrogativas humanas es decir,_ par~ fonna~ _parte de la humanidad, con iste en ser animal espi:itual, 0
~CJor aun: espmtu t.ncar,nado. Este mínimo nada prejuzga sobre lo que seré
d)O o sobre lo que
. . serás tu. Partiendo del dato inic1'aJ --esp'm't u encarnadoesenvucl\'o nu hbre espontaneidad, generadora de mi peculiar actitud. Pued~ y d~~ escoger_ la manera de realizar mi espíritu encarnado. oy señor de
~~ decmon por DtOS o contra Dios. Depende de mi libertad iluminar mi vis1~~ del mun~ y d: ~a vicia teniendo cuenta de Dios. 'o quiero parodiar la
div~na autarqwa, engiéndome en principio suficiente de mí mismo. Soy parte mtegrantc del panorama que contemplo. Tengo que dar mi testimonio.
de la existencia trae aparejado un consecuente modo d
..
N Un aber
d · • •
e ex1st1r.
o .e pue e \'IVIr sm ~aber cómo es bueno vivir. Esforzarnos por realizar ·n
plenitud n~estra vocación y conducirnos de acuerdo con el saber obtenido es
~e~/el/116sofo autén~co. • o basta tener una filosofía, menester es vivi~la.
.a 1 oso ta no es tan solo un saber, sino también - v acaso m"-s
e ·1 1 .
,
.u
un entu1asmo. ¿ ua es e sen ttdo de este entusiasmo? ¿ Para qué sir\'e la filosofía?

5. ¿PARA

QUÉ SIRVE LA FILOSOFÍA?

HAs:A Ali.º~. SE NO HA ,.ENIDO DICIENDO, con notable insistencia, ue la fi.
losof1a ~s mutil. i Entendámonos! La filosofía es inútil en cuanto su ~ctividad
e~ esencialmente es~ec~lativa y no pragmática. En este sentido, habría que de. 'é
dcu- quef todas
d las c1enc1as especulativas son inútiles · Algunos filo's of os, smt1
n-

lao~i:u:cl~~;, e; 1~ p~e ~,ás noble de ~u ser han creído preciso ad\'ertir que
.
e a J oso ia para la \'Ida puramente pragmática no es en
ngorJ una .\:erdadera acusación. Si el supremo valor fuese la utilidad h .b ,
que dcscalif1car a esta noble di ciplina. Pero si resulta que lo útil no , a na
valor a~soluto, sino subordinado, porque sirve para algo y se com :see un
un medio natural~c~te inferior a su fin, podría ocurrir que el pr=~did:o:~
proche se nos conv1rt1cse en el mejor elogio de la filosofía.
'nHay cosas
' que
• • valen
• por .sí mismas. En este caso I eJ hcehO de que no sean
u i es no s1gn1f1ca, sm más, que carezcan de valor Se dice con
"~ ~tilidad n? debe ser atribuída a Dios, pues 5~ ser no ' ; un
mngun ente, smo que todo ente se ordena al Ser Supremo como a su últ~o y

m~:, :

23

�definitivo fin". (Millán Puelles) . De modo similar, la filosofía no queda desvirtuada por el hecho de que no es útil para la vida práctica. Aristóteles supo
ver con toda claridad, que hay un saber que tiene en sí mismo la cau~a de
su apelibílidad. Por eso consideró a la metafísica como una "ciencia libre"•
Ahora bien una cosa es que la filosofía no tenga un propósito práctico Y otra
cosa muy diferente es que carezca de finalidad. "En ese esencial sentido, la
finalidad úJtima del saber filosófico es, 'objetivamente' considerada, la Verdad real, el mismo Ser, que en la absoluta sabiduría es poseído sin residuo alguno -afirma Antonio Millán Puelles- y sin necesidad de búsqueda o tendencia de ninguna especie y, desde el punto de vista 'subjetivo', la máxima
integración: humanamente posible, de nuestro propio ser, que por hallarse en
una esencial y constitutiva tensión a la verdad, necesita de ésta para ser plenamente".ª Somos constitutivamente indigentes. Y no se trata solamente de
indigencia física, sino también de indigencia espiritual. Necesitamos de la filosofía para llenar nuestro interno · vacío. Más allá de la utilidad de ciertas
cosas para la vida práctica) sentimos una e,ágencia de saber radical y último.
o podemos ni queremos quedarnos en los simples fenómenos y en determinados sectores de entes. Hay en el hombre un insoslayable afán de romper las
cadenas que nos atan a lo sensible. El máximo recurso natural para remed_iar
esta constitutiva indigencia, es la filosofía. Gracias a ella aclaramos el sentido
total de nuestro quehacer vital, trascendiendo el plano sensible y material. ¿No
es acaso dignificar la razón y la vida, este trascender el suceso y la anécdota?
Una visión incoherente y fragmentaria no podrá, jamás, aquietar nuestras
ansias de saber integral del hombre, del uniYerso y de Dios.
Por ese ensanche del mundo mental, por esa maravillosa ampliación del yo,
por esa elevación del espíritu a un plano superior, solían decir los antiguos:
"Feliz quien pudo conocer las causas de las cosas''.
Todos tos movimientos históricos suponen una filosofía. Los hechos sociales en el tiempo no son sino pensamientos actuados. Para guiar a los hombres, para orientar los destinos personales, se requiere una fuerza ~ect_ora. En
los problemas humanos más serios y definitivos no se puede prescmdir de la
filosofía.
Para conducirme y moverme hacia mi destino, tengo la obligación de conocerme a mí mismo. Sólo así podré saber qué puesto me corresponde ocupar entre mis prójimos. En ese sentido cabe de~i~ que el problema, f~losófico
central y trascendental es el problema antropologico. ¿ Cuál es J_a ultuna _explicación del sentido y de la esencia del ser humano y de su Vlda? Precisa' ANTONIO MIT.LÁN PUELLES,

nes Rialp, S. A.

24

mente al considerar nuestra propia realidad tropezamos, al buscarle una explicación última, con la existencia de un ente fundamental y fundamentante: Dios. En esta forma, el itinerario parece ser éste: del hombre, esencialmente abierto a las cosas y a sus semejantes, a la comunicación con el mundo
y con Dios. Un conocer vital que nos lleva al ser es algo más que una pura
especulación: es un conocer comunicativo. "La posibilidad de una felicidad
humana pcrfecta y el modo de conseguirla -apunta Ismael Quiles- es el
problema supremo y central que nos urge irresistiblemente a filosofar y en torno a él brotan y se resuelven todos los demás problemas". 9 Y echando mano
de una comparación del orden teológico sobrenatural (la redención y la revelación), el mismo autor se atreve a decir "que la filosofía debe cumplir en
el orden natural lo que la revelación y la gracia en el orden sobrenatural"
(Ibidem). Al conocer me hago otro, no real, sino idealmente. En efecto, si
conozco el orden del universo con sus causas, ya no estoy enteramente aislado,' ya no soy mi pura y única realidad: soy yo más la representación esencial intencional. Por el contacto espiritual me siento atraído por el deseo natural, irresistible y misterioso que me lleva inexorablemente hacia el ser pleno.
Toda síntesis vital del universo presupone la ex-periencia de nuestro existir
participado.
El amante del saber último destina una parte sumamente importante de
su vida a la búsqueda de la verdad. Si no pone en esa búsqueda todo el peso
de la vivencia de su existir participado, se quedará en un frío conocer a distancia. A lo más, llegará a un contacto esencial en virtud del cual, según Santo Tomás, por el conocimiento Jo conocido se une al conocedor por su imagen intencional. Pero ya por su misma etimología, la palabra: filósofo nos está indicando que por el amor, lo amado -la sabiduría- se une realmente al
amante en cierto modo. Una respuesta puramente cognoscitiva es suficiente
para resolver el problema total de nuestra vida. Aunque nos orientamos siempre en dirección a la verdad, debemos utilizar el orden existencial en la búsqueda de la razón pura. Tal es, por lo menos, nuestra concepción existencial
-no existencialista- de la filosofía. Es preciso que dotemos a nuestras viv_enc~ de un sentido racional, por mínimo que sea, para que nuestras expcn:~c1as perso~les tengan un valor objetivo y universal. Tenemos que transmitir no tan solo nuestros contactos existenciales, sino también las esencias
de los seres. Nuestra actividad cognoscente pretende captar la esencia real
de los seres, no un reino rígido y vacío de "quididades" despojadas de su ser
actual. Porque, en última instancia, la existencia del hombre está avocada a
complementarse en el contacto existencial amoroso. No es la vida para Ja

Fundamentos de Filoso/la, pág. 32, Tomo I. Edicio' ISMAEL QurLEs, Filosofar )' Vivir, pág. 59. Espasa Calpe Mexicana,

s.

A.

25

�filosofía, sino la filosofía para la vida, aunque nos pasemos la vida filosofando. En otros términos: mientras que la vida es para la filosofía, relativamente; la filosofía es para la vida, absolutamente.

6.

FILOSOFAR PARA MEJOR VCVIR

EN TANTO QUE LOS CONOCIMIBNTOS de las ciencias particulares influyen sobre las condiciones de la existencia humana, la filosofía influye sobre la vida
misma del hombre. El que se consagra a los estudios filos6ficos dota a su espíritu de aquella libertad tan necesaria para emprender los vuelos lejanos.
Al dejar atrás prejuicios y costumbres, se abre un ámbito de posibilidades hasta entonces no sospechadas. Es como si rompiese el cascarón de un mundo cerrado, preciso, definido; un mundo de opiniones hechas, que fueron elaboradas sin la participación personal. En lugar de un panorama limitado que nos
mantenía como cautivos de caverna (recordemos el mito platónico), se abre
ahora el Universo en su totalidad. Rotas las tiránicas ataduras de la vida inauténtica --el cese dice", "se habla", "se hace", "se acostumbra"- el espíritu
cobra agilidad y termina por penetrarse de la grandiosidad y serenidad del
objeto contemplado.
"Filosofar -decía Sócrates- es aprender a morir, pero al aprender a morir, el sabio aprende también a mejor vivir". Vivimos mejores a medida que,
impulsados por el asombro y la duda, vamos eliminando fantasmas y espejismos. Y tras esta labor preliminar, la ccarmonía viviente''. Una armonía que
no es tan sólo orden formal, abstracto, sino concreción de cosas reales con sentido último.
La filosofía no es un deporte. Esto podrá ser sofística, pero nunca filosofía.
Los problemas son estímulos, no torturas. A toda problemática debe corresponder una sistemática de respuestas. Al quehacer -faena intelectual- sigue la recompensa: liberación filosófica. "Llamemos fil6sofo -propone Eugenio D'Ors- a quien vive la eternidad del momento: filósofo, a quien vive
la universalidad del lugar. Para alcanzar este vivir, filosofamos. Para tener
derecho a entrar en él, problemati7.amos". 1º Una manera de hablar, claro
está, pero con sentido. Es evidente que aún avizorando la eternidad en el
momento, seguimos viviendo en el tiempo; aún trascendiendo mentalmente
el lugar, estamos en él. Queda en nosotros, no obstante, una cierta vivencia
que nos puso en contacto con objetos inespaciales e intemporales.
10

EuoBNIO

celona, 1947.

D'Oas, El S,creto de la Filosofía, pág. 74. Editorial Iberia, S. A. Bar-

La filosofía es imprescindible e inevitable. Los que aplazan la verdadera
aventura filosófica, viven, sin saberlo, con una filosofía miserablemente anémica. Pero lo que resulta imposible es desentenderse, en absoluto, del filosofar.
Porque en todos sus aspectos, humildes o elevados, la existencia del hombre
es la búsqueda de la verdad. Sabemos que sin la verdad -humanamente hablando- no hay verdadera vida ni vida verdadera.
Todos esos afanes humanos por la ciencia, por el poder, por el placer y
hasta por Dios, serian ininteligibles sin la consideración de un ser desamparado, indigente, insuficiente, que busca un completainiento esencial, una estabilidad que le falta. Si buscamos algo es que no somos ese algo y no lo poseemos. Pero la búsqueda no se quiere por la búsqueda misma, sino por el encuentro. No podemos, en consecuencia, consolidamos en la búsqueda. Aunque reconozcamos nuestros límites y trabajemos dentro de ellos, andamos en pos de
adquisiciones. Somos posibilidades porque antes somos entes anhelantes de
perfección. Justamente por ese carácter de incompletud y de limitación que

nos condiciona, nos vemos estimulados y comprometidos a filosofar. No se
trata de oficio de filósofos, sino de condición de hombres. Sólo el desconocim:enlo de nuestra finitud nos mantendría fuera del compromiso de filosofar.
U na vez conocida y sentida -cosa por lo demás insoslayable- la finitud nos
espolea, de un modo o de otro, a superarle. El hombre no puede aceptar nunca, a ningún precio, la contingencia. Por eso no cesa de buscar y de invocar
un absoluto que le salve, en cierto modo, de su contingencia. Y bien podría-

mos decir que esta búsqueda y esta invocación constituyen su humanidad misma.
No se elimina lo absoluto exaltando la gratuidad de la pura contingencia.
Sin saberlo, se está elevando lo absurdo --en este caso- a la categoría de absoluto. Por lo demás, mi experiencia existentiva me descubre que ese absoluto no puede ser yo mismo, ni su semejante, ni mucho menos una cosa o
un mundo de cosas. No basta decir que lo otro, lo trascendente -término equívoco- es lo que me complementa. Vinculado como estoy al planeta o a los
planetas ( en caso de que por los viajes interplanetarios conquistemos nuevos
mundos) no puedo dejar de experimentar mi radical impotencia y mi esencial servidumbre. Estoy dominado por las leyes de la naturaleza. Mi cuerpo
mismo -que es el campo o escenario de expresión de mi espíritu- me circunscribe, me empequeñece y me aplasta. Por mi condición encamada, el
mundo me domina materialmente. Pero dominio no quiere decir superación.
Al darme cuenta de mi dependencia de un ser que no me supera, surge en
mí el afán de independizarme de alguna manera. Se abre entonces el camino
de la trascendencia. Por auténtica exigencia emprendo la búsqueda de un
término satisfactorio. La tierra, que me abraza y que me liga con todos los

26

27

�\;vientes, no me brinda una satisfacción saturadora. Tras de haberme investido por todo lo que me rodea, se opera en mí un profundo e integral sentido
de finitud. Pero esta finitud -consubstancial a la existencia- no puede convertirse en norma de la existencia. Me realizaré como ser finito -porque otra
cosa no cabe-, pero no puedo ni quiero tener en lo finito mi último término.
Mi bt'1squeda tiende siempre más allá de la finitud. Mi desamparo ontológico
me insta a luchar por un completamiento, por un estado de ser que me falta.
En f'.ste sentido, mi debilidad se transfomia en fuerza.
Realizamos integra/merite 11uestra 11aturale:a finita cuando, tratando de
ser hombres hasta el fondo, nos percatamos de que el hombre -como advirtió Nietzsche- está hecho para ser superado. Apasionándonos rn nuestra tarea de filoso{ ar para mejor vivir como hombres, encontramos nue.stra unidad
fundamental de str, ,•, en esa unidad, lo que funda, lo {undante el ente
fundamental )' fundame11ta11te.
Hny un compromiso fundamental -compromiso con el ser por el cual me
pregunto- que surge desde nuestra total humanidad concreta y que nos
autoriza a considerar la filosofía como compromiso.

7.

FILOSOFÍA COMO COMPROMISO

hay que superarlo en tal
fonna que las conquistas alcanzadas no e pierdan de nuevo. Una de estas
conquistas -insuficientemente dcsarTOllada: por cierto-- es la consideración
de la filosofía como compromiso.
El Diccionario de la Real Academia Española (Décimoctava edición) define la palabra compromiso (del latín compromissum) como "obligación contraída, palabra dada, fe empeñada" (4a. acepción). Tratemos de precisar UD
poco más. En sentido pasivo, el término designa el hecho de que una ~rsona
se halle insertada en un sistema del que depende. Por el solo hecho de haber
nacido, nos encontramos ya, sin haberlo solicitado (pasividad), comprometidos, alistados en el mundo. En sentido activo, la palabra expresa el acto
mismo por el cual uno se adscribe, se alista ingresando en un estado o condición en el que deberá permanecer. Es el caso de eletrir libremente: ponerse
a di po ici6n de una compañía. del ejército, de un particular o de una institución. Ambas acepciones se fundan en la filo ofía existencial. Desde el momento en que hemos nacido y estamos en el mundo (acepción pasiva), tenemos que actuar y tenemos que ser responsables (acepción activa}. No cabe
permanecer neutrales. Incluso el intento de no comprometer.¡e: es una forma de compromiso. La fidelidad a un primer compromiso trae aparejada muAUNQUE SEA PRECISO SUPERAR EL EXISTENCIALISMO,

28

chas vece~, nuevos compromisos. Como la existencia, el compromiso es una
puerta ab1~rta. •: ro se pueden precisar los límites de un acto -dice Simone
de Beauvo1r en Le sang des autres'- pues lo que se está en camino de hacer es al~o que no puede preverse". Ya por vivir en el mundo e.,;tamos alistados en él, aunque no hubiésemos querido ali. tamos.
. La ~ande,.a de Sócrates reside no en haber dado pruebas de la inmortalidad, ~mo en habcrsc apa ionado y haber;e comprometido por ella. Hubiera po?ido escapar al prOCNio. No había rn ello nada de deshonro~o. Pero no
lo q1~1s0. Su muerte _era la con~ecucncia rigurosa ele )a fil05ofía como compromiso que fue su vida. Por última vez, Sócrates dio con su muerte una suprema lección pública.
'
'
Cuando despertamos a la conciencia estamos va en pleno ,·iaje. De ahí el
''est~i_nos embarcados" del "horno viator". ru~tra contingencia y nue.~tra
íraathdad nos producen, en entrecruzamiento continuo, angustia v Yértiao.
El pro~lcma de 1~ sal~ación adquiere, por nuestra situ~ción origin;l rnis;a,
un caracter de pnmac1a sobre cualquier otro problema.
. 1'.~ existencia está desbordándose constantemente. porque no puede existir sm desbordarse. Me desposeo, por el entusiasmo, para donarme a personas. proy_ec~os Y obra_s._ Y sin embargo. siento, incesantemente, la necesidad de
un, recogim1cnto purificador. Hasta aquí los principales axiomas de una filosofia como compromiso, obtenidos por \'Ía fenomenol6gica.

N?s place recor~ar q~e al~nas voces ilustres han reconocido ya la misión
~ned1ad~ra de la filosof1a existencial, "la única que no describe un mundo
irremediablemente separado de la religión". 11
De
.J:..
'6 n alls-·
T mí sé •decir que aun habiéndome formado en la clas'ica WJCCc1
totc 1co-tom1sta he rentido el inaplazable imperativo de retornar apasionad .
mente sobre mi libertad para sorprender en el despliegue de mis march:s
Y contramarchas el sentido de mi ser. Quisiera insertar en la VJ·da
·
·
'd
•
, en mi
propia v1 a, mI pensamiento. Para ello, el método más humano es aquel
que lo~ra dar a la experie~~ia una expresión concreta. Hay que experimentar -s~empre que sea posible- aquello que se teoriza. Estando avocados a
la plcmtud subsistencia), nos toca escoger de qué manera será esta pi n·t d
H
·
r ser "dios_ sin Dios", proclamándose ateos.• forjándose
e1u.
~y qmencs e
un
0
Dios_ a su ta~ano _Y hay qu¡enrs se deciden por llenar de amor su afán de
plemtud subs1stenciaJ para ·ser dios con Dios". "Elección -re ¡ Jl
T. 'sf
•
ca ca ,oger
. 101 ontai~es-- ~ue no es nunca definitiva antes de la hora de Ja muerte,
) a que. la mcen1dumbrc, la semi-adhesión, las contramarchas traiciones y
conversiones son cosas de todos los momentos durante el tiempo de nue~tra

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GILSON.

L'uisl,nce. Gallimard, 1946.

29

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A'l1IQVB tal &amp;!i

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�. lar agudeza- que "toda vida es siem. plo ha observado -con parttcu
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esta trascendencia es una pura
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más allá. No basta
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correr de la vida en pos de mstanoasy vive
•
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COnstatar que el hombre se traspasa. .
su término. Sin una nonna, sm un
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que este ...,.Rnasarse
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fin sin un valor, el movum
la l'bertad marcha ha~ia la sal1
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El ímpetu de trascen encua, •m
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No queremos aniquilarnos, no q d
permanente y rotunda afsr~a.
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,nación del ser ante la nada.
.
.dad porque nuestra constl.
roblema e msegun
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La vida humana es nesgo, p
r lo pronto, de equivocar e sen
. fi ºtud nos pone en •el trance, tepoesta .msegun"dad, tenemos que pensar
tuttva Ull
be
de nuestra vida. Ante este ~esgo_ ;,
colgada de la teoría. Queremos !-a d r
tenemos que actuar. La' pram
tra vida integral. No se trata e
y ntido último de nuestra acción y de nues de nde del actuar y el a_ctuar
el se ·osa curiosidad. Sabemos que nuestro serd ~na integración de vida y
una
oc1
precisamente, se a
depende del saber. Por eso,

:tá

teoría.
.
ue la filosofía no es hi'Jª 50lamente
Platón y Aristóteles no supieron vei: q . de orden ético. Un cuerpo de
d 1 nanmbro sino también de una ex1gene1_a ,.;a particular o cualquier otra
e .......
,
l "d ,.,..d,á ser cien...
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verdades despegado d~ a vi a rv
in lariza y nos diferenoa e , ~
Cosa 11110 no filosofía. El filosofar nos s gude las profundidades del espin• ,.~
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otros,
aunque con conc~ptos, po rque
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filosofía no es una edificaet"6n arb"tra
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cial positiva. Habrá que ver, claro es ,
dre de nuestra filosofía existen
pedéutica de salvación.
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modo conaeto que asume la filosofía como pro

9. LA Fn.osoriA

PUPARA PARA LA SALVACIÓN

SIN EL 11A11oa INTELLEcTtJALis", sin el "quaerere veritatem" no se alcanza la
auténtica fiJosofla. Al filosofar no me limito a ejercer una tarea intelectual
confiando en el mundo de la raz6n raciocinante, sino que me comprometo en
mi conducta y en el sentido de mi vida, me sacrifico por la verdad vislumbrada. Debo asumir todas las consecuencias de las verdades descubiertas, renunciando, de antemano, a burguesas posiciones de seguridad y comodidad. Si la
filosofía no vibra en una forma intensamente personal, formando cuerpo con
mi vida, no me guiará nunca hasta los umbrales de Dios. Aunque mi ser vaya
pa.wido, algo queda cuando entreveo, en penumbra, la inefable eternidad.
En el tiempo, mi espíritu da testimonio de la verdad que le mueve, así como
-en palabras de Aristóteles- la bandera mueve a los ejércitos en marcha.
No puedo amar la verdad sin tender hacia ella, sobrepasando límites, dudas y dolores. Una suprema Verdad alumbra las diversas verdades, siempre
que se las ponga bajo su luz. A esa "sabiduría deseada por si misma y por
amor al saber" tiendo con todas las fuerzas de mi ser. Suprautilidad que s6Jo
busca una Verdad, que ya no sirve para nada más. Es ella, en sí y por sí, la
que ilumina y salva. Sin este apoyo no podría la humanidad peregrinar en el
tiempo. Cuando todo parece irreal y absurdo, los hombres le piden a la filo10fía los principios y causas de la realidad entera, aquella que es y no aparece. Ha quedado atrás lo empírico y sensible. Ahora importa toda la realidad,
no s6lo un aspecto de ella. Y le importa al hombre íntegro: raz6n, voluntad,
sensibilidad, corazón. Todo supuesto debe discutirse. Las ciencias matemáticas y experimentales parten de presupuestos necesarios que no pueden justificar. Sólo la filosofüt se pone en cuesti6n a sí misma. Por más que no consiga
e%plicitar totalmente la verdad, la búsqueda filos6f ica es, más que problema,
e%igencia de solución. En el intento de solventar los problemas llegamos a dilucidar algunos de los infinitos aspectos de la verdad. Aún asi no podemos renunciar a la universalidad y a la ultimidad. Estamos comprometidos a la búsqueda "ex veritate". Cada verdad conquistada es una nueva norma reguladora para mi pensamiento y para mi acción. Hay una exigencia de remover todos los obstáculos que impidan el abrazo con las verdades. La posuión de estas verdades parciales me llena, si no niego mi humanidad, de bentficios mo-

raús.

El último grado de la filosofía no es la posesión de Dios sino la abertura
a Dios, como apunta Blondel. Trátase de una ascensión, no de una asunción.
Por esta ascensión la filosofía, como bien lo comprendió San Agustín, prepara
para la salvación. Pero la salvación, propiamente dicha, no la otorga la filo-

sofla.
32

33

H. 3

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Michele p _ Sciaet:a-- es informati"Mientraa el saber aentlfaco - ~
. el saber filoe6fico es formavo: la ciencia satisface una cun011dad mtelecw:~ necesidad total del homti.vo y terriblemente comp~:,=uede no ser fil6sofoa: jmpncible
bre total Se puede no ser cien
• tífica _,..i. correrse o no; la avenla 6boffa. La aventura aen
..--,
• • la
suatraerDOI a
•
•
todo hombre que no quiera supnnur
tuar fi1016fü:a es obligatona pa_ra
funda. El hombre está naturalapeJaciór, e.encial de su humamdadl. •más ?rode la filosofía, vale decir a diarometido a recorrer e itmerano
eda
mente comp
a colocane en el momento esencial de la b~u •CICIIJogar con la v ~
• wsici6 especulativa, 1a mtranmgenaa del
cial De ahí la '!leriedad'. de ~ ~
D
el carácter anúburgu&amp; de
616aofo".u De abl, también, añadiríamos nosotros,
la fiJoloffa

• más las verdades de otros filósofos.
no acepta, an
' hacerlas suyas, para que sean
•
-~....t... y repensarlas para
•
Tiene que rea.,~._...,__,._ ob' .
En este sentido cabe decir que yo K1f
penonales sin dejar ~e ser )Ct1Val.ue mi fiJoeofia se encuentra, verdadera-como filósofo- 1111 mosoria, porq
• • ridad no es njnguna cár. . .oridad humana. Pero esta mterto
mente, en nu mten
hacia Dios. Más aún, Dios, como expresa
i IÍno un aposento con ventanas
.
.
ce.,
.
•
que nu propo ser.
el Hiponense, es más ínbmO a IDl serla ed haber sin el "ordo amoris". La
Sabidurla lenamentc humana no pu e
1t1dJutip
•
un amor int,Uectualis, una ¡,,o,,w
filosofía, como ciencia d,l espfritu, ,s • • --'--fesional, sino vocación
,J
·-''ó
Para
ello
DO hay OÍIOO m NUQ. pro
ca "' -aci n.
personal que toca la vida entera.
existencia humana. Rectitud, paz
La especulaci6n filosófica co~orma 1a
• de sabidurla universal que
espiritual y prudencia ayu~
~:
Aunque 1a voluntad sea ines, a la V'2, una forma confi
. sin embargo a la quietud espiritual.
quietud acuciante Y constan~,.
do cobro ~nciencia de mi situación
Llego a una relativa paz espmdo
Universo pero puedo, no obstante,
en el Universo. Estoy ordena enrde
. •c1a,' sino que ordeno tambiál,
•
O s6lo o eno 1111 vi
ord do
considerarme
ena r.
.
d la realidad que me Cll'CUJl·
.....:...:- es c:oeparte la vida de algunos scmcJantes, dentro e
en
,
rd
os recíprocamente, parque CADa.u
da. Estamos ordenados Y nos O enam Es
religados dentro de un con• • r
n,artiripar
en la riela de los otros. tamos
XJStlr,
--

Todo auténtico filmofo

=ira,c7

vir

r - Piloso"·
t. 1Uosof'4, pi¡. 49. Edicionea
• Mlcll&amp;UI F. SclACCA, L.11
, - 7 ,1 CoM1,to "
Troquel. Buenoe Aires, 1935.

junto c:oa 1eatido, en eJ que cxmcrecemos interiormente, J)OÜndonos whmta~ en prmencia de lo que Gabriel M'.anlel denomjna "inteoci6n veati-

•• ~

La reJ.aci6n espacio-temporal me sitúa en el mundo. Ahora bien, en mi
mástir imerto se me muestra una realidad que está por debajo de mi espiri.
tia --naturaleza- y otra realidad que está IObre mf mismo: trucendencla.
Dentro de estas franjas o capas ónticas transcurre mi itinerario vital Y en
eete itinerario vital pongo la filolofía al servicio de mi E de hombre.

10. LA Fn.oaom AL Savrmo DBL HoJDU

-Pl&amp;ilosoJ,laia aneilla uituLA PJLOaoPÍA, AL JrIH COSA BUIWfA, está, en última imtancia, como todo lo
que es humano, al servicio de la vida, a cliaposici6n del hombre. Trátue de un
llber para vivir. Necesito conocer, tener una certidumbre radical, formarme
una cosmovisión. o hay manera de vivir humanamente en la tierra sin comtr:uine una "idea del mundo", sin conocer la situación y la circunstancia. Vivir aquf ahora significa entrar en re1aci6n con el contorno y tener conciencia de la q,oca. Pero no se vive solamente para el "aqw"' y para el "ahora".
Por su comunión con la verdad, el hombre se evade de la cárcel espacio-

Cempotal.

A menudo se olvida que el fllósofo es, antes que sujeto cognoscente, 1Ujeto
existente. Y como existente no puede dejar de traducir, en la filoeofia, el
leJltido de IU existencia.
• No se trata tan s61o de elaborar una filosofía de o
• • Ja existencia humana, sino de que Ja filosofía misma sea existenclaJ,
convirtiénd011e en un modo de vida auténtica. Filosofar es abrazane a la verdad o no es filosofar.
Al hombre le interesa, ante todo, una doctrina sobre el sentido de 1U existencia y de su destino. Por eso la filosofía resulta un saber interesante en grado sumo. ¿Cómo no va a ser interesante, comprometedor- un saber que
almijue todos los aspectos del hombre y de la existencia humana? Sin la expea iencia de este existir en toda su plenitud, no cabe ninguna sabiduría. En
e.te lelltido, bien puede decine que la filosofía es la "racionalin1ci6n total de
11 experiencia humana". (Bogliolo).
Fiboffa y vida no están, ni pueden estar, escindidas. Si la filosofla es la
ferma más alta de la experiencia humana totalmente racionalizada, ftloeo&amp;a '/ vida aon una misma cosa. La vida -temible, racional, afectiva- s6lo
ClObra significaci6n tratando de explicarla. uestra propia existencia peno.

�nal no se puede comprender sin relacionarla con la existencia del mundo y
de todas las demás cosas. Es preciso llegar hasta donde se pueda en la pretensión de racionalizar la realidad entera. Sin la potencia luminosa del conocimiento jamás nos elevaríamos por encima del universo y nunca nos liberariamos de las estrechas ataduras del ''hic et nunc,,. "En el plano puramente
natural, si hay una vida digna de ser vivida -ha podido decir Luis Bogliolo-ésta es cabalmente la del filósofo. • . Filosofía es vida, más aún, plenitud de
vida (en el orden natural)".u La investigación de la verdad no sólo está fundada sobre la naturaleza misma del hombre, sino que tiene un claro sentido
escatológico. En las indagaciones filos6ficas me va mi ser de hombre en toda
su concreci6n. Quedan asi -y no de otra manera- legitimados los proble-

mas filosóficos.
La filosofia -tarea estrictamente personal aunque hecha con los otros y
para los otros- pone en juego el destino concreto del hombre. Lo finito y
contingente, en su apertura hacia el mundo y hacia los demás, tiene, como actitud humana, su "logos" propio. La filosofía como doctrina, es medio y no
fin. Medio para que el hombre se integre y se comprenda mejor. Medio -en
el orden natural- para la salvaci6n.
El ser del hombre como problema de sí mismo no es pura indetenninaci6n
real. Lo sería si sólo posibilidad fuese. Pero una posibilidad que no descanse
en un acto y que no se inserte dentro de límites determinados es un absurdo. No
tengo posibilidad de ser águila. perro o ángel. Y esto por una sencilla razón:
tengo una naturaleza humana que no puedo eludir. Aunque el repertorio de
posibilidades humanas sea muy extenso, no puede rebasar el cuadro que corresponde a la naturaleza de animal espiritual. Renuevo mis decisiones constantemente porque soy un ser esencialmente inacabado-que no concluye sino
con la muerte. Cabe, no obstante, reconocerse en una posibilidad privilegiada: la vocación. Por la vocación realiw mi unidad y cumplo mi ser. Este
cumplimiento del ser que le confiere sentido, es el destino.
Voy más allá de mí mismo. Esto quiere decir, en otras palabras, que marcho hacia mi destino. "Lo propio del fil6sofo que merece este nombre -ha
dicho espléndidamente Nicolás Berdiaeff- es el amor del más allá; el fil6sofo busca más allá del mundo lo que trasciende a éste, y no se podrá sentir satisfecho con un conocimiento que lo retiene aquí abajo. Incumbe a la filosofía atravesar las murallas del universo empirico, que nos limita y nos oprime
por todas partes, para entrar en el universo inteligible, en el mundo trascen•
dente; y aún yo pienso que es el desafecto hacia lo que nos rodea, el disgusto
14

36

de la vida empírica, lo que engendra el amor a la metal' . " ia Mi .
constante trascender a sí misma De
• .
mea .
Vlda es un
de dolor.
·
ahí Ja mqwetud Y una cierta conciencia
En Ja soledad experimentamos nuestra s. laridad
.
dad, nuestra originalid d p
. .mgu
, nuestra rrreversibilidad, es doloroso.
nos erop:;:: sen~ento de originalidad, en la soleextraño y het~co las
las
ha
personas que y en el mundo nos resultan diferent dist ,
cosas .Y
tamos, entonces, )a necesidad de conviven .
es, . antes. Experimenpiramos a ser oidos a ser mirados
CJa, la ?ostalgia de comunión. As.
'
, a ser comprendidos y a ser
d E
nos nura y nos oye el que nos
d
ama os. 1que
también miram ' ,.......
compren e y nos ama es un tú al que nosotros
05 Y º~ comprendemos y amamos Sob
dad por el amor. Ontológicamente la soledad la .
.repasamos la soJede Dios, de Dios como su 'eto
,
. es expres16n de la nostalgia
éL (Cf. Martín Buber: I~ u:dn:urmo obJeto, de Dios como tú y no como

Tod;

En la conquista de si mismo, el hombre echa
.
cubrir Y comprender su idea el designio d Di mano de la ftlosoria para destar del hombre -como ha' dich Be¿ os con mpecto a él. Por eso traineludible. La filosofía está al o . . d I fho es ya tratar de Dios. Esto es
lo veremos ahora está al serv· ~d c1Dio. e
mbre. Cierto. Pero el hombre
,
~o e ~
'

11

LA

EL HOMBRE AL SERVICIO DE

Oros

VIDA, CON SUS ILIMITADAS POSmILIDADES INlrlANE

ma su propio sentido y finalidad C

,

.

. NTEs, no tiene en sí mis-

rece que la vida existe no ,.;mpl . uanto mas lo pienso, más evidente me pa.
~• emente para .ser vi "d
¡
nno para ser ofrecida. Estamos aquí ara v· . v, a,
o quena Goethe,
y en plenitud; pero eUo es posible s61po
,J;vir nuestra :1da en autenticidad
··
.
mewante una m1s'6
• ·6 d
1 n .• mm
v1c10. La vida es ofrenda meta ·Vl'tal, donaa.6n.
n e serNacemos
· y ps1qwcamente
, ·
, . f'mea
destinados a cumplir un destino . ..
personalisuno, único. Si nos negásemos a realiza
pnvatJvo,
estaría irremisiblemente falsead T
I r nuestra tarea, nuestra vida
.
.
ª· enemos e deber de realizar 1 b
CJonal unplícita en nuestra estru t
a o ra vocatal'' que cada
d
c u~a personal. Al cumplir el "programa viuno e nosotros esene1ahnente som h b
.
tro deber concreto de hombres
hab
os, .ª remos cumplido nuesen nuestro "status viatoris".
y
remos conseguido la felicidad relativa

'º"'.º

Por contener, de alguna manera , todo e1 uruverso,
•
el hombre ...,
A" un "Mºmor
• N1coús BUDJAEPP• c,·n co M I d"1tac,on,s
.
sobr, J &amp; ·
•
de Publicaciones. M6áco, 1948.
a ut,nc1a, pág. 13. Casa Unida

L\ltS BoouoLO, La Filoso/fa Antigua, i&gt;'g. 8. Editorial Düusi6n.

37

�Mundui". AsimiJamol lo quimico y poseemos las fuerzas afectivas y sensibles
de lo animal. Pero todo lo sub,,humano -procelOS qwmicos, pasiones, impul1011 e instintos- se halla sometido al imperio de lo humano: inteligencia y
voluntad. Por el cuerpo contenemos el orden qubnico y bio16gico; por el esptritu asimilamos, en cierto modo, el universo entero. Lo sub-humano y lo
social existen para el hombre, no el hombre para lo sub-humano y para la
IIOCÍedad, La penona rompe con la naturaleza, le dice "no,. y busca trascenderla. "Todas las cosas inferiores existen para el hombre, pero a existe
para Dios, que es su autoperfecci6n", han dicho los escolásticos. Utilizar los
dones de Dios -vocación- para cumplir nuestro programa de ofrenda, para realizar nuestra misi6n personal, es servir a Dios, glorificándole, y es lograr la autoperfecci6n. Nuestra vida no es otra cosa que la historia del empleo de nuestra libertad y la respuesta a nuestra doble vocaci6n "de usar por
una parte la materia como canal para lo espiritual, y de perfeccionar por otra
la personalidad -expresa Fulton J. Sheen- mediante la progresiva asimilaci6n a la Vida Eterna, a la Verdad Eterna, y a la Voluntad Eterna, que es

Dios".1•
En la Prima Secundu de la Suma Teológica, Santo Tomás estudia al hombre, tal como existe bist6ricamente describiendo una serie de tensiones: la
atracción de la riqueza, del poder, del placer, contra la atracción de Dios. Fulton J. Sheen ha llamado la atenci6n de los tomistas para que tomen esta descripción aquiniana del hombre frustrado, como punto de partida para establecer contacto con la mente moderna. "La secci6n se abre con una descripción de las tensiones existentes dentro del hombre, cada una de las cuales está producida por el intento de satisfacer )os impulsos infinitos dentro de las
limitaciones de lo finito. El hombre se frustra por carecer de propósito general para su vida, pues sólo tiene múltiples deseos; 11 por la persecución de
la popularidad como esencia de la felicidad; 11 por hacer de la adquisición
del poder, sea econ6mico o politico, el fin de su vida; 1• por hacer converger todas las actividades humanM en la expresi6n de lo subhumano y Jo erótico. (Esta es una de las principales fuentes de frustraci6n -comenta Sheenpues opone el cuerpo y el alma) .20 También se frustra el hombre por tomar
como objeto de su vida la búsqueda de la verdad, negando, al mismo tiempo, su
•

FULTON

11

SANTO

J.

AQUINO, S11m.

• bm., J.fi, p. 2, r. 3, ad. 3.

• bm., I-11, p. 2, r. 4.
• IBD&gt;., 1-ll, p. 2, 4-5.

S8

Emec:~.
T,ol., 1-11, p. 1, r. 5, 3.

SnBN, Piloso/fa d, la R,ligi611, pág. 338.

TollÁs o&amp;

existencia O SU carácter absoluto l l e
,ltq. po, s,pa,tmf ~ su más &amp;&amp;timatu1ndo ,l hombre s, sef,ara de Dios eon• • "" Dios, d hombr, no
_,. eo~tenura. Porque está voeado a pe,S
.
se ""'u4 smo superándose.
uperane, conmste en tener puesta la ·
~ • las ciencias, los amores humanos :ra ~ el servicio de Dios. La filomstrumento de unión del hombre con
aCC10nes: todo puede tornane en
libera de nosotros nusmos.
•
En El
Elos. S6Jo
. Dios -sup-....
•...... b'ien- nos
IOl110S felices. Pero
.
Ypor • olvidándonos de nosotros •
es precuo buscar el Bien
la ~ Ji •
mmnos,
dad nos repliega sobre
D090tros •
' no
,e adad, porque la feliciencon--mumos Y sólo donándonos1 perdi.t....1
ueu&amp;-.
QJUODOS, nos

Di

IV

La vida es una prueba la
eb
insatisfacci6n del present: no ~:drl~e 7ncer el obstáculo por Dios. Sin la
gamos, por la insatisf'acc1'6n sob
os a esperanza de lo eterno. Al reple
,
re nuestra · t · ·da
mos el sentido de nuestros limites
m enon d profunda, dcscubriacto captamos la exi
• de
Y palpamos nuestra finitud. En ese •
· •.
gencia
trascendemos. N
. •
mumo
es mutd. Por esta inquietud de lo i
ues~ mqwetud humana no
buscando el valor. La inman . gnoto -uno e inmutable--- marchamos
,...;_
1 1 •
e11CJa reclama la trasce d
. la mquietud
•
--e- a p erutud que cobne N
n encia;
·de
· uestro ser integro
•
p1 •una complementación desde
.ba
-pensamiento y acci6ndencia es limitar la fiJosofla
~m . ~r esta apertura a la trascento
acci6n, es decir, hace~
~ impulso .in~mito del pensamienla plenitud. Nuestro afán infinito
. uestra misena nos insta a buscar
•
.
nos mueve a busca ]
,
•
tº· La ex1Stencia
de Dios no
r ª existenca del infinici6n silogística, sino la concl:~¡: ~~ultado extrínseco de una argumentabrota del dinamismo mismo d la
nseca -como apuntó Blondel- que
de Dios, que precisamente de~ pemen~ y de la ~da en las cuales vive la idea
Nuestro desti fina
nsauuento obtiene su positiva certeza.
•
•
no
1 no está en esta tierra Es
.
purificao6n y rescate La filosofl
· ta Ylda de prueba es milicia,
blema de la salvaci6~ del homb:. no puede cerrarse, en consecuencia, al pro-

y'ª.

:,_me:':

12.

ABERTURA DE LA

FILOSOPÍA

A LA SALVACIÓN

AUNQUE ESENCIALMENTE PINITO 1 h
b
la parucipación
·.
, e om re
de esa trasce
10

s·

nito•

.asp:...
. ...... ª J0 trascendente e infimana auténtica, ni modo de comprender
ndente inf1D1tud, no hay reamación h
la
uproblema del ser implica el problema de
estructura de nuestra vida. El
Tomemos por ahora, como punto de n~estro ser, d~ n~estro destino.
partida, la conc1enc1a· Somos r·mitos.
.
11
1

JtJD.,

I-II, p. 5, r. 8

39

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se a la rehg1ón, s1 es que
lla d 1 filosofla está la amorosa y con ialir su mi ión trascendente. iás a . e a
~a entrega creyente a la gracia de Dios.

LAS CATEGORlAS
Lle. Co.•:,,u:ELo Bonu.o T.
Instituto Tecnológico y de Estudios
Superiores de Monterrey

LA QUE DESDE HACE MÁS de veinte siglos, se ha convenido en reconocer como
la primordial entre las partes del Organon aristotélico, ha dado ocasión a los
malentendidos menos lógicos y filosóficos: para los principios del siglo, tras
el forcejeo de Nietzsche, siguió manejándose la conceptuación de los valores.
Hubo atrevimientos tan poco informados como los que trataban de convertir los
problemas axiológicos en algo como rcviviscencia de la problemática y disputa
en torno de los universales. Tales erróneas visiones llegaban a extenderse incluso a las categorias.

Dado que la lista de predicables no es constante ni en las obras del propio
fundador de la lógica, quiso prolongarse esa incertidumbre a los cinco términos de Porfirio. La reyerta sobre los nombres, su universalidad y realidad
se contaminó con las indecisiones de la tabla categorial. El c.xceso llegó a su
cúspide cuando se hizo equivalente la imprecisión entre categorías propuestas
o admitidas; elemento definitotios como uni\'ersaks o como simples dtnominaciones y la realidad de los \'alores.

I NTRODliCCfÓN
Problemas y disquisiciones como los arriba apuntados han sido no solamente frecuentes sino incluso recurrentes, persistentes e insistentes en el trayecto del
pensamiento filosófico. Martín Heidegger explica que ante lo desconectado
que se deteriora en su nihilidad, el ser ausente insiste, presenta una falta de
pertenencia o impertinencia. Este hallazgo violento con lo que se ausenta como articulado con lo demás, puede tomarse como lo que Heidegger opina
42

43

�que presenta un problema; ya aquí definíamos casi de esa manera el problema: "seiíalamiento o advertencia de una suspensión en la continuidad de
lo real".
El hecho de que el vacilante catálogo de las categorías aristotélicas haya
persi tido como inquietud dialéctica y se haya conf un elido con las dificult~des que presentan las cinco voces de Porfirio e insistentemente, dar realidad extrínseca al ser de los rnlores; haya querido seguirse considerando como la misma problemática de predicables y de categorías, no indica que
e hayan confundido atributo. irreductibles del s r, con dimensiones de la
definición lógica, ni que "' haya confundido a ninguno de ambos con la
realidad de lo \'alioso. Aunque hay personas que í han caído en la equivocación, pues no falta quien pretenda que el propio, el accidente, especie o
género del ratio entis, pueda equipararse al lugar o a la acción, relación o
modalidad. Hay quienes no distinguen. Kierkegaard se entristecía por eso,
defendía las distinciones socr.íticas. Una de las causaciones más visibl de
la angustia y la desesperación del filósofo dané ! como lo documenta él mismo. se daba en la homotesis, hábilmente convertida en heterotesis y ambas forzadas en las síntesis.
Incluso en nuestros días, se ha propuesto una modificación más a la lista categorial: tras las atribucion mAs o menos clá icas se ha colocado el
valor. He aquí un ca.so de indistinción patente, que es del mismo jaez de
las denunciadas por Kierkegaard. Para fin de equipar correcta, si no completamente a quienes nos ocupamos en el manejo de estas cuestionrs. se
ha proyectado substanciar el presente ensayo. Por lo pronto, va a tratar
de se"uir e el \'estigio a partir de los orígenes señalado·; tal \'CZ, al fin! llegue
a encontrarse que la carencia de precisión en tas conceptuaciones no se
implanta como aquí se ha registrado en · el antecedente de las categorías.
Quizá en la prosecución del estudio llegue a e clarece1.e que tampoco fue
en la polémic.a de los universales en tomo a los cinco \'Ocablos de Po1firio,
cuando se ge~tó la confusión de lo rnlioso con lo predicabl o con lo definitorio. Pero nada es prudente anticipar por ahora.
Esa eidética ausencia de todo cuanto antecede a la comideración radical d algoJ ese apartar todo entre corchetes, para fin de intentar acercarse a la e encialidad pura de ese algo que se estudia 1 todo lo que se estudia,
y nada más que eso, lo hemos aprendido y repetido, que es el ejercicio metódico de la fenomenología. La b11scendencia de lo objetivado en e ta inve ·tigación en tanto que separado de lo demás e inmanente al ego que Jo
considera, es el inmediato programa a cumplir. Po trriores ensayo han de
tratar las cinco dimensiones de la definición y la realidad de las constela-

ciones valiosas; entonces, concluso o cerrado, el periplo dialéctico podrá
juzgarse y dictaminarse i compete al valor incardinarse a las categorías; si
lo que ingresa en la definición atribuye al ser como us predicables, si lo que
\'ale, define, y otros extremos similares.

FUNCIONES CATECORL&lt;\LES

La manera de considerar para fin de conocel' al Ser, pide una organización de aspectos, lo mismo en el fundador de la doctrina, como en comentadore suros tan ilustres como ir David Ros o S:ünt Hilaire, etc, Por lo
pronto lo que no se sostiene o es! de lo que no pueda indicarse sustancia,
no permite que se diga nada seguro a su r pecto.
Aquello a lo que se alud cuando se hace refercncia a algo! puede er
una forma relacional con otros objetos; por ello de las realidad, admitidas como u tancias puede predicarse la relación y eJ modo de esa relación.
Lógicamente e predir.an ser y relaciones entre ellos; aparte de cómo se
articulan las reaijdades en la modalidad de los sustanti\'os, es posible decir
su inserción cronotópica. El tiempo y el espacio ya no funcionan como
otros eres ubstante. y por ende pueden señalar relaciones entre sustancias; pero tiempo y espacio señalables en los ser , no son ni .se relacionan
ellos mismos como las sustancias. En este intersticio dialéctico es donde s
ha insertado la estética trascendental de Kant, pues las referencias cronotópicas en la crítica trascendental, se precisan en formas puras de intuír;
lo íntimo, dado en la sucesión, ordena el tiempo; é te, es la pura formalidad
de lo,dado en la conciencia cognoscente. Hacia afuera, el espacio formaliza
también en manera pura lo que se da en imultaneidad, la pure1.a formal
del espacio, lo e de cómo se intuye lo trascendente.

De de Alistótele lo cuantificable y la cualidad del ser indican otra pareja ele pr 'dicacionc · posibles. La cantidad dice comparación, así como en la
relación y en el modo aparecen otros seres, para dictaminar cantidad o cualidad~se requiere, no únicamente de otras ustancia,; aparte de la e tudiada,
pues de algo se dice más o menos, con e ta o con aquella cualidad ademi,;
de confrontarse con algo má.'!, por el instrumento de mensura, por el criterio de calificación. En rigor, lo que es indicable del ser no se articula en
polaridades, sino que procede de los análisis y exámenes clá ico de parejas de contrarios. El cuadro de predicamentos en Platón, desborda inicialmente las paridades pre-socráticas; ~-a en el marco aristotélico, la compaginación tiempo.;espacio o la cuantitativo-cualitativa pueden parecer por los

44
45

�tratamientos muy posteriores, resonancia o perduración de los apareamientos, pero no lo es en verdad. Similarmente se articulan acción con pasión,
po ición con relación o con estado. Queda algo, muy diluido de lo anterior,
pero son puntos de consideración ya renovados.
Para aproximar el problema a las conceptuaciones actuales: convendría
pensar en los diagramas de Frederick Lamson Whitney, lo que es ofrecer
un ejemplo a mano. Da o trata de dar la representación de procesos abstractivos hacia la generalización; o inversamente, el regreso de atribuciones hacia el objeto concreto en el que ~e inicia o en el que termina alguna
indagación.
El equipo categorial describió clásicamente su trayectoria con directrices de ese tipo, pues se buscaba la concentración o el esclarecimiento de negocios. Encima de lo substancial, iba la dialéctica señalando: pudo indicarse quantum y quale; predicarse ubi a par que quando: keisthai que determine o sea consecuencia de échein o bien ambas e.xpresión de prós tí. Lo
que tal vez no resulte simple y regulannente posible, es que to puesto en
estudio actúe ( poiein) y que soporte o reciba, cuando menos el propio acto; esta pasión se da o revierte, al mismo sujeto actuante, en el caso del cambio o movimiento inmanente. Ambas categorías apuntan a una posíblc disyuntiva: o bien, lo estudiado es móvil o cambiante o bien es movido o cambiado pasivamente. O se actúa o se recibe una acción pasivamente; dett'rminarse a gente y paciente simultáneos, es la definición de la vida. Por esto,
entre otros factores, los predicables porfirianos para instrum!!nlar una definici6n, se aproximan a la función categoiial, puesto que decir de algo tanto su sustentáculo cuanto sus relaciones, situación, estado, úempo, lugar,
cualidad, cantidad, actos y susceptibilidades de someterse a acciones aparte,
alcam.a a dejar entrever una delimitación o definición, pero no es lo mismo
ni puede tenerse por igual.
Es aquí donde la función categorial empieza a enunciar una problemática peculiar de lo declarable de la realidad. Para unas direcciones, lo declarable depende, necesariamente, de la realidad de la cual se lo predica; en
otros términos, cualquier lógica ba de sustentarse y serlo de los seres a los
que enfoca¡ como ilustración tenemos lo siguiente; de Vasconcelos se ha
dicho que yerra al postular una l~ca para el ser y otra para los valores:
pero no se le puede censurar si sabemos que el conjunto categorial rc[leja
las requisiciones de la realidad a la cual corresponde; por consideraciones
paralelas, tampoco puede condenarse y darse por periclitado otro marco
categorial, pues incluso Kant o Platón tuvieron no únicamente el evidente
derecho, sino necesariamente la urgencia de e~tipular su instrumental de

predicamentos en atención a los que su estudio señalaba que pudo decirse
sobre sus temas de indagación.

. A ~~tos de \'Ís~ como los apuntados se les ha llamado relati\'istas 0
histonCJStas por qwenes extreman u pretendida consideración en tomarlos
en máxima _ah ~~cción.' Se parte en tales excesos lógicos de algo que no vale como axiomutico, sino que se quiere hacer aceptar sin ex{lmcncs y esto
no es correcto; tampoco lo sería en el caso de las catcaorías acogerse a la
perenni~ad de su ~ensamiento. Tal ,·cz puedan señala;c pe~.mentes y es~bles ciertas cuestiones, pero hay que establecer bien que se trata de cuesuones, no de soluciones; la dificultad e manifiesta, justamente, en el dato
de haberse intentado absolverla. Para unos, el problema se desata o resuelve en un sentido; para otros a partir de otros supuestos o desde otra
perspccti\'a, puede resol\'erse mejor en di,·ersa dirección. El relativismo histo~i~ista no_ es n~~sariamente un escepticismo enmascarado. Menos puede
~1girse la inamovilidad en lógica y menos aún en cuanto concierne al enJambre categorial; señalar, que para el heredero de la academia, los contrarios presocráticos pitagorizados por Platón, no bastan para indagar lo declarable del_ ser, n~ ~lega
querer que cada quien, por el solo argumento de cambio de v1S16n histonca, cuente con autoridad para cambiar lo que
~e ha creído no variable. Las categorías no son parámetros: no derraman
l~ consideració_n ~oncreta_ del algo al que dirigen sus posibilidades de orgaruzar el conocmuento; m en nuestros días tan saturados de contaminación
matemática de la lógica, a nadie se le ha ocurrido decir, o tratar de sosten~r que lo atribuíble al ser sea paramétrico o trascendente al ser de que se
dice. T~ce~?entales del ~er, se entienden cumplimientos valiosos, previos
a la realizacton concreta, inclusos en un ejemplar concreto. Aquí descansa
nu~stra tarea d~ precisar con rigor la separación del dominio del ser, de
regiones de ~alidades no entes; trascienden a los seres los valores en que
h~n de mamfc.starse: asj la predicación o apófansis, es cpifanía o descubrinuento de lo que el ser cs.

~~t:1

Lo atribw'ble es un campo de consideraciones, otro lo es el de definir y
otro el de reconocer al ser; esto no es ninguna inno\·ación O aventura de
originalidad, es la enseñanza precisamente comparable en lo clásico. r0 f uncion~ la inclusi~n de valores tomados como atributos, porque lo que vale
trasciende la cnudad; reflejos en ella lo delimitan bien. El valor queda apar-

1:ªL

te, ~up~ ~tra_ zona de 1~
~ lo mismo que separar una abstracción. )'a
en eJercic10 final tras elimmaoón de contingencias articulares, bien a virtud de una fenomenología ante algo concreto, apartarla en su esencia: se
toma a priori de atribuciones.

47

46

�,._, a ~ e l ~ • imfatlat.ia de lal ~ ~
cl'9icot; p&amp;IINN lla el 19Jr de UD ejerdt;io que puéde ,-atine -ea aui fb..

.... Ha venido .....,_ 11M -,ecie ele tr■dici6a pata el Ira•
•~mie,t,- ele _....
~
la &amp;bofia, pueden nnmir•
.. aatecedentm flltabJecidGI La COIIIUll- ele limitar Ju refaeacia aclu~ &amp; 14&gt;4 linderol de ~ c:aeapo, . . aceptable e inc1ulo de rigor me'6dito, .¡ b preaupueitCI teor6tica hubinll quedada lmtante acJareddel
e indi!CIWñh, Ya luM:e JÚf de una CBlfflllia qae wine Jilrindaie batalla en
torno • p,NalPÍeQ~ al pateeer ~ Hay quienes dec:idea
bk JU p,áerencia par la prd)lemitica del coacdmimlo, aata que aceptar
el plan• de cuestiGall -,ecto al ser.. IWwiD de Jlaea del saber y del ser.
Otros ~ cc,aveaaer cde que la materia no menee a,eptme como buamemo pua Ir» eaundadot 6b6ficoa Olvidan átel que el sistema de eama. _ _ . .las . . . _ empienn por ez:4meaes de Ja C8Ula material.
DacuW. lat p,lemitt.as paeeoloptat o meeafwta, ,ue una epistxmolo,.
gla tanda 4e Dudo lin o b j e t a ~ ; que. una ontologia amewa
rwna, si
ac:-.spama y ae éDtNVera cen la ~ opoabma de la pro,
blnM&amp;ica de Jal noclones.
Batudill ~ Ju directrices eltlblecidu por el cuerpo de catmgodas, indica ~ sin rígida para recbmr UD ca"1ogo ni aectammo para aceptar O
proponer ot,:e, y comida-ando nada máa la lfflli6a y compulsa de lo que
~ predicane váJidameote es de primon:lial urgencia fibM",ca. Lo mismo que Ortega prota1a porque "a cualquier coa se Je Dama aben edpti•" aqul • quiere aeriammte vetar el que se welva sobre discusiones para
c:uyo rigor no ae establecen ,epa.- dignos de ser convalidadoa. Ni Jaa catepias ~ ni Ju plat6nicas, ni lu parejas de opueatol IOCrátm, la
tetralc&gt;gia kantiana lÜ ninpnaa otras categoñas, han c,terido ni podido presentane u ofrecene fib6ficamente COQ&gt; prontuarios de relOluciones hechas. La telia aqu1 reza: "cualelquier categoría, dáaic:u, arcaicas, critic:istat
o de cualquier otra edad o ambición que se supongan, no valen ni pretenden
dol -

-,e•

•

=·

"° •

valer como mapas o rutas para llegar a ninguna concJusibi". Las categ9lfas
se postulan aqul como esquemas generales para el ennncladn y formuJaci6n
de los ~emaa filmóficos. De haber pretendido aJguial que laa categorlas
trajesen ya ia aue, 111 resoluciones necesarias a toda dificultad para declarar o predicarse el ser, 1a l6gica tendrla solamente el aspecto de un recetario, todo lo tradicional, respetable y acreditado que se quiera, pero estitico
., dgicio.
El conjunto de predicamentos, que Aristóteles analiza en au clásico tratado, no funciona como aos caminos trillados para e11cu11bat ning6i'1 resultado fijo; 10D como las categodaa propuestas por Kant, poaibifidades, um que

ele ~ • -~

diflankedll, medb para dercaidai 1 ..,.., •
-..i....:•
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.L.
- - . - ......... o--.- epw► Cilp,r á ..We ., ..
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Y onenca 1B1111tra1 _ . . al Mr111miew de
,-.-tic:a. Taicu dtilCII , efirimtea para ..... ...........tabet
eatructurar b pmlihnaa, 1e quedan en la mrnaad6a -.&amp;...:.....1 mo eltl'IICtura tecdtica;
.
..,.__, • - - m.
rieoL la .,,,,.
~ ~ - - - - de . . . . cimiataa ...
u ca1epria)el, aguen .anpmbmdo ClalDO - - • - - fi.
~ bacía el -=ubrimiento de lo ñTelOluto o de Jo.paca da-. Pocldl
~ que k depurui6a de UD cuerpo eatqorial paiporciG11a nlCÚ\Q
~ para el hallaago de loe probJem.a peculiem -en cada . . . ; _
~lee6ficL Enf~ el miao materialismo O el do,Jiemo potada lcto O
- . - OCra propcrci6n fiJcw6fica; dilcutible, sin aDlel establecer CGIIÍCllllle.
qu6 pw6aahlea ,__. tratane la c:uesticm) corre el pe11gro que ..,. WIIID
a _menudo en ~ supediciaJea, de que le ignore balta la pml,lnNtira
IIIIIIDa que ha ~ tratane. Ali las categodu pueden mliar makprier
teaao de estudio llelDpl"e y riameate cuando te la ordene en
denda a la agenda de lo que ae está iavatigando.
-,..
tntF:::1111 ti...i.....:- U.:-

~c:on--

Noarons

Al n:sultado del proceso
••
Jó1 extaeua debe •
~ ae llega por un camino, uno de cu• • ,
aaempre Y necesanamente ter Jo que ae conoce. En la
antinoo,,a de que algo lea Y de que su conocimiento entregue O permita
• 111 ser, ea en donde ae implanta la escalinata cat-...... ¡.
acceao
se
con •
•
-e-- . ,.......... no encontrar•
nmguna certeza prevsa. Lu modernas reduc:cionea fenomenol6gicaa
estipulan ese modelo de detención; va a elaborarse una --..:""'
tre lo que le estudia y quien Jo estudia.
- r - - total •

-·..a.

=

a Ja distinción misma entM el objeto y el sujeto te han de tener
ta; nada ~ IUJ&gt;Ollet, nada le acepta; ni te piensa ni recuerda, ni ~
previa neutralidad representa las vlsperas de la omnitud deJ ente fi •
tillo ante el ademán de H
~ Las --1
•
•
up...--.-.
RUUCCIODel IOD CUt la 41t1tt,11,nsio •
t,lu de Santo Tcmw. Se toma ,.,..;..:~
..t.. .,,. .
.nm•
r----.,. ante
como un umpJe U.U a la
Qminata del conocimiento. Se elabora la ignorancia de aaber ai
ello es
0 ~• Y c:aao de poder aceptar au austanc::iá tal va pueda ~ .
decir
aJao efe IU poaici6n
O cuantificarlo 0 c:alifº
•
•
acarJo o mentar au ser en el'
~ o au coJocaci6n en el espacio. El aJgo inicial a partir del cual llega
• llacer factible que algo ae liga como predicamento ha d
1'-.que pn,dnmina,
,
e aapaar por aor

1!-8

-.v

41

JI..

�&amp;a ...., • 1efeteDIÍM o de •erio■e a III qae, la .., snaltrpt di
B lf gg+ esti hecienlD refenmcia • 4lface ea la \leni6n modMN cW a.
..- - - ~ Hilr41Mt . . . . rpae • -1arm q\lts DO le miuce la
lilfa,a aiDguaai ,cuaddada e abemen,U a la .-1 sa predique o dictamme •
pu,p6lbo de problemM O dificultades l.fdllMlo del m!"Vimiento1 puel le
apunt6 ya que ae coneci•criento o saber: ., puede taminele de muera abDf¡¡élite:; lo que funda,..,.*NKNDlf: detu:nina y orienta a GJanto puede•·
. . - ea apUo .-e 1e
atUllíu y de conocer, Si de algo puede,...
temi9 que abala, ~ que del - O de Ja temUaa 'ID eatudio, DO del
CDDCM:imieate que • dmge hacia el 1er e hacia lo que 1e estudia.
C,on lo anterior el tma:miento O: funrionalipnp categorial pcnaite UD pa_, mú moderno .., ,actual: anta le baWa estahleéido que cada pemacJor o
que cada ~ JAe&amp;enta - muy Jegitimol moGYOI, IU peculiar lógica, ~
estatuir una cierta dotati6n de pn,dicpneatoL JgualmeDte se argummta que
en ~ de poaibilidadet para IUIWltU' el COD, in•iento, e\'idencian 1111
edpna en las polaridades de contrarioa o iUpUel1m praocrátimL Coa am•
has piemim se postuló el primer upectg de la praente tesil: ello es, que
opuestol o contrarios, categorlas cla\W:as, thminos de Poñuio, t6trada categorial de Kant o cualquiera otra tentativa de enunciar Jo que se admite
por conocido, nunca pretendieron nla oomo re,oluciones ya hechas e indisputadas. Ante esta manera de articular datos para el enunciado y planteo ~ la problemática de c:cmncer, queda en este apartado la dirección de
una meta&amp;ic:a o concepto del
y del alcance de su posible noci6n. En
otras ~ras, cuaíquier pertrecho categoria1 recoooce e indica el antecedente de una metaffska. Tampoco esta ~ v a de la conceptuación del
ser de la ontoloJla o actitud teor&amp;ica ante el objeto en general del cual pretende conocene la ralidad, ofrece ninguna conclusi6n ya definitiva. Baste
con recordar al sei\or Dr. ltep Jolivet de la Universidad Cat6lica de Lyon
cuando en el volumen de la "Metaph,sique" de su Cours d, Plailosophie1
instruye en la comideraci6n de que para Santo Tomú de Aquino no d acertado el pensar que deja de tratar el probléma critico del conocimiento. Sanamente concluye el Dr. Jolivet que para el doctor de Aquino no pudo haber tal problema dada la metafkica que atiene.
De manera que en concordancia con un cierto modo de aceptar y de acc:eder al ser y a su realidad, en obediencia a la ontologta y que determina b
objetos en estudio, se erige el repertorio categorial. 1 Ontologla ni L6gica
para Ja tentativa de edificar el conocitniento son más que eso, ni lo han sido
en ninguU Epoca; compnibese en el ca.o que se desee: Vociferan muy poco fibMicaniente quienes tachen al estoicismo con su reduc::ci6n a un simple
relativismo edptico por lo tanto. Cada tapio del pemamiento., ha emayado

trata•

ser

!O

~ ~ meta&amp;ica

le

. . - . ~ Ne• • • ni 1e tacba'1o
aapliado ~ _aqeuw c:1111p,
~
del pememiento se Jo -.:- de
Jaecbo, m intentado • .._
'ftca,;I
'
......_ '
tala
o COJl aumenma o cambioa,
rqmc. aurge enmendada,
'-~f&amp;Ud"~ a~·AmuldQeamente
~ da el una Oacot.....r..
-...s:- eo ----=.L, u del nuevo
ffMICiJivo. lato quien: 11!' algo ,oá.scuadro• ~ para IU tratenrieato
-- ,, ~ per;o del liaaje platónico:
dialática; aunque lül ch¡.
~ requieren 1.IDOI uteJwlioa
que b J)'d&gt;lanu 4e .Ja
ll1!D ~ ~ esw L - - - ! - amceptuales J&gt;ll1I su tratanüenco a1 .....
J.,.n
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IIC.H4IWICJIW O eatiJe de
•
• t
:"'~. al típo de estudio que se decide a ~ fWie.Jll Ja ret1tidad ,e acle,.
~ y cauexioaes CQ )a fenomenologia • "; ~ o suspensión •

!:,

q:·::

la

de H ~ están leiiaJando un ti

de
. ~ ' Ja .reducción en
4PFenq: al de Sanco Tomás o al ~ue ~ u e Je emprende en
b demás que bu bu-cado el
. .
emprendfa. Todos tres
(JJJe ah1 está (Du Sein) de las~~' lo bulcan ciertamente, •
1111...,f,. ....,a,.___
mterreJanonea y co ·
~7Tr7"'" --,s-a,¡;;; solamente que el ademán
. omonea de ~to
~ . ~ t e Y resuena pero no se
. ~Jósico en qw; se c:oloc:a
CD UD Kant.
repite ,qrvilmente en UD Cartaio O

'°"°

ENJUJCLUUINTO DE LAS NOCION.18

De manera que el anterior recorrido .
nuestros días penniten la
c¡were seiialat con la n......:.i.r....
fla
' urgencia de que
odo
,....._ que
baya de emprender un reconocimi en t
aquello en que Ja fd090.._ que decirse o clise...:.
ento, en_ todo cuanto fib6facameute
~
'"" se comete un pe'i-- d
.
6
r - n necesaria en el campo de lo
"6•~ ~do ai no hay la
deba '1acene esa comideraci6
que se estudia; 11 el utilaje de cómo
~
b'atando. Esta conclusi6: :t=~~~oeóficamente a lo que se
o para hacer referencia a la met6diw ~ al compendio que sigue
que aparte todo lo demás se
'd
ca ,enomenologfa: hlm Huaerl
Qiíe 9e trate exbaUJti
consa ere y se vea lo que quiere estu..1! __ _
vamente eso que se estudia
•
WiUIC.
Olro tema. adá que falte nada
.._._
con exclUSJ6n total de todo
tietaffsica
'
que :,uun: en lo que se está •
.
u ontologfa latente en la
t •
IDVestigando. La
el Jmlgrama que 1e propone para la
uaci6n f~ógica explica
• ontol6gicas o esferas de la realidad
. La CODSJderaci6n de regioodaidta y unidimemi--.,, . .
ª partir del tiempo como ''realidad
~-'UU&amp;I , mdica, como ..a-.L. 1
.
~ una continuidad
-...,,u1.1t o llleDta Heidegger el
1etal pueda decine. La oqu:! : : : de. desp~ lo que de aJso en
unaa Heidegger en la misma for-

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51

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�LA FILOSOFIA DE LA MATERIA EN UN TOMISTA
CONTEMPORANEO
Po, el Lic. LUIS Ril.uA
Mmco,D. F.

Sw SIEIIPRE GRATO VOLVER nuevamente la mirada a una obra de Filosofia
de la que, en otra oc:asi6n, se obtuvieron orientación y solaz. En una época
como la actual, que exige justificadamente el contacto directo con las fuentes, es, no obstante, de utilidad intelectual y pedagógica el examen de las
buenas síntesis realizadas por hombres que pasaron largos años en el estudio
de esas fuentes, y cuya labor es facilitar el camino a los demás. Tal examen
me parece más necesario en nuestro medio católico extra clerical, que, debido a la pobreza de elementos de investigación y a la prisa inevitable, conoce la tradición filosófica, en gran parte mediante las síntesis de que hablamos, como las de Maritain, Garrigou-Lagrange, Gilson, etc.

GRAN SINTETIZADOR

es, sin duda, Gallus M. Manser en su obra fundamental¡ admirables resultan el número y la importancia de los textos aristotélicos, tomistas y de otros
autores que nos da y explica, ya sea transcritos o meramente mencionados;
esto puede ya ser, para el estudioso que quiera verificar esas fuentes, un
principio de sólida erudición. Además, el libro en referencia posee lo que
pudiéramos llamar "estilo jur(dico": me refiero a la sistemática división de
las materias en párrafos y subpárrafos; la cuidadosa exclusión, por razones
de claridad, de puntos que no pertenecen fonnalmente a lo que se está resolviendo, dijéramos, a la "litis planteada"; el minucioso examen de las
pruebas, las conclusiones contenidas en sentencias breves y concatenadas unas
con otras. Dicho estilo juridico en una obra filos6fica tiene ventajas eviden-

55

�.

. tlli

edagógico : en una época como la
tes desde los puntos de v1st~ cien leo y Pb. .. dad es realmente confortante
di
' y a a am 1gue ,
nuestra, afecta a la spersion .
taf' . de la seguridad jurídica.
l equivalente me is1co
una obra que procura e
d
t . como cierto desviado radicalis·
Claro que también se prod~cen esven a1asl,lecto'" el cual, ante un libro tan
· nsctentemente en e
•,
mo que se engendra meo . , .
1 d l p Manser tiende a veces
d t
'
1und1co como e e ·
coherente_ y rotun o, ~n fl sóficas de otras escuelas, o simplemente aque•
a despreciar las aportaoones ~o. ende así a "sobreseer''' sin análisis de fondo,
llos temas no plantead~s en él~\endenc~ del autor. No puede negarse que
las cuestiones hetero?ene~ a
. al estilo . urídico dentro del campo filo. se concede demasiada influencia
J
.
.
:6fico, el resultado es la esterilidad, por homogeneidad excesiva.

TOMISTA RIGUROSO

,
l
gunda edición alemana, Y en
anser en su pro1ogo a a se
se declara G • M • M
otras partes de la obra:

.
.
ha ocasionado numerosos re,, ... mi profesi6n de tomr.s~o ng:ro:;r;;ndido Me ha sorprendido, en
proches. Esto es lo que mas m,e a t d d i~poner a nadie ninguna
.
l
porque nunca te tra a o e
primer ugar,
.
.
.
ue únicamente he recla·. . 'n respecto al tomismo estricto, . sino q
obligacio
.
,, ( i 6)
' l derecho a seguir el tomismo riguroso,... p g. .
ma do para mi e
.
p nsar de otro modo; pero re"N osotros no condenamos a nadte por e
.
o
a
defender
la
posici6n
tomista"
(pág. 559).
clamamos el derech
.
·
trata con generosidad al gran
De acuerdo con las declaraciones antenores,
.
adversario de la época barroca:

propio de un gran pensador, ya
"De una manera muy clara, como es
. . .
" á&lt;T 337)
. 'b , los papeles de ambos principios... (p o•
•
d
Suárez istrt uyo
.
del Doctor Eximio
.
en otros lugares, prof iere acerca
Aunque es cierto que,
él . . .
ui.zá excesivamente severos. La
l
enos repite acerca de ' JU1c1os q
. .
é
o por o m
.
art . esto le comunica vivo mter s,
cL M ser es polémica, en gran P e'
.
obra e an
.
.
b
limita grandemente sus honzontes
'lid d al mismo tiempo, sm em argo,
11
agi a i
.
d de el lector quiere nuevos desarro os,
cti . con frecuencia, on
y perspe. ~as,
.
d . terés se encuentra solamente con la respuesta
donde adivina cuesttones e m
'

cortante a los contrarios, los P. P. Lorenz Fuescher, y Stufler, ambos de la
Compañía de Jesús.
De cualquier modo, el libro en referencia contiene asuntos, soluciones y
planteos que interesan por igual a todos los grupos o escuelas que reclaman
la autenticidad tomista. Elijamos en relación con la Filosofía de la Materia,
algunas de tales cuestiones, mas antes de empezar, conviene aclarar que Manser es un

NOTABLE HISTORIADOR

Causa admiración el que persona de tan briliantes cualidades filosóficas,
haya sido, profesionalmente, con toda modestia, sólo un historiador de la
Filosofía; mas probablemente de esa modestia procedan los méritos filos6ficos del P. Manser:

"El haberme dedicado durante cuatro decenios al estudio de la historia
de la filosofía ... " (pág. 136).
"Después de tanto como hace que nos ocupamos de la historia de la filosofía . .. " (pág. 638).
La mayoría de los capítulos del libro de Manser ofrece, antes de la exposición sistemática, una síntesis histórica, la cual se refiere principalmente a
la filosofía medieval, tanto escolástica como no escolástica; dichos resúmenes
históricos ofrecen la peculiaridad notable consistente en estudiar y acentuar
aquello de común que tienen las diferentes escuelas, tendencias o filósofos,
al lado de la consideración de sus peculiaridades: así pueden apreciarse las
líneas generales de la filosofía medieval; los estudios históricos del P. Manser,
a la vez que variados según la variedad de hechos y de hombres, resultan
unificadores, diríamos más bien "concéntricos"; y pueden servir de complemento a otros trabajos históricos, por lo demás meritísimos, como el de Maurice de Wulf, en los que también se examinan las mencionadas comunidad
y diferencias, pero sin subrayar tan decididamente la primera.
En confirmación de lo anterior, vemos que nuestro autor, en varios capítulos, expone con gran precisión los puntos comunes entre los representantes de la corriente agustiniano-arábiga en el siglo XIII (a menudo franciscanos) y Tomás de Aquino; para sorpresa de algunos, dichos puntos de
convergencia, son más de los esperados. Así, el Doctor Común sale perfec-

57
56

�tamente situado en su época, no aislado sino en diálogo con sus contemporáneos; pero al mismo tiempo, esto resalta de modo singular su originalidad
como

UN INNOVADOR EN EL SIGLO

XIII.

Un innovador de gran mérito fue Tomás de Aquino, no un simple innovador;
a decir del riguroso Manser, "sólo el que logra resultados nuevos y verdaderos en el método o en el contenido doctrinal, o en ambos terrenos a la
vez, s6lo ése trabaja bajo el signo del progreso y tiene mérito. indiscutible"
(pág. 189). Que reuni6 tales características el pensa.dor napolitan~, se encarga de probarlo nuestro autor, en los capítuloi1 históricos de su libro.
Como los auténticos innovadores, Tomás tuvo que luchar en contra de
una "derecha" intelectual:

" .. .el mlrito principal de Sto. Tomás en el siglo XIII ,, en los t~mpos posteriores fue la creación de una nueva orientación doctrinal,
opuesta a las tesis agustiniano-arábigas . .. " (pág. 191).
"El origen de la ciencia había sido reducida por toda la tradici~n agustiniana sin excluir a Alberto Magno, en último término, tamb1in a un
1
influjo de Dios inmediato y actualmente iluminante (illuminatio divina),
al cual se atribuía el conocimiento de Dios, del alma )' de las supremas ideas )' principios demostrativos trascendentales. Tomás mismo vaciló aún en el Comentario a las Sentencias .. . Pero despuis, ya en In
Boethium de Trinitate, en los Comentarios y en las dos Sumas, alcanza
la claridad, rechaza las ideas innatas de Platón, la doctrina ilum~nacionista de los árabes con sus intellectus agens separatus ,,, ..• mega
toda iluminación divina actual, substituylndola por la abstracción aristotilica para todos los conocimientos naturales sobre Dios y sobre el
mundo".
"Esta innovación filosófica ocasionó al A.quinate, como es notorio, amargas enemi.stades, según confirma más tarde Juan Peckhman" (p_ág. !50).
Pero tambiin se uio obligado Tomás a luchar contra una inevitable
"izquierda'':
"Ful una lucha verdaderamente heroica la que sostuvo Tomás contra
la doble verdad del averroísmo latino, contra el cual escribió en 1270
su obra "De unitate intellectus contra Averroístas" (pág. 148).
58

Y como acaece generalmente a los innovadores, hubo de sufrir el ser confundido o contado entre los representantes de doctrinas disolventes, después
de haberse esforzado contra éstas:

"Pero el mero intento de condenar a Tomás junto con Sigerio tuvo que
ser para el Doctor Angélico, que había acaudillado la dura lucha en
de/ ensa de la ortodoxia contra el averroísmo, sumamente doloroso"
(pág. 255).
En el fondo de la innovación de Tomás, se halla la siguiente afirmación:

"Todo conocimiento espiritual y natural en este mundo, es abstraído
del phantasma, tanto el cósmico como el anímico y el divino. Las cuatro
Quaestione.s de la Summa theologiae 1 84, 85, 87 y 88 contienen las
tesis monumentales de su nueva teoría del conocimiento y, precisamente al tratar del conocimiento de las substancias espirituales, declara sin
limitaciones: "nihil intelligit nisi convertendo ad phantasmata" (pág.
194).
Y tal tesis es sostenida en parcial conformidad, en diálogo con los grandes
representantes de la corriente agustiniano-arábiga, pero al mismo tiempo
en oposici6n a ésta; débese lo anterior a que dicha tendencia admitía ya, en
los siglos XII y XIII, a la abstracción como fuente de nuestros conocimientos intelectuales acerca del mundo corpóreo; pero acudía aún a la iluminaci6n divina actual como origen de los conocimientos relativos al mundo espiritual. En cambio, Tomás da todo su valor a la abstracción, pues la acepta como fuente de todos nuestros conocimientos intelectuales en el orden natural, tanto de los referentes al mundo sensible, como al alma, como a los
principios trascendentales, como a Dios (págs. 175 a 178).
Que la abstracción a partir de los datos de la experiencia sen ible tenga
tanta importancia como origen del conocimiento natural, encuentra la siguiente causa:
"Y la razón más profunda de estos hechos está en la unión, aquí en la
tierra, del alma espiritual con el cuerpo, del mundo espiritual con el mundo
sensible, en cuya virtud el entendimiento humano, unido con el cuerpo, tiene como su objeto propio la esencia de la cosa sensible".

"Así tiene validez el principio: 'Nihil sine phantasmate intelligit anima'
en el pleno sentido de la expred6n1 incluso para ti conocimiento de la.s
substancias espirituales; y con gran profundidad dice el Aquinate acer-

59

�t:OUdff• ~--......,,_ .-,,..,,,

ma
'I Toatá.r ,.;,.
- lo ialn¡,,6" • J,ri,uiJio, • olro . . . •
N, ""' ,,.,
., Nr'-úr...,. ealos au, ü .,,,._ de ""4ia, qw •~tnuo a"' fU Toú, n 1- Ed44 M,ñ,, Z. fflÍfflla Un ,J;l ~
(PW. IN, 195 y 111).

c.. ..

Puede parecer parad6jia, a b ultraespiritual; mu coa la afinnaci6n
Clllllilate en~ de IN-datot aenilJlei, )Gr mee&amp;, de la aliatracd4n efectuadii por el . . . . . . . ..., , . . . 18ck, DUelbo ccnr.fmiento intelectual
natural, 1e tillllp wve ftlllr al papo eapkitu lnrmancn
"El u,m,,, Aamao u tlfflllnln n .ra ,Sl1Uia uu u,UW imilMi6,s
al _,_. _,,,_ dúmto: , ~ ,-.,w,- arililUo 6nni,,ü
ifu:r,1111",.,.. '•¡,,usio ,,.,_ Nritál. Tonu&amp; lo,.,_, Am10 11 utorio, n 11 ,.,,,, d, k lu 4ioiu 4', lo1
~ D,
,,,. ,,,.,,,. üs¡,lal totlo ,, ,rotlnu, tú la uf,r• • 1t, ~ ul
.,••. • (p6g. 201).

""""'"°' ,

"lw/lldo • t. orip,oli4ad ,u Sto. Tona,&amp; lo Jnuo, eomo II nolorio, ,.
,I lup, ü la ltu dioiu ü los /Jlalñi&amp;os 'I dp#i,,iaos. D, 111• ,,._,,,.
tlu¡,ltUó lo4o .Z ¡,,o6lnu, ü lo nf,r• ü Z. utioitlatl ol ortún túl
#1 •• • » (i-g. 201).
Rfl)JeCtD a la originalidacl de Sto. Tomú en la 1lelia de que ae trata:

"Lo eútlll M fJU WÑ lup C fflG láltu:i6ft t a ~ 'J tul•
Jnd, th ta ¡,,olngtuh 1-elaa, tomo lo 1&amp;úo ,l Apinat,. Es iüudabü
'1'" Tonú, -,los lfflkS u J. Loeu, coflJiü,6 la ·~~
áiea ftlftl6 ,, lotlo, lo, ~ , Ularalis. Y ,s,o, ,n o,asiei6,a .Z ~ . • filor,ü,,,o, al uoplaloainno, • S. Jpsdn 'I " los
h"6u, • ~ Máptl, t1 loa 1t, ueo1'sti&amp;11 contnnJ,ortirwc &amp;oa n&amp;
koria 41 la ñffliu&amp;i6a tlioiu; . .. "' (pág. 195).

,nn1,,,

'°"'°

At.erca de la c:ueati6n de
Ja tesis:

qua fue

el primero, en la Edad Media, que

La aperienda ..... eaiDo fuente • Duestlal aJIICIC:ñHienb naturales.
Muy bien, pero c!CUútal w.:a no ha Gdo in~etado l!ltlD, a6ft dentro del
ampo de la llcoHltica, en ua atidb muy limitado, lelÚ e1 CUII, de cier• ~ • alJllralcb, le deivan otros, mu ya sin la necesidad del
wuno o welta a la aperienda lenlibleP Hay aquf, probat,tenimte, una aproJrin,1f'i61 a Kant, "que, ti bien pone e1 principio de nueatto aer en la apedmci-, no deriva ele ella todos b cxm,v:lmieatm" (P'g. 195).
Pará evitar dicha limitad6n, Manm- insiste, en primer lugar, en un contieto permanente de la inteligmcia, antes y clelpu&amp; de la abltncd6n con
la singular sensible:
,
• ... ,l nuntlimlnlo, n cualo qu, ut4 aitlo con ,l aur¡,o, coaou
todo lo qu, conoc, JH,rtürulo tl,l mundo snuibl,, ül 11tat.nn,,. Por
·~ e°"'1'ma ñtmJJ,, ,, conoeiminto rmw,rsal, "" lu, stlCJUlo ,u lo
..,.i.,, IIWOlffllnÜ n lo -,,,la,, ffl lo cul la ISIJIÑ tlhslrtdJa s,
nctintTa conernaan1, ~Jltllla: 'N1&amp;1su u, ad lu,e quotl inlellec''" Ula ial1lligol n•n owclum JJ,o¡,,i,,,n quotl convma.t II ad 1Aa'4rtul11, vi slfcalnu, naluraa •JÜolr1al,,n ül pa,tieulari 1mt,nu,n' •

(pág. 314).

In .aegundo lupr, nuestro autor explica expresamente que las ideas no
~ ~ o. nacen de ~ primara idea (idea del ente en común) y de otru
ideas pnmanas; mú bien, cada idea ae engendra, por medio de
abltracci6n, de u.na nueva experiencia temible:

1111a

nueva

IOltUVO

"'1Tuo Sto. Tomh n la &amp;lllll M,dü, aluuoru n III korfal No lo
ú. Htula o/aora no u 11n t1¡,o,ttulo fmUbtu. &amp;IISO la Historia ltu
t1po,t, un t&amp;. ..flbmo Mapa no tn,,,ü m &amp;ofUÚlndo como tol. Tampoco Ab,lardo ni Juan ,u Salisbury. • • qai,n lule, d, medüulor ntr,
Pldm 'I ..ftúldulu. Como ntds t,n, JMr• S. Buuvnt1ua, ,l conoAfflinto tnsib# u P.t1 ll, ¡,oslalado gnllúo tl, los primeros p,inciJus. Pna a ufnuo, ü 14 ilurninaddn tlivÍffll. . . El mismo Aristót,l,s

"Esto nos a,,,. ü la "'4fflD al ulffl"Dllo cone,,INl ül u, n la ¡,lvralidatl de los cone,p,os. No como si 14 Jllu,tdülatl tl, las ül,c flacint1

*" "''

U la
lfU coman, /JtW todtu la, Uf'MI itl,111 U&amp;n, tomo la
iüa tl,l nt,, ü la cbdraeción. 'I sMo II NU ü la 111/lffineia ,Uúa
m •aidtu ti dlterfflinado, conc,1to1 reai.s. Aqtd no uy n ,l cristo1.U,.
IN, ningúa c¡,,io,is,,,o. Pno todas las dnná, itl,as, 1t1eatlas de la 11tlf•
~ u son sino ~ nw /JrÑÍ'IIUU ül ,,... cotfffllVU, . .. •
(p6g. 318).

�La derivación de la experiencia o conocimitnto sensible) se afirma tambim de los supremos principios demostrativos:

"Ambos, Aristóteles y Sto. Tomás, ponen de relieve con la misma energía que los primeros principios no pueden ser demostrados. Puesto que
toda demostración se basa en ellos 'Y los supone, ellos mismos son indemostrables porque son más claros que toda prueba que pueda deducirse de ellos. Proceden del conocimiento sensible; . .. en aquellos pasajes
en que Sto. Tomás y Aristóteles hablan de una inducción como fundamento de los primeros principios, no pueden, en modo alguno, referirse
a la inducción como procedimünto dr.mostratiuo, contrariamente a lo
que algunos escolásticos afirman . .. Pero esta inducción aristotélica, como observa muy bien Heinrich Maier, no• tiene nada que ver con la
inducción como procedimiento demostrativo. No es sino la abstracción
( simplex Abstractio) de una idea a base del phantasma o imagen común contrastada por la experiencia" (págs. 379 y 380).
"El hombre, tal como efectivamente es, tiene que tratar de fundamenta, los primeros pri7ici pios que, por ser los J1rimeros, no puede basar
en otros principios en el mundo del acontecer singular y efectivo . .• En
donde tiene que asentar los primeros principios, )' de donde tiene que
partir, es lo e/ectii:o, es la realidad. Con rsto se er1rnc11tra Aristóteles
... en el mismo terreno en que hoy se apoyan las modernas ciencias
naturales. Esto fue también lo que dio a su posición . . , aquel carácter r.minentemente inductivo -hablamos aquí de inducción en sentido
lato- que conservó su filosofía y que situó al Estagirita en todas sus
e.speculaciones. incluso las más profundas, en el terreno de la experiencia y de los hechos experimentales como punto de partida'' (pág. 37~).
Y con gran precisi6n, se aclara que los primeros principios

''dependen, ciertamente, unos de otros, y todos, en definitiva, dtl principio de contradicción; pero no son derivables utios de otros. (Tesis de
Liberatore, S. l., y Sanseverino)" (pág. 389).
En consecuencia con lo expuesto y en relación con las primeras ideas, rechizase que las demostraciones científicas se deriven de los primeros principios; en cfecto, Manser explica el carácter común de dichos principios, en
su relación con todas las demostraciones, rechazando en fonna vehemente
cualquier apriorismo:

62

"No son comunes 1n el sentido de que todo s1 demuestre por ellos solos,
pues por los primeros principios solos no se demuestra nada en absoluto.
Son comunes., en cuanto que son necesarios para toda prueba" (pág. 353).
. ~ interesan~e la aplicación de la doctrina anterior, al dehatidísimo princ1p10 de causalidad; ante todo, el origen de los conceptos de causa y de efecto en la experiencia sensible:

"Los. conceptos de causa y efecto no son, ciertamente, los primeros que
~~uiere el ho_mbre: Suponen las ideas del ente, del no ente, de la oposmón, de la identidad )' los supremos principios ontol6gicos. Pero no
son derivables de estas ideas 'Y principios, porque, como observa Sto.
Tomás, contienen un nuevo elemento, diverso del ser en cuanto tal: el
del ser devenido. P-or tanto, únicamentt pueden ser extraídos del devenir ( motus), .. . Si esto es así, la abstracción de las ide.as 'causa' y 'efecto' de sus correspondientes imágenes fantasmáticas . .. " (págs. 382 y
383).

Además, la negativa a admitir que el principio de causalidad se derive
de . 1?5 principios trascendentes de contradicción, de identidad y de raz6n
suf1c1ente:
. "~l principio de causalidad supone estos otros como más altos y, por consiguiente depende de ellos como de normas criteriológicas aunque no es
1
derivado de ellosº (pág. 359).
Manser detalla así la aseveración anterior:

"La_

de~vación del principio de causalidad directamente del principio
de identidad, t~ como _lo _han intentado Riehl y Windelband, tenia que.
acabar ... no solo suprimiendo la causalidad, sino llevando al monismo.
S~e~a~t, Messer y Arthur Schntider han tratado de derivar nue.stro principio directamente del principio de razón suficiente. Tampoco ellos se
libran de la petitio principii. El razonamiento siguiente: El principio
de razón suficiente es seguro e intername11te necesario; ahora bien, la
causa es la razón suficiente del efecto; luego el principio de causalidad
es también seguro y necesario, supone precisamente lo que hay que proba~: que só~o _l~ causa es la razón suficiente del efecto ... (Que los
pnmeros pnncapios no son derivable.s unos de otros) se aplica eminent~mente al principio de causalidad C01l relación a los principios .superiores a il. Estos si refieren al ente indiferenciado como tal; aquél, al
devenir, que es menos universal: 'Esse autem universalius est quam

63

�moveri'. ,cómo la, tk poder )IO derivar del ente indifereneiado el 'devenir', lo 'plural', si lo uno no tiene, euneialmtnte, nada que ver con
lo otro?: '&amp;se causatum non 1st tU ,atione entis simpliciter' 'Y 'non intrat in definitionem entis'. Otra cosa es la dependencia. Potencialmente, también el ente indiferenciado está contenido en el ente como tal,
puesto que siempre IS ent,. Por tanto, todo principio supone, a su vez,
otro superior y, en último término, el de contradicción . .. " (págs. 388
y 389).
La importancia de la innovación de Sto. Tomás referente al origen del saber, es especialmente subrayada:

"La experiencia sensible es la única fu,nt, de todos los conocimientos
naturales. La importancia de esta innovación en el siglo XIII sólo podrá
subestimarla quien olvide que significó una revolución de toda la teoría del conocimiento ,., que las innovaciones en este terreno trazan surcos en toda la coneepción natural del universo. Con esto fue Tomás, ..•
el primero en fijar claramente los limites entre la filoso/Ea y la teología;
y el primero que dio a la filosofía su propio campo 'Y su autonomía"
(pág. 205).
C.on la innovación, el mundo corp6reo ocupa definitivamente, en la filo10fta, el puesto de importancia que le corresponde, dado que el hombre es
un espíritu encamado:

"Con el principio de que la experiencia sensible es la única fuente 'Y el
único fundamento sólido de todo conocimiento natural, recibió la filosofía en general una nueva base. Este principio trajo consigo una
transformación de la psicología y de la teologia natural, orientadas antes en sentido platónico, en el sentido de que Dios 'Y el alma fueron
desplazados a la región de los objetos del conocimiento meramente indirectos. Con la teoría de la abstracción partiendo de las imágenes fantasmáticas como única fuente de todos los conocimientos espirituales,
volvieron a formar un todo armónico la metafisica y la filosofia natural,
que habían sido disociadas por el sincretismo de los árabes".
"Si la época moderna se hubiera mantenido fiel a esta directriz, dificilmente tendríamos que lamenta, la ruptura entre metafísica y ética, metafísica y ciencias iurídicas, filoso/la y ciencias naturales".
"Pero lo m4s importante de esta innovación estaba seguramente en
que con ella el mundo sensible recibia una nueva valoración científica,

64

opuesta al espiritualismo platónie
ia .
nientos años atrás" (pág. 206). º• que ven imperando desde. mil quiVemos asi que con su inn aci6
corp6reo Sto T ~
el ov
n, con su nueva valoración del mundo
tal mod • 'dad. o
es
precursor de una modernidad equilibrada Q
erru
no se haya realizado '
· ue
los historiadores asi c
1 la . aun, es tema que corresponde tratar a
estudioso de la
f~mo e re bvo a las cawas de semejante desgracia. al
oso aa corresponde señalar q
ha
.
'
minada evolución doctrinal
.ue, pues
acaeado ya deter.
.
' y se han sucedido determinadas luchas hist6-

fil

ncas, no es posible actualmente preconizar el materialismo
.
sus formas; pero tampoco un es . .t lismo
en ninguna de
sensible No podemos cae
descamado, desasido del mundo
1pm ua
pone, d~ un platonismo qr en aultentación, más frecuente de lo que se suue res ta contrario a los . t
d l
hoy; no nos es lícito involucionar hacia un
. m ~reses e hombre de
ante la complejidad del mundo mod
prearutotelismo que sería inútil
La.
emo.
mnovación de Sto. Tomás nos lleva a la ,. .
.
origina nuestras experiencias
'bl
d . .on11derac16n de aquello que
tramos así en
sensJ es, es ear, el individuo corpóreo i en-

UN

SECTOR DESESTIMADO DEL TOMISMO.

Manser empieza una de las partes , ·
para la mente moderna.
mas mteresantes de su libro, sobre todo

,

"Y ahora unas palabras sobre un

f
del tomismo. el individual;•
t a~ ,~~o(, pero muy desestimado sector
.
...mo omutci pág. 455).

Parece ser, en efecto que a
d la ín
Tomás, numerosos tomi;tas han dpesar e
d~le del pensamiento de Sto.
o al . d d l
esenvuelto un ststema bastante desarrai d0
eJa O e o que existe en eJ
d
ga
corpóreos. no obstante la tend ~udn loMmaterial, esto es, de los indi\-iduos
'
encra e
aestro muchos disci u]
ven en una filosofia semeJ· ante a la la , .
'
P os se mue..
p tomca, y por tanto muy de espaldas
al

empinSmo.

'

Ante todo, nuestro autor afirma que ha dif
.
.
dental, entre cada individuo· y t
, y eren°:1 s~b~tancal, no sólo accia la misma especie:
' es o, aun entre los mdiVIduos que pertenecen

" . . . la
. dºiversa participación substancial de una
pedfica por los individuos es. • .
misma naturaleza esuna realidad innegable. Con esto que-

65

�tÜ Pedro '1, ¡,o, ea,do, la
substaneialffllnll tl, diu,rsa p,,t,c-

" ••• •l alma 11piritual del hombre u emula ¡,o, Dios ,on esta ordnaaeih substancial a un cuer¡,o detmninado" (pág. 458).

ción qw: la d, p • d' •·nción accidental d, la ¡,,,ficción" (pág. 456),
mista, no ,n 1usa mera

"Nuevamnu, es Tomás ••• quun nos enuña que las formas individuales,
y consiguuntmunte, tambih las almas, son dwersas según la ordenacióa
o llllapt4'ión, substlUUÜJlnunu div.,sas, a ,st, o a aquel cuerpo" (pág.
458).

.
rlfflOJ

dem qw

a "'""'

ü P,d,o '1 ,l cvn¡,o

"'!'"'"""' intliuida: ~ ,::,: ::nsist, el verdadero individualismo 10•

u.,

.
• •,;catlamnl, nueslra conc,¡,ción de la di" .. . podríamos considerar ¡wn,.
. s tl, los individuos de
sidad --'ección concf'ttafflfflll sahstanciall
. ••
ver
)' r•1 .
d l ,J ctrina del tomismo J,ritmhvo .. .
.
esJ,ec&amp;e como parte e a "º
. . . d d'
una ,msmo
individualizaáa en cada individuo e asSegún Tomás, la formo esld
•
. uinlem,nt, la naturaltzo
tinto modo, ~menld~ !b";'';;,,:,:;::01 d, ver" {pág. 460) •
d, la coso ,e'"'"ma ,
,
.
. de la diferencia flsica o nummca que se da entre
y subraya la unportanaa
individuo e individuo:
. .
.
l " substmacial mismo, entone,s
"Si
la indavadualidad comprende e ,
iadiuidualizaao 'Y sn
•••
• • ,1· ·t1 al en cuanto tal po, esto,
la substancao an wi u
dd
su ¡,,opio ser 'Y, por condistinto de todos los dmuís, !111 ',. •
das
las demás porque la
1
. .
¡,,olrin ¡,,,ficción1 istínlo "' 0
'
d'
nguu:nte, su
rhob á entr, dos individuos uno &amp;•
perfección sigue_ al s,~. Entonc:.,no . r física o numlricamente s11bs-

µs¡; ,,
°"':'

fn111cia es,Ucífua, sano una
tancial" (pág. 457).

a erencao

.
. m
. diV1.dual con el principio de causalidad:
Relaciona la diferencia

b. l • ,f idualidod preguntamos nosotros, sin
"¿Cómo se ha de canee a, ª. an_ a~ 1
, Cómo se podrán explicar
toque la substancia del md1v1duo. • • • é
.
d las
que
• •
'ncihin de causalidad, las pe,feccaones e
entonces, san violar el Jm r- .
_.J_ • , . iduo sin referirlas
_1..-.
totalmente dwersos en c'""' an w
,
focultades amma&amp;OS
. ..
de p f ión individualmente dia almas 1 naturalezas 1nd1v1duoles 'Y
e, "'
versa?" (pág. 457).
· diVl·duo tomista, al hombre:
Muy interesante es la aplicación del m

"Todo hombre es fisico-substancial,n,nte una ¡,a,fICI·paci6n de la naturaleza humana total,n,nte particular "/ distinta" (pág. 458).
li .
la doctrina tomista acerca de las
En especial, es fecunda en ap caaones
.
las almas hudiferencias substanciales y de las semejanzas emtentes entre

manas:
66

"Multilrulo igitur animarum ... cons,quilar quidem diversitakm formarum secundum substantiam, quia alia est substantia lulius animae ,1
illius, nontamen ista diversitas p,ocedit ex diversitate p,incipiorum essentialium ipsiw animae . •. sed est secundum diversam conm1Mnsurationem
animanma ad co,pora; hatc enim anima est commensurata huic corporti
et non illi illa autem alii, et sic de omnibw11 (Contra Gent, II, 81),
(pág. 459).
Se habrá notado que esta doctrina tiene conexión intima con la tesis tomista referente a la unión del alma y el cuerpo, en el hombre: porque las
almas, como formas substanciales, se adaptan o unen diversamente a cuerpos
substancialmente divenos, hay düerencia flllica, numérica, entre las mismas

almas.
Y como se dijo, dicha doctrina tiene fecundas aplicaciones. Nuestro autor

recuerda dos, enseñadas por Sto. Tomás:

"De aquí tambiln el principio tomista: 'Cuanto mejo, esté dispuesto o
constituido el cu,po, tanlo más excelente será el alma", y aquel otro
principio, según el cual los niños se asemejan a los padres incluso en
lo que se refiere al alma" (pág. 459).
Pero tales aplicaciones serán realmente fecundas si el individualismo tomista se pone en contacto con los logros de la Psicología Moderna, como
son los hallazgos de la experimentación psicológica, el psicoanálisis, la psicoJogfa profunda, etc.; en vez de encastillar al individualismo tomista como te-

sis puramente ontológica, sin ninguna capacidad de orientación, de ayuda a
las ciencias naturales.
Por otra parte, cabe recordar que las posiciones tomistas relativas a la
unión del alma y del cuarpo, y a las düerencias substanciales entre los individuos de la especie humana, nunca han sido del todo gratas a los ultraespiritualistas. Nuestro inolvidable don Antonio Caso que, según confesión
propia, profesaba el espirih1aliamo francés {exagerado), reclw6 la doctrina

67

�=-

de la uni6n del alma y del cuerpo, prea:;;n,rnerate porel comiderada
pGIÍtMIIDO
al materialiDot quilá IU memorable hacha contra
explique e.e extrañamiento:
•

,logia
'"'-~, n n 'E--,o ,ol,n ,l CurJ&gt;o 1 ,1 Alu, .ofr1e1
f como
.,.,..:~..:
..._.
UUT- '•
•
0,,laeú, eOfl Glpaol fil6so OS yw,Htww.-,
d, ,.
IOtnUlo, J1I COfl&amp; ualnwnu uta similitud P,6fflflll al ,,,._ .
,amo Hnhm SJJnen. ¡Punt L ,_ lueión aristotlÍua de Santo To._..:_,:_
la qru Ms o/)tlrla '" "' so
.J~.,,.o, ,s
•
• ~1El All'M "I ,l CUlrJ&gt;O, Enwyo '"
-~- ,, (Antomo Cuo. uv.vav a
-L1-. 1'.I!..!-.-- "'VeJJIU,J º º º
Aako¡olop
Filos6fúa, por el Dr• Oswa1do ROU&amp;Ct' .rA,IIUUUla

,,ns

mas", Mmc:o, D. F.).
.

liclci6 del individua&amp;srno tomista, a la di-

Mamer hace una especial • ~ •

fere:ncia aexual:
.
• ividualimao tomista p,ayc,tarfa luz u¡,,"Nuestro int11J,r1t~ tlel and
fnninislti' (pág. 461).
eial sob,1 ,l tan diutuido p,oblflna

.
En re1aci6n con CiertOI
caracteres individuales derivados del sexo, nuestro
autor hace la ~ siguiente:
•
1.
•
111, 1110 incluso tratándose d, los
J&gt;osibl,
nasta
C11t1O r,
• :-1,1 l4
,_
fJl(WMICIUU
,.,.,,¡
•
.,.
eon
lo
"'"
a
cada
and-uo
• • • 'ndivitluant6S '1 u eomr-a·•...
¡mrutJMs •
~
. la • divülualtntnt, común. Pero no ,s
,s ,ulusivamnalt pro ,:,O·. &amp;isu.
,n 1,,..,c. ,omo la ,stal,ilülatl tl, lo
•nw,rsal ni, J&gt;or ,oupunu, nn t#t:lr-••1
es¡,,dfit:o" (pág. 462).

«r _

~-&amp;..:.1:,1_,1

,s

•
lo universal·, es decir,
. h·-•..... encontralDOI: pnmero,
O sea, en 1a especie
•
• dividuales, que varían
d los caracteres exclusvamente m
la naturaleza; segun o,
1 • dividualmente común, los caracteres .code persona a penona; y tercero, o m
ºerto grado de estabilidad, la cual
que poseen a
individ
Y
munes a muchos
uos,
___!.._., En la tercera categoría se
no
a la estabilidad perfecta de lo uwvQlléll,
llega caracteristicas derivadas del sexo.
baDan las
• • lo individual común, a lo universal; en e~ proSanto Tomú nunca
uimil6 . ci6n
•vat..J-'- a constituir a la muJef en
dicha ¡umxuJa
eqw una
cual
blema que se trata,
varón
efecto rechaza defmitivamente
•
una especie distinta, inferior aJ
• ; en Ja ..,;_:,1..,1 femenina:
• postura helenizante, en relaci6n con
'"15,._
qwer
..
.
al 01 atipas ,scritortj mmanos
"Conlra ,l J,latonismo anhpo "I 1""
,_
• i. iaw,Jtlad
rin
ToMás
cdribu,n
a "' muJff
insJ,i,ados ,n 11, Agus
'1
• "' (pig 461) -a
uneial ,on ,l var6n: 'id,m s,eundum s,-eum
.
•

68

Y, junto tarnbim con Amelio Apstfn, subraya Jaa deaigualdada luhatancialm filie 1e deben a la dv•tidacl de mm, y que CDlrapmdea a lo "individual cam6n":
"Sia em1H,,,p, aaios atriln,yn&amp; al Nr6n fflGJOT apd,m u 11¡,l,ilu.
iC6'tio ••J&gt;liear ,11o1 .dquf • a¡,lieo '""'1tffllnt1 ,l ¡,rinei,;o: •1.,a utu,alaa común s, mulli¡lliea ú aewrtlo ecm los /JriruiJ,io1 iadivülrumttl. En virtud tÜ sw Jniruipios i1Ulividuat11, que son flsit:ame,au leeulia,,s " 1'I mujn n cuanto tal, la mujn IS 1minnumn1, pasiva, al
eoatrtlrio del /unnl,r,, que IS oetivo. Con esto eoneu,,da la füiologúi'
(pág• .f62).
Ea cierto que en este punto, hay algunas supervivencias gm:om&gt;manu en
Sto. Tomú, como cuando dice que 1a mujer es un var6n fnutrado y defectuoeo.
La rudeza de tal expresión nos muestra al Santo Doctor como hombre de
su tiempo; no obstante la revaJoraci6n del mundo corpóreo efectuada
por el mismo Sto. Tomú, es tanta Ja fuerza del a,quetipo platónico en la
Edad Media, que se explica la tentación de ver en la mujer casi una subeapecie, frente a la humanidad plena del var6n. Le pua a Sto. Toma aJgo
al( como a Ju obras de b pintores primitivoa, que no acaban de liberane
de la tutela m.antina.

Los caracteres individuales comunes, pm:isamente por no aer universales,
por no poseer abtoluta estabilidad, no deben ser considerados inmóviles, en
la inmutabilidad de Ju eeenciu; deben lel' estudiados en sus realmciones
hiatórico-eapaciales, Ju cuales 10n variables, relativamente. Y asl, el tomismo
contemporáneo no puede considerar la "pasividad" y "menor agudeza de
eapfritu" femeninas, como univenales, inmutables; debe mú bien, y con gran
provecbo para Ju cienciu y para Ja pedagogfa, awcane a las realizaciones
a&amp;:tuales del mundo femenino, convencerse de que existe ya una cultura feaaenina; darse cuenta de que, si la mujer era pasiva, inerte, en muchas com,
esto ae debla senciJlamente a que no se Je babia dado oportunidad de desarrollar su cultura; de que hoy Ja mujer es activa y determinante en variados aspectos del acontecer histórico. Lo importante es pues, interpretar a
un fil6aofo, como Sto. Tomás, no según la letra de ciertos textos, sino de
acuerdo con su orientaci6n general.

Por 6ltimo, el individualismo tomista es valorado por Manser, en consonancia con la revaloraci6n tomista deJ mundo corpóreo:
"No intentamos ,shoza, aqul un &amp;ffadro, ni .siquiera ap,o~matlo, d, ,.
importancia d,l individualismo tomista. Ptua eUo undrlamos que ,,...

69

�ternos por todos los campos del saber teórico-práctico, como psicología,
medicina, moral, fuiología, sociología, pedagogía, etc.,. • • Tampoco
subestimamos la influencia de lo especifico. Es, en todo individuo humano, fundamental y normativo. Pero lo específico desempeña siempre su papel en una especial participación individual de la naturaleza
específica, que en este hombre y en el otro es substancial-físicamente distinta, y por tanto, más o menos ptTfecta".
•
"Quien no considere al indiuiduo humano como un pequeño mundo en
si, como una substancia individual distinta de todo otro hombre, que
es el resultado de este cuerpo y de esta alma, los cuales constituyen esta
naturaleza individual con este grado físico del ser, con estas disposiciones anímico-corporales, con todo aquello que mediante la generación
trajo o no trajo consigo en ti nacimiento o lo trajo mutilado, no podrá,
a nuestro parecer, ;uzgar .siquiera con algún acierto las aptitudes peculiares, ni las pasiones ni las actividades del individuo humano".

"La importancia que esto tiene en el campo de la educación, o para iuzgar la responsabilidad en el tribunal de la penitencia o ante ti foro civil, es incalculable. A Dios sólo está reservado el juicio absolutamente
exacto sobre esto. A nosotros este pensamiento debe hacernos, por lo
menos, cautos y prudentes, 'Y en cierto modo justos, al juzgar a otros"
(págs. 460 y 461).
Para apreciar mejor el alcance de la filosofía tomista en lo referente al
individuo corpóreo, precisa hablar acerca de

UNO DE LOS SEIS GRANDES TEMAS DE LA METAFÍSICA ÜCCIDENTAL.

Así califica Hans Heimsoeth, en conocido libro, al debatido principio de
individuaci6n. Ya se sabe que en este asunto se han introducido numerosas
confusiones, que Manser procura salvar en su capítulo relativo, quizá el más
original y uno de los más meditados de toda la obra.
Distingue rigurosamente entre la individuación, y el principio de la misma;
precisamente la confusión de ambos ha dado lugar a que se juzgue de extraña y superficial, la solución tomista. La individuación abarca todo el individuo, se halla en el individuo; mientras que el principio de individuación,
en los seres corpóreos, es la "causa" de la individuación, o sea, aquello de lo
que se produce la individuación.

70

a_n~

Ya se vi~
que el individuo corpóreo se distingue substancialmente de
t~o o~ md1vtduo: así sea éste, de la misma especie; por individuo se enttende, la substanc.ta completa singular,.:

"?~ esta mane,~, el_ individuo expresa una indivisibilidad y una exclusavi!ad extrao_rdi~~nas. Podemos caracterizar esto en las palabras siguuntes:_ un andwi~uo, en primer lugar no está en otro (non in alío)
-excl~sión del accidente; en segundo término, no puede predicarse de
otro, m gen~rica ni específicamente =exclusión de las substanciae secundae o universales ( non de alio); en tercer lugar, no puede ser parte
con ~tr~ (non cum afio) =exclusión de las substancias parciales. Es por
con.ngu_iente, ,un _iodo completo en si. Esto es lo que quiere expresar en
~ ~entido mas riguroso la definición del Aquinate, cuando dice: 'El individuo es en sí indistinto., pero distinto de todo /o demás '" (pág. 757).
En el individuo corpóreo así entendido

'

"la individuación es el "ser este algo" (hoc al:qu:d)
·
• • mismo,
es dea,·
aquello que constituye formalmente la unidad interna y la conclusió;
externa ... " (pág. 757).
Pero, como ya se dijo,

"la individuación se distingue.. . del principio de individuación. Este
es la causa de aquélla" (pág. 75 7).
Para encontrar cuál es el pnnCip10 de individuación, veamos cómo
produce el individuo material.
se

"Tanto la corrupción de un individuo como /a generación de otro son
procesos naturales largo tiempo preparados, en los cuales las más d' •
lt
·
.
wersas
a eracton.ts, externas e internas} cualitatiuas y cuantitativas van d b ·¡·_
t d 1·f1·
'
ez,
.ªn e in . ~Jo de la forma sobre la materia actuada po, ella, y relaJando la umon de ambas partes constitutivas, hasta que, como dice Sto.
~omás, poco a poc~ i' no sin el influjo de la naturaleza como causa eficiente, van produciendo
en la materia prima una disposición para un
.
b
nuevo ser su stancial, un nuevo individuo, que luego surge actualment~, cuando la causa eficiente hace que pase al acto la materia totalmente
dispuesta y proporcionada. Todo esto está de acuerdo con el proceso

°

71

�c.-.

- - · ,w .,,,., ",. ~ ' . , , . , . "' ,, ,_..,,, ...
.,,;,;;.r
7&amp;7).
• del indivicluo la rab O CIIUD de la indivicluaci6n,
Ea el pn,c:elO gmeratiVO
'
•
:-.a:..u.- DO
de
diltiDci6n aubltancial rellplCIO de cualquier otro -"-"':" •
Olá¡
IU
&amp;ta,cmnprendeloqaeelpioptompaedt btllane • la forma, palldD que - : . . am bien debe 'ellCODtrar·
dividuo time ea com6a can 1IOCb b de su ....,........ '
•
decirlo cm Dlliyor- precisi6n, en la cmposicilm de la
ie en Ja ~ Y para
Dicha .a:...-:..:A.. es lo que 11e denomma
.

materia para iDt1par UD nuevo ter,
-.,._.-;,.J
"materia determinaU' 0 "materia Ugnata", y en ella • ~ .----·
indmduala del nuevo •• como, por ejemplo, en las
mente b caracterel
__._
la - . . : A n • bailan en germueria proporckmadat por .. ..-- para &amp;""---,
inclividuala del nuevo llom&amp;ze.
men,
b l'allP
. . . de L..l!..!..1..-..:.c... la "mataia signata", DO el
l)e fllte modo, el pnnclJIIO
IIIUIYM&amp;---,

•A.~up•6.T~.i,n-,-••dirlMWi6ra•lo,.,.,_,..
orthraui6ra .. , tlu,Olit:i6a ... U
fl'I, ,,__,. lor 1't fontM, ~ • irtlioitluo
/IMIOI eotUÍdl IR UN

la...,.,..~

""""°

n d 'I

, . . , . lat;ia , -• .,,.., ' ,..,,.....,, (piig, 776) ..

"Esta disposi&amp;id,a tia a la """'"" Jlri,na,.. . 6ajo 1I influjo di la a.
lúriilua eomo ,_,. ~ , , na ÚlmnlflllU orutuil:i6a a ,,,, Ífl•
dividuo Ülmninado, qu, tondGrá d, ulc fo""" 1 tú ,sta malmo 1#•
tul; m4s aá, lslG tlisposit:i6,a, ISia ordnaeüñ, tÜ la fflGlma lll 11""10
individuo,
d, la tltlllwa llfftUilda Ultlral" r,ei1n, ñlm;,,
segdn la atúnuula disJ&gt;osiddn iÜ la rrudnia, uivintlo 'J mllfWJlllo, uu
na,va / ~ (pág. 768).

IS'"''º

Que la "materia signata" ea una materia actual, basta cierto grado, 11e confirma al ver que ella contiene el accidente fundamental de la cantidad:

la "materia prima puramente potencial":

"Pr,eistUMflU /IO'f1'1 la """'"" Jninua ·~ si ("''""""" Jloln&amp;Ñl) u
1 ""1&amp;fftU ~ 1 i,ulifnnuiaa,. no ,U,dl, ,,. e1UIIIU&gt; ,al,
di lo i,ulivülualffln,1 tlifnmeüulo. D, qad la fr"'""_I• J."'·
6ri&amp; üelaroáón. rnalma non quomodolib,, a&amp;&amp;I/Jl4 ,st pnncipaum
utl ~um maUria sigutd1' (p6p. 765 Y 766 ).

:,.ro,:

:wül:Gtionis,

•
atizada
El principio de individuación no ~ tampoc»s una matena ya actu
en el individuo:
•

l.!-

11UM11

INI.Í-,a

la rali

fflÚmO

"Sato Tonuú tom¡,,natlió mu, cnen qu, "I~·· r--·
IUII~~ -~ lo individual que ti,n, ,l supposilum (individuo),"' algo_"'
n
fll ,z ,lnnir ,l, la

_,vuo
intJivüluol,
,.o,•• no

., ...

.. . ...

eOfJlltnÚI UM p8'ítíO lffl"ípaí. ~or ISO, •
•
•
tonsü:1110 ,ua la mat,ria (sipala) eomo algo taeOfflUftl&amp;abll, ~
,,•
• •pso ,n qu, # G,,--

tomo la p,i,nna ,ali, ,l J1nrM' ~
• ,,¡, p,idiru""'1fflll la in&amp;omuai&amp;alnliatl: ""'°"'141 · · · n,e.uono
:",. Jlrinci¡,iam us, ineo,nuai&amp;abilis' " (P'g. 7M) ·
úni&amp;Gfflfflll

Ali,

la "ma • .;cnu11hll" ea una entidad o realidad adualinda, en relaci6n
tena --edetenninad grado puesto que con-

~ ~ ~~:~~~ de lo q':ie ,m. el nuevo indivi1

uene y potencial,
. en relación
. con el nuevo individuo que procederá de ella:
duo;

"El Jnintipio ti, intlivülua&amp;i6n eonsist, '" una üt_nmi~ ~~
ei6a ... di,. unia ¡,,iMa, 14 euol, '"'"""• eonsliCU)'I al ifulioitluo

(p6g. 766).

72

"La. Natu,al;,a /wl/Jllr• 'I 1/aMa ctUlo indü,i"1,o """' a. qw ,zista,
m,tlumt, la ,,,,,,,, dis,osieión ti, la mldlria ¡ni,,u,, qu, ¡,,ni ,, ,,,,.
,-a al inditiiduo fularo ,oa .sa ,,,.,.,.. d,lmniiuula (,ipalG), oriÜ•
ntlda de sv,o • pa,us ~ s , dllmninatlas 'I sahntmcWu, '1 a la
eul sigue, tomo aecid,ns ¡,,o¡,,ium, una ll1tmninada 1#tnui6n upa.
eial-,,,,,¡,o,al (clffllil.od), qru .1,rá utaiablnunu distima, ,no siem¡,,,
'lml" (pág. 7lK&gt;).

No ea pue., la cantidad actual del individuo realizado, lo que acompaña
al principio de inclividuaci6n, lino la cantidad prevista en Ja dispoaici6n de
la materia:

11,eu:,

"Sto. Tomtls
toda aehuleih 'I ser indivülrumt,s di la calidad,
a la mattria, tomo rali d, la misma. Con A.risl6uks pon, tÜ reU.111 la
imJ&gt;onbilúlatl d, fUI los auidmlu Utm &amp;asa d, una su6stat:ia, 'I qu,
t,1eisamnu J&gt;or ,so, no .ron las dim,nsiones upaeial,, rmdJJio á, intlivúluaeidn, sino la matnia mimur, ,,. la eul 'J4I ,sttln prevista, aqwUa,
dimnsious: 'p,, dinunsionu ••• P,lint,ll,etas in materia'. St, afirma
Seo. Tomás, de aeu,rdo con lo 9111 arriba dijimos, aquellas dimensio,w
1staba ,a p,,vistas na la matnia misma, ant,s ti, qu, la mat,ria pos,y,ra la forma. Est, 1s, segtín Sto. Tonw, ,l snatido de la fórmula: La
mauria quanlitat, signala es ,1 principio d, inditnduad6n" (pág. 775).
Ali pues, la cantidad contenida en la materia lignata, ea actual en sí müma (determinada extensi6n espacio-temporal, que ea "&amp;a") ; pero potencial,

7!

�.,,lurffa \Wll el ~W,W.. , ..1111 .,. . . . . ~ p a l

• •• - ~ ltfl Wilüw

qae•wWI:

landol,

11•

tu,• n, on, ,a¡,,,u ~ - .,,._. ~
,, tlitle,so 1M, ~ , ,n ,I J,lao ti, a t:aM «IIUlitfdiN" (1»1

ro'•" ..,,.,,,

"• • •• 4ifnneia tl,l irulioitluo 11Jñ,ilwal, u, n ,l eorpó,10 un d,wni,
111, •tw,r. Totlo Ido in&amp;11 qw ,l rineiJio d. i ~ n lo1 ,;.
res upirilual,s '1 ,n lo, ,:o,Jf',,os no t,uü r""""1u ,. ,l minno s,nlitlo" (p6g. 159).

11eJit&gt;int)

_,,.,, ,-r rinto, mu_.. 1:oarlilallil11, ¡,o,qwlo . . ..,.,._

..._, et piM;¡,iD de indivWAwi6D • la causa c1e la jndivicti,r.Vm, CI aqae&amp;t de lo qt,111 e . . . . l a ~ La fmet
Q10fmi6a d e ~ ba hocbo ~ la "materia lignala".
J..a ~ _.... . . . tode el individuo; 111 comidend6n le leJidal,,a con -.o et. b ~ • naturales que debe ew■pobar la flbofla:
Oollio • •

•u,.,,_ --, úla tlf

"La
"1p iuimtlul,

,u und,,; t,no

,s

nu,vana,au .,.. r,tlliatl~ CU0 ..,, 1jne1 n&amp;

,...n .,.,.,, "°""'

4 ,._

tldirñ4all ..,~ lo 'l'" ll tnit•

me ~ u. Bllo u ffldNDilloso. Pm,, aünu&amp;, IIOI itw&amp;a
cómo ll fÍfl I'~
l, .-ro11ia II rinitr• ,l iatlioifto, 'I s6lo •

*

778).

9W: toü IUNfOflM

Mflaitlotl. Ido eomunie• la ~ • La fomul' (p6g. 771).
)llamer- imiate

en que Ja indhiiduaci6D, la indmclualidad, comprende tanto
la materia, tDDO la forma, como b ar.cidenta del individuo:

,,..,_~•La,.,,,..

"S,pa Sto. Torus, Z.
y, ,utliat, la
fonu • IOd4 la uneitJ, ,, ~• ,-, 4 lotltas w troJMtltUUs ,s/Jfflfua
ül ifulividuo".
"Ptuao qu, la ma,,ria ifuliaitluim • lo forma 'Y a toda la 11meia •••
.,,ata '4ffllnln Ita ~uli"44 4 W rop,'4üs ,s~ef/ius eulilaliNS
d1l individuo,. • . 'I 1#,lieo, atl,,ús, las P,o/n,tlatl11 pu,amenu irulividul,s, dpict11 , más o fflfflOS tllahlas, las '1Ullls ltlfflbiln u origina n
1l ,meei#io tÜ intlwuluo&amp;i6n, o ua, n Ita tlit,ersa dis,Osieión (¡,,,,a &amp;da
úuliwluo) tl, la malina, 111 ,l momnto d, la glfllt'tU:Wn" (P'g. 7,72).
De este modo, la intem,pei6n acerca del principio de individuación, 1e
relaciona con el hecho de que cada individuo se engendra mediante un devenir distinto, en el origen del cual 1e halla la "materia IÍgllata"; ~ t e
el milterio y las IOlllhru -objeto de la imatigaci6n de las cirncias, l0bre
todo, de las bio16gicat-, 1e acumnJao ea ate trúmto de la materia determioacla, al individuo actualizado.

74

"ÁtJWDo tl, lo eul lu, tl1onülo ,l ,f,clo. ,a e1UUllo O ,. ,n intnno
11 la causo nud~ qu sinap,, u poln&amp;ial (m~ao tl,l
futuro). Jx,rqw ,s J,ineipio 4,urmiMble" {P'g. 367•) •

indioül.;

"fl'Í«' "" ...., ,,,._,,,, ISld • "' ""

~ ~ • WM . , . , , . , . _ . , ~ 1 1 ~ , a uno

•

• Oon Jo an~ habremos comprendido ya, que el principio de iodividuaci6n 1e relaaona con Ja caua material de b leffll corp6reoa:

mwls ü ll, La ~ - - (p6g. ,-,).
•i. ,.w tú l o ~ ISl4 n lo úlmrliuda tlismhueitñ&amp; '1 ,Jis.
¡,o,ian (jHNilio) ,.,,,_,,_ tl1 t._,,,¡,,.,. flli.nno, Id nui, /JIUS·
to

a i. .... e,-,, -, ... tliditadda _,.

• ~ ~- ~ ~ liguienta acJancima. La PfflUJltB, ¿cuál fl el pinde individuaciéo de b mes corp6reoa?, ha sido &amp;ecuentemmte cmliderada como cuente en abioluto de aentido y de oecaidad:
~

tk snwdo lnue• ,n las mimurs
di la indivitluei6n" (p6g. 755).

"· • • t:tfl"IU

t:OStlS ,..,..,.,

uu

&amp;OUI

¿A ~ 1e debe tan extrema poaici6n ideoJ6gica? 11 P. Mwer mq,1ia
eaa opini6n como un remltado de Ja no aceptaci6a de la taia de la materia
prima wa•atinda como entidad meramente potencial Pero de uoa lectura
cuidadClla del elaborado estudio del propio Mawr IObre el tema, aparece
- explicaci6n mú .,.,,;na: 1e mmidera falta de sentido la bu11ca de una
- - de Ja individuaci6n de las coas corp6ras, porque 1e engloba indebidameftte en el uunto, la imiati,pci6n ativa a tocia, Jas camas del individuo
tanto las emfmecu, es decir, eficiente y fioa1, c:amo las intrbecas, 0 ~
formal y material Ante uoa interrogaci6n tan amplia, que se quiere l'elOMt
con un 10Jo elemento, es exp&amp;cable la cBebre, pen, descomolaclora respuesta:
" ... 'La sub.dlmeia nudnial, ,,.,
""' .á mirma IS si•-•'-'
,._...., •••
tüJad IS, ,,,, Á mi.mua, SU JmnalÍO tl1 iruJiuiduaaóf&amp;' n
754) •

,,...A,_.;_
. , ~... , lfl•
("''t-1§•

734

y

75

�Pero si se precisa el punto excluyendo de él las causas extrínsecas; si dentro del terreno exclusivo de las causas intrínsecas o constitutivas, se formula
la interrogante, y no en el sentido de ¿ qué es lo que distingue a un individuo
de todos los demás? ( ya se vio que la individualidad abarca a todo el ser
corpóreo); sino precisamente en el sentido de ¿cuál es el origen de aquello
que distingue ... ?; se verá con alguna mayor claridad la adecuación de la
respuesta: la materia sellada, detenninada, que contiene actualmente los gérmenes del individuo, y que está en potencia para devenir ese individuo.
Claro está que para la producción del individuo, se necesitará el concurso
de las causas eficientes, finales, formales, ejemplares, etc. ; pero todas ellas no
harán sino actualizar los elementos que se contienen en el principio de individuación; se ve así, que tal principio debe buscarse en el orden de la causa
material, y como resultado de la observación natw·al consistente en que cada
individuo corpóreo es el efecto de una evolución, de un devenir diferente.

LA SOCIEDAD HUMANA.

En primer lugar, la sociedad humana no es, de ningún modo, un individuo, una substancia, una persona. Los únicos individuos existentes en ella, son
los integrantes, los hombres. Esta importante verdad nos conduce a que

"La moderna discusión acerca de si la comunidad es una substancia o
un accidente ontológico, o si no es nada real, sólo puede, a riuestro juicio, recibir una solución acertada si se admite que es algo real, formalmente un accidente ontológico, es decir, una relación predicamental, .. ."
(pág. 331).

Y esta solución depende íntimamente del hecho consistente en que los individuos humanos son personas, o sea, máximamente individuos:

As.í, el problema de la causa de la individuación de las substancias materiales aparece del todo alejado del tema referente al principio de la individuación de los seres espirituales, o, con más precisión, puramente espirituales: en ellos, el repetido principio sólo es la "razón", pero no una "causa" de
la individualidad. Y esto, como es claro, debido a que los seres espirituales
no son engendrados, no provienen de un devenir, de una materia pre-existente.
Así lo estableci6 Sto. Tomás al rechazar definitivamente toda composición de
materia y forma en los espiritus creados, y al separar claramente los principios
de individuación de los seres espirituales, y de los corpóreos (págs. 761 y 762).
Por último, debe indicarse que la doctrina del principio de individuación
está desvinculada de la oscurísima noción de materia prima puramente potencial. Es cierto que el P. Manser realiza un gran csfuerw por consen1ar
dicho concepto; pero del mismo desarrollo de su notable capítulo relativo al
principio de individuación, se sigue que éste se halla en una materia prima
actualizada hasta cierto punto, y potencial respecto al individuo futuro. Así,
la tesis tomista del principio o causa de la individuación, de hecho se C)I.J&gt;lica
unida a un hilemorfismo moderado, que ha prescindido ya de las nociones
consistentes en una materia prima sin determinación ni perfección ninguna,
y la fonna substancial que comunica al compuesto toda perfección, toda actualidad.
Inmediatamente a continuación de la individualidad y de la raíz de ésta,
conviene ver las aplicaciones que Manser hace de los principios estudiados,
el tema de

76

" .. . la unidad en lo mucho, que es la esencia de la comunidad, no tiene
nada que ver con la substancia; es decir, aquella unidad no puede consistir en algo substancial. Esto salta a la vista si consideramos que los
hombres singulares que constituyen la multitud de los miembros de la
unión son personas, es decir, seres subsistentes que poseen el grado absolutamente mds alto de la incomunicabilidad. Por tanto, aquella unidad
en lo mucho pertenece al orde11 del accidente" (pág. 791).
Ahora bien, parece que en el mundo moderno no "salta a la vista" el que
la sociedad humana no sea una substancia. Descartemos desde luego a los
totalitarismos, de izquierda y de derecha, cuyo interés primordial es afirmar
la insignificancia de la persona, divinizando lo colectivo. Pensemos también
en los numerosos "institucionalismos" (no se dice instituciones) de todo tipo:
pedagógicos, políticos, económicos, etc.; se trata de corrientes de pensamiento
diferentes y aun contrarias a los modelos totalitarios, pero que, restando importancia aJ hombre y a sus facultades, que son el fundamento de la relación

social, la otorgan excesiva a la relación en sí misma, como si fuera una substancia, como si fuera algo idéntico al absoluto personal.
Nuestro autor insiste, y e&gt;i.-plica:

"Así pues, la unidad de comunidad pertenece al orden predicamental
del accidente . .. la unidad de comunidad es evidentemente una unidad
de orden y, por tanto, de relación; porque la comunidad existe cuando
muchos hombres cooperan ordenadamente a un mismo fin" (pág. 792).

n

�De su lectura, y no obstante cierta terminología obscura que emplea en
varios lugares señalados, se desprende que hay notables excusas de q~e pu~den valerse los institucionalistas. El individualismo político y econórruco, reinante durante largo tiempo, produjo como reacción supuesto el orden natural
de las cosas humanas, una irresistible atracción por la definición de lo colectivo como substancia. Por otra parte, piénsese en la semántica del concepto de
''accidente": de su riquísimo significado medieval, ha decaído a ser sinónimo
de lo transitorio de lo inimportante, de lo inesperado; paralelo a esa evolución, está el c~mprobado hecho de que la filosofía moderna ha olvidado _e~
gran manera el estudio de los accidentes reales, concretos, de las cosas visibles en aras del gusto por lo abstracto.
És muy probable que, de no ser por el individualismo político-económico,
cuyas consecuencias heredamos, y por la degradación del concepto de accidente, anexa a la tendencia hacia lo abstracto, los institucionalistas, o "substancialistas", como los llama Manser, aceptarían sin dificultades el punto de
vista según el cual, la sociedad pertenece al orden del accidente real, del
accidente predicarnental, pues en efecto, es un conjunto de relaciones reales,
en las que se efectúa la célebre ''unidad de orden":

"todo nos hablo aquí de orden: partis ad partem, y partium ad totum,
y por eso todo consiste en una unidad de relaciones de muchos al mismo
fin, al bonum. Así pues, la 'unidad' de la comunidad pertenece formalmente a la categoría de la 'relatio'" (pág. 792).

la atención a la relación social substancial, dan a la sociología un aire de
metafísica que, a ojos de muchos, aumenta su prestigio como ciencia. En
realidad, esto es una distracción, una desnaturalización. En lugar de un
farragoso estudio de la sociedad-persona o de la relación substancial, debe
haber una breve consideración acerca de la disposici6n social del hombre,
y luego pasarse a las ciencias .sociales concretas. Estas sí interesan, pues en
efecto, estudian las relaciones especiales fundadas en los accidentes reales de
la naturaleza humana. La inclinación a hacer metafísica fuera de lugar ha
tronchado quizá, varias notables vocaciones de juristas, pedagogos, y sobre
todo de economistas, a quienes ha reducido a una vaga sociología, a un saber
inútil de generalidades.
En el orden práctico: dejemos a un lado nuevamente los totalitarismos.
Pero fijémonos en todas las formas de institucionalismo, de socialismo, que
acaban siempre por olvidar que la única substancia, la única peI"SOna, es el
hombre:

" ... los individuos humanos son en cuanto a su naturaleza sinaular
..
J
substancialmente distintos en grado eminente, y, por tanlo, aptos para
constituir una multitud de portadores sociales personales en la comunidad humana. Esto levanta un baluarte contra todo monismo, y al
mismo tiempo un dique contra toda nivelación y falsa unificación social
y, especialmente, pedagógica" (pág. 788).

Las consecuencias de las ideas sobre la sociedad-persona y la relación
No existe, pues, razón para dar lugar a una intrusa: la relación social
substancial, la sociedad-persona, que en realidad, pertenece al orden de lo
quimérico. Pero se podría decir: la discusión en torno a la naturaleza ~e la
sociedad, ¿ no es una discusión bizantina? De ningún modo, dado el caracter
eminentemente orientador de toda filosofía.
Las consecuencias provenientes de considerar a la sociedad como una substancia, o por lo menos como una "relación substancial", pueden e~:ontrai:se
en el campo especulativo: la conocida tendencia a aislar la relac1on social
de sus fundamentos, que se hallan, como es natural, en los hombres, )' a verla,
por consiguiente, como un absoluto, como una r~lidad en s~ Esto ha d~do
lugar a una sociología que busca la pureza metódica: el estudio de la relación
social como tal; y que en su excesivo empeño, olvida los fundamentos humanos de dicha relaci6n. Por querer llegar a una ''relación social" químicamente pura y capaz de justificar la autonomía de la sociología, se deja en
la penumbra lo que efectivamente interesa.
No cabe duda de que la consideración de la sociedad como substancia, y
78

social substancial serán siempre, en el orden práctico, los fenómenos de "masüicación", de .inconsideración a las originalidades que cada hombre encierra,
como preciosos dones del Creador. Toda política, toda economía, toda pedagogía, deben orientarse a la comprensión de los accidentes reales que se
hallan, con variedad magnífica, en los &amp;.-ersos hombres. Que todas ellas
deben ser moderadas, gradualistas, respetuosamente pragmáticas, lo recuerda Manser, no sin elegancia, al final de su capítulo acerca de la fe y la
ciencia:

"En la solución científica de este problema dificil y espinosisimo, avanzó
(Tomás) guiado por un gran pensamiento que Aristóteles había tomado
como norma de toda su filosofía y especialmente de su doctrina del
•estado: Las cosas y los hombres, que son diversos, sólo pueden llegar
a formar unidad y constituir armonía conservando su diversidad y sus
propiedades" (pág. 163).
79

�Volvemos así, al individuo corpóreo. En vez de una metafísica desplazada,
la sociología y las ciencias sociales han de interesarse por los elementos materiales que se hallan en los individuos humanos, y de los que dependen en
gran parte el origen y las características de las comunidades:

" ... la distinci6n de innumerables comunidades. . . depende en último
tétmino de la naturaleza humana específica o individual como ser sensible racional, tal como se desarrolla bajo el influjo del clima, de la
generaci6n, de la herencia, de la alimentaci6n, de los usos y costumbres, y de la tradición. Incluso las más diversas especies de profesiones
y posiciones sociales recibirian tal ve.z aclaraciones extraordinariamente
interesantes a la luz del poderoso influjo de los principios de individuaci6n . .. " (pág. 794).
Hemos visto ya el lugar que ocupa la experiencia sensible en la teoría tomista del conocimiento, así como la importancia especialísima del individuo corpóreo en la metafísica del Doctor Angélico, tal como lo subraya el P. Manser,
con lapidarias expresiones. Veamos ahora la trascendencia de dichos temas,
en tres asuntos de notable interés. Ante todo, en

LAs PRUEBAS DE LA EXISTENCIA DE Dms

Man.ser empieza su capítulo "La Subida basta Dios", con una declaración
acerca de la naturaleza de la metafísica, que excluye a la vez el empirismo
y una metafísica encerrada en sí misma, sin raíces ni proyecciones en los hechos,
transformada en una auténtica "ontología":

"Ni los hechos solos ni los principios metafísicos solos crean la ciencia,
sino la recta y feliz uni6n de unos y otros. Esta era ya la idea fundamental de la teoría aristotélica de la ciencia. Esta es también la divisa
y lema del tomismo, con lo cual combate dos extremos en la teoría de la
ciencia, el empirismo y el apriorismo" (pág. 394).
Y aplica la declaración anterior al proceso demostrativo de la teología
natural:

"Se eleua ha.sta Dios, causa primera, apoyándose en determinadas' realidades sensibles, por medio de principios internamente necesarios, pero
conocidos por la experiencia sensible" (pág. 935).

80

Las pruebas de la existencia de Dios son genuinamente, a posteriori; en efecto, parten siempre de hechos y cosas del mundo corpóreo:

"Tod~ ve:dadero conocimiento natu_ral de Dios tiene que partir, en primer termtno, del mundo real y efectivo de los sentidos" (pág. 395).
"Unicamente conclusiones de lo real a lo real, sacadas del mundo rea/sensible, permiten obtener pruebas verdaderas y convincentes de [a existencia de Dios. Este es el sentido que dio Tomás a su tesis, valientemente defendida contra todos los adversarios de su tiempo: Dios, en el
orden natural de esta vida, sólo puede ser conocido partiendo del mundo
ui.rible" (pág. 397).
El principio capital de la teoría tomista del conocimiento relativo a la
- .
.
'
expenenc1a sensible como fuente de todos nuestros conocimientos naturales
posee amplia aplicación en la teología natural:
'

"El principio 'Nihil sine phantasmate intelligit anima' se aplica también al conocimiento de Dios. Tomás lo dice expresamente: 'Deus naturali cognitione cognoscitur per phantasmattt" (pág. 396).
Manser acentúa el carácter empírico de Ja base o punto de partida de las
pruebas de la existencia de Dios:

"Así pues, Tomás de Aquino, en lo que se refiere al punto de partida
para las pruebas de Dios, es, al contrario del platonismo eminentemente
'.
'
empmco, con su lema: Todos los conocimientos naturales, incluso los
más altos y divinos, tienen como fuente la experiencia sensible" (pág.
398).

Ese carácter empírico que buscó Tomás en el punto de partida de sus céle~res cinco vías, hizo que, desechara otra clase de pruebas, o bien, las sometJ.era a modificaciones en el sentido del empirismo:

"Sabido es cómo, o bien dejó respetuosamente a un lado las pruebas
plat6nico-agustinianas de la existencia de Dios, o bien las sometió a una
transformación empírica, para ascender, partiendo de lo efectiuamente dado y devenido, es decir, de lo potencial, por caminos diversos, pero
estrechamente unidos entre sí, hasta lo absolutamente necesario, 110 devenido y actual. . . la nueva orientación de la teoría del conocimiento
81

H. 6

�. d 1 P • ologfa 'Y de la teologia natutrajo ~~~go una transf;~7;;1ó~at:ni:o, :: el sentido de que Dios )' el
ral, dmgtdas antes en s l p 'ó de los objetos del conocimiento mealma fueron desplazados a a regt n
,amente indirectos" (págs. 20S Y 206 ) ·
f
ción en el sentido del empirismo debe efectua~, ~ ManLa
trans orma
ser, en relación con la prueba ...1deol'ogica" de la existencia de Dios:

· · · fuerza
"La llamada prueba ideológica s6lo tiene, a nuestro 1uic10,
d . ddeciser
. wando se me
. lU)t. en la 'cuarta vía'. Pero entonces
tJa e
swa
ideológica'' (pág. 403) •

''ª

. e1 carácter limitado y concreto de las
Resulta muy interesante estudiar
cinco vías tomistas:

. d las cinco vfas es extraordinariamente sencilla,
"La fundamenta~16n . e cual uiera )' por tanto, prudente, porque
fácilmente accesible para
q.
'. de Dios pocos puntos vulnt:raf
,
1 dversarios de la existencia
los .supremos principios m~tafísic'ols, sinp los cudael~s ;su!;~
¡
·
ías tomistas so o su one.n
posible toda prueba, as_ aneo v
cedimiento del Aqui, . realidades )' relaciones reales. Todo el pro
.
fmeo,
..
b.
d I y en esto eminate es extraordinariamente pontwo, ~o r10 y pru en;• / lados n;cesita
nentemente moderno. Acaso se~ T,:'m~ el que menos os u
para probar la existencia de Dios (pag. 423).

:1::~e:Ue;~ :e

~=e~:~: :

.
,
La limitación o concre~ión de las
lugar, a su punto de partida, o sea, a , .
a los que se aplican los principios metafis1cos, para

refiere pues en primer
seres d:l mundo corpóreo
1 enso hasta Dios:
e ase

. T ornas, no se apoya
una
"Supuestos los principios melatí szcos,
. l ni en
de éste
.
. , • e te en hechos part1cu ares
•
sola le)' del mundo físico, sino umcam n ·.
d
ov1·do-· ha'll
'd
dice· to o es m
,
.,,
Hay efectivamente, cosas _mov1 :o di;:. todo. ha devenido-; hay, efecefectivamente, cosas d~vemdtas --hay efe~tivamente grados del ser; por
.
,,. cosas contingen es,
,
d __,,
twamen "'
.
T l
• mpre su manera de proce er
consiguiente, hay un ser pnmero. a es sie
(pág. 412).

causalidad final; en realidad, la última vía, al igual que las cuatro anteriores
se desarrolla en el campo de la causalidad eficiente, mucho más accesible
para la inteligencia humana; sólo que el punto de partida es el hecho de
que existen cosas no inteligentes, y ordenadas: a este hecho se aplica la causalidad eficiente.

" •.. Y a.si procede también en la quinta y más antig1ta prueba de Dios,
la llamada teleológica. No dice: todo en este mundo es bueno }' está
convenientemente ordenado. Ni puede tampoco decirlo. Porque, mientras no se suponga la existencia de Dios, hay muchas cosas que son
casuales y a las que no se puede considerar ni como convenientemente
ordenadas, ni como buenas. Lo que el Aquiriate dice e,i su qui11ta via,
es lo siguiente: Hay en la naturalera cosas que, aunque no tienen entendimiento, desarrollan su actividad ordenadamente, porque obran siempre, o a lo menos las más de las veces, en orden a lo que para ellas
es mejor ... 11 (pág. 412).
En el mismo Tomás se da una evolución ideol6gica, en lo referente a la
quinta vía; en efecto, en la obra posterior encontramos una transformación,
en el sentido del empirismo, del punto de partida, que en la obra anterior
había sido considerado con menor atención a los hechos concretos:

"En la Suma Contra Ge11tes (1, 13) habla sacado aún Tomás la prueba
teleológica o fisico-teo/ógica, de la ordenación total de la naturaleza
hacia su fin. E11 la Suma Teológica ya 110 se apoya •. . más que en
la naturaleza desprovista de conocimiento. La mayoría de los tomistas modernos pre/ieren la primera fórmula. Sin embargo, la seeunda es
ciertamente de mayor efecto . .. Acaso la segunda fórmula ua también
más profunda" (pág. 413).
Colocar los principios: Todo está ordenado a un fin, o bien, todo ser
actúa por el bien, como base de la quinta vía, es cometer una petición de
principio, pues dichas proposiciones, aunque verdaderas, suponen ya demostrada la existencia de Dios; en el orden de la adquisición de nuestros conocimientos, son posteriores a la proposición: Dios existe.
"Sin suponer previamente la existencia de Dios y su prouidencia, y esto

. . .,
modo notable en la quinta vía; por lo demás,
Tal lurutac1on aparece de , . ,.
h recibido induce a error, pues
la denominación ' prueba teleol~ca 'd:nV:elve en ~l difícil terreno de la
hace suponer que la demostraci6n se

82

es precisamente lo que se trata de demostrar aquí, reJulta falso el principio: Omnia sunt ad bonum. Toda crealura monstruosa, ,, hay bastantes, es una protesta contra tal principio. Son monstruosas porque no

83

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•• ,_..,.,....,.,_... •...i,••ª
,....,_.,,,,__..,,.,,.,..&amp;'Otl--,.....,,,...,,,

af riW' de ellas; pero e1 nadtado es :que • 111
•
- , ,.,_... a b aaqw de b _.__.:... cllllnaturalia, • las hace
Jlllr&amp; caavaacer:
- - - , Y • 1111 reata efectividad

' .,,,,..,. Q,tai,11, • ,. tr_,,.,;. , ,.,,.. tú Dio, -1 lslO
,s ltt f111 • .,.. • ~ .qtd-, lo mui,ú,1 net,anntl ortlna•
tlo, .,. más qa, Tomás "J qu, A.pstm" (¡,Ag. 426}.
"E• lo N.iuroluo "Y ,. nu oh,as uut, lo ,anual, qv, sdlo a la luz
su~ ü lo l'ºuitl,náa dwiu --f1" aqul 1cm,oeo fnUá6 tlaru ,or
saipult1- r,cib, ,l s,llo ,u la orúuaóa fiul. Por
,z
J1'ifleiJ1io: 'Natura aOJi agil fnmrli no hlfll, mimt,as no u d1mrustr1
k uislneia tú Dios, valúl,z univ,rsaL Por ,so Arin6teus lo formul6
muelo más p,ofun4ament, ,n estas JHlll,lmu: Dios '1 la ru,lurallza nada
laen n vano. Y
qv, Tomás apliea ,su ,rineif,io -lo eul
sve,tú ""' up,dal f,,eunuia,. el Coru,o Gnt,1-, su,oru ,a dimos•
wtllla la e:cistneüJ d, Dios" (pág. 426).

,onsipú,.,,,

sinnr•

"La ,r,eaei6a en aua Tonú
has ,u lo nístneia'2- . poe,ü ,. la "'"""'1uih tÜ nu
.
tk Dios, aeaso tam,a,o 1aa,a sido .
flrw~ ollllt'Nlla /I01 los IOfllistal' (P'g. 412).
sann,,, nfi-

Parece

le

84

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"Por med',o ae
.., snvestigaeionu
·
ezaetas d tallad
41
'J lft ,l mi&amp;ro,osmos, la CÍffleia Aa ~ 1
•

~ maero,osmos
laatlo '1 profundizado ,onsüu,,..
'1 tkl que s, ,onelu,e la , ~ 1del qu, se basa aqul •pmento,
1 "" Eas o se, inmutabl, J&gt;or
114turaltza".
bltmente el /undtmunto ,mJñrie

aneo

Parece, pues, que los tomistas poaterioff.s, olvidando un tanto la orientaci6n emplrica del Maestro, han substituido a veces la modesta, pero efectiva
blle o punto de partida de las pruebas, por aJgo más pmencioeo: en lugar
de estos y aquellos hechos concretoa del mundo aemibk:, afirmaciones acerca
de la totalidad del cosmoa. Quizá la ru6n de esta tendencia tea el deleo de
una pofundizarión de las pruebas; te quiere, probablemente, una "ontolo-

adernA• que algunos

« ,cruU u, por tanto, la im,Ortaneia ,u la •
•
lo al arpmenlo de la existencia d
.
""'"" motlnna ,on ruJJleeosmosJ"
, Dios tomado de la mutabilidad del

refiere al resultado

"{Cuál ,s ,ara TOIMS ,l áai&amp;o ,m,lttulo inmttlitdo d, las
ofas
ddÑasl TOIIMb n, /)lftll&gt;Msnos la f,anqu,zo, ,l más ,nod,sto ,ntr,
todos los tomislas "I, ,o, ,onsipitnt1, tambün el más sabio. En todas
oqullas oeasious en qtU 1:t ,,ofesso tnub• i. emtffl&amp;ia tú Dios,
o,-,a n,m,r, • •• solo olljdivo: umostrar la ~ de un m
~ • •• l1IJ G 111 qt,I RO u¡,e,ul1 tU ninpa otro)' tl1l qtu todos
los tÜffl4S tl,,nden. Eso ,s todo. Lo denw: lo simpliadatl u Dios,
sa 11rf1eei6n 'Y bondad absolutas, su infinitud, no son mds qu ,oaelanon,s tUl ns a s, y, por ,oasipi,nu, lo .fl&amp;po,&amp;n, Ntltla d, saltos ,n
Tomds. Los eiaeo vúu, a las qu, la ,osteritlatl Ita daaitlo todo lo imogiaabll, lo tl,muutran ,laramentl" (pág. 415).

1er

de J01

rUIO

"Ni t&amp;M soJ. u las ,nubas d, Dios tulueid41 ¡,o, Santo Tonu&amp; u baso
111 t. fiaolidtul uniwrsal d, la naturaleza ,mmo. Y utlie, o no sn
&amp;Ñ,OJI """' .,,,,, lo4o fiulitl.,f' (p6g. 425}.

• aegundo lugar, la limitaci6n de lat viu tomiat•
;m,ectiato olJteDido por ... mismas:

rmi);. inmectia

•
tomndetu han sido cfemasiado entusiutu
tos
las pruebas clálicas
In cambio, una verdadera
liaci6n
.
tnlciones un efectiw
• ~
de la bue empirica de las demol. d e ~ Tomás, es l ~ t o d~ las ~ acorde con la orientación
Sobre las demostraciones~
~ mol~)e Plo XII, en dúcuno
demu, de 22 de noviembre d e ~ de Di01 a la luz de las ciencias mo.apetto

111

sob,,

C'4mo puede verse, no hay aqu1 la
.
por una "ontologización" de las ruet!reocupaa6n por una profundiuci6o
lu mismas. más b.
p
' Jo cual resulta desnaturalizado de'
'
ien, una llamada de atmció
r
fibofta debe siempre tomar
n respecto del hecho de que la
f.ae le desarrolla. En el casoen cuenteta ~ datos cientlficos de )a q&gt;oca en
YÍu clúicas, puntos de
. presen. ' dichos datos servirán para dar a las
Por lo demás, tales
CODOCJdos ~ el hombre de ciencia moderno.
e
arranque llgllen estando
de acuerdo con el
___, comun, con loa conocimi~tos
.
gue- fueron antes la base de las generales y no aentíficos sobre eJ cosmos,
a la limitación a la
•
pruebas. y tal acuerdo es posible
.
L-L,
modestia de los puntos de partida d
graClal
lftll,;OOI concretos nada más, nunca
e Santo Tomás:
J Qlvidadu por e) avaoc.e . tífi leyes generales que hubieran sido superadas

_,.u_ .

p=

CleD

lCO.

Por
•

otra parte Mamer ·..:-..1: __
'
ffbwwca el auténtia,
llllelltol naturales acerca de Dios aJ

,

valor
de nuestn&gt;a conocicanudos a partir de la contemplaci6n de

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e1., ............ La~--~JJalolapr da
.. ...,,_ .. el peDllmieato del JDlell10 de Ale;.ln,, prQdgce ~ie.nciN Primera, coma ya ., hilo DOtar antes, el r m ariatotélico

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.,,. ,,,..,aan,

~ore, J E•¡,Uoelu, qu

eominzo tUI ma,ado J,or d eanaiao ,ü Z.
41/clfld» en
rc.rda i. '"""""' ,,, ,....... pu,

,,_,_ ,ü lmu,mp n

'°"'

o,,._

loa ~ •J»u ólra p,1tdnu, 1 ~ • ,u 011,
Esto a
· ~ rimo. ~
~ tl,fn&amp;r. ,..u. n al,,o.
lato, /Jór lo mnos mis wl,, la llmaidad ul mundo, ul4 tlnlro ,ü
lo J»sihW' (pág. 643).

,r

In leplldo lugár, la c:oncepa6n die la materia prima camo entidad pura_ . potencial: una materia de la que el Primer M.- produce )u COIia
a,&amp;.; que, por • el principio de todas Ju ~ ea ella misma
. . . . . .; ., que, por elO mismo, ClnJ0e de toda forma, de toda determina-

º .PFfecci6a. .

• Asl ,-,,, t,,rirOfllfl&amp;Ú .m tlou, -e pro~ ,ü lo mauric Jrimo-:tistlrfa ft16 Wnu ""'11i/,1llotlo er,.,.;,,. tl, tlfffftlo ,on "" P,o/ios
pán&amp;i¡,ios,
eompktGlllflll# '1 " no,
eon su cl•á,x,, ~9mo
~ o pgo '1 tl""1islli' (p6g. 639).

fr•••

muu,,,,.

"8•• ,l IÜscrrollo u • lislnur, ü -,o ,ra,ulioso, u dmu .,.. un-

MM n,;,1t,,· ,._,_, ..,.., •¡,,imn,., -..iomdl, t. dH,-.,

u 1o,
89

�anlipoJ griegos, ~• ,rincipio mds profundo ,ra ~ Plat6n 'Y .Arist6~,,:
lu, la materia prima 1u,no-M&amp;1saria. Fallaba /JrlCUMMnt, la creatw

(pág. 649).
En tercer lugar, puntualmente debido a la ausencia de Ja creaci6n en _el
penaarni~to peripa~tico, los posteriores aristotélicos, aun ya en la época cnstiana, atribuyeron a los espíritus creados la composición de materia y forma:

"Por eso algunos atribu)"ron tambUn a las creaturas es~rituales, un~
composición de materia 'Y fo,ma, para explicar más f.úilmente su ongen11 (pág. 665).

d:

¿ Cuáles 10n los progresos que encontramoS en Santo Tomás, respecto
Aristóteles, en el problema de la creación? Ante todo, apoyado en la tra~1ción que, en Filosofía, se remonta a Filón de Alejandría, 1~ .ª_ta creabo,
como una coruecuencia que se deriva lógicamente de los pnnap10s del Es-

tagirita.
".Arist6teles se muestra inconsecuente en el desarrollo de la doctrina del
acto 'Y la potencia; de otro modo, hubiera llegado l6gicamente a la
creatio. Tomás se la atribuyó. En este sentido podrla afirmarse con
mucha razón: Tomás, con la creatio, explicó el cosmos más aristotélicament, que .Aristóteles mismo con su materia. Esto es, seguramente,
lo que mejor pone a salvo el honor del Aquinate" (pág. 650).
Claro está que Tomás cometió un error de critica, pues atribuyó el pensamiento de la creación al propio Aristóteles, según se acaba de indicar.

"Según él, la doctrina de la creaci6n se halla conscientemente contenida
en Aristótelts" (pág. 637).
Este error es explicable, en la Edad Media. En nuestros días, es de capital
importancia conocer lo que cada quien pensó y dijo efectivamente, ya que
vivimos en una ~poca de depuración y contacto directo con las fuentes. Pero
la indicada actitud de Santo Tomás que mejora a su antecesor, uno de los
mejores ejemplos de interpretación guiada por el sentido general nw que por
la letra de un fil6sofo, tiene de cualquier modo mayor valor que las aportaciones que pertenecen sólo al campo de la filología o de la.crítica textual: se
trata, en efecto, de una aportación en el terreno de la sabiduría. Es intere-

~ J e i n ~ esto, ya que en nuestro tiempo se corre el peligro de subs-

sabidurla por conocimientos filológiCCJS O históricol.
Además, Santo Tomás declar6 que la creaci6n ex nihilo es verdad de ruón:

titUir la

"{Q,~I valor atribuy6 Tomás a sus argumentos racionales en pro de la
creación. de t~das las cosas por Dios? {Concedió a estas pruebas purafilosóf~cas una / iurza apodlctica? De esto no se puede dudar
nquu~a.. ~uren I conozca la terminologla del .A.quinate sabrá qué es lo
que ngnifie~ su necesse est'. Pues bien: esta expresión la emplea siempre qru quure sacar la conclusión de sus pruebas ereaeionistas. Po, lo
demás, 'Y" en su Comentario a las Sentencias declar6 formalmente: 'Res¡,ondeo quod creationem esse non tantum fides ten,t, sed ,tiam ratio
demonstrat'" (pág. 666).

'?'"~'

Tal declaración fue hecha por Tomás, con peculiar originalidad, frente
a 1US contemporáneos:

"Con esto v~ Tomás mucho más leja~ que Maimónides y Alberto Mag•
no, que habian negado la demostrabilidad de la creación" (pág. 666).

"Los tres dºuerepan en puntos esenciales y, cosa notable, la sima entre
maestro Y discípulo es la mayor. Propiamente Alberto y Tomás s6lo
están de acuerdo en de/ender la creación temporal como artículo de
fe 1 declarar la 'creatio eterna' de ..4ristóteles filosóficamente indemos•
trable y teológicamente herltica. Entre los tres, sólo To más considera
la 'cre~ti~ ~" ~ihilo' como rigurosamente demostrable en filosofía. . . es
muy significativo que ni Alberto Magno ni Maimónides, que sin embargo eran cerebros poderosos, consideraran la creación de la nada como filosóficamente demostrable. Esto da a entender, una vez más la
enorme dificultad del problema, la cual ya pusimos de re~ve al tr~a,
de Aristóteles'' (pág. 661).
Acorde con sus principios, Sto. Tomás subraya el carácter libre de la
creación:

"La creación del mu~do, o bien es libre, o no es en absoluto ... pocos
elementos de la doctnna de la creación acentuó el Aquinate con tanta
fue_rza, como la libertad de la actividad creadora de Dios; por lo demas, completam_ente de acuerdo con la revelación y con el gran Aurelio
Agustín. La tesis es formulada con exactitud y rigor: 'dicendum quod

91
90

�absque omni dubio tendendum est quod Deus ex libero arbitrio suae
uoluntatis creaturas in esse produxit, nulla naturali necessilate'" (pág.
673).

"Por pura y desinteresada bondad, pudo Dios ponerse a sí mismo como
fin de la creaci6n, para comunicar su bondad a las cosas otorgándoles
el ser. Por esta razón profundísima es Dios el gran 'liberal', porque da
sin provecho propio, sólo por bondad; 'ipse solus est maxime liberalis,
quia non agit propter suam utilitatem, sed solum propter suam bonitatem"' (pág. 672).
Que la consideración de la libertad de la actividad creadora de Dios sea
el áureo punto de inserción del terna cristiano en la filosofía, es cosa que
interesa sobremanera. Aquí baste sólo decir que la afirmación de esa libertad aleja al pensamiento de Sto. Tomás del intelectualismo, en el cual, por
lo demás, muchos lo suponen inscrito.

"Para un intelectualista consectlfnte, es absolutamente lógico substituir
el acto divino libre y externo ºde la creación, por una actividad divina
eterna y de necesidad óntica. E igualmente l6gica ha sido siempre para
él, la negación de la libertad humana. . . de aquí la actitud rígida, dura
y orgullosa del intelectualismo, que impide todo progreso" (pág. 216).
Sto. Tomás liga estrechamente con la libertad divina, la cuestión de
eternidad o temporalidad del mundo: al ser la creación un efecto de la
bertad divina, dicha cuestión se emerge en los designios inescrutables
Dios, para la sola razón. Pero la revelación nos enseña la temporalidad
la creación.

la

lide
de

"De la tesis de la creación libre, es decir, producida por el conocimiento
y la libre uoluntad saca después Tomás una serie de conclusiones ...
Siempre que Tomás trata de la demostrabílidad de la eternidad o la
temporalidad del mundo, la reduce a esta razón fundamental: La creación es obra de la libre uoluntad divina, que para nosotros es inescrutable. La temporalidad de la creación nos ha sido revelada. Por lo
demás, apoyados en la mera raz6n sólo sabemos que Dios se quiere a
sí mismo por necesidad, pero a todo lo demás libremente" (pág. 674}.
Así, la temporalidad del mundo pertenece al conjunto de verdades reveladas:

92

"En cambio, no considera (Tomás), como filosóficamente demostrable
ni la necesidad de la creación temporal, ni la posibilidad o imposibili~
dad de una creación eterna, en lo cual se enfrenta nuevamente, en parte, .
con Alberto, y en parte, con Maimónides" (pág. 661).
De -~te modo, ~~- Tomás concluye la creatio ex nihilo, de los principios
metaflSlcos de Aristoteles, Ja considera verdad de razón; además, ve como
caracterís~ica esencial de la acción creadora divina, su libertad; y por otra
parte, atribuye a la revelación Ja tesis de la temporalidad del mundo.
De acuerdo con toda esta doctrina, Tomás no consideró necesaria la composición de materia y forma en las creaturas espirituales, para explicar el
ori~en
éstas. Si~ embargo, en su pensamiento subsiste la materia prima
penpatchca, es decir, puramente potencial, sin ninguna perfección o deter~ción, en la composición de las cosas corpóreas. Pero tal materia prima
be~e como presupuestos: la creencia en que la generación es el único origen
posible de las cosas, la ausencia de la creatio, la concepción de un mundo
necesario y eterno. Faltantes tales supuestos, la materia prima peripatética,
puramente potencial, resulta inexplicable e innecesaria. y los mismos supuestos faltan en el sistema de Tomás. ¿No es, pues, ya hora de desechar
esa materia, y de quedarnos con un hilemorfismo moderado, como sostiene
A. Krempel?:

?~

"En el hilemorfismo auténtico, la materia, puesto que se encuentra actualizaáa en un cuerpo existente, no es materia, potencia substancial,
en relación con u1z cuerpo anterior -como tal,
ha cumplido su papel- ni materia, potencia, en relaci6n con la forma presente --esto sería oluidar su actualización sobrevenida-; puede sólo llamarse justamente materia, potencia, en relaci6n con fu turas formas posibles, 'formarum educidibilium'. Las ciencias no tendrán ya que formular réplicas a un hilemorfismo así estructurado, y las incoherencias comprobadas
en la concepci6n habitual de éste, se hallarán ausentes. En el siglo XIII,
el maestro desech6 la materia aristotélica del concepto de los ángeles;
¿la desecharemos ahora del de los cuerpos?" (A. Krempel: La Doctrine
de la Relation chez Saint Thomas. París, Libraire Philosophique J. Vrin,
1952, pág. 607).

''ª

1:'s cierto que el P. Manser trata de conservar la materia prima como
enadad meramente potencial; pero de su propia, elaborada doctrina, expuesta
sobre todo en los capítulos referentes a la creación y al principio de indivi93

�....

d. . . ..... -

lir•elille ...... la pelleDI I b ._

.... a

1lll

~

. . . . . . . . . - - - , . . . ,-,;., '°8te . , , . " "

- · . . . . (P'g. 601) •
No_ - - ~ pMece que Mamer

~ labre

LA l)lftD(m6J, oánn

Ju el ~ 1•pectm, del P. Mamer, ac6oiwo d ~ ciel ~
real de la fllDOIII efisdne:i6i\ ent.ontramm .._ :ÜltemaD&amp;e refereneaa a la
~ de b grandes lnmcisc:w. c:ontempor6neoa de Sto. Tomás; en esta
opm6n, i'elálta perítctamen~ la gran distancia que hay entre Ju c1os ~
tinciones: "e9eDCia-esil1encia", "materia,torma•, y ademó, el carácter J6gico
&amp; la primera, tanto cuando 1e refiere a Dios, como a 1u ~turas:
"Coa lou 16~ afinu .dt,jaú,o (tl, Hol.1) tJN la unüúul ll,1 'qwo
;st ., •quod ,st
lamna 9fU ta ü ma1ma ., forma, 'Y tP.U lo
uu J,odrla Jralu:a,s, ü lo otro, Jnus ,I 'qwo 1st' 'Y 'quo4 ,sf n una
.,_. forma o fMlma at4a ~ niilos tle ffl4Mra más lnlilu gu '4 m.tn y la fama, qu ,4lo eo,win,n ,n ~ tneno. Pr•dsawnll ¡,o, uo putln ,r.&amp;as, ,l • • ül otro, ,mntras qu lti
ffllllfflti flltfl&amp;ta IS lá f""'1Ui¡ S III forma IS l4 fflllUria • • •. ~O ~,0siei.6,a no II a ku d, 1%'1aios, 11% aliil eo,no lo eomposiei6a fúit4 ü
fll4Uria 'I fonna n ,l 'supposilam' fwo. Adenuls, como nuestra comJolia6• ll fflffil/úi&amp;d '/ /O'f rn,4io U 1lla
M U. flrotl.un ffl• ~
.róltdó la eo111 ffllhrnlt Albmo 'I :&amp;jtnuho le Üftomiun eor,a¡,osidó~
's,n,ul.,. rtltiorutrl, 111 oposi&amp;i6,, • la eorulilru:ióa 'fúiea ül 'sul,O•
lum'"' (p6g. 596).

,s u

na

la

DO

ha seguido, en

dietinci6u tan debatida, esta laea

IU

'°""• 'ila

documentadísimo

general, y que no ha

apn,w,chado sufidentanente Ju opiniones que cita, de Alejandro de Hales
y Al&gt;erto Magno; es seguro que nuestro autor aproxima cL,nu;acto la distinci6o, a la diwm distinci6n, CIOIIDOMp:a, de materia y forma; qum tal
aproximaci6n haya conducido a los escolúticoe tomistas a ínoonsecuencia, de
tipo u:ltranalista, en Ju cuales la -.ncia y la existencia de las creaturu,
aon tratadas como si fueran Ja materia y la forma de las mismas.
Intereante es tambiái, desde el punto de vista bist6rico, la referencia de
Mame, al origen de Já célebre c:ompoaid6n, aunque niega o pone en duda
qüe "Jo¡ puntea de 8pofO ( de &amp;ta) procedan del verdadero esplritu del neoplatonit,M", reeonoce 1as poderosas fuentes neoplát6nicu del discutido tema:

"Acaso no falt, quien 11 ,n,añ, d, que n la historia úl thstmollo ü
lo tlismuióa r,al no C011&amp;11Ú#nos luga u¡,,eial ol Mo¡,latonismo, o
p,sar d1 qu, los g,o,uJ,s ,scolástieos del siglo XIII, inelwo Tom41 d•
Aquino, op,laron a rtizontnnüntos neoplat6nicos para fundamn,ta, la
ell,b,, distinei6,i. No Mgamos qtu ,n cimas obras ruoplatdnieas Jnu·
túm 111&amp;ontrars1 J,unlos aisltulos ,n qui apoya, nu,stra nestih" (P'g.
586).

Además, enamtnmo1 la referencia a la opinimi de Alberto Magno, la cual
ae poduce en el mino leDtido que la anterior:

Mamer explica la influencia del neoplatonismo en la distinci6n, por inftltraciones aristotBicu; de cualquier modo, como puede verse en otras partes
de la obra que ae estudia, es muy artificiosa y arbitraria la separación radical entre eJ neoplatonismo, y eJ aristotelkmo posterior; para Mamer, IOD
naturales Jas infiltraciones aristotBicu en el neoplatonismo.

eonodda distitu:ión d• 'qt&amp;Od esf 'Y 'ff'O uf la lltmua 1'114 'compositio u,untlum rlllion,m', oponihdola a la 'eom~si,io •cu_ntlum
r,,n'. Por lo demás, isla distiaeión la eneont,amos tombiJn ,,. Alejaaáro
a, Haul' (pág. 605).

•En la t,ru,a, 1scrula (n,oJllatóaieo), la otnauas,, ,on Proclo (410485) o la eabeza, se desarrolló ya una potk,osa infiltración aristoúliea
n ,l a,opllltonismo, la eul laall6 aJr,swn ,n Monlio Bo6eio, y, ,n
/Jllrll, tambih, ,n ,l ellnr, Iibn d, Causil' (pág. 587).

Dichas opiniones siguen la Hnea general que el mismo P. Manser traza en
capltulo:

Tlpiea manera de hablar afi6ada al esplritu neoplatónico, y que, por Jo
....., es muy IOCOl'rida por el ultrarrealmno de nuestros días, es la siguiente:

"N1Ullra diniiui6ra, lmn ntnllida, "° 4J ,n motlo alpno una tlislau:in ..,,, ,.ruü, 1 •Ñln&amp;ia eomo 'r,s qudam' o, como- Sárn

"Por ,so ,stas i111,ligmcias creadas son, ,amo die, ,l Líber d, Casi,,
ilirniudas M&amp;ia abajo, ¡,,,o limüaáas l,aeia orrib11, po,q,u, po, uno

« ••• ola

IU

9t

95

�parte, han recibiáo 1I ur de arriba, mientras qiu, por otra, su ser no
está sometido hacia abajo al límite de ninguna maJeria ... Finalmente,
la esencia en las substancias corporales. También lstas tienen ser recibido 'Y, por tanto, son limitadas. Á esto se añade que m esencia está
sumergida en una maJeria determinada. Por consiguiente, son limitadas
hada arriba 'Y hacia abajo" (pág. 615).

Se comprende que, con este lenguaje, los interlocutores puedan responder:
"Amigo, ¿dónde has visto tú jamás una existencia sin esencia, o una
esencia sin existencia?" (pág. 608).
Claro que Manser niega la legitimidad de la interrogante, y la atribuye
a una excesiva fantasía; pero no deja de haber cierta sospecha de que se ha
usado en forma ultrarrealista el conjunto de nociones "esencia-existencia";
"quo est y quod est"; o sea, de que se trata al ser, a la existencia, de la
misma manera que se trata a la forma de los individuos corpóreos.
Tal es por lo menos, la idea de un ilustre tomista contemporáneo, L. B.
Geiger, que nos dice:

"Avicena, por una intuición genial, habla aplicado al ser la dialéctica
clásica del neoplatonismo. Trató el 'esse' como antes de él se habla tratado la vida, el conocimiento, y en general, todas las esencias específicas
o genéricas. El 'esse', elemento uniforme en todos los seres, llegó a ser,
en él, ti análogo de la forma, semejante en todos los individuos de una
misma especie, o en todas las especies de un mismo género, . . Procediendo asi, se subf'aya vigorostmUnte la diferencia que separa el Ser
primero de los seres por participación. Pera se compromete el a.bsol1llo
alcance de la acción creadora del primero sobre los segundos". (L. B.
ÜEIGER, O. P.: La Participation dans la Philosophie de Saint Thomas
d'.Aquin, 2a. edición, Paris, Libr. Pbil. de J. Vrin, 1953).
A través de este estudio puede apreciarse la importancia capital de la
consideración del mundo corpóreo en el tomismo, tal como lo presenta un
notable comentador contemporáneo; en efecto, los individuos corpóreos se
encuentran en la génesis de nuestro conocimiento natural, y ellos constituyen
el universo material, sin que se pueda acudir a ninguna otra clase de substancias, fuera de ellos. El predominante lugar del individuo corpóreo en el
pensamiento de Santo Tomás, se revela en las disquisiciones relativas a la
sociedad humana, a las pruebas de la existencia de Dios, a la creación del

mundo, q_u~ f~eron repas~das en las páginas anteriores; por Jo demás, la
famosa distmri6n, cuya unportancia disminuye en nuestros días p

L-L--

•

,

arece

wwcr pro~OVJdo un ~e~do esfuerzo filosófico, pero mal dirigido precisa-

mente debido a una mcollS.lderación de la filosofía de la materia.
_La innov~ci?n tomista fue suscitada no tanto por el contacto con los escntos de Aristoteles, como se dice en fonna demasiado académica sino m,
por la necesidad imperiosa de encontrar lugar y sentido para los c~nocimie:
tos ~el mundo. material ya obtenidos o por lo menos vislumbrados. En eJ
sentido de esa innovación, y no apegada a la letra del tomismo, debió desarrollarse la escolástica renacentista y barroca, cuando multitud de nuevos
datos º?tenidos ?el, ~undo corpór':° rodeaba a los sabios de esa época; mas
por accidentes h1stoncos fatales, dicha escolástica tomó más y más Ja fonna
de la ::ontolo~a" desarticulada de las ciencias naturales, dejando as! de ser
~etaf1S1ca; truen_tras tanto, de los datos científicos se ocupaban mentes ve~•das del p!atorusmo o de medios caracterizados por un pensamiento filosóf1co anárquico. Como dice Etienne Gilson:

"• .. en estos últimos años del siglo XVI y este comienzo del XV IJ
cuando los descubrimientos
de la ciencia romlJ,.n
en todos los dom,·n·ws,'
.
.
y~ J
tantas ese~c1as su"!ar,amente construidas por un pensamiento que las
hab~ considerado imprudentemente como idénticas a /as cosas. Mal delendida po~ meta/fsicos que la habían esterilizado con la esperan.za de
ha~erla mas pura, la ontología de la esencia se perdió entonces en la
r~ma de esencias de la que, inconsideradamente~ se había vuelto solidaSe reprochó la esterilidad de un método, que hubiera podido servtrle, s~lo que fec~ndado por la existencia; así, la metaflsica podrla
haber sido la co11se.1era Y guía de un siglo tan valientemente lanzado a
la conquista dr. un unfr.erso reJ,lr.to de realidades imprevirtas". ( ETIENNE
GILso:-:: L'Etre et l'Esm1ce. París, Librailic Philosophique J y·
, 154) .
' . nn.
pag.

".ª·

:e

i Esterilidad del pensamiento con el objeto de hacerlo más puro! Ciertamente no fue esta la intención de la restauración de León XIII c
1
.
, uyo a canee ~o ha s1d~ co~prendido sino hasta después de la mitad del siglo XX.
La actitud reacaonana, temerosa de que los descubrimientos del mund
_
O ma
t ria! oclif
e
m
1qucn o empañen las líneas impecables de la arquitectura torrústa
es extraña a Tomás, que nos dcj6 una doctrina abierta y progresiva.
se encuentra en lo~ documentos oficiales de la Iglesia; véase, si n~, uno de
los ~ ca:-actedst1_cos, la Humani Generis, de Pío XII; en sus referencias
a la filoso{ ia, mantiene una orientación conservadora, y en el bien entendido

tampoc;

96

97

H.1

�de que lo conservador abarca también lo progresista. Esta actitud es muy
diferente de la actitud reaccionaria, con la que frecuentemente . e le conf undc · y si muchos han querido ver o han interpretado en dicho doc~mento
una tendencia reaccionaria, reve1an probablemente una lectura a medias del
7aº~rientación conservadora-progresista de S. S. Pío XII manifiéstase e~
muchos de sus numerosos escritos y alocuciones¡ derivado de ella es. el siguiente texto, que muy bien puede aplicarse al progre ·o en lo_s tra~aJos de
índole filosófica, a menudo atacados sin justicia si se. muestran investigadores
de las realidades proporcionadas por el mundo moderno:
"Y ten{!ati presrnte todos los hijos de la Iglesia q~e los conatos de esos
valitntts operarios de la viña del Señor, deben 1u~garlos no sólo con
justicia y ecuanimidad, sino también con suma caridad, ,, deben .t,jtar
mu,, lejos de ese poco prudente espíritu que juzga que hay que :echaz~r
todo lo nuevo por 11ueuo, o tenerlo a lo ,rumos, por .sospechoso . (Enc1clica .Divino afflante. S piritu, de Pío xu).

La no,edad filosófica. ¡ Es muy difícil referirse a ella sin que muchas personas impidan todo acceso a ella, con la mención de la conoci?a verda~
relativa a que no es posible adoptar sucesiva o simult.foeamcnte,_ sLstcmas filosóficos contradictorios! Pero aquí no se trata de esta \'erdad, .mo de otra,
que es no menos ,·crdadera: la de que toda doctrina filosófica, ~: se_r, obra
de hombres, es susceptible de crecimiento, de progreso, por asumla~ton de
nuc,·os elementos, por corrección de los ya asimilados, o por adaptaciones a
las necesidades de una época.
.
..
Quizá bastantes tomistas, en mayor o menor grado. se han unpennea~11izado a las consecuencias de esta íiltima verdad; puede ser que las csplénd1das
lineas arquitectónicas del sistema hayan sido demasiado tentadoras: pero
precio pagado por ello, ha sido grande: ya en la época de la Humani Ge~ms,
se reconoce que muchos temas filosóficos son planteados fuera de~ _toIDJsmo,
con indiferencia respecto de él. La perspectiva puede ser la esterilidad, por
exceso de homogeneidad. Se impone, pues, revivir la orientación del innovador del siglo XIII, aun con el sacrificio de la perfección si~~~ática, pues
é ta no deja de ser un instnunento; y diríamos, aun con sacnficio de la seguridad filosófica.

:1

98

LO AN'ALfTICO Y LO SI TÉTICO COMO CATEGORIAS
METODOLóGICAS

Dr. RoBERl'

.

l-~RTMA:--1

Centro de Estudios Filosóficos de la
Universidad Aut6noma de México

EN UNA DISCUSIÓN RECIENTE, en torno a los juicios anaüticos y intéticos ha
sido manifiesta la ausencia del nombre de Kant, exceptuando ocasionales observaciones desdeñosas. Pero, después de todo, él inició la discusión (dejando
a un lado la consideración de las triviales observaciones de algunos de sus
predecesores). A pesar, pues, de nuestra avanzada penetración lógica, puede
haber todavía algo en Kant que constituya, quizá, un aporte a la discusión.

Arnold S. Kaufman: en un artícu]o reciente/ sostuvo que e1 dualismo de
lo analítico y lo sintético, lejos de ser insostenible, tal como creen Morton
G. Wlúte,2 Quine,• y otros,' tiene importancia, aunque en una esfera distinta de la discutida por \\'hite y Quine, a saber, en la del uso potencial,
más bien que actual, del lenguaje. La distinción, kantiana, de acuerdo con
Kaufman, sirve "como estimulo de claridad": juega "un importante papel
' ''The Anal y tic and thc Synthcúc: A Tena ble 'Dua.wm' ", Pl,ilosophical Rtvitu.11
julio de l 953; págs. 421 sigs.
1

MoRTON G. WHITE, ..The Analytic and the Synthetic: An Untenable Dualiun",
en John Dtwry: Philosoph,, of Science and Preedom, cd. S. Hook, 1'.ew York, 1950;
págs. 31 7 sigs.
1

W. V. Qu1:,;&amp;, "Two Dogmas of Empiricimi", Philosophical Rtuitw, enero de 1951;

pág1. 20 sigs.

• Para una visión general de esta literatura, v~se Au:- GBW.ll\TH, "The Distinction
betwccn Analytic and Synthetic Truth", Journal o/ Philosoph&gt;•, 2 de julio de 1953¡
pág. 397. V6ue tambifo KoNRAD Mt1.Rc-W00Au, "Kants Lehre vom analytischcn
Urteil'', Theoria, 1951 ¡ págs. 140 aigs. Hay un resumen en ing16 de este articulo en
Philosophical Quarterly, julio de 1953; pág. 263. El presente erua)·o, en cierto respecto, llega a concJusiones similares a fas de MA.ac-WooAu.

99

�en la investigación", esto es, "el de fijar los significados y lograr, por ende,
la claridad del discurso". "Es sólo cuando hemos fijado los significados que
podemos comenzar a determinar el carácter de cliversas aseveraciones". "Sólo
cuando poseemos los significados podemos manejarlos, reemplazarlos, por
ejemplo, con sinónimos, tal como propone Quine. Pero, se pregunta Kaufman
'¿ cómo podernos estar seguros de que los significados de las expresiones son
estables, claros y unívocos?' " ¿Acaso no puede ocurrir que el mismo material que deseamos manejar, se nos escurra de entre los dedos, cuando estemos intentando moldear una expresión sinónima, de modo que al final no
conozcamos ni que es exactamente sinónima la expresión, ni qué significa
ella misma? Kaufman llega a la conclusión de que, en Ia medida que la
clistinción entre lo analítico y lo sintético sirve para fijar significados, las consideraciones de White y Quine, por lo que toca a significados fijos, no vienen
al caso, y que Kant está en lo correcto después de todo. "La distinción entre
lo analítico y lo sintético funciona como medio de obtener formulaciones más
claras. Elaboramos sentencias analíticas o sintéticas, fijando los significados
de las expresiones componentes. Por ende, parece muy razonable explicar la
distinción manteniendo que las sentencias analíticas son verdaderas en virtud de sus significados, en tanto que los juicios sintéticos son verdaderos o
falsos en virtud de los hechos pertinentes".
Me propongo mostrar, en lo que sigue, que Kant ha bosquejado claramente el proceso metodol6gico centro del que lo analítico y lo sintético juegan
su papel distintivo. Esto significa, con todo, que la presente controversia está
basada en una mala interpretación de un aspecto, por lo menos, de la distinción kantiana. Lo analítico y lo sintético son, para él, en parte por lo menos,
categorías metodológicas, categorías para esclarecer el pensamiento. Su función consiste en fijar significados y no en entender o analizar significados fijos;
remiten al proceso dinámico de esclarecer el pensamiento no al material estático asentado por el pensamiento. En este respecto, la distinción kantiana no
puede exponerse con los términos de la lógica moderna, debido a la simple
razón de que esta clistinción forma parte de una lógica enteramente clistinta,
a sabe,, la lógica de Kant. Dentro de ésta, la distinción si no es clara, por
lo menos es definida. Lo analítico y lo sintético son, precisamente, las cate~
gorías determinables de un proceso de clarificación. Este proceso mismo, aunque no fue plenamente elaborado por Kant, está sin embargo, lo suficientemente bosquejado. Es un preciso y definido proceso de pensamiento, que
conduce desde la descripción de un estado de cosas a la definición de un
concepto. La distinción entre los juicios sintéticos y analíticos constituye el
medio mismo de llevar a cabo este proceso.

100

I
Es imperativo, por lo que toca a nuestro tema, distinguir entre la doctrina
de Kant acerca de los juicios analíticos y sintéticos y su doctrina acerca de
los método: analítico y sintético. Históricamente, la primera ha surgido de
la segunda. ª Una ve~ que h_ubo establecido la primera abandonó Ja última,
exceptuando referencias ocasionales en sus escritos críticos. Los métodos tenían relativa ~ca importancia para su filosofía critica, y puede sostenerse
que por tal razon no los desarrolló en detalle. Pero es cierto que desarrol! o,
•
di
e~ tan poca me da como la anterior -lógicamente por lo menos- su doctnna acer~~ de los juicios analíticos y sintéticos, y que, en la filosofí~ critica,
e~ ~6lo uulizada como trampolín para saltar a sus investigaciones epistemologicas. Por otra parte, es igualmente cierto que, a lo largo de su carrera
docent~, de 1755 a 1800~ enseñó los métodos en su curso de lógica. Estuvieron,
pues, 51empre ante sus OJOS.
La tarea principal de la lógica -nos dice- consiste en "esclarecer distintame~te los ,conceptos". 5 Concordemente, establece lo que puede denominarse
una Jerarqwa de claridad. "El primer peldaño hacia la perfección d
_
t
• .
e nues
ro c~nocumento, de acuerdo con la cualidad, es su claridad. Un segundo
peld~no, Y un ~do más elevado de claridad, es la distintividad. La última
c~~siste en la el andad ~e. los atributos". 6 El primer peldaño hacia la "perfeccion de nuestro .conocuruento" consiste en la claridad del concepto, eI segundo en la clandad _de los. atributos que contiene.7 Lo primero, la claridad
del concepto es, al IDismo t1empo, claridad de la cosa concebida en el concept?. Todo . conocimiento de cosas se realiza mediante conceptos, esto es,
mediante atributos.

"El conocimiento humano, por el lado del entendimiento es discursivo
est,0 es, se lleva a cabo por medio de ideas que hacen de lo que es co~
mun_ a muchr:-5 cosas la base del conocimiento y, en consecuencia, por
med~o de atr~butos en cuan.to tales. Por ende, conocemos cosas sólo por
medio de atrzbut~s.. Un atributo es lo que en una cosa constituye parte
de nuestro conoc1m1ento de ella, o lo que es lo mismo, una concepción
•a Cf V 'h'
. • a, mger, Commenlar ru Kants Kritik de, reinen Vernunft I págs 272 · .
412 s1gs.
' '
•
sigs. ,

• Logik, Introducción, sec. VIII, "La perfecci6n lógica del conocimie t d
d
con la calidad".
.
no e acuer o
• !bid.

' Cf. MAAc-WooAu, op. cit., pág. 148.

101

�lfl,Ñl, n la nudida qu, u t:otlÁIÚrtMlo ,o,no HU del coaot:iminlo
cnt:1JH:ih ittlnu. Tocb nuestros conceptos, por c:omiguiente,
IOD ~ y todo pematffmt.o DO es ime concepci6n por medio, de

u•

,,._.¡ íanto ele una ce., mú vigoao y efectivo r.rl'.10 El proc:eao de - .
por c:omiguiente, CDDMitu,e el ~ ewmdal de la l6gica, co•allodo del pmam..io dementa~ tanto como del pensamientn mtem6tico.

•-ato&gt;

atributol".•

u

"}asto eomo Z. Doarina los Elnnnios Ldfieos disetit, los IÜmnlos
, «nulü:iona de la t,nf,mó,. ül t:onocimintto, asl la Doarina Gnnal
tkl M,totlo, n euato t:on.r1Üu'1' 14 up,ula p,,,14 de Z. lógi&amp;a, tli,..
""' la forma de la &amp;Uneia ,,. 11n,ral o la man,ra n que lo m'lliple
tUl enot:iminto s, t:ombiu n
sist,m,a. La doctrina úl mllodo
u ocupa d, la rnanna ,n q,u oleazamos la ;,rf,et:i/m d,l ,:o,aoei..
mÍlnto. Una d, las condit:iorus lógi&amp;as más ,s,nciahs para la p,r/1t:t:i6,,, del eonoeimifflto eoJWta en su tluposi&amp;ión distinta, cabal "I sistnaáli&amp;a dentro del conjunto d, uu eüneia. La domiu d,l mJtodo,
por consigui,nt,, debe oeu¡,ars, prina«ament,
los 11111:lios qu, pro,n...,,,n la ¡,,,f,cci6n del eonoeifJUffllo»."

La pdmtu aoncepdcSn de una cosa es r,laliNm,,u, clara; pues, a menoe
~ aea dara en cierto grado no Rrá la c:encepci6n de una cosa mú bien
qqe de otra; pero no e:s lo suficieotanente clara como para ofrecer todos b
atributos de la coa La claridad 61tima éle b atributo&amp;, primero 161o concebida de modo vago, es Ja distineión del concepto. Llevarla a cabo constituye,
J"'fCülllDellt. "la tarea de la ~ " "La cuati6n, pues, es ¿de q~ manera ()a 14gica] distingue [los conceptoaJ?"
lant establece dos m&amp;odos altematiws de aclarecer conceptos. Hay la distil)QÓD lül1IEtica y la analític~ que 1e caracterian por las dos alternativas siguientes: "l,.a,:,r un distinto ,oneejJlo y formar y lu,ur dimn,o un ,one1p,o".

"''"'"°

ªC"""'1o fonno lffl
distinto, p,inápio ¡,o, las J,ams 'J paso
u át11S al lodo. Afl'i to"""'4 no lwJ alrihulos; sMo los ohlngo po,
slnlm, D, esu ¡,,ouúr malltieo r1sulta, ¡,u,, esa. tlislind6a ma,ma
qw nasmulaa n 11,rdad mi eone,pto, g,at:ias a lo q,u s, k dad,
,oma alribato (n la Üdaiei6a puro o ,mfllriea). Este p,oe,d,r sialllieo ,aro la t:i.i/i&amp;adón de coaeeplos II utilizo en las matnnáti&amp;as y en
l. filoso/fa natural. . . Por otra f&gt;aru, euarulo /aago disli,ato un eont:11&gt;to, n.lo,u;,s, /J(1r ~ g,at:ias al nuro a4lisis ,ao cr,e, 111 absoluto mi
eonot:iminto, por lo qu, toea al eoraunülo. Est, eontnido J,nmanece
igual,· sólo eambia la forma, m la medida qu, ap,mdo mejor a di.stingü o a 11,0110&amp;111 eon más claridad de eon&amp;int:ia, lo qu, ,a está
t:01&amp;lnulo n 1I ene,Jllo datlo. Justo como, grat:ias a la mera iú,mina.eión tú ua mapa, no II u "l''C" na.da mds, asl, g,at:ias a la mera ilumiaae:ión de un eoncejllo dtulo, m,dianl, ,l análisis de sus atributos,
no u nsaelaa en lo más mlnimo di&amp;ho eoneepto". •
Por ende, el pmc:,dirniento analltico constituye el objeto 6nico de la 16gica. "El procedimiento analttico que produce distinci6n, del que 6nicamente
ha de ocupane la l6gica milma, es la primera y principal condición para
aclarecer nuestro conocimiento. Pues, mientras más distinto es nuestro co• Lo,a. I«. di.
• 11,id.

lO'l

1"'

u

Batos medios son la &amp;posi&amp;ión y la D,fini&amp;ión -en cuanto medioa para
cJarificar los conceptos.
"La distillt:ión tl, los t:O'IIOCimientos y su eombinat:i6n dentro de un lodo
sislemátit:o upc,ul,n ti, la dislint:ión de los eonee¡,tos, por lo qu, toca
• la vez a l&lt;&gt; que está t:Dm1't1Jundido en ellos 'Y bajo ellos. La eoneindo
dis#irata d, lo comprehendido uJ,etul, d, su exposici6n 'Y definici6n • la
cown&amp;ia distinta u su extenli6n üp,,uJ, de su t:lasi/i&amp;a.t:i6ra lógie~. u

Kant se ocupa primero de la defioici6n. La defmici6n es el resultado del
pmceso de clarificar el concepto. ''Una definici6n es un concepto suficientemente distinto y preciso ( ,onuptus rli adaequatus in núnimis tmnúais, ,om/lktl detmniaatus)".11 Es, en otras palabras, el concepto deletreado comple~ t e determinado en un mínimo de términos. ''La definici6n sola es el
concepto lógicamente completo".1t
Las definiciones son o sintéticas o analíticas. Las primeras son definiciones
de conceptoa "hechos" o inventacb, las segundas 10n Ju de c:oncepto1 dados. UDOI y otros conceptos -hechos o dacb- pueden hacme o darse
a priori o a ;ostenori. La úntesis de Jos conceptos hechos es o 1:1;osi&amp;ión

•nu.
Lofii, púra. 96, 9i.
• Lo¡ii, parr. 98.
• Lo,;k, parr. 99.
11

N

llti4•

�• ~ o ~ La plUIOa. Ja · - de coaceplol . . .
--. que dade a un ...,.. tmplticio -.,ae
cte • pn,pieda• .._ , - medio de la iatuidcSn, la 6ltiina a k . . _ de CODceptalarbitrariamente inwntados, como b de la J1U1tem,tica. La primeia no puede mmca conducir a la definición, la 6ltima es lo mim, que la defimción
aint6tica. ~ que la lfntesis de conceptos emplricoa no es a!bitraria, sino
empúica, y en cuanto tal, no puede nunca ser completa (pues lianpre pueden clacubrine, m la aperiencia, nueva pmpiedades del concepto), 1m
conc:eptoa emplrkol, por COD1iguiente, no pueden ser de6nidos" ,u Las definiciona sintéticas empbicu IIOD, p.1a, impoiibjes. Loe concepto. arbitraria•
mente inventados, por otra parte, no t6lo ¡nutlffl ser definidos, lino que su
declaraci6n es ya definici6n. Estoe conceptos no anteceden a la defmición.
Y Ja clefinici6n, por endt, DO crmtituye clarificaci6n; pe10 ambas, Ja declara·
c:i6n y la clasificaci6n surgen jmo coa • ilefiaú:i6,,, ~ - de6niciones
pueden tambi&amp; denominane declaraciona, puesto que por su intermedio le
declara el pensamiento propio o 1e patentiza lo que se entiende con una
palabra. Esto es Jo que ocum en Ja, mataúticai'.~
Los conceptos dadoa, por otra parte, aean dados a prio,i, como el concepto
de sustancia, o a postmori, como el concepto de agua, "s6lo pueden definine
mediante el aú.lisis Pues b conceptos dados s6Jo pueden distinguir,P ar.'11MUlo nutlÚJttfnnU ffU fwo¡,i,ediuh~. 1' En otras palabras, el procedimiento,
por medio del que puede dJstmguine un concepto dado, consiste en atender
auceaivamente a todas las propiedades conttm'das en el concepto y primero
ll61o vagamente concebidas en a, en disponedu una a una - f t cuanto predicados de juido1 y, finalmente en lffflX'ionar las que IOD mú esenciales,
• a fin de iacJuirlas en Ja def'uúci6n. "Si lodas las propiedades de un concepto
dado se eacJarecen, entonces, el concepto ae hace comJ,kttlfflfflte distinto.
Si además, no contiene demuiadat II es también predio, y aurge, por tanto,
la definición del concepto. Pero, J)tlellto que no 1e puede estar seguro, en
mud de ninguna prueba, de que todas Jaa propiedades de un concepto dado
hayan aido agotadas por el análisis, todas Jaa deliniclones analfticas deben
c:oDlidmane camo iaciertaa".u
As(, pues, las definiciones empfricu úWicas 10n imposibles y Ju defini.

mu ., u

• Loiil,

parr. 102.

• Lo,a. pur.

103.
• Lotik, pur. 104. El aubrayado ee m1o.
• Bato a, contiene a6lo atributos "coordinados" y no "subordinadoe". to. primeros
11111 atributoe inmediatoa ele la COI&amp;, b 6ltimol e.tú mediatizados por otroa atributos.
Cf. Marc-Wogau,
pq. 148.
parr. 104.

• 1.o,u.

o,. ,;,.,

GIIIIDfJj: naltieu ÍDllgwa La 6aica dale de c1efinicionn, que, a la va, •
......... predsu , . . - , ...... de6aidoa.. lintaicaa cmstructmll.
Lllf ddPioona lfllllftica ICSlo pueden • aJ)lmimadas. Y a estu defiaicio• apnuimadaa Kant Ju Dama a¡,o,i,;;ou, y üsmpt:iorws. "No tocb b
GallUplDi pueden o deben definine. Se ~ 1m embargo, apmximac:iones a
.la; Wmiei6n de dertoa coaceptos. &amp;tas aon, en parte, expoeic:.ioaa y en
parti, ~ - La exposición de un concepto --lrmte a la exposici6n
ele: Ju iatuiciona-- comiste en la repreaenlldóa sucesiva de 1111 propiedades,
a medida que 1e van encontrando gracias al análiaii'.ao La exp&lt;llici6n, en
cuanto aproximación a la definición de ~ t o a dados, puede c:omiderane
como parle de la definición de talea conceptos, o como una fue de ella, li
por definición 1e entiende el proceso que lleva al esclarecimiento completo

del concepto.

posibl, eompl6ta, ,l aa4li&amp;is 'J pusto qtU
1111us ,u fUI II U11ga un a4luis completo o ,ufiniffón II ub, tne,
smo incom¡;uto o ,zposi&amp;idn, ,al ,zposkión en CU411to d,finieióa parcial,
"hesto qru no

J1IUlu coruitl,ra,s, como una ,,¡,,,serdatiión 11ndadera y útil d,l con•
e,p,4. La d,{init:ión "'l"i ,s sólo la üü, ú ••• lnf•ceión lógica a qu,
d16emos as.JJi,,WU,11
La definición, pues, de los conceptos dados, es una meta a la que

1101

qroximamos aaint6ticamente.

Hasta ahora noa hemos ocupado del concepto, Ja exposición y la defmi•
c:i6n. Nos queda la delcripci6n. "La deacripci6n ea posible sólo por Jo que
toca a conceptos emphicamente dados. No tiene reglas y sólo contiene ma•
teriales para la definición". Es, pues, Ja conjunción más o menos al tuntún,
de las diversas propiedades de una casa, dispueatas sin ningún orden particu.
lar, que precede a la exposición. Es una exposición, pero imprecisa u todavía,
no "medida".11 El coocepto DO ha todavía, u1 como asl, marcado los lindeNI del ámbito de propiedades de las cosas que reclama como suyo. Pero
esto Rgnifica o que el concepto DO ha aido todavia aplicado o que se inicia
11M apJicaci6n. La descripción corresponde a las primarias repaentaciones
~ de la coaa.. Recoge, sin regla alguna, el material en bruto, a
partir del que ha de efectuarse, primero, la exposición y, luego, la definición.
La jerarquía, pues, de cJarificaci6n de Jos conceptos emphicamente dados,
• Lofk,

parr. 105.

• 11,id,

• Lop. parr.

105.

• Lop, Introduc:ci6n,

10.

11 ÑmP,1

1ee.

VDI.

�esto es, de los conceptos de Jas cosas empíricamente dadas, comprende en
orden ascendente, la descripción, la exposición y la definición. Kant
no .nos
.
dice en detalle c6mo se suscita la descripción a partir de la pnmera unpresión de la cosa, c6mo surge la exposición de la descripción y c6mo la
definición de la exposición. Nos ofrece, con todo, "Reglas para la producción de definiciones"." &amp;tas son: 1) buscar proposiciones verdaderas, esto
es, proposiciones verdaderas acerca de la cosa que ha de definirse; 2) buscar proposiciones cuyos predicados no den por supuesto ya el concepto de
la cosa; 3) conjugar un cierto número de estos predicados y ~pararlos con
el concepto de la cosa, para ver si le son ad~ados, es dear, c_ompletar Y
precisar el concepto, y 4) ver que ninguna propiedad esté conteruda en otra
o subordinada a ella.
Estas son reglas para seleccionar, en las exposiciones, esos p~cados que
finalmente han de admitirse en la definición. La regla más unportante es
la tercera, que establece como requisito que de la totalidad de los juicios
analíticos, a que da origen la exposición, a18:'"1os sean conj~8:'~os y c~parados con el concepto de la cosa. Si los predicados de estos Jwetos convienen
al concepto ~ue a estas alturas debe estar lo suficientemente esclarecido
como para ser comparado con un sub-conjunto del conjunto total de sus predicados analíticos- entonces, estos predicados, suponiendo que se hayan
cumplido las otras ~ condiciones, pueden admitine dentro de la definición.
Pero las reglas no nos dicen nada acerca del papel del concepto en la
descripción. Por el contrario -nos dice Kant-,. la descripción no ti~e en
absoluto reglas. Esto plantea una serie de cuesbones. ¿Cómo es postble la
descripción sin regla alguna en absoluto, dado que es descripción de algo
por lo menos? Esto supone, al parecer, que por lo menos vale la regla de
que hay que describir una cierta clase de impresiones, una cierta cosa. A~emás •cómo puede ser una "descripción", a saber, de un concepto, por unp ~ que sea, si no hay regla en absoluto? Esto significaría que tampoco
hay concepto. Parece que debemos decir que la descripci6n tiene una regla
por lo menos: describir por lo menos cierta .~riencia, así sea muy_ ~ª·
La experiencia, así sea muy vaga, debe constitwr la regla de la descnpoon.
Pues, hay tanto orden, por lo menos en una descripción, como para str la
descripción de algo. La cuestión, pues, es sólo la de saber si ha de ~
esta experiencia, en cuanto regla, concepto, incipiente. Si se le denomma
concepto entonces los juicios que efectúan la descripción serian todos analíticos; pues sus predicados estarían contenidos en cs~e vago concepto. Con
todo, su contenido está todavía enteramente indetenmnado y, por ende, to,. Logik, parr. 109.

do lo que se experimenta está contenido en él Si, por otra parte, no llamamos concepto e.sta primera regla, en razón de que semejante regla de la
descripción se refiere únicamente a una apariencia general, pero no ofrece
regla alguna para IUI propiedades -se refiere sin regla a] con junto de todas
Jas propiedades de algo que aparece en la intuición-, entonces, todos los
juicios descriptivos son sintéticos.

Es dudoso, por supuesto, que pueda haber un concepto si es que nada se
ha determinado acerca de su contenido. Puede sostenerse que los juicios,
sobre una cosa así concebida, deben ser todos sintéticos. Pues si ninguna regla se ha establecido aún, por lo que toca a lo que ha de estar contenido
en el concepto -o no puede establecerse en absoluto-,25 los juicios acerca
de eso no pueden posiblemente ser analíticos. Por otra parte, como hemos
visto, pueden llamarse analíticos por esta misma razón, si la regla vaga se
denomina concepto. E incluso si no, pueden, con todo, calificarse de analíticos los juicios descriptivos, no en relación al concepto, sino a la regla
vaga, aun cuando sea la experiencia misma.
Sólo cuando llegamos a la exposición se resuelve el difema y se esclarece
cuáles son los predicados que están contenidos en el concepto y cuáles no.
Pero no es, una vez más, claro, mediante qué alquimia intelectual se esclarece eso. Esos predicados que son analíticos son alineados por la exposición, en sucesivos juicios, para inspeccionar su conveniencia de servir en
la definición. Entre ellos se selecciona el conjunto final que forma la definición, en cuanto conjunto mínimo de predicados que, a la vez, completan
y precisan el concepto. La definición combina estos predicados con el concepto de la cosa, no a la manera de un juicio -en cuanto a predicados
de un sujeto- sino en su manera propia, en cuanto definiens de un definündum. Sea cual fuere el proceso en detalle -y es nuestra tarea sacarlo
a luz-, es obvio por lo que dice Kant, que consiste en un movimiento del
pensamiento que va de la experiencia de una cosa a su definición.
Basta con lo dicho sobre el proceso de esclarecimiento, en cuanto determinaci6n del contenido de los conceptos. Kant se vuelve ahora al proceso
de clasificación, como determinación de la extensión de los conceptos, a su
Einteilung más bien que a su T eilung (o análisis). 2• Esta puede ser o una
clasificación de conceptos individualmente o de conceptos colectivamente, esto
es, combinados en métodos. En la clasüicación de métodos encontramos que una
clase especialmente -el método analítico y el sintético- se refiere a la clasificación de conceptos complejos o simples. El método analítico principia por
• Cf. lo que dice Moorc acerca del concepto "bueno".

• Logilr., pan. 110.

106

107

�101 conceptos indefuudoe de complejidades dadas y los fragmenta en principios simples
¡wiaei¡,iatis ad /nfflciJña"); el mitodo sintético empieza
por los principios simples y construye sus consecuencias simples. El método
analitico va de lo complejo a Jo simple y el sintético de lo simple a lo complejo. "El primero puede también llamane r,gresivo, el último ¡,,ogmivo".17
Estos n-.étodos no son examinados con mayor amplitud en la Lógica; pero
se sujetan a discusión en varios sitios de los escritos pre-aiticos y críticos
de Kant, que se refieren a la distinción entre matemáticas y filosofia. 11 En
ningún sitio examina expllcitamente Kant tampoco la relación entre la doctrina de los métodos analltico y sintético, por una parte, y la doctrina de
los juicios analítico y sintético, por la otra. En ninguna parte, dicho en
otras palabras, muestra explícitamente c6mo la sucesi6n de juicios conduce
de la descripción a la definición, pasando por la exposición. Seguiremos
pues, en primer término, su tratamiento del método en algunos de los otros
escritos, principalmente en la Crítica, y veremos después c6mo la doctrina
del juicio analítico concuerda con la del método analítico. De este modo estaremos capacitados para responder algunas de nuestras cuestiones.

r'"

11
En los escritos pre-críticos y críticos, la Analítica del Método -como llamaremos la doctrina de los métodos analítico y sintético- no se establece
en su forma pura, como en la Lógica, sino que se usa para hacer patentes
los rasgos distintivos de la matemática y la filosofia. El rasgo distintivo de
la matemática es su proceder científico. Ernpieu por las definiciones simples
de conceptos arbitrariamente inventados. El rasgo distintivo de la filosofía

es su proceder analítico. Empieza por Jos conceptos complejos de entidades
dadas o a priori o a posteriori. Por ende, el método sintético, que en la
Lógica sólo está combinado con Ja construcción y la simplicidad, en los otros
escritos se combina también con la definición -como si s6lo las definiciones
pudieran ser puntos de partida del método sintético y no los conceptos simples también, según es posible en la "exposición de intµiciones'' de la Lógica.
Por otra parte, .se dice que el método anaJítico tiene su punto de partida
en los conceptos complejos -como si no lo pudiera tener también en las
definiciones complejas. Debemos, por consiguiente, si queremos desenredar
los métodos analítico y sintético de la explicaci6n kantiana de los procedimientos de la matemática y la filosofía, separar los dos hilos entretejidos,
n ]bid., parr. 117. Cf. P,ol11om1na, parr. 5, nota.
• Este tema se trata muy brevemente en la Lo1iA:, Introducción, aec. III.

108

ámplicidad Y complejidad, por un lado, y definición y concepto, por el otro,
y comparar los resultados con la explicación dada en la Lógica. Discutiremos primero la relación entre la simplicidad y la complejidad y después la
de la definición y el concepto.

a} Kant discute los dos métodos, primero, en una Investigación acerca
de la evidencia de los JmnaJ,ios de la teologia natural '1 de la moral (1764),
Y posteriormente en ''La doctrina trascendental del método" en la Critica,
que corresponde a la doctrina general del método en la Lógica. La diferencia entre el método analítico y el sintético consiste, como en la Lógica, en
que el método analítico empieza por una complejidad de datos y el método sintético por un simple dato. Este dato se da por medio de una defj.
nición en aquellas ciencias que inventan sus propios datos, como la matemática. Kant limita el método a la matemática· pero también la ciencia
natural, e incluso su filosofía, puede construirse a partir de elementos simples -no ne~ente definiciones, sino incluso conceptos, "conceptos
empíricos simples", corno se les llama en la Lógica, conceptos de elementos
de naturaleza considerada simple- y pueden oombinarse hasta formar estructuras más elevadas. Podemos incluso partir de tales elementos indefinidos y sólo vagamente concebidos, y desarrollar sus rasgos más característicos
en sus relaciones recíprocas con otros elementos. Puede haber, pues, un
método simético que no parta de definiciones, sino de conceptos. Por otra
parte, puede haber un método analüico que parta de definiciones complejas
más bien que de conceptos, y cuyo desarroUo constituye el análisis de estas
definiciones. Este método, además, es aplicable tanto a la matemática como
a las ciencias." Pero no importa qué método analítico o sintético usemos,
el definicional o el conceptual, el método sintético construye lo complejo de
lo simple y el analítico lleva lo complejo hasta lo simple. En ningún caso
determina el método la clase de proposiciones que usemos en él. 0 hemos
de usar a lo largo del método analítico proposiciones analíticas, o a lo largo
del sintético proposiciones sintéticas. La Analítica del Juicio -&lt;:orno podemos llamar la doctrina de los juicios sintéticos y analíticos- y la Analítica
Metódica son dos cosas diferentes. A la Analítica del Juicio compete únicamente la estructura conceptual de la proposición o juicio de que se trate,ªº
pero no la de su contexto. Por consiguiente, tanto en el método analítico
como en el sintético podemos utilizar juicios sintéticos o analíticos. En el
método analítico podemos usar juicios sintéticos, como en el análisis mate• Vaihinger, op. cit., pigs. 417 aip.
• Una proposición, para Kant, es un juicio clarüicado. Vwe Logilc, parr. 30.

109

�mtico,n 'I en el acodo an-'tico juicial anaHticoa, tales como "el todo es
mayor que cualquiera de 1111 parta".11
b) Diferaite de estos aspectos ~ " y "regresivol" de loa cb - .
toc:b, a el aspecto que se ocupa expraammte de la reJaci6n entre el concepto Y Ja definic:i6n. &amp;ta relación, una va aislada, aparece, en b escritos
mearioaados, con el mismo aesgo que en el procao de esclarecimiento en (a
Lógi&amp;a. La combinaci6n con b pn,r«lírnMmtoe de Ja matemática y la filo.
aofia obrcurece este hecho l6Jo si no recordamCII claramente que por defini-

ción en matemáticas, Kant entiende defmici6n sin~ y, por definicl6n
en fibof11., de6nici6n analítica, y que la definición sintética, en las matemiticaa, sirve cano punto de /Jflrlúlo del pmadirniento matemático, mientras que la defmici6n analftica, en la filoaofia, sirve corno punto de llegada
del J)ION'dírniento filoa6fico, En el último, con la defmíción se da a entender
aiempn! el concepto analizado en 1U1 elementos. En la rnsttemática ernpelllDOI con la ctefinici6n, en la filosofla D01 empeñamos por conseguirla.aa
La matemática -dice Kant en el primer parágrafo de la lnvestigaci6ncomígue su definición ~cameme, pero la filoaoffa analíticamente. En la
matemática. "el concepto no ea dado nunca antes de la defmici6n, más bien,
ae ~ de ella. Un cono, no importa que más pueda ser, se engendra
en la matemitica mectiante Ja concepción arbitraria de la rotación de un
tmngulo rectángulo alrededor de uno de sus ladas mayores"." En fdosofia
el asunto es muy düerente. "Aquf el concepto de una cosa está ya dado, pero
determinado oblcura o insuficientemente. Tengo que analizarlo,11 comparar las propiedades aisladas, tanto entre st como con el concepto mismo,
y explicitar y precisar este pensamiento abstracto".11

Este es el mismo proce10 que se describe en la Lógica; 11 el proceso de
esclarecimiento de un concepto. El concepto está dado porque la cosa está
dada y representa nuestro primer vago conocimiento de ella. A fm de conocer con distinción la cosa, desmiembro su concepto y veo lo que está con• Prot.1omn•. pan-. .5, nota, y Vaihinger, loe. tit.
• Prot.1onutN, pan-. 2.
• Kritili 4n raJtn V•raHft, A 727.
11 lfflffMra•.Z Kcral', Wnb, ed. Cauirer, II, pq. 176.
• Kant ma el tirmino zntli4ima ("desmembrar").
• 16úl.
• Puede IOltenene que la formuJaci6n en la lransfiiaeih precede a la de la I..6fie•
con veinte ai01 ---et ae acepta la fecha que atribuye Erdmann a la compolici6n de la
Upe- 1 a 111 publicacidn con cuarenta aiol. Por otra parte, cuando apareci6 la
I11wsti,cei6ra. Kant habla Jddo ya la Ufi~• durante nueve añot -dos veces ,,, 011nwn.

tenido en a.. "Debemos atender a esta idea en toda clue de relaciones a
fin de descubrir sus caracterlsticu mediante eJ análisis, conectar propie-:lades
diíerentes abstraldas a fin de ver si forman un concepto consistente y tienen
cohermcia, y de ver si una no incluye en parte a la otra".• Los elementos
del concepto, las propiedades en B contenidas, se despliegan, por asl decirlo,
ante mi y lás más importantes las reúno para formar la definición. Para
decirlo con Ewing, en su comentarlo de este pasaje, "no conocemui, al principiar la defmíci6n, pero esta necesidad no nm impide demostrar con certea
muchas propiedades del concepto, y cuando lo hemos hecho podemos llegar
dpidamente a la definición, pues esta es la suma total de las propiedades

[del ~r.40 A fm de determinar estas propiedades, tengo primero que
reunirlas, o lo que es lo mismo, que diferenciarlas del concepto. Sólo entonces puedo deslindar los lfmites conceptuales de la cosa, esto es, definirla.
Como Kant sienta en la Critica, la definición es la consumaci6n y distinción
del concepto antecedente, es la "comumaci6n y precisi6n de la determinaci6n del concepto. . . la enumeración completa de todas esas [propiedades)
que constituyen el concepto completo".61 Definir "significa s6lo presentar el
concepto completo original de una cosa, dentro de los lfmites de su concepto de ellas",ª donde, como Kant nos advierte en una nota, "consumaci6n
significa claridad y sufü:iencia de las caracterlsticu; con llmit•s se da a
entender la preclsi6n mostrada por el hecho de que no hay más que estas
caracteristicas que pertenezcan al concepto completo; con original se da a
entender que la determinación de dichos lfmites no se deriva de nada düenmte y que, por consiguiente, no ha menester de prueba alguna; pues, si la
requiriera, esto descalificaría la explicación supuesta de que está a la cabeza
de todos b juicios por lo que toca a un objeto particular". Reconocemos
que los primeros dos requisitos son los ya discutidos en la Lógica. Consumación y precisión 10n Jo que le da distinción al concepto. Por originalidad
Kant entiende aquí la originalidad de un concepto inventado, cuya def'mici6n no tiene que derivarse de ninguna otra fuente, sino que es dada al par
que el concepto mismo. Entiende, en otras palabras, la originalidad de las
definiciones sintéticas. Chn todo, hay tambim lo que puede llamarse ori• En algunos caa, por supuesto, tal desmembramiento conceptual se da al wúaono
con el cleanembramiento real de la cosa, tal como la ditecci6n de un animal O una
planta, el aúlisit qulmico de una substancia o el desmantelamiento de una máquina.
• Uradmuelau111 ibn dü D1Ullieltl:1il tl,r Gruradsitz, dn natilrlieli,n Tla,olop
and d,r Moral, Kont's W,rk,, ll, pq. 177.
• Eroi111, Knt's Tr,atm111t of Ccusolily, 1924; pág. 30.
• A 241.
• A 726

110
111

�·111,GJjlllliiMlit.iiNllillllticalda•

fYl¡f:I ·• ~ -

k 'Ufb!l • ....atutitu {"ílll#liolia ia
..,. .,.,.__,.,,, " ia6ddaa ~ J &lt;lén la cWinid6n. Ja COI&amp; •
......,lbt;.. pei'. fllf aocir, del:
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coanr.N:..O de _,_ ""'- ~ . - fllú die ••ninadas par el ,...
'9f• del ~ mNDtraa que la natúralía nal de • coa eatari,. detenai.._ par 1íido Jo CfUe peRenec:e a lll mtalcia.
fin Gé cl,,'i liftülaf, par
ejimplo; 1- eaencfa l6gica de UD 8uerp, IIO W.eeftlmlOI fellDir todol M
' - ea la mturalera. Tom lo que tena.u qua hat. es dmgir nuestra aten-

daa I

elll ~ · qll4 a l -

oamtitüjeidef

esenciales efe 1U comapto.

, . . la esencia l6gica DO aino el comepto fnndvamtal original • IDdol
b pnteffcadol IIICNam de Ja --...
Pot twigirüdad ..... ~ p u e s , ~ f a ~ 16gb. La
cWinfci6D ariaHtiea e1 la cea en CUdto objeto de nuestro pmwaneieilto. Una
va que tmemos • defiaici6IJt, toao DUellN pePMUStuo acerca de la ooa
ptae&amp; eomenar con 41a. D b'-te del eoacepto- a Ja de6aici6n puede conJiderane, ~ .,_, • lllpfdl&gt; de la reJaci6n entre la experiencia y el p
"'1Ífnte. -y • "Ja u.e .. teereto enlelO de. . . lá ~ , tal
aaso decia Xaac en aa f--. carta dirigida a Hem en 1772. Auncpae a.
10lti6 el pablana de un IISOdi, epiatend6gia, am bien que 16gioo, puede
· dedne 11le tq;c:IP'Mlltie esta nlaci6n está reprew,otada por el pn,ce90 de
~ que 1e refiere unto a lo dado • ;iori como • /»si~
y • enlaza. La ..,.n,ilidad ele ana aolución, pcr medie de aa ,eparaci6a,
• l6ja ea Ja iarpwibilicW de una definició,,I aa•l'tiea - de datea dacb
• t,ollmori o d J1,iori. LP pomñdad y, por 1Upue,to, lo obvio de una IDlud6a, por medial de au C'IJIÑ&gt;iDaci6n a ttawa de IQ sint&amp;ico ,. lffori. 1e nfleja
en lo obvia. de .la tWinid6a tintética. La isnpoañilidad de .,... definid6sa
analkica ae desprende de la impüiliclad de reunir dalDI emphicoa en un
mterDa ooneeptual. l,.a def,iúción sin~ DO ent.ieffa tal dificultad. F,.n Ja
mmmftica, b cooceptm 1 las ddiniciones no tienen c¡ue acomodaae al
objeto dado; IOD creacioaa libres de Ja mente. As(, no es necearia una tranaid6A de Ja ~ al pensamiento o vic:evena. El pensamieQto es por
lo que pdnc:ipiamol y en. lo que nos quedamos: el dominio de b "concep1lol ll'bitnriamente ilmmtadm'',•• aun cuando est6 difmnlnada en verdad,
• lntroducc:i6n, acc. VllL
• I&amp;ül.
• A 729.

dall de. ,_.,. . par la , -.. • .tio -,Héa" • la mllnNca
. _ - - - . Alpd II t a+n ...., Joa pri11Cipct1 di • fflllidad dada,
.._ ,..,..,. . . . . . . . . . . . . . de - bate - - - y tupllelta;

.-.~de)chm,_1Dnal;lasdefiniciones[mela&amp;ieaa)deheades-

'°"

mnsigwm~*

manera
facciones; m explicacioaes lino
En aenticlo estricto, por
CIGllel . . iDlj..... • mec-ffaica. t)aa ftll6n a, f aqu( Je hace UD aiadido importame a la .m6n drec:ida ea la U.,11, que nwa l't'-iemot mar
...., cuando Ul8IDOI fa paWn empJrica, de ~ • definida en el milcdblr aJgo definid"; de

~ ubitrariaa"."

otra

mo ll'!lltido.

"No a s,g,,ro auw fW u.,,,_ f1MfU1o ¡,. /#Ñlm,, qw 4no1o w
7 lc tnÍ.nu "1SO, 11 W&amp;eJ , -. . . . . M '/ ti Hnl ano, et&amp;rlldaÚAetU• ..td, n el eorae,,,o tú oro, olpi,a ,-., ,n,a,, IIMm4s ü ni ,._
so, -,~ _.tllnlültul, l4flllbUa,.
4. ""aamun, ,, "' ,.,,,.,,._
MI, f8 lato fU otro /HUd,, "" OU, IIO .fflbff -.Ja IÚ Ita /JrO/Üddd.
Ulilutaeo, t:N""1 ' ~ " ' s6lo n r. mHitla n qw linln ,l
/Jr""'"° Ú uen tlislin,os; los IIUNf osbmoeiofles tus/Jlaza AffltU
F,O/llNilfül ,, IIÑdd 0,141, 'I, /,or nlÚ, aune• SOR lo1 limita d1 r,n
&amp;Oflel/llo. Y., /JM SUlf#Slo, {d q8" '1o/JÓSUO "il sm,i,la ,l qru s, definim, ua «&gt;IIUJ,lo ,mplriso tal. /IOr ,j,,n/Jlo, como d tl,l apal Ctuatdo Wlaao.r ül agu 'Y de sus ¡,,oti4dad11, no nos
lo qua
11 ¡,i,,._ &amp;DI&amp; lfl ¡,alalno agua, W flll /JIUMU)I d III IZP,rinr,fllaciót&amp;.
La JHll,,l,,a, eoa las po&amp;a eora&amp;tmstieas qru 16 ""jrmtamos d,b1 ,o,,_
sül,rars,, m4s Jlro~nt,, eomo uno nura designad6a ,.:, como •n
eo,u;,110 tl, i. eoso; la sup,,,,tc d,finieió,¡ no ,s ruult, m4.r qru uu
tl1ttrffÚfa4t;iÓft d, le ,al41,,tl'.fe

"º'"'-

"""'"'°' •

Esta palabra pertenece a Ja experiencia. S6lo si inwnto al par que la pa1-a su objeto, 1eDgo realmente un concepto y puedo -,.,,., como en Ju
matemAticu.

"""°

"Ua eo,u1p,o qru )'O ~ inv,,ua,Jo,
simip,, tl,fini,lo; pu.1,
qru no na, ,s
m gradas a la natrmll,14 tl,l lftlendiminto ,.¡
n la •~p,ri,naa; sino '1111 u lo qru lo la, /11,lu, m- d11ibn"""1nenu

)'41

"""º

túbo sabn lo qu A. p,,t,ndido JMns4r al usa/o. . . Con.s,cunu,,,,,.:
la mat1m4tiea es la rínit:• cinda qu, ndnro definidon,s. Prus

t,,

• A 713.
• lwia¡, 01. di., P4 30.
• A 728 a, nota 38.

112
113

B.I

�el objeto que piensa lo exhibe a priori en la intuición, y este objeto no
puede ciertamente contener ni más ni menos que el concepto; pues mediante la de{inición es dado el concepto del objeto, y dado originalmente, esto es, sin que sea ntcesario derillar la dc!finición de nin,0 una
otra fuente".411
Dicho en pocas palabras1 al igual que en la Lógica, sólo los conceptos inventados pueden definirse. Los conceptos dados, sean dados a posteriori, como
los conceptos de las cosas empíricas, o a priori, como los de las categorías, "no
pueden definirse en absoluto, sino sólo explidtarse". 60 Con los con~eptos
dados a posteriori, como hemos visto en la Lógica, no puedo estar seguro
nunca de haber examinado todas las caracteristicas de la cosa. Con los conceptos dados a p,iori

"no puedo estar seguro nunca de que la representación clara de un concepto, que en cuanto dado puede aún ser confuso, haya sido /levada a
cabo por completo, a menos de que sepa que es adecuada a su objeto.
Pero, puesto que su concepto puede, en cuanto dado, incluir muchas
representaciones obswras, que pasamos por alto en nurstro análisis, aunque estemos constantemente haciendo uso de ellas tn nut'.stra aplicati6n del concepto, la perfección del aná/iJis de mi concepto es siempre
dudosa~ y una multitud de ejemplos conuenientes basta sólo para hacer
probable la perfección, nunca para hacerla apodícticam nte cierta". 51
Por esa razón, Kant prefiere el término exposició11 al de definiciónJ "en
cuanto es un concepto más inmune, que la crítica puede aceptar como si fuera
hasta cierto punto válido, aunque conservando aún la duda acerca de la
perfección del análisi ". 52 Con todo, no necesitamos, por esta razón, "ser tan
rigurosos en nuestras condiciones, como para rehu ar por completo a las
explicaciones filosófica el honorable título de definición'\ 68 si sólo recordamos que las "dl'finiciones filo. óficas no son nunca sino exposiciones de conceptos dados, [mientras que] las definiciones matemáticas son construcciones
de conceptos, originalmente edificados por la mente, y que mientras las primeras pueden obtenerse por medio del análisis (que nunca es apodícticamcnte cierto), las últimas se producen sintéticamente. En tanto que las defini• A 729 sig.
• A 727 sig.
11 A 728 sig.
ª A 729.
11 A 730.

ciones matemáticas forman, por ende, sus conceptos, éstos son únicamente
explicados en las definiciones filosóficas."
De todo esto se concluye, y aclara el punto que nos interesa, que la definición en filosofía siempre se desprende, y constituye la elaboraci6n, de conceptos vagos y con{usos.

"Puesto que las definiciones [de la filosofía] son análisis de conceptos
dados, supo11en la presencia previa de los conceptos, au11quc en estado
confuso, y la exposición incompleta debe precede, a la completa. Consecuentemente, podemos inferir bastante de unas pocas caracterhticas,
deriuadas de un análisis incompleto, sin haber alcanzado todavía la exposición completa, esto es, la definición. Dicho brevemente, la definición, con toda su precisión )' claridad, debe, en filosofía, venir más bien
al fill que al principio de nuestras inquisiciones. En matemáticas, por
otra parte, 110 tenemos ning1,n concepto previo a la definició,i, mediante
la que rs dado rn primer término el concepto mismo. Por esta razón,
la ciencia matemática puede )' debe siempre comenzar con la defi-

nición". 36

Las matemáticas y la filosofía, pu , son analizadas por Kant en cuanto
ejemplos de métodos sintéticos y analíticos. Los últimos, a su vez, constituyen espccificacion~ del método general de esclarecimiento. Pasaremos ahora de la Analítica del Método a la Analltica del Juicio y examinaremos el papel
que los juicios analíticos y sintéticos juegan en el proceso de esclarecimiento.

III
~s claro por la explicaci6n de Kant que la drf inicióri de una cosa empírica
Sigue el co11ccpto de tal cosa, como resultado de un proceso de esclarecimiento. Lo que no es muy claro, o por lo menos no ha sido subrayado Jo bastante
claro, es que el juicio analítico, como tal, constituye un peldaño de este proceso. Cada análisis de un juicio es un paso, en el esclarecimiento de un concepto, que lleva hacia la definición. El juicio analítico no es una tautología; el sujeto y el predicado no son idénticos, sino diferentes. Por ende,
ocurre una moci6n de pensamiento u en el juicio analítico. Aunque, como
.. lbid,

ª A 730 sig.
.. Esta moción no es ni psicológica ni epistemológica, sino lógica; pero lógica en eJ

114

115

�KaJll...,.

wua.t1u..., el juicio- mlltieo • •Jlliliu ~ ~ • el
WidplO de la COI&amp; y DO . . . . . de - - - - mdm COllOCU'HenlD. ._,..
,_ el ClClDCCplO J mueatra 1o que t6lo ellaba Wip1IMl'te c:oacebk1o en 61.
In este smtWo, meJf.Wiuo mú bien que cuantitatiw, a,,.,.,.. e m6t bim
-puesto que hablamos de un "aumento" cualitativo-, m,jo,a ~ ~
cimiento. Gracias al juicio analltico le produce UD avance del CODO&lt;'!DHeDto,
aunque no en autidad, sino m cueJidad Kant, reoordemol, al negar el
aumento" del CCJP;- ini,nto, 1J1&amp; la analogia de una luz que cae IObre un
mapa para dec:inlDI que )a luz DO añade nada al mapa. Pero ~
puede • reputado tan realista como para c:omiderar al coiepto independiente en la misma medida, del que lo conoce, como el mapa del que lo ve.
Por ei. contrario, a cierto que babrfa pe,•o,, li lo hubieran empujado a
hacerlo, que la apmd6n y la definici6n del mncepto mejoran el concepto
mismo, baci&amp;Mdo)o UD "mejor" eaacepto, de tal modo que baya ~ cono:ptl)" clespuá del proceso que antes.
Sea lo que fuere, a claro, con tedo, que el juicio analltico tepelellta un
dinamUrno del permrni"Jto y DO el drculo atitico de la ~ Hay
dos clases de identidad en el juicio kantiano analltim: "o.•• explki1a (,z.
~ ) o DO explki1a (ifn/llitil4). In el primer CUO, Jas propmicioar, ~)kicu IOll ~ - " No lo 10D ea el aegundo cuo. Pues, Jas "propoli·
c:ioae, tmlOl6p-.al ea6il virtua1meote vadat, incoDlec:uenta; IOll ~
1'11 e in&lt;atiles. T6mele por ejemplo la J&gt;10P01ici6n el l&amp;omlw, 11 tu,,nbr,. ~
DO aabemol del hombre lino que el hombre, DO llbemos nada IDÚ de Q •
Oc:une difenntemente con Ju propmicioar, de identidad impHcita. "Lu pro.•
de identidad ifn,aa,., por otra parte, DO IOD ni incomecuentes
~ - - &amp;c1arecen el _,¡icadn. que 1e encuentra sin clewrollar (imm uallll,UI-....,._.
,AJ'
• )» •
"""
¡,lú:iUJ en el concepto del sujeto, median~ su dt:sarroUo (111,,u:"'!" • . n111t
b "juicios aoal1ticos explicitan en el predicado lo que esti 16lo unplic:ito en
el concepto del sujeto".•
Este pn,ceso de dmrroDo del c:om:eJ)tO, que tiene lugar dentro de cada
juicio analítico, 1e pasa a menudo par alto cuando 1e explica la analiticidad
de un juicio y. especiaboeate, cuando 1e confunde el 1110 moderno de la
11

leDddo kantiano, no ea el de la l6gica modenla. Qutn, lo&amp;. ril., comiden que 1a
DOCÍ6D kantiana del contenidc, conceptual el "metaf6rica" ., que DO tiene cabida eo la
l6pca. Acm:a del II\IDIO eatao, mae J. J&amp;iouau, A T,,tiúu of Por,,w Lo¡i&amp;, ll,
pqa. 1111ip. Tambim M.uc-WOGAV, oj. ril., pq&amp;. 146 sip.

• Lop, parr. 37.
• 11,u.

•nu.
• H.

116

J.

PATON,

Kan,', 11•,.jh,ne of

&amp;,,,;.,.,., 1, ¡,Ag. 85.

l,d In mo el bntiaáo.• 11 &amp;fllia • c:up soln el hecho de que el pretll,iil;t:tiltl DdntWO tD el mncepto deJ aujeto, pero DG IIJbre el beche igual~ efe que ate estar conteniclll significa que el coacepco del
lliJífli&gt; llltá lin ~ en esa medida y que la declarad6n del predicado
..., - - mismo gmdo, . . claro y distinto el coacepto; de que el - • ,e láiele a un mothniento de6nido del pmsarniemo que va de la vague.
M a Ja claridacl Kant nunca deja de mencionar este punto cwmdo discute
t11 JIDCii, analftico. "Loa juicb aoallticos no expnsan nada en el predicado
amo Jo ~ ya ha sido realmm~ pensado en el conc:epto del sujeto, . . .;
11: ta 4istinla,,unt, o eon la ffll.SIU plenitud de concieocia" • que tengo del
CG.ampU, tlapá de que he hecho el juicio. En el juicio, "el predicado B
(lfdmec:e al concepto A, como algo que está (encubiertamente) 11 contenido
m este coocepto •.• • [Estos juicioa1 en cuanto no agregan nadas mrdiante el
pnclicado, al concepto del sujeto, sino que meramente lo fragmentan en e101
~ .:omtitutivot que han desde siempre sido pensados en B, anqa
,,,,,¡tutmUnú, pueden también dencmrioane explicativos"." Y ata explica.
ci6n; aunque -como dice Kant- es "pensada por medio de la identidad"
~ a, cm todoJ una identidad tauto16gica o explicita, sino UDS
implfcita.

identidad

Hay, pua, UDS ctirec:ci6o definida del pensamiento, un procao por el que
eaclance conceptos y .loa distingue nw y mú. El mitodo de este procao a
el ~ Ysu ~ t o el juicio analltico. El an4tisil, en la medida que
~ la tarea principal de la l6gica, coostituye la principal actividad de
JIUeltra ru6n. "Una gran parte, la mayor qwzú, de la tarea de nuestra
1116n ~ en el ~ de b ~ que ya tenemos de b objetos.
Bite mlisis ~ ~ - una COD11derable masa de c:nnocimieoto, que,
aunque no sea amo explicaci6o o elucidación de lo que ya ha sido pensado
••~el mo moderno, el concepto mino no a a menudo tomado en cuenta. Cf. la

":9'-6a de S. &amp;ruBblO, .d Jlotlna Irmo,ulioa lo Lop, 1948; p6p. 439 sip. Tam-

llim B. llv11au., Priruillu of Ma/umatu.,, Ñ, 65.

• ~ - - ~ • parr. 2: El ~yacio a mio. CoUTUUT, y tru B Ja.ouUN,
IN. "'·• ca1ific:a ate inf&amp;111 particular de plic:o16gic:o. Pero Kant aclara que a l6gico
l'D Jllicol6sico, ~ 16gica Hu la ei,,rda a priori '• w IIJ•s u,uarilu ,l,I ~ l o •• :
~ no •1 ~l•lúJMn_nct•, ,sto 11, romo •l nt•ruliminlo ,UJUO, tl• u••rtlo eon ,na,;,¡;o,
(Jmol6,i&amp;os), siao o6j,tioamnu, ,110 ••• eomo tl,6, ,..,.,., a
•u,tlo eo11 lriaaJios a priori" (Lop, Introducción, Sec. 1). Lu reglu del ,;.__
miento 10D Ju de loe conceptos, pero "aJao se da antes que una idea 1e tome concepto"
No IOc:a a la l6pca mOl1rar c6mo surgen lu ldeu, pero ú ccSmo surgen los ~
e Ju .ideu". (Lop, lntroducci6n, aec:. V).
• "Venteckta Weise" (de un modo oculto).
• A 6 lig. El subrayado a mio.

""~°'

117

�•

tDUeltl'Ol

~ a aea de modo confUIO, es,

llia embatgo,

esamtd•

-..par 1o mePOI ea ie1acil,n a su bma- COJIIO un IWl!YO C011U1:iosie•• ¡dfv»,JD".11 El eaclarocimiento, pues, para Kant, es asunto de la forma de pensamiento, y por tal motivo el procelO de edarecimieafD a l6gico f llO tpstanológiCO ni P'Í(Ol6gico. E1te procedimiento formal de la ru6n el peli•
greao, puesto que la m6n "puede iDtmducir en él sumepticiamente sin per•

. . . . de lo que hace, ueveraáona de un orden enteramente distinto"; sin
embargo, es indispemable para el progreso del pemamiento. El pensamiento

ae aclarece a sí mismo mediante el aniJiais,
El análisis es posible t6lo par medio del juicio. Ali, en última instancia,
,1 juiM u ,l in.sm&amp;m,nlo eon qa, ,l ~ o II esdarece a sf mismo.
r.ta doctrina la estahhri4 Kant deade una época tan temprana como 1762;
wiD1e añaa anta de la Crfrie4. En La falsa sutileza d, las cvatro figuras siJo.
p,ieas, umatra que todo pensar es un juzgar o un inferir, y que ambas
actividades detemñnan el eoncepto por IUI atributos, esto es, lo analizan Un
concepto puede determinane por completo, sólo si se determinan totlos sus
atril,utos, DO a1gunol de ellos -DO meramente SU especie, sino tambibl SU
pnero. La especie es el atnouto del concepto, el gbiero el atributo de la
especie. De este modo, detfflninar UD concepto por completo significa determinarlo mediante el atributo de su atributo. Determinar UD concepto por
medio de 111 atributo es juzgM, detmDinario mediante el atributo de su atributo es inferir. Toda inferencia. por tanto, es un juicio mediato. Su principio es la regla"º" notu ,,i ip¡iw nota. Todo pensamiento verdadero es
de cata indole aalUica. Es un pensamiento natural simple, coP&gt;O "este cuerpo en cuanto cosa extensa es divisible", ims bien que la triple división artificial de este pensamiento en un silogilmo sintético: "Todo lo que es exteDIO
es c)ivisible, este cuerpo es extemO, luego este cuerpo es divisible". Esta división triple dispone un pensamiento como si estuviera formada de piezas movibles, como las de un juego de ajedrez, y produce la errada sutilem de las
cuatro figuras silopticas. La silogistica entera debe descartane y "el coloso
de pies de barro, cuya cabeza se pierde en las nubes de la antigüedad, debe
.J---.: "
Lo que es aquí importante para nosotros es el papel del juicio analítico
en la clasificaci6n del pensamiento, y la diferencia entre el juicio, como poder
del entendimiento, y la inferencia, como poder de la raz6n, aun cuando entendimiento y ru6n GO sean sino aspectos de uno y el mismo poder de conocimiento. La 16gica tradicional, dice Kant, se equivoca al ocuparse antes del
concepto distinto y C01Dpleto que de las inferencias y juicios racionales, puesto

UQU\Uf9e •

161a b 6ltimol ,__ poaibJe el

~ r.dman

m,•~

aiotbirameute j •. pnmem: ~- ~ a no que b cmjdcias J radocinioa pn,d
UICIOI y fflCIC)CffllCJI, IIDO PW bia que los

poceac,~•:=n.=

~ mediOI en el
c:ona,ptol. Soa, en otns pala- - , dia:utirá
to que cb años ~
ue
en ~ contexto, en la J,ao,mgodór,. «n:. como
q un concepto distinto es s6lo posible median
pues; pnmero,
fflllPl4fo sólo nwtiante el raciocinio" .. T
te el l'"'W y un concepto
111:UeDCia de esdancimientos. S . .
enemos aqul una vez más una
.a concepto haya de distinguirseu pnmer puo es el siguiente: ,.A fin de
bulo de la cosa, Y esto es un . .' - ~ reconocer clarameate aJ¡o como : .
OlfllPO me
JWClO.
fm de tener un concepto di¡ • del
butos. '
represento claramente la impenetrabilidad
tinto
Ahora bien, esta represeuw:i6n no co . . como uno de sus atricuerpo es impenetnble".M Esta úl.
~ SIDO en el pensamiento un
del juicio. Este juicio es un medio
expresión es Ja declaraci6n formal
obiervane que est • • •
ctclarecer el concepto "Aquf ..1-L'Jtw:IO no ,s ,l coaetJ1'o d:' •
•
•
w:111:
,,
'JIU s, r,aliu; Jnus la idea d l
í.mruo manno, sino ,l #to J,ot
,lim,ua"... El puo final ~ a cosa q,u surge desp,ús th este ado ,s
raciocinio. Despuá de que el
en completar d concepto por medio del
•
ede
concepto 1e ha distinguido'
•
ClOI, pu
completarse por medio de inferencias. "
~r medio de juiooncepto co~eto es s6Jo posible JDNiiante el . ':'.fácil mostrar que un
en comecuenaa. que un COllN'nto distm'
raaocuuo. • • Podemos dectt
de
• ••
--r
to es el que esclarece
'
• ::" JUICIO y un concepto completo que se distingu se
por medio
IUO • Aunque juicio y rv_iodnio se dan en di{,
e ~ medio del raciocia saber, en el entendimien
erentes niveles de conocimi
entendimiento es el pod todey razón, son básicamente el mismo poder~el
Juzgar inmediatam
•
juzgar mediatamente." er
ente, la ru.ón el poder de

.-:~v,

W:

~

lugar, asf ,,._A
L
"E. n. segundo
•
.,.,,..., IS uastante
1vid111t
duti1U16n
de un ,once"to
.,,.
la
e 'l1U la p,,teeción '1
r ,.., an merustn ~- ,·1
la menu ( puesto '1116 la misma ca . ad '"' , em,us faeullades d,
tar,unte en ttumto atribut d
paeid • qru reconoce algo inmtdiao e una cosa, se em"'·a
Y"- 1am1,:1
I d Jlara rico• _Dú false/u SJiufindigbil tln .
. .
Cumer,
ll, pqa. 63 IÍp.
.,.., ,,Uogutael&amp;n Figarna. Kanl's W,rk,, ed.

• lbül.
• /bid. El subrayado es mio.
•
ctia En la lógica, Kant muettra los Vmtaatlss l&amp;lfs
ta Y loa Y ma.nftsehllss, como loa d la ~
u como lol de la inf'erencia lame. . . _ ea• la ...,.
....a.. N,
e
inferencia
ilau _.,.
m'bien lilogl,tica. Loa 6JtÍDlcl eatin
0 •• nota
~ ae dice, ae de1prencle de la •
'
.que en el Dimana ú omai
•lil.u ... " •tl. ,il., pq. 65.
pnmera (pur. 44 11p.; 56 IÍp.; 63). Cf•

rn

.r..';:::

• A 6.

119
118

�atrihuto para cone1bir, JnUS, la cosa po~
nocn, ,,. est,
otro
a.ri ,;'tambUn ,viá,nt, qa, el ,ntendi•
medio de un a,nbtdo remoto),
.1: ... ·-•ament, 'Y ,l pod,r
l podn d, conocer GN•""
miento '1 la r~6.n~ esto es, , . u " f,uultades diferentes. .Ambas conde hace, rae10cimos, no constít y, nd •
mos mediatamenú razosisttn en el poder de juzgar; p,ro, cua o puga
. f,nmos
. )"·'º
namos (in
.

°''!""'º'

. .
tributos de las cosas por medio de juicios pre·
Este proceso de exhibir los a
de toda deflDl'.ción se dan muchos
. . . d la
''Antes
'
cede a la definiaón e ~a)canzar la definición, uno se reprede estos Uuicios], en la medida que, para
. ediatamente se reconoce
todO lo que de una vez e mm
trib
senta como a utos
, • • •
raciocinio aunque en la Jnvesla cosa" .11 Kant entiende aqw J~CIOI y no
def'. • '6 Sin embar~ .
también el úlumo precede ª la
1D1C1 n.
hg~n parece que .
de
. dos juicios analíticos. Muestran el
ambos son postenormente nomina
. . . tural de la
go,
,.
l del pensamiento, frente al smtéuco moa
~ter ~u;;° natu: ui el mismo proceso, del que veinte años d~~
16gica antigua. v_em aq
tal ...05 buscamos alcanzar la deflDldirá que "por medio de a l ~ de es Jllllªmenos y probablemente ambos
oi' n El pnmero por o
,
ci6n de los concept •
~ en La falsa sutileza, son, por conpasos del pensamiento, tal como se L6 .
llama exposición. Dado que
siguiente, idénticos con lo que en ~ degi~:t, en esta temprana fecha, por
.
'bl saber qué es lo que entien
·
es unposi e
d . .ón 00 tenemos probablemente JUSaná}isis y qué ~tamente
la descripción y el segundo
tificación para dear que el pruner ~
darse argumentos en favor de esta
en la exposición, aunque, tal vez, pudieran

J&gt;?r escni:~ en

interpretación. la obra de Kant establece el hecho de que el juicio ~ En todo caso,
esclarecim'ento aun cuando Kant rrusmo
tico forma parte del ~étodo de análisis ~~ un poco más el concepto,
nunca saca esta conclusión. Cadaaná1:.:. ha llevado a tal punto la clarifica~!-- •--nte todos los
~
n
• ·,
hasta que ~
ed ser formulado ya como defimcion.
.
mo para que pu a
c16n del concepto co
.
la Analítica Met6dica. Es como
Cada juicio ~tico _constituye un ~ee:ciarecimiento. Lleva adelante el
si fuera una diferenc1al en el proceso}
di entre la identidad implícita y
do infinitesima que me a
proceso en ese ~
redicad La Analítica del Juicio muestra en pe0·
explícita del su1eto Y el P

queño, ºmicrológicamente",H lo que la Analltica Met6dica muestra de modo
amplio, ''macrológicamente": la transición de la experiencia de una cosa a su
definü:i6n, pasando por su concepto.

IV
Así, al insertar la Analítica del Juicio en la Analítica del Método, encontramos la relación característica entre el juicio analítico y la experiencia, por
una parte, y entre este mismo y la definición. En la primera relación -la
de abstracción-, encontramos que el acto mismo de abstraer se lleva a cabo
por medio de juicios, de rodear, por así decirlo, o encerrar, la cosa mediante
juicios. "Kant parece decir. . . que el acto de abstracción o análisis por el
que formamos un concepto es un juicio, y si concebir es esencialmente pensar
en abstracción lo que es común a una pluralidad de instancias posibles, .su
aseveración parece ser verdadera". 70 Puede decirse que la identificación del
pensar con el juzgar constituye el descubrimiento fundamental que capacitó
a Kant para escribir la C,Etica de la Razón Pura y resolver el "secreto de la
metafísica". Como nos dice en los Proltgómenos,1' después de haber descartado las categorías de Aristóteles -en cuanto representan "s6lo una miserable lista de nombres sin explicación ni regla alguna sobre su uso", "una
rapsodia que procede sin ningún principio",7 1- "a fin de descubrir tal principio busqué un acto del entendimiento, que comprehendiera todo el resto y se
distinguiera s6lo por varias modificaciones o frases, el reducir la multiplicidad de representaciones a la unidad del pensamiento en general. Encontré
que este acto del entendimiento consiste en el juicio". Esto ocurrió en 1762,
veinte años antes de la publicación de la Crítica. En la Critica se repite y
esclarece el principio. "Podemos reducir todos los actos del entendimiento a
juicios, y el entendimiento puede representarse, por tanto, como la facultad
de juzgar. Pues, como se estableció más arriba, el entendimiento es una facultad del pensamiento. Pensamiento es conocimiento por medio de conceptos.
Pero los conceptos son predicados de juicios posibles, relacionados con alguna
representación de un objeto todavía no determinado". 78
" Logik, Introducción. scc. VI in fme.

" L4 /alsa ndilmi • · • loe. "'·

Entwicklvrtgsg11•
-'g 270· KvNo F11c11aa, lmma111ul ~ant:
n Vaihinger, o,. •• r ·
' .
lt. l860· págs. 160 11gs.
eltilelt, •u Syslnn tl,r kritiscltn Plttloso, i,,
'
n 11,i~-: pág. 65. eil

º'·

PATON,
eit., pq. 250.
" Parr. 39.
" Con "rapsodia" Kant da a entender una mera acumulación de material cognoscitivo, ain plan ni siJtema, sin gozar de los beneficios de una Ar,ltit,kloniJ:.
n A 69.
11

" Prol,¡om,na, parr. 2, aec. 3.

121
120

�Asi para decirlo con Paton, "la objeción obvia. . . de que el acto de concebir 'es un acto düerente del acto de juzgar se refuta ... co~ aseverar que
es como predicados de posibles juicios que l~. conceptos se _relaciona~ c~n alguna idea (en último término, con una intu1c16n de un objeto todav1a indeterminada). Afirma, por supuesto, que un concepto es un ,concepto sólo p~rquc
contienr. bajo él otras ideas (intuiciones, en últim~ t~ino), por m_edio de
las que puede relacionarse con los objetos. Esto implica que hay solo co~cepto en cuanto predicado de un juicio posible" _.u . P~cs, como hen~o.s. \'lS·
to todos los conceptos son atributo , y todo conocnrucnto es conocnrucnto
d~ cosas mediante atributos. El concepto de una cosa es, pues, el concepto
de todos los otros conceptos que, como predicados, se refieren a esa cosa.
El concepto ''metal" por ejemplo, se refiere a una cosa si comprehende todos
.
los otros predicados 'por los que tal cosa es ~noc1da,
v.~·•. "_cuerp~" , " ~o" ,
etc. de tal modo que el concepto es el predicado de un 1u1c10 poSible: Una
X q' ue conozco a través de los predicados que juntos constituyen el concepto
'
'metal',
lo pienso a través de los conceptos 'cuerpo,' ' pesado,' etc. " 8° Kant
.
sienta la tesis de un modo más simple, haciendo uso del concepto predicado
·
" me tal" .
"cuerpo", mis bien que del concepto sujeto

"El concepto de cuerpo significa algo, por ejemplo 'metal', que puede
conocr.rse por medio de ese concepto. Es, por consiguiente, un concepto
sólo en uirtud de que comprehende otras representaciones, med_iante las
que puede relacionarse con los objetos. Es, por ende~ el predicado un
,
l
p , ,, s1
juicio posible, v.gr.: todo meta es un cuer o .
Decir que }os conceptos son predicados de juicios posibles ~cerca ~e una
cosa todavía no determinada, puede significar, pues, que el obJeto. esta e~t~ramente indeterminado. Pero, también puede ignific.ar que el objeto, originalmente dctcnninado debe determinarse todavía más. Supóngase que el
primer juicio determinante relaciona los concep_tos " cuerpo" Y ". me tal": I nd.atamente se evoca la serie entera de predicados que constituyen Juntos
IDCI
'dd'"
la cosa que es un cuerpo metálico, y se hacen posibles una multltu e JUICIOS
subsecuentes que determinan la cosa con mayor detalle .. ~ste proceso s6lo
se detiene con Ja determinación completa del concepto ongmal, esto es, con
· ·'
As'1, en la detenninaci6n original del objeto completamente
su def .m1c1on.
indeterminado, tenemos la posibilidad de juicios que versen sobre todo, esto
"

•
si

122

op. cit., pág. 251.
cr. PATOS, ibid., Nota.
A 69.

PATON,

es, sobre todo lo que escojamos para hablar de él ~ para hacerlo objeto de
nuestro pensamiento. Seleccionam('S este objeto de la matriz de la experiencia•. Esta de~nninació~ original de una cosa, en cuanto objeto de un juicio
po51ble, co~t1tuye el pnmer paso en la dirección que lleva de la experiencia
a1 pensamiento. Es el origen del esclarecimiento o su origt'nal a saber la
"clan'dad" •82 El segundo paso consiste en la selección de predicados en ' un
conjunto
de juicios
y sin ninguna regla; la "descripción" kantiana.
desde
•
• •
•
1
su pnncipio mismo, pensar es juzgar; ''decir que los conceptos son esencialmente predicados de juicios posibles, equivale a decir que concebir es realmente, juzgar".83 La posterior evocación de juicios adiciona/es que determi~an más toda~ía. la ~sa y le agregan todos us otros predicados 1 y, al mismo
tiempo, la ~ehm1tac10n de la totalidad de predicados por la regla del concepto, constituye el tercer paso -la exposición-, que eventualmente conduce al cuarto Y último pasoi a la definición. La definición es la destilación de
los predicados esenciales de la cosa a partir del "material en bnito" de los
juicios que pueden hacerse sobre ella. Es el resultado final del proceso que
~o~~uce, a partir ~e. 1~ selección de la cosa, en cuanto sujeto de posibles
JWC10s hasta Ja def101c16n, pasando por la desc1ipción y la exposición. Debemos ahora e."aminar con más detalle este proceso.

&amp;í

~a definición es el resultado de un número de juicios, cuyos predicados son
p_nmero, pensa_dos vagamente en el concepto de una cosa y que se van explicitando a ~~dida q~e el_ proceso de ju1..gar avanza. Estos juicios pueden llamarse anal1acos o smtéucos sólo cuando el concepto de la cosa esté lo bastante determinado como para decir que contiene o no estos predicados. Los
primeros juicios -descriptivos-, por tanto, no pueden llamar.;e ni analíticos
ni sintéticos, en el sentido conceptual, porque todavía no tenemos un concepto lo bastante determinado. Pero tan pronto como se acumula mediante
la descripción el suficiente "material en bruto" -para decirlo una vez más
con ~os. términos kantianos- para determinar el concepto, la función del entend1m1ento puede comenzar y poner orden en la conjunción indiscriminada
de predicados. A partir de este punto, todo juicio incluido dentro d este
orden con un predic~do que también esté incluido en él, esto es un predicado que esté contemdo en el concepto ordenante, es un juicio analítico
t~~o juicio no incluido a.sí es un juicio sintético. Los juicios analíticos y ~~
teticos, pues, son fases de uno y el mismo proceso, a saber, el esclarecimiento
de ~n concepto em~íricamcnte dado. Estos juicios son determinaciones progresivas de las propiedades de la cosa; primero, prcconceptualmente, de las
'" Cf. M.-.ac-WooAu, op. cit., pág. 148. Cf. más arriba noia 7.
a PATON, op cit., pág. 251.

123

�~~.-elproce.,de---,
apoaici6n, pao fumon ~ ~
mntmdas en el concepto exlim&amp;icas en el m,el de la definiei6n. ---definido.-.. Una coaa, pues, sube
plicado, pero ao lo est'8 ya en ~ ~asl decirlo, como un globo, anodel nivel empíricc, al de la defiairi6n, ~
6ltimo término -en 1a
:..-,1...
la borda el lastre de lol predicadoa, en
r-- por
• tEticol.
dáhrici'-- bmec:elllrioa, esto es, •sm ..!...!.J-.J IOD relatma a b niveles de la
analitiddad y la ~
Ali, pues, la
• • el 6mero miuimo de predicadOI es ana•
Anal1tiea. &amp;u el ni~ ~ la
~ el nivel expositivo o conceptual
Htico y el m4:xirno lintétioo. La

"/: el d111:ripli. J o empiria, es timiJar a Ja que media ean el Diwil ele la de&amp;aia6a '/ el «icpoliafto. Lo que 110 • ~erheate analftico • CGaclptual,.
mente ~ esto er. ll8pÚb,. Ptn lo que es anphic:o puede Dimane
"analkico" C1011 -,ecto a l a ~ "anal&amp;ico 4 ,o,urio,í11• La delcripc:;i6n es Ja CIOll,iuJ,lci6a, aáa no ~ , "lia nglai', de 1M awtichtdea
de la coaa DN!l'ameDte pen:ibida, peso todavfa no ~
11 Coa todo,
atas cualidades forman parte e la expe,iesk:ia de Ja CON, en el senddo JDe.
ramente empfrico y DO en el sentido ~ de la Crfáe.. y, por ende, DO
caneen por &amp;omJJno d, '"11gUU regla. PI.B en tal CUO DO fonnañan parte
de la aperlencia tk '"" cose. Más bien. JJl"Lamos J1amarJas empmcameate
analftic:u; anallticu en el tenticlo descriptivo. La expaiencia misma, m
cuanto aperienc:ia de esta COia, sirve CC11110 regla de la descripci6n. La fS•
poaiei6n ligue a a eo,u1JN;ióa de la coaa, e impone una ngla a Ju cualidades dacriptivas, que convierte qunas de eJlu en anaHticu ~
-,• todas aquellll, a llber, que caen bajo la regla, y convierte otras en sint&amp;ic:u. Lu prilllfl'U esth ahora "coatenidu", como en un molde, en el
concepto, que Jaa ...a:iene juntu, que Ju "concibe" literalmente babJando.
Laa que caen fuera de la ftg)a u /aae,,a CODCephaahnente lintétieu o ,,,,_.
U&amp;ffl emphkank:Dte analiticaa.
En cuanto re pn&gt;ligue el proceao de esclarecimiento en el nivel expositivo
ae establece uaa relaci6n caracteristica entre Jos juicioa analiticos y ~ :
1l númno d, p,id/,s anol#ieos 11'4 na p,oi,o,ciót, co,a la igno,aneia ü la &amp;ose
'Y ,l núnuro ,u juieios simlticos 1stá n Jlropo,eión, con el conoci,nü,a,o u
la cose. Pues el procao de esclarecimiento, que 1e ha iniciado c:on la IU!Cci6n del contenido original del concepto, continúa ahora c:on el refimrniento
y la aelecci6n de los p,edicados que lerán finalmente usad01 en la de6nici6n.
Mientras DIÚ temprano le (M UD juicio en eJ proceso más Yago lerá el concepto de III sujeto y mú predicados c:ontendrá este concepto. Por tanto;
el mayor número ,POlible de ,iuiciOI aon anallticos y el menor sin~ En
tanto que mientras mú tarde ae ~ un juicio en el proc:ao 1e hará más definido el concepto y contendrá menos predicados. Por tanto, el menor número
posible de juicios son anallticos y el mayor sintiticoa. ~ en el nivel expositivo, tan pronto como se iDic:ia el procero de eeclarecimiento, el n6men, de
juicb ~ está en propon:ión din,cta con el conocimiento del coac:epto, justo como el número de juicioa aoalhicoa está en proporci6n directa c:on

peadol" es • ~ una wz que .e coaoce
• Por esta ra6n, v. gr., "b cuerpol IODateDIL Huta este punto, "1ol Cuerp0I IOD
la defioiri6a de "cuerpo" en cuanto CIDlaanalltica, liendo "peadol" un .preclicado expelldal" puede bien ~ . como • defimdo de "cuerpo" para decidir que la
poaitho.
pao no la pmda.
cr:: "6o11
a un

• La frontera entre la percepc:icSn y la concepci6o es dificil de trazar. Un ejemplo
dpico de cleacripci6n es de 1m camentaritta ndiof6nico, clipmoa, de un juep de
foot6al. Aquf tenemos experieada en támino. del juicio, CUJOI predicad01 estú todoe
"can:eaiclos" ea la experiencia.
• a. MAac-WOOAu, .,. ril., pAp. 149 lip.

.._•,.,... . . . ajea, c1e un: mn- ' • • • ,e•ac •ta~. aebaamMMido;_...ilJlonlm.,...
ÍliptO 'f: deiipMi, euliMh b juicic,Imentol da la ~ 10D ~
__. iatfí• .,._ ellal, e n ~
.__,a,¡ de" la CCJM real, .tllO
•
propaiVIII, 110 de Jat eu8
ta1e1, 1011 O anaJl..
aaam -....:..-.a.. 'Clldmm de A «IDlllpto, y, • auantO ~ ae infie.
de i. a-vr.
· · · eoaeeptuahnenlis -IIIIIYIUQllt--~
daos•,....._..~ .partir de ~ ckla iU6a; Pinalmente, a trav&amp;
rm lllbleíc,_..JIIIDOI gradll, .
definici6n dlinito por x-t, son
del cu6dnaple plOC8ID de prc,clucdáí de la - - - - de modo dktinto
ºdt . . predicadoa • - que - puede pemalle - - - y t,uitaa
_, es, el mfohno conjuato de pzeclc:adolLa
61tima
muchos me--.--,
•
1a definici6q.
•
• 1
ti cai,epto, Bstm ~ L
l . - muchol mis predicadoa llff 0S
1M!I predicadoa que Ja exposaa,m, en Jaque - 1
en este nivel t&amp;1o es a6n
qua DO puede pema!le la ClOIIII, timplemente
~ lignifica precisamente
. . . . . . conocida. La
indefinido~ mientras que el c:om°" n6mero de pmBcadas ~. .~ definido, de predicados. De

1:'

~

~

r"lim~

cWiniciml

c:hniento definido ~ - \BI 11el nivel de la
es difaente -~ aniaqm • sigue que el ~ en o ,iedada que en un nivel expositivo IOD
lilia en un ami apoutiw. i.. P~
hacen, en el nwel de Ja
.......t.- wntmidas en el conceptO, se
el nivel
anallticas, porque calilll
.
.
id.as en la drfiaici6n. En
de6nid6n, ..,....,; ~ no esda wntea
dimriou,e basta el mlaPno; la cte.
ele la c1eñnici6n el coate11iclo ,w
,,¡ tulMquatus ;. minimis ,.,_
finici6n -com&amp; teCClldamol ~
1Jluchos predicadoa de 1a
• · Por ende, eDtM la apos,c,6a Y - - - la cea es cono....,.
de hecho- se dejan caer. Una va que
. v...:.....
cma -Ja mayada,
clefinicla y se ha detmoinado su esencia ~
cida por de6nici6n, esto es, ~ ,
acas en el nwel c:onceptual de 1a
- - : - 1• .1.. IIObrantea, que eran anaH
_,__:-:-.... se hacen

cx::'°

::Cm6n
_.i:

defi::.

mea;;.-:,::::~"~",

124

125

�cuando le define el concepto, le
• del concepto. Ymahnente,
•
• ~ticos así como
la ~ . de predicados aue)iticxw y el mb,mo de 11D
alean~ el m n~mo
. el máximo de eonnclrnieuto.
el mtmrno de ,gnoraDQ&amp; y
• téti no es lo mismo que lo que
Pero ~ que en ~ nivel co=n~;: el :wl de la ~ 6 n , todo
es sintético en el nivel de la
. ..
• úA!
y esto significa todo lo
·c1o
la defm,ción es smu::uco,
• '6n
que no está coutem en
ha .do admitido en la defima ,
que ha estado contenido en
en ~ concepto. Pues us~te
que es casi todo lo que ha
.
1 definición. Lo que es smtébeo,
s6lo se admite un par de ~ ~ ~ lo que es analítico en el nivel
••
Pues
el . l de la definición es cas,
pues, en mve
• tético en el nivel exp011t1vo.
·uw. Pero también
todo lo que es sm
le
la pnm·era con•
expou
. admitido en el concepto, no curnp con
eso, no habiendo s,do
d.J:_: '6 Con todo, lo que es .sintético en•el
admitido en la cuwCl n.
dici6n para ser
.
"analítico" en el nivel desc.np..
lo - - - que lo qu, es
ba'
nivel exposttM&gt; no es_ ~
.
es sólo lo que no cae JO
.:...... Pues lo que es mntético en el mvel ~ .
la descripa'ón.
,n...
.
mold
r asi decir IDlpreso en
•

eso

===te!::

la regla del concepto, baJO ~
e'0ue tamb~ descriptivamente anaü~co
Sin embargo, lo que cae baJO la regp ,.,...itianii-nte toda cualidad empirica
la regla. or - - - - o - '
antes de que le aplicara
. .
. tomar en cuenta si se hace o no anaes analítica en el nivel descriptivo, sm

=:u

lítica una vez que se aplica el concepto. . .vamente analítico, o empirico,
Puede parecer ahora que lo q~e.
sintético, con exccpci6n de los
es lo mismo que lo que es defimao
la misma excepción- ser
def. •cionales · pues parece -con
nnNlll predicados
m,
'
•
• ~.t.tico Pero no es el caso, una
,,--conceptualmente es analíuco o smu:: .
'
--lir~dos
todo lo que
•ció
la definición se han creado I'' vez más. Porque, entre ~ expos1_ n y . de n,dicados conceptuales, y éstos
adici.onales, mediante la inferenaa ª part,r . .p
percib' das. por ende
1
las cualidades origina]mente
'
'
00 han formado parte de
,.
• • te, lo que es definicional.
u'vamente
anallucos.
Por
comigwen
no son descnp
iri
mente sintético es más que lo que es
analíticos y sintéticos dcfidistin · entre los l''"'"""ªuua
Debemos, pues,
. gwr
tualmente analíticos y sintéticos y los prenicionalmente, los predicados ~~p
,.
Los primeros son los que
.
. tivamente analíucos o empmcos.
e
dicados dcscnp •
la definición de su sujeto, los segundos los qu
están O no contemdos en
'ción de su sujeto y los terceros
están o no contenidos en el
~~:scnpci6n de la cosa ~'biela.
son todos los que están contem_cad
, ·cos· pues la percepción Siempre
Hay una infinidad de tales predi os empm H' una infinidad de predicaede descubrir más cualidades en una ~ ay inf' .dad de cualidades
pu
. • .
a parur de una im
dos conceptualmente Sllltébcos, pues, . . aun ue rimero indefinido, para
píricas, se selecciona un número ÍIDlto,
q p la substracci6n de un
formar parte del contenido de un concepto, Y

~il'C:-

co~::oe:

:Ur1o
126

número finito de un infinito no cambia su infinitud. Hay, pues, mucbi~
indefmidamente muchos -pero no infinitamente mucho&amp;- predicados aalllicos en el nivel expositivo. Este carácter indefinido mediante la regla del
concepto, 1e va progresivamente reduciendo hasta que prácticamente, aunque
no estricta o lógicamente hablando, se agota el concepto. En este Jentido,
el concepto "agrupa" ciertas propiedades comunes de lo múltiple de la percepción, aun cuando quede rodeado por 1U1 halo de vaguedad. in embargo,
Kant no pretende negarle a la exposición el honorable título de definición.
Hay muy pocos predicados definicioualmente analíticos -sólo los contenidos
en el d1/irriens- y una infmidad de predicados def"micionalmente sin~ticos;
más, por supuesto, que los predicados empíricos que hay. Asf, el número de
predicados "analíticos" disminuye desde la infmitud en la analiticidad desaiptiva hasta la finitud definida en la analiticidad defmicionaJ, pasando
por la finitud indefmida en la analiticidad expositiva. En la dcfmici6n, para
repetirlo, hay un mínimo de predicados analíticos y un máximo de predicados sintéticos -más, corno hemos visto, que en el nivel empírico. No sólo,
pues una cosa sube del plano de la percepci6n a la estratósfera de la defmici6n, tirando por la borda el lastre de la percepción, sino que también expele el que produce durante la ascensión. Parte de la carga original sirve, por
así decirlo, como combUSb"ble para la caldera de la ra7.6n. Aunque se expcie
como escape en el proceso, le da un empujón adicional al ascenso.
Resumiendo, podemos decir que la Analf tica del Método es la ciencia de
alcanzar definiciones, y la Analítica del Juicio un instrumento de esta ciencia.
La defmici6n es el concepto plenamente diferenciado. No s6lo es definida,
al def"mir los limites del concepto, sino también finita, en cuanto posee un
cierto número mínimo de predicados distintos y discretos, y final, al constituir
el producto último del proceso analítico. Este proceso es un proceso selectivo: primero se selecciona el sujeto, luego un conjunto de juicios analíticos
de entre una infinidad de juicios empíricos y finalmente un conjunto mínimo de juicios analíticos del conjunto máximo origina) de dichos juicios."
Los juicios analíticos son los medios de "aproximarse a la definición del concepto" y de esclarecer, por ende, el pensamiento. Pero son también, por detenninar originalmente el concepto de una cosa empírica, la condición del
pensamiento abstractivo en general. Pensar, en este sentido, es juzgar.
Aunque este principio constituye el punto de partida para la soluci6n kantiana del problema -la relación entre la cosa y su reprcsentaci6n-, no lo
resolvi6 con los términos de su lógica, sino en términos de epistemología,
" En esta formulaci6n, nuestro resultado es independiente de la intttpretaci6n de

loa juicloa empiricoc en cuanto "analítico, " 1osuriori".

127

�..

-~-,

•
- ~ -• deluca..___...:...-..1_._1 de ,_
_.. JUICIOI
el - .
mediante la traducci6n U111m1111;11uu 1a conm6n ~ el llljetO Y ria
---.c.. en esquemas. T ~ ~ la mente humana, mú bien que
..-.. -=-~,....._.,a
·..:-anacticado, de loa jWCICII
~ r-- ~ dr cfimrinuir las propaawuanalb616gic:amente, por medio del pr L---'- hubiera debido concentrane en
~-....:to• A fin
de ua1i:a,
• •
~-L!~- la
lticas que bemOl ggua
•
en la del JWC10;
uculUU • • del M&amp;odo mú bien que
• teticidad, en dependenla
. distinci6n entre la analiticidacl y la 11D •
t:nmicl6o de la
relatividad de la
ubiera tenido que deaibir la
• del nivel del anála,11 Y h
_:._1- No 1o him por babme
caa
.
en táminol de atm • fuDci6n de la
o1 pnmlema de
hoy como
lna:mNIUU por
método analltico ha
naturalea de lo
,_,._
Por - de mvemg&amp;CL
·- iD6til
' tia de
clmamlllar,
' la • • oculta.
un instrumento
wegorw
eata mvestipci6n mgue
analtico y lo aintético en cuanto

~

~!"'""":::,..
~~

INTR.ODUCCION A LA POLITICA ARISTOnLJCA

':f,_ ;::m....:..~

Dr. ANTomo G611zz RoBLBDo
Embajador de M&amp;ico en BruiJ
en Jo posible, la fibof(a de las cosas humanas"
dice Aristóteles, al final de la ttica, que se propone luego escribir, como en
efecio Jo hizo, los discunos que agrupados en los ocho libros que nos lcg6
la tradición, conocemos hoy con eJ nombre de Polltica.
Desde entonces, y siguiendo e) camino abierto por quien, más que otro
hombre alguno, ha señoreado e) pensamiento occidental, toda teoría de la
conducta humana suele rematar en una teoría del Estado. EJ por qué de
esta necesaria prolongación es patente de suyo, habida cuenta simplemente
de la naturaleza socia) del hombre, pero la vinculaci6n entre ttica y Polltica
era para un griego algo mucho más íntimo de Jo que lo es hoy para nosotros; algo que prácticamente rayaba en la identidad. De no ser así ¿cómo
se explicarla el que Aristóteles nos diga -y esta vez no en e) fin, sino en e)
principio de Ja ttica- que la investigación de la conducta humana en general es de la competencia de la ciencia política, "más que todas arqui"PARA

LLBYAll A su TÉRMINO,

tectónica"?

Por qué era todo esto as1 para un griego, y por qu~ no Jo es ya para
nosotros, es Jo primero de que debemos cobrar conciencia en una introducción destinada no por cierto a suplir Ja lectura del texto mismo, pero si a
iluminar ciertoa supuestos suyos, hut6ricos y filos6fiCXJS, en que no se repara
habitualmente, y cuya mostración contribuirá, por ello mismo, a la mejor
inteligencia del texto original.

.
Cf· MAac-WOOA'U,
" Vio esto ocuionalmente.

º'·

tdl., plg. 150.

128
129

�.

EL

BOIDU y LA CIUDAI&gt;

m

tomar

'niez.
litefalrnente, sin cortes m•,..1-,,,.
~ m
.
Puea lo pnmero de todo
.
la consabida de6aici611 que en estos li•
da de lo moclemo con lo anuguo, •
es el viviente, o más precisabroa da ~ del
dada con fJtricto apego ª
mente aún, el animal
co.
..,.,,1.. •
diferencia específica, Y hay
b c:.6nones de la l6gic:a, por gáJero yavXUDO y

:::re,:~J:d6n

que tomarla tal cual
. •
.entes términos con ~ ex•
~---'- IOCÍal
A •..:.-...t..._,_ DO le faltaban en su idioma sufici
lVIII~
•
•
temeate la 11&amp;\w-..presar la tOciabilidad en ~ ~ ~ tenido ea mente apenas
del homb~ sin ~terior ~ruxión, más de una vez, en otras obras myas,
-__., De eaos t&amp;minol
hechoque tienen tamb'•~
"- al igual que el
• se mve
• de· naJea
al tratar de los animales ~
• Pero lo privativo del hombre DO
hombre, una ~ ~ 0 ~ la convivencia con sus semejantes
es el aPJHritus socutatu, aa IUl más,
L=-tóricamente condicionada e
de
.aci6n tan concreta, tan •1111
• •
en. esa forma
-,a
. la Ciudad antigua. El hombre es el \IMellte
irreversible, que fue la Polis,
•
ella pertenece; ni más ni
aensitivo, el animal que vive en la audad y a

menos.

deberán considerarse como
•
ser entonces que no
•
. da
La consecuenaa ~
rnbnoslos así- que no viven esta vida ou •
hombres las antropoides -Da . de retroceder ante esta conclusi6n. Su otra
daoa. y Arist6teles está muy leJOS
•
dios para poder estar
,
.da de
hay que ser una bestia o un
frase tan conoa
que
la también al pie de la letra. y n6teae
fuera de la ciudad hay que tomar de sociabilidad por lo que ciertas besbien, una vez más, que no es J&gt;?r falta ---=-' del Olimpo están excluidos de
dioses todos, en la vida tan ~
'
tias, y los
las
• clones vigentes entre las unas
la ciudad sino simplemente porque
asooa
_.tivamente les ata•
• wauu-,
..1:-=-•- por los caracteres
que · -r-y los otros' aon biea
la 'udad. forma de vida en
·
ñen, de esta forma de vi"da tan única que es• a
lo primero, ex•
·
tanto la razón como la coacci6n, y que, por
·
al
que
. •
lo segundo, a los que IOD supenores
cluyemtemenen
a 101 entes infenores, Y por

hombre.

. ·-----la dificultad no ha hecho SIDO
..,. _..., más
Con todo esto, un embarg ',..:
b'en evidente para il mismo, de que
· te. Ante el dato emp111co, 1
.. -:..1_..1_
aprenuan
G • estaban agrupados en COJDUWWIUQ
todos las demás pueblos fuera de recaa,
di Aristóteles nedistintas de la ciudad helénic:a, ¿c6mo era posibdle qlasue ~udaerades mismas había
, Más ún, y dentro e au
'
garles la condición humana.
ª .
''partes" de la ciudad -una
numeroeos "elementos'' que nob'
la Política- como eran los
y otra cosa se contraponen ien
•

O

era:~:

130

1ibriep y jornaleros aaa1ariac1oe, b metecoa y pm:iecos, etc., para no hablar de b esclavos. Pues si DO formaban parte de la ciudad ¿ qui claae de
IIOn,hra eran, ai el hombre es por esencia el nriembn, de la ciudad, el animal político? La apoda tiene fkil salida, pero a condición de tomarse Ja
molestia de recurrir a uno o doa Jugares, harto exploradOI por lo demás, de
.. metafísica aristotBica.
En una fibofla tan por entero dominada por el acto y la finalidad, la
eléíM:ia de cada cosa se toma no tanto por su principio como por su fin;
no por su origen, sino por su acabamiento; DO por aquello de que es capaz,
sino por Ja capacidad cumplida. Si la sierra no corta, no será sierra, asf la
haya hecho el mejor artffice del mejor material y le baya dado la fonna má
IOl'pl'eD.dente. Por esto aon, en Ariat6teles, tbminos equivalentes estos de
eaeacia, naturaJeza y entelequia, porque las cosas aon lo que son cuando han
llegado a su fin, cuando están en poeesi6n de ll, que es cabalmente lo que
quiere decir entelequia. Desde f.Sta peupa,1iva, el hombre DO es un proyecto,
lino una realización. La existencia humana, en otras palabras, es plena y
consumada existencia, en todas las direcciones, ontológicas y axiol6gicas, a que
está abierta.
Ahora bien, es sólo en la aociedad polftica (en la ciudad antigua o en el
r.tado moderno) donde puede el hombre desarrollar plenamente todas sus
wtualidades; el medio insustituible donde pueden tener actualidad todas las
virtudes, asl intelectuales como morales, que tan prolijamente nos han sido
cfacritas en la ttica. La sociedad familiar DO basta ni para la tutela eficaz del
derecho, ni para la promoci6n de la cultura en todos sus aspectos.
A esta necesidad de una IOCiedad más amplia que la familiar no escapa
ni la misma actividad teorética, por inmanente y solitario que pueda ser
su acto final. Los estoicos podrán haber pensado de otro modo; pero para
Platón y Aristóteles la fiboffa es fruto de la dial~tica, y &amp;ta es diálogo
por defmici6n. Como Jo he dicho en otro lugar, y por exclusivo que pueda
• su círculo, el filósofo no es un anacoreta, sino un cenobita, seg6n la vida
que lleva y la concepción que de B se tiene en la qx,ca clásica de la fi.

boffa.

Por todo esto, en suma, entra el Estado como ingrediente esencial de la
constitución humana. Por esto tambi&amp;, puede Aristóteles definir aJ hombre ya como el animal polftico, ya como el "animal dotado de ru6n" (logos),
porque la raz6n no se actuaJiza plenamente, ni como raz6n práctica ni como
ra6n teórica, sino en la sociedad política. Una razón es potencia tiene más
de DO ente que de ente, si es verdad, con arreglo a esta filosoffa, que el ser
sin ulterior califjcación es el ser en acto: "Em simpliciter dictum significat

actu ese".

131

�EL

PROBLEMA DE LA ESCLAVITUD

Paucis humanum uiuit genus: esta sentencia cruel, pero desgraciadamente cierta
en el acontecer histórico, es aplicable especialmente a la ciudad antigua.
Pocos, muy pocos, son los que de ella forman parte en sentido estricto; apenas los que pueden llevar una de las dos únicas vidas verdaderamente valiosas ( y tanto mejor si entrambas), que son la vida política, de participación
activa en los negocios de la ciudad, y 1a vida filosófica. De la segunda no
hay que decir que recláma el más completo ocio, en el sentido, por supuesto,
que los antiguos dieron a este término: ocio y no ociosidad, vida intensa
del espíritu. Pero la vida política misma, distribuida en un número incontable de magistraturas, absorbe por entero la jornada del ciudadano, y no
puede llevarla, por ende, quien ha de trabajar en un oficio cualquiera para
ganarse el pan. Otros, pues, deben trabajar para el ciudadano, desde los
que conservan su libertad y tienen en muchas ciudades una ciudadanía restringida (campesinos y obreros en general) hasta los que son, jurídkamente
hablando, simples cosas. "Servile caput mullum ius habet", como dirá después el derecho romano.
Esta cuestión de la esclaYitud es aquí naturalmente la piedra de escándalo;
y al abordarla viene muy a cuento, como pocas veces, la consabida sentencia
de Spinoza: "Neque lugere neque irasci, sed intelligere".
Decir que Aristóteles defendió 1a institución servil porque la encontró como
tal, como una institución vigente en su época, no es dar ninguna razón, ni
siquiera justificar a Aristóteles (que es lo que menos hace al caso), porque
justamente lo propio del filósofo y del educador es adelantarse a su época y
censurar sus vicios. También era en Grecia el homosexualismo una práctica
común y corriente, lo que no obsta para que Aristóteles lo condene con toda
energía.
La explicación está para mí (y siento mucho si lo que voy a decir no
suena bien a ciertos oídos) en que la igualdad entre todos los hombres, por
más que sea un dato natural en cuanto que se sustenta en la pura naturaleza humana, no lo es en el sentido de su patencia o mostración inmediata.
Si lo fuera no se explicaría ni el error de Aristóteles, ni el mismo en que
todavía inc~rría, tantos siglos después, su ilustre traductor latino, Juan Ginés
de Sepúlveda, mucho menos excusable por cierto.
Trátase, a lo que siempre he creído, de una de esas verdades de suyo naturales, pero que no hemos logrado intuir plenamente sin el concurso de
la Revelación; a tal punto es nuestra inteligencia ante la verdad como lo
es, en la insuperable comparación de Aristóteles, el ojo de la lechuza ante la

132

luz. del sol. Sólo ~ando se sabe por una parte que Dios creó al hombre a
~u _llllagen Y seme1anza, Y por la otra que Cristo derramó su sangre por el
ultuno de los hombres, sólo entonces el hombre en general es cosa sagrada
para el ho~re: horno res sacra lwmini. Lo que pasa luego es que con el
correr del ltemp~ estas verdades, de tan innegable fundamento religioso, acaba~ por se~ulanzarse, y se ve entonces como e,·idente lo que en realidad
eS ta muy Je3os de serlo. Y esta conquista de la mente humana ha sido en este
caso_ tan lenta, tan desesperantemente lenta, que la desaparición de la esclavitud ~ .cosa, corno quien dice, de ayer: todavía en 1885 había esclavos
en el Brasil.

~i hay hombres que han nacido para mandar -viene a decir, en suma,
Anstót:les- Y otros a s~ vez que han nacido para obedecer, por no ser
aptos smo para los trabaJos corporales, lo mejor para unos y otros será regular lega~ente esta situación. Pero en lo que hay que hacer énfasis es en
~ue este titulo ~1. m~do llamado despótico, el que tiene el señor sobre el
siervo, p~ede re1vmdicarlo apenas el hombre de consumada virtud (án..twsunovoa,o_s-) Y no otro alguno. Lo que de todo esto resuJta en conclusión
es q~~ Anstóteles, si bien justifica la esclavitud, subordina s~ licitud a tale~
reqwsitos, que en la práctica será bien difícil llenarlos.
. An~logas consideraciones podrían hacerse en lo tocante a la evidente desestnnac1ón que del trabajo corporal hay en estos filo'sofos s·
•
.
.
1 para nosotros
tJ..eDe h~y un subido valor, es por haberlo practicado Cristo y la familia de
que
fo_~r parte, o también por ser el trabajo, desde la expulsión del
Parais~, expiac_1on del pecado; pero de atenernos al puro dato natural, una
v~z _mas, es evidente que en nada contribuye el trabajo manual al ennoblecmuento del espíritu, antes lo envilece cuando es excesivo.

:wso

En lo que, en cambio, es imposible dar la razón a Aristóteles aun dentro de una cosmovisión acristiana y acreacionista, es en la condición jurídica
del esclav~ como artículo de propiedad. Que un hombre deba estar bajo la
dependenCJa de otro, y en la hipótesis siempre del gran desnivel intelectual
Y moral entre_ ambos~ es comprensible; pero ya no lo es que se trate como
una cosa a qmen exhibe, con toda evidencia, facultades de autodeterminación
En esto su~umbió Aristóteles a los prejuicios de su tiempo; a la idea de qu~
no era posible ni_ la ec~nomfa, ni menos aún la cultura superior, sino sobre
la base del tra?ªJº serv_1l._ Lo extraño es que en pleno siglo XIX, en la era
d~ ~a. econolllJa maqu1ruzada, pensaran lo mismo los grandes señores de
~1rgm1a y los fazendeiros del Brasil.
La verdad es que estamos frente a un problema no resuelto aún en todos
sus as~~tos; .el problema de cómo será posible vivir íntegramente la vida
del espmtu, sm adocenarse uno mismo, el escritor o el artista, 0 sin explotar

133

�• debla haber lido 1a aóluá6n: contadas horas
el trabajo ajeno. La nw¡uina llltiífédm III necmiclades Y nada más, poder

de trabajo para que una ~ • • te1ectuaL Que el rauitado ha sido todo
vac:ar el resto del ~ al ~ m wrlo. Pu6 ya tal ftZ la Epoca de
lo mntrario, basta ~ los
el capitalista, tan IOIDhda y laceinmisericolde explotaci6n del
• por •
Pero aUll en el supuesto de
rante por lo menos como la eda~
legislaci6n del trabajo
que todo esto baya sido ~ •
~ no han producido sino esa
abundancia de bienes f.COD-IIIIJ
el norte' la mayor
eufemlsticament que CJb1m,amos en

º!::
U:~te

'1
1

11

l

cultura -Uam&amp;nosla ad
• teles habría seguramente provocado
americano medio, y que en Platón ~surgir de nuevo, pero IObre bues huun nuevo caloddo. ~ puedan de humanidad como lo fueron aquéllos,
manas Y cristianas, t1pOI mperiores
.... hemos resuelto ah.
CSCGIII que._

11

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1

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LAS

SOCIBDADBS INTl&amp;IODlA8

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134

1
1

1

=~•

!:e~

de la esclavitud, ha sido con
he extendido un poco en
en el CU&gt; más hiriente, esta
el deliberado P~~to de ~ lector
claro estA) que _nos deja
vivencia de-~lica,
hibridilmoIObre
(para
cuando
la
contrastamos con la &amp;u:a.
todo
la PoUti&amp;a UJlKVl,II;
•
o me.or dicho anticuadas, que baya en esta
Pqr muchas ~ anuguas, deJ
rendente acbaaJidad, de una
última, la impresi6n general es re ~ ~ d o hasta hoy dentro del
_ _ ..u1 .. ~ inmarcesible. El ~
ague tru6 Arist6teles; y cuando alvirtudes dianoiticas y éticas que le
.
cardicuadro
tañan las cuatro virtudes cardinales -tan
gunas fuesen •caducas,
~
la .l.: cristiana- para confumar esta
• totBica como en ,i:;uca
••
naJes en la ética ans
p lima en cambio, alternan intwaones ge1
A _ ; ....u.n. Cuando pesarnos ll la O
•
•
lítica con errores
-.,... • •
tre hasta hoy la aenaa po
niales de cuya explicitaci6n se nu
es éste sin embargo -y afortutremendos como el que acabamos de ver. N~ el que resulta de la mezcla
nadamente- el hibridismo DW frecum~ . de directrices perdurables en
te con lo traJmtono,
•
d
continua de lo permanen
tural5 de la ciudad anllg\la, e
la teoría del Estado con ~ t o s estruc el lector actual llega a ser irriella nada más, y con UD detallaPDO que para
la distribución de
.
los
los que encontramos sobre
. .
tante. PaaaJes y capitu como • .,.. el trazado de las calles, las vanaao•
~-...!L- de los VJeD-,
las aguas, la onen1K1UU
toral (virtuosismo puro, como 1e verá en
'bles de una ley elec
nea reales Y poll
uisiéramos echarlo por la borda.
el texto), todo esto Y algo más q
1...- - En obras como la Política
Lo quisi&amp;aznos, pero DO es bien que lo - e - •

Si

ariRotBica, como en tantas otras, DO el posible ailJar qufmic:amente la pnge
del mineral precioec,, lino que hay que embnc:har todo ello de una va, y
w:ncer mueltamente Ja lfflllri6n de malestar, como ha dicho Julwi Ma..
riu, que deja Ja primera lectura. S6Jo despuá de esta experiencia habrá una
llhniJaclcSa vital del contenido eterno; aparte de que mucbu vece, lo transitorio no sólo enriquece el conocimimto hilt6rico, sino que puede ofrecer
una eme&amp;anza ptnnanente.
.Estas refleziones las considero especia!meate aplicables en el estudio de
las aociedada intermedias que Arist6teles dice existir entre el hombre y el Estado. Por mucho que el hombre Ra el animal poJítico, en eJ sentido que
queda explicado, es también miembro de una serie de eocirdades menores,
aunque coordinadas por el supremo poder político, como lo son la familia,
el linaje, la fratrla, Ja tribu y el municipio. De estas IOCiedades unas subsisten,
otras han desaparecido, y otras a su vez, han aparecido en los tiempoe modernos, como la aaociación profesional o aindical.
El linaje (glnos), Ja fratria y la tribu deaaparecieron al faltarles la bue
religiosa que las sustentaba, como lo ha demostrado admirablemente Fustel
de Coulanges, y que no era otra cosa que el tener en común ciertos dioses
o aemidioaes, antepasados del grupo las más veces. El glnos griego, el más
fuerte de estos grupos, era, en suma, la gnas romana, ténnino que no es más
familiar, por más que ya no podamos traducirlo sino aproximativamente.
La familia y el municipio, en cambio, han superado victoriosamente Ja
prueba del tiempo, porque aJ contrario de aquellos otros grupos, obedecen
ellos a UD instinto y afinidad natural. De la familia salta a la vista; pero del
municipio no es tampoco dificil percibirlo, con sólo que tomemos este tttmino como lo tomamos aquí, no en sentido jurídico o administrativo, lino
para denotar simplemente una comunidad natural más amplia que la familia. Es la comunidad que siente y vive todo aquel que ha tenido la felicidad de nacer y pasar aus primerus años fuera de la capital de su país,
y que puede luego contar, para su vida entera, con UD tesoro intimo de vi.
wncias y valoraciones, con una originalidad espiritual, que no Je habría dado
jamás el convencionalismo y la superficialidad de la urbe. Por algo ha podido Mauriac resumir el secreto de su fuerza creadora en esta simple frase:
"Tengo provincia".
Cualquiera que aea &amp;U número, transitorias unas, otras ¡&gt;ermanenta, estas
IOciédades intermedias entre el individuo y el &amp;tado desempeñan un papel
de primera importancia en la formaci6n espiritual del hombre y en el bienestar general de Ja comunidad polltica, y no es menester que Jo declaremos
más, por acr cosa tan obvia. Pero sí hay algo de que debemos guardamos
aJ leer los rapa.tivos textos aristotélicos, que es el leerlos con anteojos mo135

�.
"do erigir a estas comunidades pardernos, como si Aristóteles hubiera quelnE ad al modo como vemos hoy,
mos frente a st o,
1
ciales en reductos aut6no
. .
familia el sindicato Y e
1
.dental y cnst1ana, a
'
1
los pueblos de cu tura occi
. d la
dad que este desventurado ana,
ás le10s e
ver
municipio. Nada estana m
desvanecerlo de una vez
.
y \·ale la pena detenernos un poco en
crorusmo;

Por toda .
d' ·,la
d. "d d de la n,,rsona hum ana ("lo más perfecto en toda
La eminente 1gm. a
r ~ás)
el derecho que de esta con 1c1on
naturaleza"' como dice S~n.to To .d ' yf
al Estado para ciertos actos
d mimo reserva o rente
,
b",
dimana de tener un • o ·
d
d
t
una ver a na ural , de nuevo aquí tam icn,
individuales o comumtanos, es .
.
de la Revelación. Su funh "d asequible sm e1 recurso
pero que no nos a s1 o
1 d u·no eterno de esta persona; e1
• .
de ser otro que e es
'd
&lt;lamento umco no pue
. h . Dios y en cuyo recom o
·
abierto un cammo acia
'
tener ella dtrectamentc
.
d'
, y esta autonomía de la per•
.
t . nterf enr na ie mas.
..
no puede, endentemen e, i
.
la sociedad famlhar que
1
onsecuenc1a natura , a
.
sona se extiende luego, por e
..
capaces de hacer operatl\'a
·
t
s
h110s
no
sean
·
el padre representa m1en ras 5u
su propia autononúa personal.
.
1 ni sombra de todo esto.
.
•
por el contrano, no 1ay
.
En la ciudad anugua,
T.'. d
. cosa q11e e le parezca ru
.
d 1 h b e frente al D!!ta 0 , ru
No hay derechos e om r
Platón y Aristóteles discuten
1
derechos .de la familia o d~ otrodgru~6 adg;:eº·ser asunto de la familia o de
.
¡0 M la e ucac1 n
.. . d
largamente, por e1emp
. ¡, ente des.de el punto de ,·ista de la ef1etenc1a e ucah
la ciudad, pero s1mp cm
l
ase por la cabe1.a que el d rcc o
nin!!Ún momento es P
di
tiva, y no porque en
.,
.
preferente (paramount). como ce
del padre de familia en esta material es H mano La Ciudad-Estado de 13
. U · , J de Dercc 10s u
·
. •
la Dcclarac16n m\ersa
,
l"d
l'· ación del Estado totahtano,
. ..
la mas cump 1 a rea 12
•
•
ant1guedad es, en suma,
1 Crit611 sería suficiente para despejar
Y la prosopopera de las Leyes, en e
,
t Conwncido como está
,
d'
ucdar a este respec o.
toda duda que aun pu iera. q S6 tes la acata voluntariamente, porque no
de la injusticia de la sentencia, c~al'd
poner a la autoridad suprema
derecho ,·a i o que o
.
tiene verdaderamente un
l h
'bido todo y no es criatura
.
.
1 d 1 ciudad. De ella o a rec1
.
,
e mcontrastab e e a
.
d lla quiera con o sm razon,
,
d be r ello monr cuan o e
,
..
de nadie ma5, y . e po
Abraham no titubea en inmolar a su h1Jo, en
con la misma l6g1ca con que . .
.
·, d 1 mandamiento di\,no.
•
¡E
CJccuc1on e
d .
hombre es antcnor a s1
.
od
1
olemos ec1r que e
.
. 16
Del mismo m O que 10Y , .
d
t . no hay cuc tión) 1 ~mo axio .
,
'lo gencnca ( e es O
•
d 1
tado1 con pmnac1a no so
.
con plena conciencia e o
•
t ¡0 contrano. Y
aica Aristóteles dice exactamen e
·.
la familia y a cada uno
o· '
• d d
r naturaleza antcnor a ,
,
que dice: "La c1u a es po
1 («pvott) y no por origen (yt11tott),
de nosotros" ( 1253 a 19). Por natur~ e~. ue él mismo ha establecido en la
en perfecta conformidad con el pnnc1pto q

136

Flsica: "Lo que es posterior por origen es anterior por naturaleza" (8, 7, 26
a 14). Y lo ilustra luego con sus ejemplos favoritos del todo y la parte (que
no puede ser parte sino en función del todo), y de la mano y el cuerpo,
desprendida del cual no puede la mano llamarse tal sino en sentido equívoco. Lógica irreprochable sin duda aJguna, pero sobre la base de que el
hombre es de tocio en todo, sin la menor reserva personal y proyectada a un
futuro trascendente, parte y miembro de la ciudad.

EcoNOMÍA Y SOCIEDAD

Con estas y otras limitaciones inherentes a su \'ÍSión del mundo, Aristóteles dijo cosas excelentes de estas comunidades menores, tanto como de la
mayor. Con oca~i6n de tratar de la familia, y así como de paso, dejó fundada la economía política, por más que él la concibió como economía doméstica -digámoslo así pleonásticamente, ya que economía (olxo,,oµía)
hace de suyo referencia a la casa. Pero los principios fundamentales son los
mismos; el descubrimiento, por ejemplo) del doble valor de las cosas: de
uso y de cambio, que en estas págimls está con perfecta nitidez. No fue tampoco Adam Smith, sino Aristóteles quien dio a la economía el otro nombre
de ciencia de la riqueza o crrmatística (xe11µaTt&lt;nt1&lt;~) con que todavía se
la designa. Aristóteles resulta de este modo haber sido el fundador de las
tres ciencias prácticas humanas, que son la ética, la economía y la política.
A propósito de la econonúa podrían hacerse observaciones análogas a las
precedentes en cuanto a lo anticuado de ciertas concepciones, sólo que esta
vez -en mi sincera conticción por lo menos- con positivo acento axiológico
en favor de Aristóteles. Si Ja economía política no pudo progre ar de otro
modo que divorciándose de la moral y haciendo del trabajo humano una
mercancía, sin otra consideración que la ley de la oferta y la demanda, lo deploramos muchísimo; pero la ética, como perteneciente a un orden axinl6gico superior, no puede e\'Ídenlemcnte derogar sus noTTOas para satisfacer el impulso
de realización de valores inferiores. Anticuada, muy anticuada podrá Yrrse hoy
la reprobaci6n absoluta que pronuncia Ari tóteles del préstamo con interés,
pero no hay modo de cohonestar esta percepción adiciona] del acreedor, el
cual no tiene otro derecho que a la de\'olución del dinero prestado, un dinero que por su condición misma es incapaz de producir futuro alguno.
Aristóteles es definitivamente, y en parte quizá por su c.'Caltado aristocratismo espiritual, el antípoda más cumplido del homo oeconomicus. En su
Stira da cabjda inclusive a la vida hedonfatica como una posible forma de

137

�vida, aunque inferior, entre otras, porque el placer ea de cualquier modo
un bim para el cuerpo, pero la otra vida, la de lucro, el k 1,er,¡,,a:rwr,x~,
Ja tuvo aiempre por contraria a la naturaleza humana Y de acuerdo -~
esta estimativa, la ecoooaúa que traza en la Poatica es una economla limitada la adqúici6n c:omen:io de los bienes necesarios, de loe que bastan
a
ID
y
•
d • ación "..~ de expanm6n o omm. • de. .cr
para una vida auto&amp;uficien••
-, sin ....-las
cándalo y antigualla ciertamente para los economistas _al lm'1CIO
•
grandes plutocracias mundiales, pero que todavia en l o s ~ ~ Umdos recomendaba Jeffenon en su polémica contra Hamilton, ~ d . ~ la
nueva economía que ha dado a unos tanta riqueza y al resto tanta infe~.
Todos tos defectos, en suma, que podamos encontrar asf en Ja ~
instancia, de la éttca
como en la política aristotBica, provienen, en 6ltima
__ 1!_.-:.1.
misma• de este ideal de la blokagatlaia para cuya ~ n , en unos pocos
privil~os que serian como la flor de la especie, ~ dudó Aristóteles en
sacrificar tantas existencias oscuras. Pero w ello nusmo, la ~~ Y Ja
polltica están permeadas de ética y colocadas h:'jo tu ~~dad mcondicionada No hay nmSn de Estado, en el sentido maqwavélico de la ex•1....
pueda reivindicar una legalidad específica frente a la norma
prest""&gt; que
'6n,
dila
moral. Dentro de su estrecho ámbito, en territorio, en poblaci . en . taci6n cordial y )mmana, el Eatado aristotélico no tiene otro cometido m o~
justificaci6n que la de 1er el agente más eficaz de la virtud h ~ al ~
poner las condiciones dentro de las cuaJes cada ciudadano podrá vivu la vida
mejor (Se•n~ fll~), la más bella y la más nob~. ~ , como es debido las alteraciones consiguientes a nuestra concepaón criltiaDa del mundo,
' la misión del Estado continúa siendo radicalmente la misma que le
pero
.
intima la Política aristotélica. Desde entonces qwere
ser el Estado, 11. no
ha podido serlo, la "comunidad autosuficiente para Ja vida perfecta"•

IDZALYUALJDAD

El expediente más id6neo que encontraron los griegos para la reamaci6n ~e
tan alto destino es lo que desde entonces, y como si fuera la cosa más obvia,
llamamQS una constitución política. No es desde luego el único, pues ante
todo están, como decla Platón, ''Dios y la suerte", en lo ~ ~ cosas como la buena índole del pueblo en cuestión, la favorable disposición del territorio y todo lo demú que es impasible prever lmmanamcnte. Hay con todo,
de ordinario, un amplio margen dejado a la ruón humana para trazar un
ordenamiento (-ráf~) que consiste fundamentalmente, desde entonces hasta

hoy, en Ja organizacl6n del poder polftico: si exclusivo o compartido, y entre
cuáles órganos o funciones, y la provisión en cada -ca10 de sus respectivos
titulares.
El problema polltico fundamental, en consecuencia, es encontrar la mejor
constitucl6n. Sólo que lo mejor, como dice Arist6teles, puede entenderse lo
mejor en absoluto, "según nuestros deseos", o lo mejor "en lo posible", dentro de circunstancias dadas y a las cuales debemos :Ajustar nuestros esquemas
de gobierno. &amp;te doble tratamiento del problema es bien visible en la Polltiea, por más que naturalmente ciertas providencias de la constitución mejor en absoluto puedan ser aplicables, con la necesaria discreción, dentro
de Ja constitución mejor posr'ble, y viceversa.

e.amo buen disclpulo de Platón, Aristóteles ha configurado muy de propósito su proyecto de constitución perfecta en loa dos últimos libros de la
edición que aquf usamos, y de los cuales el segundo está obviamente incompleto. De todo este discuno la educaci6n ocupa prácticamente la mitad,
porque el &amp;taclo perfecto es ante todo esto: educación (paideia), enderezada a que cada ciudadano viva a su vez la vida perfecta, la consumada
síntesis vital entre vida activa y vida contemplativa. Resuenan de nuevo
aquí los grandes temas del libro X de la 8tica Nicomaqrua, sólo que amplificados y orquestados en el más dilatado escenario de la comunidad política
y sus relaciones con el exterior. Pues así como para cada individuo su acto
vital supremo es Ja contemplación, y su bien más precioso la sabiduría, para
el Estado también no son la guerra ni el imperio sobre los demás Estados sus
últimos objetivos, sino la paz, pues si hacemos la guerra es por causa de la
paz: tletfflt~ xáe,,,, Frase que debería estar en el vestíbulo de las Naciones Unidas, y el nombre de Aristóteles en el principio de toda filosofía de
la paz.
La constitución perfecta no es, por tanto, posible sino entre ciudadanos de
virtud perfecta a su vez, en lo intelectuaJ y en Jo moral, entre hombres que
pueden decirse simultáneamente con la misma plenitud de sentido, sabios
y buenos: "omnibus enim virtutibus instructos et ornatos tune sapientes, tune
viros bonos dicimus" según comentaba Cicerón.
De acuerdo con estos presupuestos, y en un régimen en que la coacción
tiene, por hipótesis, un lugar mínimo, la constitución a él acomodada es de
todas la menos rígida, la más indiferente a los esquemas preconcebidos de
monarquía, aristocracia y democracia. Aristóteles admite sin dificultad que
todo el poder político pueda en la república ideal concentrarse en un solo
individuo, pero con la condici6n precisa de que "su virtud exceda a la de
todos los demás juntos" ( 1288 a 17) • Caso meramente hipotético, como salta

138
139

�a la vista, pues si se diera no cabría sino esta alternativa: o atribuir a semejante hombre el gobierno absoluto, o aplicarle el ostracismo.
Despidámonos de una vez de este sueño de la "personalidad carismática",
así no sea sino para no correr el peligro de que este dictado pueda aplicarse
de nuevo, como hasta hace muy poco, a verdaderos monstruos. Pero no lo
hagamos sin dejar consignado el valor permanente de estas páginas finales
de la Política, las más bellas sin duda, consagradas a la educación. Es graduada y completa: primero el cuerpo¡ después las potencias irracionales, y
la razón por último. Como lo ha dicho Lotze, atiende, más que al enciclope•
dwno indigesto de la educación moderna, al desarrollo de los hábitos; no
enseña tanto cosas, como a saber pensar y sentir, esta educación que remata
en filosofía y música. Es cultura cabal del lagos y del ethos, y no tanto con
vistas a sus productos históricos, a las obras del espíritu objetivo, como al
desarrollo armónico de la espontaneidad vital en sus diversas proyecciones
axiol6gicas.
En su "segunda navegación", por tanto, Aristóteles emprende la Ín\'estigación del régimen político más viable, más susceptible de modificación según
las circunstancias. La justicia y el bien público mantienen todos sus fueros,
pero al lado de estos requerimientos aparece el otro de la seguridad (aatpált,a) del Estado { 1319 b 39). En una de sus más apasionantes aporías, la
filosofía del derecho está aún e forzándose en hallar la conciliación -o la
eventual subsunción- entre estos dos valores comunitarios: seguridad y justicia, pero lo cierto es que también nosotros, en nuestra "segunda navegación"
subsiguiente a la egunda gueJTa mundial, hemos debido darle a la seguridad,
en la nueva Organización internacional, un papel de primera importancia.
La modernidad de Ai-istóteles es así patente sobre todo en estos libros de la
Politica (IV, V y VI ele la edición que seguimos) de mayor pragmatismo.
Por ellos solamente, si Jos otros se hubiesen perdido, habría sido Aristóteles el
fundador de la ciencia política tal como ho)· la entendemos. Proyectos ideales
había ya en Platón, sobre todo el grandioso proyecto de la República, pero
decididamente irrealizables, inclusive el esquema aparentemente más realista
de las Lrycs. Pero la ciencia política es algo más que esto: no un traslado
de nuestros sueños, sino un acopio paciente de todos los datos empíricos; una
filosofía y patología de la sociedad política; una técnica segura de construcción. En todos estos aspectos es maestro insuperable Aristóteles, quien llegó
a compilar no menos de 158 constituciones antes de proponer la que estima
como la "mejor posible". que es una mezcla de oligarquía y democracia, y a
la que a falta de otro nombre, bautizó con el nombre genérico de república
o régimen constitucional ( politeia). No sólo la virtud, sino la riqueza y el
número entendió que debían entrar como elementos constitutivos de la ciudad

en or:cten a establecer lo que es más apremiante que la perfección, o sea la
segundad. A este designio conspira asimismo el asombroso libro V consagrado al estudio de las revoluciones -la patología política pudiéramos decirlibro de pasajes tan desconcertante que han dado pie a que
impute ~
Aristóteles un maquiavelismo avant la lettre, pero que se explican, sea cual
fuere su justificación, por esta obsc ión de seguridad que hostigaba al Filósofo cuando veía zozobrar todo en tomo suyo: la ciudad helénica por un lado
y el fugaz imperio alejandrino por el otro.
Dentro de este contexto histórico bar que leer estos libros centrales de la

Política, en consonancia con los dos últimos consagrados a la constitución
ideal, y de acuerdo con la personalidad de Aristóteles, tan enamorado de los
arquetipos como devoto de la realidad.

SECUE CIA TEXTUAL E IDEOLÓGJCA

En conexión con lo anterior, no podriamos tenninar esta Introducción sin
decir dos palabras sobre el problema de la respectiva colocación que debe
darse, en toda edición moderna de la Poütica, a los tres libros que tratan de
la constitución mejor posible (IV, V y VI de la actual edición) y a los otros
dos (VII y VIII) que tienen que ver con la constitución mejor en absoluto.
~o hay editor o reeditar de Aristóteles que pueda hoy excusarse de pronunciarse sobre esta cuestión, que a primera vista parece meramente filol&amp;ica
0
de crítica textual, pero bajo la cual late algo de mayor fondo.
'
Desde Ne¼man y Süsemihl por lo menos se pens6 que debía alterarse este
º:den se~n estaba en la edición bekkeriana -la primera de las grandes t&gt;diciones crib.ca.s-,, por muchas razones que sería aquí largo reproducir pero
t~a ellas de carácter filológico, como por ejemplo, la de que el final del
hbro 111 parece entroncarse más naturalmente con el principio del libro VII
el cual, en consecuencia, junto con el VIII debían pasar a figurar como
Y V, corriéndose hacia el final los que .Bekker había dispuesto con aquella
numeración. Otros cditorl's, en cambio prefirieron seguir con el orden tradicional. Desde el punto de vista filosófico el problema no tenía mavor importancia, pues tanto da que trate uno primero del Estado posible ~ luego
del Estado ideal, o a la in\'ersa, y todo podría haber quedado aquí si no
hubiera sido por Jaeger, que vino a alborotarlo tódo.

IV

De haber vi\'ido hasta hoy Augusto Comte eguramcnte que no habría
tcn1d~ Jaeger un partidario más adicto. Su Aristóteles es, en efecto según Jo
he dicho en otl'o lugar, la más cumplida encarnación de la ley de los tres

14-0

Hl

�estado&amp;, a tal punto que no deja en ocasiones de ser un tanto caricaturesca
esta pintura del Filósofo que en sus últimos años, en pleno estado positivo,
está bien olvidado de Dios y del ens qua ,ns para entregarse apasionadamente
al estudio de la realidad sensible, sobre todo de la .x,logía. Todo esto ha sido
ya desde hace largo tiempo contradicho y superado, y no es el momento de
volver sobre ello. Bástenos con aludir brevemente a la incidencia de esta interpretación en el texto de la Polítiea.
Del mismo modo que, según Jaeger, la Etica primitiva (Urethik) y que
serla la Etica Eudemia, habria sido cancelada por la Etica posterior, que
sería la veni6n nicomaquea, tendríamos aquí también la Urpolitik de la constitución ideal, sucedida y cancelada por la Polítiea de la constitución factible, cuyos libros_, de consiguiente, deben pasar después de los que tratan de
aquella otra Donde lo que verdaderamente está en juego, como es fácil
verlo, no es el problema de la colocación de unos libros, sino el prop6sito de
hacer de Aristóteles (del último, claro está, pues el primero sería apenas el
discípulo aún no emancipado de Platón), el fundador del positivismo ético y
jurídico.
De nuestra parte hemos seguido en esta traducción la ordenación tradicional por varias razones que saltan a la vista: porque resulta más cómodo, ya
que la numeración bekkeriana de los parágrafos no ha sido modificada ni
por los que han alterado la serie de los libros, y es asi muy fácil compulsar
luego el pasaje que se desee; porque el mismo orden lo ha seguido la edición
Loeb, que a falta de la Budé (donde no ha aparecido aún la Política) hemos
adoptado, y porque concurrentemente con todo ello, no hemos llegado en México a la madurez filol6gica necesaria para poder hacer por nosotros mismos
una edición critica -ni llegaremos jamás ahora sobre todo que el griego y el
latín han pasado a ser entre nosotros materias optativas.
Pero aun dado caso que pudiéramos hacerlo, la verdad es que desde el
punto de vista de la comprensión filosófica -el único que en definitiva nos
interesa aqui- es indiferente que un autor de ciencia polltica trate primero
de la constitución ideal y después de la que es histórica y sociol6gicamente
posible, o que invierta este orden. Reconocemos de buen grado que hay
fuertes ramnes para suponer que Aristóteles pudo haber escrito los libros
que se leerán aqui al final antes que algunos de los intermedios, pero en fin
de cuenw, todos son de él, todos tienen un contenido valioso según sea la
perspectiva que se adopte y no hay, por último, contradicción entre los unos

pecto en el que Aristóteles se ha mostrad sob
"deal la
o
re todo creador p
es, Repúblú:a es hasta hoy el paradigma •
· ara retratos
~prendió muy bien que los hombres no
. msu~Je; pero Aris_t6teies
rudamente Ja dominaci"ón d
se resignarán Jamás a tolerar mdefi.
e unos cuantos · 1
sólo ha sido patente en una . tui' '6
! sunp emente porque para ellos tan
,
m a n estnctamente , · la
Por esto buscó Aristóteles otro , .
DllSbca, Idea del Bien.
compartirlo simul•~--regunen en que pueda sucederse el mando
.....~ente, entre las dos clases
'
o mejor aún, formar una clase medi d
opuestas de ricos y pobres,
.
a, e escasa fortuna, pe
•d
denaa
económica, sobre la ual
ro con m epen.
.
c
pesaran las mayores
nsab"lidad
ticas. De este modo planteó el roblema, ,
respo
1
es políla lucha de clases, y lo resolvi¿ con la ª"?1 DO ~cito en nuestros días, de
encontrado no aboli d la
.
m~Jor soluCJ6n que hasta hoy se ha
. '
en
propiedad pnvada, pero
d
.
distribuCJón
de la riqueza entre los ciudadan
_procuran o. una Justa
mente, de DO incorporar a la masa . d ~ Cometió el error, indudableecon6micamente productiva, pero lac~du
sectores enteros de población
1 ea centra]
· b"
menos lo que hemos querido hac
,
es mo Jetable. Es por lo
tuto privilegiado del capital ru· laerdi~ntadpaises donde no aceptamos ni el estac ura del prol tana'd
Con todas sus un'perf •
o.
ecc1ones y anacronismos u e
tar, Y que en buena parte lo
tan sól
q e no hemos tratado de oculvital, la Política aristotélica consotm_n, . do desde nuestra presente situación
ua sien o un lib d · • .
y lo es por igual en su doble
.
. .
r~. e inspiración perenne,
.
vertiente. ideales pohnc05 · . .
ticas. Dentro de su estrecho ámbito
.
e instituciones poüse nos describe no es una enb'dad ~ y personal, el Estado que aquí
.
orgamzada para la . erra
ru para la conquista de nuevos territorios
J•
gu
por la guerra,
riqueza, sino un agente para la perf "6 º. e mcremento desmesurado de la
.
ecc1 n mtelectual y
al d 1 •
en 1a paz, la Justicia y la sab'd
,
Es
mor
e Ciudadano
1 una.
•
en tod
"d
LeVIatán de los tiempos mod
En ', . os senti os, el antípoda del
ernos
su mbma
- 'da •
taci6n rotunda y armoniosa,
las
Yceru urudad, en su limia aquellas esculturas tan
~ras de arte de la misma época,
les -y con la .....;...... ~
'edad
e espmtu que las anima, de las cua
•
- u c a propi
podria habe J di h
·
lica- dijo el divino poeta:
r o c o de la ciudad aristoté1

°

asemé.

refuJgen::/1

Spiritus ~ntus alit, totamque infusa pe, artw
Mens agitat molem, et magno se corpore miscet.

y los otros.
Esta debe ser, me parece, la última impresión que ha de dejamos esta lectura. Como lo ha dicho muy bien Newman ( I, 485), la Politiea es a la vez
la pintura del Estado ideal y el manual del polltico; y es en este segundo as-

142

,

143

�EL HOMBRE Y SUS VENERACIONES
Dr. Luow10 ScmJowicz
ProieJOr de la Univenidad de Pueno Rico

El señor cuyo oráculo 1114 ,. D,lfos
no afirma ni oealta sino deja wr.

Hwcuro
••. o, mu.sic li1t1,d so de1/ly tlaat
il is not li,ard at ali, bul you ar, tia,
mu.sic wltil, tia, musie lasts.
T. S. EuOT

la palabra que nace del silencio, tal como el Día
y el Eter, en la cosmogonía hesi6dica1 han nacido de la Noche. El mythos
es la palabra que narra una hierofanía; lo narrado suscita en el que escucha
una serie de imágenes que hacen resplandecer el horizonte de su mundo espiritual.
EL MYTHOS Es LA PALABRA,

El relato mítico tiene funciones catárticas en cuanto le es dado restituir al
hombre la inocencia de su visi6n. Delante de sus ojos maravillados comienzan las cosas a fulgurar de nuevo como en el primer día del universo despertado a la luz de la palabra. Pero la imagen mítica no identifica simplemente objetos y sucesos ya conocidos sino que es, ante todo, imago imaginanda,
en un sentido que el uso corriente del término imaginaci6n s6lo tiende a oscurecer. Gracias al mythos puede el hombre incorporar a su mente la forma de
las cosas y entender su significado. El mythos le ha enseñado a ver de un
modo humano. ¡ Cuánta razón no tuvo Goethe al afirmar que "cada nuevo
objeto, bien mirado, abre en nosotros un nuevo órgano"! En estas palabras
se hace patente su profunda convicción de la indisolubilidad del nexo entre
sujeto y objeto, o sea, entre el alma y las imágenes.
El mythos no expresa meramente lo "visto", es decir, el testimonio de una

145

H.10

�U:ofarua puada, sino que nos invita a la entrevilión l&amp;ie d '""'' de lo dmno
o, por lo menos, a la intuición de sus vestigioe en un mundo dsliviniado.
Lo mltico, lejos de aer producto de la imaginación, es un fundamento y 111
fuerza motriz. La "sustancia" c.6müca, asimilada por el /aomo divirunu en la
proto-visión mttica, se ha transformado en "sustancia" humana, esto es, en el
órgano al que ahora incumbe ''ver" las cosas y apropiarse de su aentido.
Concebir el ahna como espejo de imágenes equivale a decir que la reten•
ci6n misma de impresiones sensoriales, y su integración a unidades de aentido mú complejas. es constitutiva de la vida animica superior. Tal vez
convenga represcntane esta relación descomponiéndola en dos movimientos
complementarios: el ahna se "imagina" las cosas o, lo que es igual. las descubre y las in-forma a sí misma, mientras que las cosas "acuden" al ahna
para reflejarse en ella. Este "deseo" de las cosas de convertirse en parte del
hombre, para "ap:ender a hablar" de él y a través de él, ha sido intuido por
N'ietz&amp;che de un modo singular: "Y todas las cosas acuden con caricias afanosas para encontrar lugar en tu discuno y sonríen, halagadoras, pues quieren volar llevadas por ti. En alas de cada simbolo tú welas hacia la verdad.
Para ti se abren, por sí solos, todos los tesoros de la palabra; todo ser se
convierte en slmbolo, todo devenir quiere aprender de ti a bablaf'.
Es significativo que N'aetl.'IChe baya repetido este párrafo de su Za,atustra
en Ecce Hamo para explicitar, en esta última obra, su idea de la inspiración.
Le parece dudoso que alguno de sus contemporáneos tenga todavia una clara
noc:i6n de esta experiencia a la que antaño se comideraba como fundamento
de la creación poética. Evidentemente no le bastaba a Nietzsche, el anuncia•
dor del eterno retomo, reclamar del Cielo nada más que "l'euphorie, et le
moyen de s'en servit' (Val&amp;y). Pues ¿de d6nde proviene esta euforia sino
de una visión de figuras divinas, por mucho que Zaratustra afirme: "muertos
están Dios y todos los di011CS"? Creer en la inspiración implica reconocer tácitamente la presencia de los dioses o de las musas a quienes el poeta se siente
vinculado en virtud de un mandato ineludible. Quun dice inspiración dice
mythos. Un poema no es otra cosa que la celebración de un rito nuevo, o sea,
l.a res/111.esta crtadora a una solicitación divina.
uestros hábitos mentales, que se remontan a la tradición racionalista y
voluntarista de la metafisica occidental, tienden a obnubilar la comprensión
de las realidades míticas. Todavía estamos inclinados a considerarlas como
ficciones o como rudimentarias interpretaciones de los procesos c6smicos y
humanos por una mentalidad pre-lógica. Ni siquiera solemos exceptuar de
una tal "explicación" genético-causal de los fenómenos míticos las grandiosas
concepciones de la religión griega, o sea, las más importantes imágenes directrices -uilbillUr- de nuestra propia cultura. Pero cualquiet intento de

146

bip,-e1eiar el órgano receptor de- 1_,__
•
anollido independientemente de •..._, como •. ~ pudiera haberte desabedecieado a una fonefion ftlft/alric para prod~ dapuá &amp; 1U antojo,
pebmsióa de reducir lo, mitCI a meras• en el .llelltido de Beap,o., cualquier
efe ~ el hecho mismo de la i l u ~ del alma en-~ de tratar
Ja expenencia de Jo divino ili · · .
del mundo, coincidente con
d. la viswn; .....1....:- ,.;__,:~~~on san_ la nud no emtirla el organo mismo

=

----tua.i- loUUUlllu.l en un ,-.,,.
1 • •
de un gradual
- , , - evo uaomsmo -que parte
del. mythos a la luminosa
de ~ tinieblas abismática,
bívcarnente suJ'Mllftt1,.¡,._ · tomá .
' no deJa de ser una actitud
11D
nea de nuestra é
-•- íen6menas r-•--,
mítico-religiosos Ja
•
poca, cuya ceguera ante
llamada de Jas cosas. Estas
_hace igualmente imeosible a Ja silenc:io,a
sólo perden su opacidad . el
~ a su espacio espiritual Mas
. 11 hombre logra in~da en que una des-ahnada civiti:rac: esp~o ~a ~tándoee en la
izúgenes, se está expandiendo. Poc:m han com
técnico-~ustrial, hostil a las
un Nietzsche, los ef_.- d Jad
prendido, con la lucidez de
homb
......,,. eso ores de una . laci6
re. Al desintegrarse el mundo de las E mve
? del paisaje y• del
10nnas nos mega la .:.....
111 bendición.
.a.&amp;•• moma
..L1

a:a IUpllelto

a1::U: :1

"Dü Wüste wichst Wih dnn, de, Wüst1n birat"
(El rusurto crece . A-\1 d
I
• •
• 1 J e aque que alb1rgue tn sí desiertos!J
,1_

•

•

Mientras el mythos es viuido n ha
O
externo e interno del hombre.
Y ~Jeta ~~n en el mundo
con-sol.atio del alma. Pues los dioses presencia d~ lo divmo es la verdadera
a menudo senderos nos señalan , que son de1an ver las cosas, nos indican
tareas nos
•
•.:_,
humano. Es cierto ' ue
d'
'
penruten vwumbrar el destino
mo: yo soy el
,~n rdadios, entre ~Iros dioses, no puede decir de sí mis,.
,
"'
ve
y la VJda. pero tal
la perspectiva del politeísta
~ (un vez. cabe considerarlo, en
, como un cammo
mo una verdad {=un modo d
cammo de salvación), colas cosas) y 00
.da
termi nada forma de vida) E e ver
J
mo una VJ (=una de•
· n e contexto del E
lio
tiene, desde luego, el significado de .da
vange ' la palabra vida
VJ
eterna.
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que mythna
. d afirmar
.
....., aJ evocar las 601,,..,. d 1 di
• -no sm eJar de estimular nuevas
,:,-- e os oses, responde
del hombre que -••n Kant fundamcnpreguntu- a las tres cuestiones básicas
.t,I,
•
, -""?,-•
,
tan las t
disci linas
r•Yffca specialis (Cosmología, Psicologfa y Teol ~
P . de la rruta{Q,ul puedo sabtr? ¡Qui debo hacer'
ogra). A las interrogaciones:
DOI contesta el dios mostrándonos ~ y ¡Qu~ me. ~stá permitido esptrar?,
campo de acci6n (=su vida) taJ campo e V1S16n (=su verdad), un
tima no independiente,
.
.
y,
vez., una meta
d
por cierto de Ja W 1
:-,----- ora, esta úJ.
'
t twah,Jaeu und úbensform (la

La

caro!

-~. . .

147

�verdad c6smica y la fonna de vida) que él está en~do: Mas ~ carácter paradigmático del dios no estriba en su perfecc16n ética, ~ un
preconcebido dogma moral sino en la prcsentificaci6n (V e~gegenwartigung)
de una determinada esfera del existir, condensada en su figura. ~l m!thos
ofrece al hombre un repertorio de imágenes esclarecedoras de s1tuac1ones
típicas y de actitudes ligadas a éstas; ~r medio de sus gestos cultuales
responde el hombre a la hierofania instauradora de su mundo; del mythos
emergen, pues, solicitaciones de ejemplaridad a las que el hombre debe sus

primarias iniciativas espirituales.
El alma no puede vivir sin imágenes so pena de dejar -~e str -alma.. ~lla
no es sólo su receptáculo sino su ''refugio", es decir, el Sitio donde lo d1vmo
se interna para que el ente se revele como cosmos, o sea, como orden,. belleza plenitud de sentido. El mythos es, por lo tanto, la palabra que registra
la ~agen de lo divino tal como ésta .surge del contacto entre Dios Y el ~lma.
Un tal contacto "precede", onto16gicamente hablando, a la _separac16n Y
oposición entre ambos. Ya nos hemos referido a 1~ horn°?~e1~d entre lo
..visto" y el órgano de la visi6n. Aplicando este mismo prmc1p10 a la c~esti6n teológica envuelta, cabe recordar la célebre frase "platónica" de Plotino
que ha sido incorporada por Goethe a la poesía occidental:

War nicht das Auge sonnenhaft,
Wie konnten wir das Licht erblicken?
Lebt nicht in uns des Goetles eigne Kraft,
Wie konnt uns Góttliches entzúcken?
(Si el ojo no fuera de esencia solar
¿cómo podríamos percibir la luz?
Si en nosotros no alentara la propia fuerza del dios
¿cómo podria extasiarnos lo divino?)
Sin embargo, el impacto de lo divino en nuestro interior, o la fuerza de
irradiación de las imágenes míticas que lo han moldeado, no son algo objetivable a los fines de una explicación analítica. De poco nos sirve hablar
de Dios como "causa" de nuestra fascinación o de la visión de figuras divinas como su efecto. i Dios ni los dioses están sujetos a nuestras categorías
lógicas O demostrables desde el punto de vista de una interpretación científica del mundo. Una de las más sugestivas fórmulas de Gabriel Marcel
-contenida en su Journal Metaphysique- se refiere precisamente a lo precario de cada teología que considera la deidad como mero objeto del conocimiento humano: "Des qu'on parle de Dieu ce n'est plus de Dieu que l'on

parle". (Tan pronto se habla de Dios, ya no es de Dios de lo que se habla).
Hay un íntimo nexo entre esa sentencia de Marce) y Ja conocida exclamación de Federico Schiller: "Spricht die Seele, so spricht -¡ ach!- schon die
Su/e nicht mehr". (Cuando habla el alma, ¡ ay! ya no es el alma la que
está hablando) . La analogía de ambas afirmaciones no estriba simplemente
en su fonna de expresión sino en la idea de que hay momentos de máxima
intensidad en los que las exteriorizaciones verbales, o más concretamente, la
prosa de tales expresiones, rompe el contacto con lo maravilloso, aquel contacto del cual han surgido los mitos y, como "respuesta" a ellos, los actos
cultuales. De Dios no se puede hablar (como si fuera un objeto) y el alma
se desvanece en el instante mismo en que trata de servirse de palabras. El
alma sólo puede mirar o cantar, sobrecogida por su visión de lo divino o de
las figuras divinas. Poco importa, a este respecto, si adoptamos como lema
alma naturaliter c/1ristiana o alma naturaliter dionysiaca. El mismo ~ ietzsche
estuvo consciente de lo insatisfactorio de la expresión no-poética como velúculo de un mensaje "religioso". Se reprochó, no sin cierta razón: "sie
hiitle singen so/len, diese Seele" {"debería habcr cantado, esta alma"), frase
que fue repetida por Stephan George en un poema destinado a evocar el
rostro espiritual del último "discípulo" de Dionysos.1
Hemos dicho que el mythos es la palabra que nace del silencio y podemos
ahora afiadir que este silencio representa la esfera sagrada dentro de la cual
el alma ) la divinidad se funden y se separan. El mythos, pues, rinde testimonio de ambas, o sea, de su mutua interpretación, lo cual excluye la posibilidad de considerarlo psicológicamente como una visión subjetiva, como una
especie de "alucinación" del hombre arcaico. Es cierto que la existencia de
lo divino no puede ser demostrada, ni tampoco la del alma. Pero ninguna
razón metodológica se opone al intento de mostrar las imágenes directrices
de una comunidad que se han condensado en sus mitos. Una tal mostración
a~~~ se logr~rá si~ la previa renuncia a 'todos los prejuicios teol6gicos, soc10Jogicos y ps1col6gicos que suelen interponerse entre las cosas que deben
dar resplandor de í mismas y su teoría, entendida esta palabra en su sentido
prístino como re-vista de una percepción sensorial o re-flexión de lo contemplado. El moderno horno theoricus, desde luego, cree poder apresar las cosas
1
STE.PAN Gtoaot, Der siebent, Ring (Gode.sberg, 1949), pp. 12-13. V~ase cJ final
del poema titulado Nitlzsche:

Und Wtnn die str,ng, und ¡,qalte stim,
Dann wie ein loblied tónt in blau, nacht
Und h,11, /lut • so klaet:
hiittt singen
Nichl rtd,n soll,n diese neue sttl,!

su

148

149

•

�•

en las mallas de 11.11 telaraiías conceptualea sin dane cuenta de que una •
nica de reducx:ilm, aplicada a configuraciones espirituales, equivale a .,,..
,,duaü, ad abnmlum.
Ya Jen6fanea había prevenido contra la pretemión de un saber de lo divino, basado no en lo ''visto" originariamente sino en lo visto a través de
loa anteojos de la opinión, o sea, a través ele) filtro de una interpretaci6n
Jftliminar de lo dado. Al forzar las OOl8I dentro del lecho de Procusto
de nuestras explicaciones habituales seguimos siendo los sierwl de una tramci6n que s6lo ha logrado alejamos, cada vez más, de los fenómenos ~
ligiosos.

Jaaás

na&amp;ió ni uená varón alpao
qtu conoua tu vista cierta lo que ,o digo
sob,e los dious '1 sobr1 las cosas todas;
¡,o,qu,, aunque aciert, a declarar las cosas
de la más p,,f,cta manera. ll, ,n verdad, nada sab, de vista.
Todas las cosas ya por el contrario
con Opinión están prendidas.2

La versión de este pasaje se debe a Garcla Bacca quien, interpretando a
Jenófanes a la luz de la fenomenologia de Husserl y de Heidegger, atiene,
en 111 comentario, que el pensador griego contrapone aquí "el opinar o conocer opinativo" al genuino saber, es decir, "al sab,r de vista. al saber eidéticament'!". García Bacca define el saber eidético como un conocer las com
"poniéndolas como objetos, como lo otro: comprendiéndolas, mas sin ser
comprendido por ellas''. Pero la reducción de todas las cosas a meros objetos
es precisamente el pecado original de la tradición racionalista que, dicho sea
de paso, parece iniciarse en la teología con el propio Jenófanes. El hecho
de que exista un inauténtico entretejimiento mutuo entre hombres y cosas
no implica que nuestro distanciamiento de ellas, en virtud de su objetivación
como entes fácticos, sujetos a nuestra razón calcuJadora, nos "libere" del
conocer opinativo en el terreno de las realidades mitioo-religiosas. Todo lo
contrario parece ser el caso. Sólo es provechoso en esta esfera un método que
trata de reconducimos a las cosas, respetándolas en su "Eigenstindigktit (:=su
estar erguidas por sí mismas, su autonomia) en vez de imponerles los esquemas de nuestro saber de dominio que impiden el que ellas mismas lleguen
Los ~11oe14lico1, I (Mmco, 1945), p. 6. Lu dol 6ltimaa líneas aubrayadaa por
DOIOUOI. En una edición posterior: 1,-,,,u,dos filos6(üos 41 los ,mocr4tieoi ( Caracas,
s

Uoiv. Central de Venezuela), 1111tituye G.uclA 8AécA Ja 6ltima palabra del pasaje
citado, "prendidas" por "aprendidas", modifü:aci6n que no afecta el sentido de la frue.

150

Nfi-- .

a patentizar IU esencia. I y ll• Jas "COIia" IOD &amp;:--• di •
eUu una sola actitud, Ja que Schopenba
VIDII cabe frente a
contacto con obras de arte, que B
uer noa recoauenda para entrar en
en cuya presencia debemos
~ con aquelb grandes leiiores
Pero ¿no estará la palabesperar ~temente que DOI dirijan la palabra.
terminada
ra que b dioaes everth•abnente nos dirigm de.
por nuestro oído peculiar? y ¿no será la figura divina
•
que nos es sugerida por nuestro modo de
una unagen
ella un intento de ideali:ar seres
. ver humano? ¿No se refleja en
hemos aludido a la actitud r a c i o n = j ~~ , ~ humanos? _Ya
a menudo el siguiente pasaje,
el
, e quten ae suele atar
cenMnnes religi·
en
que repocba a las tradicionales conr-osas su antropomorfismo:
Mas los mortal,s piensan
qru, cual •llos, los dious s, engendraron
que los dios,s, cual ellos ooz y traza "
Pero si bwy,s '1 leones •
u
manos luvi,ran
Y el pinta, con ,llas

:Uül

os poseen.

"~ace, las obras qau los hombres hacen ( pudieran)
c. allos a caballos, bu'78s a buryes
pintaran parecidas i--',.,nes
d•.. los d'wses;
"-t.
Y darian a cuerpos tk dious fomuu tales
que las de ellos cobraran semejanza.•

ª

---• La dificultad de
w-"' ut
.

1111a

das

tal aprehemi6n

de las c:oaa ya ha lido intuida por Goethe:

w.. di, '"' ~nt,su
r -'-L
rau oo, tl,n Aug,ra di, lil1t.

s,1&amp;111J1rs1, voa aU,ml

' HU Mil úa A•

,,.,. n

la

s, ,,.,

Hay que reconocer la no vigencia de nuestroa día •
•
penaar -ambiguo, pero riguroeo- inh
ttngos lósicce en lo que atañe aJ
loa griegos. Vwe Wu.ULM LUTIIU erente. aJ mytboe y a la poaía oricinaria de
p. 62: "La
. '6
.
, W1ltnsicht •"" Gnst•sllbn (Gott:n- 19
escw n CODIClente de sujeto ob.
del
· - - . 54)'
enfrenta (G,gnutand), que para nototro.' 1 ~eto,
)'O 1 de aquello con que ae
puede entrar en juego en la in•-ta...:L- •~-011 modern01, resulta lobreeotendida, no
eú•-·
-..... wun uc mundo h~rico En ,.
•
----• opumas para IIOIOtrol, se ac,b¡,
en
.
·
que: medida estas
del U10 de algunos verbo,
el
epon Y coinciden en Homero cabe inferirlo
•
en
que se refleja un peculiar estad
•
101 ámbitos
del 111jeto Y del objeto, entre lo .
.
. o de Ouctuaci6n entre
y el acontecer pasivo".
mterior Y lo atenor, entre el hacer activo

' Véase obra citada: Los Pr,socrálieos I
,11socr,1icos, pp. 35-'.36. En ata edición, ' PP: 3-4, o Frapinto, filos6f"os ti, lo1
"bu~ o leones" Y, en la linea penúl~~~tituye ''bu,?'es Y leona" por
aiadido, entre parmtcsis, la palabra ••tl'
. por "ideas . N010trot hem01
, a.,a para DleJOI' comprmli6n cid 'texto.

151

�1.• &amp;PI.="tf. i .ilJI. -·
i~.
i
. 1 i ,,.}Jt-t
t·~rt\ltj.t t1t1!'l:J1,¡it~l'ltli~j•t
··
l ~ l ti }! ;;11:1 11.¡t
.. •• •. :;4 t r ¡i ,.,l ,i&lt;~.1mf
a, .
1 15' •t •·•!°' f l 1· f 8). ~ " r9•'

•t¡rp.ile.,,!t~il.·1···•. ft.•
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l:tf'•'irf-.,f111.J
1-t

i lt

.J

lrit

ll

a.

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~ i!fla i: fl 1: 1.·.,1...11·tff-!1•J~1.i. ~,-;,t.¡,
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·1.

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i. ,·:.~.·-¡. .,•:1··. 1·:1J
.i f :. ...1:, .,1. ..1. ·,...·1·. .·1:1•. .:·'l·. I·:,
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1=1··f1.....' h.
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~.1[ t-¡
11 f- 11 1.. -•:,er,
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. . . 1r .. . 1 .t•

_ •.

.

. . .1•. ....... r ·I

.· : : ·. ~

il

·'

-

�última instancia,
• del ente cucunstante se debe, en ...-.1... la per·
cual toda captación
____1_..:-.1.. Algo ha de serme -ts•-,
'd
veneraci6n
~
•
nferir
tentl 0
a una suerte de
•.
todos mis esfuenoa de co
un
.
. de-·
......,, condiaona• • de lo -&amp;•- - - L . -·" me impu]aa, envtvenaa
~ ....aif,V
l't'"'
a mi vida. Si me falta la expen~ individual o colectiva? ¿Por qu~ no
tonces, a la búsqueda de una
artificiales :i i no tengo veneraaones
· descemo a los parail0I
•
timiento del fin
opto por un . undo El nihilümo no es sólo el pre-sen ~-1;,1.,. del sense desintegra ID1 m
•
la c:onciencia de la . - de uestra cultura sino, antes que ~
decir en un no-mundo. ¿ Des. n las cosas en un mundo desdivinizado, es
'más alto "standard,, de
tido de
l 'bilismo con el logro de un
. - de un
aparecerá, acaso, e 01
.
_ por la máscara nsuena
.
vida? 1Qué ingenuo seria deJane ~ .,.,u;,1,. semblante del bastio m• •
tras la que se oculta
a-cr6dulo optmusmO
bilizador!

~..1
UCI

. ledeur ce monstre delieat,
T• le connau,
' umblable-, mon frertr
Hypocrite lectnr -ffl01I
ele
más acentuada en las capas acoLa lelll8Ción de vacío espiritual su ser . facilidades de acceso a los
modadas de la sociedad que entre la ~te
grandes masas no deja
culturales. Elevar el nivel econ6nudoco e nflttJt.temOS de la problema~
tedb'· aun cuan nos r--d algunas
de ser una demanda ape . ...,
carácter deshusnaniuor e
ticidad del "p1og1eso" -~~ Y del poránea. Pero por inútil que sea la
"bendiciones" de la civilización ~ntem ...! • ..,. el verdadero problema de~
• nado,, m
atención que se preste a las "arcunstan~
lí.:co y no' puede ser "soluao
• 'tual DO es po u
hombre como ser ~1?
'onada política cultural.
.
. uiera por la me)OI' mtena
rque nos señala como tanq
d
1:'"""''" la f6rmula de Ortega, po
le nfiere sin em•
He llama o pe&amp;&amp;&amp;•rofano al que se
co
'
rea básica del hombre ~~l ppolígrafo español,_ ~ "~~ :
bargo el aura de una
. sus responsabilidades DDWncas,
deber' que impone al homb~ de
de un pathos aipto-religi~, que
sirve de una terJninologia, unpregna or- el contenido de su mensaJe. He
n
"ironizar'' -sin quererlo su aut la 'tud cr--&amp;tica que se desega"salvar'
ª
· .t.n.. rt,. de actJ• nr,im1ntando
va..---' " ·
mi circunstaDCJa; 'ar-" a que. ard
e
.
ella nos induce a segwr r-a---:
podido conrende de esta máxima,
tal historicismo ret6nco ha
. .
P
.
,.
se
debe
el
hecho
de
que
1.:
....
&amp;..i
La
excesiva
publiadad
cunstanaa
. de los_,_ ....,yua--cos.
,-,vertine en 'deo'-''"
l
"'6- oficial

':11as

L!---

asu:r

monst,110 tl,licatlo,
• Ti C0'40CIS uctor, O ~SI •
mi Ja,nullO.
•
..:,
--ffl1
llffllJOIIII-,
0
6
L,ctor " •t CT ..
BAwal.Ald, L,s fu•rJ ti•

154

mal (Au Lecteur).

que ae da a una teorfa parece ser indicio de su carácter apologético.ideol6gico.
La burocn.ti7.ación del saber -cuyo carácter provisional siempre ha sido
reconocido por Ja mente cientffica- entraña un proceso de dopiatizaci6n
que degrada a la fibofia; lo u oficial" suele ser lo falso por antonomasia
Pero el caso Ortega ilustra por añadidura, la caducidad de todos los intentes de hipotecar el ·porvenir de la filoeoffa pracribiéndole un determinado
punto de partida. La relativización de la verdad por Ja circunstancla relativiza, automáticamente, cada afirmación IObre la fonosidad del impacto de
lo circunstancial en nuestro pensamiento. Lo que ha sido postulado como
"deber" cae, de este modo, de su propio pedestal. Mi preocupación profana
no puede ser legitimada por otra preocupación profana. Si lo "verdadero"
se identifica con lo que nos conviene o Jo que nos "salvaº hemos de continuar interrogándonos cuáles son los IUJ)uestos de nuestro propio deseo de
salvación que, a su vez, nos remiten a los supuestos de estos supuestos y asi
in infinitum. El historicismo orteguiano es un callejón sin salida. Frente a ~]
debe levantarse la profunda verdad contenida en la célebre frase de Ranke:
"Cada ~poca está en una relaci6n inmediata con Dios". Cuando en una f~
de la cultura ya no hay un contacto originario con lo divino, cabe decir que
ella pierde su carácter de ~poca en el sentido de Ranke.
El concepto de Dios mismo puede ser identificado con el concepto de
"época", tal como Jo ilustra Nietzsche en el aforismo 639 de La Voluntad
de poder. "La única p0SJbilidad de prestar un 1e11tido al concepto de Dios
sería ésta: Dios, entendido no como fuerza im~lentc sino como estado máximo, como una lpoca". En un pasaje posterior del aforismo mencionado
se advierte el nexo entre esta postulaci6n de un Dios de la plenitud, hacia
el cual nos encaminamos si queremos hacer época, y una nueva apropiación
de la idea del mundo en penpectiva dionisíaca. "Lo único que está demostrado es que el mundo no tiende a un estado duradero. Por consiguiente, hay
que imaginar su estado de altura partiendo del supuesto de que no es un
estado de equihl&gt;rio ... 11 Podemos añadir, explicitando la relaci6n entre Dios
y el mundo en Niemche: La enunciada "muerte de Dios", si es algo más
que la muerte de detenninadas concepciones de Ja divinidad, entraña la
desaparición del "mundo" como dimensi6n espiritua~ dentro de Ja cual los
fenómenos cobran su sentido. Sin la vislumbre de esta dimensión nuestro
propio ser se toma absurdo. O, dicho de otro modo, Ja "muerte de Dios,. es
Ja angustiosa toma de conciencia de que no existimos de veras.
Rimbaud ha dado a esta zozobra del Tántalo moderno su expresi6n def~nitiva: "La vraie vie est absente. Nous ne sommes pas au monde".
Sin veneraciones no puede haber la ''verdadera vida.., o sea, un genuino
ser-en-el mundo. Además, conviene recordar que existen constelaciones que
155

�podrian acomejamos la siguiente modificación de la fónnula orteguiana:
si no me salvo tÜ mi circunstancia he de hundirme, puesto que, a la 1árga,
la circunstancia me "tragará". Mejor el exilio, con sus experiencias amargas
que, sin embargo, no afectan forzosamente la integridad del pensador, que
la claudicaci6n, justificada pose faetum, de un "haber hecho lo mejor dentro de lo posible". Desde luego, Ortega mismo no ha querido hacer la apologia de las actitudes acomodaticias: su ethos es activista -revolucionario,
si se quiere, dentro de la "circunstancia española"- pero consustancial con
una metaillica voluntarista, no iluminada por una visi6n poética del universo, generadora de. auténticas veneraciones. Sólo el hombre político puede
aceptar sin reservas la fórmula orteguiana. Nuestra penpectiva, en cambio,
es la siguiente: La historia del espíritu occidental suele ser la historia de las
rebeldías contra la circunstancia, no meramente en el sentido de una lucha
contra circunstancias adversas -o sea, aquellas que se oponen a la tarea
creadora del hombre-- sino en el sentido más profundo de una subveni6n
contra la continuidad de una tradición que ha traicionado las iniciativas
básicas de nuestra cultura. El espíritu trata de liberarse de la rutina de sus
interpretaciones de la realidad hist6rica ~ recuperar las veneraciones originarias, fundamentantes de la existencia. Sólo muy pocos han comprendido,
hasta ahora, el profundo sentido y la actualidad de la palabra profética de
Holderlin: "Lleno de méñtos, pero poéticamente habita el hombre en la
tierra". Esta palabra es profética porque anuncia un modo de existir en el
cual el verdadero destino del hombre se hace diáfano, es decir, ella señala
precisamente aquella originaria postura vital a la que trata de sustraerse el
moderno homo faber, esencialmente nómada, cegado por sus éxitos en el
dominio de la naturaleza. Vivir poéticamente no es huír al reino de las
ilusiones sino que significa tener valor de defender las imágenes de lo divino
y de lo humano, en virtud de las cuales nuestra vida se espiritualiza. Lo
poético no estriba en la evasión de lo real sino en el pleno reconocimiento
de la finitud de la existencia. Precisamente por sabernos finitos tenemos que
dejam01 guiar por nuestras veneraciones e instalarlas en el centro de nuestro ser. Vivir Jtrosaicamente es vivir como si no hubiera la muerte, es dar la
espalda al misterio, es emprender la fuga ante la inminencia del destino.1
1 Sólo 100 auténticos el amor a la tierra y la W,lt(,ommiebú (=religiosidad humana)
del hombre que acepta de buen grado el carácter finito de la emteneia. lhcw., par·
tiendo ·del supuesto de la identidad entre el espíritu y el tiempo ("G.isl isl Z1it"),
afirma la no-espiritualidad de actitudes humanas en lu que se evidencia el rechazo
del devenir y, por lo tanto, de la transitoriedad de nuestra emtcncia. Véuc F,11om1JWe
logi, d,s G,isi,s (Somdi,la, W,ri:1 11; Stuttprt, 1958), p. 34: "La vida del espíritu
no es la vida que recela la muerte y se preaerva pura de la devaataci6n, aino aquella

156

Vwir
prosaicamente a c1e·Jane arrastrar por sus daeos
•
mstante de la aatisfacción de ellos, el mal .
Y querer detener el
creador, el instante de la caída en lo "''1 __mstante que_~ el tiempo
fmo para triunfar en Fausto
.. -t5.. cuyo advenmuento espera MeQuien
DO acepta Ja
•
•
muerte no acepta la transi
•
la tier,a.
La imagen mítica de Gea,
ormaaón, que es la ley d•
y "devora., a sus hiJ·01
la madre fecunda y cruel que "pare"
•
para re-generarse peri6di
tivo de abatimiento para el &amp;.-.L_
camente, no ha de ser moestá nn
· diendo un secreto homena.
uuwon::. Todo nnr.ani__,.
las
-·o--, por ser transitorio

=

:1o~

intrgrándo,e al ritmo ,,,.,:,,,· del
awlom de la ~ :
por sus veneraciones, puede el hombre y perecer, ~lo reJuvene.
la tUTTa. La poesía ,.. ----=-'morar -poéticamente- en
-, '-"'-'IU4WlCDte un don
d
•
ses Y un don de st mismo of .do '
. ' un on reab1do por los dio.
.
,
rea
a
los
dioses
Vi·
~
·
dar Y rec1b1r (o "acoger'') tal
es s-Lo.
d .
como da y
ºbe· ("IVtr ,....,..ticamente
,,
illl.1':r
e dioses y hombres. Sin una a·erta . . ~
acoge ) la Tierra, madre
•
mtuia6n de aq lla
wuveno que, según Heráclito
ue armonía oculta del
vida demasiado opaca y d , . ~pera a la armonfa visible, queda nuestra
emama o menesterosa
ramos como habitantes de la tierra Qui .
para que podamos considea lo sumo, su "huésped.,
•.t.rdid.
en ignora la realidad de lo divino es
, un w
o hu..
,

U?d so la?g du dies nicht hast.
Dieses Stnb und We,de
Bist du nu, ein trilber
Auf der dunkeln E,de.

Gast

(Y mientras ignores esto
t Ir
I
es e muere y lkga a ser"
no eres más que un sórdido hrdsped
en la sombría tierra).

En el Strib und Werdel (. m
11
periencia de una metamorl . 1 u~i:e y ega a ser!) condensa Goethe su ex.
M
om esptntual a la que debe
"6di
. as este proceso transformador s6lo ued
su ~n ca renovación.
aas a la dinámica de las . ,
.P ~ mantenerse vivo y constante gra.
En la medida
. en que las unagenes
directrices
que Pilotean nuestra conducta.
imág
.
-y viceversa. ("La mélancholi en~ palidecen va debilitándose nuestro favor
André Gide en Le
.
e n est que de la f erveur retombée" ha dicho
, .
s nourntoures ter,estres) La ºda .
'
up1da porque carece de incitaciones
1 . , vi. sm mythos se torna inpara a autentica re-creación del espmtu.
,.
que soporta la muerte y ,e mantiene rn ella"

en las Co11f1r,n,ias d, ]111e).

. (La f6nnula "G,ist ist Zeit" se encuentra

157

�Sólo mis veneraciones pueden hacerme asumir el riesgo del Strib und Werde!
Quien reniega del mythos reniega de la vida misma aunque lo haga en nombre de la vida y con la intención de liberarla de imágeMs petrificadas. La
''ideología" suele ser un pobre sucedáneo de la religión.• El doctrinario moderno parece haber heredado el fanatismo del homo religiosus de la tradición judeo-cristiana, pero no su espiritualidad, ni tampoco la de un Karl
Marx, cuyos poetas favoritos eran Esquilo, hakespeare y Goethe. La pasión
que la retórica pseudo-marxista o nacionalista despierta en las grandes masas es totalmente distinta de aquel estremecimiento ante lo inmenso o, como
hoy se suele decir, ante lo luminoso, del cual Goethe afirmó que es la mejor parte de lo humano. ("Das baudern ist der Menschheit bestes Teil").
La pervivencia de esperanzas mesiánicas o de elementos escatológicos en
ciertas utopías sociales no debe inducimos a confundir los genuinos mitos
religiosos con ficciones políticas, o sea, "leyendas" fabricadas para fines de
proselitismo. Quien pretende que también la religión ha sido "fabricada'\
por ejemplo, por una casta sacerdotal, ávida del poder, olvida que la institución de tal casta ya presupone una previa teofanía, o sea, una revelación
a la que se remonta el orden sagrado establecido en una comunidad. ¿Cómo
podría haberse originado un sacerdocio sino a base de una patentización
de lo sacro en determinados seres humanos? ¿ Y cómo reconoció el hombre
arcaico el carácter sagrado de éstos si no tenía ya la experiencia de lo divino? "Al comiem:o está siempre el dios", o sea, una súbita iluminación de
aquellos a quienes él "aparece".' Su entrar en apariencia coincide con una
cosmofanía, en cuanto un "mundo" s6lo llega a constituirse a partir del descubrimiento de un centro espiritual, y .con una antropofanía, e.n cuanto la
comunicación con el prójimo se realiza básicamente, en función de un diálogo con lo divino.
A Tales se le atribuye haber llamado al cosmos lo más bello, lo más excelente (,cáll,ai-«w), por ser la hechura del dios (no,11µa.8tov), y en boca de su "Protágoras" pone Platón el relato del origen de la comunidad
humana gracias a la intervención de Zeus, que envía a los mortales las diosas
Aidos y Dike, cuya presencia hace posible que emerja un 1'Ó&lt;lµo~ nóJ.tc.&gt;~.
• A este respecto cabe recordar unas palabras de UNAIIUNO que se refieren a la preponderancia de lo ideológico en nuestra época, o aea, a la ideocracia imperante:
"¡ Libertad! ¡ Libertad! Y donde la idcocracia impere jamú habrá verdadera liber·
tad, sino libertad ante la ley, que es la idea entronizada, la minna para todos, la facul•
tad lógica de poder hacer o no hacer algo". Ensayos, I: La id,ocra,ia, p. 250 (Madrid, 1951).

• Vú.se WALna F. Orro, Dionysos. Mylhos vnd Kulhu (Frankfurt am Main,

1933), p. 30.

158

Por haber "visto" al dios ti
.
oculta lo cósmico y lo h ~ ~- el hombre órganos a los que se les destambién el habla,
decir, la
despertar
le faltaría
de las cosas y de edificar un ''m d ,,
explamar simb6licamente su visión
•
un
en
medida
~mute descubrir y retener conexiones de
.
. en que su lenguaje le
nifestar estados afectivos o de se . ..i_ sen~do. S1 sólo se tratara de ma.
rvirse ue señales para l
rdi
reacaones colectivas en cualquier situación bas
a coo ~i~n de
sonoros- de que disponen los animal , p tarían los gestos -murucos y
Darstellungsfunktion (Bühler) d 1 1 es_- ero al hombre es privativo la
decir la posibilidad d
e enguaJe, su función de representación
'
e retener contenidos de su
. .
' es
dolos de las situaciones vitales d las
expenenca, desvinculán.
.
e
que emergen para
•1
genes disponibles, en palabras. Con éstas
'
convertir os en imásea para fines de la "orientac'6
l podemos re-presentar la realidad
·
. ,.
n en e mundo" del " 1____ • •
'
extstencaa o de la interpretación de las "cif '
escun:cun1ento de la
tareas básicas de) hombre segun' J p·¡ f' ras de la Trascendencia", las
,
a , oso ia de Jas
M al .
re-presentar las cosas tiene que
d
-~rs. as · unpulso de
cia n
.
prece er su percepc1on Las
U
h
osotros, es deru, se presentan ellas mismas . . , .
cosas egan ala palabra encarna el senttºd d J
' cliaendonos su nombre. En
o e a cosa y sólO
. d
de este sentido podemos sep
en virtu de la aprehensión
palabras, cual linternas en laararnochuenad cl~l de. otra con la que colinda. Las
·¡·
e si encio nos
d
ti "ª' lo visto. ¿ Nos será lícito
.
'
ayu an a ver y a idennuestras afirmaciones son en el ~ preguntando -puesto que casi todas
~ma de estas linternas? ¿ p~\:Ía~:~- de dónde procede la luz
senan lo que son -prolongaciones de nucstr ~ de que ~ palabras no
ras del mundo- sin la fuerza l , . d la os organos sensoriales, formado, •
wruruca e palabra pn' · · ·
cosmogoruco del mythos? Pu • ,
,
nugema, sm el poder
,
es
sena un mundo
d .
pod na ser percibida por un ser eque
. • d
cuya mun arudad no
11wruna O por la palabra?
La respuesta nos la da de un mod . .
(Fragmento 124). "Co '
o mclirecto, una sentencia de Heráclito
·
mo un montón de estiér l nf
do, es el mundo más bello". Lo ual .
~ ' co usamente amontona.
e
qua.ere decir- el
d .
perspectiva resulta ser in-m d La
. ,·
mun o v1sto en cierta
un º·
aprehensaon d
bell
orden,_ o sea, del factor constitutivo de su munda .
e su
eza y de su
más bien, de los dioses qu . .
rudad, depende del hombre 0
sentido del ente. Este se re:e~nspliran al behom~re a descubrir la totalidad
, ª que sa mirar co
bl adura armoniosa de tod
1
' mo cosmos, como ensamos sus e ementos Saber ·
mythos, es decir., la palabra que nos ab · 1 • nurar Y saber entender el
misma realidad. El mythos nombra 1 ~ os OJOS, son dos aspectos de una
dedor de los clioses llegan
. • os oses Y traza su órbita, pues airea 11ummarse las res
ti
dentro de las cuales Je toca a I hombre realizarse
. pee vas, esferas
de existencia
.
del mythos fundamentante del orden "revelad " a s1 rrus~o. El "olvido"
0 , Y de la Jerarquía que le

ea

;~u~ia::

~e sus_ "ojos"

°

d:

159

�un orden artificial
loa
de
:n~~
Pero misma necesidad que
.
haciéndolas aparecer

.
•
c:onaponcle, conduce a la
1 'timarlo por medio de 'mitos"
egl

'

la

ya

intentos

~

ta el hombre de justificar IUI usurpaaones,basta
punto está
de gestos arquedpicoe, demuestra • · •q la conciencia

expenmeai
l'epCliciones

como
l "recuerdo" de la vmlad onganana,
enraizado en su alma e
orden • esto trata de apoyarse, aunde un orden natural en el que cada
. ~pu La posibilidad de construir
(
_1..:ccándolo
y adaptándolo
d~
. como su f---..1---to
la efecque _
,
dea .IUI
lencia,
tiene
IIIIUUUQI
ficciones, legi~oras d e = ~ abridoras del mundo.
tividad de las imágenes
'
tando
rebafios se encuentra en
Hesiodo apacen
sus
'
1
Las musas con as que
'
chas mentiras que se asemeul
e saben contar mu
el Helicón, no le _oc ~ - "pero tambibl cuando nos place, sabeilln a las afumaaones
'
. .
los ~ • segun' el repro,El hech0 de que as,m1smo
..--,
•
mos decir la verdad"•
,,
debe inducimos aJ error de 1den00
• .....__L_ "mienten en demasia
• •
La
che de • ~ ,
. lemente su modus dtfu:rens.
tificar la poesla con la ficción que es,. SUD~ (H"lchrun) pero precisamente
palabra es "el más peligroso de los bienes) .: obra, ~ ente en cuanto tal
· la de "desocu tar, en
lo es por su tarea propia
•-1-) El au~ntico poeta invierte, pues,
·
·
En la
y guardarlo en su verdad" (Hei""""5"'ª
la 'tada
sentencia de Heráclito.
·-~--:.l.
la que alude
Cl
nf
la tramfWlllilUUn a
d · se convierte lo co usamenvisi6n ~tica se restablece el mundo, es _car,
_, .. en belleza. Del
rord pleno de sentido, en anno.....,
te amontonado en un
en
La palabra, purificada por el poeta,
montón de esti&amp;col ~ un COSIDOI, dinámica de lo sagrado se está aprespurifica al hombre. Qwen recu~ la noche c6smica -la Weltnacht de
d
el retorno de los di09CS. La
tan o para se disipa
.. ante la w. lumbre de una nueva aurora.
HolderlinN ch einmal sti es eun Morgen, Gotter.
W~ . dnho'- llar alltin snd Ursrung.
11' une
-·
li t
D . ·w lt steht auf mit euch, und Anfang g nz
ae e
M: ..r
an alltn BruchsttUn unser,s ~,,ngens . ..
dioses'.
(. Que sea una vez más vuestra ma~ana:
Sólo vosotros sois ongen.
N'osotros ' e1a1n'mos
r
·
·
l inicio
El mundo surge con vosotros, resplandeciendo e
en todos los pliegues dt nuestro fracasar . .. )

.
Mana
,
l últimos de un fragmento de Rainer
Estos cuatro venos son os
nPllf'traci6n y de un modo
Rilke. io Raras veces se ha expresado, con mayor r--¡, Gottli,lt•m (Gottingen, 1955 &gt;• P· 21.
• Citado por K.uI. KzuNYJ en Umia•~ mleun dieux, 11 faut frapper lea dieux de
"ll ne faut point attaquer lea autra, nuua

más concleo, la esencia del mytboa y su lignir.cado para la existencia humana
A la luz de tales paJabru, evocadora, ~to de los dioses corno del mundo
que con ellos emerge, se comprende bien la e.sepda catártica de toda genuina
poesía, en cuanto ella logra hacer fulgurar los orígenes, sugiriéndonos la posibilidad ~ trasmutarlos en un nuevo comienzo. Una elegía -pues el citado
p.lS&amp;je tiene carácter elqíaco- no ea scSlo lamento sobre la fragilidad de Jo
bello y la fugacidad de la presencia divina sino, ante todo, conjuro de las
figuras que se han ido, o sea, f6nnula de CDCantamienfo por medio de la
cual el poeta fija la imagen de aqu~Uos a quienes pertenete su amor y su
veneraci6n. La efcctividad de un tal Procedimiento ''mágico" depende de la
fascinación que puedan ejercer las palabras para "atraer" a los ausentes o -en
el plano subjetivo- para hacemos \'el' que lo que ha sido es todavía, si bien
se está ocultando a los seres olvidaciims e impuros. Mnemosyne, la memoria, es la madre de las musas, y mientras el poeta recuerde de veras una teof anía ~ . le es licito vislumbrar el advenimiento de una nueva mañana
divina. Tal vez, en el futuro, una mejor comprensión del tiempo nos hará
más receptivos para la identificación de los dioses con los orlgenes, familia117.ándonos, igualmente, con el ~ento mítico del eterno retomo, ese
núcleo de la fil010fía nieasc;heana
Los versos del fragmento de Rilke que hemos citado están precedidos por
un ~je en el cual el poeta alude a repetidos advenimientos de los dioses,
idea que parece justificar la esperanza en un re-nacimiento espiritual del
mundo en el porvenir. &amp; notable la fuerza intuitiva que ha permitido a Rilke
dar a su representación de una teofanfa futura todo el sabor de una concreta
experiencia, como lo atestiguan las imágenes de estos dioses,
.. . Sclúafer in den Dingen,
die Atiter aufstelm, die sicla and den Brunnen,
die wi, vermuten, Hals und A.ntlitz wasc/aen
und dú ihr A.usgeruhtstin leicht l,inzutun
zu dem, was voU scl,tint, unserm vollen Ltben.
( ... [los diomJ durmientes en las cosas,
que se levantan risueños, para lavars, en las fuentes
que entrevemos, el cuello :Y el rostro
y que añaden, levemente, su se, reposado
a lo que parece lleno, nuestra vida llena).
l'ennemi. Mau, d'abord il faut done lea decouvrir. Leura vúitablea dieux, lea hommea
lea ~chent avec 10i.n". T•l Q.••l (París, l!HI}, p. 38.

160
161

H. 11

�Incumbe, pues, al poeta que vive en los tiempos tardíos, alejados de los
dimes; preservar el recuerdo divino, asumiendo ast el papel que Novalis le
babia asignado, el de un mldieo trascendental. La imaginación es, para Novalis, el supremo bien y la poesla la ffgenuina realidad absoluta,.. En es~
última afirmación ve el núcleo de su filosofta, condensando su tesis en la
fórmula: "cuanto más poltico, tanto md.s v,rdatlero". ¿Romanticismo? ¿Pensamiento antiplat6nico? ¿Imcionalismo? Con tales etiquetas a61o nos cerramos el acceso a la comprensión de la palabra creadora. Donde se hace patente la genialidad sobran las clasificaciones. Quien pretende ver en el poeta
nada mAs que el hijo de su Epoca -o de una corriente espiritual que la
caracteriza- no entiende ni el mensaje del poeta ni la fisonomla de su
tiempo. El alborear de la conciencia del fundamento mítico de la cultura
no es "producto" de ninguna q,oca sino anamnesis, rememoración de un saber sepultado. Las veneraciones no son una "circunstancia" del hombre como
las ideologfas entre las cuales él hace su elección para canaliur sus rebeldías
y racionalizar sus conformismos, Las veneraciones son nuestras posibilidade.s
de trascendencia y, por lo tanto, el secreto móvil de nuestra autorrealizaci6n.
Pero tal vez no siempre sabemos nosotros mismos, a ciencia cierta, qué nombre hemos de dar a nuestros dioses, y tal vez un secreto pudor nos impide
confesar nuestras veneraciones. Para protegerlas, o por avergonzarnos de ser
"entusiastas", estamos a menudo renegando de ellas, aun en los momentos
de nuestra soledad, al dialogar con la sombra de nuestro prójimo. ¿ Acaso
tmaemos al ataque del prójimo a nuestras veneraciones? ¿Es el prójimo -y
basta el más allegado a nosotros un potencial enemigo de nuestros dioses?
Paul Valéry dice, en uno de sus más penetrantes aforismos, titulado Cach,
ton dieu:

No se debe atacar a los otros sino a sus dioses.
Hay que abatir los dioses del enemigo. Pero, ante
todo, u preciso descubrirlos. A sus verdaderos
du,ses los hombres los esconden con cuidado.

162

BREVE ENSAYO SOBRE EL SER
Dr. Ausuro OAnnw.u
Univenicfad de C6rdoba (Arseutina)

I
LA, RELACIÓN ONTOLÓGICA ORIGINARIA

El estudio de indeterminación.
ff.w UNA EXPERIENCIA PRIMERA d J
tal experiencia
por la cual e) ser se hace patente. y
se pone edeyomanifi
que hay entes. y haberlo descub'
testo cuando decimos simplemente
se patentu.a e) ser. Vayamos p ier¡o es ya haber descubierto el yo en el cual
este dato inicial nos basta. Porq: si~:amente: e\ evidente que hay entes. y
entes. Algo que es dado como
. algo_ no podemos dudar es de que hay
po Ja cual
una inmediata p
.
.r .
puedo decir que hay entes
. 1 resenc1a a mi conciencia y
c1enc1a. Es decir que 1
ha
Y sm a cual no habría tampoco
1
e ser fe ce conscient
·
eones patente como dado-ahí y nada más.
e ~n rm conciencia para la cual
me lo haga dese b . s·
, o sea, sm previo. "razo
.
"
.
•
• u nr. lDlplemente, está ahí
. nanuento
que
eta, nu conciencia interior al ser I
.
. . El ser mtenor a mi concient •
• ntenor a uu c • .
se pa entiza y emerge aunque no es
. o~ctenoa en cuanto en f'lla
conciencia interior al
la conctenoa la creadora del
. la
ser en cuanto nada
al
ser,
Lu--o puedo hac
escapa
ámbito del ser
-" '
er una nueva distinc · ,
·
cia, es decir, aquello que se h hech ion: aquell~ de que tengo concienser y
ª 0 patente a nu conaenaa
· •
' por eso, que existen entes ~
es que hay
ha
· orque cuando digo
Y entes, esta evidencia es posible en cuanto ha
que es. evidente que
Lo que es. O sea que lo pnm'e
y una presencta que exist,
d •
ramente patente no es . 1
•
e nu contorno sino la interior ¡,,ese . ti, l
sunp emente los entes
o, mejor aún, la existencia de I ncu, e, •sn que hace evidentes a los entes
os entes. St nos fiJ"amos b"ten, esta patencia

º"'""'"""
·-o---

163

��aire participan del calor o, mejor aún, que están calientes o que son calientes;
también podrlamos decir que el hielo es frlo; pero esta misma afirmación ll0S
descubre que rectamente hablando debiéramos decir que el agua o el aire
tienen o están calientes y que el hielo tiene el frío, ya que los primeros no son
el calor y el segundo no es el frio. Lo tienen pero no lo son. Asimismo, los
términos mutuamente implicados e inseparables por eso mismo de la relaci6n
ontológica originaria, tienen el ser o están en el ser; por eso podemos decir
que son, siempre que tengamos presente que el acto primario por el cual se
escinde el ser en ser sujeto-ser objeto no hace más que descubrir el ser que
está en el yo y en el obiectum. Si así no fuese no podríamos ya dar un solo
paso más porque si yo no tengo el ser, no participo del ser verdaderamente,
sino que me lo he dado a mí mismo o me identifico con todo el ser; si lo primero, caigo en el absurdo de haber sido antes de ser para poder darme el
ser a nú mismo; si lo segundo, si me identifico con todo el ser, desaparece la
relaci6n sujeto-objeto absorbida completamente en el sujeto al modo del Yo
trascendental de Fichte. No queda más salida que sostener que el ser del s,r
sujeto 'Y el ser del ser objeio es ser participado. Esta afirmaci6n welve insostem"ble una actitud f ilos6fica que intente edificar una ontología a partir de una
mera y exclusiva descripción fenomenol6gica del existente humano sin la apertura a la relación ontológica oñginaria que implica, es claro, una salida f11era
del mismo existenie como tal; pues desde el momento en que surge el ser
sujeto ya se trasciende en el objeto con el que entra en relaci6n necesaria;
negar esto es, hasta cierto punto, no ser fiel a las últimas exigencias de la
descripci6n fenomenol6gica; si el ser en bruto, lo fáctico, no ei otra cosa que
el ser-ahí del propio humano existente sin posibilidad alguna para la escisi6n del pleno del ser en la relaci6n originaria, resulta imposible la salida
fuera del sujeto; en realidad, ni siquiera debiera surgir el sujeto como tal
y el existencialismo, para ser verdaderamente fiel a sí mismo, debiera perma-

de carácter tsfnntual
..
porque ad . .
. .
soy por evidencia inmediata. yqwnr conaenaa de ser equivale a abn que
observemos que yo no soy porq:e es1!'ns': puede sei: puesto en duda. Pero
por~ue soy; sin esta primera pate ,:ted q_ue soy, uno lo contrario: pienso
a IDl ser como ob'iectum. Resulta naa
así . e IDl ser no podria pensar ru. ponerlo
~ ~m? '? el idealismo, por un lado unposibl~ deducir l~ existencia del penong,nana n el acto rv
""r el c'""
··-' me conozco
, y también resulta imposible la rie'--·.i
&amp;aelun
entonces la alteridad resultaría im 'ble como ser no fu.era espiritual porq,u
en el pleno indistinto del ser en b potn L 'Y deberia quedar siempre inmerso
· absolutas. Prim
ru 0 • uego' puedo dcar
· que tengo
evi'denaas
d
.
·
era,
tengo
conciencia
d
ya 01
da,
~ sunultáneamente tengo conciencia del
e ser 'Y, por eso, del ser;
y,Sl sé que hay ser, este saber que se si e d pens~r. Además, si sé que soy
aun no me dice nada del f dame
gu e la pnmera relación ontol~
h........
un
nto de esta ·
• .
~-,
...... 50, es necesario dar una
respuesta• po 1 IDl concienaa de ser·, sm' emuna respuesta W\ no podría
·
r o pronto, y esto eqw'vaJ
' ,..._
tener la pat · d
e ya a
por el que es todo lo que es, según se d"
enaa e ser si no .--ruirti.a'para del ser
puedo encerrarme en el mmanentJsmo
.
.
antes; .entonces es claro que no
matIJO 'alis
to
en
el
cual
des-cubro
el
d
en
• .
ser escubro siJn l , ta smo que, desde cl momenmteligible: el del pensar L '
u táneamente un orden eidético
.
. uego, el orden ontoló .
o
recen simultáneamente "' en tl .
,guo Y el orden eidltico apa
.
.,,
mismo acto d
•
su propio ser. Como se ve,
"d
e aparecer tl sujeto trascund
es evi entemente
,
•
cree que entre sujeto y obieto ha
, erronea la opinión común que
· li .
J
Y un vac10 una laci6 ,
.de '":P
cación y de trascendencia porq ei' . re
n fna; la relación es
lmplica en sí mismo al objeto y al . ue . SUJeto autodescubierto como ser
~el ser trasciende el propio ser ,y lo
bempo, el acto de descubrimient~
c1a Esto equivale a adoptar una acbtud
~ yecta aun
.
. allende su propia CXJstenal de la fenomenología heid
rian
~eJ~te en el punto de partida
clausura.
egge a pero mmediatamente suna
... .i
de su
r---..ora

UU:º

necer mudo.

Conciencia dt ur 'Y orden eidético.
Sin la conciencia, es decir, sin el acto del espíritu por el cual me descubro
como ser y descubro el ser en el mismo acto, todo es como si nada; si existe
un estadio preobjetivo, en tanto aún no se ha puesto la relación ontol6gica
originaria, el ser mudo, como si nada, y nada puedo decir de él. Pero cuando
lo que hay se me hace patente, al menos el primer grado del conocer que
es la simple sensaci6n, se abre el camino del ascenso al ser y, por él, el camino
para la edificación de una ontología. Esta relaci6n ontológica originaria es

166

II
RELACIÓN ORJOINAJUA y CONTINGENCIA

Lo preobjttwo, el ser inteligible y el "resto".
La relación
0 - : : - - , como acto del esp' •
la • ontológica oriuin:ari,.
mente idea del ser; porque la o . .
.
tntu, produce simultánea.de ser oposición es implicaci6n de pos¡c16n suJeto jeto, por el hecho mismo
uno en otro y esta re)aci.6n, cuando se efcc.

167

�Pero como es natural, el ser
se ba del-cubierto el ser.
'
brir con mi capa·
t6a, ,a supone queel ser abloluto sino el ser que puedo d~ las profundidadescubierto no es
hnada. 0 .ea, que uaue
.dad infinita de conocer nunca co . ti'vo emerge una fina arista a la que
Cl
• •
• del ser en bruto o preob)C!
llamo el ser-int1ligibl1 que
des~ u e s t r a idea del ser; tal uadeslo quela naturaleza de nuestro_ espíco•• -,.• · 'amás adec O ª
b' tiVO se
predicamos de todo jwao J
1 al el pleno del ser preo Je
.
bierto en el mismo acto por e cu
tonces, esta idea de ser
ntu, descu
'eto-ser objeto. Indudablemente en
l todo del ser;
etcinde en ser SUJ d
b' rto del ser preobjetivo, no agota a
1 todo del

relativa a lo es-cu ie
• conmensurable con e
qu~ es del ser en este sentido, es realmente m esente a nuestro intelecto que
la idea ue el ~r inteligible es nada más que lo ~tino-Pnte intelecto no puede
ser porq
-"1)•
la ._,...,1,a de
1........,10 por nuestro
lo des-cubre; y lo que es V&amp;•....
Esto es lo que consti~ye
u "6"'...
•
agotar todo lo dado, el ser en total.mínima franja de la realidad y debe aban
......... inte1:-cia que capta una .
hace -ible el filosofar ya que
DU=u..
"E&gt;.....
tambiEn lo úmco que
r-•
fí
pQ&lt;lría
donar el resto, pero es
'6 rioinaria el todo del ser, la filoso iadono dice
• escubriéramos en la relaa n o.
odo Por eso, cuan se
SI d
la b•',cnueda por haberlo encon~do t 1 . -•stente debiera aclaomenzar
-i
•
obJeto e ser ...,,..
'
b'
c
la Metafísica nene por
el todo del ser; de iera
con raz6n
ser existente del que se
es es el pleno del ser sino
rane que
-de la Onto,"6... 00
•
laci6n
ue el ens communt
íritu en su misma re
aclararse q
mima franja que descubre el esp
eda decirlo todo (como
s6lo aquella -~ . . d ahí que la idea del ser no pu
.do del océatógica Ongmana, e
end mostrarnos el conten1
onto drla Lavelle) que es como pret er 11 do a otra concluS1'6n ·unporsosten
cda1 L go hemos ega
1
medio de un d
. ue '
. teligt'ble y el ser total, o, o que
no por .
nsurabilidad entre el ser m
.
tante: ~ m ~ otabilidad del ser por el espíritu.
es lo JD1sm&lt;&gt;, la mag

=

El

"I)"

bah~:

como idea.

,, es elaboración abstraelos "manua1es
del
que
hablan
· ·mtuición del
El concepto de ser
. . nto del ser . sin la previa
.
por eso posterior al descubnnue . le 1 ~ concepto alguno, no ya
tiva y,
~
. . ·a no sería posib e
la tradición
ser en la relación ongman
to ·Tiene entonces razón
,
solamente del ser, sino ningún cc:cep -~to sino idea de ser? Creo que s1,
stiniana que sostiene que no y con tracción que nos conducirla al ~nagtl
trata no de un proceso de abs
h
posible toda abstraccaón
porque se
. . :.t del ser qu~ ace
-'---". de una ,ntancwn
labo dos por la é&amp;&amp;nU
....
cepto de ser, SlilO
trabaº " con conceptos e ra
t
•
Las
ciencias
"
Jan
el
que
no
se
trata
aqu
postenor.
la • tuición del ser; aro ·
ci6n; la ontología parte de
m. solamente de la intuición del ser que es
de la intuición del absoluto Ser, nno

ser

168

Jo que adviene en Jo que he llamado relad6n ontoJ6gica originaria. Hay siempre un "plus'», un "más al1'" deJ ser mismo dCICUbierto en la intuición originaria y este ser descubierto en la relatio primera es siempre inconmensurable
con el todo del ser. Luego, si el concepto es e) ténnino de la abstracción y la
idea es el directo resultado de la intuición ( ,elatio), el ser des-cubierto no es
concepto sino idea, la 6nica idea, "matriz de todos los conceptos" (como dice
Sciacca) porque entonces solamente hay conceptos nunca el concepto de los
seres particulares y no el concepto de ser, sino la idea de) .ser. Esto nos da
razón de la pluralidad y de Ja unidad de todo lo que hay.
Intentemos seguir adelante con nuestro análisis: si la idea del ser que
corresponde a Jo descubierto de él no sacia sino que por e) contrario, apenas
indica una estrecha franja de realidad, ¿qué valor tienen los conceptos y por
Jo tanto los juicios ya que no hay juicios sin la predicaci6n del ser? Es claro
que los conceptos solamente tendrán un valor relativo, jamás absoluto y quien
procure filosofar por medio de los puros conceptos pensando que ~tos le
''niostrarán" la realidad toda, procurará algo realmente imposible y su ''filosoíia" será pseudofilosofía desplegada tn una especie de juego de conceptos
y f6rmulas vadas. EJ mismo concepto, si tenemos en cuenta lo dicho sobre la
escisión del pleno deJ ser en la relación originaria, se mueve en el plano de)
ser inteligible; apenas nos dará una imagen geométrica y clara. . . ¿ de qué?
Del ser inteligible. Pero dejará en la penumbra todo el resto situado más
allá del alcance del conocimiento conceptual, sin querer con esto invalidar el
mismo conocimiento conceptual sino determinar sus modestos limites que son
los límites de la endeble inteligencia humana. En cierto modo, podemos decir
que Jos conceptos tienen una doble faz aparentemente contradictoria: por un
lado apenas si nos dicen algo de Jo que hay (he aquí su miseria}; y, por
otro, nos ponen en e) rastro de Jo que hay por aquello mínimo que nos
muestran (he aquí su riqueza ontológica).
Si dejamos por el momento este paréntesis acerca del valor de los conceptos,
es necesario volver de nuevo a la relación ontológica originaria: cuando descubro el ser y e) pensar, ya que no hay pensar sin ser, es evidente que si hay
ser es porque hay algo que 1xist1; en realidad es esto lo que descubro: que
hay entes, o mejor: que existen entes, o que existe, el 1ss1 y lo que es. Y es
realmente absurdo decir que no hay esencia de lo que existe sino que es Ja
misma existencia Ja que se proyecta en todos )os instantes porque, entonces,
como ya se ha dicho con raz6n, Ja existencia se "esencializa"; y también resulta absurdo sostener que s6lo hay esencias porque .uf nos moveríamos en
la pura posi'bilidad, no en el orden real; una mera esencia como tal es siempre concebida de modo que en su misma razón no entra la existencia; pero
eso solamente en e) orden lógico. Y si no podemos pasar del orden lógico al

J69

�~ Mell9"" _. aille 'I •

•1 ~

nada..,..
turm haJ _,.,
L-.,, mando - • nlaci6n - .
J• •

no hay eaa:d,lismo . ~

_,_.del••

~ qnaria el• , e ~ como o ~
IAe
W ~ CD el primer acto de Ja reJadla indllJI eD á mismo Ja .,.._
cia y a aistmda ~ una tbl la .tra. Da ..SO que cuando teap
)a intuid6n de • un aer y en ella la delar, al JDIDGI de IU1leA vaga per•

•¡

dbo que ate• delcubicrto, que IIIO p

et, o; en otrM palabraa, que nada
pedda existir ai no Í\lt;ra
y que iatuyo algo poique • (de Jo amtrario
nada podrla delcubrir) ; a, ~ ol •
la rew:i6':a originaria de - - - 'f eleDCia DO COQIO ~ COIU adbmdaf exbbaler:ameo~ _sino
comtitutivaJ de lo JDilmo que clelcubro; el - - ~ DO • la -..cía
ni a la eixistencia; el aer ~ • ~ cam y. amlw I01l uoa ac&gt;la:
el aer. Pero hay mM: bemol didlo ~ que tc. llfrminns de la
, ~ originaria por la que dacubro el ,er y lo pongo~~• ..,.
el aer y que por ao poitea,,. decir que ,oa; pero DOI cuidN001 bien de no
decir ~ 1011 el ter; o aea que b táJnim1 .de Ja relama implicaclol en el

•ibierto -

- participan del -· el - clmcubMwto .., el - y nada mú. &amp;to lipiñca llaber dacubi.erto algo iaaportante: que ate aer dCICubierto en la rela·
ci6Ja originaria DO a Jwr Á 'f ai DO a por ll DO me queda IIÚII mida que _.
t11Det su '°"~ ,.&amp;111; pero, al millllo tiempo, raalta ya impolible
eneerramc» en UD oe•i......., üaoluto porque li este• delcubierto
no es por ll debean bl1lcar fwr• U II la ru6a de • millDa continpncia.
En realidad, desde el momento que tengo CCD iencla del aer eD la relaci6n
originaria, ya trllCiendo el mismo • delcubierto porque me wo obligado a
reconot1'r (en el mismo acto) que al no aer por sl (pues tiene el 1et y no
es el 1et) su ru6n de • te litúa en UD allende sl mismo. Y me sit6a en plena
trucmdrncia Veamos entonces Ju cc,m con mayor dt"tmirniento.

~~--,
.........
w,e1~.AD••.-1a._::;.~••milma~:
_=:,

el llel' y DO ~ - "w'• lal&amp;IUIIQB.J&amp; epa,:• JnPIO de Jat COIia "tena"
que • a r qqe QM' encuentro ~ l a e l aer e la eeisa. es tlors en tanto
.
en r4'-o odgi •
• yo DO 19'1 mi ••mi• e, IOWmeate lni4o
MOi, me es "cladc,,,¡ y
entraña ma,ons dificukades.
•·
que ato es evidente y no
.,,._. ~ queda . .~:_-;:-0 ~
ti mi lel' et clonado,
DO ~ a J)lltente Pl\l'O IÍ, por Jo JDerJOa.
~ t e CUf.\ enridacf misma
adviene f!O.IIIO ym-.iaeeco•
.
radka1 apertura. Y eno no me
IL!
• • de
• "f"
, ffllp' w,t,0 Ollml6gic,.... L-....:......1 L...L.
.nmapo DU lel' es ,__:..,..:___._ .
•
._,,. ca 1--uuato
L ... .1--1...
_ . . . . , . . . . . . . _ mi RI' Dll8DO• en •
UIIM: pateDtc - - el Q'JO!Qeato de Ja nlalio
• • .'
- ~ y•
estar ......, y DO puede DO NrJo
ongmana. BI hambre el este
Ali m MUist• n _,, amo tll
~ ~ Ja ~ origilaaria.
Je adviene esta apertwa "luego"
• ~ "' ,,.
A mi aer no
ES
apertura. In modo
, por
de III descubrimiento; mi •
IOluto Principio de .
alguno ~ m11nuar que el ., minno clel al,..
•
IDt - y del lel' lea- anmediatamente daa bierto •
~~ ofrecer UDI ..prueba" de IU
......1. ~ , m tampoco
uauua tratado de IDOltrar algo mucho mú , . - para~ adelante;
~tal: que nuestro ter y, por B, el ter de
pem Jlr•IIIO J fundadical al Abaoluto Ser. Nada mú.
todo lo que hay, u apertura racticabnente abierto al Aheoluto ~ que enloDcal, eate mino atar raen tal CMO toda -·•·
, ~ t a toda prueba Y a&lt;m la exige. Pero
•
,,.....,. que qtuieQ praentane
válida .

C.O

ci:

aa

=

_e-,,1?•
mtenda~

4:e

se,.

~ la relaci6n

ontol6p-a originaria en la que ~ la ~ 111 ~
IDl lel' y del lel' J III apertura aJ ámbito del M-oluto ~tmger,Ga de
Contado con la rllituióa.

m
la. AJIIOl,U'IO ftlNQIPIO

DecidiclammteJ por tratane huta cierto
vada la distancia) con la p,lici6n de :
de un encueatro interno (111expougo aqu( mi medí~
~ de1 pn,bJema de Dioe,
to
al
IObre el peDlllmento del fil6d
rno p,oblmu, th DiosJ en Nlllw. Hid Dio 2a.
o -ruua- (E,a
drid, 1951). fJ Jectm, apontúeamen~
Ju~ ~, P. 329-361, Madaarrolb que hap por mi
•
erencm y a1'les 10n io.
malentendido ...L....I
propia ClleDfa. ,. tambiáa evidente que L ... _
wutamente a Zubiri •
IUID
"prueba" de Dios y menoa a6n b
quaene, ven en III pwam.:nto una
constitutivo fonnaJ de la natura'aaqudi~ ~ que la "funcfamentalidad" es el
YJDa. La meditaclón de Zubiri' ae atúa
••

-«-•

verá

La re1aci6n originaria, acto en el cual el ser elCinde en mjeto-objeto y escisi6n que ,s ese mismo acto, D01 ha pua.t.Q en evidencia la ,MV,rl niJailitlad

"""''º

omol6gie• tÜ
s,r, dacubierto ea la awocoacimc:ia en la cual dacubro ümuldneameate el ser de todo lo que hay. Y 11G1 hace patente, al mismo
170

t11

tcrA me ft'lllite • un-Alleade •
. _ 1111&amp; ,,,., mu que, po,
• dacubiato m Ja ~ ~ ~ y el • de• enta. &amp; decir, 11Pf11tm
• Aqwllo fJII ¡,o., 1M
D01coiorauee 1!' ~ ,ü .,._

171

�..:.__..:.t.. -:.a. la
d, detde esa 111.UIIUUu, : . •
en un estrato pn!V10 a ~
una relaci6n ontol6gica ongmana
-a.... o 'le trata aqul, cvauen
,
•
la
fundamental
.t"......,._.
llamado al inicio del fi1010far) mno de mera y "
(como hemos
. el sujeto y "además las cosas,
comprobación de un hecho: no es que existaabierto las cosu"· de ahí que la
• ~' . en estarviene al hombre
ª
' si mismo y el
"sino que ser sujeto •conm
desde
existencia de un mundo extenor le ad
.
del hombre; a es
.
..-rh-•
y
esto
es
el
ser
mmno
sujeto pone su mmna ar-_,.-,
Ent
las cosas no son un "-~-.a·
llJuaul•
·
nada
serla.
onces
"con" las cosas y 11D Cl0laS
tal Asl tammm respecto de
do" sino un necmarium del ser humano como "~~-.c._,,. de
hay Dios.
•viciad de las cosas Y aulallU
'
Dios, se parte de la sustantl
dice Zubiri "la pom'bilidad filos6fica del
&amp;to es tambifu un fallo supuesto Y, • la ~ ó n humana dentro de la
n:--' consistirá en descubnr
,, Cuál
problema de .&amp;n\119
•
dicho está ,a planteada • ¿
CUal esa cuestión ha de plantearse, meJor
'
tra "implantado" en
1 hombre 1e encuen
es esta dimensi6n? Por lo pronto, e
el sentido de ser un ser que conla existencia y existe ya como persona en lado se ncuentra enviado a la
,
realizarse" y, por otro
.•
•
•
siste en 'tener que
~ ,, "esto que le IDlpone la exu. tencia o "la existencia le está en
ª y
lo cual "el hombre se
em
• Is4
'vir• esto es algo en
tencia es lo que le ampu
vt
'
ff'"co sino que es apoyo
. .
hacene,, • no es un apoyo ... ,
apoya para exutír, para
'
en la existencia; el lo que nos
el sentido "de que el lo que l)OS apoya
eda más nn111'bilidad que
en
mismos y no qu
r~
hace ser"; esta fuerza no es.~~~ de
'hay' también lo que hace que
•
. .:..1--:- de que adcwu
cosas,
·
t esta·
la misma e .
· h• porque prevuunen e,
"estamos obligados a exu....
'.
algo
baya"; y, entonces,
hace . tir". pero as{ nos vmculamos con
mos religados a lo que nos
~ ,
hace u,». de modo que eo
..51. que p,evunrunte, nos
,
•
que no es extrlmeco no ,, . '
,, enimos de., ; y así la religac16n n01
la religación no ''vamos a s~o ~u: ~ existencia humana. Esta existen~
hace patente la ''fundamentalidad. e li d en cuanto la religación zub1"
'ad " smo re ga a
no está simplemente arroJ ~
.
. . así el hombre "consiste en
• . d la misma existencia, Y
riana es constltutlva e 1aro
••.. ª; como el estar abierto a las cosas nos
ligi6 " . e
que reli
religaci6n o re
n , es
.
ue 'ha , cosas, así también el estar
•
descubre, en este su estar abierto, q re1· Y lo que constituye la raíz funda'hay' lo que 1ga,
igados
gado nos descubre que
Di
mo "aquello a que estamos rel
'te '"•estoes
osco
.
•
mental de la eXJS IlC1a ,
patente entonces, no es Daos preasa•
. en tero"., lo que nos es
-1:n&lt;1r'6
en nuestro ser
d.:-'-"''· d modo que la •""6
....1 n nos
·
Z bi · llama "ta ~'"' , e
mente sino lo que u n
, tala
1.1 constitutivamente; así Dios
'
d 'dad nos UlS
en e&amp;
abre el ámbito de la ei
y
trib to serla la fundamentalidad,
untlamentale cuyo a u
.
liga
el
f
aparece como · · ens estar ya haba'endo descu
. bierto a Dios en nuestra re •
por la cual, ~tu' es
'
• •
eso "el hombre consiste en estar
.
li d estar en Dios' por ,
ci6n; yasi estar re ga o,
. d z biri desde el comienzo qwen
. . do de Dios" · Como deda, malentien e a u
vm1en

•

prueba a

tementeT

elbs

ª

172

piense que esto •ifica una ".intuición" de la entidad misma de Dios, o que
Dios se tranaforma en aJgo subjetivo; la cosa ea anterior y mú simple: ''Lo
que de Dios haya en el hombre es tan a6Jo la religación en que somos abiertos
a ti, y en esta religación se nos patentm Dios". Esta simple patentización
que acontece en la fundamentalidad religante, cuando queremos elevarla a
concepto y darle justificaci6n ontológica, '"entonces, y 161o entonces .. , es
cuando nos vemos forzados a intentar una demostración discursiva de la existencia y de los atributos entitativos y operativos de Dios. Tal demostración
no sería jamás el descubrimiento 'primario' de Dios". O sea que Zubiri no
trata de Dios, sino del p,obkma de Dios. En este sentido, basta lo dicho para
hacer patente que "la existencia que se siente desligada es una existencia
atea, una existencia que no ha llegado al fondo de s{ misma"; tal es la suficiencia de la persona, la que, en cierto modo, "se implanta en s{ misma en su
vida, y la vida adquiere carácter absolutamente absoluto" porque se autofundamenta, lo que es propiamente, la "rebeJdfa de la vida" o "endiosamiento de la vida" que consiste no tanto en la negación de Dios sino en que
"el soberbio afirma que él es Dios"; pero esto mismo no es posible sin Dios
~ues el ateismo solamente es posible en eJ ámbito de la deidad y, entonces,
n el holbbre es religado, "su sentirse desligado es ya estar religado".
a) Claro que surge aqui, vininado desde adentro deJ pensamiento zubiriano,
una diferencia: el ser como ser abierto a lo Absoluto (de Jo que babi~ en
el párrafo anterior) depende en su mismo aparecer como tal, deJ punto de
arranque que no es otro que el autodescubrimiento por eJ cual el pleno del
eer en bruto (lo preobjetivo) se escinde en sujeto-objeto dentro del ser; o sea
que la relatio originaria toma como punto de partida la autoconciencia que
no es (como para el maestro español) "un retorno desde las cosas hacia s(
mismo" sino un descubrir las cosas en sf mismo, es decir, desde la radical patencia de mi ser en cuyo acto descubro el ser; o, como decía antes, la conciencia de ser es conciencia del ser. b) "Lo que de Dios haya en el hombre
es tan s6lo la religación en que somos abiertos a ti, y en esta religaci6n se
nos patentiza Dios", dice Zubiri; esto nos pone en evidencia que el ser deJ
hombre en cuyo autodescubrimiento se nos descubre el ser, consiste en a¡,n.
tura; fijémonos que no se trata de que el ser del hombre "se abra" al Absoluto Ser que Je hace ser; es mucho más que eso: no es el hombre ni es el ser
de todo ente el que "se abre" o "se dispone" al Ser Absoluto, sino que existir,
ser un ser, es S61 apertMra, estar abierto. En este sentido "está" el Absoluto
en este ser que soy y e:n todo ente, pero no "es" evidente; de ti no tengo ni
siquiera esta simple patenda de que habla Zubiri, sino sólo la apertura ...
e) Y si este ser que soy y el ser de todo ente (que es de "Jo que hay" diría
Zubiri) consiste en radical apertura, toda prueba parte de este hecho f unJ73

�""sibilidad ontológica
. d
1 b ne. el ser apertura es la rv
simplemente o su po '
R 1_..:,in (asunto que deJO e
tid de toda eve de toda prueba, 'Y en otro sen º! .
pertura radical sino en clausura
• 1
no cons1st1era en a
d
y
lado por ahora) i s1 e ser
.
éste que lleva al absur o: o
ed , más camino que
inmanentista, no qu ana
1 sentido de que me doy el ser o me
mismo soy el que hace que haya en e
"implanto" en el ser.

damental

O

Dios, Supremo Principio.
.
a mi conciencia no es por s~ es puesto,
Si el ser inmediatamente descubierto
t pone en la existencia sino que
•
• • 1 algo no se au O
ad ·
arroJ· ado en la existenCia ' e
11 l acto de ser puesto no le viene
·
puesto
en
e
a,
e
f
d
es puesto en ella; Y 51 es
.
d .
de otro le adviene uera e . su
. d tro· y s1 le a vtene
'
, .
no
d e sí mismo smo
e o '
d
.• :. no está en s1 mismo Sl
· a razón e exis ...
misma entidad; luego, su nusm .. ,
esta nueva relación que vamos
, ·
FiJemonos que
.
d
en algo distinto de s1 mismo. .
,.
va incluida en el mismo acto e
descubriendo también resulta ev1~en~1mda )' e hablo desde el comienzo porque
e qu
·
e
descubrimiento de l ser en 1a conciencia
r uesto en la existencia. El cammo qu
le es necesario dar la razón de su se p
'd . Si el ser descubierto no es
.
bastante conoc1
d ·
acabamos de descubnr
es ya
1
esto en la existencia le a vtene
.d te que e ser pu
, .
por sí, admitimos como ~Vl en. ues bien; si yo no soy el creador de ID1 ~
de Otro ser realmente existente' p
. .
la existencia la actualidad
.
f
en
existir y es
d
010 mi esencia no puede consis ir .
1 que descubro en el acto e
,
oda
c1a · esto es o
•·
de mi esencia y de t
otra esen '
(
l mismo) de la relación ongi. 'd con el acto es e
,
eda
autoconciencia que com~1 e.
(
descubro nada que sea por s1) qu
.
•
por
rru
mismo
Y
no
• · d e la absoluta
nana; y s1 no soy
, .
fundamento del existir,
.

°·

planteado el problema del ultim?

de ser de mí y de toda contingencia.

trascendencia, de la a~lu:rar:o~cmostración del Ser Absoluto q'.,e hace
Q ueda abierto el cammo p
. .
te que pone la esencia en la
d . d 1 s premo partlapan
que haya cosas, es ec1r, e u
t que tomo conciencia de ser un ser,
.· tencia. En efecto, desde el momen o
, 't
tablece un nexo causal
d
11
nuestro
espm
u
es
f' .
seg ún los pasos de este esarro o,
1 • nn&lt;tible retroceder inde mil
sí pues resu ta 1mr-.
entre el ser descubierto y_e ser por tro ser contingente sin detener la s:ne_ ~n
damente de un ser contingente a o d od lo que hay Supremo PrinC1p10
d , ismoy et o
,
.
un Absoluto Ser, razón e ~ ~l me es imposible formular juicio alguno ru
iluminante en tanto que sm e

e.xis

descubrir el ser.

El ateísmo, filosóf icamnite in-fundado.

Vistas así las cosas, el ateísmo resulta filos6ficamente injustificable, pues
para evitar el acceso a Dios, Principio Absoluto, hubiera sido necesario que
la relaci6n onto16gica originaria nunca hubiese tenido lugar, o, Jo que es lo
mismo, el descubrimiento del ser a mi conciencia hace ineludible el problema del supremo fundamento o razón de ser de 1a existencia, porque cuando
se escinde el pleno del ser en bruto en sujeto-objeto, ya el sujeto se trasciende
y si se trasciende reconoce que el ser ob-iectum no tiene la existencia por
sí sino por otro. De modo que el ateísmo resulta filosóficamente absurdo e
infundado; principalmente in-fundado porque, para sostenerlo, sería necesario negar la trascendencia del sujeto en el obiectum lo que equivaldría a
cerrarse absolutamente en el sujeto y, con eso, condenarse a pennanccer mudo. El ser, por el hecho mismo de aparecer, remite siempre al Absoluto Principio de si mismo; es esa misma remisión. Entonces, el descubrimiento del ser
que implica de inmediato la relaci6n sujeto-objeto, me religa desde ese momento al Absoluto Ser por el que hay todo lo que existe; y por este camino
veo que la especu1aci6n metafísica, desde su misma raíz, implica su apertura
final al orden de la religi6n. Pero sobre eso, nada más quiero decir por ahora.

IV
CONTINGENCIA, CREATIO, TIEMPO

El ser como permanente posibilidad del no-ser.
Esta remisi6n al Absoluto Principio de sí mismo en que consiste el ser del
hombre, me ha descubierto simultáneamente, según vimos, su nihilidad ontológica que es, precisamente, su radical contingencia. El ser descubierto en 1a
relaci6n originaria por la cual emergen el ser sujeto y eJ ser objeto, se mueve,
es, en la finísima arista de su cuasi nada, de su pennanente posibilidad de
no-ser porque simultáneamente descubre que este ser que soy en realidad
no lo ·soy sino que "lo tengo"; entonces se me ha hecho patente que mi ser
consiste en pennanente posi'bilidad de ser nada; no es que a mi ser ( y a todo
ser) le advenga desde fuera esta posibilidad extrema sino que precisamente
en eso, consiste mi ser; mi ser es permanente posibilidad de no-ser; si vemos

las cosas con detenimiento observaremos que todavía hay más que esto; porque este ser que soy -hemos dicho ya muchas veces- es sólo "tenido" y
174

175

�.
~ de modo erahlilo. º hay otra
si es uí es evidente que 1111 aer me
.
. ser· si "1'/ mi ser y me
posibilidad: porque o tengo el ser O IOf~ m a
mi mismo&gt; lo que
identifico con 61, en10Deel .Y causa Y
recibido dado ~Pi'®·
raulta absurdo; si teng9 _el sertkcr:=
un recipien~ que ha re&amp;o es lo que soy: ¿Quiere
le adviene el ser? aturalmente que
cibido el ser? ¿Que yo soy~~ a lo ~ - ' L - l ser enlODCeS ya aería o ten"'"mente
~ e
..1:....:-....:.L..
no, porque 11. ¡~ " un ·--r·
deque
haberlo
recibido;, luego no hay WJH,AUWU11
dria el ser previamente al acto .
ha
'piente del a· simplemente
entre recipiente Y iecibido. Es decir&gt;.~ teyy ~ porque ,no hay nada
'JO so, se, 11,ibidoa pero no hay ~ l comprebemi6n, es claro entonces
que no sea recibido. Aunque no.~ e
palabraa, lo absolutamente regue mi ~ ~ en puro
aoy, don puro y por ~' pereibido (sm reapiente alguno} , .. nos e áe es el uclao; no intento
manente posibilidad de no-ser. Fi~
qu
en el hecho evidente
aqu¡ una afirmación que no esté fmneinente ~ hay es 10lamente "tey fundamental, de que hay ser y de q~ ::mcadón o aniquilación del ser
nido". Luego, se nos hace patente que
..-nu1111Hlui posibilidad.
de ser lo recibido puro- es una r - -_ppr el solo hecho
• •ente vado. simplemente hay r,ada.
Retirado lo n:cibido (el ser) 00 hay reapi
,
te .1-te al ser·
,
posibilidad más o menos presen m::u
o se trata entonces de ~
Si la posibilidad no existiera más, sencillael mismo ser es esa posibilidad.
distinción entre el ser Y su
mente el ser no serla., no hacemos entonces
. 'daduna
posibilidad de no ser; el ser ,s esa posibili ·

de

! ;8°aoy

"~!°;.e:,:

E:t nihilo omne ens fit.
.d te en la relación originaria en la
Esta gratuidad del ser que se hace evt en . ...,._ esenciales· a) que si
ha hecho patentes vanas •
que descubro el ser, me
. .
., existe lo que hace que haya
ilidad'
d bierto en mi conaencaa no es por ..,
este ser CllCU
•
todo ser comiste ...n posib
entes que es el Ser .Abseluto¡ b). que ID1 ser yrecibido. Estas t¡m conclusiones
de no-ser; , ) qu.e todo aer ooauste _en p~ .
•
nuestro desarrollo:
"conclusiones más radacales
. en .,.-..
......:1.ili.
no&amp; Ulll,~an a
recibid • proeegwmos
eso es, conmte

porque es claro que ai el ser ts lo
~-~ porel.,_
- • ~ - ~ de 61. ¿ En qu6
·
DO-ICI' p,ovw...
--Dde
dad de no ser, este mumo
.
, el cual todo ente en cuanto ensentido? No ya en el sentido beidegenano .egun --Lrenada la nada. No· por, el cual todo ente auu
en
'
te se hace de la nada y~ segun "
., en la existencia y por otro lado, hemos
que resulta claro que a yo ltJY _puesto
mismo "tener'' la existencia me
IDOltrado en el capitulo antmor que este
necesario que
.
• de ---s
.A. ,.uel que es el Ser Absoluto Y
remite a la real existenaa
176

pone a b entet m el ser, entonces 1e hace emfftte que si hay entes (que
comisten en la misma posibilidad de no-aer) 1011 por un acto creativo de Aquel
que b pone en el aer. o hay otra posibilidad. Este ser "tenido", Jo que
hay, proriene entonce¡ de Ja nada, pero protienc por el único medio que
puede provenir: Por creación y de la nada. La nada es antecedente y de
ella surgen los enms que tienen el ser; de Ja nada emergen los entes que
consisten en pura )&gt;OIÍbilidad de volver a la nada antecedente. Entre la
pura nada y el puro ser absoluto, existen loa aeres suspendidos de un d&amp;il
hilo que puede ser "cortado" en cualquier momento. Moverse, desarroUane,
proyectane !IObre este delgadfsimo hilo, tal es Ja condición esencial de los
seres. La creatio no es ast un escándalo. Al contrario, la nihilidad ontol6gica
de loa seres me remite a ella necesariamente. Y entonces el ser des-cubierto,
además de consistir en perm&amp;nente posibilidad de no-ser, además de consistir
en lo J)Ul'amente recibido, consiste na u, creado y advengo así a la conciencia
de creatura.
Se, creado, sn tnnpo,al.
Por tanto, Aquel que pone a los entes en el ser no puede ser un simple
t&amp;mino despenonaliado como el Acto puro aristotBicx, situado inevitablemente en la línea de un naturalismo consecuente; aquí se trata necesariamente
de UD Primer Principio Personal que es el participante, el que hace ser a
todo lo que "hay", o el que pone el "es" en lo que "hay".
Retrocedamos UD poco: Lo puramente recibido que es simultáneamente
plena posibilidad de no-ser, po, eso mismo, es ,Permanente e ineliminable proyección y desarrollo. Es decir, es temporalidad. F.s claro que entonces el ser
descubierto a la conciencia en la relatio originaria, se me presente como
siendo tiempo. Y volvemos a lo mismo: no se trata de que este ser des-cubieno esté en el tiempo, o ~ inmerso en el tiempo, o existe con el tiempo; se
trata de afirmar algo más simple y más profundo: este ser des-&lt;ubierto es t~mpo él mismo; no se "distingue" el tiempo del ser (desde este punto de vista) :
el ser des-cubierto se praenta como siendo tiempo; luego, se trata más bien
de hablar del ,., temporal que somos y que es todo Jo que hay a excepción
de Aquel que es por sf y no se pro-yecta ni desarrolla; por tanto, ser poli.
bilidad de no-ser, ser lo puramente recibido, • creado, implica ser tiempo;
que es lo mismo que decir que ser tiempo implica ser creado, recibido, contingente. No porque el ser descubierto sea todas estas determinaciones yux.
tapuestas. ES constitutivamente todo eso.

EJ •

temporal, el tiempo, supone entonces la nada antecedente y si Ja

177

H. 12

�•
que•
•
en ue hubo ter que es lo nusmo
1
·
+i..nnn ,s de.de el mstante
q
el
....
,s tilmpo. y 11
NU-pone, e - - r ha tiempo porque
ha .:-po de.de que Y
•~-) .J_.J_ el momento
decir que Y
UC1UC
hubo ter ( este ser des-cubierto en la ~te debi&amp;amoa hablar de aer
de la creatio, hubo tiempo ya que,
Diol) loa términos "ser" y
ral 'endo inseparables (por
JO
tempo 11
•
simu}wieamente
con el ser·, hubo ser .cuanel
"tiempo". Luego, hubo tiempo serta del todo exacto decir que se hilo
do hubo tiempo; o sea que no
'enda el "con" como lo entendía San
salvo que se enti
el .
mundo con tiempo,
. ul
·dad absoluta.
Agustín en el sentido de lllll tanei
--L

l,lg&amp;I

•

•

•

' ' ". . ."

:::m;

S tiempo eternidad.
er,
'
.
es constitutivo del
•
con
la
creación;
el
tiempo
da ue
El ·
entonces conuenza
da más cerca de la na q
.
mixtura de ser Y de arista
na ' de la mera post"b'lidad de
mismouempo
ser contingente,
1
d 1 ser desarrollándose siempre en la fielma ·enzo del ser creado; de modo
e
,
•
miell7.0 que es conu
.
como vereno-ser. Ha terudo un co
read y por lo tanto del bempo,
.,
que no hay un "antes~' del ser e ''do ués". El tiempo no tiene un ''antes
mos que no hay propwnente un esp al) s6lo hay El que no se proyec~
del tiempo (del ser tempor
, ·
es decir,
porque fuera
.
. . t El que Es por s1 nusmo,
. se desarrolla, el inmóvil y pamapan e, "tiene" el ser sino que es su ser,
m
temidad. El Ser eterno que no
ibilidad de no-ser porque es
la pura e
. . distancia de la pura poll
.
esanne así
que se sitúa a infimta
"antes" (si se me pernute expr
El Necesario y Eterno. ~ t_a,nto, . decuado) del tiempo (del ser tempo,
'dad del lenguaJe siempre ma
Presencia pura. Pero esto
por neces1
.
d . es el Instante, o 1a
la conral) es la eterrudad, es ear,
. . El tiempo se hace patente ~.
.
tras
consecuenaas
·
tndimeDS10implica entonces o
.runediatamente se muestra como
f
)
.
d
bre
el
ser
e
1
.
(
do
presente,
uturo
cienaa que es-cu
ll de instantes sucesivos pasa '
• •
1
nal· es decir, como desarro o
"6 alguna \'CZ no hubo pasado; e UlS'
· hubo creaci n,
· de un
Pero es evidente que si
ue es el primero; luego, a partir .
tante primero no tiene pasado porq
to puro futuro-presente, conuenza
·
pasad
puro
pro-yec
.
instante sin
o, el tiempo nene
. , sus ms
. tantes no "conti" nuos" '
pnmer
1 desarrollo del tiempo; pero
.
• tentes. esto se me hace pae
.
_,vos
y
no-coexis
'
. o-ob'Jeto
. no "10ldados", smo suc.-el ser en bruto se escinde
en suJet
es decir,
U
tente deade el momento en que
mciente la duración, el desarro o
hace simultáneamente co
.
vienen siemdentro del ser Yse
asl los tres instantes del bempo
que
. . e1
del ser temporal; aparecen
rdadero instante por obra de la memona.
"-.J cine" a un solo Y ve
.
~ t e que ~
pre a n::uu
ta el uempo: como r·--ás
.
b---=L1e.
porque por m
presente. As1 es como se me presen
la vez como mapre
CIWUI ,
curre (si puede decirse) Y ª

178

que redujae el puado y el futuro con el afán~ captar el instante J)l'Clente,
jamás esta reducción deJ pasado y del futuro llegaría a Ja determinación del
pmente; en realidad, si se lograra "aislar" el presente, ya no sería un ins.
tante (presente) del tiempoJ pues es inconcebible un momento del tiempo
como momento inmóvil Si ahora vemos las cosas desde un punto de vista
absoluto, parece que el tiempo no es otra cosa que el mismo desarrollo dt
loe instantes que la memoria enlaza en el presente de mi conciencia; pero,
a la vez, los instantes denominados ''pasado" y "futuro", no son pro)&gt;Wllente
pasados y futuros si los consideramos desde eJ punto de vista de Aquel que
pone a las cosas en el ser. Porque así, los instantes (según Jo he desarrollado
en otras dos obras aunque en diversa direcc:i6n) son siempre "presentes" que
se despliegan en el "ámbito" de la eternidad. Con esto no quiero decir que
la eternidad simplemente esté "antes" y "después" del tiempo, o que la
eternidad es la misma prolongación de la línea del tiempo; nada de eso: la
eternidad infinitamente trasciende al tiempo, pero eJ tiempo necearlamente
existe en su ámbito; más aún: los instantes del tiempo se "contienen" o
"comprenden" en la eternidad. Esto debe ser bien entendido: el instante
presente a mi conciencia es, según dijimos, inespacial, inaprehensible, por más
que redujéramos pasado y futuro; en rigor, es incaptable. Si Jo fuera (captable) , ya no sería tiempo. Sin embargo, el instante presente se comporta
como cierta "ranura" que rpe pone en el rastro de la eternidad. Si vemos así
las cosas, entonces los instantes del tiempo se comportan siempre como "momentos" de la eternidad o, si se quitre, como 'puntos" en los cuales se
reata.a la participación del Ser y del ser creado. Esta "línea" de inserción
es la implicación de eternidad y tiempo; en los instantes del tiempo (siempre
presente) se inserta la eternidad; de modo que no hay tiempo sin eternidad.
La eternidad es la misma posibilidad ontológica del tiempo y su último fundamento; el presente me pone no ante la eternidad, sino ante la evidencia de
su existencia, sin la cual, no habría tiempo, ni ser creado, es decir, tampoco
Ja primera patencia del ser des-cubierto en la relación originaria habría tenido lugar. El tiempo implica la eternidad. Aunque decir esto no significa
que la eternidad y el tiempo sean conmensurables. El tiempo no se separa de
la eternidad, pero la eternidad Je es inconmensurable. Empero, el instante
posibilita la única trascendencia real; la trascendencia hacia arriba, hacia
fuera del tiempo, po, el presente. Porque no hay verdadera "trascendencia"
en el mero pro-yectane del existente hacia adelante, horizontalmente por as(
decir (pseudo trascendencia pues el término está así impropiamente utilizado);
emplear en ese sentido la palabra "trascendencia" es conferirle un sentido
equívoco.
Si el tiempo es la tenue línea en la cual se inserta la eternidad en Jo

179

�determina la participación misma,
es evidente que no andamos errados si decimos que el tiempo es la pani&amp;i,aeión móvil de la eternidad. Naturalmente que no hablo (estoy a infinita

creado (es la imerci6n misma)

y la linea

distancia) del tiempo cósmico y naturalístico que no interesa aqu1 directamente, sino del tiempo metafüico. Aún más: este ser arrojado, lo puramente
recibido, lo gratuito, pura posibilidad de no-ser, ser creado en fin, temporal,
implica en cada instante suyo, al Instante Absoluto de la eternidad. El punto
de inserción de la eternidad en el tiempo, es entonces el mismo en el cual
1e constituye el ser contingente, escala por la que logro descubrir la existencia del Ser Absoluto. Además, téngase presente que cuando decimos "inserci6n de la eternidad 'en' el tiempo", lo decimos asi por una necesidad de
expresamos de alguna manera; pero debe tenerse presente que no se trata
de concebir el "en" (en el tiempo) como si el tiempo fuese un recipiente
''previo" a la inserción; el tiempo es esa misma participación y nada ow;
es esta mltem puntual en que consiste el ser creado.

ximo ins~te (presente futuro) hacia el cual Ja
. .
Prospecd~; de modo que existiría asl un
~ieoaa eziste en perenne,
de atracción de Ja conciencia en la
P~muuo del futuro como foco
que se descubre el delgado hilo de Jaque
se
particimide. el tiempo•, es d-:..
- , en Ja
en los instantes sucesivos O
pación de la presencia -L.--J
•
9Ca, desde el
e&amp;anu uta
!":11 bruto"se escinde en sujeto-objeto por el
~ 'l!:e el pleno deJ ser
aparece el ser pero el ·
extrañamiento de mi con"_.,_.¡,.
• el
,
nusmo aparecer del
.
-·--,
mt ecto, polarira a Ja t talidad
. ser a la mnwliata •.:.:.e_ del
.
o
de la existen . h
'
"a&amp;UIJ
pectivo. Entonces et tiempo
cia umana en sentido p-.
'
no es una "
"alºda
•..,...
meJante y se encuentra a infº1ruta
. distancia
.
espac1
J d disociada" o .. ,_
d
.
~o
se1
J6gi
co: "El tiempo, si no es ·
si
~. ti~po meramente cosmoel ser a mi intelecto pero unagenel. no parue1paci6n originaria des-cub
.
'
,en
mwno to
re
mscguridad entre el abismo de la nada ac , me hace patente mi radical
· que es constante "oscilación" Y el, .otro abºwno de la eternidad,
eq uillb no
ser y nada, delgadísimo hil
metaf1SJca. Tal es el ser descubi
•
la "-~=•--!
o en el que se p~..
. en el vértigo
erto.
Vil\..lü&amp;UÓn".
--, .... .,,., Y existe,
de

::x»~to

Intuición del presente 'Y oscilación nutafísi&amp;a.
Luego, este ser que descubro desde el momento en que se constituye la
relación originaria, se me presenta ya no sólo como "tenido", como radicalmente contingente como temporalidad, sino lugar de injerto de la eternidad,
en fm, como siendo una mixtura de nada y de ser en cuyo delgado filo va
participándose la eterna Presencia. Perenne posibilidad de ser nada, es simultáneamente, perenne presencia de la eternidad. Y cuando la intuición
( cont14itu.s) del instante presente, del único instante en que esta presencia del
ser se da, instante que es, constitutivamente, participación de la eternidad.
Presente del presente, es decir, actual visión de lo que es presente a mi conciencia. No es posible otra cosa. Porque lo que aún no es, es decir, el futuro,
para que sea, debe ser presente, es decir, este instante que puedo intuir en
un inapreheDS1ole momento; de ahí que, cuando hablo de futuro, ''pongo"
el futuro en el presente, presente del futuro, es decir, "convierto" al futuro
al presente de mi conciencia donde descubro el ser. Lo mismo si hablo del
pasado: El pasado se hace presente, se "convierte" al presente de mi conciencia, presente del pasado o presencia del pasado. Ast, el tiempo se conexiona, se despliega y desarrolla en tres presentes, especies del absoluto
presente; aún hay más: la conciencia, es verdad, convierte al pasado y al
futuro al instante presente, lugar del injerto entre eternidad y tiempo; pero
el pasado es ya pasado y la conciencia, desde el instante en el cual se produce el contuitw del instante presente, ya, en cierto modo, "está" en el pro-

180

V
Dw.:ÉC'ncA

DESCENDENTE

La"vue¡,,
ta al proto-ser.
Aún podemos ahondar en un sentido
~o que el acto de descubnnJ'e:car consecuencias en otro. Si hemdisttnto del ser preobjetivo
ue
to del ser me arranca del pleno
~~u~e el luJ~ del ser) : e1
~ deve~o (por la YÓf/f1~ que
inteligible se ocultará
teligible, 51empre más aUá del
un resto de cuya
.
ser
no es captable por ninguna forma
prescn~. tengo conciencia pero que
que esta realidad oculta Iarosc
de conocuruento conceptual. D.irf
' c
ura, escapa toda
amas
veremos escapa también a todos los mediosa
con~ptuali:mci6n y, como
aun por caminos no-racionales p
que han mtentado los filósofos
recomponer eJ camino reco "d ara captarlo. En efecto, si ahora intentamos
desd
.
moperoalain
d.
~ la previa indistinción del ser en bru versa, es. ~• progresu, no
contingente inteligencia (luJ~ del
_to al descubnnuento del ser a mi
volver hacia el fundamento o hacia selr), smo desde este ser ya des-cubierto
e resto que de·
.
~par, el resultado no será ya tan claro
. Jamos necesanamente es-

~~

se;: .

S1 este ser inteligible no es el T d

. , pero nos deJará laludables enseñanzas.
o o smo la fina arista que del todo podem~
181

�wr ctm. claridad, este 11U11110 todo subyacente permanece má al1i de nuestro
alcance; no es que 101tengamos que una coaa es el ser descubierto en la relaci6n originaria y otra cosa distinta sea el todo o ser-total; lo que decimos
es que el 1er de1CUbierto es una deJgadísima irlsta del ser-total; o, si se
quiere, lo que de si mismo nos deja entrever el ser-total despu&amp; de la escili6n de sí mismo en sujeto-objeto. Naturalmente que la vla de los conceptos
no nos aervirá de mucho si intentamOI acercamos a él; y si logramos descubrir un camino, desde este momento debemos afirmar que siempre sera
insuficiente de acuerdo a lo que he dicho antes sobre la inconmensurabilidad
del ser con el esplritu o en otras palabras, la inagotabilidad del ser en todos
101 sentidos. P.a cierto que plffl:C que en la experiencia común logramos
cierto conocimiento concreto de aquellas personas con las cuales convivimos
y que supera en riqueza, en contenido, al conocimiento de los puros y universales conceptol; un conocimiento en cierta manera tram-16gico, no anti16gico ti se permite la expresión, sino situado en un allende las formas rlgidas de la lógica. En este sentido, no parece contradictorio ni il6gico admitir
la existencia de un conocimiento por con-vivencia con el otro; claro que este
conocimiento es hasta cierto punto intransferible desde el ·momento que
depende de una experiencia tan personal, por otra parte nunca agotada y
siempre renovada; pero el hecho queda en pie. Existe un conocimiento por
con-vivencia que, si bien ya no participa de la universalidad y comunicabilidad absolutas de lo conceptual, me pone en contacto con un mundo claroscuro
o me permite sumergirme hasta cierto punto en el secreto ser del ..otro,,.
Entonces, para el filósofo que tiene el hábito de la constante y nunca abandonada visualiz.aci6n progresiva del ser, no resulta dificil reconocer que más
allá del ser inteligible logrado luego de la relación ontológica originaria, es
posible, por esta aecreta pero concreta y palpitante con-l'ivencia con el ser,
ver como en penumbras e irse enriqueciendo con ello, un más allá del ser
inteligible, penetrar en aquel resto incaptable siempre por el concepto; reitero que esta con-vivencia con el ser valdrá 10lamente para el filóeofo, pero
esto no invalida lo que quiero poner de manifiesto y que no es otra cosa que
esta manifestación plena del ser total, más allá del ser mismo descubierto.

Retroceso 1 descenso.
Demos a esto otra forma; a pesar de alguna repetición, volvamos sobre
nuestros pasos: Se trata de la patencia de que más allá del ser inteligible
hay un ''plus., inagotable con el que intento coincidir en este descenso hacia
las profundidades; en este sentido, el Ser-total se comporta como sin fondo,
182

es un
,.,_ esto no es necesario U
• verdadero a-himno. -,n
la
•.
IOIUaDa en el sentido de que los
egar a posici6n bergúmbolos o puntos de t.:..conceptos quedarian reducidos a mer01
.. que me colocarfan
d
•
1os conceptos entonces.,,..,serian
si
•
• no entro smo fuera del !le!';
bles para el con • .
empre insufiaentes y absolutamente ·
,
ocmuento filosófico• no " - msen,¡.
blemente verdadero que el inconm ,
an;g""":'os a tanto; pero es indudaa la total captación por el co
ensurablle quid de cada cosa huye siempre
venali7.abl l
ncepto, e que apenas "abstrae" d
e; uego, por una verdad
"vu
e ella lo uninoce únicamente (es el caso del era_ . elta" a la cosa conoce, pero cocieptos derivados de la idea de serr:;;:aento ~ntíf":° que se vale de con.
universalizar. Sin embargo este co . . o que SJgue Siendo lo que es posible
ºgnifi
,
Doeuniento es real válid
11
1car es que es inagotable. misérrimo
.
Y
o. Lo que deseo
Todo del ser con el que tendría
' mínimo, en comparación con el
ÍmJJOSl'ble) pero único modo absol:e ~ en plena "coincidencia,, (cosa
absolutamente simple. Sin embargo es de ..
~e dentro,, el Todo del ser,
descendente) en el proto-ser . ib~ posib e cierta penetración (dial«tica
~te i~table y que depen~el ~ : conceptos, pene~ón natural,
o~dad e ingenuidad del f i l ~ C personal compronuso Ydecisión,
llOCJonaJ de este hombre en parti ~ uando más allá del conocimiento
de Jo que de ~I puedo ~
(que es en definitiva conocimient
sim-patía
.,_l le
) , por una a veces •~.
. o
.
con e ,
conmco más profundam
.... 5.. convivencia y
nucnto de él es intransfen'blemente mfo peroeninfite, .es claro que mi conocico..,.,.:
...:ento nOCJonaJ
•
,
m1tamente más neo
· que el
---...&amp;U
• IDJ'entras
·
,
'
que
el
con
·
·
11hía, en cierto modo "desde f
,.
ocuruento conceptualizante se
· ·
·
· con él J
conocmuento
"desde
d'
,, . uera ' por la con-vivencaa
.
entro
mterno
d
• cid .
caa personal . , .
,
, e coan encia con él E ta ogro . un
nqwsuna en contenido
·
· s expenentransportado al interior del otro me ~ : ~ ? l ~ en conceptos me ha
él es y que tiene de absolutamen' te , .
o comad1r con él, con esto que
.
uruco y por
d •
mo, en esta dialéctica que va "hacia
, ,,
eso, e mexpresable. Asimismás abajo y más allá del
d
~tras y "hacia abajo" (descendente)
hace
ser es-cubierto en la lació
. .
'
patente la presencia del Ser total
re
n ongmaria, se me
'bl
•
•
como
un
a-b
·
En
posa e aerta penetraci6n s6I has .
ISIDO.
este a-bisrno es
zar la personal e intranst: 'b;
ta _etert~ punto, hasta donde logra alean.
en e con-vivencia con el ser érmino .
terminable como por una línea) de la dial' .
, t
(Jamás deen la escisión del pleno de Jo puramen fá ~tlca descendente que comienza
~ del ser inteligible (donde dese: ctico, se baña luego en las claras
eidético) y termina por hundine
re el orden onto16gico y el orden
proto-!lel'.
en las claroscuraa aguas del a-bismo del

'vr

183

�Des-cubrimos asi el ser, pero el hecho mismo del descubrimiento, el minno

Que nada se sabe.

.
) Partimos de lo dado,
del
triple consecuencia: 4
• d
ual uando tomo concienoa e ser,
'
b to· b) el c
e
.
pleno indistinto del ser.en ru , . do de ~ mismo el ser descubierto o mse escinde en sujeto-obJeto, em~~.
la presencia del ser-total
ser mteligible reconozco
él
el .
teligible y e) en nusmo
claroscura con-vivencia con ·
al que solamente puedo
término de toda ontología, desTodo esto nos pone de
.
q arduo más düícil, aún no sabemos
'
ntraremos plena razón al
Pués de haber recorrido el caDUDO más
·
nada sabemos Y enco
·
d
casi nada por no ecll' que
efecto el ser descubierto
, f
rtugués Porque, en
,
•
quod nihil scitur del filoso O po
·
nciencia de la presencia de1
. . •
nos hace tomar co
dad
en la relación onginana que
·na entidad su poque , y
mismo nos revela su me7.qw
'
lu o
ser-total, por eso
d renacerá con más ardor y, eg
nuestra sed de filósofos apenas ap~a a,
n mayor imperio y' cuando
. •=---=, de1 ser' volvera a renacer
co
sed d
de una visuaiuAYon
.
. con el ser la
e verrsonal con-vivencia
'
d
descubrimos el, secreto e una pe
d
· nn!t.ible adecuación entre
ún intentan o una im,--á
dad o sea de ser, ser mayor a .
.
I ndable océano el del ser que,
'
1 ual estoy 1DSCnpto. nso
.
pob
mi yo y el ser en e c
. e nos vuelve patente nuestra radical
_reza
cuando se ha hecho conscient ' .
dical humildad en el filosofar. Si las
que exige del filósofo una también ra .
dejáramos encandilar por la
cosas fueran siempre como d~ben
originaria. el filósofo, como
débil lucecita del ser des-cubierto en
el santo, seria e1 más humilde de los hombres.
Luego tenemos ya una

ac~:~e::e~

ser,: :laci™:n
VI

acto, me pone ante el orden ontoJ6gico y ante el orden eidético; porque, en
efecto, el sujeto, en el acto de la autoconsciencla (conciencia de ser) se Iras,

ciende en el objeto; el sujeto es siempre trascendencia de sí mismo; el acto
de conciencia de ser, para que sea, es acto espiritual pues si permaneciera
en clausura materialista, jamás saldria de si mismo, la alteridad sería imposible y si la alteridad fuese imposible no sería posible filosofar. Sólo silencio
mudo. Luego, el acto de autoconsciencia, que es eminentemente intelectual,
es lo primero: Tu qui vis te nosse, seis esse teJ ~cio. Unde Seis? -Nescio;
no sé como sé que existo, porque este primer acto de saber que soy es anterior a todo otro; no sé de dónde lo sé; simplemente sé que lo sé; tengo la
autoconsciencia; sí que existo; pero es evidente que si sé que existo, el saber, en este caso el entender que soy, supone e implica aquello de lo cual tengo conciencia: el ser. San Agwtín descubrió que el mismo entender (acto
primero, autoconsciencia de ser, conciencia del ser) implica no solamente el
"existir'' sino el "vivir"; porque, evidentemente, el acto de conciencia es
acto de vida que no tiene lugar sin el vivir y el existir. Pero aqu( las cosas se
presentan distintas: En efecto, se trata ahora de una dialéctica no descendente sino ascendente por un camino de implicancia mutua y hacia am'ba.
La autoconsciencia por la cual aparece la dualidad sujeto-objeto (dentro del
ser) es acto de vida y supone el existir; pero no se trata, por cierto, de una
marcha progresiva, es decir, de varios descubrimientos sucesivos; es en el
mismo acto primario en el que se me hace patente todo lo que este primer
acto implica; no hay tres sucesivos actos, uno de autoconsciencia, otro del
vivir y otro respecto del existir. Hay un solo acto en el cual se implican los
otros grados del ser des-cubierto.
Implicación y recapitulación metafísicas.

DIAJ.ÉcrtCA ASCENDENTE

Autoconsciencia y grados del se.¡.

...,,.. Se ha dicho que hay un estadio
nuestros p.....,...
·
espíritu. a esta presencia
.
brimiento del ser por e1
'
.
•
anterior, previo, al descu
revia a la dualidad su1eto-obJeto,
muda le hemos llamado ser en bruto, .P . del ser acto en el cual el ser
do tomo conaencia
'
ad
dualidad que aparece cuan
, vimos el primer mismo acto, •

Nuevamente volvamos

50bre

se escinde; pero. ~rvcm:r q~

=

:1

que
yo implica un estadio ~reviene a la conciencia de
.
salirse con la intervención del su1eto.
objetivo del que solamente puede
184

Pero tampoco hay un descender desde el entender al existir; al contrario,
se trata de una recapitulaci6n de todo el ser des-cubierto. Primero, el acto
de conciencia de ser (y del ser) y en él (siendo él mismo) el del vivir y el
existir y aquel "plus" inconmensurable; pero intentar una penetración en el
"plus" inconmensurable (proto-ser) seria intentar un descenso hacia las insondables profundidades del ser en las que puedo lograr cierta coincidencia
(siempre insuficiente) por con-vivencia con él. Pero aquí no se trata ya de
esta dialéctica descendente, sino de la dialéctica ascendente que tiene el mismo punto de partida pero diversa dirección. El existir y el vivir se implican
en el acto de autoconsciencia (entender) y este mismo acto de autocons.
185

�••W.-

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• • • ,. iemieieit pt, • ··•-•1••-·· radilll 11i1r1Wed
n , - - cp . .
; U -• e_ . . . . . . .que • .Z ~•
comtilP¡IQWlneote ftlll, • .ll • :oElo'
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4,,u el hambre - -

. .¡)¡t;. .&amp;IIÑ~ . . - . • .,. • -

• m6I rica naliiad oato16jca pmque • .
• . 4P_ ) y delde :ella pcxie,,
+ed. -. {- la __. ¡-6a cmtol6p:a o.c11111~_.:...,.......1_ el••

hacene OIIO, mane un _,,,.,,., e&amp;teaiot O mnfio y IClbre todo, UD aputane pcinien..lo al fnmte aqQello de que me aparto,• _ . , . en el tenticlo
del mUmo ,e en IU • otro o ajeno. lntence,, • e,idmte que el deacabtimimto del ,.,. Ífllrfffufnil,'4 hace apncer la eonciencla de a( o autoeon,.,
ámela , que eata ~ por ledo, supone aquello de que ea con,.

.... .,.........

...................

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• -'-

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el• Oomo•-..--.rrn,.

el hombn, T•..,-- IIUIIV
'
- _ . . , hasta el Ser Ablaluto. ~ - --'- 4-..ftw4 ""'""' "' ......
..:.-1• ..:A. fÜ INO M ,, .,.._, ,,.. ......
,_.J_ .l-1
B • .u rua,---..
lo paúundo y CIICUl'O del Tuuu 'UQ
ltdo In. Si pretende luep bucear ~ de __.,, iiao una pendH!Ple de
..., ,_ por deJinte~
fin.
clmce,wn de la que
..,.-

- - ,-...,

T.-

w

~:=:i
Vil

AUTOOOKIC'JBMCL\ y u, MJl6N ClOM BI. TÚ

CmúÍlnt:Íd ,1¡

Á -,

eontilada 4,l 14.

• ) es decir 8 _. pclibDita mi propia
Ye R que 111'1 (es el punto d e - ~ '
~ ,o porque el • precede
coocimda de aer o, lo que es igual. . que ~-v . - ... ftdo (como c1irfa
ha _ . . sin iér porque no ua, r - .
al pensar; no Y . r .
. b el ser. Chao que esto reqUllft
Boecio) ; el pensar
en si ~ - indistinto a lo F•objmvo y
algunal preciíiones: Pramero, le
en el instante que tengo
aer tl,s-euhierlo al lel" que ae ha hecho-~-- perspectivas porque si
• •
Pues bien, esto ¡um; n...,,.._
Cl)DClel)r-la de un yo.-...:.1. de todo nuestro ID,r,m
-·•ta que el vn
DO
_ P:11\U
,le retoma al punto de i - a rimario· dmw estará decir que
es deducido de nada Y es lo
alguno que el punto
afinnar que lo primitivo el el yo-~ 1181" : ha dicbe ya que lo primero
de partida sea ablolutamente aubjetiVO pues Q, todo Jo que hay; el dato
que me es patente es este • ~ 111'1 Y, con implica el sum ea dado ob'iwi-.n terta el Sum., "Iº eogtto; Y el .,,, jetoque •
l'tP her·-__ .JI_ m1Mtn por el IU nmmo,• por otra ....
r--&gt;
jetivamente, DO ~ , no r - .. sólo
en elle momento de
.J::.1.- que el IUjeto en tanto que sujeto
aparec:e
.-:...1.
lllOI uu.1111
el que el ser en bruto 1e ~
la intuici6n del .sum que ea el momento en
eles-cubrimiento
ahondar en esta afumaci6n de que el
•
Bueno, ~ ~drJcubrimiento o emeni6n de la existmcia. Pen&gt; quiero
del JUflt IDlp
• d
tido por ahora. En efecto, cuando
bacaio nameate en un decerannaJ&gt; ren

*'?'

abllol~~.!, . .

186

..a.lo; .... abo otm ajeao
a lo ._ ._, .,.,. 4e ll llüllDO- e indato 1a,,m. de 111 . . _ ti paoe a
" lllimlo cama objem; par .,, fiJodar ~ • ua, primw ..,......_
- . . . . -,Jedad C' eMwfiemiento . . . . lo qui' .......... ha,; •

ciencia, d111191, pero a la vez que supone fllto ffn,ziea la entecacia del ~ .
del otro ,.,,, O del otro ,0 y, COll B, del 1H110lro1 hnnedvatamente prteellte a
)a conciencia de sf; Jk)lque cuando digo "Soy )'O el que acá etcrihiendd',
ea Mdente que con esto lignifico limuldneamente que no es otro quien escribe lino 'Jli múmo; entonces le hace patente que cuando mtuyo mi )'O, cuando
clelCúlim que l"'J (•go swm) y que porque .,, ¡,inaso (n,o eogilo} 1fs:ubro
lllllbi6n la edstee-ia del otro y de b otl'CI ,o; en otras palabras, aer yo, la
amocomciencia, implica el 1er del otro ,yo: la conciencia de sf implica la
crwiencia del otro hasta el punto que tanto mái poeibJe nos m el conocimiento del otn&gt; cuanto más prog.e.e en IUCeSMll actoe el teto primen, de la

autocomriencia.

Una 4obl, lrasendnuia.
Ali como al principio, 1e habJ6 de una tnucendencia del sujeto en el objeto
cuando 1e establece la relación ontológica originaria, ahora hablamos de una
trucendencia del ,yo al t4 descubierto en el mismo acto de autoconscienc:ia.
Porque no es lo MUmo decir (aunque la raíz aea la misma) que nu tradendo
en el objeto, hacia Jo que existe, que decir que me trasciendo hacia el fd;
no es lo mismo el ob-iemm que el tai. En efecto, al filoeofar, al hacerme cargo
de que hay entm y entrar en relad6n c:oposcltiva con eRos, justamente por.
que me hago extraño a elb, estce entes, aunque entre ellos me encuentre
,o mismo (como objeto), siempre 1e camportarán para mi t.o111o Jo que ton:
como objdos y el sujeto, el )'O autommcieute, pennanecerá tiempre en atado
de extrafiamiento, siendo alünum respecto del todo aunque aimultineamente
inscripto en el tedo. La scJledad DO haJri litio superada lino que, por el contrario, esta 11&gt;Jedad del filÓIDÍO pu.- frente a Jo que ~ como ob-iectum,
se had cada vez mú puente. &amp;to es lo que Berdiaeff llama el mundo objetivado que es el mundo del 110-,,0 y IObre lo que vale la pena niflmonar

187

�nuevamente (como es mi intención). Entonces, la 1C&gt;ledad únicamente puede
ser superada por UD otro que no sea precisamente objeto sino por UD otro
suj6to1 es decir, por otro yo que es el tú. Por lo tanto a partir de la relaci6n
ontol6gica originaria, la actividad del sujeto autoconsciente se polariza en dos
sentidos: hacia el mundo de lo absolutamente objetivo frente al que se encuentra en estado de extrañamiento, de M&gt;ledad, y hacia el mundo del tú
(sujeto, no-objeto), o sea, hacia el mundo de lo no-objetivado. Pero esta
segunda instancia es simultánea con la que he descrito antes. Por eso, las
filosof1as que niegan toda trascendencia al mundo del tú, deben cerrarse en
una absoluta clausura o deben edificar una pobre filosofía para la cual el
mundo es un conjunto de objetos sin otro sentido que el muy relativo de las
leyes naturales (como es el caso de las filosofías naturalista.,) . Una filosofía
que sea fiel al análisis del mismo inicio del filosofar, debe postular una apertura trascendental hacia el tú cuya presencia está ya dada en ,l mismo acto
de la autoconsciencia. Y en esta afirmación está ya puesta la base para la
edifü:aci6n no s61o de una ontología sino de una antropología filosófica. Por
ahora bástame dejar bien determinado que la soledad es rota por esa esencial y trascendental apertura del yo al tú. Esto mismo implica: 1o.) El descubrimiento del yo, del sum1 2o.) el del ob-iectum frente al cual está solo el
sujeto y, 3o.) el del tú solicitado desde su misma raíz por el )'O autoconsciente.
Por tanto, b.Jy UD movimiento de doble trascendencia: hacia el objeto y hacia
el tú. Soledad y no-soledad, miseria y plenitud, extrañamiento y unión, alineación e identificación, todo imbricado en la primera instancia del filosofar.

que el ser descubierto en la relación o . . .
.
no tiene
.t
•
ngmana se trasciende en el mismo acto
,---,en ai nusmo su razón de
.
existencia del Absoluto pri.....: . d I
ser Y, por ese cmnmo, se indica la
º"""p10 e ser que es Di09
al
.
comporta como eJ Tú supremo
da
person , así, D1os se
que
razón de ser de mi t d ·
mental a fundirme con el tú próximo y od
.
en enaa funda.
primero de la relación ontológica ori~~ o lo dicho está presente en el acto
nnm.,..

La tenderuia a la transfusión.

Claro es que puedo considerar al tú como UD simple objeto de conocimiento y desde ese instante ya no es más tú sino objeto, ya no es posible
una comunión con él ( ni cowunicación esencial), ya se ha alejado de mi
infinitamente y vuelvo a mi soledad y a la fría trascendencia hacia el objeto
como objeto; hablo de soledad no de desolación pues la desolación adviene
cuando hay un "rechazo" del otro; el tú entonces es otro )'O y hacia él queda
abierta mi tendencia fundamental nacida en el instante en que el sum aparece
a mi conciencia; y esta tendencia fundamental trans-fundinne en el tú,
único medio de no quedar en soledad, de no ser ya absolutamente uno y ni
siquiera ser un )'O frente a otro yo "en recíproca presencia" como quiere Buber,
sino dejar de ser 'Y" para ser tú, es el amor al prójimo con el que me "fundo"
y entonces ha desaparecido la soledad; y si nos fijamos bien, cuando se dice

188
189

�SOLEDAD EN EL HOMBRE 1
Dr. PE.Dilo C!.BA
Madrid, España

m,

"D,sd, qu, ur¡ hombr, nvnca
h, s,ntido mtis sociabl, qu, ,stando
,n sol,dad''.
CBZSTUTON

La soledad de Dios y la del hombre.
Lo UN1co ES SoLo, pero no está solo; quien está solo, aunque esté poblado por dentro y acompañado por fuera, es el hombre. Ser solo no es
estar solo; y ello, no meramente porque "ser" nunca coincide con "estar''
para la metafísica, sino también porque estar o caer en soledad es un modo
defectivo de ser. Hay la soledad que se es, la que se tiene y aquella en que se
está. El hombre tiene soledad y está en ella, pero no es soledad. Ser sólo, es
propio de lo Unico, y el hombre, es, nada más, relativamente único, es decir,
tiene la soledad de lo singular y excluyente: el hombre es singular en cada
persona, y como tal singular, es único, pero en relación a lo que no lo es.
Lo absolutamente Unico es lo absolutamente Solo, con la indecible soledad
de su plenitud. Estar solo implica incompletud e imperfección. Se está solo
de alguien o con alguien. El estado de soledad se da siempre con referencia
a alguien -no a algo. Pero hay un estado inferior que no es propiamente
de soledad, en que se alude a la falta de algo; es el aislamiento qut&gt; nos sirve
para indicar también que algo está solo.
Cabe pues, por extensión, hablar dentro del estado de soledad, de un "aislamiento", como estado propio de las cosas rotas de nexos reales o circuidas
1

Fragmento del libro en preparaci6n La filoso/La pm,ncial d,l hombre.

191

�.
. p
aislamiento no es propiamente estado de
de vacío y de mtempene. ero ese 1 " el "estar aislado" que, en ambos
.
• el "estar so o Y
soledad. Tienen de comun
.
falta de alguien y en el segundo,
hay defecto o falta, pero, en el pnmer casoledadJ
es f-.-te a los de~ hombres. Si
. nta su so
.....
·
experune
de algo. El hombre
.
delinear su soledad, el hombre smno hubiera más hombres ante qwenes
tampoco sería hombre. Y no
lar sería único y no estaría solo. Pero ~ que
, Di
r ue las besgu
.
d ia Aristóteles sino que sena os, po q
.
sería una bestia co~o ~
solas d~e fuera y nada más que para q~en
tías no están solas, sino aisladas,
tá lleno de sí y lo plenifica todo sorb1énlas ve. El que es solo, lo es porque es
d
t es lo Unico y Absoluto
. 'd d D' por ser el Fun amen °,
.,
dolo en su Umci ª · ios,
tá l · y como "aislado pero,
Jedad Para nosotros es eJOS
o Desligado. Es la So
..
resencia Llena el Universo con su Prepara El todo está en su ámbito y su p
Soiedad pero no está Solo. Toda
sencia Unica y con su Soledad, porque es '6
'distinta en toda criatura,
,
El
El está con acepc1 n muy
'
criatura esta en , pero
.
las
;,ladas· a las personas, so1ai;,
d
resenaa a
cosas a....
•
dejando, a pesar e s~ ·td relativa se siente estar solo entre la muchedumEl hombre, por su uruci . Se siente ser con ellos y ent~e ellas, y estar solo
bre de hombres Yese
de "con"
cosas ese "entre,, y ese "en", nos dicen ya que el homen e1 mundo. Y
,
bre no es soledad, sino que está solo.
Soledad, comunidad )' comunicación.
.
uede esta, solo o no estarlo, sino que .su
El hombre no es un animal que P . •
d
l d d Está solo con los
,.
te y constitutivo es e so e ª ·
estado metafwco permanen
d 1
de ellos. Hay en el trasfondo
t ' solo de ellos o e a gunos
.
od
hombres y a veces es a ·
' •
'dad básica y original con t os
que denunaa comuru
de cada uno, un resueno
. d 1 íritu en todos ellos. y es esa comuh mb
acias a la presenaa e esp
.
, cá
los o ~' gr
'ble exige la comunicación. Pero mas -~
nidad radical la que ~ ~ ?hombre está solo. Su soledad está teJ1da
y más allá de toda c?murucaci n, e nidad es solitaria. Tiene soledad, y tiene
de hebras de comunidad. Su co1?u
entretiene personalmente. y de su
'dad y
ambas se sostiene y se
.
od
comuru . . co~
'
munidad solitaria urde lo que es previo a t a
soledad comumtana, y de su co
l
. tencionalidad expresiva. Por
. .,
. gularidad persona y su m
"ó
comumcae1on; su sm
.
11
la expresión y por la expresi n,
. nalidad . larísima, ega a
,
h
esta intencio
smgu
ultad de actitudes y aptitudes mue o
a la comunicación que es producto y ~6
o se agota en la comunicación;
•
La expresi n nunca
.
más profundas y genuinas.
.
y •
rsa en toda comurudO que no se comumca.
Vlceve '
tá
queda mucho expresa
•
la . •dad la soledad del que se es
caci6n queda por lo menos indemne rrumu '
comunicando.
Pero además el hombre está dualmente solo, que ya es buena paradoja.

Estar solo es encontrarse (en-contra[r]-se), topar con el "sí mismo" como contrario, como uno y como otro. Se encuentra a sí mismo siendo uno y siendo
otro, es decir, se encuentra con su dualidad a solas, o está solo con su dualidad.
Es la soledad de su unidad dual. Por eso el hombre se expresa para sí mismo,
y no sólo para los demás. Y por eso, el hombre al pensar, habla consigo
mismo, desde la doble ribera de su dualidad. Y por eso, en fin, el pensar
humano es "diánoia", diálogo, conversaci6n y conversión; conversación consigo mismo, con el "otro" que integra el "sí mismo" (pasando alternativa
e incfjstintamente el uno a ser otro, y el otro a ser uno); y conversi6n en el
"si mismo", en la unidad de uno y otro. Es, no dualidad convertible en unidad (como en el caso de las reunidades), sino unidad convertible en dualidad conversable, tomando a su propio yo, bien como uno, bien como otro.
El pensar humano es dia16gico, porque el hombre es unidad dual, y soledad
conversadora y expresiva. Y por expresiva y conversadora es comunicativa.
Por la intencionalidad expresiva, y por la unidad dual de su constitución el
hombre va intencionalmente dirigido, desde la comunión o comunidad, a la
comunicación. El hombre, pues, no hala en estado de soledad expresiva y
comunicativa. Soledad y comunidad son los dos principios e.~stenciales del
hombre. Venirnos de una homogeniedad biol6gica con nuestros padres y
ascendientes, y de una comunidad con otros hombres en un pasado que a
nosotros, personalmente, no nos ha pasado y nos es "pretérito"; y nos encontramos al empezar a existir, en un ámbito de ca-presencia humana, que nos
imparte su comunión. Pero a medida que avanzamos en nuestra existencia,
sobre todo en la medida en que ésta es auténtica y sincera, nos en.roledamos,
vamos encapsulando un núcleo cada vez más rico de intimidad solitaria, por
incompartible. Nuestra autoconciencia se va quedando sola y se va engolosinando consigo misma. No renunciamos a esas fonnas de comunidad, ni
tampoco a nuestra e:xpresi6n hacia los demás y a nuestra comunicación con
ellos, pero cada vez es mayor y más rico ese núcleo de intimidad, que se
enriquece de hilar y devanar al huso del propio corazón, aquellas formas
de comunidad. En profundidad la autoconciencia siempre está sola, aunque
en ella resuenen como en una caracola, voces y mensajes innumerables de
otras soledades. Es "el abismo de la propia conciencia" a que se refiere San
Agustín (In págs. 76-18) en una ocasi6n. Dice también en un senn6n: "Den.
tro de la conciencia hay gran soledad~ al través de la cual no pasa la mirada
de ningún hombre ni siquiera la propia mirada" (Senn. 47-J 4-23) . Llegamos
a ser ~los con nosotros mismos, pero hallamos nuestra soledad ante y entre
otras presencias; somos solos en nosotros mismos, y solo de otros y solo con
y entre otros. La soledad en nuestra historia personal es la historia personal
de nuestra soledad que vamos labrando sin saberlo del todo. La vamos tran-

192
193

lf.13

�zando con nuestras esperanzas, con nuestras ilusiones, nuestr01 recuerdos y
nuestros fracasos y frustraciones, con la historia toda de nuestro existir..
Solidad, inlimidaJ y se&amp;relo personal.
Por ese estado de soledad, el hombre se ensimisma, pero también se altera,
se otroriza u otrifiea, que no sé cómo decirlo para significar lo que quiero.
La unidad dual se constituye en "sí mismo", y en si mismo, entre s1, y con-sigo,
el hombre se autentifica y halla su soledad. Y en esa soledad en que se
ensirnisrna, cada persona excava su intimidad, el cuenco o la cueva de su
intimidad, porque la logra por ahondamiento, y porque en ella dobla su
voz haciéndose eco y diálogo. Por eso, nada más el hombre tiene y es intimidad. Los demás seres no tienen interioridad, aunque puedan tener un
"dentro,, meramente fwco. Intimo es superlativo de interno o interior, y la
persona, nada más, es sustantivamente interioridad superlativa, intimidad.
Sólo en la intimidad, asomándonos a la de cada persona, podemos conocerla.
A las cosas hay que desacercarlas, verlas objeti-.-amente y a cierta distancia.
A las personas hay que verlas desalejadas, prójimas, y además por dentro, en
su intimidad entenderlas. Pero además a las cosas hay que verlas en conjunto, en conexiones, para saber bien de ellas. A las personas hay que verlas,
en su singularidad haciéndolas sonar, oyéndolas en su tono, su acento, su
sonido personal, haciéndolas per-sonar. Lo que las personaliza o singulariza
no es lo que las individualiza, como ya sabemos. Se penonalii.an o singularizan por su sonido, su temple, su estilo, su acento, algo que s6lo podemos
entender con el vocablo " ingularidad" o "irrepetibilidad", que es lo que los
distingue y separa existencial y espirituahnente.
Lo que singularidad e irrepetibilidad, es desde fuera, quiere decir, para la
intimidad de cada uno, su soledad radical, su ámbito secreto. Si secreto
(de "secemere.. ) quiere decir "separado", lo que más separa a los hombres,
es su soledad, su persona profunda, su ser secreto y hasta "clandestino".
Cada uno es secreto y separado, porque él se distingue y separa, y porque
los demás, frente a ~1, se le separan y distinguen. Y cada soledad personal,
es secreta y basta clandestina, eliminando de esta palabra lo que pueda
traemos de grupo humano, de "clan", y quedándonos con lo que dice en su
etimología de "claro", a escondidas, algo que se oculta, de la misma raíz de
"clamare" y "claros", lo que es claro y manifiesto. El que "clama" siempre
lo hace d,sd, dentro aunque hacia fuera. Desde su soledad íntima el hombre clama, llama, a los demás. El varón "claro" y el "pre-claro" es el varón
pro-clamado o afamado. Y no nos extrañe este doble signo de lo clandestino

194

en la 101edad del hombre, porque &amp;te en su
• .
se está re-velando es decir la
comumcaci6n y en su ,.,,_;.c.
di
.
'
, a vez que se
1
-r-......,.n
noce, _sm dejar algo sin decir, y haciendo a )a ta_ ~ ~ manifestando. Nadie
dicho en Jo que dice. y nadi
vtaJar, sm embargo, ese "-..1--.n
mente de expresársenos y de decirnos
e se oculta tanto Y ta n bºien que deje '""6v
totalh~a no es que sea equívoca, en :
_de lo ~ue quiere. Toda expresión
caaones, sino que hace esquina d
'dpa6n ~ógica de ser doble de signifi1nuncia
Jed .
e senb os CX15tenciales
eJ
una so ad mcompartible e inacc ºbJ 1
' y a la vez que derecato de la mujer: un retraerse hacia esa .e, a está recatando. y eso es
la atención, desde allí dentro
Jo intimo a la vez que Uama (clama
' para ser buscada Y conocida la que se recata.)

':z

Soledad y compañia.
Por eso la soledad h
bie~ soledad de aquél, ~ ! p : : º n : fsoledad, ~ soledad de compañía;
pañía que nos sobra y que po b
alta, o bien soledad con la co
ti •
'
1
r so ramos po
msen Dllento de soledad. L
.,
' r atar demás, nos intensif el
cansan y se fo
a comparua como la soledad
Jea
• rman en y de la comunidad h
, por lo tanto, des.
se engolosma con su soledad
umana. El hombre en simis ad
h
que es también un
1f
•
m o
umana, pues ahondando, excavando en . . e~o arse con la comunidad
al fondo común donde los demás h b su mtunidad, a solas consigo llega
se halla en soledad de otros ya
r::a,m res ~enan en comunidad. El ue
por la ausencia de esos otros
en su nusma soledad que ésta se
rehuye esa com _,
.
el que halJa su soledad
se ha
d parua, pero no la comunidad rad· al
en la compañía,
separa o de otros de la
.,
ic con lo humano El
otros
la
'
comparua de otro
•
que
1
, por ausencia de otros h'I1
s y e que se siente sol d
En
, an su soledad en
o e
•
un caso, el hombre se queda solo
secreto, por separado.
eta de los que se han ido la
l ' porque queda sin otros y es la a
el caso d 1
, que e hace ca
'
usene que está solo con o
er o estar en soledad. p
su soledad
.
tros, no es que se quede 1 .
ero en
.
Prectsamente porque no se
d
so o, smo que siente
matiz muy importante de claridad e :
a solo. Digo esto para poner un
nes que sobre la soledad nos ha d _n d escasas y orientadoras exploracioy /a gente, que la soledad d I h b eJa o Ortega, quien dice en El ho b
( , .
e om re es un .. edarse .
m re
pagma 72). Pero el que se siente J
qu
sin,', un "quedarse solo"
de ese otro, no solamente JlO se
: o ~on otro y por la compañía enojosa
está !IOlo, y aún hay un "estar ~~~. a, ru tampoco se "queda sin" sino ue
"10ledad sin" s·
o que no es ni una "soledad , " . q
. "
' mo un estar a solas consigo
. .
con m una
sm_ es punzante y dolorosa, de intempe . ' ~ n t e . La "soledad
muna soledad de Jo femina} de Jo r n~ y esamparo. Es la típica y ge
1 emenmo human
•
o, ya que en la mujei•

1

~

195

�hay una lat,ralidad radical y metafísica, que le hace sentirse lado o flanco
de otro a humano, y por eso, al quedarse "soltera y sola" sin ser costado de
otro, un oreo frio y seco de intemperies le reseca el sentido espiritual, salván-

dose casi siempre, por la orientación hacia otros seres (sobrinos, padres ancla•
nos, cuidado de enfermos, etc.) que la fertilizan en un sentimiento sucedáneo
de recuperación de la unidad de la pareja por el amor. Esa "soledad sin"
es la soledad de la falta de patrocinios, pero que es experimentado como falla
o carencia metafisica en el existir profundo.
La "soledad con" es sofocante y angustiosa, se experimenta como arropamiento, como un quedar enterrado y encerrado, oLturado en las vías de acceso
y de comunicación hacia los demás. Es la que experimenta el hombre superior ante lo inferior humano que le anega y le sofoca quitándole, o amena7.ándole quitar su libertad y su singularidad. Y por eso, busca evadirse hacia
dentro de sí, hacia esa soledad suya que le da el sentimiento de una fresca
y tónica liberación interior. La soledad "ensimismada", o por ensimisma·
miento, es experimentada como .soledad íntima, profunda, y a la vez, libre,
abierta¡ es soledad goi.osa, serena, con último pensamiento de serenidad de
alturas, sin desolaciones de intemperie ni sofocamiento de multitudes. Tal es
el solitario que se mira y se escucha sin excesivos análisis y escarbamientos
viciosos, sin inculpaciones, pero sin exculpaciones o inocencias demasiado regaladas o gratuitas. Cuando la soledad ensimismada (que es un estado felicitarlo) se engolosina y envicia se llega al solipsismo, hasta ese paladeo de
sí, que nos hace incomunicables. La soledad entonces es un estado pasional
que puede llegar a las formas graves del que enferma de tanta soledad ensimismada. La "soledad con" es experimentada como soledad sin aislamiento
alguno: más bien deseando ese aislamiento real porque no se tiene •..
En cambio, la "soledad sin", en medio de su intemperie y de la total desprotecci6n y apoyo, hace sentine al soledado ( no podemos llamarle "solita•
rio") con aislamiento real y fracaso metafísico. Pero el ensimismado, aunque
no necesita aislarse para estar a solas consigo, y logra su estado lo mismo en
medio de la muchedumbre que en el más caliente y crespo diálogo, anhela
ese aislamiento para facilitar el diálogo consigo mismo. En la ".soledad sin",
al soledado le quedan solo. Si a uno le quedan solo y complacido, no le quedan en "soledad sin" sino que le dejan estar solo. En la "soledad con" quiere
él quedarse solo, y lo logra. En el ensimismamiento, no es que se quede o no
10101 es que está solo y a solas consigo. El meramente "aislado" halla la "soledad sin" o el ensimismamiento; o puede no hallar uno ni otro. El var6n
como la mujer pueden llegar al ensimismamiento, pero es indudable que
siendo la mujer metafísicamente ser-en-otro y para-otro, su ensimismamiento
es casi siempre falso. El varón gusta más de la soledad ensimismada porque

196

~ ~ t_ramado de últimas soledades. Muchas
está eIWm1smado, y en verdad en tod
. veces creemos, que alguien
La
•
,
a su evocaa6 está
mu,er, sobre todo, cuando está abso
n
en otros y con otros.
o con el amado. Siemp. . rta, suele estar con Dios con el ru,o·
•
•.. se irn-n-muma e t
T
'
Je y el místico se ensumsma·
•
n 'º·
ambién el santo y el mon
.
noparecene . . d
tos -:n Dios o engolfados en oraciones
murusma os cuando están absor~cular. Asi el poeta se ensimisma por todos
hombres o por algunos en
mtnante, y el artista en las visiones e~ ~ evasiones líricas de su poema geranbcpadas de sus criaturas de arte.

°

!os

Nuestra muerte 'Y nuestra soledad.
El hombre no nace en soledad radical.
resumen; a la vez su expiación
. . ha de ~ria. Su soledad es su
en su existir, como viajero de suy psu g!ona. ~ medida que el hombre avanza
· ·
•
rop10 camino un
•
Prop10
mgeruero, se va encontrando más I N,
cammo de que él fue el
se nos aparten o se nos va
so o. o solamente porque los demás
yan, porque han llegado
nas, o porque se nos han muerto
otras generaciones humanuestros desenganos
- y fracasos y nuestro
nuestros
deudos•
f,
, y no so1amente porque
del resto humano, sino tambi,
no crepuscular nos vayan aislando
honda, más viva, y más
en porque nuestra soledad es cada vez - . ! "da
nuestra. La soledad
.
u¡¡q¡
c1 d, como el existir tod h
la bbertad como la ' li
0, ay que labrarla , como
··
h
'
,e ttodad de cada uno. Cada cuaJ tien
y acerla propia según la autenestar solo. En unos es somera
e su soledad, su grado y su estilo de
se queda a so1as con' Dios con Y
· y honda, Hay quien
mescasa;
cha f en otros
. ' nea
mad o, a so las consigo mismo
' ha .u d frecuenaa' y qwen
· se queda ensimisno sabe ni puede estar a solas'
~un~a su solitariedad, y hay quien
to: el hombre no nace c
I muno ngor de soledad humana. R .
.
on una 50 edad radical
ep1qwera empieza encontrándose a s1, m. mo· ·
hallada en si ' porque ru. SI•
.
15
l
a os padres a los he
' prunero halla a los otros h b
.'
rmanos, a otros niños S
om res:
uno a medida que va labrando su pe
. u soledad ha de hacerla cada
El hombre na
.
rsona Y su autenticidad.
ce en comurudad, en comunidad . .
en comunidad presencial con tod I h
b1ol6gica con los padres y
·
os os ombres y desd
'
expenmenta pre-orientado diri" "d
.
.
e esa comunidad se
1
•
gi O Y abierto hac" 1
'
os que ha de contar para hacerse l
.
Ja os demás hombres, con
d
· •
e propio ser o · ti y
e su existtr, va labrando su soledad
exu r.
con la experiencia
dad, su denuedo y su riqueza gan dape~nal. . Cada uno, según su autentici.
ª existencialmente, alcanza un nivel un
grad 0 Y un esblo
personalísim d
0
1 d ,
e estar solo De 1
.
,
con os emas, vamos a la com . "6
.
a comunidad presencial
umcac1
n
con
II
y
con 1os demás, después de haber libado
e os.
de la comunicación
•
en sw perso nas, vo1vemos cargados

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197

�cltJmUlllllexi••··••.nldm~.. _,_,,.........

ala vas, c:cm,•miwiu y IOHtariM, Quiál,o no_.,.,. bien a Séaeca, ' -

-~•lo

parece pdlfuodo aa ~ ..,
DÜlp lltGico. No
- puec:e pdundo • chr Sálew ~ - - - - - fuk. minor hamo
..... Cada 11e1 que eatuwi . - b hPalnl ~ DlfQII hombte. Tal vea
alude,-coa OIP,Do de Clltoim y de lllm oeeideaal. a que mien~ . _ lll"f
• ~ le coata¡iaba de )a inferioridMI . . . . ~ Pero
li • hubiera acelQdo &amp; ellol
y sahitluria y con aabiduria de amor,
at par que hubiera elevado el nivel de ea bombra, a mismo se hubiera enri•

me

c:o,i....,

quecido de comunidad humana, y· por tanto, de 10Jedad. Si quilo decir ~
el contacto de los hombres le cargaba el&amp;:tricamente de "pasiones" (que
tanto hom&gt;dzaban al sabio estoico), es que SmeQ se muestra ~ pobre y no
profundo; pues ¿para ~ la soledad sino para depuramos? ¿y para q~ esa
~ 6 n aino para volvemos más honda y ~ t e hombres? Si
'1: vóMa JDellOI hombre • IU IOleded, la culpa DO es ele los 1Joml:nei, sino de
~ mismo, que no sabia perfumar su soledad del aroma piuencial de
otro. l1o1n1&gt;m. No todos los hóiribres son aptos para alcanzar el mismo grado
de ensímivnarnw.ito solitario. Los hay que mueren de inanición y hambre
dé ióltaañdad y compañia, y los hay que mueren electrocutados en Ju torliielítal de su propia soledad, y los hay que mueren de intemperie y írlo, por
no ballar la s o ~ que lea falta. Hay quien se aburre en el aislamiento
y baf quiéii te enriquece en el a,slarniento porque en B halla acceso a sus
IIOledades mú gustosas, tntlmas y personales.
El hombre nace desamparado pero sin soledad. Ha de labrada. Precisa
dar b primeros pasos con auxilio y el apoyo de los otros hombres. Entre
elb y con ellos ha de ir redondeando IU propia penonalidad, pulimdCJJa
CXJmO un canto rodado se pule con otros cantos arrastrados por el mismo rlo.
El nifio tiene horror, no a la 1101edad que no conoce hasta muy avamada la
juventud, sino horror al aialarnientl). Siente un dulce tropismo hacia la colectividad y las comunidades humanas. Se siente, al principio, un poco ,n su
rnadr, como su yo mú seguro. El niño, sin los demú, no serla ni hombre,
porque no alcamada ningún grado ""1nanarnente digno de soledad. El niño
"mimadtr se ahila y quirái ae frustra y fenece, por abincane enviciado en la
comunidad familiar, sin alcanzar las formas mú ricas y hondas de la soledad penona1. Bl niño 4fmhnacW' ne te mfuena en ser penona sola y aislada.
El hombre, hasta que no alcanza la madurez, no acierta a pasear un poco
orgu)loilunente su aoledad entre los demú heaiblel. Ya el adolmceilte, sobre
todo varón, acostumbra a presumir de su ~tidad y de su riqueza interior, conveocido de que ello es signo de alta calidad humana.

arffflOI~ en nuestra aoJedad. D01 ~ ttmtNe een Daeltn)
•
1 ~tico • eJ cual, J)Ol' aer cada va JDenCll "siendo". parece
"roJific:aadd'. y DOI ~ ele lel' wituio que D01 ~ por~ Dal pance que DO Jo hemcJa eJalaoraa, O CDlltlnaidcl c:omcimte y y ~
tariamente, y )a gnm ~ a Cj\111 aún ui, D O ~
obra
GGNCiente y voluntaria, DGI resulta )a IIIÚ autáwea ~ yDUeltfa
cp. et ueatro
•
Y
esa soledad
dJ!dsi.wD
• ,PrmllO y 8UCltra peaitancia, IKII ,cendra y_ depura, DOf da eJ
J ndial ~ mirm". En esa soledad acai.mo,, 1, a la va, uaN.
sa, Y aabamoe /JOr '"· &amp;a toleclad es la que 0evaaQ
muette para rendida a Dios, en el ~ último.
ª Diueatra
La vejez quihtndonos eompafiía l a da IOledad, nuestra pn,pia Jedad.
Nos vamos quedando, uo aislados sino solos, ,...
so
tra ro . hiltoria
.
'
- a - peMlaAlente con nuap pia
urdiendo la cual bemol labrado n~tra J)mQDa IDlitaria.
Decía Tagore que "no revela al hombre 111 propia historia sino
hace
luchando a traVQ de ella". Pero luchando a travá de ella, labraCV:
y ep SU 101edad final halla IU principio y en esa IOledad de nrinri •
,:..
se ~ lle P.lml'Pc&lt;I ,.,_.,,. •
El . .
r·--,PIO y ..-,
-·r·-- ...,._, quaen es. VlCJO sabe de la vida y de la muerte
porque Jabe a muerte y sabe a vida, en esquina final de soledad. A ~
guc avan1JUD01 en la vejez nos sentirnos más ~ l e s en
.
uestraa líneaa em~es
. •---=-• están - trazadas Y ,_.; tennº nuestro
~
..1-.:-L1...
•
,.,,.
madas y no aon
V,WY&amp;AU,IQI, m rompibles, ni flexibles, como Jas aristas rl ·c1as d
rác~ cada vez -.t- •
•
P
e nuestro ca, •
u,... mvariable y mineral. Es Ja IOledad que nos
Jidifi
DO la veiez que nos emoleda. Todos nos notan
•
IO
ica y
lel' poco u...:__
-L
ya terminados de ser, con un
P ~ , Y 1a1uyen eJ diálogo con D0IOtros
mente rnoldeabl y
.
porque nos ven escasaDO
•
es.
D&lt;JSOtros IDJSIDoS no desearnos ese diálogo, porque ya
necesitamos a los demás para labrar nuestro ser. y reculamos hacia D"-tra soledad engolosm
· ad
•
Y en esa soledad últimaos, nn ·saberlo, por la muerte que OOI mira y L..-LL...
~rirnera
•
•
' sentunos de nuevo la llamada, pero no la llamada
p
• y existencial, la Darnada a ser quien debemos ser, sino la llamada
a monr o responder de Jo que hemos cumplido respecto de la llamad
••
3 pn
mera. Y ahora ante lo irrevocable
' cargados de un pasado que se nos que ·a
y DOS duele, ~ llega eJ frlo de lo eterno que nos espera, con serenidad
~
rmcor. Al rnonr qnedirnos definitivamente solos como di' 11.C--- y un
ffUt/antos sm loa ..1.-..l- d •
I-..;.
JO ~'""' pero al
UQDU, Y
eJar a IUI demás sin nmotros quedarnoa
tltnulo --mientras t1par4anaos la. llamada última de loe ~
'::
dad, Ja que hemoa efe rendir como raumen de cuentas.
nuestra

babene'i:

"'°" ''

-..1...

:Jedad

La apraa final es que, cuando al final de nuestra vida, nos encontramos

198

199

�Modos 'Y grados de soledad.

.

. . lo mismo que. el . adverbio,
, solo sohtano,
,
' .
mbre y el sustantJvo ll"""I,
-o '
1 d'etivo del mJSmo no
,
, la ni
....&lt;..o~, solamente, o e a J • '6 derivan del sustantivo ,jµcwa~, u •
,,,..,.,
una bab1tac1 n,
,·
Todos
algo pasado, una pausa,
d d lo físico-matemat1co.
dad como si concibieran la soledad brotan o be b'tar También la "solitudo"
,
permanecer, a 1 .
vocablos se enlazan con µno,,
rbo
edar y permanecer, pues es
esos
h
te con los ve s qu
nl
n
latina se vincula estrec amen
li . ) pero ésta a su vez se e aza co
palabra venida de ''solus", (solo, sosó::o Sin duda el modo primero de lo
" 11 " suelo y "sollus" entero, 1 •
•
Todas esas voces aluden
so um
,
.
1 "sólido" y enterizo.
solo y escindido o separado en ola " lit de" estoica tiene un acento existenecer Pero
so u
.
a un estar o pennan
·
n los vocablos equivalentes gnegos.
cial humano que no se halla e
od
. ario de estar solo,
firme el m o pnm
y por ser en la base lo entero Y_ la'. lan'dad que por serlo da un
•
.
me1or
tnsu
'
1
1 s6 '
o " llus"
, entero, se f nn6 "sollum"' sue o y
en o lido, es el aislamiento
.
Del
0
Primer modo de aislamiento.
"sol" 10' ais·lado y único relativo. El ante. dosde so,
. , ,,
" l'dus" todos ellos onun
el ,
'to "svarjas', o "surJas
so 1
.
ce
al' sol y en sanscn
"
cedente está en el védico sur ' ' 1 . l do separado y sólido. De so'
. "'
siempre con la acepci'6n primera de o .ais ad "solus",
solo, vino "so1emn~
.
6
"
l
r"
o
acostumbrar.
,
y
e
exiolum tt suelo denv so e
e presentan en sus con
'
'
1
teLascosass
1
"solus annus"' cada ano so amen .
'1dad. Pero al acercarse e
o
.
ble· en su cose
nes y en su colección innume~a 'sólida unidad, aislada. O pierden nexos
hombre, cada una prese~ta su ~erlen continuidad en el tiempo, o 1~ _dos
en su correlación espacial, o p
aisl
insularizarse, cobrar un mmuno
.
al'
han
de
a
rse,fl .
osas Para individu JZaJ'Se,
•
c
.
litud les VJene
a 1as cosas' de modo re e10,
de solitud. Pero, ya se ve, esta so
' 1 dad y su solitud. y a la vez, es la
tr ellas su so e
del hombre que pasea en e
las
sus relaciones y nexos nuevos,
cosas
b la e da a
Presencia del hom re
qu
.
cosas dándoles a la vez,
1 h mbre presenta 1as
no naturales. Resulta que e o
l
ecta su dualidad. Las presenta
. es. en suma, es proy
.. "
aislamiento y conexion ' hace de cada "una", otra, y de cada otra, una .
como unas y como otras, y
i~separado. Para ello se acerca
. t
conocerJ4ll, por
d
Quiere saberlas en conJun o y
. 'd d a la datividad y ofertividad e
. · las. A la respecllVl ª ' d ·1ndolas y so-l,v,ant
· · ándolicitarlas a so-l,catar
a
'
d so-licitándolas, se- uci
"
las cosas, el hombre respon e .
.
las solicitarlas, hacerlas nolos launos era piropear '
las. Conocer cosas para
") f undarlas hacerlas ser. Que por
é · d "noscere Y ec
'
d
vías" ( "novi" es pret nto e
. .ornas "amar" y "conocer"' dan o
algo se 1'dentif'ic6 siempre en todos los idi

. .

En gn·PCro el ad1et1vo µo,,a~,

a éstr un sentido amoroso, y al amar un ímpetu conocitivo. Conocer cosas
es hacerlas "J6litas" o frecuentes.•

Se ve por esta breve historia que el modo más arcaico de "soledad" es la
"solidez", la condici6n de cuerpo sólido. Al solidificarse la materia apunta la
primera manifestación de individuación y de "soledad", en forma de insuJaridad y "aislamiento". El gas, por ser expansivo, no es "sólido" ni "aislado".
También el liquido se derrama y desmelena. Con la solidez, la materia toma
la primera figuraci6n unitaria. Y con los seres vivos aparecen los "individuos"
propiamente dichos, no porque sean individuados por la materia, sino porque
la materia es "aislada", configurada, individuada por un principio superior
e interno a la materia, que es la vida. La forma bruta y primaria que es la
"solidez" ha avanzado hasta hacerse "individualidad''. Pero nada más todavía. Ningún animal tiene soledad ni está solo. Tienen todos aislamiento y están indularizados e indiuidualizados enérgicamente. Y todos buscan más o
menos pareja, acompañamiento o compañía, para defenderse, para acoplarse,
para comer en común el pasto.
"Compañía" alude a compartir el pan y podemos por extensión del concepto aplicar la noción a los que comparten el pasto o la comida. Todo individuo busca compañía. La solidez del mineral sólo busca su individuación
configurada, y se hace com-pacto. Lo sólido quiere ser sólo unidad. Wentras
lo gaseoso es naturalmente alocado y multitudinario, lo líquido, como lo femenino, ansía recogerse, pero no sabe ni puede y queda soñando vasos y recipientes en qué tomar unidad y forma. Lo sólido es cortado, aristado y como
viril. La materia no aparece claramente individuada hasta que se solidifica.
Cuando llega el ser vivo, no es ya la solidez ( y todo ser vivo es sólido; no
hay ser vivo totalmente üquido o gaseoso) sino la insularidad, la individualidad lo que le distingue. Y la individualidad busca la compañía, la reunión
(que no es reunidad precisamente) y surge la colonia, la manada, la bandada,
la horda, el rebaño. Pero la compañía, o colección, o grey, no es comunidad,
porque ésta ni es reunión, ni es reunidad, ni es homogeneidad de especie,
sino por lo menos, comunidad de fines y de sentido, como en la integración
* (Y "frequens'' quizás deriva de "fricare", restregar. La soledad de cada hombre
es insólita, no sólida o acostwnbrada. Cada persona es un "as", con peso y valor propio, Entre los romanos el as como peso y como moneda era la unidad. AJ heredero se
le llamaba ''ex-asse", poseedor de todos los bienes o heredero universal Quizás "asinus", asno, se ha originado del griego "as-onos" ( "&amp;,,~"
burro), por ser animal
no gregario y que anda solo, lo mismo que el "/Ah,o;", entre los griegos designaba
a un animal salvaje y solitario. Y como eJ jabalí en francés: "sanglier'' ..• El hombre
es un "as" porque es ser solitario, que como la moneda romana lleva el rostro doble
de Jano. En la soledad, como en la expresión, es uno y et otro, ain dejar de Jet
único o a.).

=

200
201

�•

..l.-

•

cqan1a,a - . a,evrri«W de b miemtnl ~•~ ya .. ~ ~
dad próxima a lo IOlilario. la lo 'Wtario", Ja. IOlidmidid por cootdiaaaón
funeiolllll, por sinagia y por aiatelia,

Petv ni eaa amtmidad t1 pmpia y 'Wft eta b gtüpal aiilmalrs, ni ~ e
Dimane en ptlopiedM "didarklad" a la -mominaci6a de -6rpilol 1Y ~
bral en b organií,Ma. &amp;ia OOIIRlllidád abi e1 un ~ eomoaa, ~
de lo .,.&lt;m, y ne de la "C?ólllUDi6ai' cano es la comunidad en el espiritu.
m "lelidüidacl" deJoa otpeiM•:WW, DO • ~ 6, 6rgailol Y células
~ . . . , - . . bien ta ·"""""· que e,áge )a unidad total La vet,.
aolidaridid exige indmduol que se aoJidaricen; como la vetdaclera
comunidad implica alguna c:omuni6n, 1 no unor datoi o hecboa comllMI.
Por ao la compaiUa bumau, parte de la cc,presencia que es comunidad en
et espMtu, y aspira a la «mjugacl6n de aoledides aunque no lo logra. S61o
hay léledad en los tera capam de cóinuni6'n y de reapomabilidad. BI homld ao ., aepara 11i datingue ~ por la irktmdualidad, CC11bb loa
animales, lino por la penonalidad; y &amp;ta imp1lca soledad.. He hablado de
'taoledad UJA", aludiéndo al que dti con otro, y no quiere dtai'lo. Y se
liinte 18lo fftJDte a ese otro. Pero hay tan,N&amp;, una dedad compartida Y
ICIIO conjugada y úr.iica con la ele otro, hasta formar quim .una sola ~Jedad. Til oeurre m a1gma ca101 -ele pareja amona en casr total ~
conjugada. Surge aaS lo que YamG1 a Bamat "soledad conjunta o colectiva",
que es la áUtátio. y mú riéa forma de soHdaridad. Y li por la soledad, el
bambre • ~ leJ&gt;8I&amp; y acaso 11e- opone a otros hombres, dando lugar
a- lo que 11: llama .!.,.;,lidacf'. en la que entran impullDI de unión Y desunión, de solidaridad y de insolidaridad tambim) bay muchos niveles Y grades
de ''soledades colectiYU". Son esas formas de solidaridad IIOCial en que se
akannn colectmdades por amor, por compasión, por c:onsuelo, por egoismo,
y hasta por odio a terceros t&amp;minos.

.;i.a

Solürul~ sol1dumbr1, 1nsOÜIUlfllVnlo,
Hay "soledades de dos en compañia" y hay compaiñaa soportadas por dos
y más de dos penonas. Y estas compañiaa 91&gt;pOrtadas inducen 10ledad doloroa, mientras las compañiaa conjugadas •nifitan -basta donde es posible
en lo humano-- dos o mú 10ledadel, en una IDla goaosa. Y aolitaria. Y enlODcel hay comunión y vera comunidad. Ahondando el hombre en su soledad, baila 1U comunidad' su comunión, con los hombres. Ahondando en la
comunidad y en la compañia conjugada, haDa su propia soledad. Hay pues
dos formas de "soledad con", la que 90p0rta compañta ajena no gra'-, Y la

202

flU&amp;:•--. oa-.

compaifa m ... IDla, ..._ Mleclad, Haym111
fGrma Vllliadaa de or.cnp¡ñfat Hay didalidad que w cb anledwta pero
c,tra

7
por una o JJOCII dime
~ IÍll Jlegu a la eoaj11pcih totaL
o 16Jo paseamos nuestra IOledad por entre Ju CG11ii y b 1H1inbtes
que tambi&amp;. dade ~ prelfflridkw el puo de otras tOledades, a 1át cuales YID dirigidi, emiaioae, radiada, desde Ja nuestra, ~ando truncado eJ
anhelo de una J)Olible conjugdn. Y bay "ClMlplifas que, por profüncla.
mente afinet a la nuestra, o -por 9llCJI pr6anaa en el amot pero e IJe&amp;ai'
a la conjugaci6n; pertmbaa en alg6n modo y en aJg6n
Düt!Btra toJedad. Ad, an~ lluestrol hijas amigos lndliiol, prmentes y m tilendo no
podeaa meditar bien ni nuniar nuestR&gt; eniiinimnamiento mHtario.
lo
impide IU prelellCia mama. Y 1in embarto, por el amor, por eJ doJor por

ano

grado

fb

.Jedad

eJ pelign, o pc)I' el consuele, podemos formar con elfos numra
colectiva. En cambio, efttle- de9tonocicb p!W!Dtei y DO en silelidc►. tino en'
fragor de voces (por ejemplo en un especticuJo, en un café) ~ meditar adentramos en nuestra IO!edad, acaao mejor que si ~ aisJadoe Y en silencio. Algo a como ai de la IOledad delpilfarrada y no aprovechada por elb, ~jihamos la nuestra. Y hay, en fin, una fonna de soledad, en que, ama dándole el alamiento, no mta alguna forma presencial
efe CIOIDpaÑa, JDÚ bien Ja evoca, )' efe l!IIII eornpafi(¡ evocada le alimenta.
&amp; el cuo dtl 8Uleldle porque fl mismo 1e fue a estar 10lo y no 1e limitó a
ftUIÚlr I01o. Pero no es que ahora, en la soledad, 1e lienta "solo Jtf" aqu8
de quien se ausentó, sino que puebla 111 dedad de mudw penonaa auaente1
Y acaso no BQlellta, por no ser amocidu Tal es el caso del monje que 1e
va a sus 10ledada o a au •Jedad pan poblane de ecos homa1J01 de prese&amp;;
cías de Mmbres, y evocarlas y rezar por ellas. A esta fonna ; ;soledad pobla~ de rumores y vocea y praencias Je llamo "soledumbre". A la forma
anterior, aquella en que JlOI sentimos más solos cuanto más es la muched~bre desconocida q~ nos rodea, le llamo "ensnledamiento", pues el solitario 1e forra de mulutud para blindarse o acolchonar su propia 11&gt;ledad.
Y cuando, estando entre hombres próximos (hij01, hermanes, amigos) no podemos ahondamos en 101edad porque la presencia de ellos nos lo impide
hablaremos de "solitud", o 10ledad que ~ que fuera com~
Y conjugada, Y no lo logramos. La 10ledumbre ea la forma frecuente de ao!~~d del veraneante, del emigrante, del que se irradió para descansar_ La
aolitud" y el emoledamiento IOD modos de aolitariedad del hombre en
~ de la vida social. Al estar ''aolo con" y al estar "solo sin", hay que
añadir esta otra forma de la '1solitud" que ea un estar ''lolo n,r,/'. . . Es
soledad ain aislamiento. Como hay muchedumbre, hay tambiái soledumbre
o 10ledad con aislamiento pero con multitud de preaencm evocadas. El po~

20S

�opuesto a la muchedumbre es el aislamiento. El polo opuesto a la comunidad
es la soledad cuya fonna más alta es la solitariedad o en-simismamiento. Al
que se ensoleda, se le llama solitario; al que se halla en soledumbre, debemos llamarle soletudinario.
Colectividad o sociedad no es comunidad o comunión. Hay comunidades
étnicas, familiares, religiosas. Pero mientras la compañía, la colectividad y la
muchedumbre parecen exigir un espacio común a todos los miembros, aunque haya distancias reales importantes, la verdadera comunidad, y, sobre
todo, la comunión, tienen sentido inespacial y todos los que se hallan en
comunión, aunque distantes entre sí, se hallan presentes y comulgan como
una misma soledad, no conjugada, pero sí compartid~ Es la solidaridad espiritual o vera comunidad presencial humana. Todo lo espiritual liga y
coliga a los hombres entre sí. Por eso es comunión la cultura toda, y hay
comunión en la historia humana de todos los hombres. Pero debemos distinguir esto: que mientras la religión, el arte, la poesía, el amor, son formas de comunión espiritual, la ciencia la política, la guerra, el negocio no
son más que manifestaciones de lo social, de las colectividades humanas y
sus individuos. La socialidad no alcanza a la soledad, a la persona profunda.
La comunidad como comunión afecta profundamente al hombre basta tocar
en su soledad radical. Pero debemos distinguir la solidaridad de los hombres
por su origen y su solidaridad por el espíritu. Aquélla debemos llamarla "comunidad"; a ésta, "comunión". La tradición, el arte, el amor, la poesía, es
solidaridad comunitaria o comunión. Las asociaciones y colectividades no
son comunidad, aunque sí formas solidarias de hombres. La familia es comunidad y es comunión. La Iglesia es comunión y no es comunidad. El estado
ni es comunidad ni es comunión, sino forma societaria. La comunidad es un
hecho; la comunión es un acto, y aún mejor, acción continua de militante.
Lo social es una situación, tiene algo de hecho y algo de acto. En las sociedades, hay afiliados, asociados, compañeros, colegas. En las comunidades fa.
miliares hay padres, hermanos cofrades. En la comunión, hay unidad de
comunión.

Mismidad, soledad " silencio.
Tanto en "solus", como en "sollus" y en "sollum", los filólogos hallan una
radical primera y originaria: "se" o "si", que subsisten en el "se'', el "ip-se"
y hasta en el "sum" verbal de los latinos. Y también en el "self" inglés y el
"sebs" alemán, como en variadas formas de las lenguas neolatinas. En español tenemos no sólo el "se" y el "sí mismo", sino el "ensimismamiento" y el

verbo «ensimis
" E
dados a las ro.::sed~ \l~aque Españ~ es pue_blo. "solitario" y de hombres
de la soledad en la LiteratU:a ~ns~ento solitanos. Cuando Vossler habla
percibe los ricos matices de t panoda, dya apunta a esta idea, aunque no
es e mo o e ser homb
li ·
español. En España hasta el hombre d
'6 .
re s~ tano que es el
e acci n t1ende a ensunismars S
trega a la acci6n para electrizarse en su s l d d
,
e. e en.
gesto del español en la guerra c
Joe
no para hwr de ella. EJ
•
, orno en a oraoon e l "d
,b .
la fiesta de toros es "quedars
l " Afº
' n a \1 a pu lica o en
e so o .
innar su pe
l"d d, "h
amo" es, para el español "qued
l " E
rso~~ ' a
acerse el
de Guzmán como Teresa' d J ~se solo . . n plena acc1on, tanto Domingo
e esus o gnac10 d Lo 1
.
solitarios. Don QuiJ'ote y S ,
d
e yoª se sienten solos y
egismun o son seres a sol
.
.
bres ensimismados tanto como F
L . d L , as consigo nusmo, hom'
ray uis e eon y S J
d
Lo
que profundamente captan el Greco z b á
an uan e Ja Cruz.
Y ur ar n y los grand ·
•
ros espanoles es la soledad d 1 h b
_
es unagmee oro re espanol la
a1
senta como soledumbre «
!d d
'
cu unas veces se pre' o so e a sonora" otr
"
y muchas como "solitud" H
d
'
as como en-soledamiento"
· asta on Juan se cnsimism
d•
ialoga consigo mismo. El llamado individualis
~ no pocas veces y
solitariedad. y los propios conquistad
.
mo espanol no es más que
.
ores se van por esos mu d
" 1
es dec1r,
a pasear su soledad
n os a so ear'',
La soledad española suele pr: a tscmbrar nue~as áreas y zonas de soledades.
·
.
en arse como soledad sono "
u
,
misma en la acoón •• soledad ensimtsma
- .
da.
ra Y ena de s1

ª.:

Pero el ensimismamiento no es la . 'd
.
.
tirse igual a otro lo cual es lo , murm ad o idem-tidad, como un sen'
mas opuesto al ensimism ·
poco es un yo doblado o reflejo sobre sí u
amiento; pero tamque es el "sí mismo" en que 1 h b ' n doble yo que se asoma a sí, sino
e om re a solas co 5·
cha oyéndose últimos .........0.,es .
.
d
n igo se ensancha y escu• ....., • mannos e Jo etc
t
•
1
sangre. Ensimismado, el hombre go
I dad rno. ras_ os olea1es de su
za su so e
en s1lenc10 p
1 d más
aunque no esté en silencio para s' s· ., d
ara os e
'
•
1.
muen ose a sí mis
CI
ya vio Brentano el "sí mism ,.
.
.
mo.
aro que, como
diendo hacia los demás pero o por ser_ mtenc1onal, está siempre trascenyo go que mcluso "trasciende" hacia el "otro"
q uc va en el " , . , "
s1 nusmo no como "otro " .
'
en cada uno El "s' '.
"
yo ' smo como el "yo" que es otro
1 IDJSmo
•
es "uno" m ·
"!ch" (Yo) y "sehs" 1g
¡
tsmo. Los alemanes distinguen
a o as como "el Yo" u y
.
no sea el mío, un Yo abstract
.
' n o, cualqwer yo aunque
", . "
o e impersonal que vale par t d
s1 rwsmo . y todo él es un "se"
" ,,,
a o os; es un
y dese
'da
P ero en español tenemos una expreO . , SI . en tercera
«
onoc1
peno na.
"
"
s1on mversa Uno quisiera"
ese uno que se presenta como I .
h . .
. . . en que
eJano y asta tmpersonal
.
yo, y no un yo cualquiera sino u
•
,. d
, es precisamente
"
'
yo zrusmo esde m{ yo E . .
es enyoizarse"
· DSJllllílmarse ahora
, .
' no ponerse un y o como un vestido .
umco que es cada uno.
' smo meterse en eJ yo

di

204

205

�y en sentido
y ese en,immnarn~to, esa soledad, no son. prec1•samente,
•
mismo
como
. silenciaeos. El er-siwiununiP.Dto es diálogo consago eda j . y
metafisico,
.
el amente O el que qui
eJos,
en la solitud es evocación y diálogo con
En la máxima for-

ul • licación de voces Y """""'
corno en la soledumbre es ro bp 1 • •vnarniento hay silencio físico, pero
Jedad en e en.irn•
'
.
roa' en la verdadera
so ·
' es el ensnmSJDa
. . do habla con su meJOr voz y
.
.._,,
no hay silenao meuuwco~ ~ Por ser el hombre el &lt;mico animal que hasu palabra más ho~ y limpia.lla 1 único que urde silencios expresivos, el
bla, es también el úruco ~e ca , etamb'é
el hombre el único animal
I n es
·
· · tenaonales. Y
que emite stlen~ m
también entiende silencios. . . Po~ eso,
que entiende somdos Y palabras, pero
. .
da y no por eso deJa de
hablar
su soledad ensumsma ,
puede el hombre
en
Jedad ensimismada canta, y canta su
· El andaluz en su so
.
hablar en silenao.
. • para' sí nusmo,
como et
" 1
,, pero canta en si1enao,
.
soledad, canta por so eares ' ledad gune y el nústico en la suya, ante Dios,
orante apesadumbrado, en su so
od' diálogo en la soledad, es silen•d0 todo canle, t o
od
habla ... Pero t o geuu ,
•1 c·o s6lo lo oye y entiende el pro• Su palabra es sien
l'
.
eioso para los deinas.
· y hablar al solitano,
.
1 demás oír cantar, gemir
pio solitano. Podemos os
! ,L
del solitario la ove él solo. La
. de
lo que OlDlOS. a voz
·
varó ·
pero es ruido
espuma
..
.emplo no la entiende el
n ru
soledad de la madre o de la DOVUlEn, por be! la ;.u¡,.r no entiende la soledad
manantio
cam 10
,el
1 ,•
la oye en su evisuno
.·
s6lo alcanza a compartirlos por
y el silencio del fil6sofo Y el guerrero, Y
ribera humana. La soledad es
amor, llegando a esa soledad desde la otra
los demás.
sil .
enCIO para
edad de nuestros pensamientos, un poco
Pero salimos a veces de las so~ esLa soledad como el silencio son p,osucios y aturdidos de ~oces y pal
al fondo de la soledad hay que usar
'-•ndos y no extensos nt altos•• Para legar led d en medio de la multitud
, ..
sil .
tenores. El enso a o
'cal
una escala de enc1os ex
funda
o el aislamiento es vero .
suprime la multitud. La soledad es pro
dcomd' tanaas'. el solitario a fuerterior a fuerza e 15
~
sile ·
El aislado logra un
nao ex h
algodonar a las cosas con silencio nuesza de profundidad. y llegamos asta la 1
pesar de sus ruidos y sus
. .
tremecedor en
se va a
tro. Hay un ~leno? es
b'
n que el silencio es físico y real, lo
rumores. En el dCS1erto, en cam io, etra soledad que como dice San Juan
.
ue es sonora nues
,
'
.
sentunos sonoro, porq
, .
liada" El hombre pone una uunensa
.. 1 esmo que mUS1ca ca
•
.
de la Cruz 1es do m·1 ncios en las cosasJ hasta parecer que les pone su propia
gama y esca a e S1 e . .
contero laci6n de una obra de arte, y
soledad. Ponemos un silencio en _la
p
el .SillO silencio que el
.
li . "
la orac16n, que no son
JilJ
un "sile11C10 redegioso
en
liada
I
silencio
de
la
casa abandonada, o
la noche estre
,oe
desi
del
erto o ·d
d I ave que acaba de cant"'"
... · · • Pero es que tampoco
el del árbol domu 0 , 0 e
. 'nal
acecha el del monje que ora, el
es el mismo silencio el del cmm
que
'

ras.

206

de la madre que contempla arrobada y el del poeta que está concibiendo
la obra futura. Tamp,co es igual el silencio del varón que el de la mujer.
Y es que hay un "sí mismo" varonil y un "sí mismo" fcminal, correspondiendo a dos formas profundas y decisivas de experimentar la soledad. La
"solitud" es profundamente vivida por la mujer de buena feminidad. Ansía
ella que .su soledad existencial, una soledad genuina propia de au "latera.Ji.
dad" metafísica, de au condición de costado de flaco de otro, sea compar.
tida, más aún, sea absorbida en la soledad del varón que la existencializa
y al que Uega sorbida en amor. También hay en la buena feminidad una
soledumbre no conocida de varones: esa soledad de la mujer, novia enamorada, que aún no es madre, y siente sin embargo, las cuevas de su corawn
resonante de voces de hijos que aún no han nacido ni siquiera ha concebido.
A esta "soledumbre" genuinamente femenina, se aproxima intencionalmente
otra "soledumbre": la del poeta, la del artista, que en sus silencios guarda
a muchas voces de criaturas de arte no nacidas, y que acaso nunca nacerán.
La soledad de la mujer "soltera" (es decir, "sola" o "solitaria") no es Ja
misma que la del varón ºsoltero", pues el varón, aun casado, aun unido en
amor, aun reunido en compañías, siempre experimenta una soledad que es
la fonna radical de su yo, y que suena a "unicidad". La !IOledad feminal
es "soledad de" var6n; la soledad del varón es "soledad sin" mujer. Todo
esto más allá del hecho, ya no discutido por nadie, de que en cada ejemplar
humano hay ingredientes de diverso grado y nivel, así varoniles como feminales. La mujer ha de salir y ansia salir de su soledad hacia el varón y por
el varón alcanzar, sin conjugar, la otra soledad de su hijo. El varón ha de
hacer entrar, ansía hacer entrar en su soledad, otra soledad de mujer que le
complete. La mujer halla su autenticidad, su "sí mismo" en otro: en el
var6n, en el padre, en el hermano, en el hijo, sobre todo. El varón halla su
autenticidad, su "sí mismo'' en su propia conciencia e."OStencial, en la que
sin embargo, oye la llamada o petici6n de otra soledad de mu jcr que venga
a enriquecer la suya. Los varones que más atraen a la mujer son los solitarios, los señoriales y autosuficientes, precisamente porque su propia soledad
de mujer le trae desolación y congoja m('tafísicas. En cambio, las mujeres
que atraen más al var6n solitario y enérgico en su verticalidad, son las recatadas, las hilanderas de su propia soledumbre, las que sueñan en su distancia muchedumbre de voces y hambre de conjugar soledades en donaciones
últimas al varón. Pero como la compasi6n no da ni quita profundamente soledad, nadie, ni varón ni mujer, quieren sustituir el amor por la compasión.
La compasión es algo externo y nada decisivo y hondo. No nos molesta ser
compadecidos en alguna situación de hecho, pero nadie quiere ser compadecido por lo que él, en su profunda soledad, es. El amor de varón a mujer

207

�y viceversa no es mera solidaridad o comparua o asociaci6n, sino conjugación de soledades últimas, hasta donde pueden lograrlo con su amor. Pero
en ese afán de conjugaciones esenciales, el varón sorbe y la mujer anhela
ser sorbida en otra soledad existencial: Notemos que en la física del amor,
el sorbido es el varón y la absorbente la mujer.
Me importa mucho decir aquí que, en relación con una metafísica de la
soledad (y aparte de una metafísica de la maternidad que intentaré en otra
parte lejana) lo más decisivo para Ja mujer no es el hijo, sino el varón que
la enamora. La soledad existencial del hijo nunca será catada ni compartida
(mucho menos conjugada) por la madre, sino por otra mujer que llegará
vestida de novia. La madre con su ternura y sus cuidados nunca llegará al
centro persona] de] hijo, allí donde arde perenne y votivamente la lámpara
de la soledad existencial del hijo. Por su parte, la soledad profunda de la
madre sólo ha sido o podido ser compartida y aun conjugada por el varón
que la hizo madre en amor. A la soledad del varón llega la mujer para
liberarse de la suya, que experimentaba como honda congoja porque no le
daba el "sí mismo" que ella buscaba. Ese "sí mismo" sólo puede encontrarlo
en el varón. No olvidemos que la mujer existencialmente, es un "ser-en-otro"
y un "ser-para-otro"; el varón es propiamente, si lo es con autenticidad, un
ser en sí mismo. El "autós" del varón, su autenticidad está en sí; el "aut6s"
de la mujer, su autenticidad, es buscada en otro.

Soledades colectivas y soledades complejas.
Llamamos solas a las cosas cuando están aisladas entre sí o faltas de la
atención y de la solicitud humana. En el primer caso se quedan sin nexos
o relaciones. En e1 segundo se quedan sin el cuidado y la atención del hombre. Pero en ninguno de ]os dos casos puede hablarse de soledad. Las cosas
son incapaces de soledad. Y los animales también son cosas. Sólo el hombre experimenta la soledad pegada a la raíz y al tallo de su existir. La
soledad es toma de conciencia de sí, un quedarse consigo a solas. Una soledad no advertida por el solitario no es soledad propiamente dicha. La
soledad empieza en la toma de conciencia de sí mismo. Y para eso hay que
tener "sí mismo" que es lo que no tienen las cosas. Y como las cosas no
tienen soledad, tampoco la dan. . . A veces nos ocurre que a la vista de
determinados objetos (muebles, juguetes, recuerdos) nos sentimos más solos.
Pero no son las cosas las que nos inyectan soledad, sino las que subrayan
la ausencia de alguien, y de ese alguien, sí, estamos solos. Nunca puede el
hombre estar solo de cosas, pero sí solo entre cosas y a la vista de ellas. La

208

"soledad sin» com " 1 dad d ,,
.
o so e
e es siempre soledad de al .
y n~ ~e cosa. Los japoneses designan a la "soledad d." gu1en, de persona
lancolica, con el vocablo "J k ,,
, .
e , a la soledad mea u ' pero ese tenmno vale t b. ,
se va, y para el que está lejos poblándose el alma d ~m ien p~a el que
soledumbre. Lo que no signifi
e as ausenaas en la
ca nunca esa palabra es "sol dad d "
b
u o jetos. OrteO"a
que nos ha dicb
h
e
e cosas
0
o mue as veces que la 'd "
.
mente soledad, radical soledad" nos dice ta . ,
VI a es esencia].
en medio de los hombres y d 1 .
mb1en que el hombre es solitario
e as cosas· "Est' ¡
esas cosas están los otros seres h
. ,
a so o con ellas, y como entre
,
umanos, esta solo con ellos" y - d
pues: "desde ese fondo de soledad d' l
. . ana e poco dcsra ica que es sin rem di
.
emergemos constantemente en
.
e o nuestra vtda,
. también segun' h
un ansia no meno
d' 1 d
D1ce
•
,
.
· s ra ica e compañía".
'
emos visto mas arriba que soled d
"
de". Pero si es
también af' d
_, '
ª d es quedarse
solo
an e compan1a ·de q ,
.,
solo el hombre?
' C:
ue O e qwen se queda
Se queda .solo de, co11 y entre hombres S
, .
lamente hay soledad de ho b
T
· u texto último es soledad. y som res. ampoco hay soled d
D'
rucidad no es soledad N' ha
1 h ombre soledad d n·en 10s, pues su
·
i
Y
en
e
el hombre se pierde de sí El h b
e 10s, salvo cuando
·
·
om re está. solo de homb
Dws.
Más bien está inundado d Él
.
res, pero no solo de
· más solo se siente d
e
Y nurado' observad 0 , asJsh
· 'do de Dios.
Qwen
,
, e, con Y entre hombres más
.
y mas presente y solo está ante n·
.
presente tiene a Dios,
h b
10s ... la soledad da el
taf' .
om re. Por ella el hombre toma
. .,
peso me lSlCo de]
.
su
gravitac1on
hacia
arrib
U
levita sobre sí mismo y· asciend h . D'
ªi por e a flota,
,
,
e ac1a tos En ella t
.
.
s1 y de su libertad porque en 11
•
.'
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« l
' cua o es soledad enarse so o con" n
·
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compañía molesta que se b.
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, o quiere ecir en una
.
a Jura y re uye para qued
1
.
smo un estar en compañía de . t
11
.
arse so o o ansiar estarlo,
ridad, y experimentar la " Jedo rdos, yl a ~ os ligado con vínculos de solidaso a co ecttva" q
1
solo con los demás (en otra acep . ,
l ' ue .es a a vez, un sentirse
l . 'd
c1on que a antenor)
.
ectivt ad solidaria estar "sola d ,,
, Y un sentir esa comismo la soledad colectiva de / otr~s soledades colectivas o no. No es lo
familia que ha buscado
a pare1a amorosa, o de Ja soledad de una
gozosamente Ja ocasión d
d
.
sola, o la soledad de la c
'd d d
.
e que ar colectivamente
omun1 a
e mon1es q
d ,
resto de los hombres vi
' ue ª emas de aislada del
' ven una so1edad comunita .
l
queda sola de) padre en orf d d
, na, que a familia que se
'
an ª que acentua do!
D el mismo modo se da
la "soledad I . "
orosamente la soledad.
de un puebl0
.
Jefe o conductor el que le dab .co, ect1va
.
que pierde al
.
'
ª
qUtzas 1a umdad de e
·,
cuac1dad y la admiración colecti
L
.
omumon, por Ja sereligiosa ¡ d'd
, "
de ., • Pero esta otra colectividad hva.'rf a comurudad
.,
a u l a esta .sola
ue ana, deb1eramos dec ·
tá "
.
para dar el acento debido a 1 ~
d
ir que es
sola sm",
a orma e soledad experimentada El
•
que se

u.

ª

209

ll.14

�• que
1
.
acaso no se queda so1o, sino
va lejos de aquél a quien am! yl edc~,º:::1 de ~uien se aleja; por ejemplo,
se va a estar solo, y a estar so o e
rimenta no la "soledad de" sino la
el emigrante. Pero el que se queda, expe edad
carencia una orfandad
, una
'
"soledad sin" del que se va, u na manqu

que no .se da en el otro.
más soledad en el hombre. Cada uno poHay pues, soledades Y no nada
.
has soledades aunque sea
'
además tiene mue
•
.
1d d
see diverso modo de so e ª , Y
'
"A · soledades voy de nus
. 1 La l trilla de G6ngora
mIS
'
.
única su soledad radica ·
e
da h bre campos y regiones solí,.
certera Hay en ca
om
. da
soledades vengo , es
. ·
ledad 1 madre que queda vm con
.
modos diversos de so
· ª
tanos, zonas - Y
•
1a soledad colectiva y apretada Y sosólo expenmenta
niños pequenos, no
.
bién a la vez, la otra soledad para
lita ria con todos los huérfanos,..
~pecto de su marido. Se siente
ella sola, la "soledad de" o la so e
;n . da y además experimenta la
con la doble soledad de huérfana y e ~~ 'ne1 mismo modo la mujer
soledad solitaria y colectiva con todos s~ JOS.ama se siente
de aquel
.
un varón a quien no
,
.
que contrae nupcias con
uien detesta. Un monje puede senbr
que la enainora, y sola con aquel a q_d d
a la vez la "soledad de" su
la soledad colectiva de toda su comuru a l,edy, d pobla&lt;hl de ecos de muchos
.
b', la soledumbre o so a
.
madre leJana y tam ien
d 'U..
es no solamente .soledad, smo
.
está oran o. lliSya, pu ,
,l
hombres por qwenes
, .
d soledad y fonnas de soledad mu •
también "soledades", formas mu1t1p1es e

SI~º~:'. ,.

sol;

tiple o compleja.
.
habla d soledad de cosas aunque
.
h
propiamente
n
·
He dicho que no ªYi
h fonnas de soledad comp1eJa
con ellas pero ay
sí hay soledad entre cosas Y
'
solos de cosas u objetos que
d · · l rror de que estamos ·
en que se suele a m1tir e e
. d
t'erra O el paisaje lejanos
•
l en la nosta1gia e Ia 1
nos faltan; por _e1emp..o,.
,, 1 . na) 0 el recuerdo melancólico de he("saudade" galaica Y soidade usita
asos no se iente
'd p
ti ndo que en esos c
chos pasados de nuestra v1
ero en a:.ación de las costumbres, del habla
soledad de o por las cosas, smoDlal se~
modo la melancolía del pasado
e mismo
,
t ,.neos
b
y de los hom res co erra
·
. .
· damos contiene más sole•
y acontecumentos recor
,
que se fue, y cuyas cosas
.
rsona que antes fuimos con acento
dad de personas y soledad de la propia pe .
1 " udade'' suena la
•
•
.
.
05 En la nostalgia Y en ª sa
y timbre que ya no tenem .
,
. dora la ''soledad de" qmen ÍUllllOS
''soledad de" otro; en la ~elan~lia ~d\OCda E '1a soledad honda del hombre
la misma mtens1 a . n
)
y ya no somos con"
,,, como co la es la espuma y la e.xpresi6n popular
andaluz (de que la solea
a1 . p d la t1·erra leJ·ana, sino que hay solc" d d ,, 0 hay nost gia e
no hay sau a e , n
.
ñida de "desengaños" estoicos del mundad evocadora Y melancblica, muy te
h
d llamar "soledad de"
d ,
funda que emos e
do; y hasta otra soleda ~as pro
ha en el hombre vera "soledad de"
. ... He dicho más arriba que no Y
D1os

°,

ª:

210

'

Di01, pues toda persona individual, en lo hondo de sí, tiene, quiera o no,
presente a Dios, se siente en presencia de ti. Pero así como se habla de una
tú-solación que, significando en verdad esa pérdida del suelo o el paisaje,
la experimenta el hombre como soledad moral y metafísica; y así como la
"saudade" parece pérdida del paisaje, experiencia de un arrancamiento como vegetal, cuando es más bien desgarramiento de la compañía de otros
hombres, así también puede. hablarse de una "soledad de" Dios, aun siendo
en verdad soledad frente a otros hombres, y componiéndose de desolación
moral (desasimiento del estoico) y de soledad consigo mismo.
El andaluz se siente, distinto y vertical frente al paisaje en que se forma;
no se siente sumido en él botánicamente como el galaico. Por eso, el andaluz
lejos de su tierra, no es nostálgico de ella, y más parece que todo el estilo
del ser de Andalucía va con él y no le queda lejos. El galaico-lusitano siente
una mutilación o manquedad, lejos de su paisaje. El andaluz no porque
el.paisaje, la geografía, es él. Y al revés; el paisaje físico de Andalucía no
tiene "carácter'', ni estilo sin el hombre andaluz; el paisaje galaico-lusitano
tiene personalidad" -valga la expresión- sin sus habitantes. No tiene digo,
el andaluz nostalgia de tierra, pero tiene una profunda melancolía dolorida
y lírica de su propio pasado que continuamente evoca. Y tiene una rica ' melancolía de rey destronado'', una profunda e inefable nostalgia de lo di\ino
que le hace sentir eso que llamamos ahora "soledad de" Dios. No es, claro,
que le falte la presencia de Dios, sino que "echa de menos" no tenerle más
consigo. Las tendencias místicas del solitario andaluz es un ansia de quedarse a solas con Él. Su máxima aspiración es ''hablar a Dios de Tú", es
decir, dialogar a solas con tl, como un gran amigo, el andaluz huye ascéticamente de las cosas para quedarse con Dios. De ahí, su sobriedad y su
frugalidad. Como es profundamente dual, su sensualismo le arrastra no pocas veces, y luego le carga de culpas que aumentan su ascetismo. Entre el
ascetismo y la sensualidad, el alma andaluza labra su soledad. De ahí también el habitual saludo andaluz: "Quedarse con Diol', "Vaya usted con
Dios". Sin duda porque sentirse sin su presencia es forma trágica de vida en
Andalucía. En todo místico se busca una "soledad con" Dios. Es el "¿qué
quieres que haga, Señor?", de San Pablo en Damasco. Un gran amigo mío
anda}~ de gran reciedumbre ascética, me ha contado que se sinti6 curado
de su enfermedad cuando un día dijo en su oración: "Pero ¿ qué va a jasé
conmigo, Señor? ¿ Vas a consentir que me muera tan pronto?" El andaluz
tiene soledad ontológica existencial de ensimismado, porque está lleno de
la soledad de sí. Por eso, canta melancólico, pero con gozo lírico de treno,
sus "soleares". No necesita mucho de los otros hombres porque vive un poco
absorto en sí mismo, absorbido en la escucha de sus voces más remotas. Está

211

�.
"
padre" le trata de "usted"' para
siempre lejos de los o~; al ~ el :'daluz tiene fama de ser individ~afumar la propia distancia. Por ras de arte, todo sobre un fondo esto1_co,
lista, rebelde y gran creador de :ado" que le hace propender a la oraa6n
piente y sentencioso de "deseng
f
y cumplen en el secreto
u la
'tencia. Los votos penitenciales se o recen
ya
pem
.
mú riguroso.
pero no secretos banales, smo
dal
·
ve
cargada
de
secretos,
• ~ue deEl alma an uza VI •
esticulación y la exterion'dad ' ~
trascendentales; de monJe, La g
rico mundo intenor msospe.
ardan
recatan muchas veces un
l a quien
nunaar, gu
Y
• discordancia de que aque
chado De ahí la frecuente Y sorprestVa
,
. ,da
se mete en un
.
.
todos un día se swa ' O
temamos por festivo Y abierto ª
'
. paladeando su soledad Y
1
po
largas
vacaaones
convento, o se pasa en e . cam Semana Santa es una inmensa multitud de
sus soledades. Una procesión de
ula y rinde sobrecogida ante una
li tarios. &amp; una muchedumbre que se anedad d 1 .da en una "saeta". En
so
. .
ta su sol
o on
d
voz anónima y solitana que "can taor" no dice su secreto, sino que lo alu ~
la misma copla cantada, el ~
una soledad. De ahí el sentido casi
él La "soleá" es la grao metáfora de ,
manif tane se esconde goa .
En 11a mas que
es
.
. , tico de algunas coplas.
e '
chan en comumón
erugma
nales. Los que escu
,
losamente un mundo de seeretOI ~
la }edad del cantador, sino la
hallan alUSIODCS a
SO
•
llrica de solitarios, ~
ues soledad compartida o soledad colecuva
voz de la suya propia. o es_, p '
edi de la multitud, y de sus
de un grupo. El aodaluz se "ensoleda" en m o
aislamientos, hace "soledumbre"
A todos no.s han cantado
tn una noche de juerga
cosaJ que nos han pasado

ha dicho Manuel Machado.
de "soledades" son: Góngora, Bécquer, AntoGrandes poetas de soledad y
b', lo fue Manuel de Falla.
Ramó Jiménez y taro ien
.
nio Machado y Juan . 'ent: de soled~ en ellos y en Quevedo.º Fray L~,
Si comparamos el sentmu
.
, . ·1 ocasional o circunstancial,
, lnmos es. . • mas cavi y
1· é
hallaremos que la de estos u
.
la d
uéllos. Juan Ramón im •
én ·
ontol6g1ca que
e aq
al " tro"
menos honda, aut uca y
dualidad profunda, aludiendo
o
_
___;.
muchas
veces
su
•
led
d
Bécquer
se
nez, que ~,.•.....,
. ,.
.ardinero de su propia so a .
que le acompañaba, fue un f a ~ J led d de los muertos. y Antonio Maestremecia considerando la últuna so a
chado dejó dicho esto:

212

º"

Dialogo con el l&amp;oml,r, que sump,e conmigo.
Quün habla solo, 1.spera laablar con Dio.s un dla.

Pero en la saudade el hombre galaico experimenta otro sentimiento de soledad, su ensimismamiento no es total; se ensimisma con loe otros, cantando en
un orfeón o entregándose con ellos al gom del desleimiento multitudinario.
eccsitan todos por Jo menos la presencia del paisaje o su tremenda nostalgia de él. Lejos de la tierra, los galaicos sienten la intemperie que les hace
arracimane en "lar" o en colonia. Pero esto nos indica que no es vera "soledumbre", pues no les basta sentirse aislados para poblarse de los denw
hombres, sino que precisan unirse físicamente a ellos. Ni soledumbre, ni ontológico ensimismamiento, sino una soledad colectiva y pánida, solidaria del
paisaje y solidaria de otros hombres. La soledad del alma gallega está resonada y llena de vientos forestales y númenes telúricos, pero también de la música de) habla nativa, del rumor de sus tradiciones, de sus canciones y de
los hombres gallegos. Los andaluces en Andalucía parecen un archipiBago
de solitarios. Los gallegos lejos de Galicia, una multitud en soledad colectiva.
Aburrimiento y soledad.

Una forma de soledad compleja es eJ aburrimiento. Ningún buen solitario
se aburre nunca, pues el aburrimiento no es fruto de soledad, sino falta
del gusto de la soledad. El hombre galaico experimenta su "saudade" y su
"morriña" cuando está lejos de su país. Pero eso no es aburrimiento, pues
las nostalgias duelen, pero no aburren. El gallego teme a esa soledad de distancia geográfica que puede Uegar a matarle, a hacerle morir, pero nadie se
muere de aburrimiento¡ porque el aburrimiento no mata, hay quien re mata
por aburrimiento. La morriña, la nostalgia del gallego es tristeza existencial
por de-.solación, por pérdida del suelo materno. El desolado necesita con-so/ación, y por eso el gallego se arrima a otros hombres a que Je den el perfume
consolador de la patria lejana, que es más bien una "materia"... Pero el
solitario andaluz cultiva su soledad, la canta, la llora y la mima. Y como
otros hombres "acarician" sus ilusiones, o "abrigan" sus esperanzas, el andaluz "abriga" y "acaricia" su soledad. Pero no hay en él de-solaciones, pérdida
del suelo o del paisaje, pues el paisaje lo lleva dentro, y no es geográfico,
sino humano y personalísimo. En su indescifrabie soledad ontol6gica no espera otro consuelo que el del ensimismamiento, el de la propia soledad como
compañía. Pero por eso no hay aburrimiento profundo en el andaluz.
En el aburrimiento profundo en el vacío existencia~ no hay enérgico anhelo

213

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:1li ~ em&amp;iendal bls-

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dala ccmpa6'a
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• •meDiOI ffl-flP,,fl1, y exiltif
"cfe'ado de )a mano de Dios". L1qa .
Pido como el desesperado es un • J • fuerzas baltantes para matane; ~
' deaeol aqp&lt;m ele monr, m
•
una IOleclad que matar.
tane am
• No baDa en • mumo
bablar6 del
plemeDte 1B dejada -SPGJV.
tiene fuena1 para bacs. Ya
flota
~~~l
abunimiento
en IUDl,lUII w: ~ en un libro a ello destinado.

sin.,....._.,

Sole4llll ül ,Oda.

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L ....... L...... ele mmna, .utenticidad.
y al
losde
de rua s IIUIIIIJII-.;
_..__
J!I .,.... •
al fanb!ar de ·---:-fundar o
poetas, al artilta
- i . . El poeta para poemar, para
.
puebloe r al colomzador de &amp;~• • humanidad, de su rica hombda, enn.
erar, aeeesita echar mano de su recaa

~

t\lltd6t tlel C!OGtlctO coa W

deaú h:tm!ireL Neeeaita de e&amp;. paa mdu-

. _ o impirane ' - - - fmpetu. • peeta aaefia &amp; las ~ ..
lliinmtapordet,ucWqicu6a,.bmiraywdeideabajo,deacleJaunn.,
Wdad de la ralc:a en commñdad, • cala catMb!DLiilkt d tampJejo ..,_
.., mterior, 1a IDrbe e1 caru6a, e1 •• e1 llber, e1 sufrir, e1 a1ie1ar , Jea
eatne la -,re con que elabora Ja 1&amp;ya de poeta.

y im embaz¡o, el poeta - IOlo, infinitamente aolo, y necesita ])Ira qaien es, una inmensa y da&amp;1iea mledad, una d!dad IDIMáaaJ, en com.u6 con b hombres tocio,, de b que • _ . . ftaDdo est6 - - e1b,
y mU él1' entre ellos cuanto mú ae aisla, pues ae reviene dé émoWaqlien'tt,
entre Ja multitud, y de IOJedumbre en el aislamiento. No es hámln auperiot porque sea un ICibie..flombte lino porque es total hombn: a IOlu, y en
Ja soledumbre como en el emoledemiento habla la wz de muchos, y hábla
111 voz con mú autenticidad de Ja que elOI hombres DlÍIIIIOI repte,e■&gt;blcb
por el poeta, aabrfan lograr. Por ao es "originar' porque origina, porque comparta Ja uDivenaJicfad de Jes odgenes bnwnanoa, lra,mdob a ..,.,,. om..
lia4 oiN. Su originalidad d,i tnlitario • de bombte macbedumbrizado.

La mledad ensimianada es ya una utiflul, una disposición para la acci6n.
La actitud ea el hombre autáatico es ya, a la vez, acto y posibilidad, poder
o potencia ••• Porque el hombre no scSJo inventa sus actos, sino tambiái 1U1
poábilidacfa y potencias, a partir del contingente o c:audaJ, de la aptitud y

Ju aptitudes, que Dios ha dado a cada uno. No todos tenemos Ju mismas
aptitudes, y por ello, no todos podemos fundar en nuestro eldstir las mismas
J)Olibilicfades. Para encontrar en nosotro, Jas aptitudes penona1ea hay que
esforzane en Ja autentiftcaci6n, pues Ja autenticidad es la búaqueda y rutreo de aqueJJu aptitudes, y IU -hallazgo 1101 dará la medida de nuestras posibilidades. La acd6n autáitica y mstencial en el hombre, origina su, actos
y sus potencias, Oyendo nuestra vocación existenciaJ, iniciamoa nuestra autenticidad con el rastreo de nuestra, aptitudes. La actitud primera es la de ensimismarnos para encontrar nuestras •Ptilrufu radicaJea.
Y una forma primaria de la autenticidad, de la 11&gt;ledad l!llJSÍrnísmada, es
Ja "IÍDceridad", voz que quiere lignificar pureza en el decir o pensu-, pua
• form6 en Jatfn de los \IOCabb griegos m y ,,-,, decir o anunciar. Ea
lincen, el que autentifica su IOledad, al que 1e ensimiana reuniendo su "uno"
y su "otro" en el ''al mismo" aut6ntico. Sinc:erane es purifjcaz,e, depurane,
trabajar ed el propio dabn,ce huta llepr más all6 de la ccatra que depo-

214

215

�lita en noeotroa lo social y lo inautáltico. la el fondo de la ainceridad, estA
la libertad creadora de á mismo, la acci6n fundadora en que DOI libera•
mos o hacemol libia. Pero está la libmall, no la espontauültul irresponsable.
Nadie confunda la sinceridad metafnica con aa fonna de la espontaneidad
IDCial que llarnamoa "la franquea", aunque es aquella sinceridad la que no1
abre o franquea, venciendo obsw:ub, para buscar a Jm otrol y ponemos en
comunicacl6n con ellos, despu&amp; de haber carboneado, tomado combustible
emtencial, en la primera comunidad ClOn ellos, c1e la que bi1amol nuestra
soledad. La sinceridad ontológica y solitaria está mú allá de vocablos, mas~ fónnulas de convivencia, impull0I y pasiones, En ella suena la libertad. Pero la sinceridad DO origina la libertad, sino que a6lo el que hace
bri0101 esfuerzos liberadores, ae pone en actitud de ser sincero, Y a6lo con
sinceridad auténtica podemos ser originales, teneJDOI que serlo, porque abre-

vamos entonces en la más auténtica singularidad nuestra.
Pero es difícil ser sinceros- 5610 lo son los rigurosamente auténticos, los
capaces de emoledane y ensimiwane, bajando basta las fuentes de si mismo. Metafísicamente sincero no lo es cualquiera; hace falta, para ello, mu•
cho denuedo y rigor en el reconocimiento de sí. Y reconocerse no es irse,
abrine y franquearse, sino encerrane en intimidad, a solas, ensimismarse y
entonces, palparse e inspeccionarse, ,econoceru, basta oine los últimos manantíos de la soledad. La sinceridad es el instrumento y el camino; la libertad como autenticidad, la meta. Las ''franquezas,. sociales suelen ser, no sólo
falta de sinceridad, sino carencia de autodominio, de autocrltica y de capa·
cidad y de aptitudes libertadoras de sí mismo, El hombre espontáneo de
muchas "franque7.35" es víctima e instrumento de esas mismas franquezas,
y por lo tanto no es libre. La verdadera sinceridad nos abre a franquezas,
pero para nosotros mismos, cerrándonos el paso a franquezas para con los
demás, para quienes más bien nos sentimos llenos de respeto, porque contamos de antemano con su aptitud para obtener la libertad suya.
El denuedo del varón, su "arrojo" espontáneo, su tendencia centrífuga, le
lleva muchas franq&amp;Uzas. Su virtud social es la franqueza, la apertura espon•
tánea ante el mundo. Pero sólo es auténtico el var6n que reúne en unidad
su dualidad profunda; y entonces, la franque1.a se hace sinceridad, unidad
de su dualidad, partiendo de esa dualidad, pues la vera sinceridad es un
decir profundo, un diálogo consigo mismo. Sólo quien habla consigo y a
solas, puede llamarse y ser sincero, Pero por eso mismo, la mujer, que es un
str en otro 1 para otro, ser humano que halla su "si mismo" fuera de ella, en
el varón, no es sincera hasta que halla la unidad amorosa de la pareja. La
mujer sólo es sincera cuando babia el lenguaje del amor. Allí se purifica y
alli encuentra su habla más profunda.
216

11,~g:~FtA
y JURI PRUDENCIA
AMIENTO EN SUS

REVALORIZACIO DE
AMENAZADAS DE

eONCEPTOS BÁSICOS

Dr. Ivo

HOU.JIUBER

Salzburg (Austria)

dencia actual y dándonos cuenta
HACEREs
urgentes
del ~
unportan
, . de la fibofla y 1· urispruestas disciplinas en el umbral de es
~ o papel de cada una de
época moderna, hace ya algunos
era a t ~ (~ue siguió a la llamada
de caer en el prejuicio de la "inutilidad'~ el 11glo vemte)' corremos el riesgo
"pragmatismo" de la jurisprudencia.
a secas de la filosofía y del gratuito
EMPAPÁNDONOS EN LOS QUE

1US:.

El_ hombre moderno, que mide todo
..
conaencia de su fm ha d . d
~ su utilidad y que ha perdido la
El hombre moderno 'nunca esvia
su lavida, anonadándola ontol6gicamente.
ha te o•do
voco de los "/ideismos 'Y c:~nt'f' ~
menor duda del fundamento equí•
.., 1 lt'OJ
que procede l---..l!
tices multicolores del inmanen~ d
_n ~.iewatamente de los ma.
, el materialismo d 1 L:_ •
pragmatismo o del relatiu:--..
' e nutoncismo del
.
........
IV'
y nunca ha latido
'
actitudes una impresión más
_
. en el fondo de todas sus
~ue la ciencia moderna ha d = y ~ mumo tiempo más gratuita de
f~osofia y jurisprudencia clásicas, a ~alida. de los conceptos básicos de la
lidad, libertad J.usti..:... domi .
' entre otros, los de causalidad, rea
'

....,

mo, etc.

-

I
Huelga repetir 1a propaganda seud . tíf
que la moderna fwca cuántica ha o-aen ica sobre la supuesta puñalada
asestado a la causalidad, que la ciencia
217

�• • de la micla&amp;ica. Sabemal --, ,_.
esto
en el damimo
ha .i-.-.L. al - ...- , la causalidacl está muy -=JOI
si es menester aubrayarlo con toda eaergia- que •
. • de detenni• •
determinilmo de modo que nmguna Cl'IIII
de aer l&amp;IIÓDJ!M de . • :-...¿. una crisis ele la propia cau11tidad Aunnilmo, dentro de la aeocaa, 111UJ™- • •
importa el _,1,. del deterJid d imnnrt,. cierto detenn•JUIDIO, DO
&amp;&amp;que la cauaa
r- ~
. de Brogli distinguía la causalidad fuerte
rniniano rlgido, ~ ~ue ya ~ ~ t " ) de la noci6n de causalidad.
'f babl6 de una ampliaci6n (un ~ p
• l6lo el mú ripio grado
Por tanto, quien niega el ~ total,. megatoda causalidad, La negade detcrminmno, lo cual no qmere decir que
no constituye la menor
ci6n de una de 1111 formas particularel de
d las
·
•
el • • • 6loa6fic:o de canalidad que es una e
objeción sena ~tra pnnapsod--.1... de b datos de Jos aenticb, sino de
realidades metaftsicaa que DO ..~
•
.venales.1
las leyes ontol6gic:as wu. dane cuenta de la enorme diferencia. que hay entre
y hay nw: es ~ •
cómo son las coras rules y por la cual
la tt,pistlffl4" 6ntieo que ~~ propia y la ewneio motúrna que invesel
ser real expresaba tener
el muuuu.
---~- Por tanto bacerD0l nuestra la
.i.... c6iDo ocurren las COIII en
~ .
Zubiri. "Es completamente accesorio entonces alegar, para
afirmaci6n -'-1-.i
de
• &amp;itol w:
:.1_ la ft..!- - - ~ - los
, ...... IIIUQCllJA, • • La cuesti6n es mucho
molver eJ l .. _ _ _ ,
limita al orbe de la ffaica, sino que ae agiganta,
mis grave, porque no se
obrtulrlUlo ,1 sn mino tlel homhr.".'
"
,1_;,...,. dos
.
.6n
"fenllmeno" y "cou en á no ---6...
Tomando en CODStderaci que
• dos modos de aer de una misma
"a»ai' distintas, una en st y otra en mi, SJDO s61o la distinción entre estos dos
COI&amp; y que lo que ~ .hombre produc:eraz6nes
tan"rea1idacr donde los griegos dijemodos de ter,• Zubiri puso con toda
"ousia''
ron
•
hallamos en lo mAs mtimo de los problemas ontológicos que
Con esto D0I
implicaciones.
clebenM&gt;I deslindar de 1111 comspondientes
1 '6 El
. pueden servir de guia para una so ua n.
ubiri
Loa datos que nos dio Z
•
la cimcia moderna
momniento para la "episteme" fue estado del m6vil ., para
sucesión de
•
Para .....~n.. fue un modo de ser y para &amp;ta es la
es fund6n.
-s- .
toda""-..--•" fue esenaalrnente un modo
estados distintos. Para la1 gnegos

:lidad

--r-

a

a.

LoUII DI Baoous,

A• tl1U tlu ,nn1141W lúnius

:!:

u

141

,,ine,,

(Revue de

IUtapbaique et de Morale, 52·! 947:•.: 2 2!:_&gt;¡hdricl. 1951, pp. 82, 282, 286 a.
XAVllll Zu.m, N•t•rt"6u-Hislorua,, ,,
• •
~- ,_ raouru fwa nblie•
s.
J
El latldmmtUlfflO .. ..
•
JUAN 1lom GaONa.LA, • •,
•
n.mli4tul (Penamiento, Madrid, 1955,
ltu ti, ,.
filos6fie•
'
,
pp. 47-76).
• Cf. XAYIU Zuuu, l. c. P. 98.
• Cf. XAvma Znar, 1. c. p. 87.

,_,,,iutlo • ,..

218

aocw•

u

de• de la cea que la JICll!e "f la aa fue cama, fue "aitfa". Toda aturalaa fue una lun.ia:mentaci6a camal de aw, mientru que para la ciencia
moderna la naturalm es un tiltema. de 1eyea. Surge la diferencia entre COIDIOI
y mundo: mundo es estructura objeciva de fflll6menol; CD111101 ordenaci6n real
de realidades. formar parte del C0111101 es aildt, mientras para la ciencia
ltZ es simplemente aoontecer. Swp tamba la difamciá entre la naturaleza
en d lelltido de la nacuraleza de las COIU y entre la naturaleza en el sentido
de la fisica: ul el principio de indetaminacl6n y la flsica cuántica no aon
necesariamente una renuncia a Ja idea de ca.., tino 16lo una renuncia
a la idea de la causaJidad fflica interpretada como c:letenninnmo rigido. Y
111118 la diferencia entre Ja caualidad como relaci6n ontol6gica que quiere
concebir el origen del ser de las cosu y entre la causalidad flsica que en
vez de ocupane deJ origen de las cosu no es una aitiok,gía, sino simplemente
IJIUI. dioámica que 1e ocupa s6lo de Ja medida de las variaciones de las cosas
y no de esa, rnisrnas COIIU. Zubiri habla de una "heroica renuncia" que engendró la física moderna y que constituye una auto-restricción que la hao
renunciar a explicar el origen de todo movimiento y por tanto a la idea de la
causalidad como relaci6n ontol6gica.'
Además debemoa destacar d hecho de que la causalidad constituye s61o
uno de las relaciones originales, entre las cuaJes la más inferior es Ja causalidad. rnientru las superiores son "ftmdam,ntalúJllll'• y "¡,articipaci6n• haciendo nuestra la distinción de ffBHOITENBBRO que será de gran tralcendencia
para la ftloso&amp;a de mañana •
Por otra parte la bien conocida relaci6n entre energía y masa (K=Mc')
fundamento de la energía nuclear, no D0I automa a suponer que la materia se transforme sin más oi más en energ(a o viceversa, sino más bien nos
demuestra que no es absolutamente necesario poaeer la propiedad de inercia
y de gravitación para que cualquier coea pueda Uamane material, sino que
puede existir también una especie de materia sin esos caracteres.•
Estas exposiciones nos preparan para entrar en el problmaa d, la cwncia
a secas y vencer aJ cientismo que constituye uno de los engendros más persistentes de nuestro siglo.
MJCmLE FEDERICO Sc!Aoc:A en su Filosofla# hoy nos ofrece un acceso sucinto
al problema en cuestión:

• a. XAYIU Znw, l. c., pp. 69-99 y 241-294.
• Cf. H.ura-Eouw, HaNOST&amp;NBUO,
(Pustet) pp. 24-50.

Sm """

Urspiqli~l,uit, Salzbu,g 1958.

• Cf. Ivo H&amp;.i.avna, L'itdt,rai6u ua. Na•r• , tl,ll'Uomo, Comunicaci6n hecha al XII Conpao lntmw:ionai de Filodla, Venecia-Padon, 1958 publicada en
lu Actas del Congrao IUIOdicho en 1960.

219

�Del mismo modo que fue infundado el deducir de la ciencia cartesianonewtoniana-positivista una filosofía materialista, es _también. infundado_ ded~cir hoy día de la ciencia einsteiniano-planckiana-heisen-be~an~ una filosof 1a
espiritualista, porque .ninguna ciencia puede fundar una filosofia y no pu~e
resolver ningún problema filosófico. El cientismo es extremadamente dogmatico: supone que la ciencia es toda la verdad y que no hay verdad ~ue no sea
científica; supone además, que toda verdad sólo puede ser convencional ~rque la verdad de la ciencia es convencional1 y que por tant? _la pretendida
verdad absoluta de la metafísica no es otra cosa que una poS1c16n pasada de
moda y anticuada, sin percatarse de la contra~cció~ intrí~: ac~pta ~mo
absoluto y definitivo el principio del convenoonalis~ y mega ~u!~neamente que toda verdad sea convencional porque admite como .def~mbvo y
absoluto el principio del convencionalismo de la ver~ad. _El .c~ennsmo extiende arbitrariamente el convencionalismo a las doctnnas filoso{1cas Y ~etafísicas como si la razón científica )' la razón metafísica fuesen una rrusma
co~{. F. SclAccA desenmascaró el neopositivismo l6gico como "/i.ricismo" Y
"nueva barbarie cicntista" y lo hiw con toda razón:
Fue el "Círculo de Viena" el que oponiéndose a la filosofía sistemática
y a toda tendencia metafísica desempeñó el papel de "una c~adrilla_ de.
to de tendencia anúmetafísica y por tanto autor del pensamiento c1entíf1co
(F. FRANK). Esa subespecie del neopositivismo se presentó al principio ~o_mo
una cruzada contra la filosofía y la metafísica y tomó como modelo a la f is1ca,
afirmando que sólo tiene sentido lo que es mensurable y que carece d~ sentido todo lo que no lo es. Los neopositivistas no se contentan con deCJr que
el saber científico debe liberarse de los residuos metafísicos y que desde el
punto de vista científico-físico las afirm~cio~cs metaf~cas no pueden er
valoradas en su significación e importancia, sino que anaden de su ~ a
que las afirmaciones metafísicas no tienen sentido desde el punt_o ~: v1~ta
científico y, por tanto, no tienen sentido a secas puesto que_ saber s1gnif1~~1vo
es sólo el saber científico, que por su parte se halla reduc~do al saber f1~1~0,
que es mensurable y verificable y -como última consecuencia- las proposmones metafísicas son ilógicas y carecen de sentido. Por tanto, las reglas del
lenguaje para ser rigurosas, deberían ser puramente f ~nnalcs y tautológicas.
ScIAcCA compara a los neopositivistas de Viena y Ch1cago que desde hace
casj treinta años colaboran en sentido antitético a la filosofía )' formu1an

~sa!:

1

cr.

La generación del Círculo de Viena no se ha extinguido con Schlick
Neurath, Carnap, Reichenbach y Wittgenstein. Sobrevive en Viena co;
ERNST TOPITSCH, sobrevive en Inglaterra con A. I. AYER y sobrevive en
Argentina con RAYMUNDO PARDO.

En su libro Origen :Y muerte de la metafisica O ERNsT TOPITSCH continúa
las ideas de Max Weber, Hans Kelsen, Emite Durkheim Vilfrcdo Pareto y
Ha~ GomP«:rz. Las cosas y los acontecimientos de la vida cotidiana -según
Top1tsch- sirven como representaciones-modelos para interpretar el mundo.
Así nace a menudo una concepción del mundo "intencional" y aparentemente completa que es formada por la idea-guía de nuestro querer y hacer.
En esta concepción del mundo se haJla radicada al menos una parte esencial
de la filosofía tradicional y de su metafísica y moral. La filosofía, que sospechaba las dificultades intrínsecas de la concepción del mundo "intencional".
no quería abandonarla, y no osaba mirar cara a cara el hecho brutal de qu~
eJ acontecer del mundo no se regula según nuestros postulados morales. Topitsch habla por tanto de un "positivismo heroico" encarnado p.e. por Max
Weber. ~a filosofía no acabó con la interpretación mítica del mundo, pero
quedaba mstalada en ella. La teología cristiana -seguirnos siempre a Topitsch- también se sirvió, las más de las veces, de las idelogías "intencionales" concibiendo al mundo como creado por un acto de voluntad metódica
Y como regido por la voluntad del cosmocrator divino. La concepción de que
el mundo, según la "lex aetema", constituye una magna estructura jerárquicamente graduada, y de que la aspiración al cumplimiento de un orden objetivo equivale al derecho natural, es para Topitsch un punto culminante de
la concepción del mundo "intencional" cuya crítica considera él la tarea
principal de su libro. Afinna que las normas y los valores se deducirían sólo
aparentemente de la naturaleza, pero que de hecho estarían ya presupuestas
en el momento de la constitución del concepto de la misma naturaleza. Adoptando esa conclusión de círculo vicioso, típico para el derecho natural, Santo
Tomás habría substituido a la naturaleza por los valores cristianos, abrazados
ya con anticipación como tales, para deducirlos después de esa misma natu• C(. EaNsT ToPlTSCH, Vom Urspr11ng 11nd End, de, Metaphysik, Viena (Springcr)

MICHUE FWERICO ScIACCA,

La Filosofía, Oggi, dos tomos, Milano, 1958. (C

Marzorati).
• Cf. M. F. ScrAcCA, El problema d, la cunci4 en Filosofía, oggi, t. U, pp. 173-277
y sobre tocio p. 194.

220

con sus análisis de) lenguaje proposiciones filosóficas sin sentido, a un equipo
de bárbaros que, con las manos en la cuerda, sacan de un pozo vado un
cubo; pero sin sacar jamás una sola gota de agua.

l~L

,

Cf. tambifo la ponencia del autor que enfoca el mismo problema desde el punto de
vista contrario: lvo H&lt;&gt;LLB UBER, é Eutanasia o R1111rrección de la M tta/isica? ( Revista de la Universidad de Nuevo Lc6n, Mayo, 1959).

221

�El propio Karl Marx sigue -según Topiuch- el esquema inten~ona~ en cuanto oomidera la forma perfecta de la norma como ya con~
''poteociabnente" en el ser imperfecto y no desarrollado, con lo cual ague
estrictamente los rumbos del derecho natural clásico.
El linaje de lois impugnadores y criticos de la llamada visión del mundo
intencional, para Topitsch, comienza con Tucídides que ~ deshecho la il~sión de un fondo metafísico de la historia; sigue con David Hume, Ludwig
Feuerbach que hizo ver al hombre como la "ilusión" de Dios, y le him ~ucirle a su propia imagen reflejada, conociendo así su _propio ser como Di?' j
y continuó hasta Vilfredo Parcto, Hans Kelsen y Heinnch Gomperz, sus sabios
predilectos; en lo que se refiere a H. Kelsen que, según él, habría desenmascarado las argumentaciones falaces en la filosofía tradicional del derecho
y de la moral, remitimos al lector a nuestra crítica hecha en el Congreso Internacional de Sociología en Nüremberg en 1958.11 Heinrich Gomperz es considerado como el más profundo pensador que ha entrevisto la estructura de
la concepción intencional del mundo y diagnosticado la raíz de las situacioDC!
prácticas de la vida en las fonnas del pensar, estimadas erróneamente como de
carácter te6rico puro. Los llamados "problemas eternos" que constituyen la
parte principal de la filosofía tradicional, para Topitsch no son más que tautologías u otras tantas "fórmulas vacías" (Leerformeln) Y_ siendo hueras ~ueden llamarse con cualquier contenido emp1ri00 o normauva. El. pensanu«:11to -siempre según Topitsch- de que no hay un orden n~~bvo supenor
a los diferentes ideales jurídicos y sistemas del derecho positivo, destruye la
fuerza motivante de la idea del derecho natural y de las otras fórmulas
vacías O conclusiones tautológicas del pensamiento metafísico, no obstante su
extraordinaria eficacia psicol6gica y utilidad pedagógico-politica.
El pensador más sobresaliente de Inglaterra, influid~ _por el Circu~o . de
Viena, es A. I. A\'ER.11 Según él, las proposiciones metaflSlcas no son m stmplemente analíticas, ni verificables en la experiencia sensible, por tanto no
son falsas ni verdaderas, sino sólo sin sentido. Ayer desecha como problema
que no tiene ningún fundamento en la experiencia, la hipótesis metafi:ica de
una realidad fuera de la percepción y reduce, con Hume, la causalidad a
una relación entre fenómenos, a saber grupos de "sense-data", sin acordarse
de la diferencia muy enmarcada entre la causalidad concebida en el sentido
ra1eza.10

• Cf. EaNST ToPJTsca, 1. c., p. 204.
. .
u Cf. Ivo HoLLBUJIU, Yns .n, R,oision tl,s Grantlu Notioas So,wlog1~11.1S: l1J
R,,,0 ,,s ti• Droit ,t ti, la Sonologi,, (Actas del XVIII Congre,o Internacional de
Sociolog{a en Nünmberg en 1958).
• Cf. A. I. Ana, únpa11, Trulla ntl
tirieal l:nowl,tlg,, 1940.

222

.

Lo,a,,

•
1956 y Tlu fountlahon of tl&amp;c

lffl•

em~tico Y la concebida en el sentido metaffsico. Para Ayer prevalece la
lelDÚltica sobre la hermenéutica. La idea clave para su teoria behaviourística
~ la creencia de que el signo o señal tiende a evocar e) mismo comportamiento
Juntamente con el objeto que es señalado.
A éste hemos objetado, con ocasión del XII C.Ongreso Internacional de Filosofía en Venecia en 1958, diciendo que Ayer enfoca una sola dimensión del
lenguaje descuidando las demás y principalmente la que corresponde al llamado "Sinnraum" (dimensión del sentido) del lenguaje.11
. En Argen~ hace pocos años, en los ambientes científicos him sensaaón una especie de Renacimiento del neopositivismo que tuvo su centro en
el ~lo ~el profesor RAvMuNDo PARDO. Entre sus escritos se destacan sus
vanos estudios sobre los llamados "integrantes racionales". i. Pardo llama "in~ t e racional" a todo aquello que cae bajo la experiencia apercepto-percep~va de una mente. Empleando las palabras "racional" y "razón" en un
~bdo que na~ tiene que ver con el clásico, llama raz6n al conjunto de los
°:1tegrantes r~ao~les. Los datos de los sentidos, el concepto de ser, de espac!o de ~ ~CDS1ones, de cuanta, de principio 16gico, de símbolo, de lingüística, ~e inf1D1to, etc., son integrantes racionales. Pardo afirma el carácter
evolutivo de la razón, la no inmutabilidad de todo int-nte la
"dad d
•
-o·--• Y no neceSl
, • e t~o mtegrante. Su filosofía, partiendo del enlace que el empirismo
filosófico ~ene con el emp~ clásico de S. Mili, trata de probar el carácter evoluuvo de la razón misma, y no sólo en la esfera te6rica, sino también
en la social y religiosa.
Siendo diferentes los diferentes matices del neonnaitivismo ti
bstant cieno .
r-, enen, no o
e,. . nunadores comunes: reconocen la sensaci6n como sola fuente de
conocnmento, de modo que todo aquello que no es mensurable o verificable
en la experiencia sensible, no existe; reducen la filosofía al solo esclarecer de
los conceptos Y proposiciones cientüicas por medio de un análisis lógico, mien~ que el ~I~ fundamento de la lógica misma sería la pura convenci6n; extienden el ÍWClSIDO Y el naturalismo a la psicología, a la moral y al derecho,
de modo que del _hombre no quedan nada más que los datos sensibles y algunas re~Ias gramaticales carentes de verdad. Haciendo nuestra la genial visión
de ~n!unto qu~ nos ofrece M. F. SctACCA en su critica aniquiladora del neop0SJtiV1SID.o, creunos q~e no era exagerado el recelo de que hoy día se trata
de destruir total y radicabnente toda filosofía metafísica con las armas •
astutas de la lógica, diluída en análisis de palabras, privadas de su sen:d:
. • Cf. Ivo Houau•~•• Acta, del XII Congreao Internacional de Filolofia, ~lica en
m~él hecha en Venecia el dia 16 de aeptiembre de 1958.
Cf. ~YIUJNl)C) PAJtJ&gt;O, Ermqo sol,r, los int,grant,s raeionaus Buenos Aires, 1949
'I D,l ongm a la Es,n,ia tl,l Conocimi1r1to, Bueno, Aire,, 1954. '
'

223

�onto16gico. .Reduciendo la fiaofla, )a moral, la psicología y el derecho a
M&gt;b becboe fisic:ol o blo-fllicoe, b infatuadol prestigitadora de un Josicll,.
mo ilógico no 1'Cahan dt conocer que, haciendo de la fUica la ~-modelo
y de su lenguaje el único sbnbolo significativo, aniquilan toda filoaofia y
naufrapn en la nada.
Abrazando la doctrina neopositivista es ridículo sufrir la aluc:inación de que
el Occidente aea un importante contrapeao frente al marxitmo soviético.
No hay gran diferencia entre lm fundamentos de la cooc:epci6n del ~u_ndo
postulado por el mencionado neopositivismo y lm_ de la ideo~ ~ stalinista: ambos confiesan el mismo ateismo, el mumo naturalismo Y la JDJSma elirnioaci6n de los vestigios espirituales del ser que c11Jmina en el hombre.
Y hay más: el neopositivismo euro-americano es sustentado por el pragmatismo euro-americano, por la psicologia marxista y además por la filosofía de
moda que constituye el existencialismo ateo de nuestros cHas: .
El pragmatismo americano que culmina en JoHN Dzwg: limita ~ sabemos- la función de la inteligencia a la transfonnaa6n de la realidad,
negando las eeencias y loa principim inmutables de la ?8turaleza del ~re.
Puede considerarse como la forma americana del marxumo, constata Sciacca,
y remite a la simpada de que fue objeto Dewey por algunos partidarios teóricos y prácticos del marxismo. Los Estados Unidos de &amp;n&amp;ica, no obstante
su antimarxismo político y econ6mico, continúan considerando a Dewey como
su fu61ofo oficial y como una de sus glorias nacionales.11
El ckte,minismo psfquieo tÚ Sro11uND Fuuo y de su escuela, asienta que
cada hecho páquico comciente está ineludiblemente condicionado y causado
por un hecho púquico inconsciente, sin conceder un minimo. margen •. la
libertad humana. Por eso Luigi Stefanini con toda ramn eqwpar6 el pncoanálisis-onodoxo al ma,xismo psicológico y se extraña de que las burguesías
idolatran el freudismo y simultáneamente levanten trincheras contra el marxismo, sin percatarse de que el marxismo ya inunda y sumerge, con mil canales subterráneos a la misma cultura que deberla constituir el dique moral de
'
su resistencia.11 El autor ha combatido el freudismo -hace ya unos veinte
años- con todo el empuje de un joven ftl6sofo de la cultura y moralista.u
El existeneialismo aleo de nuestros dias es quizás el desemboque más evi-

.

Cf. M. F.

Sc1AcCA1 Filosofía, 01,i, t. l., pp. 62-63.
" .
LulOI 5TBPAN1JCI, Pnsoa.tismo Soeüh (Roma, •. a., ed. Uruvenale Studium.. ), pp. 105-114.
1,'ld
n a. lvo HOI.LBUBD, D.s M,ns,hmlnltl als
M,m,h '" • ·."'
(G,_a,rus ,iur uu¡orial ~ilosollust:Mt&amp; .Auh,o,C101ik), Muna~ 1941, (E. R.emhanlt), pp. 171-174; tomando en comidcraci6n algunu tnbu ~w:u de ese periodo,
el autor raponde t6lo de la JegUDda edición (MS, 1946) ele 111 libro.
11

11

a.

ª"'""""' "·~

dente de • filomfla modema en d absurdo y el a rcoaido comiguiente
tiene 111 ruJminaci6n ea la "-11-,.,__,_ de u.~.. H

.,

----..-

¿9111UUtllJDBOGa

y

y en la

la'Jlt&gt;lo~ de JBAN PAUL 8.wu. (M.F. 5crAooA). Hamzoaa deshaciendo
su propia Pfl&gt;lllfM de ofrecer una ontoJap, hasta hoy no ha dado a6n una
ontologfa en cuanto su "ontologia,, CDDiema y termina con el análisis i
~LSgico de la existencia humana, lin que pgeda escribir IObre una
ffsica: DO hay ontologla, porque el rer es -..a... en el comi
•
l6lo
la N:-.1- ....
-&amp;enzo, y no es,
• es . ilUil, .a ocio el ser para Heideger es el "ser-en-el-muado" de la
~ h ~ (del Duein) Y r.omo "ler-en-el-mundo" (finitud, mun..
dan1~, lealporalidad) es la nada del ser. No queda mú que delcribir
ser fmtto, que es Ja aistenc:ia, en su abrurda a'fflltura de la Nada a la Nad":,
El ser es•..aencerrado en el mundo y el mundo•, fuera del ""--..!~•
hay
.l.lilllCUI DO
H
aer. ª~Q excluye la creaci6n, negando con eao la oilteeria de Db
creador, y a pesar de todo hace nacer "onme ens eir nibiJo" afirmando
tuit.amente
a.:...c..._:_ -L- . ...1.
•
'
gra. • una - ~ iWIIWQII: el ns Viene de la ada sin que un Dior cree
ex nihilo. A este modo de proceder llama Sciacca ya DO fibofia, sino al-

=

e,

quimia.••

J. P. &amp;aTU tamba califa de "ontologia" a su -........:..1:--.
f1e1a d inmedia
el
- - - , pero con~
to que_ ser DO tiene ru6n, ni causa ni necesidad. Su ser es
':°tendido como materia pura, es un dato ininteligible e inefable; su aer "•I'
1111 1111 ~~~ que iea. Su materialiatno, que coincide con el de Feuerbacb,
Y su. derivación con el de Freud, es análogo al de Marx, que igualmente
considera .la conciencia como epifenómeno de la materia, si bien para Sartre
la ilusión de hacene Dios para el hombre se concretiza en el hacerse bertia.
El hombre que DO es, pero re hace, no puede hacene Dios
n.: __
absurdo Pi
• n:.....
, porque .LIIUll es
Uci
• ero, sm ....,_, Jaa cosas no andan mejor: todo es absurdo, todo es
to Y no obetante el hombre es una "pasión inútil". El Existencialismo de
Sartre que repraenta el inrpanentismo más riguroso y coherente aunq
tuito
•
•
,
ue graen sus ~ Y gratuito en sus comecuencias, es mucho menos ambi.
~ que el d_e Heidegger, en tanto que ~J mismo confiesa que su existencialismo DO es uno eJ esfuerzo por acar todas las C:Onsecuenciu ~ una posición
•~ coherente.u _En ~ ' dice Sciacca, todo es lastre, útil para llenar eeo
vaao que es la exutencia y la libertad, a la cual estamor condenados. :ro
No obstante la aparente contradicci6n entre el marxismo que declara la
• Cl. M. F.. b ~ , 1ilosofi4, o¡fi, c. l., pp. 431, 436, 437. Cf. ademú IIOclo el
capítulo El Lislndalismo, l ll., pp. 247-485.
'
•
Ju.N
PAuL
SArru,
L
'
,
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~
111 811 Aamrn:-. D...:. 1.... .,, L' •
Ñlilffl
'
_.,_, • ..... ;:nv,
IJtidnl. . • • ut ,U ••Ir, citos, t•'•11 1ffort joa, lirn totdu 1,1 ,oas19 .,,,,11
lllro11 athl, ,olalrnt,.
,...,-

,r.,., . . . _

• Cl. M. F. Scwic:.l, l. c., L L, p. 485.

224

225

IL 15

�libertad del hombre una ficción y el existencialismo, que en Heidegger la
afirma como algo que existe para el hombre angustiado y acongojado que en
el fondo de la Nada elige su propio ser, y que en Sartre la afirma tan desesperadamente que identifica al hombre con su libertad, que lo hace ser hombre, nos percatamos desde un punto de vista más profundo de que la libertad del hombre es igualmente aniquilada: el hombre no tiene, pero es la
libertad, que es negación del "en-sí", a saber el hombre como libertad no
tiene una esencia definida: su esencia es la libertad que es ausencia de una
esencia y como tal la esencia del hombre es pura posibilidad, de modo que el
hombre en cada momento se hace y es aquello que se hace inventando en cada
instante a sí mismo sin que su elección tenga una ra7.6n, de forma que su
libertad llega a ser absurda y el hombre, condenado a la libertad, ya no sabe
qué hacer con esa absurda dádiva que agrava la "pasión inútil" de la enfermedad del ser. Miramos de frente una "libertad" que equivale en su "sin•
sentido" a la que algunos microfísicos atribuyen a los supuestos electrones "a.
causales".
Necesitamos recordar los altos quilates de la ontología clásica, cuyo concepto de "libre albedrio" sirvió de trinchera eficaz contra los múltiples asaltos
de los siglos pasados que trataron de destronar la auténtica libertad, y que
~nea jada en la Teodicea- respondía a tantos males del mundo que, por agudos que fuesen, eran muy inferiores a la excelsitud y a la sublimidad de la
libertad del hombre creado por Dios según Su imagen.
Por otra parte, necesitamos recordar también que debemos evitar igualmente una deificación de la libertad humana, que se constituya juez de lo
bueno y lo malo. Tal orgullo hizo a N1cou.1 HARTMANN e.xigir que una voluntad libre en sumo grado fuese una voluntad ni buena ni mala, sino moralmente indiferente, en tanto que una persona totalmente determinada por
los principios éticos, por eso mismo no es ya moralmente buena, porque no es
libre. 11 Una ideología análoga hizo a N. Hartmann escindir la religi6n de
la moral.
Con mayor razón JAIME BALMES tenia conciencia de los limites de la libertad humana cuando dijo: "la libertad lejos de ser una perfección, es un defecto, que nace de la debilidad del conocimiento del ser que la posee" .11
Con todo eso, no quitamos a N. Hartmann el mérito de haber llevado adelante la crítica de los conceptos de la libertad con su ontología de las capas
o estratos del ser, con lo que reveló que el error del psicologismo y naturalismo ético no es su determinación causal, sino el monismo de esa determiEthik, 2 ed. 1935, pp. 627-628.
BAun:s, Filoso/la Fundam,ntal, París, 1851, t. 11, pp. 551-552.

" NtCOLAI HARTKANN,
11

226

Cí.

jAJMI!

nación, mientras que la libertad
. al menos dos ti
d d
.
de tal modo que una dete · necesita
•,
. .
pos e etemunaci6n
J'lDUlaClon supenor lDlporte
•
'
a sus determinantes inferiores. 18
su propia determinación
En 1a cnbca
• • actual del concepto de la libertad
nente la Ántropologla Filosófica del sab' al mát desempena un papel emiBER.G i, que ha destronado el fenómeno ; 1e 1 ~Ns:ED~ARD HENGSTEN•
más modesto.
e ª e eccion asignandole un asiento
La libertad __,.,,, H
--c-n engstenberg- está implicad
·
•
tn pro o en contra de la "Sa hl' hL . ,,
.
a tn la ineludible decisión
debe
.
c ic ir.eit (denvado de
h
conf undll'Se con la mera objetividad
sac e= cosa)' que no
la Sachlichkeit Hengstenbergana ha d , ~. ~ r de que la presupone. En
.,
Y, a em~ la "entreg ,, 1
alma en la relae1on.
La "Sachli hk . ,.
'
a ' e poner toda su
b.
c e1t es aquel háb"
o Jeto por eJ objeto en si, sin atender a
tilida ato que se dirige a un
al traducir "Sachlichkeit" por "ob' . "dads~ u
d.º Por tanto, titubeamos
. . .
Jettvi
a secas
f .
Jetividad-ascendiente".
' pre enmos traducir: "ob-

.:odas

los hombres nos encontramos
.
.
C1dU110s inexcusablemente en pro o
en S1tuac1ones en las que debemos deen contra de la " 0b' · 'd
Al hombre no cabe refu ·
.•
1et1v1 ad-ascendiente"
,
giarse en 1o utilitario
d
·
rehuir el decidirse en realidad
ha
. . Y cuan a pesar de eso cree
'
ya se
decidido contr la d · ·
val e a un hábito contrario a la "ob' .: 'd d
. a
eC1S1ón, que equiJeuva
El háb'
bre que corresponde a la "ob • u· 'dad a -ascendiente"
.
·
1to del hom1e VI
-ascendiente" ed
concordancia de aspiración con el sentido la ese ~u e ser concebido como
un deseo de penetrar en lo más íntim d y . ncia del ser, entrañada con
0 eJ senudo del objeto o del hecho que
nos ocurre.

°

Su~rando la unilateralidad del intelectualismo
.
.
luntansmo, Hengstenberg basa la d . '6
y al mlSillo tiempo la de vodeterminada del ser humano .
ecislaa n del hombre, no en una facultad
totalid
' smo en
persona h
·
ad que ejerce Ja libertad E . d
umana nusma, como una
..
• n vista e que la " b" • 'd
y tamb1cn su contrario a sabe la "U
o 1et1v1 ad-ascendiente''
dente" deshaciendo y c'ontra . r d
lansach~ic~eit" (= "inobjetividad-decanan o a
auténa " b' . 'd
presupone por su propia existencia la
. . . ca o JebVJ ad-ascendiente")
de decisión está implicada por
. ~ibdidad de sus contrarios, la libertad
una mtnnseca necesidad de los fenómenos misu.. Cf
Cf. N1co1.A1 HA1tTI1ANN,l. c.,

p.597
•

. HANs-EouAJU&gt; H&amp;NOSTEN.BERo,

prt (Kohlhammer),

1957.

Philosophist:lte

.
Anthropolog11, Stoccarda Stutt-

EL MISMO, S,in und U,sprünglichbit, Munich-Salz
.
EL MISMO, Aportación Crütiana
I F
burg-Colorua, (Pwtet}, 1958.
n. ••_
.
a enomenologia
o b· C
•
&amp;UO\Jamencana Internacional 1958
8
en r u atho/1cus, Revi,ta
• Cf H E
'
' D. • t. II, pp. 480-511.
• . • •• lliNGSttNURo, Philosophisch, A.nthro I .
Aportac1ón C,utiana o la F,n m I ,.
Po og11, p. 9 u., y p. 204 u y
0 · ••o og1a, pp. 480 y 503.
·

ª

227

�la ~
H _ _.__ no habla de libertad de la voluntad,
• sino
d lade"ob~bvidadmos. ~".._..._&amp;
al
el orden· el hábito e
.,de la ~ o obstante, p,ev ece •
•. ttas el hábito de la "inobjeascendiente" funda la jerarquía de
Toda moral tstá basada
tividad-decadente" origina la anarquaa e

~bi:S,::tos.

lo •
sobre la onto g,a.
• d .. b. tiva" mencionada a la actitu dwmEl hombre que pasa de la ~titu oh?
Lo hace, sólo, porque quiere.
ob . tiva" no lo hace por motivos Je
Je
'
•
taf' ·
el hombre se deaºd e, obedeciendo o desDesde un punto de vista me meo,
1 de las cosas. y -elevando
rd
hay en la natura eza
· . .
,,
obedeciendo, al o en que
. .
1 hombre se decide "obJehvamcnte
esa pmpectiva hasta al p~ religioso-- e deciendo al creador de esa natura''inob.etivamente" obedeciendo o desobe
o
J
Di
·
saber
a
os. . . del existencialismo y a la psico
· Jogizaet
• '6n
raleza mmna, a
Al irracionalismo de la decisión
. t ta reducirlas mecánicamente a
.
de la :rv-nnna que m en
de todas las acoones
r-- '
ne la "no-motivación" . Y la espon_ _ _ 1 ,. Hengstenberg opo
b .,
motivos "fenomcruues ,
d un comienzo absoluto, a nentaneidad de la persona humana• que es capaz
.éndosee en concordancia con él• La
dose al orden interior del obJeto _Y poru alizada por la persona, es anterior
.
, (d • '6n nrPVJa) actu
da
''Vorentsche1dung'
casi r··· ' d
. terio de la penona que ca
a todos los motivos y revela un rasgo e1 JDJS

J~.

hombre constituye.
"tivismo polifacético de nueslin
oponiéndolas al ncoposi
h
Siguiendo esas eas, Y
h
.
mata la persona del omretendido umamsmn
tros días, que no obstante su p
1 , clásica y de sus a menudo muy
erca de la onto ogta
.
al
bre, nos hallamos muy c
"oh'-: "dad interior" que venaeron
.
gnadores de una
J,;;uVl
Ju
desconoados propu
.
. .dad es un problmia cuya !O •
.
tándose de que la mtenon
, . , .d
iomaDPJlbsmo perca_
. .
misma Huelga subrayar que el mas mtrep1 o
ción trasciende a la anteno~dad .
. J • 1 pasado fue Antonio Ros»INl
• tel1CJPnaa en e sig O
talia
propugnador de esta m -e. ,
, .
rtante pensador de la I
. •
lo es el quizas mas unpo
y en el en que VMJDOS,
..,
de nuestros días, Michele Federico SclACCA.·

II

· revocable ele
•
1 neonMitivismo, con su pretens1·6n lf
• valor
·e·
No oh,demos que. e
r, al d
•nio de ¡0 no-c1cot1 1co
orru
absoluto, y con su .destierro de la ontologia
. ScuCCA, L'iathiorilJ objtttiot, Milano, (Bocea ), 1952.
• Cf. Michele Fedenco

y por tanto de lo arbitrario, llevó también el hábito anti-metaf'isico hasta sus

últimas consecuencias en el urreno jurldico.
La Uamada "teoría pura del derecho" de IIANs KELSEN trat6 de hacer
comprender el derecho tal cual es, sin querer probarlo como justo, o consideró prejuicio el jtugarlo a la sola luz de su injusticia. Se puso más bien
a buscar el derecho efectivo y pos:ible1 y no el derecho justo. Juzgó el derecho autónomo frente a la moral e incluyó a la coacción como factor constitutivo del concepto de derecho; de Jo contrario seria rebasada la esfera de
Jo jurídico. Las normas del derecho, muy lejos de ser imperativas constituirían
proposiciones hipotéticas de modo que, hasta la injusticia, no se comprendería
como una negación de la justicia, sino más bien como una condición específica del mismo derecho. Y aún más: las normas del derecho no entran en
vigor en virtud de su contenido; no se podría imaginar ningún comportamiento humano que, como ta~ fuese incompatible con Ja aprobación jurídica.
Kelsen hizo coincidir al derecho con el Estado. Para él hay un orden de
coacción social ("Zwangsordnung,,) idéntico al orden del derecho. El orden
jurídico se llama Estado desde el momento en que contiene en sí un cierto
grado de centralización. Es muy significativa la breve ponencia de Kelsen
Dios )' Ertado: dando gran importancia a Feuerbach y Freud, el autor abra7.6
eJ agnosticismo y el materialismo de una época pasada de moda y entrevió un
Dios idéntico al orden del mundo personificado, que sería propio del pensamiento primitivo, mientras que la noción de Estado no sería más que el derecho personificado, suponiendo que el uno y el otro no existen sino en la
medida en que son •objetos de la creencia. Kelsen no se percató que él mismo
fue \Íctima de un "fideísmo científico".n

Igualmente el neopositivismo y sus matices modernos confunden la autoridad con el simple poder, y estiman que la fuena es la fuente del derecho
y de la autoridad. Se niega el derecho; se identifica la foena y el derecho, con el fm de absorber el derecho en la fuerza, y se opone la fuer.za al
derecho con el fin de aplastar al derecho bajo el peso de la fuerza. El mito
de la fuerza no es tan moderno como parece: desde Trasímaco hasta Nietzsche
los eslabones de la cadena de los defensores de la primacía de la fuerza ante
el derecho no se han interrumpido.

Poco a poco va despertándose la inteligencia de que los principios ontológicos y los valores de lo justo fonnan también el eje de la filosofía del derecho. Necesitase ttvalorar el derecho natural que otorga estabilidad a los valo'" Cí. ffANa Kusu,, Gott 11nd Staa1, Logos, t. XI, 1922-1923, Tubinp, 1923, p.
261 e lvo HOLLBtrau, Vtrs mn, R1cüioa dts Gr11ndts Notio•s Sociologiqttes •. •, (AclOI del XVIII Congreso lmt-rnacional de Socio)C)gfa en Niircmbcr¡ ni 1958.

228
229

�.,
leza misma del hombre. En tal pers~ctiv~,
res repomendoles en la natura
rb'
'ed d y la fuerza, sino en la mteli,
.
f da en la a 1tran ª
.
la autondad ya no se un
l
. d danos La autoridad, leJos de ser
.
.
de todos os c1u a
•
b
genc1a, siempre mayor
el poder de hacer y hacer o rar
'li · d la voluntad, resulta ser
un acto utl tario e
.
• d I Bien Común.2'
rdo con las exigencias e
d
a los demás e acue
lid d de los fines existenciales del
.
.
rd trazado en la rea a
El derecho es un o er
. ., n de los fines existencia.
al
conforma a la rea1izac10
. d
hombre. La rrusma mor .se
.l.- conformes con su realida
h
a que a su vez esu.ui
1
les de la natura eza uman ,
f dado en el ser.
. 1 deber-ser aparece un
.
D
intrínseca. e nue\o e
.
b El Derecho Natural H cons1~,-~
su importante o ra
d
JoAHANNES ,v.u:.:,SNER en
.
. 1 " del hombre que no son de or en
'
. .
d 1 "f es e.X1stenc1a es
dera el concepto
. , 1co de todo auténtico Jusnatu.
.e . os
, mmo el concepto-nuc
subJ'eti\'o smo obJetl'liO, co
d f'1nes entre otros: la auto'
• 1 'd
n este cosmos e
,
ralismo. Pueden ser me m os e
. 't I la generación y educación de
conservación en sentido corpóreo y ~p~ uasoc,·1al el proirreso cultural y cien. e , la Comumcac1on
,
b
od
los hijos, el Bien om~ y .
el reconocimiento del Creador. p emos
tífico, el propio perfeco~n!~~ent; yplenitud subsistencia!'' que nos hace '\:enencajar en este esbozo e . ~ an ed
t
desamparo ontológico y aspirar
.
1
t1m1ento e nues ro
,,
cer la angustia y e sen
los hombres que somos una
'
.
h . l absoluto. a nosotros
a subir la escala acta o
.
.dad" como lo expresó muy b1cn uno
d nada y de etenu
,
al
misteriosa am gama e
clias· Ac;usTÍN BAsAVE FERNAN·
de los más profundos pensadores de nuestros
.
V

ªº

od
envenenados ya en sus entrad J gobernantes m cmos,
l á
La mayor_ p~e -~ os 1 'd l 'as jurídico-positivistas, abrazan e 1:1 .s
ñas por la mf1ltrac1on de as 1 eo ogi
lit' es un arte que busca umque la po ica
¡
grosero Maquiave l.umo, declarando
.
.
Con tal que contribuyan a
.
.
la consJderao 6n mora 1.
1
camente el éxito, aJeno a
,
ceptan hasta las corrupte as
. l
id d orno mera econom1a. a
bien público cons era O c
·1 ·c·os de la llamada d,p o,
1'd
cenauados en os vt i
•
Y las tropelías de los t eres_, en
º od m ndo y no busca sino endiosar
- ara sobornar a t o u
,
d
macia, que se las apana P
. . . d los inocentes. Huelga ar
..
que sea en perJu1c10 e
..
ef
sus propios ben 1c1os: aun
. .
a la matanza que h1c1etros que sobrevtvunos
eJºemplos a hombres como noso
d' 1
a la miseria indecible que
.
de dos guerras mun 1a es Y
ron los instigadores

DEZ DEL

ALLE.

p N cesidad de ,sdar,ce, ' l eonc,r"t o J11 Auditoria
.
,. Cf Esa1Q1JE D. Aun.IDA, O. ., t
~
d la esencia d11 la autondad, po. ·
D LOADO nctrca II
A
en la hora pment, y HoNORIO E
• ' 1 de Filosofía en Bruselas en 1953,
ctos.,
.
al
XI
Congreso
Intcmac1ona
nenCJas hechas
t lx, P 177 51 • y p. 164
.
•

• Cf.

JouA.'iNES

as.
h
d (T"rolia)
Viena-Innsbruck, 1950,
,
MusNu., Das Naturrec t, 2a. e .

p. 36 y passim.,
,
DEL VALLE, Filoso/La del Hombre, Mbico-Buenos
" Cf. AousTIN BASAVE Fl.RNAN_oEz
114
Aires (Fondo de Cultura Económica) 1957. p.
.

230

originaron los "cruzados" farisaicos de la post-guerra, que lograron expulsar
a millones de hombres inocentes, y uncir el nombre de la pacüicaci6n al carro
de su calculadora 11e.xpcdiency''.
La amoralidad de la civilización moderna ha hecho insensibles las conciencias de las multitudes. Estamos acostumbrados a considerar la política
como un arte que produce resultados valioso , aunque algunas veces mediante
actos de suma imperfección y hasta abominables.
Necesitamos deshacernos de la falsa idea que vinieron inculcándonos desde
nuestra juventud y que desquició el concepto básico de la "política" y la unió
férreamente a los de "utilidad" y de "arte".

Al revés: una idea clara de) fenómeno politice, sólo se adquiere si se distinguen bien dos aspectos muy diferentes de lo operable, a saber, el arle de lo
factible y la prudencia de Jo agible; tarea que resolvió genialmente LEOPOLDO
EuL0010 PAucros con su laureada obra /.,a Prudencia Política.at
Haremos nuestra la quinta esencia de su doctrina: todo acto humano que
se ejerce sobre una materia exterior, es Lo factible, mientras lo anible es todo
acto humano considerado en sí mismo y como posición interior del sujeto.
A los actos humanos, prescindiendo de que sean buenos o malos moralmente,
se les llama factibles, y, considerados bajo su aspecto moral se les llama agibles. A lo factible corresponde el arte: y a lo agible la pnidencia. El arte
sirve para hacer cosas perfectas, pero no hace perfecto al que las hace. El
arte y también la ciencia son compatibles con almas de malhechores y ladrones. Bajo este punto de vista, la prudencia política no es un arte, sino la virtud de lo agible.a:
Contra lo que opina el neopositivismo maquiavélico, la política es una
realidad moral. Es la virtud, que ajusta y amolda la ley moral universal a
todos Jos casos que puedan presentarse y coincide con los actos humanos especificados por el bien común de la sociedad civil. Tomando además en consideración que el "bonum commune,, es un ''bonum morale" y no un "bonum
phpicum'' y que las ordenaciones positivas al bien común son concreciones
de la ley moral1u nos hallamo~ en una posición antípoda a la del neopositivismo kelseniano y hemos recuperado la sabiduría nunca envejecida del
Derecho Natural tan denigrado por una gran parte de nuestros estadistas y
diplomáticos.
Añadimos que en modo análogo la diplomacia, lejos de ser un arle y no
ajeno a la mendacidad, astucia o impostura internacional, es mucho más la
11

Cf. L!OPOL.DO EuL0010 PALAcros, la Prud,ncia PoUtica, 2a. ed., Madrid (Instituto de Estudios Políticos), 1946.
ª Cf. ib., pp. 77-85.

• Cf. L.

PALACIOS,

1. c., pp. 26 y 110.

231

�. la disciplina de las relaciones interirtutl que tiende a aligerar y balta~ .Je Naei6n • Naei6n que podrlamol
v
un tlmcho natu,.. "
nacionales. Urge crear
~ Todoli) ·84
llamar Derecho de Gentes (J
. . " 1 "onM"t11nmno" y al "doc11.,..,.,denc:ialismo
a
r· - - - ºdeal Y lo
L Palacios contrapone su t'·..
•
•6 armónica de lo 1
. • . o" comparándolo con ''la conJunad ni .. stntesis de Don Quijote y
u,nansm '
el escu ero, lii
real, el ensamblaje del caballero
• Y
Sancho". y atin6 en lo esencial.
vez más en la Nada Y
• • tesCO ¿no damos una
Pero, con el desengaño q~JO ia\;:_,,,,, moderno?
la falta de sentido del exist~
VALU!, nos hizo vislumbrar
en

B.uAVE flllNÁNDEZ DEL

Qui-

En absoluto. Ao_usTÍN
de Don Quijote, vuelto a ser Alonso
muy bien otro sentido de_ la mu~de los valores ontológicos y morales, n ~

·ano que guiado por la Jerarqwa

•

tura1 del fracaso. La renuncia

J
,
• • .;,.;~6n anu-na
•
sea
lleg6 a la desesperación· an----r-:
Se renuncia al egocentnsm0,
tiene un sentido de donaci6n, de entrega.
al teocentrismo. Sólo los oidos
O
de orden particular nacional, para entregarse ontológico, que se transforma
dos oyen el contrapunto. del d ~ Utico-diplomático "estima su

aguzaafán de plenitud subsistencial. El QuiJllaote-poede servir como medio para
en
__ .J:..:1_
que e pu
. ..
• ·da sólo en la JDCWUA en
. lan
la verdad y la JUSUaa
propia
vi
que consiste en unp tar
·
la rcalmci6n
de su 1'd-ft'
.....,
sobre la tierra" (lvan Turguenef) ·"
tambi~n el entender la virtud
Añadimos de la cosecha de M. F. SclAOCA, de tranSformar las llamadas
rlo ,. a saber, de ser capaz
"de vencer a Wate o , . . verdaderas.so
"derrotasº de la vida en victonas

encía 1ilosof14 d,l D.,,cho tl,
111 pon
Jod Tooou
en
" Cf. La propuesta que L:IIUAI
•
de Filolofta),
Bruselas, l 953, L IX,
. . PP·
G,rsus (Actos del XI Congreso I n ~ de individuo a individuo, d~ ~
107-112: hay dos tipos _d~ derecho Ese miamo derecho de naci6n .ª ~~n, ae 1lama
'edad. El derecho posaavo a !leC8I~--' de individuo a indiV1duo se
IIOCl
El derechotura1
na1ua¡
.
d erecho internacional pu'bli
co.
de Nación a Nación,
¿por qui no lla·
,. El derecho na
"d --L- natural a aecu .
en:l,;IIU
I . (Colo "Derecho de Gentea?"
V
Filoso/14 d,1 Q11ijot,, M neo
Cf AausrlH &amp;un F1u1ÁNDIZ Df.L ~ • Cf tambi~n el eco en loa rumbos
lección.Austral), 1959,
59, _111h,,ifl75~:
ForsehHt, t. XIII, 1959,
la Alemarua: Zntse t , •
científicos de
V Rintelen).
pp. 640-643. (reseña de F. J. .

m-:

J!·

=llh¿&amp;I"

Ill

Hasta ahora hemos asistido a Ja transformación de algunos conceptos básicos de la filosofla y jurisprudencia debido a una desvalorización premeditada,
proveniente de los ambientes neopositivísticoe, mecanfstic01 y utilitarios de la
época moderna, y mostrado 1a gratitud ontológica de tal procedimiento.
Necesitamos, sin embargo, tomar en consideración que tambibi puede
dane el hecho contrario: los conceptos quedan casi immm'-8 e inmutables,
pero Jas "rd' que los sustenta cambian casi completamente sin que se Jo
advierta. Según nuestro parecer, eso sucedió con los conceptos básicos de Ja
g,u"ª
y de Ja p,opitdad o, con,más precisión, con los del "bellum justum"
y del "dominium••.
Aparecen invariables las condiciones del "bellum justum", a saber: l,gitíma
auctoritas, iwta causa, recta int111tio y debil,u modus. Nadie las contradice,
permanecieron inmutables durante los aiglos. Y, sin embargo, con todo eso,
algo se mudó de ropa: el ''belJum» mismo. No fue un cambio repentino; las
núces del cambio laa descubrió ya el fundador del Derecho de Gentes Franciseo de Vitoria (t 1546} que opinaba que ninguna guena era justa si
ocasionaba al Estado más males que bienes, por numerosos que sean los
demás tltuloa y razones para justificar su oonveniencia.ª7
Cuatro siglos más tarde, nos esforzamos en balde por reconocer en la guerra de nuestros días, sea perpetrada con armas atómicas o no, e] "bellum"
de nuestros antepasados. Frente al ensanchamiento universal, la crueldad
inaudita, la incalculabilidad ( ¡ armas secretas!} , la paridad de los civiles con
los soldados y de los. edificios particulares con los blancos militares para los
ataques a~reos y la imprevistoilidad del éxito que casi iguala a los venceccdores y los vencidos; en cuanto atañe a los sufrimientos y daños que se
padecen, se plantea el problema de si una guerra que corresponda a los
requerimientos clásicos del "bellum justum,, pueda realizarse en el futuro
de algún modo o es irrealizable, a secas, por sus razones intríosccas.

· En vista de eso, uno de los más eximios juristas, el cardenal Ottaviani en
Ja tercera edición de sus "lnstitutiones Juris Publici EccJesiastici", 1947, escribi6 un capítulo intitulado "Bellum omnino intr,dictndum" en que conviene
que "non datur amplius iustum bcllum quod Statui aggredi liceat ad repe• Cf. Fray PllANCISCO DE VITORIA, D, /JOI. ,iu. 13 y FRANctscus STaATIIANN, K,u,
und Chri.st,11tum h,at,, Trevería, 1950, p. 126 y A TONro Tauvo,. SBIUlA, Los Fuadawuntos d,l D"""º (llargoa esenciales del Derecho PoUtico y de Gentea en Franc:uco

de Vitoria).

• Milano (Manorati), 1957.

232

233

�tendum iul

IIUUID"

y enseña: ,,.,_ ngo aqum

b,Utan irulien, líe..

w-

Por otra parte, estas argumentaciones por muy vá1idu que sean, DO ponen UD i:mtrumento ablolulD eD ... IIIIDOI de .. p,ri6wral a ultram:a, particlaricll de una pu de cementerio, como lo hace -1umbrar la alocuc:i6n
de Navidad de 1956 de1 Pontifice Mhbno de la Cristiandad. Plo XD, pauta
sublime para tocias los pacificadores. A pesar de todo, no declara ilk:ita una
guerra defensiva contra injultm ataques cm tal de que todo esfueno para
conjurarla baya resultaclo vano y la eaperama ele UD &amp;ito favonble apa•
aeriamente fundada 11
•u,. f"11Ú1Sf114
Euro~: ,l f"""""'° ü la ,ro,;atlad p,i,Hultl' pregona en su 6ttima obra L4 Pro,UÜll, 1959, ANTOIIIO PnPIAA llOIIRloua
que poco antes babia ganado, con IU libro Mhotlos' Critmol ti, ,. Socioel premio del bien c:oaocido lmtituto Luigi Stu.no de
lloma, y habla hecho una ~ túl tlomiaiotlalrismo que parece • una
revoluci6n copemicana en la doctrina econ6mim-tocial: el "dominium", la
propiedad entendida aegún la pauta del Derecho Romano como la "plena
in re potestas'1 que confiere al propietario dueño de un "jus utendi, fruendi
et abutenm•, va perdiendo III pCllici6o nuclear en el universo de la eéODOIIÚ8,
que aeg6n Perpiiia Rocldguez "ae comprencle mucho mejor colocando ea
el centro de la cuesti6n, no el hecho doariníral bruto, sino el derecho humano,
o más ampliamente, la norma social, alrededor de la ~ y dependienclo de
ella, giran todas las imtitucionel pammoniala, ioclulo la propiedad".fA
Perpiña Rodriguez anda por todl&amp; parta en busca, no de un "deber ser",
sino de un ~ socio16gico, y cree tener suficientes ruones que prueban

iaca

"'°"'

'°"" ~•a,

• a.

AJ.Apamua 0rrAVWCI, Iufiltdious J•ris Mlia But.situliei. (Bclitio Tertia,
1)pia Polys)ottia Vaticuis MDCCCCXLVII), to. J, PP. 146-155, d. aclemú IUI argumemacionea lipientel: "Haec oamia ••• ottendunt hoclie in bello prendo nunquam
haberi poae iDu condidona supra memoratu. faMflu,,rmu redderent itadanl et
luilal ....... Pm-ro, addeDdum est, ..... dari impuam poaee ,.,,,,. .,,_,..
"1IIMI. quae toa malomm, caediam, deluuctionum ac moralñam relipmrmDque zerum C'ffflionis, c&amp;UIIDl eae valeat propotieoatam".
tambiáa CoanovAKI, 11 Sloll•
,ifi&amp;aor,, 11.oma, 1939, p. 490 a.: "Bi,osna avere il corragio di rivedae la nouva
pratica della guerra; perche le condizioni della teo1ogia per la guena silllta non li

a.

verificaao quui mai".
• Cf. L'O"'"'°'°'' Romao, 24-25 diciembre de 1956, p. S: "'l'manifesto che neDe
praenti c:ircottame pul, ftrificani in una Nuione il cuo, in cui, rilultado vano ogni
IÍOl'IIO per IOCODgiurarla, la perra, per difendeni dfic:acemente e con aperama di
morevole 1uccao de inpuld attacdü, aoo puta-ebbe eaere comiderata illecita".
• Cf. ANTONIO PuPIRA llaDalova, ,,. Pro~ (Uu
Dommocnlrismo )", Madrid, (Illltituto "Balmel" de Sodologla), 1959, p. 97.

ª""" ,.,

234

IIDa DM•wi6a radical
6ltimca
.:..a-.
que afecta el canceptu ele "pmpimad" duralde b
-.-. ea el IIIIJIJleDto de la pnbliaacSn clel
•
Marx y Federico Engu, el ffllllll •
aw,,fiesto de Cados
cial, mientras
msmo era áecttvameute UD fantatma .,.
que en nuestros dfaa el cormmiemo U..J.
efectiva ea contra~
la propiedad privada
--5v a 111' una realidad
r--vu a
que
- L!IU nombre- continúa volariándoee en un
--11 -=n guardando
que es muy significativa: CCl1oamaoe la •fantaasna. Valga uaa analosfa
a un núcleo unificado de úboles·
etiqueta eoaceptual de "bolque"
diez mil imol el
•
• cuando ae queman o se talan cuatro o
aún más
bosque ague ,ubs.ilfiendo: •pero IÍ llepn a desaparecer
seda
~ queda a6lo alguna me,.qmna cantidad de loa miam
absurdo RgUU' hablando de UD ....___.,, a. 1-...1 - , '
Rodríguez llel'fa ablurdo
.
--s-- · •&amp;&amp;uauuaute, opma Perpiña
de "plena in re
~ habJaodo de propiedad en eJ 1e11tido estricto
CClllltitutivas. El ~ - ~ de. haberle quitado todas IUS funriooes

úbo:

ante IUI OJOI, entre otim, al :........"J:..es muy preferible a 1a del
• ~wwwv de nueaalquiler en IU
•
~ que DO puede
tamhiln "dueño" de UD • • ,
• ~ cua • no es simultánr.amente
cierna, un gran buque o ~ :
IIDD•PO ante IUI ojal, una fábrica moecononúa industrial
moderna Y está conwocido de que 1a
tegoria de ~c o n ~ y no puede ya aer "manejable" coa la car-vi--- ru ...- .
cuando le le objeta
la
•
ser un derecho en principio pleno total,
que
propaedad, por
contenido conceptual en "actual" y
no tendría por qu6 cambiar su
y que ae pueda hablar al
dy que butarla que fuese latente o virtual
"
menos e un aeñorio formal y -L...... ....._ le
que desfaguran las cmas, poniendo en los co
~' ~
~ue no responden a ninguna realidad • • nceptos ~ - puras ideas
0 sea, incurriendo en un
idealismo' inadmisib"
• 1e"u
En contra, la objetiva,
•
tesis d 1 dominioc:e
.
hecho precedería al derecho leña falsa,
e
ntnsmo, que el
condici6n de hecho del • '
. en tanto que el dominio trae 111
mtema normativo· ex ·
· f
Con todo eso ~ -- &amp;...1.c-...•
JUl'e ontur actum.
.
.
erpma VW&amp;lt§l.l'-6 DO trata de hacer el papel d
dor, amo qwere contentane con aer observador
.
e ráormay afirmar que "la ...--,-._._.,
nrnm...:a...i DO )'8 COIDO derecho
penpcu
de
hechos
(
, ___ ,,__ sociales,
•
mo hecho real (como .,__ .:...., ) ha
.
como,--), 1111o c:oUV111111auna
cambiado de naturaleza" u
Prueba además que los "jura in re aliena" tan llenoa de ~tices
.
zan, de hecho, las facultades dominicales.
paraliDeclarando que la propiedad clásica, en el aentido estricto
••
no es de derecho natural y afiirmando la • ......,,,.ilidad
de dODUDIO,
'
un,..,...,
de facto de tal JDStitu• •
tros días cuya posici6n
encontrar UD hogar de

ª

a. i6 .• pp.

73 y 113.
Al'fTONIO haPIAA llomiovaz, 1

cr. .,,
•• a
. •.• p.

ia2

.

. c., PP. ioa Y 102.

�•

ción en nuestra q,oca de industrialización, continúa Perpiña Rodrlguez, corre el riesgo de ser juzgado como oponente del catolicismo social, lo cual
niega B, subrayando que los Papas, con mantener el principio general de
la propiedad, no evidenciaron para« todos los casos su necesidad o su justicia
de hecho y "que ni para Santo Tomás, ni para Le6n XIII, ni para la
Patrlstica, la propiedad privada es de derecho natural primario. Todo lo
más, encaja en el Derecho natural secundario, que no responde a los primeros e inmutables principios de la ley de Dios"." Para Santo Tomás, el
derecho de propiedad no consistía "en ,l jus utendi ,t abutendi de los romanos, sino en el ius procurandi et dispensondi, que es cosa muy distinta".
"¿ Por qué seguir -se pregunta Perpiña Rodrlguez- llamando propiedad
a ese mezquino derecho que 'permite' el Doctor Angélico?'' A su juicio "lo
que Santo Tomás considera como permitido por el Derecho natural no tiene
nada que ver con· Jo que en los litigios sociales contemporáneos y en las
polémicas ideol6gicas se discute como derecho de propiedad privada". La
conclusión final se formula de forma revolucionaria: "para la Iglesia, la propiedad privada (estrictamente entendida como institución patrimonial plena
y central) no es de Derecho natural positiva o permisivamente, sino negativamente: es contraria al Derecho natural y a la ley de Dios. Lo que sí es
de Derecho natural {y de Derecho natural primario, Í0\1ariable e inalterable)
es la suficiencia económica de bienes econ6micos" .45
Recuerda también la conclusión radical y revolucionaria del Padre Sousbngh,, para el cual la propiedad privada puede quedar como mera etapa
de transición en el camino hacia una economía colectiva general, como "comwúdad positiva de bienes", y la menos radical del Padre Krasinshi."
El problema que planteamos, es, si, y en caso afirmativo, en qué grado,
el fino crítico del dominiocentrismo fue él mismo victima de un "idolum
fori" o si hemos sido víctimas todos los que continuamos defendiendo la
posibilidad de realizar también, de hecho, en la vida social, al menos asintóticamente, el principio de la propiedad privada, o si -otra posibilidadel problema es reductible a una mera equivocación lingüística que nos hace
seguir colocando la etiqueta envejecida ''propiedad priva.da" a un hecho
"toto coelo" diferente del principio mencionado, presos quizás como estamos
de una nostalgia romántica que iba arrastrándonos hacia el abismo de una
"acedia" escondida en lo más profundo de nuestra alma.
Planteado así el problema, es muy difícil resolverlo de un golpe. Necesitamos dar realce al querer común, a saber, salvaguardar una es/era per.. Cf. ib., p. 224.
• Cf. il,., pp. 226 y 227.
• Cf. ib., pp. 224-225.

236

sonal del homb,, y asegurarle
alcance
~ Y su iniciativa privada :fesional. ~nal que abrace ~ ~ fa.
El hogar es base fundamental d, la J milia
toda ruón ensena Pcrpaña:
condición sine qua non del privatismo"ªH
y su respeto e inviolabilidad es
Pero, alucinado por algunos .
b·
mo puede y hay consumo
les h~os que hacen vislumbrar "c6-

pri~eg_a

ella"" y alucinado por las tambié:~n~~ Y . ~ ~ comunista con
la más y más industriafuada
. -&amp;...,les posabilidades de insertar en
derechos de crédito y .........,,.M~edad moderna un verdadero imperio de
,.... ..... u:ues que hacen más ef
el
•• •
1111Nu,I
.... ...., riu:tus" y no el de "domini'um" perp1na
. _ o ,.,i..;__ •caz
pnvtlegio del
'6
c1 n de abandonar un p . . .
'
""""~uez sucumbe a la tenta. . .
nnetpao que, en la economía d
.
no a mdaVJduos, sino a personas h
. .
e Estados que ngen
mo continúa siendo fundamenta]
~ .Similarmente fundamental, cocrofísica moderna, no obstante la ~•p•o. de causali~ad hasta en la miCuántica.
evoluaón Copermcana de la Fisica

e~:

Por mucho que estimemos a los sabi al
quienes reconocemos como unos verdados ~es ~lan~k y Heisenberg, a
nuestro siglo atómico con•:eros 'Copérrucos en el umbral de
.
,
uuuamos no obstante ab
d
.
causalidad, aun después de saber
ias a
~ 0 el pnncipio de
que no obedecen a la fonna de 1 -gracusalid d su geruo- que hay dominios
·
ª ca
a "fuerte" , a saber, el detcnnirusmo,
el cual por tanto para esa esf:
11
En modo análogo
cho
era egó a ser destronado.
reconocemos tambiin~::,u a o:e ~mos a Perpiña Rodríguez a quien
copemicano entre los soci6lnan. d
or muy sagaz de alcance quizás
ab
.
-e-.. e nuestros días,
.
.
. razando el pnncipio de propiedad aun d
és contmuamos igualmente
ruo del gran madrileñoha , . espu de saber -gracias al ge,
que Y ambientes sociol6 ·
la
ª. ,orma de la proniedad
"f
,,
gicos que no obedecen
r
uerte ' a saber la del d ..
,n re potestas", incluyendo el "¡'
t d'
'
omuuo de la "plena
1
esfiera de nuestra socied d daus u en a et. abut en d'"
, e cual por tanto en la
a ca vez más md trializad
a ser destronado también.
w
a llegó análogamente
Por tanto, es contraria a la Iglesia no a la
.
.
pero sí el uso egoista y antisocial _,,.
y
prop~~ pnvada como tal,
gui,, afirmaron las en , li R
JUS nempe prop,ietatu ab tius usu distincic cas erum Novarum Q d
.
pasa por alto la estricta obligaci6n de "dis ~c"ua ~a~esamo Anno- que
del pr6jimo evitando con eso las inh
)_&gt;'
crutianamente en favor
como "jus abutendi". Queda
umaru~ades funestas de la propiedad
.
derecho --&lt;¡ue Perpiña Rodrí una controvema que afecta a la esenaa
del
guez no puede concluir ton un dictamen de
" Cf. ib., p. 203.
• Cf. ib., p. 20f.

237

�•
estará pobibido Damar "propiedad"
orden termino16po- a ea el futuro
b ffsicos conal c:k,minio criraPUDffltwi\ "abJaDdado"1 puesto que ~-nd d "
"dB&gt;il" de
-icn..Jment., "ab..._ LI y
tin6an
Jlamando "cama" a la causa ..,.
la microflsica y la fisica cumtica.
.....rn- que
haber esboado, en ata breve ponencia, aJgunol ,-.-menoa
Eapelamol
problemas imbmacb en ella- harán al
-lejos de molw:r ~ loa
al enfoque de la inteligibilidad jn.
vialumbnr nuevos borilDntes, favorables
• búicu ftl096fico-políticotdmeca de la "conceptualización" de las eaenc,u
la traña 6Dtica del

mbi6n

juridicas y a la

penetraci::.más Yi:"c1ei:::~ ~ Ju últimas in-

FE OONTRA CIENCIA: UNA RE&amp;&gt;LUCION AL CONFLICTO

hombre que es te6tropa,_
• ":..
11-... siempre a ter no más que
vestigaciones de la cienCJa
que --alas Jlnu1llimas de la mna/&amp;ieG.

~,w....

Dr. PATRtClt ROIWW.L
Uaivenidad de Tma

INTRODUOCJÓN

Los PJLÓ80POS UTÁN ACOSTUKIIIW&gt;OS, de acuerdo y en memoria de su pensador modelo, Sócrates, a manejar la dücusión de un concepto por la defini.
ci6n de sus términos. Usualmente, esto es hecho como un procedimiento
rutinario en el cuno de una aclaración lelllántica. Aunque el punto a disC111i6n es: ¿ IOD la fe y la ciencia reconciliables?, conviene recordar que este
tema ha sido objeto de intensa controversia en el mundo modemo, a tal
punto, que ya no es una cuestión puramente rutinaria, sino una necesidad,
aclarar convenientemente, basta 111 principio mismo, a q~ se refieren los
términos especfficamente en la cuestión planteada.
Dentro del contexto del problema en disputa, a partir del Renacimiento
y de la Reforma, el támino "fe", 1e refiere a la fe religiosa (para distinguirlo de la asi llamada fe ci~tifica); el término ºciencia", se refiere a las
ciencias raata,aks {para distinguirlo de las düciplinas formales y normativas),
y finalmente, el término "r,,cxmciliabJe", está referido a la lógiea compatibili&lt;lad de la fe y de Ja ciencia, como especies de verdades (para distinguirlas
de su compatibilidad paicol6gica, como especies de necesidades). Tomando
en consideración Jo anterior, nuestra cuestión puede restablccene en una
forma ya más completa, de la sigujente manera: 11¿ La fe religiosa y la ciencia natural, 1011 reconciliables en el plan cognoecitivo?"
Aunque esto es obvio para Duestros aof"ISticacb cootemporáneas, requiérae, no obstante, el replanteamiento hecho con anterioridad para prevenir
cualquier confusión posible del tema a estudio.
Por lo que, sin una delimitación aproximada de los táminoa incluidos, por
lo menos, resultada dificil afocar nuestra discusi6n en lo que es intentado

239

�. , histórica "planteada" hacia la reconciliabilidad ~e la fe y
por la .cuesnon
. ' entre e llas d e una armonia cognos.
sea la relacion
de la c1enoa; esto es, ya
d
tan obvio se debe a que la
..
Más aún 1 que esto no pue a ser
'
. •.
c1t.1va o no.
, •
,
ífi
, 0 de naturaleza .filosoftca.
cuestión en si misma no es teolog1ca o c1ent ca, sm
fil ,f
U . d las formas más realistas de señalar un problema oso ,1.co, es
de debatibilidad
en
li na 1 le r eba de la de ba tih'l'd
1 1 a d · El may·or grado
·
,
l
ap car e a P u I
·a
f'l
'f'
Tan
es
esto
as1
que
a
:ruar contem o I oso 1co.
,

un concepto, reve a su m-,
d
def'ru'da como el área de
•
da como un conce:pto, pu.e e ser
.1
filosofía considera
. d ;i filósofo en

la debatibilidad en general. Esto im~lica_ que 1\::r:: ~:o~~~ los a$pectos
el debate histórico, entre la fe y la CJenc1a, CollSI. d
. t . tomar en cuenta
.
·t
en un solo punto e vis a,
.
'
laterales; esto es, e~tar s111:use
'd
1 s dos partidos involucrados
los respectivos puntos de vista sosteru os por o
en el problema.

I

.
d
erspectiva menos desviada en el deComo un paso hacta ~l logr~ e_ una pel pensamiento moderno. occidental,
b te de la fe "versus ' la c1enc1a, en
.
1
a
. una mll'a
. da breve a la expresión medieval del prob ema, como
echaremos
fue formulado dentro de la tradici6n cristiana.

.

.

.

El análisis histórico a seguir es aplicable también, ~utatzs muta=~o: ::
.
.
isl . .
oque' por desgraoa,
estas son
tradiciones JUdrucas e rumcas, au
la adi · ,
;•• :~-~ Pero
. .
den tro de
tr ClOD Cfw=-·
mili
ra nosotros los que vivimos
. a~ pa
sea
tradición religiosa que sea seleccionada, para tomarla
cualqwera que
.
, "d encuesta del antecedente intelectual,
como punto de partida, aun u~' rap1 a ,
.
. a luz de lo que se
en general, del debate en cuesbon, debera arroJar algun . . . , .
rimer
obtuvo, consi·¿erando 1a totalidad del problema cuando se m1C10 en p

1:

término.
·
En contraste con el pensamiento moderno, no existe
co nflicto entre
. . la fe
Y la ciencia para el pensador medieval, o, poniéndolo en el lengua):, pr~.
as1,
Pio de los escolásticos mismos,
en tre la fe y la razón . Esto acontec10
c n lo que
. • medieval, en contra 1cc1on o
l " ón" para ]a c1enoa
porque a raz
,
. .
d
ta I método de establecer
,. azón" significa para la c1enc1a moderna, eno e
b
r dad
dio de una correcta argumentación, tomando como ase un
ver
es pdor m_e . . . de autoridad establecidos y aceptados, y finaln;iente,

a· .,

conjunto

e prmCJp1os

l

d d

.
por lo que respecta
a la f e, no por el método de establece!' a ver a

argu-

yendo adecuadamente de Ja obseivación y de la experiencia, así como de
principios ya dados.
En una palabra, la concepción medieval de la razón es un puro raciocinar
por deducción; esto es, sin el beneficio de la observación y del control de
1a cxperienci~. Consecuentemente, así como la razón en la ciencia medioeval,
servía de guía a Ja fe, fue bastante sencillo para los teólogos-fil6sofos de ese
período, dem,ostrar la armonía de ambas.
Varios intentos para armonizar la fe y la razón aparecieron en el escenario
de las etapas de la Edad Media, pero el compromiso tonri~ta fue el único
que en la tradición cristiana habría de triunfar hasta el fin. Santo Tomás de
Aquino, arguyó con lógica formal impecable, en el siglo XIII, que desde
que la falsedad, por sí misma, es contraria a la verdad, es imposible para
las verdades de la fe, ser contrarias a las verdades de la razón. De aquí en
adelante., la fe y la razón no pueden estar en .conflicto, por pura definición.
Diferenciando ¾,crudamente la teología revelada, de la teología racional, pero al mismo tiempo poniendo las dos áreas de inquisición sobrepuestas, Santo Tomás procede a efectuar una concordancia de la fe y de la razón, mediante el sistema de mantenerlas apartadas en la primera área y manejándolas,
ya jlmtas, en la segunda.

En un aspecto, justifica su defensa de la verdad "natural'', considerando
que desde que los dos dominios&gt; el de la fe y el de la razón&gt; se _n:iterfieren uno a
otro, hay algunas verdades teológicas (por ejemplo, la existencia de Dios),
las cuales pueden ser probadas por la razón humana, independientemente
de la revelación divina. En el otro aspecto, justifica su defensa de la verdad
"revelada", tomando en cuenta que, si bien 1as verdades no pueden ir en
contra de 1a razón, algunas (como la de 1a T11nidad), pueden ir más allá
de ella. En relación c.on este punto, podría agregarse gue Santo Tomás en
oposición a aquellos nústicos de su época que empequeñecieron a la razón
humana, insistió en que el hombre debería explotar su "razón natural", en
la medida de sus posibilidades, debiendo apelar a la fe solamente cuando
fuese así necesario.
Su consejo metodológico para todos los hombres se podría expresar parafraseando las palabras de Jesús en la siguiente forma: "¡ Dad a la razón las
cosas que son de la razón y a la fe las cosas que son de la fe!" Todo lo
cual refléjase en Santo Tomás, que a semejanza de su maestro en filosofía, Aristóteles, tuvo un pensamient-o sumamente onlenado en medio de un mundo
agitado y tempestuoso. De hecho, ¡ el ya católico Aristóteles suena más como
una gran profesor de teología, que como un gran Santo de Dios!
De cómo el papel desempeñado por la razón cambió gradualmente -por
vía de la ciencia moderna- de sirvienta de 1a fe, a sirvienta del hecho, es

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241

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una larga historia, frecuentemente repetl•da, par~ ser relatada;
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la historia de Ja religion no «:5 to .
d
rdar los penosos episodios
. d la · · 51 hubiésemos e reco
es la histona e cie?~
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en la historia de la religion, tales co . R
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Ja Iglesia Católica omana, a
Copcrruco, . ec por
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podremos o 1VI'dar 1os asi' mi!mo penosos acontea. fuer
sinceros,
poco
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como la teoría flojista de la
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os de la historia de la ciencia, .. e5
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, · anterior a Lavo1S1er.
combusnon,
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. . al difi ltad que hiciera típicos los estudios del
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la Ciencia, por O
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ha
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pod.d ser como darwiruanos.
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1. o
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.
a la naturaleza finita del
laro
como as1 conVJene
compuesta en ~ . -ose~ d sabrido es que el cambio verüic.ado en los
hombre. Más aun. el
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,
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maestros, en pro e
.
•
. como tampoco puras perdidas
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no podríamos hacer inteod
Dicho de otra manera,
para el hombre m emo..
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.
. tíficos en el tiempo presente.
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. , a lgun' conocimiento profundo acerca
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. .
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scientia, pero nea en ~a¡n~ntra. ra1ªr
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breza en CJencia natu , se
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y e ch
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la concepc.ton
de
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.
sin mayor icu ' . .
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en la que ca cosa
.
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. cómo en el mundo puede llegar a ser
símbolos de la vida buena, pero, 1' d 'ta en el lenguaje matemático de
armonizado el paraíso con la natura eza escn

los cartesianos del siglo XVII, o bien de los newtonianos del siglo XVIII,
para no hablar de la naturaleza "roja de diente y garra" de los danvinianos del siglo XIX? No hay duda entonces, de que "el conflicto entre la religión y la ciencia", es un problema moderno.
C.On objeto de comprender en forma más clara d por qué la filosofía moderna dirige su atención hacia el conflicto de la fe y de la ciencia y por qué
la filosofía medieval no lo hizo así, sería necesario indicar, primordialmente
sus tradiciones intelectuales dominantes. En tanto que el pensamiento medie\•al oper6 primariamente en dos campos de saber, en armonía mutua: la
filosofía griega y Ja fe religiosa, el pensamiento moderno lucha esencialmente
en dos campos de conocimiento, en conflicto mutuo: la fe religiosa y la cien.
cia natural. Si es evidente que el pensamiento medieval trabajó con un par
de conmensurables, el propósito del saber, que fue la meta común de Aristóteles y de Santo Tomás, debería ser e\'idente, en forma igu~l que el pensamiento moderno trabaja con un par de inconmesurables. Aun cuando hay
dos especies de saber en armonía mutua, una puede ser mejor o peor que la
otra· pero cuando hay dos especies de conocimiento e11 co11/licto mutuo, si
uno de ellos es \'erdadero~ el otro debe .ser falso, de acuerdo con el principio
de contradicción. He aquí la inevitabilidad del conflicto moderno entre la

fey~cien~

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Seguramente, es cierto que Descartes y Newton trataron en el siglo XVIII
de reconciliar sus nuevos axiomas de füica matemática con los antiguos axiomas de la fe religiosa, si bien su intento hubo de fracasar, como así es dable
advertirlo de plano en los trabajos de sus menos conservadores y más consistentes discípulos. ¿ En qué forma puede ser descrita la naturaleza a semejanza de una gran maquinaria -la que en todos sus aspectos resulta pálidapara que pudi&lt;'ra ser annonizada con el firmamento del Salmista que nos
muestra la mano de la obra divina?
Atendiendo a este cuadro puramente mecánico de la naturaleza, no constituye una sorpresa el que los modernos materialistas condenen a la religi6n
tradicional, como así acontece, ya sea con Espinoza, el que la llam6 "el refugio de la ignorancia", o con Marx, que la consideró un simple refugio:
"El opio del pueblo... Bajo estas circunstancias, ninguna otra salida era posible.

Si nuestro análisis histórico es correcto, la única forma sensible de avocamos al problema es indagar y captar la raíz del mismo. Esto nos llevará
a la conclusi6n ya dicha, de que el conflicto en sí mismo, se origina, en virtud
de una premisa falsa, a saber: que la ciencia natural constituye un campo
de conocimiento y la fe religiosa, otro. Si bien la filosofía medieval cometi6
el error de considerar a la fe y a la ciencia como dos aspectos del saber, la

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acerca e su es n .
d 1 d
"conflicto cienúfico religioso ,
forma de disponer y de usar e mo erno f rma de conocer y restaurándole
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la fe como una O
•
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ser aparente: escartan. o a . , A !ando a "la fe común de la hu~arusu valor, como un medio de vida. ~ a relacionar religi6n y ciencia, en
dad" el positivista alcanza, seguramen e,
d
:.... dor moral común. Si
,
stituyen un enom.....
.
términos que, por lo menos, con l
te al precio de sacrificar su divembien lo maneja de este modo, es ~ am~nrtamcnte- la lógica de la situación
dad. En pocas palabras -paradóJICO c1e d 'ntact~ las diferencias de la fe
. .,
la cual ambas guar en 1
. d
exige una pos1c1on en
•a de hecho su diversida •
.
·
f po puedan reso1ver, }
'
Y de la ciencia y al mwno iem
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. nes históricas precedentes, ya
.
• todas las cons1 erac10
Con obJeto de resumir
.
tomistas el que sacrifica la conse trate del pun~o ~e vista de
antl:C:e su div~rsidad; o bien, el nuevo
tinuidad de la ciencia y de la _e, a ~o
h cer en un sentido opuesto así
·· ·
que s1 lo llene que a alternativa
Punto de vista posttlVlSla,
.
·
edia como tercera
·
.
lo hará, necesitamos una v1a m
•
con Dewey el que la fe religiosa
Admitiendo, de acuerdo con San~~ana Y.
.. ir siguiendo la
, .
ara a miamos a vivir me1or· vamos a argu .
sea lo optimo P f Y r ·osa nene
.
b' ,
a función teorética, que nos
tam 1en un
. .
la
secuela de que
e re igi
.
·n embargo no queremos s1gmfi.
e
n lo antenor SI
}
ayuda a conocer meJor. o
. . ' t n el sentido ordinario -conof te de conocmuen o, e
•
car que la fe sea una uen
b'
l senb'do nortearnencano de
'ón) 1en en e
( 'nf
cimiento de hech~. 1 o~ao ~ ás importante sentido griego o sea, el
"aber-como'' (pencia)- smo en
m

:os

conocimiento de los valores . (saber)cdi.. , 1 1 que subordina la ciencia natu•
1 pensamiento m e,a' e
.
Contranamente a
.
1 ensamiento moderno, que lo venral a la fe religiosa y contrana~~ente, a Pd ás que la fe y la ciencia son
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al vés arguiremos a cm ,
E
fica esenoa ente . re ' bo d' d
na en relación con la otra. mcoordinada.,;, más bien que su r mafl~s, uf -ciencia en el mundo moderno,
'ón total al con teto e
'
.
pero nuestra proyecc~ . '6
d" ·onal entre el saber y conocimiento, pero
, b d
la distmc1 n tra ic1
.
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estaraalidad
asa oconsutu1ra
en . . . una reh abT
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en re
'
. .d d entre las dos.
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En la vida coudiana, d1stmguunos e .
d 1 ·alor Ese estar bien inforbio sobre cuestiones e '
·
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cuestiones de h o &gt; ser sa
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necesaria garantía para converll no constituye una
mado en esto o ague o,
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.
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penosamente se mam iesta as1 e
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Era de la Ciencia, no L'S una excepc1 . ,'
.
1
l .
tuosa taxonom1a de Lmneo.
el horno sciens de áal irreslperelación ent1c la fe y la ciencia, es preguntarse qué
El preguntar cu es a

246

relación hay entre el saber y el conocimiento. Para ser precisos desde que
la ciencia es coextensiva con el dominio total del conocimiento (en el sentido ordinario) y desde que la fe es coextensiva con s61o una parte del dominio del saber (habiendo otras variedades del saber, tales como la filosofía
y la poesía}, se sigue que el preguntar cómo la fe y la ciencia están relacionadás una a la otra, es preguntarse qué relación hay entre una parte del
saber y la totalidad del conocimiento. Ahora bien, para contestar la cuestión de cómo la fe y la ciencia son reconciliables, es preciso determinar la
relación existente entre dos términos distintos: saber religioso y conocimiento
científico, y para determinar tal relación, a su vez, es necesario subsumir
cada una de ellas a su género común, que es cognoscitivo. Lo anterior, nos
lleva directamente hacia el campo de la lógica comparativa.
La lógica (en el sentido amplio), es el estudio sistemático de lo que sabemos y de cómo conocemos. La lógica comparativa trata sobre las similitudes
y diferencias en nuestros objetos y métodos de conocimiento. Como así lo he
afinnado en alguna otra parte,1 el objeto principal de los credos religiosos
difiere en "status'' proposicional de los sujetos materiales de las ciencias naturales. Desde que las creencias religiosas, pese a las apariencias que pudiera
haber en contrario, pertenecen a una subclase especial de juicios certeros o
absurdos de valor, más que a la clase general de juicios verdaderos o falsos,
de hecho, se concluye que las proposiciones religiosas son para ser jU?.gadas,
no como verdaderas o falsas (en sentido fáctico), sino como certeras o absurdas. Ilustrando lo anterior, es evidente que la proposición cristiana: "Todos
los hombres son pecadores", no puede ser valorizada en la misma fonna en
que lo hace la proposición zoológica: ..Todos los hombres son animales''.
Establecido someramente esto, mi tesis es en el sentido de que las así llamadas
\'erdadcs eternas de la religion, son "verdades especiales", en el sentido exclusivo de valor. Mas esto engendra un serio problema de car-.ícter semántico, que es necesario aclarar antes de poder esperar resolver el moderno conflicto existente entre la fe y la ciencia.
La palabra verdad ha sido utifü.ada en varios sentidos y sería menos equí.
voca, ciertamente, si abandonásemos la expresión ••verdad religiosa" y Ja
llamásemos por su nombre apropiado, que es el de saber religioso. En cualquier forma, saber en el contexto religioso, significa pensar sabiamente acerca
de las cosas últimas, pero ¿ cuál es el verbo inglés, exacto, que pudiera transmitir este modo de pensar? Por desgracia, no hay un verbo en el uso común
1

PATJUCK RoMANELL, La Significancia CoKnoscitiva d, la R,ligi6n, la Nu,va D,.
mocrada, vol XL, ·o. 3 (Julio de 1960), pp. 20-28.

247

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reliai6n, Ja CODtlllpii1t, de .. leed6n, tanada ele la hiatoria • la cienda;

~
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Ja ~
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tanto par

· !"·-_,- pir~a
~
4'-.·
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■ Jesi6a-,

�mh&gt;do c:aractaútico, que a la fe. Al poner el acento en la fe, come ,,
iftllo40 de la retigi6n, no olvido el hecho de que loa mú de DOIOtrOI, por
lo mmo1 en el mundo occidental, y eaprialn,ente a prcastantes, identifican
a la fe, coa el objeto principal de la materia, es decir, con b artk:uJos espedfioos de la fe o ~
Pen&gt; este no a argumento en contra de nuestro áfuia en la fe como • ·
tocio, porque si nos contamo1 uno a uno, la ma,aña de DOIOtRJI una wa
más, no pondñamol a la par tampoco la eiencia con su m6todo, sino con 111
eaped&amp;:a materia primardiaL
En otro aspecto, la mayoria no está del todo equivocada en este punto, ya
que no debemol olvidar que la materia y el wtodo, van juntOII en toda ate1ti6n.
esto se
que la materia detennina, en última instancia, cuáús
mitDdos IOll apropiados para ello y cuáJt.s no lo IOD. i bien nuestra cuesti6n original en el fondo es la siguiente: ¿IOD las conduPmw re6gimM conciliables con las conclusiones c:ientWc:as y ea el m6todo de valorizar lo prect.dente cmnpanñle, a largo pluo, con el m6todo de valorizar esto último?
Bito D01 lleva al meollo de nuestro ensa,o.
•
En nuestra opini6n, la más reveladora idea eobre el objeto de la fe religiosa, 1101 viene del capitulo XI, de la Eplltola a los Hebreos. Aunque esta
!pistola permanece anónima y se ha disputado delde b tiempos nw antiguos acerca de la identificaci6n de su autor, be tomado la tradición que la
atribuye a San Pablo. Pollolemente, el lector recordad que los tres ptimeros
vmfculos del inspirado capitulo, están relacionadas a la fe, como una vta
de comprensi6n; los venlculos restantes, nos proporcionan ejemplos, tomados
del Viejo Testamento, de lo que puede realizarse a trav&amp; de su poder. Es,
a no dudarlo, el famoso primer verso del capítulo, el que es fundamental
para nuestro tema: "La fe es la substancia de las cosas por las que esperamos, la evidencia de las cosu no vistas" (Eplstola de b HebmJs: 11: 1).
Naturalmente, como es de esperarse, este pasaje paulino ha sido acertado
y erróneamente interpretado, en variadas formas; la mis seria incomprensión
del mismo es aquella que acepta la defmici6n de la fe, en la primera parte

d•

del teXto, como substancialmente pura, pero en cambio, rechaza el aspecto
de la fe, en la segunda parte, tomando como base que ésta "no es evidencia
del todo" .4 Esta presunción descama en la equivocada idea de que las dos
partes del texto expresan, no obstante, diferentes conceptos acerca de la fe.
A su vez, esta misma presunción, 1e apoya en un erróneo entendimiento del
thmino "substancia". De acuerdo con el diccionario Webster, la palabra
• JosN lhaxA1'I lt.ANDALL, Ja., ,so• lo1 Dof'UI lüli¡ioso, Copo,eili#ol ,

W.s1, Jovrul of PAUoio,A7, "1. LI (1945), p. 159.

250

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"bue" "fmvl
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• como • empleada ea el ~ .:-:n, . •mmto o "•Jhsttncixi6n" (en. el aentido
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'
uye que las dos parta del ~ aon 10Ja.
-.-.,- WMWtol para CZpR!lal' la •
idea
laa de la fe, de su ~ Y del obi.M ~
acerca de la aatura. ..,..._,
....••1:..- ' "IUbatancaa"
•
, - - proplO de IU estudio Como
pasaJe
y "-.!.l-.-!_n
••
en• el
1_...._
~YRICIK;I&amp; J IOQ términos --..L..
1C1UC1, para el ~ de la fe uf "las
1§..._, eqwvaCOIII no vistas" son f-- ....0::_1_
C0IIS por las que esperamos" y "las
breve, la fe al •menos·-~-•-aparaiamateriade~-.1:_
para San
GM.uwv. En forma
es la subltanciaci6n de las COIU ~ en la Ep(stola a b Hebrw 11 : 1,
C01a1 no vistas. ,..____
que 1e espera, o la evidencia de Ju
""-'UIICIWCDtemente no podemos
texto Y rechazar la - . todo '
aceptar 16.lo una parte del
VW•• 0
0 nada.

ª

:-e~

F.a por demú mteraante
·
el obaervar que, la defi uci6o
tola a los Hebreos, por impli'..-....=..t
n
de fe, en la Ep&amp;wauun, DOI conduce a ,1:...:-.:- -' •
1
01 upettOI evidentes de la ~ n
de
• • ~ - 111tidameote
como la evidencia de Jas
.Y
la CleDC1a. Si definimos a la fe
nida como Ja evidencia de7; no ~ entonces la c:iencla podría ser defiugra el decir .•,... ,....
cosas uutas. En la ciencia -como ast lo conpo,...... - ver es creer· en la -1:..:6
tener fe. Pero li tal a el
'
·-e• a, el tener esperanza, es
las ,1,..
caso, ¿por q~ hemos de crear un conflicto
...,.,, como a.si Jo encontramos en el undo
entre
debe de bUICane desde el ·
.m
moderno? La contestación
humana. La -1:..:-t
punto del ongen dual de la religión en la vida
f
-~n nace, no solamente por el intento del hombre
.
acer su anhelo de tSflhanza, sino tarobii11
•
.
para satis1 gemuDa de IU mtento para satisfacer a SU mmanri,. de ...:.J -L.--Clr•Kfllmw-1 Estas dos 'taJes
•
1e contraponen una con otra,
•
VJ
Dttelldades del hombre
internas de la religión, así : ; :ore conflies
e~ responsable de las tensiones
la ciencia. Para .
os
ctos eventuales de ésta con
IDCJOf esto permftase
-L-•
Teot....(a p .. ,:.. a
•
'
nos ~ una o....~- L - - - la
-a- a--, por via de il..uouauuD.
·--=..t
:r-- ~ a
n.&amp;

De acuerdo con la definición de fe en el
Hebreos, los objetos de la fe, 10D las '..
capitulo XI, de Ja Eplatola a los
vistas", o sea, que éstas son ideales enc:oa;: ~.., o biea, "las cosu no
con el rato de la Teología paulina los ob .contenido. Aunque, de acuerdo
espirituales sino do
--L
jetos de la fe no son esp,ranzas
'
gmas IIUUrenaturaJes. Esta di
'
fe, expresa un cambio radical de 'tud
erenaa en los objetos de la
ramos el capitulo XI de la E ICb
por parte de San Pablo, si compaci6n .1:.:..;da los ' •
pisto~ con el X, en Ja que hay una exhorta"""-&amp;•
seguidores de Cnsto para "abrazar rá .
beos, la profesión de nuestra fe" (Hebreos 10. 23) De pidamente y sin titucaptar el cambio altamente significa .
• ·
hecho, aún podrlase
en la actitud hacia la fe, en el
·
capitulo XI, 11· comparamos el citadobVo
primer
• .
proPJO
refleja este cambio de horizonte?
veno con el últuno. Pero, ¿qui

ª

251

�esto nOeja la grm puadDja de u,da reJigi6n. V'IIIO él
pn,bkma, ~ reptti.tmola que la religi6n el 11B intenta del
boníbie para adifacer c:lol necesidades antit&amp;im: 111 necelidad de aperan-,
• indmduala -lo que siempre mmiehe un elemento de rielgc&gt;= y 111
oec:rsidad de una garantfa c&amp;mica, que Jo asegure a ú mismo en contra del
riesgo. T6mme la creencia cristiana de la inmortalidad penona1, y se comprender', prontamente, cómo el choque, perfecbUDfflte natural de la espetanza y el dogma, consideradas como necesidacles h,ummu, e1 el ~
de las contradicciones intemaa dentro de la propia religi6n. La esperama
c:onatituye el principio de incertidumbre en la re1igi6n, el dogma e1 el principio de su infalibilidad. Más espedfiramea~ el cambio de actitud hacia
la fe, en la Teologia Paulina, agudamente iáleja la diferencia entre Pablo,
como Santo y de Pablo, como A'6stol. Pablo, el Santo, en una Eptstola
(Hebreos 11:1), nos ofrece un memaje de esperanza; pm&gt; Pablo, el Ap61tol,
en otra Eplstola (1 Tunoteo 6:12), lo tramforma en un grito de combate,
para la predicaci6n del Evangelio de Cristo y la evangemaci6n del mundo:
"¡ Pelead por la buena batalla de la fe!" PJ primer Pablo, babia de la fe
como una forma de substanciar las CQIII ,s~aus; el segundo, babia de ella
eomo una forma de justificar las cosas por las que se ba combatido. Por
una parte, la fe de San Pablo, como Santo, establece ,Osibilitúul (como es:presada a traws de la esperanza)' la categorfa básica de un credo religiollo;
la fe de Pablo, el Ap6sto) por otra parte, crea emülumln, (como expraada
a traws del dogma), IU categoría básica.
En mi modo de ver, el alma de San Pablo debi6 aentine profundamente
atormentada entre b bienes en conílicto, inherentes a las dos actitudes acerca de la fe: una, dirigiéndole hacia un credo basado en esperanzas e ideales
--precarios, pero dinámicos; la otra, por su parte, yendo hacia una creencia
basada en temores y dogmas -BegUl'3, pero estática. En forma clara, Pablo
de Tano, es una de las figuras mis grandes y trágicas que haya habido en la
historia de la H1unanidad y la tragedia de la Cristiandad,~ en el fondo, su
trágica vida, eicrita con profundoa caractera No e1 necesario agregar que
por trágico, no quiero decir patitico, sino dramático. No hay nada que nos
muew. a compasión en la carrera de un pu Santo, o bien de una gran
religión. Y en el extremo de que una religi6n particular lleva, en su 11eDO,
las dos mismas actitudes de conflicto hacia la fe; una satisfaciendo a la necesidad humana de aperamaa y la otra, dando igual satisfacción a la necesidad
de aseguramiento; en ae exbemo, tamb~, la tragedia de la fe Cristiana es
la tragedia de todas y cada una de las fes religiow.
Una vez exlu'bido el conflicto interno dentro de la propia religión, nos
encontramos, finalmente, dispuestos a sugerir la 10luci6n pertinente para el
Bwle.ttilldímlte,

252

mnflido aten,o ele Ja ..... , de la ~ confJicto
bemol
d e l ~ modenao. Para O"DNltar la aaeai6n: " quela fe
~
111COJN;tlwbleaP", tan mnciameme
cND
y la qeDQa
religiosa Y Ja c:iwia natQraJ 1011 camo DOI ~ ~ c&amp;remo. que la fe
prendida C'GIIO Ja wa
~tibies, 11, ., solaanu ,i la fe es cometes del bomb,e. , . : ' : •~naar Ju mú elevada. eaperanzu o posibilida-!1.-.
Gtra idea de la fe, fe como Ja forma de ••...u:_
_,., para - dogm11 IObreaaturaJes
JlaWUQlalulo,m4ti&amp;o de todo eáuen:o • , fflDDI que va en contra del cadcter
PJIOI y Ju hip6tesia ciaidficas~ En Otnl palabna: b dopws nli•
no Jnmún mezcJane, pero 1aa _ _
1__
•.........,_ y - hedlOI aentfr.......
.&lt;.1..:___
~lignifica qM Ja fQci6o ~ en IUS WUIIIU QIIIII, 8 /o Jnutln. &amp;to
rec..:~ ~ la fe, ecao eJ mblo de Qbtew, el llber
""5~ DO llega a DI la llfflenta de la •
'
•
ele eJJa. Je más, IU funci6n la
~ Dl tampoco un IUbstitutc,
fico
es de complementar al conocimiento ..:_.1.
con
la
mú
1nmnl"Hlmn!II per
cti
~
•
.
- - r - • ... ~ptil; va que 1101 sea dada dentro del
tiDo c:6aaico Y.humano.
Sin la cienci
la ,e
r es ,._
•
•
~
para b u_!.,_ dearaJes del c:cmoc:mueato
• Ja cienci • r
-ww .... natu-L-- La -1-.-!.L•
~ 11D 1e, carece efe 8 1k:anca itJQJDOI del
NUCI",
· ~ -ea el pJan
••
una relaci6n de dot formas . . 1 : . . - ~ ,m_tre la fe Y . l a ~ es
U&amp;YrnlM u.: ent.eadarnaento las
mentan una a la otra, en aus ........ a: ... •
'
que se c:omplehumana • .¡ i
, -....... c:arnmos de acceso a Ja c:ognici6n
• . ' ~ fica esto que, muhwmente, superan 1111 limitaciones
posibilidad de esta r,/,J&amp;ióa COlll/wme~ entre la • .
Negar la
religioea. es JDOárar estrechez de pennmiento,
aenaa natural Y la fe
Debo amfesar que la solución ttclm
entre la retigi6n y la ..u-¡11
pro~ para el conflicto moderno
aparece demasaado buena
.
Para que DO pueda __---,
...(. __ de
haber • .
como para ser aerta.
--~
no
JUltipreclado algunas
•
permftaseme -aunque tea hlffemebtecuestiones,
a6n imloluto lncalirindolo,
agregar que el probJema permanece
por Jo menos, en tres im
.
nano -para empezar por lo ob.
~ - - - portantes aspectos: ,rt•
VIO-, -U1IIIJOII que la ciencia
Ja
DO son necesanamente rivales en funció de Ja
•
Y fe,
- complementana.
n,
• mmna
forma.....en
que su rela...ción,
__de la ona a la ---,
.....
En otras
,...___ ·
YQUUJtnunos es que abf no hay un conOicto
.
,.........., lo que
saber, como tal Sin
.
~ entre la verdad y el
conflicto
embargo, Jo anterior no mgnifica que no pueda existir
entre los alegatos espectficoa de la • .
contraparte religiosa,
cienaa, por UD lado Y b de la
•.
por el otro. La cuestión de que si la fe la • .
r,eon~ús~ ~ ~•rnente a la poPl&gt;iJidad ele
•~ • CleDCla IOD
pensamiento reJigioeo y el
. •
.
reconciliaci6n entn: el
1:--:L
conocmuento aendfico y no a 111 actual
•
IQK;lOII en cuaJaquiera referencia
·
reconaes por natural
tbmino
m particular. El adjetivo "reconciliable"
.;.,...:r.-..
~ un
que connota posibilidad Y no un t&amp;mino
•
'""6---t.... n,ce.sidad. Además, no hav una -•..;dad
que
.
.
.,
--·
-tomada de la · ~
de la lltuacióo-de que en ......
a....:- ·
-a..-tuua tiempo o lugar, en puúcular, tanto

-•=-=--

l;¡J

' ---DCIO

253

�los partidarios de ]a religión, como los cientificistas, individualmente considerados, actualmente, pudiesen dedicarse por entero a atender sus propios
negocios, en lugar de enlazarse en polémicas unos con los otros. Tenemos demasiada evidencia de su haber en el pasado, para ser muy optimistas del
futuro. En una palabra: aquí, como en cualquiera otra parte, lo que es verdadero en lógica, no es necesariamente verdadero en historia. Segundo: el que
las creencias religiosas son para ser juzgadas como sabias o absurdas, más aún
que como verdaderas o falsas, no implica el que tengamos a nuestra disposición
un criterio automático para determinar cuáles son sabias y cuáles son absurdas.
Pienso que debernos ser sencillos, del todo, acerca del problema de la prueba,
en materia de fe y no ceder a la tentación de compensar en demasía, afirmando con un toque patético de bravura, que el entendimiento religioso es superior al cient-ífico, en todos sentidos, como así ha ocurrido con demasiada frecuencia en el transcurso de los siglos, en pensadoTes que debieron conocer
mejor el problema. Citemos un ejemplo bastante ilustrativo, tomado de la
moderna filosofia: Kant, estuvo en lo cierto al sostener que las creencias de
la fe son superiores a la ciencia, en profundidad de significación; pero se
equivocó al pensar que éstas son superiores a ella en lo que respecta a la
certeza de la prueba. Pese a lo que los filósofos y teólogos tengan que decir
sobre este tema, las materias de la fe son más debatibles que las cuestiones
de facto. Si colocásemos, tanto a la matemática como a la religi6n, en su
puridad, en los dos límites de Jo continuum, de la cognoscitividad humana,
mientras más nos acercásemos al límite de lo matemático, tend.ria.mos mayor
certeza de prueba y a una mayor aproximación del límite religioso, tendóamos menos. Aunque, si bien, las fes tienen un soporte más directo en nuestro bien que la pobreza y nimiedad de los hechos y de las figuras o símbolos,
las creencias religiosas ~on menos susceptibles de probar que las leyes de pro~
habilidad en la ciencia, solamente, que éstas a su vez, son menos, que las
abstractas proposiciones de las matemáticas. Este estado metodológico de cuestiones, constituye el elemento trágico, en nuestra vida intelectual y sobre ello,
no hay nada que podamos hacer, excepto el comprenderlo y tratar de sacar
el mejor provecho.

Tercero: el aspecto final, en el que aún tenemos el problema de ajustar
los postulados de la fe y de la ciencia, nos vuelve a lo inicial, a la parte
histórica de nuestra discusión, en la que llamamos la atención sobre el hecho
de que el conflicto original entre la fe y la ciencia, en el mundo moderno,
se basaba en la incompatibilidad de los dos conjuntos de conocimientos. En
significativo contraste, su versión contemporánea, se apoya en la incompatibilidad de dos conjuntos de valores. Ahora bien, seguramente, en lo anterior,
no puede darse ningún conflicto -en teoría- de valores, entre la verdad y

s·

l h
bel saber;_ pero i sí puede haber multitud de ellos en la práctica t
re med1oeval sufri,
h b
· 1 e omesto podría también orefpo~ a lerh puesto toda su simpatía del lado de la fe,
enrse a ombre de nuestr dí
h
.
totalmente hacia el lado de 1 . • U
. o_s ~' por aberse mclinado
.
.
a crenc1a.
na md1cac1ón reciente de 1
~~r, nos viene_ de ,u.na zona inesperada. Ponderando el luaar de la fe od::0
e esquema científico de las cos
d
. .~
'
ciencia hi
11
as'. uno e nuestros d1stmguidos hombres de
' zo orgu osamente anunciar su matrimonio d " 1
.
Ciencia y el Evangelio de Crist ., 5
d
e e Evangelio de la
0 , en uno e nuestros
a ·
Tal anuncio, debió, indudablemente d
. . magazmes populares.
devotas personas
.
e ser una noticia confortante para esas
en nuestro mundo nebuloso y que son las mas'
.
encontrar un
·
b'
ansiosas en
camino a 1erto para el estado de conf . ,
Pero, haciendo a un lado la observación de la . . ~100 en, q u: nos hallamos.
"
Ji ,, d
oenc1a, en s1 rrusma no es un
evange o ' el todo; sospecho firmemente que el
. d
'.
,¡
,
.
anuncia o matnmo ·
so o un smtoma del divorcio actual d 1 . .
ruo, es
temporánea.
e a ciencia y Ia fe, en 1a sociedad conPara mostrar cuán
f, f
..
pro e icamente San Francisco se antici ,
l
..
espmtuaI que priva en la actualidad
d
po a a cnsis
te
1
, a pesar e encontrarse a gran distancfa
mpora , como lo son los principios del siglo XIII t
.
una notable cita suya, que dice. "S
d
',. enrunamos empleando
y ciencia para conocer todas I .
upone ' que tene.is la suficiente sutileza
as cosas· que os e
trá' f . . .
todos los lenguajes, así como tambié '
el
ncon is amihanzados con
lo demás' . ,
.
. n con
curso de las estrellas y de todo
1 'nf ' eque poseéis para sentiros orgullosos de esto? Un sol d
.
e l ierno, sabe más que todos los hombres de la tierra
o. emoruo en
hay una cosa de Ja cual el esp' ·tu
li
.
, puestos Juntos. Pero
.
in
ma gno es mcapaz y
d ,
tituye un timbre de 1 ·
, que a emas, consg ona para el hombre: 'Ser creyente en Dios' " e p
no es argumento en contra de nuestr 'nf .
. ero este
0 e asis en la fe co
•
' d
que si nos contamos uno a uno la m
, d
mo meto o, por,
,
ayona
e
nosotros
una
,
pondriamos a la par tam oco 1 . .
vez mas, no
materia primordial.
p
a c1enaa con su método, sino con su específica

• WARRBN WEAVER.,

p. 33.

A S&amp;ientist Po d
F .h
n ers tul , Saturday Reuiew, January 3, 1959,

• Citada en la obra de JoBN u ____ A n.
M' d
.. ~ N "-"NDALL Ja Th M k'
m , Boston, lioughton Mifílin (1926), pp. 100-lÓt. .,
e a mg of the Modern

254
255

�</text>
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                    <text>y puede llegar por este camino a establecer las ·relaciones que reúnen no sola-

mente esos aspectos diversos, sino también las ciencias particulares que los estudian. Todas, aunque a menudo se contradicen, tienen por objeto al hombre;
pero s6lo la ciencia literaria es capaz de integrarlas confiriéndoles su natural
jerarquía.
Le es prácticamente imposible al investigador reunir todos los conocimientos que exige una ciencia literaria completa. Puede sin embargo desearse que
todos aquellos que se ocupan de literatura tomen conciencia del problema. Se
vería entonces instaurarse una estrecha colaboración entre los diversos sectores de esta ciencia. Psicocrítica, estructuralismo, estilística, etc., son destinados a completarse, y en la medida en la que cada uno tenga conciencia de los
medios y límites de su propio método, sabrá reconocer el valor y lo bien fundado de los sectores vecinos. Del lado de las ciencias naturales, funciona una
colaboración semejante desde hace tiempo. Al conocimiento del mundo exterior se agregaría entonces un conocimiento equivalente del ser humano, y el
abismo que separa todavía a las ciencias naturales de las ciencias humanas
terminaría por reducirse.
Pero la voz siempre única del poeta ¿no correría el riesgo de ser ahogada
bajo tanta ciencia? ¿ Quién, no obstante, se preocupa por ésta en las aulas de
nuestras universidades? O bien ¿ en cuál de las innumerables obras, de día en
día más eruditas, suena todavía ese famoso canto? Es precisamente por no
haberle reservado su verdadero lugar por lo que la ciencia, con todo lo que
ha emprendido hasta hoy, lo desconoce. Mientras que cada uno de los especialistas pretenda a la exclusividad de su método, no puede sino ignorar lo
que por fuerza ha de escapársele: El canto siempre singular del poeta. Sólo
una ciencia honrada y consciente tanto de sus medios como de sus limites, podrá garantizar el respeto para todo aquello que siempre la superará, permitien~
do finalmente percibir ese canto en la pureza de su brote, después de haber
vuelto transparente todo lo que lo empañaba.

434

Sección Tercera

HISTORIA

�LA OBRA FRANCISCANA EN NUEVO LEóN

lsRAEL CAvAZos GARZA
Univenidad de Nuew Le6n

'TODAS LAS VECES que a westra majestad he escrito he dicho a vuestra alteza el aparejo que hay en algunos de los naturales de estas partes para se convertir a nuestra santa fe católica, y he enviado a suplicar a vuestra cesárea
majestad, para ello, mandase proveer de personas religiosas de buena vida y
ejemplo. Y porque hasta agora han venido muy pocos o cuasi ninguno y es
cierto que hay grandísimo fruto, lo tomo a traer a la memoria de vuestra alteza y le suplico Jo mande proveer con toda brevedad" .1
El párrafo anterior, corresponde a la cuarta carta que Hemán Cortés dirigió a Carlos V, con fecha 15 de octubre de 1524. Es indudable que, obedeciendo a una de ''todas las veces que a vuestra majestad he escrito", hayan )legado, en mayo de ese mismo año de 1524, los doce primeros religiosos que, trayendo como superior a Fr. Martín de Valencia, iniciaron la conquista espiritual de México. Hubo algunos precursores, seglares o de la misma orden; pero a estos doce pertenece el haberla emprendido en fonna sistemática.
Pronto el territorio de la Nueva España se ve surcado por su huella, y en
los lugares más increíbles se percibe el influjo de su obra, El norte, sin embargo, permanece inculto, y es hasta el descubrimiento de Zacatecas cuando
vienen. Y es entonces cuando -como comenta Jiménez Moreno "renace ...
aquel celo evangélico que historió Mendieta y comenzaba así la grandiosa
epopeya de la colonizaci6n deJ norte, en la que, al lado de los grandes capitanes (Ibarra, del Río, Urdiñola y Oñate) actuaron infatigables los frailes, y se
consolidó la obra definitivamente con la venida y asiento de los tlaxcaltecas".•
1
ar. llic.w,, RouRT. La Coq•ista Espiritual 41 Mimo. Ed.
xico, 1947; p. 88.

Jus,

Ed. Poli,, M6-

• Jr11É.Ngz MouNo, W1011uTO. EsluditJs d, Historio Coloraiol. INAH, Máico,
1958; cap. IX, "Lo. Origencs de la Provincia Francilcana de Zacateca.. , p. 135.

437

�Fr. Pedro de Espinareda es el primero en emprender la conquista espiri•
tu.al del norte. Fundador y guardián del convento de Nombre de Dios, primero, y de Zacatecas después, hace, desde allí -hacia 1567- las primeras
entradas a lo que hoy es Coahuila. Fundada Saltillo, otro religioso insigne, Fr.
Lorenzo de Gaviria, logra fundar convento en esta villa, en 1582. Asolado por
los bárbaros, se ve precisado a retirarse a las minas de Topia. En el mismo
año Fr. Esteban del Castillo ha fundado el convento de Sta María de las
Charcas, que tan importante ha de ser en la historia de la evangelización de
Nuevo León. El arribo a Saltillo de las familias tla.xcaltecas, hace posíble la
fundación de otro convento en el pueblo de San Esteban, en 1591. Con ellos
ha venido Fr. Juan Terrones.3
Veinte frailes, por lo menos, han regado con su sangre los desiertos del norte, para cuando llegan los primeros a Coahuila.
Alberto del Canto, fundador de Saltillo, hace expediciones al noreste. En
diciembre de 1577 funda, junto a los ojos de Santa Lucía, una población con
este nombre. ¿ Vienen franciscanos con él? Fr. José Arlegui, cronista franciscano de la Provincia de Zacatecas, señala como f1mdadores del convento de
Monterrey a Fr. Andrés de Le6n, Fr. Diego de Aracaya y Fr. Antonio de Zalduendo.4 Alonso de Le6n, nuestro exacto crorústa, no los menciona. Asegura,
en cambio, que es el clérigo Cebrián de Acevedo quien pide, en 1600, religio.sos de an Francisco. Tres años más tarde -añade- "se libr6 mandamiento a
los oficiales reales de Zacatecas para que diesen limosna a Fr. Lorenzo González, el viejo y Fr. Martín Altamirano. Fueron los primeros de esta conversión" -afirma-.'

En una junta a que convoca Diego de Montemayor, para acordar el aviso
que ha de darse al virrey de la fundación de Monterrey ( 1600) , se encuentra
presente Fr. Cristóbal de Espinosa, guardián del convento de Saltillo.8
El erudito Jiménez Moreno asienta que el convento de Monterrey se fund6
en 1603, "pero parece existía desde 1602".i
Los padres González y Altamirano, se internan a lugares peligrosos. Fr. Martín Altamirano, quien ha entrado descalzo y a pie, "despuebla de indios los
1 Auss10 RoBLES, VITo. Coahuila y Tuas ,n la Epoca Colonial, Ed. Cultura,
Máico, 1938, pp. 126 a
' Aau:our, FR. JosÉ. Crónica d, la Proviiicia d, N. S. P. S. Francisco de Zacatecas.
Reimp. por Cumplido, México, 1851 1 p. 126.
• LEÓN, ALoNso DE, un autor anónimo (JUAN BAUTISTA CHAPA) y el Gral Fu.NU,oo SÁNcHEZ DE ZAMORA. Historia de Nu,vo León ... Documentos Inéditos o muy
raros para la Historia de México. Ch. Bouret, Mbcico, 1909, t. XXV, p. 101.
• Le6N, op. cit., p. 100.
' Jno1ÉNU MokENO, op. cit., p. 146.

438

campos y llena de cristianos los pueblos".ª Un mal día en 1606, es muerto en
unión de tres nahuatlatos que le acompañan. Arlegui sitúa el suceso en el lugar llamado La Silla. La graútud confunde el sitio y erige un sencillo monumento a la falda del cerro de este nombre. Don Vito Alessio Robles aclara que
el martirio de este celoso lego, tiene lugar en Coahuila.ª
Anda por ahí el dato de que para esos años se habían empadronado aquí
35,000 indios bautizados; cifra increíble e inaceptable.
El convento de Monterrey sirve de sepulcro al fundador de la ciudad. Al
entrar el gobernador Martín de Zavala, en 1626, es aún guardián Fr. Lorenw
GonzJlez. El edilicio tiene entonces ''Santisimo, pila, cementerio, torre fuerte
y buenas campanas", 1° En él se refugian los vecinos de los asaltos de los indios. En el albazo del temible Huajuco, también los religiosos participan en la
defensa.
Hasta la erección canónica de la parroquia ( 1624) tienen a su cargo la administración espiritual de indios y españoles. En su calidad de doctrineros,
emprenden los frailes largas caminatas. Visitan las estancias de los encomenderos, donde imparten la enseñanza y administran los sacramentos. Estas actividades tienen que hacerlas a campo abierto o en chozas miserables, Fr. Juan
de Salas pugna, en 1656, porque los encomenderos construyan enramadas o
capillas decorosas. 11

Las misiones de Río Blanco

Toca a la misma provincia franciscana de Zacatecas, emprender la evangelizaci6n del N. R. de León, por el sur. Del mismo modo que los religiosos de
Monterrey recorren los alrededores, los de Sta. Ma. de las Charcas lo hacen
en aquella regi6n. Fr. Lorenzo Cantú, su guardián, acude a doctrinar a los
indios de Matehuala. Advierte entre éstos algunos extraños. Los acaricia y les
regala "cosillas menudas". Son indios negritos bozalos, emparentados con
aquéllos; pero habitan a dos días de distancia. Con un puñado de granos de
arena, dan a entender al padre la multitud de los suyos. Fr. Lorenzo decide ir
con ellos. Llega, en 1626, a un valle maravilloso al que llama San José. De
las rocas brota un torrente espumoso que da origen a un río abundante, que
• ARL!OUI, op. cit., p. 228.
• Aussto RoBLES, op. t:it., p. 168.
"' GoNZÁLEZ, J. Eu;UTERIO. Apunt,s para la Historia Eclesiástica... (d,l) Obispado de Linar,s ... Tip. Relig. de J. Chávez, Monterrey, 1877, p. 20.
u MS. Archivo Municipal de Monterrey. (En las notas siguientes AMM). Ramo
Civil, 1658, vol. 8, Exp. 34.

439

�"bautiza" con el nombre de río Blanco. Los indios le rodean, y "en señal de
amor y obedecimiento le besan el hábito". Vuelve a Charcas Fr. Cantú, a
traer ornamentos, y, aunque les ofrece volver, no lo logra. 12
Cinco años después, en 1631, entra el padre Valverde. No sabemos su nombre. Y, poco más tarde; en 1633, proba.})lemente, Fr. Jerónimo Pangua. De
este religioso Arlegui nos da noticias muy buenas. Vizcaíno de origen, estudia
en Bilbao y pasa al convento de Vitoria. Viene en misión a la Nueva España,
en Zacatecas, ''Trata a todos con singular blandura y mansedumbre"; menos
a sí mismo. Aprende cinco dialectos indígenas. Ello le hace ser querido y
respetado entre los bárbaros. Interviene en sus luchas intestinas y les quita
las armas. Es fundador de algunos conventos en la Nueva Vizcaya. Alterna
las actividades evangélicas con las profanas y descubre el riquísimo mineral
de Cuencamé. Por su dominio de la lengua cuachichila es destinado a Charcas. El mineral está en decadencia y protege a los pocos vecinos que quedan.
Ora por ellos y tiene una revelación. Cavan a media legua, frente al rostro
de Nuestra Señora de Charcas, como les indica, y encuentran vetas inagotables. Días después fallece, y el vecindario cuenta de él cosas prodigiosas.13
Después de Fr. Pangua viene a Río Blanco Fr. Juan García. Se siente
impotente ante tanto que hay por hacer. Se halla a la sazón (1648) en visita
pastoral el Ilmo. D. Fr. Juan Ruiz Colmenero, obispo de Guadalajara. Van
a verle a Matehuala tres de los caciques principales. El prelado resuelve
pasar a esta región. Le acompañan Fr. García y Fr. Juan Caballero, procw-ador de 1a Provincia.
Recorren caminos jamás andados. Hacen numerosos bautizos y confirmaciones. Los capitanes indios, de 70, 90 y 100 años, se casan. Faculta a Fr.
García para la administración, y le ordena hacer un jaca.Ji "en conveniente
forma y decencia", para que sirva de iglesia. Como han llegado al lugar el
2 de agosto, es puesto bajo la advocación de Santa María de los Angeles
de Río Blanco. 14
En 13 de junio de 1650, el obispo escribe a Fr. García, avisándole tener
cédula real ordenando la confirmación, de acuerdo con la Real Audiencia.
Surge, sin embargo un conflicto. El 29 de marzo del mismo año de 48,
habían entrado Fr. Francisco Villaseñor y Fr. Luis de la Parra, de la Custodia de Río Verde, llamando San Cristóbal a San José. Por largos años ha
de haber diferencias entre unos y otros.
" LEÓN, op. eit., cap. XLII {escrito por SÁNcH.&amp;z DE ZAMORA).
11 ARLEGlJI, op. eít,, pp. 306 SS.
1t Visita del Ilmo. Sr. Colmenero, Obispo de la Nueva Ga/icia, a las Conversiones
de Matehuala y Rfo Blanco. P1m.i:o FELICIANO VELÁZQUEZ, Colecci611 de Documantos
para la Historia de San Luis Potosí. Imp. del Editor, t. IV, 1899, pp. 366 a 378.

440

La nueva conversión es puesta al cuidado de un religioso celosísimo: Fr.
José de San Gabriel, "lego de vida ejemplar'' -tlice el cronista Fernando
Sánchez de Zamora. ¡ Y vaya que si era ejemplar su vida! Héla aquí, en
esbozo imperlecto.
Vasco también, como Fr. Pangua, se llama en el siglo Gabriel de Herregoitia. Joven y pleno de ambiciones viene a la Nueva España. Lleva una
vida licenciosa, y, por lo mismo, ninguno de sus paisanos le tiende la mano.
Aventurero y andariego, llega a Mazapil, entonces en auge minero. Hay
carencia de trabajadores en las minas, y se recurre a la violencia para tenerlos. De Zacatecas y San Luis los traen a la fuerza, a modo de leva. Después de la dura jornada, son cautivos en oscuras cavernas. Gabriel de Herregoitia tiene este oficio abominable. Ha de eludir a diario la real justicia.
Enfermo de gravedad, durante una cuaresma confiesa a un religioso "con
copiosas lágrimas". Al borde de la muerte, recupera la salud. Va a Zacatecas y, ante el asombro de quienes conocen su crueldad, toma el hábito de
San Francisco. Su nueva vida, de penitencia y mortificación, llega a ser edificante. "En la humillación de su espíritu, en la sumisión de su voz, en la
modestia de sus ojos, en lo consumido de sus carnes, en lo lloroso de sus
mejillas y en la amarillez de su rostro, traía dibujada al vivo -dice Arlegw- Ja imagen del pecador arrepentido". El mismo cronista le compara
con San Pablo: "Vutud heroica en lo que había sido monstruosidad".
Quienes antes le odiaban, han llegado a venerarle. Sus compañeros le
encuentran en oración constante. Aseguran, además, haberle visto padecer
"violentos raptos y levantarse en el aire". Reclama los oficios que otros
desdeñan, y a todos sirve con semblante alegre. Flagela su cuerpo con punzantes disciplinas, de tal modo "que deja la tierra regada con su sangre".
Bajo el tosco sayal, a _raíz de las carnes, trae siempre burdas cadenas y cilicios.
Sus ayunos son continuos y viernes y sábados los pasa a pan y agua. Duerme
sólo dos horas y le parece holgazanería. Una sola ambición alimenta: dar
la vida evangelizando.15
Al fin le es concedido pasar a San José de Río Blanco, con Fr. Juan Caballero. Catequiza y doctrina innumerables indios. Como ellos, se alimenta
de hierbas y raíces del campo. El gobernador Zavala les socorre con frecuentes limosnas. No salen ellos a pedirlas, porque, ausentarse, significa el
atraso de su obra. Por otra parte, "a veces gastan más en el viaje que lo
que recojen".
La misión progresa. Ha venido a poblarla un hombre generoso: Fernando
Sánchez de Zamora. Militar valiente, podríamos llamarle misionero seglar.
11

Alu.:&amp;om, op. cit., cap. XII, pp. 322 a 327.

441

�Al principio se siente tentado de irse. La gente se halla en el estado más
primitivo y anda completamente desnuda, cosa por él nunca vista, Decide
quedarse y ha de ser, hasta su muerte, el protector más eficaz.
En 1660, la misi6n se establece definitivamente en Santa María, punto
estratégico para nuevas conversiones. Allí construyen "iglesia de terrado,
fuerte y muy linda, y celda de lo mismo". Y, "pareciéndoles que era ocio•
ciclad estar s6lo conservando lo que se tenía obrado", entran a fines de enero
de 66, a los llanos de San Antonio. Allí fundan San Antonio de los Llanos
(Hidalgo, Tamps.). Por llegar el 2 de febrero, llaman al río Purificación.
Avanzan, al año siguiente entre los janambres, y fundan San Bemardino. 18
Fr. José de San Gabriel se vuelve a San Antonio. Le ayuda Fr. Salvador
de Barragán. Es éste un fraile compasivo con los enfermos. Enseña pacien•
temente a los niños. Estos le procuran mucho, porque les guarda mendrugos
de pan en las mangas. A veces los azota, "pero es con amor, para que asistan
con puntualidad a la misa y doctrina".
En 1670, es nombrado primer presidente de San Antonio Fr. Antonio de
Velasco. Tanto incrcrnenta la misión, que "parece pueblo antiguo". Separa
las familias en barrios. Hace que construyan de adobe. Los obliga a barrer
y a dormir en tapextes o camas altas. Recorre a caballo las milpas, cccomo
solícito mayordomo"; y s6lo se interna a los montes, en busca de los que
huyen. A su muerte ( 1677), los indios le lloran a grito. Va Sánchez de
Zamora a consolarlos y se pone a llorar con ellos. 11
La maldad de un español provoca la rebelión de los _janambres (1673),
y el gobernador Azcárraga dispone despoblar. Zamora le pide quedarse en
Santa María. Envía a los indios un papel con una cruz y Fr. Caballero su
capilla, y, por medios suaves, los someten. Un año antes, había muerto Fr.
Gabriel. Fr. Caballero muri6 en 77.
Santa María de los Angeles, es, de las misiones de Nuevo León, la en que
más perdura la Orden. Erigida en parroquia el 19 de junio de 1868, todavía
en 62 vemos en ella a uno de los últimos franciscanos, Fr. Guadalupe Lo.
melí. Por desgracia su archivo ha desaparecido. En uno de sus poquísi•
mos libros, hemos visto el A.uto de Visita del Ilmo. Martínez de Tejada
( 17 53) . Entre otras cosas dispone que si el misionero sale a los pueblos en
cuaresma o a celebrar, "se le ha de dar 4 reales para comida y 4 para cenar,
si fuere hora11 ; y si a confesar, se le de, del común del pueblo, "una gallina
asada o cocida y tortillas, y lo mismo para cenar. Y si fuese a hacienda
o rancho, el dueño está obligado a darle chocolate, o de comer o de cenar", 18

op. cit., p. 355.

11

LEÓN,

11

/bid.
MS. Libro d, Bulas, 1753; fols. 119 a 125. Archivo Parroquial de Aramberri,.N. L.

u

442

Cerralvo y Cadereyta
Don Mart'm de Zavala entra a Monterrey el 8 de agosto de 1626. En su

Capitulacióri con Felipe IV y que presenta al Ayuntamiento de Monterrey,
aparece la cláusula primera, en que se compromete a fundar dos villas. Y
en la cláusula segunda se lee: "ltem. Os obligáis a que proveeréis las dichas
poblaciones de religiosos de la Orden de San Francisco y otros sacerdotes
que pareciere a dicho mi virrey y sean necesarios para la doctrina, conserva•
ción y enseñanza de los indios y administración de los Santos Sacramentos;
porque esto ha de ser a vuestro cargo y por vuestra cuenta" .19
El 4 de septiembre de ese mismo año funda la villa del Sr. San Gregario
de Cerralvo. El convento, sin embargo, es establecido años después. Arlegui
da como fundación: 1630. Añade que tiene dos religiosos, uno con colación
para administrar españoles. Es puesto bajo la advocación de Nuestra Señora
de la Concepción. La geografía es entonces alarmante. El mismo Arlegui
asienta que "por parte de esta villa o presidio es el término del Nuevo
Mundo, porque solamente dista del Golfo Mexicano 20 leguas". En 1632,
Fr. Francisco de Ribera escribe allí su erudito "parecer' sobre la guerra
justa contra los indios, y se lamenta de que en dicha villa no haya libros.io
La otra villa fundada por Zavala es la de San Juan Bautista de Cadereyta.
(22 de febrero de 1638). El P. Provincial de Zacatecas nombra, con fecha
lo. de junio de 1640 como primer presidente del convento a Fr. Francisco
Lavado; "religioso de prendas, virtud y lelras,,. El 12 de agosto del mismo
año toma posesión y elige para iglesia y convento la cuadra norte de la plaza.
Ya Fr. Diego de Arag6n, guardián del convento de Monterrey, había tomado
posesi6n de este predio. Había levantado una cruz y puesto el convento bajo
la advocación de San Lorenzo Mártir.
Diez años despu6, 28 de febrero de 1650, es nombrado cura doctrinero
Fr. José Cortinas, previo examen de sinodales en el idioma mexicano. En el
acto de posesión, efectuado el 21 de marzo, Fr. Agustín Ponce "le tomó de
la mano, le entró por las puertas de la iglesia, las cuales abrió y cerró; y tocó
una campanilla e hizo oración, con otras señales de posesión.
Cuando, en 1654, el Lic. Bemabé Isassi,
terrey, pretende tomar posesión como cura
bildo protesta; alega los dieciocho años de
despoblar la villa, si los retiran. Interviene

cura y juez eclesiástico de Mon•
beneficiado de Cadereyta, el ca•
labor franciscana y amenaza con
Zavala y ordena que "no se per•

" MS. Del Cabildo de Cader,')lta Vs. el Lic. Bernabé de Jsassi. AMM. Ramo Civil,
1654, vol. 7, Exp. 16.
ª LEÓN, op. cit., p. 273.

443

�turbe el derecho de los religiosos ... mientras se define por letrado".21 Los
franciscanos se quedan. En 1719 se les da la propiedad, con colación canónica, y en 1737 administran todavía a las naciones de rayados, dispersas en
labores, haciendas y rancherías.
Conviene referimos al primer presidente de Cadereyta, Fr. Francisco Lavado. Alonso de Le6n dice que "mision6 en la Florida, Vizcaya y N. México (y que) en la sierra de Huazamota destruyó ídolos". Estando en la
misión de San Francisco de Jos Conchos, hacia 1645, los indios se rebelan.
Fr. Tomás Zigarrán y el P. Lavado quedan sitiados. AIU les encuentran al
día siguiente; al primero con cinco flechas en el coraz.ón y a Fr. Lavado con
catorce, desde los pechos hasta las rodillas. Ambos tienen la cabeza machacada con piedras. El convento y celd;u han sido quemados, "sin quedar un
pedazo de lienzo con que cubrir el rostro difunto". 11

Otras misiones
Vaga por el sur de Nuevo León una tribu inquieta. Ha dado muerte a
Nicolás de Vázquez y capturado a Agustina de Escobedo, su mujer, y a sus
hijos. Salen fuer7.a5 de Monterrey a su castigo ( 1655) y logran someterla. u
El gobernador apadrina e] bautizo de su capitán y le llama Martín Hualahuís.
Por esos años, 1664 probablemente, establece con ellos una nueva misión:
la de San Cristóbal de los Hualahuises. Al ,isitarla el gobernador, marqués
de San Miguel de Aguayo, en 1685, encuentra en ella !'iglesia pequeña techada de jacal",2' atendida por Fr. Juan de Menchaca. Repoblada con
tJaxcaltecas en 1715, tiene el carácter de pueblo y misi6n.
En 1662, los franciscanos fundan la misión de Santa Teresa del AlamiJlo
próxima a Cerralvo. El gobernador Zavala, la impulsa más que todas. Hay'
en ella "iglesia comenzada, de tres varas de alto y celdas bastantes, y todo
está en fonna de convento". Cuenta, además, con troje, jacal, dos galeras
y 49 ranchos de indios. En el año 65 la habitan sólo 80 indios, pero, en
tiempo de cosechas, pasan de 200. Fr. Nicolás Gago, su doctrinero y el protector José Barbosa son activos, y la misión produce mucho. En 1664 se
levantan 300 fanegas de maíz y 240 de trigo. Tiene la misión, como todas
las demás, sus implementos agrícolas: 71 bueyes, 12 rejas, aperos y acequia
caudato a.
11

MS. Not.1 19, ibid,

n SARA11A, ATANASIO.

Los Muion,roJ MuertoJ ,n el Nort, d, la Nu,ua España. Ed.

Botaa, MExico, 1943, p. 97.

ª

CAvAzos GAuA, lsRAJtL.

" GONZÁLBZ,

op. cit., p. 45.

Mariano Escobedo. lmp, Ríos, Monterrey, 1949, p. 5.

Diariamente, al ponerse el sol, manda el religioso tocar la campana, "a
cuyo tañido acuden todos los indios, indias, muchachos y muchachas ... Y se
hincan de rodillas delante de la iglesia ..• y les enseña a rei.ar las cuatro
oraciones, que rezan con mucha devoción; y, acabado, le besan la mano
con muy gran reverencia".15
A la muerte de Zavala, Santa Teresa del Alamillo tiende a despoblarse.
Los indios se han disgregado. Otros, más dóciles, están en poder de los
encomenderos. Fr. José de Arcocha, comisario visitador, denuncia, entre
éstos, a Antonio de Palacios. Los tiene "a título de compra", y por más de nueve
años "los ha tenido a su servicio valiéndose de su sudor y trabajo, sin vestirlos ni darles estipendio alguno ... " Clama el fraile con energía porque los
restituya al pueblo, y que de aquí salgan a servir s61o mediante pago. 28
Esta despoblación da origen a otra misión: la de San Nicolás de Guale~s. Se encuentra de visita el Ilmo. don Juan de Santiago de León y Garav1to y dispone su fundación en 1675. Fr. Diego de Vázquez la mantiene
con celo admirable por más de medio siglo. El culto a Nuestra Señora de
Agualeguas (la Purísima Concepción), le da gran fama. Despoblada por
largos años es convertida en pueblo de españoles, en 1772; pero sigue administrada por franciscanos.U
La obra de la Provincia de Zacatecas ensancha sus limites. Al norte de
la misión de Río Blanco, es fundada, en 1678, la conversión del señor don
Pablo de los Labradores (Galeana) , con indios cuachichiles. Esta prevalece
hasta 1714. Se ha transformado también en pueblo de españoles, y le ha
sido asignado un cura secular en propiedad.
La Provincia de Querétaro

Al emprenderse nuevos avances de la conquista civil hacia el norte, el
fervor evangelizador cobra el vigor de los primeros tiempos.
El norte de Coahuila es impulsado por un neolegionense insigne: el general Alonso de León. La orden franciscana tiene allí campo propicio para
sus tareas apostólicas. Del convento de la Santa Cruz de Querétaro parte
la nueva cruzada hacia estos rumbos. Fr. Juan de Larios es el alma de esta
u MS. Visita a la Misi6n d, Sta. Tema, por el Cap. Nicolás L6pu. Pritlo, comisionado por ,z gobernador Le6n d, Alza: 23 dt mayo dt 1664. AMM, Civil, 1665; Leg.
5, Exp. 38.
" MS. Causa Civil Vs. Antonio d, Palacios. AMM, Civil, 1676, vol. 13, Exp. 13.
tT CAl&gt;ENA, PaOTASIO, Reuña Hi.Jl6rica, Social, Eeon6mica )' Gtogrdfica dtl Munieipio d, Agual~guaJ. Monlerrt)', 1942.

444
445

�empreaa, y pronto esta región se ve poblada de misionee. Todas son paupérrimas. Viven de la herencia que les dejó el 18Jlto de .Asia. Alguna wz, para
recibir a un prelado, saJe el má.c anciano de b frailes, ''sin más ornamento
que una estola al cuello y una auz de can'ÍIO en sus manos".11
El Nuevo Reino de León~ también el fruto de los padres de Querétaro. Los tlaxcaltecas han fundado en 1686 el puebJo de San Miguel de
Aguayo (Bustamante). A elloa se debe la colonizaci6n del norte de Nuevo
León, antes impene~le. El lugar está al cuidado de un religioso franciscano.
En 1698 viene Fr. Francisco Hidalgo, acompañado de otro fraile muy
activo: Fr. Diego de Salazar. Salen al norte y se detienen en el ojo de
agua de San Diego. El 12 de noviembre funda Fr. Salar.ar la misión de
Nuestra Señora de los Dolora de la Punta de los Lampazos, con indios tlajahuichcs y tlaxcaltecas. Fr. Salazar "es el puesto avamado de la civilización en estos lugares, y el primer llelDbrador y cultivador de la fecunda
lelDilla .. ·"
Es la de Lampazos una de las misiones más importantes. Su iglesia y
convento, actualmente en ruinas y en el abandono más lamentable, debiera
conservarse como monumento a la evangelización. Ya existe para 1727. El
visitador Fr. Miguel Sevillano de Paredes informa: "se ha hecho una iglesia
muy linda, una saaistía muy clara y decente, un bautisterio muy bueno. Hase
hecho el convento, con un claustro, tres celdas, una oficina, portería ... " etc.80
Usan los frailes, al principio, el catecismo del Padre Castaño. Luego lo
sustituyen por el de Ripalda. Lo enseñan mañana y tlrde, "con la claridad posible y t&amp;minos a la suma rustiquez de estos indios, que son los más
bozales de esta presidencia". T1ene el mismo sistema de comunidad que las
demás misiones. Matan dos reses cada quince días. El misionero reparte
de acuerdo con las familias. Lo mismo se hace con las semillas. Siembran
también sandias, calabazas y melones, pero éstos no se dan más que a los
asiduos a la doctrina. El rey asigna al misionero cierta cantidad anual. Es,
de hecho, un bur6crata; el más digno de todos. Si toma algo del común,
tiene que pagarlo. El síndico vende a los indios sayal, palmilla, paño, bayeta,
rejas, tabaco, pita, rosarios, avalorios, etc. Al religioso le trae también, cuando lo pide, chocolate, jabón, piloncillo y sal Todo se adquiere con el valor
• AJ.a■sro Roaus, op. eil., p. 267.
DilCUnO pronunciado en Lamparoa, el 12 de noviembre
de 1945 (in&amp;lito).
• Visiia d, Fr. Mi¡u,l S,rnllano d, Par,d,s, Comisario Visitador d, las Mision,s
lid Rlo Grand, tl,l Nort,. LaoPOLDO NAaANJO, LA11P.uo1. Sm hombres. Su tiempo.
Su obru. Pr61o¡o de E. ZuTVCB&amp;. Tallem J. Cant6 Leal, Monterrey, 19,., pp.
S9 a 42.
• ZuTVCHB, EaNBSTO.

446

del mm aembrado. A veces se levantan huta 600 fanepa. Si aobra, se
les vmde a los aoldadoa presidiala; no por dinero, sino por telaa, para vestir
a b indios. El establrr:imieato de praidioa o destacamentos militares, auD.
lia mucho al misionero. Está en la obligac:i6n de los soldados protegerlo, e
imtruir a loa indios en lo temporal.11
Dura la misión de Lampuoa casi medio aiglo. La colonización de Tamaulipaa, trae como consecuencia la desbandada de los bárbaros hacia el norte.
Estos asuelan la misión, y el virrey acuerda la f undac:i6n de una villa de
españoles. El 2 de diciembre de 1746, .Fr. Juan Salvador de Amaya, último
misionero de Lampazos, hace entrega del templo y del archivo al Br. Rodrigo
Flores de Valdés, cura de Boca de Leones.11 En 1752 Bernardo de Posada
ha concluido las tareas preliminam de fundaci6n de la villa de San Juan
Bautista de la Punta de los Lampams.

Diez años antes de la fundaci6n de la misión de Lampazos, o sea a fines
de 1687, habla entrado por primera vez Fr. Francisco Hidalgo, en compafifa
de Fr. Francisco Esteves. Con 40 indiof alazapas fundan, a inmediaciones
del pueblo de San Miguel de Aguayo, la misión de Boca de Leones. Permanecen en ella hasta 1691. El descubrimiento de los minerales da origen
a la fundación del Real y Minas de San Pedro de Boca de los Leones, y la
misi6n desaparece.
Esta fundación coincide con Ju expediciones de colonimci6n de Texas. A
la acción militar se une la tarea evangelizadora de aquella provincia. Fr.
Damián Mazanet, primero y Fr. Antonio Margil de Jesús, después, son 101
religioeos más destacados en esta obra. El nombre del padre Margil está
estrechamente vinculado al de Boca de Leones. Su vida es muy conocida.
Nace en Valencia en 1657. Sigue los pasos del "poverello" de Asís, y viste
su hábito a los 16 años. El Nuevo Mundo es el campo propicio para sus
propósitos. Las playas veracruzanas sienten su planta el 6 de junio de 1683,
al desembarcar con el grupo que preside el V. padre Fr. Antonio Linaz.
Hacen a pie el trayecto a Querétaro, asiento del Colegio de Propaganda
Fide. Su huella ha de quedar marcada a todo lo largo de nuestro territorio.
Heraldo de la fe, anuncia su entrada a cada pueblo con el cántico del
Alabado. Yucatán, Belice y Tabasco escuchan su palabra. Tres años es
guardián de Guatemala, donde funda el Colegio de su Orden. Andariego
eterno, se interna en Honduras, Nicaragua y Costa Rica. Vuelve a la Nueva
España. Funda en Zacatecas el Colegio de Guadalupe, en 1706. Hace una
entrada a Nayarit. Atraído por el Norte encamina hacia acá sus pasos.
• [l,itl.

• Lihro d, Baatinnos, No. 2; fol. 56. Archiw Parroquia] de LamJ&gt;Ui01, N. L

447

�Ejemplo vivo de humildad, irradia siempre santa alegría. Se vuelve niño
para aprender de éstos los difíciles dialectos de innumerables tribus indígenas. A su paso por San Juan del Río, clava su báculo en el huerto. La piedad
popular afirma que de él han brotado suaves renuevos de oloroso limonero.
Como el Santo de Asís, reprende a las aves que causan daños a los campesinos, y éstas le obedecen. A los beneficios de su palabra, une los de su
mano taumaturga. Flagela su cuerpo con duros cilicios. Ayuda a los indios
a labrar Ja tierra. Emprende largas jornadas. Las selvas y el desierto le
ven pasar con su hábito deshecho, zurcido con espinas.
Es preciso llevar al norte las verdades eternas. Viene a Coahuila en 1713.
La vieja calle Real de Monterrey, siente su planta bendita. Va hasta el
valle del Pilón y a la recién fundada villa de Linares. Predica en Hualahuises, y una cueva del Valle de Huajuco le sirve de templo improvisado
para celebrar el santo sacrificio. Lleva siempre consigo un crucifijo del padre
Linaz y toca con él la imagen del Cristo de la Expiración, del pueblo de
Guadalupe. Va a Cadereyta. Pasa a Santiago de las Sabinas. Funda la misión de Nuestra Señora de Guadalupe, junto al río Salado; y se detiene algún
tiempo en Boca de Leones, en 1715, a remediar los males que ocasiona la
fiebre de riquezas.
Su meta es Texas. Muchos de sus compañeros han pasado ya, llevando
la luz del Evangelio. Los vecinos de Boca de Leones socorren con largueza
a estos peregrinos de la fe. A trueque de ello, fortalecen la suya. Prosigue
el padre Margil su marcha infatigable por los áridos desiertos texanos. Su
celo apostólico le lleva desde las misiones cercanas al río Grande, hasta las

más septentrionales, en los límites con la Louisiana. Vuelve a Zacatecas en
1721. Ocupa la guardianía del Colegio, y, en uno de sus viajes a México,
le sorprende la muerte el 6 de agosto de 1726; a los 69 años de su vida;
53 de religioso y 43 de constante labor evangelizadora. Ha muerto en olor
de santidad. El virrey asiste a sus funerales. Promuévese el proceso de canonización, y la Iglesia le ha declarado Venerable. En Boca de Leones, además
de fundar la primera escuela, ha erigido un Hospicio, albergue de los misioneros que pasan a Texas. 83

Tiempos tormentosos
La obra franciscana recibe un descalabro mortal, en la segunda mitad del
siglo xvm. El obispo Camacho y Avila, durante su visita pastoral de 1712,
dispone la secularización de las misiones y curatos.
Esta medida, que el doctor Gonzále.z califica de impolítica, tiene consecuencias funestas. Las misiones se despueblan; las odiosas congregas weJ.
ven a estar en su apogeo, y el Nuevo Reino de León se convierte en un
verdadero caos. 3'
Algunos ayuntamientos indígenas van a pie a México, a presentar al virrey
sus quejas. · Lo mismo hacen muchos franciscanos, y el problema cobra proporciones alarmantes. El gobierno del duque de Linares convoca a una junta
de guerra y hacienda, y resuelve enviar, con facultades omnímodas, a uno
de sus ministros más prudentes: el Lic. Francisco de Barbadillo Vitoria.
Llega, procede con energía implacable; decreta la abolici~n de las congregas, y emprende la pacificación de los indios, por los medios ~ás suaves.
Encuentra la oposición más abierta entre los encomenderos. Aqw se sustenta la tesis de que "los indios sólo por miedo se sujetarán al rey, al trabajo,
a la cristiandad y la religión, y no de otra suerte". 85 "Me dan más guerra
los españoles que los indios, afirma Barbadillo en carta al virrey. Los reli•
giosos han dejado sus templos, pero no su actividad. Remontados en las serranías conviven con los indios. "Muchos días pasaron entre los bárbaros -dice
Arlegui- sin más abrigo a la inclemencia del tiempo que el descubierto
cielo; si tal cual vez se acogían a las aberturas de algún peñasco o tronco".
Fr. Juan de Loza.da y Fr. Tomás del Páramo están entre éstos. 36
Auxiliado por el capitán Juan Guerra Cañamar, cuyas hazañas "no tienen
más desgracia que no haber sucedido en Flandes", sube Barbadillo a la sierra
con los misioneros y logran bajar a los indiós. Se afirma que éstos pasan de
5,000. Repuebla las misiones y establece dos nuevas: las de Purificación y
Concepción, en la ribera del Pilón; y funda la de Guadalupe, al oriente .de
Monterrey, el 4 de enero de 1715, poniéndola al cuidado de Fr. Sebasttán
de Torres.
Durante su estancia en Nuevo León, interviene en la fundación de San Felipe de Linares. En esta villa es establecido también un convento del que es
primer presidente Fr. Juan de Lozada.
Purificación y Concepción, desaparecen hacia la consumación de la Inde-

op. cit., p. 65.
MS. Represenlaci&amp;n que hac,n loJ vecinos de esta ciudad ( dt Monterrey) contra
el Alcalde de Corte. AMM, Protocolos, 1715, Exp. s/n.
• ARLEGUl, op. cit., p. 110.
" GoNzÁLEZ,

Fr. Margil de Jesús, Apóstol de América. Ed. Ant. Lib.
Robredo de Porrúa e hijos, México, 1941.
• Ríos, EouARDO ENRIQUE,

11

448
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�guardián de Querétaro, Oaxaca y Guanajuato, y el mismo que libra a esta
ciudad de la orden de degüello dada por Calleja.
El tema sobre la obra franciscana en Nuevo León, da material para un
libro precioso, que espera desde hace mucho una pluma capaz e inteligente. Con excepción de Santa Teresa del Alamillo, existen, transformados
en villas o ciudades, todas las misiones y conversiones fundadas por ellos
en Nuevo León.
Ningún elogio nuestro sería adecuado a exaltar su obra. Recurro, por lo
mismo, al que les tributa el maestro Jiménez Moreno:
"Asombran, sin duda, los éxitos de este puñado de héroes que, impelidos
por "la fe que mueve montañas••, a través del calor y la sequía, y en medio
de la soledad y la zozobra, allí donde los nómadas extintos por su inadaptación a la vida urbana no hay otra imagen que la que hoy sugieren los palmitos
de enhiesto penacho -que semejan bandadas de cuachichiles apostados en
los páramos- hicieron surgir algunas de las más opulentas ciudades en el
Norte Incógnit-o" ..»

DON MARTlN DE ZAVALA
Jos:É P. SALOAÑA
Monterrey, N. L.

MERECE DON MARTÍN DE ZAvALA muchos calificativos laudatorios. Con parquedad en las alabanzas puede decirse de él, que fue valiente, desintere!ado,
enérgico y al mismo tiempo, prudente. Cualidades que ya quisieran para s.í muchos gobernantes destacados.
.
Correspondió a don Martín gobernar al Nuevo Reyno de León, en circunstancias por demás difíciles. Apenas habían transcurrido treinta años de la fundación de Monterrey, y bien poco, o nada, se había organizado.
Muerto don Diego de Montemayor, el poder quedó en manos de Tenientes
de Gobernador que, aunque de méritos propios, ni tenían los elementos necesarios para organizar el gobierno, ni las condiciones e intranquilidad constante permitían desarrollar trabajos constructivos.
Vino don Martín a sentar las primeras bases de lo que fuera, andando el
tiempo, el Poder Público de Nuevo Le6n .

•
Quién era don Martín

Para cuando llegó a Monterrey tenía ya su historia.
Hijo de don Agustín de Zavala, rico minero de Zacatecas, tuvo oportunidad de significarse en puestos de importancia al servicio del Virreynato.

• ]IMÉNEZ MORENO,

452

op, cit., p. l 50.

Pero antes, digamos algo de don Agustín. El Virrey, don Diego Femández
de Córdoba, Marqués de Guadalcazar, en 1613 design6 Gobernador del Nuevo Reyno de Le6n a don Agustín, tomando en cuenta sus grandes recursos
económicos y su bien ganada fama de hombre prudente y emprendedor; pero demasiado ocupado en sus negocios mineros, en las sierras de Zacatecas, no

453

�tuvo oportunidad jamás de venir a encauzar los trabajos del gobierno en esta
Provincia, ejerciendo el poder por medio de personas de su confianza, con el
carácter de Tenientes de Gobernador, como don Diego Rodríguez, don Cristóbal de Irrureta, y don Alonso Lucas, el bueno. Aun cuando don Agustín se
esforzaba por dar impulso a los asuntos del Nuevo Reyno de León, no pudo
realizar obra alguna perdurable, a pesar de haber empleado en ello buena
parte de sus caudales.

•
La Capitulaci6n
Volviendo a don Martín, lo encontramos en el otoño de 1625 como estudiante
en la Universidad de Salamanca, España; en donde hizo formal solicitud al

Rey Felipe IV para explorar, pacificar y colonizar el territorio del Nuevo Reyno de León, casi abandonado en virtud de que el Gobernador, don Agustín
de Zavala, no podía atender, en debida forma su ministerio, por radicar en
Zacatecas y dificultarse mucho los medios de comunicación.
Obedecía esta determinación, particularmente, a las instancias que don
Agustín había hecho cerca de su hijo, don Martín, para que asumiera la responsabilidad de tan delicada encomienda.
La empresa era ardua y grande la responsabilidad; pero don Martín era
hombre de acción y resuelto a afrontar todas las dificultades que se presentaran, sabía que haría honor a su nombre.
En extenso documento se hizo constar la capitulación, con la misma extensión de terreno, que comprendía la otorgada a don Luis de Carvajal y de la
Cueva: 200 leguas de longitud por 200 de latitud.
Como base de la gubernatura se hacen constar los siguientes requisitos:
"1.- Primeramente vos el dicho D. Martín de Zavala os obligáis a que dentro de cuatro años, que han de contarse desde el día en que os hiciereis a la
Vela en uno de los Puertos de San Lucas de Barrameda o Cádiz para ir a la
Nueva España, poblaréis en el Nuevo Reyno de León dos Villas, en la parte y
lugar que os señalare mi Virrey de la Nueva España, que la una tenga cuarenta vecinos y la otra veinte, todos casados.
··2.-Item os obligáis a que proveeréis las dichas poblazones de religiosos
de la orden de San Francisco y de otros sacerdotes, los que parecieren al dicho
mi Virrey ser necesarios para la doctrina, conservación y enseñanza de los in-

454

dios, y administración de los Santos Sacramentos, porque esto ha de ser a
vuestro cargo y por vuestra cuenta.

"3.-0s obligáis que meteréis todo el ganado mayor y menor que al dicho

mi Virrey pareciere ser necesario y para el sustento de la gente

y cultivar

la

tierra y doscientas cincuenta rejas de arar.

"4.-Y así mismo os obligáis que meteréis cien arcabuces de rastrillo con
sus municiones y las demás armas para defensa y seguridad de aquella frontera.

"5.-Y porque cumpliréis lo susodicho os ofrecéis que luego que llegaredeis
a la Nueva España daréis fianzas legas, llanas y abonadas a contento de mi
Virrey y Audiencia que reside en la ciudad de Mé.xico hasta en cantidad de
ocho mil ducados, lo que guardaréis y cumpliréis lo que por este asiento sois
obligado, so pena de pagar con los ocho mil ducados dichos para nuestra cámara y fisco.

"6.-Y porque el dicho asiento y capitulación, he mandado tomar con vos
con presupuesto que de ejecutarse, ha de resultar el ser Nuestro Señor servido y mi renta y l?atrimonio real acrecentado para que de ello no se siga inconveniente alguno, luego que lleguéis a Nueva España y antes de comenzar la
dicha poblazón y pacificación, habéis de ser obligado a representar ante el dicho mi Virrey, al cual mando que en lo que no tuviere inconveniente considerable ordene que se ejecute y en lo que le tuviere le suspenda hasta darme
aviso de ello con su parecer, para que visto se provea lo que convenga.

"7.-Y para que con más comodidad, voluntad y ánimo vuestro y de la
gen te que con vos fuere se pueda hacer y haga la dicha poblazón y pacifica~
ción, y que os podáis sustentar en aquella tierra os hago y ofrezco hacer merced de las cosas siguientes.
"8.- Primeramente os mando dar título de Gobernador y capitán General
del Nuevo Reyno de León incluyéndose en él todo lo que hoy tiene el dicho
vuestro padre y lo demás que le tocare, poblaréis y pacificaréis en lo que no
estuviere incorporado y adjudicado por mis Virreyes o Audiencias a otros gobiernos, con que no pasen vuestros límites y jurisdicción de doscientas leguas
de latitud y otras tantas de longitud, por todos los días de vuestra vida y después por la de vuestro hijo o heredero vuestro, el que vos nombraredeis, con
dos mil pesos de minas de a cuatrocientos y cincuenta maravedís de salario en
cada año, los cuales habréis de cobrar en los frutos de la misma tierra, y no
los habiendo, no he de ser obligado a mandaros pagar cosa alguna del dicho
salario"
455

�•
Por este orden se puntualizaban todos Jos derechos y obligaciones del señor
Gobernador y Capitán General, siendo más éstas que aquéllos; pues el Rey se
reservaba cuanto significaba hegemonía sobre los terrenos, gentes y cosas que
le pertenecían a la Corona.
Se habla en la capitulación del reparto de indios, guardándose las ordenanzas que a ellos se refieren ¡ de las concesiones de tierras para la agricultura; del
trabajo de las minas; de la ministración de la justicia; y una vez cumplidos los
compromisos por don Martín, con testimonio del Virrey y de la Audiencia de
Guadalajara, dice el Rey, "os haré merced de un hábito de Santiago", dignidad de un alto aprecio en aquellos tiempos,

•
La capitulación quedó firmada el día 3 de abril de 1625.
Se detuvo don Martín en México el tiempo indispensable pa¡a acreditar su
nombramiento, recibir las instrucciones del Virrey, Marqués de Cerralvo, y
alistar a algunos hombres de experiencia en la conquista de nuevas tierras, así
como proveerse de elementos de labran7..a, animales, vestuario y comestibles.
Entre tanto, en la ciudad de Nuestra Señora de Monterrey, con la noticia
de que se aproximaba el nuevo Gobernador, se había cobrado confianza. Los
espíritus, agobiados por tantas calamidades, reaccionaron y todos los habitantes, bien pocos por cierto, se dispusieron a recibir dignamente a don Martín.

El día 2 de agosto de 1626 celebró sesión solemne el Ayuntamiento, con la
asistencia de Fr. Lorenzo González, guardián del Convento de San Francisco,
capitán Alonso Lucas, el Bueno, Justicia Mayor, capitanes Bernabé de las Casas y Gonzalo Fernández de Castro, Alcaldes Ordinarios, capitán Josef de Treviño, Alcalde de la Santa Hermandad, y los Regidores; Fernán Blas Pérez,
Juan Buentello, Francisco Martínez Guajardo y Pedro Romero, con asistencia
del Secretario del Cabildo, Pedro Monsón.
Levantada el acta de rigor se hizo constar que durante más de cuarenta
años se han proveído ayuntamientos para el gobierno de la ciudad con dificultades inmensas aJ grado de que "ha ya tres años que se ha continuado, 1a dicha guerra sin cesar un punto, haciéndose tan notables daños, robos, e incendios que nos han puesto en el extremo de haber de comer de limosna" ...
Se hace constar que no obstante tan crítica situación se ha mantenido la
obediencia al Rey, se ha procurado no abandonar los campos, y cuidar de más

de doce mil cabezas de ganado mayor y menor, después de pei:derse cantidad
semejante por la rapiña de los indios.
. . .
.
Por último se toman los acuerdos necesarios para recib1r dignamente a qwen
se considera salvador de la provincia.

•
Llegada de Zavala

En la alborada del 24 de agosto de 1626 se hicieron los aprestos para el recibimiento. La calle Real, hoy de Hidalgo, fue adornada con banderolas, flores y ramas verdes. Las autoridades civiles y eclesiásticas, encabezaron la manifestación formada por todos los españoles residentes aquí, así como por
centenares de indios amigos.
A la altura de San Jerónimo fue encontrado don Martín de Zavala, prorrumpiendo todos en vivas al Rey de España, al Virrey y a1 festejado don Martín· hechas las presentaciones de rigor se emprendió la marcha al centro de
la ;,oblación, en donde se habían arreglado algunos estrados para el esparcimiento del pueblo.
.
Ese mismo día don Martín dio a conocer al Ayuntamiento y clero los documentos que lo acreditaban como Gobernador y Capitán General de la Provincia, disponiendo que se les diera lectura públicamente para que se le tuviese con la autoridad de que venía investido.
Se levantó un acta de todo ello para enviarla al Virrey, como comprobante de que la Autoridad se había restablecido en el Nuevo Reyno de León.
Principiaba una nueva etapa, que habría de prolongarse ~r _largo tiempo,
y que serviría para asentar con mayor firmeza las bases consbtuhvas de Nuevo
León.

•
Primeras disposiciones
Sin pérdida de tiempo Zavala procedió a poner en práctica sus planes de
gobierno.
.
R ·6 los indios predicándoles, como le fue posible, sus deseos de buen
euru a
• b di
·
entendimiento, de respeto a sus derechos y pidiéndoles en cambio o e enc1a
a sus mandatos y disposición para las prácticas religiosas.
A los españoles les hizo entrega de útiles de labranza y semillas para la

456

457

�•

siembra, así como de ganado, proveyéndolos también de ropa y de objetos necesarios para el bogar.
Tuvo especial cuidado de estimular los trabajos de las minas, distribuyendo
barras, fuelles y otras herramientas. Exploró el cerro de las Mitras y visitó toA
dos aquellos lugares en donde se trabajaban minas.

•
Fundación de Cerraluo
Despachados los asuntos de mayor urgencia sali6 rumbo a la ciudad de
León, fundada por don Luis de Carvajal, con el propósito de dar cumplimiento a su compromiso de constituir una de las dos poblaciones a que se había
obligado.
Por varios años León había estado abandonada debido a los constantes ataques de los indios. Un año ante., del arribo de Zavala, don Gregario Salduendo y Evia, con varias familias de españoles, se había radicado en aquel lugar,
con el fin de trabajar las minas de San Gregario.
Reconocida la autoridad de Zavala por los vecinos de León, ordenó éste se
hiciese un censo de habitantes, levantándose un acta, con fecha 4 de septiembre de 1626, en la que se estipula la fundación de la Villa de San Gregario de
Cerralvo, nombre adoptado en honor del Virrey, don-Rodrigo Pacheco y Osario, Marqués de Cerralvo.
Con fecha lo. de noviembre del mismo año, compareció ante el Virrey, el
Lle. Fortino del Portillo, presentando el acta mencionada~ la que fue confirmada en todas sus partes, autorizándose, a nombre del Rey, el uso de tierras
y aguas en la forma y cantidad señaladas por Zavala.
A pesar de los esfuerzos de Zavala, la Villa repoblada no adquirió auge
digno de tomarse en cuenta. Pocos eran los vecinos, pobres las minas y escasas las siembras. Ni siquiera logró formar el Ayuntamiento; pues se carecía
de los suficientes individuos capacitados para tales dignidades.
Sin embargo Zavala le tenía cariño al lugar y Je dedicaba tanta atención
como a Monterrey.

•

458

Alzamiento de los indios
No había logrado el Gobernador Zavala afianzar los trabajos de las minas
en León, cuando la guerra de los indios puso a todos sobre las armas.
Hacía tiempo que el descontento era incontenible. Subía a medida que los
encomenderos aumentaban su mal trato y ambici6n. Las llamadas congregas,
que no eran sino crueles redadas esclavizantes, adquirían cada vez mayor fuerza y en la misma proporción aumentaba el odio de los indios hacia los españoles.
Los trabajos en la mina se interrumpieron para atender las necesidades de
la guerra. A don Martín le ayudaban eficazmente el capitán Alonso de Treviño y el sargento mayor Jacinto García de Sepúlveda, quienes a su conocimiento del terreno, unían su pericia militar y su valor a toda prueba.
Pero no era cosa sencilla. Apenas se derrotaba a una partida de nativos
cuando ya estaba en acción otra y otra. Así transcurrieron cerca de diez años,
sin que cosa de mérito alguno pudiera hacerse en el devastado y dolorido
territorio del Nuevo Reyno de León.
Sólo la paciencia, el celo y la abnegaci6n sin línútes de los sacerdotes Franciscanos, ponía en aquellos tiempos de odios la luz de la piedad y del amor.
A pesar de la guerra sin cuartel entre indios y españoles, a pesar de los peligros que significaba predicar a los salvajes, los frailes se aventuraban en largas expediciones sin más armas que la cruz y el catecismo.
Y en esa cruzada algunos perdieron la vida como Fray Martín de Altamira,
muerto a flechazos por los mismos indios a quienes pretendía llevar la luz del
entendimiento.

Guerra y trabajo
Sin desmayar en su labor don Martín seguía trabajando para poblar el territorio a su cuidado. Dio en merced grandes extensiones de terreno, con la
obligación de que fueran cultivados, Jo mismo en Santa Catarina, que en Pesquería Chica, Salinas y Cerral\1-o .
A don Antonio Leal y a dos hermanos de él, ganaderos de empuje, les dio
en propiedad amplísimos terrenos para sembrar y apacentar a miles de ovejas que trajeron a estas regiones, animados por los magníficos pastos salitrosos
que aquí encontraron.
459

�Los empeños de Zavala por lograr la paz: en el territorio a su cuidado no
daban resultado alguno. La guerra continuaba sin cesar.
En tan desesperada situación el Ayuntamiento de Nuestra Señora de Monterrey, el Justicia Mayor y el Regimiento de la ciudad, enviaron a Zavala, con

~~ha 2~ ~e ~yo de 1632, un ofi~io conteniendo ~spetuoso, pero enérgico
requenrruento , para que emprendiera general batida contra los indios por
los "notables y crecidos daños" que venían haciendo.
Recibió el comunicado_Zavala encontrándose en Cerralvo y considerando
que el "requerimiento" implicaba una gran responsabilidad, por más que es.
taba convencido de la irreductibilidad de los indios, resolvió consultar el caso con el gobierno religioso de la provincia, así como con varios teólogos residentes en San Luis Potosí, enviándoles al efecto copias del "requerimiento".
Las contestaciones coincidían en que, no pennitiendo los indios con su actitud combativa el "servicio de Dios" y en cambio "menospreciaban la santa
fe recibida Y arrancaban las cruces puestas por los españoles" debía comba~eles con energía, cuidando de que las mujeres y los niños no recibieran perjui-

cios.

Para fundar es~ conclusiones los frailes citaban la autoridad de Teólogos,
Reyes y Papas, haciendo largas disertaciones.
En poder de Zavala las autorizadas y eruditas opiniones, emprendió fonnal
campañ~ :ontra los indios, sin perder por ello las cualidades de prudencia y
magnanumdad que Je eran propias.

•

don Alonso de León, uno de los hombres mejor preparados, militar e intelectualmente, que por aquella época se avecindó en Monterrey.
Don Alonso de León sitv:iendo al Gobernador Zavala, puso su espada a su
servicio, sin restricciones, y su pluma, ágil y verídica, y gracias a él contamos
con una crónica de los sucesos acaecidos en el Nuevo Reyno de Le6n, desde
la llegada de Carvajal y de la Cueva hasta el rulo de 1649. Crónica que sitve
de cimiento a nuestra historia.

Terribles inundaciones

A mediados del año de 1636, cuando se esperaba una era de trabajo por
haber terminado la guerra entre indios y españoles, cayeron prolongados aguaceros durante varios días, produciendo inundaciones terribles, tanto en Monterrey como en Cerralvo. En una y otra parte se derrumbaron todas las casas.
. .
Las pérdidas materiales fueron muy grandes, al grado de que en la JUnsdicción de Monterrey más de siete mil cabezas de ganado menor fueron arrastradas por las corrientes,
A pesar de los trastornos enormes que significaba la catástrofe, Zavala no
desmayó y sacando fuerzas de flaqueza animó a los desalentados y ayud6 a toda la población con cuantos elementos tenía a su disposición, procediendo desde luego a reconstruir las ciudades arruinadas.

Larga fue la contienda; pero al fin pudo establecer condiciones propicias
al desarrollo de la agricultura, la ganadería y la minería.

•
Obras de administraci6n
Empeñosamente Zavala procuraba que la paz se tradujera en bienes para
el país, preocupándose por que los españoles dieran trato humano a los indios
y pudieran éstos llevar una vida quieta y satisfactoria.
El tiempo que le de~aban sus atenciones directas con los colonos y los indios,
lo ~pleaba en orgaruzar la administración pública. Dispuso que se arreglara ~w~adosament.e el archivo, ya mermado por los incendios provocados por
los tndms, y gracias a tales preocupaciones se logró que muchos importantes
documentos existan todavía.
Para tal fin tuvo Zavala la suerte de contar con la cooperación del capitán

46()

•
Fundaci6n de Cadereyta
Un poco tarde se dispuso Zavala a cumplir con una de las cláusulas de su
capitulación, fundando la segunda Villa.
,
Encontrándose delicado de salud comisionó para el efecto a don LuJS de Zúñiga y Alrnaraz, y al Escribano de su Majestad, don Alonso Gutiérrez de Pimentel, para que demarcaran la extensión de la nueva Villa, los sola~es destinados a la plaza, iglesia y edificios municipales, así como las posesiones correspondientes a los primeros colonos.
Hechos todos los preparativos del caso, el día 12 de marzo del año de 1637,
se llevó a cabo la fundación legal de la Villa de San Juan Bautista de Cadereyta, en honor del entonces Virrey, don Lope Diez de Annendáris, Marqués
de Cadereyta, Para el caso Zavala rehusó que la dicha Villa llevase su nombre como reiteradamente lo propusieron sus capitanes.

'

461

�La ceremonia de fundación fue solemne. Reunidos los futuros colonos, representantes del Gober~or ZavaJa, y una compañía de soldados, fue paseado por e~ lugar e1 Pendon de España, se hicieron nutridas descargas de arcabuz, s~ d10 lectura al acta de fundación, y en medio de la alegría general, se
repartte~on los solares para iglesia, casas reales, plaza pública y después para
los particulares.

Al recibir Zavala el informe respectivo sintió gran alivio; pues en esta forma cumplía uno de sus más importantes compromisos.
DeJignación de Ayuntamiento en Cadereyta
Ap_e~as restableci_do Zavala de sus dolencias fue a la nueva Vill:ii con el
proposit? de examinar por propia vista cuanto se habfa hecho y disponer lo
que d~~la llevarse ~ cabo para el mejor logro de sus propósitos.
Ratificó las posesiones otorgadas a los vecinos; "demarcó el terreno para Ja

pl~, la iglesia Y_ las casas reales, ordenando que ha de quedar inclusa en el
t~rmmo d~ esta di.~ª ciud~d, viniéndose encaminado al rancho donde el capitan D. Lws d~ Zun~ga le bene, y de allí distando siempre jguaJmente tres leguas de esta rucha cmdad hasta las Aldas de la Silla, y por Ja .Boca del Portero grande que va hacia la Boca del Colmillo, todo lo que alcanza de distancia
de esta dicha ciudad hasta la boca que llaman de rucho Colmillo de suerte
que se ~ntienda que lo que de dicha boca hubiere hacia la Villa de 'cadereyta,
que está fundada en el Valle de San Juan, se entienda caer en su término y jurisilicción."
Para el fin de señalar limites precisos fue comisionado el Lic. Juan López
de Sigüenza, Teniente de Gobernador y abogado de la Real Audiencia de 1a
Ciudad de México, quien, acompañado de don Bartolomé García Regidor de
Mon~errey, y del capitán don Blas de la Garza, Procurador Gene:.u de la misma cmdad, se transladaron a los lugares citados por Zavala y construyeron las
mohoneras respectivas, haciendo constar todo ello en las actas de rigor.

•
Primer Ayuntamiento de Cerralvo
, Por este mismo ti~mpo se dio forma legal a la autoridad de Cerralvo, desig,
nandose el Ayuntam1ento, que se integró en la sigwente forma: Primer Alcald,e Ordinario, el sargento mayor Jacinto García Sepúlveda; Regidor, el capitan Pedro Buentello de Morales; Procurador General, don Francisco Pérez de

462

Escamilla; Alguacil, el alférez don Diego de Villarreal; Escribano de Cabildo,
don Diego Caro de Vivanco; y Secretario de Gobernaci6n, don Juan de AbregoDisfrutándose ya de una paz relativa, suficiente para intensificar el trabajo
en las minas y las cementeras, el Ayuntamiento pudo influir en el ánimo de los
pobladores para que sin descanso laboraran reporuendo e~ tiempo P:rdido durante el largo periodo de guerra, y así fue como en poco bempo volvió la prosperidad a este lejano Reyno.

TiempoJ de auge
Pronto cambió la faz de la situación. La ganadería se extendió, tanto en ganado menor, como n1ayor, incluso caballos y mulas. La agricultura tuvo éxitos
importantes; pues se satisficieron las necesidades locales y hasta pudo enviarse algo fuera. También la minería tuvo su auge,
Los comerciantes de otros lugares vinieron a operar vendiendo telas de Castilla y aún de China, vinos, perfumes y toda clase de baratijas, comprando en
cambio los productos de la región.
Ya los designios de Zavala se estaban cumpliendo. Mucho había sufrido;
pero el destino no quería dejarlo en paz, más y más dificultades habrían de
poner a prueba su indómito carácter, su capacidad de gobernante y su no
desmentida fe.

•
Versiones falsas que ocasionan trastornos
Por el año de 1643 dos individuos, acosados por la necesidad o por la ambición, y conocedores de las debilidades humana~i prop~Iar~n la intencionada
versión de que en la villa abandonada de Almadeo hab1a mmas de plata muy
neas.
Hasta el Gobernador de la Nueva Vizcaya, don Luis de Valdés, llegaron los
rumores, y sin pérdida de tiempo, considerando la región dentro d~ su territorio nombró al capitán Mateo de Arredondo, Alcalde Mayor y capitán a Guerra' de Almadén, con órdenes de repoblarla y trabajar las minas.
Noticias de todo ello llegaron a don Martín quien, ya por el celo de cuidar
lo que consideraba suyo, o porque le moviera el ánimo la versión de 1~ ~cas
minas, nombró al capitán Diego de Villarreal, Alcalde Mayor y capitán a
Guerra, también de Almadén.

463

�En cumplitniento de las órdenes recibidas el capitán Villarreal, con regular
fuerza, se presentó en Almadén aprehendiendo a Arredondo y dándose a conocer como legítima autoridad. Sabedor de que fuerzas del Gobernador de la
Nueva Vizcaya se acercaban, envió correo a Zavala pidiéndole refuerzos. fo.
mediatamente salió en auxilio de Villarreal el capitán Alonso de León comandando una compañía bien armada.
'

No habiendo resultado cierta la proximidad de fuerzas de la Nueva Vizcaya, el capitán _de León regresó a Monterrey, trayendo prisionero al capitán
Arredondo, qwen fue puesto en libertad por órdenes de Zavala.
A pesar de que la versión sobre las ricas minas de Almadén resultó falsa
se empeñó Zavala en su repuebla y partió para aquel lugar, levantando
acta con f~:ha 14 de_ abril de 1644, en la que se hace constar que en amparo
de l~ ~os~~on y pro~1edad que sus antecesor~ adquirieron de la villa, para su
reed1f1caoon ha designado persona que la administre, siendo ella el Lic. Mar-

ur:

tín Abad de Uría, clérigo presbítero, al Padre Fray Tomás de Contreras de la
Orden de San Francisco, para el gobierno espiritual, señalando los límites en
forma tal que colinden con el Saltillo, Monterrey, Patos y Mapimí y Boca de
Leones.

. A la actit~d de Zavala _contestó el Gobernador de la Nueva Vizcaya, que.
J~~~ose al Vtrre'.' y _éste dispuso que la provincia quedase en tercería a dispostc1on de la Audiencia de Guadalajara
Principió el papeleo; pero entre tanto Zavala continuó ejerciendo actos de
dominio sobre la villa en disputa
Prudentemente la Audiencia de Guadalajara alargó el procedimiento y las
cosas siguieron en la misma situación, sin que se tengan noticias de si alguna
vez emitió su fallo.
El cronista, capitán Alonso de León, protagonista en esta aventura, deja el
amargor del desencanto en los siguientes renglones de su crónica: "Y es cosa
d~ notar que dos hombres pobres tuviesen tanto ardid, que sustentasen casi
seis años un embuste que bastó a poner dos reinos en armas y otros dos en
consultas, para el remedio del daño que podía acaecer, en que se causaron de
daños más de veinte mil pesos, sin la pérdida del tiempo; y porque su gloriosa
memoria quede a los venideros, para escarmiento, pongo aquí sus nombres, que
son: Alonso Guerrero y Pedro López Zurita".

•
464

Nuevas inundaciones
Las dificultades de uno o de otro orden nunca faltaban a Zavala, _sin que
pudieran doblegar su entereza. En septiembre de 1644 nu:vamente ~ m~ndaron las poblaciones de Monterrey y de Cerralvo, derrumbandose vanas fmcas,
perdiéndose algunas cosechas y muchas cabezas de ganado menor.
En cambio la minería cobró auge, tanto en Salinas como en Cerralvo, así
que, con la ayuda personal de Zavala pudieron compensarse los perjuicios ocasionados por las inundaciones.
.
A Jo anterior había que agregar las enfermedades de Zavala que lo ~posibilitaban casi por completo para andar, haciendo muchas de sus exc~ones
en litera; pero su indomable carácter no le permitía estar en su casa mientras
urgencias del servicio requerían su presencia en algún lugar.

•
Expedición a T ampico

A principos de 1645 pensó Zavala en ponerse en_ comunicación co~ los colonos de Tampico, y para el efecto comisionó al capitán Al~nso de Leon. .
Se organizó la expedición con 25 soldados montados y. bien arm~dos; treinta mulas cargadas de harina; suficiente impedimenta; arneros expenmentados;
municiones pólvora y bastimento para largo tiempo.
Dieciséis'dias fueron suficientes para salvar la distancia de Cerralvo a Tampico. Se hizo a los expedicionarios magnífica recepción, encabezada por el
Gobernador, los alcaldes y autoridades eclesiásticas.
Cambió el capitán de León la harina y plata que llevaba por telas, pescado,
vinos, aceite y otros artículos escasos en los dominios de Zavala. Mu: complacidos quedal'on los comerciantes de Taro.pico y no m~nos las ~~tondades, ~e
manera que trataron sobre la conveniencia de regulanzar las visitas comerciales procurando establecer un efectivo intercambio de productos de uno a otro
lugar.
Después de algunas peripecias, propias de los tiempos, regresó e_I, capitán de
León a Cerralvo, siendo recibido con señaladas muestras de regoc1J0, tanto de
parte de Zavala como de toda la población.
.
Con tales antecedentes llamó poderosamente la atención que al orgamzarse
en abril del mismo año de 1645 nueva expedición, fuese despojado del mando el capitán de León y aprehendido.
.
, . .
Poco duró la extraña situación; pues Zavala, hombre reflexivo y Jt1St1C1ero,

465

H.30

�investig6 detenidamente la denuncia que había recibido sobre la conducta del
capitán de Le6n, y descubriendo que todo se debía a intrigas le ratificó su
confianza.

Nuevo Reyno de Le6n sino promesas que jamás se cumplieron. Continuó la
situaclón como siempre a cargo exclusivo de Zavala.

•

•
Embajada a la Corle de España

Visita del Obispo de Guadalajara
Un suceso de resonancia fue la visita que hiw a todas las poblaciones del
Nuevo Reyno de León, el Obispo de Guadalajara don Juan Ruiz de Comenero. Llegó primeramente a Monterrey a mediados del año de 1648, enterándose de la situación que guardaban colonos e indios y disponiendo se aminorara el rigor con que los encomenderos trataban a los esclavos, origen de tantos males que se sufrían. Así mismo promovió la construcción de la Iglesia
Parroquial, bautizó a numerosos indios y estimuló a los colonos para que continuasen laborando por el engrandecimiento de la región.
Duró un año aproximadamente la visita del Obispo sin que pudiera apreciarse mejoría alguna en cuanto a la cruenta lucha entre españoles e indios.
Con pequeños intervalos la guerra no cesaba a pesar de los escarmientos terribles impuestos por los españoles, que muchas veces significaban el exterminio
de rancherías.

•
Embajada a México
Habiendo agotado Zavala su hacienda, pues había empleado más de quinientos mil pesos, en servicio de la provincia, pens6 en mandar una embajada al Virrey para que se le explicara circunstanciadamente cuanto significaba
su gobierno, y la necesidad de una ayuda inmediata.
Para el desempeño de esta delicada comisión designó al capitán don Alonso
de León, quien salió a la ciudad de México a principios de 1649.
Con toda clase de datos y documentos el capitán de León inform6 al Virrey de la labor hecha por Zavala durante 23 años de gobierno, lo que había
invertido de su peculio particular, las fatigas que había pasado, los peligros
constantes en que se encontraba, y el deseo de recibir ayuda de hombres y de
dinero para continuar la obra.
El capitán de León fue recibido con toda clase de atenciones y no trajo al

466

Pasaron siete años más de fatigosa \'ida, y considerando Zavala que insistir
r.on el Virrey sobre la ayuda que necesitaba su dominio no era más que perder
el tiempo, dispuso que la nueva embajada fuese directamente al Rey de España.
Nuevamente la comisión recayó en el capitán de León, por ser el más preparado, por su conocimiento de la provincia, de los merecimientos de Zavala,
y además, por poseer la cultura necesaria para el fiel desempeño de tan delicada comisión.
Resuelto el viaje procedió el capitán de León a redactar, de acuerdo con
1.avala, un Memorial que debería ser puesto en manos del Rey Felipe IV. De
acuerdo en los puntos principales se expresaba que Zavala había cumplido en
todas sus partes la capitulación y aún se había excedido, ya que en lugar de
dos pueblos había fundado seis; que durante 28 años de gobierno no había
real&gt;ido un solo centavo de los veinte mil pesos que cada año debía invertir
el Reyno en ,el dominio de la provincia, y además tenía gastados como quinientos mil pesos del "grueso caudal de su padre y del corto suyo"; que se le había
ofrecido el hábito de Santiago y dos mil pesos de renta, sin que se le hubiese
cumplido; y pedía, a cambio de cuanto había dado, que se le hiciese merced
del hábito de Santiago, que se le otorgara el privilegio de añadir en un cuartel de sus annas, un le6n rampante de oro, para significar la conquista del
Reyno, que se le permitiera una escolta personal de cuatro soldados pagados
por el Rey, y por último solicitaba mercedes diversas para los capitanes que
le venían ayudando en su empresa.

•
Alonso de León en la Corte
Vencidas las dificultades propias de la época, el capitán de Le6n llegó a Madrid, siendo muy bien recibido por la Corte.

Logró llegar pronto a presencia del Rey haciendo entrega del memorial que

llevaba, y además, expuso verbalmente cuanto consideró de orden en e] desmipeño fiel de

IU

comiai6n.

�Presentó además copia deJ diario que se llevaba en la provincia con la relación de los acontecimientos de mayor significación, y con muy interesantes
anotaciones sobre el clima de la tierra, flora y fauna, así como sobre los habitantes autóctonos, ríos, montañas, bosques, frecuencia de las lluvias, riquezas
naturales, y en fin, aparecía una descripción minuciosa de cuanto pudiera interesar a la curiosidad de quienes estaban lejos de imaginar lo que hubiese
por acá.
Magnífica impresión causó al Rey y a la Corte el informe del capitán de
León, disponiéndose desde luego el estudio de todos los problemas con la fi.
nalidad de resolverlos de conformidad.

•
Triunfo de Zavala
Pasados los trámites de rigor se embarcó el capitán de León en Cádiz de regreso a su provincia, y no obstante las molestias de seria enfermedad que padecía dio feliz término a la encomienda.
Informó a Zavala de todo, con la satisfacción de quien ve cumplidos los deseos tanto tiempo acariciados. Por fin se atendían las justas peticiones del abnegado gobernador.

nada pidió para él ni para sus hijos, no obstante los grandes méritos que para ello tenía.
La vida del capitán de León fue de constante fatiga y su enfermedad se
manifestó cuando efectuaba una expedición a las salinas de San Lorenzo.
Quedó paralitico y poco después expiró.

•
Muerte de Zavala
Tres años después de la muerte del capitán de León lo siguió don Martín
de Zavala, quien dejó de existir el 8 de agosto de 1664.
Durante 38 años había gobernado esta provincia, correspondiéndole la época más difícil. No omitió esfuerzo alguno para dejar cimentado lo que habría
de ser con el tiempo uno de los Estados más progresistas de la Nueva España.
Es preciso abonar a su memoria el desinterés con que dedicó toda su vida a
esta labor y el amor que tuvo a "su tierra" como él la llamaba.
Quede constancia de todo ello con la admiración que merece quien entrega vida y hacienda por el bienestar de la comunidad.

Se autorizó el pago de los sueldos de Zavala con· cargo a 1a Real Caja de
San Luis Potosí, de donde poco tiempo después se le entregaron más de cien
mil pesos. Por cuanto al hábito de Santiago se corrieron los trámites para que
se Je enviara, y por cuanto a las demás peticiones, resueltas de conformidad,
se ordenó que el Virrey de la Nueva España, procediera a cumplimentarlas,
dando cuenta oportuna a la Corona.
Todo cuanto obtuvo Zavala lo empleó en servicio de Ja provincia; pues para él nada quería, ya que su mayor satisfacción radicaba en ver prosperar la
tierra que consideraba como propia .

•
Muerte del Capitán de León
En el año de 1661 muri6 el capitán Alonso de León, causando el suceso gran
consternaci6n. Para Zavala fue rudo el golpe; pues tenía en de León al mejor
de sus capitanes, por su valentía, desinterés y lealtad. Se recordaba que habiendo estado en la Corte de España tratando los problemas de la provincia,

468

469

�MtDICOS Y HOSPITALES EN EL NUEVO REINO DE LEÓN
TOMÁS MENDIRICHAGA CUEVA

Sociedad Nuevoleoncsa de Historia, Geografia y Estadistica

SUMARIO: l. Antonio Marchena, primer cirujano de Nuevo León.-lI. ¿ Otro médico
en Cerralvo?-111. Juíln Femández, Matlas de Silva y Diego Gonzálc.z, "personas que
curan".-IV. Una "providencia" desconocida.-V. Dos maestros de cirugía a mediados del siglo XVII.-VI. Los nombres de otros facultativos.-VII. Fray Antonio de la
Vera y Gálvez.- VIII. El primer hospital de Nuevo León.-IX. El Hospital de
Pobres de Nuestra Señora del Rosario.
APENDICES: "Providencia" del Capitán Lucas el Bueno Justicia Mayor y Capitán
a Guerra del Nuevo Reino de Le6n. Año 1626. Informe médico del maestro de cirugía Juan Martínez de Frw. Afio de 1640.

El Archivo del Ayuntamiento de Monterrey, del que ha dicho con razón el
historiador doctor Silvio Zavala que "es, efectivamente, de valor singular ... '?
se fue integrando a partir de los últimos años del siglo XVI. En él se encuentran, entre varios miles de documentos, muchas noticias desconocidas sobre los
primeros médicos y hospitales que existieron en el Nuevo Reino de León. Ahora ven la luz en este breve ensayo, haciendo notar que en su mayor parte estas
noticias proceden del Ramo de Causas Criminales.

J.

ANTONIO MARCHENA PRIMER CIRUJANO DE NUEVO LEÓN

El cirujano Antonio Marchena es el primero de quien tenemos testimonio
fehaciente que practicó su noble oficio en el actual Estado de Nuevo León.
Hacia las dos de la tarde del 14 de septiembre de 1626 el Gobernador Mar1 Un tuoro de cultura regiomontana, en el perj6dico El Por111nir de Monterrey, del
sábado 8 de febrero de 1941.

471

�tín de Zavala recibió en la villa de Cerralvo, por entonces "cabecera de la Gobernación del Nuevo Reino de León", la noticia de que habían tenido un
duelo en aquella población el capitán Martín de Aranda y el soldado Alonso
de Ifüguez, del que había salido peligrosamente herido el citado capitán.

El gobernador' Zavala inició enseguida la causa criminal en contra de los
dos enardecidos contendientes, quienes "con poco temor de Dios Nuestro Señor y en menosprecio de la Real Justicia -como dice la cabeza del proceso,
habían salido a reñir y habían tenido cuchilladas". Además ordenó el Gobernador que se tomara la confesión al capitán Aranda y que "declare el maestro de cirugía que le ha cw-ado la gravedad y peligro de las heridas".
Para cumplir con Jo anterior, el abogado de la Audiencia de México licenciado Juan Ru:iz, quien también era "asesor de la guerra"' del gobernador Zavala, y el Escribano Juan de Abrego se presentaron en la casa de uno de los
más prominentes vecinos de Cerralvo, el capitán Juan de Taranco Vallejo,
en donde se asistía al herido. Ahí encontraron al capitán Martín de Aranda
acostado en una cama y, a su lado, curándole las lesiones, al cirujano Antonio Marchena.
El capitán Aranda declaró con bastante dificultad, pues tenía una herida
en el cuello, que unos ocho días antes, pasando frente al soldado Alonso de
Iñiguez y "pareciéndole" que no se había quitado el sombrero en su presencia, le había reclamado. Había surgido la disputa y, "en esta razón, habían
tenido palabras de pesadwnbre". Agregaba el declarante que '"hoy ( 14 de
septiembre), después de mediodía, se habían encontrado y metieron mano el
uno y otro a las espadas, y riñendo como hombres de bien le habían herido
(el soldado Iñiguez) de un golpe en dos partes que eran: a un lado de la
barba y en la olla por el gaznate a un lado. Y asimismo había sacado de la
dicha pesadumbre una herida pequeña en el dedo de en medio de la mano
izquierda ... " Finalizaba su confesión el capitán Aranda diciendo, en un ras•
go de hidalguía tan común en la época, que·"no tiene que pedir ni hacer querella contra el dicho Alonso Iñiguez porque, como tiene dicho, riñeron honradamente . .. "
En seguida, el licenciado Juan Ruiz hizo comparecer ante sí al maestro de
cirugía Antonio Marchena, quien declar6 brevemente acerca de la situación
y el peligro de las heridas. Su declaración, íntegra, la insertamos en seguida;
es un lacónico parte médico, el más antiguo que conocemos. 2

' Este breve expediente de tres folios se encuentra en el Ramo de Causas Criminales,
volumen 1, años 1620-1635, del Archivo Municipal de Monterrey con el siguiente titulo: "Contra Alonso d, Iñigu,:c por haber r,ñido con Martín de .A.randa y dddol, cuchilladas".

472

El Parte Médico
"Y preguntado declare las heridas que tiene el dicho Capitán y si le curó y
1626 L para la dicha averiguación hizo parecer ante sí (el licenciado Juan
Ruiz, abogado de la Real Audiencia de México) a Antonio Marcbena, cirujano que curó al dicho capitán Martín de Aranda de las dichas heridas. Y
se le recibi6 juramento y lo hizo por Dios Nuestro Señor y por la señal de la
Cruz en debida forma.
"Y preguntado declare las heridas que tiene el dicho Capitán y si le curó y
el riesgo de ellas y, ajustando la declaración, dijo que curó una estocada a
un lado de la olla ( en el cuello), penetrante, la cual le parece de riesgo y un
rasguño en el dedo (de enmedio) de la mano izquierda y otro en la barba.
Y esta es la verdad so cargo del juramento que ha hecho y lo firmó de su
nombre".
DoN MARTÍN DE ZAvALA

ANTONIO MARCHENA

Veinte años después, el 14 de marzo de 1646, el citado Juan de Abrego actuaba como Escribano de Gobernación, Justicia y Guerra del Nuevo Reino de
León, declaró en Monterrey que en una desastrosa inundación ocurrida poco
antes en la villa de Cerralvo, se había desplomado la casa donde se guardaba el archivo, perdiéndose los libros de Gobierno y otros valiosos documentos. Quizá en esa ocasión, o en alguna otra calamidad de las que ha
sufrido la antigua villa de San Grcgorio de Cerralvo, se perdieron para siempre los documentos que podrían dar alguna luz sobre la personalidad del
cirujano Antonio Marchena, quien seguramente vino a estas tierras acompañando al ilustre gobernador Martín de Zavala1 cuando éste entró a mediados del año 1626.

II. ¿Ono

MÉDICO EN

CERRALvo?

En un juicio promovido a fines del mismo año 1626 en Cerralvo por Rodrigo de Aldana contra el capitán Gonzalo Fernández de Castro, quizá se
alude al mencionado Antonio Marchena1 en la declaración de un testigo. Aunque también puede ser otro médico.
En efecto, el capitán Lucas García declara en los primeros dias de enero de
1627 que el c~pitán Diego Rodríguez, "luego que vino de la ciudad de México, quedando en la ciudad de Nuestra Señora de los Zacatecas, le señaló y
dio al dicho Rodrigo de Aldana todos los indios que por suyos tenía de la na-

473

�ción tepehuana. Y esto en remuneraci6n de haber ido el dicho Rodrigo de Aldana de esta dicha villa a la dicha ciudad de México con él y haberle sustentado en la enfermedad que tuvo en ella. Y hoy, actualmente, lo está haciendo
(así dice, pagando las medicinas y médico que le cura •.. ,, en la villa de Cerralvo.1

mo español Juan de Zavala, lesionado de un machetam "por entre las costillas del lado izquierdo''. Diego González, por último, siendo el encargado de
la cárcel de Monterrey en 1636, cur6 en esta ciudad a un negro, herido de
una puñalada que "fue de mucho peligro,,.

IV.

111.

JUAN FERNÁNDEZ,

MAriAs

"PERSONAS ~UE Cl.1llAN,,

El historiador liberal licenciado Santiago Roel ( 1885-1957), afirma que
"puede considerarse (el franciscano andaluz Fray Antonio de la Vera y Gálvez) como el primer médico práctico que hubo en esta Provincia''.' Este religioso fue traído por el Obispo Verger al Nuevo Reino de Le6n a fines del siglo XVIII, asistiendo con gran celo a las víctimas de la terrible peste de viruelas que asoló esta región en 1798, pero no fue, como hemos visto, el primero que practic6 la medicina en estas tierras.
Aún más. Existen documentos en el Archivo Municipal de esta ciudad que
prueban que, desde la primera mitad del siglo XVII, había en el Nuevo Reino de Le6n médicos prácticos. Eran individu011 que sin tener los grados académicos de maestro de cirugía o doctor en medicina, realizaban con todo éxito
complicadas curaciones. Los nombres de algunos de ellos aparecen en tres expedientes del Ramo de Causas Criminales, y como ejemplo, los citamos en seguida:
l. Juan Femández, en 1629.
2. Juan Fernández y Matfas de Silva, en 1629.
3. Diego González, en 1636...
El primero, quien fue Procurador General de Monterrey en 1624, 1627 y
1628, curo en mano de 1629 en la hacienda de la Magdalena del valle de las
Salinas al sevillano Matías de Silva, herido de una puñalada por debajo del
omóplato. En ab~ de ese año, en la misma hacienda de la Magdalena, Juan
Fernández o Heinández y Matías de Silva atendieron y sanaron al mayordo• Ramo Civil. Volumen 2. Afios 1596-1630. Expedientes 22 a 41. Folio 5. Archivo del Ayuntamiento de Monterrey.
•

• Nrur,o L.6n. A.junus mst6ricos. En la primera edición (Monterrey, 1938) no aparece el dato; aegunda edici6n, tomo 1, pqina 70; tercera, pAgina 60; cuarta quinta y aexta ediciones, pqina 58.
'

474

UNA "PROVIDENCIA" DESCONOCIDA

DE SILVA y DIEGO ÜONZÁLEZ,

En general, se puede decir que los conquistadores y pobladores del Nuevo
Reino de Le6n sabían curar y se les debe considerar también como médicos
prácticos. El benemérito capitán Pedro Botello de Morales, natural de la villa de Valverde en Extremadura, de quien proceden casi todas las familias
que hoy llevan los apellidos Botello y Buentello, entr6 al actual Estado de Nuevo Le6n en 1620 y vino de las minas de San Luis Potosí. En 1647 declaro en
la villa de Cetralvo lo siguiente: ce •••• y en este tiempo le dieron al dicho indio
Cebrianillo las viruelas. Yo, vistole huérfano, le metf en mi casa y le bauticé,
siendo su padrino. Y le curl el dicho mal de que Dios fue servido que sanara,
y lo doctriné y enseñé la doctrina cristiana, criándolo como a hijo ... " 1 En el
Archivo Municipal abundan estas declaraciones.
Un caso más antiguo, ocurrido a principios del siglo XVII, nos relata el
Cronista Alonso de León. En 1604 o 1605 el conquistador y poblador Domingo Manuel cura a un indio, quien poco después, en pago, lo asesina. El
texto del Cronista, aunque algo confuso, es de gran valor y lleno de sinceridad: "En el puesto que llaman de Camacho, abajo de la labor que es hoy
de Santa Catalina (o Santa Catarina), estaba poblado Pedro Iñigo, primer
Alcalde Ordinario de Monterrey, y los indios le mataron ain causa.
"Algunos d1as después, donde hoy es la labor de Juan Cavuos, la tenla
Domingo Manuel; allí le mataron lastimosamente sus indios en esta forma:
hablan éstos llevado una manada de yeguas; salieron Domingo Manuel Y
Juan P&amp;ez de los Ríos siguiéndolos y, alcanzándolos, hicieron (en) ellos
gran destrozo, matando (a) uDOII y trayendo (a) otros, y haciéndolos huir
a todos. Volvieron las yeguas y después el capitanejo de la ranchcrla con
seis u ocho heridas, quejándose que los habían ido a maltratar -como si no
hubieran dado causa para ello.
"D. Iñigo Manuel (asi dice) le decla que aquel hombre que babia ido
con él era malo, que no tuvieren pena, que él lo curaría; replicó el indio:
si tú no lo llevaras, no fuera él Al fm, cur6lo, y ya que estaba convaleciente,
• Ramo Civil. Volumen 6. Afiol 1640-1650. Espedientes 25 a 51. Afio 1647, Legajo
3. N6mero 36. Folio 61 vuelta. Mmno Archivo.

475

�le pagó el trabajo con venir un día a horas de comer, él y otros dos; pusiéronse en la puertecilla, y al tiempo que el pobre le iba a dar una tortilla al
herido, le dio o~o con una macana en el brazo, que se lo amorteció. Cogiéronlo entonces sm defensa, desnudáronlo y pusiéronle una soga en el pescuezo
Y flecháronlo y colgaron de un hoyo grande de que habían sacado tierra~
robaron y destrozaron todo lo que había. 6
'
Sin embargo, el documento oficial más antiguo que he encontrado referente a este tema inédito hasta ahora, es una "providencia" expedida en 1 Monterrey el 16 ~e abril de 1626 por el capitán Alonso Lucas el Bueno, Justicia
Mayor y capitán a guerra "de este dicho Reino y sus Privincias por Su Majestad". En este curioso documento se condenaba a la persona que de ahí
en adelante arrojara de su casa, estancia o hacienda a sus indios enfermos
a perder para siempre el derecho que tuviera sobre ellos, "sin que le valga .. :
merced que tenga ni haya tenido de ningún Gobernador ni persona que la
haya hecho, aunque sea de Su Majestad, pues no permite que se use mal
de el~• • •" Se . h~e notar que los indios, "viéndose así desamparados, buscan quién de m1Sencordia cure sus enfermedades, como algunas personas lo
~ ~echo Y hacen ... " 7 Estas personas eran, en otras palabras, médicos
pracbcos.

v.

Dos

MAESTROS DE CIRUGÍA A MEDIADOS DEL SIGLO

XVII

Los nombres de dos maestros de cirugía que se ejercitaron aquí, a mediados del siglo XVII, en el noble arte quirúrgico, aparecen en los tomos tercero Y cuarto del citado Ramo de Causas Criminales; fueron ellos Juan Martínez de Frías y Juan de Munguía.

1. El nombre del primero se encuentra en un voluminoso expediente de
cuarenta y seis folios. Fue levantado a raíz del asalto a la hacienda de San
Diego, del capitán Hemando de Mendiola, en el valle de las Salinas; consumado por los feroces indios alazapas la noche del sábado 18 de agosto de
1640. Sangriento capítulo de la rebelión alazapa que, a mediados del siglo
XVII, según el Cronista Alonso de León, "dio harto cuidado, gasto y tiempo
• Relaci&amp;n del citado Cronista, publicada en 1909 por Gl!.NAllO GARCÍA en el tomo
XXV de los Documentos inéditos o muy raros para la Historia dt México, páginas 102
y 103.

' Ramo Civil. Volumen 1. Años 1596-1630. Expediente 1 a 21. Áulos del Cap.
Alonso Lucas el Bueno, Justicia Mayor de Monurrey. Número JO. Folio 11.

para el castigo" y acabó con "mucha cantidad de bueyes, vacas y caballada
sin número".ª
El cerco de los ala.zapas a dicha hacienda, dice el mismo Cronista, duró
tres horas de esa memorable noche, distinguiéndose por su bravura una
hijastra del capitán Mendiola llamada Antonia de Palacios, quien ante el
intento de los asaltantes de quemar la vivienda "con una asta, a un lado de
la puerta, desbarataba la lumbre y echaba fuera la materia que ponían".
No anduvo menos arriesgado el septuagenario capitán Mendiola. AJ volver de la hacienda de Santa Clara de su amigo el capitán AJonso de Treviño, acompañado de un mulato de su seivicio, encontró su casa sitiada por
los temibles alazapas y echando pie a tierra se arrojó, decidido, a romper el
bloqueo. Tras violento combate recibió un flechazo en la cabeza que lo
derribó, no sin antes haber degollado a un indio de tremendo golpe dado
"con los últimos tercios de la espada".
Después de un rato cesaba la resistencia. Varios cuerpos yacían irunóviJes y los naturales se alejaban creyendo que habían aniquilado a los defensores, pero un negro siervo del capitán Mendiola, habiendo salido milagrosamente ileso de la refriega, corría a galope por el llano a pedir socorro
a las haciendas vecinas de los capitanes Pablo Sánchez y AJonso de Treviño,
a donde llegó "casi sin resuelld' en la madrugada del domingo 19, según
cuenta un testigo.
Organizose de inmediato el auxilio en la hacienda de Santa Clara, a tres
leguas de la de San Diego, hacia donde salieron a las seis de la mañana,
alertas y bien armados, el citado Alonso de Treviño, Gabriel Aguado, Juan
de Bermeo y el cirujano Juan Martínez de Frías, a quienes acompañaban
tres individuos cuyos nombres no se mencionan en el expediente consultado.
El maestro de cirugía practicó las primeras curaciones a los heridos. Unos
días después, el 23 de agosto de 1640, el Justicia Mayor y Capitán a Guerra
de la ciudad de Monterrey y su jurisdicción, Gonzalo Fernández de Castro,
llegaba al frente de un destacamento compuesto de veinte soldados y cuarenta indios amigos a la hacienda de Santa Clara para iniciar las averiguaciones.
A la mañana siguiente, día 24, cinco testigos declararon exactamente sobre
el hecho ocurrido. EJ último de ellos era el cirujano Martínez de Frías.
Fue interrogado por el Justicia Mayor Fernández de Castro acerca de "las
heridas que tienen los susodichos y en qué partes y si son de riesgo o no";
su declaración equivale a un interesante informe médico, que aparece al final
de este trabajo como apéndice.
• Obra citada, páginas 157 y 158.

476

477

�2. En la ciudad de Monterrey, en junio de 1644, el cirujano Juan de Munguía, "maestro de su arte", dio fe de la herida causada a Bartolomé González, "vezino desta dicha ciudad, hombre tan quieto y querido de todos",
a quien "le dieron una estocada por los gaznates, peligrosa, de que le sali6
copia de sangre". González fue lesionado en una esquina de las Casas Reales, ahora Palacio Municipal, cuando intervino en un duelo para poner paz
entre Francisco Sánchez de la Barrera, Escribano del Cabildo regiomontano,
y los hennanos Andrés y Juan Serrano; el primero de éstos era ayudante de
Sargento Mayor por nombramiento del Gobernador Martin de Zavala.
El maestro de cirugía, ante el juez, ' le desat6 las vendas y paños con que
la tiene (la herida) cubierta y ligada. Y está como dedo y medio abajo
de la quijada del lado izquierdo, más a la parte de adentro del tragadero
que a la de afuera .. . " Acerca de la herida eI cirujano Munguia declar6
"que por haberle metido tienta juzga ser penetrante y que puede correr
riesgo y que mediante a haberle hecho tres curas y juzga que por lo que
ha demostrado no afluyó sangre adentro y no tiene estado de peligro ... "
Agregada al proceso se halla una carta del cirujano dirigida al juez de
la causa capitán Martín de Aldape, Justicia Mayor y Capitán a Guerra de
la ciudad de Monterrey y su jurisdicción, donde afirma Munguía que está
"de concierto asentado con el señor Gobernador (Martín de Zavala) y algunos vecinos de la ,illa de Cerralvo por barbero y los demás curas y sangrías
que son necesarios en la dicha villa ... " Añade que Bartolomé Goniález,
el herido a quien cuidó días antes, "san6 de la dicha herida quedando sin
riesgo de ella ... ", por cuya asistencia exigía más de cincuenta pesos de
honorarios. El juez condenó a .las partes a pagar treinta pesos al cirujano.
Un año después, en noviembre de 1645, Juan de Munguia cura a Pedro
de Medina, criado del Alférez Vicente de Vozmecliano, herido en una riña
callejera que tuvo por escenario la villa de Cerralvo. l:l maestro de cirugía
fue citado para que "declare la calidad de la herida", siendo muy breve su
respuesta: "una herida de puñalada que tiene en las espaldas al lado izquierdo, la cual al parecer no es penetrante. Y en ella le dio dos puntos; no sabe
quién se la dio y puede ser de riesgo ... " Sin embargoJ Munguía era un
hábil facultativo, como los otros que ya mencionamos, y aunque el herido
"tenia cortado cuero y carne", ocho días después se asentó en el proceso que
Medina "está sano y fuera de riesgo y levantado .. . '' 9 Como se ve, los infor' Lo relativo a Martinez de Frlu se halla en un expediente de cuarenta y aeia foliot
del Ramo de Causas CriminalCJ, volumen 3, años 1639-1641, año 1640; el parte mMico en los folios 14 vuelta y 15. Todo lo referente a Munguía se encuentra en el citado
llamo de Causas Criminalet, volumen 4, año 1644, número 41, folios 2 y 12; adenw
en el afio 1645, número 48, folio 4 vuelta.

478

mes médicos son tan escuetos, tan concisos, que nada nos dicen sobre el tra•
tamiento quirúrgico seguido por el médico.
A mediados del siglo XVII, en algunos juicios criminales contra indios,
aparece Juan de Munguía como "defensor general de los naturales en todo
este Reino". En 1656 Munguía era vecino de Cerralvo y tenía título de
Sargento; dijo ser de 46 años de edad Por último, a fines de enero de 1682,
en una partida de matrimonio del Archivo Parroquial de la Catedral de Monterrey, figura como testigo un Juan de Munguia; quizá no sea el maestro
de cirugia, sino un hijo o nieto suyo.
En fm, en otras ocasiones y debido a la falta de un médico, eran las propias autoridades de los valles muy distantes de la ciudad de Monterrey o
de la "illa de Cerralvo, quienes daban fe de las heridas. Podríamos citar
muchos casos.
Por cierto, el Cronista criollo Alonso de León, en su famosa Relaci6n, describe los estragos causados por una peste de viruelas que, a mediados del
siglo XVII, prácticamente diezm6 la población: "El año de cuarenta y seis
{1646), por noviembre, entró de fuera un mancebo, hijo de un vecino de
esta villa (de Cadereyta), convaleciente de las viruelas que había tenido en
la Nueva España; apestó la villa y todo el Reino, de manera que en todo el
año de cuarenta y siete, murieron más de quinientas personas de todos géneros y edades, españoles e indios; era compasión y lástima ver tantas muertes que cas.i quien enterrara o llevara a las iglesias no había. De algunos
que, heridos del mal, se fueron a sus tierras, cundié, en ellas, que despobl~
rancherías enteras; duró hasta los principios de cuarenta y ocho, que punfic6 Dios los aires ... " 10 No conocemos la actuación de algún médico en
el transcurso de esta epidemia.
VJ, Los

NOMBRES DE OTROS FACULTATIVOS

Dispersos, entre miles de documentos del Ramo de Protocolos de Instrumentos Públicos, se encuentran otros nombres desconocidos. En la segunda
mitad del siglo X'VII Melchor de los Reyes: originan~. de la ~illa Y, ~al de
San Miguel, valle de la Magdalena, en la ueva Galic1a, e hiJo !~tuno_ de
Melchor de los Reyes y Catalina Ponce, vecinos que fueron de dicha villa,
declara en una cláusula de su testamento, fechado en Monterrey el 17 de
agosto de 1672: "ltem, mando se le den al Alférez Agustín de la Vera,
• Obra citada, pigina 148.

479

�cirujano que me ha asistido y está asistiendo a mi cura poniendo los medicamentos, diez y ocho pesos de mis bienes". u
Diez años después seguramente que no habfa en todo el Nuevo Reino de
Le6n un buen facultativo, ya que el 28 de noviembre de 1682, "a causa de
grave enfenncdad y estar oleado y sacramentado el señor Gobernador de este
Reino (don Juan de Echeverría), como es público y notorio, hizo ausencia
a curane a la villa del Saltillo •.. " 11 Otras noticias sobre la enfermedad
y fallecimiento del Gobernador Echeverría se encuentran en el mismo expediente, folios 30 vuelta y 33, y en las páginas 288 y 289 de la Historia del
Nuevo Reino de León, desde 1650 hasta 1690, por un Autor Anónimo, que
lo fue el capitán genovés Juan Bautista Chapa, identificado en 1953 por el
historiador don Israel Cavuos Garza.
A fmes del mismo siglo aparece otro médico: Juan Antonio García "el
cirujano", quien es mencionado dos veces en el testamento de Pedro de
Salas, vecino de Monterrey, fechado en esta ciudad el 10 de julio de 1698.11
El 30 de marzo de 1745, ante el Gobernador don Pedro de Barrio Junco
y Espriella, otorg6 testamento en Monterrey el francés Pedro de Fee, "ziru.
xano", originario de los Estados del Duque de Lorena, aunque en la partida de su casamiento dice: "natural de la ciudad de Turena en el Reino
de Francia", e hijo legitimo de Pedro de Fee y Ana Piturel. Este facultativo contrajo matrimonio aquí, en la iglesia parroquial, el 11 de febrero de
1720 con Gertrudis Rodríguez de Montemayor, de antigua familia del valle
del Guajuco. En el citado testamento declara que con su oficio de cirujano
"he mantenido mi familia". Muri6 en esta ciudad a principios de abril
de 1745.H
Sabido es que el primer Obispo del Nuevo Reino de Le6n Fray Antonio
de Jesús Sacedón falleció en una celda del Conyento de San Francisco de
Monterrey a fines de diciembre de 1779. Pues bien, en una carta dirigida
desde Saltillo el 16 de enero de 1780 por el confesor de este santo Obispo a
Manuel Silvestre del Conde, vecino de San Luis Potosí, Je dice: " ... en dicha
ciudad (de Monterrey) no hay ningún perito (en Medicina), y aunque Su
Ilustrwma traía en su. compañía un buen facultativo, qued6se éste algo
indispuesto en esta villa (del Saltillo) al tiempo de nuestra partida¡ cuando acordé llamarlo para su asistencia, ya dicho médico había muerto".11 Sin
u

Protocolo d1 Instrum,ntos P4bücos. Volumen 3. Añ01 1650-1680. Folio 192, v.

u Protocolo d, Instrumtntos Públicos. Volumen 4. Años 1681-1690, Folio 25, v.
11

Protocolo d, lnstrum,ntos Pibücos. Volumen 6. Años 1695-1699. Folio 110.

Volumen 14. Años 1743-1747. Folio 186, v.
Da. JosÉ Euvna10 GoNzÁuz. Obras Com¡l,tas. Monterrey, 1885. Tomo 11. Pá-

embargo, en las diligencias practicadas por el Gobernador Coronel Melchor

Vidal de Lorca y Villena, a raíz del fallecimiento de este prelado, se menciona al m&amp;fico Joaquín Burguete, "cirujano aprobado y examinado que
traía en su compañía el mismo ilustrisimo y Reverendísimo Señor". Burguete fue quien declaro, bajo juramento, que el Obispo Saced6n "efectiva
y realmente es difunto".19
Años después aparece el nombre de otro "médico": José Antonio de la
Paz, "inteligente en la cirugía", quien dio fe de la herida qu~ tenía un
maestro zapatero, lesionado en riña el 26 de julio de 1785 por cierto maestro de sastre "en los confines de la Calle Real", hoy avenida Morelos; un
testigo dijo que "advirtió que tan ebrio estaba el uno como el otro". El
facultativo declaro que la herida, "aunque tiene dos dedos poco más de
hondo y pulgar y medio de boca abajo de la tetilla izquierda, según su experiencia no es de peligro ... " Al final de la declaración se asentó que "no
firm6 el cirujano porque dijo no saber ... " 17
El tercer Obispo del Nuevo Reino de Le6n Dr. don Andrés Amb~o de
Llanos y Valdés, quien hizo fundación en el año de 1793 del _Hospital de
Pobres de Nuestra Señora del Rosario, trajo al médico José Vicente de la
Peña y al boticario Francisco García, "ambos gachupines", según el doctor
González. El doctor Peña se hizo cargo del hospital, pero no fue "el segundo médico que hubo aquí", como dice el licenciado Roel.19
Por último en unos apuntes manuscritos del doctor José Eleuterio Gonzále7., propiedad del industrial regiomontano don Jesús Guzmán, figuran 1~
nombres de otros facultativos. El citado autor menciona a un lego franC1Scano, Fray Benito de Austria, quien vino a Monte~ a p~ncipi~ del siglo
XIX y "se fue antes del año de 1820". Y agrega: En el mmno tlempo que
vi ía aquí Fray Benito, hubo otro leguito médico llam~d~ Fray Bias; no sé
cuándo se fue". En 1803 residía en Monterrey el c1ru1ano de las tropas
veteranas Francisco Alenis. En 1814, "que vino el general Arredondo a establecer aquí la Comandancia General, trajo de cinijano de la tropa a un
don Fulano Pagés y de practicantes a don Francisco Arjona Y, d~n José María Reyes. Todos los citados antes eran españoles men~s el ul~o que era
negro guineo". Sin embargo, en el libro 8-9 de casarmentos, folio 148, del
• Protocolo d, Jnstrum,ntos Públicos. Volumen 19. Años 1780-1785. Folios 110 Y

vu~lta.
11

Protocolo d, Instrum,ntos Públicos. Volumen 19. Años 1780-1785. Folios 306 Y

u Protocolo d1 lnstrum,nto, Pl,bücos.

vuelta.

»

11 Nu,oo L,6n. Apvnt,s hist6ricos. Segunda edición (Monterrey, 1944), tomo 1, pigina
70; tercera edición, pigina 61 ¡ cuarta, quinta y sexta ediciones, página 59.

gina 300.

480

481

H. 31

�Archivo Parroquial de Catedral, aparece la partida de matrimonio de Reyes,
donde está registrado como indio "natural de la ciudad de Veracruz".
En los mismos apuntes manuscritos dice el doctor González lo siguiente:
"Antes del establecimiento del Obispado de Linares ( en el año 177 7) no
he hallado noticia alguna en los archivos de que en Monterrey o en otro
punto del Estado hubiera algún médico": Ya hemos visto que antes de
esa fecha se habían ejercitado aqw en el noble arte quirúrgico Antonio
Marchena, Juan Martínez de Frías, Juan de Mungu1a y otros que, en realidad, eran muy hábiles médicos empíricos.

VII. FRAY ANTONIO

DE LA

VERA

y ÜÁLVEZ

Por Jo anteriormente expuesto podemos afirmar que no fue este religioso el "primer facultativo en Medicina, de que se ha recogido el nombre,
que haya ejercitado esa ciencia en Monterrey ... ", 19 como dice el historiador David Alberto Cossío ( 1883-1939), pero sí dejaremos asentado que es
una de las más relevantes figuras de nuestra historia regional. Los dos autores citados, Roe) y Cossío, seguramente tomaron del historiador y doctor
José Eleuterio González ( 1813-1888) esta noticia inexacta, En efecto, el
doctor González dice en sus apuntes manuscritos: "Con el ~eñor Verger,
segundo Obispo, vino en el año de 1783 en calidad de médico de cámara,
Fray Antonio de la Vera y Gálvez. Este es el primer médico de que hay
noticia auténtica; vivió en Monterrey hasta fines del siglo, y se fue a su
Colegio de San Fernando. Era lego franciscano".
Fray Antonio era español, nativo de la villa de Palma del Río, en la Andalucía Baja, Obispado de Córdoba, según declara .•él mismo, "en donde se
crió y estuvo hasta el día lo. de enero de 1770, que se embarcó para esta
Nueva España en compañía del Ilmo. y Rvmo. Sr. Dr. Fray Rafael José
Verger (segundo Obispo del Nuevo Reino de León), quien venía de Comisario de una misión de cincuenta religiosos para el Apostólico Colegio de
San Fernando de México, a donde llegaron a mediados de abril del mismo
año. Y el día 30 de junio tomó el santo hábito y profesó de religioso laico
por el mes de octubre de 1771. Tiene de edad cuarenta años y desde que
entró en la Religión lo ha ocupado la Obediencia en la asistencia y curación de los enfermos, cuya facultad y ejercicio tiene hasta el presente ... "
Agregó el padre Fray Antonio que, "habiendo salido de la ciudad de México el d:ía 29 de julio de 1783, en compañía de dicho señor Ilustrísimo, de
u

482

Historia de Nuevo L16n. Monterrey, 1925, tomo III, págína 263.

su médico de cámara, llegaron a la villa del Saltillo, primer lugar de su
Obispado, el día 17 de octubre del mismo año y estuvieron hasta el 19 de
diciembre que detenninó pasar a esta capital (Monterrey) ... '' 20
Fray Antonio tenía casi quince años de residir en Monterrey cuando, a
principios de 1798, recibió una carta de su Superior, el P. Guardián del
Colegio de San Fernando de México, ordenándole que volviese. El Ayuntamiento reinero promovió una información para conseguir que se quedara
aqui. Coincidió con estos hechos la aparición en el Nuevo Reino de la
peste de viruelas.
¿En qué se había ocupado hasta entonces Fray Antonio? Un testigo de
la época responde: "en curar toda suerte de enfermedades acontecidas a
estos habitantes". Otro testigo dijo que "de público es manifiesto en esta
ciudad que desde que entró en ella el dicho Hermano Fray Antonio (en diciembre de 1783) se ha ejercitado en curar todas cuantas enfermedades
se han ofrecido, pues aunque a los principios se excusaba, pero advirtiendo
el Ilustrisimo señor Obispo que varios ocurrían a preguntarle, y muchos
pobres, y que no había otro facultativo, le permitió él que curara y que
saliera fuera de su palacio siempre que lo llamaran, ya fuera de día o por
la noche, como así lo hacía ... " Por boca del mismo testigo llega hasta nosotros una valiosa noticia: una vez al año el Obispo Verger mandaba comprar medicinas en San Luis Potosí, llegando "se ponían las medicinas en un
cuarto separado que se destinó para Botica ... " en donde se surtía a los
pobres sin costo alguno, "aunque tuvieran con qué poder costear los medicamentos". A la muerte de este Obispo, ocurrida en julio de 1790, Fray
Antonio se fue a vivir al Convento de San Francisco, donde hoy está el
Círculo Mercantil Mutualista. Poco después volvió a su Colegio de San
Femando de la ciudad de México, pero el tercer Obispo del Nuevo Reino
de León, Dr. don Andrés Ambrosio de Llanos y Valdés lo trajo a Monterrey
a fines de 1792, "no obstante que traía médico y boticario para el hospital".
En efecto, este prelado trajo en su compañía al doctor José Vicente de la
Peña, quien quedó al frente del Hospital Real fundado en esta ciudad en
1793 por el citado Obispo. El doctor Peña se fue luego a Saltillo quedando
encargado del hospital Fray Antonio.

Es prácticamente imposible transcribir en este breve ensayo todas las noticias que contiene el grueso e interesante expediente "movido por el Ilustre
Cabildo de esta Ciudad" para lograr que el hermano lego Fray Antonio se
• Ramo Civil. Volumen 147. Año 1791 Expedientes 21 a 32. Testimonio de las
diligencias practicadas . .. sobre el paraje donde se podrá poner la capital d, est, Obispado ..• .-Folios 22 y 22 vuelta.

483

�quedara definitivamente en Monterrey. Por lo tanto, dejaremos que hablen
algunos de los que conocieron a este var6n ejemplar. Manuel Antorúo de la
Rigada e Inda, Regidor Honorario y Procurado1 General del Ayuntamiento
regiomontano, dirigiéndose al Alcalde Ordinario más antiguo, que lo era
José Joaquín Canales, en carta fechada el 3 de marzo de 1798 le dice: "Su
celda es como un pequeño Seminario donde diariamente enseña a muchos
rúños pobres la doctrina cristiana, leer, escribir, contar y sobre todo el santo
temor de Dios". Otro vecino distinguido añade: "es constante, y que todos
lo ven, que en su celda tiene muchos niños pobres a quienes enseña a leer
y escribir, educándolos en cristiandad y hasta instruyéndolos en el canto por
la inteligencia que tiene el dicho Hermano Fray Antorúo". El citado Regidor Honorario, en un breve interrogatorio sobre la conducta de Fray Antonio, pregunta al P. Guardián del Convento de San Francisco de Monterrey Fray Francisco Máynez, si es cierto y le consta que "en su celda siempre hay una porción de muchachos pobres a quienes sin interés alguno les
enseña la doctrina cristiana, leer, escribir y contar y a algunos el canto llano
y tocar el clave (o clavicordio) ... " Por último, Fray José Frayre, Comisario de Terciarios, dijo entre otras cosas: "jamás se verifica que salga de
su celda si no es a ejercer su ministerio de curar a los enfermos, empleando lo restante del tiempo en enseñar a muchos niños pobres la doctrina
cristiana y primeras letras con el mayor tesón y cuidado y a algunos música
y canto llano. Y también he oído decir que se debe a su curiosidad la ins-trucción de los primeros músicos de esta Santa Iglesia ... " 21
El programa pedagógico de Fray Antonio no podía ser mejor, puesto que
estaba fundado en las materias tradicionales de la enseñanza primaria. Sin
embargo, no faltaron envidiosos que hicieron lleg:.v su protesta hasta el Real
Tribunal del Protomedicato, con sede en la ciudad de México, alegando
que ejercía la medicina sin título. A esto respondió un testigo: "es cierto
que no es facultativo de profesi6n, como él mismo lo tiene confesado repetidas veces, pero con la experiencia de quince años que cumplirá en diciembre del presente, que se ha ejercitado en curar en esta ciudad todo género
de enfermedades, tiene acreditados sus aciertos siendo temeridad el asegurar
lo contrario contra la misma experiencia. Que a no ser así considera el que
declara que es hacer agravio al señor Gobernador de esta Provincia, a los
Alcaldes Ordinarios de esta ciudad y aún al Ilustrísimo señor Obispo y su
,. Todo lo relativo a Fray Antonio y la epidemia está contenido en tres fuentes:
1) Ramo Civil. Volumen 161. Año 1798. Expedientes 1 a 7. Número 7.
2) Ramo Civil Volumen 162. Año 1798. Expedientes 8 a 20. Número 11.
3) Actas del Ayuntamiento. Años 1795 a 1813, Año 1798.

Venerable Cabildo, sujetos todos de instrucci6n y que saben muy bien la
atención que se merece la humanidad ... "
La terrible peste de viruelas se asom6 a Monterrey a principios de 1798.
Repetidamente se asienta el hecho de que, a fines del siglo XVIII, aqtÚ
sólo había un médico: el P. Fray Antorúo de la Vera y Gálvez. Así, en una
brillante exposición para prevenir la epidemia, los vecinos Pedro Manuel
de Llano y Manuel Antonio de la Rigada e Inda dicen al Ayuntamiento el
18 de enero de ese año, que Fray Antonio es el "único facultativo que tenemos en esta ciudad,,.
Pedro de Herrera y Leyva, hermano del Gobernador, en carta fechada el
22 de mayo y dirigida al mismo Ayuntamiento se refiere a nuestro personaje
cuando trata de "el médico único que tiene la ciudad".
La ciudad se dividió en veintid6s cuarteles o barrios, cada uno a cargo
de uno o dos vecinos antiguos y distinguidos, entre quienes se encontraban
el capitán navarro Manuel de Sada, natural de la villa de Santa Fe de Caparroso y fundador de su apellido en Nuevo Le6n; Andrés de Ayarzagoitia,
también genearca de su apellido y originario de Durango en el Señorío de
Vizcaya; Forilán de Mier, ilustre reinero hermano de Fray Servando y José
Joaquín Canales, Pedro de Elizondo, Fernando de Uribe, José Joaquín de
Ugartechea y otros conocidos caballeros. Había un capellán para uno o
dos barrios.
Durante esta epidemia se abrió a extramuros de Monterrey, el 6 de abril
de 1798, un Hospital Provisional de Viruelas que se clausuró el 9 de agosto de dicho año. Fue administrado por Pedro de Herrera y Leyva teniendo
a su cufiada la Gobernadora Josefa Krickdale y a una junta de señoras en
la dirección de las salas de mujeres contagiadas. Fray Antonio, como hemos
visto, dirigía el hospital fundado cinco años antes por el Obispo De Llanos
y Valdés, del que luego trataremos. El Gobernador Teniente Coronel Simón
de Herrera y Leyva y el Ayuntamiento regiomontano insistieron en la permanencia en esta ciudad del hermano lego, a quien dieron también la direcci6n del hospital de virolentos. En la ingente documentación aparecen
noticias tan curiosas como ésta: aunque los dos hospitales tenían buenos botiquines, había que surtirlos frecuentemente "en la Botica del P. Fray Antonio", instalada seguramente en el Convento de San Francisco. No está
claro si el Hospital Provisional de Viruelas se instaló en el edificio que
después fue del Colegio Civil, hoy sede central de la Universidad, o en la
antigua Ciudadela.
Con sorpresa notamos que cuatro folios del libro de actas del Ayuntamiento que abarca los años 1795 a 1813, que quizá contenían datos muy
importantes sobre esta epidemia, fueron arrancados con navaja.

485

484

�En acta de 21 de mayo se asienta que desde el día 6 de abril anterior se
presentaron los dos primeros casos de viruela en un barrio a extramuros de
la ciudad. Eran dos muchachos pobres que inmediatamente se internaron
en el Hospital Provisional. Fray Antonio, "advirtiendo que eran las viruelas
de buena especie, dispuso con acuerdo del señor Gobernador se inoculase un
hermano y hennana de uno de los referidos enfermos, de edad de seis a siete
años, con el fin de que estos dos inoculados se sacasen puses o materias para
seguir esta operación con todos los que quisiesen adoptarla ... 11 En la misma
acta de Cabildo se dice que "deseoso el señor Gobernador de dar ejemplo
y animando a los demás vecinos a que abrazasen una operación tan benéfica, que les era desconocida, resolvió que se inoculasen inmediatamente sus
dos hijos e hija y toda la familia de su casa ... " Luego, el 25 de abril, hicieron lo mismo los vecinos más prominentes y sus familias, siendo secundados
por todo el vecindario reinero.

Así fue como se atacó el peligro: por medio de un procedimiento de preservación contra las viruelas llamado de "inoculación", anterior a la introducción de la vacuna en México. Las estadísticas demuestran que este procedimiento tuvo un éxito completo como veremos más adelante. (Hasta 1804
el doctor Francisco Javier de Balmis, comisionado por el Rey Carlos IV
implantó en la Nueva España el uso de la vacuna descubierta a fines deÍ
siglo XVIII por el médico inglés Eduardo Jenner).
Ya controlada la epidemia, en acta del 9 de septiembre el Cabildo regiomontano hace mención a "el incesante trabajo que ha tenido (Fray Antonio)
en la asistencia diaria de clicho hospital, y a los vecinos en particular en sus
propias casas, todo lo cual ha hecho voluntariamente y lleno de caridad y
amor y con tan buen éxito como se demostrará al fin de esta razón ... ", añacliendo que este religioso lego "de nadie toma «.itipendio por curarle". En
efecto, seguidamente, en acta de Cabildo del 12 de septiembre se anotó una
interesante estadística: fueron inoculados 2,100 personas, muriendo solamente 11 j padecieron las viruelas naturales 466, de las cuales murieron 32. Entraron en el Hospital Provisional, inoculadas, 101 personas y fallecieron únicamente 2, y con viruelas naturales 80 de las cuales murieron 6.
fray Antonio de la Vera y Gálvez fue autor de un Método de curación
,, asistencia de viruelentos, escrito a instancias del Muy Ilustre Cabildo de
Monterrey, que desgraciadamente no conocemos. Esta instrucción fue repartida a los jefes de cuartel o barrio. Al margen, en acta del Ayuntamiento
fechada el 17 de enero de 1?98, dice una nota: " ... se archivó el ejemplar.
También dio (Fray Antonio) la minuta de medicinas".
La deuda que tiene Monterrey con el humilde lego franciscano se puede
deducir del párrafo siguiente, tomado de una carta dirigida el 4 de octubre

486

por Pedro de Herrera y Leyva al Muy Ilustre Cabildo reinero. Le ~ce:
''Debo recomendar a Vuestra Señoría el gran mérito contraído en dicho
hospital (de contagiosos) por el Hermano Fray Anto~o de. la V~a Y_Gálvez,
que asistió a los pobres con el mayor amor, celo y cand~d sm estipendio ~guno, por lo que se hace digno hasta de que se le recolll.lende al ExcelenttSimo
Señor Virrey, pues ha conservado la vida de tantos vasallos,.. Y agrega:
''También debo recomendar a Vuestra Señoría al practicante don José de
Lamadrid y a la mayordoma doña Josefa de Ayala, que por un corto salario
asistieron con la mayor caridad a tantos pobres".
Hay estadísticas muy interesantes de todo el Nuevo Reíno de León, que
incluyen noticias muy curiosas. Por ejemplo, Vicente Vedia y Pinto, Teniente del real de San Carlos de Vallecillo, inserta en su inf01me la nota
siguiente: "Dos de los tres inoculados que fallecieron tengo noticia de haber
causado su muerte el mojarse las manos poco después de ser inoculados".
En Ja villa de Cadereyta, de 1,540 personas que padecieron las viruelas naturales, murieron 164; allí fueron inoculadas 277 y entre éstas no hubo falle:cimientos. En la villa de Cerralvo y su jurisdicción sólo se inocularon 2,
que luego sanaron, pero de 1,453 gentes que tuvieron viruelas naturales murieron 77. En Linares no se practicó la inoculación y de 1,012 personas que
contrajeron las viruelas se registraron 78 decesos.

VIII.

EL PRIMER HOSPITAL DE NUEVO LEÓN

El ya citado historiador licenciado Santiago Roel afirma en su obra Nuevo
León. Apuntes hist6ricos, que el Hospital de Nuestra Señora del Rosario,
fundado en esta ciudad en 1793 por el tercer Obispo del Nuevo Reino de
León doctor Andrés Ambrosio de Llanos y Valdés, fue el primero que existió, aunque no aclara si en la ciudad o en todo el Reino.
El dato, asentado invariablemente en las cuatro primeras ediciones de la
obra, es inexacto. 22
El día 10 de diciembre de 1651 se presentó Diego de Ayala, prominente
vecino de la ciudad de Monterrey, en la villa de San Juan Bautista de Cadereyta y le pidi6 al capitán Alonso de León, Justicia Mayor y Capitán a
Guerra en ella, que se sirviera darle copia de una antigua merced que poseía
11 Primera edici6n, tomo I, página 69 ¡ segunda, tomo I, página 72; tercera, página 63 y
cuarta, página 61. En la quinta edici6n, publicada en 1954, y posteriores e1 citado autor
ya no incurre en error, debido a un trabajo de rectificación que publiqué en el número 137
del semanario Vida Uni1msita,ia (noviembre 4 de 1953).

487

�y que, "por estar maltratada, muy vieja y que las letras se iban consumiendo",

había el peligro de que se perdiera. El Justicia Mayor accedió a la petición en vista del estado del documento, ordenando a Juan de Abrego, Secretario de Gobernación, Justicia y Guerra, que se sacara en seguida la
copia o testimonio de la merced.
El documento consistía en una merced de ocho caballerías de tierra, otorgada por el Gobernador Diego de Montemayor medio siglo antes, el 5 de
junio de 1600, en la ciudad de Monterrey a favor del conquistador Juan
López. El original, que como hemos visto se encontraba muy deteriorado
en 1651, seguramente ya no existe, pero la copia o testimonio mandado sacar
por Diego de Ayala en la villa de Cadereyta se encuentra actualmente en
el segundo volumen del Ramo Civil del Archivo del Ayuntamiento regiomontano. De él hemos tomado un corto pá1Tafo que prueba la existencia
de un hospital en Monterrey, ciento noventa y tres años antes que el citado
por el historiador Roel.
¿Quién era Juan L6pez? Este viejo conquistador declara en su testamento, fechado en Monterrey el 8 de noviembre de 1634, ser originario de la
ciudad de México e hijo legítimo de Pedro López y Cecilia López, "vecinos
que fueron de la dicha ciudad". Estuvo casado con Magdalena de Avila,
ya difunta, y fueron sus hijos legítimos Juana, casada con Juan de Montalvo, Melchora, esposa de Leonardo de Mendoza, y Bemabé López.
Desconocemos las primeras actividades de Juan López. Lo cierto es que
ya venía en la famosa y malograda ex-pedición del portugués Carvajal y de
la Cueva, cuando este valeroso capitán se internó en lo que hoy es el Estado
de Nuevo León a fines de 1580 o principios de 1581. Lo dice él mismo en
la merced que comentamos, al afirmar que se le habían dado algunas tierras desde "la primera vez que se vino a poblar''.. Y lo expresa más claramente Bernabé López, único hijo varón del conquistador, al declarar en
1635 que su padre, quien ya había fallecido para entonces, fue "persona de
las primeras que entraron en la población de dicha ciudad ( de Monterrey
o villa de San Luis), que entró con el primer Gobernador de ella, Carvajal ... "
Ocho o nueve años después, al hacer Diego de Montemayor la nueva
fundación el 20 de septiembre de 1596, con el título de Ciudad Metropolitana de Nuestra Señora de Monterrey, aparece Juan López como uno de
los testigos que firman el acta levantada en tan memorable ocasión.
Al conquistador López, por sus grandes méritos y servicios a Su Majestad,
se le concedieron las mercedes que solicitó. En la petición de ocho caballerlas de tierra que hizo en Monterrey el 5 de junio de 1600, y que es el
motivo de este comentario, decía: " ...parezco ante Vuestra Señoría (el Go-

bemador Diego de Montemayor) en la fonna que más a mi de~c~o. conven a y digo que yo tengo necesidad de un solar para casa de mt v1V1e~da
g l en-alo y es desde donde está la cruz que está frontero del hospital
e1 cua s
.
'b
,,
hacia el río (hasta) donde alcanzare desde la acequia para arn a.,.·
Monterrey no tenía aún cuatro años de fundada, pero ya contaba_ con un
hospital en el año 1600. Casi dos siglos después el de Nuestra _Senora d~l
Rosario abrirla sus puertas. El convento franciscano de e_sta cmdad se~.ia
el Cronista P. José de Arlegu1, aunque el mf dado hasta 1603 serrún
un
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•
"
• tía des
signe historiador Wigberto Jiménez Moreno dice que parece ex1s
•
de 1602".23
Por los años de 1600 a 1605 el Obispo de Guadalajara don ~on~ de la
Mota y Escobar recorrió en una visita pastoral la extensa d1oces1S. a . :u
cargo. En ella estaba incluido el Nuevo Reino de Leó~ y, en su Descnpcwn
Geográfica de los Reinos de Nueva Galicia, Nueva Vizcaya_ Y Nuevo L_e6n,
al referirse a nuestra ciudad, escribió que era "un lugarcito de espanoles
de hasta veinte vecinos escasos, que llaman la villa de Monterr:y ... " ~l
santo Obispo añade: "Los vecinos son sumamente pobres qu~ ~un no _nenen casas de adobes, sino de palizadas embarradas; sus granJenas connenzan a ser algunas labores de maíz y trigo que hasta ahora no son de consideración".
.
,
Unos años después el misionero cannelita andaluz Fray A_ntoruo _Vazquez
de Espinosa, en su obra Compendio y De.scripci6n de las Indias ~ccident~les,
t b l siguiente: ''Doce }eguas adelante (de la villa del Salt1llo) esta el
ano a a .o d Santa Lucía que se va al presente descubriendo y poblando;
nuevo remo e
,
_
hay en él una villa (Monterrey) con treinta vecinos espanoles Y un ~onvento de San Francisco. La tierra es de gran recreo, de buen temple, ,º~ne
un río abundante de pescado regalado Y es camino para el Nuevo Mexico,
aunque no se ha descubierto".
Estas dos "Descripciones", escritas por la época en que se _l: otorgó la me_rced de ocho caballerías de tiena a Juan López, nos dan notlCla de los humildes orígenes de esta ciudad. Sin embargo, no debe sorprend emos que en
aquella incipiente población ya hubiera un hospital, pues bien sabem~s que
con la conquista espiritual y material de estas tierras asoladas por los nomadas
entró también la civilzación.

11

Estudios de Historia Colonial. MWco, 1958, página 146.

489
488

�IX.

EL HOSPITAL DE POBRES DE NUESTRA SEÑORA DEL ROSARIO

Dice el doctor González en su Colecci6n de Noticias y Documentos para
la Historia del Estado de Nuevo Leó,i (Monterrey, 1867), que el licenciado
Fermín de Sacia, cura del Sagrario de la Catedral de Monterrey, le contó
en cierta ocasión que el segundo Obispo del Nuevo Reino de León doctor
Rafael José Verger había dado "muchas disposiciones acerca de la erección
de la Catedral, del Colegio Seminario y del Hospital de Pobres, cuyas cosas
no llegó a ver cumplidas por haberle sorprendido la muerte en su palacio de
la loma de Vera el año de 1790".24
En efecto, fue el tercer Obispo doctor Andrés Ambrosio de Llanos y Valdés quien abdó el 15 de agosto de 1793 1 "bajo el patrocinio de María Santísima del Rosario,,, el proyectado hospital. La institución se estableció
desde ese día, "en que se celebra la gloriosa Asunción a los cielos de la Soberana Reina de los Angeles, la Santísima Virgen Nuestra Madre y Señora",
en la antigua residencia del Gobernador Ignacio Usel y Guimbarda, para
cuyo fin había sido comprada. Esta mansión, que hoy está en el más completo abandono, la conocemos con el nombre de Casa del Campesino y se
encuentra en la esquina sureste de las calles de Abasolo y Mina. 35
En el inventario de los bienes que dejó dicho Gobernador, aparece una
interesante descripción de aquella residencia que fue asiento del hospital
por espacio de sesenta años. Según la reseña, el vasto edificio de sillar, cal y
canto y laja tenía un remate de dos varas de a1to (1.68 m. aproximadamente)
y lo coronaban ciento sesenta almenas de barro de colores en el frente y
noventa y ocho almenas en el resto. La puerta principal, "de clavazón grande, cerraje de hierro y postigos", daba acceso a •un amplio zaguán desde el
cual se podían contar veinticuatro o veinticinco habitaciones. Más adelante,
en medio del extenso patio, había una noria con su brocal, marco y carrillo.
Cuatrocientas ochenta y cinco vigas de buena madera sostenían los techos
y eran los pisos de ladrillo, excepto en la cocina, trascocina, caballeriza, cochera y carpintería. Veinte grandes ventanas ''voladoras de bolillo de madera de mezquite, nuevas ... ", doce pequeñas de pino y seis medianas con
vidrieras, dábanle un aire señorial a la antigua residencia del Gobernador
Ignacio Usel y Guimbarda. Aclara el documento, por último, que era "el
fondo en circuito de dicha casa de doscientas cincuenta y tres varas (algo
Obra citada, página 107.
PbEz MALDONADO. Docum,ntos Hist6ricos á, Nu,vo L,6n. Monterrey,
1947, tomo l. Página 135.

más de 212 metros) en lo labrado por una parte y otras tantas por la
otra ... ,, 26
Al Hospital del Rosario se le llamó también Hospital Real Provisional,
por estarse construyendo el Hospital Nuevo, que sería el definitivo y que por
cierto nunca se terminó, en donde fue el Colegio Civil y ahora se encuentra
la sede central de la Universidad. Así aparece en el plano de Monterrey levantado por el arquitecto francés Juan Crouset en 1798 y publicado por
primera vez por el historiador, ingeniero y general Vito Alessio Robles en
su obra Monterrey e11 la historia y en la leyenda (México, 1936).
Hace unos afias encontré casualmente once libros de administración -seis
del hospital y cinco de su botica- en un viejo armario abandonado del templo del Roble de esta ciudad. De su consulta se deduce que en este nosocomio debieron prestar sus servicios muchos médicos, a través de más de
medio siglo de existencia. Pero lamentablemente, los libros donde aparecen citados algunos facultativos corresponden a épocas recientes. Como esto
excede los límites de nuestro ensayo, solamente los nombraremos: el médico
más antiguo que se menciona es José Cornelio· de la Vara, quien se retiró
por enfermedad el 29 de agosto de 1825, siendo sustituido, interinamente, al
siguiente día por José María Morales, aprobado en el cargo el 11 de septiembre siguiente. Durante todo el año 1827 ocupó el honroso cargo de médico
cirujano del Hospital de Pobres el cordobés Francisco José Arjona, dejándolo
el 27 de septiembre de 1828. Este mismo día entró en su lugar el doctor
italiano Pascual Costanza, contratado en la ciudad de México por los representantes federales de Nuevo León y a instancias del Gobernador del Estado
Joaquín García para que fundara la cátedra de Medicina en dicho hospital.
Sustentó la cátedra por espacio de dos años y al fin presentó "seis de sus discípulos en examen público", dice el doctor José Eleutcrio González. En realidad, aquí está en embrión la futura Escuela de Medicina.
El doctor Costanza renunció, yéndose a vivir a Pesquería Grande, hoy
Villa de García. En 1832 ocupaba el cargo de médico cirujano del hospital
el veracruzano José María de los Reyes, quien lo dejó el 7 de enero de ese
año. Al día siguiente entró Agustín de Aresti1 traído de la ciudad de México por el sexto Obispo Belaunzarán, pero sólo estuvo veinticuatro días;
renunció el 31 de enero. Fue sustituido por el doctor Santiago Cullinam,
quien apenas duró doce días y medio. Al siguiente, 14 de febrero de 1832, el
mencionado obispo reunió las plazas de médico y boticario en el boticario
del hospital José Cristóbal Garfias, quien también había venido con el mis-

14

" CARLOS

490

11 Protocolo dt Inst,umtntos Públicos. Volumen 17. Años 1771-1773. Folios 378
\'Uelta, 3 79, 39 l y siguiente,,

491

�mo prelado. El 22 de junio entró como médico interino del Hospital de Pobres un farmacéutico de Guanajuato, Ignacio Zendejas. Casi dos años después, el lo. de mayo de 1834, entregó al joven José Eleuterio González la dirección del nosocomio que había de manejar durante diez y nueve años hasta
su extinción. Este benemérito doctor, quien fundó alú mismo la cátedra
de Farmacia en 1835 y la de Anatomía en 1842, afirma que la benéfica
institución cerró sus puertas definitivamente en el año 1853.

•
Roe! asienta que el hospital ''desapareció por la época de la Invasión Americana" 27 y Pérez-Maldonado dice que "fue clausurado en 1855" / 8 pero el
doctor José Eleuterio González, su último director, aclara: "el Gobierno
Eclesiástico, por falta de fondos, extinguió el Hospital de Nuestra Señora del
Rosario a principios del año de 1853". 29 Poco tiempo después se instaló en
aquella noble mansión el "Colegio de Niñas" a cargo de las Hermanas de la
Caridad de San Vicente de Paúl, que fueron expulsadas de nuestra patria a
fines de 1874 y principios de 1875 por inicuo decreto del Presidente Sebastián
Lerdo de Tejada. El Obispo Montes de Oca sostuvo de s~ peculio un nuevo
colegio de niñas que tenía como directora a "la benemérita Lupita Treviño",
como la llama con justicia Alfonso Junco, quien fue designada por el propio Obispo en 1881 para ocupar el cargo, según José P. Saldaña. 30 En 1887,
por gestiones del décimo Obispo y primer Arzobispo doctor Jacinto López y
Romo, ocupó la finca el ilustre "Colegio de San José" de las Hermanas de
la Caridad del Verbo Encarnado. "Cayó sobre nuestros días -dice Alfonso
Junco-- la vergüenza de su despojo, y la entrega.a no sé que oficial destino". 31
Hoy se conoce la antigua residencia del gobernador Ignacio Usel y Guimbarda con el triste nombre de Casa del Agrarista o del Campesino.

APENDICE 1
Providencia del Capitán Alonso Lucas el Bueno, Justicia Mayor y Capitán a Guerra
del Nuevo Reino de León. Año 1626.*

"En la ciudad de Nuestra Señora de Monterrey del Nuevo Reino de León, en diez
y seis días del mes de abril de mil y seiscientos y veinte y seis años, el capitán Alonso
Lucas el Bueno, Justicia Mayor y Capitán a Guerra de este dicho Reino y sua Provincias por su Majestad, dijo: Que a su noticia ha venido que en este Reino suele
suceder y puede que estando algunos indios e indias sirviendo a los vecinos, así en sus
caw como en sus estancia! y haciendas y estándolo, se dejan servir de ellos todo el
tiempo que tienen salud los dichos indios o indias para poderlo hacer, y sí en algunos
aciertan a tener alguna enfermedad de fonna que no estén con agilidad para continuar el dicho servicio, ha sucedido y sucede que los desamparan y echan de sus
casas y, viéndose asl desamparados, buscan quién de misericordia cure sus enfermedades, como algunas personas lo han hecho y hacen. Y curados se procura luego el
derecho que se tiene a los dichos indios para volverse a servir de ellos, cosa contra
razón y justicia, pues s6lo los quieren en salud, siempre siendo sujetos a enfermedades.
Y el que se quisiere servir de los dichos indios e indias esté obligado a curarlos, por
tanto para que esto tenga el remedio conveniente y nadie se atreva a desampararlos,
asi enfennos como sanos, ordeno y mando en nombre de Su Majestad que cualquiera
penona que se sirviera de alguno y en la enfermedad que tuviere le despidiere para
que otro le cure, que en tal caso haya perdido cualquier derecho o acción que a él
tuviere, así de encomienda y merced como el de otra cualquiera manera y sólo le tenga
aquella persona o personas en cuya casa hubiere sido curado y recibido salud y no
otro ninguno y este tal solamente le pueda pedir o sacar de poder de cualquiera persona, sin que le valga para ello merced que tenga ni haya tenido de ningún Gobernador ni persona que la haya hecho, aunque sea de Su Majestad, pues no permite que
se use mal de ellas; puea el dia que le dejó de curar y despidió de su casa sin misericordia no sólo perderá el derecho pero es delito por donde merece ser castigado. Y
desde luego en el dicho nombre ( de Su Majestad) les desiste y aparta de cualquier
derecho que a los dichos indios tuvieren el que incurriere en lo susodicho y se le da y
concede al que los curare, como dicho es una y muchas veces. Y esto mando y firmo
y que se pregone públicamente a la puerta de la iglesia para que venga a noticia de
todos".
ALONSO LUCAS EL BUENO

Por su mandado
PEDRO MONZÓN

Escribano de paz y guerra

DR. JosÉ ELEUTERIO GoNZÁLEZ. A.puntes biográficos. Monterrey, 1938. Página 7.
" El Obispado. Monturey, 1947. Página 150.
11

• Apuntes manuscritos ya citados, en poder de don JesÚJ Guzmán.
• Estampas Antiguas de Monterrey. Monterrey, 1942. Página 212.
st Sotanas de Mljico. México, 1955. Página 141.

492

• Ramo Civil, volumen l, años 1596-1630, expedientes 1 a 21, Autos del Capitán
Alonso Lucas el Bueno, Justicia Mayor de Monterrey, folio 11. Archivo del Ayunta•
miento de Monterrey.

493

�APENDICE 2
Informe m&amp;lico del

maeatro

de c:inigfa Juan Martfnez de Fria,. Año 1640.•

"En la hacienda (de Santa Clara) del capitán Alomo de Treviño, de beneficio de
•car plata en Cite valle de las Salinu, en veinte y cuatro dfaa del mea de agoato de
mil ICÚcientot y cuarenta añ01, el dicho Julticia Mayor (capitán Gonzalo Ferúndez
de Cutro) para la justificaci6n de esta causa mand6 parecer ante af a Juan Martines
de Frias, maatro de cirugta, para que como peraona que como tal cirujano ha curado
a b dkh01 capitán Hernando de MenclioJa, Juan (esú cquiwcado, a Francitco) M~dez de Cancio '/ Jo, demú heridos, y actualmente los e,ti curando, debajo de juramento que para ello haga en forma baatante, d ~ las heridu que tienen los IUIOdich01 y en qul panes y IÍ aon de riesgo o no.
''Y estando presente dijo que juraba a Di01 y a una Cruz de decir verdad de lo que
aabe y conforme a su ciencia y experiencia ae le alcanzare.
''Y aaf dijo que el ábado puado, que se contaron diez y ocho de ate preaente mes
(esú equivocado, fue el domingo 19), como a las ICis de la mañana, catando cate declarante en esta dicha hacienda (de Santa Clara) en compaiifa del capitán A1oruo de
Treviño, le dijo el dicho capitán re lirvieae de ir con B y otroa compañel'OI a la hacienda (de San Diego) del capitán Hemando de Mendiola, que esd como (a) trea
leguas de esta hacienda, para que curara al dicho Mendiola, FranciJco M~ndez de Cancio y otros heridos que lo estaban de fleclwos que los indios les hablan dado la noche
antes (ábado 18 de agosto de 164-0), según habla tenido avi10. Y• que este declarante fue luego al punto con el dicho Capitán y llegó a la hacienda del dicho Mendiola
y en ella hall6 herido al SUJOdicho con un flechazo atraveado en la sien izquierda, que
fue milagro no morir, y aunque le tiraron otros flechazot por la defensa de la cota no
Je hirieron, de que csti hoy mejor mediante las curas que te le han hecho. Y a Francisco Mmdez de Cancio con tres heridas: la una en la mejilla derecha y otra herida en
la ceja izquierda y otra en los lomos, todas penetrantes, que hoy están sin ri~o mediante loa medicamentos hechos. Y a Juana, india ladina, con una herida y flechuo en
la ceja dCJ'l!cha que le pas6 hasta d oido, muy pen~e, y que 1e le qued6 el pedernal adentro y csti hoy muy mala de ella. Y a un negro llamado Manuel, esclavo del
dicho Mendiola, con un flechazo en la mano dCJ'l!Cha de que esti hoy mejor. Y asimismo a un mulato esclavo del dicho Mendiola, llamado Juanillo, le halJ6 y cur6 tres heridas: la una en el lado derecho por el lomo, que lo pasó de banda a banda, y otra herida en la espaldilla izquierda, que le entró mú de tres dedos, y otra herida en la
mano izquierda, toda, de muy gran riesgo. Y hoy, Dios mediante, y las curas que le, ha
hecho e hizo deade que los vio, están ya todos con mejorla. Y que cato es la verdad y
lo que con su ciencia alcanza para el juramento que hecho tiene y aaf lo declara y firma de ,u nombre con el dicho Juaticia Mayor, de que doy fe".
GONZALO fUNÁNDIZ DI C,UTllO

JUAN MAJtTfNIZ DI

FafAs

LOS COMIENZOS DE LA COLO IZACióN ESPAROLA EN EL

NUEVO MUNDO
DR.

ILVIO ZA.V.ALA

U. N. E. S. C. O. Delepci6n Permanente de Mmco, Paris

CaJsroBAL CoLÓN puede verse c6mo los antecedentes
l. EN LA CAIUWlA DB
d 1 · ·
rtugueses por el
mediterráneos se enlazan con la experiencia e os VUlJCS po Yáñ p:--L
• andaluces como los hermanos . ez mzun,
Atlántico, y con la de mannos
.
Al efectuane la unión de las coronas de Arag6n y Casti.!la ~ªJº el ;:nado
de los Reyes Católicos (1469}, se incorporó a la monarqwa hispana
1
. y comerao
• de los aragone9e5 y catalanes enI ta1·
e
práctica de navegación
tffl'áneo desarrollada sobre todo en los tratos con la Perúnsula
~ y
•
'
de Andaluda comerciaban con los del Levante ~ o ,
Sidlia. Loa
puertos
otros
sostenían relaciones con las .ISias Ba1cares, las costas de Afnca
y~y
. La
dici6n marítima y los recursos forestales de los
y las islas Cananas.
tra
.
·
facilitaron otros coneblos del norte de España, en particular de V1Ztaya,
· ·6n
pu
llo de centros mercantiles como Burgos (la orgaruzaci
tactos y el desarro
.
.
rtancia en la historia del comercio de lanas,
de su consulado, que tiene unpo
da d C tilla babia
data de 1494) y Bilbao (Consulado de 1511): ~ arma
e . asd f co..
en la edad media en algunos episodios de la contten a ran_
~articipado
rtaci6n de la lana contribuyó al fomento de la navegaa~n
mglesa.
La
expo
.
bios entre .el comemo
hacia Flandes e Inglaterra. Hubo tamb1ºén mtercam
hanseáti
el de la Península. Todo esto explica por qué un remo con cenco
y
•
tro en una meseta •mtenor,
como el castellano' pudo f ~ destacadamente
•
•
1
en el comienzo de la expaiw6n ultramanna.

!:.

Doy f, d, ,llo
FuNcrsco Mbo1z DI CANcro

ücribano de Gobernación

• Causu criminales, volumen 3, años 1639-1641, año 1640, folio 14 vuelta y 15 Archivo del Ayuntamiento de Monterrey.

494

. Cuwo FsaNÁNDllZ Duao, Armada Es,a' Ea inútil comultar a es~
lilla d, A,a1611 Madrid, llivadeneyra, 1896,
lola, ,¡11,¡1 la uni6n d, los mnos d, asM clri~d 1926 2 'voh.). J. FrNOT, EtutÚ lais(h
edici6n, llivadeneyra, a
'
'
M
A
2 vola. ay otra
naJ,
I la Flaad11 ,1 rEs1agn1 au oy,n 11,
sv, l,s
eomm,r
Emlir, i• tia, 01" World au
Paria, 1899,
ll. r1'4lúms
B. MaunrAN,
Tia, R~&amp;SI o , S"anüla
,,

respect

lorit••

"'1",,.

495

�Desde el siglo XIV comienza a manifestarse el interés castellano por las
islas Canarias. A principios del siglo XV había amparado el rey de Castilla
una expedici6n de normandos con destino al archipiélago. Rivalizaron portugueses y españoles en su ocupación, y quedó finalmente en manos de éstos,
primero por medio de concesiones señoriales, y después como posesión de
la corona. En las expediciones a las islas Canarias participaron con sus recursos algunos señores de la nobleza, soldados, mercaderes (algunos de ellos
genoveses) y el tesoro real.
Desde la península y las islas Canarias partieron e.xpediciones con destino
a las costas de Africa.:

2. En la empresa de Col6n que condujo al descubrimiento de América, y
en otras que se organizaron posteriormente para explorar las nuevas rutas y
conquistar los territorios ultramarinos, la corona participó en los gastos; sin
embargo, el costo de la mayoría de las expediciones recayó sobre los particuthe New, New York, 1918-1934, 3 vols. J. G. Ku.lN, The Mesta, ..4 Study in Spanüh
Economic History, Cambridge, Mass., 1920. Ctt. Vr.RLINOEN, "The Ri~c of Spanish
Trade in the Middle Age", Economi, Hütori,al Revi~w, X (Londres, 1940), 44 y ss.
R. S. SMITH, Th11 Spanish Guild Mtrchan.t . .A. History of the Consulado, 1250.-1700,
Nurham, N. C., 1940. E. !BARRA y G. Roo.RÍouEZ, "L03 precedentes de la Casa de
Contratación de Sevilla", Revista dt Indias, II, 3 (Madrid, 1941) , 85-97; 4, 5-54;
5, 5-38. J. PIERNAS HtraTADO, La Casa de la Contratación d, liu Indias, Madrid,
1907. R. CAR.ANDE, Carlos V y sus banqu11ros, Madrid, 1943, cap. XI. Entre otros
aspectos {p. 243) señala la importancia que tuvo Vizcaya en el ramo de las construcciones navales por contar con robledales y mineral de hierro y tradición marinera
( carrera de Tcrranova, en busca de ballenas y b3calao, carrera de Flandes para conducir lana, relaciones con Inglaterra y Francia). FLORENTINO Pwz EuBID, El .Almirantazgo de Castilla hasla las Capitulacíonts de Santa Fe, Sevilla, 1944. }AI:w!. V1cENS
VTVEs, "Precedentes Mediterráneos del Virreinato Colombino", Anuario de Estudios
Americanos (Sevilla, 1948), 571-614. Juwo GoNZÁLEz, "Origen de la Marina Real
de Castilla", Re11Üta de Archivos, Bibliotecas y Museos, 54 (Madrid, 1948). R. KoNETZRE, El imperio español, orlg1111s y fundamentos, Madrid, 1946. Los estudios de
Earl J. Hamilton que cito en mi Programa, p. 67. ANTONIO BALLESTEROS, La Marina
Cántabra y Juan de la Cosa, Santander, Diputación Provincial, 1954. C. V1ÑAs Y
MEv, "La Economía Marítima de Castilla en el Atlántico durante la Baja Edad Media", en X Congreso lnte111azionale di Sci,mze Storiche. Roma. Florencia, 19551 VII,
231-235. JuAN Pwz DE TunELA BUENO, "Castilla ante los comienzos de la oolonizaci6n de las Incfüu", Revista de Indias XV. 59 (Madrid, enero-marzo, 1955), 11-88.
Del mismo, Las armadas de Indias y los orlgenes de la polltica de colonfraci&amp;n, Madrid,
Instituto Gonzalo Fernández de 0,.-:iedo, 1956. H. SANCHO, Historia del Puerto de
Santa Maria, Cádiz, 1943.
1 Vfase FLORENTINO Pruz Eu.BID, Los descubrimientos e11 tl Atlántico y la rfoalilidad castellano-portuguesa hasta el tratado de Tordesillas, Sevilla, 1948. (Publicaciones
de la Escuela de Estudios Hispano-Americanos de Sevilla).

496

lares. A veces eran señores de España los que aventuraban sus recursos bajo
la esperanza de multiplicarlos en las Indias Occidentales, como ocurre con
D. Pedro de Mendoza que había hecho su fortuna en el saco de Roma y la
invierte en el Río de la Plata, y con el adelantado D. Alonso de Lugo que
deja su posición en las Canarias para pasar a la Nueva Granada. Los caudillos que habían reunido su riqueza en el Nuevo Mundo costearon usualmente otras expediciones, según se ve en los ejemplos de Hemán Cortés, Pedro
de Alvarado 1 Diego de Almagro, Sebastián Benalcázar, entre otros. Los funcionarios encargados de administrar las primeras posesiones españolas, los
soldados que deseaban mejorar de estado1 los mercaderes, pusieron en común sus recursos para armar jornadas por mar y tierra. 3 En todas estas empresas, el premio obtenido por los conquistadores y pobladores no provino
del tesoro europeo de la monarquía sino de las riquezas halladas en las tierras de América y del trabajo de los nativos. La ambición de los exploradores giraba en torno del oro1 la plata, las perlas, las esmeraldas, ya que las buscadas especias del oriente no aparecían. Los esclavos indios constituyeron otro
de los renglones de riqueza en los comienzos de la conquista. Entre las mercedes estables e importantes figuraban las de índole señorial: marquesados,
encomiendas. Y las grandes concesiones de tierras -haciendas, estancias-en donde quedaron adscritos sirvientes indios.

La corona, que recibía a poco costo el beneficio político y económico de
la incorporación de los nuevos reinos ganados por sus vasallos, reconocía la
obligación de otorgarles mercedes para el aprovechamiento de los recursos
naturales y humanos de las Indias Occidentales; pero los religiosos señalaban
a los reyes el deber de conciencia de evangelizar y amparar a los indios. La
copiosa legislación de Indias ensaya un equilibrio difícil entre los intereses
de la Igle ia, la corona, los colonos y los nativos. Por una parte. los españoles de América y sus descendientes son considerados como la guardia cristia•
na que asegura la posesi6n de los nue,·os reinos y permite evangelizarlos. Por
otra, la corona mira con recelo la posibilidad de que surja en las tierras distantes una poderosa nobleza independiente, que oprima a los nativos y sea
desleal al lejano monarca. Los religiosos procuran valerse, en ocasiones, de
los señores españoles, y en otras, del monarca y sus funcionarios, para ade•
lantar la catequesis de los indígenas; o bien aspiran a crear una comunidad
misionera de religiosos e indios con ninguna o escasa ingerencia secular.
En las cr6nica1 de FnNÁNnEZ D&amp; Ovn:no, B:ERNAL Dw, L6uz DE G6K.A1l.A. y
muchos otros quedaron constancias del sistema de costas privadas. El primero notaba
que: "Casi nunca sus majestades ponen su hacienda y dinero en estos nuevos descubrimientos, excepto papel y palabras buenas". Cit. y estudio por R. CA.a.A.r.'DE, Carlos V
)' rus banqu~ros . .. , 1943, pp. 304-305, 332.
1

497

H. 32

�El oro, la plata y los productos de América permiten hacer envíos impor•
tantes a la metrópoli, hay asimismo capitales coloniales que se invierten en
la minería, en la construcción y el ornato de las ciudades, en el comercio
interior o exterior. En Europa, esos tesoros contribuyen a provocar la revolución de }oi; precios y atraen el interés de banqueros y comerciantes de
otros países (las casas geno\'e~as, las alemanas de los Fugger y los Welser).
La corona regula el comercio transatlántico sin excluir de él los intereses de
los particulares. La fortalei.a de la posición política y religiosa de España en
Jas contiendas europeas depende, en buena parte, de las riquezas que recibe
de las posesiones americanas.• El ataque a las comunicaciones y posesiones
ultramarinas por las naciones rivales extiende el campo de la lucha europea

al mundo colonial.
Los impulsos terrenos que llevan a los capitanes, soldados, mercaderes, labradores y artesanos a las Indias son de aventura, ascenso social y afán de
riqueza.
Los caballeros e hidalgos emplean sus personas y bienes en la conquista por
sen-ir a Dios, al Rey, y obtener honra y provecho1 "que pocas veces caben
en un saco", según el agudo comentario del cronista Gómara. Después de la
guerra desean señorear y fundar linajes, como en la edad media europea.
No obtienen todo el poder y la riqueza a que aspiran, pero sí crean ·una sociedad jerarquizada en la que ocupan un lugar privilegiado. 5
Hay pasajeros que embarcan con anhelos más llanos, como los labradores
que quieren dejar a sus hijos en "tierra libre y real'', es decir, emanciparlos
de la servidumbre de los señores de España.
Hombres de oficios "mecánicos" (a diferencra de los liberales de la tradición aristotélica) también se dirigen al Nuevo Mundo desde los primeros
tiempos; el trasplante aviva en ellos el impulso de ascender socialmenle, Y a
• Hay muchos testimonios de época que revelan la conciencia que se tenía de esta
situación. Por ejemplo, se lee en el MunorÍill, informe y manifiesto.• . , de Fray Bu!.NAVENTUV. DE SAUNAS v CÓRDOBA (O.F.M.), impmo en Ma~id en 1645 o _46:
"La 'ueva España y el Perú son dos pechos donde Roma, Castilla, Nápoles, Milán,
Flandes, Alemania, La China, cte., y las demás provincw del mundo, se surten de su
sangré convertida en leche de Oro y Plata". Cf. R.H.A,, 40, p. 439.
.. á
.
• Oecla birn de ello9 Gutiérrcz de Santa Clara (1,200) que ~ s se presnan t~~r
una lama en mano, y una adarga ante pechos, peleando conLra infieles y en scrnc10
de Dios y de su Magcstad, que no traer un arado en las manos, labrando los campos,
porque 00 estarán hechos ni habituados a ello". Cit. con comentarios por G. FRIEO~R'.cr,
op. cit., J, 527. La Historia de BERNAL DíAz es rica. en ejem_plos sobre e~ desuno
de los conquistadores al término de la guerra, y no olV1da a quienes rcnunctan a los
bienes y concluyen su1 dfas como ermitaños o religiosos mendicantes..

498

menudo no quieren continuar desempeñando el trabajo artesanal. Repetidas leyes mandan a las autoridades que los constriñan a ejercer sus oficios.
La emigración posterior a la del agitado período de la conquista ha de
acomodarse a una sociedad colonial ya establecida; adelante veremos que.
se ad\iertcn cambio:c; considerables en los móviles y en la condición de estos
cmígrantcs, sobre todo en el siglo XVIII.
El espíritu de cruzada )' evangelización se proyecta sobre América como
una prolongación de la lucha secular que se había librado en la Península
contra el Islam. Los primeros conquistadores de Canarias y de América suelen
considerarse a sí mismos como soldados de la cristiandad que amplían el do•
minio de la fe frente a los enemigos de ella o que ayudan a ganar las almas
de los infieles no contaminados por la secta de Mahoma.º
Las relaciones entre cristianos e infieles habían merecido una atención particular durante e1 medievo. La seriedad de la amenaza sarracena, las cruzadas, las disertadon&lt;'s sobre la sumision de infieles en los tratados teológicos,
canónicos y jurídicos, así lo revelan. Con mayor razón esto ocurría en la
Península Ibérica, que era zona de contacto de la cristiandad con el Islam.
El adoctrinamiento y la esclavitud de los canarios fueron objeto de largas
controversias; la distinción entre infieles mahometanos y otros solamente
idólatras comenzó a ganar ascendiente. En lo que toca al Nuevo Mundo se
disputaría si los indios podían ser sometidos por vía de guerra o sólo por el
convencimiento apostólico, si eran racionales o bárbaros, si debían ser gobernados como libres o dependientes. Las ordenanzas de de~cubrimientos y
poblaciones iban registrando los cambios que se operaban en la ideología de
la conquista, la cual evolucionaba hacia metas de pacificación y tutela de los
naturales.
Las bulas papales encomendaban a la corona la evangelización de los hombres recientemente hallados. Cuando sobre"icne la csrisión re(jgiosa de la
• LÓPEZ DE GóMARA escribe, a mediados del siglo XVI, con su habitual conci5ión:
"Dos cosas notaremos aquí: una, que con tan poco cauda] se hayan acrecentado las
rentas de la Corona Real de Castilla, en tanto como mlen las Indias· otra, que eu
acabándo!c la conquista de lo! moros, que había durado más de ochocientos años se
comenzó la de los indios para que siempre peleasen lm españoles con los infieles y enemigos de la Santa Fe de Jesucristo" (cd. Vcdia, p. 166). Las Casas censuraba la
''ceguedad'' de los conquistadores y de sus defensores que no percibían la incongruencia que entrañaba el usar vias de armas para difuncfu la doctrina cristiana de paz.
Este es un aspecto en el que la interpretaci6n de G. FRIEDERICI, op. cit., II, 12, no
parece haber captado bien el espíritu de la época: "es war dahcr eine geschick.te
Taktik ... " Ci~rto prejuicio religioso, unido a la inclinación a descubrir astucia o hipocrcsla en el planteamiento de la conquista, impide ver la dualidad existencial que
surge en esta ocnión, romo en tantas otras de la historia.

499

�cristiandad europea en el período de la Reforma, la conversión de la grey
indígena es vista como una compensación a los quebrantos que sufre el catolicismo en el Viejo Mundo. Y los ojos de los misioneros católicos se fijan
también en las poblaciones de Asia como un atractivo campo de ampliación de sus actividades. Las órdenes religiosas (franciscanos, dominicos, agustinos, mercedarios) y la Compañía de Jesús contribuyen activamente a la difusión ultramarina del catolicismo. El clero secular atiende a las necesidades de conciencia de la población de origen europeo y también incluye paulatinamente dentro de su jurisdicción a la población indígena convertida por
los misioneros. La propagación de la fe cuenta con el apoyo político y económico de la monarquía, interesada en mantener la unidad religiosa en sus
dominios.
Desde el punto de vista político, la empresa americana despierta las ambiciones nobiliarias de la población europea que sojuzga a la indígena. De otra
parte, a pesar de la distancia y la dificultad de administrar las nuevas posesiones, se hace presente la tendencia que ya impera en la metrópoli hacia Ja
constitución de la monarquía absoluta. En virtud de la lealtad que el va~
sallo debe a su señor, aun los reinos ganados a costa de los particulares pasan a incorporarse a la corona. Los conquistadores quieren predominar en
la nueva sociedad y ven con recelo el arribo de los funcionarios reales con sm
criados) que vienen a quitarles la autoridad y las riquezas que han ganado
con la espada&gt; a su "costa y minción". El siglo XVI americano registra conflictos entre los conquistadores y el poder real, y entre unos y otros conquistadores, a veces con la intensidad que alcanzan las guerras civiles del Perú. De la contienda entre los señores y la realeza sale triunfante esta última)
no había. ocurrido en la metrópoli, y una poocrosa burocracia -de capa y espada y de letrados- tennina por administrar el estado y sus rentas .en nombre del rey.
Como institución de rrugambre vecinal existe el municipio en las Indias
españolas, que acompaña a las primeras penetraciones y fundaciones de poblaciones por los conquistadores. Como en la reconquista peninsular, que sirve de antecedente y preparación a la conquista indiana, las labores de la
guerra, del señorío sobre los indígenas y de la fundación de las primeras poblaciones, están estrechamente enla.1.adas. Las capitulaciones y ordenanzas de
lo~ descubrimientos contienen disposiciones sobre la población. Llegó a existir bastante uniformidad en la planta rectangular de las ciudades españolas
del Nuevo Mundo, así como en la composición y el funcionamiento de los
municipios de un extremo a otro del dilatado imperio.
El mito, la credulidad y la curiosidad contribuyen a excitar la imaginación
de quienes se lanzan a descubrir y explorar las tierras nuevas.

500

Los trabajos de los cartógrafos, las descripciones de viajes y provincias, el
estudio de las plantas, los relatos sobre descubrimientos de minerales, las primeras crónicas, revelan el asombro que embarga a los españoles ante los "secretos" del Nuevo Mundo, Nuevas epidemias y nuevos remedios atraen la
atención médica.
Un conjunto de conocimientos físicos, botánicos, zoológicos, etnográficos,
contribuye a modificar la visión europea del mundo. Las obras españolas son
leídas y traducidas en otros países. Y, desde fines del siglo XV, comienza a
fonnarse una cartografía y una literatura general en Europa acerca de las
cosas, los hombres y los acontecimientos del Nuevo Mundo.
En la historiografía se refleja la oposición que existe entre el interés de los
conquistadores y pobladores y la doctrina de los religiosos que critican la
guerra y la explotación de los nativos. Al tomar parte los extranjeros en la
polémica de la conquista, se convierte ésta en una honda preocupación española. Los defensores y los opositores de la leyenda negra crean una literatura abundante que acompaña habitualmente a la crónica de la expansión
en el Nuevo Mundo.

3. Los viajes de Colón conceden a España una ventaja considerable en la
ocupación del Nuevo Mundo. Los europeos comienzan a habituarse al clima tropical y a los alimentos nativos en las islas Antillas¡ ellas sirven asimismo
de asiento para propagar los primeros ganados venidos de Europa. Unas veces directamente desde la Península, otras con apoyo en el archipiélago o en
puntos del continente, se organizan expediciones que llevan a cabo la exploración y la ocupación gradual de la tierra.
Toca a los españoles ser los primeros europeos que avistan el Pacifico a
la altura de Panamá ( 1513) ; este hallar.go influye considerablemente en la
ocupación española de las costas occidentales de América.
Desde las Antillas se lleva a cabo el descubrimiento de las costas de Florida, Yucatán y el este de México. Los españoles procuran asegurar estas
posesiones que, junto con las islas, les dan el dominio de una importante región alrededor del Golfo de México, que es la puerta de entrada o clave septentrional del imperio. México, a partir de Ja consumación de su conquista
en 1521, se convierte, a su vez, en centro de irradiación de ex'J)Cdiciones que
se dirigen a Guatemala, Honduras, Nueva Galicia, Nueva Vizcaya, Nuevo
México, Texas, California, Filipinas.
En los primeros años habían llevado a cabo los españoles la ocupaci6n de
las costas de Venezuela y Nueva Granada. Por breve tiempo actuaron los
alemanes en la primera de esas provincias, por concesión que hizo Carlos V
a sus banqueros, los Welser ( 1528-1546) ¡ pero quedó después en manos ~501

�pañolas como las demás provincias del imperio. En la meseta bogotana se
encontraron dos e.~pediciones que venían de las costas del Atlántico ( las de
Federman y Jiménez de Quesada), con una que llegaba del lado del Pacífico
(la de Benalcázar, 1539).
Desde Panamá había embarcado hacia el sur del Pacífico una corriente
de conquistadores españoles que! a través de varias etapas y ramificaciones,
llevó a cabo la ocupación de Perú ( 1533), Quito, Alto Perú, Chile y el norte
e interior de la actual Argentina.
Los españoles exploraron el curso de los grandes ríos sudamericanos; el
Magdalena, el Orinoco, el Amazonas, el Plata.
El estrecho que une al Atlántico con el Pacífico fue descubierto por Magallanes (1520) t'Stando al servicio dr España, c·n su famoso viaje de circumnavegación que termina Elcano (I 522) .
La penetraci6n por el Río de la Plata conduce a la malograda primera
fundación de Buenos Aires ( 1536) y, aguas arriba del Paraná al asiento en
el Paraguay ( 153 7) ; con la segunda fundación de Buenos Aires ( l 580), se
abre a esta colonización la puerta de la tierra hacia el Atlántico. Algunas veces por mar y habitualmente por la ruta terrestre se mantienen comunicaciones entre Buenos Aires y Chile. La ruta maritima poi· el Cabo de Hornos
fue ganando preferencia desde el siglo XVII sobre la del Estrecho de Magallanes, dadas las dificultades que ésta solía ofrecer a la navegación. Una lar- ·
ga vía terres1re unía a Buenos Aires, a través de Tucumán, con el Alto Perú.
Esta intensa acti\'idad descubridora y conquistadora, que es llevada a cabo fundamentalmente en el siglo XVI, permite a los españoles crear un vasto imperio alrededor del Golfo de México y el Caribe, con apoyo en las
islas mayores de Antillas y cl Istmo de Panamá; incluye asimismo )as costas del Pacífico desde el extremo septentrional explorado a partir de Nueva
España hasta el austral de Chile; y grandes extensiones continuas de tierra,
continentales en México, América Central, Venezuela, Nueva Granada, Quito. Perú, Alto Perú) Chile1 Tucumán y Paraguay hasta la desembocadura del
Rfo de la Plata. Las conexiones a través del Pacífico con el oriente quedaron
aseguradas merced a la concepción de las islas Filipinas ( 1564).
La rapidez y la extensi6n fueron salientes en la formación de este imperio.;
Aunque la bibliografla sobre la expansión española queda registrada en 1aJ contribucione.i; de Picón Salas y Zavala al Programa, conviene recordar aquí las presentaciones
sintéticas debidas a CARLOS PERE'iRA, Las huellas de los conquistadores, Madrid, 1942,
y La obra de E1paña ,n A,n¿,i,a, Madrid, 1920. F. A. Kr.RitPATRlCK, Tht Spanish
Conquisladors, Londres, 1946 (hay traducción al español).
1

502

Como se vería más tarde, 10$ puntos débiles consistieron en el vacío que
quedaba al norte y que comenzaron a colonizar en el siglo XVII los franceses, suecos1 holandeses e ingleses, con amenaza para el sistema defensivo y
las fronteras del imperio español; en la falta de ocupación de islas menores
de las Antillas que tentaron a otros colonizadores europeos y en la pérdida de
algunas débilmente pobladas, como la de Jamaica conquistada por los ingleses ( 1655), y la parte occidental de Santo Domingo ocupada por los franceses ( 1697); en la insuficiente defensa de trechos de costas continentales, como se observa en Honduras Británica y Mosquitos; y en el reparto de las
Guayanas entre franceses, holandeses e ingleses. En medio de las posesiones
españolas de Sudamérica qued6 enclavado .el extenso núcleo lusitano del
Brasil.
Habiendo ganado el imperio hispanoamericano la primacía y la extensión
que lo distinguieron, era comprensible que su tarea posterior fuera sobre todo
defensiva.
Sufrió pérdidas y amenazas de consideración en Florida, Luisiana, Honduras, las islas antillanas ya mencionadas y Curazao y Trinidad, la margen oriental del Río de la Plata, las Malvinas, Nootka, sin olvidar la captura temporal
de La Habana y Manila por los ingleses en 1762.
Pero a pesar de la distancia, de las guerras europeas y rivalidades coloniales, y del decaimiento de la metrópoli española al finalizar el siglo XVII,
ésta logró conservar sus principales islas y posesiones del continente. Todavía
apoyó en el siglo XVIII movimientos de expansión y consolidación en Alta
California, Texas, el Nuevo Santander, el Orinoco, Montevideo y el sur de
Chile.
Los territorios de la colonización sirvieron de base a las naciones hispanoamericanas sin pasar a depender de otras manos metropolitanas europeas, no
obstante los ataques que persistieron hasta el fin del período colonial, como
lo atestiguan las invasiones inglesas en el Río de la Plata en la primera década del siglo XIX.
4. Las expediciones españolas que Uevaron a cabo la conquista y penetración de América se compusieron de algunas centenas de hombres entre caballeros y peones; rara vez sobrepasaron el millar de hombres. Estaban regidas
por una disciplina militar que concedía a los capitanes facultades de justicia,
que a menudo ejercieron con rigor. El prestigio personal era un factor poderoso y surgieron banderías y rebeliones antes de que el poder monárquico
llegara a prevalecer. Los caracteres de los conquistadores, sus penalidades, sus
hazañas y excesos han quedado descritos, en ocasiones con maestría, en las
cr6nicas de la época.
Habitualmente mediaron capitulaciones o pactos entre la corona y los

503

�caudillos de las conquistas¡ se aplicaron también normas jurldicaa y económicas consuetudinarias. Los intereses particulares que intervinieron en la organización de las expediciones, asi como )os premios o ~ que se otorgaron a los conquistadores, dejaron huellas en Ja estructura jerárquica de
la sociedad indiana.

Los religiosos procuraron Ja propagación del cristianismo desde los prime.
ros tiempos. Mientras se ventilaba la frondosa polémica teológica y jurídica
sobre Ja conquista y eJ apostolado, ellos precedieron, acompañaron o siguieron a los soldados, mediaron en el trato con los indios, fundaron misiones
entre tribus gentiles y sustentaron comarcas limítrofes. La organización eclesiástica de las provincias y los vínculos de la Iglesia con e) Estado contribuyeron a dar mayor cohesión y uniformidad a) imperio, aunque no faltaron
las particularidades regionales, explicables en esta nueva y dilatada cristiandad.

Además de los soldados y de )01 religiosos, figuraron los oficiales reales, encargados de administrar las rentas de la corona, en Ja primera penetración
española del Nuevo Mundo. La presencia de funcionarios reales de gobierno,
justicia y fisco respondfan aJ prop6sito de administrar tan vastos territorios
desde la lejana corte europea.
Entre )os participantes de las expediciones que tuvieron ocupaciones especiales se encontraban los pilotos, )os marineros, los curanderos y los artesanos
(carpinteros, herreros, sastres) .
El examen de las recreaciones y de la imaginación de los conquistadores
-libros de caballeria, romances, juglares, bufones, naipes, cañas- ayuda a
comprender la atmósfera de estas empresas de penetración.
En el pequeño mundo de cada expedi~n se hallaban representados, en
forma embrionaria, casi todos los elementos que contribuirlan a integrar las
futuras sociedades indianas.

Los instrumentos de la conquista fueron la carabela, el bergantín, el caballo, el perro. Junto a los cuerpos militares avamaron las manadas de
puercos y eJ ganado que se destinaba aJ consumo y a la reproducción. Las
armas incluyeron espadas, lanzas, ballestas, arcabuces, tiros de artillería, armaduras de hierro.
El indio servía voluntaria o forzosamente a la penetración y a) establecimiento de los europeos en calidad de aliado, auxiliar y proveedor.
Los hijos de los primeros conquistadores, ya criollos, ya mestizos, tuvieron
ocasión de participar en expediciones y fundaciones que siguieron a la primera
penetración europea, y en el mantenimiento de las fronteras.•
• Ea lo que ocurre en la, fundacionet llevadas a cabo desde A.unción del Paraguay.

La expami6n de la conquista estuvo a-ociada a Jaa formas de la vida seño-

rial. ya que vastas poblaciones nativas quedaron JOJDetidas a un corto número
de conquiitadores. Los pretendientes que a-e«tiaban a los gobernantes en 101icitud de mercedes hubieron de engancbane en nuevas expediciones, en las que
e,peraban obtener para sí preeminencias econ6micaa y sociales semejantes a
Ju logradas por los primeros conquistadores.
Por tratarse de empresas guerreras, no tomaron parte en ellas habitualmente las mujeres españolas, aunque su temprana presencia es indudable en
algunos casos.• A medida que la conquista condujo a Ja fundación de poblaciones, aument6 e) número de familias que llegaban de &amp;paña; además, de
Jaa islas y de las primeras posesiones establecidas en el continente partieron
algunos movimientos de población con destino a otras provincias de ~rica.
F.t corto el lapso que media entre las conquistas y el arribo de pobladores
que no habían tomado parte en )os encuentros; esto contribuye a diversificar la naciente sociedad. En ella se advierte un ajuste dificil entre los conquistadon:s, los pobladores, los descendientes de unos y otros, los funcionarios reales y sus criados, y los emigrantes de varia condición que continúan
am'bando de Europa, a más de la presencia de indios y negros, y de los mesmos y mulatos que nacen de los cruces con la población de origen europeo.
En las regiones pobladas por indios sedentarios, Ja conquista y el asiento
teiioria) de los españoles pudieron realizane en un plam relativamente breve.
Mas quedaron otras tierras habitadas por nómadas donde la penetración fue
lenta y el avance tomó caracteres de hostilidad fronteriza, como en eJ norte
de México, en la zona oriental del Perú, en eJ sur de Chile, en Ja pampa rio-

platense.
Las últimas empresas de expansión de la colonización hispánica se llevaron a cabo en el siglo XVIII y comieDZo! del XIX, para asegurar fronteras,
El lerVicio en las fronteras de aüle y el ll1o de la Plata ofrece otros ejemploa. El
Diario de Aguirre, 1783-98, en Anaus d, la Bibliot1e11, VII (Buenos Aires, 1911 ),
p. 183, le6ala en fecha tan avanzada que: "Fuera de la Tropa veterana mantiene el
ley un cuerpo de 500 hombret con el nombre de Blandengues. Tod01 1111 individuoa
11111 hijos de la tierra; excelentes ginetet de poca düciplina y que mú ae acomodan
a la lan2a, bolas y 1am, que al fuego. .. El destino principal de esta sente ea la
c1lltodia de la frontera". V&amp;le el estudio de lloaaaTo M.uPANI, El ""''º tl, Blnüap,s, Buen01 Aires, 1933.
• V&amp;.e C. FaaNÁHDu Duao, "La mujer española en Indias", en MlfMlic d, le
R,.Z Aeunnü, tl, la Hinoñ., XII (Madrid, 1910), 157-195; en Bokúr&amp; tl1 la R,al
AetuÜmit, tl1 la Hinoria, XLI (Madrid, 1902), 437-444 y en R,r,ina tl, Dnieho,
Himric 7 L,tTas, año IV, t. XIII (Bueaoa Aira, 1902), 165-182. Tambim es de
hueria a este rapecto el ettudio de W. L. Scauaz, Tlüs N,111 World. Tia, Cmluanoa
of Lctia Amni&amp;a, New York, 1954, cap. VIII, pp. 276-332.

504

505

�redondear posesiones, poblar tierras hostiles o amenazadas por rivales europeos. Estas expediciones ya no tuvieron la misma fisonomía que las de las
centurias anteriores; el interés estatal era más visible en ellas. En relación con
las cuestiones de límites es de señalar la presencia de comisiones demarcadoras y de personas instruidas que realizaron trabajos apreciables (Az.ara, Pichardo).
5. No obstante el carácter miJitar de las primeras expediciones de ocupación de América por los espafioles, no faltó el aspecto de emigración y
colonización. 10
Desde el comienzo de la colonización española se tomaron medidas para
que los pasajeros a Indias quedasen registrados en la Casa de Contratación.
No siempre se aplicaron rigurosamente estas disposiciones, pero se conservan
muchas de las listas que han permitido observar que los emigrantes provienen de varias provincias españolas, que pasan gentes de diversas clases y
oficios, que se inscriben famiJias y no sólo hombres solteros. En fin, que
existe una corriente pobladora que sigue de cerca a los primeros conquistadores de las tierras de América.
El propósito de convertir a los reinos de Indias en colonias de población
se encuentra bien definido en las leyes españolas del siglo XVI. Estas ordenan la construcción de casas de piedra y la concesión a los vecinos de mercedes de solares y tierras, obligan a los maridos a enviar a buscar a sus mujeres a España, requieren el matrimonio de los encomenderos y mueven a los
pretendientes de mercedes a mencionar en las relaciones de méritos y servicios a sus hijos e hijas necesitados de socorro para casarse. Las autoridades
intentan regular el movimiento de la pobtación de unas regiones a otras,
como ocurre cuando se despueblan visiblemente las islas al difundirse el rumor
de las riquezas halladas en tierras del continente.
El envío de labradores y artesanos, semillas1 aperos y ganados, tiene por
objeto facilitar la vida de los nuevos centros de población. También es importante la presencia de mineros, arrieros, comerciantes y otros agentes de
las actividades propias de la civilización europea.
Aunque dentro de algunas reservas, se ha estimado que la población cristiana y morisca del reino de Castilla, hacia 1541, era de 6.271,665 habitan10

Tenía vigorosos antecedentes en el movimiento de repoblación de la Península
que se desarrolla a medida que avarua la frontera cristiana frente a la islámica. Buen
planteamiento de ello y de las repercusiones en el Nuevo Mundo se encuentra en C.
SÁNCHEZ ALBORNOZ, España y el Islam, Buenos Aires, 1943. Véase tambifo la obra:
La reconqui.rla española y la repoblación del país. Zaragoza, 1951. (C. S. J. C. Instituto de Estudios Pirenaicos y Escuela de Estudios Medievales).

506

tes. Agregando Canarias, Cataluña, Valencia, Navarra y Aragón, llegaría a
7.414,970. 11 Entre 1509-1558 se encuentra un registro mínimo de 20,047 pasa-

jeros a Inclias. 12
López de Velasco menciona en 1574 la existencia de 32,000 casas de vecinos en 200 pueblos de españoles fundados en los varios reinos de Indias. Esto
parece arrojar una cifra de población europea, o descendiente de ella, de
unas 160,000 personas. Era el núcleo europeo de colonización más numeroso en el siglo XVI en todo el continente.
Al fin de la época colonial, la población blanca hispanoamericana sería
de tres millones y medio de habitantes.
Siempre fue motivo de preocupación en las leyes españolas de indias la
pureza de religión de los pasajeros. En general la emigración qued6 restringida legalmente a los españoles que tenían a orgullo considerarse como cristianos viejos por "los cuatro costados". Se preocupaba impedir, aunque sin
lograrlo completamente, el paso de judíos, moriscos, gitanos y herejes. Las
persecuciones contra judaizantes fueron intensas. Algunos extranjeros católicos, por ejemplo irlandeses, vivieron en los reinos indianos, mas no en número considerable1 y esto contribuía a hispanizarlos. La desconfianza hacia
el extranjero, que se confundía con la que se profesa al hereje, es un reflejo de las contiendas del catolicismo europeo, de los ataques al imperio
y del relativo aislamiento en que solían vivir las poblaciones coloniales. Pero
hubo excepciones en casos de visitantes o emigrantes individuales, en algunos
puertos y comarcas que practicaban el contrabando (Buenos Aires, v. g.)
y en ciertos períodos en que la propia corte española recibía con mayor
favor las influencias exteriores (misiones de mineros alemanes bajo Carlos III,
visitas de La Condamine, Humboldt, por ejemplo).
No hay que olvidar que la conquista y primera población de Hispanoamérica fue obra, sob1-e todo, del siglo XVI. Cuando la vida urbana y provincial se estabiliza, se ven llegar nuevas corrientes de ~gración española.
Estos pobladores se suman al grupo colonial antiguo, pero no corresponden
por su género de vida al tipo del conquistador. Los establecimientos de
comercio de Lima y México, por ejemplo, reclutan sus empleados entre esos
emigrantes. En el siglo XVIII hay emigración de colonos canarios a regiones que, por intereses políticos, se querían consolidar (v.g. Texas, Venezuela,
u

R.

CARANOE,

Carlos V. . . ( 1943), p. 42.

Esta materia viene siendo estudiada y revisada por J. FRIEOE. Véase por ejemplo,
"Algunas observaciones sobre la realidad de la emigración española a América en la
primera mitad del siglo XVI", Revi.rta de Indias, XII, 49 (Madrid, ·1952), 467-496.
11

507

�Montevi,deo) ; u es un movimiento semejante al de los grupos de azorianos

que envia la corona de Portugal al Brasil.
L~ oposición entre el español europeo y el español criollo o americano
surgtó pront?, y tuvo grandes repercusiones en la vida religiosa y en la civil.
La poblacion blanca se mezcló en diversos grados con la india, dando origen a la población mestiza.
En regio~es de mano de obra negra hizo su aparición el mulato, y había
una población de color emancipada junto a la que permanecía en estado de
esclavitud.

LA PATRIA LEJANA

. ~as mezclas en el nivel popular entre las varias razones produjeron Ja apanc1on de cast:1-5 que hacían más compleja aún la composición de Ia sociedad.
La presencia de sangleyes y tagalos dio un matiz oriental al mes~: ·
F'li .
.
uZaJe en
1 pmas; lo propio ocurre en casos individuales en Hispanoamérica como
resultado de la introducción de inmigrantes por la vía del galeón de Manila.

Abog.

RoDOLFO

Ruz

MENÉNDEZ

Uni.versidad de Yucatán

podríamos decir su esencia o su síntesis, que es una
realidad viva para todos nosotros y que está siempre presente en nuestras
mentes y en nuestros corazones. Pero el detalle, sus aspectos más peculiares
que caracterizan algunas de sus regiones distantes, escapa generalmente a nuestra comprensión y constituye esa Patria lejana, confusa, vaga y contradictoria
donde nuestro amor filial fallece por falta de adecuada información, ya que,
para amar, es preciso conocer primero. Yucatán es quizá el prototipo de
esa Patria lejana, cuya verdad es sólo patrimonio de los peninsulares y difusa
idea, cargada de conceptos más o menos erróneos, para todos los demás mexicanos.
HAY ALGO DE LA PATRIA,

í

u Cf. FRANrusco MoRALEs PADRÓN, "El de.,plazamiento a las Indias desde Canarias"
El Museo. Canario,
~
·'
. XI, 33-36 (1950), 1-24. "Colonias canarias en Indias", 11nuano
d Es d
t
tu 10s A.mencanos, Sevilla, 1951, VIIT, 399-441.

508

V amos pues a tratar, en breves líneas, de que los esfumados perfiles de
ese rincón de México se recorten para mostrarnos su realidad.
La península yucateca, dedo pulgar de México que apunta al Norte y se
contrapone al índice de la Baja California, ha venido emergiendo del mar
desde los más remotos tiempos. Su suelo plano, calcáreo, sin ríos y poblado
de monte bajo, allí donde la mano del hombre no ha dejado su fruto, simula
un gigantesco espejo que devuelve a lo alto la luz del sol. La tierra drl
Mayab es una tierra luminosa, de un cielo de intenso azul que contrasta a
veces con las nubes blancas que, en caprichosas formas, se desplazan con
majestuosa lentitud. La naturaleza la ha dotado de tres encantos: sus playas
de arena blanquísima y de tranquilo mar, sus cenotes o grutas escondidos en
las profundidades del suelo, por donde corre el agua dulce de las filtraciones pluviales y sus noches, siempre frescas por la proximidad del mar y que,
por su transparencia y luminosidad permiten ver las estrellas como si se estuviera en el interior de un maravilloso y gigantesco planetario.
La península entera está sembrada por todas partes de los vestigios de la

509

�esplendorosa civilización maya. Basta abrir un camino para que vuelvan a
la luz interesantes piezas de cerámica, idolillos, osamentas de los antiguos
pobladores o bien edificaciones enteras de una piedra tan blanca, como s6lo
se ve en Yucatán, siempre ricamente labrada.
Los mayas se llamaron a sí mismos Los escogidos (de ma=no y ya=muchos)
y en cierta forma lo justificaron como los griegos entre los pueblos de la Antigüedad. Grandes matemáticos, astrónomos y constructores estupendos pasman hoy día al turista con las ruinas de las que fueron sus ciudades: Chichén
ltzá, Uxmal, Kabá, SayiJ, Lahná, Tulum y tantas otras menos afamadas, por
ser poco conocidas debido a su acceso difícil.
Colón en su tercer viaje trabó contacto con los mayas al encontrar una
canoa indígena que hacia eJ comercio con el sur. Unos náufragos, Gerónimo
de Aguilar y Gonzalo Guerrero, fueron los primeros blancos que llegaron a
sus tierras. Las expediciones de Francisco Hemández de C6rdova, Juan de
Grijalva y luego la de Cortés salieron de Cuba y recorrieron las costas de
Yucatán en ruta hacia el Imperio fabuloso de los Aztecas. Hemán Cortrs
derribó los primeros ídolos en Cozumel para plantar la Cruz y recogió al
náufrago Ger6nimo de Aguilar, que le fuera tan útil por sus informaciones
y como intérprete, gracias a que la Malinche hablaba la lengua maya que
Aguilar había pacientemente aprendido durante su convivencia con los nativos.
Uno de los capitanes 9e Cortés, don Francisco de Montejo, auxiliado por
su hijo del mismo nombre y por su sobrino, intentó la conquista de Yucatán
que logró al fin tras largos años de tanteos y de luchas.
Los falsos indigenistas que achacan a España el crimen de haber destruido
la cultura azteca se quedan sin argument~_por lo que a la maya respecta.
En efecto, a la llegada de los españoles, la decadencia total del pueblo maya
era evidente y sus grandes ciudades se encontraban ya en completa ruina y
abandono. Por otra parte, en esta tierra sedimentaria marina, ni el oro, ni
la plata, ni las piedras preciosas, pudieron tentar la codicia de los conquistadores.
La ciudad de Mérida, fundada por Montejo el Mozo el 6 de enero de
15421 fue un regalo de Reyes hecho al viejo Mayab por la potente raza
nueva que ahora lo poseía. Las formidables ruinas mayas de la antigua Th6
o Ixcansih6, asiento de la nueva ciudad, hicieron recordar a los españoles
las construcciones romanas de su Mérida y, el nombre evocado, desde luego
se impuso a la hora del bautizo.
Los trescie~tos años de la Colonia transcuqieron lentos y fecundos no obstante Ja pobreza de la tierra que mal oculta la laja, la roca, a pocos centímetros de la superficie del suelo y donde, apenas si algunos cultivos, como
el del maíz y el del algodón, daban escaso sustento a la población, algunas

510

veces víctima del hambre y de la miseria más espantosa. (El henequén aún
no se había convertido en el oro verde, que enriqueció a unos cuantos hacendados y políticos) .
Llegaron los franciscanos, levantaron sus conventos y evangelizaron al indio.
Vinieron más tarde los jesuitas y fundaron su colegio del que ha derivado,
al través de diversas metamorfosis, la actual Universidad de Yucatán engendrada por José Vasconcelos, cuando hacía milagros desde la Secretarla de
Educación Pública.
Diego de Landa, Gaspar Antonio Xiu, Cogolludo, Lizama, entre otros,
se esforzaron por conservar la historia de la península. Landa, tan discutido, escribió la Relación de las cosas de Yucatán, fuente insustituible para el
estudio de los mayas, a manera de reparación por el Auto de Fe de Mani
que no le perdonan quienes no pueden comprender que, para Landa, era
más importante la salvación de las alnw de los indios, que todos los tesoros
de la historia o de la arqueología convertidos por la ignorancia en objetos
de culto idolátrico.
Gobernadores excelentes, como don Lucas de Gálve-z, que hizo tanto por
Yucatán como el Segundo Conde de Revillagigedo por la Nueva España,
o como el Mariscal de. Campo don Antonio Figueroa y Silva que batió victoriosamente a los ingleses en Belice, dejaron huella profunda y su memoria
es todavía venerada por el pueblo.
La fachada de la Casa de Montejo, de estilo plateresco, la sobria Catedral
románica de Mérida, empezada y terminada en el siglo XVI, el monumental convento franciscano de bamal, las murallas y fuertes de Campeche, asi
como numerosos edificios eclesiásticos y civiles son muestra del legado material de la Colonia. Una nueva raza, una nueva cultura, un nuevo idioma y
una nueva religión constituyen el legado espiritual.
¿Fue la Capitanía General de Yucatán parte integrante de la Nueva España? Mucho se ha dicho al respecto en pro y en contra. No puede negarlle que la conquista de la región se hizo con recursos propios y según capitulaciones especiales celebradas con el Rey, quien designaba directamente a la
máfflna autoridad de la Colonia, ni la dependencia en lo judicial, en un
principio, de la Audiencia de Guatemala; pero tampoco puede negarse la
posterior sujeción a la Audiencia de la Nue\'a España, ni la prepondcración
que iban tomando los Virreyes en los asuntos de la península.
La independencia de Yucatán se realizó en forma pacífica y democrática,
cosa verdaderamente rara en nuestros turbulentos pueblos de América. El
último Gobernador y Capitán Genera"1 don Juan Ma. Echéverry, convocó
a las fuerzas vivas del país, en Cabildo abierto, y les propuso estas tres alternativas: seguir sujetos a :España, o bien ser libres y constituir una pequeña nación
511

�o unirse a México, que fue la decisión irrevocable adoptada por el pueblo
entero de Yucatán. Este bello ejemplo de civismo y de amor patrio no se
conmemora nunca y ni siquiera se menciona en los textos de historia para
fomentar la unión de todos los mexicanos. En cambio, en muchos de ellos,
por no decir en todos, se exhibe a los yucatecos, haciéndolos aparecer como
traidores, únicamente porque en 1841 y en 1846 defendieron el Régimen
Federal, tan esencial y verdadero para Yucatán cuanto falso y artificioso
para otras regiones del pais. Entonces la península se separó de México,
constituyéndose en República independiente, en tanto volviera a regir el Pacto
Federal que todos los mexicanos habían jurado obedecer. La propia bandera
del Estado, confeccionada para aquella ocasión, tenía los mismos colores del
Pabellón Nacional en distribución diversa: una franja verde vertical, adornada con cinco estrellas blancas y tres franjas horizontales, blanca la de en
medio y rojas las de los extremos. De todo esto ha surgido la leyenda denigrante del separatismo y toda suerte de burlas hirientes que dividen y crean
rencores.
La guerra de Castas, lucha del indio salvaje contra la civilización blanca,
atizada por intereses extraños, estuvo a punto de borrar todo vestigio de
cultura, devolviendo a la barbarie la península entera. Poblaciones importantes fueron tomadas y saqueadas y hubo enorme merma de la población
hispánica, que constituye precisamente el fermento civilizador. Esta guerra
cruel, cuyas consecuencias aún se stÚren, se prolongó por más de cincuenta
años, aunque con grandes sacrificios se logró rechazar a los rebeldes a las
selvas de Quintana Roo, desde el primer lustro de lucha. La habilidad
diplomática de don Justo Sierra O'Reilly,.padre del ilustre maestro campechano, supo enfrentar los intereses de las dos grandes potencias anglosajonas y salvar a Yucatán de la dominación extranjera y al país entero de que.dar aislado de los pueblos hermanos del sur.
El Imperio dejó a Yucatán el recuerdo, un tanto melancólico, de la visita
de la Emperatriz Carlota, cuyo retrato conservan todavía con amor algunas
antiguas familias. Poco antes, Yucatán había sufrido su primera desmembración al surgir el Estado de Campeche. Más tarde, a principios de siglo, se
crearía el Territorio de Quintana Roo dejando al Estado de Yucatán reducido a una mínima extensión dentro de la Península y con las tierras más
pobres y más reacias al cultivo. Sin embargo, el desastre económico quedó
aplazado de momenro, ante la aparición de la industria henequenera, que
constituyó la riqueza de Yucatán por casi medio siglo.
Tres grandes figuras simbolizan la presencia del pueblo yucateco en los
destinos de la patria durante el siglo XIX: Andrés Quintana Roo, el coronel
Crisóstomo Cano y Cano y el jurista Manuel 0rescencio Rejón.

512

Quintana Roo combatió con su pluma y con su talento por la independencia del país. Vicepresidente del Congreso de Chilpancingo, reunido por
Morelos, encarna, en cierta medida, el espíritu de libertad anhelada por todos.
Cano y Cano, glorioso defensor de Chapultepec contra el invasor Yankce,
ofrendó su vida a la patria para dejar siquiera a salvo el honor de la nación.
Poco antes, en Cerro Gordo, había vencido en un encuentro, cuerpo a cuerpo,
al teniente Ulises S. Grant.
·
Rejón, creador del Juicio de Amparo, institución legal netamente mexicana, que supera en su técnica y en sus efectos protectores al famoso Habeas
Corpus anglosajón, ha puesto en manos de cada ciudadano la mejor arma
para defender sus garantías individuales, sentando en el banquillo de los acusados a cualquier autoridad del país que las viole.
La industria del henequén surgió gracias al esfuerzo y al genio creador del
pueblo yucateco. La maquinaria indispensable para transformar la penca en
fibra. dorada y resistente, fue tocia de invención local. Las grandes haciendas
henequeneras comenzaron a fonnarse, cada una con su propia planta desfibradora, movida primitivamente a vapor. El monocultivo se impuso con éxitoi ya que el agave vive a maravilla sobre la pelada roca y pronto, su verde
forma, constituyó el paisaje característico de la vieja tierra del Mayab, iluminado a trechos por el rojo flamboyán, y enmarcado en el recuadro de las albarradas, con la silenciosa figura del indio, vestido de albo traje, moviéndose
entre las filas apretadas de pencas, que semejan agudas lanzas que apuntan
al cielo. La riqueza afluyó a unas cuantas familias, cuyos hijos se educaban en
Europa y que conocían Paris antes de haber visto la ciudad de México.
Acaba de conmemorarse el cincuentenario de los sangrientos sucesos de
Valladolid, Yucatán, que ·fuera el primer brote de nuestra Revolución Social,
aplastado por la dictadura con celeridad de rayo .
Deshecho al fin el régimen decrépito, el oro del Estado, entrado a espuertas por causa de la Gran Guerra, voló rápido hacia la hambrienta loba,
que todo lo devora, incluso a sus propios hijos. Se creó el ejido, a costa del
latifundio y se pensó que el indio había sido emancipado. Pero el henequén
es un cultivo singular: desde que el vástago es trasplantado definitivamente,
hasta que pueda cortarse la primera penca, para transformarla en fibra, pasan siete años, durante los cuales es preciso limpiar de yerbas constantemente las hileras interminables, para evitar que perjudiquen a la planta. El tren
de raspa representa siempre fuerte inversión y el costo de su mantenimiento
es elevado. Esto explica, en parte, los graves problemas planteados por la reforma agraria, que fraccionó las haciendas, pero dejó en manos del antiguo
propietario el equipo industrial. Y así el indio ha pasado de la Encomienda a

513

�la tutela del amo y de ésta al anónimo patronato de Henequeneros de Yucatán y luego del Banco Ejidal.
Pronto el henequén dejó de ser patrimonio exclusivo de los peninsulares y
su cultivo se extendió al Africa, a Sumatra, al Brasil, donde los salarios son
bajísimos y por ende el costo de la producción mínimo. La industria yucateca, manejada por la burocracia, ha tenido que competir en condiciones desfavorables, con las empresas comerciales extranjeras y, al producirse el colapso económico, ha venido la miseria que busca en vano su puerta de escape en la industria cordelera, el turismo, la cría de aves, la apicultura o
en alguna otra labor.
Durante siglos la Península vivió aislada y distante por causa de la Geografía y esa ininterrumpida endogamia, combinada con la falta de contactos
e intercambios ajenos, ha creado ese clima tan peculiar que la ha convertido
en "el país que no se parece a otro".
La fiebre amarilla, endémica en la región hasta principios de siglo, era
mortal, casi con seguridad absoluta, para el foráneo, lo que fue barrera formidable contra toda penetración.

'
Hasta hace muy poco el único medio de comunicación
que tuvo Yucatán
con el resto del país fue al través de la vía marítima, sujeta a las inclemencias del Golfo. Actualmente el avión sitúa a Mérida a sólo dos horas de la
ciudad de México y el ferrocarril y la carretera, hechos ya realidad, simulan
venas y arterias gigantescas que traen y llevan la sangre que ha de vivificar
a este extenuado miembro.
Generalmente se califica a la Península Jlamándola con la ambigua designación de "el sureste de México11 • Pero muchos, sin duda, quedarán sorprendidos al comprobar en el mapa que Mérida se encuentra situada más al norte que la propia capital de la República. Y, como ésta, habrá otras sorpresas
para el mexicano que, con afán de conocer su propia patria, se llegue a la
Península y la recorra.
El yucateco es trabajador y exquisitamente amable con el foráneo, pero
carece de espíritu gregario y ésta ha sido la mayor de sus debilidades. Pacifico por naturaleza y culto por el estudio, es también limpio en su cuerpo y ordenado en sus costumbres. No bay que olvidar que Yucatán tiene el más bajo índice de criminalidad en la República y que sus campos son tan seguros
como sus ciudades.
Puede decirse que todos los habitantes de Yucatán no duermen en cama,
sino en elaborada hamaca de hilo inglés, las gentes de posibles, o de mecate
o de cáñamo, los humildes. El yucateco ama su hamaca que le da un dulce y
fresco sueño y no puede explicarse que, en zonas tan calientes como las de

514

Veracruz, por ejemplo, sea necesario tenderse sobre un colchón a echar sudor por todos los poros del cuerpo.
Quien contemple desde una altura el panorama de la ciudad de Mérida,
quedará pasmado ante el impresionante número de veletas o molinos de aire; veinticinco o treinta mil, que semejan e.xtraordinario y apretado bosque.
La razón de su presencia debe avergonzarnos a todos, porque cada uno de
dichos artefactos mecánicos parece decirnos que, en esta región de México
civilizada y culta, no hay agua potable y es preciso utilizar para el aseo aguas
contaminadas que se extraen de los pozos de cada predio, no muy profundos,
porque la ciudad se eleva a sólo ocho metros sobre el nivel del mar. Se bebe
agua de lluvia que hay que hervir primero, colectada de las azoteas en aljibes subterráneos o en depósitos metálicos o de mampostería. Y así como no
existe agua potable en las poblaciones de la Península, tampoco existe un
sistema de cloacas o alcantarillas que recojan las aguas negras, por lo que
también cada predio debe tener su sumidero o fosa séptica cuyas filtraciones
contaminan el agua de los pozos. La Comisión del Agua Potable de Mérida
lucha desesperadamente por solucionar cuanto antes estos dos graves problemas, causa de elevada mortalidad infantil entre los humildes y peligro constante para el viajero no advertido.
El español que se habla en Yucatán ha sufrido una doble influencia por
parte de la lengua maya: una en el aspecto semántico y otra en el fonético.
Ese hablar pujado que caracteriza al peninsular inculto y que lo hace objeto
de burlas, se debe precisamente al influjo de la lengua maya. El hombre de
la altiplanicie tiene también su acento, lo mismo que el de la costa, que se
come las letras de las palabras.
•Mérida, la limpia y la blanca, con sus doscientos mil habitantes, ya no es
más la quinta ciudad de la República, ni Yucatán el emporio de riqueza que
antes fuera.
Esta Patria lejana que ha prnducido poetas de fama y hombres egregios
por su .saber y por su tes6n en luchas constantes contra un medio adverso, que
creó sus propios ferrocarriles, editó su enciclopedia y que en otro tiempo supiera defender valientemente sus libertades, trata ahora de mantenerse a la
altura de su tradición cultural y de consen·ar la dignidad en medio de su
pobreza. La nación debe hacerle llegar su impulso vital, para que se recobre
de sus quebrantos y brindarle la comprensión y afecto que cualquier parte
de México se merece.

515

�EL PESIMISMO MEXICANO A LA MITAD DEL SIGLO XIX
XAVIER TAVERA .Al.FARO

Univenidad de Veracruz

Mwco

los treinta primeros años de su vida independiente y ya el desaliento cunde por todas partes. Ha de afirmarse que
M&amp;ico es una naci6n "que ha Uegado de la infancia a la decrepitud sin haber
disfrutado más que un vislumbre de la lozanía de la edad juvenil". 1 Aquel
país que pudo haber sido grandioso, faro de ejemplo y virtudes en el Nuevo
Mundo, llega a la segunda mitad del siglo XIX, a juicio de algunos contemporáneos, como el más oprobioso de los pueblos. Respaldado, como lo estaba,
por un pasado de gloria y opulencia; por una tradici6n de optimismo que arranca desde los días de la conquista y se acrecienta con el orgulloso siglo XVIII 2
y los escritos del celebrado viajero Humboldt,ª habría de producir una amarga decepci6n el hecho de que apenas alcanzada la independencia el país
cayera en un estado de anarquía casi completo, se viera envuelto en guerras
externas y por último, a consecuencia de la emprendida con los Estados Unidos, perdiera más de la mitad de su territorio original Terrible golpe debe
haber sido para aqueUa sociedad envanecida el despertarse un día para asistir al Santo Sacrificio de la Misa y ver ondear en las astas de los edificios públicos de la "opulenta y grandiosa" ciudad de México la bandera de las hamu y estrellas. Y más terrible aún si tomamos en cuenta el rancio engreimiento de los mejicanos, heredado del tradicional orgullo novohiipano, que
los había Uevado a creerse otrora la "joya más preciada de la corona de España" y el pueblo elegido por Dios para grandes y maravillosas empresas, a
APINAs s1

HA

SOBREPASADO

ALAIIÁN, LuCA.s, Historia d, Mlxico, M6üco, ]111, 19♦2. 5 vob. V. 834.
Vid. GoNzÁuz Y GoNzÁLu, Luis, "El Optimismo Nacionalista Como un Factor
de la Independencia de México" en Estudios de Historiog,afla d, la Nu,aa Es,aña.
1

1

M&amp;ico, El Colegio de México, 1949.
1

Vid.

HUMBOLDT, AllJANDlto DE,

Ensayo Polltico soln, ,I R,ino d, la Nu,aa Es-

,Cia. Máico, Robredo, 194-1, 4 vob.

517

�gra~o tal de haber permitido, en su Infinita G~andeza, que su madre se apareciese en el Tepeyac y su imagen santa quedara grabada indeleblemente en
la tilma del indio Juan Diego en diciembre de 1531.
México que "al separarse de la Madre Patria, se presentaba con grandes elementos para figurar en el mundo y llamar la atención de los pueblos civilizados" ' era, al principiar la segunda mitad del siglo pasado, un país condenado ~ desaparecer como consecuencia de los graves errores cometidos por los
mexicanos en esos primeros treinta años de vida independiente. Por eso se
diría que entre "los cargos que nos hace el mundo y que nos hará también la
historia, el más severo de todos es la facilidad que hemos tenido para ser
grandes y felices, sin aquel esfuerzo extraordinario que necesitan los hombres
cuando encuentran una naturaleza pobre y estéril, o una situación tal que
presenta obstáculos insuperables". 6 En cambio, en tanto que México iba por
un callejón sin salida, la nación vecina en el norte había florecido a tal grado, que en el "corto período que lleva de emancipada se halla al tanto del
país más adelantado de Europa. Todo el país está cruzado de ferrocarriles y
canales, Ja actividad comercial de las ciudades asombra, el movimiento industrial es grande, y los capitales en continua acción".ª

¿ Qué es pues lo que ha ocurrido en México? ¿ Por qué razón ha caído tan
bajo el nombre y el prestigio de la nación? Las respuestas que se dan son múltiples, y todas ellas son, desde luego, la consecuencia de un diagnóstico que
lleva a cabo el mexicano del medio siglo. También, debemos decirlo, el diagnóstico varía no sólo en relación con las ideas fundamentales que sustentan
los autores, sino en relación con la preparación intelectual de los mismos. Podemos anticiparnos y afirmar que si revisamos las ideas que entonces se expusieron y los remedios sugeridos se podrán reunir en dos grandes grupos :
uno que considera que todo está perdido; otro que entrevé aún luces de esperanza. Podrá, a simple vista, parecernos extraña esta discrepancia de opiniones bijas de una misma época, pero no debemos perder de vista que el
mexicano de entonces -tal vez como el de hoy-, atravesaba por una grave
crisis que ha de intentar resolver en el período conocido como la Reforma.
La crisis no era nueva, es decir no era reciente, la crisis está planteada en
la historia mexicana desde la época de la lucha emprendida para obtener la
emancipación política, y, a medida que transcurre el tiempo sin que se resuelva tendrá que ir tomando un cariz de verdadera gravedad. Es por ello
que la vida en México durante los primeros cuarenta años de vida indepen• CUEVAS, Luis G., Porvenir de México, México,
CmwAs, Lurs, G., op. cit. 13.
' El Siglo XIX, agosto 11, 1849.

Jus,

1954. 11.

diente -como toda vida en crisis--- es dual en su raíz misma. Por un lado es
persistencia del pasado colonial o, dicho con mayor rigor, supen-ivencia. Por
otro es germinación oscura de vida nueva.
Un grupo de mexicanos, así como mttltiples aspectos de la vida económica,
social y política de México están profundamente enraizados en el pasado
colonial; en tanto que otro grupo y algunas formas de vida se oponen a ese
pasado.
A la mitad del siglo XIX los dos más típicos representantes de la primera actitud a la que nos acabamos de referir son: don Lucas Alamán y don
Luis Gonzaga Cuevas. Uno y otro coinciden en cuanto que piensan, y así
lo e,.-ponen, que después de treinta años de vida independiente el país está
condenado a desaparecer, a menos que un verdadero milagro venga a salvar
a México en las tinieblas en las que se halla. Empero el tono que uno y otro
emplean para decir tal cosa es diferente. Más elegíaco y apasionado en don
Lucas que en don Luis, en quien se observa un mejor estado de ánimo o un
mayor equilibrio en sus juicios.
El tono de Al amán, desgarrador y doloroso, nos recuerda el de los profetas
judíos de los días de cautiverio en Babilonia; y aunque doloroso es también
el tono de CuevasJ no llega a los e.xtremos de Alamán.
La imagen que Alamán nos da del medio siglo no puede ser más desesperante:

Méjico como nac,01i ha perdido desde que se hizo independiente:
más de la mitad de su territorio; una deuda extranjera de 52 millones;
la nacional debiera estar muy disminuida ci&gt;n los muchos negocios en
que se han dado créditos como dinero; las rentas reducidas a la mitad y
el ejército a la nada . .. 7
Pero este cuadro trazado así por don Lucas se amplía mucho más cuando
nos dice:

Al ver en tan pocos años esta pérdida inmensa de territorio; esta ruina de la hacienda, dejando tras sí una deuda gravos!sima; este aniquilamiento de u11 ejército florido y valiente, sin que hayan quedado medios
de defensa; y sobre todo, esta completa extinción del espíritu público,
que ha hecho desaparecer toda idea de carácter nacional: no hallando
en Méjico mejicanos ... parece que habrá razón para reconocer con

1

518

: Auw, LucAS, op. cit. V, 877.

519

�el gran Bolívar que la independencia se ha comprado a costa de todos
los bienes que la América disfrutaba ...
Pero don Lucas no se detiene en estas reflexiones sino que se plantea uno de
los problemas característicos de aquella crisis. "Estos funestos resultados -dice- han dado motivo para discutir, si 1a independencia ha sido un bien o
un mal y si debió o no promoverse ... ,, 11
Imaginémonos la impresión que en un lector común y corriente de aquellos días habrán producido estas líneas. Pensemos un poco en la desesperación, en la angustia que sufrieran algunos de aquellos lectores que fueron
testigos de la entrada del Ejército trigarantc a la ciudad de Méx.icoJ que temblaron de espanto en cada uno de los motines o asonadas ocurridos, que perdieron sus deudos o fortunas en alguna de las revoluciones pasadas y que un
dfa oyeron la atronadora fusilería del ejército Jankee. ¡ Cuánto dolor! Por
todo esto, en la República Mexicana se había pasado ''de unas ideas excesivas de riqueza y poder a un abatimiento igualmente infundado". 9 Y aquel
pueblo del que se había dicho que su "clima, territorio, situación geográfica,
supremacía entre todos los esta.dos hispanoamericanos, y una comunicaci6n
por ambos mares, que podía ser activa y extenderse rápidamente, anunciaban su independencia como un acontecimiento de grandes consecuencias pa•
ra el comercio, la industria y la política", 10 a la mitad del siglo no le quedaba ya "nada que esperar".u
Se seguía creyendo en la leyenda de la gran potencialidad económica de
México, se seguía pensando en que México era un país de "prosperidad"J no
en balde pesaba una leyenda trisecular; México seguía siendo aun en Alamán
y Cuevas, como en tantos otros contemporáneos suyos, el legendario cuerno
de la abundancia, pero, en cambio, ya no se creía en el mexicano.
Aquellas virtudes que todavía en 1821 adornaban a la sociedad mexicana,
que aun cuando "'se resentía de todos los defectos de la educación que había recibido. . . hacía notar tan bien los rasgos de lo bueno y noble que habían impreso en ella el carácter y las virtudes de los españoles",12 habían
desaparecido para dejar en su lugar tan sólo vicios y gérmenes de disoluci6n. Por eso, aunque México era sin duda un "país de prosperidad, porque
sw elementos naturales" se la proporcionarían, no lo era "para las razas que
ahora lo habitan'', pues parecía destinado, decía Alamán,
• Al.AMÁN, LuCAs, op. cit. V, 834.
• ALA»ÁN, LuCAs, op. cit. 876.
11 CUEVAS, Luis G., op. cit. 11.
11 AL.uú.N, Luc:As, op. cit. V, 876.
" Cu11vAs, Luis G., op. cit. V, 14.

520

... a que los pueblos que se han establecido en él en diversas y remotas épocas, desaparezcan de su superficie dejando apenas memoria
de su existencia; asf como la naci611 que construyó los edificios del Palenque '1 los demás que se adivinan en la península de Yucatán, quedó destruida sin que se sepa cuál fue ni c6mo desapareció; asi como
los toltecas perecieron a manos de las tribus bárbaras venidas del Nor~
te, no quedando de ellas más recuerdo que ·sus pirámides de Cliolula
y Teotihuacán; y así como por último, los antiguos mejicanos cayeron
bajo el poder de los españoles, ganando itlfinito el país con este cambio
de dominio, pero quedando abatidos sus antiguos dueños; así tam•
bién los actuale.s habitantes quedarán arruinados y sin obtener siquiera
la compasi611 que aquéllos merecieron, se podrá aplicar a la nación mrjicana de nuestros días, lo que un célebre poeta latino dijo de uno de
los más famosos personajes de la historia romana STAT MAGNJ NO.
MINIS UMBRA ... JJ
¡ Qué tremenda condenación para los mexicanos! Y, llevando a sus extremos
las conclusiones a las que invita A1amán a sus lectores, éstos no podrán, lógicamente, sino pensar que lo que encerraba este vaticinio, esta temible profecía
era que el pueblo que gozaría de los bienes que la Providencia había puesto
en el antiguo territorio de la Nueva España serla, tarde o temprano, pero inminentemente, la nación que mediante la anexión ya había empezado a usufructuarlos. Sólo un milagro podría evitar semejante catástrofe, por ello Alamán, invocando a DiosJ ha de exclamar:

¡Quiera el Todopoderoso, en cuya ma110 está la roerte de las naciones, y que por caminos ocultos a nuestros ojos las abate o las ensalza,
según los designios de su Providencia, dispensar a la nuestra la protección con que tanta.s veces se ha dignado preservarla de los peligros a
que ha estado exp,wta!"
E.xiste pues, todavía, una posibilidad de salvación para esta desdichada nación. Hay una hendidura, un resquicio por el que se filtra la luz que anuncia
no ser todo tinieblas. Todavía, en última instancia, está el Todopoderoso que
puede, "según los designios de su Providencia", dispensar a México una ve-.l
más, quizá la última, la protección necesaria para salir del caos. Pero no es
sólo la Providencia quien debe intervenir, es también el hombre, el hombre de
u ALA11Á111, LuCAs,

op. cit. V, 878-879

" lb.

521

�México, el que con su voluntad pueda dar el primer impulso que saque al
país de la situación en la que se encuentra. Pues aunque los hombres "propendemos a disculparnos con sucesos que nos parecen conformes al orden establecido por la Providencia. . . no advertimos que el poder que hemos te•
nido para evitarlos, y la libertad de que gozamos para elegir siempre entre
el bien y el mal, nos hacen responsables de aquello mismo que juzgamos sujeto a consecuencias desastrosas e infalibles". 15 Por esto, aunque en el último
momento tenemos que esperar los ocultos designios de la Providencia, el hombre, nosotros, podemos actuar y elegir, como ya lo ha dejado establecido la
doctrina agustiniana, entre el bien y el mal. Así pues, si es la Providencia
quien en definitiva decide, el hombre puede también elegir, escoger entre uno u
otro de los dos grandes caminos que se ofrecen a los hijos de Eva en este "Valle
de Lágrimas". De aquí se sigue que si en los primeros treinta años de vida independiente mexicana el mexicano ha caído en el error que ha conducido a su patria al caos, es él el responsable del caos y de las desgracias en las que se encuentra hundida la en otro tiempo más próspera y bella región de América.
Así vistas las cosas, todas esas desgracias que se ciern.en sobre el pueblo
que otrora fuera el más dichoso de la América, tiénen su origen en los errores cometidos por los mexicanos después de haber obtenido su independencia.
Las asonadas, motines, revueltas, golpes de mano, cuartelazos, etc., que han
sumido al país en la anarquía, la miseria y el oprobio; la guerra con los Estados Unidos de Norteamérica y la concomitante pérdida de enormes riquezas, no son sino la consecuencia lógica del error en el que ha vivido México
desde la consumación de su independencia; y, en el plano metafísico, el justo castigo que el Todopoderoso inflige a la nación mexicana por haberle vuelto
la espalda, pues los mexicanos

Hemos vivido treinta años haciendo una constante oposici6n a la verdad, no alimentando nuestras espera111:as sino con las ilusiones que siempre no, hace farmar el delirio de los partidos, reduciendo las mejoras y
progresos a vanas palabras y a teorías que no satis/acen ninguna de las
necesidades públicas . .. "
A todo esto se debía, afirmaba Cuevas, la inestabilidad de las administraciones públicas, que sólo había servido para presentar un espectáculo bochornoso de confusi6n, desconcierto y anarquía, con el que fue insostenible el
"buen nombre de la nación", y con el cual el país no pudo llegar a consti-

tuirse "convenientemente". Y así, con todos estos extravíos políticos vinieron
los sociales, pues

... una vez desconcertados los gobiernos y paralizados los resortes de
la ley y del orden, la sociedad debía conmoverse, y la masa proletaria
buscar en la propiedad, en las clases productivas y en los rangos más
o menos elevados, todos los goces que ha podido vislumbrar en las ofertas con que se ha estado adulando a lo que se llama pueblo, sin defi11irlo y sin conocerlo.'1
Pero no sólo estos hechos provocan el desquiciamiento social, sino que "para acabar de extinguir todo buen sentimiento", y apoyando el desorden político y social se echó mano de la indiferencia en materias religiosas con lo
que se privó al pueblo de la benéfica influencia consoladora que siempre "ha
tenido la religión" al conservar "lo que es digno de veneración", haciendo,
desde luego, que sean "más augustas las funciones de la autoridad civil". De
tal manera que al dejar de derramarse por todas partes la palabra de Dios,
cesaron de germinar las "semillas de la virtud", desapareciendo con ellas los
"bienes inmensos de la caridad evangélica" .18
Todas estas desgracias fueron un signo inequívoco&gt; una "señal segura" del
"aumento de riqueza y prosperidad territorial de los Estados U nidos", como
quedó comprobado con la guerra invasora.
Todas estas desgracias no podrán tener remedio en México, nos dirá don
Luis, establézcase el gobierno que se establezca, ya que la "inquietud, la discordia y la desconfianza" son funestas y causan la ruina de cualquier gobierno, pues mientras subsista la falta de equilibrio "entre la libertad y el orden,
vanas serán todas las reformas y todos los cambios que pudieran emprender•
se, y no podrán remediarse ni con grandes ingenios, ni con grandes proyectos, ni con grandes ejércitos, sino con una moral sana que zanje los cimientos de la gloria de un pueblo sobrio y virtuoso". Todo lo demás, diría Cuevas,
no es sino "buscar la felicidad en aquello que la contradice" ,1n
Y Cuevas, como Alamán, está seguro del inevitable fin del páis si éste
persiste en sus mismos errores, si los mexicanos, empeñados en oponerse siste•
máticamente a la verdad, continúan con la espalda vuelta a su tradición. Cada día, cada minuto que transcurre se abrevia la vida de México como nación, como país independiente. Lo que presencian don Lucas y don Luis es
la agonía de u.na luz que se apaga para no encenderse más.
" CuEvAs,

1.0

CuEvAs,

"' CUEVAS,

522

Lurs G., op. cit. 13.
Luis G., op. cit. 1.

Luis G., op. cit. 5.

" lb.
11

CUEVAS,

Lms G., op. cit. 7.

523

�En ese paralelismo que ofrecen los pensamientos de Alamán y Cuevas, advertimos una nota de gran similitud; la desesperanza, el pesimismo del medio siglo. Uno y otro han de preguntarse llenos de zozobra e inquietud, si el
mexicano es o no capaz de autogobernarse, si, como se preguntaba Alamán,
no hubiera resultado mejor permanecer atados a la corona de España. Estos
dos homb!'cs estaban seguros, como Bolívar lo estuvo en su momento, de que
toda la empresa de la independencia era como haber arado en el mar.
Este pueblo ha perdido la luz, está condenado a perder su nacionalidad e
independencia, desaparecerá de la superficie de la tierra, como desaparecieron los antiguos pobladores, sin dejar más huella que la de la ignominia
y la indignidad. Sólo hay una esperanza, que el Todopoderoso, en su infinita Misericordia, se apiade de esta desdichada nación; que el mexicano recapacite sobre sus errores y vuelva sus ojos hacia atrás. Pero el mexicano no parece entender. ¿ Qué hacer entonces?
Alamún y Cuevas dejan planteada la pregunta: "¿ qué será de mi patria?
¿ Cuál será mi suerte y la de mis hijos?" .2~ No son ellos, desde luego, los que
darán la clave para resolver el tremebundo problema. Ellos tan sólo hacen
el diagnóstico y los posibles pronósticos, y aunque, podemos decirlo, insinúan
la terapéutica, no se atreven a formularla abierta y francamente.
Si el mexicano es incapaz de autogobernarse, como con hartura lo han probado esos treinta años, y si resulta inminente la pérdida de la nacionalidad
e independencia ¿cuál es el remedio? Y el remedio, dentro de esta corriente
de pesimismo nacional, lo ofrecen el padre Miranda, Almonte, Hidalgo y
todos los intervencionistas mexicanos: un gobernante ell..1:ranjero, mas no el
sometimiento al extranjero.
Entre estos pesimistas mexicanos del medio siglo y los inventores del segundo .Imperio Mexicano no hay más que un paso y breve. Estos pesimista~
representan muy señaladamente una de las dos corrientes en contradicción,
en perpetuo choque y pugna que le dan a la primera mitad del siglo XIX
mexicano, ese aspecto de crisis permanente. El pesimismo de estos hombres
no es sino el fiel reflejo del anhelo de persistir en el pasado colonial en vías
de liquidarse.

= CuEvAs,

524

Luis G., op. cit. 6.

Sección Cuarta

CIENCIAS SOCIALES

�DE LA GUERRA Y DE LA PAZ
Lic.

ALBERTO GARCÍA GóMn

Univenidad de Nuevo León
Sobre las tumbas 11ciJn abi,rtas s,
tantan siempre nueoas cancion,s ••• 1

PREFACIO

EL TÍTULO DE NUESTRO TRABAJO no es nuevo: como fácilmente se comprende hay obras meritísimas que lo llevan; sólo que el tema infortunadamente,
pertenece, más que a un autor determinado, al hombre de todos los tiempos.
El problema de la guerra y de la paz, considerado bajo su necesaria dualidad,
es, en el primero de los casos, una cuesti6n que data de los orígenes mismos
del hombre, ya que la violencia y la fuerza han determinado la solución de
la mayoría de todos sus conflictos, como así lo dicen las páginas de su propia historia. De su lectura es posible observar, también, la siempre creciente
evolución y perfeccionamiento de los medios empleados por el hombre para
producir muerte y destrucción; los que van desde los más primitivos hasta
los de nuestros días, en que la imaginación no concibe del todo su terrífico
poder de aniquilamiento. En realidad, el problema de la guerra y de la paz
debe constreñirse a la primera, ya que, si consideramos Ja paz como "el
esplendor del orden", o bien, en la definición Agustiniana: "Pax Est Ordinata
Concordia"; la paz es la concordia en el orden y por el orden, ya que el
orden engendra la paz, 2 ésta, por sí misma, jam~ ha sido problema. Sí lo es,
en cambio, su obtención y más aún su conseivaci6n, por lo que será pertinente referirse al problema especifico de la guerra.
1

Doctor AausrlN BAsAVE FERNÁ:m&gt;zz DEL

VALLE,

Filosofía dtl Hombrt. Fondo

de Cultura Econ6mica, p. 100.
1

Citada por

ALPREP

Vuoaoss, D1r1eho lnt,rnacional Público, p. 16.

527

�Las circunstancias sociales y políticas, así como el notable adelanto científico alcanzado por el hombre, lo han colocado en paradójica, cuanto grave
situación: en un aspecto, casi ha llegado al completo dominio de la materia,
al menos en el descubrimiento y dominio de fuerzas que permanecían ignotas y, en otro --el más trágico-, en un estado de evidente postración moral y espiritual que parece conducirlo hacia su propio fin.
Con la conquista material y la posesión de una nueva técnica bélica,
ciertamente el hombre ha alcanzado niveles de poderío como jamás pudo
soñarlos en ninguna otra etapa de su historia. A desemejanza de otras empresas acometidas por él en el pasado, como por ejemplo, las Cruzadas de
la Edad Media, que desembocaron a principios del siglo XVI en las guerras
de religión. Fue el hecho cumbre que dominó la política europea. Las relaciones entre los Estados estaban alentadas por motivaciones religiosas. Así
la religión llegó a ser l'elan de la vida intemacional,8 así lo expresa el
propio título de la célebre obra de Pedro Dubois (1250-1323): Recuperatione
Terrae Sanctae (1305). Hoy, para desgracia de la humanidad, el hombre
emprende otra clase de empresa, como la sombría de cavar su propia sepultura, en un mundo revuelto, impregnado de problemas y dificultades, por lo
que podría preguntarse en el caso de la probable verificación de una guerra
¿ cuál seria el ideal o los fines que animarían al hombre a llevar a cabo
tan macabra tarea?
Frente a ese porvenir incierto y aterrador, resulta interesante escuchar la
voz de un tratadista que alejado de filosofías enfermizas o de simple existencialismo abstruso, deja oír su mensaje de hondura y de vivificante actitud.
"En estos mezquinos tiempos -nos dice el doctor Agustín Basave Fernández del Valle- de agitación sin sentido, en que la locura de las ambiciones
terrestres esclaviza a los más de los hombres, he podido, con la ayuda de Dios,
guardar lealtad a mi vocación filosófica. No vivimos en épocas propicias para
filosofar y, sin embargo, nuestro mundo requiere -hoy más que nuncade la filosofía. El adelanto técnico, se ha utilizado para devorar al hombre
en los campos de la economía y de la guerra, porque el pensamiento ha
perdido el contenido moral que lo arraigaba a la comunidad. Echemos una
ojeada al ámbito del espfritu humano y nos sentiremos conmovidos por su
desesperación y su angustia provocadas por el maravilloso avance de una
ciencia sin brújula, que, hace ya un siglo, cava el alma del hombre hasta
dejarla sin contenido. . . En el vacío y en la ausencia de convicciones en que
vivimos ha sentido el hombre, por fortuna, horror a ese vacío, ya retoma
1

FRANCISCO SuÁRU,

Espasa Calpc, p. 18.

528

Guerra, folervenci6n y Paz Internacional. Colecci6n Austral.

con su cansancio y su melancolía letal a regiones donde "súbitamente, con
la gracia intacta de una casta virgen, emerge a sotavento el acantilado de
la divinidad ... " '
"La actuación hlstórica -prosigue el autor citado, en otra parte de su
obra- parece desarrollarse sobre campos malclitos. La humanidad ha vivido empleando constante e inevitablemente, maniobras y procedimientos cliplomáticos de mera apariencia y de positivo engaño. Desde la primera dinastía egipcia hasta nuestros días, la historia nos muestra el predominio total
de la mentira y de la astucia en toda política fuerte y el consiguiente aforismo de que "el fin justifica los medios". No ha sido la moral el fundamento
de las políticas nacionales; ha sido la guerra, de todos contra todos y la desconfianza ilimitada de las multitudes del dogma de los Estados".~
La gravísima experiencia que tendrá que arrostrar el hombre en el caso
de que se decida a llevar a cabo una guerra, la que sería totalmente distinta
de cuantas haya realizado en épocas anteriores, supone un hecho nuevo y
trascendental, ya que el mundo presente ha entrado a n~evas condiciones
sociol6gicas, lo que entraña circunstancias extrañas. Tal es el caos de ]a
iniciaci6n a la Era Nuclear, lo que indudablemente exige una revisión total
'
s1 no es que una verdadera revolución en todos los órdenes de la vida humana
con la natural adaptación del Derecho de la Guerra (Jus in bello). ¿ Cómo'
se aplicarla, por ejemplo, el tradicional principio axiomático del empleo de
la fuerza, en legítima defensa, conferido por la ley natural y que no es
solamente un derecho inclividual, sino estatal, en el evento de realizarse
una guerra, cuando este principio, ha llegado a consagrarse nada menos que
en el artículo 51 de la Carta de las Naciones unidas? 9 Rudolf Pannwitz,
en estudio reciente, ha dicho: "El hombre s6lo abandonará lo orgánico e hist?rico, heredado en forma de cuerpo, alma y espíritu, que constituye su mejor
riqueza y su mejor valor, por una situación superior· de carácter asimilable
general, pero nunca por conquistas técnicas o mecánicas. Si se Je habla
de una Era Atómica, contestará: "Yo sigo viviendo en la era del hombre
Y deseo y espero que mis hijos, mis nietos y todos mis descendientes, no c.omprendan nunca que se haya querido vivir en otra era que no sea la del
hombre, ni crean que ello haya sido posible".1
Ciertamente ninguna descripción podría acercarse a esa realidad, que es

.

º"·

ril., p. 24.
O¡,. cit., p. 270.
• "A s1, ,e expuca
,: que el ar tí culo 51 de la Carta de la ONU califique la legítima
' DR. AGUSTÍN BASAVE FERNÁNDEZ DEL VALLE,

1

defensa" ("right of self-dcfense") de "derecho inmanente" ( "inhercnt rightº "droit
")
,
nature1 . . . ALFRBD VERDROSS,
cit., p. 35.
' Runou• PANN'WTTz. La Múi6n de Europa. Revista Humboldt, p. 2, n. l.

º"·

529

n. 34

�la guerra moderna, porque sus consecuencias, magnas en lo material, en lo
espiritual resultarán indescriptibles. ¿ Cómo hacerlo con el dolor de una
madre que pierde al hijo en el combate? De los escombros, la mano del
hombre reedifica, ¿pero cómo rehacer las heridas del alma?
Este Preludio del Apocalipsis -que sería, como ha sido- el empleo de las
armas nucleares, es bastante signuicativo como para que el hombre reflexione hondamente en el contenido del término PAZ y permita que su símbolo
se pasee perennemente sobre la faz del mundo; si bien, el olvido y el desdén
por parte de éste, hacia los principios religiosos, filosóficos, jurídicos y poüticos, que por siglos han venido informando a las instituciones que le han
permitido sobrevivir, ha producido la situación anómala de su dominio material y de su pauperismo espiritual, habida cuenta del saldo incalculable de
los millones de vidas humanas cegadas por el odio fratricida.
Quincy Adams, en su Estudio sobre la Guerra, nos habla de que en un
período que va qe los años de 1840 a 1941, hubo doscientas sentent_a y ocho
guerras, a razón de tres, cada cinco años, sin considerar los conflictos que
hubieron de registrarse posteriormente, los que fueron extinguidos, sin que
llegaran a convertirse en conflagraciones mundiales, como en el caso de la
guerra de Corea.
No está por demás, escuchar ahora la voz de un psicólogo: se trata del
doctor Antonio Prado Vértiz, quien en reciente publicación diarística ha
establecido que actualmente se observa "una angustia que se manifiesta por
una intensa inquietud y por una constante tensión en el individuo. Es una
enfermedad psíquica que muy pocos Mmbres, quizá ninguno, haya dejado
de sentir alguna vez, ya que, por desgracia, vivimos en un mundo lleno de
agresiones, de egoísmo y de odio".
A su vez, el internacionalista A. F. Feller, no deja tampoco de señalar
que "bajo la capa uniforme de una aparente unidad de la civilización industrial, yacen ancestrales intereses, costumbres y pasiones que dividen a los
pueblos y tienden a perpetuar todos sus co,nflictos, a la vez que éstos se
han ido haciendo más complejos por las nuevas ideologías surgidas a causa
de ciertas circunstancias y por adquisiciones de poder con que antes no se
contaba. A la vez que el progreso material ha ido avanzando, han ido profundizándose, en determinados casos, las diferencias de idioma, religión, aspiraciones, tradición económica, siendo precisamente estos factores los que
hacen más difícil alcanzar la colaboración internacional que conseguir cierta cooperación dentro del ámbito nacional". 8
Sin caer en un pesimismo exacerbado no obstante, no es un misterio, y
• A. H.

530

FELLER,

Las Naciones Unidas y la Comunidad Universal, p. 13.

s~ una ventaj~ el reconocimiento de que el mundo ha llegado a ser demasiado ~omp1eJo y, por tanto, duícil de encontrar la o las causas que han
dete~mado el momento angustioso histórico que nos ha tocado vivir, ya que
la vanedad de factores que han intervenido en su culminación son de diversa
cuanto múl~ple natural~. Tomando esto en consideración, y para los fi.
nes ~e estu~1~, hemos estunado conveniente hacer un agrupamiento temático,
p~endo basicamente del hombre, en la siguiente fonna: 1) de lo moral ind1V1dual; 2) de lo moral nacional; y 3) de Jo moral internacional, siendo
de observarse, desde luego la concurrencia y determinación de estos factores
a lo que parece inevitable: la guerra.

1. DE

LO MORAL INDIVIDUAL

La guerra no es un hecho cuya causalidad sea extraña al hombre· si el homb~- está en. conflicto con sus semejantes es que ya de por sí el h;mbre es un
v~eJO c~nflicto, que vive en perpetua tensión dialéctica y de su insuficienCJa radical, que al tratar de colmar, ya de facto, origina las guerras, que
tal es el estado actual del hombre. Resultaría, por tanto, sin fundamento,
el tratar de establecer una teoría de la guerra sin la base previa de una
filosofía del hombre. Este nuevo aspecto del humanismo --como una necesidad- empieza ya a delinearse en obras como la que escogimos y que explica
con bastante profundidad, el problema del hombre moderno: tal es la Filosofí;
del Hombre, del Dr. Agustín Basave Femández del Valle. Otros autores
también se ocupan del tema, si bien no lo explican en su totalidad debido
a la complicada existencia del hombre mismo, que actualmente es ei "horno
faber".
_Rudolf Pannwitz -por su parte- al referirse al punto central del hombre
afuma: "La Idea Europea" se formula en cuatro palabras: la primacía deÍ
hombr~. Es. decir que todo lo que se piensa y se hace no puede proceder prunordialmente de las cosas, sino que parte del hombre y se dirige al
ho~brc, para lo cual debe tenerse en cuenta que este hombre no es un
su¡eto romántico o moderno, sino un ser que ha de responder ante si mismo
~e un mundo objetivo. La primacía del hombre tampoco es un programa,
smo m~s. bien una trayectoria firme para toda su conducta. Esta trayectoria
servira d_e punto de partida para reconquistar el valor interior y la segundad extenor, a pesar de estar hoy más amenazado que nunca. Nada de
e~to es irrealizable, ni ha de pagarse por ello un precio exagerado. El individuo ha de saber evaluar lo que se debe a sí mismo y estar convencido de
que todo lo que consigue, incluso lo más insignificante o inseguro, tiene un

I?

531

�valor. Con ello no se alude al individuo, a la Nación, al Estado, ni .ª la
Humanidad, sino a todos y cada uno, tal y como lo expresa el pensarruento
de Nietzsche: a todos y a ninguno. En todo caso, no se trata de la colectividad, ni de un indh,iduo aislado, sino del tipo representativo, determinado
por la historia, que se abrirá paso en la época que se ª;'ecina. No es una P_:r·
sona particular "existencial" de hoy, ni tampoco un ideal de pas~do manana. La responsabilidad que habrá de asumir equivale a una reacción contra
las fuerzas temporales".º
Sin embargo, no es ciertamente simple la magnitud que enc~erra el t~tar
de conocer al hombre, el que resulta complejo e incomprensible, espeoalmente el de nuestros días, ya que todo el peso de su propia historia parece
agobiarle y su vista no alcanza a penetrar en la muralla de los ..becer~os de
oro" que son los dio es modernos. En los negocios de este mundo, a Juzgar
por el aforismo de Protágoras -rectamente interpretado- de que "el hombre es la medida de todas las cosa.,;, de las que existenJ por la manera como
lo son· de las que no existen, por la manera como no son", precísase el tratar
1
de ace rcamos a él para comprender, hasta donde ello sea permisible, el gran
"porqué" explicativo del período crítico actual.
Hay un pasaje en la obra Guerra y Paz, de León Tolstoy, y ~ue cit~do p~r
el escritor Edmund Walsh., S. J., nos muestra a no muy leJana d1stanc1a
temporal del hombre contemporáneo --consi~erand? las nat~ales ~alvedades circunstanciales- a otro que no guarda diferencias de cons1derac1ón con
éste. "Tolstoy pinta un espécimen de cuerpo entero en el Príncipe Andrew
Volkonsky, el escéptico orgulloso frío refina.do. Yaciendo herido en el campo de Austerlitz, el príncipe contempla el cielo y medita: "Ese cielo ~tan te,
tan alto tan alto, allá arriba, eterno. . . Ah, si pudiera decir, 'Dios, apiádate
de mí'. 'Pero, ¿a quién he de decírselo? ¿Al Poder Indefinido que es inaccesible y a quien ni siquiera puedo definir con palabras; al Gran Todo de la
Gran Nada, o es el Dios que está contenido en este encanto que me ha
dado María.- .. ? Nada es cierto excepto la Nulidad de todo lo que puedo
concebir y la majestad de algo que no alcanzo a comprender''.10
Pero si el hombre actual no se diferencia, en lo materialista e irreligioso,
•cuál debe ser el criterio que podamos utilizar para obtener un resultado
~ás O menos aproximado de ese hombre complejo que parece ir irreflexivamente a una nueva catástrofe bélica? Acaso, ¿habrá que esperar la llegada de un hombre nuevo y superior, o bien conformarse con los residuos del
mismo que queden después de haberse consumado una guerra atómica o hidróLa Misión en Europa, op. cil., No. 1, p. 3.
A. WALSH, S. J., Imp,rio Total, p. 56.

• RuDoLF PANNWITZ,
11

532

EoHUND

gena? Tal es el probable dilema que pesa sobre la humanidad, pese a cualquier optimista actitud, que sobreestimc esta realidad no deseable.
El doctor Agustín Basave Fernández del Valle, en la decisiva aportación
que ha hecho al pensamiento filosófico moderno, en su obra La Filosofía del
Hombre -ya mencionada- la que nos ha servido de guía, nos presenta ideas
que nos permiten, desde nuevos ángulos, acercarnos a ese hombre de quien en
realidad poco conocemos. Conveniente es aclarar, que para los propósitos del
tema de estudio, no es indispensable hacer un análisis exhaustivo sobre el
hombre mismo, objeto de la filosofía del hombre o Antroposofía Metafísica,
como así le domina nuestro autor, ya que, en síntesis, es la especie humana
quien determinará o eludirá la verificación del drama futuro en el caso de
una guen-a, la que nos sirve de fundamento en el somero análisis interpretativo que verificamos.
Aclarado lo anterior, y con ejemplos ilustratiyos, hemos creído oportuno
citar lo que el doctor Basave Fernández del Valle, intitula las "Visiones de
la Historia" que nos han brindado diversos pueblos, a través de la Historia,
desde sus albores, citando en primer término la "Visión Hebrea de La Historia", la que nos muestra interesantes aspectos que nos permiten asomarnos
a ese mundo complejo que el hombre trata de interpretar, ya desde el punto
de vista de un grupo social.
"Los hebreos -escribe el autor citado- concibieron la historia como un
tocio. Los acontecimientos históricos eran un camino hacia una meta y tenían
el sentido de una lucha por una decisión definitiva. Esta meta -centro de
gravedad de su vida espiritual- no era el destino individual del hombre, sino el destino del pueblo elegido. El reino de Dios lo esperaban realizar aquí
en la Tierra. Esta idea no era simplemente mundana o secular, sino religiosa,
teocrática. El reino nacional israelita ardientemente soñado, les impidió reconocer la cruz ofrecida por el Mesías ... " 11
En relación con la posición adoptada por los griegos, en su visión de la historia, nuestro autor dice: "Para los griegos y romanos, el orden histórico era,
pese al reconocimiento de cambios temporales, de una regularidad periódica
inviolable. El último significado de la historia estuvo ausente en la especulación grecorromana.
"La constancia y la inmutabilidad pervivían poi debajo del crecimiento y de

la decadencia. Si alguien les hubiese hablado de una filosofía de la historia,
griegos y romanos tal vez hubieran sonreído pensando en una contradicción
en los términos" .12
" Dr. AousrlN B.-.s.-.va
11
Opus cit., p. 219.

FERNÁNOEZ DEL VALLE,

op. cit., p. 216.

533

�El genio griego se esforzó sin descanso --0bserva Joseph Bemhard- en
eliminar el antagonismo "esencia-evolución" (Dios-Historia), y, aun cuando
no tuvo éxito en la solución lógica, no fueron vanos sus trabajos, porque la
lucha en tomo de ella dio otros frutos muy sazonados que fueron de gran
importancia para la vida religiosa y moral y hasta para el progreso científico.
Los dioses -ex1&gt;resa Jenófanes- nos enseñan a los mortales de buenas a
primeras todo lo que pueden aprender. Dejan que ellos vayan conociendo lo
mejor poco a poco, valiéndose de la investigación personal; Dios, que es único y que, en cuanto a la forma y al pensamiento no tiene semejante entre los
pobres mortales, es todo ojos, todo oídos, todo espíiitu, es un ser que pennanece invariablemente, porque no es decoroso en El, el continuo moverse de
un lugar para otro.
Aristóteles, agudo observador de los entes concretos y de la evolución de
la naturaleza del hombre, vio la tendencia finalista del cosmos. Un motor divino que no es movido y mueve no por impulsión sino por atracción es la
causa primera de la realidad escalonada, en la cual Eros arrastra todas las
cosas hacia los confines de sus perfecciones. Pese a los esfuerzos del mundo
fenoménico por llegar a Dios; resulta a la postre, que la divinidad es inaccesible y que el mundo se queda en una evolución constante. Aunque Aristóteles no haya construído una filosofía de la historia, nos legó un con junto de
conceptos que pueden servir de base para la edificación de un sistema. Válganos como ejemplos, su doctrina del acto y de la potencia, y su definición
del movimiento.
Sin negar el valor de las enseñanzas de-la historia - juicios de pronóstico
útiles para la vida humana-, los griegos no llegaron a sentir por la historia
el aprecio que tenían por otras disciplinas. ¿ Razones? Es que la historia no
es un saber demostrativo. La historia no puede ser ciencia". 13
En la proyección histórica que nos ofrece el autor de mérito y para los
fines de estudio propuestos, destácase, por lo trascendental de su contenido,
el capítulo relativo a la ''Visión Cristiana de la Historia", cuando escribe:
"La Visión Cristiana de la Historia converge hacia un hecho central: la llegada de Cristo". La figura histórica de Jesucristo es "la síntesis de la aproximación entre el ser y el evolucionar, entre Dios y la Historia". El tiempo anterior a la llegada del Mesías tiene el sentido de una preparación y de una
espera. La historia posterior a la muerte del Salvador cobra signiíicado por
la dirección religiosa que asume la Iglesia fundada por Jesucristo. Esta fuerza dirigente de los destinos humanos hace inteligible el sentido de la historia. Nos guía hacia un "obrar cual corresponde al que se halla en presencia
u DR. AGUSTÍN BASAVE FERNÁNDEZ DEL VALLE,

534

op. cit., p. 221.

de Dios". Con San Agustín, los cristianos vemos en la historia el espectáculo
de la educación del hombre por Dios, pel'o también la tragedia de la limitación por el hombre de la voluntad salvífica del Ser supremo. No se trata ya
de ningún movimiento circular ni de ningún proceso continuado y perenne.
Todo lo que acontece en los tiempos -ritmo y sucesión- es presencia constante de la eterna sabiduría de Dios. En este valle de lágrimas se busca la
felicidad y no se la encuentra, porque "no hay más que pecado y corrupción,
amor falso y apostasía", dice Bernhard. En el escenario de la tierra están en
lucha los dos campamentos existentes. Pero vendrá el día de la separación
entre uno y otro campamento. Nuestro Creador y Redentor será, también,
el Juez de los acontecimientos históricos.
Pendientes del Juicio Final, los hombres tenemos, mientras tanto, un módulo, un sentido y un objetivo en nuestra vida: la instauración del reino de
Dios. Aunque tenemos asegurada la victoria final de nuestra causa, como
soldados del reino debemos conocer "la confusi6n caótica de este mundo"
que contrasta con la "tranquilidad serena del otro ... " "El verdadero universalismo de la humanidad -agrega- aparece con la venida de Cristo.
Sin la conciencia religiosa y universal del cristianismo se cae en el particularismo de la religión de los pueblos, de los Estados, de las razas. Sabemos que
Dios se revela adaptándose a nuestras facultades: per modem recipientis,
como diría un escolástico. Pero lo sobrenatural, aun tomándose vida del hombre y uno de los factores esenciales del proceso histórico, sigue siendo divino
por su naturaleza sobrenatul'al. Verdad eta historia, por eso, no la hay sin el
cristianismo. Todo lo anterior no es sino preparación para el gran hecho de
la redención. Los cambios, las oscilaciones históricas, representan las alternativas de aceptación y de repulsión de lo divino que desciende a nosotros
y en nosotros se incorpora.
"La Historia es una búsqueda de las huellas de Dios. En el zigzagueante

vivir de los hombres sólo cabe buscar la línea recta de Dios ... " u
Al señalar la trascendencia de la presencia del cristianismo, no hacemos sino corroborar la comprensión de este hecho por parte de los más brillantes
expositores y tratadistas, que en todos los tiempos se han ocupado del tema.
Así -en nuestros ellas- ha dicho el escritor Edmund Walsh, S. J.: "Con
toda seguridad el nacimiento de Cristo señaló una de esas encrucijadas en
la historia, al introducir, como introdujo, una profunda transformación espiritual y cultural en el antiguo mundo del paganismo. Su advenimiento hasta llegó a dividir el calendario en dos épocas del tiempo reconocibles. El hom-

bre emergi6 de la masa de la humanidad indistinguible como una personali,. Op. cit., p. 227.

535

�dad investida de una dignidad individual desconocida para las priuílegiadas
castas paganas de las civilizaciones precristianas, a pesar de que Platón y
Aristóteles habían llegado al margen de la revelación. Era el punto en que
cambiaba de curso la historia espiritual de la raza, era la fusión de lo completo con lo incompleto que reconciliaba la libertad del hombre con la soberanía del Omnipotente".15
En el breve repaso hecho a estas "Visiones Históricas", se observa cómo
la humanidad, tomando las más importantes manifestaciones de diversos pueblos, naciones o Estados ~ olvidar su evolución y las consecuencias históricas inherentes a los mismos- ha tratado de encontrar el camino, esencialmente con la ayuda singular del cristianismo, para alcanzar su propia dignificación y elevación, así como para hacer permisible )a coexistencia con los
demás hombres, al tenor de aquellas palabras profundas de la moral cristiana, que, por desgracia el hombre actual, no quiere ya oír ni comprender:
"Amarás a tu pr6jimo como a ti mismo", considerando que el hombre
desconocía la idea de una fraternidad, basada en el amor y en la caridad, a
contrario sensu del concepto romano, que concebía al "extranjero" como a
un "enemigo". Mas a pesar de lo sublime que encierra el contenido de la religión cristiana, no sólo para "otra vida", sino para la presente, el hombre al
pretender ignorarla, desdeñarla u olvidarla, ha obtenido como consecuencia, la trágica e.xperiencia del pasado y en lo referente a lo venidero, al menos, no ha podido impedir o frenar, las circunstancias que con diabólico dinamismo convergen a originar un posible conflicto bélico. Es también de
mencionarse que otros caminos -fuera del religioso- han resultado ineficaces, para prevenir tales conflictos, es el caso de instituciones jurídicas de carácter internacional, como la Liga de Naciones, y actualmente, la Organización de las Naciones Unidas, las que, en el caso de la primera, pese a la nobleza de sus prop6sitos, fue incapaz de detener la verificación de la Primera
Guerra Mundial, y en lo que respecta a la segunda, justo es reconocer sus
esfuerzos en la prevención y mediación de problemas que hubieran constituido el principio del fin, pero cuya propia existencia ha tenido grandes peligros.
A pesar de lo dicho por Jaspers, en el sentido de que ''el hombre es más
de lo que se sabe de él'\ es posible localizarlo -en planos sociológicos- desde su nacimiento, desde los tres círculos fundamentales de su existir: la familia, la sociedad, la nación o el Estado.
En lo relativo a la familia, cuya importancia como institución fundamental, es evidente, los tratadistas, sociólogos, así como autoridades eclesiásticas
,. EDKUND WALSB,

536

S.

J.,

Imperio Total, p. 39.

y civiles, convienen en señalar que su naturaleza ha perdido sus virtudes mo-

rales fundamentales, debido a poderosos factores disolventes que la han venido debilitando. La situación ética, religiosa, social y jurídica, que guarda
la familia moderna, es un reflejo natural de los factores de descomposición
que operan en el mundo moderno, con la ayuda de formidables y decisivos
medios inmediatos de difusión de lo inmoral, de lo intrascendente y de lo
vulgar, creando mentalidades enfermas, al hacer hipócritas panegíricos del
mal, en vez de estimular las virtudes morales y cívicas. La televisión, el radio, el cinematógrafo y la proliferación de "obras", de contenido morboso,
así como la infiltración de costumbres perniciosas, han contribuido también
a formar el medio ambiente del hombre moderno. El mecanicismo -otro
agudo problema actual- ha precipitado al hombre en dos corrientes: al
desplazamiento y a convertido en sólo una parte de la gran maquinaria, que
son las colmenas humanas, sujetas a un ritmo temporal inflexible, en el que
las "cosas" del espíritu han sido desplazadas, ya que el "ocio" -tomado en
su más alta y noble significación- de otros tiempos, que permitía el cultivo
del intelecto, se ha convertido en una "cultura prefabricada", insubstancial y
folletinesca.
La educación, necesariamente ha recibido el impacto de las corrientes de
pensamiento que políticos oportunistas han querido revestir de pseudo-filosóficas, lográndose así una serie de conocimientos truncos, apegados, no a la
objetividad cienúfica y pedagógica deseable, sino a una proyección del educando a la supervivencia inmediata y mediocre actual. Al generafuar, cabe hacer la distinción natural, de que la institución fa,;niliar tiene sus peculiaridades de nación a nación. La familia, sobre todo en Iberoamérica, difiere en condiciones y en situación ética, así como religiosa y sociológica, de la familia europea, presentando una mayor cohesión y consistencia, aferrándose, pese a los
elementos perturbadores .y disolventes, a la tradición histócica ancestral, propia de los pueblos de esta estirpe hispánica.
"Nuestro tiempo es de neurosis -nos dice Agustín Basave-, sus más agudos intérpretes reflejan el enojo y el desencanto de vivir. Los europeos, sobre
todo, encaman la crisis actual. Las generaciones de la postguerra padecen deseos de placeres raros y complicados que la vida no da, anhelos de nuevas emociones, tristezas de la carne, afanes inútiles y dolorosamente paradojales de
querer espiritualizar las sensaciones más fisiológicas.
"Todas las épocas fatigadas de culturas fetichescas son pródigas en angustias y tormentos que hoy nos parecen nuestros. Una nueva Roma viciosa y fatal aparece en los modernos escenarios de los Sartre y de los Camus. Las más
de las voces poéticas contemporáneas son voc5 cansadas, voces que no se sos-

537

�tienen. Sus imágenes -de tan rara belleza- acusan pereza intelectual de expresi6n ... " 16
En nuestros días, el viejo ideal de muchos pensadores, de que América y
Europa constituyan, junto con las demás entidades humanas, un solo conglomerado, no es ya una quimera, sino una realidad, gracias a los modernos y
\'eloces medios de acercamiento. Bien lo ha dicho -al referirse a ese ideal, el
estritor Lewis Munford, así como a la trascendencia de la conquista de América, al escribir: "La conquista de América fue en sí misma el acto que permitió a la humanidad, por primera vez, ponerse en contacto y reconocerse como
una unidad común, como la 'HUMANITAS' soñada por los fil6sof os estoicos.
La que antes se llamaba la raza humana era tan sólo una metáfora europea,
pues para los europeos no entraba en sus cálculos la mayoría de las otras razas. El mundo ya no sería un desordenado conjunto de retazos, de paisajes y de
ciudades, que terminaba repentinamente a pocas millas de distancia.,. . El
globo en sí, sería el símbolo de una unidad en continua integración y evoJuci6n" .17

Mas si la situación del hombre europeo, a través de la amarga experiencia
que hubiera de sufrir con la última guerra, es desalentadora, es grato obser-

quizás también de consolidar el germen del que habrá de salir el hombre de

mañana ... " is

Mas si en el círculo de la familia el hombre ha sentido el impacto de la inmoralidad reinante, en lo social su reflejo no es menor. No viene al caso tocar el tema de la sociabilidad del hombre que ha sido ya ampliamente estudiado desde todo tiempo. "Por su desamparo ontológico y por su afán de plenitud es el hombre -ha dicho Agustín Basave- un ser esencialmente social.
Su situación indefensa e inerme frente al resto de los animales, y sobre todo, el
sentimiento religioso de plenitud substancial que brnta de su naturalez.a y se
confirma en la elevada revelación del cristianismo, patentizan de una manera
clara que el ser humano no sólo es apto para la vida social sino que está conformado y dotado para ella". 19
Pero el animal político, de Aristóteles, al congregarse, ya en sociedad, lejos
de pretender el alcanzar el "Bien Común", vive en una que sigue los lineamientos de relajamiento que priva en el medio ambiente, en general observándose
el avance de instituciones, tanto de tipo social, como asistencial, que van minando la fundamentación familiar para ceder ante el avance estatista tutelar.

var cómo dentro de los residuos de desilusión y amargura, el espiritu del hombre europeo, emerge, para proyectarse en el futuro.
Así, el escritor Rudolf Pannwitz, que ya hemos citado, dice: "¿Puede hablarse de la misión de Europa, cuando ésta no ofrece sino una imagen desgarrada y turbia, en vez de representar un conjunto histórico enérgico y consciente de su cometido? Sin embargo, Eur~pa existe como parte inalienable
del mundo, portadora de la historia de nuestro universo, y hay europeos percatados de su responsabilidad. Para éstos Europa vive y tiene una misión que, no
sólo es política, sino que lleva en sí el espíritu heredado de una civilización antigua. Este solo hecho permite a Europa sobresalir y la hace digna de ocupar
un lugar preeminente en el mundo.
''Las misiones de Europa -prosigue este autor- son infinitas, pero se condensan en una sola. Es indudable que Europa únicamente puede contar consigo misma y extraer sus fuerzas de su pz:opio seno, ya que no existe ninguna
construcción externa sólida, si no se regenera interiormente. Europa está todavía ofuscada con su historia, pero sigue unida a sus raíces y es capaz de comprender el presente como si ya fuese el pasado, de enlazar el principio con el
fin, de integrar al hombre eterno dentro de los limites del hombre de hoy y
" Da.
n

538

AousTÍN BAsAVE FeRNÁNDEZ DEL VALLE,

op. cit., p. 167.

Citado por el DR. JosÉ A. MoRA, Discurso Washington 1956. Discurso.

2.

DE LO MORAL NACIONAL

LA NACIÓN, coMo UN TIPO sociológico diferente por sus características, nos ofrece una masa coherente, psicológicamente afín, en su origen y en su comunidad,
con grandes elementos de constitución que hacen, en su realidad, individualidades nacionales. Las nacionalidades, que hablando propiamente, no tienen una
larga vida, ya que a partir de 1830 a 1832, se desarrolla el principio de las
mismas, tiene, sin embargo, este hecho -el de su creación- una gran trascendencia, para la configuración de las diversas nacionalidades, que habrían
de multiplicarse prolíficamente. "De hecho, el principio de las nacionalidades
-en la opinión del tratadista Verdross- transformó completamente el mapa de Europa surgido del Congreso de Viena. En 1830-32 se reconoció a Grecia como Estado Nacional, nacido de un movimiento nacional de liberación.
La oleada nacional triunfó también en Italia y en Alemania, conduciendo a
la implantación del reino de Italia (1861) y del Reich alemán (1861), así como a la secesión de Noruega, antes incorporada a Suecia ( 1905). También los
pueblos cristianos de los Balcanes, y Albania lograron, tras duras luchas, la
independencia nacional (1878-1913). Los mismos Estados Pontificios, de veu RUDOLF PANNW!TZ,

Misi6n de Europa, op. cit., p. 2.

" Op. cit., p. 203.

539

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�sus semejantes a través de veloces y poderosos medios. La distancia, que mantuvo a muchos pueblos a vivir en un ritmo distinto de civilización y de cultura
actualmente, casi ha sido eliminada. Tales medios han estrechado a los pue~
blos a un
tal, que la convivencia internacional es cada día más intensa.
?onsecu_enc1a de lo anterior es la multiplicación de instituciones y organismos
mternacmnales, que agrupan a diversos Estados, en ambos lados de los mares.

&amp;:ªªº

Están lejanos los días en que el hombre iba, armado caballero, acompañado
de su escudero, por los caminos de Dios para "desfacer entuertos y rescatar viudas"; agrupado en grandes porciones estatales ha llegado a esa etapa -agudamente señalada por Agustín Basave- de los "dos campamentos existentes"
q_ue se aprestan a singular combate. En nuestros días, Jas banderas de las na~
cwn:s se agrupan en la magna síntesis que son la Democracia y el Comunismo:
dos ideas y dos doctrinas.
Necesítase, sin embargo, lanzar una mirada retrospectiva que nos permita obt~er un concepto más claro del mundo actual, advirtiendo la presencia -a traves de sus obras- de eminentes pensadores quienes señalaron derroteros luminosos a los hombres, sin importarles, su color o su credo.
En el campo del Derecho Internacional -fundamento jurídico en que descans_a_ 1a verdadera convivencia de los pueblos- destácase --entre otros- por
la mudez de su ~ensamiento y por el profundo contenido de sus enseñanzas y
como creador mismo de esta ciencia del Derecho, Francisco de Vitoria (18401546). La auto_riza~a pluma de José M. Gallegos RocafuJI, nos permite acercarnos a. ~e. fraile _smgular, cuando escribió: °'En esta época, 1526-lj40, la RoIJ_1ª pon~1c1a ha sido saqueada, Francisco I,-llecho prisionero, Barbarroja, vencido, Viena, defendida y los príncipes alemanes, derrotados. Ya Cortés h b'
· do M'exico
• y los Pizarro el Perú .
a 1a
conqUISta
. "En esa época también explica teología en su cátedra de prima de la Universidad de Salamanca, Francisco de Vitoria. Comentaba de ordinario nominalmente, por la disciplina universitaria vigente, Las Sentencias de Pedro Lombardo; en l~ realidad, por afán de sinceridad científica, la Suma T eol6gica de Sant~ ;ornas; ~r~, pues, por ~rofesión un teólogo. Pero era también un español, que
:viv1~ la c?tidiana angusua de su pueblo, poniendo en ella todo el fervor de su
:ntehgencia, como su peculiar y propia contribución de sangre a la causa espanola. Era costumbre entonces que de vez en cuando los maestros más famo~os ~icieran disertaciones o conferencias ante su facultad O ante toda Ja
Umvers1dad sobre puntos especiales, más o menos relacionados con el curso
gen~ral de sus enseñanzas. El P. Vitoria aprovechó la oportunidad, cuando Je
toco su turno, para analizar una vez, el 19 de julio de 1539, la licitud de la
guerra que estaba haciendo el Emperador; otra, el lo. de enero de 1539, la de

542

la conquista de las tierras de América. En otra nación o en otro tiempo, hubiera parecido punible desacato esta osadía con que un catedrático de Teología se
exponía a desaprobar la politica y conducta de su rey, pero en España imperaba entonces una democrática libertad, de cuyo uso y elevación son buena
prueba e~tas Refecciones del Padre Vitoria. Escandalizaron a los regalistas y
basta es muy probable que algún letrado ambicioso denunciara al Emperador
como e...:cesiva o imprudente la libertad que se tomaba el Padre Vitoria. En este
mismo año de 1539 escribió Carlos V al Prior de San Esteban, que era el convento en que residían los profesores dominicanos de la Universidad, mandándole hacer una información sobre lo que hubieran enseñado sobre 'el derecho
que nos tenemos a las Indias, islas y tierra firme del mar Océano', y que se
les prohibía 'de nuestra parte y vuestra que agora ni en tiempo alguno. sin expresa licencia nuestra, no traten, ni prediquen ni disputen de lo susodicho, ni
hagan imprimir escritura alguna tocante a e11o porque de Jo contrario yo me
tendré por muy deservido y lo mandaré poner como la calidad del negocio lo
requiere'. Pondría sobre su cabeza el buen Prior la carta de Carlos V prometiendo darle eficaz y sincero cumplimiento; pero ello no fue óbice para que
copias y apuntes de las conferencias del Padre Vitoria siguieran circulando entre profesores y alumnos, y de ellos pasaran a letrados y nobles, los cuales acaudillados por el condestable de Castilla Don Pedro Fernández de Velasco. se negaron en las Cortes, apoyándose en la doctrina del Padre Vitoria, a dar al Emperador los subsidios que pedía para seguir luchando con Francisco I de Francia. El Emperador no destituyó al fraile, sino que quiso ponerse a su altura y
fue a sentarse, como un alumno más, en los bancos de su aula, cuando el azar
de sus viajes le llevó a Salamanca.
"No em·aneció -prosigue- este triunfo al Padre Vitoria, como tampoco lo
hubiera arredrado la persecución y la destitución. ¿ Acaso no sabía él que su
voz era la de la conciencia española? ¿ Qué poder de este mundo podría imponerle silencio? Haciéndola oír cumplía su función de intelectual, e1 deber de su
magisterio, como el labrador cumple el suyo abriendo el surco o el menestral machacando el hierro. ¡ Tanto peor para el príncipe si no le agradaba su doctrina!, aún en la enormidad de la guerra, conocer y cumplir la
voluntad de Dios. Quiere Dios por ley natural y por ley de gracia que el
hombre ame al hombre: por encima o por debajo de las leyes positivas que
han separado a los pueblos, está la comunidad natural de todos los hombres,
cimentada en el hecho de que todos tienen la misma naturaleza, y fortificada y desarrollada por la redención universal de Cristo. Este español de la España imperial no se deja desvanecer por las glorias patrias: Carlos V tiene
el imperio más vasto que jamás hubo en el mundo, pero aún es más amplia la humanidad y el español no puede olvidar que él es ante todo ciuda-

543

�dano del mundo. En la Roma imperial había sostenido el cordobés Séneca
que él no se encenaba en las fronteras del imperio, porque quería estar jun.
to a todos los hombres para ayudar a todos; en la Salamanca del gran iJD.
perlo españo~ este fraile traspasa también las fronteras .imperiales y reconoce
una sociedad humana de la que se derivan derechos y obligaciones para todos los hombres. Como nace de la naturaleza, es anterior a toda 1ey y subsiste siempre, aunque no tenga un 6rgano político que la exprese .•.
"Rehuye, pues, el padre Vitoria el camino fácil, abierto en la Edad Media
y tan grato a Dante, de admitir una monarquía univenal, que estableciera
la paz y la concordia entre todos los hombres. Ha de haberlas entre ellos
sin duda alguna, pero no impuesta desde fuera por la coacción de la Jey,
sino que ha de brotar desde dentro por un imperativo de la conciencia. La
innovación de Vitoria, Jo que le sitúa ya fuera d&lt;' la Edad Media y en plena
modernidad, es que le ha quebrado aquel orden medieval, fundamentalmente divino y no humano, en que naturaleza, sociedad y gloria estaban
por sí mismas escalonadas como tres aspectos o etapas distintas de la acción
de Dios fuera de sí mismo: como el orden está ya hecho, la funci6n del hombre es simplemente acomodarse a él. Al perder su vigencia esta idea, Vitoria
acude a la de la conciencia, guiado por la cual el hombre tiene que hacer
un orden en la naturaleza y en la sociedad, con la conciencia y con la Jey.
La ley no suplanta a la conciencia, que ha de mantener su imperio lo mismo
dentro del derecho positivo, dando validez en el fuero interno a sus disposiciones, como oponiéndose a él cuando conculque abiertamente la justicia.
No es el Emperador el Señor del orbe, 9ue aunque lo fuera no dominaría
a la conciencia del hombre, que en este mundo recoge la voz de Dios y a
Dios ha de comprender en el otro, de lo bueno o malo que haya hecho. En
nombre de Dios y de la conciencia, como te6logo, por lo tanto, y no como
político, habla el padre Vitoria de la guerra. La hacen los militares, la declaran y la dirigen los juristas y gobernantes, pero aquéllos y éstos tienen una
conciencia, que les impone la obligación de proceder con justicia, no ya tan
sólo en la manera de hacerla sino hasta en la misma idea que de ella se
formen. Si no tienen en cuenta más que las disposiciones del derecho positivo no llegarán jamás a su entraña más vital, porque esos hombres que guerreando matan y mueren son todos hijos de Dios y llevan en ellos, como
prueba de su filiación, la luz divina de la conciencia. Le viene, pues, su
fuena -tal vez, también su debilidad- a la doctrina del padre Vitoria de
su amplia visión del hombre, que no le permite encontrarlo, como si le contuviera por completo, dentro de la categoría de súbdito de un rey o ciudadano
de un imperio: el hombre es ante todo hombre y, como tal, hay que reconocerle unos derechos y unos deberes, cuya raíz última está en Dios que lo creó

y lo redimió. Fiel a esta idea, el padre Vitoria basa toda 111 teoría tanto del
ancho politico como del derecho internacional en la conciencia del hombre.
.Reconóce pueblos y naciones con penonalidad propia, de la que emanan
derechos y deberes: admite y se somete a un bien común, que está por encima
del interés y del provecho de los particulares· pero rechaza la razón de Estado
o cualquiera otra forma de endiosamiento del poder público, que le autorice
a imponer trasnormas de justicia que las válidas para el individuo.,.. Vasta
la guerra, con este criterio, mucho más la guerra entre pueblos cristianos,
es una monstruosa aberración o como dice el padre Vitoria con felicísimo
acierto, un escándalo, que es, según los te61ogos, la ocasión o causa del pe-

cado ... " n

La idea de comunidad internacional, debida a Vitoria, entre otras pode!OIU razones, ha nacido como consecuencia tambim de la guerra. Sobre
todo, la intensidad y duración de la primera guerra mundial, "impulsó poderoeamente los esfuerzos encaminados a promover la organización de la comunidad internacional, para evitar a5Í o matar en germen, nuevas guerras.
Esta idea penetró en las cancillerías cuando el Papa Benedicto XV y el presidente de los Estados Unidos, Woodrow Wi/son, la hubieron adoptado'\ nos
dice AHred Verdross, si bien resultaría prolijo hacer la historia de la evolución de las instituciones de carácter internacional hasta nuestros días, no es
posible soslayar la importancia que ha tenido la constitución de la Sociedad
de Naciones, como antecedente de la Organización de las Nacio~ Unidas.
La moral es un elemento fundamental en que descansan las relaciones de
los diversos Estados que integran la comunidad internacional. El internacionalista mencionado anterionnente establece: "Dentro de las normas sociales
suele establecerse una distinción entre las normas de la moral (concretamaite de la moral social), del derecho y de los llamados usos sociales o reglas
de la cortesía. También en la vida internacional encontramos estos tres grupos de normas, y aunque el derecho internacional sea el más importante,
rigen a su lado normas de moral internacional y de cortes[a internacional.
La obligatoriedad de la moral para los Estados fue expresamente reconocida
por la resolución de la 37 Conferencia Interparlamentaria, celebrada del 6
al 11 de septiembre de 1948, cuyo artículo lo. establece que 'las relaciones
entre los Estados se rigen por los mismos principios de moral que las relaciones entre los individuos'. Un ejemplo más antiguo de norma moral internacional consiste, por ejempló, en el deber de auxiliar a otros pueblos en caso
de escasez, como ya señaló Vattel'9. Agregando: "Si por un lado la moral
social existe junto al Derecho Internacional, por otro ciertas normas suyas
• ]od M.

GALUOOS ROCAPULL,

El Hombr, y ,l MtAndo d, los T,6logos Españous

544
545

�van unidas al Derecho internacional por el hecho de que éste haga referencia a ellas. Por ejemplo, la Carta de la ONU reconoce la moral internacional
al prescribir, en su preámbulo, en el artículo lo., párrafo lo., y el artículo
2o., párrafo 3o., que en la soluci6n de los litigios que surjan entre los miembros se tendrán en cuenta, no sólo los principios del derecho, sino también
la justicia".24
Sin embargo, la idea de que la moral, sirve de base al Derecho internacional, es evidente en el curso de las mismas relaciones interestatales. "Esta necesaria conexión -escribe el tratadista Verdross- con la moral se da también
con el Derecho Internacional. Incluso cabe afinnar que dicho vínculo se
manifiesta aquí con mayor claridad que en el derecho interno, toda vez que
éste suele aplicar toda una serie de órganos hasta que el 6rgano límite entre
en función, mientras que el acervo de que dispone el Derecho Internacional
es mucho más reducido. En el viejo Derecho Internacional, 110 organizado,
la fórmula del precepto jurfdico es pura y simplemente ésta: si el Estado A
no se atiene en su conducta a lo que el DI establece, el Estado B, por él perjuiciado, puede (no: debe) reaccionar recurriendo a sanciones (represalias,
guerra). En esta fórmula, sólo queda sancionado el comportamiento del Estado A; en cambio, el deber del Estado B de aplicar la sanción únicamente
si ha sido antes víctima de una infracción del DI, se funda en la norma
moral de la buena fe, carente de sanción". En este sentido, ya Bynkershoe
subrayó que el DI se funda en la fuena fe: "Pacta privatorum tuetor jus
civile, pacta Principum bono fides. Hanc si tollis, mutua inter Principes
commercia. . . quin et tollis ipsum jus gen!ium". Si hacemos abstracción de
este principio moral, el DI cae por su base. 25
Ahora el mundo -para finalizar nuestro breve estudio- se encara a dos
realidades: comunismo y capitalismo. Esto, brevemente dicho, es, sin embargo, la síntesis de dos mundos que con distinta ideología, se encuentran ya
en dos barricadas. Se habla del mundo occidental y del oriental. Dos ideologías, con dos sistemas diametralmente opuestos de contenido filos6fico, cuyas
divergencias tan opuestas y marcadas han separado a la humanidad en dos áreas.
11
En 1927 una delegaci6n de trabajadores norteamericanos visitó al señor
Stalin en Moscú -nos dice el escritor Walsh, ya citado- e intercambi6 con
él puntos de vista sobre la posibilidad de emprender una cooperación real
con Rusia Comunista. Durante la entrevista Stalin expuso con franqueza
la futura sinuosidad de la política soviética, añadiendo una profecía dirigida
a los Estados Unidos. ' ... Así, en el curso del próximo desarrollo de la Red• los Siglos d, Oro. Editorial Stylo, M~xico, pp. 27-30.
" ALFHD VUDRoss, op. cit., p. 25.
• Op. cit., p. 25.

wlución Internacional', predijo 'se formarán dos centros en una escala mundial .. . La lucha entre esos dos centros por la posesión de la economía mundial
decidirá el destino del capitalismo y el comunismo en el mundo entero' ". 21
Si "la guerra sólo puede ser un medio para la paz'' -en la concepción
Agustiniana- la humanidad ha tenido ya su experiencia amarga ya que
los conflictos bélicos en que el hombre ha luchado no fueron por el restablecimiento de algún orden de justicia, sino para frenar ambiciones de poder
y de dominio; no lo fueron tampoco inspiradas en alguna doctrina que llevara alguna fónnula o doctrina de paz y alivio a la propia humanidad: el
egoismo, la soberbia, la incomprensión, fueron los principales móviles, que
sumados a otros inconfesables, armaron la mano del moderno Caín en contra
de su hermano. Mientras la humanidad no aprenda a comprender y a practicar una moral inspirada en Aquel que dej6 como preciada herencia las
palabras: j PAZ EN LA TIERRA A LOS HOMBRES DE BUENA VOLUNTAD! todos
los esfuerzos por impedir la guerra serán inútiles, como inútiles han resultado
los intentos para prevenirla o evitarla.
¡ El día que el hombre tenga paz en su corazón, tendrá paz en el mundo!

11

E. A. WALsH, S. /., lmp,rio Total, p. 157.

546
547

�LA FINALIDAD EN EL DERECHO
Dr. Luis REcAsÉNs SICHES
Universidad Nacional Autónoma
de México
1. La finalidad en la vida humana, en términos generale.,.-2. La finalidad
en lo jur!dico.-3. La finalidad en la Teoría General del Derecho.-4. La finalidad
en la Estimativa Jurídica.-5. La finalidad en la ciencia dogmático-técnica del
Derecho y en la práctica jurídica.

St1xAR10:

l. U

FINALIDAD EN LA VIDA HUMANA, EN TÉRMINOS GENERALES

Los PUROS fen6menos de la naturaleza, contemplados exclusivamente desde
el punto de vista de su realidad, constituyen una experiencia de hechos ante
nosotros, pero carentes de toda significación. Por ejemplo, la percepción de
un color nos da intuitivamente la apariencia de ese color. Un color es algo
ante nosotros, que vernos, pero que no tiene un sentido, que no está dotado
de una significación. La caída de una piedra constituye otra experiencia sensible. Frente a ese fenómeno ante nosotros, podemos preguntamos por su
dependencia de otros fenómenos, esto es, por sus relaciones de causalidad (causas y efectos), pero no podernos preguntarnos qué signüicación o sentido
tenga, sencillamente porque no lo tiene, como puro fenómeno natural, al
menos para nosotros. Los hechos y los objetos de la naturaleza constituyen
exclusivamente experiencias sensibles, pero no son cosas «inteligibles", no
tienen significaci6n, no "expresan" nada.
Frente a los objetos de las ciencias de la Naturaleza (Física, Biologia, etc.),
éstas tratan de averiguar las relaciones constantes entre los fenómenos, es decir,
las causas y efectos de éstos.

Hay, por el contrario, en el mundo muchas otras cosas, las cuales, además
de sus componentes sensibles, cuando los tengan -no siempre los tienen como

549

�sucede con las ideas puras-, poseen otra dimensión, que es esencial a ellas,
la dimensión de sentido o significación, por ejemplo: ideas, palabras, gestos,
muecas, exclamaciones, pensamientos, estados sentimentales, apetitos, deseos,
propósitos, acciones, costumbres, libros, estatuas, cuadros, artefactos, etc. Salvo
las ideas puras -abstraídas de toda forma verbal hasta donde esto sea posible,
si es que lo sea-, todas las demás cosas mencionadas, y un sin fin de otras
de análogo jaez, además de sus componentes sensibles, tienen la dimensión
esencial de constituir expresiones de algo que es inteligible, comprensible, translúcido para nuestra conciencia, de algo que nos es homogéneo. "La palabra que oímos no es más que un ruido; una sacudida material del aire.
Sin embargo, no pretende absorber nuestra atención sobre esto que ella es,
sobre ella misma como sonido, sino, al contrario, nos invita a que reparemos en ella tan sólo lo preciso para que la entendamos. Mas lo que se entiende de la palabra no es un sonido (fenómeno de la naturaleza) que sólo se
oye; lo que se entiende es el sentido o significación que ella expresa, que ella
representa" (Ortega y Gasset) .
El reino de los objetos o hechos esencialmente dotados de sentido es muchísimo más extenso y variado, que el campo de conductas en las que el
sujeto de ellas pone un sentido intencional.
Así, por ejemplo, la expresión de la cara, de la mirada, ciertos gestos o
muecas emocionales, los semblantes, los complejos (en la acepción del psicoanálisis), los hábitos, los resentimientos inconscientes, caen bajo el concepto
de "obrar humano" con sentido.
Es error dar por supuesto, que sentido.o significación sea equivalente a un
pensamiento de finalidad, a una posición de fines y utilización de medios.
Cierto que muchos obrares humanos, y entre ellos muchos obrares sociales
-la mayor parte de ellos-, constituyen acciones enderezadas a la realización
de fines. Esas conductas son las que tienen mayor importancia. Pero no son
los únicos obrares humanos con sentido o significación. Hay otros obrares
con sentido y significación, llenos de sentido, los cuales sin embargo no representan una acción dirigida al cumplimiento de fines, sino que constituyen
reacciones sentimentales o estados anímicos frente a determinadas situaciones -por ejemplo, un movimiento de odio o de resentimiento; la expresión
de un alborozo sin finalidad concreta, como ciertas danzas; una reacción de
miedo ante un peligro, real o imaginario; etc.-; la comunicación simplemente por sentir la necesidad de comunicarse con el prójimo, aun cuando
ya sepamos que él sabe lo que vamos a decirle; la conducta de resentimiento
motivada por complejos o factores inconscientes; etc.
Cierto que las leyes de la naturaleza (física y biológica) tienen que influir sobre lo humano, ya que el hombre está en la naturaleza y participa de

550

ella; pero 110 explican su/icíentemente lo humano, porque el hombre es
algo diferente de la naturaleza. El hombre participa en la naturaleza, pero
a la vez está por encima de ella. Su conducta tiene sentido o significación,
está inspirada en finalidades, y se orienta por estimaciones, es decir, por referencias a juicios de valor. El hombre tiene historia, por virtud de su capaci~
dad para aprovechar las experiencias propias, y las de sus semejantes, pretéritos y contemporáneos. Así, pues, ninguna ciencia pura de la naturaleza,
puede, consiguientemente, entender los hechos humanos en su auténtico ser.
Claro que además de los sentidos, en los hechos humanos hay también
causas y efectos. Pero sucede que incluso las conexiones causales están interferidas por la acción psicológica que mana del sentido significación de la conducta humana. Hay una diferencia esencial, dice Maclver, desde el punto
de vista de la causación, entre un papel que corre impulsado por el viento,
y un hombre c¡ue corre perseguido por una multitud. El papel no conoce
el miedo, ni el viento conoce el odio. En cambio, sin el odio de la multitud
perseguidora y el miedo del hombre perseguido, ni éste correría ni la multitud lo perseguiría. Si tratamos de reducir el miedo a sus concomitantes corporales, entonces lo que sucede es que hemos reemplazado la realidad miedo
por esos concomitantes corporales, con lo cual ha desaparecido precisamente lo
esencial del hecho que queríamos estudiar. Cuando se trata de conocer hechos
que tienen una raíz interna, psíquica, es necesario estudiarlos a la IU2 de esa
raíz. De lo contrario no podemos conocerlo adecuadamente, sino solamente
lograr un conocimiento de factores antecedentes, concomitantes, o subsecuentes, el cual nada nos dirá sobre la realidad específica de aquellos hechos; es
decir, conseguiríamos sólo un conocimiento de los factores biológicos y físicos,
pero ninguna idea sobre el hecho /zumo.no, en cuanto tal.
Mientras que el hombre frente a los objetos y fenómenos de la naturaleza
se halla frente a algo externo y extraño a él, en cambio, el sujeto frente a los
hechos humanos -propios y ajenos- y frente a los resultados objetivizados
de éstos, es decir, frente a las obras efectuadas por las acciones humanas, se
encuentra con algo que le es homogéneo, afín, frente a algo que es c:i:presión
de vida humana.
En efecto, es característica de la vida humana que ella, sus acciones y sus
obras, pueden ser entendidas o comprendidas.
Lo inteligible o comprensible no es solamente el reino de los hechos humanos . Lo son también las ideas puras: las leyes lógicas, las conexiones matemáticas, los valores, etc. Esto último ha sido bien sabido desde que la filosofía fue iniciada en la Grecia antigua. Lo que se ha empezado a descubrir desde fines del siglo XIX, y se ha ido analizando cada vez con más
rigor, es que el logos no se agota en la lógica y la matemática, en la razón

551

�pura de tipo geométrico, sino que tiene otras provincias, entre ellas el logos
de lo humano. Por eso, Jo humano -p.e., una acción heroica o un simple
ademán de entusiasmo, el Quijote o una interjección de disgusto-, es inteligible, es comprensible, porque es logos, aunque se trata de un logos diferente de la razón matemática. Se trata de sentidos humanos, de sentidos
vitales, de estructuras de vida humana, entre cuyos elementos se dan conexiones de significaciones referidas al sujeto, al mundo concreto en que él está,
a la relación del sujeto con éste, a su modo de reaccionar frente a éste,
a la relación del sujeto con sus semejantes, a la relación del sujeto con su propio pasado y con el pasado de los demás y de los que fueron en otro tiempo.
Ahora bien, puesto que esas estructuras entre los componentes de un hecho
humano resultan comprensibles, podemos decir que presentan conexiones congruentes, o, lo que es lo mismo, se puede decir que hay un lagos de lo
humano. Cuando conozco todos los antecedentes y todos los componentes
de una determinada situación humana, puedo entender la conducta del sujeto o de los su jetos implicados en tal situación, como algo lógico desde el
punto de vista humano, como algo "razonable". Lógico no quiere decir aquí
racional en el sentido de la razón matemática, sino sencillamente "comprensible", "'inteligible", ccrazonable".
Dentro del campo de la conducta hu.mana hay una inmensa parte de ésta
que tiene una estructura finalista, que consiste en proponerse algo y poner
en acci6n aquellas actividades que conducen a la obtención de la meta o del
resultado propuesto. Se trata de lo que puede llamarse hacer humano.
El hacer humano, como tal, no consiste..en la actividad de sus procesos fis.iológicos, ni tampoco en la de sus mecanismos psíquicos ( de imaginación, pensamiento, percepción, emoción, voluntad, etc.). Tanto esos mecanismos psíquicos, como los resortes corporales, son meros instrumentos con los cuales
el hombre efectúa sus haceres. La esencia del hacer, de todos los humanos haceres, no está en los instrumentos anímicos y fisiológicos que intervienen en la actividad, sino en la decisión del mjeto, en su determinación, en
un puro querer, previo al mismo mecanismo volitivo. Ese puro querer, esa
determinación radical y primera, pone en funcionamiento los mecanismos, ]as
actividades de que el hombre dispone (su imaginación, su voluntad, sus brazos,
etc.). Tanto es asi -que no se confunda el hacer humano con sus medios
o instrumentos-, que decimos: ponerme a razonar, ponerme a imaginar, ponerme a andar, etc. Lo que radicalmente procede de mí es el ponerme a hacer
todas esas cosas, y no esas cosas (el razonamiento, la imaginación, el andar1
etcétera) que son mecanismos, actividades, instrumentos. La vida radica en
la decisión mía.
Ahora bien la estructura del hacer consiste en que se quiere hacer lo que se

552

hace, por algo (por un motivo, que es una urgencia, un afán) y para algo
(con una finalidad, que es el resultado de la actividad, esto es, la obra) . Así
pues, la vida humana, es decir, lo que el hombre hace, se califica por tener
un por qué (motivo) y un para qué (finalidad), lo cual constituye un sentido, un poseer sentido.
Conviene huir de una interpretaci6n harto simplista de la estructura teleológica o finalista del humano hacer, que fue corriente en el pensamiento del
siglo pasado. Según ese pensamiento, que debemos desechar -por insuficiente-, se entendía la finalidad como inve1siót1 mental de la causalidad: se pensaba que el fin era el efecto deseado, que se anticipaba mentalmente: y el
medio era la causa, que se buscaba como adecuada para producir el fin (efecto) apetecido. Yo no diré que esto sea inexacto; pero sí que es insuficiente,
porque en tal explicación no aparece la auténtica raíz humana del proceso
teleológico o finalista. Por deba jo y antes de ese esquema de anticipación
intelectual del proceso causal, hay una específica raíz humana, un motivo,
un pernliar por qué (que en ese caso no significa causa) que consiste en que
el hombre siente una urgencia, una pem.uia, Wl vacío, un haber menester,
que le invita a buscar, a imaginar algo, con lo cual puede colmar esa apetencia. Esto es lo que constituye el por qué inicial del hacer, verbigracia, el
hombre siente miedo de los animales salvajes, y esto le incita a buscar, a imaginar algo que remedie esta penuria: una cabaña. El por qué de lo que va
a hacer consiste en la penuria que trata de colmar. Ya ha imaginado que
construyendo una casa satisfará esa urgencia.. Pues bien, la casa imaginada,
propuesta, constituye el para qué o finalidad de su hacer. Y determinado
esto, buscará las actividades (fuerza de brazos, por ejemplo, etc.) y los materiales (piedras, etc.), para construir su cabaña. Esas actividades, empleadas
sobre esos materiales, constituyen los medios para llegar al fin propuesto
(constituyen las causas eficientes cuyo efecto será la finalidad deseada). Ahora bien, nótese que el esquema fin-medio (causalidad invertida mentalmente:
efecto-causa) sólo entra en escena después de haber producido el hecho pura
y típicamente humano anterior: el motivo (por qué) y el fin al servicio de
éste (para qué) . Sólo después de esto es puesto el fin como tal y se buscan
los medios para producirlo efectivamente, para realizarlo. De suerte que
resulta que el esquema medio-fin, se apoya y queda inserto en un supuesto
más radical que consiste en la conexión motivo-fin.
En lo humano hay naturaleza: hay cuerpo y hay alma; pero la esencia
propiamente humana no es nada de eso, sino la d~cisión de ponerse a utilizar los mecanismos y elementos que le ofrece el mundo, respondiendo a la
necesidad que le estimula para hacer lo que se propone con fin. Era habitual desde Aristóteles contestar la pregunta ¿ por qué hace el hombre algo?,

553

�mostrando la existencia de los mecanismos en cuya posesi6n se halla y que le
sirven para ello. Así, a la pregunta ¿por qué habla el hombre? solla responderse diciendo que lo hace porque tiene un aparato vocal para ello. A la
pregunta ¿ por qué vive el hombre en sociedad?, se respondía: porque tiene
el instinto de la sociabilidad. Pero tales respuestas distan mucho de acercarse a la verdad, o al menos quedan a gran distancia de la auténtica e.xplicación. Poseemos a veces trebejos que no utilizamos, capacidades que no
ponemos en práctica, sencillamente porque no sentimos la necesidad de emplear ni aquellos utensilios ni esas aptitudes. En cambio, cuando sentimos un
vacío, una oquedad en nuestra existencia y hemos imaginado algo con lo que
pudiéramos calmar esa penuria, nos lanzamos a un quehacer congruente, tanto si tenemos a nuestra disposición un mecanismo adecuado como si no disponemos de él. En este último caso, cuando no poseeemos un aparato adecuado, fabricamos el que nos sea posible hacer, o echamos mano de otro,
aunque no resulte tan apto. El hombre no habla porque tenga instrumento
vocal, sino porque siente la necesidad de hacerlo. Y si es mudo, entonces
acude a otros medios de comunicación; por ejemplo, señas. El hombre no
realiza actos sociales porque tengan la aptitud para ello, sino porque siente
la ineludible urgencia de la sociedad.
De todo lo dicho se desprende otra de las características esenciales de la
vida humana, a saber: que cualquiera de sus haceres necesita justificarse, ea
decir, que constituye un problema. Vivir es ocuparse en algo "para" algo.
En primer lugar, tengo que decidirme entre las varias posibilidades -pocas
o muchas, por lo menos dos- que me ofrece la circunstancia en la que estoy
alojado. No tengo por fuerza que hacer esto concreto y nada más, sino que
puedo hacer una cosa u otra. Claro que esas posibilidades son limitadas en
número; si fueran ilimitadas no serían posibilidades concretas, sino pura indeterminación; y en un mundo de absoluta indeterminación no cabe decidirse
por nada. Para que haya decisión tiene que haber, a la vez, limitación y
holgura. El mundo vital es constitutivamente circunstancia, algo cerrado y,
a la vez, abierto, es decir, con hueco interior donde moverse.
Para decidirse por una de las varias posibilidades que se ofrecen es preciso elegir; y para elegir es necesario preferir, es necesario un acto de preferencia a favor de esta posibilidad, sobre todas las demás. Pero una preferencia sólo es posible en virtud de una estimación, es decir, en virtud de
que se valore esta posibilidad y de que se le estime más que todas las otras.
En suma, para decidir es preciso elegir; para elegir es necesario preferir;
y para preferir es ineludible que sepamos estimar o valorar.
Así pues, el proceso finalista empieza con un motivo, con la conciencia de
una necesidad insatisfecha. Luego la imaginación se lanza a pensar algo

554

con lo cual se pudiese satisfacer esa necesidad, pensamiento en el cual va
ya impücita una valoración.
Cuando se decide por algo imaginado que aún no existe o que si existe
no esté ahí a su mano, entonces el hombre, con esto, se propone un fin (un
resultado o efecto todavía no producido), concibe un propósito. Seguidamente, también con su imaginación busca qué clase de actividades que, en
combinación con cosas u objetos de los cuales ya dispone, habrán de producir el fin propuesto (el efecto apetecido), es decir, buscar los medios (causas)
conducentes al logro de la meta, operación en la cual intervienen también
juicios de valor sobre la adecuación de los medios pensados, sobre su oportunidad, sobre su bondad, y sobre su eficacia.
Todo esto aplicado a la acción social finalista que se emprenda por una
0 varias personas, lleva a lo que hoy en día se llama formulaci6n de una
politica, o de un proyecto de conducta.
Considero que la formulación y ejecución de una política ordinariamente
consta de cuatro elementos: a) la determinación de los valores en que la
acci6n se debe orientar; b) el estudio a fondo y minucioso de la realidad concreta con la que uno se enfrenta, y sobre y con la cual se tiene que trabajar;
e) el escoger ya concretamente los propósitos o fines determinados que se
trata de alcanzar en esa realidad concreta; y d) la selección de los medios
mejores, mejores tanto desde el punto de vista ético, como en el aspecto práctico de eficacia, para conseguir el cumplimiento de los fines o propósitos
que se escogió.

2. LA

FINALIDAD EN LO

JUJÚDICO

La finalidad es la creadora del Derecho, dijo Thering como lema de uno
de sus grandes libros que lleva por título precisamente El fin en el Derecho.
A esto se debe añadir otra observaci6n: en la estructura finalista, el Derecho
(se entiende, el Derecho positivo, obra humana) pertenece al concepto del
medio, con el cual los hombres tratan de realizar algunos fines, algunos resultados o efectos en cuya obtención están interesados.
El Derecho positivo es siempre una obra circunstancial, es decir, que el
Derecho positivo no puede ser jamás un conjunto de verdades, o un conjunto de aproximación a unas verdades, sino que, por el contrario, el Derecho
positivo es un conjunto de instrumentos fabricados por los hombres para producir determinados efectos en la realidad social, precisamente los efectos que
,e reputan justos, 'Y útiles para el bien común de una determinada situación
social. Las normas del Derecho positivo son las respuestas que el legislador,

555

�la sociedad (por vía consuetudinaria), o el juez dan para satisfacer determinadas necesidades sociales, para resolver ciertos problemas o conflictos de la
convivencia y cooperacíón humanas, tal y como éstos se presenta~ en un lugar y en un tiempo determinados inspirándose para ello en Jas valoraciones
que es~im~ correctas._ Con estas normas positivas, sus autores se proponen
la reahzac1on de un fm o resultado, cuyo cumplimiento representa el modo
que se entendió como el más valioso en una circunstancia, para satisfacer
aquellas necesidades o para resolver aquellos conflictos. Además, las normas
jurídico-positivas contienen los medios que se estiman adecuados y eficaces
para la realización de aquellos fines.
Claro que mediante el Derecho, al igual que mediante otros productos
culturales, los hombres tratan de llevar a cumplimiento ualores los cuales
tienen una validez ideal. La cultura, por lo tanto, trasciende el'área de 1~
actividades humanas que la producen, para conectarse con valores ideales.
Sin embargo, aunque la cultura posea una dimensión que trasciende las
realidades particulares en que se gesta, la cultura surge por el estímulo de
necesidades que los hombres sienten y con el propósito de satisfacer tales necesidades. Además, la cultw-a se desenvuelve como un conjunto de funciones
de la vida humana; y tienen su sentido primordial dentro de la existencia del
hombre y para éste. La cultura es algo que el hombre hace en su vida; y que
lo hace ~o por accídent~ ni por casualidad, sino porque le viene suscitado por
l~s necesidades de su vida. Con el lenguaje, el conocimiento, el arte, la técruca, el D_erecho, etc., los _hombres satisfacen o tratan de satisfacer urgencias
que expenmentan en su vida. Claro quejo que le viene impuesto es el tener
que hace1lo, en tanto que funciones de su vida; pero no el modo concreto 0
singular de hacerlo en cada caso, ni lo particular que haga en cada caso. EJ ·
hombre en su vida desenvuelve siempre las mismas funciones, pero las desenvuelve .si~pre de diferente manera, o, dicho con otras palabras, las desenvuelve h1stórtcame11te, esto es, de modo vario y cambiante.
Ahora bien, aun _habiendo reconocido que las obras de la cultura ( ciencia,
arte, Derecho, técruca, etc.), apuntan esencialmente a la realizaci6n de los
valores, ellas no son en sí mismas valores puros, sino que son obras del hombre, mediante las cuales éste trata de satisfacer necesidades de su vida bien
que dirigiéndose por criterios de validez trascendente.
'
~6tese que ~ bien en términos de generalización podemos hablar de tipos
vanos de necesidades humanas -por ejemplo, las que motivan el hacer conocimiento, el elaborar Derecho, etc.-1 en la realidad, todas las necesidades
senti.das por los hombres son concretas, nacen en una cierta situación, se
manifiestan en condiciones particulares, tienen a su alcance medios determinados, etc. O, expresado en otros términos: todas las necesidades de los hom-

556

bres, y consecuentemente las actividades y obras que éstos producen para
colmarlas, son hist6ricas. Por lo tanto, esas acfrddades y esas obras, aunque
orientadas hacia valores objetivos, están condicionadas por la situación histórica singular de la cual surgieron y a la cual se dedican. Así pues, las ciencias de la cultura tratan de obras humanas (Tfcnica, Derecho: Arte, Lenguaje, etc.), que fueron elaboradas por unas gentes bajo la incitación de determinadas necesidades sentidas en un cierto tiempo, y en una situaci6n hist6rica concreta. Esas obras humanas representan la consecución de una finalidad
con la cual dichas gentes intentaron satisfacer aquellas necesidades: y esas
obras fueron llevadas a cabo utilizando ciertos medios que se estúnaron como adecuados y eficaces para la producción de tales obras. Toda obra cultural (por ejemplo, una ley o un reglamento) tiene una significación circunstancial, es decir, ha nacido en una situación histórica y vital concreta, para
obtener mediante los efectos que produzcan la satisfacción de unas necesidades humanas también concretas. Cierto que las obras culturales pueden y deben inspirarse en valores objetivos; pero aquí no se está hablando de ideas
puras de valor, sino de otra cosa: de obras humanas en las cuales se trata de
satisfacer unas urgencias humanas con referencia a unos valores. No ~e trata de valores ideales, sino de realizaciones humanas que apuntan hacia unos
valores. Por eso todos los objetos culturales son circunstanciales, esto es, fueron creados por el estímulo de una determinada circunstancia, para ser vividos o aplicados en esa circunstancia. Tienen ciertamente sentido, significación. Pero tal sentido o significación no es una idea pura con validez necesaria, sino que es un sentido humano, una significación referida a un determinado problema en la existencia de unos hombres.
El hombre experimenta no sólo el dolor de la inseguridad frente a la naturaleza, sino que también se plantea análogo problema respecto de los demás
hombres; y siente la urgencia de saber a qué atenerse en relación con los
demás: de saber cómo se comportarán ellos con él y qué es lo que él debe y
puede hacer frente a ellos; y precisa no sólo saber a qué atenerse sobre lo que
debe ocurrir, sino también saber que esto ocurrirá necesariamente; esto es,
precisa de certeza sobre las relaciones sociales, pero además de la seguridad
de que la regla se cumplirá, de que estará poderosamente garantizada. Necesita saber qué es lo que ocurrirá con el ganado que apacentaba o con el
árbol que cultivaba, cuando esté durmiendo o se ausente; qué es lo que le
pasará a su compañera, cuando él no se halle a su lado; en suma, tiene la
necesidad de saber qué podrán hacer los demás respecto de él, y qué es lo
que él puede hacer respecto de los demás; y no sólo esto, sino que también
precisa tener la seguridad de que esto será cumplido forzosamente, garantizado, defendido de modo eficaz. El derecho surge precisamente como ms-

557

�tancia detenninadora de aquello a lo cual el hombre tiene que atenerse en
sus relaciones con los demás -certeza-; pero no sólo certeza teorética (saber lo que se debe hacer), sino también certeza práctica, es decir, seguridad:
saber que esto tendrá forzosamente que ocurrir, porque será impuesto por la
fuerza, si es preciso, inexorablemente. El Derecho no es puro dictamen, mera
máxima, sino norma cierta y de cumplimiento seguro (de imposición inexorable), norma garantizada por el máximo poder social, por el Estado, a cuyo
imperio no se podrá escapar.
Desde luego que con la certeza y la seguridad no basta, pues la certeza y
la seguridad deben darse en normas justas; pero certeza y seguridad constituyen el sentido formal de la función del Derecho.
Los valores superiores que deben inspirar al Derecho se refieren a los fi.
nes que mediante él deben ser cumplidos; y claro es que un ordenamiento
jurídico no estará justificado, no será justo, sino en la medida en que cumpla los valores que deben servirle de orientación. Pero lo jurídico del Derecho
no radica en esos valores, sino en la forma de su realización a través de él. O
dicho con otras palabras: lo jurídico no es un fin, sino un especial medio
puesto al servicio de la realización de fines varios. Hay fines sociales que en
principio bien pudieran ser perseguidos por medios ajenos a lo jurídico: educación, apostolado, propaganda, iniciativa individual, organización social, etc.
Ahora bien, cuando a una colectividad le interesa asegurar de la manera más
firme la realización de determinados fines, entonces los recoge en normas jurídicas, esto es, impone su cumplimiento de manera inexorable, por ejecución forzosa. Así, siempre la función det Derecho es seguridad, aseguración;
lo mismo en un régimen tradicionalista que en un régimen revolucionario,
pues, tanto en un caso como en otro, se trata de asegurar la realización eficaz.
Lo que acabo de e&gt;..-poner no implica de ninguna manera la indiferencia
de los fines. En modo alguno. Desde el punto de vista de la valoración, de la
Estimativa Jurídica, se debería distinguir entre fines malos y fines buenos; y
aun no todos los fines buenos podrán ser perseguidos jurídicamente, pues hay
muchos valores -por ejemplo, los morales puros- cuya realización no es
lícito promover mediante el Derecho, ni tiene sentido que así se pretenda.
De suerte que en la Estimativa Jurídica (esto es, en la Teoría de la valoración jurídica, de los ideales de· Derecho) se determinarán las directrices que
deben orientar al Derecho, los criterios para su perfeccionamiento y para su
reelaboración progresiva; se esclarecerá cuáles son los supremos valores que
deben ser plasmados en el Derecho y se establecerá qué es lo que puede justificadamente entrar en el contenido del Derecho y qué es lo que no puede lícitamente constituir objeto de normas jurídicas (por ejemplo, el pensamien•

558

to religioso y e] científico, frente al cual el Derecho no debe sino garantizat
su libertad, pero de ninguna manera regularlo taxativamente; por ejemplo,
tampoco la pura moralidad, que en modo alguno puede ser impuesta por el
Derecho, etc.)
Aquí lo que importa es mostrar cJaramente que la juridicidad, lo jurídico,
no es e:,...'Presión de determinados fines, sino sólo de una especial manera o
forma de realizaci6n de fines sociales. Ahora bie~ claro es que a la luz de la
Estimativa no será indiferente el problema de cuáles sean los fines sociales
que puedan y deban ser perseguidos jurídicamente, ya que no todos los fines
sociales podrán lícitamente ingresar en el mundo del Derecho; y, en cambio,
los hay que deberán necesariamente ser objeto de regulación jurídica; mientras que respecto a otros muchos, según las circunstancias, será conveniente o será no conveniente que se articulen jurídicamente.
Lo que importa aquí es, como se indico ya, mostrar una serie de fines cuya consecución puede intentarse por varios medios. La regulación jurídica es
uno de esos medios, pero no el único. De sue1te que lo jurídico no consiste
en este o en aquel contenido, sino en la forma de normaci6n impositiva e
inexorable que pueden adoptar los más diversos contenidos sociales. Así, por
ejemplo, la tarea social de socorro o ayuda a los necesitados ha sido muchas veces confiada a la libre iniciativa de la generosidad individual; .otra~ veces, a puras organizaciones sociales ( no oficiales) de beneficencia ; pero cuando la colectividad ( representada en su supremo órgano, en el Estado)
ha considerado como de todo punto necesario el asegurar la plenaria realizaci6n de este fin, entonces ha convertido la asistencia social en una institución jurídica, la ha sujetado a normas de imposición inexorable (para los
funcionarios que se encargan de ella y para quier.es deben forzosamente aportar una contribución) . Así también la función de la enseñanza ha sido confiada en algunas épocas a la iniciativa particular, a instituciones sociales libres; pero cuando el Estado ha estimado que la colectividad precisa que se
asegure en forma irrefragable el cumplimiento de dicha tarea, y que ésta se
efectúe sobre determinadas bases (por ejemplo, sobre la base del fundamentalísimo principio de la libertad de pensamiento, etc.), entonces ha organizado
jurídicamente la función pedagógica, Así también, ha habido épocas en las
cuales se ha estimado que el bienestar de las gentes era asunto que éstas debían realizar en virtud de la acción individual y de la acción espontánea de
los entes sociales libres, pero que de ningún modo era tarea del Estado, y que
al Estado no le competía nada más que garantizar la libertad y la justa aplicación de ella; y de tal suerte, en alguna manifestación del liberalismo del
siglo XIX se decía que al gobierno no se le ha de pedir que haga la felicidad
de los ciudadanos (que es asunto propio de ellos), sino tan sólo que sea justo

559

�y respete la libertad. Pero, en cambio, después se abre camino en la sociedad
la convicción (que ya en otros tiempos existiera también) de que al Estado
compete también la misión de realizar en la mayor cuantía posible el bien
general de sus miembros, y que, por tanto, debe intervenir en lá regulación
de la economía y en la realización de una serie de finalidades de bienestar,
porque es preciso asegurar el cumplimiento de dichas tareas, las cuales entonces quedan jurificadas, es decir, pasan a ser enmarcadas en normas jurídicas. Así también obsérvese que, en otros tiempos, se consideró que era necesario para la sociedad asegurar impositivamente la vida religiosa (lo cual
es un máximo error y una monstruosa aberración, pues la religión sólo puede
fundarse en la libre adhesión, en la sincera convicción) o también una doctrina científica (lo cual es tan equivocado como lo anterior, y es, además,
una estolidez), y se convirtió tales funciones en algo jurídico, se las sometió
a una regulación perceptiva, taxativa, mediante normas de Derecho. Pero,
en cambio, cuando se abre paso un sentido humano, la hberación de la conciencia -sin la cual no puede haber auténtica cultura- se sustrae al imperio del Estado) esto es, al imperio de una regulación jurídica, el contenido de
la conciencia religiosa y el del pensamiento teórico; y1 entonces, lo que importa es asegurar la libertad de conciencia y de pensamiento1 Y1 a tal fin, se
impone i¡iexorablemente a todos, a los funcionarios y a los particulares, el

pleno respeto a la inviolabilidad de la persona.
Adviértese, pues, cómo lo esencialmente jurídico no está en el contenido de
las normas, sino en la especial forma de imperio inexorable, pues es lo que ca1-a.cteriza al Derecho. El mismo contenido de una norma jurídica puede ser
contenido de una regla del trato social o de una máxima técnica, o de un
consejo. Si fuera cualquiera de estas cosas y nada más, la norma seguiría diciendo lo mismo, pero no sei;ía Derecho. Lo que una norma jurídica tiene de
jurídica no es lo que dice1 sino la manera como lo ordena: impositiuamente,

de tipos contrarios, tales como el anhelo de cambia, la aspiración de mejora
y progreso.
En efecto, sucede que si bien por una parte el Derecho sirve a un propósito de certeza y seguridad. por otra parte sirve también a las necesidades
suscitadas por el cambio social y por los deseos de progreso. Así pues, el Derecho, por una partei pretende ser estable, mas por otra parte no puede permanecer invariable, sino que, por el contrario, debe ir cambiando al compás
de las nuevas circunstancias y necesidades sociales. La seguridad perfecta
equivaidrla a la absoluta inmovilidad de la sociedad. El cambio constante
sin ningún elemento y formas estables1 haría imposible la vida social.
'
Para comprender y explicar el proceso social de fonnación y de desenvolvimiento del Derecho, es preciso tener a la vista dos aspectos: el hecho de
que los hombres al producir Derecho tratan de dar certeza y seguridad a
determinadas relaciones interhumanas; y el hecho de que, a pesar de que el
orden jurídico tiene una funci6n estabilizadora de determinadas relaciones socíales, sin embargo, no puede substraerse a las necesidades de modificación
suscitadas por el cambio social, por el nacimiento de nuevas necesidades, por
la transfonnaci6n de antiguos menesteres, y por la aparición de nuevas circunstancias.
La finalidad en el campo de lo jurídico y en el estudio del Derecho se manifiesta en tres aspectos, o a tres niveles diferentes, a saber: a) en Ja esencia
de lo jurídico, y, por tanto en la Teoría fundamental a general del Derecho;
b) en la Estimativa o axiología jurídica; y c) en las normas jw·ídico-positi~as, Y, consiguientemente, en la ciencia dogmático-técnica del Derecho positivo y en la práctica juódica.

3.

LA FINALIDAD EN LA ESENCIA DE LO JURIDlCO Y EN LA TEORÍA ~UNDAl\lENTAL

DEL DERECHO,

con pretensión de mando inexorable.
No debe entenderse esta función de certeza y seguridad en términos absolutos. Por el contrario, hay que pensarla sólo con un alcance limitado Y
relativo. Esto es así por las siguientes razones:
lo. Aunque los hombres elaboran el Derecho positivo movidos por el deseo de obtener alguna certeza y seguridad en determinadas relaciones socíales, lo que les importa no es cualquier certeza y seguridad, sino precisamente
certeza y seguridad en lo que entienden como pautas de justicia.
2o. Aunque el deseo de seguridad es uno de los afanes fundamentales de
la vida humana, no es el único de éstos, sino que coexiste con otros deseos

560

EL CONCEPTO UNIVERSAL de lo jurídico, o sea de la esencia del Derecho no
puede contener ninguna determinación concreta, pues entonces no sería el
concepto universal del Derecho, sino que sería el concepto de un determinado Derecho ( antiguo o moderno; civil o penal; justo o in justo; etc.) Por esa
razón, el concepto universal, o de la esencia, de lo jurídico, debe ser formal,
esto es no debe albergar dentro de sí ninguna especificación particular, ninguna detenninaci6n concreta. Ha de ser una noción universal, dentro de la
que quepan todas las manifestaciones de lo jurídico. El concepto universal
del Derecho debe abarcar dentro de sí todos los Derechos que en el mundo
han sido, todos los que son y todos los que puedan ser. Este concepto debe

561

11. 36

�damos la esencia de lo jurídico, pura y simplemente, dejando a un lado todos los calificativos específicos e individuales que correspondan a manifestaciones jurídicas de diversas clases. Debe ser un concepto que sirva lo mismo
para el Derecho civil que para el penal, el procesal, el constitucional, etc.;
que sea igualmente aplicable al ordenamiento e instituciones de un pueblo
primitivo y al Derecho complicado de un Estado civilizado de Occidente; valedero tanto para el antiguo como para el medieval, el moderno y el contemporáneo. Y por tanto, también, que comprenda igualmente las normas jurídicas justas como las normas juridicas injustas.
La pertenencia de una obra humana al campo jurldico no se decide por
la consecución efectiva de justicia que haya logrado encarnar, sino por la
posesión de una serie de caracteres formales, que son los que determinan o
constituyen la esencia de lo jurídico.
No se crea que al incluir en la determinación de la esencia de lo jurídico
sus finalidades funcionales, con eso se ha mutilado la universalidad del concepto. Algunas escuelas contemporáneas de Filosofía del Derecho habían sostenido que dentro del concepto universal de lo juridico no podía entrar ninguna idea de finalidad, pues se decía que de incluir una idea de finalidad,
como quiera que los fines son siempre particulares propios de una determinada comunidad o momento, o propios de una doctrina valorativa, resultaría que ya no obtendríamos un concepto absolutamente universal, sino tan
sólo el concepto de determinados ordenamientos históricos, o de determinado criterio estimativo; y, entonces, ese.concepto ya no podría aplicarse a todos los Derechos que en el mundo han sido, son y serán. Pero este argumen•
to en nada afecta a la doctrina que yo e.xpongo. Efectivamente: la inclusión
de la referencia a un fin concreto invalidaría la universalidad del conet'pto,
su pretendida esencialidad; pero aquí yo no incluyo ninguna idea de fin concreto, sino unas ideas de finalidades funcionales, las cuales son por entero
formales, plenamente universales. Lo que varía, en la historia y en las diversas doctrinas filosóficas y políticas, son los fines asegurados; pero, en cambio, hay finalidades funcionales constantes. Variará el contenido de esas fina•
lidades en cada sistema de Derecho positivo; pero las funciones son perma-

nentes a fuer de esenciales.
Entre las notas formales y esenciales del Derecho figuran varias dimensiones de finalidad funcional, que no restan de ninguna manera universalidad
al concepto esencial, porque pertenecen a todo Derecho, a todas las manifestaciones de lo jurídico. Tales notas o dimensiones de finalidad funcional
son las siguientes:

562

1. La re/erencia intencional a valores, la mención intencional de la justicia.
Todo Derecho es un propósito de Derecho justo. Tal propósito podrá resultar logrado, más o menos logrado, o fracasado. La idea de la justicia (y de
los demás valores por ésta implicados) no pertenece al contenido del concepto universal de lo juridico. Pero, en cambio, la referencia intencional a la
justicia (y a los demás valores por ésta supuestos) es una de las notas form:ales de todo Derecho, y, por ende, del concepto universal o esencial de
lo jurídico.

2. La función de seguridad y de certeza en determinadas relaciones sociales, en el cumplimiento de aquellos fines que los miembros de la sociedad de
un determinado lugar y un cierto tiempo consideran de indispensable realización. La seguridad puede establecerse respecto de los contenidos más dispares -como nos muestra la Historia del Derecho-; pero dondequiera que
haya Derecho reconocemos éste por constituir una función aseguradora de
que una determinada conducta, independientemente de la voluntad hostil
que pueda hallar, será impuesta y realizada, y de que los comportamientos
contrarios serán hechos efectivamente imposibles.
3. La función de resolver los con/lictos de intereses.
Hay competencia y conflictos entre los intereses de los varios seres humanos. En este sentido se entiende por interés la demanda o deseo que los seres
humanos tratan de satisfacer, bien individualmente, o bien a través de grupos y asociaciones, en sus relaciones con los demás, puesto que la satisfacción
de todos los intereses de todos los seres humanos no es posible, por eso hay
competencia entre los hombres en cuanto a sus varios intereses concurrentes;
Y esa competencia da origen muy a menudo a conflictos.
En principio no hay más que dos procedimientos para zanjar los conflictos
de intereses: o bien la fuerza -triunfo de' quien sea más fuerte, por su vigor
muscular, o por las armas que tenga, o por su astucia-, o bien una regulación objetiva (es decir, que no derive de ninguna de las partes de conflicto, sino de una instancia imparcial, y que sea impuesta a ellas por un igual),
la cual sea obedecida por los antagonistas.
Las normas jurídicas positivas representan precisamente la adopción del
segundo tipo de procedimiento para resolver los conflictos de intereses, es
decir, el camino de una regulación objetiva que se imponga por igual a las
partes en oposici6n, con el fin de evitar que sea la fuerza la que decida tales
conflictos.
Veamos de qué modo opera el Derecho positivo, para zanjar los conflictos

563

�de intereses entre los individuos o entre los grupos. E1 Derecho positivo obra
de la siguiente manera:

que llegaría tan lejos como llegase la influencia efectiva que ejerciera en
cada momento sobre sus súbditos. La existencia de ese poder no organizado

A) Clasifica los intereses opuestos en dos categorías: intereses que merecen protección e intereses que no merecen protección. B) Establece una es-

y s_u alcan~e en cada momento dependerían exclusivamente de cuál fuese
la influencia que de hecho ejerciese en cada instante sobre la conducta de
las gentes, p~r e~c~a de las cuales tratase.de imperar. El alcance de tal poder no estar¡,a limitado nada más que por los limites de su propia fuerza,
llegaría en cada instante hasta donde llegase esa fuerza¡ en ocasiones serí;
tal ":ez abrumad~r, y carecería de límites; otras veces, cuando fallase total 0
parcialmente su influencia,
afectiva o llegaría a no existir en aquel momento,
,
1
d
o. su, .a canee ven ria a ser muy corto cuando fallara en parte . La orgamzac1on
· ·,

pecie de tabla jerárquica en la que determina, respecto a los intereses que merecen protección, cuáles intereses deben tener prioridad o preferencia sobre
otros intereses, y los esquemas de posible armonización o compromiso entre
intereses parcialmente opuestos. C) Define los límites dentro de los cuales
esos intereses deben ser reconocidos y protegidos, mediante preceptos jurídicos
que sean aplicados congruentemente en caso de que tales preceptos no sean
espontáneamente cumplidos por sus sujetos. D) Establece y estructura una
serie de órganos o funcionarios para: a) Declarar normas que sirvan como
criterio para resolver los conflictos de intereses (poder ejecutivo y administra•
tivo) ; y b) dictar nonnas individualizadas -sentencias y resoluciones- en
las que se apliquen las reglas generales (poder jurisdiccional).

J~dica del poder ~ota a éste de una mayor estabilidad, de una mayor regulandad; ~ero al. IllliIDO tie~po limita el alcance de ese poder, porque tal alcance
· ·
. está defirudo,
. determmado
.
' deslindado por el Derecho, y, cons1gu1entemente, no puede rr más le1os de lo establecido en el Derecho, en tanto quiera
~rmanecer como poder juríwco y no quiera intentar ser un poder arbitra-

no.

4.

La función de organizar el poder político.
El Derecho, para zanjar los conflictos de intereses, necesita no solamente
un criterio para resolver tales conflictos, sino que además necesita estar apo•
yado por el poder social que quiere ser más fuerte que todos los demás pode•
res sociales, es decir, por el poder político, o sea por el Estado, Ahora bien,
el Derecho satisface también la necesidad de organizar este poder político,
esto es, el poder del Estado. El Derecho precisamente organiza la serie de ór•
ganas competentes que hablan y actüan en su nombre. Ahora bien, si por
una parte el Derecho positivo vigente es realmente tal Derecho positivo vigente de un modo efectivo, porque y en tanto lo apoya el poder del Estado,
por otra parte acontece también que el poder del Estado está organizado y
ungido por el Derecho, o, rucho con otras palabras, el Derecho es uno de
los ingredientes más importantes del poder del Estado. En efecto, el poder
del Estado se apoya sobre una serie de hechos sociales; es poder estatal, pre•
cisamente porque es el resultado de los poderes sociales más fuertes; pero, a
su vez, el Derecho da al poder del Estado su organización,

5. La función de legitimar el poder político.
El Derecho no sólo organiza el poder político, además lo legitima.

6. La función de limitar el poder político.
La organización del poder por medio del Derecho implica una limitación
de ese poder. En efecto, un poder no organizado, no sometido a determina•
das formas, no especificado en una serie de competencias, sería un poder

564

4. U

FINALIDAD EN LA ESTIMATIVA JURÍDICA

Para que .determinado resultado) efecto sea establecido como finalidad debe. cumplir
· 'tos: pnmero,
·
.. dos requw
que eso aparezca como valioso. es' deClf, _todo tm debe justificarse por un juicio positivo de valor; y, segundo) que,
habida cuenta de la realidad humana en la cual se trata de cumplir aquel valor, el_ fin ~ropuesto resulte adecuado a dicha realidad a la luz de una correcta estimativa.

Per0 aqm' 1O que precrsa
· ante todo es darse cuenta de que toda finalidad se basa sobre una estimación, trata de justificarse a la luz de un J'uicio
de valor.

_El ~roblema de los fines en Estimativa jurídica presenta las sigwentes implicac1ones.
Por una parte, preguntarse por Jos fines últimos del Derecho es decir por

1os.f~es a los que el Derecho trata de servir como medio de realización
'
' impo51tiva inexorable, equivale a preguntarse por los valores que deben orlen~ al Derecho. A título de mero ejemplo, pues el presente artículo está de~cado a la finalidad en el Derecho en términos generales y no a la indagación sobre los valores jurídicos, cabría dar a esa pregunta la siguiente respue~ta: 1) El Derecho debe cumplir siempre una finalidad de certeza y seguridad en aquellas relaciones y situaciones sociales reputadas por las gentes
de una detenruna
. d a socie
· d a d como de aseguramiento deseable. 2) El Dere-

565

�cho debe ser el medio de realización de la justicia y de los valores por ésta
implicados o supuestos, como son, por ejemplo, la dignidad de la persona individual, los derechos básicos de libertad del individuo, los derechos de paridad, no sólo ante la ley sino también en cuanto a las oportunidades, los derechos democráticos, la proporcionalidad en las relaciones económicas -salario justo, renta justa, precio justo, distribución justa, etc.-. 3) El Derecho debe servir como instrumento para el bie11estar general~ como instrumento de cooperación, en la medida en que no se interfiera con las libertades
fundamentales del individuo, para aque11as empresas cuya realización esté
más allá de las posibilidades de los individuos o de los grupos sociales particulares.
Pero, una vez sentadas las directrices generales sobre los fines del Derecho,
-por ejemplo, en los términos generales de una estimativa o A.xi.ología humanista, como lo he apuntado en el párrafo precedente ( es decir, considerando que el hombre -al igual que todas las instituciones- no ha sido hecho para servir al Estado, sino, al contrario, que el Estado ha sido hecho para servir al hombre)-, entonces además habrá de plantearse el problema de
los fines respecto de cada institución y de cada norma jurídica particulares.
Hay algo que precisa no perder de vista, a saber: el carácter circunstancial
de todo Derecho positivo.
Uno de estos puntos es el siguiente: las normas jurídicas no son, no pueden pretender ser, no pueden ser, proposiciones con intención científica, de
las cuales quepa predicar los calificativos de verdaderas o falsas. Las normas
jurídicas son actos de voluntad, y son instrumentos creadog- por la acción, es
decir: utensilios para producir en la vida social, de una determinada sociedad en una cierta situación, unos especiales efectos, a saber: los efectos que
el legislador considera que son los más justos en la medida de lo posible.
El Derecho positivo es siempre, por esencial y necesariamente, una obra
circunstancial, en un doble sentido o dimensión, y en la acepción filosófica
estricta de esta palabra. Las normas jurídicas son gestadas y elaboradas bajo el estímulo de unas ciertas necesidades sentidas en una sociedad y en una
época determinadas, es decir, al conjunto de las urgencias de una cierta circunstancia social. Pero esto no es todo, pues hay una segunda dimensión circunstancial; esas normas jurídicas que se configuran bajo la presión de una
circunstancia social están destinadas a remodelar o estructurar dicha circunstancia social, es decir, están pensadas para producir en esa realidad social
precisamente unos determinados resultados, y no otros.
El reino de lo humano no es una especie de celeste imperio de valores puros, es el conjunto de esfuerzos realizados por las gentes en el curso de su
historia para plasmar concretamente en la vida las exigencias de aquellos va-

566

l~res. Los _valores puros -por ejemplo, la idea plenaria y perfecta de justiCla- son ideas; pero, en cambio, las elaboraciones de Derecho positivo llevadas a cabo por los pueblos en su desenvolvimjento histórico, son obras hu~anas _que surgie~on al conjuro de una urgencia, de una necesidad, de una
1IDpres1ón de sentirse menesteroso ante un problema que la naturaleza no nos
~ resuelto de modo automático por vía de instinto, como le ocurre al animal,
~mo que ha _de s:r enfocado y resuelto por cuenta propia por los hombres, baJO su exclUSJvo nesgo y responsabilidad. Para ello, el hombre hace uso de sus
facultades imaginativas, con las cuales busca algo que, 0 bien no existe todavía, o si existe no, está ~í al alcance de la mano, mediante lo cual se pueda
colmar aquel vac10, satlsfacer aquella urgencia, cubrir aquella necesidad.
Este pr~blema de _los fines puede ser considerado desde otro punto de vista, entendiendo los fmes a los que el Derecho debe servir como intereses dignos de la ~rotección jurídica, en los términos en que Roscoe Pound expone
esta matena.
A esos efectos, Pound define un interés corno "una demanda O un deseo
que _los_ seres humanos, o bien individualmente, o bien a través de grupos 0
asoc1ac1ones .... trat~, de satisfacer¡ demanda o deseo1 que tiene que ser
tomado en coDS.Jderac10n por la ordenación de las relaciones hwnanas y de la
conducta humana".
Surgen conflictos ¡&gt;0rque hay mutua competencia entre los individuos y
sus grupos.
Nótese que el Derecho no crea esos intereses. Los encuentra ante sí clamando por pro_te~ción y por seguridad. El Derecho clasifica esos interese~, y presta reconocuruento a un determinado número de ellos, mayor O menor. Dete~ina los límite~ dentro de los cuales el Derecho se esforzará en proteger
los mtereses seleccionados por él; delimita la esfera de validez de unos intereses frente a la esfera de validez de otros, así como también la prioridad de
unos sob_re otros. Estas tareas requieren un pleno conocimiento (sociológico)
de eso~ intereses, así como también requieren ideas claras sobre las pautas
valorabvas, para determinar cuáles deben ser los intereses protegidos en qué
medida, y de qué manera.
'
La noción de interés implica la nota de demanda, de pretensión, de deseo.
Por lo tanto, no debe confundirse esa noción de interés con la noción de interés dada por los economistas, la cual implica tan sólo el hecho de una ventaja o de un beneficio.
~o~viene advertir que la tarea del orden jurídico, consistente en reconocer,
delllllltar y proteger eficazmente los intereses reconocidos en la medida en
que lo estén, no puede considerarse nunca como definitivamente terminada.
Los intereses no reconocidos siguen ejerciendo constantemente una presión

567

�para obtener mañana el reconocimiento que ayer no consiguieron. Los intereses que fueron reconocidos sólo parcialmente se esfuerzan por ampliar el
ámbito de su protección. Viejos intereses en el pretérito, aJ cambiar las circunstancias parecen perder volumen e intensidad, o perder título razonable
para ser protegidos. Al correr de los días surgen nuevos intereses, aparecen
nuevas demandas presionando al legislador, y a los jueces. Al transfonnarse
las realidades sociales, quedan a Yeces modificadas las relaciones entre los diversos intereses concurrentes; y esa modificación afecta a las consecuencias
que se siguen de aplicar los criterios estimativos o pautas axiológicas. Por otra
partei ocurre frecuentemente que la solución dada por el legislador o por los
jueces a determinados tipos de conflictos, al ser llevada a la práctica, se muestra produciendo resultados contrarios a los que se quería, o resulta simplemente ineficaz, lo cual plantea tanto al legislador como a _los tribunales el problema de rectificar !os criterios que antes establecieron.
El legislador y también el juez se hallan ante el conflicto entre las fuerzas que desean conservar lo que llaman el Ol'den social --el cual suele ser
una especie de cuadro idealizado del orden del pretérito-, y las fuerzas que
pugnan por establecer un nuevo orden social, más de acuerdo con las necesidades del presente y con las tareas a cumplir en el próximo futuro. Se trata,
en suma, del conflicto que ya había estudiado Ihcring: el conJlicto entre los
que luchan por la perpetuación del Derecho que fue, y los que luchan por
la implantación de un nuevo orden jurídico que estiman debe de ser; entre
los que luchan por el Derecho de ayer y los que luchan por el Derecho de
mañana.

5. LA

FINALlllAD EN LA CIENCIA OOGMÁTICO-TÉ.CNICA

DEL

DERECHO

V EN LA PRÁCTICA JURÍDICA

Las normas del Derecho positivo, las leyes, los reglamentos, etc., pretenden
ser sólo instrumentos para la acción, y, además, son instrumentos ocasionales,
circunstanciales, cuya validez y alcance depende de las urgencias o necesidades de la situación. Por haber olvidado esto los juristas del siglo XIX
tomaron los artículos de los códigos como si fueran verdades definitivas y
enchu.faron en esos artículos el mecanismo del silogismo y empezaron a sacar
consecuencias ilimitadamente. Además, se pusieron a elaborar edificaciones
doctrinales sobre la base de los artículos del códjgo, y comparando una serie de artículos con otros, buscando ajuste, construían el perlil y consiguientemente el concepto de las diversas instituciones: la compraventa, la hipoteca, la representación política, etc. Ahora bien, esos conceptosJ que en el
568

fondo trataban de ser tan sólo medios fáciles para aprehender, para captar
el sentido de unas obras humanas, fueron fodebidame11te absolutizados. Una
vez que .se había construido el concepto de una institución&gt; por ejemplo, el
de la hipoteca, se olvidaba, incluso los artículos del código, y se aplicaba
a ese concepto de hipoteca el proceso del silogismo para sacar consecuencias no sólo de los artículos del código, sino de ese concepto establecido por
los juristas teóricos. Olvidaban que esos conceptos eran, como se ha dicho
atinadamente por algunos jurisconsultos alemanes de la jurisprudencia de
intereses, y norteamericanos de la jurisprudencia sociológica, sólo etiquetas
clasificatorias para una buena ordenación en el conocimiento jurídico; pero
no idtas con validez esencial en st y por sí. Por eso los contenidos de las
normas jurídicas no pueden ser tratados como verdades mediante el instrumento de la lógica de lo racional. Por eso hay copiosísima e..xperiencia de
cómo, en una enorme multitud de casos, el empleo de la lógica tradicional
en la interpretación del Derecho conduce a tremendos desaguisados e incluso
a injusticias monstruosas. El aspecto funcionaJ y práctico del Derecho no
siempre ha sido tomado en la debida consideración. La falta de atención
dedicada a esa función práclica del Derecho, en algunas épocas, se debe a que
cuando el Derecho se sistematiza partiendo de principios y normas generales
cobra un aspecto de organización lógica alejada de la realidad. La forma
imperativa de mandato y de prohibición, las e.xpresiones htal cosa será así,
y de esta manera ... " despiertan casi necesadamente la pregunta: ¿ Por
qué?" Esto es lo que sucede cuando contemplamos una sentencia o una resolución individualizada. Pero, en cambio, cuando las reglas de Derecho aparecen generalizadas bajo el aspecto de ideas o de funciones jurídicas, entonces
se ha solidado atender más a su valor lógico que a su utilidad práctica.
Otro de los errores consiste en suponer que deba considerarse un orden
jurídico positivo como emanación deductiva de una idea o de un plan,
olvidando que el hec:ho de que las ideas se articulen compuestas de tal o
cual modo no depende de exigencias lógicas, sino que depende precisamente del hecho de que en el modo como se presentan puedan satisfacer las necesidades de la vida social. Y acontece frecuentemente que el libre desenvolvimiento lógico de muchas máximas jurídicas tiene que ser suspendido
o contrariado, precisamente para satisfacer de modo adecuado las necesidades que la vida social plantea.
Ningún código, ninguna compilación, ni ninguna ley, de una época o
de un pueblo cualquiera, podrán ser suficientemente comprendidos sin el
conocimiento de las condiciones sociales efectivas de ese pueblo y de esa
época. Sólo por \'Írtud de este conocimiento podemos explicarnos la existencia de esas normas de Derecho y comprender su significación.

569

�1

'

El Derecho, tal y como ha llegado hasta nosotros en sus fonnas legislati.
vas, viene a ser como el diseño de una máquina. Ahora bien -observa
Ihering-, una explicación cabal de esa máquina, así como una crítica de la
misma, no podemos obtenerlas por la mera contemplación de aquel dibujo,
sino solamente por la observación de cómo Ja máquina funciona de hecho.
Al verla en acción, nos damos cuenta de la gran importancia que tiene un
resorte que nos había pasado inadvertido; y entonces caemos en la cuenta
de que una rueda que parecía de importancia principal se muestra como
inútil. El motivo de la existencia de la institución y de su forma se halla en
el fin que se propone lograr, relacionado con las necesidades de una época
determinada. Así pues, en las características de una cierta situación social
concreta y en las necesidades que broten de las mismas, todo lo cual cambia en el transcurso del tiempo, se halla la razón por la que una cierta institución ha sido menester, y la razón por la cual otra institución se ha convertido en superflua o contraproducente.
Es necesario tener en cuenta, observa lhering, que los conceptos abstractos y generales no han constituido el punto de partida en la elaboración del
Derecho positivo. Por el contrario, las más de las veces, la creación de Derecho ha tenido a la vista determinadas situaciones reales; ha concebido
como fin ciertos resultados para tales situaciones; y ha buscado los medios
eficaces para realizar tal propósito. S6lo después de todo eso es cuando se
forman conceptos generales para la mejor ordenaci6n y el mejor manejo de
1a materia jurídica. Ahora bien, tales conceptos abstractos y generales no son
los padres, sino que son más bien los hijos del razonamiento que presidió
la creación de Derecho.
En contra de la idea que preside la jurisprudencia conceptualista, de que
hay un mundo de conceptos propios, con contenido determinado, elaborado
a priori y sin contradicciones, mundo en el cual podría encontrarse la regla
suprema para el ordenamiento jurídico, Ihering sostiene que los contenidos
de las normas juridicas son de índole alógica.
El criterio o medida que sirva para juzgar el Derecho 110 es un criterio
absoluto de verdad --dice Ihering- sino que es un criterio relativo de finalídat!. De esto se sigue que el contenido del Derecho no solamente puede
ser, sino que debe ser, infinitamente vario. Y aquí lberíng repite casi en la
misma forma un argumento que había sido ya desenvuelto por el P. Francisco
Suárez, S. I. en su tratado De legibus. Este argumento consiste en observar
que así como el médico no prescribe la misma medicina a todos los enfer•
mos, sino que ajusta su receta a la condición concreta de cada paciente, así
tampoco el Derecho puede hacer siempre y en todos los lugares la misma
570

regulación, sino que, por el contrario, debe adaptarse a la situación concreta del pueblo cuya vida trate de nonnar, tomar en cuenta su grado de
civilización, y sobre todo atender a las necesidades de la época.
Eso es lo que debe ser; pero además esto es lo que más o menos de hecho
ocurre, pues no podría suceder de otra manera.
Según la Escuela alemana de la Jurisprudencia de Intereses el fin último
y el sentido esencial de toda legislación consisten en regular de modo adecuado las relaciones interhumanas. El legislador trata de llevar a cabo este
propósito, por medio de la delimitación de las varias esferas de intereses
protegidos. Realiza esta delimitación, valorando los diferentes intereses opuestos, a la luz de la idea del bien común. El juez debe guiarse, más que por
las palabras del legislador, por las estimaciones que inspiraron a éste. Las
palabras y los conceptos empleados por el legislador son tan sólo medios
para llevar a cumplimiento los resultados que manan de aquellos juicios de
valor o estimaciones.
Mientras que las escuelas tradicionales del siglo XIX concedían ma.'llma
importancia a los conceptos generales, como base de las normas jurídicas,
por el contrario la "Jurisprudencia de Intereses" subraya especialmente el
análisis de los varios intereses en juego o en conflicto en los problemas jurídicos. Al juez no le compete crear libremente un nuevo orden juridico, sino
tan sólo colaborar, dentro del orden jurídico vigente, a la realizaci6n de
los ideales e11 que positivamente se inspira éste.
Las escuelas jurídicas predominantes en el siglo XIX sostenían la tesis de
que la función del juez debe consistir en conocer las normas jurídicas y en
subsumir bajo éstas los hechos pertinentes, siguiendo en tal proceso las
reglas de una operación lógica. Según aquellas escuelas, el juez tenía que
aplicar el Derecho de acuerdo con los principios de la lógica cognoscitiva.
En caso de lagunas, el juez debia llenarlas por el procedimiento de interpretar "conceptos". Puesto que se suponía que las normas jurídicas vigentes eran
deducciones de un concepto fundamental, se consideraba que un conocimiento
a fondo de éste suministraóa las nuevas reglas que fuesen necesarias. Este
era el método llamado de la "construcción'', un método que operaba con
fórmulas. Tal método consistía en destilar primeramente un concepto derivándolo de las normas jurídicas existentes, y en deducir después nuevas reglas
de ese concepto.
Tal método no manejaba los conceptos generales clasificatorios como meras
condensaciones, sino como entidades independientes que existiesen por sí mismas, como cuerpos jurídicos con forma definida, análogos a los cuerpos naturales. Cada concepto tenía que ser determinado exactamente en cuanto a su
estructura. El jurista debía tratar muy en serio 1a autonomía de los con571

�cuatro partes. La primera, a su vez dividida, contiene inicialmente veinticinco

sonetos y después diecinueve poemas varios.
Estos veinticinco sonetos casi podría decirse que forman un cuerpo aparte
en la poesía de Blas de Otero, y no creemos equivocarnos a] pensar que la
misma intención del poeta los ha reunido. Los catorce versos de cada uno
abrazan, con un lenguaje rudo y a veces delicado, la honda emoción humana
del hombre frente a Dios, a su Dios, que sabe suyo pero que sin embargo nunca ve ni escucha. En altibajos, idas y venidas, ascensos y descensos sin fin,
se pasea aquí como enjaulada la angustia del hombre que se siente solo,
rodeado de injusticia y de silencio de Dios.5
La ~oledad surge frecuentemente en la poesía española y ya Karl Vossler
estudió el tema en un libro valioso. 6 Siguiendo sus pasos encontramos que no
puede hablarse de soledad, en singular, sino más bien de las soledades, distintas y variadas, que en diferentes épocas aparecen en la poesía españo]a.
Aquella soledad del humanista solitario, que "aplica al mundo la medida de
su elevado yo", o esta otra soledad sosegada que "se convierte en una especie
de estilo", nada tienen que ver con la soledad en los romances o con la que
nos ofrece Góngora envuelta en su lengua je barroco. Estas soledades que van
surgiendo en la poesía española se identifican con las actitudes de la época,
conforme a concepciones circunstanciales que van modelando tipos fielmente
recogidos por la poesía, gran depósito de las íntimas vibraciones del espíritu
humano.
La soledad de Blas de Otero, es otra, más trágica y por. eso, creemos, más
humana. Para entenderla habría que ubkar al poeta en el tiempo y en un
pedazo de tierra que se llama España. Es la soledad del que sufre s:u condición humana sujeta y limitada, incapaz de romper las ataduras que Jo condenan a no ver más que lo que compone su propia circunstancia lústórica
inmoclificada. Por este camino, el poeta se identifica con el hombre moderno
falto de asideros, lanzado, ubicado involuntariamente en una existencia c1ue
el tiempo extermina lentamente, acercándose desde ahora a Jo que llama "]a
inmensa mayoría". Por el otro camino, se enfrenta a su propia realidad nacional, como se enfrentaron Machado y Unamuno en una época que resulta
• Para DÁMASO ALoNso: "Si la poesía no es religiosa, no es ~esía. Toda poesía
( dircctísimamente o im;lirccwjmamente) busca a Dios". ( Ob. cit. p. 333 ) . Y Max Aub,
refiriéndose a los nuevos poetas, entre ellos a Bias de OterQ, dice: " ... ¿ qué entienden
por Dios estos poetas bla-sfemos?, ¿contra quién se rebelan?, ¿a quién piden cuentas?
A la Nada. A la Nada que equiparan a Dios". (Una nueva poes!a. española t950-1955),
p. 62. Imprenta Universitaria., México, 1957.
• KARL VossLn, La. pHda dt la soledad en España. Traducci6n de Ramón de la
Sema y Espir,a. Ed. Lo1ada, Buenos Aim, 1946.

272

clave para comprender mejor la conclici6n de España. Peto antes de llegar
a estos dos grandes puertos de su poesía (pueblo y España) , encontramos
a Blas de Otero enfrentándose a Dios en los veinticinco sonetos arriba seiíalados. Esta lucha, en la que vencido cae para levantarse de nuevo y seguir
su monólogo interminable, aunque pueda tener antecedentes en la poesía e~
pañolaJ alcanza con Blas de Otero una fuerza taJ y un clima tan señoreado
por la angustia, que no vacilamos al afirmar la posici6n solitaria de este
poeta fieramente humano, cuyos poemas, como él mismo se encarga de decírnoslo:

... Muerden la mano
de quien la ¡,a.sa por su hiuJiente lomo.

•
El primer soneto se titula La Tierra. Recinto del hombre, Jugar hennoso
hecho de tierra y mar, de fuego y sombra pura, la tierra, girasol, poma madura, es sólo el camp0 de batalla donde se sufre el golpe de las manos de
Dios. Pues.tos sobre la tierra, los. hombres sucumben silenciosamentt, y Otero
termina su poema con un llamado que recuerda la voz de Whitman:
Pero viene un mal tJiento, un golpe frfo
de las manos de Dios, y nos derriba.
Y el hombre, gue era un árbol, ya es un río.
Un río echado, sin rumor, vacío,
mientras la Tierra sigue a la deriva,
roh Capitán, oh Capitán, Dior mío!
La tierra no es lugar de reposo. Sorda ante la angustia y la soledad del
hombre, gira su inmensidad sin que el llanto humano la desvíe. Si en el primer soneto Blas de Otero nos habla de la condición del hombre, sujeta a las
manos de Dios, ahora se pregunta el porqué del nacer y del morir. Todavía
sin subir la voz, desde su quieta soledad, demanda unas respuestas que aligeren el peso ( Pero sé que se muere si se nace / y se nace, t por qué? ¡ por
quién que quiso?). El silencio que lo rodea es también respuesta y así comprende que el vivir y el morir están más allá del hombre, fronteras de lo
ajeno que le dejan amuralfo.do, vivo y mortal. Los tres últimos versos de este
segundo soneto nos ofrecen la imagen definitiva que campea en la poesía de
Otero:

273

n. 11

�en que se emite la legislación; que el juez en los casos concretos sometidos
a sus conocimientos se halla frente a conflictos singulares o particulares de intereses, sobre los cuales debe decidir con un espíritu igual o análogo al que
tuvo el legislador cuando dictó las normas generales; que en caso de que no
haya ley que hubiese contemplado en términos generales tal tipo de conflicto, debe el juez realizar en términos concretos y singulares respecto del pleito
sometido a su jwisdicción las mismas operaciones ( sociológicas y estimativas)
que incumben al legislador; que, consiguientemente en todo caso, el juez
debe proceder a un estudio sociológico de los factores implicados en el litigio, y debe también aclarar el criterio axiológico válido, conjugando su sentido genérico con el sentido singular del problema concreto; y que la observancia de esos métodos representa wia ruta no sólo diferente, sino también en
ocasiones contraria, a la vía tradicional de la lógica deductiva.
En principio todo eso ha sido visto de modo muy certero por las dos escuelas referidas, y también por otras análogas. Sin embargo, aquellos ilustres
autores, de quienes desde luego he aprendido mucho, no lograron llegar al
verdadero meollo de la cuestión, no consiguieron explicar suficientemente
por qué la lógica tradicional falla tantas y tantas veces como instrumentos
de interpretación jurídica; ni llegaron tampoco a precisar con rigor los límites del empleo de la lógica tradicional; ni descubrieron cuál es la índole auténtica de los tipos de razonamiento que proponen como métodos de interpretación correcta.
La lógica tradicional, sobre todo en sus ulteriores desenvolvimientos modernos y especialmente en los del siglo XX, constituye nrt instrumento indispensable para conocer y comprender la esencia del Derecho, para aprehender
y entender el a priori formal del Derecho, o sea las formas universales y necesarias de lo jurídico.
La lógica tradicional además debe ser usada por el jurista dentro de límites perfectamente delimitados y circunscritos, en ]a medida en que tenga que
irúerir consecuencias necesarias de aquellas formas a priori, por ejemplo, no
puede habei· un derecho subjetivo sin un deber jurídico correlativo. El jurista debe servirse de la lógica tradicional también cuando se trate de sacar
consecuencias de la identidad de dos situaciones: tendrá entonces necesariamente que regirse por el principio de identidad y no contradicción. Tiene
que emplear asimismo la lógica tradicional cuando haya de proceder a la
mensura material o a la cuantificación de realidades físicas o de expresiones
de tipo matemático, verbigracia: cuando tenga que medir la extensión de un
predio o cuando tenga que contar cabezas de ganado o de dinero. Pero el
razonamiento jurídico de contenido deberá, en cambio, regirse no por la lógica
tradicional, sino por la lógica de lo humano.

574

Son los puntos de vista y jerarquías de carácter estimativo las directrices
básicas sobre las cuales se desenvuelve la lógica de lo humano. Y a esas
directrices básicas se añaden las apreciaciones sobre la congruencia y la eficacia de los medios para lograr ciertos fines, así como las enseñanzas que
sobre este punto se desprenden de las experiencias de la razón vital y de la
razón histórica, esto es, de las experiencias vividas por los hombres individual
y colectivamente.
La lógica tradicional no le sirve al jurista para comprender e interpretar
de modo justo los contenidos de las disposiciones jurídicas; no le sirve para
crear la norma individualizada de la sentencia judicial o decisión administrativa; pero tampoco le sirve al legislador para su tarea de sentar reglas
generales.
Para esos menesteres, que tratan con los contenidos de las normas jurídicas, sea para elaborar esos contenidos en términos generales mediante la legislación, sea para interpretar las leyes en relación con los casos concretos y singulares, sea para elaborar normas individualizadas, es necesario ejercitar el
logos de lo humano, la l6gica de lo razonable, y de la razón vital e histórica.
El logos de lo humano, la lógica de lo razonable, no aconseja ni aconsejará nwica al juez que salte por encima del orden jurídico establecido, que
desconozca las normas formalmente válidas y que sean aplicables al caso
planteado. De ninguna manera. Nada de eso en absoluto. Lo que el lagos
de lo humano o lógica de lo razonable enseñara mejor al jurista es a conocer auténticamente cuál es el orden jurídico positivo, qué es lo que el orden
jurídico positivo quiere respecto de una determinada situación; así como le
enseñará también cuál es la función, aunque limitada, importantísima, que
le corresponde al órgano jwisdiccional en la elaboración de ese orden jurídico positivo, a saber en la elaboración de las normas individualizadas o concretas de la sentencia y de la resolución administrativa. Le enseñará a interpretar mejor, diríamos en términos metafóricos, la auténtica voluntad del
orden jurídico positivo en referencia con cada uno de los casos concretos o
singulares sometidos a su conocimiento.
Así pues, hoy se ha conseguido demostrar cuán erróneo era aquel mito de
algunos juristas, especialmente del siglo XIX -aunque algunos del XX reincidieran en este dislate- de suponer que la jurisprudencia maneja conceptos
tan exactos como los de la matemática.
Cierto que hay conceptos puros en la Ciencia del Derecho: los conceptos
esenciales a priori --concepto del Derecho, nociones básicas de deber jurídico, derecho subjetivo, relación jurídica, supuesto, consecuencia, persona,
etc.-, conceptos formales que pueden y deben ser tratados por métodos de la
lógica de lo racional.

575

�Pero, en cambio, los conceptos establecidos y manejados por los c.ontenidos
del Derecho positivo son históricos, empíricos, de finalidad concreta, cargados
de doble circunstancialidad. En primer Jugar esos conceptos cobran una dirección inicia! de sentido en el conrexto de la frase de la norma; pero cobran
su sentido pleno en cada caso particular en el contexto de la situación real
a la que se refieren instrumentos de acción para conseguir la realización de
determinados resultados, a saber, de los resultados que constituyen el fin de
la norma jurídica en cuestión, la cual es sólo un medio para el cumplimiento
de tales metas. Por eso, hay que entender siempre la norma jurídica como
un utensilio práctico cuyo sentido se orienta en cada ca.so a la realización del
propósito en que se inspiró.

LA JUSTICIA DISTRIBUTIVA

Lic.

DEsIDERJO ÜRAUE

Nos PROPONEMOS HACER EL ANÁLISIS de la justicia distributiva siguiendo para
ello los lineamientos que de su estudio nos marca Santo Tomás de Aquino:
quien la examina principalmente en sus Comentarios a Aristóteles, en la Suma,
en las Eticas y en las Políticas.
Hace Santo Toinás grandes elogios de esta que denomina virtud y la
señala como la del jefe, e indica que su papel es preponderante en todo juicio
y que es superior a la conmutativa. A pesar de los elogíos de que la adorna,
no le da el lugar de preferencia, sino que trata más extensamente de la
conmutativa, lo que le atribuyen sus comentaristas al hecho de que el Santo
vivió en la Edad Media, en la cual vi.o florecer una sociedad de base contractual. En efecto, para los hombres del medioevo la esencia de dicho régimen era el lazo o liga contractual ya que toda la vida feudal giraba sobre
una dependencia contractual. En ella no se ve la relación del todo con las
partes; del Jefe con los nuembros de la sociedad, sino la relación del señor
feudal con cierto y determinado individuo. El siervo así ligado, presta homenaje a su señor no en carácter de miembro de la comunidad, sino como un
contratante, obligándose a determinadas prestaciones para obtener de él ayuda
y protección. Se trata, pues, de relaciones de justicia conmutativa, no distributiva. En este cuadro contractual vivió Santo Tomás y naturalmente, tenía
que estar influenciado por él, convencido incluso de la preeminencia de la
justicia conmutativa e insistiendo en ella en su obra.
La justicia es un "habitus" (cualidad, disposición, habituación, afecto, inclinación) según el cual se da a cada uno su derecho para una perpetua
Yconstante voluntad. El derecho es por tanto el objeto de la justicia. Corresponde a la noción de justicia establecer una relación entre su sujeto y
otra persona. Su sujeto lejano es el hombre (ya sea la comunidad o el particular); su sujeto próximo lo es la voluntad. La justicia se divide en jus576

577

lL 37

�ticia legal o social y en justicia particular según la relación qu: se con~de~e.:
relación con otro considerado socialmente, o con otro constderado md~vidualmente. Dicho en otra forma: dar a la comunidad lo que le es debido
es practicar la justicia social; dárselo a una persona privada es p~cticar justicia particular. La materia de la justicia particular son las acciones Y las
cosas exteriores: "la compra, la venta y todas las acciones de ese género. Por
este motivo la justicia y sus ramas tienen como materia propia las acciones externas". Son estas acciones y estas cosas "consideradas bajo un ángulo
objetivo especial, es decir, en tanto que por ellas se pone a un hombre en
relación con otro".
A causa de este contenido, el "justo medio" (medium) de la justicia será
diferente del justo medio de las otras virtudes morales. Pu:sto que su materia es una acción exterior, que por sí misma o por la reahdad que emplea,
implica una proporción a otro, el justo m~dio de la justicia c~nsistirá en
una igualdad de proporción de la cosa extenor con el otro.' ~ª. 1~alda~1 es
realmente el medio entre el más y el menos; por ello la JUSttcia tiene un
justo medio real" (Mcdium rei). La forma de la justicia es 1~ igualda~·.,
El acto principal de la justicia es el juicio, el fallo, la sentencia, la decmon,
la detemrinación de lo que es justo y su definición.
Sin embargo, la justicia no se realiza si no cumple su cometido prop~o que
es el dar a cada uno lo que le pertenece. La justicia como hemos visto se
divide en social y particular. Esta última consjdera a las personas privadas,
Jai; que tienen con la sociedad relaciones análogas a las que ~:enen las _partes con un todo· ahora bien toda parte tiene una doble relac1on: en pnmer
'
1
•
lugar aquella relación de parte a parte, a la cual corresponde en la ~oaedad la relación del individuo con el individuo. Es este orden de relaciones
que controla la justicia conmutativa que tiene por objeto los múltiples intercambios entre dos personas; en segundo lugar, la relación del todo con
sus partes, a la cual corresponde aquella relación ?e la sociedad con c~da
uno de sus miembros. Este segundo orden de relaciones pertenece a la JUS·
ticia distributiva, que es la encargada de repartir p_roporcion~en~e. el ~i~
común de la sociedad entre sus miembros. Si se obJeta que la JUSllcia distn·
butiva es una justicia particular, se puede responder diciendo que está "en
relación con otro", que es por tanto el término "a otro" (ad qu_em), el que
hay que tener en consideración y este término es una persona pnvada.
La justicia distributiva es definida por San Juan de Santo To~ás, de la
siguiente forma: "Es una especie de la justicia estricta. y ~~rtlcular, que
impone a aquél que distribuye los bienes comunes, la obhgac1on de hacerlo
proporcionalmente a la dignidad y a los méritos de cada ~o". El padre J.
T. Delos, nos dice: ''La justicia distributiva asegura al paracular una parte

578

del bien común, distribuida proporcionalmente a su valor como miembro del
cuerpo social y al rango que ocupa en la sociedad".
Existen dos especies de Justicia. El derecho mismo es diferente en una
y en otra especie. En efecto, la función de la justicia es dar a cada uno
lo que se le debe, lo que le corresponde, y lo que a cada uno corresponde
no es lo mismo en la justicia distributiva que en la conmutativa, por tanto los
dos difieren en especie. En efecto: una cosa puede pertenecer a un hombre en dos fonnas: o bieni simplemente porque la posee a nombre propio,
o bien y en cierto modo porque le pertenece en tanto que la misma pertenece
al todo, del cual él es una parte. Lo que pertenece a1 todo) pertenece en cierta
forma a las partes. Por tanto, la naturaleza misma de la deuda de la justicia
varía, y por tanto las virtudes tendrán que ser también diferentes. A pesar
de ser diferentes, esta diversidad no las diferencia al grado que no puedan
ambas completarse, fonnando dos partes subjetivas de la justicia particular,
la que reglamenta la atribución de las cosas externas a las personas privadas.

Ambas justicias establecen de modo diferente la igualdad y por ello cabe
también distinguirlas. Cayetano fija con precisión lo que es una en relación
con la otra y lo que ambas son en relación con la justicia particular, diciendo: · "La justicia conmutativa es una especie especial.ísima. La justicia distributiva es otra especie especialísima y por la misma razón, ya que realiza
su forma de igualdad particular fonnalmente diferente de la igualdad conmutativa". El sujeto pr6ximo de la distributiva es la voluntad, lo mismo
que el de la justicia en general. Su sujeto lejano, es la persona a quien
incumbe la distribución de los bienes comunes, es aquél que administra esos
bienes; es el jefe del Estado, de la ciudad, pero también puede ser una persona privada: jefe de un grnpo social, o un padre de familia o el administrador de una sociedad comercial o industrial. La justicia distributiva puede
Y debe ser practicada en toda comunidad, agrupación o sociedad formada
por la voluntad de los contratantes. Si la virtud de la justicia reside en el
jefe de la comunidad, los que están sujetos a su autoridad también deben
practicarla "mostrándose satisfechos si la repartición es justa". Se practica
la distributiva aceptando una distribución justa, pero existe, por el contrario, el derecho de rebelarse para obtener lo que no se ha recibido) pues ello
está de acuerdo con el bien absoluto, sin doblez, "simpliciter''. Como hemos
dicho el objeto de la distributiva es el derecho, sin embargo este derecho
no es el mismo en una que en otra según explicamos.
Si ambas, distributiva y conmutativa son diferentes por su objeto, también
lo son por su forma. La forma general de la justicia es la igualdad, en la
que runbas se unifican, pero en la distributiva esta igualdad se establece
según una proporción geométrica, mientras que en la conmutativa se esta579

�blece por una proporc1on aritmética. Ambas realizan el justo medio real,
pero de modo distinto. Por esta razón la llamada ley de la reciprocidad (contrapasum) no tiene lugar en la distributiva, ya que no se trata de una igualdad proporcional de cosa a cosa, o de una acción a una reacción, sino de una
cosa a una persona.

Sin embargo, aunque difieran en su forma, ambas justicias tienen la misma
materia o sujeto lejano: cosas, personas y trabajos, ya que "las cosas pueden

ser ya sea sustraídas de un conjunto común para ser distribuidas a personas
privadas, ya sea intercambiadas de una a otra o también puede emtir un
cierto intercambio de trabajos penosos". Por el contrario, la materia pr6xima, el uso de estas cosas exteriores, es diversa en ambas justicias: la distributiva reglamenta la repartición en tanto que la conmutativa reglamenta
los intercambios. Ambas realizan el acto final de la justicia: dar a cada
uno lo que es suyo, lo que le pertenece, pero cada una lo hace a su modo.
Con las consideraciones anteriores es posible distinguir la justicia distributiva
de la conmutativa y de la social
Pasamos ahora a examinar las características muy especiales de la distributiva para resolver las objeciones que se le han hecho en el sentido de
que no es una verdadera justicia. Estimamos que si hallamos que en ella
se realizan plenamente los postulados, las cualidades esenciales de la justicia, podremos afirmar que la conmutativa sí es una verdadera justicia.
La unanimidad sobre el concepto de justicia es casi perfecta entre los
filósofos antiguos y en lo que respecta a los teólogos, tanto antiguos como
modernos, también existe unanimidad al respecto, pero ·para nuestro fin debemos entresacar de esas opiniones aquellas que nos parecen más adecuadas
para fijar primero los atributos esenciales de ella y para aplicar después esos
atributos a la distributiva.
Santo Tomás de Aquino nos dice: "la noción de la justicia consiste en
esto: dar a otro lo que le pertenece según la igualdad" (Ratio vero justitiae
consistit in boc quod alteriter datur quod ei debetur secundum aequalitatem:
Ila, Ilae, Q. LXXX). Consiguientemente, las virtudes encauzadas, dirigidas, encaminadas, al prójimo, a "otro" que sean deficientes en lo que respecta a la igualdad, es decir, en lo que respecta a lo que a ese otro le es
debido, le pertenece, no son más que partes potenciales de la justicia.
De la distributiva se ha dicho que no está encaminada, dirigida, encauzada
a otro, es decir, a otra persona distinta realmente de su sujeto; que su objeto
es un derecho moral y no un derecho estricto, y por último que su igualdad
geométrica no es una verdadera igualdad.
Aunque parezca que esta discusión puramente teórica no tiene ninguna

580

conclusión práctica, podemos afirmar lo contrario si consideramos su importancia desde un punto de vista de aplicación social.
En efecto, si la sociedad, la comunidad, la familia, los grupos sociales
(obreros, campesinos, comerciantes, etc.) no pueden ser verdaderos sujetos
de derecho, caeríamos en un individualismo absoluto; si por otro lado el
derecho de la distributiva no es un verdadero y estricto derecho y sólo se le
considera como un derecho moral, el ciudadano no puede tener ningún recurso contra los abusos, contra las cargas, e incluso contra las exacciones
del Estado; si por último, la igualdad de proporción que establece la distributiva no es una verdadera igualdad, deberíamos admitir el igualitarismo
revolucionario y juzgar a todos los hombres iguales, no ya por su naturaleza,
-5ino en toda otra forma, cualesquiera que sean sus valores intelectuales o
morales, o los servicios que presten a la sociedad o el rango que ocupen, la
influencia que ejerzan o sus méritos propios, es decir, en última instancia
si la distributiva no es una verdadera justicia caerían por su base todos
aquellos valores que sostienen actualmente a las sociedades civilizadas y cuJtas,
y deberíamos admitir la desaparición de los regímenes democráticos y liberales
que prohijan dichos valores, que los protegen y defienden contra las agresiones de ideologías extrañas y de regímenes totalitarios, ya se llamen éstos
fascistas o comunistas.
Trataremos pues de demostrar que la justicia distributiva es una verdadera justicia, pues reúne las tres cualidades que a la misma le hemos atri~
buido: que está encaminada, dirigida, encaU2ada al prójimo, al "otro"; que
su derecho es un derecho estricto y finalmente que establece una verdadera
igualdad.

1.

LA

JUSTICIA DISTRIBUTIVA ESTÁ ENOAMrNADA
AL PRÓJIMO, AL

"oTRo"

Aunque muchos autores modernos enumeran las tres notas características
de la justicia, sin embargo, no admiten que la distributiva las posea todas.
Prümner, afirma que la distributiva no establece una verdadera igualdad y
lo mismo opina Billuart. Vermeersch, nos da una definición precisa: "Las
cualidades propias de toda justida, dice, son: l. Que esté en relación con
otro, con el prójimo, es decir, que satisfaga el derecho que reside en otro
en tanto que es una persona cüstinta; 2. Que cumpla su cometido, es decir,
que_ baga lo que debe hacer; 3. Que cubra su deuda según la igualdad, es
decir, que dé tanto como debe de dar,,, Otros autores como los de la Escuela de Malines: Waí!elaert, Pottier, e1 padre Cathrein, consideran única-

581

�mente a la conmutativa como justicia propiamente dicha, y a las demás las
llaman justicias por analogía, diciendo que la legal y la distributiva no están
encauzadas a "un otro,, perfectamente distinto. El padre Merkelbach, juzga
sin embargo, con Santo Tomás, que hay que reconocer en estas virtudes la
verdadera noción de justicia: la sociedad es, según él, una persona moral
distinta de las personas privadas que son sus miembros. (B. H. Merkelbach.
O. P. Summa Theologia Moralis, II, página 256). Tanquerey, por su paite,
afirma, que según el Cardenal Lugo y otros teólogos, solamente la conmutativa realiza la noción perfecta de la justicia. Sólo ella está perfectamente
encauzada a otro, pues existe entre dos términos iguales e independientes
uno del otro; sólo ella cumple con la igualdad aritmética y sólo ella obliga
a la restitución, y agrega, que la justicia social que reglamenta las relaciones
de la sociedad y de sus miembros, se refiere a términos que no son ni distintos ni independientes, es decir, rehusa a la distributiva la cualidad de estar
perfectamente encauzada al prójimo, pues reglamenta las relaciones entre la
sociedad y sus miembros. Podemos convenir con Tanquerey que para que
la justicia distributiva esté perfectamente encauzada a otro, debe existir en
términos iguales e independientes. Puesto que a la justicia le corresponde
rectificar los actos humanos, debe de ser practicada por seres capaces de obrar
por sí nrismos. Santo Tomás llama justicia metafórica a aquella que establece la igualdad entre los varios principios del alma humana y hace notar
que esa no es la distributiva. Las acciones emanan de la persona y del todo,
por tanto la justicia propiamente dicha requiere la diversidad de los sujetos.
J. Delos, explica esto con una frase afortunada: "La justicia estricta no se
aplica más que entre los seres que pueden recluirse en la torre de marfil de
la personalidad" (J. T. Delos: La sociedad i11ternacional y los principios de
derecho). Examinemos si en la distributiva encontramos la aludida diversidad de sujetos. Si la justicia rectifica los actos humanos, los sujetos de
que trata, no pueden ser otros que personas humanas físicas, pero también
personas morales. Las acciones las realizan las personas y los conjuntos o
"todos"; concluimos que los sujetos (término a quo y término ad quem de
la justicia) pueden ser personas morales, comunidades, grupos sociales e individuos. Santo Tomás a este respecto expresa: "La justicia tiene por fin
reglamentar nuestras relaciones con el prójimo, y ello se realiza en dos
formas: sea con el prójimo considerado individualmente, sea con el prójimo
considerado socialmente" (Santo Tomás: lla. IIae. Q.: "Justitia. . . ordinat
hominem in comparatione ad alium; quod quidem potest esse dupliciter: uno
modo ad alium singulariter consideratum; alio modo ad alium in com.muni").
Es así que tanto la distributiva, como la justicia social, se refieren a s\ljetos
reales; en la justicia social el término a quo es el individuo y el término ad

582

quem es la sociedad; en la justicia distributiva es a la inversa. Sin embargo,
lo que nos interesa analizar no es el término ad quem que especifica el movimiento, sino el térmnio a quo, o sea el sujeto en el cual reside el derecho
(la persona privada en la justicia distributi\'a) y no el sujeto en el cual radica
la obligación de la impartición de ella. La definición de justicia se refiere
al primero, o sea al a quo, ya que está encauzada al prójimo.

Pero no son bastantes dos sujetos, ya que hemos hablado de que la justicia propiamente dicha requiere la diversidad de los sujetos, según lo expr~a
Santo Tomás. (Justitia ergo propria dicta requirit diversitatem suppositorum)
y lo comenta Juan de Santo Tomás explicando que: "La justicia verdadera
y estricta debe ser encauzada aJ prójimo, a otro, como sujeto distinto, distinto no sólo físicamente sino moralmente, de modo que no pueda estimarse
que el uno sea moralmente algo del otro, como el hijo es algo del padre" (Juan
de Santo Tomás, Cursus Teolog. VIII. Q. I. d. 2. art. 2: ''Vera et rigorosa
justicia exigit quod sit ad alterum tamquam ad distinctum suppositum: nec
solum quasi physice distinctum, sed quasi moraliter: ita quod secundum moralem aestimationem non reputatur unum tanquam aliquid alterius, sicut
filius est aliq uid patris") . Esta definición se refitre a un artículo en el cual
Santo Tomás se pregunta si es necesario distinguir el derecho del padre del
derecho del patrón. La palabra "prójimo" puede entenderse en dos formas:
por una parte lo que es absolutamente otro y completamente distinto, como
lo son dos hombres independientes uno del otro, pero sometidos al jefe de
la sociedad; entre ellos se establece el derecho absoluto; por otra parte, "el
otro", el prójimo, no es otro absolutamente sino que, por así decirlo, forma
parte de aquel con quien está en relación, como sucede en el caso del hijo
respecto del padre, o como en la antigüedad podía establecerse en la relación
entre el esclavo y el dueño, o entre el siervo y el señor feudal en la época medieval.
Esta diferencia entre los dos prójimos, la resume Santo Tomás en la si_guiente forma: "porque entre un padre y su hijo, la relación no es aquella
que se establece entre un ser cualqui'era y otro, ni por consiguiente su derecho
es absoluto, sino relativo, es decir paternal, de manera semejante entre el
señor y su esclavo y por la nrisma razón, aquí existe un derecho especial de
dominación", No podrá habér por tanto verdadera justicia distributiva en
la familia, entre el jefe de ella que es el padre y el hijo que es un miembro
de la misma; realmente no son dos personas absolutamente distintas como se
desprende de lo anteriormente e.'\.'J)Uesto. Es decir, en cierto sentido no puede haber justicia propiamente dicha entre un padre y su hijo, porque ellos forman una unidad. Es como si alguien se diera a sí mismo algo que le pertenece, alli no habría derecho. Si pues, no existe entre el padre y el hijo un de-

583

�recho absoluto sino relativo, esta relatividad, aunque debilite la noción del
derecho, más bien aumenta la noción de la obligación y de la virtud natural. Se puede admitir por tanto que la justicia distributiva practicada en la
sociedad familiar no es una justicia perfecta, ya que no está perfectamente
encauzada, dirigida a un otro absolutamente ajeno, pero la observación es
igualmente válida a la justicia social y a la conmutativa en las relaciones del
padre y del hijo. Sin embargo entre padre e hijo como personas humanas, se
establece una relación de. justicia. Es decir, ambos están bajo el dominio de
un derecho absoluto al ser considerados, por ejemplo, como ciudadanas, no ya
como miembros de la misma familia. Por todo ello concluímos que en la familia,
la distributiva como toda otra justicia, no puede alcanzar la noción perfecta
puesto que se establece entre personas que no son completamente distintas.
El mismo razonamiento no se puede seguir en el caso de marido y mujer, entre
los cuales se dan otros aspectos en los que no podemos extendemos por ahora.
No solamente la distributiva está encaminada al prójimo en la sociedad fa.
miliar, como hemos dejado e&gt;..1)uesto, sino también en la sociedad política
en la que se establece entre dos ténninos absolutamente distintos: sociedad
de una parte y ciudadano por la otra. En efectoi la sociedad es una persona
moral y constituye un todo: puede ser sujeto de derechos y de obligaciones
como cualquier ser humano. Por otra parte cada uno de sus miembros es una
persona física, y ya hemos visto que el hombre puede estar relacionado a otro
en dos formas: sea a otro considerado individualmente, sea a otro considerado socialmente. La sociedad y el ciudadano son por tanto dos sujetos susceptibles de tener una telación de justicia distributiva. L'a sociedad es un todo
moral incapaz de existir' sin los ciudadanos, es el producto de su asociación y
no constituye un todo físico, pero no posee la unidad real y distinta de una
persona moral. El ciudadano no se puede comparar al hijo frente al padre:
el ciudadano está unido a la sociedad por un lazo de dependencia moral, social, que en nada altera su personalidad distinta de ella. Vemos pues que
existen dos personas distintas, de un lado la sociedad, de otro el ciudadano.
Santo Tomás dice a este respecto: "Omnes aliae diversitates personarum quae
sunt in civitate, habent immecliatam relationem ad comunitatem civitatis, et
ad principem ipsius; et ideo ad eos est justum secundum perfectam rationem
justitiae". (Ha. llae. Q. LVII. Art. 4. ad. 3). Por tantoJ como hemos dicho,
en la sociedad política, la justicia distributiva se establece entre dos términos
completamente diferentes, absolutamente distintos.
En la sociedad internacional puede también establecerse una justicia distributiva entre personas distintas. En ella cada estado aparece desde luego constituído como un todo, como una persona moral, es decir representa cada uno
el término ad quem, ;i quien debe ordenarse, atribuirse, la distributiva. La

584

teoría del derecho internacional presupone que es dicho derecho esencial y
e."&lt;clusivamente el de los Estados, los cuales son personas morales, soberanas
y sometidas al imperio del derecho, en tanto que por su libre consentimiento
estén conformes en reconocerlo como obligatorio. La persona moral es pues
completamente independiente y el término ad quem de la distributiva se realiza plenamente. La soberanía es el poder más completo que se puede imaginar. Esta noción de soberanía aplicada a una voluntad humana -dice el
autor M. Politis-, significa el derecho que tiene de no determinarse jamás
sino por sí misma. Por las consideraciones anteriores se puede decir que el
derecho se aplica a la comunidad política en todo rigor de justicia y lo mismo se puede decir en teoría de la sociedad internacional que existiendo de
derecho tiene una justicia distributiva internacional que reglamenta las relaciones de la sociedad humana con cada uno de los Estados.
Podemos, pues, concluir a la primera pregunta, que realmente la justicia distributiva está encaminada al prójimo y por ello contiene la primera cualidad
para ser una justicia perfecta.

2. EL

DERECHO DE LA DISTRIBUTIVA

ES UN VERDADERO, ESTRICTO
DERECHO:

REcoaoEMOs QUE LA NOCIÓN de justicia consiste en dar a otro lo que le pertenece según la igualdad, y habrá justicia real, estricta, si lo que le pertenece es
legal.
Santo Tomás en la Cuestión LVII (de jure) de la Ila. Ilae. Tesis, estudia el
derecho, objeto de la justicia, el debitum. En las respuestas a las objeciones
del artículo lOo. habla de los sentidos derivados; en los artículos 2 y 3 se refiere al derecho natural, al derecho positivo, al derecho de gentes, pero no se
refiere al derecho activo o a la facultad moral; es hasta el artículo 11 de la
misma Cuestión que hace la siguiente alusión: "Se dice que una cosa pertenece propiamente a determinada persona, cuando le pertenece o le es debida, según una igualdad de proporción. Es por eJJo que el acto propio de la
justicia consiste en dar a cada uno lo que le es propio, lo que le pertenece, lo
suyo". (Hoc autem dicitur esse suum unicuique personae quod ei secundurn
proportionis aequalitatem debetur; et ideo propri us actus j ustitiac nihil aliud
est quam reddere unicuique quod suum est). Santo Tomás no habla de derecho estricto, ni de derecho real y personal. Sin embargo, en su estudio
bre las partes potenciales de la justicia, dice: "Para una virtud que se refiere al prójimo, hay dos maneras de alejarse de la verdadera noción de justicia:

so-

585

�faltando a la igualdad perfecta o no observando la estricta no~ión del der,echo. El debilitamiento de la noción del derecho puede ser considerado seg~
la distinción existente entre el derecho moral y el derecho legal. Por ello Anstóteles en el libro VIII de las Éticas, Capítulo 13, indica los dos aspectos
del de;echo como sigue: "el derecho legal es aquel que se e~tá oblig~do _observar en virtud de la Ley, y este derecho es el objeto propio de la JUStlCla ~ue
es la virtud principal. El derecho moral es debido a causa de las converuenc·as de la virtud". Después enumera las partes potenciales de la justicia, cuyo
1
• d, 1ª. ~
.
objeto es lo debido moral: "La verdad, la gratitud, la liberaltda
tad". Por tanto, vemos que aun cuando Santo Tomás no haya hecho disttn~o
especial entre "lo debido moral" y "lo debido legal", se refiere en este estudio
de la justicia y de sus partes subjetivas, a un solo "debido" y ~ un solo d:recho ''el legal". Asimismo, al no colocar entre las partes poten':ales de la_ JUS·
ticia (es decir aquellas virtudes que no tienen toda la ~ten~ d~ la_ v1~ud
principal, que no realizan su definición perfecta) a la J_us~cia. clistnbuuva,
podemos concluir que él considera que el derecho de la d1stnbut1va no es un
derecho moral, sino un derecho legal.
Otros textos tomistas aclaran el punto que estudiamos: cuando el Doctor
Angélico examina la cuestión de la preferencia de las personas, que constituye el pecado opuesto a la justicia distributiva, dis~gue dos modos de dar:
uno proviene de la justicia por la cual se da a algwen lo que es _suyo, lo que
se le debe de dar, y es ahí que se puede encontrar la pref:rencia a las personas (es decir, dar a una más de lo que le corresponde, mas de lo que s: le
debe dar) ; el otro acto proviene de la liberalidad en la cual ~e da gratuitamente a una persona lo que no se le debe. Siendo la preferencia de la~ personas el polo opuesto a la justicia distributiva, es por ello que esta vutud se
opone a la liberalidad y sobre todo es su derecho el que se compara al derecho de esta parte potencial. La liberalidad tiene por objeto un derecho m~ral
y al oponerse al derecho de la justicia distributiva, el derecho de ésta tiene
que ser un derecho legal.
Otro tex'to tomista apoya estas conclusiones: En el comentario a la E~ístola a los romanos dice: "La preferencia de las personas se opone a ~ JUS·
ticia. Se comete también en las cosas que son dadas porque s~n deb1d~ Y
ello concierne a la justicia, pues no es en virtud de una deuda, smo gratuitamente, que Dios llama a los pecadores a la penitencia". Aunque aquí no aparezca para nada la palabra legal es fácil c~m~r,ender ~ue se trata de establecer
que Dios no tiene para con nosotros obligac10n estncta.
.
.
.
La distributiva como noci6n de derecho, se opone a la hberal1dad regida
por el derecho moral; por tanto la distributiva tiene por objeto el •derecho

.ª

legal.

586

Comentando a Santo Tomás, nos dice Cayetar.o: ''Puesto que la preferencia de las personas es un pecado en tanto que se opone a la justicia y ya que
la justicia no se ocupa más que del derecho, de ahí que la preferencia de las
personas no se comente en los dones gratuitos. . . dando dinero gratuitamente, en tiempo y lugar inoportunos y por motivos injustificados, yo peco contra la liberalidad aunque no haga mal a nadie". En lo que se refiere a las
partes potenciales de la Justicia, Juan de Santo Tomás nos proporciona más
detalles. Dice: "En verdad tratan de realizar la noción de la justicia, ya sea
dando lo que es debido, sea siguiendo la regla de la igualdad, pero no lo
consiguen, pues no observan, ni el derecho rigw·oso ni la igualdad perfecta;
la justicia en efecto, tiene por objeto propio dar lo que es debido según la
igualdad. De ahí se sigue que la justicia rigurosa y propiamente dicha es
aquella que considera el derecho riguroso y propiamente dicho y establece la
igualdad. Se tiene la costumbre de llamar también riguroso, al derecho legal, porque es él, el que está establecido y es 'debido' en virtud de la ley
o de la adecuación misma de la cosa".
Parece pues establecido que el derecho de la justicia distributiva es un
derecho legal. Toda argumentación nos lleva al derecho, objeto de la justicia, a lo debido, al débitum, pero el derecho, lo que es debido a alguien, y el
derecho moral son correlativos. Diremos pues que lo que se debe y el derecho de Ja justicia son un deber y un derecho legales.
Santo Tomás en la Cuestión LXI de la Summa, nos dice: "La justicia distributiva y la justicia conmutativa no se distinguen únicamente por su objeto,
uno y múltiple, sino también por la naturaleza misma de la deuda que les
concierne: deber a alguien un bien común es diferente de deberle un bien
que Je es propio". Este párrafo que ha dado margen a multitud de comentarios, es analizado por Juan de Santo Tomás quien establece: "El autor indica
la diferencia de la deuda y del deber en una y otra justicia. El derecho o la
deuda de la distributiva concierne a un bien común que se reparte entre los
particulares, no como precio de un trabajo, o de un objeto, sino como una
recompensa o como obligación de dar según la dignidad, el mérito y la aptitud de cada uno en esta función, y teniendo en cuenta a los otros que deben
de participar también en la distributiva de esos bienes ... el derecho de la distributiva es un derecho fundado en la dignidad y aptitud a los bienes comunes que deben distribuirse según una proporción así establecida".
Según esto, la ley del bien común distribuído es el fundamento de la distributiva. Recordaremos que en ella el término a qua, aquel a quien incumbe
el deber, la obligación, es la comunidad o el jefe que la representa; y el término ad quem es aquel en quien reside el derecho, la facultad mora] de exigir
algo, es el miembro de la comunidad. Ahora bien, frente a estos dos térmi-

587

�nos debemos preguntarnos: ¿Cuál es el fundamento de la obligación de la
comunidad y cuál es el fundamento del derecho en el sujeto? y ¿ cuál es la
naturaleza de esta obligaci6n y cuál es la naturaleza de este derecho?

viduales, se Je llama justo medio racional; si se establece por comparación de
una cosa a otra, o bien por la proporci6n de una cosa a una persona que no
sea el sujeto, es e! justo medio real (medium rei)".

Es Juan de Santo Tomás quien responde: "La justicia distributiva se refiere a un derecho y a un deber fundados no sobre una cosa recibida o dada
por otro, sino sobre la razón natural del bien común". Esta es la respuesta a
nuestra primera pregunta, puesto que como fundamento tanto del derecho
como de la obligación da la razón natural del bien común. Respecto de la
segunda, nos dice: "Bástale a la justicia establecerse entre dos personas diferentes como entre dos extremos. En cuanto a !a razón y fundamento de este derecho o de esta deuda, no es necesario que residan en una persona o
causa del derecho de otra, por cuya razón esta última obligue a la primera
Es como hemos dicho, una condición de la justicia conn,,utatíva y no de
la distributiva, en la cual toda obligación nace de la exigencia del bien
común, En efecto, la obligación nace de la exigencia del bien común,
pero esta misma exigencia incluye la obligación de dar a tal o cual persona
en razón de su situación en sociedad. Ya que la justicia distributiva está encauzada a otro, es necesario que la obligación sea considerada en el término ad
quem. En la justicia conmutativa, el derecho se funda en la persona, que es
el sujeto de este derecho en la distributiva. Es un derecho estricto también,
pero diferente de aquel que reside en el término ad quem de la conmutativa.
Este último es un derecho real o un dominium. En el caso de la distributiva
el miembro de la comunidad es el sujeto de un derecho personal. Por todo ello
se puede contestar a la segunda pregunta planteada, -diciendo qu.e el deber,
o lo debido, es un deber legal; el derecho de la distributiva es un jus ad remJ
derecho persona! que confiere una acci6n personal a1 sujeto que lo posee.

Este segundo caso es el de la justicia, su materia es la operación externa
"que por sí misma o por la realidad que emplea, implica una proporción dada con otro. Ahora bien, la igualdad contiene realmente el medio entre el
más Y el menos. El punto medio de la justicia es por tanto real u objetivo''
(unde justitia habet medium rei).

Habiendo así analizado dos de los presupuestos que habíamos tenido en
consideración para catalogar a la distributiva como una verdadera justicia:
el que esté encaminada a otro y el que su derecho sea un estricto y verdadero derecho, réstanos ahora analizar la última cualidad de la justicia, la igualdad; que dé a cada uno lo que es suyo y si encontramos que la distributiva
cumple con ella, podremos afirmar que en efecto se trata de una verdadera
justicia.
La igualdad se puede definir como el justo medio de la justicia. Nos serviremos de la exposición que del justo medio hace Silvius, para empezar el
análisis de la igualdad. Este autor dice: "El medio es lo que se encuentra
entre dos extremos, y en las realidades morales los extremos son el más y el
menos entre el exceso y la carencia; el justo medio de la virtud es el bien
que mantiene a igual distancia del exceso y de la privación. Si es sólo la
razón la que fija este justo medio, teniendo en cuenta determinaciones indi-

588

. S~. emb~go, este justo. medio real es diferente para las dos partes de la
JUsbc1a debido a las relac10ncs que cada una de ellas considera. En efecto
la justicia conmutativa, regula Ias relaciones de una parte del todo co~
otra parte del mismo todo, de un miembro de la sociedad con otro miembro
de ella, mientras que la distributiva norma las relaciones de la sociedad, del
todo, con sus miembros y distribuye además proporcionalmente los bienes comunes. Por tanto Ja primera, la conmutativa, establece la igualdad de una
cosa con otra, es decir, que según ella, una persona que depende del bien
ajeno, deberá re.stihlir de él, tanto como detente más de lo que de él le pertenece. No_ sucede lo mismo respecto de la distributiva: Ella obliga a una
persona privada a dar una parte de los bienes comunes en tanto que lo que
pertenece al todo se debe a otra persona y esta deuda hacia la otra persona
es tanto más grande cuanto que dicha persona tenga un lugar más elevado ·
de más consideración en la sociedad. Por ello a este respecto dice Santo T~
más: 11Es por lo que, en la justicia distributiva, el justo medio no se determina por una igualdad de cosa a cosa, sino según una proporci6n de las cosas a
las personas; de tal modo que si una persona es superior a otra lo que a
élla se le dé, debe de sobrepasar lo que es dado a la otra". (Sa~to Tomás
Q. LXI. Art. 2: "Et ideo in justitia distributiva non accipitur medium secundum aequalitatem reí ad rem, sed secundum proportionem rerum ad perso~as, ut scilicet sicut una persona excedit aliam, ita etiam res quae datur
uru personae excedat rem quae datur alii").
Las dos partes subjetivas de la justicia observan el justo medio objetivo. Una
Y otra toman en consideración la cosa debida, pero para la conmutativa el
cumplimiento de este justo medio objetivo se hacf' según la igualdad absoluta,
en tanto que para la distributiva se hace según la igualdad de proporción. Santo Tomás nos lo define así: (Q. LXIII. Art. 1). "La igualdad de la justicia
distributiva consiste en atribuir bienes düerentes a las diversas personas proporcionalmente a su dignidad".
La justicia distributiva establece por tanto el justo medio según la diferente dignidad de las personas consideradas. Pero cabría preguntarnos ¿ acaso la
conmutativa no opera de la misma manera? La conmutativa considera tam-

589

�bién las personas, por ejemplo al imponer las penas: se castiga más severamente a aquel que golpea o lesiona a un gobernante, que a aquel que golpea a un simple ciudadano. Esto es cierto, pero lo que sucede es que en las
acciones y en las pasiones la condici6n de la persona sujeto de ellas influye
sobre el valor cuantitativo de la cosa considerada objetivamente. Es en efecto más grave injuria golpear al Rey que a uno de sus súbditos, nos dice Santo Tomás (IIae. Q. LXI. Art. 2.) Pero no sucede igualmente en las otras
situaciones de la conmutativa, por ejemplo: si se compra un caballo, no se
pagará más por el hecho de comprarlo a un noble que si se compra a un campesino, pues la calidad del vendedor no influye sobre el valor del animal
que se compra. Es decir que mientras que la justicia distributiva considera la
dignidad de la persona por sí misma, la conmutativa sólo toma en cuenta
dicha dignidad si influye sobre el valor de la cosa.
Comentando a Santo Tomás sobre este particular, el autor Cayetano expresa: "Estas dos partes de la justicia difieren en lo siguiente: para establecer
su forma de igualdad, la conmutativa no toma en cuenta la condición de la
persona sino que basándose tanto sobre el valor que tiene la cosa cuanto en
el hecho de la persona y en otras conjeturas, tiende a hacer equivalente cosa con cosa; la distributiva por el contrario, al fijar su forma de igualdad,
considera las condiciones de las personas como medida de la igualdad de
las cosas". (Iguala en efecto una cosa a otra porque dichas cosas tienen entre
ellas la misma relación que tal persona con tal otra) . Cayetano. (Comentario
a S. Tomás. Ua. IIae. LXI. Art. 2). La justicia conmutativa considera la
dignidad de Ja persona para establecer la materia· de la igualdad, es decir,
para fijar la cantidad de la cosa; la distributiva considera la dignidad de la
persona para fijar la forma de la igualdad. Si la justicia conmutativa, a veces se basa en la dignidad de la persona para determinar la materia de la
igualdad, la justicia distributiva que considera a la igualdad para establecer
la forma, no tiene en cuenta para nada la calidad de la cosa. En la justicia
distributiva no tiene lugar la reciprocidad (contrapassum) que involucra compensación igual de la reacción a la acción que la ha precedido. La distributiva en efecto, no establece la igualdad proporcional de una cosa a otra cosa,
o de una acción a una reacción, sino establece la igualdad de las cosas con
las personas. (Santo Tomás: Ila. IIae. Q. LXI. Art. 4). Es más, en la distributiva, se descuida a tal punto la igualdad entre las cosas que sobre este
particular observa justamente Domingo Soto: "Aunque los ciudadanos no
hubieran aportado nada al Estado, sino sólo su honestidad, se daría a cada
uno según sus méritos ... sin comparar las cosas entre ellas" (DoMrNoo SoTO:
De Justitia et Jure, III. Q. V. Art. 4).
Debemos tener en cuenta que la justicia distributiva distribuirá según su

590

propia función, y en virtud de esta proporción tanto las de los bienes las
ventajas, como también las cargas, las obligaciones, las desventajas, )as pérdid

as.

Si por un momento abandonamos· el aspecto teórico del problema y Jo trasladamos al terreno de _la práct.i~a ~ lo _analizamos en su expresión jurídica podemos ve~ cómo funciona la d1stnbut1va en algunas instituciones. Por ejemp~o, estud1e~os el, contra~o de so1~iedad y enfoquemos hacia él lo expuesto:
Biliuart defme as1 la ~c1edad: el acuerdo tenido entre dos O varias per~nas
pon~r sus bienes -~n común, en vista de un uso O de una ganan.
c1a comun, segun la proporc10n de sus aportaciones". Ruggiero la define como: "La :15ociación de dos o más personas que ponen en común una O varias
cosas, capitales o ~réditos ~ la propia actividad personal, tiene por objeto obtener un~ ganancia, constltuyendo ésta la finalidad y el contenido del contrato social. Responde tal contrato a Ja insuficiencia de las fuerzas individuales para ejercer 1~ industria o el comercio y para el mejor disfrute de una
cosa~ de un pa~unoni?; por ello quien carece de capitales y sólo posee una
cnergia. de trabaJo_ o viceversa, se asocia a otros que completan los medios
econ?rruc_os,. reparttendo con éstos las ganancias O pérdidas de la empresa".
Plaruol sigwen~o a Aubry y Rau dice: "La sociedad es un contrato por el
cual do_s o vanas personas convienen en fonnar un fondo común, mediante
apo~ac1ones de cada una de ellas, con el fin de dividir los beneficios que
pudieran resultar". De la sociedad mercantil, Rafael Rojina Villegas al habla_r de las obligaciones y de Ios derechos de los socios dice: "Una tercera relaoón de los socios para con la sociedad se establece al determinar los derechos Y utilidades que deban conesponderies. Los socios son libres para estable~r el po~centaje, d~ distr~bución de las utilidades y la forma en que deberan repartlr las perdi~; sm e_mbargo esta libertad no es absoluta; no puede pactarse q~e ~etemunad~ socio o socios perciban las utilidades y que otros
reporte~ las perdidas; la sociedad que se constituya en estos términos se reputa leonina Y ~~nsecuentemente nula; fuera de esta prohibición, sí existe libertad .para f11ar la fonna de distribución de utilidades o pérdidas sujeta a
detenrunado porcentaje o proporción, ya que cuando no exista disposición alguna en la escritura cons~tuti~a para regular este punto, entonces la ley suple la voluntad de los socios fiJando reglas de equidad de los industriales. Se
establ:c_e como p~er pri~cipio1 que a falta de convenio la distribución de
las ~tilidades sera proporcional al valor de las aportaciones; en el mismo
sentido: la obligación de reportar las pérdidas estará de acuerdo con el va-

Pa.:a

lor de _las_ a~ortacion~~; también se establece que cuando sólo haya pacto

para. distnbw.r ~as utilidades, ese mismo criterio se aplicará para fijar las
pérdidas, es deor, la misma proporción convenida para las utilidades se en-

591

�tiende para las pbclidaa, aún cuando no se haya expresado convenio en
te último sentido". (RAFAEL ROJtNA Vil.LEGAS: D11echo Civil. Contra
Tomo l. pág. 482 y 483. Editorial Jus, M~co.). El tratadista francés
Thaler (Traiu d, Droil Commercial. pág. 158 y siguientes), hablando de 1IOCiedad mercantil expresa sus ventaju: " .•. le resultat avantageux que
nera le contrat lerVÍra a la fois l'interet de tous les adherents. Entre les
il y a confraternité, dissaient les Romains. Tous pour un, un pour tous.
interet, saos doute, peut se trouver en conflit par rapport au mode de répall!
tition du bénefice, oú a certaines clauses de nature accesoire. Mais daos l'ea..
Rmble, la réussite de la societé dépend d'un ensemble d'acoords et d'
marche d'explotation aux quels les sociétaires visent para una neme ~
Ceux-ci savent que le bien de chacun d'eux est solidaire de celui de tous".
seguida al analizar la legislación francesa nos refiere el articulo 1832 del
Código Civil francés que dice: "La societé est un contrat par Je quel deux Olli
plusieun pel'IOnnes conveniennent de mettre quelque chose en commun, •
la vue de partager la bénéficc qui pourra en résulter''. Nuestro c.6digo Cid.:
de 18M tom6 esta disposición y expres6 en su articulo 2219: "Se llama ac,..
ciedad el contrato en virtud del cual los que pueden &lt;lisponer libremente de
IUS bienes o industria, ponen en común con otra u otras penonas esos bi
o industrias, o los unos y la otra juntamente, con el fin de dividir entre si el
dominio de los bienes y las ganancias y pérdidas que se obtengan, o s61o llJ
ganancias y pérdidas... El artículo 2276 del mismo Código de 1884, fija la
manera general de repartir las ganancias y las ~rdidas en la siguiente forma:
"La parte de los socios en las ganancias o pérdidas será proporcional a sut
cuotas, si no hubiere estipulación en contrario; si sólo se hubiere pactado la
parte de cada uno en las ganancias, será igual la de las pérdidas y viceversa•.
Nuestro Código Civil en vigor no reprodujo la disposición del de 1884, pues
1uprimi6 parte del mismo al establecer en su artículo 2688 : "Por el contra,
to de sociedad los socios se obligan mutuamente a combinar sus recW'IOI o
sus esfuerzos para la realización de un fin común, de carácter prepondCl'allttemente econ6mico, pero que no constituya una especulación comercial" J
como la misma definici6n se refiere a sociedades civiles diferenciándolas de
las comerciales a que se refiere el Código de Comercio y la Ley General de
Sociedades, ya no repite el artículo del Código de 1884, relativo a la repetici6n de los beneficios y de las pérdidas, sin embargo, establece un princ:i,.
pio de justicia distributiva en su artículo 2693 en el que establece que "para
el caso de sociedades constituídas para un objeto ilícito, despu6s de papdas las deudas sociales, conforme a la ley, a los socios se les reembolsará lo
que hubieren llevado a la sociedad" y además en su artículo 2697 dada Ja
naturaleza puramente civil de la sociedad a que el mismó ordenamiento •

ie&amp;re, estatuye que ''No puede cstipuJanc que a los socios capitalistas se
)a restituya su aporte con una cantidad adicional, haya o no ganancias".
Par Jo demás no es necesario insistir IObre la noción de sociedad y su relación
can la distributiva, pues la misma ya se encontraba perfectamente delineada
en el derecho romano el cual establecia que una sociedad "Es un contrato
ele derecho de gentes, nominado, de buena fe y signalagmático o bilateral, por
el cual se obligan las partes a divicline con igualdad proporcional la ganancia o p&amp;dida de una cosa o negociación honesta". (Dg. Lib. 17. Tit 2; Cod.
Lib. 4. Tit 37).
Si examinamos el derecho sucesorio también encontramos en él disposicio111!!1 donde la distributiva ejerce su influencia pues en general el heredero sopertará las cargas de la sucesión proporcionalmente a la parte que reciba o
que deba recibir. El Código Civil para el Distrito y Territorios Federales de
1884, en su artículo 3434 refiri~ndose en especia) a los legados decla: "Si toda Ja herencia se distribuyere en legados, se prorratearán las deudas y gravámenes de ella entre todos los partícipes a proporción de sus cuotas, a no ser
que el testador hubiere dispuesto otra cosa". Nuestro Código Civil vigente para el Distrito y Territorios Federales, en su artículo 1411 reproduce literalmente la anterior disposición, y agrega en su artículo 1420 que es copia literal del artículo 3357 del Código de 1884: "Si el legatario a quien se impuso
aJg6n gravamen no recibe todo el legado1 se reducirá la carga proporcionalmente, y si sufre evicción, podrá repetir lo que baya pagado". En materia
del pago del impuesto que se causa sobre herencias y legados el principio de
la distributiva, para el pago de dicho impuesto, se ajusta totalmente a los
)JOltulados, pues el pago está proporcionado a lo que cada heredero o legatario recibe.

En el caso de las sociedades anónimas se establece con claridad el mismo
sistema de la distributiva ya que en ellas, el derecho esencial de todo asociado es el derecho de participar en cierta medida determinada por la ley, en los
beneficios y en el manejo y control del negocio social. Esta repartición de
beneficios, de pérdidas y de autoridad tiene como correlativo el reparto de
b riesgos, y es propiamente dicho una de las características específicas del
mntrato social. Por fin, en el Estado, cada ciudadano deberá recibir los beneficios comunes según su dignidad, pero también según ella deberá cubrir
lu cargas y las obligaciones.
Insistiremos sobre este tema al final de este ensayo y por ello no nos extendemoa más sobre el mismo.
Después de haber bosquejado la noci6n de la igualdad de proporción, de~ estudiar c6mo funciona, cuál es su mecanismo, cómo establece las re-

592
593

H. SIi

�laciones proporcionales entre las personas, y por fin las relaciones de ellas con
los bienes a distribuir.
Ya hemos dicho que la distributiva funciona con una igualdad geométrica;
ésta consiste en que tanto cuanto una persona sobrepase a otra en dignidad,
la ventaja que a ella se le atribuye debe sobrepasar a la que se otorgue a la
otra, en tanto y cuanto la sobrepasa en dignidad. No se trata pues de una
proporción arjtmética como en la conmutativa, en la cual yo devuelvo diez
pesos porque recibí die-.t: pesos, proporción en la que no hay más que dos términos.
En la proporción geométrica no hay dos términos sino cuatro: seis es a
cuatro lo que tres es a dos. En esta relación no encontramos una igualdad
cuantitativa, sino una igualdad proporcional. Seis es más que cuatro en la
misma proporción que tres es más que dos, pero la diferencia es igual solamente en proporción y no en cantidad. En efecto, seis sobrepasa a cuatro en
dos unidades, tres sobrepasa a dos en una unidad. (lla. I!ae. Q. LXI. Art.
2. Corp. Santo Tomás).
Si aplicamos esto a la distribución de los bienes entre las personas, tendremos lo siguiente: Sea "A:' un término, por ejemplo, cien pesos; Sea "B" otro
término, por ejemplo, cincuenta pesos; sea "C", por ejemplo, una persona,
Gabriel, que ha trabajado dos días, y por último, sea "D" otra persona, por
ejemplo Ignacio, que ha trabajado un día. Ahora bien, lo que "N' es a "B",
"C" lo es a "D", pues de ambas partes se encuentra la proporción de dos a
uno; por tanto lo que "A" es a "C", "B" lo es a "D", es decir lo que son
cien pesos para Gabriel que trabajó dos días, •10 son cincuenta pesos para
Ignacio que trabajó un día. (Comentarios a las Éticas. LV., 1, 5.)
Esta proporción establecida entre "A" y "C" y entre "B" y"D" se encuentra en el total "A" más "B" para uc" más '"D". Esto quiere decir que la pro•
porción: cien pesos son para Gabriel que ha trabajado dos días, lo que cincuenta pesos son para Ignacio que ha trabajado un día, se vuelve a encontrar en el total ciento cincuenta pesos y tres días. Supongamos ahora que se
trata de una negociación que ha distríbtúdo ciento cincuenta pesos según el
trabajo desarrollado por sus empleados: Gabriel que ha trabajado dos días
recibirá cien pesos, Ignacio que ha trabajado sólo un día reCJbirá cincuenta
pesos. Esta es la forma de establecer proporcionahnente el justo meruo de las
distribuciones a que se refiere 1a justicia distributiva.

Para explicar esta proporción, Juan de Santo Tomás da como ejemplo al
padre de familia que mstribuye ropa a sus hijos: no dará la misma ropa a
todos ellos, sino que a los pequeños les dará ropa pequeña y a los grandes,
ropa grande, según la talla de c.ada uno de ellos, y el mismo autor recuerda
a aquel rey al cual se refiere Cristo en los Evangelios, que da dinero a sus

594

criados, a uno cinco talentos, a otro dos, y al tercero sólo uno, pero reparte

a cada uno según su capacidad. Es decir, distribuye igual en proporción mas
no igual en cantidad.
Hay que considerar también en la distribución la relación de los que reciben con los objet~s que reciben. Comentando al Doctor Angélico, Juan de
Santo Tomás arroJa luz sobre este particular: "El problema -dice-, que se
pla~tea en la justicia distributiva no es aquel de la igualdad que tiene que
realizane entre lo que alguien recibe y lo que alguien le obsequia sino en
fijar 'lo debido', según la condición de las personas" (Ila. lilas. Q. LXI. Art.

ªª·

4.. 2:). ("In. distribu~va enim justitia non attenditur aequalitas ejus quod
qws acc1p1t ad id quod 1pse impendit, sed ad id quod alius accipit secundum
utriusque personae modum").

La distributiva no considera la igualdad de lo que se da y de lo que se recibe, sino la proporción de la persona tanto respecto del objeto que a ella se
le atribuye cuanto respecto de los demás beneficiados con la distribución:
"Ut sicut illae suo modo, et pro sua proportione rccipiunt, illa et iste pro suo
modo, ut compara.to ad alias" (Juan de Santo Tomás, III. Q. -'CXI, Disp. 6.
Art 4. pág. 542). Hay por tanto, dos puntos que considerar en la distributiva : la relación de la persona con lo que ella recibe y su proporción con los
demás partícipes en la distribución. El primer punto lo trata Santo Tomás en
las f:ticas, si invertimos los términos en los cuales se expresa y decimos: Gab~el que ha trabaj~do dos días es a Ignacio, que ha trabajado un día, lo que
cien pesos son a cmcuenta pesos; es decir, aquí establecemos la proporción
de las personas entre sí, pero la proporción: Gabriel es a cien pesos, Jo que
Ignacio es a cincuenta pesos, considera la relación de la persona con lo que
ella recibe.
Juan de Santo Tomás hace el análisis de estos dos elementos en la siguiente
forma: ''He aquí en qué términos Santo Tomás exige que se tome en cuenta
la proporción de un beneficiario en comparación con los demás: es necesario que cada uno reciba según su medida y su proporción y que de esta forma la justicia rustributiva considere los respectivos derechos de las diversas
personas en una distribución, de modo que una reciba tanto como lo exijan
sus aptitudes, no en igualdad con otra, sino según sus respectivas proporciones".
Hasta aqui hemos analizado el primer punto. Pero la justicia distributiva
considera asimismo la proporción de la persona que recibe con la cosa
atribuída, de manera de darle lo que le es proporcional. El que distribuye
deberá tener presente ante todo, que aquel a quien se dé, tenga las aptitudes
requeridas y sea digno de lo que recibe, de la recompensa que se le dé, o bien
que reúna los requisitos necesarios para soportar la carga u obligación que

595

�se le imponga. Si en la atribuci6n de un bien 1e toman en cuenta ci'rcwld
ciaa, condiciones, que no se refieren a la causa por la cual el que
bien es digno de recibirlo, seria faltar a Ja distributiva, sería preciaa:IDllli
cometer Ja preferencia de las personas, que es lo opuesto a Ja virtud de
justicia distributiva. Atn'buir un bien a una persona sin que dicho biea.
corresponda por ru6n de su dignidad, es precisamente pecar contra la
tributiva, es dar preferencia a las personas, y por ello la virtud de la ·
butiva debe considerar IIOhre todo las condiciones que enttan en juego y
porcionaJmente a la recompensa o don que se va a distribuir, y no
tener en cuenta aquellas circunstancias que sirven de comparación con
demás sujetos llamados a participar en la distribución.
Juan de Santo Tomás se plantea el problema de si la justicia distribu
para ser una verdadera justicia, debe referirse forzosamente a varias
nas y a sus respectivos derechos. Responde recordando que la imperl
que se ha atribuido a la distributiva, es el hecho de estar ligada por si •
y como virtud y en su forma a las varias personas a quienes distribuye, es
cir, que la distributiva ''proprie et per se", no considera la proporción
una persona a la cosa que a ella le es asignada, sino la proporción en
paración a otra persona que participa también en la distribución. Añade
la distributiva observa la proporción geométrica, proporci6n de dos o
penonas respecto de una cosa. iega la imperfecci6n a que bacemo1
rencia diciendo: "Esta imperfección como otras, no forma parte de la
ci6n formal e intrimeca de la justicia distributiva, 'secundum se'" y
ye: "La noci6n de Ja justicia distributiva no incl..ye la división efectiva
un beneficio social según las proporciones de varias personas, sino que
realizane aun cuando no exista más que una persona". La proporción
tre las personas es un elemento esencial y el mismo autor lo indica, según
demos apreciar, aunque no expllcitamente, pero la proporción de cada
110na a las cosas o a la cosa por distribuir, también es un elemento
Prueba de ello es el caso de que aunque existan varios candidatos para
ticipar en la distribución, &amp;ta puede no llegar a efectuarse si ninguno el&amp;
chos candidatos es digno de recibir.
De lo expuesto 1e puede concluir que la justicia distributiva establece
verdadera igualdad, aunque distinta de la que establece la conmutativa.
ce Santo Tomás: ''La fonna general de la justicia es la igua]dad, tanto
la justicia distributiva como para la justicia conmutativa, pero en la p ·
se establece según una proporcionalidad geométrica mientras que en )a
gunda se establece según una proporcionalidad aritmética". &amp;to indica
existen dos formas diferentes de justicia, pero ello no presupone que una
inferior a la otra. Hay autores como Billuart que dicen que el justo
596

r

¡¡¡bjetivo DO es igual entre las dot
ob, .
,paJdad absoluta, en la otra es
iJeUVU de la ~Ulticia: en una es la
liendo :.......,_ tocl
igualdad de proporaón. A ello ae objeta
OI Jos hombres no hay que comiderar difemJciaa
• ellos, pero II eato es_ cierto, aunque todos seamos iguala
en~ haber y habrá 11empre desiguaklades individuales por naturaleza,
Jll'lllflDtel aquel que distribuya los bienes comunes Este ~ debed tener
~ puar desapercibido. Ya León XIII en III Enclclica R no puede dem: "Cualesquiera que sean 1aa ••• des
,,.,,. Novarum,
iaanas de gobierno habrá .
Yicwtu
por 1aa cuales atraviesan 1aa
de coodi •
. '
llallpre entre b ciudadanos estas daiguaJdadea
IUl Jas cuales una sociedad DO puede ni existir ni ftll■~

-e-:-

--i.:../'::ua

'lllUU'óQIMMI •

,

~ la'

Para IOI católicos y los cristianos en
• por naturaleza sino también
;.....~ los hombres DO s6lo son iguatocb
son - &amp; - - dentro de la fraternidad . .
hermanos en Jesucristo y dentro de dicha 1-._:.a_.a
C!'lltiana,
en ~enta desigualdades y se procura hacerlas u-.uuu.: .e. rehusa tener
~ 11 ello se realizara,
la verdadera igualdad
~ , reinada enton...-a
.
' la númerica y cuantitativa. Ha
como Sertillanges que respecto de ata confraternidad ....:..:..-- ali y
• que no es un igualiºtarismo •
.
.........,. ardeJan
.
.
, m que Cristo
sea un Partido: "La .
de Dios; la igualdad frente al destino último y la igualdad igualdad
• ahí~nace,
todo eso no implica de .
fo
.
.
moral que
pa niveladora"; "admitimos dice lanmgunaigualdadrma, dice Sertillanges, la uto.1..:-...
1.a-..1
'
,
mora'
-&amp;IMIAUIU funcional y repudiamos la
. ., pero mantenemos la
•

.

.
estrecha vutud mmercial la cual
rcdUClr la sublime noción de justicia".
a
El IDIIIDO Santo Tomás dice· "La · • .
.
~... u_.a (igualdad
. . . . Justicia mantiene este género de des·~
cuantitativa e igualdad de
.
te que el desorden y la conf '6
establ propora6n), pues no penniUSI n se
ea:an mezclando todas las
líbU con º~· La justicia conserva así a todos los seres
, sus
~
como Jo reqwere Y lo exige la naturalei. de cada
,.
segun
espeaea,

qUW:C

m

~-

• establece el
-...r_autor J. T.. Delos indica c6mo la distribº utiVa

rden la
- . • en la 80C1edad.· "La J'ustt'cua
. wauwutiva
.a:~L . se • ira
o
y ar&amp;.igualdades sociales, para substituir al i ali . msp _paso a paso en las
1 de la igualdad h
.
.gu tarismo la idea de proporción
.
~ que permte baJO las desigualdades IOCiaJes,
a cada audadano condiciones de vida plenamente h
y para
cuales tenga derecho en t~rminos de justicia distribu .
~ ' en
llltura1 de las
,.
tiva a la 1gualdad
personas.
Según lo analizado, la justicia distributiva establece
dad, igualdad d
.
una verdadera igua]. . e propom6n basada tanto en la proporci6n entre las
811 que participan en la distribución como en la proporción de
penoaspecto de los bienes distribuidos. Esta dobJe proporc1º6n se establece
esas penonas
según

:utizar

597

�la dignidad de las penonu, dignidad estimada de diveno modo según

grupos sociales.
"
•
El mismo autor J. T. Delos dice a este respecto: Ea J1eD1pre por a
maci6n que se precisarán las deudas del cuerpo social respecto de cada ciudadano". Se discutirá largamente antes de ponerse de acu~o sobre el mon~

de los derechos sociales de los ciudadanos de cada clase IOClal; pero estas ctis.
alimentarán muchas luchas po11ticas y reivindicaciones . antes de • que
C1Jll0DeS
se llegue a determinar la justicia; "pero la dificultad de apreaar ~ utua,.
ci6n de hecho y apreciar las relaciones de derecho que ella ~ aparejada ••
.....,.¡.. 1 de la justicia distributiva". Experimentan esta dü¡¡¡es un problema ~
.
c:ultad tanto acreedores como deudores en la justicia conmutativa Y •~ aneglo O acuerdo IIObre la valorización de un daño o de una deuda, no es siempre
ni tan rápido ni menos tempestuoso que las lu~ q~e se ven en ~ cl~ se,.
ciaJes: para ellas también la evaluaci6n, valoruación y determmación
derecho no se hacen a menudo sino por aproximaci6n.
Respecto de los actos propios de la justicia distributiva, se puede decir ~
mo aftnna Faidherbe, cuya obra so~ la justicia ~butiva nos ha ~~
de gula en este estudio, que es superior ª. la conmuta~va, pues ea la JUStlC1l
por excelencia, ya que atribuye a los pamculatt$ los bienes comunes, ya que
concierne a las relaciones de los superiores con los inferiores, porque ademú,
es la virtud del jefe, tanto en lo particular COIDQ en el Estado, y porque et
la justicia divina o sea la justicia propia de Dios.
. .•
•
Juzgar es el acto más importante, más excelso de la Just1aa, ~ det~
nar lo que es justo, es el acto que restablece la_ igual~d, es ~1én -el eJer
ciclo de la funci6n judicial que es la prerrogauva de la soberama, Y es pre,,
cisamente la virtud opuesta a la negaci6n de la justicia, Y opuesta a la pieferencia a las personas, que consiste en darles aquello que no les pertenece.
a lo que no tienen derecho.
..
El juez ast, el intérprete de la justicia, el que la debe encauzar al ~r6J
administrándola con equidad; el juez tiene por lo tanto el ~apel nusmo ~
distribuidor y practica la justicia constantemente, pero tamb~_n Y desgraciadamente ello sucede a menudo, puede viciarla, puede subvertirla y con ello
la aniquila. El juez la practica tanto cuando hace respetar el derecho del
• J como cuando hace respetar y valer el derecho del Estado.
parbcu ar,
. . . distrib . debe
con,
Por todos sus caracteres y atributos, la 3ust1cia
unva
ser
siderada como la guardiana del orden social establecid~,
tal de que •
orden haya sido establecido teniendo en cuenta los pnna~1os Y las no~
moralts y atribuyendo a cada uno, por un lado las ventaJas, los beneficial
y por el otro lado, las cargas, las obligaciones que merece ~ am!&gt;°5 ~
por su situación, su rango en la sociedad, pues de no ser au, la distributlVI

~º?

598

lejal de ser una virtud conservadora de los valores sociales» le1'á la principal
)JIIIIIIOtOra del prograo y de las reformas IOciales, ya que tendrá que adecuar
la Jálidad IOcial al ideal de justicia. Por ello, el estudio a fondo y el análisis

de la justicia distributiva compete tanto al estudioso del derecho como al
abogado propiamente dicho y sobre todo al estadista.
Por último, la justicia distnoutiva como carácter propio, lleva implícita la
obligación de la restituci6n cuando ha sido mal aplicada.

NOI parece oportuno tener en cuenta también, como lo hace J. T. Delos,
que la justicia distributiva, salvo cuos excepcionales, .no consiste en repartir
aun proporcionalmente una realidad homogénea y cuantificada, como una
IUIDa de dinero o una porción de tierra, o bien los actos o los servicios en
masa. Es necesario pensar siempre que su verdadero objeto es dar a cada
une su parte del bien común, es asegurar a cada uno su parte de seguridad,
ele orden, pero también establecer la vigencia de un estatuto jurídico y social,
de condiciones económicas, intelectuales y morales favorables a su desarrollo.
Todas estas condiciones le son debidas a cada uno en justicia y por ella le
pertenece, pero son bien distintas de una cantidad especifica que debiera repartine entre ellos.
Ya desde 1892, León XIII en la Encíclica Rerum Novarum recordaba
que: " ... Entre los graves y numerosos deberes de los gobiernos que quieren
pmveer como es conveniente el bien público, el que domina a todos, consiste
en cuidar por igual todas las clases de ciudadanos, observando rigurosamente
Jas leyes de la llamada justicia distributiva".
Tal desiderátum ya ha sido puesto en práctica en algunos países. En Francia, los dirigentes del movimiento social católico en una de sus más ~lebres
manifestaciones, la declaraci6n de los derechos de la familia, de diciembre
de 1920 y también en el C6digo Social de Malines, publicado en 1927 por
la Unión Internacional de Estudios Sociales, afirmaban: "La familia tiene
cleftcho, en el seno de la sociedad civil, a la justicia distributiva. Los impuesb, las cargas, las tarifas, las subvenciones, las pension~ de invalidez, deben
• atablecidas, no s6lo en funci6n del individuo, sino también en función
de la familia" y expresaba: ''En tanto que el bien común lo permite, la justicia distributiva demanda que el impuesto sea proporcional".
Refleja as{ la justicia distributiva su importancia en variad1simos aspectos
de la vida social, tanto en la moralidad de las disposiciones testamentarias,
en Ja legialaci6n sobre el trabajo, en la legislaci6n sobre asistencia y prevención
IOCial, en los seguros sociales, en la repartici6n de las riquezas nacionales y
en el' UIO de los recursos nacionales en beneficio de los ciudadanos, así como
ea la imposici6n de los impuestos y en el voto del sufragio.
Los principios que la rigen, han inspirado las reformas sociales y agrarias

599

�en todos los paí~es, incluyendo las de México, y toda la legislación del trabajo que en nuestro país se de1iva del artículo 123 Constitucional, así como
las más recientes reformas al Estatuto Burocrático y su inclusión en la Carta Magna.
La justicia distributiva es además el principio organizador de toda una
rama de las ciencias jurídicas: nos referimos al derecho administrativo que
asegura la ejecución de los servicios p(1blicos, así como la repartición equitativa de los impuestos y íinaJmente, las instituciones del Seguro Social y de
beneficencia. Sin embargo, no debemos olvidar que la justicia distributiva
está ella misma gobernada por el bien común y subordinada a la justicia legal
y social. La justicia legal coloca al hombre, al ciudadano, en estado suficiente de satisfacer las necesidades y los derechos de los demás1 pero si lo
hace de una manera inmediata en relación con el bien común, también lo
realiza de una manera mediata en relación con el bien individual. Por ello,
afirmamos que el bien común es el que debe ser asegurado ante todo.
La justicia distributiva no s61o tiene importancia dentro del ámbito particular del Estado, sino que presenta también repercusiones en el orden internacional, en las relacione~ entre los Estados y entre los individuos pertenecientes a diferentes Estados.
En efecto, J. T. Delos, a este respecto afirma: "No es esta forma de justicia la que nos da cuenta de la naturaleza propia del derecho internacional.
Este derecho internacional reposa esencialmente sobre las dos formas de justicia que suponen la existencia de la sociedad y que no pueden nacer sino
en el seno del cuerpo social: la justicia social internacional y la justicia distributi\'a internacional". Las dos especies de justicia social que acabamos
de enumerar, constituyen el fundamento del derecho y de la justicia naturales, que forman la base del derecho internacional. Los órganos encargados
de aplicar la distributiva en el orden internacional son los tribunales internacionales, que en los momentos de agitaci6n poütica internacional, ejercen
su función a cada momento y que hoy día toman un incremento cada \'ez
mayor con la conciencia de que los conflictos deben resolverse no por el uso
de las armas, sino por el imperio de la justicia.
La índole monográfica del presente ensayo, no nos permite, desgraciadamente, extendernos en más consideraciones, pero un rápido vistazo a las
numerosísímas cuestiones sociales en las que interviene la justicia distributiva
y de otras en las que por su propia naturaleza debiera intervenir, así como
las pretensiones que tiene la justicia distributiva de dirigir algunas ramas de
las ciencias jurídicas, son aspectos todos que abren a nuestros ojos un campo
de acción muy amplio para que otros mejor preparados los estudien y traten
de obtener los beneficios sociales por los que claman los desvalidos.

600

LA TENENCIA DE LA TIERRA EN LA CUENCA
DEL BAJO PAPALOAPAN

Dr.

Wn.LIAM

M.

W1NNIE

Facultad de Economía de la
Universidad de Nuevo León

de toda comunidad agrícola,
dos fen6mcnos íntimamente relacionados entre sí destacan sobre todos los
demás, en sus implicaciones para el bienestar del hombre común. Tales fen6menos son, la naturaleza de los derechos de propiedad sobre la tierra ( tenencia de la tierra) y la distribución de las propiedades entre la población rural
(extensión de las propiedades). Este artículo se consagra al estudio del primero de estos dos aspectos en la organizaci6n social rural de los pobladores
de la Cuenca del Bajo Papaloapan, en los Estados de Vcracruz y Oa."&lt;llca,
ENTRE LAS CARACTERÍSTICAS soc10-EcoN6MtCAs

México.
Los sistemas actuales de tenencia de la tierra en la Cuenca del Bajo Papaloapan. son el producto de la incompleta fusión de los sistemas agrarios,
tanto indígenas como españoles. Por espacio de cuatro .siglos, el sistema indígena de la propiedad comunal y el usufructo privado de la tierra dedicada
a la ¾«ncultura de subsistencia, han coexistido con el sistema español de la
propiedad privada de la tierra, que en la mayoría de los casos se dedica a la
ganaderfa extensiva. Ambos sistemas se han influenciado mutuamente: la
práctica principal adoptada es de origen español, y más aún romano, de
acuerdo con la cual se permite a los pequeños agricultores utilizar una porción
de terreno dentro de una gran hacienda para la producción de sus cosechas de subsistencia; pero al mismo tiempo, estos pequeños agricultores deben
encontrarse disponibles para trabajar como jornaleros en la hacienda. En
el último medio siglo, y principalmente en los últimos 25 años, la situación
se ha complicado más aún, por el programa de reforma agraria de la Revolución. Todo ello ha dado como resultado, la formaci6n de un gran número
de ejidos en todas las partes que componen la Cuenca del Bajo Papa!oapan,

601

H. 39

�y en muchos lugares ha conducido a su retorno a algo que debe ser muy
similar al sistema precolombino de la tenencia de la tierra.

de apropiaci6n, para hacer una distribuci6n equitativa de la riqueza
pública y para cuidar de JU conservaci6n. Con este objeto, se dictarán
las medidtli necesa;ias para el desarrollo de la pequeña propiedad agrícola en explotaci6n; para la creaci6n de nuevos centros de población
agrícola con las tierras y aguas que les sean indispensables; para el fomento de la agricultura, y para evitar la destrucción de los elementos
naturales )' los daños que la propiedad pueda sufrir en perjuicio de la
sociedad. Los núcleos de población que carezcan de tierras y agua, o no
las tengan en cantidad suficiente para las necesidades de su población,
tendrán derecho a que se les dote de ellas, tomándolas de las propiedades inmediatas, respetando siempre la pequeña propiedad agrícola en
explotación".

Las bases legales de la tenencia de la tierra.'
La propiedad de la tierra en México, tiene su base jurídica en la Constitución Política de 1917. Esencialmente, la tierra se posee sin especiales
limitaciones; pero ciertos derechos -además de los que son usuales en la América Inglesa- han sido reservados a la Nación. Sólo la superficie y sus accesiones, pueden ser objeto de apropiación privada. Al igual que en muchos
otros países, el gobierno retiene los derechos de tributación y de dominio eminente; pero el concepto de utilidad pública, base de este último, se interpreta
en fonna más amplia de lo que es común en otras partes, y la expropiación
es un procedimiento más administrativo que judicial. Entre otras cosas, la
concentración de demasiada extensión de tierra, en manos de una sola persona, se considera motivo de expropiación. Es de notarse, además1 que la
explotación de la tierra se ha convertido en un elemento importante para
decidir los derechos del propietario en algunos casos. El artículo 27, de la
Constitución de 1917, expresa, en la parte en que más concierne a la tenencia
de la tierra, lo que sigue:
"La propiedad de las tierras y aguas comprendidas dentro de los límites del territorio nacional corresponde originalmente a la nación, la
cual ha tenido y tiene el derecho de transmitir el dominio de ellas a los
particulares, corutitu,•endo la pro piedad privada.
"Las expropiaciones sólo podrán hacerse por causa de utilidad pública
mediante indcm11izaci6n.
"La nación tendrá en todo tiempo el derecho de imponer a la propiedad privada las modalidades que dicte el interés p,íblico, así como el
de regular el aprovechamiento de los elementos naturales susceptibles
E~te tema ha sido considerado con profundidad en ,•arios estudios, entre otros:
L. WHETTI.IN, Rural México (Chícago. University of Chica1to Press, 1948)
)' Evtea N. Stm&gt;SON, The Ejido: Mexico's Way Out (Chapel Hil1. U~versity o{ No~
Carolina Press, 1937). El desenvolvimiento de la tenencia de la tierra en Mwco
ha.Ha la Revolución se ha resumido con notable claridad por GEOJtGB M. McBlllDB,
e.n Lo.nd S&gt;1st1ms of M,xico (New York: American Gcographical Society, Reseai:ch
Seriea No. 12, 1923). JosÉ M. ÜTS CAPDEQUÍ, El R'gimen d1 la tierra en la A.mine,
Española durante sl p,rlodo colonial. {Ciudad Trujillo, R. D.: Editorial Montalvo,
1946), es un estudio sint~tico de este aspecto en los sistemas de la tierra en las colonias, hasta su independencia.
1

NATHAN

602

Este artículo establece la estructura legal para la dotación de tierras a los
ejidos y para la obtenci6n de tales tierras de las grandes haciendas cercanas.
Los procedimientos vigentes para la dotación y expropiación de las tierras
citadas, se reglamentan en el Código Agrario. 2 Grupos de 20 o más personas, elegibles, pueden integrar un ejido y recibir tierras, de acuerdo con
esta ley.• Para tener derecho a recibir tierra en un ejido, el individuo debe
ser mexicano por nacimiento, varón1 mayor de 16 años, si es soltero, o de
cualquier edad, si es casado; o mujer de quien dependa una familia, sea
casada o no; debe haber vivido en el ejido del que se pretende formar parte,
por lo menos desde seis meses antes de que se formule la solicitud, a menos
que forme parte de un grupo de individuos que, viviendo en lugares clislintos, formarían un nuevo ejido, si se concecliese la dotación. No se debe poseer
una extensión de terreno equivalente a la que se recibirá en el ejido ( usualmente 20 hectáreas en la Cuenca del Bajo Papa loapan), y es necesario trabajar personalmente la tierra, como ocupación habitual. Ni se debe tampoco
poseer bienes de industria, cuyo valor alcance los 2,500 pesos, ni bienes agrícolas cuyo valor exceda de 5,000 pesos. Los peones y otros trabajadores en
las haciendas se incluyen especfücamente entre los capacitados para recibir
tierras.•
De este modo, el trabajador agrícola carente de tierra y el pequeño agricultor con una muy pequeña propiedad, pueden participar de los beneficios
de una concesión ejidal.
Al mismo tiempo, en el Código Agrario y en el artículo de la Constitución
Lt'jts y c6digos d, M,xico: C6digo .dgra.ri&lt;&gt; (M6:ico: EditoriaJ Porrúa, 1955),
"Código Agrario de los Estados Unidos Mexicanos", págs. 7-124.
1 lbid., articules 46-47 y 50-52.
' lbid., articulo! 54 y 56.
1

603

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��de los "obreros" en el censo de población, y b) a la práctica de anotar las
tierras de propiedad colectiva como una sola explotación, en vez de hacerlo
como las varias explotaciones que son en la realidad en la mayor parte de
los casos, en los censos agrícolas. De este modo, muchos directores agrícolas
que trabajan en tierras no ejidales poseídas en común se anotan en los censos
mencionados, en último término, como "otras" personas ocupadas en las ex•
plotaciones de cinco o más hectáreas. Tanto de la observación directa en el
campo como del análisis de los censos agrícolas y de población, aparece que
'
,
el promedio de trabajadores agrícolas por director, es más alto en las areas
de agricultura comercial, particulannente en las de monocultivo de azúcar.
Posiblemente, hasta la mitad de los que son jefes de familia y que viven en
tales áreas, sobre la base de un ciclo anual, son primordial o exclusivamente
trabajadores agrícolas. Además de estos trabajadores permanentes, varios mi•
les de trabajadores estacionales son importados de la altiplanicie y muchos
más vienen ae otras partes de la Cuenca cada año para trabaJar en la za1ra
azucarera. Un movimiento similar de trabajadores estacionales ocurre hacia
las zonas piñeras durante los meses de verano, cuando la cosecha empieza a
ser recolectada.
Fuera de aru, el número de jefes de familia que laboran f undamentalmente como trabajadores agrícolas sea con probabilidad relativamente pequeño.
La mayor parte de los hombres que laboran como trabajadores, son tam•
bién directores en grado apreciable. Posiblemente la mitad o aún más de
los jefes de familias rurales en las re~ones de agricultura de subsistencia y
ganadería pueden ser clasificados apropiadamente _en un grupo que abare_"
aquellas personas que son directores agrícolas en alguna parte de sus actJvidades y trabajadores agrícolas en otra. Sólo una parte de los ejidatarios
y otros agricultores que explotan las tierras que de hecho se poseen en común
pueden ser adecuadamente considerados como siendo primordialmente direc•
torcs agrícolas. La mayoría, si no es que la totalidad, de los propietarios-directores de pequeñas explotaciones pueden incluirse en esta última clasificación.

c) comunidades no ejidales. 18 De los tres, únicamente los ejidos se reconocen como diferentes de las propiedades individuales en los censos agrícolas;
los otros parecen haber sido tratados como unidades agrícolas singulares,
clasificando a quienes las explotan en la categoría residual de "otras per•
sanas ocupadas en el predio". La explotación en todos los casos típicamente
se lleva a cabo en forma individual. En la práctica, los condueñazgos y las
comunidades no ejidales, son esencialmente la misma cosa desde el punto de
vista de su explotación. Difieren de los ejidos en la naturaleza de los derechos del miembro individuo de la comunidad sobre el terreno que él explota
directamente.

Ejidos.
En la Cuenca del Bajo Papaloapan, en conjunto, había unos 500 ejidos en
1950, con un total de 28,000 ejidatarios, de los cuales 26,000 poseían tierra
en los ejidos.1' Así, alrededor de dos quintos de todos los jefes de familia
son ejidatarios. En conjunto, los 500 ejidos tenían 4,900 kilómetros cuadrados de tierra, de los que aproximadamente la mitad se clasificaban como
de labor. 18 Esta superficie era más o menos una cuarta parte de toda la
tierra registrada en los censos agrícolas, e incluye casi tres quintos de la
tierra de labor registrada en la región.
Estos datos tienen significación principalmente como un índice de la importancia del programa de la reforma agraria, puesto que en la práctica, los
ejidos no son homogéneos con respecto a la tenencia real de la explotación
individual. En la maror parte de ellos, la tierra cultivable ha sido dividida
entre los ejidatarios individuales en parcelas de hasta 20 hectáreas de superficie, pennaneciendo como de propiedad común los pastizales y los bosques.
En estos casos, los derechos del ejidatario en su parcela no difieren significativamente de los de los propietarios privados en cuanto concierne al usufruc11

Formas de te11e11cia colectiva.
Las formas de tenencia de la tierra en las que los derechos de propiedad
se otorgan a la comunidad, y no al individuo o a la familia, s~n muy comunes en la Cuenca del Bajo Papaloapan. Desde el punto de vista legal, tales
posesiones pueden dividirse en tres grupos:
a) ejidos, b) condueñazgos o tieuas de propiedad común de los. herederos de algún ancestro común, que fuese el único dueño de la propiedad, Y
608

Dit LA PEÑA, ob. cit., págs. 135-140.

" Los datos sobre el número de ejidos, con toda probabilidad, son los únicos, de
los censos agrícolas, que se pueden tomar al pie de la letra. Los relativos a la cantidad de tierra perteneciente a los ejidos, son casi exactos; pero también existe la
posibilidad de que el número de ejidatarios se haya exagerado en demasía. GUITERAS
(ob. cit., pág. 47) informa que el Ejido Jaltipan, según el censo, tenia 600 ejidatarios,
cuando en realidad tenía únicamente 135.
11
La clase de "tierr.u de labor", está sujeta a dudas aún f!layores, con respecto
a au contenido, en la Cuenca del Bajo Papaloapan, que en México, en general. En
la Cuenca, este concepto aparece acercarse más a la tierra laborable o tierra cultivable,
que a tierra de labor, en el sentido de tierra de bajo cultivo, en un tiempo determinado,
o tierra de bajo cultivo, la mayor parte de los años.

609

�to, pero no puede legalmente vender ni enajenar de ningún otro modo la
tierra. 19 Además, las parcelas individuales no pueden subdividirse por herencia o por otros medios. 20
En algunos ejidos la tierra no se halla formalmente dividida entre los
ejidatarios. Aquí, y probablemente en muchos otros ejidos donde la tierra
ha sido parcelada en teoría, el individuo puede cultivar su labor en cualquier pedazo de tierra que todavía no se encuentra en explotación. En algunos ejidos los originales ejidatarios trabajan en sus parcelas individuales,
mientras sus hijos adultos y otros miembros nuevos del ejido cultivan sus
labores en las indivisas áreas boscosas.in En otras palabras, el sistema es
esencialmente el mismo que prevalece en las tierras colectivas no ejidales,
y de hecho parece coexistir con él en alguna medida. Guiteras anota que en
el área de Acayucan, los ejidatarios trabajan a menudo tierras no ejidales,
debido a la mejor calidad de las tierras de propiedad privada, a la tendencia
de continuar utilizando tierras que ellos mismos trabajaron antes de la dotación ejidal, y a prácticas inequitativas dentro del ejido. 22

Otras formas de tenencia colectivas.
En muchas localidades de la Cuenca del Bajo Papaloapan no está muy
desarrollado el concepto de la propiedad privada. Los miembros individuales de la comunidad pueden cultivar sus labores en cualesquiera de las
tierras comunales que no estén siendo utilizadas por otros miembros. En
Sayula, y posiblemente en otras comunidades, una vez que alguien ha desmontado un campo determinado parece tener prioridad, pero no derecho exclusivo, a su uso para cosechas subsiguientes. Lo anterior subsiste aunque se
abandone temporalmente el terreno para dejarlo "descansar" por algunos
años. 23 Los derechos individuales son tan informales que un observador hubo
de anotar: "en la práctica no existen los derechos de propiedad sobre la
" Sin embargo, en Chacaltianguis muchos de los ejidatarios que ya no explotan
sus parcelas, las han vendido. Citado por FERNANDO CÁMARA BARBAOHANO, Chacaltianguis: Comunidad rural ,n la ribera del Papaloapan. (México, Gobierno del Estado de Ver:acruz, 1952), pág. 39. Además, algunos de los ejidatarios que han per•
manecido, a si mismos se consideran ya en la condición de pequeños propietarios.
(Ibid., pág. 72).
20 Este arreglo está previsto en las leyes de la reforma agraria. Hay que tener pre•
sente, sin embargo, que consideramos los arreglos de hecho y no los de derecho, en
relación a la tenencia de la tierra, si bien ambos son iguales en muchos casos.
n CÁM.AllA, ob. cit., pág. 39.
= GmTEaAS, ob. cit., pág. 48.
ea ]bid., pág. 41.

610

tierra, desde que nadie tiene limite, tanto en lo que respecta a la cantidad,
como a la localización de la tierra que pueda cultivar". 24
Sayula es la comunidad más grande de las que todavía tienen una cantidad sustancial de tierra comunal no ejidal. Los sayuleños han tenido siempre tierra suficiente para sus necesidades, y casi toda la gente cultiva sus
labores en las tierras comunales o en tierra propiedad de sus amigos o vecinos. Son más los que cultivan tierras comunales que los que siembran en
tierras privadas. 2 ª
Este sistema de tenencia de la tierra es probablemente muy similar al que
prevaleció en las sociedades precolombinas de la regi6n. Hoy queda limitado a áreas en las que la agricultura se orienta a la producción de cultivos
alimenticios para el consumo directo. En la práctica, es idéntico al sistema
que se encuentra en muchos ejidos, con la única diferencia de que en este
último la comunidad ha llenado las formalidades necesarias para hacer que
las tierras que Je pertenecían de hecho se le reconozcan en derecho bajo las
leyes de la reforma agraria. Es imposible determinar la proporción de agricultores o de tierra agrícola de la Cuenca del Bajo Papaloapan a quienes se
aplica este sistema de tenencia; lo único que puede decirse es que tal proporción debe ser grande por todas las partes del área en que la agricultura de
subsistencia, ya sea sola o en combinación con la ganadería (esta última,
en propiedades privadas explotadas sobre bases individuales), es la base de
la economía.

LA

TENENCJA DE LA TIERRA EN LAS PROPIEDADES
PRIVADAS EXPLOTADAS INDIVIDUALMENTE

Propietarios-directores.
El manejo directo por el propietario es, por mucho, la forma más común
de tenencia de la tierra en las propiedades particulares explotadas individualmente, en la Cuenca del Bajo Papaloapan. Tanto en las propiedades
grandes como en las pequeñas, es lo más común que el propietario dirija
personalmente la empresa agrícola. Donde la tierra cultivable de un ejido
ha sido parcelada entre sus miembros y cada persona cultiva únicamente su
14 JUAN B. Fmaao, ALFONSO MARQ.UEZ L. y ALFREDO ÜRTIZ D1! ZÁRATE, "Informe
agrícola económico de la Zona Norte de Acayucan, Ver.", manuscrito inédito .e n los
archivos de la Dirección de Economía, Comisión del Papaloapan, Ciudad Alemán,
Veracruz, 1949.
20

Gu1TEAAs, ob. cit., págs. 37-38.

611

�I

propia parcela, los ejidatarios son muy semejantes en muchos aspectos a los
pequeños propietarios que eJ.'Plotan directamente sus tierras.

Administradores _y mayordomos.
La direcci6n de las explotaciones agrícolas a través de administradores o
mayordomos se advierte en todos los municipios y es muy común en algunos
de ellos . Este rasgo se asocia con la existencia de explotaciones que son
en promedio más grandes que las dirigidas por sus propietarios. De las 5,000
explotaciones privadas de cinco hectáreas o más anotadas cm el Censo AgrícolaGanadero de 1950, cerca de una cuarta parte eran dirigidas por administradores, mientras un poco menos de las tres cuartas partes eran dirigidas
por sus propietarios. Aproximadamente la mitad de los directores anotados
eran administradores en siete municipios: Acula, Angel R. Cabada, Chacaltianguis, Tlacojalpan, Tesechoacán, Tenejapa de Mata y Playa Vicente. La
dirección por un administrador no parece estar íntimamente relacionado con
el grado de comercialización de la agricultura; este hecho ocurre en algunos
casos en haciendas comerciales y en otros en propiedades de prestigio; muchas de estas últimas se dedican a la ganadería.

Otros tipos de directores.
Otros tipos de directores alcanzan hasta el d~ez por ciento del número,
total solamente en cuatro municipios. En Chacaltianguis y Tesechoacán, propietarios y administradores alcanzaron el 85 y 82 por ciento de los directores
agrícolas anotados, respectivamente. En Hueyapan de Ocampo y en el ExDistrito de Choapan, Oaxaca, sólo alcanzaron un tercio del total. Sin embargo, en estos dos últimos casos el número total de directores agrícolas anotado es pequeño. En Hueyapan de Ocampo, los arrendatarios manejaron
25 de las 43 explotaciones registradas. En Choapan, 41 de las 63 propiedades registradas, de más de cinco hectáreas, eran dirigidas por personas
que fueron clasificadas en la categoría residual, la mayor parte de las cuales eran indudablemente lideres de comunidades, reportando _la propiedad
común de éstas.
Desgraciadamente, los censos agrícolas no aclaran algunos de los arreglos
de tenencia más importantes encontrados en el campo. Una práctica que
parece estar muy generalizada aún en las zonas de agricultura comercial es
el "préstamo de tierras". Bajo este sistema, una familia sin tierra recibe
"en préstamo" hasta una o aún dos hectáreas de tierra de propiedad pri-

612

vada para la producción de cosechas de subsistencia; muy comúnmente el
propietario recibe también permiso para construir una vivienda en cualquier
otra parte de la tierra del dueño, sin pagar por estos privilegios nada en efectivo, bienes o trabajo. Cuando el propietario necesita trabajadores, sin embargo, se espera que el prestatario trabaje para él por un salario que no sea
ni mayor ni menor que el \igente en la regi6n. En áreas en las que la ganadería es importante, tales préstamos se hacen comúnmente por un período
de dos años, al final del cual se espera que el prestatario siembre pastos en
la tierra que ha estado utilizando, o que al menos lo deje para que crezcan
pastos naturales. En este caso parece ser que trabaja s6lo en raras ocasiones, si es que lo hace, para el propietario, a menos que acontezca que tenga
el carácter de empleado regular de la explotaci6n. 24
lntimamente relacionado con el sistema de préstamo de tierras se encuentra el sistema de colonos, tan común en muchas partes de la América Latina. 2;
Ambos son tan similares gue el sistema de prestar tierras puede considerarse
s6lo como una variante local de aquel modelo más común. 28 La principal
diferencia reside en el hecho de que la relación es un poco más formal en el
caso del colono. Muy a menudo las casas de los colonos, más comúnmente
conocidos como peones acasillados en México, se agrupan alrededor de la
del propietario o administrador, formando una ranchería. Desde el punto de
vista del propietario de la tierra, los colonos son trabajadores residentes permanentes, pero tienen derecho de cultivar una milpa, por su propia cuenta,
de comtruir una vivienda y de tener unas pocas cabezas de ganado, todo
ello en las tierras del dueño, como parte de su remuneración. Parecen tener
menor libertad de elección en sus propias labores agrícolas que los beneficiarios del sistema de "préstamo", y probablemente invierten más tiempo
• Este sistema, en la forma en que se describe para lai; regiones dedicadas principalmente a la ganadería, es probablemente, menos común en la Cuenca, que en el
norte de Veracruz, en donde el prestamista cultiva la tierra sólo un año y tiene,
además, la obligación de sembrar semillas de zacate, al mismo tiempo que siembra
maíz. DE LA P1tÑA, ob. cit., pág. 149. En los huizachales y en otras tierras parecidas,
de la Cuenca, el prestamista explota la tierra durante dos años y, en muchos casos,
ni siquiera siembra zacate despu~ de levantar su última cosecha.
tt

Ver ScnuLMAN, "Toe Colonos System ... ", ob. cit., y "A proposed Schema ... ",

ob. cit.
• El sistema de prestar tierras, con toda posibilidad, se desarrolló tomando como
modelo el siJtema de colonos, como uno de los cambios producidos por la Reforma
Agraria. De LA PEÑA (!bid., pág. 149), advierte que, antes de la Revolución, los
campesinos trabajaban por cuenta del dueño, un día a la semana sin remuneraci6n,
a cambio del usufructo de estas tierras. En la actualidad, el sistema más liberal que
se observa, tal vez se produjo por el hecho de que los campesinos pueden obtener tierras, tanto bajo la Ley de Tierras Ociosas, como en los ejidos.

613

�trabajando para el propietario. Probablemente debiera consíderárseles trabajadores agrícolas, mientras que los "prestatariosº debieran clasificarse más
lógicamente en la categoría de trabajador en parte y director en parte. Desde
el pUDto de vista del "prestatario" o colono, ambos sistemas son muy similares a él de tenencia comunal de la tierra examinado antes. En Sayula,
el préstamo de tierras existió juntamente con el sistema de propiedad colectiva por algún tiempo, pero recientemente se ha cambiado a un sistema de
renta convencional.
El arrendamiento
probablemente mucho más común de lo que aparece
en los censos agrícolas, en la Cuenca del ~ajo Papaloapan. Gran parte de la
producción de piña en las regiones de Loma Bonita e Isla se hace en tierras
rentadas; en Isla, aun los ganaderos propietarios de gTandes haciendas toman
tierras en arrendamiento para el propósito mencionado de producir piñas.io
Los indios de las tierras altas rentan tierra para sus cosechas cerca de Palmar, en la parte baja del municipio de Zongolica. El arrendamiento de tierras de pastos parece estar generalizado. En la ex-Hacienda de Nopalpan,
muchos campesinos rentan cien o doscientas hectáreas y cultivan una pequeña fracción, dedicando el resto a pastizales. M:ís a menudo, las tierras ganaderas se rentan sobre la base del número de cabezas que en ellas pastan~
dependiendo la cuantía de la renta de la calidad de los pastos, y de si el
terreno se encuentra cercado o no. 31 Muchos de los ejidos rentan parte de
sus tierras de pastos a personas ajenas, práctica que no se indica en modo
alguno en los censos por estar legalmente prohibida. Hubo un tiempo en
que nadie en Sayula pagaba renta ("paisaje" o."piso") por el uso de tierra
privada. Esta práctica se desarrolló cuando se puso en claro que ciertos
terrenos tenían propietarios, probablemente entre 1926 y 1928 cuando El
Aguila, compañía petrolera, rentó gran parte de la tierra en el área. Hoy,
la distinción básica se hace entre tierras de propiedad privada cercadas, y
otras tierras. En el primer caso debe pagarse una renta convencional de 800
mazorcas de maíz por milpa por la cosecha de la estación lluviosa, o 400 mazorcas por la cosecha de la estación seca. El monto de la renta no varía por
la calidad o la localización de la tierra. S6lo en el caso de una cosecha
escasa se modifica la renta, reduciéndola a la mitad o pidiendo únicamente
"lo que puedas dar". Si se practican otros cultivos diferentes al maíz, la
renta es pagada en este mismo cereal. Los miembros de la comunidad que
rentan tierras, en vez de cultivar las tierras comunales, dicen que lo hacen
así porque el terreno rentado se encuentra más cercano a su casa o porque

es

están acostumbrados a cultivar precisamente allí y no les agrada buscar nuevas tierras.12
Contrariamente a lo que sucede con los arrendatarios, los aparceros pueden registrarse en forma aceptablemente exhaustiva. Este tipo de trabajo
agrícola, o de dirección agrícola si es que el aparcero loma una parte suficientemente importante en la dirección de la explotación para considerarse
director, parece haber desaparecido casi por completo en la Cuenca del
Bajo Papaloapan, ya que únicamente poco más de 300 aparceros se registraron en el censo de explotaciones privadas de cinco o más hectáreas, y
ninguno se encontró en el campo.

RESUMEN

En suma, es impráctico analizar la tenencia de la tierra en la Cuenca del
Bajo Papaloapan en términos de la usual dicotomía de director-trabajador
agrícola, ya que la mayoría de sus moradores son directores, a la vez que la
mayoría son trabajadores agrícolas. Tal vez la mitad de los jefes de familia
dedicados a la agricultura asumen ambas funciones en grado importante,
aunque muchos de ellos no poseen tierra propia. El resto está probablemente dividido por partes iguales entre directores y trabajadores agrícolas.
La mayor parte de los directores son dueños del usufructo de la tierra que
cultivan, ya sea como propietarios o como ejidatarios. Estas personas su.man
probablemente !as tres cuartas partes de los directores agrícolas.
Prácticamente todos los demás son arrendatarios o administradores en grandes haciendas.

., Dato1 proporcionados por el Sr. Edward Hughes, por largos a:ños residente en
Isla. 1955. Cf. DH LA PHÑA, ob. cil., pág. 150.
n ]bid., págs, 149-150, 517.

614

ª

GutrERAS,

ob. cit., p!gs. 37-40.

615

��Hermanos" ("Societies of Brothers"); 2 en los Estados Unidos, "Los Cuáqueros" ( "Tre Quakers"), "El Servicio de la Comunidad" ("Community
Service") 8 Ma.ry P. Follet,4 así como otros que introdujeron la misma clase de
ideas.
En Holanda es muy conocido el pedagogo Kees Boeke, no sólo por el hecho
de que la Reina Juliana enviara a sus hijos a su escuela, sino también por sus
notables ideas en el campo de los estudios humanísticos, filosofía/ relaciones
sociales, etc.
Kees Boeke estaba tan posesionado de esas ideas, que excluyó de su sistema
educativo el gobierno de la mayoría y lo substituyó por un nuevo sistema de
gobierno, por comunidad, que él llamó "Sociocracia". Boeke sustentó conferencias sobre esta materia en todo el mundo, las cuales le dieron la impresión
de que muchas personas han empezado ya a ver los puntos débiles en el existente gobierno de las mayorías. Sin embargo -'-Concluyó- esas personas no
ven otra posibilidad y aceptan el principio parlamentario con su sistema de
mayoría de votos, como un gran adelanto, comparado con el viejo sistema autocrático.
¿Cuál fue el sistema que presentó Kees Boeke en lugar del sistema de gobierno de las mayorías y que le llamó "Sociocracia"?
La Sociocracia se basa en los mismos principios de la r~rrulación comunitaria, como acontece en el sistema familiar. El punto principal de esta política,
es que en una buena familia sus miembros llegan, por regla general, a un acuerdo, como resultado de la mutua consulta, esto es, contrariamente a la adopción
de las decisiones basadas en la mayoria de votos.
En un examen más concienzudo de este sistema sociocrático, surge el problema de que estos principios de mutua consulta y unanimidad, de acuerdo con
los cuales se gobierna una familia en armonía, pueden quizás ofrecer una solución a nuestras dificultades al presente. Hay grupos en los Estados Unidos
que han llegado a la conclusión de que, a la manera en que se gobiernan las
familias que viven en armonía, se puede encontrar una solución a muchas dificultades. Los "Hombres de Buena Voluntad" ( "Meo of GoodwiU") / por
ejemplo, han dicho acerca de esta materia: "Las naciones del mundo deben
considerarse como una gran familia humana en el futw·o". En Tite Fellowship
of the Picture, Percy Dearmer 1 dice: "La vida de la comunidad, en el fuTen Years of Community Living; The Plough Publishing Housc.
ª ARTBUR MoRGAN, Th11 Community o/ the Futur11 and the Futur, of Community;
Community Service Inc. and The Small Community by the same author.
• MI.RY P. FOLLET, The New State.
• KEEs BoEKE, Kindergemeenschap, págs. 41 y sigs.
• The Techniques of Goodwill, cap. l, pág. 6.
' Cotnmunity Service N~ws, marzo-abril de 1952, págs. 48 en adelante.
1

618

turo, será meramente una prolongación de la vida familiar, una mejor vida

familiar, en su nivel más alto11 •
En Inglaterra también se han observado ideas similares. En una declaraci6n oficial de una industria inglesa, por ejemplo, se dijo que: "Las raíces espirituales de la sociedad están formadas en las buenas relaciones sociales ...
La vida espiritual debe comenzar literalmente en el hogar, en la farnilia" .8
Aparte de esta mutua consulta y unanimidad, el sistema sociocrático se
basa en un cambio interior del hombre, es decir, que todos los miembros de
la comunidad deberán tener más interés y benevolencia por sus compañeros.
Solamente en el caso de que la idea de la comunidad sea realmente apreciada como una verdadera y común solución que se adhiera rígidamente a nuestras propias ideas y pequeños intereses, se podrá substituir el sistema del principio de la mayoría de votos, por una política más sociocrática.
¿ Por qué deberá la minoría estar sujeta a las decisiones de la mayoría, y
por quéi esta minoría, tiene que aceptar la decisión como nonna, en contra
de su voluntad?
Rousseau, 9 al contestar esta pregunta, llega a una construcción demasiado
sofistica.da, la que no proporciona una contestación satisfactoria. Subraya
que la validez de la decisión de la mayoría se ha alcanzado, mediante un
acuerdo y cuando éste ha sido aceptado, presupone unanimidad.
Kranenburg,1° acepta el principio de la mayoría, "porque en la práctica
es muy dificil llegar a un acuerdo y de cualquier manera, una decisión tiene
que ser hecha, bajo pena de causar un grave perjuicio, o aun la ruina del

grupo'&gt;.

La sociocracia está basada en la suposición de que tan pronto como el
cambio interior del hombre se haya realizado, entonces será verdaderamente
posible llegar a un completo acuerdo. Esta opinión está basada en la experiencia práctica obtenida con este principio de unanimidad.
Una de las objeciones a las decisiones basadas en una mayoría cuantitativa, es el hecho de que presupone que la mayoría abarca las mejores y más
talentosas ideas que muy pocas veces pertenecen a personas de los grupos de
la minoría.
Dlmcan Black 11 y Kenneth J. Arrow,12 indican que en caso de hacer la vota• Statement o/ Policy of Scott Bader and Co., Ltd. Wollastan, Northants, published
in Community Servke New of Sept.-Oct., 1952, pág. 1 LO.
' Du contrat social ou Principies du droit politique, libre IV, Ch. II, Des suffrages.
11 Algemente Staatsleer ( General PoliticaJ Science), 2nd. ed., pág. 138.
u DuNCAN Bu.cK, On the Rationale o/ Group Decisio11-Making, Journal of Political
Economy, vol. 56, feb. 1948, págs. 23-34.
u KP.sNuB J. Aiul.ow, Social Clioiu and Individual Values, 1951 1 págs. 2 y sig.

619

�ción de acuerdo con el principio de mayoria, dependerá de la manera d,
votar, cuál de las varias alternativas se selecciona. La tan llamada Hparadoja
de votación" ( es decir, que en caso de votar de acuerdo con el principio de
mayoría, se puede obtener un resultado contrario, puesto que hay más de
dos alternativas) puede ser explicada como sigue:
Supongamos que hay tres individuos, l, 2 y 3, y hay tres alternativas, A, B
y C, y el individuo No. 1 prefiere A, en lugar de B y B, en lugar de C; el individuo No. 2 prefiere la B, en lugar de la C y la C, en vez de la A, y el individuo No. 3 prefiere la C, en lugar de la A y la A en vez de la B; habrá entonces
una mayoría a favor de la A, en contra de B y de B en contra de C, consiguientemente, de A en contra de C, pero también habrá una mayoría a favor
de C en contra de A.
Puesto que hay más de dos alternativas, lo que generalmente será el caso,
podemos obtener una mayoría a favor de uno y a] mismo tiempo, uno a favor
de la posibilidad contraria. Esto depende del orden en que se distribuyan las
proposiciones.
De lo anterior¡ se desprende que el sistema de llegar a una decisión de
acuerdo con el principio de mayoría, es muy imperfecto.
La sociocracia se propone encontrar una solución, basada en un intercambio de ideas, lo cual es aceptable a la comunidad en su totalidad. En concreto: una síntesis de las ideas opuestas surgidas de la comunidad. Por lo
tanto, el propósito de cada miembro no deberá ser el de imponer su opirúón
sobre los demás, sino el de buscar conjuntamente la mejor solución para la
comunidad. La mutua oposición se convertir~ en cooperación armoniosa. Esto se puede llevar a la práctica, según Jo prueba lo siguiente acerca de las
"Comunidades del Trabajo" en Europa, en las cuales sus miembros tienen
diferentes conceptos de la vida ( católicos romanos, protestantes, libre-pensadores, comunistas), pero las cuales siempre funcionan satisfactoriamente.13
En todas partes se hacen esfuerzos por obtener un mejor orden social Se
han hecho detalladamente muchos planes para obtener un mejor orden social y de acuerdo con los mismos, se han formado muchos grupos, los cuales
tratan de darles una ejecución práctica. Se observa un cierto crecimiento
histórico sobre esta materia ( la abolición de la esclavitud, el socialismo, el
comunismo, la lucha. por una verdadera hermandad, ya sea basada en la
religión o no) .
La Segunda Guerra Mundial, ha sido un gran incentivo a estos esfuerzos.
Un ejemplo de este empeño para obtener un mejor orden es el de los "Seguidores de Bellamy". El propósito de este sistema es el de que el individuo re•
u Roon DU TEU., Communauté de Travail; l'explrience revolutionnaire. de Mare,l
Barbu. Presses Universitaires de Francc.

620

nun~ie de sus medios de p~oducci6n y trabajo, durante un cierto período de
su vida, a favor de la nacionalización de la industria. Con estos factores se
formará entonces una máquina productora. Después de esta renuncia cada
indi~d~o tendrá el derecho vitalicio de disponer de un poder de compra
eqwtat1vo; el valor total de este poder adquisitivo iguala el valor total de
los artículos disponibles y servicios.
Sin embargo, no se podrá introducir este sistema gradualmente. El mismo
se refiere a muchos de estos sistemas, los cuales se basan en ideales de mucho
alcance, los que no se encuentran en la práctica, y muchos de ellos terminan
en fracasos.
El sistema sociocrático, aunque en pequeña escala, ha sido llevado a cabo,

Y ~ basa po_r lo tanto 11en experiencia práctica. Se realizó durante un gran
penodo de ttempo en Werkplaats Kindergemeenschap" ("Taller de trabajo_ de la comunidad de los niños''), en Bilthoven, Holanda, en varias indus~ en Fr~cia, Suiza y Béigica, y en algunas comunidades religiosas e idea-

lísbcas y sociedades, como los Cuáqueros, la Sociedad de Hermanos, en Inglaterra, etc.

Capítulo II
Parte

Los

I

PRINCrPIOS SOCIOCRÁTICOS

KEEs BoEKE 11 DEFINE LA concepción de la Sociocracia como: gobierno y
control de una comunidad, a través de la misma comunidad, obteniendo así
la auto-disciplina de la propia comunidad.
Claire Huchet Bishop,15 introduce la concepción de la "Sociocracia11 en
los Estados Unidos. Especifica que esta concepción es original de Kees Boeke
Y la define como sigue: "cooperación entre aquellos que están en contra de
SÍ mismos". La esencia de este sistema es que verdaderamente la "oposición"
coopera, ya que ningún grupo se excluye; ni las clases pobres, ni las adineradas.
La diferencia de lo que generalmente conocemos como democracia, es que
• H Kus BOl!.KE, Redelijka Ordening van d, Men.sengemeenschap (Regulación Raaona) de la Comunidad del Pueblo), pág. 6.
• CUIRE BucHn B1sno, Ali Things Common, 1950, Harper and Brothers New
York, pig. 215.
'

621

�en una democracia las minorías comúnmente se excluyen del gobierno, mientras que en la Sociocracia se incluye la comunidad íntegra en el gobierno.
Este sistema salva muchos obstáculos y dificultades porque los oponentes
discuten los puntos sobre los cuales no están o no estarán de acuerdo. Esto
previene un mal entendimiento y crea una atmósfera de comprensión para el
punto de vista del oponente.
La sociocracia, por lo tanto, es una cierta forma de regulación de la comunidad. La regulación de la comunidad, debe entenderse incluyendo tanto a
la autonomía, como el auto-gobierno. Este sistema de regulación de la comunidad puede aplicarse a varias clases de comunidades, como escuelas, industrias, vida familiar, sociedades, comunidades políticas como el Estado, el
municipio, etc.
El método de la regulación de la comunidad, designado como sociocracia,
se caracteriza por los tres siguientes principios:
1) La comunidad se gobierna por la comunidad misma (autonomía y auto-gobierno) .
2) No habrá votación, pero los miembros o participantes, obtendrán una
decisión por mutua consulta, la cual será aceptable para todos. Por lo tanto,
no habrá oposición ni minorías oprimidas.
3) Estas decisiones se pueden obtener solamente, si todos los miembros o
participantes se ajustan, por sí mismos y con plena convicción a la causa
común, renunciando a sus propios intereses y puntos de vista. Es una necesidad, por lo tanto, el que todos los miembros adopten una actitud positiva
hacia el objetivo principal, y para obtener!~ es imperativo un cambio o ajuste interno.

11
LA APLICACIÓN DE LOS PRINCIPIOS

SOCIOCRÁ.TICOS

ban en las clases, estaban separados de acuerdo con la edad, pero en salones escolares. Los mayores y los menores trabajan aquí como resultado d
.
'
e
1o cua1, se suprinuó
una separación eslricta de los niños y niñas menores y
mayores.1 6
''l\uestro objetivo\ dice Boeke, "es ayudar al niño a llegar a ser lo que
él es"; 17 y se puede formular, también, de la siguiente manera: "el objetivo
es un libre desarrollo del individuo hacia un miembro de la comunidad interiormente obligado".
Nadie, ~ice ~ees Boeke,18 se puede convertir repentinamente, para que
todo cambie en el en forma inmediata y desde ese momento sea una person
diferente. Precisamente, allí comienza el período de lucha y tensión sin e~
cual no es posible ninguna conversión. La afirmación del poder de
voluntad no es suficiente. La perseverancia y la paciencia son igualmente necesaria~, y esta es, dice Kees Boeke, la razón por la cual debemos educar. Debemos. de tratar de cambiar, durante un gran período de tiempo, la parte más
amugada de la personalidad, con devoción y perse,•erancia.10

l;

"No queremos -continúa posteriormente- preparar al niño para esta
socie~d, sino para vi¿r: Consiguientemente, con relación a la educación y
ensenanza, nu~s~s obJetlvos no son vagos y teóricos, sino que siempre conducen
a una, pos1C16n
en el campo de la práctica. Porque la vida exiae
reclama.
.
o
aones practicas. zo
"En el Taller de los Niños, se les ensefia, entre otras cosas, lo siguiente: responsabilidad, iniciativa, el plan de trabajo de un grupo, la consecución de
una ~olución aceptable para todos, el fomento del orden, sin obligación; el
traba.JO constante y progresistai sin supervisión, etc. Porque estas características Y otras similares, forjarán en el hombre una personalidad y lo harán un
miembro estimable de la gran familia que es Ja bumanidad". 2 1
Una característica esencial del sistema, referente al "Taller de Trabajo",
es el hecho de que la mayoría tiene la responsabilidad por la propia vida de la
comunidad, así es como el sentido de la responsabilidad se fomenta en todos.

POR EL "TALLER DE TRABAJO DE LA
COMUNIDAD DE

Los NIÑos",

EN BILTHOVRN

CoMo RESULTADO oE LA aplicación de este sistema al "Taller de Trabajo"
no hay ninguna tensión, ni descanso, como se observa en la mayoría de las
escuelas. El objetivo principal, en este taller de trabajo, es: una comunidad
en la cual los niños se puedan formar y educar por sí mismos.
El "Taller de Trabajo", puede considerarse que está en el mismo nivel que
las escuelas elementales y secundarias. Originalmente, los niños no trabaja•

622

11
KEEs BOEKE, Eén Kindergemeenschap in J&gt;laats van vele scholen (La Comunidad
de los Niños, en Jugar de muchas escuelas), pág. S.
• " KEEs BOEXE, Kindergemeenschap (La Comunidad d~ los Niños), pág. 38. También, Education for Community (publicada por Cornmunity Service Inc.), pág. 7,
donde apareren ideas similares.

: Kns
Kus

K'.ndergemee11schap (La Comunidad de los Niños), pág. 30.
Kmdergemeenschap (La Comunidad de los Niños). pág. 31.
Se pueden encontrar ideas similares en Vi'~r. CuYToN BowE.R, Moral and Spiritual
V~lues in Education (Kentucky Depto. of Education, Frankfu.rt, Ky. Educational Bulu

BoEKE,

BoEKE.,

letin, vol. XVII, No. 11, enero, 1950).
11

Ktr;s BoEKE, Killdergemunschap (La Comunidad de los Niños), pág. 47.

623

�Kees Boeke especifica "que el arte y trabajo de la vida en la comunidad
se deben aprender. A la humanidad la amenaza la ruina porque este arte se
ha olvidado. Generación tras generación) crece sin enfrentarse con este problemaJ ni siquiera una sola vez, y no se indica ningún camino en el que se
pueda encontrar la solución. 22
Con relación a la compulsión Kees Boeke dice:

dualmente su capacidad de gobernarse a sí misma, de acuerdo con las reglas de la "Sociocracia".

III

23

UN EXAMEN MÁS CONCIENZUDO DE LOS PRINCIPIOS SOCIOCR.tTICOS

"Probablemente, no hay muchos que tienen conocimiento de los hechos
siguientes :

l. La ausencia de compulsión, causa la solución automática de muchas dificultades físicas.

PoR KEEs BoEKE

EN su PUBLICACIÓN Redelijke Ordening uan de Mensengemeenschap (página 20), Kees Boeke proporciona cuatro principios básicos para ser adopta-

2. Si alguien (en nuestro caso, un niño) ha estado bajo compulsión durante un largo período y entra en una atmósfera, sin ella, se conducirá excelentemente. Pero, después, seguirá un segundo período en que comienza a
descuidarse y después de esto, movido por un impulso interior, empezará a
ordenar su vida.

Se debe hacer un esfuerzo por cuidar tanto los intereses de cada individuo, como Jos de cada grupo, por igual.

3. Si se crea el orden, bajo compulsión, al principio se estará muy a gusto,
pero más tarde será muy dificil; si no se ejercita la compulsión, será lo con-

2. Cuando el interés del individuo se opone al interés de todos, este último, se deberá dejar en una posición subordinada.

trario".
Con la fuerza de lo anterior, Kees Boeke ha planeado su "Taller de Trabajo para Niños", de tal manera, que es una comunidad en la cual, por ejemplo, los niños se llaman "trabajadores" y los maestros "colaboradores, o compañeros de trabajo". Los "trabajadores", gozan de más libertad que en otras
instituciones educativas y los "compañeros de trabajo" se esfuerzan por que
los niños gobiernen la vida de 1a comunidad ellos mismos, tanto como sea
posible, en lugar de ejercer autoridad.
Muchos años de experiencia han mostrado que este sistema "sociocrático",
puesto en práctica, ha producido ventajas importantes.
La pequeña comunidad que es el "Taller de Trabajo" de Kees Boeke, prueba que se puede obtener cierta "auto-disciplina, de la comunidad". Por lo
tanto, dice Kees Boeke, en su Redelijke Ordening uan de Mensengemeenschap (páginas 8 y 9), una comunidad de niños como ésa, "ofrece todas las
posibilidades para el aprendizaje del vivir y trabajar conjuntamente, y de
que si la enseñanza y la educación se proporcionaran en estas comunidades
de niños, en lugar de hacerlo en las escuelas, la comunidad total probaría gra•
22

KEES BoEKE,

Kindergemeenschap (La Comunidad de los Niños), pág. 62.
pág. 61.

» Ki,:zs BoEKE, Kindergemee11sc/1ap (La Comunidad de los Niños),

624

dos por cada grupo, ya sea pequeño o grande, que desee empezar a trabajar,
de la siguiente manera:

1;

3. En cada aspecto se deberá buscar la solución con la cual todos puedan
estar de acuerdo. El resultado es de que tan pronto como se haya logrado
un acuerdo, puede continuar la acción colectiva.
4. Debemos apegarnos a los acuerdos que nos hayamos hecho a sí mismos,
a los que fueron hechos por aquellos en quienes hemos depositado nuestra
confianza, mientras estén en vigor.
Kees Boeke no ve la solución de nuestras dificultades políticas actuales en
una dictadura, ni en un sistema parlamentario, sino en un sistema que él describe en detalle, como sigue:
El critica el sistema de votación actual y el sistema parlamentario de mayoría de votos. Estos deberían ser substituídos por un sistema original, mucho
más al estilo clásico, el que está basado en el principio de auto-disciplina y la
cooperación de oponentes eventuales.
De acuerdo con Kees Boeke, el sistema de partidos de representación proporcional, como el de Holanda, debería ser substituido por un sistema geográfico, como en el sistema distrital, para que la población pueda tener influencia en un cuerpo representante, de una manera diferente.
La comunidad, entonces, no se dividirá inmediatamente en partidos polí-

625

�ticos, como sucede actualmente, sino que la población se dividirá en "vecindades". Los habitantes de una ,·ecindad ( de 100 a 150 personas)~ deberán
efectuar regularmente una junta, llamada "Junta de la Vecindad".
En cada junta, de esta clase, después de mutua consulta, se deberá nombrar por unanimidad un delegado para que repx:esente "la wcindad., en una
junta de distrito.
Un distrito tendrá un promedio de 6,000 personas aproximadamente. Si en
el transcurso de una junta de vecindad, los miembros no se ponen de acuerdo para nombrar un delegado, esta vecindad no será representada en la junta
de distrito.
Los representantes de 40 distritos, aproximadamente, formarán una "J unta de Dístrito", la cual actúa a favor de 240,000 personas aproximadamente.
Amsterdam, la capital de Holanda, tendría en ese caso cuatro ''Juntas de Distrito".
Finalmente, tendrla que establecerse una "Junta Nacional". Suponiendo que
todos los distritos hubiesen encontrado una persona de la confianza de todos
en el distrito., los intereses de todos los distritos tendrían que manifestarse
durante la "Junta Nacional".
Kees Boeke lo explica así:
"Tenemos que acostumbrarnos a la idea de que un delegado, de hecho,
tiene la confianza del grupo entero". "Una condición esencial de la Sociocracia es que d delegado posea la confianza de todos". 2~
Además de este sistema geográfico, se deberá efectuar un segundo sistema
de representación, viz: "La Representaci6n Funcional". Las diferentes industrias y profesiones envían delegados a las "juntas" primarias, secundarias y terciarias, si fuera necesario. Los delegados de estos diferentes cuerpas
de trabajadores en cada campo, deberán siempre estar disponibles para ofrecer su experimentado consejo al Gobierno, además del consejo de los delegados del distrito.
Contrariamente a lo que sucede en nuestro parlamento actual, en el que
rápidamente son tomados los votos tan pronto se observa que no hay una
unanimidad, de acuerdo con los principios sociocráticos, la votación no deberá efectuarse, sino solamente en casos e..xtremos.

IV
LA BASE

DE LA SoCJOCRAClA

No PUEDE OBTENERSE una solución que sea aceptable para todos y con la
que todos estén de acuerdo, si hay pocos votos solamente o bien cuando no
haya votación. Este medio de mutua consulta, deberá ir conjuntamente con
una disposición diferente de aquellos que fueron consultados. Los miembros
deberán apegarse más al objetivo común, y más a los intereses e ideas de sus
compañeros. En relación con esto, es interesante señalar la indicación hecha
por Arthur E. Morgan,2 5 entre "tolerancia y comprensión, en un aspecto, e
indolencia o compromiso, en el otro". Cuando se busca una solución a los
problemas, no se debe de tender a contraer un compromiso. Si es así, cada
quien tiene la impresión de que se han exchúdo algunas de sus buenas idea,¡
y, sin embargo, se adhiere a sus propios puntos de vista. El punto esencial es
que nuestras ideas no son óptimas y que nos podemos equivocar, así como de
que las opiniones contrarias deben complementarse y enriquecerse, unas con
las otras.
Una parte esencial de la sociocracia, es que ésta debe desem:se, en otras
palabras: que el hombre debe querer un cambio en su conducta y portarse
de una manera diferente frente a su semejante. Esta otra actitud hacia su
semejante, no es otra cosa, en esencia, que la renovación de la concepción
cristiana, tomada de los principios básicos del Evangelio: el amor a nuestro
prójimo, la solicitud para servirlo, la estimación y apreciación de la opinión
de los demás, la formación del sentido de la comunidad, etc.
La base cristiana del sistema sociocrático, es tan extensa y de un significado tan general, que puede igualmente expresarse en otros conceptos religiosos o términos humanísticos. Podemos decir que la sociocracia no está basada
solamente en el cristianismo, sino que descansa en una base más amplia, que
también la hace compatible con otros conceptos religiosos o humanístic.os.
Ya que la sociocracia debería abrir sus puertas a todos y desea ampliar ]a
cooperación entre todos los c¡edos e inclinaciones, podríamos decir que: la
sociocracia une a aquellos que no están unidos por ciertos vínculos de fe o
de inclinaciones políticas.
La sociocracia, considerada desde un punto de vista puramente práctico, es
un sistema en el que los intereses de cada quien se posponen y en el que, cada
individuo puede encontrar apoyo en el equilibrio armonioso entre el indivi-

!•

KEES BoEKE,

Redelijke Ordening van de Meruengemeenschap (Regulaci6n Ra-

cional de la Comunidad en el Pueblo), págs. 34 y 35.

626

" ARTHUR E. MoRGAN, Elements o/ Community Life, publicado en "Community
Service News" de mayo-junio, 1944, pág. 4,

627

�duo y el colecúvismo, entre el "yo" y el' ñosotros11 • Seg,m dice Mary P. Follet,2'
no deberíamos hacer ninguna diferenciaci6n entre el egotismo y el altruísmo: "Una acci6n hecha para nuestro propio beneficio, puede ser social y una
para otro no puede serlo".
El que una acci6n sea social o no, es muy importante. La sociocracia fo.
menta la sociabilidad con el propósito de que el miembro de la comunidad
actúe en forma más sociable.

V

LA.

TI.CNICA DE LA

de \'ez en cuando, pemútir a alguno de los mi
con los otros que haga lo qu
.
la embros que no esté de acuerdo
'
e meJor 1e p 1.ea De t
.
oposición y sucederá que después d
·
es a manera se CVIta la
algún tiempo él . '
e que su plan haya estado en vigor por
, nusmo se retractará.
'
El procedimiento precedente será naturalmente más fá ·1 d 11
en una co~unidad de niños, que en una de adultos.
c1 e evar a cabo
.Con el f m de dar un ejemplo más de cómo se ractica
.
.
phcaré en seguida el sistema de juntas
,
ll p
la SOCJocrac1a, ex•
Trabajo de la Comunidad de los Niñ~'~;~th eva a
en el ''Taller de
su Ita se puede tratar lo siguiente:
'
l
oven: n una junta de con•

;bo

A: Proposiciones
B: Problemas

OCIOCRACIA

LA EXPERIENCIA nA demostrado a Kees Boeke, en la larga práctica de un
grupo que trabaja de acuerdo con lo reglamentos sociocráticos que se han
llegado a instituir ciertas reglas que, prácticamente, han probado ser necesa-

. se perdena
• muhLas. proposiciones se tratan primeramente, de 1o contrario
e o tiempo con los problemas y no habría tiempo suficiente para las .
ras.
pnme•

rias.

Para tratar lo relativo a las proposiciones' primero se Ieen. ..,
n..-.
..~yu és se con1
testan as preguntas. En seguida, se hacen las reformas. De
llega
•, .
esta manera se
ª una so1ucion, s1 todos están de acuerdo· La d..,.;..:6
'-'""" n comprende:

i en el transcurso de una junta los miembros no pueden llegar a un
acuerdo en ciertos puntos y
necesaria una solución, deberán decidir con
un procedimiento específico. En tal caso, los Cuáqueros por ejemplo, continúan su discusi6n hasta que hayan obtenido una solución. El sueño, el tiempo y el hambre, pueden agregar ciertos puntos de q_ivcrgencia.
Si es inevitable la votaci6n, como último recurso, en una emergencia, e requerirá una mayoría de 2/3, 70, 80 o 90)~Sin embargo 1 tendrá que permanecer como una solución de emergencia.
Uno puede ponerla así: Con el procedimiento actual el punto vital es la votación, mientra que con el procedimiento sociocrático, la vital está ,en la mutua con. ulta considerando la votación como una nue,•a excepción.
En caso de haber decisiones que tengan que ser aplazadas, por no habere logrado la unanimidad, uno puede aplicar el método de posponer la deci•
sión hasta que se llegue a un acuerdo.
Otro problema es el de saber cuánto tiempo será válida una decisión con
la cual ya se esté de acuerdo. En mi opinión, la solución más práctica parece
ser en el sentido de que la decisión permanezca válida, hasta que se refor•
me en una junta posterior, a menos, naturalmente, que se haya incluído el

l. Qué !&gt;e tiene que hacer;
2. Quién tiene que hacerlo;
3. Cuándo se tiene que hacer.

~ués que se ha hecho la decisión, se hace un informe, con el cual deberan estar todos de acuerdo.
, La deci ión puede er gerzeral o personal, si se refiere a un individuo, espe•
cificamentc. También puede referirse a un experimento.
haCuando se tratan los problemas, primero, se deben formular. Después se
cen preguntas a~crca de
mismos para entender y aclarar mejor el pro,.
blema. Después, sigue la ultuna formulación del problema. Los miembros
se pueden llevar el problema para estudiarlo en su casa o bien empeñarse
en obtener una solución inmediata. Todo depende si el problema puede ser
resuelto rápida y fácilmente.

!~

factor tiempo.
Es C\'Ídentc: que en la sociocracia no haya opo ición. in embargo, en algu·
nas ocasione será muy difícil alcanzar este e tado. ~imismo, será práctico,
• Th, Neu. Stat,, pág. 56.
1

628

629

�VI
SocrocRACIA y DEMOCRACIA

APARENTEMENTE, DE LO ANTERIOR, puede parecer que por "sociocracia" entendemos una forma de regulación comunitaria, en la que, ya sea directa o
indirectamente, la comunidad se gobierna a sí misma, de tal manera que
se obtienen las decisiones por unanimidad.

En mi opinión, "democracia" denota una forma de regulación comunil:iria, en la que la comunidad, ya sea directa o indirectamente, es gobernada
por aquellos que forman parte de la misma. En este caso, las decisiones pueden ser obtenidas, ya sea que estén basadas o no en la unanimidad. La sociocracia, por tanto, es más o menos una cierta forma de democracia.
La sociocracia es una forma de democracia que se empeña en obtener la
unanimidad; la importancia radica en la consecución de iina solución basada en mutua consulta, con la cual todos estén de acuerdo.
Otros autores, como es natural, tienen una visión muy amplia de la democracia. El profesor Kranenburg, en su "Algemene Staatsleer" ("Ciencia Política", en general, 2a. ed. pág. 80), trata de la división de las diferentes formas de Estado, en Monarquía, Oligarquía y Democracia. Como característica de esta última, indica que toda la gente l el pueblo) lleva el peso de los
interese.5 colectivos, respecto de los cuales tiene el de1·ccho de decir o manifestar su opinión.
En los Estados modernos y de gran extensión geográfica, no es posible obtener una forma pura de Estado Democrático. Solamente conocen formas
mixtas, democracias moderadas :

da en manos del pueblo. Si aceptamos el concepto mencionado, entonces,
al parecer también comprenderíamos al concepto "sociocracia".
De acuerdo con el profesor Kohnstamm 27 , la "democracia,, es una idea,
es un ideal por realizarse, que debería gobernar nuestra lucha en el orden social. Considera a la democracia como una tarea infinita a la que solamente
puede acercársele.
"Las dos reglas principales, en una democracia, son en el sentido de que
cada individuo debería tener influencia en el Estado, y de que cada uno debcrJa ser responsable del progreso de las cosas. Y nadie debería tener poder
sobre otros, a menos que fuera claramente especificado, en qué modo y de
quién es responsable. Eso no quiere decir, por supuesto, que todos deberían
tener el mismo poder y que no debería de haber líderes".
Estoy de acuerdo con el punto de vista del profesor Kohnstamm de que en
una democracia ideal, como en la sociocracia, no se puede abolir el liderato.
El liderato debe representar a la comunidad. Todos, sin embargo, son responsables de la misma. La sociocracia reconoce la inigualdad del hombre en
el sentido de que uno es más capaz de ocupar un puesto directivo que otro.

Mary Follet, 28 cuando trata de la democracia nos da una concepción de
ellaJ que comprenda a la sociocracia. Esta autora le da importancia vital al
concepto "hacerlo uno mismo" : "Siempre ser el actor y nunca el espectador,
es el reglamento de la nueva democracia". "La democracia es todo construyendo solamente una vida, no mi vida y otros, no el individuo y el Estado,
sino mi \Ída vinculada a la de otros, el individuo que es el Estado, y el Estado que es el individuo". 29

VII

1. El gobierno de los representantes del pueblo, con sistema parlamentario (Inglaterra, Francia, los países Escandinavos, Bélgica, Holanda1 las Posesiones Británicas) .
2. El gobierno de los representantes del pueblo, con separación de Poderes (Estados Unidos, y los Estados modelados siguiendo este ejemplo).

3. El gobierno de los representantes del pueblo, controlado por influencia
directa del pueblo (referéndum e iniciativa del pueblo) (Suiza).
Como última característica de la "democracia", el profesor Kranenburg
considera el hecho de que, en el último recurso, todo el poder decisivo que-

630

SocIOCRACIA y ARISTOCRACIA

Sr COLOCAMOS EL CONCEPTO de "sociocracia", contra el de "aristocracia", tendremos que definir primero el último. El historiador griego Polybios, 30 nos
proporciona una teoría del origen de la aristocracia. De acuerdo con Polybios,
21

lfandelinge11 van de Verenninging voor Wijsbegeerte des Rechts (Procedimientos
de la Sociedad de Filosofía y Letras), IX, 1925, pág. 1l.
~ MAav Foun, Th11 New State, pág. 243.
211
MARY FOLLET, The New State, pág. 156.
• Tomado del profesor KRANENBURO, Algt1mene Staatsleer ("Ciencia Política en
General''), 2a. ed., págs. 82 y sigs.

631

�la monarquía absoluta (autocracia) es la forma más antigua de organización
constitucional lo cual debería considerarse como un punto initial.
Los más v;lientes y los más fuertes, tomaban los puestos y de este liderato
• se desarrollaba gradualmente el reinato. Mientras que estos reyes atendieron
a sus súbditos propiamente, esta forma de gobierno funcionó sin ninguna
f ricci6n. Sin embargo, los sucesores de los primeros reyes fueron los que satisfacían más sus necesidades materiales a costa de sus súbditos. Esto ocasionó
una envidia creciente, vejaciones, odio y, finalmente 1 venganza. El reinado
entonces degeneraba en tiranía, causando la rebelión de sus súbditos. Esta
rebelión no se originaba entre los plebeyos, sino entre la nobleza, entre los
más soberbios y más valientes, porque ellos eran los que menos podían soportar el engreimiento de los gobernantes. A causa del disgusto general, ocasionado por el gobierno degenerado del rey, estos rebeldes dirigidos por el mejor
(el "aristoi") , finalmente, obtuvieron el suficiente resp~d~ de las masas; a
tal grado, que la monarquía absoluta fue abolida y substJ.twda por el gobierno de estos "aristoi", la aristocracia (igual a gobierno por el mejor).
En mi opini6n, la "aristocracia" se puede definir como la forma de ~obierno de la comunidad, en la cual las decisiones fundamentales, con relac16n
al gobierno de la comunidad, están en las manos de un ~upo_ pe~ueño, el
cual, como tal, en virtud de su origen o facultades, ha sido hist6ncamente
determinado.
La diferencia entre Sociocracia y aristocracia es que un gobernador arist6crata se elige él mismo, en vez de ser elegido, y que no abdica cuan~o la
comunidad ya no está de acuerdo con su gobierno. En tal caso, el gobierno
de una comunidad sociocrática desaprobaría esta política rotundamente. Además, los gobernantes aristocráticos, generalmente, se han otorgado más ~er
que el que se les ha conferido a los gobernantes en un Estado democrabc~
(el derecho a declarar la guerra, etc.). La comunidad no está muy f~miliarizada con el sistema aplicado en la aristocracia, por lo tanto se evitan
las tensiones en esta forma de Estado.
Si la dirección está en buenas manos, la aristocracia es verdaderamente una
buena fonna de gobierno. Sin embargo, si el pueblo no está de acuerdo con
la aristocracia, es porque sus deseos no se toman muy en cu~nta, no se
puede llevar a cabo esta forma de gobierno. Está basada especialmente en
la confianza.
La aplicación de la Sociocracia, de hecho, combinaría la aristocracia Y ~
democracia como así conocemos estos sistemas, puesto que los lideres elegt•
dos de ac;erdo con la Sociocracia, muy frecuentemente tienen los mismos
poderes que los líderes aristocráticos. Por otra parte, te~drían que_ dar
cuenta de sus acciones a la comunidad, si se hubieran elegido ellos IIUSmOS

632

en una manera democrática, y tendrían que renunciar tan pronto como perdieran la confianza de la comunidad.
En nuestra literatura, no es nueva una síntesis de la democracia y la aris.
tocracia. De acuerdo con Ed. van Cleeff 31 "es deseable que en la sociedad
el verdaderamente mejor (el "aristoi"), esté en el control, es decir, aquellos
que superan a otros en el campo de la religión, ética, discernimiento y energía. Llamémosle el "principio aristocrático". Por otra parte, sin embargo,
si se acercaran tanto como fuera posible a la libertad del Reino de Dios,
sería necesario que estos líderes concedieran a los otros miembros de la
comunidad, la influencia más grande posible en el gobierno de la misma
("principio democrático"). Por lo tanto, el ideal es, ni aristocracia, sin más
(la cual conduce a la aristocracia), ni democracia, sin más (la cual conduce a] gobierno por las masas o anarquía respectivamente), sino "aristo-de•
mocracia" (que es la síntesis más precisa entre el principio aristocrático y
democrático") .82

Mary P. Follet, en su publicación The New State, pág. 157, hace la
siguiente consideración :

"La idea de democracia como representativa del deseo de todos, nos da un
nuevo concepto de aristocracia. Creemos en los pocos, pero no como oponentes de los muchos, sino solamente en conjunto con todos. Creemos también en la influencia de los buenos y de los inteligentes; pero éstos deberían
ejercer su influencia dentro del progreso social; debe ser por acción y reacci6n, debe ser por una perspicaz penetración, debe ser por el instinto deportivo de recoger la pelota que alguien haya tirado".

VIII
SOCIOCRAOIA Y AUTOCRACIA

La concepción de "autocracia" puede definirse como una• forma de regulación de la comunidad, en la que las decisiones fundamentales, con respecto
al gobierno de la misma, están en las manos de uno o varios líderes, quienes
se han constituido a sí mismos como tales.
En una autocracia, como sucede con la aristocracia, el gobierno está en
11

Eo. \'AN CLEEFP, Social-economische Ordening, págs. 23 y u.
• MRs. A. E. TALENs-EBBENS, Van Democratie tot A.risto-dentocratie, publicada
en "Door Inzicht tot Daad" {Manndblad van de Broederschaps-federatie), 1946.

633

H.41

�las manos de uno solo o unos pocos, mientras que el pueblo no tiene voto,
aunque muchas veces parezca que lo tiene. En la autocracia, existe el peligro de que a la larga la gente pierde la confianza en su gobierno, pero esta
falta de confianza siempre es justificada. Cuando un aristócrata se puede
referir frecuentemente a su linaje, un autócrata se lo adjudica, sin miramientos. No obstante que la afirmación de que un aristócrata siempre será
más capaz de gobernar que un autócrata, es discutible, pues se dice que un
aristócrata, como resultado de su educación y tradiciones familiares, ha tenido más oportunidades de adquirir las facultades que se necesitan para ~
bemar debidamente.

.

Comparada con la autocracia, la Sociocracia ofrece la ventaja de que 1a
gente, no solamente tiene confianza en el gobierno sino que, en esta última,
el pueblo mismo ayuda a formar el gobierno y a hacerse responsable de él,
al pueblo le agrada que se le haga justicia, previniendo tensiones fatales, las
que suceden muy a menudo en la autocracia.

Capítulo III

1

1

,,
VENTAJAS DE LA SOCIOCRACIA

Si se llegara a introducir la sociocracia, habría menos tensión entre los directivos, y los miembros de la comunidad, porque esa dirección trataría de realizar aquellas ideas que ya existen en la comunidad. Al mismo tiempo, habrá
menos oposición, porque ésta sería más o menos eliminada.
En segundo lugar, habría probablemente un aumento del sentido de comunidad porque se haría hincapié en el sentido que enlaza a los individuos
y no en cl que los divide. ConsiguientementeJ se construiría un puente entre

los diferentes grados políticos y las diferencias de clases y posición.

El sistema sociocrático tiene en común, con otros sistemas autocráticos,
que comprende la representación funcional (el concepto corporativo). ~a
habido oposición de este concepto porque también se propagó por los socialistas y fascistas nacionales.

En tercer lugar, en vista de que un grupo más homogéneo adoptaría una
det~~ada política, que no está basada en un compromiso de cada grupo
político, frecuentemente opuesto, se podría seguir una política más liberal
de la que se haría completamente responsable el grupo que está en el pode/
La política sería menos "parchada", porqué habría menos política oportunista.

Sin embargo, hace varios siglos, ya se había propagado por unos cuantos
que conocían las ventajas de la representación funcional.

Por lo que se refiere a la población, en la sociocracia, el énfasis debería
de substituirse de la cantidad, a la calidad de los electores.

La sociocracia nos hace pensar, en algunos de sus aspectos, en los sistemas autocráticos, los cuales -teóricamente.- contienen muchos conceptos apre•
ciables, los que no se aplican en la práctica y los que, en sí mismos o junta•
mente con ideas valiosas, acarrean resultados peligrosos. Como así sucede,
por ejemplo, en el caso de ciertas teorías nacional-socialistas. 33

Todas estas ventajas de la sociocracia son, en cierto modo, las mismas ventajas de que se vanagloriaba el socialismo. Es gracias a estas ventajas que
se le puede considerar bastante importante, y por lo que al principio muchos
cooperaron con la misma.

La sociocracia fomenta ciertos conceptos de tales sistemas (el reconocimiento del sentido de justicia en el pueblo, la representación funcional, la abolición de partidos políticos, promoción del sentido de comunida~, y el s_entido
de la solidaridad), sin estar sujeta, sin embargo, a las perspectivas peligr~
de tales sistemas (igualdad de partidos políticos, por presión de los de ~ha, opresión de las minorías, la imposición de una opinión pública, la ven•
ficación bajo presión de ciertas ideas políticas, supresión de libertad de expresión, etc.} .
~

~ las

Sin embargo, las objeciones relacionadas con el nacional-socialismo a causa

cuales este sistema estaba destinado a perecer, no son, ciertamente las
nusmas de la sociocracia.

Capítulo IV

DESVENTA] AS DE LA SOCIOCRACIA

Al tratar las desventajas de la sociocracia, surge el problema de ver si existe
11

634

ÜTTO KéiLLREUTER,

Grundriu der .Allgsmeinen Staatslehre.

y.na base universal para la vida de la comunidad verdadera, entre la gente
varias clases sociales y convicciones. Porque, si esta base no existiera,

de

635

�significaría que el sistema sería muy ineficaz para llevarlo a la ~ráctica. Si
analizamos más la base común, observamos lo siguiente: cuando mngún cred?
común puede ser la base de una comunidad, debería haber un concepto uruversal o una fe muy arraigada para substituir este credo común.
Los Cuáqueros se pueden citar como un ejemplo de esta comunidad sociocrática, si bien tienen un credo como base. Es muy dillcil reconocer un ~redo
común en la humanidad, puesto que muchos están separados por naciones,
partidos, religiones o ideales específicos.
,
.
.
Para comenzar la base común podría ser el interés comun. La sociocrac1a
podría ser del m'terés de todos, puesto que realmenle la prosperidad de la
comunidad es ventajosa para el individuo. Se podría desarrollar gradualmente una base más concreta, la base de la cual es la confianza común con
la posibilidad de trabajar con el pensamiento de unanimidad.
En segundo término, hay una oposición puramente práctica. ~i no se
llega a ningún acuerdo, habrá muchas discusiones, y la gente discute de
propósitos contrarios para luchar por obtener una solución aceptable para
todos.
Esta puede encontrarse por las tendencias idealistas de la prepara~i~n de
los miembros de renunciar a sus propios puntos de vista con el propos1to de
. .
.
obtener conjuntamente una solución satisfactoria. A~~smo, existe, como
una última posibilidad, la aplicación del sistema de votac1on co~o una emergencia en caso de que tenga que resolverse un problem~ ~ráctico dentro de
W1 determinado límite de tiempo. En lal caso, se requenna una gran mayoría de, digamos, 2/3, 80 o 90%.
)

Para los problemas que no necesiten una solución inmed~ata no :s ~ecesario este último recurso. En casos similares se podría aplicar el siguiente
método: los miembros se llevan el problema a su hogar y meditan sobre él
hasta que posteriormente, en otra discusión se obtenga unanimidad.
,
, " il
Otra desventaja de la sociocracia, sería que a la larga la mayona s enciosa" predominara, porque la gente más sensata es~a~ía preparada más
pronto para ceder en sus puntos de vista con el propos1to .de obtener. u_na
soluci6n co:mún. La minoría, la que, como suponemos, tlene una meJ0f
comprensión, finalmente, dejaría a la mayoría que act~a seg~ su_ voluntad. Este no es un peligro imaginario, principalm:nte s1 esta .~nona, mucho mejor preparada, renunciara a sus puntos de vista con facilid~d.
Otro peligro parecido, es el de que al tomar deci~iones, los meJores argu~
mentas no pesen en )a balanza, sino el poder convincente con que se pre
senten. El que habla más convincentemente, al último, obtendrá el apoy~
de la comunidad y aquellos que tienen proposiciones con mejores argumen·

tos, pero que no los pueden presentar con el mismo poder de convencimiento
no lo obtendrán.
'
No obstante, esto se puede aplicar también a un método de trabajo no
sociocrático. En caso de votación, el que tiene poderes más persuasivos, como
de ~~tumbre, o~ti~ne más votos aunque los argumentos a favor de otra propos1cmn sean mas nnportantes.
Ya se ha especificado, en lo anterior, que una tendencia hacia el idealismo ocasiona que los miembros tengan discusiones con muy pocos resultados
y, por consjguiente, con muy pocas soluciones. La organización se entotpecc
mucho, como sucedi6, por ejemplo, en el caso de la Liga de las Naciones,
antes de la guerra, en la cual, también para algunos asuntos la unanimidad era
necesaria.
Esta falta de idealismo suficiente, así como la ausencia de cooperación,
puede presentarse en otras formas también y puede aún conducir a cierta
clase de sabotaje, como así ha sucedido en la Organización de las Naciones
Unidas ( del así. llamado "derecho de veto" en el Consejo de Seguridad).
En las comumdades muy pequeñas, y solamente en donde se toman decisiones de menor importancia, será posible eludir la desventaja que presenta
la sociocracia, así corno el que algunos individuos ejerzan su voluntad usando
su veto, con lo cual la vida de la comunidad sería más o menos saboteada.
Sería posible dejar al recalcitrante que haga Jo que le parezca. La aplicación práctica de sus propias .ideas obtendría resultados indeseables.
~in embargo, hay algo que aminora esta clase de "sabotaje" y es lo si?'"ent:: en el caso de que estos individuos, por su obstinación, den una
unpresión desagradable y en muchos casos, hasta ridícula, motivará el que
no se les vuelva a elegir. Como las personas elegidas tratan de justificarse
_ante quienes los eligieron, en Ja medida de lo posible, ciertamente no desearían ser desagradables o parecer ridículas. Esta sería una razón suficiente
para cooperar en la obtención de una solución aceptable para todos.
Otra objeción de la sociocracia es, que mientras que en el caso de un sistema de partidos que votan, todos saben el programa del partido, en la sociocracia, un miembro de la junta de la "vecindad", en vista de la consulta
~radual, no sabe qué plan será ejecutado posteriormente y existe la posibilidad de que, al final, se adopte una política con la que él no esté de acuerdo.
Puede decirse que Jos lemas del partido, en la solidez de los cuales son
inducidos los electores a votar a favor de cierto partido político, por lo general, sólo permanecen como lemas, los que raras veces son llevados a la práctica.
Por lo tanto, esta última objeción, no pertenece exclusivamente a la sociocracia, sino también a todos los sistemas democráticos.
Una característica esencial de la sociocracia es el deseo de cooperación.

637

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                  <text>Humanitas es la revista de investigación más antigua del noreste de México en el área de Ciencias Sociales y Humanidades, se publica desde 1960 y actualmente está indexada en Latindex. Es una revista arbitrada y de acceso abierto que considera para su publicación artículos originales escritos en español e inglés, que sean el resultado de una investigación científica y que representen una clara contribución al debate y conocimiento de las áreas de la revista: Filosofía, Letras, Ciencias Sociales e Historia.</text>
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                    <text>Sección Segunda

L E T R .t\ S

�EL PROBLEMA DE LOS GÉNEROS LITERARIOS
Lic. JUAN ANTONIO

AVALA

Centro de Estudios Humanísticos
de la Universidad de Nuevo León.

LA CRISIS DE LA TEORÍA DE LOS GÉNEROS literarios, como de tantas otras categorías estéticas transmitidas por la retórica tradicional, se puede decir que
comienza con la revisión de las teorías lingüísticas que nace en Suiza con
Ferdinand de Saussure y en Italia con toda la fuerza de los neolingüistas uno
de cuyos creadores es Benedetto Croce. Este afirmaba ya en el año de 1918:
"Esta errónea doctrina (la de los géneros) toma cuerpo en dos series sistemáticas, una de las cuales es conocida como teoría de los géneros literarios
o artísticos -lírica, drama, novela, poesía épica o novelesca, idilio, comedia,
tragedia. . . Como cada obra de arte expresa un estado de alma, y el estado
de alma es individual y siempre nuevo, la intuición supone intuiciones infinitas que no nos es posible encerrar en un casillero de géneros, a menos de
que esté compuesto de infinitas casillas de intuiciones y no de géneros. El
género o la clase es, en este caso, uno solo: el arte mismo o la intuición, cuyas
singulares obras son infinitas, todas originales, todas ellas imposibles de traducir en otras -porque traducir, traducir con vena artística, es crear una
nueva obra de arte- y todas rebeldes con relación a la inteligencia clasificadora". Este fue uno de los puntos de partida originales para la revisión de
la teoría de los géneros.
René Wellek y Austin Warren en su Teoría Literaria han abordado científicamente el problema de los géneros en toda su amplitud, sacando conclusiones que son las que más se adaptan a una filosofía realista de la ciencia literaria. Expondremos en primer lugar y a breves rasgos, la teoría expuesta
por estos autores, para después hacer un análisis de la cuestión desde nuestro
punto de vista.
Según estos autores y como premisa fundamental de su estudio, la teoría
de Croce: "aunque comprensible como reacción contra extremosidades de auto-

259

�.
. r hacer justicia a los hechos de la vida
ritarismo clásico, no se ha ac;ed1tado po n una simple teoría o esquema e~~histor
.
, ,, · Los generos no so
ia hteranas
· 'n este'tica de una Obr a parl!c1e
"l convenc10
. ·,
vencional, nominal, p~est~, que
literario es, según ellos, ~na_ insl!tuc10n
d
,CEl g que los . ll ama 'ºmperativos institucionales)
pa, a forma a su caracter
.
,
(también según el rrusmo r'."'e . d o el Estado". Institución que, segun
"como lo es la Iglesia, la Umvers1da
, os fundamentales de un Estado

é:ero

¡
'1

el diccionario, es "cada uno ~e losd:;::::r qué clase de "institu_ción" son
. da d" . El problema
.
o soc1e
, está en
funcionamiento,
y cua, 1 es su amphtud
, y allos géneros literarios, c~a! es s~ .
Ante todo "la teoría de los generos_ es
Cane
es dentro del dom1mo estel!co, . . . de, orden. no clasifica a la htell k
af
n prmc1p10
·
·
. an Warren y We .e - u l f mpo o el lugar (época o lengua nac10- ,rm
"
ratura y la historia !iteran,ª, por e:te '~iterarios de organización o est_ruct~ra .
nal) sino por tipos específ,~
do con esta concepción, o me¡or dicho,
Aun~ue no estamos ple_n':".'en:
ac~:r es el género, sin embargo es bastan~e
con esta expresión defimllva e o q l 'f cación hecha sobre el esquema e

~

aceptable, pues, a d~erencia de :á~ ::;ecíficamente liter_arios. que a_quél~s
tiempo o lugar, los llempos _son
chas veces las obras literarias casi des e
mu el primer
,
ya que a su forma se subordman
d . desde
es t',mu lo) hasta su completa
,
ión (es ec1r,
,
· )
su misma concepc
r !erario con lo bterano
,
realización (los linderos de lo extra ,
. t
ante en el problema de los
W 11 k Y
, . en la
Warren plantean un aspecto m eres
t . "· Va imphc,to
e e
d' d h sta el presen e. &lt;
éneros y que no había sido estu ,a o a d ue toda obra literaria pertenece
g , de los géneros literarios el supuesto e q l undo de la naturaleza, la
teona
al, · amente con e m
d ¡
a un género?" Rea1'.5ta y an og,c d lasificarse. Ahora bien, ¿ respon. e a
respuesta es afirmativa: todo pue e e
to de vista exclusivamente literal if. ación a la realidad? Desde ntas·
un pun
e as 1c
. los autores plantean estas pregu
,
no,
. .
te directas con otras
iones literarias suf1c1entemen
a) ¿ Guarda toda obra rel'.":
d" l estudio de las otras obras?
d
fac,hte su estu 10 e
,
? ¡
obras, de mo o que
.
. , " en la idea de genero. ¿ n. lícita la umtenc1on
?
b) . Hasta qué punto va imp
.I
. , n por parte de otros.
&lt;
tención
por parte d e un precursor? e ntenoo
. .nicial propuesta por eroce, no puede
.
Con esta luz, no con la pr~mISa , Esta varía con las modas, con las mtenq
uedar ya fija la teoría de los generas.
sociales puesto que la literatura
1
as estructuras
,
,, .
y
ciones subjetivas, con as nuev
!turas que integran las civ1hzac1ones,
e
s parte como las demás artes, de las ,cud . borrar la distinción entre prosa y
é
'
, ac tuales hen enª
·,n
tas varian.
Las tendencias
.
. ·va (Dichtung) en ¡·,cc10
s , "y luego a d.IVI"d"ir la literatura unag,nal!
poes,a

(novela, cuento, épica), teatro (sea en prosa o en verso) y poesía (centrada
en lo que corresponde a la 'poesía lírica' clásica antigua)", Para llegar a las
conclusiones de los autores no hay más remedio que recurrir al concepto puro
de la literatura, esto es, deslindar los campos y determinar claramente los límites de la literatura y los alcances de todo el fenómeno literario.
Las últimas teorías sobre los géneros las podriamos resumir así: en Platón
y Aristóteles se distinguen tres géneros mayores según el grado o modo de
imitación: la poesía lírica es la "persona" del poeta; en la épica, el poeta
habla en primera persona como narrador y hace hablar a sus personajes en
estilo directo; en el teatro el poeta desaparece tras el reparto, , , Las teorías
actuales se entrelazan siempre manejando estos conceptos de Platón y Aristóteles, para volver al mismo punto y a la misma pregunta: ¿ son posibles los
géneros? ¿ Funcionan como verdaderas "instituciones"?, , , Todo es cuestión
de poder agrupar las nuevas formas literarias que han ido apareciendo en el
transcurso de la historia literaria y poderlas ordenar alrededor de lo que todavía se llaman "géneros fundamentales" y que son los que, en realidad, funcionan como verdaderas instituciones, Por ejemplo, hoy se admite que la
dramática no es un género, sino una forma o variante poética (véase T. S.
Eliot, en Poesía y Drama). Y con esto no se hace sino volver a la clasificación
clásica, unitaria, nuclear de la poesía.
Existen todavía mitos respecto a los géneros que son objeto de discusión, como
su jerarquía, la agrupación según los determinantes externos, como el metro,
la estrofa, etc. En este punto nuestros autores llegan a una solución conciliatoria: "Creemos que el género debe entenderse como agrupación de obras
literarias basadas teóricamente tanto en la forma exterior (metro o estructura
específicos) como en 1a interior (actitud, tono, propósito: dicho más crudamente, tema y público). La base ostensible puede ser una u otra ( verbigracia: 'pastoral' y 'sátira' para la forma interior; verso 'dipódico' y 'oda
pindárica' para la exterior) ; pero el problema crítico será entonces encontrar la otra dimensión para completar el diagrama".
A continuación nos encontramos con un recorrido histórico a través de los

géneros, que no interesa para nuestro propósito, El núcleo de la aclaración
es mucho más apasionante. Sentar una doctrina que nos lleve a la médula
de la cuestión. Esto es, ¿pueden o no sustentarse las doctrinas expuestas alrededor de los géneros? ¿ Pueden conciliarse entre sí? ¿ Habrá que recurrir a una
nueva concepción? ¿ O definitivamente la teoría -cualquiera que sea- de
los géneros no se ajusta a la realidad literaria?
La teoría clásica es normativa y preceptiva: es decir, que además de señalar a cada género literario su esencia específica, exige que se mantengan separados, sin intromisiones de ninguna clase entre unos y otros. Era éste un puri-

260
261

�tanismo estético, basado en un fundamento social, de donde se derivó, simultáneamente, la teoría del estilo elevado y del estilo llano. Nunca pudo llevarse
a la práctica la teoría de los estilos en toda su pureza pues siempre se ha
impuesto la personalidad de cada uno de los temperamentos creadores sobre
los esquemas de los preceptistas.
La teoría moderna es meramente descriptiva. Ni limita el número de los
géneros ni dicta reglas ni se entromete en los estilos. Todo es relativo, pero
téngase en cuenta que ese relativismo no es el aparente nominalismo de Croce,
sino la máxima libertad para poder interpretar la obra de arte desde ángulos
más amplios. Según ésta "supone que los géneros tradicionales pueden 'mezclarse' y producir un nuevo género (como la tragicomedia). Ve que los géneros pueden construirse sobre la base de la inclusividad o 'riqueza' lo mismo
que sobre la de 'pureza' (género por acumulación lo mismo que por reducción) . En vez de recalcar la distinción entre género y género, le interesa
-a partir del hincapié romántico entre la unicidad de cada 'género original' y de cada obra de arte- hallar el denominador común de un género, sus
artificios literarios y propósito literario comunes".
Hasta aquí René Wellek y Austin Warren en su análisis de la teoría de los
géneros. Como un problema derivado del expuesto, sugieren al final de su
estudio el apasionante tema de la "genética literaria", concepto de última
mano en el campo de la investigación literaria debido a Henry Wells. Concretan ellos su búsqueda a los siguientes aspectos:
a) Relación entre los géneros primitivos y los de una literatura desarrollada
con la consiguiente sugerencia a la literatura oral y primitiva, estudiada
hasta ahora exclusivamente desde el punto de vista histórico y documental.
b) La continuidad de los géneros, con revisión de la teoría de Croce.
c) La naturaleza de la historia de los géneros y todas sus consecuencias sociales, políticas, religiosas, etc.
Wolfgang Kayser en su obra Interpretación y Análisis de la Obra Literaria
se ha preocupado también de la teoría de los géneros y de su efectividad
dentro de la realidad literaria. Toda su obra está construida sobre el presupuesto de los géneros; sin embargo, la concepción de Kayser no es la tradicional.
En el capítulo X, La estructura del género, al tratar del problema, Kayser
expresa su intención didáctica al adoptar, provisionalmente, el esquema de
los géneros: "Lo hemos hecho plenamente convencidos de que tal procedimiento sólo podía ser provisional, puesto que no está de acuerdo con la naturaleza de las cosas. En la obra de arte viva no es posible el aislamiento de las
distintas partes: todas las formas se trascienden siempre a sí mismas y actúan

262

Siempre conjuntamente. Incluso los conc
.
.
hablado en la segunda art
, ep,tos sm:étzcos, de los cuales hemos
p e, eran aun solo un d d
..
revelaban a la contempl . , " A
.
1 a es prov1S1onales que se
ac1on .
contmuación K
h
terno de la naturaleza de los g'
d
ayser ace un estudio ineneros y e la clase d l
se han manei·ado para U
l
e e ementos en juego que
•
egar a a estructurac'' d
,
s10nes son las siguientes:
mn e esta leona. Sus conclua) Lo que tradicionalmente se desi a
rogéneo. ("En un mi
, gn c?mo género es completamente hetesmo genero se mcluye po .
l
novela epistolar, la novela dialo ada la
'
~ eiemp o, la novela, la
rica; la oda, la elegía el soneto~ 1'b ndovela picaresca, la novela histó. l
'
' a a ora a. el auto el
d ·¡¡
gedia, a comedia la traged·
.
'
' vau ev1 e, la tra,
'
'ª gnega,
el melodrama.
h bl
,
genero descriptivo, del género didáctico d
, ' se . a a, ademas, del
b) Los principios de clasT . ,
' el genero epIStolar, etc. etc)
I 1cac10n en la teoría de 1
,
'
. .
leza muy diversa e irregular (O
os generos son de natura·
ra son externo-formales
d,
ta nto, su lugar en los capít l
.
Y ten nan, por
u os antenores · ora
r·
de suerte que lo genérico ,
b'
'
se re ieren al contenido
.
as1 conce ido no co nf,ene en SI, nada nuevo'
m.. peculiar).
c) Intervienen tamb'é
· .. crono!, .
, n ¡os prmc1p1os
no llegan a la esencia mism d I b ~g,cos. meramente externos que
d) L
.,
a e a o ra bterana.
a. noc10n y el sistema de los géneros tal co
antigua preceptiva o retórica
' .
mo se ha desarrollado en la
.
es normativa y por ta 1
.
meiante actitud normativa se b b
'
n o, apnorística. (Seasa a en lacre. d
eran formas exigidas po l '
enc1a e que los géneros
r a naturaleza' y que 1
.
zado estas formas establ . d
'
os gnegos habían reali.
'
ec,en o con ello los modelos válidos
.
para Siempre).
Como R. Wellek y A. Warren K
pacto causado por Benedett C ' ayser, concede gran importancia al imti
"B
o roce valorandolo e t d
.vo.
enedetto Croce fue quien ~irrn'
n o o su contenido posilldo de toda división de g'
T
~- con mayor calor la falta de sent
eneros. amb1en K I V I
raron claramente su desconfianza L
ar
oss er y su escuela mos0 que les moví
de ¡as deS1gnac10nes
·
.
·
tradicio 1 .
.
a no era so'Io la vaciedad
na es· para los citad 1 , ·
otros, cada obra poética posee tan es . l .
os eoncos y para muchos
· d' ·
enc1a smgul 'd d
m JV1dual y uno en sí mismo
od
. an a ' y lo poético es tan
, que t a subordina .,
apoyarse en exterioridades. Pero I t .
c,.on a un grupo sólo puede
·u·
a aJante neuac,ó d e
poSJ vamente. Desde hace unos d
.
º n e roce ha operado
bl
.
.
ecemos el problem d 1
,
ema m1 1enano que podemo
.d
'
a e os generos pro] . .
s conSJ erar como uno d I
,
'
a c1enc1a de la literatura ha p d
e os mas antiguos de
El 11
'
asa o a ocupar el
t d .
1 Congrés international d'hist . /' , . cen ro el mterés científico
1939, fue dedicado exclusivamente
,~terazre, celebrado en Lyon el añ~
a pro lema de los géneros literarios. Las

º;''

263

�ponencias alli leídas revelan, por cierto, una abundancia casi perturbadora
de concepciones dispares. Por lo demás, puede comprobarse que no asistieron
al Congreso precisamente los investigadores que acaso han hecho las mayores
aportaciones al estudio de los géneros. Así, pues, se debe al estado de la investigación el que las observaciones siguientes sean una introducción a una determinada especie de cuestiones, pensamientos y trabajo que parecen al autor
el método más fecundo para tratar el problema que nos ocupa".
En el párrafo 2 de este interesante capítulo de su obra, Kayser expone su
metodología de los géneros literarios.
Distingue inicialmente dos áreas de acepción en la cuestión de los géneros
claramente definidas: cuando se refiere a los tres grandes fenómenos: la
Lírica, la Épica y la Dramática; otras se refiere a fenómenos literarios muy
determinados tales como canción, himno, epopeya, novela, tragedia, comedia,
etc. La primera distribución no ofrece aparentemente problemas de clasificación, ni aun en el caso de ciertos títulos engañosos como en el caso de
La Divina Comedia, la Comedia Humana, el Cuento de una noche de verano. Lo importante del estudio y de las aclaraciones metódicas de Kayser se
basa en una frase de E. Staiger: "Las nociones de lírico, épico, dramático,
son nombres científico-literarios aplicados a posibilidades fundamentales de
la existencia humana", lo cual viene a coincidir, en cierta fonna, con el aspecto de género como institución" ya que toda institución encierra una po1 11

sibilidad, realizada o no. Pero sigue estando en pie la cuestión de si la
institución o la posibilidad es algo externo a la literatura, algo que actúe
en ella a posteriori y que no participe esencialmente del fenómeno literario.
"Es importante subrayar -afirma Kayser- que, por parte de lo objetivo, que
parece incorporar las actitudes básicas, se trata sin duda de un ser-formado
desde dentro, pero no de formas en el sentido de estructura acabada. No
necesito presenciar el principio y el fin de aquella riña ( alusión a un ejemplo anterior) en la calle para sentir su dramatismo, y para sentirme líricamente movido, bastan algunos compases de un lntermezzo . .. La terminología científica debiera atenerse al lenguaje vivo, que suele designar lo genérico
en este sentido interno mediante los adjetivos lírico, épico, dramático, mientras que la designación basada en la forma de presentación suele hacerse
bien mediante los sustantivos Lírica, Dramática, Épica".
Kayser, en definitiva, admite de manera expresa la teoría de los géneros,
siempre que se cree un sistema de designación que responda exactamente a
los designados: "La triple división en lírico, épico y dramático es hoy generalmente aceptada por la ciencia de la literatura".
En el III Congreso de Estética celebrado en Venecia el año de 1956, el
Prof. Luciano Anceschi presentó una interesante ponencia relativa al problema

264

de los géneros literarios. Comienz
.
en el año 1945 y según '! 1
, a exponiendo la situación del problema
e as leonas más im
a ) La respuesta crociana co
.
portantes son las siguientes.
la solución gentiliana, con ~na
s:citterpr~tación pragmático-culturaÍ; b)
Y_ desarrollaba motivos románti ~
n radical_ de los géneros, que recogía
gmlo, crítico literario que
cosh,, e) las consideraciones de Alfredo G
.
aprovec O su excel
armtentar una teoría general del art . d) ente preparación filosófica para
Aldechi Baratono que crey,
e'
las proposiciones doctrinarias d
la
,
,
o encontrar una neta di . . ,
e
stmc10n entre la prosa
Y poesia en el uso semántico-i·rna . .
bra. L a discusión
·
gmatJvo
y foneaco-expresivo
"
de estas c t
,
de la pal
d E ,.
ua ro teonas p d
ae . s,tetJ_ca, correspondiente al año de 195 ue ~n ~ncontrarse en La Revista
versJta di Torino"; edizione della . .
6 ( Istituto di Estetica del!'Uni
asumid
nvista de Estetic ) N ·
•
. a por el Prof. Anceschi en est
bl
a . os interesa la actitud
clus10nes:
e pro ema. Llega a las s,·gwentes
•
.
cona) afrrmac10n
·, de la histori ,d d .
.
. if'
ci a situac,onal de J
é
que sus s1gn
icados cambian co
1
os g neros, en el sentido
poética, de¡ gusto y del sentim' n e mutar de ¡as situaciones
·
•
de cult
símbolo de
, · hi , .
iento general del arte. b) ¡ ,
ura
poetica stonca. c) 1 ,
'
e genero es un
mi
,
e genero po
¡
en_to contemporáneo al arte, funcionalid
~e ".' características de: naciratividad artística. d)
ad, idealidad, intencionalid d
tístico-estéticas
no se pueden entender las particulares 1 .a ' ope,
,
a vez que se present
.
so uc10nes ar-

:e

c:d

generos.

an,

51

no se tienen en cuenta ¡os

Su postura está bien def' 'd
,
"N
lnI a en los par af
· .
o ya entidades ete
r os sigmentes ·
!antes
mas o eternas figuras del arte d . , .
y tampoco extrínsecas dasifi .
u ' ogmaticamente vincuparecen como indicadores de proble;:10nes de comodidad": los géneros
;es su;gidas en una determinada cult!ade P;~bables soluciones a situacioe poettcas, Y, por lo tanto sus ca
, ~oehca, como signos simbólicos
al nacimiento del arte, ideaÍidad f rac'.ensticas son: origen contemporáneo
dad . eons,'dera dos en tal forma d, 'di
unc,onalidad' m
· tenc1onalidad
•
.
operat,·v·
d
' ec, rse po I I' .
,
,.
e~ ca a ocasión, la aceptación de d'
r a. ,~ca o la narrativa implica
c1~nes de cultura (que no constituy~:er::econ_dic10nes en las diversas situa:
gu:e?te, el género interviene operando en sanamente reglas) y, por consipoet1ca: aun más evidente es la o
ti . el momento activo de la gestación
y finalidades estéticas, en su fun:::al~~d~d ~e
géneros, como idealidades
sulta claro que sin damos cuenta d
a hist~~ica respecto al arte. y relas partic I
e estas cond1c1ones
d
u ares respuestas al problema 't .
no po emos entender
arte: se pueden leer I Canti si·n t
s1 uacional ofrecido por la obra d
f didd
omarencuetaL
•
e
un a de la lectura del pr'
n
Zzbaldone pero la
'd
.
imero es mucho ,
'
procons1 eración el segundo" .
mas penetrante si toro amos en

!º~

°

265

�•
bl
de los géneros literarios? Existe,
.Q é hay, en definitiva. . sobre el pro
em~, d la preceptiva clásica. Así
e u
devaluac1on e
. .
es eviºdente, una sana cns1s y , una
.
roo "arte de hablar y escnbir correctacomo ya no se lleva la gramabc~ ~o 1 rmativa y, las más de las veces,
t " así pasó la retórica trad1c1ona. no
1 que a pesar de las deroen e ,
demos 1anorar a go
,
. Es
Priorística. Sin embargo, no ~ ,
º 1 misma obra literana.
esa
a
, . o es mtnnseco a a
ali
d que
formaciones de los teonc s,
lif
de extraordinariamente v osa, e
pc ión que no dudo en ca icar
. ºt ·ones"., como instituciones
conce
,
« erdaderas msu uo
.
los géneros son y operan como v .
e a diferencia de las clasificac10nes
n su sentido más auténtico. Es d'."'ir, dqu 11 los géneros literarios norman
e
·a1
or encima e e as,
.
d
x
temporales y espac1 es, y p
. lutivo de su génesis y e su ~ l.
t
el
proceso
evo
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a.
1 w1nterior" en la itera ura,
.
.
terior a la obra teran .
o
,
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·
presión concreta; el genero no d I misma obra. El género es un deternues alao
0
que está incluso dentro e a
reador Ha habido un grave error
·
tad os
t ºnterno que cata ¡·iza todo el proceso c .
.· . han sido mterpre
nan e 1
. , d los géneros literanos.
, .
respecto a la comprens1on e . , .
metodológicos, convencionales y undesde afuera, como esquema~ d1dacti~os, ás a nadie se le ha ocurrido pe~¡
1 abordaje de la literatura, 1am_
edular con la esencia
es para e
,
!ación mtema y m
sar que los géneros
.una Corent ra el parecer de Croce, aunque la be. . . , teman
•
d ¡ mtwcion
poe'uca·
·· .
misma e a
. . . , . f .ta tenemos que adrmur.
lleza sea una y la mtwc10n
m ,m '
.
. a intuición y es el estímulo
a) que hay un determinante esencial en la mism
..
literario.
, bº1en su efecto inmediato está
d condicionado
t, ¡0 0 mas
b) que este es IIDU ,
t y social del crea or.
I
r la conformación biológica, men a
, la categoría del su jeto
po
li
· puede afectar -regun
rif, .
,
c) que el estímulo terar10
. ncia profundas o pe eneas, mntes
zonas
de
la
concie
'
creador- difere
timas o externas.
,
, d le del creador y del estimu
o li.,
, la categona e m o
. • 1na!
d) que tamb1en, segun
d" 1 1ºndirecta personal o IIDperso .
. , pue deser rrecao
'
!erario, la expresion
De todo lo cual se deduce:

determinada en sí misma por la clase del objeto expresado y del sujeto
que la expresa. Juegan papel importante los factores condicionadores
del sujeto como educación, clase, momento histórico o político, etc.
Todos estos presupuestos y deducciones están íntimamente ligados al problema de los géneros literarios. Tradicionalmente, los géneros -lírica, épica,
dramática- se han adscrito a la literatura subjetiva, objetiva y subjetivoobjetiva respectivamente. Según todo lo expuesto, estas clasificaciones no son
en sí mismas arbitrarias ni tienen ese carácter externo, didáctico, ordenativo
que les quieren dar los que les combaten. El determinante interno da categoría al género. Lo convierte en una institución que funciona dentro del fenómeno literario y regula sus alcances. No se puede decir que el género consista
en esto o aquello, sino que más bien es una dirección, una tendencia que va
tomando la obra literaria desde sus orígenes hasta la plena realización. El
curso de la obra se encauza a partir del estímulo literario en virtud de ese
funcionamiento de la institución o instituciones que son los géneros.
Preceptistas y retóricos no han prestado la atención debida a la gran influencia que, en la teoría de los géneros, ha tenido y tiene el fenómeno social.
En la actualidad se ha adulterado el concepto de lo social; se maneja el vocablo oportuna e inoportunamente, aduciendo razones que alteran la realidad de su sentido y de sus aplicaciones al fenómeno literario. Se mezclan conceptos que no son atañaderos a lo social, se desciende del fenómeno colectivo
e institucional, al terreno de la política partidista, de consignas, propósitos,
programas y estructuras que nada tienen que ver con la literatura y su radio
de acción. Lo social, en su significado más estricto, es un elemento importantísimo dentro del fenómeno literario y, en concreto, de la teoría de los géneros. L. L. Schücking al hablar de la formación de grupos y escuelas por
la influencia del medio social, afirma: "En todas las épocas podemos, pues,
notar esta formación de grupos de artistas, que tan enorme importancia han
alcanzado en la creación del arte, y que demuestra que también en el terreno
del espíritu un diamante no puede ser tallado sino por otro diamante. Cuando
no pueden formarse grupos, la creación artística se hace más difícil" {L. L.
Schücking, El gusto literario, México, 1950) . "De este modo -afinna él
mismo- surge fácilmente una especie de fondo común y se forma una escuela".

.
"califican" la categoría de la obra litea) que ¡os determinantes mtemos
raria. , sean esos deterrnman
.
tes la obra expresará
fenómenos que es. .
b) que segun
n la periferia de la conc1enaa.
tén en el centro o e
.,
, algo arbitrariamente elegido sino
c) que la forma de expres1on no sera

Se corre el peligro de identificar el arte con la moda, y, por tanto, a los
géneros literarios se les despoja de ese carácter permanente que tiene toda
institución. Hay que tener en cuenta que todo fenómeno de la colectividad
es como un reactivo que opera sobre la personalidad y sus manifestaciones;
"sólo la constancia de Ja estructura social asegura la constancia del gusto",

266
267

�·
¡os de la poesía cacita los aleccionadores e¡emp
.
h .. ki
afirma L. L. Se uc ng Y
.
d ¡
. dad de la Edad Media,
·
de los ideales e a soc,e
balleresca, encamac10nes
h d 1 t' po de Shakespeare entre el
Id
•laluca e iem
junto con la cua esa~".'ece' u reíle. a la tendencia aristocrática de la soteatro popular y neoclas1co,. ~, e d 1J
1 burguesa en la Inglaterra del
d 1 ,
. la apanc10n e a nove a
.
ciedad e a epoca'
,
iendo prejuicios puritanos, se mcrusta
siglo XVIII, cuando la b~rgu:1~, '¡omp Lo cambios sociológicos son uno de
en la estructura de la soc1eda mg e:. 1 s 1 . , n de los géneros literarios.
los determinantes más activos dentro e a evo uc10
LA POESIA DE BLAS DE OTERO
Bibliografía bá.sica sobre el problema de los géneros
b . literarios.
Obras consultadas para el presente tra a;o
eoría Literaria. Editorial Gredos, Madrid, 1~53: (passim).
álisis de la obra literaria. Editonal Gredas,

WELLEK, R. y WARREN A., T
.
KAvsER, WoLFOANG, lnterpretaci6n

Madrid, 1958, 2a. ed.

Universidad de Nuevo León

'Y an

.

CaocE, BENEDETTO, Breviario de Estética.

E

spasa-

Calpe Colecci6n Austral, Madrid.
'

. Consejo Superior de Investigaciones CientíLa filosofía del L engua¡e,
ficas. Madrid, 1940.

1952. KARL,
VossLER,

Lic. ALFONSO IlANGEL GUERRA

DESPUÉS DE LA GENERACIÓN de 1927 (ese grupo magníficamente representado
en la famosa Antología de Gerardo Diego en la Editorial Signo, el año de
1932), la poesía española sufre el corte brutal de la guerra que, iniciada en
1936, terminará en 1939 dejando una estela de muertes y emigraciones -ausencias- señaladas en el paréntesis de los años inmediatos. Esta generación,
en cierta forma continuadora de aquella otra del 98, se mueve cerca de sus
principales representantes (Unamuno y Machado), se acerca a lo popular
y lo tradicional, pero también coincide en el vuelo y en la intención con
ciertas manifestaciones literarias de allende España. Esta época dorada de
la poesía española fue sacudida y terminada por la lucha de 1936, y aunque,
como afirma Dámaso Alonso, dicho movimiento poético habría de alcanzar
su mayor intensificación a partir del año de 1939, aquellos aires que mecieron
a Lorca, Alberti, Guillén, Salinas y demás poetas, aquella atmósfera que los
envolvió a todos y los reuni6 como generación, en la que cada uno apuntaba
desde su propia torre hacia un mismo blanco, quedó liquidada para siempre,
rota en la desbandada, dispersos y diseminados sus componentes.
Lo que viene después, en España, es una voz distinta. Dámaso Alonso,
como miembro de la generación del 27, explica la evolución que se había
operado en aquellos poetas, ya en 1932 más cercanos a una poesía humana
y cada vez más alejados de las preocupaciones de los años iniciales. Después
viene el rompimiento. La guerra todo lo precipita, y el mismo Alonso confiesa
que es hasta después del conflicto cuando podrá expresarse con claridad (el
libro Hijos de la ira). José Luis Cano, uno de los principales poetas y críticos españoles contemporáneos, explica el fenómeno y afirma que "las situaciones históricas en las que se desarrollan las generaciones literarias, no
suelen repetirse, y el ciclo de la poesía pura, vivido en su primera fase por

268

269

�aquella generación (la de 1927) parece hoy cerrado para siempre. La guerra
española de 1936-1939 determinó un cambio visible en la evolución de la
poesía en España, y sobre todo, en la situación intelectual y moral del escritor,
del poeta. La sangre había corrido demasiado, el odio y la crueldad habían
impuesto su imperio con demasiada violencia para que los poetas pudieran
seguir refugiándose en su torre de marfil (en la que, por supuesto, muy pocos
quedaban ya en 1936)". 1
Estamos pues en una nueva época, bajo signo distinto, con muchos intereses

ajenos a aquello que animaba los últimos años de paz, cuando la voz libre
del poeta se dejaba llevar por los aires del mar y la provincia, o atraído por
los brillos del verbo. Esta paz de ahora no es de tranquilidad. Va con el
tiempo y con una realidad determinada. Dámaso Alonso, hablando de la
poesía arraigada y desarraigada, nos pinta un cuadro que pertenece al poeta
desarraigado, a él, y no creemos falsear su sentido al aplicar este texto al
hombre de los últimos años, concretamente al poeta español: "Para otros,
el mundo nos es un caos y una angustia, y la poesía una frenética búsqueda de
ordenación y de ancla. Sí, otros estamos muy lejos de toda armonía y toda
serenidad. Hemos vuelto los ojos en torno, y nos hemos sentido como una
monstruosa, una indescifrable apariencia, rodeada, sitiada por otras aparien~
cias, tan incomprensibles, tan feroces, quizá tan desgraciadas como nosotros
mismos: 'monstruo entre monstruos', o nos hemos visto cadáveres entre otros
millones de cadáveres vivientes, pudriéndonos todos, inmenso montón, para

mantillo de no sabemos qué extrañas flores, o hemos contemplado el fin de
este mundo, planeta ya desierto en el que el odio y la injusticia, monstruosas

ang~stia, es el preguntar a Dios a sabiendas d
lenc10.
e que la respuesta será el siBias de Otero es sin lugar a dudas el m, .
actual poesía española de 1
.,
as importante representante de la
,
a generac10n de postg
tro de España., Junto a Jo , Hº
G .
uerra que permanece dense ,erro abnel Ce!
J ,L • .
tos otros, Otero escribe una poe , 1'· d 1 . aya, ose uis Hidalgo y tan11
"ª iga a a tiempo y a1 espacio,
· .
amar circunstancial preñada d d I h
SI se quiere
;
'
e O or umano, desesperanza
; p ,
de un aqu, y un ahora estre
ºd
.
y vac10. oesia
'
mec1 a por su misma nat
l
d
poseedora de uno de los más
f d
ura eza en urecida, y
tellana.
pro un os acentos de la poesía en lengua casBlas de Otero ha evolucionado, desde los o
. . .
publicados en su último libro E
P _emas de sus 1mc10s,' hasta los
• ste proceso sigue un
•
.
que, lejos de perder el rumbo
cammo smuoso en el
creta brújula interior que le ' parece que el poeta fuera guiado por una semarca su norte En I t b •
seguir la trayectoria de su poe ,
1
.
es e ra ªJº trataremos de
sia, y as tres etapas en que I h
d. . .
son las tres estancias principales de su obra
, .
o emos ,v,d1do,
ceso cambiante del poeta.
poel!ca que nos hablan del pro-

PoEsÍA y Dms
i Poderoso silencio, poderoso silencio!

B.

DE

O.

raíces invasoras, habrán ahogado, habrán extinguido todo amor, es decir,

toda vida. Y hemos gemido largamente en la noche. Y no sabíamos hacia
dónde vocear".' Estas palabras de Dámaso Alonso nos ofrecen una imagen
angustiosa, y hemos querido transcribirlas porque nos aclaran la postura de
uno de los poetas más auténticos, de voz más robusta, vertical, de la poesía

española de los últimos veinte años: Bias de Otero. Al acercarnos a su obra
sentimos en ella una fuerza extraña que conmina; su lenguaje de aristas des•

truye lo convencional y se va haciendo a sí mismo, a golpes de cincel, y los
poemas surgen como piezas pétreas talladas a la fuerza. Para este poeta el
escribir es algo más que la búsqueda estéril de formas y casilleros poéticos:
es tarea esencial que cumple como hombre, es la manifestación de su propia
"La poesía en España: Una nueva generación", en La Gaceta, publicación del
Fondo de Cultura Económica, México, pág. 5, No, 67, marzo de 1960.
1

D. ALONSO, Poetas españoles contemporáneos, pág. 370, No, 6 de la Col. Estudios
y Ensayos de la Biblioteca Románica Hispánica. Ed. Gredos, Madrid, 1952.
1

El libro de poemas Ancia, que reúne dos vol,
.
ramente humano y Redoble d
. .
u'.'1enes antenores: Ángel fiee conctencza, ha sido dividido por e1 autor en
a No se hace referencia aquí a todo 1
fuera de España. Estos tienen a su I d sd os grandes poetas españoles diseminados
ª re fe or otra realidad, J0 que 1os s1tua
.,
mente aparte; aunque algún día
necesaria!
,
' en eI uturo una histo . d 1 .
os reuna a todos.
'
na e a literatura española
t Los libros de Blas d Ot
d
e
ero, e muy escasa distrib ·, f
nos en México ( excepto claro En , .., 11
uc1on uera de España, o al me]
'
,
....., e ano) no se p d
d ••
0 que en este trabajo nos limitamos
'.
~e ~n a qumr con facilidad, por
Ancia A p Edito B
I
a maneJar los s1gu1entes:
d
' . · ·
r, arce ona, 2a. edición con 48
• , .
os antenores: Angel fieramente humano (M d . poemas med1tos. Este libro recoge
nd
(Barcelona, 1951).
a
, I950) Y Redoble de conciencia

Pido la Paz y la palabra, poema, Ed. Cantala iedra
En castellano, poemas Univers'd
dN .
p , , Torrelavega, la. edición, 1955.
1
E
'
a
ac1onal Autonoma de M' •
n consecuencia, creemos que sólo el Cántic
..
ex1co, 1a. edición, 1960.
gunos poemas publicados en revista y
~d espiritual (San Sebastián, 1942) y al•
este trabajo.
no recog1 os en volumen, han quedado fuera de

270
271

�cuatro partes. La primera, a su vez dividida, contiene inicialmente veinticinco

l:
• 1

1:

sonetos y después diecinueve poemas varios.
Estos veinticinco sonetos casi podría decirse que forman un cuerpo aparte
en la poesía de Bias de Otero, y no creemos equivocarnos al pensar que la
misma intención del poeta los ha reunido. Los catorce versos de cada uno
abrazan, con un lenguaje rudo y a veces delicado, la honda emoción humana
del hombre frente a Dios, a su Dios, que sabe suyo pero que sin embargo nunca ve ni escucha. En altibajos, idas y venidas, ascensos y descensos sin fin,
se pasea aquí como enjaulada la angustia del hombre que se siente solo,
rodeado de in justicia y de silencio de Dios.'
La soledad surge frecuentemente en la poesía española y ya Karl Vossler
estudió el tema en un libro valioso.' Siguiendo sus pasos encontramos que no
puede hablarse de soledad, en singular, sino más bien de las soledades, distintas y variadas, que en diferentes épocas aparecen en la poesía española.
Aquella soledad del humanista solitario, que "aplica al mundo la medida de
su elevado yo", o esta otra soledad sosegada que "se convierte en una especie
de estilo", nada tienen que ver con la soledad en los romances o con la que
nos ofrece Góngora envuelta en su lengua je barroco. Estas soledades que van
surgiendo en la poesía española se identifican con las actitudes de la época,
conforme a concepciones circunstanciales que van modelando tipos fielmente
recogidos por la poesía, gran depósito de las íntimas vibraciones del espíritu
humano.
La soledad de Bias de Otero, es otra, más trágica y por eso, creemos, más
humana. Para entenderla habría que ubicar al poeta en el tiempo y en un
pedaw de tierra que se llama España. Es la soledad del que sufre su condición humana sujeta y limitada, incapaz de romper las ataduras que lo condenan a no ver más que lo que compone su propia circunstancia histórica
inmodificada. Por este camino, el poeta se identifica con el hombre moderno
falto de asideros, lanzado, ubicado involuntariamente en una existencia que
el tiempo extermina lentamente, acercándose desde ahora a lo que llama "la
inmensa mayoría". Por el otro camino, se enfrenta a su propia realidad nacional, como se enfrentaron Machado y Unamuno en una época que resulta
1

Para DÁMAso ALONSO: "Si la poesía no es religiosa, no es poesía. Toda poesía
(directísimamente o indirectísimamente) busca a Dios". (Ob. cit. p. 333). Y Max Aub,
refiriéndose a los nuevos poetas, entre ellos a Bias de Otero, dice: " .. , ¿ qué entienden
por Dios estos poetas blasfemos?, ¿contra quién se rebelan?, ¿a quién piden cuentas?
A la Nada. A la Nada que equiparan a Dios". (Una nueva poesía española 1950•1955L
p. 62. Imprenta Universitaria, México, 1957.
• KARL VosSLER, La poesía de la soledad en España. Traducción de Ramón de la
Serna y Espina. Ed. Losada, Buenos Aires, 1946.

' 1

clave para comprender mejor la condición d
a estos dos grandes puertos de su oesía
e Espana. Per~ antes de llegar
a Bias de Otero enfrentándose a D' p
(pue~l~
Espana), encontramos
lados. Esta lucha en I
. ios en los vemtJcmco sonetos arriba seña'
a que vencido cae par I
d
su monólogo interminable aun ue
d
a evantarse e nuevo y seguir
pañola, alcanza con Blas 'de 0qt pue af tener antecedentes en la poesía esero una uerza tal
r
por la angustia, que no vacilamos al afirmar
y u~-~ ima :ªn. señoreado
poeta fieramente hum
la pos1c10n sohtana de este
ano, cuyos poemas c
'I .

'!

cfrnoslo:

' orno e mismo se encarga de de-

... Muerden la mano
de quien la pasa por su hirviente lomo.

•
El primer soneto se titula La T'
R .
hecho de tierra y mar de f
,erra. ecmto del hombre, lugar hermoso
dura, es sólo el camp~ de
~1 y dsomdbra pura, la tierra, girasol, poma maD'
a a a on e se sufre el gol d I
10s. Puestos sobre Ja tierr 1 h b
. pe e as manos de
termina su poema con un 11ª' o~ om res sucumben silenciosamente, y Otero
ama o que recuerda la voz de Whitman:

tf

Pero viene un mal viento, un golpe frío
de las manos de Dios, y nos derriba
y el hombre, que era un árbol, ya es ~n río.
U~ río echado, sin rumor, vacío,
mientras la Tierra sigue a la d erzva,
.
;oh Capitán, oh Capitán, Dios mío!

La tierra no es lugar de reposo Sord
.
hombre, gira su inmensidad sin
. I 11 a ante la angustia y la soledad del
mer soneto Blas de Otero nos hat~: :e 1anto h~1:1,ano la desvíe. Si en el primanos de Dios, ahora se pre unta el o a c~nd1c10n del hombre, su jeta a las
sin subir la voz desde su ~
I p rque del nacer y del morir. Todavía
'
qmeta so edad demand
geren el peso (Pero sé que se m
. '
a unas respuestas que ali.,
uere sz se nace / y se nace ·p
'
quien que quiso?). El silencio que lo rode
.,
' é or que? ¿por
prende que el vivir y el morir están , ª1els' tadmb,en respuesta y así com.
mas a a el hombre f
aJeno que Je dejan amurall d0 .
, ronteras de Jo
a , vivo Y mortal Los tre úJt'
segundo soneto nos ofrecen laa imagen d f . .'
s irnos versos de este
Otero;
e m1t1va que campea en la poesía de

272
273

H. 17

�Solo está el hombre. El mundo, inmenso, gira.
Sobre su gozne virginal, suspira
lo que, vivo y mortal, el hombre llora.

1

1

Al llegar al tercer soneto encontramos un alto. Aquí se nos di_ce claramente por qué escribe el poeta. Habituados poco a poco a su lengua¡e, vamos
cruzándonos con imágenes y metáforas que se nos volverán familiares. Estos
so~etos -plumas de luz, cárceles de mi sueño, ardiente río- empiezan a adquirir un cuerpo que se yergue con la actitud misma que asume su autor. En
ellos hunde su angustia de ser hombre, pero al mismo tiempo estos sonetos
son los que lo ahogan, porque son la pregunta abierta que queda siempre sin
respuesta. Delante sólo tiene vacío silencio, yerto mar .. Y de nue;o aparecen
las manos de Dios pero nos las presenta Otero en el mstante mismo en que
acaba de hablar d; sus sonetos, como si éstos, y aquéllas, se hubieran fundido
en un solo instrumento que le hiere.' Y de pronto aparece el llamado directo
a Dios, que culmina en la explicación de su poesía. El soneto, titulado precisamente Estos sonetos, dice así:
Estos sonetos son los que yo entrego
plumas de luz al aire en desvarío;

cárceles de mi sueño; ardiente río
donde la angustia de ser hombre anego.
Lenguas de Dios, preguntas son de fuego
que nadie supo responder. Vacío
silencio. Yerto mar. Soneto mío,
que así acompañas mi palpar de ciego.
Manos de Dios hundidas en mi muerte.
Carne son donde el alma se hace llanto.
Verte un momento, oh Dios, después no verte.
Llambria y cantil de soledad. Quebranto
del ansia, ciega luz. Quiero tenerte,
y no sé dónde estás. Por eso canto.

A partir de este momento sabemos ya el porqué de su poesía, cuyos siguientes pasos seguirán orientándose por el mismo camino de la búsqueda
' En el quinto verso los sonetos se vuelven ºlenguas de Dios".

inicial. Insiste en el diálogo con Dios y precisa su angustia al saberse a un
tiempo sombra, soledad y fuego ( tri!ORÍa afín a la de los sonetos: plumas de
luz, cárceles de mi sueño, ardiente río, con la sombra transformada en luz
~r la fuerza del verbo). Aparece, también, una forma que se repetirá contmuamente y que consiste en la intromisión, a la mitad del verso, de un elemento aclaratorio que enriquece inesperadamente el significado y a Ja vez
da un tono de voz viva al poema, como diálogo que pretende ser. Esta forma
presenta muchas variantes pero siempre cumple la función de precisar (a
veces con choques de conceptos) lo que deja huír el mismo lenguaje: somos,
no somos -soledad- iguales; la sangre -nuestros muertos- ... ; Ser -y no
ser- eternos, fugitivos; vengo, Dios, a decirte -si no a verte-; necesito dormir -morir- despierto; Con todo el tiempo -oh eternidad- abierto, etc.
A menudo el soneto no está dirigido a Dios. Se inicia como si hablara a
todos Y a ninguno, pero antes de terminar está ya hablando con !l, pidiéndole directamente que se le muestre, como ocurre en el soneto anterior (Verte
un momento, oh Dios, después no verte) y en el titulado "Hombre" donde
después de ~_rinci_piar refiriéndose a su lucha con la muerte, rompe d; pront;
la exclamac1on directa que puntualiza su dolor, llamado directo y angustioso:
Oh Dios. Si he de morir, quiero tenerte
despierto. Y, noche a noche, no sé cuándo
oirás mi voz. Oh Dios. Estoy hablando
solo. Arañando sombras para verte.

Inmediatamente después encontramos otra trilogía. Si las anteriores fueron
referidas a sus sonetos y a su condición humana, ésta nos muestra lo único
que obtiene de Dios en su terca lucha con su silencio y su lejanía:
Alzo la mano y tú me la cercenas.
Abro los ojos: me los sajas vivos.
Sed tengo, y sal se vuelven tus arenas.
Esto es ser hombre: horror a manos llenas.
Ser --y no ser- eternos, fugitivos.
¡ Ángel con grandes alas de cadenas!

La condición es clara. El hombre está su jeto y anonadado, no caben dudas
al respecto; ~ el comienzo del segundo terceto lo dice con ese lenguaje directo y despo¡ado que ya vamos reconociendo como propio de Otero. El ser
hombre: horror a manos llenas, angustia del ser que no es y que hace vacilar

274
275

�. ternidad , y si se considera fugitivo,
.
..
d ebemas recordar
aquí lo
su pr~p1a e_
.
1 oesía de este poeta, sobre la imagen y. su
de af ugit1vo
P. . no es solamente el perseguido, smo
.que dice
. , Damaso
d irAlonso
que aquí
mvers10n,
. ' 1es ec ,.dor el que busca constan teme nte a Dios y no lo encuen•,
tambien e persegm '
1
E definitiva fugitivo de s1
.
erlo y no lo oara. n
'
tra, el que lo persigue para v
. d 1 e~puJ·a hacia la búsqueda, y sólo
.
pio ser angustia o o
, ¡
mismo,
porque su pro
d ente el endecasílabo fma :
d
d
1
hombre
esa
imagen
que
traza
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am
que a e
d .. ,
1
d d por su propia con ic10n.
un ánge enea ena o
.
.
forma estricta ha que.
1
to y se pudiera decir que en su
Aquí termma e sane
, Bl de Otero aunque
d 1 d 1 del poeta Pero no es ª"· as
'
dado vertido to o e o or
1 . . t
lo exigen- aunque en su camsus mismas eyes m ernas
,
utiliza el soneto como
.
d .
·enza y vuelve sobre lo an. d d" tod O lo que quiere ec1r, recomi
po limita o. .ice
.
a ser como una continua•
eta "Tú que hieres ,, , viene
terior. El Sigmente son '
'
.
11
do a Dios aunque
,
de nuevo el mismo ama
'
ción, porque aqm encontramos
e estamos sumergidos en el impulso
ahora no lo nombra. No hace falta, porq~
.
"d El poeta el fu-

•

ez es el monologo mterrump1 o.

'

.

inicial y sabemos que otra v
D" . A b tadamente te persigo, le dice,
.
, de nuevo a 10s. rre a
'd d
gitivo,f. persigue aqm
. endurec1en
. do su IenguaJ· e, que refleja su tenaci a
t" t d al ir
y rea 1rma su ac I u
.
. V
te diao ¡ como un muerto
ll
do ¡ a golpes de si1encw. en,
"
interior: te voy aman
tras que ya hemos visto an.
L
d parte del soneto como en o
furwso. a segun a
. .,
'
.t d Ahora ¡ que encontramos
I
xphcac10n de su ac!J u .
0
teriormente, se vue ve e
Otero reafirma que aunque
•
1 de rebeldía y entrega, pues
es una cunosa mezc a
.
1 b d na siaue amándolo en su
d
d
aunque o a an o ' º
Dios no le respon e, es e~ir, .
d 1 quieres expresado en ese tono
· d
t nhza reiteran o e no
'
:::::i:r~~e:;:~~ d;el:,av:rbos enfatizados con el pero que les antecede:

y sigo, muerto, en pie. Pero te Uamo
a golpes de agonía. Ven. No quieres.
y sigo, muerto, en pie. Pero te amo
a besos de ansiedad y de agonía.
.
.
T'
que
vives
Tú
que
hieres
No quieres. u,
. · ,'
arrebatadamente el ansia mia.

d ·res" colocará este epígrafe: el hombre es in•
• Más tarde, en sus "Parábolas Y ez1 a1'·
. o'n1·camente y quizá con desprecio:
irmar ir

. ( Ancza,
• p. 116) ' para
mortal mientras vive

Algo es algo.
Y, a caballo regalado
no se le mira el dentado.

Salta a la vista la econorrúa de lenguaje, lograda a base de las mismas expresiones, lo cual viene a producir un estilo cortado y breve que inundará
después toda la poesía de Blas de Otero, como se verá más adelante. (La
intromisión a la mitad del verso, que mencionamos antes, obedece también
al mismo estilo) .

•
El mar está siempre presente en esta poesía de Blas de Otero dirigida hacia Dios, y en los veinticinco sonetos se nos aparece como la manifestación
de la destrucción, del no ser en la vastedad o bien el camino por donde se
va a la muerte. En cambio, el árbol, que hunde sus raíces en la tierra, es
la vida, es el hombre. Ya vimos en el primer soneto que las manos de Dios
convierten al hombre, que era un árbol, en un río, como aquellos que Jorge
Manrique asemeja, en un verso que todavía cabalga con vigor en la poesía
española, a nuestras vidas. Ya entonces el poeta de las Coplas nos hablaba
de la mar, que es el morir. Otero navega ese mar halando hacia la muerte a
remo y vela: va con toda su voluntad, entre riesgos y obstáculos que nos
presenta con figuras formadas con elementos que se oponen ( quemante nieve, friísimo fuego), fuerzas que lo sacuden pero que no le hacen perder el
rumbo. Todo esto, que pertenece al soneto "Mar adentro", viene a encontrar
complemento en el soneto siguiente: "Muerte en el mar", pareándolos por
así decir, con los dos anteriores. Las posibilidades de significación, todavía
ilimitadas, muestran ahora el otro aspecto que en esta poesía da el autor al
mar: el de salvación. Por la muerte se salvará de la muerte si Dios se lo
permite, si Dios lo anclea en su mar: Salva, ¡oh Yavé! mi muerte de la muerte. / Ancléame en tu mar, no me desames, / Amor más que inmortal. Que
pueda verte. Más adelante, en otro soneto, el poeta insiste: me lanzo al mar.
Ya es tiempo de preguntarnos qué es lo que hemos encontrado en todos
estos sonetos. ¿Avanzamos, o mejor dicho, avanza el poeta en su búsqueda?
¿ Se adelanta, se acerca a ese Dios que con tanto amor y tanta desesperación
solicita? Debemos aceptar una respuesta negativa: nada se ha obtenido. Sigue, como al principio, demandando el acercamiento. Y como al principio,
sigue también rodeado de silencio, solo, sin otra presencia que su naturaleza
humana desheredada de inmortalidad. Por eso surge un giro distinto en
esta poesía. El poeta se cansa y en el soneto titulado "Basta" imagina que
Dios, el solo vivo, no existiera. Si así fuera:

276
277

�... ¿para qué vivir, oh hijos ...
de madre, a qué vidrieras, cruc,f,¡os
y todo lo demás? Basta la muerte.
.. 'n total, la extinción de la vida. Todo. el soneto¡ ,es
Es decl·r 1a desapanc10
' de esa situac10n unagma
.
' d a, pero no , .
razonamiento
.
tra
Dios
A
Él
se dirige en los ultunos tres versos.
mente y se re bela con
·

p~-=-~

cribimos solamente la frase inicial: Oh, cállate, Señor, calla tu boca / cerrada;
Voz de lo negro en ámbito cerrado/ ahoga al hombre por dentro contra un
muro / de corazón; Me haces daño, Señor. Quita tu mano / de encima;
Y a escucho, a solas, el derrumbamiento / de mundos interiores espantoso.
No es necesario seguir. Estas frases nos hablan de la desesperación de la soledad de Dios, de dolor y de súplica. Ya sólo quiere estar solo. Aunque de
pronto, su misma situación lo hace estallar y encontramos frases como ésta,
brusca y áspera :

Basta. Termina, oh Dios, de malmatarnos.
o si no, déjanos precipitarnos
sobre Ti -ronco río que revierte.

Em zar Detenerse. Volver a empezar y as,, segw·r su sorda . lucha es la
. pe .
d . d d s' el poeta. Una nota amarga se introduce en
actitud que nos va eian o e '
"
" uno de los más her¡ rt 1 za que se de1·a sentir en su soneto Excede '
su o a e ,
·
'
anola ·
mosos de Bias de Otero y digno ejemplar de la meior poes,a esp
.
Querer ser bueno es una fuente rosa
que fluye entre las ruinas del pecado,
un celeste rumor desamarrado,
latiendo entre la sombra misteriosa.
Un pájaro divino va y se posa
sobre el inm6vil corazón cansado; •
y entiendo por qué el mundo está inclinado,
por qué la Tierra gira, tan hermosa.

. .. Mudo soy. Pero mis brazos

me alzan, vivo, hacia Dios. Y si no entiende
mi voz, tendrá que oír mis manotazos. 9

a

Los sonetos restantes hablan ya de la vida,
la que se apega el poeta,
manifestando su deseo de permanecer, pase lo que pase. Su grito de vida es
solamente la insistencia del verbo: ¡ Quiero vivir, vivir, vivir.' No importa cómo: en pie, patas arriba, / pero vivir, seguir, aunque se hundiesen / cielos
y mar. . . Antes de gritar así su ansia de vida, al hablarle a Dios en uno de
sus sonetos había dicho: ¡ te quiero ver, / necesito dormir -morir- despierto!
El dormir como morir, el morir como soñar que menciona más adelante, marcan el tránstito del ser al no ser pero también el instante del conocimiento
de Dios. Sueño y muerte 10 identificados, opuestos a la conciencia de la vida
• Este lenguaje, que nos puede parecer insólito y fuera de lugar al ser referido a
Dios, tiene un antecedente parecido en Adrián del Prado, autor editado en 1629, que
en su canción en honor de San Jerónimo, hace decir al santo:
Esta vida importuna
me tiene como a un leño,
no me conoce el sueño,
ni quiero sino s6lo el de la muerte,
del cual hace, Señor, que yo despierte
a gozaros sin fin: porque, si dueño
no me hacéis, Señor, de esas moradas,
el cielo he de pediros a pedradas.

Pero mortal el hombr, nunca puede,
nun:a logra ascender adonde el cielo
la torre esbelta del anhelo excede.
Nunca, jamá.s, el h ,mbre. Sobre el suelo,
el pájaro se posa, y pasa y hiede
la fuente del humano desconsuelo.

Citado por Karl Vossler en su obra ya mencionada, p. 236, con la referencia: Bibl.

Aut. Esp., t. 23, págs. 289-291.
10

Mas no todo ha de ser ruina y vacío. Así continúa el soneto siguiente,_ con-

tinuando el vaivén que ya conocemos. De nuevo lo invade el entus1as'.'10
.
avanza sin dudar. Si no alcanzo con la mano --dice-,.' ya
y af1rma que
• · h ·
direc
alcanzaré con gritos! Pero sabemos ya que todo se prec1p1ta acta una
ción definitiva, como lo demuestran los sonetos finales, de los cuales trans-

278

Tres días antes de morir, el 28 de diciembre de 1936 escribió Unamuno en su
Diario poético estos versos, últimos del Diario y también, probablemente, los últimos que
él escribió:
Morir soñando~ sí, mas si se sueña
morir, la muerte es sueño; una ventana
hacia el vado; no soñar; nirvana;

279

�!edad como abandono del hombre. Quizá, como U narnuno, - Otero
como so u 'es inútil escudriñar el implacable ceño del eterno dueno .. En
concluye q e . .
a uí volvemos a encontramos con esa cunosa
una palabra, v1vu, porque (y q
.
., ) s1' bien quería
, por 1a que se opera una mvers1on
di . , n de su poeSla
con
_crn-monr.
despi~rto, ahora declara su
dornur
. deseo de vivir porque los muer-

1 , .
y llegamos al final de los veinticinco sonetos, El poeta se n~de y o umco
que alcanza a decir en el penúltimo de estos poemas, es lo s1gwente:
tos / se mueren, se acabó, ya no hay remedio.

.

Escucha cómo estoy, Dios de las ruinas.
Hecho un cristo, gritando en el vacío,

arrancand!J, con rabia, las espinas.
. Piedad para este hombre abierto en frío!
'
. Retira, oh Tú, tus manos asembrmas

POESÍA y PUEBLO

Definitivamente1 cantaré para el hombre
B.

DE

O,

Derrotado el poeta, seguirá su canto de dolor, pero ahora sin pedir a Dios
que rompa su silencio. Solo, como dice en el primer poema que sigue a los
veinticinco sonetos, y que como el primero de estos se titula "Tierra", continúa hurgando en su propia pesadumbre. Ya no es Bias de Otero, es el hombre el que habla. Incluso abandona el recipiente clásico de catorce versos para
escribir libremente, sin preocupaciones de metro y rima. En uno de los poemas de esta parte de su libro Ancia, que se titula "Encuesta", se lanza a buscar la causa del sufrimiento:

1

Quiero encontrar, ando buscando la causa del sufrimiento.
La causa a secas del sufrimiento a veces

n· , ,
-no sé quién eres Tú, siendo ,os mio.
1

t~•do¡

La lucha ha sido en vano. Pero dice después, en el últ~o sonet::
e ange
e!cade~ado) quedan hincadas en la tierra, que es el sitio del hombre.
es erar pegarme a mi esperanza. Sus alas (recordemos la unagen

del tiempo al fin la eternidad se adueña.
Vivir el día de hoy bajo la enseña
del ayer deshaciéndose en mañana;
vivir encadenado a la desgana
·es acaso vivir? }' esto (qué enseña?
'Soñar la muerte ¿no es matar el sueno.
Vivir el sueño ¿no es matar la vida?
¿a qué al poner en ello tanto empeño
aprender lo que al punto al fin se olvida
escudriñando el implacable ceño
-cielo desierto- del eterno dueño?

-'

p
. • po ét1co
· d e M'guel
de Unamuno. Edi755 p 486 del Cancionero, Diario
i
oema No. 1 , .
'
.
1953
ción Y prólogo de Federico de Onís. Ed. Losada, B. Aires,
.

mojado en sangre, en lágrimas, y en seco
muchas más. La causa de las causas de las cosas
horribles que nos pasan a los hombres.
No a juan de Yepes, a Bias de Otero, a León
Bloy, a César Vallejo, no, no busco eso,
qué va, ando buscando únicamente
la causa del sufrimiento
( del sufrimiento a secas),
la causa a secas del sufrimiento a veces . ..
y siempre vuelta a empezar.
Es patente que el poeta ha sufrido una transformación. Esta poesía no es
igual a la que vimos en sus sonetos iniciales. ¿ Qué ha pasado? Por una parte,
corno ya dijimos, es que ha abandonado la forma rígida del soneto, lo cual
repercute en el poema transformándolo en algo, si bien más ligero por la extensión de la frase que se alarga hasta donde quiere el poeta, y por lo tanto
más libre, interiormente sacudido por ese mismo lenguaje desnudo que parece nos permite entrever más directamente su propio mundo. Tampoco se
trata aquí de él, o de otros poetas (César Vallejo entre ellos), sino simplemente del hombre, del sufrimiento de los hombres. Además, y esto se nos
muestra inmediatamente al leer el poema, ya no pregunta a Dios, ya no
se enfrenta a Dios como en sus anteriores poemas. Ahora sólo busca la causa
del sufrimiento. ¿Dónde busca? ¿A quién pregunta? No nos lo dice, ni parece

280
281

�importar. Después de todo, puede preguntárselo a él mismo. Y al proseguir
su encuesta empieza a introducir la ironía amarga, la palabra burlona que a
partir de este momento encontraremos a menudo en su poesía. La segunda parte del poema nos cuenta los resultados ob\enidos:
Me pregunto quién goza con que suframos los hombres.
Quién se afeita a favor del viento de la angustia.
Qué sucede en la sección de Inmortalidad
cuando según todas las pruebas nos morimos para siempre.
Sabemos poco en materia de sufrimiento.
Estamos muy orgullosos con nuestro orgullo,
pero si yo les arguyo con el sufrimiento no saben qué decirme.
Mire usted en la guía telefónica,
o en la Biblia, es fácil que allí encuentre algo.
Y agarro la biblia telefónica,
y agarro con las dos manos la Guía de pecadores ... y se caen al suelo
todos los platos.
Desde los siete años
oyendo lo mismo a todas horas, cielo santo,
santo, santo, como de Dios al fin obra maestra!
Pero del sufrimiento, como el primer día:
Mudos y flagelados a doble columna. Es horrible.

11

1'

': 1

1

¿ Por qué esta condición lacerante, esta naturaleza hecha sólo para el dolor?
Bias de Otero se sabe víctima de Dios, del mundo y de su época. Siente en
carne propia el sufrimiento de los hombres, como César Vallejo con cuya
poesía está emparentado, y deja testimonio en estos poemas que como los del
peruano podrían titularse poemas humanos. Además, su conciencia vigilante le permite asomarse a su propio derrotero, en el que, como ya vimos, va
y viene, se devuelve, comienza de nuevo, renuncia y otra vez se lanza a lo
mismo. En Relato nos cuenta su propia historia, poema que transcribimos
íntegro porque nos lo muestra de cuerpo entero:
Recuerdo. No recuerdo. El mar.
Un hombre al borde del cantil. El viento.
El mar desamarrando olas horribles.
Un hombre al borde del cantil. Recuerdo.
No recuerdo. Los brazos
alzados hacia un cielo ceniciento.
El viento. El golpe de las olas

contra las rocas.
Un hombre al borde
de la muerte.
El mar.
El cielo mudo. Ceniciento. El cielo.
Recuerdo. Oigo las olas.
El viento. Entre las sienes. No recuerdo.
Un hombre
al borde de un cantil, gritando. Abriendo
y cerrando los brazos.
Un hombre ciego.
Recuerdo. Alzó la frente. Un viento frío
le azotó el alma. No recuerdo. Veo
el mar.
Nado por dentro.
Avanzo
hacia una luz, hacia una luz. No veo.
Escucho un silencio de yelo.
Y braceo, braceo hacia la luz
'
y tropiezo,

y braceo y emerjo bajo el sol
¡ oh júbilo!, y avanzo. . Y no recuerdo
más. Esto es todo cuanto sé. Sabed/o.

Este podría ser el retrato que hace de sí mismo el poeta. La memoria rota.
el mar siempre presente (con la significación que ya quedó apuntada) ; u~
~omb_re al borde de la muerte; un hombre ciego; un hombre gritando; un
s1lenc10 escuchado; una luz no vista. Tal es la historia de Bias de Otero.

•
La poesía de Bias de Otero que vimos al principio podrá ser considerada
religiosa, pero no tiene parentesco con la poesía mística. Mientras el poeta
místico trata de elevarse hacia Dios, abandonar este mundo terrenal e imperfecto para alcanzar las moradas divinas, ,Bias de Otero permanece en tierra
firme en su humanidad adolorida, entero en su condición de hombre mortal'.
.
'
y S1 protesta, es por la injusticia y el desamparo que campean en su mundo.
Lejos de la Mística, y más que religiosa, su poesía es hondamente humana.
Si recorremos esos veinticinco sonetos casi en su totalidad dirigidos a Dios, Jo

282
283

�que vemos surgir a cada momento es la figura del hombre que no se resigna,
que lucha por alcanzar lo que no posee, que se revela contra el horror que
todo lo envuelve. Y quisiera conocer a Dios, quisiera verlo, que se le mostrara, pero lo busca desde las cosas de este mundo, es decir, se trata de una
peculiar situación en la que el poeta busca a Dios sin alejarse de su circunstancia humana. Por el contrario, se afinca en la realidad destruida y espera
ver surgir de las ruinas ese Dios que busca con tanto amor. Y no es sólo el
ansia de inmortalidad lo que lo aguijonea, es esto y algo más: es la esperanza
de poder encontrar -y alcanzar- a Dios dentro de sí mismo y entre los
propios hombres. Las manos de Dios, esas manos que significan destrucción
y muerte, desolación y angustia, son para el poeta la causa de los males de
los hombres y por lo mismo la barrera que lo separa de su Dios. ¿ Cómo
entender el llamado ininterrumpido de esos veinticinco sonetos? ¿ Por qué el
poeta pide y vuelve a pedir, sin extenuarse, que cese el tiempo del dolor y
de la soledad? El mundo y sus desgracias ( manos de Dios hundidas en mi
muerte) aíslan al hombre, y éste sólo podrá entrever al Dios por el que
tanto clama, cuando se le muestre en un mundo transformado, donde en lugar
de ~sas desgracias y agravios que lo sepultan surjan el amor y el entendimiento, cuando esas manos ya no signifiquen destrucción del hombre, sino destrucción de la soledad. Poesía humana la de Bias de Otero, porque brota de su
íntima condición de hombre que sufre el mundo, como brotaba aquella poesía
de César Vallejo. Poesía que va marcando el derrotero de su alma, cada vez
más alejada de la gran esperanza, aunque por momentos vuelva con ella a
plantarse en el sitio inicial. Poeta enraizado en el mundo, vivo y mortal,
deja de dirigirse a Dios porque sólo recoje silencio.
Bias de Otero cambia el rumbo y se vuelve hacia el hombre.
Después de sus Parábolas y Dezires, algunos sonetos que vuelven a aparecer
y una extraña mezcla de sensualismo y deseo de Dios que se manifiesta en
ciertos poemas como Un relámpago apenas, Ciegamente, Sumida sed, el que
lleva por título el verso de Quevedo: ... Tántalo en fugitiva fuente de oro
y otros más, Otero cierra la segunda parte de su libro con dos sonetos que al
frente llevan un significativo título en el que de nuevo se hace patente el
cambio que se ha operado en el poeta: "Y el verso se hizo hombre". Aquí
nos deja una nueva razón del porqué de su poesía. Pero si recordamos
aquellos hermosos versos del principio, en los que nos entregaba las causas
de su canto, la intensa fuerza interior que lo empujaba hacia su poesía, cuyos
sonetos eran entonces plumas de luz . .. , cárceles de mi sueño, ardiente río,
y los enfrentamos a estos otros que son también explicación de su quehacer
poético, pero además lección de poesía que no transige y dice con claridad
cuál debe ser la labor del poeta, veremos el camino que ha recorrido el poeta

Y lo que, ~a recogido ~n el trayecto. En el primer soneto se ocupa de dicha
labor, poe_tica Y nos dice lo que debe buscar primordialmente el poeta y ¡
0
que el mismo busca:
1
Ando buscando un verso que supiese
parar a un hombre en medio de la calle
un verso en pie -ahí está el detalle- '
que hasta diese la mano y escupiese.

Poetas: perseguir el verso ese,
asid/o bien, blandid/o, y que restalle
a ras del hombre -arado, y hoz, y dalle-,
caiga quien caiga, ¡ahé! pese a quien pese.
Somos la escoria, el carnaval del viento
'
el terraplén ridículo, y el culo
al aire y la camisa en movimiento.
Ando buscando un verso que se siente
en medio de los hombres. Y tan chulo ,
que mire a Tachia descaradamente.

:ero al pasar al segundo '?~:to, vemos que ya ha encontrado su verso y
cual es su estr~ctura, su condic10n y su agresividad. El mismo soneto hecho
con un le~guaie poco conciliatorio, nos dice claramente cuál es el ve:;o que

ahora esgnme:

y 2

Hablo de lo que he visto: de la tabla

Y el vaso; del varón y sus dos muertes·
escribo a gritos, digo cosas fuertes

'

y se entera hasta Dios. Así se habla.

Venid a ver mi verso por la calle.
Mi voz en cueros bajo la canícula.
Poetas tentempié, gente ridícula.

i Atrás esa bambolla! ¡ Que se calle!

284
285

�Hablo como en la cárcel: descarando
la lengua, con las manos en bocina:
"¡Tachia! ¡qué dices! ¡cómo! ¡dónde! ¡cuándo!"
Escribo como escupo. Contra el suelo
( oh esos poetas cursis, con sordina,
hijos de sus papás) y contra el suelo.

Queda manifiesto el disgusto y malestar que lo envuelven. Ya no se trata
sino de decir de hablar fuerte y sonoramente, sin tapujos, de lo que le pasa
al hombre, a' él y a sus iguales. Su verso se lanza a la calle, 11 y no dirigido
hacia arriba, como antes lo hacía, sino -&lt;:orno dice agriamente en la parte
final- contra el suelo que pisa, lugar de sus desgracias.
El poeta, como dijimos, ha cambiado el rumbo. Ahora se dirige al hom~re
y así lo dice al comenzar la cuarta y última parte de s~ libro, cu;o contem~o
lleva marcadamente esta dirección. Después del Prefacw, poema mtroductono
que nos dice de nuevo cómo y por qué escribe, aparece el Canto primero, poema
en cuyas siete estrofas deja mención de su nueva esperanza: el hombre. Para
él canta ahora y sabe que algún día, después, lo oirán. Hoy, quizá, no se_ le
escuche porque van (vamos, dice Otero incluyéndose) con el rumbo perd1_d~
en ]a oscuridad. Ya asoma la lucha de hermanos contra hermanos, que surgira
a cada momento en su poesía bajo la figura de Caín y Ahel:
Definitivamente, cantaré para el hombre. Algún día -después-, alguna noche,
me oirán. Hoy van -vamos- sin rumbo,
sordos de sed, famélicos de oscuro.
Yo os traigo un alba, hermanos. Surto un agua,
eterna no, parada ante la casa.
Salid a ver. Venid, bebed. Dejadme
que os unja de agua y luz, bajo la carne.
11

Lo dice Otero como lo decía Neruda reiteradamente en su poema sobre España,
pero hablando de la sangre derramada:

Venid a ver la sangre por las calles,
venid a ver
la sangre por las calles,
venid a ver la sangre
por las calles!

De golpe, han muerto veintitrés millones
de cuerpos. Sobre Dios saltan de golpe
-sorda, sola trinchera de la muertecon el alma en la mano, entre los dientes
el ansia. Sin saber por qué, mataban;
muerte son, sólo muerte. Entre alambradas
de infinito, sin sangre. Son hermanos
nuestros. Vengad/os, sin piedad, vengad/os!
Solo está el hombre. ¿Es esto lo que os hace
gemir? Oh si supieseis que es bastante.
Si supieseis bastaros, ensamblaros.
Si supierais ser hombres, sólo humanos.
¿Os da miedo, verdad? Sé que es más cómodo
esperar que Otro -¿quién?- cualquiera. Otro,
os ayude a ser. Soy. Luego es bastante
ser, si procuro ser quien soy. ¡ Quién sabe
si hay más! En cambio, hay menos: sois sentinas
de hipocresía. ¡ Oh, sed, salid al día!
No sigáis siendo bestias disfrazadas
de ansia de Dios. Con ser hombres os basta.

La segunda parte es muy significativa y quizá se comprenda mejor si consideramos el cambio de actitud ya señalado en la poesía de Otero es decir
' el hom-'
su alejamiento de Dios y su acercamiento al hombre. Por eso dice que
bre tiene miedo de estar solo y le resulta más cómodo que Otro (-¿quién?cualquiera. Otro) le ayude a ser; por eso dice que si el hombre está solo.
eso es bastante. Y por eso, finalmente, habla con claridad y pide que se dejen
a un lado los disfraces, el disfraz de ansia de Dios. Con ser hombres os basta.

•
Los siguientes poemas, como repercusión de un sonido o como multiplicación de las ondas en el agua herida por la piedra, viajan por todo el territorio del hombre, agrandándose y cubriendo en su amplitud la patria, el con-

286
287

�tinente, el mundo. Poesía lanzada a todos los vientos, se convierte en testimonio vivo de su época. Por eso nos tropezamos a menudo, en esta última
parte de su libro, tanto con lo que corresponde a la circunstancia inmediata
-española- del poeta, como con lo que es patrimonio de todos los hombres
en el momento presente.
"Que cada uno aporte lo que sepa" es un poema de este tipo, pero más
bien referido a la última conflagración, que se agrega a las anteriores (Estábamos ---0tra vez- en otra), y Crecida es un llanto de sangre y destrucción
del hombre. Cuando llegamos a Mundo, estamos frente a uno de los mejores
poemas que ha escrito Bias de Otero. Es el retrato preciso y fiel de una época,
es el recuento de los horrores que se han multiplicado en los últimos años, es
la visión de un hombre que no es insensible y sufre la podredumbre de su
tiempo y las limitaciones que todo esto representa. Cuando San Agustín
escribía sus Soliloquios --comienza Bias de Otero-, Cuando el último soldado
alemán se desmoronaba de asco y de impotencia ... ; así principia este largo
poema, en el que la forma y el vocabulario hacen recordar la mejor época de
Neruda. Sigue una larga serie de situaciones 12 que van ubicando el momento
histórico que el poeta quiere hacer presente, y en el cual se asentará el centro
del poema. Cuando todo esto ocurría, concluye Otero, entonces, ya lo he dicho,
/ San Agustín andaba corrigiendo las pruebas de su Enchiridion ad Laurentium / y los soldados alemanes se orinaban encima de los niños recién bombardeados. Hemos vuelto a lo mismo, a lo del principio, estamos frente a una
situación que no necesita explicarse y que habla por sí sola; las 18 o 20 primeras líneas del poema quedan así como paisaje contemporáneo. Y al continuar Otero, deja caer una frase cortada por su propio aliento: Triste, triste
es el mundo, para continuar después con varias exclamaciones que robustecen
el tono de todo el poema. Los versos siguientes dejan correr la angustia
apresada:
Voy a llorar de tanta pierna rota
y de tanto cansancio que se advierte en los poetas menores de
dieciocho años.
Nunca se ha conocido un desastre igual.
Hasta las Hermanas de la Caridad hablan de mm

u Sobre la enumeración caótica en la poesía moderna, puede leerse el ensayo que
con este título está incluido en el libro de Leo Spitzer: Lingüística e historia literaria,
pág. 295. No. 14 de la Col. Estudios y ensayos de la Biblioteca Románica Hispánica.

Ed. Gredos, Madrid, I 955.

y se escriben gruesos volúmenes sobre la decadencia del jabón
de afeitar entre los esquimales.

¿ Qué va a pasar con esta crisis que todo lo destruye?: ah, entonces, cuando
San Agustín lo sepa todo / un gran rayo descenderá sobre la tierra y en un
abrir y cerrar / de ojos nos volveremos todos idiotas.

Uno de los últimos poemas de Ancia es el grito de la impotencia. Nada
puede hacerse para aplacar el sufrimiento de los hombres y el verso suena
como una queja sorda en el silencio que todo lo rodea (Tiempo de soledad
es éste. Suena / en Europa el tambor de proa a popa). Y termina el libro
con un llamado a la inmensa mayoría, convertida en soledad: Oh inmensa /
soledad. / Sálvame. / Háblame, escúchame, oh inmensa / mayoría. El libro
se cierra, así, con el mismo llamado con el que se abrió, poema inicial también dedicado a la inmensa mayoría y que hasta ahora citamos para unirlo
con el final en una sola expresión. Este poema inicial que sirve de pórtico
al libro que hemos venido comentando, es el llamado al hombre, pero es también el mismo grito de impotencia que acabamos de escuchar en uno de sus
últimos poemas.
No a la inmensa minoría, como quería Juan Ramón Jiménez, sino a la inmensa mayoría. A todos van estos versos que Bias de Otero forja con rabia
y dolor humanos. Para España, para el pueblo, para los hombres escribe Blas
de Otero. Su voz, quebrada a veces y otras tonante, es como un eco despierto
de aquella otra voz española que se acalló en Colliure el 22 de febrero de
1939, pero que sigue oyéndose dentro y fuera de España. A Antonio Machado debe Blas de Otero, como muchos de su generación, la secreta fuerza,
el impulso que lo lleva a los extremos que ya hemos visto, sustentando de amor
a España, de ese deseo en él inacabado de llevar adelante, hacia arriba, la
voz auténtica y clara de su pueblo. El mismo Otero reconoce en él a su maes18
tro y busca alcanzarlo, no equiparándose a él, sino identificándose con su
obra y con su pensamiento.
Antonio Machado es sin lugar a dudas la figura española más señera de
esos años difíciles, y el tiempo se ha encargado de fijar su perfil. No se quiere,
con esta afirmación, negar la presencia de muchos otros grandes poetas espa11 Así lo manifestó el mismo Bias de Otero el día 20 de marzo de 1959 en la Maison
des Provinces de France, de Ja Cité Universitaire de Paris, donde Jos es:udiantes españoles de la Cité organizaron el acto en el que Otero ley6 algunos de sus poemas. En
esta ocasi6n dijo también que su poesía, y la que como ésta se escribía en España, más
que poesía social debería llamarse poesía hist6rica, porque se ocupa del hombre en
circunstancias determinantes y políticas. Su dedicatoria. 11A la inmensa mayoría"
fue también comentada en sus palabras iniciales.
'

288
289

H. 19

�ñoles de entonces, pero Antonio Machado es el que queda como representante
de un pensamiento y una actitud orientados hacia su patria y sus problemas
fundamentales. Por eso, la nueva generación de poetas se ha remontado a
esta fuente, y por lo mismo también puede afirmarse el estrecho lazo que une
a la poesía de Otero con su poesía. Así como éste canta definitivamente para
el hombre, Machado también se identificó con el español, al que los apócrifos Juan de Mairena y Abe! Martín dedicaron muchas de sus páginas.
A este propósito, Segundo Serrano Poncela dice en su estudio sobre Machado: "Y es que Machado tiene por el hombre español, por esa individualidad concreta hecha de 'materia para la muerte' un hondo aprecio y sus
juicios históricos y sociológicos __.,n la · medida en que un poeta emite juicios
de esta especie- vienen impregnados de calor humano directo y no de libros
o escuelas. No habla el poeta de 'lo español' sino 'del español' y cuando Mairena o Martín ponen en uso su dialéctica para entender la cuestión española,
siempre lo hacen tomando como punto de partida la cuestión concreta del
hombre. Al decir hombre, Machado siempre tuvo muy en cuenta la persona,
lo último e irreductible humano tan difícil de convertir en doctrina políticosocial. Yerran los que creen que Machado es poeta de posible adscripción
a credos de masas. Se confunden quienes aprecian su amor al pueblo español
como una entrega a pasquines políticos. Lo que Machado buscaba, sobre
todo, siguiendo en esto a su maestro Unamuno, era al 'hombre de carne y
hueso' con sus acciones y contradicciones. 'Cuando a Juan de Mairena se le
preguntó -y esto que voy a transcribir lo publica Machado en medio del
tumulto apasionado de una guerra civil- si el poeta, -y en general, el escritor debía escribir para las masas, contestó: cuidado, amigos míos. Existe un
hombre del pueblo, que es, en España al menos, el hombre elemental y fundamental, y el que está más cerca del hombre eterno. El hombre masa no existe;
las masas humanas son una degradación de las muchedumbres de hombres,
basada en una descalificación del hombre que pretende dejarle reducido a
aquello que el hombre tiene de común con los objetos del mundo físico: la
propiedad de ser medido con relación a unidad de volumen' {JM. Sobre la
defensa de la cultura) .14
Y sobre lo que entendía por pueblo, el mismo Serrano Poncela opina que
"Para Machado, el vocablo 'pueblo' no implica una categoría política, una
valoración peyorativa de determinada clase social o exaltatoria de otra"."
Machado, en su Discurso para el Congreso Internacional de Escritores, de
14

SEGUNDO SERRA.NO PoNCELA:

Antonio Machado, su mundo y su obra. Ed. Losada,

1937, deja perlectamente establecida su pos1c10n: "Escribir para el pueblo,
¡ qué más quisiera yo! Deseoso de escribir para el pueblo, aprendí de él cuanto pude, mucho menos, claro está, de lo que él sabe. Escribir para el pueblo es, por de pronto, escribir para el hombre de nuestra raza, de nuestra
tierra, de nuestra habla, tres cosas de inagotable contenido que no acabamos
nunca de conocer. Y es mucho m~, porque escribir para el pueblo nos obliga a rebasar las fronteras de nuestra patria, es escribir también para los hombres de otras razas, otras tierras y de otras lenguas. Escribir para el pueblo es
llamarse Cervantes en España, Shakespeare en Inglaterra, Tolstoy en Rusia". 16
Estas largas citas que hemos incluido nos permiten aclarar la condición en
que se mueve la poesía de Bias de Otero, hondamente humana como habíamos señalado, y por lo mismo auténticamente española. Por este camino del
hombre llegará Otero necesariamente al que conduce a España, presente en
su poesía como en la de Machado y en los textos de Unamuno. La expresión
de este último podría decirla Bias de Otero, porque a él también le duele
España. Poesía para el hombre, poesía para el pueblo, es el rumbo que lleva
a Bias de Otero a la tercera etapa de su obra, invadida por la imagen de su
patria que sufre el poeta. Aquí, por las necesidades mismas de la expresión,
su poesía sufre un cambio radical en su estilo, el cual en cierta forma corresponde __.,conomía del lenguaje, brevedad, alusión directa- a ese verso que
buscaba y ha encontrado, ese verso que supiera parar a un hombre en medio
de la calle.

POESÍA

y

ESPAÑA

Madre y maestra mía, triste, espaciosa füpaña.
B. de O.

LLEGAMOS A LA TERCERA ETAPA en la poesía de Bias de Otero, en la que quedan comprendidos sus dos últimos libros: Pido la paz y la palabra y En castellano, ambos dedicados, también, a la inmensa mayoría. Poesía de España,
sobre España, para España; poesía para el pueblo español. Esta producción
poética de palabra dura, de lenguaje reprimido que brota escasamente, pero
co;, toda la fuerza interna del poeta, está centrada en su patria, para la que
guarda su más fuerte amor y su más profunda amargura.
Por eso en el poema que titula Juntos, dice el porqué de su agonía y a

págs. 166-7. Buenos Aires, 1954.

" Ob. cit., pág. 167.

290

11

Citado por

SERRANO PONCELA,

ob. cit., pág. 168.

291

�la vez su fiereza, esa fuerza de todos con la que podrá vencer. Su fuerza, su
apoyo, están en su propia patria, de la que nunca se separará:

Esta tierra, este tiempo, esta espantosa podredumbre
que me acompañan desde que nací
( porque soy hijo de una patria triste
y hermosa como un sueño de piedra y sol; de un tiempo
amargo como el poso
de la historia):
esta tierra, este tiempo que tiran de mis pies
hasta arrancar los huesos a mi esperanza última,
¡ah, no podrán, jamás podrán vencerme,
porque mi mano se me va y se agarra
a otra mano de hombre y a otra mano
que me encadenan, madre inmensa, a ti!
El primer poema de Pido la paz y la palabra se abre sobre tiempo pretérito; al mostrarse el poeta -es otro de esos poemas en los que Otero se retrata
íntegro-- habla de lo que ya no tiene, o mejor de lo que ya no es: ... al
hombre aquel que amó, vivió, murió por dentro. Lo hemos visto luchar contra Dios y contra el mundo, contra el dolor y la injusticia. Por eso no nos
asombra que diga en este poema: y un buen día baj~ a la calle: entonces /
comprendió: y rompió todos sus versos.
Sale huyendo el hombre porque el aire apesta a muerto, grita porque los
signos del mal y de la destrucción -ángeles atroces, horribles peces de metalrompen cielo y mar, recorren -dice- las espaldas del mar. La paz, el gran
llamado hacia la paz, hacia la confraternidad, hacia el entendimiento de todos,
la paz deseada que ya había brotado en _algunos poemas anteriores, surge
ahora en este primer poema y seguirá oyéndose el llamado en las siguientes
páginas.
· Por qué pide la paz? ¿ Por qué su verso se rompe en ese grito que quiere
'
'?
ser' fecundo y multiplicarse en mil ecos que se 01gan
en tod
os ios confmes.
Porque en él no ha muerto la esperanza. Derrotado, cambiado el rumbo, el
hombre es su esperanza, el pueblo es su esperanza. En él encuentra las raíces
profundas de la vida, y por lo mismo de la dignidad y de la_ libertad.. El
pie del pueblo avanza, avanza hacia la luz, / a ras de tierra, despe1ando el ctelo,
dice en otro poema. A él se dirige, a su pueblo español, porque sabe que
algún día lo escuchará, porque los árboles abolidos -recuérdense los primeros
versos de Ancia y la imagen del árbol- entrarán

a pie desnudo en el arroyo claro,
fuente serena de la libertad.

r

Su fe en el hombre no se ha quebrado. Permanece firme y por esto su
en su patria se mantiene igual. Aunque los signos de la época digan todo
contrario, aunque el dolor y el hambre aparecen ante sus ojos, cree en
patria, como cree en la paz. Fidelidad (el nombre indica ya la actitud)
el poema en el que expresa esta fe y esta esperanza:

fe
lo
su
es

Creo en el hombre. He visto
espaldas astilladas a trallazos,
almas cegadas avanzando a brincos
( españas a caballo
del dolor y del hambre). Y he creído.
Creo en la paz. He visto
altas estrellas, llameantes ámbitos
amanecientes, incendiando ríos
hondos, caudal humano
hacia otra luz: he visto y he creído.
Creo en ti, patria. Digo
lo que he visto: relámpagos
de rabia, amor en frío, y un cuchillo
chillando, haciéndose pedazos
de pan: aunque hoy hay sólo sombra, he visto
y he creído.
Todo es expresión de la misma actitud, es la fe en el hombre y en la paz.
El poema que da el título al libro es muy breve. Dice, en sólo quince brevísimas líneas, para qué escribe, lo que ha escrito y lo que se le deja decir. Lo
único que pide es la paz y la palabra:

Pido la paz y la palabra.
Escribo
en defensa del reino
del hombre y su justicia. Pido
la paz
y la palabra. He dicho
"silencio",

292
293

�"sombra", "vacío",
etc.
Digo
"del hombre y su justicia",
"océano pacífico",
lo que me dejan.
Pido
la paz y la palabra.

Y así como Fray Luis, en su Profecía del Tajo hace decir al río el consejo
que debe oír el rey Rodrigo cuando está folgando con la hermosa Caba en la
ribera, ante el inminente peligro que se cierne sobre la península, así Otero,
renovando aquella acumulación verbal, lanza su grito de atención ante el peligro que ensombrece su patria, pidiendo paz en nombre de España:

En el nombre de España, paz.
El hombre
está en peligro. España,
España, no te
aduermas.
Está en peligro, corre,
acude. Vuela
el ala de la noche
junto al ala del día.
Oye.
Cruje una vieja sombra,
vibra una luz joven.
Paz
para el día.
En el nombre
de España, paz.
Recordemos a Antonio Machado y lo que afirmaba del hombre y del pueblo, recordemos su fe en el hombre y la afirmación de su individualidad; veamos con esta luz los poemas de Bias de Otero para captar la autenticidad de
su obra. No es el panfleto pofitico ni el grito perturbador, es la expresión
de su propia individualidad, el reconocimiento de sí mismo y de la circunstancia que lo rodea. Poesía social si se quiere, poesía sostenida sobre las realidades de su mundo, las cnales surgen a través del lenguaje mostrando su naturaleza verdadera, la que ve el poeta con la agudeza de su espíritu y expresa
294

con esa palabra seca que ya le conocemos. La poesía para el pueblo, en
Bias de Otero, es necesariamente poesía para España.
España está presente en estos dos libros. En cada página, en cada poema,
queda la referencia a una patria que el poeta lleva dentro de sí. Tan dentro
la lleva, que su verso la nombra a cada instante, para bien o para mal, y que
ha encontrado un verbo expresivo que manifiesta la trascendental condición
que se agita en él y en sus hermanos. Hay tantos, dice, que esperan / ( españahogándose) un poco de luz . ..
Si hacemos un pequeño inventario, y si en este inventario vamos colocando
todas las referencias directas que en Pido la paz y la palabra y En castellano

aparecen sobre España, tendremos una visión general de esa patria tal y como
la ve, la sufre y la ama el propio Otero. Encontraremos aquí lo mejor y lo
peor, lo más alto y lo más bajo, los extremos, en fin, en los que se debate la
existencia del poeta. Veamos:

Piedra hendida. Tú. Piedra de escándalo.
Retrocedida España
Madre y maestra mía, triste, espaciosa España
pánica Iberia
España, patria despeinada en llanto
patria triste y hermosa como un sueño de piedra y sol
España, espina de mi alma. Uña y carne de mi alma
Oh patria, árbol de sangre, lóbrega España
árbol arrastrado sobre los ríos, ardua España mla
la caricaturesca España actual
la brutal España
España despeinada . .. España miserable
Terrible, hermosa España
España libre. (Violentas carcajadas)
es como si España fuese una sola horrorosa plaza de toros
Patria entre alambradas
Libre y maniatada España
esta vieja cárcel alzada sobre el Cantábrico
mi espuria España
patria árida y triste.
Todo esto habla por sí solo. El amor y el odio, la impotencia y la esperanza, la fusión de los diversos rostros de su España, que el poeta quisiera
ver transformada por la paz y la convivencia fraternal. Tierra que retrata
en muchos de sus poemas con la pura mención de lugares y pueblos, coor295

�denadas que vibran con el eco de estos hermosos nombres, tierra de la que
no puede desprenderse, porque en ella tiene que encontrar lo que busca desde
hace tiempo. Esta patria que es madre y maestra, espina de su alma, hermosa• y ardua, es también la patria triste, espuria, miserable y lóbrega; es
-lo dice Otero con una imagen en la que se deja sentir su profunda tristezauna vieja cárcel alzada sobre el Cantábrico. 17 Por todo esto la poesía de Bias
de Otero es ajena a todo lo que no sea España, y por lo mismo se nos presenta como una tarea que él se ha impuesto. Por-para es el poema lacónico
que nos dice ahora por qué escribe y para qué. De ahí el título:

Escribo
por
necesidad,
para
contribuir
(un poco)
a borrar
la sangre

,,

la iniquidad
del mundo
(incluida
la caricaturesca españa actual).
n El mismo UNAMUNO habló de cárcel en otro de sus pequeños poemas que com~
ponen su Diario poético. Está fechado el 25 de diciembre de 1936i días antes de su
muerte y meses después de iniciada la guerra española:

Dos sonetos cantándome en francés:
"Quand tu serez bien vieille" claro y corriente,
u¡e suis le tenebreux" hosco y ardiente,

llevan mi fantasía por sus pies.
Ronsard muéstrase entero en el envés
de su canto rendido y renaciente;
Nerval -¡cuerda fatal!- está pendiente
de su torre "abolida" en el revés.
Y yo en mi hogar, hoy cárcel desdichosa,
sueño en mis días de la libre Francia,
en la suerte de España desastrosa,
y en la guerra civil que ya en mi infancia
libró a mi seso de la dura losa
del arca santa de la podre rancia.
Ob. cit., pág. 485.

296

Ya habíamos visto, al finalizar Ancia, cómo había girado la causa de su
verso y la naturaleza de éste. Ahora, nos deja su poética en dos líneas que
llevan ese título:
Escribo
hablando.
Más que poesía social, poesía histórica. En efecto, esta poesía no podrá
comprenderse ni pesarse si no se conoce la circunstancia temporal y espacial a la que se refiere. Sin ésta, la poesía de Otero pierde toda su gran fuerza
porque está sostenida en esas realidades que hieren al poeta. Poesía histórica
que por momentos tiene sabor de crónica. Por eso dice que escribe lo que ve,
es un recopilador de verdades de su patria, de su pueblo y de su tiempo.
Pero esto no es fácil, y dice en otro poema:

No dejan ver lo que escribo,
porque escribo lo que veo.
... lo que veo con los ojos
de la juventud y el pueblo.
¡ Qué lejos estamos de aquella poesía en sonetos! Y todavía, en Pido la paz
y la palabra decía: Dios me libre de ver lo que está claro. / Ah, qué tristeza.
Pero Otero no puede hacer a un lado esa realidad, no puede alejarse de ella
porque es su propia patria, su tierra que lleva consigo. En Sol de justicia
nos habla de su propia transformación: Antes miraba hacia dentro. / Ahora,
de frente, hacia fuera. Una realidad que en el poema MXCLV le hace decir:

Se ha parado el aire.
En seco,
el Ebro. El pulso.
El Dauro.

Oremus. El aire lleva
dieciséis años parado.

•
Esta es la poesía de Bias de Otero, una de las más claras y tonantes de
España. Su figura -&lt;lecisiva y representativa, dice Eugenio de Nora en su

297

�ensayo sobre la nueva poesía española- empieza a delinearse con claridad
en el exterior, y entre sus coterráneos representa al poeta que canta con una
voz auténtica y personal, el poeta que lleva consigo el aire de la poesía popular y el mensaje de paz y hermandad que destila de sus versos, fuertes
pilares donde se mantiene de pie la misma posición que en los diferentes
rumbos de su obra nunca ha variado: la esperanza en el hombre, en el pueblo, en España.
Aquí sólo hemos querido seguir su derrotero y encontrarlo en sus más
altas manifestaciones poéticas. El camino que hemos seguido nos ha obligado
a dejar fuera muchas cosas; quedan por estudiar otros aspectos de su poesía,
quizá lo verdaderamente importante para llegar hasta el corazón mismo de
su obra: nos referimos al estudio de su estilo, tan peculiar en Otero y
por lo mismo tan cargado de significaciones; de su lenguaje rudo que saca a la superficie los más hondos sentimientos del poeta; de su brevedad tan expresiva que brota como corriente contenida; de su capacidad para
hacer surgir en su poesía toda la frescura y todo el sabor de los viejos nombres españoles, que ubicados de pronto en estos textos adquieren un extraño
e inusitado poder para manifestar la condición trágica y dolorosa de su patria y de su tiempo. Todo esto ha quedado fuera para ulteriores trabajos.
Ahora, como quedó dicho, se ha pretendido solamente seguir los caminos del
poeta y las intenciones de su poesía.
Antonio Machado vuelve a presentarse en su último libro. Las "Palabras
reunidas para Antonio Machado" son aquellas que n9s hablan del ausente,
de las corrientes humanas que lo empujaban, de su cercanía con las grandes
voces de la literatura española. Dentro de este poema Otero repite otro poema; lo incluye como las "pocas palabras verdaderas" que pronuncia, aquellas
con las que pidió la paz y la palabra. Las agregamos aquí, para que queden
como último testimonio de su actitud:

Árboles abolidos,
volveréis a brillar
al sol. Olmos sonoros, altos
álamos, lentas encinas,
olivo en paz,
árboles de una patria árida y triste,
entrad
a pie desnudo en el arroyo claro,
fuente serena de la libertad.
Monterrey, N. L., agosto de 1960.

298

EL MITO ACADIO DE ZU Y DOS DOCUMENTOS AFINES

Lic. Luis AsTEv V.
Instituto Tecnológico y de Estudios
Superiores de Monterrey

l. DESIGUALES EN EXTENSIÓN, en sentido y en alcance, los tres textos que se
traducen en seguida elaboran una sola materia mitológica, la lucha y triunfo
del dios organizador contra los poderes del caos. Intentan responder mediante ella, en términos de pensamiento prefilosófico, a una preocupación
también común: cómo se restablecen los procesos habituales del mundo después de ocurrir en él los diversos fenómenos, naturales o miticos, en cuya
violenta irregularidad se creyó sorprender un peligro de disgregación Y de
ruptura. Con otro texto de la misma clase, y con ciertos pasajes que se hallan contenidos en algunas de las expresiones mayores de la antigua literatura
mesopotámica y que relatan cómo fue inicialmente normado el comportamiento de las cosas y cómo se gobierna y mantiene sometido a orden,' integran la suma de le reflexión súmeroacadia acerca de la dinámica general del
universo. Al mismo tiempo que dan la medida y ponen de manifiesto los
limites de la problemática confrontada por esa reflexión. Porque la objetividad
del orden universal y su vigencia en cuanto principio del acontecer, de igual
manera que su última justificación en la voluntad de los dioses benéficos,
fueron siempre entendidas como realidades imposibles de ser de otro modo,
1 Los principales pasajes concernientes al proble~a del g~bier.no del mundo, con una
de sus más probables interpretaciones, han sido reumdos y d1scuttdos por TH. }AC~BSEN,
"Primitive democracy in Ancient Mesopotamia", ]ournal o/ Near Eastern Studies, II
(1943) 159-72. La cuestión del establecimiento inicial del orden, de ordinario vi~culada a la temática de la creación del mundo, puede verse en los textos cosmog6mcos
reunidos por S. N. KRAMER, Sumerian mythology (Filadelfia, 1944) 30-75 y por A.

The Babylonian Genesis (Chicago, 1951) 61-80. De la restitución del orden
universal se ocupa también el poema swnerio Lugale ud melambi nirgal; véase aquí

HEIDEL,

después la nota 11.

299

�•
como condiciones inherentes a la estructura del mundo y garantizadas por la
existencia misma de éste, y en ningún momento parece haberse entrevisto
siquiera la necesidad de someter a revisión tal certidumbre.
Solamente del último de los tres documentos recogidos, la narrac10n del
asedio de Sin por los siete demonios, existe anterior traducción al español, de
P. Gener, incluida en su Historia de la Literatura, Barcelona, 1902. No obstante, las tres versiones que componen el presente trabajo son sustancialmente
nuevas, y representan la etapa más reciente en el proceso de recuperación
de los mitos que las presiden. Pero es preciso hacer constar que han sido realizadas con el auxilio de transliteraciones de los textos en cuneiforme a caracteres latinos y que se han beneficiado, en considerable medida, de las experiencias de intelección y de lectura acumuladas en versiones a otras lenguas.
Aun cuando por razón de eso mismo hayan resultado seguramente demasiado
mediatas para poder ser consideradas como traducciones directas de sus originales asiriobabilónicos.
La bibliografía en que descansan las traducciones se encontrará en la nota sobre los
textos al final del presente trabajo. Los más importantes documentos mitol6gicos babilónicos y asirios, vertidos a 1as correspondientes lenguas modernas, se hallan reunidos
en las colecciones de H. GRESSMANN, Altorientalische Texte zum Alten Testament (2a.
ed., Berlín y Leipzig, 1926; trad. E. Ebeling), G. CoNTENAU, Le déluge babylonien (París, 1941L A. HEIDEL, The Gilgamesh Epic and Old Testament parallels (Chicago, 1948)
y The Babylonian Genesis (2a. ed., Chicago, 1951), G. FuRLANI, Poemeti mitologici
babilonesi e assiri (Florencia, 1954) y Miti babilonesi e assiri (.Florencia, 1958) y J. B.
Pritchard, Ancient Near Eastern texts relating to the Old Testament (2a. ed., Princeton,
1955; trad. E. A. Speiser y S. N. Kramer), única que comprende también materiales
sumerios. Especialmente por lo que respecta a los textos menores, dos recopilaciones
más antiguas, que incluyen transliteraciones de los originales cuneiformes, la de P. }ENSEN, Assyrisch-babylonische Mythen und Epen (Berlín, 1900) y la de E. DHORME, Choix
de textes religieux assyro-babyloniens (París, 1907L han conservado todo su valor. y
están, desde luego, las numerosas ediciones y traducciones de textos individuales, de
las que puede verse noticia en las más recientes de las compilaciones arriba mencionadas. La información acerca de la literatura mesopotámica, por otra parte, se encuentra sistematizada en los tratados de O. WEBER, Die Literatur der Babylonier und Assyrer
(Leipzig1 1907), Ch.-F. JEAN, La littérature des babyloniens et des assyriens (París,
1924), que contiene además una antología de textos 1 B. MEISSNER, Die babylonischassyrische Literatur (Wildpark-Potsdam, 1928), E. DHORME, La littérature babylonienne
et assyrienne (París, 1937), S. N. KaAMER, "Sumerian literature", Proceedings of the
American Philosophical Society, LXXXV (1942) 293-323, y G. RINALDI, Storia della
letteratura dell'antica Mesopotamia (Milán1 1957). Una excelente introducción al pen-

"Sumerian mythology: a review article", Journal of Near Eastern Studies, V (1946)
128-52- y Ch.-F. JEAN, Le milieu biblique avant Jésus Christ, III: Les idées religieuses
et morales (París, 1936). Y para las manifestaciones específicamente religiosas de ese
pensamiento, trasfondo sobre el cual se proyecta la totalidad del acontecer mitol6gico,
puede consultarse por ejemplo E. DHORME, Les religions de Babylonie et d'Assyrie (París1

1945).

EL

Mrro

ACADIO DE

Zu

2. Del mito acadio de Zu, hasta ahora el único documento mesopotámico
que ha conservado la idea de una crisis de poder en que los dioses confrontaron la pérdida de su dominio sobre el mundo, se han recuperado cuatro
diferentes recensiones. (N), la de fecha más tardía, es neoasiria y formó parte de la biblioteca de Assurbanipal en Nínive (668-626 a. JC.). Anterior a
ella en aproximadamente un siglo, (A), que proviene de Assur, se halla escrita
asimismo con caracteres neoasirios, pero su lengua es aún el dialecto literario
de las grandes composiciones tradicionales, de la Epopeya de Gilgamesh o del
poema de la creación Enuma elish, por ejemplo.' También del siglo VIII y
tal vez sólo ligeramente posterior a (A), (SU) procede de una escuela de
escribas en Sultantepe. Y (S), po'r último, mucho más antigua que cualquiera
de las otras tres y redactada en el mismo lenguaje épico-hímnico retenido por
(A) y (SU), es originaria de Susa y pertenece a la época paleobabilónica (siglos XIX-XVI a.JC.). A pesar de la distancia cronológica que las separa y
de las variantes textuales y diferencias de intención que de ella resultan, las
cuatro recensiones derivan mediata o inmediatamente de un solo arquetipo,
al parecer no anterior al propio período paleobabilónico.
Ninguna de las cuatro recensiones se ha recuperado completa. Ello ilo obstante, el tema central del mito puede seguirse con certeza desde su exposición hasta su desenlace, y sólo el contexto que debió haberlo enmarcado es
materia de conjetura. Según las primeras líneas utilizables, Zu, en quien
se halla personificado uno de los primitivos poderes caóticos momentáneamente sometido a jerarquía en la condición de ayudante del dios Enlil, se
apodera de las tablillas de los destinos y escapa con ellas a su antigua residencia "en la montaña". Pero como las tablilla! de los destinos constituyen
el instrumento de que Enlil se sirve para determinar los comportamientos de
las cosas, su pérdida trae consigo una cesación de los decretos, algo a modo

samiento súmeroacadio, escrito por TH. JACOBSEN, se halla en H. y H. A. Frankfort,

The intellectual adventure of ancient man (Chicago, 1948; trad. E. de Gortari, El pensamiento prefilos6fico, 1-II, México, 1954, BFCE 97-98); véanse además S. N:- KRAMER,
Sumerian mythology (Filadelfia1 1944) -que conviene confrontar con TH. JACOBSEN,

300

2

Acerca de las características filológicas y literarias del dialecto, véase el clásico
estudio de W. voN SooEN, "Der hymnisch-epische Dialekt des Akkadischen", Zeitschri/t /ür A,syrio/ogie, XL (1931) 163-227 y XLI (1933) 90-183.

301

�de una suspensión en el funcionamiento del orden divino que corre paralelo
a los fenómenos del universo material y lo recubre hasta en sus expresiones
más ramificadas y s.utiles. Desconcertados por la paralización de las órdenes,
los dioses menores que residen en la tierra y se ocupan de sus regiones y elementos, se dirigen al Ekur, habitación de Enlil, en donde se reúnen en asamblea para fin de que Anu elija entre ellos al que habrá de enfrentarse a Zu
y hacer posible, mediante su victoria, el retorno de la regularidad. Sin embargo, y aun cuando sea por virtud de usurpación, Zu es ahora un dios sumo,
y las tres deidades que sucesivamente son señaladas para reducirlo -Adad:
el agua, Gibil: el fuego, Shara: el viento-- tienen miedo y rehusan hacerse
cargo de la lucha. A la consternación y al desaliento que su negativa produce en los dioses solamente puede aportar solución el consejo de Ea, señor
de la sabiduría y de la magia, quien para ese propósito es hecho ascender ( ?)
desde su morada en el Apsu, y a cuya sugerencia la divina primacía se transfiere de Anu a Mami, suprema personificación femenina de lo divino. Mami
hace entonces recaer sobre su propio hijo la tarea de rescatar el poder de los
dioses, y concentrada en ella toda la intencionalidad de que puede disponer
un ser divino, modela para él un destino particularmente vigoroso, con el
que lo conforma y reestructura radicalmente, como si quisiese ~onferirle una
esencia nueva. Ahora puede ya combatirse la batalla contra Zu. Sin embargo,
la inseguridad de los dioses se prolonga: contra el primer ataque Zu opone
las tablillas de los destinos, por efecto de las cuales no lo tocan las armas
de su adversario. Y no es sino después de que E'!_ ha hecho llegar al hijo de
Mami instrucciones especiales para el manejo de con juros que vuelvan inoperante la fuerza mágica de las tablillas, cuando los dioses quedan finalmente
liberados de la amenaza de Zu. En este lugar el mito se interrumpe. Pero el
enunciado del proemio lírico que lo antecede y el paralelo con los lugares
análogos de otros mitos en alguna manera semejantes -con la parte final
del Enuma elish, por ejemplo--- autorizan a suponer con fundamento que la
continuación describiría las solemnidades con que los dioses celebraban la
victoria de su salvador y la restitución de la dinámica normal en los procesos
del mundo.
Ahora bien, las propias recensiones del mito asignan el triunfo sobre Zu
a dos vencedores diferentes: en (S) aparece Ningirsu, en (SU), en (N) y
en (A) se menciona a Ninurta. Y otro documento contemporáneo de (N),
una plegaria de Assurbanipal a Marduk, atribuye la victoria a este último
dios.' Esta triple presencia, puesta en relación con la sustitución de Marduk
1

7592+8717+DT 363, v. 15a.: "Tú, el que aplastas el cráneo de Zu"; cf. F.
T extes religieux assyriens et babyloniens, II ( París, 1903) 115. Marduk y
Assur son los dioses nacionales de Babilonia y de Asiria, respectivamente.
K

MARTIN,

302

por Assur en las copias asirias del Enuma elish y con el hecho de que en este
último poema Marduk a su vez ocupó el lugar que correspondía a Ninurta
en las fuentes sumerias de la leyenda, parece dar testimonio en el sentido de
que originalmente, o por lo menos anteriormente a la promoción de Ninurta, Ningirsu pudo haber sido el protagonista de todos los relatos épicos en
donde de alguna manera iba comprometida la salvación de los dioses.
3. Tres de las cuatro recensiones, (S), (A) y las dos secciones mayores
de (N), van traducidas por separado para fin de mejor hacer resaltar sus
concordancias y sus divergencias. Pero no han sido aisladas sistemáticamente
sino que se han dispuesto de manera que por sí solas sean capaces de indicar
la secuencia de la obra. Y cuando ha podido hacerse con certeza, y en la medida en que el resultado de la operación tiene un interés mayor que el de
una simple repetición mecánica, se han aprovechado para completarse recíprocamente. Los otros componentes de (N) y la tablilla II de (SU) han sido
usados para el cálculo de lagunas y para integraciones incidentales en los
textos de (S) y de (A), de la manera que consta en las notas correspondientes. Unicamente los fragmentos de la tablilla III de (SU), aun cuando
hacen avanzar la materia del mito más allá de donde la deja el último verso
de (S), no han podido ser aprovechados porque la condición de sus líneas
es tal que no permite la lectura continuada del relato.•
4. (N), proemio:
He de cantar al hijo del dios del universo,
al afamado, al predilecto de la diosa Mami,'
al poderoso, al dios primogénito de Enlil.'
He de cantar las alabanzas de Ninurta,'
del afamado, del predilecto de la diosa Mami,
del poderoso, del dios primogénito de Enlil.
( 5 ) Del que desciende del Ekur, 8
primero entre los dioses, auxiliador del Eninnu,•
' Cf. O. R. GURNEY, "The Assyrian tablets from Sultantepe" Proceedings of the
British Academy, 1955, 27.
·
'
G "Madre".
Una de las diversas formas que, de acuerdo con la variedad de los
cultos locales1 la Diosa Madre asumió en la religión mesopotámica.
' "Señor Tormenta". Dios de la atmósfera y de la tierra superficial, rey del universo.
' Dios del huracán, de la cacería y de la guerra. Hijo de Enlil según la doctrina
teológica de la ciudad de Nippur.
8
"Casa de la montaña". Templo de Enlil en Nippur.

1

"Casa de Cincuenta", Templo de Ningirsu en 1a ciudad de Lagash.

303

�(10)
(12)
( 14)

[guardián] 10 de los rediles, custodio de toda casa, calle y ciudad,
del que es versado en el combate, que hizo revolar listones, del valeroso
[cuyos ...... son] feroces,
del incansable cuyo asalto no se puede resistir.
[He de cantar] las alabanzas de la excelencia suya,
( .... •.. ]que capturó y sojuzgó a las piedras,
[que derrotó] con sus armas al alado Zu,
(que ...... ] al bisonte en medio del mar.

( 15)

Que conduce a la batalla a los [siete] del combate;
[aquél para quien] fueron construidos sagrarios. u
(20)

él tomó con sus manos las tablillas de los destinos,
arrebatando el rango de Enlil. Suspendidas quedaron las normas."
Cuando Zu hubo huído y se hubo remontado en su montaña.
el padre Enlil, su consejero, 16 encontróse sin palabras.
La inercia se difundió, prevaleció el si(lencio].

(25)

El santuario quedó despojado de su esplendor.
Los dioses del pa[ís] se congregaron desde todos los rumbos,
a la n[ ueva].
Anu 17 a[brió] su boca para hablar
y dijo a los dioses, sus hijos:
("¿ Qu]é (dios] matará a Zu,

(30)

y hará de su nombre el más grande [en] los lugares habitados?"
Llamaron al [Re]gador," hijo de Anu;
(el que imparte las ór]denes 19 dirigióse a él.
Llamaron al (Re]gador, hijo de Anu;
[el que imparte las ór]denes dirigióse a él.

(35)

["Tú, poder]oso, Adad conquistador de todo
-irresistible sea tu ataque-(haz que el relámpago caiga encima de] Zu con tus armas.
(Tu nombre será el más gran]de en la asamblea de los dioses;
[entre los dio]ses, tus hermanos, tú no tendrás igual.
[Se] construirán sagrarios para ti.

5. (N), columnas II y III:
Y todos los decretos de los dioses dirigía."
Para transmitirlos, confiábalos a Zu.
Le encomendaba la. . . de la entrada de su santuario;
[ ...... ] de agua pura, delante de él.
( 5)

( 10)

El ejercicio del rango de Enlil observaban sus ojos.
La tiara de su soberanía, la vestidura de su divinidad,
sus divinas tablillas de los destinos, Zu, las contempla constantemente.
Y mientras observa constantemente al padre de los dioses,
al dios del Duranki,13
la sustracción del rango de Enlil concibe en stt corazón.
Y mientras observa constantemente al padre de los dioses,
al dios del Duranki,
la sustracción del rango de Enlil concibe en su corazón.

10

La !iteración itálica indica las lecturas inciertas. Los paréntesis cuadrangulares
señalan las lagunas del texto, integradas o vírgenes. Los paréntesis ovales encierran elementos que han sido interpolados en la traducción con el propósito de asegurar el entendimiento de pasajes confusos. La simple sucesión de puntos corresponde a palabras
del original cuyo significado se desconoce. Todos ellos son signos diacríticos de uso corriente en las ediciones y traducciones de documentos orientales antiguos.
u La derrota de las piedras, y de su caudillo el Asakku, es materia de uno de los
mitos surnerios de Ninurtai el Lugale ud melambi nirgal ("Rey, tempestad, cuyo halo
es espléndido"); cf. S. N. KRAMER, Sumerian mythology (Filadelfiai 1944) 79-82 y
117. La aventura con el bisonte "en medio del mar" no se halla atestiguada aún por
ningún otro texto.
u Enlil.
11

"Ligamen de cielo y tierra''. Arca del templo de Enlil en Nippur. Pero ni el
Duranki ni el Ekur ni el Eninnu mencionados en el texto son los lugares terrenales
sino los modelos míticos de los que aquéllos se consideran réplicas.

304

"Me apoderaré, yo, de las divinas tablillas de los destinos,
y los decretos de todos los dioses regiré.
Estableceré firmemente mi trono y seré el señor de las normas;
dirigiré a la totalidad de los lgigi" ."
Habiendo así en su corazón maquinado el ataque,
a la entrada del santuario que había estado observando
aguardó el despuntar del día.
Mientras Enlil se estaba lavando con agua pura
luego de haberse destocado la tiara
y de haberla depositado encima del trono,

14
Nombre colectivo de los dioses mayores, que habitan en el cielo. El mito los opone a los "dioses del país" (el. [N] 26, [S] II 6 y [S] 11 30, si la integración en

este último verso es atinada), que habitan en la tierra.
lJ¡ Con el verso análogo a éste comienza el texto de ( S).
16
De los dioses.
17
"Cielo". Dios del cieloi primado del panteón mesopotámico.
18
Adad, dios de las tempestades. "Regador" es uno de sus epítetos.
1
' Anu.

305

H. 20

�(40)

[En las] cuatro [regiones del mundo] se establecerán tus residencias;
[tus residencias] entrarán en el Ekur.
[Glorificado] delante de los dioses, prepotente será tu nombre".
[El Regador] replicó a lo encomendado
y dijo una palabara [a Anu], su padre:
(45) ["Padre mío, hacia la montaña] inaccesible ¿ quién se apresurará?
[¿Quién es co]mo Zu entre los dioses, tus hijos?
[Las tablillas de los destinos] él las ha tomado con sus manos,
[el rango de Enlil] ha arrebatado; suspendidas se hallan las normas.
[Zu] ha huído y se ha remontado en su montaña.
(50) [La voci]feración suya se ha vuelto como la del dios del Duranki.
[El que se] le [oponga], se volverá como arcilla.
[A su vista], los dioses se consumen".
(53) [Anu] ordenó a[I Regador] que no se pusiera en camino.'°
(74) ["El que se] le [oponga], se volverá [como arcilla].
[A] su vista, [los dioses se consumen"].
[Anu] ordenó a [Gibil] que no se pusiera en camino.
Llamaron a [Shara], 21 primogénito de Ishtar;"
[el que imparte las ór]denes dirigióse a él:
["Tú, poder]oso, Shara conquistador de todo
-irresistible sea tu ataque(SO) [haz que el relámpago caiga encima de] Zu con tus armas.
[Tu nombre] será el más grande en la asambJea de los dioses;
[en]tre los dioses, tus hermanos, tú no tendrás igual.
[Se] construirán sagrarios para ti.
En las cuatro regiones del mundo se establecerán tus residencias;
(85) tus residencias entrarán en el Ekur.
Glorificado delante de los dioses, prepotente será tu nombre".
Shara replicó a lo encomendado
y dijo una palabra a Anu, su padre:
"Padre mío, hacia la montaña inaccesible ¿ quién se apresurará?
(90) ¿Quién es como Zu entre los dioses, tus hijos?
20

Laguna de veinte versos, los justamente necesarios para el llamamiento y la
parte inicial de la respuesta de otro dios1 si se supone que su designación era enunciada

dos veces por el texto, como la de Adad en los vv. 31.34. El nombre de Gibil (probablemente ºel que incendia los juncos", uno de los dioses del fuego) ha sido restituido
a partir de (S) JI 25.
= Dios local de la ciudad de Umma. Para Shara en cuanto dios del viento, véase
J. NouOAYROL, "Ningirsu vainqueur de Zu", Revue d'Assyriologie, XLVI {1952) 91,
n,

3.

= Deificación
306

del planeta Venus. Diosa de la fecundidad, del amor y de la guerra.

(95)

Las tablillas de los destinos él las ha tomado con sus manos;
el rango de Enlil ha arrebatado, la promulgación de las nor[mas].
Zu ha huído y se ha re[ mon]tado en su montaña.
La voci[feración suya] se ha [vuel]to [como la del dios del Duranki].
[El que se le oponga, se volverá como arcilla].
[A su vista, los dioses se consumen"].
[Anu ordenó a Shara que no se pusiera en camino].

6. (S), tablilla II:

(5 )

(10)
(!la)
(llb)
( I 2a)
( I 2b)

(15)

Arrebató el rango de Enlil. Suspendidas quedaron las normas.
El padre Enlil, su consejero, estaba sin palabras.
El brillo enceguecedor se disipó, prevaleció el silencio.
Los Igigi, todos y cada uno, se hallaban consternados.
El santuario quedó despojado de su esplendor.
Los dioses del país, todos y cada uno, se congregaron a la nueva.
Anu abrió su boca
y dijo a los dioses, sus hijos:
"¿Quién de entre los dioses irá a matar a Zu?
Su nombre será el más grande entre todos".
Llamaron al Regador, hijo de Anu;
el que imparte las órdenes dirigióse a él:
["En] tu irresistible ataque,
haz que el relámpago caiga encima de Zu con tus armas.
[Tu nombre será el más grande] entre los grandes dioses;
[entre los dioses, tus hermanos], tú no ten(drás] igual.
[Glorificado delante] de los dioses, prepoten[te] será tu nombre".
[A Anu, su padre, el Regador di]ri[gió una palabra]:
["Padre mío, hacia la montaña inaccesible] ¿qui[én] se apre[surará?]
[¿ Quién es como] Zu entre tus hijos?

(19a) [Las tablillas de los destinos él las ha tomado con sus manos];
(19b) [, ..... ] ha arrebatado al dios [su rango de] En[lil].
[Luego] se ha dirigido [volando] a su [montaña].
[Ahora] el mandamiento suyo es como el del dios del Duranki.
[El que se] le [oponga], se volverá como arcilla.
[A] su [vista,] los dioses se consumen".
[Anu] dio orden de que no se pusiera en camino,
(25)

Llamaron a [Gib]il, primogénito de Anunnitum; 23

" Diosa del país de Acad, réplica de lshtar en cuanto guerrera.

307

�el que imparte las órdenes dirigióse a él.
Llamaron a Shara, primogénito de Ishtar;
el que imparte las órdenes dirigióse a él. 24
La serenidad comenzó a volver a los dioses; [busca]ban una solución.
(30) Los Igigi se reunieron en asamblea;
[los dioses del país] continuaron desalentados.
[Hicieron] subir hacia él 25 al Señor de Sabiduría, 26
al que habita en el Apsu. 27
Lo que estaba en su corazón, a Anu, su pa[dre], él se lo dijo:
(33a) "He concertado su derrota,
(336) y quién será el que ligue a Zu voy a nombrar en la asamblea".
Los Igigi escucharon esta palabra suya;
(35) los Igigi se echaron a temblar y le besaron los pies."
2.t A düerencia de (N), el texto de Susa no retiene los discursos que se intercambian
con motivo de las invitaciones a Shara y a Gibil, dando por supuesto que, cambiados
los nombres de los dioses, su literalidad y su sentido serán los mismos que para el
caso de la invitaci6n a Arlad.
z:i Hacia Anu.

211

"Casa del agua". Dios del subsuelo y de sus mantos acuosos. Anu, Enlil y Ea son
los tres dioses supremos del panteón mesopotámico.
= El manto de aguas dulces del subsuelo, habitación de Ea.
28
El fragmento DT 292, neoasirio, aquí utilizado para integrar el nombre de Anu
en el v. 32 y para reponer los primeros hemistiquios de los vv. 33b-35, en otros
puntos presenta con respecto al texto de Susa divergenci&lt;!_s de interés. Por una parte,
lo que originalmente pudo haber sido el v. 104 contiene un enunciado de sentido diferente al del v. 33a, que parece ser su análogo en ( S). Por otra parte, de manera
muy semejante a como sucede para otros pasajes de (N), sus versos 106 y 107 constituyen un duplicado casi literal de 104-05. Por último, en sus líneas 110-11 se anuncia un nuevo parlamento de Ea-Ninigiku, dirigido tanto a Anu como a otro divino
personaje cuyo nombre se perdió en la rotura de la tablilla. Tal vez este personaje
haya sido la diosa Mah, y entonces el parlamento podría ser el equivalente, en discurso directo, de la elevación de la madre de los dioses a la primacía de todos ellos,
que (S) da en estilo narrativo. Sigue a continuación el texto de DT 292:

[...... J a

Anu [ ............ ]:

["Padre míoJ, quiero buscar al dios [ ......... ].
(105) Además, quién será el que ligue a Zu
voy a nombrar en la asamblea.
Yo mismo quiero buscar al dios;
además, quien será el que ligue a Zu
voy a nombrar en la asamblea".
Los Igigi escucharon esta palabra suya;
los Igigi se echaron a temblar y le besaron los pies.
(110) Ninigiku tomó la palabra,
y se dirigió en estos términos a Anu y a [ ...... J.

De Mah, 29 dueña de destinos,
[Ea] proclamó entonces la supremacía en la asamblea
(y le dijo): "[Llama] al poderoso, al resplandeciente, a tu dilecto,
al que es amplio de pecho, que conduce a los siete a la batalla;
a N[ing]irsu, 30 el poderoso, el res[plan]deciente, tu dilecto,
(40) el que es amplio de pecho, que conduce a los siete a la batalla".
Cuando hubo escu[chado] esta palabra suya,
Mah, la suprema, otorgó asentimiento
(y), a su palabra, los dioses del país se regocijaron;
se echaron a temblar y le besaron los pies.
Habiendo pronunciado el llamamiento en la asamblea de los dioses,
dio instrucciones a su hijo, al amado de su corazón, diciéndole:
(45) "Delante de Anu y de Dagán, 31 los muy excelsos,
[luego que ellos] hubieron pronunciado las normas en la asamblea,
[entre ge]midos de dolor yo las dí a luz a todas ellas.
[¿Quién es por tanto la i]gual de (esos) dioses? Yo, Mami.
[¿ Quién] ha confirmado para mi hermano"
y para Anu la soberanía del cielo?
(50) [La madre] de esa soberanía que (ahora) he confirmado, soy yo misma.
[ ............ ] a tu (propio) padre yo le he dado el ser. 33
[ ............ ] haz que se convierta en bien."
[ ....... , .... ] haz que se produzca claridad.
[ ............ ] emprende tu combate.
(55) [ ............ ] soplen en dirección de la montaña.
[ ............ ] avanza hasta Zu.
~- ........... ] pon en tumulto su habitación.
[ ............ ] destruyan lo que está arriba [ ...... ].
:ll

"Sublime". Epíteto de Mami.

30

La restitución del nombre del dios héroe del mito en esta recensión de Susa, parece indudable; cf. (S) III 7. Ningirsu, "Señor de Girsu" (barrio sagrado en la ciudad
de Lagash), es el dios del huracán y de la guerra y el hijo de Enlil según la doctrina
teológica de esta última localidad.
u Dios semítico occidental, probablemente llevado a Mesopotamia por los amorreos.
Durante algún tiempo fue asimilado a Enlil y recibió como atributos muchas de las
funciones de éste. Tal vez esas equivalencias favorecieron su introducción al lado de
Anu en esta parte del mito.
s:i

¿Dagán?

33

Esto es, Mami es también madre de Enlil, luego esposo suyo por obra del cual
ha nacido Ningirsu.

ª~

Con el verso análogo a éste comienza el texto de (A).

�(59)
(62)

(65)
(67a)
(67b)
(68a)
(68b)
( 70)

(75)

(80)

[ ..... . .. . ... ] destruyan lo que está abajo [ ...... ]."
[ ............ ] las tormentas.
[ ............ ] que lleven veneno.
Que el terror de tu grito [de combate] lo derribe.
Que experimente tinieblas, que su vista se altere y falle.
Que no se te escape, que en el encuentro las alas se le desprendan
Que en la mueca de un demonio-gal/u 36 se transforme tu rostro;
levanta el torbellino delante de tí,
(para fin de que él) no reconozca tus rasgos.
Que [Shamash] 87 arriba no encienda su fuego;
que la luz del día se vuelva para él oscuridad.
Extirpa su vida; cercena ( las alas) a Zu,
que los vientos se lleven sus alas a lugares irrevelados.
En dirección del Ekur, en dirección de tu padre,
que los vientos se lleven sus alas a lugares irrevelados".
El héroe escuchó la palabra de su madre.
Su valor para la batalla se acrecentó, se encaminó a la montaña.
Ella, la que hace uncir a los siete [del combate],
ella, la que [hace uncir] siete torbellinos,
[ella, la] que hace uncir siete tempestades,
[ ............ lo estimuló] al asalto.
[ ...... ] divinos enmudecieron en dirección de la montaña.
[ ...... ]de la montaña de Zu, el dios f.....-.] apareció.

7. (A): [" ............ ] haz que se convierta en bien.
[Para los dioses a quienes he da]do el ser,
haz que se produzca claridad.
Resueltamente emprende tu combate.
Que tus siete vientos malos se encaminen hacia lo alto.
( 5 ) Reduce al prófugo Zu.
Tranquiliza la tierra, [que] yo he constituido,
pon en tumulto su habitación.

15

Sigue una laguna de dos versos, cuyo contenido no puede inferirse a partir del
pasaje equivalente en el texto de (A).
30
Uno de los siete clásicos espíritus malos de la demonología mesopotámica. Para
la calidad de su 11mueca", cf. por ejemplo las representaciones de demonios en J. B.
PRITCHARD, The Ancient Near East in pictures relating to the Old Testament (Princeton, 1954) 215-16.
11

310

Que el temor se torne abrumadoramente pesado sobre él;
espanto es tu combate, que se eche a temblar.
Yo he hecho que contra él se levanten todas juntas las tormentas.
(10) Empuña el arco, que las flechas lleven veneno.
Que en el de un demonio-gal/u se transforme tu rostro.
Produce la niebla; tus rasgos no se verán oscurecidos,
tu resplandor se dirigirá hacia arriba.
Que tu f...... ] avance; sabrás hacer planicie la montaña.
(15) Que Shamash no se encienda en lo alto;
que el brillante día se vuelva para él oscuridad.
[Ex]tirpa su vida; reduce a Zu.
Que [los vien]tos se lleven sus alas a lugares irrevelados
[en direc]ción del Ekur, hacia Enlil, padre tuyo.
(20) Destroza con la tormenta las praderas de la mon[taña].
[Al mal]vado, a Zu, cercénale la garganta.
[Que la soberanía] entre de nuevo en el Ekur;
[que al padre tuyo, a tu pro]genitor, regresen las normas.
[Que otra vez aparezca] la edificación de sagrarios.
(25) [Que en las] cuatro [regiones del mundo]
se establezcan [tus residencias];
[que tus residencias] entren en el Ekur.
·
[Lleno de majestad de]lante de los dioses,
pre[potente sea tu] nombre".
[Escuchó] a su [ma]dre, el héroe.
[Su valor para la batalla se acrecentó], se encaminó a la montaña.
(30) Mi Señor 38 hizo uncir a los siete del combate;
el valiente hizo uncir siete huracanes.
siete huracanes que hacen a la arena revolverse en torbellinos.
Él suscitó una batalla que iba protegida por la oscuridad,
estimuló el asalto;
a su lado, para la batalla, enmudecieron los vientos.
(35) En un recodo de la montaña, Ninurta y Zu (uno a otro) se aparecieron.
Habiéndolo distinguido, Zu se encaminó hacia él.
Rechinaba los dientes como demonio; su halo recubría las montañas.
Rugía como león lleno de furia.
En su ira, desde su corazón gritó al héroe:

(40)

"He logrado sustraer la totalidad de las normas,
y de todos los dioses he regido los decretos.

• Ninurta.

El dios del Sol y el Sol mismo.

311

�¿Quién eres tú que vienes a combatirme? Exprésame tu [designio"].
Se puso arrogante,
y (tales) palabras salieron de su boca, dirigidas a él.
[Replicó a Zu el valeroso] Ninurta:
["He venido como] el que te [ha de aplastar"].
.
l
.
.,
[ ............ 1os vientos se agitaron.·
De nuevo, la armadura bañará de sangre.
Nubes de muerte llenaron [. ·..... retumbó la batalla].
El ...... en su fosa[ ............ ].
El vigoroso, el radiante primogénito de los dioses [. . . . j
al mandamiento de Anu y de Dagán. [ ....... Ninurta tendió el arco];

(46)
(55)

(60)

hacia el pecho [de su adversario] impulsó una flecha.
No se acercó a Zu, retrocedió la flecha.
Zu le había gritado:
"Flecha que [vie]nes a mí, regresa a tus cañaverales;
vara de arco, (regresa) a tus arboledas;

(65)

cuerda de arco, húndete en los lomos de las ovejas;
plumas, volved a los pájaros.'°
(Y) en cuanto hubo levantado con sus manos
las divinas [tablillas] de los destinos,
las flechas que la cuerda [del arco] impulsó
no se acercaron a su cuerpo.

[Asi]lencia[do] quedó el combate, la batalla se suspendió.
Las armas cayeron ociosas en impotencia, no redujeron a Zu.
(70)

Él, 41 hizo que Adad compareciese, le impartió una palabra:
"El hecho que has presenciado, particípalo a E[a]:
"Señor, así (fue): Ninurta estrechó a Zu,
Ninurta le disputaba el piso (mismo) de la guarida.
Tendió el arco, hacia (Zu) impulsó una flecha.

(75)

No se acercó a Zu, retrocedió la flecha.
Zu Je había gritado:
"Flecha que vienes a mí, regresa a tus cañaverales;

111
El texto de los vv. 30-43 ha quedado completo mediante las líneas 30-43 del fragmento K 3008, neobabilónico; cf. ERICA REINER, "Deux fragments du Mythe de Zu''i
Revue d'Assyriologie, XLVIr:i. (1954) 146-47. Para los vv. 44-46, cf. (S) 111 7-10.
Después del v. 46 hay una laguna de ocho líneas, irrestituible a partir del texto de (S).
«1 El texto de este conjuro ha quedado completo mediante SU 52/232, de Sultantepe.

Cf. O. R.

GuRNEY,

Acad,my, 1955, 26.
41

312

Ninurta.

11

The Assyrian tablets from Sultantepe", Proceedings of the British

(80)

vara de arco, (regresa) a tus arboledas;
cuerda de arco, húndete en los lomos de las ovejas;
plumas, volved a fos pájaros".
(Y) en cuanto hubo levantado con sus manos
las divinas tablillas de los destinos,
las flechas que la cuer[da del ar]co impulsó
no se acercaron a su cuerpo.

Asilenciado quedó el combate, la batalla se suspendió.
Las armas cayeron ociosas en impotencia,
no redujeron a Zu."

(85)

Adad se inclinó profundamente, recogió las instrucciones.
La palabra acerca de la batalla la trasladó a Ea-Ninigiku.4 2
Todo lo que el Señor había pronunciado, a Ea se lo repitió:
"Señor, así (fue) : Ninurta estrechó a Zu,
Ninurta le disputaba el piso (mismo) de la guarida.
(90) Tendió el arco, hacia (Zu) impulsó una flecha.
No se acercó a Zu, retrocedió la flecha.
Zu Je había gritado:
"Flecha que vienes a mí, regresa a tus cañavera[les];
vara de arco, (regresa) a tus arbole[das];
(95) cuerda de arco, húndete en [los lomos de las ovejas],
plumas, [volved] a los pájaros".
(Y) en cuanto hubo levantado [con sus manos]
las divinas [tablillas de los destinos],
[las flechas que la cuerda del arco impulsó
no se acercaron a su cuerpo].
[Asilenciado quedó el combate, la batalla se suspendió].
[Las armas cayeron ociosas en impotencia], ,
( 100) [no redujeron a Zu"]. 43
( 102) "ParÍicípale [ ............ J.
Todo lo que estoy diciendo, [repíteselo a mi hijo]:
"Que la batalla no a[ maine] a causa de tu consternación;
( 105) redúcelo, haz que el impacto del viento del sur eche aba jo sus alas.
Cuelga un listón [en] el extremo de tus flechas.
Cercena sus alones, paraliza sus manos.
42

"Señor del ojo puro". Ef)íteto de Ea.

43

Estos vv. 97-100 se han restituido según el texto paralelo en 81-84. El v. 101 1 del
que quedan algunas huellas en el texto de Sultantepe, debe de haber anunciado la respuesta de Ea. Para completar los vv. 107-18} se ha hecho uso de los doce versos en la co-

lumna IV de K 3008. Cf. E.

REINER,

op. cit., 148.

313

�Hazlo que pase la vista por sus alas,
y ellas lo privarán de la palabra.
Aun cuando grite "Mis alas, mis alas", no tengas miedo de él.
( 110) Afirma el arco contra tu pecho; hacia adelante saldrán volando
las flechas como relámpagos.
El ala y el alón revolotearán como mariposas.
Extirpa su vida, reduce a Zu.
Que los vientos se lleven sus alas a lugares irrevelados
( 115) en dirección de la casa de Ekur, hacia Enlil, padre tuyo.
Destroza con la tormenta las praderas de la montaña.
Al malvado, a Zu, cercénale la garganta.
Que la soberanía entre de nuevo en el Ekur;
[que al padre tuyo], a tu progenitor, regresen las normas.
( 120) [Que otra vez aparezca] la edificación de sagrarios.
[Que en] las cuatro regiones del mundo

[Que en las cuatro regiones del mundo
se establezcan] tus residencias;
[que tus residencias entren] en el Ekur.
(145) [Lleno de majestad delante de los dioses], prepotente sea tu nombre."
[Ninurta escuchó la palabra de su padre E]a-Ninigiku.
[Su valor para la batalla se acrecentó), se encaminó [a la montaña].
[Mi Señor hizo uncir a los) siete del combate;
[el valiente hizo uncir] siete huracanes,
(150) siete huracanes [que hacen a la arena revolverse en torbellinos].
8. (S), tablilla III:

se establezcan tus residencias;

que tus residencias entren en el Ekur.
Lleno de majestad delante de los dioses, prepotente sea tu nombre."
[Adad se in]clinó profundamente, recogi6 las instrucciones.
( 125) La palabra acerca de la batalla la trasladó a [Ninurta].
Todo lo que Ea [había pro]nunciado, a él se lo re[pitió]:
"Que la batalla no a[maine] a causa de tu consternación;
redúcelo, haz que el [impacto] del viento del ;ur eche abajo sus alas.
Cuelga un listón en el extremo de tus flechas.

(5)

(8a)
(8b)
(10)

(130) Cercena [sus] alones, paraliza sus manos.
Hazlo que pase la vista por sus alas,
y ellas lo privarán de la palabra.
Aun cuando grite "Mis alas, mis alas", no tengas miedo de él.

[ ............ ] se encaminó hacia él.
[ ...... ] su halo recubría las montañas.
[ ............ ] como león lleno de furia.
[ ...... ) desde su corazón gritó a [ ...... ) :
[" ............ ] la totalidad de las normas.
[ ...... ) que vienes a combatirme? Exprésame [ ...... "].
[ ...... ] replicó a Zu el valeroso N[i]ng[irsu):
["Al mandamiento del ...... del Duran]ki,
que mantiene firme el Duranki, que destina los destinos,
[ ...... ] he llegado yo, el que te ha de aplastar.
[ ............ ]huracán como armadura".
[...... J el ladrón de la montaña aulló [...... ] su alarido:
[" ............ ) bañará de sangre".
[ ............ ) retumbó la batalla.
[Al mandamiento de) Mami, auxiliadora de Anu y de Dagán,
regente de humani[dad),
[ ...... ]impulsó hacia él. No se acercó a [Zu, retro)cedió [ ...... ].
[ .................. ) que vienes a mí, re[gresa
... ).

(133a)Afirma el arco contra tu pecho; ha[cia adelante] saldrán volando
( 133b) las flechas [como relámpagos].
El ala y el alón revo[lotearán] como mariposas.

(15)

( 135) Extirpa su vida, reduce a Zu.
Que los vientos se lleven sus alas a lugares irrevelados
en dirección del Ekur, hacia En[lil], padre tuyo.
[Destroza con] la tormenta las praderas de la montaña.
Al malvado, a Zu, cercénale la garganta.

(63)

. a rru,, re[gresa .....
[ . . . . . . . . . . . . . . . . . . l que vienes
[" ........................ ·............ J palabra.

(64)

[ ........................ )no tengas miedo de él.

(67)

Destroza con la tormenta [ .................. J.
[ ........................ ] cercénale la garganta.
[ ...... ] al Ekur, al padre que te ha engendrado,
que regresen las nor[mas).

(140) Que la soberanía entre de nuevo [en el Ekur];
que al padre tuyo, a tu progenitor, regresen [las normas].
Que otra vez aparezca la edificación de [sagra]rios.
314

(17)

."]."

" En lo fundamental, todo este apenas conservado pasaje 16-68 parece corresponder
en contenido a los vv. 63-117 en el texto de (A).

315

�(70)

(75)

[Que se cons]truyan sagrarios para ti;
[ ...... en las cua]tro regiones del mundo establece tus residencias."
[Ningirsu escuchó] la palabra de su padre."
[Su valor para la ba]talla se acrecentó, retornó a la montaña.
[ ...... J a los cuatro vientos hizo subir con él, [para] el combate.
[ ...... ] la tierra se estremeció, se llenó de [ ...... J.
[ ...... ] se cubrió de tinieblas, los cielos de ensombrecie[ron].
En cuanto a Zu, [el malvado],
al impacto del viento del sur [se desprendieron sus alas]."

9. Existe, por otra parte, un mito sumerio de Zu, rama del ciclo épico
de Lugalbanda," cuya sección más característica se conoce por un documento
bilingüe de la época neoasiria:

(26) Ninkasi," la madre, la mujer conocedora,
(es) la que es colocada en el banquete.
( 28) Su jarra de mezclar es de diáfano lapislázuli,
( 29) su vaso de plata y oro puros.
(30) En el inebriante está el regocijo,
(31) en el inebriante se sienta el jú[bilo].
A partir de los datos del fragmento, resulta imposible saber si Lugalbanda
está realmente festejando con la familia de Zu, o si trata de apoderarse de
éste dominándolo por medio de bebidas embriagantes. En cualquier caso,
el pasaje recensiona una tradición muy peculiar, que no parece tener parentesco con la que se ha conservado en los textos exclusivamente semíticos.

LA MUERTE DEL LABBU
(2) Lugalbanda [fue] hacia las montañas,
hacia el distante lugar [ ...... J.
(4) En las montañas Sabu 48 [ • • • • • • • • • • • • J.
(6) La madre no está con él, no [lo aconseja];
(8) el padre no está con él, no [lo aconseja].
( 10) Uno muy apreciado, su conocido, [no está con él],
(12) un íntimo suyo una palabra no [le dice].
(14) En su propio corazón, él [revuelve] un': palabra:
( 15) "Al pájaro, lo que se merece, eso [le daré];
(16) a Zu, lo que se merece, eso [le daré].
(17) A su mujer abrazaré;
( 19) a la mujer de Zu, al hijo de Zu,
(20) los haré que se sienten para el banquete".
( 21 ) A Enna y Ninguenna "
(23) los trae a las montañas.
(25) La mujer conocedora, la madre,
(es) la que es colocada en el banquete.
4
'

Ea.

"En el v. 27 de SU 51/19A+37, uno de los pocos que con el auxilio de SU 52/187
puede ser leído casi íntegramente, la victoria del dios sobre Zu se enuncia de otra manera: "Redujo a Zu y le cercenó la gargan[ta]".
• 1 Rey de la ciudad de Uruk, tal vez con algún fondo de realidad histórica, pero

convertido en héroe de leyenda y divinizado. Fue considerado hijo de Enlil y asimilado
a Tishpak (ver luego la nota 52) y a Ninurta.
.s

11. (A) : Genúan las ciudades; la gente [. . .
. ...... ] ;
disminuía la gente, [ ........................ J.
A su lamentación, nadie[ ......................... ];
a su alarido, nadie [ ........................ J.
(5) "¿Quién [ha engendrado] al [dragón]-serpiente?
El mar [ha engendrado] al [dragón]-serpiente".
Enlil dibujó en el cielo [la figura de la serpiente] .

Lugar desconocido.

Enna: "Señor"; Ninguenna: "Señora de la sala del trono". Probablemente el hijo
y la mujer de Zu.
49

10. PERTENECE TAMBIÉN al ciclo de Enlil y de Ninurta. Menos extenso y
más despojado que el Mito de Zu, plantea y soluciona un problema de idéntico alcance, la destrucción de una potencia monstruosa que ha irrumpido
en el mundo de los hombres. La procedencia marítima del dragón enemigo
y la mención expresa de la soberanía sobre el cosmos como correlativa de la
victoria contra el caos, por otra parte, aproximan su contenido a los datos del
Enuma elish. Y la desnudez y el rigor en el tratamiento de sus temas, reducidos a su formulación esencial, casi a sus términos esquemáticosi lo vuelven
el más puro de los mitos acerca de la crisis y restitución del orden en el universo.
Dos tablillas asirias han conservado su texto. (A) proviene de la biblioteca
de Assurbanipal en Nínive. (B), de la que sólo son legibles las líneas correspondientes a la descripción del monstruo, fue hallada en Assur y es aproximadamente doscientos años más antigua.

00

"Señora que llena la boca". Diosa de las bebidas embriagantes.

317
316

�(10)

(15)

(20)

( 24)

( ?)

Cincuenta dobles horas era su longitud,
una doble hora ( era) [su anchura],
seis varas sus fauces, doce varas [su ...... ],
doce varas el circuito [de sus] oreüas];
a sesenta varas, [ ...... ] los pájaros.
Desplazaba en el agua nueve varas de profundidad.
Levantaba su cola [. . . . . . varas hacia lo alto].
Los dioses en lo alto, todos ellos, [ ...... J.
En el cielo, los dioses se prosternaron delante de [Sin],"
y la fimbria de la vestidura de Sin [asieron] presu[rosos]:
"¿Quién irá [a matar] al Labbu,
a salvar la vasta tierra [ ............ ],
.
" ' [ . . . . . . . . . . . . . . . . . . ?"]
y a e1ercer
elsenono
. .
"Avanza, Tishpak," y ma[ta] al Labbu,
salva la vasta tierra [ .................. ],
y ejerce el señorio [ .................. "].
"Tú me enviaste, Señor, [a matar] a la progenie del río;
no conozco [ .................. ] del Labbu".
[ ...... ] abrió su boca [para hablar] al dios [·. . . .. ] :
"Haz subir al nublado, a la tempestad del sur [ ...... ] ;
tu sello de vida" [sostén] delante de tu rostro,
derriba y mata al Labbu [ ......... "].

(5) Hizo subir al nublado, a la tempestad del sur[.~- ... ];
su sello de vida [sostuvo] delante de su rostro,
derribó y mató al Labbu [ ......... ].
Tres años, tres meses, un día y [una noche]
fluyó la sangre del Labbu [. . . . .
. .... ].
12. (B): En el mar el [dragón]-serpiente fue engendrado [ ...... ].
Su dorso tenía sesenta dobles horas de largo.
Su cabeza tenía treinta dobles horas de alto.
[Sus] párpados se extendían media (doble hora) cada uno.
(25) [Sus piernas] daban pasos de veinte dobles horas de abertura.

1

. f
1

ti Luna y dios de la Luna. Nannar (cf. parágrafo 15, vv. 30, 58 y 63), otro nombre
suyo, probablemente lo designa en cuanto asume la forma del creciente.
61
Deidad originaria de Eshnunna, en la región transtigriana. Los textos mesopotámicos hacen de él un 04 Ninurta de las abluciones".
111
Indudablemente un amuleto. Para la victoria sobre lo monstruoso obtenida por
medio de recursos mágicos, cf. Mito de Zu, (A) 127-50, en conexión con (S) III 72-77,
o Enuma elish, I 59-66.

318

Comía peces, creaturas del [mar].
Comía pájaros, creaturas del [cielo].
Comía onagros, creaturas de la [planicie].
[Comía] gente, a la gente [ ...... ].
13. La parte inferior del anverso y las primeras líneas del reverso de (A)
están rotas. Podría suceder que los versos 23 y 24 indicasen que Tishpak
rehusa el encargo de combatir contra el Labbu, y en ese caso la sección perdida habría relatado cómo otro dios era invitado y o bien asimismo rehusaba
o bien fracasaba en su cometido. Es probable también que haya sido el propio
Tishpak quien ha intentado infructuosamente la lucha. De cualquier modo,
al comenzar las líneas legibles en el reverso alguien se dirige a un dios para
comunicarle instrucciones con respecto al combate que está sosteniendo. Y se
abren entonces dos posibilidades. O bien un tercer dios libra la batalla contra el monstruo, de manera semejante a como ocurre en la segunda tablilla
del Enuma elish, o bien, como en el texto (A) del Mito de Zu, es el mismo
dios protagonista el que, una vez oídas las nuevas instrucciones, vence al enemigo y restaura con ello el orden en el mundo. Si, como parece, Tishpak es
aquí fundamentalmente una manifestación de Ninurta, la última se presenta
como la más aceptable de las dos posibilidades.

SIN Y LOS SIETE ESPÍRITUS MALOS

14. SE HALLA EN LA TABLILLA XVI de una compilación de con juros intitulada M a/vados demonios. Indudablemente se refiere sólo a un eclipse de luna,
"oscurecimiento de Sin", y en ningún momento se ocupa de la posibilidad
universal de desorden que los dos mitos precedentes confrontaron. Como en
el Enuma elish, Marduk ha suplantado a Ninurta en su función de adalid
de los dioses, sustitución favorecida esta vez por la vinculación del relato al
mundo mágico de Ea. El mito entronca, además, con la tradición de rivalidad entre Anu y Enlil, de la que hay testimonio expreso en un calendario
litúrgico proveniente de Assur."
15. "Bruscas tempestades, malos espíritus son.
H VAT 9947. Cf. E. EBELING, Tod und Leben nach den Vorstellungen der Babylonier,
I (Berlín y Leipzig, 1931) 37-40.

319

�Son espíritus inmisericordes,

que en el dique del cielo " fueron engendrados.
Son provocadores de infortunio, (eso) son.
(Son) malvados que todos los días salen a lo malo,
que avanzan para cometer iniquidad.
( 5) De los siete, uno es el Viento del Sur, [ ...... ] ;
el segundo (es) un dragón
cuya boca está vastamente abierta, y nadie [ ..... . ] ;
el tercero (es) una pantera rabiosa, que se roba a los hijos;
el cuarto es una terrífica serpiente, [ ........... . ] ;
el quinto es un león iracundo, que no [sabe] nada de retroceder;
( 10) el sexto es un [ ...... ] que se levanta,
que se vuelve contra los dioses y contra los hombres;
el séptimo es una tempestad del sur,
un viento malo, que no conoce indulgencia.
Siete son, mensajeros del rey Anu son.
De ciudad en ciudad, ellos causan tinieblas.
Un huracán que cruza furioso por el cielo, (eso) son.
( 15) El espeso nublado que produce tinieblas en el cielo, (eso) son.
El soplo de vientos que se desatan,
que en el claro día producen oscuridad, eso son.
Con el Imhullu, el mal viento, ellos pasan danzando.
Inundación de Adad, confusión fuerte, (eso) -50n.
A la diestra de Adad marchan ellos;

(20) en el horiwnte [centellean] como relámpagos.
Para cometer iniquidad, adelantan.
En el vasto cielo, mansión del rey Anu,
se presentan, malos, y no tienen igual" .
Entonces escuchó Enlil esta noticia, y tomó a pecho la cosa.
Con Ea, excelsa riqueza de los dioses, consultó.
(25) A Sin, Shamash e Ishtar
los designaron para que rigiesen el dique del cielo;
con Anu repartió entre ellos el señorío sobre la totalidad del cielo
-entre ellos tres, los dioses, sus hijos(y) que de día y de noche
estuviesen incesantemente preparados les ordenó.
Ahora pasan danzando los siete espíritus malos por el dique del cielo.
111

¿El zodíaco? Ver E. EBELING, Altorientalische Texte zum Alten Testament (2a.
ed., Berlín y Leipzig, 1926) 139, nota g.

320

(30) Enfurecidos, delante de Nannar-Sin forman un círculo.
Al varonil Shamash y al valeroso Adad traen a su lado.
(32) Ishtar ocupó con Anu, el rey, una morada resplandeciente,
porque aspiraba a la supremacía del cielo.••
(40) Sin, oscurecida su luz, no se sentó en su morada señorial.
Los dioses malos, los mensajeros del rey Anu, ellos,
los malvados que se levantan en la noche,
desearon lo malo;
desde el centro del cielo se irguieron contra la tierra, como un viento.
(45) Enlil vio el oscurecimiento del varonil Sin en el cielo.
El Señor" llamó a Nusku," su visir:
11

Nusku, mi visir, lleva mi mensaje al Apsu,

noticia de mi hijo Sin, que en el cielo malvadamente ha sido oscurecido.
A Ea, en el Apsu, comunícalo".
(50) Nusku hiw aprecio de la palabra de su señor.
A Ea, en el Apsu, fue presurosamente;
al príncipe, a la excelsa riqueza, al señor Nudimmud."
Nusku comunicó ahí el mensaje de su señor.
Cuando Ea, en el Apsu, escuchó esta noticia,
(55) se mordió los labios, de lamentos colmó su boca.
Ea convocó a Marduk, hijo suyo, y (le) dio a conocer el mensaje:
"Socorre, hijo mío Marduk,
al hijo de príncipe Nannar-Sin,
que en el cielo malvadamente ha sido oscurecido,
cuyo oscurecimiento se ha visto en el cielo.
(60) Los siete dioses malos, portadores de muerte, intrépidos,
los siete dioses malos,
que se levantan como una tromba y pasan sobre la tierra,
que contra la tierra se levantan como una tempestad del sur,
delante de Nannar-Sin, enfurecidos, han formado un círculo;
al varonil Shamash y al valeroso Adad llevaban a su lado" .
El resto del mito, que indudablemente terminaba con la liberación de Sin,
ha desaparecido. Aproximadamente diez líneas después, la tablilla se reanuda con un ritual de exorcismo en nombre de Marduk, al que la demonomaquia
ha servido de fundamentación.
" Sigue una laguna de siete líneas, que debe de haber relatado cómo Sin fue asaltado
y oscurecido por los siete demonios.
n Enlil.
• Dios del fuego para los sacrificios.
• ºEl que engendra y produce". Epíteto de Ea.

321

H.21

�'

,1

1

NOTA SOBRE LOS TEXTOS
1

11

1

Sin y los siete espíritus malos. Se ha conservado en una serie de fragmentos publicados1 transliterados y traducidos por R. C. THOMPSON, Cuneiform texts from Babylonian tablets in the British Museum (=CT), XVI (Londres, 1903) láms. 19-21, y
The devils and evil spirits of Babylonia, I (Londres, 1903) 88-101. Como ya se hizo
constar, fue traducido al español, según edición anterior, por P. GENER, Historia de la
Literatura (Barcelona, 1902) 46-48. Y existe versión más reciente, de E. EBELINO,
en H. GRESSMANN, Altorientalische Texte zum Alten Testament (2a. ed., Berlín y
Leipzig, 1926 =AOT2) 139-41. Para toda la serie Malvados demonios, cf. R. C.
THOMPSON, op. cit., I, 2-211.
La muerte del Labbu. El texto de (A} se halla en Rm 282, tablilla publicada por
L. W. Krno, CT, XIII (Londres, 1901) láms. 33-34, y transliterada y traducida por
P. JENSEN, Assyrisch-babylonische Mythen und Epen (Berlín, 1900; Keilinschriftliche
Bibliothek, VI 1 =KB VI 1) 45-47J y por· el propio Krna, The seven tablets of creation,
I (Londres, 1902) 116-21. Hay traducciones posteriores de E. EBELING, AOT2 13839, y de A. HEIDEL, The Babylonian Genesis (2a. ed., Chicago, 1951 =BG2} 141-43.
El texto de (B) consta en las últimas líneas en un fragmento publicado y traducido
por E. EBELING, Keilschrifttexte aus Assur religi0sen Inhalts, I (Leipzig, 1915) no. 6,
y "Ein Fragment aus dem Mythos von der grossen Schlange", Orientalistische Literaturzeitung, XIX (1916), cols. 106-08. Traducción ulterior en A. HEIDEL, BG2 143.
El mito de Zu. Del texto de (N) se han recuperado cuatro fragmentos. (a): K
7257. Proemio. Transliterado y traducido por ERICA REINER, "Le char de Ninurta
et le Mythe de Zu", Revue d'Assyriologie ( =RA}, LI (1957) 107-09. (b}: K
3454+ 3935. Tablilla I, cols. II y 111 más restos de las cols. I y IV. Publicado por
L. W. Krno, CT, XV (Londres, 1902) láms. 39-40. Transliterado y traducido por P.
]ENSEN, KB VI 1 47-55. Otras traducciones por E.-EBELING, AOT2 141-43, A.
HEIDEL, BG2, 144-47, y E. A. SPEISER en J. B. PRITCHARD, Ancient Near Eastern texts relating to the Old Testament (2a. ed., Princcton, 1955 =ANET2} 112-13. (c } : Sm 1087.
Tablilla I, cols. II y 111, vv. 38-43 y 76-89. Al parecer no publicado todavía. Sus
escasas variantes con respecto a (b) se hallan registradas en E. REINER, 11Deux fragments du Mythe de Zu", RA, XLVIII (1954) 146. (d}: DT 292. Tablilla I, cols.
111 o IV, líneas correspondientes a (S) II 32-36. Transliterado y traducido por E.
REINER, ibid.
-k
La recensión (A) se conoce por una sola tablilla, 21506w según la numeración del
diario de excavaciones en Assur, probablemente perdida, pero representada por cinco
fotografías en el Museo de Berlín: A 6551/52 y K 158/59 y 162. Indudablemente es
la segunda de las tres que compondrían la copia completa. Ha sido publicada por E.
EBELING, Literarische Keilschrifttexte aus Assur (Berlín, 1953) no. 1, y transliterada
y traducida por él mismo, "Bine neue Tafel des akkadischen Zu-Mythos", RA, XL VI
(1952) 25-41. Un fragmento neobabilónico, K 3008, duplica sus líneas 27-43 y 112-24;
el. E. REINER, RA, XLVIII (1954) 146-48. Y se hallan asimismo muy próximos a ella
los textos de Sultantepe.
(SU} consiste de cinco fragmentos: (a}: 52/232: tablilla II, vv. 41-91; (b}:
51/102A+52/63+70+76: 11 1-150 y colofón (fechado en 718 aJC}; (c}: 52/218:
II 26-41; y (d}: 51/19A+37 y (e}: 52/187: tablilla III. Los cinco han sido publicados en O. R. GURNEY y J. J. FrNKELSTEIN, The Sultantepe tablets, I (Londres,

322

1957) nos. 19, 21-23 Y 25. Ver ta111bién O. R. GURNEY, "Tbe Assyrian tablets from
Sultantepe", Proceedings of the British Academy, 1955, 26-27. Y cf. además W. G.
LAMBERT, "The Sultantepe tablets: a review article", RA, LIII (1959) 119-38.
Y el material de ( S) proviene de dos tablillas, aparentemente sin número de catálogo, conservadas en el Museo del Louvre. Con sólo dos columnas cada una, parecen
ser la segunda y la tercera de las cuatro que constituyeron el ejemplar de Susa. Fueron
publicadas inicialmente por V. ScaEtL, "Fragments de la legende du dieu Zu version
susiénne", RA, XXXV ( 1938) 14-25, y de nuevo transliteradas y traducida~ por J
NouGAYROL, "Ningirsu vainqueur de Zu", RA, XLVI (1952) 87-97. y en ANETÍ
110-12 Y 515-16, E. A. SPEISER ha traducido una versión compuesta a base de (S)
y de (A}.
El bilingüe neoasirio, por último, se halla en K 4628, texto editado por L. W. KING,
CT, XV (Londres, 1902) láms. 41-42, y traducido por P. ]ENSEN, KB VI ¡ 55.57 y
E. EBELING, AOT2 143. Para el ciclo sumerio de Lugalbanda puede verse además s. 'N.
KRAMER, "Sumerian literature", Proceedings of the American Philosophical Society,
LXXXV (1942) 321, a completar con id., Sumerian literary texts from Nippur (New
Haven, 1944; Annu_al of the American Schools of Oriental Research, XXIII) 12.
Todas las traducc10nes y transliteraciones citadas han sido tenidas en cuenta para la
elaboración del presente trabajo.

323

�HERNANDO DOM!NGUEZ CAMARGO, PRIMOGÉNITO
DE GóNGORA

Dr. JOAQUÍN ANTONIO PEÑALOSA
San Luis Potosí, S. L. P.

TRAYECTORIA CRÍTICA
LA OBRA DE DoMÍNGUEZ CAMARGO -habent sua fata libelli- ha resentido
los altibajos de los cambios estéticos y las vicisitudes de la tornátil posteridad.
Nace al ardiente panegírico de sus editores, no sólo con crecidas laudes,
sino con todo cuanto pudiera fantasearse de más colmado.
Prosigue recibiendo, en el Setecientos, la más encendida y confiada defensa, así sea en una voz solitaria y audaz.
Pero cuando, a la mutación de los gustos, la fácil mofa, la incomprensión
obtusa o después el más cómodo olvido sepultaron a todo cuanto había florecido bajo el signo del Barroco, con el pretexto de un falso clasicismo, la crítica
envolvió en igual desdén a Góngora y los suyos.
La fobia antibarroca del XIX se expresa, más que en juicios sobre Domínguez Camargo, en prejuicios unilaterales, en tímidas concesiones o en suposiciones gratuitas.
Si, al fin y al cabo, estos "juicios" pudieran hallar alguna evasiva misericordiosa, en cuanto producto de su tiempo; no podemos encontrar explicación que favorezca la actitud de ciertos críticos más recientes -después de
la dilatada y lúcida revalorización del Barroco-, a quienes nadie tiene derecho de exigirles simpatía, pero sí, al menos, entendida comprensión del
gongorismo.
Cerrado el periplo de su aventura, torna la obra de Domínguez Camargo
a su primer nivel de férvido aplauso que la restituye a su altura exacta.
Mucho más que un dato externo para la geografía, han confluido al retorno y gloria del Poeta de Santafé -tras las nobles y vigentes voces de Es-

325

�i
..

1

' ''

paña-, el empeño y el amor de su natal Colombia que le erigirá, en la edición de sus obras, el más perenne monumento; de Argentina que le consagra,
en el estudio de Carilla, el primer libro dedicado exclusivamente a analizarlo; de Méjico, en fin, que, pudo contribuír a esta justa ofrenda coral, ya unánime y plausora de toda la Ancha Castilla.
Albores de la Fama

Mucho antes que el maestro Don Antonio Navarro y Navarrete diera "a
la estampa y al culto teatro de los doctos" el Poema Ignaciano, "ya tenía
noticia" de él; si bien llegó a sus manos '"'por medio bien extraordinario",
después de la muerte del autor, cuando aún "carecía del aplauso de los cultos", y sólo él, su depositario, podía ufanarse de serle su "estimador" y "apreciador".
"Llegó a mis manos (el poema) -explica- como obra en quien su autor aún no había echado las últimas líneas de la elegancia y primor, por haberle atajado la muerte cuando con más calor trataba de ajustarla" ... "reconociendo que no estaba acabada, ni con el aseo y perfección debida ...
Y porque no careciesen los aficionados a las Musas, de tan sublime espíritu,
me dediqué al estudioso desvelo" de completarlo. Por eso "extrañará el poema algunas octavas y versos míos, que ha sido forzoso ingerir, porque no sa•
liesen algunos cantos defectuosos. . . Lo que puepo asegurar, es que no los
admirará por iguales (el lector) ; que los desconocerá, sí, por humildes", pues
"sólo el ingenio de tal Apolo, los rayos de tan refulgente Sol pudieran limar e ilustrar sus mismos versos".

Si no precisa su ingerencia en la factura del Poema, sí subraya el poderoso
caudal gongorino que lo fecunda: "De algunos versos enteros se valió de
Góngora (como primogénito de su espíritu), y de algún otro poeta, para ilustrar su Poema; pero con ingenuidad lo confiesa a la margen, como yo se lo
he reparado en el borrador, que he visto".

' 1

Y aunque confiesa que siempre ha de "quedar atrasado en la alabanza",
Navarro Navarrete juzga a Domínguez Camargo "el más culto e ingenioso
poeta, no sólo del Nuevo Reino de Granada, su patria; pero, a mi entender,
el refulgente Apolo de las más floridas Musas de todo este Nuevo Orbe".
Ensanchando su visión, ya profética, más allá de los mares y los siglos,
pondera: "Muy limitada fama le buscara al Poema, si me contentara sólo
que le gozasen estos bárbaros aunque capaces límites de América, y no aspirase a que navegase a las cultas riberas de la Europa. Confiado le aseguro
la buena acogida de sus habitadores. . . Este poema, por raro, por exquisitc,

326

y peregrino, será apreciado de todos; y mejor, de los más cultos ingenios ...
Su grande numen le negociará a Nuestro Poeta el aplauso de los raros, entre los que precian los versos y saben honrar los famosos ingenios, adquiriendo cabal la gloria entre propios y extraños, que no consiguió del todo en vida
entre los mismos de su Patria".
Gracias al "intelecto de amor" de Navarro Navarrete -a su palabra
fervorosa lo mismo en la Dedicatoria que en el Prólogo "al curioso lector", y
a su trabajo de integrar y publicar el Poema Heroico-, Domínguez Camargo
ha podido pasar "de los retiros del silencio a la publicidad de la fama".
No podemos ignorar, en estos albores laudatorios, la "aprobación del R. P.
M. Fr. Pedro Palomino, de la Orden de San Benito, Predicador de su Majestad y Abad que ha sido del Monasterio de San Isidro de Dueñas", estampada al final de los preliminares del San Ignacio. Cultor obligado de la tradicional paciencia benedictina, a Fray Pedro Palomino aún le parece breve
y reducido el caudaloso volumen del Poema Heroico. Como si no bastaran
sus cientos de octavas y miles de versos, para cantar nada más que una parte de la vida de San Ignacio: " ... He leído este libro y para quitar el escrúpulo de apasionado, lo he notado de pequeño cuerpo para tanta alma. ¿ Cómo puede escribirse, en tan pocas hojas, vida, grandezas, prerrogativas y milagros de tan prodigioso Santo, si no es que sus alabanzas se remitan al silencio?. . . Grandeza del Patriarca San Ignacio, se explica mejor hablando
menos. Este estilo siguió el autor del libro. Mucho dice en lo que de industria
calla; y en lo que con tanto acierto escribe, muestra bien su mucho afecto, su
devoción grande, la riqueza de su vena, la abundancia de sus noticias y la
valentía de su ingenio".
Desbordando los límites de una mera aprobación eclesiástica, orientada a
emitir un juicio sobre cuestiones de fe y costumbres, Fray Pedro Palomino
no puede menos de advertir en Domínguez Camargo, esas altas dotes poéticas, tan insignes y peculiares del Poema Heroico, de su "riqueza" y "valentía".

La Apología del XVIII

Débese a Don Manuel del Socorro Rodríguez, director de aquel benemérito "Papel periódico de Santafé de Bogotá", la primera defensa de Domínguez Camargo.
Bajo el rubro general de "Satisfacción a un juicio poco exacto sobre la li•
teratura y buen gusto, antiguo y actual, de los naturales de la Ciudad de
Santafé de Bogotá", publicó, anónimos, tres artículos consecutivos, los viernes

327

�30 de marzo, 6 y 13 de abril de 1792, precisado a contestar las impugnaciones
de "El Espectador Ingenuo", que transcribe en su parte medular. El cual,
después de confesar que no es natural de Santafé, sino que se halla "accidentalmente en ella después de haber visto algunas ciudades cultas de Europa,
y las más nombradas de América"; y después de presumir donosamente de
sus conocimientos literarios, interroga y reclama al director: "¿ Qué gusto se
ha de tener a este bellísimo ramo de literatura en un País donde jamás se
han conocido sus elementos? ¡ Ah, qué perdido es todo lo que Usted ha incluido de poesía en varios números de su periódico!"
Aunque, en un principio, el director prefirió soslayar esos "papeluchos que
en substancia nada contenían, sino torpes y groseras invectivas contra el honor literario y fina ilustración de esta capital", tanto más que "los autores de
tales folletos, no siendo capaces de enviarnos composiciones dignas de los espíritus reflexivos, o útiles de algún modo al público, pretendían que el periódico se redujese a las ridículas contestaciones, satirillas y bufonadas en que
suelen degenerar tales escritos" ... ; a la postre, se vio forzado a responder
para que no fuera que ~'muchos sujetos fuera del Reino" se formaran "otro

concepto de la literatura, cultivo y buen gusto de la Ciudad de Santafé, pues
sabemos (y aún quizá corre por escrito) que se le considera bajo un aspecto
poco decoroso y demasiado infeliz con respecto a las Cortes de México y del
Perú" . ..
Aunque el autor del ensayo apologético promete satisfacer a su impugnador con pruebas de los logros literarios antiguos y ac.tuales, no encuentra mejor contestación que dedicar la parte más amplia de su apología, al estudio
y encomio de Domínguez Camargo.
Apenas lo nombra, se exalta entusiasmado: "Es preciso hacer ver a Ud., y
a otros muchos que quizá lo ignoraban ¡ cuál sería el talento de un hombre
que, ahora 126 años, cuando a duras penas venían libros de la Península,
desde este rincón de América dirigía sus melifluos acentos al Coro Délfico,
con tanta sublimidad y energía como los más famosos Vates de la Europa!"
Y, ya en este tono, prosigue el desbordamiento: "¡ Oh, el mayor de los ingenios americanos!" Pero contiene la efusión y anota al pie de la página:
"Bien considero el reparo de algunos sobre esta expresión; después satisfaremos con la claridad que exige el asunto". Pero torna el entusiasmo: "¡ Tú
fuiste el primero en este Nuevo Mundo que supo imitar con elevación y maestría el armonioso idioma de los Horneros y Virgilios! Sí, por cierto, ¿ Quién
no se admira al ver que, en aquella edad, se escribiesen en Santafé unos versos tan sublimes, tan numerosos, tan eruditos y tan llenos de fuego ... ?"
Después de preguntarse si en la Corte de Felipe IV habría un poeta superior al Santafereño, su apologista opina justamente que el Conde de Villa328

mediana -"aquel cisne palaciego que lograba entonces los mayores aplausos"-, no le aventaja "ni en la sublimidad conceptuosa, ni en la belleza de
la dicción" ; y que se halla "mucho más método y buen gusto poético en el
Americano que en el Europeo"; si bien Don Manuel del Socorro Rodríguez,
-poco afecto al tiempo "de la corrupción de nuestro Parnaso" y al "miserable
siglo de nuestra poesía" en que vivió Domínguez Camargo-- se equivoca al
afirmar que este poeta "siguió la sencilla elevación de los Argensolas" y la línea de Remando de Herrera y Hernando de Acuña, mientras el Conde" se declaró abiertamente por el partido de los hinchados cultos, gongorizando entre otros varios" . ..

En cuanto a la confrontación de Domínguez Camargo respecto de los poetas americanos que "existían en aquella época", Don Manuel torna a colocar el cetro en manos del Santafereño: "¿Nos ha quedado, por ventura, alguna obra que acredite un genio creador, un talento original", como el
suyo? Al pasar de lo general a lo particular, continúa: "Aunque hablando
con todo el rigor crítico y filosófico que pide la materia, parece que ningún
talento americano (tomado en la fuerza natural de lo que se dice Ingenio)
ha sido superior al de la célebre mexicana Sor Juana Inés de la Cruz; sin
embargo, debemos alegar en favor de nuestro Domínguez, no sólo la notable
diferencia de los tiempos en que existieron uno y otro, sino de las ciudades
en que vivían y también de las proporciones para estudiar metódicamente un
tan difícil ramo de literatura".
El apologista reconoce "algunos defectos acerca de las figuras y dicción
poética de nuestro granadino"; vicios que no sólo disculpa el signo de sus
tiempos, sino que acredita la "rectitud del número" del poeta, que supo esquivar "las posibilidades y juguetillos de voces" que entonces "se celebraban
con el bello nombre de agudezas, adquiriéndoles a sus partidarios los magníficos renombres de cultos y de divinos".
Pero, se impone una pregunta previa: "¿Por qué tan ilustre ingenio yacía
olvidado en el mismo seno de su Patria?" Cuatro causas lo explican:
a) el asunto poético: "Poco leídas las poesías sagradas, por la natural aversión que tiene nuestra miseria a todo lo que instruye".

b) la condición geográfica de Santafé que entonces dificultaba "el comercio de libros" y "la preocupación de piezas y noticias literarias".
c) la ausencia dolorosa de ejemplares. Si en la ciudad de Santafé, "que
debía haber cuatro mil, no hay (sino) cuatro. . . ¿ en dónde los habría? Y lo
que es mucho más doloroso, ¿ cuándo se volverá a hacer otra edición?" Habrían de transcurrir 196 años para colmar el urgente deseo del buen Don
Manuel.
329

�d) falta de imprentas: dificultad de establecerlas con la formalidad que
corresponde, riesgos en la remesa de manuscritos a Europa, excesivos costos
en la impresión y traída de ejemplares. Estos "excesivos costos" lo hacen
suspirar como en paréntesis: "Aquí era el lugar de anunciar al fin de nuestro
periódico dentro de breves días" ...
No son menores méritos de este alegato, los datos biográficos sobre Domínguez Camargo y el afectuoso análisis del soneto A Guatavita.
Bien pudo Don Manuel empezar y concluir su "satisfacción" con casi este grande y colmado argumento: "Ya ha visto Ud., en nuestro Domínguez
Camargo, un hombre de un mérito sobresaliente, el cual quizá jamás querría
Ud., ( y aún otros muchos) conceder que había existido en el ciudad de Santafé" ... ; digno "no de este miserable elogio que le hace el más rudo de los
hombres, ni de que sea el monumento que eleve su memoria a la posteridad
un triste folio volante, como el presente; sino de que el Ingenio Americano
le erija una pirámide de oro donde, inscrito su nombre con caracteres de diamante, lo coloque sobre el monte de su gloria literaria para eterno timbre de
. ".
s1 mismo
;

El exhordio de los prejuicios

En juicio sumario, D. José María Vergara y Vergara, el autor de la
Historia de la literatura en nueva Granada -cüya primera edición data de
1867- asienta que "las bellezas o defectos de los literatos neogranadinos no
son propios, sino hijos de las bellezas o defectos de la escuela española que
seguían"; y ya más gratuitamente prosigue: "En el siglo XVII, no hallaremos sino retruécanos, afectación y frases puestas en tortura para que no
cometan la simpleza de dejarse entender".
Con facilidad podemos colegir las consecuencias que sobre Domínguez
Camargo obtiene de tales antecedentes: "No podía Camargo, que no era
un genio, producir otra cosa que absurdos" ...
11

Aunque reconoce su dependencia poética de Góngora, "de quien es el
primer hijo" -tal como lo advierte el prólogo del Poema Heroico- y aunque comenta "que no se le puede pedir más gongorismos a la época del
gongorismo", no podemos menos que tachar de incongruente a Vergara
cuando, reconociendo palmariamente "los gongorismos" de Camargo, se admira de que llame "celeste bola" a un astro y de que, peor todavía, esté
convencido de que esta imagen "hubiera hecho pasmar de admiración a
Góngora". . . "Pero en medio de tantos absurdos -concede Vergara- la
versificación es robusta y tiene versos que demuestran ingenio digno de me-

330

jor arte poético, Camargo tenía verdaderamente talento y fuerzas literarias".
Salvedades encomiásticas que repetirán, a su modo, Menéndez y Pelayo, Gómez Restrepo y Ortega.
Un nuevo planteamiento

En el "estudio preliminar" al Parnaso Colombiano, Colección de poesías
escogidas por Julio Añez, de 1886, Rivas Groot dedica algunas líneas al Poema
Heroico. "A más de ser de buenas proporciones, tiene octavas reales de algún ingenio, aunque un tanto salpicadas de gongorismos". De Góngora procede la "manía de las piedras preciosas y otros objetos, al par que determinadas flores". "No fue sólo de nuestro autor, sino, como la mayor parte de
los defectos que hay en él, de los tiempos que corrían y de la culta copia de
Góngora, no en lo bueno, sino en lo malo de éste, que sus admiradores exageraron.
Buscando una disculpa a quienes "han usado de ingenio semejante y que han
sufrido, por ello, constante flagelo", Rivas Groot pide a los críticos que, antes
de censurar tales gongorismos, "y señalarlos como muestras del profundo
extravío del gusto ... , tengan en cuenta que las más ( de esas composiciones) no son serias, sino de propósito burlescas, y que en este terreno tales
cosas son por lo menos disculpables y, en todo caso, preferible a correctas
insulceses".
A don Antonio Gómez Restrepo le pareció esta observación de Rivas Groot,
"ingeniosa" y comprobatoria de "la agudeza del crítico", aunque no dejó
de puntualizar que los poetas gongoristas trataban también sobre "los asuntos
más serios, como es de verse en el citado Romance de Domínguez Camargo,
sobre la muerte de Nuestro Señor Jesucristo".
Corresponde, sin embargo, a Rivas Groot el mérito de haber iniciado una
rectificación o reconsideración del fallo unilateral y adverso que, hasta en
ese momento, se había preferido sobre el Poeta. Lo esencial de su actitud
es el separarse de Vergara, el buscar un nuevo planteamiento, intentar nuevas
formas de acercamiento a Domínguez Camargo, y subrayar algunos aciertos
y aspectos de valor positivo.
Como si quisiera colmar el vacío de Vergara -quien se limitó a mencionar el soneto A Guatavita, desentendiéndose de los otros poemas menoresRivas Groot dirigió su atención hacia las flores del Ramillete, que nadie veí~
tomando en cuenta. Esta es la razón por la cual no se detiene en el canto a
San Ignacio. El carácter de su trabajo, prólogo para una antología, explica
la rapidez del discurso y la preferencia dada a los poemas del Ramillete

331

�sobre el Poema Heroico. No pretendió emitir un juicio completo ni definitivo del poeta y su obra; sino proponer algunas consideraciones, discutibles, pero novedosas.
"Desdén y prisas de don Marcelino"

Son conocidos, de sobra, los prejuicios de don Marcelino hacia toda poesía
que lleva el cuño gongorista. Tal desdén, y la premura con que escribió el
panorama anchísimo de la íntegra Poesía Hispanoamericana, "sin la calma
feliz y la serena degustación que le habría permitido revisar con juicio más
personal sus heredadas y esteriotipadas condenaciones" de aquellas maneras de arte -como reflexionaba Alfonso Méndez Planearle---- explican la
incomprensión y la rapidez con que juzgó al Poema Heroico.
"Si el crítico eminente dormita aquí. . . --continúa Méndez Plancartesólo lo podemos lamentar, pero no omitir". Sólo así pudo reducir las letras
colombianas del siglo XVII -"de mal gusto" y "grande esterilidad poética"-, a "algunos versificadores gongorinos", y "aún éstos . .. poco fecundos"
y autores de un "corto número de poesías impresas".
· Mientras cede a "la piadosa diligencia de los eruditos bogotanos el apurar
el catálogo de aquellos cuyas obras se han perdido, o de quienes sólo se
conserva algún soneto laudatorio o alguna otra ·composición de circunstancias", se limita a hablar "solamente de Hernando Domínguez Camargo,
que probablemente no fue el peor, y que por lo menos tuvo la suerte de
dejarnos bastantes muestras de su ingenio".

Pero a renglón seguido, Don Marcelino se retracta y suprime el grado de
"ingenio" con que venía de graduar al Santafereño; "su Poema Heroico de
San Ignacio de Loyola es, sin duda, uno de los más tenebrosos abortos del

gongorismo, sin ningún rasgo de ingenio que haga tolerables sus aberraciones".
¿ Es posible armonizar aquellas "bastantes muestras de su ingenio" con este
"ningún rasgo de ingenio"? Quizás aquella alabanza inicial pudo referirse
a las poesías del Ramillete; pues si el Poema Heroico no le mereció más que
tres líneas redondamente condenatorias, los poemas menores le suscitaron
un juicio menos áspero, acaso porque, dada su brevedad, pudo leerlos y llegar, de esta manera, a un análisis un poco más extenso y personal, aunque
con los inevitables prejuicios antibarrocos.

332

Don Antonio Gómez Restrepo

De los siete capítulos que forman su Historia de la literatura Colombiana,
en el período colonial, consagra íntegramente el cuarto a Domínguez Camargo.
Después de un análisis desfavorable al gongorismo y después de afirmar
que "la reacción seudo-clásica. . . desalojó a la escuela gongorina" y "trajo
el buen gusto" es muy natural que, con tales premisas, juzgue "desaforados"
los elogios contenidos en el Proemio al San Ignacio, acepte sin reservas el fa.
llo de "tenebrosos abortos" con que Menéndez y Pelayo calificó a este Poema,
transcriba algunas octavas "para ver si logran hacer sonreír al lector", y
concluya diciendo que el enorme esfuerzo de Camargo se resuelve en "un
resultado tan pobre y las más de las veces negativo". Sin embargo, Gómez
Restrepo no puede menos que reconocer las altas virtudes de Camargo, así
sea con regateos o púdicas concesiones, como cuando encuentra, en el Poema
Heroico "versos dignos de la Araucana". "Es lástima que Domínguez Camargo -escribe---- no hubiera florecido algunos años antes, y hubiera recibido la influencia de Ercilla, más bien que la de Góngora, poco adecuada
para un poema épico. Mejor encauzada su imaginación, habria llegado a
ser, probablemente, uno de los buenos poetas de la América Colonial, y habría aprovechado mejor aquella fuerza de expresión que le permitió comparar las murallas de Cartagena con un párpado de piedra bien cerrado:
metáfora que parece arrancada de una tragedia de Esquilo".
Es lástima, de veras, que Gómez Restrepo, advirtiendo "aquella fuerza de
expresión", hubiera preferido a Ercilla para influenciar a Camargo sobre
el gran Poeta que fue maestro en toda "fuerza de expresión".
Gómez Restrepo trata de comparar a Camargo con el español Miguel de
Silveyra. Después de transcribir una mediocre octava de su poema de tema
bíblico El Macabeo, impreso en Nápoles en 1638, afirma: "Un mérito tienen
estos poetas. Ambos fueron excelentes versificadores. Pueden abrirse su•
poemas por cualquier parte, y se encontrarán sonoros versos, octavas muy
bien cortadas, rimas ricas. Si en esto sólo consistiera la poesía, Domínguez
Camargo y Silveyra figurarían entre los grandes poetas castellanos". La animadversión gongorista sólo advirtió el trabajo externo y cumplido de la
poesía; aunque, eso sí, justamente cierto.

Decididamente la admiración de Gómez Restrepo, "cuando se recorren
estos poemas gongorinos", se detiene "ante el esfuerzo cerebral que presupone el escribir una obra extensa en que nada está dicho en forma natural
y corriente". Y apenas concibe, ya llevado de la hipérbole o de la ironía,
"que al dar fin a millares de octavas trabajadas de tan singular manera, el
333

�poeta haya podido con,ervar sana su mentalidad". . . (p. 123). El fenómeno
literario se ha convertido en fenómeno patológico ...
No menos de veinte erratas notables pervaden los reducidos fragmentos
del Poema Heroico con que Gómez Restrepo ejemplificó su estudio. Y aunque con nuevas erratas, tuvo el acierto de transcribir todas las poesías líricas menores de Camargo.
Continuación de los prejuicios

El breve juicio que sobre el Poema Heroico inserta la Historia de la literatura Colombiana, 1935, de José J. Ortega T., depende fundamentalmente
del de Menéndez y Pelayo. Domínguez Camargo "fue un completo gongorista; pero en medio de sus oscuridades y absurdos tiene rasgos que muestran ingenio, y su versificación es vigorosa y, en general, correcta".
Por su parte, Javier Arango Ferrer hace a Domínguez Camargo, dueño de
ambos romances A un salto, y poeta de "viruta gerundiana".
Con este elemental criterio de confundir a Fray Gerundio con Góngora,
no extrañarán las demás afirmaciones del critico: "El clérigo de Turmequé
extremó el culteranismo, siguiendo las veleidades de la época". Confiesa, sin
embargo, que "aun en las octavas más subidas de punto, no incurrió en las
majaderias de sus contemporáneos", que ocupa el primer lugar en el ingenio
dentro de los poetas coloniales de Colombia y qüe, aunque se le considera
"como el más alto representante del gongorismo en América" gracias a "algunas revistas" así en abstracto, y en falso, pues no fueron tales revistas sino
la Antología de Gerardo Diego, -"nosotros, que somos tan modestos, nos
empeñamos en afirmar con López de Mesa que la poesía durante la Colonia, alcanza apenas a balbucir" ...
El "Interés documental" de Bayona Posada

Don Nicolás Bayona Posada, en su Panorama de la Literatura Colombiana esquematiza "toda la literatura colonial del Nuevo Reino" como "miedosa, chismosa y religiosa", o sea, "reducida a tres géneros: el de leyendas
de aparecidos y duendes, el de aventuras poco edificantes y el de novenas
y vidas de santos" ... , y dividiendo este último en dos épocas -"la infantil,
candorosa e ingenua" de los simples rezos piadosos, y la de "los excelsos
gongoristas"-, en donde yuxtapone algún sermón de un dominico, intitulado
cómicamente Ladridos eucarísticos del perro, dados por el V. P. Francisco
de Posada, con uno que él gradúa de "poema gerundiano" (sin decir, por des-

334

gracia, autor, ni fecha, ni título), pero del cual desprende un verso -para
él risible y para nosotros maravilloso- que llama a los Apóstoles "los doce
Participios de un gran Verbo" ... ; y allí mismo despacha en doce líneas a
Domínguez Camargo, repitiendo el infundado gracejo de que "floreció -risum teneatis- en Turrnequé''; inventándole "las apologéticas" en que suele
abundar su Ramillete de Flores Poéticas. . . (donde ni el Ramillete es suyo,
sino de Evia, ni hay sino una invectiva: no "inventivas", ni menos mu~
chas ... ) atribuyéndole -él también- el romance de la "metáfora de toro"
-que no es sino del P. Bastidas, como lo evidencia Carilla, sin más que
hacernos leer la nota de Evia-; y sólo añade que, en su San Ignacio "lega
a la posteridad ... , a lado de versos y hasta de estrofas verdaderamente admirables" (pero de las que no transcribe el mínimo rasgo), "el modelo inigualable de los crucigramas poéticos tan en boga en nuestros días. Nihil
sub sole novum" ... Y tras ello parece colocar a Domínguez Camargo entre
"figuras que en último análisis tienen más de interés documental que de
atractivo estético", y sobre los cuales "se destaca solitaria" la V. Madre Francisca Josefa del Castillo y Guevara a quien adscribe "méritos muy superiores
a los de la Jerónima de Méjico". Paralelo imposible por la falta de un común denominador; pues no cabe ninguna rivalidad, ni de parte de la Décima
Musa· en cuanto a la vida mística y la prosa, ni de parte de la Estática de
Tun ja en cuanto a la eminencia poética.
Núñez Segura: Lo incomprensible y lo supuesto

El P. José A. Núñez Segura, S. I., en su Literatura Colombiana: Sinopsis
y comentarios de autores representativos, asienta que Domínguez Camargo
"siguió fácilmente los procedimientos más originales" de Góngora y "no tiene que envidiar a ninguno de los culteranistas peninsulares"; aunque esto
no es ningún elogio en la pluma de quien pinta "un ambiente literario infeccionado de conceptismo y culteranismo" y añade que "en este poema ( el
San Ignacio), como en los de Góngora, todo es incomprensible, porque se
disloca el sentido" ... , o pondera como "hipérbaton forzado" este verso ino.
centísimo:
Tantas tu acero te vincule glorias . ..
1

Incomprensible", ciertamente, resulta la única octava que copia orrutlen•
do su tercer verso y poniendo "una" en vez de ''urna" en el octavo. Y a tal
'

distracción se añaden los de volver a atribuirle a Domínguez Camargo los
"dos romances a un arroyo", y decir que "nació en Turmequé" y que éste

335

�era "su pueblo natal" -aunque esto va corregido a mano en nuestro_ ejemplar-, y asentar que "murió en Turmequé en 1659", y dar por res1den'.es
en Bogotá, a sus dos editores, y como jesuita al segundo, llamando a Ev1a,
"condiscípulo de Domínguez en San Bartolomé" y a Navarro y Navarrete
"su profesor en San Bartolomé". . .

.

Estos últimos datos son meras suposiciones erróneas; y ello tn1smo nos hace desconfiar de la otra doble noticia que nos da, sin indicación de su fuente,
al afirmar que el Poeta "murió en Turmequé en 1659".
.
y mientras dice que en el San Ignacio "todo es incomprensible, porque se
disloca el sentido, la pintura clara y natural de las idea~ y de los h'.'chos",
dedica, en cambio, cinco páginas al sainete Las Convulsiones, de Lms Vargas Tejada, que sostiene este tono "claro y natural":

"-No, señor, quiero ver cómo receta,
por si acaso me da una pataleta . ..
-¡ Qué alboroto, qué bulla! ¡ Jesús! ¡ Credo!
Don Gua/berto, por Dios, estése quedo.
¿Qué hace aquí, don Cirilo? Ahora lo agarro.
¿D6nde están mis cubiertos y mi jarro?" . ..

Pero no entendemos por qué Gerardo Diego alude a "la servil imitación
de Góngora", cuando el entrañable gongorismo de Camargo no puede explicarse por externas calcas y automática aplicación de fórmulas poéticas, sino
por vital compenetración y saturación tan íntima, que el parecido trasciende
a un raro y verdadero fenómeno de filiación literaria. Tampoco justifica Gerardo Diego "la monotonía y desmayo, inherente a todo poema épico extenso",
que "hacen a menudo enojosa la lectura" de las octavas del Poema Heroico.
Dificultosa sí, como ya Dámaso Alonso lo puntualizaba de Góngora: pero la
potencia inextinguible de Camargo ondula y refulge a cada paso, logrando
hallazgos imprevistos y fértiles que tiran la atención del lector de octava
en octava.

Y mucho menos comprueba "las caídas del Poeta en su afán de vulgarizar,
de culturizar el estilo" que lindan con "los descalabros de lo cómico"; pues,
a renglón seguido, alude a "versos tan divertidos" de Camargo que no pue-

den ser "descalabros", si en "una impresión graciosa", "nos provocan un mohín
de sorpresa que tennina generosamente por comprender y acariciar".

Resurrección del Poeta

Desde que el Maestro Don Antonio Navarro y Navarrete prologó con generosas laudes y dio a luz el magno poema de Domínguez Camargo, a~lá
por 1666 --exceptuando la voz solitaria de Rodriguez, en 179~-, no volvieron los críticos a tributarle ni la advertida atención, ni la cordial entrega, m
la comprensión anchurosa. Fueron necesarias más de dos centurias ~ara que
la resurrección de Góngora trajera aparejada la de su oscura y lutn1nosa escuela.
"Todo lo cual se explica --comenta con justicia Don José Maria Rivas
Sac.:oni- por ser Góngora el modelo del Santafereño, cuya rehabilitación
data precisamente de Gerardo Diego, quien en su ntologla poétic~ en ho,nor
de Góngora (Madrid, 1927), publicada con ocas1on del centenano de este,
reprodujo textos de Domínguez Camargo". No se limitó el Poeta español a. la
selección de un corto trozo del Poema a San Ignacio, sino que en el erudito
Prólogo le dedicó expresiones entusiastas: "Acaso no haya otro poeta tan
ceñid.0:ente adicto a Góngora", cuyo "óptimo gusto", lástima que Gerardo
Diego aún persista en la bifurcación del Cordobés, refléjase en "la calidad y
alteza del gusto" de Camargo.

f

Hay en el Poema Heroico "recodos de encanto y de poesía, cuando no de

336

peregrina extrañeza". "No deja nada que desear en punto a condimentación
poética", aquel "bodegón suculento" en que el Poeta describe algún convite;
sin que falten "episodios sabrosos" como los partidos de pelota y de billar,
relatada ésta "con ironista minuciosidad".

Atención y homenaje de España
A la preocupación de D. José María de Cossío por "el fenómeno estético
de más alto interés del que tengo noticia: la Poesía", responden sus aladas
y certeras "notas de asedio", reunidas en el libro Poesla Española.
En el capitulillo titulado Un teorema poético, José María de Cossío afirma
que, "cuando el objeto del verso no es de tan evidente calidad bella, acude
la palabra a reforzarla, y la retórica con todos sus embolismos de tropos y
metáforas, y el ingenio y la invención con todos sus recursos creadores".
Tal es el procedimiento que los poetas intentan en el bodegón y la naturaleza muerta. "En ella hay que crear la belleza, a pesar del objeto". . . Así
Góngora, para mostrar el aparejo de una rústica mesa" ...
Pero "mesa de más distinción y riqueza" nos resuelve por idéntico sistema

Hernando Dornínguez Camargo en estas octavas:
Damascada.
Damascada pensión de los telares,
flamenca Aracnes descogió, arrogante,
entre hilados jazmines y azahares,

337

H. 22

�unas veces, ingenuo deliciosamente otras; siempre rico de forma, de adjetivos

no menos blanco lienzo que fragante.
Muró de crespas garzas, no vulgares,
sus orillas la mesa, en que arrogante,
crestado un lienzo sobre el otro, hacía
entallada de nieve cetrería.

y de abundancia decorativa" ... ; "no sólo barroco del dinamismo, sino plenamente de la exhuberancia Churrigueresca" ... ; "desigual en gusto, sutil
y lujoso", exornado con "lágrimas finas y delicado vidrio", de cuyo "fondo
plástico, dinámico y recargado, como un cuadro de Rubens, surge la figura
de San Ignacio".
"Esta epopeya recargadísima y frondosa del Poeta colombiano -sintetiza
Valbuena Pral- es la mejor interpretación de tal asunto, suntuosa y saturada
de brillantes imágenes".
Valbuena Prat solamente enuncia, pero en ello hay un acierto no advertido
por los anteriores estudiosos de Camargo, "la fluidez y abundancia del paisaje
americano", que ha dejado en el poema "una huella inconfundible" en la

Sol un salero, confusión de estrellas,
desmembrado en sus piezas, derramaba;
y, rayo de oro la menor, centellas
en las nubes de lino fulminaba.
De opimos frutos y de flores bellas,
A maltea sus cuernos trastornaba
sobre los cedros, que cansados gimen
de las grandezas con que los oprimen.

elección precisa de "lugares, motivos de imágenes" traídos de su tierra; o en

el espíritu de su obra, donde "como en las tierras tropicales, hay un derroche de flora y fauna, con sus menudas invasiones por el fondo verde y frondoso y húmedo de abundantes lluvias".

(Libro I, octavas 52 y 53) ·
Aunque parezca demasiado fugaz la presencia del _Cant? de San ~!?'ªc'.º' la
sim le alusión se transforma en atención y en _condigna mc~rporac1on: _iunt~
aquellos grandes y magníficos poetas espanoles,_ que supiera~ serv'.1
lentas "mesas poéticas" al goloso halago de los sentidos: el aludido Gon~oia,
Garcilaso, Espinosa, Soto de Rojas.
. .
Con sincero entusiasmo muéstrase Don Angel Valbuena Pral, e~ su _H~tor:
de la literatura española, al situar a Domínguez Camargo entre los umtad . dores de Gónaora"
y' más precisamente entre los poetas
res y contmua
o
·¡ ,, que
As'
S Ignacio "en la poesía del tal dinámico y frondoso est.I o . 1
cantaron a an
,
d
s Jgna
"el famoso casuista" Antonio de Escobar y Mendoza, autor, e un ~n h , .
,1 •
llamó "poema heroico" -tal como, mas tarde, o ana
cw que e mismo
Ob "d 1
' o- publicado en su ciudad natal, Valladolid, en 1613. ra e
eamarg
,
o' fluye el
..:da en el "verso típico del claroscuro", .barroc
brote cu!terano,,' veru
,,
"

ca:

:pu

tema "aparatoso y sensmiar' ' animado de "una noble retonca
. .', con 1versos
.
ráfaaas
de
visión"
y
aun
con
una
descnpc1on
que evocan 11 amas Y
o
,
.
. de ¡uego

de trucos que es nueva referencia al San lgnacw del Poeta americano.
' d a razon
, se d uele Valbuena Pral de que críticos y estelas. hayan
Con sobra
· ,, ' cuya obra "no s6lo mteresa
.
1 'dad a este "cantor barroco de San Ignac10
o v1
°
1m
·
as
smo
por
como muestra de Ia exp ansión del gongorismo en a as .amencan
•
h ' 11
d
la elección misma del asunto de su mayor poema. Estilo ¡esu1ta se a ama o

. " ...
mucho al barroqmsmo
· es "abundante y prolijo
"Palacio de jaspes y pórfidos"' el Poema H ero1co
338

En su Antología de la Poesía Sacra Española, el mismo crítico eligió veintitrés octavas del San Ignacio; manifiesta incorporación del Poeta de Santafé a
los dilatados cauces de nuestra lírica.

Hacia la Plenitud
Mientras en España, tras el descubrimiento de Gerardo Diego, iba ganando
la atención Domínguez Camargo -a través de José María de Cossío, Angel
Valbuena Prat y Juan Chabás- "en América -ya son palabras de Carilla-,
lugar donde podía esperarse una rápida difusión de estos estudios", la rehabilitación del Santafereño parecía seguir "un ritmo más lento".
No contento con enfatizar la importancia de Domínguez Camargo dentro
de las letras virreinales americanas, tal como lo puntualizó en su estudio sobre
El Gongorismo en América, don Emilio Carilla le consagró por primera vez
todo un libro, pese a su brevedad, en que estudia al hombre y al poeta.
La importancia de este ensayo crítico, sobre sus logros parciales, radica
fundamentalmente en el examen directo de la producción del Poeta, mientras estudios anteriores aceptaban con ligereza juicios ajenos sin personales
experiencias, o se apoyaban en la firma consagrada.
He aquí las más felices conclusiones de Carilla. En cuanto a la inundación
de Góngora en la poesía de Camargo, recuerda aquella "filiación de genios"
con que Thibaudet asimilaba las obras de Flaubert y Maupassant, fenómenos
que sólo se encuentran en las escuelas de pintura, como entre Van Dyck y
339

�Rubens, o entre El Veronés y Ticiano. "En el caso de Góngora y Domínguez
Camargo, el nivel, sin ser tan parejo, no deja de constituir un singular ejemplo de parentesco o, si se quiere, de adaptación poética, de los más singulares
que existen en la poesía española". Y más adelante: "Vocabulario, sintaxis,
metáforas, hipérboles y menudas particularidades estilísticas de la lengua poética gongorina son utilizadas por Domínguez Camargo en una medida y fineza
tal, que cuesta a veces distinguir el original del modelo". . . "La dignidad
dentro de la imitación" lo coloca "junto a Vaillanediana, Soto de Rojas, Bocángel y Unzueta y Sor Juana Inés de la Cruz" en quienes a decir de Dámaso
Alonso, "la sombra de Don Luis no ahoga la voz creadora y personal".
El poema de Góngora que con mayor nitidez se vierte en la poesía de
Camargo "no es el Polifemo ni el Panegírico al Duque de Lerma. . . sino las
Soledades: semejanza muy particular que estriba en el hecho de que las escenas más brillantes de las Soledades aparecen calcadas -esa es la palabra-,
en distintos pasajes del Poema Heroico". Y," ya con más atrevimiento, añade:
"El modelo gongorino es tan transparente, que hasta podría reconstruirse gran
parte de unas nuevas Soledad es enhebrando estrofas y estrofas del Poema
Heroico".
Así como en los magnos gongoristas americanos, así en Camargo pueden
descubrirse "otras influencias notarias" que él mismo confesó Hcon ingenui .
dad ... a la margen" del borrador que vio Navarro Navarrete, tal como éste
lo atestigua en los Preliminares del Poema Heroico. Francisco López de Zárate le inspira el Romance A la muerte de Adonis[Fray Hortensia Félix Paravicino, el Romance A la Pasión de Cristo; y Quevedo, a quien Domínguez
Camargo explicablemente conocía bien "asoma principalmente en aquel verso "feo hermosamente el rostro" de este último Romance y en la alusión a la
Aguja de navegar cultos que aparece en la Invectiva Apologética.
Como no existen dos G6ngoras, según la vieja distinción de Cascales fácilmente vulnerada por Dámaso Alonso, tampoc" existen dos Camargos: el
poeta oscuro y mayor del Poema Heroico y el poeta transparente y menor del
Ramillete. "Unicamente hay diferencia ornamental y aun el metro del Poema
Heroico; pero hay que conocer, al mismo tiempo, que los elementos cultistas
se rastrean sin dificultad en la poesía del Ramillete, aquí más al desnudo,
engarzados en un correr menos denso, menos intensificado".

.

"He aquí un poeta -concluye
corresponde en la historia de las
felices poetas coloniales, en una
buena, Oña, Sor Juana, Ruiz de
y aun el P. Landívar".

Carilla- que todavía espera el lugar que le
letras americanas": "El de uno de los más
lista no larga, pero de peso, junto a ValLeón, el Conde de la Granja, el P. Aguirre

El crítico argentino acreció el valor de su estudio adjuntándole una "anto-

logía" de Domínguez Camargo: siete fragmentos representativos del Poema
Heroico, los Poemas del Ramillete y el soneto no coleccionado A Guatavita,
si bien la transcripción de los textos adolece de varias equivocaciones. La Invectiva Apologética no le mereció examen especial.

A pesar de estas leves deficiencias, don Emilio Carilla, a par la comprensión y la simpatía, consuma la resurrección de Camargo en sus propios
cielos americanos.

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de Antonio Gómez Restrepo. Bogotá, Librería Americana, 1905. Tercera Edición
con notas de Antonio Gómez Restrepo y Gustavo Otero Muñoz ... Bogotá, Editorial Minerva, 1931).

r

EL MAL AMOR

Dr. SERGIO FERNÁNDEZ
Universidad Nacional
Autónoma de México

PocAs MENTES HAN ESTADO tan penetradas del sentido de lo maravilloso como
la de Calderón de la Barca. El mundo aparece ante sus ojos como una gran
sala de espejos donde surgen las más diversas imágenes, portadoras, todas,
de un contenido misterioso. En esa galería, en la que no hay deslindes, sino sólo
sombras y luces que engañan la mirada, el hombre transita víctima de la inquietud producida por la duda de no saber hasta qué punto el callejón conduce a una salida o, por lo contrario, hasta dónde tropezará con uno de
tantos espejos y hará pedazos la ilusión que lo . envuelve. Y piensa en que
"todos los que viven sueñan" porque tal parece que cada imagen pregona
como realidad la ilusión y la verdad a un tiempo, a un tiempo el sueño y la
vigilia. Extraña y perturbada configuración que arroja, como último resultado,
un no saber qué pasa, en dónde se está, pues nada es común, cotidiano o
conocido.
Para el teatro de Calderón, por lo contrario, la realidad es siempre sorprendente, alucinante y mágica. Por eso lo maravilloso sale a cada paso y el
hombre, de tanto tropezar con ello, acaba por desconocerse a sí mismo, como
si, privado de un pasado, siempre estuviera a punto de nacer ya que, para
él "es todo el cielo un presagio y es todo el mundo un prodigio".
Ya sea en la comedia, ya en la tragedia, los personajes de Calderón ---&lt;lande quiera que vayan- ven cimas, nubes, sombras, humo, espíritus, fantas~
mas y caprichosas figuras que no responderían, en estricto sentido, a ninguna
palabra que pueda -aunque lejanamente- revelarlas. Lo maravilloso, como decimos, asalta al individuo y es portador lo mismo de bienes que de
males. Recordemos que en La vida es sueño, a propósito del destino fatal de
Segismundo, se ordena que nadie ose "examinar el prodigio que entre estos

342

343

�peñascos nace". El "raro espectáculo" que ha dado el príncipe servirá de
ejemplo ya que puede considerarse como "un horror'', "una extraña admiración" que a todos confunde y pasma. Pero los personajes calderonianos se
encuentran en situaciones tan anómalas que Segismundo es, entre ellos, sólo
uno de tantos, nunca una excepción. Por todos lados, a cada momento, se
oyen expresiones de asombro, gritos y claros o confusos ayes nacidos ante
la contemplación de lo que es, según dicen, prodigioso. En De un castigo
tres venganzas alguien dice: " ... ¡Rara admiración y prodigio extraño! ¿Qué
es esto?" Y en la misma obra ciertos encuentros ameritan versos como los
que se citan a continuación:
... ¿ Quién eres,
hombre, ilusi6n o fantasma,
forma con cuerpo y sin voz,
horror sin vida y sin alma?

que dan "espíritus a las peñas" o se infunden "almas" a los "troncos"? Miles

de Segismundos, inmersos en cada uno de los personajes de Calderón, dicen
con frecuencia "En tantas confusiones, ¿duermo o velo?", "¡ Cielos!, ¿qué
prodigios toco?" "¿Qué enigmas, cielos, son éstos?" "¿Habrá quien crea sucesos tan extraños?"

Todo, pues, se dilata ante los ojos de estos seres asombrados, que ven "bultos" aparentes y sombras "frías", "imágenes pálidas", "humos fingidos". Por
4

ficios, el paisaje, la gente y en general la vida entera surgen en luces "medrosas" que hacen que la vista "padezca" engaños y desilusiones. Existe un
diálogo perpetuo con toda clase de seres -animados e inanimados- que
pueblan el mundo llevando mensajes extraños y difíciles de interpretar. ¿ Qué
buscan estos seres? ¿Qué pretenden? ¿Qué desean? ¿Qué persiguen? Tales
preguntas salen, inevitables, incontenibles, de la boca de los que, guiados por
Calderón, tropiezan con ellos y quedan confundidos:
Espíritus que en eterna
cárcel habitáis, después

344

El teatro de Calderón abunda, pues, en sucesos sobrenaturales que sobrecogen y tienden a impresionar, de una manera decisiva, al espectador. Los
hechos son casi siempre cosas raras, lindantes con lo extraordinario y cada
uno de ellos es de difícil interpretación por tener encubierto su sentido. En
este ámbito, que sobrepasa los límites de la naturaleza, los hombres se desarrollan peculiarmente, ya que la materia de donde surgen -apresada por
maravilloso--- los conformará de acuerdo a exigencias propias y del todo
musuales. No es difícil conceder que los personajes calderonianos están
dot:~os de un temperamento anormal, cuya razón jamás es suficiente para
equilibrarlos, antes al contrario, tal parece que sólo sirven de observadora
p~ralítica -y por ello más parece un castigo- que acusa pero que no impide, pues que no tiene fuerza suficiente, el curso de las más terribles pasiones. En rigor, este último es aplicable sólo a la tragedia.
. ~sí pues lo prodigioso, lo enigmático, da como resultado seres que, por
v1vrr permanentemente dentro del asombro, enfermos de tan fuerte excitación, se violentan a la menor señal que juzguen contraria a sus propósitos.
Mas el problema puede verse a la inversa, o sea que, por tener ese arrebatado
temperamento, más y más sensibles a medida que avanza la vida dramática
que representan, pueden empezar a deformar el mundo y a hacerlo caer dentro_ de lo maravilloso. Pero este circulo, bien empiece o termine con cualqmera de los términos ya indicados, es agobiante y sin duda patológico.
Y así, entre fantasmas, aparecidos y milagros, se deslizan el amor, el honor
Y los celos, dando en conjunto al drama una apariencia singularmente extraña puesto que el contraste no puede resultar más violento. Los asesinatos
de Calderón -sin que choque o moleste a los sentidos- nacen al lado de
brillantes metáforas con las que se regala -a todo aquel que escucha- el
espectáculo de una naturaleza encantada y por ello mismo fascinante. Es como si, en un solo cuadro, se ensamblaran los ángeles del Greco y los cuerpos
t~1'.1efactos de Valdés Leal, diluyendo las ligas con sombras adecuadas que
lucieran perfecta la ilusión de armonía que habría de perseguirse.
Es indudable que el eje principal del drama de Calderón, la vida como
sueño, significa que la otra vida, el más. allá, es la auténtica vigilia. Tal vez
por eso Calderón, seguro de su futuro metafísico (la salvación en el amor

!º

Y no extraña que si "es todo el mundo un prodigio" también "¡ Todo es
prodigios el día!" Por eso exclamaciones como "¡ Qué es esto que miro, cielos!" o "¡ Toda soy una ilusión!" o ''¡ Oh, qué asombros!, ¡ oh, qué extremos!"
hechas en El médico de su honra, conciertan con lo que se dice en el resto
del teatro calderoniano. ¿ Y cómo no habrá de considerarse maravillado a un
mundo en el que un monte cualquiera aparece "preñado de asombros", en el

eso también nadie sabe "si tales sucesos son ilusiones o verdades", Los edi

de dar el común tributo
a la tierra, que debéis
en pálidos desengaños,
¿qué buscáis? ¿Qué pretendéis?
Sombras, ¿qué me perseguís?
Fantasmas, ~·qué me queréis?

345

�a Dios) puede permitirse asombros ante la dualidad sueño-vigilia, como si,
engañado, creyera en ella. Se da entonces el lujo ---&lt;lentro de esta incómoda
situación de perplejidad, de duda- de exaltar a un máximo las pasiones de
los seres humanos.
Todo así, aun lo monstruoso, queda justificado si se atiende al desorden
interno de los personajes, provocado o ayudado por lo prodigioso del mundo
que los cerca. El dramaturgo, teólogo al fin, está salvado, y dueño absoluto
de la verdad revelada, absuelve o condena a los personajes caóticos que inventa su genio dramático. Porque caos, y no otra cosa, es el que viven Cenobia, Herodes, Aureliano, Segismundo y aun los personajes de sus más
deliriosas comedias, como La dama duende, que si se empeña en ocultar su
identidad es precisamente porque la fórmula, tácita aquí, de vivir o soñar,
la lleva por los caminos de la más exaltada y quizás innecesaria fantasía.
Por otra parte el caos, producto de ese no saber si se vive o se sueña, puede

-y de hecho ocurre- disolverse con el desengaño. Porque, una vez que
alguien, sea quien fuere, está convencido de que

... hay en el tiempo engaños,
hay en la muerte venganzas,
en la fortuna mudanzas
y en mi vida desengaños
puede, de hecho, tranquilizar su azarosa existencia -siempre asaltada por
lo maravilloso--- y, en caso de que la razón logre ayudarlo, entrar en una
vida de serenidad anunciadora de un más allá misericorde. Pero bien difícil
es, por cierto, lograrlo, pues el "mágico prodigioso" -que es Calderón mismo-- acostumbrado ya al desequilibrio que promueve con su fantasía, hará
que la mayor parte de sus personajes mueran víctimas del delirio que los
aprisiona y que, por lo visto, acaso por sadismo, tanto lo entusiasma.
Dentro de esta atmósfera llena de prodigios el ser humano es, de ellos,
el máximo, el más exaltado. Él es el verdadero enigma, la maravilla. Por eso
fuera y dentro de sí mismo, en el hombre sólo hay cabida para lo extraordinario, asunto obvio, pues todo, estrictamente, lo es. Conmocionado, sacudido

por fuerzas disímbolas que nunca entiende, representa el papel en el "gran
teatro del mundo" al que lo arrastra Calderón. Pero este papel, diferente en
la forma, es sin embargo uno solo en el fondo: el vaivén eterno, la oscilación
perpetua de vivir o soñar. Entre exclamaciones y preguntas, los personajes
calderonianos aman, aborrecen y mueren. La pregunta, en ellos a flor de labio siempre, obedece a la duda, al no saber. La exclamación a lo que de admirable encuentran a su paso. Mas en este tenso panorama (no dulcificado

346

por la metáfora, vibrante y, ella sí, prodigiosa) surge, haciendo a un lado
todo lo demás, empequeñeciéndolo, subyugándolo, el más grave de los problemas que, según Calderón aflige al hombre: los celos. Sólo la ausencia
prolongada -que rompe la posibilidad del amor- es, quizás, más terrible,
ya que:

son mis desdichas mayores
que pudieran ser mis celos.
Mirad cuál será el dolor
que me ofende y me fatiga
pues me permite que diga
que es el de celos menor;
porque celos, en rigor,
aunque me dieran la muerte,
no quitaran, ¡dolor fuerte!,
verte; y como yo te viera,
¡muriera!, pues que muriera
de la enfermedad de verte.
Y sean cuales fueren los sucesos que ocurren en la escena todos desembocan

al mismo y terrible sentimiento, a ese mal amor que puede simbolizarse en
áspides, en fieras espantosas y desconocidas, en hidras que se alimentan de
sangre y desconsuelos.
Pues ellos solos son a quien los mira,
furia, rabia, veneno, injuria y ira.

La palabra, repetida al cansancio ("¡ ay Dios, que no fuera!") invade los
más apartados resquicios de la más apartada intimidad. Los celos son el gran
dios del teatro calderoniano. No sólo se les padece, también se les observa,
se les analiza, se les aborrece, se les teme. Aun a los "brutos" hace presa y
la naturaleza misma los contiene pues

Cuando los cielos
tanto me fatigan hoy,
que en cualquier parte que estoy
estoy mirando mis celos.
El lector del teatro calderoniano tiene la impresión de que cada movimiento que sale de la escena queda guiado, subterránea o abiertamente, por el

347

�"agraviado sufrimiento" que surge de los celos. En esta forma, si se llega el
exceso -la ira, la venganza, el suicidio o el asesinato- aun cuando la causa
aparente sea otra, por lo general se debe a ellos. Por eso es natural que
muera un fiero emperador;
no porque ofendió mi honor,
no porque triunfó de ti;
porque me dio celos, si,
que ya es agravio mayor.

Los celos, según el caso, son cobardes o valientes; son también "necios re.
celos" que se dan por vengarse "de un pesar''; son mudos o hablan, testigos
eternos del dolor. Sin embargo, puesto que el hombre no sabe si vive O si
sueña,
son aparentes no más;
que celos saben nacer
de las lágrimas cristales;
y así un celoso, tal vez,
aunque lo que ve es verdad,
es mentira lo que ve.

Pero ¿a qué se deben? ¿de qué nacen? ¿qué significan? La advertencia,
clara, saca de toda duda:
No os despeñe vuestro brío;
mirad, aunque estéis celoso,
que ninguno es poderoso
en el ajeno albedrío.

una quinta cercana al mar. Hay aquí un profundo conflicto amoroso que se
plantea por la intervención de poderes ocultos y superiores: los dioses, según
esto, manejan a los hombres a su antojo. En efecto, Mariene, esposa de Herodes, el Tetrarca, confiesa a éste la tristeza que le ha causado un vaticinio
pues un docto hebreo -cuyo deseo ha sido siempre el de "apresurar al tiem.
po presuroso su edad"- le ha dicho que será trofeo de un monstruo, "el más
cruel, horrible y fuerte del mundo"; no habrá salvación ya que
por ley de nuestros hados
vivimos a desdichas destinados.

Desdichas que, por lo demás, ya lo son (por imaginadas) aún antes de vividas. ¿ Por qué, se pregunta la infeliz Mariene, las mentiras contienen, por
ser tales, venturas, y en cambio el dolor es verdadero? Un sentido de amargura, de desesperanza, tiñe los versos de la obra. Herodes, por otra parte, ha
sido derrotado políticamente. Octavio, vencedor de Cleopatra y Antonio, se
apodera, poco a poco, del mu'ndo habitable. Pero eso poco importa a Herodes. Su tristeza consiste en no haber podido dar un trono a Mariene, no el
haberlo perdido para sí.
La mente desquiciada de Herodes empieza a perfilarse. Considera que el
que no le interese el poder podría parecer locura. Sin embargo, así es, pues
"cuando amor no es locura no es amor", y el suyo es tan grande que teme que
pase los umbrales de la vida y que "llegando de la muerte a esa otra parte",
quede en el mundo como ejemplo de "admirable prodigio"
de las fortunas de amor
a las futuras edades.

Es el amor el único resorte que lo mueve en la vida. Pero -acaso por conY el que s~an "aparentes no más" de nada salva, ya que lo ficticio -que
al creerse deJa de serlo- es tan terrible, tan negativo, como la misma realidad no ~ñada,_ es decir, la vigilia, lo cual significa, dentro de la ideología
calderomana, vida que está más allá. . . si ésta, naturalmente -como veremos no puede prescindir de los celos.
Pero ahora veamos el ejemplo concreto en El mayor monstruo del mundo,
pues es, de toda la obra de Calderón, el drama que lleva a una cúspide el
apasionante problema. ·
Un ambiente sórdido, confuso, atormentado, se revela ante el espectador
en estas tres jornadas. La acción ocurre en Joppe (o Jaffa) en Jerusalén, en

348

tener los celos- es lo irracional, lo no inteligente, la mera acción del sentimiento. Es el amor lo que impulsa al hombre al disparate, bien sea el crimen, el caos, lo aberrado. No hay aquí un tercer personaje que represente,
corno en Otelo, la victoria del mal, de la discordia. El disparadero de los ce•
los en Herodes es diferente; obran por sí mismos, al saber a Octavio enamorado de Mariene. La reacción, violentísima, no ofrece los matices de duda
que otros celosos tienen en principio. Prisionero de Octavio, sabe Herodes
que "ha de morir a sus manos o a mis celos"; si tal ocurre, si de todas maneras el fin de su vida se aproxima, decide matarlo: "pues él a mis celos muera
y a mis manos". Sencillo, obvio, sin procesos internos, es lo que siente Hero-

349

�des. Pero Calderón nos reserva, dentro de esa simplicidad, una sorpresa nada envidiable.
Por lo pronto Jo que se presenta como necesario es guardar a Mariene, ya
que Octavio no la conoce sino por un retrato y cree, además, que es el de

Y si el amor es inmortal, como el alma, los celos, al ser parte del engrana je
amoroso serán, igualmente, inmortales. No hay pues calma posible, fin de
torturas, agotamiento de agonías. Herodes no tiene celos; el es los celos. ¿ O
acaso no es esto lo que nos dice Calderón cuando Herodes comenta

una mujer que ha muerto; pues ¿qué ocurrirá, se pregunta Herodes, "vién-

dola viva si la idolatró pintada"? Su único recurso, ante la desesperación que
Je provoca su impotencia, es el suicidio, pero pronto queda descartado; el
consejo de un amigo suyo lo hace desistir de la idea. Además, como veremos,

el suicidio de nada ha de salvarlo, pues Herodes es, para sí mismo, compendio
y epílogo de las miserias humanas. Entonces desesperado exclama:

Esferas altas,
cielo, sol, luna y estrellas,
nubes, granizos y escarchas,
¿no hay un rayo para un triste?;
pues si ahora no los gastas,
¿para cuándo, para cuándo
son, Júpiter, tus venganzas?
Posee agravios, temores, sospechas; su verdadera maldición consiste en haberse casado con una mujer tan hermosa. No lo enloquecen, pues, ni su ambición, ni su atrevida arrogancia; no su poder, sino el ser marido de Mariene.

Él, sólo él, muere

de agravios y celos
que matan porque no matan.
A pesar de todo podría suponerse -tal la reflexión que Herodes hace ante Filipo, su confidente- que no importa nada, pues con el fin de la vida
(término de la dualidad vigilia-sueño) termina el sufrimiento. Suposición falsa sin embargo ya
Que amor en el alma vive,
y si ella a otra vida pasa,
no muere el amor, sin duda,
puesto que no muere el alma.
El, ¿no nace de una estrella,
ya propicia o ya contraria?
¿ Pues cómo faltará amor,
mientras la estrella no falta?

350

que todo quiero
que sea, pues todo es nada,
como no sean mis celos?
El pretexto de la exteriorización de los celos es el que Herodes sepa a
Octavio enamorado de Mariene. Pretexto, decirnos, pues él, que es los celos,
no necesita de reclamos para mostrarlos. Y el saber que habrá de morir no
le llega como un consuelo puesto que en el más allá seguirá torturado con
el mal que es él mismo. Recurre entonces al asesinato. Pide a su criado que
una vez que sepa el mundo de su muerte, mate a Mariene. Es la única posible solución al aflictivo problema que lo acosa. La descripción de los celos no
puede ser más dramática y fuerte:
¿Quién son estos desconsuelos,
quién es aqueste rigor,
cuya pena, cuyo horror,

que no es discurso prolijo,
ni envidia, ni amor, es hiio
de la envidia y del amor?
Hecho de heridos despojos,
tiene de sirena el canto,
y de cocodrilo el llanto,
de basilisco los ojos;
los oídos, para enojos
del áspid; luego bien fundo,
siendo monstruo sin segundo
esta rabia, esta pasi6n
de celos, que celos son
el mayor monstruo del mundo.
La definición es detallada y aterradora. Hijos de la envidia y del amor
los celos no son, empero, ni lo uno ni lo otro, pero ambos a un tiempo. Envidia de querer ser aquel que ama al amado, ya que posee -en cierta forma- parte de eso que se juzga enteramente propio. Amor que es "locura".

Pero no sólo así quedan los celos configurados. Derivan del engaño (su canto

351

�es de sirena), de la falsedad (son llanto de cocodrilo), del odio ( tienen los
ojos del basilisco}. Son el mal amor que llega por los sentidos, rabia sin sosiego, "monstruo sin segundo", es decir, sin tiempo, fuera de toda posibilidad
de mesura, eternos.
Herodes se suicida después de haber matado a Mariene en forma accidental, al tratar de aniquilar a Octavio. Los destinos del hado se cumplen en
esa forma y Calderón condena al celoso pagano haciéndolo llevar, al más
allá, dantesco padecimiento: el no poder librarse nunca de la parte dañada,
enferma, de sí mismo.

•
Si a esto conduce el amor es indudable que lo mejor es inhibirse, aislarse de
semejante adversidad. La dicha, en efecto, está en otras rutas ya
que mayor felicidad
nadie en el mundo ha tenido
que ser, a pesar del hado
el juez de su vida él mismo.

La razón, que es la única que por lo visto puede lograr esa congruencia de
vida se presenta como salvación, pero ¿ de qué sirve si éstos a los cuales maneja Calderón no son capaces de poder usarla? ·Al contrario, ya dijimos que
tiene una relativa ingerencia, pues como observadora paralítica, más resulta
un castigo que una posible ayuda, que un socorro eficaz. El papel que representa dentro de la conciencia es triste -y no puede ser de otra manera- si
recordamos que los personajes calderonianos, metidos en el círculo de sus pa-

del temperamento que les da al nacer. Por desgracia tal visión -dentro de la
tragedia- sería una caricatura al revés, pues si ésta desboca los rasgos externos del objeto burlado para causar la risa, Calderón dilata los rasgos del
objeto no burlado (en detrimento del conjunto) para causar dolor y espanto.
Así, aunque la razón sepa que los celos se producen porque "ninguno es poderoso en el ajeno albedrío" nadie es capaz de no tratar de apoderarse de él.
La desesperación se aferra entonces a estos miserables seres ("¡ Oh, caigan, caigan sobre mí seres y montes!") pues los prodigios -ya sólo portadores del
mal- los aplastan irremediablemente.
La actitud de Calderón no puede ser más despiadada y fría pues el sentido
de lo maravilloso es en él arma para destruir la esperanza del hombre en los
valores terrenales. Por eso los fantasmas y las sombras de su teatro -símbolos
de la realidad sueño-vigilia que es la vida misma- sólo se desvanecen en la
auténtica vigilia que presupone el más allá, siempre opresivo para el pecador,
para el pagano, para aquél que, como Herodes, ha hecho del amor un mal
amor, "el mayor monstruo del mundo que te amenaza a prodigios" (según
dice a Mariene} y que aparta para siempre al individuo de la ruta del bien.
El dramaturgo queda justificado y la lección moral y religiosa, contenida en
su teatro, realza notablemente el caos en que viven los hombres. De esta manera la escena calderoniana -como hoguera en la que arde toda conciencia
alejada de Dios- se convierte en el mejor baluarte de la vida española del
siglo XVII: intolerancia y brusca imposición de una verdad envuelta en el
manto "prodigioso", maravillado, de un arte puesto a su servicio.

siones, se lanzan, como Herodes "a ser asombro del mundo, a ser rayo, a ser
prodigio". ¿ Qué puede importarles la razón si, ya en el caos, son totalmente

incapaces de someterse a ella?
Asombrados, enloquecidos, no hacen sino decir "¿ Qué es esto, cielos, qué
es esto, ¡ ay de mí!, que por mí pasa?" Y es natural que en el caso elegido, el
tetrarca de Jerusalén, una vez perdido el sentido de la realidad, quede destrozado por los celos.

Y es que en este mundo prodigioso "Ninguna vida hay segura un instante"
por lo cual tal conocimiento, en lugar de acobardarlos, los vuelve temerarios
y osados. Entonces "ningún prodigio" los espanta y los sucesos todos de la vida "preñeces son admirables" para ellos pues Calderón los dota, como hemos
podido constatar, del poder de dilatar la vida de acuerdo con lo exagerado

352

H. :n

�LÁ VIDA EN LA OBRA DE ALFONSO REYES
ERNESTO MEJÍA SÁNCHEZ
Universidad Nacional Autónoma de México

PoR MAYO, DEBIÓ DE SER POR MAYO de 1959, visité brevemente a Alfonso Rei i
'

yes, quizá la vez penúltima. Nunca me di mucha prisa en tratarlo; a través de unos catorce o quince años que lo tuve cerca, esto puede parecer impiedad. La verdad es que yo sin pensar lo sentía o presentía como a los elementos primordiales del universo: permanentes, imprescindibles, y de alguna manera eternos1 aun el día postrimero. Mis visitas fueron siempre precisas aun1
que no propiamente urgentes. Pude pues tratarlo sin fatiga, pero también sin
apremio. Visitas de buen afecto, alguna sorpresa, otra alegría, como cuando
me le aparecí, fresca mi adquisición, con un retrato de frente de fray Servando Teresa de Mier, o, en compañía de Henrique González Casanova, con
el primer ejemplar del Libro jubilar. Ciertas noticias sobre Mallarmé "entre
1
nosotros", señales ' entre libros'\ muchas 11simpatías" sin 11diferencias" permitieron de vez en vez, en los últimos años, la "grata compañía" de pocas
horas: si espaciadas, nada asiduas, siempre sonreídas por la inteligencia generosa, hermoso fruto cordial. Un trato así no excluye la confidencia ni, llegado el momento, la exclamación de las miserias humanas y divinas que estrechan al corazón más sereno. Pero no vine aquí a presumir de albacea de
terribles secretos, que nunca los tuvo alma tan limpia, sino a proponer un
ejemplo, una lección literaria, que acaso el propio Reyes hubiera visto con
buenos ojos, a propósito de su misma obra.
Decía que por mayo era, por mayo, cuando Reyes, en una conversac1on
lamentosa y desapacible, me dio al pasar y sin intención una llave de su obra,
que sólo descubrí claramente después de su muerte. Se quejaba -con recato
de su dolencia de última hora, de la imposibilidad de rematar la obra a cada
minuto comenzada, de la incomprensión tantas veces agresiva de propios y
ajenos, y de repente, en un rapto de la mirada, que posó robre el mueble

355

�atestado de reliquias del afecto y del arte, fijó los ojos con dulzura en una
miniatura visiblemente estimada. Dijo entonces, o se dejó decir, como él decía, a modo de consolación: -¡ Si no fuera por estas cosas no valdría la pena
vivir! Y se entró suavemente en una "busca del tiempo perdido", caso de
reverberante espejismo verbal, análogo al "magical realism" que J. W. Robb
señaló en las ficciones del propio Reyes. Esa refracción mágica y afectiva del
pasado emergía de la miniatura y se proyectaba por medio de la palabra en
un solo haz de días ilusionados y luminosos. La figura de la muchacha realizaba ese milagro; se avivaban los años del periplo suramericano y creo recordar, al calor de la plática, que yo ubiqué en Chile el tipo físico y el atuendo. La joven del gran mundo, según la transfusión imaginativa que en mí
se operaba, se había permitido posar en el traje regional de su país, en el de
bailadora de cueca, quizá. Pero nada puedo asegurar con finneza por la índole meramente emotiva y fascinante de los recuerdos. De lo que sí estoy seguro es de que ese rostro hechizó muchos de "aquellos días" de Reyes, y su
espectro tenía la virtud de recobrar el tiempo y con éste la vida.
El miércoles 16 de diciembre de 1959, por la tarde, con la mujer y el hijo,
visité a Alfonso Reyes. Como para reponer varios meses de ausencia, que yo
había entregado a la obra de Gutiérrez Nájera, la visita se prolongó más de
lo previsto, insensiblemente. Yo le llevaba las publicaciones de Gutiérrez Nájera, que estuvieron a mi cuidado en su centenario, y el anónimo Catecismo
de Historia de Grecia, publicado por Ackermann, que él catalogó entre los
"ejemplares estimables de la Alfonsina", en el boletín de si, Biblioteca. Me correspondió con largueza: con su tiempo, con su palabra, con los últimos
libros, y con una colección completa de Monterrey, su correo literario de Río
de Janeiro y Buenos Aires, que la buena Manuelita guardaba como oro en
paño. Ella misma, con la solicitud de toda una vida, juntó los 14 números
entre duplicados y copias fotográficas.
El No. 14, impreso ya en Buenos Aires, julio de 1937, al llegar a casa, me
proporcionó una sorpresa. En la primera plana reproduce el ensayo sobre
"Vermeer y la novela de Proust", escrito en Madrid el 29 de noviembre de
1923 y publicado en Social, de la Habana, el mes siguiente del mismo año:
viene ilustrado con "La moza del turbante", de Vermeer de Delft, obra que
se conserva en la Mauritshuis de La Haya, de la que Reyes tenía aquella pequeña reproducción a colores entre las reliquias cercanas a su mesa de trabajo. La muchacha de mayo se me volvía repentinamente una obra maestra
de la pintura; pero también de la literatura. Veamos cómo Reyes, en dos
trazos, nos la describe en carne viva: "Este mundo puro de arte [el de Vermeer] se baña en luz con una facilidad invasora. Cazada en luz, la muchachita, escorzada y tímida, va a escaparse, cuando el pintor la deja cuajada,

con el pañuelo azul y amarillo enredado a la cabeza, el pendiente de oreja,
voluminoso, gris y claro, la mejilla hija de la caricia, los ojos dulces bajo una
cuenca abultada, y aquel labio inferior que alguien ha encontrado tan maravilloso como aquel tulipán de Darwin" (Grata compañía, p. 73).
Desde luego, el fervor estético explica sobradamente la veneración de la
imagen por tantos años, y más todavía, si se sabe que ese fervor permitió a
Reyes una emulación muy personal: con su ensayo sobre las relaciones que
descubrió entre "Vermeer y la novela de Proust" se adelantó en doce años a
la crítica francesa, que no las señaló sino hasta en 1936 (cf. René Huyghe
"Affinités électives: Vermeer et Proust", en L'Amour de l'Art, janvier 1936:
vol. XVIII, pp. 7-15). Pero no justifica en nada la conversación de mayo. Hablando claro: o Reyes aprovechó impunemente mi ignorancia del Vermeer, lo
que no acostumbraba hacer, y de quererlo lo hubiera hecho muchas veces con
cualquier cosa de su universo que yo desconocía, o su memoria se dejó llevar un momento por un delirio imaginativo, explicable en otros hombres a
su edad, por la influencia de los días primaverales de mayo, propicios a un
déjii vu afectivo. Pero, sinceramente, ninguna de las posibilidades me satisface. Sé que alguien podría sacar gran partido de alguna de ellas. Es más, el
propio Reyes ofrece material de primera mano sobre la legitimidad literaria
de los falsos recuerdos. Veamos uno al azar: "Y en fin -dice Reyes en un
prólogo-, para que nada falte [en El hombre que fue Jueves], también encontramos aquí una caricatura del autor. ¿ A quién pertenecen, si no a Chesterton, esa cara enorme, esa complexión extraordinaria del personaje Domingo? ¿ Por qué le da Chesterton cualidades sobrenaturales a su Domingo? Porque en él incorpora su fiebre anhelosa de milagros. Cuando Domingo va a
lomos del gigantesco elefante, se siente que le tiene envidia; 0 mejor, que él
-Chesterton- goza al describir aquella escena como si hiciera recuerdos personales. ¿~ecuerdos? Sin duda: recuerdos de lo que nunca ha pasado, pero
que está, simplemente, en la prolongación de la propia conducta. Si Chesterton se atreviera -no me cabe duda- andaría paseando por Londres, por
Albany Street, por Picadilly, a lomos del elefante del Jardín Zoológico. Chesterton trata la persona física de Domingo con un amor de auto-retrato. La
~caricia, la plasma, hasta que la deja redonda, redonda y elástica, redonda y
ligera, como un balón, como un globo. Domingo al igual de Chesterton está lleno de alegría de rodar y de rebotar. Ya se ha advertido este amor (este
"amor propio") de Chesterton por los gigantones que figuran en dos O tres
de sus mejores novelas" (Grata compañía, p. 30).
Honestamente, y en homenaje a Reyes, quiero buscar una salida menos fácil. La idea corriente que se tiene de él es la de que fue hombre que se pasó
la vida "entre libros". Que vivió sólo para sus libros: los suyos y los de su

356
357

�biblioteca. Un libro suyo se titula casualmente Entre libros. Vivió para la literatura y la literatura parece haber existido para él. Se consagró por entero
a su obra; no vivió como quien dice. Esta idea es, digámoslo claro, convencional, pero también la más halagüeña. Los ofuscados se han forjado otra, a
la medida de su propia mezquindad. La gente que estuvo cerca de él o que
ha leído su obra con cuidado, sabe que ambos extremos son falsos. El primero es pobre; el segundo, deliberadamente injusto. Pero ambos coinciden
en este punto: Reyes se apartó de la vida, se encerró en sus libros, por lo menos
los postreros 20 años se los pasó en su "capilla alfonsina", su obra no refleja la vida, es intelectual (como si lo intelectual no fuera también la vida), etc. Porque a menudo lo que el público y aun el público culto reclama al escritor no
es la vida, sino una leyenda. Y Alfonso Reyes no tiene una leyenda. Por lo
demás, el peculiar estilo de su creación literaria no se presta a ninguna leyenda. La rotundidad, limpieza e inteligencia de su obra es para ahuyentar
a los brujos más obstinados.
Pero la vida y la propia vida sí han quedado de idéntica manera firmemente impresas en la obra. Y esto es tan cierto, que el mismo Reyes Jo vivió como
problema personal. De ahí sus primeras reflexiones sobre "Temperamentos de
escritor" de El Cazador ( 1921), sus "Respuestas" en Reloj de sol ( 1926), escritas en 1924; en los "Fragmentos de arte poética" de Ancorajes ( 1951), redactados desde 1930, y sobre todo "La biografía oculta" y "Detrás de los libros",
ensayos de La experiencia literaria (1942) y el segundo de los Tres puntos de
exegética literaria ( 1945), fechados entre 1939 y 1940. Este material, que no
trato de agotar, recoge las confesiones personales del escritor y la ejecución teórica del problema.
Sólo a la luz de estas páginas sabremos qué vida quiso Reyes expresar en
su obra, para no traicionarlo, para no pedirle otra experiencia literaria y otra
concepción artística que las que tuvo. En "Temperamentos de escritor", después de examinar las clasificaciones de Rémy de Gourmont y de Schopenhauer
(y algún dicho del doctor Johnson que contrapone a otro de Voltaire) suelta
Reyes Jo suyo. Más adelante veremos que éste es un típico procedimiento de Reyes cuando utiliza, como corroboración o disención, su propia experiencia. Lanza primero la caballería de ideas, inforrnaciones y libros ajenos; después, como
desde el ángulo oscuro del salón, expone sus "simpatías" o "diferencias" sin
alarde. No nos sorprenda su presencia en traje aparentemente impersonal.
De igual manera impersonal comienza su comentario a los ¡(Temperamentos de escritor", con un l(Sé de hombres . .. ", pero se le ve el cuerpo entero a las pocas lineas. Leamos: "Sé de hombres que sólo recogen la conciencia
de su ser con la pluma, y que sólo parecen pensar al estímulo externo de la escritura: estos son los hombres del arte ... Es verdad: por la inquietud abstracta

358

de escribir se conoce al escritor. Hasta para leer necesita de la pluma. . . el
escritor de vocación parece pensar con la pluma. / El escritor piensa al escribir.
Hay unos que escriben por acumulación externa -soldando notas- y otros hay
que escriben por crecimiento interno. Estos dan el tipo de escritor. En aquéllos
la fuerza es pobre; en éstos, manante. Como crece la línea de tinta, así va desenvolviéndose su pensamiento. Su pluma misma tiende a fundir todas las palabras en un rasgo continuo, y nunca da alcance al pensamiento. Pero, a veces, aquí y allá detonan mal combinados elementos (el espíritu es caprichoso),
y la pluma se quiebra, sembrando una flor de chispas radiantes. Entonces la
continuidad se interrumpe, y hay que disponer de dos o tres cuartillas a la
vez y escribir a un tiempo en todas ellas, a grandes trazos" (El Cazador, O.
C., rn, p. 161).
No menos reveladoras las "respuestas" que dio a sus propias interrogaciones de 1924 en Reloj de sol: "Esta ansia inagotable de encontrar sentido a
nuestra vida, de hacer, con la materia fugaz de la conciencia, un ser congruente y objetivo, un poema; esta ansia. . . Es un anhelo que se parece tanto
al amor. Los físicos demostrarían fácilmente que, cuando llega el apremio
de escribir, hay palpitaciones cardíacas semejantes al sobresalto amoroso e
iguales descargas de adrenalina en la entraña romántica. . . ¿ Qué fin pe~igo al escribir? Me guía seguramente una necesidad interior. Escribir es como
la respiración de mi alma, la válvula de mi moral. Siempre he confiado a Ja
pluma la tarea de consolarrne o devolverrne el equilibrio, que el envite de las
impresiones exteriores amenaza todos los días. Escribo porque vivo. y nunca
he creído que escribir sea otra cosa que disciplinar todos los órdenes de Ja
actividad espiritual, y, por consecuencia, depurar de paso todos los motivos
de la conducta" (O. C., 1v, p. 451).
De aquí en adelante, lo que era simple descripción se vuelve declaración
ex~:esa. Se reiteran los mismos interrogatorios, pero se dan respuestas más
c~mdas, hay un deseo tácito incipiente de dar razón de la vocación. Experiencia y teoría se dan la mano en los "Fragmentos de arte poética" de Ancorajes: "-¿ Qué escribes ahora? -te preguntan. Y tú no sabes ya si contestar
con rabia o con risa: -¿Qué escribo? Escribo: eso es todo. Escribo conforme
voy viviendo. Escribo como parte de mi economía natural. Después, las cuartillas se clasifican en libros, imponiéndoles un orden objetivo, impersonal, artístico, o sea, artificial. Pero el trabajo mana de mí como un flujo no diferenciad~ Y continuo. ¿ Qué estoy escribiendo? He aquí Jo que estoy escribiendo: mis
y mis manos, mi conciencia y mis sentidos, mi voluntad y mi representac10n; y estoy procurando traducir todo mi ser inconsciente en esa sustancia dura y ajena que es el lenguaje, y que por desgracia no fue hecha para tan delicada tarea. Mañana todo eso se llamará la novela de tal, la comedia de cual, el

º!?s

359

�poema de esto y el ensayo sobre lo otro. Eso estoy escribiendo ahora" ( Ancorajes, p. 38-39). Todo el párrafo, que comienza dialogado en segunda persona
("te preguntan. Y tú no sabes ya si contestar ... ") se va volviendo reciamente
personal, autobiográfico, si nos desentendemos de la levísima alusión a Schopenhauer ("mi voluntad y mi representación"), que como autor por él leído
es también autobiográfica, y, después de todo, necesaria, fuese consciente o inconsciente.
Los breves ensayos de La experiencia literaria se apartan de la confesión
y reflexión del acto creador; son ya doctrina objetiva que se acerca a la didáctica, sugestiones de la prudencia y la utilidad. Los textos que trascribiré
en seguida, un párrafo de cada ensayo, vienen muy a pelo a la altura de esta
lección. Son un llamamiento al orden y a la economía de la crítica literaria.
El primer párrafo de "La biografía oculta" (1940) nos pone en guardia,
precisamente, contra las ligerezas interpretativas de lo autobiográfico. Como
para que no se tomen a la letra los "Fragmentos de arte poética", antes examinados. Reyes aconseja la prudencia: "En el campo de la investigación literaria, nada requiere un pulso más delicado y una experiencia mayor del
método crítico que el averiguar la dosis de autobiografía que llega hasta las
obras de un escritor. El tomar al pie de la letra cierta declaración en primera persona puede conducir a los peores extremos. El "yo" es muchas veces
un mero recurso retórico. Los recuerdos de la propia vida, al transfundirse
en la creación poética, se transfiguran en forma que es difícil rastrearles la
huella. En ocasiones, los testimonios más directos se esconden detrás de un
párrafo que sólo contiene, en apariencia, ideas y conceptos abstractos. En ocasiones, Jo que se ofrece como una evocación de hechos reales puede ser un
mero efecto de la inventiva literaria" (La experiencia literaria, ed. de 1952,

p. 97).
El segundo párrafo pertenece al ensayo sobre lo que está "Detrás de los
libros" (1939); es de índole pragmática, pero reconfortante. No olvidemos
que Reyes practicó extensamente, pero con discreción, la historia de su propia obra. Aquí vemos el valor ancilar, pero humanísimo que le otorga: "Alphonse Daudet ha escrito la historia de sus libros, y lo mismo han hecho Rubén Darío y Rufino Blanco-Fombona entre nosotros. Estos fragmentos de
memorias que explican las circunstancias en que el autor vivía cuando concibió, elaboró o publicó tales o cuales obras, además de ayudar a la crítica,
resultan casi siempre de agradable lectura, por lo mismo que tienen un carácter de antología: momentos culminantes dentro del relato general de una
vida cuando se trata de la vida de un escritor, paisaje humano cuyas cumbres
' a ser sus libros. Aparecen envueltos en aquel sentimiento de euforia
vienen
con que se recuerdan las horas felices y fecundas. Representan la estación me360

jor, los días de incubación gustosa que los griegos llaman "nodrizas de los alciones" (La experiencia literaria, ed. 1952, p. 99). Así fueron saliendo de su
pluma "comentarios" o "capítulos de historia" de sus libros, y aún sobre "El
revés de un párrafo" y "El revés de una metáfora" suyos ( 1940). El "Comentario a la lfigenia cruel" (1923), "Pasado inmediato" (1939), "El reverso de un libro" ( 1939) y los 18 capítulos de la "Historia documental de
mis libros" ( 1955-1959).
Al fin llegamos a la esquematización teórica de los Tres puntos de exegética literaria ( 1945), cuyo punto 2 se refiere exclusivamente a "La vida y la
obra" ( 1940), relaciones que estudia Reyes, como en el caso de los "Temperamentos de escritor", a partir de un autor determinado, para luego dar
"nuestra unidad metódica, desarticulándola en sus principales aspectos". ( Eso
de "nuestra" es pura modestia o "mero recurso retórico", porque debió de.

cir en realidad "mi unidad metódica"). La clasificación de Charles Lalo,
L'art loin de la vie (1939), aunque estimable no le satisface por su punto
de vista sicológico y a la larga casuístico. Reyes declara previamente "que
para el estudio literario no nos interesa más que la relación de la vida sobre
la obra y no la inversa de la obra sobre la vida, asunto más bien de la Psicología y de la Moral. . . sino el problema concreto de una vida y una obra,
que nos dará la unidad metódica; la cual, extendida después a grupos y épocas, puede también, claro está, conducir a algunos resultados de valor literario" (Tres puntos, p. 22).
Para nuestro propósito no es necesario repasar la "unidad metódica" de
Reyes sino en los puntos más generales y en las caracterizaciones particulares de las relaciones entre vida y obra, que puedan aplicarse al mismo Reyes.
"I. Relación general entre la vida y la obra de un autor. . . es cosa evidente... lo. Tiene propósito histórico en la autobiografía". Reyes comenzó
a escribir sus recuerdos autobiográficos con ese propósito. Entregó a "Los
Presentes" el primer capítulo de su Parentalia en 1954; éste y los dos siguientes, que constituyen el "Primer libro de recuerdos", se publicó por Tewntle en
1959. Dejó manuscrita la parte que va de su nacimiento hasta "La edad
escolar" y "La toga pretexta". Parentalia y Albores, "Segundo libro de recuerdos" publicado ya póstumamente, en gran medida, no son más que "recuerdos imaginarios", pues se refieren a la época ancestral y prenatal de Reyes.
Pero esta vida de los parientes la ha reconstruido a base de lo que vio y oyó en
su niñez y primera juventud y con las conversaciones y documentos de la familia,
"aún cuando esta historia -como todas- parezca al pronto algo sollamada de
leyenda", como dice en la dedicatoria a su madre. Es natural, la figura heroica
de Bernardo Reyes señorea todas las páginas. La "Historia documental de
mis libros", "Pasado inmediato", "Genaro Estrada" y "Recordación de Urbina"
361

�se vuelven estricta autobiografía, épocas en que ya la vida y la obra se juntan.
Reyes deja además, para publicarse algún día, una colección de libretas manuscritas del Diario vivo de sus días desde 1924 y un epistolario de lo más
asombroso por la calidad y extensión. Material de vida de primera mano.
"2o. No tiene propósito histórico, cuando se aprovecha en la obra la realidad vivida (¡y quién no lo hace en algún grado!), pero no para establecer
la propia biografía, sino por el valor literario de tal realidad". Este punto
no necesita discusión. Los ejemplos que presentaremos más adelante lo confirman con amplitud. El punto 3o. trata de "la influencia de la vida en la
obra [que] puede manifestarse [como] transformación poética cuando la
propia experiencia se metamorfosea por los caminos imponderables de la
ficción, y entonces el averiguarla es un eminente acierto crítico parecido al del
psicoanálisis". No intentamos alcanzar esta tarea; de hecho excluimos del
examen que aquí hacemos la poesía y la prosa imaginativa: ficción narrativa
o poema en prosa.
"II. La relación particular entre un hecho de la vida y la obra puede ser a
su vez": afirmación y negación, falsas o verdaderas, recíprocamente o viceversa; algo de la realidad pasa a la ficción, digamos, por ejemplo, en "El testimonio de Juan Peña" ( 1930), o la relación "es a veces menos directa" como
al tratarse de la "transformación poética", de la "alusión velada", del "disimulo", de las omisiones voluntarias, involuntarias y tácitas. Aquí la que más

interesa es la marcada con la letra g: "Finalmente, un hecho de la vida, por
su intensidad o trascendencia, 'transforma el porvenir' pre,,.jsible de una obra
o de una vida. A veces produce un efecto meramente negativo, que va desde la opacidad hasta la anulación. A veces efectos positivos, y viene a deter-

menzado en yo personal se ha ido despersonalizando, y ahora estamos al
nivel de un quien absolutamente objetivo, para luego ascender al crecendo
del yo.] Y se operaba un modo de curación, de sutil mayéutica, sin la cual
fácil fuera haber naufragado en el vórtice de la primera juventud. Ignoro
si este es el recto sentido del humanismo. Mi Religio Grammatici parecerá
a muchos demasiado sentimental" ( O. C., x, p. 351). Aunque volveremos al
"Comentario" citado, debo ligar las últimas líneas con otras de las "Respuestas" del Reloj de sol: "Yo siempre escribo bajo el estímulo de sentimientos -¿ cómo diré?- constructivos. Lo que me deprime o angustia nunca es
fuente de inspiración en mí. . . En mí, el razonamiento más clarificado y
dialéctico procede siempre de un largo empellón de sentimientos que, a lo
mejor, han venido obrando durante años ... [Noto aquí que . estas frases
paralelas tienen una aparente contradicción, pero veremos que ésta se resuelve felizmente en la frase que sigue:] Siempre he confiado a la pluma la tarea
de consolarme o devolverme el equilibrio, que el envite de las impresiones
exteriores amenaza todos los días. Escribo porque vivo. Y nunca he creído
que escribir sea otra cosa que disciplinar todos los órdenes de la actividad espiritual, y, por consecuencia, depurar de paso todos los motivos de la conducta. Ya sé que hay grandes artistas que escriben con el puñal o mojan la
pluma en veneno. Respeto el misterio, pero yo me siento de otro modo.
Vuelvo a nuestro Platón, y soy fiel a un ideal estético y ético a la vez, hecho de
bien y belleza" (O. C., 1v, p. 451).
En pocas palabras, hubo una crisis aguda que definió la vocación; los libros
operaron una catarsis. Aunque todos sus escritos proceden de los sentimientos, el acto de escribir -equilibrio, consolación, "ansia inagotable de encon-

minar nuevas orientaciones, nuevas virtudes". Los ejemplos en la literatura

trar sentido a nuestra vida"-

universal son abundantes. En Reyes, que por sí solo es toda una literatura, ese
"hecho de la vida" también se dio. No tengo por qué indagar ni aventurar

sumen se corrobora con otras frases del 1 ~Comentario". Dejamos a Reyes es-

cuál fue ese hecho, famoso en sus anales internos, por su "intensidad o tras-

cendencia". Me limitaré a transcribir unas frases del "Comentario a la Jfigenia cruel" ( 1923) : "Por el año de 1908, estudiaba yo las 'Electras' del
teatro ateniense. Era la edad en que hay que suicidarse o redimirse, y de la
que conservamos para siempre las lágrimas secas en las mejillas. Por ventura,
el estudio de Grecia se iba convirtiendo en un alimento del alma, y ayudaba
a pasar la crisis. Aquellas palabras tan lejanas se iban acercando e incorporando en objetos de actualidad. Aquellos libros, testigos y cómplices de nuestras caricias y violencias, se iban tornando confidentes y consejeros. Los coros de la tragedia griega predican la sumisión a los dioses, y ésta es la única
y definitivá lección ética que se extrae del teatro antiguo. Hay quien ha podido aprovechar su consejo. [Interrumpo para notar cómo el párrafo co362

lo guía al ideal platónico. Este burdo re-

tudiando las "Electras" del ensayo memorable de las Cuestiones estéticas
( 1910); su lfigenia todavía no alzaba el vuelo de la creación trágica: "Antes
de que mi lfigenia pudiera alentar, había de cerrarse un ciclo de mi vida".
Vino la tragedia: la muerte de Bernardo Reyes. El viaje a Europa. Breve
estancia en París. La Guerra. Rumbo al sur. Remanso español. Continúa el
"Comentario": "La 1/igenia, además, encubre una experiencia propia. Usando del escaso don que nos fue concedido, en el compás de nuestras fuerzas,
intentamos emanciparnos de la angustia que tal experiencia nos dejó, proyectándola sobre el cielo artístico, descargándola en un coloquio de sombras".
Más adelante explica la "Función del coro": "El coro es, pues, el instrumen-

to de la kátharsis aristotélica: la purificación de las pasiones por la danza y el
grito, por la ejercitación y la mimesis artísticas. El coro es un agente oportuno,
rítmico, lírico, que permite adivinar la plétora de los sentimientos". Es inne363

�gable el paralelismo entre la "Función del coro" y la función de escribir que
Reyes nos ha descrito antes. Pero la vida y la obra siguen su curso. La obra,
como la vida, quiere un fin: "¿ Qué final dar al episodio? -se pregunta¿ lfigenia había de huír de Táuride, como en mis grandes mode!os? ~o lo
sabíamos aún hace unos cuantos años. Un súbito vuelco de la vida vmo a
descubrirme la verdadera misión redentora de la nueva Ifigenia, haciendo
que su simbolismo creciera solo, como una flor que me hubiera brotado adentro" (O. C., x, p. 359). Otra vez la vida, un hecho de la vida "por su intensidad o trascendencia, 'transforma el porvenir' previsible de una obra o de
una vida. A veces [produce] efectos positivos, y viene a determinar nuevas
orientaciones, nuevas virtudes".
Así tenen¡.os al Reyes de la edad madura, dueño libremente de sus dones,
de su propia vida. Su obra se nutrirá profundamente en ella. Poesía y prosa
se enriquecen, se entrecruzan, "como una flor que me hubiera brotado adentro". Desaparecen los subterfugios, los disimulos de los manuscritos olvidados
( "Diálogo de mi ingenio y mi conciencia", "Del diario de un joven desconocido") de El Cazador o el "Monólogo del autor" o "La conquista de la
libertad" de El Suicida. Se ha conquistado la libertad de una vez y la vida
fluye tersamente en la obra. Desde Calendario ( 1924) hasta los dos cientos
de Las burlas veras ( 1959), sin contar los libros autobiográficos, la ficción
y la poesía, donde la vida transcurre con más independencia, encontramos
a cada paso páginas de recuerdos personales: unos apoyados en la literatura,
otros estimulantes de literatura. Es significativo que la. última página de
Calendario ( 1924) sea la del "Romance viejo", que no puedo dejar de copiar, aunque Jo sé de memoria: "Yo salí de mi tierra, hará tantos años, para
ir a servir a Dios. Desde que salí de mi tierra me gustan los recuerdos. / En
la última inundación, el río se llevó la mitad de nuestra huerta y las caballerizas del fondo. Después s_e deshizo la casa y se dispersó la familia. Después
vino la revolución. Después, nos lo mataron. . . / Después, pasé el mar, a
cuestas con mi fortuna, y con una estrella (la mía) en este bolsillo del chaleco. / Un día, de mi tierra me cortaron los alimentos. Y acá, se desató la
guerra de los cuatro años. Derivando siempre hacia el sur, he venido a dar
aquí, entre vosotros. / Y hoy, entre el fragor de la vida, yendo y viniendo
-a rastras con la mujer, el hijo, los libros-, ¿qué es esto que me punza y
brota, y unas veces sale en alegrías sin causa y otras en cóleras tan justas? /
Yo me sé muy bien Jo que es: que ya me apuntan, que van a nacerme en
el corazón las primeras espinas" (O. C., x, p. 359).
Aquí la experiencia personal y la biografía espiritual dejan poco lugar a
la fantasía, si acaso para la reminiscente gracia estilística. El "yo" entra valientemente, como primera palabra del relato, los posesivos y pronombres
364

personales lo reiteran y surge de nuevo en la confesión final. Todo el texto
está trabajado con material eminentemente emotivo, de ahí el uso repetido del
dativo ético ("Después, nos lo mataron ... Yo me sé muy bien lo que es ... );
todo apenas "sollamado de leyenda", como que tiene su propio e interno
calor.
En el "Romance viejo" de Calendario muchos años se concentran en una
breve página. Son años históricos, de la conciencia. Pero hay otros años, casi
sin tiempo, y como dice la gente, "sin uso de razón", que asoman de vez en
cuando en la punta de la pluma. El mundo sin horas de la infancia, afectos,
juegos, animales, años de aprendizaje, llenará muchas páginas de Reyes.
Recuerdos que no tienen servicio biográfico, sino que se rescatan por el "valor
literario", poético, imaginativo, fantasmagórico de la edad. En "Mientras
leída el otro" (1927) parecen irrumpir por primera vez esos recuerdos conscientemente o se utilizan sin disimulos, con llaneza: "Y yo no soy patinador
porque Dios es bueno. Pero época hubo en que yo bajaba hasta la pista, dejándome rodar por cinco o seis escalones en unos patines de dos ruedas. Por
los corredores de la casa paterna, yo preparaba con la mayor naturalidad
la lección de la tarde, patinando y sin hacer ya caso de lo que hacía. / Y si
no soy jinete es porque se me quedó el caballo en tierra. Pero yo iba a la
escuela primaria a caballo, y el asistente me traía otra vez el caballo a la salida.
De las veinticuatro horas del día, diez eran del sueño; las otras catorce, del
empeño. Visité a caballo todas las moliendas de caña de los alrededores, y
me indigesté gloriosamente con el aguamiel de todas y cada una" (Árbol de
pólvora, p. 41) .
De ahí que los caballos sean un tema insistente en la obra de Reyes. Caballos reales y caballos literarios. Veamos: En "Frestón" de El Cazador equipara la lista de libros del capítulo VI del Quijote con las "evocaciones lejanas,
donde Berna! Díaz enumera, con su historia, sus colores, sus pelos y señales,
los dieciséis caballos y yeguas que pasaron a la conquista de Nueva España.
¡ Hermosas jactancias del soldado y del literato! A las gentes, oírles hablar
de su oficio". (O. C., ru, p. 157). Muchos años después, en 1934, en Río de
Janeiro, escribió Reyes su poema de Los caballos ("¡ Cuántos caballos en mi
infancia!") que sólo publicó pasados veinte años ( Universidad de México,
agosto de 1954) y al fin recogió en el volumen de su definitiva Constancia
poética (O. C., x, pp. 153-157). Mientras tanto, los caballos seguían cabalgando internamente. En octubre de 1955 fechó Reyes otras páginas de memorias equinas, "Hay caballos y caballos", que comienzan así: "Lector: aunque hoy me veas tan poco campestre y siempre tan de infantería, yo pasé mi
mocedad a caballo, galopando por los alrededores de mi ciudad natal y por
las montañas del norte". Cuenta luego un pasaje autobiográfico, que remata
365

�de esta manera: "Entre mis ociosas lecturas he dado con una 'novela de
misterio' ... Ahí encontré el caso de un caballo, 'Timber', que se había especializado en matar a sus jinetes. . . Me acordé entonces del monstruo que
me quiso matar. Me acordé de los caballos que pisan cráneos, en las figuraciones artísticas del Apocalipsis, grabados de Durero y otras representaciones
de la Muerte jineta. Me acordé de Diomedes el Tracio que, en la mitología
griega, alimentaba a sus caballos con carne humana. . . Sí, pero me acordé
también del caballo amigo del hombre, aquel de que hablan Virgilio y
Buffon; del caballo patriótico que, robado por los soldados invasores, "agarraba el freno", arremetía rumbo al campamento de los guerrilleros mexicanos, y traía cautivo a un adversario, allá cuando la Intervención y el Imperio" (Las burlas veras, ler. ciento, pp. 170 y 172). Dos años justos más tarde,
octubre de 1957, Reyes todavía nos dice: "Hablemos de caballos" (A campo traviesa, 1960, pp. 55-65), pieza reunida póstumamente en libro. Entre
otras eruditas noticias nos da la lista de caballos de Berna] Díaz, aquella
lista que leyó en los días de El Cazador.
Así opera la mente de Reyes, flujo y reflujo de la vida y el arte. Así como
los caballos, las urracas, los pavos, las serpientes, la huerta, el sol de Monterrey, el Cerro de la Silla. Como ejemplo, los pavos. En "Los quitutos" (1931)
afloran: "De niño, me picoteaban las urracas porque les andaba en los nidos, y los pavos reales, porque les imitaba el lenguaje sin saber Jo que decía"
(Árbol de pólvora, p. 58). De mayo de 1956 es otra de las autobiográficas
y autocríticas "burlas veras" titulada "Los pavos". Ahí da- ~uenta de los poemas de 1913: "Los pavos de Susana" y "Los pavos de mi infancia", "que alu•
den a recuerdos de mi niñez, mezclados. ya con la literatura de épocas posteriores". Alguien ha dicho que la poesía es memoria. Estos núcleos autobiográficos, recuerdos personales o del paisaje, figuran en toda la obra. Imágenes
de una vez, que dan vida al discurso más severo, como la que de improviso

salta en la "Atenea política" ( 1932) : "No creo en el progreso necesario: puede ser que el riego en tierra seca resulte escaso y se pierda íntegramente. No
importa: lo que importa es la persistencia del impulso unificador, el cual
otra vez florece, como la ruda de mi tierra, aunque le pasen las caballerías
encima" (Tentativas y orientaciones, p. 44). Nadie podrá negar que esta
" ruda" y est as " caba11enas
' " estan
' muy dentro de Reyes, y que no so'Jo son
una parábola o fábula sino todo un símbolo.
Otras veces los recuerdos sirven para desbrozar un problema literario o
cultural: El de una ilustración de la "enciclopedia que solazó mi infancia"
ilumina experimentalmente el estilo de las Nuevas noches árabes, de Robert
Louis Stevenson (Grata compañía, pp. 13-14); el de los idiomas infantiles

366

y de las oraciones y ensalmos "que me hacían rezar de niño" resuelven ciertas
cuestiones del lenguaje y la creación literaria (La experiencia literaria, ed.
1952, pp. 29 y 107}; el de una riña de muchachos regiomontanos y el del "Soldado muerto" de Rimbaud, son el punto de conciliación de la polémica entre
nacionalistas y universalistas, que se debatía en febrero de 1955 ( "Conciliación de extremos", Las burlas veras, ler. ciento, pp. 97-98).
A últimas fechas, la redacción casi continua de la autobiografía oficial y
de la "Historia documental de mis libros", favoreció nuevas cosechas de
recuerdos, remotos o inmediatos. Por su brevedad, tales núcleos vitales, salidos con mayor espontaneidad de la pluma, se publicaron en forma periodística bajo el título de Las burlas veras (1957-1959), hoy ya recopiladas en
dos volúmenes, de un centenar cada uno.
Allí se encontrarán lo que antes llamé recuerdos apoyados y recuerdos estimulantes. Para mi gusto y para los propósitos de esta lección, elijo dos,
que lindan con el poema en prosa y ofrecen un material riquísimo para explicar el "yo" y la actividad creadora de Reyes. El primero, titulado "Un recuerdo", dice así: "Yo era muy niño, mi madre y yo estábamos asomados
·al balcón entresolado en mi casa de Monterrey. Un mendigo, junto al zaguán, tocaba incansablemente el organillo de boca. Mi madre dijo a una
suvienta: -¡Que le den algo a ese pobre para que se vaya! -Y yo: -¡No,
mamá! ¡ Que no se vaya! ¿No ves que ese hombre soy yo? Mi madre me
contempló en silencio y yo no sé lo que pasó por su alma" (Las burlas veras, ler. ciento, p. 32).
El segundo se titula "El éxtasis"; es un poco más extenso: "Yo creo haber
conocido el éxtasis de niño, aunque un éxtasis desprovisto de inspiración re-

ligiosa y que admite ser explicado al modo laico. Yo creo que mi ser aún
no labraba su canal, aún no lo apretaban y encarcelaban dentro de mí mismo
las experiencias del pensamiento y de la vida. Y, por decirlo así, me salía
yo del cauce y percibía cosas que más tarde no volví a percibir. Yo oía una
voz que pronunciaba mi nombre en voz baja, cuando jugaba en la huerta
de la casa paterna, como creo haberlo contado en un poemita todavía no
recogido en libro [Se trata de "La huerta y el niño", poesía de 1953, que ya obra
en la Constancia poética, O. C., x, p. 237]. "Es mi ángel de la Guarda",
solía yo decirme sencillamente, y seguía jugando. Estimulado por la fiebre
que frecuentemente padecía -y acaso era una fiebre palúdica- yo caía en
"delirios", como solíamos llamarlos, que generalmente eran visuales. Alguna
vez los contaré. Pero, aficionado como era a quedarme solo, yo me deslizaba,
de la manera más natural, sin saber por cuáles caminos, a un estado de olvido y abstracción que me hacía perder del todo la conciencia de m1 ser
limitado. / De pronto me recobraba, "despertaba" por decirlo así. Enton-

367

�ces me sentía yo como espantado. El caer del éxtasis me asustaba, como en
Plotino. Ser yo mismo, ser una cosa sujeta en una alma y en un cuerpo particulares, me causaba verdadero pavor. Corría yo a verme en el espejo para
mejor lograr mi descenso desde el cielo a la tierra; corría a buscar a alguien que me hablara, que me ayudara otra vez a anudar mis lazos. Con la
infancia desapareció este don envidiable. Yo estaba por aquellos días mucho
más cerca de los ángeles" (Las burlas veras, ler. ciento, pp. 31-32).
Ciertamente no desapareció el don, sino que se encauzó en el arte, sirviéndole de catarsis al espíritu agobiado y dolido. Identificación con las cosas del mundo, generosidad que libera. "Como que la obra literaria es emancipación". Pero su experiencia, y antes aún, su capacidad requerida, es premonitoria, engendra futuro, y como en el caso del desdoblamiento en
organillero, lo hace decir: "Yo soy él, soy el arte". Después viene el ejercicio
conciente, el descenso a la tierra frente al espejo de las páginas blancas,
mudos testigos de la creación arrebatadora, que echa mano de la vida y la
transfigura y la devuelve en nuevos estímulos. Juego de espejos que se refractan, pero nunca tomadura de pelo o mentira, tampoco delirio o inconsciencia, sino "éxtasis" reflexivo y reflejado. Yo asistí, de oídas, a ese fotomontaje de la vida y el arte. "La moza del turbante" pudo ser, de hecho
debe haber sido, una imagen casual y pasajera, pero viviente que se identifitó
con el Vermeer. Juego de estímulos que se concretan en nueva obra de arte.
Quiso la casualidad que sorprendiera a Reyes en el acto mismo de la creación.
En la intersección de los planos y pude ver "lo que está.. suspenso / entre el
violín y el arco", para decirlo con versos que le oí citar muchas veces.
Pero lo más curioso es que Reyes muy tempranamente supo lo que él quería
y también lo que habría de ser. Voluntad y premonición se juntaron inequívocamente en la vida y en la obra. El primer párrafo "Del diario de un joven desconocido", de El Cazador, contiene esta declaración: "Cultivo un deseo -ya ha
pasado tiempo desde el día en que lo concebí- que es escribir y decir alguna cosa, con la cual influya mi ánimo tan profundamente, que hasta mi
especial manera de ser lo resienta por reflejo y se modifique con ello. Este
es el deseo que cultivo yo, diligentemente". Y en la última página: "Sólo
paulatinamente entrega la vida sus secretos. Un constante esfuerzo de orientación, por entre las cosas que se van individualizando cada vez más, es la
única que puede salvarnos. Poco a poco se nos abre el pecho. Pero conforme
se va formando, en nosotros, el cauce de la vida, corremos el riesgo de empezar a amar la Vida con mayúscula. No abras, princesa del alma, no abras
nunca la puerta aquella; que allí vive la sensualidad encadenada" (O. C., m,
pp. 207 y 212-213). Aquí ya se juntan voluntad y premonición, pero nada
como en "Los restos del incendio" ( 1910) de El plano ob/ícuo ( 1920): "Mi

vida parece un engendro de mi fantasía: es como un a~ertijo, ª. veces; º'.ras,
como una pesadilla. . . Yo no he estudiado, sino practicado, Dl!S humanidades y mis clásicos. Y he venido a ser para mis amigos lit_eratos alg~ como ~~a
peste inevitable y divina ... Mi infancia ... ¿Mi infancia? ¿He s,do yo mno
alguna vez? ... Mi juventud ... : ¿fue juventud la mía? Tal vez has leído
el Wi/helm M eister. Recuerda, y verás mi juventud" (O. C., m, pp. 69 y 70 ) .
Estas líneas parecen continuarse en "Una noche de mayo a las nueve de la
noche", autobiografía de su primer día sobre la tierra: "Son las nueve de la ~oche. Yo entreabro los ojos y lanzo un chillido inolvidable. / La vida me ha s,do
desigual. Pero cierta felicidad interior y cierta protección divina que me han
acompañado siempre me hacen sospechar que mis paisanos -reunidos en la
plaza, como en plebiscito, para darme la bienvenida- supieron juntar un
instante su voluntad y hacerme el presente de un buen deseo".

•

368
369

H. 24

�IGNACIO MARISCAL, TRADUCTOR DE POESfA FRANCESA
PORFIRIO MARTÍNEZ PEÑALOZA
Instituto Nacional de Bel1as Artes

México

TRADUCCIÓN DE LA POESÍA EXTRANJERA parece haber sido ejercicio dilecto
de los poetas mexicanos. Al mismo tiempo que en producciones originales,
probaron sus fuerzas y demostraron su capacidad para volver en verso castellano, poemas de los autores extranjeros que sentían más cercanos de su
temperamento personal.
LA

•

Nunca, pues, ha faltado en México el interés por las literaturas extranjeras
y si se quisiera elegir un punto de partida para estudiar el tema, habría que
recordar las numerosas traducciones de clásicos y modernos que hicieron los
miembros de la insigne generación de jesuítas humanistas que hubieron de
dejar su patria al ser expulsados estos religiosos de España y sus territorios .
Es interesante recordar que el padre Alegre se haya ocupado de traducir el
Art poétique de Boileau, que tan extensa y definitiva influencia habría de tener en las letras hispánicas.
Nos están haciendo mucha falta los trabajos sobre esta cuestión, pues con
ellos documentaríamos seguramente las influencias de las literaturas extranjeras sobre la nuestra y, además de darnos datos sobre las corrientes literarias
vigentes entre nosotros, nos ayudarían a puntualizar las fuentes y la génesis
de nuestra propia literatura. Así, un examen superficial del tema nos demostraría la gran influencia que, a través de traducciones, tuvieron en México las literaturas inglesa, alemana e italiana.*
Tampoco podríamos olvidar los numerosos trabajos de traducción de la
literatura grecolatina que han hecho entre nosotros -para citar sólo unos
cuantos nombres- Montes de Oca, Pagaza, Ambrosio Ramírez, Vigil, Ca-

*

Estando en prensa este trabajo, apareció el importante libro de MARIANNE O. DE
Contribución al estudio de las letras alemanas en México, México, UNAM, 1961.

BoPP:

371

�sasús, los hermanos Méndez Plancarte, Octaviano Valdés y Angel Ma. Garibay, cosa que explica en parte la vigorosa corriente neoclásica que -sobre
todo en el XIX- da al conjunto de nuestras letras una fisonomía especial
entre las americanas.

Estos datos corroboran la nota de universalidad discernible en nuestra literatura que, aunque advertida, no se ha justipreciado debidamente, pues
resulta mucho más fácil documentar, antes que otras, la influencia francesa
que por su persistencia y amplitud, ha opacado y hecho que se descuiden las
demás.
La nómina de traductores mexicanos de poesía francesa, sería muy extensa: apenas hay escritor de nota que no haya hecho versiones de poesía francesa o que no descubra en su obra original una presencia de Francia. La
preferencia, la debilidad de nuestros poetas por la poesía francesa, está expresivamente declarada, entre muchos, por Balbino Dávalos -&lt;le quien me
propongo ocuparme más tarde- en el soneto con que abre sus Musas de
Francia (1913):
JAMÁS, Musas de Francia, con más amor ni encanto,
indiferente el ánimo a otra pasión mundana,
feliz admiró nadie desde la edad temprana,
cual yo, vuestro divino, maravilloso canto.

Escucho en vuestros ritmos rumores de fontana;
me alegra vuestra risa, me apiada vuestro llanto,
y en fascinadas horas de paroxismo santo,
presiento vuestro espíritu como caricia humana.

En mirra unjo mis manos; mis labios en ternura,
para palpar ensueños, para besar blancura
y respirar la esencia de la emoción más pura . ..
M uezín de la mezquita, al minarete sube;
mas no convoques fieles, hasta que en rauda nube
llegue el Guardián del Arte, en forma de querube! . ..

Además de estos datos positivos, tenemos el testimonio de las reacciones
contra esta influencia: la de Ramírez,1 con su acostumbrada violencia y la
más reposada de Ignacio M. Altamirano. 2
1

Vid. "Antigalicanismo", en Obras completas de Ignacio Ramírez, México, Oficina
Tipográfica de la Secretaría de Fomento, 1889, t. l.
1
En diversos lugares de sus escritos pueden encontrarse las ideas de Altamirano al

372

A~aso la de Víctor Hugo sea la más larga e intensa presencia en la poesía
meXJc~n~ del XIX, hasta Díaz Mirón inclusive. Puede hablarse -y no sólo
en MeXJc0- de un verdadero culto que Darío consagró en el "Pórtico"
(1892):
Y esto pasó en el reinado de Hugo,
el emperador de la barba florida.
Ent~e no,sotros el "~uguismo" provocó lo mismo admiraciones que repulsas.

J_o~qum Tellez, por eiemplo, compuso un epigrama malísimo pero que testifica la contradicción:
'
HIMNARIO de un amor que me constela,
monstruo de luz, alvéolo sideral,
Niágara etéreo, fúlgido aroma/
que entre mil soles en mi frente riela,
desde que al genio y a los dioses plugo . ..
-¿ Qué está diciendo ese inspirado vate?
¿Se le ha agriado la cena, el chocolate?
-No, señor, se le ha agriado Víctor Hugo.

F~ancisco José Gómez Flores escribió un artículo: "La literatura huguianome".1cana" ' en el que también combate la imitación servil del poeta francés
Y, Í!nalmente, no hay que olvidar las críticas que se hicieron a Justo Sierra
por el uso de las antítesis huguianas.
Se deben recordar _t;mbi~n los "p_astiches" huguianos de Gutiérrez Nájera,
con los que confund10 de 1gnoranc1a a sus rivales literarios y de paso demostraron la habilidad del Duque Job para poner en español los "modos"
de Hugo a quien profesó admiración. El primero de ellos "Los moscos" fue
incluido por Francisco González Guerrero en su edición de las Poesías :ompletas de Gutiérrez Nájera y el segundo "En el Campo de Marte al prepararse
la Exposición Universal" lo recogió y documentó Ernesto Mejía Sánchez,
con su acostumbrada atingencia. 4
La presencia de Hugo estaba viva todavía en Díaz Mirón, cuya oda "Víctor
respecto .. Véase, ~o_r, ejempl?, "De la poesía épica y de la poesía lírica", en La literatura nacional, ed1cion y prologo de José Luis Martínez, México, Porrúa, 1949, t. 11.
ª En Bocetos literarios, México, Imprenta de Gonzalo A. Esteva, 1881.

~ "Homenaje ª. Gutiérrez Nájera", por Ernesto Mejía Sánchez y Porfirio Martínez
Penaloza, en Revista Mexicana de Literatura, abril-junio de 1959.
373

�Hugo" fue motivo de polémica con Brummel, recogida por éste en Los poetas
mexicanos contemporáneos. ( 1888).
.
No se ha estudiado con el detenimiento que se merece la profunda mfluencia que ejercitó entre nuestros escritores la estética y la retórica del fr~ncés
que, junto con los otros románticos, fue abundosa fuente en donde bebieron
los románticos y los modernistas mexicanos.
Por sí mismo éste es un tema amplísimo y de gran importancia. No puedo
tocarlo aquí, pero al apuntarlo convie~e ta_mbién, '.ecordar qu~, éstas s~~ unas
de las fuentes muy importantes del 1deano estetico de Gut1errez Naiera Y
aun de los primeros modernistas. Hay, pues, que tener presentes los célebres
"prólogos" de Hugo, desde el de Cromwell ( 182_7) hasta !ºs nume~osos de
]as Odes et ballades y el de las Contemplations, piezas que iban refleiando la
batalla entre la poesía pintoresca y la intimista y cuyas ideas inspiraron, por
acción o reacción, la estética y la poética de los nuestros.
Hay que subrayar que la evolución del arte por tríadas q~e señala Hugo
en el prefacio de Cromwell: oda, epopeya y drama, es sugestivamente semejante a la de Hegel: arte simbólico, arte dásico y arte romá~tic~. Y el panorama se enriquece con las ideas de Schiller sobre la. poesia m~enua y la
poesía sentimental. Téngase presente que la influencia , de _Schiller_ en el
romanticismo francés incipiente, se dio no sólo por la v1a directa, smo especialmente a través de la obra de Madame Stael.'
Ya se ve pues la complejidad -a veces confusión-::- de las ideas entre las
'
'
.
.
que se movían nuestros escritores que buscaban su propio cammo.

•
Para iniciar mis aportaciones al amplio tema de los traductores mexicanos
de poesía francesa, he elegido a Ignacio Mariscal porque es~ completament_e
olvidado como escritor, porque su labor como traductor es illlportante Y, f¡.
nalmente, porque en el presente año se cumple el cincuentenario de su muerte.
Mariscal es recordado casi exclusivamente por sus actividades de hombre
público. Nació en Oaxaca en 1829, hizo sus primeros estudios en la misma
ciudad y se graduó de abogado en México, en 1849.
Figuró entre los diputados constituyentes del 57 y después ocupó diversos
a Es fácil consultar las ideas estéticas de Hegel, por ejemplo en la selección De lo

bello y sus formas, Buenos Aires, Espasa-Calpe Ar~., 1~49. Las id_eas de_ Schiller relativas a la cuestión aludida, se pueden ver en Poésze na,ve et poésie senhm~ntale, París, Ambier1 Editions Montaigne, 1947; hay traducción española de este hbro de la
Casa Hachette, de Argentina.

cargos en la judicatura, tanto en Oaxaca como en México. En 1863 se le
nombró oficial mayor del Ministerio de Relaciones Exteriores y ese mismo
año acompaña al Gobierno del presidente Juárez en su peregrinación por el
norte del país. Deja a México para viajar a Estados Unidos con el carácter
de secretario particular y abogado de nuestra Legación en Washington, con
don Juan Antonio de la Fuente, nombrado Ministro Plenipotenciario en los
Estados Unidos. Al término de la guerra de intervención, regresa De la Fuente dejando a Mariscal como Encargado de Negocios.
Reinstalado en la Capital el gobierno de Juárez, se le nombra Ministro
de Justicia e Instrucción Pública en 1868, pero al año siguiente vuelve a
Washington ya con el carácter de Ministro Plenipotenciario. En 1871 se le
nombra Ministro de Relaciones Exteriores y al año siguiente vuelve a Estados
Unidos con el mismo carácter diplomático que había tenido. En 1877 le
encontramos nuevamente en México, en donde desempeña la dirección de
la Escuela de Jurisprudencia. En 1879 el presidente Díaz le nombra Ministro de Justicia e Instrucción Pública y en 1881 el presidente González le
hace Ministro de Relaciones Exteriores. Muere en México en 1910, desempeñando el mismo puesto en el gabinete del presidente Díaz.'
Sus poesías originales y traducidas fueron recopiladas por Balbino Dávalos:
Poesias de Ignacio Mariscal, coleccionadas por. . . Madrid, Tipografía de la
Revista de Archivos, Olózaga núm. 1, 1911. En el ejemplar que manejo se
hace constar que se trata de la segunda edición (500 ejemplares). "hecha por
encargo del señor don Enrique C. Cree!, Ministro de Relaciones Exteriores
de México" .1

Consta el libro de cuatro partes: la primera sin título, comprende dieciocho
poemas~ la segunda, "Sonetos", veintinueve; la tercera, "Poesías humorísticas", ocho, y la cuarta, "Traducciones y paráfrasis" cuarenta y dos.

No puedo ocuparme, como quisiera, de las poesías originales y sólo hablaré
9

Mi fuente para los datos biográficos es un folleto poco conocido: Noticia biográfica / de / don Ignacio Mariscal / por Carlos Américo Lera. / Artículo publicado en
el peri6dico La Discusión. / México / José Ma. Sandoval, Imp. / Calle de Jesús María núm. 4 / 1883. Con una excelente litografía de Bray Sucesores.
Desgraciadamente este periódico La Discusión no existe en nuestra Hemeroteca Nacional. Acaso algún investigador tenga la fortuna de encontrarlo, pues además de la
posibilidad de cotejar los textos, ver si hay algunos no recopilados y hacer otras puntualizaciones, se podría establecer la cronología de la obra de Mariscal.
Hay que registrar también el artículo "Cincuentenario del Lic. Ignacio Mariscal" de
Gabriel Ferrer Mendiolea, en El Nacional del 17 de abril de 1960.
' La primera edici6n de esta obra no circuló. Entiendo que fue destruida porque
uno de los poemas allí incluidos podía haberse prestado a burlas de parte de los
maledicentes.

�de las traducciones. Hállanse aquí de poetas franceses, ingleses, norteamericanos, italianos 8 y de uno alemán.
Si bien aquí me limito a los poetas franceses, debo recordar, porque es importante y el dato se olvida con frecuencia, que Mariscal hizo la primera
traducción de "El Cuervo" de Edgar Allan Poe, trabajo que en su tiempo
le valió muchos elogios. Está fechada en 1867 y el recopilador hace constar
que la versión que reproduce incluye "las últimas correcciones". Englekirk,'
que estudia con amplitud este punto, precisa que esta versión apareció anónima por primera vez en La Patria, de Bogotá, enero de 1880 y Juego reproducida y firmada ya, en el número de abril de 1907, de la Revista Ateneo,
de Madrid.
A las objeciones que hoy se puedan hacer a esta versión, podemos agregar
una que ha sido repetida con justificación, esto es, el imperdonable prosaísmo
de haber traducido el poético nombre de Leonora del original, por Felícitas.
Al revisar en conjunto las traducciones francesas de Mariscal, surgen algunas observaciones de tipo general. Ante todo hay que subrayar que Víctor
Hugo es el poeta más ampliamente representado, Jo cual está enteramente de
acuerdo con la tesitura romántica de los escritores colegas de Mariscal.
• Sobre la traducción de la "Canción italiana" de Stechetti publicada por Mariscal,
vfase mi nota "Manuel Gutiérrez Nájera. Las fuentes de Para entonces", en la Revista
Sembradores de Amistad, Monterrey, N. L., octubre de 1959.
• Vid. Edgar Allan Poe in Hispanic literature, New York, Instituto de las Españas,
1934. Otras traducciones de poetas norteamericanos hechas por Mariscal, pueden dar
lugar a un estudio que sería muy interesante y que establecería las relaciones entre
nuestra poesía y la de Norteamérica. Los poetas de ese país traducidos por nuestro
autor son: Cowper, Bryant, Longfellow y Mrs. Hemans.
Al referirse a este aspecto de la obra de Mariscal, Lera dice: "Por punto general
en las traducciones e imitaciones de otros autores es donde más fácilmente se conoce
la inspiraci6n del poeta. Los ingenios medianos se contentan con hacer meros cambios
de palabras, incurriendo en errores de la mayor sustancia y gravedad por falta de inte•
ligencia del texto unas veces, o por no tener un perfecto conocimiento de ambos idio•
mas otras, resultando de aquí una multitud de traducciones intolerables.
"Los lectores de La Discusión saben ya a qué atenerse respecto a cómo interpreta
el señor Mariscal las creaciones extrañas, pues varias veces hemos engalanado las columnas de nuestro peri6dico con las admirables traducciones que ha hecho de los
versos del poeta americano Bryant. Así, pues, sólo transcribimos aquí algunos frag•
mentos de la magnífica producción de Edgard [sic] A. Poe intitulada uEl Cuervo" y
vertida al castellano por el señor Mariscal, con tal penetración de los pensamientos
del autor traducido, tanta fidelidad, tanta pureza, claridad y energía, que nos atre•
vemos a afirmar que le ha dado carta de naturaleza en nuestra lengua. ¡ Así habla el
poeta!. . . Traducir como traduce el señor Mariscal, es reproducir las obras ajenas
engalanadas con nuevos primores, y hacer brillar con desusada bizarría las majestuosas
formas y extraordinaria riqueza del habla castellana". Op. cit., pp. 25•26.

376

T~~- a nuestro autor conv1V1r con la generación romántica con la de
trans1c1on y con los modernistas. El hecho de que haya despertado su interés
Poe, que se .encuentra
.
.
. en la raíz de toda la literalura moderna se explica
por su conocumento directo de los Estados Unidos
'
no parece haber dejado huella en sus propias cre:::::/:un~~:e;:ed:~:s
nerse pr_es_ente _q_ue Mariscal no fue literato de profesión Y, or lo
.
profundizo suf1c1entemente las tendencias que h b , d
p
tanto, no
nismo.
a na e generar el moderanterior se ve reforzada por e1 h echo de que en -por
¡ La consideración
•
o menos a Juzgar por el material de que disponemos- ninguno d 1 . b
listas ni B d ¡ ·
·
.
e os Sim o'
au e aire, ru Verla.tne ni Rimbaud . M 11
,
.
atención.

'

' ru

a arme, atraJeron su

Aquí conviene insistir en una idea repetida con frecuencia. A menudo se
encu~~tra q~e los poetas mexicanos han sido influidos por los "poet
nares de diversos movimie t
Co M .
as meCo ' M ,
n os.
n anscal esto se cumple tratándose de
pee,
endes y Prudhomme y I d ,
inclusión de Pimodan y de SouÍ
o av1a hes más notable al respecto, la
Francia.
ary, poetas oy totalmente olvidados aun en
M:::::u~de s'.gnüicar ~ejando a un lado estos dos últimos autores- que
. ' m:'bmdo en su epoca y disponiendo de poco tiempo ara sus labores literarias, no llegó a sentir ni entender los grandes dese b .p .
simbolis
·
u rumentos -el
mo en parllcu1ar- que habrían de producir el modernismo
bargo n d · d
• m em' o eia e ser sorprendente esta impe1meabilidad a las "nfJ
.
operantes en ¡ ,
b
.
1 uenc1as
.,
a epoca, so re todo s1 se toma en cuenta su estrecha amistad
con Gu t1errez Náiera' a qmen
· ¡avorec10
•, con un puesto en el M' . t .

s·

==~

a~~w

Examinemos brevemente los poemas pertenecientes a estos poetas menores
Joseph-Marie Soulary (1815-1891) fue autor de diversos lib . ,
.
des ch p e·
ros . .11 travers
am s; mcq cordes du luth. Ephémeres (1846)
S
t h
..
•
'
Y onne s umonstiques ( 1858) este u'J llmo
que le dio cierta notoriedad y 1
d
b bºJid d
a que, con to a proa , a pertenece "El soneto" t raduc1"do, d ado su tema:

"No QUEPO
allí, no quepo -gritar oí al instante-,
.
me Viene ese vestido cual lecho de Procusto"
e hinchando el albo seno, movió el cuerpo ro~usto
Y dio de mala gana su brazo lujuriante.
• Vid. uMosaico histórico" de
enero de 1960.

Jorge

Fl

ores

D

., en Excélsior, México, D. F., 28 de

377

�Mas yo que en sus caprichos sigo mi humor constante
en el corpiño estrecho su lindo talle ajusto,
logrando se acomoden hombros y cuello y busto,
por más que en tal empeño resulte algo tirante.

Yo

Con arte entre la ropa sus formas ya dibujo
que muéstranse, oprimidas, quizá con mayor lujo.
¡ Miradla en ese traje que su beldad acusa!

¿Qué Edén por tu desgracia será el que tú has perdido?
l Prestaste en otra vida servicio meritorio,
o un crimen cometiste y en tránsito expiatorio
cruzando vas la tierra confuso y aturdido?"

¿No veis en ella un garbo que la opresión no altera?
En su alma nada hay menos, nada hay de más por fuera.
Me gusta así mi amada, me encanta así la Musa.

A VECES me pregunto: "¿De dónde habrás venido?
Tu coraz6n no encuentra nada satisfactorio
y el goce que tú alcanzas es rápido, ilusorio:
¿Por qué llegaste al mundo con fin desconocido?

A mi recuerdo vago de un esplendente cielo
buscándole su origen, me afano y me desvelo.
Pues no hallo que provenga de la miseria de hombre;

Debe notarse que este soneto tiene el sabor de una declaración de fe parnasiana, aunque menos explícita y mucho menos poética que "L'Art" de

Gautier, que es un paradigma. De paso: es raro que Mariscal no se haya
sentido atraído por la obra del "bon Théo" por lo menos para los efectos de
traducir alguno de sus poemas.
Gabriel Raoul-Marie, Marqués de Pimodan ( 1856-?), escribió Lyres et
clairons (1881); Coffret des perles noires (1883); Poésies (1892) y Sonnets
( 1898). Tampoco he podido precisar a cuál de estos libros pertenece "El
fin de nuestras penas", ni el valor de este poeta.
En relación con lo dicho a propósito de Soulary, hay que recalcar la clara
simpatía que demuestra Mariscal por los parnasianos, testimoniada por las
traducciones que hizo de In excelsis,1 1 de Leconte de Lisle (1818-1894); de El
extranjero de Sully Prudhomrne (1839-1907); de La vida de los muertos de
José María Heredia ( 1842-1905) ; de La bendición de Fram;ois Copée ( 18421908) y de La cristiana y el león de Catulle Mendes (1842-1894).
El poema de Prudhomme pertenece al libro Les vaines tendreses ( 1875) y
parece pertinente comentar que es raro que Mariscal haya escogido ese poema
y no alguno de la poesía cientificista cultivada por el francés, pues la inclinación del mexicano por esa clase de poesía, está ilustrada por el soneto "Franklin, Fulton y Morse" que doy en el apéndice.

El extranjero, además, nos permite hacer una interesante comparación,
pues Balbino Dávalos también lo tradujo y gracias a ello podemos cotejar
un mismo texto vertido por dos escritores contemporáneos:

y atónito yo mismo del ansia que me oprime,
a un extranjero escucho que en mis entrañas gime
sin revelar su patria ni descubrir su nombre.
IGNACIO MARISCAL,

ME PREGUNTO a menudo: ¿De qué raza has venido?
Tu corazón nada halla que lo encante o cautive.
nada que tus sentidos ni pensamiento avive,
cual si un buen infinito se te fuera debido!
Mas di: ¿Qué paraíso para siempre has perdido?
¿Cuáles la augusta causa que por tu esfuerzo vive?
¿Cuál tu propia grandeza, la virtud que motive
que en el mundo lo mires todo vil, corrompido?
Un origen requieren este anhelo divino,
estas vagas nostalgias de un edén que adivino,
mas en vano lo busco dentro mi corazón;

y atónito yo mismo, del dolor que me oprime,
llorar escucho en mí un ser raro y sublime,
que me ha ocultado siempre su nombre y nación. 12
BALBINO DÁVALOS.

(Musas de Francia, p. 53).

u Este poema pertenece a los Potmes modernes (1869). No he podido documentar el
poema de Mendes.
u Vid. en el Apéndice el apartado C.

378

379

�Sin tener a la vista el original, parece arriesgado juzgar de ambas traducciones, pero si hemos de guiarnos por la sola intuición, parece superior el
trabajo de Dávalos, dicho sea con las reservas del caso.
Tomados en conjunto los poemas de los dos parnasianos traducidos por nuestro autor, conviene recordar, sobre todo tratándose de Prudhomme y de Lisie,
las relaciones estrechas que existen entre estos autores y la ciencia, la ciencia
positiva, que inspiró a todo un grupo de escritores franceses. 13 Y dado que
precisamente Mariscal perteneció al número de los educadores mexicanos que
con Gabino Barreda instauraron el positivismo en México, resulta perfectamente explicable esta simpatía. Menos aplicable es esta idea tratándose de
los otros parnasianos, pero de todas suertes la perfección de la forma que
caracteriza esta escuela, tiene que ver con la tendencia positiva y científica.
Por supuesto que las cristalizaciones poéticas de una tendencia varían con las
personas y en el autor que vengo estudiando resultan pesadas y frías, pero
entroncan con el anhelo de lograr una forma casi escultórica, palpable.
El poema de Heredia suscita un comentario. A fin de que el lector pueda
precisar sus ideas e ir formando su propio juicio sobre el valor de Mariscal
como traductor, pongo en seguida el original de La vida de los muertos y la
traducción. El poema pertenece a Les trophées y está en la parte de esa obra
intitulada La nature et le reve:
Au poete Armand Sylvestre
la sombre croix sur nous sera plantée,
la terre nous ayant tous deux ensevelis, •
ton corps refleurira dans la neige des lys
et de ma chair naítra la rose ensanglantée.

LoRSQUE

u El enorme desarrollo que tuvieron las ciencias experimentales en el siglo XIX,
en especial las biológicas, propiciaron la invasión de la biología -tomada en su más
amplio sentido-- en el campo de las letras. Recordemos las doctrinas de Taine y
algunas de BrunetiCre en la teoría literaria y la novela naturalista y la poesía cienti.
ficista de Zola y Prudhomme 1 respectivamente. Contra esta interferencia escribió páginas
que mantienen su validez, el doctor Joseph Grasset: Los límites de la biología, traducción española: Madrid, Sáenz de J ubera, 1907.
En nuestros días Octavio Paz ha replanteado la cuestión en sus términos modernos,
en su sección ºCorriente Alterna", Revista de la Universidad de México, abril de 1960.
Paul Bourget, en un ensayo que debería de estar menos olvidado, analiza el problema:
M. Leconte de Lisie y en el apéndice L: Science et poésie: .A. propos des Trophées,
en Essais de psychologie contemporaine, Paris, Plon, 1924. De acuerdo con este autor
el conflicto no se resuelve ni en Zola ni en Prudhomme, pero ciencia y poesía se concilian en las obras de Lisie y de Heredia. Recordemos también las finas discriminaciones que hace el maestro Reyes en El deslinde, México, el Colegio de México, 1944.

Et la divine Mort que tes vers ont chantée
en son vol noir chargé de silence et d' oublis
'
nous /era par le ciel, bercés d'un lente roulis

vers des astres nouveaux une route enchanté/
Et montant au soleil, en son vivant foyer
nos deux esprits iron se fondre et se noyer
dans la félicité des flammes eternelles;
cependant que sacrant le poete et /'ami,
la Glorie nous /era vivre a jamais parmi
les Ombres que la Lyre a faites fraternelles.

•
CuANoo la cruz sombría marque la tierra helada
donde el destino a entrambos al polvo nos condena
saldrá de tu albo cuerpo la cándida azucena
'
Y de mi carne lívida la rosa ensangrentada.
Y la divina Muerte por ti tan ensalzada,
con vuelo misterioso que ni se ve ni suena
abriendo irá los cielos, entre la luz serena,'
la ruta que sigamos en la final jornada.
Al sol llegando alegres, en su viviente fuego,
espíritus dichosos, nos bañaremos luego,
que allí no se consumen esencias eternales·

'

Y junto a vates émulos, ya para siempre amigos,
de nuestra inmensa dicha tendremos por testigos

mil sombras que sus liras hicieron inmortales.

La traducción lleva al pie esta sugerente nota: "Tal vez no deban llamarse en español soneto a estos catorce versos alejandrinos, que imitan en la forma
los del poeta francés Heredia. Hubo, sin embargo, en España algún ejemplo
de esto en el siglo XVI.-Nota del autor".
Es lástima que esta y otras traduc~iones no estén fechadas, pues de este
modo podríamos puntualizar la cuestión métrica que cae dentro del gran

380
381

�problema del Modernismo. En todo caso, hemos de situar esta vers10n en
1893 o muy poco después, cuando mucho, pues tal es la fecha de publicación
de Les trophées. La obra fue de génesis lenta a partir de 1862, cuando Heredia vuelve a París. Como se sabe, los sonetos que después formaron el libro,
se habían publicado en su mayoría en diversas revistas francesas y en los
Parnasos contemporáneos (1866, 1869-71 y 1876).
Si recordamos que la obra de Gutiérrez Nájera va de 1876 a 1894 y que
el Azul. . . de Darío es de 1888, resulta muy ilustrativa esta nota, escrita con
cautela, en un momento en que las innovaciones métricas y el espíritu todo
del modernismo provocaba apasionadas polémicas, y aún más ilustrativa
resulta esa justificación -acaso no pedida- que viene a ser la mención del
siglo XVI español.
Aquí surge el problema colateral de establecer en México la cronología
del soneto en alejandrinos, que no puedo abordar aquí, conformándome con
recordar que las traducciones hechas por Justo Sierra de algunas de las piezas
de Los trofeos, también están en alejandrinos.
Para cerrar la cuestión de los parnasianos en la obra de Mariscal, doy, acompañada del poema original, la versión de In excelsis, de Leconte de Lisie, que
pertenece a los Poemes barbares (1862 y 1878).
Mmux que l'aigle chasseur, familier de la nue
homme! Monte par bonds dans l'air replendissant
la vielle terre, en bas, se tait et dimin1te.

1

J

M ante. Le e/aire abíme ouvre
1

a ton vol puissant

De rCve en rCue, va! Des meilleurs aux plus beaux
pour gravir les degrés de l'Echelle infinie,
foule les dieux couchés dans leurs sacrés tombeaux.
L'inteligible cesse, et voici l'agonie,
le mépris de soi-meme, et l'ombre, et le remord,
et le renoncement furieux du génie.
Lumiere, ou est-tu? Peut-etre dans la mort.

•
CoMo el excelso c6ndor que se remonta al cielo
hombre atrevido, sube por ese azur fulgente '
y olvida las miserias que oprimen ,ste suelo.
Sube; el celeste abismo con vuelo prepotente
cruza, Y las olas de éter que el sol con luz flaae/a ·
su globo va perdiéndose en bruma transparent:. '
Sube, la llama ocúltase, en el espacio hiela
, lo sombrío llena la inmensidad: '
crepuscu
sigue subiendo rápido y por el éter vuela

'

hundiéndose en profunda, sublime oscuridad . ..
¿ Qué sientes si no el vértigo de la infinita altura
silencio inenarrable, negrura, ceguedad?. . .
'

•

les houles de l' azur que le soleil flagelle.
Dans la brume, le globe, en bas, va s'enfonfant.
Monte. La flamme tremble et palit, le ciel gele,
un crepuscule morne étreint l'inmensité.
Monte, monte et perds-toi dans la nuit éternelle:

i Oh_ espíritu! Aproxímate a aquella lumbre pura,
murieron ya las otras envueltas en sudario·
sube a la fuente que arde y ardiendo siempre dura.
De sueño en sueño aléjate del mundo· temerario
.
'
'
asciende por la cuesta de interminable vía
.
'
pisando ocultos dioses en lóbrego santuario.

Un grouffe calme, noir, informe, illimité,
/'evanouissement total de la matiere
avec l'inénarrable et plein cécité.
Esprit! Monte a ton tour vers l'unique lumiere,
laisse mourir en bas taus les anciens flambeaux,
monte ou la Source en feu brílle et jaillit entiere.

382

La inteligencia acaba y empieza la agonía,
desprecio de sí mismo, sombra y olvido inerte;
renuncian a su orgullo, razón y fantasía . ..
¡Oh luz! Si aquí no te hallo, ¿te encontraré en la muerte?"
u Hay otra buena traducción mexicana de este poema en Jard"
d L
·
R
d ¡ ¡·
ines e utec1a y
osas e ta 1a, por SALVADOR SÁNCHEZ, Guanajuato, 1921.

383

�•
Dejando a un lado el poema "El esclavo" de Chateaubriand, que no he
podido documentar, el poeta más ampliamente representado en el libro de
Mariscal es Víctor Hugo. De él se encuentran quince poemas, todos de las
Odes et ballades (1822-1825). A las Odas pertenecen: "El hombre feliz"; "A
una niña"; "El murciélago"; "Epitafio sin nombre"; "Encare Q. toi"; "El alma"; "La lira y el arpa"; "Jehová"; "A S. B."; '"Un canto a Nerón"; u Acciones de gracias" y "Las dos islas". A las Baladas pertenecen "El silfo" y "Los
arqueros"; no he podido documentar con precisión "Napoleón habla en
Santa Elena".
Ya se ha dicho que no todos estos poemas están fechados; los pocos que
llevan este dato permiten situar los trabajos de versión entre 1855 ("A S. B.")
y 1885 ("Un canto a Nerón"). Esto y el hecho de que los poemas traducidos no sigan el mismo orden en que aparecen en los libros de Hugo, permiten pensar que para el mexicano estas labores eran completamente se-

cundarias.
Ya se ve que a Mariscal le llamó la atención especialmente la fase "intimista" de la poesía huguiana, muy de acuerdo con el temperamento mexicano
y con la etapa romántica en la que podemos inscribir a nuestro escritor.
No deja de llamar la atención que, al parecer, poco le atrajeron otros aspectos de la poesía de Hugo, pongamos por caso Las contemplaciones ( 1856)
o La Leyenda de los siglos (1859 y 1887) y, todavía más, Las orientales (1828)
que ya sea por sus innovaciones estéticas o por cierto aliento épico que se
advierten en estas diferentes obras, pudieron haber despertado el interés de
Mariscal, contemporáneo de toda una generación tan de cerca influida por
Hugo. Recordemos una vez más a Gutiérrez Nájera, cuya Tristissima no.,
provocó la polémica ya aludida y que es el punto de partida de una obra
como la de Manuel José Othón, a quien seguramente admiró el autor que
vengo estudiando.
No es posible profundizar más la cuestión en esta breve nota, pues sin
tener a la vista los originales y las versiones, resulta difícil pronunciar juicios.
Las muestras que aquí se dan permiten -por lo menos así lo esper&lt;&gt;- un
principio de juicio sobre los trabajos del poeta mexicano.
Los problemas de la traducción, especialmente de la poesía son perfectamente conocidos para que se insista en ellos. Aquí nos ha interesado sobre
todo ver cuáles fueron los poetas franceses sobre los que trabajó Mariscal
y poner de relieve las posibles razones de sus preferencias. Hugo despertó
una simpatía lógica en aquel tiempo y, dadas las peculiaridades del mexicano,
es natural que se haya limitado a traducir la poesía intimista.

384

1 Tambié~ resulta perfectamente explicable la simpatía que demostró por
os parnasianos. En las traducciones más
. .
ensaya con timidez las novedad
', . que en la obra ongmal, Mariscal
es metncas; pero cabe subrayar q e
.
mente en estas versiones sentimos cierta rigid L .
u. _Prectsaforma
t l d
ez. ª ngurosa perfecc1on de la
y, por o ro a o, la forma evanescente de los . boli
la misma dificultad para la versió
, 1
Sllll
stas, presentan
n y aqw o comprobamos En .
.
son mejores las traducciones de Hugo.
.
m1 sentir,
Estas consideraciones y el hecho de ue se .
. ,
posible adscribir a Mariscal en
q . , mcluya a Poe, mdican que es
1a generac10n de los "poetas d t
'
. ., "
acaso este carácter hubiese sido más ciar . 1 d d
e rans1c1on ;
xicano hubiese cultivado la p ,
o s1 e e u_ca or y diplomático meoes1a con mayor amplitud
El panorama que hemos estudiado con breved d . .
al proceso de génesis del
d .
, . a ' arro¡a una nueva luz
mo emismo en Mextco
obscuro por la simple razón d
,
' proceso que nos parece
e que esta poco estudiado.
T engo la esperanza de que es ta modesta contnbuc1ón
. . no sea del tod . , fl
pues además de la recordación de un
.
,
o mu t '
:~::j~einli~~::ur: :Jóvenes investigado:et:e::::~o~ ::~:~.:nes!~e t:'.
podremos conocer comparada que son urgentes y sin los cuales difícilmente
'
o se merece, la poesía mexicana del . 1 XIX
donde hemos de buscar una de las raíces de la
,
. s1g o
' en
U d
poes1a meX1cana
na e. ellas,_ claro está, porque venimos de muy lejos. p .
hemos de mvestigar la génesis inmediata de nuestra poesía ac;~~l. en el XIX

APllNDICE
. A. Tengo a mano Ja traducción de "El extran ·ero"
.
.
g1da por Enrique Díez-Canedo en s J'b L J
de Miguel Antonio Caro, recoanotada por ... y Femando Fortún ~ ld ~d Ra poe~la_ francesa moderna, ordenada y
, ª n , enac1m1ento1 1913:
SuE~o decirme yo: "¿De dónde vienes?
¿Quién eres tú, que nada aqul cumplido

halla tu corazón ni tu sentido?
¿En qué títulos fundas tus desdenes?

"¿Qué.patria lloras, qué inmortales bienes?
é A que sacra bandera has tú servido&gt;
Para mirarlo todo envilecido
.
¿qué virtud propia, qué grandeza tienes?
Asl en vano_ interrogo a un ciego abismo;
no cabe lo infinito de este anhelo
en el mezquino corazón del hombre.

385

H. 2.1

�C Dado el olvido en que está Mariscal, daré aquí
poesía.
unas cuantas muestras de su

Vive, huésped augusto entre mí mismo,
otro yo, que gimiendo sin consuelo,
siempre su origen me ocult6 y su nombre.

A

B De acuerdo con las noticias de Max Henríquez Ureña: Los trofeos, discurso pre11
liminar, traducción y apéndices de. . . Santiago de Chile, Ercilla, 1938, La vida de
los muertos" se publicó por primera vez en el Parnase contemporaine de 1876. Cita
además de la de Mariscal, otra mexicana de Félix Martínez Dolz, de 1906 que no
he logrado ver. José Antonio Niño lo tradujo recientemente, vid. Los trofeos, prólogo,
traducción y notas de ... México, UNAM, 1957. Doy en seguida las versiones:

MI HIJO RECIÉN NACIDO

CUANDO el dolor, no el peso de los años
me empuja ya a temprana sepultura '
tú llegas, inocente criatura
'
a un mundo de peligros y' de engaños.

sobre nosotros la cruz triste y piadosa
planten -pues ya la tierra nos habrá sepultado-,
revivirá tu cuerpo en un lirio nevado,
brotará de mi carne una sangrienta rosa.

Cercado de enemigos y de extraños
¿podrás tú solo Por la senda obsc~ra
seguir do el mal la tentaci6n apura,
blanco de su perfidia y sus amaños?

Y en su fúnebre vuelo
esa Muerte divina que
nos trazará en el cielo,
hacia los astros nuevos,

¿Quién te podrá valer? ¿Qué tierno amigo
será el apoyo de tu débil paso
Y en tan horrible dédalo tu guía?

CUANDO

de olvido, silenciosa,
tu verso ha cantado,
con lento ritmo alado,
una senda radiosa.

Ninguno, pobre huérfano. . . ¿ Qué digo?
t: La mano del Señor no tiene acaso
mayor bondad y fuerza que la mía?

Hasta el sol llegaremos, y en su fragua viviente,
irán nuestros espíritus a fundirse en la ardiente
felicidad que irradian las llamas de esa pira.

FRANKLIN, FULTON y MORSE

Al par que, consagrando al cantor y al amigo,
nos dejará la Gloria vivir bajo su abrigo
con las sombras augustas que hizo hermanas la lira.

DE

FRANKLIN el ingenio soberano
midiendo el orbe en portentoso 'vuelo
"El rayo arranca del oscuro cielo
'
Y el cetro de las garras del tirano". 1

MAX HENRÍQUEZ UREÑA
AL SER sobre nosotros sombría cruz plantada,
-cuando a los dos la tierra piadosa haya acogido,
tu cuerpo habrá en la nieve de lirios florecido,
y nacerá en mi carne la rosa ensangrentada.

Mas ni eso basta; el pérfido oceano
bur/6 al marino en su constante anhelo
y llega Fulton y a remoto suelo
,
lo empuja en alas del vapor liviano.

Y la divina muerte por tu verso cantada,
en su ascender, preñado de silencio y de olvido,
nos hará en los espacios, en un vaivén florido,
hacia nuevas estrellas una ruta encantada.

No basta aún; que Morse, el alma ardiente
del relámpago torna vagabundo
'
en mensajero dócil y obediente;

Y al sol volando juntos, en su vivo fulgor,
irán nuestros espíritus a unir su mutuo ardor
en la dicha perenne de flamas eternales.

Y un hilo leve, por el mar profundo,
lleva en continua, rápida corriente
de un mundo el pensamiento al otro mundo.

Y al poeta, al amigo, consagrando clemente,
la gloria ha de otorgarnos vivir eternamente,
en sombras que ha tornado la lira fraternales.
JosÉ ANTONIO N1Ño

386

i

Eripuit coelo fulmen sceptrumque tyrannis. (Nota del autor).

387

�A***
RosA gwtil que extiendes tu capullo
de la auro,; al crepúsculo sublime,
1Que la fortuna en el rosal te mime
y que. el rosal te muestre con orgullo!
Deslícese tu vida al blando arrullo
de la paloma que inocente gime:
.
del aura errante que a la flor imprime
dulce vaivén con lánguido murmullo.

TEMAS Y T!WNICA EN LOS CUENTOS DE EDUARDO MALLEA

y si mañana tu reposo inquieta
Amor, que con sus cánticos de gloria
vierte en las almas inquietud secreta,

Dr.

MYRON

l. LICHTBLAU

Universidad de Syracuse

guarda en tu corazón una memoria
d, qu, te amó también pobre poeta
sin porvenir, sin sombra, sin historia.

Diciembre d, 1853.

A ELLA
CÁNDIDO lirio en su primer mañana,
en torno exhalas delicado aroma,
y en el oriente de tu vida asoma,
ardiente sol, tu juventud lozana.:

Dulce es la miel que de tus labios mana
como la abeja en el jardín la toma;
sobre tu seno, virginal paloma,
amor extiende el ala soberana.
Las flores del pudor ciñen tu frente
y, de tu corazón eco fecundo, .
tu voz anuncia lo que el alma siente.
·Feliz quien de la vida el mar profundo
~urque a tu lado en na ve refulgente!
1. En otro Edén le cambiarás el mundo!

SOBRE EDUARDO MALLEA novelista, ya existen varios estudios 1 que lo juzgan
bien como el intérprete más profundo y acertado de la escena argentina
contemporánea; sobre Mallea cuentista, consider-ddo separadamente pero con
relación a su arte de novelista, hacen falta trabajos serios y detallados que
lo estudian en esta esfera de su creación literaria. No es que los críticos hayan desatendido en total los cuentos de Mallea, sino que las más veces los
han tratado juntamente con las novelas, sin hacer distinción entre los gé2
neros. La fama y prestigio de Mallea estriban en sus novelas, en La bahía
de silencio, Todo verdor perecerá, Fiesta en noviembre, Los enemigos del
alma; pero ha escrito además cinco volúmenes de cuentos o relatos,' y el primero de ellos, Cuentos para una inglesa desesperada ( 1926), es en efecto la
primera obra que publicó.
1

El mejor estudio comprensivo sobre Mallea es el de ]OHN H. R. PoLT, The Writings
of Eduardo Mal/ea (Univenity of California Press, 1959).

~ Entre los estudios sobre Mallea que tienen este enfoque panorámico, puedo citar
los siguientes: H. R. PoLT, op. cit.; GERMÁN GARCÍA, La novela argentina (Buenos
Aires: Editorial Sudamericana 1 1952), págs. 254-258; JuAN CARLOS GBIANo, Constantes de la literatura argentina (Buenos Aires: Editorial Raiga), 1953), págs. 109-128;
FERNANOO ALEGRÍA, Breve historia de la novela hispanoamericana (México: Ediciones
de Andrea, 1959), págs. 231-235. El libro de Germán García contiene un capítulo
aparte dedicado al cuento argentino, pero en esta sección no hay una sola referencia
a los cuentos de MalJea, aunque hay referencias a Cuentos de muerte y de sangr, de
RICAJU&gt;O GÜIRALDES, y a un volumen de relatos de BENITO LYNCH, De los campos
porteños.
1

Las primeras ediciones de estas colecciones son las siguientes: Cuentos para una
inglesa desesperada (Buenos Aires: Gleiser, 1926); La ciudad junto al río inmóvil (Buenos Aires: Editorial Sur, 1936); El vínculo -Los Rembrandts- La rosa de Cernobbio
(Buenos Aires: Editorial Sudamericana, 1953); Posesión (Buenos Aires: Ed. Suda-

388

389

�Es inevitable en un estudio de esta índole que nos enfrentemos primero con
un problema de clasificación literaria. Ya que nuestro propósito es tratar el
cuento malleano como género aparte, conviene señalar exactamente qué clase de obra va incluida en nuestra definición de cuento. En el caso de Mallea
podemos entrar en largas discusiones sobre las distinciones entre novela, nove•
la corta, "novella", cuento largo, cuento; pero esto va más allá de nuestro fin.
Debido a la naturaleza de algunos escritos, existe cierta dificultad en colo•
carios estrechamente dentro de una sola categoría. De manera que Fiesta
en noviembre, obra de unas ciento cincuenta páginas, ha sido llamada novela
por la mayoría de los críticos, cuento largo por algunos, y hasta relato por
otros.• A los relatos de la colección La sala de espera se les clasifica ya como
novelas, ya como cuentos; y a la obra en general hasta se la clasifica como
una sola novela.• Al separar novela de cuento, claro está que no hay que
mericana, 1958). Referencias en este ensayo a Cuentos para una inglesa desesperada
son siempre de la segunda edición, la de Espasa-Calpe Argentina, 1944. Referente a
La ciudad junto al río inm6vil, cito siempre la tercera edición de la Editorial Sudamericaná~ 1954, que contiene esta nota a modo de explicación bibliográfica: "Las partes que componen este libro pennanecieron inéditas hasta su publicación conjunta, con
excepción de tres -"Sumersión'', aparecida en Sur de Buenos Aires, el Deutsche Zuricher
11
Zeitung, de Zurich, y La Fiera Letteraria, de Roma; La causa de Jacobo Uber, perdida", aparecida en Sur con ligera variante en el título¡ y "La angustia", aparecida en
los números CXXX y CXXXI de la Revista dt Occidente, de Madrid. Las nueve novelas
cortas que forman el todo fueron escritas entre 1931 y 1935.
• GERMÁN GARCÍA, en su obra antes citada, pág . .256, llama a Fiesta tn noviembrt
"relato dentro de otro relato".
11 MALLEA se refiere a La sala dt esptra en general como
1 En la "nota del autor
uun libro ficticio", y a las siete narraciones que integran el volumen como ''historiasn.
FERNANDO ALEGRÍA, en su obra sobre la novela hispanoamericana, op. cit., p. 235, considera la obra en conjunto como una sola novela, criterio que ~l reparte con VICENTE
BARBIERI, autor de una reseña de la obra, aparecida en Sur, mayo de 1954, p. 97.
La advertencia de la Editorial Sudamericana muestra cierta incertidumbre en calificar
el género de la obra. Parece esquivar la cuestión para no entrar en polémica y afirma
lo siguiente: "Así, de esta nueva obra de EDUARDO MALLEA, puede decirse que no es
una novela ni una obra de teatro ni un poema, y que no se trata tampoco del consabido libro de relatos dispares. Mas cabe también afirmar que este libro es, a la vez,
novela, cuento, teatro y poema: una novela integrada por siete novelas cuyos siete
protagonistas no se conocen entre sí; una obra de teatro compuesta por siete monólogos paralelos incluidos en un mismo clima, lugar y tiempo; un poema de formas
cuyo origen se remonta a la era de Eurípides".
Con respecto a las otras colecciones de cuentos existe igual desemejanza de clasifi11
cación. La ciudad junto al rfo inmóvil consta de 11 novelas breves según la advertencia
de la edición de 1954; de ºnovelas cortas" según JUAN CARLOS GHIANO en su libro
Constantes de la littratura, op. cit., p. 114; de "narraciones" según FERNANDO ALEGRÍA
en su libro antes citado: de "relatos" según GERMÁN GARCÍA en La novtla argtntina,

390

guiarse dexclusivamente por la extens1on
. , Factores más sutiles pero tan .
!antes eben tenerse en cuenta, com~ el dese
. .
unpor•
y la concepción misma de I
I
nvolvuruento de la materia
,
a cua nace la obra E
. .
en Ia categona de cuento toda ob d f' . , . n este ensayo prefiero mcluir
ra e 1cc1on que n
¡
mente. D e modo que incl
o sea nove a pura y neta.
, .
uyo un cuento o mei'or dich
b
paginas así como una narrac',
' .
o un oceto de unas ocho
wn muy amplia de un
pesar de su extensión cabe m .
I
as setenta y pico, la cual a
d
eior en e molde d
e novela corta. Esta perplei'idad d
.
e cuento que de novela o aun
t
, .
.
e termmología J. nt
•
emas y tecmca literaria entre I
I
' u o con 1a semeianza de
t n'b ut'do a la agrupación mezcl as
d nove
d as de Mallea y sus cuentos, ha cond' d
a a e su prod ·,
¡
1 o en el párrafo anterior Pero el al Ji
~cc1on tata a que hemos aJu.
dentro de la ficción argen;ina . v or terano de Mallea y su importancia
d ,
eXJgen que examin
,
a genero que cultivó y que I .
.
emos con mas cuidado ca•
Así, vale la pena liberar los o Juzguedmos mde~endientemente el uno del otro.
.
cuentos e su calidad
, .
propia y distintiva.
anoruma para darles vida
Al considerar el carácter general de I
todo que prescindir de su prime
I os_ ,cuentos de Mallea, tenemos ante
s p d
ra co ecc1on Cuent p
.
es era a, por ser una obra más b' d d'
os ara una inglesa det
.
ien e a olesce . d
erana y sin mucha substancia d
.
nc1a, e poca madurez Ji.
perfecciones juveniles se pued e runguna clase. Pero no obstante sus im
.
' .
e ver en esta ob ·1 I
•
posteriores de profunda captació
. l' . n a e germen de los escritores
podemos reducir los och
n ps1co og,ca y descontento emocional s·
o cuentos a un
. f
· 1
es el despertamiento de la juventud h ~ esencia. undamental, diremos que
aventurarse al mundo est
1m
~c1a la realidad de la vida misma Al
'
as ª as nacientes e
·
ganos y desilusiones impediment
d
ncuentran toda clase de desenmás bien ligero,• co~o si estas e:ps Y_ e~rotas. Pero el tono del volumen es
ent
·
· enenc1as no fueran ,
renamiento, lecciones escolares
.
mas que ejercicios de
del f ·
Y escarmientos dolo
.
re ug,o de un taller de aprend' .
,
.
rosos ocumdos dentro
conocer el mundo a sen•'·
lizaJe. Jovenes ansiosos de vivir empiezan a
'
=
sus p aceres y pes
en que el protagonista narra có
.
ares, como en Arabella y yo
ale ,
I
mo su tristeza y Job
'
gna y uz al reconocer la mi t .
I
reguez se convierten en
s enosa Jamada de amor·, o corno en Cyn.
Las obras del volum' en p
'6
1p.a a255.
d
ostnnson"
1
. . de
s vertencia editora , y "re! a1os,, según 1 · · ·noved as cortas" confonne al cnteno
ur, septiembre de 1959 p 77 A . . e Jmc10 e N. SrLVETTI PAz en s
rosa d C
bb.
, . . smusmo, la colección El 1
,
u resena en
t erno to se compone de "
1
v nculo-Los Rembrandt L
Eme é Ed.
nove as cortas,,
; 1
s- a

d le¡· ltores y de acuerdo con el juicio de J
sCegun a advertencia hecha por
e
a
tt.
arg
p
126
·
F
UAN
ca
., .
' pero ERNANDO ALEGRÍA op . AR.LOS GHIA NO, en Constantes
mo
'
· cit., p. 235, clasifica la obra total
, una novela,

!~,~~:~;,

E~RIQUE ANDERSON hrBERT,

en su H.

.

.

Fo~do,_ae Cultura Económica, 195~t•:. ~:6'ª/leratura hispanoamericana
eraria Juguetonamente" con Cuento

' . ice que MALLEA empezó su
s para una inglua dtsespuada.

391

�thia, en que el joven presencia una escena de perfidia femenina. Como indica Mallea en el prólogo a la edición de 1944, concibió los cuentos entre
los veinte y los veintitrés años, cuando "andaba casi mudo y lleno de ojos,
descubriendo las conexiones insólitas que el mundo oculta bajo su calmo
epitelio".' Los cuentos son piececitas amaneradas que tratan las más veces
de luchas pueriles de amor. Aun en aquella época prístina de su carrera literaria, Mallea quería llamar la atención por la originalidad y extravagancia de su lenguaje, pero sin la madurez artística su prosa resultó cargada de
una artificialidad exquisita, una afectación estética imbuída de rasgos típicos
de preciosidad. En su libro sobre los escritos de MaUea, John H. R. Polt apunta
otra manifestación de este afán de crear nuevos efectos estilísticos: "There
is arnple evidence of cosmopolitanism in the style and mood of the stories
and the continua! mention of foreign names and places: Ofelia, Neel, Greev,

Texas, Quebec, Switzerland, Yale, Oxford". 8
Dejando estos primeros esfuerzos, pasamos a las cuatro colecciones de cuentos que representan el arte maduro de Mallea en este género. Y notarnos ante
todo la linea uniforme y constante trazada por Mallea en cuanto a la ideología estética en que se funda cada relato. Esta esencia unilateral se caracteriza por el enfoque literario o intelectual que prevalece invariablemente
en cada cuento. Los temas seleccionados -el retrato de los personajes, el desenvolvimiento de la materia tratada, el lengua je, el diálogo y los monólogos- todo lleva una estampa inequívoca de intelectualidad y orientación
exclusivamente literaria. Todo es introspectivo, psicológico, presentado en un
plano de absoluta preocupación cerebral. Por eso, lo que destaca en los cuentos, más que nada, son los personajes en un tremendo torbellino emocional y
mental. Este enfoque en el carácter y hasta en el alma de los personajes es
dominante e inflexible; todo -trama, desarrollo narrativo, escenario- queda subordinado a la exposición, análisis y manifestaciones de estas aflicciones
de alma que acosan terriblemente a los personajes. Todo conflicto se reduse a un conflicto interior, a una pena emocional dentro de la psiquis de estas gentes. Con raras excepciones los cuentos son pasivos, no activos; es
decir, el conflicto se explica más que se vive o se dramatiza. Gran parte de
la narración es una pura exposición y diagnosis de estos conflictos. Y no es
que la disección psicológica emane de los problemas, enredos y situaciones
circunstanciales que deben ser una consecuencia natural de estas angustias.
Antes bien esta disección constituye el cuento mismo, es el principio y el
'
.
medio y el fin, pues para Mallea el núcleo de cada cuento es precisamente
' Cuentos para una inglesa desesperada, edición de 1944, op. cit., pr61ogo, p. 11.

• JoHN H. R. PoLT., op. cit., págs. 7-8.

392

un conflic~~ prede'.erminado y prejuzgado que el lector capta inmediatamente al fiiar los OJOS en la página. De manera que todo el cuento de "To, Bot'"D
'
~as
. on es un monologo
en que este hombre excesivamente sensible e
i~ealista, lucha por conservar su individualidad y libertad como persona distmta de cualquier otro. El cuento no sólo es un monólogo interior sino un
relato que gira c~i completamente en tomo a un solo personaje, ~unque a
veces el monologmsta habla de sí con relación a otras personas de su vida
pasad~. Pero en _su ~p~cto m~s esencial el relato se proyecta desde un plano
de casi absoluta mtenondad e mtrospección. Tal vez éste sea un caso extremo
del enfoque mental en los cuentos de Mallea, pero por cierto abundan otros
muchos _en que sólo hay una cantidad mínima de fuerzas exteriores y circu~stancias concomitantes para juntarse con Ja inmoderada preocupación intenor que parece obsesionar en Mallea.
:oda la obra de Mallea, en todos los géneros, es un grito unísono de inqmetud. Las congojas y frustraciones de sus ensayos resuenan con igual dolor
e~. sus novela~. El concepto de La Argentina invisible frente a La Argentina
visible,_ profendo ~n tanta elocuencia en el ensayo Historia de una pasión
arge~,ima ( 1937), tlene casi idéntico paralelo en el concepto de "sayal y púrpura de la novela La bah/a del silencio ( 1940), y se manifiesta también
como tema de los cuentos que integran el volumen La ciudad junto al río
mm_óv,I, en que los personajes, así como el enigmático Buenos Aires que
hab1'.an,. pare~e~ buscar su realidad auténtica. Claro indicio de Ja profunda
conciencia artística de Mallea es por cierto esta nota de unidad en toda su
obra. A este respecto notamos que en todas las colecciones, salvo El vinculo
-Los Rembrandts-:-, La Rosa de Cernobbio,1º el propósito de Mallea propasa la me~a creac10n de relatos aislados para formar una unidad fundamental
· sm
·
b mediante un tema común a cada cuento· Esto no qm·e re decir,
ero argo, que el argumento (lo poco que hay), los personajes, la escena, y
los otros elementos de un cuento de Mallea no constituyan una entidad en sí
No, cada c~ento tiene vid_a propia y puede leerse con entera independenci~
de los demas de la colecc16n. La unión temática significa algo mucho más
hondo
que la materia exterior, pues representa un elemento director que
.
encierra las verdades básicas que Mallea quiere expresar.
¿ Qué son estas unidades temáticas? En cuentos para una inglesa deses: Incluido en la colecci6n La sala de espera, págs. 77-102.
Este volumen, que no posee unidad temática, ni siquiera tiene un título genérico
En ladportada aparecen
los títulos de los tres cuentos El vínculo, Lo s R em bran dts y La.
•
rosa e Cernobbio, estando el primero en grandes letras negras. ¿C6mo 11
la
obra? Generalmente los críticos han dado al volumen el título algo ar11c1a
t'f' . 1 y amar[
con uso
El v ¡ncu 1o- L os R embrandts-La rosa de Cernobbio.

393

�perada es la propia ingenuidad de almas jóvenes que buscan el senido de
la vida; es la entrada misma a toda una gama de emociones humaias. El
tema comprensivo de La ciudad junto al río inmóvil, ya obra de nadurez,
abarca más experiencia humana y es de mayor profundidad. Cono hemos visto, el tema es la lucha de la capital y sus habitantes por dentificarse en sus valores más hondos y perdurables. Con el bello lirimo del
"introito" y del epílogo se acentúa más esta idea central, pues estos comentarios poéticos sobre Buenos Aires sirven, pudiéramos decir, de envoltira que
encierra y traba las entidades separadas de la colección. En el volunen La
sala de espera encontramos otra clase de unidad temática. Aquí la unidad
no se basa tanto en la materia tratada; es más bien unidad de lugir y de
tiempo. 11 Es decir, la unidad proviene del hecho de que los siete irotagonistas se hallen por mera casualidad en el mismo sitio, la sala de e,pera de
una estación de ferrocarril, y precisamente a la misma hora. Con ·especto
a cada personaje se puede hacer la misma pregunta: ¿A qué momnto de
su vida corresponde esta circunstancia? Esta unidad adquiere suma importancia en la obra porque hace que el lector se sienta ligeramente enpujado
hacia el punto de culminación de cada relato, cuando se le revelan las circunstancias que han llevado al protagonista a la estación. El volunen más
reciente de Mallea se titula Posesión, y aunque los tres relatos, de una setenta
páginas cada uno, son más extensos que los de las colecciones arteriores,
quedan aún por la perspectiva y concepción dentro de la categoría d€ cuento.
Los relatos se vinculan muy estrechamente po~ el tema común del rnsia de
la posesión. ¿ Posesión de qué? He aquí la substancia de los tres :uentos:
en el primero, que da título a la colección, es la posesión y dominacim de la
voluntad de otro; en el segundo, "Los zapatos", es el deseo casi desabellado
de poseer un par de zapatos muy costosos; y en "Ceilán" es la recesidad
imperiosa de comunicar emocionalmente con otra persona.
El que lee el conjunto de la obra malleana no puede menos de reconocer la semejanza entre los personajes de sus novelas y los de sus cuentos.
Aparecen en los dos géneros figuras análogas que revelan los rnisrrus síntomas de gran tensión emocional y hasta exhiben manifestaciones iaralelas
de estos conflictos. De manera que es bien evidente el parentesco psicológico entre Agata Cruz, aquella mujer adusta y fría de la novela Tod, verdor
perecerá, y Violeta Méndez, protagonista de uno de los relatos de L, sala de
"These lines are no longcr united by the empathic
11 PoLT comenta así, p. 87:
projection oí a personally present author, but they have come to rest in the si.me point
of space . .. This physical contiguity of personages in search of fulfillment bu unaware
of each other cmphasizes the essential unity of their dcstinies; beyond the ndividual
episodes, it conveys Mallea's mcssage of human solidarity''.

394

espera. Muchos rasgos de Gloria Bambil aquella f
li .
, .
d L b h' d .
.
'
igura so tana y tetnca
e a a
e sil~ncio, asoman en el perfil emocional de Mona Vardiner
uno d~ los persona¡es centrales del cuento Los Rembrandts. La taciturnidad
y rn~tJsrno ,re aparecen tan trágicamente en Chaves, protagonista de la
nove a que eva su nombre, se ven en grado menor en muchas fiauras a
de lo~ cuentos, ".'bre. todo en "Salves, 0 Ja inmadurez" y en iLa a~ c::
E~
de escnt?r idealista y frustrado representado en Martín Tre:a
a
a
,a
de
silencio,
o en Fernando Fe de Simbad ( 1957)
uno d ¡
d
, se retrata en
e La sala de espera • Per0 h ay que añadir que esta
• e·, os cuentos
repet1c10n de temas y similitud de personajes constitu en tal vez un0
los defectos
del arte de Mallea. Estim amos eny él el ernpeno
• y de
· • mayores
, .
Ja
conciencia
artIStJca
para
sondear
el
espíritu
h
d , d 1 ]' .
umano, pero cuando tal esfuer-

'ª

~=~~'i

~~o

1

º'.

za ifse e_sdv1ad e
l1Illtes ~e la moderación para incurrir en la repetición y
un onm a excesivas y ted
di •
que hacernos de su obra to::;as, se srnmuye por cierto la valuación crítica

•
de Colnsidelr~os ahdora en más detalle el contenido y técnica literaria de tres
e cuentos de M a 11ea. El e¡e
. central de La ciudad ·unto
'as .co ecc1ones
, .
~~i~:dmmo~•l, c~'.'1º hemos observado, es la gran capital que en su het:roge.
1 11 a des para sus mda
· y amrnac10n
· !' - ofrece a Mallea una mar de pos'b"l"d
gaciones ps1co og1cas. El concepto algo abstracto de la lucha d
. d d.
por descubrir s
,
d
e una cm a
. t
u caracter ver adero se personaliza en una búsqueda serneJan
e
por
parte
falso- engendr de los personajes
d
. Buenos Aires -mudo, arrogante, frío y
a personas e rasgos análogos Gonce t b , .
en_ su descripción de la ciudad es el fenómen~ del miti:moas~~o
~allea
tena, estado emocional procedente de una
.
n e porhacia los problemas d
, -·
gran tnsteza Y desapego cruel
d 1. .
e1 pro¡1mo. En el cuento Sumersi6n se presenta el caso
e mrn1grante Avesquín, uno de tantos en la Babilonia que es B
A"
q ·
d"d
uenos Ires
men en su can I ez cree poder apresar los valores más auténticos de la ca i'.
tal, pero queda desen':"ntad~ ante la falsedad y superficialidad de la c/ a
extenor que se le exhibe. Siente a su alrededor sin saber expl" , 1 p
ambiente de
ti
d •¡
'
1carse o, un
"
.. ,
m~ ~mo, . e s1 encio aterrador. Profundamente desanimado
A~onc1b10 un odio mdec1ble por ese desierto populoso y edificado" " B
'
i:es es un enorme vacío emocional y la única salvación para Aves ~enos
:mr.
cuento q_ue mejor ejemplifica esta falta de cornunicació!u:Ce:'.
va es
o ves, o 1a inmadurez". Mientras que "Sumersión" trata de la

¡~ª;:

p~; ;]

u "S umerst'6 n" '

en La ciudad junto al río inmóvil, p. 25.

395

1

�reacción de un inmigrante al silencio y asperidad de la capital, en "Solves"
el protagonista lleva este extraño mutismo dentro de sí y no puede vencerlo
a pesar de sus esfuerzos. En verdad, Solves es una manifestación humana
del mutismo encarnado en el espíritu de Buenos Aires. Es una de esas criaturas un tanto vagas que parecen nacer de la pluma de Mallea sólo para dar
carne y hueso a una idea o disposición emocional. Mas la imagen de Solves
es más abstracción que carne y sólo en unas ocasiones brilla con su propia
luz, con una identidad propia. El cuento no sale por completo de esta abstracción a pesar de que figura otro personaje que hace más concreto su problema emocional y sirve de objeto de su mutismo y ensimismamiento. Si
Solves pudiera zafarse de su actitud recogida frente a esta mujer, Cristiana Ruiz, podría formar el cimiento de una relación feliz. Pero antes de poder
relacionarse con ella, Solves tiene que buscarse e identificarse a sí mismo.
El sufre, como la ciudad en que vive, "del problema del hombre en marcha
hacia sí mismo"." Ningún remedio les queda a Solves y a Cristiana sino
separarse, lo mismcl que el inmigrante Avesquín se separa de Bue~os Aires.
En el cuento La angustia Mallea continúa en otra forma este IlllSmo concepto del alejamiento emocional y mutismo arraigado. El carácter disciplinado, frío y callado de Ana Borel se manifiesta tanto en su empleo ~mo
en la relación casi indiferente y brusca que lleva con Jaime Benes, su mando.
Y aunque sobre él debe recaer también un poco de la culpa por la muralla
de desamor entre la pareja, es ella quien muestra siempre una lejanía física
y emocional. El crítico argentino José Bianco anota que para ella "el factor
adverso es el mundo real"," que ella no puede entender ni arrostrar. Huye
de todo contacto humano, o lo considera una fuerza repelente, como la presencia de su marido. En los últimos párrafos del relato, en su lecho de
muerte, su marido se desata en un rapto de ternura e "intenta hablarle, inundarla de palabras, llamarla con palabras, aunque ella persistiera en su ausencia, en su sordera para él". 15
Este concepto de desprendimiento de la realidad también se expresa en un
cuento llamado "la causa de Jacobo Uber, perdida", que narra la tragedia
de un hombre que pierde todo contacto efectivo con el mundo real para entregarse de lleno a su isleta de fantasías, abstracciones, divagaciones y ensueños. Es lo que Mallea llama un gran aislado. Mas Jacobo se da cuenta de
su insuficiencia emocional, de su inextirpable soledad. Y hace esfuerzos por
arrancárselas, pero no puede. No se siente ligado a la humanidad por vínculo
11

"Solves o la inmadurez" en La ,iudad junto al río inm6vil, p. 89.
u JosÉ B~Nco, ºLas últiU:as obras de MALLEA, al margen de sus temas principales",
Sur, junio de 1936, p. 59.
11

396

alguno, y envidia a los que pueden salirse de sí mismos, dejarse a sí mismos
para disfrutar del mundo exterior. Su trastorno mental llega a tal extremo
que, cosa rara, hasta rechaza la presencia real de una mujer en favor de la
imagen que ella evoca. El pobre Jacobo, perdido y asustado, no logra encontrar escapatoria y se mata ahogándose en el río.
La angustia puede servir muy bien de ejemplo de cómo Mallea, por su
técnica de hacer una exposición excesiva del conflicto tratado a expensas de
la actuación directa de los personajes, resta a la obra cierta savia vital e intensidad humana. Como narrador del cuento, Mallea relata las angustias de
Ana Borel hasta su muerte prematura; dentro de esta armazón el autor introduce otros elementos que se enlazan directamente con su vida o que en una
forma u otra apuntan su carácter y sus problemas. La figura áspera, casi
siniestra, de la señora Savisiano, dueña de la casa de modas en que Ana lleva
la contabilidad, se yergue amenazante como para disputar el retraimiento extraño de Ana, quien "no se turbaba por ningún espectáculo en aquella casa
sombría y estaba en ella como huésped constantemente aislado". 16 El genio
desagradable de la señora se nos relata de un modo puramente explicativo,
a secas; nunca salta del marco limitado de esta exposición para ofrecérsenos
vivo y activo. Tampoco se nos revela, salvo por las palabras del narrador, el
noviazgo de Jaime y Ana, en que se establecen las raíces de su relación futura.
Con la excepción de unos episodios muy breves y bastante insignificantes, tampoco hay escenas vivas que dramaticen el antagonismo y rencor nacientes a
poco de casarse. Y los últimos párrafos, que tienen la substancia de una escena
de fuerte emoción y viveza, resultan inanimados y áridos, aunque por la honda
significación de lo que se narra podemos captar pasivamente la tragedia del
relato. Fíjense en la escena: Ana a punto de morir; su marido a su lado en
un arranque de simpatía nunca experimentado antes, deseoso de recobrar en
este momento agonizante los largos años de amargura y silencio. El desea
comunicarse con ella esta vez, esta sola vez, como para resarcir la carencia
verbal y frialdad que caracterizaban su matrimonio. Pero comprende bien la
situación desahuciada y ve que entre los dos polos antagónicos -entre él y su
esposa- interviene demasiado terreno hostil para que jamás haya comunión
o entendimiento. Pero en manos de Mallea hasta esta escena carece de vitalidad y de efectos dramáticos. Esta restricción narrativa, esta falta de presentación vigorosa de la materia, es muy típica de Mallea, quien raras veces
abandona la exposición pasiva de la acción directa y activa. Y es interesante notar que en aquellas ocasiones en que Mallea vivifica el relato por la
participación directa de los protagonistas, la obra, o una porción de ella,
" /bid., p. 141.

"La angustia", en La ciudad junto al río inmóvil, p. 186.

397

�asume una nueva faz, un nuevo colorido, y adquiere un aspecto animado que
no tenía antes.

malleano que los demás, pues los conflictos psicológicos no se estudian pasivamente sino que se perciben en una forma dinámica en el curso de la narración.

En La angustia, por ejemplo, hay un episodio en que la señora Savisiano
le increpa a Ana su silencio con unas palabras duras:

Hace tres semanas que no me dice usted una sola palabra. La noto
cansada, y ese mutismo, realmente, vamos, no es propio de una muchacha. No es que quiera meterme en las vidas ajenas, líbreme Dios de
eso pero siento en usted algo triste, no sé, como una soñolencia enfer'
miza.
•Qué hace su marido que no la lleva a los teatros, a ver cosas.1
O tal iez, pensándolo bien, sea de usted la culpa, poca vida espiritual,
¿eh?, poca vida interior. Créamelo, usted debería refugiarse en la senda
de la teosofía. 11
A estas palabras Ana no responde nada en absoluto, conforme a su. t~mperamento encogido y tímido, pero sigue ocupándose en las tareas de ~f,~ma.
Frente a esta indiferencia y desacato tácito, la Señora se vuelve fasud,ada,
pero comprendiendo la inutilidad de exigirle una respuesta, cambi_a .de tema
y Je dice algo acerca del negocio: "He cablegrafiado a Londres pidiendo los
seis modelos de Shar, como usted me dijo"." De manera que en esta breve
escena se nos cala cierta relación entre dos personas, una actitud y una reacción la una hacia la otra, la cual no se nos explica exclusivamente por una fría
nar:ación psicológica de lo que aconteció, sino -Pºr la participación creativa
y directa de los personajes que nos hacen percibir su presen~ia. Y no es
precisamente el diálogo, las palabras en sí lo que pu_ede produc!T e_sta comunicación conmovedora, sino todos los recursos accesorios que se asocian con. el
diálogo y que revelan muchos detalles importantes acerca de -~os persona¡es
-los ademanes, los movimientos, la manera de hablar, la reacc1on a las palabras de otro.
Se puede citar otro caso en que Mallea abandona su acostumbrada fórmu. ' " e1
la artística para presentar activamente una escena: E~ Conversac1on
relato gira sobre un diálogo sostenido entre un matmnomo que pasa un rato
en un bar. Es un diálogo que va de lo ligero a lo doméstico hasta lanzarse
a asuntos pseudo-filosóficos que parecen reflejar el desorden de sus propias
vidas. Por la presentación es un cuento más tradicional y por eso menos
" !bid., p. 162.
is Loe. cit.
11
El cuento "Conversación" forma parte de La ciudad junto al río inm6vil, págs.
124-133.

398

•
Curioso libro es La sala de espera. Consta de siete relatos o cuentos narrados en primera persona por las siete personas que se encuentran todas juntas
en una estación del ferrocarril rural. Mientras esperan la llegada del tren
pasa ante sus ojos la imagen de su vida anterior y las circunstancias que
los han llevado a la estación. Dice Mallea: "Cada una de las siete personas
pensaba en sí misma y toda la estación estaba subyugada, suspendida por el
vaho perceptible de esos siete pensamientos". 20 Ninguno de los siete cuentos
lleva título aparte, sin duda para subrayar la unión estrecha de cada uno
con el eje central de la estación rural y la sala de espera. El grupo no se
conoce entre sí; cada uno narra su vida atormentada en forma de monólogo
largo y meditativo, de un solo párrafo para no romper el pensamiento. En esto hay algo de Joyce, pero sólo en lo exterior, pues la prosa de estos cuentos
malleanos no es tan libre, tan inconexa, tan indisciplinada como la del novelista irlandés. En sus monólogos los personajes siguen una ruta más lógica
y directa, aunque con la misma intensidad cogitativa. A pesar de la forma
reflexiva e íntima que exigen estos monólogos casi confesionales, las palabras
que se leen son mucho más de Mallea que del monologuista. De manera que
los monólogos, en efecto, quedan sin propia personalidad verbal, ya que está
presente en cada párrafo el mismo estilo literario y culto que Mallea utiliza
en todos sus escritos.

Mallea fija la escena y anuncia los personajes de La sala de espera en un
prólogo muy poético y bello, e interpolado entre cada relato está un pasaje
tan breve como exquisito que transporta al lector de vuelta a la estación
de ferrocarril para recordarle el punto convergente de todos los relatos y la
unidad básica que los junta. Véase en uno de estos trozos interpolados, que
pinta el cansancio de las siete personas, qué grado de belleza puede alcanzar la prosa de Mallea:

De tal modo pesaba sobre los siete viajeros el cansancio de la espera,
que en cierto instante parecieron muertos. Estaban inclinados y vencidos
en formas rígidas, conforme al tallado de sus cansancios, y su actitud
ostentaba ese raro descuido en que suele fijar la muerte su postrera inmunidad. Mostraban sus cabezas inclinadas en formas caprichosas, caí• La sala de espera, prólogo del autor, p. 13.

399

�dos desigualmente sus hombros, y salvo la excepción de uno de ello_s que
dormitaba, tenían los ojos abiertos, suspendidos, según ese m~do inmovilizado y dependiente en que los hombres aguardan la sol~c,6n que el
instante va a traer, o su aplazamiento sin término -la eternid~d.. En "'.edio de esa expectativa tarda y sometida, volvió a oirse el silbido le¡anisimo de una locomotora. Y una corta tos sano, en la sa l a. 21

t

¿De qué tratan ]os cuentos de La sala de espera? De t:m~ .típicam:nte
malleanos que en su conjunto constituyen todo el ca~dal filosof1~0 Y psicológico del autor. El torbellino emocional del protagomst~ en e~ pnmer cuento 22 proviene en parte de una búsqueda vana. Hac~, siete anos que busca
sin éxtito a su hermana y ahora él se halla en la estac10n rural con rumbo .ª
Buenos Aires ]a próxima escala de su recorrido. Es un desdichado, un solitario. Se cas~ con una mujer rica, pero pronto la deja al enterarse de su
adultería. Luego desaparece y lleva una vida vagabunda, siendo su hermana
Ja única esperanza y rayo de luz de su existencia. Mallea combina ~_ien en
este cuénto ]os estados emocionales de la búsqueda y la desesperac10n frenética para crear un cuadro bien acertado de un_ gra~ tormento ~ental. E~
otro cuento 23 el protagonista es un dramaturgo 1deahsta que se. s1en'.e traicionado por su ainigo que de buena fe le critica sus ~efecto'. literanos. La
amistad pronto se convierte en odio y recelo, pues el artlsta opm~ que los reproches son maliciosos y excesivos. Cuando fracasa un~ de sus f'.ezas teatrales, el joven dramaturgo intenta estrangular a su. amigo ; ~nt1co, pero le
suelta el cuello a tiempo al reflexionar que a·nad1e debe el imputar el fracaso sino a sí mismo. Luego quema sus papeles, huye de la realidad como
hacen tantos personajes de Mallea, y empieza una. vida errante y , co~usa,
encerrando su existencia con el tema de un gran odio, el tema de s1 ffilsmo.
y grita el artista: "Yo soy el que se odia. Soy el peor enemigo .de. mí -~smo". 24 En este relato la estación de ferrocarril tiene un valor casi s1mbohc~,
pues representa la propia inestabilidad y evasión de su ~da, el constan!: ir
y venir ocasionado por su desorientación, por su incapacidad de echar ra1ces
en ningún sitio.

.

En el cuento VI," que por su alcance casi llega a ser novela corta, figura
u !bid., p. 205.
, I
¡
· d'
n Ya que los cuentos incluidos en La sala de espera no llevan tltu o, es _orzoso m ~carios como 11 primer cuento", cuento VI, etc., o sencillamente 11otro cuento". El pn- .
mer cuento, al que aludo en el texto, ocupa las páginas 14-42.
" La sala de espera, cuento IV, págs. 103-148.

" !bid., p, 103.
" La sala de espera, cuento VI, págs. 165-203.

,1

,1

otra de esas protagonistas solitarias que tanto abundan en la obra de Mallea
-mujer adusta, hosca, aislada. Como cuento incluye demasiada materia.
Abarca unos sesenta años en la vida de Isolina Navarro e intenta captar la
esencia psicológica de varias etapas en el desarrollo de su carácter. De niña,
por su fealdad, se sintió rechazada, abandonada. Ya mujer, su orgullo reconcentrado, su naturaleza huraña y antisocial, y su personalidad más bien
desagradable le impiden formar contactos ordinarios con los hombres. Sueña
con el amor, la pasión, una vida feliz, pero una especie de fuerza contraria
dentro de ella se lo niega. Con la muerte de su hermana y de su cuñado, su
aislamiento ya es absoluto; si antes su soledad fue más bien emocional y mental, ahora es material y verdadera. Luego ocurre un cambio bastante repentino
hacia otro mundo. Hastiada de la monotonía y miseria de su existencia, se le
antoja trocarlas por una vida temeraria y de disconformidad social. Después
de un esfuerzo estéril por ganar el amor a cierto Bias Cuenca, se le arraiga
más su desprecio por los hombres. Para llamar la atención, aunque de un
modo adverso, se viste charramente, se pinta, bebe, y en general se hace
chocante y hasta repulsiva a cuantos la ven. Pero la monstruosidad producida por esta trasmutación exterior la ahonda más en su tristeza y su ignominia. No puede aguantar el oprobio del pueblo y por fin decide huír (otra
vez la fuga malleana). Para Isolina Navarro la estación del ferrocarril encarna la transición hacia la nueva vida que espera emprender, en tanto que
la sala de espera representa la ansiedad e incertidumbre que experimenta
al aguardar la realización de sus nuevos proyectos.

•
Con respecto al volumen Posesi6n ya dije que tiene como unidad temática
la manifestación de un anhelo emocional que resulta todopoderoso y abrumador en la vida de las tres figuras principales: el anhelo de la posesión.
He aquí la idea, la matriz, la fuerza impelente; y el ingenio creador de Mallea aprovecha esta inclinación humana para formar tres relatos de agudo
relieve psicológico. En Posesi6n, el primer cuento, tenemos un excelente
ejemplo de cómo utiliza Mallea la yuxtaposición del tiempo actual y tiempo
precedente para fijar mejor la relación existente entre los personajes. Esta
técnica de la mirada retrógrada, empleada en diversas formas en muchas
obras del autor, ,¡to es sólo un frío retroceso a una época pasada, sino que
sirve también como una especie de vocación, de recordación mental, de
asociación emocional que logra encadenar temporalmente los sucesos del relato. El pasado asume una importancia en los asuntos actuales que supera la

400
401

H. 26

�•
¡

1

1

definición sencilla de sucesos pretéritos. El tiempo presente y ~l tiempo _pasado se funden para profundizar y comprender mejor la reahda~ efectiva.
En Posesión se entretejen los dos tiempos para indagar los mo~:os de la
actitud extraña entre el protagonista y su antigua amante. Se verifica la acción actual en Londres, donde en una recepción un tal Videla observa ~on
asombro y resentimiento la atención que un grupo de admiradores le _yrod1ga
a cierta mujer altanera y elegante. Videla la conoce; ha~e muchos ano~ fueron amantes y ahora él pasa revista en forma retrospectiva a aquella, epoca
de su vida. Parece que ella, fuerte, apasionada, orgullosa, se pres;nto ante
él como una presa a quien era preciso conquistar y subyugar. Quena hacerla
suya no sólo en el sentido sexual sino como un aplastamiento de una fuerza
anta~ónica. Constante lucha entre dos voluntades, que terminó en el tn~nfo
de Videla, en la posesión absoluta de su amante. Esto f~e lo que paso, lo
que Videla creía un capítulo terminado y olvidado de su vida. Pero ahora en
la fiesta, muchos años después, la presencia atrayente y entonada de ~~ antigua amante le perturba y hasta le enfurece, pues la ~e en la r~~ep~10n no
como una mujer vencida, no como la mujer que él ~smo venc~o, s.mo como una mujer espléndidamente triunfante, muy confiada en s1 nusma, Y
adorada de cuantos la rodean. Y Videla, herido por la realidad actual de su
antigua posesión, sale cabizbajo de la sala. Así termina el relato en esta nota
de derrota paradójica, como si las circunstancias del pres~~te pud1e_ran anular y borrar las de un época anterior, como si la poses10n de V1dela, un
hecho concreto años atrás, pudiera transformarse en momentos actuales en
una horrible contradicción y mentira.
La materia O temas que Mallea elige raras veces entran en la zona de
lo trivial O lo común. Aquellas experiencias ordinarias, prosaicas, familiares
a todo el mundo, parece que no caben dentro de la fórmula estética y literaria
del autor. Por eso, es bastante raro que la materia prima de un cuento sea
sencillamente la compra de un par de zapatos, como ve~os en. el _segundo
relato de Posesión. Claro está, sin embargo, que el contemdo ps1colog1co de
"Los zapatos" es mucho más hondo de lo que se puede sospechar de la sencilla cáscara de la narración. Por el interés del relato, por lo humano del
protagonista, y por cierto encanto y viveza de la trama (cosa rara en Mallea), "Los zapatos" es tal vez el mejor cuento de este ~olumen, seguram~nte
el más original. Versa sobre un humilde empleado a qw~n le da el capnch~
de comprar un par de zapatos carísimo que por casualidad ve en una vidriera. Uno de los aciertos del relato es la sutileza con que Mallea apunta
los cambios de emoción que experimenta hasta decidir por fin hacer tal comra. Otro mérito es el análisis de los resultados funestos que le acarrea_ al
:mpleado la posesión de estos zapatos. La amistad y cariño que sus compane-

402

ros de trabajo le tenían en otra época se convierte de repente en frialdad y
odio. Se halla víctima inocente de la maledicencia y recelo de aquellos empleados que no pueden reconciliar esta compra costosa con su carácter modesto y sencillo, ni con su sueldo muy limitado. Siente con dolor inefable
la hostilidad que halla a cada paso, pero su ingenuidad le impide comprender
los mó:iles ~~ este cambio de actitud. Cuando le obligan a jubilarse, acepta
con res1gnac10n su mala fortuna, y a poco de encontrarse libre y desocupado
sufre una suerte de rejuvenación, de transfonnación espiritual, pues compra
una nueva casa y goza de los soplos frescos de una nueva vida holgada. Lo
flojo del relato es el final, que queda un poco violentado e impreciso. Pero
lo que Mallea logra aquí muy bien es el encubrir una cosa bastante pedestre
de una honda significación social; es decir, une bien la ligereza de lo exterior
del relato con la gravedad de la esencia interior.
En "Ceilán", último relato de Posesión, tenemos uno de esos casos frecuentes en que lo difuso de la narración y lo verboso de la prosa quitan valor al
cuento. Si no fuera por el desarrollo lento y pausado de la narración y el
análisis excesivo del alma angustiada del protagonista (llamado Diez), el
tema básico del cuento -bien concebido y muy significante en sí- tendría
mucha más fuerza dramática y refinamiento artístico. Diez es otra fiaura de
O
la misma calaña como tantos otros en la obra de Mallea -solitario infeliz
errabundo. Tipo egocéntrico e inseguro, el ansia de Diez es superar' la difi-'
cultad de identificarse emocionalmente con otro. Mallea coloca la acción de
"Ceilán" en París, en una casa de té frecuentada mucho por Diez. Allí, la
soledad y desamparo le hacen trabar amistad con una mujer desconocida
que tal vez pueda participar de algún modo en sus pensamientos y emociones. La escena exótica en París sirve, como en otras obras de Mallea, principalmente de refugio y alejamiento, de huída de los graves problemas que acosan a sus personajes. Lo que hace falta a Diez más que nada es la atención
humana para escaparse de sí mismo y asentar su vida en la de otro. Pero
penoso también es el sufrimiento de aquella mujer desconocida que no puede desprenderse de la imagen de un antiguo amor frustrado. Y Diez pronto
comprende la imposibilidad de una relación duradera con esta mujer que
sigue guardando en lo más íntimo de su alma el recuerdo vivo de una época
muerta.

•
Por lo que he dicho hasta ahora se nota que la misma excesiva postura
psicológica tan característica de las novelas de Mallea no sólo persiste en sus
403

�cuentos, sino que se manifiesta en un plano casi idéntico. Quizás por la naturaleza misma del cuento y las limitaciones impuestas sobre él, esperáramos
una técnica distinta de la empleada en sus novelas, una técnica más compacta y directa. Pero parece que la ruta de la ficción malleana ya está predeterminada y tiene que seguirse fijamente, sin desviación de ninguna índole,
aunque el género literario exige otra línea artística. Tanto en sus cuentos
como en la mayoría de sus novelas peca Mallea de un exceso de palabras,
de una redundancia de materia ideológica tratada en forma de exposición
pura, sin verdadera función ficticia. Mallea abusa con demasiada frecuencia
de la paciencia verbal del lector con sus disquisiciones de psiquiatría interminables. Una de las debilidades de Mallea es su falta de refreno, su exhube•
rancia lexicográfica, su inmoderada pasión de amontonar palabras y más
palabras para expresar sus pensamientos y hacer hincapié e~ ellos. ~~si estoy
dispuesto a tolerar tal exceso en una novela, con su amplia extens1on, gran
esfera de acción y desarrollo más bien lento; en un cuento lo hallo menos
aceptable porque choca con los rasgos más propios de este género: Una
novela es un gran lienzo en que pueden caber muchos elementos diversos
de materia narrativa; un cuento no es más que una pincelada, un solo toque.

Muchas veces lo que salva una novela del fracaso completo es precisamente
lo hondo de la captación social y filosófica; el cuento, reducido y algo despojado en cuanto al fondo social, no se puede redimir tan fácilmente. Aunque el cuento debe ser conciso y directo y bastante restringido _en '.u alc~nce,
Mallea se empeña en alargarlo más de lo mesurado con explicaciones innecesarias y en general con un plan narrativo mucho más comprensivo de lo
que es apropiado.
Pero se puede protestar, y tal vez justamente, que no tengamos derecho,
ni como críticos ni como lectores, de fijar las normas artísticas de un autor.
Tenemos que aceptarlo o rechazarlo tal como es. Y aceptamos las obras de
un autor con tal de que cumplan su función literaria y estética. Los cuentos
de Mallea, no obstante las flaquezas y defectos graves, poseen un mérito artístico que es bien obvio. Son obras, la mayoría de ellas, que impresionan
por su fuerza creadora y que revelan a cada paso la mano diestra de un
artista que logra definir y ejemplificar sus ideas. Puesto que Mallea se aparta
tan radicalmente de los moldes tradicionales para seguir su propio camino
de investigación psicológica, la lectura de sus cuentos casi exige una preparación anterior, una inteligencia previamente ajustada a lo que se debe
esperar de su arte. Si buscamos lo común y corriente y juzgamos los cuentos
según ciertas normas fijas, nos encontramos algo desilusionados. No leemos
a Mallea ni por el interés del argumento, ni por el desarrollo y solución de
problemas sociales, ni por el encanto y deleite que nos proporcionan los

e~isodios o si~aciones presentados. Leemos a Mallea por el afán de participar en la odisea de almas en pena, de seguir su destino, de inmiscuirnos en
lo más recóndito del proceso emocional de los personajes.
El gran conflicto en los cuentos malleanos es la lucha del hombre con su
propio ser, el esfuerzo por armonizar su carácter inmutable con la realidad
ef~ctiva: el deseo de reconciliar lo que él es con lo que él debe ser según las
eX1genc1as
del
mundo exterior. Los personajes ni son buenos ni malos' ni
. .
,
~~me~~ est~n en la zon: _intermedia. A Mallea no le importa nada la clasif1cac10n, m es su propos1to el de crear tipos de virtud o de maldad sino
presentar al hombre como una complejidad de pavorosas luchas interiores
'
que excede los límites de una clasificación arbitraria de carácter. Mallea
plantea el problema emocional, señala varias manifestaciones de este problema, pero se para aquí y no lo resuelve de ninguna manera. Como hemos
visto, la huída, la separación, el alejamiento, aun el suicidio, son modos de
~squivar la_ :oluci~n de los conflictos, o tal vez representan para Mallea Ja
umc~ so!uc10n poSib!e· .Por regla general,_ los personajes se muestran en plena
conc1enc1a y ent~n.dim1ento de sus conflictos y aberraciones. Son gentes razonadoras y anahncas que bu_scan el porqué de sus emociones y actitudes,
mas no. pueden encontrarlo, m tampoco pueden evitar el efecto maligno de
sus debilidades. Muchas veces este enfoque interior y análisis minucioso de
almas con quienes el lector puede identificarse y de quienes puede compadecerse, son en muchos casos puras abstracciones, entidades simbólicas, como

Jacobo

Uber o Solves, para tomar dos ejemplos de los más extremos. Este
es el arte de Mallea, y quizás esta propensión hacia lo abstracto concuerda
bien con la inescrutabilidad de la vida misma, tal como la contempla el
autor.
A rie~go. de h_acer de este trabajo un estudio negativo, afirmo que la importancia hterana de Mallea no sufriría mucho si nunca hubiera escrito sus
cuentos. Mallea, novelista, no necesita a Mallea cuentista para asegurar su
valor innegable de artista literario. Como creador de cuentos O como creador
de novelas, su visión artística y su técnica literaria quedan casi iguales. Tampoco creo que Mallea sea muy consciente del cuento como una forma narrativa distinta de la novela. Aún más, a veces los cuentos llevan la misma
relación a sus novelas que los romances españoles a los grandes cantares épicos. ¿Son trozos desgajados de la totalidad que es la novela? ¿O son sus novelas la totalidad de un grupo de cuentos, la ampliación de ellos? No importa
la respuesta; lo esencial es anotar el parentesco muy estrecho entre los géneros. Todo lo dicho, sin embargo, no debe quitar mérito a sus cuentos ni
tampoco invalida la necesidad de estudiarlos como género aparte. Para :on-

404
405

�UN ESTUDIO DE DON MANUEL DEL PEZ,
UNA CREACIÓN LITERARIA GALDOSIANA
GEORGE

J.

EOBERG

Purdue University.

EL PRESENTE ESTuoro Es UN ANÁLISIS y valoración del genio creador de Benito Pérez Galdós tal como puede apreciarse en la manera en que trazó y desarrolló uno de sus personnages réaparaissants. El propósito de nuestra investigación es detenn.inar hasta qué punto el novelista español ha tenido percepción de
la naturaleza interior de una creación literaria suya, cuánto éxito ha alcanzado
a través de su desarrollo y si ha dado una presentación consistente a dicha
creación. El estudio sigue un método de análisis e investigación, que si fuera
aplicado al crecido número de personajes en la obra galdosiana (la cual debemos recordar incluye novelas, episodios nacionales y hasta piezas teatrales)
daría como resultado un cuadro de conjunto del proceso creativo e intelectual del autor. Esta empresa, sin duda alguna, presentada tamañas dificultades, pero la feliz realización de tales propósitos contribuirá en buena parte
al futuro entendimiento del arte literario del gran escritor novecentista.
Don Manuel Ramón José María del Pez es un personaje que a pesar de
ofrecer poca trascendencia en la obra novelesca galdosiana aparece sin embargo en doce tomos de ella. Estos doce tomos corresponden a diez novelas
distintas escritas todas ellas en un corto período de doce años. De este hecho,
resultan por supuesto algunas diferencias entre el período de la composición de las novelas y el período de la acción de las mismas. 1
1

Años en que se escribieron las novelas: De 1-Junio 1881; de U-Junio 1881; AMEnero, abril 1882; TM-Enero 1884; LB-Abril, mayo 1884; FJ !U-Diciembre 1886;
M-Abril 1888; IN-Nov. 1888, Feb. 1889; RL-Julio 1889; AG !-Abril 1890; AG III-Mayo 1891 i TC-Octubre 1893; Años en que se desarrolla la acción de Ias novelas;
TM-1867, Feb. 1868; LB-Principios de 1868 • Sep. 1868; de I -1872-1873; FJ III 18741875; de 11 • 1875-1877; M • 1877-1878; AM • 1877-1880; AG I • 1883-1884; AG
III - 1885-1887; IN • 1889; RL • 1889; TC - 1889.

4-06

4-07

�Otro problema que perturba el orden cronológico, y que de vez en cuando
desvía nuestro rumbo investigador, es el hecho que la figura novelesca de
Pez había sido presentada en las páginas de La Desheredada, tomos I y II,
antes de que apareciera en otras dos novelas que se refieren a hechos anteriores a los de este binomio; ellas son Tormento y La de Bringas. El retrato
físico y moral más completo de Pez se nos ofrece en La de Bringas y en el primer tomo de La Desheredada; la información suministrada por estas dos
novelas constituye la mayor parte de nuestro estudio. Los diez tomos restantes, en que Pez aparece sólo de vez en cuando, servirán para confirmar o
rechazar hechos e ideas presentadas en La Desheredada, t. I y La de Bringas.
A pesar de que Pez como personaje interviene en un buen número de pági2
nas, hay muy poco énfasis en su fisonomía. En La de Brin gas, cuya acción
pasa en 1868, Pez tenía cincuenta años. En 1872, nos informa el primer
tomo de La Desheredada, frisaba entre los cincuenta y sesenta. Pero cualquiera que fuera su edad en un momento dado, don Manuel siempre lucía
más joven. Sin embargo, a pesar de su juventud casi eterna, en ningún lugar
aparece como niño o mancebo. Una de las novelas nos revela que Pez tenía
"manos de mujer cuidadas con esmero", 8 pero carecemos de descripciones de
las otras partes de su cuerpo.
El rostro de Pez se estudia con mayor detenimiento y está descrito con
algún detalle. "Su cara (era) simpática". Nos informa La de Bringas, "sin
arrugas, admirablemente conservada, como ciertas inglesas curtidas por el
aire libre y el ejercicio".• Tenía bigote de oro y patillas, los cuales estaban
muy bien acicalados. En el año de 1868 Pez tenía bastante pelo, pero unos
diez años después el pobre lucía la cabeza calva. A veces llevaba lentes o quevedos, especialmente cuando leía. Y "sus ojos (que), eran españoles netos,
de una serenidad y dulzura",' decían a quien los mirase fijamente: "soy la
expresión de esa España dormida, beatífica, que se goza en ser juguete de
los sucesos".' La verdad es que todo su rostro reflejaba esa beatífica tranqui' TM, págs. 49, 51, 142; LB, págs. 9, 10, 19-34, 47, 50, 69-82, 86, 87, 91, 93-96,
98-103, 153-158, 170-183, 186, 187, 194, 195, 197, 202, 203, 208, 216, 218, 220,
225-232, 264, 269, 272, 275-278, 281, 282, 284-286, 307, 314-316, 324, 325; de ! ,
págs. 195-210, 253, 275; de 11, págs. 12-14, 17, 76, 78, 86, 150, 179, 213; FJ 111,
pág. 17; M, págs. 15, 76, 213, 214, 258, 259, 324, 329, 330, 352; AM, págs. 83-85,
119, 122-125, 157, 177-179, 187, 190, 195, 279; AG !, págs. 176, 177, 190, 191,
243, 244, 264, 265, 269, 288, 293; AG III, pág. 373; IN, págs. 90, 200; RL, págs.
14, 22, 44, 61, 398, 403; TC, págs. 228, 229.
' LB, pág. 154
' LB, pág. 72.
' !bid.

' LB, pág. 73.

lidad y, aunque más tarde nos parezca curioso el epíteto, una vez que terminemos el esbozo completo de Pez, Galdós le ha designado como un "espiritual San José".' Por supuesto aquí Galdós hace uso cabal de su celebrada
ironía. Aunque Pez también recibe el epíteto halagüeño de un "señor tan
8
guapín", la descripción facial no incluye detalles específicos de sus facciones.
Dos características de Pez: el vestir y el hablar ocupan un lugar más
prominente que su aspecto físico en las novelas galdosianas. El atavío de Pez
representaba la cima de la perfección. Se vestía de una manera inmaculada
e impecable. Por las mañanas y por las tardes se ponía una levita, un cuello
alto y blanco, y un "pantalón que parecía estrenado el mismo día".' Su ropa
parecía cubrirle como si se le hubieran pintado por encima. Con ese traje
llevaba una chistera. Por las noches traía puesta una abrigadora bata y en el
verano se vestía "el ligero y elegante traje de alpaca de color". 10 Sus trajes
siempre estaban bien limpios y esmeradamente planchados y completaban su
extraordinaria pulcritud general. Pez puede ser comparado, y esto lo ha
hecho Gald6s, con un "figurín" 11 y un "pollo". 12
A don Manuel Ramón del Pez, "hombre muy político"," Je gustaba escucharse a sí mismo. El resultado de e!;ta afición egoísta suya era el amontonamiento de palabras en sus discursos públicos, los cuales fueron muchos.
Nunca expresaba conceptos en términos precisos sino que siempre hablaba
en forma triplicada. Por ejemplo, pregonaba de este modo: "Es ciertamente
laudable, es altamente consolador, es en sumo grado lisonjero para nuestra
edad, para nuestro tiempo, para nuestra generación, que tantas personas eminentes, que tantos varones ilustres en las artes y en las letras, que tantas glorias de la patria, en uno y otro ramo del saber, se presten, se ofrezcan, se
brinden a ... "" Las palabras de Pez siempre eran medidas, su manera de
hablar enfática y pomposa. Su oratoria era campanuda, un magnífico ejemplo del género ampuloso, hueco y vacío.
Pero había otros a quienes les gustaba escuchar a don Manuel expresar
sus ideas. Francisco de Bringas, por ejemplo, disfrutaba de las interpretaciones que tenía Pez de la política, y Rosalía, la esposa de aquél, se ponía
contentísima cuando Pez le dedicaba lisonjas y piropos. Su palabra fácil
' LB, pág. 75.
' LB, pág. 172.
' LB, pág. 73; v. pág. 154.
~ LB, págs. 225, 226.
" LB, pág. 73.
" LB, pág. 226.
" LB, pág. 29.
" AM, pág. 177; v. LB, págs, 74, 229, 231.

408
409

'
1

�y su desarrollado instinto de galantería le hacían muy atractivo al sexo
opuesto y en especial a la mujer de Bringas. Ella guardaba profunda simpatía por él, a pesar de que las palabras de Pez llegaban a menudo a con•
vertirse en lamentaciones. Solamente en su propia casa don Manuel no
quería hacer uso de la locuacidad, y así pasaban meses sin que él y su esposa
Carolina cambiasen una palabra.

Fuera de su casa Pez era un cumplido "cabaHero",1 5 "honrado",1 ª "disy "noble"; 18 un "hombre correcto" 19 en todo el sentido de la palabra. Hay que tener en cuenta, sin embargo, que muchos de estos adjetivos
lisonjeros fueron inventados por Rosalía de Bringas, y que ellos van a contrastar abruptamente con los que ella pronunciará después de descubrir que
su amistad con Pez no le ha resultado de mucho provecho. En cierta ocasión,
'
usando un ep1teto
1'nfamante, 1o 11ama " e1 v1'l" . 20
creto"

17

Al comienzo de la amistad entre Pez y Rosalía, le parecía a ella que sus
esperanzas estaban bien fundadas y que podía contar con el apoyo de don
Manuel después de que éste le había ayudado a su hijo a conseguir un
empleo en el gobierno. La verdad es que en un principio los esposos Bringas estaban muy agradecidos con Pez y vivían convencidos de la generosidad
de su gran amigo. Don Manuel se había ganado la confianza de los dos
hasta tal punto que podía besar a los niños, pasearse por la terraza con Rosalía y aún estar a solas con ella por las noches. El siempre daba muchos
consejos a don Francisco, los cuales eran aceptados por éste con gusto, y tenía
la costumbre de pasar horas enteras en la casa de los Bringas. La novela
que relata la vida cotidiana de los Briagas nos revela que raras veces dejaba
de acudir Pez a sus reuniones para tomar cñocolate y que siempre se hacía
presente a eso de las siete y media de la tarde. Galdós había indicado antes
en Tormento que a esta hora solía regresar Pez de la oficina a su propia casa
después de haberse reunido con sus amigos.
Debido a las repetidas entrevistas de Rosalía y Pez y la confianza que
había resultado de las mismas (todo esto magistralmente desarrollado en
forma progresiva y lógica por Galdós), no es de extrañar que ella esperara
que Pez le ayudaría a salir de su último aprieto. Entre otras cosas, le tenía
por un "hombre superior" 21 -tal como pensaba él de sí mismo- y además
"
"
"
"
"
"
"

por un hombre "extraordinario y fascinador"." Podía verse casada con don
Manuel Y hasta creía que también sería beneficioso para él un matrimonio
con ella. ~ea como fuere, por aquel entonces Rosalía confiaba en la ayuda
de Pez Y este se la había ofrecido. Sin embargo, su desilusión fue grande
cuando al querer pagar una deuda, descubre que se ha contratado un mal
negoc10 Y que Pez ahora rehusa darle el dinero necesario para salvarse de
sus estrecheces.

LB,
LB,
LB,
LB,
LB,
LB,
LB,

pág. 157; v. LB, págs. 154, 183, 275, 278; de I, pág. 275.
pág. 196.
pág. 155; v. pág. 276.
pág. 157.
pág. 71.
pág. 286.
págs. 99, 100, 183, 277.

Hay que confesar que Pez no abrigaba escrúpulos ni ideales de ninguna
cl~e:, a pesar . del "depósito de principios que tenía en su cuerpo"." Su
rehgion, nos afirma Galdós, era más bien "una escalera para subir a los altos
24
pue;tos". Había defendido la religión de acuerdo con la idea de que ésta
debia ser protegida por el gobierno y que "el freno religioso" " era indis.
pensa~le para ~~ sociedad y el orden; sin embargo, en La de Bringas Galdós
nos dice que sus devociones (eran) puramente decorativas"." Todos los
domin~os iba a misa sí, pero se sentaba cerca de la puerta y hablaba con
un amigo sobre la política.
En el_ campo político sus principios eran muy vagos y "tenían por atributo pnrnero una adaptación tan maravillosa como la de los líquidos a la
forma y color del vaso que los contiene". 27 Pez mantenía una gran ambición
la_ de _establecer un sistema administrativo perfecto con ochenta O novent~
Direcc10ne~ G_e~erales. Su política, como es de suponerse, no tenía nada que
ver con pnncip10s o ideales.
La revolu~ión d_e. 1868 trajo consigo muchas perturbaciones, pero ya don
Manuel habia ant1C1pado y aceptado ese "cataclismo"." Había dicho: "no
29
veo_l~ cosa tan n_egra", Yen otro lugar había agregado que "la revolución ...
no 1na por caminos peligrosos". 30 Durante ese período de "desconcierto" .s1
Pez ~asó algún tiempo como cesante, como ocurre de vez en cuando en casos
se'.11epntes, pero permaneció tranquilo, hasta indiferente ante los acontecirrue~tos, seguro ,de qu; se colocaría en un buen puesto con cualquier nuevo
gobierno. Y tema razon el señor Pez. Había adivinado lo que iba a acaecer
con el gobierno provisional. Había afirmado que los setembrinos retendrían
n LB, pág.
LB, pág.
" LB, pág.
" LB, pág.
" LB, pág.

183.
174.
78.
77.
78.
27
De I, pág. 196.
" LB, pág. 229.
n

" /bid.

• LB, pág. 325.
" LB, pág. 174.

410
411

¡

�sus "caras pisciformes" " y como tal resultó: había Peces y , más
,, ss Peces, "los
cuales, multiplicándose de nuevo, cole{ab)an en todo el pa1s .
.
Los Peces originalmente habían procedido de la Mancha, pero en los tiempos de Ga!dós se encontraban por todas p~rtes. La familia de los Peces
'nf' 'ta segun' nos dice el autor en el pmner tomo de La Desheredada,
era1m1,
.
'f
aun excluyendo los "mil y mil Pececillos, sólo relacionados con el ilustre ¡e e
por los servicios mutuos y el apellido"." Los allegados de Pez, algun_os remotos, desempeñaban por aquel entonces importantes cargos en el gobierno, en
el ejército y en la Santa Iglesia.
.
..
La familia más cercana de Pez se componía de siete hi¡os, entre ellos d~s
mujeres" y Carolina. En La Desheredada ~abemo~ que ella era de 1~ familia de los Piapón. En La de Bringas Galdos nos informa que Carolin~ e':'
prima de los Lantiguas, y que se había equivocado antes cuando le atnbwa
esa procedencia de los Piapón.
.
La de Bringas trae también la información que "el gran Pez no era feliz
en su vida conyugal"." Sin embargo, en La desheredada, :· I, que debe r,:ferirse a un tiempo posterior, la casa de los Peces se descnbe c~mo una redoma de felicidad" 31 y el matrimonio de don Manuel y Carolina ~orno un
matrimonio dichoso"." Puede ser que este cambio represente una discrepancia aunque también es posible que se hubiesen mejorado las relaciones entre
Pe; y Carolina durante los cuatro años de intermedio." No obstante,_ debe'."os
confesar que por lo que puede extraerse de La de Bringas, parece 110pos1ble
que estas relaciones hubieran podido mejor~rse más. __En es'.~.~ovela Carolm_a
había puesto "intratable" " y "estaba siempre nnendo.
Hasta los m~os "esta prole dichosísima"," se entrometí= en las muchas disputas que
n,
sostenían Pez y su esposa. La casa ya se había convertido en un "lb
c u por
el disputar constante"." D. Manuel del Pez llegó a odiar su hogar Y en él
ª LB, pág. 325.

. ,,

» De JI 1 pág. 14; "Crescite et multiplicamini, et replete aquas marts , v.

pág. 198.

d

I
e

,

u !bid.

• Los siete hijos se llaman: Josefa, Rosita, Joaquín, Luis, Antonio, Adolfito, Federi-

co. - v. de I, págs. 199, 202 .
• LB, pág. 76.
• DE I, pág. 200.
• lbid.

• O puede ser que al escribir La de Bringas, Gald6s deci_di6 que los, Peces no e:an
matrimonio dichoso y que más interés y fuerza dramática resultaria de una vtda

:'nyugal que no fuera feliz. Pero estas son consideraciones especulativas.
• LB, pág. 76.
u lbid.
0

DE I, pág. 200.

ª LB, pág. 76.
412

pasaba tan poco tiempo como le fuese posible. La ubicación de esta casa
(u otras suyas) no se sabe exactamente; la novela no da detalles sobre ella,
pero hace mención de una casa de diez y ocho mil reales y también de una
de veinte mil.
En la época de la Revolución de 1868 Pez ganaba "cincuenta mil reales
de sueldo" " como Director de Hacienda. Después de la revolución era jefe
de una de las principales secciones de hacienda, probablemente con menor
salario aunque "aún se le indicaba para ministro"." El Amigo Manso nos
informa que unos diez años después de la revolución otra vez ganaba Pez
"cincuenta mil rea1es11 • 46
Don Manuel siempre andaba metido en la política y en el gobierno, "y
casi siempre desempeñó elevados y ubérrimos destinos"." Se le menciona como "el inteligente Pez"," el "gran observador" " y como un hombre "muy
bien educado"."' Sabía manejar la aritmética con facilidad: tenía "conocimientos prolijos de la historia contemporánea"" y "tocante a la Estadística,
a la Administración, a la Beneficiencia era un verdadero coloso"." Todas
estas virtudes le servían a Pez en la política, y él en realidad "poseía la erudición de los chascarrillos políticos"." De lo que sabía de las Humanidades
casi no hay mención. Había leído unos libros del francés Jules Veme y a
éstos se les atribuían "las nociones geográficas" " que él tenía.
Pero más que nada, Pez sabía cómo servir a sus amigos " y, por lo tanto,
tenía fama de ser "buena persona"." Cultivaba muchos amigos" pero las
"LB, pág. 10!; v. DE I, pág. 202.
"DE I, pág. 197; v. M, pág. 213.
" AM, pág. 123.
" DE I, pág. 196.
" LB, pág. 186.
" LB, pág. 228.
• DE I, pág. 206.
• LB, pág. 71.

ª AM, pág. 85; "Pez era un Mal tus por la estadística, un Stuart MiU por la política"; v. AM, pág. 119.
u LB, pág. 71.
• LB, pág. 26. Parece que Galdós no tenía muy elevada opinión de la obra de Jules
Veme: v. LB, págs. 24, 26.
LB, pág.
LB,• pág.
32. 72; v. DE I, pág. 197. Pez era "el arreglador de todas las cosas"; v.
• LB, pág. 72.
• Sus amigos eran: el Padre Nones, TM, pág. 142; ViUamil, M, págs. 75, 325;
el señor De Aguila, TC, pág. 228; Tomás Orozco y otros que jugaban al tresillo, RL,
pág. 403; los Bringas, LB, pág. 69; un grupo que se reunía en la casa del señor Manso,
AM, pág. 85.

413

�amistades que mantenía se debían más que todo a su habilidad para ayudar
a otros. Eran muchos los que le pedían favores. En Tormento el padre Nones
creía que Pez podía ayudar a Pedro Polo a adquirir "un curato de Filipinas"." En Miau la familia de Villamil tenía esperanzas de que Pez pudiera
hacer reinstalar al señor de Villamil. Pez, en realidad, prestaba valiosos servicios a algunos. Basilio de la Caña, de la voluminosa obra Fortunata y Jacinta, y el administrador de la aduana de lrún de La de Bringas, le debían
sus puestos. El hljo de Rosalía, como ya hemos mencionado, también debía
el suyo a don Manuel. Pero por otra parte Pez prometía también muchas
cosas a otros que no podía concederles y se tenía que privar de visitar a Bayona o Biarritz a causa de sus "infinitos compromisos" 00 en estos dos lugares.
Aunque se le describe como persona de "carácter servicial" 61 y un hombre
con un "aire de protección"," hay que declarar que Pez se inclinaba "por
la ley de gravitación social, a los poderosos"." Era firme partidario de la doctrina de "la filogenitura" " este señor Pez.
La "filogenitura", sin embargo, nunca perturbó en nada las relaciones que
sostenían él y su yerno Angel Guerra. "Aborrecíanse cordialmente, y uno a
otro se deseaban todo el mal posible"," se lee en la novela que lleva como
título el nombre del gran yerno de Pez. Angel Guerra cuando habla de su
suegro, lo llama "canalla",66 "asno" 67 y '~mamarracho". 68 En una ocasión
(en un momento de rabia por supuesto), por poco le quita la vida a Pez
con sus propias manos. Tampoco es Pez el tipo de hombre que es generoso
con sus propios hljos, aunque parezca en una novela como "la imagen viva
de la Providencia"," ni un hombre que "adoraba a la familia"." Cuando su
hijo Joaquín regresa de Francia lleno de deuctas sabemos que don Manuel
"ha decidido no ampararle más y le ha echado de su casa ... " 71
En las relaciones que sostenía Pez con Rosalía de Bringas, es evidente que
•
•
•
"

ª
ª
u

u

•
"
•
•
"
"

TM, pág. 142.
LB, pág. 230.
LB, pág. 231.
DE !, pág. 197.
AM, pág. 125.
DE !, pág. 197.
!bid.
AG, pág. 190.
AG, pág. 264.
AG, pág. 244.
AG, pág. 177.
DE !, pág. 205.
!bid.
DE 11, pág. 150.

debe dudarse de su sinceridad. También en la amistad con el esposo de Rosalía, puede acusársele de hlpócrita. Públicamente alaba el proyecto que está
llevando a cabo en su casa don Francisco, pero para sí mismo el tal proyecto es "una mamarrachada". 12 Su insinceridad y, en algunos casos, su hipocresía son simplemente manifestaciones de la gran adaptabilidad del señor
Pez a todas las situaciones. Puede observarse aquí su flexibilidad en el campo
de las relaciones con otros individuos, pero también demuestra la misma adaptabilidad en los campos de la política y la religión. Galdós presenta un excelente retrato de Pez cuando dice:
D. Manuel José Ramón del Pez, lumbrera de la Administración, fanal
de las oficinas, astro de segunda magnitud en la política ... , indispensable en las comisiones, necesario en las juntas, la primer cabeza del
orbe para acelerar o detener un asunto, la mejor mano para trazar el
plan de un empréstito, la nariz más fina para olfatear un negocio, servidor de sí mismo y de los demás, enciclopedia de chistes políticos, apóstol
nunca fatigado de esas veneradas rutinas sobre que descansa el noble
edificio de nuestra gloriosa apatía nacional, maquinilla de hacer leyes,
cortar reglamentos, picar ordenanzas y vaciar instrucciones. .. 73

CONCLUSIONES

Al desarrollar el carácter de don Manuel del Pez, Galdós ha enfocado su
creación literaria con buen juicio y le ha dado individualidad propia dentro
del marco de sus novelas. Cualquier falta de uniformidad o las inconsistencias que puedan existir -y hemos citado algunas posibles en este estudio-"
no son, a nuestro modo de ver, . tan numerosas ni de tanta trascendencia co.
mo para perturbar la continuidad y uniformidad de presentación de dicha
creación, ni para destruir la sustancia, la fuerza vital o el carácter del personaje creado. Galdós ha reforzado de manera amplia y constante la visión
conceptual de su personaje y, repetidamente, a través del desarrollo de dicho
personaje, han empleado los mismos objetivos refiriéndose a él. 75
Es evidente que Galdós tenía una imagen precisa y fija de Pez en el momento en que esta creación literaria brotó de su fértil imaginación. En el
" LB, pág. 102.
n DE !, págs. 195, 196.
14

11

Fíjese en las notas 36, 37, 38.
Fíjese en las notas 15, 16, 17.

414
415

�primer tomo en que aparece don Manuel, es decir, en La Desheredada, t. I,
el novelista considera como "el hombre. . . que vosotros y yo conocemos como los dedos de nuestra mano"." También explica por qué tanto él como
sus contemporáneos debían estar tan familiarizados con Pez: "más que hombre es una generación, y más que persona es una era, más que personaje es
una casta, una tribu, un Medio Madrid, cifra y compendio de una media
España". 17
Sin embargo, en la presentación galdosiana de Pez no hay en realidad nada
distintivo ni inconfundible de él como persona. Los rasgos más sobresalientes
son su ropa, que es superficial; su manera de hablar, que es característica
externa; y sus bigotes y patillas, que no tienen nada de singular. Pez es más
bien un símbolo y como símbolo representa nada más que un pez, "Orden
de los Malacopterigios abdominales. Familia, Barbus voracissimus. Especie,
Rémora vastatrix". 18 Un pez que, gracias a su gran adaptabilidad, puede nadar fácilmente y sin cesar en cualquier ambiente."
En suma, debemos concluir que Galdós ha tenido éxito en delinear con solidez y en forma lógica y convincente esta creación suya. Tiene ella forma
humana pero al mismo tiempo ofrece características representativas que en
cierta manera le convierten en una síntesis social, política, religiosa, económica y moral de todo un país. En este hecho estriba el verdadero mérito del
arte creativo de Benito Pérez Galdós.

Abreviaturas:

AM AG DE -

FJ IN LB M -

TM TC RL -

El Amigo Manso.
Angel Guerra.
La Desheredada.
Fortunata y Jacinta.
La ínc6gnita.
La de Bringas.
Miau.
Tormento.
Torquemada en la Cruz.
Realidad.

BIBLIOGRAFÍA

PÉREz ÜALDÓs, BENITO, Angtl Gutrra, vob., I, III, Madrid, Administraci6n de la

Guirnalda y Episodios Nacionales, 1891.
El Amigo Manso, Madrid, Sucesores de Hernando, 1910.
La Deshtredada, vals. 1, II, Madrid, Librería de Perlado, Páez y Cía., 1909.
Fortunata y Jacinta, vol. 111, Madrid, Sucesores de Hernando 1917.
La Inc6gnita, Madrid, Sucesores de Hernando, 1906.

La dt Bringas, Madrid, Administración de la Guirnalda y Episodios Nacionales,
1884.

" DE I, pág. 196.
" /bid.
11

DE I, pág. 198. "Malacopterigio, gr. Mal.a,c_ó~, blando y n:u()Vy,o,-, aleta adj.
y branquias
pectiniformes faltos de aletas abdominales, o teniéndolas colocadas detrás del abdomen
o debajo de las branquias. Abdomina1, Zoo!. El que tiene un par de aletas detrás del
abdomen; como el salmón". Dic. de la Leng. Esp., pág. 802. "Barbo, Lat. , Barbus, de
barba, barba. Pez del río de la misma familia de las carpas. . . Tiene cuatro barbillas en la mandíbula superior". Dic. dt la úng. Esp., pág. 161. "Voraz, Lat. Aplicase al animal muy com,dor y al hombre que come desmesuradamente y con mucha
ansia. Fig. que destruye o consume rápidamente". Dic. dt la Ltng. Esp., pág. 1305.
"Rémora, Lat., Remara, pez marino del orden de los acantopterigios. . . encima de
la cabeza un disco oval. .. , con el cual hace el vacío para adherirse fuertemente a los
objetos flotantes. Los antiguos le atribuían la propiedad de detener las naves. Fig.
Cualquier cosa que detiene, embarga o suspende". Dic. dt la Ltng. Esp., pág. 1090.
"Vastar, Lat., vastare. Talar o destruir". Dic. dt la Ltng. Esp., pág. 1276.

Miau, Madrid, Sucesores de Hernando, 1907.
Realidad, Madrid, Sucesores de Remando, 1916.
Tormtnto, Madrid, Sucesores de Remando, 1916.
Torquemada tn la Cruz, Madrid, Sucesores de Hernando, 1916.
Real Academia Española, Diccionario dt la Lengua Española, Madrid, Espasa Calpe,
S. A., 1947.

Zool. dícese de los peces de esqueleto óseo, mandíbula superior móvil

" GALD6s posiblemente veía a España como una gran pecera.

416
417

H. 27

�ENSAYO DE TOPOLOGfA LITERARIA

Dr. CHRISTOPH EICH
Zurich y París

l. La paradoja de la ciencia literaria.
HAcE SIGLOS QUE SE LEE y estudia a Homero, Dante, Shakespeare, Cervantes, sin hablar de los demás, que se desarrollan teorías y métodos para explicarlos mejor, y nos encontramos frente al hecho de que nunca se ha dicho
bastante de ellos y de que cada generación los ve de manera distinta y los
descubre de nuevo, mientras que las obras mismas permanecen indefinidamente inalcanzables. De este estado de cosas se podría sacar una doble conclusión: l) que la pretendida ciencia de la literatura no sale del subjetivismo
y no es por lo tanto una verdadera ciencia, 2) que la obra literaria, por
su naturaleza misma, no es un verdadero objeto de ciencia, es decir que se
sustrae siempre al entendimiento científico. El problema, así formulado, se
plantea pues bajo dos aspectos, a saber en qué medida la obra literaria puede
ser objeto de una ciencia, y, una vez este objeto delimitado, hasta qué punto
la actual ciencia literaria está conforme con su objeto.
Es en la obra literaria donde el hombre se revela más claramente. 1 Lo
que expresa en ella es nada menos que todo su mundo interior, y esto no por
sectores limitados, tales como sus pensamientos, sus creencias, sus deseos y
sus afecciones, objetos de la filosofía, de la historia de las religiones, de la
psicología, sino por todo el conjunto que en cada caso constituye su verdadero universo interior. Frente a las ciencias naturales que tienen por objeto
1

Las artes pJásticas y la música, en tanto que creaciones humanas, no son ciertamente menos expresivas que la literatura, pero mientras que aquéllas se dirigen directamente a los sentidos, la obra de lenguaje habla al entendüniento. El lenguaje, materia prima de la literatura, constituye el hecho humano por excelencia, y en la obra literaria
es donde el hombre se expresa de la manera más inteligible.

419

�el universo exterior del hombre, el ideal sería, pues, una ciencia de su universo interior, una ciencia de la literatura equivalente a las ciencias naturales. Nadie negará la utilidad y la necesidad de tal ciencia, y la posibilidad de
alcanzar por este camino una auténtica ciencia del hombre; tal es quizá la
razón profunda de todas las tentativas que se han realizado para crear una
ciencia de la literatura.
El hombre, lugar de encuentro de un universo de fuera y un universo de
dentro, se halla rebasado en nuestro siglo XX por el mundo exterior; el equilibrio de su universo interior se rompe por el poderío demasiado evidente
de las ciencias naturales. Incapaz de oponer a éstas una ciencia igualmente
poderosa para defender su mundo interior, experimenta frecuentemente una
justa decepción frente a la literatura y a todos aquellos que trate de explicársela. Pero si la necesidad de una verdadera ciencia de la literatura es
profunda y real, ¿por qué sería ella imposible?
Esta imposibilidad reside en el hecho de que cada obra literaria es única,
individual, singular, como cada ser humano. Pero la ciencia de lo singular
no existe. Si puede darse una ciencia de la literatura, no podrá jamás
captar el todo de una obra y permanecerá siempre alejada de su objeto. Estarnos pues divididos entre el deseo de disponer de una verdadera ciencia,
forzosamente limitada, como toda ciencia, a generalidades, y el de alcanzar,
fuera de toda ciencia posible, la singularidad misma de la obra.
Nos encontramos aquí frente a una contradicción esencial e insuperable.
Pero ¿ no se puede, al menos, reducir la diferencia que opone lo singular
a lo general? Notemos que la razón de s~ de la ciencia literaria, y por así
decir su trascendencia, es precisamente la singularidad de las obras. En tanto
que la ciencia no ha llegado a captar lo singular -y no llegará jamás-,
se encuentra en estado de inquietud, en estado de imperfección, y no cesará
de perfeccionarse. Todos los métodos que a lo largo de su historia se han
desarrollado y aplicado con más o menos fortuna son métodos de aproximación; la ciencia literaria misma es una ciencia de aproximación.

2. Expresi6n e impresi6n.
Pero, de hecho, ¿puede hablarse de una ciencia literaria? ¿Será posible
afirmar que exista? La observación muestra que se han experimentado diversos métodos, que todos pretenden perseguir el mismo fin, y es el de explicar la obra literaria; pero las contradicciones y oposiciones entre esos métodos son tan violentas que parecería imposible que formaran parte de una
misma ciencia. Frente a un objeto único, la obra literaria, surge una plura-

~da~ de métodos. _que cada uno constituye una pequeña ciencia particular.
¡ b ? Es esta
.,
.
e a o ra.
cuest10n caf1tal que _h~ de ocuparnos en las siguientes páginas, y la respuesta no podra ser sunurustrada más que por la obra literaria misma.
b~s'.a presenta un. caráct~r muy especial: será difícil negarle una existencia
o Je'.1v~, pero, a dife~enc1a de los objetos del mundo físico en los que la
co~tmmdad_ es gara~tJzad~ por el espacio que ocupan, la obra literaria no
eXJste en SJ. Su eXJstenc1a se presenta en efecto baJ·o dos
t
· al
.
'
,
aspee os, uno
virtu y otro efecnvo. Considerada en sí la obra es a la vez I
t
·
d
'
e pun o terminal e un acto de creación o de expresión, y el punto inicial de la lectura, o sea ~e un_ acto que por exigencia de simetría llamamos acto de
impresión. Vease figura:
t Cual es la relac10n de esta pluralidad con la unidad d

Para q~e la existencia de una obra sea efectiva, se precisa un lector, pues
es n~esan~ que sea leída. En tanto que no ha salido del cajón del poeta,
su eX1stenc1a no es sino virtual (salvo para el poeta mismo primer lec~r
de su obra).
'
Una reflexión puede ilustrarnos este hecho· siempre pueden . t' b
· 'di
·
·
eXJSir o ras
me tas, por eJ_emplo una tragedia de Shakespeare desconocida; pero mientras no haya sido descubierta, leída y reconocida no pued af'
· s · .
,
e Irmarse que
eXJsta. u_ eXJstenc1a es una mera posibilidad, por otra parte poco probable.
~abemos sm embargo, que andan desperdigadas por el mundo obras inéditas
sm que nada pueda afirmarse por adelantado sobre su naturaleza.
'
El papel absolutamente esencial del lector ha sido casi s1'emp d
·d
¡ · • .
re esconoc1 o por a c1enc1a literaria y sus diversas teorías. se ha teni'do d
· d ¡
' }"
.,
,
'
emas1a O a
me macion a considerar las obras literarias como entidades en , ·
Ah
b·
¡ ·
s1 nusmas.
. ora ie~, e nusmo profesor de literatura, por más que él se pretenda objetJvo, es pnmero lector, es decir subjetivo. Como no puede hablar de lo que
i Po~ como~dad de expresión, empleamos aquí, así como en las páginas si uientes
el témuno de poeta" y "poesía" entendiendo con esto el creador o la crea . , ~.'
en el sentido más amplio.
c1on 1terana

420
421

�escapa a su mirada, raramente hace otra cosa que generalizar sus impresiones personales, según las tendencias e intereses que le son propios. Pero
si frente a la objetividad de la obra, la lectura permanece siempre subjetiva,
conviene al menos tener en cuenta esta subjetividad y tratar de asignarle
su lugar.

'

Entre las dos vertientes de la existencia de la obra literaria, entre el acto
de expresión y el acto de impresión, la relación es tan estrecha, que es lícito
tenerla por casi simétrica. Todo lo que en general se dice de manera subjetiva sobre una obra, debe ser más o menos motivado por la obra misma.
Las impresiones, si su juego no es falseado por ideas preconcebidas del lector -¡ lo que prácticamente es siempre el caso!- serán enteramente motivadas por la expresión. Bastaría pues analizar lo que sucede en una de las
dos vertientes, expresión o impresión, para tener una idea sobre su opuesto
simétrico. Por costumbre, se ha procurado analizar, a través de la obra, el
fenómeno de la expresión o de la creación, a fin de poder justificar las impresiones por ella suscitadas; pero cuando no cae, por el deseo de comprender el todo de la obra, en confusas explicaciones estéticas o metafísicas, la
critica se limita, según cada caso, a analizar algunos aspectos particulares de
la obra, en detrimento de los demás. Ninguno de los resultados así obtenidos ha sido enteramente satisfactorio.
Podría intentarse lo contrario, es decir, reunir y clasificar todas las teorias
y métodos que se han utilizado para dar cuenta de las impresiones, y como
todos se fundan más o menos en la obra füeraria misma, seria posible extraer
de ellos una imagen bastante completa de la multiplicidad de sus aspectos.
Además de las teorias estéticas, se han desarrollado los métodos: histórico,
sociológico, psicológico, estructural, estilístico, para no nombrar sino los más
importantes, y en nuestros días vemos ignorarse, cuando no se combaten,
los representantes de dichas tendencias, cada uno jurando por su propio método ( tocamos aquí la subjetividad, la limitación del lector). Pero lejos de
oponerse, esos métodos deben corresponder a una ordenación interna de la
obra. Los aspectos de una obra, por múltiples y variados que sean, deben
encontrarse en una relación orgánica, a falta de lo cual la obra dejarla de
constituir, contra toda razón y toda experiencia, esa unidad perfecta que no
cesa de seducir a todos aquellos que entran en contacto con ella.
La gran dificultad que no se ha llegado a vencer todavía es la de encontrar una clasificación de esos aspectos que sea conforme con la obra.

3. Acto de expresión, acto de lenguaje.
La teoría del lenguaje de Gustave Guillaume ' nos ofrece una llave para
situar los diferentes aspectos de la obra literaria, ya que ésta es esencialmente el resultado de un acto de lenguaje; y mejor que cualquiera otro, el
gran lingüista francés ha sabido analizar y poner en evidencia en qué consiste dicho acto.
No es este el lugar apropiado para entrar en las teorías de Guillaume, en
gran parte inéditas todavía. A pesar de lo que se dirá en seguida, nada tienen que ver con una psicología del lenguaje, sino que descansan sobre un
análisis muy fino de la estructura del lenguaje y de sus mecanismos inconscientes. De ahí que el acto de lenguaje, el cual es siempre un proceso temporal, se deje dividir de la siguiente manera:
Experiencia / Meta del discurso

lo Decible

el Decir

lo Dicho
Este esquema muy simple, que en principio vale para todo acto de lenguaje elemental, no podrá dar cuenta por sí solo de la gran complejidad de
la obra literaria. Sin embargo, nos da un cuadro que permitirá situar los
problemas.
A fin de hacerlo más inteligible, vamos a modificar este esquema según
nuestras propias necesidades de explicación. Así, a la "meta del discurso"
corr~sponde lo que se llama comúnmente inspiración o visión del poeta, a lo
"decible", todas las formas de representación, y si el "decir" es el acto de
expresión propiamente dicho, lo "dicho" o expresado constituye la obra literaria en su existencia virtual, pero ya objetiva, es decir, escrita antes de
ser leída.
La experiencia, al principio del proceso, se halla precedida por lo que
está en relación con ella, ya que toda experiencia no lo es sino de algo. Lo
que está propuesto a la experiencia es todo lo que para el ser humano es
perceptible. Y como lo perceptible es en sí infinito, y la obra, por el contrario, es una y única, damos a todo el proceso la forma de un estrechamiento
que pasa de lo perceptible infinito a la obra singular. Nuestro esquema se
presenta entonces bajo la forma siguiente:

1

GusTAVE GuILI.AUME,

1883-1960. Profesor

en

la Escuela de Altos Estudios de Parí,

autor de Temps et Verbe, etc. La teoría a la cual nos referimos aquí en particular n~

ha sido publicada todavía.

422
423

�que no se había dicho antes de él. El poeta no sólo transforma, ante todo
informa (en el sentido etimológico de la palabra), ya sea integrando al
mundo de las imágenes y de las formas una materia que antes de él había
permanecido informe, ya sea dando una forma nueva a una materia ya informada.'

Además conviene señalar que el tiempo operativo, siempre necesario para
pasar de la experiencia a la expresión, puede ser más o menos corto. Mientras hablamos, no tenemos conciencia de ello, y hay poetas en los que el
acto de expresión coincide prácticamente con la inspiración. La expresión
parece entonces adelantarse a la misma representación. Pero por medio de
análisis, ese tiempo operativo con su recorrido necesario, siguiendo siempre
el mismo orden, consta en todo acto de lenguaje, incluso en casos en que
parece reducido a un límite puramente teórico. De la misma manera el
pensamiento del poeta, con cada frase que él escribe, debe cada vez recorrer
esas mismas etapas, etapas que constituyen umbrales irreductibles.

4. Transformaci6n e informaci6n.
De nuestro esquema se desprende que entre dos objetividades, la de lo perceptible y la de la obra, se inscribe, en el interior del poeta, todo un proceso
subjetivo (experiencia - visión - representación - expresión). En la obra, y por
ella, lo perceptible aparece enteramente transformado. Esto es sobre todo
evidente para el mundo exterior que, incesantemente propuesto a la experiencia, se transforma necesariamente en imágenes, nociones y representaciones formales, para poder integrarse en el universo interior del hombre. A los
objetos del mundo exterior corresponden imágenes del mundo interior, cuya
elaboración forma parte de la creación poética.
Pero la obra no sería única e insubstituible,' si se limitara a la sola transformación, o entonces todo el mundo sería poeta, ya que cada ser humano
tiene su mundo interior y opera continuamente ese género de transformación
y de integración. Fuera de su don de expresión que lo distingue de sus semejantes, el poeta es sobre todo aquel que tiene algo nuevo que decir, algo
4

La unicidad es la condici6n primera de la obra literaria. Cada obra es insubstituible, y por esto se escalonan en la historia, dando lugar a una historia de la literatura.

A través de la experiencia del poeta, toda obra nos conduce en cierto
modo al mundo de lo perceptible y la objetividad. No sin razón durante
mucho tiempo se interesó la crítica casi exclusivamente por el contenido material de las obras, ya que los elementos perceptibles de los que se halla
constituido no le pertenecen en propio al poeta, sino que se encuentran propuestos a todo ser humano (hacemos aquí abstracción de diferencias de tiempo y espacio). Por su contenido, las obras se relacionan con el mundo, en
el que también vive el lector. El contenido de la obra se le aparece con frecuencia como un criterio de verdad, y si no ha hecho las mismas experiencias
que el poeta siente que podría hacerlas, aunque fuera de manera diferente,
pues le bastaría entrar en contacto con los mismos elementos que han sido objeto de la experiencia del poeta. Y es verdad que en el contenido material reside
el interés principal de todo libro para el lector no prevenido. Lo que éste
pide a los poetas y escritores es ante todo una información (en el sentido
ordinario de la palabra), sea de su saber, sea de su imaginación, sea en fin
de sus sentimientos.
Pero no siempre el poeta comunica una materia nueva. Existe una poesía
muy importante en la que la materia apenas sufre modificaciones: no cesan
de repetirse un contado número de viejos tópicos, mientras todo el acento se
pone sobre la forma. Es el caso, entre otros, de la tradición poética que
arranca de Petrarca y se continúa hasta la edad barroca. Sobre una materia
casi inamovible, asistimos a una extraordinaria elaboración de la forma. Entonces no es la materia, sino la forma misma la que es informada. La poesía
moderna, muy diferente en esto, procura sobre todo ceñirse a las estructuras
de la materia inédita que informa. Más que la materia misma, informa sus
estructuras, haciéndolas por ello accesibles al entendimiento.
• En nuestros días, se considera como desusada la antigua distinci6n entre forma
y materia, y se ha tratado de superarla, por ejemplo, por la noci6n de estructura. Pero
si es verdad que toda materia se presenta provista de forma, conviene distinguir entre
11
la Hforma o estructura propia de cada materia y las formas del entendimiento, las formas inmateriales del espíritu humano. Aboliendo la distinción entre forma y materia,
se han confundido esos dos planos. Preferimos tenerlos separados, y continuaremos sirviéndonos de los dos viejos términos, reservando la noción "forma" a las ÍOnnaJ del
entendimiento y teniendo siempre en cuenta que toda materia se presenta bajo una estructura que le es propia.

424
425

�Crítica y ciencia literaria están sujetas a las modas y a las corrientes de
la época (sí, aún la ciencia literaria). Hoy, se considera anticuado el estudio del contenido material, que es todavía el principal objeto de la erudición, y sin embargo ¡ qué duda cabe que el contenido es en algunas obras
un elemento preponderante! Una ciencia que se pretende completa no debería descuidarlo. Cada obra hunde sus raíces en el mundo de las realidades
común a todos los hombres.

5. Experiencia.
Con la experiencia, entramos en el mundo interior del poeta. Es en la
experiencia donde se establece la relación entre el sujeto y lo perceptible. La
objetividad de lo perceptible no se manifiesta sino a través de una experiencia subjetiva en que se plasma y a la que se halla indisolublemente ligada. En tanto que relación, la experiencia tiene dos vertientes: una objetiva (por el lado de lo perceptible) y la otra subjetiva (hacia el mundo
interior del su jeto).
La experiencia es selectiva; opera una selección entre las posibilidades indeterminadas de todo lo perceptible que le es propuesto. Cada poeta entra
en contacto con lo perceptible por caminos diferentes. Pero son esencialmente tres órdenes de lo perceptible los que pueden ser objeto de la experiencia:
el mundo exterior, el propio mundo interior del poeta, y esa otra objetividad
que es la de los libros, de las obras existentes.
Probablemente se nos reprochará el incluír aquí el mundo interior, en principio subjetivo, entre las realidades que pueden ser objeto de la experiencia.
Pero cuando un poeta observa y experimenta lo que en él se produce, su yo
consciente no opera de modo distinto que frente a las realidades externas. De
lo enunciado, por así decir, pasivo e inconsciente de un simple sentimiento,
la objetivación del mundo interior puede ir hasta una precisión casi científica. Así, por ejemplo, los surrealistas han llevado muy lejos el análisis de sus
propios sueños e instintos, introduciendo con ello en la literatura toda una materia que antes no había sido tratada sino de manera muy arbitraria. Después
de Freud y el surrealismo, el sueño ha cesado de ser el dominio de todas las libertades poéticas, y todo poeta y escritor debe en adelante tenerlo en cuenta.
Preséntasenos aquí la marcha misma de la historia; estále vedado a la literatura retroceder (si no, dejaría de informar). Y vemos que desde sus principios, la literatura ha hecho una conquista inmensa del mundo interior del
hombre, conquista que no tiene pareja sino la del mundo exterior, que le es
paralela.

Por la ley de la historia, el poeta, con raras excepciones, es gran lector. La
lectura es para él toda una experiencia; apenas tendría idea de escribir, si no
hubiera primero leído libros. A menudo, por otra parte, la insatisfacción que
le producen los libros existentes le incita a escribir, y por sus lecturas descubre que tiene algo que decir, algo que no se ha dicho todavía (mientras que
el lector ordinario está en general satisfecho con sus lecturas y no experimenta ninguna necesidad de añadir algo suyo).
Toda la literatura existente se halla, pues, propuesta a la experiencia del
poeta. Ella es la que le informa, le hace tomar conciencia de sí, le ofrece modelos, le indica vías. Numerosos son aquellos para los que la lectura constituye la principal fuente de inspiración (algunas veces dominan épocas enteras
como Petrarca y sus seguidores), pero en la medida en que nos hemos hecho
las mismas lecturas que ellos, corremos el riesgo de no comprenderlos, por el
solo hecho de que la objetividad a la que aluden es distinta de la nuestra. Ese
es el peligro de una literatura demasiado libresca.
Todo lo que se encuentra por el lado objetivo de la experiencia, mundo exterior, mundo interior objetivado y literatura existente, forma el vasto dominio de la erudición. Esta estudia los modelos, establece direcciones; analiza
los temas y trata de descubrir en la vida del poeta todos los acontecimientos,
todos los elementos verificables que han podido ser objeto de su experiencia.
Ya se trate de experiencias vividas, de imágenes o de sentimientos, o bien de
innumerables influencias de lecturas, la erudición lo recoge y confecciona con
ello indispensables comentarios de texto.
Por el lado objetivo de la experiencia, los tres órdenes de lo perceptible se
compenetran más o menos. A menudo, es difícil dividirlos. Pero la impresión
sensorial, el sentimiento íntimo y el recuerdo de una lectura se sitúan, en el
orden de la obra, exactamente sobre el mismo plano, el del contenido material. Permítasenos una aclaración: La erudición, con su inclinación hacia lo
pasado, está lejos de haber estudiado todos los tópicos que dominan una gran
parte de la literatura moderna. Para llegar a ello, no tiene más que referirse
a aquellos escritores que los jóvenes llaman sus maestros.
Pero lejos de abarcar la totalidad de la obra literaria, la erudición es ya impotente para dar cuenta del total de la experiencia. Todo el lado subjetivo
se le escapa. Si la experiencia es selectiva, ¿ cómo es motivada su selección?
¿ Por qué se topa tal poeta con aquella mujer y no con otra? ¿ Cómo es que
él expresa sus pensamientos o sus sentimientos antes que lo perciban sus ojos?
¿ Por qué trata tal o cual tema preferentemente a otro?
Aquí es donde la psicología, y en menor grado la sociología, pueden com.
pletar útilmente la erudición. Dichas ciencias, jóvenes todavía, estudian en
efecto no solamente la forma de las relaciones entre el su jeto y la objetividad,

426
427

�sino que tienen por tarea explicar los motivos que las engendran. Más que
servir la literatura, las dos ciencias (de las que no se trata aquí de discutir
los principios violentamente contradictorios) hasta ahora se han servido de
ello para sus propios fines, en la medida en que ciertos poetas ofrecen al psicólogo o al sociólogo una materia interesante que, en suma, forma parte del
dominio de la erudición. Por el contrario, son todavía raras las obras que estudian la manera particular que un poeta tiene de elegir y tratar sus asuntos.• Para no limitarnos sino a la psicología, la ciencia literaria tiene frente a
ella la posibilidad, ya iniciada, de desarrollar una psico-crítica adaptada a sus
propias necesidades. Y esto sin caer en el psico-análisis habitual, que es una
ciencia aparte. Por este camino, quedan por hacer descubrimientos importantes y cada vez más sutiles.
Alejándonos de la objetividad de lo perceptible, y penetrando en la zona
subjetiva de la experiencia, nos acercamos al umbral estrecho e invisible que
separa ésta de la inspiración, de la visión misma del poeta.

6. Visión.
Si lo perceptible, tal como se presenta a través de la experiencia, rebasa el
instante en que ha sido experimentado, si no se pierde en la fluencia del tiempo, se integra, para ser retenido y guardado en la memoria, en una representación. Será envuelto por una forma que permitirá reconocerlo. Pero a la representación propiamente dicha precede una visión mental, sintética, decisiva en la elección de la forma.
La visión se halla situada entre la experiencia y la representación, en el
centro de la interioridad, en lo más profundo del sujeto. Por eso es difícilmente asequible desde fuera, no siendo ya la experiencia ni siendo todavía
la representación que contiene en potencia. La visión llama y engendra la forma. Constituye el gran secreto, el núcleo mismo de la obra literaria, que escapa siempre al análisis, ya que éste no lo capta jamás en el estado que le es
propio, es decir puramente potencial.
La visión permanece inalcanzable no sólo a causa de su carácter potencial,
sino también porque constituye la parte más individual, la más singular del
poeta, aquella que, según se ha visto, no puede ser objeto de ciencia. Sólo
por intuición se accede, en la obra elaborada, a la visión primera, a la intención profunda y generalmente inconsciente del poeta, y no poseemos todavía
• Como modelos de este género, pensamos en obras de Georg Lukacs para la sociolo•
gía, en las de Gastan Bachelard y de Charles Mauron para la psicología. Pero el abanico de las posibilidades permanece abierto.

ningún criterio objetivo que permita comprobar la exactitud de nuestra intuición. Así, no nos queda sino señalar el lugar de la visión, lugar tan esencial
y del que no puede decirse más.
Uno de los objetivos de la ciencia es sin embargo perseguirlo con más y
más ahinco, aunque no llegue jamás a alcanzarlo.

7. Representación.
La visión busca su forma de representación. Ahora bien: si en princ1p10
la experiencia precede a la representación, todo hombre, antes de hacer experiencias, dispone ya en sí mismo de formas de representación previas: Las que
le proporciona su lengua. El lingüista Gustave Guillaume ha demostrado que
cada lengua constituye un verdadero sistema de conceptibilidad, que impone
a los hablantes representaciones del tiempo, del espacio y de toda suerte de re.
laciones. Y nos limitamos aquí a las formas de representación, haciendo abstracción del ciclo abierto todavía de las nociones lexicales. La lengua, previa
a toda experiencia ulterior, impone formas de las que es imposible salirse (a
menos de cambiar de lengua), y el mérito del gran lingüista consiste en haber
analizado el detalle de las distintas formas de representación, tales como se
encuentran prefiguradas en los sistemas lingüísticos. En lenguas emparentadas,
como por ejemplo en la familia indoeuropea, dichos sistemas se asemejan mucho; pero se encuentran en su conjunto enteramente opuestos a una lengua
como el chino. Pero sin salir del dominio indoeuropeo entre las len,ruas ro'
o
manees y germánicas, la representación del tiempo, igualmente perfecta y
acabada, es ya sensiblemente diferente, y un poeta, según su pertenencia a uno
u otro de estos grupos lingüísticos, tendrá una particular noción del tiempo,
condicionada por el sistema de su lengua.
Debe señalarse que un pintor o un músico, antes de ejercer su arte, dispone de una lengua, que, por consecuencia, ha de marcar con sello propio sus
formas de representación. La pintura y la música occidentales están estrechamente ligadas a la estructura fundamental de las lenguas indoeuropeas.
La visión estará pues integrada por las formas de representación que se
encuentran establecidas al nivel de la lengua (nos parece superfluo insistir
aquí sobre la importancia capital del conocimiento de los sistemas lingüísticos
para una ciencia de la literatura). Pero la estructura de la lengua tiene un carácter muy general y varía poco en el curso de los siglos. Así, el francés, el
alemán o el español, prácticamente no han transformado su sistema en un
milenio. A la estructura de las lenguas se sobreponen, en el curso de la historia, formas de representación más particulares que son propias de cada épo-

428
429

�ca. La edad media, el renacimiento, la edad barroca representan, igual que
la época actual, mentalidades diferentes, y todo individuo participa de alguna
manera en las formas de pensamiento que son propias de su época. Por las
formas de representación, es relativamente fácil fechar cualquier poema medio siglo más o menos (lo que se llama "estilo" procede directamente de ahí,
pero el término es demasiado vago y discutido, mientras las formas de representación se dejan analizar con gran precisión).
Si las formas de representación al nivel de la lengua son coercitivas, las
que son propias a la época dejan a todo individuo cierto margen de libertad.
Para él, las formas heredadas de la lengua constituyen un pasado, las de su
época un presente. Pero cuando una experiencia de orden nuevo será introducida en el conjunto de las representaciones dadas, éstas son susceptibles de
modificarse, por poco que sea. En la medida en que la experiencia individual
exige una modificación de las representaciones dadas, se abre a partir del individuo creador una génesis de futuro. De hecho, si las mentalidades cambian
en el transcurso del tiempo, es gracias a las innovaciones aportadas por el
conjunto de los individuos creadores.
Si, para dar un ejemplo, en la poesía española, basada totalmente sobre la
unidad de la lengua y manifestando siempre los caracteres propios de esta
lengua, hay toda una zona que se llama barroca, puede observarse cómo cada
poeta de esta época, por poco creador que sea, se esfuerza en sobrepasarla, sea
llevándola hasta sus propios límites, como lo hicieron Góngora y Quevedo (en
llegando a los límites, el cambio se hace necesario, pues, sin él, es el estancamiento y la muerte), sea tratando de abrir vías nuevas (que no serán forzosamente seguidas) como un Cervantes o un Lope de Vega.
Pero la experiencia individual no es sólo capaz de modificar las formas de
representación de una época ; puede encontrarse en oposición con las formas
de la lengua -que sin embargo le son impuestas. El poeta, para resolver este
conflicto, se ve obligado a violentar su propia lengua, lo que tiene por efecto
no modificar la evolución de la lengua, que sigue impasiblemente sus propias
leyes, sino hacer al poema hermético e inasequible. Este hecho es ilustrado
por Góngora, ya que si éste se halla implicado en el barroco más profundamente que ningún otro, no sólo lo lleva hacia el paroxismo, sino que al mismo
tiempo se le opone con su fuerza de gigante, ejerciendo una presión extrema
sobre el cuadro que la lengua española ha asignado al pensamiento común.
Un análisis de las formas de representación en Góngora revelaría su profundo
barroquismo, y también lo que en el poeta se resiste a las estructuras mentales que el español le impone.
Las formas de representación son perfectamente analizables, incluso las de
la lengua, como lo ha demostrado Gustave Gillaurne. Pero como esas formas

430

son generalmente inconscientes, todo ese campo de la representación requiere
medios de análisis especiales (habráse observado que a cada una de las etapas de nuestro esquema corresponde un método particular). El método destinado a analizar "estructuras", como generalmente se llama, constituye hoy
uno de los sectores más vivos de la ciencia literaria. Pero en la obra del poeta,
estructura de la lengua y estructura de la época aparecen integradas en las estructuras individuales. Para situarse lo más cerca posible de la singularidad,
conviene pues discriminar esos tres planos.

8. Expresión.
La representación es una visión mental, formal y por lo tanto analizable;
pero para llegar a ser sensible, necesita de un soporte material que va a conferirle una existencia propia, independiente de la interioridad del poeta. En
la medida en que el poeta forma sus palabras, su representación se desprende
de él para convertirse en obra, al fin objetiva y reconocible.
La materia que sirve de soporte a la representación del escritor y del poeta
es el lengua je. Pero la representación no se hace lenguaje por sí sola; informada, al menos en parte, por la forma mental del lenguaje, debe someterse,
pasando por la palabra física (el lenguaje, desde que se convierte en palabra,
es una materia física), a toda la materialidad que es propia de ésta. El poeta
tratará de concertar su representación con las posibilidades que Je ofrece su
lengua, y cuanto más sensible sea a la materialidad de las palabras, tanto más
dúctil ha de mostrarse en hacer que la representación se combine con la palabra adecuada, que la palabra profundice y dé cuerpo a la representación.
El lector de µna obra literaria no se tropieza jamás con una representación
en estado puro, sino con un organismo muy concreto que consiste en palabras.
La palabra condensa en ella todo lo que le precede, lo perceptible, la experiencia selectiva, la visión inspiradora, la representación informante, agregando al conjunto su propia materialidad. Por medio de la palabra se establece
el contacto entre la obra y el lector, y partiendo de la palabra podremos encontrar, una vez discriminados los planos, todo lo que viene a desembocar en
ella.
El estudio de la palabra poética es el objeto de la estilística: Esta analiza
sus resonancias sensoriales, prolonga las asociaciones psíquicas que evoca su
sentido y persigue el ritmo sutil de la sucesión de sonidos y sílabas, a menudo
imagen fiel del movimiento mismo del pensamiento del poeta. La estilística se
encuentra a gusto cuando se aplica a poetas que nos transmiten valores sensoriales y movimientos fluidos del alma. De la representación de esos valores

431

�sensoriales a la encamación en la materialidad de la palabra, la distancia no
es grande, ya que el lenguaje ofrece recursos infinitos para dar una imagen
sensible de todo lo que podemos sentir por nuestros sentidos y, por su estructura temporal, de todo lo que es movimiento. Pero ante poetas que expresan
lo insensible (por ejemplo pensamientos), la estilística encuentra dificultades,
sin hablar de todos los demás aspectos de la obra que no le ofrecen ningún
asidero (experiencia, formas de representación, etc.). Toda obra, hasta la más
accesible en apariencia, contiene siempre mucha más profundidad de la que
deja suponer.
Apegada a la palabra, la estilística encuentra otro límite: Permanece en el
interior de la forma global que presenta toda obra. Todavía cuando ésta es de
una extensión restringida (como las formas habituales de la poesía lírica), es
capaz de abarcarla, pero las formas extensas y complejas del teatro y de la
prosa narrativa se sitúan generalmente más allá de su horizonte.
La clasificación de las formas globales fue durante mucho tiempo el dominio de la antigua retórica. Una reacción justificada contra los excesos de esta
retórica ha conducido a despreciarlos. Las reglas poéticas, en efecto, no bastan para asegurar una vida durable a una obra, y si caen en descrédito, es
que a menudo no han suscitado sino esqueletos petrificados. Pero de la insuficiencia de las reglas, se ha concluido demasiado pronto en que eran inútiles.
Las reglas ofrecían recetas experimentadas para conferir una forma durable
a la visión personal del poeta: La selección de palabras no está solamente determinada por la necesidad de expresar una visión, sino también por la de
darle duración. Un poeta que descuida los imperativos de la_duración, es decir de la forma, expone su obra a desaparecer con el transcurso del tiempo.
El problema de la forma durable apenas se plantea frente a las obras que la
ciencia de la literatura generalmente maneja: Obras del pasado, han sufrido
victoriosamente la prueba del tiempo y suministran por lo mismo la garan!ía
de la solidez de su forma. Forma global y palabra no son sino una sola cosa
en este caso. Así, la ciencia ha podido descartar los problemas verdaderos de
la forma. Pero desde siempre, existen poetas muy inspirados que hacen las delicias de sus contemporáneos a los cuales, sin embargo, apenas sobrevive su
obra. Es necesario buscar la razón de ello no en el contenido material, sino en
las insuficiencias de la forma. Estos poetas representan el defecto opuesto de
aquellos que ahogan una inspiración débil en una aplicación demasiado pedante de reglas adoptadas. El estudio de las formas y de sus imperativos es
susceptible de suministrar un instrumento precioso a toda crítica de actualidad, a una crítica que se encuentra frente a poetas que no han sufrido todavía la prueba selectiva del tiempo.
Todos los problemas de la forma están por plantearse de nuevo, y no cier-

tamente en los cuadros antiguos y sobrepasados. Y partiendo de la forma poética encarnada, se tendrá un medio suplementario de remontar hacia el dominio abstracto e invisible de las formas de representación.'

9. La ciencia de la literatura.
En lo tratado anteriormente, nuestro fin ha sido mostrar cómo los aspectos generales pueden ser reencontrados en la singularidad de la obra literaria.• ·Estos aspectos son los del hombre nada más, tales como son objeto de diversas ciencias humanas: Psicología, sociología, historia, filosofía (en la medida en que analiza las formas de representación y el funcionamiento del espíritu ), así como de las ciencias de la lengua y de la palabra, como la lingüística,
la filología y la estilística. Lo propio de la obra literaria, en tanto que expresión del hombre, está en reunir todos estos aspectos de manera orgánica en su
singularidad misma.
Para ser completa, la ciencia de la literatura deberla, pues, tener en cuenta
ese conjunto y servirse de todas las ciencias humanas a la vez. Su objetivo es
sin embargo diferente del de las otras ciencias: Si éstas tienden a formular leyes generales, la ciencia literaria tiene por fin explicar la obra singular, es decir que contrariamente a las ciencias que se abren sobre lo que es de orden
general, ella apunta a lo singular. Y sólo en ese sentido preciso y para ese
fin debe servirse de las otras ciencias; jamás, por ejemplo, podría pretender
establecer leyes sociológicas a partir de ella misma. También debe guardarse
de llegar a ser esclava de las ciencias que utiliza, no tomará de ellas sino lo
que puede servirle para sus propios fines, y tratará de crear su propia terminología.
Las ciencias humanas tienen por objeto al hombre en general, pero ninguna
lo explica enteramente, mientras que la ciencia literaria apunta, a través de la
obra, a la totalidad del hombre, con lo que comparta a la vez de singular y
de general. Tratar de la obra literaria únicamente como si sólo fuera un hecho sociológico, es infligirle un inmenso perjuicio; pero analizar por qué y cómo constituye también un hecho sociológico, es un elemento más para el conocimiento de la obra. La ciencia literaria permite, pues, descubrir lo que en
la obra, y finalmente en el hombre, es de orden sociológico, psicológico, etc.,
' Así, por ejemplo, la crisis de la forma dramática que ha comenzado a manifestarse
hace un siglo, no hace sino traducir un cambio importante de las formas de representación.
• El presente estudio no da sino un primer resumen de algunas ideas que se encontrarán desarrolladas en un cuadro más amplio y más completo.

432
433

H.28

�y puede llegar por este camino a establecer las ·relaciones que reúnen no solamente esos aspectos diversos, sino también las ciencias particulares que los estudian. Todas, aunque a menudo se contradicen, tienen por objeto al hombre;
pero sólo la ciencia literaria es capaz de integrarlas confiriéndoles su natural
jerarquía.
Le es prácticamente imposible al investigador reunir todos los conocimientos que exige una ciencia literaria completa. Puede sin embargo desearse que
todos aquellos que se ocupan de literatura tomen conciencia del problema. Se
vería entonces instaurarse una estrecha colaboración entre los diversos secto-

res de esta ciencia. Psicocrítica, estructuralismo, estilística, etc., son destinados a completarse, y en la medida en la que cada uno tenga conciencia de los
medios y límites de su propio método, sabrá reconocer el valor y lo bien fundado de los sectores vecinos. Del lado de las ciencias naturales, funciona una
colaboración semejante desde hace tiempo. Al conocimiento del mundo exterior se agregaría entonces un conocimiento equivalente del ser humano, y el
abismo que separa todavía a las ciencias naturales de las ciencias humanas
terminaría por reducirse.

Pero la voz siempre única del poeta ¿no correría el riesgo de ser ahogada
bajo tanta ciencia? ¿ Quién, no obstante, se preocupa por ésta en las aulas de
nuestras universidades? O bien ¿ en cuál de las innumerables obras, de día en
día más eruditas, suena todavía ese famoso canto? Es precisamente por no
haberle reservado su verdadero lugar por lo que la ciencia, con todo lo que
ha emprendido hasta hoy, lo desconoce. Mientras que cada uno de los especialistas pretenda a la exclusividad de su método, no puede sino ignorar lo
que por fuerza ha de escapársele: El canto siempre singular del poeta. Sólo
una ciencia honrada y consciente tanto de sus medios como de sus límites, podrá garantizar el respeto para todo aquello que siempre la superará, permitiendo finalmente percibir ese canto en la pureza de su brote, después de haber
vuelto transparente todo lo que lo empañaba.

434

Sección Tercera

HISTORIA

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                    <text>Sección Quinta
NOTICIAS Y

RESEÑAS

BIBLIOGRAFICAS

�1

1

1

1

1

CONGRESO DE SOCIOLOGIA POLITICA

Et XI CONGRESO NACIONAL DE SocIOLOGÍA tuvo lugar en Cd. Victoria, Tamps., del
7 al 11 de noviembre de 1960. Asistieron 59 delegados, representantes todos ellos de
Instituciones de Enseñanza Superior y Universitarias y de organismos oficiales del país
y del extranjero, versando sobre Sociología Política.
Fue patrocinado por el Gobierno del Estado de Tamaulipas, la Universidad de este
Estado, la Asociación Mexicana de Sociología y el Instituto de Investigaciones Sociales
de la Universidad Nacional Autónoma de México.
Fue inaugurado el lunes 7 de noviembre a las 11 horas en la Sala de Conferencias
de la Universidad de Tamaulipas, personalmente por el señor Gobernador del Es·
tado, Dr. Norberto Treviño Zapata. Participaron en esta solemne ceremonia, los conjuntos corales de la Escuela de Música del Instituto Tamaulipeco de la Juventud y
del Instituto Tamaulipeco de la Mujer. Asistieron entre otros delegados de singular
significación, el Dr. Lucio Mendieta y Núñez, Director del Instituto de Investigaciones
Sociales de la Universidad Nacional Autónoma de México, incansable organizador de
estos congresos; el maestro internacional de Sociología y Filosofía del Derecho, Dr.
Luis Recasens Siches, cuya docencia prestigia a nuestro más alto centro nacional de
cultura; la señora Dra. Adriana C. de Mac Lean, distinguida maestra peruana, a nombre de la Secretaría de Educación Pública de su país; el Dr. Angel Modesto Paredes,
del Instituto Ecuatoriano de Derecho Internacional; el Dr. Jean Sirol, Agregado Cultural de la Embajada de Francia; el Lic. Alberto R. Vela, Ministro de la Suprema
Corte de Justicia de la Nación; el Dr. Ernest Peder, de la Universidad de Nebraska;
el señor Norman S. Hayns de la Universidad de Washington, entre otros muchos intelectuales distinguidos.
Tuve la suerte de ser electo miembro de la mesa directiva, tomándose en cuenta solamente, la gran importancia que tiene la Universidad de Nuevo León entre las instituciones de provincia de México. Figuró como Presidente Honorario el Gobernador de
Tamaulipas, como Presidente Efectivo, el Lic. Roberto Elizondo Villarreal, Rector
de la Universidad de Tamaulipas.
Fueron presentadas 70 interesantes ponencias sobre Sociología Política. El Dr.
Mendieta y Núñez, en la ceremonia inaugural del Congreso, afirmó rotundamente,
que de la política depende el destino de los pueblos, e inclusive, ante la amenaza actual
de una guerra atómica, la vida misma de la humanidad.
El maestro Recasens Siches, señaló visionariamente nuevas acepciones de la palabra
"Política", ampliando la tradicional conectada con la entraña misma del poder del
Estado, con el arte de gobernar, el arte y la actividad desarrollada para alcanzar y
conservar el poder.

643

�11

La eminente maestra peruana, Dra. Mac Lean expresó, que hay una influencia
precisa de la política y la educación, al converger ambas funciones de la actividad
humana en la finalidad principal de conquistar la felicidad. Un Estado, que erradica
la felicidad en sus gobernados, es un Estado fracasado. Dijo que más que nunca,
con la celebración de este Congreso confinnaba su convicción de que México mar-

ENCUENTRO ENTRE EL PENSAR OCCIDENTAL y ASIATICO •

cha a la vanguardia de Latino América.
El Dr. Luis Castaño, de la Asociación Mexicana de Sociología presentó una trascendental Ponencia titulada México y Sociología Política. Asentó que en nuestra nación y
en los países latinoamericanos, es fundamental para salir de la situación y atraso político en que se encuentran, el que sus juventudes adquieran un conocimiento amplio
y profundo de la ciencia política 1 pero1 asiroismo1 que a sus juventudes se les forme
humanamente, éticamente, para el servicio integral de la patria a fin de que pueda
haber una buena elecci6n de los hombres de Estado.
El Lic. Víctor Manzanilla de la Universidad de México, llevó a esta asamblea un
acertado trabajo que denominó: Democracia Integral, Posici6n Propia de Latino Ami•
rica, en que afirmó que la sociedad actual se encuentra en crisis, como resultado de
no haberse logrado hasta ahora la substitución de los valores, ante el desquiciamiento
de aquellos en los cuales descansaba la sociedad del pasado. Asentó, que al lado del
capitalismo y del comunismo, existe la democracia integral, que se caracteriza por
la justicia social, equilibrio de fuerzas y una adecuada distribución de la riqueza
y la propiedad, entre cuyos países que pugnan por este ideal, se encuentra México.
El Lic. Alberto Tena González, presentó una bien estudiada Ponencia sobre Partidos
Políticos, en que afirma, que a medida que se civiliza un pueblo, se aviva su con•
ciencia cívica; se fortalece el régimen de Partidos y el pueblo se acerca al ideal de•

EN HoNOLULÚ, ciudad situada en la isla de Oa
-a igual distancia entre Asia y Am' .
u,. en el centro del Océano Pacífico
.
enea- se reunieron e
l d
filósofos procedentes de Asia y lo EE UU S
, n e ano pasa o, unos 45
s
·
e trataba d
· ·
encontraban por tercera vez con el ob. t d . d a·
. e convcnc1omstas que se
ideas, para que los dos continentes se Jae o e e icar s_e1s semanas al intercambio de
cercaran aprendiendo
d
estructura espiritual y cultural· En su cal"d
d de f1l6sof
.
a compren er su mutua
1 a
1
honor de poder participar en ese congreso que ennque
.
.º6 europeo,
, 1e• autor tuvo el
en una forma sobresaliente D
ci Y estJmu o nuestro pensar
.
• e antemano se reveló qu l
. .
bien dispuestos -y eso con manif' ta .
"d
e os convenc1omstas estaban
1es smcen ad- a e
h
.
1 .
y a evaluarlas debidamente aunque 1
.
scuc ar cua esqwer opiniones
riera en mucho de su propio concep:o ~nsa~ a1en~, co~o sucede en la filosofía, difi.
A. MoORE, de Honolulú quien supo : f rad~1as a a aunada dirección del Sr. Charles
.
·
m un 1r a esa Con
·,
, .
hco, todos los miembros adoptaron 1
, .
d
venc1on un espmtu democrá•
a maX111la e escuchar a d
nf
•
respeto absoluto tratarlo con d'gn'd
ca a co erenc1sta con
1 1 a d Y buscar una
'
'6 be
de expresar un desprecio hiriente. (Lo último oc
comprens1 n
nevolente en vez
pero no debería suceder Pues la
"6
urre muy a menudo entre nosotros,
.
·
comprens1 n es una de l
• d
como d1ce Camus en su obra La p
)
as virtu es más elevadas,
es1e .
Cada semana estu\·o dedicada a diferente t6 ico
.
.
.
preguntamos cuánto habíamos sacad
l
p , Y al fmal de cada d1scus16n nos
vale mencionar los siguientes:
o en e aro. Entre los temas sucesivamente tratados,

mocrático.
La Dra. Ma. de los Angeles Mendieta de Alatorre, presentó un estudio de singular
relevancia con el nombre Influencia de la Política en el Arte Nacional, demostrando
la huella que se advierte en las obras de arte .indígenas reflejando la vida política de
nuestros antepasados aborígenes, así como en nuestros días la manifestación artística
en los murales de alto valor de nuestros grandes pintores mexicanos, reconocidos mun·
dialmente, se refleja auténticamente nuestra vida política.
Dos distinguidos egresados de la Universidad de Nuevo Le6n fueron los realizado•
res materiales de este Congreso: el señor Lic. Mario Garza Ramos, Procurador Ge-neral de Justicia de Tamaulipas y el Rector de la Universidad de esta entidad Lic.
Roberto Elizondo Villarreal. Gentiles atenciones prodigaron a los congresistas, el señor
Gobernador del Estado, Dr. Norberto Treviño Zapata y su digna esposa que ofrecie•
ron una espléndida comida en el Casino Victorense, así como una Cena y Noche
Tamaulipeca en la Uni6n Regional Ganadera y el Instituto Tamaulipeco de la Juven•
tud y el Instituto Tamaulipeco de la Mujer nos brindaron un magnífico festival de
música y danza en el gran Teatro Juárez.
En resumen, los delegados regresamos gratamente complacidos por los interesantes
trabajos presentados; por haber conocido a distinguidos profesores de Sociología de
México y del extranjero, y por último porque disfrutamos cordialmente de la generosa
y comprensiva hospitalidad del Gobierno y pueblo de Tamaulipas.
GEN.ARO

SALINAS QUIROGA

fRITZ ]OACHIH VON RtNTELEN

Universidad de Maioz (Alemania)

lo. El pensar filos6fico Y la vida práctica.
2o. Las relaciones entre las ciencias naturales y el
cultural, por el otro.
tecnicismo, por un lado, Y la vida
3o. Religión
pláticas. y conversación diaria analizando el contenido espiritual de nuestras
4o. Etica en su práctica social.
5o. Leyesi Sociología y Economía desde su punto de vista filos6fico.

No se'
na pos1'bl e presentar un relato completo de toda la Co
.•
cada uno d l
f
.
nvenc10n dedicando a
que limitarr:e os ~on erenbc1Stas el espacio y la atención debidas. Por lo tanto tengo
resumen para enfocar 1os puntos más esenciales' tal y
como y 1 h' a ar un reve
.
XIV 2ª) o ice en la Revista La lnvestigaci6n Filos6fica (Philosophische For:chun
1

•

~

El primer conferencista fue el Sr S dne H k d
la Escuela Realista es dec·
1 ·1· y y oo_ ' e Nueva York, el que representa
,
ir, e rea 1smo naturalista Según él
,
,
que nuestro modo de
. fl
·
, sena erroneo suponer
de la historia ya que p::sst:r no m uya en nada, ni en el curso de la vida ni en el
no depende ú,nicamente de f:e:::a~eeri:~::a~~a J:r::~:;ge:c::smepdoecoqupoedel
mundo
1
emos
ase-

• (Eas_t_-West Philosophies Confcrence). Convención celebrada en la Universidad
de Hawau en Junio-Julio de 1959.

645

644

�11

verar que las teorías filos6ficas produzcan efectos t~opode_r~sos. Hegel_ y d~ª;::u::
ejemplo niegan que la filosofía ejerza una influencia decisiva promov1en írico- no
d'
Tratándose de ideas trascendentales -fuera del campo emp .
mun 1a es • •
.
, .
en el curso de nuestra vida, porpodemos observar que la f1losoha influya gran cosa á ti
Pues en el fondo de la!
que no se relaciona directamente con los. pr~blema~ pr e ?os.
nos llevan a a.su,
taf' .cas no quedan sino apreoac1ones b1en variables que
teona~ me 1s_1
nf za más o menos generalizadas. Aparte de eso,
mir cierta acbtud, esperanza Y co ian
1 .
.
filosóficas de nuestros pensadores causaron, a veces,
cabe subrayar que as intenciones
.
d sarrollo ue ellos no podían
efectos completamente distintos, conduc1endod a u:ho: ejemplosq puesto que la filoprever. Podemos citar a Hobbes como uno . e_ mu
n el' reino de la ciencia
solía es una cosa, y la práctica, otra mu:' ~1stmta. Hasta, existen una serie de tales
tenemos este mismo fenómeno. Pueden e;sur, emp;:\:r:;1:s lo ~ue no es una tarea
relaciones, aun cuando limitadas, y :~ldna la pen~ p
. 'plo de cómo la filosofía
propia de la filosofía, sino del empmsmo .. Para ar un e1em 1 .
En la ética cris-. flu e en la vida y la historia, no neces1tamos buscar muy e1os. .
d
m y
.
1O lásico Pues el concepto de la democracia se ha esarrotiana tenemos tal eJemp c
·
. .
h llegado a su culminación.
1
Uado a base de la ética cristiana,_ con la q;e ;;.ta uc~:ti:n: figuran como magnitudes
Sin embargo, tanto la democracia como a ica .
s6lo el empirismo tiene la
autónomas ante la historia. Por eso
que_ r~petir_ que p el otro lado es inevita-

i (')

?ªY

'1

voz para !elonstatar : neg;: ::1C::o r:la~~oane::rí:n p~::11::~ a::rca de los ro'utuos nexos
ble que eguemos e es
.
.
entre la filosofía Y la vida práctica yHsoe1kal.
nto de vista no era precisamente
.
T a1 1ue e¡ reswn en del Sr· Sydney oo , Y .su pu•d
filosóficas tuvieran una unsitivo A mí mismo me parece como s1 1as 1 eas
..
.
muy ~
.h
na importancia fuera de cualquier cálculo y prevmón, mov1enportancia mue o mayor, u
. d p
upuesto la mayoría no se
do la rueda de la historia y dirigie_ndlo nuestra act;!~ ba1·:r :erta inÍluencia filosófica.
d
nque unos s1g os enteros es
da cuenta e eso au
d I
ctualidad digamos los contrastes de1
Valed co;_si~;-~; ~;~eg;:nt;;a c::t~;~~~ert:d : • ~a del col~ctivismo. 'Nadie podrá ne~t
muuen : 1:v1 fi;osofía la que determina ahí nuestra idc~logía. Durante la ~nv:;~:
q_
1
alabras de Hegel: "La filosofía es una imagen d~ su ~poca
ataron as p
.ó sería desde luego generalizar sm reservas para
del pensamiento" .. Una!' ex~gerac1 n lleva; a un result~do práctico ayudándonos para
exclamar: "Cada filoso ia tiene que d
d
lo " Para explicarlo bien: la
d . de otro mo o carece e va r •
acuña: nuev~s mo_ne as_,d .
'nfluencia iguala a una infiltración silenciosa, pero

~mm:

filo5?f1a
:~\aru~a~·~r:: die la gente no se da cuenta de ese proceso, sí ~ue~a
pcrsutente, au q
.
¡·¡ óí'
ni siquiera tienen conc1enaa
arrastrada por la onda del pensan11ento 1 os ico, y
de eso, lejos de discutir el pro y el contra.
ala
El S H bert Schneider de Claremont, an tes Nueva York, tomó entonces la P •

~:·Qu¿r:~:~~~o,"~á:::::i~.~et::~::::d:·n:e'.~;:t~~ili:~el~: o·~c;t::~í:::!I:r!::

1' 6
odemos decu: i Fue
nen e qu
.
tica?" Como él nos exp ic ' no p
.
f' nos ha guiado hay que mencionar
dado las ideas!'' Entre otros pueb~~s cuya filoso ~:estros precurso;es espirituales, y ya
sobre todo a los griegos, los que iguran cd~mo.. :d
nuestra Convención- es decir,
. , ó 1 d al' 0 -tan ucul.J o en
entre ellos se cnstahz e ~d i:m naturales y las creaciones espirituales que se han
el dualismo entre las neces1 a es
h' t . No carece de importancia, por ejem·
desarrollado durante el curso de nuestra. i,s ona. . ó
l del "Logos,, dirigiéndose
plo, que el concepto del "Eros Platónico' se uru con e

hacia la "Anthropina". Esto significa la introducción de la Razón, Libertad y Lógica, en contraste con el mero pensamiento que explica todo con el mecanismo de la
Naturaleza. Las consecuencias posteriores de esta filosofía las podemos apreciar en
el pensamiento cosmopolita de la 11 Stoa". Ahí observamos que el pensar gira alrededor de un centro cultural y universal hacia la aceptación de la Divinidad, y Dante
nos describe ese centro como un edificio soportado por dos columnas, es decir, el
poder espiritual y el poder temporal. En las siguientes épocas se desarrolló la creencia en la "Ley Natural" considerándola como la base de la legislación positiva
(Grotius y Leibnitz). Más lejos fue Kant, quien trató de armonizar el concepto de
la "Ley Natural" con el ideal de la "Paz Eterna". Analizando las filosofías de los
siglos XVIII y XIX, se destacan unas ideas "románticas" para clasificarlas de este
modo, es decir la idea del eterno progreso y de la correlación político-industrial
(Comte, Spencer y Marx). Sin embargo, hasta ahora no hemos podido recabar pruebas -como afirma el Sr. Schneider refiriéndose al Sr. Hans Freyer- en el sentido de
que aquella filosofía "romántica" haya cumplido con todas las esperanzas que los
idealistas habían acariciado. Pues lejos andamos de la paz mundial y ni siquiera
han disminuido los conflictos internacionales. Por lo tanto urge la tarea de cultivar
la herencia espiritual de los pueblos para que esta misma herencia coloque la base
con el objeto de moldear nuestro futuro técnico-industrial. Es una lástima, como expresa el autor, que nuestra época técnico-industrial, en la que la máquina domina nuestro pensamiento, haya llegado a una devastación cultural, pero no abandonamos la
esperanza de que algunos pueblos sepan afrontar tal situación, pueblos de una alta
misión cultural que logren un renacimiento de sus antiguas tradiciones y valores para
que éstos triunfen sobre el decaimiento actual.
¿ Qué opinaron a este respecto los filósofos del Oriente? ¿ Es el tecnicismo industrial -tal y como afirma el Sr. Nothrop, de Yale- de veras el camino por excelencia que nos lleva a la civilizaci6n y a la paz mundial? ¿ O no podemos eludir
la tarea de penetrar hasta el fondo para descubrir la esencia de nuestros moldes culturales? Este problema así como el anterior ( acerca de la influencia de las teorías filosóficas sobre la vida y la historia) fueron objeto de una discusión detallada en nuestra
Convención y sería interesante escuchar, en primera línea, la voz de Asia.
El Sr. Saksena, de India, nos contestó en forma de pregunta, es decir: "¿ Cómo
pueden ustedes esperar que la filosofía influya en la vida práctica ya que no persigue
tal meta, carece de persuasión y le falta la fe en sí misma?" La culpa de ese fracaso -así lo dice el Sr. Saksena- radica en la inclinación de ciertos filósofos de
tratar sutilezas y otra vez sutilezas, sutilezas carentes de importancia y con un exceso
de palabras, sutilezas que no tienen nada que ver con la vida. Poco importa, por
ejemplo, si nos entregamos a las discusiones teóricas acerca de cuáles valores aparecen como objetivos y cuáles como subjetivos, cuáles se basan en la experencia y
cuáles en la construcción mental, cuáles pertenecen a la clase de lo perceptible y cuáles
a los imperceptibles. De esta manera no puede adquirir la filosofía ni simpatía ni eco
en el mundo porque su propio campo queda sumamente estrecho. Otro filósofo de
la India exclam6 : "¡ Abandonad por fin vuestro 'Smoke' -es decir, la atm6sfera
mttropolitana-, pues no serán sino unas verdades teóricas las que encontréis y sólo
llegaréis a un juego de palabras!" Para regresar a los pensamientos del Sr. Saksena
de la India deseamos explicar que es el hombre el centro de su filosofía, es decir, el
hombre con toda su experiencia y su modo de pensar, su perfección ética y espiritual
Y el hombre con todo su ser humano, y vale destacar y subrayar estos conceptos,

647
646

�¡1

propios del autor y típicos para su actitud. Si ponemos al hombre en el centro de
nuestra filosofía -siguió disertando-, éste descubrirá por fin el sendero que lleva
hacia su propio ser caminando hacia el mundo y los seres humanos, hacia la esclavitud y la libertad, hacia Maya y Nishkama Karma. El orador recomendó a los
filósofos occidentales el método del Yogui, es decir, practicar la contemplación y la
concentración mental, pues sólo de este modo alcanzarían la filosofía verdadera. Y
entonces llegarían a una unión entre la filosofía y el credo religioso para llevar una
vida enriquecida por la totalidad de las experiencias y los alcances humanos, en vez
de operar con el concepto analítico de la "Ratio". Bien hay que admitir que tales
opiniones difieren en mucho de nuestro pensamiento occidental.
En unas Hneas parecidas se mueve la ideología del fil6sofo chino, Sr. Wing-TsitChan. Como nos explicó, no existe en su país una filosofía teórico-abstracta. Allá
identifican el pensar con el saber, y la meta final es siempre el hacer, es decir, la
obra práctica. Así han estado operando el confucianismo y también el taoísmo. Por
lo tanto, si buscamos la Verdad, no podemos perdemos en abstracciones, sino tenemos que mirar los hechos de la vida, es decir, las obras humanas1 tal y como lo exige el
pensamiento clásico -llamado "Shing''- de los filósofos chinos. La raíz de este pensamiento es la Naturaleza, vale decir1 cierta ley inherente a la Naturaleza produciendo
una correlación armoniosa entre el mundo y el hombre. Y cabe repetir la palabra
"armoniosa" en este respecto porque ahí se balla 1 muy a menudo, la clave para comprender la filosofía de Asia. En resumen, el mundo junto con todos los fenómenos
naturales y el hombre junto con todas sus acciones y obras forman una unión, una
unión de armonía, llamada "Shih'', una unión inseparable. El que objete que el
hombre viva a merced de la Naturaleza, ignora el hecho de que ella purifica y eleva
nuestro sentir, tal y como lo observamos en las obras del pintor que capta con su
pincel a los paisajes. Por esta razón hemos llegado a una tradición humanitaria concediendo a cada individuo libertad tocante a su actitud religiosa. Mas no debemos
mal interpretar esos conceptos, que no significan que el hombre quede como anulado,
en un vacío. Al contrario, la misma tradición lo tiende y dirige hacia la vida familiar y la totalidad de la vida colectiva, y también ahí vale la armonía como la suprema
virtud. De este modo se cristaliza una "ley Inalterable", pero esta misma Ley no
constituye una teoría abstracta, sino se ajusta a las necesidades de la Historia. Otro
de los conferencistas fue el filósofo chino Hu-Shih cuyas disertaciones tomaron un
sendero bien distinto. El Sr. Hu-Shih hizo referencia al gran Maestro del neo-confucianismo, es decir, Chu-Hsi (1130-1200), quien se distinguía por su criticismo Y la
11
exactitud de sus investigaciones filosóficas. Chu-Hsi dijo, por ejemplo: ¡ Trata de
penetrar en los motivos y ten la mente aguda!" "¡ No te precipites con tus opiniones!"
Tal método de pensar, llamado "K'ao-cheng'\ el que guió a los sabios chinos de los
siglos XVII y XVIII, ya abrió el camino para acercarse a una filosofía sistemática,
lógica y exacta creando la base para el advenimiento de otra época: la era de la
ciencia moderna.
El Sr. Miyamoto, filósofo japonés, dio a la Convención una perspectiva cultural des•
cribiendo en detalle el desarrollo que ha tenido su patria. Comenzando con la pene•
traci6n del budismo "Mahayana" en el Japón, nos explicó las fuerzas misticas Y
espirituales de ese movimiento, nos hizo comprender c6mo el budismo se amalgamó,
en gran parte, con la religión natural del shintoismo y nos hizo ver cómo todo eso se
tradujo en la adoraci6n religiosa hacia el emperador. Más tarde sobrevino una re•
forma espiritual del budismo, la que sucedi6 en el período ºKamakura" (1133-1212),

648

cuando el Jap6n v1via bajo la institución del "Shogun" es d · d I
b 11
f d I L
ulad d
,
eC1T, e os ca a eros
~u a es .. os ~~t
os e es~ re!o~a fu_ero_n los siguientes: sencillez de culto, práctJca, fe mcond1c1onal y una ilummac1ón md1vidual de la mente D
t
é
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116 1 "Z b d.
"
. uran e esa poca
se esarro
e
en- u 1smo -bien arraigado entre las capas intelectuales de aquel
pa.u- "( su por~voz moderno, el Sr. Suzuki, se dignó honrar la Convenci6n con su
presen_c1a. Paulat..inam~nte abrió el Japón sus puertas a los ideales de la democracia
Y la libertad Y los primeros comienzos ya los podemos observar desde 1868
·
las reform . trod .d
' gracias a
, as m
uc1 as por el emperador Meiji. Aunque no hay duda de que existen todaV1a muc~as !uenas antagónicas en la filosofía japonesa, las que tratan de ganar la _supremac1a, s1 po~emos afirmar que la actitud básica del japonés queda todavía
~et_ermmada ~or el bud1smo1 sobre todo, entre las capas campesinas. ºDurante los
últunos decentos se han abierto paso también las filosofías de Amén'
E
. d I S N' 'd
ca Y uropa, Y
(ue e1 ,ménto
e.
r. 1Sh1 a el haber popularizado los pensam,·en tos de Hegel en nues~ pa1s. Por fm, es el cr_istianismo el que no queda desapercibido entre los círculos
mte!ectuales de nuestra t1erra. Sin embargo, nuestra misión consiste en cultivar el
budismo Y es nuestro anhelo de alejarlo de una mera filosofía teón'ca para que alcanee e1 pod er de una ética religiosa".
I

A noso~ros nos toca ahora la tarea de analizar los contrastes. Conviene comenzar
con ~l pnmer t~ma, es decir, la influencia del pensamiento filosófico sobre la vida
práctica. Los sabios americanos tenían su punto de vista muy especial Lo q 1 ·
tab
1 · 11
·
·
·
ue e.s nnpor a er~ a m uenc1a directa, corno si consideraran la filosofía como una especie
de h~rranuenta la ~ue, según el caso, sea útil o inútil para la totalidad de la vida
prácll~a. Y ya dec1a antes que no descuidábamos el problema del dualismo entre el
mecanismo de la natur~Ieza ~ la ini~iativa del hombre creador, viendo ese mismo prob!~ en toda su tens16n disarm6mca y apreciándolo a base de los acontecimientos
hist6ncos. En lo que se refiere a los filósofos de Asia, por otra parte enfocaron el
tema desd~ un. ángulo bien distinto. El concepto de lo "práctico" consi~tía para ellos
~n. u~a um6n mseparable entre la ética aplicada y la filosofía 1 mejor dicho, en la religiosidad. Lo que ~llos postulaban era, en síntesis, una inspiración del alma para alcanzar el supremo ideal de encontrar la unión entre el mundo y el propio ser entre
la naturaleza física y la naturaleza humana, entre el cosmos y el ego y eso a base de
una ~onta.
'N'l/'I61
·
'
1 os 1 so os amencanos
ni los asiáticos pudieron encontrar
una cont~stª~16n fácil de ~6~o solucionar , el grave problema del tecnicismo moderno y las
~encias n~turales, m~1cando una smtesis armoniosa entre ellos y la misión ética de
huma~ida~. Repelidas veces habían enfatizado los conferencistas americanos que
toda la ciencia -y, por lo tanto también la filosofía- tiene que basarse en los mismos métodos de reconocimiento que se aplican en el campo de las ciencias naturales
Nuest~s auugos
·
de AS1a,
· empero, hicieron objeciones alegando que tal proceder no·
llevan~ a la "filosofía", lejos de merecer tal nombre, porque iba a cerrar el camino para delmear la problemática del pensamiento filosófico. De este modo entramos en un
callejón sin salida.
Fue el mérito del Sr. Werkmeister de Los Angeles el tratar de reconciliar estos contrastes tomando la palabra para discutir sobre "Las Ciencias Naturales y los Proble:n~ Cul~rales''i y este tema me parece digno de un relato más detallado. Según él,
leri.a ~~Sible acercar los pensamientos occidentales y orientales, si insistiéramos en
la aplicación de los mismos métodos establecidos en el campo de las ciencias naturales. ~stas últimas -bien lo admitimos-- han logrado unas maravillas y, pese a todo,
conviene, a veces, traspasar los límites que nos traza el método inherente a la ciencia

649

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exacta. (Es lo mismo que ya ha expresado el Sr. Rickert en Alemania). De no hacerlo, llegamos a una especie de "scientism''i es decir a un totalitarismo de la ciencia.
(Nosotros en Alemania1 diríamos que "la ciencia dirige y orienta el mundo"). Tal
1
totalitarismo de la ciencia nunca ha existido en el Occidente, como afirma el Sr. Werkmeister. Al contrario, muy a menudo hemos podido observar que nuestros pensamientos son afines a los del mundo asiático. Como ellos hemos formulado la pregunta: ¿ cuál
es la última meta de la existencia humana y el valor intrínseco del hombre en medio del
mundo con todos sus cambios? Ya los griegos trataron de encontrar una armonía entre
el Cosmos y los valores morales del hombre. La Edad Media propagó la "Alabanza de
Dios" desde el ángulo de la "imitatio Dei deficiens". No fue sino el Renacimiento el
que ensalzó las ciencias naturales, y eso con la idea de ganar el dominio sobre la naturaleza, según el ideal de Fausto, y desde entonces predomina la tendencia de no reconocer sino el método de la ciencia exacta. Tal ha sido el desarrollo occidental, como todos lo saben. Por otra parte, no podemos negar que ya existe una rebelión abierta. La
filosofía del existencialismo ha sacado del olvido lo que otros pensadores descuidaban,
es decir, la axiología de la existencia humana. Cierto es que la ciencia moderna -tanto
la técnica como la medicina y otros ramos- sirve y ayuda a la humanidad en múltiples aspectos. Sus métodos de investigación son y serán idénticos en todo el mundo,
lo que crea una unión entre los pueblos. Mas lo que la ciencia exacta nos ofrece es netamente el cuadro de una descripción, explicación y definición de ciertas leyes. De
acuerdo con los resultados inmediatos se establecen ciertos "fundamentos", y todos los
datos cualitativos quedan reducidos a unos valores cuantitativos siendo todo lo demás
de poca importancia. Fue Roger Bacon -fallecido en 1924- quien comenzó con ese método de reducción. La ciencia exacta opera, para decirlo en breve, con magnitudes tangibles y mesurables, como, por ejemplo, las matemáticas. Todo lo demás allende los
conceptos físicos queda excluído, y justo es que así sea, siempre y cuando se trata del
propio reino de aquellas ciencias. El Sr. Henry Margenau, de Vale, formula tal método
científico como una "construcción con la ayuda de nuestros conceptos". Sin embargo1
la pregunta importante es si ese método nos '"permite captar la última realidad y obviamente no lo logramos. En la actualidad predomina la tendencia de aplicar el método de
la reducción también hacia aquellas ciencias que se relacionan con el ser humano como,
por ejemplo, la psicología y sociología, lo que se justifica dizque con la metódica del
positivismo. De este modo se convierte el hombre en una especie de "máquina social",
para citar al Sr. Karl Mannheim y también al Sr. Lamettrie. Así llegamos al "scientism"
el que recurriendo al materialismo dialéctico, trata de demostrar que los conceptos de
lo bueno, bello y verídico son nada más ilusiones, e iguales ilusiones son para el "scien•
tism" muchos conceptos religiosos como, por ejemplo, el óctuple sendero de Buda, la
visión cristiana de la salvación y la unión mahometana con Dios. No es de asombrarse,
pues, que tal "ideal científico" una vez generalizado abra el camino hacia el nihilismo.
Para poner frenos a esta deshumanización vale recordar que existe la amplia escala
de los valores humanos, sobre todo la responsabilidad moral, lo que, desde luego, no
queremos interpretar en un sentido estrictamente instrumental. Tanto los valores humanos como la responsabilidad moral no pertenecen a las mismas categorías, como el procedimiento aplicado en las ciencias naturales. Si aplicáramos ahí los mismos procedí•
mientos, falsificaríamos la existencia humana.
En seguida trató el Sr. Werkmeister sobre la conciencia, la inteligencia, la estética,
las valorizaciones, la libre voluntad y la misión moral, conceptuando todo eso como una
"filosofía del hombre", la que le iba a ayudar para desenvolver su personalidad. Tam·

650

bién esta filosofía lleva a cierto dualismo, aunque no extremo smo
• en al
d
aspectos, . Y los representantes de Asia ' com o ya sabemos megan
. ' el dualis gunos I e sus
b
so1uto. Sm embargo' es difícil eliminar eI d ua1·ISmo por completo
'
Por lo mo en o .a tosd aspectos
será inevitable porque el ho mbre no pued e quedar ·en una menos,
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!a a, smo en un nexo personal con su existencia bioló ica
que seamos unos meros seres animales Al
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g . Esta ultuna no quiere decir
.
·
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·
nos unpele a obrar. Conscientemente nos
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prop10 centro que
interior y llegamos a nuestras propias a
~o~emos tareas, ~oseamos nuestro equilibrio
prec1ac10nes. y ese mismo centro 1
•
nosotros, f orma sus propios anhelos e i.d ea1es para cumplir
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e nues1ra vi a es decir una vida arm ·
l
Sr. Werkme1ster definió como "self-fulfillment" Al h' b l'b
omosa
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que
1
como reformador, ya sea en forma n t'
d·
. om re
re le es dable luchar
.
ega iva para estrmr o en forma ositiva
estableciendo
P
. nuevos conceptos acerca de 1os va 1ores h umanos La exist
., para
d 1 hcrear
abierto
una
nueva
dimensión
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ogremos modelar el curso natural de la vida El
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:.v:r.;:rde~t~:n:~ :::s~:':o;'!,;urjan tension~s. c::r ra~:•~:s

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e::!'.

de nuestra filosofía. Por el otro lado vJ:~o~ de la natulrahleza, Y a~í radica el peligro
l
. .,
,
u rayar que e ombre libre y sólo 'l ·
a aspirac1on para escalar todos los peldaños hasta al an
e . siente
y. cuando sepa dignificar su libertad Y encauzarla hac~a :::~~ss::;mo valor, siempre
bien de la comunidad humana y I h b l'b
.
as que resulten en
la H.
.
.
e om re I re -bien lo sabe él- moldea d' .
el s,":~;~~:;::on las perspectivas de una antropología filosófica desarrolla~a:;~;
mir:~i~n: ;~t::tuc:i~:1t;~ nues;ras discusiones r~cibieron un nuevo giro y se ofreció
ción Bi
' .
ra en ocar esos pensailllentos, dedicándoles su debida atenu • · • ,;n tipi~~ es _el ~echo de que ciertos círculos en los EE. UU. identifican 1
cien~1a con . las ciencias naturales" y tal definición es demasiado estrecha Basta
:e~:'~,:;: ª. ~1lth:[ _Y ~us "ciencias espirituales" para convencerse de que el c~ncept:
meister n:1a s~. eJa mterpret_ar en un sentido más amplio. Para apoyar al Sr. Werkdes u y eJ~mplific~r más su discurso, suplico a los lectores que observen las finalidatáni! e ~er:~en, c1~tas ramas. de la_ ciencia moderna mencionado, entre otras, la Botita . y a to og1a. .º que se mvestiga allá no son unas magnitudes meramente cuan. tivas, lo que s,~:edi6 en el pasado, sino más bien unos fenómenos cualitativos reta
c10na,.dos con los tipos representativos" Y la "transformación". Es la Escuela del "P sona umo" de la q ue proviene
.
e1 Sr. W erkmeister, y son los problemas de la axiolog'erpor
o
tanto
los
que
lo
oc
pa
•
I'mea, igual
.
ia,
imb 1, d
'1
.
u n en prrmera
que a muchos filósofos alemanes
u1 os
pensamientos
actual
el en . os
t mismos
. r
.
. D.e an temano hay que decir. que nuestra filosofía
tructu~a e eXJs encia ismo, no tiene la misma perspectiva ni puede tenerla porque su ess otra. En resumen vale subrayar que los pensamientos del Sr Werk · t
contraron n
••
·
me1s er enideas af u eco esp1ntua 1 entre nuestros amigos de Asia que se familiarizaban con
mes a las suyas aunque no entraron en el campo teórico

fü..

.

sigmente conferencista fue el Sr. Stella Kramritch, de los EE UU habla d
Pliamente sobr 1 1·d 1 , d
.
·
·,
n o amblemas
'b e .ª ~o ogia e la India Y de sus círculos culturales tocante a los pro•
. . arn a discutidos. El tema del Sr. Kramritch tocó los Vedas sobre todo 1
IDOVIm1ento
, nunca ha faltado una
' fuerte corre' e
laci6n entr del "Rig
.
-,Veda" . C.º~º nos expfico,
comp] t d ef la filosofia, la r~ligion Y las ciencias naturales, las que siempre se han
, e a o armando una entidad. Tanto la Física como la Metafísica andan en la .
.
misma 1mea' aun cuando sus me tas no sean 1as mismas.
Por lo tanto abundan los aspectos

651

�astrológicos, mágicos y simbólicos en el Arte, por ejemplo en la Arquitectura. Desde
hace 2 000 años es el Templo el que constituye el centro espiritual para hacernos com1
prender esa idea de la existencia humana y sus valores intrínsecos, mientras el culto, los
ritos y los mitos no despliegan sino una importancia secundaria. No obstante, entre la
multitud de los cultos y mitos conocidos entre los adeptos de la "Rig-Veda", disertó el
conferencista acerca de "Ribhus" diciendo, en síntesis, lo siguiente: El Fuego y el Agua
forman el receptáculo de "Soma", aquel elíxir que compuesto de "Agua Fogosa" conduce hacia la Vida y la Inmortalidad, y la "Virgen Surya" le concede a Ribhus su
protección, hasta que el Cielo y la Tierra, nuestros antiguos progenitores, despierten a
Ribhus dándole nueva vida. A base de tal mito podemos comprender, según el conferencista, las fuentes de la creación técnica y artística, que es la piedra angular de las cien-

1
'! 1

cias naturales.
El Sr. Bammate, de Afganistán, dio después un relato muy vívido sobre la cultura islámica y ahí se abrió un cuadro bien distinto ante nosotros. Según él, el Islam es la síntesis entre el mundo griego-helénico, la cultura persa y la sabiduría hindú. El decaimiento posterior se debió, entre otros momentos de carácter espiritual, a la dificultad
de reunir las tendencias griegas con las verdades proféticas, aparte del fracaso de reconciliar el pensamiento cualitativo con el cuantitativo. El idioma árabe no se prestó para
desarrollar una filosofía teórica y abstracta, iniciada por los griegos, sino más bien para
cultivar álgebra y análisis a base de observaciones concretas. Por esta razón se dirigió el
mundo islámico hacia las matemáticas y la astronomía, ciencias que lo hubieran capacitado para contribuir al progreso de la técnica, y en una escala considerable, ya que el
Islam no considera la ciencia (ilm) y 13. técnica (sina'a) como una filosofía antagónica.
Sin embargo, predominante ha sido siempre el pensamiento religioso entre los pueblos
del Islam y éste opera con el concepto de una Divinidad trascendental que se exterioriza, a cada paso, en la annonía de la naturaleza, lo que no se opone a la ideología cristiana. Dentro del Islam, los seres humanos tienen la misión de conquistar el mundo sin
que hubiera resultado un contraste tan agudo,. como en el mundo occidental el que nos
demuestra, por una parte, un mundo alejado de Dios y, por el otro lado, un tipo de hombre semejante a Prometeo. El Islam conceptúa la religión, la filosofía y las ciencias naturales como una entidad y las clasifica bajo la misma categoría de valores.
No fue inmediatamente después, sino un poco mis tarde, cuando el autor tomó la
palabra. Sin embargo, ahí mismo encajan sus pensamientos mejor que en ningún otro
lugar, y por esta raz6n conviene tratarlos con anticipaci6n. El autor discurrió acerca
del tema: "¿Cuáles valores constituyen el fundamento básico para que los pueblos se
encuentren?" Llegué a asentar y explicar las siguientes siete tesis: Si los pueblos desean
encontrarse, no lo lograrán a menos que los acompañe el sentimiento de un mutuo aprecio, y tal aprecio tiene que extenderse hacia otro mundo cultural, sus últimos motivos e
ideales, los cuales debemos comprender. No basta un mero intercambio acerca de aquellos problemas que se relacionan con el progreso técnico. Este no carece de méritos Y
bien podrá unir a los pueblos. Sin embargo, la técnica no ha servido únicamente para
acercar a los pueblos, sino también para desatar unas guerras espantosas. En
el campo de la técnica hay espías, como otros oradores habían subrayado, pero todavía
no se ha presentado el tipo del "espía cultural11 • Y es la cultura en la que se manifiesta la forma mis sublime del pensamiento y sentimiento entre los pueblos. En el mundo cultural vemos a las claras c6mo los pueblos conceptúan la vida, lo que anhelan Y lo
que persiguen. En breve, se trata ahí de unos valores básicos que afectan hasta nuestra
rutina diaria y se derivan, según Troeltsch, del concepto de una entidad cultural, ai

652

es que podemos comprenderla en su totalidad. La Historia nos enseña a contemplar
las relativas diferencias, pero ¿ no tenemos nada en común? Mucho tendríamos en común, si comparáramos aquellos valores que constituyen el carácter humano, y casi hemos olvidado recordarlos. Y tenemos que recordar y reconocerlos; de otro modo, un
contacto humano resultaría imposible. Para citar al Sr. García Máynez de México
_
demos efmnar que exi_ste
· un fundamento común que nos hace ver y sentir
'
~
lo que 'tiene
y ~rece de valor, y bien nos damos cuenta de esta misma verdad al intercambiar pensamientos con los representantes de la cultura asiática. Y ¿ cómo definiremos el concepto del " va1or"?. D'tr!a yo Jo sigwente:
· .
CCLo que llena nuestra vida y le da un sentido,
todo eso lo conceptuamos como valor". Los americanos prefieren otra definición hablando, en tal caso, de "Fuliillment oí Life". La realidad de la vida hasta la misma
existencia humana, da la prueba de tales valores. No siempre opinamos' lo mismo ya que
nuestros conceptos quedan limitados por la particularidad de nuestro idioma y el desarrollo de nuestra. histori~ nacional. Por lo tanto, nos cuesta a veces esfuerzo llegar al
fondo del pensarmento aJeno para comprender bien lo que dice y lo que quiere decir,
pero tal esfu_erzo vale la pena. Tocante a los valores existen en la vida ciertos grados
de comparae1ón, sobre todo, acerca de lo que merezca ser clasificado como bueno No
~bstante,. s!empre podemos reconocer ahí un factor común, es decir, cierto concept~ bá11~ modificado. en algu~o que otro sentido. Penetrando en la Historia llegamos a una
meJor comprensión apreciando el ángulo de variación y la dimensión de profundidad. No
deseamos discutir la justificación de las causas. Basta con los meros hechos para que
nos demos ~uenta d~l .f~n6~eno de por sí. Y es un hecho, que nadie negará, el que todas las naciones y CJv1lizac1ones han desarrollado ciertas valorizaciones -profundamente arraigadas en su suelo espiritual- y que estas mismas valorizaciones han determinado ~l destino de los pueblos. De ahí que la filosofía tenga que dedicarles atención y estudio. Pues en ese terreno descubrimos los impulsos más íntimos de la psiquis humana
aun~ue !leven clara~ente los matices histórico-culturales, lo que no les quita su exist~ncia ru merma su importancia. Una verdadera comunicación con el mundo no es posible ~ menos que preparemos el encuentro con las valorizaciones. Estas nos guían hacia
la últtma ratio de la existencia humana.
En este estado de las discusiones consintieron los miembros de nuestra Convención en
lo siguiente: el método inherente a las ciencias naturales no podrá agotar los problemas propios de la filosofía, si no existe otra escala más amplia relacionada con todos
aquellos conceptos, los que consideramos como el objeto y el valor de la vida humana
Y de esta fuente tan profunda fluyen todos los impulsos que han dirigido el destino d;
los pueblos y el cuno de las civilizaciones.

III
~s siguientes discusiones giraron, casi sm excepción alguna, acerca de los "valores
religiosos y espirituales 11 , aunque nadie se atrevi6 a clasificarlas en este sentido. La
~elantera la tomó el Sr. Kishimoto, de Tokio, dando un relato detenido sobre los credos
J~poneses .Y su importancia histórico-cultural. Tres son los credos prevalecientes, es deCJr: el shmtoísmo, una especie de misticismo ligado con la Naturaleza; el budismo de
~~yana, un credo típico en el Japón al que ya se hizo referencia; y por fin, el crisllanamo. El shintoísmo carecía al principio de un sistema ético para no cargar a sus

653

�creyentes con unos complejos mezclados entre temores y angustias. ~ás tar~e, c~ando _se introdujo la influencia del confucianismo en el siglo XVII, sí acepto el shmto~smo c1ert~s
postulados de la ética para adquirir una decisiva importancia social. En cambio, el budISmo japonés es introspectivo, aunque más activo que el hindú, pero carente de unos
ideales abstractos. Su meta es el equilibrio interior y ahí radica el valor supremo de la
vida. Pues el que alcanza tal equilibrio quedará preparado para soportar todas las vicisitudes con gallardía y afrontarlas con toda su energía activa. D.esde ha~e 100 añ~s
aproximadamente, el Japón comenzó a modernizarse, gracias a la mfluenc1a del Occidente, y se han modernizado también los aspectos religiosos. Sin embargo, ~l ca:á~ter
nacional y cultural de los credos japoneses no se ha perdido y en nuestro sentir religioso
estamos lejos de identificarnos con el Occidente.
Presente estaba entre nosotros el Sr. Radhakrishnan, vicepresidente de la India y,
a la vez, su portavoz espiritual. Profunda resultó la. impresión de ~us palabras,_ las que
trataré de sintetizar en lo siguiente: -Entre el Onente y el Occidente no existe una
diferencia fundamental, pues todos somos seres humanos y nuestras valorizaciones personales no varían. La Historia no es una especie de escena poderosa, sino más bien el
bastidor. y ¿quién coloca aquel bastidor? ¡ Es el íntimo cambio de las idea_s humanas!
Una nueva marcha la vemos en Asia, pero nuestra marcha no anda al ritmo de las
ciencias naturales, como en el Occidente, ni está determinada por el desarrollo de ellas.
Etica y Religión -y las dos en sus aspectos más variados- predominan en nuestra ideología, Tanto la Etica como la Religión tienen algo en común, es decir, la pregunta me•
tafísica: ¿Qué es la realidad? Citando unos aforismos de Brahma-Sutra y de los Upanishad tendremos la contestación acerca de la última realidad. Mas, de antemano, deseamos decir que nuestra "realidad" no es el proscenio de un mundo irreal Y vaní~oso,
y es el Occidente que confunde tal mundo irreal con la realidad. (Dura~;e l~ discusión vieron cierta afinidad en la filosofía de Anselm van Canterbury y su realismo de
las ideas espirituales"). ¡ Repitamos el dicho de los Upanishad: "Guíame de lo irreal
a Jo real, de la oscuridad a la luz, de la muerte,._ a la vida eterna!" Así llegamos al anhelo de traspasar nuestra existencia mortal buscando a Dios, igual como San. Agustín, como la esencia de nuestro ser, según las propias palabras del Sr. Radhaknshnan. Tam•
bién en la religión existe el concepto del "a priori 1' con tal que nuestra mente pueda
captar y defenderlo. Ese concepto nos conduce hacia Dios como el Promotor del Mundo, y todo emana de m. Nosotros lo expresamos con la palabras: "Janmady ª.sya ya~a~"·
Cualquier forma del materialismo nos parece, por lo tanto, equívoca. La realidad divina
está por encima de nuestro saber y pensar quedando allende de lo racional.
Hoy día afirma el existencialismo que el hombre pensador es más que una mera "res
cogitans" y bien distinto a los meros objetos de la naturaleza. Para nosotro~, en la
India es una repetición de lo que siempre hemos sabido y propagado. Los que tratan
de co~templar al hombre como un mero objeto, anulan su personalidad y lo dividen en
fragmentos los que no se parecen en nada. Luego si tal modo de división no es posible
con el ser humano, menos posible será aún con la última realidad divina, la que significa, según nuestra experiencia religiosa, una especie de "comunión", una comunión directa, salvadora y trascendental, la que definimos en nuestra patria con las palabras
"aparokshanubhuti lokottarajñana". Es más que un mero credo religioso, podríamos de•
cir que es una mira introspectiva de carácter espiritual, afín al concepto de la "gnosis",
el que surgió durante la última fase del helenismo, y familiar a la idea de los prime~
cristianos. Y esta filosofía es una reconciliación de la existencia humana. Pues así de1amos el mundo de nuestras propias ideas atrás y traspasamos el umbral para encontrar-

654

nos con el Señor del Cosmos ( Cosmic Lord), y ante Él debemos guardar silencio. Las
enseñanzas de nuestra Shankara abren un doble sendero: en una parte queda vacío y,
en la otra, repleto, hablando de los conceptos calificativos.
Los oradores que tomaron parte en la siguiente discusión, compararon aquella filosofía con la teología negativa y positiva de las tradiciones cristianas. Al fin de su discurso aseveró el Sr. Radhakrishnan que su concepto de la "Ultima Realidad,, no se oponía de modo alguno a la tarea de fomentar la investigación científica. Esta última, sin
embargo, tendrá que partir de aquellos tres postulados, los aque nos enseñan los Upanishad y las primeras tres sutras de Brahma, es decir: Entendimiento (Shravana), Revisión del Pensamiento (Manana) y Contemplación (Rididhyasasa).
Durante la discusión objetaron algunos que sería inadmisible clasificar la Religión y la
Metafísica como ramas de la filosofía porque excluían un razonamiento crítico; según
ellos, la filosofía era nada más Etica. El Sr. Radhakrishnan contestó 1 en resumen, lo siguiente: La Religión sublima y transforma la existencia humana; la Religión nos gui6
en el pasado, tanto en la historia como en la civilización, hacia los progresos más admirables, los que favorecerán y orientarán las generaciones futuras; una filosofía desligada de la Religión será una filosofía condenada a muerte. Esas palabras impresionaron a
todos los que escuchaban, y el Sr. Radhakrishnan concluyó: "The Philosopher is knowing something, but not knowing to himself".
Otra contribución a la filosofía de la India la hizo el Sr. Raju de ese mismo país. En
detalle nos explicó el espiritualismo del pensamiento hindú, el que otros clasifican como una especie de "realización del ego". Sin embargo, tal definición no le hace justicia. Según el orador, el espiritualismo hindú es aquel sendero que nos guía hacia "Atman",
y los etimólogos recordarán la palabra alemana 11 Atem" (respiro, vida, ego) así como la raíz griega "autó". Así llegamos a una penetración total de nuestro ser y todo
se llena de la puridad de "Atman". Las Enseñanzas de Katha-Upanishad nos revelan
cómo traspasar la Ratio individual y cósmica y reconocer la totalidad de las realidades.
No hay que confundirlo con la "conciencia de sí mismo'' i es mucho más y podríamos definirlo como la fuente del ego, de su estado despierto, de sus sueños y de su
descanso absoluto. Estudiando las Enseñanzas de Bridhadaranyaka-Upanishad veremo cómo se compara "Atmann con la "Luz Espiritual", y también la Metafísica del
Occidente ha desarrollado un concepto algo parecido conceptuando la "Luz". La persona misma, la que se entrega al sueño no es imaginaria. Durante el sueño lo domina
el principio de ºbuddhi" el que anima sus pensamientos y lo guía hacia la iluminación. Y aquel tigre de nuestros sueños se convierte en un ser real que nos ataca realmente. Ahí se manifiesta el "spirit" de acuerdo con los Upanishad, lo que los ingleses traducen con "mind" y los alemanes con "Geist". "Sin embargo, los traductores
occidentales se equivocan. En nuestra patria se aproximan los conceptos de mind y
Geist a lo que nosotros, los hindúes, designamos como antahakarana. Pero, ¡ no entendamos mal! La antahakarana no define lo absoluto, es decir, el concepto de
Brahman, sino se comunica con el mundo exterior. Nuestro concepto de Sankhya
reúne el razonamiento (buddhi), la referencia al propio ego (ahankara) y el órgano
de pensamientos (manas). El concepto de spirit, en cambio, anda más lejos dejando
todo detrás, hasta la psiquis, la conducta ética, el logos y la contemplación filosófica.
De todos modos podemos decir que la vida espiritual conduce hacia la Etica. Ahí
tenemos el bien mayor y el valor supremo, y repito el bien mayor porque una valorización negativa es imposible a menos que descuidemos la Etica, En mí concepto, la
axiología no es idéntica a la Etica; la axiología significa más y sobrepasa la Etica. In-

655

�".

'I

conforme estoy con el Sr. Nothrop, de Vale, el que trata de interpretar nuestro espiritualismo como una especie de intuición o estética. Tampoco me satisface la opinión
de Hegel el que incluye tanto la intuición como la e!&gt;tética en su concepto de Geist.
Nuestro concepto hindú es otro y bien distinto porque distinguimos entre lo interior
y lo exterior, casi como el Maestro Eckehard. La actividad interna como tal no ~
deja equiparar con la actividad del espiritualismo. Sólo la última nos conduce hacia
Atman y el respeto devoto ante Dios:1 constituyendo el supremo valor de la vida.
Ahí se levanta la pregunta:•¿Será el hombre capaz? ¿Podrá alcanzar el supremo valor
de la vida, tal y como es descrito? ¿Tendrá la fuerza para separarse de la materia
original o, como nosotros decimos, de la prákriti, en el sentido de nuestra Sankhya?
Dando una contestación afirmativa1 llegaremos al concepto del superhombre. Obvio
es que cada uno no lo sea ni pueda serlo. De todos modos, aquel ideal, por más
alto que sea, sí será nuestro ideal y lo será también para el mundo. Misticismo
contestará el Occidente en vista de nuestra filosofía, y eso sin razón alguna, pues la
historia occidental nos demuestra que unos pensamientos afines nacieron también allá.
Para repetirlo, nuestro espiritualismo es, en su esencia, la realidad más íntima e. intr~nseca. Lo que necesitamos en la vida diaria, es un equilibrio entre las fuerzas rntenores y exteriores, es decir, una humanización. Por eso nos urge una filosofía .equilibrada adaptable a la vida, y este postulado nuestro encontrará un eco también en
el m~ndo occidental. ¿ Cómo deberá proceder el hombre individual para acercarse
a nuestro pensar? ¡ Es el fundamento espiritual el que necesita conceptuar! y ese fundamento no lo creará a menos que se concentre en Aunan, Brahman o, si ustedes
quieren, en Dios".
Después del discurso anterior del señor Raju, filósofo de la India, se levantó el
señor Stace, catedrático de la Universidad de Princeton y bien conocido como tr~ductor de Hegel. Su conferencia tocó las formas místico-religiosas en la mente occidental tal y como las observamos en las tradiciones históricas. Tal tema ofreció el
compl;mento para documentar y enriquecer Jas palabras del señor Raju, y el señor
Stace sabía cómo atraer el máximo interés. De antemano nos explicó que las formas
místico-religiosas del Occidente tienen mucho en común con la filosofía del Orien~.
Tanto aquí como allá se habla del "vacío en el propio ego". En :esum~n, el propio
ego carece de ideas determinantes que lo llenen, lo que se nos antoJa casi como para•
dójico. También opera el misticismo con el concepto del "propio _ego en toda su
pureza", tal y como lo vemos en la filosofía de_ Platón, Pseudo-D1onys, Eckehard,
Johann von Kreuz y Martin Buber. Lo que nos interesó más que nada, fue el con•
cepto de Eckehard acerca de su "apex mentes", o sea, la presencia divina en el .alma.
De esta manera llegamos de un "vacío en el propio ego" al concepto contrario, es
decir, a la plenitud del propio ego por la presencia divina. Ta~to los místicos_ del
Oriente como los del Occidente descubrirán ahí unas ideas básicamente pareC1da1,
aunque cada uno se atenga a su propia religión. Eckehard, por ejemplo, piensa en
el misterio de la Trinidad mientras los creyentes de la Veda tendrán la mente puesta
en Brahman. Los budistas, en cambio, contemplarán todo bajo el aspecto de encontrar la negación del propio ego. Y no es tan fácil la tarea de reconciliar los contrastes religiosos porque en la India reina el monismo y en el Occidente, el dualism~.
Según la tradición hindú, existe una unión armoniosa entre el individuo y el Umverso lo que podemos definir como una "identidad monística". Comparando, por
el ot:o lado, los credos del Occidente -judaísmo, cristianismo y mahometanismovemos una teología bien distinta. Allá no se atreverá nadie a hablar de una "unidad

656

existencial u ontológica" con Dios, y el creyente tendrá que limitar sus esperanzas
de no lograr sino un "acercamiento" hacia el Maestro del Universo contemplando el
Poder Divino bajo el aspecto del 11imago Dei". De ahí resulta que es el dualismo
que domina nuestro pensamiento como un elemento básico.
Otra conferencia fue la del señor Regamy, de Lausanne, el que se distingue en el
campo de la teosofía, Y como el señor Stace, de Princeton, buscó los contactos entre
el espiritualismo europeo e hindú penetrando en toda la profundidad del problema.
Como nos enseñó el señor Regamy, Europa conocía y estimaba -hasta mediados del
siglo XIX- el concepto del espiritualismo, y eso en la forma de la 11 realidad netamente espiritual", fuera de cualquier interpretación física y psicológica. Sin embargo,
el desarrollo de nuestra historia nos llevó más tarde al ensayo de explicar el fenómeno
de ~ertas esferas sublimes y elevadas, que existen en la vida humana, y tratamos de
explicar lo elevado -también en la esfera espiritual- con algo menos elevado es
decir, algo inferior o bajo. Tal manera de pensar no armoniza con la filosofía' del
Oriente. Para citar unos ejemplos, vale mencionar el Naturalismo y el Positivismo.
Tanto el Occidente como el Oriente conocen el "sendero hacia el interior" es decir
el sendero hacia los valores espirituales para que ellos sean la fuente dire~ta y cer~
tera de la que emanen nuestro juicio individual y nuestra experiencia personal. ¿ Cómo
proced~mos ahí? ¡A base del razonamiento! Fueron los griegos antiguos los que
entromzaron la razón y todavía sigue la filosofía occidental ese mismo curso. Bien
vemos que la razón nos dirige y nos domina, que ella nos obliga a formular unos
conceptos claros y que ya no aceptamos lo que no resulte inteligible. Esta tendencia
racional ha entrado también en nuestra teología. ¿ Cuál ha sido la consecuencia?
Cualquier razonamiento queda determinado por los factores y aspectos de cierta época.
Luego, es inevitable que lleguemos a unos cambios continuos y, a veces, revolucionarios. Por otra parte, vale subrayar que el mundo cristiano no excluye las emociones
s~no .permite que ~llas entren en nuestro corazón guiándonos hacia el concepto de 1~
fmalidad, pero ah1 se trata de unas apreciaciones muy individuales. (Anotación del
Dr. von Rintelen: A mí me parece que podríamos interpretar el concepto de "Etos",
~ Y como lo encontramos en la filosofía de Platón 1 como una fuente de estímulo espintuali y así lo vemos en el Agustinismo). Otro concepto cristiano es el desenvolvi~
miento de la personalidad humana, alimentada por la presencia del Espíritu Santo
Y de ahí resulta nuestra capacidad creadora. Esta última1 y vale destacarlo, n~
termina en la teología ni se limita a unas obras meramente religiosas sino tiene la
misión de empujarnos hacia una ideología activa y dinámica de la vÍda con el fin
de "sujetar el mundo". Nuestra tradición espiritual ya no es la misma como antaño
Y puede adquirir unas variantes, pero nuestra actitud básica sí es la resultante de
las antiguas tradiciones y sus tendencias actuales son las siguientes: en primera línea,
buscamos unas verdades bien definidas permitiendo la libre discusión y hasta la oposición; pues de esta manera opinamos enfocar mejor los problemas, aunque falte
mucho para comprenderlos en su totalidad. Sin embargo, hacemos el sincero esfuerzo
para acercarnos más y más hacia la Verdad, y casi podríamos decir que es un esfuerzo progresivo, pero sempiterno, porque nunca alcanzaremos nuestro ideal. En segunda
línea, anhelamos la realización de nuestro ser, es decir, de nuestra propia individualidad sin pensar en el concepto de cierto ego superpersonal. Pues los hombres del
Occidente creemos en un Dios personal y nos domina el pensamiento personal. Luego,
aun interpretando la última importancia de nuestro ser en un sentido plurali.sta y traspasando los límites de la vida terrenal, siempre personificaremos nuestra Deidad. De

657

�eso resulta también nuestro dinamismo, el que nos estimula a entregarnos a la creación. En resumen, hemos llegado a una síntesis entre este y el otro mundo, viviendo
en éste, pero buscando el otro, para expresarlo en unos términos religiosos. Esto es
lo que nos une y, :\. la vez, nos separa del Oriente.
Una actitud reconciliatoria, bien podríamos decir, es la del mundo islámico, si
analizamos la próxima intervención, y fue el señor Sharif en Labore, excatedrático
del "Islamia College", quien nos introdujo en los valores espirituales del mahometanismo. Recordaremos que el orador anterior1 el señor Regamy de Lausanne, clasificaba el mahometanismo entre las religiones occidentales. En el mundo del Islam
-nos explicó el señor Labore- no distinguimos entre la vida religiosa 1 espiritual y
material, aunque el Korán considera la última realidad en el sentido espiritual. Lo
que no conocemos es que el hombre se retire, como asceta, de su ambiente y de su
época. A cualquier paso descubrimos ciertos valores en nuestro credo, pero Dios
es
11
para nosotros la causa y la meta teológica, luego, el supremo valor, la suprema perfectio" y el concepto del "summum bonum". (Ver Aristóteles. Al Ghazzali). La
divina define el valor intrínseco (Ver Stace). Dios es inmanente tanto en
11Luz"
la Naturaleza como en el ser humanoj Dios es el Poder trascendental, es Unidad y
Ser, en nuestro ideal al que dirigimos nuestra mente para que los valores divinos
entren también en la esfera humana. Uno de los valores esenciales es la Belleza, la
que debería contribuir a hacer nuestra existencia más armoniosa. Dios es para nosotros el Juez Supremo y el Amor Perfecto, y nuestro Profeta nos manda amar a
todos los prójimos sin distingos, igual como en la religión cristiana. La calidad humana radica en su entrega hacia los valores eternos para que la "Voluntad Universal"
se convierta para nosotros en el "Sendero de la Verdad", lo que llamamos "as-sirat
almustaquim", y en ese "Sendero" participará el hombre entero con todas sus ideas,
emociones y ambiciones recogiendo como premio tanto la paz interior como la beatitud y la dicha. Por otra parte, no podemos negar que el hombre constituye también
un ser biol6gico y que la satisfacción de sus necesidades materiales es la condición
básica para crear y desarrollar unas aspiraciones de escala superior. También existe
en nuestra religión el concepto de lo 11 Malo"; ahí está la negaci6n de los últimos
valores y su consecuencia es el "Caos11 como el "decisivo desvalor". Siempre será
nuestra máxima que nos entreguemos a la Voluntad Divina. En resumen enfatizó el
Sr. Sharif la "Unidad TotaP' y, no obstante, contiene su filosofía cierto dualismo,
es decir, entre el concepto divino y la tesis de una trascendencia espiritual sin límite,
lo que significa para él la "realidad esencial", según el criterio del autor.
Sacando el resumen de aquella parte de nuestra Convención, la que estaba dedi•
cada a la discusión sobre los valores religiosos y espirituales, vemos claramente las
diferencias en el sentir aunque muchas ideas tienen una base común. Siempre vale
recordar que nuestras escuelas filos6ficas, tanto las pasadas como lru actuales, son
positivistas tocante al espíritu como una condición básica y referente a los principios
religiosos. Sin embargo, la experiencia elemental de cada religión es la misma, según
me parece, y bien podríamos llegar a una afirmación de los valores espirituales siguien·
do aquel camino definido por otros oradores como el "Sendero hacia El Interior".
El contraste entre nuestro pensar y el de Asia comienza en el campo de la Etica.
Nosotros la miramos como un terreno independiente, mientras ellos la califican como
el primer paso para adentrarse en la Religión y el Espiritualismo, como veremos más
tarde al conocer las demás intervenciones. Tanto el Occidente como el Oriente han
llevado la Etica en ciertos aspectos a una "teología negativa", para expresarlo así.

Menos negativa es' ..desde 1uego, 1a actitud del Occidente, gracias
para razonar y cnticar. Monismo
D .
.
a nuestra tendencia
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Y ua 115mo constituyen dos
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.
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1o trascendental.
,
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.
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.
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a orna una fonna central h t
l
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d.
, as a en e problema
por el bien de las almas hum~nas.
s1 pu irnos crear una divinidad sacrificándonos

IV
Etica y vida social fue el próximo tema de n t
seamos informar a nuestros lecto
ues ra Convención1 Y de antemano de.
res que se concede a la Etica
l EE UU
1IDportancia preponderante lo que se f1 .
.
en os
.
. una
to, no es fácil definir la Etica y h tre ehJa, también en la vida pública. Por supues•
.
as a a ora no ha sido posibl
•
contestac16n. El señor Virgil Aldrich del Ce
e consegwr una clara
detalle hablando sobre el tema "Be o~d E h. :,°ºn College, trató de entrar en ese
tes preguntas: "¿Podremos conccp/ 1 Et .1cs . El orador nos formul6 las siguienuar a hca como una ma ·1 d
I
pasando dicha magnitud;, (!
.
gm u natura o sobretónica) ". E 1 Et.
. 1 a misma pregunta ya la encontramos en la filosofía pla. '· s ª ica a go puramente espiritual O b'
1· d
y ¿no_ podemos afirmar que el principio de lo "~uen~~.n iga a con_ la Naturaleza?,
ya exista en la Naturaleza'" ( a.
' en su sentido más ampho1
elevando lo "éticamente b~en ~' s1 me parece que Kant dio la mejor contestación
•
0
a una categoría independ · t ) H ,
renc1a al señor G. E Moor
.,
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una fuente "natural" L
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a scue a aturalista de
1a Supernaturalista en la f'lo
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1 so ia, 1o que los neo-naturalist
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dde la vida Los p 'ti. . ues ay que tomar en cuenta los intereses y las necesidade;
rar nuestras. al •os1 , vistas, como Carnap y Ayer, rech azan 1a pos1'b'l'd
11 ad de equipa.
v orizac1ones con las verdades.
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ll
.
.
a mvestigar el reino d 1 M 1 O
.' , po o ra parte, e os están bien dispuestos
aboga en
.
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que ;in d c:;nb10, por el ensayo_ de dirigirnos hacia la "estimación y orientación" gl~
h~ana" u~! :os dab;e el canuno para discurrir sobre la "psicología de la actitud
, •
es e uego, ya nos encontramos allende la Etica.
11
Y
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es,
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efecto
- Aldrich tocando ahora la filosofía del
existencialismo el q' como ,nos expli có e1 senor

nonnas valen 'para 1:e, E:!u,n ;u est;uct~ra p_aalr~cular, prohibe la pregunta: ¿ Qué
u •
•
•
ues e existenc1 1smo no cuenta con "norm"'•" •
1 "Eti d 1
. .
...,, , smo
Con s1tuac1ones"
a cualquier afi~a~ió:
ca 'eó as dutmtas circunstancias"' para decirlo así, llega
o negact n porque es la "Etica d
f
n
:;~ri::~~ie;: la dialéctica_ de Hegel. Tal filosofía es típic: : a ~:m;:;:a ~!:ien::
ch
,
que predomma en la República Federal de Alemania y d
ar este lugar para citar a Nietzsche el que decía que tanto lo Bueno
'
eseo laprovecomo
o Malo

659
658

�1 t

'

'
"Más allá" Tal pensamiento es el reflejo de una conciencia moral. Como ora•
teman su
•
.
, •
H6 l
dor de discusión hice referencia a los filósofos Jaspers y Heidegger. El ultimo acu~ e
concepto de que la "conciencia es la que nos llena", mientras el p~imero en_trete116 el
cariño y ta comunicación humana con un alto sentido éti~o. También mencioné a los
filósofos alemanes que habían publicado unas obras especiales tocante ~ los_ problemas
de la Etica, como los señores Wittman, Bruno Bauch y, sobre todo, N1cola1 Hartman,
el que es un pensador contemporáneo.
.
El señor Aldrich trató también el psicoanálisis de Freud _que, en su concepto, mira
l
roblemas de nuestra Etica con unos ojos clínicos ale1ándose 1 por lo tanto, del
::r:no filosófico y entrando en otro campo muy distinto al que se encue.n~ra a la
1
·11 e · 1 JDJ'smo vale según él para el misticismo del mundo rehg1oso que
otraori a. asi o
,
,
..
· aunque convenga hablar ahí con un criterio más elevado. De
observamos en Asia,
.
todos modos, aun admitiendo que el Oriente clasifi_ca la Etica en un pl~no superior,
sublime y trascendental como, por ejemplo, el Budismo de la Es:uela Hi~ayana ~ el
,
(
la obra de Mahadavan) -no podernos negar, segun el scnor Aldrich,
u
,
d 1 ·
·
T aoismo ver
que tales conceptos conducen casi ~acia el ~s~o punto como el vacio e existencia•
lisrno", en breve, hacia una especie de mhihsmo.
.
A continuación se dedicó el mismo orador al ensayo de analiz;r el ~omum~mo ~
relación con la Etica expresando la opinión de que se a~re ah1 una ideolog1a d.ia•
metralmente opuesta, la que, en resumen, le parece. negatt~a. Pues lo que el co_munismo anhela es la realización de su programa colectivo; ah1 está su meta y su obJeto,
y éstos andan muy por encima de las normas éticas, por lo cual se_ com~rende que
las últimas quedan vistas con desprecio. Luego, ya no se busca la Ettca ni la postula
, ltima norma sino valores de otra índole que se hallan en otro terreno. Rescomo 1a u
,
.,
t el
pecto a su propio punto de vista, el señor Aldrich aboga _por una umon en re
·ca Tal unión no debería tener el molde oriental donde se propaga
v1a o r
Ell
a.
.
, ..
1y
el ideal de desligarse de la existencia física entrando en el remo trascendental, smo lltll•
tar la actitud occidental con su dedicación ..por y para el mundo, au~ cuando las
experiencias de los últimos decenios puedan justificar que algunos. se s1~ntan empujados hacia la desesperación. Según el autor, se~ía interesante diferenciar entre el
•• loru la "Etica" y buscar los respectivos contrastes. En tal caso abandonamos de
a::eman~ aquella filosofía que considera los postulados éticos como valores de por •
,
m • se tratara de una especie de supremacía. Por otra parte, los que separan
si,coo 51
. .
·
1 d
"valor" y de la "Etica" , se refieren obviamente a cierta
case e
.
. .
1os concept os del
"valores" que tienen miras y metas prácticas respectivamente, una relación defmida
a cierto algo. Es el modo de pensar que encontramos con fr~cuenci~ en los EE. UU.
A mí me parece que el señor Virgil Aldrich tiene la misma idea, si es que lo hemos
comprendido bien.
.
Los representantes de Asia tomaron después la palabra explicando su propio. con•
cepto acerca de la Etica. El primer orador fue el señor M~adevan de ~a I~dia, e!
e no estaba de acuerdo con el señor Aldrich. "Para los filósofos de mi pa1s -asi
:~s dijo- es la Etica un concepto al que ustedes, los occidentales, llamarí~ .en
inglés 'Beyond Ethics'. ¿Por qué? Porque la -~tica es, ~ara nosotros la candi~~
básica que nos conduce hacia aquella introspeccion metafmca postulada por el Jaimsmo y Buclismo. Nuestra Katha.Upanishad nos en~eña: _'El que no ~e se~ara del ~alo
ni gana la calma de la concentración, no podra reah~ar su propio _Yº . La misma
enseñanza nos amonesta: 'Apártate del mundo por el bien de tu propio yo ~ Dharma
te ayudará a hacerlo'. El autor desea explicar que los filósofos de La India, basán·

dose en las Enseñanzas de la Mahabharata, tienen su propio concepto acerca del
ser human?. Según ell~s, la nat~raleza intrínseca del hombre es buena. Luego, la
bondad existe de por si y const.J.tuye un valor ético, aun cuando no sea el valor
supremo de la Etica. Aparte de eso, los filósofos de La India han introducido en su
Etica otro concepto, es decir, la realidad relativa. Pasando de allá, llegamos a las
esferas trascendentales que llevan al hombre hacia lo supremo y perfecto, hacia aquella
'perfectio' donde la introspección revela más que el propio yo abriendo los horizontes más sublimes e indecibles. Paso a paso tiene que caminar nuestro ego por ese
sendero y la última etapa es aquella 'Moksta', la 'Liberación del Espíritu', tal y como
enseña la Bhagavad-Gita clasificándola como el último valor interior. Aparentemente es ~a filosofía de la negación; en verdad no parece tan negativa porque permite
la acción, con tal que purifiquemos primero nuestro propio yo. Bajo esta perspectiva
podemos decir que La India camina 1Beyond rnorality to spiritual perfection' para
expresarlo con las palabras originales de nuestros amigos hindúes, y la única excepción la constituye la 'Carvakas' con cierta tendencia hacia el materialismo. A mí me
llama la aten~i~n aquella 'perfectio', es decir, la 'perfección' del pensar hindú, y tene•
mos que admitir que el concepto de la 'perfectio' ha entrado también en nuestra filosofía creando una tradición bien importante". Más tarde, cuando esta Convención
lleg6 a su final, visité otra organizada por el Institut Jnternational de Philosophie en
la ciudad de Mysore, La India, escuchando allá al Sr. Banerjee de Delhi. Este aseveró que "el sendero hacia la perfección era la corona entre la jerarquía de los
valores". Me tomé la libertad de preguntarle por el propio sentido de sus palabras.
Cómo me contestó, resultaría imposible explicarlo en detalle. (Ver también las obras
de Suzuki). Para la ideología occidental es difícil ligar la Etica con la Religión y
crear, a base de tal unión, unos valores de suprema categoría. Los Occidentales tene•
mos otra naturaleza y, como lo explicaba el señor Aldrich, nos domina, más que a los
hindúes, el estímulo de buscar la actividad dentro del terreno práctico de esta misma
vida, mientras la meta de ellos es muy distinta. Lo que anhelan es desligarse de este
mundo visible para alcanzar la elevación espiritual; ahí se encuentra el peldaño más
alto de su filosofía. En el Occidente distinguimos entre lo real y lo ideal; real es lo
q~e percibimos con nuestros sentidos y a esta realidad le concedemos preferencia,
IDlentras la esfera espiritual, es aquella en donde residen los ideales.
Con más precisión fijó el próximo orador, el señor Nikhilananda, de La India, el
pensar de su país. Nuestra realidad absoluta en Brahman -como nos dijo- y
el mundo visible y perceptible lo clasificamos como irreal, mejor dicho, como una
mera ilusión, lo que traducimos en nuestro idioma con 11maya". Bien admitimos
que el mundo visible contiene en sus múltiples aspectos cierta manifestación de
Brahman. También deseamos subrayar que es y será el mundo visible donde practicamos nuestra Etica, por más cambios e inestabilidad que existan en éste. Sin embargo, nos inspira el concepto de 11Dharma" y por eso creemos que el hombre debería
perseguir el ideal de llegar a un "crecimiento interior". Sólo así podrá alcanzar aquel
estado de ánimo en que los sufrimientos personales ya no lo afecten, y entonces será
capaz de servir a la vida social. Repetidas veces tenemos que morir y volver a nacer
hasta que encontremos aquel sendero que nos conduce hacia Brahman, el fundamento espiritual y la suprema realidad de nuestra filosofía.
Después disertó el señor Hsieh Ju-Wei, filósofo chino, sobre el confucionismo de su
país, advirtiendo de antemano el contraste entre Confucio y Buda. Mientras el hin•
duísmo, según su parecer, se aparta del mundo visible, el confucionismo le dedica

66!
660

�toda su atención contando con los factores temporales. Aunque nosotros somos mor•
tales, llegarán otras generaciones y otras más -así nos explicó- de modo que siem•
pre habrá seres humanos en este mundo. Por lo tanto creemos en la inmortalidad
de la posteridad y ante la última nos sentimos responsables, de acuerdo con nuestra
Etica, porque nos unen los lazos familiares tanto con nuestros parientes cercanos
como lejanos. Nuestra Etica no es idéntica a la cristiana porque el "Amor hacia el
prójimo" es, en su última trascendencia, un mandamiento religioso imbuido en el
credo y recompensado por Dios. Tocante a la Etica cristiana, el autor difiere del
señor Hsieh Ju-Wei creyendo que éste no ha atinado enteramente.
Más detalles nos ofreció el' señor D. T. Susuki, filósofo japonés adherido a la
escuela budista en Zen, cuya (ama ha traspasado las fronteras de su país. Para dar
un resumen de su conferencia, la que contenía unos pensamientos claros y precisos,
hay que observar de antemano que el señor Suzuki no separa la Etica como un campo
especial, sino la conceptúa con miras universales dirigidas hacia la Filosofía y la
Religión. Ahí no faltaban contactos con el existencialismo, aunque el orador expresó sus dudas de llegar a nuestra comprensión, pues no ocultaba su temor de que
nuestra mente europea y occidental criticara sus ideas como raras y ajenas. Lo que
nos reprochó fue tanto el dualismo como la lógica, fundamentos de nuestra filosofía.
Pues estamos acostumbrados a distinguir entre el sujeto y el objeto, entre el ser y el
no ser, entre el sí y el no, entre lo bueno y lo malo, entre lo justo y lo injusto, entre
verdad y error y entre el yo y el tú (Dios). La escuela budista de Zen es la forma
representativa entre los pensadores de Asia, como afirmó el conferenciante, y ya observamos sus primeros comienzos en China, durante el período de T'ang (610-905 A.D.L
derivando sus mejores ideas de las especulaciones hindúes y transfonnándose en algo
individual, personal, subjetivo, estético e intuitivo. El señor Suzuki nos suplicó que
interpretáramos bien esos adjetivos alejándonos de nuestra tendencia de buscar en
seguida los contrastes de cada palabra, porque de otro modo sería fácil que nos perdiéramos en errores. También nos rogó que no clasificáramos su filosofía bajo el
aspecto del monismo, sino más bien del advaitismo. Pues para él no llegamos al
monismo por el mero hecho de eliminar el dualismo. Hasta podemos encontrar una
unión entre los dos conceptos, como él afirmó, lo que, desde luego, parece una contradicción, casi una paradoja, en la mente occidental. La Escuela de Zen rechaza
tanto la limitación por medio de la lógica como la aplicación de roed.idas mecánicas.
Así llegamos a algo de carácter místico, digamos, a Dios, la última realidad, lo absoluto, la substancia, atman, brahman, tao, lo infinito, la enseñanza o el nihil. El
orador definió su creencia con las siguientes palabras: "Para mí es audible, palpable
y visible, pero no soy el objeto de tales percepciones; digamos, Zen es el presente
eterno, la pura oscuridad y la pura luz". El autor cree que todo eso recuerda a Plotino, aunque los Maestros de Zen hablan del 11ser intrínseco" respectivamente de la
"primera persona", y el señor Suzuki no tiene inconveniente en que se traduzcan sus
conceptos con la palabra latina "subjectum".
Luego cayó la palabra ºNirvana" en medio de su conferencia e igual como el
señor Banerjee de Delhi, al que el autor ya había mencionado, nos declaró el señor
Suzuki la absoluta imposibilidad de servirnos de una descripción. Lo único que
11
podía decir fue que Nirvana abundaba, en su propio concepto, de valores infinitos",
Según el budismo, Nirvana, es la síntesis de cuatro calidades, es decir, eternidad, beatitud, libertad y pureza. El autor cree que ni esas calidades tengan el valor de unaJ
definiciones, sino más bien de unas explicaciones transfigurativas. Luego, se levanta

la pregunta de cómo interpretar los
u
, ,,
uvaciedad". Según el señor Stac
1 c~ncóe~tos ~el vac10 respectivamente de la
e, e sm nimo mglés es "em ú
" ¡
shunyata; el chino kung · y el ¡· a é k C
P ness ; e sánscrito,
,
'
'
pon s, u.
orno nos explicó el ,. g ki
,
err6neo mterpretar tal concepto e0 n 1 1'd d
senor uzu , sena
• •
ª ea e que el "vac'1011
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Zen
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uaD •a • 1vm1
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us propias pa1abras• 11 y d
.
como Creador y Fuente de la Vida" Al
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e esta 1vm1dad sale Dios
,
,
autor 1e parece que u
,
.
surg1an ya en los primeros siglos d 1
. .
nos pensamientos afmes
,
e a era cnstJana El
· ti •
sabia aprovecharlos dándoles una tenden .
..
.
cns amsmo, en cambio,
.
c1a pos1tlva es decir· la 'nf 'd d
.
tahva, 1a que entre los griegos anti
,
'
·
1 1ru a
cuantId
1 . ¡· .
guos tema un concepto negativo, se ha transfor~~ o en a m imdad cualitativa, la que es un atribut
...
bien conviene comparar las d'f
. .
o de nuestra D1vm1dad. Tam1 erenc1ac1ones entre "Deitas"
"D " 1
tramos en las obras de Agustín y Eckehart.
Y eus , as que encon-

~=

El señor Suzuki pone Etica y Estética en yuxta sición a
.
reza" como inseparable de la ubell ,, "N
po
, Y que considera la "pu~omo continuó disertando- y el
Ó1 es ~;tros tenem~s. el concepto . del 'myó'
umvenalidad infinita de la Crea '6 yy
~ndad D1vma, la que vibra en la
ci n. a se conoc1a es
l
Tse Y tal vez antes. Nuestro 'myó' es una
º6
e, concepto en a época de Lao, ti
um n entre ser' y 'no ser' y 'l ¡
mis ca experimentada en identificar el 'nada' co
'
,
so o a mente
que es, desde luego, una mera noci,
n ~l .ª1.go' podrá palpar nuestra idea
tivista. Nuestro 'myó' comprende tO:n piersobnal e md1v1dual alejada del pensar objeas as o ras del arte las que d
d
pasan el mero límite de la técnica (así tamb'é
.'
' e ese mo• o, .sobre1 n K ramnsch)
. Cóm
1
.
· t
o se cnsta iza en
tod o eso nuestra Etica,. Podr'Ja mencionar
1as palabras 'bueno'
' 1'
ces no miramos sino los oh¡' etos d
t
.
Y ma o, pero entone nues ra acct6n y nos movemo
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rminos
contradictorios
Po
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1 é
esfera que no conoce la m~dida rd eso ¡creo que !ª Enea verdadera reside en aquella
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.
e va ores exteriores y sólo aprecia tant 1
.
mtenores
como la intención · En e1 1'd'1oma de mt. pa1s
, la llamamos 'muk o os
motivos
E
.
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tlca es, mejor dicho una clase d ' , I
.
uyu .
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es una forma d
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e on, o que ustedes traducirán como 'gratitud'. Mas
animados 1 e gratitud ~~e se entrega tranquilamente a los seres animados y des~
a a vez, una acClon que no clama
.
1
llamamos 'intoku1 En tal
'd .
por ap ausos, smo queda escondida, y la
el con
. .
senll o m~erpreta el budismo japonés de la Escuela Zen
cepto de la Et1ca enfocada hacia ]a colectividad".
'
Ahora nos toca la tarea d
li
l d• .
tanto entre los Orientales co~:n:n:r:r
01s~tas opm1ones que hemos escuchado,
los problemas de la Etica;, Q
, d .
codenta1es. ¿ Cómo resolvemos nosotros
.
.
uerna ec1C: desde el propio fondo de su problemáti
ru;iempre en relación a los deberes sociales del hombre. Nos damos cuenta des~:
nu!7; d;. qu;, nos (alta algo que sólo la Religión podría brindarnos, e ideal ;ería si
el 'd a I i 1o~ ia tuviera allá tanto su corona como su áncora. Puede que tal meta sea
i ea y e supremo esfuerzo de cada filósofo si e
od
terreno todavía de "filosof'a" D' .
l ' . s que. p emos hablar en este
Etica como
.
i .
tstmto es e sentir de Asia. Allá se considera la
libre d 1 b. u~~ especie de antesala en la que preside la mente espiritual religiosa
trasc e o Jehv1smo .. y esa mis~a mente tiene que aprender las relaciones metafísico~
su ú~~dentales. :ara situar _Ia Euca en esa dirección. Pues a ella pertenece Y allá tiene
Etica :o e;entJ o. Una vez que se hay~ aprendido esa lección, hay que convertir la
fundamento de nuestra actitud para que tenga una aplicación práctica.

1::

663
662

�11

Sin embargo, la estructura del ser humano es la misma, como nos dijo el señor Ames,
de Cincinnatti, y por eso podremos llegar a un buen número de valorizaciones comunes. Vale citar, por ejemplo, a nuestro colega chino, señor \-Ving Tsit-Chan, y al
japonés, Dr. Suzuki. Cuando los dos fijaron los postulados de la Etica, se refirieron
a las siguientes virtudes: responsabilidad ante sí mismo y fidelidad hacia sí mismo,
abnegación y convicci6n religiosa. Las mismas calidades aparecen también con otros
matices en la tradición europeo-cristiana, lo que yo me había permitido destacar con
motivo de mi conferencia sobre el ángulo de variación que poseen ciertas valorizaciones comunes. En la Convención posterior celebrada en Mysore hubo hasta la sugerencia de centrar toda la filosofía en el problema de los valores, lo que, según la opi-

ni6n del autor, nos llevaría demasiado lejos.
Con frecuencia tocaron los convencionistas, como ya lo hemos visto, el problema
del "ser intrinseco11 y del existencialismo, y sería de interés para nosotros poder hablar
aquí con más claridad. El más autoriiado para tratar tal tema fue nuestro colega
francés, el señor Paul Mus, ya que vive casi constantemente en Asia y ha conquistado fama como erudito en las ciencias culturales. En síntesis dijo lo siguiente: "En
el Occidente no conocemos sino la conciencia del propio ser, mientras el Oriente habla
de la 'intención hacia el propio ser'. Una definición exacta no es posible, pero preguntando a los hindúes, tibetanos, chinos y japoneses, sí nos ofrecen unos ejemplos o símbolos que ellos clasifican como 'mandala'. También nosotros recurrimos
a veces a los ejemplos y símbolos. Así lo hizo Richard Wilhelm en su obra El Secreto
de la Flor de Oro, y hasta C. G. Jung en su libro Descubrimientos del Psicoanálisis.
Para ilustrar mejor el pensamiento de Asia, conviene describirlo como un 'Círculo Mágico' cuyas raíces están en las 'Aitareya Braharnanas' y en las 'Upanishad'. Según las
enseñanzas de Bihadaranyaka Upanishad (1, 4, 17) no comprenderá los elementos
sino el que haga uso de su mente, habla, respiración, vista y oído (ver: Raju y Suzuki)
y alcance además el ser intrínseco en la forma de 'atman'. Y aquel 'ser' se transforma
en 'karma', la voz de nuestro destino, la que nps lanza a ciertas obras. Mas, el sendero
hacia el Eterno Brahman, causa de todo el desenvolvimiento, lo encontramos por
medio de 'dharma1 la que norma nuestra conducta estética, moral y ritual. Al autor
le parece que tales explicaciones aclaran básicamente el problema del 'ser intrínseco'
como una especie de 'vida cósmica' arraigada en el 1estado personal de la perfección'.
"Existencia" fue otro concepto filos6fico mencionado frecuentemente durante nuestra Convenci6n. Bien sabemos que se trata ahí de un problema actual que ha desencadenado una fuerte polémica en todos los campos. Fueron nuestros colegas americanos, sobre
todo, los más jóvenes, los que tenían interés en escuchar unos detalles sobre el existencialismo según la Escuela alemana y la Filosofía de Heidegger. Como representante
de los fil6sofos alemanes tomé la palabra para ofrecer a mis colegas un análisis objetivo en forma de una disertación adicional. Ellos mismos me habían suplicado hacerlo.
Heidegger -así les expliqué- se clasifica como Ont6logo Fundamental y trata de
analizar el problema del "ser intrínseco". Según él, es una pregunta central 1 casi
olvidada en nuestros tiempos, la que se puede formular así: ¿ Cómo adquirir nuestra
propia existencia? Y su contestación es la siguiente: "Tenemos que buscar la eleva•
ci6n espiritual para llegar de un estado carente de claros contornos a la precisión
peculiar e individual de nuestro ser". Heidegger opina que el camino descrito es
necesario para luchar con éxito contra la "enajenación de nuestra existencia" (Dasein•
senúremdung), resultante del intelectualismo moderno. Durante la discusión cobró
interés aquella frase de Heidegger en la que habla del "nada" defendiéndolo como

"el velo sobre
del ser"
.
Fueron
tod aparte
1 . de otros pensanuentos
suyos los que nosotros bien conocemos.
o, o_s Japoneses, los que simpatizaron con esa filosofía familiar a la
~~::·ela d:e;: : : - : comparó¡ la ideología de Heidegger con el budismo según la
•
t
o que e concepto del "nada" encontraba hí
. .
parecida. Para nosotros el unada" e 1 ", 1 .
.
a una explicación
a entender1 , . ' d"f
. s . a u ttma magrntud trascendental" -nos dio
Y a untca t erenc1a reside en el hecho de
~nas raíces que nuestro espíritu religioso nos ha dictado Lu~ue nuestro pensar _tiene

E1 ..

¡ap~nés, señor Inouje, quien escribió una disertación dedicadag:1 s:n~;~;:n~¡°~.~:~e~
en a que compara el existencialismo con el budismo según la Escuela de Zen.
ª

V
Problemas jurídicos pol'ti
.
1 cos y económicos
llenaron el programa de la 'lf
na en nuestra Convención. Por falta de es a00
.
.
u tma sernadetenido y me limitaré
P
no será posible dar un reportaje
1
renda del señor D.
i&gt;°:uaº ~::roª h:n~ notas breves. _Em~ecemos con la confemencionados en una forma di~na de s ~~d' ~l q;e contnbuyo a los tópicos arriba
la India no reconoce la L
u ~ t una.
e antemano comprenderemos que
tos filosóficos. Base de la e[ecyo;so 1:!g•osmio sMólo clomoéuna ~Jllanación de los concepA,
,
a ora Y sta rige también I
•J '
1
p;~ ~ensaba~ t~nto l~s Vedas antiguos como los hindúes modernos (Labor:
( ' º/onS1gu1;:te, a Moral es el fundamento incondicional de la armonía cósmic~

M:

y'°;~::~;~-

1

,::~~:~se

!ª :;!:t !::::

0

c;:~n 1 ~:b::á
E~ ~::~~n~~~=n::s t::a 1
::r e~ b'.en
y, ptorl !din, cada uno _de nosotros. Los Occidentales diríamos ahí1 que el señor ri::~c1hpae
· · u • y a estamos familiarizados con la palabra
po s ua o., una espeoe de ºLe Y poSltiva
"dh
soci~rmya fa~ilt:ee,tlrococnotrleogladhin~ú ~nfatiz6 que "dharma,, exige también la justicia
e . SI mismo . - dam ai en su 1'd'10ma ) . Después se refirió al "karma" 1
d
dicta la calidad ~e q1:: etermma ~as acc1on_es de la ~x.iste~cia eternamente humana y
fin af' ó el
d
consecuencias posteriores que mterf1eran en nuestra vida Por
irm
ora or que la meta más .
rta
'b
.
secular" sino 1 "d I d I
llllpo nte no l a a ser nuestra "existencia
1 ea
'
e
e
a
canzar
nuestro
pr
·
d
•
libertad
· "t al
opio ser, es eCJr, el sendero hacia la
esp1n u .

e-

. A resultados muy distintos llegó el señor Nothrop de la Universidad d
.
disertó también sobre la Filosofía del Derecho. S~gún él h
di e _Yal~J quien
la ley natural y el derech
,.
, ay que stmgwr entre
el q
h
. 'd
o empmco. La Ley Natural se basa en el "status biológico"
Der :
a exist.I o desde el principio1 y ciertas clasificaciones. Ahí se conceptúa eÍ
renc~a :¡~orno un Contrato Social en el sentido de un postulado universal. La prefeaboga i h t embargo, mere~e. el derec~o empírico, como nos explicó, Y el señor Nothrop
di
~s ª por un empmsmo radical con el objeto de poder determinar entre 1
na:e:::s m_t:rese_s
pugna. Tal empirismo, desde luego, requiere una filosofía non:;'.
e I exts en~ia 1~ta Y ~ntológ1ca. Tocante a los confüctos entre el derecho
sitivo
1 consue'.u_dmario -bien enfocados por el orador- llegó a la opinió d po
I
erecho positivo tendría posibilidades de triunfar.
n e que e

i°°

~

. ¿ ~ué sucede en todos los casos en que el Estado dicte leyes oontrarias a la c0 _
;::;: :;;,oral? Nuestros colegas que hicieron tal pregunta, no se imaginaban que :1
los EE. UU. consideraba tal cosa como inconcebible • Ad em ás, desearon

665
664

H.43

�saber si los filósofos americanos iban a justificar en ese caso, por lo menos, la existencia de cierto derecho natural como una especie de "defensa moral" contra el Estado.
La respuesta estuvo a cargo del Sr. Herbert Schneider, catedrático de la Universidad
de Claremont antes de la Universidad de Columbia, al que recordaremos con motivo
de su interve~ci6n anterior. Pues hablaba acerca de la ideología básica entre los norteamericanos. Ahora nos repitió que en los EE. UU ., se creía y se llegaría a cr~er
con toda firmeza en la justificación tanto moral como seglar de todas las leyes dictadas por los co~gresos de sw Estados. Somos un pueblo int~rnacional -como a~veró- y para evitar conflictos tenemos que buscar el mutu_o a1uste ~nsalzand? los 1de:les de la armonía y de la democracia. En nuestro país miramos pnmero el mterés publico y el interés particular quedará siempre supeditado al de la colectividad. Luego
versó nuestro debate acerca de la libertad, reconocida, sin discusión alguna, como uno
de los supremos valores. Contra la única oposición de nuestro colega chino, Sr. Win~
Tsit Chan, opinaron los convencionistas que el hombre occidental interpretaba ~a libertad como permiso de acción, mientras el oriental la clasifica como una especie de
salvación.
En resumen también en el terreno jurídico-filosófico predomina en el Oriente el
pensamiento ;eligioso-metafísico, sobre todo, referente al tipo de legislación que
deba
no deba emanar del Estado. El mundo occidental, en cambio, y, sobre todo,
O
el americano no reconoce sino unas miras netamente seglares. Y es comprensible que
así sea porq~e el desarrollo histórico de los EE. UU., desconoce el ~~~jo de la metafísica en la motivación del derecho positivo. El autor cree en la posibilidad de encontrar también ahí una solución reconciliatoria entre el Oriente y el Occidente. Conformidad absoluta hubo entre los convencionistas tocante a la aplicación de las leyes en
la práctica jurídica.
Antes de clausurar nuestra Convención nos preguntamos co■scientemente cuánto
hemos sacado en claro. "No hemos encontrado el puente de unión" -nos dijo el Sr.
Paul Mus, "pero, por lo menos, unas canoas, Y nosotros mismos las hemos construído
para hacer unas travesías recíprocas". El autor está inclinado a mirar el_ valor de la
Convención de una manera más positiva en vista de que cada uno ha temdo la ventaja de escuchar varias opiniones, aunque distintas, pero relativamente afines cuyo tejido contiene fibras en común. El Sr. E. A. Burt, catedrático de la Universi~ad de
Cornell, subrayó, por otra parte, nuestros contrastes diciendo que el mundo oc~1dental
era racional cientüico basta crítico y escéptico. En un análisis final de la Et1ca aseveró el Sr. Hook: "Lo~ imperativos de la Etica no entran en el terreno de la Filosofía"•
Otros oradores criticaron abiertamente los conceptos orientales tildando el pensar de
Asia como irracional y místico, rechazando el confucionismo como una mera Etica
religiosa y reprochando al Sr. Suzuki una filosofía afectiva. Comentarios como éstos ~
y tal vez formulados con exceso de precisión- corresponden a la mentalidad del positivismo anglosajón. Sin embargo, no todos los americanos opinan por igual, mucho ~e•
nos aún el mundo europeo y el alemán, lo que tuvimos que esclarecer durante la discusión. Bien nos explicó el Sr. Mahadevan, de la Indiai que '10 podemos habl~r ~e
1
un "contraste entre el Oriente y el Occidente", sino del "choque entre las conv c~~nes naturalistas e idealistas". El Occidente interpreta el mundo a base de .un empmsmo netamente intelectual -nos dijo- mientras el Oriente da la voz a ciertos pode.
de la Mente con tal que ellos nos conduzcan a una elevaci6n Y pene•
res superiores

traci6n para comprender mejor el mundo. (Ver la obra "scientism" del SR. WE.RKY existen tanto orientales como occidentales que se declaran adeptos de
aquella última tendencia. Después tomó la palabra el Sr. U-Thittila, sacerdote budis•
ta de ~Ita categoría con _sede en Rangún, el que vio la diferencia entre el Oriente y
el Occidente más. en . calidades que en meras opiniones, afirmando que nosotros busc~bam~s una explicación de los fenómenos mundiales a base de la ciencia e inteligen•
c1a, mientras ellos anhelaban una filosofía de la Etica para que los seres humanos aprendan a ser buenos. Otros representantes de Asia repitieron que nosotros no podíamos
abandonar ni el dualismo ni el individualismo, típicos los dos para el Occidente y,
sobre todo, para Europa. Por eso nos reprocharon que hemos favorecido el culto de
la personalidad enajenando nuestra mente, en detrimento nuestro del mundo sensorio. La ventaja del pensar-oriental, en cambio 1 la vieron nuestro/ amigos de Asia en
el concepto de mirar todo el cosmos como Unidad de la que cada individuo forma
una parte armoniosa. En la opini6n del autor no existe un contraste tan agudo entre
Asia y el resto del mundo.
MElSTER).

¡ Analicemos luego los rasgos comunes, y ya los conocemos en parte! Deseable sería
en primera línea, que defin~éramos ciertos conceptos como, por ejemplo, Etica, Espíri:
tu, Orden, Persona, Perfectlo y otros más por el estilo. Nosotros mismos deberíamos
imponernos esa tarea en lo particular. ¿En qué detalles hubo conformidad? • Tocante
a la misión de la filosofía! Según la opinión general deberá ejercer una Wlu:ncia decidida sobre el individuo y la colectividad, y, en efecto, lo ha hecho, como demuestra
la Historia, al determinar la vida práctica y guiar a cierta ideología. Importante es ahí
cómo se define la "vida práctica" o sea "practica} affairs" para expresarlo en inglés
Y qué es esencial para ella respectivamente, esencial en mayor grado. Podríamos limi~
tamos a pensar en las vías estrictas del naturalismo, es decir, positivismo o la metódica científica. En tal caso no existe ningún puente de uni6n entre el Occidente y el
Oriente, y cualquier otro modo de acercamiento sería más fructífero que el sendero de
la filosofía. Así lo expresa el Sr. Kurtz que describe en la revista 11Journal of Philosophy"
-edición del día 7 de enero de 1960- el curso de nuestra Convención. Si me preguntan
a mí, diré sin ambages que la filosofía no tiene que enseñarnos cómo escoger los nuevos modelos de avión que se necesiten para la 11 vida práctica". Lo que la filosofía sí
quiere enseñarnos es formar cierta mentalidad necesaria para modelar la vida colectiva,
enderezar nuestros esfuerzos, esclarecer nuestras metas y desarrollar nuestro propio ser
con el fin de elevar la existencia humana. Durante nuestra Convención debatíamos
mucho acerca de los "valores espirituales". Todos esos tópicos revelaron unas miras
profundas Y tocaron en lo más vivo el problema de la existencia humana. Más de una
vez vimos que nuestras valorizaciones concordaban. Y concuerdan también nuestras
perspectivas religiosas, por lo menos, en lo básico. Por último, no me parece desdeñable en vista del papel poderoso que despliega precisamente la Religión, hasta en la
actualidad, en el mundo asiático. Nosotros, los fil6sofos del Occidente, hemos separado
Religión y Filosofía porque la primera se encuentra dizque "en un campo completamente distinto". Por otra parte, sentimos el orgullo de poder presentar una tradición
filosófica, la que, a través de la Historia, ha merecido los atributos de la grandeza y de
la dinámica hasta nuestros días. Sin embargo, injusto me parece tildar el pensar de
Asia como "anticuado y medieval",· tal y como lo expresa el Sr. Kurtz en su artículo
arriba mencionado, mientras alaba nuestra ideología como "moderna". ¿Qué es lo

667
666

�11

11

que el Sr. Kurtz entiende por el calificativo de moderno ? -si me queda
permitida
11
esta pregunta-, y ¿ c6mo interpretar sus palabras cuando lamenta que ni un solo
pensador moderno haya estado presente entre los Convencionistas de Asia"? El único
que apoya la última observaci6n, es cierto fil6sofo japonés, adepto del pragmatismo
naturalista. La mayoría de nuestros amigos orientales citaban las ideas de Tagore y
Gandhi, y ya este hecho parece indicar que ellos representan de veras el espíritu "mer
demo" de Asia. Desde luego, si clasificamos s6lo el naturalismo, positivismo y pragmatismo como "filosofía moderna", cerramos cualquier puente de acercamiento. Pues
lo que nosotros consideramos "moderno" -y en el Occidente sí lo es a base de nuestras miras hist6ricas- no es ni será el modernismo de Asia a menos que se haga un
trasplante forzoso de nuestras ideas a otro continente, y eso con un efecto negativo,
como lo ha experimentado el Sr. Dewey en China. En mi concepto tiene la filosofía
"moderna" -yo diría: "contemporánea"- una multitud de facetas y matices. Entre los fil6sofos más "modernos" figuran, por ejemplo, Scheler, Le Senne, Lavelle
( axi6logo), Heidegger y Jaspers. Por otra parte, a los "modernos" pertenecen también
Abbagnano, quien se distingue como existencialista por sus ideas bien alejadas de la
esfera racional, así como Dilthey, Rothacker y Spranger, los que han creado la "filosofía del espíritu vivo", para no citar a otros personajes que también merecerían ser
mencionados. Entre las ideas comunes entre el Oriente y el Occidente figuran, sin duda, las tocantes a la Etica y sus postulados incondicionales. Bien podemos descubrir
cierta afinidad entre la enseñanza estoica, la que se basa en una ley natural entretejida con la Etica, y la de Rig-Veda donde hablan de un orden natural en el Cosmos. Lo
que nos separa -y muchos oradores lo han visto claramente-- es la actitud básica
del hombre occidental que se caracteriza por la dinámica propia de su personalidad,
mientras Asia cultiva el alto ideal de alcanzar el equilibrio mental y la paz del alma,
y creo que nosotros deberíamos aprender con ellos. En resumen, diría que llegamos a
las mismas valorizaciones éticas, aunque caminamos por unos senderos distintos y
alegamos otras razones. Lo que todos hemos anhelado durante nuestra Convención,
ha sido el espíritu de la mutua comprensión sin caer en el error de amalgamar todas
las ideas tan distintas y variadas con el fin de llegar a una armonía (el Sr. Scbneider
usó aquí el verbo inglés "to hannonize"). Uno de nuestros colegas sí traz6 el proyec•
to de ºarmonizar" el budismo según la Escuela de Zen con la tradición de LockeJefferson, pero le contest6 el Sr. Krusé, catedrá.tico de la Universidad de Welayan,
con unas palabras comprensivas y expresadas con motivo de despedir a los miembros
de la C.Onvención. Lo que dijo el Sr. Krusé fue lo siguiente: "Si proseguimos la armonía, me daría curiosidad de conocer los resultados. Y ¿cuáles serían en la realidad?
¡ Todos perderíamos nuestra nota peculiar y personal! Y todo llegaría, bajo el aspecto de la "armonía", a un cuadro descolorido, lo que me recuerda aquel ensayo pro1
yectado durante la época del esclarecimiento, cuando se empeñaban en crear una ' religi6n de la raz6n". Yo diría que nadie abandone ni su personalidad ni su peculiaridad. Pues no es el abandono de las propias convicciones el que se requiere para esta•
blecer un contacto con otros pueblos y facilitar su comprensión, sino otra actitud muy
distinta que se manifiesta en abrir nuestra mente para que entren nuevas ideas, del
uno y del otro lado, captando nuestra atenci6n y enriqueciéndonos con su semilla espiritual". También el autor dedic6 a la Convención unas palabras finales diciendo,
en resumen, lo siguiente: "Cuando los pueblos buscan un encuentro, desean un inter·
cambio de ideas. Tal intercambio es fructífero de por sí, con tal que cada uno res-

668

pete las chonvicciones de su prójimo, los matices
ral que aya contribuído a formar su esp' ·1 dd&lt;: ~u personalidad y el fondo cultual
.
m u 1stmto" Af t
d
canzar un intercambio espiritual en el se t'd
d
.
.
or una amente pudimos
· ·
n I o escrito y val d
venc1omstas se sentían como un solo u o d
.
'
e estacar que los con.
de ensanchar su saber Por lo ta t gr p
e amigos verdaderos, unidos por el afá.n
h b'
.
n o, nuestra Convención t
é .
no u Jera experimentado un estímulo fec d
,
uvo xtto y no hubo quien
agradecemos a la Universidad de H
.. unl o Y_ bien profundo. y ese éxito se lo
Moore, esperando que tales Con
~wau y a ª.tmada dirección del Sr. Charles T
.
venc1ones se repitan con f
.
.
nuestro eJemplo encuentre 1'm1'ta •
recuenc1a Y deseando que
d
c10nes para que 1
bl
erse Y respetarse mutuamente
d
.os pue os aprendan a comprenWALTER JACOBOWITZ}.
' a pesar
e sus filosofías distintas. (Traducción de
fRITZ JoACHIM VON fuNTELEN

Universidad de Ma;""
. )
"..... (MagunCJa

COMENTARIO A JOSE GAOS •

s·igu1endo
. su propio. consejo de filosofar "o .
tor Gaos publica en una de
l.
cas1onalmente, pertinentemente" el doca·iversas ocasiones, cuya últimasusf u timas
obras una serie d
d'
'
1
1
e estu ios presentados en
Bod
S
ueaqueepropoc'6ld
et, ecretario de Educación P'bli
1
.
r ion e octor Jaime Torres
señanza en. M~co, mismo que f:e e:~it: ~:~~e.ludn artículo sobre la Segunda Eny en ¡uruo del 60 e
,
n e 1959.
la F
' n e1 numero 47 de las b
acuitad de Filosofía y Letras d 1 UN
reves y compendiosas ediciones de
una colección de siete artículo
e a
~M, aparece este trabajo encabezando
s·I exceptuamos de ellos s que
son y se titula u b E " 1 .
n so re nsenanza Y Educación"
Universidad", subtítulo del e:ritoe ~~~it:º~.~ronal de ,11ª Cultura, la Ciencia y
ve ensayo sobre "la mujer en la H' t . ,,
ma_ Mater fechado en 1948; un bre•
"no es d
.
is ona i también antes inédit
1
,
e contenido relacionado con la Peda , 11
Y e cual aunque
11 guarda relaci6n con dos precedent
d. go~1a (como supone el título del libro}
•
es 1sertac1ones sobre 1 d
.6
escntas
para
la
Universidad
Femenm·
a
d
.
· d
e M'extco·
y po ª'] e• ucae1 n de la mujer,
nunc,a a el 16 de junio de 1948
l M .
., '
r u timo, la alocución pro•
los sí habíanse publicado ya separedn e
CXJco C1ty College, los otros cuatro artícu
.
a amente en varia
•t
as lo interesante e importante de este
I
s rev1s as.
de Ma Jocuc1ones
•
vo
umen
es
que
no
o discursos de oca . ,
.
.
nos entrega una serie
o. . 1
Slon, smo un conjunto d
t' .
ngma es estudios filosóficos sobre 1 d
'6
e au enticos y radicalmente
.
a e ucaCJ n a parti d
mexicana que ha vivido plenamente desd 1 , d
r e y para la circunstancia
~ólo a manera de ejemplo para esta elo: cat: ra este maestro Y filósofo español.
art1culos, que son los más recientes y a~emásqu~::o toma~ uno de los dos primeros
recen trascender más amplíamente el límite de'
. pemuso .del autor! los que paesto porque hayan de ser los demás traba ·os su c11;unstanc1a u ocasión. No digo
puesta al alcance Y altura de c·
! algo as1 como una barata de filosofía
1rcunstanc1as nada filosóficas como Jo son actos de
i

b

°

* "Sobre Enstñanza 'Y Educaci6n" V l
UNAM, México, D. F., junio de 196Ó. o umen No. 47 Facultad de Filosofía Y Letraa
669

�graduación de nmas bien o alumnos "bilingües" que escuchan un ocasional discurso como oyen las piezas de música o presencian cualquier acto de la fiesta escolar
junto a papás e invitados que conviven un momento de pomposa e insustancial solemnidad.
No sucede así pues claro que Gaos no sólo rompe enérgica y radicalmente, con
1
vigor y profundidad de ideas, el superficial ámbito social de fiestas escolares o cosas
por el estilo, sino que crea y desarrolla en cada estudio categorías y conceptos que
no sólo nacen de su circunstancia, sino que nacen y viven de las raíces más hondas
de la filosofía.
Esta radicalidad del filosofar es lo que le permite a &lt;;}aos (no sé si contra cualquier historicismo) trascender su propia circunstancia. La circunstancia es del hombre, no de la idea. El historicismo es la filosofía que identifica el hombre y sus
ideas. 'Mas, si con ello al hombre lo hizo autor responsable de sus abstracciones y
a éstas les dio arraigo vital y sentido en la historia, en cambio, al negarlas como
abstracciones, o al menos al no concederles todo su valor de tales, les quitó a las
ideas algunos de sus esenciales atributos: universalidad, objetividad, intemporalidad,
etc.
Pero no debe aprovecharse la ocasión ajena para beneficio del propio hablar, a
costa de quitarle la palabra a quien la tiene.
Oigamos, pues, en primer lugar, algo del estudio intitulado "Cuatro puntos cardinales universitarios", presentado por el doctor Gaos en circunstancias o a circunstantes que se hallaban verdaderamente a la altura del óptimo saber universitario.
Tal coyuntura nos la refiere el mismo autor del modo siguiente:
"El señor Rector de la Universidad Central de Venezuela, dice el doctor Gaos,
invitó a algunos profesores extranjeros visitantes de la Universidad a reunirse con
algunos miembros del Consejo Académico, para cambiar ideas acerca de sus experiencias universitarias y de la organización o reorganización de las Universidades de
sus respectivos países". En relación con tal &lt;&gt;bjeto propuso a consideración del Consejo e hizo destacar dos puntos "absolutamente cardinales, a juicio del autor": El
primero, la productividad o creatividad cultural de las universidades. El segundo,
las relaciones entre la Universidad y la política.
Respecto al primer punto, o problema que acusa un déficit notable en "las universidades de países de lengua española", el mejor medio de incrementar su productividad cultural consiste en invertir el orden tradicional en la fundamentación de la
enseñanza: poner en la base no los planes de estudio, sino los métodos, y adaptar
a éstos cualquier plan de estudio, de tal modo que pudiera decirse, tomándolo tranquilamente y 11 cum grano salis", que lo mismo diera "enseñar unas cosas que otras,
con tal que las que se enseñasen, se enseñasen bien, en vez de mal".
Este pudiera ser el momento de una magnífica revolución pedagógica en la Edu·
catión Pública, pero no lo es por dos razones: la., porque se trata más bien de
una mera expresión "exagerada hasta lo drástico, para dar el mayor relieve posible
a la idea que interesa destacar"; idea completamente moderada de reforma peda·
gógica; y 2a., porque la meta final de tales métodos no es esa educación pública
de simples alumnos y profesores, sino la educación "poco menos que exclusiva" de
discípulos que no sólo sean informados, sino formados por un "real y verdadero
maestro, que apenas puede serlo más que en singular".
Respecto al segundo punto cardinal, las relaciones universitarias con la política,
el doctor Gaos dilucida -como dice él de Ortega-, con ejemplar lucidez, la reali·
dad política en que vivimos y que envuelve "la crisis de la vida toda de la Humanidad

670

desde la Primera Guerra Mundial" E
.
dos aspectos distintos por "lo d
sta realidad queda claramente iluminad
s os conceptos
·
d
a en
Y no sólo de Occidente
I
cap1ta 1es e la vida política de Occ·d ente,
.m em
b
· · • os conceptos de l'be I'
1
argo creo yo que I li
i
ra urna y democracia"
s
l 'd
,. '
ª
ap car estas ideas al
d'
.
·
a v1 a poht1ca con la vida cultural univer . .
_me 10 estudiantil, al relacionar
nam_ente, sobre todo porque, por virtud u::ana, pudiera n~ estarse de acuerdo plecrac1a, se ve la necesidad d
. .
q
de algo semeJante a la idea de d
t "d d
d
e siquiera reconocer o p
.
emoum a es e ucativas a toda la u
,,
.
roporc1onar igualdad de 0
M
l
masa estudiantil
poras e concepto de democracia es "es , . .
tro Gaos, Y su extensión a las instit . pec1~1camente político", advierte el maesEstado democrático es una extralim'tuc~~nesd mismas no específicamente políticas del
de no t ra tarse espccíficament d 1 acion e absurdas consecuenc1as
· ,, . Bueno
t
l' .
e eI concepto demo
. d
' puemen e po itlca, sino quizá de un modo de
. _crac1a, e connotación estrictanos lleva aún más allá de la simple "ig Id ~o:c1encia social de nuestro tiempo que
. ~n efectoJ esto lo reconoce el pro io ua a
e oportunidades" en la educación.
ttc1a social, más exactamente que dt de autor ~uando nos dice: "El espíritu de jusépoca contemporánea de la hist . h mocraaa, que es característica valiosa de I
bl'
ona umana ya
d' 1
a
o ~ga a reconocer, el derecho de las
mun ia ,_ no permite negar, sino que
posible".
masas a la ensenanza y educación más ~Ita
Se conviene , entonces, en que una inst't '6
no ser entidades políticas no deben . i uc1 n cultural o una tarea educativa por
( como "democracia") sino' d b
Juzgarse con conceptos estrictamente pol,'1·
u•
• .
,
e en entenderse
'd
1 1cos
~ustICJa social")' sean capaces por su al h con I eas que ( como "liberalismo" o
c16n a la ordenación de toda ~onv·
_v hor umano, de "extenderse sin extralimita
M d
é
1venc1a umana"
as, espu s de mencionar " I
, •
·
liosa de 1 é
e espmtu de justicia social"
"
, . ª poca contemporánea",
desalienta
.
como característica vaespmtu se va a satisfacer "la aspiración de la: ;:1en p~etendiera creer que con tal
p~es contra ello está nada menos que la le
sas m1smas a su ascenso cultural"
ruvel de cultura en proporción al eso
y ~e 1~ gravedad que hace descender eÍ
estudiantil, y más aún la .
p
de med1ocndades e inferioridades de la
. ,.
,
misma naturaleza que u
masa
6
~en1,~s y cuya avaricia en estas dotes h
u no es pr diga con el hombre en
s1ón .
umanas pesa como lastre contra tal aseen-

Bien
. • .quizá s1· entend"iéramos como natu l
la histona, comprenderíamos más I
ra eza humana la vida del hombre en
'd
•
e aramente có
•
,
v1 a ruegue oportunidades de cultivo y la
mio viene a ser lo mismo que la
a
masa
sea
.
natura
eza
dotes
I
.
l
ignorante por tonta Y viceversa s·
. . que cu ttvar, o sea, que
n~turaleza sea tan avara, tan trágicament . m ese entena, quizá no se acepte que la
c1ones de ascenso cultural"
1
e avaraJ que les diera a las masas u
•
má
Y es negara facultades
.
aspiras, no se necesita ser genio
para realizarlas plenamente Ad
M
. l
para ser culto cultís.
.
el "as, s1 a Universidad pretendiera educa ' 1m imo, o aun para crear cultura.
a masa" estudiantil ¿ cómo pod , I
r rea ente o enseñar a la totalidad de
Cent
agrario
. ra l d e v enezucla' (en donde na
plantea
el ' ponga mos por caso una Universidad
tu d iantes este año" ( 1959) o un
.
. autor este problema)i con "10,000
tudiantes'' ( e1 mumo
·
- '
a Universidad Nacional de Mé xico
· con "40,000 esesano).
Sin considerar el problema d 1
t~diantes de la misma disciplina _e os rnae~tros, veamos sólo, por ejemplo "mil esran en conspiración permanente,, i~f~~7º:~:en~os estudiantes mediocres se, movilizatodas las exigencias de suficiencia a ¡· g d ' implacable, para lograr la reba1·a de
con los menos esiuerzos posibles, casi
' casi
m a eco acabar
d' Ilos estu d'ios y hacerse del título
'
mo e ugar' seg'un di cen los mexicanos"

671

�( decimos esto siempre en sentido contrario de como lo entendi6 aquí el maestro español: esforzándonos o luchando violentamente por conseguir algo, a cualquier costa).
Renunciando, pues, a atacar el problema social de la educación, el doctor Gaos
nos presenta un programa académico que no obtendría más que un mero "apaciguamiento" en la pugna "hist6ricamente dramática, que tiene por liza específica la Universidad del día de hoy" y que no es sino el conflicto entre la aspiraci6n de las masas
a su ascenso cultural y su impotencia natural, para lograrlo.
El programa me parece un poco fuera de lugar y de tiempo. En efecto, la tripartita "separaci6n de 1) la cultura general superior, 2) la formación profesional
y 'reformación' de los postgraduados, y 3) la formación de las minorías productivas
o creativas culturalmente'\ se me imagina un poco alguna ut6pica República de la
Cultura con tres tipos de ciudadanos: los de cultura general, los profesionales y los
sabios. A los primeros se les educaría en "una Facultad de Cultura como la ideada
por Ortega y Gasset en 'Misión de la Universidad'; a los segundos, en 'Las Escuelas
para Postgraduados'; a los últimos, hay que formarlos aparte ºen los laboratorios
y seminarios, abiertos a su vocación y aptitudes, y cerrados a la acci6n descendente
de las masas".
Fuera de su tiempo parece también hallarse este plan, porque, sin atender suficientemente a la realidad de nuestros días en sus problemas e ideas sociales, acude
al concepto de liberalismo, vigente aún, pero más bien ºprevaleciente en el pasado
siglo", como afirma él mismo.
Entonces, si intentáramos situar la educación pública en las circunstancias de nuestro tiempo, deberíamos ver quizá cómo su actual finalidad primaria parece la de
tender hacia el fondo de la masa para ayudarle a adquirir conciencia personal y
medios propios de cultivo, y no dedicarse a minorías o individualidades que ya han
elegido por sí, con plena responsabilidad, los medios y términos de su perfeccionamiento cultural.
El concepto de educación pública en las circunstancias de nuestro tiempo comprende no solamente la tarea del Estado, sino la de toda institución docente, privada o no, que, con conciencia social, considere como bien público el bien de su
educación.
Entendida así la educación pública, detrás de su finalidad social, que aún pudiéramos considerar como extrínseca, debemos buscar su fin propio e intrínseco, de
orden especüicamente cultural. Y una vez determinado tal fin pueden ya determinarse los métodos, pues éstos no son, en efecto, mas que caminos hacia un fin previo. Y si el fin externo de la educación, que es el bien de la sociedad, nos mueve
a acercarnos por todos los caminos posibles al pueblo, a la masa social, su fin intrínseco o bien cultural de los educandos nos exigirá con mayor fuerza llegar al
espíritu del estudiante, y no en la individualidad singularizada del genio fulanito
11
o del grupito selecto, sino en la totalidad indiscriminada de la masa" estudiantil.
¿No se cree que tal sería el único o el mejor medio de destruir, aun sin proponérselo, 11 aquella forma de la demagogia que practica sus artes de seducci6n y extravío sobre la juventud" y que tan certeramente condena y señala el maestro Gaos
con el nombre de Ntogogia?
Las generosas virtudes de la edad juvenil "y no sólo su forzosa falta de experiencia y saber, le hacen la más fácil de las presas para los fautores de las empresas
más desatinadas y desastrosas. ¿ Por qué no recordar el papel, ah initio, de las juventudes fascistas, nacional-socialistas y falangistas?"
Y todavía más que esas juventudes de hace ya varios lustros y que fueron víctimas

672

de la .militarización Y de 1a guerra, ¿ no tenemos ahora mismo
neogog1a no sólo de tipo nacional como I
.
ejemplos de una
Debería saberse cómo se educa'( .
a~ c1~das por Caos, sino mundial?
sm conciencia persa l)
que se_ convierten en materia completamente dis n 'b na a esas masas de jóvenes
De leJos no podemos saber más
l
po t le a los usos de esta neogogia.
que Rusia produce ahora muchos
t:c:i:a:an~a .e~ gran escala ( como, p. ej.,
pero en lugares como nuestra cercan C b
c1entíf1cos que los Estados Unidos)
6 .
d'
a u a, por ejemplo sí sabe
1 I h
'
g gica, igámoslo, de su juventud católica
. . ,
mos a uc a antineomía de la cultura "ante lo
d
estud1ant.1l que, defendiendo la autono•
proclamas en que exige "un :is!:°m:res polític~s, económicos Y sociales", ha lanzado
la I
"
que permita el acceso de tod l
1
.
a
cu tura como conquista social
•
as as c ases sociales
.
l'b
que rea1ice en toda su
rt
I d 1
quutas I erales de garantías "pa
. . .
amp u as previas con•
1 l'b
de la libertad de expresión
ra. e '61 re eJ~rc1cio de la actividad académica y
Y asociac1 n estudiantil"
'
Pero . no debemos
prolongar más Ias di gresiones
.
·
,
de este
q
.
mentano. As1 pues para temu' nar 61
.
ue es ya un abusivo co'
, s o qmero referirm
l 1
tro Gaos pone punto final a "l
. e a ema con que el maespalabras: uPor la libertad a l os cudatro puntos cardmales universitarios" en estas
. 'd
,
a gran eza" Si quisiera . t .
d
rru t ea crítica central deber'a d . .
·
sm ellzar e modo análogo
1 ec1r 1gua, mente.
,
p ¡ lib
·
or a
ertad, al bien común
d e la cultura".

!~:

11

MANUEL MENDOZA SÁNCHEZ

VIDA y SENTIDO, DE LUIS ABAD CARRETERO

PARA
, SATISFACER una petición mu Y especial me veo impulsado
'h'
na. 8 irvame lo anterior de discul
a escn ll' esta resecomendar a nadie porque pa pal, pues es éste un libro cuya lectura no deseo re'
'
ra e grupo de las
¡
estas materias no puede menos que
lt f . . personas cu tas y conocedoras de
por la lógica y el método así c
resu alar astldiosa, .dado el poco respeto del autor
·
'
orno por
gran cantldad d
d' •
'
incurre; Y para las personas jóvenes, faltas de
. , e contra 1cc1on_es en que
mentales del saber filosófico
preparacmn en las matenas fundad
.
' me parece que puede
1
•
esonentador el leerlo.
resu tar peligroso, obscuro y aun

En un breve prólogo el señor Abad C
por su pensamiento así como 1 1
arretero trata
,
'
e ugar que éste ocup
sof ta contemporáneas hace un •
d . .
ª
'
a 11gera escnpc1ó d
n e
0 exposición de motivos.

de describir el camino seguido
t la
.
en re s cornentes de la filoI Ob
a
ra Y una autoexplicación

El autor ha desarrollado en una serie d
. .
en los que, como piedras angulares de
e plublicac1ones, un conjunto de conceptos
mi t e
•
'
scansa a construcción d
·
en o. orno ninguno de estos canee
.
e su sistema de pensato se hace difícil comprender los ptos e.s ;b1cto de una precisa definición. de pronél remite constantemente
enuncia os. verbales del señor Abad Carretero.
a sus anteriores trab
,
po a su doctrina.
aJos, en 1os cuales ha ido dando cuer-

* Luis ABAD CARRETERO, V'd
Cultura, México, 1960.
i a y sentido. Cuadernos Americanos, No. 51, Ed.
673

�'I

La obra se divide en dos partes: I. Orígenes del Sentido_ (consta de tres c~pítulos)
II. Iniciación a la Sentidología (siete capítulos), y tenmna con un apéndice compuesto por dos artículos.

r

la.

' 1

PARTE:

Gnoseología,
El puno
t de Partida el "querer": el problema del Conocimiento,· la
·
d'f' ·¡
presenta serios obstáculos y ante ellos el autor desmaya: "El conocimiento es t ici,
la tarea filosófica de fundamentarlo es ardua, el criterio de la verdad, no es cosa fác!l, y su respuesta envuelve graves cuestiones, la realid~d del mundo. El problem~ que
se plantean y discuten realistas e idealistas es un seno escollo para su pens~miento,
· ·
· " y en Ia p • 134 •· "El hombre no ttene nenos dice: "todo conoc1m1cnto
es h'1pot ético
cesidad de preguntarse qué cosa sea real y cuál irreal, porque sabe perfect~mente que
el instante, su fiel compañero1 no lo engañará con su querer" ... etc. ~e1or que _enfrentarse con estos problemas le parece al señor Abad Carretero la r_eurad.a, p~efiere
la cotidianeidad (sin aceptar por esto la tesis del realismo ingenuo, ni la f1losof1a del
sentido común), el criticismo kantiano ha dejado hondamente su huella en su. pen.
·
en Dilthey
sam1ento,
no quiere
sa be r nada de la "razón pura" , más
. .,bien. apoyándose
.
,
quiere hacer de su filosofía "una introducción a la vida ; tiene su sistema mas parentesco con la raz6n práctica que con la "teoría". Así tenemos tres conceptos fundamentales: el conocimiento, la verdad, y la realidad, que colo~d~s en la esfera
del pensamiento son desechados por el autor; puesto que el cnllc1smo plantea la
voluntad (al
d ud a, ¿para qué atorme ntarnos?· El señor Abad Carretero recurre a la
rd
· d I
querer1 al desear). Si no estoy seguro del conocimiento, ni de la ve ad, ~1 e a
realidad tal y cual me la da el pensamiento, sí _estoy seguro de lo. que qmero, de
In que deseo. tal es su posición y punto de partida. En consecuencia debemos pensar que su abstención gnoseológica es un "escepticismo". Como Haml~t en su famoso
monólogo recita:
"Thus conscience does make cowards o/ us all,
And thus the natiue hue o/ resolution
Js sicklied o'er, with the pale cast o/ thought,"
(W. SHAKESPEARE, Hamlet Prince o/ Denmark, Act three, Sccne one).
El autor condena el pensamiento, la conciencia, el espíritu, en virtud Y por obra
de la acción y de la vida. Se apoya, en ocasiones, e~ Nietzsche, .e~ Klages, en. ~londel,
O'lth
como filósofos vitalistas y en matet1a de conoc1m1ento se ahha ya ~
1
0
en Vaihinger
ey,
Otto
y su filosofía del -als o~ ( como s1·) , o a las pragrn atistas · As1
.
e
la
p
del nuevo
nos d icen
• 317.· "Cuatro nombres han figurado como campeones
'k
concepto de la vida. Fueron ellos: Nietzsche, Dilthey, Simme~ Y ~ic ert. · · Y acaso
haya sido Nietzsche quien enlazara vida y sentido con mayor ngor vital y lo expresara
con más clara vehemencia".
.
Las fuerzas psicológicas son éstas: la ambición ( voluntad de poder) N1e~sch~ Adler . Klages, el orgullo, la vanidad, el odio, el amor, la esper~nza, la 1lu~1ón,
etc.; las fuerzas psicológicas se alían al querer (voluntad), y en el 1~pulso (Tne~•
Freud) realizan el acto en el instante. Es fundamental para el pensamiento de~ senor
Abad Carretero, el acaecer instantáneo de la operación humana, que se efectua por

674

obra del querer (la voluntad), en la que aparece el "sentido". El autor bordando
marginalmente en torno de los problemas de la Gnoseología, y apoyándose ya en
Nietzsche, ya en los conceptos de psicología profunda, que tocan a las causas subjetivas y afectivas de error, continúa tratando de apuntalar su tesis escéptica y voluntarista.
Los ritmos: el autor llama ritmo a una esfera del acaecer humano, o mejor a una
esfera de la vivencia o de la experiencia humana. Basta esta definición, en que la
vida humana se desenvuelve en el tiempo, y por medio de actos o acciones, pero en
sí mismos estos ritmos, no dicen ninguna relación con el tiempo, por lo que nos parece un poco arbitrario el uso. del término. El señor Abad reconoce el influjo nietzscheano y en ocasiones quiere tomar el estilo sentencioso de su maestro; así en la
p. 125: "Por lo tanto el querer en el ritmo psicológico obra como una fuerza que
está haciendo operaciones poderosas para romper la uniforme y dura urdimbre colectiva que a todos nos iguala y por ello a todos nos anula. Y el querer "lucha denodadamente por conseguir imponerse y quitar a este ritmo su impertérrito monorritmo. Y el querer se impone, sabe perfectamente lo que el sujeto pretende". Se
consideran tres ritmos: lo. el psicológico (íntimo, personal de cada sujetoL en él
cada cosa tiene su sentido propio; 2o. el colectivo se da en la esfera de las relaciones interpersonales y engloba colectividades más o menos grandes, para las personas comprendidas en las cuales, las cosas tienen un sentido común (pueden ser
estas colectividades de profesionales: maestros, médicos, abogados, o bien locales, habitantes de una misma ciudad, sujetos de idéntica nacionalidad, etc.; y finalmente,
3o., el ritmo creador e histórico por medio del cual se crea el sentido colectivo,
cuando una persona extrovierte su intimidad dando nueva forma a algún objeto de
la cultura.
La novedad que inaugura en el pensamiento del autor con esta obra es el "sentido" y a él está dedicada la mayor parte del libro.
El problema del "sentido" en lo humano parte de la moderna filosofía de la cultura y del espíritu, que ha tenido gran desarrollo principalmente en Alemania. "Desde Hegel, pasando por Dilthey, cobrando vigor en Windelband y Rickert (los filósofos de la escuela de Baden) y adquiriendo lineamientos precisos en Scheler y Hans
Freyer, la teoría de la cultura se ha venido constituyendo como una elucidaci6n sis•
temática, tanto de la esencia como de las formas de la vida objetivada del espíritu".
(O. ROBLES, Propedéutica Filosófica, 2a. Ed. p. 209). Pero es Dilthey, nos parece,
quien luchando por la fundamentación de las "Ciencias de la Cultura", ha marcado
mis hondamente la diferencia entre mundo físico del que se ocupan las ciencias na•
turales y "mundo humano", creado por el hombre1 constituido por objetos de la cultura, y en el que aparece el "sentido" del cual se ocupan las ciencias del espíritu y
de la cultura y cuyo método es la comprensión; los objetos de la cultura son diferentes de los naturales; son, pues, expresión y el conocimiento para estos objetos no
ha de ser como el de la física, en que la materialidad del objeto es la que cuenta,
sino de otro género muy diferente; consiste en desentrañar sentidos; en pasar de lo
que se nos da directamente como expresi6n a lo expresado; en interpretar signos y
en leer la letra para llegar al espíritu (Feo. ROMERO y E. PuccrARELLI, Lógica,
12 Ed., p. 218). Así para Dilthey al lado del mundo físico, existe el mundo humano, mundo del "sentido" cuya realidad es la 11 cultura".
Pero, volvamos a nuestro autor. Tómese lo anterior como los orígenes o fuentes
a partir de las cuales se origina el concepto del sentido aplicado a lo humano y de
la:s que procede su pensamiento. Con el apoyo de sus conceptos fundamentales "que-

675

�Y con
rer, ·ms t an te y r ealidad" ( nombre de una de sus anteriores .publicaciones),
•
b'tra
·
ayuda de algunas distinciones terminológicas convencionales o Sl se quiere ar 1 nas
entre querer y desear, vivir y vida, acto y acción, por las cuales: querer es un ve;bo
d~ tiempo presente, desear se refiere al futuro, vivir es tiem~ presente (se rea iza
en los instantes sucesivos), vida es pasado, acto es una operac16n breve que se ~caliza en el instante, acción es una operación de mayor envergadur~ qu~ se refiere
Y que
a sucesos q Ue se rea lizan en varios instantes sucesivos continuos o d1scontmuos
1
·
de durar años• hace el señor Abad Carretero a gunas construcrn oo=mrn= ~
'
.. .
.
.
clones verbales muy complejas, ya que sin estas d1stmc1ones serian mcomprens1 es
por completo.

·w

2a.

PARTE:

Iniciación a la Sentidología: como buen vitalista da muestras_ el autor de una
flexibilidad verdaderamente vital, por la cual casi todo lo que_ ;~1rma en una ~arte
de su libro en otra lo niega. Estas contradicciones hacen muy d1f1ol capta~ la medula
de su pensamiento, por lo que no dudamos, se puede demostrar, que dice lo contrario a lo que nosotros apuntarnos. Aún así, trataremos con sinceridad de extractar
el contenido de la obra. En la p. 95 niega: "Nosotros en realidad, no hacemos
teoría sino que pretendemos copiar el panorama de la vida, como ella se_ nos presenta ' ingenuamente a través d e¡ querer" . En la p. 149, afirma·• "El sentumo
. trata
.
de estudiar el querer nuestro en relación con las situaciones vita~es, y lo sentidológic_o
va unificando esas operaciones que estamos haciendo de_ continuo para damos finalmente un perfil del vivir humano, individual y colectJvo.
"El empirismo intenta que tengamos una visión espontánea y natural del mundo,
en cambio el sentismo pretende captar el sentido de los actos que los hombres ha• • en teona
' ta J postura voli•'uva" . Y en la p • 141 dice·· •"Los métodos
cernos y engtr
de la sentidología no son matemáticos", sus caminos son muy otros. Estos so~ los ?e
la observación y el análisis de las conductas humanas. Es a través de la pstc~log:a,
de la sociología y de la historia principalmente_ como se podría empezar a abnr v1as
para encontrar y precisar el mundo de los senudosu. Un poco más_ adelante, el aut,or
precisa la clase de teoría que trata de erigir; sería ésta una espeo; de antropolog!ª·
En la p. 151: "La sentidología sería una especie de antropolog1a que envolvena,
no al hombre como objeto natural de investigación, no al homb~e s61~ co~o reca. ul ac1·6 n sumana
· de todas las cosas, que diría Pascal, o como ammal simbólico
p1t
1 cual
expresión de Cassirer, sino como ser con sentido aspirando a enlazarlo con os sentidos de los demás hombres".
Para el autor: el pensamiento, la razón, la conciencia, la mente, es lo malo, lo
ue paraliza la acción; el querer (lo volitivo), el desear, lo bueno lo ~u~ nos lleva
q ¡
'6
la realidad Leemos en la p. 212: "El hombre queda as1 ligado a su
aaaccinya
·
d
d
'te
vivir, a su continuo hacer, y no a su pensamiento. Esto a a ente_n er que se sien
"do a su querer de preferencia. La vida se obscurece cuando se pretende captarla
un~ t
tarla sobre base mental· entonces todo queda falsificado", y en la p. 219:
emerpre
'
1 h
, ·
elárea
"De modo es que en cada instante se da en nosotros una uc a ps1qu1ca en
e se llama voluntad y que nosotros llamamos la del querer y el deseo. La lucha,
:~es, de que hablamos es una lucha psíquica, en la cual intervi~ne. el querer cante~
muerto,
m'd o con recuerd os e ,·mágenes" · El querer es lo vital, la conc1enc1a es lo d'
hechas estas aclaraciones es fácil comprender que al referirse a Kant nos 1ga en

676

la p. 260: "Por eso el pensar es eminentemente teórico y el querer eminentemente
práctico. De ahí la distinción fundamental de Kant ante el vivir haciendo dos Críticas. El error, si es que se le puede llamar así, sería que el instrumento de ambas
fuera la razón", y que al comentar la tesis de Ortega y Gasset escriba en la p. 318:
"Y entonces el haberse decidido por el sentido que de él emana, tendría que haber
formado no un raciovitalismo, como le llamaba a su filosofía, sino un sentivitalismo".
Para el autor el sentido emana del querer, es lo intelectivo del querer y en consecuencia la teoría, lo emanado de la razón es también lo malo; si pues quiere erigir
en teoría su postura volitiva, y no va a usar la razón para hacerlo, no tenemos idea
de cómo podrá conseguirlo, y ante esta actitud frente "a los dos mundos" del pensar y
del querer, no podemos menos que acordarnos de aquellas intrincadas razones que
sorbían el seso al ingenioso hidalgo manchego: 11La razón de la sinrazón que a mi
razón se hace de tal manera mi razón enflaquece que con razón me quejo de vuestra fennosura". Pero procuremos ahondar en su teoría psicológica: en primer lugar
hace la distinción muy germana entre: Espíritu y Psique (Geist und Seele), y considera con otros vita1istas al espíritu como enemigo de la vida; la psique {el alma),
el lo vital, así leemos en la p. 305. "Psique y espíritu son los que entran en lucha",
el conocimiento es mental; el sentir es psíquico y es lo vital, el querer es vital, es
psíquico y no tiene qué ver con la conciencia ni con la mente, con el pensar ni con el
conocimiento, el querer es lo más profundamente vital¡ el querer no tiene que ver
nada con la conciencia y sin embargo es en ocasiones influido por móviles inconscientes. En ocasiones el espíritu desvitalizado por la acción de la mente necesita renovane y es entonces necesario acudir al querer como lo más profundamente humano
para recrear el espíritu. Así leemos en la p. 296: 11EI sentir no es la mera sensa•
ción como en el anima], sino una prolongación de ella que se enlaza con el querer, sin
llegar a la percepción. Esta es conocimiento y ni el querer ni el sentir lo son, y sin
embargo encierran lo vital del hombre". Y en 1a p. 128: "Lo que se llama inte1igencia es el sentido práctico de la existencia ... "; en la 129: uEl sentido es acaso más
profundo que la simpatía o que la antipatía, porque es lo intelectivo del querer ...
El sentido es el principio de la socialidad, que diría George M. Mead". Para el Sr.
Abad, el querer, sabe, tiene memoria y lucha por conseguir sus objetivos y realizarlos.
En la p. 259 dice: uEs evidente que hay una relación entre el querer que impulsa el
acto y todo el proceso anterior, que puede ser mental al principio de su recorrido,
pero que al final y como antelación inmediata de él no lo es. El querer conserva todo
ese proceso de alguna manera, en forma de imágenes y sobre todo en esquematizaciones, en síntesis que están vivas en el alma del sujeto y que le ayudan en el instante
que hace el acto". Esta manera de concebir la inteligencia y la acción, así como
cuando considera el lenguaje como gesto oral de contenido pragmático, está clara•
mente influenciada por la psicología social pragmatista de George H. Mead. Respecto
de la razón, además de lo ya anotado, nos parece oportuno mencionar aquí que,
según el autor, se está produciendo en nuestros tiempos un desdoblamiento de la razón:
el hombre encariña su razón con su querer, se enquista haciendo una separación entre
su querer y el ajeno, de ahí que parezca haber dos clases de raz6n: una la propia y
otra la social. En la p. 308: "La razón personal es la que se une al sentido íntimo ... ¡
es la ayuna de cultura, la que se nutre en experiencias propias, la que excita en todo
instante y penetra en las capas profundas del querer, la que se le une para solucionar
la situación vital, abandonándole una vez fecundado. En cambio la razón impersonal,
"universal*', es la que se dirige hacia el sentido de la palabra, de la frase, para procu-

677

�O b · ti idad posible". Este desdoblamiento de la razón, nos parece, e.stá
rar la mayor
Je v
.
,
, personal del sentido
en relación con los llamados ntmos por el autor, as1, 1a ra:on
.
I .
íntimo sería el sentido del ritmo psicológico y la razon social, el sentido de I ntm~
i
colectivo.
Estas diferencias que se encuentran muy m arcadas en Hegel, entre . o, um.
·
1
1
d
d'
d
lo
individual
pueden
remontarse
h1stoncavtrsal y lo partlcu ar1 por e esen e
'.,
,
., (Hemcnte ( como lo hacía Hegel) a Heráclito, entre el Komon Kosmos, Y el Idion
ka~tos) que vendría ~iendo la esfera del ritmo colectivo el primero Y la e~fer~ d~l

¡1
1

ti
'

ritmo ;sicológico (Íntimo o vital) el segun?º· Ahor~ bien, el Koi,nó; !º::~~de:set:;
clito fue traducido por Hegel en el Lagos {y segun parece as1 e. . .
'
&lt;!universal"; también Heráclito muestra un desdén absol~t~ por. lo. md1v1dual enu:e:i
tido filos6fico. El Sr. Abad Carretero aconseja en la pagma s1g~1en~e .(309) q
hombre canalice hacia la razón personali es decir hacia el sentido mtimo la mayor
arte o la arte más amplia de las actividades de 1~ raz~~i con lo . que_ nos_ parece
~ace un lla!ado al hombre contemporáneo para que mten51Ílque su _vid~ '.ntenor. L;s
·
d l autor en lo relativo a los sentidos personales psicolog1cos, Y a a
~::i:p~:on;~ere:es que tiene lugar en la esfera de lo social, donde los individuos_ se

1

1\

encuentran intercambiando sentidos, engendrados e~ .s,us quereres \ ~rat.ando :~ac~;~
poner a los demás en sus demandas, por la imposicion de sus sen I ;s' 1en ;
á
on la lucha de estas razones, en las que luchamos con las rawnes . e os em s y
ccon Ios quereres de los demás.1 son en todo semejantes a las sostemdas
'd' · por Sartre,
b''
con sus conc~ptos del Ser para-sí, y del Ser para-otro, en todo 1 enticas taro ien
cu el sentido que nosotros nos damos, y el sentido que nos concede; los otr~s. . ro
Pero recapitulemos un poco: Colocando el autor a la vol unta como o pnme ,
lo primigenio lo más profundamente humano, separándola neta~ente d&lt;: _la Ora:ódn,
'
de la conciencia,
se sitúa en un grave pred'icamen t o, pu es ' como dice el vteJo
d . v1 d10
"Ignoti nulla cupido" (Ars Amandi III, 397). Lo que se oculta que a I~nor~ o
no se desea lo que se ignora. Nadie quiere lo ignoto, o algo que no se sa e s1 es
Y
bueno O malo o que pueda ser,. mas el Sr. Abad Carretero' fecundo ,en recursos,
inventa un co~cepto volitivo, que es como un esque~a de ª.cc!ón _(aq~1 se nota 1
·m fl uenc1a
· de G• W· Mead) 1 y una facultad especial de •v1sc1encia, organo
.
· de p1a
voluntad y de la ,acción ( opuesta a la conciencia), la cual tiene una memona pro
( no la de la conciencia), y es un saber activo, volitivo; así hace dos mu~doals .apart(e:l
·
d e l a razo'n , el mundo del rac1on
El 'de la conciencia, del pensamiento,
d l d1sta e)
de la razón impersonal o social) y otro de la vol.unta~ (del que,re:, e
ese::~
con su facultad intelectiva, la visciencia, su memoria, siendo este ul!t~mo, el mu el
encauza to
de la acci6n ( el de la razón persona 1' ,m ti ma ) . El concepto vo 1bvo
.
. . , Y el sentido es lo expresado como querido por el ac
acto durante su rea l1zac10n,

1:

l
1

q e se realiza en el instante.
. ,
b á
uEn realidad ya la Escolástica (Sto. Tomás) siguiendo a Anstotes, ~~ro, r\ as ::
dolo en este terreno, reco nocía un último juicio práctico, al _cua se aR e_na a rav y
luntad en el momento de la acción,· Kant hacía su diferencia entr_e. azon .P~
, .
e en términos escolásticos se llamó, entendimiento teorico y
Raz6n practica, lo . qu
cesidad de crear esta visciencia
entendimiento práctico; pero no hay, nos paree~, ne . dile ente de la llamada
como facultad aparte y dotarla de una memoria propia,
r
común y corrientemente memoria.
Nos parece necesario añadiri que. desde luego no compartimos las ideas psicológi~as
del Sr. Abad Carretero, en lo relativo a: el sentir la conciencia, la mente, la razon,
la inteligencia, las fuenas psicológica~, .etc. y me~os que nada en lo que él lla_ma
una fenomenología del querer1 esto ultimo nos parece más propiamente una mito-

678

logía, o una quimera, quizá una pseudología fantástica, pero de ninguna manera
una auténtica fenomenología, sí podemos admitir desde luego la primacía de lo
volitivo, pero esto de ninguna manera nos llevaría a hacer estancos y mundos aparte
dentro de la psique humana. Nosotros propugnamos más bien por la comprensión
del hombre como un todo, por una antropología holística, y si podemos transigir,
al hablar de las facultades: voluntad, inteligencia, memoria, etc., entendemos que
éstas son el resultado de una abstracción ( que obra por separaci6n ideal, no real)
y no las podemos concebir actuando o siendo aisladas del resto del psiquismo y del
ser del hombre.
La tesis volitiva del autor, que destaca al "vivir" como lo esencialmente humano,
se realiza en actos verificados en diversos instantes impulsados por "el querer". Dando fe de una especie de razón dinámica, nos parece conduce con mucha facilidad
a los peligros señalados por Karl Mannheim en su libro Diagnóstico de nuestro Tiempo
(Fondo de Cultura Económica, 3a. Ed. en español - Colecc. Popular, págs. 148-149).
HEJ Instrumento metodológico más fecundo de la ciencia moderna, o sea la tendencia a ajustar cuando sea necesario todo nuestro sistema de pensamiento a la esfera
cada vez más amplia de la experiencia, se transforma cuando se aplica a las cuestiones morales y a la vida humana en el problema más grave del hombre moderno.
Al desarrollar en el mundo moral el mismo tipo de racionalidad dinámica, el hombre moderno tiende a perder una base firme en qué apoyarse. Y mientras que en
algunos individuos eminentes esta caída en el abismo del yo sin llegar al fondo, representa una lucha grandiosa, un nuevo titanismo, en el hombre medio esta misma
dinámica conduce a una actitud frívola de no creer nada y a una aspiración infinita
por sensaciones continuamente renovadas", evidentemente es a esto a lo que se refiere Albert Camus en su famosa obra La Caída, y es éste el peligro de vivir de
acuerdo con los lineamientos del autor de Sentido y Vida, y más que eso aún,
según el mismo Karl Mannheim (Cfr. Ob. cit., págs. 192-194 y 199-201), estos
efectos principiando por una desintegración del carácter y de la conducta del individuo, llevarían después, en lo social, a la parálisis de la acción cooperativa y a
la desintegracióp social.
Veamos ahora algo sobre las tesis metafísicas del Sr. Abad Carretero. Ya en la
pág. 138, comentando a Scheler y Spinoza se define metafísicamente, asimismo en
la pág. 188 comentando a Berkeley, en la pág. 194 nos dice: "Lo único real y seguro
es nuestro deseo, esa es la verdad. Y no obstante, también oscila. Exacto cambiará
este deseo, pero no un deseo, porque de no morir, en cada instante tendremos uno,
del cual dependerá nuestro acto. Lo real no es, pues, lo que se desea, sino el desear
mismo; esto es el querer ahora". Podemos repetir, son en el fondo los problemas
de la teoría del conocimiento los que llevan al autor a estas tesis, es el problema
Gnoseológico el que lo lleva a afirmar la primacía de lo voluntario. Pero es en
Apart. 3 del Cap. IX (págs. 255 a 262) en donde desarrolla su posición metafísica
siendo en todo momento visible el hondo influjo que en él ha dejado el criticismo
kantiano, al cual en muchos aspectos se pliega y sus tesis y postulados deben ser
interpretados como intentos de escapar a la férula del maestro de Koenigsberg; también parece muy impresionado por las tesis idealistas de Croce y de Gentile. Su
sistema, aunque apenas esbozado en algunas páginas, queda definido como un idealismo subjetivo (afín a la escuela de Marbourg) y un absolutismo de la Voluntad
(Jo absoluto es la voluntad, el querer). Para escapar del "a priori" kantiano, recurre a la voluntad, que engendra el "Ser", en el instante, por el acto, y una vez
engendrado este Ser, pasa a ser existencia ( el autor se permite mucha libertad en

679

�el uso de los términos, que la filosofía tradicional ha cargado de sentido y hace
algunas declaraciones ambiguas, como en la pág. 258: "El ser es solo, pero han
de existir otros seres, pues solamente él y los demás son posibles" (¿será una afirmación panteísta? ¿ conducirá necesariamente hacia allá?).
En otras partes de su libro, el autor discute su teoría comparándola en el terreno
del voluntarismo con la de Schopenhauer y en lo relativo al instante con las ideas
de Bergson, tratando continuamente de probar y hacer resaltar la originalidad de sus
concepciones y las diferencias y méritos de su sistema. Sabido es que Filosofía ha
sido tradicionalmente amor a la sabiduría (al conocimiento) pero en el Sr. Abad
es su escepticismo el que lo hace abandonar el mundo del conocimiento y cabalgando en "el querer en el instante", dé jase llevar por los resbaladizos vericuetos del
vitalismo.
La axiología es rechazada en el sentido de no considerar el autor a los valores
como capaces de influír en la vida de la inmensa mayoría de los individuos ( eso se
deja para las personalidades refinadas y cultas). Su antropología o teoría de la
conducta humana y social, no toma en cuenta la teoría de los valores, confundiendo
el autor el saber axiológico que, como cualquier otro tipo de saber filosófico, sólo se da
en personas de refinada cultura, con el valorar mismo que es connatural al ser humano.
Crítica al existencialismo: el autor teme lo que llama el marchamo existencialista (las palabras son talismanes). Es verdad que en torño al término existencialismo, se ha hecho una publicidad de escándalo; para la gran masa del público
inculto, el término va unido a una idea de vida disoluta, o inmoral. En su reprobación expresa de las doctrinas existencialistas nos dice el autor: Existencia es igual
a muerte (ya dijimos que al enunciar su postura metafísica el autor se permite
una gran libertad con términos, a los cuales la filosofía tradicional ha cargado de
sentido). No se puede privar a ningún pensador, del derecho a usar el lenguaje y
los términos con el significado que quiera adjudicarles i pero al interpretar el significado de lo dicho por otros, no se puede permitir la libertad de .tergiversar y controvertir el sentido de lo expresado por éstos. Sabido es que, aún en lenguaje vulgar, para decir que alguien ha muerto, se dice que terminó de existir, luego ni en
lenguaje vulgar ni en el filosófico puede justificarse la aberración de identificar:
existencia y muerte. Pues bien, si nosotros tuviéramos que calificar el sistema del Sr.
Abad, aunque sabemos que no es de su agrado} lo llamaríamos un existencialismo,
si bien su falta de método lo hace muy incoherente ( cosa frecuente entre los exis•
tencialistas). Si comparamos su antropología con la existencialista y tratamos de
traducir los términos, tendremos: Querer en el instante igual a decidirse existencial;
vivir en el instante igual a existencia; vivir de acuerdo con el querer .:::::: ser auténtico; mundo personal del sentido íntimo
ser para-sí; mundo impersonal
ser
inauténticos. En común con los filósofos existenciales está su desprecio por la teoría
(Kierkegaard, Jaspers, Marcel, no creen posible una teoría de la existencia); con
Sartre tiene en común su mucho conceder importancia al presente y su imperativo
de realizar actos en los instantes, no es otra cosa que el realízate sartriano. Su desprecio por los valores está de acuerdo con Sartre y Heidegger; su considerar el arrepentimiento como una actitud inauténtica está de acuerdo con Sartre; en resumen
todas sus tesis antropológicas son existencialistas y con quien parece tener más parentesco es con Sartre. Se diferencia de los filósofos existencialistas por su posición
metafísica (idealismo subjetivo) y su énfasis en lo voluntario, pero este último
puede parangonarse a la "Libertad" existencialista. Sería interesante que el autor

=

, 11

=

confroñtara su teoría del Instante con Kierk
rd
.
existencialista que se ignora o ue tem
ega~ .. ~n consecuencia el autor es un
adhieran las personas poco cul~s.
e esta des1gnac10n por el significado que a ella
El Sr, Abad Carretero es muy erudito
c. t
siendo notable el que muchos de , t
Y I a en su obra gran cantidad de autores,
es os pertenezcan al campo de la • .
y exactas; tal parece que el autor tratara de
s CJ~nc1as naturales
1
del hombre los métodos de éstas lo
I
a gu_na manera de aplicar al estudio
su clara filiación kantiana.
'
cua quede quizá suficientemente explicado, por

::~;::1

En los últimos capítulos de s
b
humana, nacidas de la antrop:l:gí:a
el 1autor a expli?,aciones de la conducta
conducta" (Cultural Pateros) lo
1
' os ll~mados patrones culturales de
, s cua es son traducidos a
t
·
, (
sentido, ritmo etc ) Para termina d'
su ermmo1og1a querer,
'
. .
r, tremas que en un principio y a p f d N'
sus explicaciones psicológicas se alí
.
ar ir e 1etzsche
1
tendencias), pasan luego por losan con os ~donceptos freudianos o de Ribot (Triebeconceptos e la psicología social d M d
fluyen con las explicaciones de la antropología cultural y d
b
e lea ' con•
neo-freudiana de Erich Fromm.
esem ocan con a escuela
MIGUEL ANGEL ÜANTÚ

Haft d book 0 1 Latin American Studies
N9 21.-Prepared in The Hispanic Foun~
dation in The Library of Congress by a
number of Scholar. Editor: Nathan A.
Haverstock. University of Florida Press
GainesvilleJ 1959. xvi • 331 pp.
'

UNA DE LAS PUBLICACIONES norteamericanas más completas en lo que se refie.
re a las actividades intelectuales de Hispanoamérica es el H andbook of Latin
American Studies editado por la Universidad de Florida Y que ha llegado ya al
número 21, que recoge producción hi•
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1ca
repartI a en las siguientes secciones:
I, Antropologla: General, Arqueología
E;~ología, Lingüística y Antropologí~
Fmca; II, Artes: Hispanoamérica y Bra•

sil; III, Economía: General, Latinoaméric~ . ( excepto Brasil Y México)' Brasil,
Mexrco ( a cargo de la Dirección General
d.e Investigaciones Económicas de la Nacional Financiera, s· A · ) ,. IV, Ed ucacz.6n·
General, Hispanoamérica Y Brasil . v·
Geograf'ia: General, Area del Caribe
' '
Sudamérica Y Brasil; VI, Gobierno: Ge~neral; VII, Historia: General i El período colonial de Hispanoamérica Y Haití Y
los. siglos XIX y XX, Brasil; VIII, Relaciones internacionales: desde 1830 ·
IX, Trabajo Y Bienestar Social; X, Len~
gua Y Literatura: Lengua Hispanoamericana, Literatura Hispanoamericana (perí?do colonial y moderno) ; Lengua Y
Lit,e~atura del Brasil; XI, Leyes; XII,
Musica; XIII, Filoso/la; XIV, Sociología Y XV, Miscelánea.
La ordenación sistemática, de acuerdo
con la clasificación decimal) facilita el
man~jo de este importante manual que
~a s~do durante mucho tiempo magnífico mstru~ento de acopio de materiales
para traba1os de investigación.
JUAN ANTONIO AYALA

680
681

H.44

�MANUEL

GuT1ÉRREZ

NÁJERA,

Obras,

Crítica Literaria, I, Nueva Biblioteca
Mexicana, 4, Universidad Nacional Autónoma de México. Investigación y recopilación de E. K. Mapes, edición y notas
de Ernesto Mejía Sánchez, introducción
de Porfirio Martínez Peñalosa. Centro de
Estudios Literarios. México, 1959, 543
pp.

li

LA PUBLICACIÓN de las Obras Completas
de Manuel Gutiérrez Nájera era de
urgente necesidad, tanto para los investigadores, profesores de literatura, críticos literarios, como para el público en
general. Una de las dificultades con que
tropieza el estudioso de la literatura mexicana es la falta de textos depurados
y completos de los autores principales.
Irónicamente, muchos autores de fines
del siglo XIX y comienzos del presente
son conocidos tan sólo fragmentariamente
debido a esta carencia de textos. El caso
de Manuel Gutiérrez Nájera, bien
conocido como poeta pero muy mal como crítico literario, es uno de ellos; hay
que tener en cuenta que su obra, como
la de muchos de sus contemporáneos se
halla dispersa en revistas y periódicos,
en colecciones olvidadas y que aún no
han sido registradas met6dicamente por
los investigadores; además no sólo existe
esta dispersión, sino la coincidencia de
que muchos de sus artículos y crónicas
están firmadas por pseudónimos muchas veces difíciles de identificar. A obviar esta dificultad, la carencia de textos,
llega la Nueva Biblioteca Mexicana que
está editando noblemente el Centro de
Estudios Literarios de la Universidad Nacional Autónoma de México. Hasta el
presente han aparecido las siguientes
obras: JuAN DÍAz DE CovARRUBIAS, Obras
Completas (Tomos I y II); CARLOS DE
StoÜENZA v GÓNGORA, Libra astronómica
y filosófica; C. C. BECHER, Cartas sobre México y el presente volumen de
Gutiérrcz Nájera que hoy comenta-

682

mos. Desgraciadamente, estos valiosos
volúmenes permanecen aún hoy día en
el anonimato de los almacenes de la
Librería Universitaria o quién sabe dónde, pues el volumen de Gutiérrez Nájera, al año de haber sido publicado,
todavía no ha llegado a las librerías.
Por gentileza ~el Profesor Rafael Moreno y del Prof. Porfirio Martínez Peñalosa disponemos de un ejemplar que, precisamente por su escasez, juzgamos muy
valioso.
Han contribuido a la publicación de
este tomo de las Obras completas de
Manuel Gutiérrez Nájera los nombres de tres ilustres investigadores de las
letras Mexicanas: el Dr. Erwin K. Mapes, profesor de la Universidad de Iowa,
Ernesto 'Mejía Sánchez, investigador de
la Biblioteca Nacional de México y don
Porfirio Martínez Peñalosa del Centro
de Estudios Literarios de la UNAM. El
Dr. Mapes contribuyó a la difícil tarea
de reunir los materiales, identificarlos
y exhumarlos de los periódicos y revistas.
En 1936 comenzó su paciente labor de
indagación de los pseudónimos empleados por Gutiérrez Nájera; recogidos e
identificados los materiales el Dr. Mapes siguió aún recogiendo materia) que
se encontraba disperso y fijando todavía,
para mayor seguridad, los pseudónimos
que ofrecían aspectos dudosos. La base
del material de esta edición hay que
acreditarla, par tanto, al Dr. Mapes. Ernesto Mejía Sánchez, editor y anotador
de la obra, ha contribuido con una clara nota editorial a explicar el porqué
del acopio de materiales, los procedi~
mientas seguidos para la investigación y
la recuperación de bastantes piezas que
no había logrado reunir el doctor Mapes
y la ordenación de los mismos para presentar en forma orgánica el pensamiento
literario y crítico de Gutiérrez Nájera,
tan importante para tener una visión
completa de su obra en verso. La importancia de la 'Nota editorial' de 'Mejía
Sánchez, reside, a mi modo de ver, en

la exposición de un método riguroso de
trabajo que puede servir de pauta para
las investigaciones en trabajos posteriores similares; si se quiere ofrecer al lector un texto seguro1 necesario para los
estudios de alta crítica y de estilística,
es necesario investigar exhaustivamente
para que no quede ningún resquicio sin
la previa iluminación necesaria.
La introducción ha estado a cargo de
don Porfirio Martínez Peñalosa, profundo conocedor de la literatura mexicana
del siglo XIX y especialmente de los
or!genes del modernismo en México; sus
aportaciones a la literatura mexicana,
están, desgraciadamente, demasiado dispersas en revistas, tanto de la capital como de las provincias, y esperamos que
algún día nos haga el no pequeño servicio de ofrecérnoslas en un volumen sistemático. Martínez Peñalosa, siguiendo
el criterio de la Escuela Estilística de
Madrid, enriquecida por las teorías de
Dámaso Alonso, estudia la influencia de
la estética personal de Gutiérrez Nájera
en su obra literaria: necesario es, pues,
partir de este texto de crítica para percibirla en toda su plenitud. Para ello
reconstruye el ambiente en el cual se
formó Gutiérrez Nájera y aporta valiosos
datos para el conocimiento de la retórica
oficial o estudios literarios públicos que
pudieron haber contribuído a la especial
conformación personal estética de Gutiérrez Nájera. Recorre difíciles caminos
bibliográficos y maneja textos originales
y ya olvidados que son de difícil acceso
al público en general. Esta reconstrucción de una época de la cultura mexicana es1 a mi modo de ver, lo más valioso
del trabajo de Peñalosa. Esta reconstrucción de una época, le sirve para hacer
un análisis a fondo de las ideas estéticas,
tanto del modernismo como del propio
Gutiérrez Nájera 1 lo que nos ayuda a
situarlo en una perspectiva sin igual para
el estudio estilístico del poeta. La Nueva
Estilística ha pretendido, con loable esfuerzo, desentenderse de todas las cir-

cunstancias externas que concurren a la
creación de determinada obra literaria;
sin embargo, ni el mismo Vossler, que
tanto énfasis puso en el estudio de la
obra poética o literaria desde adentro1
pudo desentenderse de todos los presupuestos sociales o vitales ínsitos en ella:
un ejemplo lo tenemos en su Lope de
Vega, donde no tiene más remedio que
situar al poeta español en el marco de
su época y de su ambiente. Martínez
Peñalosa logra entrar en el poeta Gutiérrez Nájera precisamente a través del
crítico y esteta Gutiérrez Nájera, conjugando admirablemente el dato ambiental con el personal.
La lectura de los textos de Gutiérrez
Nájera nos lleva de la mano hacia sus
conceptos literarios, a través de una prosa que sin tener todas las iridiscencias
de la prosa modernista de Martí, Rubén
o Rodó, tiene la admirable solidez y
la fluidez de un español contrastado en
profundas lecturas y en una sólida formación. Y no olvidemos, tampoco, la
lección de honestidad del Duque Job,
lección para nuestros actuales críticos
de quienes un día dijo Unamuno refiriéndose a todos los de habla castellana,
11
que no hacen crítica sino que se dejan
llevar por el ruido de sus intestinos".
JUAN ANTONIO AVALA

FRANCISCO Ro MERO: Relaciones de la
Filosofía. Col. Nuevo Mundo, Ed. Perrot.
HISPANOAMÉRICA tiene, en Francisco Romero, uno de sus más dignos maestros y
una de sus más vigorosas mentalidades
filosóficas. Desde Buenos Aires ejerce una
decisiva función de orientación 1 de sugerencia, de acercamiento entre los filósofos hispanoamericanos. Pensador original, riguroso, discip1inado, limpio. Autor de un copi:oso número de libros,
folletos 1 prólogos 1 notas y comentarios.

683

�: 1

1·''I

1

i
11,
:1

\
1
1

Maestro generoso de varias generaciones
argentinas que llevan, en algún modo,
su sello y su estilo. Ciudadano ejemplar
que ha sabido enfrentarse, con insobornable dignidad, a la demagogia de regímenes deshonestos y opresores. Escritor
de estilo sobrio, preciso, elegante ...

Sobre mi escritorio tengo, frente a mí,
un pequeño libro por su extensión de
grandes proyecciones: 11Relaciones de la
Filosofía" (Editorial Perrot, Colección
Nuevo 'Mundo, Buenos Aires). Me lo ha
enviado su autor, Francisco Romero, con
una dedicatoria que atribuye 1 sobre todo,
a los muy afectuosos sentimientos de
anústad que nos unen, pero que mucho
me enaltece y me honra por venir de
quien viene. En la primera parte del
libro, el autor estudia las relaciones y
las diferencias que median entre la experiencia filosófica y la experiencia religiosa; confronta la actitud filos6fica con
la actitud científica y con la experiencia poética i y termina sentando, con
envidiable claridad, las conclusiones de
su investigación. En la segunda parte de
la obra, el Prof. Romero examina cuidadosamente las alianzas de la Filosofía
con la Religión, con las Ciencias, coil
la Psicología, con las Artes, con la Política y con la Historia. Una vez más, el
autor se siente impulsado a terminar su
estudio con unas precisas y congruentes
conclusiones. Hasta aquí la presentación
radiográfica -"sit venia verbo"- del
libro. Vista la osatura, veamos ahora la
carne y la sangre del pensamiento vivo,
que intentaremos recrear.
La Filosofía es, por una parte, experiencia personal del filósofo: meditación,
creación y crítica; por la otra, experiencia filosófica de la humanidad: tradición, doctrinas y sistemas. Pero como
existen otras actitudes humanas que, de
un modo y otro, son de especie cognoscitiva o mantienen alguna afinidad con
el conocimiento, es preciso confrontar las
posturas.

684

Religión y Filosofía abarcan, en cierto
modo, la totalidad. Ambas coinciden en
interesarse por la realidad, el sentido de
la vida y el puesto del hombre en el
universo. Como la Religión, también la
Filosofía ha pretendido frecuentemente
ser ella también una vía de salvación:
platonismo, estoicismo, epicureísmo, neoplatonismo, spinozismo, marxismo, positivismo comteano ... Y sin embargo, median, entre Filosofía y Religión, importantes diferencias: mientras la actitud
religiosa tiene, como rasgo fundamental,
la reverencia j la actitud filosófica es puramente cognoscitiva. El filósofo, ante la
Divinidad, se comporta como cognoscen•
te y no como creyente.
La filosofía, ºciencia de los principios11
como se le ha definido, "investiga las
razones o fundamentos supremos capaces de dar cuenta del conjunto, tanto en
exhaustiva extensión y multiplicidad, como en radical hondura y profundizaci6n"
(pág. 15). De la totalidad se despren•
den dos caracteres inseparables: la renuncia a los supuestos y la problemáticidad. La ciencia, en cambio, "parte de
ciertas admisiones, de ciertas suposicio•
nes que no discute y a '"las que tácitamente atribuye certidumbre" (pág. 17). Trátase de un saber particularista, próximo
y objetivo. La experiencia filosófica, a
diferencia de la científica, es originariamente subjetiva, aunque requiera una
elaboración objetiva que la justifique.
Frente 11 a la constricción que significa
para el filósofo su constitucional aspira•
ción a la verdad objetiva y a la coherencia radical", el poeta, testigo y eco de
su realidad, nos expresa verdades que
son sus múltiples y cambiantes impresiones ante las cosas. En el espíritu resonan•
te de los poetas "cada uno de sus testimo•
nios vale por sí, sin acordarlo con los
demás; cada uno lleva en sí su propia
garantía, porque la evjdencia poética no
requiere ningún contraste con algo exterior a ella" (pág. 46) . La obra del
filósofo, que sólo vale por su referencia

a algo que le es externo, a la realidad,
no es claramente controlable, como la
del científico, ni cerradamente insular,
como la del poeta. Si la experiencia filosófica tiende, en su elaboración doctrinal, a constituir la conciencia de la
realidad, es menester que el filósofo sea,
ante todo, una conciencia.
Entre Filosofía y religiosidad suelen
darse alianzas diversas: resulta supeditación a una creencia dogmática, libérrima indagación del principio religioso,
aclaración de ciertos problemas religiosos
con los propios recursos filosóficos. Como
culminación del proceso metafísico, pue•
de surgir el motivo religioso ( Bergson,
Alexander) , o trasponerse al plano de
lo humano (Feurbach, Comte).
El consorcio de la Filosofía con la
cientificidad en general, con el espíritu
de rigor y aproximación a los hechos,
se da, en las más diversas formas, desde
la Antigüedad -con los atomistas y
Aristóteles- hasta nuestros días -Meinong, Husserl, Stumpf, Hartmann-.
"El encuentro de la filosofía con la psicología ocurre de dos maneras principales: como implantación de la reflexión
filosófica en el terreno psicológico, en
los términos de un psicologismo que relativiza todo conocimiento y concibe también los valores como dependientes de
la psique i y como atribución de los caracteres de suma inmediatez y de originalidad a la autoexperiencia, la que así
es interpretada como una experiencia
metafísica" (pág. 71).
Las conexiones de la Filosofía con las
artes -con la poesía sobre todo-- empiezan desde aquellos antiguos poemas
cosmogónicos y se continúan, en nuestros días, en sistemas, como el de Schelling y el de Vasconcelos, que asignan a
lo estético una significación primordial
de la realidad.
La relación entre Filosofía y Política
ha sido venturosa en ciertos casos ( siglo
XVII en Inglaterra), y en otros un con-

tubemio ( autoritarismo de tipo totalitario).
La alianza con la historia, anticipada
por Vico, cierra al parecer, el ciclo. Concluye Romero: "No hay inconveniente
para el hombre en anudar muchas amistades i es locura que no se desprenda de
las que contradicen su índole o se oponen al cumplimiento de su vocación y
su destino. De manera semejante, la filosofía debe persistir en las alianzas compatibles con su condición de ser la autónoma reflexión sobre cuanto hay, y rechazar enérgicamente las demás" (pág.
83). A este imperativo ha intentado atenerse, a lo largo de toda su trayectoria
filosófica, Francisco Romero. Una incorruptible voluntad de verdad y una ferviente proyección al realismo, caracterizan el filosofar -intransigente e insobornable- del maestro argentino.
AGUSTÍN

BASAVE fERNÁNDEZ DEL VALLE.

Luts REcASÉNs SrcHES: Tratado Ge-

neral de Filosofía dtl Derecho. Ed. Porrúa, S. A., México, 1960.

comprensivo y pe•
netrante; hombre de buena voluntad y
cristiano sincero, Luis RECAsÉNs S1cHES
deja pasear, en todos sus libros, esa su
andante hispanolocuencia para hablar a
sus lectores "ex abundatia cordis". Fruto de una ejemplar vida vocacional
-disciplinada, tenaz, inteligente- lo
constituye su "Tratado General de Filosofía del Derecho11 , pulcramente editado, hace menos de un año, por la Editorial Porrúa, S. A. No se trata de un
libro más -importante siempre, por venir de quien viene- sino de la obra
maestra, del libro que objetiva la vida
teorética de Luis Recaséns Siches. En
ella está toda la rica y fecunda experiencia de su labor docente; la meditación, sistemática y continua, de los temas
y problemas que no puede eludir la FiJUSFJLÓSOFO LIMPIO,

685

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11

11

losofía del Derecho j la honrada y decidida toma de posición personal.
Recogiendo lo substancial de Vida Humana, Sociedad y Derecho, pero insertándolo en un nuevo y superior encuadre, Recaséns logra, en su Tratado General de Filosofía del Derecho, una visión
omnicomprensiva -humanamente hablando--- del sentido y de la estructura
de esta disciplina. En veintiún capítulos
distribuye, con irreprochable orden metodológico, los temas primordiales de la
Filosofía del Derecho. A lo largo de las
setecientas quince páginas del grueso volumen (incluyendo los índices y la bibliografía), el autor describe y analiza
la labor del jurista; ubica el Derecho
dentro del complejo universo i determina
su tipo de realidad; la diferencia de las
normas morales y de las reglas del trato
social i le opone a la arbitrariedad i establece sus funciones en la vida social;
acota los conceptos "Derecho subjetivo11
y "Deber jurídico"; estudia la contextura íntima de la persona y de la personalidad, como base indispensable para conocer la personalidad jurídica del individuo y de las colectividades i apunta los
componentes, las fuentes, el sistema y el
cumplimiento del orden ju,rídico vigente;
examina la relación entre Estado y Derecho; plantea la necesidad de la estimativa jurídica y fundamenta, radicalmente, el conocimiento estimativo sobre el
Derecho; asigna, a los ideales jurídicos,
un carácter de historicidad; la justicia
y la valoración jurídica son presentadas
en su esencial estructura y relación; dentro de una tipología de las principales
filosofías jurídicas se penetra en la doctrina pcrsonalista, como en un humanismo y en la doctrina transpersonalista,
como en un antihumanismo; sentados los
principios de estimativa jurídica, se estudian los derechos del hombre, el bienestar general y los postulados de una convivencia y cooperación justas; concluye
el autor ofreciendo su teoría del logos
de lo razonable -anticipada ya en otro

686

libro como método de interpretación del
Derecho. Hasta aquí, en rápido y sucinto panorama, la contextura esencial de
la obra.
El autor nos apunta, en el prólogo,
su intención primordial: "Con el presente libro intento modestamente ofrecer
no sólo unas meditaciones de auténtico
carácter filosófico sobre los temas fundamentales del Derecho (sobre sus supuestos, sus determinantes ontológicos,
lógicos y gnoseológicos, sus criterios estimativos y sus funciones prácticas). Intento, además, ofrecer a los juristas y a
los estudiosos del Derecho la vía para
una multitud de aplicaciones prácticas
en la política legislativa, en la función
judicial, en la labor consultiva y patrocinadora del bufete. En suma, trato de
tender un puente entre las especulaciones
puramente teóricas y las necesidades de
la vida en nuestro tiempo" (p. XVIII).
Advierte Recaséns Siches que su libro,
en cuanto a extensión material, es un
libro largo. Y hasta confiesa que no lo
ha escrito en un estilo sobrio y conciso.
Prefiere la exposición "insinuante, reiterativa, aclaratoria, e incluso, a veces,
insistentemente machacona" (p. XIX).
¿Motivos? Aunque el autor no los aduce, me atrevo a pensar que en la base
de su filosofar hay un concepto reiterativo del método filosófico, como también
se da en Heidegger, por ejemplo. ¿Acaso
el mismo José Ortega y Gasset, maestro
queridísimo de Luis Recaséns Siches, no
solía expresar que la filosofía se toma
como a Jericó, a base de darle vueltas?
Trátase, en el fondo, de una estrategia
de aproximación cicloide. Al girar en
derredor de los mismos temas, éstos se
nos aparecen una y otra vez, con persistente reiteración, pero cada vez más
próximos y bajo un ángulo diferente.
Atento siempre a cumplir el imperativo
orteguiano: "la claridad debe ser la cortesía del filósofo", el Dr. Recaséns Siches,
se expresa en un estilo amable, sugestivo,
limpio, elegante, . . Su sintaxis -cuan•

do habla o cuando escribe- es irreprochable, acabada, perfecta. Con ejemplar
honradez, el autor nos anticipa su personal orientación: "En este volumen presento la maduración de mis meditaciones
de Filosofía del Derecho y de la Política,
sobre la base de una metafísica raciovitalista, y de una axiología humanista
de raíz cristiana" (págs. XIX y XX).
Hubiese sido deseable, no obstante, una
mayor explicitación de estas bases y de
la concreta relación entre una metafísica
racio-vitalista y de una axiología humanista de raíz cristiana.
Para explicar la variedad y las transformaciones del Derecho positivo, para
comprender el fundamento justificativo
de la diversidad y de los cambios en los
ideales jurídicos, el Dr. Recaséns Siches
recurre a la teoría orteguiana de que
"lo esencial de la naturaleza del hombre
consiste en que el hombre no es naturaleza, sino que es historia". La frase, aunque con algún fondo de verdad, nos
resulta inadmisible. Es cierto que la vida
del hombre no viene hecha, sino que se
va haciendo. Pero no es menos cierto
que la vida humana no puede reducirse
a mero proyecto, porque los proyectos
se hacen sobre la base de ser ya algo
quien los formule. Y un proyecto no
merecerá nuestra adhesión si no concuerda con nuestro peculiar modo de ser,
Toda historia es historia de una naturaleza. Sin una estructura permanente del
hombre, sin una naturaleza, ¿ cómo historiar lo historiado? Por lo demás, el propio Recaséns parece sostener, en otro
de sus libros (Sociología), la unidad fundamental de la naiuraleza humana, basada en un conjunto de caracteres biológicos y psíquicos, y en un sistema de
funciones espirituales. El hecho de que
el hombre tenga historia no invalida el
hecho, más radical, de que tenga naturaleza. En medio de la alteración constante, se mantiene nuestra estructura permanente.
Un punto que nos llevaría muy lejos

en su elucidación -y desgraciadamente
no disponemos, por ahora, del espacio
requerido- es el de saber si puede darse una auténtica seguridad jurídica en
un régimen notoriamente injusto. Permítaseme, por lo menos, apuntar mi convicción -desarrollada en algún artículo que escribí hace algunos años- de
que no puede florecer una verdadera seguridad en franca oposición a los principios de justicia.
Ubicado el Derecho en el reino de la
vida humana, aparece como una forma
de existencia que pertenece, por una
parte, a la categoría de lo normativo, y
por la otra, a la categoría de lo colectivo. "El Derecho no es -para Luis
Recaséns Siches- un valor puro, ni es
una mera norma con ciertas características especiales, ni es un simple hecho
social con notas particulares. Derecho
es una obra humana social (hecho) de
forma normativa encaminada a la realización de unos valores" (pág. 159).
Supera así, el autor, la pretendida equivocidad del Derecho, uniendo inescindiblemente, por una triple reciprocidad,
las tres dimensiones de lo jurídico. Y
continúa el maestro Recaséns Siches su
camino. Con paso firme, con espíritu
cauto, con esperanza manifiesta ... Consigo lleva no tan sólo una sólida base
científica, sino también -y acaso másun "esprit de finesse" que penetra en
los problemas de la vida humana con
todas sus variadas razones y ardientes
anhelos.
AGUSTÍN BASAVE FERNÁNDEZ DEL VALLE

Huoo FRtEDRtCH: Estructura de la Lírica Moderna. De Baudelaire hasta nuestros días. Traducción española de Juan
Petit ( 412 págs.). Biblioteca Breve.
Editorial Seix Barral, S. A., Barcelona,
1959.
FrLÓLooo E HISTORIADOR de la literatura, profesor en la Universidad de Fri-

687

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burgo de Brisgovia, académico numerario de Ia "Akademie für deutsche Sprache und Dichtung" y discípulo de personalidades como Vossler, Curtius y Jaspers, Hugo Friedrich es actualmente, sin
lugar a dudas, uno de los principales
críticos y estudiosos de los problemas de
la moderna literatura.
El libro que nos ocupa, producto de
reflexiones que, según el autor, fueron
iniciadas en 1920 (época de sus estudios
secundarios), nos ofrece un panorama
completo de las direcciones que ha tomado la lírica moderna desde Baudelaire, pasando por Rimbaud y Mallarmé.
En este difícil terreno, donde las irregularidades1 los más variados giros y una
vasta producción invade todos los campos1 Friedrich se mueve con facilidad;
profundo conocedor de los íntimos resortes de la poesía, de las corrientes literarias en lenguas romances y germánicas, va a las fuentes mismas y trabaja
el material huidizo y cambiante con el
rigor y la seriedad del verdadero investigador.
Como no se trata aquí de estudiar la
historia de la lírica moderna sino su estructura, dice el autor en su prólogo 1
han quedado fuera muchos autores importantes. Así, se observa la ausencia
de Lautréamont, George, Hofmannsthal,
Carossa y muchos más que sería largo
enumerar, pero en cambio la marcha del
libro se apoya en los tres grandes re~
presentantes -y creadores- de la lírica
moderna: Charles Baudelaire, Arthur
Rimbaud y Stephan Mallarmé.
Para ingresar al extraño recinto de
esta lírica es necesario tener presentes
algunas de sus características, mismas
que la vuelven difícil y hermética. Estas condiciones, impuestas a la poesía por
los autores arriba mencionados, no como fenómenos aislados sino inmersos en
una corriente espiritual que desembocará en el presente siglo, nos presentan
el poema como una entidad que se basa en sí misma, que rompe con su pa-

688

sado y se planta solitario en una realidad que continuamente lo niega. Por
otra parte, el poeta deja de trasmitir la
"familiaridad" porque a menudo prescinde del yo personal, dejando así de
participar como individuo privado en su
poema. Estas y otras circunstancias provocan una doble situación: por una parte, los no iniciados desprecian solemnemente esta producción que no llegan
a comprender; por la otra, los admiradores de esta poesía, carentes de sentido
crítico, la defienden un poco a ciegas sin
que puedan acertar con el centro mismo
del poema. Pero declara Friedrich categóricamente: ºLa poesía moderna1 lo
mismo que el arte moderno no pueden
defenderse ni atacarse 'a priori' ". Y
más adelante nos dice que la lírica moderna no puede explicarse 1i no se conocen e investigan previamente las categorías que la forman y que permitirán
describirla. Dichas categorías, casi todas negativas, nos conducen hasta el umbral y nos permiten entrever el secreto
de esta poesía. Pero Friedrich se pregunta por qué la poesía moderna se puede describir mejor a base de atributos
negativos que positivos. Podría ser que
estos poetas estuvieran adelantados a nosotros i o bien que se trata de una posibilidad definitiva de asimilaci6n. Lo único que acepta es el hecho verdadero de
que nos encontramos frente a una anormalidad.
Antes de ocuparse de Baudtlaire,
Friedrich estudia los antecedentes inmediatos: Rousseau ( ruptura con la tradici6n) ; Diderot ( poesía como misterio) ;
Novalis (la oscuridad y la incoherencia
como premisas de la sugestión lírica).
De todo esto concluye el autor: "Interioridad neutral en lugar de sentimientos, fantasía en lugar de realidad, mundo fragmentario en lugar de mundo unitario, fusi6n de lo heterogéneo, caos1 fascinación por medio de la oscuridad y
de la magia del lenguaje, pero también
un operar frío análogo al regulado por

la matemática 1 que convierte lo cotidiano en extraño; ésta es exactamente la
estructura dentro de la que se colocarán
la teoría poética de Baudelaire, la lírica
de Rimbaud, de Mallarmé y de los poetas actuales. Esta estructura permanece
visible incluso en los casos en que sus
distintos miembros han tenido que ser
desplazados o completados" (p. 38).
Baudelaire es el poeta que abre, por
así decirlo, la llave de la poesía moderna. Por eso el autor considera que con
este poeta la lírica francesa empieza a
interesar a Europa. El problema de Baudelaire es la existencia en un mundo rodeado de máquinas, civilización, técnica,
comercio y todas esas formas de la vida
contemporánea que niegan o destruyen
la vida del espíritu, el individuo en su
intimidad. De aquí parte cierta poesía
de Baudelaire, concretamente aquella en
la que se huye de la realidad negándola 1
para plantar5:C en el centro de ese ámbito
misterioso en el que brotarán las más
extrañas y desconcertantes visiones, mismas que escandalizaron a su época y a
sus contemporáneos.
Al situar Friedrich al poeta Baudelaire en el inicio de la poesía moderna, y
al enfocar su obra tratando de descubrir
su secreto y su valor, se agrega a esa
crítica contemporánea, cada vez más creciente, que ha dejado de lado aquella
vieja concepción del poeta maldito, sancionado con el exilio social. Ahora, después de que Francia ha celebrado el
centenario de Las flores del mal, después
de que su Universidad le dedica cátedras
año tras año, Baudelaire guarda el sitio
que le corresponde en la historia de la
poesía moderna. Friedrich concluye su
capítulo sobre Baudelaire resumiendo todas las características de su obra: "Belleza disonante, eliminación del corazón
en el asunto de la poesía, conciencia
anormal, ideal vacuo, desobjetivación y
misteriosidad, nacidos de las fuenas mágicas del lenguaje y de la fantasía absoluta y semejante a las abstracciones de la

matemática y a las curvas melódicas: he
aquí los elementos con que Baudelaire
preparó las posibilidades que habían de
adquirir realidad en la lírica del porvenir" (p. 86).
Arthur Rimbaud es el otro poeta que
marca el camino. Esta extraña figura
que antes de llegar a los veinte años se
encerró en el más absoluto silencio, sigue siendo todavía un misterio, pero no
obstante esto1 los estudiosos y críticos que
se han dedicado a investigar su obra la
han iluminado abriendo las puertas que
conducen a su interpretación. En este
libro señala Friedrich cómo la destrucción de la realidad 1 la deshumanización,
la rebelión contra la tradición cristiana,
pueden explicamos esta obra que esconde las más altas expresiones poéticas del
siglo XIX y cuya singularidad sobresale
en toda la producción literaria de occidente. Pero si bien Baudelaire y Rimbaud se mueven en una atmósfera anormal y a veces viciosa, Stephan Mallarmé, el continuador de una obra por ellos
comenzada, poseerá todas las virtudes y
la tranquilidad de un hombre que vive
una vida normal y 11en paz con la sociedad". Pero Mallarmé el continuador
es también el que empuja la poesía hacia planos de pureza y abstracción que
van a encontrar eco en las principales figuras de la poesía del siglo XX. La falta
de espacio nos impide comentar ampliamente todo lo que Friedrich expone sobre este poeta francés que trabajó la
palabra hasta sus más recónditas posibilidades. Digamos solamente que en su
obra se encuentra la negación de toda
tradición humanística y literaria, el más
completo aislamiento y la presencia,
única y permanente, de ese lenguaje en
el cual buscó y experimentó toda su riqueza.
Paul Valéry, T. S. Elliot, Ungaretti,
Guillén, Saint-John Perse y otros1 son los
herederos de los tres poetas que ocupan
gran parte de este libro sobre la estructura de la lírica moderna. A algunos de

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ellos dedica el autor estudios especiales
y acompaña al final un gran número de
poesías que en la edición española se
publican en la lengua original con su
traducción correspondiente.
Este libro de Hugo Friedrich, sin duda uno de los pocos que se han escrito
abarcando el inmenso campo de la moderna poesía, debe considerársele por lo
mismo como indispensable para el estudio de todos estos problemas de la lírica
moderna, difícilmente alcanzables en
obras semejantes, que los enfocan desde
un punto de vista más cercano a la historia de la literatura que a la obra misma.
El mérito de este libro radica pues en su
enfoque directo y en su trato con la obra
poética de autores franceses, alemanes o
españoles, todo dirigido con la intención
que nos anticipó en el prólogo: el estudio, más que de autores determinados,
de la lírica moderna en su vastedad y
extensión, de su estructura interna y sus
más altas manifestaciones desde la segunda mitad del siglo XIX hasta nuestros días.
ALFONSO RANGEL GUERRA
RAFAEL GunÉRREZ GIRARDOT: Jorge
Luis Borges, Ensayo de interpretación.
Instituto Ibero-Americano de Gotemburgo, Suecia. "Insula", Madrid, 1959.
EL JOVEN AUTOR de este libro, conocido
ya de los lectores de habla española por
numerosas obras, entre las cuales se pueden señalar La imagen de América en
Alfonso Reyes, La literatura alemana
actual, numerosos artículos en revistas
españolas y americanas y sus traducciones de H0lderlin y Heidegger, nos ofrece en este libro una visión del escritor
argentino Jorge Luis Borges, caracterizada sobre todo por una lucidez y comprensión tales de la obra borgiana, que
lo llevan a una penetración del sentido
oculto en el laberinto cerrado y engañoso de Borges. Así, la lectura de este en-

690

sayo de interpretación nos abre las puertas de su mundo mágico, que en su apariencia cargada de símbolos y representaciones guarda el mensaje de un espíritu agudo, que como poco$ en América
ha sabido enfrentarse a los capitales problemas de la cultura occidental.
En su Noticia Preliminar, explica Rafael Gutiérrez Girardot que ha pretendido "señalar, simplemente, algunos temas, formas y motivos literarios de la
obra de Borges". Por aquí se alcanzará
su condición de novedad y una continuación de la tradición europea. Siguiendo la frase de Marcial Tamayo y
Adolfo Ruiz Díaz, afirma que "Borges
es, a la vez, el enigma y la clave de la
literatura hispanoamericana, si ésta quiere ser literatura contemporánea''.
El campo de la crítica y la historia literaria hispánica es el primer terreno
que permitirá al autor entender la posición occidental de Jorge Luis Borges,
para Jo cual esboza a grandes rasgos las
condiciones y la dirección de la crítica literaria en los comienzos del siglo. Este
horizonte, en el que -partiendo de la
idea de que crítica y poesía marchan juntas en nuestra épOCB- no se encuentra
más que la ausencia de una verdadera
crítica y un florecimiento de los "isrnos",
aclara la actitud del escritor argentino, que tomó conciencia del problema y
da cabida en su obra a todo aquello que
es difícil encontrar en otros autores. Pero sobre todo, es en la crítica del lenguaje donde Gutiérrez Girardot deja ver
más claramente la autenticidad de la
obra de Borges, utilizando para ello El
idioma de los argentinoJ, escrito en el
que se desarrolla toda una teoría no sólo sobre ese idioma de los argentinos sino sobre el idioma español en general.
Así por ejemplo, refiriéndose a la riqueza del Diccionario de la lengua española, considera los sinónimos como simple
comodidad y señera mental que permiten, sin cambiar de idea, cambiar de
ruidos; o también, para citar otra vez

sus ideas, dice que "las literaturas que
usan el idioma español" son 11 clientes del
diccionario y de la retórica, no de la
fantasía 11 • En una palabra, todo lo que
afirma Borges a este propósito lleva la
intención de patentizar la necesidad de
llegar a una crítica más amplia del lenguaje corno tal, es decir, afirmar, descubriéndolas, sus verdaderas riquezas que
nos remitirán, por la expresión lingüística, el pensamiento mismo del hombre.
De ahí que Borges piense que la metáfora tiene una función intelectual: "Metaforizar es pensar, es reunir representaciones o ideas ... "
Otros aspectos que estudia Rafael Gutiérrez Girardot son la precisión de la
imagen, la ironía y su motivación, el laberinto, el universo, el valor de las citaS
que se pasean en los libros de Borges.
Estos juegos de Borges, que atraen por
su singularidad al lector, esconden, como ya se dijo, una posición intelectual
ante los viejos problemas humanos desenvueltos aquí bajo alegorías o símbolos.
Siguiéndola siempre de cerca, el autor
hace de la obra de Borges un verdadero
y completo ensayo de interpretación que
no es puramente filosófica porque, como
dice el mismo autor, al hacerlo se desconocería la naturaleza literaria de esta
obra.
En los últimos años, Borges ha despertado el interés de los lectores hispanoamericanos, y últimamente se ha visto
cómo los públicos europeos empiezan a
fijarse en él, gracias a las traducciones
francesas, alemanas o inglesas de sus libros. Y paralelo a este movimiento de
los lectores de ambos continentes, se observa otro de los críticos. Todo esto nos
habla de la importancia y la trascendencia de la obra de Jorge Luis Borges, por
muchos años desdeñada y acusada de un
aislacionismo que más bien practicaban
sus acusadores. Esta obra, difícil y rica,
ha llegado a ser una de las principales
manifestaciones de la literatura americana, que con autores como Borges rom-

pe las fronteras de la provincia para uria
ubicación universal. La obra de Rafael
Gutiérrez Girardot, sumada a la de Ana
María Barrenechea, a los ensayos de
Henríquez Ureña, Francisco Romero,
Etiemble y muchos más, a los que debe
agregarse Ramón Xirau, con un ensayo
publicado recientemente, ayudará a entender mejor esos cuentos y narraciones
de Jorge Luis Borges, donde lo fantástico adquiere proporciones grandiosas
que ya nada tienen que ver con la vacía
creación de mundos irreales, desvinculados de las verdades de los hombres.
ALFONSO R.ANGEL GUERRA
CÉSAR SEPÚLVEDA: "Derecho Internacional Público". Ed. Porrúa, México,
1960.
Acaba de salir a la luz pública el libro del Maestro Titular de la materia
de Derecho Internacional Público de la
Facultad de Derecho y Ciencias Sociales, de la Universidad Nacional Autónoma de México, señor licenciado César
Sepúlveda, intitulado Derecho Internacional Público. Esta obra es, a no dudarlo, una buena e importante aportación
a esta especialidad jurídica, ya que su
autor ha hecho un concienzudo y profundo estudio de las diferentes cuestiones que integran al Derecho Internacional de nuestros días.
La primera parte de la obra --que podríamos llamar introductiva-, con pulcritud, nos lleva hacia los orígenes de
esta ciencia jurídica, presentando los
últimos adelantos e investigaciones, nada
menos que sobre el propio fundador de
ella, Francisco de Vitoria, a quien otros
:tutores disputaban tal honor para atribuírselo al holandés Hugo Grocio.
Su exposición de las doctrinas lusnaturalistas, en la que descuella, como
ninguna otra, la Escuela Hispana del Derecho de Gentes, se desenvuelve con claridad e interesante secuencia por las pá-

691

�ginas de esta obra, sin olvido de ninguno de los componentes de ella.
Asimismo el autor, con gran tino, nos
presenta a los autores los-Naturalistas
laicos, que comenzando por Alberico
Gentili y seguido de Hugo Grocio, nos
permiten asomarnos a ese mundo del pasado jurídico internacional en que estos
publicistas establecieron nuevos lineamientos --con un carácter ya más científico-- los cimientos del Derecho Internacional.
En el capítulo tercero, el autor se refiere a los positivistas destacándose, desde
luego, los grandes maestros de esta eta·
pa histórica.
El Lic. César Sepúlveda estudia en
su obra con singular disposici6n y méto•
do, en el capítulo IV, "La Naturaleza y
la Esencia del Derecho Internacional'',
atendiendo a las discusiones que ya han
sido frecuentes en el curso del proceso
gestatorio jurídico internacional y, sobre
todo, en relación con la debatida cuestión sobre la juricidad del propio Derecho Internacional.
Dadas las proporciones de esta nota,
resultaría prolijo tomando en consideración el nutrido y abundante material de
la obra que nos ocupa, el hacer un comentario más extenso, porque el esfuerzo de este ameritado maestro internacionalista mexicano, en el campo del Derecho Internacional, es digno de reconocimiento y alabanza, ya que, no sólo su
aportación constituye una ampliación y
fijación de los principios fundamentales
que animan al Derecho Internacional,
material reservado sólo a especialistas,
sino que viene a constituir una positiva
e indudable ayuda, como guía, no sólo
para los especialistas y catedráticos, sino
también para estudiantes y público lector, en general, al considerar, no solamente la selección de los temas a estudio, su ordenación y presentación, sino
también por la fluidez y claridad expositiva que caracteriza a esta obra, la que

indudablemente recibirá, con beneplácito,
una gran acogida.
ALBERTO GAR.CÍA GÓMEZ

ToMÁS MENDIRtCHAGA CUEVA. Apellidos
de Nuevo León. Abside, Revista de cultura mexicana. Guerra. Apellido materno
de Fray Servando; 1958, XXII-4; pp.
417-438; y Mier; 1959, XXIII-3; pp.
253-289.
COMENTAMOS oos artículos y no un libro. Hay artículos que tienen mejor calidad que muchos libros. Las veintiuna
páginas del primero y las trcintaiséis del
segundo, constituyen los primeros trabajos genealógicos de importancia, publicados por autores nuevoleoneses sobre familias nuevoleonesas. Y estos ensayos
superan su categoría, cuando se refieren
a un personaje de gran relieve en la historia nacional: Fr. Servando Teresa de
Mier.
La genealogía es una de las ciencias
auxiliares de la historia más eficaces. Ya
se habían escrito en Monterrey algunas
notas sobre ascendencias familiares. Pero
nunca en la forma técnica y erudita que
Mendirichaga. Investigador tenaz e inteligente, ha dedicado largos años a escudri~ar los archivos oficiales y eclesiásticos, no sólo de Nuevo León, pero de
aquellos lugares a donde le llevan las
enmarañadas raíces de un linaje.
Se observa en ambos magníficos ensayos un afán exhaustivo del tema. Y lo
alcanza con creces; aclarando1 de paso,
lo que hasta ahora se ha dicho; sobre
todo del apellido Mier. Otra finalidad
obvia del autor es la de probar, a todas
luces, la hidalguía de los conquistadores
y pobladores del Nuevo Reino de León;
con lo que deshace los tradicionales y
maliciosos fundamentos judíos, posteriores a Carvajal.

PLINIO D. ÜRDÓÑtz. El Benemérito Educador Nuevoleonés Profesor Dn. Straf,n
Peña. Datos biográficos. Imprenta Villarrubia; Monterrey, 1960. 147 pp. Ilust.
ExtsTEN VARIOS ensayos biográficos del
benemérito profesor Serafín Peña. Este
es el primero más o menos amplio y completo. Con excelente espíritu de orden,
el autor lo ha dispuesto en cinco partes.
Los datos biográficos ocupan la primera,
y está integrada con transcripciones literales de trabajos realizados por Mariano
de la Garza, Israel Cavazos, Celedonio
Junco de la Vega y Fortunato Lozano;
así como con una serie de pensamientos
dedicados al maestro por connotados educadores locales.
Analiza, en la segunda, la labor educativa del biografiado1 destacando su fi.
gura en la Reforma Escolar de 1892 1 y

en su participación al innovar los planes
de enseñanza 1 al lado de Miguel F. Martínez. Subdivide, en la tercera, las tareas
de divulgación pedagógica, clasificando
las del educador, el publicista y el literato. Serafín Peña es el primero en pre·
sentar el material de aprendizaje en su
estilo; con antecedentes sólo en el Pbro.
J. de Jesús Cepeda. Hace Ord6ñez un
estudio analítico de la producci6n bibliográfica y estu4ia luego la obra poética,
recurriendo a Garza Cantú. Transcribe
algunos ejemplos de la prosa, a través de
colaboraciones periodísticas, discursos o
piezas epistolares. La parte final de la
obra, está dedicada a los honores y recompensas de que fue objeto el sabio
educador, y complementa el acervo informativo una serie de ilustraciones sumamente interesantes.
ISRAEL CAVAZOS GARZA

lsRAEL CAvAzos GARZA

693
692

�CANJE

PUBLICACIONES RECIBIDAS*

(1960)

ALEMANIA:
Tnstitut für Auslandsbeziehungen, Stuttgart, No. 1 (Enero-marzo de 1960; No. 2 (Abril-

junio de 1960).
Rubén Darío. Bajo el divino imperio de la música (103 p.). lberoAmerikanisches Forschungsinstitut. Hamburgo, 1954.
STEGMANN, WILHEUI: Rufino Blanco Fombona und sein episches werk. Mit einer Gesambibliographie zu Blanco Fombona ( 159 pp.). Ibero-Amerikanisches Forschungsinstitut. Hamburgo, 1959.
UHLE, MAX: Wesen und Ordnung der Altperusnischen Kulturen (129 pp.}. Colloquium Verlag. Berlín, 1959.
LORENZ, ERIKA:

•

ARGENTINA:

Bibliografía argentina de artes y letras. Fondo Nacional de las Artes, Buenos Aires, No. 4
Boletín de la Universidad Cat6lica Argentina Santa María de los Buenos Aires. Año II,

No. 5, marzo de 1960.
Historia de la Rusia Contemporánea. Primera parte: "Las ilusiones del progreso, 1825-1917". (616 pp.). Ministerio de Educación de la Nación.
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FALCIONELLI, ALBERTO:

*

Se recogen por orden alfabético libros y publicaciones periódicas. Se indica el nombre de la institución donante cuando las publicaciones recibidas por su conducto
no corresponden a su fondo editorial.

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1

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1

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I 11'

¡11

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RosTAND, JEAN: Ce que je crois (125 pp.). Grasset, Paris1 1953.
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VoLTAIRE: Zadig ou la destinée. Histoire orientale (94 pp.). Textes littéraires fran4yaise.
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698

699

�1

Acabóse de imprimir tl día 8
de marzo de 1961, en los Talleres de la Editorial ]us, S. A.
Plaza de Abasolo número 14,
Col. Guerrero. México 3, D. F.

El tiro fue de 1,000 ejemplares.

t

�</text>
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                  <text>Humanitas es la revista de investigación más antigua del noreste de México en el área de Ciencias Sociales y Humanidades, se publica desde 1960 y actualmente está indexada en Latindex. Es una revista arbitrada y de acceso abierto que considera para su publicación artículos originales escritos en español e inglés, que sean el resultado de una investigación científica y que representen una clara contribución al debate y conocimiento de las áreas de la revista: Filosofía, Letras, Ciencias Sociales e Historia.</text>
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              <text>https://www.codice.uanl.mx/RegistroBibliografico/InformacionBibliografica?from=BusquedaAvanzada&amp;bibId=1784592&amp;biblioteca=0&amp;fb=20000&amp;fm=6&amp;isbn=</text>
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                <text>Humanitas, Sección Noticias y Reseñas Bibliográficas, 1961, Año 2, No 2, Enero</text>
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                <text>Basave Fernández del Valle, Agustín, 1923-2006</text>
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                <text>Historia</text>
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                <text>Publicaciones periódicas</text>
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                <text>Humanitas es la revista de investigación más antigua del noreste de México en el área de Ciencias Sociales y Humanidades, se publica desde 1960 y actualmente está indexada en Latindex. Es una revista arbitrada y de acceso abierto que considera para su publicación artículos originales escritos en español e inglés, que sean el resultado de una investigación científica y que representen una clara contribución al debate y conocimiento de las áreas de la revista: Filosofía, Letras, Ciencias Sociales e Historia.</text>
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                <text>Universidad Autónoma de Nuevo León, Centro de Estudios Humanísticos; Editorial Jus</text>
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                <text>Cavazos Garza, Israel, 1923-2016</text>
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                <text>Rangel Frías, Raúl, 1913-1993</text>
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                    <text>Sección Cuarta

CIENCIAS SOCIALES

�LA UNIVERSIDAD DEL PORVENIR
LIC. ALBERTO GARCÍA GóMEZ

Universidad de Nuevo León

INTRODUCCIÓN

No es necesario verificar un examen profundo para llegar al conocimiento
de que el mundo actual se encuentra en un estado grave de descomposición
moral y social, la que necesariamente se refleja en el orden de las instituciones
haciendo ineficaz o nugatoria su acción, lo que, en general, ofrece perspectivas a un trágico y decisivo final bélico.
Ostensible es el desprecio o rechazo del hombre moderno hacia las "cosas"
del espíritu, lo que también se refleja en la cultura. La consecuencia de todo
esto ha producido un clima propicio al florecimiento de pasiones incontrolables, en el que la inquietud y la angustia han sometido al hombre a peligrosas tensiones.
En el gran escenario internacional, en donde ya se ventilan los grandes
acontecimientos de nuestra era, son de advertir los esfuerzos desarrollados
por la Organización de las Naciones Unidas en su lucha por el mantenimiento
de la paz y de la seguridad en el mundo, cuando una guerra fría puede
convertirse en el principio del fin, con el siniestro peligro del empleo de las
formas de destrucción que la ciencia moderna ha alcanzado: la guerra nuclear, la que permite no solamente la destrucción masiva, sino la desintegración a través de la radiación y de la herencia genética del hombre; la destrucción química, que incluye los gases nerviosos, que nulifican la personalidad
humana y la guerra biológica.
En este precario momento histórico, trascendental como nunca, la síntesis
que de carácter inmediato sería posible establecer en torno al tema que nos
sirve de estudio, podría quedar circunscrita con la formulación de la siguiente pregunta: ¿ Es la Universidad -entre otras instituciones- una po-

579

�sible solución a los gravísimos problemas que tiene ante sí el hombre en el
presente y en lo porvenir?
Esta reflexión que pudiera parecer utópica, dado lo real y complejo de
los factores determinantes de la situación apuntada, pudiera, no obstante,
encerrar un medio positivo y valedero ante el lamentable fracaso de otros
tipos de intentos en el pasado, como en el caso de la extinta Sociedad de
Naciones, la que a pesar de la nobleza de sus propósitos, no pudo frenar o
evitar el desenlace funesto del empleo de la guerra para resolver los conflictos
humanos con todas sus consecuencias.
La radicación del problema se encuentra precisamente en ese estado moral
y social decadente en que la Humanidad se halla, el que señala el fin de
una época y en el de la de una radical transformación, especialmente en el
orden de la cultura, considerando su alto valor educacional, para aplicarla de
acuerdo con las inaplazables exigencias de la nueva Era que ya se ha iniciado, la que reclama, a su vez, un nuevo Orden Social.
Los intentos de aplicación de la cultura como medio para la solución de
los problemas que siempre han aquejado a la humanidad, no son una novedad, porque en el fondo del corazón y de la mente humana ha sido siempre
un anhelo el utilizar a la cultura para prevenir al hombre del odio, si bien
muchos de esos intentos han sido tildados de irreales, como así fue señalado
el pensamiento de Renán al creer en las propiedades pacificadoras de la
cultura.
Pero en el caos que es posible advertir en el mundo actual, el empleo de
la cultura, pese a los aspectos utópicos que pudieran atribuírsele, para los
fines de comprensión y conocimiento, aparece si no como una panacea, sí
como un camino salvador y de elevación dignificadora de la vida humana,
sin olvidar, obviamente, lo propio interno, porque es precisamente el hombre
y en el hombre en donde puede encontrarse el campo de aplicación de la
cultura, alejada de ideas o motivaciones de materialismo negativo, impregnadas de odio y de~precio hacia los supremos valores perennes del espíritu,
frente a una nueva situación sociológica en que el hombre no está debidamente preparado, o bien, para evitar una guerra que pondría el fin a su
propia existencia.
No es, pues, una pretensión utópica, que en ese campo sombrío y confuso
en que vive el hombre moderno, como resultado de su desdén a los valores
espirituales y de su apego a lo material, el que la cultura -en su más genuina expresión- aparezca como uno de los medios más adecuados e idóneos,
no sólo para la propia exaltación del espíritu, que es su misión primigenia,
al encontrar éste en la cultura sus más plenas y vitales manifestaciones, sino
aun por el interés de su conservación, ya que si bien la cultura no es el único
ni el más decisivo camino de salvación, considerando la complejidad apun580

tada en la situación prevaleciente, si constituye un poderoso factor cuya valía
imponderable no puede ser menospreciada, sino por el contrario, estimulada
y enriquecida en estos momentos históricos de crisis de los valores espirituales
y de vivo conflicto -espíritu y materia- como nunca lo fuera en lo pasado
y decisivo en lo porvenir por sus letales resultados. Con cuánta razón Fernando de los Ríos, partiendo del hecho histórico de la tendencia secular del
hombre, pese a su propia vocación y naturaleza, a desdeñar lo espiritual,
señalaba la escisión entre el "saber" y el "deber" humanos; "divergencia en
que el saber sigue atropellado, un camino, y por otro camino, más que rezagado, va menospreciado el deber. Y como el Renacimiento tomó como
ciencia tipo la matemática, se produjo desde aquella Edad, en todo el proceso cultural, una aceleración de la matemática a la física, de la física a la
mecánica, de la mecánica a sus instrumentos, y los hombres terminaron su jetos a ellos, y lo que es peor, creyendo más en los instrumentos que en sí
mismos". 1
De significativa importancia resultan así los esfuerzos encaminados al empleo de la cultura como un medio que posibilite la unión entre los hombres,
como entre los pueblos, por eso son dignos de reconocimiento y alabanza los
esfuerzos realizados por la Conferencia de Londres, de noviembre de 1945, en
la que se acordó la constitución de la Organización de las Naciones Unidas
para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO), cuyos básicos principios están dirigidos a tal fin, organismo internacional del que hablaremos
al estudiar el tema de la cultura.
No es el caso de establecer una vez más la supremacía del espíritu, el que,
como esencia humana, se ha sobrepuesto y superado a la incomprensión y a
la estulticia, cuando no a las grandes catástrofes que la propia mano del hombre ha desencadenado en todos los tiempos. Una vez más el espíritu, faro
inextinguible de luz, cuya preservación no necesita de exégesis, constituye un
elemento inapreciable en la tarea de salvar al hombre de la trágica encrucijada en que se ha colocado; camino que, en otro aspecto, no puede ni debe
ser avasallado por un materialismo sofocante, impulsado sólo por metas -que
no por ideales-, cientificistas, carente de una moral, frío y antihurnano, porque mientras más se aleje el hombre de sí mismo, y por ende de los demás
hombres, al despersonalizarse, pretendiendo ignorar al espíritu y las cosas
que de él se derivan, hace nugatorios los medios para llegar a la comprensión,
al diálogo y a la convivencia en general, con percusiones no solamente en
lo nacional, sino en lo internacional, la realidad sociológica que es el signo y
la característica de nuestro tiempo.
1

GAnR1E1. DEL M .\ZO,

La Reforma Universitaria y la Universidad Latinoamericana,

p. 84. Bueno, Aires.

581

�Frente al hecho portentoso de la casi poses1on y dominio de la materia
por la vía científica, legítimamente podría preguntarse cuáles son los objetivos que animan y guían a ese progreso siempre ascendente, porque ya en
nuestra era es casi inevitable el tocar el tema de la eminencia de la guerra,
en la que se emplearían esos aniquilantes adelantos científicos; si bien, claro
es, con el entendimiento de que la naturaleza de tal guerra sería totalmente
distinta de cuantas hayan acontecido en el pasado y llevada a cabo entre dos
trincheras invisibles; pero no por ello menos reales, las que agruparían cada
una a la humanidad entera. En caso de la realización de tan fatal evento,
¿ acaso se trataría de salvar al hombre y con él a su descendencia y a su cultura, proporcionándoles bienestar? Por desgracia esta interrogación que el
hombre de nuestros días se formula en forma de clamor angustiado no tiene
respuesta, porque muy otros, oscuros y siniestros son los propósitos que animan
a un posible Caín, víctima de ciegas pasiones al olvidar las normas y los principios inmutables. La paz, la verdadera paz, no es con mucho la pretendida
arcadia de los lobos con piel de oveja que acechan el mundo.
En la peligrosa distancia que se ha establecido entre el hombre y el hombre, por la postergación y desdén de los valores espirituales y por la abstrusa
cuanto insensata apetencia del poder mundial, la cultura es el puente que
hermana y acerca y en ese anchuroso campo, la Universidad, por la índole
de su ser y de su misión, se yergue como centro espiritual y cultural por excelencia, como fuente y guía, nutrida a través de los siglos con el penoso
acumular de conocimientos y de experiencias vitales que son propicias al
hombre para su redención, sacándolo del error y previniéndolo del odio fratricida y, por último, advirtiendo la realidad de las nuevas circunstancias
históricas en que vivimos.
Así, pues, permítasenos hacer un esbozo futurible de la presencia de la Universidad y de su acción vivificadora, no sólo en el mundo de la cultura, con
objeto de estudiar su posibilidad creadora del conocimiento, y por ende, de
la propia cultura, proyectada al hombre, con objeto de que se constituya en
vía luminosa que lleve del error a la verdad y sea factor básico y determinante
de acercamiento y de paz para los hombres en lo porvenir.

I
EL ESPÍRITU

La importancia de las palabras del maestro José Vasconcelos, por desgracia desaparecido ya, aplicadas al lema de la Universidad Autónoma de Mé-

582

xico: "Por mi Raza hablará el Espíritu", están muy por encima de cualquier
examen superfluo e invitan a la reflexión. Somos seres esencialmente espirituales, pese a la indiferencia o rechazo de algunos pensadores en tal sentido,
o bien, a la sensible degradación y bancarrota de las "cosas" espirituales, tal
como se encuentran en nuestros días.
La cultura, como fruto esencialmente espiritual, ha tenido expresiones de
la mayor riqueza y plenitud en el decurso temporal e histórico. No se precisa volver las hojas de la historia hacia la más remota antigüedad, para comprender que con la aparición del hombre, éste deja sentir simultáneamente, en
forma inobjetable -si bien primitiva- la huella de su espíritu. Negar al
espíritu sería negar la calidad esencial del hombre mismo.
Dentro de las más ricas experiencias obtenidas por el hombre, no solamente en contenido, sino como disposición natural, en lo religioso el espíritu
ha encontrado la más profunda satisfacción a su congénito anhelo de eternidad y un camino que lo ha llevado a la concepción de excelsitudes y alturas
inconcebibles, dentro de la natural insuficiencia del hombre mismo en esa
proyección maravillosa hacia lo infinito. Ortega y Gasset, profundamente,
escribiría: "La emoción de lo divino ha sido el hogar de la cultura y probablemente lo será siempre". 2

Así, en lo temporal y cultural, el espíritu se vuelca primeramente en el
campo de lo religioso, en concordancia con su necesidad de Dios. El arte
-forma cultural por excelencia- recibió impulsos de sutil inspiración y de
trazo genial hajo el signo de lo religioso, así la riqueza y variedad de las
grandes y menores obras artísticas, creadas por motivaciones religiosas es
imponderable. Catedrales altivas, como sencillas ermitas, pagodas, monasterios y templos de todas denominaciones, pintura, literatura, y el hecho mismo
-profundamente humano-- de la expresión de lo religioso, son evidencia y
demostración que habla en el altisonante cuanto significativo lenguaje de esa
tendencia a la divinidad, o bien en el mudo, pero no menos elocuente de una
piedra labrada o de una pincelada tenue que enclava la vista de un santo
hacia lo alto, plasmada en algún retablo de ignota capilla. Así se abren épocas, eras, centurias y décadas, jalones significativos de la historia humana al
correr de los tiempos. En todos y en cada uno de los rincones de la tierra hay
pruebas y señales de esas manifestaciones espirituales del hombre en pos de
lo divino y eterno, como demostración prístina del espíritu en el hombre, elevación dignificante y diferenciadora de otros especímenes animales.
Scheler pensó que "si ninguna otra cosa probara la existencia de Dios, la
probaría la imposibilidad de derivar la disposición religiosa del hombre a
2

FERNANDO SALMERÓN.

(I 430). Las Mocedades de Ortega y Gasset, p. 83.

583

�otra cosa que a Dios", y por su parte, Agustín Basave Fernández del Valle ha escrito:

"E~ hombre no puede librarse de la religión porque es congénita con su
e_senc1a, los hechos religiosos se encuentran en todos los pueblos. Esta religiosidad, constante y universal, está basada en la necesidad moral de la religión". "El hecho de la universalidad de la religión es tan manifiesto -asegura Q~~tr~fages- que los más eminentes antropólogos no vacilan en aceptar
la rehg10s1dad como uno de los atributos del reino humano. El arte, la moral
el Estado, la ciencia, la filosofía, el lenguaje, la técnica y todo cuanto eÍ
hombre produce o modifica y la misma actividad productora O modificadora
inte~ran la cu_lt~ra. Y la cultura -realización y esfuerzo-- no es más que un
1:1ed10 al scrv1c10 de un humanismo teocéntrico. Desarraigado de ahí donde
tiene el hombre sus raíces, la cultura es un vano fetiche que termina por
disolverse en la nada.
"Cultura es objetivización del espíritu. Espíritu es lo específicamente humano del hombre, lo que produce el lenguaje, el arte, la moralidad, el derecho, etc. Como protagonista de la cultura, el hombre la crea y la vive. Pero
los entes culturales no son estáticos sino que cambian y se modifican participando de la naturaleza admirable del hombre. Como específicamente humana
es la cultura, es el mundo propio del hombre, su ambiente más cálido y cercano. Como instrumento al servicio de la salvación del hombre, la cultura
está coloreada de religiosidad en todos sus aspectos: 1) formaciones; 2) útiles; 3) signos; 4) formas sociales; y 5) educación". (La clasificación de estos
cinco grupos o tipos generales de productos culturales, es de Hans Freyer y
está contenida en su Teoría del Espíritu Objetivo) .3

II

LA CULTURA
La proyección de este estudio requiere un análisis, si no total, al menos que
nos permita acercarnos al concepto o a los cpnceptos de cultura, los que han
variado de acuerdo con su propia evolución hasta llegar a la Filosofía de la
Cultura, como la más alta expresión que nos habla del reconocimiento de su
trascendente valía, así como de la significación que encierra para el hombre.
Comte, Wundt, Windelbald, Rickert, Lask, Münch, Dilthey, Sprangcr, Scheler,
Hartmann, James y Dewey, así como Ortega y Gasset --citados por Recaséns
' DR. AGUSTÍN BASAVE FERNÁNDEZ DEL VALLE,

584

Filosofía del Hombre, p. 295.

Siches-, constituyen una pléyade de expositores que han establecido diversas
teorías sobre la cultura, sin mengua de los antecesores, como en el caso de
Renán.
Por su parte, el propio Recasens Siches aporta en su Teoría de la Cultura,
como vida humana objetivada, nuevas luces sobre este punto tan singular. Este
autor afirma que la cultura la constituyen, "no solamente las obras preclaras,
sino también todas las manifestaciones -en número ingente-, de las actividades de los hombres, que dejan una huella o signo expresivo, por muy humildes que sean: el letrero indicador de una carretera, el hacha de sílex rudimentaria, el consejo trivial contenido en un refrán, la indicación de "se
prohibe fumar", la forma elemental de un trueque, el convencionalismo intrascendente, la carta familiar, etc.. . . Esas cosas no constituyen espíritu objetivo como algunos pensadores han pretendido, sino pensamiento humano objetivado. Su índole, su ser esencial consiste en pensamiento; pero, adviértase
bien, en una forma peculiar de pensamiento, porque no es pensamiento vivo,
es decir, no es pensamiento que está siendo pensado, producido por una
mente, sino pensamiento ya pensado, ya hecho, separado de la conciencia
en que se gestó, pensamiento objetivado, pensamiento cristalizado, pensamiento
convertido ya en cosa, es decir, en objeto". Y agrega, al hablar de la estructura
de las objetivizaciones de la vida humana, que poseen una estructura análoga a
la de la vida humana propiamente dicha, esto es, de la vivida por los individuos, pues en fin de cuentas, son su producto, su cristalización; tienen, por
consiguiente, la estructura de los humanos haceres, es decir, son obras expresivas, o son además obras con un propósito y entonces responden a un porqué
o motivo, y se orientan hacia un para qué o finalidad.
Pero tales objetos, aun poseyendo la misma estructura de la vida humana,
en tanto que cristalizados, carecen de todo dinamismo -que es lo que caracteriza la vida de los individuos-, no cambian, son inmóviles, rígidos, inertes,
no son el hacer, sino lo hecho; no son actos, sino cosa; no son agentes, sino
huella. "La cultura, para Recaséns Siches, en resumen, es lo que los miembros
de una determinada sociedad concreta aprenden de sus predecesores y contemporáneos en esa sociedad, y lo que añaden y modifican. Es la herencia
social utilizada, revivida y modificada".'

Con la exposición anterior es posible obtener la panorámica que nos permite
avizorar las posibilidades de la cultura, de acuerdo con los propósitos de nuestro
estudio. La cultura, por tanto, ha sido el producto de elaboraciones individuales
que lentamente se han ido gestando y que han determinado el grado de perfeccionamiento alcanzado en nuestros días, jamás soñado por el hombre, el que
' Luis

RP.CASÉNs

S1cHEs, Sociología, pp. 154 y 155.

585

�así disfruta y emplea esa obra humana por excelencia, realizada a través del
tiempo, por lo que, reconocido su valor intrínseco, es posible establecer su
adecuación y empleo en la tarea de acercar a los hombres por medio del
conocimiento y de la comprensión, tarea que puede y debe realizar la Uní,
versidad, como así veremos adelante.
Al hablar de la cultura también se habla de las culturas, "formas" de ella,
en el pensamiento Orteguiano, si bien se deduce que estas últimas están com,
prendidas en aquélla, con sus características propias o tintes peculiares, como
cuando se habla de la cultura griega -ejemplar por excelencia-, de la
cultura romana, etc. ; pero son ríos que van a la mar o vienen de ella. Las
culturas, en razón de las circunstancias y de la acción del tiempo, se nutren
unas de otras, como lo fueron unas antes que otras, como florecieron unas y
otras decayeron, hasta llegar a la síntesis, que es la cultura misma y que constituye el acervo más preciado.
En Ortega y Gasset, como en otros filósofos, la cultura constituye natural,
mente motivo de reflexión y forja algunos conceptos acerca de ella, como
cuando la estima como un conjunto de bienes culturales y de experiencia
histórica que un pueblo posee, o bien, cuando la considera como elaboración,
henchimiento progresivo de lo específicamente humano. "Pero -en opinión
de uno de sus comentaristas, Fernando Salmerón- es sin duda, Renán,
quien se encuentra detrás de todo el ensayo relativo a la cultura en Ortega,
principalmente de aquellos pasajes que describen entre las características de
la cultura ciertas virtudes místicas y utópicas, que hacen esperar de ella la
paz definitiva entre los hombres: H ominis ex cultura amici. Renán percibió
-según Ortega- la lenta germinación de la paz sobre la tierra, la unidad
humana que pausadamente se organiza en el proceso de la historia y pudo ver
la gran sinfonía donde se justifican todas las acciones, en donde todas las
cosas se ordenan y adquieren ritmo y valor, es la cultura".5 Fernando Salmerón cita, también que muchas frases de Renán sobre estos asuntos pueden
hallarse en L'Avenir de la Science, pero principalmente en los Dialogues et
Fragments Philosophiques, agregando que "la idea de Renán de la cultura
como labradora de paz, se repite en una pequeña nota del mismo año titulada Una Fiesta de Paz, sobre el centenario de la Universidad de Leipzig. El
órgano de la cultura que es la Universidad es también el órgano de la paz"
I, 125.6
Otros esfuerzos pudieron al fin abrirse paso considerando a la cultura
como un medio idóneo para obtener la paz, en esos casos, si así se les denominó, las utopías han constituído las más bellas cosas realizadas por el hombre,
• Luis REcAsÉNs S1cHEs, ibid., p. 160.
ibid., p. 87.

• FERNANDO SALMERÓN,

586

por tanto no es posible desconocer esos intentos generosos en pro de tal
objetivo, los que, alejados de la idea de que la cultura empleada como medio
de comprensión entre los humanos pudiera ser una utopía, cristalizaron y han
fructificado en benéficas realidades. Cabe mencionar así el verificado por la
Federación Mundial de Asociaciones de Educación ( 1923), establecida a
iniciativa de los Estados Unidos de Norteamérica, así como los desarrollados
por personas e instituciones similares.
Ya en nuestro tiempo, destácase una institución que obedeciendo al principio de que el empleo de la cultura y de la educación pueden constituirse
como elementos pacificadores, lo hizo suyo como su misión fundamental de
trabajo, tal es la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la
Ciencia y la Cultura (UNESCO), la que vio la luz en el año de 1945 y que
agrupó en su seno a representantes de cuarenta y cuatro países, los que se
reunieron en Londres, recién terminada la Segunda Guerra mundial. La
UNESCO, constituye ya una seria realización y un esfuerzo único en la historia de la humanidad, como un ejemplo aleccionador, cuya constitución se
formó en bases inspiradas en los principios que sostienen el que la cultura
puede realizar la verdadera comprensión entre los hombres. Dada la naturaleza internacional de este organismo, su ámbito se extiende por todo el orbe,
de acuerdo con las nuevas y contrastadas exigencias sociales y jurídicas por
las que atraviesa el hombre; por lo que estimamos necesario, aunque sea
brevemente, el estudiar sus principales características con objeto de penetrar
en el contenido e ideario de esa institución tan significativa.
Walter H. C. Laves y Charles A. Thomson, quienes participaron ampliamente en actividades dentro de la UNESCO, han producido una obra, que
con este título, nos presenta importantes aspectos de ella. Esos tratadistas afirman que: "Aunque era necesaria la reconstrucción educacional de los países
dañados por la guerra, entre los que se encontraban principalmente Polonia,
Grecia y las Filipinas, lo que ciertamente había consternado a los Delegados
reunidos en Londres, era la contemplación de la devastación de los valores,
tanto morales como espirituales, debido a los efectos de la guerra, así como
por los del Totalitarismo y la necesidad ingente del entendimiento internacional para la preservación de la paz en el mundo, el que. necesitaba de una
desintoxicación moral". El Primer Ministro Inglés Attlee denunció "la práctica
totalitaria de poner una cortina alrededor de las mentes de los pueblos".
En la Conferencia de Londres, se señaló que el principal peligro era el
Nazismo, con su agresivo nacionalismo, su racismo y brutalidad, así como
también a sus adláteres: el fascismo italiano o el militarismo japonés. Los
Delegados determinaron crear una Agencia para hacer de la educación un
instrumento de la paz, así como para señalar los horrores de la guerra.

587

�Los participantes en la Conferencia de Londres, reconocieron e identificaron los inequívocos términos de las causas educacionales y morales de la
guerra; pero también estaba en su mentes el papel positivo de que la comprensión internacional era necesaria acerca de una paz segura.
Clement Attlee, había afirmado en cierta ocasi6n, lo que ya se encontraba
en muchos labios en el año de 1930: "Las guerras empiezan en la mente de
los hombres". Le6n Blum, por su parte, indicaba que el propósito del nuevo
organismo, sería, pues, establecer "el espíritu de paz en el mundo". La educaci6n debería reconocer, la unidad de la raza humana".7
Estas ideas habrían de germinar en el significativo Preámbulo a la Constitución de la UNESCO, en el que se leen estas palabras: "los Gobiernos de
los Estados, partes que integran esta Constitución en nombre de sus Pueblos, declaran:
"Que desde que las guerras empie:.an en La mente de los hombres, e.1
en el pensamiento de los hombres en el que las de/ensas de la paz deben
construirse;

esa ignorancia en la forma de ser y de vivir de cada uno, ha sido la causa común, a través de la historia de la humanidad, de la sospecha y de
la desconfianza entre los pueblos del mundo. a través de lo cual, frecuentemente sus diferencias han determinado como desenlace la guerra ... " 8
De no menos importancia, también, resulta el texto del Artículo I de la
Constitución de la UNESCO, el que a la letra dice:
"El prop6sito de la Organización es contribuir a la paz y a la seguridad por la promoción de la colaboración entre las Naciones a través
de la Educación, la Ciencia y la Cultura, en orden a hacer un cercano
y universal respeto por la Justicia, por el imperio de la Ley para los
derechos humanos y las libertades fundamentales, como así lo son
afirmadas po.r los Pueblos del Mundo, sin distinci6n de raza, sexo, lenguaje o religión, en la Carta de las Naciones Unidas".º
En el inciso b. de la Sección 11, entre otros puntos también se habla de
' WALTER, H. C. LAVES Y CH\R!.ES f\.
sitr. Bloomington. 1957.
• UNESCO. Constitución, p. 3.
' lJ'.'iESCO. /bid., p. 4.

588

THo~tsox,

CNESCO. p. 88. Indiana Unfrer-

''Give fresh impulse to popular education and to the spread o/ culture", o
sea, "el dar un franco impulso a la educación popular, así como a la propagaci6n de la cultura". 1 º
En fin, esa Constitución está dirigida a todos los ángulos posibles a una
debida organización para realizar esa magna tarea de educar, de preservar
y de extender la cultura y de su aplicación por todos los medios a su alcance,
a efecto de llevar el convencimiento al hombre y educar su espíritu para
obtener "la paz, a través del entendimiento", que es la síntesis de su ideario.
La importancia de este principio es de profundo contenido: "La UNESCO
se inició con solamente una vaga y esperanzadora presunción acerca de las
relaciones entre la Educación, el Entendimiento y la Paz".
El término "entendimiento internacional" no se definió en la Constitución,
como tampoco lo fue su significado en la Comisión Preparatoria, en las primeras sesiones de la Conferencia General. Sin embargo, análisis críticos de
las relaciones entre el término "entendimiento" y el de "paz", indican que
éstos tomaron tiempo para ser desarrollados y comprendidos en su más aproximada significación.
•
"En la planeación del problema sobre este punto, en el año de 1950, se
empezó ya a obtener un cierto grado de claridad. En parte, se debió a la
presión de los Estados miembros, especialmente de los Estados Unidos, con
objeto de establecer claramente que la promoción sobre el entendimiento internacional, no significaba propugnar por un gobierno mundial. También
resultó de un progreso logrado en la formulación de un programa sobre Ciencia Social el cual involucraba la consideración de cómo ésta debería contribuir al entendimiento internacional ...

"Desde el principio, los dirigentes de la UNESCO obscn·aron que era necesario establecer claramente que el entendimiento internacional no significaba
menosprecio de la lealtad debida a lo nacional. La relación entre el patriotismo y el entendimiento internacional, así como la cooperación, fue claramente estatuído en 1945, en Londres, y posteriormente en 1954, en París ... " 11
Sin embargo, el término "entendimiento internacional" -prosiguen los
autores mencionados-- era suficientemente amplio y vago para intuír, por
lo menos, dos ideas diferentes. La primera, y que fue la que prevaleció, fue
expresada por Lyman Bryson, de la Universidad de Columbia, quien en el
verano de 1947, preparó un memorándum sobre este tema a instancias del
Director General de la UNESCO.
Para este autor, la comprensión internacional significaba "una clase de
conocimiento, una actitud, que guiaría a los Pueblos de cada Nación a sentir
,. UNESCO. /bid., p. 6.
11
WALTER H. c. LAVES y

CHARLES

A.

THOMSON,

UNESCO. ]bid., p. 67.

589

�amistosidad frente a los Pueblos de otras naciones y a cooperar en las empresas internacionales". Para otros, la comprensión internacional implica una
actitud objetiva, una sobria comprensión de la conducta de otros pueblos, ya
sea que éstos vivan como amigos o como enemigos.

En el primer concepto, se encuentra el elemento de comprens1on, basado
e~ la simpatía -sim-phatia y coro-pasión, según lo aconsejaba el eminente
humanista Gabriel Méndez Plancarte-, el que implica una amistosa y favorable actitud que· conduce al mutuo acuerdo.
El segundo concepto descansa en el sentido de una comprensión de carácter intelectual. "Sin embargo, el programa de la UNESCO no ha distinuuido claramente entre estos dos conceptos. En la práctica, esta Organización
b
ha actuado en ambos sentidos". 12

III

•

LA

u NIVERSIDAD

Si en el aspecto religioso, tar1 íntimo y propio del ser del hombre, éste ha
satisfecho su innegable tendencia, otros objetivos y múltiples interrogaciones
le acosan en el mundo que le rodea. El hecho de la cultura, convertida gracias al propio esfuerzo humano, en un campo de ilimitadas posibilidades, es
a no dudar, la segunda motivación que atrae la atención del espíritu humano.
Esas múltiples interrogaciones que rodean al hombre le producen una ansia natural de saber, pero el conocimiento no podría ser ni estar desorganizado; por tanto, nació la necesidad de clasificar y de establecer una necesa•
ria jerarquización del conocimiento como un patrimonio que en lo ter_nporal
habría de alcanzar elevadas alturas, produce otro hecho de no menor importancia como lo es el nacimiento de la Universidad, como respuesta a la exigencia espiritual humana. Aunando a lo anterior y a determinadas circunstancias históricas, se formaría el clima propicio en que nace la Universidad,
como institución única y capaz de encauzar la inquietud intelectual y que
habría de constituirse en la depositaria de los iniciales esfuerzos en pro
del saber.
El medio religioso, sin embargo, habría de ser auxiliar inapreciable en esta
obra grandiosa de génesis de cultura preuniversitaria. Así los religiosos en el
silente taller monacal desarrollaron el esfuerzo inigualable de salvar el pre•
ciado tesoro del pensamiento Helénico y Romano, sin cuya acción hubieran

quedado rotos fatalmente los hilos vitales de esas culturas y se habría perdido

el antecedente fundamental y lógico de la presente.
"La Universidad -nos dice Agustín Basave Fernández del Valle- dígase
lo que se quiera sobre sus muchos defectos en materia de enseñanza, es la
institución de máxima jerarquía en la interpretación de la cultura. Sólo en
los claustros universitarios se trasciende el especialismo y el localismo para
encontrar la dimensión universal de la cultura",1 3
Así, es posible afirmar que la cultura es presencia del espíritu y una de
sus más caras conquistas la existencia de ese valor.

Al constituirse la Universidad en la sede y asiento natural del espíritu, tiene una noble misión, la que, por desgracia, no siempre ha podido escapar a
la influencia de los impulsos políticos que han desvirtuado esa específica
misión trascendental, pretendiendo relegarla a una de sus funciones subsidiarias, como lo es la de crear profesionales, en un mundo que exige más y
más la presencia de la Universidad en actividades acordes a su propia función social.
Gabriel del Mazo señala que "la Universidad es un legado de la civilización griega ? la civilización moderna. El espíritu de investigación por la
discusión que terminó en la Academia y el Liceo, reaparece en las gentes de
toda Europa congregadas en los 'estudios' de Bolonia, París, Oxford y Salamanca, los grandes centros culturales que sobresalen entre los siglos XII y
XV. Esta Universidad de la Edad Media, es a la vez una resurrección de las
luces griegas, una herencia del sentido de organización que tuvieron los romanos y una expresión de la fuerza aglutinante y ecuménica del cristianismo,
así como del poderoso movimiento corporativo y gremial de la Edad Media".14
No es necesario, pues, precisar que es en la Universidad donde el espíritu
encuentra su clima natural, y de no menor importancia resulta el señalamiento
de la necesaria relación que debe existir entre éste y la propia Universidad, ya
que, "además es una Institución únicamente fecunda en el campo espiritual,
nacida del espíritu y para el espíritu", como así nos lo expresa el tratadista
Jaime Castiello Fernández del Valle. Este autor indica que el "rasgo característico de la Edad Media fue su ansia más o menos consciente de unidad
orgánica. Ella creó los gremios obreros; ella instituyó la caballería, que no
era al fin y al cabo sino un gremio militar, con su aprendizaje y maestrazgo,
ella, finalmente (lo cual es su mayor timbre de gloria) dio a luz la institu11

DR. AousTÍN BASAVE FERNÁNDEZ,

" GABRIEL DEL

u Ibid., p. 43.

590

Estructura y Destino de la Universidad. "El

Porvenir", 16 de junio de 1961.

MAzo, La Reforma Universitaria

y la Universidad Latinoamericana,

Buenos Aires, p. 34.

591

�ción cultural más noble y más fecunda de Europa: los gremios de Maestros
y estudiantes que constituyen la Universidad Medioeval". 15
"He dicho -agrega el mismo autor- que la Universidad es un gremio
constituido según el patrón de los gremios obreros. Y si examinamos los documentos más antiguos sobre las asociaciones escolares veremos que la palabra
latina 'Universitas' no significa otra cosa. 'Universitas vestra' quiere decir
vuestra pluralidad, vuestra multitud, vuestra asociación. Hay, con todo, dos
clases de asociación entre los Estados Generales: La Asociación de Maestros,
que es característica de París y las Universidades francesas, y los gremios de
estudiantes que nacieron en Bolonia y que forman el prototipo de las Universidades" .16
Resulta por demás interesante observar la génesis histórica de la Universidad, considerando el alto valor que significa para el conocimiento en el hombre, así como el valor, no solamente sociológico, sino fundamental educativo
que encierran las instituciones universitarias. "La primera nota constitutiva
de la esencia de la Universidad está dada en el et1•mo, en la significación
raiga) de esta palabra, que vive en ella como en la semilla la flor, nos advierte Roberto Agramonte. Universidad es primordialmente Universo, Universo
es unus vertere, lo que siendo diverso se resuelve o se combina en lo uno,
lo que tiene unicidad o unidad o univocidad, lo que se opone a la descomposición, a la fragmentación; en una palabra, lo que constituye un sistema.
Una Universidad ha de tener --en su propio tamaño- esa unidad del universo que las Escrituras Védicas llaman el Unico-Uno, que es lo que posibilita
la perenne movilidad del cosmos y lo que nos anuncia que todas sus partes
están dotadas de esa Fuerza-Una, sin la cual el cosmos se hubiera quedado
en la nada, que es el no existir.
"Una Universidad es Universidad cuando refleja en su ser la unidad cósmica del Universo, cuando es totalidad y armonía de sus partes constitutivas
tal como se manifiestan en una superior unidad funcional, en una VidaUna, en una entelequia. Esa fuerza que mueve a ese sistema que es la Universidad es su alma, el Alma mater: madre que es nutricia, madre que es
noble, o simplemente madre que es". 11
En relación con la organización original que adquirió la Universidad, es
interesante conocer las observaciones de Gabriel del Mazo, que al respecto
nos dice: "Las bases de la cultura antigua subsisten a través del mundo romano, pues son de nuevo las "Siete artes liberales", con su "trivium" y
•• DR. JAIME CASTIELLO FERNÁNDEZ DEL VALLE, La Universidad (Estudio HistóricoFilos6fico). Ediciones Proa. México, 1933, p. 11.
,. DR. JAIME CASTIELLO FERNÁNDEZ DEL VALLE, Jbid., p. 16.
11
ROBERTO AGRAMONTE, Sociologla de la Universidad. Instituto de Investigaciones
Sociales. Universidad Nacional. México, D. F., 1948, pp. 9 y 10.

592

"cuatrivium" (letras y ciencias), el fundamento de los estudios universitarios, como lo son en nuestros días; pero a diferencia de los gimnasios griegos, las universidades medievales realizan el ideal del pensamiento organizado. En consecuencia, no están constituidas por maestros aislados sin lazos
con las organizaciones de la sociedad ni leyes de recíproco vínculo. Tienen
un programa y una responsabilidad predeterminados y constituyen una comunidad de trabajadores intelectuales establecida en derecho. Eran las Universidades de Europa Occidental, que llegaron a ser 80 en el siglo XV,
asociaciones autonómicas de libre agrupación, destinadas a proteger, dilucidar, ordenar y transmitir el saber de su tiempo y abordar el estudio de las
profesiones sociales, que eran, el sacerdocio, el derecho y la medicina; y,
por la hermandad entre sus miembros sin distinción de origen social o de
país, profesaban en su seno un principio igualitario, que estaba lejos de reconocerse en la ley o en las formas generales de convivencia en la sociedad de
entonces, dando el primer ejemplo de una organización puramente democrática.
"El contenido de la enseñanza, su amplitud y sus objetivos han ido variando
a través de los siglos según las sucesivas modalidades prevalentes, pues las
innovaciones religiosas, políticas y sociales, dejaron en las Universidades su
signo, o recibieron de ella su influjo, pero en muchos aspectos, particularmente en los organizativos, aquellas Universidades constituyen un insustituible
ejemplo para las Universidades actuales".18
Mas si en el orden puramente material, las Universidades empiezan a
dejar sentir su presencia, en lo espiritual es mucho mayor esa presencia,
como así es de observarse --en el curso de su génesis- en el caso de la
Universidad de París, que con maestra mano, nos pinta el doctor Castiello.
Escuchémosle :
"Ha sido siempre achaque de la humanidad buscarle a todo hombre famoso un padre ilustre. Lo mismo pasa con las instituciones, y así no ha
faltado quien quiera asignar la paternidad de la Universidad de París a
Cario Magno y a su escuela palatina. Esto no es verdad. La única relación que Garlo Magno tiene con París, es la de haber renovado todas las
escuelas del imperio, y de este modo, indirectamente, también las parisienses.
La primera escuela de que se tenga noticia en París es la de San Remigio,
hacia fines del siglo IX. Otras escuelas había además de ésta, pero no eran,
ni mucho menos, famosas. Por lo que atañe a la Universidad, ésta nació de
la escuela catedral parisiense, insignificante hasta fines del siglo XI, cuando
Guillermo de Champeau vino a darle renombre. Por primera vez en esta
11

GABRJEL DEL MAzo, La Reforma Universitaria y la Universidad Latinoamericana,
!bid., p. 75.

593
H38

�época, la escuela catedral de Notre Dame logra rivalizar con las escuelas
de Chartres, Rheims o de Bec. Abelardo fue su primer profesor genial, y su
presencia en dicho centro hizo confluir a París todo lo más brillante de
Europa. La historia de los gremios magistrales de París es sencillamente la
crónica de sus luchas con el canónigo maestrescuela o canciller, con los ciudadanos y con el Rey. No menos peligrosas, pero más violentas, eran las luchas de la cofradía de maestros contra la burguesía de la ciudad. Dos años
duró la dispersión hasta que en 1231 el Papa intervino y se hizo justicia a
los estudiantes.
"La Edad Media no conocía lo que para nosotros parece una evidente y
necesarísima división de estudios. La enseñanza secundaria y la superior
estaban ambas en la Universidad. Entre las Universidades de la Edad Media, París es la única situada en una gran capital. De aquí quizás el papel
tan importante que tuvo en la política nacional de Francia y aun en lo
internacional" .19
Como el tratar de seguir el curso del saber, tanto en sus más altas manifestaciones del conocimiento, como la filosofía, o bien el de las ciencias meramente, tomaría mucho más de los límites convenientes para un estudio de
esta naturaleza, sí es necesario detenerse prudentemente, en la observación
de las universidades españolas, las que indudablemente presentan los primeros aspectos legales de constitución propia, como así sucede en las leyes en
pro de la Universidad, de Fernando 111 y de Alfonso X, los "reyes escolares"
españoles, en donde puede establecerse el origen de la verdadera organización universitaria y por ende, el de las colonias de España en América. Gabriel del Mazo, nos señala que en el "Código de las Siete Partidas", de
Alfonso el Sabio, primer estatuto de educación superior en Europa y primera legislación universitaria de Estado en el Mundo, es la carta que inspira
y rige la vida de las universidades españolas en la península y en esta América hasta las reformas de Carlos 111 en la segunda mitad del siglo XVIII.
Las Partidas definen los studia generalis desde los aspectos de la disciplina,
organización de la vida de los estudiantes y expedición de diplomas, hasta la
habitación de los profesores, los temas de la enseñanza y de la jurisdicción
autonómica de la Universidad. Estas leyes, que abren una era en la historia de la educación, son las primeras también que prescriben y hasta hoy
siguen dando normas sobre la organización de la Universidad en "ciudad
universitaria". Dicen: "De buen ayre, e de fermosas salidas debe ser la
villa do quisieran establecer el Estudio, porque los maestros que muestren
los saberes a los escolares que los aprenden, vivan sanos en él, e puedan folgar, e recibir placer en la tarde cuando se 1evantaren cansados".

'·De la Salamanca española, que sobresalió entre las universidades de Europa con sus cuatro mil estudiantes y más de ocho mil matriculados, y con
sesenta cátedras, y de la Universidad de Alcalá que uno de los Siglos de Oro
añadió como nuevo modelo, parte la fundación de las primeras universidades de nuestro Continente: Las Mayores, con sus cuatro facultades (la preparatoria de Artes y las profesionales de Teología, Derecho y Medicina),
como las Universidades de México y Lima entre otras, y las Menores o incompletas".20
Por circunstancias que habrían de rodear a las Universidades, por lo general, estuvieron abiertas a todas las corrientes del pensamiento, si bien, la
influencia del Estado habría de ser preponderante, debido a razones de carácter económico o político. En el siglo XIII se produjo el florecimiento de
las Universidades en el mundo del saber, y en el Renacimiento el prestigio
cultural se desplegó preferentemente fuera de ellas y dejaron de dirigir la
vida intelectual. "Durante la Reforma Protestante -como nos dice el autor
citado- y después durante la Reforma Católica, fueron entidades de combate mezcladas al orbe político, entregando su economía, en el primer caso al
Estado y las segundas a la Iglesia, convencidas unas y otras, de su responsabilidad ante la sociedad cristiana dividida. Hasta que con el siglo XVII las
Universidades se repliegan a sus deberes específicos y asumen intensa dedicación al saber que el Renacimiento había promovido. Fue un siglo de pensadores, que traspasa al porvenir los gérmenes intelectuales de lo que llega
a ser la Universidad Moderna, nacidos, no de la vida de relación de las Universidades con los Estados o el vivir externo, sino del propio e íntimo despliegue del conocimiento.
"Del pensamiento de Newton y Locke surgieron las ideas de la Enciclopedia
y del "Aufklaurung", es decir del Iluminismo del siglo XVIII, y así las "luces" se proyectaron sobre las instituciones de la época, entre ellas muy caracterizadamente sobre la educación, con su racionalismo, su preferencia casi
excluyente por las ciencias matemáticas y de la naturaleza y su utilitarismo,
que en el siglo XIX se exacerbó con el desarrollo de la nueva clase social
elevada por la vida económica industrial". 21
Con la panorámica anterior, es posible, entonces, observar la trayectoria
que la Universidad ha seguido hasta nuestros días, de la que se desprende el
valimiento de su misión, y el hecho de su multiplicación en todos los confines
del mundo; ya que si sus características varían en tratándose de instituciones
europeas o americanas, su misión específica que es la de encauzar y acre• GABRIEL DEL MAZO,

11

594

DR.

JAIME CASTIELLO FERNÁNDEZ DEL VALLE,

La Universidad. ]bid., pp. 16 y 17.

" GABRIEL DEL MAZO,

]bid., p. 64.
]bid., p. 72.

595

�centar el pensamiento así como transmitirlo, ha permanecido hasta nuestros días.
Sin embargo, se puede preguntar la forma en que la Universidad de nuestro tiempo puede constituir, en sus respectivos campos de acción, un medio
salvador a las tensiones que actualmente sacuden a la humanidad, o por lo
menos, uno de los coadyuvantes que necesariamente el hombre tiene que
emplear en la tarea de salvarse a sí mismo, así como al tesoro de su cultura,
después de analizar que otros medios no han sido lo suficientemente eficaces
para verificar esa magna tarea.
Cuando observamos los principios que animan a la Constitución de la
UNESCO, se observó que se hablaba de "la paz, a través del entendimiento"
y también fue posible reconocer que esa Institución no pudo, al menos en
sus principios, de acuerdo con la sagaz advertencia de los autores norteamericanos que participaron en sus actividades iniciales, el obtener la precisión
acerca de las relaciones entre la educaci6n, el entendimiento y paz.
La radicación del problema es, pues, la aceptación de que el medio más
adecuado para llegar al entendimiento entre los humanos para obtener la paz,
es la educación. Si bien, entendiendo, que el concepto de educación es de
naturaleza no muy limitada, ya que comprende diversos ciclos, y en el caso
de nuestro estudio, la Universidad se ocupa solamente de los superiores. Surgen, por tanto, dos problemas: la educación de los primeros ciclos debe ser
adaptada a las nuevas circunstancias, proyectándola fundamentalmente al
hombre dentro de todas las características pedagógicas aconsejables. En el otro
aspecto la Universidad se enfrenta a una nueva situación, en la que el Humanismo y las ciencias no deben colocarse como adversarios, sino por el
contrario complementarse, quitando los elementos diferenciadores, cuando
por ejemplo se habla de la Filosofía de la Ciencia.
La cultura es uno de los valores que puestos al servicio de la humanidad,
puede acabar con los resultados funestos de la ignorancia y de los prejuicios;
por tanto, la educación debe tener un contenido moral, objetivo y pedagógico y debe despojársele de cualquier influencia doctrinal, o peor aún, de la
tendencia materialista.
Si, como dijimos, la cultura no es una panacea, es un medio que acerca
a los hombres por el conocimiento y la comprensión. La soberbia derivada
del progreso científico y de los logros obtenidos, no debe avasallar a la idea
del conocimiento del hombre, fundamentalmente, del reconocimiento básico
de su espíritu, porque si esto se soslaya, los objetivos de la educación llevan
indefectiblemente la trayectoria a los resultados que se observan en nuestro
tiempo.

trado su bondad y eficacia con el paso de los años, por tanto es posible que
tales principios sean ajustados de acuerdo con el ritmo del progreso científico alcanzado.
La Universidad, depositaria del espíritu, tiene, pues, la misión de preservarlo a través del empleo de la cultura para el bien del hombre. De la Universidad han salido, a no dudarlo, los hombres que han regido los destinos de
todas las naciones; en la Universidad, pese a ideas en contrario, vive el pensamiento, gracias al esfuerzo cotidiano del paso de las generaciones por sus
aulas. Urge pues, que la Universidad realice una labor de análisis y de introspección, frente a la realidad angustiosa de nuestra Era y que, recogiendo,
valorando y adecuando su acción y su contenido, en proyección fundamental
hacia el hombre, realice la acción de salvar, no solamente a la cultura, sino
a ese hombre que espera tanto de la Universidad del porvenir.

La existencia de los valores inmutables, así como de los principios de tal
naturaleza, lo son, no por el capricho del hombre, sino porque han demos-

596
597

�DE CóMO LA APLICACIÓN DE LA SOCIOCRACIA PODRfA
MEJORAR LAS RELACIONES HUMANAS
PROF. DR.

c.

A. CANNEGIETER

Centro de Investigaciones Económicas de
la Universidad de Nuevo León.

lNTRODUCClÓN
LA SOCIEDAD ES EL GOBIERNO y control de una comunidad a través de la
propia comunidad, obteniéndose así la autodisciplina de la misma. El sistema
sociocrático verifica esa idea de tal forma, que la dirección de la comunidad
está regida, por regla general, por un acuerdo como resultado de la mutua
consulta, contrariamente a la adopción de las decisiones basadas en la mayoría de votos.

Es interesante el considerar lo concerniente al sistema sociocrático en sus
principios básicos, en sus bases humanísticas, así como la técnica que emplea,
para hacer comparaciones entre la sociocracia y la democracia; entre la sociocracia y la aristocracia; entre la sociocracia y la autocracia, con objeto de
advertir tanto las ventajas como las desventajas que pudiera presentar el sistema sociocrático, como así fue hecho ya en un trabajo publicado en el Anuario del Centro de Estudios Humanísticos, correspondiente al año de 1961.1
Pero es, sin embargo, desde el punto de vista humanístico -el que presenta aspectos fascinantes-, el observar lo que a la fecha se ha logrado
alcanzar en este campo y el ver cómo las relaciones humanas en la práctica
han obtenido ~m gran mejoramiento por la aplicación del sistema de la Sociocracia. Es, pues, desde este ángulo desde donde haremos una revisión de las
diferentes aplicaciones de los principios sociocráticos.
' Ver Humanitas, Anuario del Centro de Estudios Humanísticos, de la Universidad
de Nuevo León, pp. 617 y siguientes.

599

�Como veremos más adelante, la Sociocracia está siendo aplicada ya en
varias formas. En un aspecto, por ciertos grupos con cierta tendencia común,
como en el caso de los cuáqueros, la Sociedad de Hermanos, etc., y en .el
otro aspecto, en los que las bases religiosas comunes están perdidas. Considerando que una de las características de la Sociocracia es la de que cualquiera puede ser apto para afiliarse, es en este último aspecto en donde se
encuentran los más puros grupos. Sin embargo, desde que estos han frecuentemente facilitado sus ideas hacia grupos de sentimiento más religioso, estos
últimos pueden considerarse como de mayor vitalidad. Trataremos primeramente los grupos religiosos:

I
Los CUÁQUEROS
La Sociedad de Amigos, como a sí mismos 2 se denominan los cuáqueros,
es una unión religiosa cristiana de hombres y mujeres con iguales derechos,
deberes y responsabilidades.
La conducta es importante para los cuáqueros, a la manera en que la vida
es para un cristiano y no el dogma. Cada individuo debe buscar y encontrar
el camino hacia Dios. Tanto los ministros, como los sacerdotes, no son necesasarios. Cuando tienen lugar las reuniones, para buscar luz en el Espíritu
Santo (la asistencia es voluntaria), no se hacen preparaciones. La reunión
empieza en completo silencio y aquellos que se sientan llamados pueden romper este silencio.
Los cuáqueros sostienen que cada uno por sí mismo deberá saber en qué
creer. No consideran que solamente ellos son los poseedores de la verdad,
pero desean ser una unión de personas que ante Dios y ante sus semejantes
pueden realizar un poco del amor ideal. Creen que Cristo no quiso establecer
una secta religiosa, sino una cierta actitud ante la vida y que en su contacto
con el Creador pueden encontrar la luz que los guiará en la vida.
En cada cuáquero existe la creencia de que tiene que hacer un llamado "a
la Luz Interior", considerando, por ejemplo, que tiene que reconocer que
cada quien es individualmente responsable ante un poder celestial y de que
cada quien posee algo que lo capacita para llevar su responsabilidad.
El fundador de la Sociedad de Amigos, es George Fox,3 un inglés que na-

B.

• Dato tomado de Le Christianisme tel que les Quakers le comprennent, por EowAJd&gt;
R.AwsoN, y Quakerism, a plain statement, por J. X. lIARVEY THEOBALD.
• HENRY VAN ETTEN, George Fox, pp. 22 etc.

ció en el año de 1624. En el siglo XVII sus ideas fueron severamente condenadas por la Iglesia. Pero ~ún en nuestros días, después de más de trescientos años, muchos las consideran todavía como muy avanzadas y liberales. La
oposición experimentada en el siglo XVII se debió al hecho de que el espíritu de aquella época no se encontraba aún dispuesto a aceptar la idea de
que las personas deben pensar por sí mismas y de que no necesitamos la
iglesia, como a la clerecía, para poder obtener contacto con Dios.
La fe de los cuáqueros es universal porque creen que en cada uno hay una
chispa de lo Divino. Consideran a cada uno como su hermano sin hacer
discriminaciones entre la raza, la religión, la personalidad, el color o la
posición. Sostienen que la creencia de cada individuo no debe ser separada
de su vida o aún de sus propios problemas. Hay en el propósito de los cuáqueros el luchar por un mundo mejor junto a aquellos que ya están actuando
y con aquellos que están inspirados, aun por un ideal irrespetuoso de sus propias convicciones, tanto filosóficas como religiosas.
El cuáquero solamente cree en lo que él acepta como verdad y que en
su corazón así lo siente. Sabe que la claridad y la certeza están en lo porvenir lo que resulta más necesario para reconsiderar su propia convicción o
bien para abandonarlo. El, ardientemente, se propone buscar por todos los
medios y caminos, los que puedan llevarlo tan cerca de la verdad como sea
posible. A través de la fe y de la ciencia, el cuáquero llega a la conclusión
de que el Universo está regulado y gobernado por una fuerza infinita y benéfica, y que el amor para nuestros prójimos es la única solución para las múltiples dificultades de la vida.
Los cuáqueros son todos eminentemente pacifistas, porque la guerra está
basada en el odio y no en el amor. Su principio está fundado en lo que la
Biblia establece con argumentos filosóficos y morales, así como también el
interés universal. Para muchos, este último es el más fuerte y al mismo tiempo,
~s el argumento que tiene la base más adecuada, al considerar los resultados de la guerra y de la paz. 4
Educación igual, tanto para niños, como para niñas, debe ser proporcionada a éstos de acuerdo con los cuáqueros. Los hombres y las mujeres, dicen,
tienen los mismos deberes, la misma responsabilidad ante el Estado y ante la
Iglesia y las mismas obligaciones morales.
Las reuniones de negocios de los cuáqueros tienen un carácter muy espe-cial. Estas tienen por objeto la deliberación acerca de la visita de los prisioneros, la ayuda en los frentes a los necesitados, la colocación de préstamos,
la asistencia y ayuda, como en el caso de proporcionar el alimento suplementario a las escuelas, etc.
' D.

ELTON TRUEBLOOD,

Studies in Quaker Pacifism, pp. 12, 13 y 14.

601

600

t

�En el curso de esas reuniones, las resoluciones ~lamente se toman después
de consulta mutua, y siempre y cuando cada uno de los presentes haya manifestado su conformidad. Los cuáqueros no votan. En cada reunión siempre
hay un secretario presente cuya tarea consiste en apreciar el "sentido de la
reunión" y así asentarlo. Después de que la opinión de cada uno ha sido
escuchada, el secretario da lectura a esta clase de documento, en el que desde
luego, se hace constar las conclusiones por las cuales la reunión fue convocada, y si en su opinión, cada uno de los presentes puede estar conforme. Si
se ha llegado a un completo acuerdo, la resolución, entonces, puede ser tomada. Si por cualquier motivo hay alguna oposición, la resolución es suspendida.
Si, por razones prácticas, la suspensión no es posible, los cuáqueros adoptan el
siguiente método: la consulta se continúa tanto como sea posible. Si tiene
que ser interrumpida, debido a lo tarde de la hora, se continúa a la mañana
siguiente.
Si, en caso de alguna oposición, una decisión inmediata no es necesaria la
reunión deberá de señalarse para fecha próxima en la que deberá de tratarse
aquel punto especial, con objeto de dar a cada quien el tiempo suficiente
para reflexionar.
La práctica ha mostrado que la divergencia ocurre en el sentido de que
una pequeña minoría usa su posición para oponerse a la tiranía.
La ventaja en esta forma que los cuáqueros siguen en sus reuniones, es
de que si algo se haya admitido lo ha sido debidamente, porque "frecuentemente sucede que tanto la mayoría como la minoría están en lo debido, en
cuyo caso la manera cuáquera previene del tiempo para aclarar la verdad
que aparezca como aparente. Hay otro punto que también debe ser notado:
en el método de votación de 'un hombre, un voto' la opinión de los tontos o
de los indiferentes, cuenta tanto como la de los inteligentes, interesados o
responsables. En la reunión de negocios de los cuáqueros, se escucha tanto a
los inteligentes, como a los que no lo son, pero la contribución de cada uno
en el juicio final tiene, por lo menos, una oportunidad para hacer considerada en la proporción de su contenido de inteligencia". 5
En cuenta de estas ventajas del método cuáquero, muchos de éstos y de
los que no lo son, han considerado y están determinados a extender tales
métodos de reunión, tanto en la vida de los negocios, como en los círculos
gubernamentales y en todas las formas de la vida comunitaria:
Morris Llewellyn Cooke, ha dicho acerca del método cuáquero: 6 "El
método cuáquero de tomar decisiones siguiendo aquello, que ellos lla• HovARD H. BRINTON, Cuide to Quaker Practice, p. 41.
• Ver On Sorne Commanding A spects o/ the American Man o/ Business, Diario del
Instituto Franklin, 1944.

602

man 'el sentido de la reunión', como contraste con el sistema de votación, representa una amplia división del rígido individualismo. Es un
proceso que invita al continuo desarrollo. La adopción de esta práctica,
generalmente en los negocios de los hombres, debería llevar a un nuevo mundo". 7
Acerca de lo que este método cuáquero de reunión pueda proporcionar, se
puede probar con varios ejemplos que han sido seleccionados por Morr_is
Llewellyn Cooke.8 Así lo ha mostrado tanto él, como el Fondo Monetano
Internacional. Los siguientes principios han sido estipulados: "El Presidente
ordinariamente deberá dirigir el sentido de la reunión, en atención a que
tiene un voto formal".
"Durante los cuatro o cinco años en que fue aplicado este principio", dice
Frank Coe, Secretario del Fondo, "solamente en unos doce o trece casos fuera
de un número de mil, la votación ha sido necesaria".

Los cuáqueros han realizado también mucho trabajo práctico.9 Principiaron con sus trabajos de ayuda, en el año de 1798, en relación con el levantamiento en Irlanda. Posteriormente, la ayuda se extendió durante la Guerra
Napoleónica en los principios del siglo XIX, durante la Guerra de Crimea,
en 1856; en' la Guerra Franco-Germana, en 1870. Durante las calamidades
de 1891 y en 1907, en Rusia, la que recibió la ayuda en provisión de harina
y trigo. La Primera Guerra Mundial, la contempló también en muchas formas
para Francia, Inglaterra, Holanda (refugiados belgas), Salonikis, Rusia1 Polonia y Alemania. Entre los años de 1933 y 1939 la ayuda se extendió ~ los
refugiados alemanes y austriacos en Francia, Inglaterra, y los Estados Umdos.
Después de esto, en muchas ocasiones, los cuáqueros extendieron su ayuda
de 1937 a 1939, a los niños españoles; durante la Segunda Guerra Mundial,
la llevaron a Finlandia, a Noruega, Hungría, a la India Británica, China,
' Ver también: Democracy and the Quaker Meth od por FRANCISCO E. PoLLARD,
BEATRICE E. PoLLARD y RoBERT S. W. PoLLARD (publicado por " Thc Philosophical
Library", 1950); "The Sense of thc Meeting", Saturday R eview of Literaturc, 1-447, p. 19; "A Beginning for Sanity'', Saturday Rcview of Literature, 6-15-1946, p. 5;
"Quaker Idea Suggested for United Nations Meetings", Eleanor Roosevelt in. "My
Day", 11-22-1947 · The Essentials o/ Dem.ocracy por A. D. LINDSAY, Conferencia V,
Universidad de P;nnsylvania, Depto. de Prensa, 1929; The Book o/ Discipline o/ the
Religious Society o/ Friends, pp. 73-79, 111, 116-118, Philadelphia Ycarl Meeting,
Race Street 1943; Church Governm.ent bting the Third Part o{ Christian Discipline
o/ London Yearly Meeting, London: Fricnds Book Centre, 1942.
1

MoRR1s LLEWELLYN CoOKE, "The Quaker Way Wins New Adherents". artículo
en The New York Times Magazine del 17 de junio de 1951 (Sección 6 ).
1
Ver L'Action du secoure Quaker, editado por el Centro Cuáquero en París.

603

�Madagascar, Francia, Italia, Grecia, Yugoeslavia, Albania, Inglaterra, Alemania, Bélgica, Egipto, Palestina, Siria, Libia, Marruecos, etc.
En el año de 1935 una Conferencia Mundial de Cuáqueros tuvo lugar.
Como resultado de esta reunión, se estableció El Comité de consulta de los
amigos del Mundo, como un medio para mantener contacto regular entre
las reuniones anuales de los cuáqueros en todo el mundo.
El Comité de Consulta de los Amigos del Mundo, ha sido solicitad? en
repetidas ocasiones, con objeto de que envíe sus repre~ent~ntes ~ las re~mones
de la UNESCO, especialmente para aquellas orgamzaciones mternacionales
que no dependen de los gobiernos.
.
En los Estados Unidos, en 1950, la obra Pasos a la Paz, fue publicad~ ~on
objeto de establecer dónde podrían localizarse los ~randes contrastes ~líticos
entre el Oriente y el Occidente, los que aparecen msuperables, los :uaque~os
ingleses atendiendo la invitación de Rusia, fueron a Moscú en ese mismo ano.
A través de todas esas diferentes actividades, los cuáqueros agregan ~us
esfuerzos a la lucha por una existencia humana para todos y para un meJO·
ramiento de las relaciones humanas.

II
LA

SOCIEDAD DE HERMANOS

Otro ejemplo de un grupo religioso que ha aplicado los principios sociocráticos es la Sociedad de Hermanos. 10
Esta 'comunidad principió en Alemania en 1920, iniciándola el doctor
Eberhard Arnold con un grupo de amigos. Sus propósitos están_ b~sados en
el Sermón de la Montaña, de Cristo. Posteriormente, esta se fusiono con los
Hutters, quienes habían comenzado alrededor del año de 1533, c?mo tal, en
Moravia. En el Canadá y en los Estados U nidos han establecido muchos
grupos llamados "Bruderhofe" ( Comunidad en l_as cuales_ tanto los hombres
como las mujeres, a semejanza de los claustros, viven su vid~ dentro de bases
más religiosas). En 1937 esos "Hermanos" dejaron Alemama y encontraron
un nuevo hogar en Wiltshire, en Inglaterra. Al estallar la Segunda Guerra
Mundial, para entonces dos "Bruderhofe", que residían ep Inglaterra, fueron
disueltos y todos sus miembros se dirigieron a Paraguay.
Como resultado de la perseverancia que alcanzaron en Paraguay, en el
lugar, otrora yermo, destinado para construir, localizado en Primavera, Pa-

'º Tomado de

ragua y, hoy encierra tres bien adaptadas "Brudehrofe", villas con las casas
necesarias, edificios para la comunidad, talleres y agricultura. El Gobierno de
Paraguay ha concedido a la Comunidad algunos privilegios, por los cuales en
todo aspecto, los hermanos pueden vivir de acuerdo con su religión.
Las actividades de los Hermanos consisten principalmente en materia de
agricultura, en la construcción de casas, en la industria y en los talleres. Hay
que agregar, el que ellos extienden sus actividades a los bosques, en donde
tienen molinos y algunas pequeñas fábricas de muebles.

En la capital tienen una empresa para la Yenta de sus productos.11
Las "Hermanas", las mujeres y las niñas, trabajan en la cocina, en la lavandería, en la sala de costura, en la enfermería o bien en el "kindergarten".
En Paraguay tienen su propio hospital con algunos médicos, pero no solamente para la gente de la "Bruderhofe", sino también para otros ciudadanos
del Paraguay los que también reciben atención. 1 2
Mucho se ha logrado hacer para la niñez. Esta permanece bajo la supervisión de sus padres, porque la vida en familia es sentida como la más importante y natural base de una verdadera comunidad. Cuando son lo suficientemente grandes, tienen la facultad de poder escoger y elegir por sí mismos en
qué lugar pueden estar, ya sea en la propia "Bruderhofe", o no. Sin embargo,
antes de abandonar el lugar, se encuentran debidamente preparados para
la profesión o comercio que hayan escogido ellos mismos. La mayoría de los
niños prefieren permanecer en la "Bruderhofe".
Después de la salida de los otros Hermanos, de lngla terra, tres miembros
permanecieron en dicha nación con objeto de dejar debidamente arreglados
algunos negocios pendientes, pero al mismo tiempo muchas personas inglesas
habían expresado su deseo de fundar una comunidad similar a aquella que
en 1942 se estableciera en Shropshire, o sea la Wheathill Bruderhof. Esta comunidad, consistente en cerca de doscientos hombres, mujeres y niños, comprende tres haciendas y cerca de 500 acres de tierra. Las mujeres trabajan
frecuentemente en el interior de sus hogares.

Sin perder la similitud con aquella "Bruderhofe", así se han establecido en
Sudamérica, en Inglaterra y en Alemania.
Cada cosa que es hecha en la "Bruderhofe", tiene el apoyo completo y la
conformidad de todos los "Hermanos" y '"Hermanas". El resultado es que la
comunidad entera siempre es responsable de todas las resoluciones adoptadas.

ª Siebenter Rundbrief en die Freunde unserer Bruderhofe, publicado en el comienzo
del año 1952, pp. 25 y siguientes.
u Estableciendo en Alemania y en los Estados Unidos, en donde ahora hay otros
varios similares.

The Wheathill Bruderho/, a Christian Community.

605
604

�En materia de organización hay una cierta división de funciones el "Sirviente
de la Palabra", por ejemplo, se encuentra encargado de la dirección espiritual.
Desde que estas comunidades 13 están basadas en el mensaje de Cristo, un
cambio forzado de relaciones sociales, el que debía de cambiar al pueblo, no
es posible encontrarlo en su línea de conducta. En otro aspecto, una buena
Comunidad no puede existir antes de que no se haya verificado un cambio
en el mismo pueblo.
De acuerdo con los "Hermanos", el camino que lleva hacia la meta debe
estar de acuerdo con la propia meta. La comunidad nunca puede ser el resultado de la fuerza sino de una voluntaria sumisión.
Por esto ellos solamente desean mostrar, y no forzar, a los otros acerca
de la comprensión de cómo la vida en comunidad es posible, de cuántas
limitaciones y fronteras entre clases y nacionalidades pueden ser removidas
y como la Meta Divina, o sea la reconciliación y la humildad de los seres
humanos en un reino de paz puede convertirse en realidad.
Uno de los principales y más importantes principios al que están adheridos estrictamente y por siempre es la propiedad comunal. La propiedad privada no existe. Cada cosa pertenece a la comunidad, como así sucedió entre
los primeros cristianos. Todas las actividades son igualmente apreciadas, bien
sea el trabajo manual o bien el trabajo intelectual. Jefes y empleados no
existen. Sin embargo, esto no significa que la vida económica no sea organizada. El talento y la habilidad para ciertas actividades son tomadas en consideración, pero hay la espectativa de que cada uno esté debidamente preparado, en principio, para hacer el trabajo que tenga que ser hecho.
En esta forma, la "Bruderhofe", de la Sociedad de Hermanos, son importantes comunidades y si bien son independientes y más o menos autónomas,
éstas están siempre en contacto con la comunidad exterior. Entre otras las
hay que están en muy cercana relación con la institución denominada Community Service Inc. En los Estados Unidos, junto con otras comunidades
cooperativas, habría de fundarse, en 1952, una "Federación de Comunidades
Internacionales". (Federation of International Communities) .14 En relación con
esto, su significación puede encontrarse en el hecho de que nos muestran la
forma en que una comunidad puede vivir dentro de los lineamientos sociocráticos.

III
APLICACIÓN EN EL CAMPO PEDAGÓGICO

Si ha sido posible probar en la práctica que es posible vivir de acuerdo con
las bases sociocráticas, el hecho de que, no obstante, solamente comunidades
co~
fondo religioso han sido discutidas, pudiera dar tal vez motivo a la
O~Jecion de q~e pa~a las comunidades en que la unidad religiosa se está perdiendo, la soc10cracia no podría ser de aplicación.

~?

~~ relació~ con e~te aspecto, las comunidades sociocráticas sin una base
religiosa comun, son importantes. De acuerdo con mi conocimiento sobre esta
materia, este grupo de comunidades sociocráticas no expresan comunidades
tot~Imente en el sentido de vivir como tales, como sucede en aquellas agrupaciones en donde hay una base religiosa.
Si~ ~mbarg~, 1~ ~omunidades no religiosas están todas dirigidas hacia una
«:5~cíf1ca Y mas limitada meta. Esta es: educación, economía industrial y pohuca. Trataremos algunos ejemplos de esas formas diferentes de comunidades sociocráticas posteriormente.

EL TALLER DE LA COMUNIDAD PARA NIÑOS EN BILTHOVEN

. ~orno ejemplo de una comunidad sociocrática con una específica y más
limitada meta en el campo de la educación, podemos referirnos al Taller de
la Comunidad para Niños, en Bilthoven, Netherlands. 15

En este taller la educación es una meta y la instrucción está considerada
como el medio a esa educación. 16
Para los fines de esta instrucción es empleado un método de trabajo en el
~ue se toma en cuenta el libre desarrollo individual y al mismo tiempo considera a las exigencias sociales.
Mientras al niño se le proporciona tanta libertad como sea posible, tam" Como u~ segundo ejemplo de una comunidad similar se puede referir a "Pacific
Ackworth Fnends School", en los Estados Unidos. Esta es una escuela cooperativa
gobem~da por la "Asamblea de Padres de Familia". En sus reuniones solamente la:
resol~cioncs pueden cursarse únicamente sobre la base de unanimidad. Ver "Commun1i9ty Service News", marzo-abril 1952, p. 41 etc., y "Friends Bulletin" de febrero
48.

11

Tomado de Sociedad Fraternal Hutteriana.
" "Community Service New", marzo-abril de 1952, p. 44.

606

,. El siguiente dato ha sido tomado en parte de KEES BoEKE Kindergemeenschap,
Y en parte, obtenido directamente a través de información.
'

607

�bién se considera el hecho de que hay exigencias que aquél debe encontrar y
que es en el trabajo en donde debe complementarlas.
De acuerdo con estas bases el Taller difiere en mucho de las escuelas ordinarias en muchos aspectos.
Para algunas materias, por ejemplo, cosmografía e historia del arte, éstas
reciben más atención que en otras escuelas.
También, nuevas materias han sido introducidas, por ejemplo: "conocimiento industrial". A la historia se le toma en consideración mucho después
que en otras instituciones.
Extensiones especiales de estudio las que son consideradas y practicadas
junto con otras materias son: ritmos, música, juegos, danzas folklóricas, modelado, trabajo manual y jardinería.
Las diferentes secciones están todas indicadas por un color y éstos tienen
un significado simbólico. Muestran que aunque, aparentemente separadas
unas de otras, en forma imperceptible fluidamente, semejan lo acontecido con
los colores del arco iris. En algunas reuniones se da atención a los problemas
de carácter religioso.
Las lenguas extranjeras, son, en un grado limitado, estudiadas mucho más
temprano que en otras instituciones. La música es considerada de una gran
importancia así como la cultura física. La orquesta no es una simple y sencilla banda musical de alumnos, sino que está compuesta en tal forma, que
cada niño tiene una posibilidad para desarrollar sus propias cualidades musicales. Con la expansión del Taller, sin embargo, la aplicación de estos principios se encuentra en muchas ocasiones con dificultades de carácter técnico
y material.
Cada niño está obligado a tratar todas las variadas posibilidades que se
le ofrecen, tales como la música, modelado, etc. Si el niño falla en tal intento,
no se le otorga ningún diploma. Esto se hace con objeto de prevenir la negligencia. de ciertos talentos específicos.
La semana empieza con un festival que reúne a todo el Taller y en el que
por espacio de tres cuartos de hora permanecen los niños cantando participando en música o bien en representaciones teatrales.
Los trabajadores están parcialmente libres para escoger la materia de su
preferencia: un curso de lenguaje, o bien de aritmética (tal curso toma de
cuatro a seis semanas, o hasta un año) ; por ejemplo, tres tardes a la semana,
jardinería, geografía o historia. Sin embargo, existe la obligación para ellos
de finalizar un cierto programa, pero sienten lo agradable de poseer cierta
libertad y facultad de escoger. La selección es hecha después de consultar con
el jefe de grupo, el mentor.
Después de la comida, la que es servida en la escuela y de ser posible, al
aire libre, hay una media hora para el descanso.

608

Todos los edificios, incluyendo también a los campos aledaños, se encuentran
bien limpios y conservados en magnífica condición por los mismos niños.
Cada día principia con una discusión general de problemas y el sábado se
cierra la semana con una hora de música.
El año se divide en diez meses de trabajo, de cuatro semanas respectivamente, los cuales, a su vez, se subdividen en tres "términos". El sábado de
cada cuarta semana es día de fiesta.
Un término o período, principia con una reunión especial, cuando los posibles nuevos trabajadores son recibidos con aplausos. Este finaliza con una
reunión general, cuando los resultados de ésta son discutidos.
Para la orientación hacia las diversas ramas, los niños tienen el mayor
número posible de medios de orientación. Para la Cosmografía, por ejemplo,
cuentan con un pequeño modelo del sistema solar.
Se experimenta usar el trabajo de una de las ramas como un expediente
para la otra.
Cada rama está dividida en secciones y así el trabajo para cada una de
ellas está claramente delimitado y hecho accesible para los niños. Cuando un
niño, junto con otro, empieza en determinada sección, su trabajo está bajo
la supervisión de un profesor, ya sea escrito, oral, manual, o bien alguna
muestra de su trabajo. Tan pronto como el niño ha terminado su sección
se dispone para la prueba. Una vez que éste ha pasado dicha prueba, el
hecho se registra y cuando el número requerido de pruebas han sido pasadas
(se observa un cierto margen), un diploma es otorgado sin examen. Este
diploma faculta al niño para principiar a trabajar en el grupo siguiente.
Al principio, cuando el Taller era aún pequeño, los trabajadores de todas
las edades trabajaban juntos en un solo grupo.
Esto tenía la gran ventaja de que los mayores y los más jóvenes, tanto
muchachos como muchachas, estaban juntos. Cuando el Taller creció, los
trabajadores tuvieron que ser divididos en diferentes grupos-edad, indicados por colores.
Desde un punto de vista educacional, hay sin embargo, algunas objeciones
que hacer para esta clase de separación. Se observó, principalmente, que el
disfrutar de días de fiesta y trabajo en los campos por mayores y menores,
tanto muchachos como muchachas juntos, tiene una influencia favorable en
la atmósfera general. La experiencia obtenida de tales días de fiesta, o campos de labor, es más favorable de la obtenida con grupos más homogéneos.
De acuerdo con el número de combinaciones de diplomas otorgados por el
Taller, los niños igualmente progresaron, tanto en educación elemental, como
· en la secundaria.
En algunos días, durante la semana de las "reuniones", éstas tienen lugar
en el Taller, las que son dirigidas por los niños y en las cuales los trabaja-

609
H39

\

�dores y los co-trabajadores asisten. Aquí todas las dificultades y los problemas
se discuten. Sin embargo, la mayoría no decide, pero una solución se proyecta
a la cual cada quien puede estar conforme.
Debido a la duración de ciertos cursos (los cuales varían entre cuatro semanas como término) para una rama específica (por ejemplo: geografía) de un
grupo, los trabajadores, los más de ellos bajo la recomendación del maestro
de los co-trabajadores, escoge un líder de clase. Este se responsabiliza del
orden, de la condición de los salones de clase, de las preparaciones de las
lecciones, de su ajuste después de las mismas, etc. Más aún, cada hora hay
otro director de clase. El puede, si alguno de los trabajadores perturba el
orden, expulsarlo de la clase. El expulsado no puede reingresar durante la
lección a la que asistía.
El director de la clase puede también recordar al co-trabajador las reglas
del orden, si después las vuelve a violar.
El regulador general, uno de los trabajadores, y a quien se escoge para los
trabajadores para un término, permanece en el cargo de la dirección en
general. No para una rama específica, sino con respecto a los procedimientos
generales, el trabajo de las diferentes condiciones y grupos a la conclusión
del día. Esta consiste en una breve discusión en la que participan cada grupo
de su respectivo color; compuesta, por ejemplo, de ocho mentores de grupo
cuando se terminan las labores de cada día.
Si en alguna ocasión hay algunos problemas o dificultades, cada trabajador
puede ponerlas en la agenda en la conclusión del día. Si en el curso de estas
conclusiones del día los problemas que resulten de éstas son llevados más allá
de la significación de los problemas diarios, éstos deberán ser tratados con
posterioridad, en la reunión de mentores de grupo.17 Los puntos que hayan
sido discutidos por el mentor de grupo y aquellos que sean de general interés deberán ser llevados para discutirlos, durante la reunión de representantes. Esta reunión es muy significativa para el Taller en general, pero por
razones técnicas, estas reuniones están limitadas para cualquiera de los grupos
de mayor edad. Para esta reunión, la cual tiene verificativo una vez a la semana,
los grupos entre doce y dieciocho años, eligen dos representantes para cada
grupo de mentores. Los menores tienen sus propias discusiones, pero en ocasiones determinadas, ellos también pueden delegar contactos representativos
a las reuniones de los mayores. Se guardan registros de las reuniones.
Pudiera aparecer, de lo que llevamos dicho, que hay muchas funciones,
sin embargo, hay también mucha oportunidad para cultivar la responsabili" Estos grupos-mentores consisten de cerca de 15 trabajadores y de un co-trabajador,
como mentor.

610

dad de los trabajadores y prepararlos para las funciones directivas, así como
enseñarles a aparecer y hablar en público.
En el Taller se ejercita la menor presión posible, la única que hay es la·
proporcionada por la palabra dada. Cuando los niños han hecho solicitud
para una serie de lecciones, tienen la obligación y el deber de atenderlas.
Sin embargo, ellos pueden dejar alguna de ellas, si, después de previa consulta
con el mentor y el profesor correspondientes, han llegado a la conclusión de
que pueden mejor tomar tales clases en fecha posterior. Esta alteración, debe
ser hecha en forma consciente y no puede estar basada simplemente en un
deseo temporal.
Más aún, este Taller, es un lugar de trabajo. El trabajo tiene que ser hecho y para aquellos que no lo quieran y que además perturben a los otros,
los coloca a sí mismos fuera de la comunidad. En caso de "castigo", hay el
principio de que aquel que sea "castigado", como regla, está de acuerdo con
las medidas tomadas, significando que él mismo reconoce el sentido de tales
medidas.
Cuando esas medidas tienen por objeto corregir una posible injusticia,
también lo tienen el prevenir la repetición de ocurrencias indeseables. Si, por
ejemplo, un trabajador ha perturbado el orden de la mesa, se le puede señalar
para dirigir dicha mesa, de esta manera él mismo tiene que guardar el orden y hacerse responsable de él. Con este sistema de mantener el orden, no
hay la intención de señalar nuevas autoridades en lugar de las del maestro,
como en el caso de los internados ingleses con el sistema de prefectos. En
el Taller la intención que se sigue es:
1) Incluir la comunidad en cada cosa y no poner la dirección en las manos
de un individuo;
2) Tener a la persona del funcionario rotativame~te, tanto como sea posible
con objeto de prevenir a alguien de obtener mucha autoridad.
El objeto de este sistema rotativo es también, en un aspecto, el proteger a la
comunidad en contra del peligro de la mucha autoridad en las manos de una
sola persona, y en el otro aspecto, proteger a las personas en contra de sí
mismas en relación con el peligro derivado de la posesión del mucho poder.
En grandes líneas, la diferencia entre el sistema practicado en el Taller
y el original método Montessori, es la siguiente:
1) En el Taller el acento está en la vida comunitaria, mientras que en el
Método Montessori, es más individual. Los tres principios sociocráticos (gobierno de sí mismos por los alumnos; unanimidad y acuerdo hacia la meta
común de la comunidad) son practicados en el Taller, pero no realizados
por el método Montessori.

611

�2) En el Taller hay más libertad de método y de medios; los ritmos, por
ejemplo son practicados sobre las bases de no haber música; el método Montessori, en el otro aspecto, es más delimitado por el material específico de
preparación, lo que podría perjudicar la flexibilidad.
3) Más aún, el método Montessori se encuentra mayormente basado en la
educación intelectual.

IV
APLICACION INDUSTRIAL.
LAS "COMUNIDADES DE TRABAJO"

En algunos países hay comunidades con un propósito limitado, específico,
hacia el campo económico en las cuales los principios sociocráticos son aplicados. La cuna de estas comunidades está en Francia, tanto como en ese país
las ideas se han desarrollado en una forma más consciente.
Las comunidades establecidas en Francia, llamadas "Communautés de Trauail", consideradas ya sea en el aspecto industrial o en el aspecto agrario,
son de la propiedad de tocios los trabajadores o miembros "comrades" y las
cuales se gobiernan sobre la base de la unanimidad.
Las Communautés de Travail, no tienen objetivos materiales, sino ideales,
por ejemplo "l'épanouissement des camarades", en otras palabras: el desarrollo de las vidas de los "comrades", tanto como esto sea posible y liberarlos de las varias obstrucciones sociales que impidan su desenvolvimiento. 18
En un aspecto, su objeto es hacer hombres para miembros de un gnipo de
vida, pero en el otro, hacerlos más libres e indi\·iduales dentro del 11;rupo.11
Las Communaut.~s de Travail poseen los tres esenciales factores de la
sociocracia :

l. Los trabajadores gobiernan sus problemas a sí mismos:
2. En una base de unanimidad; 20
3. Las concepciones idealísticas dr los miembros a tra,·~s de la realiza!'ión
de una meta común.
11
11

20

Communauté '51, pp. 67 y 68.
Citado.

En ali Things Common, CLAIRE HucHET BiscHOP dice que el principio de la
unanimidad con las "Communautés de Travail", es uno de los principios comunitariot
que varían al último (p. 256).

612

El más antiguo y significativo ejemplo del desarrollo de las Communautés
de Travail, es la fábrica de accesorios para reloj "Boimondau", en Valence
sur Rhone. Esta empresa, se estableció precisamente después de la capitulación francesa, durante la reciente Guerra Mundial. Uno de los fundadores,
Marcel Barbu,21 dice acerca de ella:
"En Mai 1941 l'expérience commenfait a Valence. Deux ou trois
compagnons, puis dix, puis uingt... se gropuperent autour de deux spécialistes de la f abrication des bolles de montres pour gagner leur uie
par ce trauail.
Mais leur ambition ne se bornait pas a cette tache. Concients de la
déchéance de leur pays, ils uoulaient trouuer une solution a ces angoissants problemes sociaux.
Aucun ne con11aissait le métier a practiquer. Leur foi était si grande
qu'un mois apres, les premieres liuraisons sortaient".

Esta Communauté de Travail empezó con un capital de 300,000 francos.
Debido a que el trabajo dentro de los lineamientos sociocráticos tiene la
ventaja de una menor tensión, así como de una menor oposición, la producción ha llegado a ser más eficiente, a tal grado, que en el año de 1945
al de 1946, la compañía invirtió una suma aproximada de 8.000,000 de
francos.
Tomando en consideración estos resultados económicos tan favorables, así
como una amplia publicidad a través de toda la nación en la prensa francesa, la factoría "Boimondau" ha obtenido una gran reputación.
La Communautés de Travail francesas se han integrado en dos formas:
l. Por trabajadores desde la base, como por ejemplo, Boimondau;

2. Como una empresa capitalista existente, ya sea porque el propietario
obedezca a razones tanto idealísticas o prácticas, convirtiéndola en una comunidad de trabajo, como así es posible observarlo en la fábrica modelo de
Cadres R. G., en París.

La Communauté de Travail es una forma intermedia entre los sistemas
capitalista y comunista. En un aspecto, las empresas son propiedad comunal, pero en el otro, el hombre es superior a la comunidad. Como G. Riby 22
ha dicho, el objetivo de la Communauté de Travail es:
:, "Des Hommcs Libres, número especial de "Licn", p. 9.
" "Rerh!'rche Communautaire", número especial de "Communuaté", p. 13.

613

�"Nous uoulons créer et maintenir une société
dans laquelle les hommes auront pleine liberté
de s'épanouir sur tous les planl'.

Roger du Teil señala el gran significado de la Communauté de Travail
como una posible etapa intermedia entre el capitalismo y el comunismo, un
contraste aparentemente inseparable, que en este momento la humanidad
está enfrentando. 23 El subraya que:
''.. .grace
"' a' cette experience,
' .
une eh anee est o ff erte a' l'homme europeén d'échapper au dilemme en apparence inéuitable que posent, en
termes de fer et de f eu, les deux forces géantes qui, d'un antipode a
l'autre, tels les héros d'Homere auant le combat s'obseruent et se défient.
Capitalisme libéral raidi ou communisme, telles sont, pour beaucoup,
les deux seules uoies qui s'ouurent a l'humanité. Et entre ces deux
portes, grillées l'une d'or et de larmes, l'autre de fer et de sang, il n'y
aurait qu'n chaos obscur, dans lequel des uelléités plus ou moins larvaires cherchent en vain leur forme.
Or, voici que dans cette nuit confuse une fenétre s'entrouue, tirnidement encore, sur une perspectiue calme, heureuse et juste ou s'éclaire
et se précise ce que tous les hommes de bonne f oi, depuis des siecles,
attendaient. Elle apporte -peut-etre- le salut, a condition qu'elle
s'ouvre toute grande, assez grande pour donner passage a tous".

Debido a que las metas de estas empresas están dirigidas hacia el desarrollo
de las vidas de los "socios" y no a la obtención del mayor provecho posible,
su carácter difiere notablemente de la mayoría de las empresas capitalistas
comunes. Acerca de esta diferencia H. A. Hutte,24 dice:
"Para aquellos que están acostumbrados a observar el cuadro normal
de que los trabajadores se despojan de su ropa de trabajo al primer
sonido de la sirena, de las objeciones del tiempo extra, del nada negligente vuelo del calabozo del trabajo, se sorprenderían grandemente de
ver las fábricas todavía iluminadas después del tiempo de la terminación de labores y a los trabajadores activos voluntariamente en sus
bancos de trabajo".
21

ROGER DU TEIL,

Communauté de Travail, p. 5.

,. En un artículo intitulado "Werkgemeenschap" "Boimondau" te "Valence"
(Workshop Community Boimondau at Valence, el Taller Onderneming) Man und
Undertaking (Hombre y empresa), 1949-1950, pp. 106 y siguientes.

Como así acontece en el Taller de Bilthoven, en aquellas comunidades
no hay ausencia de reglas, de orden y disciplina en esas empresas. Por el
contrario, la sociocracia se puede definir como "la disciplina en sí misma de
la comunidad". No obstante, una disciplina como unánimemente se le acepta por aquellos a quienes concierne, en lugar de ser impuesta del exterior,
en cuyo caso sería aborrecida.
En estas empresas esta clase de disciplina se ha dejado a lo que se llama
"Regla", en la cual y al mismo tiempo, se incluye un mínimum de moral,
la que debe ser firmada por cada miembro de la Communauté de Travail. 25
El "Mínimo-Moral" es la base de toda la estructura de la empresa. "Voorlichting" ("Información") 26 publicó como un ejemplo de tal estructura
el caso de Boimondau, de la cual aparece que la fuerza más grande, la
fuerza de hecho, descansa en la Asamblea General, compuesta por todos los
miembros de la comunidad. Todas las resoluciones fundamentales de esta
Asamblea General se pasan solamente con los votos unánimes (principio sociocrático) . Esta Asamblea elige igualmente y en forma unánime al Jefe de la
Comunidad (Chef de Communauté) .
El Jefe tiene poder ejecutivo absoluto y puede aún actuar en contra de
los deseos de los miembros y de los comités de Consejo (Conseillers Generaux).
Esto, de seguro nunca sucederá desde que la Asamblea General pueda
estar reunida en todo tiempo, ocasión en la cual todo poder puede ser reducido. (El Jefe, a pesar de todo, no es un dictador).
El Jefe está asistido por un cuerpo de Consejo, el "Conseillers Generaux",
el que se escoge por la comunidad.
Para el lector amante de los hechos pudiera ocurrírsele el preguntarse
cómo es posible que con todas estas elecciones se pueda obtener la unanimidad. Marce! Barbu, el fundador hubo de verificar en el transcurso del
tie~po, que este sistema sociocrático no podría ser aplicado a las empresas
extstentes así como a los principiantes, así nada más, ya que debe de construirse
para llegar hacia arriba desde la base.
Para obtener este fin dividió su co~unidad en grupos de vecindad (Groupes
Quartiers) . Cada grupo de esta vecindad está compuesto de cuatro o
cmco familias, las que están obligadas a reunirse una vez por semana.
Estos grupos de vecinos escogen unánimemente a su representativo (Chef
de Group) . Todos los representantes de los grupos se reúnen una vez al
mes para discutir los procedimientos generales y tratar de obtener unanimidad.

d:

11

"Rccherchc Comrnunautaire", número especial de "Communauté", p. 75.

" Voorlichting ("Information"), 2nd year, No. 35, dated 27th, May, 1949, pp.
137 etc.

614
615

�Estas reuniones generales y las consecuentes adhesiones a los princ1p1os
sociocráticos obtienen de inmediato el resultado de que en todos los puntos
esenciales se llega a la unanimidad antes de que los miembros aparezcan
en la Asamblea General.
Los conflictos en Boimondau son puestos a la consideración de una Corte
de Justicia especial, ordenados por la Communauté de Travail, la que en
el último extremo deberá juzgarlos. Las decisiones solamente son hechas
dentro de las bases de la unanimidad (jueces, defensores y litigantes) . Es
corriente que el defensor también tiene que estar de acuerdo con el castigo
impuesto. Roger du Teil 27 señala la gran significación de esto para la
condición psíquica del ofensor y su relación hacia la Comunidad.
Los miembros de la Corte de Justicia son elegidos por la Asamblea General.
La Asamblea General también establece una Comisión de Control, cuyo
deber es el reportar cualquier irregularidad al Jefe de la Comunidad.
De acuerdo con la forma estructural de las diversas Comunidades de
Trabajo, es posible el afirmar que hay una diferencia individual, en tal forma que cada Comunidad tiene su propia estructura. La estructura y principios no pueden dejarse en reglas fijas ya que éstas tienen que ser flexibles
y variables como la vida misma.28
Como los resultados de las comunidades en la mayor parte dependen de
los miembros, los recién llegados, que desean ingresar, tienen que estar
de acuerdo en un juicio de tres meses, durante cuyo período se les llama
"stagiaires". De aquí en adelante, son "Postulantes" por un período de doce
meses. Solamente después de estos quince meses el candidato podrá llegar
a ser un "socio" completo. Esto se hace así con objeto de salvaguardar a la
Comunidad en contra de la admisión de gente que no se adhiera a los principios, tanto en fo1ma espiritual como en la práctica.
El concepto de "labor" tiene una alta estimación en las comunidades, comprende más de lo que generalmente se entiende por labor.
Aparte del trabajo profesional se incluyen las siguientes clases de trabajo:
l. El trabajo no profesional (por ejemplo, el autoestudio, para la educación en general;
2. Las actividades de la mujer casada en el hogar;
3. Los juegos infantiles, necesarios para el futuro desarrollo;
4. Los esfuerzos llevados a cabo por los enfermos para obtener mejoría.

La remuneración en la mayoría de los casos, está regulada de acuerdo con
el amplio concepto de labor, como, por ejemplo, en "Boimondau" de la
" RooER nu TEIL, Communauté de Travail, p. 75.
" Communauté '51, p. 67.

616

siguiente manera: el cuerpo concejal fija periódicamente las cantidades disponibles para remuneraciones. Esta suma ("la masse a partir"), se reduce
primero de todo de las remuneraciones de los padres a los niños, de acuerdo
con una escala fijada. El remanente se reduce por una cierta suma para
el trabajo hecho en el hogar por la mujer casada. Después las remuneraciones son deducidas para los "stagiaires" y los "postulantes", las que están
basadas en las pagas de la industria libre.
La suma remanente se divide entre los "compagnons" de acuerdo con su
"valor humano". Este valor depende de tres factores:
l. "la valeur professionnelle";
2. "la valeur sociale";
3. Los premios.

Estos últimos se otorgan en los casos en que los trabajadores hayan realizado su trabajo en menor tiempo del que se haya estipulado. Una vez que
se ha calculado el valor de tales premios y se ha hecho pago de ellos, la
cantidad remanente se divide de acuerdo con el número de puntos que cada
"compagnon" haya alcanzado, para subdividir en relación a 1 y a 2·.
El sistema de remuneración es diferente en otras Communautés. En la factoría modelo de Cadres R. G., en París, tal remuneración se adapta a aquellas marcadas con el mercado libre de trabajo. El beneficio entonces es dividido entre los "compagnons" en determinada forma.
La meta de estas Communautés de Travail en el desarrollo de la vida de
los "compagnons", así como su mejoramiento, en la medida de lo posible,
entre otras, se realiza de la siguiente manera:
2. Incluyendo al trabajador en la administración y como copropietario,
lo que produce en él tomar un interés real, más que otro meramente profesional en el desempeño de su trabajo.
2. La Communauté de Travail procura hacer desaparecer la frecuente y
fatal separación entre el trabajo y la familia incluyendo ésta en la propia
Communauté de Travail. 20
3. Haciendo a un lado el trabajo profesional, se dedica una gran atención
a otros aspectos de la vida, tales como deportes, juegos, teatro, educación general, etc., aspectos que son organizados por el "Servicio Social".
Gracias a los principios mencionados con anterioridad, la relación del trabajador y la vida, llega a ser diferente y en el más elevado sentido de la
palabra, éste puede llevar una más humana existencia.
Cuando se visitan las Communautés de Travail, es sorprendente el que
,. Communauté '51, p. 46.

617

�el trabajador produzca una mucho más humana impresión y mucho menos
del automatismo que es posible observar en las empresas puramente capitalistas.
El principio de que las comunidades sociocráticas deben estar abiertas para
todos, se ha realizado plenamente en esas Cornmunautés de Travail. Están
abiertas para todos, no importa el credo religioso o político. En Boimondau
hay, por ejemplo, católicos romanos, protestantes, humanistas, materialistas,
así como comunistas, sin mengua de la existencia de cuatro "Groupes Spirituels".30
El resultado de este principio de puerta abierta a todos, es que sus fundadores no desean que se les llame "third way" (el tercer camino) , que proporciona "la" solución para los problemas sociales y por esto, celosamente se
apartan a sí mismos de los seguidores del liberalismo y del capitalismo, por
una parte, y de los que creen en el comunismo, por la otra. La Cornmunauté
de Travail, sin embargo, desea contacto con todos los grupos, proclamando
por la solución de los problemas sociales, si bien juntos. 31
Desde que el objetivo de Mareé Barbu fue el no crear una clase especial
de comunidad dentro de la sociedad, sino una reforma total del Estado, se
decidió en octubre de 1945 el participar en las elecciones francesas. Aunque
esta decisión se hizo ya en el momento último, se obtuvo un resultado de
26,000 votos, lo que permitió adquirir un asiento en el Parlamento.
Sin embargo, Barbu pronto comprendió que a cuenta del conspirar político y de la "anti-sociocrática" forma de trabajo, poco podría obtenerse, por
lo que se retiró de la vida política en lo. de enero de 1946, dejando "Boimondau" para dedicarse por entero a un experimento de mayor envergadura.
Estableció la "Cité Donguy-Hermann", una combinación de seis Communautés de Travail que agrupaba a 350 personas, distribuídas entre una Communauté para la fabricación de ladrillos, una para hacer llaves; otra encargada de la fabricación de cajas de reloj; otra encargada de la construcción
de casas y talleres; otra para la manufactura de matrices, etc., así como una
Cornmunauté agrícola.
El pensamiento fundamental de Barbu era en el sentido de que una Communauté debería constituirse como una federación de familias; una federación de Communautés debería agrupar una ciudad; las Cités, a su vez, deberían combinarse en unidades cada vez mayores (municipalidades, condados,
Estados y continentes), las que, en último resultado, deberían combinarse en
una Federación Mundial.3 2 Por desgracia, sus planes, no solamente en lo que

'° RoGER nu TEIL, Communauté de Travail, p. 128.
11
Ver Communauté '51, pp. 66 etc.
"' RoGER nu TEIL, Communauté de Travail, pp. 172, etc.

618

a la Cité Dounguy-Hermann se referían, resultaron una catástrofe, debido a
la falta de cooperación del sector ejecutivo. Con objeto de prevenir contingencias similares, se ha puesto una mayor atención a la educación ejecutiva
por las Communautés de Travail. (T. W. I. = Entrenamiento dentro de la
industria; F. P. C. = Formación práctica de Chefs) .33
Si bien el experimento de la Cité había sido un fracaso, sin embargo, esto
no significó que se quitara la idea de la Cité como una Federación, compuesta de algunas Communautés de Travail. En Valence esta idea ha tenido
realización nuevamente en la Cité Horlogére Monguy-Hermann, una combinación federal de tres diferentes Communautés de Travail, todas dedicadas a
la fabricación de relojes; la Communauté Centralor, la Communauté Cadréclair y la Communauté Rhonex. Un "Conseil Genéral de Coordination",
compuesto de tres Chefs de Communauté y de representantes electos, los que
se reúnen cada mes con objeto de ayudar al Secretario General, que es, a su
vez, el dirigente de la Cité. 34
Desde un punto de vista sociocrático, resulta interesante el observar cómo
se conducen las elecciones, por ejemplo, en el caso del Chef. Con objeto de
principiar las discusiones se recogen la mayoría de los votos. La designación
sigue, no obstante, después de una mutua auscultación y con la aceptación
de cada uno para este propósito.
Es un hecho muy conocido el que las nuevas ideas son más fácilmente
aceptadas por los jóvenes que por los mayores, por lo que, por lo general, el
término medio de la edad de los "compagnons" de las Communautés de
Travail es bajo. En Boimondau, por ejemplo, prevalece, como edad-grupo,
de los 20 a 30 años.35
Un importante punto de concurrencia entre las Communautés de Travail
y los Talleres de la Comunidad para niños en Bilthoven, es el hecho de que
los ejecutivos tienen poder extenso. Especialmente por lo que se refiere a
las empresas industriales, con frecuencia se hace necesario el tomar decisiones
importantes en un momento determinado y por ello el Chef de Communautés está dotado de tal facultad en lo que respecta a su poder ejecutorio.
Sin embargo, por el hecho de que siempre pueda ser llamado a cuentas y de
que su función depende de la confianza puesta en él, pudiera llamársele,
sin duda, un dictador.
Con objeto de prevenir que la autoridad llegue a ser demasiada, la Com"Ver BERNARD DE VARLET, "La Formation des Cadres a Boimondou", publicado
en "Communauté, Nos. 9-10 de Nov.-Dic. 1951, pp. 12, siguientes.
" Dato obtenido por Marce! Mermoz, "La Cité Horlogere de Valence", published in
"Communauté", Nos. 9-10 de Nov.-Dic. 1951, pp. 9 siguientes.
• "Des Hommes Libres", número especial de "Lien", p. 22.

619

�munauté aplica el principio de que las designaciones son hechas por dos cuerpos. Uno recomienda a alguien como candidato, después de lo cual, el otro
cuerpo tiene que aprobarlo con objeto de hacer la designación final. (Election
des responsables á le double confiance) .36
Si bien, debido a las condiciones económicas, solamente algunas nuevas
Communautés de Travail se han establecido, es posible decir que las que
actualmente operan se han consolidado. Se puede agregar que varias Communautés de Travail se han establecido recientemente en forma y carácter
diferentes si las comparamos con las señaladas anteriormente. 37 En las re.
cientes, el' propósito es que los miembros (principalmente los no-prof es10nales) construyen sus propias casas: "auto-construcción". Aquellos de estos
"castores" -como a sí mismo se autodenominan- que tienen las mismas
inclinaciones idealistas hacia la Communauté de Travail, se han combinado
en una "Fedération National des Organismes d'Auto Construction".38
Las ideas de la Communautés de Travail, no solamente se han extendido
en Francia, sino también en otros países de Europa.
Las diferentes Communautés de Travail en los diversos P.aíses son llevadas
juntas :i formar la "Entente Communautaire", cuyo secretariado se ha establecido en París. Esta Entente se encarga del cambio de pensamientos y de
ideas de la asistencia de "les rapports amicaux et commerciaux entre Commun;utés", de la representación de las Communautés en cuerpos oficiales:
Ministros, etc.; propaganda general, etc. 30
Aparte de su organización internacional, las Communautés de Travail, con
residencia en París y en los lugares circunvecinos, tienen una organización
regional dedicada al mejoramiento de una más regional "intercommunautai•
•
• 40
re" cooperación por medio de la mutua consulta, consejo
y as1stenc1a.

V
APLICACIÓN EN EL CAMPO POLÍTICO

La vida en comunidad de acuerdo con el Derecho Común
("Adatrecht") Indonesio y los Minangkabauers, los Gajos,
los Achinese, etc.

Finalmente, los principios sociocráticos pueden también ser aplicados en el
campo político, si bien, con un limitado y específico propósito. Ejemplos de
esto los podemos encontrar en la vida en comunidad, de acuerdo con el Derecho Común Indonesio ("Adatrecht"). Los tres elementos de la sociocracia, tales como :
l. Gobierno por sí mismos.

2. Una base de unanimidad.
3. Ciertas inclinaciones idealísticas.
se encuentran identificados en el Derecho Común Indonesio. Una cierta tendencia hacia el gobierno por sí y una cierta esfera idealística, son menos notorias en el Derecho Común Indonesio, que las bases de la unanimidad.
Ciertos autores señalan esta característica comunal en varios campos como
un adelanto.
Este propósito relacionado con la unanimidad se advierte en el derecho
común en dos conceptos :

l. M oepakat ( del árabe "mowafaquat"), significando la consulta común,
la que debe ser precedida por
2. Sapakat, que significa acuerdo.
Estos elementos permanecen más fuertemente con las "'.Minangkabauers".

Val Vollenhoven 41 ha dicho acerca de esto que "una alteración de la ley,
"'Ver Communauté '51, p. 67. Acerca de esto CLA~RE HucHET B1sHOP en Ali
Things Common se refiere a "Double Trust Appointments", ver p. 258.
" Estas más recientes establecidas comunidades difieren de las otras en la medida Y
en la forma en cómo utilizan el tiempo libre y no en las actividades profesionales de
los miembros.
.
,
35
Para mayores detalles podemos referirnos a M1cHEL ANSELME, "Princ1pes et rea•
lisations communautaires dans la constrution" published in "Communauté", Nos.
9-10 de Nov.-Dic. 1951, pp. 27, siguientes.
.. "Recherche Communautaire", número especial de "Comunauté", p. 162.
, .
'° Tomado de J. CHAPELLIER, "Comment protéger la Communauté contre les deviations" publicado en "Communauté", Nos. 9-10 de Nov.-Dic. 1951, pp. 11 etc.

620

desde arriba, con la cual el requerido meopakat y el sapakat se encuentran
totalmente carentes, no sería considerada legal por ningún Minangkabauer",
Y por lo que respecta con el Minangkabau: "con todas las autoridades colegiadas la unanimidad en la decisión se requiere".42 Cuando tienen lugar las
discusiones de la autoridad de la Villa de Minangkabau, Van Villenhoven
"'C. VAN VOLLENHOVEN, L. L. D., Het Olatricht van Neder/ands lndie ("Common
Law of Indonesia"), Part. 1, p. 108.
" Hoja 37, parte primera, p. 256.

621

�43

señala que cada decisión es precedida por la meopakat (consulta) . La consulta toma lugar con respecto de todas las cosas importantes relacionadas con
todas las familias "kermel", así como con los andikas (las cabezas de esas
familias, las cabezas de otras familias y los hombres de notoriedad llamados
"elders") .44
De acuerdo con Westenek,45 el "adat" o consulta dentro del minangkabau,
es aún más antigua que la palabra "moepakat". Estima que esta palabra fue
introducida alrededor de los años de 1550 ó 1600 A. C. con el advenimiento del
Islamismo, pero, agrega, que desde mucho antes ese "adat" o consulta debió
46
de haber existido. La forma de gobierno y soekoe-arreglo, fue designada
para tomar la consulta al balai (Consejo y Corte) .
De acuerdo con estas concepciones Indonesias, cualquier cosa es posible
"dentro de las líneas de la consulta", con: "atéh djalan moepakat" (solamente la vía de la verdad, el único camino) . Otra máxima dice: "La consulta
remueve todos los obstáculos; por medio de la consulta mutua, aun las regulaciones-adat pueden ser colocadas a un lado; la consulta es nuestra gran

maestra.
Westenek continúa diciéndonos que por el medio de las consultas se debe
llegar a la unanimidad.
"Si en caso de moepakat los puntos de vista están divididos, uno habla de:
batoe~ang (diferencia de opinión) o bien de balang (coloreado; medio blanco, medio negro) . En caso de que esta situación permanezca así, el asunto o
tema es pronto rechazado. Si, aún, el asunto puesto a consideración ha logrado
triunfar, las discusiones, no obstante, se continúan hasta obtener un acuerdo
completamente unánime, lo que ocurre en nueve de cada diez casos.
Algunas veces, sin embargo, algunos se encuentran aún sujetos a decisión.
En ese caso reuniones próximas serán convocadas a las que se cita al o a

., ,1 J,. c • van Eerde ,s ha dicho
·
aon.
acerca de la administración de justicia
de lo~ Mm_ankabauers: "El juez tiene los siguientes deberes: reconciliar a los
enermgos, Juntar a las ~os partes, hacer preguntas a los testigos, y haciendo
uso de la , facultad
ob
... de Juzgar, pronunciar un veredicto, invocando a Al,ay
. tener ~SI un JW~IO certero. Cuando de acuerdo con la ley, cada asunto ha
Sido ?ebid~ente ~vestigado y considerado por todos los jueces, lo deseable
es (lease obbgatonamente) que el veredicto se obtenga unánimemente".
"La jurisdicción, dice Van Vollenhoven,49 descansa tanto en las autoridades, como en los viejos de la villa. La decisión requiere unanimidad así como
la de los asistentes que se unen a la discusión".
'

_Con _los Minangkabauers encontramos también el principio de la unani'?1dad mcorporado en su derecho común aplicado a la legislación a la autondad y a 1~. jurisdicción. Westenenk 50 menciona el trigo sagr:do tomado
~runa famiha entera en caso de disputas territoriales. La cabeza de la familia se _c~loca e~ un círculo con un hombre y una mujer de su descendencia y
dos pms (panentes lejanos). La idea es que ellos representan a la familia
entera y de que dicha familia está de acuerdo con el jefe de la misma quien
~~~el~
'
Terkhaart,51 también trata acerca del elemento de unanimidad por lo que
respecta a 1~ ley de la tierra. En caso de venta o préstamo de la tierra, debe
mostrarse (SI los lazos que unen a la familia son lo suficientemente fuertes
aún) el que la familia está de acuerdo (o que bien la toman para sí mismos) .

los oponentes a la razón.
Si estas citas no logran obtener éxito y aparece que el o los oponentes se
mantienen firmes en su actitud y demuestran cierta necedad, con frecuencia
sucede que de acuerdo con el derecho común, son exiliados del nagari o bien

n El principio de la humanidad se encuentra también en la jurisdicción de los Surashtras
En "Community Service News"' de Sep .-Oct. 1949' p . 104' ARTHUR
E M de la India.
.
·
. OROAN d1c,e: "No se acostumbraba llegar a la decisión de la corte por votación.
~Uien_ ~ropoma ~na multa si esta era una forma adecuada de castigo. El encargado
. presidir puede mterrogar a la Asamblea erigida en corte diciéndoles: '·aprueban,,
S1 la propuesta parec1a
' expresar e1 sentido
• de la reunión el Presidente podría
e
ha •
una decl
.,
1 f
'
cer
. . .
arac1on para ta e ecto. La decisión comunitaria era final en la medida del
Juic'.o del Consejo privado. En cierta forma, si la decisión no estaba conforme al
sentid~ de la comunidad de aceptación, había entonces receso dentro de la misma
comurudad por espacio de algunos años mientras el caso era considerado de nuevo
en cuyo evento la multa impuesta era reintegrada".
'

sometidos a un boycot.
Nos encontramos el principio de la unanimidad solamente en el derecho
común de los Minangkabauers, sino también, en lo que respecta a jurisdic-

• J._ C. VAN _EERDE, De Adat uolge11s de Minangkabausche bronne (common law
according to Mmangkabau sources), en artículo aparecido en el volumen III 1896lBla98 _de_ la_ P~~licación, dedicada en general, a la ley, temas relacionados especi~lmente
a
Junsd1cc1on India .

43

lbid., p. 255.

" lbid., p. 256.
" L. C. WESTENENK, De Minangkabausche Nagari, p. 62.

.. Actividades, parroquia, grupo de familias.

622

. '" C. VAN VOLLENHOVEN, LL. D., Het Adatrecht van Nederlands Jndiif (IndoneCommon Law), part. 1, p. 258.

SJan

: ~- C.

WESTENENK, De Minangk~bausche Nagari, pp. 95 etc.
· ter Haar Bzn., L. L. D., Begmselen en Ste/sel van het Adatrecht (Principales
and System of Common Law), 2nd edition, p. 87 .

623

�La elección de los representantes en el Minangkabau está basada igualmente
52

en la unanimidad.
G. de Waal van Anckeven 53 señala que el moekapat y el zapakat también
juegan un importante papel dentro de la familia de los Mina~?kabauers: Si
alguno de los miembros de la familia desea zanjar alguna -~if1cultad, tiene
que consultar con su propia familia para enco_ntrar la so!~~1on .. La consulta
se verifica con toda la familia y no se toma nmguna dec1S1on, sm que todos
estén convencidos de que la solución sea la correcta.
..
Por lo que respecta a los problemas que concierne~ .ª más de una fam1ha,
éstos deben ser sometidos a consulta con otras fam1has. Tan pronto como
todas las consultas han terminado y los resultados se han obtenido, el asunto
se discute de nuevo en público en el balai. No se trata de desarrollar nuevos
puntos de vista en este estudio, sino llevar juntos los resultados a que s~ hayan
llegado con cada familia, y además, también, para esta clase de reuniones al
zapakat es requerido.

M . Joustra 54 precisa las objeciones que se pueden pr~sentar acere~ de una
absoluta necesidad de unanimidad en el derecho comun de los Mmangka-

bauers:
"Resulta obvio el que la requerida unanimidad durante las discusiones, frecuentemente previenen o dilatan el paso a una resolución". Con respe~to a
55
un mayor progreso en el porvenir del derecho común, Joustra h~ dic~o_:
"Sin embar.,.0 también hay señales de que no en todas partes se adhiere ngidamente ai°s~kato (unanimidad de juicio) para la adopción de decisiones Y
de medidas, ya que esto parece ser un poderoso medio de obstrucción para
los obsecados.
Encontramos el principio de la unanimidad, no solamente con los Minangkabauers, sino también en el derecho común de los Achinese, Gajos, así como
en Bali.
"
Acerca de los Achinese, Van Vollenhoven,56 hace notar: la consulta m~pakat" con todos los hombres adultos de la villa ocurre, con ,menos frec~e~cia,
que la verificada con los "elders" (anciano~) , como as1_ deb1a ser esto ultim:
de acuerdo con la regla. Sin embargo, el Jefe de la villa trata de tomar e
" L e WESTENENK De Minangkabausche Nagari, p. 116.
'
·m an arucle
·
· th e "Sumatra bod e" d e 27 ,,y 28 de
., G.. de. Waal van Anckeveen
m
marzo 1907, entitled: "Over Maleische democratie en Padangsche Toestanden (About
Malay democracy and Conditions in Padank}.
,.. M. JousTRA, "Minangkabau: Overzicht van Land, Geschiendeins en Volk" (Re·
view of Land, History and People ) , pp. 102 etc.
'" lbid., p. 127.
,
d
. )
158
,. Derecho comunidad de Indonesia ( el Derecho Comun de In ones1a , PP·

siguien tes.

624

cuenta los deseos de todos, ya que en otra forma sus resoluciones podrían

carecer de adhesión.
El Dr. C. Snouck Hurgranje 57 nos dice en relación al principio de la
unanimidad de los Achinese :
"A los Achinese les place en extremo el moepakat, posiblemente no tanto
en esencia, pero ciertamente en lo que a la forma respecta. Las más insignificantes cosas o asuntos pueden levantar grandes discusiones y cambios en la
manera de pensar. Un jefe que se precie de serlo, debe ser contrario a manejar cuestiones relativas a su territorio, o a sus súbditos, al menos, en la presencia de aquellos que representan al pueblo como si ahí estuviera presente".
Por lo que respecta al principio de unanimidad en el derecho común de
los Gajos, C. Snouck Hurgronge 58 dice:
"El rodjo (cabeza de una comunidad consanguínea) 59 de los Gajos únicamente puede hacer aquello de lo cual está seguro o tiene certeza. El notable saudoros (miembro de la raza) estará de acuerdo".
V. E. Korn,6° también señala que en Bali, la unanimidad juega no menos
importante papel en el derecho común. Nos dice:
"Existen varios casos, sobre todo por lo que respecta a cuestiones familiares, en que la unanimidad es necesaria, y, después de prolongadas discusiones, por lo general, es obtenida".
Van Vollenhoven 6 1 afirma que una alteración de la ley Malaya no será
reconocida por ningún malayo, si no se satisface el requisito del moepakat y
el sapakat.
Una consecuencia que lleva la no observancia del principio de la unanimidad, como en el caso de los Minangkabauers, frecuentemente conduce al
abuso, influenciando a los miembros de la comunidad previamente a la reunión. Es posible hablar en este caso de cierta corrupción, aunque debe señalarse que la vida en sí misma no es otra cosa que dar y tomar. Si alguien
visita a otro, le lleva un pequeño regalo. Cuando el otro devuelve la visita,
es de esperarse igualmente que lleve algo, aunque sea pequeño también. Hay,
sin embargo un esforzarse por romper con esa tendencia de quitar el principio
de la unanimidad. A la fecha, existe una clara tendencia en el sentido de ir
17

DR. C. SNOUCK HuRGRONJE, De Atjehers (The Achinese ), Parte I, pp. 79 siguientes.
'"DR. C. SNOUCK HuRGRONJE, Het Gajoland en zijne bewoners (Los gajolands
Y sus habitantes), p. 89.
11
Tal comunidad de sangre se compone de relaciones sanguíneas y de aquellos que
por medios de inoculación artificial han sido admitidos a la misma comunidad.
., V. E. KoRN, Het Adatrecht van Bali (Common Law in Bali ) , p. 260.
"e. VAN VoLLENHOVEN, L. L. D., H et Adatrecht van Nede rlandsch indie ( Indonesian Common Law) Parte I , pp. 108 siguientes.

625
H40

�en contra de esto. Por la sola razón de esta unanimidad, frecuentemente uno
llega --como en el caso de los Minangkabauers- a un muy sofocante procedimiento de obrar, lo que, en consecuencia, está en conflicto con las exigencias de la vida moderna. Esto resulta en la búsqueda de una solución en otra
dirección: uno desea obtener, no tanto una decisión cualitativa, como una
decisión cuantitativa, de tal manera que el grupo más poderoso, cualitativamente considerado (las personalidades, las personas de influencia) , deberán
estar de acuerdo uno con otro, antes de que una decisión sea hecha, en lugar
de que todos los participantes se pongan de acuerdo.
Este principio cualitativo, se realiza más o menos por la sociocracia, ya
que en el sistema sociocrático hay la posibilidad de que los grupos más bajos,
delegan a las más importantes personalidades, cualitativamente consideradas, las que tienen, a su vez, que llegar a un acuerdo con los más elevados
cuerpos.
En relación con lo anteriormente expuesto, es de hacerse notar el que el
toque de las ideas sociocráticas haya alcanzado a los muy antiguos principios
del derecho común Indonesio.

CONCLUSIÓN

Tomando en consideración lo que llevamos dicho, podremos llegar a la
conclusión de que los principios sociocráticos son aplicados en muy diversas
formas. Considerando esas diferentes posibilidades desde un punto de vista
humanístico esto conduce hacia la cuestión en el sentido de reflexionar acer'
.
ca de que si se debe de hacerse más en esta dirección, con objeto de meJorar
las relaciones humanas, por la aplicación de las ideas sociocráticas en nuestra
vida comunitaria. ¡ Ojalá que nuestro estudio contribuya a llevar alguna luz
sobre esta tan prometedora senda!
(Traducción del Lic.

ALBERTO GARCÍA GóMEZ).

NUESTRA CONSTITUCIÓN Y EL MUNICIPIO
LIC. ARMANDO

Las incursiones que con alguna frecuencia hemos realizado con mera curiosidad inquisitiva por los campos sociales del derecho y de la política de
nuestro país, nunca nos acercaron tanto al paisaje pintoresco y muchas veces
sombrío que nos ofrece el municipio mexicano, sino hasta cuando recibimos
el encargo de proyectar para el de Monterrey 1 las bases precisadas para la
solución jurídica de algunos de los problemas que le son específicos y de
otros comunes a todo muncipio. Claro que si damos una ojeada a las vicisitudes por las que ha atravesado el muncipio en el orbe desde que los romanos lo llevaron a un alto grado de perfección, se nos antoja casi natural
ese paisaje, pero nos asombra que haya perdurado hasta la actualidad en
que la inquietud, el afán de renovarlo todo, de barrer con nuestros viejos
Y defectuosos sistemas, ha dejado intactas las taras con que la imprevisión
de los constituyentes de 17, heredaron al municipio mexicano.
Así fue, en efecto. En lugar de limitarse a reconocer en el municipio la
presencia de un fenómeno social casi axiomático determinado por la estrecha convivencia de los individuos y por la urgencia de éstos de realizar los
fines comunes indispensables para satisfacer sus propias necesidades personales; en lugar, también, de dotarlo ampliamente del poder económico y de
las facultades jurídicas indispensables para su pleno desarrollo, los constituyentes de 17 quisieron tanto para el municipio, que de su condición de paria
en que había discurrido su vida durante buena parte de la Colonia y durante el M'exico
· m
· d epend1ente
·
de nuestros días, se propusieron convertirlo en
el niño consentido, en el niño mimado de la nación, pero por si el muchacho
1

626

Hovos

Universidad de Nuevo León

E5tado de Nuevo León, México.

627

�resultaba un hijo pródigo, ataron su economía a la voluntad caprichosa de
los estados, y, lo que es peor aún, los constituyentes nuevoleoneses, creyendo
probablemente hacerle un bien, extendieron el manto piadoso de su protección ( ?) transformándolo, además, en un incapacitado al someter sus facultades jurídicas a las bases que previamente expidiera el Legislativo. La apatía, la ineptitud, el servilismo, la mala fe han hecho el resto para impedir
que el municipio despierte por completo del sueño secular en que se encuentra hundido.

Sin el menor propósito de hacer de esta exposición un tema de carácter
político, diremos la forma cómo todos estos factores negativos operan como
verdaderos obstáculos en el desarrollo jurídico de los municipios nuevoleoneses, explicando que el Congreso concreta su acción legislativa a aprobar,
entiéndase bien, a aprobar las iniciativas que le envía únicamente el ejecutivo, y éste, por su parte, por causa de dichos factores, rara vez se ha ocupado
-en ello tienen no poca culpa los propios ayuntamientos a quienes dominan
los mismos factores negativos-- de promover las iniciativas requeridas por
los municipios en el desarrollo de su actividad. Conducta semejante ha
traído, como es de suponerse, lamentables consecuencias de estancamiento,
pues, sin bases, los municipios están imposibilitados para formular las normas legales determinadas por las cotidianas relaciones de su contenido huma•
no, y sin tales normas, los municipios viven la precaria existencia de los
regímenes de facto, cuyo caos sólo supera en parte la solidaridad de los vecinos y su urgencia de salvar tamañas anomalías en su constante afán de
satisfacer sus propias necesidades.
Después de dar por sentadas las tesis político-jurídico-sociales indiscutidas
sobre la necesidad de esas normas legales para el municipio como lo son para
todo organismo social donde se desenvuelve el intercambio espiritual y material del hombre en pos de una perfectibilidad cada vez mayor de sí mismo,
y sobre la necesidad del propio muncipio de darse sus normas para hacer
frente a las constantes mutaciones que se operan en el seno social a medida
que se multiplica o transforma ese intercambio, nos preguntamos qué era
más apropiado: si promover las reformas de la Constitución que hiciesen realidad la libertad del municipio, sin más limitaciones que las que derivan de
su interdependencia con respecto al estado y a la nación, o bien proyectar
una ley orgánica que a más de precisar el alcance de las disposiciones constitucionales que se refieren al municipio, contuviera, en forma amplia y genérica, un conjunto de bases que permitiesen al municipio entregarse penna·
nentemente a la tarea de formular sus propios bandos sin necesidad de acudir
ya en demanda de nuevas bases. Técnicamente nuestra respuesta estaba por

la refo~a, pero como en la práctica nos dimos cuenta que se tropezaba con
una ~ne de obstáculos si no precisamente insuperables, sí difíciles de salvar,
nos VImos, francamente, obligados a adoptar la segunda cuestión.
Como se verá, el proyecto está dividido en dos grandes partes. En la pri~era echam~s. ~ano de los preceptos constitucionales aplicables para orgaruzar el mumc1p10 _Y el ayuntamiento; para precisar las facultades y deberes
de és~e ~ de sus rm~mbros, y para procurar reducir a sus justas proporciones
const1tuc1onales la mtervención del estado en materia hacendaría. Además
nos _propusimos, y c~eemos haberlo logrado, delimitar las funciones del ayuntamiento y del presidente municipal, reservando exclusivamente para el primero, como era natural, el poder de policía O la facultad legislativa de decretar los bandos de ~licía y ~uen gobierno de acuerdo con las bases; y
~ el segundo, tamb1en exclus1vamente, la función administrativa O ejecutlva. En _I~ segunda parte creemos haber provisto a los ayuntamientos de las
bases suf1C1entes para reglamentar todas las actividades del municipio que
comprenden desde la organización y funcionamiento de la administración
~ta el régime~ d~ las rel:ciones de ésta con los particulares y de los partlculares e~tre. ~1, sm exc~u1r el_ de los bienes del dominio del poder público
Y la orgamzac1on y func1onam1ento de los servicios públicos.
Como toda obra humana, seguramente se encontrarán en el proyecto prof~ndos errores y graves aberraciones; pero estas últimas, cometidas a con~encia~ _derivan de conceptos constitucionales equívocos y de prácticas polítlcas v1c1adas que nos vimos precisados a respetar.
Con la satisfacción de haber cumplido con un encargo para nosotros de
una al~ estima, nos queda, también, la de dar un pequeño jalón, al menos,

en la 1IDportante tarea de integrar la vida jurídica del municipio Clffiiento
de 1as mst1tuc1ones
· · ·
·
'
democráticas
y del progreso efectivo de los pueblos.

628

629

�PROYECTO DE LEY ORGANICA SOBRE LA AUTONOMIA
DE LOS MUNICIPIOS

Art. 60. De los conflictos de orden administrativo entre los mumc1p10s se
ocupará, a falta de acuerdo entre ellos, el Tribunal Superior de Justicia en
pleno, el que resolverá sin demora, previa audiencia y aportación de pruebas
de las municipalidades interesadas.

LIBRO PRIMERO

DE LA ORGANIZACION DEL MUNICIPIO AUTONOMO

Art. 7o. Los municipios del estado tendrán la libre administración del patrimonio que les asignan los artículos 63 fracción X y 119 de la Constitución
Política del Estado; pero los poderes legislativo y ejecutivo tendrán la facultad
de vigilar, revisar, y, en su caso, aprobar el uso de los fondos municipales
como lo previenen los artículos 63 fracción XIII y 85 fracción VI de la misma carta constitucional, para lo cual los ayuntamientos enviarán los informes
a que los obligan los artículos 126 y 130 de la propia Constitución.

TÍTULO PRIMERO

DE LOS MUNICIPIOS Y DEL FUNCIONAMIENTO
DE LOS AYUNTAMIENTOS

Capítulo I
ESTRUCTURA DE LOS MUNICIPIOS
Art. lo. La base político-administrativa del Estado de Nuevo León ~adi_ca
en el municipio cuya autonomía estará regulada por las normas const1tuc10nales relativas, y por la presente ley.
Art. 2o. Los municipios se forman por disposición de la ley. Por tanto,
· · · del Estado y oozan
de la personalidad .jurídica que les recosan mumc1p10s
o ·
,
noce el artículo 120 de la Constitución local, los mencionados en el articu1o
28 de la misma carta, así como los que en lo sucesivo cree el Congreso de
acuerdo con la facultad que le concede la fracción VI del artículo 63 de la
misma Constitución.

Art. 80. Fuera de una auditoría que se podrá practicar en las tesorerías
municipales si el ejecutivo del Estado la conceptúa indispensable para hacerse la glosa y el informe a que se refiere la fracción XIII del artículo 63
mencionado en el precepto anterior, ni el propio ejecutivo ni la legislatura
podrán en ningún tiempo ingerirse en la hacienda pública de los municipios.
Art. 9o. Si mediante la auditoría a que se refiere el artículo anterior o de
cualquier otro modo, el ejecutivo conociese alguna irregularidad delictuosa
en el manejo de los fondos públicos municipales, lo hará saber al Procurador
de Justicia y éste ejercitará las acciones que mencionan los artículos 105 y
113 constitucionales.

Capítulo II

Art. 3o. Es facultad exclusiva del Congreso, sobre todo cuando un núcl~
urbano y su zona de influencia así lo exijan, crear nuevos a costa ~e lo~ muro~
cipios ya existentes, no sin escucharse a éstos y _tener presente la identidad d
intereses de carácter político, económico y social de los agregados humanos
comprendidos dentro de ellos.
que_las
Ar t . 4o . Los municipios del Estado ejercerán, sin más limitaciones
1
.,
J't¡COque les impongan las normas a que se refiere el artículo 1o.' a acc1on. 1está
administrativa que sin ser de la esfera del Estado o de la feder~c1on,
determinada por sus relaciones con el agregado humano comprendido dentrO

fº

de sus respectivos límites.
· d o d e comun
' acuer·
Art. So. Cualquier conflicto de límites que no sea zania
630

do entre los municipios y sancionado por el Congreso, será resuelto por éste,
a mayoría absoluta de votos. previa audiencia de los contendientes y con vista
de las pruebas que aporten.

DEL FUNCIONAMIENTO DE LOS AYUNTAMIENTOS
Art. 10. Cada mumc1p10 será administrado por un ayuntamiento electo
directamente e integrado por un presidente municipal o alcalde propietario;
por uno suplente, así como por regidores y síndicos.
Art. 11. El número de regidores de cada municipio estará en la siguiente
proporción con el de habitantes que arroje el último censo anterior a la
elección.
Regidores
3
Por los primeros 20,000 habitantes o fracción.
631

�1 Por 20,000 habitantes o fracción en los siguientes 80,000.
1 Por 50,000 habitantes o fracción desde 1.000,000 en adelante.
Los síndicos serán en número de uno en los primeros 100,000 habitantes,
y de dos sobre cualquier excedente.
Art. 12. El alcalde suplente entrará automáticamente en funcione~, durante las faltas temporales O definitivas del propietario. Si f_altare tamb1en el
suplente, será substituído por el que designen los ayuntamientos en los términos del artículo siguiente.
Art. 13. Las faltas absolutas de regidores, síndicos y alcaldes judiciales
serán inmediata e inexcusablemente cubiertas por los ayuntamientos en ,la
forma prescrita por el artículo 124 constitucional, a menos que lo~ que_ ~sten
fungiendo no integren las dos terce~as partes, _en cuyo caso la des1gnac1on se
hará por la totalidad de los que esten en funciones.
Art. 14. El cargo de presidente municipal será irrenunciable;, pero el de
los miembros del ayuntamiento y de los alcaldes judiciales lo sera por causas
calificadas por el cuerpo edilicio.
Art. 15. Se estimarán faltas definitivas no sólo la renuncia, si~o la au~encia, actos delictuosos, enfermedades y demás causas qu_e hagan mcomp~tible
con ellas las funciones de los ciudadanos que se mencionan en los artículos

12 y 13 de esta ley.
Art. 16. Los ayuntamientos son meros órganos decisorios que actuar~
colectivamente en forma de asambleas públicas, salv? cuando l~ moral .
alguna causa de orden político calificada por los propios ayu~tam1entos ~~­
jan su celebración en privado. Serán presididas por los pres_1dentes m_uruci1 . cada miembro tendrá en ellas un voto, menos el presidente qwen lo
pa es,
d , l l
t · staladas
tendrá sólo de calidad en caso de empate, y que aran ega me,n e m
,
oría
de
dichos
miembros.
Los
acuerdos
se
tomaran
a
mayona
con la may
,
d
· 1 1
absoluta O por una mayoría más amplia cuando as1 lo etermme a ey.
Art. 17. En los municipios con población de más de 100,000 habitantes, el
'dente tiene la facultad de vetar las decisiones o acuerdos de los ayuntapres1
•
·
d rden
mientos, exponiendo y asentando en el acto las razones, s1 motivos e o
político O moral no lo impiden.
..
se llevaS1. no o bstante ello, los ayuntamientos insistieren en sus dec1S1ones,
· l
·d nte
rán adelante, pero haciéndose constar los motivos del veto, SI e presi e
así lo exigiere.
. · L
·meras se
A t 18 Las asambleas serán ordinarias o extraord manas. as pn
r
·
·
·
d'
d
l
realizarán una vez por semana, y las otras el últIIDo ia e ano y cuando con-

632

voquen a ellas los presidentes municipales o un grupo de regidores y síndicos
no menor de la cuarta parte del total de los miembros del ayuntamiento.
Esta convocatoria se hará por conducto del periódico oficial y alguno otro
de los que circulen en el estado.

Art. 19. Las asambleas de los ayuntamientos cuyos municipios cuenten con
una población de más de 100,000 habitantes, se llevarán a cabo con la asistencia del decano de los notarios, quien levantará en un protocolo especial
y en el libro de actas del ayuntamiento que también autorizará con su firma,
acta pormenorizada de la sesión, y formará, con copia de reglamentos aprobados y de documentos que se hayan tomado en cuenta durante ella, un
apéndice también especial. Las copias estarán autorizadas con su firma y las
del presidente municipal y secretario del ayuntamiento.
Al protocolo y al libro de actas tendrá acceso todo particular y derecho a
que se le expida copia certificada.

Art. 20. Corresponde a los ayuntamientos:
I. Dictar dentro de las bases generales contenidas en esta misma ley,
los bandos de policía y buen gobierno que hayan de normar el régimen jurídico de los bienes del dominio del poder público municipal
y de los servicios públicos, así como la organización y funcionamiento
de la administración municipal en las relaciones de ésta con los
particulares y de los particulares entre sí.
II. Dictar, dentro de las mismas bases, las normas de conducta que a
los particulares imponga el medio social en que viven, siempre que
no afecten la esfera de acción de los poderes federales y del Estado.
III. El estudio y la decisión de los problemas de carácter general o concreto cuyo conocimiento les hayan reservado las normas generales
que ellos mismos dicten, o de los problemas no previstos en ellos,
pero que resulten de su aplicación.
IV. Avocarse a los conflictos de carácter territorial y administrativo jurisdiccional de sus respectivos municipios.
V. Designar a los miembros del ayuntamiento y alcaldes judiciales que
falten definitivamente.
VI. Vigilar a través de los regidores el cumplimiento de los reglamentos
y determinaciones del cuerpo edilicio, y de la buena marcha de la
administración.
VII. Conocer de los informes que suministren los regidores sobre las irregularidades que observen, y disponer las medidas encaminadas a la
regularización.
VIII. Hacer que los presidentes municipales cumplan y hagan cumplir

633

�a su vez los acuerdos y reglamentos municipales, y las leyes del Estado o federales cuya ejecución esté encomendada a las administraciones municipales.
IX. Discutir y ratificar o rectificar el último día de diciembre la gestión administrativa de los presidentes municipales durante el año,
adoptando, en caso de rectificación, las medidas a seguirse en lo
sucesivo.
X . Disponer se envíe al Congreso, por conducto del ejecutivo, dentro
de los primeros días del mes de octubre de cada año, el presupuesto
de ingresos y detalle de la remuneración de sus miembros por el
siguiente año.
XI. Disponer se envíe al Congreso por el mismo conducto, dentro del
mes de febrero de cada año, las cuentas del año anterior, para los
efectos del artículo 125 constitucional.
XII. Disponer se envíe al ejecutivo, dentro de los primeros ocho días de
cada mes, los informes a que se refiere el artículo 130 constitucional.
XIII. Las demás funciones colectivas de carácter decisorio tendientes a
la realización del objetivo social para el que están creados.
Art. 21. Los reglamentos o decisiones de observancia general obligarán desde la fecha que se fije en ellos, y, a falta de esa previsión, inmediatamente
después de su publicación que, gratuitamente suscritas por el presidente municipal, uno de los síndicos y el secretario, se hará siempre, en el Periódico
Oficial del Estado.
Art. 22. Está prohibida a los ayuntamientos:
I. Ejecutar o intervenir en la ejecución material de los reglamentos Y
decisiones dictadas por ellos.
II. Intervenir en la función administrativa concreta.
III. Expedir reglamentos o dictar acuerdos contra ley expresa o que pertenezca a la esfera de acción federal o estatal.

TÍTULO SEGUNDO

FACULTADES Y OBLIGACIONES DE LOS PRESIDENTES
MUNICIPALES Y DE LOS MIEMBROS DEL AYUNTAMIENTO
Capítulo I
DE LOS PRESIDENTES MUNICIPALES
Art. 23. A más de las funciones que específicamente les señala la presente
ley, los presidentes municipales son los ejecutores de las determinaciones emanadas de los ayuntamientos y de realizar la función administrativa concreta
en relación con el propio ayuntamiento, con sus colaboradores y con los particulares. Por tanto, corresponde a ellos:

I.
II.
III.
IV.
V.

VI.
VII.
VIII.
IX.
X.

XI.

Presidir las sesiones.
Dar su voto de calidad.
Vetar las determinaciones de los ayuntamientos.
Convocar a sesión extraordinaria.
Publicar los reglamentos y decisiones de observancia general en el
Periódico Oficial del Estado.
Ejecutar los reglamentos y decisiones de carácter general expedidos
por los ayuntamientos, y los acuerdos de éstos de carácter concreto.
Organizar los servicios públicos y la administración municipal de
acuerdo con los reglamentos que al efecto se expidan.
Organizar el aprovechamiento de los bienes del dominio público
también de acuerdo con los reglamentos que se expidan.
Promover el fomento de las actividades de carácter cívico-culturaldeportivo.
Aplicar las sanciones que autoriza el artículo 25 constitucional.
Dar cumplimiento a las leyes y reglamentos locales o federales cuya
ejecución esté encomendada a las autoridades municipales.

Art. 24. Se prohibe a los presidentes municipales:
I. Distraer los fondos, valores y bienes municipales del fin a que estén
destinados.
II. Ausentarse del municipio por más de cmco días sin licencia del
ayuntamiento.
III. Cubrir por sí o por medio de persona que no dependan de la Tesorería -~unic!p~l, mult~ o arbitrio alguno, o consentir o autorizar que
en ofrcma d1stmta de esta se recauden o rete~gan fondos municipales.

634

635

�Capítulo II

l. Dejar de asistir a más de dos ses1·ones dent ro de un mes sin el previo
permiso del ayuntamiento.

DE LOS REGIDORES

II. l~miscui~e en las actividades de la administración municipal ajenas a
la func10n propia que les corresponde dentro del ayuntamiento.

Art. 25. Corresponde a los regidores:
l. Asistir puntualmente a las asambleas y tomar parte en ellas con voz y
voto.
II. Inspeccionar las ramas de la administración cuya vigilancia les encomienden los ayuntamientos.
III. Dar cuenta en asamblea a los ayuntamientos de las irregularidades
que observen.

Art. 26. Se prohibe a los regidores:
l. Dejar de asistir a más de dos sesiones dentro de un mes sin el permiso
previo del ayuntamiento.
II. Inmiscuirse en las actividades de la administración municipal ajenas a
la función propia que les corresponde dentro del ayuntamiento.

LIBRO SEGUNDO

DE LAS BASES CONFORME A LAS QUE LOS AYUNTAMIENTOS
HARAN USO DEL DERECHO QUE LES CONCEDE
EL ARTICULO 131 CONSTITUCIONAL

TÍTULO PRIMERO

DE LA ADMINISTRACION MUNICIPAL

Capítulo I
DISPOSICIONES PRELIMINARES

Capítulo III
DE LOS SINDICOS
Art. 27. Corresponde a los síndicos:
l. Asistir puntualmente a las asambleas y tomar parte en ellas con voz y
voto.
II. La representación jurídica de los ayuntamientos, para lo cual, sin más
título que su carácter de síndicos acreditado con la credencial que al efecto
les haya entregado la Junta Computadora, quedarán también acreditados como apoderados generales para pleitos y cobranzas, pero necesitando acuerdo
expreso del ayuntamiento para usar de las facultades que menciona el artícu•
lo 2481 del Código Civil así como para ejecutar actos de dominio, actos
estos últimos que realizará con el concurso imprescindible del presidente municipal y del secretario del ayuntamiento.
III. Suscribir los reglamentos o decisiones de observancia general para su
publicación.

Art. 2~. El presente decreto establece las bases generales sobre las que los
ayuntarruen~os del Estado harán uso del poder de policía consistente en preceptos
el uso de los bienes del m umc1p10,
· · · • a la orga. . , tendientes. a normar
.
ruza~i~n Y funcionarruento de los servicios públicos y de la administración
municipal, Y a normar las relaciones de ésta con los particulares
d ,t
entr ,
, Y e es os
e s1, e~ cuanto conduzcan a la realización de los fines de la comunidad
0 del medio urbano en que aquélla actúa.

. ,Art. 30. ~e las_ normas que formulen los ayuntamientos, las de organizacion ~ func1onam~ento de la a~nistración municipal serán acatadas por
los miembros de esta. Las demas serán también acatadas y de observancia
ge~eral por parte de los habitantes permanentes o transitorios de la municipalidad cuyo ayuntamiento las dicte.

Art. 28. Se prohibe a los síndicos:

636

637

�Capítulo II
DE LA ORGANIZACION Y FUNCIONAMIENTO
DE LA ADMINISTRACION MUNICIPAL
Art. 31. Salvo las funciones que por la ley les estén reservadas al síndico
o síndicos de los ayuntamientos, los encargados de ejercer concretamente la
función administrativa, dentro de sus respectivas circunscripciones, serán los
presidentes municipales, quienes lo harán por sí o por medio de las dependencias o de los organismos semioficiales o descentralizados que integren la
administración municipal.
Por tanto, los presidentes municipales serán los ejecutores de los acuerdos
de los ayuntamientos y los encargados de hacer cumplir las leyes y reglamentos municipales, así como las leyes y reglamentos estatales y federales en la
medida y forma que éstos se lo encomienden.
Art. 32. Los ayuntamientos crearán y organizarán, mediante reglamentos,
las dependencias estrictamente necesarias y los organismos semioficiales o descentralizados que consideren indispensables para que los presidentes municipales estén en aptitud de cumplir eficazmente con su cometido, de acuerdo
con lo que previene el artículo anterior.
Con el mismo fin, los propios ayuntamientos crearán en dichos reglamentos comisiones o consejos técnicos que se encargarán de planear el funcionamiento correcto de los servicios públicos.
Art. 33. En dichos reglamentos se fijarán, asimismo, las atribuciones, deberes, prestaciones de tipo social o personal y sanciones a los funcionarios, jefes
y empleados que integren la administración municipal.
Art. 34. Dichos reglamentos señalarán, también, cuáles funcionarios, jefes
o empleados serán nombrados por acuerdo de los ayuntamientos, entendién•
dose reservada a los presidentes municipales la designación de los restantes.
En todo caso, las administraciones municipales contarán con un secretario
que lo será al mismo tiempo de los ayuntamientos, y un tesorero, funcionarios
ambos cuya designación se hará por acuerdo de los propios ayuntamientos.
Art. 35. En los municipios en que así sea necesario, se contará, además,
con un oficial mayor, un oficial primero y con jefes o directores de departamentos, a quienes se proveerá del personal indispensable para el desahogo
de sus funciones.
Art. 36. Cualquiera que sea la estructura que en los reglamentos se dé a
la organización y funcionamiento de la administración municipal, bajo nin·
638

gusagra'
n ;~cpoep:o1::t:oan's:~t p~gna con los postulados políticoadministrativos conu uc1ones estatal y fed
1
emanados de ellas.
era ' Y por 1as 1eyes Y reglamentos

TÍTULO SEGUNDO

DEL REGIMEN JURIDICO, DE LOS BIENES DEL DOMINIO
DEL PODER PUBLICO MUNICIPAL y DE LOS
SERVICIOS PUBLJCOS

Capítulo I
DISPOSICIONES GENERALES

Art. 37. A efecto de que la función ad · •
.
desarrolle íntegramente dentro de un o d mm1~trativa de los municipios se
r en estr1ctame t · 'd ·
¡
tamientos procederán a formul I
n e JUn ico, os ayunar as normas generale
1
aquellas actividades de la adm"m1s
. trac1on
. , municipal
. .
regu en todas
q s que
·
.
a le~es o reglamentos estatales o federales, conciernen
medio urbano de su circunscripción.

u: :ma comum
estar -::etidas
a o al

ta:;:~t!!· d:inE::~:c~:::i!:~0 expresado en el artículo anterior, los ayun1os reg1amentos respecto de:
' ·
·
. I - El regimen
Jurídico
de los bienes del dominio del poder p, bl"
•
c1pa1' y su aprovechamiento.
u ico mum-

1~. _La ~re~ción, or?~nización, funcionamiento y régimen jurídico d los
sen1c1os pubh~~s mumc1pales, y su aprovechamiento.
e
III. La acc1on gubernativa de la administración
. . I
conducta d 1
· ¡
mumcipa Y normas de
de lo
~ ~s parti~u ares en sus relaciones de éstos con aquélla y en las
reses ~:::::~e::~~i:~~os, en cuanto tiendan a la satisfacción d: los intelV. La promoc··
· ·dacles de carácter cívico, cultural o deportivo.
mn de 1as activ1
que formu¡en 1os ayuntamientos
.
deArt. 39. Los
d re"lamentos
t&gt; •
se abstendrán
y d:~~=::ar el cueshone,s r~gla~_entadas por el Estado o por la federación,
las lim·t .
as garantJas md1V1duales, principalmente la de audiencia en
1 ac1ones que se vean precisados a imponer a la libertad . d" .d' I
Y a 1a pr · d d · d
. .
m 1v1 ua
op1e a pnva a en benef1c10 de la colectividad.
639

�Capítulo 11
REGIMEN DE LOS BIENES DEL DOMINIO
DEL PODER PUBLICO MUNICIPAL
.
· · · s la administración
Art 40 Siendo facultad exclusiva de 1os municipio
d 1 . la
.
·.
.
sus res ctivos ayuntamientos ocuparse e a ieg de su patnmom?, toca a 1
aleza régimen jurídico y aprovechamienmentación relacionada con a na ur
,
. .
d · · d 1 poder público mumcipa1•
to de los bi~ne~ del oouruoun~entos determinarán cuáles de esos bienes
Por cons1gu1ente, los ay
••
, brco y cuáles final, cua'les están afectos a un servicio pu i '
'
son de uso comun,
mente son bienes propios.
'
. rán asimismo los requisitos de afectación y desafcctaArt. 41. ~etermma '
'
Íos destinados a un servicio público, como
ción de los bienes de uso comudnf"! .
. lienabilidad e imprescriptibilidad.
condición indispensable para e imr su ma
. .
d
común estén destinados a
Art 42 Mientras los bienes mumcipa1es e uso
'
d . y los
. .
.
, .
dir el uso o goce para el que esten crea os'
ese objet?, nadie pod,ra impe do tiem
la facultad de reglamentarlo y limiayuntarment~s tendra~ en to 1 m:da que lo exijan las necesidades y el
tarlo, pero sm excepciones, en . a .
en todo caso, ese uso
interés colectivos, como la obligación de garantizar,

1:

o goce.
.
odrán también establecer normas
Art 43 Los propios ayuntamientos p
'
'
á de
.
.
. d 1 bienes de uso común ; pero ese uso, que ser
para el uso especial e os
.
1 b. t
a a el común a que estén
· ' desnaturalice e O Je O P r
tal manera que Jama~
bl
1 ntad de la autoridad, sin indem·
destinados, podrá ser siempre r~voca ~ a vo u
. .,
para el usuario especial.
.
ruzacion a 1guna
.
. , 1 suario a pagar la contraprestaci6n
Además, este uso especial obligara a u
le asigne la ley o el acuerdo que se adopte.
que
, d.
de los
1
1 ntación del régimen jun ico
Art. 44. Las_ ~ases parade: r:~:e municipal afectos a un servicio pÚ·
bienes del dominio del po
p
.
, tulo y en el siguiente,
.
, las mismas que se mencionan en este capi
blico, seran
en cuanto fueren aplicables.
b.
íos se establecerán las normas
Art 45 En lo que hace a los ienes pr0 p '
. r
perjui•
. . d.as con su disposición en subasta y sin que ellas imp iquen
re1aciona
cío a derechos de terceros.

Capítulo III
DE LOS SERVICIOS PUBLICOS
Art. 46. Los ayuntamientos procederán a reglamentar la creacion, organización y funcionamiento de los servicios públicos municipales tales como
los de policía, tránsito, transporte, agua potable, alcantarillado, planificación,
zonificación, alineamiento, pavimentación, alumbrado, nomenclatura, ampliación y ornato de calles y parajes públicos; limpia, rastros, mercados, parques
y paseos, jardines, panteones, y cuantos por su naturaleza o por declaración
de los propios ayuntamientos sean considerados servicios públicos propios de
su respectiva municipalidad.
Art. 47. En los reglamentos se establecerán cuáles de los servicios públicos serán administrados directamente por la administración municipal; cuáles por organismos semioficiales o descentralizados; cuáles serán objeto de concesión a los particulares, y cuáles, finalmente, se crearán bajo el sistema de
economía mixta.
Art. 48. Las normas sobre servicios públicos reunirán los caracteres jurídicos que se mencionan en las disposiciones siguientes:
Art. 49. El servicio será para toda la comunidad y no para determinada
persona, sin importar que exista usuario propiamente dicho, pero imponiendo
su obligat~riedad en caso necesario.

Art. 50. El aprovechamiento del servicio público será igual para todos, con
especial para los usuarios propiamente dichos.
Art. 51. El servicio público será conformado por disposiciones generales
que determinen un sistema organizado para dar satisfacción regularizada a
una categoría de necesidades de interés general.

Art. 52. En los reglamentos se tomarán las providencias necesarias para
garantizar la continuidad del servicio, es decir, para evitar su interrupción,
aun cuando la colectividad llegue a aprovecharse de él intermitentemente.

Art. 53. En la creación, organización y funcionamiento de los servicios
públicos se fijarán los derechos y obligaciones -y la forma de cumplir con
ellas- de la administración municipal o del concesionario, entre los que se
incluirán, según el caso, facultades y deberes de:

l. Afectación de bienes al servicio público, con las consecuencias que deriven de este régimen.
641
640
H4l

�II. Expropiación e imposición de servidumbre y restricciones a la propiedad privada por causa de utilidad pública, en los términos de la Constitución y de la ley de la materia.
III. Creación de tarifas o contraprestaciones.
IV. Modificación de la organización y funcionamiento que acreciente la
eficacia del servicio.
V. Medidas que aseguren la continuidad del servicio.
VI. Sanciones por el uso anormal o perturbación en el funcionamiento del
servicio.
VII. Prestación inexcusable del servicio.
VIII. Régimen especial al que quedarán sometidos las concesiones y los
concesionarios.
Art. 54. También se fijarán los derechos y obligaciones -y la forma de
cumplir con ellos-- de los particulares en el aprovechamiento y conservación de los servicios, y, además, se establecerán los procedimientos conten·
ciosoadministrativos para hacer realidad el ejercicio de los derechos de b
mismos particulares.

los servicios públicos así como a la protección de la seguridad moral'd d

'd d
,
, .
sa1ubn a y econom1a publicas.

'

i

a '

Art. 57. En las relaciones de los particulares entre sí las normas tenderán
a ?ejar plenamente ~arantizados los intereses de seguridad, moralidad, salu-

bndad y de econom1a del público.
Art. 58. Para hacer realidad las limitaciones de que se habla en los tres
artículos anteriores e impedir su transgresión en perjuicio del interés colectivo y de la paz social, los ayuntamientos crearán y normarán el funcionamiento de los organismos preventivos y contenciosoadministrativos que consideren necesarios.

Art. 59. También se harán realidad las limitaciones a la libertad individual Y a la propiedad privada mediante la prescripción de las sanciones que
permit~ el art!c~lo 25 Constitucional, lo que bajo ningún concepto implicará
renuncia a exigir de las autoridades competentes, si el caso así lo ameritare
la aplicación de otro tipo de sanciones.
'

DISPOSICIONES FINALES
TÍTULO TERCERO

DE LAS BASES SOBRE LAS NORMAS QUE REGULARAN LAS
RELACIONES DE LA ADMINISTRACION MUNICIPAL CON
LOS PARTICULARES Y DE ESTOS ENTRE SI

Art. 60. Los ayuntamientos dispondrán en todo tiempo de la facultad de
refo~ar sus propias disposiciones de observancia general o de aplicación
parncular.

Capítulo U nico

Art. 61. ~os reglame~tos existentes tienen desde luego pleno vigor, mientras
los ayuntarruentos no dicten otros que los sustituyan.

DE LA ADMINISTRACION MUNICIPAL
Y DE LOS PARTICULARES

TRANSITORIOS

Art. 55. Los Ayuntamientos están facultados para imponer a la libertad
individual y a la propiedad privada en las relaciones de la administración·
municipal con los particulares y de éstos entre sí, las limitaciones que exijan
el interés colectivo y la paz social en todo aquello que no lo hayan hecho
ya leyes o reglamentos estatales o federales.

Esta Ley entrará en vigor desde...

Art. 56. Con el doble fin indicado en el artículo anterior, los ayunta·
mientos dictarán las medidas de policía necesarias a normar la conducta del
individuo dentro del medio social en que actúe, en lo que concierne al aprovechamiento y preservación de los bienes del dominio del poder público Yde

642

643

�FENOMENOLOGfA Y DINÁMICA DE LA IDEALIZACIÓN
DEL MEXICANO
FRANcrsco GoNzÁLEz PrNEDA
Universidad Nacional
Autónoma de México

ExisTE UN PROCESO psicológico denominado I dealizaci6n que se presenta con
mayor o menor intensidad en la inmensa mayoría de los humanos. Este proceso
se caracteriza por la forma en que son percibidos y evaluados personas, situaciones u objetos.

Cuando una persona idealiza en forma excesiva, la gente, los objetos, las
situaciones son revestidas de cualidades particulares ya inexistentes o, que si
existen, la proporción en que están presentes esas cualidades es mucho menor
que la que cree percibir. Así, por ejemplo: una persona fea es vista como muy
hermosa. El aislamiento, o la timidez de otra, puede ser percibido como
inteligencia, profundidad o distinción. El individuo más común y corriente
es transformado en la imaginación del que idealiza en un ser al que enriquecen las más notables perfecciones y cualidades. El que idealiza, ya trata de
poseer los objetos y las personas idealizadas, ya, él mismo, trata de ser
como, obtener o asemejarse a la perfección que admira en otros.
El proceso de idealización tiene, sin embargo, dos caras: por una parte
está la que determina la búsqueda y el supuesto encuentro de lo superior,
maravilloso o perfecto, así como la supuesta, pero transitoria seguridad de
poseer lo idealizado y, con esta seguridad, la ilusión más o menos fugaz de
ser como lo que se ha admirado tanto. Por otra parte está la cara en la que
se aprecia que el mismo proceso lleva implícita una incapacidad de percibir
la realidad tal como es. Existe una negación de la realidad, tanto externa (es
decir, del mundo que rodea) como interna (es decir, de las realidades de la
manera propia de ser del que idealiza) porque en esta realidad aparecería
junto a lo apetecible y aceptable, lo disgustante y "malo" y por lo tanto
rechazable.
645

�El que i_dealiza no quiere percibir lo negativo que lleva consigo y, cuando
esto se le rmpone a su conciencia, busca por todos los medios psicológicos a
su alcance rechazar esa percepción. En cambio le es fácil darse cuenta de las
imperfecciones de los demás, exagerarlas y rechazar a los que las tienen, si
no está idealizando en ese momento; pero puede, si idealiza, negar, no percibir la realidad negativa de los otros y exagerar la positiva y, a través de este
mecanismo, sentir que encuentra o que vuelve a poseer lo extremadamente
admirado por él. Sin embargo, más tarde o más temprano el contacto íntimo
con lo idealizado corroe la falsa percepción y entonces, lo que se ha visto
tan perfecto cesa de tener esa cualidad. La realidad se va imponiendo poco
a poco; lo negativo de la realidad produce decepción, desengaño y por lo
tanto tristeza, depresión o irritación, lo que, como consecuencia, lleva al
abandono del exagerado interés recién despertado y, como conclusión, a la
huída o el rechazo de lo que antes se buscó y admiró tanto.
La idealización, como se dijo antes, aparece en casi todos los individuos·
. embargo, tanto mayor es la madurez y la integración psicológica, tanto'
sm
menos la persona necesita este tipo de proceso. Existen personas con características peculiares debidas a problemas muy específicos de su infancia que
presentan en forma muy intensa el proceso de idealización. Estas personas son
llamadas en psicología esquizoides.
El esquizoide se caracteriza, como su nombre lo indica, en que tiene fragmentado su yo en alguna forma.
Para una persona normal es difícil entender vivencialmente la experiencia
que implica la esquizoidia. El hombre normal está acostumbrado a ver el
mundo como es, sabe además, con seguridad, quién es, y cómo es; va con
decisión hacia lo que busca, utiliza los medios más racionales para obtener lo
que quiere y casi siempre obtiene sus objetivos. El esquizoide, al contrario,
ve al mundo ya horrible o distante o incluso lo siente agresivo hacia él, ya al
contrario, como si estuviera poblado de idealizaciones.
El esquiwide es producto de experiencias infantiles difíciles en los primeros años de la vida. Estas experiencias pueden ser de muy diferente índole,
pero entre las más frecuentes, está la de no haber sido tratado en esos años
cruciales como persona en sí, sino más bien, como objeto para uso de los
padres, sin real correspondencia entre las múltiples necesidades infantiles y
el amor maternal o mejor dicho, las necesidades parentales. Esta situación
produce tal cúmulo de inconsistencia en las relaciones de los padres con el
niño, que éste tiene constantemente ante sí imágenes contradictorias de los
mismos padres. La madre puede ser tolerante o severa ante la misma necesidad, irritada o afectuosa ante el mismo acto infantil, amorosa, rechazante o
indiferente frente a las mismas demandas del niño. En otras ocasiones el
niño tiene sucesiva o simultáneamente, varias figuras adultas contradictorias

que son 1mportantes o decisivas en su relación con el mundo adulto y que al
imponérsele en forma muy cercana y activa, han determinado que el niño
trate de identificarse con esas figuras, de manera que, al hacerlo, se produzcan en él identificaciones contradictorias que, a veces, actuarán simultáneamente y, a veces, en forma sucesiva; pero que de cualquier manera, darán
como resultado que su yo se fragmente, que su yo a veces obedezca a unas
identificaciones y a veces ;:i otras; por ejemplo: la madre puede exigir honradez y la nana puede enseñar a robar; la madre puede enseñar indiferencia
y la tía afecto; la madre puede enseñar verdad, el padre mentira_pero los dos
exigir verdad; el padre puede exigir valor y enseñar en sus actitudes cobardía, etc. Es fácil comprender que, un niño sujeto a ese tipo de experiencias
contradictorias en forma intensa y constante, al identificarse a las personas
que se las producen, tendrá que escindir su yo para tolerarlas. A veces utilizará un yo para el que es aceptable mentir, robar o ser cobarde; otras veces
utilizará otro yo en el que lo aceptable será ser verdadero, honrado y valiente.
Es también típico en una persona así, que, al actuar de una o de otra manera,
creerá que siempre es o de una o de otra forma. Sería difícil admitir que él
mismo es el que tiene las dos maneras de ser. Los dos, tres, cuat1:o o más yo,
no pueden reconocerse entre sí, se ignoran unos a otros. Correspondiendo a
esas escisiones internas, la realidad exterior, las gentes, los objetos, las situaciones se perciben escindidas. Sólo una parte de la experiencia de la realidad
es recogida y es después considerada como si fuera la experiencia total. Una
cosa puede ser vista hoy como buena y atractiva, porque se percibe sólo lo
bueno y atractivo de ella. Esta misma cosa es vista al día siguiente como
mala y despreciable, porque sólo se ve lo malo y despreciable de ella y no lo
que se percibió de aceptable el día anterior.
Es en el terreno esquizoide donde se desarrolla con más facilidad la
idealización, donde adquiere cualidades peculiares.
Otro proceso ¡isicológico que utiliza el yo y que colabora mucho en la formación de la idealización es el de proyección.
La proyección permite "expulsar" psicológicamente partes de nosotros que
~o n~s gustan y "ponerlas" en el mundo externo ya en personas, objetos 0
s1tuac1ones. Una cualidad muy admirada de alguien a quien en nuestra infancia nos hemos identificado también podemos ponerla afuera, transferirla
pr?yectándola y percibirla en otra persona distinta sin que, quizá, en realidad
eXIsta en ella.
Como ejemplo de este proceso puede verse lo siguiente: podemos ser
envidiosos, puede ser que no nos guste percibirnos endividiosos e incluso,
podemos formar la fantasía de que somos generosos; ahora, si "proyectamos"
pod_e~os ver a todo mundo a nuestro derredor como envidiosos, "percibir"
env1d1a en los demás. Si por el contrario admiramos tal o cual "superiori-

646

647

�dad" que no tenemos, pero que creemos poseer, a veces "proyectamos" esa
"superioridad" a gentes que pueden tener las cualidades supuestas como "superiores" o que pueden no tenerlas; entonces percibiremos a esas gentes como
"superiores".
Entrando ahora al tema social, decimos que tal o cual sociedad se comporta de tal o cual manera, cuando la mayoría de los individuos que la forman, actúa de forma similar en relación al comportamiento que se está
calificando. Cuando hablamos de "maneras de ser" de las sociedades, de
"carácter'' de las sociedades, definimos conductas repetitivas en situaciones
similares que son comunes a la mayoría de los integrantes de esa sociedad.
Hablamos de una sociedad en estos casos, como si la sociedad fuese un individuo.
Muchas veces podemos comparar conductas diferentes, en sociedades distintas, frente a motivaciones o situaciones similares.
Aquí permítase una digresión. Los sociólogos, en general, consideran intromisión, los intentos de la psicología de comprender la psicología social;
sin embargo, esto proviene, de la frecuente confusión de los dos campos: el
sociológico y el psicológico que al contrario pueden colaborar y ayudarse mutuamente.
La Psicología ciertamente invade el campo de la Sociología cuando pretende convertir la Sociología en Psicología y esto a pesar de que las sociedades están formadas de humanos con procesos psicológicos individuales; pero
la Psicología en cambio tiene métodos, procedimientos para entender la psicología de las sociedades. Su campo está pues en la psicología de esas
sociedades y no en su intromisión dentro de los valores que mueven a esas
sociedades o sus estructuras sociales específicas. Sin embargo, la estructura
y dinámica psicológica de las sociedades es campo legítimo de la Psicología,
que la Sociología puede utilizar con fecundidad. Conflictos e invasiones en
este tipo de investigaciones, sólo son comprensibles como exaltaciones individuales de sociólogos y psicólogos; imperialismo científico qi!e, por lo tanto,
deja de ser científico y sólo se queda en imperialismo. Son dos puntos de
vista diferentes de percibir y ordenar los mismos fenómenos y, si son científicos, no deben contradecirse en última instancia, sino apoyarse mutuamente.
Volviendo al tema de psicología social y ya con referencia exclusiva a México, es importante tomar en cuenta algunos hechos entre los que está el de
que, como unidad nacional, contiene una variedad muy grande de subgrupos
que tienen costumbres, modos de ser ( y por lo tanto) psicología diferentes.
Las diferencias que fueron mucho más grandes en el pasado, se van haciendo
progresivamente menores, pero aún subsisten, en forma tal, que casi no hay
expresión de conducta social que no tenga una pequeña o grande variante,
perceptible, entre los diversos grupos humanos. Tómese, por ejemplo, la
648

forma de hacer una fiesta en un ambiente social acomodado de la ciudad
de México, compárese con una en la misma ciudad, pero en ambiente de
c_lase media, o con una de una vecindad, compárense esas tres, con una
fiesta en un pueblo de los alrededores de la ciudad y éstas con una fiesta
en un pueblo mestizado con algunas costumbres indígenas, y todas ellas con
fiestas en ~upos indígen~s diferent:s y se tendrá una diversidad que aú~ hoy
causa extraneza a los mismos mexicanos cuando recorren su propio país.
Si se toman aspectos más profundos y básicos de la cultura se verá la
misma diversidad, en lenguaje, regionalismos múltiples, acentos variados intromisión lingüística en el español del lenguaje indígena local, y en el ~ran
número de lenguas indígenas diferentes entre sí. La misma diversidad se
apreciará en costumbres sociales, en maneras de expresar la religiosidad, etc.
En los últimos tiempos, las mejores comunicaciones y la movilidad social
e_stán permitiendo a los mexicanos, la experiencia de apreciar su propia diversidad, co~o con:ecuencia se está produciendo, en unos, mayor tolerancia para
aceptar diferencias; en otros, una última defensa reactiva que busca la conservación de las viejas costumbres y la repulsión a la invasión de otras.
Por las características descritas hasta este momento, será fácil comprender qu_e al existir t~ntas diferencias entre los individuos y entre los grupos
c?nterud?s ~~ la umd~d nacional (que pretende ser unidad social) de México, el md1v1duo nacional no se comporte con una sola caracteroloaía sino
::, '
con muchas, y que, cuando se trata de pensar en lo que distingue al individuo nacion~I se te_ndrá que ir a buscar rasgos de conducta social que (a pesar
de tantas diferencias) sean comunes si no a todos los grupos sí a la mayoría
de los mexicanos.
La fragmentación del yo nacional, por la simultánea acción de tantos
grupos diferentes produce varias consecuencias, una de ellas es su "debilidad". Es difícil encontrar por observación actual, o en fuentes históricas
un~. sol~, acción que exigiera el esfuerzo nacional unificado en la que taÍ
umf1cac10n y esfuerzo se haya o se esté llevando a cabo. Más aún, examinando el comportamiento del yo mexicano nacional se encuentran muchas
car~cterísticas que en el terreno de la psicología individual se encuentran en
el mdividuo esquizoide.
Para mejor entender lo que antes se ha descrito, obsérvense algunos fenómenos, algunas expresiones sociales o culturales; por ejemplo, examínense
l~~ resultados de un esfuerzo cultural de primera importancia para la nacwn, me refiero aquí a la forma en que se ha venido escribiendo la historia
el resultado del esfuerzo de la mayor parte de nuestros historiadores. Tómes~
la, "histona
· " que está, teniendo
·
más influencia en nuestro país, porque mayor
numero de personas la leen, la tienen que aprender y forma para ellos el

649

�acervo de pasado con el cual norman parte de su manera de definirse y situarse en el mundo actual, me refiero aquí, a la historia llamada "'oficial".
Compárese esa historia con las "historias" que ·diversos historiadores han
producido y, por último, examínense esas historias a la luz de los fragmentos
de historia que en el pasado y en el presente han venido desentrañando
algunos historiadores científicos y que han presentado con todos los requisitos que exige la verdadera investigación histórica, y se tendrá un resultado
peculiar que excita la curiosidad psicológica, la curiosidad de preguntar ¿por
qué ha sido necesario escribir esas historias? ¿ qué dinámica psicológica se
encuentra detrás de la compulsión de escribir historias parciales o erróneas,
o justificadoras o acusadoras? ¿ Qué es lo que determina no sólo contradicción en interpretación, sino negación, supresión y alteración de hechos para
que el resultado encaje en un esquema que evidentemente ha planeado
el historiador antes de escribir su historia?
Permítase tomar una serie de hechos, simplificarlos por la necesaria cortedad de esta exposición, y comparar la forma de escribir e interpretar estos
hechos en los diversos historiadores y después analizar el resultado:
Historiador No. 1 "oficial", dice: La prehistoria e historia precortesiana
de México fue un impulso extraordinario de desarrollo cultural que alcanzó
cumbres excelsas en algunas áreas del saber y del arte humanos. El desarrollo incluso sobrepasó en algunos aspectos, como en el de los conocimientos astronómicos, el alcanzado por las culturas europeas y asiáticas de su
tiempo. Algunas culturas cayeron destruídas por otras o por causas desconocidas; hubo uno que otro rey malo y traidor, pero los buenos gobernantes se impusieron y el progreso hubiera seguido si no hubiera sido por la llegada
de los Conquistadores que con su sed de oro y de sangre agredieron y arrasaron las culturas autóctonas y redujeron a los habitantes a la esclavitud'
por medio de crueldades sin cuento y depredaciones sin nombre. Entre los
indios hubo algunos traidores, ejemplos de traición son la Malinche y los
tlaxcaltecas. Hubo un cobarde Moctezuma, hubo un héroe Cuauhtémoc. Entre los españoles sólo vinieron uno que otro misionero bueno, pero la casi
totalidad de españoles ahora transformados en encomenderos explotaron sin
misericordia a los indios.
La Colonia es un período de 300 años en los que los españoles gozaron de
la explotación de México y los mexicanos. Hubo uno que otro virrey bondadoso en esa época, pero de esa época (300 años) mejor no acordarse. La
guerra de Independencia iniciada por buenos mexicanos puso un alto a esa
situación y los buenos insurgentes pelearon contra los malos mexicanos Y
españoles, los derrotaron y lograron la Independencia. Gente retardataria
quería establecer un reino, gente progresista quería establecer una República.
Los republicanos se impusieron con muchos sacrificios, pero las fuerzas in-

650

ternas malas y traidoras intentaron siempre volver al colonialismo, los buenos
republicanos primero y los liberales después, siguieron la heroica lucha contra los conservadores y el clero político hasta derrotarlos. Se perdió la mitad
del territorio y hubo invasión extranjera por la maldad norteamericana y la
de los malos mexicanos traidores. En el camino hubo además el tropiezo
de la dictadura de Santa Anna, y posteriormente la de Porfirio Díaz, pero
este estado de cosas fue suprimido cuando la Revolución de 1910 recogió la
bandera de la libertad. Desde entonces, la Revolución gobierna a México
luchando aún contra las fuerzas de la reacción que en todo momento aún
quieren volver a situaciones liquidadas de colonialismo o de dictadura.
\

Historia No. 2. Hecha por un "conservador".
Había, en México, un gran número de tribus de indios con organizaciones culturales rudimentarias, con creencias religiosas abominables, con ritos tan horribles como el de los sacrificios humanos y la antropofagia. Los
españoles llegaron y conquistaron esta tierra. Algunos españoles abusaron
como sucede en toda conquista y como era natural en el espíritu de la época.
Pero España envió a los misioneros y, con ellos, al cristianismo y su enseñanza de la caridad. Las leyes de Indias son aún ejemplo de sabiduría en legislación colonial. España trajo la cultura occidental y durante los 300 años
de Colonia se esforzó por introducirla en los naturales. Nueva España y México fueron las joyas de América.
Las destructoras ideas de la Ilustración infectaron a algunos traidores y
los franceses al debilitar a España la imposibilitaron para defender sus colonias, esto hizo factible la Independencia, fruto inmaduro. Más tarde la
influencia norteamericana, el protestantismo, y la masonería al servicio de
Estados Unidos, provocaron la propagación de constituciones democráticas
Y liberales, antirreligiosas y ateas, hasta culminar con el horror de la Refonna, coronación de los esfuerzos por destruir a la Iglesia.
La Revolución fue la base de ideas que han hecho del robo una doctrina
moral y que tratan de llevar a la formación de un estado superpoderoso cuya
desembocadura final es el comunismo.
Historia No. 3. Frecuente en algunos "sociólogos historiadores" recientes:
Los indios fueron buenos, maravillosos y son los únicos mexicanos auténticos. Los españoles y criollos no han tenido nada que hacer en México
sino explotar y engañar a los indios. Los mestizos también han demostrado
ser buenos y también puede considerárseles mexicanos aunque con algunas
reservas. Se puede comprobar históricamente que todo lo que han hecho
los indios y los mestizos mexicanos ha sido valioso y acertado y todo lo que
han hecho los blancos españoles, americanos, franceses, etc., ha sido malo.

651

�La historia es una lucha entre indios y mestizos contra los blancos, que aún
no se define porque cuantas veces aquéllos han logrado algún triunfo, los
blancos encuentran manera de convertirlo en fracaso.
Historia No. 4: Aquí se podrían incluir las historias que empiezan a aparecer en las cuales todos los hechos quedan perfectamente encuadernados dentro de una interpretación marxista. Los datos que se expresan, los que se
transforman y los huecos que dejan los hechos suprimidos, permiten la formación de una estructura histórica perfectamente comprensible y lógica dentro del materialismo histórico.
Existen varias Historias más, típicos ejemplos de esta manera de escribir
sobre el pasado, pero los ejemplos descritos bastan para plantear la fenomenología que se quiere estudiar aquí.
Ha sido costumbre acusar a estos historiadores como "pasionales", decir
que han deformado la historia y, que la verdadera, es aquella que se acomoda a las ideas y creencias del que acusa. Esta explicación deja planteado
el problema. La frecuencia del fenómeno, la situación en la que se coloca
cada historiador, la forma similar que tiene cada uno (en relación a la de
los demás), para percibir y describir los fenómenos históricos (aunque utilicen ideologías diferentes) hace pensar que debe existir una causa común
de ese fenómeno, que, por lo demás, no es exclusivo de México sino constante en algún momento de la evolución cultural de otros pueblos y, que,
una vez sobrepasada, permite una revisión y reordenación de los datos que se
han venido deformando. El período en que es más frecuente esa fenomenología, es cuando el pueblo se está organizando en unidad cultural o, cuando después de sufrir severas convulsiones sociales, toman nuevos puntos de
vista para apreciar el presente y para reconocer y entender el pasado.
Lo que caracteriza estas posiciones no es desde luego la utilización de
"mentiras conscientes", es decir, mentiras deliberadamente pensadas y escritas como tales por los historiadores. Si existen algunas mentiras de este
tipo, es muy probable que sean en escaso número, pese a que, en realidad,
existan muchas mentiras objetivas en lo escrito. Lo que caracteriza esta
forma de expresarse es la incapacidad de los historiadores, cualquiera que
sea su posición ideológica, de percibir y en particualr de tolerar toda la verdad que se les presenta en la documentación que examinan.
La posición ideológica personal domina las percepciones y, al hacerlo, determina las afirmaciones, las negaciones, las exageraciones, el empequeñecimiento o la supresión de los hechos. El conjunto de todas estas manifesta·
ciones de los historiadores permite ya la búsqueda de una explicación psicológica de los historiadores mismos.
Junto a la intolerancia respecto a ciertos hechos, hay diferentes intentos

652

(comunes a todos los historiadores) de establecer una "paternidad" ancestral tolerable al historiador, en la que el mal sea negado O severamente juzgado por el que refiere la historia que, a su vez, se aísla de esos "ancestros
~os~'· El "bien" es afirmado y exaltado, identificándose por supuesto el
h1stonador con ese "bien" puesto en "ancestros buenos y aceptados". El
mal es colocado. "afuera", lo ejecutaron "otros", partes pequeñas, 0 medianas
del pueblo mexicano que quedan así calificadas de culpables, de "traidoras"
Y por lo tanto fuera de la justificación de la "bondad" histórica. La línea de
antepasados que sí acepta el historiador, queda así definida como la de "sus
buenos mexicanos del pasado" y el historiador se apoya en ellos para aceptarse y tolerarse mexicano.
En las consideraciones anteriores ya están los procesos de idealización y proyección. Se idealiza lo histórico aceptable real o deformado y se proyecta
en ese " pasado" todo 1o bueno del pais
' y de los mexicanos incluyendo lo
"bueno" del historiador. Se aísla todo lo "malo" que queda también proyect:1do en lo~ mexicanos del pasado que acumularon las faltas que el histon_ador .~erc1?e o fabrica e impone en esos mexicanos que quedan así como
e1emphf1cac1ones de maldad y de traición. Con frecuencia el historiador se
escandaliza y se lamenta de la existencia de esos hombres. En esta forma los
historiadores de una u otra ideología integran los mundos históricos mexicanos que pueden tolerar. Así encuentran justificantes para lo desagradable de
1~ histor~a ~ algún valor en el que se pueden apoyar y que les permiten decirse a s1 mismos que son valiosos porque pertenecen a la línea de los mexi~os valiosos. Esta es la división irreal de hombres y sucesos en los que el
~ien. Y el mal son distribuídos proyectivamente y en el que aparecen las idealizacmnes y las proyecciones de "maldad".
" Los hi~tori~dores,,expresan con esta fenomenología su amor a las partes
_buenas idealizadas de sí mismos, a las partes buenas de los "padres históncos" Y su odio a las partes ( u objetos introyectados) "malos" de sí mismos
también proyectados en los hombres o en los sucesos históricos considerados
"malos".
. Así expresan sus conflictos, sus angustias, su desamparo, así como su necesidad ~e buscar apoyo o justificación histórica, afiliando a la historia y a
e~los ~rusmos, bajo la paternidad "buena" buscada con intenso anhelo por el
h1stonador.
La creación de historias da lugar a la formación de otros problemas entre
ellos, 1~ confusión de lo que es el real e irreal en el pasado y la de e:tender
la continuidad histórica hasta el presente. Produce además la perpetuación
de una bús~u~da irre~l ~n. un pasado irreal y una "vergüenza" de todos aquellos ª?ontec~n_uentos h1stoncos que no se adaptan a la idealización con la que
se quiere v1v1r. De esta manera las idealizaciones y las proyecciones, se van

653

�haciendo indispensables para muchos y contribuyen a sostener la escisión esquizoide tanto en el orden colectivo, como en el individual.
En alguna otra parte 1 se ha examinado el proceso de idealización en relación a algunas constituciones mexicanas (la de 1824, la de 1857, la de 1917).
En la creación de estas constituciones se puede apreciar con toda claridad
ese proceso. Se escribieron constituciones, y fue democrática republicana la
primera; liberal democrática la segunda, democrática social la tercera. Los
constituyentes trataron de hacer buenas constituciones y de hecho lo lograron,
el único defecto de ese trabajo (que demostró erudición respecto a lo que
se hacía en otros países en el tiempo en que se escribieron) fue, que siendo
tan buenas desde el punto de vista teórico, resultaron inaplicables e inaplicadas.
La idealización aparece aquí en la necesidad de buscar ser como son los
admirados (los extraños, los extranjeros) y no como realmente se es. México
ha vivido así, con buenas constituciones pero con una vida real casi totalmente
anticonstitucional. Se vive lo que se es pero siempre ha sido más fácil escribir
lo que se querría ser, que averiguar cómo se es y escribir constituciones adaptables a la realidad que permitan vivir al mexicano constitucionalmente.
Otro ejemplo muy característico es la forma en que se han aceptado o
rechazado ideologías en los medios políticos y en los intelectuales.
En los últimos 150 años ha sido fenómeno constante el echar ojeadas al
movimiento ideológico europeo, tomar de esos movimientos lo más extremadamente ideal y después expresarlo con la mayor convicción y fe. Por supues•
to esto ha acarreado una fenomenología en la mayor parte de los ideólogos
que podría resumirse así: La fe recién adquirida, admirada por novedosa,
generosa o promisoria de pronta felicidad no sólo obliga a los demás, empieza
por obligar al ideólogo que la propone; entonces, se ve un período durante
el cual éste busca identificarse a la posición que propone, al mismo tiempo
que trata de propagar el nuevo sistema, la nueva fe.
La negación con desprecio, burla o agresión directa de las ideologías de
moda anteriores a la suya y las que coexisten en su tiempo ha sido caracte·
rística que aún perdura y, es cosa que ha sido llevada también, con mucha frecuencia, a la violencia y a la destrucción de vidas en urgencia de imposición
( no importa que muchas de estas ideologías busquen el amor entre humanos,
la democracia, la libertad) . Cuando por fin el ideólogo ha logrado posiciones
estratégicas, ya sea gubernamentales, educativas o simplemente publicitarias,
sigue adelante, busca colocar el mundo mexicano alrededor del centro ideológico en el cual se erige máximo exponente, y no raras veces, su actuación se
convierte en un intento de manifestarse como verdadero y máximo sacerdote
1

F.

xico.

654

GoNzÁLEZ P1NEDA,

El Mexicano. Su dinámica Psicosocial. Editorial Pax-Mé-

&lt;le la nueva fe. Tampoco es raro ue la vid d
. ,
dictoria con el sistema y las .de q 'd 1 a e los ideologos sea muy contraAl
.
' .
I
as e i ea es que proponen.
examinar los conflictos ideológicos monar ,
, .
-cia vs. monarquía absoluta liberalism
l . . qwa vs: ~;publica, democragión, religión vs. positivis:no, liberal:;º ~:~s::t:~:thg1on, ateí~mo vs. relipueden percibir varios hechos: uno es el qu 1 'd ~mo ma~sta, etc., se
han atrevido aún a crear un 'd 1 ,
e os I eo ogos mexicanos no se
a i eo ogia · otro es
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dispuestos a recoger la ideología d
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que siempre an estado
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btria y describirla como el i'dea 1 meJ0r
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o erar, a Y reescnmismas ideologías han resultado ser frenos dem _x~o. d tro mas es ~ue, las

:1

gos, dfe tal manera que, si con frecuencia se ha ::~ e~:::n~ª::1;º~ ideoloesos renos en la boca de los demás con l
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orror que an terudo para usarlos ellos mi
m~, me u yendo los ejemplos en los que el éxito del .d 1, .
d
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i eo ogico y e la ideode fe intelectual de la época.
orma y precepto constitucional o en artículo
Otra ve~ está el mismo proceso, el ideal (idealización) está afuera en E
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u"fe" oh recientemente en, tal O cual parte del mund°, h ay que traer esa nueva
1er mas porque se tiene una "fe" . t
'
ay
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m eresante. . . para los
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1
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. y este anhelo es el de que el
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~-eo ogo parece esperar que si su ideología convence y el mundo mexicano ca

y acepta_ t~talmen_te la ideología de la que nadie más ha hablado ha:~
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::al h:blar de :as ideas recién adquiridas sino de verdaderamente vi::1:; ;
e· r o anto ver a~er~ente creerlas. Como esto no ha sido así, la ex erien-dta general de los ideologos mexicanos con excepción de contadísimot es l
..ie que_ han hablado y escrito ideologías y han vivido como "realistas"
' . a
"º decrr con ta ¡ b
quenende transaccio: pa a r~ ~ue en su 1?~s vasta mayoría han hecho toda clase
es para VIVlf y sobrevivir esperando que algún d' I • d
general les permita la propia virtud.
ia a vrrtu

}e

c~~e genera~ente y así se escribe con frecuencia que es natural ue los
: ises atrasados acepten y busquen en los "adelantados" lo que d q .
~::: :u~,.esto se lle~e a aq_uéllos, lo que bastaría para explicar el ;o:~:;
últimos 1;0 ~por;do su~esiv~,mente las teorías que lo han inquietado los
.
anos. sta explicacion no basta, pues no aclara or u,
,
ficamente se han importad I
'd I ,
p q e especiésa
o as 1 eo ogias extremas y no otras y or
,
sid s ~an prosperado en los grupos reactivos e impositivos y por lo ta~to ~:;
o impuestos tantas veces como ideales a los mexicanos.
655

�La historia de las ideologías en Europa permite seguir los caminos y los
orígenes lógicos por los cuales se fueron creando, a qué problemas o inquietudes iban respondiendo y cómo trataban y aún tratan de responder a las
experiencias de los hombres de esos países y de la cultura que han desarrollado y tratan de continuar. Pero sus experiencias, su cultura aún nos es ajena
en tantas manifestaciones que aún en la época actual nuestra vida no se
rige por ninguna de las ideologías europeas, sino por una mezcla aún confusa
de modos de entender y buscar respuestas a las preocupaciones humanas.
algunas de las cuales tienen origen precortesiano, otras de origen español,
otras más son soluciones de adaptación, nuevos resultados del conflicto, convivencia y compenetración de estas dos soluciones tan distintas, al problema
de la vida humana en la cultura. Otras más son reacciones de estas tres posiciones tan disímbolas con las que E.U. y el mundo occidental han propuesto
y proponen aún. Pero por toda esta complejidad, ninguna es la aceptación
de la doctrina pura de tal o cual país o ideología, porque tal aceptación, ni
ha sido posible, ni es aún posible por la problemática psicología mexicana.
La realidad corroe las nuevas ideologías, de manera que en la actualidad,
México sigue sobreviviendo con viejas ideologías más o menos desgastadas o
fragmentadas y con el conflicto constante entre esas viejas ideologías y el
"último grito" de las ideologías de moda, objetivo idealizado, desde donde
seguirán gritando con indignada voz y con ofendida sensibilidad, los últimos y
más exaltados importadores de ideologías.
La vida política de este país, la forma como se crean, viven y se manifiestan
y se definen los partidos políticos es otro ejemplo de idealización muy ilustra•
tivo. En México es tan grande la distancia entre la realidad política y la
expresión con la que los partidos se idealizan a sí mismos que la conclusión
es casi sin excepción, la demagogia que no es otra cosa que idealización dicha
en mentira consciente o en delirio.
Se podría seguir con ejemplificaciones de idealización en muchos otros
órdenes de la vida mexicana y en sus expresiones más características, pero
esto sería repetición. Baste aquí enunciar algunas.
Estúdiese la temática de nuestros pintores más característicos cuando tienen
"mensaje oficial" y se encontrarían las mismas idealizaciones y proyecciones.
Bondad y maldad divididas de acuerdo con la posición personal del pintor.
Tómese la literatura revolucionaria y casi sin excepción se encontrará la
división de los buenos, sometidos, humillados y rebeldes y los malos, domina·
dores, abusivos y traidores.
Véase la arquitectura "mexicana" y se encontrarán los más flagrantes ejemplos de idealización que van desde la que se ve en el edificio público, planea-

656

do para oficinas "muy bien organizadas"

.
hi
.,
Y que la realidad va convirtiendo
e are vos, acumulac1on de máquin d
"b·
desorganización, hasta la casa "hech
d as .e escn ir y gentes, y de
liza . , d l
a a gusto el cliente" en el qu 1 .d
c10n e arquitecto, del señor y de la señora obli
1
e_, a I eacasa donde se hacen " · d
ga a a construcc1on de la
mira ores para ver la ciudad"
'I .
o dos por año y no para los "dueños d
,,
que so o sirven una vez
descansar "donde sólo se sientan los de l~ casa . _Te~ra~as para tomar sol y
casa" "B"br t ,,
.
uenos al d1a s1gu1ente de estrenar la
.
• 10 eca que mve para hacer rueda de
.
l
,
.
y así sucesivamente de
amigos os d1as de fiesta,
'
manera que cuando los
.
.
posibilidad económica d
.
.
mexicanos tienen la rara
e convertir en realidad s
• .d . .
la de sus arquitectos en
us propias 1 eahzac1ones y
.d d
una casa, resuItan construcciones "muy bonitas" L
VI a e s~s moradores termina por demostrar que sobraron mu
. a
esas mansiones y que los que las habitan no
d
. .
~~as cosas en
un momento pensaron que podían h
1 pue en m quieren v1v1r como por
gran dificultad d 1
•
ac~r o cuando construyeron su casa. La
.
e os arquitectos mexicanos para crear una "
.
mexicana" es que no existe en M,ex1co
. un umco
, . estilo
. d "d
arquitectura
1
que les, ~udiese permitir encontrar una concepción cre:d:~aa, un so o valor
ese espmtu en las obras arquitectón1·cas.
que expresara
Los ejemplos dados hasta ahora bastarán para dar una idea d
'
estos procesos psicológicos ca d
.
e como
histórica, influyen y deten~·lina:samos hpordnulestrfo ongen y nuestra evolución
uc as e as ormas más O
li
res de aprehender la reard d d
.
menos pecu aque existen
.b.
• a ' e m~neJarla y de expresarnos en ella. Saber
en bodegas d

::.\=~d~:n~::O~::::r::~eh::.:~: ;.'.'.:~u:,•:d:M:
Estos
tiempos están permi·tiendo un mayor conoc1ffilento mutuo de los
.
mexicanos y este conocimiento está -creo yo- impon. d
tante en el e 1 ¡ ·
.
•en o un roce cons.
ua a mto1eranc1a está disminuyendo Esta d.1 . . , d
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smmuc10n e la
los in~~n.c1a e un~s con_ otros está facilitando la reducción de la que tienen
1v1duos consigo mismo que se manifiesta por la dificultad de
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nuestra d · · · , ·
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de
estas
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.
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,
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un lent
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o pero seguro esfuerzo de reparación y de estructuración es d . d
usqueda de solidez que no se está logrando sin sufrimientos
_ectr, e
que está construyendo un México más real
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d y g_ustJas. pero
En t d l ,
.
y mas e acuer o consigo rrusmo.
dore; :se : arcas analizadas aquí se aprecia el esfuerzo ya. Ya hay historiaq
uscan la verdad aunque aún son pocos ya hay políticos
.
san en México com
t d
'
que p1enlogos
,
o un o o, no como una facción contra otra, ya hay ideó·r que est~ tratando de penetrar en las hondas raíces mexicanas ara
~ el cam1_no de la savia que les llevará algún día a producirse p 1
eJores florac1ones mexicanas. Pero el cam.mo apenas esta, empezado,encada
as

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657
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�, m""v;canos
se adentren en él o se
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t' h ·endo tantos mas
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mexicano o es ª1 ac1
' , pronto el camino será accesible para todos y
decidan a buscar 0 , tanto mas
.
h
' firme hacia ese
,
• 1 . mmar con paso a ora s1,
México entero podra segmr o' lea , digno el mis valioso, el mejor.
destino que deseamos que sea e mas
'

CIENCIAS SOCIALES, PUBLICIDAD, POLfTICA Y ECONOMlA
EN LOS ESTADOS UNIDOS
Lic.

ENRIQUE

Rmz

GARCÍA

Madrid

EL

OJO SIMPLE

del espectador puede ver, sin más, en qué amplia medida

las ciencias sociales en tanto que sistema de auto-observación de la sociedad
están pasando por una transformación enigmática y fascinante. No debe esto
extrañar porque las ciencias sociales han tenido, desde su nacimiento, una difícil catalogación tanto como corpus de doctrina ( cada vez más enriquecido)
que en el orden mismo del quantum de sus límites.
Ello no cambia el hecho de que, en el curso de muy poco tiempo, la ciencia social y la materia misma de su análisis haya comenzado a derivar de
fonna muy completa en los Estados Unidos hacia lo que podríamos llamar el
estudio de las tendencias.
El sociólogo y el investigador norteamericano atendiendo, no sin razón, a
las condiciones propias de su sociedad, ha terminado poniendo a su servicio
un montaje impresionante de investigación concreta que es utilizada, al
tiempo, por la publicidad y la política. En este trance creo que es preciso
hacer, aunque sea levemente, una reflexión sobre este hecho porque, en última instancia, la yuxtaposición se ha producido. Política y publicidad parecen
afectadas, cada una en sí misma, intra y extra muros de sus propios límites,
por la presencia en la sociedad de unas tendencias artificialmente estimuladas
Y que, por tanto, merecen consideración aparte, pero sin cuya aprehensión
apenas sería posible entender hoy el proceso de las ciencias sociales.
Un escritor norteamericano, Vanee Packard, ha recogido en tres libros
distintos -ante los que caben diversas opiniones, pero que son indispensables
para medir en qué forma el circuito de la auscultación social está traspasando
nuevos caminos-- el fenómeno publicitario, sociológico y ético-social del mundo norteamericano.
En el primero de ellos, The Hidden Persuaders, Vanee Packard se com-

658

659

�porta en analista y se introduce, con una pupila notablemente alerta y perspicaz en el proceso publicitario. Un proceso, repito, que ya no es el de la
pura y simple incitación a comprar -por la repetición o la destrucción monopolística de los demás productos en competición- determinados objetos,
sino que, avanzando ampliamente en las leyes de la oferta, la publicidad
moderna, de la mano de los estudiosos y expertos de las ciencias sociales, está
dando un paso nuevo: obligando al consumidor a la constante formulación
de otras necesidades.
En The Hidden Persuaders aparecen, pues, unos supuestos que no deben
sernos rechazables con una sonrisa desdeñosa en razón de que, se quiera o no,
la ciencia es utilizada ya en esos menesteres y de alguna forma, a la vez positiva y negativa, es afectada, a su vez, por ese radio de actividad donde lo
verdaderamente importante es, por supuesto, el estudio de las tendencias.
Para vender a los hombres, dice Vanee Packard, el tema de la virilidad.
Para vender a las mujeres, añade, el de la auto-admiración. ¿ Es eso suficiente? No, desde luego. Por ello mismo se ha hecho apelación a los profesores y expertos en ciencias sociales. Estos se han encontrado ante sí con
unos instrumentos, sensibles a cada movimiento, que o bien son los Gallups
o bien son los Color Research Institute o los Motivational Research. Con una
simple presión, la auscultación, a escala nacional o de grupo, comienza a suministrar una serie de elementos repetidos y monocordes a los cuales debe
extraerse una significación utilitaria y concreta. La experiencia, por tanto,
entra en el campo y el área de la psicología y, en cierta manera, en el análisis que los sociólogos norteamericanos suelen llamar (de cara al consumidor)
las tendencias irracionales, es decir, los movimientos espontáneos que deter•
minan una dirección u otra en los gustos.
Lawrence K. Frank (Premio Lasker y Premio Lewin) que es uno de los
más característicos psicólogos norteamericanos y cuyos libros son extremada·
mente importantes, sobre todo en el campo del desarrollo del hombre Y la
salud mental, no ha dudado en señalar el avance de la psicología en el con•
texto de las ciencias sociales en razón "de las graves consecuencias que la
aplicación práctica de los descubrimientos puede entrañar para la persona
humana". Creo que esta frase (Psicología y Orden Social) es suficiente·
mente explícita para darnos a comprender, no sin súbito pavor, que es~os
alcanzando un espacio muy complejo donde es irremisible que haya de deJar•
se un lugar -cada vez mayor- a la Etica. A menos de que se quiera nau·
fragar en los puros reductos utilitarios.
El propio Lawrence Frank añade lo siguiente: "cuando un psicólogo hace
un informe a sus colegas suele indicar, generalmente, los límites de sus descu•
brimientos y apela a la prudencia en la interpretación de los hechos. Sin ~bargo, el público considera los informes psico-sociológicos - largamente di·
660

fundidos en nuestros días- como descubrimientos científicos perfectamente
definidos. Por otra parte, -añade- tales resultados son puestos en práctica
por unas personas que los utilizan en la publicidad, la política o para resolver
los problemas de las relaciones humanas, sin un criterio profesional y partiendo, solamente, de un esquema teórico ... "
El hecho cierto -y a ello vamos- es que se ha producido un cambio
muy profundo y súbito, si es posible decirlo así, en los instrumentos de aproximación a la realidad social y que de los resultados derivados de esa situación
se desprenden hechos nuevos. En gran parte excitantes, pero que deben animar a una cuidadosa selección de los métodos cuantitativos. Baste considerar,
como ratificación de todo lo anterior, la profusión que están teniendo en
los Estados U nidos los departamentos de psicólogos y sociólogos en las empresas industriales. Son a aquellos, como se sabe, a quienes se. encarga la
selección del personal -séase dirigente o subalterno-- ateniéndose a elementos de análisis que varían, de raíz, las pruebas clásicas y que vuelven a
producir, psicológicamante, una cadena de tendencias.

LA

INVESTIGACIÓN DE LAS MOTIVACIONES

Vanee Packard, en The Hidden Persuaders presenta, como en un aguafuerte delirante y técnica -esa doble tensión no debe ser considerada paradójica-, las características que está tomando en nuestros días el encuentro
de la psicología, las ciencias sociales y la publicidad. En la mayor parte de
los casos, ¿ qué se buscaba?
La respuesta es simple y grave: se buscaba la personalidad media, esto es,
el consumidor y sus gustos, es decir, la sociedad media como presunta compradora o, lo que no deja de ser más complejo, la sociedad como cosa a
modificar. Los mecanismos sociológicos empleados en estas operaciones son,
en ocasiones, desconcertantes, pero revelan que puede llegarse con ellos, de
su mano, a una situación límite en el sentido sartriano de la frase.
Lo prueba que Pierre Martineau -director de las investigaciones publicitarias del Chicago Tribune- haya llegado a estas conclusiones: "lo que pretendemos hacer no es otra cosa que crear una situación ilógica. En otras palabras, nuestra pretensión es muy clara: queremos que el consumidor "se"
enamore de nuestro producto y le sea fiel, pese a que existen centenares de
otras marcas de calidad semejante".
Según Vanee Packard es el automóvil el reflejo cabal, en el orden de lo
concreto, de la teoría anterior. Si los demás productos tienen que poseer, de
661

�cara al co~sumidor, un carácter más o menos simbólico, es en el automóvil
donde se cierra el corto circuito sociológico produciéndose una "auto-selección" de carácter inequívoco. Cuando el Instituto del Dr. Dichter fue consultado por la Compañía Chrysler para que investigara, en su fondo concreto,
las causas que decidían a los compradores por tal marca o tal modelo los
resultados finales fueron casi freudianos. En otras palabras, en numerosos
casos -al men~s p_ara que el Dr. Dichter pudiera hablar de test amplio y al
margen de vacilaciones- el automóvil tomaba un aspecto de símbolo. No
sólo en ~l ~rden del éxito, sino en el sensual, y de tal forma que muchas personas asimilaron el descapotable a la querida. De ahí que Vanee Packard
añada: tenía que llegarse, por tanto, a intentar vender con la misma facilidad un candidato político. Por tanto -diría el semanario Nation's Business!ºs dos_ partidos aspiran a colocar sus representantes de igual forma que un
mdu~tnal vende sus pastillas de jabón. Lo cierto es que la campaña presidencial de 1956 fue ya una pugna publicitaria elevada a la región de las
~oti~~ciones ps~cológicas. La firma B. B. D. and O. se hizo cargo de la orgamzac10n republicana y, a su vez, la Agencia Norman, Craig and Kummel
supervisó la campaña demócrata.

SOCIOLOGÍA, PUBLICIDAD y

POLÍTICA

Vender un candidato como una pastilla de jabón no es, por tanto, una
frase curiosa, sino un factor de concretización suficientemente amplio que se
entiende, mejor, desde el análisis del Dr. Dichter sobre los automóviles: elegir el seguro y confortable, como matrimonio bien avenido, o el que apunta
en su línea, con la seguridad, cierta tendencia a la aventura. Tal es la cuestión, en otro orden de valoraciones, del candidato político.
Parece normal decir, por tanto, que hemos entrado en una fase nueva de
las ciencias sociales y que éstas son interferidas, de alguna que otra suerte,
por los mismos servicios o descubrimientos que ha realizado. El hecho no es
nuevo y existe siempre, como riesgo, en toda operación mental.
De todas formas conviene profundizar más en esa arena movediza para
seguir, con el ojo claro, de qué forma -y aun en los casos menos propensos-esta tipificación norteamericana ha trascendido de las barreras habituales
para plasmarse también, plásticamente, en el lenguaje mismo.
Recientemente, es decir, unos meses antes de las elecciones presidenciales
últimas, el historiador Arthur Schlesinger ( de la Universidad de Harvard)
y Premio Pulitzer por su libro (The Age of Jackson), escribió una obra suma-

662

mente explícita que tituló así: Kennedy or Nixon. Un subtítulo añadía la
siguiente interrogación: Does it make any difference?
Como es bien sabido este historiador es demócrata y por tanto su respuesta es de tal talante. Sin embargo, lo que me interesa rescatar del libro es su
espontánea precisión en relación con el lenguaje, mejor aún, con determinadas expresiones que constituyen fuertes apelaciones a un status sociológico
en el que vibran, como es obvio, elementos muy varios, pero muy concretamente asimilados por la sociedad norteamericana. Así dice de los dos candidatos, esto es, de Nixon y Kennedy:
"They are junior executives on the make, political status seekers, end products of the Age of Public Relations. Their genius is not that of the heroic
leader but of the astute manager on his way up. They represent the apo-theosis
of the Organization Man ... "
Eric Sevareid, por su parte, continuará sus retratos de la siguiente forma:
"Kennedy and Nixon are the first completely packaged products. The Pr-0cessed Politician has finally arrived ..."
Creo que los textos anteriores son tan meridianamente claros que hacen
superfluas y acaso obvias las explicaciones. De todas maneras no conviene
eludir el motivo central: la manera progresivamente constituyente con que
se ha ido aceptando que dos dirigentes, necesariamente mundiales por el alcance actual de las decisiones, aparezcan a los ojos de un historiador como
los "productos perfectamente acabados de la Edad de las Relaciones Públicas" y que sobresalgan del texto, por su directa concreción, las palabras
"manager", "Organization Man", "packaged products" ( lo que no deja
de poseer su espontánea ironía) y esa frase, que Eric Sevareid no hace punzante, pero que sí lo es cuando alude a que el Processed Politician has finally
arrived.
Entre el Político (Mirabeau) de Ortega y la estructura política -doy
todo su valor a la palabra estructura- de los retratados por Arthur Schlesinger podrá haber, como siempre que se toca la unidad humana, menos
diferencias esenciales de lo que a primera vista parece, pero no cabe duda
que el lenguaje suscita ya procesos de carácter mecánico, tendencias y hábitos, en fin, que parecen no estar revestidos intra o extra muros por la
ética. Pareciera, en cierto modo, que se ha exteriorizado todo al hacerlo más
próximo y más simple, pero el resultado concreto es que, como dice el Profesor Max F. Millikan (del Instituto Tecnológico de Massachussetts), tampoco se ha conseguido establecer un puente firme entre las ciencias sociales y
las ciencias políticas. Se han conectado, pudiera decirse, las motivaciones,
los usos.
Este aspecto de la cuestión, desde un punto de vista orteguiano o ético,
663

�no deja de ser importante porque nos devuelve, otra vez, al problema nuclear
del hombre de acción y el hombre intelectual.
Para Max Millikan el error del primero consiste en la creencia de que la
solución a no importa qué problemas se consigue por la reunión de los hechos. "Esta tendencia -añade- es muy fácil de observar en los círculos
gubernamentales donde la investigación es considerada como sinónimo de
inteligencia. La concepción militar de la inteligencia, que consiste en agrupar
todos los hechos concernientes a la disposición de las fuerzas enemigas (lo
que es sin duda de muy alta importancia para los responsables de las operaciones militares) ha sido extendida, sin criterio suficiente, a toda la problemática de la política gubernamental. Otra concepción falsa es la tesis de
considerar la utilidad de las ciencias humanas en razón a su aptitud para
prever, con cierto detalle, un comportamiento social complejo..."
Este párrafo, singularmente claro en orden a la angustia que invade a los
grandes profesores ante la obstinada interferencia de la Organización Man
en su desarrollo normal, emerge como un estado de conciencia y de preocupación ante una serie de consideraciones y de normas que amenazan convertirse, por sí, en actitudes sociales coherentes que cada día serán más difíciles
de desplazar.
Apenas cabe duda, tampoco, que esta situación, tipificada en los Estados
Unidos por la multiplicación de los instrumentos de auscultación, tampoco ha
dejado de ser favorecida -justo es decirlo- por la singularidad de la economía norteamericana que parece seguir, en cierta medida, paralela vía hacia
las tendencias espontáneas y, por tanto -una vez descubierto el mecanismo
0 el origen de aquéllas-, hacia la fabricación de las tendencias artificiales.
Harold Lasswell - profesor de Ciencias Políticas en la Universidad de
Yale- advertía recientemente en un ensayo titulado (no sin inquietante perplejidad), "Estrategia de la Investigación", que "el proc~~. social e~ s~
conjunto es una cadena infinita de interacciones humanas d1v1S1bles en actitudes', pre-actitudes y post-actitudes ... "
No es raro partiendo de esa premisa, que la investigación y gran parte
' sociales hayan derivado hacia el análisis de grupos de actJ-.
de las ciencias
tudes y que los "buscadores del status" -the Status seekers- conformen de
alguna suerte la sociología.
En este sentido es interesante volrnr a insistir en las definiciones, harto
simples, pero no exentas de mágica "urgencia" con las cuales definía Arth~r
Schlesinger las personalidades de Kennedy y Nixon. En una de ellas ~~c1a
apelación a su carácter (actitud o pre-actitud, diría L~~veell) ~: p~l:t1cal
status seekers, lo que no deja de sorprender, por su decidida clarificac1on, a

664

una mente europea. Porque ¿ cuál es el status que buscan ambos políticos?,
¿qué es, en su último sentido, la razón de esa frase?
Eric Sevareid responderá de alguna forma así: "la revolución" "managerial" (del "manager") ha llegado a los políticos. La búsqueda del status social
e individual ha terminado siendo, pues, una de las paradojas, o uno de sus
resultados más inmediatos, de la ciencia social aplicada a la publicidad en
el seno de una sociedad llamada igualitaria, pero no lo es y que parece interrogarse, como grupo, en torno a su sitio exacto y, como individuo -a través
del psicoanálisis- en derredor de otra pregunta no menos grave: ¿ qué me
ocurre a mí? Es decir, a mí mismo, en el sentido que padezco o sufro unas
manías individuales que no son las encuadradas dentro de mi grupo.
De ahí -y esta lógica en la investigación me parece que ha sido, acaso,
una sorpresa para el propio escritor- que Vanee Packard haya lanzado a la
calle un segundo libro que lleve por título el de Los Buscadores del Status
("The Status Seekers") o como han traducido en francés sin darse cuenta
que alteraban el interno significado de la frase en su relación con la realidad norteamericana "Les Obsédés du Standing".
Este libro opera, pues, por la vía intra muros que ha abierto ya, de forma
aplicada y concreta, la investigación sociológica para recoger, con una enorme profusión, los más varios, asombrosos y enigmáticos resultados de los
Institutos de Research. Un especialista de los mercados de Chicago dirá:
"Se puede clasificar a todos los habitantes de la ciudad por los almacenes
que frecuentan". Inmediatamente, y sobre la marcha, establecerá una lista
de las tiendas por las categorías sociales. Después sólo le quedará encargar
a un Instituto de Estadística que controle, con relación a la población, los
porcentajes.
La sociedad americana, aparentemente igualitaria, transciende del fondo
de estas vastas auscultaciones sociológicas y psicológicas solamente igualitaria en cuanto al grupo correspondiente. En este sentido las sorpresas que se
llevarán los amantes de los grandes tópicos serán tan amplias que reaccionarán, por inercia, casi violentamente. No obstante ¿ cómo se podría hablar de
dos political status seekers en la forma y medida que lo hace Schlesinger fuera
de ese marco y al margen de una realidad social tan sensibilizada como la
norteamericana hacia las tipificaciones de grupo, de barrio o de profesión?
He tomado el proceso literario de Vanee Packard (con sus defectos y virtudes, que diría el Times londinense) porque me parece que refleja muy bien
el cuadro general que he intentado, someramente, retratar en este ensayo. Por
eso no me ha extrañado nada la aparición de su tercer libro, The W aste
Makers, en el que, utilizando las dos experiencias anteriores, es decir, la psicológica-social y la social-psicológica, llega a conclusiones paralelas a la de los
economistas, es decir, al dibujo y esquema de la sociedad del despilfarro

665

�tipificando, por otra vía, a sus criaturas humanas: los fabricantes del des-

ética. En el orden de las tendencias del consumo (Economía) por aplicación

pilfarro.
En este trance es preciso hacer urgente apelación a la obra de los profesores Samuelson (actualmente consejero económico de Kennedy) y de John
Kenneth Galbraith, autor de The Affluent Soé.ety (nombrado embajador en
la India por el Presidente Kennedy) y uno de los grandes debeladores, precisamente, de esa sociedad de despilfarro que igualmente critica Packard. Es
obvio, y en líneas generales, que la investigación de Galbraith, y su denuncia
de la creación constante de las tendencias artificiales del consumo y de los
gustos, ha ejercido considerable influencia sobre el conjunto de las ciencias
sociales norteamericanas aunque los campos de trabajo parezcan opuestos.
Y este hecho se ha producido, aunque sin gran alcance popular, aun porque Galbraith advierte ya que la fabricación de las tendencias artificiales es
una arma que se emplea contra la posibilidad real de edificar "una política
de poder" en el orden social de nuestra época y como un instrumento muy
peligroso, a su vez, contra la unidad espiritual del hombre en el momento
que se celebra la "apoteosis de la Organization Man".
No deja de ser estimulante, pues, la enorme amplitud que, por causas especiales y ad hoc con la situación norteamericana, han tomado las aproximaciones al hombre y a la sociedad en los Estados Unidos. La influencia de
sus métodos comienza a hacerse sentir también en Europa sobremanera a
medida que la publicidad ejecuta y absorbe, por camino utilitario y contradictorio, mayor número de auscultaciones de la realidad social y, como es
obvio, a tenor de que el Estado y la Sociedad fijan sus propias intervenciones
con amplias investigaciones de su base dialéctica y humana. No obstante,
parece que el momento más interesante del cuadro comienza, como ocurre
en los momentos actuales, cuando parecen coincidir en el círculo piezas de
denuncia como las deparadas, al tiempo, por "The Waste Makers" y "The
Affluent Society".
No hay duda que los métodos de observación de las acciones humanas (de
sus motivaciones también) han dado un gigantesco salto hacia adelante. Esos
métodos -&lt;:orno muy bien dice Edward Shiles, profesor de sociología y filosofía social de la Universidad de Chicago- "han adquirido más firmeza Y
más precisión por lo que no se puede impedir las experiencias prácticas". En
último caso - insiste-, "la experimentación aplicada al comportamiento
humano tiene, detrás de ella, una larga historia. Su capítulo moderno comienza, por otra parte, con la psicología experimental aplicada en una vasta
escala en la Alemania del siglo XIX . .. "
El cuadro es innegable. Sin embargo, acaso, el porvenir mismo de las ciencias de observación de las acciones humanas dependa de la aplicación que
se haga, al conjunto social de la experiencia, de un factor de responsabilidad

d_e la ley mo~a_l ~e las prioridades. En el orden individual y social restableciendod el equ1hbno de las partes en pugna (y de las razas margma
· 1es e im·
pugnal a enh nombre del status de privilegio) por med1º0 de una conc1enc1a
. .
mora ~ue_, aga del grupo no un fin en sí, sino un medio de creación y de
comumcac10n.

�EL DERECHO Y LA REVOLUCIÓN
Lrc.

DEsIDERIO GRAUE

México, D. F.
"En México, como República democrática, el poder público no puede
tener otro origen ni otra base que
la voluntad nacional, y ésta no puede ser supeditada a f6rmulas llevadas a cabo de un modo fraudulento".
FRANCISCO l. MADERO. Preámbulo al
Plan de San Luis.

PREAMBULO
El examen de las relaciones que se establecen entre el Derecho y la Revolución exige por razones de método el análisis previo de diferentes nociones como son la justicia, la arbitrariedad, la injusticia y el derecho de resistencia, sin cuyo conocimiento no es posible tener una idea cabal de ambos
fenómenos y en su caso, de la fundamentación de la Revolución. Ello explica que en primer término, en este ensayo nos consagremos al estudio de
tales conceptos, subdividiendo su análisis en dos partes, la primera destinada
a exponer los fundamentos que pueden existir para que un conglomerado
social intente la Revolución, o sea el Derecho a la Revolución, y la segunda
enfocada a examinar las normas jurídicas emanadas de tal movimiento, o sea
el Derecho de la Revolución.

EL DERECHO A LA REVOLUCIÓN

l. Derecho y Justicia. La existencia del Estado es inseparable de la existencia de un orden jurídico, tan inseparable que con razón ha llevado a

669

�Kelsen a afirmar nada menos que la unidad y la identidad substancial de
Estado y orden jurídico, de Estado y Derecho, y por ello, si queremos ahondar en el conocimiento del Estado, necesitamos ligarlo al conocimiento de
dicho orden jurídico.
Las relaciones entre el Derecho y la justicia constituyen el problema llamado de la justicia del Derecho y éste es definible como aquel contenido
normativo que tiene como dato esencial la coacción o coercitividad. Sin
embargo, Radbruch considera, con razón -dentro del método de la Escuela
Neokantiana de los valores- que el Derecho es una realidad cultural y que
como tal no puede definirse más que en función del valor que esa realidad
aspira a realizar y que es la justicia. El Derecho, así considerado, es un
ensayo de realización de la justicia, aun cuando en ocasiones sólo alcance a
ser un ensayo fracasado. Derecho justo es el que logra tal realización y Derecho injusto es, por tanto, el Derecho fracasado en su ensayo de realizar la justicia y no un Derecho sin ninguna conexión con la justicia.
Si inquirimos por las relaciones que guarda el Derecho con la justicia,
podemos contestar diciendo que el Derecho es "un punto de vista sobre la
justicia" y, que ambos siendo dos cosas distintas, sin embargo, se funden sin
dejar por ello de ser distintas. El Derecho, al ser Derecho, expresa justicia
y ésta no puede realizarse más que en el Derecho. La justicia es ineficaz
. . . es,
mientras permanece en estado de "'d
1 eal" o de " va1or puro" . L a JUStlc1a
pues, un valor que exige ser realizado, es un ideal nacido para encarnar en
una realidad que se llama Derecho; es, por tanto, la justicia el principio
constitutivo del Derecho. Existe la justicia para ser realizada y existe el
Derecho en tanto que nace con la mira de realizarla. Según esto y bajo
un aspecto, todo Derecho es justo en tanto que es la traducción de un
determinado ideal de justicia y en tanto que la forma lógica de la justicia •
se transfunde en el Derecho y se identifica con la forma lógica de éste. Pero
también, por las mismas razones y bajo otro aspecto, todo Derecho es injusto, pues por un lado es posible que el ideal de justicia que ha realizado el
Derecho no sea un ideal verdadero de acuerdo con la idea superior, absoluta
e inmutable de justicia, porque el ideal supera eternamente a sus realizaciones, las que comparadas con él parecen injustas; pero puede suceder también que el Derecho sea injusto porque Ja conciencia jurídica haya descubierto valores nuevos, haya dado vida a ideales distintos, con arreglo a los
cuales sea posible una •nueva regulación de las realidades sociales, más justa
que la existente. Por otro lado, aun suponiendo que el ideal dominante de
justicia sea indiscutible, cabe pensar que su realización nunca es plenamente
adecuada, pues jamás una realidad social coincide del todo con el modelo
ideal que aspiró a realizar, o sea que el Derecho es injusto porque la misma
forma lógica de la justicia entraña una injusticia por una falta de proporción

670

con la singularidad de cada caso jurídico concreto. Ello se debe a que el
Derecho no es sino un esquema que ha de entregar una infinita variedad
de casos reales, muchos de ellos imprevisibles y cada uno de ellos perfectamente individual e irreductible a tipos invariables. Así, de la discrepancia
entre el ideal y su realización, surge un motivo de valoración negativa de
un Derecho, pero también, bajo el aspecto lógico de la justicia, surge la
injusticia latente. Esta es la tragedia a la que se refiere el viejo aforismo
jurídico "Sumus jus, summa injuria", o sea que un Derecho no puede ser
justo más que a fuerza de ser injusto. Por eso se afirma que Ja única forma
en que un Derecho puede realizar la justicia es estableciendo una proporcionalidad, porque la justicia es proporción: "hominis ad hominem proportio" como la definía Dante, y no puede establecer dicha proporcionalidad más que incurriendo a una igualdad y esta igualdad es la que implica
la existencia de normas generales, o sea de regulación genérica de una serie
típica de casos considerados iguales. El Derecho consta, pues, ante todo, de normas generales y ser justo en este sentido significa aplicar medidas iguales,
proceder con los demás con un criterio de igualdad para tratar igualmente
lo igual, y esto, desde los tiempos de Aristóteles -cuyo pensamiento en tal
dirección repiten Santo Tomás y San Agustín-, se conoce con el nombre
de equidad, que es también justicia. Faltar a la equidad es faltar a la justicia, pues significa tratar igualmente lo desigual y tratar desigualmente Jo
igual. Por ello precisamente, la doctrina de la justicia culmina en una
doctrina de la personalidad. Los ideales de justicia en los cuales se contienen los criterios con arreglo a los que se establece la proporción e igualdad
propia de cada orden jurídico concreto, son fundamentalmente ideales sobre
la personalidad humana y sobre sus derechos, y sólo a través de estos ideales es posible llegar a la justicia efectivamente alcanzable, porque la idea absoluta de Justicia es inasequible.
Si el Derecho, siguiendo nuestro pensamiento ya expresado, puede ser considerado como "un punto de vista sobre la justicia" y si las auténticas revoluciones son movimientos colectivos y violentos que aspiran a integrar nuevas
y más justas formas de coexistencia en las sociedades humanas, podemos afirmar, adelantando conclusiones, y basados en la realidad de la experiencia
jurídica actual, que las normas fundamentales de los períodos revolucionarios o emanadas de ellos, son normas jurídicas establecidas directamente con
ánimo de traducir una idea de justicia, es decir, son creaciones jurídicas concretas que de un modo reflexivo, consciente y directo se proponen el dar
realización a un determinado concepto o ideal de la justicia, ideal deliberadamente preferido a otro vigente con anterioridad. Pero esta dimensión
ontológica del Derecho a que hemos aludido, "el ser un punto de vista
sobre la justicia" tiene su expresión inmediata, su exigencia y su materia-

671

�lización concretas en la necesidad de crear un orden social jurídico y una
seguridad en la vida de relación.
En efecto, puesto que el Derecho es un orden jurídico y una forma de
vida, tiene que responder ante todo y constitutivamente a la exigencia de
hacer posible esta misma vida, y la vida para la cual tiene vigencia el Derecho es fundamentalmente la convivencia, la coexistencia, o sea la vida
social, puesto que convivir, vivir con los demás, coexistir, implica por consiguiente la existencia de un orden que asegure el mínimum de condiciones
sin las cuales esa convivencia no existe. Así pue~, el Derecho sólo puede
ser definitivamente, como un punto de vista sobre la justicia en tanto que
constituye un orden de la vida social y una seguridad de las condiciones.
mínimas que la hacen posible.
Sin embargo, si consideramos a la justicia como valor en sí y la comparamos con el orden o la seguridad como valores igualmente en sí, tendremos
que reconocer la superioridad de rango que le corresponde a la primera, pues
la justicia es la más alta cosa que interesa al Derecho y además, ningún
orden y ninguna seguridad son posibles al margen de ella. Con esto queremos decir que la justicia es un valor más alto que el orden y la seguridad, pero también debemos expresar que es un valor condicionante de
estos otros dos valores, los cuales no pueden existir al margen de ella, pues.
son necesidades éticas, y ya que si una sociedad estima injusto el orden que
sobre ella pesa, ese orden no puede subsistir y corre el continuo peligro de
ser derrotado por la fuerza cuando solamente por la fuerza se mantiene.
De la misma manera la seguridad que ofrece un orden que la sociedad
estima injusto, no puede ser apreciada como un valor positivo, pues esta
seguridad de la injusticia o esta inseguridad de la justicia son precisamente
aquellas frente a las cuales la sociedad tiene que reclamar el imperio de una
justicia ideal que imponga un orden nuevo.
Estimamos que tanto el orden como la seguridad son, pues, valores condicionantes de la justicia, la cual no puede realizarse sino en tanto que existe
precisamente un orden, pues solamente sobre la base de un orden se puede
hablar de justicia o de injusticia en la sociedad. Este orden social es tanto
un supuesto, como un efecto del Derecho ya que si no existe el Derecho no
existe tampoco el orden social; pero tampoco el Derecho, como norma escrita, es el único factor determinante de la existencia de un orden social,
ya que necesita siempre tener en cuenta la existencia, la validez y el dinamismo de los factores sociológicos propios del pueblo al cual se aplica. De
ahí que los conflictos que surgen no se planteen entre la justicia en abstracto
y el orden en general, sino entre la idea de justicia cristalizada en el orden
establecido ( y que ya no responde a la realidad sociológica de los pueblos)
y el ideal de justicia que el pueblo opone al orden ya caduco. Esta es en

672

esencia la explicación de los mov1m1entos revolucionarios en pugna contra
la idea de justicia cristalizada en el orden que se trata de sub,·ertir.
La seguridad a que nos referimos puede ser definida como el reflejo del
orden en las situaciones individuales, lo que equivale a decir que desde el
momento en que existe un orden, el individuo sabe a qué atenerse sobre su
situación en cualquier orden de relaciones, por lo cual, en última instancia,
esta seguridad es la seguridad de la persona considerada en sus dimensiones sociales. Por eso la seguridad es un valor que también realiza inexorablemente el Derecho y de un modo aún más radical que la justicia. Así
como la justicia no puede realizarse más que en un orden social y jurídico,
la se,,,"1.lridad es también implicada y exigida por la justicia, porque el criterio de la justicia reside precisamente en el respeto de la personalidad humana.
El respeto a la personalidad humana es un exigencia, la primera exigencia
de la justicia y es ésta la que impone en definitiva el respeto a la seguridad.
La institución del Estado aparece justificada de esta suerte por el hecho
de ser una organización de seguridad jurídica y sólo por ello, lo que quiere
decir que sólo puede justificarse en cuanto sirve a la aplicación y ejecución de los principios éticos del Derecho. Cuando la inseguridad por la que
atraviesan los individuos en un régimen estatal, significa violación del respeto debido a la dignidad humana y a la libertad radical de la existencia,
entonces el Derecho positivo de ese régimen pierde su justificación porque
se opone a la idea de justicia y de la valoración de la persona humana, o
como expresa Hermann Heller: "La seguridad jurídica y la juridicidad
pueden entrar en conflicto y es cabalmente esta situación polémica la que
plantea la problemática sustancial de la justificación del Estado concreto".
Por ello sostiene este mismo tratadista que en una Teoría del Estado, que
tenga carácter de ciencia de la realidad, hay que dar por admitido que
existen los principios éticos del Derecho que forman la base de justificación
del Estado y del Derecho positivo.
Por otra parte, es cierto que las instituciones organizadas del Estado, por
perfectas que se las imagine, sólo podrán garantizar la observancia de las
formas jurídicas y la seguridad jurídica, pero en ningún caso podrán garantizar la juridicidad; podrán garantizar la legalidad, pero no la legitimidad
ética de los actos del Estado, pues quien únicamente puede asegurar siempre la justicia es la conciencia jurídica individual. Pero con esto, surge en
el Estado moderno, como también lo hace notar Heller, un conflicto necesario e insoluble entre juridicidad y seguridad jurídica. Este conflicto tiene
carácter necesario porque en un pueblo vivo no puede reinar nunca pleno
acuerdo sobre el contenido y la aplicación de los principios jurídicos vigentes, Y este conflicto es insoluble porque tanto el Estado como el individuo

673
H43

�se ven forzados a vivir en medio de esa relación °de tensión entre Derecho
positivo y conciencia positiva.
Por ello se ha afirmado siempre que la historia del Derecho y en un sentido más amplio, la historia de la política, no es sino una lucha persistente,
tenaz, del sentimiento jurídico de los pueblos por la liberación y en contra
de la arbitrariedad, de la inseguridad y de la injusticia. La historia del
Derecho, así considerada es la obra acumulada de la ofrenda, estéril o fecunda, que han ido haciendo unas y otras generaciones a un ideal de verdad

y de justicia.
2. La arbitrariedad. La arbitrariedad como violación del respeto debido
a la dignidad humana y a la libertad radical de la existencia es uno de los
elementos impuros que en mayor o menor medida, como expresión de obra
humana, acompañan al Derecho. Es un elemento negativo y siempre es
susceptible de reducción, pero la posibilidad de su existencia no puede desaparecer jamás. Se ha dicho que la arbitrariedad es el mandato coactivo,
provisto de imperium, llevado a cabo por órganos del poder, fuera de las
leyes. La arbitrariedad nace así con el Derecho, no antes que él; las acciones arbitrarias implican una relaci6n de referencia a un régimen de Derecho subsistente. Es la arbitrariedad la negación del Derecho como legalidad
y en tanto que legalidad y cometida por el propio custodio de la misma:
por el orden público y sus distintos órganos. Las notas características de la
arbitrariedad como conducta antijurídica de los órganos del Estado, se pue•
den hacer consistir: en la alteración del procedimiento con arreglo al cual
debe ser establecida una norma determinada, en el desconocimiento del con·
tenido específico que una norma inferior debe desarrollar por relación a una
norma superior, y también en la transgresión de la esfera de la propia competencia ejecutiva. Los actos arbitrarios se tipifican, además, por rebasar
toda regularidad normativa, por provenir de una autoridad máxima y no
ser susceptibles de reparación y por ser la expresión de una determinación
personal y subjetiva. El ejercicio continuado de actos arbitrarios por el
poder público o por sus órganos o por el mandatario en particular, lleva
fatalmente al despotismo y tal ejercicio es una de las características de los
regímenes que se mantienen en el poder empleando la violencia.
No debemos, sin embargo, confundir la arbitrariedad con la injusticia.
El Derecho puede ser injusto, pero no puede ser arbitrario. Decir que un
derecho es injusto es emitir un juicio de valor, pero sin hacer inferencia a
ninguna cualidad ontológica, quiere decir simplemente que la justicia que
ese Derecho realiza o es una falsa justicia, o no es toda la justicia, o no
es la justicia tal como la entiende el individuo de esa colectividad. En carn·
bio no podemos referirnos a un Derecho arbitrario porque estaríamos expre·

674

sando una imposibilidad lógica, ya que la arbitrariedad es lo contrario que
Derecho, o sea la negación del Derecho en su forma
. Ciertamente_ que la arbitrariedad y la injusticia pueden coincidir y desgraciadamente
1 b
1 d
•comc1den en ciertos casos: en la anarquía absoluta oeneaso~to _espottsmo,_ ya que la justicia exige por su misma esencia la propor•
c,onahdad y la igualdad y por tanto
d'd
.
, el respeto a la normaome1agene•
ral
que
es
cabalmente
lo
contrario
a
la
arbitrariedad
y
en
la
anarq
'
ld
·
.
,
mayen
e espobsmo ~o e~ste ni proporcionalidad, ni igualdad, ni respeto a la
norma.
es pues negación a la forma del D erec ho y nega., d La . arb,tranedad
••
c10n e 1a JUSttc1a en tanto que la justicia se realiza a través del Derecho,
por ello, y en todo caso, l_a ar~itrariedad abre más la puerta a la injusticia.
El problema de la arb1tranedad en términos jurídicos se plantea co
el problema de la vinculación de determinados órgano: estatales
no ~ as con d.1c10nantes
·
de su actividad. Históricamente esta cuestión esporla das
la vmculación del "príncipe" por sus propias leyes. En el Derecho Roman:
se afirmaba la absoluta libertad del órgano estatal supremo: "prínceps leg·b
sol t
,, 1
• 'f'
,
l us
u us est , . ,º que s1g~1 1ca~a~ _mas ~ue, ~l imperio de la voluntad imperial,
la constatac10n de la ,mposib,hdad ¡undico-positiva de aplicar la coacción
de 1~ ley al mi":"o que era su autor. En la Edad Media el sentido moral
d?~nante reacct~na ~ontra ~te absolutismo romanista y ya en la época
v1S1god~ alcanza v_1genc1a efectiva el aforismo contenido en las Etimologías de
San ls1d~r?,' afori~~ que re~roduce después el Fuero Juzgo: "rex eris si
rec_te facies . Los ¡unstas y teologos del Siglo de Oro mantuvieron todos ellos
la '?ea de la subordinac_ió? del príncipe a la legislación. Ginés de Sepúlvcda
vera u~a de las ~aractensticas de todo principado en que el príncipe "usa de
leyes, tiene magistrados propios y conserva la forma de un Estado legítimo
Y~e hombres libres, pues todos los Estados, tanto democráticos como oligárqmcos Y monárquicos se fundan en las leyes dadas por hombres sabios y sin
leyes apenas pueden conservar su dignidad, ni aún su nombre". Posteriormente, para Vitoria, el rey no tiene más poder que el que tiene la República
~ en manera alguna un poder absoluto y arbitrario, y su discípulo Domingo
e Soto fortalece la tesis de su Maestro. Entre los autores más connotados
que defendieron esta tesis de la vinculación del principe a la legislación vigente, podemos citar a Vázquez de Menchaca a Mariana, a Suárez y a
Rodrigo de Arriaga.
'
El advenimiento del régimen constitucional ha dado un nuevo giro a este
r:oable_ma _de la subordinación del mandatario a la legislación, para evitar
. rbitranedad, porque ahora ya no se pregunta si el mandatario está sometido a la ley, Ya que 1a respuesta af.1rmabva
• se da por supuesta sino que se
pregunta cómo es esta vinculaci6n, o sea que se aborda el problema fundamental de la limitación del Estado en cuanto tal, por el Derecho.

7º

675

�La eliminación de la arbitrariedad en el Estado moderno constituye la
historia de la lucha en favor de la legalidad o juridicidad de todas las esferas de la actividad estatal, y sus conquistas se han traducido, en primer término, en el terreno del arbitrio judicial, en el que se consagró la norma de la
individualización de la pena y de la sentencia indeterminada, en segundo
lugar, en el ámbito de la administración, mediante la instauración de una
justicia administrativa o control jurisdiccional de los actos administrativos y,
finalmente, la última fase de la eliminación de la arbitrariedad radica en la
instauración de una justicia constitucional o un control jurisdiccional de las
leyes constitucionales.
Cabe también señalar diferentes soluciones que se han puesto en práctica
en contra del poder omnipotente del Estado y su posible arbitrariedad, como
son: el jurado, el referéndum, la no aplicación de la ley por los Tribunales
de justicia en el caso de inconstitucionalidad de ésta, el derecho de iniciativa
y la responsabilidad de los agentes del Estado por actos de autoridad, y en
el orden práctico, debemos mencionar que los grupos, los gremios, los sindicatos, los partidos políticos, las uniones, las confederaciones y los organismos
sociales, con su innegable preponderancia en la vida moderna, contribuyen
a señalar un dique al poder del Estado, y que asimismo, las nuevas orientaciones del Derecho Internacional y la existencia de los organismos internacionales cada ,ez más poderosos, menguan paso a paso la autoridad estatal
nacional, a virtud de la interdependencia política y económica mundial que
no es posible ignorar, y, por ello, el control de la arbitrariedad en el mundo
moderno se hace cada día más efectivo.
3. El Derecho de Resistencia y la R evolución. Ahora bien, a pesar de tales
remedios legales en contra de la injusticia, en contra de la arbitrariedad, del
despotismo y de la tiranía, han surgido en el pasado, y seguirán surgiendo en
el futuro, los movimientos sociales que propugnan el sentido del Derecho
como ideal ético de justicia, es decir, que tratan de realizar una coincidencia
de principio entre los ideales mantenidos y los ideales realizados, porque, en
última instancia, aun sin arbitrariedad, aun sin despotismo y sin tiranía, para
que el Derecho sea aceptado como forma de vida social del pueblo, ha de
coincidir con un ideal de justicia. Y este ideal de justicia ya no puede únicamente limitarse a las formas clásicas de la justicia, sino que tiene que abarcar
una nueva forma de justicia que es la justicia social, de la cual ha dicho
admirablemente Lugo Peña que significa el reconocimiento de que "par
encima de las relaciones de coordinación y subordinación entre la comunidad y sus miembros, existe un principio supremo, un valor de integración
de la vida social humana, que intuímos a través de la naturaleza social del
hombre, en todas las manifestaciones de la vida colectiva y con entera inde-

pendencia de la organización estatal, antes de que despierte la conciencia
del de~r ciudadano de contribuir a la conservación y a la prosperidad de la
comumdad y mucho antes de que el Estado subordinando la actividad social
espont_ánea _mediante el i1:°p~rio de la ley, reparta las cargas públicas, según
la res1stenc1a de cada subd1to y los bienes públicos según la dignidad y
méritos".
Ante el fenómeno de la arbitrariedad y la injusticia, dos corrientes del pen~ien~o han pretendido ofrecer solución: de una parte, la resistencia agreSJva, v10lenta, traducida en el tiranicido o la revolución, y de otra parte, la
resistencia pasiva que aconseja la mera desobediencia a la ley. En el primero
de los casos, el de la resistencia violenta traducida en actos subversivos de
rebelión o revolución, pensamos que las revoluciones que importan ~ la
historia de la ética, son la condenación expresa de los principios mismos
del orden jurídico en su unidad, y las que lleva implícita la afirmación de
estimar que los postulados actuales de la comunidad son contradictorios con
los postulados que deben se1vir de guía a la voluntad de esa misma comunidad. y afirmamos que importan a la historia de la ética, porque consideramos
que legitimar la rebeldía en la ley, es un absurdo jurídico, ya que la rebeldía
puede hallar su justificación y tiene de hecho su lugar en la ética, atento a lo
cual, ya hemos afirmado que el verdadero sentido del derecho es como ideal
ético de justicia.
Respecto de las expresiones doctrinarias a favor de la resistencia violenta
como Derecho contra la arbitrariedad, ya en el siglo XI surge la doctrina
del tiranicidio expresada por Manegold de Lauterbach, considerado como
precursor de las doctrinas de la Re,;-olución Inglesa y repetida en el siglo XII
por Juan de Salisbury, Obispo de Chartres, quien afirmaba que el tirano
debe ser aniquilado por cualquier medio, pues todos quedan santificados con
tal de que el pueblo se viera libre de él "ad Dei obsequium liberari"; merece
especial atención asimismo, Santo Tomás, quien elabora la primera fundamentación seria y científica del derecho a la resistencia, otorgada según él
al pueblo, no sólo con respecto al rey, sino con respecto al legislador en general. Santo Tomás negaba que las leyes injustas fueran tales leyes y preconiza lisa y llanamente la sedición, lo que a partir de entonces ha sido teoría
corriente entre los teólogos. La historia de las ideas políticas nos muestra
que este movimiento doctrinal fue tan potente en el período revolucionario
del siglo XVI que frecuentemente se le denomina la época de los Monarcómacas, teniendo como gran figura final a Mariana, quien en su libro De Rege
et Regís lnstitutione, expresa que al monarca legítimo que se hubiese convertido en tirano se le puede advertir del ejercicio injusto que está haciendo
, del poder, pero si el monarca es un tirano usurpador del poder, ni siquiera
se necesita la advertencia, pues cualquiera tiene derecho a matarle.

677

676

�Como antecedente histórico es también necesario citar el derecho de alzar-

t

se en armas contenido en el primer otorgamiento de la Carta Magna inglesa
del año de 1215, en cuyo párrafo segundo, cláusula última, se establece que
los derechos que nobles, caballeros y bailíos, consiguieron hacer consignar
en ese estatuto, quedaron confiados a la salvaguardia de veinticinco caballeros libremente designados por los nobles, pero en caso de desafuero, cuatro de ellos habrían de acudir ante el rey para que pusiese enmienda, y, si
fuese el mismo rey quien hubiese cometido los excesos y no los enmendase,
los veinticinco varones podrían levantar la gente toda en armas, y enmendar
las in justicias cometidas, tomando los castillos del rey y repartiendo las tierras del mismo a su arbitrio. El Derecho de rebeldía fue reconocido a los
húngaros igualmente por Andrés II en 1222 y consignado en la Bula de Oro.
Asimismo, hacia fines del siglo XI o principios del siglo XII, Pedro I de
Cataluña, 11 de Aragón, concedió a los jurados de Zaragoza, potestad para
defender el privilegio de jurisdicción civil y criminal hasta por medio de la
guerra, sin quedar obligados a responder de ésta ni de los homicidios que
causasen en defensa de sus fueros. Tal derecho no es propiamente un Dere-

cho de rebeldía, pues no está dado contra el rey, pero sí constituye una
excepción de responsabilidad que vulnera el principio esencial del Derecho.
También en el mismo Aragón, otorgóse en 1288 el llamado Privilegio de la
Unión, y en él se hacía gracia a caballeros, infanzones, procuradores y otros,
del derecho de ser juzgados por el Justicia, único Juez competente; este Derecho quedaba garantizado mediante rehenes que el rey entregaría a los nobles,
y además, si esto no fuere bastante, se dice en el Privilegio, que tan luego
como el rey deje de cumplir lo aquí escrito, "queden libres los súbditos del
deber de obediencia y no lo tengan por tal rey, y nombren otro, cual querredes e don querredes".

La ciencia política moderna en esta materia ha seguido las huellas de
Santo Tomás y de Locke, y entre los modernos la teoría tomista se encuentra
repetida por Teodoro Lipps, quien dice: "Todos reconocen el derecho a la
legítima defensa física, pero más cierto aún es que existe un Derecho a la

legítima defensa moral, legítima defensa ética, del individuo como del pueblo. No temo al vocablo 'Revolución', porque pienso en la revolución necesaria éticamente necesaria. Existe un derecho innegable a la misma. La

Rev~lución es un derecho si es un deber, y puede llegar a ser deber, deber
sagrado".

En lo que respecta al Derecho de resistencia consignado enfáticamente. ~n
un texto legal positivo, lo hallamos en el artículo segundo de la Declaracion
Francesa de Derechos del Hombre de 1791, en el Capítulo de los Derechos
Individuales. También se encuentra en el proyecto de Constitución girondi- .
na y, finalmente, en la Declaración de Derechos del Hombre y del Ciudada678

no de 1793, en la que se dice: (articulo 33) .-"La résistance á l'oppression
est la consequence des autres droits de l'homme", y en el artículo 35: "Quand
le gouvernement viole les droits du peuple, l'insurrection est pour le peuple et

pour chaque portion du peuple, le plus sacré des droits et le plus indispensable des devoirs"; y en el artículo 27: "Que tout individu qui usurperait la
suveraineté, soit a l'instant mis á mort par les hommes libres,,.
En segundo término, entre las manifestaciones que en contra de la arbitrariedad se limitan a pedir la desobediencia o aconsejan la resistencia pasiva,

podemos mencionar como notable la hecha por León XIII, cuya Encíclica
Libertas de 20 de junio de 1888, es de importancia notoria para el Derecho
Público, por elevar la desobediencia a Derecho y cuyo párrafo relativo dice:
"Verum ubi imperandi jus abest vel si quidquam proecipiatur rationi, legi
etemae, imperio Dei contrarium, rectum est non parere scilicet hominibus ut
Deo pareatur; at vero cum quidquam proecipitur quod curo divina voluntate

aperte discreperet, tum longe ab illo modo disceditur simulque cum auctoritate divina confligitur: ergo rectum est non parere".
Ahora bien, con referencia al Estado Moderno, la doctrina hoy imperante
es congruente al sostener que la legalización de un Derecho de resistencia
contra un orden estatal que se estima éticamente reprobable, no significaría
otra cosa que la legalización, en sí llena de contradicciones, de la anarquía,
y el abandono de toda seguridad jurídica que conduciría al aniquilamiento,

tanto del individuo como del Estado, o sea, que el Derecho positivo no puede
consignar el Derecho a la Revolución porque este Derecho es la negación

de aquél y, como dice Tena, el derecho a la Revolución no puede ser reconocido "a priori" en la ley positiva1 sino sólo "a posteriori". Sin embargo, hay
quienes sostienen, como lo hace Laski, que "más derecho aún, tiene la razón
de derecho a sostener que una capitulación sin resistencia de la conciencia

jurídica ante el poder estatal ha de conducir fatalmente al aniquilamiento .
del hombre como personalidad moral y consiguientemente, y a la postre,
a la destrucción también de aquellas energías que posee para la formación
del Estado". Estimamos que una bien entendida razón de Estado no requiere, sin embargo, de modo alguno, la capitulación de la conciencia jurídica
y que la admisión de un derecho de resistencia de carácter ético, no nos lleva

tampoco a la anarquía. Creemos que hay que dejar bien sentado que no se
trata aquí de resolver tal o cual cuestión de legalidad, sino que se trata
exclusivamente del problema de la justificación ética del Estado. Además,.
el reconocimiento de un Derecho moral de resistencia no implica en mo~

do alguno que vaya a eliminarse de la eterna lucha de la conciencia jurídica contra el Derecho positivo, el carácter trágico de que toda realización

jurídica depende del poder, pues nunca podrá consistir la justificación del
Estado en armonizar a toda costa el Derecho con la fuerza. Débese conside--

679•

�rar, por el contrario, que todo poder estatal debe su formación y conservación a la voluntad humana y de ahí que como dice Heller: "actúen en el
poder estatal tanto las fuerzas morales más elevadas como una imponente
masa de estupidez y maldad, de infamia y de arbitrariedad". Por eso, pensamos con Heller que en todos los casos en que el poder propio, del depositario
supremo del poder, se oponga con éxito a las normas constitucionales, se da
la posibilidad -no obstante las firmes barreras del Estado de Derecho- de
una creación jurídica por violación del Derecho y q·.1e:, a pesar de los diversos y variados controles que se establezcan, nunca podrá resolverse el problema implícito en la fórmula "quis custodet custodem", y, debido a ello,
no hay forma ninguna de inviolabilidad de las normas constitucionales que
pueda detener los movimientos revolucionarios, cuando en el fondo existr
arbitrariedad manifiesta o injusticia palpable, por tratarse de cuestiones de
facto, de realidades sociológicas, sustentadas en el profundo sustrato del descontento y desajuste sociales.
Constatamos por ende, a pesar de estas firmes barreras del Estado de Derecho, que tanto el filósofo, como el jurista, el sociólogo y el estadista, no
pueden descartar las posibilidades de creaciones jurídicas por violación al
Derecho, y también comprobamos que el problema de la justificación de tales
movimientos revolucionarios no pertenece por su esencia a la ciencia jurídica, pues como hemos afirmado, el derecho a la rebelión, a la revolución,
que se confunde con el derecho a la resistencia violenta del pueblo contra
el poder público, tiene una indiscutible fundamentación de carácter ético
o moral y constituye casos en los cuales, como afirma el tratadista de Derecho constitucional mexicano, Tena: "solamente la inevitable ruina del pueblo o el conflicto que ha llegado a ser insufrible entre la moral y el derecho,
pueden explicar la violación del Derecho en función de la moral".

EL DERECHO DE LA RE\'OLUCIÓN

Cabe subdividir el presente capítulo en dos partes, que son: la primera
denominada "El Derecho en la Revolución" que trataría de abarcar el estu·
dio de cómo la Revolución, aún no triunfante, aún no constituída en Gobier•
no, va expidiendo diferentes ordenamientos, leyes, decretos, etc., que las
necesidades van requiriendo y que tienden finalmente a fundirse en una ley
suprema posterior cuando se obtenga el triunfo. Es claro que la validez
última de tales normas queda siempre sujeta a la confirmación, en caso del
triunfo O si éste no se alcanza, constituirán esbozos de aspiraciones éticas.
'
,
proyectos jurídicos sin mayor repercusión posible. Tales normas estaran re-

ves~idas del imperium en los territorios que los revolucionarios dominen y
seran letra muerta en aquellos fuera de su control. Como ejemplo de tales
ordenamientos dictados en los períodos revolucionarios, podríamos citar en
nuestro país, en donde la lucha armada duró siete años, la Ley del 6 de
enero de 1915, dictada en Veracruz por Venustiano Carranza, que a pesar
-de ser un Documento esencialmente político, sin embargo sentó las bases de
la Reforma Agraria y cuyo contenido formó parte después del texto Constitucional al expedirse la Constitución de 1917. Por estas características' alau.
"
nos autores mexicanos llaman a esta clase de leyes pre-constitucionales. Podrían también considerarse dentro de esta clase de ordenamientos, o sea del
Derecho en la Revolución, a los postulados fundamentales de dichos movimientos que norman sus trayectorias, que a veces, en el triunfo, se incorporan
a las leyes fundamentales y que están contenidos en proclamas o planes. No
desconocemos que muchos de estos planes, de estos proyectos, en la realidad
~n rebasados en el curso de la lucha y los objetivos que contienen varían,
se transforman y a veces se tuercen, pero esto no tiene nada de particular
porque ello sucede en todos los fenómenos sociológicos análogos. En nuestro
País, tal carácter tendría, entre otros documentos, el Plan de San Luis de
Francisco l. Madero, el Plan de Ayala de Emiliano Zapata y el Plan de Guadalupe del Caudillo don Venustiano Carranza.
La segunda parte del presente Capítulo que intitularíamos "El Derecho
de la Revolución" estaría destinada a estudiar el derecho que el Movimiento
Revolucionario tiene para crear, para mantener e imponer un Derecho
propio, un orden jurídico distinto del que se combate y finalmente, sería el
examen de todo el Derecho emanado de ella y que a su triunfo se adoptara
por la colectividad. Ahora bien, a este respecto, el problema de los límites
creadores de la Revolución, no es un problema teórico-jurídico, sino filosófico-jurídico, es problema de política, y en último término de justicia. No
existe, pensamos, ningún motivo para limitar teóricamente la libertad de
una Revolución en su función creadora de normas jurídicas, de un orden
jurídico y para poner en vigencia su propio ideal de justicia.
Por un lado afirmamos que la Revolución tiene el derecho a realizar, por
medio de su sistema jurídico, sus propios postulados, y por otro, que no hay
ninguna razón lógica que nos obligue a constatar en el movimiento revolucionario la vigencia de los principios de seguridad (por demás obligatorios
en un régimen de Derecho ya firme, como hemos analizado), porque esta
vigencia no es un valor previo al orden jurídico, sino consecutivo del mismo,
no es un valor - modelo--, o un valor a priori, sino un valor -resultado--,
que hay que justipreciar a posteriori.
Verdaderamente, el problema jurídico que surge a posteriori en un movimiento revolucionario y que amerita la atención del estudioso, es la ex1-

681
680

�gencia de que el poder revolucionario obre jurídicamente, es decir, sometido
a nonnas generales y no en la forma de arbitrariedad, y que las nonnas
que dicte sean reconocidas.
El conocido jurista Carré de Malberg, plantea este aspecto en forma adecuada al sostener que "En principio parece que debe declararse ilrgítimo
todo Gobierno que se establece y se apodera del Poder contra el Derecho
Público que está en vigor, al verificarse ese hecho, pero como el primer cuidado de todos los Gobiernos llegados al Poder en tales condiciones, es crear
precisamente un Estatuto nuevo que consagre su autoridad, ésta, después
de sus comienzos contrarios a Derecho, acabará por adquirir un carácter
de legitimidad jurídica, con tal que el nuevo Estatuto al cual se sujete, sea
públicamente reconocido y aceptado como estable y regular".
Nos parece, por tanto, que en último término, el aspecto que fundamentalmente hay que analizar en lo relativo al Derecho emanado de la Revolución,
es un aspecto y un problema de justicia, es decir, que se realice efectivamente el respeto a la dignidad y a la libertad de la persona. Claro es que no
desconocemos, que en relación con la justicia inmediata, se puede afirmar
que las revoluciones cometen tremendos y notorios errores; sin embargo,
creemos que es necesario proceder con cautela al calificar de antijurídicas
sus disposiciones, sólo porque en apariencia se oponen a esta exigencia inmediata de justicia. En otros casos, hay que considerar que, por ejemplo la
seguridad, no puede prevalecer o sobrevivir intocable e inquebrantable a la
derogación práctica, a la desaparición o muerte de un ordenamiento jurídico,
y, por todo ello, debe estimarse que el nuevo ordenamiento emanado de la
Revolución no puede tener, ni tiene efectivamente, ese límite lógico de la ge.
guridad. Pero en este nuevo orden, sólo habrá que discutir y analizar aquella
más alta Justicia que permita valorizar, justificar o quizás repudiar "el punto
de vista sobre la justicia" que el movimiento revolucionario consagra en ese
orden jurídico que implanta.
Finalmente, para los propósitos de este ensayo, nos parece necesario, a fin
de lograr en lo posible un enfoque total de la problemática que se plantea,
transferirla a la esfera del Derecho Internacional y analizar a la luz de este
Derecho el ámbito de su validez y del orden jurídico que surge de las
revoluciones.
Para algunos tratadistas, entre ellos Kelsen, cuyo pensamiento nos guía
a este respecto, la Revolución y lo que se llama el golpe de Estado, son hechos creadores de derecho, de acuerdo con el Derecho Internacional. Expone
Kelsen que al determinar la razón de validez de los órdenes jurídicos nacionales, el Derecho Internacional regula la creación del Derecho Na_cio~~L
Esto se ilustra claramente, según expone, en el caso en que la Const1tuc1on
de un Estado no es cambiada en la forma prescrita por la misma Constitución,

sino de una manera violenta, es decir, por una violación de la propia Ley
Fundamental. Si se cambia la forma de gobierno, expone, y el mismo Gobierno es capaz de mantener la nueva Constitución de manera eficaz, entonces
ese Gobierno y esa Constitución representan, de acuerdo con el Derecho
Internacional, el Gobierno legítimo y la Constitución válida del Estado. Por
esta razón, afirma, la Revolución victoriosa y el golpe de Estado que tienen
éxito, son de acuerdo con el principio internacional, hechos creadores de
Derecho. Suponer, dice, que la continuidad del Estado no es afectada por
una Revolución o un golpe de Estado (en cuanto al territorio y la población
en términos generales permanecen los mismos), sólo es posible, si se presume
la existencia de una norma internacional que reconoce a la Revolución victoriosa y al golpe de Estado coronado por el éxito, como métodos legales de
alteración a la Constitución. Es decir, se necesita, según Kelsen, la continuidad del orden jurídico y la identidad del Estado. Sostiene Kelsen que
sólo debido a que los juristas modernos -de manera consciente o inconsciente- presuponen el Derecho Internacional como un orden jurídico que
determina la existencia del Estado, en todos los aspectos posibles, de acuerdo con el principio de efectividad, pueden tales juristas creer en la continuidad del derecho nacional y en la identidad jurídica del Estado a pesar
de un cambio violento en la Constitución. El Derecho Internacional al regular, sigue exponiendo Kelsen, mediante el principio de efectividad, la creación de la Constitución del Estado, determina también la razón de validez
de todos los órdenes jurídicos nacionales.
Respecto a la norma básica o Constitución de un orden jurídico nacional,
afirma Kelsen que los actos coactivos tienen que ser realizados sólo en las
condiciones y en la forma determinada por los constituyentes, pero que si se
. toma en cuenta además el orden internacional, se encuentra que la razón de
la validez de esa norma básica o constitución y del orden jurídico de un solo
Estado pueden derivarse de una norma positiva de tal orden jurídico internacional, o sea "del principio de la efectividad", de acuerdo con el cual el
Derecho Internacional faculta a los constituyentes para actuar como los primeros legisladores de un Estado, es decir, que en virtud del principio de efectividad, el orden jurídico internacional determina no sólo el ámbito de validez, sino también la razón de validez de los órganos jurídicos nacionales. De
ello se infiere, además, que la norma básica del orden jurídico intemacionaf
es también la última razón de validez de los órdenes jurídicos nacionales.
Si queremos ir aún más lejos y remontarnos al problema, específicamente
jurídico, sobre el principio y el fin de la existencia de un Estado, este problema, según Kelsen, se reduce a determinar en qué circunstancias empieza
un determinado orden jurídico a tener validez y cuándo deja de ser válido.
La respuesta, estima Kelsen que está dada por el Derecho Internacional, y es683-

682

�que un orden jurídico nacional empieza a ser válido tan pronto como adquiere
eficacia en su totalidad y deja de serlo tan pronto como pierde esa eficacia.
El orden jurídico permanece el mismo mientras su ámbito territorial de
validez subsiste, incluso cuando el orden ha sido cambiado en una forma
distinta a la prescrita por la Constitución a través de la Revolución o del
golpe de Estado. La Revolución triunfante o un golpe de Estado coronado
por el éxito, no destruyen, según Kelsen, la identidad del orden jurídico
cambiado por ellos. El orden establecido por la Revolución tiene que considerarse, dice, como una modificación del viejo orden, no como un orden
nuevo, si éste es válido para el mismo territorio. Así, el Gobierno llevado al
Poder permanente por una Revolución o por un golpe de Estado, es de
acuerdo con el Derecho Internacional, el Gobierno legítimo del Estado y su
identidad no resulta afectada por esos acontecimientos. Por eso afirma, que
a la luz del Derecho Internacional, las revoluciones victoriosas deben interpretarse como procedimientos por los cuales puede cambiarse un orden jurídico nacional, son hechos creadores de Derecho, y por ello, una vez más, a
estos hechos se aplica el aforismo "ex-injuria jus oritur".
Finalmente, sostiene Kelsen que el reconocimiento es el procedimiento jurídico establecido por el Derecho Internacional para comprobar en un caso
concreto la existencia del hecho "Estado". Que un Estado reconozca a una
comunidad estatal, significa jurídicamente la declaración de que esa comunidad es un Estado en el sentido del Derecho Internacional, puesto que los
Estados existen jurídicamente, como sujetos del Derecho Internacional, solamente en relación con otros y sobre la base del reconocimiento recíproco.

LA

REVOLUCIÓN MEXICANA y EL DERECHO

Analizaremos brevemente el movimiento llamado "Revolución Mexicana"
para tratar de fijar cuáles fueron sus principales causas sociológicas, sus
bases y fundamentos filosófico-jurídicos, con el fin de encontrar su justificación ética, y asimismo, para constatar si este movimiento cristalizó las
aspiraciones de justicia del pueblo mexicano en aquellos momentos y si las
tradujo y materializó en normas jurídicas y en un orden social diferente.
La misión política de la Revolución iniciada en 1910, consistió en destruir las bases del régimen porfirista que centralizó un poder omnímodo en
las manos de un solo hombre y de su grupo, para crear otro régimen, que
según las aspiraciones de los dirigentes del movimiento, tendría por fundamento el "Sufragio Efectivo y la No Reelección". Este régimen de Gobierno
Presidencial Porfirista, detentando fraudulentamente el Poder por más de

tres decenios, había establecido romo norma de vida política la dictadura.
empleando para sostenerla todas las arbitrariedades, todos los vejámenes, todas las injusticias y acabando con las libertades más preciadas hasta llegar
a los extremos de la más bien organizada tiranía. Así nos lo demucstr:m
los abundantísimos testimonios humanos de testigos presenciales, de innumerables víctimas y de observadores imparciales, testimonios que integran hoy
la amplísima bibliografía con que contamos y que por obvias razones, dado
el carácter monográfico de este ensayo, nos abstenemos de citar específicamente.
Efecti\·amente, en torno a Porfirio Díaz se había formado una oligarquía que acaparaba toda la riqueza del país con detrimento de una inmensa
mayoría que \'i\'Ía postrada en la miseria económica y en el más abyecto servilismo. La propiedad de las tierras productivas, se encontraba concentrada
en muy pocas manos y la mayoría de los trabajadores del campo que prc.~taban sus servicios en los latifundios extensísimos, desarrollaba una forma de
vida infrahumana, es decir, en este aspecto, como señala Mendieta y Núñe1~
había una forma injusta de coexistencia agraria en la sociedad mexicana.
puesto que al lado de los grandes terratenientes, vegetaban enormes masas
desposeídas, cuya desdicha estaba fuera de toda duda, pues como respecto
a ellas lapidariarnente afirma Silva Herzog, "La felicidad no anida en los
hogares sin fuego y no gusta de los pies descalzos ni de los estómagos vacíos:
la felicidad no se deja engañar por las bienaventuranzas".
En lo que respecta al obrero o artesano que trabajaba para amos qut·
copiaban fielmente el modelo de las prácticas gubernamentales, tenía muy
exiguos salarios, laboraba en atroces condiciones sanitarias y no tenía garantía de ninguna índole, por lo que buscaba alegría momentánea en el alcohol
que embrutece y rebaja la dignidad del hombre, por lo cual es obvio qur
la coexistencia entre patrones y obreros, como sostiene Mendieta y Núñez.
era injusta, lesiva para la dignidad del trabajador.
En el aspecto financiero y económico nacional, por las grandes facilidades
que el Gobierno Porfirista había otorgado a los capitales extranjeros, la
industria y el comercio se encontraban en manos extrañas; se habían otorgado también las mayores facilidades y los mayores privilegios a las Instituciones de Crédito, por lo que los resultados del agio eran patentes, y también se había creado toda una serie de Bancos de Emisión, la mayor partl'
hipotecarios y de crédito territorial que a la larga fueron acaparando grandes propiedades, tanto rústicas como urbanas, y finalmente, este aparato
gubernamental, europeizado hasta su médula, e ignorando deliberadamente la
ignominia de la realidad nacional, encontraba además su apoyo en la opinión
extranjera, que tampoco prestaba atención a la realidad por la que atra,·esaba el país para así permitir que sus nacionales siguieran gozando de los dife685

68-l-

�rentes privilegios que se les otorgaban. "Un pueblo, dice González Roa, sometido a semejante tiranía económica es campo propicio para que en él
prosperen los abusos y desigualdades, para que en él se normalicen totalmente
todos los insultos, todas las humillaciones, todas las vergüenzas que en un
momento dado llegan a producir explosiones formidables, ya que solamente
haciendo uso de la fuerza, es decir, acudiendo a la Revolución armada, puede
tal pueblo mejorar su condición".
En tales condiciones generales de vida "trabajadores de las ciudades y de
los campos sentían, como expresa Silva Herzog, una honda inconformidad
y fluir en todo su ser el anhelo nebuloso de que algo nuevo aconteciera,
de que algo inesperado viniese a modificar las condiciones de su dura existencia" porque es cierto que "estos estados patológicos son por supuesto propicios a los movimientos revolucionarios. Lo que importa es que el caudillo
comprenda las vagas aspiraciones de las masas, las asimile en su carne y en
su espíritu y sea capaz de devolvérselas aclaradas y engrandecidas en un
programa sencillo y de acción inmediata". Este hombre lo encontró el pueblo mexicano en un idealista, Francisco l. Madero, cuyos párrafos luminosos
en su libro La Sucesión Presidencial, son la más firme condenación al régimen porfirista; claro es que hubo precursores cuyos nombres el pueblo siempre tendrá presentes: Andrés Molina Enríquez, Winstano Luis Orozco, Filomeno Mata, Librado Orozco, Paulino Martínez, Juan Sarabia, Antonio Villarreal, Rosalío Bustamante y Ricardo y Enrique Flores Magón, entre tantos otros.
Se afirma que dos fuerzas provocaron el movimiento, una lo fue la propia burguesía que había ido siendo desplazada por un grupo surgido de ella
que era más hábil y más fuerte en esa carrera por el enriquecimiento al
lado del Dictador, la otra, el campesino vilipendiado que se alzaba al grito
de "Libertad y Tierras" y este lema unido al de Sufragio Efectivo No Reelección que esgrimía como bandera el primero, encontraron posteriormente su
conciliación.
Con atingencia señala el historiador Cosío Villegas que el lema Maderista de "Sufragio Efectivo. No Reelección" quería decir dos cosas: "lo. La
presencia de un hecho biológico, es decir, del más fuerte de todos los hechos:
en el país había surgido durante el Porfirismo toda una nueva generación
que no tenía acceso al Poder, a la riqueza, ni siquiera al lustre social; 2o.
Que la vida política, la libertad, la democracia, tenían tanto valor, y aún
más, que el orden, y, por ello, que valía la pena comprometer éste para
conseguir aquéllas".
Las metas del Movimiento Revolucionario han sido expuestas con toda
claridad por muchos de nuestros estudiosos, quienes como Cosío Villegas encuentran que eran tres principales: primera: la reacción contra el régimen

686

político Porfirista y su derrocamiento final; segunda, la Reforma Agraria y
-el Movimiento Obrero, o sea el anteponer la condición y el mejoramiento de
1os más al de los menos y la de creer que no se conseguiría ese fin sin la
iniciativa y el sostén activos de la Revolución hecha ya Gobierno; tercera,
el tono nacionalista que tuvo la Revolución, al exaltar lo mexicano y recelar de lo extranjero o combatirlo con franqueza.
Si bien es cierto que el Movimiento carecía de un sistema ideológico previo, de una auténtica filosofía a la manera como la tuvieron otras revoluciones, no es posible negar que la mexicana, hecha por mexicanos y para
mexicanos, tenía sus más profundas raíces, en la realidad vital que es origen
de todas las filosofías, y esa realidad era el hambre ·del pueblo: hambre de
pan, de tierras, de justicia y de libertad, y por ello, es indudable que tal
Movimiento se propuso poner fin a unas injusticias determinadas, patentes,
en hombres que vivían y morían concretamente, como apunta Leopoldo
Zea, y precisamente por eso su justificación la proporcionaron los mismos
hechos, la realidad que trataron de reformar los revolucionarios, una realidad en que se han hecho patentes injusticias concretas y a la cual era menester imponer una justicia no menos concreta. Por ello, por tratarse de
injusticias concretas realizadas sobre hombres no menos concretos, la explicitación de lo que debieron y deben ser los fines de la Revolución Mexicana
se presentó con una gran complejidad.
A pesar de esta complejidad meramente sociológica y no conceptual, todos
y cada uno de los revolucionarios mexicanos aspiraron a realizar un México
mejor, en el que la mayoría pudiera alcanzar el máximo de oportunidades
que hiciera su felicidad. Así, desnuda de doctrinas extrañas previas, la Revolución fue una búsqueda de la doctrina mexicana propia, original, fundada en su auténtica realidad, tratando de superar la situación semicolonial
creada con motivo de la invasión de los capitales extranjeros y por recobrar
el dominio a sus propios recursos naturales, pero siempre poniendo de manifiesto su afán de reconocimiento de lo humano y buscando, a pesar de sus
errores, aquellas fórmulas jurídicas y el establecimiento de un orden social
que hicieran tangible y efectiva la justicia a la que tenían derecho todos los
mexicanos.
El pensamiento revolucionario y el hambre de justicia, de libertad, de pan
y de tierras del pueblo, cuajó en los principios constitucionales de la Carta
Magna de 1917 de la que podemos sentirnos genuinamente orgullosos por
traducir verdaderas conquistas sociales y jurídicas que se pueden sintetizar
en las siguientes: nacionalización de las riquezas del subsuelo; obligación de
fraccionar los latifundios y de distribuir las tierras a los campesinos; garantizar al trabajador un salario mínimo, descanso semanario y participación en
las utilidades de las empresas; fijar la jornada máxima de trabajo diurno

687

�en ocho horas y del nocturno en seis; protección al trabajo de los menores;protección a la madre y al niño p~r medio de cu_i~ados pre-natales y post-.
natales y reglamentación en matena de cultos religiosos.
.·
La expedición de la Constitución de 1917 revela, desde el pu~t~ de vista
filosófico-jurídico, la decisión del Poder de hecho, de 1~ Revol~c~on, de gobernar conforme a normas de derecho y de dar al pais un regimen legal,
· 1· do y obJ. etivando las aspiraciones de justicia del pueblo Y por
mat ena izan
• , · d 1
dicha Carta Magna constituye la justificación ética y socio1ogica e a
eso,
. .
Et d d
Revolución transformada en Gobierno y dando nacimiento a un s a O e
Derecho.
. .
1 ·
·
Las consideraciones que hacemos de dicho Movimiento Revo uc10nano,
no le pueden agregar ni le pueden re~tar ~al~r,_ sino simplemente _tratan de
comprobar su enorme importancia social y 1undica, tratan de confirmar que
los principios éticos y de justicia social que plasmó, aún nor1:1~n nuestra
vida Institucional y dan lustre al Estado de Derecho que ~oy vivimos; per?•
además tienden a poner de manifiesto que el pueblo mexicano no se e~uivoca e~ la expresión de sus más hondos anhelos de justicia, los que viven
eternamente en el subconsciente colectivo nacional.

LA SOCIOLOGtA DEL TRABAJO Y DEL OCIO

DR. Lucro

MENDIETA Y NúÑEz

Universidad Nacional Autónoma de México

El trabajo es un hecho social que caracteriza y ennoblece a la estirpe
humana.
Pues si bien es cierto que en algunos animales se advierten esfuerzos organizados semejantes a los del hombre, en realidad son puramente instintivos.
El trabajo entre seres humanos y animales proviene de una necesidad
común: la de vivir; pero mientras entre éstos tiende a la procuración de alimentos y termina en cuanto alcanza ese propósito, en el hombre es fuente
de complejas relaciones económicas y sociales y se eleva, de lo puramente
material, a las más grandes, sublimes alturas espirituales.
Una interpretación del cristianismo presenta al trabajo como maldición
bíblica, anatema contra el hombre, cuando en realidad podría interpretársele como una ley sagrada que le devolvió su dignidad al obligarlo a la reconquista del bien por su propio esfuerzo.
Sin el trabajo los humanos serían animales trashumantes que vagarían en
grandes rebaños sobre el haz de la tierra. Gracias al trabajo han pulido su
cuerpo hasta alcanzar en sus máximas expresiones la fuerza y la reciedumbre
de Hércules, la belleza de Apolo, la gracia de Afrodita y han forjado su
mente hasta ofrecer los más altos valores del espíritu en sus artistas, en sus
héroes, en sus sabios, en sus santos laicos.
Desde que nace el hombre se ve forzado a alimentarse para vivir. Los primeros grupos sociales tuvieron un carácter principalmente biológico. Sin
asiento fijo, recorrían determinadas regiones del mundo recogiendo lo que
la naturaleza les brindaba para comer, en un esfuerzo asistemático, prácticamente individualista, pero bien pronto se sintió la necesidad de organizar
ese esfuerzo y así surgieron los cazadores que actuaban en pequeños o grandes equipos de acuerdo con planes mínimos en los que cada quien desempeñaba determinada tarea bajo una dirección común. Esto equivale a decir

688

689
H.44

�que la base de la organización social, de la sociedad misma, fue, ha sido y
es, el trabajo.
¿Pero qué es el trabajo? La pregunta parece nec~a po:que si_e~do consubstancial de nuestra vida, se nos ofrece con tal ev1denc1a cot1d1ana que se
antoja inútil tratar de definirlo; mas la definición de lo que se trata de es~diar resulta indispensable en toda exploración científica y por eso es antiguo el propósito de reducir la íntima naturaleza. del trabajo, en una fórmula definitoria.
En el pensamiento de Platón y de Aristóteles, el trabajo es ocupación penosa, propia de esclavos y también entre los romanos, . de tal ~~~o ~~e
según dice el eminente sociólogo brasileño De Moraes Filho, la c1v1lizac1on
moderna heredó un vocablo que se forjó en otra civilización que lo recibió
como castigo, como dolor.
El término griego que significa trabajo, tiene la misma raíz que la_ palabra latina pena. El autor citado concluye su búsqueda a través de diversos
idiomas, asegurando que: "Bastan los orígenes etimológicos ~e. }ª palabra
trabajo, para que quede demostrada, sociológicamente, su t,rad1c1on c~rgada
de valores, ora despectivos, ora penosos" y agrega: "a trav~s _de los tl~mpos
vemos siempre el vocablo significando fatiga, esfuerzo, sufrrm1ento, cmdad?,
encargo, en suma, valores negativos de los cuales se escapaban los mas
afortunados" .1
Sin embargo, no todo esfuerzo humano ~or fatigante_ y p~noso_ qu; ~a,
puede ser considerado como trabajo. Por e1emplo, los e1erc1c1~s gimnasticos
que algunas personas ejecutan privadamente para conservar la figura, la elasticidad y la salud del cuerpo.
Para Paul Natorp, el filósofo neokantiano de la escuela de M:ªb~~go, "trabajo es objetivamente correlativo de impulso, ~sto. ;s, la aph~ac10n de
fuerza impulsiva a cualquiera producción, o reahzac1on de un fm humano ·
En el mismo sentido Eisler afirma que es "una fuerza mayor o menor
necesaria para vencer obstáculos a través de una act~vidad" finalí~ti~amente
orientada". y también E. Carrel considera que trabaJO es la actividad somática y psíquica del hombre dirigida hacia o con un objeto" o bien~ como
dice F. von Klein Watchen "toda actividad dirigida a la consecución de

!~

un efecto" .2
En estas definiciones se destacan como características del trabajo la actividad, el esfuerzo y el fin, el propósito de ese esfuerzo, lo que resulta in~~misible, pues en nuestro ejemplo del gimnasta hay impulso, fuerza, acc10n
1

EvARISTO DE MoRAES F1LHO,

2

EvARISTO DE MoRAES FILHO,

Perspectivas de una Filosofía del Trabajo, P· 132.
op. cit.

y finalidad y, sin embargo, sus ejercicios personales no pueden ser considerados como trabajo.
El padre Gamelli, introduce un nuevo elemento: la utilidad, en la definición que buscamos, cuando dice que "trabajo es una actividad útil que tiene
en vista realizar un resultado concreto".
Pero la utilidad es indiscutible en el ejemplo del gimnasta puesto que
sus ejercicios son útiles para él, tienden a conservarlo en forma y salud y
sin embargo eso no basta para darles carácter de trabajo.
Nosotros pensamos que la esencia del trabajo es económica y lo definimos como. todo esfuerzo realizado con un fin que se concreta en actos,
objetos o servicios de efectos económicos dentro de un determinado sistema
de valores sociales.
Si una persona baila sin otro fin que procurarse placer, su actividad no
es trabajo; pero si lo hace para enseñar a otros a bailar, inmediatamente
cae dentro del sistema de valores económicos y el mismo acto se convierte
en trabajo. Aun suponiendo que enseñe por gusto, sin cobrar honorarios,
desde el momento en que constituye un servicio, resulta económicamente valuable y tiene efectos económicos porque los que reciben sus lecciones se
ahorran el costo de las mismas.
Examínese cualquiera realización del hombre por humilde o elevada que
sea y se verá que sólo cuando adquiere valor económico, se transforma en
trabajo. Y es precisamente su carácter económico lo que le da la enorme
importancia social que tiene.
En el principio de las sociedades humanas, como cada quien laboraba
para procurarse el propio sustento, el valor económico del trabajo estaba
enmascarado y apenas se advierte en el trueque porque indudablemente la
mayor parte de las transacciones de cambio de objetos tuvieron como punto de equivalencia el esfuerzo que significaba la manufactura o la consecución de cada uno de ellos.
A nuestro parecer el signo económico del trabajo se pone al descubierto
con la esclavitud. Los pueblos fuertes someten a los débiles y los convierten en esclavos. Cada esclavo es una fuerza y en función de esa fuerza
tiene un valor. En el mercado de esclavos, por primera vez, el trabajo es
una mercancía.
Desde entonces, el trabajo es fuente inagotable de relaciones humanas,
motor de innumerables transformaciones sociales. Con la esclavitud surge
la clase ociosa y cuando se generaliza en el mundo la libertad como un derecho y desaparece la condición de esclavo, le sustituye en sus funciones productoras de bienes comerciales, el obrero.
En el esclavo, el trabajo era inseparable del ser humano, era una mercancía; pero mercancía-hombre que el amo tenía que cuidar para mantenerla

691
690

�en condiciones de máxima eficiencia. Al aparecer el obrero en el mundo
libre, el trabajo es simple y llanamente una mercancía, se deshumaniza porque el patrón, el empresario, solamente paga el esfuerzo que exige de los
obreros, se desentiende de cuanto se relacione con sus personas. Si el obrero
se enferma, no cobra y es sustituido en el acto por otro, carece de personalidad, se pierde en una masa amorfa en la que lo único que vale es la
fuerza anónima del trabajo.
Y entonces empieza la lucha por la humanización de las relaciones laborales que se intensifica notablemente con la aparición de las máquinas y la
vigorosa corriente de la industrialización en los países europeos. Este cambio en los modos de producción que da lugar a la aparición del capitalismo,
transforma la estructura social y crea una serie de problemas, lleva a la
humanidad al borde de una crisis tremenda.
Coetáneamente, empieza a perfilarse una nueva disiciplina cientüica en
Saint Simon y luego en Augusto Comte, quien le da forma y contenido y un
nombre propio: la Sociología.
Por eso ha dicho el eminente sociólogo brasileño Guerreiro Ramos, que
la Sociología es un producto industrial 3 y si bien a nuestro juicio esta afirmación resulta exagerada, la verdad es que carga el acento en una de las
causas que indudablemente figuran con singular importancia en el origen
y desarrollo de la Sociología y de otras ciencias sociales.
Sin embargo, es el Derecho el que primero se ocupa de las cuestiones del
trabajo y cabe a España el orgullo de haber legislado en esta materia, pues
la Recopilación de las Leyes de Indias, se adelantó en siglos a las modernas
conquistas de los obreros.
Felipe II en 1593, estableció la jornada de ocho horas para los trabajadores de fortificaciones y fábricas.' El salario mínimo y las juntas que deberían fijarlo fueron establecidas con toda claridad, pues deberían tomarse en
cuenta según se dice literalmente "los tiempos, horas, carestías y trabajo, de
forma que los indios en granjerías y haciendas no reciban agravio". 5
El salario debería pagarse en moneda y de ninguna manera en especie.
El contrato de trabajo no podía exceder de un año.
Los niños indígenas sólo podían trabajar como pastores antes de los dieciocho años.
El trabajador debería disfrutar de descanso obligatorio los domingos y
días de fiesta y de asistencia médica por cuenta del patrón.
1

ALBERTO GuERREIRO RAMOS, Relaciones Humanas del Trabajo, Biblioteca de
Ensayos Sociológicos. Instituto de Investigaciones Sociales. Universidad Nacional, p. 37.
• Ley VI, Título VI, Libro III, Recopilación de las Leyes de Indias.
• Ley II, Libro VI, Título XIII y Ley I, Libro VI, Título XII, Recopilación de las
Leyes de Indias.

692

La indemnización parcial en caso de accidente consistía en la mitad de
jornal mientras duraba la curación. La de accidente mortal y la ~orrespondiente al despido injustificado, se encontraban claramente determinadas en
una Ley del Fuero Viejo de Castilla que a la letra dice:
"Este es Fuero Viejo de Castilla Que cuando algund orne coje mancebo
o manceba o soldada por tiempo cierto, si el mancebo o la manceba fallecier ante del plaso, que pusier con él, seyendo sano, sin culpa del señor, debe
pechar la soldada dobra de e si el señor le echare de casa sin culpa de él,
otro si, le debe pechar la soldada dobrada".
Desde fines del siglo XIX y en lo que va de éste, el Derecho sobre el
trabajo ha alcanzado señalados progresos en todos los países civilizados del
mundo. También la Economía que lo considera como uno de los factores de
la producción; pero Derecho y Economía sólo estudian el fenómeno de manera unilateral, el primero lo reduce a una simple relación contractual y vela
por la parte más débil de esa relación y la s~gunda en su as?,ecto puramente
material en cuanto agente productor de bienes y en func1on de la oferta
y la de~anda. El Derecho se ocupa del trabajador como hombre jurídico,
la Economía lo estima como hombre económico.
La Sociología a pesar de ser, si no un producto industrial, sí de la era
industrial, se interesa seriamente por el trabajo hasta fines del siglo pasado,
pero en cambio, estudia al trabajador como hombre sociológico en toda ~u
integridad y al trabajo como fuente de relaci~nes hu~anas _en su compleja
realidad social y desde que trabajador y trabaJO son as1 considerados, la Sociología está infundiendo al derecho y a la economía un nuevo aliento vital.
Al parejo de la creciente importancia de la industria nació la ~ociol~gía
del Trabajo en Europa, primero en Inglaterra bajo el aspecto de mvestigaciones de campo que se conocen con el nombre. patético de "Sociologí~ d_e
la Miseria" porque describen la vida de los trabajadores de las grandes fabricas en épo~ de absoluto desamparo legal. En Aleman_ia Federico E~gels
inicia los trabajos sociológicos de la industria y en Francia el doctor V1llermé y Federico Le Play, éste con su célebre obra denominada Los Obreros
Europeos.6
En la época actual los estudios y las investigaciones sobre la _industria y el
trabajo se han multiplicado principalmente en los Estados Urudos de Norte
América, en donde algunas universidades como por ejemplo la de Harvard
inclusive sostiene un Departamento de Investigación Industrial y ciertas nego'
.
ciaciones como la Compañía Western Electric, auspician ensayos experimentales de carácter sociológico sobre el trabajo en sus propios establecimientos.
• ALBERTO GUERREIRO RAMOS, op. cit.,

693

�Es de citarse también el Committe on Human Relations in Industria que
"desde 1943 está funcionando en la Universidad de Chicago".7
En cuanto a los sociólogos que se han especializado en esta rama de la
Sociología, son tan numerosos y los hay tan eminentes, que no nos atrevemos a citarlos por temor de incurrir en injustas omisiones; pero sí con orgullo y reconocimiento diremos que entre ellos se destacan Waiss y Riesman
que enviaron a este Congreso un estudio enjundioso y John B. Knox que
además de haber escrito para el mismo evento cultural una ·comunicación
interesantísima, nos honra con su presencia.
En Francia el más destacado representante de la Sociología Industrial es
Georges Friedman, autor de tres libros famosos: La Crisis del Progreso, Los
Problemas Humanos del Maquinismo y el Ensayo sobre la Civilización Técnica.
La América Latina, hasta ahora, va a la zaga de este gran movimiento
sociológico. Sin embargo, además de los estudios del profesor chileno Moisés
Poblete Troncoso y de ilustres sociólogos brasileños, debemos citar la obra
del mexicano Miguel Mejía Fernández Los Problemas del Trabajo Forzado
en la América Latina y la del brasileño Alberto Guerreiro Ramos denominada Relaciones Humanas del Trabajo, ambas publicadas por el Instituto de
Investigaciones Sociales de la Universidad Nacional.
Habría que considerar también los numerosos ensayos monográficos que
desde la época colonial hasta nuestros días se han escrito en los diversos
países de Latinoamérica, respecto del trabajo indígena y del trabajo rural
y que podrían agruparse bajo la denominación común de Sociología de la
Explotación de los Humildes.
La Sociología Industrial o del Trabajo tiene en esta hora una gran importancia. Su contenido es extraordinariamente rico, pues estudia, entre otras
cosas, los orígenes sociales del trabajo, la influencia de los factores geográfico, biológico, racial, religioso, político, económico sobre el mismo, la tipología del mundo industrial, las relaciones y las interacciones que se derivan
del trabajo y los problemas y conflictos que confronta.
Como correlativo del trabajo tenemos el ocio, pues se trata de dos fenómenos inescindibles que no pueden estudiarse separadamente. Desde los orígenes de las sociedades humanas las actividades económicas del hombre terminan cada día en un momento dado y sólo puede reanudarlas después de
ciertas horas de reposo.
Aparte de los descansos entre jornada y jornada, todas las religiones han
consagrado cuando menos un día de la semana al ocio total hasta el punto
f

694

ALBERTO GUERREIRO RAMOS,

op. cit.

de considerar como pecado el dedicarse, ese día, a actividades de carácter
económico.
.
Desde los albores de la sociedad surge un conflicto originado por el ntmo
trabajo-ocio que proviene de que la mayoría de las personas se ven obligadas a trabajar a las órdenes y en provecho de unos cuant?s, para poder
subsistir. Así, este conflicto se deriva de la división de la sociedad en clases
y de la desigual distribución de la riqueza y s~ agrava con el tran~curso
del tiempo debido a que el interés de los que tienen el poder _Y el dmero,
los induce a aumentar desconsideradamente las horas de traba30, en tan:o
que los asalariados han opuesto, en una lucha de siglos, toda c~a~e de resistencias y de protestas para disminuir el lapso del esfuerzo cotidiano Y aumentar el del ocio.
"En tiempos en que el joven Marx preparaba el Manifiesto,_dice el ílus-tre sociólogo francés Joffre Dumazedier, la duración del traba30 en la ma-.
horas a 1a semana" •8
nufactura era de setenta y cmco
Bajo la pres1on de los investigadores sociales que den~nciaro~ la expl&lt;:"
tación inhumana de los trabajadores en Inglaterra y movieron asi a la o~i-nión pública en su favor y ante la creciente organización y fuerza ??lítica.
laborales, se ha logrado disminuir la jornada a cuarenta ·y hasta a tremta Y
cinco horas a la semana.
De este modo el trabajador cuenta con un tiempo libre que algunos apr~-vechan para aumentar sus ingresos mediante otras ocupaciones, en detn-·
mento de su salud y de su cultura y la mayoría para hacer uso de lo que:
Paul Lafanrue
llamo' e1 "dcreeh o a 1a pereza" .
o
.
, ,
Es aquí en donde surgen diversos problemas que caen ba30 el do_mm10
de la Sociología, porque si el obrero, el asalariado en general, se dedicasen
en su tiempo libre a no hacer nada, para reparar las fuerzas y volver a las
faenas con renovada energía, menos mal; pero en la realidad de las cosas,
los trabajadores son objeto de múltiples solicitaciones durante ~us ~oras de
ocio: el teatro el cine, la radio, la televisión, los deportes y diversiones de
todas clases q~e constituyen lo que Dumazedier llama "la industria de ocio
que desborda la imaginación" por su variedad y cuantía._ _Agreguemos a las.
atracciones citadas las que se ofrecen en los centros de vic10.
Frente a las solicitaciones de tipo comercial, incoloras y anárquicas que sedisputan el tiempo libre de los trabajadores, han surgido otras que tieneru
como lema "ocio y cultura" y que inclusive pretenden crear una moral de la:.
felicidad. Según esta moral, "quien no sabe aprovechar su _descanso, no ~~­
un hombre, es un ser sub-desarrollado, intermedio entre la bestia y el nombre' ..
• JoFRE DuMAZEDIE R, Problemes Actuels de la S ociologie du L oisir,,
n ationa.le des Sciences Sociales, vol. XII, No. 4, 1960, UNESCO.

R:e\\llfl"

lhter--

S95i

�Pero faltando el incentivo comercial, solamente el gobierno puede auspiciar programas culturales para que los asalariados inviertan en ellos su tiempo libre y entonces surge el peligro que señala certeramente Georges Friedman porque "valiéndose de los films, emisiones de televisión, variedades radiofónicas, magazines de gran tiraje, etc., se llega como en Alemania durante
el tercer Reich, en la Italia fascista, en la URSS, en la República Popular
China, a la conformación del espíritu por el Estado, a la producción centralizada de la Masa Media en la que el Estado abusa imponiendo a los individuos las doctrinas, creencias, informaciones, ideologías para colarlo en
serie dentro de moldes prefabricados, según sus intereses del momento".9
¿ Qué hacer entonces con el ocio? ¿ Dejar al individuo con entera libertad para que lo disfrute como quiera o planificarlo?
A esta interrogación sólo podrá responderse con base en investigaciones
y especulaciones sociológicas. Se trata de una cuestión extremadamente importante para la vida de las sociedades humanas a la que se le ha dedicado
especial atención en varios Congresos Internacionales y que inclusive es atendida, en Francia, en la Secretaría que se ocupa de los asuntos del trabajo, por
una Subsecretaría especialmente dedicada a todo lo relacionado con el debido
aprovechamiento del tiempo libre de los trabajadores.

• GEOROES FRIEDMAN, Le Loisir et la Civilization Technicienn6, Revue lntemational
des Sciences Sociales, vol. XII, No. 4, 1960, U;N~SCO.

696

Sección Quinta

NOTICIAS Y RESEÑAS
BIBLIOGRAFICAS

�XII CONGRESO NACIONAL DE SOCIOLOGlA

En Toluca, capital del Estado de México, tuvo lugar de los días 23 al 27 de octubre de 1961, el Décimosegundo Congreso de Sociología, convocado por la Asociación
Mexicana de Sociología, correspondiente a la Asociación Internacional de Sociología
de la UNESCO, el Instituto de Investigaciones Sociales de la Universidad Nacional
Autónoma de México, así como el Gobierno y la Universidad del Estado de México.
Gran interés habría de despertar este evento que congregó a destacadas personalidades en el campo de la sociología, no solamente de México sino de otros países,
además de haberse recibido más de ciento cincuenta ponencias. El tema central de
estudio, investigación y discusión en el Congreso fue Sociolog!a del Trabajo -y del Ocio,
que en su Teoria General, comprendió: l. Definición, contenido, fines y métodos de
la Sociología del Trabajo.-2. El Trabajo como Fenómeno Social. Su origen y evolución a través de los tiempos. Diversas clases de ocio. Su influencia social. Relaciones entre la Sociología del Trabajo, el Derecho del Trabajo y la Política Laboral
Pública y Privada.-5. Relaciones entre la Sociología del Trabajo, la Sociología del
Derecho y la Sociología Política.--6. Relaciones entre la Estadística y la Sociología
del Trabajo. Técnicas Estadísticas y casuísticas en el diseño, realización e interpretación de las investigaciones sobre el trabajo y el ocio.-7. Macrosociología del Trabajo. Métodos y Técnicas Particulares.--8. El medio geográfico. Su influencia en la
organización del trabajo.
La Sección Segunda estudió la Morfología del Trabajo. La tercera versó sobre los
grupos laborales. La cuarta de las Interacciones del Trabajo. La quinta sobre Los
Problemas Sociales del Trabajo. La sexta de la Tipología del Trabajo. La séptima
de la Patología Social del Trabajo. Finalmente, la sección octava tocó el tema relativo a La Planificación Social del Trabajo y del Ocio.
Con la asistencia del eminente maestro universitario Dr. Gustavo Baz, Gobernador
Constitucional del Estado de México, del no menos errúnente sociólogo mexicano,
Dr. Lucio Mendieta y Núñez, en su carácter de Presidente de la Asociación Mexicana
de Sociología y de Director del Instituto de Investigaciones Sociales de la Universidad Nacional Autónoma de México, quien en su esfuerzo y dedicación hacia el campo de
la sociología ha colocado a ésta en el destacada lugar que ya ocupa en nuestro país,
esfuerzo que también habría de verse brillantemente coronado con la realización de un
Congreso más, cuya importancia no puede escapar dentro del ámbito de la cultura
de México, y con la asistencia además, de también destacados maestros y sociólogos,
habría de tener lugar la solemne Inauguración del XVII Congreso Nacional de So-

699

�ciología en la Casa de Estudios, que dentro del panorama universitario de México
hace honor al lema que ostenta su escudo: Cultura, trabajo y libertad.
'
. Dada la amplitud del tema que habría de servir como objetivo principal de estudio en este Congreso, pródiga fue la recepción de ponencias que hubieron de tratar
lo~ #múltiples ~spectos d_e . dicha temática, empezando por el propio Dr. Mendieta y
N~n~z cuyo discurso original nos ha sido brindado para las páginas de Humanitas;
as1ID1smo, dentro de los diferentes eventos, sesiones y conferencias, habría de destacarse la palabra erudita, serena y clara del eminente sociólogo y filósofo mexicano del
Derecho, D~. Luis Recaséns Siches, quien en su brillante conferencia expuso Las
Transformaciones Modernas del Capital y sus Efectos sobre el Trabajo.
Considerando el aspecto humanista, son dignas de mencionarse considerando también lo relativo a la parte industrial, las siguientes Ponencias: '
l. AL?oRT~, José Ignacio : El Trabajo como Experiencia Humana.-2. BUENO, Miguel: Directrices Generales de la Sociología del Trabajo.-3. FLORIS MARGADANT, Guillermo: El Problema del Ocio en el Siglo XX.-4. KNox, John B.: Las Bases Sociales
de la lnd~strializaci6n.-5. MALDONADO DENts, Manuel: El Intelectual y el Ocio
en la Sociedad Contemporánea.-6. MENDIETA Y NÚÑEz, Lucio : Disertaci6n sobre
la Sociologí~ _del. Trabajo.-? . ORTEGA MATA, Rodolfo: La Planificaci6n del Trabajo
en la Electnf1cac16n de los Países Americanos poco desarrollados.-8. RoDRÍGUEZ SALA
Ma. Luis~: Lo~ Accidentes de Trabajo en México.-9. URmE VILLEGAS, Osear: Algu~
nas Cons1derac1ones sobre el Significado Humano del Trabajo y del Ocio.-10. WEts,
R. y RtESMAN, D.: Problemas de Utilizaci6n en el Futuro de las Horas Libres.
El Centro de Estudios Humanísticos de la Universidad de Nuevo León atendiendo
a la invitación del Dr. Mendieta y Núñez, designó al Lic. Alberto García' Gómez que
en su carácter de Jefe de la Sección de Ciencias Sociales, asistió como Del~gado
a este Congreso, mismo que pudo observar el interés que despertó no solamente en
el campo especializado de la Sociología, sino en el de otras rama: de la cultura de
dicho evento.
Participaron como Delegados e invitados al XII Congreso de Sociología: Alma
':1'1érica Ag~lar, de la Univ~rsidad de El Salvador; Dr. Leopoldo Aguilar García (Invitad~ especi~l~; lng: Francisco José Alvarez Lezama, Vicepresidente del Colegio de
In_gemer~s C1v1l~s; Lic. Femando Anaya Monroy, Procuraduría General de la República; Lic. Gabnel Anaya Valdepeña, Ponente; Lic. José Avila Andrade Universidad
d_e T~aulipas; L_ic. José Barradas Vañadares, Secretaría del Trabajo y 'Previsión Social; Cesar Benavides, Observador del Instituto Indigenista Interamericano· Lic. Genaro Borrego, Asociación Mexicana de Sociología; Beatriz Buenfil Escuel~ Nacional
de Ciencias Políticas y Sociales; Consuelo Cárdenas de Boijoseneu~eaun Universidad
Fe~enina de 'México; Lic. Maclovio Castorena Bringas, Instituto de Investigaciones
Sociales del Estado de México; José Castillo Farreras, Sociedad Folklórica de México; profesor Carlos Antonio Castro Guevara, Gobierno del Estado y Universidad Veracr~ana; Daisy Castro Hidalgo (Invitada especial del Estado de México); Homero
Cav1edes, Observador del Instituto Interamericano; Roberto de la Cerda Silva Instituto de Investigaciones Sociale~ de la UNAM; Lic. Agustín Cué Cánovas E~cuela
Normal Superior; lng. Gilberto Fabila Montes de Oca, Director de Agri~ultura y
Ganadería del Estado de México; Lic. Vicente Femández Bravo· Asociación Mexicana
de Sociología; Guillermo Floris Margadnt, Facultad de Derech~ de la UNAM; Sra.
Adela Formoso de Obregón Santacilia, Universidad Femenina de México; Alvaro Gay-

700

tán, Observador del Instituto Indigenista Interamericano; Lic. Fausto Galván Campos, Universidad de Morelos; Lic. Francisco Gallástegui, Banco de Comercio, S. A.;
Adrián García Cortés ( Invitado especial ) ; Lic. Jesús García Luna, Instituto de Investigaciones Sociales del Estado de México; Lic. Roberto García Moreno, Instituto
de Investigaciones Sociales del Estado de México; Luci García O'Meany, Universidad
de El Salvador; Lic. Ignacio García Téllez (Invitado); Lic. Antonio García Valencia,
Secretaría del Trabajo y Previsión Social; Lic. Rubén Gómez Esqueda, Secretaría de
Marina; Lic. Cipriano Gómez Lara, Universidad de Sonora; Natalia González Arciniega (Ponente); Dr. Francisco González Díaz Lombardo, Secretaría del Trabajo y
Previsión Social; Lic. Jesús Grajales Lepe, Academia Mexicana de Derecho del Trabajo y de la Previsión Social; Carlos Guerra, lnst. de Investigaciones Sociales del
Estado de México; Dr. Aníbal Ismondez Cairo, Universidad Mayor de San Marcos,
Lima, Perú; Dr. John Ballenger Knox, Universidad de Tennesee, Estados Unidos de
Norteamérica; Dr. Robert S. Weiss, Universidad Brandeis, Massachusetts, Estados Unidos de Norteamérica; Lic. Gonzalo Lira Parragás, Instituto Politécnico Nacional; Aída
Luna, Universidad de El Salvador; Dr. Manuel Deniz Maldonado, Universidad de
Puerto Rico; Lic. Constantino Maldonado, Departamento del Distrito Federal; · Dr.
Pedro Daniel Martínez, Secretaría de Salubridad y Asistencia; Jorge Martínez Ríos,
Instituto de Investigaciones Sociales de la UNAM; Lic. Jesús Mejía Viadera, Universidad de San Luis Potosi; Angeles Mendieta de Alatorre (Invitada); Dr. Lucio
Mendieta y Núñez, Director del Instituto de Investigaciones Sociales de la Universidad Nacional Autónoma de México; Ma. del Carmen Merino, Secretaría del Trabajo y Previsión Social; Luis Miranda Cardoso, Instituto de Investigaciones Sociales
del Estado de México; Lic. Darío Miranda Román, Universidad de Guerrero; Prof.
Gabriel Moedano, Instituto de Investigaciones Sociales de la UNAM; Lic. Alfonso
Cruz Patiño, Gobierno del Estado de Oaxaca; Lic. José A. Pino Cámara, Instituto de
Ciencias, Zacatecas, Zac.; Lic. Demetrio A. Porras, Corte Suprema de Justicia, Panamá, Panamá; Dr. Luis Recaséns Siches, Centro de Estudios Filosóficos de la UNAM;
Dr. Manuel Rodríguez Macías, Oficina Internacional del Trabajo; Lic. Claudina
Romero Pérez, Universidad de Chihuahua; Dr. Jean Sirol, Embajada de Francia; Lic.
Rafael Soto Gil, Universidad de Baja California, así como otras personas que dieron
realce al Congreso.
ALBERTO GARCÍA GÓMEZ

SEYMOUR MENT0N: Historia crítica. de
la novela guatemalteca, Editorial Universitaria, No. 34. Guatemala, 1960, 332
págs.
19 grabados.

+

LENTAMENTE y con un sentido crítico
bastante afortunado se ha comenzado a
estudiar sistemáticamente la literatura
Centroamericana, considerada en las historias de la literatura hispanoamerica-

na más conocidas como una especie de
literatura menor, a pesar de la exhuberancia tropical con que han florecido ininterrumpidamente en tierras centroamericanas poetas, ensayistas y un relativo
número de novelistas y cuentistas. Emprender la tarea de poner orden en ese
caos es algo ya de por sí mµy arriesgado por la carencia de repertorios bibliográficos básicos y también por la gran

701

�cantidad de supuestos autores que habría que dejar de lado y eliminar, con ·
estricto sentido crítico y depurador.
Nos encontramos hoy ante una obra
de investigación que viene a llenar uno
de esos vacíos en la literatura centroamericana. El Dr. Seyrnour Menton, profesor de Literatura Hispanoamericana en
el Departamento de Lenguas Romances
de la Universidad de Kansas, en Lawrence, ha dedicado muchos años al estudio de la literatura mexicana y centroamericana de tal forma que hoy puede ser considerado como un especialista
en este campo. Al iniciar esta Historia
crítica de la novela guatemalteca dispuso de elementos y documentación de
primera mano y, lo que es más importante, del contacto directo con la realidad guatemalteca a través de prolongadas estancias en ese país centroamericano. Por otra parte, el Dr. Menton
maneja admirablemente el método comparativo, especialmente en el dominio de
la novela; remito a los lectores a sus
estudios publicados en la Revista Armas
y Letras, de la Universidad de Nuevo
León y en este mismo anuario Humanitas; próximamente aparecerá su libro
La vida y las obras de Federico Gamboa, estudio maestro en lo que se refiere a la literatura comparada.
La Historia crítica de la novela guatemalteca es, ante todo, una definición
de límites y una depuración de nombres y de obras. "El empleo de la palabra 'crítica' -afirma su autor- en
el título de este estudio impone y quita ciertas obligaciones. . . Pienso tratar
solamente las obras que considero significativas haciendo poco caso de las curiosidades bibliográficas. Tampoco es mi
intención incluir muchos datos biográficos de los autores por no quitarle interés y continuidad al aspecto históricocrítico. A algunos puede parecerles que
incluyo demasiados detalles del argumento de una novela. Es que para la

702

mayor parte de los lectores de este estudio, muchas de las novelas son totalmente desconocidas y sería inútil tratar de analizarlas sin antes describirlas"
(p. 5).
Seymour Menton ha comprendido en
su estudio los siguientes aspectos y novelistas guatemaltecos: l. Elementos novelescos en las obras de Antonio José de
Irisarri; II. José Milla, padre de la novela guatemalteca; 111. La novela a fines del siglo XIX: Borradores románticos, realistas y na tura listas; IV. Los modernistas: Horizontes ensanchados; V.
La novela criolla: Carlos Wyld Ospina
y Flavio Herrera; VI. Miguel Angel Asturias: Realidad y fantasía; VII. Mario
Monteforte Toledo y el arte de novelar
y VIII. La novela guatemalteca entre
1930 y 1958: se completa el cuadro. Siguen unas interesantes conclusiones y
una abundante y selecta bibliografía.
Frente al juicio superficial y apasionado emitido sobre este estudio por Emilio Abreu Gómez, sostenernos que este
libro es fundamental para el conocimiento de la novela guatemalteca por su precisión en lo que a datos se refiere, por
su elección de los autores fundamentales
y por su buen sentido crítico en el análisis de las obras. Posiblemente el juicio de Abreu Gómez se deba a que su
nombre no queda bien parado en una
cita que el Dr. Menton hace tornándola
de La volanda, novela de Arqueles Vela
( cfr. pp. 305-306). Pero esto es anécdota y no nos interesa el chismorreo en
cuestiones literarias.
Posiblemente los capítulos mejor logrados de toda la obra son los que se
refieren a Miguel Angel Asturias y a
Mario Monteforte Toledo, ambos destacados exponentes de la novela guatemalteca actual. Estamos de acuerdo con
el Dr. Menton al afirmar que la mejor
novela de Miguel Angel Asturias es
El Señor Presidente y de nuestra cuenta añadimos que sus obras novelísticas

posteriores señalan un notable descenso
en su arquitectura mientras el lenguaje
va volviéndose cada vez más artificial y
elaborado, tal corno lo señala el autor:
"El gran valor de Asturias, corno novelista, se deriva en parte de su ingeniosidad estilística, pero depende mucho
más de su gran talento para captar el
espíritu fundamental de algunas fases
_primordiales de la nación guatemalteca:
el terror de la dictadura, la fantasía del
mundo indígena y la voluntad despiadada de los explotadores norteamericanos" (p. 241). Aunque bien hubiera podido añadir que Miguel Angel Asturias
ha despreciado en gran parte ese talento natural para novelar quedándose muchas veces en el puro artificio verbal.
Otro es el caso de Mario Monteforte Toledo quien gradualmente ha ido
superándose en su arte de novelar pa.sando por las cuatro fases que en su
obra señala el Dr. Menton: el criollis.mo, el nacionalismo, el estudio psicológico revestido de experimentación estilística y el estudio filosófico de tendencias
universales (p. 243). Desgraciadamente,
por razones extraliterarias y que nada
tienen que ver con su producción artís·tica, Mario Monteforte ha sido preferido sistemáticamente y la aparición
&lt;le sus obras ha desatado flujos de pasiones en los que no se discutían precisamente sus méritos o deméritos literaIios. Sin embargo creernos que en Mario
Monteforte Toledo, Guatemala tiene hoy
·a su novelista más importante.
En resumen, consideramos a la Historia crítica de la novela guatemalteca
una obra importante, necesaria y que
puede ser el punto de partida para otros
-estudios del mismo tipo tan necesarios
:para toda la literatura centroamericana.
JUAN ANTONIO AVALA

VossLER: Formas poéticas de los
pueblos románicos, Editorial Losada, S.
A., Buenos Aires, 1960 (Traducción de
José María Coco Ferraris), 361 págs.
KARL

LARGO TIEMPO esperada esta obra fundamental del maestro Vossler, por fin
está a disposición de los lectores de habla española en una magnífica traducción
que, desgraciadamente, ha sido destrozada por una pésima edición plagada de
erratas y lamentables equivocaciones, hecho insólito dentro de la excelente tradición tipográfica de la Editorial Losada, S. A. Como otros buenos textos
de crítica ha sido incorporada a la Colección Estudios Literarios.
Esta obra está basada en un manuscrito dejado por Karl Vossler que resume el curso que dio en la Universidad
de Munich en los años de 1925, 1932
y 1937. Inicialmente parece que no fue
concebida por su autor, tal como hoy
la conocemos sino que el plan original
sufrió una serie de variaciones, debidas a
ajustes, nuevas investigaciones y materiales interpretados con una nueva metodología. Según afirma Andres Bauer, que
fue quien ordenó el manuscrito para su
edición, Vossler "volvió una u otra vez a
él, para modificarlo o ampliarlo de acuerdo con sus últimas opiniones o con el
adelanto de los estudios sobre la materia,
y en estas páginas sueltas, cuya enumeración varió a menudo para admitir nuevos agregados, nos es dado seguir la
evolución de su texto a lo largo de treinta
y cinco años" (p. 7) . Sin temor a exagerar, creemos que esta obra resume y
culmina la labor de romanista que desarrolló Vossler en toda su vida académica: admirable síntesis de sus investigaciones en la literatura italiana, francesa y española que hoy se universaljza
en su mismo título: Pueblos Románicos,
como unidad de cultura operante y viva.
Consideramos que uno de los aspectos
fundamentales de esta obra son las acla-

703

�raciones preliminares sobre el verso y la
forma poética y las referencias lingüísticas al latín vulgar y a la diferenciación
métrica y demás elementos rítmicos nacidos como consecuencia de la evolución
lingüística y que debe ser la base para
la total comprensión del fenómeno poético en las lenguas romanas. Deslumbrados quizá, durante mucho tiempo, por
la perfección formal de la herencia clásica, descuidaron los estudiosos su atención hacia las formas literarias del latín
vulgar que son, en definitiva, el núcleo
alrededor del cual se forman, en la tradición popular, las de las lenguas románicas. De aquí su precisión al tratar
de hacer una aclaración fundamental sobre la forma poética. La solución, en su
misma sencillez, puede parecer obvia,
aunque encierre toda una teoría, punto
de partida del Vossler revolucionario de
los métodos del análisis estilístico. "¿ Cómo se logra determinar el concepto de
forma poética? Creo que mediante el
concepto de lenguaje ... Formas poéticas
de las lenguas romances, es decir, mediante una paráfrasis formal: la actividad de la fantasía humana tal como se
expresa y pone de manifiesto en las lenguas románicas y sin preocuparnos de que
sea en verso o en prosa .. . " (p. 15).
"La única forma primitiva a la que concederemos todo su valor, es el lenguaje
humano" (p. 17). Este es punto de partida esencial para comprender la formación y evolución de las formas poéticas desde el punto de vista lingüístico
vossleriano que se impuso definitivamente
en los estudios literarios desde la aparición de sus primeras obras.
El problema de la capacidad poética
del latín vulgar se aborda con un criterio comparatista y estilístico que resuelve muchos problemas de tipo históricocultural planteados principalmente durante la alta Edad Media y la etapa del
Humanismo. El error predominante durante mucho tiempo fue que se quería

imponer como criterio formal de la poesía el latín clásico de los modelos y no
las formas poéticas populares que evolucionaron paulatinamente durante siglos;
cuando la conciencia poética de los pueblos románicos realizó plenamente la capacidad poética de las mal llamadas lenguas vulgares no hubo ya base alguna
para la discusión. "Ante los ojos de aquellos pueblos se presenta más inmediato el
ejemplo del latín, un ejemplo más cercano e imperioso. Si a Dante le hubieran inquietado tanto las reglas y la gramática como lo deja traslucir en su
De vulgari eloquentia, en tal caso habría escrito la Divina Comedia en latín;
tampoco Petrarca habría escrito en italiano sus sonetos de amor, o Bocaccio
el Decamerón. Por último, mucho antes
de que se alzaran tales voces contra su
Volgare, los pueblos románicos ya habían compuesto poesías en sus irregulares lenguas vernáculas, semi-vernáculas
y dialectos, y todavía hoy florece entre
ellos, a despecho de todas las academias, la poesía dialectal" (p. 22). Conectado con todo lo anterior está el
estudio detallado que Vossler dedica al
"Principio del verso latino y del romance" (pp. 26-41) y "La rima" (pp. 4152), aspectos fundamentales sobre los
que se tiene que estructurar toda una
serie completa de formas poéticas propias de los pueblos románicos.
El núcleo del estudio formal sigue de
cerca la clásica división de la materia
literaria en los géneros tradicionales, previa determinación de las "Formas híbridas de prosa y poesía" (pp. 53-94),
entre las que se encuentran el refrán, el
aforismo, la fábula y la alegoría, primicias de la expresión literaria románica. Consideramos de alto y original valor el dedicado a Boecio como poeta alegórico en su De Consolatione Philosophiae a quien Vossler califica de "primer poema alegórico de la Cristiandad,
el De Consolatione Philosophim de Ani-

cio Manlio Severiano Boecio" quien "no
es quizá un genuino gran poeta, pero sí
un genuino grande hombre ... " en él
se admira más -como suele ocurrir con
Schiller- al grande hombre y al destacado educador que al gran poeta o
pensador o artista. Lo que expresa en
la Consolatio es "una voluntad, una convicción, y al servicio del impulso ético
se subordinan tanto la prosa como la poesía" (p. 78).
Las "Formas poéticas de los trovadores" encierran un estudio exhaustivo
de un período de extraordinaria trascendencia en la formación de la tradición
poética románica; muchos de los aspectos que aún permanecían oscuros se aclaran meridianamente, tales como las referencias y precisiones sobre el primer
trovador Guillermo de Poitiers, las relaciones de la melodía con la lírica trovadoresca, el serventesio, la cobla esparza,
las formas dialogadas de los trovadores
que interfieren con el desarrollo del teatro. La relación entre la poesía popular
y culta no podía ser soslayada en una
etapa tan importante en que aparecen
los primeros conflictos. La importancia
que Vossler concede al sentimiento poético popular en todas las mutaciones
puede medirse por sus mismas palabras:
"Hay un tono anímico popular, una última simplicidad, como hay un tono anímico de arte, un íntimo impulso a la
espiritualización, tal como precisamente
lo poseyeron los trovadores. Y no debemos confundir la simplicidad con chatura, en el arte levantado con falsedad o
artificio. Nos condenamos a interpretar
en forma equivocada la vida histórica de
las formas artísticas, si tomamos lo 'popular' y lo 'artístico' como conceptos de
valor, o si establecemos una rígida separación entre el arte popular y el arte
literario" (pp. 151-152).
Intimamente relacionadas con la poesía trovadoresca y todas las formas poéticas cortesanas están "El canto y la dan-

za". Balada o danza provenzal, el ronde!,
la glosa, dramas danzados (baladas dramáticas), son formas literarias que también se originan en este cruce de tendencia literaria y popular dominante en
la época de consolidación de las literaturas románicas nacionales (pp. 158171).
Otra de las formas importantes en las
literaturas de los pueblos románicos es
el drama y todos los aspectos socio-religiosos implicados en él. Estudia Vossler
"El drama religioso medieval" en cuanto género literario y en sus orígenes como
parte de la liturgia cristiana, los factores
que secularizaron determinadas zonas de
las representaciones religiosas y su contenido teológico. Importante es, a nuestro juicio, la valoración que hace Vossler
del origen del drama y el deslinde del
universo del campo religioso: "Volvamos
a recordarlo una y otra vez: el teatro
comienza en el momento en que cesa el
culto. El culto apunta a Dios, y el teatro se dirige a los hombres. Tampoco
puede decirse que el teatro como forn1a
artística tenga origen religioso: como forma artística tiene que reconocer un origen estético. Es tan absurdo derivar el
arte de la religión como deducir la religión del arte. Tanto la una como el otro
son formas prototípicas del espíritu humano: mientras que la una tiende a la
certidumbre metafísica, a la fe, el otro
se concentra sobre la belleza de la expresión y su manifestación. El culto, la religión, la Iglesia puede brindar la ocasión
para el desarrollo dramático, pero no son
'el origen' del drama" (p. 252). A continuación Vossler estudia detalladamente
el drama en Francia, Italia y España con
todas las variantes formales que toma en
cada uno de estos países. Muy importante
es su estudio sobre "El auto sacramental" ( pp. 283-291), tema ampliamente
dominado, como todo el siglo de oro, por
Vossler.
Finaliza el libro con un capítulo de-

705
704
H45

�dicado a estudiar el tercer género literario y sus valores formales: "La novela
y la épica", en el que sigue los lineamientos y la metodología de los capítulos
anteriores, es decir, estudio teórico del
género y su expresión, para luego entrar
en el estudio detallado de las manifestaciones más importantes, como los poemas épicos, la "novella", Boccaccio y
R.abelais, la novela heroica, "Don Quijote" y la novela picaresca, estudios que
finalizan con esta importante precisión:
"Para ceñir este bosquejo acerca de la
novela, quiero recordar una vez más
que la novela, como poesía, se presenta
siempre y sobre todo en tensión y oposición frente a la novela como entretenimiento" (p. 337).
JUAN ANTONIO AVALA

GEORGES BuRDEAU:
La Democracia
-Ensayo Sintético-, Ediciones Ariel,
1960.

es una inquietud contemporanea en la que participan la mayor parte de los pueblos y de los hombres. Ya no se trata, tan sólo, de una forma de gobierno; sino de una filosofía
política, de un modo de vivir y, para algunos extremistas, de una religión. De
la palabra se han servido "tirios y troyanos", hasta saturarla de equivocidad.
El profesor Georges Burdeau, catedrático de la Facultad de Derecho y Ciencias Económicas de París, ha publicado
un ensayo sintético intitulado La Democracia que disipa no pocos errores
y ofrece un considerable número de precisiones. El profesor Manuel Jiménez de
Parga, catedrático de Derecho Político
de Barcelona, ha prologado la limpia
traducción española publicada por Ediciones Ariel ( Caracas-Barcelona, 1960).
Veamos cómo ilumina, Georges Burdeau,
las distintas vertientes de la realidad democrática.
LA DEMOCRACIA

706

El libro está dividido en una introducción, nueve capítulos y una conclusión. He aquí los temas abordados: l.Las interpretaciones de la libertad. 11.
-El pueblo de la democracia. 111.-El
poder del pueblo. IV.-De la democracia política a la democracia social. V.La socialización de la democracia y las
transformaciones de las condiciones de
la vida política. VI.-La democracia pluralista. VIL-La democracia marxista.
VIII.-Las técnicas gubernamentales: el
poder abierto. IX.-EI poder cerrado.
Nos advierte el autor, en el Prefacio
para la edición española, que su libro
es un ensayo de explicación que no contiene juicios de valor. Yo me permito
poner en tela de duda esta aseveración.
El lector podrá juzgar por sí mismo,
cuando haya concluído la lectura de esta
reseña.
La idea democrática se estructuró
partiendo de un concepto metafísico de
la naturaleza humana hecha para la
libertad. Pero a la idea democrática fundada sobre el valor del hombre, es preciso añadir la democracia como técnica
gubernamental. La democracia no se hace, exclusivamente, con los artículos de
una constitución ni es sólo un objeto
de análisis científico. Trátase de un estilo de vida colectivo, de una manera de
vivir en común y de una posibilidad de
responder a la vocación humana. "Con
la prueba de la vida, ha perdido la serenidad de rasgos con que la ennoblecían
los filósofos del siglo XVIII cuando no
era más que una estatua en un templo
desierto. Ahora reviste -apunta Burdeau- la faz atormentada de los hombres vivientes. Si a veces el parecido
nos repele, ¿no es acaso a nosotros mismos a quienes hay que incriminar?"
(p. 22).
La democracia, al fundarse sobre la
adhesión de los que le están sometidos,
trata de hacer compatible la autoridad
con la libertad. Pero, ¿ qué vamos a en-

tender por libertad? "Una primera concepción de la libertad la considera como equivalente a autonomía. Esta libertad-autonomía se traduce por la ausencia de coacción, por el sentimiento
de una independencia física y espiritual".
Es la libertad como disponibilidad. "Ahora bien, corno esta autonomía es frágil,
los hombres, desde que reflexionan sobre su condición política, han pensado
en garantizarla, si no contra todos los
riesgos que la amenazan, al menos contra
los que nacen de la existencia misma de
u,na autoridad política. Así nació otra
concepción de la libertad que puede llamar su libertad-participación y que consiste en asociar a los gobernados al ejercicio del poder para impedirle que imponga medidas arbitrarias (pp. 24 y 25).
La verdad es que la libertad no es un
hecho preexistente que hay que proteger: es una facultad que hay que conquistar. Con esta nueva perspectiva, el
sentido de la democracia y el orden social mismo se pone en discusión. Ya no
se trata de la forma jurídica de un universo libre, sino de "el instrumento de
creación de un mundo que verá la liberación del hombre" (p. 28). El verdadero pueblo de la democracia no es una
entidad abstracta, como el imaginado por
la Revolución francesa, sino un pueblo
de hombres situados, aquí y ahora, que
no pueden agotar su razón de existir
más que en la creación de un universo
nuevo.
Del poder de la nación se ha pasado al
poder del pueblo real. "El pueblo" -decía Siéyés en 1789-, no puede tener
más que una voz, la de la legislación
nacional. Exprésase, en esta afirmación,
la hegemonía parlamentaria y la confusión entre la voluntad del pueblo y el
poder legal. Hoy en día los hombres
piensan que el poder tiene siempre, desde luego, sus orígenes en el pueblo, pero
permanece en él. De ahí que el país
permanezca al margen del aparato gu-

bernamental y que las instituciones oficiales busquen acomodarse a las turbulencias y las divisiones de la voluntad
popular. De la democracia gobernada se
ha pasado a la democracia gobernante.
La democracia gobernada era el régimen
fundado en el poder de la nación y no
puede separarse de una concepción liberal del papel del Estado. La democracia
gobernante, en cambio, es el régimen
dominado por la voluntad del pueblo
real y va unida a la interpretación social de la función del poder. Pero como
el pueblo real está dividido y es el hombre en el taller, en el campo, en el despacho o en la calle, hay una política
vacilante y poco coherente.
La democracia social reposa sobre los
derechos del hombre. Pero los derechos
son exigencias, consagraciones jurídicas
de necesidades. Se llaman derechos sociales porque son créditos del hombre situado -no del hombre abstracto- contra la sociedad. La democracia social no
es un regalo de la naturaleza, sino un
producto de la inteligencia y de la tenacidad de los hombres. Se busca liberar
a los individuos respecto a todas las formas de opresión. Preténdese, además, la
participación de la persona en el establecimiento de la regla y de las condiciones
de vida que aseguren a cada uno la seguridad y la comodidad adquiridas para
su dicha. Esto, claro está, dentro de una
"democracia por la prosperidad" tal como la imaginada por el Presidente Roosevelt, en 1941, para el mundo libre.
Igualdad de oportunidades, elevación del
nivel de vida, liberación de los trabajadores respecto a la inseguridad económica son, en suma, los principios de la
"american way of life" que oscila entre
la libre empresa y el control estatal. Hay
otra forma que sólo anhela una liberación por la fuerza: la concepción de la
liberación revolucionaria por la dictadura
del proletariado. La liberación del individuo sólo se realizará con la desapari-

707

�1

1

ción del Estado. Desaparición del instrumento de opresión de las clases dominantes que se logrará cuando, habiéndose
reabsorbido lo político en lo social, no
exista ya un mando en el sentido autoritario del término, sino una autogestión
de la sociedad sin clases. El profesor de
la Facultad de Derecho y Ciencias Económicas de la Universidad de París se
limita a observar que el establecimiento
de un régimen semejante no puede obtenerse por procedimientos democráticos.
Me parece que esta objeción no les preocupará mucho a los marxistas.
En la democracia social de nuestros
días tiende a desaparecer toda separación entre lo político y lo social. Hay una
patente repulsa del individualismo. Los
partidos políticos, motores de la democracia, están sufriendo una profunda modificación. Es preciso hacer la vida más
clemente. Corresponde a la acción política la carga de embellecer el destino
colectivo. "En contrapartida a la aparición del derecho-exigencia, la democracia social ---0bserva Georges Burdeau- transforma el antiguo derecho-libertad en derecho-función" (p. 80). Los
partidos ideológicos de la democracia
social, a diferencia de los partidos de
opinión de la democracia liberal, hacen
valer exigencias imperativamente formuladas por las diferentes categorías sociales y no simples pareceres o tendencias.
Los partidos de masa ---&lt;lisciplinados y
homogéneos- no están hechos para que
cada uno encuentre en ellos una expresión de su opinión, sino para que todos
experimenten la comunidad de su destino temporal. Son partidos caracterizados por el dogmatismo espiritual y el
imperialismo político.
Aunque todas las democracias contemporáneas pertenecen a la categoría
de la democracia gobernante, no todas
ellas presentan los mismos caracteres. En
las "democracias marxistas" --que sería
más exacto calificar de monocracias po-

708

lares- el pueblo soberano es el de una
sociedad unificada, homogénea, de la
que han desaparecido clases e ideales
diversos. Las democracias occidentales,
en cambio, son democracias pluralistas
que respetan la variedad sociológica del
medio político y conceptúan, como un
valor eminentemente digno, la autonomía de cada persona humana. Lo propio
del pluralismo es negarse a todas las mutilaciones sobre las que se edifica el totalitarismo, aun con el riesgo de agarrotar
la actividad política.
Las "democracias marxistas" no son
Estados de Derecho. "En la U.R.S.S.,
-por ejemplo--, lo esencial no es el
Derecho, es el régimen soviético con la
doctrina marxista leninista que le sirve
de base y con el objetivo que persigue
de una sociedad sin clases". No puede
haber más que un partido, el comunista,
porque la pluralidad de partidos volvería
a poner en riesgo la liberación de los
trabajadores. "Igual que las grandes fábricas, que antes de fabricar el producto, construyen la máquina que construirá los instrumentos, la democracia marxista se dedicará a crear al hombre que
necesita para edificar el socialismo" ( p.
11O) . El partido controla la ideología del
régimen y monopoliza la expresión de
los deseos del pueblo.
Si nos a tuviésemos tan sólo a los mecanismos constitucionales, y no a las diferencias filosóficas que superan la democracia pluralista de la democracia
marxista, las instituciones políticas de
la U.R.S.S. resultarían muy parecidas
a las de los Estados Unidos en cuanto
a la organización federal, y a las de
Inglaterra en cuanto al sistema gubernamental.
El régimen del poder abierto trata de
conciliar la soberanía del pueblo con el
respeto a las libertades individuales, valiéndose de tres grandes mecanismos: la
expresión de ia voluntad popular, la oposición, el ejercicio de la función guber-

namental. "La democracia del poder
abierto es aquella en que la voluntad
popular, que dicta sus imperativos a los
gobernantes, es aceptada en su complejidad real. Hay en ella ---0bserva el
profesor Burdeau- el pro y el contra y
se considera a ambos igualmente válidos. Sin duda el pro triunfará por el
número de votos, pero el contra habrá
sido invitado a hacerse oír. Más aún.
No se le cierra definitivamente el poder, puesto que le queda la esperanza
de ganar la opinión. E incluso si el contra no ha podido beneficiarse de un
cambio de deseos populares que le permitiera convertirse en mayoritario, tiene el derecho de esperar que concesiones o compromisos tengan en cuenta sus
exigencias. En resumen, con el poder
abierto nunca se decide la partida porque los dados no cesan nunca de rodar"
(pp. 120-121). El régimen de poder
abierto implica elecciones libres y pluralidad de partidos. La tolerancia política
se exterioriza en los derechos de la oposición. El poder está para quien lo conquiste legítimamente.
El régimen del poder cerrado descansa en una inspiración y en un programa
cuyos planes preestablecidos escapan a
toda revisión. Un partido único domina
todos los órganos gubernamentales. El
poder cerrado se convierte en un poder
secreto. La legalidad está fundada exclusivamente -al margen de todo Derecho Natural- en la autoridad que el
Estado da al contenido de la norma.
Georges Burdeau termina su ágil y
penetrante estudio intitulado "La Democracia -Ensayo Sintético--" con
unas conclusiones que nos permitimos resumir, en gracia a la brevedad: La democracia no es una noción cuyo contenido sea inmutable. Su faz se la debe al
sueño de los hombres. Sin duda ciertos
rasgos son permanentes, pero su misma
trascendencia los condena a que su sentido dependa de las contingencias. El

uso mismo de las instituciones democráticas provoca la inestabilidad de la noción de democracia. En el punto de partida hay la afirmación de la libertad
humana que opone a los gobernantes la
resistencia de los gobernados. No se discute ciertamente la necesidad del mando, pero se quiere comprobar la substancia de las órdenes. La democracia
contemporánea, dando el poder a las
masas desfavorecidas, lo convierte necesariamente en el agente creador de
una sociedad nueva. La técnica política
es una técnica liberadora. Trátase de
una técnica de la utilización del poder.
Pero es preciso que el hombre sepa conservarse libre, no ya frente a las amenazas exteriores, sino frente a sí mismo.
Mérito innegable del profesor Georges Burdeau es el haber profundizado en
el complejo funcionamiento real de las
instituciones y poderes públicos, sin quedarse en la superficialidad de un estudio formal de los mecanismos constitucionales. Amante de las ideas "claras y
distintas", Burdeau cordina en un sistema coherente de conceptos lo que en
muchos otros autores aparece en el desorden de las pasiones partidistas o de
los intereses sectarios. Su contribución a
la politicología contemporánea -aunque
no se mantenga, afortunadamente, en el
puro terreno explicativo aclara no pocos
equívocos y suministra criterios para
emitir juicios de valor.
AGUSTÍN BASAVE FERNÁNDEZ DEL VALLE

JosÉ ORTEGA Y GAS SET: Meditaciones
de Europa, Revista de Occidente, Madrid, 1960.
LAS NACIONES OCCIDENTALES que han
aprendido de Europa, tienen ahora que
servir e influir en Europa, porque Europa apunta a un nuevo cataclismo. Progreso técnico, capacidad intelectiva, anhelo de libertad son, ¡ qué duda cabe!,

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�legados europeos. Pero acontece que Europa ha mostrado, hasta la saciedad, su
incapacidad de vivir en paz. Hoy en día
no puede ostentarse, en consecuencia, como maestra de la paz.
Nunca he podido compartir la idea
orteguiana de Europa, como tierra elegida, porque creo que la historia desigual,
de ese trazo de planeta, no autoriza a
formular un mesianismo europeo. Examinemos, en sus líneas directrices, la
teoría de José Ortega y Gasset, esbozada en aquella conferencia que prortunció en Berlín ( septiembre de 1949),
bajo el título: "De Europa meditatio
quaedam", recogida hoy en el volumen
"Meditación de Europa", de sus obras
inéditas, publicado por la Revista de
Occidente en Madrid (1960). El enjambre de pueblos europeos que partió
a volar sobre la historia desde las ruinas
del mundo antiguo se ha caracterizado
siempre -apunta el Meditador del Escorial- por una forma dual de vida. El
vivir de cada pueblo europeo es un convivir con el resto de los pueblos europeos. Ortega -dicho sea entre paréntesi.._ no parece advertir la insuficiencia
de este europeísmo insular. Desde el siglo XI (Otón 111) tienen conciencia de
moverse y actuar en un espacio o ámbito común. "Peleaban dentro del vientre de Europa, como los gemelos Eteocles y Polínice en el seno materno" ( p.
33). Y es que "Europa como sociedad
existe con anterioridad a la existencia
de las naciones europeas" ( p. 35). Más
exacto hubiera sido Ortega si hubiese
dicho "Cristiandad" en vez de "Europa". Dentro de la amplia sociedad europea, como ámbito social preexistente, se
han ido formando poco a poco, como
núcleos más densos de socialización, las
naciones de Occidente. "La historia de
Europa, señores, que es la historia de la
germinación, desarrollo y plenitud de
las naciones occidentales, no se puede
entender si no se parte de este hecho

radical: que el hombre europeo ha vivido siempre, a la vez, en dos espacios
históricos, en dos sociedades, una menos densa, pero más amplia, Europa;
otra más densa, pero krritorialmente
más reducida, el área de cada nación o
de las angostas comarcas y regiones que
precedieron, como formas peculiares de
sociedad, a las actuales grandes naciones" (p. 36). En este sentido, cabe
decir que la unidad europea no es tanto
un mero programa político para el inmediato porvenir, cuanto un principio
metódico para entender el pasado de
Occidente. La historia de Europa se explicaría por un ritmo en el predominio
que una de esas dos dimensiones -la
europea y la nacional- logra sobre la
otra. Ha habido siglos -siglo de Carlomagno, siglo XVIII- en que lo europeo predomina sobre las peculiaridades nacionales. Frente a esas épocas encontramos otros siglos -siglo XVII, siglo XIX- en que sobresalen los particularismos nacionales sobre el fondo común europeo.
Lo que llamamos "nación'' no aparece plenamente en el área histórica --con
España antes que con Francia-, hasta
fines del siglo XVI y comienzos del
XVII. Mientras la ciudad -la "polis"es un artefacto jurídico que la hacen
los individuos, la nación es empresa y
tradición que hace la historia. No se
trata, como lo quiere Mr. Toynbee, de
"un cock-tail de tribalismo y democracia", puesto que la realidad nacional es
de mucha mayor antigüedad que la invención de la democracia y no tiene nada especial que ver con el tribalismo.
El equilibrio curopl'o está montado sobre la convivencia de las naciones europeas. Para José Ortega y Gasset resulta
"incuestionable que todos los pueblos de
Occidente han vivido siempre sumergidos en un ámbito -Europa- donde
existió siempre una opinión pública europea. Y si ésta existía no podía me-

nos de existir también un poder público
europeo que sin cesar ha ejercitado su
presión sobre cada pueblo. En este sentido, que es el auténtico y riguroso, una
cierta forma de Estado europeo ha existido siempre y no hay pueblo que no
haya sentido su presión, a veces terrible. Sólo que ese Estado supernacional
o ultranacional ha tenido figuras muy
distintas de las que ha adoptado el Estado nacional" (p. 84). ¿ Cuáles son esas
figuras? Ortega se limita a decir que
se trata de algo puramente dinámico.
Dinamismo sin sostén y sin razón. Pero
no es éste el error fundamental en que
incurre Ortega. ¿ Cómo hablar de un
Estado europeo sin una autoridad efectiva, sin un pueblo de gobernados, un
bien público europeo, claramente delimitado, al cual sirva este supuesto Estado?
Del hecho de que exista una opinión pública europea no cabe deducir, sin más,
que existe un poder público europeo.
No cabe confundir el "balance of Power"
con la autoridad estatal.
Resulta difícil que las naciones se entiendan, porque "una nación es una
intimidad en sentido homólogo a como
lo es una persona" (p. 98). Aún así,
Ortega asegura: "Las naciones de Occidente son pueblos que flotan como ludiones dentro del único espacio social
que es Europa, "en él se mueven, viven
y son". Yo postulo una historia de Europa que nos contaría las vicisitudes
de ese espacio humano y nos haría ver
cómo su índice de socialización ha variado ... " (p. 98). La verdad es que
hoy no se puede sostener esta insularidad europeizante. Las naciones europeas ya no se mueven, viven y son únicamente en Europa, sino en el mundo
entero. El tamaño del mundo súbitamente se ha reducido y todos los pueblos son próximos. El propio Ortega
reconoce que Europa está hoy desocializada, esto es, que le faltan principios
de convivencia vigentes. Por de pron-

to, urge una nueva técnica de trato entre los pueblos europeos. Y esto supone, claro está, que los pueblos, que las
naciones existen. Hasta aquí, en sus
ideas-madres, la conferencia que don José Ortega y Gasset sustentó en la Universidad libre de Berlín el 7 de septiembre de 1949, bajo el rubro: "De
Europa meditatio quaedam". Más que
la teoría sobre Europa y su destino, de
escasa consistencia, nos interesan los agudos atisbos sobre el pueblo alemán, sobre la idea de pólis y de nación, sobre
nacionalismo e internacionalismo. Los
compiladores de los escritos orteguianos
han tenido el designio de incluir, en la
obra inédita Meditación de Europa,
Otros escritos afines que, en realidad de
verdad, no resultan muy afines. Fuera
del primer escrito: La sociedad europea,
los restantes escritos: Tocqueville y su
tiempo, Vistas sobre el hombre gótico,
Algunos temas del Weltverkehr no tienen, ni podrían tener, como cuestión
central, a la realidad de Europa.
Al recorrer los siglos de Historia europea, Ortega no parece advertir el principal peligro de Europa: su depravación moral, su materialismo pagano. Recordamos aquellas palabras de Guardini: . "Si Europa quiere seguir existiendo, si el mundo ha de seguir necesitando a Europa, ésta tiene que continuar
siendo aquella magnitud histórica determinada por la figura de Cristo; mejor
dicho, tiene que serlo con una seriedad
nueva, como lo exige su naturaleza. Si
pierde este elemento esencial, lo que de
ella puede quedar importará ya poco".
Porque lo verdaderamente importante no
es el continente -mero concepto geográfico- sino el conttnido valioso : realidad espiritual, moral y cultural. La
fuerza salvadora de Europa, prefigurada bajo el cielo azul de Grecia (Humanismo) y realizada espléndidamente en
el Cristianismo, aún puede cobrar vigencia, a condición de que las élites

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�reaccionen ejemplarmente en un esfuerzo de voluntad y de organización. Pero
amar a Europa, a fuer de universales,
no es hacer del Viejo Continente -uropeísmo trasnochado- la tierra elegida.
AGUSTÍN BASAVE FERNÁNDEZ DEL VALLE

AousTÍN BASAVE FERNÁNDEZ DEL VALLE, Ideario Filos6fico. Centro de Estudios Humanísticos de la Universidad de
Nuevo León, Monterrey ( 1961).
E N EL loEARIO FILOSÓFICO del Dr. Agustín Basave Fernández del Valle encontramos la siguiente expresión: "Es difícil, pero es grato, ser hombre entre
los hombres, guardando una piadosa fi.
delidad al misterio inagotable del ser".
Para nosotros, que hemos seguido de
cerca el itinerario filosófico de Basave
y hemos sentido su cálido y vibrante,
a veces trepidante trato y estilo y confesión personal, vemos en esa expresión
una clave de su filosofar, intrépido, pujante, un tanto convulsivo, pero siempre
en pos de lo sincero, de lo radical, de
lo auténtico, de lo humano. Aquí encontraríamos otra aplicación de lo que
Fichte asienta: el tipo de la filosofía
depende del tipo de la individualidad.
Creemos que el saldo favorable de rendimiento en orden a penetración de la
realidad y a empuje en el plano de los
jalones históricos de la filosofía está a
favor de los problemáticos e impulsivos,
de los visionarios, sobre los que careciendo de lo mismo, se atienen a un proceder minimizado de reglas, de erudición y de metodología paralizante.
Basave se enfrenta a los diversos temas de la filosofía: delinea una teoría
del conocimiento; expone una estética
"in nuce"; hace una filosofía de la ciencia; intenta una invención de valores, a
través del asco, exalta la esperanza sobre la angustia; ofrece una nueva prue•· ba de la existencia de Dios; considera

712

algunas filosofías actuales, en especial el
existencialismo; delinea una filosofía de
la cultura y de los pueblos latinoamericanos. Apoyándose en una base antroposófica, integralista, de plenitud, con
vías de trascendencia y con un afán de
salvación hacia el absoluto.

( pág. 18) . "La persona es el núcleo de
mi ser y el centro de las cosas que me
contornean". Toda ontología debiera
empezar en el seno de la persona". (pág.
22). "Somos culpables de cualquier acto aislado que atente a la tarea integral
de autoperfección". (pág. 25).

Basave, ¿ es simple y puramente escolástico? En la pág. 204 dice: No basta
una definición de la filosofía como la
tradicional: conocimiento científico de
las cosas por las primeras causas, en
cuanto éstas conciernen al orden de la
razón natural; se trata también -y acaso más- de un imprescindible menester existencial de ubicación y de autoposesión .. . Habría que agregar, no obstante, que al forjar una filosofía con autenticidad, esta filosofía exige, al filósofo, que la encarne. Para el filósofo regiomontano la filosofía está informada
por una experiencia vital. "Nuestro conocer está al servicio de nuestra existencia personal". (pág. 6). Y en ésta,
como en otras expresiones, encontraremos
una simpatía y una consonancia con
nuestra posición ya expuesta en tiempos
coetáneos o pretéritos. "Cada ente, transido de mundanidad, es un 'haz' de referencias y conexiones ontológicas dentro
de una 'estructura englobante' ".
"Si antes de la toma de conciencia
hay un ser en bruto y una distinción
absoluta entre sujeto y objeto es porque en la noche del no saber aún no
ha traído la luz el filosofar". "En el
principio y el fin no está la Nada sino
el Ser". (pág. 14). Hay expresiones que
nos saben a pcrsonismo: (La verdad) ...
no es bien mostrenco, sin asunto intimo,
descubrimiento histórico con una filiación personal. .. (pág. 16). "La apropiación de mi posibilidad fundamental,
el cabal cumplimiento de mi 'ethos' - hablo desde el punto de vista intramundano-, se me presenta como mi obra
humana, por excelencia; como la feliz
realización de mi proyecto preferido".

Hay en Basave un hambre de integridad, de plenitud, de trascendencia y de
salvación. Ahí culmina su itinerario.
"La realidad humana, es en su más íntima contextura, hambre de salvación".
(pág. 25 ) . La plenitud óntica del ser
humano está en Dios. "De ahí el teocentrismo de la persona". ( pág. 25).
"Las decisiones que nos favorezcan como hombres integrales y nos perfeccionen, serán morales". (pág. 30).
La nueva vía para probar la existencia de Dios es la siguiente: "mi afán de
plenitud subsistencia), que se me presenta coexistiendo orgánica y dialécticamente con mi desamparo ontológico,
con mi insuficiencia radical, en forma
parecida al contrapunto musical, implica la plenitud subsistente e infinita de
donde proviene, precisamente, mi concreto afán de plenitud que se da en el
tiempo. Si existe nuestro afán de plenitud subsistencia! -y esto es un hecho
evidente-- existió siempre una Plenitud
subsistente, porque si no hubiera existido, no se darían todos nuestros concretos afanes de vida y de más vida".
(pág. 34).
Adoptando y usando buena parte del
instrumental existencialista, Basave, sin
embargo, lo rechaza en las págs. 116 a
119. En el inciso 6 dice: Del lado ético, el "engagement" incondicionado de
la actitud existencialista degenera en un
vacuo aventurerismo. . . Y argumenta en
modo parecido a como lo hicimos en el
Congreso Interamericano de Filosofía en
México en 1951 : Pero no es menos cierto que la vida humana no puede reducirse a mero proyecto, porque los pro-

yectos se hacen sobre la base de ser ya
algo quien los formule ... (pág. 120).
Para Basave, el filosofar no es un flirteo ni un aventurerismo, sino una empresa consubstancial a la vida auténtica
humana, con todo su sabor, perspectivas
y acaeceres humanos; es también un saber de salvación. Son braceos vigorosos
del filósofo y del hombre Basave a través de la existencia, para lograr la plenitud dichosa y la salvación. Simpatía
y calor humano hemos experimentado en
nuestros encuentros con el amigo Basave en eventos filosóficos y en el diálogo amistoso.
EUSEBIO CASTRO

CARLOS PÉREZ-MALDONADO, Narraciones Hist6ricas Regiomontanas. Imp. El
Regidor, S. A., Monterrey, 1961, 160
págs.
A oos AÑOS de editada su obra: Narraciones Hist6ricas Regio montanas ( 1959) ,
el distinguido historiador don Carlos Pérez-Maldonado nos brinda un segundo
volumen con igual título.
Esta segunda serie de narraciones,
abarca desde los orígenes de Monterrey,
hasta sucesos del siglo actual. Dedica
los dos capítulos iniciales a cosas de la
colonia. El primero, a la familia del
fundador de Monterrey, figura poco estudiada hasta ahora; y el segundo a los
regocijos populares con que nuestra ciudad celebró la exaltación de Fernando
VI al trono de España.
Los tres relatos siguientes se refieren,
con amplitud y riqueza de datos, a la
etapa de la Independencia. Es el primero un macizo resumen del movimiento liberatorio en Nuevo León, desde las
primeras noticias hasta la consumación ;
el otro, nos quita al vivo, al atrabiliario
don Joaquín de Arredondo, que tantos
dolores de cabeza diera no sólo a los
vecinos, pero a los canónigos de la ca-

..

713

�tedral, por simples sutilezas; y en el tercero nos ofrece una crónica fiel de las
solemnidades habidas en Monterrey, con
motivo de la proclamación de Iturbide
De especial interés nos parece la relación sobre la Invasión Americana, por
sus valiosas referencias, muchas de ellas
, desconocidas. Y de positivo valor es
también el resumen completísimo de la
Intervención Francesa, salpicado con aspectos de la vida social reinera, que con
tanto acierto ha venido estudiando el
autor.
Pasa luego a los albores del siglo XX,
para ilustrarnos, con lujo de detalles, sobre los acontecimientos del 2 de abril
de 1903; y para darnos cuenta, en jugoso capítulo, de las jubilosas fiestas del
centenario de la Independencia; en cuyo
relato parece revivir el esplendor de la
sociedad regiomontana.
Viene, a continuación, un magnífico
panorama de los días vividos por Monterrey durante la Revolución. Es el más
extenso de los relatos de su libro ( 2 2
págs.), con mil incidentes de carácter
político y con toda la violencia de aquellos días decisivos para los destinos de
México, y que comprende desde el 20
de noviembre de 1910, hasta el movimiento escobarista.
Correspondiente a un personaje colonial, pero referente a un suceso contemporáneo, es el relato alusivo al Ilmo. Sr.
Verger, y en el cual hace el autor una
crónica completísima de las fiestas celebradas en Santagny, Mallorca, lugar de
nacimiento del prelado, a raíz del segundo centenario de su partida a América.
Con estilo agradable nos describe a
continuación otros interesantes aspectos
de la vida social del 'Monterrey finisecular, girando en torno al viejo centro
social "El Chalet", de la Quinta Calderón; y cierra el libro con una serie
de datos jugosísimos sobre los relojes públicos; los antiguos sistemas de protección contra incendios; los intentos de

erección de una estatua a Zaragoza allá
por el 68, y valiosas notas sobre la historia de la Catedral.
Como característica singular de todos los libros del autor, además de la
claridad y elegancia del estilo, ilustra en
esta ocasión sus relatos con 72 magníficos grabados de personajes y lugares
del Monterrey antiguo, que son, de suyo,
un valioso documento.
Esta nueva obra de Pérez-Maldonado,
viene a constituir, indudablemente, una
estimabilísima aportación a la historiografía nuevoleonesa.
ISRAEL CAVAZOS GARZA

COLLINGWOOD, R. C., Los principios del
Arte. Fondo de Cultura Económica, México, 1960.
LA EDICIÓN INGLESA de la Oxford Uni-

versity Press data de 1938. Ahora se
nos ofrece la traducción española de Horacio Flores Sánchez, en edición del Fondo de Cultura Económica.
Una traducción de Collingwood es
siempre interesante para los lectores que
conocen su Autobiografía, o su Idea de
la Historia, por ejemplo, obras en las
que se refleja vivamente la claridad de
espíritu, la precisión y la honestidad de
este pensador inglés muerto aproximadamente hace 20 años.
Los principios del arte nos ofrece las
investigaciones sobre estética realizadas
por Collingwood en los últimos años de
su vida. El libro está organizado en tres
grandes secciones, íntimamente enlazadas
entre sí, pues la primera prepara el terreno para la segunda y ésta para la
última. ¿ Qué es el arte?, es la pregunta con la que podría empezar todo libro
de estética, y con ella comienza Collingwood este libro. Pero aunque su tarea
es buscar la respuesta correcta, primeramente se ocupará de aclarar convenientemente la palabra "arte". Este proble-

ma es difícil y de necesaria aclaración,
puesto que sin el conocimiento exacto
de lo que esta palabra significa se podría llegar, como sucede a menudo, a
desviaciones que tuercen el camino y llevan a conclusiones falsas.
Todo el Libro Primero se ocupará,
pues, de distinguir lo que es falsamente
llamado arte y el arte propiamente dicho. Para esto realiza una aguda crítica
a la que él denomina la "teoría técnica
del arte", que sería la que, vigente en
nuestro tiempo, nos da una falsa idea
del arte. El pensamiento de Collingwood
consiste en remontarse al origen de la
palabra, y rastrear en el pensamiento
griego el significado que para este pensamiento tuvo la palabra "tecne". "Tecne" y "artesanía" serán sinónimos para
Collingwood, y resumirá en cinco o seis
elementos esenciales la naturaleza de la
artesanía, para concluir afirmando que
lo que es aplicable a esta última no es
aplicable al arte propiamente dicho.
La segunda parte del Libro Primero
entra ya en materia, estudiando el arte
propiamente dicho, primero como expresión y después como imaginación. Sería
muy largo precisar aquí todo el minucioso proceso que desarrolla Collingwood
en torno a lo que debe entenderse por
arte, en relación con la expresión y la
imaginación. Sin embargo, es pertinente hacer notar que hasta este momento
Collingwood no ofrece ninguna teoría,
pues se limita sólo a manejar los hechos
mismos, es decir, más que teoría, busca
la precisión exacta de las palabras y los
términos que comúnmente se aplican al
arte. Así, por ejemplo, se afirma que
"el artista expresa sus emociones"; lo
que hace Collingwood es tratar de saber qué es lo que la gente quiere decir cuando afirma tal cosa. De ahí, que
vea el arte como expresión primero, y
después como imaginación.

El Segundo Libro sólo se va a ocupar
de la teoría de la imaginación, y junto
a las ideas propias de Collingwood encon tramos aquí un resumen de las ideas
que sobre el problema de la sensación
y de la imaginación, así como de la percepción, se encuentran en filósofos como Descartes, Locke, Berkeley, Hume y
Kant. "Imaginación y conciencia y "El
Lenguaje", serán los dos problemas que
toque Collingwood en este Libro Segundo.
Como conclusión de todo lo anterior
surge el Libro Tercero, con la teoría
del arte. El arte como teoría y el arte
como práctica vendría a ser uno de los
últimos aspectos que toma Collingwood,
mismo que se apuntaba ya en el prefacio, al afirmarnos que en la última parte del libro se señalarían algunas de las
consecuencias prácticas que se derivarían de la teoría, sugiriendo el tipo de
obligaciones que se impondrían sobre el
artista y el público con la aceptación
de dicha teoría. La teoría, pues, para
Collingwood, deberá considerarse en estrecha relación con la práctica, como señalamiento del camino y no como exposición lejana a la realidad que respondiera sólo en parte a las preguntas
inmediatas que proponen las diversas
manifestaciones artísticas.
"El artista -dice Collingwood al cerrar su libro-- debe profetizar no en el
sentido de que prediga lo que ha de ocurrir, sino en el sentido de que diga a
su público, a riesgo del descontento de
éste, los secretos de su corazón. Su función como artista es hablar, desahogarse. Pero qué es lo que ha de decir, no
es, como la teoría individualista del arte
mismo nos quisiera hacer creer, los secretos del artista mismo. Como portavoz de su comunidad, los secretos que
debe externar son los de ella. La razón
por la cual lo necesita es que ninguna
comunidad conoce su propio corazón; y

714
715

�al no tener este conocimiento de una
comunidad se engaña sobre el único
tema cuya ignorancia significa la muerte. Para los males provocados por esa
ignorancia el poeta como profeta no sugie&amp;e ningún remedio, porque ya ha
dado uno. El remedio es el poema mismo. El arte es la medicina de la comunidad para la peor enfermedad del espíritu, la corrupción de la conciencia".
ALFONSO RAXGEL GUERRA

ALFREDO CANTÚ BECERRA, Recuperaci6n
y colonizaci6n de las tierras insulares,

para el establecimiento de dos territorios
más. Impreso en El Modelo, S. A., Monterrey (S. a.) (1961), 133 pp.

Esn AUTOR NUEVOLEONÉS -nacido en
Montemorelos- destaca en este estudio
la importancia que tiene para México
la recuperación y colonización de más
de seis mil kilómetros cuadrados de tierras isleñas, diseminadas en el Pacífico,
Golfo de México y Mar de las Antillas.
Esta riqueza nacional, objeto de piraterías extranjeras, podría rendir insospechados beneficios de aprovecharse sus
extraordinarios recursos naturales. Para
lograr este propósito no encuentra el autor otro medio que el de la colonización, y señala enfáticamente la urgencia de promover esta población que integraría estas islas al patrimonio nacional. Asienta, por otra parte, la necesidad de que la juventud mexicana conozca este ignoradísimo aspecto de la
geografía mexicana; y concluye por proponer la integración de dos territorios,
uno en el Pacífico y otro en el Golfo.
La novedad del tema hace de este ensayo un interesante aporte a la bibliografía geográfica y económica de nuestro país.
ISRAEL CAVAZOS

716

GARZA

Historia de Nuevo Le6n, con noticias
sobre Coahuila, Tamaulipas, Texas y
Nuevo México, escrita en el siglo XVII
por el Cap. ALONSO DE LEÓN, JUAN
BAUTISTA CHAPA y el Gral. FERNANDO
SÁNCHEZ DE ZAMORA. Estudio preliminar y notas de ISRAEL CAvAzos GARZA.
Biblioteca de Nuevo León, I. Gobierno
del Estado de Nuevo León. Centro de
Estudios Humanísticos de la Universidad
de Nuevo León, Monterrey, México,
1961.

SUELEN TENER las crónicas escritas durante el virreinato, y algunas cuyo origen puede ubicarse en el siglo XIX, un
estilo muy peculiar, muy apegado al
decir clásico. Eso les da un especial encanto aunque están defectuosamente pergeñadas y aunque en ellas menudee en
las ofensas a la gramática.
Ese sabor añejo está presente en la
Relación y discursos del descubrimiento,
población y pacificación de este nuevo
reino de León, que es el título que lleva
la crónica del capitán Alonso de León,
obra que no debe ser incluída entre las
mal pergeñadas, pues, por el contrario,
está muy tersa y amenamente escrita.
Alonso de León, con mirada de antropólogo moderno, supo asomarse a la
vida de los nativos del Nuevo Reino de
León, es decir, de Nuevo León. Nadie
como él podría haberlo hecho con más
fidelidad, ya que fue vecino fundador
de la villa de Cadereyta, desde la cual
organizó y emprendió frecuentes expediciones de pacificación, lo cual le permitió conocer palmo a palmo toda la
extensa comarca que compone el contorno de dicha villa. Su relación o crónica se extiende hasta el año de 1649.
Tiene, pues, la crónica, un gran valor histórico; pero a este valor escueto
hay que añadir el otro, el antropológico,
que aunque aparentemente subsidiario,
pasa a ser principal por la minuciosidad y amor que Alonso de León puso

en describir los usos, costumbres e instituciones de los nativos. Fue Alonso
de León una especie de Bernardino de
Sahagún laico, si disminuido no por eso
menos importante y ameno.
Hacer el comentario de la parte de
su crónica dedicada a la antropología,
sería harto laborioso y se llevaría mucho espacio. Baste, por tanto, enumerar los capítulos correspondientes, cuyos
títulos son suficientemente indicadores:
I. "Cómo el hombre es inclinado a buscar a Dios; II. Cómo se prueba haber
Dios; III. Cómo todas las naciones del
mundo, por bárbaras que sean, han tenido dioses, no así la de este Nuevo
Reino de León; IV. Cómo ninguna nación ha carecido de maestros para el
conocimiento del verdadero Dios, y los
resquicios que en este reino se han hallado de haberlas habido; V. De las diversidades de las lenguas que estas gentes hablan; VI. Del modo de vivir de
esta gente; VII. De las costumbres de
estos indios, condición y fiereza; VIII.
De las comidas de estas gentes; IX. Cómo comen carne humana estos indios;
X. De los regocijos y mitotes de estos
indios; XI. De los agüeros, embustes y
hechicerías que tienen; XII. De los casamientos. Poco empacho y vergüenza
que tienen; XIII. De los nacimientos,
crianzas y mortuorios de esta gente;
XIV. De la crueldad que esta gente tiene, unos con otros, entre sí; XV. Del
modo de pelear de los indios de este
reino, y sus armas; XVI. Del poco fruto que ha hecho en esta gente la doctrina
en tantos años y qué sea la causa".
La parte histórica es también muy
amena, porque no está escrita al modo
didáctico, sino que es un rekati de sucesos concretos, de cuya suma se forma
la visión de conjunto. Así, Alonso de
León, sin incurrir en la novela, pone
matices romancescos en su crónica.
Se trata, en resumen, de un excelente
documento, del que los eruditos e his-

toriadores pueden deducir grandes enseñanzas, t'n tanto que el lector común
puede solazarse largamente.
No menos drbe decirse de la crónica
de Juan Bautista Chapa, crónica cuyo
título es Historia del Nuevo Reino de
León, desde 1650 hasta 1690. Durante
mucho tiempo, por voluntad del autor,
se consideró anónima esta crónica, que
fue escrita con el propósito expreso de
continuar "los singulares discursos que
hizo el capitán Alonso de León".
Este Juan Bautista Chapa fue escribano y secretario de gobernadores, hombre de cierta preparación y cultura. También, y de ello da testimonio su participación en numerosas campañas, hombre de acción.
Sus inquietudes, sin embargo, fueron
inferiores a las de Alonso de León: Chapa se ocupa casi exclusivamente, en su
crónica, de relatar hechos de armas, con
lo que el interés por su obra, sin dejar de existir, cobra otra dimensión distinta a lo de la obra de Alonso de León
y se circunscribe a más estrechos límites. Eso no obstante, en el curso de su
relación va aprontando datos que no
son puramente históricos.
Con ello describe los cuarenta años
que abarca su crónica, y esos cuarenta
años están henchidos de interés. El mismo estilo propio de los cronistas del virreinato, da su sabor a la relación, la
hace de lectura deleitosa y fácil.
En esta crónica, se narran no sólo las
guerras contra los nativos, sino también
los encuentros con los franceses y se habla del descubrimiento de Texas, o, como dice la crónica, "la provincia de los
Tejas".
(Tomado de la Revista Mañana, No.
953 de diciembre 2 de 1961, pág. 48 ) .
RuBÉN SALAZAR MALLÉN

717

�Nahrung und Nahrungsgewinnung im vorspanischen Peru
(La alimentación en el Perú Prehispánico y su interdependencia con la agricultura). Biblioteca Ibero-Americana, Colloquium Verlag, Berlín, 1960.
HANS HoRKHEIMER,

Esta obra tiene como base un memorándum, escrito por el autor a petición
del que fue Director de la Misión Técnica de la UNESCO en el Perú, Dr.
Gonzalo D. Reparaz, para que sirviera
corno primera orientación de los colaboradores que fueran a ese país a estudiar
los problemas del suelo y su aprovechamiento. Tiempo después, el Director de
la Biblioteca Ibero-Americana en Berlín le pidió que desarrollara el manuscrito original y que lo proveyera con reproducciones para publicarlo en lengua
alemana y ponerlo a disposición de los
lectores de la Biblioteca.
En la nota preliminar del libro, el
Dr. Hans Horkheirner hace resaltar lo
que él mismo llama el factor X, es decir, la mentalidad de un pueblo, que
según su criterio es más importante para su desarrollo que otros factores como
el clima, la situación, la fauna y la flora.
En el capítulo primero se señala que
anteriormente las máximas autoridades
en el campo de los estudios de la arqueología peruana fueron Julio C. Tello,
nacido en el Perú, y el alemán Max
Uhle. Este había confirmado la existencia
de pescadores primitivos en diversos lugares de la costa, dándoles una edad máxima de dos mil años. Por su parte,
Tello señaló que alrededor del año 1,000
a. C. se había formado una cultura superior en la Cordillera del Este. Las
excavaciones de Julius Bird y Federic
Engel revelaron la existencia de habitantes primitivos en la Costa del Pacífico, de más de cuatro mil años de edad.
Cardich, alumno de Oswald Menghin,
cree poder atribuir a sus hallazgos de artefactos una edad de diez mil años.

El segundo capítulo nos da una caracterización de la agricultura en el antiguo Perú, y el autor la divide en siete
puntos: siembra, parcelación, ausencia
de la reja de arado y de animales de
tracción, excelentes canalizaciones, terrazas, abonos, intensidad del trabajo y su
aprovechamiento. Después se habla de
los instrumentos de trabajo, que se describen en sus condiciones primitivas aunque complicadas.
El capítulo tercero está dedicado a la
agricultura, señalándose su importancia
para la estructura social de la población
de los Andes. Aquí, corno en todos los
pueblos fue la mujer la que dio el paso
principal para la recolección y p lantación de vegetales, lo que le permitió en
una etapa primitiva obtener una condición social privilegiada. El capítulo siguiente, continuando el estudio anterior,
estudia las relaciones de la agricultura y
alimentación con la ideología y el arte
en los tiempos prehispánicos señalando
la importancia de aquéllas en su desarrollo. Con alguna extensión se habla de
la resonancia de la agricultura en los
mitos y el sistema de calendario.

la que eran expertos los indígenas del
Perú prehispánico.
Otros aspectos diversos, como el de
los factores propicios de la región, las
costumbres referentes a las comidas, etc.,
ocupan los capítulos finales del libro, y
cabe resaltar aquí una de las principales
conclusiones del autor: la alimentación
en el antiguo Perú, vista en su totalidad, era de carácter más satisfactorio
,que la de los indígenas de hoy, sin ser
realmente suficiente en cantidad o calidad.
Entre las citas de autores diversos y
fuentes de estudio que señala el autor,

cabe recordar aquí la del Inca Garcilaso de la Vega sobre las obras hidráulicas del Perú prehispánico: "Estos canales pueden ser comparados a las obras
más grandes que ha producido la humanidad. . . Los espaiíoles, como extranjeros, no supieron apreciar éstos. . . sino
que permitieron que se perdieran en su
totalidad".
En suma, un libro valioso que deberán
conocer todos los estudiosos de esta especialidad, en la que destaca el Dr.
Hans Horkheirner.
MARGOT LUEDECKE

Las páginas siguientes del libro nos
presentan una descripción minuciosa de
la fauna disponible: perros auquenios
pertenecientes a la familia de los carnelidae, patos, gallinas, peces, diversos pájaros, etc.; las plantas comestibles cultivadas: maíz, quinua, judías, cacahuate,
tarwi, papa, tumbo, calabaza, tomate,
plátano, piña, etc., así corno las no cultivadas: algarrobo, maguey, opuntias,
junco, algas, mito, etc.
Los alimentos también son estudiados
aquí, los productos mineralógicos de alimentación como sales, gis comestible y
substancias calíferas; la conservación de
alimentos, su preparación, y comida principal, la compuesta por el locro, una
mezcla de agí, papa, harina de papa y
otros ingredientes. Se hace especial mención de la conservación de la papa, en

718
719

�C A N JE

PUBLICACIONES RECIBIDAS

*

(1961)
ALEMANIA:
BuBER, MARTIN, WERNER HEtSENBERG, C. J. BuRcKHARDT, WoLFG.\XG ScHADEWALDT
y WLADIMIR WEtDLÉ: 11-'ort u,id wirklichkeit (163 pp.). Oldenbourg, Munich, 1960.
FERDINANDY, MIGUEL DE: En torno al pensar mítico (2j8 pp.). Publicación de la Biblioteca Ibero-Americana de Berlín, Colloquium Verlag, Berlín, 1961.
GUARDINI, WEtZSACKER, F. G. Ji.'NGER, GEORGIADEs, W. F. ÜTTo y HEIDEGGER: Die
sprache (125 pp.). Oldenbourg, Munich, 1959.
HoRKHEIMER, HA:s:s: Nahrung und Nahrungsgewimiung im vorspanichen Peru (155
pp.). Publicación de la Bibliotheca Ibero-Americana de Berlín, Colloquium Verlag,
Berlín, 1960.

Institut für Auslandsbeziehungen, Stuttgart. Nos. 3-4 (julio-diciembre de 1960); No.
1 (enero-marzo de 1961); Nos. 2-3 (abril-septiembre de 1961 ).

ARGENTINA:
Bibliografla argentina de artes y letras. Fondo Nacional de Artes y Letras. Buenos Aires.
No. 5-6 (enero-junio de 1956). No. 6 (Tirada aparte del No. 5-6); No. 7 (julioseptiembrc de 1960).
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Aires, Año 111, No. 9 (marzo de 1961 ).
Boletln informativo de la Biblioteca. Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad
de Tucumán. Tucumán. Año I, No. 1 ( noviembre de 1958) ; Año 11, No. 2 ( septiembre de 1959).
Colección de documentos relatit•os a la historia de las Islas Malvinas (Advertencia de
Ricardo R. Caillet-Bois) (317 pp.). Tomos II-III. Facultad de Filosofía y Letras.
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Cuadernos de historia de España. Universidad de Buenos Aires, Facultad de Filosofía.
Instituto de Historia de España. Vols. XXI-XXXII, 1960.

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Se recogen por orden aUabético libros y publicaciones periódicas.

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ll46

�Negro sobre blanco. Boletín literario bibliográfico. Ed. Losada, S. A., Buenos Aires,
Nos. 15 a 20.
Philosophia, Revista del Instituto de Filosofía. Fac. de Filosofía y Letras, Universidad
Nacional de Cuyo, Mendoza. Año XII, Nos. 20-21 ( 1955); No. 22 ( 1959); No.
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Revista de literaturas modernas. Instituto de Lenguas y Literaturas Modernas, Fac. de
Filosofía y Letras. Universidad Nacional de Cuyo, Mendoza. No. 1 (1956).
Sapientia. Organo de la Facultad de Filosofía, Universidad Católica Argentina, Santa María de los Buenos Aires. Año XVI, No. 60 (abril-junio de 1961); No. 61
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i'J;

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ESPARA

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d'_1ciem
. bre d e 1959) • A~
'
. ('ulio-diJU
no XIV, No. 1-2 (enero-junio de 1960); No.
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J
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V, No. 17 (enero-marzo de 1960); No. 18 (abril-junio de 1960); No. 19 (julioseptiembre de 1960) ; No. 20 ( octubre-diciembre de 1960) . VI, No. 21 ( enero-marzo de 1961 ).

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¡ ,.

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The Phi!osophical Reuiew. Cornell University. Vol. LXX, No. 1 (enero de 1961); No. 2
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The Philosop~ical Re~ord,_ A Quart~rly Journal in Theoretical and Experimental psichology.. Demson Umvers1ty,_G:env1lle, Ohio. Vol. II, No. 1 (enero de 1961); No. 2
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FRANCIA
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HOLANDA
Verslag Het Jaar 1960. Memoria correspondiente al año 1960. Instituto de Estudios
Hispánicos, Portugueses e Iberoamericanos. Universidad Estatal de Utrecht. No. 10.

MEXICO
A descriptive list of research papers and theses accepted by The Graduate School of
México City College. Vol. I, 1947-1954; Vol. II, 1954-1960-1954.
Abside, Revista de Cultura Mexicana. México. XXV, No. 1 ( enero-marzo de 1961);

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�No. 2 {abril-junio de 1961 ); No. 3 (julio-septiembre de 1961 ); No. 4 {octubrediciembre de 1961 ).
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727

�Acab6se de imprimir el dla 15
de marzo de 1962 en los Talleres de la Editorial /us, S. A.
Plaza de Abasolo 14, Col. Guerrero. México 3, D. F. El tiro
fue de 500 ejemplares.

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                  <text>Humanitas es la revista de investigación más antigua del noreste de México en el área de Ciencias Sociales y Humanidades, se publica desde 1960 y actualmente está indexada en Latindex. Es una revista arbitrada y de acceso abierto que considera para su publicación artículos originales escritos en español e inglés, que sean el resultado de una investigación científica y que representen una clara contribución al debate y conocimiento de las áreas de la revista: Filosofía, Letras, Ciencias Sociales e Historia.</text>
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              <text>https://www.codice.uanl.mx/RegistroBibliografico/InformacionBibliografica?from=BusquedaAvanzada&amp;bibId=1784592&amp;biblioteca=0&amp;fb=20000&amp;fm=6&amp;isbn=</text>
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                <text>Basave Fernández del Valle, Agustín, 1923-2006</text>
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                <text>Humanitas es la revista de investigación más antigua del noreste de México en el área de Ciencias Sociales y Humanidades, se publica desde 1960 y actualmente está indexada en Latindex. Es una revista arbitrada y de acceso abierto que considera para su publicación artículos originales escritos en español e inglés, que sean el resultado de una investigación científica y que representen una clara contribución al debate y conocimiento de las áreas de la revista: Filosofía, Letras, Ciencias Sociales e Historia.</text>
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                <text>Cavazos Garza, Israel, 1923-2016</text>
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                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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ANUARIO DEL CENTRO DE ESTUDIOS HUMAN1STICOS

3

UNIVERSIDAD DE NUEVO LEÓN
1962

�CENTRO DE
E.STUDIOS
HUMANISTICOS

Anuario

HUMAN ITAS
1962

UNIVERSIDAD

DE

NUEVO LF.ON

�FOtlDO ~

�HUMAN I ·T AS
ANUARIO DEL CENTRO DE ESTUDIOS HUMANÍSTICOS

3

UNIVERSIDAD DE NUEVO LEÓN
1962

�HUMAN ITAS
ANUARIO DEL CENTRO DE ESTUDIOS HUMANfSTICOS
DE LA UNIVERSIDAD DE NUEVO LEÓN
CENTRO DE ESTUDIOS HUMANÍSTICOS DE LA
UNIVERSIDAD DE NUEVO LEÓN

Presi.dente y Jefe de la Sección de Filosofía:
DR. AGUSTÍN BASAVE FERNÁNDEZ DEL VALLE

Jefe de la Sección de Letras:
Lle. JUAN ANTONIO AYALA

Jefe de la Sección de Historia:
PROF. ISRAEL CAVAZOS GARZA

Jefe de la Sección de Ciencias Sociales:
Lic.

ALBERTO GARCÍA GóMEZ

Jefe de la Sección Editorial:
Lic. ALFONso R.ANGEL GUERRA

3

1962

�HUMANITAS
Correspondencia: Centro de Estudios
Humanísticos. - Dirección: Zaragoza
Norte 244. Monterrey, N. L.

INDICE
SECCIÓN

PRIMERA

FILOSOFIA

(A)

PRIMERA EDICIO
Mano de 1962. -500 ejemplares.

Dr.

Significaci6n ,, Sentido
de la Vida Humana . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .
Huco PADILLA: A.lgu11as Ideas Axiol6gicas en las ideas de Hu sserl . . . .
AGUSTÍN BASAVE FERNÁNO.EZ DEL VALLE:

(B)

Dr.

Derechos Reservados ©
por el Centro de Estudios Humanísticos de la U.N.L.

La responsabilidad derivada de los estudios contenidos en este
Anuario corresponde exclusivamente a sus respectivos autores

lN~STIGADORES LOCALES

13
51

COLABORADORES FORÁNEOS

La Experiencia ln-Siste11cial como Fundamento
Originario de la Experiencia de la Persona y de su encuentro con
el Ser . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .
71
JUAN DAVID GARCÍA BACCA: Sobre el Caos, el Comienzo del Mundo
y el inicio del Filosofar . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .
81
HuMBERTO PIÑERA LLERA: El Esencial Problematismo de la Fitosofía . . .
93
RÉGJs JouvET: Libertad y Determinaci6n . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 101
SERGIO SARTI : Actitud Problemática y Fe en la Raz:611 . . . . . . . . . . . . 117
PEDRO CABA: Sobre Preguntar y Saber (Para una Introducción existencial a la Epistemología) . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 141
PATRICK RoMANELL: Los Aforismos de Locke acerca de la Educación y
de la Salud . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 169
Dr. JosÉ R. EcHEVARRÍA: Reflexiones sobre la Historia . . . . . . . . . . . . . . 179
HÉCTOR NERI CASTAÑEDA: Lenguaje, Pensamiento y R ealidad . . . . . . . . .
199
ISMAEL QuILES:

7

�SECCIÓN

LETRAS

(A)

INVESTIGADORES LOCALES

Lic.

JUAN ANTONlO AYALA: Algunos aspectos de la Terminología Lingüísti,a actual ............................................ . 221
Lic. ALFONSO RANGEL GUERRA: Los Problemas de la Historia de la Li229
teratura

(u)

Dr.

Magdalena, La Ingrávida . . . . . . . . . . . . . . . .
JOAQUÍN MEADE: Semblanza de Fray ]oseph Arlegui . . . . . . . . . . . . . . .
ALBERTO MARÍA CARREÑo: Los Estados Unidos en Antón Lizardo . . . . .
JosÉ BRAVO UoARTE: La Confederación Chimalhuacana y las Fuentes
Históricas . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .
Prof. XAVIER TAVERA ALFARO: Imágenes de Sebastián Lerdo de Tejada
JosÉ TORRE REVELLO: Historia del Archipiélago Malvfoero . . . . . . . . .
MoNELISA LINA PÉREZ-MAROlIAND: ¿Hacia una filosofía de la historia
interamericana? -Tesis de Víctor Raúl Haya de la Torre y su confrontación con la tesis de Toynbee . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .
Fr. LTNO G. CANEDo: Fra,• Rafael Verger en San Fernando de México
DANIEL Cossío VILLEGAs:

SEGUNDA

La Poesía no Coleccio11ada de Manuel José Othót1 ......................................... .
Dr. FERNANDO ALEGRÍA: González Vera: el humorismo de la impreci¡ión ............................. • ..... • ... • • - • .. • • • • • • • • •
ALFONSO ARMAS AvALA: Cartas de Unamuno .................... .
lTzHAK BAR-LEWAW: José Asunción Silva. Apuntes para su Obra .... .
MYRON I. LtcHTBLAU: El Concepto del Tiempo en las Obras de Eduardo Maltea ............................................... .
Prof. ANTONIO PAGÉS LARRAYA: Macedonio Fernández, un Payador .. .

SECCIÓN

SECCIÓN

243
259
269
279
299
31~

(A)

CIENCIAS

(A)

Lic.

INVESTIGADORES LOCALES

Indice de Reales Cédulas relativas a Nuevo
León . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 331
EUGENIO DEL HoYo: La verdad sobre la Villa de Cerralvo . . . . . . . . . . . 361
ToMÁs MENDIRICHAGA CUEVA: Breve Reseña del Archivo de la Catedral
de Monterrey . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 377
ISRAEL CAvAzos GARZA:

CUARTA
SOCIALES

INVESTIGADORES LOCALES

La Universidad del Porvenir
579
Prof. Dr. C. A. CANNEGIETER: De cómo la aplicación de la Soci.ocracia
podría mejorar las Relaciones Humanas .................... . 599
Lic. ARMANDO HoYos: Nuestra Constitución y el Municipio .. . .... . 627

(n)

CoLABORADORES FoRÁNEOS

Fenomenología y Dinámica de la 1deati.zación del Mexicano . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 645
ENRIQUE Ruiz GARCÍA: Ciencias Sociales, Publicidad, Política y
Economía en los Estados Unidos . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 659
DESIDERIO GRAUE: El Derecho y la Revolución . . . . . . . . . . . . . . . 669
Luc10 M°ENDmTA Y NúÑEz: La Sociología del Trabajo y del Ocio 689

FRANCISCO GoN zÁLEZ PINEDA:

Lic.
Lic.
Dr.

SECCIÓN
NOTICIAS

Y

QUINTA

RESE~AS

BIBLIOGRAFICAS

COLABORADORES FORÁNEOS

Hombres de Nuevo León y Coahuila en la Defensa de Puebla y Prisioneros en Francia en 1863 . . . . . . . . . . . . . . . . . . 389
Jos:É loNACIO GALLEGOS C.: Evangelización en Durango . . . . . . . . . . . . . 415

8

531
551

ALBERTO GARCÍA Gór.rez:

TERCERA

HISTORIA

FRANCISCO R. ALMADA:

479
501
513

COLABORADORES FoRÁNEos

JoAQUÍN ANTONIO PEÑALOSA:

( B)

423
441
463

Xll Congreso Nacional de Sociología, 699.-JuAN
Historia crítica de la novela guatemalteca, por Seymour
Menton, 701.-JuAN ANTONIO AYALA: Formas poéticas de tos pueblos ro-

ALBERTO GARCÍA GóMEZ:
ANTONIO AYALA:

9

�mánicos, por Karl Vossler, 703.-AousTÍN

BASAVE FERNÁNDEZ DEL

VA-

La Democracia-Ensayo Sintético, por Georges Burdeau, 706.-AousTÍN BASAVE FERNÁNDEZ DEL VALLE: Meditación de Europa por José Orteo-a y Gasset, 709.-EusEBIO CASTRO: Ideario Filosófico, por Agustín
Basave Fernández del Valle, 712.-lsRAEL CAvAzos GARZA: Narraciones
Históricas Regiomontanas, por Carlos Pérez Maldonado, 713.-ALFONSO
RANGEL GUERRA: Los principios del Arte, por Collingwood, R. C. 714.IsRAEL CAvAzos GARZA: Recuperación y colonización de las tierras insulares, para el establecimiento de dos territorios más, por Alfredo Cantú Becerra, 716.-RUBÉN SALAZ.AR MALLÉN: Historia de Nuevo León, con noticias sobre Coahuila, Tamaulipas, TexaJ y Nuevo León, por el Cap. Alonso de León, Juan Bautista Chapa y el Gral. Fernando Sánchez de Zamora,
716.-HANs HoRKHEIMER: Nahrung und Nahrungsgewinnung im vorspanischen Peru (la alimentación en el Perú prehjspánico y su interdependencia con la agricultura) por Margot Luedecke.
LLE:

Sección Primera

FILOSOFIA

�SIGNIFICACION Y SENTIDO DE LA VIDA HUMANA

Da. AousriN

BASAVE FERNÁNDEz DEL VALLE
Centro de Estudios Humanísticos
de la Universidad de Nuevo León

Sumario: 1. El problema de nuestra vida.-2. Una sed imaciable de existir...-3. Sentido de la vida humana.-4. La cuestión decisiva: ¿Qué será de nosotros?-5. ¿Existencia absurda o sentido existencial?-6. Dinamismo del ser humano.-?. Urdimbre
teotr6pica de la vida humana.-8. Textura ética de la vida humana.-9. La vida
humana es un problema de orden.-10. Es deber del hombre desarrollar su humanidad.-11. La vida humana como cultura.-12. Cultura objetiva y vida cultural.-13.
Quehacer de salvación y riesgo de frustración.-14. El hombre no se realiza sino
superándose.-15. La dimensión más excelsa del hombre.-16. Plan de vida e ideal
persoJ)al.

l. EL

PROBLEMA DE NUESTRA VIDA

¿Por qtté vivo y por qué muero?

vivo, SENTIRSE vrvo sobre un mundo redondo, adherido como oruga
a una bola de tien-a, es cosa bastante extraña. Sobre este mismo mundo, otros
hombres como yo viven en la India, cabeza abajo, y sin el menor mareo,
sostenidos al parecer -explicarán los físicos con una explicación que en
realidad no explica absolutamente nada- por la ley de atracción. . . Flotamos en el espacio, pegados al globo terráqueo, dando vueltas completas
a una velocidad tangencial media de 108,000 kilómetros por hora. Junto con
algunos centenares de satélites, nuestra tierra sigue al sol que se dirige hacia
la brillante Vega, en la constelación de Lyra, a una velocidad no menor de
70,000 kilómetros por hora. Girando y recorriendo millones de kilómetros
en los espacios interestelares, camino, como, trabajo, converso y duermo todos
los días sin sentir que voy cabalgando a través de los espacios. Y cabalgando
ESTAR

13

�sobre una delgada corteza de 60 kilómetros de espesor, que cubre una masa
en fusión dP unos 6,000 kilómetros de radio. 1
•Por qué vivo y por qué muero? ¿ Por qué me encuentro instalado, desde
c. años, en esta tierra y no en otro planeta.:&gt; ¿ Cua'l es IDI. rawn
' de _ser :&gt;•
hace
¿ Por qué tengo que vivir esta vida en que se me ha puesto, sin haberlo pedido?
¿Cuáles el término de mi viaje?
·
" me en
Si le pido la respuesta a eso que llamamos " mun do" o " universo
.cuentro con un Anónimo monstruoso, con un espantoso e irresponsable Nadie,
con una fuerza poderosa, tiránica, ciega que mata a inocentes y culpables, ~~e
azota con la tempestad y el rayo y calma con el esplendor del sol y la t.1b1a
noche de luna. Y todo ello con la misma indiferencia. . . Sin los valores es· rto" , corno
pirituaks, sin Dios -Valor de los valores-, " no hay na d a c1e
escribe Sartre. El universo material, por más grande que se le suponga, carece de inteligencia y de amor. De ahí ese "terror de estar vivos" sen?do
frente a una naturaleza hostil, ciega, incontrolable, tiránica, incomprensible.
Es inútil toda rebelión. Nada valen la lógica y la libertad contra los terribles
y desconocidos elementos desencadenados. El hombre sin Dios no pasa de ser
esclavo de lo Absurdo, juguete del Hado arbitrario.
· En verdad resulta cosa bastante extraña el vivir! Un músculo que llamamos
1
•
~
"corazón", late día y noche, se contrae y se dilata cien mil veces, mientras
tierra da una vuelta completa sobre sí misma. Este músculo, por ley inexorable,
cesará de lalir un día y una hora que yo no puedo fijar de antemano. Y al
cabo de algún tiempo mis cenizas podrían caber en una cajetilla de cigarros.
El mundo seguirá su ruta acostumbrada y yo habré desaparecido. Ot~s
generaciones vendrán después de mí y tran itarán por las call~ ~e las ciudades por las playas de los balnearios, por los centros de esparc1m1ento y por
los tr:nes que yo he conocido. Pero yo habré desaparecido. Ahora mismo se
divierten, unos hombres como yo -que por cierto no conozco- en un centro
nocturno de Tokio, mientras que en Berlín asisten a un concierto de Sinfónica
un grupo de personas y en Madrid se charla alegremente en el café. ¿ Por
qué estoy aquí y no alli? ¿Por qué no puedo vivir a la vez la vida de tantas
ciudades agradables que conozco y la de tantas otras que no he conocid~ y
que probablemente nunca conoceré? Esta limitación me duele. En China,
en Francia o en Suecia, muchos hombres que nazcan después de que yo haya
muerto pensarán sobre los mismos problemas que yo he pensado y tendrán
1,;vencias similares a las mías, sin que tengan noticia de que yo haya existido.
Me duele su ignorancia, su indiferencia para con mi persona y mi paso por
la tierra. Y me duelen también esas muchedumbres anónimas que han estado
afanándose por hacer algo y por ser alguien, que han trabajado y proyectado,
• F.

14

LELOTTE,

Lo soluci6n dtl problema de la vida, Edüorial "Eler''. Barcelona.

que han reído y llorado, que han tenido decepciones y dolores de cabeza
como yo. ¡ Hombres que sin dejar huella alguna han vivido y han muerto, hermanos, verdaderos hermanos! Cuántos eres humanos, convertidos hoy en
polvo, se han congelado un día sin haber realizado sus sueños. Cuántos hombres, verdaderamente grandes, han trabajado magníficamente en silencio, recibiendo, como única recompensa, una escasa nutrición y el lecho de un
hospital, donde ni siquiera hablar pueden, antes de abandonar ra vida. ¿ Qué
sentido tienen estas vidas?
Los panteones y los mares reciben diariamente, en su seno, más de 150,000
personas que cesan de moverse. ¡ Qué poco sitio ocuparon en este gran abismo
del tiempo y cuántos iglo en que no existirán! Una aspiración profunda que
les ató a la vida se resolvió en esa salida fatal de la muerte. Si mi anhelo es
vivir ¿por qué he de morir? ¿Por qué? ¿Adónde iré cuando se cumpla ese
plazo?
En el centro de mis anhelos }' de mis goces, el dolor se asienta estable o
intermitentemente. Si hiciese un recuento de los dolores físicos, de las angustias, de las decepciones, de los fracasos y de las muertes de los seres queridos,
de las envidias de unos y de la ingratitud de otros, me convencería, sin lugar
a dudas, que esta tierra nunca ha sido ni podrá. ser para mí un paraíso. Mis
fuerzas, después de todo, son pequeñas, limitadas. Ninguno de mis proyectos
ha obtenido el éxito pleno que había imaginado. El dolor nos hiere a todos
los hombres. No podemos ser inocentes. Queremos el bien --cuando no queremos el mal- y obramos en desacuerdo con nuestros quereres. Decididamente existe una contradicción violenta, incomprensible, entre mi vida tal
como la deseo y tal como ella es. La vida humana, a diferencia de la vida
animal, es problemática, contradictoria. Y no se puede ser verdaderamente
hombre sino hasta el día en que se toma conciencia de este carácter problemático y contradictorio de nuestra vida. Una cosa, sin embargo, permanece
fuera de toda duda: nuestra insobornable e insaciable sed de existir.

2.

UNA SED INSACIABLE DE EXISTIR. ..

NUESTRO TIEMPO RECLAMA una síntesis intelectual que dé sentido a nuestra
vida y a nuestra muerte, que ordene nuestra trayectoria mundanal para no
sentir que el suelo se hunde bajo nuestros pies. Nos obstinamos en indagar
de d6nde venimos y adónde vamos, porque sin esta indagación pierde sentido
todo Jo demás. Es ilógico emprender investigaciones de importancia, secundaria
-a veces insignificante-- sin haber emprendido la única investigación que

15

�verdaderamente tiene importancia: ¿ Cuál es el sentido de la vida, el sentido
del dolor y el sentido de la muerte?
. .
El fondo de nuestra angustia humana, de nuestra angustia vital, está constituido por una sed insaciable de existir amenazada por ~a muerte ,que nos
disuelve en la nada o que nos lleva a otra vida desconocida. De ahí las corrientes existenciali tas en el pensamiento y en el arte.
Cuando tratamos de los problemas de la vida estamos forza~os a _adoptar
una actitud práctica. Hay que vivir, hay que tomar una acbtud, vital. No
vamos a abrir los ojos en el instante de la muerte, cuando los demas -como
alguien ha dicho ir6nicamente- se apresuran a cerrárnoslos. Por ~ estoy
convencido que la única filosofía que verdaderamente nos puede interesar
es la filosofía, como propedéutica de salvación. Vivir al día com~ _lo. hacen
los animales, no es, en rigor, vivir humanamente. o basta percibir impresiones agradables o desagradables, dejarse llevar por el flujo de los acontecimientos sin esperar nada. Lo más desconsolador para el hombre ~s no ~ab~r
jamás por qué vive, por qué se levanta por la mañana y por que al día s1o-uiente
volverá a levantarse. Obedecer al obscuro instinto que nos ata a la
o
e 'stencia sin preguntarse por qué se vive y por qué se muere, es vegetar pero
.
" con
no es vivir humanamente. Vivir humanamente es contraer " re1aciones
los otros hombres y con las cosas. Con las cosas establecemos rel~cion~s de
medio con las personas relaciones de fin. "De esta fundamental y pnmana relación, depende y se deriva -apunta certeramente Sciacca- toda nuestra
actitud hacia las cosas y las personas. Alterada es alterar el orden humano,
individual y social".2 El problema metafísico del sentido de la vida y el del
destino del hombre, no se decide solo teoréticamente por. demostraciones o
deducciones lógicas, sino por invocación y por opción. Elegimos frente a una
Alteridad que se nos presenta como absoluta. Aceptando ~ re~azando esta
Alteridad, asumiremos las consecuencias totales de esa elección fanal. Es claro
que la opción, el acto de fe, puede y debe ser conformado con la estructura
lógica que abraza todo lo que es. La sol~ción v~rdadera ~ ~~oblema de la
vida debe ser razonable, completa, armóruca, umversal, defm1t1va. . . Menester es buscar la verdad, en supremo esfuerzo de averiguación, aceptándola
amorosamente, sea la que fuere y venga de donde viniere, en supr~~o ~sfu:~
de sinceridad. Seguir la verdad, a pesar de los sacrificios que exiJa, S1gnif1ca
vivir en la luz y en el orden. Y el orden -ley de ~idad- es el_ pr~blema
fundamental de la vida humana. Orden que determina la respectiva importancia de los mil apetitos y las mil tendencias que hay en el hombre. Orden
conocido y realizado que entraña, en consecuencia, un doble problema: especulativo y práctico.
2

16

SCIACCA,

pág. 309, Perspectivas de nuestro tiempo, Editorial Troquel.

Es preciso tener presente que el hombre, aunque tiene una verdadera luz
racional, no es un foco de luz infinita. Tiene hambre y sed de Verdad, pero
necesita tomar en cuenta la diversidad de evidencias, de certezas y de métodos.
Entre lo plenamente cierto y lo probable se abre un abismo. Cabe recordar
también, como lo recuerda Roig Gironella en Filosofía y Razón, que la fe
es una norma "negativa" y una ayuda "positiva" de orden psicológico. El
creyente tiene en su fe una ayuda psicol6gica para investigar más, para no
dejarse convencer fácilmente por sofismas y errores, para dar tenacidad y
constancia a su búsqueda e investigación, etc., etc. Y no dejará de ser filósofo
por contar con esa ayuda psicológica. En vez de caer en la desesperación
del racionalista que arrastra su ansia frustrada de plenitud, sabe como Santo
Tomás, por fil6sofo y por creyente, que "no hay nada finito que pueda aquietar el anhelo del enteudimiento, lo cual se ve porque el entendimiento al
dársele cualquier término finito, al instante maquina alcanzar algo más allá;
por esto, trazada cualquier línea finita, trama el trazado de otra mayor, y lo
mismo en los números; lo cual es precisamente la razón de la adición infinita
en los números y lineas matemáticas. Ahora bien: la grandeza y la capacidad
de cualquier substancia criada es finita. Por consiguiente, la capacidad intelectiva del espíritu, como tal, no se aquieta con el conocimiento de cualesquier
substancias criadas, por nobles que sean, sino que tiende con un anhelo natural
~ ':°nocer _la substancia, que es de Grandeza infinita". 3 Tampoco hay nada
Íllllto -anadamos por nuestra CUeP.ta- que aquiete esa sed insaciable de
existir.
Pensando en esa inextinguible sed de existir, Manuel García Morente en
diálogos sostenidos con Alonso Fueyo, pocos días antes de su muerte, d:claraba: El hombre, "en la carrera de nuestra vida hacia un ser que va a ser,
corre de fracaso en fracaso; nuestro poder no alcanza jamás a nuestro querer. Entre uno y otro hay un abismo, y eso significa que el hombre está necesitado de salvación, cuya salvación será que el hombre sea lo que quiere ser.
-¿ Y qué quiere ser el hombre?
-El hombre quiere tres cosas: una vida perdurable, personalísima y santa.
tres clases _de vida la experiencia no nos las da, porque todo Jo expenmentable es contingente, caduco. Por eso asciende el hombre necesariamente
a Dios, como a Salvador y Creador, y toda la Filosofía nos eleva a "EL".t Los
fracasos del hombre no son fortuitos, casuales; emergen de su insuficiencia radical, de su indigencia ontológica. Pero el afán de plenitud subsistencial, el

~ estas

' SANTO To11Ás,

C. Gentes, 111, 50, raz6n 4a.

• ALFONSO FUEYo E., Ultimo diálogo con el profesor García Morente publicados
en :'El ~.sp_añol': 2 (8 mayo 1943, núm. 28), pág. 28 y reproducido par:ialmente en
el libro Filosof1a y Raz6n", pág. 71, (Ed. Rayfe), de Juan Roig Grionella.

17

�querer que sobrepasa el poder, también está rameado en el ser de criatura.
Por eso el hombre está necesitado de salvación y por eso la filosofía -al menos
como la entendemos nosotros-- es una propedéutica de salvación. Examinemos pues, bajo esta luz, el sentido de la vida humana.

3.

SENTIDO DE LA VIDA HUMANA

Yo y MI MUNDO EXISTIMOS conjuntamente por el Ser fundamental. Este
es el dato radical, el hecho primordial con que me encuentro al percatarme
de mi contingencia y de la contingencia del mundo. Mi estar es un c~~s~r
con el Mundo. El mundo -objetividad- me es tan patente como ml mnmidad. Por eso José Ortega y Gasset, insistió, desde comienzos de sigl~, que
"la realiclad primordial, el hecho de todos los hechos, el dato para el Uwverso,
lo que me es dado es. . . "mi vida" -no mi yo solo, no mi conciencia hermética, estas cosas son ya interpretaciones, la interpretación idealista. . . Lo primero, pues, que ha de hacer la filosofía es definir ese dato, definir lo que es
"mi vida", "nuestra vida", la de cada cual. Vivir es el modo de ser radícal:
Toda otra cosa y modo de ser lo encuentro en mi vida, dentro de ella, como
detalle de ella y referida a ella. En ella todo lo demás es y es lo que sea para
ella, lo que sea como vivido. La ecuación más abstrusa de la matemática,. el
concepto más solemne y abstracto de la filosofía, el Universo mismo, DlOs
mismo son cosas que encuentro en mi vida, son cosas que vivo. Y su ser radical y primario es, por tanto, ese ser vividas por mi, y no puedo definir lo
que son en cuanto vividas si no averiguo qué es 'vivir'".• Después de reconocer
el acierto orteguiano al partir de la vida humana como realidad primorilial,
es menester completar y modificar en algunos puntos el pensamiento del brillante filósofo matritense. Las cosas son lo que son independientemente de
lo que sean en cada vida hum&lt;1na. Aunque encuentre en xni vida ecuaciones
matemáticas, conceptos filos6ficos, Universo y Dios, estos seres no se confunden
con mi vida ni se circunscriben a mi horizonte vital. La extravasación del ser
queda probada por el error, el olvido, y la docta ignorancia. ¿Qué es la vida?
"Vida --dice Ortega- es lo que somos y lo que hacemos". Vivir es encontrarse a sí mismo en el mundo y ocupado con las cosas y seres del mundo. füe
asistir perpetuo y railical a cuanto hacemos y somos diferencia el vivir de
todo lo demás. La vida es saberse -es evidencia!-. Pero es un saberse náufrago, en un orbe impremeditado, con perpetua sorpresa de existir: No esca• JosÉ ORTEGA y GAsSET, págs. 213-214, ¿Qui es Filosofía? (Obras inéditas),

Editorial Revista de Occidente.

18

gemos el mundo en que va a deslizarse nuestra vida -dimensión de fatalidadpero nos encontramos con un cierto margen, con un horizonte vital de posi-'
bilidades -dimensión de libertad-. Tenemos que decidir lo que vamos a
ser; a esto llama Ortega en frase gráfica, aunque exagerada: "llevarse a sí
mismo en vilo, sostener el propio ser". En este sentido la vida es una actividad que se ejecuta hacia adelante, es futurición, es lo que aún no es. Nosotros
pensarnos, por el contrario, que el futuro es una idea esencialmente relativa
al presente. Nunca lo futuro puede referirse directamente a lo pasado, porque
lo pasado tiene que referirse, también, a lo presente. La idea primigenia y
fundamental del tiempo es el "ahora", el presente que está presupuesto en los
otros dos tiempos y sin el cual no se podrían ni siquiera concebir. En esta
relació~, _el orden es de tal naturaleza que el no ser (fue) y el después (será)
es perc1b1do del ser (ahora). Todo ser es presente. Sólo el instante actual el
"ah"
'
ora , es 1a rea lidd.
a misma de la cosa.
Nuestra vida "es la de cada cual", afirma Ortega, por tanto, distinta la mía
d~ la tuya. ¿Pero cuál es el sentido de la vida de "cada cual"? ¿Cuál es la
VIda humana perfecta? ¿Cómo podemos conocerla? ¿Cómo podemos realizarla? ¿ Qué es lo que somos y lo que hacemos?
. El hombr~ tie~e una dui-unidad, es un ente dúplice: naturaleza y espíritu,
tiempo Y ev1terrudad, nada prehistórica y destino absoluto... Su unidad real
no es perfecta, como la de Dios, sin ser pura multiplicidad, como e] mundo.
El yo mudable se levanta sobre la parte inferior de su naturaleza en orden
ª. s~ salvación. No está simplemente "ahí", como una piedra, ni ~ reduce a
VlVlr, c?1_1lº una pl~ta, sino que lleva una existencia personal por e] espíritu
que unifica Y subordma a la vida vegetativa y a la vida sensitiva. Fenómenos
Y acciones emergen del alma personal. La autoconsciencia de nuestro ser nos
da un sentido de totalidad frente a otras totalidades en el mundo. Nos sabemos situados en la cúspide de 1a ordenación mundanal escalonada con una
naturaleza. espiritual -que no hemos creado-- apoyada en una ~structura
recibida. La verdad de nuestra esencia se nos ha dado como una dádiva de
amor. Nos precede un plan y una realización. Usufructuamos una conciencia
íntima y una emoción de ser.
Se ha dicho que la persona es un "ser-para-sí". La frase -verdad a medias-

~ inexacta. ~s un ser-para-sí relativamente. Mejor sería decir que la persona,
siend~para-s1, es para. Dios. Porque es Jo cierto que está vinculada, en su
esencia y en su operación, al Ser fundamental y fundamentante. En lo más
hondo del yo se avizora una fontalidad a la cual estamos vinculados.
Atraídos por la naturaleza corporal y por el espíritu, tenemos que orientarnos, forzosamente, hacia un centro de vida personal. Nuestra conciencia
nos insta a pasar sobre la fácil complacencia propia para dirigirnos hacia

19

�nuestro mejor yo. ¿ Cuál es nuestra situación personal ante Dios y ante los
hombres? He aquí la cuestión clave para nuestro destino eterno.
Mientras hay tiempo -y es bien corto- hay oportunidad de perfeccionarnos, de hacer algo por nuestra salvación, por la parte imperecedera de la personalidad. Es cierto que no creamos nuestro destino, pero sí lo decidimos responsablemente. Para ello contamos con el control de nuestro espíritu que
puede imponer un orden superior. Nuestra animalidad tiene que justificarse,
subordinándose, ante esa instancia. Y esta justificación se da en situaciones
y circunstancias. Esto quiere decir que tenemos que aprovechar lúcidamente
nuestro carácter, nuestro sexo, nuestro contorno geográfico y nuestro tiempo
para someterlos a una inteligente colonización. Podemos servirnos, como herederos que somos, del "achevement" cultural. Lo que vale es el esfuerzo personal y el sentido que se le dé a la acción. Tenemos que elegimos en la contimridad de la tarea salvadora.
Diariamente ejercitamos un cúmulo de actos voluntarios con sentido. Ahora
bien, si estudiamos la trabazón y la jerarquía de dichos actos, es preciso reconocer que todos ellos poseen una dirección y un sentido último salvífico. El
verdadero motivo de nuestras decisiones es el cumplimiento cabal de nuestro
ser. Admitida la posibilidad de salvarse, con la ayuda de Dios, organizamos la
vida finallsticamente. El sentido salvífico de nuestra tarea vital constituye la
justificación íntima de todas las acciones concretas que emprendemos. Al
realizar una conducta valiosa nos realizamos. Y realizarnos cabalmente, para
satisfacer nuestra hambre de salvación, es lo que más nos interesa en la vida.
Porque la cuestión decisiva es ésta: ¿Qué será de mí? ¿Qué será de nosotros?

4. LA

CUESTIÓN DECISIVA:

¿QuÉ

SERÁ DE NOSOTROS?

EL HOMBRE ES EL ÚNICO ser que tiene el temible privilegio de salvarse o de
perderse, según el rumbo que tomen sus pasos. Cercanía o lejanía de Dios.
Por el amor nos acercamos a El asemejándonos. Por ]a distancia moral -mala
vida y malas costumbres- nos desasemejamos a Dios, con una lejanía radical.
Todos tenemos, indefectiblemente, el mismo centro de gravitación.
En nuestra voluntad está el resolver el itinerario afectivo que seguiremos.
El alejamiento moral del centro de gravitación trae, como consecuencia, la
pérdida correlativa de la semejanza ontológica de la creatura con su Creador.
El amor ordenado ("charitas") nos lleva a nuestro sitio, al gozo. El amor
desordenado ("libido") nos conduce a la dis-locación. Y la dislocación nos
produce el tormento de la angustia. Con las raíces al aire, el alma queda expuesta a la inestabilidad, al fraude, al dolor, a la desazón. Los seres ma-

teriales y mudables nos arrastran hacia el vaivén angustioso de lo contingente ..Inútil buscar en esos seres -falsos en cuanto parciales- la vida feliz.
Ad~~nr~o~ a .la parte en lugar de ir derechos al todo es una lastimosa ceguera. . ~a m1qmdad, el pecado de la lejanía, no es una substancia, sino la perversion del amor humano -ha dicho San Agustín- que deja a Dios, substancia
suprema, por la criatura ínfima, arroja su intimidad y se derrama fuera de
sí".º Mientras San Francisco de Asís -místico al fin- levanta un canto
lleno de frescura, ante el hermano cuerpo, ante la hermana agua, ante ei
herm~o lobo y ante _las bestias y los elementos que hallan parentesco en su
corazon,
porque se asientan en el Ser más alto·J San Agustín' en cambio
no
•
.
J
quiere ~ntretenerse, demasiado, con las criaturas que solamente son semejantes a Dios,_ pero que no son la semejanza misma. ¡ Cuidado con el fraude!
parece dec1mos. Es fácil sufrir un espejismo convirtiendo los simples vestigio:
en _la realidad primigenia. Y ~bre todo, "a uno no le va bien si le puede ir
me1or, a nosotros no nos va bien con los puros vestigios de la Verdad cuando
con la Verdad misma podríamos estar harto mejor".1 Las bellezas fugaces
de las cosa~ atraen nuestra atención y fragmentan el alma, dificultando el
retomo ~ Dios. En nuestra más íntima interioridad está el itinerario más recto
para ;irnbar a la Verd~ y a la Belleza total. Entre San Francisco y San
Agustín no se dan doctrinas contradictorias, sino actitudes o perspectivas div:rsas. Sa~ Francisco ve, en los destellos de las cosas, vestigios de la Causa eficiente, '. e1emplar. San Agustín, ávido de Absoluto, se siente desilusionado
metafmcamente ante el no-ser de las cosas y no quiere verse alucinado por los
destellos momentáneos de los seres materiales y mudables. Nuestro diálogo
~on las cosas, marcadas con la huella de Dios, tiene que ser requisitorio y pasaJero. Ambos santos coincidieron en valorar más alto un poco de sentimient
0
de Dios que el conocimiento de todas las cosas del mundo.
Las cosas mudables, precisamente por ser mudables, nos producen angustia.
La mezcla de ser y no ser de todo objeto mundano deja insatisfecha nuestra
atr~cción obje~va de Dios. Pero no sólo las cosas se ven afectadas de esta
~ad1~ mutabilidad, también nuestra vida es, en buena dosis, inseguridad e
mcert1dumbre. La estrechez o angostura de mi ser me insta a salir hacia
1
,
b
un
dugar '?mas esta le, donde cese la zozobra y sepa a qué atenerme . t. Que' sera'
e ~- He aq~ _si no "la única cuestión", como lo quería Unamuno, sí la
decisiva. La dec1S1va porque de ella depende la importancia de las cosas y el
r~bo _de mi vida. Y como el hombre es un ser dialógico a quien no le puede
ser mdifeiente el destino de los otros, habría que corregir a Unamuno -siem0

SAN AGUSTÍN,

' SAN AGUSTÍN,

Confess., lib. VII, cap. XIV, 744.

De veta rtlig., cap. XXXVI, PL. 34, 151.

�'?
pre egotista y desmesurado- completando la pregunta: ¿ que· será d e mi.
con estas otras: ¿ Qué será de ti? ¿ Qué será de nosotros?
Para redimirnos de la angustia no hay más que una vía: el conocimiento
amoroso de Dios. Si Dios no puede obrar más que por amor, la aspiración a
conocerle y amarle, puesta en nosotros, está destinada a satisfacerse. Examinemos pues el modo de realizar nuestro bien.
'
'
En mi naturaleza --condiciones necesarias de mi ser- se me da un esbozo
de la perfección que debo realizar. De lo que soy -espíritu encamado- deduzco lo que debo ser. Soy un ser viviente, cognoscente, dotado de actividad
físico-espiritual. Me comprometo en cada uno de mis actos. Mi inteligencia,
que ve el bien en las cosas, despierta a la idea del bien perfecto, absoluto,
trascendental. Desde entonces, la sed de mi espíritu ya no será colmada por
los bienes particulares. En la medida en que me libero de la animalidad, se
manifiesta en mi espíritu, como atributo suyo, la necesidad de infinito. El progreso en el dominio del conocer me alegra, en cuanto avance en la penetración
en los esplendores del ser, y me entristece, en cuanto impotencia de avizorar
la realidad infinita del ser. Lo limitado me acongoja. Busco lo absoluto y no
lo encuentro en los bienes de la tierra. La posesión cognoscitiva de los objetos,
los lazos del amor y de la amistad, los vínculos de la comunidad me desarrollan, pero no me satisfacen en plenitud. Mi corazón sigue inquieto. Sólo en
lo absoluto, en Dios, puedo encontrar mi perfección. Cierto que a Dios lo
conozco de manera impedecta. Aún así, le reconozco por autor del universo
y admiro su sabiduría. Este imperfecto conocimiento de la Perfección me
basta para acatar el orden divino. Y sin embargo, más allá de toda sumisión
aspiro a la unión, al intercambio amoroso. Hasta aquí llega la filosofía. Lo
demás, los misterios de la intimidad divina y la respuesta de Dios a nuestro
llamado, por su revelación, caen de lleno en los dominios de la religión.
No han faltado quienes, en medio de su naufragio personal, han llevado
su angustia y su grito de rebeldía al terreno filosófico. Urge, en consecuencia,
preguntamos si esta existencia es absurda o si hay un sentido en ella, en su
estructura, que nuestra razón pueda descubrir.

5.

¿ExISTENCIA ABSURDA O SENTIDO EXISTENCIAL?

EL ESPÍRITU HUMANO, en sus operaciones específicas, tiene un apetito de claridad y una exigencia de familiaridad ante su universo. Quisiera que el mundo
pudiese amar y sufrir para comprenderlo humanamente, para marcarlo con
su sello. Y cuando no lo relaciona con Dios, el mundo se torna extraño, privado
de luces y de fines. A este exilio sin remedio se siente arrojado el existencia-

lista ateo. Su conducta es una consecuencia de su convicción sobre lo absurdo.
Vive por costumbre antes que por ideas e ideales. En el origen de todo está
la "inquietud". Se advierte que el mundo es "espeso", se entrevé hasta qué
punto un cerro o un cacto le es extraño e irreductible. Desaparece el sentido
ilusorio de los bellos paisajes y queda sólo la inhumana y primitiva hostilidad
de un mundo absurdo que le deja solo. Los hombres mismos, con su mímica y
su pantomima, segregan lo inhumano y le producen esa "náusea". Todas las
descripciones y clasificaciones, toda la ciencia de esta tierra no le dará, al
existencialista ateo, nada que pueda asegurarle que este mundo es de él.
El deseo de conquista choca con muros que desafían sus asaltos. Decididamente este mundo no es razonable. ¿No resulta entonces absurda la confrontación de ese irracional y ese desenfrenado deseo de claridad, cuyo lla•
mamiento percibe el hombre? En este clima espiritual se gesta, para Albert
Camus, el único problema filosófico verdaderamente serio: el suicidio. "Juzgar
que la vida vale o no vale la pena de que se la viva -nos dice- es responder
a la pregunta fundamental de la filosofía".ª
Después de admitir lo absurdo todo se desquicia. En vano pretenderá Camus
justificar su actitud de rebelión, de desafío. "Se trata -nos asegura- de
morir irreconciliado y no de buena gana". 9 ¿Por qué y para qué? El escritor
argelino resulta impotente para dar respuesta a esta pregunta inacaUable. Se
queda con una pasi6n sin mañana y con un destino cuya única salida es fatal.
Como Sísifo, se siente condenado a un trabajo inútil y sin esperanza. Ante
esa perspectiva sólo le resta su odio a la muerte, su desprecio de lo divino y
su apasionamiento por la vida. Cree -vana ilusión- que "no hay destino
que no se venza con el desprecio". 10 Y hasta llega a imaginarse que Sísifo es
dichoso, porque el esfuerzo para llegar a las cimas basta para llenar un corazón de hombre. Pero esa afirmación no es más que un producto pasajero de
la borrachera antropocéntrica. No parece llenar el esfuerzo a su corazón de
hombre, puesto que grita, exige, dice no ... ,cyo grito que no creo en nada
y que todo es absurdo, pero no puedo dudar de mi grito y tengo que creer
por lo menos en mi protesta. La primera y la única evidencia que me es dada
así, dentro de la experiencia absurda, es la rebelión". 11 Esta rebeli6n testimonia
el hecho de que el hombre es la única criatura que se niega a ser lo que es.
Desgraciadamente Camus no ha sabido derivar las consecuencias metafísicas
implicadas en esta afirmación. Prefiere rechazar su condición mortal y neALBERTO CA.Mus, pág. 13, El Mito de Slsifo, El Hombre Rebelde, Editorial Lo.sada, S. A., Buenos Aires, 1953.
• CAuus, pág. 50, opus. cit.
'º CA:Mus, pág. 96, opus. cit.
11 CAMus, pág. 119.
1

�garse a reconocer la potencia que le hace vivir en esa condición, no sintiéndose
seguramente ateo, pero sí forzosamente blasfemo. Más que negar a Dios'. le
desafía. Pretende - ¡ vana pretensión!- descalificarle en nombre de la Justicia, pero advierte que la idea de justicia no se compr~~de sin la idea de
Dios. Y entonces cae en la absurdidad y rechaza la salvac10n. Pero tal vez su
rechazo -un tanto verbal- no haya sido definitivo. Lo que verdaderamente
rechaza, para compartir las luchas y el destino de los hombres, es una f~lsa
divinidad. Elige la acción lúcida, la generosidad del hombre que sabe. _L_a Justicia vive. ¿De dónde proviene esa "extraña alegría" que ayuda a Vlvtr Y a
morir, según nos confiesa?
"Para el espíritu humano no hay sino dos mundos posibles, el sagrado (o
hablando en lenguaje cristiano -dice Camus- el de la gracia) o el de la
rebelión". 12 EJ optó por la rebelión. El mundo cristiano -filosofía de la
injusticia- se le imagina desesperante. "Entre la historia y lo eterno, he escogido la historia, porque me gustan las certezas". Inmerso e? el ámbito de la
historia, sabe que su acción es en sí misma inútil, pero se decide, como el conquistador, por ese esfuerzo absurdo y sin alcances.
El resultado del existencialismo profesado por Camus -con tan sincero
romanticismo- es, más que una filosofía, un testimonio singular. Aunque con
escaso brío dialéctico, ha llevado al primer plano al hombre concreto, con la
intimidad de su conciencia, con su finitud, con su temporalidad, con su angustia, con su rebelión. Si todo es absurdo, ¿ no será también un absurdo filosofar
sobre lo absurdo? ¿ Cómo entablar diálogo con un absurdo con el que toda
discusión es imposible? Haciendo gala de un ilogismo extremo, Albert Camus
pretende construir íntegramente su concepción de la realidad sob~e algunos
postulados -"a priori", sin demostración- que hay que aceptar ciegamente.
¿ Cómo puede tener valor de ciencia su producci6n, si el propio autor reconoce
como absurda la confrontación del pensamiento -desenfrenado deseo de claridad- con el absurdo mundo? Y sin embargo, los que nos empeñamos en
filosofar hoy, no podemos eludir el encuentro del pensamiento con la existencia,
en el testimonio desgarrador de un hombre del siglo XX.
Frente al absurdo de un mundo existenciaJista como el descrito, nosotros
descubrimos que toda creación es triunfo y alegría donde cada criatura encuentra su sitio y misión. Amamos la vida biológica porque favorece la otra
vida, la del espíritu. Nos orientamos hacia valores y percibimos nuestro destino
per-durable. Nos sentimos responsables ante Alguien que nos espera y nos
juzga. Todo este existir en despliegue, ¿no está testimoniando acaso el vínculo1
11 CAMUS, Remarque sur 1a Revo
1
/ te, en el vo1umen en coa
1 borac'6n
1 , "L'E-'1stence",
París Gallimard, 1945.
A

1a conexión con un insoslayable sentido existencial trascendente? Acaso estudiando el dinamismo del ser humano podamos poner de relieve ese sentido
existencial trascendente.

6.

DINAMISMO DEL SER HUMANO

LA ACCIÓN rncLUY.E LA CONTEMPLACIÓN. El dinamismo activo del hombre lejos de oponerse a lo racional, lo supone. En toda tendencia hacia un fin aparece un plan inteligible. Y la experiencia nos muestra que hay siempre proporción entre las tendencias que se proyectan hacia fines y la capacidad de
obtenerlos: los dientes y las muelas, situados en la boca, tienden a masticar,
como lo muestra su contextura; y son capaces de ello; los ojos tienden a ver,
y ven; etc.
El hombre apetece la salvación, tiende a la plenitud subsistencia], luego
capaz de obtenerla. De lo contrario habría una contradicción indigna de
la Inteligencia divina. Basándose en el aspecto dinámico o finalista, Santo
Tomás afirmaba: "Es imposible que un deseo de la naturaleza sea vano;
porque la naturaleza no hace nada vanamente . .. " 18 Cuando constitutivamente un ser tiende a algo, es capaz de llegar a ello.
t'S

Si nos afanamos por obtener la plenitud subsistencial, si sentimos hambre
de salvación es porque estamos "in via", porque andamos en busca de cierta
participación del Ser fundamental y fundamentante. La íntima tendencia de
nuestra voluntad no es cerrarse egoístamente, sino proyectarse en un Absoluto
1:apaz de brindarnos la plenitud subsistencia) anhelada.
Por nuestras actuaciones podemos descubrir las virtualidades de nuestro
ser. Si actuamos en vista de la salvaci6n, es porque estarnos llamados a ella
-no forzados, claro está, puesto que cabe la frustración- aunque por ahora
seamos unos pobres gérmenes en desarrollo.
Andarnos en busca del Ser en plenitud. Los seres con los cuales tropezamos a
diario apenas si son esbozos de ser. Para comprenderlos tenemos que inteligir
su plan. El devenfr de los seres no podría ser explicado sin el Ser Absoluto.
Actuar es siempre actuar hacia algo positivo. Cada acción tiende a conseguir
el pleno desarrollo de cada ser humano. "Tout le réel est comme une priere a
l'Etre", ha expresado magníficamente Mauricio Blondel. 14 Perseverar en la
existencia, dilatar la existencia acrecentándola y entrando en la felicidad del
Ser, es tendencia característica de todo lo que existe. Sin embargo, el ser del
u SAll!TO ToMÁs,
"

Contra Gentes, 1. U, c. 55.
L'Etre, Excursw 5, pág. 386.

MAuR1010 BLONDEL,

24

25

•

�hombre es el único que manilie ta esta tendencia intenci~nalment~. La p~edra
y el océano, por ejemplo, no son ex-sistencia, en sentido ngur~so, si~o re~ istencia, persistencia. Sólo el ser humano está bajo el modo de ex-s1 tenc1a o fumeza
ex-teriorizada, salida de sí hacia el Ser Absoluto.
.
La vida humana en u actuar incesante, gime en demanda de una vid~ ~ue
no t rminaiá, capaz de poseer su objeto eterno. Y ef\ esta suerte de partunc1ón,que no recuerda an Pablo a prop6sito del mundo en~ero, se busca afanosamente una unidad y una solidez imperecederas. La vida del hombre es, en
gran parte, añoranza de lo que aún no es, de lo que debiera ser. Los a~ales
e tán perfecta.mente aclimatados en este mundo, porque pertenecen integramente a este mundo, porque su ser mundanal está esencialm:°tc. aj~tado
a la circunstancia. El hombre, en cambio, produce el arte y la ciencia, vive la
moralidad y tiene aspiración religiosa, porque aunque. existe en el mundo Y
frente al mundo, lo trasciende. unca acabamos de aclimatamos;°. este mu~do. Nuestra insatisfacción no es casual, sino metafísica. Los mulhple~ Y. diversos entes intramundanos 11egan. a distraemos y fatigamos con su difusión,
con su hostilidad, con su contradicci6n. Optamos entonces por ganamos a
nosotros mismos en un esfuerzo de cobel ión dominadora. Pero el yo. con sus
notas de interioridad, temporaneidad y subei¡tancia, tiene un fondo de obscura
soledad. De ahí ese entimiento de inseguridad y de abandono que le sobreviene al hombre relegado en sí mismo. De esta subexistencia en que. el yo _se
sient abandonado por Alguien, brota el deseo de abrirse a la realidad c1rcundante que le rodea y se le insinúa. Ese Al~ie~ que me . rodea Y me ha
puesto aquí debe tener, qué duda_ ~be, un. des1_gmo Par:1 m1 .. Yo so~, pues~
un enviado con misi6n. Y con mmon prop1a, singular, mcanJeable, intransferible. Esta experiencia fundamental del yo, qu~ suP?ne :oda un~ ga~a. de
acciones y experiencias, expresa, más allá de la VJda b1ol6g1c~, la ida 1~tima
del ser humano. Vida esencialmente dial6gica con ese Alguien que a 1. te a
nuestro existir como Testigo silente que nos asigna una misi6n por me~io ~e
la vocación. Aunque )os fenómenos no permanezcan, permanece la conciencia
de sí, la vocación, la voz.
La conciencia reúne en una síntesis la multiplicidad fenoménica del mundo.
Esto 00 quiere decir, p0r supuesto, que el universo gire a nuestro alrededor.
Unidad de conciencia, esp0ntaneidad. perennidad son rasgos que se dan, aunque deficienteroente, en la persona. La deficiencia de nuestro ser no conduce
a Ja aserción del er. Todos lo ser se explican misionalmente, esto es, por
su participación en el plan del er Absoluto. Tod_o s~r h~o, en cuanto es,
no sólo tiende a perseverar en su er, como lo afirmo Espmosa del er en general, sino a ser más a ser en plenitud. Si negamos esta tendencia -y está en
nuestras manos el hacerlo--, perderemos nuestra razón de ser, fracasaremos .

como hombres. Si en cambio somos fieles al dinamismo de nuestro ser humano -que no se recluye en el yo, sino que se proyecta hacia Dios- llegaremos a la perfección natural, a la plenitud que reclama nu tra naturaleza.
Las acciones humanas no se dan por simple impulso animal, sino por un
motivo salvífico que las promueve y eleva. La aspiración a lo infinito nos
mueve y nos libera. El universo entero nos está diciendo, a toda hora, que
venimos de Dios y vamos a Dio . o ob tante, es menester optar por el fin
de nuestro rer que saciará todo deseo.
A diferencia de Bloodel, nosotro no usamo el principio de la finalidad
exclusivamente, sino que recurrimos explícita y anteriormente al principio de
causalidad. Además, el anhelo de alcanzar un saber de visi6n, un saber iluminado de todas estas cosas que en el mundo encontramos siempre cubiertas
y veladas, no demuestra, por el solo hecho del anhelo, que lo podamos adquirir en el orden natural. "La mera capacidad que tiene una criatura de ser
elevada a cualquier fin superior, que no repugne a su naturaleza", ha sido denominada, por los antiguos escolásticos, como· "potencia obediencia!".
Una vez examinado el dinamismo del ser humano estamo en condiciones
de estudiar la urdimbre teotr6pica de la vida humana.

7.

URDIMBRE ThoTRÓPICA DE LA VIDA HUMA A

EN LA TUMULTUOSA SINFONÍA de la vida hay un número limitado de temas
primordiales. Con estos temas e constituye la urdimbre de mi exi tencia. Conozco, ejerzo actividades económicas, experimento viv ocias estéticas, p rcibo
religiosamente el ntido del acaecer cósmico, amo y entro en relaciones políticas. Todos estos actos están dotado de sentido. Actuamos con la totalidad
de nuestro espíritu. Y actuamos complejamente erigiendo vivencias cargadas
de sentido y entretejidas en relaciones. Las formas fundamentales de vida espiritual han sido reducidas, por Eduardo Spranger, a lo cuatro siguient
tipos ideale de intemporal caráct r:
1). El sentido económico reside en la vivencia de la relaci6n psicofí ica de
energía entre sujeto y objeto. (Gasto de energía).
2). El sentido teórico radica en la identidad general del objeto mentado.
(Esencia).
3) . El sentido estético reside en el carácter de impresi6n-expresión de su
apariencia sensible concreta. (Imagen).
4). El sentido religioso reside en la referencia de la vivencia singular al sentido total de la vida individual. ( entido total).

27

26

•

�A más de los precedentes actos espirituales individuales se dan, según el autor
de FOTmas de Vida, los actos espirituales sociales propiamente dichos, que consisten en una comunidad permanente y firme, asegurada por la fidelidad en
la dirección valorativa. Ayudar al prójimo y fomentar los valores comunes,
es el designio del hombre social. Para el hombre político, en cambio, el conocimiento es un instrumento de dominio. Todas las esferas de valor de la vida
son puestas al servicio de su voluntad de poder y de parecer. Es claro que
todos estos tipos ideales, obtenidos por un método de aislamiento e idealización
-hombre teorético, hombre económico, hombre estético, hombre social, hombre político, hombre religioso-, no son fotografías de la vida real, sino estructuras normativas aplicables a los fenómenos de la vida histórica y social. La
moralidad está más allá de toda especial esfera de vida. Trátase de una forma
de vida que puede hacerse sentir o no en todas las zonas. Forma que se basa
siempre en el carácter normativo que en el conflicto de los valores caracteriza
al valor objetivo más alto o supremo. Esta orientación personal nos perfecciona en nuestra esencia. "Dime con qué valores andas y te diré quién eres",
expresa Spranger, alterando una antigua verdad proverbial.

t~óri~~, eco~~mica, estética, social y política, se realizan por un tipo de mobvacion ~eligi~so: el_ ~án de salvación. Se experimenta como valor supremo
de la existencia individual íntegra, la plenitud subsistencia! anhelada como
c~,mplimiento ~efin_itivo del sentido de la vida humana. Esta suprema aspiracmn de valor irradia un sentido teotrópico sobre la vida espiritual íntegra de
la persona. Des~e entonces, todo es puesto en relación positiva o negativa con
el valor _de ~nJunto -salvación y glorificación formal extrínseca de Diosde la ext~tenc1a del hombre. Nada es indiferente. Todo puede cobrar sentido
escatológico en conexión con la totalidad personal y universal. En busca del
supr:mo valor de la existencia espiritual, con la inquietud e insatisfacción
~roftas al ','sta~~ viatoris", las cosas son situadas a diversa proximidad O leJama del fm ultuno, según su signüicación para la vida espiritual íntegra
de la persona q~e anhela su salvación. Salvación que no consiste simplemente
en _no perecer, ~m~ en llegar a la p_Ienitud subsistencia! anhelada. No podemos
resignarnos al mtimo despedazamiento, al destierro de la patria definitiva.
Sólo reposarem~s en la redención y en la beatitud. Un estar salvados no lo
podremos expenmentar sin la posesión de ese Ser Supremo.

El sentido de una objetivación espiritual se aprehende -según propone la
psicología "mental"- captando objetivamente la conexión íntima, provista
de sentido, en el ser y en el hacer, en el vivir y comportarse de un ser humano
o de un grupo de seres humanos. Dejémosle la palabra al propio Spranger:
"La psicología mental parte de la totalidad de la estructura psíquica. Entendemos por estructura una conexión de funciones, y por función, la realización
de lo conforme al valor objetivo. Ahora bien, en la estructura total del alma
se insertan, a su vez, estructuras parciales con plenitud de sentido, como la
estructura del conocer, la estructura del trabajo técnico, la estructura de la
conciencia específicamente religiosa... Sólo dentro de una estructura cobran
los elementos psíquicos una relación de sentido, del mismo modo que las partes de un organismo están entre sí en relaciones de sentido". 15 Después de
asimilar las valiosas lucubraciones de Spranger en tomo a la psicología y
a la ética de la personalidad, es preciso completarlas, integrándolas, como lo
proponemos nosotros, en una última conexión de funciones. Sj contemplamos
la estructura psíquica en su totalidad, se nos presenta como una estructura
teotrópica. Todo ser humano aspira a armonizar su total situación con el
supremo valor de salvación (anhelo de plenitud subsistencia)) asequible a su
conciencia personal. Sujeto y universo se someten a la norma del valor supremo. El curso del mundo se sitúa bajo un sentido divino. Y la vida misma
adquiere un impulso y una unidad moral. La fusión de las fonnas de vida

Las, motivaciones
unilaterales y específicas de las formas de vida teoreuca,
,h
.
, .
econ~m1ca, estetica, social y política, carecen de este "ethos" totalitario que
adqwere todo hombre cuando en verdad se realiza como hombre esto es
, · S'
,
, como
s~ teotrop1c~. olo en el hombre como ser teotrópico nos es dada una conexión ,~vatona d~ sentido. Tal es, al menos, nuestra visión de Ja estructura
teotrop1ca de .la vida
·
. , humana. Dentro de esa estructura teotr'op1ca,
cons1'deraremos_, a contmuac1on, la textura ética de nuestra vida.

EL HOMB.R E. SE ENFRENTA al mundo no sólo como un sujeto que conoce sino
como un SuJeto que "quiere". Al orientar su voluntad en la dirección de Jo
que se e?cuentra ~uera de su yo, al aspirar a ello o detestarlo, descubre un
nuevo remo: el remo de los valores. Dentro de sus posibi'lidad
¡·
y
etecc·,
nf
.
es e 1ge.
esta
100
•
va c~ º:n1ando su propio mundo y hasta su propio ser. Todo obrar
nene un sentido mmanente, mejora o daña a la misma persona que actúa
Pe~o _el obrar -su contenido y su clase- no es posible sin objeto. En eJ mund~
obJebvo hay modos del ser ricos, elevados y valiosos. Mi obrar debe afirmar
estos modos, so-pena de caer en relaciones objetivamente lesivas para m ·
1 ser
de hombre.

" SPRANGER, págs. 34-35, Formas de Vida, tercera edición, Revista de Occidente
Argentina, Buenos Aires.

b Antes que ser-bueno en algún respecto, importa ser-bueno sin más ser
ueno como hombre ut sic. Toda decisión que nos favorezca como ho~bres

28

8.

TEXTURA ÉTICA DE LA VIDA BU!'.tANA

-29

�integrales y nos perfeccione, será moral. Lo que lesione nuestro ser de hombres como un todo, es inmoral. No es posible vivir humanamente sin establecer
pautas normativas para las resoluciones y elecciones humanas. Estas pautas
normativas se cimentan inmediatamente en el orden entitativo y en última
instancia en la ley eterna, que se refleja en la ley moral. Sin el ser eterno de
Dios no hay fundamento posible del orden moral.
Dentro de la vida universal, sola la vida humana tiene una textura ética.
De ahí la necesidad de una ciencia práctica que dirija los actos humanos
hacia el bien honesto, de acuerdo con la recta razón. No basta una simple
colección de observaciones sobre la naturaleza de los actos humanos. Necesitamos una ciencia normativa, obligatoria, que nos enseñe el modo de obrar,
la actividad específicamente humana. A ella le corresponde el estudio de las
cuestiones fundamentales para la orientación de la vida moral y de la vida
social. Estudio que debe tener un método racional y empírico a la vez. Es
preciso conjugar la naturaleza racional del hombre- su espiritualidad y su
dependencia de Dios como de causa fontal y último fin- con los datos explicativos e interpretativos de las leyes morales suministrados por la experiencia. Alguna vez dijo Sertillanges, en frase magistralmente concisa, que "la
moral es la ciencia de lo que debe ser el hombre, en razón de lo que es". Intentemos ) puesJ trazar las líneas fundamentales de ese deber ser humano en
razón del ser.
Para que se pueda hablar de actos humanos -únicos que interesan a la
moral- se requiere que el hombre actúe con conocimiento y libre voluntad.
Para ser cada vez más humanos, necesitamos remover los obstáculos que estorban el conocimiento o la libre elección de la voluntad. El conocimiento
puede ser obstaculizado por la ignorancia de derecho y de hecho. La libre
voluntad se ve estorbada por la pasión antecedente, por el miedo que procede
de una amenaza grave e injusta, por la violencia que nos obliga a obrar contra
nuestra voluntad. Todo acto humano debe ser atribuido a quien lo ejecutó
consciente y libremente. Su autor debe dar cuenta de él, por ser responsable,
ante una autoridad superior. Somos responsables ante Dios y ante nuestra
propia conciencia, ante las leyes humanas y ante la sociedad. Nuestra responsabilidad se extiende más allá de nosotros mismos por la solidaridad.
Sin hábitos o disposiciones permanentes que nos muevan a obrar el bien y
evitar el mal, no podemos ser buenos hombres ut sic. Aunque las virtudes
( como los vicios) presupongan ciertas disposiciones innatas, es lo cierto que
son formadas y robustecidas por la repetición de los actos. La educación, el
esfuerzo personal, los ejemplos vivientes y los consejos harán prosperar a esos
gérmenes de virtudes o de vicios que todos, por nacimiento humano, poseemos.
No basta con hacernos de actos que perfeccionan aJ entendimiento en orden

30

a la verdad -la sabiduría, la ciencia-, menester es perfeccionar la voluntad
induciéndola habitualmente a la prudencia, a la justicia, a la fortaleza y a
la templanza. Si así lo hiciéramos, habremos logrado un acrecentamiento del
valor moral de nuestra persona y nuestra obra será digna de recompensa.
La existencia del mérito es reclamada por nuestra misma conciencia, por la
sabiduría, justicia y bondad de Dios.
Nuestro apetito tiende a un fin último que no esté subordinado a otro,
que satisfaga absolutamente el anhelo del hombre y que subordine y ordene
a sí todos los demás fines. La posesión de este bien supremo trae como consecuencia inmediata la felicidad o goce. La felicidad -¿ será preciso repetirlo una vez más?- no puede consistir en los bienes terrenos externos
-placeres, riqueza, honores, fama- o internos -salud, ciencia, virtud-,
ni en la suma de ellos, porque son limitados, imperfectos, inestables, imposibles de alcanzar para muchos y subordinados todos ellos al bien supremo.
Solo Dios -suprema Verdad, supremo Bien, suprema Belleza- puede satisfacer, sin perturbación alguna y definitivamente, nuestras aspiraciones. Consiguientemente no existe sobre la tie1Ta perfección y felicidad completa para
el hombre. Podemos, eso sí, tener una felicidad relativa en nuestro estado de
tendencia al bien infinito remoto y "gozar con la firme esperanza de su anticipada posesión", como nos ha dicho siempre la filosofía clásica. En virtud
del objeto, que es el bien infinito, y en virtud de su duración, que será
eterna, la felicidad del hombre que llegue a poseer a Dios será inmensa y
en cierta manera infinita. Conviene, en consecuencia, examinar la moralidad
de cada uno de nuestros actos, que proviene del objeto, del fin y de las
circunstancias. De aquí el axioma: "El bien nace de la rectitud total; el
mal de un solo defecto". En nuestra razón está impresa la ley moral que
nos hace distinguir entre el bien y el mal, instándonos a practicar el primero
y a evitar el segundo. Nos es imposible desconocer, destruir o modificar
esta ley -superior a nosotros- en sus puntos fundamentales. La distinción
entre el bien y el mal es intrínseca y esencial. Buenas serán las acciones que
de suyo están de acuerdo con la naturaleza del hombre {como ser racional,
social y criatura!) ; malas, las que estén en desacuerdo. La norma próxima de
moralidad es la recta razón que juzga de las cosas según su realidad objetiva
Y nos hace ver si nuestras acciones van debidamente encaminadas al último
fin. La norma última de la moralidad es la sabiduría de Dios, su ley eterna
que prescribe a cada ser un fin, de acuerdo con su naturaleza, dándole los
medios necesarios para conseguirlo. La ley natural, que es la misma ley
eterna impresa en nuestra conciencia de criaturas es oblio-atoria absoluta
,
o
'
'
universal e inmutable. De ella se sigue, como efecto propio y directo, Ja obligación de hacer u omitir algo. La posesión o privación del último fin o feli-

31

�ciclad eterna será la sanción más universal, eficaz y justa. Y será nuestra conciencia, nuestra razón práctica, la que juzgue, teniendo en cuenta el fin Y
las circunstancias, de la bondad o malicia de nuestros actos concretos.
•No nos estará indicando la textura ética de la vida humana que nuestra
exfstencia es un problema de orden? ¿De dónde proviene este orden y cuál
es su idea directriz o unificadora?

9.

LA VIDA HUMANA ES UN PROBLEMA DE ORDEN

LA

IRRESISTIBLE TENDENCIA al gozo nos mueve durante toda la vida. Imposible eludir impulso tan violento. Continuamente nos sentimos instados a
sucumbir ante la delectación má~ poderosa. Deleites pasajeros de cosas mudables nos dejan en permanente inquietud y desequilibrio. Lo que se disfruta sin seguridad -tal es el caso de los deleites pasajeros- produce desasosiego. Mientras no lleguemos al acceso total' y definitivo de Dios, ;i~iremos
en desequilibrio. ¿ Cuándo encontraremos definitivamente nuestro s1t10? Por
lo pronto &lt;:n esta vida seremos los eternos caminantes. Caminan~es que ~entirán más o menos su inestabilidad y contingencia, según se adhieran mas o

menos al Ser Absoluto.
Decía San Agustín que "la eternidad es la sede del alma". 16 ¿Cómo reprimir entonces el ímpetu que nos lanza hacia la eternidad? Desde_ la propi~
temporalidad y contingencia preguntamos, en cierto modo, la estáaca Y fnutiva inhesión del alma en el Ser fundamental y fundamentante. Los goces
temporales acaban por dislocar el alma. El mismo Nietzsche advirti~: "Doch
alle Lust will Ewigkeit, will tiefe, tiefe Ewigkeit. Todo placer quiere eter.
rudad,
una profunda, prof un da eterru'da d" .11
¿ Queremos hacernos mejores? Busquemos entonces, según el precepto agustiniano, algo que sea mejor que nosotros. ¿ Qué hay mejor que el alma, P?rtadora de la imagen de Dios, s.i no es Dios mismo? Adhirámonos, pues&gt; a Dios
en amorosa ebullición. Sólo así llegaremos a ese descanso que el Santo Obispo
de Hlpona concibe como "un equilibrio sadativo de todas las tendencias en
movimiento''. La adhesión amorosa no se puede dar a ninguna de las criaturas que poseen valores relativos, a menos de admitir un desorden en el
amor, esto es, un vicio. Permanecemos en la verdad por el amor. El que se
ama a sí mismo -ordenadamente, por supuesto-- ama también a Dios;
quien no ama a Dios, observa el hiponense, debe decirse que se odia a sí
mismo. Amando en los vestigios lo que tienen de semejanza divina o amando
"

SAN

11

F.

32

AousTÍN, De doctr. christ., 1, 1, cap. XXXVIII, PL. 34, 35.

NIETZSCHE,

pág. 471. Also Spra,h ZaraihuJtra, Leipzig 1904, parte IV.

a la semejanza divina en las semejanzas parciales (cosas), volvemos a Dios.
Porque las huellas tienen como función marcar el "paso" de alguien, son
unos efectos que nos dan a conocer sus causas. Los indicadores del camino
sirven, como señal, para llevarnos adelante, más allá ...
Estamos en el mundo, dependiendo del mundo y sirviéndonos del mundo
para realizar nuestra obra propia. Por nosotros se expresa el mundo y le responde a Dios. Suprunid al hombre y el mundo perderá su sentido. Con su
proverbial potencia intuitiva, José Vasconcelos apuntó, hace ya varios años,
un atisbo genial que hasta ahora no ha sido recogido y adecuadamente desarrollado: El hombre redime el mundo físico, trocándole su ritmo de material en psíquico. Los cuadros de la naturaleza, destinados a desaparecer, son
salvados por el hombre, que los conmuta en ritmo, armonía y contrapunto.
El amor es la fuerza que emprende la reintegración de lo disperso a lo
Absoluto. Mediante la facultad maravillosa de crear visiones espirituales, el
mundo se salva. Ya puede seguirse operando la disipación, la entropía. ¡ No
importa! Cuando el mundo se ha hecho imagen entra al ritmo del espíritu
y se eterniza. La función del hombre forjador de imágenes es, en este sentido,
mesiánica.
Como hombres, todos estamos llamados a realizar una obra de perfección
y de belleza. Gracias a esta obra, que nos manifiesta, alcanzamos el cumplimiento de nuestro ser. Cada hombre puede añadir al orden de la creación
-singular privilegio-- algo privativamente suyo. Pero es preciso q1,1e se desarrolle, fiel a su vocación, y que ocupe su puesto en el cosmos. IEn su naturaleza misma está prefigurada su perfección.
El orden -unidad en la multiplicidad- proviene del espíritu que ve la
unidad. Sin una idea directriz no se podría percibir el orden. Esto significa,
en otras palabras, que todo orden se corresponde con una idea. Idea unificadora, principio de acci6n, que nos aparece como un bien. La vida humana
en sus aspectos biológico, intelectual y moral es un problema de orden personal y social. Aunque pueda elegir el mal, no tengo derecho de hacerlo. La
naturaleza tiene sus exjgencias parciales; debo aceptarlas y satisfacerlas, porque son buenas en sí mismas, sin caer en desviaciones. En todo caso, siempre
queda un margen a la elección. Y la elección configura mi vida y me determina con obligaciones. Vivir es determinarse. La acción supone la opción.
Con opciones y acciones voy construyendo mi ser. No puedo permanecer acariciando posibilidades. Escoger una posibilidad es renunciar a las otras. Tengo que realizar mi perfección, no Ja perfección en abstracto, y la tengo que
realizar en circunstancia. Elegir es sacrificarse. Haber elegido la filosofía
significa, también, haber renunciado a miles de posibilidades. No hay vida
sana sin sacrificio y no hay sacrificio que no contribuya a perfeccionar al

33
H3

�hombre. El sacrificio purifica, templa, afina, prueba. "El oro se prueba por
el fuego, el hombre fuerte por la adversidad", enseña Séneca. Pero la prueba
-y esto no lo dice Séneca-, sólo tiene sentido como instrumento de salvación, como ofrenda al Ser que trasciende nuestra vida.
Dentro del orden de la vida humana se da, como un menester insoslayable,
el llamado a la realización de nuestra humanidad.

10. Es

DEEER DEL HOMBRE DESARROLLAR SU HUMANIDAD

CuALQUmR CONFIGURACIÓN QUE vayamos logrando de nuestra vida es, de
por sí, fragmentaria e insuficiente. Nada acusa el carácter de lo definitivo.
Uñ impulso infinito mueve nuestra vida. La tensión interior entre "ser'' y
"llegar a ser" lo que debemos ser (vocación), origina la intencionalidad de
la vida y su constante proyección hacia el futuro. Vivir es actualizar las potencialidades de la vocación. La historia es el reflejo de esas tensiones o
actualizaciones de la vocación. Entre las innumerables posibilidades que poseemos, elegimos de acuerdo con un plan vocacional. Pero elegimos sabiendo
que habrá, sobre nuestra realización vital, un excedente de vida no vivida
que quisiéramos vivir. Y esta vida no vivida nos punza y nos agita con un
divino descontento. Un insaciable anhelo de valor bulle en los entresijos de
nuestra alma. No hay que equivocarse: estamos en presencia de una agitación que antes de calificar de psicológica habría que denominarla como
inquietud metafísica. Una celeste escala se eleva desde el "horno interior".
Dentro de lo fragmentario e insuficiente de nuestra vida, en sus configuraciones, se dan los elementos de la vida moral. Tenemos que aceptarnos
como somos, con cuerpo, con afectos, con intelecto, con voluntad ...
Un cuerpo maridado a un espíritu. De este extraño maridaje ~spíritu
encarnado- resulta la dualidad simultánea de la vida física y espiritual que
reobra sobre cuerpo y espíritu. Somos incapaces de obrar sin el cuerpo. Debemos, en consecuencia, cuidar del cuerpo como de un instrumento necesario. Pero entiéndase la palabra cuerpo no como cuerpo animal, sino como
cuerpo humano al servicio de un espíritu. Y como cuerpo humano hay que
ordenarlo, sin destruirlo, por la templanza. Templanza que no significa privación de satisfacciones legítimas, sino moderación de apetitos irracionales.
El equilibrio y la salud del cuerpo nos permiten disciplinarlo, pero no disminuirlo. Disciplinarlo para no caer en la sensualidad que convierte en fin lo
que debiera ser un medio: el placer físico.

La vi&lt;la sentimental es un punto de encuentro del alma y del organismo.
Los estados afectivos tienen un carácter mixto: intelectual y fisiológico. Toda

34

acci6n enérgica -y nada digamos de las pasiones- surge de un sentimiento.
Por eso resulta de suma importancia el hecho de que Ja razón comande a esos
sentimientos que se dicen ciegos porque no ven -y con desesperante fijezamás que su objeto. El sentimentalismo se recrea en el sentimiento por el
sentimiento mismo: estéril satisfacción que nos priva de la entrega y del
sacrificio. Todo amor sentimental no es, en el fondo, sino narcisismo, repliegue sensual.
El "lagos" tiene un primado de dirección sobre el "ethos". La facultad
de visión traza caminos a la vida afectiva, aunque a decir verdad nunca es
completamente libre. La voluntad y los afectos dejan sentir su impacto sobre
la inteligencia. Debemos procurar, no obstante, amar a la verdad sobre todas las pasiones para llegar a la libertad del espíritu. Y esta libertad no se
logra sin una sana orientación de los afectos.
La filosofía por si misma no da la virtud, pero la hace más fácil por la
flexibilidad del espíritu. La tendencia fundamental del hombre hacia el conocer es buena, en cuanto proviene de la abertura de su espíritu. Gracias a
esta abertura se adquiere un desarrollo intelectual y moral más refinado.
Incrustados, :n las. exigencias más lícitas y universales de nuestro tiempo,
?uestro espmtu abierto cumple con responsabilidad una misión de vigilia
mtelec~aI, ~tento ~ la peripecia esencial de la vida. El fin de la filosofía y
de las c1enc1as particulares es servir al hombre, permitiéndole llegar al pleno
desenvolvimiento de sí y del mundo material que le circunda. La ciencia
~ura~:nte especulativa, a~~ue provechosa para el hombre, no puede ser
fm últ1D10. No ba~ta perc1brr la verdad, es preciso poseerla. Toda pasión
de la verdad, del bien y de la belleza es búsqueda de Dios. No hay otro modo
de perfeccionarse y de cumplir la obra. Lo demás es diletantismo o desenfreno intelectual.
En la vida moral, corresponde a la voluntad el primer puesto. Es claro
que la voluntad tiene más perspectivas mientras más se desarrolle la inteligencia que abre horizontes y que satura la libertad. Los hábitos moralmente
buenos -segunda naturaleza- son la base de todo el desarrollo humano el
crear automatismos que facilitan las acciones buenas e impiden las accj;nes
~las. El bien, hecho automatismo, ensancha la libertad que no es, en rigor
smo "el poder de elegir entre bienes". No se eligen los males sin reducir ei
c~po. de la. libertad. No se puede conquistar la libertad sin dominar la
arumahdad, stn someter las pasiones a la razón. En cada uno de nuestros
ª:tos portamos el peso concreto de toda nuestra vida. El dominio de la acción se asegura después de sujetar las tendencias carnales y afectivas Lo
que debe importarnos es el ser entero que estamos llamados a realizar. Todas
las otras obras tienen el sentido de facilitar y preparar la gran obra que es

35

�nuestro ser entero. Este ser entero se va haciendo como un todo continuo,
teniendo en cuenta toda la vida. Cuerpo, afectos, intelecto y voluntad son
elementos ineludibles de la vida moral del hombre. El desarrollo de nuestra
humanidad hacia su perfección tiene que contar con estos elementos encuadrados dentro de un plan vocacional. Pero el ser entero que estamos llamados
a realizar, dentro de un plan vocacional, es cosa de cultivo, de cultura personal.

1]. LA

VIDA HUMANA COMO CULTURA

NECESITAMOS ORIENTARNOS, saber a qué atenemos respecto de los seres que
integran la realidad en la que nos encontramos viviendo. En conseguir esa
orientación nos va nuestra previvencia y nuestra felicidad. Conocer la realidad para salvarnos, para ser hombres de verdad en la gran aventura que
es existir.
En la conexión cambiante del yo y del mundo se da un dinamismo dramático que constituye la realidad de la vida humana. Buscando la estabilidad que m~ falta, advierto que mi vida se ofrece como una norma o programa
de salvación. Y este programa perfilará mi existir como hazaña Y como misión. Sostenerme en el universo con mi programa de salvación ha sido, sigue
siendo y va a ser, mi tarea primordial en la vida. Cuando parece que se
pierde todo sostén y que vamos a naufragar en el inme~ océano ?el universo, surge la angustia. No tan sólo se trata de que el nesgo me crrcunda,
sino de que yo mismo soy riesgo en la fragilidad de mi ser biopsíquico y
moral. Un enlace de sucesos únicos ensartados como cuentas de un rosario
personal por hacer, va poniendo de manifiesto una asombrosa y al parecer
inagotable multiplicación de posibilidades. Dentro de las posibilidades, no
todas tienen igual valor para mi vida. Si todas fuesen equivalentes, podría
lanzarme ciegamente en cualquier dirección.
Se acabaría la seriedad, la fe, la raz6n en el acto de decidir. Una sola
posibilidad es la mía: el abrazo a la vocación.
La cultura como sistema de certidumbres y estabilidades frente a la incertidumbre y a la inestabilidad de mi vida, no es propiedad de nadie porque
no es un bien jurídico. Esencialmente transferible, la cultura no es excluyente, aunque sea susceptible de apropiación por todo aquel que se sienta
habitado por ella, confirmándola en su vida personal. Conocimientos que
flotan en nuestro ser y se deslizan sin dejar ningún sedimiento, no forman
cultura. Otros, por el contrario, penetran en nuestro interior, se ligan a nuestros recuerdos, conceptos, voliciones y pasiones, integrando nuestro yo psico-

lógico. Hasta se podría decir que se hacen, en nosotros, carne y sangre, vida
y espíritu. . . Los transformamos y nos transforman. No son simples conocimientos "nocionales", sino que son verdaderamente conocimientos "reales"
-romo diría Newman- porque los hemos asimilado. Con la ventaja de que
se tornan, una vez asimilados, autónomos, personales. Desde entonces conocemos por nosotros mismos y no por medio de otros. Habrá una manera propia
de comprender y de expresarse que corresponde a un determinado cuerpo y
a un temperamento peculiar. Conoceremos las cosas conociéndonos a nosotros mismos, y no las comunicaremos al exterior sino comunicándonos a
nosotros mismos. El hombre, al conocerse, se hace más hombre. Por hombre,
reflexiona, se plantea problemas, descubre soluciones y confronta estas últimas con la roca viva de la realidad. No hay que olvidar que el término "cultura" tiene un origen agrario y significa cultivo. Pero el cultivo supone la
simiente, la sementera, la plantación, la labor del sembrador. Sin este afán
humano sobre la tierra en cuanto meta perseguida y adquisición lograda,
nunca podrá entenderse la cultura personal.
La vida del hombre culto no puede ser conducida sin filosofia esto es
'
sin conciencia de que en cada suceso, en cada acaecimiento transparece
el'
"sentido sobrctemporal de que está empapado". La divisa del hombre culto
podría ser aquella que formuló Eugenio D'Ors: la elevación de la anécdota
a categoría. No se puede ser culto sin una por lo menos discreta base filosófica
como elemento integrante y aun rector de lo que es, entre nosotros, la llamada
"cultural general". No debe olvidarse que no hay formación auténtica que no
repose en un decoroso conocimiento del hombre en cuanto hombre. En este
sentido, no hay más cultura que la cultura hwnanista. Todo lo demás es
barbarie. No suprimiremos ninguno de los datos y valores esenciales del hombre, porque una cultura desequilibrada o deficiente no merece el nombre de
cultura. Daremos satisfacción a las legítimas exigencias del cuerpo, pero buscaremos para el espíritu luz, belleza, y bien ... la perfección humana frente
a la vida toda y a la universalidad de las cosas es abarcada por el concepto de
cultura. Mientras el humanismo sólo apunta derechamente a la perfección
del hombre, por hombre, la idea de cultura engloba la perfección del hombre
y su circunstancia.
La cultura responde a un anhelo fundamental de la naturaleza humana
pero es obra del espíritu y de la libertad, agregando sus esfuerzos al de la'
naturaleza. Cultura es plenitud vital específicamente humana: actividades
especulativas y actividades prácticas (éticas y artísticas) engranadas al tiempo y a sus vicisitudes. Trátase, consiguientemente, de algo especialmente humano y, como tal, perecedero. Siempre me ha parecido magnífica aquella
expresión de Herriot: "La cultura es lo que queda cuando todo lo demás

37

�se ha olvidado". Queda la capacidad, la aptitud. Gracias a la cultura, nuestras sensaciones, nuestras imágenes, nuestras intuiciqnes, nos pueden sobrevivir y, por consiguiente, es posible que adquieran un cierto modo de existencia que ya se encuentra fuera del yo.
La vida humana, desarrollándose según sus peculiares modos de ser y comprendiendo la producción y utilización de objetivaciones culturales, es también
y de manera eminente, cultura. No hay que olvidar que en dinamismo y
fluencia de vida se fraguan, en el interior de un sujeto, el libro y la sinfonía,
la catedral y la herramienta. Consciente o parcialmente inconsciente, el proceso de creación cultural -radicado en la capacidad objetivante del hombre- va desde la primera incitación o germinación hasta que el objeto ingresa con vida independiente y propia en el mundo de la cultura. Si por
una parte el hombre crea la cultura, por otra la cultura lo va configurando
a él. Piénsese en lo que significa, en la vida de cada cual, el lenguaje, la
religión. el derecho, el arte, la técnica ... Gracias a estas realidades realizamos íntimamente nuestra propia índole, acrecentamos y fortalecemos nuestra vida interior, cumplimos nuestro destino natural.

12.

CULTURA OBJETIVA Y VIDA CULTURAL

TAN IMPORTANTE RESULTA la cultura para la comprensión del hombre que
Ernest Cassirer ha llegado a decir que "la caractedstica sobresaliente y distintiva del hombre no es una naturaleza metafísica, sino su obra. Es esta obra,
el sistema de las actividades humanas, lo que define y determina el círculo
de humanidad. El lenguaje, el mito, la religión, el arte, la ciencia, y la historia son otros tantos "constituyentes", los diversos sectores de este círculo" .18
Sin desconocer la importancia de una consideración funcional del hombre
y de una filosofía de las formas simbólicas, no creo que sea posible proporcionar una visión de la estructura fundamental de cada una de las actividades
culturales humanas -&lt;:orno en vano lo pretende Cassirer- sin una previa
metafísica del hombre.
La cultura proviene -como lo ha apuntado Francisco Romero- de la
capacidad oh jetivante. Si el hombre es un ser que capta y concibe un mundo objetivo, la cultura forma cuerpo con el hecho de ser humano. Distínguese
entre cultura objetiva -toda creación del hombre: obra de arte, institución,
teoría, costumbre- y vida cultural -existencia del hombre entre los entes
objetivos creados por él.
ia ERNST CASSCRER, pág. 105, Antropologla Filosófica, Introducción a una Filosofía de
la Cultura, Editorial Fondo de Cultura Económica.

38

Tenemos la facultad de imponer nuestro propio cuño a la naturaleza de
incorpcrarfo un sentido. Todo aquello que de alguna manera producim~s 0
modificamos para introducir en nuestro círculo humano, es objeto de cultura: parques nacion:iles, pisapapeles, edificios, leyes y reglamentos. En este
sentido se ha podido decir que la tierra entera está culturizada, porque no hay
un rincón en ella que escape a las relaciones jurídicas y de dominio. Sólo los
astros no están afectados por la cultura. Cabe decir que son pura naturaleza.
El objeto cultural, sentido humano impreso en una cosa, se comprende
pasando "de algo significante a algo significado" (Romero). Base material,
contenido o sentido y referencia a un valor --que no es parte efectiva de un
objet~ sino una dirección o polarización- son los ingredientes que integran
el objeto cultural. El hombre humaniza lo no humano, transfonna Ja realidad
colonizándola. "Vida humana objetivada" llama Recaséns Siches a la cultura objetiva, porque supone la proyección al exterior de la interioridad del
hombre. Nada de raro tiene que el hombre, al autoafirmarse, edifique un
mundo, si pensamos que lleva un mundo dentro de sí, una interioridad poblada de instancias objetivas.
Primitivamente la palabra cultura significó un estado o una posesión de
la persona individual (cultura animi). Posteriormente adquirió el sentido
de estructura objetiva supraindividual. En realidad, ambos aspectos de la
c~ltura están íntimamente vinculados y se condicionan mutuamente. Conviene recorJar ~ue -~ palabra cultura arranca del cultivo de las plantas (agricultura), cuyo _s1?°if1cado se extendió al cultivo anímico. El hecho es que nos
encon~amos viviendo en medio de un conjunto de productos con sentido~
que eXJSlen ahora Y para un grupo, para nosotros. Cada sector está constituido por. bienes. culturales gue encaman un valor peculiar. No se trata d e
un org~smo ~mo de una organización de partes esencialmente distintas en
una umdad mas o menos diferenciada y estrecha.
u na aut'enbca
.
fil osof'1a de la cultura intenta conocer el mundo de la cultura no como un mero agregado de hechos inconexos y dispersos sino como
un todo o ' ·
·
'
•
rgaru~, ~orno un S1Stema. El hombre vive en una socieda-d efe perr5
a.mien~os Y se~tun1entos cuyos elementos y condiciones constitutivos son: el'
len~aJe, _el mito, el arte, la religión y la ciencia. No puede el hombre vivir
su vida s~ expresarla. Y estas expresiones sobreviven a la existencia indivi-clual. ,y efunera de sus forjadores. Entre estabilización y evolucio'n se da una,
tens10n constante. Hay una tendencia a las formas fijas y estables de la vida~
co11'.o hay otra que propende a romper este esquema rígido. La cultura
&lt;:OnJunto -afirma Cassirer-, "es el proceso de la progresiva autolibera~i::

39

�del hombre".1º Pensamos nosotros que los objetos culturales lo mismo le
ayudan al hombre a vivir como a destruir y a dar mue~e. En todo caso, el
futuro de la historia depende de la cultura, no de la fatalidad.
Un cosmos intelectual, que abarca un conjunto orgánico de va~ores expresados por la actividad humana, está ahora en nue~tras manos. S1 la c~~tura es fruto de la libertad espiritual, no podemos elu&amp;: n~estra res?°ns~bihdad histórica. Conciencia crítica, organicidad de conocmuentos, ~finamiento
espiritual, todo ello es bueno procurar, a condición de no absolubzar los valores humanos. Sin un fundamento trascendente de los valores, la c~ltura se
viene abajo como falso ídolo. O el fundamento de los valores es D10s~ o los
valores cesan de ser tales. Los valores que expresa toda cultura nos remiten al
fundamento de todo valor.
.
Tanto la cultura objetiva como el quehacer de cultivo personal se exphc~~•
en última instancia, como un intento de precaverse del peligro de frustrac1on
y como una faena salvífica.

13. QUEHACER

'N y RIESGO OE
DE SALVACIO

FRUSTRACIÓN

APROVECHAMOS y TRANSFORMAMOS la naturaleza, porque el mund o _no est'a
hecho a gusto nuestro. Ni enteramente hostil ni enteramente complaciente, el
mundo natural puede convertirse, por obra de cultura, en mundo humano.
Según ¡0 que nos propongamos hacer, las cosas se _n~ presentan. como respuestas de auxilio O de amenaza, c~~o "impor~noas , para decirlo con _el
término orteguiano. Sólo que las fac1hdades o dificultades ---&lt;:osas- qu~ circundan nuestro existir, no dejan de tener naturaleza. Contra 1~ que p1e~sa
Ortega las cosas son primariamente sustancias y eventualmente importancias.
Aunqu~ las cosas se nos den en su contexto circunstancial? no pierden_ por
ello su ser-en-sí su quididad, su esencia. Todo uso y maneJO de la realidad,
y hasta la cien~ia misma, descansan en el conocimiento de la naturaleza de
las cosas.
.
Antez de investigar qué es la realidad tenemos con ella un trato pre-mtelectual, pre-teórico. La entendemos -válgame
expresión- de manera
familiar. El enigma de la realidad nos fuerza a interpretarl~ ~entalmente,
para orientamos y para salvamos. El hecho radical no es ~1 vida humana,
sino la realidad en la cual se articula mi vida. El contorno inexorable en el
que vivo aquí y ahora trasciend: mi vid~ si_ngular, por más que ese contorno
0 circunsta~cia haya sido conocido en mi vida personal.

1:i

313, Antropologla Filosófica, Introducci6n a una Filosofía
de la Cultura, Editorial Fondo de Cultura Econ6mica.
,. Ell.NST CAssrRER, pág.

La vida no es puro acontecimiento, drama desnudo, como lo quiere Ortega,
sino realidad temporal, ser histórico, entidad creatural. Sentirse creatura es
sentir hundiéndose la consistencia. Esta sensación de inconsistencia, de disipación, no se remedia apoyándose en objetos externos. El tiempo hace desvanecer toda cosa concreta, pero no el principio del conjunto de cosas. Toda
vida humana real posee una serie de dimensiones y contenidos comunes, sin
mengua de las estructuras concretas de cada vida. De otra manera no sería
posible una filosofía del hombre.
Viviendo entre los hombres, en sociedad, interpretamos la realidad y buscamos el sentido del universo. El repertorio de pensamientos y de convicciones
de nuestra época no impiden la meditación personal el intento de conocer
el ser. Este intento presupone que hay tal ser. Consiguientemente el hay, el
haber es el campo del ser. Cuando hay vida humana hay quehacer de salvación y riesgo de frustración. La salvación que anhelamos no nos es dada de
modo seguro, puesto que luchamos por ella. Necesitamos luchar por la salvación, cada cual por la suya. Es así como yo entiendo el quehacer vital, el
yo-programa. Dentro de una libertad limitada por la circunstancia espacial y
temporal, tenemos que ganarnos la vida. Y en este hacer la vida surge, de
manera inevitable, la justificación ante Ja propia conciencia y a la luz de
nuestro quehacer de salvación.
El hombre tiende con apetito innato a la salvación, como a su fin interno.
Porque en la salvación está la felicidad y en el fracaso la infelicidad. Nadie
busca jamás ser desgraciado. Todos percibimos fenomenológicamente, al menos en forma vaga, que deseamos salvarnos integrahnente, que tememos perdemos y que buscamos los bienes particulares como medios para alcanzar la
salvación plena. Que esta salvación plena no dependa únicamente de nosotros, por el hecho sobrenatural e histórico de la venida del Salvador, es
cosa que no vamos a abordar en esta investigación filosófica, por razones de
pureza metódica. Podemos decir, eso sí, que esa búsqueda continua y necesaria
de algo saciante en los bienes particulares evidencia la persecución de la salvación y de la felicidad. ¿ Por qué no se detiene el hombre en los bienes particulares? Porque son mezcla de bien y de mal y su voluntad tiene por objeto
un bien puro. El hambre de salvación no puede proceder de causas variables
--el capricho individual, la educación, el medio ambiente- puesto que se
trata de un apetito el.ícito, constante y necesario en cada hombre e igual en
todos. Procede -no cabe otra explicación-, de la única causa constante: la
identidad de la naturaleza humana. Una especie de peso ontológico o gravedad de la naturaleza nos hace tender, en todos nuestros actos, a la consecución de nuestro fin interno.
El quehacer de salvación no puede ser vano e ilusorio. Responde a un

�apetito natural de un bien que sacie, ~ afán de pl~nitud subsistenc~. Si
los seres inferiores alcanzan su fin proxuno, ¿por que el hombre habn~ de
ser el único ente incapaz de conseguir su fin interno? Con. certe_za es~ontanea
intuimos nuestra tendencia voluntaria a la plenitud subsistencia!. Si la ,plenitud subsistencia! fuese una utopia o un imposible, la voluntad te~dena a
la plenitud subsistencia!, como está demostrado, y a la vez no tendena, pues.
tender a un imposible es no tender. Supuesta la existencia de Dios, la. demostración teocéntrica es concluyente: Dios, autor de la naturaleza, ha unpreso
en el hombre ese afán de plenitud subsistencial. Luego sería. contra ~e su
sabiduría, fidelidad y bondad dar al hombre ese afán de plen~tud subsistencia! que no puede alcanzar y hacerlo más miserable que los arumales.
En esta vida no es posible al hombre obtener la plenitud subsistencia! anhelada, sino imperfectamente. El solo hecho de terminar con la vi_d~ basta
para que la relativa plenitud terrestre diste mucho de ser perfecta. S1 siempre
andamos en pos de la felicidad -y la experiencia nos comprueba este aserto-es porque toda felicidad obtenida es imperfecta y no hemos encontrado el
bien saciante. La vida humana es riesgo y aventura. Aunque forzados a ser
libres -en nuestras manos llevamos nuestras vidas- no estamos forzados a
seguir un camino de salvación. La naturaleza y el Autor de la naturaleza nos.
trazan una senda, pero el mundo que nos rodea ofrece, a cada paso, multitud'
de incitaciones y requerimientos. Estamos obligados a ~ecidir _lo que e~ ~ada.
momento hemos de hacer. Libertad implica riesgo, contmgenc1a o proxurudad
de un daño.

El relativo descanso -anticipación de la eterna plenitud subsistencia!- Jo,
conseguimos en esta vida por el progresivo desarrollo de l:15 _facultades humanas. La consecución del fin próximo individual ( conocumento y amor deDios y bienes complementarios de la vida terrena) . y del fin pró.~o social
( desenvolvimiento familiar y político) nos proporcionan una felicidad re~ativa. Este fin interno del hombre se armoniza con el fin externo ( dar a D10s
· formal con el conocimiento de su perfección y el amor tributado
a su
gloria
.,
.
amabilidad) en cuanto los actos humanos que realizan la perfecc1?n prop1a_
del hombre son de algún modo bien de Dios. Andando por los cammos de la
vida, pretendiendo ser dueños y señores de nosotros mismos, no damos un.
paso sin que nuestra insuficiencia ontológica. y mora~ se nos ~aga p~tente.
¿ Cómo superar esta insuficiencia? ¿ Cómo realizamos siendo -s1 se pudieramás que hombres sin dejar de ser hombres?

14. EL

PERDERSE EN EL BIEN, o lo que es lo mismo, perderse en Dios, es encontrarse
para realizarse. Este es, justamente, el sentido de la frase evangélica: "Si el
grano no muere, no puede rendir su fruto". Morir, olvidándose de sí mismo,
es renacer, genninar, florecer... Puesta la mira solamente en la obra de Dios,
Dios estará presente en nuestro espíritu en todas las acciones. Si en la búsqueda de todo bien buscamos a Dios, Dios comunicará su valor trascendente a los bienes creados entre los que se desliza la vida.
Sin la caridad, nada valen los bienes de la ciencia, los bienes de la acción
y los amores humanos. Con la caridad, todos los bienes cobran aspecto divino. Maravillosa virtud sobrenatural -reina de las virtudes teologales-que hace de los bienes naturales instrumentos de unión del hombre con su
Creador.
Más que la felicidad -que repliega al hombre sobre sí mismo- es el bien
el objeto de la moral. No puede el hombre considerarse logrado, acabado,
sino librándose de sí. En este sentido cabe decir que ensimismarse antropocéntricamente, es perderse:
"El que busca la felicidad y piensa en la felicidad -asegura Jacques Leclercq-, piensa necesariamente en sí mismo; pero la felicidad está en el bien,
y el bien del hombre consiste en olvidarse para absorberse en Dios, para no
pensar sino en la obra de Dios, que debe hacerse por él. No se llega a Ja
felicidad más que en la medida en que no se la busca; realizamos nuestro
bien en la medida en que nos olvidamos de nosotros mismos". 19 bis Consiguientemente hay un vicio inocultable en el punto de partida de toda moral basada
en la búsqueda de la felicidad. Cuando nos preocupamos por la felicidad,
impedimos el olvido de nosotros mismos. Y cerrados en nosotros mismos estrechamos el horizonte humano a nuestras propias dimensiones en lugar de
ensancharlo hasta la dimensión sobrenatural absoluta.
La naturaleza del hombre -condiciones necesarias de su ser- sirve de
base para derivar el bien del hombre. Esta naturaleza no es producto fabricado por el ser humano, sino don recibido y aceptado. Las exigencias de la
naturaleza humana, nos indican la perfección de nuestro ser. El hombre no
es un ser simple. Es un ser viviente, cognoscente -conocimiento sensible y
conocimiento intelectual- que debe perfeccionar sus facultades espirituales
y sensibles armonizándolas. Pero es también un ser que tiene apetitos sensibles y apetitos volitivos. Por su inteligencia ve el bien en las cosas, apetece
todo bien y no puede satisfacerse más que en el bien infinito. Pero el bien
ubi.s

42

HOMBRE NO SE REALIZA SINO SUPERÁNDOSE

CAsStRER,

pág. 313, ,Antropología Filos6fica, Fondo de Cultura Econ6mica.

43

�infinito no puede encontrarse más que en el ser infinito. Este Ser -el Gran
Ser, como le denominan algunos primitivos- es el que la tradición llama
Dios: Ser absoluto, ilimitado, necesario, que agota en sí toda perfección de
ser y fuente de toda perfección en los seres particulares.
En la medida en que el hombre se desprende de la animalidad, se manifiesta
su sentido de lo absoluto, su necesidad de infinito. La insatisfacción es un
atributo del espíritu. Un ímpetu incoercible lanza al hombre a la conquista
de tierra y cielo. Escruta la naturaleza de las cosas y los misterios de la allendidad. En su afán de dominio, pretende tener siempre más, saber más y poder
más. Sufre en lo limitado y se desilusiona en lo sensible. ' Tú nos has hecho
para ti, Señor, y nuestro corazón está inquieto hasta que descanse en ti",
podemos decir con San Agustín, en nuestro humanísimo anhelo de conquista del Ser sin limites.
Sólo en Dios puede encontrar el hombre su bien, su perfección. Pero a
Dios lo conocemos indirecta e imperfectamente, como trascendente, como
inaccesible ... No obstante, llamamos a Dios y Dios nos responde en el interior del alma y en su voluntad significada en la creación.
Por una especie de peso o gravedad de la naturaleza, tendemos al bien
supremo que es, a la vez, nuestro fin interno. En esta vida nos es imposible
obtener la felicidad perfecta, pero sí nos es hacedero lograr la felicidad imperfecta. Dios crea y gobierna al hombre por amor de benevolencia. Afirman los escolásticos que el hombre está destinado por su misma naturaleza,
obra de Dios, a ser feliz, y el objeto de esta felicidad es Dios, conocido y
amado. Ahora bien, conocer y amar a Dios es darle gloria formal. Luego éste
es el fin del hombre. De modo, que el conocimiento y amor de Dios, por
una parte, como bien del hombre, en cuanto son su felicidad, son su fin
interno; pe10, a la vez, en cuanto estos actos son de algún modo bien de Dios,
son su fin externo.
Las investigaciones de la filosofía moral son completadas y sublimadas por
la Revelaci6n de Cristo. Sabemos, por esa bendita Revelación, que Dios elevó al hombre al orden sobrenatural y lo destinó a la visión inmediata de la
divina esencia, en la vida eterna, y al amor y gozo que le siguen. Ante esta
felicidad sobrenatural, palidece y se esfuma la felicidad natural avizorada
por la filosofía. Proseguiremos, no obstante, dentro del ámbito de la pura raz6n natural, tratando de comprender por la "ratio", sin acudir a la "auctoritas", la dimensión más excelsa del hombre.

15. LA

DIMENSIÓN MÁS EXCELSA DEL HOMBRE

EL HOMBRE, SIN .EL BIBN, no es hombre. Quiero decir que el bien es una
dimensión esencial del ser humano. Y no una dimensión cualquiera, sino su
más excelsa dimensión. Si la verdad es aspiración suprema del hombre, es
porque se convierte en bien. Cabe entonces afirmar que la aspiración del
hombre al bien, le es consubstancial. O movido por el bien, o zarandeado por
los rencores, la vanidad, los instintos...
A la presencia universal del bien, respondemos con nuestro apetito innato.
El ser es por antonomasia, en este sentido, el bien. Nuestro vivir nuestro ser
'
no es más que una participación o comunión del ser. Decía Aristóteles
que'
todos los seres tienden al bien, es decir, tienden a algo que es el bien. Y esta
tendencia es insoslayable. Incluso en el estado de angustia radical que descnbe Heidegger, el ser humano sigue tendiendo al bien qué le perfecciona. En
el lenguaje técnico de la escuela, se afirma que "la bondad formal del ser
es la que explica y fundamenta la bondad activa''. Lo cual quiere significar
que el bien, precisamente por ser bien, es lo que atrae al hombre.
Supóngase que el hombre se inclinase o se decidiese hacia un falso bien o
bien aparente. El resultado sería no la perfección propia, sino la destrucción
moral. En vez de consumación, consumición.
Observa Santo Tomás de Aquino: "Hay que hablar del bien y del mal
en las acciones de la misma manera que se habla del bien y del mal en las
cosas". 21 Si la ley moral es la que sirve de orientación real, un acto será objetivamente bueno. Y será subjetivamente bueno si hay rectitud de voluntad.
El bien logrado, aunque bien, no es bien absoluto. De ahí el dinamismo volitivo.
~a "inquietud humana" se origina, precisamente, en la distancia siempre

exISt~nte entre el bien absoluto y el bien apropiable. "El hombre está siempre
en ;ilo, porque está, siempre suspendido de una estrella a la que aspira, que
le ~e d~_Iuz y gwa -escribe Adolfo Muñoz Alonso-, pero a la que no
conSJgue ftJar en el cielo de su corazón". Mientras contemplamos la grand:za Y e~celsitu? esencial del bien posible, no cabe descanso en el bien apropiado. Solo un iluso puede satisfacer plenamente su tendencia con los bienes
que no son, en última instancia, más que fragmentos del bien. Ante los bie-'
nes, se da un indeterminismo deliberativo; pero ante el bien, el determinismo
de la voluntad es ineludible.
Cuidémonos de no hacer de un bien cualquiera, el bien. La irrequietud

'°

]ACQUEs LEOLERQ,

Gredos.

44

pág. 349, Las Grandes Lineas de la Filosofía Moral, Editorial

45

�-tan admirablemente descrita por San Agustín- surge por la condi_ción
menesterosa de los bienes y por la añoranza del bien para el que fuunos
creados.
.
Sobre un detenninado plano histó1ico en el que estamos, aspiramos a un
bien concreto. Es en la situación en que estamos en la que nos gana~emos
a nosotros mismos en el bien o en la que nos perderemos en los falsos bienes.
Pero ¿qué es el bien?, preguntará alguien con impacien~. De los t~sccndentales de1 ser no cabe ninguna definición. Bástenos dec1:1' que el bien
es la perfección del ser, esto es, lo que le conviene o le es debido. El mal es
imperfección carencia. En este entido, todo ser existente -por tener una
esencia y po; existir- es en sí bueno. Lo que no_ quiere. decir, por Su_Puesto,
que por tener todo ser algún bien tenga tod~ bien pos~ble. ólo qw~ sea
onuúperfecto -Dios- tendrá como bien pose1do todo bien por pos~•
Hay bienes que no apetecemo en J y por sí sino como medios para
otros fines. Se trata de bienes útiles.
Otros bienes en cambio, los apetecemos en sí, pero no por sí, sino como
algo que sigue~ y dependen del fin. Estos son los bienes deleitables.
Pero hay también un bien apetecible y apetecido en sí y por sí mismo, el
fin o bie11 absoluto.
Una especie de peso O gravedad de la natu_raleza, ~a.ce tender al h~~bre,
en todos sus actos hacia su bien absoluto, baoa su fehcidad. Y esta Cebadad
no se la puede da: al hombre el mundo entero, ni la humanidad.
Ocúrresenos proponer el que se haga una historia: _la historia de los errores humanos al convertir un bien determinado -las nquezas, los placeres, la
· ·a , la fama , la humanidad- en el bien absoluto. Esta historia
c1ena
, nos mostraría la miopía y el daltonismo de teóricos consagrados y d; pocas rec~
nocidas. y si se ahondara en las causas, fácilmente se descubrina la concupiscencia l'. la soberbia de la vida, como promotoras principales de lo errores
garrafales en que incurrieron hombres de genio.
.
Quede bien clara una cosa: nuestra condición de m~ndigos de u~ eXIStencia plenaria que las cosas de esta vida no pued~ bnndarnos. ¡ Que ~ondamente sentimos y comprendemos aquella frase genial de. San ~gustl~' Feciste nos ad te, et inquietum est cor nostrum, donec reqwescat m te! ;_ nos
hiciste para Ti, e inquieto está el corazón nuestro, danos descanso en T1. El
no encontrar descanso en el mundo y en los seres intramundanos, es nuestra
prerrogativa esencial y nuestra dimensión más excelsa. Debemos, no obstante,
trazar nuestro plan de vida conforme al ideal personal.

16.

PLAN DE VIDA E IDEAL PER. ONAL

Et

PROYECTO QUE ES EL vo tien sus normas sustantivas y adjetivas. La vida
humana se realiza de acuerdo con un plan o programa. uestras acciones
'SC efectúan según el proyecto de existencia bosquejado en nuestro ser. Para
ser lo que más auténticamente soy, tengo que trazar los rasgos generales de
mi trayectoria total y derivar de ese programa general cada una de mis acciones. Los días de que dispongo son contados. El tiempo -oportunidad de
salvación- oprime y aprieta mi vida. in mengua de mi peculiar e incanjeable vocación, mi plan o programa vital se guía por normas aplicables a
todo hombre por el hecho de serlo.

Si Dios e el origen y el último fin de mi vida, tal como ha sido demo trado, lógicamente le debo rendir el homenaje de mi conocimiento amoroso,
de mi adoración, de mi gratitud y de mi acatamiento. Mis afecto a las crcaturas, que participan de la bondad divina, deben ser referidos al Autor de
todo lo creado. El amor a mí mimo, pauta del amor al semejante, me permitirá satisfacer las necesidad y las legítimas aspiraciones itales, teniendo
como norma suprema de mis actos el ideal de salvación personal y d glorificaci6n de Dios. Poseer progresivamente la Verdad, la Bondad, la Belleza
ordenar libremente la vida individual y social hacia el término de todas mis
aspiraciones, hacer en favor del prójimo cuanto quisiera que él hiciera en el
mío -deber de justicia-, y superar el orden exterior de las relaciones jurídicas entre lo hombres con el amor fraternal a todos mis semejantes en
Dios y por Dio va a ser el programa de vida que tendré como norma en la
medida en que sea má auténticamente humano. Amar sobre todo a la fa.
milia, a los amigos, a los compatriotas, a los correligionarios, a los compañeros
de profesión y a cuantas personas nos sintamos li~ados con lazos de comunidad, afecto, interés o gratitud, no significa excluir a título de indiferente
a quien no entre dentro de aquellos vínculos de solidaridad social. Indiferente
no me puede ser ningún hombre, si acepto, como en efecto lo hago. la esencial
igualdad de origen, de naturaleza y de destino, sin perjuicio de las desigualdades accidentales. Dada mi dimcnsi6n socia~ resulta un tanto artificial la
separación entre los deberes para conmigo mismo y para con mis semejantes.
Mi acción se conjuga con las acciones de los otros hombres y se ve limitada
por circunstancias e influencias sociales e históricas. Aún así juego un papel
irremplazable en el gran drama humano y soy responsable de mi perfección.
Pese a fracasos, injusticias y extravíos que padezco en esta vida presente no
pierdo mi afán de plenitud subsistencia! que espero ver colmado en una
vida ulterior. Mientras tanto mi existencia debe tener un sentido de preparación y de milicia ejercitado bajo la disciplina de las cuatro clásicas virtu-

46

47

�de card¡nales: Fortaleza en la tarea, templanza en mis movimientos corporales o espirituales, justicia en mi vida de relación, prudencia en todas y
cada una de mis acciones y omisiones. "De esta manera logrará el hombre
-advierte Juan Zaragüeta de quien hacemos nuestras las consideraciones vertidas en el Epílogo de su monumental obra Filosofía y Vida- el posible señorío sobre sí mismo, para ponerlo :il servicio del ideal moral, justiciero y
religioso. norte de su vida. Este ideal se cifra en un espíritu de pureza y de
sobriedad en la prosecución de los bienes exteriores y materiales¡ de laboriosidad, verdad y veracidad en todos nuestros actos· de man edumbre y humildad de corazón en cuanto a nuestra persona; espíritu de justicia y amor
fraterno para con nuestros prójimos; espíritu de amor y confianza filia] hacia
Dios nuestro Padre, a cuyo seno está llamada a volver la humanidad que
de El procede. Entretanto, debe el hombre merecer de Dios para su vida
ulterior la recompensa de una vida digna de El llevada en la presente, y señalada, no s6lo por el mínimo nivel del estricto cumplimiento de sus deberes, sino por el afán de progreso en El mediante el cultivo cada día más
acendrado y ascendente de los ideales de Verdad, de Bondad, de Belleza y de
Justicia, cuya gradual realización constituye la raz6n de ser de la vida hu-

hacia el deber ser sin dudas ni desfallecimientos. Y aún habiendo dudas y
desfallecimientos, cada cual debe ser el que es. Oigamos la voz interna del
"Demon" y cerremos nuestros oídos para no escuchar el disolvente canto de
las sirenas. Venir a este mundo a cumplir una misión y después irse, no es
fatalidad o predestinación, sino destino.

mana".:u
El cultivo de las ideas de Verdad, de Bondad, de Belleza y de Justicia,
razón de ser de la vida, se realiza a pie forzado de circunstancias. Sin embargo, no es la circunstancia la que determina y marca el perfil ideal de la
tarea de salvación. Los valores no son circunstanciales. Cosa diversa es que el
hombre los capte y los realize en circunstancia. El señorío y el dominio de la
circunstancia es el destino concreto del hombre.
Elegirse a si mismo entre muchos po ibles "sí mismos", no quiere decir que
estemos for2ados a elegir nuestro propio ser de hombres, que ya nos viene
dado. Significa, eso sí, que tenemos que elegir un concreto modo de ser hombres. er hombre -dimensión de fatalidad- e un constitutivo ontológico
independiente de nuestra voluntad; pero ser hombre bueno o ser hombre
perverso -dimensión de libertad- es cosa que debemos decidir. Los valores
verdad, bondad, belleza, justicia, son instrumentos "brujul¡¡.res" de la vida,
ideales constituyentes de la existencia humana. La conciencia de nuestro ser
nos impele a encontrarnos en falta con la figura de nuestra vida, cada vez que
somos infieles a los ideales constituyentes de la e.'Cistencia humana.
Nunca llega el hombre al cumplimiento perfecto de su plan vital, al fin en
el proceso de realización de sí mismo. ¡ Que la muerte oo encuentre, siquiera,
aproximándonos a la máxima revelación de valor de la estructura cerrada de
nuestra personalidad! Sabiendo lo que se quiere ser, podemos dispararnos
21 SANTO

48

TowÁs DE A,iu1so, I,

II, c. 18, Art. l.

ª JuAN ZAuoÜBTA, págs. 662-663, tomo III, Filoso/la y Vida, editado por el lnatituto Luis Vives de Filosofía, Consejo Superior de Investigaciones Científicas, Madrid, 1954.

49
H4

�ALGUNAS IDEAS AXIOLóGICAS EN LAS IDEAS DE HUS ERL *
Huoo

PADlLLA

Universidad de Nuevo Le6n

1.

CONSIDERACIONES PRELIMINARES

a exponer las ideas husserlianas que, con
respecto al valor y la valoración, se desarrollan en las Jdeen zu einer rei11en
Phanomenologie und phanomenowgischen Philosophie. 1 En este estaclio, por
vía de las reducciones, Husserl trabaja en el campo de la conciencia trascendental, llevando a cabo investigaciones eidéticas o esenciales. Por tanto, muy
al contrario de negar el "yo puro", como en las Investigaciones lógicas, es
puesto éste mi~mo como objeto de cstuclio.
Por medio del recurso de la "epoché", pasa Husserl de la "a-ctitud natural"
(natürlichen Einstellung) a la ''actitud fenomenológica" ( phiinomenologische
Einstellung). La "epoché" se muestra así como un método que sirve para
abandonar la actitud natural, y que, a la vez, instaura una nueva. Cuando
se lleva a cabo la "epoché", "ponemos fuera de juego la tesis general inheENTRAREMOS EN ESTE TRABAJO

* Las vivencias valomntes y los actos de conciencia de que habla Husserl y que son
el trma de este trabajo, corresponden a una conciencia sobre la cual se ha verificado la
reducción eidética, pero no la trascendental. Debido al corto espacio de que disponfamos,
no fue posible ocuparnos de lo desarrollado en el campo de la conciencia pura, que
sería asunto para olTo trabajo mucho más extenso.
' Utilizaremos la traducción al español de José Gaos: Edmund Husserl, Id tas rt•
lativas a una f 111omenologla pura y una filoso/la fenomenol6gica, Fondo de Cultura Econ6mica, Mwco, 1949; entre paréntesis y en seguida citaremos la edición alemana: Edmund Husserl, ld,en zu ein,r reinen Phii.nom,nologie und phii.nom,nologisch,n Philo~
.opie, Martinus Nijhoff, Haag, 1950. Las cifras que siguen a Ja(s} de la(s) página(s),
corresponden a las lineas en la edición alemana mencionada. De .los trc, libros que constituyen las Ideen, sólo uno -el primero-- es c1 traducido al españo~ y s6lo uno -el
mismo-- fue el publicado en vida de Husserl

51

�rente a la esencia de la actitud natural". 2 Pero, evidentemente, el cambio
de actitud no es algo gratuito. No se cambia de actitud sin motivo. Antes
bien, el método de la "epoché", del "colocar entre paréntesis" (Einklammerung) está encaminado al descubrimiento de un nuevo dominio científico, el
de la fenomenología.
Quien vive y opera en la actitud natural tiene para sí un mundo que lo
circunda. Tal mundo circundante es un mundo circundante natural. El mundo natural, que es "el mundo en el sentido habitual de la palabra" ,8 está
persistentemente para quien vive en la actitud nab.tral 'ahí delante" (vorhanden). Este mundo que constantemente está, para quien se deja vivir naturalmente, "ahí delante" es lo que todo mundo entiende por mundo. El mundo
de la actitud natural, no es sólo "un mero mundo de cosas, sino, en la misma
su uso cotidiano, en su sentido habitual. Ahora bien, el mundo natural es
el mundo de la actitud natural. Pero, la actitud fenomenológica ya no es
más la actitud natural. Por medio de la "epoché" se cambia de actitud.
Así las cosas, ¿no cabe preguntarse, entonces, por la suerte del mundo en
este cambio?
Antes de responder a la cuestión por la suerte del mundo, hay que señalar
que el mundo natural, que es también el objeto de estudio de las ciencias
de la actitud natural, no es sólo "un mero mundo de cosas, sino, en la misma
forma inmediata... un mundo de valores y de bienes, un mundo práctico".'
Es estando en actitud natural cuando se tiene "ahí delante" el mundo natural entero que no se reduce a ser un mero mundo de objetos; es también
un mundo en el que se presentan caracteres de valor y caracteres prácticos.
Los objetos del mundo natural son feos o bellos, agradables o desagradables;
aparecen, igualmente, como objetos prácticos, objetos de uso. Y estos caracteres de valor y prácticos son inherentes a los objetos del mundo que constantemente está "ahí delante", son inherentes "constitutivamente" ( konstitutiv) a las cosas de tal mundo. 6 Al observar esto, nos percatamos de que
valoraciones y caracteres de valor aparecen en el mundo natural dentro de la
actitud natural. Pero tal actitud es la que se va a cambiar. Entonces es
legítimo preguntar, en este cambio, ¿ cómo se afectará el mundo y tod~ lo
a él inherente, las valoraciones y los caracteres de valor dentro de ello?
atemos que Ja "epoché", el "colocar entre paréntesis" o la "desconexión"
( A.usschaltung) es cosa radicalmente distinta tanto de la duda escéptica como de la negación sofistica. Por el método del "epocbé" ni se duda de la
&gt;/bid.,§ 32, p. 73 (§ 32, p. 67, 15-17).
•/bid.,§ 28, p. 67 (§ 28, p. 61, 7-8).
• /bid., § 27, p. 66 ( § 27, p. 59, 27-29).
• Ibídem. ( § 27, p. 59, 35-38).

52

existencia del mundo, ni tampoco se niega tal existencia. 6 Por tanto ni se
niega ni se duda de la tesis de la actitud natural ni de lo que ella hoplica.
La "epoché" fenomenológica modifica la tesis de la actitud natural. Pero,
de tal suerte, que la modificación no consiste en negación ni consiste en
duda. Lo que se coloca entre paréntesis en el "colocar entre paréntesis" no
queda borrado. Si algo se borrara, ni siquiera podría hablarse de colocarlo
entre paréntesis, pues sería nada. La modificación que sufre 1a tesis de la
actitud natural es, justa y precisamente, la de los paréntesis. Dentro de ellos
queda la tesis y no una nada, "convirtiéndose en la modificación 'tesis colocada
entre paréntesis' 11 • 1 Al desconectar la tesis se la conserva en esta su desconexión, y en la modalidad que así adopta ( tesis desconectada, tesis colocada
entre paréntesis), entra ella misma dentro del campo de estudio de la fenomenología: "lo colocado entre paréntesis no queda borrado de la tabla fenomenológica, sino justo colocado entre paréntesis y afectado por un índice.
Pero co11 éste entra en el tema capital de la investigación". 8 Es decir, la
fenomenología no está negada a investigaciones sobre todo lo que concierne
al mundo natural de la actitud natural y a investigaciones sobre esta última
Sólo que ahora, una vez efectuado el cambio de actitud, las investigacione~
no. se vaL a mover dentro del mismo nivel que lo investigado. En efecto, ta
tesis y el mundo naturales, en tanto que temas de una investigación son
·, les d e ser tratados en una actitud que sea la misma actitud natural.
'
susceptu
~n es~e sentido, la investigación se mueve en el mismo plano que aquello que
mvestiga. La reflexión que la conciencia lleva a cabo sobre sí misma, dentro
de la actitud natural, sostiene las mismas tesis que aquello sobre lo cual reflexiona. Una vivencia que reflexiona sobre una vivencia, dentro de la actitud
natural, lleva a cabo las mismas tesis que la vivencia sobre la cual reflexiona.
Ahora bien, en contraste con esto, en la actitud fenomenológica ya no se llevan a c~ las tesis de la actitud natural. Sin embargo, tales tesis, y el mundo
de las mismas, no se desvanecen. Entran en las nuevas indagaciones, pero
entre
. paréntesis, reducidas: "en lugar de vivir en ellas, de llevarlas a cabo,
ejecutamos actos de reflexión dirigidos a ellas, y aprehendemos estos actos
como eJ ser absoluto que son. Ahora vivimos íntegramente en estos actos de
segundo grado, en que se da el campo infinito de las vivencias absolutas-el
campo fundamental de la fenomenología". 8 Es claro, entonces, que )as vivencias -una vez en actitud fenomenológica- en las que nos dirigimos a
las vivencias de la conciencia en actitud natural, ya no están en el mismo
• /bid., § 32, p.
'Ibiá., § 31, p.
1 /bid.,§ 76, p.
• !bid., § 50, p.

73 (§ 32, p. 67, 23-25).
72 (§ 31, p. 66, 15-16).
169 (§ 76, p. 174, 25-30).
116 (§ 50, p. 119, 22-29).

53

�plano que estas últimas. Pero, el nivel de lo natural no se pierde para la
fenomenología: entra en ella en tanto que "colocado entre paréntesis", "desconectado". Por esto, dice Husserl que con la desconexión no se pierde propiamente nada, sino que se gana un integro ser absoluto. 10 Este ser absoluto
es el de la conciencia pura, a la que accede por vía de la "epoché".
Se ha visto que el mundo natural no se reduce a ser un mero mundo de
cosas, sino que es, al mismo tiempo, un mundo de valores y un mundo práctico. Todo ello, pues, entra dentro del rubro "mundo natural". Por esto, al
llevarse a cabo la desconexión del mundo natural, quedan desconectadas todo
tipo de objetividades que se constituyan por obra de funciones valoradoras y
prácticas de la conciencia.u Quiere esto decir, que quedan desconectados
los productos de las bellas artes y los productos de las artes técnicas, en fin,
todo tipo de valores y de objetividades prácticas. Es posible, sin embargo,
estudiar todo ello fenomenológicamente. Sobre lo desconectado mismo cabe
hacer fenomenología. Así, pues, también sobre las valoraciones y los valores.

2.

VALOR Y, REDUCCIÓN EIDÉTICA

Anteriormente hemos dicho que el intento de Husserl es el de trabajar en
el campo de la conciencia trascendental, llevando a cabo en ese campo investigaciones eidéticas. Todo ello logrado por medio de "reducciones". De
u.na de estas reducciones ya hemos hablado. Es la "epoché", "desconexión",
"colocación entre paréntesis". Hay otra reducción, capital en la fenomenología, que, sin embargo, hemos soslayado. Es, precisamente, la que hace referencia a lo eidético: la "reducción eidética" ( eidetische Reduktion). Ambas
reducciones, la "epoché" o reducción trascendental y la eidética no deben
confundirse. Más todavía que eso. Al decir, que el intento de Husserl es el
de llev:ir a cabo investigaciones eidéticas en el campo de la conciencia trascendental, podría parecer que se asienta que una investigaci6n eidética tiene
que ser posterior, forzosamente, a una investigación trascendental en general.
Esto es, que si no se llevara a cabo la reducción trascendental, no podría
llevarse a cabo, de ningún modo, una reducción eidética o un tipo de investigaciones o consideraciones eidéticas. Aclaremos: es plenamente entendible
que en el caso preciso en que se habla de hacer consideraciones esenciales
-eidéticas- en o sobre el campo de la conciencia trascendental, sea forzoso acceder a este campo primero para, enseguida, en él, investigar bus"'/bid.,§ 50, p. 115 (§ 50, p. 119, 2-3).
11

54

/bid., § 56, p. 131 ( §56, p. 136, 28-32).

cando esencias. Lo cual no significa, por otra parte, que no se pueda hacer
una investigación eidética si previamente no se lleva a cabo la reducción
trascendental. Por esto no vale, en general, lo que sí vale, en especial, para
el caso de llevar a cabo investigaciones eidéticas en o sobre el campo de la
conciencia trascendental. Por otra parte, es también perfectamente comprensible que se acceda al campo de la conciencia trascendental, por medio de la
"epoché", pero que sólo basta ahí se Uegue. Es decir, que en o sobre tal
campo, una vez que se ha accedido a él, no se lleven a cabo consideraciones
eidéticas. Es claro, por otra parte, que la fenomenología en tanto que ciencia no hace esto último: el simple acceder al campo de la conciencia trascendental, sin más. La fenomenología pretende intuir esencias en o sobre el
campo de la conciencia trascedental. La fenomenología "no quiere ser nada
más que doctrina de esencias dentro de una intuición pura intuimos pues
' pura trascen'
'
directamente esencias en datos ejemplares de la conciencia
dental" Y La fenomenología en tanto que ciencia pretende ser una ciencia
de esencias y no una ciencia de hechos. 18 En este sentido, es la reducción
eidética la que permite pasar del hecho a la esencia. Pero, al mismo tiempo,
la fenomenología pretende ser «no una ciencia eidética de fenómenos reales,
sino de fenómenos trascendentalmente reducidos".ª En este sentido, lo que
permite pasar del fen6meno real al fenómeno trascendentalmente reducido
es la "epoché" o reducción trascendental. Si no se llevase a cabo esta seaunda
0
reducción, pero sí la primera, obtendríamos, como resultado de una investigación, esencias de hechos o fenómenos reales -pero no de fenómenos trascendentalmente reducidos-; si no se llevase a cabo la primera reducción
pero sí la segunda, obtendriamos, como resultado de ese llevar a cabo fenó' a
menos trascendentalmente reducidos -pero no esencias-. Si se llevan
cabo ambas reducciones se obtiene justamente lo que pretende la fenomenología: esencias de fenómenos trascendentalmente reducidos. Expuesto lo anterior, lo que conviene, pues, destacar aquí es la independencia que guardan
entre sí las dos reducciones consideradas en sí, aunque se conecten dentro
del campo de la fenomenología para lograr el propósito de ésta.
El campo de la conciencia trascendental es el campo propio de la fenomenología. La conciencia, sin embargo, puede también ser considerada desde el
punto de vista de la actitud natural. En tanto que el punto de vista
sea este último, la conciencia, patentemente, no aparecerá como conciencia trascendental. La conciencia trascendental sólo aparece en cuanto se haya llevado a cabo la "epoché' 1• Dentro del punto de vista de la actitud
lbid., § 66, p. 149s (§ 66, p. 154, 13-16).
lbid., Introducción, p. 10 (EINLEITUNO, p. 6. 15-21).
"Ibídem. (EINLBITUNO, p. 6, 32-33).
u

u

55

�natural -que entraña, precisamente, lo distinto de la actitud fenomenológica- la conciencia aparece como algo natural. El "yo soy", el "yo pienso" es un hecho natural dentro del punto de vista mencionado. Es el yo
o la conciencia que estudia la psicología. Ahora bien, este fenómeno real
que es la conciencia como cosa, ella misma, integrante del mundo natural,
es susceptible de ser investigado desde un punto de vista eidético. Esto es,
sobre la conciencia como hecho natural se puede llevar a cabo la reducción
eidética. Investigaciones que sostengan este propósito, han de rendir, obviamente, como frutos, esencias y relaciones esenciales de un hecho natural.
Justo porque es posible llevar a cabo una reducción eidética sin una previa
reducción trascendental es por lo que es posible lo anterior. Al investigar la
conciencia, corno hecho natural, y dentro del punto de vista de la actitud
natural, resultarán, si la investigación se mueve en el nivel eidético, esencias
y relaciones esenciales de tal conciencia. AJ hacer esto se sigue un principio
de la fenomenología misma: "seguirnos nuestro principio universal de que todo
suceso individual tiene su esencia que es apresable en pureza eidética y en esta
pureza no puede menos de pertenecer a un campo de posible investigación
eidética". 15 Ahora bien, con tal tipo de investigaciones eidéticas comienza
Husserl a hacer consideraciones acerca de la conciencia, aún sin practicar la
reducción trascendental. Esto es, para prfocipiar, se trataría de penetrar en el
tema de la conciencia procurando ver lo que constituye el ser autárquico de
ella ya que por "esencia", se designa "lo que se encuentra en el ser autárquico
de un individuo constituyendo lo que él es" .18 En otras palabras, se buscarla
introducirse en el tema de la conciencia tratando de responder a la pregunta
que interrogaría por lo qtte la conciencia es, dado que ella es un suceso individual -aunque, por ahora, dentro del mundo natural-. Sin fatigarse con
ninguna "epoché" fenoroenológica, 11 dice Husserl, "Nos sumimos, enteramente
tal como haríamos si no hubiésemos oído nada de Ja nueva actitud, en la
esencia de la 'conciencia de algo', en que tenemos conciencia, por ejemplo, de
la existencia de cosas materiales, cuerpos vivos, hombres, de la existencia de
obras técnicas y literarias, etc_uis
Se trata, pues, de sumirse en el tema "esencia de la 'conciencia de algo'."
Fijémonos, ante todo, que con ello se ha introducido la característica de la
"intencionalidad" en el tema. La esencia de la conciencia que se trata de investigar es la esencia de una conciencia que es "conciencia de ... ", esto es, dela conciencia en tanto que ésta está referida a "algo". Husserl entiende por..
,.
"
"

56

lbid., § 34, p. 77 (§ 34, p. 74, 19-22).
/bid., § 3, p. 20 (§ 3, p. 13, 19-20).
Ibid., § 34, p. 77 (§ 34, p. 74, 8-10).
Ibídem . (§ 34, p. 74, 13-19).

conciencia lo que se entiende por el cogito de Descartes: yo percibo, yo me
acuerdo, yo quiero, yo juzgo, apetezco, etc. Esto es, entiende por conciencia,
en este momento, el cogito, que abarca todas las distintas formas que el yo,
que vive en ellas, asume. Pero, deja fuera de consideración, en este nivel, el
problema del yo mismo al que están referidas todas aquellas formas. 19 Esto
es, el tema que se trata de investigar es el de las vivencias intencionales, dejando aparte el tema del yo como unidad a la que toda vivencia está referida
-o como "polo idéntico de las vivencias", como le Ilamará en otro texto. 20
La vivencia intencional es pues, el tema. Hay que apuntar, sin embargo,
que aquí, como en las Investigaciones lógicas, Husserl no entiende por vivencia
exclusivamente las intencionales, sino que señala que entiende por vivencia
"no sólo las vivencias intencionales, las cogitationes actuales y potenciales, tomadas en su plena concreción, sino cuanto ingrediente encontremos en esta
corriente y sus partes concretas". 21 Este sentido de vivencia abarca, pues, las
mtencionales, pero no se reduce a ellas. A todo lo en ese sentido comprehendido -vivencias intencionales, ingredientes (que pueden ser no intencionales), partes concretas, etc.- se le entiende como vivencias, sólo que "vivencias
en el sentido más amplio" 22 {Erlebnissen im weitesten Sin ne). Dentro de este
sentido amplio del término vivencia entran, por ejemplo, los "datos de la sen-saci6n", que no son intencionales. 23 Pasemos ahora a detallar más el tema,
-con vistas a considerar, en este terreno, algunos aspectos del valor y la valoración, que son los que en especial nos interesan.
Sigamos a Husserl en un ejemplo: el percibir un papel. La percepción, en
tanto que es vivencia intencional, es percepción de ... un percepto, en general;
en especial, en el ejemplo, de un papel. El percibir el papel es una cogitatio,
el papel mismo percibido es un cogitatum. En el caso de percibir el papel se
·da un estar vueltos hacia un objeto -el papel-. Pero el papel no se da aisla-damente en la percepción, sino que se encuentra rodeada esa percepción de
••un balo de intuiciones de fondo",2" como, en general, se encuentra toda
percepción de cosas. Esto es, el papel en tanto que papel percibido, está rodeado por un halo de cosas -libros, lápices, tinteros- que también se presentan en la percepción, y justo --en el ejemplo- en la del papel. Los objetos
•que entran en ese halo están también percibidos, pero sólo "en cierto modo
" lbid., § 34, p. 78 (§ 34, p. 75, 17-21).
HussERL, Meditaciones cartesianas, trad. de José Gaos, El Colegio de
"México. México, 1942, § 31, p. 118s (Edmund Husserl, Ctutesianische Meditationen und
_pariser Vortrii.ge, Martious Nijhoff, Haag, 1950, § 31, p. 100, 8-27) .
11 Ideas, § 36, p. 82 (Ideen, § 36, p. 80, 34-39).
ª lbidem. ( § 36, p. 80, 34).
,. lbid., § 36, p. 83 (§ 36, p. 81, 1-7).
~, lbid., § 35, p. 79 (§ 35, p. 77, 13-14).
"" EDMUND

57

�también 'percibidos'." 25 Están percibidos en el sentido de que están presentes
en la percepción, pero presentes de un modo diferente al modo como lo está
el papel. En tanto que se percibe el papel el papel es lo que se encuentra rodeado por un halo. El halo mismo es lo que rodea al papel. El papel percibido
es el papel rodeado por el halo percibido que lo rodea. En este sentido, en
tanto que se percibe el papel, se da un estar vuelto a él, pero no un estar
vuelto a los objetos del halo -aunque éstos se encuentren también presentes-.
El papel, en tanto que lo rodeado, es lo que se destaca. e aprehende el papel
en tanto que es lo destacado sobre el fondo. En cambio, los objetos del fondo
están presentes, pero no se destacan. En este sentido, los objetos• del halo no
están aprehendidos por cuanto no se encuentran destacados. ''El aprehender
es un destacar",2 8 (Das Erfasse11 ist ein Herausfassen), dice Husserl. Por otra
parte, el halo de intuiciones de fondo son vivencias, igual que el percibir el
papel ya que estas intuiciones son intuiciones de ... todo lo que hay en el fondo
como cog~tatum. Así, a la vivencia del percibir -cogitalio- el papel le corresponde el papel mismo percibido -cogilatum- como algo que se destaca y
está, así, aprehendido; a la vivencia que percibe -cogitatio-- el fondo le corresponde el fondo mismo objetivo -cogitatum-, pero que no está destacado
y, por tanto, no aprehendido. Por lo antes expuesto, entendemos, pues, un
sentido del aprehender: el de destacar, el de "estar vuelto a" o "dirigido a".
Ahora bien, en el estar vuelto hacia algo -el papel, por ejemplo-- se da un
estar vuelto actualmente: la conciencia, la vivencia, posee el modo de la actualidad. Las vivencias intencionales que se dirigen al fondo, frente al modo
anterior poseen el de la inactualidad. La actualidad está caracterizada, pues~
por el "estar vuelto a" o "dirigido a". Y el estar "vuelto a" o "dirigido a" en
el caso de las representaciones sensibles, se identifica con el atender que apresa
y destaca. Pero esto último no vale para todo caso: "el 'estar dirigido a', el
'estar vuelto hacia', que distingue a la actualidad, no se identifica, como en los
ejemplos de representaciones sensibles, preferidos por ser más simples, con el
atender a los objetos que los apresa y destaca". 2 r Por otra parte, cualesquiera
que sean los tipos de vivencias, en general "la corriente de las vivencias no
puede constar nunca de puras actualidades". 28 A tales actualidades se les
reserva los términos cogito y cogitationes, excepto que se indique una modifi-

pasar a inactualidad, y viceversa. Todo ello, por esencia. Esto es, que el estar
"dirigido a" puede cambiar de d.irecci6n dejando de enfocar lo que en un
momento dado se enfocaba -paso de actualidad a inactualidad-. Pero, igualmente, el estar "dirigido a" al cambiar de dirección va a enfocar lo antes no
enfocado ---paso de la inactualidad a actualidad-. Al pasar de la actualidad
a inactualidad una vivencia, sufre un modificción.ªº Precismente la que ese
pasar le impone. Pero, de cua~quier manera ambas vivencias, la modificada y
la primitiva, tienen una comunidad esencial. "En general es inherente a la
esencia de todo cogito actual ser conciencia de algo. Pero a su modo es también, según lo antes expuesto, la cogitatio modificada igualmente cot1ciencia,
y de lo mismo que la correspondiente no modificada". 31 Encontramos, así, que
podrían distinguirse dos tipos de inactualidad, aunque Husserl no los distingue
expresamente. La inactualidad que es actualidad modificada, es decir, la inactualidad que fue actualidad, por una parte. Por otra, la inactualidad que puede
llegar a ser actualidad, pero que no lo ha sido. S~ por nuestra parte, observamos
el ejemplo del percibir un papel estando vueltos a él, Jo anterior se puede
poner en claro. En el percibir el papel, estando vueltos a él, se está en el
modo de la actualidad con respecto a ese percibir. Pero en ese mismo percibir
el papel hay un halo de intuiciones de fondo que se dirigen a un fondo sobre
el cual se destaca el papel mismo. Esta vivencia del fondo, en cuanto no se
está vuelto a él, posee el modo de la inactualidad. Ob ervemos, pues, que la
vivencia del fondo posee un modo de inactualidad que no ha pasado por actualidad alguna. Pero, si en un momento dado se deja de estar vueltos al
papel, para volverse a alguno -o algunos- de los objetos del fondo el percibir el papel pasa al modo de la inactualidad, precisamente debido a ese ya
no estar vuetos a él. Sin embargo, este tipo de inactualidad es diferente del
que señalamos antes, ya que el percibir el papel en el modo de la inactualidad
fue precedido por un percibir el papel en el modo de la actualidad. Ahora bien,
cualquiera que sea el tipo de inactualidad, una vivencia en ese modo es intencional. La de la inactualidad que no ha sido actualidad debido a que las intuiciones de fondo son intuiciones del fondo. 82 La de la inactualidad que fue
actualidad -inactualidad como actualidad modificada-, por la comunidad
esencial ya mencionada.

cación, como "inactual", etc. 29
Expuesto lo anterior, es de observar todavía, que una actualidad puede

. Se ha visto que la intencionalidad de las vivencias consiste en que éstas
tienen una referencia a algo. La percepción se refiere al percepto, el recordar
a lo recordado, el querer a lo querido, etc. Ahora bien, una vivencia llevada a
cabo en el modo del cogito -o sea, actualmente- está dirigida a un algo: Ja

'ª Ibídem. (§ 35, p. 77, 8-9) .
..
"
,.
"

58

Ibídem.
!bid., §
lbidem.
Jbidem.

(§ 35, p. 77, 6-7}.
35, p. 81 (§ 35, p. 78, 35-39).
(§ 35, p. 79, 2-3).
( § 35, p. 79, 9-15).

• /bid., § 36, p. 82 ( § 36, p. 79, 27-29).
Jbidem. ( § 36, p. 79, 30-36).
1e I bid., § 35, p. ¡9 ( § 35, p. 77, 13-19),
11

59

�vivencia intencional se dirige a su objeto intencional, el cogito a su cogitatum.
El yo en sus vivencias se dirige a objetos intencionales. Pero, "es de observar
que el objeto intencional de un acto de conciencia ( tomado como es en cuanto
pleno correlato de éste) no quiere decir en modo alguno lo mismo que objeto
aprehendido". 3 Quiere esto decir que debemos distinguir más minuciosamente
con respecto al aprehender. Notemos, por lo pronto, que objeto intencional {en
cuanto pleno correlato de un acto, de un cogito), no quiere decir lo mismo
que objeto aprehendido. Anteriormente se había visto que cuando se está vuelto a un objeto -precisamente por ese estar vuelto- el objeto se destaca y
queda, inmediatamente, aprehendido, en el sentido de destacado. Pero ahora
parece que es posible introducir un nuevo concepto de aprehensión. Para
ver esto con detalle, observemos las distinciones que hace Hu erl al re pecto y
tomando como base un acto valorativo.
En general, es válido que no se pueda estar vuelto a una cosa más que destacándola, aprehendiéndola. "A una cosa no podemos, sin duda, estar vueltos
de otro modo que en el de la aprehensión, e igual a todas las objetividades
~simplemente representables': el volverse (aunque sólo sea n la ficción) es
eo ipso 'aprehensión', 'atención' ". 3 ' En el caso de la percepción del papel se
está vuelto a éste que es el objeto intencional. Pero el papel, digamos, es una
mera cosa, un sólo objeto intencional. Ahora bien, no en todos los actos sucede
lo mismo que en el de la percepción. Un acto más complejo que el de la
mera pt!rcepción, es, por ejemplo, el de la valoraci6n. En el acto de la percepción. en el modo de la actualidad, el objeto intencional es un objeto intencional simple. En contraposición con esto. en los actos valorantes hay que distinguir un doble sentido de objeto intencional, como veremos más adelante.
Observf'mos, por ahora, que "en el acto de valorar estamos vueltos al valor,
en el acto de la alegría a lo que alegra, en el acto del amor a lo amado, en el
obrar a la obra, sin aprehender nada de esto". 35 ¿ En qué sentido, aquí, se habla
de un estar vuelto, y in embargo de un no aprehender? Habíamos visto que
el volverse ra eo ipso aprehensión. Evidentemente que si todo volverse es
eo ipso aprehensión y hay actos en los cuale se está vuelto, pero sin haber
aprehensión, es porque en este último caso, en el del estar vuelto sin aprehender, el aprehender tiene otro entido que el mero estar vuelto. :Este sentido
del aprehender, que se distingue con resp cto al que se caracteriza por el estar
vuelto, es un tipo especial de aprehender. Podría, así, asentarse que todo estar
vuelto es eo i pso un aprehender -en un primer sentido-, pero que no todo
estar vuelto es eo ipso un aprehender -en un segundo sentido---. De esta
.. Ibid, § 37, p. 83 (§ 37, p. 82, 1-4).
" Ibid., § 37_, p. 84 ( 37, p. 82, 19-23).
.. /bidem. (§ 37, p. 82, 23-26).

60

suerte, podría haber aprehensión en el primer sentido, sin que lo h~biera eo
ipso en el segundo. Este segundo sentido del aprehe~der, n~ c~cterizado por
el mero estar vuelto del primero, es, pues, algo su, generu. Se trata, pues,
con este atender o aprehender no del modo del cogito en general, del modo
de la actualidad, sino vistas las cosas más exactamente, de un modo especial
de acto, que puede adoptar toda conciencia o todo acto que no lo teng~
todavía". 88 En este sentido del aprehender, en los actos del valorar se esta
vuelto al valor, pero sin aprehenderlo. Para aprehender este último se requeriría un modo especial de acto. Ello se debe a que en los actos del valorar hay,
en rigor, un objeto intencional en un doble sentido y paralelamente, una doble
intención. Ha · que distinguir, en estos actos, el pleno objeto intencional, por
una parte, y por otra, la mera cosa. "En los actos de la ~dole de 1~ valo~tes, tenemos, pues un objeto intencional en un doble sentido: necesitamos distinguir entre la mera 'cos&lt;I y el pleno objeto intencional, y paralelamente una
doble 'intentio', un doble estar vuelto" .31 Ahora bien, en eJ estar vuelto valorando una cosa la conciencia está. dirigida a la cosa misma y, en este sentido,
la cosa aparece como cosa aprehendida. La cosa, así, aparece como un objeto
intencional y, además, como aprehendida Pero si el acto se dirigiera exclusivamente a la mera cosa no sería un acto valorante. Es por ello que los actos
de este tipo entrañan sin duda la cosa como objeto intencional, pero no como
pleno objeto intencional. No es la mera cosa el objeto intencional pleno; ambos no coinciden. "En el estar vuelto valorando a una cosa está encerrada
también, sin duda, la aprehensión de la cosa; pero no la mera cosa, sino la
cosa valiosa o el valor es (de lo cual hablaremos aún más extensamente) el
pleno correlato intencional del acto valorante".' La cosa está sin duda aprehendida puesto que se encuentra destacada. Pero, si el pleno correlato intencional del acto valorantc no es la mera cosa, ello entraña que el aprehender o destacar Ja mera cosa no es inmediatamente un aprehender o destacar el pleno correlato intencional. Para que este último se torne un objeto
aprehendido es menester un "peculiar volverse 'objetivante' ".ª' El valor ~ la
cosa valiosa, pleno correlato intencional del acto valorante, se torna obJeto
aprehendjdo en un peculiar volverse (objetivante) que no coincide con
el mero estar vuelto. Asentaba Husserl que en los actos valorantes se está
vuelto al valor sin aprehenderlo. Para aprehender el valor es menester, además
• Ibídem. (§ 37, p. 82, 12-17).
" Ibidem. (§ 37, p. 83, 1-6. En la edición alemana que coruullamos dice Hwserl.
con respecto al "doble estar vudto": "und evcntuell ein zwcifaches Zugewendctsein".
La palabra "evcntuell" introducida ( en el ejemplar III) nos parece altamente aclaradora
con rcspccto al problema que CJtamo1 tratando) .
• lbidnn. ( § 37, p. 82, 30-35).
• /bidem. (§ 37, p. 82, 29) .

61

�del simple estar vuelto, un peculiar volverse objetivante. Ahora bien, el
estar vuelto hacia aJgo determinaba el modo de la actualidad de un acto. Así,
en los actos valorantes ya se está vuelto al valor -aunque sin aprehenderlo-,
y ello quiere decir que no sólo la aprehensión de la cosa que está encerrada
en el acto presenta el modo de la actualidad, sino igualmente el valorar esa
cosa. "No sólo el representarse cosas, sin también el valorar cosas, que lo abrazan, presenta el modo de la actualidad".'º Entendemos ahora por qué el estar
vuelto a una cosa que es lo que distingue a la actualidad no coincide, sin más,
con el apresar y destacar, con el aprehender. En los actos de la índole de los
valorantes se está vuelto al valor (y por ello presentan el modo de la adualidad) sin aprehenderlo. Para aprehenderlo hace falta, además del estar vuelto
del modo de la actualidad, un peculiar estar vuelto que objetive el valor o la
cosa valiosa. "Así, pues, 'estar vuelto valorando una cosa' no quiere decir ya
'tener por objeto' el valor, en el sentido especial de objeto aprehendido".U
Ahora bien, es posible que todo acto valorante además de estar vuelto al valor,
aunque sin aprehenderlo, asuma en un momento dado el peculiar estar vuelto
que lo objetive y, con ello, lo aprehenda.
Ahora bien, la intentio que se dirige al pleno objeto intencional es una
intentio fundada en la intentio que se dirige a la mera cosa. La intentio que
muestra el momento del valorar es un intentio en que se toma posición con
respecto a la cosa y no se reduce a ser IIIBra conciencia de cosa. E] acto donde
se toma posición respecto a alguna cosa requiere, evidentemente, del acto que
se dirige a la cosa. Pero siempre hay que distinguir entre ambos. El acto que
se di.rige a la cosa presenta a ésta como su objeto intencional. El acto fundado
en el anterior tiene como correlato no la mera cosa, sino el pleno objeto intencional: "siempre que el acto no sea un acto de simple conciencia de cosas,
siempre que en semejante forma de la conciencia se funde otra en que 'se tome
posición' relativamente a la cosa, se separan la cosa '.Y el pleno objeto intencional
(por ejemplo, la 'cosa' y el 'valor') ".n Hay, pues, una doble intención y un
doble tipo de objeto en los actos del tipo de los valorantes. Naturalmente que
el que se distinga, a los fines de la descripción, entre ambas intenciones no
significa que estas se presenten separadamente, más bien, ambas se encuentran
unidas en la unidad de un cogito (in der pinhei't eines cogitot ist intentipnal
verflochten ein doppeltes cogito). 45 El acto fundado que se dirige al pleno
objeto intencional tiene la posibilidad esencial de modificarse de tal suerte
que su objeto se tome objeto aprehendido. Para ello debe asumirse el modo
"'Ibídem. (§ 37, p. 83, 11-23).
" Ibídem. ( § 3 7, p. 82, 35-38).
"Ibid., § 37, p. 85 (§ 37, p. 83, 27-32).
ª No aparece en el texto español(§ 37, p. 83, 6-7).

62

peculiar del estar vuelto objetivante, del que ya hemos hablado. Pues bien,
"gracias a esta objetivación, estamos, en la actitud nat\rral, no frente a meras
cosas naturales, sino a valores y objetos prácticos de toda índole" :u Es, pues,
la objetivación, en el sentido antes expuesto, la que permite que quien vive
en el mundo natural en actitud natural se encuentre con horizontes, no sólo
de cosas y de procesos naturales, sino también con horizontes del valor y lo
práctico. Las objetividades del valor y lo práctico -que son objetividades
fundadas,al igual que son fundadas las intenciones que a ellas se dirigen, sólo
que estas últimas por el lado de las cogüationes y aquélla por el de los cogitatapueden, por medio del cambio de actitud que consiste en pasar de un mero
vuelto a ellas en el modo de la actualidad a un estar vuelto objetivante, ser
transportadas de una originaria actitud valorativa o práctica a una teorética
que los tome como temas de un explicitar, experimentar, etc. 15 Sobre todo,
porque para predicar algo de un objeto --en este caso del pleno correlato intencional- es necesario tenerlo aprehendido. 48 Todo ello dentro de la actitud
natural.
Las distinciones que hasta aquí se han logrado, como lo señalamos, se han
obtenido sin llevar a cabo ninguna "epoché" fenomenológica, sino, simplemente, practicando Ja reducción eidética. Lo que se va a exponer en el s1gttiente parágrafo se encuentra en idénticas circunstancias.

3.

REFLEXIÓN,

Lo

INMANENTE Y LO TRASCENDENTE

Al h'3.cerse la distinción entre cogitatio y cogitatum se vio que, en el ejemplo
aducido, la percepción del papel caía del lado de la primera, mientras que el
papel mismo percibido caía del lado del segundo. El cogitatum es el algo al
que se dirige la cogitatio. Evidentemente, el papel mismo, como percepto, no
es una vivencia. Sin embargo, esto no quiere decir que una vivencia no
pueda ser percepto, si bien en el caso del papel el percepto no es una vivencia.
Si la vivencia de percepción es una cogitatio, ella misma puede llegar a ser
percepto o cogitatum. En general, "puede un percepto ser perfectamente él
" lbid., § 37 ~ p. 85 ( § 37, p. B3s, 39-3).
'" No aparece en el texto español (§ 37, p. 84, 20-28). "Dazu kornmen aber auch
wesensmissig moglichc Einstellungsuntcrschiede (immer im Gesamtrahmen der natürlichen Einstellung), namlich sofern alle wie iinmer hoch fundierten Objektivitaten, etwa
aus usrprünlich wertcnden oder praktischen Einstellung, übergeführt werden in die theoretisch erfassendc und so zu Themen vorübergehenden oder konsequenten 'Vorstellens',
im besonderen eines Erfahrens, Explizierens, Proclu.ziereru usw. werden konnen" -añadido
en el ejemplar III) .
• Ibid., § 37, p. 84 ( § 37, p. 82, 38-39).

63

�mismo una vivencia de conciencia". n ¿ En qué caso podría una vivencia -cogitatio- ser considerada como percepto-cogitalumJ Es claro que en el caso
de la reflexión.
La reflexión sería un acto que pondría como objeto intencional a una cogitatio, convirtiéndola, de esta suerte, en cogitatum de ese acto. Y, así comose encuentra que el papel, como cogitatum, es un ente (Seindes) que posee una
forma de ser distinta de la que posee la percepción que a él se dirigr, en el
caso de la reflexión tanto la cogitatio -acto de reflexión- como el cogitatum
-vivencia a la que se dirige la reíle..'Ción- tienen la misma forma de ser,
ambos son vivencias. Una cogitatio, pues, puede llegar a convertirse en percepto
de una reflexión, la que, a su vez, es ella misma una cogitatio. Por otra parte,
es comprensible que cuando no aparece el acto de reflexión no se tiene a la
cogitatio como objeto intencional, aunque, como asienta Husserl, en todo
momento puede convertirse en tal: "viviendo con el cogito, no tenemos conciencia de la cogilatio misma como objeto intencional; pero en todo momento
puede convertirse en tal, siendo inherente a su esencia la posibilidad en principio de una uuelta 'reflexiua' de la mirada, naturalmente en la forma de una.
. 1e apr ehens1'6 n" .4 8'
nueva cogitatio que se dirige a ella en el modo de una s1mp
La cogitatio que ha sido aprehendida por medio de un acto de reflexi6n queda.
puesta, así, como objeto de "la llamada 'percepci6n interna'".º Correlativamente podría hablarse también de una percepción externa. Por ejemplo, en
el caso de la percepción del papel. Sin embargo, dice Husserl, que hay que
evitar expresiones tales como percepción externa y percepción interna, ya
que a esa manera de hablar se oponen serios reparos. &amp;0 Antes bien, se preferirán los términos de "inmanente" y "trascendente", y se hablara, así, de percepciones o actos en general trascendentes e inmanentes, teniendo siempre que
distinguir unos de otros. Ya anotamos, más arriba, que en el caso de la reflexión dirigida a una vivencia, tanto esta última como la vivencia de refle:idón presentaban la misma forma de ser. Esto es tanto el acto intencional
como el objeto intencional son vivencias, y de la misma corriente. Otra cosa
es lo que sucede en los actos trascendentes cuyo objeto intencional o no es
vivencia --como en el caso del papel- o es vivencia de un otro yo, diíerente
al que lleva a cabo el acto. Puede decirse, así, que:
a) "Por actos de direcci6n inmanente, o tomadas las cosas más en general,
por uiuencias intencionales de referencia inmanente, entendemos aquellas a
••
•
•
""

64

/bid., § 35, p. 79
!bid., § 38, p. 85
1bidem. ( § 38, p.
!bid., § 38, p. 86

( § 3 7, p. 76, 32-3 3) .
(§ 38, p. 84, 29-34).
84, 35-36).
( § 38, p. 85, 16-17).

cuya esencia es inherente que sus objetos intencionales, si es que existen, pertenecen a la propia corriente de vivencias que ellas mismas". 61
b) ''De direcci6n trascendente son las vivencias intencionales en las que
esto (lo anterior) no tiene lugar; como, por ejemplo, todos los actos dirigidos
a esencias o vivencias intencionales de otros yos, de yos con otras corrientes
de vivencias; asimismo todos los actos dirigidos a cosas, a realidades en sentido
estricto, pero en general". 62
En los actos de dirección inmanente ocurre que el acto de percepción dirigido a una vivencia es un acto fundado en tal vivencia. Esto quiere decir que
el acto de reflexión es esencialmente dependiente (wese11tlich unselbstandiges
Moment) y, por igual, sólo es separable de su objeto por abstracción. 03 Por
otra parte, en esta ensambladura de vivencias, la más alta (das hohere), o sea,
la vivencia de reflexi6n no sólo está fundada en la más baja ( in dem tief eren
fundie1t), o sea, en la vivencia a la cual la reflexión se dirige, sino que, aJ
mismo tiempo, está welta intencionalmente a esta última.
Hay que notar, también, que el modo como se da el percepto trascendente
es totalmente distinto al modo de darse del percepto inmanente. Una cosa
-del tipo del papel- siempre se da en meros modos de aparecer. Una cosa
percibida en series de matices o escorzos ( Abschattungen) va presentando lados. Esto es, nunca se da acabadamente, absolutamente. Lo realmente exhibido
de la cosa se encuentra rodeado por lo todavía no exhibido, al mismo tiempo
que con la exhibición de nuevos lados, los anteriores exhibidos pasan, con
esto, otra vez a la forma de lo no exhibido. Esto nos muestra que en una
cosa que se da en la percepción "necesariamente hay un núcleo de algo 'realmente exhibido', rodeado, por obra de percepciones, de un horizonte de algo
'co-dado' impropiamente y más o menos vagamente indeterminado". 3 • También, veíamos, el percepto se destaca sobre un fondo. Esto es, en la percepción
de cosas se da el percepto a la vez que por lados, sobre un fondo. Por ello
Husserl obsexva que en la percepción de cosas hay un doble tipo de horizonte
espacial: aquel que funciona como fondo y aquel que se refiere a lo "co-dado".
Uno es un horizonte que "rodea", el otro es uno que "cruza". "Lo actualmente
percibido, lo más o menos copresente y determinado (determinado hasta cierto
punto, al menos) , está en parte cruzado, en parte rodeado por un horizonte
"' I bidem. (§ 38, p. 85, 19-~5) .

ª Ibídem. (§ 38, p. 85, 30-34). En la traducción española aparece la expresión "rea•
lidad en sentido estricto" donde en alemán dice Husserl "Realitat", que tiene el sentido
de lo real fáctico --que incluye a las vivencias no reducidas trascendentalmente.
" lbidtm. ( § 38, p. 86, 1-3).
"' !bid.,§ 44, p. 99 (§ 44, p. 100, 14-18).

65

m

�oscuramente consciente de realidad indeterminada". 66 Pero es debido, precisamente, al horizonte que cruza, al horizonte, dijéramos, interno, el que una

cosa en la percepción trascendente sólo pueda mostrarse imperfectamente.
Siempre habrá lados de la cosa efectivamente exhibidos, pero también otros
necesariamente no exhibidos. Por grande que sea el número de percepciones
actuales en el que se vaya exhibiendo la cosa y, por ende, determinando, siempre
quedará por principio un horizonte de indetenninación.G8 Quiere decir es~o
que dado que las cosas en la percepción de ellas se muestran sólo por medio
de apariencias que las van exhibiendo por lados, nunca se dan acabadamente.
Todas las apariencias exhiben a la cosa, pero ninguna es una apariencia absoluta de ella. Y esto que vale para el modo de darse de las cosas, vale también,
por esencia, para todo ser trascendente, de cualquier género que sea. 57 1:odo
ser trascendente se da por medio de apariencias, por medio de escorzos o manees.
Pero ninmn
ser trascendente se da como absoluto. En contraste con esto, en
o
la percepción inmanente se tiene siempre un absoluto. La percepción inmanente es aquella que se dirige a las propias vivencias. En el caso de un ser
trascendente, éste se escorza o matiza, se da por medio de apariencias. Una
nota de violín, por ejemplo, se da por medio de un matiz y en cambiantes
modos de aparecer. Pero una vivencia, en la percepción de ella, ni se escorza
ni se matiza ni se da por lados. Se da como un absoluto. La vivencia no se
exhibe: "Esto implica que la percepción de vivencias es un simple intuir
algo que se da (o puede darse) en la percepción como 'absoluto' " .Ga Si esto
sucede en general, puede entonces asentarse que también en el caso de la
percepción de vivencias valorantes se capta un absoluto. Cuando un acto de
reflexión se dirige a una vivencia valorante se dirige a algo que no se muestra,
ni puede mostrarse, por esencia, tan pronto de una manera tan pronto de otra.
Los dos modos de darse, el de lo trascendente y el de lo inmanente, conducen a Husserl a afirmar el carácter de existencia dubitable de los trascendente frente al carácter de existencia necesaria de lo inmanente. Esto lo pondremos en claro retrotrayéndonos al ejemplo de los actos o vivencias valorantes.
En el valorar una cosa, veíamos, estaba encerrada la aprehensión de la cosa.
Por otra parte, la mera cosa no era el pleno objeto intencional. Había, así,
que distinguir un doble cogito -el que no obstante, se presentaba como una
unidad- y también un doble objeto intencional. De esta suerte, al estar dirigida la conciencia al pleno objeto intencional "cosa valiosa" está dirigida
a una trascendencia, concedido que lo que se entiende por "cosa"es un ente
'"lbid., §
'" lbid., §
"lbidem.
• Ibidem.

66

27, p. 64 (§ 27, p. 58, 25-29).
44, p. 100 (§ 44, p. 101, 10-14).
(§ 44,p.101, 17-21).
(§ 44, p. 101, 31-34).

con una forma de ser distinta a la de las vivencias. En este sentido, la percepción trascendente que se dirige a tal objeto trascendente no garantiza necesariamente la existencia de éste. Tal existencia no está necesariamente asegurada. "Ley esencial es la que dice: la existencia de una cosa no es nunca
una existencia requerida como necesaria por su darse, sino siempre contingente
en cierta forma. Lo que quiere decir: siempre puede ser que el curso ulterior
de la experiencia fuerce a abandonar lo ya afirmado con derecho empírico.
Era, se dice después, mera ilusión, alucinación, un mero sueño coherente,
etc." 59 Ahora bien, la posibilidad de la no existencia del mundo es, simplemente, una posibilidad de principio, en el sentido de que siempre es concebible una
duda, lo cual no significa que haya motivo racional alguno que entre en juego
contra la fuerza de la experiencia coherente del mundo. 60 Sin embargo, jamás
queda excluida la posibilidad de la no existencia. Por otra parte, el mundo no
se reducía a ser un mundo de meras cosas, sino que era, igualmente, un mundo
de valores y un mundo práctico. Al no estar garantizada, así, de un modo
necesario la existencia del mundo, no está garantizada tampoco la existencia
de los momentos de valor que aparecen en él. Esto puede desprenderse con
relativa facilidad, aunque no sea expreso en el propio Husserl. Sobre todo, ya
que el _pleno o~jeto intencional "cosa valiosa" es trascendente, pues ni la mera
cosa m lo vahoso son, en modo alguno vivencias. Todo lo contrario sucede
con el do?le c~gito ~ue, entretejido en una unidad, se encuentra dirigido al
pl~no ob!eto mtenc1??al mencionado- cuando una reflexión lo toma por
obJeto. S1 la percepc10n trascendente no puede garantizar necesariamente su
objeto, absolutamente lo contrario sucede con la percepción inmanente. Ya
en el carácter mismo de dependencia, antes señalado, propio de los actos de
reflexión se puede observar esto. El acto de reflexión depende, en efecto, de
la verdadera existencia de la vivencia sobre la cual reflexiona. En el caso del
valorar, cuando la reflexión se dirige a tal vivencia aprehende un absoluto.
"Cuando la r~flexión se dirige a mi vivencia y la aprehende, aprehendo algo
que es_ ello llll~O ~n ~bsoluto y cuyo estar ahí no es, por principio, negable,
~ decir, la ev1denc1a mtelectual de que no esté ahí es, por principio, imposible; sería un contrasentido tener por posible que una vivencia así dada en
verdad no existiese". 61 Un reparo posible a esto sería pensar que la corri~nte
d_e las vivenc~as _se compusiera sólo de intuiciones fingidoras, esto es, de ficciones de cogitat~ones. Pero esta posibilidad de ningún modo destruye lo asentado acerca de la percepción inmanente. Si las vivencias son fingidoras, si la
conciencia es fingidora, ella o ellas mismas no son fingidas. En tanto que
•!bid.,§ 46, p. 106 (§ 46, p. 108, 8-17).
!bid.,§ 46, p. 107 (§ 46, p. 109, 19-29).
"!bid.,§ 46, p. 104s (§ 46, p. 106, 16-21).
co

67

�fingidoras pueden ser aprehendidas de un modo absoluto, que garantiza. su
existencia, por medio de un volverse reflexivo. En suma que toda per~epci6n
inmanente entraña por necesidad la existencia de su objeto; en cambio, por
principio esto no sucede en la percepción trascendente. Evidentemente que, con
esto Husserl descubre a la conciencia como la región del ser absoluto, ya que
sea 'io que fuere de la existencia del mundo y d~ toda trasc~dencia, la región
de la conciencia se presenta, a la mirada reflex:iva de ella m1~a, como .ª~~olutamente indubitable. Cuando se está dirigido a una cosa valiosa pembie_ndola la existencia de la cosa valiosa no queda por ello asegurada; en cambio,
si se' toma el percibir un percibir no la cosa valiosa, sino la vivencia valorante,
se aprehende en ello una existencia absoluta e indubitable. Igual para todo
tipo de vivencias.
La reUexión de la que se ha tratado ha sido entendida, hasta aquí, como
un acto que meramente refleja la vivencia a la que se dirige. Dich~ .en otros
términos, un acto de simple aprehensión de la vivencia a la que se di~~ge. Pero
los actos reflexivos pueden, en general, presentar una mayor compleJ1da~. De
la misma manera que en los actos de dirección trascendente sobre la sunple
conciencia de cosas pueden fundarse otras formas de conciencia que ' tomen
posición" con respecto a la cosa (Cfr. nota 4 2), en los ac1?s de dirección inmanente en los actos de reflexión, puede suceder lo mlSlilo. Un acto de
reflexión' puede perfectamente dirigirse a su objeto -vivencia- aprehendiéndolo exclusivamente. Pero también puede presentarse con una toma de
posición con respecto a la vivencia. En este caso, la reflexión no es un acto
simple: "toda cogitatio puede convertirse en objeto de la llamada 'percepción
interna', y ulteriormente en objeto de una valoración reflexiva, de una aprobación, etc." 62 Es claro que la valoración reflexiva se dirigirá, en este c~so, a
un objeto intencional que no es una simple vivencia como objeto de silllple
aprehensión. Antes bien, se dicigirá a un pleno objeto intencional en el cual
tiene que aparecer, por otra parte, el objeto vivencia; pero, de tal suerte que
la mera vivencia y el pleno objeto intencional no coinciden. El pleno objeto
intencional será la vivencia valiosa, y no la simple vivencia. La toma de posición será así un acto fundado en el acto de reflexión aprehensora. La ex'
l
presión "ulteriormente" (in weiterer Folge), empleada por Husse~~, revela el
carácter de dependencia del acto fundado. En los actos de reflexion pueden,
en efecto, aparecer "actos en que tomamos posición fundados en los anteriores". 63 Pero como el acto en que se toma pasición -dijéramos, el valorantees un acto "fundado" por ello ha de requerir un previo acto sobre el cual se
funde: el de la reflexión que se dirige a la vivencia aprehendiéndola.
• /bid.,§ 38, p. 85 (§ 38, p. 84s, 35-2).
ª /bid., § 38, p. 86 (§38, p. 85, 10-11).

68

Husserl habla de un percibir los actos, en general, por medio de la reflexión. Ello implica que los actos de cualquier tipo pueden llegar a ser objetos intencionales de los reflexivos. En esto, con respecto a los actos valorantes, entraña eJ que una valoración reflexiva estuviera dirigida a un acto
de valoración él mismo. Pero Husserl no se ocupa, expresamente, del análisis
de estas situaciones más complicadas.
Con Jas consideraciones que se acaban de exponer, llevadas a cabo por
Husserl, se accede a la idea de que el ser de la conciencia es independiente
de la existencia de un mundo y, en general, de la existencia de cualquier tipo
de trascendencias. La tesis natural sostiene que el mundo es existente por sí
mismo. Esta tesis no se niega, esto es, no es sostenida su contraria. Simplemente
se pone fuera de juego, entre paréntesis. Quien pone fuera de juego, quien
coloca entre paréntesis, concebido como hombre, como realidad humana en
sentido estricto queda, él mismo, fuera de juego, colocado entre paréntesis. Y,
sin embargo, siempre quedará la región del ser absoluto de la conciencia,
queda la conciencia pura en su absoluto ser propio. Este es el campo propio
de la fenomenología. "En otras palabras: en lugar de llevar a cabo de un
modo ingenuo los actos inherentes a la conciencia constituyente de la naturaleza, con sus tesis trascendentes, y de dejarnos determinar a tesis trascendentes siempre nuevas por las motivaciones implícitas en esos actos -ponemos
todas esas tesis 'fuera de juego', no las hacemos con lo demás; dirigimos la
mirada de nuestra aprehensión e indagación teórica a la conciencia pura en su
absóluto ser propio. Así, pues, esto es lo que queda como el 'residuo fenomenológico' buscado, lo que queda a pesar de que hemos 'desconectado' el mundo
entero con todas sw cosas, seres vivos, hombres, comprendidos nosotros mismos". u Esta región, la de la conciencia pura, será el campo en donde se
desarrollará la descripción de las ideas axiológicas una vez llevadas a cabo
las dos reducciones: la trascendental y la eidética. Lo hasta aquí expuesto,
apuntamos, surgió de una reducción eidética, meramente, que efocó a los
fenómenos de la conciencia considerando a ésta como una realidad en sentido estricto.

•• l bid .• §. 50, p. 1 t 5 ( § 50, p. 11 Bs, 23-1 ) .

69

�LA EXPERIENCIA IN-SISTENCIAL COMO FUNDAMENTO
ORIGINARIO DE LA EXPERIENCIA DE LA PERSONA
Y DE SU ENCUENTRO CON EL SER

DR. lsMAEL Qun.Es
U nivenidad del Salvador
Buenos Aires, Argentina.

•

EL PROBLEMA DE LA PERSONA es uno de los que la metafísica contemporánea
ha vuelto a reencontrar y al que ha dedicado, puede decirse, particular atención. Dentro de la investigación sobre la esencia originaria del hombre que
venimos realizando, y dada nuestra preferencia por la dignidad del hombre
como persona, no podíamos menos de estudiar la relación interna entre la persona y la esencia originaria del hombre como in-sistencia.
Hemos estudiado, por así decirlo, separadamente el problema de la persona
y la realidad in-sistencial del hombre. El presente trabajo es el primer intento
de un cotejo entre el hombre como persona y el hombre como in-sistencia.
No intentamos aquí sino un primer esbozo, pero tal vez él pueda mostrar cuál
es la relación esencial que nos parece descubrir. El tema es para nosotros de
tanta importancia que esperamos dedicarle ulterior atención, en cuanto nos
sea posible.

Pero tal vez este adelanto sea de utilidad. Por eso lo ofrecemos ya a la consideración de los estudioso~. En la primera parte volvemos a trazar las líneas
generales de nuestra perspectiva in-sistencíal del hombre, con relación especial
al mismo como persona. En la segunda, trataremos de prolongar nuestra investigación hacia el encuentro con el ser, a través del núcleo esencial de la
persona, que es la in-sistencia. 1
1 Nuestros trabajos anteriores máli importantes de los cuales el presente es continuaci6n,
son los sigui en tes :
-La perrnna humana (Fundamentos psicológicos y metafísicos y aplicaciones sociales),
2a. Ed. Espasa Calpe, Argentina, Bs. Aires--México, 1952.
-Más allá del existencialismo (Filosofía in-sistcncial), Ed. Miracle, Barcelona, 1958.

71

�Deseamos mostrar cómo en la experiencia de la realidad más originaria del
hombre, que hemos denominado in-sistencia, se halla el fundamento originario
de la experiencia del hombre, como persona, y de su encuentro con el ser.
Siendo la experiencia in-sistencial el núcleo primero y fundamental de la experiencia característica de la persona, y, a su vez, estando la experien~ia ~e
la persona estrechamente unida a la experiencia del ser, resulta la expenenc1a
in-sistencial el punto de convergencia más profundo y originario de la persona
y del ser.

J. LA IN-SISTENCIA COMO NÚCLEO ORlGfNARIO

DE LA

PERSONA

LA HISTORIA DE LA FILOSOFÍA encontramos muy variadas respuestas a la
pregunta más urgente y más angustiosa de la filosofía, es decir, qué es el hombre. El hombre ha sido considerado como materia, como vida, como conciencia, como razón, como espíritu, como libertad, como existencia. Si atendemos
a las definiciones del hombre, que han surgido de las diversas concepciones
filosóficas apoyadas en las respuestas que acabamos de señalar, y otras que
podrían agregarse, veremos que todas ellas se fundan y se e.xpresan en categ~rías o conceptos categoria]es complejos, que presuponen otros elementos mas
simples, especialmente las realidades de experiencia en que los conceptos Y_ª
elaborados se apoyan. Evidentemente que la definición del hombre como ammal racional, o "libre", o "moral", o "político", o "religioso", o "técnico",
etc., etc., presupone el principio de dónde esos atributos o propiedades se le
pueden aplicar al hombre. Es decir, todas ellas se apoyan, en re.alidad, en una
especie de principio óntico del cual surgen las definiciones "conceptuales", Y
ese principio óntico debe ser, de alguna manera, captado y vivido previamente
por el filósofo.
Más aún la misma definición del hombre como persona, nos presenta una
'
realidad compleja,
sin contar que el término mismo "persona", está cargado
de una estructura conceptual y esquemática, cuya elaboración ha costado siglos
y trabajo, que revela fácilmente no ser el concepto integral de persona lo que
corresponde a la primera, fundamental y originaria experiencia de la realidad
del hombre.
En una palabra, hemos recibido la impresión, a través de nuestras reflexiones
sobre el problema, de que la compleja experiencia que tenemos del hombre
y que tratamos de esquematizar a través de una serie de conceptos y definí-

EN

- Tres lecciones de metafísica in-sistencial, Ed. Balmes, Barcelona, 1961.
-Das Wesen des .Menschen, "Scholastick" (Francfurt aro Main), junio 1961.

ciones, más o menos complejos, se funda en una experiencia más íntima y más
simple, reveladora de la esencia más originaria y primera del hombre, la cual
se nos presenta como el punto de apoyo de todas las demás realidades que
experimentamos en el hombre mismo. Nos preguntamos, pues, no ya por la
esencia del hombre, ni por su definición, tal como en general se la concibe,
sino por aquel principio primero, aquel constitutivo óntico más simple del
hombre que, al parecer, se halla en la base de toda la realidad humana. Algo
así como los presocráticos, después de haber contemplado la diversidad de los
entes mundanos, se preguntaban por el principio originario de todos ellos, es
decir, por el principio simplemente, arché. Podríamos también hablar, si no
pareciera una expresión rebuscada, por la esencia de la esencia del hombre,
y, consiguientemente, por la esencia de la esencia de la persona.
Ahora bien, este primer principio, originario y fundamental, este núcleo
central o "qué" nuclear del hombre, lo vemos nosotros a través de una experiencia, la cual, a nuestro parecer, es la base de todas las experiencias humanas, y la hemos llamado, experiencia "in-sistencial", porque a través de ella
se nos revela la realidad primera del hombre con una manera de ser propia
que no hemos sabido designar mejor que con el término "insistencia".
Buscando este último fundamento de la realidad del hombre, después de
haber analizado sus últimas estructuras ónticas en su más elevada y característica expre ión, la "persona", hemos recogido la tradición, casi diríamos
unánime, de la filosofía, al señalar como característica del hombre la inte.
'
rioridad. La realidad fundamental del hombre no la vamos a encontrar "hacia
fuera", sino "hacia dentro" del hombre: precisamente cuanto más se recoge
hacia sí, hacia su interior, tanto más se conoce y se encuentra a sí mismo,
· tanto más es uno mismo, y simplemente "uno". Y bien sabemos que la característica esencial de la persona se reduce a la unidad: unidad en el ser, unidad
en el conocer, y unidad en el obrar; porque decir unidad es significar autonomía; autonomía en el ser, autonomía en el conocer y autonomía en el obrar.
Ahora bien, esta unidad máxima y esta autonomía máxima consisten y se revelan precisamente en el regreso del hombre hacia sí mismo, en esta autoposesión
de sí mismo, cumplida en el acto de máxima interiorización y reco2'i.
o
InJento sobre sí.
Esta propiedad específica y característica del hombre por la cual, en cuanto
persona, se distingue de todos los demás seres mundanos, y se distingue en su
raíz misma del ser, este interiorizarse en sí mismo o ser interior a sí mismo o
'
estar-en-sí, ( in-se-esse o in-se-sis ter e), es lo que hemos denominado "insistencia",
dando al verbo latino in-sistere el acento de interioridad que le corresponde,
según el significado primitivo etimológico. Por esta peculiaridad del hombre
él es, por así decirlo, "sí-mismo-en-sí-mismo". Y si la analizamos todavía más

72

73

�detenidamente veremos que ella tiene un doble aspecto: de presencia y de ser;
presencia de sí a sí, y ser de sí en sí: este doble aspecto nos revela la doble
faz de la "insistencia" como realidad del hombre: in-sistencia es presencia,
experiencia y verdad; pero al mismo tiempo in-sistencia es ser, realidad, onticidad propia del hombre, antecedente a todo modo de presencia, patencia y
verdad. La patencia, la verdad y la presencia nos revelan el ser del hombre
que podemos denominar "ser-de-sí-en-sí".
Esta realidad, a la cual acabamos de apuntar y que hemos designado con el
término "in-sistencia", es, a nuestro parecer, el momento más simple, originario y primitivo, del ser del hombre, en el cual están contenidos y apoyados
todos los demás momentos y manifestaciones de su realidad. Si analizamos la
estructura de la persona, veremos que se reduce en último término a esta primera y simplicísima expresi6n del ser del hombre, ya que en ella aparecen
Las características de unidad perfecta y de autonomía perfecta, del "ser-en-sí",
que expresa la esencia óntica de la persona. Por eso creemos que esta realidad
in-sistencial, es el principio primero o arché de toda la realidad del hombre y
de la persona en particular.
Podríamos señalar ahora cómo esta simple y originaria realidad in-sistencial
se halla presupuesta en todas las demás definiciones o descripciones y en todos
los demás atributos del hombre. Si el hombre es vida, conciencia, razón y espíritu, si el hombre es un ser libre, moral, político y religioso, si el hombre es un.
ser capaz de técnica y de conducta, todo ello se funda en que es in-sistencia,
es decir, en que tiene esa realidad 6ntica simplicísima que es capaz de recogerse toda en sí misma, con una vuelta completa (reditio completa) como
dirían los neo-platónicos. Por eso ella es, a nuestro parecer, la estructura
primaria, y hemos tratado, en otra oportunidad, de mostrar c6mo en ella se
fundan todas las demás, como en el principio en que se apoyan y de donde se
explican.
Tratemos solamente de comparar una de las propiedades que más f ácilmente se prestan a confundirla con la insistencia o interioridad propiamente tal:
la conciencia. Conciencia es, sin duda, interioridad; viene de cum-scientia,.
un conocimiento tal que siempre lleva anexo, juntamente ( cum) el conocimiento del sujeto que conoce, el conocimiento de sí mismo el autoconocimiento. Pero la conciencia, en cuanto tal, es una relación al saber, y al conocer, y
lo que aquí buscamos es el ser del hombre, no un saber sino un ser, y este ser
lo hallamos en la interioridad, en esta vuelta sobre sí mismo que, por ser tan
perfecta, resulta un saber. A nuestro parecer, la vuelta ontol6gica es la que
da lugar al saber; la transparencia óntica es la que da lugar a la conciencia.
Por eso colocamos la in-sistencia en un plano 6ntico, anterior a la conciencia
misma. Si con-ciencia es saber-se, in-sistencia es ser-se, ser sí mismo, ser en

74

sí mismo
' en la conc1enc1a,
. . y en un t di
. . y aquí más t0d avia
.
conciencia misma, es donde hallaremos la raíz rimer
es a o previo a la
Por~ue es~e ser-se o in-sistencia es, precisamen~e, la :rx::l :~:dp:rsi°na.
co~s1go mismo y la máxima autonomía del ser en sí mismo
e ser
ongen de la autonomía en el conocer (
.. .
' que es a la vez
obrar (libertad).
concieneta) y de la autonomía en el
m!:~:endo ~u~str~ son~eo sobre la surgente esencial de la persona, podeque a m-s1stenc1a se nos presenta como la arché o . . .
.
mero del sí en sí mismo ' es una expenenc1a
. . pnme
.
pnnc1p10
pn· · •
para todas las demás e&gt;..-periencias. más ,
ra y ong1~ana presupuesta
rienda trascendental
.
l '
aun, podemos denommarla una expeno sólo en la base
~::~~~:
sentddodde que e~t~ experiencia se halla
. .
'
a rea 1 a y expres1on de todas I d ,
expenenc1as, presente en todas ellas El
.
as emas
hace otra
.
.
yo en su senbdo más originario no
cosa que refleJar esta experiencia primitiva del h b
'
se halla presente en todo conocimiento y en toda acci,
: . re, y el yo
mana, o de la persona Toda otra
. .
on espe icamente hupresente y fundante. d~ mod
exp;nencia la presupone y la incluye cose trata de una
' . . o que po emos, con toda realidad, afirmar que
. .
expenenc1a fundante y copresente de todas las d ,
nenc1as personales.
emas expe-

si:o

;!

:

.
.El. núcleo
. d originario de la p ersona es, pues, la m-sistencia.
y la rev·elac1'o'n
ongmana e la persona es la expe nenc1a
· · m-s1Stenc1al.
· •
.
'
Tenemos así que la in-sistencia es:
a) La primera experiencia o el primer conocimie t
todas las demás experiencias y conocimientos.
n o del hombre, base de

'
b) La primera realidad del hombre
se apoya todo el hombre.
,

O

la

.
.
pnmera realidad óntica en que

'
e) .finalmente,
la in-sistencia es tamb'1en
, el 011gen
.
.
y el

experiencia metafísica del hombre es d .

de la persona con el ser o l

este último punto constituir:

II. LA

gun

d

. un amento e la
ec1r, que ella constituye el encuentro

~:: tura~e
,

f d

la persona al ser. La d~laraci6n de
parte de nuestra comurucación.

IN·SISTENCIA COMO EXPERIENCIA DEL SER A TRAVE' S DE LA PERSONA

LA

IN-srsTENCIA, como ser y como e
. .
a la realidad y la experiencia orioin . xpderl1ehnc1a corresponde respectivamente
,
o- ana e ombre prec ·s
,
mas fundamental de "persona" p
.l . .
'.
1 amente en su nucleo
vuelta sobre sí mism
. ero, Sl a m-s1stenc1a como interioridad, como
o, es, ante todo, personal, es decir, consti·.,rh
........va d e Ia per-

75

�':5

sona, ello significa que, por esencia
i~diui~ual, conc~eta~ i~.~om_imica~l~;
Toda in- istencia es persona y no hay m-sistencia o experiencia 1n-si tenc1al
sin experiencia "personal". En consecuencia la in-sistencia es, ante todo, experiencia individual; porque es individual el sujeto y el objeto de la experiencia. La persona es Jo más individuo, pero, al fin, un individuo concreto,
es decir, un ente. Por supuesto se trata de un enle privilegiado, porqu puede
volverse totalmente sobre sí mismo y afirmarse en sí mismo, in-sistir, cosa que
no todos los entes pueden realizar.
Pero la insistencia nos muestra al ente d una manera "especial"; no al
ente como quiera, sino al ente insertado en un "orden 6ntico", orden que
trasciende y d borda al ente concreto. Y porque lo hallamos insertado en ese
orden óntico o real decimos que el ente es. Del ente afirmamos, por la e.xpcriencia in-sistencial, que es una r alidad. La comprobación de e ta afinnación
nos resulta tan inmediata y tan firme, tan ineludible, precisamente porque la
· d e si' a s1' 1 es " patenc1a
· " de 51' a si' y " verd ad" de
in-sistencia es "presencia"
sí a sí; por lo mismo, al "afinnat'' que el ente es, no hacemos apenas sino trasponer en un eco la realidad inmediata "experimentada".
Pero en esta expresión i.nterior de nuestra experiencia por la que afirmamos "el ente es'', nos hallamos en contacto con la realidad en cuanto tal.
Decir "el ente es", es lo mismo que decir, "el ente es ser", es real, está en
lo real. Y aquí entramos a descubrir un lemento que estaba ya patente desde
el principio en nuestra misma experiencia in-sistcncial, en la que afirmábamos
el ente e . Porque en esta misma afirmación y en la experiencia que le corresponde y en la realidad captada en esta experiencia, se haUa un elemento
que desborda la realidad propia de nuestro ente. Porque al decir "el ente es",
o "el ente es real", lo sumergimos en un lcmento en cierta manera experimentado por el ente mismo, pero que desborda al ente y lo sustenta y lo funda.
Ahora bien el ser, en cuanto ser, no es otra cosa que ese elemento desbordante
y a la vez sustentante y !undante del ente. El ser no es el ente, la realidad no
es el ente, sino que está más allá del ente. fás bien el ente es "la" realidad
y está en "la" realidad. Esta observación o análisis de nuestra experiencia nos
muestra en ella dos elementos: lo estrictamente subjetivo, concreto e individual, y lo trascendente y desbordante que es precisamente la realidad, el ser.
De esta manera, en la experiencia personal más íntima, es decir en la experiencia in-sistencial, hallamos la diferencia entre el ente y el ser, diferencia
que puede denominarse la diferencia ontológica, o la di/ erencia metafísica. Porque por ella descubrimos y afirmamos algo más que el ente puro, al descubrir
y afirmar también el ser que trasciende el ente.
Y en esta trascendencia hallamos así mismo el sentido del ente. Porque por
hallarse fundado el ente en el ser, todo el sentido del ente depende del sentido

del ser mismo, pero en todo caso del ente en cuanto vinculado al ser, lo ha-

ll~~ ~bién e~ la experiencia personal in- istencial. Será objeto de una
dtluctdaet6n uJtenor el sentido del ser en cuanto tal, del ser en cuanto ser lo
que d cidirá en última instancia el sentido del ente. Nosotros no pode~os
ahora detenernos en esta ulterior dilucidación, y remitimos a los lectores a
otros trabajos nuestros.
Deseamos solamente aclarar aquí este aspecto del contacto con el ser en
cuanto r~ realizado en la experiencia in-sistenciaJ propia del hombre como
perso~a. S1 aten~emos a es~ ~periencia, veremos que en ella se cumplen dos
estad1os, que la integran urutanamente, inseparables entre sí.
El descubrimiento de esta diferencia ontológica o distinci6n entre el ser y
el ente nos hace al ser patente a nosotros. Ante la experiencia insi tencial se
halla p_resente e1 ser. Esta experiencia ontológica es más bien pasiva que activa
la sufnmos en su primero e inevitable choque y no la podemos evitar. Tod~
hombre, toda persona, por su experiencia in-sistencial recibe el choque del ser
como un ac_to de presencia del mismo y no una presencia pasiva, sino pene~
~ant~ Y_ ac~va. ~ el choque metafísico, percibido necesariamente en la exper~enc1a_ m-sistenoaJ. Por este choque o impacto del ser en eJ seno de ]a ins~~encia, el hombre _es, por esencia, un ente metafisico, tiene Ja pasión metaf wca y no puede deJar de hacer metafísica.
Más aún, en e~e choque o experiencia encontramos el origen primero y
el ~undament~ pnmero de la metafís.ica como tal, e decir, como "saber del
ser · Por lo mismo, creemos que el hombre, al hacer metafísica, lo hace sobre
Wl I~damento real, el de la experiencia del ser. Todo el trabajo de la filosofla
deber~ . conc('Jltrarse en la dilucidación de esta experiencia originaria de ]a
metafísica
·
· contradecirse a
, .
, . pero
. no puede m· negarla, m· d esnaturalizarla,
sm
SJ m.tsmo, sm ir c~ntra una experiencia inmediata y presente y, por tanto, siempre renovada y siempre volviendo a plantear el interrogante de la metafísica
aun cuando sea negada.
'
Ante esta experiencia o choque, más bien pasivo, que tiende a provocar y
que_ de hc~ho prov~a en nosotros la pregunta por el ser (pregunta que no
hartamos SI no tuv1eramos ya en alguna manera presente el ser por el que
pregu~~os) 1 ante esta experiencia o choque del ser corresponde Ja "respuesta que la persona dará al ser.

.ºº

·
"
. Eta"
_s
~espuesta
es otra cosa que la segunda etapa de la experiencia
m-sistenciaJ, es d~a.r, la "afirmación ontológica": el ser es. Porque, ante el
choq~e. o pres~nc1_a del_ ser que se nos hace patente y nos dirige la pregunta
metaf1Sica, la m-s1Stenc1a, o el ente privilegiado que es la persona debe res. d"
.
pond
er. . reconoc1en
o esa reahdad
presente o patente del ser en' eJ ente
dando lugar a la "afirmación ontol6gica". Esta afirmación ontol6gica es

J

77
76

�con el ser; el dinamismo de la inteligencia ha dado lugar a fecundos análisis
para mostrar cómo se abre el camino a la trascendencia a través de la inteligencia y la idea; la filosofía escolástica tradicional ha tenido también su
propia vía hacia la trascendencia, predominantemente en un proceso abstractivo. Por nuestra parte creemos que en realidad es múltiple el camino de
acceso al ser, y que todas estas vías tienen una legitimidad fundamental. Pero
creemos que todas ellas se apoyan en una superestructura o en un presupuesto
básico, en una especie de cabeza de puente, que es lo que hemos denominado
esta primer~, simple y otiginaria experiencia del núcleo de la persona, en la
cual se realtza también la apertura a la diferencia ontológica, y por tanto, la
afirmación ontológica. Si analizamos cualquiera de estas vías de acceso al
ser, la libertad o la inteligencia, la existencia o la moralidad, la abstracción
o la experiencia religiosa, veremos que en todas ellas está presupuesto ontoló~camente y gnoseo16gicamcnte esta experiencia originaria y primera del
nuclco central de la persona, que hemos denominado in- i tencial. En todas
ellas se ~lla presente la presencia de sí a sí mismo y el ser de sí a sí mismo, y
sólo en nrtud de esa presencia aquéllas adquieren su fundamento. Lo que
sucede es que estas vías no on ino di\'ersos "modos" de actuar la realidad
in-sistenciaJ, porque la presencia de sí a sí y el ser de sí en sí se hacen patentes
tanto en la conciencia moral, como en la experiencia de la libertad: tanto en
el dinamismo ~e Ja inteligencia como en el de la experiencia religi~sa, tanto
en la ab tracoon como en la existencia. Por e o no hallamo como hemos
indicado anteriormente, ante la apertura trascendental al ser, ;n cuanto que
se halla en todos los otros modos concretos de comunicación con el ser. Si no
fuera porque el término es demasiado gastado diríamos que la in•si tencia
como núcleo óntico de la persona y su experiencia, son la condición a priori
implícita y presente de todo encuentro con el ser.

primer principio de la metafísica, no sólo porque contiene en germen toda la
metaf1Sica, sino porque es el que primero fonnulamo , no en fonna explícita,
sino en forma vivida ante el ser.
A la "e.xperiencia ontológica" corresponde la "afinnación onto16gica". Y una
y otra no son más que dos aspectos de la "experiencia total de ]a persona" o
"in-sistcncia", en la cual descubrimos el núcleo de la persona, y del ser.
De esta manera, la experiencia in-sistencial es no 610 fundamento originario de la persona, sino que en ella y por ella llegamos al encuentro con el ser.
e nos dirá, tal vez, que hemos estrechado excesivamente el campo de la
experiencia in-sistencial hacia la interioridad del hombre y que corremos el
peligro de un extremo subjetivismo. Pero, ni la in-sistcncia aut 'ntica, ni la
persona, pueden ser encerradas en la subjetividad pura. Para ello bastará que
tengamo presente que la experiencia in-sistencial. punto de partida de toda
otra experiencia y saber no se realiza nunca aislada de otras experiencias, de
los entes mundanos y de las otras personas, sino que precisamente se cumple
en función de ese otro conjunto de experiencias que versan sobre ente trascendentes. o es posible la vuelta del hombre sobre sí mismo la patencia de
sí a sí, que nos revela el ser de sí n sí sino en conexión, o-posición, contraposición e influjo mutuo de otras in-sistencias y de otros entes mundanales.
Sólo frente a esa "alteridad" es po ible reconocer la "mismidad" que permite
la presencia de sí a sí. ln-sistencia se opone por su ser y su experiencia a
"lo otro", a lo "ex-sis tente". Se opone a ello y lo supone. o se constituye
sino frente a lo otro, ni se experimenta en sí sino frente a lo otro. Por eso la
afirmación in-sistencial está precisamente afirmando a la vez la trascendencia
de los otros entes, sin la cual trascendencia no serla posible la pro~ in-si tencia.
Y como en relación con Ja persona hemos vi to que la in.sistencia es la pri•
mera experiencia y la primera realidad del hombre, primera por s r originaria
y por estar incluida y copresente en todas las demás experiencias del hombre,
la in-sistencia es la apertura originaria al ser y también la apertura trascendental y universal, porque en todas las demás experiencias y afinnacione metafísicas se halla presente esta experiencia original o apertura originaria del

. ~os o~serv~iones finales. La primera es que de ser e to así la rperiencia
m:s~ten~al ~na el fundamento de la metafisica, y, por tanto, de la problemattca filosófica en general. El núcleo ori{J]nario del yo se halla en relacio' n
, .
o
mtuna con todos los otros problemas. de la metafísica. A tra és de la dilucidación de la in- istencia podrían también iluminarse el problema del cosmos,
el problema del prójimo, el del Absoluto, el de la historia, como esencia del
hombre. Los fundamentos de la gnoseología coinciden, en este punto, con los
f~nd~me~t~s d~ 1~ m~tafís~ca y corren paralelos apoyados en la misma expe•
nenc1a ongmana m-s1stencral.
E~ segundo lugar, ob ervemos que hemos descubierto una especie de orde•
nam1cnto ontológico entre la in-sistencia y el ser. La e. periencia in-sistencial
es el núcleo de la persona, y, merced a este carácter "personal", ha sido posible
el encuentro con el ser. ln-sistencia es persona y persona es experiencia y

ser en el hombre.
Tratemos ahora de indicar cómo esta apertura al ser por la persona y
precisamente en ese núcleo in-sistencial, es la primera y la más originaria.
Efectivamente, la trascendencia del ser es reconocida en múltiples exp riencias
de cuya legitimidad no podemos dudar. La filosofía moderna, y especialmente
la contemporánea, se han ocupado de buscar las vías posibles de la trascendencia. Asi se han señalado, entre otras, la libertad, que tan inmediata relación
tiene con la persona; la existencia, íntimamente ligada a la libertad¡ la experiencid moral ha sido también señalada como la vía auténtica del encuentro

79

78

•

�autonomía ontológica o del ser. Pero, en realidad, este es el p~~- por así
decirlo inverso; el proceso directo es otro. No es el ser la culmmac1on de la
persona y de la insistencia, sino al revés, la in-sistencia Y la perso~a son la
culminación del ser. El ser en cuanto tal tiende a realizarse y a culmmar en la
persona O en la in-sistencia, donde adquiere la máxima unidad concreta, que
parece ser la meta del ser.
Finalmente, quedaría una interrogante que ahora sólo proponemos y del
que en otra oportunidad nos hemos ocupado, per~ que, tratándose de las
relaciones entre la persona y el ser, no podemos deJar, al menos: de_ c~nst_atarlo. Henios descubierto el ser a través de la persona, en la expenencia m-~1stencial. Pero ¿estamos aquí ante una persona que se encuentra con el ser impersonal, 0 más bien se trata de un encuentro en~ p~rs~na_ y pe'.sona? Este
ser, en cuanto ser que se nos presenta en la e~eneno~ m-si~tencml, ¿ ~ce
del atributo de la personalidad? En tal caso ¿ como sena posible la act1V1dad
más característica de la persona frente al ser que es e1 "cliá'l ogo"?• Porque_ s1. el
ser que la persona descubre no participa en alguna manera de la personalidad,
y por ende no es un "tú'', ¿ cómo la persona puede pasar a su acto característico que es el "diálogo., o la "comunicación" con otra persona? Nosotros
creemos que la experiencia metafísica nos descubre al ser en cuanto ser en
una doble función O aspecto: el ser en cuanto ser concreto como fundamento
constitutivo de los entes, y el ser en cuanto ser subsistente en cuanto que es
origen y fundamento (pero no constitutivo formal) del ser en cuanto ser concreto y de los entes. Este descubrimiento del ser como ~ersona, nos m~~tra
la vinculación suprema entre la persona y el ser y confmna que la ma,oma
realización del ser se halla en la persona. El ser en su grado supremo de perfección ontológica es persona; y cuando esa perfección ontológica adquiere
un carácter Absoluto y omnímodo es la Persona Absoluta. Hasta tal punto se
hallan íntimamente enlazados la persona y el ser, y hasta tal punto, para el
hombre, el núcleo de relaciones entre la persona y el ser se halla en su experiencia originaria, es decir, la experiencia in-sistencial.

SOBRE EL CAOS, EL COMIENZO DEL MUNDO
Y EL INICIO DEL FILOSOFAR
JuAN DAVID GARCÍA BAcCA
Universidad Central de Venezuela.

"La verdad es que el Caos . .. no
existe más que en nuestra cabeza, Allf
lo hemos hecho nosotros -bien trabajosamente- J,or nuestro a/d.n inmoderado, propio de viejos dómines
-é qué otra cosa somos?- de ordenar antes de traducir".
ANTONIO MACHADO.

HACE BUEN TIEMPO, hace mal tiempo, hace calor, hace frío ... Lo primerísimo
que hizo en el mundo fue Caos. Panton men prótista Xaos géneto ... Tal es el
parte metereológico de Hesíodo. Hizo Caos, allá al comienzo de los comienzos
del mundo. Mas la frase griega panton pr6tista pudiera decirnos tanto que
Caos es lo primario de lo primario como lo primero de lo primero. De lo
primario se llega a lo secundario o derivado, por decadencia; de lo primero
se pasa a lo segundo, a lo tercero ... ; y se crece, como en la sucesión numérica, hacia lo infinito. De lo primero hay que salir cuanto antes; de lo primario, lo más tarde y lo menos posible. Parece que, para Hesíodo, el Caos fue
lo primero de Jo primero, lo primerísimo de que había que partir lo antes
posible, para llegar, autar épeita, inmediatamente después, a la Tierra, sede
de todos, la siempre segura, la de anchas espaldas.
El Génesis no discrepa gran cosa del informe cosmogónico de Hesíodo.
Claro que, si traducimos el versículo primero por In principio creavit Deus
coelum et terram, las diferencias resaltan tanto tanto que deslumbran, y no dejan percibir las semejanzas. De Hizo Caos a Dios creó Cielos y Tierra hay
mucha más distancia que entre Hacía tiempo lluvioso y Un avión del Ministerio de Agricultura y Cría bombarde6 las nubes con . .. , y la gravedad terres-

81

80
H6

'

�tre hizo caer según ley matemática eso que el vulgo llama lluvia. Una vez
llueve; otra, Dios llovió . ..
Pero traducir no es se traduce, sino yo traduzco, sea un yo individual el que,
por su cuenta traduce, o un yo encargado de traducir por órdenes por un Y O,
mayúsculo como una Iglesia, la de Roma o la de Inglaterra.
Total que no salimos de yo, con o sin altavoces, con radiodifusión oficial o
con un hilito de voz..
Las Aguas, tierra desierta, yerma, tinieblas, abismo, viento; y una voz
que pide Hágase luz. Caos inicial. Lo difícil va a ser, como decía Machado,
persuadirnos de que tal estado de Caos exista algo más que en nuestras cabezas de arios o semitas, y de que no provenga de ese afán inmoderado de viejos dómines: ordenar antes de traducir. Y si no ha habido Caos, ni tiene sentido Caos sino porque nos proponemos orden.ar con el ramplón criterio gramatical y lógico de maestritos de latín ante un texto clásico, no habrá por qué
pidamos un Pios que haga de gran Dómine que nos enseñe cómo ordenó el
Caos del mundo, y lo primero de lo primero nos haga entender que el mundo
estaba en Caos.

Humano capiti cervicem pictor equinam
lungere si vellet . ..
nos descubría, creyendo hacer luz, el orde n 1'ogico:
.

Si u11 pintor quisiera unir cerviz equi?ia con cabeza humana. . .
Transparencia de lógica en palabras, frente al caos lógico y verbal de

ª

~um_ana _c~beza cerviz pintor equina
si quiswra. ..

unir

j qué de aq ue llos trasu dores para ordenar, antes de traducir, aquello
deYLucrecio:

Jamq_ue ~aput quassans gravis suspirat arator
Crebius mcassum magnum cecidisse laborem!

I
Cos1,1000NÍAS

maleducaron
-y de las que porque D ios
• es grande, o Alá es Alá, nos libramos
. . :-1• sed quiedaba tan orondo cuando ante el pretendido Caos de los versos
1mc1a es e a Epi.tola ad Pisones:

DE VIEJOS D6MINES

Pasos de peregrino son errante
Cuantas me dictó versos dulce musa, . •.

Caos gongorino
El D6mine nos lo hará entender ordenando lógicamente, según gramática
dirigida por ramplona lógica clásica:

Los versos que musa dulce me dictó son pasos de peregrino errante . ..

Quien no vea aquí sino caos ló ·co e
verbo, predicado; sujeto, ad jerivotatrib~t::~ :e: ve cosmos_ estético. Su jeto,
biales; complemento directo . ~
. '
bo, adverbios, frases adverd
1
' m
cto. . . . todo eso el Gran Cosmos L, .
e pa abras con función de descubrir 1 1' .
'
og1co,
función apofántica, Dios se lo ha a er~o::::ca -a lo que llamó Aristóteles
sutil manera el Cosmos estético. y p
o-, destruye de poderosamente
¿ quién
, Cosmos logico
, . que Cosmos estético?
yY
sobre
todo·nos·qhaé dicho q ue va¡e mas

. t u razones que no sean eti . , d
. . .
en el principio de los princ ~ .
d
p ~ion e pnnc1p10, pues estamos
ferencia inicial?
tp10s, pue en aducirse para fundamentar tal pre-

Pero 1no corramos' que fas argumen tacmnes
.
l'og1cas
.
E
son agua cuesta abajo

e;:

O más fielmente, con fi&lt;lelidad lógica perruna:
Cuantos versos me dictó musa dulce son pasos de peregrino errante. Y ese
sutil, delicioso, artístico saltarse la condenada 16gica -de que hablaba Unamuno y practicó Góngora-, habrá desaparecido a manos de la lógica. Y
nos hallaremos ante otro Caos; mundo árido, desierto, sin estrellas, sin luz;
y con una voz clamando desesperadamente: Hágase luz, Hágase fuego: Há-

la ~e~~:inf~:ia
:::edios mate°:áticos actuales, es posible transcribir
de 1
, .
oven en un s1Stema de ecuaciones diferenciales las
a acustlca, dando a las variables a l
di .
, .
'
convenientes; sacarle su radi rafia'
as
c1ones en los limites valores
Wbitehead y de Russel, la ra:ografí;~;e~abca, y, por, obra y gracia de
es el Cosmos
.
.
,
gica pura. ¿ Que es el Caos y qué
fonía de Beetb:e~;e caso. la smfon1a de Beethoven o la lógica de la sin-

gase Poesía.
El Dómine de esas horrendas Retóricas y Poéticas en que nos educaron, o

El matemático y el J'ogico
· sa be n que los valores que es preciso dar
· entonces

82

c?~

83

�, ·
f' ul lógicas son arbia las variables de las ecuaciones matematlcas, y . onn as
•. '
, 'catrarios -unos entre millones, trillones ...- ; y que es matemabca y logii l
na casualidad que el resultado suene bien; tan casual como que, a
t
mene u
) (
b) _ (a2-bt) el reb af '
p oner en vez de a 2 y en vez de b 1 en ( a
.
val
de a y b el resultado uera un
sultado 3 sonará bien . y para otros
ores
,
el
' '
'
,
. ,
.
'a de las esferas c esdesaf ino. No otra cosa le paso a P1tagoras' y su armoru
,
tiales ha quedado, sin mayores cumplidos, desterrada de la astronooua ma-

+

temática.
·Quién es el dómine: Pitágoras o Newton?
, .
.
to peor de todo ese tejemaneje de dómines, gramat1cos o ~atemát1cos,
es la de ordenar antes de traducir; lo repeor de eso peor con~iste en qu~, ~n
d nado ya no se puede volver al cosmos sonoro, mus1c~l,_ de p~ a ras
vez or e ·
,
d
d d
1c10 activo de
.
b1en
sonan tes , de armonía de las esferas, e ver
. a a serv. ,
belleza --de que, con grandes pretensiones de mejorar, se parno.
Cuando a un Cosmos se lo declara Caos, no es nunca tal Cosmos el que
queda ordenado. Ese cosmos vuelve o va a la Nada; y el nuevo cosmos, e~
Cosmos, no es ya e
eosmos obtenido por ordenar el caos del pretendido
,
d l Nada o al
Cosmos de tal Caos, sino otra cosa que habra que sacar e .ª. .
,
. ,
ld á •
ás
del calumniado Cosmos-Caos 1mc1al.
menos que 1amas sa r sm m
boc
Gran sabiduría la de Machado -discreta, además, por pueS ta en
ª
·
do dee1'a· "Dios no se tomó el trabajo de hacer nada, porque
aJena-, cuan
·
.,
. ..
,
nada tenía que hacer antes de su creacwn defi~ttwa. L~ que paso sene, amente fue que Dios vio el Caos, lo encontró bien, y di10: ¡Te llamaremos

n:

:u

Mundo! Esto fue todo".
.
No hay Caos, asi en absoluto: El Caos. Ni Caos es Caos de un ~osmos, m
Cosmos es cosmos de un Caos. No hay más que Cosmos, para quien no sea

un dómine viejo -de siglos o de mente.
Sólo Dios es capaz de encontrar bien al_ Caos, verlo cu~l Cosmos qu~ es;
y notar que no hay que hacer sino cambiarle cuando mas de nombre. Te
llamaremos Mundo.
Tratemos de imitar a Dios.

II
COSMOGONÍAS DE DÓMINES JÓVENES

S1. en un momento cualquiera -y cualquiera es el presente-, le dieran
.. a
un matemático el número de partículas que hay en el universo, sus pos1c,1~nes
actuales y sus actuales cantidades de movimiento, más las leyes matemancas

84

( diferenciales) que rigen tal conjunto de partículas en un momento cualquiera -y éste lo es-, podría calcular, cuál teorema, dónde y con qué cantidad de movimiento se hallaron, hallan y hallarán dichas partículas desde
siempre y para siempre. Laplace, con discreción ejemplar, no dijo que él
podría hacer tal cálculo; lo encomendó a un espíritu, o supermatemático servido de un supercerebro electrónico, diríamos ahora, a poco más de un siglo
de la sentencia laplaciana.
Si semejante cálculo puede verificarse a partir de cualquier momento -hoy,
mañana, ayer, este segundo, el primer segundo del año 2002, o el centésimo
del 220022 ...-, y, desde él, hacia desde siempre y hacia para siempre,
viene Laplace a decirnos con el neutral lenguaje matemático que eso de inicio
y final del mundo no tienen sentido alguno; que Caos ni fue el inicio, ni será
el final. No hay d6mines en matemáticas que exijan a los discípulos ordenar
antes de traducir; el matemático imita, sin más requisitos que su ciencia, a
Dios: vio el Caos, lo encontró bien y dijo: Te llamaremos Mundo. El mundo
actual, con sus figuras bordadas en luz -decía un griego viejo, no dómine
aún, anterior al D6mine primero que fue Platón-, es tan Caos como lo fuera, de ser verdad, lo que otro griego, no dómine, Heráclito de Efeso, el Oscuro, afirmaba: el cosmos más bello no es sino un puñado de polvo echado
a voleo.
Nada de extraño que las denominaciones de Cosmos y Caos hayan desaparecido de la física matemática, después de haberse llevado el diablo las distinciones entre Cielo y Tierra, mundo sublunar y supralunar, y con ellas el
sentido a la una teológico y astronómico de Padre nuestro que estás en los
Cielos.
La nebulosa laplaciana es tan poco, tao poco caos, como lo es la atmósfera terrestre. Ni caos ni cosmos.
Los dómines jóvenes no enseñan a ordenar matemáticamente el universo;
sino a leerlo en el lenguaje en que está escrito: y, leído matemáticamente,
como matemáticamente está escrito y siendo, pierden todo sentido inicio y
final, creación y escatología.
Hacer que haya algo, es, para el matemático, tan sin sentido como hacer que
haya números, o hacer que el dos sea par o que el número pi sea transcendente. Dios no se tomó el trabajo de hacer nada en matemáticas, porque nada
tenía que hacer ni nada hay que hacer, ni siquiera hay que hacer que haya
algo.

No lo creyó así Napoleón, después de echar una mirada -bien somera
debió ser- , al Tratado de Mecánica celeste de Laplace; y entendió tan poco
de ella, y tan poquito de tantas cosas más, que le preguntó: ¿qué había
hecho de Dios en su tratado?

85

�A lo cual cuentan contestó discretamente Laplace: Señor, no he necesitado de ~ejante hipótesis. La respuesta brutal hubiera sido: Señor: _no
· hacen falta Napoleones ni para iniciar ni para continuar el curso matematlco
del mundo.
Y continúa sobrando semejante hipótesis en teoría de la Relatividad, en
sus múltiples cosmologías matemáticamente posibles. Nada de extraño que
para los grandes físicos y matemáticos sobren tantos otros Napoleoncetes, en
tantos y tantos terrenos, acostumbradQs como están a no tropezárselos en
matemáticas.
No hay sistemas de referencia privilegiados; no hay punto ~el _e~pacio predestinado a lugar de nacimiento del mundo. A la pregunta le1bD1Z1a?a: ¿por
qué el mundo se originó aquí y no allá?, la re~uesta es: porque si. Y a la
pregunta, diferente al parecer, mas en el fondo 1gual: ¿por qué hay mundo
físico más bien que nada?, la respuesta repite: porque sí.
En )os dominios del porque sí reina la suerte, la probabilidad. El D6mine
de los dómines que hubiese querido poner orden en eso de origen del mundo
físico, contextura del mundo físico, leyes del mundo físico ... , sacándolo de
la nada en que nada es nada y nadie es nadie -para que entonces Y por
virtud de tal orden pudiéramos traducir a nuestras entendederas lo que es
y lo que pasa en el mundo--) se hubiese encontrado, nos advierte la teoríá
de la relatividad -si es que queremos o podemos entenderla-, con que no
podría determinar por razón, por orden de_ razón, dónde_ Y_ c~ándo surgiría
el mundo. El espacio-tiempo relativista no tiene puntos pnvileg1ados de referencia para esos menesteres ontológicos.
Una vez más: Dios no se tom6 el trabajo de hacer nada, porque nada tenia

que hacer.
Dios, puesto a hacer, no hizo el mejor de los mundos posibles en el_ mejor
posible de los lugares y en el mejor posible de los tiem~s: con_ el meJ~r posible sistema de referencia; nada tienen que hacer en física ru el meJor de
los lugares ni el mejor de los tiempos: todos son unos cualesquiera. Así que
no queda ~ás remedio que echarlo a suerte, a dados. Y salga lo que saliere.
Pero Milne, relativista a medias, y a medias creyente, pensó, un poco en
plan de dómine, que Dios tenía algo que hacer y que algo hizo en un instant~
privilegiado del tiempo - hace unos cinco mil millones de años. El Géne~is
no pasó de discretas vaguedades: En el Principio creó Dios los Cielos '.Y la Tierra. Ahora podemos complementarlo, sea hecho con toda reverencia, diciendo:
Hace cinco mil millones de años, Dios creó los Cielos y la Tierra. Sólo le
faltaba al bueno de Milne añadir: Hace cinco mil millones de años, donde
está ahora el Big Ben de Londres, creó Dios los cielos y la tierra. A esa hora

86

cero eJ supraátomo suprarradiactivo y supracondensado de Lemaitre explotó;
justamente aquí.
¿Por qué?: Porque así se deduce de la ley matemática de un fenómeno
llamado recesió11 de las nebulosas. Hace cinco mil millones de años tuvieron
que estar juntas en un lugar. Sí; mas ¿en cuál? En uno de tantos. No Je sucede al universo, supone Milne, como a los simples mortales: si hemos nacido en un día fijo de un año fijo hemos tenido que nacer en un lugar determinado, aunque el lugar sea tan humilde como Pamplona, y la fecha tan
borrosa como 26 de junio de 1901.
La teoría de la relatividad es aquí la lógica y la coherente. Lo demás es
científicamente inadmisible; y tomarlo en serio teológicamente es poner en
ridículo a la fe, como ya, con ocasión parecida y tema igual, advertía Santo
Tomás.
De las seis combinaciones equiposibles entre las letras a,o,r
a saber: a o r, ar o, o ar, ora, r a o, ro a, ad~ les cayó en suerte significar
algo en castellano, sin mérito ninguno de su parte. Para el matemático es
una sorpresa, sin importancia científica ninguna, el que sólo dos de esas seis
combinaciones signifiquen algo en castellano; y pésimo matemático sería si
deslumbrado por tal descubrimiento hiciera intervenir en adelante y de manera privilegiada esas dos combinaciones -aro y ora-, en sus razonamientos.
Y se preguntara en serio: ¿Desde cuándo esas combinaciones de a,r,o y de
o,r,a comenzaron a significar lo que significan aro y ora? Antes de tal comienzo ¿ esas seis combinaciones eran un Caos? Y si algún gramático de la
lengua castellana insistiera tozudamente en la maravilla de que a dos combinaciones, dos justamente entre seis, y a éstas precisamente hubiera caído en
füerte tan alta y distinguida ventura como signilicar eso de aro y de ora, un
matemático1 imitador de Dios - hasta en la paciencia-, vería el Caos combinatorio de aro y ora, y, por condescendencia, respondería al gramático: lo
llamaremos mundo, llamaremos a a,r,o aro; y a o,r,a ora. Y aquí no habrá
pasado nada, fuera de un acto de inmerecida deferencia hacia el gramático
metido a fil6sofo.
Crear no es hacer una cosa cualquiera en un momento cualquiera y en
un lugar cualquiera, sino hacer Y o justamente esto en este momento y en este
lugar, y que se conozca ese cuádruple componente de individualidad: Este,
esto, este, este. Y más si fueren menester.
Crear es por antonomasia el exhibicionismo de causar. Cualquiera puede
ser causa; sólo Este puede ser creador y, para ser tal, tiene que serlo de esto,
de esto, de esto.
Este, esto excluyen, por constitución, a todos, cada uno de los cuales sea uno
de tantos -como tienen que serlo los individuos de una especie, las especies
87

�de un género, los géneros de una categoría, los entes de ser. Nada es creado,
ni puede ser creado en cuanto ser, ni en cuanto cuerpo ni en cuanto espíritu,
ni en cuanto viviente ... ni en cuanto hombre--, sea finito o no. Nadie crea
sino en cuanto Este; y nada puede ser creado sino en cuanto esto. Y lo único
--éste, est&lt;&gt;-, no cae ni en especie ni en género ni en categoría. Ni en ciencia. Por eso la creación no es fenómeno o acaecimiento científico ni científicamente demostrable -como nadie, sin caer en ineficiente ridículo puede
proponerse demostranne que yo existo. Que yo soy uno de tantos hombres,
uno de tantos animales, uno de tantos cuerpos... no hay cosa más sencilla
de demostrar palpablemente; para algo de eso basta con ponerme en un platillo de una balanza y colocar en el otro a cualquiera -setenta kilos de patatas

bre otro hombre, por ser todos uno cualquiera en su especie, y según las reglas de la especie--, es preciso, ante todo, borrar el ser.
"P~ra el poeta, continúa hablando Machado, el no ser es la creación divina,
~l milagro del ser que se es, el fíat umbra a que Martín alude en su soneto
1~mo;tal al Gran Cero, la palabra divina que al poeta asombra y cuya significación debe explicar el filósofo.

o pollino de setenta kilos.
A hombre le cae en suerte ser este; a ente le cae, o no le cae en suerte, ser
esta imagen de este Creador, tanto o más que a a, r, o, le cayó en suerte
significar aro. Empero, una vez que a a, r, o cay6 en suerte significar aro,
parécele, al gramático, indisoluble de tal combinación tal sentido y percibí.moslo pertinaz y constantemente en esta combinación matemáticamente
insignificante. La combinación a, r, o resulta ésta por virtud del significado
que, por una suerte, para la que no hay méritos, cayó, más que como aerolito,
a una de las seis combinaciones de a, r, o. Pretender demostrar que a, r, o
tiene que significar aro es tan trampa como intentar demostrar que en la lotería de mañana caerá el premio gordo al número que yo compré hoy.

( Abel Martín, Los complementarios) .

Ser creatura es un premio que por pura suerte, porque sí, por gracia,
cual don, cae a una cosa que, por sólo ser ser, no pasará de una de tantísimas
de la universalísima extensión de ser.
De ese Caos que es el ser -lo inmediato, indeterminado, incomplejo, de
que hablaba Hegel-, nadie puede sacar nada por creación. Y el ser, y ser ser
es -como vio perfectamente Hegel y con igual perfección lo dijo-, lo mismo, lo mismísimo que nada. Ser, eso lo es cualquiera -muchísimo más que
ser hombre es ser uno cualquiera de los hombres.

III
COSMOGONÍAS DE PERSONAS

"Dios no se tomó el trabajo de hacer nada, porque nada tenía que hacer
antes de su creación definitiva . .."
Si se quiere crear -y no causar como un fuego causa un calor, y un hom88

Borraste el ser; quedó la nada pura.
Muéstrame, oh Dios, la portentosa mano
que hizo la sombra; la pizarra obscura
donde se escribe el pensamiento humano.

O como más tarde dijo Mairena, glosando a Martín:

Dijo Dios: Brote la nada.
Y alzó la mano derecha
hasta ocultar su mirada.
Y quedó la nada hecha.
Hasta aquí Machado.
. ~a Nada no es_ el Caos. Aunque, fuera de la diferencia gramatical y sonora,
dificultoso es dec1r -tal vez no lo parezca-, en qué uno no es la otra.
Que una cosa es ve_r, y otra mirar. Que uno puede ver todo, y no mirar nada.
Que ~no p~ede no dignarse mirar nada. La mirada es don de la persona. Este
es qwen nura; ver, puede hacerlo todo el que tenga ojos en la cara, mas con
ellos verá como uno de tantos. Yo miro, todos vemos. y O doy palabra de
-que... , mas todos hablamos. Yo confío en ... , pero todos afirmamos.
: o creo, mas todos causamos. Yo creo, pero todos pensamos. y no por descuido se emplea aquí 1a misma palabra -creo--, en dos sentidos.
Se borr_a al ser, cu~ndo una persona no se digna mirarlo, hacerlo término
de su.s ?111'adas. Podra ser un ser, todos los seres, tan evidentes, necesarios,
~ncializad~ cuanto queramos; nada de eso da para que Yo los mire; aunque,
s~ ~bro l~s OJOS, Y el pensamiento, no tendré más remedio que verlos. La intuic~o~ _es l.Dlpotent: para arrastrar la mirada personal hacia lo más evidente
e1dehcamente. ~trar es don de Este a esto, a esta cosa cualquiera, convertida
por tal don en esta. Y crear es don que Este hace a un ente cualquiera y por
tal don lo hace éste, creatura suya, de Este. Desde Poema: este poema de este
poeta; ~asta este Mundo, de Este Dios. Por más que, en rigor, Poema es ya
&lt;le por 51 este; Y Mundo es ya, de suyo, Este. Y poeta no es hombre; es éste.

89

�di na mirar un ente, por esencial, necesario,
Cuando l.ste, una persona, no se g
d
lgu1·en algo que es este; este
•
dado
· y cuan o a
•
perftcto que sea, lo d eJa anona
·'
.
a1-1ero - no se digna
·
·
este m1 comp
··· •
mi padre e.~ta mi mujer, este m1 anugo,
les que estemos todavía siendo,
. mos nos sentimos anonadados, por muy rea
llllfa
,
•
ta
e tro ser y esenoa a cues s.
d
od
aun con t o nu
.
Nada ad uiere sentido cuan o,
Nada no tiene sentido alguno referida a ser.) . qu~ es Este no se digna
r una mala suerte, a gu1cn
'
Por una malaventura, po
La . d rea. La vista es inoperante.
. toso que sea
mua a c
mirar a un ser, por muy vis
.
real o le hace falta que lo
Al ser le sobra Y le basta con ser ser para serse ~o sabría decir qué es lo
produzca nadie. Si para ser no basta con ser u~ es ser y no bay modo de
que falta. El ser sale de la nada ~arque sl, ?°r; . ustam~nte porque velan lo
aniquilarlo. Esto lo vit_ro~. muy bien los gr1~g:; !eúzn videntes, con ojos de
visible, lo vistoso, lo e1debco de las cosas.
cuerpo o con ojos de mente. .
.
señalar con el dedo, con gesto de
No voy a huronear en la b1stona para , .
seres comenzó, por dichosa:.
lste, cuándo el hombre, que es uno de tantí.SunOS
,

ventura,
di
mirar a ser persona.
estando ya su casa sosegada de ver, comenzó, go, a
ad'
de tantos
l o mental. y veo antes, c a uno
Yo soy sujeto del ver, corpora
. . , miro o no me digno mirar, eno de tantísimos; yo soy persona del_ mirar, y l
'de ellos derivada de esotra
.
.
n -por dichosa ven ura
.
tes; mas s1 los mrro surge
ser Jste los creo; y s1 no me
l
' . 1 d ser yo persona-, a
~
,
primaria que es a nua' a e
oda la carga de ser que lleven encima, en
digno mirarlos los anonado -&lt;:on t
la esencia.

y alzó la mano derecha
ha.sta ocultar su mirada
y quedó la nada hecha.
.
da La vista descubre lo que es. o hay
La mi.rada crea, la mirada an,ona .
darlo
o hay poder capaz de
. ilar un ente ,. si ' para anona
.
poder para aruqu
producir un ente; lo hay de crearlo.
.

un::::ra~:·

o hay cosmogo~a o:to:!:J
del ser podemos imaginar que
y ¿ qué mayor ru m
d
alidad con todos los honores metaésa: no poder con toda la carga . e re
~
arrancamos una mirada,.
üsicos de esencia existencia, necesidad. . . cnoma,
que lo miremos?
.
bl
orzarnos a
a odría serlo infinito, eterno inmuta e,
i Dio fuera r y sólo ~• y P_bl
museo de todos los atributo cscúm ulo de todas las perfecc1~nes pos~ esd
podría arranc'.'amos un micaparat de prerrogativas 6nticas; na a e eso

f

90

rada, aun viéndolo. Podríamos no dignarnos mirarlo. Por eso, entre mil
cosas que no son fáciles de decir, ni fáciles de aguantar oídas, una teología
de razones, vistas con vista de mente, no es capaz de arrancamos una mirada. Las razones no son dignas, sin más, de ser miradas.

Pienso, luego soy; frase manoseada, tanto tanto que resultan ya irrecognoscibles en ella la cara del yo, la mirada de los ojos del yo, y que ser yo ser es
crearme un nuevo y nunca visto tipo de realidad; es hacer que el ser (mi ser)
sea digno de ser sido por mi, de ser sido como yo. Yo me digno de ser (mi)
ser, y yo me digno de pensar con (mi) pensamiento.

Lo otro, la corriente interpretación de los videntes, viene a decir nada más:
veo, luego es lo visto; y mejor aún: se ve, luego se es.
Por una malaventura, por una negra suerte, a Ja combinación de letras f, u, n,
c, i, o, n, i, n, t, e, n, s, i, v, a, cayó el sentido personal de las frases: yo creo,
yo dudo, yo sospecho, yo miro, yo digo... Y la lógica moderna -me refiero a
la llamada matemá.tica, simbólica, formal. .. , que es lógica de videntes-, ya
desde su primera línea,

alzó la mano derecha

hasta ocultar su mirada
y quedó la nada hecha.

Esas funciones quedan anonadadas. Y todos, i aún conservamos algo de la
dignidad de yo, nos sentimos confesada o inconfesadamente, anonadados,
cuando nos dicen -los videntes deben verlo-, que yo creo, }'O sospecho, yo
miro, yo dudo, yo estoy seguro, yo confío, }'O amo, yo deseo . .. nada tienen que
hacer en lógica, ¿ en la lógica de quién? De un quien que no sea yo o nosotros.
Y no nos extrañaremo de que haya tantos que no e dignen dar una mirada a tal lógica, y que crean así haberla aniquilado, cuando, en verdad, no
han hecho, ni podían hacer más -como el mismo Dios, en cuanto s r, no
puede hacer más-, que anonadarla.

Todos hablamos; cada uno, como uno cualquiera de tantos y tantos animales
vociferantes y parlantes. 610 en cuanto yo, en cuanto persona, en cuanto éste,
único, damos palabra, creamo palabra.
Si Dios pretendiera demostramos que él produjo el mundo apurado se vería; y no lo consiguiera ni con todas las evidencias en rastra, en hilera y en
cadena 16gica. Otra co a es si nos da su palabra; y, dada, nosotros nos dignamos recibirla. De Tú a tú. Dignarse dar, dignarse recibir -asentir, creer a
una verdad-; esto es lo digno para los dos. Afirmar una verdad, acar

91

�. l h
ma'qwna·s calculadoras --de las montadas por
una secuela, meJor
o acen
TU:::!·émonos creer que este mundo fue creado por la palabra de E;~ Dios;

o C:mo decía deliciosa y delicadamente Whitman, dejemos ,que . 1~s. nos
e~señe en ué esquina del pañuelo que es este mundo bor~o sus 1D1C1ales.
Si él se di~a enseñárnoslo, es verosímil que nosotros nos dignef~~s creerlo.
y todo pasará y quedará entre personas. No entre muñecos meta ISICOS o ma-

EL ESENCIAL PROBLEMATISMO DE LA FILOSOFIA

rionetas lógicas.
, · d
y colocados ante el ser y los seres, los filósofos ~ue sean o este~ s1;: o ::
ser como o cual persona, no sé tomarán el trabaJO de hacer na a. . q
asará se:ciÍlamente será que y o vea el ser y los seres, los encuentre bien, y
~ga. te llamaré metafísica. Y eso será todo.
di
.
·
di
r en ella la stane1a
Pero de ue haya ontología a que yo me gne cree
' .
resultará a! -plusquamtranscendente. Entre que el _mun~o haya sido cre~do,
ue o me digne creerlo continuará habiendo el ab1SID0 msonda~le que ~ero~: h: habido: El de vista a mirada; el de sujeto a Yo, el de obJeto a Tu, el
de universo a Nosotros.

HUMBERTO PIÑERA LLERA

Presidente de la Sociedad Cubana de Filosofía.

Tooo SABER ES UNA FORMA DE experiencia para quien lo aprehende y lo hace
suyo, pero no solamente en lo que puede denominarse su aspecto positivo, o
sea en cuanto que constituye un conjunto de informes o notificaciones acerca
de la realidad, que pasa a engrosar el caudal cognoscitivo del sujeto; sino que
es, además, la experiencia decisiva de Jos limites y las imposibilidades propias
de ese saber. Y esta experiencia negativa me ha interesado siempre mucho más
que la positiva del saber, pues estoy cada vez más convencido de que la filosofía no puede ser, en fin de cuentas, más que la experiencia de la posibilidad
de una imposibilidad. No creo que la filosofía añada nada a lo que otros saberes proporcionan al hombre, sino que, por el contrario, le advierte solemne
y gravemente de la decisiva y dramática dificultad aparejada al empeño de
buscar un saber que no puede ser, esencialmente, saber de esto o aquello, sino
la incansable prosecución problematizante de todo lo que los saberes particulares -la ciencia en general- van ofreciendo como cosa resuelta.
Sin embargo, por razones históricas y también por indudables preferencias
individuales en el caso de muchos filósofos, se ha querido extraer de la filosofía algún resultado positivo, pero a la larga se ha visto que ese resultado
acaba incorporándose a una de las manifestaciones regionales del saber -a
una de las ciencias- ya establecidas, o convirtiéndose en una nueva. Este es
el caso de la psicología, o el de la sociología, etc., y cuando se examina con
cuidado la cuestión, se ve entonces que el saldo filosófico es pura y simplemente el de una problematización. Sin ir más lejos, tenemos el caso de la
fenomenología, donde la afirmación central de que la conciencia es intencionalidad tiende a ser sustituida por la de que lo intencional no es precisamente
la conciencia, sino el yo anímico. 1 Y aparte de la gradual transferencia del
Este es el caso de MAxnnLlAN BacK. Véase a este respecto en su Psicologla la
parte final del cap. II y todo el cap. 111.
1

93
92

�núcleo psicológico de la fenomenología a la psicol~a ,-a ~o~de, en c~erto
sentido, debe ir a parar-, vemos que aquello que motivo la cnbca husserlian~
al psicologismo finisecular y las naturales consecuencias de esta crítica -ver~1gracia las nociones de intencionalidad, "descripción", puesta entre paréntesis,
ego trascendental, conciencia "virtual", etc:.- se agrupan actualmente en to~no a la psicología propiamente dicha. Mientras que el spectrum fenomenologico viene a quedar pura y simplemente como el propósito problematizante
que dio origen a la fenomenología y la hizo llegar hasta donde alcanzó su
verdadero desarrollo.
Esto es lo que he creído advertir siempre en la filosofía rigurosamente considerada como filosofía, es decir, su naturaleza problemati2ante. No creo, pues,
en la solución de ningún problema filosófico, porque simplemente entiendo
que no los hay. Lo que sí hay es problemas de toda otra índole -matemáticos, lógicos, físicos, psicológicos, morales, artísticos, sociales, etc.-, que pu:•
den ser considerados a la luz de la filosofía. Pero tampoco debemos confundir
esta consideración con lo que suele denominarJe filosofía de la matemática,
o de la historia, o del arte, etc. No. Pues si hacemos esto último, aun cuando
parezca que nos movemos en el campo propio de la_ filosofí3: lo que _en ,re:-lidad estamos haciendo es moviéndonos en una zona mtermedia a lo filosofico
y a aquello correspondiente a una determinada ciencia. Así, por ejemplo,
cuando se habla de "filosofía de la matemática", 1o que se quiere dar a entender es que se intenta llevar a cabo una rigurosa generalización de lo matemático, poniendo a un lado todo cuanto signifique dato concreto,, a_un cuando esta
concretez sea puramente la del elemento formal de lo matemat1co.
O sea que la filosofía de la matemática no puede ir más allá de ciertas
cuestiones como las del origen del objeto matemático, de su naturaleza, etc.
Pero siempre quedaría por cuestionar la legitimidad de la filosofía de la matemática es decir, que así como ésta problematiza la legitimidad de la matemática, ~ la filosofía sensu stricto tocar'1.a preguntar por la legitimidad de la
filosofía de la matemática.
La filosofía, por consiguiente, parece moverJe en un terreno que es de abstracciones, y esto es lo que la propia historia de la filosofía se encarga de hacemos ver con la debida claridad, iempre que estemos dispuestos a admitirlo.
Es la magna empresa en que ha consistido la filosofía cada vez que ha debido
regresar rigurosamente hasta sus mismos comienzos. P_orque, n_o lo ~lvidemos,
la filosofía es la pregunta por la realidad, pregunta directa o mmediata, que,
sin embargo, ha sido preciso formular de manera indirecta y mediata, o sea a
través del saber disponible en el momento histórico en que se ha hecho la
pregunta que motiva la filosofía. Y es así como vemos a Tales, el primer
filósofo de que tenemos noticia, iniciar la aventura miliar de la filosofía con

la pregunta que la inaugura, es a saber: ¿qué es la realidad? Es que Tales se
propone saber algo presupuesto en su interrogación, pero que en modo alguno
puede darJe en la propia realidad, es decir, la contradicción inherente a la
realidad perceptual, o sea la inmutable y sustante: en una palabra, el Ser de
la realidad. Más, ¿por qué hace Tales la consabida pregunta? Esto mismo es
1~ que habría que indagar en el caso de todos ]os filósofos, pues éstos, más
bien que preguntar por el qué de tal o cual causa en el orden real, se afanan
en preguntar por la causalidad. En fin de cuentas, que a la filosofía Je interesa
-tiene que interesarle- exclusivamente esa irrealidad en que parece asen~se el orden real; pues, de no ser así, no habría motivo alguno para que el
filósofo se empeñase, yendo más allá de la constatación de los aconteceres
individuales y condicionados, en conocer e e otro orden de realidades que es
-debe, al menos, serlo- universal e incondicionado. Ese orden al cual perten~c~. el género de pre_guntas que nadie ha podido contestar todavía y que
posibilita, a causa de su msolubilidad, que haya eso que llamamos la filosofía.

II
. ~~ filosofía es, por lo que vamos diciendo, una resuelta expresión de impos1b1li~d. P~~ _¿ de qué imposibilidad? Contesto diciendo que, en mi concepto,
de la unposib1lidad de resolverse ella misma en respuesta de ninguna pregunta, como pueden hacerlo, y en efecto Jo hacen, las ciencias. Pero tal cosa acontece a la filosofía porque ella no puede dejar de ser lo que parece estar condenada a ser, o sea la supresión de todo supuesto. Se me dirá que éstos han
sobreabundado en la filosofía, a lo cual contesto diciendo que efectivamente
es así, pero, ¿ cuándo ha sido rigurosamente la filosofía aquello que está llamado a ser1 sino en los contados instantes en los cuales ha sabido presentarse
como un puro recomienzo? Esto es lo que ensaya Sócrates en la Atenas del
siglo V, como después Descartes en los albores de la Edad Moderna y en
fecha reciente Husserl. En los tres reconocemos el esfuerzo de partir de una
total abstención de supuestos, lo que equivale a decir que se empeñan en
recome~ar, º. sea, en filosofar como si hasta entonces nada hubiera pasado,
aunque sm de3ar de estar conscientes de todo Jo que ha pasado y a causa de Jo
cual ellos tienen que adoptar una actitud tan rigurosamente ingenua.
Sócrates inicia el proceso ejemplar de esta actitud inquisitiva con esa tremenda actitud irónica donde todo queda implacablemente demolido por el
saber del no saber. Al decir "todo" me refiero, por supuesto, a lo que fue entonces y ha seguido siendo la filosofía perenne, es decir, las mismas molestas
Y embarazosas cuestiones que irritaban a los interlocutores de Sócrates y de

94

95

�el
1 • él · nadie ha dado una respuesta satüfac t Oria• Pues en dSócrates
las cua es ru
ru
"d d trinal sino una actitud concentra a en
tram os un contem o oc
.,
.
--L-n
no encon
de la filosofía; pues s1 todo ~ es u
método de los mitodos, que es e_I f' .
ser un preguntar del pre.
tonces la filoso ia. bene que
met6d1co preguntar, en
6di
que
existe
y aquí es donde se
1
étodo de todo LO met co
.
guntar, o sea, un
m
'dad inquisitiva no supone que
.
la . , socrática pues su capac1
hace f inne
iroma
'
arte reponer a los IDl si bien invalida los argumentos ajenos, pueda, por su p ~tra cosa que "exa.
.
estas ócrates no se propone
mos con sausfactonas respu
.
.
brindar soluciones... ahí
minar" a los demás, pues para dictar sente,nofas o a airada en que el sofista
.
l 1
fística. Recordemos a onn
está, por eJemp o, a so
. ,
1 u.rso de la discusión que acerca
Trasímaco se dirige al propio Sócrates en e c
.
de la justicia tiene lugar en el diálogo de la Repúbl1ca:

:a~::S s:::~;· ;:;,:

~

-He ahí, ¡ por Hércule~!• :i::u::r:a; 0
0~;;,
sabía esto, 'Y se lo predi¡~ d 1• ~ í
si alguien te interrogara lo
.
t h brías sen•ido e a aron a, y
¡·
smo que e a
S' si lo creo
vosotros hac is
habrías hecho todo, menos responder. . . 1, , •
•••
re nder él
de manera que Sócrates obre como le es habitual:
no rso refutar-

d:.iscu

mismo, )' en cambio, cuanto otro responde, tomar su
lo... He aqut la sabiduóa de Sócrates. 2

r

.d d
e s6lo mediante una rigurosa
Pero es que S6crates está convenc1
qu
.
la .
sibilidad de
• •,
. 1 xi encia de su &amp;roma, es deor, a
1mpo
.
SUJec1on a la esencia e g
al
I flo ofia su verdadero sentido.
responder a lo que se pregunta, es que canzal a lcncia de que no hiciera lo
segu, n Sócrates, e conv
Recuérdese la voz que,
b" ·amás le persuadió de que
t de hacer pero en cam io J
ba
que esta
a pun o
' .
t s ue Sócrates inaugura la auhiciera algo determinado. En Cm de c~en a q
d . más allá de
.
.
d . la que consiste en no tratar e ir
téntica filosof1a, es eor,
. . • . agotable en que el filosofar condonde se encuentra la problemattzac1on m

? :

Hace)'ª mucho tiempo que me he dado cuenta de qu,, desde mi niñez,
he admitido como verdaderas una porción de opiniones falsas, y que todo

lo que después he ido edificando sobre tan endebles principios no puede
ser sino muy dudoso e incierto,· desde entonces he juzgado que era preciso seriamente acometer, una vez en mi vida, la empresa de deshacerme
de todas las opiniones a que había dado crldito, y empezar de nuevo,
desde los fundamentos, si quería establecer algo firme y constante en las
ciencias.'
Lo cual significa que, como en el caso de S6crates, tampoco el pensador
francé encuentra en su tiempo un saber cuya validez justifique admitirlo
como fundamento o punto de partida. Y aunque, desde Juego, Descartes no
se queda en la pura actitud crítica -tal como lo hace S6crates-, sino que
nos da todo un sistema de pensamiento sobre el cual se teje y se organiza
nada menos que la cosmovisión de la Edad Moderna, tenemos derecho a
reflexionar sobre esa "necesidad" cartesiana de una radical reconstrucción
del saber, ya que él no puede dar crédito a las opiniones que había estado
admitiendo como válidas, y en consecuencia ha de empezar de nuevo, puesto
que s6lo así cabe la posibilidad de encontrar algo firme y constante en cuanto
se refiere al saber propiamente dicho.

¿ Y Hus.serl? Tres siglos después de la memorable hazaña cartesiana, este
pensador se siente urgido a adoptar la crítica actitud iniciada por ócrate y
al contemplar la compleja situación por la que atraviesa el saber en nuestro
tiempo, dice:

En medio de esta desventurada actualidad, ¿no estamos en rma situación
semejante a aquella con que se encontró Descartes en su juventud? ¿No
será tiempo, pues, de rtnovar su radicalismo de filósofo que inicia su
actividad, de someter a una revolución cartesiana la inabarcable literatura filosófica con su confusión de grandes tradiciones, de innovaciones
serias, de modas literarias calculadas para hacer "impresiónll, pero no
para ser estudiadas, 'Y, en f.in, de empezar con nuevas meditationes de
prima philosophia? ¿No se puede atribuir en definitiva lo desconsolador
de nuestra situación filosófica al hecho de que los impulsos irradiados
por aquellas meditaciones han perdido su t•italidad originaria, y la han
perdido porque se ha perdido el espíritu del radicalismo en la autorresponsabilidad filos6fica? ¿No debiera pertenecer, por el contrario, al setltido radical de una genuina filoso/la~ el imperativo, que se supone exagerado, de una filoso/fa resuelta a conseguir la extrema limpieza imagina-

siste sin remedio.
Descartes cuando se pone a
tit d la que emos asomar en
d. 1
y es 1c 1a ac trar
u
la lcmnidad y el alcance de la
de nuevo -notemos
so
d
la tarea e cncon
.
bl ara el saber en general. Pero, ¿ aca'6
fundamento irrecusa e p
d
expres1 n-, un
.
1
lt ra occidental un lapso na a menos
so no había 0:7sc;:1grdoad:alenint=cr~:n y afinamiento de eso que es justaO
que de trece s1g os
d d esto vale gran cosa, al menos a
l ab , Pues parece que na a e
mente e s er.
.
admisible criterio de verdad, y de aquí que nos
los efectos d~ un riguroso
d da o vencido de la necesidad de su afirmadiga el propio Descartes, sm u c n
ción:

!

• P1.ATÓN:

R,pública, !.toro I, Xl-Xll, 337-38. (El subrayado es mío).
• R.

DESCARTES:

Mtditationes de prima philosophia, l. (El subrayado es mfo).

96

97
H7

�ble de prejuicios, de una fil.oso/fo que, c~n ef~ctiv~. autono,mía_ se dé
h17as de s misma, y
f orma a si misma, partiendo de últimas evidencias
l ,,
se haga por ende absolutamente responsab e.

Creo ue no requiere comentario adicional el pasaje transcrito,_ pues pone
d
li q el espmtu que anim6 a su autor respecto de la , necesidad ~e un
_e re eve
. o y para quien conozca la fenomenolog1a, basta s1mplenguroso cormenz •
d' lid d alcanzan
dar hasta dónde en punto a exigencia de ra ica a
mente recor
'
. .
d 'ó ¡
enoló1
. . ·os hu serlianos de la pura descnpción y de la re ucci n enom
~ pnnc1p1 . , .
Dese rtes y Sócrates. advertimos en el caso del alegaca Tamb1en, como en
a
• ,
te
m~ el temor y el desconcierto que le produce eso que consttt~1a en es
caso el saber admitido como válido cuando Hu erl comenzaba a filosofar.

III
Debemos, en consecuencia, preguntar si e os riguros~s recomienzos .~n ~uo por el contrario r sponden a insoslayables ex1genctas
ramen te ob ra del azar
.
,
.
r óde esa disci lina intelectual que se llama la filosofia. Pues este curioso en
que
meno no se pa d vi'erte en el curso del desarrollo de los restantes saberes, y rmal
la matemática o la física, o la astronomía, etc., presentan un proceso no .
' que la sustitución de un entena
· · cien
· tíftco por otro no im1 sen tido de
en e
,
·
de manera que
lica .amás el retroceso riguro o ha ta lo ongen~ mismos,
p
J .
pezar como i nada hubiera ocurrido hasta entone . Ya sa
sea preclSO em
•
f'
Sóbemos ue esto último no es del todo exacto en la filoso ia y que en
q Descartes y en Husserl hay mucho de sus prcdec res, pero lo
crates, en
·
·
·
d '
.interesante es no so'lo e I hecho de un radical regreso premeditado,
smo a emas,
. .
· t
ue ueda ser tomado en serio. Porque si la actitud socrabca ~o e • en _c~er o
~o absolutamente nueva para su tiempo ( la ironía y la mconclUStvi~ad
pe
JUSque enr'urecen a 1os sofis' tas) , entonces el empeño de Sócrates ,carece de esto
'f' '6 O sea que nuestro filósofo enseña a la gente d su epoca -y
ti icac1 n.
'
d
'd h ta enton
.
que la filosofía supone algo no a vert:J o as
1gue s1. ndo vál'1d"-v-- ·
'd . y
en
1 actitud vale más que los resultados obteru os.
que,
d .
ces es eor, que a
.
.
f 'bl 1 's
. , de cuentas, si. h a de prevalecer el rigor en la filosof1a, es pr en e a •ma
fin

!s

desolada indigencia a una plenitud sospechosa. y a esto es a lo _que se abene
Desearles al moverse con la cautela que despliega en su pens~ento, cuando
tras mue h as excusas y algun o que otro cumplido con lo establecido, acaba
e detra
muerta
y
que
e
menester
recomenzar.
omo
I
od
clarando que t o eso es e
• E. HussEllL: M1ditacion1s ,art,Jianas, lntroducci6n, 2.

98

igualmente Husserl. Y, entonces, si este curioso fenómeno de obrar como si
nada hubiese pasado hasta entonces debe ser tomado en serio -y los filósofos
están obligados a ello-, ¿ c6mo dejar de pensar que la filosofía, lejos de proporcionar respuestas seguras y estables, hace todo lo contrario, es a saber,
que ha de revisar periódicamente todos sus fundamento, puesto que no ha podido proporcionar ninguna respuesta admi. ible?
Vuelvo, pues, a mi tesis de que la filosofía no es la respuesta a ninguna
pregunta, sino, por el contrario, es la pregunta de las preguntas. O, de lo contrario, carecen de significado las cuestiones formulables así: ¿ qué es el Ser?
(es decir, qué es eso que es tal o cual individualidad), ¿ por qué hay más
bien algo que nada?, etc. Y no hablemos de la causalidad, la sustancia, el
valor, la belleza, el bien, etc., ya que los resultados a que podemos remitimos
en la actualidad con tituyen, en cada caso, una inmensa mole de criterios y
supuestos que, a lo sumo, permiten advertir cuán insolubles son esas cuestiones. Hoy sabemos mucho más sobre la causalidad que lo sabido en tiempos de Sócrates, Descartes y Husserl, pero parad6jicamente ese plus a nuestro
favor implica la iguiénte contrapartida: que tenemos conciencia mucho más
clara y rigurosa de la insolubilidad de dicha cue ti6n, o sea, que sabemos
mejor que lo sabían ellos que el problema, lejos de aclararse, e distiende y
oscurece cada vez más.
Esto último puede parecer pesimista y por ]o mismo antifilosófico, pero
tiene para mí el encanto de una descomunal aventura. Pues, ¿acaso no le
basta al hombre con la "seguridad" que le ofrecen las ciencias en general,
mediante las cuales el cosmos se ordena, se jerarquiza y se convierte en esos
incontables compartimientos estancos de que habla Bergson? Las ciencias,
además., son de una consecuencia final monótona, pues acaban siempre en
una técnica -como dice B rgson, en utensmos para nuevos utensilios-, y
este mostrenco quehacer si bien es cierto que proporciona al hombre un
gran bienestar, dista mucho de mo trarle el camino a la felicidad. Por eso
creo que $chiller tiene toda la razón cuando hace decir a su Casandra que
mientras el error es la vida la verdad siempre culmina en la muerte. Pues
si el hombre busca la verdad, e impulsado por la necesidad d encontrarla
ensaya el mayor esfuerzo cognoscitivo po ible puede aspirar a poseerla en
düerentes niveles. Y el nivel upremo, allí dond tal vez la belleza ya no es
bella, ni la verdad verdadera, es el de la filosofía. Pues para que tenga sentido esa afanosa busca de la belleza, o de la verdad, es preciso que el trayecto hasta ellas sea inagotable. Ya que el sentido no está en el resultado,
sino en la peculiar actitud de ese afán de saber jamás concluyente que se
llama la filosoüa; la cual, qui?.á no del todo por puro azar, ha quedado -bien
que en forma tácita- como el modo de referirse, no al saber mismo, sino al
amor o a la apetencia de ese saber.

99

�LlBERTAD Y DETERMINACION
Ré.01s JoLIVET
Univ,nit~ Catholique de Lyon.

Et. PROBLEMA DE u LIBERTAD ha sido expuesto por J. P. Sartre bajo una forma
que, aunque se quiera, no se puede tener como 501uci6n -la idea de una
"libertad pura", sin contenido y sin norma que tiene apenas stntido-- pero
que, al menos, puede ayudarnos a elaborar mejor un concepto que bastantes
ensayos desafortunados de racionalizaci6n han -en mala hora- embrollado
y gravemente fa!scado. Para ver esto más claro, pensamos que lo mejor es
hacer un llamado a la historia y especialmente a la doctrina kantiana, cuyas
propias dificultades son ricas en enseñanzas.

J.

~ ANTINOMIA CAUSAL

El untido de la soluci6n kantiana.
l. Libertad implica indeterminaci6n. Por el contrario, inteligibilidad implica
dtttrminaci6n. Tal es el conflicto que constituye lo esencial del problema de la
libertad. Al mismo tiempo, e, evid&lt;'nte que la ~olución
conflicto no podrá
comistir ~ino en mostrar que no hay contradicci6n real entre libertad y determinación, es decir que la libertad, contrariamente a lo que afirma J. P.
Sartre, no es independencia absoluta o incondicion:uniento total, sino condicionamiento de un cierto gtnero.

lc1

Lo que quiere decir que se trata de dar al concepto de libertad, en lugar
de un sentido puramente negativo, un sentido propiamente positivo. Es justamente lo que trat6 de hacer Kant en su soluci6n de la antinomia causal y
esta solución es la que vamos a tratar de comprender y de apreciar.
Kant parte de la hipótesis de que los fenómenos en su totalidad están com-

101

�pletamente sometidos al determinismo causal. La antítesis de su ~tinoroia expresa esto muy claramente. La ley que gobierna el vínculo causal, dice Kant, no
permite ninguna excepción, ni en el hombre mismo, y~ que _éste _pertenece al
mundo de la naturaleza. Toda su actividad está sometlda e mclu1da, por este
título, a Ja ley de la naturaleza. En este sentido el hombre no es lib~e, no escapa
al vinculo causal que liga entre si todos los fenómenos. No hay libertad ~n el
sentido negativo de la palabra: tal libertad significaría una laguna Y un vacio en

el complejo de las causas.
.
Se ve así que si se tomara en el sentido negativo el concepto ~e libertad,
el problema de la libertad sería al instante resuelto de ~a manera igt_ialmente
negativa. Pero esto será diferente, si el concepto de liberta~ -~e entiende en
sentido positivo, como una ley positiva del poder (por opos1c1on a la ley _de
la naturaleza), concebida como una determinación que no está comprend1d~
en el curso de las cosas, sino que aparece en la voluntad del hombre. ¿ En que
condición es esto posible? Es claro que esto no es posible sino cuando el ho1:1~re
no pertenece totalmente a la naturaleza y se inserta a la vez en otro dommto,
con una ley de otro género; sino cuando, como expresa Kant, el h~~brc no
solamente es un Naturwesen sino también un Vemunftwesen. Esta ultima expresión puede parecer anfibológica en razón del racionalismo idealista que
lleva implícito, pero podemos por el momento descuidar esta ambigüedad, que
encontraremos más adelante.
A primera vista se ve cómo la teoría kantiana se relaciona con las concepciones de la Critica. La "Naturaleza", cuya ley esencial es la de la causalidad,
que no deja ningún lugar para la libertad, no es sino fenómeno (Er~heinung).
Detrás de ella, hay el En-sí del mundo, que no conocemos por ninguna experiencia, pero que no deja de imponerse fi~almente. en ~~os ,,los problema~
del conocimiento. Este "En-sí" constituye el mundo mteligtble , que no esta
sometido a las ~tegorías de lo sensible, ni, por lo mismo, a la "causalidad".
Por oposición al mundo meramente fenoménico, hay un mundo real, Así pues,
supuesto que se puede"probar que en el mundo de los fenómenos hay un punto
donde Jas determinaciones del mundo inteligible producen, insertándose en él,
el comienzo de una nueva serie de fenómenos (por consiguiente, una serie
causal), de aquí se seguiría que en este punto se insertaría en la unión causal
misma una fuerza que no derivaría de ninguna manera de la unión causal,
sino que por ello crearía efectivamente una nueva. Esto sería una "causalidad
naciente de la libertad" o una libertad en el sentido positivo del término.
2. La solución kantiana de la antinomia consiste pues en invocar el juego,
en la contextura de la unión causal, de una determinación particular, exterior
al sistema de las causas: ese sistema no comportaría por ello ninguna rotura.

En efecto, estima Kant, la unión causal se rompería si alguna cosa fuera suprimida, rota o inteITUmpida en el sistema causal (como se produciría en el
caso de una libertad negativa) . Pero en este caso ninguno de los eslabones de
la causalidad se ha suprimido: todos los factores que intervienen en la voluntad, a título de "motivos", permanecen intactos. Se agrega solamente un
nuevo factor, una nueva determinación. Y este factor se distingue de los primeros simplemente en que no es un efecto de causas antecedentes, sino que se
introduce en la unión causal desde fuera, a saber desde un dominio en el cual
no hay ninguna cadena causal.
La libertad, en el sentido positivo, se encuentra pues establecida. No es
(como la negativa) un menos en la determinación, sino un más. La unión causal no admite una falta de determinación, ya que su ley estipula que una serie
de efectos, una vez comprendida en su juego, no puede de ninguna manera
ser eliminada. Por el contrario, una nueva determinación es compatible con
la unión causal, cuya ley no exige de ninguna manera que nada venga a agregarse de fuera. El sistema causal forma seguramente un todo~ pero no un
todo absolutamente cerrado: la inserción de una nueva determinación en ese
todo no rompe el sistema, sino que le da solamente una nueva dirección. Es
justamente lo propio del encadenamiento causal que no se deja romper, pero
que se deja desviar. Después de la intervención de la nueva determinación,
el sistema toma un nuevo curso, pero nada ha cambiado en los elementos.
-originales del sistema.
Se puede traducir lodo esto de la manera siguiente. La voluntad es un fenómeno entre otros; tiene la misma realidad empírica que los otros hechos de
naturaleza. Está pues sometida a una determinación real por el juego de todas.
las series causales que interfieren en ella. Pero estas series causales no agotan
las posibilidades de determinación. Factores de otro género puden intervenir
y, si son dados, la determinación total del querer será doble, compleja, cualitativamente heterogénea: Será una síntesis de factores de naturaleza causa!
y no-causal. Los primeros derivan de la infinitud de la unión causal, los segundos se introducen desde afuera en la unión causal, en la cual continúan
obrando. En ellos se realiza pues Jo que afirma la Tesis de La Antinomia: "una
absoluta espontaneidad de las causas, una serie de fenómenos que comienza
por sí".
3. Se ve sin dificultad que la antitesis "ser natural' y "ser racional" es de
las más arbitrarias: traduce y expresa la hipótesis fundamental del idealismo,
trascendental, también arbitraria. Que la naturaleza y con ella el encadena-.
miento causal no sea sino "fenómeno", y que detrás de ella exista un mundo,
"inteligible" que sea propiamente lo real, pero que no aparece, y que éste sea
ese mundo inteligible que se introduce, por la libertad positiva, en el mundo

lOl

102

�de los fenómenos, todo esto no representa sino una construcci6n ingeniosa,
pero frágiL Su fundamento no es otro que el idealismo t.rascenden~
sobre la leo.ría de la subjetividad de las categorías y sobre la de la conciencia
en general". El resto es la consecuencia del racionalismo moral, que ve en la

ªJ&gt;?Yª~º

' de 1a "azó"
ley moral una autonom1a
r n .
.
.
Asi puede plantearse la pregunta siguiente: ¿la soluc16n kantiana_ de _la
antinomia de la llbertad está ligada a las hipótesis fundamentales del idealismo trascendental, aJ punto de caer con ellas? O bien, ¿ hay en ella alguna
cosa que valga por sí y subsi ta a la ruina del sistema kantiano?
Se sabe hoy que este sistema ha ido para Kant una verdadera av~ntura. A
partir de las premisas del idealimlo trascendental, no cesan de surgir ante el
espíritu de Kant los problemas que su sistema parec~a in~apaz de resolver:
quien quiera construir, con la obra misma de Kant, el ~d~smo trascenden~l.
encuentra desde los primeros pasos, como Husserl lo vio, insolubles contradicciones. Pero por el contrario, muchos problemas abordados J'?r Kant ~omportan soluciones que se pueden entender desprendiéndolos d~l :1st~ma mism~. Es
eminentemente el caso del problema de la libertad. Las disunc1ones_ kan~~
del fenómeno y de la cosa en sí, del mundo sensible y del m°;°~º mteligible,
del ser natural y del ser racional, así como de todo lo que esta ligado a estas
distinciones (como el origen de la ley causal en el ujeto tra_,;cendental ~ de
la ley moral en la ra7.6n práctica) todo esto no es evidentemente lo que viene
al fin de la antinomia. Por ejemplo, es indiferente para el problema que la
unión causal sea un fen6mcno o exista en sí, como también que un f~ct~r heterogéneo pueda o no introducirse en ella sin comprometer su prop1~ 1uego.
La sola cosa que aquí importa es, por una parte, la estructura de l~ w~6n causal y, por la otra, la presencia del factor heterogéneo: de. determinación. Quese plantee la unión causal como real en sí, nada h~ _cambiado en el problema.
in duda, toda la imagen del mundo se ha modificado pero no el planteamiento del problema en el seno de la unión causal.
•Qué permanece pues de esencial en la teoría kantiana de la libertad, cuando
se ~eja caer el adorno idealista? Dos elementos: la concepción del lazo causal
y la dualidad interna del mundo. Esta se presenta en Kant bajo la f~rma del
dualismo del Fenómeno y de la Cosa-en-sí. e encuentra en la dualidad del
hombre, ser de naturaleza y sustancia racional, en la oposición del ~cter
empírico y del carácter inteligible. Por esto nada es generalmente necesano en
estas nocion metafísicas. Lo que hay de esencial, es únicamente la idea de
que existen dos dominios, dos clases de le•yes, dos especies de detuminaciones e~
un único universo (donde el hombre está colocado), y que estas dobles realidades se manifiestan en el hombre y son la una y la otra necesarias.
4. Así pu

bajo la dualidad kantiana del mundo sensible y del mundo in-

teligible, hay que descubrir una afinnación que no tiene nada que ver con la
metafísica idealista, y que vuelve a mostrar que, fuera de la ley de causalidad1
hay aún otra ley que evidentemente no conocemos sino en el querer humano,
pero de la que podemos establecer la existencia con tanta seguridad como
la de la unión causal en la naturaleza. Eso es Jo que Kant ha tratado de establecer por su teoría de la ley moral, de la que dijo que es un hecho, auoque
no sea un hecho empírico. Este hecho, es el de un poder en la vida moral del
hombre y también el de una capacidad de determinación perteneciente al
hombre por el efecto de la ley moral. El hombre es siempre el sujeto de múltiples determinaciones causales. Pero la libertad positiva consiste en que él
tiene la experiencia absolutamente cierta de agregar alguna cosa a ese sistema de determinaciones causales, a saber cualquier cosa que no esté contenida en los elementos de la unión serial: una determinación moral.
Se comprende que ésto sea así cuando se reflexiona en Jo que es la ley
moral. Es un imperativo, una ley de deber, una fuerza que se impone al querer. Por otra parte, esta fuerza es de toda evidencia de una naturaleza completamente diferente de la que se ejerce por la unión causal. No constituye
una sujeción. Es pura exigencia. Y lo que hay de característico en la naturaleza
moral, es que, entre los "motivos" que la condicionan o la determinan interiormente, esta e.xigencia, simplemente y únkamente como tal, puede pesar
grandemente en el platillo de la balanza. Para reconocer esto, no se necesita
de una metafísica particular de la voluntad, ni de una psicología. El peso de
la exigencia moral en la conducta del hombre es en el sentido más estricto una
realidad moral experimentalmente uiuida (Erlebrus).
Es pues necesario reconocer en la teoóa kantiana de la libertad dos elementos positivos: la puesta en evidencia del hecho de que hay en el deber
moral W1a fuerza que se inserta a título de determinación heterogénea (nocausal) en el sistema causal -la prueba de que la estructura del vínculo causal
hace posible esta inserción, sin destruirse por ello. Por el contrario, que esta
fuerza consiste en una autolegislación de la Vernunft, que existe un "hombre
noum nal" realizando en él mismo su autonomía, parece secundario. Lo que
resta como importante, es que los valores morales se expresan y se revelan
en una ley del deber, a saber en las exigencias que se dirigen al hombre y que
lo hacen autónomo por relación a las leyes de la naturaleza.

DETERMh ISlllO E L',DETER llNISMO

l. La teoría kantiana tiene indudablemente el mérito de plantear claramente el problema de la libertad eliminando ciertos conceptos inadecuados 0

�.
. eramente. toda mezcla de la libertad de~ querer
inexactos. Kant descarta, prun_ , . ) . A , . o Kant tampoco deJa lugar
"be d d I ctuar (o 1und1ca • i m1sm '
.
d
con la li rta
e ª
.
l"bertad interior: la liberta
did l"bert d exterior opuesta a 1a 1
a una preten a i
a
d"
d 1 ""'" de lo acontecimi ntos ex, l
"be es indepen iente e cu,""
. ..
tal como el a conci
.
. l6gi
Además separa las amb1gue. d
di t del devenir ps1co
co.
'
.
tenores e in epen en e
·..... :,·ca su expr 16n de
" .
d d
oger" Esto es lo que S15•'"" 1
,.
dades de la h?erta . ~ ese " · r dad de la libertad" 0 también de ' lilibertad en sentido positivo, de causa t
bertad bajo la ley".
.
ir lo errores de ciertas concepciones comentes de ~
.
. te en transformar una categona
libertad. Hay prim~ro el par~:gismo que c;:ente el mundo del cuerpo está
universal y en decir, ensegu1 a, que n~ s .
el mundo espiritual debe
some?do a la ley d~ causalidad me~~ic~d:::~c~ y exclusivamente de las
también serle sometido y que d~~ pe á . d la naturaleza. Tal es la
.
el deternumsmo mee ruco e
leyes que const1tuye_n
el fondo se vuelve al materialismo, en
fórmula del naturalismo moral, que en
d
1
imple resultante de
1 t d y del mun o mora una
1
tanto que hace de a vo un.ª
o se encuentra también el evolas funciones corporales. Ba10 ese ~aturah1SII1 'd toda la realidad moral del
.
. 16 .
a tendenoa es acer e
luciomsmo b10 gico, c~~
timientos morale , un simple efecto de
hombre y hasta las deCJSiones y 1os sen

2. Así Kant hace resurg

r

la herencia o del medio.
. .
usal no deja subsi tir ni libertad negaEs fácil ver que tal detemurusmo ca
ed
;.. de argumento contra
··
· duda esto no pu e serv ...
tiva ni libertad positiva. m .
d la ue está en cuestión. Pero la posición
él, ya que es precisamente ~a )¡~~ta ·a ;ino un enorme postulado, adoptado
que defiende no es, de to a eVl enc1eí,
l determinismo mecánico de la:
.
• d
eba En ecto e
sin ninguna e pec1e ::rude ~anera absolutamente arbitraria, de un terreno
naturaleza se ha exten o
. .
enos constatable e completapor la expenencia m
'
d . .
propio, a un ommto que,
,
de ley La imagen metafísica del
e
comporta
otro
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·
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. li 'dad engan-osa que bastana para
•
•
e
de
una
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c1
,
b
mundo que se o tien~ i s vista de toda la variedad y toda la heterogen idad
condenar esta concepc.1on, en

,ª

de los fenómenos.
h
llamado para negar la libertad~
·
uando se ace un
,
,
ad
No e logran ª. meJO~ c
éste no se encuentra situado sino segun la
al determinismo psicológico, ~ues
"ustamente lo qu se discut : el
alogfa de la naturaleza. As1 pues, es esto J
.
an
. .
. 6gico es r ello un postulado gratUJto.
detennm1 mo P icol
po
·
de la determinaci6n
.
rientan pues a un monismo
Estas dos concepc1on~ e ~ A , Kant ha visto que la libertad nunca es pocausal, qu excluy; la liberta . 1 •
'6n domina a todo lo real, en todos
sible cuando un único tipo de de~berml•~c1
el caso en que dos tipos de ded O
po I e mo en
L l'b
. us grados. a i crta n
.
.
E consecuencia, el en:ar del nat rmínaci6n coexisten en el mismo universo. n

106

turalismo y del psicologismo moral, no consiste solamente en su determinismo,
sino en su monismo de la determinación. Contra tas doctrinas Kant muestra
que hay un segundo tipo de detenninación, que se superpone, sin destruirlo,
al sistema de la determinaci6n mecánica y que es caracterísúco del orden
moral.

3. Antes de Kant y desde el siglo XVIII, el detenninismo total del curso
de las co. as se presentaba en general como un obstáculo absoluto a la libertad.
De aquí se seguía que, para salvar la libertad, se buscaba romper a cualquier
precio el determinismo y que por lo mismo se postulaba el indetenninismo,
al menos parcial. Se sabe como, cuando la física contemporánea ha sido conducida a hablar hipotét.ica.mente de un cierto indeterminismo en los fen6men&lt;?s
cuánticos, algunos fil6sofos de la libertad, inseguros de la solidez de su posición,
han creído encontrar aquí un argumento decisivo en favor de la libertad. Aquí,
como lo obsCIVa justamente Stanislás Bretón ( La Crise de la raí.son dans la
pensée contemporaint1. 'Recherches de philosophie", V [1961], p. 146), "el
intei·és apologético {que mal podría reducirse aquí a la posibilidad del milagro
en una perspectiva de indeterminismo) no ha actuado menos, por otra parte,
que las 'motivaciones afectivas' para dar a los debates toda su dimensión humana. La 'libertad del electr6n' que fue primero una fórmula humorí tica. antes de llegar a ser para algunos una afinnaci6n ontológica, abría la vía real
a la libertad. Muchas exclusivas, aún tenaces, no obstante la pretendida superación del 'cientismo', caerían, se pensaba, por sí mismas. La ley del bronce
estaba al fin abolida: la libertad de los hijos de Dios wúa, hubiérase dicho,
esta obscura aspiraci6n de un modo quejumbroso bajo la vieja ley, esperando
su libcraci6n. Parecía que los seres, destituídos de toda autonomía o individualidad, acusaban de pronto como un relieve ontológico: después de siglo de
'seriedad', el mundo se aquietaba en la posibilidad de una sonrisa'.

La desgracia es que estas vías euf6ricas falsean completamente el problema.
Primero, nos conducen desventuradamente a un cientismo retrasado que no
cesa, sin embargo, de ser cientismo. En seguida, reniegan la evidencia de que
el error del determinismo no está en reclamar la detenninación de todos los
hecho del mundo sino en concebir un solo tipo, absolutamente unfuoco, de
determinaci6n. Que se asigne a la naturaleza sola la ley natural y que se
asigne a la realidad espiritual otra ley, e precisamente lo que caracteriza al
universo espiritual, que llega a ser capaz de la libertad. Pero esta concepción
--&lt;Jue no e , como diremos más adelante, más que el cuadro de una solución
del problema de la libertad- no es de ninguna manera del indeterminismo.
Tráte e del mundo físico o del mundo moral, el indeterminismo absoluto
rompe todas las ligas del mundo, causale y racionale . Se ve claramente en
el Tractatus logico-philosophicus, de L. Wittgenstein, donde "el atomismo 16-

107

�·
(Stan. Bretal del atomismo ontol6g1co
ico traduce un postulado fundamen
reina como bajo un sol sin sombra,
g lb·¿
p 15 t). Un mundo en el que , '. ,,
, n el esquema de relaton, 1 ·• •
di · ión "atomJStica , scgu
•
la ley de la claridad y de la ~b~cd d d 1 Descartes de las Regulae ad d~rec. ·d d en pro,om1 a
e
· la usalidad
ciooes de proxunt a
. l
. al detenninismo, ni a ca
..
d no de1a ugar m
.
dr' aun
tionem ingenu, ese mun o,
.
f
loai~tas y concord1stas ten ian
, tros blóso os apo e,,
al rizada
ni a la razón de ser. ues ,
la libertad del querer no sena rev o , . '
aquí con qué triunfar: ¿ c?mo . ,eterna ni interna? Pero esta apo!ogeb~
d d
e va no hay necesidad, ru e
lmo una mala filosoha.
es e qu .
.
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II L
l"bertad
· teresada no es smo u
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demasiado bella · a 1
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in
•11 rcc1cn casa a es
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Ya que está bien claro que . a
. •
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cede iempre en el mdetemunJSmo,_
tá en ninguna parte. Se
como ru_
d 1 "az.ar". y por lo mJSmo, no es
pero baJo la forma . e
.
11

anula en su apoteoSJs.
.
. s .ue os fáciles y engañosos. ~l indete_nmEs necesario pues renunciar a eso J gl • Pero se hace i\u. ione al una.
un lugar a azar.
b
. o {1'Josófico quiere reservar
. do e puede hacer o servar,
rusm
I indetennma •
¡
.
e el azar es realmente o
'b . al azar aquello de o
gmarse qu
"nclina siempre a atn utr
.
d
por lo contrario, no sólo que se l
odaVJa es sin duda el azar lo que hay e
que no se sabe en las causas -pero t ue la idea misma de azar excluye toda
más determinado en la natura~eza, yal q
de los acontecimientos.
·
1 ntana en e curso
.
intcrvenci6n acuva y vo u
el . d t rmuus·.mo postula excluSJvamente
ue
m
e
e
,
q
art
e ve CO n esto por otra p e,.
por la otra, que ta l libertad se encontrana
la noción de una libertad neganv_a, y
. .
en tanto que éste se vuelve
'd
el mdeterrrumsmo,
.
. , De
1
l ual cluye la indetermmacion.
absolutamente exc tu a por
.
.6 del azar o e
ex
.
d
, la
.:ón de la libertad baJo fonna e
eíecúvamente a la afmnac1 n
.
lantear cuesu
.
vemos que no conviene
p
. .
L libertad moral
no exige
nuevo
. . o e indetermm1SID0. a
.
.
.
alternativa entre de~errrunism
la realidad de un tipo de deterrmnac1ón e3e~.
'6n causal )' capaz de conc1l .lJldeterminismo, smo solamente
e
. .
d l de la detemunac1
d b
ciéndose en un nivel distin~o _e
to libre, como todos los demás, e e
l
tran' o en afirmar que este
l·arse coo éste. En otros termmos, el ac.
t
•
• •
o consiste, a con
,
. .
tener un.a razón. El mdetemnmsmd
toda causalidad antecedente supnrru.
b ·o el pretexto e que
. d
.. roo son
acto es sin causa, aJ
cl .
determinismo e m etemurus
ría la libertad. Desde este p~to e vi JS~,
género d error, consistente pro.
,
llá descubrimos e m1 mo
idénticos: aqw Y
¡ nismo causal.
piamente en e mo
.
. r todo esto. Leibniz
. .
·udará a precisar me10
1
4 La doctrina de Leibnt.Z nos ay
d I roblema de la libertad como e
·
hab'a plantea o e P
· d
en efecto, antes de Kant,
i_ •
de la contingencia, el primero sien o
de la conciliación d 1 ~etc~~=~ yla segunda necesaria a la libertad. Ahora
necesario, decía él, a la mtehgib!
·ana de la libertad esté ligada a una
bien aunque en Kant, la teona e1 mz1
dismo esta teoría pued conducir
, ,1s1ca
. cspcci'al, definida como un mona
'
metaf

ª•

t,.;, .

108

a una cierta forma general, a un punto de vi ta distinto de el del conjunto
metafísico que lo sostiene en Leibniz.

La libertad, dice Leibniz en su Teodicea ( n. 288), tiene tres condiciones
esenciales. Int ligencia, espontaneidad y contingencia. La inteligencia, implicando una noción distinta del objeto, es como el alma de la libertad. El ser
libre se determina él mismo según el motivo del bien comprendido por la inteligencia y que inclina a ésta sin necesitarla. EJ acto e libre en la medida
misma de la claridad de la percepción del bien. La percepción confusa disminuye Ja libertad, en tanto que deja un juego más o menos extendido al determinismo irracional de la pasión.

Así comprendida, la libertad tiende a identificarse con la espontaneidad.
Implica, en efecto, que el alma sea su propio principio natural por relación a
todas sus acciones e independiente de toda otra creatura. Es en ésta autonomía,
es decir en esta autodettrminaci6n donde reside para Leibniz la esencia de la
libertad. El alma, teniendo en ella el principio de toda su actividad (y de sus
mismas pasiones), ¿ cómo podría, siendo inteligente, no tener el dominio de
sus operaciones?
La tercera condición de la libertad es Ja contingencia. Pero por esto no debe
entendene el indetenninismo que discutíamos un poco antes. En efecto Leibniz
se opone a toda teoría de indeterminación, que identifica con Ja indiferencia
de equilibrio. Tal indiferencia no puede ser admitida, si se comprende con
ello que la voluntad permanece indiferente a los motivos. Indeterminación,
para Leibni1:, no puede significar sino contingencia, es decir exclusión de la
necesidad. La indiferencia de equilibrio es una pura quimera, contraria a
toda la experiencia psicológica. Reflexionando, se descubre en efecto que siempre al!ntna razón nos ha inclinado hacia tal partido, aunque esta razón haya
podido pasar desapercibida en el momento mismo. La determinación es, también, e encial a la libertad, mientras que la libertad está condicionada por la
inteligencia. El caso del asno de Buridan es pura ficción, pasaje ilegítimo y
absurdo hasta el limite. En toda selección, hay una razón, y una razón prevaleciente. Por otra parte eximir la libertad de determinación sería dar al hombre
el privilegio de lo absurdo, ya que esto sería hacer salir el acto libre de la nada,
renovando la contradicción a la que había llegado Epicúreo planteando una
declinación de los átomos provenientes del azar absoluto, es decir de la pura
nada. Vamos a ver más adelante cómo J. P. Sartre no ha dudado entrar en
esta vía, en la que el hombre, la existencia y la libertad alcanzan, si puede
decirse, el "privilegio de lo absurdo".
Nada menos pensable en la filosofía de Leibniz, aunque é te mantiene firmemente el principio de la autodeterminación, sin el cual la libertad dcsapareceria. Pero L ibniz señala que integrar un determinismo (o una determinación)

109

�en el juego de la libertad, no es otra cosa que satisfacer el principio de raz6n
de ser, a partir del cual todo tiene su raz6n de ser, es decir, en otros términos,
todo está determinado. Será necesario también decir, ya que la determinación,
aquí, proviene de la raz6o, que la libertad, mientras más determinada, será
más perfecta. El indeterminismo destruiría a fondo la libertad.
¿ Pero cómo hablar todavía de contingencias? Esta, dice Leibniz, resultará
del hecho de que el juego de la libertad no obedece al mecanismo corporal,
que es el dominio de la necesidad absoluta, sino a un mecanismo espiritual, en
el que se ejerce la determinación del orden moral. El acto libre es pues, a la
vez, determinado y contingente y estos dos caracteres de la libertad lejos de
excluirse se identifican en la determinación racional.
5. J. P. Sartre rehusa categóricament este punto de vi ta, tomando, bajo
una forma nueva y absolutamente radical, la concepción indeterminista. En
efecto, afirma que la libertad no es concebible y posible sino bajo la condición
de excluir toda determinación, es decir de ser "libertad pura", in contenido y
sin otra ley que ella misma. Si ella es, necesariamente es comienzo absoluto,
fundamento sin fundamento de la universalidad de los valores.
Es bien sabido cómo Sartre quiere establecer esta doctrina paradójica. El
hombre es lib1 , dice, precisamente porque no lo es. Lo que es no es libre: es,
sin más, y no puede no ser ni ser otra cosa que lo que es. E pues la nada,
la que ha hecho ser al corazón del hombre, la que lo constituye como libre
y que es propiamente su libertad misma, en tanto que lo constriñe a hacerse,
en lugar de ser, de donde resulta que, para el hombre, ser será, necesariamente,
eleoirse, no recibir o aceptar, sino hacerse por una elecci6n que tiene el caráct r absoluto de la gratuidad. Desde que es y en tanto que es, s necesariamente y totalmente libre. La libertad es propiamente el ser del hombre, s decir
"son néant d'etre" (L'Etre et le Néant, pp. 508-516).
Es necesario ver lo que esto significa. La voluntad no • ejerce sino sobre la
base de una libertad original, que sólo le permite constituirse como decisi6n
definida relativamente a ciertos fines que lige perseguir por tales o tales medios. En seguida, no puede desplegarse sino en el cuadro de los fines ya propuestos por el hombre. Estos fines, en efecto, son aquellos qu la realidad-bumana se da como proyecci6n de posibilidad, en los cual s pr tend terminane
en- t-para-sí, es decir, en ser coincidiendo plenamente con la conciencia de sí.
Los fine no pueden entonces ser concebidos ni como dados desde fuera, por
una decisión que de inmediato impondría al hombre las vias de u destino, ni
tampoco corno expresiones de una pretendida "naturaleza" interior que el
hombre debería actuar por su acción. El hombre escogi6 sus fines, y porque
los escogió, les da una e.'&lt;istencia trascendente qu es como el término-limite
de sus proyectos. Aquí la existencia precede y determina la esencia, lo que

110

quiere decir, que
. .
, el . h om b re, por su surgumento
mimo (surgimiento que es
por otra parte éJ mismo absurdo y in raz, ) d f . ,
fines que se da. Tal es el brote original de o;j li~:do su serbpropio por los
mentalmente existencia si b'
f da
ª Y este rote es· funda,
ien e1 un mento de los f
por mi voluntad O r mis
.
mes que persigo, sea
pasiones, no es otra cosa que mi Jibert d •
(lb 1.d., pp. 516-521).po
a rru ma.

Así, por el ser que es en tanto
.
.
hombre participa de la ~ontina
_que di~stlencta, y que no ha CSCOf{ido, el
•
o nCJa ra ca de todo lo q e
mismo, del absurdo total del ser. La libe
u es. y, por esto
es razón del ser-escogido d .
rtad es absurda, ya que s1 la elección
libertad no puede de ningu:anmguna ma;:era lo es de un elegir, del que la
bre de d
I
m~nera su straerse. Estoy condenado a ser li'
e que e ser me es dado sm mi cons t. .
.
constreñido a asumirlo haciéndome T das en. in::ento y sin razón y que estoy
absurdo fundamental.
. o
m1 razones" se hunden en este
Puede uno preguntarse si la fórmula
,
una elecci6n absoluta de la libertad . segu~ la cual los valores re uf tan de
duda, elegir por definición es . m, ma, llene v~rdaderarnente sentido. Sin
elección es necesaria y desde est:,emp prte dactu~ libremente, aún cuando la
, ,
un o e vuta se concederá S
1a )J"bertad es realmente
la
condici6
d od 1 ,
a ·artre que
• .
n e l os os valores ya
1
mdica la elección, la elecci6n im r 1 l'be d
'
que, i e valor
el consentirnient
.
al 1 pica a t rta . Pero hasta antes de artre
o unt\•ers ' e acuerdo unánime de l flósof af'
la libertad no es tal sino en tanto . el
d I
o I
os mnaba que
d
m uye e a guna manera la
6
hecho,
menos la libertad que la mism
6 1
. raz n, ya que,
pura", eparada de una
,
1 .
a raz n a que elige. Una "libertad
sería parece ser .
razfon que a Justifique y, en verdad, la constituye no
,
sino una orma de la indiferenc.1
d la
. .
mente del azar Debe ,
d .
Y e
pas1v1dad y final,
.
na pues ectrSe que razón y libertad se . 1·
tuamente.
llllP 1can mu-

ª

Sin embargo artre no consiente en esta concl . , p
,
.
una fatalidad ( y aún una "maldi .6 ") .
USI~n. ara el, la libertad es
CJ n
· o es un fin que pod ' l ·
tre muchos otros. es un h h
na e egll'Se enabundar podrí .
ec o, por otra parte perfectamente absurdo. Para
•
ª preguntarse cómo
la libertad c
t I
d .
pura y sin contenido algu
pod ,
, . orno a ' es ec1r como libertad
no,
na ser un f m Tod libe
relación a un fin: nunca es
fi
, . .
a
rtad se define por
.
un m por s1 misma. Es medio e in tru
S
quiere ahora que el todo del h b
.
mento. e
p
om re consista en "conquistar I l"be d"
ero, preguntaremos, ¿la libertad de ué
ar
''?
a t rta .
puede ser especificada Si se trata d
q 'li~ P d ª que. Ya que la libertad
niroo de virtud, esta~os de acue e una
r~a de ~rfección", que es sinóarrancarse a los detenninis
d
y ~ quiere decir que el hombre debe
trata de la "libertad d 1 1:11::S ése as p~ones, al vértigo del mal. Pero si se
e e egrr ' ta no tiene por qué conquistarse, ya que es 1o

rd¡°

111

�propio del ser razonable, sino ejercerse como un medio en vista de la perfección bu.mana.
Pero el concepto de "perfección humana" no tiene sentido para Sartre, porque este concepto supone la realidad de una "naturaleza", que es necesario
excluir absolutamente, dice, como destructora de la libertad. Sin embargo&gt;
agrega, si la libertad no tiene deber, no deja de crear deberes, el deber de ser
libre y de promover las condiciones de la libertad. El hecho es que el hombre,
por su libertad misma, necesaria, total e infinita, lleva sobre sus hombros el
peso del mundo entero.
Es responsable de sí y del mundo, no en su existencia, sino en su manera de
ser, ya que de él depende el rostro del mund_o. Grave responsabilidad, ya ~ue
el hombre, comprendiéndose abandonado y libre, se comprende coro~ hac1endose ser y haciendo ser el mundo de su praxis. Desde este punto de V1Sta, toda
queja es ridícula, ya que ningún poder extraño decide lo que soy. Todo lo
que sucede es mío y del mundo, tal como es; no hace sino devolverme mi iinagen. Pero esto no debe conducir a la aceptación y a la pasividad, ya que mi
responsabilidad es la reivindicación lógica de mi libertad, y la única forma
de mi deber, que es el de asumir a cada instante mi libertad.
Sea. ¿ Pero qué sentido pueden tener todavía las palabras: quererse libres,
ya que somos libres desde el principio, sin condición y absolutamente? ¿ Cómo
hacer de la libertad una conquista si la Jibertad es inicialmente un don? y
¿ cómo hacer de la libertad, para sí y para otros (como libertad de promover},
un deber, si es una fatalidad? ¿Diríase, retomando el argumento sartriano
de la "elección necesaria", que puedo asumir esta fatalidad, hacerme un deber de este amor fati? Pero esto sería jugar con las palabras. Cuando escogí
libremente lo necesario, no lo escogí en tanto que necesario, lo que sería absurdo sino como teniendo un sentido que determina mi elección, -y que podría rehusar rehusando la elección y sufriendo simplemente la necesidad.
Condenado a ser libre, puedo escoger hasta la libertad, pero a condición de
justificar esta elección por otra cosa que su necesidad, a saber, por ejemplo,
por esta razón que la libertad es la condición de la grandeza humana. Pero
entonces se plantea un absoluto y afirmo un valor que justifica la libertad.
Mi elección se funda sobre una idea del hombre, que determina un deber, y
no sobre la necesidad -mientras que para Sartre )a sola razón de elegir la
libertad no puede encontrarse sino en la violencia de una fatalidad, lo que
quiere decir que no hay aquí ni razón ni elección.
Sea lo que sea, piensa Sartre, es necesario comprometerse, obrar y militar en el espesor del mundo, de un mundo que es sin duda la expresión y el
campo de mi libertad pero que también, por su facticidad, madeja indiscernible e inerte de necesidades, constituye para siempre el riesgo y el obstácu-

112

lo de esta misma libertad. Aprobamos, pero nos preguntamos: ¿ qué compromiso, qué acción y qué combate? Sartre responde: el compromiso y el combate por la libertad. Pero, en este caso, diremos que "quererse libre, es todavía una manera de alienar la libertad, encadenándola a fines concretos, presentándose (por suposición) como condiciones de la libertad. Y es pretender,
para aumento de infortunio, justificar una libertad que es, según Sartre, "injustificable".
Por otra parte no se harían esas condiciones concretas, condiciones de la
libertad sino para la ilusión de escapar así a la contradicción. Pero esto sería para caer en la petición de principio, puesto que por una decisión gratuita de la libertad son definidas esas condiciones como siendo las de la libertad. En otros términos: es necesario, si se quiere dar a la libertad un contenido concreto, o bien decir que la realización de la libertad depende de
esas condiciones y, en taJ caso, la libertad está "encadenada" ( en sentido
sartreano: depende de imperativos extrínsecos), o bien decir que se identifica con esas condiciones, y entonces se define por esas condiciones y no
por ella misma, pero no puede hacerlo, bajo pena de contradicción, sino por
una pura decisión que todo ensayo de justificación remite al círculo vicioso.
Sartre fracasa pues al dar un sentido a su noción de "libertad pura". Esta
"libertad" excluyendo radicalmente toda especie de determinación, es un mito. Se dirigiría, por el efecto de vacío perfecto que la define (haciéndola Sartre proceder de la nada), a las formas menos pensables de la "indiferencia".
Sería presa de las cosas y la mecánica más vana.

I l.

LA PARADOJA DE LA LIBERTAD

l. De estas discusiones, y especialmente de la de la posición sartriana, tomamos esencialmente: por una parte, la idea de una "libertad pura" no llega a formularse inteligiblemente: conduce a un indeterminismo tan rad;cal
que e1 juego de la libertad fracasa en el azar, es decir de hecho en la determinación causal. Pero por otra parte, como Sartre ya lo ha visto, el acto libre no puede ser sino un "comienzo absoluto", no puede, sin dejar de ser
libre, sino reclamarse de él mismo y de él solamente. La libertad es pues una
paradoja. Llama y excluye a la vez a la determinación racionaJ. Pero la discusión de Sartre nos obliga ahora a ir más lejos y a precisar mejor el sentido
de la determinación racional; ya que podría conducir a introducir de nuevo
e] juego de la causalidad, ruina de toda libertad, como lo ha mostrado Sartre con razón con una crítica que, tal como la formula, llevaría al plano contrario la concepción leibniziana de la libertad, es decir contra la idea de un
113
H8

�"mecanismo espiritual" o de una determinación por los motivos Y los ~ó,,iles. En efecto, ~ e que se admite que el acto libre puede ser dete_muna"
• ,,
f casa al salvar una libertad
do d de fuera, aunque a por mottvos , se ra
.
que no debe, para existir verdaderamente, encadenarse a nada exterior a ella
~~L

d.

Es necesario pues si se quiere resolver la paradoja de la liberta , re'.nte'
·
d la hber
grar de alguna manera
las razones y los motivos en el acto m1SJD0
e
. •
tad Como primera aproximación a la solución de este problema, exa~a,.
re~os brevemente el argumento que se apoya en el juego de los motivos .Y
)os móviles para debatir la existencia de la libertad. Este argumento ha s~do propue to de diferentes maneras de innegable valor. Algun~s no son evidentemente sino puros contrasentidos o imples po_stulado · As~ el ar~ento consistente en decir que si se le determinase a part1r de un motivo, se está _determinado por el motivo. Pero el problema cons!ste !ustam~nte en saber s1 la
esencia de la libertad no es esta misma determmac1ón racional.
..
Pero hay otra manera ele presentar el argumento y que propon~ u~: diiicultad real. Consiste en llevar a un proceso al infinito, la detenrunac1_on racional. La voluntad, se dice, escoge un motivo Y,..cs~~~ndolo 1: ~nf~ere_ su
eficacia: este motivo determina lo que . e llama el JWCIO práctico , termino
de la deliberación y expr ión del elegir racional.
.
Pero si esto es así, se necesitará encontrar un motivo para ha~~ escogtd~
ese motivo v, en ~ida, un nuevo motivo de lección ele este ~!tuno, Y asi
hasta el infi~ito. ¡ no, se nece. itaría partir de un motivo no mollv~do~ es decir irracional. Entonces, a falta de elección inteligente ya no habna libertad.
Esta objeción no puede descuidarse. Señalando una dificultad real Y ~ve nos orienta hacia la solución que proponemos al problema que estu~m~s. Esta dificultad consiste en la separación de la voluntad Y del entendimiento como órgano de motivos. Esta separación, de hecho,. está llena de peligro. ya que para que una elección voluntaria y lib'.e sea po 1ble entre los motivos. presentados por el entendimiento. es nccesano sobreentender ~n la voluntad ( 0 la lib rtad) otro entendimiento capaz de valuar_ los, mo_nvos. _Volvemos así al infinito y la libertad desaparece en esta fuga sm tenruno asignable.

Es un error s parar como dos actos distintos la elección del motivo y la d~cisi6n O si se quiere, el juego de la inteligencia y el ~e la voluntad. _En realidad la elección del motivo y la decisión (o juicio prácbco) no hacen SlllO uno
'
tan sin· 0 dos aspectos de un acto en sí indivisible o total. La decino repre5en
•
¡ d · 'ó
sión es la posición de un motivo, así como la elección del motivo es_ ~ ec151 n
misma el juicio práctico mismo. El 'motivo", s para~o ele l_a declSlÓO, no es
ya de hecho un motivo propiamente dicho sino una simple idea en el enten-

7

114

dimiento sin duda dotada de su fuen.a interna de idea-fuerza, pero exterior al
querer como tal. La idea no se vuel\'e motivo auténtico sino por la decisión
que se le asimila, se le incorpora y con ella se identifica. Se ve que en estas condiciones ya no hay para qué ir más allá del motivo para hacerlo inteligible
por un otro motivo, y éste por otro, hasta el infinito. 'El acto no es, hablando
propiamente determinado por el motivo. E tá constituido por el motivo mismo, en tanto que tal. En otros términos, la decisión no depende del motivo,
es ella misma y por sí posici6n del motivo. Y precisamente es por eso que el
acto libre es propiamente un querer racional.
Sin duda artre tien razón cuando dice que "el móvil, el motivo y el fin,
son tre aspectos inseparables del surgimiento de una conciencia viva y libre
proycctándo e hacia su po ibiliclad 11 (L'Etre et le éant. pp. 522-526), que,
bajo esto tr a pecto la libertad constituye una "totalidad" concreta. Motivos móviles y fin son los constitutÍ\'OS de la libertad. La determinación racional que definen es pues interior al acto libre mismo y lo constituye precisam ·ote como libre. in embargo, si . artre rehusa esta determinación racional, es porque él ve aquí otro nombre de esta "naturaleza" o de esta "esencia"
que no acepta, considerándola como anterior a la libertad o a la existencia. Es
\·erdad que debe conced.érsel una anterioridad lógica. Pero en su acto concreto, atrapado en u indi\-isa totalidad, la libertad se identifica con esta naturale7..a, no solamente sin ce ar de ser libertad, sino de tal suerte que, sin esta identificación, ya no sería libertad, sino puro juego irracional y imple producto del v.ar.
A í, la determinación racional, necesaria a la inteligibilidad del acto libre,
el cual por una parte contrariamente a lo que piensa J. P. artre no puede
proceder de la nueva forma y por la otra como artre lo ha "isto también, debe ser un comienzo radical, esta determinación racional ya no es un obstáculo para la libertad de de que coincide con el acto de é ta. Pero esto nos conduce a una nueva precisión que, a decir verdad, puede aportar solamente una
solución al impedimento que surgía constantemente del análisis del acto libre. La ambigüedad, en efecto, viene siempre del hecho de que hablamos de
"la hñertad" como si ella representara una función y un poder aislable de la
totalidad humana que piensa, quiere y decide. Bergson ha insistido mucho, espe ialmente en los Données immédiates de la conscience, sobre esta dimen ión
desastrosa de la actividad humana. Es necesario volver a decir, d pués de él,
aunque en un sentido dema iado diferente (ya que Bergson parecia conducir
la libertad a la. pura espontaneidad), que el acto libre es el acto del hombre,
. er racional, y que su raíz, como lo en. ñaba Santo Tomás, está en e ta racionalidad por la cual el hombre llega a ser causa sui.
El hombre no está determinado. El se determina a í mismo. Y se determina

115

�a partir de sí. El acto libre es verdaderamente un comienzo y también, s~ se
uiere un comienzo absoluto. Aquí se cumple el hombre en lo que lo de~me.

~ as~endo su naturaleza, se asume él mismo, ser racional, en la plenitud
de sus sentidos y en la verdad de su ser.
Traducción de ALFONSO

RANGEL GUERRA

ACTITUD PROBLEMATICA Y FE EN LA RAZON

Ensayo Introductivo a la Filosofía Contemporánea
SERGIO SARTI

Udine, Liceo Clásico

EL TÉRMINO "FtLOSol'fA" quiere decir, como cualquiera lo sabe, "amor a la
sabiduría"; y expresa un concepto que parece encerrar, inseparablemente unidos, dos elementos: la actitud problemática (que significa "amor a la sabiduría" si no deseo, y por tanto búsqueda de eUa; y ¿qué es esta búsqueda si no
averiguación, investigación, problema?) ; y la fe en la capacidad de la razón,
(¿con qué se puede buscar la sabiduría, si no con La razón? y, ¿cómo buscarla, si no teniendo confianza en aquella razón, con la cual solamente se la
puede buscar?) .

Todo el pensamiento clásico (y en él incluímos también la filosofía cristiana, nutrida de tradición greco-romana), presenta eje:r;nplos continuos, evidentes, de la indisoluble unidad de estos dos elementos. Y no deseamos referirnos solamente a Sócrates en cuya ejemplar figura, la problemática se
hizo razón de vida y 1a fe en el pensamiento fue así inquebrantable de representarle aceptablemente la prueba suprema de la muerte; no solamente
a Platón, para quien el pensamiento 1 tiene la capacidad, de poder fundar sobre sus bases racionales la verdad del mundo Hiperuranio, y la problematicidad se siente tan profundamente, que lo empuja a reexaminar durante toda
la vida, con infatigable trabajo, sus propias doctrinas; no tan sólo a Aristóteles, para quien el pensamiento se extiende cuanto se extiende lo real, y los
límites de la investigación problemática son los límites mismos de lo real; sino
también a Agustín, a Anselmo, a Tomás, a todos aquellos pensadores que
1 En este ensayo los
términos "razón" y "pensamiento" se usan como sinónimos,
para no tener que entrar a distinciones en que se habrían requerido explicaciones complejas, extrañas a la materia tratada.

116

117

�también reconocen más allá de las verdades racionales la existencia intangible de verdades reveladas.
También en éstos subsiste Ja actitud problemática y la fe en el pensamiento. La fe no es negación de la problematicidad: por un lado, es ella
misma solución de un profundo trastorno problemático (¿cómo no recordar,
a propósito, la apasionada vicisitud interior de_ ~gustín de Hipo~a?); Y
por otro lado es fuente, a su vez, de problemabC1dad, ya que reqwere ser
repensada, redaborada, repropuesta eternamente en du~a_- ?'ide~ quaer,~s
intellectum" decía san Anselmo, y siglos después, un espmtu mqu1eto Y av1'
'
.
do de lo divino
como Miguel de Unamuno recalcaba: "L a f e se tiene
viva
con resolver dudas y después volviendo a resolver aquellas que a cada duda
resuelta resurjan". 2
•
Por otra parte, la limitación de la razón fre~te a la fe. es, no debe olvidarse una autolimitación. La razón tiene sus motivos -racionales- para acept:i, la fe, y para aceptarla como superior a sí; no es ~ues ?primida por lo externo, sino que se circunscribe al propio campo del interior. Tener fe_ en la
razón, no significa creer que la razón pueda conocer toda la verdad, smo sólo creer que ella puede conocer aquellas verdades. de que es capaz; con t~I
que sea la misma razón, quien establezca su capacidad y por lo tanto sus lími~
.
La unidad entonces de actitud problemática y de fe en las fuerzas rac10'
,
fil f
nales, puede considerarse como una connotación típica de toda la oso ta
antigua. ¿ Podemos decir otro tanto de la filosofía modern~? .
En la filosofía moderna, la razón rehúsa encontrar un limite en la Revelación• ni el pensamiento admite otra fuente de verdad que sí mismo. Sin
'
,
embargo, actitud problemática y fe en la razón se encuentran ~m c~~ectadas de tal modo que se limitan recíprocamente; tanto que la ~!11°ac1on ~e
uno de estos elementos, corresponde puntualmente a la contracc1on, a la disminución o directamente a la negación del otro.
Tómes~, por ejemplo, a Descartes. La dirección que da a la filosofía, ~oderna, por medio de la duda metódica, parece decidi~amente problemat1ca.
Pero luego, la duda se para bruscamente frente_ al ~~~ito:· esto _se le prese?ta
como algo absolutamente evidente, como una mtwc1on mmed1ata, sustra1da
a toda duda, por hiperbólico que ello sea. 5
s Comentario a la vida de Don Quijote, p. 11, cap. VII. Análogamente SctACCA, en
un escrito de 1955, dice: "La fe se conquista tan personalmente que exige siempre
un nuevo empeño; tan precioso tesoro que, encontrado, se está siempre en el pun~c
de perderlo; más se conquista y mejor se tiene, más se arriesga y me~o~ se está dispuesto a perderla". (El escrito está recopilado en el volumen En espmtu y verdad,
Marzorati, Milán, 1960, pág. 309),
• La inmediaci6n del cogito está claramente afirmada por Descartes, entre otras

118

Este ejemplo presenta -en forma extremadamente clara y sugestiva-, el
paradigma del procedimiento típico del pensamiento moderno, para el que,
todo puede ser problematizado, con excepción del pensami.ento. Extender la
duda también al pensamiento, hacerlo objeto de problema, significa, para la
mentalidad moderna, haber perdido la confianza en el pensamiento. Problematicidad y fe en el pensamiento, en lugar de compenetrarse, se limitan.
Pero no se limitan solamente; la fe en el pensamiento, sustraída a toda duda, termina por matar la duda, toda duda, también aquella de la que había
surgido. En efecto una vez alcanzada la certeza del cogito, la duda inicial parece aJgo ya pasado, superado, vencido definitivamente; y se vuelve legítima
la sospecha, de que no se trataba de una auténtica duda, sino de un simple
expediente didáctico para introducir el cogito.
Que con el cogito, el pensamiento haya sido puesto como única realidad
improblematizable, y por tanto absoluta, lo han demostrado los desarrollos
posteriores: el idealismo inmanentista postkantiano, es precisamente el fruto
más maduro que ha producido el germinar del cogito.
Pero hay que anotar, que a lo largo del camino que va de Descartes aJ
Idealismo, Kant ocupa un lugar central: y no se puede callar el hecho, de
que Kant ha repropuesto la duda cartesiana en forma más radical, extendiéndola también al pensamiento; él, en efecto, somete ''la razón aJ tribunal
de la raz6n", y descubre en ella, de tal modo, insuperables limites.
Pero precisamente este aspecto del criticismo kantiano, quedó sin eco en
el pensamiento de sus continuadores. Ni Ficbte, ni Schelling, ni el mismo
Hegel, se detuvieron a considerar el sentido y la amplitud de la capacidad
de la razón de problematizarse a sí misma. Y ésta, que había sido el alma
misma del criticismo sufrió la misma suerte de la duda metódica: como el
cogito había terminado por quitar todo sentido a la duda de la cual había
nacido, así, según los idealistas, la síntesis a priori terminó por hacer olvidar y
anular su matriz, es decir, la autoproblematización de la razón: y el pensamiento volvió a ser dogma intangible, del cual no se pueden dar proble-mas.
Para Fichte, el pensamiento se vuelve pura y absoluta subjetividad. Yo, y
este Yo, "se pone a sí mismo absolutamente"; 4 para Schelling, los dos polos
cosas, en la réplica a la III objeci6n del II grupo de objeciones: "Cuando uno dice:
yo pienso, luego existo, no deduce la existencia de su pensamiento en virtud de un•
silogismo, sino como cosa de por sí evidente: Lo ve por una simple introspecci6n de
la mente" (Oeuvres, IX, 110). Un interesante e inagotable estudio analítico sobre el
cogito y los problemas inherentes, se encuentra en: EM.11.1! CALLOT: Problemes du
Cartesianisme, Annecy, 1956.
'
• ~a sea en Ueber den Begrifl des Wissenschafteslehern (''Sobre el concepto de la
doc~1na de la ciencia"), ya sea en la Grundlage alles Wissenchafteslehren ("Funda-

.

119&gt;

�entre los cuales se mueve el pensamiento, Subjetividad y Objetividad, se unen
para formar lo Absoluto; para Hegel, la Subje~vidad y la Objeti_vidad se
ponen en relación dialéctica y dan lugar al devemr: pero este ~evemr es una
mediación que se pone como inmediata: "El Yo, o el deverur en ge~eral,
este acto del mediar, en virtud de su simplicidad, es justamente la inm_ediación que está en camino de devenir, es además lo inmediatamente mismo ..." 5
Se podría pensar que por lo menos el neohegelismo italiano -que tr~
formó el idealismo en historicismo-, haya encontrado el modo de reaf rr.
mar la problematicidad; si la historia es mutabilidad perenne, en el_la, todo,
en cualquier momento, debería poderse problemat~. ~e~o es el ~smo Bcnedetto Croce el más enérgico representante del histonc1smo, qwen se encarga de desil~sionarnos a este propósito. Todo, en la historia, puede ser p~oblematizado salvo el historicismo, y aquellas doctrinas que con su lógico
desarrollo conducen a ello. Y no basta: cada momento del devenir histórico repres;nta una conquista; el momento sucesivo la ~olverá a p:o~lematizar, pero ella, por sí misma, no podrá jamás problematizarse sola: · Si_ l~ humanidad es infatigable, y todo le queda por hacer, si a cada cumplimiento
suyo nace la duda y la insatisfacción y el requerimiento de un nuevo cump limiento, de vez en cuando el cumplimiento existe, se posee y se goza, Y la
.
. , de re posos . .."º
aparente carrera precipitada, es, en realidad
una sucesion
En cuanto al otro historicista, primero amigo de Croce y después su rival,
Giovanni Gentile, tendremos ocasión de comentarlo más adelante; por ahora
bastará señalar que también para él el Acto -en el cual se resuelve ~a t?talidad del Espíritu-, es inmediato a sí mismo, y por tanto no puede Jamas
problematizarse.
De lo anteriormente señalado, emerge claro, luego, otro dogma, que
el historicismo idealista considera más alto que el ámbito en que se mueve la
problematicidad: el dogma del devenir histórico, aquel devenir que consiste
en un perenne "pasar" del Espíritu, de la una a la otra de sus formas o determinaciones.
mentos de toda la doctrina de la Ciencia"), ambas del 1794, la proposición "el Yo_ se
pone a sí mismo absolutamente" constituye el primer principio de la ciencia, y repetido
más o menos con las mismas palabras.
• G. F. W. HEOEL, Fenomenología del Esplritu, Prefacio; traducción italiana de D&amp;
NEORI 2a. edición, 1960; La Nueva Italia, editorial Florencia;. volumen lo., pág. 16.
Algu~s páginas más adelante, Hegel vuelve a la inmediación ~el pe_ns~ie~to: . "Los.
pensamientos se vuelven [luidos cuando el puro pensar, esta inmediación interior. • •
(etc.)". (Id., pág. 27).
• B. Caoc&amp;, La historia como pensamiento y como acción, 4a. edición, Bari, Latena.

1938; págs. 41-42.

120

Pero la intangibilidad de este dogma constituye, para el historicismo, una
aporía bastante rara: el devenir en efecto, no pudiendo ser problematizado,
no puede tampoco probarse, siendo ello, al contrario, el principio a que se re-curre para probar todo el resto. Y sigue siendo un misterio cómo una "sucesión de reposos" pueda constituír un desarrollo y un progreso ( que es ade~ás, sea
ent~e paréntesis, el mismo problema de Zenón de Elea), 0
como el Espmtu, Siempre satisfecho de sí mismo, en cada determinación suya, sea _induci~o a ~asar a una determinación sucesiva. Y no se podría aportar me1or testlmomo de la parentela profunda que liga -no obstante las
polémicas recíprocas-- a los dos pensadores, que aquella constituida por la
constatación que la misma aporía atormenta profundamente las doctrinas de
ambos.

di~?

Pero, se observará: no toda la filosofía moderna se resuelve en el idealismo y en sus derivados. Existen otras corrientes no sólo diferentes, sino directam~~te opuestas; corrien~es que han empujado hasta el fondo la problemabc1dad, y que no han titubeado en investir con la duda disolvedora todos
los dogmas y todos los ideales.
E~to es verdad: pero precisamente estas corrientes suministran, por el contrano, la contraprueba de nuestro asunto. El resultado de la extensión de la
problematicidad, ha sido el de la renuncia a la fe en el pensamiento. Nada
m:i5 común que el espectáculo de aquellos que, habiendo dudado de todo, ternunan por dudar también del pensamiento con que dudaban. Irracionalismo, vitalismo, voluntarismo, escepticismo, poco a poco, han declarado la ban-carrota de la razón y se han confiado a la intuición, a la fe loca, al instinto.1
13astará citar~ los ~ás ~tos representantes del existencialismo: Jaspers, para
el c~ la razon esta destinada a sufrir un eterno jaque frente al Ser al cual
tamb1en perennemente tiende; y Heidegger, para quien la posibilidad de
:af~ el Ser está puesta, en lugar de en el pensamiento, en una oscura intu1c1on que no se sabe si es lírica o más bien mística.ª
' Q~e nuest~~ época muestra señales de rebelión contra la razón, como tal vez nunca
•~ hab1an verü1cado en el pasado, es cosa notada por muchos autores. Véase como
:~emplo, JAN H~1~NOA: "Un anti-intelectualismo sistemático lilosófico y ~r5.ctico
~o aquel que vivimos, parece realmente un hecho nuevo en la historia de la civilizaci~n humana ... No conozco civilización que haya renegado del conocimiento entendido
más amplio·• la Verdad• . ." (La erisu
· · d e la cw1
· ·¡·izaci·ó n, tra d uc.
. en
. su sentido
.
ci~n rtali~.' Tormo_ 1938). E. M. F. SC1ACCA escribía en 1948: "Pero existe otra
sena! d_e crms, que, s1 perdurase, se resolvería con la decadencia y luego con la muerte
la filosof~a: la. rebelión contra la razón, el proceder por estados de ánimo, por simp es afir~ac1oncs mcontroladas, el hacer filosofía como se hace poesía O novela ... " (en:
En esptrrtu y vardod, ya citada, pág. 108).
1
Como es sabido, esta tendencia de Heidegger de fiarse en la poesía más bien que

-d;

121

�No nos parece, por lo tanto, arriesgado concluír que aquellos dos elementos intrínsecos al concepto de filosofía -actitud problemática y fe en la razón-, que en la filosofía clásica se sentían como en perfecto acuerdo o seguramente como coincidentes, en la filosofia moderna aparecen dotados de
una inmanente contradicción, que no permite la afirmación de uno, si no es
en menoscabo del otro.

•
Estas consideraciones nos ponen frente a un problema, que nos proponemos afrontar aunque ello aparezca extremadamente complejo.
Se nos puede preguntar, ante todo: aquella contradicción que el pensamiento moderno parece revelar dentro del mismo concepto de filosofía, ¿ es
verdaderamente irremediable? ¿ La filosofía clásica ha estado tan poco alerta en el campo crítico, que se le ha dejado escapar; o es algo artificioso e
insubsistente, que la filosofía moderna ha hecho nacer de particulares presupuestos errados?
Además: ¿ los términos "problematicidad" y "fe en la razón", pueden recibir una acepción tal, que puedan estar naturalmente juntos sin suprimirse?
Y si esta acepción existe, ¿ no es lógico retenerla sin más como auténtica, en
cuanto, quitando una contradicción intrínseca al concepto mismo de filosofía, hace posible el ejercicio? Pero en este caso, ¿ cómo juzgar la filosofía mo-

esto, ~se. ~ebería entonces decir que someter el pensamiento mismo a problem~,. ~1gnifrca negar la criticidad? ¿ O no es necesario decir, más bien, que la
~tic1dad encuentra su acmé precisamente en el embestir el mismo pensamiento, Y que ampliar el ámbito de la duda hasta comprender la razón, no
es ya un renegar del problema crítico, sino un empujar más a fondo las mismas exigencias de las que ha salido?
Y en fin: hoy la. filosofía se orienta, en general, hacia una actitud que se
puede coDS1derar, s1 no del todo común, .ciertamente muy difusa: aquella de
desear tener por objeto de indagación primero y principalmente al hombre•
de querer ser filosofía del hombre y para el hombre. Pero el hombre al cuaÍ
~ refiere de costumbre, no parece en absoluto el "yo trascendental" del Ideabsmo; se trata, por el contrario, del hombre culto en su debilidad en su exJ
trav10, en su 1D1potenc1a. Es el hombre que no sabe aceptarse como es; el
hombre, en suma, que se ha problematizado.
. ¿Debemos, por lo tanto, decir que está surgiendo un modo nuevo de conSI~erar al hombre? ¿Debemos decir que la filosofía "moderna", que dio sus
pnmeros pasos, en la época del renacimiento, cuando el hombre estaba ebrio
de sí mismo y de su capacidad, está ya dejando el campo a una nueva filosofía, que podemos llamar "contemporánea"? Pero ¿ es verdaderamente nueva esta concepción del hombre; o no se reúne más bien, a aquella de la filosofía clásica, que jamás concibió al pensamiento humano como un absoluto?
1

•

•

derna, que no ha conocido tal acepción?
No basta la complejidad del problema, nos permite formularlo en otros

?orno se ve el plexo problemático frente al cual nos encontramos, es de los
mas arduos y enredados. No podemos -en el breve ámbito de este escritopr.ete~der desatar totalmente el nudo; podemos, sin embargo, ilustrar las implicaciones Y mostrar, en sentido general, cual es la solución que nos parece.

términos, desde otros puntos de vista.
Para Descartes y para el Idealismo, todo puede ser problematizado salvo
el pensamiento. Pero, podremos preguntarnos, ¿ es posible para el pensamiento problematizar algo, sin problematizarse a sí mismo? Y consiguientemente deberemos preguntamos: ¿de qué modo es posible al pensamiento
este autoproblema, con el cual se interroga sobre sí mismo? Y ¿cómo puede
tener ''fe en sí mismo", en el momento mismo en que él se problematiza?
No basta todavía. La filosofía moderna declara haber sacado del "problema crítico" la absoluta certeza que el pensamiento tiene de sí mismo. Dado

• ¿ C~ál es el valor semántico de la expresión "fe en la razón? Podemos dar,
~~s, por dem.ostrado un hecho: que la fe en la razón, es algo interno,
unplíato en la rrnsma razón. Tener fe en la razón, significa afirmar la validez del acto con el cual se razona; y tal afirmación, es la razón misma que la
cumple.
Toca todavía preguntarse a este respecto: ¿ qué es lo que cree la razón
cuando cree en sí misma? O mejor, para poner la pregunta más claramente;
l la_ fe en la razón, es algo que se agota en el ámbito de ]a razón misma 0
me1or, la razón creyendo en sí, cree también en algo que la sobrepasa?
'

en la filosofía para alcanzar al Ser, ha ido acentuándose en las obras posteriores al
Sein und Zeil (1927), en las cuales se pueden leer frases como esta: "El arte es el
poner en obra al ser" ("Der Ursprung des Kunstwerkes", en "Holzwege", Frankfurt a.
M. 1950, pág. 50). El mismo Heidegger ha escrito un ensayo poético de valor no des•
precia ble: véase un sugestivo ejemplo publicado en la revista Filosofía (Torino) 1 en
julio de 1957. Chiodi, que es el más asiduo estudioso italiano del pensador alemán,
ha escrito un breve pero interesante estudio El último Heidegger, Taylor, Torioo, 1952.

El idealismo ha da~o: a esta ~regunta una respuesta inequívoca para él,
la fe en la razón se dirige exclusivamente a sí misma, y en sí misma se resuelve y se cumple.

122

~in

Para el idealismo el pensamiento es verdadero (más bien es el Verdadero)
;n ~uanto ~cto absoluto y autónomo. No es verdadero en' sí, Jo que el pen~
arruen to piensa ( el objeto, lo pensado) ; verdadero en sí es sólo el acto de

123

�pensar (el sujeto). El objeto, puede decirse también verdadero, pero solamente en el sentido en que existe 5610 en cuanto hecho del sujeto: no vive
de vida propia, sino que vive de la vida del sujeto: "El objeto del Yo participa en la vida del Yo, vibra en él, consustanciado con él: no es término al
cual se dirija la actividad espiritual, sino que es la actividad misma, que es en
cuanto se crea, y se crea objeto a sí misma". Así Giovanni Gentile,9 ha estudiado la relación entre sujeto y objeto, mostrando las últimas consecuencias
de la posici6n idealista sobre este argumento.
El hecho por lo tanto, se resuelve en el hacer: el pensamiento, creyendo
en sí mismo, no cree en el hecho que él hace, sino sólo en el acto con el
cual lo hace.
Pero ¿puede la "fe en la razón" significar sólo esto?
Tómese, para dar un ejemplo, el caso de un estudioso que lea un texto
filosófico y que; mientra.e: comprende perfectamente el sentido, no participa
todavía de las conclusiones.
Según el actualismo, aquí se verificaría un proceso en dos momentos sucesivos.10 En un primer momento, el lector hace suyo el pensamiento del
autor del texto; él lo piensa, esto es, como un pensamiento propio; lo hace,
por lo tanto, acto suyo. Y en este acto, él, conjuntamente, lo comprende y
lo cree verdadero, siendo el acto del pensamiento siempre verdadero a sí
mismo. En wi segundo momento, él repiensa aquel acto que ya había sido
suyo y se lo pone delante como objeto, como pensado: y ahora el pensamiento del autor del texto que por un instante se había identificado con el
suyo, le parece como cosa diferente y contrapuesta, y puede juzgarlo equivocado.
Obsérvese ahora: un pensamiento no es una imagen mítica o fantástica;
un pensamiento es un pensamiento; y si para pensarlo toca ponerlo como
objeto, también como objeto sigue siendo un pensamiento. Pero, ¿qué significa pensar un pensamiento como objeto, si no, esto, pensarlo? Eso es,
Sumario de PedC1gogía, vol. I, cap. XV, págs. 91; 4a. edición, 1925.
leyó en Palenno, en 1911, una serie de comunicaciones que se pueden
considerar, en conjunto, como la primera formulación madura y completa de su pensamiento. E.s interesante notar cómo el problema de la asimilación, por parte de un
sujeto pensante, de un pensamiento ajeno, es aquello que viene afrontando precisamente al comienzo: "Un pensamiento ajeno, también queriéndolo pensar como ajeno,
no podemos pensarlo más que pensándolo como pensamiento. . . consintiendo y haciéndolo nuestro. . . Si bien, esto es, un primer momento del pensar el pensamiento ajeno. . . Al primer momento tiene uno detrás del otro... , etc.". Las comunicaciones
fueron reunidas con el título: El acto de pensar como acto puro, y publicadas en: La
reforma de la dialéctica hegeliana, Messina, Principado edición, 1913, fragmento citado
• G. GENTILE,
10

GENTILE

¿resolverlo en la actualidad del pensamiento? Y, ¿ cómo es posible pensar
como falso aquello que vive en la vida del acto, vibra con el acto, consustanciado con el acto: aquel acto que es siempre y necesariamente verdadero?
La dificultad, aunque más evidente cuando un pensamiento se piense como
falso, se representa igualmente también en el caso en que un pensamiento se
juzgue verdadero. ¿Cómo, en efecto, juzgar un pensamiento si no poniéndolo como objet?, eso es, _pensándolo como pensado? Pero ¿cómo pensarlo
como ?ensado, s1 no, precisamente, pensándolo, esto es, resolviéndolo en la
actualidad del pensar? Pero en este caso, sólo esta actualidad es verdadera
y no el pensamiento pensado como objeto.
'
E~t~s notas no hacen más que aclarar una grave falta de la concepción
gentihana (y, en general, idealista): la falta de un fundamento de la objetividad.
El pensa~ien~o, para e~ ~ctualismo, se puede parangonar con una máquina
de proyecc1on cmematográf1ca, que proyecte sus imágenes en el vacío, sin que
haya una pantalla que las recoja y las fije, presentándoselas al espectador. Con
este _agravante, ~demás: que en el actualismo la disolución del objeto lleva
consigo, d~ refleJ_o, tai_nbién la disolución del sujeto; dado que, si es cierto
que el ob!eto ~ste solo en cuanto hecho por el sujeto, es cierto también,
que el s~ Jeto ~xiste sólo en cuanto hace el objeto; y si el objeto no viene
hecho, m el su1eto hace, por lo tanto se disuelve junto al objeto.
Nos preguntábamos hace poco: ¿puede significar la "fe en la razón", sólo
la fe en la verdad del acto con el cual el pensamiento pone al objeto?
Ahora podemos responder: si significa sólo esto, no significa ru S1quiera
esto. Cuando el pensamiento cree en sí sólo como acto o sea cree solamente
en su subjetividad, pierde el propio objeto; pero si, 'como 'pensar significa
pens_ar en un objet~, aquél cesa de pensar, y por lo tanto, también de creer
en s1 como pensamiento.
"Fe en la raz6n", debe, entonces, significar algo más.
El pensamiento tiene, sin duda, fe en sí como acto. Pero este acto es acto
de pensar un objeto. "Fe en el pensamiento", significará entonces fe en la
verdad del objeto.
'
También para el actualismo, hay una verdad del objeto: el objeto es verdader~, ?ero n~ e~ sí: es verdadero sólo en cuanto se resuelve en el sujeto, que
es el uruco autentico verdadero. El objeto tiene, en suma, para el actualismo,
una verdad derivada, refleja, de la verdad del sujeto.
Ahora, para que no suceda la señalada disolución del objeto (y, consecuente~ente, aquella del sujeto), es necesario que el objeto sea, para el pensarru~nto, verdadero en sí: esto es, es necesario, que el pensamiento piense el
0 bJeto como dado, y no como hecho por él y para él.

en página 246.

124

125

�Naturalmente, una propos1c10n como esta que acabamos de enunciar, da
lugar a una infinidad de objeciones.
Puede oponérsenos, en efecto, que esto --que el objeto sea verdadero "en
sí"-, es una ilusión tenaz del sentido común, típica de la visión vulgar de la
realidad todavía filosófica; que el filósofo, justamente en cuanto filósofo, debe
vencerla y superarla.
Puede oponérsenos, que sostener una posición similar, significa moverse
todavía en un ámbito pre-crítico, y que la filosofía moderna, justamente
planteando el problema crítico, la ha eliminado para siempre.
Puede oponérsenos que una tal verdad "en sí" del objeto, si es tal para
el sujeto, es asimismo, siempre puesta por un acto del sujeto, y por lo tanto
se resuelve también en la verdad del sujeto.
Objeciones éstas, que, también siendo típicas del idealismo, sobreentienden una concepción general del pensamiento (o, si se quiere, del Espíritu) ,
común a gran parte de la filosofía moderna. No estará mal detenernos un
momento sobre esta concepción.

límite sobre el cual el pensamiento puede inscribir los
y puede, por lo tanto, conocerlos.
objetos determinados,
Esta limitación es entonces, aquella ue ha
.
pensar, en el mismo momento y con 1 ~
, ce al pensamiento capaz de
y por Jo tanto finito Pero
e IDJsmo titulo con que lo hace limitado
·
, por otra parte j t
t
'
pensamiento puede problematizarse
d
,b ~s amen e porque es finito, el
•
, Y escu nr su propia c
"d d
Juntamente, sus propios límites.
apac1 a y, con-

El idealismo posterior resuelve totalm
.
trascendental"- en la activ"dad d 1 •ente el ob1eto -también el "objeto
jeto. Este permanece siempr: e , e . SUJetod. Nada, por tanto, es dado al sun s1 mismo espués de
en su actuar; y por tanto no p d - ~
que se agota totalmente
modo, no puede problem:tizarse~ed \l
s sobrepasarse a sí mismo. De tal
absoluto, el único absoluto
, ·b. e el aceptarse como un hecho evidente y
,
.
.
' mas ien, o Absoluto.
A
st, el idealismo supera al "ti .
que estaba absolutamente segu:
y se enl~a. con ~l cogito cartesiano,
Es de gran interés para nosotros :~=rque esta i~edi~to a sí mismo.
consecuencia solución del p bl '
. que el cogito qmere ser expresión
'd .
'
'
ro ema crEt1co aqu 1 ·
'
I ealismo considera como tí .
d 1 fil
:
e ID1Smo problema que el
" . C,
.
pico e a osofia moderna
t orno piensa el pensamiento al ser?". h
,
.
ple del problema crítico aquella q
e aqw la formulación más siromiento filosófico de nue~tra ép
ue o ra en profundidad en el desenvolvioca.
y •bien: nosotros no vac1·1 amos en declarar esta formul . ,
"t'
ffil ,cismo y de do!mlatism 12
ac1on viciada de
o
o.
Sería demasiado largo tratar del f d
,.
problema crítico; aquí bastará s - ~n ~ nutlco sobre el cual se delinea el
presupone -del todo
·u·
ena ar o que una formulación hecha así
acn camente-- un ser
, .
pensamiento. un er
d
.
.
que se está merte más allá del
d 1 d
'
mu o, macizo, impenetrable .
. d
e o e la materia sensible ( 1 1
' imagrna o sobre el mo.
e so o ser, por otra part
D
su siglo les interesase conocer) .
así h
e, que a escartes y a
·¡¡
'
un
ser
echo
e
v1 a que el pensamiento haya te . d
, n suma, que Do nos marae
l
rmma o por negar po ., d
,
n su ugar, como único inclis tt"d
. .
.
'
ruen ose a s1 mismo
'
cu O e indiscutible ser.

:~º•

b.

Cuando, con Fichte, el idealismo se separó del criticismo kantiano, como
uD insecto perfecto de su crisálida, ha debido renunciar a algunos presupuestos kantianos; por ejemplo, ha tenido que dejar caer la posibilidad de que el
"objeto trascendental" fuese, para la mente humana, un dato, y no un producto de la actividad sintética; y ha debido hacer surgir la posibilidad de la
razón de elevarse más allá de sí misma, para reconocer sus propios límites.
Dos puntos, éstos, del kantismo, que en último análisis, forman uno solo.
El "objeto trascendental", del cual Kant se ocupa preferentemente en la la.
edición de la Crítica,11 no parece que se deba interpretar como algo "pensado", un "objeto", un producto, en general del pensamiento; sino corno algo
dado a él, y que, justamente porque es dado, le constituye el limite: aquel
"El concepto puro de este objeto trascendental. . . es lo que puede conferir una
relación con un objeto, eso es, una realidad objetiva, a todos nuestros conceptos em·
píricos en general. Ahora bien, este concepto, no puede contener ninguna intuición de•
terminada, y no considerará otra sino aquella unidad, que debe encontrane en un
múltiple de la conoccncia, en cuanto tal múltiple está en relación con un sujeto". Así
E. l(ANT, en la Deducción Trascendental de la la. edición de la Crítica de la Razón
Pura, 82, 36 y ss. El hecho de que en la 2a. edición, Kant haya insistido menos sobre el
objeto trascendental, no significa que haya intentado dejarlo caer: eso se revela, entre
otras cosas, por el hecho de que el objeto trascendental asume nuevamente gran relieve
en el Opus Postumum, cuya importancia, para los fines de la conocencia del auténtico
u

...
. "'La millctdad
del cogito deriva del bech
gico y práctico de la actuaci6n del R
o que . s~ ha puesto como fundamento lóque está
en el origen de tod
l
degnttm
H ommis,
es decir de aquel ideal mít"1co,
.
o e mun o modern
S b.r
eues_tionc:s al propósito, se pueden ver además do. d o eb todas las vastas y complejas
escrito (L
'
. ª acc,'ó n creadora, ensayo publicad
. e os o ras del red actor d el presente
Mor~lhana, Brescia, 1959; Utopistno y m:;;:t:t otros dos o de otros autores, por:
también los siguientes trabajos· M G
oderno, Palumbo, Palermo 1960)
(lp9articularmente la parte la Pról~go ENCTILEí:u1El problema de la filoso/la 'modern~
.,
y ap t o lo.) L E el
. . Brescia
M50 y M . T . ANTONELU: Eidos
o Pra~is
(
. l . a seu a, ectitor1al
orcelliana, Brescia, 1955.
parucu armen te el lo. Y el 2o. capítulos)'.

pensamiento kantiano, se revela, hoy, siempre mayor.

127
126

�,.
era en ustanc1·a pue. ta en
bkma cnt1co,
e
La fonnulación suscitada :. ~ro embestía aÍ ser, por otra parte, _con~e~
mientras el cnt1c1smo
, por el contrano,
1
modo ta ' que
.
. el pensamiento pennanecia
.
modo arb1trano,
b1do ~n
,.
, .co sólo a medias. La
todo tmnune.
1 rob\ ma enoco era cnll
. "·cómo
. tamcnte por esto, e p
1 fondo no puede ser. t.
Pero, JU
·· ·
basta e
'
·
· to
íonnulaci6n que conduce al ~~ll=:lamente é ta: "¿cómo el pensanuen
1 pensamiento piensa al ser. '
.
e
"
. .
iestra que m1entraS
piensa?
de las do propo ic1onc ffil
'
unda cae
Donde el simple examenl . dagación cae sobre el ser, en la g
. ra el acento de a in
en la pnme
.
en roblcma
sobre el pensamiento.
. .
nsamiento. esto es, poner
p. . i ntarse cómo piense el pe
.
d' ta certeza del cog,to, s g
Pero pr gu
. . . de. ar aparte la mme ia
.
'ble absoluto;
el pensamiento,_ s1gruf icaás ~l pensamiento como. algo i~tanJ;á del cual no
nifica no considerar m
, como lo infinito m1 mo, mas
. ·,
no con iderarlo mas
el pensamiento como fimo.
s1g01 l
. .f
en suma, poner
.
se puede andar: s1gru tea,
al ~~.,...,iento dos carrunos.
so
·u· abre pe,..,....~ b' ta al pensam1en~o,
· • v, en este ca
A 1, el problema en co
od d que no em 15
f
la en
O se le fonnu\a de m o e 1 . dad lo absoluto. o se le ormu
'
. to se vuelve la so a "er
'
t nce · éste se revela a Sl
el pensauuen ista también al pensamiento, y en o
del idealismo; el
modo que erob
.
1 camino de Descartes y
,
finito. El prunero es e
1 camino de Kant.
nusmo
· rto punto, e
•
segundo fue, al menos h3:5tha cteooaido en general, el primer cammo.
, .. odema' a es o·
La filoso f ta m
,, c e el segundo camino.
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La {10s01

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días - alr dedor de la segunda _gue.
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lolsoha roconetradi;ciones graves, una de las ~ualel :unesbito
probl ma crítico,
a gunas
, .
ecucnc1a e •
T
.
. ar basta su ultima con.
.
n{ ndía erróneamente po
podido em~uJ_
criticismo parcial, que co u
y haberse hm1tado a un

del

total.

senta aspectos de profunda continuidad con el precedente, pero igualmente,
de profunda oposición: aquél que gustamos llamar de la filosofía "contemporánea". La oposición resulta evidente: así, mientras la inmanencia era la
vocación constante y el destino, más o menos claro de la filosofía moderna,
la filosofía contemporánea vuelve a orientarse hacía la trascendencia; así,
mientras el mundo moderno se caract rizó por una constante, total, obstinada
incomprensión respecto de la escolástica, la filosofía contemporánea nos des.
cubre un fil6n precioso d motivos para reelaborar y fecundar. Que, por ejemplo, la posibilidad del pensamiento de problematizarse, había sido claramente
afirmada, antes de Kant, por anto Tomás; quien sobre esta posibilidad, había
fundado la prueba de la espiritualidad y de la inmortalidad del alma.
En cuanto a la continuidad, se puede testimoniar por el interés en el problema crítico; que, no obstante, la filosofía contemporánea formula, como se
ha dicho, de modo diferente, ya que -como dice f. F. Sciacca, el más enérgico representante del Espiritualismo cristiano, que en Italia constituye el
núcleo más vivo de esta filosofía contemporánea-, la crítica "estamos dispuestos a adoptarla, pero para empujarla hasta el fondo y no para detenernos en el dogmaticismo acrítico de una crítica a medias o que se coloca
dogmáticamente como fin en í misma y para objeto propio y exclusivo de
filosofar" .14
La exacta formulaci6n del problema crítico, está acompañada del repudio
de la fantástica imagen del ser que está más allá del pensamiento y que
el pensamiento estaría destinado a perseguir siempre, in lograr jamás aferrar, como un perro persigue su propia cola. El ser se convierte en un elemento necesario que viene a constituir el mismo pensamiento;16 así que el
pensamiento no tiene más necc idad que pr guntarse cómo pueda pensar el
verdadero nudo de la cuesti6n. Por ejemplo, en el pr6logo de La DiaUctica, interesante
antología de escrito he clianos ( La Escuela, editorial Brcscia, J960), él presupone
que la duda, de la cual ha tomado impulso la filosofía moderna, es absoluta, y encuentra precisamente en esta extemión total de la duda, el error de la filo~ofía de Descartes
en ad Jan ( vfasc en p. XVU y en adelante ) .

" M. F.

SctAOCA,

1958; pág. 19.

La int,rioridad obj,tíva, la. edici6n italiana, Manorati, Milin,

1

diferencia notableCilosofia moderna, se
.
n•
. 6 a ul propuesta por la
1 {ilosofía, a la. misma co
" La interprct.ae1 n q . embargo llegan, respecto a ª¡
- ladas mue.has veces
d
tros, que stn
•
.
1 tcor as sena
mente de la e o
rdcrimo particularmente a as . í nnaci6n y la agudeza 111·
cluti6n de ·ondena.d' ':, de quien rcconocemoa la vasta in \ la filosofía moderna el
e no capta, rcsprcto
po r C. FAllllO, cstu io
.
ue nos parece qu
tcrprc:tanva, pero q

128

Y consideramos que, cerrado dicho ciclo, se está abriendo otro, que pre-

• El idealismo absoluto erige la conciencia a principio metafísico creativo de si y
de aquello que es: cl ser es el pensamiento del r, .. : el pen5amÍento es "perceptivo"
del ser, la per pci6n es del sujeto pensante; entonces el pensamiento es 'constitutivo'
del ser y de la verdad. Paralogismo evidente, en cuanto propio porque cl pensamiento
es perceptivo del ser, el ser es su objeto, el objeto constitutivo de él, sin el cual el
pensamiento no es.. ," (M. F. ScIAcCA, En espíritu y v1rdad, ya citado págs, 147-148).

129
H9

�ser: en efecto, con base en el principio de inte11cionalidad/6 el pensamiento
puede pensar ( esto es, puede ser pensamiento), s6lo y en cuanto piensa el ser.
Lo piensa -como se aclarará mejor dentro de poco-, no como objeto
determinado y particular, sino -para usar la tenninología kantiana-, como
objeto trascendental; lo piensa no como concepto, sino -como diría Sciacca-, como Idea; lo piensa, en suma, como fundamento de la objetividad.
Volviendo a hacer una comparaci6n que hemos señalado anteriormente, el
pensamiento piensa en el ser como la pantalla, en la cual la proyecci6n cinematográfica debe encontrar un obstáculo, para que las imágenes no se dispersen en la nada. El ser constituye, por lo tanto, el horizonte objetivo, dentro
del cual el pensamiento inscribe las cosas conocidas, para que éstas puedan
convertirse en objeto para él.
Pero téngase bien presente este hecho: que así como la luz que atraviesa
la película cinematográfica, no podría nunca hacerse por sí sola, pantalla
a sí misma, y tiene necesidad de que la pantalla se le coloque delante, desde
el exterior; así, el pensamiento, justamente para ser pensamiento, necesita que

sea dado el ser.
Sucede, a menudo, en el idealismo, este extraño fen6meno: que la explicación que da a ciertas actividades espirituales, coincide con su supresión;
así que aquellas actividades son irrealizables para quienes aceptan la explicaci6n idealista. Tómese como ejemplo, la doctrina del arte en Hegel: ésta
puede servir para explicar el arte de los otros; pero quien es hegeliano, por
ello mismo se pone en el punto de vista de la filosofía, que es un momento
superior a. aquel del arte; por lo tanto, es imposible ser, al mismo tiempo,
artista y hegeliano. Otro tanto puede decirse de la doctrina de la religión.
Del mismo modo, el Idealismo da, de la facultad que tiene el pensamiento
humano de pensar el objeto como realidad en sí, una explicación que la
anula. Considerar, como el idealismo considera, que el ser no es dado al
pensamiento, sino puesto por el mismo, y que la. convicción de la conciencia
común que el pensamiento piense lo que e-S, es una ilusión, significa justamente, destruir esta ilusión, y con ella el valor objetivo del pensamiento: pero,

en este caso, como se ha visto ya, las consecuenc·
,
al pensamiento la verdad del b.
ias son catastroficas. Quitar
jeto, es acto que se resuelve en oJe;, tara r~~rle s6lo la verdad del suanular el mismo pensamiento
u ar ~ ten esta verdad y en fin, en el
.
como pens3.Dllento.
S1, entonces, el pensamiento es esencialm
, .
.
naturaleza del pensamiento es t 1
ente ontotehco; si, es decir, la
piensa; también es necesario d ª. que, pensando, pone el ser de aquello que
ecrr que este ser q
¡
•
es, conJ·untamentc tamb·,
' ue e pensamiento pone le
,
1en puesto y qu ·
'
1 f
nunca ser er para el pensam· t '
e s1 no e uese puesto, no podría

.

1en o.

Sm duda, la situación de este ser ue el
.
como co a no totalment
q
pensamiento posee, pero posee
e suya, que el pensamicnt
es puesto, no es muy fácilmente ene bl . . o pone, Y_ que también le
como se ha dicho al
.
p
tra e, m nosotros mtentamos aquí
coIDJenzo, desentrañarla t alm
'
un tratamiento más amplio s·
b
ot
ente, porque requeriría
1 1
.
•
in em argo podem
mmado el significado de la otr
., '
os acarar a mejor, exaa expresion que n
h
la que hemos designado "act1"tud
bl ' . " os emos propuesto estudiar,
pro emat:lca .

•

le

El principio, bien conocido para los escolásticos (que llamaron "intentionalitas" la
11
facultad t1pica del pensamiento, para el cual esto, pensando, toma el su de aquello
que piensa), fue, como es sabido, dignificado, en nuestros días, por Hoss1uu•. Pero
n6tesc, que frecuentemente se interpreta este principio como si por ello el pensamiento
"tendiese" solamente al ser, como a algo externo e inalcani.able. De esta manera, nos
movemos siempre en el ámbito subjetivi.Bta, inmanentista, t1pico de la filosofía "moderna". Es preciso entender la intencionalidad como algo para lo cual el pensamiento
no tiende solamente al ser, sino que en él reside¡ si bien se plantee problemáticamente,
y deba, por lo tanto, fatigarse icmpre por compnnder este ser, que por su naturaleza
penetra y alcanza.

130

Una consideración suficientement
fund
labra "problema" nos hace d
: ?ro
a del valor semántico de la paLa esfera de aq' uello
escu_ nr en ella algo de paradójico.
que constituye mi patrim •
..
corresponder perfectamente y s·
oruo cognosc1t1vo debería
m res1 uos con la esfer
d
11
.
Lo que conozco, ¿ cómo puedo con c 1 .
,a e ague o que pienso.
¿cómo puedo pensarlo, si no conoci~;o~~;1 no pensandolo? y lo que pienso,

·a

Pero el problema rompe esta correspondencia entre co

sea
.
d e ordennocer
Ya
l que yo me proponga un problema bana li sima
' ~y pensar.
(
e caso en que me pregunte dónde h
pracuco como en
de casa)' o que me atormente un e biuesto hace un momento las llaves
espirituales (como cuando m
pro e~a que ocupa todas mis energías
•
e pregunto cuál será el se tid d
yo pienso en algo que no conozco.
n o e

·

IDl

•
.
existencia),

También en el problema, es verdad ha
. .
.
y el pensar; si no conociese nada d '1 lly una _comc1denc1a entre el conocer
e a ave m de · ·
·
peo~ en el lugar de una ni en el sentido de la
rm existencia, no podría
se piensan juntos, los datos del rabi
otra. Se conoceni entonces, y
Pero la coinciden,_;., es 'l
P . lema, aquello de lo cual surge el problema
......
so o paroa · porq
1
.
·
los datos conocidos y se
d h. .
ue e pensanuento va más allá de
.
'
..,. ....en e ac1a aquello q . tO d ,
hacia la solución ha ·
U
ue
avia no es conocido·
'
ca aque o por lo cual sur e el
.
solución, que todav1'a
.
g
problema. y piensa en la
no
conoce
y
pie
•
no la conoce.
'
nsa precisamente por qué y en cuanto
h .....:

131

�Se puede, entonces, pensar un objeto sin conocerlo: esta es la para~oja que
nos revela la problematicidad. Pero, por el contrario, esta paradoja lanza
una luz profunda sobre nuestra esencia espiritu~l.
_
Si el pensamiento es pensamiento porque piensa, ell~ no ~ pue~e con
cebir sin objeto; porque pensar significa pensar un objeto. Sm ~bJeto, no
estaría ni siquiera el sujeto, y por lo tanto, ni siquiera el pensamiento, que
es un acto del su jeto.
.
Pero si el pensar sin el conocer es posible, toca admitir un ~je~o propio
del mero pensar, diferente y distinto de aquel del conocer; es~ ultuno, co~tingente, limitado, determinado, mutable; el p~ero, n~~es_ario, ~rque sm
ello el pensamiento no serla pensamiento; indetermmado, ilurutado, inmutable.
Este oh jeto es el Ser.
.
E) objeto del conocer -el objeto contingente es determinado-, constituye,
en mérito al problema -como ya se ha visto-, el dato, ?el cual surge el
problema. Este dato se identifica, en su más vasta acepción, con lo real,
con todo lo real: porque todo puede y debe ser problematizado; Y. ~~ede Y
debe ser problematizado porque lo real en cuanto tal, es pura apar1C1on, fenómeno: eso está allí, frente a nosotros, mero hecho sin significado, mera
multiplicidad sin unidad, mera apariencia sin concretización. L_o real, por
sí mismo no tiene en sí ninguna verdad; de ello nos podemos siempre preguntar no será un sueño: la duda de Calderón y de Shakespeare resurge,

si

frente a ello, in aeterno.
Ni hasta que se permanece dentro de los límites de lo real, se puede, por
Jo ta~to salir de la duda. Lo real no presenta otra certeza, fuera del hecho
bruto d;l serme presente: pero tal certeza, también la presenta ~l sueño._ Y
el sueño no logra jamás sobrepasarse a sí mismo por~ue en e: sueno no existe
problema del sueño. Plantearse el problema del sueno es sena} de estar despierto; así como plantearse el problema de lo real, es señal de haberlo ya
sobrepasado.
.
Sobrepasar lo real, problematizarlo, significa preguntarse_ cuál . es . ~) significado del aparecerme delante; cuál es la unidad que explica y Justifica su
dispersa multiplicidad; cuál es el fundament? de su contingencia Y de su fenomenicidad. Significa, esto es, preguntar cual es el ser de lo real. El Ser es
aquello por lo cual se plantea el problema de lo real.
Aquel Ser, que ya hemos visto que constituye el .º~jeto n:cesario del ~ensamiento no es similar en nada a una forma a priori (precisamente aqw la
filosofía 'contemporánea se aleja de Kant: una separación que vierte no
s6lo sobre su problemática, sino sobre las soluciones propuestas por él y después aceptadas por el idealismo) ; no es similar en nada, ~ una lente coloreada, que coloree por sí misma, espontáneamente, automattcamente, todo lo
132

real que se despliegue ante ella. AJ contrario, el Ser está presente en el pensamiento, pero como su exigencia dinámica: le está presente como estímulo,
para que el pensamiento conquiste para él lo real. Antes de ser respuesta del
pensamiento, el ser es pregunta; antes de ser solución, es problema.
El problema de Kant era el de la ciencia: de aquella ciencia que él consideraba capaz de leyes universales y eternas. Por lo tanto, aun reconociendo
la diferencia entre conocer y pensar 11 él andaba a la búsqueda de las estructuras lógicas que justificasen y fundasen la conciencia científica del mundo. Sus formas a priori, por tanto, no son formas del pensar, sino del conocer; problematizan lo real, ni lo podrían; si bien, lo constituyen como objeto
conocible.
Es claro, que si el Ser fuese, como las formas a priori, puesto por el pensamiento, lo real aparecería en el pensamiento como dotado de todas las
características del ser, y no se daría jamás el problema de lo real.
El Ser es, por tanto, puesto al pensamiento, antes que sea el pensamiento
el que lo pone, a su vez, a lo real; al hacer esto, el pensamiento no se sobrepasa
a si mismo con un acto mítico o fantástico, sino sobrepasa solamente el ámbito de lo conocido, con un acto problemático, que es lo contrario de toda
miticidad.
Ni este acto se hace de una vez por todas y para siempre. Lo real no es
jamás conquistado definitivamente al ser: es mi deber de ser pensante conquistarlo y reconquistarlo día a día, hora por hora.
Por otra parte, como lo real no conquista nunca todo al Ser, el Ser nunca
se baja del todo a lo real. Si así fuese, el ámbito del Ser coincidiría con aquel
de lo real, y el pensamiento no problematizaría más; y, fijándose en un único
objeto inmóvil y eterno, como en el rostro de la Medusa, petrificado, moriría.

•
Que el Ser no pueda jamás adecuar lo real, revela su singular naturaleza y
función dentro del pensamiento humano. Por un lado, es objeto necesario;
Sobre la distinci6n entre "conocer" y "pensar", KANT funda, entre otra! cosas,
la diferencia entre intelecto y raz6n: el intelecto conoce, la razón piensa: "Los conceptos de la raz6n sirven para comprender, así como "los conceptos dd intelecto
sirven para entender''. {Cr. Raz6n Pura, parte lla., Dialéctica trascendente, libr~ lo., sección la., 244, 27-28). Para Kant, el mero pensar y a las antinomias. Todavía hay, en el mismo Kant, la posibilidad de una interpretación diferente, según la cual es precisamente el pensar el que hace posible el conocer. Sobre la
distinción entre conocer y pemar, se ocupa también la Deducción Trascendental: véase
en la _2a. edición de la Critica, el párrafo 22, que inicia con estas palabras: "Pen~
un ob1eto, entonces, no equivale a pensar un objeto ... "
11

133

�pero par otro, no es nunca, propiamente, objeto de pensamiento. Esto es, en
efecto, el fundamento de la objetividad: y como fundamento, no puede ser
él mismo objeto conocido.
Los mismos idealistas señalaron esta circunstancia, pero ellos eran, por su
orientación mental, los menos aptos para comprender el significado.
Hegel, en la Ciencia de la Légica, ve en el ser la primera posición -la más
simple e indeterminada-, del pensamiento. Pero, precisamente porque el
ser es lo absolutamente indeterminado, concide con la nada. Ser y nada resultan así idénticos para el pensamiento, siendo opuestos; el pensamiento está,
por lo tanto, obligado por esta contradicción, a sobrepasar estas dos determinaciones suyas en una tercera, en la cual la oposición se encuentre, unida,
concreta y superada. Esta tercera determinación es, como se nota, el devenir,
fuera del cual la oposición entre ser y nada es simple "Meinung", opinión.18
Raramente, pensamos, la verdad ha sido desflorada así de cerca, y ha sido
tan profundamente trastornada y deformada, como en este célebre inicio de
la lógica hegeliana.
Es del todo cierto que, si se busca pensar en el ser en sí y por sí, como
determinación del pensamiento, no lo pensamos para nada: eso depende, precisamente, del' hecho de que no es una determinación nuestra. El Ser es dado
al pensamiento para que el pensamiento, por medios propios, pueda pensar
en lo real, y lo pueda pensar como ser. Pretender pensar el ser en sí, es poner
de cabeza la función; y el hecho de que una tentativa similar tenga el imprevisto éxito de hacemos aparecer al ser como a su contrario, la nada, no tiene,
en el fondo, otro sentido que el de reconfirmar lo absurdo de tal pretensión.
Pero cuando después, Hegel pone un devenir que sería algo más que el
ser (dado que comprenderla en sí, además que al ser, también a la nada) ,
se mueve en un ámbito lógico de tal suerte absurdo, que el hecho se puede
explicar sólo con el olvido total y plurisecular de una auténtica tradición
filosófica. Decir que la nada puede ser agregada ( de cualquier modo que se
entienda esta agregación) al ser, para formar un tercer y más amplio concepto, sería como decir que se pue.de obtener un nuevo valor, agregando a un
número real el valor cero. El devenir no puede ser síntesis o superación del
ser, dado que fuera del ser no hay más que la nada: y tanto menos puede
servir a la síntesis o al superamiento, esta nada, que, precisamente no es. Si
existe un devenir, no está fuera o sobre el ser, sino en el ser: como ya hace
u G. F. W. HEoEL, Citncia de /a Ldgica, parte ta., libro lo., secci6n la., cap.
lo. "En el ser no hay nada que intuir ... Así. no hay tampoco nada que pensar...
Lo verdadero no es ni el ser ni 1.a nada, sino que c1 ser, no p~a, pero ha pasado en la
nada y la nada en el ser". (En la traducción italiana de Moni, Laterza editora, Bari

m~s de dos mil años había advertido Aristóteles, con una de aquellas conqmStas ~-on las cuales había superado (y se había tratado verdaderamente de
superac10n), todas las posiciones precedentes.
. Pero este escrito nuestro no tiene el propósito de refutar la lógica hegeliana.. Nosotros deseamos solamente mostrar las implicaciones
¡
_
cuencia d 1 .
'b"l'd d
Y as conse
.
s .e. ª 1mpo51 1 1 a de pensar en el ser como objeto conocido determinado, fm1to.
'
Al_ pensai: un objeto conocido, el pensamiento lo supera, lo señorea, lo
domma, e~tá. sobre él. El ~bj~to conocido se inscribe, para el pensamiento,
en ~o honzonte que lo delnruta. Pero el horizonte mismo no está limitad
~~ec1samente_ porque delimita al conocer; y cuando el pensamiento quie~
f1Jar este horizonte, aquél se le escapa, se le desvanece. Este horizonte que no
es 0 _tra cosa que el Ser, si bien es objeto del pensamiento, es objet~ en un
sentido totalmente_ especial; e~ objeto que el pensamiento no domina, sino
por el que es dommado; es obJeto que el pensamiento no sobrepasa sino por
el que es sobrepasado; es objeto infinito.
'
Es~e hecho es de una importancia extrema: el Ser, que entra a constituir
esencialmente nuestro pensamiento, es infinito.
¿Debe deducirse que el pensamiento mismo es infinito?

Al co~O:ª?º· Si el pensamiento fuese infinito como el Ser, entre pensamiento
Y ser exi5t m~ una perfecta correspondencia, perfecta adecuación: el Ser sería

;o Y~ el objeto _pen.sado, ~ue hace posible al objeto conocido, sino que sería
~ ID1smo un objeto conocido; más bien, el único objeto conocido: aquel obJeto en el cual el pensamiento encontraría el rostro de la Med sa y
que lo real llevase
inmerso en sí al Ser·' ya sea que el Ser ab sorb~
.
1ese, enas1_sela
o
1 1
rea
Y
o
sustituyese
cual
objeto
conocido
el
resultado
se
'
·
lm
· bl 1
•
na 1gua ente inevita e: a muerte del pensamiento por petrificación.10
. ~~ presenci_a del infinito en el pensamiento humano, a Jo largo del rendir
:fimto. el m1,smo pensamiento, le revela pues su finitud. Precisamente al
escubnr en s1 la huella de la infinidad, el pensamiento se descubre finito
·
d Una
, finitud que se .conoce como tal, no puede ser una finitud san·srecha
1
e s~, como a de la piedra y del insecto. y esa, en efecto, no es la del
sanuento
humano·
· d mqweta,
·
.
.
, .
.
' que. e;s una fi rutu
siempre
lanzada más allápen
de
s1 Illlsma, siempre abierta al infinito que ella lleva en sí, como San Pablo
. •~ :Una brillante ilustración de lo absurdo de concebir el
·
mfm1to Y por Jo tanto seme'an
pensaDllento humano como
~
J te para adecuar al ser, se encuentra en. M F So
n.ctor y Ser (Marzorati Milán 1958)
.
.
. . !AOCA,
situaci6n tlpica del hombre
'
.. ' parttcularmente en pág. 74 Y siguientes. La.
sido ilustrada muchas vecn: que Ses. fm1to, pero. que tiene en si presente lo infinito, ha
= por c1acca que tiene un t b ·
,
racterístico a este propósito: El hombre,' ute desequilib,:;0
t~j~~~;S;;~

ªt~:~:;:,

1924, págs. 73-74).

135

134

�f .t d del hombre es cual la ha definido
llevaba el aguijón en la carne. La im u
t tfuñco" y de "afán de ple.
• de ''desamparo on o -o·
A stín Basave: coexistencia
~ subststenci
·
'al"~
· d o a no
nitud
•
pensamiento está obliga
.
· t d por 1a cua1 e1
d
Esta perenne mquie u '
ca plenamente a proce er
,
,
•SIUO a no poseerse nun
'
d
descansar jamas en s1 mi . '
ue todo lo conocido es finito, y na a
más allá de todo lo cono~1do _--dado q le es connatural, porque le es connafinito lo satisface-; esta inqUJetud, que . 'd d
. . 'd d d 1 S es la problemauc1 a •
b'
tural la mflru a
e er,
. .
envuelve nunca solamente al o 1eto
Pero nótese: la problematl~~dad ¡no . t cognoscente. Bemard Delfgaaw
.
•
tamb1en a suJe O
conocido, smo siempre
d
b
, que ''el hombre no p 1antea
rd d
f oda cuan o o servo
.
enunció una ve a pro u
'
ede plantear preguntas, sino
solamente pre~ntas, él es una preguntaal;aby no p~ hombre no "tiene" la prota" u En otras p
ras, e
. .
1
porque es una pregun ·
..:
un vestido O un of1c10; e
t
'b
to
externo
como
uene
,
.
d
blematicida d como a n u
'
él se plantea a propos1to e
hombre "es" probleroaticidad. El problema que t .o que asume el perpetuo
lo real que lo rodea, no es más que _el aspecto ex en r
aba la posibilidad del sujeto
Problema que se plantea sobre su .JlllS~O ser.'
d ya el 1deahsmo 1gnor
. 'd d
b
Como se ha o serva o . '
. oraba la problematlci a en
.
, rntsmo. y por eso, 1gn
.
de problematizarse a s1
.
1 Id 1·smo el suJ· eto pensante es m.
b d d que para e
ea i
'
general. La ignora a a o
, ali' de sí mismo: pensamiento y ser se
finito, y no puede nunca estar m_as :roo no tomó tal vez, su principio de
identifican tan perfectament:· El idea I jeto pensa'.nte ( el cogito) se idenDescartes, para el cual preasame(nilte e )s~
tífica inmediatamente con el ser
sum . .
mientras elimina la
·,
tre pensaxmento Y ser,
Pero la completa adecuac1on e~
.
1 a ni siquiera justificarse
. . d d l , b'1to del idealismo, no ogr '
.
'.
d 1
roblemattada
e
aro
'li
son afm:nac1ones e a
P
.
1 A to puro gentl ano,
a sí misma. El cogito sum, e c
to suJ· eto Pero afirmar que una
samiento en cuan
.
'
. . h berla
I
d
d
absoluta verda
e pen
· ero en duda sigruftca a
. 'f haberla puesto pnm
'
af'
cosa es verdadera, stgm ica .
falsa Así que también para rrhi ' ·camente como
·
'
,
pensado, al menos potetl
'ensamiento debe poder sobrepasarse a Sl
marse como absoluta verdad, el p .
es necesaria una descompensa.
b',
ara afirmar el cogito sum,
IDlSIDO; tam ien P
· to y el ser.
. , un desequilibrio, entre el pensanuen
c1on,
,

.. A

BAsAvE FERNANt&gt;EZ DEL

ALU.

V

Filosofía del hombre, Fondo de Cult~Ja. Eco•

.. .

t'

la contingencia y la nusena de

.
.
1957 "V1V1r es sen u
.
.
, mica México-Buenos A1res,
·
ti la plenitud de la subs1stenaa.. · ·
no
'
, 'tu en su condici6n carnal y pre-sen r
tol6gico presentimiento
nuestro csp1n
. .
. 'cnto de nuestro desamparo on
.'
"
Esta pareja incscind1ble: _sen~
.
o ánicamcnte en toda vida humana . .. ,
de nuestra plenitud subs1stenc1al, coe:iwte rg
pág. 102).
, l n· Peri6dico de Metaf!sica, (S.E.l., Torino), mayo•
n 'B. DELFOAAW, en un art1cu o e •
junio 1950, pág. 400.

•
Debería estar ya claro en qué sentido, para la filosofía "contemporánea",
las dos expresiones "fe en la razón" y "actitud problemática", coinciden y se
identifican.
Coinciden, ante todo, en su estructura genética. Aquel Ser cuya presencia
en el pensamiento, lo pone en condiciones de poder pensar en el objeto como
verdadero "en sí", y por lo tanto de tener fe en sí mismo, es el mismo Ser,
cuya presencia en el pensamiento determina la problematicidad.
En efecto: la verdad del pensamiento es la verdad del objeto; y la verdad
del objeto, consiste en el hecho de que el pensamiento, pensándolo, lo pone
como algo que tiene "en sí" el ser. Esta verdad del objeto, es entonces posible
sólo por la presencia, en el pensamiento, del Ser como dato. Pero es esta
misma presencia, la que permite al pensamiento, más bien lo obliga, a sobrepasar la esfera de lo infinito y de lo limitado, y Je permite, más bien, lo
obliga, a problematizarlo. 22
Coinciden, también, en su !ignificado funcional. Poner en cuestión la realidad, problematizarla, significa buscar el ser que pueda cualificarla; pero cualificar como ser una realidad, significa conocerla como objeto y juntamente
proponerla de nuevo en cuestión, es decir, problematizarla de nuevo.
En efecto: algo real que sea conocido como dato problemático, o sea, como algo insensato y absurdo -y lo real se nos presenta siempre, por sí mismo, como carente de significado--, no es propiamente pensable, hasta que el
pensamiento no haya establecido una conexión unitaria entre los varios elementos que lo componen; hasta que no haya descubierto un fundamento y
dado una consistencia a la debilidad fenoménica de su parecer; hasta que,
en general, no lo haya pensado como ser, o no lo haya reportado al Ser
como un aspecto o momento suyo. Sólo de este modo, rescatado a la luz
del Ser, lo real deviene objeto para el pensamiento: pero precisamente en
este momento, el objeto se vuelve problema para el pensamiento.
Podremos decir que, mientras para el idealismo, el pensamiento no piensa
sino en aquello que conoce, para nosotros el pensamiento no piensa verdaderamente, sino aquello que no conoce completamente: o sea, que pensar
verdaderamente algo como objeto, es también, pensarlo como ser, pero pensarlo además como problema.
Pemútasenos, para ilustrar mejor este punto, recurrir a un ejemplo "sui
generis": de recurrir, es decir, a un problema policíaco. Un tal problema pone

ª "La verdad es la levadura de la mente: estímulo y guía, incitaci6n y oricntamiento, es la luz y la llamada ; el amigo que invita, el maestro que recomienda la lecci6n .. ." 'M. F. SctACCA, En esp!ritu y v,rdad, ya citada, pág. 26.
137

136

�•

el investigador ( n6tesc, por ejemplo, que el investigar y el indagar son propioo tanto del "detective" como del filósofo) frente a un conjunto de hechos
desconectados, contradictorios, inexplicables: por lo tanto, impensables. Su
deber e el de descubrir al culpable, e to es, a la persona -el supuesto ontológico-, que está detrás de tales hecboo, que pern:úte constituirlos en conexión lógica, y por lo tanto, de pensarlos.
Con el descubrimiento del culpable, el deber del investigador-detective termina normalmente, al menos en la literatura policiaca corriente: pero precisamente por esto, tal literatura es, normalmente, más bien decadente. Si
un escritor deseara ir más a fondo, vería fácilmente que, mientras el descubrimiento del culpable explica los hechos, el culpable mismo, a su vez es
un problema por explicar.u El culpable no es una "máquina de delinquir"
sino un hombre: y un hombre no se resuelve jamás, totalmente, en sus actos:
su ser sobrepasa siempre lo real, también el mismo ser real en el cual su.
ser se ba expresado. El culpable no agota su profunda esencia, en el funda
y en el explicar los elementos singulares del misterio policíaco; esta esencia
SU}'a es u alma: un alma por corregir, tal vez, probablemente de compadecer
ciertamente de amar: de todos modos, por conocer aún. Resolver el problema
de los hechos significa abrir el problema del ser&gt; que está como fundamento

sobrepasar su finitud . Es una VlSlon
.. , que corr
d
partes, como se ha dicho .
espon e a aquella que de más
.
, viene propuesta com 1 , •
eilosofía contemporánea.·so'lo
,
o a u111ca aceptable para la
•
que aqm nos paree
·
mente, de cuanto de ordi
.
e meJor fundada racionalnano no se acostumbra
¿Es desconfortante una conce .6
. .
.
duda: pero no Lráai;a no d
pctdn smular del hombre? Dramática in
,
o· ,
esespera a Es P ·
,
losofia "contemporánea" d
b. d .
rec1so tener presente que la fi.
.,
, escu nen o al hombre
c·
.
do tamb1cn un camino perdid d d ha
.
como 1.JUto, ha encontraHasta que el hombre se
~ c~ ~~los: el de la casa del Padre.
día volverse a Dios como a
Ab 1ª pos1b1ltdad de problematizarse no poun
so uto tras d
'
lo absoluto en si mismo Ahora 1 h b
cen ente, ya que creía encontrar
..J
•
e om re se ha d ub'
ue problema; y es la misma problematicidad
ese ierto de nuevo objeto
buscar lo Absoluto más allá mas'
'b d , de su naturaleza, que lo lleva a
A, 1
'
arn a e el u
~1, .ª problematicidad, que coincide con . la fe
.
en s1 mLSmo, nos encauza a la fe en ala
,
que el pensamiento tiene
y el trabajo inagotable del hombre a
~ue nuestro pensamiento finito.
colorea, en esta fe del color de I
qwsta de la verdad de lo real se
'
a esperanza.
'

ce~:

~o::

Traducción de

GIANCARLO

VoN

ADIER

de los hechos.
El ser, es&gt; por su naturaleza, insondeable¡ puede compararse a una mina;
al descubrírsele un nuevo filón, toca excavarlo, para sacar las riquezas queesconde.
Por lo tanto&gt; la atribución del ser a lo real, actuada por el pensamiento
cuando piensa en lo real como su objeto, no es acto que ponga en reposo al
pensamiento mismo y despida la problematicidad; más bien, renunciar a
volver a problematizar al objeto, sería renunciar verdaderamente a pensarlo. Y
por eso, decíamos que pensar verdaderamente un objeto, significa pensarlo
como problema.

•
La identidad, entonces, de fe en el pensamiento y de problematicidad no
propone la visión del hombre como de un ser finito, perennemente tendido a
.. Es sugestivo el hecho que, entre todos los tipos de "detectives" creados pot los
scritores policíacos, el único que tiene la caracu?ristica constante e ineliminablc de
tener presente que el culpable mismo es un "probleIIlll" sobre y más allá del intrinco
criminal, es el co.ca.mado por un padre católico: aludo al personaje del Pad_re Brown,
creado por G. K. CBEST&amp;RTON. Enll'I! los demiÚ autores, tal vez solo Suo1&amp;NON tiene
presente, por lo menos en las lllf:jores obras, la realidad humana de sus "culpables".

138

•
.. "Como - Y más bienen el p bt
.
50luci6n" que aJ mi
.
ro cma policíaco, así en la fe se tiene algo de
'
smo
tiempo
abre
bl
se h a dicho al comienzo de est
',
un pro c.ma. Véase a este propósito lo que
e art1culo y la nota correspondiente 2.

139

�SOBRE PREGU TAR Y SABER
(Para una Introducción existencial a la Epistemología)
PEDRO CABA
Madrid

Los

PRESUPUESTOS DE LA

FrLOsoru

PRESENCIAL

PlttsENCIAR, PENSAR Y SER. El hombre es el único animal que presencia en
el universo. Y presenciar, como luego veremos, es mucho más que ver y más
que mirar. Y es también más que pensar, pues si el pensamiento humano
es un alto modo de mirar, hay en el hombre miradas más altas y hondas y
ricas que las del pensamiento. Presenciamos a Dios hasta cuando no pensamos en El. Presenciamos la Histoda hasta cuando no pensamos en la Historia. La presencia indica una pre-esencia, algo que es anterior al pensar y
a las esencias. Y ese algo es la astillita de lumbre, de espíritu, de presencia,
desgajados de la Presencia Divina. Presenciarse es tener presencia procedente
de Dios y tener a Dios presente. Sin esa presencia no habría pensamiento.
Tampoco habría en el hombre pensamiento sin cosas en qué pensar. Pensarlas es poner en la conciencia el esquema o la imagen de ellas. Y sólo se
logra la imagen o el esquema con la luz presencial. La autoconciencia del
hombre no es conciencia exclu iva de si (pero la auto presencia no tiene
más contenido que la presencia misma, y no necesita reflejarse o recaer sobre
objetos), sino de cosas puestas, por representación, en la conciencia. Pero la
re-presentación supone la presentación previa de esas cosas, y la tal "presentación" supone previamente la presencia. La autoconciencia contiene no
cosas, sino representaciones, y sobre ellas cae reflexivamente para hacerlas
pensamiento. Pero originariamente pensar es un pende,, un sentirse ir hacia
abajo, pendido, sus-pendido, asomado a un abismo ... Y pende y se suspende
el hombre, se siente suspenso, porque se siente sor-prendido, prendido por
arriba, por los cabos y las raíces lwnino as de la Presencia Divina, de la

141

�.
.
ensar en el hombre parque el hombre se siente
Pre-EsencLa universal. Hay P
. L que la hace dar sombra,
'd
pasado por una uz
sus-pendido y sor-pre11 d1 o, tras
. ro -como ya dijo Platónroducir
a-sombro
(
ad-umbra).
Del
asombro
Px:m1e
d la sombra que produjo
p
p
I sombro a su vez, vrno e
.
,
naci6 el pensar. ero e, ~
esencial (lo más evidente y positivo del esp1sentirse encamando espmtu pr
di '6 de lo divino proyectando
. ) b ta litando la ra aci n
,
l
ritu es su presenoa ' o s cu
.
rpo Además el pensar, a
el terrón del propio cue .
' .
.
d
sombra en el mun o por
.
uitar. y presenciar siempre
,
f nnas b abstractiva, es un q
menos, en una d e sus o
'
.
ucho más que pensar.
· ear Presenciar es ID
es poner, fundar y cuas1-cr .
l
t todos en la pre-esencia del homPresenciar es paner a las cosas y os en es d l di .
En y par la pred 1 orden e O vmo.
di ·
bre, algo luminoso y ra activo e
d .
las cosas no hay presencia
encia son las cosas y los entes presenta os' .en . fluída y delegada por el
'
'ó
como una presencia in
•
sino presentaCJ n que es
.
de presenciar. La presencia
h ombre. Solo las personas son presencia y ca~~ces ra (nada de movimiento).
•
· .' · a acc1on pu
como radiación metafísica, es acUv1S1m ' .
·vo y reflejo de la acción
. , d I cosas es algo re-activo, pas1
b ,
La presentac1on e as
. l h bres que presencian, no ha na
.
1
s·
h b'era seres presencia es, oro
(
)
presencia . i no u i
.
presentados o estar no ser
l
I
s
para
serlo
precisan
ser
seres rea1es, os cua e '
'
1
¿· el hombre haciéndolas prepresentes. Las cosas son reales porque as rea iza
sentarse a él.

claro ue los entes presentados ponen
Pero
q , ..;co su talidad y su cali. d
ti . dad. ponen un ser onu '
algo suyo, su ent:Ida u on c1
'
d , ntaño Pero ese ser 6ntico necedad, su "qué" o "quiddidad"' que se ec1a .ª del h.ombre para quedar cons'6 1
. , n de la presencta
'
d
sita la presentao n, a aceto
l' .
"ser-qué''. A su entida
.
él
en
ser
onto
oguo,
en
1
tituído, respectivamen e a '
1h b
presencia para convertirlo en
t'
le pone e om re su
u onticidad o ser 6n ico,
. al hombre. El hombre es
, .
«
•» en cosa real, respecb.va
ser ontologtco o ser-que '
"apriori" intelectual, como cate•
. .., d I mundo pero no un
h
el gran "a· pnon
e
'
. .,,
"al Al "qué" de lo que ay
.
0 "a pnon presenc1 .
garfa pensamental, smo com
.
da constituído en "ser que"
1 " re" de su presencia y el ente que
le pone e P . . '
,
l alisimo y concreto ser de cada cosa.
respectivo convrrt1endolo asi en e re
.
.
el
es pues inventado arb1tranamente,
N
y RESPECTIVIDAD,
o
,
'
. h
RELATIVIDAD
•
'd d general sino que la presencia wnana
,,, d
da una ru su cosei a
'
.
1d
"ser-que e ca
,
la
'dad o con-sistencia uruversa e
«
é" de cada una y
cose1
l
l
instituye con e qu
.
p
lo que son en realidad, en a
"
,,, que les conviene. erO
l
tocias ellas, e ser-que
f
·a y respectividad al hom·
realidad que les da el hombre, ~o soyn por re erenc~as cosas sean relativas al
t y ontologiza.
no es que
.
bre que 1as presen a
.
él Ellas entre sí son relativas,
.
nti 'ndase bien, respectivas a •
,
'
hombre~ sino, e e . es relación pues su ser cósico es genérico, es co-ser,
co-relatwas y su esenc.ta
F.R ÓNTICO

,

v

sER oNTOLOGICO.

con-sistir. La respectividad es la gran categoría presencial del hombre. Vista
o pensada desde él, la respectividad es iluminación e ímpetu creador o fundador; desde las cosas, la respectividad es djsposici6n a dejarse iluminar, a
ser presentadas y ontologizadas. La gran categoría de las cosas es su coeseidad o co-sidad, y por tanto la relación o correlación. La silla es correlativa al espacio, a la madera, al mueble, a la habitación, a la luz, a la atmós.
fera, etc., etc. Esa co-relación es la que les afianza en su co-seidad o co-eseidad,
dándoles la con-sistencia. Pero la respectividad va de la cosa al hombre y
no tiene vuelta; no vuelve al hombre a la cosa. El hombre no es respectivo
a la cosa, sino respectivo a Dios, y también sin vuelta, pues Dios no es
respectivo al hombre. La cosa es respectiva al hombre que la hizo, al que
la considera, al que la usa. Se distingue lo "relativo" de lo "respectivo" en
que aquél es recíproco, bilateral y, éste unilateral. El hombre presencia cosas,
pero las cosas no presencian al hombre. Lo respectivo es disposición o aptitud, pero central, cardinal en el ser de la cosa; lo relativo es conectivo,
externo y cortical. Las cosas son conectivas, al ser CO•relativas, sin confundir
sus "qués" individuales y específicos; pero con respecto al hombre (y el
hombre, con su presencia, es el que da el "respecto") son "respectivas". El
hombre es respectivo porque es radical, centralmente, sustantiva, constitutivamente, referido, aludido, a Dios; pero no es relativo a El. Y así el hombre
es semejante a Dios pero Dios no es semejante al hombre, distinción que
no se ha tenido en cuenta y ha dado lugar a no pocos errores. La semejanzamatemática, por ejemplo-- es relacional o relativa, pero no respectiva. La
semejanza del hombre a Dios es respectiva y no relativa ni correlativa.
La presencia en el hombre indica
lo que el hombre tiene de divino. Su presencia de espíritu expresa lo que el
hombre tiene de ser de privilegio, pues aunque Dios presencia sin el hombre,
también presencia desde la presencia humana. Por eso el existir del hombre
no es un existir cualquiera, un cualquier "estar ahí" fuera de la nada, como
el animal, la flor o la piedra, sino un estar fuera del ser de las cosas, del
espacio y del tiempo, para participar en la eternidad y en la ubicuidad, pues
el hombre presencia sin sitio y fuera del sí individual y llega a presenciar
desde otros hombres sin ocupación de sitio o lugar. Su existir, por ser de
orden presencial, participa del orden del espíritu. La copresencia es el certificado de ese privilegio. Como puedo mirar con los lentes o los anteojos o
el telescopio que otro ha hecho y me presta, así puedo ver también el mundo
Y su historia con ideas y teorías que otros han corutruído y presenciar las
cosas, las personas del mundo desde otra existencia personal que no es la
mía; por ejemplo desde la persona a quien amo. La presencia humana per•
tenece al mundo del misterio y no al del problema. No es problema sino
UBICUIDAD DE LA PRESENCIA HUMANA.

143

142

�misterio que el hombre esté en el mundo, que haya cosas y personas y no más
bien nada, y que el hombre se dedique a conocer y conquiste su propio ser
entre cosas, sin tener el ser de ellas.

LAs

Ya he dicho que las co. as son presentadas a y
por el hombre, y que ello constituye su respectividad a él. Añade ahora que
están destinadas, pre-dispuestas a ser, a alcanzar el ser ontológico, porque
a ello les dispone el "pre" del hombre pr encial. Ellas se ofrecen a ser, se
disponen a ser ganadas por un misterioso impulso ascensional ontológico. Parece que sueñan la existencia del hombre, ingresar en sa existencia, para
ser ellas más de lo que son al ser presentadas en su "ser-qué" al hombre.
Las cosas parecen aspirar a sobrepasar su "ser-qué". Son destinadas, predestinadas a ser presentadas al hombre y re-presentadas por él, para incorporarse a su existencia humana -que es mucho más que su existir de cosasy participar en su historia. Parece haber en las cosas una última inclinación
donativa para dejarse ganar por et espíritu que resplandece en el hombre.
La cosas por sí mismas no tienen historia ni son capaces de hacerla. La
Uarnada "historia natural" como la historia de lo artificial, de la técnica, de
la ciencia, etc., es siempre de algún modo historia humana, historia que el
hombre presta a las cosas, como presta su voz a los rincones y las montañas,
y presta su imagen a las aguas de los ríos, y su presencia misma al cuadro, al
COSAS

v

LA HI To1tv..

escrito o a la estatua por medio de la obra de arte.

El hombre presenta a las cosas haciéndolas ser,
ontologizándolas, prendiéndolas, com-prendiéndola.s, en el ''siendo" y en el
"succedendo" humanos. Cada cosa se ofrece como áato, como algo dado,
donativamente; y más que darse se ofrece a darse. Al dato de cada cosa {toda
cosa es dativa, complemento indirecto del hombre) el hombre le añade la
data de su temporalidad. Y la cosa, con el dato y con la data queda hecha
ser, con tituída en fecha o hecha y en u propia ficha. Y se acusa en compleDATlVIDAD DE u

COSAS.

mento directo del existir humano. El hombre para existir necesita cosas. Y
así la cosas, al convertir su onticidad, su "ser óntico" en "ser-qué" o "~er
ontológico" quedan prendida , comprendidas en el "siendo,, y el "succedendo" humanos. Al contacto del hombre, las cosas se humanizan. Por de
pronto, al tocarse del "siendo" humano, las cosas gerundizan su ser, cambian
su ser parmenídico por otro heraclitano. Cada cosa en mi existencia va siendo
para mí, a medida que yo voy siendo, según las situacion en que la voy
situando o colocando. Las cosas por sí solas no alcanzan situación ninguna;
s6lo tienen las situaciones que les va dando el hombre. Este libro que está
junto a mí es delicia intelectual asiento, escalera o arma para arrojarlo a
alguien, según las situaciones que voy construyendo o en que me voy encon-

144

trando. y así las cosas' en situaciones
.
.
de hombre
h
.
Y sobrepasando su "ser-qué" ¡¡
. 1
se umamzan e historiíican
el
• egan me uso a ser
if
,

en
arte, en que una nube un árbol
,
person icadas, como ocurre
silla en escena, un guante ~íd
'. un no, la arruga de una piedra, una
1
nif
o en primer plano de .
a pcrso 1caci6n y lograr imprc
d
, .
eme, parecen alcanzar
de la personificación Y de la hist~arsel e espmtu y de historial. Pero fuera
.
ona, as cosas al q d
.
tienen un ser acabado parme , ..J:
ue ar vestidas de ser-que'
,
ruwco compact
•
,
y su ca)jdad, según su ontic"dad ' ,
o y c?n•Sistente, según su talidad
r
y segun su espee1e y exo.
0E.U?A METAFÍSICA y PERFECTIBILIDAD

p

hado smo que tiene que hacérsel y . ero el bombr' no es un ser acaespecie, de modo que sea
o.
no un .er cualquiera dentro de una
I' .
.
un ser permutable por
.
lSlmo, irrepetible, incanjeable que d á
otro, smo un ser personaEs el suyo un ser gerundi o
,: .ª cm s, no alcanza nunca a ser del todo
v , un siendo" que
d, ··
·
a 1a vez siendo y des-siend
.
' para OJtcamente, tiene que ir
set que debe ser y nunca 11:g:::./~t~ntar alcanzar el que debe ser. y ese
titutivamente deuda metaf' .
. ~ e ~ente a ser, nos indica que es cons. .
1S1ca ongmana
défi • d
asp1rao6n a terminar de ser E 1
• un
c1t e ser y una insaciable
·
· s o que se ha JJ
d
c1onal, la "perfectibilidad".• eJ ham bre de perf "6
ama o, en la filosofía tradi•
metafísica es permanente en el h mb
ccc1 n en el hombre. Esa deuda
O
re a lo largo de s
· •
•
en d eu d a de ser a la vista d 1
"d
. u existir; vive y muere
. d
e a eterru ad fa "tie
.
eta e deuda y su hambre de pcrf "6 '
rra prometida". Su concien.
"d
d
.
ecet
n
de
"perha
"
d
etI c1 a cardmal Cuanto el h b h '
cerse , an al hombre su
.
om re ace sea bue
l
mora con moral constitutiva tocia , . '.
no o malo, es ético es
L
•
'
Vla Sin signo exterior
··
'
as cosas no benen esa deuda metafísica
.
posib.vo o negativo.
deben ser, lo son ni más n·
p porque tlenen su ser acabado· cuanto
lidad del hombre ~n su respec1 ::dnods. d e~ tienen un reflejo de la p:rfectibiVl a
ativa a él Trat
a otro ser, el del hombre y 11
1
• .
an oscuramente de subir
.
.
,
egan, a ser mcorporad
h"
sttuac1ones, a dejar su ser acabado
r
.
as a su istori.a y sus
cabable. Para eso se le ofrecen El po ~ r al hombre en su "siendo" inaonticidad, por u especie y
. 1 er e las cosas les viene dictado por su
por a presentación a qu 1 obt·
deI hombre. Sin el hombre
. .
e e
1ga la pre encia
.
, se 1mutan las cosas a
de1arse ser Jo que son y
I f
perseverar en su ser a
os ondos naturalc 1 1 f
'
f ante hoy que antes . . 1en
.
s e e e ante no es más ele.
, ru e msecto más ni
·
situaciones del hombre van d . d I
menos msecto. Pero dentro de las
CJan
as cosas ser lo
catarse de sus esencias perso I El
que eran para tomarse,
na es.
valor afect" ,
cosa mueble o familiar o al b"
d
I\O que concedemos a 1a
0 Jeto
e nue t · · ·d
de que las personificamos inco oránd I s ra mllm1 ad, es un claro indicio
faciendo asi una oscura
:'.
o~
nue tra historia personal, sati y secretiSuna aspiración de ellos.

°

ª.

EVIDENCIA

,
v REVF.LACION.
Pero volva mos a recoger un cabo que quedó suelto

'

145
810

�pidiendo ser hilo y hacerse hilván: Por la presencia, el hombre desciende
de Dios y a Dios es respectivo, con semejanza de respectividad: El ser, el que
debe ser para El, en fin de cuentas, lo debe. La deuda metafísica es deuda
a. Dios. Y como a E1 se debe y de El desciende y a El se asemeja, le siente
en sí )' no le conoce. Por eso le busca. Le busca por todas partes y no le ve.
Y no puede verle mirándole direclamente porque al hombre, Dios le deslumbra y ciega. Y como lo busca y siente la necesidad de verle, puesto que la
presencia en el hombre es participación de la Presencia de Dios, el hombre
buscándole, se mira a sí mismo y se siente asombrado, inundado por la propia
sombra que él mismo proyecta como obstáculo a la luz presencial de lo
Divino. A Dios no se le puede ver ni mirar pero se le experimenta, se le
entrevé o se le ve de reojo. Para darse cuenta el hombre de la Presencia de
Dios tiene que entrever mirando más allá de las cosas, tras la opacidad de
ellas, o ladear la mirada más allá de la propia ombra de sí, logrando así su
e-videncia o ex-videncia. A Dios no le vemos sino entre sombras, en las
sombras de las cosas y en las que el propio hombre proyecta en torno de sí.
Desde su propia sombra, como el sol en cabina de nubes, lanza su luz presencial sobre las cosas. Y reflejándola en las cosas del U niverso, el hombre
de soslayo y entre sombras a Dios. Y así como la luz no se deja ver en el
vacío, en su máxnna pureza, sino cuando rebota y se refleja en cosas materiales, así vemos, enlreYemos, a Dios indirecto, reflejado como un resplandor
inasible que se difracta en las cosas y en los hombres como un resplandor. Por
eso Dios es Revelación. Se revela en las cosas y sobre todo en los hombres,
en la presencia de los hombres en el mundo. Pero es re-velación, porque es
manifestación, teoíanía, pero también ocultación y encubrimiento, pues revelar, es volver a velar, después de manifestarse o mostrarse; es un manifestarse escondiéndose y un ocultarse manifestándose. En la presencia del hombre, Dios se oculta y se muestra. Y experimentándole y buscándole, el hombre
se a orobra y se encuentra. Y en su asombro fundamental, el hombre se
siente sor-prendido, prendido por arriba en raíces de luz, y de ellas, suspendido o suspenso, pendiendo o de-pendiendo de sus cabos metafísicos que
están en lo alto de su ser originario. Y hacia lo alto, siente ir su gravitación
primaria y fundamental. La religación del hombre a Dios, su vinculación
primera, es sorpresiva y sus-pensiva; Dios le sorprende y le suspende. Y entre
sorprendido y suspendido, estremeciéndose con el temblor primero, se siente
gravitar inversamente desde el abismo que le amenaza a la altura que le
atrae y sorbe asuncionalmente. Y pendiendo y dependiendo, oscila el hombre entre su ser natural y su espiritualidad, hasta encontrarse a sí mismo
saliendo del contacto angular entre Naturaleza y Espíritu, en la propia diagonal de fuerzas metafísicas, instituido en ingeniero de su propio camino de

libertad. Y toma conciencia de 51' porque se encuentr
ª Yd" en-contrar-sc
es
ha11 ar la propia contra ex •
' penmentarse en dualidad
•
1a vez, su "sí" )' su "contra ,,, E 1
contra ictona hallar a
'
st · s e encuentro del e ' ·
1
En es.a dualidad se revela el hombr
~mtu Y a Naturaleza.
él de Espíritu, de divino. lo que h e, y enl hesa revelac16n, da lo que hay en
'
ay en e ombre d D"
que revelarse no es abrirse sino entreabrirse. E
e 10 , pues ya dijimos
y por tanto también en él se oculta.
n el hombre se entreabre Dios,
I

. , del hombre es entreabierta
y REVELACIÓN
dual
El bv EXPRESIÓN
b h
. Toda
. la expres1on
:..
om re ace esquma y le vemos
.
es la bisectriz que se prolonga
.
por su ansta; su expresión
por su convexidad
d
pero que es oble de signo.
El hombre en su Pimresión
od
-·r
se ocuIta y se expresa
1
•
t o Jo que quisiera expresar sino q1 e h d
11, a a vez. ' puede decir
callar, fingir u ocultar todo lo' que es' a halelaca ar u ocultar algo ni puede
.
yse
ens·
.
.
s1va. En fin de cuenta
I
d
u mtencionalidad expre' e roen az se muestra m t'
l . ,
d a a conocer como hipócrita El h b
en rroso, y e hipocrita se
1
·
oro re muestra ~iemp e
rostro y su luz intelectual' su espald a Y sus sombras. • r 1' a ·1a par
. que su
ser tan elocuente como en 1
1b
, &gt; en os s1 encios puede
mente es "horno loquens"
:::;b.~as
los gesto . y el hombre no solapuede callar y mentir.
'
1n
omo tacens"' el único animal que

si:;

.;h

AsoMBRO Y SABER y en sile .
hombre,
siendo el ~
nc10, y d e.sde lo alto de su verticalidad el
co ser que se expresa
t b'é
'
del Universo, el único que .
' es am t n el único espectador
templar es mirar recoc:rida rrui:al y ~ontempla seres y acontecimientos. y con11
o·
Y s1 enc1osamente desde ¡ 1
amaron "templum" al 1
rer .
o a to, pues los etruscos
colina. La primera mira~=~ 1 h1giosbo def con-templaci6n en lo alto de la
.
1
e om re ue de cante pl "6
d
0
nucnto re igioso en el asombro ongma
. . 1 T embland
m b ac1 n, e reco!!'Íel hombre la expectación ante 1 U :
. o asom rado, experimenta
rastros y vestigios de n·
y
e lmverso. Mira todo. y mira buscando
ios.
para e lo pa . t
trando y coleccionando los d to f
cien emente va anotando y regis.
a s, en6menos y rela ·
cammo. El conjunto de tod
d
c1ones que halla en su
os esos atos hecho
1 ·
b' .
,
s y re ac1ones se llama visto
d esde el hombre saber
,
, . Y o. Jetlva y t ransmm
· "blemente considerado ciencia
El hombre ha hecho
.
ciencia Y acumula saberes b
d
. '
.
mmno ha hecho y hace Histo . y b
' . uscan o a D10s. Por lo
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na.
uscando a Di
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H istoria, se encuentra otra
' .
os en
,encia y en la
vez a s1 mismo p
ah
su estado original sino
d .
. ' ero
ora se encuentra, no en
.
'
an anego y cammante con 1 1 d
Tll111os, que es el polvo mineral d
e po vo e todos los cah b
e sus saberes Proye t d
om re hace y labra cie . E
b
.
c an o sus saberes el
nc1a. scar ando en el ace
,
'
como un trapero en el est.i'é l 1 b
rvo comun de la ciencia
reo y as asuras I h b
'
saberes. y encuentra el hombre ue 1
~ e . om re aprende -aprehende-q
a C1enc1a y sus saberes son algo puro

147

146

�que le ennoblece y asciende, como le enriquece el oro que halla en las entra-

ñas ucias de la mina.
MTRAR v ADMIRAR. Todo esto e Jo da el mirar. Estremecido de asombro,
el hombre mira. "Mirar" viene de "mirari". admirarse, maravillarse. Ya
Platón vio que el saber, el hambre de saber, empie7,a en el asombro, porque
el hombre. al aparecer sobre la Tierra, se pone a mirarlo y rem.irarlo todo,
buscando a Dios, sin qu quizás 1e advierta, pero a la vez tomando eñorialmente pcr.:esión de lo que halla. El primer mirar del hombre fue un admirar, un mirar con "ad· 1 , yéndose tras y hacia lo que miraba, lo que quería
ver y no alcanzaba a ver. Pero se contenta con lo datos y lo halla1:gos, y
hace ciencia en que la admiración se hace más bien pregunta. El hombre
es ante todo mirada e.xpectante y eminente, no un ver pasivo ( como el del
animal, que hasta cuando busca y "mira" obra al dictado de instintos e pecífico o reflejos fisiológicos) , sino la búsqueda de un mirar lo que aún no
ve, o un ver más de lo que está realmente viendo. Por su mirada alta, eminente, es epi-scopo, obispo o supervisor. i o es sólo el vicario o coadjutor de
lo divino que cuida y cura de la cosas, sino también su obispo, el pastor de
las cosas como ha dicho con otro alcance Heidegger, el que las carea Y
conduce 1y supervigila. Toda mirada de hombre es cuidado y cura: tamb!én
si es mirada alta y honda, e mirada de supervisor. de cpí-scopo; de qwen
mira desde lo alto, el que contempla. 1

Pero de la admiración nace el aber y la ciencia
("sapere" saborear y "scire" tomar noci6n), porque de la admiración el hombre andariego pasa a la pregunta, que todavía está impregnada de los rocíos
matinales del asombro originario. El hombre
echa a andar por entre las
cosas del mundo jardineándolas, mirándola y remirándolas y "mirándose en
eUas'', en un cuidado de señor, de pastor y de jardinero. Y en su búsqueda
de cosas y horizontes y vestigios la admiración originaria
del
hombre
se hace,
H
,
,
';)
interrogación, pre~unta. Y a cada coa pregunta: ¿tu. que eres., ¿para que
sirves, quién te sembr6 y quién te cuida?: lo cual no es sino eco de otra
pregunta fundamental, más ganada de admiraciones primeras: ¿quién soy
BÚSQUEDA y PREGUNTA,

yo?, ¿a qué he venido y de dónde y a dónde voy?"
Pero esas primeras preguntas
admiradas o admirativas se las hace el hombre a í mismo. a la vista de las
cosas, y d las necesidades que el hombre tiene de ellas. Por necesitado de
Dios y de las cosas el hombre se siente precario, es decir uplicante y rogador.
Y trasladando sus propios ruegos y preguntas a las cosas y a los demás homINTERROGACIÓN 'i PREGUNTA FUNDA lE T L.

' Más ampliamente, l"n mi libro próximo El mirar d,l hombre.

148

bres, la admiraci~n se hace Ínter-rogación. El existir del hombre es precario
porque r.o le ha SJdo regalado, y ha de recurrir a quien le puso en el mundo
ha de supli&lt;:'r, en_ un pío u~iversal con las cosas, para que el Alguien que ¡~
fundó o creo, le siga sosteruendo en su existencia. Precario deriva de "prex"
de donde "preces" y "prccari", suplicar. La raíz sánscrita es "prac" de dond;
la voz sánscrita "prac-na-s", pregunta También vienen de ahí "procare"
" precan..,, deman dar o pre-tender, y ' 'procus" pretendiente (y el hombrey
pre-tende
o pre-tiende
a Dios a través de las coas) voz que ha dado ongcn
·
"
.,
a pro-curare . De la misma raíz, en fin, es el latín "pre-cunctari", preguntar. El hombre_ es precario porque pregunta, y pregunta porque suplica 0
ruega,. porque '.nter-roga: Por tener su vida a pr6tamo, vive en "precario",
es decrr, mendigando. Siendo deudor de primeras, aún pide más. La "ple' l . " precana
·uy
gari"
a es qu17,as,
. es que el "pre-cunctari" es un salir un avanzar
desde el estado sorpresivo del a.sombro y la admiración. "Cunc~ri" significa
quc_d~ ~;rpl:jo, a1ndado y cuajado en dudas, de las que ha de arrancar,
decidir . ( dec1dere es arrancar) para ir a las personas y a las cosas en un
rogar (mter-rogare) o pedir a ella noticias de Dios. La primera pregunta es
la que el hombre ~ ha~e a sí mismo en sus soledades metafísicas y en el
amanecer de s~ CXJ.Stenc,a. Pero esta pregunta no es inter-rogación, sino un
ruego estremecido, en trances de admiración y asombro originarios.
SABER Y PREGUNTAR. La pregunta es la primera forma del desdoblamiento
de la admiración ante las cosas del mundo. El hombre es un animal nativamente preguntón; basta observar al niño en su despliegue ... Pero el hombre
~o es que sepa por qué pregunta, ino que pregunta porque sabe; pero con
sapere" , con sabor d e n·1os,
· no con "sare
· " y mucho menos con saber sistemático de "epi teme". Todo hombre sabe antes de preguntar, y el que pregunta algo, algo sabe aquello por qué pregunta. El hombre pregunta porque
sabe, Y no es que sepa porque pregunta. Ya en Breslau en 1933 decía Heidegger: "El preg_untar no es ya el escalón primero para subir a la respuesta
que es el saber, s100 que el preguntar mismo es la forma más alta del saber''.
El hombre pregunta porque él es respuesta, y nece ita ampliar la conciencia
de sus respuestas ~on nuevos saberes y nuevas preguntas. para responderse y
spon~er ante Dios. Antes que pregunta el hombre es respuesta: estar sobrecogido en el mundo le hace re ponder a una llamada a ser al "debe
r''
,
,
r
se a que esta llamado, por la vocación existencial Si pregunta es para
dar sentido a su existir como respuesta, no a una pregunta, sino ; una llamada. Pregunta para saber con qué responder ampliando su conciencia de
~puesta existencial. El saber que no hace al hombre mejor, por más auténtico, es un mal saber que deja mal sabor o es un saber bruto formalista in, 'd
'
'
51P1 o Y mineral, con mineralidad de conceptos inútiles. . . El formalismo

149

�t .

·
b" tin
deportivo
es el aran enemigo del saber existencial: es un 3uego ¡zan o
d
que s6lo ansía el campeonato de sutilez~s,. pero de espaldas a a v1 a y a
la realidad. De ahí su esterilidad de narc1S1smo.
EL FORMALISMO Y EL PREJUICIO. Nunca las preguntas
.
decisivas del hombre pueden ser desinteresadas. La pregunta nace
pnmeras Y
l p t reo sobre
de la admiración, del asombro y del cuidado, de la cura y e as o
las cosas. o es solamente preguntar para aumentar el saber,
saber p~a
oder y prever sino preguntar y saber para existir con autenuc1dad, seg~n
pl .
l des;ino del hombre y según la vocación existencial con que Dios
e smo y e
'
· ··
ha a
s llamó a cada uno. Cuando el hombre, del pasmo prumb.vo, se ec
no
·
f
de preguntas lleandar, es porque se hace caminante y hace camino a uerza_
., , .
l:J..calidad la forma del signo de mterrogacion. Er1aando a tomar, en su ver
,
.
º·do sobre el haz en la admiración primera, el hombre ~nunante se va curgiando en sirno de interrogación sobre las cosas del camino y s~ panor~mas.
v
o
·
hizola
envejece. En su soledad y su mtempene se ..
eansad O de preruntar
o
'
,
d
I
ple11dades
regunta fundamental ¿quién soy yo?, y se echo a an ar, y as per ,
P·
hi · .
dudas al tener que volver la cabeza sobre s1 en sus
pruneras se c1elOD
,
,
s
de
andadura.
Cuanto más anda el hombre mas pregunta por1argas ruta
d
·
Y ahora
que las dudas y las contradicciones crecen en los cruces e camino~.
,
sí, se orientan a un saber a qué atenerse, un sostenerse con _segundad en lo
real Su peregrinación de caminante se hace drama angusuoso. Y pre~~tando y sabiendo y sin acabar de preguntar se ~uere el hombre. Un v1e10
•
·
d'ce que el primer hombre que qU1so arrancar los secretos al
mito gnego 1
•
eli
mundo natural, pereció en un naufragio. La Esfinge de_ Tcbas ~ra un p groso cruce de caminos con preguntas mortales para qw~ quena saber de. d El "árbol de la Ciencia" da el fruto doble del bien y del mal, pues
mas1a o.
,
Jb
1
del
el saber puede ser fruto de un preguntar vicioso o frívolo .. o a1canza a paz
·usto renunciando a muchas preguntas. Esto quiere de~~r, no que _el hombre
~o deba preguntar (pues él mismo está hecho del teJtdo_ y el signo de la
pregunta, y es constitutivamente dia16gico e interpelante; v_ive Y_ ~~e a fuerz~
de convivir y hablar con otros), sino que. la pregunt~, solo vivifica Y enriquece cuando se hace para ser más auténucamente qU1cn se es. ~o que d~struye y mata al saber del hombre es la pregunta ingrave, formalista. y necia,
es decir sin saber porque nace de un calambre mental y da saberes n:isustanciales en nervioso picoteo de ideas mecánicas como agujas de máq~a ~ue
pespuntean en el vacío existencial. Sólo es indebida la p~egunta existencialmente innecesaria, para la cual no hay respuesta con sentido... La pregunt~
es buena si está ganada por el sentido existencial de quien la formula; s1
se relaciona de algún modo con la vocaci6n primera, y si se apoya sobre
algo de algún modo ya dado en la realidad. Por la intencionalidad y el
PREGUNTA Y CAMINO.

'!.

sentido de que se carga, la buena pregunta lleva ya en sí misma el principio
de su propia respuesta. La respuesta viene prevista y prejuzgada en la gran
pregunta. Todo auténtico saber está tramado de fJrejtticios y apriorismos. En
la medida en que la respuesta no nos interesa existencialmente, la pregunta es
gratuita y formalista. Ser indiferente a la respuesta es preguntar sin interés,
para alcanzar un saber inútil.
PREGUNTA, BÚSQUEDA Y EVIDENCIA. El hombre de hoy anda desorientado
en un bosque de inútiles saberes, a punto de perder el rumbo orientador y
el sentido existencial. Cada gran pregunta lleva ya el principio de su propia
respuesta; no de una respuesta cualquiera, sino de la propia. Y viceversa:
toda respuesta bien dada presupone la pregunta que lleva invaginada y que
le dio sentido. Y cl sentido de la pregunta, por derivar de la vocación existencial, viene ya perfumado de la totalidad de lo que está sabiendo el que
pregunta. La .inautenticidad de la pregunta la hace inválida en su formulación e infecunda en sus respuestas posibles, porque el sentido existencial
carga de posibilidades de respuesta a la pregunta. Y la pregunta fundamental,
la gran pregunta auténtica para todo hombre de honduras es preguntarse
por Dios, por ese Dios que experimenta, le ilumina y le suena dentro. Es
una pregi.mta que viene cargada de evidencias, entrevistas, de barruntos inauditos. Buscamos a Dios porque nos es evidente. Preguntamos por las cosas
del universo, porque están ahí mostrándosenos evidentes, pero confusas de
significados y sentidos. La ciencia pide com-probar lo que ya se ha probado
por otra vía y aspira siempre a de-mostrar lo que ya se muestra. No basta
la evidencia y el hombre busca. Razonar, pensar, investigar científicamente
significan buscar segundas razones intelectuales a las evidencias primarias.
El hombre busca verdades y seguridades, y teme siempre no tener bastantes,
o haber errado su camino y sus preguntas. La primera misión del fil6sofo
como del científico es dudar de las evidencias de lo real. Pero en cambio
cuenta con evidencias de principios que no pone en cuestión. Hasta que llega
el fil6sofo de raza y también pone en cuestión esos principios. Y entonces se
encuentra con Dios. Sin Dios el hombre se cae y pierde de sentido. El hombre preguntando científicamente convierte los problemas y cuestiones en evidencias. Preguntando filosóficamente convierte las evidencias en Problemas y
Cuest!ones. Dios es evidencia sin problema; es misterio y comulgándole lo
experimenta, lo prueba, sin comprobaciones; Dios se le muestra sin admitir
demostración. Las demostraciones que se han dado prueban y comprueban
lo que el hombre ya sabía, no como saber intelectual sino como sabor metafísico. Hay una sapiencia oscura de Dios que hace posible una teodicea.

LA PREGUNTA FUNDAMENTAL y LAS PREGUNTAS EXISTENCIALES. Es más rica
la pregunta hecha desde el saber que la que se hace para saber. Cada hom-

151

150

�s El mismo se configura como signo de inbre puede hacer muchas pregunta .
puede hacer ha de selecp
tantas las preguntas que
'
d
terrogación. ero por ser
tar ha de saber preguntar, preguntan o
cionarlas y ha de aprender a pregun , ara saber sino que ha de pregunde de su saber. to ólo ha de pre~ntaryp
110' ha de saber renunciar a
.
eguntar me1or
para e
1
b
tar y saber ien para pr
.1 . ortantes y decisivas. Entre as
ara
quedarse
con
as
unp
.
,
l
tas
muchas pregun , P
al
las preguntas enstencta es.
.
' l
reruntas fundament es y
.
decisivas ertan as p º
d
t
o como Principio; las existen,
l d
Dios como Fun amen o, n
L
Aquellas a u en a
. . .
como fundamento del saber. as
ciales aluden al hombre como pnnc,pzo no
t do hombre. vienen dictadas
tas importantes para o
'
l
fundamenta es son pregun
.
d
d 1 ombre De ésta derivan las
1
1
'd
· t
·al y vocac1ona e ca a
•
f
por el sent1 o e.x1s enc1
.
d Hay una sola pregunta un. ¡
de vocación segun a.
preguntas pro/enona es o
t E la de Dios como Funtran ciende toda pregun ª· s
&lt;lamenta! que abarca y
~
b f ndamentalcs o exi tencialcs. La
·
¡ preguntas su · u
'
clamento. Luego \'lenen as
d'
i fundamental ni exi tencial, pues
pregunta por el ser e. elaborada y ~ar ial. n hace a cada cosa ser lo que es,
mo alao uruver a que
(.1, f
el ser de lo l oso os, co
~
l
reto de cosa o de persona que
. d
todas ru es e ser conc
d
ero
tra-cen
ien
o
a
,
P
. .
• 1 pregunta por ese ser vi'ene spontáneamente
l hombre trata a diario, ru. a
'd
h mbres redomados en filó1 h bre smo constru1 a por o
I ho
formulada por e om '
11 mismos han dolosamente e a .
tan por lo que e os
n·
sofos, qu1ene prcgun
1 bl
r el que se finge preguntar, es ios,
rado... y si el er de que se 1a a : po entonces dígase ello sencillamente y
como Fundamento de todo lo qu~ ay,. t ·ormente exigidas ni existencial. .
tas que no vienen 1n en
.
no se fm1an pregun
ás 1
d Dios no es el ser que la F1 1oso ia

r

mente formuladas. Pero ademrd. e . sert a:an en las cosas. Insisto en que la
el hombre o mano r
, tr
C. .
y la 1enc1a y
"D' S ñor . estás ahí dentro de nu y as
pregunta Fundamental ~s ésta: ?
n;ter:o: que no ~reguntamos "¿qué?",
las cosas naturale ? ¿Qwén eres.
d
tra misma índole piritual Y
sino "¿quién?", prejuzg~ndo ya que ~s e nd:e:ener un ser, si es de la natuntamos s1 es o no es, ) caso
,l
1p
persona . regii
d I u e'" y ten1'endo quienidad personal, cua es
,
·
d l " " " no .e . qu
raleia e quien ,
p
1 f'lósofo no pregunta por el ser sino
de existir. ero e i
d 1
d
su modo e ser y
. Di f era una más y sentán o o
,
'b . 1
de las cosas como i
os u
' .,
i&gt;
que el atn U)e e ser
uien formula la mejor pregunta: ¿ Quien e~s ....
de antemano. Es el creyente q
.
L cosas tienen talidad y
d' e que Dios es Persona. as
y en la pregunta, ya ic
.
. 'dad Cada hombre, si lo
T . dad Las personas henen qwen1
•
calidad o espec1 ici
.
.
'al desde la re puesta que es
. "dad h
s preguntas existencr es
con autcnt1c1
' ace su
,
l entido de esa pregunta. Pero
y I spuesta será luego segun e s
cada uno.
a re .
,
todos los hombr s en cuanto se prohay una pregunta umversQal.éy comu.noi&gt;~ que es la vuelta de la otra: "¿Quién
ténticos · ''¿ ui n soy Y • '
· ·
ponen ser au
· .
. 'd nte no sabe quién es. N1 s1 es.
eres, Señor? Tiene a Dios presente } eV! e
y

p:~~

152

Lo

CENtTrvo

v

LO CIRCUNSTANCIAL.

EL

QUIÉN Y EL

nsIONERO.

El hombre

es "Fulano de Tal'', esto es, primero su nombre, un nombre que quiere apresar la nominaci6n única y profunda, la apelaci6n o vocación con que Dios
secretamente le llama o nombra, vocaci6n que s6Jo él oye. Luego viene el
Tal y el Cuál, esto es, una forma genitiva enunciativa de la Talidad, cgún
t.irpe patronímica o gentilicia, y una Calidad, según clase, condición o índole y origen, y según mote, título, emblema, etc., lo que ya es más circunstancial que genitivo. Así se une la persona metafísica del hombre con su
persona social. Esta última es circunstancial; aquella primera es sustantiva
y genitiva. Toda persona metafísica no es sólo uní ima e irrepetible ( único
ejemplar de una edición única) sino que viene llamada a la existencia para
intentar er el que debe o está llamado a ser, con un nombre único e inaudito para los demás. El hombre inauténtico y aturdido lo es preá;amente
porque no pone denut·do y decisión en averiguar quién es él, esto e , quién
está llamado a ser. &amp;ta es la vocación o llamado existencial de la que deriva
luego la otra \·ocación, la práctica o profesional o la de los haceres social s
en su doble forma primera: actitudes y aptitudes a las que podemos o no
responder con fidelidad. En esa vocaci6n primera, llamada a una misión,
vemos ya que la persona metafísica no es un náufrago ni un empujado o
lanzado a la fuerza al existir, ino un misionero con una misión intransferible
y la misión de entregar un mensaje, no sólo a un destinatario pree tablccido,
sino a todas las personas, pues es un mensaje no escrito sino prtescrito y preescrito a una persona, pero indetenn.inada en su destinatario; el mensaje que
el hombre ha de entregar es para todos los hombres. Por eso tiene nece. idad
de decir qtJién es él y averiguar quiénes son los demás, pues lo que importa
no es el "qué" anatómico, fisiológico o social de cada uno, sino el "quién"
que le singulariza entre todos. Y como el "quién" su ·o no se lo han dado,
sino en forma de llamada a erlo, en vocación, el hombre como persona metafísica, tfone que hacerse el propio ser, el que le llaman a ser y el ser para
el cual tiene una deuda metafísica contraída desde que nace.
ExPREStÓN v PERSONA. Por eso el hombre es el único animal que tiene qué
hacer y qué decir, y saber y preguntar lo que los demás hacen y dicen, y preguntar por las cosas y saberla para decirlo a los demás, que es como el saber alimenta. Y lo que el hombre bace y dice y 1 "quién" que es, ha de hacerlo y decirlo a voces, ante el coro de todos lo demás hombres, esperando la e limación,
el aplauso, el ser conocido y reconocido de los demás. Como presencia, actúa
desde el "pre" para hacerse la persona que debe ser (de modo que su eticidad o conducta le hace o no persona auténtica, y la persona, auténtica o
no, labra su eticidad). Y se hac "pró-sopon", adelantándose en la escena
del mundo. Y allí, en escena, como tal persona, per-su~na, hace oír su voz

153

�b
n "instinién es ella. Repito que hay en el h?m re u
r~diciendo a los d más qu
· , . el exJ1resane. '\' que al e.xp
• • otro ser v1\io.
·
t
to" que no se da en rungun
. !amos y disi.mulamo . Pero que amno también callamo ' ocultamos,_ ;unu
. hipócritas. simulador~ o far,
s qui ·nes somos·
bién así decimos y e.xprcsamo
quiénes omos nosotro en versan t . El hecho de que los ~emá~ n~ epanno nos e ternos expresando como
dad y en autenticidad, no quiere _ec1r quef d y el hombre e,-presándose
· gular1dad pro un ª·
· A·
quienes omos! en nuestra sm
fl .a en el hombre como pr naa. s1
se revela y revela a Dios que se_ re e1 y 1 Historia no es sólo diafanía ~el
. , ·
ser d1áfano.
if' ca
el hombre e dialogtco para
. d
tas Teofanía y marcha ep am
,
. o en fin e cuen ,
1 en
f
hombre, antropo ama, in ' .
. . d un destino que senala una uz
.
o·
decir
1m11en
o
del hombre hacia ,os, e
. , ."'·
el h b y de la Histona.
,
lo alto d
om re
b
lo dem:ís le buscan, Y el
Todo hombre a e que
d ·1
CoNOCER Y SER co ocmo.
l d ...... -els · lo necesita. Para eru es
.o amente a os e....... '
.
., d l
por su parte busca querenet ás le di an quiénes son. Esta avenguac1on e
quién es él y para que lo , dem un s!er como el saber de cosas, es un sa' quién" de los demás; mas que
od l s hombres. Por eso se buscan
· · entre t os o
d
bor o paladeo de lo comumtano
bpensado y dirigido a los een tre sí y nada hace el hombre que no vaya su cosas el hombre ansía cono,
ber y conocer
,
•
más hombres. Más y antes que sa
ru· carse con las personas, mo
solamente comu
.
ccr y entender personas. o
'd Desde Platón acá se nos viene
también conocerlas y ser de ellas. coalnOCt ºoc·edor y sabidor, pero no e nos
un amm con
'd
diciendo que el hom bre es
hamb .nver a: la de ser conoc1 o y
ha dicho que tiene, recíprocainen~ié:recon;r a aquello que ya conocía por
hay más: es que conocer es tam
d lo que sabemos y conocemos lo
referencia de los demás. y la may~r _p arte 1~ libros, por la palabra hablada,
abemos y conocemos por refereneta. por

ª

po r el arte.

·ta l homEl hombre busca y necest a
OCER REOONO~R Y co?&gt;IPRO nso.
b
y t1'encn hambre de saber
•
1 demás le uscan
'd
sabe que lo demás quieren cobre Todo hombre sabe que os
.
·
conoc1 o Y
af' .
ente más el conocer a perq uién es. Cada hombre qutere ser
i alimenta met 151cam
.
nocerle a él. y nota que e
'!las le dan su resplandor esp1. ás porque aque
sonas que el conocer co as, quiz
'6 d comunión co-presencial, rcfuer.
e en una acc1 o e
"
ritual y su presenc1~ qu ,
l dan más que su coseidad y su serb. 1 cosas no e
'
h
zan los suyos. En cam to as_
ellas se refleja la presencia de los orné" presentado, pero también en . . '
Al fin todo conocer es,
qu
las b1c1eron presentarse.
r''
bres que pasaron por la vera y
.
1 ue se viene llamando ''conoce
, modo indirecto o referencial, y o _q
d d cada uno lo entred algun
e
'
y , el roensaJe o reca o e
.
es de algún modo reconocer.
asi, .. ,
romisi6n o compromuo con
.
. -·6 n colectiva , en co-mmon, com-p
te1emos
en m151

eº

154

los otro·. Y como veremos en seguida, así e justifica que el hombre que,
como respuesta que es, ha de responder, como miembro de comunidad ha
de co,1-testar, testimoniar en común en la Historia y en las colectividades humanas con respue ta solidaria. Solidariamente re pondemo de lo que hicieron nue tros padres y de lo que hagan nue tres amiao y nuestros enemigos ...
F~XPRESIÓN Y co, rnNICActÓN. Pero antes de todo llegar a esto, quiero tenninar de decir que queremos saber quiénes on los demás para ad-divinar, y comulgar, la carga de lo divino que hay en cada uno. Pero al adivinar a los demás y catar e interpretar lo divino que hay en él, también nos expresarnos
y decimos quiénes somos, emitiendo radiación de nue tra carga. Por la vía
de la expresión nos comunicamo y dialogamos con los otros, nos dia-fanizamos. Primordialmente, no venimos a comunicamos con los demá I a dar
señale o guiños a los otro , y entregades un mensaje o cartapacio con nuestras ocupaciones y pre-ocupaciones, nuestras tensiones y pre-tensiones, para
que los demás nos acorran y irvan, sino que, ante todo, venimos a expresarno, a decir quiénes somos a quienquiera que nos quiera escuchar, remachando, haciendo más conciente nuestra comunidad y nue tra comunión
con ellos; y de ahí resulta la comunicación. Tampoco lo cuerpos radiactivos emiten sus radiaciones por referencia a otros sistemas materiales o energético , sino que emiten rayos y, después, algo los capta. Por otra parte, la
comunicación es externa y corticaJ. sin comprometer nada profundo. Basta
ver que el paraíso de la comunicación es la dda social, donde apena nos
conocemos unos a otro . La expresión verdadera
profunda y personalísima y Ja reservamos para nuestras personas íntimas, o para nosotro mismos
en soledad y ante Dios. El hombre es mensajero, pero no un empleado de
comunicaciones que nos trae las tarjetas de visita de lo otro , con formas
y fórmulas (o form.illas) convencional y nada expresivas. Por la xpr sión
vamos a la comunicación pero puede haber comunicación sin mucha carga expresiva. Y por eso importa precisar la d.if rencia. Antes de comunicar
con otros, nos expresamos, e decir, nos e&gt;--pr.imimos ("expresum" viene de
"exprimere"), e trujamos nuestros racimos vivenciale para ofrecer a los
demás nue tros zumos existencial
personalí i.mo . Las personas no son
"dato " como las co as, no están ahí dadas para la aprehensión y la captura, sino que, como ellas, tambifo se ex-pr~n, se ofrecen a una interpretación
y entendimiento que certifica la comunidad primera en el espíritu. Las cosas emiten señales, co-señales, porque están con-signadas al homb1 ; y no
eligen esas ~eñales que han de emitir, ino que se les ha con-signado y destinado a ello, por su talidad y su calidad especifica. Pero el hombre en su
expresi6n puede ofrec rse y rehuírse, hablar con sinceridad o tratar de ocul-

tarse.

�LA

é"

Pero no nos expresamos
ante las cosas. Y no porque ante ellas cohibamos nuestra expresión o no
nos mostremos sinceros. Más bien es ante la cosas cuando no mentimos ni
simulamos. Pero llo mismo dice que no bay ·presión ante ellas porque la
intencionalidad expresiva, aun siendo anterior a la intencionalidad cornuni•
cativa, va orientada en busca de presencia humanas e intencionalidades in•
terpretativas. o no expr samos ante las cosa porque ellas no pueden in•
terpretarnos, y porque no son aptas para expresarse por sí por carecer de
intencionalidad expresiva. Por eso el preguntar a las cosas no es un mero pre•
guntar, ino inv ligación, búsqueda, rastreo y nómina de hechos y rasgos
para enlazar con otro en saber pre-exi tentcs. Las prc~untas por las cosas
las hacemos a los hombres en forma de interpelación. Y cuando no pre•
guntarnos: "¿ qué es esto?" la pregunta va dirigida a nosotro mismos, a
nuestros aberes anteriores, y así, sin darnos cuenta, nos expresamos al ha•
ccr la pregunta. Y por eso en fin la pregunta en general, la actitud del
preguntar, se desdobla en preguntar por co as y en preguntar a y por personas. En el primer caso la pregunta se dirige al "qué" puesto que toda cosa
es "ser-que' . En el $Cgundo, preguntamos por el "qui én". ya que toda perPREC NTA POR EL "Q

V POR F.L "QUlP.N".

sona es un "ser-quién·•.
EL "Q rÉ.N" OMNO Y EL 1-ru 1ANO. Las cosas sacan u fuerza ontológica de
su co-es~eidad: de su vinculación a otras cosas, de su co-re/ación y u consistencia. Las personas sacan su fuerza para ser, para su "quienidad", de su
singularidad, de su gratuidad. y de su e fuerzo metafísico para er, de un
modo gratuito y "poiético". Una cosa es tanto mejor sabida (no puede ser
conocida en total singularidad, pues u riqueza está en su coseidad) cuan•
to más se . abe de sus conexion s con las demás, cuanto más cosas otras quedan enlazadas, com-prendidas, en ese saber. Una persona es tanto mejor conocida y entendida (conocida por dentro: intus-te11dere e intus-legere) cuan•
to más e ahonda en su intimidad y singularidad ha ta hacerle única y hallarle su unicidad radical. La pregunta a Dios y por Dios, es Fundamental
y primera, pero darnos por supue to qu
''quién" y no "qué". o pre•
guntamos "qué es Dios" sino "Quién e Dios". o preguntarno por su ~er,
porque no sabemos si es porque no sabemos i cabe en nuestra noción de
ser, pero no preguntamos por su "quién" porque estamos seguro , con se•
guridad, no resuelta ni formulada en nuestra inteligencia y antes de toda
formulación, de qué
el Gran Qui'n del universo, y que así como ·u pre•
seocia justifica la nuestra, así su Quienidad singularísima ha permitido la
forma de nue tro propio "quién". Esto indica que el hombre tiene expe•
riencia íntima de Dio , aunque no lo sepa como saber intelectual. Si 1 hom•
bre existe y se auto conoce y reconoce a los demás por la presencia, es que

156

hay Dios. Pero el "hay Dios" no garantiza
. su r tal y
J
•
mos para co_as y personas r ,
•
como o conceb1ser-qué y en co idad. n1· .e o no _con ta que sea un ser cósico, apoyado en
,
srr-quien al modo · t ial
existir es tender a ten ión y pre-tensión
eX1S ene
del hombre, pues
ser que se debe er Pero t
' un _hacerse y tratar de alcanzar el
·
o no es concebible que pueda
li
cuya pr encía es evidentísima e irracional ara 1
ap carse a Ese
be entreverle mejor no desde la
6
. p
a razón humana. S6lo caReligión buscan ampliar esa notic:z d:, ;;:,o desde la ~e: l~ Fi~osofía y la
queza de esa noticia convirti, d 1
s. Pero la F1losofia p1erde la rien o e en ser en un c
á
por abs-tracciones prescindiendo de 1
'h
oncepto m s obtenido
sas.
o que ay de ser concreto en las co-

l.A 1 TELIOlDILIOAO y LA POÉTICA DEL
da la inteligibilidad de las
HO tBRE. Es el hombre el que fuof .
co as, aunque ya dije que h
d"
..
o ert1va de Jas cosas para entrar en 1 , b'
ay una 1spos1c16n
inteligibl para seres intelig t
ye am ito ~el homb:e. Las cosas sólo son
·
en e · a presenCJar es di
·
ciar la presentación. a conoc
1
sponerse a inteligen.
.
cr a cosa no en s .
1 .d
uen ; la individualidad no es singularidad) sin u smgu a~ ad (que no la
en us cone.~ones de co-seidad S b
.
o en su co eidad, y a saberla
.
. a er siempre es trama d
ti .
ceres, siempre es incluir la noticia n
.
e no Clas y conotentes. Pre-enciar es disponer las co'::sva, en una con~16n de saberes preodsLa inteligibilidad de las
en la presentación para ser inteligidas.
cosas no nace espontán
pre encia del homb
.
.
eamente en ellas sino en la
re que, al ilurrunarlas ont ló .
a ser inteligidas. Es más.
gicamente, las predispone
.
, no so1amente funda el h b 1 . 1. . .
smo que también funda
.
om re a rnte 1gib1lidad
cosa , eres ideas rela ·
· • ,
'
od
t o eso que llamamos la
lt
b' .
'
ctone ' msutuc1ones, arte
, .
cu ura o JeUva y que más
b' . .
espmtu es su trans-subj tufaac' 6 1
. .
que o Jet1vac16n del
píritu a obj tos subJºetuizados , o, a _trand spos1C1~n de esa cultura y ese esulan
, convert1 os en SUJeto
.
c
el espíritu en objetos dados El homb
_porque SUJetan o vinser poético o "poiético" q
h .
.
re es cuasi-creador, s fundador
u
ace continuamente fab .
f d
•
no es crear, que es sacar criat
d
d
nea y un a. Fundar
algo va dado sobr o ante I urasl e na a, y el fundador sólo funda con
.
'
o cua se encuentra va El h b
61
ye sobre datos sobre algo ya d d
· ·
om re
o construC
,
a o por 1a aturaleza o po t
h
onstruy con materiales de d .bo Es
. . . r o ros ombres.
cm ·
poeta de VJCJO
•
d
g1os y chapuzas, zapatero remendón de
.
, mgeruero e arresanía y el artificio operan con materi!I Un:~ natural. El arte, la arteno son los datos los que coac .
aJ h
ogidos y aprovechados. Pero
Clonan
ombre a se
·
condición de poeta de natío que hav en el h
r poeta smo que es la
zar y fundar sobre los datos Es f ,dad
ombre la que le lJ va a poeti•
un
or o poeta p
"da
b
a uodancia de su condición
. . 1
or generoSJ d y sobreespmtua, pu la pr ncia d l
, ·
•
pre graciosa y gratuita Po
h
e e pmtu es s1em.
r eso e1 ombre, según hemos visto, tiene nece-

°

157

�sidad metafí.ica de hacer y decir. El hacer del animal (comer. cazar, dormir, scxualizar) no es un hacer poético, porque ni ese hacer le expresa
(puesto que no hay intencionalidad e.,cpr si\"a) ni busca fundar, dejar una
obra ahí fu_ndada. El '·hacer" del animal está al servicio de su especie y de
su "ser-qué". El hacer del hombre, en su profundidad, es invenci6n personal y va dirigido a fundar sere nuevos.

CA 'SA Y AUTOR. AuroR.ÍA Y AUTORJD.'\D. Por e o hay que distinguir las nociones de "causa" y "autor". El "scr-qu~" engendra otros "seres-qué" como
causa; el ser espiritual engendra como autor. La autoría no es mera causación, la cual e determinada y determinante, pues la causa ni elige el efecto,
ni puede dejar de causarlo y producirlo. Pero la autoría es invenci6o en
libertad, sin determinaciones, con mucha gracia y gratuidad. Los istemas
materiales se mueven y obran como causas y efecto . También el instinto
animal, como la especie viva. e conducen como causas, y sólo hacen causalmente lo que tie11en q11e hacer... Y también el hombre en cuanto ser natural, (en cuanto especie. en cuanto cuerpo y fisiología animal, en cuanto
acumulador de pasado) obra con instintos y como especie y como causa.
Pero como r e piritual es poeta y fundador, y como poeta, como .er gracioso y gratuito, origina, innova, inclu~o funda "in tintos" nuevos qu ningún
animal Po ee: el de expresarse, el de saber, el de mandar, el de fundar. iempre
busca poner algo inédito y nuevo sobre el mundo que es lo que viene a significar el vocablo "auctor'' ( de "augere". incrementar). Empieza por hacer su
propio ser existencial y por e "hacer" se mide su calidad de hombre pue
su aut{o)enticidad quiere decir e o, autor de la propia entidad personal: no
nos regalan nuestra personalidad sino que hemos de elaborarla. Pero ,:uelvo:
las cosas son causales; el hombre es autor. El rayo no s autor del incendio,
sino la causa. Pero Cervante no es la catisa del Quijote sino el autor. Y no e! la
autoría un modo específico de causalidad, pues ni el autor está obligado como la causa a producir, ni la causa está desligada de lo producido, como el
autor de su obra. La autoría no es coaccionada y e ella la que origina el
"principio de autoridad"; hay autoridad en el hombre porque este es autor. La
autoridad jurídico-social halla su principio existencial en la autoridad espontánea del padre. el santo, el sabio. el anciano, el héroe, o simplemente el más
fuerte o el más audaz que upo fundar de nuevo con su fortaleza o su audacia. Ninguno de ellos son coaccionado a ejercer autoridad ni ejercen coacci6n
con ella, sino que instan suavemente a la rever ncia y al acatamiento. Tampoco podemos decir que el hombre es cau!&lt;a de lo "principio " del saber o los del
arte, sino que es autor de ellos, pues "principio" en latín viene de "prínceps"
o príncipe, al revés que en griego, pues la "arkhé" principio dio origen al
"arkhon", el magistrado, el arconte o principal.

158

LmERTADJ AUTORIDAD Y oBt:nIENCI.A. Haciend . .
.,
y no causa, funda el hombre
o, imentando, sonncndo e autor
u propio ser y otros e art"f' •a1
tad . La causa no es libre com 1
1
r
t 1c1 es, en libcr0 e e autor La libertad
d
1
d e1 hombr , en el verdadero p . . . d ·
ya se a en a autoría
decir, entiéndase bien que I tbnc1p1do e su autoridad. Pero ello no quiere
. . .
,
a t erta metafísica se de . d l
eJerc1c10, ni que las libertad d . d
nve e a autoría en
·
·
s em·a as ( económica
· 1
lí ·
g10 a)
e deban a d rui6n grani"ta d
.
, socia, po tlca, relilíticas, ociales o relig1·osas . J l e _autondades también económicas po. mo a rc,·c • ha
·d d
'
que hay en éste e. p0ntancidad
lib
d.
y auton a en el hombre portima fu ente de la autoridad d y d erta ~ara fundar. La libertad es la úl.. ,
: e to a autondad y
1 1 f
d ec1s1on en el autoritario .
.,
.
no es so a a uente de la
d
, sino que tamb1en es fueot
·
d
ta que ejerce la autoridad, la libertad de
e y ongen ~ esa liberya hemo vi to que al héroe al
1 _los acatantes y obedientes, pues
b
,
santo, a sabio al anci
rcmente y sin coacción. D esa libertad
'
. ano, nos sometemos lidel que manda. Va pues • lí . 1
~el obediente nace la autoridad
.,
,
, imp cita a noc16n de d l
.,
cion, pues quien funda la a t ºd d
1 .
e egac1on o representab
u on a es a libertad del
bed
ra. El ejercicio de la ,·erdadcra a t ºd d b
que o
ece y nombres. La verdadera autoridad t uolr1 a ace a los obedientes sentirse líen re os hombres n
mandan a los que han de b d
L
.
. ace preguntando los que
0 e ccer.
¡
a obediencia
•
e que ahora obedece antes f
l"b
es respuesta libre pues
diencia no libre es esclavituduey • ~e tªr: nombrar al que manda. La obesocialmente o esclavizar
.
e om re resulta así libre para liberarse
e. o se encuentra forzad
lib
1
ser o y de hecho son mucho los h b
o a er
re. Puede no
1 .
om re que no lo son s·
f
e egir y proyectar, antes es libre ara fun
. . t se ve orzado a
el proyecto Su libertad
f p
dar los térmmos de la elección y
·
no es orzada ino liberal
b •
cbos los hombres que librem t
.
mente tra ªJada. on muEl h b
en e se resisten y niegan 1
• lºb
om re debe ser libre &gt;' en e e "d b ,,
a propia J eraci6n.
propio liberador. Su libertad ha d haee, que parece que ata, se proclama su
d I b
e
cersela él y no sin e f
e a rarse su ser y su felicidad .
d .
s ucrzos, como ha
bertad
l
.
' na a unportante le dan regalad L r
como e ser existencial. como la felicidad
.
o. a iy antes merecerlas. o es el hombre obli ado ' ha&gt; que ganarlas a pulso,
ne el deber de serlo Ante d b 1·
g
' forzado a ser lfüre, pero tie.
e o - tt1arse deb
lºb
lo cual da ya libertad
, d .
b
,
e ser i re, trabajar por serlo
, y as1 a nqueza Y sentido a
br
.
'
se y oh-ligarse libremente Es la lib
d I
su o • igación; debe ligarpero es porque antes halla. en sí la
~ que da deberes y obligaciones,
pulso liberador; debe ser libre Hastau 1ª p~era de su liberación, de su im.
·
e artista y el poeta
.
sienten con la deuda p nmera
.
de hacer su obra lib
en['be
su ,vocaci6n se
ta de imitaciones.
remente, 1 randose hasª

•

°

d;:

A EL
la

HOMBRE

co Jo

RESPUESTA Y

co rn

RESPONSABILIDAD

LA co

-TESTACIÓN.

IJarnada o vocación exi~tencial el hombre respond~. V su respuesta es

159

�.
.
, .
éste La respuesta puede, pu ' ser
1.
•
inautenuco
·
f
su existir, sea autentico o
sentido total o en ormas
.
b'd
t do o en parte, en su
.
la drbida o la indc 1 a, en o
. d b'da da lunar a un rompimiento o
. d
La re puesta in e l
un· enta como retiponsa bil'1Parciale y denva as.
.
.
.al que se exper
1
desviación del senttdo ex1stenci ' . 'd_J a la totalidad intencional de
llamar responswz au
.
d b"
dad. Podemos, pue
. 'd d barca· respuesta auténtica o e •y
~ponS1v1
a
a
·
1 1exi tir que respo nd e.
esa r . .
d · debido. La responsab'I'
·z·d d
penenc1a del rcspon er m
.
da y responsabi r a o ~x.
bre ·usto cría el que se a¡ustara a 1a
dad vien de la inautent1c1dad. El hom
J 1· . to Ese hombre "justo" no
•
1 tal cabal cump im1cn .
.
deuda metafísica dando e to
y
. c1·a del hombre se mtebilidad En la autoconc1en
experimentaría la r ponsa
·
. esponmbilidad y re.tpuesta. No es
. tencial que responder éticag ra la responsividad en su doble aspecto:• r
1 llamada vocaCJon eX1s
lo mismo responder a a
. .
. d b"damentc E ta última es la re mente de lo que no hicimos o h1c1mos in e" i su respo. nsabilidad, el hombre
.
la r pue ta .on
' .
. ·
bra y llama ante s1 101sPonsabilidad; la pnmera, es
de ante Dios que 1e nom
'
,
también responde. y respon . .
desa·uste interior, y ante los demas y
mo. al experimentar el romp1m1ento o
J
gunta. Ante Dios, ante í,
·
b
antes respuesta que pre
·
con los demás. El bom re es
1
h ce y dice. Porque al cxtsbilizándose de O que ª
y ante los hombres responsa
l
ara hallar lo que ha de anatir ya está respondiendo, el hombre pregun a p ta existencial. Todo prcgunnta desde su respue
dir a su respuesta; Y pregu
do de responder. Son formas ge' banal es un mo
tar, aun el que parezca mas
'
l f el arte la poesía y la con. tod hacer el amor, a e,
,
nerales de respuesta.
o
' 1 h bre pregunta. y con las preguntas
. l e
ri&gt;&lt;nuestas e om
,
ducta socia . on esas -rb'lizá d se Por eso sus preguntas, no
mismas está respondiendo y r~Jºr;:3 1~ ~p:~~a que ha de ser congrua a
sólo llevan involucrado el senti o : .b . d en ella el ser mísmo existen.
b'é queda un nea o
•
cada una, smo que tam i n
.
pregunta Una pregunta era aude aquel a quien se
·
.
da
cial del que pregunta, y
l
o la respuesta existenc1alrnente .
é .
gu' n que o sea o n
li
téntica o maut nt1ca, se
L
tas y las respuestas gan,
. ah
t' preguntando. as pregun
da por quien
ora es a
y
la promesa y en la comles com-prometen.
en
b
ob-fiaan a los hom res Y
b'lid d ocial. y como la re pue ta
. b ta la re ponsa l. a
. t
solidaria y no sólo alterPromesa o com-prom1so.ed rod puede ser con;un
a o
.
de los hombres en soc1 a
de hacers con-testaci61&amp; y la responsab1nativa o recíP.roca. la. respuesta pue bTd d compartida es secu ncia de la
lidad co-responsabilidad. La re ponsa i 1 a .
la respon abilidad también
.
s·
respuesta es alternativa,
d
1
re puesta conJunta. t a
,
bilidad en el que man a
.6 .
Hay mas responsa
lo es, pero en relaci n mversa.
,.
spuesta en el que obedece que en el
que en el que obedece. Pero ~y ::sc:n cuando Dio le pregunta: "¿Qué
que manda. Ya e taba. res~nd~en o lo regunta porque lo ignore, sino pahas hecho de tu hermano· Dios n
~ . d sí y se responsabilice, rorora que Caín se oiga a sí mismo, tome conctenc1a e

160

piendo su responsividad en responsabilidad. El diálogo de los hombres se integra de interpelaciones, de preguntas y respuestas congruentes y ocasionales.
Si un hombre pregunta a otro por cosas, le está pregunta,ido,· si le pregunta por personas, o por él mismo, le está interrogando. Pregunta el científico;
i11terroga el juez y el sacerdote en confe ión. En la :nterrogación entra el "rogare" que es una forma casi sagrada de hablar; un hablar o dialogar más solemne. El parloteo y la habladuría no son ni siquiera diálogo. i son mucha
las personas que hablan es muftilogo o guirigay; si acaso, catá-logo dei banalidades sonoras. El interrogar es grave porque pide respuestas y responsabilidad. La autoridad más que preguntar, interroga porque previamente ha
sido investida de esa facultad. La tribu que tenía en Roma el privilegio de
votar y rogar la primera se llamaba "tribu-pre-rogativa".
CoN-TESTACIÓN, CO-RESPON ABILIDAD Y CO-PRESENCL\. CUE,'TA Y DUALIDAD.

En las re puestas, en las pregunta.~ y en las interrogacione echamo por delante nuestra presencia. En la con-testación va nu tra respuesta colectiva
y nuestra ca-responsabilidad o responsabilidad solidaria nacida de la ob-ligación y del com-promiso o la com-promesa. Aparte la respuesta que es el eidstir de cada hombre, y que es respuesta y responsabilidad a la llamada o vocación existencial, toda otra respuesta humana e con-testació,i y toda responsabilidad es co-rrsponsable, porque la presencia humana es co-presericia.
Pero así como la con-testación no ncce. ita un previo poner de acuerdo para
con-testar, ni la co-responsabilidad necesita una complicidad en lo consumado, para re. ponder olidariamente, así no necesitan todos los hombres verse
y conocerse entr sí, para que haya co-presencia. Adán, Buda, é ar, Goethe,
un hombre cualquiera de cualquier época o pals, al poner su presencia personal en el mundo, la hac concurrir con la presencia de los demás, tomando
de ellos radiaciones y prestándolas también a ellos, a los de cualquier tiempo y país. Los hombres, por s rlo, son todos co-presentes. Cada uno, lo sepa
o no, cuenta con los demás. Y ese "contar" dice más de lo que parece. La
auto-presencia se hace auto-co11ciencia personal, en cuanto la persona se percata o per-capta y se da cuenta a sí de sí. Es un rendirse cuentas que ya acusa responsabilidad. Pero también indica la apertura de una dualidad, de una
fractura de la conciencia unitaria de sí. La autoconciencia se hace conciencia
ética o moral, al abrirse el hombre en dos y darse, a sí mi mo, cuenta de lo
que hace. La autoconciencia existencial y presencial e respuesta: la conciencia ética e apertura de responsabilidades. Por eso el "darse cuenta" es un
"hacerse cargo" y aun carga. Al sentirse dos, el hombre se inter-roga y surge
la respon abilidad ética. Pero además por la co-presencia y la con-testaci6n
Y las formas de solilaridad humana, el hombre, cada hombre, menta con los
demás. Contar es notar, tomar nota o noticia. Podemos contar coas, nom-

161
Hll

�brarlas o numerarlas, y podemos contarlas, narrarlas a otras personas. Todo
lo que el hombre hace o dice está hecho o dicho para contarlo, hacerlo notar a los demás. Aprendemos por referencia de los demás porque el hombre
es una gran fuente de información. El hombre se fonna in-formándose de los
demás, e informando a ellos de lo que hace, dice o sabe. Todo lo que un
hombre hace, sabe o dice lo dice, sabe y hace también para nú. Y viceversa,
de mí para los demás. Así dando cuenta a los otros, roe doy cuenta a roí mismo y mi autoconciencia se ensancha con los otros, y mis ob-ligaciones roe responsabilizan ante ellos, como las suyas les responzabilizan conmigo. Con los
demás, dándome cuenta de ellos y de mí, para mí y para ellos, me respondo,
con-testo y responsabilizo.

Lo EXTRAÑO Y LO AJENO AL HOMBRE. No me responsabilizo con las cosas ni
con-testo con ellas. No hay solidaridad del hombre con cosas, porque con ellas
no me ob-ligo. La respectividad es unilateral, y el hombre no es respectivo
a las cosas, como ellas lo son al hombre. Es que ante las cosas nos sentimos
radicalmente extraños. Ante las personas no nos sentimos extraños, sino ajenos, con la misma comunidad en la base del espíritu, pero otras personas,
unas personas como ellos, pero ajenos y otros. Corrijamos, pues, la sentencia
de Terencio el Latino diciendo: "todo lo humano me es ajeno". Pero con
ello lo que queremos decir también es que lo humano no nos es extraño como nos lo son las cosas de la Naturaleza, con las cuales no nos sentimos ligados, ni ob-ligados. El hombre es extraño a todo lo natural; en cambio le
es intraño o entraña todo lo que es del orden del espíritu. Es que el hombre
es extra-natural, anti-natural y sobre-natural.
Aunque la Naturaleza unas veces se resiste al hombre y otras se le ofrece,
presentándosele como suma de facilidades y de dificultades, el hombre, aun
ante sus ofrecimientos y facilidades, sueña con su dominio y transformación.
Es lo propio de su actitud " poiética" de innovador y fundador. Las cosas, los
seres de la Naturaleza, se extrañan de nosotros como nosotros nos extrañamos
de ellos. Ningún animal se extraña de otro animal aunque sea su enemigo
natural, pues la enemistad como la contrariedad de los contrarios y la contradictoriedad de los contradictorios opera siempre sobre una base de comunidad; los seres radicalmente extraños entre sí, no pueden ser ni enemigos ni
contrarios; como dos términos sin nexo ni homogeneidad lógica entre sí no
pueden ser contradictorios. Ni la piedra es enemiga del ave, ni la virtud puede ser contraria al volumen, ni el número y la voluntad contradictorios entre
sí. El hombre no es enemigo ni contrario ni contradictorio a la Naturaleza y
a los seres naturales; es simplemente extraño a ellos. Si somos anti-naturales,
es precisamente en lo que de natural hay en nosotros. Pero la verdadera ín~
dole del hombre no es precisamente del orden de la Naturaleza, y por eso el

hombre, en su profundidad espmtua
. . 1 se siente
.
ext 1
Pero nos sentimos no extraños .
.
rano a os seres naturales.
bres.
' sino a1enos, otros, respecto de los demás hom. OESACERCAR y DESALEJAR . Los 1a1·mos no afinaron
1 .J:. . . ,
.
c1al entre "alter" y "alie
,, p
en a w:1bnc1on existennum • orque el hombr
.
no a las cosas naturales cuand . ,
e es sustant:J.vamente extra,
o estas nos cercan nos O •
mos de desacercarlas' poniénd o1as 1e1os,
.
b"ien en
' una pnmen y . acosan,. he.
como hace el saber científico
b.
d
. ,
perspect:J.va obJebva
como hacen el arte y la po , ' Eol .ien d escos1ficandolas, personificándolas
esia.
mun o de la f
di
'
a las cosas. La fe puesta en l
. e es ra calmen te extraño
as cosas es supersb ·6 .
·z·
los hombres y los pe.rvierte por
d 1 h
c1 n que re iga falsamente a
. .
que ar os ombres so tid
I
perst1c1ales. Las cosas han de
d
me os a as cosas su.
.
ser esacercadas para v l
d .
JOr, para subrayar su extrañ 'tud E
.
.
er as Y ommarlas meh d
i
.
n camb10 las pe
an e ser desalejadas para se . 1
rsonas otras, las ajenas
acercando cosas nos ;cercam rvu asl' pdara ~acerlas pr6jimas o pr6ximas. De:
os a os emas hombre
D 1.
nas nos acercamos a Dios.
s. · · esa e1ando persoEL HOMBRE COMO FIN, COMO MEDIO y COMO
cuenta que los "medios" s dis .
INSTRUMENTO. Si tenemos en
e
tmguen de los ''instr
,,
son continuidad homogénea d
.
l
. umentos en que éstos no
e qwen os mane1a
h
,
muru ad, en cambio los roed"
(1 al
' como son omogenea co""
'
ms, a P abra es un " ed"10" 1
ta un mstrumento") debemos d ec1r
. que las perso m d be ; a herramiencomo fines para los demás
'1
.
nas e n ser instituídas
«·
' y so o ocasionalmente como "
di "
mo mstnunentos". En camb" 1
me os , nunca comentos, rara vez y de modo m tafas, C?5as para el hombre deben ser instrume onco " d. "
en que el medio se distingue d 1 .
' me JOs pero nunca fines. Insisto
arbitrarios nada distra'd )
e mstrumento ( temo mucho a los lectores
1 os
,
'
en que el instru
t
continuo, extraño a quien lo
.
men o es algo separado, disd
usa, rruentras el medio p d
.
man o un todo homogéne-0 con el o
d
ue e ser a;eno, forotras personas como in trurn
pera or. Repugna al hombre tomar a
f
s
entos, pero no usarlas
.
mes, aunque la forma m,
bl
. como medios para sus
es el de tomar al otro co:O :
eEy ellevlada. de interacción entre personas,
.
. s e a tru-ismo de la
.d d . .
L as cosas sirven para
el h b
d
can a cnstlana...
···
om re e un modo t
personas deben "servir a "
. ' d li
ex rano, mstrumental. Las
mos cosas y mirándolas . . . poruen o bremente el fin en el otro. Mira.preguntamos a otros por ll
Ad .
personas, y ad-mirar es un .
é
e as.
-rruramos a las
nión. La figura humana rer;rradr y n~osale
la mirada en afán de comuuer a mas
signo d
dm" . ,
eal con la atracc1ºón d
e a 1rac1on: algo vertie un punto d · ·
¡
bre se agacha y curva b
eo1S1vo en o alto. Sólo cuando el homso re cosas ( sobre el ·
·
se hace signo de preguntar Ta b",
. m1croscop10 o sobre el azadón)
.
m ien se nza y toma del sig110 de mterroga.

·a

N

•

°:ªs

163
162

�ción cuando se arrodilla, pero entonces es que está rogando, interrogando
de modo decisivo y transcendental.
Ptu:ouNTA oE VARÓN Y PREGUNTA DE MUJER. Pero hay un estilo de pregunta varonil y un estilo feminal de preguntar. Los sexos humanos se manifiestan, no solamente en su morfología física y en el engranaje, riqueza y morfogenia de sus manantíos endocrinos que contribuyen a cambiar la f isiología y la psicología de varón y mujer, sino que también acusan estilo diferencial más hondo, en las respectivas actitudes primeras en lo que llaman ''cosmovisión", y que es más bien cosmo-intelecci6n. El sentimiento de libertad,
la forma del pensamiento, la capacidad de vivir desde otra persona y el modo de experiencia de ser y vivir en otros, es diverso para el varón y para la
mujer. Pero que sea diverso no arguye extrañitud de uno y otra, sino enérgica afinidad de ajenos complementarios, basta el punto de anhelar y lograr,
con frecuencia, constituir por el amor y la fusión o comunión de espíritu, la
espléndida y novísima unidad, re-unidad, de la pareja humana. Varón y
mujer son modos generales diversos de respuesta existencial como que son
llamados a existir según diverso estilo general de vocación. Es distinta su
respuesta y distinto su sentido de la responsabilidad. La maternidad es estilo de respuesta y de responsabilidad feminal, como la capacidad de abstracción intelectual y el afán de dominio sobre las cosas y las personas es
forma de responsabilidad y respuesta varoniles. Se comprende, pues, que
sea también diverso y diferencial el modo genuino del preguntar humano en
el varón y en la mujer.
LA PREGUNTA BIVALENTE. Pero como varón y mujer son variaciones de una
misma comunidad previa en el espíritu encarnado, las dos variables de la
constante "hombre", de modo que ambas categorías humanas, viviendo ya
matrimoniadas en cada ejemplar, ofrecen, en lo íntimo y profundo, cambiantes y tornasoles brotados de su diversa y misteriosa proporción ingrediente, no es infrecuente que, a veces, bailemos cruzados los sexos ya en el
orden espiritual, o que coexistan ambos estilos existenciales en un ejemplar, o que, en fin, ofrezca ese ejemplar sucesiva o alternativamente un estilo existencial propio de varón o de mujer. No es infrecuente hallar cierta
rica maternalidad en varones y cierta actitud marcadamente propincua a la
abstracción y al mando en muchas mujeres. Se comprende, pues, que las
preguntas feminales y las varoniles se imbriquen y tornasolen fundidas y
confundidas muchas veces en un mismo ejemplar de hombre.
PREGUNTAR POR cosAs Y PREGUNTAR NR PERSONAS. En general el varón
pregunta por cosas, conceptos y relaciones, en una enérgica actitud cinegética de aprehensión y captura. Es animal de vientos perdigueros para las

cosas y los conceptos, buscando lo general
quedan prendidas, com-prendidas El
c?mo una red en que las cosas
mas y herramientas para segwr· . daprendizaje del varón es toma de ar. 1 'd
cazan o o pregunta d L
smgu an ad única, no excitan su a ti d
n o. as personas, en su
gente sobre ellas por resulta 1 . pe to e captura; más bien pasa tan'd
r es irrazonables e i · t Ji "bl
vi uum inefabile est" de 1
, ..
run e gi es. Es aquel "indi,
1
os esco1asticos La pregunta
'l
pon o a cayata, el lazo ensortiJ. ado el . . d I
• en e es garfio, arcosa como 1o que es como una " ' " nzo
.
El e ' a astuaa' p ara des1arretar
toda
h
'
res
varon c1m·
e o, Y siempre por cosas o por c .
.
a ira poco y pregunta muta f eminal, en cambio ;o es . tronceptos, que son archicosas... La pregun.
.,
'
ms umento de capt
.
d
mtergrac10n y maternizae1·' d I
ura, •sino e donación ' de
.
on e mundo y
un JIUrar con "ad" un
. u\ . ,
.
es sustant1vamente admiración
d
'
a gesnc aCion de asomb
l' .
'
e caer y está cayendo siempre
ro, una agr1ma que no acaba
des e intimidades, no por conc~ t~:rernta es por personas, por singularidacosas se ofrece para mate . pi
y orm~s generales del conocer. Ante las
liaIes. L a muJer
• pregunta rmzar
as, personificarlas
·
.
m
.
como cnaturas Vlvas fi..1_:_ . ,
enos sustanttvamente
d .
su awuuac1on va su actitud d
s·
pero a mira más. y tras
e amor. 1 el varón
·
un pro f undo sent;ido de premio
es venatono, la mujer tiene
varón que triunfa.
' presa y trofeo, donándose gloriosamente al

s·

LLEGADA A LA EPISTEMOLOGÍA

Sabe

del sentido profundo del sabe . h

r y preguntar. y así llegamos al umbral

h~ de tener el sentido existe:cia~:th!~~s problema.s: T~o buen saber
solo es vero y vivo sabe
d
_re que esta sabiendo. El saber
r, cuan o es auténtic
d
•
respuestas y preguntas. Los saberes falsos o . o, ~u~n o . viene de auténticas
no es . bueno, porque no enriquece la con . m_aute~hcos. intoxican, y el saber
ma y abulta de saberes como gases a c1e~c1; extStencial, sino que la inflabueno. Importa al hombre I b ' caso e etéreos. No todo preguntar es
.
e sa er en profundidad
.,
sustannva.mente bien tramado y . ·¡ d
' no en ext.ension; que sea
,.
asmu a o en el mi te .
.
tafISICo de la persona ha . d d l
s noso metabolismo me'
cten ° e os saberes
·
..
preguntamos desde nuestro saber y be
d ·sdsustanc1as espmtuales vivas.
sa mos e e nuest
preguntar. La pregunta auténtica com f
,rª. respuesta, antes de
para ser más y mejor con más a' t u· ~d rduto del autentico saber, nos sirve
. 1
'
u en c1 a no para b
~.
tan c1a es o innutritivas El b
'
sa er ffii:Ui cosas insus·
sa er que no es auténti
·
o banal, pero no más profundo
.
co, smo que es más extenso
• no ennquece el ser e · t
· l ·
envaguece, confunde y d'
b'
xis enc1a smo que lo
el hombre no el homb IBtur ia. !El saber y el preguntar han de ser para
'
re para e sabe
l
tido de nuestro saber y nuestro
r y e preguntar porque sí. El sención o llamada existencial a s pre~tdar suena en el fondo de nuestra vocaer quien ebemos se p
saberes que matan y sab
r. or eso hay preguntas y
'
eres y preguntas que vivifican y salvan. Nadie se tra-

165

164

�buque en esto y piense que estoy defendiendo la imposición por alguna au•
toridad de un catálogo de saberes previamente censurados por aquélla, sino
que digo esto:
SABER v AUTENTICIDAD. Sepamos lo que necesitemos profundamente saber y
preguntemos aquello que viene dictado por nuestra necesidad metafísica de
ser y de existir como somos. Basta para ello que escuchemos y cultivemos
nuestra autenticidad. No admitamos que nadie, en nombre de nada, nos dé
el cuestionario fundamental de nuestras preguntas. Pero tampoco seamos li•
geros y frívolos al preguntar, sobre todo cuando las preguntas pretendemos
que sean vivas, hondas y existenciales. El hombre es respuesta, la vida breve,
hemos de morir con nuestra respuesta dada, y esta respuesta depende de las
preguntas auténticas que hayamos formulado. Pero hay preguntas que, siendo
existenciales para unos, pueden resultar inauténticas en otros, si éstos preguntan por imitación o curiosidad banal. Todo saber que lo es merecidamente,
salva, porque autentifica, aut(o)entifica, contribuye a hacernos el propio ser.
El mal saber nos ofende y traiciona; por lo menos no nos forma ni salva.
Hay quien muer envenenado de saberes como gases inertes tóxicos, o electrocutado por los calambres de sus preguntas frívolas. Saber bien, no sólo es
preguntar bien, sino también dar la mejor respuesta de hombre.

fecundo. Saber no es medir' SUlO
• en1azar conexiones
.
y d . l
pues é tos ocupan mucho 1
. .
re UCJr os saberes
• l
b
ugar en 1a conc1encta del hombre Hay que re~
d uC,r os sa eres en apretadas ,
. basta el esq
.
.
smtes1s,
coneXlones vivas . La mirada de sa b'io es mirada e .uema,
para
t d
d ganar más
su verticalidad mirada
,
minen e, es e lo alto de
'
episcopa, anchurosa, de p anorama ...

SABER E 10NORAR. Preguntando y respondiendo, el hombre hace circulo consigo mismo y con los demás, con-testando y co-responsabjlizándose. Debemos
saber más y mejor, entre todos los hombres constituyendo el gran equipo único de la Historia. La máxima especialización sea la máxima personalidad rica
y singular de cada uno; la comunidad humana, la copresencia y la colectivizaci6n de actividades y saberes han de contribuir a que cada uno sea quien
es, quien debe ser del modo más hondo, peNOnal y singulansimo. Ha de saber tanto que incluso ha de saber ignorar y olvidar, asimilando sustancias
últimas. No es sólo el único animal que sabe sino· también el único que ignora, y el único que sabe que ignora y nunca ignora del todo, pues siempre sabe algo; al menos se sabe a sí mismo, sabe, tiene el sabor de Dios, y sabe que
está sabiendo, y, por lo tanto ignorando. El hombre auténtico siempre sabe a divino. La ignorancia honda siempre es docta, y un título de gloria para el hombre; más titulo de gloria que los saberes inertes o gaseosos. Como
el animal no sabe, porque lo que hace le viene dictado por sus instintos es•
pecllicos y genéricos, nada le resulta sabido, como nada le resulta ignorado. Saber que se ignora es indicio de sabiduría; ignorar que se ignora es
estupidez, y sólo el necio cree que nada ignora y que lo sabe todo bien sabido. Avanzar en saberes es progresar en la conciencia de lo que se ignora,
y el ignorar, la conciencia del ignorar, es gran fertilizante para el saber

166

167

�LOS AFORISMOS DE LOCKE ACERCA
DE LA EDUCACION Y DE LA SALUD
PATRlCK RoMAN.ELL

Universidad de Texas.

JoHN LocKE (1632-1704) ha sido llamado "el Padre de la Educaci6n Moderna en Inglaterra",1 y tal vez ninguno de sus libros haya alcanzado el valor obtenido en nuestros días por Some Thoughts Concern.ing Education.
(Algunos Pensamientos acerca de la Educación). El libro, que constituye
Ja más importante contribuci6n de Locke en este campo, abunda en penetrantes observaciones acerca de la naturaleza humana, muchas de las cuales son
expresadas en forma de aforismos.
De acuerdo con su origen y propósitos, esta obra nos lleva hacia una serie de cartas escritas por Locke en el año de 1680, cuando éste se encontraba en Holanda, mismas que estaban dirigidas a su dilecto amigo, el inglés Edward Clarke, y con el objeto expreso de aconsejarle la forma adecuada para formar y educar a su hijo, a fin de que algún día pudiese llegar
a ser un auténtico "gentleman" inglés.
El origen epistolario de la obra pudiera explicar la raz6n por la cual el
volumen publicado adolece, en cierta forma, de repeticiones. Y aunque su
restringido objetivo puede producir una fuerte impresi6n en aquellos que
gustan de interpretar a Locke como el gran campeón inglés del hombre común, la verdad es que él nos dice, desde el principio de su obra, que su
Tratado sobre Educaci6n está fundamentalmente diseñado y dirigido para
las más altas clases de la propia sociedad inglesa, la élite, para ser exacto .
Afortunadamente, lo que Locke actualmente nos dice acerca de esta materia tiene ya un más amplio objetivo y ésta es la razón, por supuesto, por
la cual sus ideas pudieron llegar a causar un impacto de gran alcance en
la educación moderna.
1
JoaN Locxa, On Politics 1111d Education, cd. Howard R. Penniman (New YorJc,
Van Nourand, 1947). 205.

169

�ducaci6n aparecieron en un
Las cartas de Locke a _Clarke ~~;'ªy de~ ~ec~o de q~e éste ti-abajo ~uese
libro que vio la luz pública en
~ ima en Londres, indica, de por Sld no
ublicado primeramente en forma an;;n 'nitas en el autor y que éste a. ~p~larnente las precauciones que eran
~rsia que encierran sus propos1c10.
t6· sino
tambº,
ien, el carácter de contro
, . les ·
. . t eroente conservador,.
nes, educac1ona
.unto es lo sufic1en
d
Mientras el volumen en su conJ
ales concernientes, 1a reforma e
ta nto como las asunciones religiosas yh ~orlas letras, el latín y la lógica ( las
• · des ataques acia
Lo ke con sus irurusencor
l costumbre de entonces ) • dec ''L's" de la educación de acuerdo c;n a contemporáneos, y sin duda
de haber horrorizado a m~chos u;;s en el pre ente, especia\men:
al na, horrorizan a muchos de ~~ n la declinación consecuente ~~ la as1
conocido líder filosof ico fue
t gudesde el advenimiento del Sputruk y bº
e
· " , cuyo 1en
llamada
"Educaci6n Progresiva

:::oo

:,c

el ya desaparecido John_ Dewey. er breve, una larga historia, podemos deAhora bien, con el obJeto de
s hacer inteligible a John Dewey en
cir que sin John Locke no po iamoudiera parecerle exagerado al lector
materia de educación. Aun~ue _esto p merece la crítica pertinente de la hno2 Todo l o cua I, hace de esta obra, en
a pesar d e es ta úlúma exphcac16n,
.

'!

losofia educacional de nues:ro tl~m~s de mayor significación cultural, pa. 1 XVII uno de los bbros mg
el sigo
,
.
•
d
ra nosotros, en este crí~co
comprender cómo y por qué el ~un s:
Consecuentemente, s1 quer
ericano en particular, han alean~ o
oderno en general, y el anglo-~ .
materia educativa, necesitamos
m ·entaci6n predominantemente practica :n tos años a la fuente principal
on
. damente tresoen
,
693)
volver hacia atrás ª?..~xiSma e Tltoughts Concermng Education ( 1 . .lés) a
ue es el libro de Luv-.e o~
vez rimera ( al menos, en mg
.
q Para ello es preciso, a~ro~amos po~ ro p sición que afirma que u? ~onouna defensa sostenida y sin ~tubcos de nJaJ: en relaci6n a un conocuruento
cimiento minucioso de los hbros es s~c\grega~ el que no hay duda de que en
completo del hombrc.s No es necesario

lt=•

...-.
w York Macmillan, 1916), 70-80.
--:-OE~V, D,mocracy and E~11cat1on ( e es el ;ue se dirige a sí ~smo_ en
JosN
cifica cuál de los traba10s de Locke esde el contexto de su d1scus1ón,
Dewe;. no cspc cke en educación, pero es claro, d
extraño que suene, es el
su cnuca de Lo
él -'"ogi·cra como blanco, pcr
S t Thought;
b · d Locke que
"""
.
( 1706) más qur om
que el tra aJO e h C nduct of th, Understond1ng
'd . pcrtantcs trabajos
ensayo p6stumo Of .' e i°693 Una comparación entre estos ~s un
e ambas obras

~=n~~!.!d:;:'º:Uc~a
1 srespectivas maneras, O

q;::;~;::;:ru;::
debe

de );itio, except\
~cke el @ósofo.
tanto
• .• 1..
a sus predecesores,
revean, en su
?82 331 Lo que ~ e
.
f
• Loen ( Pcnnim.an edirion)' ~8 ·- , l . édico francés Rabclai1, }' moralista ran
en materia de la educación, especialmente a m

170

la época de Locke esta rebelión en contra del "estulto" sistema educacional
en las escuelas duró largamente, más de la cuenta. Pero, ¿ cómo han cambiado, desde entonce, los tiempos y los ideales educativos?
Evidentemente hay una cierta especie de péndulo en la historia humana y
es de esperarse que nosotros, hoy en día, que estamos siendo testigos del uniforme horizonte educacional encabezado en dirección opuesta, queramos aprender la espléndida lección de la historia misma: dos errores no hacen un acierto. Mientras tanto, permítaseno lucubrar que aun el conocimiento que tienda
hacia el hombre con sus virtudes y con sus vicios, sería imposible sin el conocimiento de ciertos libros incluyendo los de Locke.
Locke mismo se precavió de esto en el iglo XVII, cuando dccidi6 no polemizar contra el "aprendizaje de libros"; y nosotros tenemos más razón para
tener nuestras precaucion acerca de esto en el siglo XX.
En cualquier caso, y sin tomar en cuenta su influencia, ya sea en forma
directa o indirecta, en la educación moderna y en sus reformadores, tan diferentes como Rousseau y Dewey, el Tratado de Locke encierra para nosotros
algo especial; es po ible decir que es el mejor de todos los escritos publicados
durante su vida, sino de todos aqueJJos qúe fueron publicados después de su
muerte y el que encierra mayor carácter autobiográfico.
Tomemos un caso como punto de referencia: cuando Locke nos asegura
en Sorne Thoughts Concerning Education (Algunos Pensamientos acerca de
la Educación) que su crítica de la formación (standard) en las escuelas europeas de su época, está basada en su "propia experiencia",• lo que en realidad
tiene en mente es una referencia a us observaciones por una razón, sus propios estudios verificados en dos de las más reputadas instituciones de en cñanza
en su patria: la escuela de Westminster, en Londres, y el colegio de la lglc ia
de Cristo, en Oxford; más aún, y aquí reside tal vez su más interesante contribución dada desde el punto de vista autobiográfico, Sorne Thoughts Conurning Education, es de todas las obras publicadas por Locke, el fi16sofo, la
única que lleva desde el principio hasta el fin, la marca inequívoca de Locke
el médico. Para no mencionar sus innumerable manuscritos no publicados,
muchos de los cuale se encuentran ahora debidamente conservados en la Bibliote~a Boc!Jeiana y algunos de los cuales son de contenido meramente médico. Hay, para estar seguro, ci rtas alusion a la medicina en algunos otros
de sus escritos publicado por él, incluyendo el famoso Essay Concerning Huma,i
Understanding (1960) (Ensayo acerca del Ent ndimiento humano), pero
ninguno de esos escritos es comparable a su libro sobre educación en el núcés Montagne, csd., aaimismo fuera de discusión aquí. Pero el lector interesado, puede
consultar la R. H. Quick edición d~ Somt Thoughts Concerning Educotion (Cambridge,
nivcnit)• Pre$, 1902) para las sugcrenciu pertinentes en este tema.
' /bid., 343.

171

�esto nos habla
. de su d
. . . de u modestia t. o b.ien e un reíleJo
pu di era d mgme al estado corriente d 1
esengano que bien
intervención personal en este cam ;, eN os as~tos médi~s, o sobre su propia
Co
l d'
.,
po. 0 podnamos decirlo.
. m~ a iscus1on acerca del cuerpo la sal
.
vis medicatrix naturae asi' se b
y
ud, e tennma con la hipocrática
,
a re con el prin · · d J
corpore sano. He aquí una versión afonsttca
, . d c1p10 e u\'enal: mens sana in
e Locke
d
. .
poeta romano. que nue tro médico filó~f
acerca el pnnc1pio del
de toda educación:
o resume bellamente como objeti"o

mero de expHcitas referencias acerca de cuest.ion médicas. De hecho, el
caso debería tomarse considerando que Locke hizo que todo "ejercicio teórico" de la educación se deriva, n su aspecto técnico, de su experiencia
médica y está basado en una analogía con la educación física, pero deberemos dejar para otra ocasión la evidencia que sostiene la afirmación que antecede. os es suficiente por el momento, el establecer en fortna clara, que
Locke estudió medicina en la Iglesia de Cristo, recibió su grado de bachiller
en medicina en Oxford, en 1674, y practic6 la medicina ocasionalmente antes
de esa fecha y posteriormente, en forma particular, cuando desempeñó el cargo
de Médico de Lord Hashley, en Londres, y colaboró con Thomas Sydenhan,
el "Hip6crates Inglés". En vista de todas. estas bienconocidas referencias biográficas es realmente sorprendente el que los discípulos de Locke, los que ha
habido en gran número, hayan ignorado ese aspecto médico de su pensamiento,
sobre todo cuando éste aparece en fonna clara, como así lo veremos, en el

''V na_ m~nte despejada, et1

u,1 cuerpo sano es
descnpción de un estado de f l' .d d
, una breve, pero completa
.
e tci a en este mundo Á
I
b
am os, tiene aún un poco más
d
. que que posee
•
que esear • )' aquel q
d
ni otro, servirá de poco para
l .
,
ue no esee ni uno
hombre como su miseria
rna,qurer otra cosa. Tanto la felicidad del
' es en a mayoria de l
sus propios actos. aquel que n d. ..
.
as veces, producto de
o pettsar, jamás ;omará e• d b~d m¡a ~propiadamcnte su e,itendimiento
, e t o camino . y
'l
y cnfermizo, no tendrá capacidad p
, aque cuyo cuerpo es débil
D b
¡
ara hacer progre
.
~ o con esar que hay algunas constitu .
sos en ese camino.
m1entos en los hombres que son t
. ciones de cuerpos y de entendiconstituídos por la natu l
an_ vigorosos y se encuentran tan bien
.
ra eza, que c1ertament
,
na du; en virtud de esto p l f
e no necentan la ayuda de
, or a uerza de su
·
dos desde su origen h . l
genio natural, son lleva'.
acia o que es excelentr .
.
l . .
de sus magm/rcas constit .
, y gracras a primlel{io
s·
uc101us, son capaces de h
m _embargo, ejemplos de esa clase los ha
acer cos~ maravillosas.
decrr que todos los homb
y muy pocos y pienso que podrl
l
res que mcontramos nue p
d
o que son; buenos o malos út ·¡
,
ve artes e diez, son
hace la gran diferencia ent' 1' esho no, _por su educación. Esto es lo que
re a umamdad".•

volumen publicado por él sobre la educación.

ll

Locke inicia su obra Sorne Thoughts Concerning Education informándonos
que su investigación pretende ·"considerar primeramente la salud del cuerpo,
la cual tal vez usted pueda esperar de este estudio ... , he pensado al resp cto
más peculiarmente por haberlo aplicado en mi mismo"/ más que a la propia
medicina. Al final de sus discusiones acerca del mismo tema, señala nuevamente que tomando en cuenta su condición de médico, se espera que proporcione "algunas direcciones de medicina con objeto de prevenir las enfermedades".ª En relación con este punto el único consejo que ofrece en forma de
medicina preventiva para aplicar a los niño , s el no hacer nada que no se
identifique plenamente con la fe Hipocrática en la fuerza curativa de la naturaleza y, agregando significativamente, más bien en una sorpresiva forma
dogmática, el que "nadie puede tener la pretensión de dudar del consejo de
alguien que ha gastado algún tiempo en el estudio de la medicina, especialmente cuando él aconseja el no guardar reticencias en el empleo de la medicina
y de los médicos".
Incidentalmente, debe tomarse debida nota de que todas esas referencias
autobiográficas de Locke en relación con su fondo médico, ponen el énfasis
en su estudio de la medicina, pero no en la práctica de eUa. Ciertamente, que
• Jbid., 211.
• 1bid., 228.

El siguiente aforismo expresa en Iorm
.
salud como principio de felicid d
adsucinta Ja suprema r Jevancia de la
a . igu1en o las ense1guos e toicos y las leccione de su ro ia
. ~anza moral~ de los anla más importante conclusión en el p P.d expenenc1a médica, Locke llega a
e~ndalmente una materia d '
se~t1 o de que el proceso de la alud es
l
e constancia de endurec
as penas y con ojas de la v'da e·
'
.
ernos nosotros mismo en
•,
.
1 •
itemos su afomaci6 . . . 1 d
s1on que tiene orientación médica:
n tmc1a e esta conclu-

s· .

f

"D e cuán necesaria es la salud par

.
cu,fa necesaria es una fuerte constit: ~uestr~s negocios y felicidad, )' de
c n, dispuesta a vencer los trabajos

' lbid., 228.
• lbid., 210.

173

172

�pesados y la fatiga, podrá evidenciarlo aquel que sea cualquier figura en
el mundo, y esto es tan obvio, que no necesita prueba" .9
Con objeto de ilustrar el acercamiento general de Locke con los estoicos, en
relación con los problemas de la salud, peruútasenos seleccionar el que, probablemente sea el más feliz de sus aforismos, en toda su obra:

"La primera cosa de la que se debe cuidar es de que los niños no sean
vestidos hasta producirles acaloramiento o bien el tenerlos cubiertos, Jª
sea esto en verano o en invierno. Cuando nacemos nuestra cara no es
menos tersa que cualquier otra parte del cuerpo. Es simplemente .su uso
lo que la endurece y la curte, para resistir el frÍo. De aquí en adelante
el filósofo citiense le da una muy significativa contestación al ateniense,
quien se maravillaba de cómo podría permanecer al desnudo 'Y desprovisto de ropa en la nieve y el hielo. "¿Cómo, dijo' el citiense, puede usted
endurecer su cara exponiéndola al cortante aire del invierno?" "Mi cara
está acostumbrada a ello", dijo el ateniense. ,,.Palpa toda mi cara", replicó el citiense". Nuestros cuerpos podrán adquirir el endurecimiento necesario si desde el principio así han sido acostumbrados".1º
Nuestro autor procede a describir en detalle algunos de los más relevantes
principios espartanos, en relación con el mantenimiento del cuerpo de los
niños en debida condición, y arguye, en favor de las virtudes higiénicas del
agua fría, así como de la natación, del aire fresco, de la ropa holgada, de la
observación de una dieta simple, de las de una cama dura y de un sueño
prolongado, él "gran cordial de la naturaleza" _u Siendo Locke "estreñido
por naturaleza", es, no obstante, muy explicito cuando toca el tema relativo
a que el niño adquiera el hábito de rendir, en forma regular, "homenaje a
Madame Cloacioa",12 como él delicadamente lo escribiera, aludiendo a la
cloaca. Pero mientras que insiste acerca de la importancia de enseñar al niño
a regular sus movimientos intestinales, curioso ciertamente, Locke se opone a
la regulación de las horas de comida para los niños, ya que, al referirse a
ese aspecto, el niño debe comer solamente cuando el reloj de la naturaleza
hace sonar sus campanas; o simplemente, cuando tiene hambre.
Acerca de estas reglas específicas sobre la salud de los niños es conveniente hacer notar que durante el término de la generación anterior, un
' Ibiá., 21 t.
1º Ibid., 211-212.
11 Jbid., 225.
u lbid., 226.

médico de Chicago, se impresionó
·
.
vjvamente con la
Locke se aproximaba a los problemas de la i" fo~a y manera en que
y publicó un peri6dico ha .
, . n_nez, a traves de lo moderno" u
.
c1a ese propos1to mtitul d J h
'
Sm embargo, otro autor mé...1:c
. ,
a o o n Locke, Pediatra.
. .
Ul' o, postenormente h b ,
d d .
de ed1tonaJ y en relación co l .
, a na e ecir en forma
.
n e mismo tema. "e
h
dedicado al problema de I
l d d
: _ orno mue os otros que se han
a sa u
e los runos Lock f
.
que en la práctica por él predicada" u
e ue me1or en teoría,
pertaría tantas discusiones tant
.
m em argo, la obra de Locke desde un niño.
'
as como puedan concernir a la salud del cuerpo

s·

b

~¡ la primera parte de las 30 secciones d
catwn constituye una contr"b . ,
~ Sorne Thoughts Concerning Edu-

• •
J ucmn a la literatura
diá .
ongmales secciones permanecerán
d
. pe tnca, sus doscientas
]
• 1 ,
' se pue e decir como
.
.,
a ps1co ogia y a la psiquiatría inf tºl
,
una contnbuc1on a
,
' .
an J ' entre otras cosas E .
.
.
roa en esta ultima contribucio'n d
· • xiste cierta iroLocke, quien
. se adhiere al dualismo
' et nuestro
autor
l
d. .
' como a pudo haber en
t
d
ra 1c10naJ de c
1m
anta e Descartes como de la tradi . , C . .
uerpo y a a que heredó,
'di
'
c10n nsuana. no
. .
me co cuando cambia del . . .
'
aparece asmusmo como
,,
"
e1erc1c10
corporal
del
niño
1
"
,
•
.
asunto ' 15 la educación de su espíritu" s·
a proxuno y prmcipal
manece como médico en es , 'tu h .1 m embargo, malgré lui, Locke per
pm
asta o último
1
'
•
trantcs páginas de su obra
.
. ' y a gunas de las más pene.
, puesta a cons1derac1ón ca
¡
,
que los mgleses llaman "M di . p . , .
' en en a categona de lo
e cma s1colog1ca" C
b·
terior, hemos seleccionado t11e
.
.
. on o Jeto de ilustrar lo ans pasaJes, mismos q
t'
l .
problema del temor en la . El .
ue es an re acronados con el
runez.
primer pasa·
·
acerca de la "verdadera fortaleza":
Je, proviene de una discusión

"El primer
·
paso para obtener esta varonil
.
mencionado anteriormente e l
.d
prestancia es aquél que he
·~ d
, n e senti o de guardar "d d
nmo e temores de cualquier l
d d
cw a osamente al
.,
c ase es e st, más tie
d d
permztirseles ninauna
clase
de
p
h
.
rna
e
a. . No debe
a
re
ensiones
que
le
t
0
se conversa con ellos com t
s a emortcen cuando
,
•
0 ampoco sorpre d z
horripilante. De no ser así el p' .
n er os con ob7etos de aspecto
es mtu se sobresalta '
d
a tal grado que ya no p d ,
na y se escompondria
o ria recuperarse nue
'
curso de toda su vida l
d
vamente, aun durante el
, a que guar ará memoria d l
.
o apariencia de cualquier idea te rron'f.tea, con temores
e a pmnera
sugestión
y confusiones
ll

J

H · JACKSO N, JR., "John Locke Pedí tr" • "
ChGEOROll
'"ld rens, vol.
36 (1928) 1250
'
a ioan , American Journal Di.seas
u An' .
'
·
es
ommo, "Lock.e as Medical Ad vuor
. ,,, Medical Journal and R
( 1929).
,. L 287.
ecor d, voL 129

of

ocn (Pcnniman edition), 211, 229.

175
174

�hombre
,
d ' el espíritu conturba do, y el mismo
.
el cuerpo estora enerua o &gt; .
ción compleja o racional.
,
atemorizado, incapaz de cualqtue; ac a motivación habitual de los esp,Pero )'ª sea que esto proven_ga ed u~d por las primrras impresiones
. ..
,ntro uet os
.
f
't
animales o pnmitivos,
• "ó por algunas mcon en us
. , d la const1tuc1 n
"d
f11ertes, o bien por la alterac1on , eE ·em los de aqurUos que han nac1 o
sables uías, esto es ciertatTUn!e asi. í / :ermanecido a través de toda su
con una mente tímida y débil, yl a~ tan to sufrido cuando niños, pueden
·
l
fectos de a gun SUS
•
,, 10
tida ' debido a os e•
de todas las precauciones .
t
pesar
;,tos en cualquier par e, a
rervw

••

.
, para la p iqutatna
solamente de mleres
. .
El afori. mo que antec de no
d sd e) punto de Yista de la bistona
. .
también no habla e e
arte-11 no
Infantil, tno que
strado ya en alguna otra p
.
. Si bien Locke -como lo he mo
1 . 1 XVII la referencia que
éd
m 1ca.
d' · al en e SJg o ,
. ue le vincula al galemsmo.
h . cn·u·ca de la medicina tra 1e1on
IZO
- al " es un eco q
'
, .
. ales" p0steriormente,
hace aqu1. d e los "e píritu. anun
. m. es
1 a los "t-spmtus anun
. 0
Por cierto, hay una refcrenCJa a
'6 n el libro a otro eco del galemsm '
., una temprana alus1 n e
así como tam b1en
.
s" 11
la teoría de "lo humores pecarrunoso . ali • ·mo caso histórico que ilustra
.
efiere a un v o i i
•
El egundo aforismo se r
or establecido en el pasaje antenor:
, .damente el problema del tero
viv1
t ba perturh b'a un hom br e que se encon ra
b
uEn un pueblo del oeste a '
d
• los muchachos acostum robado de sus facultades mentales :Yan ee::::amino. Aquel sujeto, viendo
ban burlarse cuando lo encontrab ha , mofa de él, se detuvo en una
'll que c1an
h
tras el mueI tac o,
l Calle a uno de oque os
en a
f d do una espa da se lan•ó
peletería próxima)' tlese11 un an d echó a corrrr en drf ensa de su
quien viéndofo a tal punto arm;a ~'uerra y los tacones necesarios para
'da Para su buena merte tuvo
d
p dre antes de que el loco
vt .
l casa r .m a
.
d
introducirse rápidamente en a b solamenlr, con un cerroJO cuan o
Pudiera atraparle. La puerta rsta ap,ara cerrarla, volvió la cabe;~ con
• en sus manos
.
él tuvo el cerro¡o
b su per.seguidor, mismo
qu e "-'ª
,
1
l .
e encontra a
d l
objeto de ver cuan e¡os s . o blandiendo iracundo y amenaza or a
estaba a la entrada del pórttcl, . p suficiente para traspasar el umO
espada. A duras penas t ui•o e ttem
l hubo cerrado con la aid aba,
t
,
una
vez
que
a
bral de la segunda puer a )
'" lbid., 301.
"

PATIUCK RoMANRLL,

"L ke y Sydcnham: A Fragmcnt on Smallpox" ( 1670),
oc .
vol 32 (1958), 293-321.

Bullttin o/ the Histo,y o/ ~~edr)cm;45 .
LocKE ( Penniman cd1t1on ,
.

pudo rvitar asi el inminente golpe, que ~ bien no lle{fó al cuerpo, hirió,
sin embar~o, tl r.splritu del muchacho. Esta atenadora idea causó una
pro/unda e imperecedera emoción que habría de permanecer en su mente por murhos años, si no es que toda ru vida. Cuando refería erta
historia, ra hecho hombre, ase{furaba que desde aquella ocasión hasta
n1tonces. nunca volvió a acercarse a esa puerta ( que él podía recordar),
si11 cvr,car retros.bectivamcnte t.l suceso, en cualquier tiempo y con cualquier asunto que luvie.re cu mente y aunque llegó a su plenitud mental,
con el paso del tiempo, nunca owidó la imagm de aqud dercquílibrado
mental". ~0
El tercero y último pasaje. que contiene razonamientos en tomo a la imposibilidad de aprendizaje de un ni110 que se encuentra bajo presiones de

temor:
"Resulta imposible para los mnos el aprendizaje de cualquier cosa si
su mente se encuentra pose(da o perturbada de cualquier pasión, especialmente si es de Lt-mor, mismo que causa la más perdurable y profunda impresión en ms aún tiernos y debilitados espíritus. Manten 11áseles
la mente dentro de un temperamento de natural calma, cuando tengan
que recibir instrucciones o cualquier grado de adelanto e11 rl conocimiento. Esio es tan imposible como tratar de dibujar regularmente caracteres c11 una mente co1wutsa o bien en un papel e11 movímiento". 21

Las !iecciones finales de Some Tliou.ghts Concerning Educatio,1 se relacionan con el procedimiento que un joven debe usar en su tiempo de recreo.
Aún en este punto vernos que Locke habla como mfdico, enfatizando como
lo hace, la relevancia de las artes y de los trabajos manuales, de los deportes y
de los pasatiempos, en Ja persecución de la salud.
último, pero de no menor

Al

importancia se incluye ahí, el propue to currículum "di eñado para el hijo de
un gentleman", por lo menos, una definida materia médica, "anatomía"/~ la
que está agrupada con la geografía y la astronomía.
.. Tbid., 321.
" lbrd., 346.
n ]bid., 342, 351. 388. Entre los papclc.s de la Colección Lovclac,c en la Biblioteca

Bodleiana, Oxford, hay un borrador de una carta de Lock.c a Carey Mordaunt, Condesa de Peterborough, fechada en 1697 que lleva intitulado Edu_cat,on, escrito por R
En Clta carta, Lockc aconseja a la Condesa el que su hijo principk el ~ludio de las
ciendas con la anatomfa, "porque ésta consiste solaml.'nte en ver la figura, la contextura y situación de las partes y alguna otra cosa acerca de su uso. Esto se debe,
según yo creo a que en todas las ciencias lo mú í:icil dt'bc ser lo que sirva de principio,

" /bid., 233.

177
176
Hl2

�.

esidad de estar convencidos de que cada

la llamada general que el
Para resumir, debemos senbr la• nec
cipalmente en
.
,dº
hombre, cuya fama descansa p~
·a1 de una seria experiencsa mt ~a,
hace a la txptriencia, toma el canz especiS Thouahts Concerning Educahon
" :....... es necesano
· conc lurr
·
er es leer omt
od l q ue tenemos que h ac
t o o
. f rma
nara termu.... '
la
a rabo", En cualqUJer o
. , ,--d la educación )' de
d e "--~
\;4UU
•
d Locke acerca e
que si las piadosas o~n-ac1ones_ e . a reciadas, entonces podrían haberse
salud hubieran sido me1or conocidas )i p
el mundo moderno, como los
d un honroso lugar en
. dad
hecho merecedoras ~ .
Hinlv-rates lo fueron en la anngue
.
clásicos AforismoJ, atribwdos a
,----

"ºª

M

Traducción del Lic.

, Gó

ALBERTO GARCIA

REFLEXIO ES SOBRE LA HISTORIA

Dr. JosÉ R. EcmVEIUlÍA

EZ

Universidad de Pueno Rico

I

=~

ahí por grados, se
te"
o sea aquello que se encuentre
ás abstrac~o y que esté totalmente en la
procederá. h~k aq:e~~
umo). En este propiod t:t!e d~6~
de J 693,
(Bold.
.
e
'
.
la ue es un epitome e
, .
L
·
"ta en ese año 10bn: cducació~,
q
. delebl de Locke el médico. a ~
eser,
.
de in~to la tnarca m
.
. . de su obra musobre la matena, vemos .
te en la prolongada Ultroduca6n
de la
marca debe agrega.ne evidentemen .
1 d 1677 y que también forma parte
tulacb Stitd)I, la que apa.n;cc, en su J=e {~ld. YS. Locke f. 2, 114-122, 124-1:1~
Colkction Lovelacc de los papeles de 50b cducac.i6n, es un epítome de su. tta
la czrta d Lod,e de 1697,
.,
un estudio que comutu.ye su
Asl como ,
diario de 1677, en su introducaoo. es d K"
Th• Lif, and Ltturs
1
de 1693,
su
.
.
está impresa en Lor
lil!(,. .
enores
antecedente. La introduca6n, miLosrnda, Bohn 1858 92-109), Y mmprcsa (con m
tra
•
Edition
n on,
•
'
'd
ferida en nuC$
of ]~hn Lockl (á, ewl92-'l03 'de la edición Quick, b quedi&gt;:ª _ha. a ~;la cdici6n Quick
omisiones) en p gs.
d. e.arieta stJ.nttvo
.
nota bibliográfica. Incideutalmen , . mldicos de Som, Toitghts Con",..."'
tcr«ra
.
las notM Y comcntanos
.
yd ham el que a ,u
es que el editor encaIP h F. Payne bi6 ralo Victonano _d" S en
:'modernismo"
Education, al doctor Josep
.
'onado en su totalidad, con el
- otro médico hondamente unprcSl (,. --~ cdici"6n Quick, 205).
\.'CZ ~·
•
_.,di
de Loc)r.e .....,.....e,
de los puntos de vuta w,;; cos
.

d

más cerca de lo 5tnt1dos; y e

'%~ ~;,~

l. Los 01cc10. ºARIOS DEFINEN la historia como una narraci6n de hechos pasados y memorables. La definici6n es relativamente justa aunque in uficiente,
como todas las que proporcionan los diccionarios. Pues no hay palabra que
pueda ser entendida en su significación mis plena una vez extraída del contexto que es cada oración de que forma parte, que es, en su conjunto, el
lenguaje a que pertenece, que es, sobre todo, el acto de nombrar, de invocar,
de interpelar" de describir en que ella se genera. Despojada de su función
constituyente respecto de lo real, reducida a la de un útil, pierde la palabra
5U poder de introducirnos en lo que es la cosa o la acción a que apuntaJ de
suscitarnos, por tanto, vi\"encias que sin ella no tendríamo .
Aceptemos, por un momento, qu el propósito de la historia fuese sólo
el de narrar hechos del pasado. Surge naturalmente la pregunta: ¿qué hechos?
En la infinidad de éstos, ¿ con qué criterio seleccionar los que tienen relevancia histórica? Desde Ranke se repite que la hi toria tiene por función
contar "cómo han pasado las cosas efectivamente". Pero ¿ qué cosas? y ¿a
qué "pasado efectivo" alude esta fórmula en opo ición a un hipotético pasadoincfectivo? La oz "memorable" de la definición cobra aquí su valor: la
historia narra hechos digno de r rememorados... !ás "narración" nos orienta
ya hacia un modo específico de remt&gt;morar: no aquel que consiste en retener
los hechos con olvido de su especificifidad, a través del esquema o de la
f6nnula, como meros casos ilustrativos de una ley siempre abierta a la inclusi6n de otros hechos análogos, sino el que los considera como únicos y
novedosos, no pudiendo repetirse jamás de un modo del todo idéntico a
como fueron. Empero, se rememora para algo y por alguien. ¿ Para qué

179
178

�.
. . or uién? ¿ Quién es aquel para quien
la rememoración hist6nca? y antes. ¿p L: q .
ocupa? ;Quién ha de deh d
e la mstona se
· ..,
.
son memorables los h~c os e, qu
lo ue deberá de echar? ¿ y con
cidfr lo que la histona debera retener y l q . , que ello implica? Estas
q ué criterio puede efectuarse el acto de ava orac1on
. t por lo menos dos respuestas.
preguntas ad mi en
. asado es
.
di ordena narra el pasado. Mas p
2. La historia, decunos, estu a,
d ' ,
o es el pasado de otro. ¿A
.
h
do El pasa o mio n
. .
.
lo que a algwen le a p~sa . .
.
o a un pasado individual, smo
q ué pasado se dirige la bistona? Por cierto, ando resulta de la integración de
•
p
• acaso este pas
a un pasado co1ect1vo. erO ¿
:
o de algunos de e11os.?
1 . dividuos contemporaneos
'
los pasados de todos os m
d , b ta unos setenta años atras. o.
.
·
6lo
se
exten
ena
as
•
'd
Si así fuera, la histor1a s
d' l h'storia incluye los ind1v1 uos,
1
.
pasado estu 1a a
•
El sujeto colectivo cuyo
.
O
. . tal su1· eto debe su constl.
l' . es de sus vidas.
meJor. .
.
d 1
pe ro trasciende los imit t p0r el que los .ind'iv1'd u os piensan el tiempo e . a
tución precisamente a 1 ac o
.
.
, s dilatada que la propia.
t
n como una ex1stenc1a roa
h
comunidad a que per en~ce
'6 histórica es un conjunto de hec os
Por tanto, el objeto proplo de la ,narrac1 nd
la cuenta de un sujeto colee.
. ' comun carga os a
.
unidos por una unputacion
:d El historiador piensa este sujeto atntivo como sus hechos, como su vi a. 1 .
entre los hechos aquellos que
y l hacerlo se ecc1ona
'd d"
d
buyéndole un pa!ia o. ' a
' E ¿· la historia de "la humam a ,
emorados stu iar
.
d
d
'd. d
o su1·eto único representativo e
Parecen dignos e ser rem
la humam a coro
'
•
t
atribuirle a este su1eto como
po r ejemplo, es pensar
· n en el preseo e, Y
l
todos los hombres que vive
b
tes de ahora y que es, para a
'do
a
los
hom
res
an
.
l"
h
h'
·. d e "la cultura ocCidenta es
Pasado lo que a ocurn
E di la 1storia
humanidad, memorab le. stu ar
h y fracasos de esta cultura
.
. putamos las azanas
·¿ d
nsar
un
suJeto
al
que
im
.
fí
de
Julio
César alcanzará cali a
pe
·
·a
La
b1ogra
ª
C'
como si fuera su expenenc1 .
h h de la vida personal de esar,
1 eúna los ec os
•
¡
histórica en cuanto no s6 o r
hecho que le adviene a
,
.
smo
aparezca
como
un
e
sino en cuanto esar uu
ºd d cultural mediterránea.
.
Roma O la comunt a
.
sujeto colectivo que es
.
. .
por imputación a un su3eto
d hacer histona sino
.
Es verdad que no se pue e
1 . t histórico no se crea sino en
nos que e suJe o
.
1
histórico. Pero no o es me
h"
. Hay interrelación entre el suJeto y
d de una 1stona.
f
funci6n de un pasa o,
.
anización política, como ormas
.
F
cia existe como org
.
su histona: porque ran
.ble una historia de Francia; pero,
es posi.
.
F
. su unidad su
de V1. da ' como proyecto colectivo,
•
.
d Francia obtiene rancia
'
d la h1stona e
· '6
li
recíprocamente, e
. . ib'lid d de darse una orgaruzac1 n Po peculiar fisonomía cultural \ la pos 1 a
tica, de adoptar un proyecto.
.

ta.D

a necesidad que unos hombres expen1J1en_
o es legítimo recusar d11sde fuera ) .
. d d el punto de mira de un su¡eto
de darse una historia, de re-ordenar la historia es e

3. El sujeto colectivo cuya historia se indaga no es necesariamente el sujeto
colectivo de que participa el historiador. Por ejemplo, aquél puede haber
desaparecido, darse como realidad pasada, inoperante ya en el presente. Tal
P.s el caso si un historiador de nuestro tiempo decide escribir una Historia
de los asirios. Es obvio que esta empresa sólo tiene sentido en función de
colectivo que antes no cxistfa. Los procesos de independencia importan la eonsliluci6n simultánea de un nuevo sujeto hist6rico y de una nueva historia. No puede
el sujeto contra quien se obtiene la independencia recusar el proceso a base del
círculo: no hay historia, no hay sujeto; no hay sujeto,. no hay historia; aquí no ha
pasado nada, salvo un desorden pasajero, cte. Sólo el propio agente tiene jurisdicción para apreciar si su historia es auténtica. Mas si no aparece el proyecto traducido
en acciones, si no se manifiesta en actos la fisonomía propia del nosotros desde el
cual se pretende nacer historia cabrá sospechar que sólo ha habido allí una constituci6n ilusoria de sujeto histórico, un querer adornarse con las gaJas de una historia sin asumir los riesgos de la acción, Por tanto, la independencia no es condición
de una actitud personal ante la cultura. Más bien habría que decir -pero sin desconocer la interación de ambos factores-- que la peculiaridad de la propia figura
cultural es lo que da derecho a la independencia. Empero, esta peculiaridad se apre•
cia, más que en lo típico y tópico, en el modo dHrrente de abordar los grandes temas universaJes del hombre. Toda independencia, como toda verdadera revolución,
ha de importar una tentativa de abrir la historia, de vivirla en una dimensión universal. O termina por caer en la dependencia de la univenalidad realizada por otros.
Por fin, la independencia respecto de una determinada comunidad puede estar condicionada por la aspiración a participar de un modo más pleno en una comunidad
más amplia de que aquB.h ÍOfITla partl'. Así, la independencia de América es la
constitución de nuevos sujetos que destacan su c~pccificidad sobre el fondo común y
genérico del hombre occidental. Al cortar las colonias sus vlnculos con las metrópolis, afirmaban por ello mismo la realidad de un 11orotros más amplio que incluia a
las unas y a las otras. Una \'Ínculación con Europa, con la Europa liberal de la
llustración, eludiendo las !imj(aciones impuestas por los españoles de España, fue, en
la mayoría de los casos, fin delerminante y expreso de las guerras de independencia
que libraron los españoles de América. La independencia de Hispano-América fue
vivida como un proyecto de europeizar América. ELia consistió ante todo en lograr
pensar, desde América, una Europa de qu.e las metrópofu aparecían sólo como aspectos o momentos. Y puesto que es interesante reflexionar sobre la historia que pudo ser
contraste con la que fue, cabe observar que tal independencia, y sobre todo el consiguiente y desventurado desmigajamiento del mundo hispánico. habr!a podido evitarse si España hubiese sabido respetar la peculiaridad de cada naci6n hispánica y
atender a sus legítimas exigencias de autonomía, si hubiese sabido sobre todo asumir ante eUas la representación de una Europa rcno\•ada por el pensamiento liberal.
Un acto de auto-afirmación le habría podido revelar las raíces que un pensamiento
tal podia encontrar dentro de su propia Lradición. Creemos que estaJ consideraciones no son del todo vanas si hemos de esperar que España se decida a reintegrarse
aJgÚn dfa al mundo hispánico en el papcl que por su historia y sus hazañas culturales le corresponde, en \'ez de cultivarse est&amp;iles rencores contra aquellas naciones
europeas que, frente a América, se beneficiaron de sus ineptitudes políticas.

181

180

�· se pre
Asiria esto es, del sujeto cuya bis tona
. cierto concepto de lo que es
•
. t de testimonios que reJ1Uten
. . y
porque hay un con1un o
.
.
tende escnbrr. ' a su vez,
f on v·1v'1dos como historia. de
.
A iría, porque uer
a hechos que cabe l~~uta.i: a s
hechos ue eran para Asiria memoAsiria, porque los asmos v1er~? en ellosd
~ to En otras palabras, toda
d Asma como e un su3e .
.
rables, puede h ablarse e
. , .
.
bili'dad a un sujeto colecuvo,
'l
hipotet1ca imputa
.
historia supone, no so o una
. . . h' t6r'1ca sino una efectiva unpu•
•
l' · de la ciencia IS
,
como recurso ep1stemo ogico.
. "d
la vivencia de los hombres
t
que existe o ha existl O en
·,
taci6n a un noso ros
.
. El historiador descubre esta relac1on, no
que fueron agentes de esa historia.
la inventa.
.
. , d los hechos y el sujeto colee.
d 1 . · to de imputac1on e
.,
Ahora bien, cuan o e suJe .
. 'd
el elemento de avalorac1on
••
¡ hi tonador no comc1 en,
tivo de que parUc1pa e
s
bl
tanto historiable de los hechos,
que determina el carácter mem~ra e y' ~or
, st~ y no siempre lo que es
puede ser obtenido por referenc~~ a aque 1º atr: Detenninados actos exprel es tamb1en para e o .
valioso para e1 uno o
bl
-"orno los sacrificios humanos,
.
•
li ·
de un pue o ~
sivos de la v1venc1a re g1osa
.
. los eJ· ecutáraroos nosotros.
rian como un crunen s1
por ejemplo- se nos aparee:
1·
eglnln nuestras pautas de avalo,
d
descubnr actos va iosos, s
así
Al reves: po emos
.
la .
t . , histórica no los veía. Surge
ración, allí donde el suJeto d~
un~u ,ª~mn
no es sino la referencia a
la posibilidad de un inconsciente hut~nco quet y sin embargo pese a
. . dis .
de la del su1eto-agen e. '
una conc1enc1a
tlll~
. l
tre ambos criterios, no puede faltar
esta posibilidad de desa3ustes p~rc1a ,es den
t n el pasado algo por lo
.
el interes el presen e e
'
d
un elemento que etermma
lt
emorable para el que escribe
ih f ga y narra resu a m
que aquello que se ves i . d I ue ertenece y se dirige. De otro modo,
la historia o para la comumda_ a .ª q p
,
·.r ta obra h1Stónca.
no Uegana a surg,
a1
., dos suJ· etos colectivos de
d pautas de av orac10n,
Tenernos, en suma, os
..
d depender el carácter memorable
.
tos y deos10nes pue e
cuyos mtereses, proyec
h
.
t como su historia por una parte,
l
al
ue el hec o se impu a
.
'
de un he cho: aque
q
.
. d
tr Atenderemos primero a las
· , l historia or por o a.
aquel en el que se Sitúa e
d '
dopta este último punto de mira.
consecuencias que se obtienen cuan o se a

II
'
d ·rse con razón que toda historia está impregnada de
4. Desde el puede eci_
.
'b'""'
de los asirios no da cuenta
'd d L hi tor1a que escn i ....os
contemporane1 a . . ~ s
t también de lo que somos nosotros;
sólo de lo que los asinos fue:ºº· Dla cue~ .ª como seleccionamos los hechos
concebimos os asinos,
por el mo d o Como
..
que cabe imputar a Asma.

Después de Kant no es posible dejar de considerar la presencia del sujeto
cognoscente en el acto del conocimiento, el modo como este sujeto configura
el objeto conocido. Dentro de esta línea de pensamiento, pese a divergencias
tal vez superficiales, Bergson tiene el mérito de haber introducido, como lo
dice acertadamente Henri Gouhier, la labor del historiador como elemento
constitutivo de la historia, de haber exhibido, por tanto, una historia retrospectiva, afincada en e1 presente del historiador. 2
Escribir historia es un acto de exaltación de un cierto pasado en función
de las exigencias de un presente. Tal como nuestra memoria selecciona a
cada instante en el archivo de nuestras experiencias personales aquellas que
nos interesa actualizar para abordar con eficacia nuestra situación, así también cada época extrae del pasado lo que necesita para comprender mejor
sus propios problemas, para pensarse a sí misma, y desecha lo demás, deja
de lado lo que se le aparece como irrelevante. De este modo -y seguirnos
citando a .Bergson- el presente se crea hacia atrás "una explicación de sí
mismo por sus antecedentes",8 modifica el pasado al dibujar en él el esbozo
de su propia figura: porque surge un romanticismo en el siglo XIX, se
descubre que hubo un pre-romanticismo ya en el XVIII y en el XVII; más
aún: se descubre el romanticismo como constante del espíritu humano. De
aquí que las épocas que constituyen grandes articulaciones históricas no siempre tengan conciencia de serlo. Pues no siempre ---como en el Renacimiento
o la Revolución Francesa- lo son en la época misma. A veces llegan a serlo
según la historia q\le se hará después. La separación de la Antigüedad y
de la época que le sigue, por ejemplo, no surge donde hacemos la cesura
en los siglos V o VI D.C. El hombre europeo de la primera Edad Media se
concebía todavía a sí mismo dentro de un Imperio Romano cristianizado.
La separación surge más tarde, cuando comienza a germinar un espíritu
nacional en Europa y, como consecuencia de ello, se fundan tradiciones autóctonas, historias nacionales que ya no se conciben como meras prolongaciones·
de la historia de Roma.
5. No obstante, esto que aquí llamamos "presente" y cuya retroyección
configura el pasado histórico, resulta ser, desde que lo miramos con mayor
atención, proyecto, anhelo de un presente que esperamos distinto del que
ahora vivimos. La historia se escribe, pues, en !unción de una actitud orientada hacia el futuro. Federico Schlegel decía que el historiador es un profeta al revés. Más exacto sería decir que es un profeta a secas, pues todo
• Véase de HENRI GouRIEtt, L'histoire et sa philosophie, París, Vrin, 1952, p. 80.
' l-lENiu BEROSON, Oeuvr~s, La pensel et le mouvant, lntroduction (Premi~re partie) ,
Edition du Centennaire, Paris, Prcsses Universitaires de France, pp. 1264 a 1266.

183.

182:

�.
.
su profecía re-ordena, perfccprofeta lo es en función de una h•st~na_ q~~-tórica es como Jano: el mirar
·
E
erdad la conC1enc1a 1=
1•
ciona y actua ua. n v
'
.
n unidad constituyen un
hacia atrás y el mirar hacia adelante se integran e
'
solo y mismo acto.
t ·a de algo de una situación dada,
l
pccción lo es en con 1
'
d
b.
Ahora ien, a pros .
.
d
tambi, n poi· cierto en contra e
de una concepción en ngenc1a del mun o, y d
tro hábitos interpreta.
d
uestras costumbre.~, e nues
nosotros IDJ. mos, e n
d . ediato que
prolonga en e1
1
tivos;
suma,
ruptura con e
o
se alim 'nla ele una decisión
presente. Toda historia. en la me J a
qud alterar la forma como está
de alterar el mundo, de alte~ar el hom re, de alorizar el pasado que aún
dada la relación yo-mundo, nende, pues. a eslv entos con qué elaborar el
asado más remoto e em
.
es hoy y busca en un P
b ,
es un período intermedio,
modelo de aquello que proyecta Si~mp~e ~a ~~:;or y que sirve d suelo
de valorizado. que hace las veces e sl1mpd_e_ 'o'n tn"partita de Edad Antigua,
.
1 e ando surge a IVISI
para el nuevo unpu so. u
d d n modo arquetípico una neEdad fodia, Edad Moderna, queda expr:5~ a e;buye a la Edad Moderna la
cesidad del quehacer histórico. El rom:n_u~1s~~~ Media y a ésta lo que antes
función mediadora que antes desempenod ª1 ' tres estado de Augusto Comtc y
di, la Antigüedad En la ley e os
, .
correspon o a
. . d I Edad Media como época orgamca, enen la consiguiente exaltac16n e a
. . . y hoy sabemos que cualquier
.f taci6n de este pnnc1p10.
.
.
contramos otra maru es
I
t diamo de cerca nos rellllte a
A · .. d d de de que O es u
período de la nuguc a .'
.su Edad Antigua. La historia se no aparece,
lo que fue su Edad Media Y •
ada periodo que nos interesa re.
d
peJOS en que c
pues como un Juego e
.
da momento pasado busca
,
'ntere es pecuhares, en que ca
mite a otros segun_ sus i ado. y esta búsqueda se da siempre en forma ~e un
apoyo en su propio pas
cha J'd 'dad de hoy con el ayer mmeá
pe la e trc
so i an
salto hacia att s que ~om .
e se hace para adormecer a los hombres en
diato. S61o aquella h1Stona ~uf . ,
n ellos mismos es complaciente con
. . t de estéril satJS acc1on co
un scnurruen
es historia sino retórica.
el pasado inmediato. Pero esto ya no
.
'1: ..... ;tan desde luego, el alal
cons cuenc1as que u,... ,
De lo dicho fluyen_ ~~as
la historia se constituye a partir del pred
alquier histoncismo. 1
·
d
arse
canee . e cu
dici6n del acto por el que lo histórico pue e P:n. .
sente, SI este pre~t~ ~ conue él ha de escapar necesariamente a la histona.
como tal, ello sign1Cica q
U desde lo cual y para lo
od
tr presente es aque o
Dicho de otro m o: nues o
ede ser parte de ella. La historia
cual se hace historia: por tanto, no es, ~o pu
tra decisi6n. y tal decisión
.
tr s pies llí comienza nues
.
viene a monr a nu . o
.
e en la perspectiva por ella abierta,
es aquello que actuabza un pasado qu

en

es

/;sa

e: lru::

°

S:

ello se entienda en el entido de que se crea a cada instante un pasado
histórico, no en el sentido de que esté sumergido en una historia que le impone
sus leyes. Corno se ha dicho alguna vez: el hombre -el hombre actuante y
libre del presente- tiene historfa, lo que implica que no es historia.

6. Y, sin embargo, decimos que una acción de nuestro presente constituye
"un acto histórico". ¿ Qué significa e to? Significa pre umir que el futuro,
al lanzar su sonda hacia el pasado, no podrá dejar de interesarse en eMo que
ahora hacemos, no podrá ignorarlo, sea que lo apruebe o lo condene. Sólo
eo función de un futuro puede el pr sente ser "histórico".
Hay, pues, un hacer histórico del pre ente que consiste en que nuestro·
acto apuntan a un determinado futuro, van a requerir en el futuro un juicio
para este presente. Pero ¿qué futuro elegir como tribunal, si cada futuro
será juzgado a su ,·ez en un proceso sin última instancia? Claro está, un
acto tendrá mayor significación histórica mientras más permanente sea el
juicio que requiere. Pero ¿ quién puede asegurar tal permanencia si cada
época vuelve a cuestionar toda la histmia? El que actúa con miras al
juicio inmediato, aceptado en su relatividad, actúa superficialmente. Pero no
actúa mejor aquel que
remite al juicio de la historia que se escribirá en
miles de años, i ella ha de quedar sujeto al juicio de otra que pudiera escribir.;c mil afios más tarde. To. La acción provista de verdadera profundidad
ha de pr tender escapar a la contingencia de los juicio temporal , al relatid.mo de las revisione suce. ivas. La historia del mundo no posee por sí
sola la jurisdicción c;obre el mundo que Schiller y Heirel pretendieron conferirle en su célebre fórmula.◄ Toda atribución de carácter histórico a un hecho
o a una época supone que nos detenemos. upone que sometemos la historia
toda a lo que cabe llamar literalmente un Juicio Final, por cuanto cierra el
proceso, por cuanto escapa aJ relativismo que con Í5te en aplazar •I término
indefinidamente.
Pero el problema vuelve a urgir: ¿ dónde situar mos este Juicio Final?
En la medida en que lo alejamo. de nuestro presente, éste pasa a ser sólo
un medio, y como su fin previsible es también medio para otrp fin que a
su ,·ez será medio de otro, etc., volvemos a caer en el relativismo que pretendíamos eludir, pues la pauta avaloradora del hacer histórico ha sido perdida.
Por el contrario nuestro hacer adquiere un sentido en la medida en que
aproximamos esta pauta al presente, en que concebimos el Juicio Final, a la
manera de lo primeros cristiano , como pudiendo sobrevenimos a nosotros,
mejor: como pudiendo sobrevenir por 11osotror, en la medida en que lo inte-

-- ---

' Die Weltgt1schichte ist das W•ltgericht¡ véaM G. F. Hegel, Rechtsphilosophit, sccs.

re ulta memorable.
animal hi tórico, pero siempre que
Es legítimo definir al hombre como un

3-W y sgtes.

185

•

�tamos qué es lo que merecería todavía vivirse
gramos al presente para ~r~glun . el Juicio Final fuese ahora mismo.
-y cómo habríamos de vivir o-- s1
J . . p· l confiere a su acción una
· postula un t.11ClO ina
61
Es verdad que s o qU1en_ . . , hist' ·ca Pero la relación puede -debeºgnif1cac1on
ori ·
'dad ·
auténtica y permanen te s1
tul
carecerá de profundi
s1
. . p· l
e pos amos
ser invertida: el Juicio ina qu
.
1 actualizamos !tic et nunc. La
nuestra acción no lo trae al presente,ds1 nod o ues de que en él postulemos
1
cia histórica de nuestro hacer epen e, ~ '
re e:ª~.
.
.
desde ahora, actualizamos.
. . , .
un 1mc10 no histórico que,
.
.
1 uºd de vivir histoncamente,
. h
historia en e sen o
Por otra parte, quien ace
.. ' .,
. 'n del pasado pues en
.,
. st1gaoon y narrac10
'
hace historia tamb1en coro~ mve
el cciona y re-ordena lo que prefunción de su decisión prefiere, posterg~, s e al presente esta pauta del tércede a éste su hacer de hoy. Cuan_do _ªP icamosonunciarnos sobre lo que ahora
ue un cnteno para pr
mino, tenemos, a la vez q
. .
l
lo que en el pasado merece
d
un
cnteno para reso ver
J ..
d
d
nos importa e ver a '
l
traer al presente un mcio
.
v·
.
bistó ·camente es pues, a par,
f
ser recogido. tVll'
n .
., '
el asado. El fin es lo que con iere
Final y reconocer su prehgurac10~ en d p l
l rmen su caracter e ta .
retroactivamente a ge
.,
1
, frecuente-- que se vive no
· rto la acc1on --es a mas
d
Hay también, por c1e '
1 hist . sino a la configuración e un
.
. . . de toda a
ona,
.
.,
a un JUICIO
, •
1
ntinuación de una s1tuac1on
Ya con m1ras
.
,
enos proxuno o a a co
.,
futuro relatlvo roas o ro
. ..
b rdinada a cierta avalorac1on:
rece
en
defa01t1va
su
o
61
presente. Pero ella apa
alº so queremos perpetuarlo, s o
1
t se nos da como v io
.
al
sólo porque e presen e .
de valor ueremos alterarlo. Ahora bien, cu, como pnvado
q
'te en definitiva a un terPorque se nos da
.,
humilde que sea, nos renu
.al, .
quier avalorac1on, por
. ul
e queda superada la di ectica
mino en que todo valor se recap1t a,. :o ~ acción aparece subordinada
indefinida de los medios. En este_ ~entl °'se or:enta hacia la idea de perfecexplicita o implícitamente a un vi~ q~e f l
definitiva de la experiencia.
ción o cumplimiento, en cuanto s10tes1S ma y

tá haciendo
.
.
d nosotros recogerá el futuro se es
.
7. Tal vez la histona que e
d .
Tal vez la historia que escn.
sotros lo a virtamos.
di .
secretamente, sm que no
,
uestras vidas elementos stmtos
. ntes destacara en
birán nuestros descend ie
E
'poca como la nuestra, enveneinteresan n una e
...
de los que a nosotros nos
. 1 h mbres vivan temerosos del JUlClO
nada de historicidad, es frecuente que los o 'uniento de sus sucesores. Se
.
egurarse e reconoc
del futuro, que qweran as
l modo como se opera el tránsito de una
estudia entonces en el pasado e ,
. . ya en la. siguiente. De lo ocu. d escapar de esta y vivir
his , . "
f
época a otra, a m e
. á Se descubren "leyes . toncas '
der
lo
que
ocurrir
.
. l
rrido se busca. despren
f t r dades de las luchas socu es
. .ó
. los recurrentes o a a i
•
S
constantes de repet1c1 n, c1c
. . d
1 unas de nuestras acciones. urarantizar su efect:tv1da a a g
que parecen g

humana.

°

186

gen entonces argumentos como éste, que hemos escuchado a menudo: "Hay
que adherir a tal partido, a tal posición, a tal causa; la historia va ha.cía allá;
no se puede vivir contrariando el curso de la historia"; y no se advierte que
ese partido, esa posición o esa causa obtienen su efectividad de la adhesión
que se les presta, que es por nuestra decisión y la de nuestros contemporáneos
que la historia sigue el curso señalado, y no otro.
¿ Cómo liberarnos de esta situación? No hay sino un medio: no colocarnos
en ella, negarnos a ser medios. No concebirnos como los sempiternos preparadores. Situarnos en el lugar que nos corresponde, el lugar desde el que
se "hace" historia como retroyección, hacia el pasado, y se "hace" historia
como proyección, hacia el futuro. No subordinarnos a un futuro hipotético,
que nadie hace, que aparece como una construcción anónima; hacer nosotros
mismos ese futuro. No preguntarnos: ¿ qué pensará de nosotros la generación
siguiente? Crear nosotros mismos el juicio de esa generación. No permitir que
entre nosotros y nuestros descendientes se introduzca el corte que nos jubila
y por el cual "pasamos a la historia". No situamos en el papel desmedrado
de hijos de nuestros hijos, al depender del juicio por el que van a re-crearnos.
No abdicar de nuestro papel de transmisores de cultura. "Todo lo que no es
tradición es plagfo", reza la célebre fórmula de Eugenio d'Ors. Pero en la
tradición no sólo se recibe. Hacer tradición es hacer entrega. La referida
sentencia puede entenderse, pues, en el sentido de que sólo logra superar el
pasado aquel que se apoya en él; pero también en el sentido de que no hay
originalidad creadora que no sea transmisión, que no sea entrega de algo al
futuro. El peligro del historicismo es el de inducirnos a entregar sólo Jo que
prevemos será bien acogido, o a no entregar nada ante el temor de que
aquello que eventualmente entregaríamos pudiera no ser recibido con gratitud.
No se lucha de verdad contra las fuerzas que enajenan al hombre si al
pretender hacerlo enajenamos el presente respecto de un porvenir en que
!Uponemos que toda enajenación habrá de cesar. El pensamienlo sobre el
futuro sólo nos devuelve al dominio de nuestra autenticidad en la medida en
que lo traemos al presente, en que lo hacemos presente en cada uno de nuestros actos significativos. Tal es la función del profeta: no la de adivinar un
futuro en cuanto tal aún desencarnado, sino la de ser la encamación viva
de él; no la de anunciar lo que se habría realizado de todos modos aunque
no hubiese sido profetizado, sino la de crear el futuro con su palabra, por la
eficacia que esta palabra tiene sobre los hombres. "Un futuro que pudiera
conocerse con anticipación es•un absurdo", escribió Jacob Burckhardt. 5 Pero
• Force and Freedom: Reflections on History, New York, 1943, pp. 90 y sgtes.;
Griechische Kulturgeschichte, en G,samtausbage, Basilea, 1929 etc., IX, 247 y sgtes.

187

�no es un absurdo un futuro que nuestro acto desde ahora contribuye a crear.

El ,·erdadero profeta es el promoto1 de la voluntad."
Hay un bistorici.mo del pasado -"lo que ocurre está determinado por lo
que ocmrió" -y hay un historicismo del futuro- "lo que ocurre es la preparación de lo que nece ariam ntc habrá de ocurrir"-. Ambos se concilian a
la perfección. Pero nuestro pre ente no es una provincia del pa$ado ni es una
provincia del futuro. Es el c otro del que nacen, como provincias, el pasado
'i el futuro. Es la capital del tiempo. EUo se prueba por la sola consideración
d~ que I futuro y el pasado, n cuanto tienen para nosotros algún valor, no
rcqui ren a hacerlos prescnt ~ mediante el proyecto o el recuerdo.
o ignoramos, por cierto, la rebeldías. D damos hac un instante, que
cada época tiende a exaltar un pa ado remoto para conjurar la influencia de
un pasado inmediato. ¿ Acaso no otros mismos no hemos negado a nuestro

- -

Citado por Karl Lowith. Méanillg in HiJtory, The University of Chicago Press, 1949,

p. ' 10.
La mejor manera de ilustrar la esencia de lo profético, según lo entendemos m el
texto, serla la de r.unúnar a la luz d la roncepción c:,pu ta el acto histórico del
último gr.ln profeta que ha tenido Europa: Carlos farx. Dicho examen nos rcvehria que este acto no consi tió s6lo en uplicit.ar o realiw.r una posibilidad ya dada,
qur creó la posibilidad misma de aquello que Marx propom realizar. En efecto, en
contraste con el pensamiento socialista anterior, Marx tiene el mérito de apoyar en
una concepción histórica de conjunto su anuncio del triunfo del prolt•wriado, que
imporb la innauración de una rconomía sociali ta como drscnlace de la lucha de
clases, y de revestir todo el proceso de un carácter inevitable en virtud de un ani•
lisis de las circunstancias sociales y económicas vigentes. Pero c.-ibe cuestionar hasta
qué punto el establecimiento del socialismo derivarla sólo de aquellas circunstan·
cias sociales y económicas que Mane invoca y no más bien del poder suasorio de
que Mane reviste su anuncio mismo. Pues, en verdad, lo esencial parece ser aquí el
que farx. en mayor grado que sus p~dec1.sorts, logra instaurar en la conciencia
de los hombres un proyecto de acción revolucionaria al término del cual e1tá. el socinlismo como posibilidad. Precisamente en virtud de este proyecto, y del análisis concomitante de la situ.nci6n hist6ricn, ~ constitu)·e d agente que asume la misión de
realizarlo: el proletariado como fuena histórica opcrank. Suprhnase imaginariamente c1 proyecto revolucionario; comprenderemos que sin ~I el proletariado deja
de ser tal, deja de ser en rigor una clase para convertirse en un conjunto amorfo de
hombre, que sufren pasivamente las consc:cucncias de la organimci6n industrial E.sta
interprctaci6n, que concede al acto de ·Mant la importancia histórica que le corres·
pondc, contradice sin embargo la validez de la concepción marxista, al destacar el
necesario arraigo de la historia en la conciencia b.umana. A la vez, señala en qué
consiste la debilidad del mundo no socialista en la hora de hoy: el carl'Cet de un
proyecto histórico comparable al del marxismo, por su magnitud histórica y la [unción liberndoro que pueda atribuínele, el tener que aceptar, por tanto, que la elección de nuestro tiempo se da en los tfrminos de la altcmaliva creada por Marx y

pr decesores?• ·i· queremo una historia creadora d be
beldías, aun las que se d' .·
• e remos favorecer la,; reu1gcn en contra nue tr F
1
donos? 'o: resistiéndola 1 1 d
a. avorecer as, ¿ suprimién' uc tan o contra ellas 'I
, b
ca nuestros ·ucesores esa mezcl d
. o o a i sa remos pro,ocar
·
e respeto v rebeldía q
•
dora, emparentada con la nucst
• llene
.
.
ra por lo que
de ue es. , unaD'vida
, creae¡ que adhiere tanto como el
f
.
creac1on. i. c,pulo es
que re uta Anstóteles
di , uJ
1a vez que abunda en el mi.
'd ·
es SCtp o de Platón a
mo sena o que éste y por
.
I, Icgará aquel que nos nie a. 11
J.
que tmenta refutarlo.
d
· egarn aquel que nos habT
escubre que unos y otrn. declamo lo mism
. - ~e
1 ita. y aquel que:
no pcn ar n ello ·i no h d
o de dl5tmta manera. Má vale
,
a e ser para buscar lo q
d
Lo que ,wr lleva a punto.
ue en ver ad nos importa,

ª

81. C~ea r_násToda
y mejor historia quien e concibe a s'1 mi mo como me.i=da
de a h1•t
·' oria.
creación es
aceptar_ los _riesgos de la propia

·

~~~:~~,,

w

e un constituirse como ujeto, un

La h1stona, se ha dicho la escriben 1
vertlr este juicio ,. aiirma;
.
o . vencedores. Más exacto sería con1
que qmen escnbe la }ú t ·
1
cedor. Hay derrotas apare t
ona es e verdadero venn es, que no son derrotas
1
parecía vencida es recogida po t
, porque a causa que
1
le confieren actualidad El.lo r do r~ 1ombres y éstos, al hacer su historia
·
pue e importar
·
·
'
aparente. En el año 586 A C
J usa], una victoria,
pese a la derrota
l
'6
.
.
cae er
en en poder d I
Id
pob ac1 n es llevada cautiva Lo h b
e os ca o . La
¿Los conocemos acaso por la v: .: reo ya no serán después una "potencia".
contrario, el primer tímulo rs10~ que de ellos nos legó Babilonia? Por el
ha sido para nosotros su inc·/ªr~ egarl a conocer la historia de Babilonia
.,
I enc1a en a historia de Is
l
cion cultural hebrea vive aú
rae' ya que la tradi.
,
n en nuestros días per~iste h t
1
¿ Q u1en venció? La historia del ueblo h
'
..
as a e presente.
fundamental la historia d
ebreo a partir del Cisma s en lo
encontrarle un sentido a :usu~e;~otas. Pero Israel es el pueblo que supo
ciéndolas. T
o as y, por tanto) sobrevivir a ellas, ven-

J

• ~a derrota, la humillari6n, la decaden . d
la historia el pod&lt;-r de dcc:•1'ó
J
&lt;'la e los pueblos que han ejercido en
~ n we en ser condicio e
. s pueblos, en cuanto les permiten ei t
n s venturosas para el destino de
d.iante c:na ,·isión más I' 'd
. ce uar una nueva toma de conciencia Y
.
uci a, convertir la derrota
.
.
, mcmac1ón renovada de su cultura, la decad
.
e~ ;1~t~na, la humillación en aíirdcza de una nacióo d
.
.
cnc1a en in1t1a11va hiat6rica. AsI la ,..,.
. e un impeno de una
. '6
,
.,.anpcrmanencia de un poderlo que la, d d
_organ1zaCl n política, no se mide por la
qu
cea enc1a no logra ro
•
.
e e capaz de. hacer con las decad
. .
zar, sino mAJ bien por lo
pueblo no consiste tanto en Kr sustit ~~oa.s que le sobrevienen. El peligro para un
der como en no llegar saber que
otro
los más altoli c.ttrato1 del pone de su propia historia ~ lo oculta. Esta toma~rndo ~rq~c la soberbia que obtiepara las naciones de Europa que, habiendo di( :.;onoenCJ.a es im~ativa hoy día
un , o por toda la tierra la cultura
C$O

a

tatco':a ~:

~n

no en otros que pudieran conccbine.

189

188

�. "d d importa su interpretación. Pues
Tanto como el hecho en su e,xt~~or~ ; ' do como se le interpreta. Deciel hecho nunca es tal sino en func1on e mo
. . . histórico. Pero exa.,
América" y esto es un JWClO
mos "Colón descubno a
. 1
t' cubierto. La noción de desminemos su contenido. Se descubre o quedes a d . , en cierto momento de
alg estuvo vela o y eJO
cubrimiento supone que
o
11
americana no estaba velada
estarlo. Ahora bien, la tierra que hoy ~mamas Afirmar "Colón descubrió
para los indígenas. Sólo lo ~s~aba ~ar~ eto~U:ºPP:;-imputación a Europa, que
, . " . pl"1ca que escnbimos a s
. . .
el euro
Amenca rm
.
f dar nuestros 1uic10s es
·
. , . d que partimos para un
ul
el sujeto histonco e
.
ontinuidad
del
proyecto
e
•
• ..1:
e nos concebimos en 1a c
,
peo, y no e1 mw.o; qu
. . s Mas . r qué no quitamos a Ca1on su
tural europeo y no en el del l~~º·,, ara,::ibuírselo a los normandos que
título de "descubridor de ~e_ncad Norte? Porque en rigor los normandos
antes que él llegaron a la Am~nca e
: nte c~mo la continuación del
.
Amé ·ca Vieron este conune
.
no constituyeron
n ·
..1: on fundar una colorua pues
,
y puesto que no puw.er
l
mundo que conoc1an.
. .
d dera superioridad sobre os
1 onfineran una ver a
carecían de armas que es c
b'
que Colón creyó haber llegado
· dios, abandonaron su empreSa · En cam 10' aun
m

t

. es Jllvoca
·
d o con J. usticia por
que este mensa¡e
europea y su mensaje de
:::o ellos ejercieron antes su poder. S61o
otros pueblos en contra e mo o
l
nace contribuir a fundar una e •
.
.d d a la cu tura que
,
. .
1
.
puede todavía conferir Ul1l a
b d l di crsidad que la condici6n p anetana
tura a escala del hombre, sin menosca o e ªu vcl movimiento de europeizaci6n del
de esa cultura ha de imponerle. Pero, ~a~ e o~uy especialmente en los decenios de
do que ha ocurrido en los últimos s1g os, y
d'cal mundanizaci6n de Europa,
mun
d
na no menos ra 1
éste, habrá de ser compensa o por ~ undial en que todos los pueblos puedan verse
q ue haga de ella [a nueva metr6poli ro . d provinciarusmo nacional europeo. No
.
ya del desgracia o
.
dcrepresentados, sin rastros
tá hasta qué punto guarda Europa, en su
os apreciar con certeza, claro es '
'6
Y en especial un deseo de
Pºdem
.
. titud de renovac1 n,
cadencia política, una suficiente ap
éulturaL Pero hay signos alen·
ab d
sta magna empresa
. , .
renovarse, como para
or ar e b , tender a esta su más alta vocación histonca.
tadores en el sentido de que ella sa ra ab 'ó
P·•erto Rico ensayo de Domingo Ma. e I' 11 descu d11 laa Revista
~
'
p
• CL, en este senudo, o on o
Presente, San Juan de uerto
o en el No. 3 del vol. 1 e
blicad
rrero pu
.t
na comunicación entre el curoRico' 29 de noviembre de 1952.
b bo de que e:,ns e u
que es e1 ce
• · s "Mientras más se retroObsérvese' además,
.
nnite coordenar sus experiencia .
.
.
peo y el amencano lo que pe . .
d d tal! debidas a las perturbaciones sooa·
cede prescindiendo de las oscilaciones e 6e e d afirmarse que cada individuo y
'
, L l d
n mayor raz; n pue e
.
. lada d l
les escribe Andre a an e, co
.
d
América rigurosamente ais
e
'
.
opio Supone una
.
cada grupo tienen su uempo pr
•
logi~. nropias. no habrá runguna me•
la otra con crono ...., .,
•
.
antiguo continente, la una y .
os salvo para un espectador ideal que pudiera ~er
d'da común entre estos dos uemp ,
. p
'mid esta conciencia iropenor,
i
. .
d l dos senes. ero supn
.
I
a la vez los acontecmuentos e as
es contemporáneo de Francisco
. .,
d t y Moctezuma no
d
esta comun1cacion trascen en e,
N .
l'"d'e de temps in Genese et muurt u
N ¡ 6n" ( ote sur 1 ~
en mayor grado que de apo e . i l S étariat de l'Université, 1941).
temps de Jean de la Harpe, Neuch te' ecr

/~ªd,
.

d

Euro:

al Asia, su acción tuvo una inmediata continuidad, reveló muy pronto la
existencia de un nuevo continente en el que el hombre europeo pudo difundir su religión, sus formas de vida, sus lenguas, su cultura. En este sentido,
la acción de Colón importa el descubrimiento de América porque permite al
europeo pensar como un todo continuo ( el "nuevo mundo") lo que antes
era vivido por los indígenas como un mundo discontinuo, dividido en Imperios y órdenes tribales diversos. La hazaña europea no consistió en descubrir América, sino en crear "América" como concepto histórico. Los hechos
del descubrimiento, de la conquista y de la colonización no son sino los medios
por los que Europa se constituye en conciencia histórica de América. También el indio tomó conciencia del europeo. Pero fue candencia de cómo el
europeo tenía conciencia de él y lo constituía en objeto. Fue vencido porque
no supo constituirse en sujeto histórico, y por tanto no hizo historia. Vence el
que mira, el que ve, el que escribe y transmite.
Tal vez al actuar nos equivoquemos. Tal vez interpretemos erradamente
nuestra situación. Pero la realidad de una situación vale para la historia
en función de lo que se piensa de ella. La conciencia que tomamos de nuestro
presente, de nuestras acciones, es lo que confiere a estas acciones su significación para la historia. De ésta cabe, pues, afirmar lo que Leonardo decía de
la pintura: es cosa mentale.
9. Los pensamientos que hemos venidó anotando no son sino la aplicación
a la historia de otros que antes hemos formulado respecto de Ja vida humana. 11
Porque el hombre sabe que su tiempo es . finito ve su propio vivir como un
proceso orientado hacia un término -en el doble sentido de finis y de telos-;
por ello, precisamente, confiere a este vivir el carácter de un conjunto de
actos, que prefiguran y contribuyen a formar el acto final, y no el de una
serie indefinida de sucesos. El término es, en efecto, Jo que da forma al proceso que es nuestro vivir, Jo gue al clausurarlo lo deja fijado en una esencia:
la vida) nuestra vida. Pero no tendría tal poder si sólo fuese un hecho futuro,
como tal, previsible, pero todavía ajeno a nuestra vivencia; si al pensarlo
no estuviéramos ya incorporándolo a nuestro presente, si no ejerciera desde
ahora su función de pauta calificadora de nuestra vida toda. La vivencia
mortal desempeña, pues, según esto, el papel de causa final respecto de cada
uno de los momentos que le preceden, es lo que nos mueve y suscita, es el
motor de nuestros actos, presente desde ahora en ellos.
1
Ahora bien, el pensar histórico resulta precisamente de que atribuimos al
tiempo de la comunidad a que pertenecemos, y en definitiva al tiempo de
' Véanse nuestras Réflexions mltaph:ysiques sur la mort et le probleme du sujet.
Patis, Vrin, 1957: y Reflexiones sobre la cultura en Revista de Filosofía de la Universidad de Chile, No. 2-3, 1957.

191

190

�· 1· da La historia
¡ ¡ estructura de la propia
" ·

la comunidad humana en genera. a
id
n suJ'eto colectivo que nos
. ' d 1 1 ali.dad de nuestra v a a u
.
.
es la extens1on e a eg
.,
ali!" d ·a que en nuestra vida tiene
t la misma func1on c ica 01
.
d
incluye. Por tan o,
.
1 historia la idea correspondiente e
la idea. de vivencia mortal la tiene en a

Juicio Final.
bl
no es por cierto, algo que nos cae
Mas el Juicio Final de que ha runos
. ,
ndo que pudo con·¿ te que nos sobreviene en un mu
.
de fuera. no es un acc1 en
sarlo así si hemos de evitar
.
d be os esforzarnos por no pen
'
- ,.¡
tinuar. O me1or: ~ ~
, b" . debemos ver en él nuestra obra \levaua
enajenamos en la histona; antes ien.
¡· d tiene la virtud de iluminar
. ' una conclusión que, actua iza a,
l
a su conc uSion,
desde ahora nuestro obrar.
l ·¿ de una historia-providencia
·
tanto contra a 1 ea
.
Nos pronunciamos, por
'
.
t Pero no nos pronuncramos
.
{· ·
pas1varoen e.
· ·
&lt;n1iada por Dios y que su nnamos hi.
. d'vm' i'zada de una historia que
::..d 1 · de una stona 1
,
.
menos contra la 1 ea aica
.
U
os la idea de una bistonaf
· ' de Dios A e as 0 Ponem
•
asume el rostro y la uncion
.
hemos de saber orientar hacia
d
da por eJ hombre, pero que
.
responsabilid a crea
.
tr de nuestra verdadera irnagen
el desvelamiento de Dios, hacia el encuen o
en Dios.
. , .
, /lá utilizados para desprecio de
de un h1potet1co mas a ,
p
l
1
Contra os va ores
l
dical inma11entismo. ero, una
ueremos
exa
tar
un
ra
h .
q
esta vida y sus tareas, .
. d ch d la tentación de una fuga ac1a
vez efectuada esta askens necesaria, ese .ª ap de otra vida y otra historia"
.
d
I o mundo de otro ttem o,
el pensamiento e o r
,
. .
nuestros fracasos, re-encon. .
d' . ulo de nuestras rrusenas y
d
consuelo, ahv10 y is1m
.
t
'da y esta historia, acepta os
d en este tiempo, en es a vi
•
tramos en este mun o,
l f 1 trascendencia quiso seducirnos:
en su finitud, todo aquello con que \ ª.~d en el término mismo de este
a saber, la posibilidad de poseer en p len: u
se nos dio como fugaz pred
quello que en e aempo
l
tiempo nuestro, to o a
'b .
da uno de nuestros actos a
sencia, la posibilidad ~obre todo ded at~1
C:r recogidos y aprobados en
dignidad que les confiere el estar esbna

::s\

la vivencia final.

111
.
.
,
. cio del resente no debe interpretarse
10. El que la histona este al elservi d tanp so'lo en {unción del presente.
· ·'
ara ver
pasa o
como una autonzac1on p
,
1
f cie de la historia, en su
,
. .'
os quedana.mos en a super ~
Si as1 Jo h1e1eramos, n
.,
u· ·d d del pasado.
.,
, . . eludmamos la espec 1c1 a
dimens1on anacronica,
11
do pre-romanticismo que
Así, el romántico suele reconocer:e en u;el ::~re. el romántico escribe
tennina por extenderse hasta los ongenes
'

una historia en que el romanticismo es el personaje principal. Y lo mismo
cabe decir -mutatis mutandís- del clásico, del pensador cientificista, o de
cualquier otro tipo humano que en un momento pueda prevalecer. Pero ¿ es
esto la historia? ¿ o la estamos violentando con sólo pensarla conforme a
conceptos elaborados para el presente? Poseer sentido para la historia es ante
todo saber aprehender diferencias, alteridades. Nada más ingenuo que el
querer reconocer a toda costa elementos de nuestra época en el pasado. Este
no siempre nos devuelve nuestra imagen, como quisiéramos. Ejerce una resistencia. Posee una especifica objetiuidad. Debemos aspirar a ver el pasado
en lo que es, no en aquello que lo aproxima a nuestro presente. ¿ Cómo conciliar este imperativo de la investigación histórica con la evidencia de que
la historia se hace a partir de nuestras preocupaciones actuales?
Hablábamos de la doble referencia posible de lo memorable al sujeto de
imputación de la historia y al sujeto colectivo de que participa el historiador.
En este desajuste radica la riqueza y la utilidad, a la vez que la ambigüedad,
de la historia.
En la vida individual recordamos a cada instante aquello que nos permite
afrontar mejor la situación en que nos encontramos. Pero sabemos que, junto
a este recuerdo interesado, provocado a veces por él, hay otro que no está
condicionado por propósito alguno. Así también la historia. Leemos una crónica, un diario que llevó un desconocido, unas viejas cartas. Los hechos que
allí se relatan, ninguna "actualidad" tienen para nosotros. Pero ello nos
interesa. os interesa con esa modalidad desinteresada del interés estético.
Allí está el hombre. Allí estamos nosotros mismos, pero otros. Allí están los
temas de nuestra vida, pero en circunstancias diferentes, con otro tono, es
decir, desrealizados. A ese hombre semejante a nosotros lo actualizamos en
su haber sido y, por haber sido, en lo que tiene de diferente a no otros. La
fantasía cubre el vacío de los datos y captamos una época, es decir una totalidad de vivencias, tal como se dio concretamente en un determinado tiempo.
Eso, que ahora vemos como pasado, era, para quienes lo vivían, presente: y
de este presente se desprendía un pasado y un futuro. Parte de ese futuro ya
lo conocemos, puesto que ahora es pasado. Pero para aquel que vivía entonces
aparecía provisto de un coeficiente de riesgos, de amenazas, de promesas.
Lo que ocurrió después era una de las muchas posibilidades que pendían de
su decisión, que adivinaba como consecuencias posibles de sus actos, o que no
logró prever. Para nosotros la historia tenía entonces un solo curso posible:
el de aquello que ocurrió realmente. Pero desde\ que la vemos en su hacerse,
surge la historia como elección, las historias que pudieron ser al lado de la
que fue. Por fin, había entonces un pasado, como el nuestro, pero otro, puesto
que a ese pasado han venido a añadirse desde entonces nuevos hechos que lo

193
192

�t
un futuro diferentes
modifican; puesto que ése era el pasado de un presen e y
de nuestro presente y nuestro futuro.
henderla como pasado; es re. . d
a época no es apre
,
Hacer la hlstona e un
ectos con sus ilusiones y utop1as, con
constituirla como presente, con sus prHoy la, his.tona· de una época es, entre
hi toria
acer
.
su futuro velado. eon su _s . .
,
hacía. Ahora b1en, los sen. . l histona que esa epoca
otras cosas, reconslltmr a
1 h' t . son análogos a aquellos que,
avoca a 1s ona
,
cimientos que en nosotros pr
t edia en el espectador. Clío aporta
según Aristóteles, ha de provocar la rag
hombre que vivi6 en el pasado.
también una catarsis. Nos reconocerno~ en un
eranzas y temores. Pero sacupac16n sus esp
. •
Podemos hacer nuestra su preo
'
temores quedaron en def1m,
d'd
esperanzas o esos
bemos ya en que me l a esas
. ,
su presente la existencia de ese
rd
Para 1uzgar en
•
tiva fmstrados o cun:lp i os.
d
.
d l fin de la muerte, de aerta
¡
punto
e
vista
e
,
..
sujeto pasado, a d optamos e
.
.
i:
A la ve:L por la intervenooo
.
·,
e toda vida 1D1pu.ca.
'
.
{
inevitable [rustrac1on qu
el
f" . te de frustrac16n y racaso
d
tamos
coe 1c1en
de ese hombre del pasa o, cap .
h
C o el hombre del pasado, nos
ue
llevan
consigo
nuestras
propias
lduc
as.
teolma
contingencia. Aprendemos a
q
•
desampara os an
vemos a nosotros Jlll5mos
.
'd
l mundo y sus quehaceres,
doble reg1Stro: sUIIll os en e
vivir entonces en un
. 'gniI'
. relativa de esos quehaceres por
.
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1canc1a
.
s1 pero consc1entes ya e
.
. . N lle"ará esto a un escepu'
l d" · la h1stona c. os •
la mirada que sobre el os ir!ge_
f e'ram.os conscientes, según la ejemplar
. ;, ,. _,
dr' ocurnr s1 no u ·
• · if'
cismo vital . .rul po ia
.
sabemos de nuestra ins1gn l·
d
que
nosotros
xrusmos
, .
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Paradoja pasea ana, e os arrancamos d e e Ua. El hombre es para s1 mismo
.
cancia y por este sab er, n
'd l . ·cios sobre la importancia
'
1
1 tienen senti o os JUl
•
•
el centro absoluto por e cua
l medida precisa en que capta su propio
relativa de las cosas, pero lo es en a
vacío de toda irnp0rtancia.
.
'ad
1 ob3'eto de su estudio es el punto
tl a del h1ston or, e
b
Dentro de la perspec v
.
N d b os hablar nosotros solos so re
a perspectiva. o e em
de partida de una nuev
..
d de su pasado-presente, ese
. 6.
debemos pernutu que, es
.
el hombre hist neo;
l
función de nuestro proyecto, guiaido
a
buscar
e
en
.
05
hombre nos hab \e. Hem
d
f'nnación de lo que somos,
.
t les en busca e con i
dos por m1estros mtereses ac ua '
'tirle que modifique nuestro
ntrado debemos pemn
.
luego que le hemos enco
. '
nos altere al revelamos la vacUl·
os intereses que
,
.
.
proyecto, que nos cree nuev
'
intereses actuales. La histona no
dad o limitación de nuestros proyectos e
d sino diálogo del presente
ha de ser monólogo desde el presente sobre el pasa o,
con el pasado.
.
desempeñando en la vida humana
.
1 bistona aparece
En esta perspectiva, a
.
l
1 novela al drama, a la trage1 be por e1emP o, a a
'
.
.
el mismo papel que e ca '
endernos mejor a nosotros ousmos,
día: hacernos penetrar en otro, para coropr

mirar desde ese otro una rea)jdad también otra, para aprender a mirar mejor
esta realidad nuestra.
Pascal veia en Ja diuersi6n una fuga ante la reflexi6n, que es la más dolorosa, al par que la más imperativa de nuestras tareas. 10 Pero la novela, el
teatro, la historia nos divierten, nos sacan de nosotros mismos y nos llevan
a otro, para luego hacer que nos reconozcamos en ese otro, que nos identifiquemos con él, y volvernos así inadvertidamente hacia nosotros mismos. La
diversión aparente está allí al servicio de la ref lexi6n; sirve el propósito de
eludir nuestras defensas ante la reflexión.
Y, sin embargo, pese a estas semejanzas... la historia no es una novela;
la historia no es teatro. Pues los hechos de que trata la historia no son ficticios, sino reales. Por esto no basta que el juicio hist6rico nos resulte significativo; ha de ser, además, verdadero. O no sería hist6rico.

11. No es éste, por cierto, uno de los menores problemas que la consideraci6n filosófica de la historia plantea. ¿ Cómo puede la historia aspirar a la
calidad de una ciencia, cómo puede pronunciarse jamás con certeza si el
objeto de que trata por definición no está presente, puesto que es pasado?
El historiador obtiene su evidencia indirectamente, por interp6sita persona o
a través de hechos presentes que representan a los hechos ausentes. Quedará
entregado al criterio del investigador hasta qué punto puede otorgar su confianza al documento, al vestigio, hasta qué punto le merece fe la representación; pero resuelto este problema, la confianza alcanza a lo representado.
En este aspecto, serán elementos decisivos tanto la general concordancia de
los testimonios, de los hechos vicarios entre sí, como la concordancia del hecho
que investigamos con otros aceptados previamente. Esto nos remite al concepto ya aluclido de época, que no es, por cierto, una suma de hechos, sino una
estructura, un organismo, un todo complejo de modos de pensar, de actuar, de
sentir, de avalorar, de vivir, vinculado dinámicamente con aquello que comprende.11 La época no es del todo independiente de los hechos que incluye;
por esto, a través de los hechos, aprehendemos la época; pero la época nos
ofrece también una pauta para juzgar si un testimonio es o no es fidedigno,
para pronunciamos sobre la verdad o verosimilitud del hecho de que el
testimonio da cuenta. A la vez que es estructura de los hechos, la época opera respecto de ellos como criterio de verdad y correctivo.
Claro está, surge entonces el problema del grande hombre o del hecho excepcional, del hecho que contraría a la época. Pero esto es ya el germen de
una época diferente. Las épocas muerden unas en otras. Cada una desta" Fragmr.ntos Nos. 139 a 144 y 168 a 172, edición Brunschvicg.
" Cf., JosÉ ÜRTEOA v GASSET, En torno II Galileo, Obras completai, t. IV. Revista de Occidente, 1946- t94 7, pp, 18 y sgteJI.

195
194

�.

.

el fondo de otra anterior, que a su vez remite,

ca su peculiar figura sobre
.
C d énoc,a es crea\
edió y así sucesivamente. a a r--como fondo, a una que e prec
'
d . desempeña el papel de natu.
ral
to de la que le prece e, Y
d
c1ón cu1tu
respec . .
Ah
bien puesto que una época se a en
raleza respecto de la s1gwente:
~ra f d~ y sirve lu~o a su vez de fondo
interrelación con otra que le sirve el on , da época deberá aparecer, setr lla se erige resu ta que ca
d
a otra que con a e
' 1
d períodos sucesivos, resulta a e, d
- uno u otro pape , en 05
gun esempena ,
. , . mínimo ha de abarcar necesariaroen te 1a pamás, que el penodo his~onco . . . de la serie infinita de épocas precedenlaridad de dos épocas, sm per1moo
la
d'da en que nuestro estudio
· li ·
p r tanto en
me 1
tes que queda imp cita. o
' . ,
tudiar una época sola, deberehistórico sea profundo, no podremos _Jamas es
mos estudiarla en su relación y tensión con, otrda. todo pensar histórico, el
'poca es una categona e
.
Claro está, aunque e
.
d 1. .
articulan depende en collSll énnras se de{men e mutan y
m odo como as r-- .
.
', aún.
uede observarse que hay dos esderable medida del h 15tonador. Mas
· p
'b'
l historia· hay el es1
, los cuales puede escn irse a
.
tilos fundamenta es segun
.
.
tre las épocas y que de ello ohtilo que consiste en acentuar la ~~rende; :curso histórico; y hay el estilo
tiene una muy marcada puntuac1on las 'poca en un fluJ· o continuo, que
distin ·
que sume
e
s
que borra ~ .
c~nes, cat orla de continuidad, más bien que según la
piensa la histona segun la
eg
. 1 d a dos diversas concep,
Al
estos estilos pueden ser vmcu a os
d~ epoca.
par,
,
. el rimero es propio de los pensadores q~e
c1ones de lo que la epoca es.
p
1
en a la realidad del propio
tienden a atribuir realidad a la época, que a un
e conciben las époacontecer histórico; el segundo prevaodlece en aquelloscoci:ceptos que los histo. nes o en t o caso como
e.as como meras convenc10 '
d
ás o menos
riadores forjan y que pueden aplicar, por tanto, de un mo o m
•

12

libre a un suceder continuo.
al o más ue considerar si hemos de ser fieles al modo ~o12. Pe~~ hay g
q ble La auténtica creación cultural no aspira
mo es vivido el acto memor~ .
tal será sustituída por otra.
s6lo a instaurar una nueva epoca, q~e como
.
resente eterno del
A .
la validez permanente y universal, aspira al p
d
spira a
de radarse en época. Algo suele que ar cumJuicio Final, y sólo acaba por_ ~6
610 sea su ejemplar tentativa
'd
. emb o de la aspiraet n, aunque s
pb o, sm
arg di . , hi t6rica y por ello precisamente es la obra memo~:b;:_p~r~~::u:,0: ri~or, ei objeto propio de la historia -ya lo habíaen el texto corresponde apro,címadamente a lo
ecial a la historia de la filosofia, designa como
que Heori Gouhier, con refe~noa es~
el punto de visia de la euolución (ob.
la oposición del punto d, iasia ~tl, mt.ima y '6 d las visiones del mundo que este
.
9
. ) V éasc tamb1én la concepa n e
cit., pp.
Y sgtes. . d'
entre ambos extremos (pp. 145 Y agtes.).
autor expone para me iar
. .

is

La opos1C16n que desarrolla~os

mos anunciado-- está constituído por aquellos hechos de los hombres que,
por una parte, constituyeron época, y en este sentido son pasados, y por
otra escapan a toda época, y par ello valen intemporalmente y son para
nosotros memorables. Si consideráramos sólo este último aspecto, podríamos decir paradójicamente que la historia se ocupa del pasado en cuanto
no es pasado, y ello no sólo en el sentido anotado de que busca reconstituir
ese pasado como presente de hombres que fueron, sino en el sentido de que
el pasado que interesa es, ante todo, el que no ha pasado, por así decir, el
que sigue siendo presente por la vigencia que para nosotros tiene. Pero ello
serla acentuar desmesuradamente un aspecto, en desmedro del otro que
confiere al objeto histórico su rica ambigüedad; el inevitable pasar que hay
en las acciones humanas; la ineludible evidencia de que aquello pasó, y está ausente. El dramatismo del estudio histórico radica en la tensión presente-pasado, presencia ausente, ausencia presente, que hay en el objeto de la
investigación.
En suma, la historia nos enseña lo que ha ocurrido -no lo que suponemos que habría podido ocurrir, según nuestras ficciones, o lo que debió ocurrir según ciertas leyes. Y nos lo ofrece para que, al contemplarlo, ampliemos la base reflexiva desde la cual vivimos y comprendamos mejor nuestra
tarea. Es una ciencia, no por pretender encontrar leyes de validez universal -Windelband y Rickert lo acreditaron suficientemente- sino porque el
fin que las artes cumplen con artificios y ficciones, lo cumple ella con lo
real-singular-pasado-presente. La historia es el arte de Jo real. O una ciencia que cumple con lo real el mismo fin que las artes. Se ocupa del hacer,
el sentir y el pensar de hombres reales, situados en la perspectiva desrealizadora del pasado. De hombres: no hay historia de entes inanimados ni de sociedades zoo16gicas. A la inversa, s6lo los hombres hacen historia, por la muy
simple razón de que si la historia es un medio para un mayor y mejor saber de si, sólo el ente que posee la posibilidad de este saber1 s6lo el animal
que puede decir yo con sentido, ha de poder cultivarla. La historia es un
modo ejemplar por el que el hombre toma conciencia de lo humano. Captamos así la razón profunda por la que una sola palabra sirve para designar la ciencia que estudia el pasado y el contenido de esta ciencia. No hay
aquí pobreza de vocabulario, sino indicación de que el objeto de la historia está constlhtldo par seres que, a su vez, hicieron historia, en el doble
sentido de rememorar un pasado colectivo y de avalorar sus propios actos
con miras a un término del tiempo humano asumido en el presente.
Comprender mejor quiénes somos, qué queremos, qué es lo que tenemos
enfrente, qué sentido tiene nuestra existencia, por la consideración de un ser

197
196

�extran. ero a •uer de pasado, tal es, a nues1J hi ,t . y por tanto, el criterio que
tro entender, la raz6n que motiva a a s ona, '

real que es como no50tros, pe~ .

permite delimitar ,1 objeto.
.
1 su fin en la medida en
La historia es conocimiento metaf6nco: ~ump :xhibe tras lo diverso, su
que tomando al hombre del pasado como! ~m~l,ar el c~ntraste de las difeparentesco con nosotros, 0 ace ntúa ' tras o s1m1 ,

rencias.
LEJ 'G

JE, PE

MIE TO Y REALIDAD
H:ÉcTOR-

Waync

F.RJ CAsTAÑEDA
S1a1c University

Detroit 2, Michigan.

1. EN EXTENsos CÍRCULOS filosóficos se da por sentado que no hay pensamiento sin lenguaje. Se trata de una presuposición central, que gobierna
gran parte del filosofar de muchos, y que jamás se discute o examina. Y no
es una presupo ición que s6Jo los infantes terribles de hace un cuarto de siglo,
los positivistas lógicos, ya tan escasos, acepten, implícita o explícitamente.

Es una pre uposición de extrema importancia. Por ejemplo, los filósofos
todos reconocen de una u otra manera que la filosofía tiene como tarea ineludible la de elucidar la naturaleza, estructura o constitución de ciertos
conceptos generales como cosa, conocimiento, persona, valor, pensamiento,
verdad, deber, etc. Ahora bien, si, como muchos creen, la posesión de un
concepto es, o envuelve esencialmente, la habilidad para emplear un
blo o expresión, entonces: (i) se está aceptando la verdad de la presuposici6n que nos interesa, y (ü) la actividad filosófica puede desenvolvenc examinando los usos (a veces complicadísimos) de las expresiones que constituyen una lengua dada. S~ como muchos filósofos sostienen, es objeto de
filosofía el estudio de la estructura formal de la diversas modalidades de
nuestra experiencia, o la contemplaci6n d mundos posibl , o el atisbo de
modalidades no humanas de experiencia (o todo esto de junto), y una modalidad de experiencia tiene la estructura del lenguaje empleado para vivir las experiencias de esa modalidad, o si la estructura de un mundo posible es la estructura del lenguaje n que ese mundo es pensado, entonces
de nuevo, (i) se está aceptando la presupo ici6n anterior, y (ii) es legitimo
darle un giro lógico a las cuestiones íilos6ficas: o como decía Platón ( n el
Fedón, por ejemplo) s pueden tratar los problemas del er en términos del
logos.

,-oca-

Por supuesto, el giro hacia el /ogos puede justificarse con una presupo-

198

199

�sición menos fuerte que la que nos interesa. Bastaría, por ejemplo, con suponer que aunque el pen5a.Dliento no nece ita del lenguaje (o logo$) para u
e.xi tencia, todo pensamiento po ible puede expresa~ en un lenguaje.

son meramente le ·es p ico-sociológicas, todo el filosofar que descansa sobre
ellas es cuJpable de un psico-sociologismo profundo. Todos los análisis de
lo men~al, _del mund~,. que ese filosofar ha producido no han proporcionado
generalizacion~ e~pmcas ( correctas, con toda probabilidad), pero incapaces d~ la. clanftcac16n conceptual, los atisbos de otros mundos posibles O de
expenenc1as no humanas, que era su promesa (implícita) entregamos.

2. Mi propósito en esta investigación, sin embargo, consiste en examinar la presuposición fuerte. Es ésta una propo ición qu , juntamente con
las dos siguientes, tiende a constituirse en nuestra época en una verdad obvia que se vuelve difusa e impregna toda reflexión obre las cuestione de

4. Evidentemente, la propo ición de que pensar es hablar (con otros
.
)
o
con uno 1ll.161:11º . es fal a. El caso es corriente de una persona que según to~ las apanencras está pensando sin proferir un solo sonido, sin que sus
musculos se ~ueva~ o sub-articulen nada, declara en qué ha estado pensando y confiesa sinceramente que ninguna palabra curro por su mente.
Muchos de nosotros hemos tenido tal experiencia, y sabemos que podemos
~n~ . en ~asión sin utilizar ninguna forma de lenguaje O de símbolos,
ru SJquiera unágenes de las cosas en que estamos pensando.

la filosofía de la mente:

(A} Sólo seres con alguna forma de lenguaje piensan·
(B) S6lo seres que viven en alguna forma de comunidad desarrollan
lenguaje·
(C) Sólo seres con alguna forma de cerebro desarrollan lenguaje. La proposición (C) es (todavía) considerada como generali7.ación empírica bien
fundada. La proposición (B) todavía se discute con alguna amplitud; pero en algunos círculos filosóficos ya es una pr uposición axiomática a priori.
En tales círculos, seguidores de Wittgenstein en su segunda etapa, enemigos del positivismo lógico, se acredita a Wittgenstein con haber demostrado
para siempre que un lenguaje privado es lógicamente imposible. A pesar de
las ambigüedades inherentes al concepto de lenguaje privado, y a los argumentos de Wittgenstein, el axioma se entiende en un sentido que incluye
a (B). La proposición (A) ya no se discute. Es el axioma difuso, intratable.
3. La naturaleza de la filosofía, el rumbo del análisis de lo mental, la
posibilidad de éxito del programa conductista, etc., dependen de la presuposición (A) sólo en tanto que (A) es una proposición a priori. Dada la evidencia empírica acumulada por la humanidad durante miles de años es
casi seguro que las tre proposiciones (A)-(C) no sólo son verdaderas, sino
por lo menos leyes psico=sociol6gicas, y si son leyes de la naturaleza humana son tan firme como las mejor fundadas de las leyes físicas o químicas. Pero las cue tiones filos6ficas mencionadas no logran decisión con la
verdad, por bien fundada que esté, de esas tres proposiciones, si ninguna de
las tres formula una verdad a priori, lógicamente necesaria. No digo "verdad analítica (en el sentido de que la negación es una contradicción formal)" pues no quiero pre-juzgar tan temprano la cuestión de si hay proposiciones a priori que no son analíticas.1 Ahora bien, si esas proposiciones
1 A mi juicio hay proposiciones sintéticas o priori, y considero que las proposiciones
aritm~tiCaJ empkadas en contacioncs y mediciones son de ese tipo, a pesar de la tesis
contraria tan. gcocrafu.ada. Sin embargo en mi anilisis no pueden encontrar los racionalistas ningún consuelo. Véanse "'7
5
12' As a Synthetic Proposition", Philosophy

+ =

'200

Pe~o e_s ~ falacia ~urda ( llamada en los textos de lógica popular "generalización un.peri ~~a ) concluir que, porque es verdad que algunas veces pens~os _sm utilizar lenguaje, es posible que todo acto de pensamiento se ~~ce SJD la a_yuda de lenguaje. Tampoco vale como refutación de Ja
propos 1c16~ (A) decir que un primate, por ejemplo, un chimpancé bien entrena_do, piensa a p sar de que carece de lenguaje. Los animales y los bebés
no p1e~n en el ntido auténtico de "pensar", del adulto normal en que
pensar incluye conocimiento del pasado, del futuro la teorización científica
el análisis filosófico, etc.
'
'
Por otro lado, la presuposición (A) no dice meramente que todo pensar
envuelve empleo de lengu~je, sino que todo pensar presupone la posesión
de alguna forma de lenguaJe. En efecto, es muy posible que los filósofos que
~an ~r sentado un nexo necesario entre lenguaje y pensamiento acepten
~ dificultad que un ser que ha poseído un lenguaje y, por tanto, ha aprendid~ a p~nsar, continúe pe~ .ando, aun cuando más adelante pierda el JenguaJe. As.t, hay tres propos1c1ones que conviene distinguir:
{Al) Si un ser piensa en un momento t, tal ser emplea un lenguaje en el
momento t para pensar.
(A2) Si un ser piensa en un momento t, tal ser posee un lenguaje en el
momento t.
nd Phu~m,nologi,ol R,s,orch, vol. XXI (1960): 141-158 y "Arithmetic and R ali ,.
Australanan Journol o/ Philosoph-,, vol 37 {1959) • 91 107 Una
·•
· · ~ tdy ·
·
"K
.
·
·
·
vcmon pnauuva e1
pruncro es
an1 Y la F1losofía de la Aritmética", Universidad de San Car!
(G
mala), o. XLV (1958): 123-143.
os
uate11

201

�t

tal ser ha poseído un lenguaje

(A3) Si un ser piensa en un momento ,
. cluir a t).
'od
• a t (que puede o no m
durante un pen .º. anten(o\)
(A3) las que nos interesa examinar.
Son las propoSlciones

A

y

G'lbe t
. iración viene del pro{esor i r
5. Un conductista moderno c~ya 1~ len a·e es posible, pues 'pensar'
Ryle 2 podría alegar que pensamiento s
~ J r una o varias co as den•
lim r{o E to es pensar es ace
.
es un concepto po o .
,
"bles en ciertas circunstancias, tamtro de un enorme conjunto de co~as pos1 t, pensando cuando está frente a
bién variables. Por ejemplo, un pintor es a lá .
la mano o una paleta,
d
brocha o un piz en
,
.
una tela o una pare con una
trazos extiende la mano como nu•
está. viendo la pared o tela, h~ce unos
' l otro oJ· o frunce el entre.
.
mira los trazos con e
'
diendo algo, cierra un OJO y
l'b
hace otros trazos, etc. Pero
t/ n con la mano i re,
y
el
cejo, se aprieta
roen o
.
. , son substituibles por otros. , por
1 en tos de esa s1tuac1on
da d lo
muchos de 1os e em
sin hacer ab olutamente na
e
supuesto, una _perso~ puede ~ r de ajedrez piensa cuando hac~ un
que nuestro pmtor hizo. Un ~g. t en circunstancias distintas. Un Jug_aconjunto de actos totalmente
tml º. go aunque sus acciones y sus CJr·é piensa durante e JUe •
d bal
dor e
omp1
d' almente diferentes. Etc.
cunstancias son, de nuevo, ra i_c
. R le mismo cree que, aunque es coAhora bien, es difícil determmar s~ y
poder pensar es necesario (16.
tilizar lenguaJe para
rrientísimo pensar S1Jl u
,
, len a·e Lo que nos importa es
gicamente) poseer• o hai&gt;e: pose1do.:z: las guro~siciones ( A1) • (A3) basaque un discípulo suyo pudiese rechd
~scn'bir e tados o actos mentado en la tesis conductista d~ _Rylef edque ªtalmente capacidades para acadscribJrle un amen
,
les a una persona es
.
, .
tancias. tales capacidades son com·
tuar en ciertas formas en ciertas circduns
muy distintas, tan distintas
.
oifiestan generalmente e mane
. . .
pleJas y se ma_
. us manifestaciones en una def101c1ón.
. .
que no es posible reurur s .
d
d
o de nosotros se dan episodios
.
en la vida e ca a un
Ryle no mega que
. ágenes de vocablos o frases, sensa. d
imágenes de cosas, un
. d
de
pnva os, como
.
que esos incidentes pnva os son
clones, picazones, etc. Tam~oco ruega
d una persona en un momento
e consutuye el pensar e
. d
d l
hecho parte e o qu
.
1
do haber tenido una sene e
dado. Por ejemplo, el pintor del eJdemp ob pu_ tar· pudo haber visto en su
od
l del cuadro que esca a pm ,
imágenes m nta es
l
dife ente clases de pintura. Pero t o
.
·
de co ores Y
r
mente diversos Juegos
R 1 . ga es que haya un suceso meo. .
¡
pensar Lo que Y e m
•
esto es modenta a su
.
.
l pensamiento del pintor, o
tal o clase de sucesos mentales que constltuya e

r:.S

del ajedrecista.
.
• · Hutch.inson's University Library, y ue•
s G. RYu, Th~ Cortcept o/ Mtnd (Lon&lt;ii:b· .• al simnn.io "Thinking :ind Langua• bl 1949) y su contn uc1on
.--va York: Bamcs &amp; ~ e,
'
ntatlo XXV (1951 ), págs. 65-82.
gue", A.ristotllian Socitl)', vol. supleme

202

Ahora bien, cuando en § 4 arriba dije que a veces pensamos sin utilizar
lenguaje Jo que quise decir es que hay hechos mentales sui generis que son
los actos de pensamiento. De modo que con Ryle nos une un acuerdo real
en cuanto a que el pensamiento deJ pintor no consiste necesariamente en el
juego de imágenes mentales, ni en ninguno de sus actos observables, ni en
sus circunstancias; pero no separa el análisis del pensar. Para Ryle esos
elemento reemplazables constituyen el pensar del pintor del ejemplo, así como otros elementos semejantes constituyen el pensar de otro pintor, y otro conjunto de elementos diversos constituye el pensar del ajedrecista. Para nosotros el pensar no queda constituído por ellos. Pero no porque, como Ryle
alega, esos elementos se llaman pensar sólo porque se les considera en conjunto con relación a un propósito o plan o resultado (por deficiente que sea)
en que e pensar termine: el cuadro, la jugada en el tablero, el gol etc.
Para nosotros, otra vez, el pensar del pintor puede encarnarse -por así
decirse- en sus acciones, pero es lógicamente distinguible de ellas en tanto que episodio o serie de episodios mentales.

6. 'o basta decir que creemos en actos de pensamiento para que la tesis
contraria d Ryl re ulte falsa. Por falta de espacio sólo podemos presentar
aquí parte del argumento. En su libro Ryle presenta una serie de razones
en contra de la doctrina de "los episodios fantásmicos", y todas son refutables. Muchas de sus razones prueban algo muy distinto: que no es necesario pensar antes de obrar, que para actuar inteligentemente no es necesario
seguir concientemente reglas, qu pensar no es hablarse a sí mismo, etc.
En efecto, Ryle refuta admirablemente lo que él llama "la leyenda intelectualista": de acuerdo con la cual la acción inteligente consiste en seguir reglas, no meramente en actuar conforme a reglas. Pero esa leyenda no es ni
siquiera un pariente cercano de lo que él llama el "mito cartesiano" de la
existencia de Jos "episodios fantásmicos dentro de la máquina corporal".
Pero, aparte de la refutación de los argumentos de Ryle, uno puede argüir directamente en favor d la ·istencia de los actos sui generis de pensamiento.
En el artículo mencionado el análisis del pensar que Ryle ofrece sólo parece plausible porqu concentra su atención en procesos de reflexión, y deja de lado los actos de pensamiento que integran un proceso continuado de
reflexión. En un proceso tal hay un problema, una perplejidad, a la cual
se le busca oluci6n, y hay actividades diversas, privadas o públicas, y hay,
a veces, materiales y circunstancias especiale . En fin hay tanto que es fácil ver lo que uno quiere y tener 'xito en no ver lo que otro ven. Pero la
situación d 1 pintor, para volver al ejemplo, es una en la qu se da reflexión o comportamiento inteli ente sólo porque a lo largo del proceso se

203

�van ucedi ndo episodios de pensamiento. Tales episodios no son la solución al problema, no son normalmente la conciencia de reglas de que el pintor va extrayendo sus acciones, no son tampoco necesariamente anteriores
a los actos que ejecuta. Son episodios mezclados con los actos, que guían a
los actos. El pintor no estaría pensando si no corrieran por su mente, mientras dura la situación del ejemplo, pensamientos como "Este no debe ser
tan brillante", "El azul ha de llegar hasta esa esquina", "Esta linea es demasiado largaº; o "Esta nariz es muy corta", o "Ese río está bien"; o "¡ Diablos! Esta pintura es demasiado espesa''. Y nótese bien: es seguro que ninguna palabra cruza su mente, ninguna imagen verbal o motriz, ni nada
que pueda razonablemente llamars un símbolo mental o fisiológico o químico conectado con esos pensamientos. El hecho es que in esos pensamientos, u otros de la misma e tirpe, es sencillamente un abuso de la lengua ordinaria decir que el pintor estaba pensando en lo que estaba haciendo. J&gt;a,-

ra esto tiene que haber estado pensando.
R le se despista un poco porque equipara "pensar en lo que se está haciendo" con "actuar inteligentemente•• (The Concept of Mind, p. 29) pero
al analizar este último pone su énfasis en la actuación. Y claro está, una actuación se califica de inteligente por muchos aspectos lógicamente distinguihles del pensar que esto es así, o asá: por ejemplo, por su complejidad que
requirió aprendizaje o entrenamiento largo y cuidadoso.
De todos modos, el hecho central es que e dan episodios mentales que
son actos de pensamiento, como cuando en un momento dado se me ocurre que hoy es jueves, que no be escrito una carta que ya he rezagado por
meses, que no he hecho una llamada telefónica importante, que la solución
de un problema consiste en hacer cierta operaci6n. Esas ocurrencias son episodios en el sentido importante de que ocurren en un momento dado: se
les puede situar en el tiempo. Es verdad que no tiene sentido claro decir
que rxisten durante un tiempo dado. Pero no hay absurdo alguno en hablar
de sucesos instantáneos. En un sentido un poco indirecto se les puede localizar en el espacio con relación al lugar ocupado por la persona que los
piensa. (Si esto se considera metafórico se puede introducir una nueva dimensión espacial en la que los sucesos psicológicos existen). Lo importante
a que esas ocurrencias o episodios son indubitables, y pueden no darse
acompañadas de nada que lo tiente a uno a decir que son realmente otra
cosa. También resulta absurdo suponer que son analizables como disposiciones o capacidades para actuar. Por supuesto, la ocurrencia de un acto de
pensamiento puede producir el aparecimiento de una capacidad (por ejemplo, para decir ciertas cosas o hacer esto y lo otro) ; pero el hecho innegable es
que en ese momento uno es consciente de algo, y si esa conciencia fue5e la con-

204

ciencia de la capacidad en e e momento creada
t
.
"d d
' en º?ces actos de pensamiento
pao a es pero episodios
d
tamente como los otros episodi
tal
'
' en to o caso, exacimágenes (E por
os men es que Ryle reconoce: dolores picazones
.
.
supuesto, absurdo decir que mi
.
'
'
Jueves es mi conciencia de que t
•
pensamiento de que hoy es
capacidad de decir "Ho
. en!~ cierta capacidad, aun cuando fuera la
.
y es Jucve . Desde luego n h
,
bwr este absurdo a Ryle). Ha , fa]
• .º ay razon para atrial
na
ta un conductista más
dical
·
egase que toda conciencia es una ca a .d d
ra
' quien
sería interesante ver cómo ex lica I p c1 ~ . para hacer algo. Si tal existe,
pacidades "concienciarias" -~
e _dconocuruento que tenemos de esas ca10 neces1 ad de saber n d
•
•
d
.
episodios en que se manifiesta
nnalm
a a e ocurrencias o
0
"dades mentales no basta cree
· •
ente
CJ
. ' hasta e n eJ caso d e 1as capa'
r que se tienen para
.
1
euando se me ocurre
por .
l
poseer as en realidad.
0
•
·'
eJernp , que hoy es jueves p ed
ese mim-_10 hecho tengo la capacidad de decir
' u ~ creer que por
muy posible que en efecto no la po
L
que hoy es Jueve ' pero es
dad C.'&lt;iste solamente cuando 1 • ~- a prueba de que poseo la capacia eJerc1to.
Aunque el argument
, 1.
sostener que ha
o esta eJo~ de_ ser completo, es al menos plausible
son ot
y a~t~,
to es ep1sod10s mentales que son pensamientos, y
ra cosa que unagenes, actos füicos, etc.

serian episodios de conci ncia de ca

7. La verdad del conductismo consiste en
dos o actos mentales del
6''
.
que nuestro acceso a los esta.
pr JUDO es el comportamient d l
, ..
ctrcunstancias. Aun cuand
.
o e proJuno y sus
0
.
una persona nos dice Jo
·
.
dec 1arac1ones
pueden ser fals
p
que piensa o siente, sus
as. ara que las acept
tanto su comportamiento pasad
.
emos como ,·erdaderas
.
o Y sus Cll'Cunstancias
da
portam1ento presente y sus ci
.
pasa 5, como su comrcunstant.1as presentes h
d
merezcan nu tra credulidad A í
di
, an e ser tales que
teórica de determinar que un~ pes' pu ~ra pe~sarse que hay una manera
rsona piensa stn lengu ·
· h b
un Jenguaje esto es de veru·
1
•.
aJe, sm a er tenido
. .,
'
•
icar a propos1c16n ( A3) Cla
á, .
postc1on f?rmula (como
posible) una le
.
ro est si esta protonces es unposibl (aunque no 16 .
y de la naturaleza humana, engicamen te) poder en
.
.
como la que vamos a de .b. El
.
contrar una s1tuac16n
d
sen tr.
expenmento •
J
erar sería análogo aJ cxperiment
menta que vamos a consiverso si en vez de ser Ja luz I ob. puramente mental de cómo sería el unie o Jeto con mayor 1 ·d d
mos el ~nido, u otra partícula distinta de los f t ve oc1 a • lo fuese, digaPudi
o ones.
era pensar que es lógicamente posible
.
arrollo de nuestra tecnolnma I ás
' por e1emplo, que con el desfo
-o·
ogr emo ver que en un l
d
nna ante nuestros telescopios
p aneta ado se
m
S
una creatura como homb
1
aremo olus Afutus. Mutus crece solitario
.
re, a a que llanera compleja en que los seres h
, y empieza a actuar de la maurnano actuan except
.
da ru. hace ruidos, ni hace
'
o que no escnbe nag tos que puedan llamarse lenguaje. (Nuestros
205

�· · to aun dende detectar todo mido y movuruen
aparatos e suponen capaces
lab
pudiera pensarse que Mutus
.
d M t ) En pocas pa ras,
tro del cuerpo e u u ·
• teligentemente como se quie. · ·0 de comportarse tan 10
•
ás
e capaz, en pnnc1p1 '
1
les hace aparato y máqumas m
, uinas con os cua
•
ra (hace aparatos y maq
dif" .
puentes. y lo que se qu1ell
. aparatos y e ic10 y
, bol
complejas, y con e o nue\:O .
nadie ni emplea lenguaje o s1m os
ra) exc pto que no se comuruca con
en ninguna forma.
.
.
para quienes esa fantasía de
'do es de Wittgenstein,
..
f
Ha ' fil6so os, segm r . . . . adiecto Para ellos, las proposiciones
Mutus envuelve una cdntradictio in
.
.
fanta ía o realidad podría
{A) y (B) son verdades lógicas que
a negar que Mutus puc.
sé h ta dónde se atrevan e o5
jamás falsilicar. : o
.
. li
te de un ser humano, excepto en
portanuento mte gen
,
rod • 1
da rep ucir e com
. p o sí estoy seauro de que ellos neganan que un
el empleo de lenguaje, er
.
·e,.
ueda en ar o razonar o cono•
ser como Solus Mutus, aislado, sin lengu~Je, p e tÍón yace en que, confor. dif ult d con la te is en cu
cer o entender. M1
ic a.
{'1' f
defienden con ahinco, si Mu tus
. . •
esos mismos 1 oso os
me a pnnc1p1os que
.
"dé tica a como una persona
. .
)
portarse de manera , n
puede (lógicamrnte com
. teligentemente entonces no veo
ando se comporta m
'
. .
humana se comporta cu
. li
·a pensamiento, etc. El pnnc1a
iutus
mte
genc1
'
d
gar
d
cómo se le pue e ne
.
d de que nuestro criterio para etere el ya menciona o
d f. d
pio que e ien en
.
de nosotros mismos) piensan, etc., c~nrninar i otros (persona diferentes .
.
ro ias declarac10. nto y sus C1TCunstanc1as, Y sus P P
sistc en su comportam1c
falta el tercer elemento, pero ese elemento a
ncs. En el caso de Mutus nos d
1 mentas primeros, y ya en nuestro prosu vez necesita del apoyo de lo os e e t
elemento es débil: sordomucasos en que e e ercer
.
pio mundo reconocemos
.
e esultar una cuestión verbal Sl se
dos par ejemplo. De modo que paree r
'
M
un ser pensante o no.
acepta que
u tus sea
"
d l "l
J·e ordinario". indudablel poráneos e
engua
{
Alguno. filóso os con em
din . de pensar está tan lia-ado estreel concepto or ano
l
1 ,
mente, a eganan que
l.
·e
e la fantasía de Mutus es a o suchamcnte con el concepto de rnguaJ • qu t ordinario de pensar no
apli-

nmgun\

mo un caso extr~o en}~e n~;::~ c~:ei~an que esa "extensión., prueba
ca, pero que pudiera exten
. rdi .
se aplica al caso de Mutus.
tro concepto o nano no
precisamente que nuer
.
«
t nsión" es natural el concepto
'
d
E l h cho es que s1 esa ex e
Posiblemente.
e
d lengua1·e como ese alegato a
.
.
t, tan ligado al concepto e
d"
ordinario no e a
.
mentarlo muestran que la isputa
por sentado. En ri!l:or, el alegato y m1 co.
rta un ápice si el significado
es meramente de palabras. Realmentáe no unl~ do 16a.camente a la existen1 b « nsar'' est o no 1ga
o·
ordinario de la Pª a ra pe.
. 1 mundo (pudo o) puede en e .e Lo que unporta es Sl e
1
cia de un enguaJ .
.
. , ta semejante a la u ual como para
te caso (haber) presentar una s1tuac1on n

206

justificar conceptos ligeramente distintos. En otras palabras, lo que importa es precisamente establecer que los tr · elementos que sirven de criterio
para adjudicar estados y actos mentales a otro seres son lógicamente independientes dos a dos.

8. Ahora bien, la fantasía de Mutus falla. o puede distinguir entre pensar sin lenguaje y pen ar en lenguaje constituído por 'palabras" privadas,
excepto en casos extremadamente improbables. n lenguaje tal podría consistir n sensacione , o imágenes mentales, ya ean motrices, ya sean visuales, ya sean auditivas. Es perfectamente concebible que Mutus empleara, digamos, únicamente imágenes auditivas de las palabras españolas; en tal
caso su lenguaje podría reconocerse al hacerlo oír oraciones españolas, pues
podría entenderlas inmediatamente, sin ningún entrenamiento previo mientras que no podrían entender oracione inglesas, alemanas, etc. imilarmcnte, Mutus podría haber desarrollado un lenguaje con istente en imágenes
visuales de todas las palabras rusas: podría en tal caso entender textos rusos sin previa educación en la lengua rusa. En cualquiera de los dos casos
mencionados Mutus tendrfa que e tar en condiciones de confesar una familiaridad inexplicable con los sonidos o los textos.
ótese que la posibilidad de un lenguaje constituído por "palabras" privadas no tiene nada que ver con la vieja tesis filosófica de que pensar es
una especie de tener imágenes mentales. En la vieja tesi las imágenes eran
los pen amientos mismos, o los medio por excelencia del pensamiento, dada
la semejanza entre la imagen y la cosa pensada con la imagen. En cambio
en las situaciones arriba mencionadas las imágenes no serían el pensamiento
mismo, ni serían símbolos privilegiados, ni tendrían que ser semejantes a
los objetos con ellas pensados. Las imágenes semejantes a las cosas o no, serían palabras.

9. Mi contraste entre pen. amiento sin lenguaje y pensamiento a través
de un lenguaje constituJdo por palabras privadas será inaceptable a los filósofos seguidores de Wittgenstein para quienes un lenguaje privado es lógicamente imposible. Es verdad que mis lenguajes de palabras privadas no
son lenguajes privados en uno de los sentidos que Wittgenstein le dio a la
frase: lenguajes "cuyas palabras individuales se r fieren a lo que sólo la persona que habla puede conocer; a sus sensaciones privadas inmediatas. Así,
pues, otra persona no puede entender ese lenguaje". 3 Según esta definición
un lenguaje privado e un lenguaje empleado para pensar en objetos priva• Luowro WITTGENSTEIN , Philosophischt Unt11suchung~n-Philosophico/ lnv,sti¡olions,
(Oxford: Basil Blackwdl, 1953, edición bilingüe póstuma, con traducción al ingl6 de
G. E. M. Anscombe); § 243.

207

�. t oduJ·e en § 8 son lenguajes que
.
1
· que yo in r
.
{' ·
dos. en cambio, los enguaJes
b"
, blicos es decir, obJetos mcos.
'
sar en o Jetos pu
:
1
a
pueden utilizarse para pen.
.t , dos por palabras privadas son engu Sin embargo, mis lenguajes const'. w
. enfatiza al final de cuentas, de
t'd que W1ttgenstcm
ex
1
jes privados en e sen t o,
1
•e -excepto en 1os casos que sólo el hablante puede e~tender ese.
verbales de sonidos o
tremos en que las palabras pnvadas soaln b1m públicas.
·
dinario con P a ras
·
cas de un I nguaJ or
.
. . do con que Wittgenstein emp1eótese que la definición de lenguaJe ~~~a (B) copiada en § 2: ' 610 seza no tiene nada que ver con la propos1o_dn d d~rrollan lenguaje". Pero el
fonna de comunt a
posi
1
res que viven en a guna .
,
r tratar de establecer Ia pro
aumento de Wittgenstein concluye po
. una familia de argumenarc,:-··
d d
ha un argumento, . mo
, U
ci6n (13). En reali a no
y El bo ue ·o nuclear puede formularse asi: n
, timam nte emparentados.
~ J
. sas reglas establecen
tos in .
,
• , do
r un conJunto de reg1as. ~
uálenguaJe esta consutw
Po
nen el lenguaje son correctos, y ~
qué uso de las palabra'i que coro~ d
tá con tituído por reglas pnvales son incorrectos; un lengua); ~~1::b~a~te puede, 16gicamente, saber qué
da.s es decir, por reglas que ro o
(o cumplir con) una regla y penp re~riben; la distinción entre obedecer 11 ) s esencial a la existencia de
d
( se cumple con e a e
. .
. n
sar que se la obe ece o
la . da el agente no puede distmgu1r e una regla: en el caso de una reg pnva . t de que ha cumplido con la
.
f ..
u pensam1en o
•
tre su cumplimiento e_ ecll\O y
cum !ido con ella; luego, una reg1a ~nregla cuando en realidad ~o ha
p
un lenguaje privado es l6gica•
sible •' por tanto
vada , es 16gicamente impo

en:e:!

mar-

mente impo ible.
ob , a que para que haya reglas
i este argumento {uese concluyente pr an
quiene le ayuden a dis.
l
te viva con otras personas,
.
h
e necesano que e agen
la . su mera creencia de que a
· · t de una reg &gt;
tinguir entre u cumphm1en o
t
oporciona una premisa que lleva
o pr
cumplido con ella. E 5t0 e • e argumen
•
directamente a (B), o algo parecido. .
d' cípulo R. Rhees ha pree Wittgenstein que su I
f
Hay otros argumento n
. . . .o el argumento en todas sus or, orgánicamente.• Pero a m1 1wc1
. od
na def inid
senta o ma
.
. difícil de conceder o intr uce u
mas falla: o necesita una premisa
. al
una petitio. Como ya he pu., d l gua1·e que cqu1v e a
.
d
ci6n o concepc1on e en
. ..
l
to y de su vaneda , me
~ n anabSis de argumen
. .
f ls
blicado en otra parte u
d
I t is wittgensteiniana es a a.
limitaré en lo que sigue a dar por senta o que a e
.
"Can Tbcrc be a Private
.
el simposio con A. J Ayer
77 94
' R RHEl::S !cgundo t:ra ba¡o en
. XXVIII ( 1954) • págs. • .
·
'
.
S
•
t
vol
suplcment:mo
S
1..an 01 ,,.ge ?" Aristolel1on oert Y,
·
(G
ala. Universidad de an
o- .
.
. de st Mismo
ualcm
.
• En Lo DioUctico dt la Conc1eneio
Carlos, 1960), cap. VI.

208

Esto es, daré por sentado que un lenguaje privado, en el sentido de que sólo

d hablante lo entiende, es lógicamente posible.
En consecuencia, la fantasía de Mutus no muestra la posibilidad de decidir si pensa.núcnto sin ninguna forma de lenguaje es lógicamente po ible.
La fantasía e en sí misma coherente: el mundo pudiera haber sido tal que
Mu tus hubiera ido real; más aún: no es claro todavía que no haya un Mu tus
en algún sistema solar al otro extremo de la Vía Láctea, o en otra nebulosa.
La dificultad, otra vez, consi te en que la fantasía no siempre permite que
separrmos eJ ca.o de un. iutu sin lenguaje del de un Mutus con un lenguaje
de palabras P,rivadas.

10. í no hay en términos generales una situación concreta po ibl en que
se verifique la proposición "Mutu pierua, aunque no posee ninguna forma
de lenguaje". Para muchos filósofo de persuasión po itivista de la generación anterior e o hubiera sido suficiente para clasificar a a proposición de
metafísica en un sentido peyorativo. Pero el clima presente ya no permite que
se resuelvan las cuestiones de manera tan rápida. La proposición no es resoluble empíricamente, i mi argumento anterior es correcto. Pero eso no prueba,
por í solo, que la proposición sea analítica -o contradictoria, como los que
creen en el a."&lt;ioma ( A3) dirían.
Si el axioma (A3) no puede refutarse mediante contra-ejemplo, el camino
a eguir para el esclarecimiento de su rango consiste en un análisis del concepto pensar.

11. Consideremos un acto de pensamiento. Supongamos que yo e toy pensando que cie1·to objeto e. azul. Como ya hemos argüido, no es necesario
que símbolos o imágenes crucen en mi mente. De alguna manera mi pensamiento se refiere a ese objeto. Algunos filó ofos dirían que esa referencia es
posible en uno de tres casos nada más: (a) que pienso el objeto como el que
está caracteri.7.ado por una propiedad únicamente po eída por él; o (b) que
pienso el objeto mediante un pronombre demo trativo (ayudado de un gesto, acaso) que lo separa del resto de otros objetos que, por ejemplo, yo percibo en ese momento en que pienso en él: o (c) que lo pienso mediante un
nombre propio. Aquí entrarían argumentos al efecto de que un nombr propio no parece re olver el problema de cómo se obtiene la referencia : casi
todos los nombres propios que empleamos son nombres comunes a muchas
personas, de modo que en general no es aparente a quién e refiere el nombre, y, sin embargo, nuestro pensamiento no tiene dificultad alguna (por
asi decirlo) en referirse a la persona que debe ser. Por so algunos filósofos
han propuesto la teoría de que los nombres propios ordinarios son realmente
abreviaturas de descripciones que sólo un objeto satisface. Esta te is, de de

209
lll ♦

�. to que cada nombre
de las lenguas naturales. Es cier
, desluego, es falsa en el caso
.
ue relacionarlo con una o m~ .
Propio que uno maneja puede, y t1enelmq 'te sinonimia entre la descnpc1ón
• •
o hay norma en
cripciones umca , pero n
.
y el nom b re.
.
nombre se refiere
a un ob'Je to O persona
.
La dificultad de explicar c6~o un , .
-.:-. b'1en sabido que no es (16gid
·
nes umcas. ¡;,:,
Le'b
vale también para las esc.npc!o dT eran en alguna propiedad, como , ~ camente) necesario que dos ob1etos ~ 1 • , definida de la forma "El umco
una descnpc1on
.
Af uod
niz creía.º De m o que_
varios objetos, o por ninguno.
i, ro
que.•." puede quedar sausfe~h~ J:&gt;&lt;&gt;ren ue toda descripci6n sólo puede t~ner
chos filósofos concluy n por m~isbr
q
obJ'eto si incluye demostrativos
•
• rucamente a un
"M'
f
cierta garantía de re enrse u_
1 hablante. Por ejemplo:
i ca·
s dll'cctas con e
b'
ue
en ella, esto e re lac1one
•
ef
únicamente a un o Jeto, porq
sa " es una de cripción que s1 se ~6 ierde
e ob3'eto y el hablante está se...
. "mi" la relac1 n e es
d esa
gracias al demo trauvo
b'
el hablante puede estaT seguro e
gura de referirse s6lo a un o 1eto, y
. .
referencia.
. ,
·en con razón, que las referencias idenEn resumen, muchos filosofo argu . ' de cuentas sobre los pronombres
tificadoras de objetos descansan all f ~nóal es correcta para el caso del pensa.
les La conc USl n
·
· lendemostrativos o persona ..
1 también para el pensamiento sm
•¡·
¡
a1e · Pero va e
,
'al para
miento que ub iza engu . ,
, ltimo podría haber aqU1 maten . . .
guaje? Si se lograra estable~er esto utodo ensamiento sobre objetos md1v1argumento que e tablec1ese
demost1:ativos, aunque no los emplee de
dualizados presupone el empleo . t de un objeto como tal presupone la
hecho, y, por tanto, todo peosa~1en o

un

1:e

• uno necesite de símbolos
po esión de una forma de lenguaJe, .
d obJeto ausen.e
.
1
E fácil creer que en e caso e
d
b' t pres ntes no. Es fácil re.
en el caso e o Je os
d
para pensarlos, mientras _que
1 ár af anterior diciendo que cuan o uno
futar la sugesúón contenida en e p. r : ima ·nación, uno no nece _ita cmtrargi. la atenci6n en el objeto que
p iensa objetos dados ya en percepción
.
f ·ente con concen
d
plcar demostrativos: es su 1c1
.
t' pensando en el contexto e couno está pensando. Por su.puesto, s1 uno es a
rio para que el interlocutor
. '6 un dcmostrallvo, un gesto e necesa
mumcact n.
.
•, El
b . • al mismo objeto.
identifique taro ien
ll
al fondo de la cuest100.
. • ,
q ue correcta, no cga
Pero esa respue ta, aun
bjetos ausentes sin utilizar nmgun sunhecbo es que uno puede pensar en o
-~--• ''can·,e por ejemplo
v
'
(1952) , 152-l64; C. H.
·
(1930): 454-161; ·. L.
Univcne". Mind., LXII
. )
Dm;riptive J.fttaphysics

210

"Thc Identity of Indisccrniblcs" Mind., vol LXI
Mait Black,
d o· similarity" Mid., vol. XXXIX
L
ford "Otherness an
is
'
ctrical
ang
'
Id .
f lnd:•"cmibles and the Synun
·¡
"The
entlt}' o
~..
Es
in
1
W
506_511 ; P. F. Straw on. Indiriduals (An 1 ª'1
(195 ) .
i th
&amp; Co 19j9) cap. IV.
(London.. ,,e uen
.,
,

5';º•.

bolo; por tanto, el empleo de demostrativos para pensar en objetos ausentes
no es necesario.
{ás aún: hace poco apuntamos las dificultades de explicar cómo una des-

cripción definida o un nombre propio se refieren a su objeto. Pero las dificultades del pronombre demostrativo son idénticas. En efecto, no hay ningún
ruido o marca que sea inherentemente un demostrativo¡ esto es, no hay níngún ruido o marca que sea intrínsecamente capaz de referirse a un objeto o
de individuarlo. La referencia y la individuación corren a cargo de los demostrativos en las lenguas ordinarias, s6lo porque hay un pensamiento piloto que
identifica y se refiere a tal o cual objeto. Aun en el caso de objetos presentes, todos ellos pueden ser llamados "éste", y a todos se les puede señalar¡
mas, no existe nada inherente al gesto que señala que identifique al objeto
a que apunta: muy bien pudiera suceder que la convención fuese distinta.
Pudo haber acontecido que uno se refiriese, no al objeto al final de una línea imaginaria que pasa por la superficie del dedo índice y se aleja del hablante hacia adelante, sino a un objeto en un línea perpendicular a la anterior, o en una línea que se aleja del hablante hacia atrás de él. Por otro
lado, en la dirección en que uno apunta puede haber muchos objetos, como
normalmente sucede. Así, pues, no son los demostrativos o los gestos, sino
la dirección del pensamiento mismo, su intencionalidad, como decía Brentano, Ja que se refiere y la que identifica.
Por tanto, no hay nada en nuestro pensamiento de objetos de manera individualizada que prueb la necesidad de que todo pensamiento presuponga
la posesión de un lenguaje.

12. Decir que es la intencionalidad del pensamiento la que hace que éste
se refiere a tal o cual objeto no s, por supue to, explicar nada. Uno bien
quisiera entender cómo es que el pensamiento alcanza su objeto. ¿ Cómo es
que, por ejemplo, cuando pienso que Carlos vive en Guatemala, mi pensamiento, por así decirlo, alcanza al Carlos que tiene que alcanzar, a pesar de
que son decenas de personas llamadas Carlos las que viven en Guatemala y
que yo conozco? Esta es precisamente la pregunta que ni Brentano ni Husserl
parecen plantearse; es una pregunta que aguijoneó agudamente a \Vittgenstein. Y vio claramente que puede no haber nada en el pensamiento en cuestión que se conecte directamente con el Carlos correspondiente. "Aun cuando
Dios hubiera visto el interior de nuestras mentes no hubiera podido ver allí
de quién estábamos hablando", o pensando (op. cit., pág. 217).
Wittgenstein con razón alega que la referencia eficaz del pensamiento tiene
que venirle de fuera. Pero su oposici6n contumaz a Jo privado lo lleva a concebir que la referencia queda determinada por el comportamiento y las circunstancias del que piensa· esto es, lo desemboca en una especie de conduc-

211

�!ª

ti.smo. Para él, no s6lo la referencia, sino la existencia misma del estar pensando depende necesariamente de la situación y del comportamiento del que
piensa, y lo mismo vale para los demás estados mentales. "¿Podría alguien
tener un sentimiento de amor ardiente o de esperanza par un período de un
segundo -cualquiera que fuese lo que lo precediera o siguiera? Lo que está
pasando ahora tiene ignificación- en estas circunstancias. E tas circun tandas le dan su importancia. Y la palabra 'e perama' se refiere a un fenómeno de la vida humana. (Una boca sonriente s6lo se so11ríe en una cara humana)". (Op. cit., pág. 153, o. 583).
Ahora bien, quien no comparte esa oposición wittgensteiniana a lo privado o esa simpatía par el conductismo filosófico~ tiene aquí un problema
digno de sus mejores esfuerzos. Para no apartanne demasiado del tema central sólo quiero indicar aquí los elementos que, a mi juicio, han de entrar
en la solución. En general, el contexto en que se da un pensamiento y queda

precisada su refercncia no tiene por qui incluir el comportamiento futuro del
que piensa; para que la referencia sea efectiua basta con que el (acto de)
pensamiento, o juicio, forme parte de 1ma cadena de pensamientos de /a misma persona. En este principio general queda incluída la vida pasada de a
persona como parte del contexto, por cuanto sus pensamientos anteriores constituyeron parte de esa vida y sus referencias quedaron precisados en parte
por esa vida. aturalmente, el comportamiento futuro del que piensa puede
servir a otras personas para revisar, o formar, jiúcios acerca de qué pensó
esa persona· inclu o puede servirle a esa persona misma para revisar us
propias ideas acerca de la verdad o falsedad de sus pensamientos.
En particular: (a) juicios de percepci6n alcanzan sus objetos mediante
atención, (b) pensamientos de objetos ausentes alcanzan sus objetos pensándolos como caracterizados por descripciones que en las circunstancias en que
el pensamiento ocurre tienen que caracterizar a un solo objeto; (e) pensamientos de objeto ausentes alcanzan sus objetos porque piensan objetos pensado por pensamientos pr vios, con los cuales forman un "presente virtual";
(d) o mediante atención (indicación mental) a aspectos (inicos de los objeto . según se presentan los aspectos, en una imagen mental.

13. El pensamiento de objetos no presupone lenguaje, por tanto, i es pensamiento perceptual, o si el pensamiento de característica o propiedades (cualidades, relaciones, circunstancias) no presupone la posesión de un símbolo o
palabra. Ahora bien, ¿ es necesario poseer un (unbolo, una expresión, para ser
capaz de pensar (en) una propiedad?
El examen de las respuestas plausibles a esa pregunta es asunto complejo.
Aqui entran 1 perenne problema filo ófico de los universales, y las cuestiones
acerca de la referencia de los términos generales, la unidad de una clase de

objetos,
determinación de propiedades etc.
,
observaciones, la mayoría completament'
d~ás~enos aqm con unas cuantas
El
·na1·
e or manas
no~ tsmo niega con razón que cuando
.
.
algo es roJo estemos intuyendo la ese .
. pensamos, por e1emplo, que
., d
neta o umversaJ ro·ez O b"
.
. , post.ble que
Jpod· , 1en la mtui.c1on e una esencia es una operac100
introspección, pero entonces ha
uno
na descubrir por
· Y que reconocer de h b
otros pensamos sin intuir esencias
ad
, ec o que muchos de nosconexión entre esa intuición y 1 Y,
e~ás, habna que explicar cuál es la
e pen arruen to• al da
d 1
.
que agregar un conectar esa esenc1a
.
'
rse e a esencia habria
con otra ( en I
d
. ..
versal), o con uno o varios obJ"eto
1
e . caso e un 1u1c10 uní""
. .
s ( en e caso de un · · • guJ
mtu1c16n de esencias" es otro n b
1u1c10 sin ar). O bien
propiedades, y la explicación deomcó re paradeJ hecho de que pensamos ( en)
.
.
mo suce e esto es
re- bauuzam1ento de la cuestión.
1.. uc1a. es un s.t.mple

r~ • .

.

Los
. nominalistas ale!!3n
e con razó n que muehas pro . d d
.
obJetos no consisten en algo "d, .
pte a es que adscnbimos
.
1 ent1co presente en tal
b.
dos obJetos rojos, de diferente matiz b ·11
. es o Jetos. Por ejemplo,
nada en común (en el sentido d
'1 n) o y tonalidad, no tienen realmente
.
e co or . Ya Locke b
,
dicen
coloreadas aunque no te
d
o servo que dos cosas se
p
'
ngan na a en común
• que 1o común
. d
· ero el nominalismo yerra al sugeru
•
S1Ste en que pensamos varios ob" t
.
e una prop1edad con. .
Je os con un nusmo , bO1 S
..
pnnctpal yace en que para que 1
li .,
sim o. u d1f1cultad
,
a e&gt;..-p cac1on valga e
•
1os sunbolos
son en sí portadores de as
. , . s n~cesano suponer que
la doctrina es falso.
pectos idenbcos o sunilares, y eso según
a

Un realismo moderado (a veces llamado
. .
que las cosas tales como las enco '
noml malismo) es lo más defensible:
. .
·
n ramos en e mu d
d
conoenaa humana adulta (no al)
, n o cuan o poseemos una
•
rm
po ccn en si p t d"
Janza y que las propiedades que
as ec os •versos de seme.
reconocemos son un
¡ . •,
c1ones de esos 3$pectos. Por ello muchas
.
a se ecc1on de combinatico, común a todos los b" t
propiedades no consisten en algo idéno Je o que las posee
·
tudes que a veces varían de objeto a obºeto n, smo en _un complejo de similino hay clases naturale o prop1'edad . 1 . Esa doctrina puede aceptar que
•
'
es in re en el
tid d
ción de aspectos de similitud
,
sen o e que no combinaque ser encontrada, reconoc·d' o aspee! tos mismos, tiene de necesidad lógica
1
•
I a, por os seres pensa te . tam
e sentido
de que ningún aspecto O comb"mación
. den ,
poco
.
• las hay en
en e1 umverso. tampoco ha !ases
aspectos bene que darse
'
Yc
naturales
¡
"d
propiedades que encontramos
1 .
en e sentJ o de que las clases o
. d
•
en e universo se nos d
.
m ependencia de nue tra determ·
"6 L
. en, necesanamente, con
"bl
maa
n.
a
doctnna
.
d
t1 e con la tesis prota , .
d
menciona a es compagonca e que las p · d d
mundo dependen de nue tras
'd d ro~1e a es que encontramos en el
. .
neces1 a es o intereses Lo
.
s~ur en que esa dependencia no consiste en u
. . . , que importa es insmo en una detennin .6
.
na dec1s1on ya en el mundo
aci n a un ruvel profundo que no tiene nada que ver co~

213

212

�·
así decir entre
..
1 . el d la interacción, bruta, ciega, por
'
nuestras decmones, a mv
e
1 . l d l estructura de la conciencia ( a
el mundo o a ruve e a
di
nuestra naturaleza Y
'
.
1 determinación sea por roe o
la manera de Kant). Tampoco se sigue que a
de símbolos. . .
ede servir para probar que el pensamiento
Sólo un nominalismo extremo ~u
ne la posesión de un símbolo.
de una propiedad o clase d_e °?Jetos ptreresupoestá su1· eto a que se le acuse de
.
razón el nonunal1smo ex roo
.
Por esa misma
., entre lenguaJ·e y pensaD11ento.
"(
cuanto a 1a re1ac1on
cometer una peti io en
.
padría sostener que aunque hay esencias, o daPor supuesto, un Platoms~ d
d"entes de nuestra determinación, sea meses naturales absolutamente m ependia~
l l nguaJ· e no obstante para pen1
. to puro sea me nte e e
'
diante e pen~en
d 'la . a clase o tienen la misma propiedad, es
~ que dos objetos so~ _e mm;:uestros' rimeros pensamientos) bajo un
necesario pensarlos (siquiera e~
podri~ argüir en defensa de esta promismo símbolo. Pero yo no sé como se . a
. .,
lid
· p titio con preI0153S aceptables.
...
pos1oon con va ez, S1D e . ' d 1
. ersales deJ· a margen para argwr
. ci6n realista e os uruv
.
En b reve, una pos1
"6 d
lenguaJ· e pero es cornpanble con
resupone
la
pases1
n
e
un
'
.
que e1 pensar no P
.
sici6n realista extrema, platorusta, a
el rechazo de esta doctrina. ~ero un~ ~o
. as Pero un realismo moderado,
sserl está suJeta a enocas sen •
úl
la manera d e H u
,
.
• · en una capacidad •
"d
ºb
de Juntarse a 1a conciencia
como el sugen o arn a, pue
1
. d des por ella determinadas, sin
tima de la mente para pensar _en. as prop1e a '. d
ue resulta un tanto
necesidad de símbolos. Tal tesis tiene la desventaja e q
he ho de
.
.
entos decisivos en su favor, con la sola base en el e
aislada, sm argum
.
ºd d d rl"'bolos. además pararse con
f
. , pensamos sm neceSt a
e .,..,.
'
'
.
que con recuenoa si
.
.
alizables siempre produce un desasosiego.
capacidades o relaciones últimas, man . d n a ~ivir envueltos en desasosiegos) .
(Muchos filósofos, par supuesto,-ap~nt e gumentos concluyentes en favor de
exis an ar
. dad
Y o no es toy persuadido de que
.
. d una clase de objetos o una prop1e
'

la doctrina de que, ya ~ea la existenoal e

opiedad requiera la existencia de
tro nsaouento en una c ase o pr
'
ya sea nues
pe
d'
d
n argumento para probar lo con1
.e 7 Pero tampoco 1spongo e u
. d
un enguaJ .
d , .
mpromiso a examinar las consecuencras e
trario. Por tanto, proce ere, sm co
'
esa doctrina.

.
ºble ar .. ir que en el caso de un juicio perceptual no es necesano
14. Es p~sro1bolo·~l objeto se da y el aspecto del objeto también se da. O
poseer un si
·
.
. l ar mentos recientes de J. O. Urmson en
, Por razones de espacio no ~ammo os. gu
1 55-56) ; ágs. 259-280. Alega
"R ogruºtion" Aristotelían Soc1ety Proceedings LVI ( 9
. p
habilidad
ec
•
.
mo de cierta clase es necesario poseer una
que para reconocer un obJeto co .
d
l clase Pero sus argumentos son
te una expres16n que enote a
.
. .
para usar correctamen
.
e las cosas tienen en si aspectos de 51m1·
.
él
·
smo
termina
por
aceptar
qu
.
.
(
mconc1usos; Y mI
l
"dad para aprehenderlos sm lenguaJe to
litud, Y que la mente humana posee a capaCJ
notict them), en las págs. 266,267.

puede aducirse que realmente no hay juicios perceptuales, sino meramente
aprehensi6n de la realidad. De todos modos, lo que importa para nuestro propósito es que hay, por lo menos en principio, una posibilidad de restringir la
doctrina de que el pensar presupone lenguaje para el pensamiento in absentia.
Así, pensar sin símbolos sería como percibir. Por tanto, para un ser que pensase sin poseer un lenguaje, si fuese capaz de pensar en todo el universo, éste
se le daría en un presente comprensivo. No habría cambios, ni tiempo. Podría,
desde luego, haber cambios en su atención y en su pensamiento; habría para
él el tiempo de su propia corriente concienciaría. Con un cambio de atención
podría fijar su pensamiento ahora en estos sucesos, ahora en aquéllos. El futuro
se presentaría a su conciencia como una parte del mundo en que ahora concentra su atención por primera vez. El mundo no estaría constituído por objetos que cambian. Sería un mundo en que el tiempo sería una dimensión
adicional del espacio, y los objetos serían representados por una región del
mundo en que cada corte transversal seria un suceso en la historia de un objeto. Ese ser sería conciencia pura y no formaría parte del mundo. Su cuerpo,
si tuviese cuerpo, sería otra región del mundo, para él extraña. Ese ser no
sería el dueño de sus decisiones o planes o acciones, y éstos serían para él aspectos objetivos del mundo. Sus acciones serían aspectos nuevos en que su
atención se concentra, etc.
Basta con estos trazos. Bajo la suposición que hemos hecho, un pensar sin
lenguaje sería lógicamente posible. Si tal ser careciese por completo de lenguaje, la situación sería inverificable. (Recuérdese la distinción formulada en § 8).
Pero tiene sentido. Es un caso límite que el concepto de pensar, con ciertas mutilaciones permite formular. Por otro lado, si un ser pudiese pensar de esa manera y de la manera ordinaria, sería posible que ese ser nos comunicase algo de
su manera especial de ver la realidad. Habría, naturalmente, que de]jnear
ciertos criterios para tomar en serio las declaraciones que una persona nos
hiciera en esa dirección. O ¿ es, acaso, lógicamente imposible que haya un ser
que pueda a la vez pensar el mundo en la manera habitual y en esa manera no
simbólica?
15. Sea como fuere en cuanto a la posibilidad de pensar ( en) propiedades
sin poseer símbolos de ninguna especie, hay, una clase de pensamientos que sí
requieren la posesión de símbolos. Tales pensamientos son los juicios aritméticos ordinarios que envuelven contaciones y mediciones. No argüiré aquí por
la proposición de que medir presupone contar. Medir es normalmente asignar
un número a una situación, mediante procedimientos diversos que, normalmente, incluyen la idea de contar ciertas operaciones o ciertas marcas. Ahora
bien, hay dos tipos de proposiciones aritméticas ordinarias que importa distinguir: (a) proposiciones que asignan una propiedad numérica, por así de215

214

�cirio, a una clase de objetos (reales o posibles), y (b) proposiciones que formulan resultados de "contaciones'',8 o pasos en una "contaci6n". Por ejemplo:
"Hay tres libros en la mesa" puede signilicar un juicio perceptual: la persona
que lo piensa ve de golpe la trinidad de los libros que están en la mesa, ya
sea por la configuración, ya sea por lo que sea; lo que importa es que la persona no ha contado, que pudo haber aprendido a pensar que el número tres
val (se aplica) para situaciones como ésa. En alguna parte leí que según
estudios de algunos p icólogos la mente humana es capaz de formular tales
juicios basta con el número siete. Pero este hecho no tiene ninguna importancia filosófica, Lo que importa es la posibilidad de pensar tal clase de juicios.
Pero el juicio "Hay tres libros en la mesa" puede formular la culminación
de un proceso de "cootaci6n": "Uno-dos-tres" acompañado de gestos o de
atención. Ahora bien, contar es poner los objetos de una clase o conjunto en
correspondencia bi-unívoca con número ( o numerales). Es legítimo, egún mi
opinión,º hablar de propiedades numéricas, y hasta de propiedade numéricas
ilu tradas in re por las cosa . Pero una manera normal, y la única en el caso
de conjuntos numerosos, de averiguar cuál propiedad numérica se halla ilustrada, consiste en contar. Y esa operación no con ·iste en entablar una relación directa entre esas propiedades numéricas y los conjuntos contados. Para
contar se necesitan números. Evidentemente no hay números en el sentido de
entidades existentes como tales independientemente de seres que cuentan, por
encima de las propiedades numéricas de los conjuntos. Los números son simplemente los usos en "contación" de los numerales, esto es., de una s cuencia sin
limite de símbolos posibles cuyo empleo consiste en determinar las propiedades
numéricas de conjuntos a contar. Los numerales no tienen, por supuesto, que
ser palabras; pueden ser los dedos de las manos y los pies suplementados con
palabras, o granos de maiz. Pueden ser imágenes mentales, visuales o motrices.
Lo que importa es que baya una regla de ucesión que baga corresponder la
producción de los numerales con su uso. Contar es, pues, usar símbolos. Y aunque haya mediciones que no envuelvan "contaciones", por norma general
medir es contar; luego, por norma general medir es usar símbolos.
Un ser que no posee lenguaje, o que es capaz de pensar el mundo sin ninguna relación con símbolos, no puede contar ni medir. Un ser tal pudiera ser
capaz de averiguar las propiedades numéricas de conjuntos de objetos directamente. Un ser así con poderes extraordinarios de percepción numérica es
lógicamente posible. Y podría decirse que sería, entonces, una mente infinita,
en el sentido literal de que vería {o tocaría, ¿por qué no?) de golpe cualquier
• Usaré la palabra "contaci6n" por su brevedad y limpieza sintáctica, en lugar de lo.
frase "actividad o pl'OCCIO de contar".
• Véanse los estudios mencionados en la nota número l.

216

propiedad numérica de un con· unto
.
esa propiedad. Ese ser no me~ di~rce~tible de objetos, por alta que fuese
a stanc1as y podr'i.a sabe
.
que h ay tantos mil de metros
kil ,
'
r con un vistazo

9

sin utilizar balanzas, que un obj:to :m;:0 ; e;~~;;s puntos dados¡ sabría,
otro; etc.
'
veces más pesado que
Este ser no podría pensar las cualidades numérica
,
presentes, en percepción O ima .
., E
s, mas que de los objetos
gmac1on. xcepto que el mundo f
é
un presente comprensivo' como se descn'b·io, en § 14 Pero no huese para
. , I en
gumemo que vincule la capacidad infinita de
. ·.
.
ay rungun arcon ese mundo intemporal.
percibir propiedades numéricas
Lo importante es anotar que la relación íntima en
.
y los numerales haría de la realidad
. tre la operación de contar
distinto de lo que es para los e
parla un ~r sm lenguaje algo radicalmente
. ,
res con enguaJe Ese
· ¡
.
sitana, ni podría entender las matemát"
:
ser sm enguaJe no nececiencia social con sus rime;os de est d1 titeas, pru la tecnología, ni la llamada
temática es e.sencialmente un
a s _cas. u~s lo más auténtico de la roagran manipuleo sunb61i
•
presupone la posibilidad de
tar
.
co, que contmuamente
con
o medir· y buena
d 1
tecnología es de nuevo una m . 1 . , '
parte e a ciencia y la
.
'
'
arupu ae1on de símbolo b tr
rucas de medici6n o "contaci, " U
.
s a s actos y de técd
on . n ser tn lengua1· e t
e pensar el mundo no podría dis
d
' an capaz como fuese
M:
. '
poner e codo o definiciones
as, ese ser sm lenguaje sin matemát'
.
.
dría (basta donde el prese~t
teas Y sm teorías científicas, bien po. .
e argumento toca) pensa 1
d 1 .
requmesen observación 1
,
r eyes e uruverso que
bría, sin medir cuá ta ~ amendte, y podna construir edificios y máquinas. Sa'
n s piezas e cada clase necesitan
De un lado su capacidad es infinita
a para una construcción.
superficial y limitado Es
' pero de otro lado su saber del mundo seria
••
· ' por tanto una proposici6n
•·
verificable, si se da un ser inteli 't
. 1
. cmpmcamente vacía, in.
gen e, sm enguaJe a
d
intensamente acerca de su mund Má ,
, unque capaz e pensar
o.
s aun es una gra
l
nosotros seres con lenguaje q
61
'
n suerte e que seamos
amistad y la comunicació~ s~: n:: podopodemos_
de los placeres de la
mundo.
q
emos antmetizar Y teorizar sobre el

goza_r

Por lo menos para el
.
pues, válida la presuposi~~ent:e de seres cap~~es de contar y medir es,
depende de la posesión de un l~ngu)'. . t;ue la habilidad de pensar el mundo
aJe.
• Esta conclusión tiene importancia
un dios) es la idea de un ser omn·s . para la teología. Si la idea de Dios (exista o no
i ciente entonces la ide d
un ser con lenguaje. Ahora bien . 1a' 'd
.
a e 10s es en parte la idea
veno, entonces el lengua.1· e de o· • si
t dea de Dios es la idea del creador del Uni
li
p
ios no pue e consistir
alab
•
cos. or tanto, la idea de Dios es la idea d
en p
ras que son objetos íí!'°scc un lenguaje constituido por símbol e ~ ;r, como Mutus en mi fantasfa, que
imágenes m&lt;"ntales ( visuales o motrices) d os b~nva f~s: Pero ¿ e!OS ,ímbolos pueden ser
e O JCtos 15.JCOS?

de

n·

217

�</text>
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                  <text>Humanitas es la revista de investigación más antigua del noreste de México en el área de Ciencias Sociales y Humanidades, se publica desde 1960 y actualmente está indexada en Latindex. Es una revista arbitrada y de acceso abierto que considera para su publicación artículos originales escritos en español e inglés, que sean el resultado de una investigación científica y que representen una clara contribución al debate y conocimiento de las áreas de la revista: Filosofía, Letras, Ciencias Sociales e Historia.</text>
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              <text>https://www.codice.uanl.mx/RegistroBibliografico/InformacionBibliografica?from=BusquedaAvanzada&amp;bibId=1784592&amp;biblioteca=0&amp;fb=20000&amp;fm=6&amp;isbn=</text>
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                <text>Humanitas es la revista de investigación más antigua del noreste de México en el área de Ciencias Sociales y Humanidades, se publica desde 1960 y actualmente está indexada en Latindex. Es una revista arbitrada y de acceso abierto que considera para su publicación artículos originales escritos en español e inglés, que sean el resultado de una investigación científica y que representen una clara contribución al debate y conocimiento de las áreas de la revista: Filosofía, Letras, Ciencias Sociales e Historia.</text>
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                <text>Universidad Autónoma de Nuevo León, Centro de Estudios Humanísticos</text>
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                <text>Cavazos Garza, Israel, 1923-2016</text>
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                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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                    <text>escenografía rural. Su presencia en las peñas del vemlltantos está ya revestida de leyenda. Algo había de magistral sin "magíster" en su acercamiento a los nuevos para otorgar1es su propio don, en su implícita capacidad de
calar con un método nuevo en las superficies oscuras entre las que nos movemos sin problematizarlas. Macedomo poseyó la bondad, la reserva, la pericia morosa del verbo, el arte de quebrar todo hieratismo, de poner auténtica humildad en los más evidentes aciertos. Debió gozar sin duda de la felicidad y de la responsabilidad de ser escuchado con amor. Criollo a contrapelo de una república feliz, pensó, ironizó, poetizó, en actitud de veracidad
total. Su palabra se levantó llena de pasión, de íntimo y humano calor. Por
eso, como los payadores de ley y según la poética y melancólica metafísica
suya, debió morir con la dulce y absoluta convicción de que la muerte no
existe.
Los cantores crioUos, cuya rusticidad escondía una herencia intelectual de
centurias, en sus contrapuntos sometían la realidad a un agudo tratamiento
subjetivo. Partían de las cosas, de aquello que es corriente y común, pero buscaban su intimidad y recorrían, ascendentemente, el sentido de las palabras
fundamentales. Observaciones graves o risueñas se saturan entonces de originales inferencias plá ticas, trágicas, metafísicas. La palabra sorprende como revelación en la que se funda decisivamente todo destino. Macedonio,
como los payadores, tiene la intuición del hermetismo alógico que impulsa al
acontecer. El arte vale así como total expresión de vida. En esto Martín
Fierro, idealista absoluto, anticipa a Macedonio, a quien se aproxima también por la constn1cción enigmática, oracular, en que Ja palabra parece vencer la finitud. Con infatigable empuje su voz se abre a la existencia.
El gaucho, hombre-esencial, y Macedonio, sienten idéntica fe en la palabra
que da a ese mundo una particular necesidad y cercanía. "La obra hace a la
tierra ser una tierra" (Heidegger). En Macedonio sentimos culminar un largo
hábito poético que ha olvidado lo ins61ito en su remotis.imo origen y que, sin
embargo, alguna vez asaltó al hombre, asombrando su pensamiento. Vive
así la antiquísima experiencia poética del gaucho, sin traducirla literalmente.
Acaso el primer terreno firme del pensar argentino empiece en estas determinaciones de la ontología de Macedonio Fernández, que recoge, en su comportamiento frente al mundo, no un subjectum sino una substantia argentina.

328

Sección Tercera

HISTORIA

�lNDICE DE REALES CÉDULAS RELATIVAS A NUEVO LEÓN
1651-1820
ISRAEL CAVAZOS

GARZA

Universidad de Nuevo León

EN EL ARcmvo GENERAL DE LA NACIÓN, de la ciudad de México, existen,
entre otros, los ramos de "Reales Cédulas" y ''Duplicados'', o "Real Acuerdo";

con todas las disposiciones procedentes de la corona, o emanadas de la Real
Audiencia.
Del extenso catálogo de la primera de estas importantes secciones, compuesto por varias decenas de millares de tarjetas, entresacamos las que, directa
o indirectamente, se refieren a Nuevo León.
Muy pocos de estos documentos obran también en el Archivo Municipal de
Monterrey. En su mayoría son desconocidos, y aportan valiosas noticias sobre
la historia nuevoleonesa.

REALES CÉDULAS. SIGLO

XVII

Vol. 4, Exp. 56, J f.
Ordenando se mande por separado el azogue, para las minas de Almadén.
23 de noviembre de 1651.
Vol. 4, Exp. 59.
Que se cobren, por cada quintal de azogue, 15,000 maravedís de plata,
Y que se envíen para beneficiar las minas de Almadén. 23 de noviembre de
1651.

Vol. 9, Exp. 21, 2 fs.
Sobre gue se restituyan a las cajas reales, las libranzas del virrey conde de
Baños, pagadas a don Martín de Zavala. 21 de enero de 1666.
331

�Vol. 10, Exp. 106.
Ordenando cobrar las libranzas que de orden del conde de Baños recibió don Martín de Zavala. 9 de febrero de 1669.
Vol. 10, Exp. 125, 3 fi.
.
Sobre que se reintegren a las cajas reales las cantidades ~ue el virrey conde
de Baños hizo pagar a don Martín de Za,·ala. lo. de septiembre de 1669.
Vol. 11, Exp. 92, 1 f.
Se piden informes sobre si conviene aumentar el sueldo a don Juan de
Vergara, oficial del Tribunal de Cuentas. (Gobernador, después, del Nuern
Reino de León). 5 de julio de 1670.
Vol. 12, Exp. 66, 2 fs.
.
Que pague don Nicolás de Azcárraga, gobernador del Nuevo Remo de
León, 500 pesos, por la mala 1·csidencia que tomó a don Martín de Zavala Y
a don León de Alza. 16 de junio de 1671.
Vol. 13, Exp. 31, 2 fs.
.
Sobre que se saquen a pregón los oficios de república en el Nuevo Remo
de León, y concediendo escudo de armas a la ciudad de Monterrey. 9 de mayo de 1672.
Vol. 13, Exp. 36, 2 fs.
Con copia del despacho que declara las penas impuestas al ~o~ernador del
Nuevo Reino de León, si permite que se hagan esclavos a los md10s, y lo demás sobre ello. 9 de mayo de 1672.
Vol. 13, Exp. 38, 2 fs.
Sobre que se introduzcan en el N. Reino de León los derechos de alcabalas
y media anata. 9 de mayo de 1672.
Vol. 13, Exp. 39.
Sobre que las minas del Nuevo Reino de León, paguen los derechos por
el plomo que producen. 9 de mayo de 1672.
Vol. 13, Exp. 40, 2 fs.
Que la conversión de los indios se haga por predicaciones, congregándolos
y repartiéndoles tierras. 9 de mayo de 1672.
Vol. 14, Exp. 107.
.
Que se ordene la reducción y administración de los indios de Coahu1la Y
Nuevo Reino de León. 15 de febrero de 1675.
Vol. 17, Exp. 31.
.
Prohibiendo averiguar por indios a las puertas de la iglesia. S/f.

332

Vol. 18, Exp. 159.
Pidiendo infonnes acerca de la proposición que hace el gobernador del Nuevo Reino de León, para que se agregue la villa del Saltillo al lugar citado.
31 de diciembre de 1681.

Vol. 19, Exp. 51, 1

f.

Que por muerte del gobernador don Domingo de Vidagaray, se nombró a
don Juan de Echegaray (sic por Echeverría); mientras S. M . lo provea. 2 de
octubre de 1682.

Vol. 19, Exp. 78, 12 fs.
Que los oficiales reales de Veracruz, devuelvan a don Juan Pérez Merino
los donativos que dio, si falleciere antes de recibir el gobierno de la Florida.
Agregado el título de gobernador de aquella provincia. 30 de diciembre de

1682.
Vol. 19, Exp. 90, 2 fs.
Participa haber nombrado a don Juan Pérez Merint&gt; gobernador de la Florida, y lo que deberá ejecutar según indicación. 16 de febrero de 1683.

Vol. 19, Exp. 113, 2 fs.
Que informe de la pretensión de la ciudad de Monterrey, sobre que no se
nombre gobernador, sino juticia mayor y capitán a guerra; cuyo nombramiento
lo hará la Audiencia de México. 9 de julio de 1683.

Vol. 20, Exp. 73, 24 fs.

Que conforme a los papeles que remitió, se ponga remedio a la reducción
de indios del Nuevo Reino de León. S/a.
Vol. 21, Exp. 14, 2 fs.
Participa haber nombrado gobernador del Nuevo Reino de León a don
Juan Pérez Merino, y ordena que se le recoja lo demás, que queda nulo. 7 de
mayo de 1686.

Vol. 22, Exp.

104.

Que se averigüe lo maltratados que son los indios por los dueños de otras
haciendas, de las provincias de Río Verde, Taro.pico y Nuevo Reino de León.
25 de mayo de 1689.

Vol. 23, Exp. 93.
Sobre lo mismo.

Vol. 26, Exp. 143.
Ordena que se nombre capitán y gobernador del presidio de San Francisco
de Coahuila, a don Francisco Cuervo de Valdés. 30 de agosto de 1695.

333

�REALES CÉDULAS. SIGLO

XVIII

Vol. 3, Exp. 97, 2 fs.
Que se averigüen los excesos cometidos por los gobernadores de Coahuila
y Nuevo Reino de León. 12 de mayo de 1703.
Vol. 28, Exp. 69.
Sobre el modo de castigar a los indios en las provincias de Coahuila y N uevo Reino de León. S/a.
Vol. 32, Exp. 200.
Relitivo a las misiones de las provincias de Coahuila y N. Reino de León.
1705.
Vol. 34, Exp. 49, 2 f s.
Encargando cuiden mucho de la manutención y aumento de los indios y
buen t1·atamiento de los naturales. 20 de julio de 1709.
Vol. 34, Exp. 52, 2 f s.
Que se remitan a España los 8,000 peso&amp; con que ofrecieron servir a S. M.
Juan de Valdés y Cristóbal de Villarreal. 20 de julio de 1709.
Vol. 35, Exp. 22, 2 fs.
Sobre que se avisó a don Francisco Cuervo de Valdés, de la falta de ministros en el Nuevo México. 16 de febrero de 1711.
Vol. 30, Exp. 59.
Sobre fundación de misiones en Coah.uila y Nuevo Reino de León. 1701.
Vol. 36, Exp. 45, 2 fs.
Sobre destierro de los chichimecas que no se conviertan, en Tamaulipa y
la Sierra Gorda. 14 de agosto de 1713.
Vol. 36, Exp. 153, 1 f.
Que se intervenga en los abusos que cometen con los indios los escribanos
de cámaras y oficiales reales. S/ a.
Vol. 37, Exp. 57, 2 fs.
Aprueba la atención que se presta a los indios enfennos. S/a.
Vol. 37, Exp. 75, 3 f s.
Agradeciendo el interés en la reducción de los indios chichimecos. 10 de
febrero de 1716.
Vol. 40, Exp. 63, 1 f.
Recomendando la forma de reducción de los indios.
334

Vol. 40, Exp. 128, 4 fs.
Sobre consulta de la Sala del Crimen (de la que era alcalde el Lle. Francisco de Barbadillo Vitoria), para castigar a los salteadores de caminos. 14 de
noviembre de 1719.

Vol. 40, Exp. 162.
Disponiendo que los protectores de indios no tengan haciendas, comercio
ni estancias. 16 de diciembre de 1719.

Vol. 43, Exp. 10, 3 fs.
Sobre competencia entre franciscanos y jesuitas, para la convel}i6n de los
indios. 1722.

Vol. 43, Exp. 24, 11 fs.
Copia de la representación del oidor don Juan Picado Pacheco, sobre la
erección de obispados en Sonora y el Nuevo Reino de León. 22 de mayo de

1722.
Vol. 44, Exp. 124, J1 fs.
Solicitando que se informe, con autos, de Jas muertes ejecutadas por el gobernador del Nuevo Reino de León. 11 de diciembre de 1724.
Vol. 45, Exp. 108, 21 fs.

Solicitando que se informe, con autos, de los crímenes cometidos por el gobernador Francisco de Ilarbadillo Vitoria. 2· de junio de 1726.
Vol. 46, Exp. 91, 4 f s.

Aprobando la fundación del presidio de Boca de Leones, en el Nuevo Reino
de León. lo. de octubre de 1727.

Vol. 47, Exp. 106, 137 fs.
Relativo a la representación hecha por don Nicolás de Villalobos, sobre las
injusticias y muertes que sufren los naturales del Nuevo Reino de León, por
falta de protector. 2 de octubre de 1728.
Vol. 50, Exp. 89.
Acusando recibo de los mapas de las provincias internas que se han formado
en estos reinos. 1o. de agosto de 1731.
Vol. 55, Exp. 98, 4 fs.
Nombramiento de capitán de compañía del presiruo de San Gregario de
Cerralvo, hecho en Juan Antonio de Ochoa. 11 de octubre de 1735.

Vol. 56, Exp. 74, 3 fs.
Concediendo a los vecinos de Santiago de la Monclova, que siga de gobernador don Blas de la Garza Falc6n. 14 de octubre de 1736.
335

�Vol. 59, Exp. 65, 135 fs.
Ordenando se forme una junta que acuerde la forma de reducir a los indios. Incluye cartas de don Antonio Ladrón de Guevara, can informes sobre
la región. 10 de julio de 1739.

Vol. 61, Exp. 59, 4 fs.
Establecimiento del presidio del Sacramento, por don Bias de la Garza Falcón. 19 de julio de 1741.

Vol. 63, Exp. 38, 14 fs.
Que se ponga en ejecución la reducción de los indios del Nuevo Reino de
León. 13 de junio de J743.
Vol. 73, Exp. 10, 4 fs.

Enterado del aumento de poblaciones y reducciones de indios, conseguido
por el marqués del Castillo de Ayza, en el Nuevo Reino de León y Tamaulipas. 29 de enero de 1753.

Vol. 75, Exp. 86, 3 fs.
Pide informes de los procedimientos y excesos de don Francisco Gómez de
Algarín y don José Manuel de la Garza Falcón, oidores de la Audiencia de
Guadalajara. 18 de diciembre de 1755.
Vol. 79, Exp. 50, 2 fs.

Su Majestad aprueba las diligencias mandadas practicar en el nuevo mineral ( de la 1guana?), en el Nuevo Reino de León. 29 de marzo de 17 59.
Vol. 79, Exp. 60, 2 fs.

No se acepta la asignación hecha a don Manuel de Bahamonde, como capitán de infantería. 20 de abril de 1759.

Vol. 80, Exp. 23, l f.
Ordenando tome posesión de la alcaldía mayor de Chiclúcapa, Zimatlán
don Carlos de Velasco. (¿Quién después fue gobernador del Nuevo Reino
de León?). 7 de septiembre de 1760.
Vol. 81, Exp. 62.

Enterado del mejoramiento del mineral de la Iguana, y espera avisos relativos a este asunto. 19 de enero de 1761.

Vol. 81, Exp. 67, 1 f.
Ordenando se investigue si el gobernador del Nuevo Reino de León no ha
corregido sus vicios. 10 de febrero de 1781.
336

Vol. 82, Exp. 4, 2 fs.
Que se evite la despoblación del Nuevo Reino de León. 12 de enero de
1762.
Vol. 85, Exp. 267, 3 fs.
Aprobando las medidas tomadas para corregir los abusos con los indios, en
las misiones del Nuevo Reino de León. 24 de diciembre de 1764.
Vol. 85, E.«p. 247, 5 fs.
Relativo a los abusos cometidos contra los indios, por el corregidor de Santiago de los Valles, capitán Antonio Ladrón de Guevara. 3 de diciembre de
1764.
Vol. 93, Exp. 1, 2 /s.
Sustituyendo en el corregimiento al capitán Antonio Ladrón de Guevara con
don José Ordobas. 3 de julio de 1768.
Vol. 95, Exp. 65, 4 fs.
Pidiendo informes sobre las instancias del gobernador del Nuevo Reino de
León don Ignacio Wssel y Guimbarda. 8 de octubre de 1769.
Vol. 96, Exp. 93.
Pidiendo informes de las causas que hubieron para que no diera fianza el
alcalde mayor Antonio Ladrón de Guevara. 15 de abril de 1770.
Vol. 98, Exp. 15, 2 fs.
Que se dé cuenta de los empleos de oficiales que se provean para los presidios internos. 14 de enero de 1771.
Vol. 98, Exp. 108.

Enterado de que se concedió a don Antonio Ladrón de Guevara y a su hijo,
se posesionasen del corregimiento de Santiago de los Valles sin las formalidades
de estilo. 2 de mayo de 1771.
Vol. 100, Exp. 89, 1 f.
El gobernador de Coalrnila pide aumento de tropas para contener a los indios de esta provincia y del Nuevo Reino de León. 16 de marzo de 1772.
Vol. 103, Exp. 84.
Creación de una escuadra para contener a los indios de Coahuila. S/a.
Vol. 102, Exp. 108, 6 /s.
Ordenando que se erija en el Nuevo Reino de León el obispado, con el nombre que se cita. 25 de enero de 1773.

337
H22

�Vol. 103, Exp. 14, 1 f.
Que por lo informado a favor del teniente coronel don Francisco de Echeagaray, servidor interino del gobierno del Nuevo Reino de León, proponga a ese
oficial a lo que sea acreedor. 13 de julio de 1773.

Vol. 103, Exp. 121, 1 f.
Se concede el pase al visitador del Colegio Apostólico de Pachuca, don Fr.
Rafael Verger. 4 de noviembre de 1773.

Vol. 103, Exp. 122, 1 f.

Vol. 112, Exp. 158, 1

f.

Aprobando la Administración de Alcabalas del N. R. de León, en don Juan

María Rocicler. 21 de diciembre de 1777.
Vol. 114, Exp. 94, 1 f.
Recomendando que se dé empleo proporcionado a don Manuel de Santamaría y Escobedo. 2 de junio de 1778.

Vol. 115, Exp. 58, 1 f.

Aprobando la refonna del presidio de Monterrey, en el Nuevo Reino de León.
6 de noviembre de 1773.

Concediendo cuatro mil pesos a Fr. Antonio de Jesús Sacedón, obispo del
Nu'evo Reino de León. S/a.

Vol. 107, Exp. 279, 1 f.
Concediendo el grado de coronel a] gobernador del Nuevo Reino de León,
don Melchor Vida) de Lorca y Villena. 28 de junio de 1776.

Pidiendo informe sobre si será conveniente que se establezca la catedral del
Nuevo Reino de León en la villa de Sta. Rosa, o en Linares. 1779.

Vol. 96, Exp. 11, 1 f.
Aprobando que se hubiese nombrado gobernador de la Colonia del Nuevo
Santander a don Vicente González de Santianés. 24 de enero de 1770.

Vol. 110, Exp. 157.
Que se mande relevar al gobernador Vicente González de Santianés. 18 de
febrero de 1777.
Vol. 110, Exp. 184, 1 f.
Relativo al nombramiento de gobernador de la provincia de Sonora, en don
Francisco de Echeagaray. 12 de mayo de 1777.

Vol. lll, Exp. 39, 5 fs.
Título de ciudad a la Villa de San Felipe de Linares, en el Nuevo Reino de
León. 19 de mayo de 1777.
Vol. 111, Exp. 45.
Referente al título de ciudad de la villa de San Felipe de Linares. 24 de mayo de 1777.
Vol. 111, Exp. 61, 2 fs.
Que se saquen en pública almoneda los oficios de regidores que se creen en la
villa de San Felipe de Linares, del Nuevo Reino de León, con motivo de habérsele concedido el título de ciudad. 19 de mayo de 1777.
Vol. II2, Exp. 84, 1 f.
Aprobando el gobierno conferido a don Francisco de Echeagaray, en la Colonia del Nuevo Santander. 15 de octubre de 1777.

338

Vol. 116, Exp. 64,

f.

2.

Vol. 116, Exp. 132, 1 f.
Que habiendo terminado su tiempo en el gobierno del Nuevo Reino de León,
don Melcbor Vidal de Lorca pase a España a terminar su mérito. 16 de marzo
de 1779.

Vol. 116, Exp. 229, 2 f.
Aprobando se restituya la compañía antigua para contener a los apaches, y
señalando sueldos. 9 de mayo de 1779.

Vol. 117, Exp. 70, 2 fs.
Que se dé posesión del gobierno del Nuevo Reino de León al teniente don
Vicente González de Santianés. 29 de julio de 1779.

Vol. JJ7,Exp. 163, 1 f.
Pidiendo infonnes sobre la instancia del coronel don Melchor Vida} de Larca, para que a su hijo don Manuel se le haga oficial. 29 de septiembre de 1779.

Vol. 117, Exp. 208, 2 fs.
Que se dé posesión de la alcaldía de Taxco a don Manuel de Santamaría y
Escobedo. 10 de noviembre de 1779.

Vol. 119, Exp. 28, 1 f.
Que se atienda a don Manuel de Bahamonde Vlllamil, alcalde mayor de Sayula. 3 de mayo de 1780.

Vol. 118, Exp. 89, 1 f.
Enterado de que se ha establecido el nuevo obispado en el Nuevo Reino de
León. lo. de febrero de 1780.

339

�Vol. 118, Exp. 102, 1 f.
Ordenando que a don Melchor Vida) de Lorca, que fue gobernador del Nuevo Reino de Le6n, se le conceda el grado de coronel vivo. 8 de febrero de

1780.

Vol. 124, Exp. 40, 2 fs.
Que al juez de la Acordada don Manuel de Santamaría, se le auxilie con
lo que necesite para el desempeño de su obligación. 31 de octubre de 1781.

Vol. 124, Exp. 69, 1 f.

Vol. 120, Exp. 74, 1 f.
Referente al nombramiento de gobernador del Nuevo Reino de León. expedido por el virrey a favor de don Vicente González de Santianés. 17 de marzo de 1781.

Que se informe sobre las milicias levantadas en Guadalajara y en Puerto
de la Navidad por el alcalde mayor de Sayula, don Manuel de Bahamonde.
18 de marzo de 1783.

Vol. 120, Exp. 98, 2 fs.
Encargando pase a formar las milicias de Sayula el alcalde mayor capitán
don Manuel de Bahamonde Villamil. 20 de marzo de 1781.

La Regencia de Guadalajara pide se aclaren las dificultades sobre los grados que han de tener Bahamonde, Mena y Sánchez. 27 de marzo de 1783.

Vol. 120, Exp. 113, 1 f.
Concediendo el grado de coronel a don Vicente González de Santianés. 25
de marzo de 1781.

La Regencia de Guadalajara dio cuenta al virrey, del expediente formado
a resultas de un oficio del coronel don Manuel de Bahamonde, pidiéndole
declare a los oficiales del Batallón de Milicias Provinciales los fueros de la
Real Ordenanza. 27 de mano de 1783.

Vol. 120, Exp. 161, 1 f.
Concediendo el grado de coronel a don Manuel de Bahamonde Villamil. 15
de mayo de 1781.
Vol. 122, Exp. 131, 2

fs.

Negando (?) el grado de coronel aJ alcalde mayor de Sayula, don Manuel
de Bahamonde. 27 de abril de 1782. (Le había sido concedido el 15 de mayo
del año anterior; véase Vol. 120, Exp. 161 ).

Vol. 124, Exp. 110.

Vol. 124, Exp. 111.

Sobre lo mismo del anterior.
Vol. 124, Exp. 128, 3

/s.

Concediendo al electo obispo del Nuevo Reino de León, Dn. Fr. Rafael

José Verger, 4,000 pesos de ayuda de costas; sobre el producto de la vacante
de dicho obispado, para los fines que se expresan. 5 de abril de 1783.
Vol. 125, Exp. 118, 2 fs.

Vol. 123, Exp. 16, 2 fs.

Sobre las deudas de don José Antonio Vázquez Montero a don Manuel de
Bahamonde. 20 de julio de 1782.
Vol. 123, Exp. 200, 2

Vol. 124, Exp. 109, 3 fs.

fs.

Sobre la solicitud de don Melchor Vida! de Lorca, sobre milicias. 8 de
diciembre de 1782.
Vol. 123, Exp. 214, 1 f.

Desaprobando el sueldo que se pagó al coronel don Manuel de Bahamonde.
15 de agosto de 1783.
Vol. 125, Exp. 136, 1

f.

Que, atendiéndose a los méritos del coronel Melchor Vida! de Lorca, se le
pague el sueldo de coronel vivo; o, en su defecto, se remita a España. 20 de
agosto de 1783.
Vol. 125, Exp. 151, 1

f.

Concediendo el grado de teniente coronel reformado a don Pedro de Barrio
Junco y Espriella, alcalde de Jilotepec. (Ex-gobernador del Nuevo Reino de
León). 27 de diciembre de 1782.

Relativo a los despachos de los alféreces de las Compañías Presidiales del
Nuevo Reino de León, a favor de Félix Ramírez y José Antonio de Urresti.
25 de agosto de 1783.

Vol. 121, Exp. 158, 4 fs.
Mandando se nombre juez de Acordada a don Manuel de Santamaría y
Escobedo. 31 de octubre de 1781.

Vol. 125, Exp. 237, 1 f.
Que se informe qué empleo es conveniente para el coronel Melchor Vidal
de Lorca. 30 de septiembre de 1783.

340

341

�Vol. 126, E.t p. 44, 2 fs.
Aprobando la erección de una ayudantía para instrucci6n de la tropa en
el Nuevo Reino de León, nombrando a don Manuel de Cueto. 24 de octubre
de 1783.

•

Vol. 126, Exp. 73, 1 f.
Negativa a la solicitud que hace doña Francisca Gertrudis Bosio, viuda de
don Francisco de Echeagaray, gobernador que fue de uevo Santander (y
de Sonora y el 1 uevo Reino de León), de la cuana parte de su ueldo. 7
de noviembre de 1783.
Vol. 124, Exp. 208, 2 {s.
Que el alcalde mayor de Sayula, don Manuel Bahamonde, sati faga la deuda. 18 de mayo de 1783.
Vol. 125, Exp. 172, 1 f.
Que se obligue a don Manuel de Bahrunonde, a pagar lo que deba a don
José Antonio Vázquez. 7 de septiembre de 1783.

Vol. 127, Exp. 64, 1 f.
Contestación sobre la deuda de don Manuel de Bahamonde, alcalde mayor de Sayula, con don Francisco Fernández Rábago, previniendo evacúen las
reales ordenanzas el expediente de Baharnonde. 18 de mayo de 1783.
Vol. 128, Exp. 20 (ó 120).
Aprobando el nombramiento de administrador de la Aduana del
Reino de León en don Francisco Ruiz de Tarifa. 8 de mayo de 1784.

uevo

Vol. 128, Exp. 53, 2 fs.
Declarando libre del derecho de media anata al gobernador y capitán general del uevo Reino de León don Vicente González de Santiané. 18 de
mayo de 1784.
Vol. 130, Exp. 178, 2

fs.

Aprobando la remisión de pistolas al
Nuevo Santander. 22 de abril de 1785.

ucvo Reino de León y Colonia del

Vol. 132, Exp. 6, 1 f.
Concediendo licencia para que se case, al capitán del uevo Reino de
León don Manuel Cueto, con doña Rosalía Quintana. 2 de
ptiernbre
de 1785.
Vol. 132, Exp. 37, 3 fs.
Acompañando la solicitud del capitán Manuel Gueto, para el grado de
teniente coronel, en las tropas del uevo Reino de León. 21 de ptiembre
de 1785.

342

Vol. 135, Exp. 5, J f.
Prorrogando por seis meses la licencia conque se halla en estos reinos don
Manuel de Cueto, capitán de las milicias del uevo Reino de León. 22
de septiembre de 1786.

f.

Vol. 133, Exp. 87, 1

Aprobando nombramientos en don Francisco Ruiz Tarifa para administrador de alcabalas de la villa de Atlixco, y para las del ue o Reino de
León a don Gaspar González. 11 de febrero de 1786.

Vol. 134, Exp. 134, 2

f.

Previniendo se promueva el cobro que resulta en contra del doctor Antonio
Bustamante. siendo gobernador del obispado de uevo Reino de León. 30
de julio de 1786.

Vol. 132, Exp. 44, 3

fs.

Acompañando la instancia del gobernador del Nuevo Reino de León,
don Vicente González de antianés, solicitando el grado de brigadier. 23 de
septiembre de 1785.

Vol. 136, Exp. 3, 1

f.

Que más adelante se atenderá a don Vicente González de Santiané , gobernador del uevo Reino de León, con el grado de brigadier que solicita.
13 de enero de 1787.

Vol. 139, Exp. 5, 1 f.
Que se informe qué empl o puede darse al coronel Manuel de Bahamonde,
como premio a su mérito y aptitud. 8 de enero de 1788.

Vol. 139, Exp. 52, 1 f.
Que se nombre en el gobierno del Nuevo Reino de León al coronel Manuel de Bahamondc, cuando se provea; o en otro que Je sea proponionado,
&lt;le acuerdo con su petición, ');7 de enero de 1788.

Vol. 132, Exp. 215, J f.
Aprueba se u pendiese el cumplimiento de la real orden que mandaba
colocar en el gobierno de Veracruz a don Jacobo Ugarte y Loyola, y en el
de Puebla a don felchor Vidal de Lorca. 27 de dlciembre de 1785.

Vol. 136, Exp. 125, 1 f.
Nombrando gobernador del
Lorca. 13 de marzo de 1787.

ucvo Santander a don Mel hor Vidal de

3'1-3

�Vol. 137, Exp. 66, 1 f.
Que se dé pose ·ión del gobierno de uevo Santander a don Melchor Vidal
de Lorca, supliendo al coronel don Diego Lozaga, capitán de granaderos del
Regimiento de la Corona y gobernador en comisi6n. 7 de junio de 1787.
Vol. 141, Exp. 104, 1 f.
Que se releve del gobierno del Nuevo Reino de Le6n al coronel don Vicente González de Santianés, y se nombre en su lugar al coronel don Manuel
de Bahamonde. 20 de octubre de 1788.

Vol. 142, Exp. 66, 1 /.
Aprobando los retiros concedidos a Antonio Puga, lldefonso de la Gana
y Manuel Goo.z.ález, de las milicias de la Colonia del Nuevo Santander. 17
de febrero de 1789.

Vol. 142, Exp. 74, 1 f.
Concediendo agregación en el Regimiento de Puebla, a don José María
de Echeagaray, capitán de una compañía volante del
uevo Reino de
León. S/a.

Vol. 143, Exp. 17, l f.
Disponiendo que a don Melchor Vidal de Lorca, se le coloque en la primera vacante que se presente en algún gobierno. 8 de mayo de 1789.
Vol. 144, Exp. 163, 4 fs.
visa lo resuelto en orden a la división y adjudicación del territorio del
uevo Reino de León; formación de estatutos para el gobierno de aquella
mitra; asignación y dotación de prevendas; situación de la silla episcopal; y
demás en los nueve puntos que comprende. 11 de noviembre de 1789.

Vol. 145, Exp. 9, ¡ f.
Concediendo a don Manuel de Cueto el hábito en la Orden de S ti
4 de enero de 1790.
an ago.
Vol. 145, Exp. 179, J /.
Ordenando. q~e se continúen los autos seguidos contra don Antonio Bustamante, canorugo de la Iglesia de Puebla, por el descubrimiento que le
resultó cuando fue gobernador del Obispado del Nuevo Reino de Leó 3
de marzo de 1790.
n.
Vol. 14-0, Exp. 11, l

Vol. 148, Exp. 267, J f.
De ente~ado sobre los autos contra don Antonio Bustamante, ex-gobernador del Obispado del uevo Reino de León. 7 de abril de 1791.
Vol. 148, Exp. 19, 1 f.
Concediendo a doña María Francisca Martín z, viuda del coronel don
Melchor ~dal de Lorca Y Villena, gobernador que fue del uevo Santander
una pem1on del Ramo de Vacantes Mayores y Menores. 9 de enero de 1791:
Vol. 148, &amp;p. 37, ¡ f.
Conc~diendo 400 pesos anuales de pensión a doña Maria Francisca Martinez, viuda de don Melchor Vida] de Lorca y Villena. S/a.
Vol. 149, Exp. 44, ¡

Vol. 144, Exp. 191.
Remitiendo la real cédula sobre el obispado del Nuevo Reino de León.
11 de noviembre de 1789.

Vol. 145, Exp. 18 (o 48), 2 fs.
Aprobando que los vecinos del uevo Santander paguen el 2 ¼ %, así
como los vecinos del Nuevo Reino de León; pero en calidad de aumento,
cuando cesen las hostilidades de los indios. 9 de mayo de 1790.

Vol. 143, Exp. 36, 1 f.
Que e informe sobre la solicitud de don Manuel de Cueto y Vicdma,
capitán de una compañía provincial de Río Salado, en el Nuevo Reino de
Le6n, para que se le conceda la merced de hábito en la Orden de Santiago.
13 de mayo de 1786.

344

f.

. Que co~ la mayor eficacia se continúen las diligencias para hacer efecuvo el remtegro del alcance del canónigo de Puebla, don Antonio Bustamante, e.x-gobernador de la mitra en el ucvo Reino de Le6 7 d
de 1790.
n.
e mayo

f.

B R«:111itiendo despacho de primer teniente de la Cía. Volante de San J
aubsta, en el uevo Reino de León, a don Juan Ignacio R ó 14uand
mayo de 1791.
am n.
e

Vol. 149, Exp. 62, ¡ f.
?onced.iendo al alférez de una de las compañías refonnadas del N
Remo de L , d J
1 R . . on, on uan de Valenzuela, pase a continuar su méritouevo
en
e egun1ento de Asturias. 19 de mayo de 179 l.
Vol. 152, Exp. 287, ¡ f.
Avisa
. el rec1'bo de 1a carta en que se dio cuenta del nomb
·
d
promor d I e dral d
ram.iento e
•
, e a ate
e Monterrey hecho en el Dr. don Antonio Ramón
Gómez de Canalizo. 15 de agosto de 1792.

345

�Vol. 153, Exp. 178, 1

f.

Concediendo licencia al capitán reformado de Ja comparua del
uevo
Reino de Le6n, la agregación en su clase al Escuadrón de Dragones de la
Habana. 13 de diciembre de 1792.

Vol. 142, Exp. 2, 2 /s.
Recuerda el crédito de 41 1000 reales que tiene don José Antonio Vázquez
contra don Manuel de Bahamonde, que es gobernador del uevo Reino de
León; )' previene se le estreche a satisfacci6n. 4 de enero de 1789.

Vol. 143, Exp. 136, 1 f.
Aprobando que se haya nombrado gobernador del ruevo Reino de León,
al coronel don Manuel de Bahamonde. 22 de julio de 1789.
Vol. 146, Exp. 172, 1 f.
Para que se dé pose í6n al coronel de milicias don Manuel de Bahamonde,
del gobierno del
uevo Reino de León, que se le ha conferido. 13 de
agosto de 1790.
Vol. 154, Exp. 295.
Que el gobernador del Nuevo Reino de León, don !anuel de Bahamonde,
pague lo que debe a don José Antonio Vázquez Valdovioos Montero Mayor
de Lugo. 9 de abril de 1793.

Vol. 140, Exp. S, l

Aprueba el nombramiento de gobernador poütico y militar de las Fron~
teras de San Luis Colotlán, en don Sim6n de Herrera y Leiva, capitán de
infa.nteóa de Zamora. 5 de mayo de 1788.

Vol. 141, Exp. 29, J f.
Sobre los hombres del Regimiento de Zamora, que fueron a la Habana
en la fragata de guerra "Santa Lucía". 17 de septiembre de 1788.
Vol. 144, Exp. 201, 1 f.
Niega a don José Simón de Herrera y Leiva el grado de teniente coronel,
que solicitó. / a.

Vol. 155, Exp. 7, 1 f.
Negando a don José Simón de Herrera y Leiva el grado de teniente cor~
nel. lo. de mayo de 1793.

f.

Concediendo licencia a Fr. •Juan Antonio de la Pareja,1 del Colegio Apost61ico de Propaganda Fide, de Pachuca, de la Orden de San Francisco,.
1

Vol. 157, Exp. 261, 1 f.
Que en vista de que el coronel Manuel de .Bahamonde1 se casó sin la licencia correspondiente, siendo gobernador del uevo Reino de Le6n, ce e
en su empleo y se proceda en su contra; nombrando en su Jugar a don José
Simón de Herrera y Leiva. 22 de abril de 1794.

Vol. 158, Exp. 208, 3

fs.

Participando lo representado por el obispo del
uevo Reino de León,
prefecto de misiones del Colegio de Pachuca, sobre la erección de otro en
la ciudad de Monterrey. 28 de julio de 1794.

Vol. 158, Exp. 242.
Que e le abonen los sueldos de capitán de caballería a don Manuel Cueto

de Viedma, del tiempo que permaneci6 en la Habana, siendo capitán presidia) del uevo Reino de Le6n. 14 de agosto de 1794.
Vol. 153, Exp. 127, 3

fs.

Participando haberse resuelto se fije la silla episcopal del

uevo Reino

de León en la ciudad de Monterrey. 10 de noviembre de 1792.

f.

Vol. 157, Exp. 197, 1

para colectar 40 religiosos sacerdotes, o diáconos te61ogos. 22 de mano

de 1794.

Había estado con el Ilmo. señor Vergcr en Monterrey.

Vol. 153,

Exp. 158.

Remitiendo el real despacho sobre que se fije la silla episcopal en Mon-

terrey. S/a.
Vol. 153, E.xp. 197.
Sobre el establecimiento de la siJla episcopal en Monterrey. /a.

Vol. 157, Exp. 263, 1 f.
Que el gobierno político y militar de las Fronteras de San Luis Ocotlán
~lará a cargo de don José Asencio de Uriarte, por promoción de don José
Sl.lDón de Herrera al gobierno del uevo Reino de León. 22 de abril de 1794.

Vol. 158, Exp. 186, 2 fs.
Ordenando que se dé posesión del gobierno d I uevo Reino de L 6n a}
capitán de infantería don Jo é Simón de Herrera y Leiva. 21 de julio de 1794.

Vol. 161, Exp. 36, 1 f.
Conced~cndo el grado de teniente coronel de infantería aJ gobernador del
Nuevo Remo de Le6n, don imón de Herrera y Leiva. 16 de mayo de 1795.

346
347

�Vol. 155, Exp. 32, 1 f.
Acompaña el real despacho de teniente segundo de la Compañía Volante
de San Juan Bautista de Horcasitas Punta de los Lampazos, del Nuevo Reino de
León, para don Juan de Castañeda. 13 de mayo de 1793.
Vol. 155, Exp. 251.
Despacho de alférez segundo de la compañía de San Juan Bautista, para
don Antonio Treviño. 16 de agosto de 1793.
Vol. 158, Exp. 214.
Despacho de segundo alférez de San Juan Bautista para don Angel Bochar
D'Oris. S/a.

Vol. 159, Exp. 189.
Previniendo que se coloque a don Angel Bochar D'Oris, en el Cuerpo dr
Ingenieros de las expediciones científicas. 24 de noviembre de 1794.

Vol. 161, Exp. 216, 2 fs.
Despacho de ayudante para el ingeniero Angel Bochart D'Oris, alférez de
la 2a. Cía., de la Punta de los Lampazos, en el Nuevo Reino de León. 10
de agosto de 1795.
Vol. 160, Exp. 74, I f.
Despachos para don Manuel de Santamarfa y otros militares. 4 de febrero
de 1795.

Vol. 161, Exp. 227, 1 f.
Concediendo al capitán del Regimiento de Infantería de Nueva España,
don Manuel de Santamaría, la merced de hábito en la Orden de Santiago.

13 de agosto de 1795.

Vol. 162, Exp. 67, I f.
Recomendación a favor del Dr. don José Ignacio de Arancibia, provisor y
vicario general de la Puebla de los Angeles, a fin de que se le nombre para
doctoral de aquella Santa Iglesia. 21 de octubre de 1795.
Vol. 162, Exp. 123, 2

/s.

R. de León, en favor del deán de la iglesia don Andrés Feliú y Tagores.
27 de enero de 1796.

Vol. 163, Exp. 69, 3 fs.
Enterado del expediente promovido contra el Dr. Fr. Servando Teresa de
Mier, religioso dominico, por haber predicado ·un sermón escandaloso el 12
de diciembre de 1794, en la Colegiata de Guadalupe. 10 de febrero de 1796.

Vol. 164, Exp. 218, 2 fs.
Participa haberse resuelto retener el expediente relativo al sermón que predicó en la Colegiata de Guadalupe Fr. Servando Teresa de Mier, y ordena
que se deposite en su archivo el papel o tratado de geroglíficos de José Ignacio
Borunda. 10 de febrero de 1796.
Vol. 164, Exp. 253.
Incluyendo el despacho anterior.
Vol. 164, Exp. 86, 2 fs.
Enterado del estado que guardan las cuatro compaiúas volantes del Nuevo
Reino de León y Colonia del Nuevo Santander, cuando las revistó el teniente
coronel Calleja; y concediendo gracia de inválidos en la clase de sargento al
cabo Margil González, por ser el único a quien corresponde. 28 de mayo
de 1796.

Vol. 164, Exp. 335, 2 fs.
Comunica haberse remitido al intendente de San Luis Potosí, el título de
escribano público de Cabildo, minas, registros de Real Hacienda y caja
marca de la ciudad de Monterrey, del Nuevo Reino de León a favor del
Lic. Mateo Lozano. 27 de agosto de 1796.
'

Vol. 146, Exp. 261.
Empleo de coronel del Regimiento de la Corona, a don Nemesio Salcedo,
teniente coronel del Regimiento de Navarra. S/a.
Vol. 155, Exp. 233, I f.
Concediendo a don Nemesio Salcedo el grado de brigadier. 6 de agosto
de 1793.

Participa haberse aprobado el nombramiento de gobernador de la Mitra
del Nuevo Reino de León, hecho a don Gaspar González Cándamo, canónigo
de Guadalajara; así como también la asignación de renta que se le señaló
con este motivo. 30 de octubre de 1795.

Vol. 164, Exp. 137.
Concediendo licencia al brigadier Nemesio Salcedo, para que vaya a España.
27 de agosto de 1796.

Vol. 163, Exp. 39, 1 f.
Remitiendo despachos de nombramiento de comisario general de Cruzada,
subdelegado de este ramo en segundo lugar, de la diócesis de Linares o N.

Vol. 167, Exp. 70, 3 fs.
Sobre la instancia de don Ramón Lazo de la Vega, demandando al coronel
Manuel de Bahamonde la alimentación de su hijo Manuel. Remite la co-

348

349

�pia de la instancia de don Ramón contra su yerno Bahamonde, sobre los
18,000 pesos que le debe por alimentación de su hijo. 22 de mayo de 1797.

Vol. 170, Exp. 20, 1 f.
Enterado del arreglo de las milicias provinciales y fijas de la frontera del
Nuevo Reino de León, y aprueba los nombramientos hechos en los mismos. 12
de junio de 1798.

Vol. 172, Exp. 5, 2 fs.
Indultando a don Manuel de Bahamonde, por la falta que cometió al casarse sin licencia cuando era gobernador del N. R. de León. 9 de enero de

1799.
Vol. 172, Exp. 23, I f.
Enterado de permanecer tranquilas las fronteras del N. R. de León y Nuevo
Santander de los indios lipanes y bárbaros. 9 de abril de 1799.

Vol. 170, Exp. 62, I f.
Comunicando las promociones de don Ramón Gómez de Canalizo y de
don Andrés !más de Altolaguirrc, para arcediano y chantre de la Iglesia del

Vol. 173, Exp. 61, 1 f.
Sobre lo mismo. 2 de junio de 1799.

Nuevo Reino de León. 23 de junio de 1798.

Vol. 173, Exp. 95, 1 f.
Sobre lo mismo. 10 de junio de 1799.

Vol. 170, Exp. 23S, 1 f.
Despachos de teniente de milicias del Nuevo Reino de León, para José
Cipriano Arizpe y Vicente Ved.ia y Pinto. 7 de agosto de 1798.
Vol. 170, Exp. 2S6, 2 fs.
Suspendiendo la pensión que tiene de vacantes mayores y menores la viuda
de don Melchor Vida! de Larca. 17 de agosto de 1798.
Vol. 171, Exp. 55, 1 f.
Comunicando haberse conferido la magistral de la catedral de México al
Dr. Gaspar González Cándamo, de la de Guadalajara. 26 de septiembre de

1798.
Vol. 171, Exp. 57, 1 f.
Confiriendo la dignidad de tesorero de la catedral del N. R. de León al
Dr. D. José María Gómez de Castro. 26 de septiembre de 1798.
Vol. 171, Exp. 134, 1 f.
Promoviendo a D. José Francisco López Portillo, racionero de la catedral
del N. R. de León a la dignidad de maestrescuela, de nueva creación, y colocando a D. Juan Ignacio Campos en la vacante del primero. 24 de octubre
de 1798.

Vol. 171, Exp. 245, 1 f.
Comunica el nombramiento del Lic. Miguel Ignacio Gárate, presbítero
abogado de la Real Audiencia de Guadalajara, a la canongía doctoral de la
Sta. Iglesia del N. R. de León, que se hallaba vacante por falta de D. Pedro
Ignacio Salazar. 22 de diciembre de 1798.
Vol. 171, Exp. 245, 1 f.
Concediendo dos canongías de mercedes, para don Juan Isidro Campos Y
D. José Vivero, en la Iglesia del N. R. de León. S/a.

350

Vol. 172, Exp. 276, 1 f.
Avisa que concedió una canongía en la catedral del N. R. de León a D.
Juan Antonio de la Peña. 24 de abril de 1799.
Vol. 173, Exp. 296, 1 f.
No concede al coronel Manuel de Bahamonde, que fue gobernador del N.
R de León, el sueldo que solicita; sino únicamente que se le coloque en
empleo arreglado a su categoría. 31 de agosto de 1799.
Vol. 174, Exp. 42, 2 fs.
. _R~mitiendo representaciones del obispo del N. R. de León, y cabildos ecle'SlaStlco y secular de la ciudad de Monterrey, tocante a la traslación de la sede
episcopal a la villa del Saltillo. 20 de septiembre de 1799.

Vol. 174, Exp. 160, 1 f.
Aprobación de que se haya conferido la Cía. de Dragones Provinciales de
Cadereyta a Pedro de Herrera, declarándole segundo comandante de las
Compañías Milicianas del N. R. de León; pero le niega el grado de teniente
coronel. 17 de noviembre de 1799.
Vol. 174, Exp. 170, 2 fs.
Pidiendo informes acerca de la prórroga del teniente coronel Simón de
Herrera, en el gobierno del N. R. de León, según Jo solicita el Ayuntamiento
de Monterrey. 23 de noviembre de 1799.
Vol. 174, Exp. 182, 1 f.
Concede retiro con goce de fuero y uso de uniforme a D. Antonio de Rive~ capitán de las Milicias Provinciales del Nuevo Reino de León, como lo
sohc1t6. 3 de diciembre de 1799.

351

�Vol. 175, Exp. 124, 1

f.

El Rey ha visto con satisfacción la prueba de fidelidad que ha dado el
chantre de la Iglesia Catedral del N. R. de León, Dr. Andrés Imás y Altolaguirre, y manda se le den expresivas gracias por su servicio. 30 de agosto
de 1800.
Vol. 176, Exp. 93, 1

f.

Se nombra a don Manuel Salcedo comandante general de las Provincias Internas de Oriente, en lugar del mariscal de campo don Pedro de Nava. 29
de agosto de 1800.
Vol. 178, Exp. 17, 2 fs.
Previniendo que se miren con atención y preferencia los recursos del Ayuntamiento de Monterrey, acerca de las frecuentes censuras que fulmina el obispo del N. R. de León por cualquier leve motivo. 22 de febrero de 1800.
Vol. 178, Exp. 20, 1 f.

Previene que se espere, por término que no exceda de seis meses, la posesión del racionero de la catedral del N. R. de León, D. José Ma. Ortigosa, a
causa de sus enfermedades. 22 de febrero de 1800.

Vol. 184, Exp. 3, 1 f.
Comunicando que se tenga presente a don Simón de Herrera, gobernador
del Nuevo Reino de León, para el grado de coronel, que había solicitado.
8 de enero de 1802.
Vol. 184, Exp. 7, lf.

Comunicando estar enterado de las novedades con los indios, en el Nuevo
Santander y Nuevo Reino de León. 12 de enero de 1802.
Vol. 184, Exp. 35, 1 f.
Concediendo agregación al Regimiento de Infantería de la Corona en
clase de teniente coronel, a Joaquín de Arredondo, primer teniente que1 fue
de las Guardias Españolas; indultándole del crimen de haberse e-asado sin
real licencia, ni la de sus padres. 11 de febrero de 1802.
Vol. 187, Exp. 295, 2 fs.

Relevando de secretario de la Comandancia de las Provincias Internas de
Oriente a don Manuel Merino, y nombrando en su lugar a don Bernardo
Villamil. 8 de noviembre de 1803.
Vol. 188, Exp. 251, 2 fs.

Para que don Bernardo Villami1, capitán de la Segunda Cía. Volante de
REALES cÉDULAS. StOLO XIX

Vol. 179, Exp. 144, I f.
Concediendo al obispo del Nuevo Reino de León, don Primo Feliciano
Marin de Porras, 4,000 pesos del ramo de vacantes mayores y menores. 28
de dicembre de 1801.
Vol. 182, Exp. 58, 2 fs.

Participando lo resuelto en la instancia del Cabildo de la Iglesia del Nuevo
Reino de León, acerca de que se suspendiera la suspensión de prebendas de
aumento, y ordenándole disponga la dimisión de los últimos cuadrantes de
aquella mitra, con lo demás que expresa. 10 de junio de 1801.
Vol. 182, Exp. 65, 1 f.

Comunicando el nombramiento de don Agustín Madrigal, para una ración
de la Catedral de Monterrey. 24 de junio de 1801.
Vol. 183, Exp. 85, 1 f.

Nombramiento de comisario subdelegado de Cruzada, de la diócesis de Linares o Nuevo Reino de León, para don Andrés !más y Altolaguirre. 4 de
febrero de 1802.

352

la Colonia del Nuevo Santander, suceda a don Manuel Merino en la secre-

taría_ de la C~dancia de las Provincias Internas de Oriente, jubilado por
25 anos de serv1cio. lo. de noviembre de 1803.
Vol. 188, Exp. 202, 1

f.

Señaland~ el haber de que deben disfrutar los sargentos, cabos y soldados
de la Colorua de Nuevo Santander, Nuevo Reino de León y Baja California.
24 de agosto de 1803.
Vol. 190, Exp. 53, 1

f.

De acuerdo con el Consejo, se remite real despacho de 16 del corriente
mes~ en que se ordena dé cuenta de las providencias que se hayan tomado con
mo~ivo del extraordinario temporal que se expresa, en el Nuevo Reino de
Leon. 22 de junio de 1803.
Vol. 190, Exp. 1 IS, 1 f.

Avisa el Rey haberse concedido en la Santa Iglesia de Linares, una ración
al Br. don José Alejandro Vicente de la Garza. 24 de octubre de 1803.
Vol. 190, Exp. 141, 6 fs.

_Al virrey de Nueva España, participándole lo resuelto acerca de los valores
asignados a los oficios de regidores, de los ayuntamientos de San Luis Potosí
353
H23

�v Monterrey; con las declaraciones y lo demás que expresa. 28 de cliciembre
de 1803.
Vol. 192, Exp. 14, 2 fs.
No aprueba el nombramiento de provisor y vicario general de la diócesis
del Nuevo Reino de León, en el Lic. Fermín de Sada. 24 de febrero de 1804.
Vol. 192, Exp. 27, 2 fs.
Aprobando lo dispuesto en el descubrimiento que resultó al Dr. Antonio
Bustamante, cuando gobernó la mitra del Nuevo Reino de León. 24 de marzo
de 1804.
Vol. 192, Exp. 54, 4 fs.
Declarando que el virrey, como tal, debe conocer privativa y exclusivamente
de las instancias de los indios sobre su fundo legal, sea cual fuere el fuero de
los colindantes. 14 de mayo de 1804.
Vol. 192, Exp. 77, 1 f.
Avisando que están presentados a la cámara don Antonio Martín Fajardo,
teniente de cura de la vHla de Hincha (sic) y otros, para una ración de la
Catedral de Monterrey. 23 de junio de 1804.

Vol. 193, Exp. 70, 1 f.
Admite a don José Manuel Tamayo, racionero de la catedral del Nuevo
Reino de León, la renuncia que hace; conservándole los honores que solicita.
14 de octubre de 1804.
Vol. 194, Exp. 27, 1 f.
Negando el grado de teniente coronel del Regimiento de Infantería de la
Corona, de este reino o en el de México, o en último caso el sueldo de su
grado, a don Joaquín de Arredondo. 2 de febrero de 1804.
Vol. 194, Exp. 101, 3 fs.
Sobre el nuevo sistema en que deben gobernarse las Provincias Internas
y comunica que S. M. está conforme con el plan consultado por el señor generalísimo. 18 de mayo de 1804.
Vol. 194, Exp. 157, 1 f.
Ordenando que se tenga presente al teniente coronel Simón de Herrera,
gobernador del Nuevo Reino de León, por sus méritos. 31 de agosto de 1804.

Vol. 197, Exp. 278, 2 fs.
Nombrando capitán agregado al Cuerpo Volante de Caballetla de la Colonia de Nuevo Santander, al capitán Bernardo Villamil. 10 de diciembre
de 1806.
354

Vol. 199, Exp. 17, 5 /s.
Aprobando las providencias para el establecimiento de una nueva población, en el Nuevo Reino de León, con el nombre de San Carlos de Marín, y
haciéndole las prevenciones que se expresa. 16 de julio de 1807.
Vol. 203, Exp. 32, 1 f.
El Rey Fernando Vil, por conducto del Consejo de Regencia de España e
Indias, conformándose con el parecer del Supremo Consejo de Guerra y
Marina, en que se aprueba la licencia que el virrey concedió al teniente coronel agregado del Regimiento de Infantería de la Corona, don Joaquín de
Arredondo, para casarse con doña María Guadalupe del Moral Huidobro,
con opción de los beneficios del Montepío Militar. S/a.

Vol. 204, Exp. 39, 1 f.
Aprobando el permiso concedido al teniente coronel don Bernardo Villa.
mil, para casarse con doña María Josefa Gándara. 3 de febrero de 1811.

Vol. 204, Exp. 65.
Sobre lo mismo. 22 de febrero de 1811.
Vol. 204, Exp.

4{), 1

f.

Concediendo la viudedad que le corresponde en el Montepío Militar a
doña Antonia Artazo, viuda del coronel de milicias de Tlaxcala don Manuel
de Bahamonde. Febrero de 1811.

Vol. 204, Exps. 41, 42 ,, 43.
Sobre lo mismo.
Vol. 204, Exp. 94, 1 f.
Que se conceda una vacante en la renta del Tabaco a don Melchor N úñez
de Esquive}, en la de Monterrey. 9 de marzo de 1811.

Vol. 204, Exp. 69, 1

f.

Mandando el despacho para segundo oficial de la Oía.. Miliciana del Nuevo
Reino de León. S/a.

Vol. 204, Exp. 245, 1

f.

Que en vista de las .razones que expone el que fue gobernador del Nuevo
Reino de León, don Simón de Herrera, se examine si conviene que vuelva a
su destino. 15 de julio de 181 l.

Vol. 205, Exp. 120, 1 f.
. I~sertando la real orden comunicada al comandante general de las Provincias Internas, brigadier Nemesio Salcedo, sobre algunos asuntos relativos

355

�a la agregación de las mismas al virreinato de Nueva España. 26 de octubre
de 1811.

Vol. 205, Exp. 121, 2 fs.
Sobre lo mismo. S/a.
Vol. 205, Exp. 278, 1 f.
Confirmando el nombramiento de alférez, concedido por el virrey de la
Nueva España en el Cuerpo Provincial de Caballería, del Nuevo Reino de
León. 19 de diciembre de 181 l.
Vol. 206, Exp. 15, 1 f.
Que se expida el real despacho de 2o. alférez de la Compafiía de la Punta
de Lampazos, concedido a José Ma. Sánchez. 3 de enero de 1812.
Vol. 206, Exp. 44, l f.
Remitiendo real despacho de retiro, concedido a José Ramón Fernández,
teniente de las milicias del Nuevo Reino de León. 18 de enero de 1812.
Vol. 206, Exp. 264, 1 /.
Remitiendo despachos correspondientes a los individuos nombrados por el
viney, en la Cía. Volante de la Punta de los Lampazos. lo. de mayo de 1812.
Vol. 207, Exp. 145, 1 f.
Confiriendo el grado de coronel al teniente coronel Simón de Herrera, gobernador del Nuevo Reino de León. 24 de septiembre de 1812.
Vol. 207, Exp. 242, 2 fs.
Aboliendo las mitas o repartimientos de indios y todo servicio personal que
bajo de aquellos y otros nombres presten a los particulares o del gobierno; asi
como también concediendo otras ventajas a los naturales. 13 de noviembre
de 1812.
Vol. 208, Exp. 30, 2 fs.
Mandando se tomen todas las disposiciones convenientes, para el efecto de
población de Texas, poniéndose de acuerdo con el comandante general de las
Provincias Internas, y con el obispo del Nuevo Reino de León. 15 de febrero
de 1813.
Vol. 214, Exp. 109, 2 fs.
Que se informe si convendría establecer Audiencia en Saltillo. 27 de sep•
tiembre de 1816.
Vol. 214, Exp. 170, 1 f.
Enterado de la recomendación que hace el virrey, del coronel don Bernardo
Villamil. 4 -de noviembre de 1816.

Vol. 214, Exp. 192, 1 f.
Concediendo al sargento mayor Pedro de la Garza, licencia para ir a la
Península. 18 de noviembre de 1816.
Vol. 215, Exp. 263, 1 f.
Previniendo que se infonne de la representación que hizo don Miguel Angel de la Garza, en la que se queja del destierro que sufre en el castillo del
Morro, de la Habana. 17 de junio de 1816.
Vol. 216, Exp. 59, 3 fs.
Se remite donativo de don Primo Feliciano Marín de Porras, obispo del
Nuevo Reino de León, por 50,000 pesos, en calidad de préstamo, con motivo
de las urgencias actuales. 8 de febrero de 1817.
Vol. 216, Exp. 62, 1 f.

Se aprueba la jubilación hecha en don Alejo Ruvalcaba, contador de diezmos del Nuevo Reino de León. 8 de febrero de 1817.

Vol. 216, Exp. 77, 1 f.
Contesta el rey la instancia que hizo don José Alvarez, cura que fue de
Ciénega de los Olivos, en la Nueva Vizcaya, solicitando que la canongía que
se le concedió para la Iglesia de Monterrey, se extendiese a Durango y Guadalajara, por lo nocivo que le era aquel clima. 12 de febrero de 1817.
Vol. 216, Exp. 309, 1 f.
Concediendo licencia por un año para pasar a España, al coronel don Bernardo Villamil. 14 de junio de 1817.
Vol. 217, Exp. 43, 1 /.
Aprobando
la licencia que se concedió a don Diego Cenobio de Lachica ,
.
teniente de escuadrón veterano presidia! de caballería, de la provincia de
Texas, para contraer matrimonio con doña Toribia de la Garza· pero sin
opción de ésta en los beneficios del Montepío Militar. 19 de julio d~ 1817.
Vol. 217, Exp. 139, 2 /s.
AJ virrey de México, para que tenga entendido la declaración que se ha
hecho, con respecto al ceremonial que ha de observarse en la Catedral de
Monterrey, con los comandantes de Provincias lnternas de Oriente cuando
asistan a las misas solemnes. 10 de septiembre de 1817.
'
Vol. 217, Exp. 218, ¡

f.

Concede el rey el retiro a don José Domingo Castañeda, capitán de Dragones Provinciales del Nuevo Reino de León, con el grado de teniente coronel
goced : f uero enroma
· · J y uso de uniforme
·
de retirado; con licencia para regresar'
a Espana c-0n su familia. 5 de noviembre de 1817.

356
357

�Vol. 234, Exp. 237, 1 f.

Vol. 217, Exp. 249.
Sobre lo mismo. S/a.

Vol. 219, Exp. 17, 2 fs.
Suprimiendo las canongías de las catedrales de Durango y Nuevo Reino
de León; así como la de la Colegiata de Guadalupe; previniendo que quedan
a beneficio de la Inquisición. 10 de julio de 1818.

Vol. 219, Exp. 321, 1 f.
Aprobando el nombramiento de ayudante inspector de las Provincias Internas del Nuevo Reino de León y Santander, concedido a don Antonio
Puertas. 14 de noviembre de 1818.

Vol. 219, Exp. 263, 1 f.
Concediendo a don Pedro José Morales, la plaza de oficial primero de la
Contaduría de Diezmos, de Monterrey. 14 de diciembre de 1818.
Vol. 223, Exp. 120, 1 f.
Que se expida despacho a Francisco Goru:ález, como jefe de la Compañía
de Milicias de Infantería del uevo Reino de León, destinada al servicio de
artillería. 31 de mayo de 1820.

REALES CÉDULAS.

VARIOS

A-

os

Vol. 229, Exp. 77, 3 /s.
Participando lo resuelto al aumento de prevendas de la Catedral de Monterrey, y ordenando información del monto de diezmos. 18 de diciembre
de 1797.
Vol. 233, Exp. 14, 4 fs.
Remitiendo cédulas en que se presenta a los religiosos de la Orden de
San Francisco, en la Provincia de Zacatecas, para las doctrinas de los pueblos
aquí mencionados. 9 de diciembre de 1649.

Ordenando que se remita, con autos, un infonne sobre la conducta de
Francisco Gómez Algarín y José Manuel de la Garza Falcón, oidores de la
Audiencia de Guadalajara. 22 de noviembre de 1757.

Vol. 234, Exp. 344, 2

fs.

Comunicando estar enterado de las diligencias practicadas por el virrey de
la Nueva España, sobre el descubrimiento del mineral de la Iguana, en el
Nuevo Reino de León. 29 de marzo de 1759.

Vol. 234, Exp. 391, 1

f.

Comunicando estar enterada la reina madre, del descubrimiento de un mineral en la sierra de San Antonio de la Iguana, del Nuevo Reino de León. 23
de septiembre de 1759.

Vol. 235, Exp. 150, l. f.
Concediendo el grado de coronel de infantería, a don Melchor Vida) de
Lorca. 23 de junio de 1776.
Vol. 221, Exp. 312, 1 f.
Resolviendo que al gobernador del Nuevo Reino de León, don Bernardo
Femández de Villamil, coronel del ejército, se le proponga por la Cámara
de Guerra para los primeros destinos que vaquen en España. 8 de diciembre de 1819.
Vol. 221, Exp. 339.
Resolviendo que a don Bernardo Fernández de Villamil, se le proponga para algún puesto de categoría, que vaque en España. 19 de diciembre de

1819.
Vol. 238, Exp. 268, 1 f. Comunica haber aprobado el nombramiento de administrador de alcabalas del 1uevo Reino de León, para don Juan María Rocicler. 21 de diciembre de 1777.

Vol. 234, Exp. 89, 3 fs.
Ordenando informe reseivadamente sobre los procedimientos y excesos de
Francisco Gómez de Algarín y José Manuel de la Garza Falcón, oidores de
la Audiencia de Guadalajara. 18 de diciembre de 1755.

Vol.234,Exp. JOO, I

f.

Empleo a Francisco de Echegaray y otro
gones de Veracruz. lo. de marzo de 1755.

358

I

de teniente de alférez de Dra-

359

�LA VERDAD SOBRE LA VILLA DE CERRALVO
EuoENIO DEL

Hovo

Instituto Tecnológico de Monterrey

EL DIEZ Y NUEVE DE JULIO de ese año de mil seiscientos veinticinco, salió
don Martín del puerto de Cádiz en la flota que venía al mando del general don Lope de Hozes y Córdova; 1 pasó de Veracruz a la ciudad de México para presentar sus provisiones al Virrey, que lo era don Rodrigo Pacheco de Osorio, Marqués de Cerralvo, y siguió a la ciudad de Zacatecas
para desde allí organizar, con la ayuda de su padre, su entrada al Nuevo
Reino de León. Viniendo por Mazapil y Saltillo, hizo su entrada solemne
a la Ciudad Metropolitana de Nuestra Señora de Monterrey, el día veinticuatro de agosto de rm1 seiscientos y veintiséis. 2 Dice Alonso de León refiriéndose a este acontecimiento: "Entró en la ciudad de Monterrey a veinticuatro de agosto, el año de veintiséis, prevenido de gente, ropas, rejas, herramientas y todo lo demás necesario a una nueva población; fue recibido con
Jas demostraciones de alegría que a una persona tan deseada podía causar (?), que siempre las novedades de los gobiernos agradan. Enteróse de
las cosas del reino, de las calidades de la tierra, proceder de los españoles,
condición de los naturales: principales fundamentos para un buen acierto.
Repartió a los vecinos labradores cantidad de rejas, que las más de ellas hicieron comales; a otros dio herramientas y, a todos, aquello que les faltaba,

---

' JUAN Dmz 011 LA CALL.E, Descubrimiento, población y pacificación del Nuevo Reino
d, Le6n, pág. 229. En Memorial y Noticias Sacras, etc. Máx.ico, 1932 (Edición de la
Sociedad de Bibliófilos Mexicanos). La primera edición es de Madrid, 1646 y lo referente aJ Nuevo Reino de León ocupa las ff. 1040, 108.

• ALONSO DB LEÓN, Relación y Di.scursos del descubrimiento, población y pacificación
d, este Nu.,vo Rllino de León, etc. (1649), pág. 126. En Genaro Carda (ed.) Historia
de Nuevo León, México, 1909. Documentos inéditos o muy raros para la hutoria de
México, 25. Acaba de aparecer una segunda edición prepaxada por Israel Cavazos
Garza y editada por la Universidad de Nuevo León. Monterrey, 1961.

361

,

�hasta ganados¡ mandó juntar todos los indios que se pudieron, a quie?es,
después de haber dado a entender que venía sólo para su fomento Y bien,
y que viniesen como debían, acudiendo a la doctrina ~e los padres de San
Francisco y al servicio de sus amos, que él les amparana en todo lo que se
les ofreciera, les fue repartiendo con larga mano la ropa que metió y harinas, enviando a pedir más a Zacatecas, con que se.. podía pensar se6., aseguraba una perpetua paz en esta gente, a no ser tan inconstante. Envio a ensayar Jas minas de la redonda de Monterrey¡ subió a la de San Antonio, esfuerzo prodigioso; subió por una peña casi tajada a la región del fuego, que
tal es la altura de las Mitras: todo era traba jo y con poco fruto. Despachó
al capitán Martín de Zavala (su sobrino) a la Villa (sic por ciudad) de
León; pobló otra vez las minas; tuvo muchos rebatos; sustentó la población
con harto trabajo; relevó con su venida a S. M. de más de veinte y cinco
mil pesos de soldados, ropa y bastimentas, con nin_g ún fruto. Alzáronse los
indios de todo el Reino, generalmente; hubo quien dijera que ocasionados
de algunos españoles que como estaban hechos a vivir licenciosamente, llevaban mal el gobierno poütico, que aumenta las repúblicas y las conserva
en paz. Los indios dieron continuos diez años guerra, haciendo tantos daños
. ,,, 3
y muertes, como ade1ante se dira .
El mismo día de su llegada, don Martín se present6 ante el Cabildo, Justicia y Regimiento de la Ciudad Metropalitana de uestra Señora de Monterrey para tomar solemne posesión de su cargo, como se desprende del acta de cabildo de esa fecha:
"En la ciudad de uestra Señora de Monterrey del Nuevo Reino de
León, en veinticuatro días del mes de agosto de mil y seiscientos veinte Y
seis años, estando en cabildo en las casas reales desta dicha ciudad, según
y como lo tienen de costumbre la justicia y regimiento de esta dicha ciud~d,
don Martín de Zavala gobernador y capitán general de este uevo Remo
de Le6n y sus Provincias por su Majestad, presentando una su Real Cédula con el despacho que el Excmo. Señor Marqués de Cerralvo le hizo y dio
en ejecución y cumplimiento de la dicha Real Cédula, el dicho {sic) justicia, cabildo y regimiento, vista, leída y entendida la dicha Real Cédula, la
tomaron en sus manos y besaron y pusieron sobre sus cabezas y dijeron que
la obedecían y la obedecieron como carta de su Rey y Señor natural, Y en
su cumplimiento dieron y entregaron las varas de la real justicia al dicho señor gobernador y capitán general y mandaron (que) de la dicha Real Cédula, asiento con su Majestad y mandamiento del Excmo. Señor Marqués.
de Cerralvo, Virrey de la Nueva España, se ponga un traslado de todo, autorizado en pública forma en este dicho libro de cabildo, y para que de
' Ibid., págs. 126 y 127.

362

ello en todo tiempo conste, lo firmaron de sus nombres el dicho cabildo, justicia y regimiento de esta dicha ciudad, ante mí el presente secretario, asistiendo en este dicho Cabildo, el Lic. Juan Ruiz, abogado de la Real Audiencia de la Nueva España y Juan de Abrego.-AJonso Lucas el Bueno.Licenciado Juan Ruiz.-Gonzalo Fernández de Castro.-Fray Bias Pérez.
Juan Buentello.-Franci co Martínez Guajardo.-Pedro Romero.-Ante mí,
Pedro Monzón, secretario de cabildo.
"Certifico yo Pedro Monzón, secretario de cabildo de esta ciudad, que en
cumplimiento del obedecimiento que hicieron el justicia mayor y el capitán
Bernabé de las Casas y el capitán Gonzalo Fernández de Castro, alcaldes ordinarios y el capitán José de Treviño, alcalde de la Santa Hermandad y Juan
Buentello Guerrero, alguacil mayor, entregaron las varas de la Real Justicia
a dicho señor gobernador, el cual las recibi6 en señal de posesión y, atendiendo a calidad de las personas, servicios que tienen hechos a su majestad,
las volvió a entregar para que usen sus oficios hasta el día de año nuevo, y
para que de ello conste, por su mandado, puse el presente en este dicho libro de Cabildo y lo firmó de su nombre, que fueron en veinticuatro días del
mes de agosto de mil y seiscientos y veinte y seis años.-Don Martín de Zavala.-Doy Fe a ello.-Pcdro Monzón, secretario de Cabildo".*
Todos los historiadores que se han ocupado de este período en la historia
del Nuevo Reino de León, afirman que don Martín de Zavala sólo permaneció unos pocos días en la ciudad de Monterrey pasando a la antigua ciudad
de León o minas de San Gregario para fundar allí, el día 4 de septiembre de
aquel año de 1626, la primera villa de las dos que se había obligado a fundar por sus capitulaciones, que fue la Villa de San Gregario de CerraJvo.
Esta con tante afirmación es s61o un error de interpretación que se ha venido propagando, pasando inadvertido, de historiador en historiador. La verdad, como vamos a demostrarlo, diliere mucho de la citada tradición: don
Martín de Zavala permaneci6 en Monterrey y fue en esta ciudad y no en
las Minas de San Gregario, donde fund6, por primera vez, la Villa de Cerralvo; en otras palabras: don Marón cambió el nombre de Ciudad Metropolitana de Nuestra Señora de Monterrey, puesto por Diego de Montemayor en
1596, por el de Villa de Cerralvo, de donde resulta que, a lo largo de su
historia, la ciudad de Monterrey ha tenido cuatro diferentes nombres: Villa de los Ojos de Agua de Santa Lucía, con que la bautizó Alberto del Canto en 1577; villa de an Luis Rey de Francia que le diera don Luis CaivajaJ
Y de la Cueva en 1583; ciudad Metropolitana de Nuestra Señora de Monterrey con que la agraciara, proféticamente, don Diego de Montemayor en 1596
• Archi\'O Municipal de Monterrey, Actas de Cabildo. Acta del Cabildo del 24 de
septiembre de 1626.

363

�y Villa de Cerralvo que le impusiera don Martín de Zavala en 1626 y que conservara hasta el 31 de agosto del año siguiente ( 1627) en que, por orden del
Virrey, se le volvió a llamar Ciudad de Nuestra Señora de Monterrey. 5 La persistencia de este error se explica por varias razones: No era de esperarse que don
Martín fuese a cambiar de nombre y categoría a una población que tenía treinta años de historia y que, además, era la única en el Nuevo Reino de León; dada la personalidad de don Martín no era de esperarse que intentara engañar
a la corona con tan burdo artificio como fue el de hacer pasar una fundación
ya consolidada, por una de las dos a que estaba obligado por sus capitulaciones;
la existencia, a lo largo de la historia del Nuevo Reino, de otra Villa de Cerralvo, la cual ha conservado este nombre hasta nuestros días; y, lo que es
más importante, la existencia del acta de fundación de Cerralvo, firmada
por don Martín y fechada precisamente el día 4 de septiembre de 1626 en
el paraje de la Antigua Ciudad de León Minas de San Gregario; 6 y, por último, d hecho de que los más antiguos cronistas Alonso de León, Juan Diez
de la Calle y Fr. José de Arlegui, parecían confirmar, aunque en forma vaga y confusa, la falsa versión tradicional. Pero, como me imagino que a algunos de mis lectores les puede interesar el proceso de investigación que
me llevó a dilucidar la verdad, me voy a permitir presentarlo a grandes rasgos: el 4 de septiembre de 1626, que es la misma fecha del acta de fundación, don Martín de Zavala ordenó que se levantase una información testimonial sobre "el estado en que halló y se tiene esta dicha Villa de Cerralvo,
el número de vecinos casados que en ella asisten de ordinario en su habitación
y casa, el número de ellas, orden y policía que tienen sus calles y el modo de
república que al presente en ellas hay, y distancias de unas casas a otras, etc" .1
Desde que conocí este precioso documento tuve el deseo y la esperanza de encontrar otro similar que se refiriese a Monterrey y me dí a buscarlo infructuosamente; desde un principio me chocó la frase "estado en que se halló", sabiendo,
como sabía, que la ciudad de León había quedado despoblada desde tiempos de
Carvajal y que algunos intentos que se habían hecho para repoblarla, habían
fracasado; 8 además, como ya lo habían hecho notar don José Eleuterio González y David Alberto Cossío, 9 la lista de los vecinos de Cerralvo que figura en el
testimonio, es casi idéntica a la que aparece en el Acta del cabildo de la ciudad
de Monterrey de 2 de agosto de 1626 o sea, el informe que la ciudad presentó
• No conocemos este documento pero conjeturamos su existencia.
' DAVID ALBERTO Cossío, Historia de Nuevo León, vol. I, págs. 212 y 213. Monterrey, 1924-1926. 6 vols.
' JosÉ ELEUTERIO GoNz.Áuz, Lecciones Orales de Historia de Nuevo León, pág. 57,
Monterrey, 1887. En el vol. III de hu Obras Completas.
' ALoNso DE LEÓN, Relación y Discurso1, págs. 104 y 105.
' JosÉ ELEUTERIO GoNzÁLEZ, Lecciones Orale1, pág. 68.

364

al gobernador del estado del reino en esa fecha; 10 sin embargo, cabían dos explicaciones que podían conjugarse: en la ya citada acta de fundación de Cerralvo, se dice: "Pasamos a estas tierras a donde se han congregado varias familias
de españoles que truxo a estas minas ( de San Gregario) el señor don Gregario
Salduendo y Evia el año pasado de 1625",11 &lt;!,demás, traté de explicarme la
frase desconcertante así como la presencia de los mismos vecinos en Monterrey
y Cerralvo como un ardid jurídico del gobernador que, para aparecer ante la
corona como cumpliendo con sus capitulaciones, habla dado solares y mercedes de tierras e indios y barras de minas a los pobladores de Monterrey, Teconociéndoles vecindad en Cerralvo, caso por demás frecuente en la colonización
del norte de México; pero, ya puesto en el camino de la duda, seguí tropezando con datos sospechosos y desconcertantes: en los primeros documentos firmados por don Martín de Zavala, se menciona Cerralvo como "cabecera del
R'
·
.
1emente de un cambio de capital; pero, en
emo"ª
, pod'
ria tratar.;e
sunp
otros se dice "en la Villa de Cerralvo Ojos de Santa Lucía" l 3 y esto sí ya
no tenía explicación satisfactoria: Ojos de Santa Lucía era Monterrey ¿ querría significar esta frase que la misma jurisdicci6n comprendía las dos poblaciones?; por otra parte era cosa sabida que Cerralvo, siendo •&lt;cabecera del
Reino" y residencia del gobernador, no tuvo autoridades municipales sino hasta el año de 1638, doce años después de su fundación; H para explicar este
hecho completamente inusitado dentro de la historia novohispánica, se aducía la guerra de diez años contra los indios que se inició al llegar don Martín al Nuevo Reino. Con el presentimiento de que algo andaba mal volví
a estudiar cuidadosamente los documentos conocidos referentes al te~: de
los cronistas no saqué nada en claro; don Alonso de León sólo dice: "Despachó ~l capitán Martín de Zavala (homónimo y sobrino del gobernador)
a la Villa de León; pobló otra vez las minas; tuvo muchos rebatos susten~ la población (¿cuál?) con harto trabajo, etc.",1 3 y más adelante, menClOnar fecha,_ añade: "Salió el gobernador de esta de Monterrey para la de
Cerralvo, deJando Alcalde Mayor en ella (en Monterrey) y la instrucción

:in

'" Archivo Municipal de Monterrey, Actas de Cabildo, Acta del Cabildo del 2 de
agosto de 1626.
n Ver nota 6.
u Archivo Municipal de Monterrey, Ramo Civil, Vol. 1, Exp. 10: Martin de Zavala,
Contra Alonso Lucas el Bueno. Se piden documentos que faltan en el Archivo. Villa de
Cerralvo (Monterrey), 5 de septiembre de 1626.
u Archivo Municipal de Monterrey, Ramo Civil, Vol. VIII, Exp. 21: Martín de
Zavala, Nombramiento de Depositario. Villa de CerraJvo, Ojos de Santa Lucia (MonlCil'Cy), 15 de septiembre de 1626.

"A LONSO

DE

LEON,
, Relación y Discurso1, pág. 127.

" lbid., pág. 127.

365

�•
de su gobierno; fundó su villa (Cerralvo), sin nombrar por entonces cabildo por los muchos embarazos. Nombrólo el año de mil y seiscientos y trein•
ta y ocho, etc."; 18 pero, en un comentario sobre la enemistad que algunos
españoles tenían para el gobernador "que, como estaban hechos a vivir li. cenciosamente, llevaban· mal el gobierno político" ... "hubo quien escribiera
a México la asistencia que habia (sic por hacía) en Monterrey, no concluyendo las poblaciones ofrecidas" ; 17 dice el cronista, aportando un dato muy
valioso a nuestra investigación: don Martín asistía, en esos primeros tiempos de su gobierno, en Ionterrey y no en Cerralvo y no había concluído las
poblaciones ofrecidas. Diez de la Calle es muy confuso y mezcla lo falso
con lo verdadero: "Llegó al Real de las Minas de San Gregorio en 24 de
agosto de 1626 (falso: ese día llegó a Monterrey) . De allí pasó a la Villa
( falso: era ciudad) de nuestra Señora de Monterrey (Diez de la Calle habla de una repoblación y de la creación de un Ayuntamiento en Monterrey,
lo que es también falso). Desde aquí fue al sitio de las minas de la Frontera de an Gregorio, que le señaló el Virrey, Marqués de Cerralvo, para la
fundación de la primera Villa y la pobló, como cabeza del Nuevo Reino de
León en 31 de agosto de 1627, etc.". 18 Como se ve, Diez de la Calle, parece
confirmar la tradición constante en todos los historiadores, sólo que discrepando en la fecha de la fundación: en lugar del 4 de septiembre de 1626, él
pone 31 de agosto de 1627. En Arlegui no encontramos nada que sea digno de transcribirse. Pasemos a examinar las otras fuentes: en el acta de
fundación de Cerralvo, bien leída, se encuentran datos importantísimos:
allí no se habla para nada de una Villa, sino de un "pueblo con el nombre
de Señor de San Gregorio de Cerralvo" y, aunque había vecinos españoles,
era un pueblo de indios y por lo mismo no tenía cabildo, que ha de haber
tenido un gobernador indígena y sus alcaJdes, indios también; dice el documento: "pareció en nue tra presencia ( del Virrey) , don Fortino del Portillo, quien como procurador general que es de los naturales del Nuevo Pueblo de San Gregorio de Cerralvo, etc.",19 además, en dicha acta se señalan
tierras de comunidad y no propios; por último, ninguna de las personas que
figuran en el acta de fundación, excepto don Martín de Zavala, aparecen
mencionadas en el padrón de vecinos de la Villa de Cerralvo. La incógnita
empezaba a despejarse. Al estudiar la descripción de la Vtlla de Cerralvo
contenida en la información testimonial del 4 de septiembre de 1626, atrás
mencionada, encontramos otros muchos datos que aclaran el problema; pe,. lbid., pig. 127.
" lbid., pág. 127.
Ver nota l.

.

ro, s6lo mencionaré los que se refieren a las estancias o haciendas de labor
que pertenecían a la jurisdicción de la Villa de Cerralvo. Como el precioso
documento anota las distancias a que se encontraban de la dicha Villa, pudimos comprobar, sobre el mapa, que esas distancias resultaban bastante
aproximadas referidas a Monterrey pero, de ninguna manera, referidas a
San Gregario de Cerralvo: por ejemplo, ''Bemabé de las Casas, español, viudo, tiene su hacienda en el puesto de las Salinas, siete leguas de esta dicha
Villa"; "en el puesto de los Muertos, ocho leguas de esta dicha Villa, vive
en su hacienda de labor Alonso Diez de Camuña". 20 Había logrado despejar la incógnita: don Martín de Zavala el día 4 de septiembre de 1626,
en la ciudad de Monterrey, había fechado y firmado dos importantes documentos: el acta de fundación del Pueblo de indios de San Gregario de CerraJvo y la información testimonial del estado en que encontró a la dicha
ciudad de Monterrey a la cual, cambiándole el nombre, él intitulaba Villa
de Cerralvo. He aquí el origen de tan notable error histórico: don Martín,
tal vez para congraciarse con el Virrey, había bautizado a dos lugares diferentes del Nuevo Reino de León con el título de su excelencia. A mi entender, todo estaba ya perfectamente claro. Sin embargo, la rectificación
histórica era tan importante que, para justificarla, había que demostrarla
plenamente, sobre firme base documental; no bastaban las conjeturas, por
sólidas que pareciesen. La Providencia que guía al investigador, vino en
mi ayuda y, al fin, después de revisar acuciosamente todos los documentos
de la época, que pude recabar, di con el dato concreto tan deseado ¿ dónde?
allí donde menos podía esperarse: en el nombramiento dado por el Virrey al
Lic. don {artín Abad de Uria como cura "de la Villa de Cerralvo, que
(se) ha de fundar en el Real de San Gregorio" y que está fechado en la
ciudad de México el 31 de mayo de mil seiscientos veintinueve y que, en
lo conducente, dice así: " Por cuanto su Majestad fue servido de mandar
tomar asiento con don Martín de Zavala, gobernador y capitán general del
Nuevo Reino de León, para que fundase en él dos villas de españoles en
la parte y lugar que por mí e le señalase, la u.na de cuarenta vecinos y la
otra de veinte, todos casados, en cuyo cumplimiento le señalé para la primera, que se ha de llamar Villa de Cerralvo, el sitio de Santa Lucia, en
que la empezó a hacer, y la fue continuando, hasta que, habiéndose entendido ser población antigua título de Ciudad de Monterrey, le mandé cesar
en ella, y que la dejase en el estado en que la hall6, sin obligar a ningún vecino a que la desamparase ni mudase su vivienda a otra parte, y que fuera
de sus términos y estancias, me propusiese sitios nuevos para dichas pobla-

11

" Ver nota 6.

366

'" JosÉ Eu:.UT.1?.RlO GONZÁLEZ,

Lecciones Orales, pág. 64.

367

�•
ciones como lo hizo proponiéndome para la primera el Real y Minas de

San G~egorio en que i'e permití poder hacer la dicha priffi:era f~da_ción, etc.". 21
D bo decir que lo que más me movió a llevar esta investigación hasta su
último término fue justificar plenamente el utilizar en mi trabajo la detallada descripción de la Villa de Cerralvo así como el completo pa~n de sus
vecinos refiriéndola a Monterrey. Una vez demostrado que esa Villa de Cerra]vo ~o es otra que la ciudad metropolitana de ucstra Señora de Monterr y, sabemos que era de dicha ciudad y quienes la habitaban al tomar posesión del reino su gobernador don Martín de Zavala. En el ac~a de fundación del pueblo de San Gregario de Ccrralvo, que es de la m1Sma fecha
que esta descripción, se menciona un mapa que acompañ~a al documento;
conjeturamos que con mayor razón debió levantarse también el d; M~nterrey y sus estancias y no desesperamos de llegar a encon~arlo al~un d1a.
Por su importancia indiscutible dentro de nuestro tr~bª!?• pubhca~os fo.
tegros los dos documentos atrás mencionados: La descnpeton de la Villa ~e
Cerral\'0 {Monterrey) y el acta de fundación del pueblo de San Gregono
de CerraJvo:
Descripción de la Villa de Cerralvo (Monterrey) en 1626.
"En la Vi1Ja de Cerralvo, cabecera del Nuevo Reino de León, en cuatro
dias del mes de septiembre de mil y seiscientos veinte y seis años, el señor
don Martín de ZavaJa, Alguacil Mayor y Gobernador y Oa~itán G~~eral de
dicho Nuevo Reino de León y sus provincias, por su Ma1estad, d1Jo: que
a su seivicio, y para en guarda de su derecho, convenía que el pr_ sente ~ecretario dé por testimonio el estado en que halló y se tien~ esta dicha. V1l~a
de Cerralvo el número de vecinos casados que en ella asisten de ordinano
en su babi~ción y casa, el número de ellas, orden y policía qu~ tien~n sw
calles y el modo de república que al presente en e!Jas hay,. y d1~tanc1as ~e
unas casas a otras, el cual mand6 de visitar primero con as1Stencia del Lic.
Juan Ruiz, abogado de la Real Audiencia de México y s_u asesor y la. del
Capitán Alonso Lucas el Bueno, Justicia fayor que ha sido de este d'.cho
Reino y testigos que para ello llevé, todas las casas de i_norada de la__dicha
Villa de Cerralvo, para que conforme al dicho testimonio y decla~cion de
testigos, en todo tiempo Conste el estado y vecindad, casas, comerc10 y república que tenia esta dicha Villa aJ tiempo y cuando entró en ,ella por _tal
su gobernador y Capitán General, el cual mandó ~ recib~ y de, en debida
forma con citación del procurador general de e ta dicha V1Ua, as1 lo p~oveyó, mandó y firmó con su asesor de la gobernación y de este auto y testnnou Archivo Genrral de la aci6n. Reales Cédulas. Duplicados. Vol. IX, Exp. 15:
Rodrigo Pacheco de Osorio (MarquE1 de Cerralvo) Nombramiento del Li,en,iado Martln Abad dt- Urla como cura de la Villa d, c,,,,afoo. féxtco, 31 de mayo de 1629.

nio. Le ponga en auto en el libro de mi gobernación. Don Martín de Zavala.-Lic. Juan Ruiz.-Ante mí Juan de Abrego, escribano de gobernación,
justicia y gucrra.-En cinco días del mes de Septiembre de mil y seiscientos
y veinte y seis años, yo, el presente Secretario leí y notifiqué el auto de atrás
al Capitán don Pedro Romero, procurador general de esta Villa de Cerra!y dijo: que lo oye y se haHará presente a la vista de ojos y testimonfo
que con su asistencia se manda dar, siendo testigos Francisco ánchez el Lic.
Juan Rui2. el Capitán Hemando de Ugarte y la Concha, vecinos y estantes en esta dicha Villa v lo firmó.-doy fe de ello.-Pedro Romero.-Juan
de Abrego, escribano de gobernación, justicia y guerra.-En cumplimiento
de lo mandado por el señor don Martín de Zavala, Alguacil Mayor, Gobernador y Capitán Genc-ra] de este reino y sus provincias, en el auto de
cuatro días de este presente mes y año, yo Juan de Abrego, secretario de gobernación, justicia y guerra, dor fe y verdadero testimonio, de c6mo habiendo citado al capitán Pedro Romero, procurador general de esta Villa
para Jo en el dicho auto contenido y yendo en mi compañia el Lic. Juan
Ruiz, abogado de la Real Audiencia de México, el Capitán Alonso Lucas el Bueno, Justicia Mayor que ha sido de este dicho reino, el Capitán Fernando de Ugarte y la Concha, Francisco de Avila, alférez real. Pedro Romero,
procurador general, Juan Buentello, alguacil mayor, Francisco Sánchez, Ambrosio Briwela y otros muchos testigos, haciendo vista de ojos de las casas y
vecindario que en ella halló el dicho eñor Gobernador, hall~ haber en esta
dicha Villa de Cerralvo, las casas y vecinos que se siguen:
Primeramente una casa que está enfrente del Convento de San Francisco,
cineuenta pasos de di~tancia donde vive el Capitán Diego Rodríguez y Lucas
García su hermano, que no tiene ca,;a en esta dicha Villa, y al presente no
se halló en ella con u mujer ni hijos, y en esta dicha casa hay dos aposentos
fuera de ella nuevamente hechos, con una torrecilla alta en que vive Miguel
de Montemayor, yerno de dicho Diego Rodríguez con su mujer e hijos.
Item a cuarenta pasos de distancia de la dicha casa sin calle ni contigüedad,
está otra casa pequeña sin corral, donde vive Antonio Durán, con su mujer e
hijos en una sala y aposento que 1 sizve de cocina. sin haber otra casa.
Item a cuarenta pasos de distancia de la casa de dicho Antonio Durán, está
la casa de Juan Maldonado con una sala y un aposento en que vive con su
mujer e hijos.

"º•

Item en distancia de un tiro de arcabús, poco más o menos, está otra casa
en que ,ive Juan de Solí. mulato, casado con una india de Coahuila, y en
ella hay dos apos ntos por un Jado de la dicha casa en que vive Diego de
Solís, mulato casado con una mestiza, y Leonardo de Mendoza, soldado de
la Compañía del Capitán Hemando de Ugarte y la Concha, con qujen de
presente está de partida dejando en dicha casa a su mujer.

368
369
H2&lt;1

�Item a un lado apartado de la dicha casa, poco trecho, está una sala grande, cubierta con paja, en que vive Juan de Montalvo, mestizo, casado con
una hija de Juan López. y en su compañía vive dicho Juan López.
Item en distancia de veinte pasos poco más o menos, está una pared vieja
y maltratada, sobre que está una cubierta de paja en que vive Juan Hernández,
soltero, y en su compañía Alonso García, soldado real de los que el Capitán
Hernando de Ugarte y la Concha trajo a su cargo, con quien de presente
está de partida, dejando a su mujer en la dicha casa.
Item en distancia de un tiro de arcabús está una casa, una sala con aposento y una cocina en que vive Juan Pérez de Lerma con su mujer e hijos, y
linde de esta dicha casa en dos aposentos, vive Domingo de Avila con su
mujer, hija de dicho Juan Pérez de Lenna.
I tem en distancia de un tiro de arcabús, poco más o menos, está un apo'
sento pequeño,
ahora nuevamente hecho en que vive Francisco Sosa, mulato
libre, casado con una india, y así, a un lado apartado, está otro aposentillo
pequeño en que vive Juan de Sosa, casado con una india, hija de dicho
Francisco Sosa.
Ilem, en distancia de más de cincuenta pasos, está otro aposento ahora
nuevamente hecho, en que vive Pedro Rangel, soltero.
ltem, en distancia de la casa arriba dicha, y a cincuenta pasos, está un
aposento ahora nuevamente hecho, en que vive Bartolomé García, soltero.
I tem, en distancia de la casa arriba dicha, más tiro de una arcabús (sic),
está de la otra parte del río apartado de esta dicha villa la casa en que vive
Domingo de Morales, casado con una india.
Itero, en distancia que mide más de un tiro de arcabús una casa con una
sala grande en que vive Diego González con su mujer e hija, y fuera de dicha
casa, linde de ella, un aposento en que vive Pedro Belada.
Itero, de la otra parte del río, está un aposento de unas paredes muy viejas
en que vive Juan Pérez de los Ríos, con su mujer, madre y hermana, viuda, y
(a)partc de la dicha casa, en un jacal, vive Leonor, india viuda de Bartolomé
de Charles, con sus hijos.
Item, apartado de la dicha casa, de otra parte del río, más de cincuenta pasos, poco más o menos, está otra casa nueva, que no tiene más que un aposento cubierto en que vive Francisco Martínez con su mujer e hijos.
Itero enfrente de las casas del dicho Francisco Martinez, está otra nueva
con una' sala y un aposento cubierto en que viene a pararse el Capitán Josef
ele Treviño, cuando viene a misa, cuya casa él no habita.
I tem, poco más de un tiro de arcabús, hacia la Iglesia de San Francisco,
está otra casa nueva con una sala y dos aposentos que ha hecho Pedro Romero, donde vive, y en su compañía, Diego de Avila vecino de la Villa de

370

Saltillo, el cual es soldado de la compañía del Capitán Remando de Ugarte
y de la Concha, con quien de presente está de partida y lleva a su mujer.
Itero, en distancia de cincuenta pasos, poco más o menos, está otra casa,
con una sala, dos aposentos y una cocina en que vive Pablo Sánchez, soltero.
ltem, a cuarenta pasos, poco más o menos, de la casa del Capitán Pablo
Sánchez, está otra con una sala y dos aposentos que compraron Blas de la
Garza y Alonso Treviño para sus viviendas con sus mujeres e hijos, y no la
habitan por vivir en su estancia de labor que tienen en el puesto de San
Francisco, tres leguas de esta dicha Villa.
ltem, detrás de la casa de dicho Bias de la Garza y Alonso Treviño, está
un jacal de carrizo cubierto con zacate, en que vive Pedro Botella de Morales,
en que vive él y su mujer e hijos, y a un lado está un aposento pequeño ahora
nuevamente hecho.
ltem, a un lado del Convento de an Francisco de esta dicha Villa está
' en
una sala nueva con su casa y un aposento con siete ventanas y puertas
que vive el señor Gobernador, que parece son casas reales sin haber habi;ado
(sic) otras ni cárcel ni prisiones.
T~as las cuales dichas casas, están distantes unas de otras, según y como
se refieren en este testimonio sin orden ni contigüedad unas con otras sin
calles, policía ni comercio ni modo de él, ni república; y así mismo, do~ fe,
que fuera de las casas en este testimonio contenidas, hay, y viven fuera de
e_sta dicha Villa en las estancias, las personas casadas, solteros y viudos que
Siguen:
Go~lo ~emández de Castro, casado con hija del Capitán Diego Rodríguez; ",ve ~•ete leguas de esta dicha Villa: en su labor y en su compañía
Juan de Olivares y Alonso Carrasco, españoles y solteros.
En es~ mis~ hac_ienda vive Rodrigo de Aldana, español y soltero.
Bias Pe:~, vtudo,.~ene su hacienda de labor cinco leguas de esta Villa, y en
su compania a su hiJo Antonio Rodríguez.
~ma~ de las Casas, español, viudo, tiene su hacienda en el puesto de las
S~lmas, siete le&amp;uas de esta dicha Villa, y en su compañía están sus hijos Do~go González, español, soltero, y Francisco Báez de Benavides con su muJe~; Ya un tiro de arcabús de la estancia de dicho Bemabé de las Casas viven
Diego de Treviño, viudo y Francisco de la Garza, viudo, y José de Treviño
YPedro de la Garza Y Marcos y Bemabé González, todos hennanos, españoles
Y solteros.
~n el puesto de los Muertos, ocho leguas de esta dicha Villa, vive en su
hacienda de labor Alonso Diez de Camuño.
Miguel Sánchez Sáenz, casado con hija legítima de Josef de Treviño en
su estan~ia de labor, un cuarto de legua de esta Villa, y en su compañía Juan
Y Francisco de Treviño, sus cuñados, solteros.

371

�Diego de Montemayor, soltero, español, ticn
gua de esta Villa.

·u

tancia un cuarto de le-

brosio de Brizt1ela testigos que se hallaron presentes al ver dar fe y testimonio
de verdad ~e las cosas c~ntenidas en dicho testimonio de estas fojas y jupor D10s Nue~u-o Sen~r y por la señal de la Cruz en forma de signo (sic),
que ~o Jo conteru~? e~ di~~o testimonio que ha dado Juan de Abrego, Seaetano de gobemaCJon, JUStlc1a y guerra, en dicha Villa de Cerralvo, es cierto
y verdadero como en 'I se contiene, porque al verlo dar de la cosas en él
referidas y a todo ello fueron presentes, y para que de eUo conste y ser la
verdad, so cargo del juramento que tienen fecho en que se afirmaron e ratificaron y dijeron no haber sido a ello compelidos ni apremiados por el dicho
señor Gobernador sino a ruego de pedimento. Y lo firmaron de sus nombres en presencia de mí el presente Secretario, de que doy fe.-Llc. Juan
Ruiz.-Hernando de Ugane y la Concha.-Ante mí.-Juan de Abrego es•
cribano de gobernación, justicia y guerra"."
'
Este importantísimo documento nos permite saber cómo era la ciudad de
Monterrey a la llegada del gobernador don Martín de Zavala:
Muy poco había cambiado el aspecto de la ciudad en 20 años: • Todas las
cuales dichas casas están distantes unas de otras, según y como se refieren
e? este tes.timo~io, sin orden ni contigüedad unas con otras, sin caUes, policía,
ru comercio, ru modo de é), ni república". 2 Se menciona el Convento Fran~ano de an Andrés que, por el acta de cabildo del 2 de agosto de ese
an? de 1626 t~nía: "pila de bautismo con su bautisterio, muy grande cementeno para enllerro de naturales, torre fuerte en la dicha Iglesia muy bue.nas
campanas"/' la lgle ia Parroquial todavía no existía ya que ,;o fue sino a
fmcs de ese año cuando se construyó a costa de don Martín. 2~ Frente al Convento, a cincuenta pasos de distancia, la casa del Capitán Diego Rodríguez
Y en ella ~os ~poscntos nuevos con una torrecilla alta y, a un lado de dicho
convento esta una sala nueva con su casa y un aposento con siete ventanas
Y pue~, en que vive el señor gobernador, que parece son casas reale sin
haber SJdo otras, ni cárcel, ni prision s". 2 Mucha de las casas, formadas' por
dos o tre cuartos, eran de muros d adobe y cubierta de terrado• pero el
d~umento menciona tambi n techo· de zacate, viejos par done 'con cubierta
de paJa
· Y hum1·¡d e· Jaca
· ¡es. Muchas de aquellas casas eran de construc.
ción recirnte. Es muy importante advertir que la ciudad ocupaba ambas márraron

OLTEROS;

Juan Buentello, Eustacio Zambrano, Alonso de Molina, mulato, Bernardino de Molina, hijo del susodicho, Antonio de Villa-franca, mestizo, Juan
Martín, mulato, viudo, Bemabé López, mulato, Lucas de Montcmayor, mesticillo, Andrés de Ugartc, me ticillo, ebastián de Solí, mulato criado de Josef
de Treviño.

I

010

LAeoRÍo

Francisco, Juan Bar as. André ,. Franci co, Don Gaspar, Gobernador de
ésto.
Y por que de ello conste de mando de dicho Gobernador y Capitán General de este reino y su provincias. doy el presente, cierto y verdadero, y lo fsr•
mé de mi nombre en esta Villa de Cerrah·o, donde se fechó en siete días del
mes de septiembre de mil y seiscientos y veintiséis años, siendo testigos de todo
lo en él contenido, los te tigos en el auto ref eridos.-En testimonio de verdad.-J uan de Abrego, escribano de gobernación, justicia y guerra.
En la Villa de Cerralvo, en iete días del mes de septiembre de mil y
ciento y veintiséis años. el señor don Martín de Zavala, Gobernador y Capitán General en este Nuevo Reino de Le6n y sus provincias, por su Majestad, dijo: que por cuanto a ver darese testimonio arriba contenido, y
hacer la vista de ojos, fueron pre ntes los testigo en el auto referido , mandaba y mandó parezcan ante su merced y con juramento declarado si fueroa
presentes al ver, dar y a lo demás en el clicho testimonio contenido, porque
así conviene para en guarda de su derecho, y lo más que fuese necesario aJ
sen,jcío de su Maje tad. Así lo proveyó y mandó y firmó con u asistencia.Don Martín de Zavala.-Llc. Juan Rui7..- nte mí.-Juan de Abre~o, etcribano de gobernación, justicia y guerra.
En la Villa de Cerralvo, del Nuevo Reyno de León, en siete días del JJd
de septiembre de mil y scisciento veinte y seis año , en cumplimiento del
auto arriba referido, ante el dicho señor Gob mador, parecieron el Lic. Juat
R Ruiz, abogado de la real Audiencia de México, su ase or, el Capitán Alomo
Lucas el Bueno, el Capitán Hernando de Ugarte y la Concha, Francisco ele
Avila, alférez real, Juan Iluentello, alguacil mayor, Francisco ánchez, AIJ),

seu-

372

• MARTÍN op; ZA-VALA Reconocimirato, recuento y descripción de la Villa d
Ctnalvo tMo.ntcm•l l \
de Ccrralvo, 4 d septiembre de 1626. En José Elcuterio Gon~1twonti Orales, pigs. 57-67 y en David Alberto Cossío, Historia, vol. J, p,gs.

·ma

.. //,id,

" Vrr nota I O.
: ALO.Nao Dr. LeÓ¡,.;, R~loción y Discursos, pág. 108.
Jou: EtEUTERlo GoNZÁLEz, Luciones Orolts, pig. 63.

373

�genes del río formado por los Ojos de Agua; la parte norte, abandonada por
1a inundaci6n de 1612, se había vuelto a poblar.
El documento es en realidad un padr6n detallado de la ciudad y arroja
los siguientes datos: había en Monterrey veintisiete casas, sin contar el Convento, doce de las cuales estaban al lado Norte del Río; en ellas habitaban
cuarenta y ocho personas, sin contar niños, jovenzuelos y doncellas; anotamos
31 españoles aun cuando tenemos dudas bien fundadas de que algunos de
ellos fueran mestizos o mulatos, lo hacemos así porque el documento no lo
aclara; de estas diez parejas de casados, siete de ellas con hijos, seis solteros,
tres viudos y dos viudas; cuatro mulatos libres casados con indias y además,
una india casada con español; un mestizo y una mestiza y, por último, tres
soldados casados de la compafüa del Capitán Hernando de Ugarte y la Concha.
Las estancias que había en términos de la ciudad, en un radio menor a ocho
leguas, eran siete y en ellas habitaban 42 personas, sin contar los menores; los
españoles eran 5 parejas de casados, tres de ellas con hijos; 15 varones solteros y cuatro viudos; trabajaban en ellas, sin contar los indios de encomienda,
cinco mulatos, tres mestizos y cinco indios laboríos, todos varones. Lo que nos
da para Monterrey y las estancias de su jurisdicción, un total de noventa personas, sin contar los menores ni los indios chichimecos.

linderos hagan uso de todo su caudal sin que nadie fuere osado de impedírselos, ni molestarlos o estorbarlos.-Y yo el dicho Gobernador y testigos de
identidad firmamos la presente acta de fundaci6n ante el suscrito escribano
que doy fe.-Don Martín de Zavala.-Juan de Villarreal, testigo. Pedro de
Evia Montemayor, testigo.-Ante mí, Tristán López de Alzures Escribano
Real y Público".
'
"At:TO.-En la Gran Ciudad de México, cabecera de la Nueva España a
1
los diez días de_! mes de N~viembre del año del Señor de 1626, pareció en
nuestra presenCJa don Fortmo del Portillo, quien como Procurador General
que es de los naturales del Nuevo Pueblo de San Gregorio de CerraJvo en
el N~evo Reino de León, presenta la anterior Acta de Fundación y nos r~ega
coniu:zncmos, como confirmamos en todas sus partes la dicha fundación y
autonzamos en nombre del Rey nuestro señor el uso de tierras y aguas en
la forma Y cantidad que les fue mercedada por nuestro Gobernador del uev_o Reino de León.-Ansi mesmo, mandamos a nuestro Juez privativo de
berras Y aguas pase a dar la posesión legal dellas, en la forma y ceremonias
acostumbradas, dándome cuenta dello para proveer lo conveniente. El Marq_u~s_~e Cerralvo.-Por mandado de su E..-ccelencia, Pedro Valver de Longona .-·

Acta de Fundación del Pueblo de San Gregorio de Cerralvo.
"Don Martín de Zavala, Gobernador de la Provincia del uevo Reino de
Le6n, a los que la presente vieren, sepan, cómo en esta tierra que llaman de
Señor San Gregorio, al norte desta mi Provincia y a los cuatro días del mes
de Septiembre de 1626 años; gobernando la España e Indias Occidentales la
cat6lica Majestad del Señor don Felipe IV, y en su real nombre esta Nueva
España el Excelentísimo Señor don Rodrigo Pacheco y Osorio, Marqués de
Cerralvo, y asociado a los testigos de identidad, y por ante mí, Tristán L6pcz
de Alzures, Escribano Real y Público, pasamos a estas tierras a donde se han
congregado varias familias de españoles que tmxo a estas minas el Señor don
Gregorio Salduendo y Evia el año pasado de 1625. Y estando en nuestras fa.
cultades para formar Pueblos y Villas en este Reyno de León, y mercedar'
las tierras que a ellos fueren necesarios, acordamos hacer la erección de dicho Pueblo con el nombre de Señor San Gregorio de Cerralvo, y mercedar,
como mercedamos las tierras y aguas que se expresan en el mapa que se adjunta en estas diligencias cuya extensión agraria es de seis sitios de estancia
de ganado mayor, más treintaidos caballerías de tierras con el uso común y
general de todas sus a_,auas, pastos, árboles, zacates, y demás de suyo contenido dentro de sus pertenencias y de lindero a lindero.-Ansí mesmo hacemos
merced del agua del Río que llaman de Sosa y del Arroyo que llaman de
Atepetla que pasa pegado al Nuevo Pueblo, para que dentro de los dichos

374

Ce:

MARTÍN DE lJ._vALA, Acta de fundaci6n del Pueblo de San Gregario d, Cerrawu.
alvo,
4 de septiembre de 1626. En David Alberto Cossfo. Historia de Nuevo León
L
vo 1, págs. 212-213.
'

375

�BREVE RESEfM DEL ARCHIVO P RROQUIAL
DE LA CATEDRAL DE MONTERREY
To.MÁS ME DIRlCHAGA CUEVA
Sociedad 'utvoleonesa de Historia,
Geografía y Estadistica,
Monterrey, N. L

EN EL VERANO DE 1949 inicié la investigación sistemática de este important
archivo eclesiástico, que se encuentra instalado en un cuarto contiguo a la
Notaría del Sagrario. Desde entonces he ido anotando algunas observaciones
acerca de estos registros parroquiales, que constituyen una fuente indispensable
para la elaboración de los trabajos genealógicos. Los libros de admini tración
de sacramentos que comprenden la 'poca virreinal, en que nuestro Estado
era nombrado ucvo Reino de León, son 42: 19 de bautismos, 10 de casamientos y 13 de entierros. Por ahora sólo trataré de los libro l y 2 de bautismos, que abarcan 35 años, desde la segunda mitad del siglo XVII hasta
principios del XVIII. Otra fuente que he consultado de de fines de 1950
hasta hoy, con el prop6sito de escribir una historia de los apellidos nuevoleoDC$CS y probar su hidalguía. ha sido el valioso Archivo del Ayuntamiento de
Monterrey.

Lniaos

DE BAUTISMOS

I

Y

2:

NO\'TE fBRE DE

1667 -

DICIEMBRE DE

1702

Los dos primeros libro de bautismos que existen en e te archivo se encuentran encuadernado· en un solo volumen. Erróneamente, en el lomo de este
volumen, aparecen las fechas siouiente : "1688 a J 702". Sin embargo, el libro
1-2 de bautismos comprende los años de 1667 a 1702.
Señalaré algunos problemas con que tropieza el investigador aJ consultar
estos valiosos registros.1
1

El historiador don

tTo Au:ss10 Roaus dice, inexactamente, que "los libros

377

�LIBRO

1:

NOVIEM.BRE DE

1667 -

JUNIO DE

1678

Los primeros tres folios del libro primero de bautismos se encuentran muy
destruidos y no están en orden cronológico, ya que el segundo debe ir aJ principio. Este folio es el más antiguo que existe y contiene las primeras partidas,
que son de noviembre de 1667. 2 Los tres folios son el 5, 4 y 6. Los dos siguientes son el 7 y el 8; aunque menos dañados, éstos tampoco tienen marcado el
número del folio por estar destruidas las esquinas del margen superior derecho. Por tanto sólo faltan tres folios en este libro, ya que el siguiente es el
9 y de ahí en adelante, hasta el final del libro, están completos y numerados.
El primer libro de bautismos termina en el folio 49 vuelta con una partida
fechada el 5 de junio de 1678. Al final dice una nota: Passa a otro libro nuevo.
En este libro están registrados los bautizos que se efectuaron en la iglesia
parroquial de Monten·ey (hoy Catedral), en las capillas de las antiguas haciendas de San Francisco (Apodaca), La Pesquería (villa de García) y Santo
Domingo y en el valle de las Salinas. Debo aclarar que en muchas partidas
se asentó que los bautiws se efectuaron "en la capilla de San Francisco'': esto
quiere decir que se hicieron en la capilla de la hacienda de ese nombre, hoy
Apodaca, y no en el Convento de San Francisco de Monterrey?
Aparecen cuatro bautizos hechos, con licencia, por el P. Fray Juan Cavazos,
que fue el primero o uno de los primeros nuevo leoneses que vistió el humilde
hábito de San Francisco, en los folios 8 (diciembre de 1668), 10 y 10 vuelta
(ambos en diciembre de 1669) y 17 (marzo de 1673). 4
parroquiales más antiguos son del año de 1692 ... " (Bosquejos Históricos, México, 1938,
página 455). Lo mis:rno había escrito medio siglo antes el doctor don J osÉ ELEUTERIO
GoNzÁLEZ: "Lo más antiguo que hay en el archivo del curato de Monterrey es un
libro de partidas de casa:rnientos, que comienza en el año de 1692 ... " (Obras Complelas,
Monterrey, 1887, tomo III, página 368).
, La fe de bautismo más antigua que existe, por cierto muy deteriorada, es de principios de noviembre de l 66 7: es el bautizo de un hijo de Nicolás Cabrera. Están
registrados solamente nueve bautizos de este año de 1667: siete de noviembre y dos
de diciembre.
Al margen de cada partida se 11not6, además del nombre del bautizado, la calidad
que tenía, es decir su raza o casta.
.
' Sin embargo, sólo como excepción, están registrados tres bautizos, dos en el folio
24 vuelta y otro en el folío 26 vuelta, que se hicieron con licencia en dicho Convento.
Cuando aparece mencionada "la hacienda del Capitán Juan Cava,:os", se trata de
la misma hacienda de Santo Domingo.
• Fray Juan Cavazos, "religioso de Nuestro Padre San Francisco", fue cura doctrinero de los indios de la víUa de Cerralvo desde mediados hasta fines del siglo XVII.
Naci6 en el Nuevo Reino de Lc6n seguramente después del año 1630. Era hijo legitimo del Capitán Juan Cavazos y de doña Elena de la Garza. Este benemérito con-

Se pueden consultar con provecho los bautizos de los primeros nuevoleoneses que llevaron los apellidos Alan.ís, Arredondo, Caballero, Flores, Galván,
Guerra, Gutiérrez, Longoria, Lcnano Martínez, Ochoa, Osuna, Peña, Rangel,
Sema y otros. También aparecen registrados los nietos y bisnietos de los conquistadores y pobladores más antiguos, que difundieron aquí los apellidos
Ayala, Cantú, Cavazos, Garza, Montemayor, Quintanilla, Ríos, Sepúlveda,
Tijerina, Treviño, Villarreal, etc. Aquí vemos inscritos los bautismos de algunos criollos, originarios del Nuevo Reino de Le6n, que años después ocuparían importantes cargos públicos.
En este libro primero constan 366 bautismos sin numerar. Están registrados
indistintamente los "españoles", o sea los criollos, junto a los mestizos, los
mulatos y hasta algunos esclavos, y no por separado en libros independientes,
como era la costumbre. También $e encuentran asentadas las partidas de bautismo de algunos "hijos de la Iglesia" o expósitos, pero no aparecen indios,
ya que éstos estaban registrados en "la iglesia parroquial de los natw-ales de
esta ciudad y los de las rancherías de su jurisdicción, sita en el Convento del
Señor San Francisco (de Monterrey) ... "G Estos libros de administración de
sacramentos ya no existen. 8

PÁRRocos

Y FRAILES

Todas las partidas, hasta el 6 de junio de 1673, están firmadas por el licenciado Francisco de la Cruz, cura beneficiado, vicario y juez eclesiástico de
la ciudad de Monterrey y del Nuevo Reino de León. Desde la siguiente, fechada el 9 del mismo mes y año, aparece bautizando y firmando "como teniente de cura de este partido" el licenciado José Guajardo. Luego se alternan los autógrafos de ambos, pero después son menos frecuentes los de aquél.
El último autógrafo del licenciado De la Cruz está al calce de la partida del
15 de noviembre de 1676.'I Sólo hasta que el licenciado Guajardo empezó a
q~stad~r. Y poblador, originario de la villa de Santa Maria en Castilla la Vieja e
hiJo lcg1ttmo de Gabriel Cavazos y Simona del Campo "vecinos que fueron de dicha
"illª''.• entró en el Nuevo Reino de León hacia 1628 y fue el genearca o fundador del
apellido Cavazos en Nuevo León.
• Auto de vi&amp;ita del Bachiller Rodríguez de Salamanca. Mismo libro primero de
bautismos, año de 1673, folio 20.
• El archivo del convento franciscano de Monterrey, que debi6 ser ríquísi:rno, seguramente se perdió para siempre.
' El licenciado Francisco de la Cruz murió en Monterrey el dia 16 de enero de
1684, pero antes "confes6 y recibió los Santos Sacramentos de la Eucaristía y Extre-

378

379

�firmar las partidas se asentó el importante dato de que, la mayor parte de los
bautizos, eran "en la parrochia de esta ciudad (hoy Catedral) ..."
Algunos bautizos fueron hechos, con licencia, por los siguientes: el P. Guardián del Convento de San Francisco de Monterrey Fray Juan de Salas, Fray
Francisco de Zamora, el citado Fray Juan Cavazos, Fray Juan Muñoz, el
licenciado Alvarez de Godoy, el P. Guardián Fray Sebastián de Torres, el
P. Guardián Fray José de Paz, Fray Gerónimo de Talavera, el licenciado
Pedro de Arcaraz y Fray Luis L6pez, quien fue también Guardián "del Conv.to
del S.r San Fran.co de esta ciudad .. ."

de la iglesia. que halló acabada y cubierta de teja y con puertas de madera,
encalada hasta en medio la sacristía, levantadas las paredes, eJ bautisterio acabad~ y empezada la torre de las campanas. Y mandó Su Merced se continúe
en d1ch~ obra Yse ~~be con 1~ _br~vedad posible .. .." (Mismo folio 18 vuelta).
Otr~ ~portan;e_ auto de v151ta aparece en los folios 34 vuelta y 35: es de
Su Senona Ilustrmma el señor doctor don Manuel Femández de Santa e
O~is~- de Guadalajara, quien estuvo en Monterrey en su visita pastora~~
pnnc1p10s de febrero de 1676.

LmRo 2:

PADRINOS

En tres bautizos aparece como padrino don Nicolás de Azcárraga, C aballero de la Orden de Santiago, Gobernador y Capitán General del Nuevo
Reino de León (folios 8 vuelta, 9 vuelta y 15 vuelta) . En el folio 11 vuelta,
en una fe de bautismo de principios de abril de 1670, aparece también como
padrino el primer "maestrescuela" de que hay noticia cierta que existió en
el Nuevo Reino de León: Vicente de Treviño. Anotemos, por último, que
en varias partidas figura igualmente de padrino el famoso "Cronista Anónimo" Juan Bautista Chapa, en compañía de su esposa doña Beatriz de Treviño, su hija doña María de Chapa y de otras damas (folios 8, 17, 26 vuelta,
28 vuelta, 45 vuelta y 48).

Auros

DE VISITA

Hay un interesantísimo "auto de visita" del Bachiller don Bartolomé Rodríguez de Salamanca, abogado de "las Reales Audiencias des tos Reynos", en
los folios 18 a 21. Este Visitador General del Obispado, quien vino al Nuevo
Reino de León a mecliados de 1673 por encargo del Ilustrísimo señor doctor
don Francisco Verdín y Molina, Obispo de Guadalajara, ordenó entre otras
medidas que "cuanto antes se ponga la pila bautismal en el bautisterio (de
la parroquia, hoy Catedral) por haberse reconocido se hacen los bautismos en
una pileta de barro portátil y sin la reverencia necesaria . . ." (Folio 18 vuelta).
En el mismo auto hay una breve descripción, hasta hoy inédita, de la antigua
iglesia parroquial: "visitó ( el Bachiller Rodríguez de Salamanca) lo material
maunci6n; enterr6se en la parroquial de esta ciudad .. ." (Libro I de entierros, años
1668-1692, folios 116 vue1ta y 117. Mismo archivo).

JULIO DE

1679 -

DICIEMBRE DE

1702

Al p~ncipio d: este libro hay un rótulo que clice inexactamente : "Libro 2

de _Bautism~s. ~os de 1691 Y 1692". Esta nota es de escritura relativamente
ree1ente y solo sirve para desorientar al investigador.
En este segundo libro faltan las partidas de los meses de 1·ulio a dia" b
·c1 ·, d l7
. . .
emre,
m us1-.e, e 6 8 y de enero a Jumo, mclusive, de 1679.
Los folios, en general, están numerados del 24 hasta el último,
·
que es el
144. Los anteriores tienen consumidas las esquinas.
En este libr~, lo mismo que en el anterior, los primeros folios están destroza?os_ ~ cambiados de su lugar. Las primeras partidas que aparecen son de
pnnopios del a~o 1680, pero difícilmente se pueden consultar por encontrarse ~uy det,enora~as. El segundo folio debe ir al principio, pues contiene
las partidas mas antiguas, que son de julio de 1679. El tercer folio está mal
~olocado, ya q~e es de feb:ero y marzo de 1682. Los tres folios siguientes conbenen las partidas de mediados y fines de 1680, completas y en orden.

1:.t

tes
c~atro folios en ,que aparecen las partidas de bautismo corresponclien.
. ano de 1682, están mal colocados en este libro 2: el cuarto folio debe
~ pnmero, el tercero debe ir enseguida en segundo lugar, el segundo folio debe
tr en tercer lugar Y el primero debe ser el cuarto y último que es donde aparecen las últimas partidas de 1682 y las primeras de 1683. Pero antes de
estos _cu~~o folios debe ir el que ya mencioné, que se encuentra mal colocado
al pnnap10 de este libro.
d Los dieciocho folios siguientes, del 24 al 42, que comprenden los bautismos
escle el 22 de febrero de 1683 hasta el 19 de agosto de 1685 están e
_
dernad
¡
,
,
ncua
os a reves, aunque en correcto orden cronológico, excepto el 38 y el
~qu: ~e encuentran mal colocados, quiero decir que empiezan a ]a vuelta
paginas está~ foliadas, menos las cuatro últimas. Hago notar que entr~
:tas fal~a un folio. Aunque el folio 39 no tiene número y está destruida Ja
tad, sm embargo se encuentra en su sitio ; es imposible consultar tres de

380

381

�las partidas. Por fin, del folio 43 al 144, que es el último del libro, están foliadas casi todas las páginas, menos los folios 63, 65 y 109, que no tienen
número por estar destruidas las esquinas del margen superior derecho, aunque
se encuentran en su lugar.
Entre los folios 86 y 87 hay dos folios sin número. El segundo es el 88, aunque está mal colocado y empieza a la vuelta, con la partida fechada el 10 de
enero de 1693; el primero es el folio 90 y también está mal colocado, ya que
empieza a la vuelta. El folio 89 se encuentra más adelante, sin numerar, en
medio de los folios 108 y 109.
En este segundo libro de bautismos faltan los folios 128, 129 y 130, que
correspondían al mes de enero de 1701. La mitad de los folios 138 vuelta y
139 están en blanco. El libro termina en el folio 144 vuelta, como he dicho,
siendo la última partida la que está fechada el 19 de diciembre de 1702.
En este segundo libro aparecen, indistintamente, además de los criollos,
mestizos y mulatos, los bautizos de muchos indios tlaxcaltecas, "coyotes" (hijos
de barcinos y mulatas), negros y esclavos. Hay un "morisco" (hijo de mulato
y española) y un "lobo" (hijo de 'salta atrás' y mulata).

CURAS Y TENIENTES

Desde el principio del libro 2, en julio de 1679, todas las partidas llevan
el elegante autógrafo del licenciado Joseph Guaxardo hasta mediados del año
1687, en que hay algunas partidas firmadas por el P. Marías del Castillo,
"como theniente qe soy desta feligressia ..." De ahí en adelante las firmas
del licenciado Guajardo aparecen intercaladas con otras hasta octubre de
1701, en que rubricó por última vez una fe de bautismo. 8 En efecto, desde
mediados de 1688 hasta septíembre de 1689 aparecen varias partidas firmadas por el P. Cristóbal de Estrada Bocanegra. Luego, a partir de julio de
1691 hasta enero de 1701, hay muchas más que tienen el autógrafo del Ba• El licenciado José Guajardo, hijo legítimo de don Juan Martínez Guajardo y doña
Isabel Flores, vecinos prominentes que fueron de la villa de Santiago del SaltiUo,
test6 en Monterrey el 22 de diciembre de 1703, "como a las onze de la noche", ante
el Sargento 'Mayor Pedro Guajardo, Alcalde Ordinario de esta ciudad y Justicia Mayor
-del Nuevo Reino de León. Su testamento se encuentra en el Archivo dd Ayuntamiento
regiomontano; Protocolo de Instrumentos Públicos, volumen 7, años 1700-1704, folio
214 vuelta y siguientes.
Al licenciado José Guajardo, "cura que fue deste Reino", se le dio cristiana sepultura
en la Iglesia de Nuestro Padre San Francisco de Monterrey el 25 de diciembre de 1703
y "recibi6 todos los sacramentos... " (Libro 2 de entierros, años 1692-1717, folio 26.
Archivo Parroquial de Catedral).

382

dúller Lorenzo Pérez de León, "como theniente de cura desta ciud ...", quien
desde marzo de 1697 también firmó así: 13' Leon. A principios de julio del
mismo año 1697 aparece por primera vez la firma del doctor José Guajardo,
homónimo del licenciado, quien también firmaba así:. D.º' D. 0 Joseph Martfnez Guaxardo. Por último, a partir del año 1701, las partidas de bautismo
se encuentran firmadas, sucesivamente, por Jos curas Buenaventura Méndez
1'ovar, Domingo Guerra, el dicho licenciado José Guajardo y Gerónimo López
Prieto.

IlA UTISMOS CON LICENCIA

Otros que aparecen en este libro 2, que impartieron el bautismo con licencia, fueron: el licenciado Francisco de la Calancha y Valenzuela, el bachiller José Moreno, Fray Diego de Evia, Fray Nicolás Recio de León, Fray
Francisco Guadiana, el bachiller Nicolás Guajardo, el licenciado Juan Bautista de Cepeda, el licenciado Francisco de Meneses, Fray Tomás Veliz, Fray
Pedro de los Santos, Fray Juan de Ortega, el Guardián del convento franciscano de Monterrey Fray Luis Camacbo, el P. Ministro Fray Juan de San
Martín, Fray Francisco Llaveros o Llevero (aparece escrito en las dos formas)
el P. Ministro Fray Juan de San Martín y Bértiz (seguramente es el mism~
ya citado) y el P. Lector Fray Miguel (así dice). A un niño "le echó el agua el
P. Fra~ Luis Guaxardo en caso de necesidad ... " y a otro, por igual motivo,
el hach,ller Juan Antonio Jiménez.

Están registrados más de 900 bautizos sin numerar. Estos bautizos se efectuaron en la parroquia de esta ciudad (hoy Catedral) y en las capillas de
las antiguas haciendas~ ya citadas, de San Francisco (Apodaca), del Capitán
Juan Cavazos (Santo Domingo) y de la Pesqueria (villa de García). También
en_ e! real Y minas de las Salinas y en las capillas de algunas haciendas, que
eXIs~eron en los valles del Carrizal (hoy Marín), de Pesquería Chica, del
GuaJuco ~villa de Santiago) y uno en San Pedro (Garza García). Hay anotados _vanos que se hicieron en las haciendas de San Diego y del Capitán
Antoruo Cavazos y uno en la del Capitán José de Ayala (El Topo).

TLAXCALTECAS

~fuchos otros bautizos se efectuaron en Ja iglesia del Pueblo de Nuestra
Senara de San Juan de Tlaxcala, que aparece nombrado de diversas maneras:
San Juan de TJaxcala del Carrizal, Tlaxcala del Carrizal y Pueblo de Tiax-

383

�cala. Por cierto, entre los indios tlaxcaltecas de este puebl~ había, algunos que
llevaban apellidos castellanos, tales como García, Gonz~lez, Per~ R~mos,
R · Sánchez etc. y que dejaron numerosa descendencia. En la 1gles1a de
utz,
•
'
· G
dicho
pueblo que,
según
el doctor don José Eleuteno
, onza'Iez, f ue .f undado
por el Gobernador del Nuevo Reino de Le6n Marques d_e San M1g~el de
Agu;;Lyo, recibieron el santo sacramento del bautismo, por igual, lo~ lu1os de
los pobladores tlaxcaltecas y los vástagos de los conquistadores criollos. En
este libro quedaron inscritas, junto a la fe de bautismo del tlaxcalteca la del
"español", sin que nada las distinga a las unas de las otras.

l. El Capitán Antonio García de Sosa, bautizado el 6 de junio de 1680,
quien fue Alcalde Mayor y Capitán a Guerra de la viJla de San Felipe de
Linares, Procurador General del Ayuntamiento regiomontano en 1711 y Alcalde Ordinario de esta ciudad de Monterrey en 1714 y 1720.
2. El bachiller Santiago García Guerra, bautizado el 2 de agosto de 1683,

fue cura vicario y juez eclesiástico de la villa de San Felipe de Linares.
3. El Capitán Pedro García Guerra, bautizado el 29 de febrero de 1689,
fue Alcalde Ordinario de Monterrey en 1730 y Alcalde Mayor de la susodicha
villa de Linares.

ALGUNAS PARTIDAS DE BAUTISMO INTERESANTES
PRoou&amp;ADORES

En una fe de bautismo fechada el 27 de mayo de 1680 aparece como P~·
drino el Capitán Diego Ramón, benemérito conquistador y poblador de Coahw•
la y Texas.
de
En el folio 25 vuelta se encuentra un importante documento: la fe_,
bautismo (31 de mayo de 1683) del P. Ignacio de Treviñ~:. de la Comparua
del General Francisco Báez
de lTrevmo
Y. de, su esposa
d e J esús, hiJ"o leuítimo
o·
. ,
.
doña Catalina de Maya y Treviño, que fue qmzas e p~er JCStuta nuevcr
1 ' L partida va como apéndice al final de este trabaJo.
eones. a
d • li d 1684
En el folio 33 vuelta, en un bautismo celebrado el 23 e JU o e .
en
la capilla del valle de las Salinas, aparece como padrino el Gen_eral Diego de
Villarreal, que fue uno de los primeros nuevole~neses que obtuV1eron este alto
grado militar en los reales ejércitos de Su Majestad. . . ,
.
En la fe de bautismo de Gregoria, hija legítima del Capltan Ignacio Guerra
y de su segunda esposa doña Catalina Femán~ez, fechad~ el ~8 de 1:1ª~zo ~
1690, eJ cura licenciado José Guajardo anoto entre parente:1s 1~ s1gu1e?te.
"y fue Ja que estrenó la pila bautismal que está en el bautlsteno de dicha
iglesia (parroquial) ... " (Folio 73 vuelta).
Otra fe de bautismo notable (3 de marzo de 1698) es la de doña Maria
Margarita Buentello de Morales, hija legitima del Capitán Pedro Botello Y
doña Josefa González. Doña María Margarita, "que nació. a quince_ de
brero de dicho año", iue la esposa del Escribano Real Fran~1sco de Mier_ N"
riega, "hombre de noble esplendor y natural de los Remos de Castilla ,
fundador del apellido Mier en Nuevo León.

f:

Los bautizos de tres destacados nuevoleoneses aparecen en este libro. Fueron
hijos legítimos del Capitán Pedro García, también nombrado _don Ped_r? :
Sosa O don Pedro García de Sosa, y doña Elena Guerra, a qwen tambten
conoció con el nombre de doña Elena de la Garza:

384

El Alférez José Antonio de la Serna, bautizado el 28 de enero de 1680 e
hijo legítimo de José de la Serna y María BoteJlo, fue Procurador General del
Ayuntamiento de Monterrey en 1717.
El Alférez Nicolás Lozano, hijo legítimo del Capitán Pedro Lozano y doña
Mariana de la Garza, bautizado el 10 de octubre de 1680, también fue Procurador General del Ayuntamiento reinero en 1723.

.El Capitán Lucas González Hidalgo, hijo legítimo de otro Capitán Lucas
González Hidalgo y doña Micaela García de Avila, bautizado el 25 de junio
de 1684, fue asimismo Procurador de esta ciudad en 1724.
Por último, en el folio 77, al margen, aparece anotado el bautismo ( 16 de
enero de 1691) del Alférez Real José Félix de Almandoz, hijo legítimo del
Alférez Real Pedro de Almandoz y doña Isabel de Treviño, quien fue Procurador del Ayuntamiento reinero en el año 1713.

APELLIDOS

En este libro 2 aparecen los bautizos de los primeros nuevoleoneses que
llevaron los apellidos Ballesteros, Elizondo, Guajardo, Iglesias, Quiroga, Sáenz,
S~lazar, Santos, Tamez, Torres, Vallejo y Zambrano. También aparecen registrados los bautizos de algunos nietos y bisnietos de antiguos conquistadores
del _Nuevo Reino de León que vivieron en la villa de Cerralvo (Aldape, BeDaVldes, Botello, BuenteUo, Hinojosa, Sepúlveda, etc.).

385
825

�EVOLUCIÓN DE ALGUNOS APELLIDOS

En este mismo libro se aprecia la transformación de algunos apellidos que

eran compuestos en su origen (Báez de Benavides, Caballero de los Olivos,
Femández de Tijerina, Flores de Abrego y Flores de Valdés, García de Quintanilla y González de Quintanilla, García de Sepúlveda, Gutiérrez de Castro y
Gutiérrez de Lara, Pérez de Escamilla) y que adquieren, desde la segunda
mitad del siglo XVII, su forma actual: Benavides, Caballero, Tijerina, Flores,
Quintanilla, Sepúlveda, Gutiérrez y Escamilla.

AUTOS DE VISITA Y EDICTOS

A fines de diciembre de 1681 hay un extenso "auto de visita" del Obispo
de Guadalajara don Juan de Santiago de León Garabito. Este prelado "estando en su actual y general visita", ordenó que "se ponga razón clara en
todas las partidas (de bautismo) expresando en ellas de cuántos días es nacido
el que se bautiza ..." Así se adelantó la Iglesia casi dos siglos al registro civil
de nacimientos. 9
Este Obispo, al visitar "lo material de la dicha iglesia parroquial", seguramente que tuvo una desagradable impresión, ya que encontró "estar maltratado el techo de ella, la sacristía por techar y el bautisterio...", en vista de
lo cual mandó que "se teche de nuevo la dicha iglesia y la sacristía de ella y
el bautisterio y se acabe la torre que está comenzada y en el dicho bautisterio se ponga la pila bautismal para que esté con toda decencia..." Los datoS
documentales más antiguos que se conocen sobre el primitivo templo parro•
quial, son éstos que aparecen en los autos de visita de 1673 y 1681. Estas noticias inéditas de la antigua parroquia, hoy Catedral, se publican ahora por
primera vez.
En el mismo auto de visita de 1681 se encuentra la raz6n de que ningún
bautizo, efectuado en el Convento de San Francisco de Monterrey, se halla
asentado en este libro: porque en dicho Convento era en "donde se admi•
nistra tan solamente a los indios (naturales) ..." El textq completo de la
importante disposición del Obispo Garabito, que aclara este asunto, es el
siguiente: "Item, mandó Su Señoría Ilustrísima que en la iglesia parroquial
del señor San Andrés, que está a cargo de los religiosos del señor San Fran-

cisco. de (Monterrey),
donde . se administra tan solamente a Jos m
• dº10s, no se
_
bauttcen
espanoles
(
o
sea
cnollos)
mulatos
mestiz·
os
·
·
di
'
.
.
,
,
ru m os na bonos,
y
s1 alguna vez sucediere hacerse, sea no sólo con licencia del cura beneficiado
.
.
'
a quien pert~necen, smo con su asistencia personal O de su teniente, asentán~olo e~ .los libros d;. la administración de la parroquia de esta ciudad, lo cual
SJ se .hiciere sea ransrmas
· que cada uno se
. veces y con urgentísun· a causa, smo
baubce en su parroquia como debe".
El Obispo Garabito confirmó en la iglesia parroquial de Monterrey a 576
personas "de. t~as ~~acles y calidades", o sea "trescientas y ocho pertenecientes a la a~istrac1on d_el cura beneficiado secular y los doscientos y sesenta
y (ocho) mdios pertenecientes a la administración del cura doctrinero regula r,
l li
que constan por e bro en que se escribe".
En los folios 28 a 29 vuelta aparece, en testimonio, un edicto del mismo
prelado,. e&gt;..-pedido. en la c~udad de Guadalajara el 19 de octubre de 1683.
Otro edicto
·
. . del citado Ob!Spo, dado en la misma ci"udad d e Gua da la1ara
e¡
30 de diciembre de 1683, se encuentra en los folios 35 vuelta y 36.
.En los folios 103 vuelta a 106 se asentó un "Edicto General de Visita Pública de este Obispado" del Obispo de Guadalajara Fray Felipe Galindo o p
fechado en esa ciudad el 31 de octubre de 1696. En los folios 106 y 106 vu~lt~
hay un "d~pacho" del mismo benemérito prelado, expedido en la villa de
!anta ~ana d~ l~s Lagos (hoy Lagos de Moreno) el 3 de diciembre del
cho. ano. Por últuno, en el folio 107 aparece un brevísimo auto de visita del
mencionado Obispo, fechado en Monterrey en enero de 1697.

INDICE

Aunque en este archivo hay un "Indice de Bautismos de los - d 1668
a 1717" h
anos e
. , echo a máquina, lo cierto es que el c,Jtálogo no llega sino hasta
mediados de 1688 y en él está registrada una partida del año 1667.
(Breve Reseña del Archivo Parroquial de la Catedral de Monterrey).

• A partir de esta disposición del Obispo Garabito se asentó en las partidas de bau•
tismo, además de la fecha de bautizo, el día del nacimiento en la siguiente forma:
"que nació a doze de dicho mes y año ... "

386

387

�APENDICE I

Los nueve bautismos del año 1667
NOMBRE

1. . . .

PADRES

FECHA

Nicolás Cabrera

Principios de
noviembre
1O de noviembre
1O de noviembr •

y (Teresa Fernández)

2. Juan
3. Ana

4. Maria
5....

6.

Juan*

7. Juan
8. Juana
9. Bemabé

Hijo de la I lesia
(Juan) de la Garza y
Agustina de Be ( lmar)
Gregorio Fernánd z
y ( Ana Correa)
( Hija de ) la Iglesia
Nicolás Cantú y
~icaela Martínez
Diego Rodríguez de
Montcmayor e Iné de la Garza
(Hija) de la Iglesia
Bemabé .. .
e Isabel de la Garza

HO, IBRES DE UEVO LEÓN Y COAHUILA EN LA DEFENSA DE
Pt:EBLA Y PRISIONERO. E FRANCIA EN 1863

13 de noviembre
FRANCISCO

13 de novirmbre

R.

ALMADA

Chihuahua, Chih.

20 de noviembre
29 de noviembre

LA

4 de diciembre
29 de dici ·robre

la guerra de independencia )' arudiz.ada por la serie de convulsiones que
se sucedieron hasta la Guerra de Tres Años, determinó al Congreso de la
Unión a expedir la ley de 17 de julio de 1861, que su pendió los pagos de

Notar Lo qu~ ,·a l'nlrc paréntr.su l's lo que falta en las partidas, por estar muy drte. rioradas v que he: podido completar con otras investigacione~. Lo~ puntos 1u1•
1
pensivo, índir.an que el folio est6. destruido, siéndome imposible llrnar ria
laguna.
• No está claro si el nombrr. es Juan o Juana.

APENDJCE 11

srruACrÓN DEL ERARJO CENERAL,

venida a menos progresivamente desde

la deuda exterior mexicana por el término de dos años.
España, Inglaterra y Francia fueron los pruscs principalmente afectados
por la medida legislativa anterior y sus respectivos gobierno nombraron representantes diplomáticos que se reunieron en la Ciudad de Londres para
deliberar sobre el particular y acordar la medidas coercitivas que más convinieran a sus interes . Como resultado de estas deliberaciones se firmó la
Convención de 31 de octubre del mi mo año, por la que resolvieron ejercer una acción conjunta sobre el gobierno mexicano para obligarlo a cumplir con su~ compromisos económicos.

A pesar d que el mismo Congreso de la Unión derogó cuatro me es desFe de Bautismo del P. Ignacio de Treviño,

. J.

Al margen: Ygnacio Mi~el español
_
En treinta y uno de Mayo de mil y seiscientos y oche~ta y t7res ~os ~o la
Parrochial de e ta ciudad Baptize y puse los santos ohos a \ gnac10 M11;Uel
spañol que nacio a ocho d dho (dicho) m . hijo de fran. 00_ tremiño vaes _Y
de Catalina de Maya. fueron sus Padrinos el alferez Antonio Gonzal~~ hidalgo y Juana d Maya su muger a quienes adverti el parentesco pmt.~al
y la obligacion que tenían de enseñar la doctrina "'-pña ( cristiana ) a su a1Ja•
do=y para que conste lo finne ut supra=
Joseph Guaxardo
388

pués el mencionado decreto. en el me de diciembre desembarcaron fuerzas
españolas en el puerto de Veracruz, que previam nte había sido desalojado
por el general Ignacio de la Llave, obedeciendo instrucciones de la Secretaría de Guerra y Marina. Pocos días después desembarcaron igualmente tropas inglesas y francesas, constituyendo estos hechos la iniciación de la guena de Intervención Francesa y el Imperio, que duró cinco años, . eis meses y

trece días.

La acción armada que ejecutaban las tres potencias asociadas en conlra de
nuestra patria debe estimarse, justamente por lo que toca a cada una de las
signatarias de la Convención de Londres en la fonna que a continuación se

expresa:

E paña reclamaba el pago de las cantidades que se le adeudaban por nues389

�tro gobierno, una indemnización por los asesinatos de varios súbditos españoles
en Cuemavaca y Chiconcoac y el cumplimiento del Tratado Mon-Almonte,
ajustado durante la administración conservadora del general Miguel Miramón; pero su gobierno acariciaba además la ilusión de colocar a un príncipe
de la casa de Borb6n en el trono de México, dentro de la intriga monarquista que se venía gestando desde la última dictadura del general Antonio López de Santa Anna.
Inglaterra cobraba los abonos vencidos de la deuda inglesa. Se confonnaba con que le pagaran principal, intereses, réditos de réditos y más réditos y
pretendía que se respetara la impunidad de los contrabandistas ingleses, marinos y comerciantes, que operaban en los puertos de ambos litorales, apoyados
por sus respectivos cónsules.
Francia reclamaba el pago de la deuda francesa, que era la de menor cuantía; pero el emperador Napoleón III, que era el principal actor de la intriga
intervencionista, proyectaba fundar en México una monarquía aliada a fin de
establecer sólidamente su influencia sobre nuestro país, colonizar el Estado de
Sonora convirtiéndolo en una colonia o protectorado francés, poner sus minas
en estado de ex-plotación y extender las redes del comercio marítimo hasta el
Oceáno Pacifico.
Sin descubrir abiertamente su juego sobre la ocupación del noroeste de México antes de llegar a las vías de hecho, tuvo de aliados a un grupo de conservadores y elementos del clero católico, mexicanos, expatriados unos y desterrados otros después del triunfo del partido liberal a fines de 1860, que se sumaron a la aventura bonapartista quizá sin conocer el verdadero fondo de ella.
Estos últimos, que habían ido en actitud suplicante ante las cortes europeas
pidiendo un rey para su patria, se conformaban con que se estableciera en México un gobierno monárquico de acuerdo con su ideología y la consecuente restauración de fueros, privilegios, prerrogativas y tribunales especiales que los habían favorecido sobre las demás clases de la sociedad mexicana desde la época
de la colonia y de los que habían sido despojados por la Constitución Federal
de 1857 y las Leyes de Reforma que establecieron la igualdad de todos los ciudadanos ante la ley.
La intriga francesa que se venía desarrollando hacía varios lustros en contra
de nuestra patria, tuvo el origen que en seguida se relata y diversas manifestaciones anteriores a 1861 en que se firmó la Convención de Londres, pasivas o
violentas, que deben resumirse así:
La facilidad con que el gobierno mexicano, a causa de su debilidad, sopartó
en 1838 el bloqueo de los puertos del Golfo de México, el bombardeo de Vera•
cruz y la exigencia de pagar a Francia la indemnización que quiso para poner
término a la injusta guerra de los pasteles, hizo que el gobierno del rey Luis

390

Felipe concibiera el proyecto de colonizar el noroeste de México, al sur de las
posesiones rusas, inglesas y americanas, y extender su influencia política y económica hasta aquellas apartadas regiones.
El primer ministro francés, mariscal SouJt, a fines de 1839 nombró a Mr,
Jufret de Mofras, perteneciente al personal de la ~bajada en Madrid, para
que se trasladara a México en misión secreta para tomar los informes indispen-·
sables encaminados a las finalidades apuntadas con anterioridad, examinar la
importancia y las condiciones de las costas mexicanas en el Océano Pacifico, al
norte del Golfo de California, y las ventajas y facilidades para la fundación de
establecimientos franceses en dicha zona, a fin de intensificar su comercio exterior, extender las lineas marítimas necesarias a este objeto y llevar sus productos manufacturados hasta Japón y China con apoyo en las nuevas bases.
Mofras terminó sus investigaciones, regresó a Francia y en el año de 1844 se
publicaron sus puntos de vista, favorables en todo al proyecto que había concebido su gobierno.
La correspondencia diplomática del ministro de México en Londres, Dr. José
María Luis Mora, correspondiente a los años inmediatos posteriores a la misión
de Mr. Mofras, informan sobre la antipatía de Francia hacia el gobierno mexicano, el propósito de contrarrestar la influencia inglesa en nuestro país y el
proyecto de establecer una monarquía aliada como base de sus acciones futuras.
. La guerra entre México y los Estados Unidos de América, originada por la
incorporación de Texas a la Unión Americana, que culminó con el Tratado de
Guadalupe Hidalgo que, además de Texas, nos arrebató California Nuevo
México, Arizona y la Apachería, y la caída de Luis Felipe del trono fr~cés en
1~ mismos días, modificaron los planes anteriores y Luis Napoleón Bonapartc,
P:llllero como Presidente de la República y después como emperador de Francia, heredó Y reanudó la intriga mencionada, enfocando su acción en contra de
Sonora y Baja California.
~n 1849 el gobierno del Estado de Sonora otorgó concesión a un grupo de
e~grados fr~n~es procedentes de Alta California, encabezados por Carlos
Prmday Y OliVIer de Lachapelle, para colonizar las tierras del viejo pueblo
de Cocóspera, Distrito de Magdalena.
Por. la misma época ocurrió el robo del expediente de las antiguas minas
de Anzona, substraído del archivo de la Secci6n de Fomento de la Secretaría. ?e Gobernación por dos empleados infieles, que dio origen a la organizacion de la empresa denominada "Compañía Restauradora de las Minas de
Arizona"
· · al acc1orusta
· ·
. , que tuvo d e pnncrp
al tenebroso judío suizo Juan
Bauti~ta Jecker. Estas minas estaban rodeadas de una aureola de leyenda
pareada a la de los placeres de California y a las minas de plata del Potosí
como consecuencia de su intervención por las autoridades españolas en el
segundo tercio del siglo XVIII, de su abandono poco después a causa del

391

�peHgro de los apaches y de la organización de varias expediciones armadas
sucesivas en la primera mitad del siglo XIX, para localizarlas y volverlas a
explotar.
Muy poco después de su constitución la "Compañía Restauradora" logró
obtener una concesión de parte de la Legislatura de Sonora para ocupar y
explotar todas las vetas, mantos y criaderos minerales que se localizaran entre
el paralelo 30º de latitud Norte y el río Gila que señalaba entonces el limite
septentrional de aquella entidad. Un verdadero monopolio minero.
Casi al mismo tiempo, en abril de 1850, la Legislatura de Chihuahua otorgó otra concesión al súbdito francés Hipólito Pasquier de Doumartin para
construir y explotar un ferrocarril que partiendo de la frontera chihuahuense
con los Estados· Unidos. fuera a terminar al puerto de Guaymas.
Ambas concesiones fueron declaradas nulas y sin ningún valor por el Gobierno de la Federación en virtud de que ninguno de los dos negocios era de
jurisdicción local y las Legislaturas habían obrado fuera de la esfera de sus
facultades legales.
La "Compañía Restauradora de las Minas de Arizona" logró obtener nueva concesión del Gobierno Federal, para localizar y explotar, de acuerdo con
las Ordenanzas de .Minería, las viejas minas de A.rizona. Al mismo tiempo se
le autorizó para que pudiera armar un núcleo de ciento cincuenta hombres
para atender a la defensa de sus intereses y empleados, a causa del peljgro que
existía de parte de los apaches y comanches.
La Compañía tuvo buen cuidado de interesar como accionistas a Mr. Andrés de Lauvcusser, Ministro de Francia en México, y al Lic. José de Aguilar,
Gobernador del Estado de Sonora. Este renunci6 abierta y claramente sus
acciones en cuanto oli6 los propósitos siniestros de Jecker y sus socios.
Los directores de la empresa contrataron al Conde Gast6n Raousset de
Boulbon, aventurero francés radicado en California, para que organizara el
cuerpo de ciento cincuenta soldados armados que se le habia autorizado, pe·
ro en lugar de este número, se presentó en el puerto de Guaymas con trescientos extranjeros, en su mayoría franceses procedentes de San Francisco. Desde
que el turbulento Conde desembarcó en territorio mexicano comenzó a tener
rozamientos con las autoridades militares, a las que acabó por desobedecer. En
el pueblo de Sáric, Distrito de Altar, proclamó la independencia de Sonora,
tomó la Ciudad de Hermosillo por medio de las armas, poco después se vio
obligado a replegarse a San José de Guaymas, en donde los filibusteros fueron
obligados a capitular y regresaron a California por la vía marítima por donde
habían llegado.
A mediados de 1854 tuvo lugar la segunda invasión de los filibusteros f ranceses al Estado de Sonora, encabezados por el mismo Conde Raousset de Boul-

'392

bon, quienes fucrnn vencidos por las tropas mexicanas que comandaba el General José Maria Yáñez en el precitado puerto de Guaymas. El epílogo de
esta invasión fue el fusilamiento del Conde el 12 de agosto de dicho año. Con
.estos acontecimientos aumentó la fantasía legendaria de las minas de Arizona.
Dos años más tarde el Presidente de la República, General Ignacio Comonfort, otorgó una concesión al mismo judío Jecker para que deslindara los terrenos baldíos existentes en el Istmo de Tehuantepec y en el Estado de Sonora.
La presencia de una brigada de ingenieros extranjeros en esta última entidad,
por cuenta del concesionario, d.io origen a un conflicto internacional en virtud
de que el Gobernador del Estado, General Ignacio Pesqueira, obligó por medio
de la fuer✓.a a dichos ingenieros a salir de su jurisdicción.

La siguiente intromisión de elementos franceses la ejecutó el Teniente de
Navlo Víctor Le Coart de Kervegnen, que comandaba el buque L' Amiral y
-surcaba las aguas del Océano Pacifico. Por instrucciones del Ministerio de
Marina de su pais, con focha 17 de noviembre de 1858 levantó una acta a
bordo del mismo buque en la que "declaró y proclamó que desde ese día pertenecía la plena soberanía de la isla de Cliperton al Emperador de los franeeses, sus herederos y sucesores". Esta isla desde tiempos inmemoriales había
reconocido la soberanía de los Reyes de España y la de México a partir de la
.consumación de la independencia. En esta forma el gobierno francés dejó
orientada una punta de lanza en contra del Noroeste de nuestt·a patria.
El precitado Jecker en octubre de 1859 celebró un convenio leonino con el
gobierno conservador del General Miramón, por medio del cual se obligó a
entregar un millón cuatrocientos mil pesos en vestuario, equipo y dinero para
las tropas dependientes del mencionado Gobierno y, en cambio, recibió quince
millones de pesos en bonos de la Tesorería General de la Nación.
Triunfante el partido liberal a principios de 1861, el Presidente de la República, Lic. Benito J uárez, prevfo acuerdo aprobado por unanimidad en Consejo de Ministros declaró nulos los contratos y concesiones que había obtenido
Jecker, mencionados con anterioridad, y lo expulsó del país por extranjero pernicioso, con apoyo en los preceptos del Art. 33 de Ja Constitución Federal.
Este individuo se trasladó a Francia, asoció en sus negocios turbios al Duque
de Morny, medio hennano del Emperador Napoleón III, éste le otorgó carta
de ciudadanía como súbdito de aquella Nación y las reclamaciones de Jeckcr
en contra del Gobierno Mexicano fueron incluidas, por el Ministro francés en
México, Conde Dubois de Saligny, como renglones de la deuda de su pa1s.
Bajo los ante1 iores auspicios se inició la acción .intetvencionista europea en
.contra de nuestra patria, que había tenido de botafuego la ley de suspensión
,de pagos de la deuda exterior a que me referí antes.
El Congreso de la Unión invistió de facultades omnímodas al Presidente de

393

�Ja República a fin de que pudiera dictar cuantas medidas estimru:a ne~s.arias
para hacer frente a la situación y desde lu~~o ~s~e a~~rdó las providencias que
creyó oportunas para resistir aquella agres10n mJustificada.
.
El Gobierno Federal se apoyaba en aquella época en fuerzas armadas irregulares formadas por voluntarios, guardias nacionales y soldados forzados
cogidos de leva por los jefes liberales durante la Guen-a_ ~e Reforma, que
constituyeron lo que el General Santos Degollado denommo pomposamente
"Ejército Federal".
El General Jesús González Ortega, que había sucedido en el mando de
dicho ejército a Degollado, venció a las fuerzas cons_ervadoras del ,Ge~eral
Miramón en la batalla de Oalpulalpan, ocupó la capital de la Repubhca a
fines de diciembre de 1860 y el 27 del mismo expidió un decreto que dio de
baja al ejército permanente, por considerarlo eJ. principal_ responsable de los
desórdenes, cuartelazos y defecciones que se hab1an sucedido desde la cons~mación de la independencia y del cuartelazo de diciembre de 185 7 para abolir
la Constitución Federal.
Considerando que las tropas existentes eran insuficientes para hacer frente
a la ao-resión extranjera, el Presidente Jaárez expidió el decreto de 17 de
diciembre de 1861 que señaló el contingente de Guardia Nacional que los
Estados y Territorios debían poner a disposició~ de la Federació~ para que
participaran en la defensa naci~~al. En t~tal cmcuent: '! dos ~l ~1-~ados,
que deberían organizarse y rcrrutlrse a la cmdad de ~eXJco a dis~os1c1on de
la Secretada de Guerra y Marina. De éstos correspondieron dos mil hm~1bres
al Estado de Nuevo León y Coahuila que entonces fonnaban una sola entidad.
Confonne iban llegando estas fuerzas a su destino, eran despachadas a
la región oriental del país, en donde quedaron a las órdenes del General Ignacio Zaragoza, Jefe del "Cuerpo de Ejército de Oriente", que tenía su cuartel general en la ciudad de Puebla.
Algunas secciones de fuerzas conservadoras que quedaban en pie de lucha
en contra del Gobierno Nacional se ampararon bajo la sombra de la bandera francesa haciéndole el juego a los invasores. En cambio otros jefes como
Negrete, Be~vides, Manuel González, Salazar, Félix Díaz, Lama_drid Y Alatorre pertenecientes al antiguo ejército, se presentaron a las autondades constitucionales, acogiéndose a la ley de amnistía previamente expedida por_ el
Congreso de la Unión, a fin de tomar parte en la defensa contra el enenugo
extranjero.
Mientras se verificaban los preparativos de defensa a que me he referido,
el Ministro de Relaciones Exteriores, Lic. Manuel Doblado, marchó a entrevistarse con los representantes de las potencias invasoras aliadas. El resultado
de estas conferencias fueron unos convenios firmados el 19 de febrero de 1862

394

en el pueblo de La Soledad, Estado de Veracruz, conocidos con el nombre de
"Preliminares de La Soledad", por medio de los cuales los mencionados representantes se colocaban en el terreno de las negociaciones diplomáticas y
desistían del apremio de la fuerza armada en contra-de nuestro Gobierno. Este, a su vez, les permitió que estacionaran sus tropas en las ciudade,s de Córdoba, Orizaba y Tehuacán, a causa del vómito que azotaba a Veracruz y, en
caso de un rompimiento, se obligaban a que retrocedieran hasta el expresado
puerto.
Napoleón III desaprobó los convenios de La Soledad en una forma completamente injustificada, pues no tuvo ninguna razón moral o diplomática que
le sirviera de fundamento o de pretexto y confió a las annas la resolución de
sus asuntos pendientes con el Gobierno Mexicano, sin previa declaración de
guerra. Los representantes de Inglaterra y Espafia desaprobaron Ja conducta
falaz e indigna de los delegados franceses y se retiraron rumbo a Veracruz y
embarcaron sus tropas con destino a sus respectivos países, en espera de una
nueva oportunidad para hacer efectivas sus reclamaciones en contra de Mé.xico. En cambio los representantes del gobierno francés, Conde Saligny y
Almirante Jurien de la Graviere, atendiendo las instrucciones recibidas se
negaron a volver sas fuerzas a sus posiciones primitivas y emprendieron' el
avance sobre el interior del país.

AJ provocarse el rompimiento de la Convención de Londres como consecuencia del desconocimiento de los Preliminares de la Soledad por los franceses en abril de 1862, el Ministro de Relaciones Exteriores, Lic. Doblado, en
no~br: de nuestro Gobierno dirigió a los representantes de las tres potencias
la sigwente nota: " ... En cuanto a la incalificable conducta de los Señores
Comisarios del Emperador de los franceses, el Gobierno Mexicano se limita a
repetir en esta vez lo que ya en otras ha protestado: México hará justicia a
todos Y satisfará todas las pretensiones justas y fundadas en el derecho de
gentes, pero defenderá hasta el último extremo, su independencia y soberanía, Y sin aceptar jamás el papel de agresor que nunca ha tenido repelerá la
f~ei-za por la fuerza y defenderá, hasta derramar la última gota d: sangre mexicana, las dos grandes conquistas que eJ país ha hecho en el presente siglo: la
Independencia y la Reforma".
Las tropas invasoras francesas, bajo el mando del General Carlos Fernando
de La trille ( Conde Laurencez), prosiguieron la marcha sobre la ciudad de
P~ebla; se verificaron la escaramuza del fortín en donde el Coronel Félix
Díaz q
, lo
·
uemo s pruneros cartuchos en la guerra de Intervención Francesa y
el I
· J
mpeno, e combate parcial de las cumbres de Acultúngo y la batalla del
5 de mayo _de 186~, en la que el General Zaragoza, al frente de un cuerpo de
tropas meXJ.canas 1mprov:isadas, derrotó a los invasores en los cerros de Loreto
YGuadalupe de la ciudad de Puebla.
)

395.

�En esta memorable batalla, que encendió el entusiasmo nacional de uno a
otro coniín de la República, tomaron parte los siguientes jefes y oficiales del
Estado de uevo León y Coahuila:
Coronel Lázaro Garza Ayala. ació en Monterrey el año de 1828, según
su expediente personal existente en el archivo de la Secretaría de la Defensa
acional, e hizo estudio profesionales de abogado. Causó alta en las filas
liberales el 4 de octubre de 1858 como Teniente de artillería; al iniciarse los
acontecimientos de la Intervención era Coronel y Jefe de Estado Mayor del
General Zaragoza, a cuyo lado estuvo en las acciones de Acultzingo y 5 de
mayo; después de la muerte de este jefe se le dio el mando del ler. Batallón
de San Luis Potosí, que fonnó parte de la II Brigada de la II División del
"Cuerpo de Ejército de Oriente" y tomó parte en la defensa de la plaza de
Puebla. Quedó prisionero de i,ierra, se fugó en Orizaba yendo a presentarse al
Gobierno, el 18 de junio de 1863 se le concedió el grado de General, volvi6
al Norte a luchar contra los franceses, obtuvo patente de General de Brigada
el lo. ele agosto de 1865 y militó en las fuerzas republicanas hasta la caída del
Imperio. Fue Gobernador de su Estado natal en 1869, 1871 y 1887, se le
concedió el retiro del ejército en 1899 y terminó sus días en Monterrey el 4
de mayo de 1913.
Mayor Adolfo Garza. Originario de Nuevo León, su expediente personal
no expresa edad ni lugar de nacimiento. Comenzó la carrera militar en las
tropas del General Juan Zuazua, en clase de cadete, ascendiendo progresivamente hasta Capitán en 1860; en la bataJla del 5 de mayo era Mayor del
cuerpo de "Carabineros a Caballo" que mandaba el Coronel Antonio Alvarez; en seguida causó alta en el Estado Mayor del General Zaragoza, a la
muerte de éste pasó a la escolta del Cuartel General asistiendo al sitio de
Puebla y quedó prisionero al rendirse la plaza. e fugó días después volviendo
a empuñar las armas contra los franceses, ascendió a Teniente Coronel el 12
de agosto de 1863, a Coronel el 25 de mayo de 1864, mandó el 7o. Batallón,
habiendo asistido a las acciones de Ledezma, sitio de Matamoros y Sat1ta
Gertruclis y se retiró del ejército con licencia absoluta el 31 de octubre de
1867. Fue muerto en duelo poco después por el Coronel Enrique Mejía.
Comandante Pedro Martínez. Nació en Galeana el año de 1835, causó alta
en las fuerzas liberales de su Estado a la edad de diecinueve años y alcanzó
el grado de Mayor durante la Guerra de Reforma. Se incorporó en 1862 al
Ejército de Oriente con una sección llamada "Cuerpo de Guías y Exploradores", formada por soldados nuevo leoneses y asistió a las funciones de armas
de Acultzingo, 5 de mayo y Orizaba. A fines de año cambió de nombre a su
ección y se llamó "Exploradores de Zaragoza", habiéndose dedicado a hostilizar los convoyes franceses, estuvo en el sitio de Puebla y quedó prisionero

396

al rendirse la plaza. Logró evadirse el 2 de junio, se le concedió el ascenso a
Teniente Coronel, se dirigió al Estado de Veracruz, en donde reorganizó su
cuerpo, y Luchó con los contraguerrilleros franceses de Dupin. Pasó a Ta.maulipas y Nuevo León, ascendió a Coronel el 16 de mayo de 1864, se incorporó
al Ejército del Norte que mandaba el Genera] Escobedo, participando en las
operaciones de éste hasta la caída del Imperio y se le expidió patente de General
de Brigada el 5 de septiembre de 1867. Dos afios después se pronunció en contra
del Gobierno Nacional en San Luis Potosí, participó igualmente en la rebelión de La Noria, amnistiándose después de la muerte de Juárez, y en 1876
defendió al Gobierno de Lerdo de Tejada Más tarde reingresó al ejército y
tuvo el mando de la 111 Zona de Gendarmería Fiscal hasta su fallecimiento
ocurrido en Monterrey el 16 de noviembre de 1891. Los oficiales subalternos
del ''Cuerpo de Guías" que asistieron a la batalla del 5 de mayo fueron :
Capitán Francisco Martínez, Teniente Teófilo Martínez y Antonio Dávila y
Subtenientes Fermín, Juan y Jesús Garza.
Mayor Tranquilino Cortés y Teniente Antonio de León pertenecientes al

Estado Mayor del General Zaragoza.
Mayor Ildefonso Serna miembro del Estado Mayor del cuartelmaestre del
ejército, General Ignacio Mejía.
Teniente Florentino Valencia, de la segunda compañía del batallón "Re-

forma" que comandaba el Teniente Coronel Modesto Arriola.
Teniente Pablo D. Mejía, agregado a la Plana Mayor del mismo batallón
"Reforma". Los datos de estos últimos cinco jefes y oficiales. figuran al final
de este resumen, por contarse entre los prisioneros deportados a Francia.

La derrota que sufrieron las tropas francesas en la plaza de Puebla hizo
abrir los ojos a Napoleón III, quien hasta entonces se dio cuenta de que el
pueblo mexicano y su Gobierno, subestimados injustamente, eran capaces de
d~fender la soberanía e independencia de la ación y que no era un paseo
triunfal el que habían emprendido dichas fuerzas, como le habían hecho entender sus ,ª1·1ados mexicanos.
·
· tan sencilla
· la empresa de conquista en
No v10
que se babia embarcado y .ma.I)dó grandes refuerzos militares para aplastar )os
obstáculos que se les presentaron en el camino de Veracruz a México.
Pero al mismo tiempo el Gobierno Nacional acumuló nuevos batallones de
G~a Nacional que llegaron a la capital de la República procedentes de
~ todos los estados de la Federación. El "Cuerpo de Ejército de Oriente"
~ reforzado, quedó a las órdenes del General Jesús González Ortega al ocurrir el deceso del General Zaragoza en septiembre del mismo año. El cadáver
fue conducido a México por una fuerza mandada por el Coronel Mariano
Escobedo Y depositado en el panteón de San Fernando. Lo acompañaron
tarnbién hasta su última morada tres militares de origen nuevoleonés que per-

397

�tenecían a u E tado Mayor: Coronel Garza Ayala, Mayor Cortés y Teniente
Valencia.
.
En el "Cuerpo de Ejército de Oriente" figuró el Coronel Mariano Ese':
bedo con el mando de la II Brigada de 1a II Di\'i ión, integrada por los siguientes cuerpo : 1er. Batallón de an Luis Potosí. Coronel Lázaro Garza
Ayala; ler. Batallón de Aguascalientcsl Coronel J . ús G6mez Portu?~ _Y ter.
Batallón de Chiapas, Coronel José Pancalcón Domínguez. En la D1v1.s16n de
CabalJería (O'Horan) del mismo Cuerpo de Ejército se contó u~a unidad de
esta arma llamado "Legión del ortc", bajo la jefatura del Teniente Coronel
Eusebio García, con un efectivo de tre jefe.~, dieciséis oficiales y ciento ochenta
individuos de la clase de tropa. Con dependencia directa del cnartcl general el
escuadrón de "Exploradores de Zaragoza" mandado por el Comandante Pedro Martínez, con doce oficiales } etenta y nueve soldados. Estos dos cuerpos
procedían del Estado de ue,·o León y Coahuila.
Casi al mismo tiempo que el nuevo jefe militar francés, General Elías Federico Forey, asumió el mando de la tropas invaso~· fue~t~mente reforzadas,. se
constituvó en la ciudad de 1éxico una nueva umdad mthtar que se denomm6
"Cuerp~ de Ejército del Centro" bajo el comando del General Ignacio Comonfort. E te e había prc:-scntado rn el campo de la lucha al frente de la
"Di"isi6n del , 'ortc", constituida por Guardias Nacionales que procedían de
los Estados de Nuevo León y Coahuíla, Tamaulipas y an Luis Potosi.
En la I División de este Cuerpo de Ejército se contaron las siguientes corporaciones del primero de los tres Estado citados: ler. Regimiento de uevo
León y Coahuila, Coronel Julián Quíroga; ''Lanceros de ucvo Le6n y Coahuila" Comandante Piñón. 3er. Regimiento de "Riflero de uevo León Y
Coah~ila" Teniente Coronel 'icolás Gorostieta y "Regimiento Ligero de la
Frontera'', Coronel Francisco O. Arce. Además el 2o. Batallón de San Luis
Poto í, C;ronel Luis Legorr ta y "Lanceros del Río Bravo", Teniente Coronel
Juan N. Cortina.
.
Los seis cuerpos fueron abanderados el lo. de noviembre .de 1862 en_ los
llanos de la hacienda de La Conde a y figuraron como padrinos, respecuva•
mente: el Presidente Juárcz; el Ministro de Guerra y Marina, General Miguel Blanco; el • fini. tro de Hacienda, Lic. José Higinio úñcz, el_ D'.putado
Manuel ilicco, el Diputado Leandro Cuevas y el General Pedro HmoJosa,
Las operaciones militares de las tropas invasoras sobre la plaza de ~~e?la
se iniciaron el 16 de marzo de 1863, habiendo quedado el "Cuerpo de E1ei:1to
&lt;le Oriente" dentro del recinto fortificado y fuera, con el carácter de auxiliar,
el "Cuerpo d Ejército del Centro" que había i~o movido ~e su b~ inicial
A las ocho y media d la mañana el General Felip B. Bernozábal, Jefe de la
I División d I ler. Cuerpo, anunció por telégrafo de de el fuerte de Guada·
lupe que los franceses avanzaban sobre la plaza por el camino de Amozoc Y

doce minutos después un cañonazo anunció a los defensores que el enemigo
ataba a la vista. La tropa fonnó en batalla, el pabellón mexicano fue izado
&lt;:on los honores de ordenanza y e lanzaron vivas a México, al uprcmo Gobierno y al Ejército de Oriente. Había comenzado el sitio de Puebla.
A continuaci6n relato en forma somera la participación que tomaron en la
lucha, dentro y fuera de la plaa, los soldados pertenecientes a las fuerzas de
uevo León y Coahuila.

A partir del día 18 la a\'anzadas del "Cuerpo de Ejército d 1 Centro" se
tirotearon diariamente con los invasorc y el día 21 se registró la primera
baja, corre poncliente al cuerpo denominado "Rifleros de uevo Le6n y Coahuila", habiendo resultado muerto el ~oldado Pablo Ramirez, originario de
Montemorelos.

Se festejaba en la ciudad de México el cumpleaños del Lic. Benito Juárcz,
Presidente de la República, con una comida a la que asistían us principales
colaboradores y amigos, cuando el iinistro de Relaciones Exteriores y Gobernación, Lic. Juan Antonio de la Fuente recibió un tele~ma fechado en
San Antonio, firmado por el General Comonfort, que decia: "Parece que el
enemigo me ha percibido sobre las lomas y despliega una columna dr caballería
e infantería sobre nmotros. Se trata de un ligero combate con los "Rifleros de
ue-.·o León", el fuego se aviva y los nuestros avanzan sobre el enemigo. Este
hace también un empuje sobre ellos; d enemigo retrocede habiendo tenido
por nuestra parte un soldado muerto del 3er. Rc~mirnto y algunos heridos
de "Lanceros de uevo León". Sensible es la pérdida¡ pero más glorioso para
aquel a quien ha tocado la surrte de ser el primero en derramar u sangTe en
honor del mismo y de la independencia de la patria".
Se comentó ampliamente el caso de sobremesa, se pidió por la misma vía
el nombre de aquel heroc anónimo y ~e abrió una sub~ripción entre los
presentes, a favor de la familia de Ramí1 z, que arrojó la cantidad de $309.75
Y se situó al mismo General Cornonfort para que la hiciera llegar a su destino.
La esposa, que lo seguía con la abn gación propia de la soldadera mexicana,
había quedado desamparada con do. niños pequeños en el cuartel del cuerpo
a que pertenecía.
A la hora de los brindis el Ministro de la Fuente dijo, entre otras cosas:
". • .Brindo por la 1doria de ese soldado muerto, anuncio de otras mayores para
la patria ..•"

La musa del poeta popular Guillcnno Prieto improvisó lo iguicnte:
Brindo, señores por que alumbre un dla
en que di~a el francls que nos destroza,
en la tierra de ]uárez, Zaragoza
quebranl6 la e:rtranjera tiranla.

398
399

�Un brindis por la chinaca

que a los guapos de Crimea,
les ra.sque bien la salea
hasta que clal•en la estaca.
Que rl partido de Apodaca
comience a tener pavor,
por que al sentir t&gt;I calor
digan los pobres y ricos,
venciendo son buenos chicos,
mas de mala.s, mucho peor.
Brindemos de corazón
en patriótico concierto,
por ese soldado muerto:
"Riflero de Nuevo León"
El día sigwentc 22 de marzo, e verificó un combate parcial en las i~e•
diaciones del pueblo de Cholula entre las focr1.as d 'ucvo León y _Coahmla
mandadas por el Coronel Quiroga }' una columna francesa perteneciente a la
Brigada del G neral Mirando!. El parte del jefe mexicano expresa lo que
enseauida copio: " e me dio parte que en Cholula e encontraba _una fuena
en miga de cosa de cuatrocientos hombre~. En el acto y ~r yendo_ dich~ fuerza
de traidores, como se me había a egurado que eran, crei conve01e~te ir a reconocerla para evitar que a nuestra vi~ta se incorporara con los mvaso:es Y,
para este objeto, marché con mi fuel'ül para aquel ~u~to, en cuyas mm~diaciones se me echó encima una f ue17.a francesa de ISClentos caballos Y mil
infantes, mas como el punto en que se hallaba mi fuerza era un carri_I algo
estrecho y que no tenía más salida que al frente en que se encontraba nu fuerza, no pude menos que cargar haciendo retroceder al enemigo, que de pronto
se retiró, trabándose entonce un reñido combate ha ta el grado de re,•olveroo5t
mas considerando nuestra d ·entaja, tanto por el número iníerior de mi fuer•
za, que .se componía de cuatrociento caballos, como por el mal terreno que
ocupaba, me vi preci ado a hacer fuego en retirada. en la que por lo fatal ~e
mi5 caballos, tuve de pérdida veinte muertos. otros tantos pri-;ioneros y die•
ciséis heridos y la falta de un jefe y dos oficiales cuyo paradero se igno~a,
pudiendo asegurar que el enemigo sufrió mucho mayor número de baJas
entre muertos y heridos, habiéndole quitado doce caballos árabes".
Las bajas registradas por las tropas de Quiroga en el combate de Cholula
fueron las que a continuación se enumeran, entre las que füruran héroes des-

conocidos que perdieron la vida en defensa de la patria y de las instituciones
republicanas:
"Jcr. Regimiento de Nuevo Le6o y Coahuila". Muerto : Soldados Cannen
Villarreal, d El Carmen, Indalecio Martlnez, de . Villa García, Oionisio Ledezma de Monterr y, Antonio Ortiz, de {ina, Domingo Guerra, de Marín,
Demetrio Salinas, de Cadereyta, Jim~nez y Dolores Montes e Isabel Uribe, de
Montemorelos. Heridos: arg nto 2o. Gregorio Quir6s, Cabo Andr' Castañeda, soldados José María Recio: Mucio Villarreal, Crescencio García, Juan
Peña, Felipe Cárdenas, Gabriel Alan(s y Jesús olis, todos le ionado con bayoneta, excepto Castañeda que recibió un balazo y Peña varios golpes contusos.
Prisioneros: Cabo Ramón Villanucva y soldado Jesús Tijerina, Luis Cantú,
Francisco Avendaño, Pedro Castro, Antonio Rodríguez, Diego Ortiz, Victoriano Dávila, Rómulo Villalobos y Antonio Peña.
"Cuerpo de Lancero de 1 uevo Le6n y Coahuila". Muertos: Capitán Jesús
Gonzált&gt;z, Cabo Manuel Barragán, de an Luis Potosí y llC&gt;ldado Antonio Vega,
de Allende, MarceHno Sierra y Ascensión Palacio , de Montemorelos y Antonio
Cavazos, de Monterrey. Heridos: argento 1o. Patricio Barreda, argento 2o.
José María Almendáriz, Cabo Abundio Alonso con dos herida de arma blanca y un balazo y soldados Jesús Iluenrostro, Refugio Briseño, Antonio Hernández, Simón Gonz.i.lez y 'cmesio Martínez, lesionados con arma blanca
excepto Hemándcz que lo fue de un balazo. Prisioneros: Sargento los. Gregorio Verástegui y Julián Contreras, Cabo Pa cual Durón y soldados Victoriano y Félix Castillo.
"3t&gt;r. Regimiento de Rifleros de Nuevo León". Muerto: Teniente Luis SepúJveda. Heridos: Teniente Coronel i.colás Goro tieta ( pris.ion ro) y soldado Manuel Vázqucz.
"Regimiento de Lanceros de la Frontera". Heridos: Sargento 2o.
Sánchez y soldado Agu tín Castañeda, ambo con bayoneta.

fariano

El "Cuerpo de Ejército del Centro" formado por cuatro Divisiones mandadas por los generales Miguel M. Echeagaray, Angel Trías, Félix Vega y
Juan José de la Garza y varias secciones de cabaUería a las órdenes de los generales O'Horan, Aureliano Rivera, Rafael Cuéllar y otros jefes, que tenía
por misión principal proteger a la plaza de Puebla, sostuvo una serie de escaramuzas y combate parciales con los franceses y sus aliados.
El 6 de mayo fuerzas pertenecientes a la I División y a la caballería de
Rivera~ apoderaron de la linea avanzada del enemigo en Barranca Honda,
frente al cerro de la Cruz, distinguiéndose el ler. Regimiento de Quiroga y
Rivera que resultó herido.
El 8 siguiente, a la hora del alba, de diez n doce mil soldados franceses , auxiliares dirigidos por el General Francisco Aquiles Bazrune emprendieron el

400
4-01
H26

�ataque sobre las posiciones que ocupaban los republicano - en San Lorenzo,
pertenecientes a la misma División, con un total de 2,800 soldados y oc~~ cañones. Dos fuertes empujes hicieron lo invasores para escalar 13:5 ~1c1ones
contrarias, siendo &lt;'n ambos rechazad , y al fin lograron su O~Jet.J~·o en la
tercera carga. Acosados lo mexicanos por el frente y el flanco 12quierdo las
fuerzas beligerantes e re\'olvieron a la bayoneta trabando un com~ate f_uerte
y desigual en el que el número del enemigo se impuso sobr~ la r sislenc1a de
los nuc~tros. El Cuerpo de Rifleros de Nuevo León y Coahwla que cargó con
300 hombres, regresó con 22 y su bandera, perdiendo cl resto entre muertos,
heridos, prisioneros y dispersos; los coroneles Legorreta del 2o. Batallón de
San Luis Potosí, Montenegro del So. de Jalisco y 6stcnes Rocha del de ~pador cay ron pri ioneros a la cabe7.a de us respecti\'os soldados. Posesionados I~- franceses del cerro de San Lorenzo, coloca.ron allí su artillería y
lanzaron un vivo fuego sobre la I División, que se retiró en desorden )' comunicó é te a la II, haciendo imposible que ésta pudiera auxiliarla. El General Comonfon rehizo su línea en la Venta del Capulín, fue rota nue\'amente
y el "Cuerpo de Ejército del Centro" lu,·o que retirarse, quedando el campo
en poder de los invasores. Lo. nuestros perdieron 1,800 hombres entre muertos,
heridos, prisionero y dispersos y ocho cañones, habic~d~ llevado_ la p or parte
la J Brigada del Coronel Quiroga. Setenta jefes y of1CJales ~CXLCanos que_daron prisioneros egún la relación que formó el Coronel Luis Legorreta, Jefe
de ma}·or graduación, habiéndose contado entre ellos el Capitán. Feliciano
Guerra del 3er. Regimiento de uevo León y Coahuila y los subtementes To, ":
ribio Gómez y Luis González de "Lanceros de ue,·o L. eon
En la contestación que el Ministro de Guen-a y Manna dio al General Comonfort sobre el parte de la batalla de San Lorenzo, e e. ·presa: " ... El C.
Presidente de la República tiene, sin embargo, que congratularse del d~n_u_edo
manifestado en el combate por los ciudadano que componen la I Dl\'1s1ón,
como por el orden y la regularidad con que todo. el Cuerpo de Ejér~ito emprendió la retirada a la vista del enemigo, perscgwdo por él y conteniend? su
avance, dispuesto a continuar el combate si su contrario, orgulloso de su triunfo se empeñaba en derrotarlo ... "
1
La "Legión del orte" que mandaba el Teniente Coronel Eusebio García pennaneció dentro de la plaza de Puebla desde el 16 de marzo en que
el General Forey se presentó frente a ella, jniciando las operaciones, hasta ~
J3 de abril siguiente en que la División de Caballería rompió. el sitio para JJ'
a incorporarse al "Cuerpo de Ejército del Centro" por instrucc1one~ de_l C_uartel General. La causas que determinaron e ta medida fueron: dismm~1~ el
consumo de víveres y forraj dentro del recinto fortificado, ayudar a hosnhzar
a los sitiadore. y a los convoyes que les llegaban procedentes de Veracruz Y
cooperar con el General Comoofort en la tarea de auxiliar a la pl.a7.a.

El parte rendido por el Coronel Joaquín Téllez, jefe de la I Brigada de
la expresada División el 14 de abril, fechado en Santa Inés Zacatelco, e.xpresa lo que sigue: "El Teniente oronel Eusebio García, Comandante de
la Legión del orte, con esta fecha me dice lo siguiente: 'Participo a Ud.
que la noche del 13 del corriente, a la cabeza de mi cuerpo, logré romper la
linea enemiga sorprendiendo una avanzada de treinta y dos hombres pertenecientes al 810. de Línea que estaba ituado a inmediaciones de Santa Maña,
quedando en el campo tres muerto y en mi poder un prisionero llamado Peltier Juan Félix, quien ha declarado que pertenece a un batallón de seiscientas
plazas que esti situado a ocbociento metros del camino. Además recogí dos
rifles rayados'. Lo que tran cribo a Ud. manifestándol que la importancia
de este suceso no consiste en el número de prisioneros tomados al enemigo,
sino en la firmeza y decisión con que la Brigada que tengo el honor de mandar
marchó a paso de carga sin detenerse un solo momento, arrollando a un enemigo dispuesto a impedirle el paso y cuyo número y posiciones eran absolutamente desconocidas para nosotro . La justicia exige hacer público el buen
comportamiento de los ciudadanos jefes, oficiales y tropa que forman la I
Brigada y yo siento positiva satisfacción en manifestar a Ud. que la "Legión
del orte", "Lanceros de Toluca", "Carabineros de Oaxaca", ''Guerrilla González y González", "Guerrilla Esparza" e "Independientes de Puebla", cumplieron con su deber; ayudándome eficazmente a conservar el orden en la
marcha de la columna en el momento de mayor peligro el Coronel Mayor de
Ordenes, Remigio Yarza, quien lo mismo que el Teniente Coronel Eusebio
García, dio pruebas de serenidad e intrepidez". La División de Caballería tomó parte en las operaciones exteriores de Puebla hasta que ocurrió la derrota
del "Cuerpo de Ejército de] Centro" en la batalla de San Lorenzo.
Tanto la "Legi6n del Norte" como las fuerzas que formaban la Brigada
Quiroga se reconcentraron a México, y los restos de esta última fueron refundidos en el ler. Regimiento de Nuevo León y Coahuila y en la mencionada
' Legión, por instrucciones de la ecretaría de Guerra y Marina, a fin de que
el cuadro de jefes y oficiales de cada cuerpo, volvieran al Estado a reponer
sus ríectivos. El Bo/etin Oficial del Gobierno de uevo León objetó esta determinación y el General Miguel Blanco, titular de dicha Secretarla cuando
Je habían dado las expresadas órdenes, hizo las aclaraciones correspondientes.
De México los dos cuerpos reforzados se dirigieron a San Luis Potosí en cuanto
el Gobierno acional abandonó la capital de la República.

El escuadrón de "fu.-ploradores de Zaragoza'' desde fines de 1862 hasta principios de marzo de 1863 estuvo acuartelado en Tepeaca. Participó en la guerra
de guerrillas ho tilizando constantemente a los jnvasores, su avanzadas, escoltas Y convoyes y !e tiroteó en Tecamachalco, El Palmar, San alvador Seco,

402
403

�EJ Ingenio, Maltrata, Cañada de lxtapa, Chapulco, Quetcholac, Santa Maria
y Amozoc.
Cuando se cerró el sitio de Puebla el mencionado escuadr6n qued6 dentro
de la plaza y el General Francisco de P. Troncoso, en la página 132 de su
Diario del Sitio de Puebla, detalla así su participación en la defensa de la
Penitenciaría de San Javier tomada por los francese el 29 de marzo: " .. .La
Legión del Norte (Explorador de Zaragoza) que estaba en la Penitenciaria
con el Comandante Martínez (Pedro), los Capitanes Garza (Basilio) y Treviño (Ger6nimo) }' Teniente Naranjo (Francisco), se bate d esperadamente
y logra retirarse la mayor parte saltando el parapeto y perdiendo el tercio de
su gente; pero causando grandes bajas aJ enemigo con las buenas punterías
de sus hombres. U nos ocho soldados de esta Legión con el Capitán Gana, no
pudo retirarse con los demás, sale atrevidamente por la puerta que cubria la
luneta de la plazuela) atropellando a los soldados enemigos que aJll estaban.
Su salida fue tan violenta que no pudieron oponerse a su paso y lograron
escapar. Al día iguiente \'i al Teniente aranjo, quien tenía su sombrero con
dos agujero de bala y algunos rasgone en Ja blusa. Me elijo que no era el
único a quien le habían inutilizado su vestido".
Entre las bajas que tuvo "Exploradores de Zaragoza'' durante el sitio de
Puebla que pude verificar se contaron los soldados Jesús G6mez y Jesús Villanueva que re~ultaron heridos y el Subteniente Matías de la Cruz, argento
2o. Hermenegildo Fañas y soldados Dionisia Rosales y Antonio Mier que cayeron prisioneros en la toma de San Javier. Los tres últimos fueron filiados
como soldados forzados en las tropas aliadas de los invasores que comandaba
el Gen raJ Leonardo fárquez y el día 6 de abril siguiente se desertaron y
fueron a presentarse aJ General Comonfort en Ocotlán.
El agotamiento de las provisiones de boca y de guerra en la plaza de Puebla después de sesenta y dos días de sitio y la derrota del General Comonfort
en San Lorenzo que quitó toda posibilidad de recibir auxilios del exterior,
obligaron al General González Ortega a entregarla aJ jefe invasor el día 17
de mayo, sin capitular ni peclir garantías, después de haber inutilizado su
armamento y clavado sus cañones. Con este motivo dirigi6 al General Forey
la siguiente comunicación: " 'o siéndome posible seguir dcfendiendo esta pla·
za por la falta de municiones y de víveres he disuelto el ejército que estaba a
mis órdenes y roto su armamento, inclusive la artillería. Queda, pues, la plaza
a las órdenes de V. E. y puede mandarla ocupar tomando, si lo estima conveniente, las medidas que dicte la prudencia para evitar los males que traería
consigo una ocupación violenta, cuando ya no hay motivo para ello. El cuadro de Generales, Jefes y Oficiale de que se compone este ejército y 1ol
individuos que lo forman, se entregan prisionero de guerra. No puedo, Seó«
General, s guir defendiéndome; si pudiera, no dude V. E. que lo haría".

404

Todos los jefes militares, en todos los países del mundo, cuando se ven imposibilitados para continuar la lucha, buscan en la capitulación la garantía
de la vida y otras \'entajas propias de las circunstancias. S61o González Ortega se entregó a discreción de los franceses en mayo de 1863, sin capitular ni
pedir garantías.

El Congreso de la nión honró a los deíensores de la ciudad de Puebla
por medio del decreto que sigue: "Art. lo. El Ejército de Oriente, en la
defensa de Puebla de Zaragoza, ha merecido bien de la patria. Art. 2o. En
el sal6n de sesiones del Congreso de la Unión se colocará esta inscripción: 'A
los defensores de Puebla de Zaragoza en 1862 y 1863, el Congreso de Ja Unión'.
Art. 3o. Las familias de los que hayan fallecido o fallezcan en la presente lucha contra el enemigo extranjero, disfrutarán por pensión vitalicia el haber
integro que corresponda aJ grado inmediato superior respecto del que tenía
al morir la persona que representa, cualquiera que haya sido el grado de éste en
el ejército. Art. 4o. Igual grado se concede a los mutilados que se inutilicen para
el sen-icio o para sus ocupaciones ordinarias. Art. 5o. Quedan exentos de cualquier contribución directa personal, por toda la \·ida, los individuos que se
hallaban en Puebla de Zaragoza los días 24 y 25 de abril del presente año
defendiendo la ciudad con las armas o prestando algún servicio en eJ ejército.
Art. 6o. Este decreto se publicará por bando nacional en la capital de la
República y en los Estados".
Como resultado de la rendición de Puebla quedaron prisioneros de guerra
en poder de los franc
veinte y seis generales, trescientos seis jefes y ochocientos dos oficiales, con un total de mil ciento treinta y cuatro hombres. Faltaron entre ellos los generales 'egrete, Régulcs y Ghilardi y algunos jefes y
oficiales, quienes lograron ocultarse o fugarse, faltando al cumplimiento de
las órdenes del Cuartel General mexicano.
Entre los primeros figuraron los siguientes, que habían pertenecido al escuad_r6n "Exploradores de Zaragoza": Mayor Pedro Martínez, Capitanes Victonano Valle, Francisco Martínez y Francisco aranjo, Tenientes Florentino Valencia y Victoriano Gana y ubteniente Juan Gana. El Capitán Gerónimo
Treviño no figuró entre ellos en virtud de que se había salido con la caballería
el 13 de abril anterior.
. También se contaron entre el crecido número de prisioneros los jefes y oficiales. nuevoleoneses que siguen: Coronel Garza Ayala, Ma)'or Adolfo Garza,
ocho Jefes y oficiales que figuran al final de este resumen y el General Mariano
Escobedo, ascendido a este grado el 25 de abril de 1863 por su participación
en la defensa del fuerte de Santa Inés.
El General Escobedo nació en el pueblo de Galcana el 16 de enero de
1826 Y fueron sus padres don Manuel Escobedo y su esposa doña Rita de la

405

�Peña. Comenzó la carrera militar en 1846 para combatir a los americanos,
habiendo participado en las operaciones contra las tropas del General Taylor
en Nuevo León y Coahuila y ascendió hasta Teniente Coronel en la Guardia
Nacional de su Estado, habiendo luchado con los bárbaros, con partidas de
filibusteros texanos y con los defensores de la última dictadura del General
Santa Anna. Durante la Guerra de Reforma militó a las órdenes del General
Degollado, quien lo ascendió a Coronel, siendo confirmado su despacho por el
Presidente J uárez; cayó prisionero al rendirse Ja plaza de Puebla, se evadi6
días después volviendo a empuñar las armas para combatir a los invasores,
operó en Oaxaca subordinado al General Porfirio Díaz, regresó al Norte iniciando en febrero de 1865 la organización del "Cuerpo de Ejército del Norte",
ascendió a General de Brigada el 30 de noviembre y a Divisionario el 2 de
noviembre de 1866 y dio el golpe de muerte al Imperio en Qucrétaro el 15
de mayo de 1867. Tuvo el mando de la III División Militar, fue Gobernador
de su Estado natal y del de San Luis Potosí, defendió al Gobierno de Juárez
durante la rebelión de La Noria, al restablecerse el Senado fue electo para
ocupar un asiento por los Estados de Querétaro y San Luis Potosí y fue su
primer Presidente. Ministro de Guerra y Marina durante los últimos meses del
Gobierno del Presidente Lerdo de Tejada; durante el régimen tuxtepecano no
tuvo ningún mando militar, aunque desempeñó varias comisiones de importancia, así como los cargos de Diputado y Senador y falleció en México el
22 de mayo de 1902.
El General Gerónimo Treviño nació en 1836 en Cadereyta Jiménez y comenzó la carrera militar el 15 de enero de 1858 como Subteniente del ler. Regimiento de uevo León. Hizo completas las campañas de la Reforma y la
Intervención Francesa en las filas liberales, habiendo asistido a las acciones de
guerra de Acultzingo y Orizaba y a numerosas escaramuzas contra los convoyes franceses, estuvo en el sitio de Puebla, ascendió a Mayor el 8 de abril de
1863 pasando a la "Legión del orte ' y después de la derrota de San ~
renzo se retiró rumbo al Norte. Siendo Teniente Coronel asumió el mando
del cuerpo de "Lanceros de San Luis Potosí", con el que fue hasta Oaxaca,
ascendió a Coronel el 16 de septiembre de 1864, volvió al Norte sumándase
a las tropas del General Escobedo, asistió a las acciones de armas de Santa
Isabel, ganando el ascenso a General, Santa Gertrudis, San Jacinto y sitio de
Qucrétaro, donde tuvo el mando del "Cuerpo de Ejército del Norte" y ascendió a General de Brigada. Enseguida fue electo Gobernador de su Estado,
defendió los planes de La Noria y Tuxtepec, ascendió a Divisionario en 1877,
tuvo el mando de la III División y fue Ministro de la Guerra de 1880 a 1881.
Falleció en Laredo, Texas, en noviembre de 1914.
General Francisco

406

aranjo. Nació en Lampazos el año de 1839 y a los die-

ciséis años causó alta en las filas liberales como soldado del Regimiento de
Caballería de Lampazos. Ascendió sucesivamente a cabo, sargento 2o., sargento lo. y el 23 de septiembre de 1856 era Subteniente del mismo Cuerpo.
Promo"ido a Teniente el 19 de junio de 1858, sií\iÓ en el 2o. Regimiento de
Nuevo Le6n, pasó al escuadrón de "Exploradores de Zaragoza", se le expidió
despacho de Capitán el lo. de diciembre de 1862, tomó parte en la defensa
de Puebla, se fugó después de la rendición de la plaza, ascendiendo a Mayor,
y volvió al mencionado escuadrón. Subió a Teniente Coronel el 17 de junio
de 1864, siguió al Gobierno Nacional basta la ciudad de Chihuahua, ya con
grado de Coronel se incorporó a Escobedo desde que se iruci6 la organización
del Ejército del Norte, mandó el Regimiento "Carabineros de Lampazos", después la segunda Brigada, ascendió a General con motivo del triunfo de Santa
Isabel e hizo toda la campaña contra el Imperio hasta la ca1da de Querétaro.
En su hoja de servicios tiene acreditadas cincuenta y tres acciones de guerra
durante el período de la Reforma y setenta y siete en el de la Intervención
Francesa. General de Brigada el 4 de septiembre de 1867 y Divisionario el 4
de octubre de 1882, tomó las armas en defensa de los planes de La Noria y
Tuxtepec, fue Ministro de la Guerra de 1881 a 1884, poco después se retir6
del ejército inconforme con la política reeleccionista del General Díaz y en
1894 ofreció sus servicios con motivo del conflicto con Guatemala. Murió en
México el 23 de junio de 1908.
El General Francisco O. Aice procedía de Guadalajara, en donde nació en
1831, y a los dieciséis años empuñó las armas para combatir a los americanos~
habiendo sido herido en la defensa de Churubusco. Con grado de Teniente
figuró cuatro años en el Contra-resguardo Fiscal de Chihuahua, fue ayudante
del Presidente Comonfort, durante la Guerra de Reforma militó en las tropas
liberales de Chihuahua y Durango, alcanzando el grado de Teniente Coronel;
en 1863, con el empleo superior inmediato obtuvo el mando de uno de los
batallones de Guardia Nacional de Nuevo León y Coahuila y asistió a las
funciones de armas de Cholula y San Lorem.o. En 1867 ya era General, mandó una Brigada del Ejército del Norte durante el sitio de Querétaro, fue Gobernador de los Estados de Guerrero y Sinaloa, Senador al Congreso de la
Unión y Ministro del Supremo Tribunal Militar. Falleció en México en 1903.
General Julián Quiroga. Era originario de Nuevo León, no habiendo podido precisar su lugar de origen. Desde la Revolución de Ayutla milit6 a lasórdenes del General Vidaurri, de quien fue uno de los hombres de confianza;
en el período de la Reforma ya era Coronel y mandaba un Regimiento llamado "Legión del Norte", cuya jefatura entregó en Encarnación de Díaz
el 20 de agosto de 1859 al Coronel Miguel Blanco. Después de la batalla de
San Lorenzo volvió al orte, a principios de 1864 secundó a Vidaurri en el

401

�conflicto de éste con el Gobiemo Nacional, concluyendo los dos por reconocer
al Imperio; fue Caballero de la Orden de Guadalupe, ascen~i6_ ~ General de
Brigada el 29 de marzo de 1867, logró salvarse cuando se nndto la plaza de
México .,. se refugió n los Estados Unidos. En 1871 secundó el Plan de la
Noria, d~pués del fracaso de éste volvió a territorio am~cano Y ~ fines de
1876 se presentó en Monterrey al General Miguel Palacios, ofreciendo sus
servicios para combatir al Plan de Tuxtcpec, en defensa del Gobi~mo de Lerdo
de Tejada. A la caída de éste recibió orden de las nuevas auton?ades d~ entregar las armas, licenciar sus hombres y permanecer en l_a ca~1tal a disposición de la autoridad militar. Bajo los cargos de haber bccnciado su gente
sin haberle recogido las armas previamente, haber salido para su rancho sin
permiso y haberle detenido dos cartas dirigidas a los generales Plácido Vega
y Juan . Cortina en las que los invitaba a revoluci_onar en contra del n~evo
régimen, fue aprehendido y consignado a un ConseJo de Guer"'.', sentenciado
a la pena de muerte y fu~ilado en Monterrey a las cuatro y media de la tarde
del día 11 de enero de 1877.
Lo datos biográfico de Garza Ayala, Pedro fartínez_,:, Adolfo G~ ya
están consignados con anttrioridad y del Comandante Pmon y del _Teniente
Coronel Eusebio Garcla no pude obtener ninguno , dado el breve tiempo de
que di puse para escribir este resumen.
Vuelvo a ocupanne de la r ndici6n de Puebla: Reunidos lo prisioneros
tomados por lo franceses en los combates parciales de la ~laza y
alrededores, los de la acción de San Lorenzo y los que pertenecieron al Cuerpo
de Ejército de Oriente", umaron más de mil trescientos. El General Forey
pretendió que firmaran un compromi. o obligándose a no volver a tomru: las
armas ~n contra de la intervención de Francia en nuestros asuntos domésticos,
a residir en los )uaares que les señalara la autoridad militar y a no comunicane
con nadie, ni co~ su familiares, sin previo permiso de la misma autoridad.
Por unanimidad rechazaron la imposición, subscribiendo generales, jefes y ofi•
dales el siguiente documento: "Cuerpo de Ejército de Oric~te. Prisionc~?5 _d,
Guerra. Lo militare. pri ioneros que subscriben, perteneoentes al EJcrc1to
Mexicano de Oriente, no firman ·el documento que se les ha remitido en la
mañana d hoy del Cuartel General del Ejército Franc' , tanto porque las
leyes de su país les prohibe contraer compromiso alguno que_ ~enoscabe _la
dignidad del honor militar, como porque se los prohiben tamb1en sus convicciones y opiniones particulares".
Ante esta negativa tan categórica el jefe invasor resolvió deportarlos
Francia a fin de alejarlos del teatro de los acontecimientos y de sus respecuvas zoo~ de influencia. Muchos de ellos se fugaron en la misma ciudad dt
Puebla y otros cu el camino de allí a Veracruz, burlando la vigilancia de las

~:15

.ª

408

tropas que los conducían y fueron a presentarse en México o en otras poblaciones a la autoridad militar correspondiente, con objeto de continuar la
lucha en contra de los inva. ores.

En cambio trece generales v inticuatro coroneles, veinticinco tenientes coroneles, cincuenta mayores, ciento treintidós capitanes, ciento cincuentinueve
tenientes y ciento treintisiete subtenientes, con un total de quiniento cuarenta
que no lograron las condiciones favorables de los primeros para evadirse, fue-ron embarcado en Veracruz en los buques Darien y Ceres, con destino al
puerto francés de Brest. Los generales, sus arudantes y los coroneles en el
pñmero y los demás, de subtenientes a teniente coronel en el segundo y e
hicieron a la mar el 9 de junio bajo el mando del capitán Lefcbrc.
Los generales y sus ayudantes fueron confinados en Evreux, excepto el General José 'María González de fendoza y los miembros de su Estado Mayor a
quienes se permitió pennanecer en París; los coroneles, tenientes coroneles y
mayores en Tours y los oficiales distribuidos entre Clennond, Ferrand, Moulins.
Blois y Bourgcs. Se Jes hizo firmar una obligación en sentido de no salir del
lugar de su respectiva residencia sin pcrm~o previo de la autoridad francesa
y se les asignó una modesta pensión para que pudieran subsistir con su carácter de prisioneros de guerra.
Inmediatamente comenzó el apremio de las mismas autoridades francesas
para que reconocieran el régimen imperialista impuesto en México por la
intervención extranjera. La nostalgia de la patria, el recuerdo de su familias
abandonadas y in recursos para subsistir, la pobreza de la mayoría de ellos,
rayana en la miseria en virtud de que habían perdido los equipajes en la
travesía de Puebla a Flancia, no teniendo muchos de ellos ni segunda camisa
ni cobija para abrigar5e y el abandono casi completo en que los dejó el Gobierno . acional a causa de la penuria en que se debatía por la misma guerra
internacional, comenzaron a debilitar su resistencia ante la imposición de la
fuena y su fe en su propio destino y en el de su patria.
A través de cuatro apremios sucesivos lograron que eis generales, cuarenta
jefes y trescientos scsenticinco oficiales finnaran la umis.ión exigida. El último
apremio se hizo bajo la amenaza de ser puestos en libertad, expulsado de
Francia en un término perentorio y abandonados a su suerte en Europa. Para
obligarlos a ceder se l ofreció la repatriación por cuenta del gobierno inv~r, que señalaba el término de u pro ccipci6n, de sus ufrimientos y de
la miseria, la vuelta a su patria después de un año de ausencia y la posibilidad
de regresar al seno de su familias abandonadas.
El documento firmado por cada uno de ellos bajo la presión de la autoridad militar francesa, e.xpresaba lo que sigue: "Ministerio de la Guerra.
Prisioneros de Guerra Mexicanos (texto en español): Yo, el abajo finnado,

409

�antiguo oficial del Ejército Mexicano, internado bajo mi palabra de honor
en Evreux como prisionero de guerra, me comprometo sobre mi honor, en
caso de que obtuviere mi libertad por la gracia de Su Majestad el Emperador
de los franceses, a no combatir jamás, por ningún medio, cualquiera que
sea, la intervenci6n francesa en México y a permanecer extraño a toda tentativa política opuesta al gobierno establecido en aquel país. Evreux, 14 de
octubre de 1863. Francisco de Lamadrid, General de Brigada".
En cambio siete Generales, cincuenta y nueve Jefes y sesenta y tres oficial~
con un total de 129, haciendo honor a su fe de me.'&lt;icanos y a su dignidad
de soldados, se negaron terminantemente a firmar aquel documento, aceptando todas las consecuencias derivadas de su condición de prisioneros de
guerra, antes que suscribir una sumisión que consideraron humillante y deshonrosa. La mayoría de ellos no eran militares de carrera, pues pertenecían
a las Guardias Nacionales de los Estados.
Obtuvieron la libertad el lo. de julio de 1864, fueron obligados a· salir
de los dominios del Emperador de los franceses en un breve plazo, sin más
auxilio económico que el valor del pasaje hasta la frontera, muchos de ellos
tuvieron que trabajar en rudas tareas a las que no estaban acostumbrados
para · poder subsistir, soportando e toicamente la pobreza, el destierro y todas
las consecuencias de su triste situaci6n. En su mayoría volvieron al país tan
luego como se lo permitieron sus circunstancias económicas, unos por Tabasco, otros por Acapulco, aquéllos abierta o clandestinamente por Veracruz
y los últimos por la frontera septentrional, presentándose cada uno en su
caso, personalmente o en cortos grupos, a la primera autoridad militar republicana para combatir nuevamente al Imperio de Maximiliano y a la invasión francesa.
Quince de los deportados murieron en la prisión en Francia, en el destierro o en la travesía y apenas uno de ellos, e1 mayor Pedro Barrón, originario
del Estado de Zacatccas, mereció la justicia de que su nombre se hubiera
inscrito con caracteres permanentes en el Escalafón General del Ejército Nacional con la siguiente anotación: "Sucumbió por salvar a su patria, prisionero en Francia", de acuerdo con la ley general de 18 de julio de 1862'
que estableció este homenaje en honor de los mexicanos que perdieran la
vida en la lucha contra los invasores. Los catorce restantes están sepultados
bajo el polvo del olvido y del tiempo transcurrido a travé de un siglo que
nos separa de aquella época.
Entre los ciento catorce militares re,tantes que no s juramentaron en
Francia, héroes desconocidos y olvidados de nuestras guerras internacionales,
dignos de que se les recuerde eternamente a través de las páginas de nuestra
Historia como un ejemplo de patriotismo y de pundonor militar. se con-

taron ocho que procedían de la Guardia Nacional del Estado de Nuevo
León y Coahuila, que a continuación se enumeran:
_I. Cortés, TranquiJino. Originario del pueblo de Galeana, nació por el
ano de 1828; en la Guerra de Reforma militó en las fuerzas liberales de
Es~do, alcanz~ el grado de Mayor, que le fue ratificado por el Presiden:~
Juarez en septiembre de 1861 y el 3 de diciembre siguiente se incorporó al
Es~do Mayor del General Zaragoza. Como ayudante de éste asistió a Jas
acciones de. guerra d~ Acultzingo y el 5 de mayo, a la muerte de su jefe
pas6 a servir a las ordenes del General Domingo Gayosso, quien tuvo el
~do de allos fue:tes de Loreto y Guadalupe en eJ sitio de Puebla. Cayó
pnsmnero
rendrrse la plaza, siendo deportado a Francia e internado en
Tours. Después ~ue obtuvo su libertad reg1.-es6 por la vía de España y Nueva
~ork, se presento al General Escobedo, quien le concedió el ascenso a Temente Coronel, _participó en las operaciones del Ejército del Norte hasta Ja
caída del Impeno, obtuvo su baja al triunfo de la República y volvió a radicarse en su pueblo natal. Fue electo Alcalde Constitucional para el bienio
de 1868 a 1869 y falleció el 2 de marzo del último año siendo sentido por
todas las clases sociales.
'

II. ??rostieta: Nicolás. Nació en 1827 en el pueblo de Sultepcc, Estado
~e MeXJco, habiendo causado alta el 15 de marzo de 1847 en el escuadrón
Santa Anna" , para coro babr
· a Jos invasores
•
americanos y estuvo en los
combat:~ ~e Churubusco, Casamata y Chapultepec. Desde entonces sirvió
en el EJercito, fue enviado al Norte y en 1854 contrajo matrimonio en Monterrey con doña Soledad González, hecho que desde entonces lo ligó al
E5tad?, Durante la Guerra de Reforma militó a las ó1·denes del General Vi~un:1 alcanzando el grado de Teniente Coronel y figuró en el "Cuerpo de
témto del _Centro" con el mando del regimiento de ''Rifleros de Nuevo
ón Y Coahuila". Prisionero en el combate de Cholula detallado antes fue
llevado
a Francia
· e mtema
·
do en Tours. Una vez libertado regresó por
' la
,
via de España Y Estados Unidos. En Laredo, Texas, se uni6 al General Escobedo.: en febrero de 1865 iniciaron la organización del Ejército del Norte.
A~endio a Coronel. falleció en Monterrey el 21 de junio del mismo año y
alli quedaron sus descendientes.
III. ?uerra, Feliciano. Originario de la ciudad de Monterrey nació en
1837 e mgres'O a 1as f uerzas de G uardia Nacional de su Estado en' diciembre
d
e 1861 como Subteniente del cuerpo de "Lanceros de
Ja" A
d',
ue\·o León y Coahuiel
scen ~o .ª Teniente, en octubre de 1862 pasó a prestar sus servicios en
Lo er. Rcgmuento del mismo Estado, cayó prisionero en la batalla de San
renzo, fue deportado a Francia e internado en Blois, habiendo figurado

3

410
411

�como jefe de este grupo. Regresó por la vía de España y Nueva York, presentándose al General Escobedo en noviembre de 1865, ascendió a Mayor y
causó alta en el Regimiento de Parras que mandaba el Coronel Emiliano
Laing. Después del triunfo de la República obtuvo la confirmación de su
grado, se le encomendó la pagaduría del mismo Cuerpo y lo desempeñó hasta
principios de 1869 en que fue licenciado. Un año después se sublevó con el
General García de la Cadena en contra del Gobierno Federal. Cayó prisionero en la batalla de Lo de Ovejo y escapó de ser fusilado por sus antecedentes de veterano del sitio de Puebla. Radicado en su ciudad natal, obtuvo
más tarde la Administración de Correos y concluyó sus días en enero de 1882.
IV. León, Antonio de. Nació en la ciudad de Monten-ey el 25 de marzo
de 1831 y comenzó la carrera de las armas en la Guardia Nacional de su
Estado a fines de 1855, habiendo militado en las filas liberales. Sirvió como
Teniente en el ler. Batallón de San Luis Potosí y de allí pasó al Estado
Mayor del General Zaragoza, a cuyo lado estuvo en las batallas de Acultzingo
y del 5 de mayo. Ascendió a Capitán; después de la muerte del expresado
General se reincorporó al mismo Batallón de San Luis, tomando el mando
de la, segunda compañía y participó en la defensa del sitio de Puebla hasta
la caída de la plaza. Deportado a Francia fue internado en Blois; cuando
obtuvo su libertad regresó por España, Nueva York, La Habana y Panamá
e ingresó al país por e1 puerto de Acapulco, yendo a incorporarse al General
José Maria Arteaga en Tacámbaro. Este lo ascendió a Mayor. Habiendo militado en el "Ejército del Centro", pasó en seguida al del Norte, obtuvo el
grado de Teniente Coronel; después de la caída de Querétaro se le concedió la baja y se radicó en su ciudad natal. A fines de 1871 se sublevó a
favor del Plan de la Noria con el General Treviño, ascendió a Coronel y
encontró la muerte en el combate de Topo Chico, luchando contra las tropas
federales del General Diódoro Corella, el 30 de mayo de 1872.

V. Mejía, Pablo D. Nació en el pueblo de San Buenaventura, Estado de
Coahuila, ~l año de 1830 y comenzó la carrera de las armas el 28 de junio
de 1855 como Subteniente Ayudante del General Valentín Cruz; ascendió a
Teniente el 2 de agosto siguiente y, durante la Guerra de Reforma, militó
a las órdenes del General Vidaurri. En diciembre de 1861 se incorporó al
Batallón "Reforma" y asistió a las funciones de armas de Acultzingo y del 5
de mayo. Estuvo en la defensa del sitio de Puebla, ganando el ascenso a
Capitán; después de la rendición de la plaza fue deportado a Francia e internado en Bourges. Quedó en libertad sin condiciones, habiendo regresado
por España y Nueva York y el 10 de mayo de 1865 se presentó al General
Francisco Antonio Aguirre, continuando la lucha en contra de los invasores.
Obtuvo patente de Mayor, participó en las operaciones del Ejército del Norte
412

hasta la caída de Querétaro y en seguida fue comisionado para custodiar a
los prisioneros imperialistas enviados a San Luis Potosí. Sirvió varios años.
en Pagadurías, volvió al activo del ejército y falleció siendo Coronel poco
antes de noviembre de 1899, pues en esta fecb_a su viuda, doña Carlota Benavides, solicitó una pensión al Congreso de la Unión, en recompensa de
los servicios que había prestado a la Nación.
VI. Romano, Leopoldo. Nació en la ciudad de Saltillo el año de 1842
habiendo ingresado al Colegio Militar en los últimos meses de 1860 y muy'
pocas semanas después quedó libre para volver a su casa por haberse clausurado temporalmente dicha institución al triunfo del partido liberal. El 2
de enero de 1861 logró colocación como Subteniente del 5o. Batallón de
Zacatecas, ascendió a Teniente asistiendo a la derrota del cerro del Borrego,
con grado de Capitán pasó al 3er. Batallón del mismo Estado que comandaba González Cosío, a cuyas órdenes asistió al sitio de Puebla. Ascendió a
Mayor; a poco de la rendición de la plaza fue deportado a Francia e internado en Tours. Después de haber obtenido la libertad regresó por la vía de
España y Estados Unidos y a fines de 1864 se presentó en San Fernandode Rosas al Gobernador del Estado de Coahuila, Coronel Gregorio Galindo.
En seguida se incorporó al Ejército del Norte, participando en las operaciones
de éste hasta la caída deJ Imperio; después del triunfo de la República siguió en el Ejército; en 1882 alcanzó el grado de General de Brigada y falleció en la ciudad de Tepic el 14 de mayo de 1897, siendo Jefe Político y
Comandante Militar del Territorio de Tepic.

VIL Serna, lldefonso. Nació en la Villa de Mar.ín el año de 1836 y en
mayo de 1855 causó alta como soldado en las fuerzas que el General Vidaun-i
organizó para combatir a la última dictadura del General Santa Anna. El
mismo año obtuvo los grados de Subteniente y Teniente y al siguiente el de
Capitán_; _militó a las órdenes del General Zuazua y en 1860 fue a prestar
sus servtc10s en las tropas del General Aramberri. De allí pasó al 1er. Batallón de San Luis Potosí que comandaba el Coronel Escobedo y más tarde
al Estado Mayor del General Ignacio Mejía, con cuyo carácter estuvo en
las acciones de Acultzingo y del 5 de mayo. Ascendió a Mayor en enero de
1863, pasando al Estado Mayor del General Lamadrid; participó en la de~ensa de Puebla y quedó prisionero de guerra. Deportado a Francia fue
internado en Tours. Cuando obtuvo su libertad regresó por España y Nueva
York; en abril de 1865 se incorporó a las fuerzas republicanas del General
Treviño; obtuvo el grado de Teniente Coronel e hizo toda la campaña en
las filas del Ejército del Norte. Después del triunfo de la República se retiró
ª su Estado natal y falleció en el Rancho de La Uña, Municipio de Cadereyta Jiménez, el 28 de mayo de 1874.
413

�VID. Valencia, Florentino. Vio la luz primera en la ciudad de Monterrey
el año de 1836 y comenzó la carrera militar a los diez y seis años como soldado de la Guardia Nacional de su Estado. Sirvió en el "Escuadrón de
Guías" que mandaba el Comandante Pedro Martínez, siendo Teniente pasó
a prestar sus servicios en el Batallón "Reforma" y participó en la acción
de las Cumbres de Acultzingo y en la batalla del 5 de mayo. Se reincorporó
al cuerpo de "Guías" que en seguida se llamó "Exploradores de Zaragoza",
estuvo en la defensa de Puebla y quedó prisionero al rendirse la plaza. Llevado a Francia fue internado en Bourges, obtuvo su libertad sin condición,
regresando al país por la vía de España, Nueva York, La Habana, Panamá
y Acapulco; se presentó al General José María Arteaga en Tacámbaro,
siendo ascendido a Capitán; figuró en el Estado Mayor de este jefe, pasó a
prestar sus servicios en el Batallón del Coronel Cosío Pontones, asistió a los
sitios de Querétaro y México; al triunfo de la República fue licenciado y se
estableció en Monterrey. Reingresó al Ejército en enero de 1882; meses después obtuvo patente de Mayor de Caballería; el 10 de octubre de 1901 se
le concedió retiro a dispersos y subsistió en estas condiciones hasta la disolución del Ejército Federal. Murió en su ciudad natal el 27 de junio de
1915 y fue uno de los tres últimos supervivientes de los prisioneros llevados
a Francia que no se juramentaron.

EVANGEL1ZACióN EN DURANGO
JosÉ foNACIO GALLEGOS
Durango, Dgo.

c.

en Durango, es hablar de los hijos de San Francisco de Asís y de los de San Ignacio; es hablar del siglo XVI, de ese período fundamental de nuestra historia en el que se funden y amalgaman
los elementos americanos y las aportaciones españolas; de esta unión había
de nacer la personalidad de México tal cual es hoy en día. Con peso abru~dor, dice un historiador, gravitará el siglo XVI sobre los siglos subsi~entes
en ciertas ocasiones éstos serán una evolución natural de aquel
·siglo prenado de porvenir.
HABLAR DE EVANGEUZACIÓN

!

Dice Alfonso Toro, que fueron los Misioneros los verdaderos civilizadores
de los indios y que la sociedad colonial se ordenó y desarrolló a la sombra de
1a Iglesia.
La labor Misionera en México estuvo encomendada a tres Ordenes Mendicantes: Los Franciscanos, cuya labor principia en mil quinientos veintitrés
~ Fr. Pedro ~ Gante; los Dominicos que llegan en mil quinientos veintiséis Y_ los ~~tlnos en mil quinientos treinta y tres. Los Jesuítas que llegan
en ~! quinientos sesenta y dos tienen un espíritu distinto y preocupaciones
pr~pias, no es que hiciesen a un lado a los indios, pero sí en la Nueva Espana la Compañía había de consagrarse con especial esmero, a la educación
Y robustecimiento espiritual de la sociedad criolla naciente en nuestro País.
De las cuatro Ordenes Religiosas citadas, sólo dos aparecen en nuestro
Estado: Los Franciscano y los Jesuítas, pues de las otras dos ninguna apa.rece_ como Misionera, aunque los Agustinos vienen a mediados del primer
temo del siglo XVU, no aparecen con ese carácter; de los Dominicos no
tenemos ninguna noticia de que hayan venido.
Por eso en este trabajo de carácter histórico, vamos a ocuparnos de las

dos Ordenes Re¡·1giosas
·
·
que tuvieron
a su cargo la evangelización de los
414

415

'

�.
indios y que pusieron
las b ases de la educación
, en Durango, y que fueron,.
1 F ciscanos y los Jcsmtas.
como ya dijimo ; os ran d
te de cada una de ellas.
Vamos a ocupamos separa amen

Los

FRANCISCANOS

- de mil quinientos cincuenta
. era vez en e1 a.no
d YA!tis.
Aparecen por prun
b
te Misionero en el pueblo e ca• d'
d T · Se encontra a es
con Fr. Juan e ap1a. . .
sabedor de un numeroso pueblo de ID IOJ
poneta de la Nueva Gahoa, y
. .
_, de otro religioso cuyo
que había en sus ~]anos, hizo el v1a.Je en compama
nombre se ha perdido.
febrero del año dicho, el invierno era de lo
Era en los meses de enero y 1 11
c·1tados había que atravesar la
,
11 " hasta os anos
más crudo y para eºar
á difícil la que se encontraba neSierra Madre Occidental en su parte m s
'
, 05 que la cruzaban.
,
.
d
vada y congela os sus n
11
. to de cuerpo y sin mas eqwb d erro y ama. en JU
.
Pero a aquel hom re e 1 ,
h, hacia su meta. El invierno, la nieve,
paje que su íe, nada le arredro, marc 1o d tienen y llega hasta los llanos por
los ríos crecidos, son detalles que
o Fe
. o que son los mi mos que
11 mó de an ranc1SC
lo
1
él tan buscados a os que a
d G diana donde se encontraba el pueb
!barra bautizara con el nombre e ua
'

r

ººs

y

de indios tan buscado. . . ,
b .
según Torquemada más de do mil
Allí establece una M1S1,on, y autiza.tl lugar de su procedencia.
quinientos indios y desp~es se r~gresa
ronunciara en el ancho Valle de
Fue Fr. Juan de Tapia e~p:1mero dqu~/ antísiroa Virgen, que debe haGuadiana, los nombres de n to y e b
Lo indios no pudieron haber
bc.rse estremecido al ~scuchar ~tos nom 1:es~nseñanza dada por aquel ejemrecibido mejor herencia en su vida, que
piar Misionero.
. t an- os todavía se escucha en el
,
.
d ués de cuatroc1en os
Seguramente que esp
.
d 1 ·mer Misionero que vtno a
Valle de Guadiana, la palabra ardiente e pn
estas tierras.
.
, al luo-ar de su procedencia y después p~ al
Fr. Juan de Tapia se :eg~o Gua.dalajara, desde donde cscribi6 al . ,rrey
Convento de an FrancJSCo.. e
. .
1 Valle del Guadiana, siendo
la carta en que le da nouc1as de su v1a1e a
esta la única prueba que tenemos_l Ar h. o de Indias f uc escrita
.
. . al conocimos en e
e iv
Esta carta cuyo origtn
1 lvid6 a su autor fijar el año.
un jueves siete de mayo, pero se e o.
í ham en su obra FranEste error se ha prestado a con~us1onesdi pueqs e ~:e escrita en el año de
cisco de ]barra and thc Nueva Vucaya, ce u

416

mil quinientos cincuenta y ocho, Mendieta dice que es del año de mil quinientos cincuenta y seis y Ricard en su obra La Conquista Espiritual de
México, afirma, al igual que este último, pero e basa en lo siguiente: el
siete de mayo cayó en jueves en el siglo XVI en los años de mil quinientos
cincuenta y seis y mil quinientos sesenta y dos, pero en e te último año
celebró la fiesta de la Ascensi6n, particularidad que un religioso no podía
dejar de consignar al escribir su carta. El que esto escribe también es de
opini6n que dicha carta no puede ser de mil quinientos se enta y dos, porque para estas fechas ya se encontraban los Franciscanos en la Misión de
Nombre de Dio. y r.n el Valle de Gua.diana todo era actividad por las conquistas de !barra, lo que tampoco podía dejar de con ignar Fr. Juan de
Tapia en u carta, si hubiese venido n el citado año de mil quinientos sesenta y dos.
Después, d bemos hacer mensión de la llegada de los cuatro primeros

Frailes Franciscanos y de la Fundación de la Primera Misión en el noroe te

del país, al quedar establecida en el Nombre de Dios.
Dice Ibarra en su Informaci6n de Méritos, que encontrándose en San Mar-

1ín en el año de mil quinientos sesenta y uno, llegaron hasta él cuatro
Misioneros Franciscanos que eran Pedro de Espina.reda, Gerónimo de Mcndoza, Diego de la Cadena y el lego Jacinto de Portillo, quienes llevaban una
carta del Virrey don Luis de Vela.seo para el propio Ibarra, a fin de que
los ayudara en la fundación de la Misión.
Ya para entonce , con motivo de los viajes de Ibarra, se tenían noticias
en la capital del Virreinato, del descubrimiento de la parte nor-oeste de la
Nueva España, donde se sabía de la existencia de grandes pueblos indígena ,
los que urgía evangelizar y correspondió a la Seráfica Orden echarse a cuestas
C!te trabajo.
!barra recibi6 con mucho gusto a aquellos Misioneros y se permitió acompañarlos, llevando unos cuantos soldados para mayor seguridad. Anduvieron
por varias regiones como el Valle de Gua.diana, y el río de las Nazas, pero
como estallara la rebelión de Jos Zacatecas, tuvieron que suspender su viaje,
reanudándolo cuando ésta terminó. Fue entonces cuando los PP. Franciscanos escogieron un sitio donde había una belicosa tribu Tcpehuana y alli
fundaron su Misión, la que según Torquemada, por haber sido la primera
en la parte noroeste de la Nueva España, fue fundada "en el nombre de
Dios", y de allí u nombre, el que qued6 en el pueblo que naci6 a su alrededor y con el que es conocido todavía.

La fecha de la fundación de la Misión del

ombre de Dios permanece
oscura: ha habido grandes contradicciones en ella, pues Arlegui n sus confusas Crónicas, fija la fecha de mil quinientos cincuenta y cuatro, Herrera

417
H27

�en sus Décadas fija lo~ años de mil quinientos sesenta o mil quinientos sesenta
y uno, y nosotros, fundados como ya dijimos en la ~orma~i~~ de Méritos
de !barra así como en la carta que Fr. Jacinto de Portillo, dingi.6 al Rey en
agosto de1 mil quinientos sesenta y uno, hemos fijado la de este úl~o año,
0 muy al principio del siguiente. Nos resistimos a creer que haya si~o antes,
sobre todo en la fecha fijada por Arlegui, por encontrarla contradicha por
todos los documentos que sobre el particular existen.
De los cuatro Franciscanos fundadores de la Misi6n, s6lo dos permanecieron algunos años en ella, pues los otros dos, Gerónimo de Mendoza_ y Diego
de la Cadena, salieron, el uno para México llamado por su Superior, y el
otro para fundar la Misión de San Juan Bautista. .
. .
Tal era la confianza que había en las altas autoridades vu-remales por la
Orden Franciscana, que al darle el Virrey su nombramiento de Gobernador
de la Provincia de la Nueva Vizcaya a !barra, se le manda llevar adelante
su labor de conquista, pero debía de acompañarse de Sacerdotes Franciscanos.
Cuando Fr. Diego de la Cadena llega a los Llanos de la Gua~ana, ~ ~undar
la Misi6n que llamara de San Juan Bautista, ya no va al mismo sitio que
escogiera Fr. Juan de Tapia, porque éste había sido provisional, sino que
ahora busca un lugar donde fundarla en forma definitiva.
Como se diera cuenta que los indios que iba a doctrinar, no sabían cultivar la tierra, se propuso escoger un sitio a donde fácilmente llegase el agua
que procedente de los ojos de agua que había al poniente del Valle, regasen
las tierras que se iban a cultivar.
Creemos que ésta fue la razón fundamental para que Fr. Dieg~ de la Cadena escogiera el sitio donde fundara la Misión de San Juan Bautista.
Por las mañanas, después que el buen fraile concluía el ejercicio de su
Ministerio Sacerdotal, se iba a los campos inmediatos a su Misión a enseñarles a los indios cómo se trabajaba la tierra y por las tardes, sentado en
algún poyo que habia en el atrio de la Misi6n, no sólo 1~ enseñaba ª. rezar
sino también a leer y escribir; Fr. Diego no sólo fue el pnmer evangelizador
de los indios, sino también su primer Maestro.
En los años de mil quinientos sesenta y uno o mil quinientos sesenta Y dos,
tres sacerdotes Franciscanos llegaron a orillas de un río caudaloso donde había
un pueblo de indios zacatecas, por lo que estos religiosos, que era~. Pedro
de Heredia, Juan Terrones y Francisco Santos, fundaron en aquel sino una
Misi6n que llamaron de San Juan del Río.
.
Otro pueblo zacateca que recibiera los beneficios de los PP. Franc1SCan~
fue Cuencamé, que en el año de mil quinientos ochenta y tres, fundara ~
Fr. Gerónimo de Panger una Misi6n que llamaron de la Purísima Concepción.
Ya sabemos la importancia que en la historia pre-hispánica tuvo el pueblo
de Topia. Este lugar, el más importante de la regi6n oeste de nuestro Estado,

fue habitado por la tribu Acaxees, la más civilizada de las que habitaron nues'10 Estado y que estaba emparentada con los mexicanos, teniendo los mismos
usos, costumbres e instituciones de éstos.
Su pueblo principal era Topia, nombre que en Aca.xees quiere decir "jícara",
y que se lo atribuyen a una tradición. Refieren que una india antigua que
llevaba este nombre, se convirtió en piedra que qued6 en forma de jícara,
que en su idioma quiere decir "Topiau.
La fecha de 1a fundación de T opia se pierde en la oscuridad de los tiempos,
s6lo podemos decir que en el año de mil quinientos sesenta y tres, fue visitada por el Capitán don Francisco de !barra que llevaba como Misionero a
Fr. Pablo de Acevedo, pero éste no evangelizó y años más tarde, en mil quinientos noventa y uno Fr. Lorenzo de Gavina llegó y fundó la Misión de San
Pedro y San Pablo.
A fines del siglo XVI fue fundada por PP. Franciscanos la Misión de San
Francisco del Mezquital, en una zona donde habitaban los indios Tepehuanes.
A principios del siglo XVII, por el año de mil seiscientos cuatro fue fundada la Misión de Huazamota, en el corazón de la Sierra Madre Occidental·
fue la Misión más aislada, pero la más necesaria, porque los grupos de indí~
genas eran muy numerosos y vivían eternamente aislados.
Como consecuencia de la sangrienta rebelión Tepehuana a fines del año
de mil seiscientos dieciséis, las Misiones desaparecieron, los Misioneros fueron
sacrificados y toda huella de civilización cristiana parecía que se iba a perder.
Pero aquellos santos varones, sobre las ruinas humeantes de sus Misiones
fundaron otras y volvió a poblarse la región arrasada, y en los Llanos de la
Sauceda, los PP. Franciscanos fundaron el año de mil seiscientos veinte una
Misión que llamaron de San Diego de Canatlán.
'
Desconocemos el nombre del Misionero que la fundara, sólo hemos en¿
C()~o un documento del año de mil seiscientos veintitrés que habla de dicha
Mision, a cuyo frente estaba Fr. Diego de Espinosa.
. La Obra Franciscana en Dw·ango está tinta en sangre, algunos de sus Mirustros cayeron víctimas del odio de los indios, pero también está salpicada
de poesra
' con mouvo
· de las leyendas que tuvieron su origen en ella.
Entre esas leyendas podemos hablar de dos: la del Cristo del Mezquital y
la de la Virgen del Hachazo.
. Nacieron en la insurrección tepehuana del mil seiscientos dieciséis. Los veCllloS del Mezquital le tenían mucha devoción a dos imágenes que había
en el templo, una era de Cristo y otra de la Santísima Virgen.
?on motivo de la sangrienta insurrección ya dicha, los vecinos del Mezqwtal se ~eron obligados a abandonar su pueblo, y cuando la insurrección
pas6,volvieron a él a ver qué babia sido de aquellas imágenes tan veneradas.

419
418

�Y se encontraron la imagen de Cristo, según refiere el cronista francisca.
no, tirada en el suelo y con una rodilla herida a consecuencia de un flechazo, y
en la herida había una gota de sangre aún fresca. Esto bast6 para que la vene.
ración que por esta imagen sentíanJ aumentara, y decidieron traerla a la
ciudad de Durango, tratando de levantarla un sacerdote secular, que no pudo
con la imagen. Como algunos vecinos le prestaran ayuda, y ni así pudieron, parecía que la imagen se encontraba clavada en el suelo.
Visto esto por un sacerdote franciscano que se encontraba pr sente tom6
al Cristo y lo levantó con suma facilidad, como i fuera de paja.
Junto con esta imagen t•staba la de la anúsima Virgen que aparecía con
un hachazo en la quijada. Los vecinos que igualmente sentían una gran veneración por eUa, trataron de componerla y cuantas vece lo intentaron, la
huella del hachazo no se borró, por lo que optaron por traer dichas imágenes a Durango y llevarlas al templo de San Francisco.
Por haber sido derrumbado este templo, las imágenes pasaron, la de Cristo a la Parroquia del Sagrario, y la de la Virgen al templo de San José, donde aún se encuentran.

Los PP. jcsuítas .se establecieron en Durango como educadores y como misioneros.
Poco tiempo después de su Uegada, fundaron un colegio en un sitio alejado del centro de Ja Villa, pero después se cambiaron al lugar que hoy ocupa el edificio central de la Universidad de Durango, donde se establecieron
en definitiva.

Alumnos de todas las ciudades circunvecinas venían al colegio atraídos por
su fama.
Todo el s.iglo XVII trabajó el colegio de los je I.Útas con plausible éxito,
tanto que el edificio resultó de p queñas proporciones para el número de
alumnos que había para el siglo XVIII, por lo qu a mediados de este siglo
se empezó a demoler el viejo edilicio y a construir el actual, que no lo vieron terminado lo PP. je I.Úta por la expulsión de que fueron víctimas en
el alio de mil seteciento sesenta y siete, correspondiéndole a la Sagrada Mitra de Durango, darle fin.
A la vez que los PP. je uítas fundaban su colegio en Durango daban principio a su labor misional.
Desde su residencia en Durango, atendian las misiones que tenían esta-

blecidas en Sinaloa, al norte de la ciudad de Durango y las fundadas en
Los JEsuÍTAs
Dice el P. Deconne en u libro La Obra de los Jcsuítas Mexicanos en la
época colonial de 1572-1767, que desde mil quiruento sesenta y cuatro, llegaron los primeros je uítas a la Villa de Durango, siendo éstos lo PP. Hernando Suárez y Juan ánchez que misionaron por una larga temporada y
se fueron, no regresando hasta el año de mil quinientos ochenta y nueve en
que vi,1ieron los PP. icolás de Arnaya y Gonzalo de Tapia; que este último en compañía del P. • fartín Pércz, regresó en mil quinientos noventa
uno, ca.mino a Sinaloa, donde perdiera la vida, y finalmente al año siguiente vinieron los PP. Juan de Velasco y Alonso de antiago.
El gobernador de la provincia de la Nueva Vizcaya, don Rodrigo del Rio
y Lossa, dándo cuenta de la actuación tan interesante de los PP. jesuítas,
se dirigió al general de la Compañía de Jesús, pidiéndole mandase alguno1
sacerdotes a Durango para que fundasen casa, y éste ordenó que 1a casa que
tenía establecida en Zacatecas se pasase a esta de Durango, donde quedó
establecida en definitiva.
Desde mil quinientos noventa y tres los PP. jesuitas se establecieron definitivamente en Durango, según se de prende del documento qu se encuentra
en el Archivo G1:neraJ de la aci6n, Fondo--Cosío.

la región Lagunera.
En el año de mil quinientos noventa y cuatro, el P. Gerónimo Ramírez,
va a Cuencamé donde pasa una temporada. haciendo viajes a distintos lugares de la región Lagunera.

Los PP. Gonzalo de Tapia y Martín Pérez, vienen a la Villa de Durango, el año de mil quinientos noventa y uno, de pa o para Sinaloa, donde el
primero encontrara la muerte a manos de los indios de aquella región. El
P. Tapia es el primer mártir je uíta que cae en la

ueva Vizcaya.

El P. Gerónimo Ramírez, despué de recorrer la re!!ión Lagunera regresa a Durango y se establece en la Hacienda de la Sauceda, desde donde empezó a recorrer la región norte del E tado, dándo e cuenta que era muy poblada de naturales y que nece itaba una urgente evangelización.
El año de mil quiniento noventa y sei , el P. Ramírez lo emplea en estudiar }' aprender la lengua tepehuana y al siguiente, ya se adentra n la
región y fonda en el mes de mayo la Misión de Santiago Papasquiaro, y el
dieciséis de julio la de Santa Catalina de Tep buanes.
Mientras por el norte evangelizaba el P. Ramírez en unión del P. Juan
Fonte, por el oriente otro jesuíta, el P. Juan Agustín de Espinoza, funda las
misiones de Mapimí, Cinco cñores y Parras.

La acthidad misionera a cargo de lo PP. jesuítas aumenta a principios
del siglo XVII y se establecen misiones en el Zap , en Guanaceví, y en

420

421

�Topia y las tribus Acaxees y Xixim{es son evangelizadas por el P. Hernando de Santarén.
La illllurrección Tepehuana de mil seiscientos dieciséis detiene tem¡»,
ralmente la labor evangelizadora de los PP. jesuítas pues son arrasadas las
misiones de Guanaceví, el Zape y Santiago Papasquiaro y sacrificados ocho
sacerdotes que e encontraban al frente de ellas.
En el año de mil seiscientos veinte, \'uelven los PP. je uíta a entrar a la
zona devastada y nuevamente fundan sus misiones en los mismos sitios en
que habían estado, y la evangelización de los indios sigue adelante.
Desde mediados de) siglo X'VII disminuye la labor evangelizadora en
Durango. El Obispo Fr. Diego Evia y Valdés eculariza muchas misiones y
los primeros que las abandonan son los franciscanos.
En el año de mil etecientos cincuenta y tres los PP. jesuitas entregan a
la Mitra de Durango las misiones de Cinco eñores y Parras y así poco a
poco se van extinguiendo las misiones, que fueran centros de cultura y civilización.

MAGDALE . A, LA INGRA VIDA
DANJF.L

Cossío

VTLLECAS

El Colegio de Mixico

México, D. F.

EL CASO MÁS NOTABLE DE UNA opimon pública desviada, sin embargo, es
el de la bahía Magdalena: hasta el día de hoy, y lo mismo se piense en el juicio especial del historiador, que en la opinión ilustrada del hombre culto y
sensato, o en la reacción espontánea del pueblo, Porfirio Díaz compr~metió el honor nacional en este asunto; Estados Unidos abusó de la complacencia del régimen al apoderarse de la Bahía y, a la postre, Porfirio Díaz
cayó del poder porque en un acto tardío de contrición se negó a venderla.

Desde luego, el caso de la balúa Magdalena no fue único: Estados Unidos tuvo de 1861 a 1924, es decir durante sesenta y cuatro años, una autorización para crear y mantener en la bahía de Pichilinguc, próxima a La

Paz, una estación naval carbonera. En este caso -que no ha trasa:ndido,
aun en el día d hoy, a la opinión pública, ilustrada o no-, el gobierno
mexicano, dada la autorización, obstaculizó, consciente o inconscientemente,
su uso. La resolución sobre los permisos que pedía el gobierno de Estados
Unidos para hacer cualquier reparación en el muelle, almacén o coberti7.0S, se posponía una y otra vez sin motivo o explicación aparcnt'es; las autoridades de La Paz exigían que todos los materiales para hacer esas obra
debían ser conducidos allí para su inspección, y, desde lu go, las autoridades federales tenían que aprobar cualquier variante en el plan de trabajo y
transmitir la aprobación a las autoridades locales de La Paz. En 1924 el
embajador mexicano Manuel C. Téllez hizo al Departamento dr Estado
una historia muy sumaria del asunto: la autorización de 1861 no se había
conformado con las leyes me:cicanas, pues fue el jefe político de Baja alifomia quien la concedió originalmente; es verdad que el ejecutivo federal
la confirmó en 1867 y que en 1900 se prorrogó. En esta fecha, empero, la
prórroga se condicionó al derecho de México de revocar la autorización en

·122
423

�cuaJquier momento. En esas condiciones, México solicita &lt;Jue en un plazo
no mayor de seis meses se clausure la estación carbonera de Pichilingue, solicitud, sin embargo, que no debe considerarse con un sentido hostil o de
desagrado. La secretaría de Marina de Estados Unidos, que no debió haber tenido a esta aJturas ningún interés en conservar una estación carbonera tan de trasmano, aceptó sin reparo la solicitud de México, pero no sin
ugcrir al departamento de Estado que, en compensación, intentara asegurar algún "privilegio'' en la bahía Magdalena. El embajador heffield, acatando esas órdenes, conversó el 31 de diciembre de 1924 con el ministro de
Relaciones de México, quien le dijo que su gobierno "estaba dispuesto a
considerar" el asunto.
La historia de la bahía fagdalena es más larga, y, desde luego, más expue ta al error o el prejuicio. El 29 de enero de 1833, el secertario de la
1arina, W. E. Chandler, pidió aJ departamento de Estado que ge tionara
con el gobierno de México pcnni o para crear una e tación carbonera en
bahía Magdalena que aprovisionara a Ja Escuadra del Pacifico, y para desembarcar libres de derecho lo materiales y el equipo necesarios para construir un almacén y un buen muelle. El ministro de la farina explicó que,
según un reconocimiento hecho por un oficial de marina, "parecía haber"
en la balúa un excelente Jugar para e. a e~tación. Los terrenos pertenecían
a un ciudadano norteamericano, dispuesto a cederlo para ese objeto aJ gobierno de Estados Unidos, y está a unas doce millas al noroeste de la bahía;
en el mapa hidrográfico de la Marina se le conoce con el nombre de Man-

of-War Cave.

El secretario de Estado Frelinghuysen le ordena a su ministro en México que haga la gestión, recalcando, sin embargo, que eso terrenos están
dentro del territorio nacional de México. Morgan la hizo escribiéndole a
Mariscal una nota muy fonnal el ella 23 de febrero; pero como para el 17
de abril no había recibido contestación aJruna, lo comunica aJ Departamento por si cree necesario darle nuevas instrucciones. Frelinghuysen Je ordena, además de insistir en la petici6n1 expresar el deseo de conocer lo más
pronto posible la deci ión del gobierno mexicano; presintiendo, quizás, un
desenlace desfavorable. pocos días después envía a Morgan los antecedentes
de la "concesión" de Pichilingue. o era -como lo había dicho el embajador Téllez- un permiso en regla: el jefe político de La Paz había autorizado al cónsul norteamericano de ese lugar para desembarcar carbón destinado a las unidades norteamericanas de guerra de Pichilingue "u otro
puerto de propiedad nacional", sin pagar impuestos.
Morgan se r olvió el 5 de mayo a "Uamar la atención" del ministerio de
Relaciones sobr la respuesta a su nota, pendiente bacía dos largos meses.

El ministro Fernández todavía se tomó un par de semanas, pero, al fin, contestó. El Presidente González, "después de haber coruagrado un estudio detenido y amplísimo" al asunto, había resuelto desestimar la petición. Tenía
el temor de que una conce ión de esa naturáleza creara dificultades prácticas "sin solución p05ible", además de creer que darla no cabe en rus facultades ni en las de ningún poder público. Las dificultades no serán tan sólo
para el gobierno de México, sino para el de Estados U nidos, pues bien podía
una tercera potencia solicitar de ' te lo qu Estados Unidos había solicitado de México. Limitándose, sin embargo, a su propio caso, México debía
prever que, concedida la autorización, otra potencia le pidiera una concesión semejante, que no podría negar una vez otorgada la primera. En esa
forma México se colocarí en una situación tan embarazosa lo mismo cuando negara que cuando accediera. Al ministerio de Marina le sentó claramente mal aquella negativa: no se limitó a acusar recibo de la comunicación del Departamento en que se le dio a conocer, sino que e.,-¡&gt;licó que si
bien no insistirla "por ahora" aprovechaba la oportunidad para hacer constar que de nin~na manera admitía las "aprensivas" considerciones del gobierno de México: i, por ejemplo, un tercera potencia le pedía una concesión semejante, lo aconsejable seria influir en él para que la ne~ara.

Así parecen haber quedado las cosas por catorce largo años, hasta que
vino el primer de liz. El 5 de enero de 1897 el ministro de la Marina d E .
tados Unidos din instruccion directas al capitán J. P. Harri.on, comandante del Oregon, para trasladarse al puerto de Acapulco y permanecer allí un
tiempo corto antes de regresar a San Franci co California. e le orden6 que
durante el viaje sujetara a la oficialidad y tripulación a un programa completo de adiestramiento, incluyendo ejercicios de tiro al blanco. o especificaban las instrucciones el Jugar donde éstas debían tener lugar, aun cuando se
le decía que por lo menos la mitad de ello d bían hacerse con el barco anclado Y que tuviera mucho cuidado de comprobar lo blancos logrados. El con~mirante L. A. Beardslce, jefe de la Flota del Pacífico, a la que pertenec1a el Oreoon, se clirigió poco despué a Acapulco en el barco insignia Philadelpltia, y él y Harrison desembarcaron para hacer una visita de gran gala
al comandante militar del puerto, Eduardo Berm(1dez, hombre afable y coo~escendiente. El contralmirante se animó a sugerirle que le pidiera al Pres'.dente Díaz permiso para que el Oregon, en su viaje de regreso a San FranClSCo, hiciera ejercicios de tiro al blanco en bahía Magdalena. El 27 de enero_ de 1897 Bcnnúdez tuvo la satisfacción de comunicar por escrito al contralmtrante norteamericano que babia recibido ese ella un telegrama urgente de
la secretaría de Guerra y Marina concediendo el permiso. Añadía que como carecía de medios de comunicación directa con el jefe de la aduana de

124
425

�bahía Magdalena, única autoridad federal del lugar, !e ~~ba esa c~municaci6n escrita como comprobación de que. existia la autonzaoon. E~ capitán Harrison, por su parte, infonnó también directamente al e~retano de la M~rina que, de acuerdo con la autorización del Presidente Diaz, su barco habia
hecho ¡05 ejercicios de tiro al blanco de 5 a 11 de. febr~o de 1897, con el
esultado de que había agotado en ello toda la ración tnmestral de proyecConcluía su infonne asegurando que la bahía ~daJena ~ra una "lá. d agua perfectamente adaptada" para la pr.icticas de uro de todas
mina e
.6
h h
las armas. El departamento de Estado, en cuanto conoc1 esto~ ec os, se
apresuró a ordenarle a u encargado de negocios Sepúlveda que diera las gra.
' ".
cias al gobierno mexicano
por esta "cor tesia
.
.
Dos años más tarde, la seer taría de Marina de Estados Unidos informa
al Departamento que aun cuando hacía "algunos años~' ~~ía estado despachando unidades d guerra a fagdalena para esos e1erc1c10s, n~ encontraban en sus archivos constancia de que el gobierno mexicano hubiera concedido alguna vez un permiso formal. Y como el lowa y el Philadtlphia iban ya
en camino con ese objeto, se lo avisaba "para los efectos del caso". El Departamento instruyó telegráficamente a su embajada parai ·'c?,~º ~n. otros
años", solicitar las facilidade y cortesías necesarias para los eJeroc1os de
tiro y maniobras de tierra".
.
. .
El ministerio de Marina debió sentir tardíamente la nece! 1dad de Justl·
ficar de algún modo la petición de un permiso pedido en forma tan desap~
siva y perentoria. Por eso comunica al departamento de Estado su creenaa
de que el gobierno inglés goza de una franquicia semejante, según una comunicación del comandante de la Escuadra del Pacífico, donde informa que
al llegar a San Diego con el Iowa y el Philadelphia, el comandante del Marblehead le contó que dos barcos de la ei cuadra británica, el ~h~esan Y ~I learus acababan de zarpar hacia la bahía Magdalena a hacer practicas de ~iro durante una semana. Tanto para no coincidir con ellos como porque los ingleses
se proponían usar los blancos que ello habían dejado el año pasado, ha _resuelto perman cer en San Diego, "lugar excelente para muchos de los eJercicios, de modo que no se perderá el tiempo".
.
El embajador Clayton avisó que el día mismo en que recibió l~s in. truc~•ones
telegráfica había presentado el asunto el ministro de Relacione , ~U1en Je
ofreció considerarlo de un modo inmediato; pero diez días de pués infonna
que apenas acaba de recibir una nota donde Mariscal le informa que_ ~bia
tran. crito la de Clayton a la secretaría de Guen-a y Marina. Vuelve a vi itarlo
para decirle que presumía que el asunto tenía alguna urgencia porque se le
dieron instrucciones telegráficas; le sugirió, en urna, la necesidad de q~e se
enviaran las órdene a las autoridades locale • de modo que no suírleran

;iles.

retardo los barcos después de llegar. Impaciente, el Departamento telegrafió
a Clayton el 4 de enero de 1900 informándole que los barcos estaban deteni-

dos en San Diego porque nada e sabía del permiso. Clayton se puso en actividad otra vez hasta que obtuvo el permiso oficial. Sintió la necesidad de
excusarse informando confidencialmente que la amnesia de fariscal hacia
cada vez más difícil conseguir la resolución oportuna de los asuntos.
El ministerio de la Marina y el departamento de Estado quedaron tan
complacidos por un éxito así de fácil, que a la ocasión iguienlc pidieron.
por una parte, un permiso de dos meses para dos barcos-escuela, y, por la
otra, uno tan fcstínado, que denunciaba la seguridad de que no causaban violencia alguna en la autoridades mexicana y quizás ni molestias. El 7 de
marzo de 1903, por ejemplo, la co.a había llegado a estos términos:

Si no htI)· objeción gobierno mexicano, obtenga permi.so para que Escuadra Pacifico, ya en camino, visite bahía Magdalena donde hará ejercicios, tiro y maniobras que durarán uaritl$ semanas. Telegrafie.
Clayton pudo cumplir esta vez con instrucciones tan apresuradas, a pesar

de la amne~ia de Mariscal.
Las solicitudes comenzaron a menudear: menos de dos meses después,
se presentó una para que los barcos-escuela Mohican y Adams hicieran de la
bahía su cuartel general durante dos meses mientras maniobraban y practicaban al tiro. El gobierno mexicano comenzó entonces a frenar aquella actividad, y lo primero que se le ocurrió, visto que el tiempo pedido era tan

largo, fue prohibir que las tripulaciones bajaran a tierra. Clayton, pensando
en la crueldad de que cientos de hombres quedaran atrapados en un barco
durante dos meses, creyó que Ja oposición de la Secretaría de Guerra era a que
levantaran campamento en tierra; pero se le confirmó que la tripulación no
podía pisarla sjquiera. El resultado, no obstante, fue el contrario del esperado:
tres meses despué.~, la petición incluía expresamente la autorización para que
la tripulación del Mohican bajara a tierra a ejercitarse en el tiro al blanco
con armas menores, entre las cuales se incluía la artillería ligera.
IC

En esta vez Mariscal contestó la solicitud usando la autoridad del presidente Díaz: no había inconveniente en conceder que e] barco-escuela hiciera
los ejercicios de tiro; pero lo negaba para que la tripulación bajara a tierra
e hiciera en ella maniobras, pues el permiso para hacer esto último sólo
podría darlo el enado. Clayton debió sentir que en algún aprieto lo colocaban tan frecuentes instrucciones, de modo que al recibir unas nuevas, pide
que se recuerde que la validez de cada permiso se limita a la visita para la
cual se pide, y que el gobierno mexicano había negado ya la autorización

1-26

427

�para el drsembarco de las tripulaciones. Así, el Dcpar~mento e vio obligado
a traspasar al ministerio de la Marina esas advertencias.
El mini terio de la Marina, no tenía, precisamente, una gran sensibilidad
diplomática: menos de tres meses después pide un permiso para que la tripulación del Mohican haga en ti rra maniobras y ejercicios con armas menores. El Departamento, olvidando las advertencias de su embajador, le ordena a éste, además de hacer esta petición, una nueva en fa\'or de la oficialidad y tripulación del Adams: que se les autorice a desembarcar para
cazar patos. El gobierno mexicano se hizo fuerte y neg6 por segunda ,,ez la
autorización para que la oficialidad y la tripulación del Mohican desembarcara a hacer maniobras de infantería; en cambio, flaqueó ante las ambiciones
cinegéticas del AdamJ. Aun así, hizo un esfuerzo por dar a entender que todo
aquello le creaba problemas y molestias innecesarias. El Presidente Díaz -dijo
Mariscal-, deseoso de conciliar las pre. cripciones constitucionales del paí con
aquella solicitud tan singular, había acordado conceder el permiso para tirarle a Jo patos de bahía Magdalena, pero a condición de que la cacería no
se hiciera en grupos y que en ella se emplearan sólo escopetas. El secretario de
Estado Hay pareció entender la galantería excepcional de la autorización,
pues ordenó a u embajador agradecerla.
En agosto de 1904 se pide permiso para que todo el Escuadrón del Pacifico
haga prácticas de tiro, y se concede, pero reiterando la prohibición de desembarcar. En vista de esto, a los tres meses, el ministerio de la Marina pide no
sólo esa autorización, sino otra para levantar en tierra campamentos. El gobierno mexicano. como en el caso de lo patos, tuvo que hallar una transacción: los hombres podían bajar a tierra y podían también levantar campamentos; pero deben estar siempre desarmados y no izar bandera o insignia
alguna.
Para fines de 1904 parecía haberse llegado al límite, por una parte, de la
desaprensión del ministerio norteamericano de la Marina, y, por otra parte
de la obsecuencia del gobierno mexicano. Pronto, sin embargo, hubo una petición más y una trasacción más: las maniobra de otoño y primavera de la
Flota del Pacifico -y alguna vez de ésta y la del Atlántico-- fueron requiriendo dos y aun tres meses. Entonces se convino en que cuando excedieran
de uno, el enado debía dar la autorización.
El problema de los permisos para las prácticas de tiro se complicó muchí·
simo en 1907, cuando el ministerio de la Marina pide al departamento de
Estado que consiga del gobierno mexicano una autorización para estacionar
en bahía Magdalena dos carracas carboneras de 2,500 toneladas cada una,
que provean a las unidades de la Escuadra del Pacífico mientras hacen sus
prácticas de tiro. El Departamento, sin vacilar, ordena al embajador Thomp-

son que hag~ ~s gestione..~. Este quiso ~lar seguro de lo que debía pedir, y por
1 se trataba de un permiso permanente; pero como no se Je

eso pregunto

c~ntesta pronto, ini.ci~ sus gestiones aun sin ese dato. Le llega poco después
sm embargo: el m1ruster10 de Ja Marina desea, en efecto, una autorización
pcnnancnte porque, además de abastecer de carbón a la Flota del Pacífico
du~;mte sus maniobras de primavera y otoño, quiere hacerlo también con las
unidades que vayan a las Américas Central y del Sur o que rcgr en de ell
El emb~jador, Thompson, tr~ ~e un mes de afanes, tuvo que infonnar q::
el penmso se_~ia por un mes uruc.o, pues de lo contrario, tenía que . ometersc
a la aprobac1on del senado mexicano.

~J ministerio de I~ Marina demostró la misma determinación en este negocio que en el antcnor: en vista de que su deseo inicial era una autorización
permanente de q~e el gobierno de México sólo lo daba por un mes, se conforma con etnco anos. El embajador lo pidió en e a forma; pero como para
entonces _la pre~sa comentaba el asunto con asombro y reproche, pero siempre con mexacutud, el presidente Díaz optó por llamar a Thompson para
confiarle que ~un cuando quizá se pudiera prorrogar después, peruría al Sena~o un pe1:°1so. por tres años nada más: plazo que le faltaba a su actual
penado presidencial. ~ún así limitado, y, como si dijéramos, con la garantía
de su persona, el presidente Díaz creyó que se protegía mejor si se Je daba al
~lo un carácter recíproco; pero cuando Thompson comunica a sus supen~res esa co~dici~n, el Departamento pregunta sorprendido qué entiende
Méxi':° por reciprocidad. Mariscal se lo explica a Thompson: tener dttrante
tres ~os el derecho de estacionar barcos carboneros en cualquier puerto norteamencan~, para u~ de su :arma d~ guerra. El departamento de Estado acepta
0ces t:'teg6~~e~te la reciprocidad pedida, que a Thompson le pa. na exigencia IIllmma, dado que Mé.~co carece de marina de guerra y
110 digamos de carracas para abastecerla.
'

r

:eton

190°;5Pués de. ~ueve meses, el ~ l o se consumó el lo. de diciembre de
M : y concluma, en consecuencia, el lo. de diciembre de 1910; pero todavía
~ l luchó para aplazar algo más su ejecución re.al. Para ello pidió que
: ~ ieran los nombr~s~ ton_elaje, dimensiones, medios &gt;' vías de ab~tecimiento
no
~cas, ~I 1J1Jrusteno de la Marina dio entonces una gran sorpresa:
Lo ~ta dar la información pedida porque todavía no las había comprado
cierto es que un año después de hecha Ja petición seguía en las mismas ·
El 7 de noviembre de 1907, The Mtxican Huald hizo a sus lectores ia

!

:;aonaJ revelación de que los gobiernos de México y de Estados Unidos
a ian celebrado_ un "contrato" acerca de la bahía Magdalena. El Tiempo
ª caza d~ cualqUJer desliz internacional del gobierno, sobre todo en cuanto ;
SUs relaciones con Estados Unidos, expresó primero su extrañeza de que aquel

428
429

�periódico diera una noticia que por su ~t~ral~. Y magnit;id debier~~ haber
dado O el periódico del gobierno, El Diario Oficial, o su organo oficmso, El
Imp;rcial. Después, existe una contradicción entre el, 1:erald, que d~r por
consuma do el "contrato" , y las informaciones cablegráficas
., de Wasbmgton,
., .
.donde se pinta al embajador Cree! encrespado de indi~nacion patnotlca: protestando por las pretensiones del ministerio norteamericano de la Manna, ~
,
·
·
do, ret1'rándolas. La primera versión .parece
a este,
1mpres1ona
. "la exacta, SJ
se juzga por los detalles que en ella abundan, tal el rec1tat1vo cláusula, ~r
cláusula del contrato", hasta llegar a la compensación risi~le de que ~e,uco
pueda apostar su formidable marina de guerra en S~n Diego, por e3emplo.
De todo ello, y con su característica ordinariez, El Tiempo sacaba esta condusión:

Nosotros creemos que el verdadero objetivo es que, cuando las escua~
dras •ya~quis, jadeantes por la persecuci6n de los japone.~es, no tengan ni
con qué alimentar su respiraci6n de leviatanes, o en donde rep~;ª' sus
corazas maltrechas, la bahía Magdalena les ofrezca una estacwn ~arbonífera a la vez que un astillero y un punto de apoyo estratégico.
El Imparcial, deliberadamente parco, aseguró que el gobierno mexicano _había concedido pemúso para que algunas unidades de guerra de Estados u,rud~
hicieran prácticas de tiro, pero _que no h abía :•~edido" nada_ ?e la bah1a, m
tampoco el gobierno norteamericano hab1a solicitado esa cesi~~- . ,
Poco después El Imparcial se creyó obligado a dar con antlc1pac1on la noticia del arregl; sobre las carracas carboneras. El Tiempo creyó ~ue su col_ega
no decía la verdad, o, al menos, toda ella. Desde luego --:reflexiona-, mientras Estados Unidos se había apresurado a señalar la bahía Magdalena como
el puerto donde haría uso de su derecho a estacionar barcazas carboneras,
México se queda mudo, señal de que aquella famosa reciprocidad ~~ pos~
simple mampara para ocultar 1o que en realidad resulta una conces1~n unilateral y gratuita. El Tiempo hace ahora una consideración ~~ sen.,,a: ¿qué
tipo O clase de instrumento jurídico tiene ese arreglo o entendmuento. Porque
si es un tratado formal, tiene que hacerse público al convertir:se en ley después de su ratificación por el Senado. Como no ha sido así, debe haberte
hecho el arreglo en alguna otra forma, y, en ese caso, su validez legal es más
que dudosa. Pero El Tiempo da un traspiés al afirmar que, "en último caso,
sólo los estados de la Federación podrían dar esa autorización", y, desde luego
-agrega-, no se las han pedido. En fin Jas dos grandes fallas ~el arreglo
-eon independencia de su forma jurídica-, son que Estados Unidos no lo
respetará y que México es impotente para hacerlo respetar:
1

430

.. .de concesión en concesi6n, llegarán los Estados Unidos a hacer su
entera voluntad en México. Y a tenemos el depósito de carb6n en la
isla de Pichilingue, ya el tiro al blanco subrepticio en la Magdalena, y
ahora tendremos esos dos carboneros ( que se multiplicarán como los
panes bíblicos porque no alcanzarán para una flota tan grande y durante cuatro meses) . .. Si así seguimos, (.°dónde vamos a parar?
El Tiempo transcribe poco después un telegrama de alguna agencia informativa donde se dice que e despachan de Boston a la babia unos torpedos
-cuyo procedimiento de fabricación es ultrasecreto- para que los pruebe la
Flota del Pacífico en sus próximas maniobras. Es evidente que esos instrumentos infernales van a ser desembarcados en territorio mexicano para armarlos y ajustarlos antes de ser puestos a bordo de los barcos que iban a
usarlos. El suelo mexicano -de nuevo- está convertido en un campo de
maniobras y de experimentos de una potencia extranjera.
La defensa del gobierµo estaba confiada para entonces a El Imparcial,
un periódico industrial, de factura material moderna y más barato, pero aJ
que le ocurría la tragedia de que entre más se le leía, menos se le escuchaba.
Era, además, torpe: se encastillaba en la afirmación de que si fueran ciertas
las intenciones aviesas atribuidas al gobierno de Estados Unidos, si sus fines
fueran, en efecto, quedarse con la bahía, no se hubiera dirigido tan "correctamente" al de México, s.ino que se habría posesionado de ella manu militari.
De allí la conclusión fatalista:

Si antes podíamos hacernos ilusiones de que la si.tuaci6n delicada de
México frente a su vecino podía sostenerse por un tiempo indefinido,
ya no podemos forjarnos ninguna, y no nos queda más remedio que prepararnos para cualquier emergencia y armarnos hasta los dientes para
que el conflicto no nos coja desprevenidos y al menos caigamos con honra
Y después de haber causado al enemigo todo el mayor daño posible ...

1:°5 comentarios de la prensa crearon la impresión de que, por lo menos, el
gobierno de Estados Unidos se hallaba en serias dificultades para conseguir

lo que_ deseaba. Por eso, algunos ciudadanos norteamericanos, poseedores de
conceSiones de terrenos en la bahía o en su vecindad, se los ofrecieron en
El subsecretario Adee vio en seguida la falla de una solución semejante·· la adqwstcion
· · · , de b'tenes raíces no confiere la soberarúa sobre el suelo·
s6Jo la cesión de territorio puede dar a Estados Unidos la jurisdicción sobr;
la superficie que hayan adquirido sus ciudadanos. La otra forma sería un
arrendamiento con privilegios de jurisdicción, cómo en el caso de la base

;enta.

431

�naval de Guantánamo. " i una ni otra cosa - e lamentaba Adee- puede
esperarse de íéxico". Adee ufrió enseguida otro asalto má. tentador. L. F.
Kwiatwoski le informa que una corporación tiene hace tiempo una opción
obre toda la costa de la Baja California. incluyendo bahía • iagdalcna; puede
pues, convertir ésta en una estación carbonera pa5ando sobre la oposición del
gobierno mexicano. La corporación es jurídicamente nacional; pero en realidad, todos sus accionistas son norteamericano . El; en persona, ha tomado
muchas fotografías de la costa entera de la Baja California, y basta de su
interior; también posee un mapa con todos tos campamentos, caminos y aun
las brechas de la Península, y ha hecho un catálogo de u principales re•
cursos naturales.
Entonces algunos periódicos de Estados Unidos lanzaron la \'er ión de que
México se disponía a reformar u constitución para hacer una venta legal a
E tados Unidos de bahía Magdalena y quizás de toda la Baja California,
Adee
creyó obligado a hacer una declaración, que resultó inexacta:

El único fundamento de esta noticia es que México acaba de autorizaf
a Estados Uriidos a que mantenga permanentemente un barco carbonno
para proveer de carbón a las unidades de guerra que hacen allí SUS
prácticas de tiro. No ha habido cambio en un arreglo qut! tiffle años,
excepto que desde ahora se dejará en la bahla un barco carbonero.
Desmentida oficialmente la versión de la venta, otro periódico americano
aseguró que el verdadero fin de la ge tión era que Estados Unidos artillara la
bahía para la mejor defensa de sus costas. Todos estos enredos le dieron esperanzas a Mariscal de que c1 Senado norteamericano desaprobara el arreglo1
o, por lo menos, que se negara a reconocer los derecho recíprocos que México había pedido; duraron, sin embargo poco.
El ministerio de la Marina, a su vez, se creyó obligado a fundar aquella
obstinación en usar una bahía ajena y no alguna de las muchas propias: la
de Magdalena tiene una amplitud desusada, que permite a la Escuadra hacer
cualquier evolución; sus aguas son tranquilas, goza de un clima e.xcelente Y
la costa está enteramente dcspablada, de modo que es posible hacer cualquier
clase de tiro, aun los más lejano , y e o a cualquiera hora del día o de la noche. Así, el comandante en jefe de la Flota del Pacifico la declara fuera de
toda competencia o comparación.
El subsecretario de Estado Huntington Wilson le refirió al asesor juridiCO
del Departamento, James Brown Scott, que el embajador de México le babia
sugerido que, dado el carácter ya sensacional de los comentarios de la prensa
mexicana, el Departamento y la Embajada hicieran declaraciones a la prensa

destinadas a ~ner las cosas en su lugar. Para formarse una opinión le pide
una breve resena del asunto. Brown Scott le dice que en diciembre de 1908
ae obtuv~ ~¡ último pennis~ para las prácticas de tiro de abril de 1909, y que
las c:ond1aones son las mismas de siempre: no disparar hacia la co!ita, no
desembarcar a tierra gente armada y no desplegar en los campamentos banderas o insignia . De alli u opini6n:
S~ ve claramente que el permiso es temporal, y que se concede con [a 1
debidas precauciones para que no se viole el territorio nacio,1al. Los
ejercicios se han reali.:ado siempre con una autorización previa, y lejos
de tr~arse de un asunto de dudosa integridad, es inofe11siuo y limitado,
ademas de. probar la relació,i amistosa y la confianza mutua entre los
dos países.

Si ~a ésa l_a situación, ¿par qué diablos repelan tanto los mexicanos?
Hu_ntmgton W1lson le pasa el 12 de julio de 1909 un memorándum al secre•
tano ~ox: por lo_ ~isto -dice-., los mexicanos creen que nos hacen un
favor mme~•so· J&gt;CJ:,111t1éndo_n? los ejercicios de tiro en bahía Magdalena; erá,
pues, más digno n~ ~ohotar un nuevo permiso, y, para ello, sugi re que
~ hable con el mmislro de la Marina a fin de dar con otro lugar semeJ8Dte. Pe~ después de un amen "serio", el ministerio de la Marina llega a
~ conclusión. ~e que "ningún otro lugar de la costa del Pacüico llena tan
bJCD ~ requ1 1tos" para los ejercicios; el Golfo de Fonseca, por ejemplo, es
~emasiado estrecho y tormentoso. El embajador Francisco León de Ja Barra
un en_ibargo, perseveró proponiéndose tratar esta vez directamente con el se~
cretario K_no~ ~ quería sugerirle una declaraci6n del Departamento, entregada
para su dilusion a la Prensa Asociada, en la cual e explicara la naturaleza
verdade_ra de los dos arreglos y se dijera que no había habido ni e contemplaba run
modif_1cac1"6 n: entre otras razones porque las autorizaciones para_ los e1erc1c10s de tiro hab1an concluido y la de las carracas carbonera termmaría el 30 de noviembre de ese año de 1910.

. ~°:'"

De la ~arra fracasó en el sentido de que Knox no r soh,i ó por í mismo el

,º

: • 510

que lo volvió a poner en manos del subsecretario Huntington

..º• Y e5le, a su vez, le pidió su parecer a Thomas C. Dawson 1·efe de Ja
Di
·
·
' Dawson,
losvwón. de
. As un t °~ L atmoamencanos,
creada recientemente. Para

periócbcos enerrugos de Estado Unidos
empeñan en dar un carácter
~ n t e a los _arreglo , a pesar de que Estados Unidos nunca los ha pedido
y men~ México ha concedido una autorización indefinida. Los permisos
han
se
cad ~o
- y se wwtan
,:_:
Esto no pedido
.
al tiempo especificado en la solicitud.

.ª

qwere decir, sm embargo, que el "hecho de que siempre se haya per433

432
1128

�mitido, da derecho a creer que no se negará cuando se vuelva a pedir un
rmiso" \ ilson le ordenó entonces a Dawson que redactara un proyecto
pe
·
" ·
sean conde declaración según las sugestiones de De la Barra, s1 mpre que
secuentes con nuestros intereses". El proyecto de declaración _fue entrega~o a
De la Barra, quien lo sometió a la aprobación de la Secretana de Re~aciones
Exteriores. Hecho esto, el Departamento lo dio a la prensa norteamencana el

2 de marzo de 1910:

El gobierno de Estados Unidos ha solicitado 1m nuevo permiso paro
hacer · ejercicios de tiro en la bahía Maodalena durante un mes. ~si,
pumiso se ha co 71 ccdido anualmente desde a_n~es de 1906. ~s~ados U~1do1
no Jia solicitado ningún cambio en las condiciones q_ue Mexico connd_era
prudentes para garantizar la seguridad de los habitantes de la reg16n,
y 110 existe ningún acuerdo entre los dos gobiernos que afecte ~ ~a bahía.
Lo dicho por varios periódicos acerca de este asunto debe calificarse d,
inc:cacto con entera confianza )' autoridad.
La declaración convenida no correspondió ni a la atmósfera política ~
México ni a lo de os de su gobierno, excepto en el punto de que no se babia
hecho ningún arreglo que afectara la ituación jurídica de la. babia. Era adecuada, además, en el sentido de que se desmentían las versiones propal~
por Jo periódicos de ambos países, agregándo~e, a~emás, que_ el mentiS de~
tenerse como fundado y autorizado. En cambio, le10s de decirse que los ~
misos de tiro se habian concluido ya y que los de los barcos carboneros tenm-narían a fin de año, se habló de que se acababa de solicitar uno nuevo, lo
cual hacia sospechar que podían seguirse renovando, y que lo más natural
era que ocurriera en el futuro lo que ya había ocurrido en el pasado. De los
barcos carbonero no se dijo una sola palabra. La falla mayor de la declaración )a más inadecuada para el fermento político interno que era ya tan
patent~ en marzo de 1910, fue hablar de condiciones que el gobierno de México consideraba prudentes para garantizar la seguridad de los habitantes de
la región. De las limitaciones reales que lo permiso llegaro~ a tener, s6lo
una, la de no disparar hacia tierra, tenía relación con a segundad. Las otraS
dos: que no desembarcara nunca gente armada y que en los campamentos no
se desplegaran banderas estandartes o insignias, nada tenían que ve~ _con ella,
v sí con el fondo del problema, la ocupación y el uso por fuerzas m1btares ex·
~anjeras de las aguas territoriales y aun del suelo nacional.
La opinión pública no se calmó, pues, y quizá fuera imposible esperarlo
cuando la oposición al régimen de Díaz era ya abierta y o~ganiza~a. Por eso,
De la Barra recibió instrucciones de conversar con el propio presidente Taft.

434

Le dijo que una 'pequeña pane" de la prensa mexicana censuraba injustamente al gobierno del gen ral Diaz por haber consentido en la "permanencia"
de los barros carbonero y en las maniobras de tiro al blanco. Taft no ofreció
ninguna solución inmediata, limitándo a lamentar que una prensa poco
informada, o que con mala intención manejaba datos falsos, le hiciera oposición a un presidente tan patriota como Díaz; asimismo, de que esa misma

prensa despertara en las clas

bajas mexicanas mala voluntad hacia Estados

Unidos. De la Barra. sin embargo, se resolvió a decirle que los permiso no
debian renova~e en uno o dos años, tiempo en el cual podfa esperarse que la
opini6n pública se calmara. Taft, entonces, le dijo que compartía con él esas
opinione . De la Barra conversó entone con el secretario Knox, a quien le
sugirió que le dirigirla una nota oficial informándole que el plazo había terminado, y que K.nox contestara que ' daría órdenes para el retiro de los barcos
carboneros". El 8 de diciembre de 1910 -México, por supu to, en plena
rewlución- De la Barra pudo telegrafiar la noticia de que el presidente Taft
había convenido en el ' retiro inmediato" de lo barco .

De la Barra, en efecto, despachó la nota convenida a Knox el 7 de diciembre, pero con el único resultado de comunicarle después de una semana
que la había transcrito al ministerio de la Marina. Lo fantástico fue la respuesta de este ministerio: hacía mucho tiempo que no había usado de la
autorización de emplazar dos barcos carboneros en Bahía Magdalena para
abastecer durante sus maniobras a las unidade de la Flota del Pacifico, y
como también hacia tiempo que los ejercicios de tiro se hacían en altamar,
"ya no deseable" tener alli aquellas barcazas. El Departamento de Estado
sacó entonces una conclusión desconcertante de estas opiniones: "no se trata
de que ahora nos retiremos porque ha tenninado el permiso". El 14 de enero
de 1911 Knox da una respuesta formal a la nota de De la Barra en que reitera
el carácter de r ciprocidad y de temporalidad que el convenio había tenido
siempre, y le ruega expresar al gobierno de féxico el agradecimiento del
de Estados nido "por esta cortesía a sus unidades navales temporalmente
estacionadas en la bahía Magdalena".

Más fantástica todavía fue la confirmación que dio el jefe de la aduana
de bahía Magdalena a la S ci·etaría de Hacienda: no habían vuelto barcos
~neros norteamericanos desde bacía más de dos años, e decir, del 30 de
DOVJembre de 1909; el 24 de abril de 1910 fonde6 el crucero Buftalo, pero
s6lo para exhumar los resto de cinco marinos que habían fallecido al Jlc11ar
la Escuadra del Atlántico; cumplida su misión, zarpó al día siguiente p:ra
San Fr~cisco.
·
Tres días después fondeó el carbonero Saturn para recoger las
herramientas y útiles que no habían podido llevarse antes, pues el comandante de esa embarcación había explicado que se las Uevaba porque no re-

435

�gresarla ya al puerto ningún otro barco de la Flota. Y el aduanero decía entonces filosóficamente:
.. .lo cual parece confirmado, pues hasta la fecha no ha uuelto a fondear ningún buque de guerra de nacionalidad americana.

Es una ocurrencia diaria la desemejanza entre las versiones que da de un
sucedido callejero cada uno de los testigos que lo presenciaron; sin embargo,
las variantes no suelen ser tan grandes que en una aparezca el agresor como
agredido y en otra se cambien diametralmente estos dos papeles. Lo común
es, además, que la verdad se abra paso, y justamente cotejando esa diferencias, con el resultado de abreviarlas o hacerlas desaparecer, al menos en lo
esencial. Por eso es impresionante el caso de la bahía Magdalena, porque c:s
enorme el trecho que separa el hecho del dicho.
No parece que deba ser indiferente recordar que el relato de las página&amp;
anteriores es el primero que se ajusta a la verdad comprobada por documentos, cuya localización y consulta, por otra parte, lejos de envolver dotes
o artificios misteriosos, pueden hacerse en cualquier momento, por cualquier
persona y a plena luz del día. Tampoco deja de ser significativo que este
relato aparezca cincuenta años después de que el problema de la bahía quedó
para siempre liquidado. Y todo esto en contraste con la perseverancia de la
versión caprichosa que dio, por ejemplo, Francisco Bulnes hace cuarenta añoe,
y que han seguido cuantos se han ocupado, así sea de una manera incidental,
del asunto.
Para Bulnes, la diplomacia porfirica debió haberse dedicado a conservar intacto el apoyo "ultraamistoso" que Estados Unidos había ''concedido" a Porfirio Díaz. Bulnes no dice de modo explícito si Ignacio Mariscal lo coruigui6
en algún momento de sus treinta años de ministro de ReJaciones; pero afirma
que Enrique C. Creel, durante los nueve meses en que lo fue, "hizo mexicanismo diplomático de explosiva calidad", con el resultado de que Estadol
Un.idos acabó por "apoyar descaradamente" la revolución maderista que
tumbó a Porfirio Díaz. Y uno de esos "mexicanismos diplomáticos" de Creel
fue su negativa a "consentir por otros tres años la ocupación de la bahía Magdalena". Como suele pasar con Bulnes, rectificarlo significaría enderezar no
sólo la idea misma, sino todos y cada uno de los términos con que la expresó.
Nada de lo que dice en este caso es cierto; pe.ro sólo interesa la idea y la
palabra ocupar, que quiere decir tomar posesión o apoderarse de una cosa.
Pues bien, a la vista del relato de las páginas anteriores, puede decirse con
toda 5eoo-uridad que la marina norteamericana jamás ocupó la bahía Magda,,
lena; jamás el gobierno de Estados Unidos quiso o pidió ocuparla, y, desde

436

Juego, jamás de los jamases el gobierno de México consintió en que fuera
ocupada. Los casos extremos fueron dos: las maniobras conjuntas de las flo•
tas del Pacífico y del Atlántico durante dos meses en un año, y las maniobras
de la Escuadra del Pacüico dos veces al año, una en primavera y la otra en
otoño, cada una con una duración media de dos meses. Jamás, tampoco, estuvieron de manera permanente, ni siquiera por los tres años a que Bulnes se
refiere, las carracas carboneras, a pesar de que, en principio ese fue el entendimiento. Cada una de es.as maniobras, sin excepción alguna, se hizo al amparo de un permiso formalmente solicitado por el agente diplomático norteamericano en México, y la autorización era también concedida de manera
formal cada vez, sea por la Secretaría de Guerra y Marina, sea por el enado.
La oficialidad y la tripulación que bajaba a tierra estaban desarmadas, y no
ejercían, por supuesto, acto alguno de autoridad en el suelo mexicano, en el
cual, además, jamás ondeó pabellón o insignia extranjera.
Estos son, fuera de toda duda, los hechos; pero no dejan de ser hechos
también otros dos que deben ser considerados ahora para tener una pintura
completa. Uno es la pasmosa, increíble desaprensión del gobierno de Estados
Unidos, y otro, la falla inevitable que acaba por tener un régimen dictatorial
como el de Porfirio Díaz. No se ha encontrado un solo papel de ministerio de
la marina de Estados Unidos que indique ni remotamente siquiera que a la
bahía Magdalena se le diera algún valor estratégico, como precaución conua
la escuadra japonesa, según dijo con frecuencia la prensa norteamericana y
la de México, sobre todo. La perseverancia indelicada de ese Ministerio no
tenía como origen, pues, una necesidad de vida o muerte, de seguridad nacional suprema. La marina norteamericana no quería usarla sino para fines de
ejercicio o adiestramit'nto, maniobras en general y en particular tiro al blanco.
Esto explica, más que nada, por qué Estados Unido nunca apeteció "ocupar''
la bahía Magdalena; pero también revela la magnitud de esa perseverancia
indelicada para usarla en fines que pueden con justicia llamarse menores. A
la marina norteamericana simplemente le resultaba cómodo usa.ria para maniobras y ejercicios de tiro; la agitación, el ruido, los peligros, las molestias,
en suma, se llevaban a la casa ajena para no tenerlas en la propia. La solución era tanto más cómoda cuanto que la casa del prójimo era del próximo,
siendo, además, casa desierta, de modo que, en rigor, a ninguna persona Císica concreta se molestaba. Añádase que la bahía era amplia, tranquila y con
un clima excel •nte; así llegó la marina norteamericana a la conclusión a la que
se aferró: la bahía era un lugar incomparable, en verdad ideal.
En Estados Unido parece haber la ere ncia de que su marina sobre todo,
claro, los jefes y oficiales, tienen un tacto diplomático rara vez superado por
los funcionarios del Depa1tamento de Estado. La triste hi toria de la bahía

437

�Magdalena no abona esa creencia, pues durante los veintisiete años que duró
este negocio, jamás dudó por un instante de si no crían -para decir lo menos- impertinente sus instancias. En vario casos las unidades de guerra se
hacían a la mar de San Francisco o San Diego y el Ministerio pedía al Departamento de Estado que se las arreglara para conseguir el permiso en 101
dos o tres días que debió durar la travesía. Plantear el problema de las carracas carboneras como una autorización permanente, ofr cérsele una por
un mes, no confonnarse con menos de cinco años, aceptar enfadada la tranacción de tres, y después de tanto tiempo, de tanta ida y venida ¡ salir con
que no las había comprado! Cuando el secretario de Estado informa al ministro
de la Marina de la re istencia de México a que se renueven los pennisos y que
desde el punto de vista de Estados U nidos parece más digno prescindir de
ellos, el ministro se empeña y sostiene que no hay sustituto posible e imaginable de la Magdalena. y esto, cuando, en realidad, hacia ya más de un año
que no u aba la bahía para los ejercicios de tiro ni para el aprovisionamiento
de carbón.
La marina, sin embargo, no tenía una obligación profesional de ser delicada
y sensible; u deber profesional era ejercitar e y estar lista para cualquier
emergencia, y tras de eso f uc con gran perseverancia. Otro es el ca o del Departamento de Estado y de .sus agente diplomático .• ro fue hasta 1910 cuando el subsecretario Huntington Wilson, abrumado por los comentarios de la
prensa de su país y de México, reaccionó. Su reacción no fue, desde luego,
la de pena por ha~r puesto en un predicamento a un gobierno y a un pals
amiuos; fue de enfado ante la pretensión e túpida de los mexicano : creian
los muy tontos que favorecían enonnemente a Estados Unidos con intiendo a
la Escuadro del Pacífico en la bahía de ·ierta y sólo por uno o dos meses al
año. inguno de los agentes diplomático de Estados nidos en .1:é.idco per•
cibió que tras las dílaciones y el estira y afloje de Mariscal y de Díaz podía
haber repugnancia por conceder los permisos, y ninguno informó a sus superiores de los comentarios adversos de la prensa mexicana. Apena! si el embajador Clayton se atrevió a recordar a sus superiores que el gobierno mexi•
cano había negado ya la autorización para que desembarcaran oficialidad 'f
tripulación; pero cuando el mini terio de Ja farina insistió, el Departamento
de Estado no recordó aquella advertencia de su embajador y le ordenó pedir
así el permiso. La reacción del misml imo pre idente Taft no fue ni noble ni
acertada: le dalia que la prensa mexicana fomentara en las clases bajas del
país animadversión hacia Estados Unidos. Y la declaración pública en la que
al fin consintió el secretario de Estado Knox fue, como en el caso de su jefe,
poco noble y muy desacertada. El broche de oro fue e!-3. declaración: darle w
gracias al gobierno de México, no porque había sido conde ccndiente con el

438

gobierno de E tados U nidos, sino porque fue cortés con la marina norteamericana. Y no diga Ja graciosa tesis de Oaw~on: el hecho de que el permiso se
haya dado \'arias \'eccs, da derecho a e perar que no se negará en el futuro.
En cuanto al lado mexicano, lo primel'o que llama la atención es que en
1883 se negara el permiso tan redondamente, pues la icuación política del
gobierno de Manuel González en aquel momento era precaria al lado de la
de Porfirio Diaz en 1897, cuando se da el primer permiso. 1883
además, el
punto ál~ido de la construcción de las vías férreas, con la dos línea troncales
al orte; México necesitaba, y más aún Manuel González, de una opinión favorable de E tado · U nidos. En 1897 todo e o liabía quedado realízado, de modo
que puedr. decirse que el punto de mayo!' fuerza del porfiriato e alcanza entre
1895 y 1900. 'o puede, pues, suponerse que Díaz diera el permi o de 1897 para
alcanzar un fa\'or norteamericano, y menos que lo necesitara con urgencia o
para algo decisivo.
Parece, puc-, que Díaz dio ese primer permiso por imple complacencia y
sin pesar mayormente las comecuencias que podía tener. Así lo revela la prontitud (do día ) con que fue otorgado y el telegrama urgente de la Secretaría
de Guerra para el comandante Bermúdcz. Creyó, sin duda, que era un permiso
ocasional, dado por una única vez y a un barco determinado, que quería
aprovechar el viaje de regreso a su base deteniéndose en la Balúa para hacer
unos cuantos di ·paros. Cuando fundándose en ese permiso ocasional se pidió
uno nuevo, ya de carácter formal, es indudable que Díaz no negó el penni o, sino que decidió regatear los que fue dando, quizás con la esperanza de que el
gobierno de Estado Unidos advirtiera su re istencia y decidiera desistir por sí
mismo. Si e to peró, Porfirio Díaz, sin duda, cometió un error; pero no ocurrió
lo mismo en cuanto al fondo del problema, a saber, que lo permisos no comprometían la soberanía nacional ni que entrañaban un ri sgo importante para el

país.
En lo que i se equivocó redondamente fue en lo efectos que u complacencia iba a producir en la opinión pública nacional, y, má que nada, en el
juicio que haría de él la posteridad basándose en un episodio limitado de su
larga vida de gobernante. Díaz, como todo hombre fuerte, como todo dictador,
despreciaba la opinión pública coetánea, y en cuanto al juicio de la posteridad,
como él iba a ser eterno, y, en último extremo, si alguien lo uccdía sería hombre de idea. engendradas por él, nada había que temer.
La opinión pública coetánea fue en general adversa a la ascendencia norteamericana en México; pero en la medida en que se manifestaba en forma
pública, no fue ni más perseverante, ni más general, ni más incisiva, al principio que al fin del porfiriato. Tampoco se concentró de un modo discernible
en el asunto de la balúa !agdalena. ¿ Por qué, pues, Porfirio Díaz cedió a

439

�de Estada&amp;
ella el final de su régimen hasta reso lverse a p1antear al gobierno
. .,
, .
,
•
.
? No ha sino una explicaoon: su reg1men
Unidos el termmo de los pernusos.
y
l d d 1900 a 1910
se fue debilitando internamente, y de una manera ace era a e
'
decir cuando el negocio de la Bahía cobró vuelo. El repro~e, entonces, que
: un ;rincipio pudo verse con el desdén de la luna que mrra un_ pen:o ladrar al final golpeaba penosa, interminablemente, en la conaencia nusma,

~

ahu;entando todo sosiego y aun el sueño reparador.
fl "6 . la censura
. . . d e la posteridad' cabe hacer una- re, eXI n .
En cuanto a 1 3u1cio
'6 las
la o sición a esa ascendencia norteamericana las se~o, las man~J y
yencendio
~ la prensa cato·1·1ca, Y d e ella, no de la fuente
, . liberal, abrevo la Revolución para sepultar el régimen de D1az en el descred1to.

SE IBLANZA DE FRAY JOSEPH ARLEGUI
JOAQUÍN MEADE

San Luis Potosi.

JosEPH ARLEour, nació en la Villa de la Guardia, corte de los reyes de
Navarra, de la Provincia de AJava, en los Reinos de Castilla por el año de
1688. En la Provincia de Cantabria tomó el hábito de la Orden de San Francisco, a principios del siglo XVIII, pasó a la Nueva España y siguió directamente a Zacatecas, en donde dice, leía Teología en 1718. En 1719, se publicó en México, su Elogio de Nuestra Señora de Aranzazú, es de suponer
que fue un sermón predicado en Zaca tecas; asistió en ese año a la edificación de la capilla de una Hacienda, de don Domingo Tagle Bracho. Debe
haber estado durante la cuaresma en Fresnillo y, sin duda, fue capellán de
la Hacienda nueva de don José de Urquiola, conde de Santiago de la Laguna, de quien refiere tenía mil pesos diarios de sus haciendas de sacar plata.
FRAY

Estuvo los seis años siguientes en el convento de Durango, donde leía Teo-

logía; durante su estancia lo transformó en monasterio amplio, de cinco
celdas que tenía, lo dejó con amplitud para quince frailes; cuando menos
doce residían allí, dedicados a las letras, leyéndose Teología, Escolástica y
Canónica, Gramática e idioma mexicano, se administraban además tres pueblos indígenas y se enseñaba la doctrina. Tuvo diversos benefactores que lo
ayudaron para la obra material especialmente el obispo doctor don Pedro
Tapiz a quien menciona como ''mi muy amado señor y padre". En 1724, era
el guardián del convento y trabajó de sobreestante al ser reedificado el santuario de Nuestra Señora de los Remedios con la ayuda pecuniaria del teniente de capitán general de la Nueva Vizcaya y síndico general de la Provincia, don Manuel de Lizá.rraga. Estuvo presente al morir el doctor fray
Juan de San Miguel, que de memoria se · sabía la Biblia y era tan escrupuloso
que para sí todo lo rechazaba y fray Josepb Arlegui le tenía que enviar diariamente para el desayuno, una tablilla de chocolate. Fue en esta época cuando
estuvo en contacto con fray Antonio Margil de Jesús.

440

441

�Facslmilt de la firma de fray Jouph Ari,gui.

Por la aviciad del año de 1724, e celebraron las fiestas de proclamación,
jura y coronación del rey Luis I, con este motivo fray Joseph A.rlegui pronunció un sermón que fue impreso en Mé.xico, en 1725 intitulado: Elogio d11
Luis primero de España, en las fiestas con que celrbr6 su coronación la ciudad

de Durango.
En el capítulo celebrado en San Luis Potosí, el lo. d septiembre de 1725,
fue electo provincial para regir la Provincia de San Francisco de los Zacatecas y dice: "¡ Oh! Dispanga la Providencia Divina que, agradeciendo tantos
beneficio., lave con mi re ligio o proceder los pocos )' malos paso que en d
camino de la observancia de mi instituto be dado". E taba obligado a visitar
toda la Provincia que tema trescientas leguas de longitud por doscientas
ochenta de latitud y contaba con cincuenta y cuatro conventos, divididos en
guardianías, presidencias y conver.iones y se extendía desde anta Maria del
Río, al ur, hasta Casas Grandes, al orte y, de de Cerralvo al Oriente basta
Guazamota al Poniente y, así lo hizo aunque a ciertos puntos no pudo llegar
en persona; caminó más de oovecienta leguas par desiertos y erranías, donde
raramente había caminos y, a veces ni vereda había, con frecuente falta
de agua, de comida de pastos y naturalmente de habitación con el riesgo
constante de ser acometido por los indios bravos; en Jo punto de peligro
los f railcs iban acompañado de treinta hombr armados pero a pesar de
esto, estuvo en gran peligro el 18 de marzo de 1726.
Entre los conventos de la Provincia de Zacatecas, se encuentran los siguientes: el Convento de Zacateca , el de San Luis Potosí. el de la Villa del
ombre de Dios, el de Durango, el de San Bartolomé del Valle, el de an
Juan del Mezquital, el de San Mateo de Sombrerete, el de Santa María de
las Chateas, la vicaria de Matehuala, el convento de San Juan del Río, el de
San Frnnci co de Chalchihuites, el de an Luis de Colotlán, el de San Esteban del Saltillo, el de San ebastián del Venado, el de los Santos Apóstoles
San Pedro y San Pablo de Topia, el de an Francisco del Mezquital, el de
la Purísima Concepción de Nuestra eñora de Cuencamé, el de San Andrés
de Monterrey n el uevo Reino de León. el de la Purísima Concepción de

442

�Nuestra Señora de icrra de Pino , el de anta María de Guazamota, l de
Santa María del Río, el de la Asunción de uestra
ñora de Tlaxcalilla,
el de San Francisco de Conchos, el de Santiago de Cbimalútlán, el de San
Juan Bautista de Mezquitic, el de San Miguel de Mezquitic, el de San Diego
de Canatlán, el de San Buenaventura de Atotonilco, el de an Bernardino de
Milpillas, el de San Gregario de Cerralvo, el de la Purificación de u ·tra
ñora de Huejuquilla, el de anto Domingo de Camotlán, la doctrina de
San Jo é de Cadereita, la ayuda de Parroquia de an Antonio del Parral,
la Misión de antiago de Bahonoyaba, la misión de anta faría de lo. Angeles del Río Blanco) la de San Antonio de Casas Grandes, la de San Antonio
de los Llanos, la de Santa Teresa del Alamillo, la de an Bernarclino, la de
an Pablo de Labradorc , la de San Buenaventura de Tamaulipa, anto Domingo de Hoyos, la de San Cristóbal de Hualahuí. s, la de San icolás de
Agualeguas, la de San Pedro de Conchos, la de Santa Isabel de Tarahumarc$,
la de la atividad de u tra Señora de Bachiniva, la de San Pedro de Alcántara de Namiquipa, la de anta Anna del Torreón, la de Santa laría de
Gracia de las Carretas, la Conversión de la Concepción y de los assa y otros
puntos más. AJ ir a visitar la Custodia del Parral) acampó en las márgen s
del río aza , pero los indios bárbaros atacaron el campamento a la ocho
de la noche; se llevaron la mulada y gracias a la defensa efectiva de los soldados se salvó la gente y escribe: "Quedamos mi secretario y yo tan horrorizados, que mucho días nos faltó el color natural del rostro".
Durante su

tancia en Chihuahua en 1726, en\':ió a e. pañoles e indio a

lograr la libertad de fray Andrés Baro y del padre Aparicio, apresados por
los indios bárbaros, al despoblar las tres misiones de San Pedro de Conchos;
en la tarea ayudó el coyame o general que por dejar el gentilismo, en 1727,
pid.i6 a fray Joseph Arl gui un lugar en que él y Ja cuarenta familia que lo
acompañaban, pudieran vivir, les dio entonces el lugar de
acompañaron más de quince leguas en sefial de gratitud.

an Lucas y le

El 25 de diciembre de 1726, se hallaba en la ciudad de San Luis Potosí

Y, según consta en el Libro de Bautismo número 9 del Archi\'o Parroquial,
página 23 vuelta en que aparece de provincial y además lector en el convento de esta Ciudad, bautizó ese día a la niña faría Josepha Manuela, hija
de don Joscph de Erréparaz y d doña Josepha de Mier y Caso.

Dos días antes, el día 23, predicó en el Convento de an Francisco, de San
Luis Poto í, u "Oración Fúnebr ", en la honra a doña María de resti,
esposa que había sido del índico o-cneral de dicho onvento, el licenciado
don Francisco Guerrero quien lo publicó en féxico, en 1727.
Al \'isitar el convento de Huejuquilla, el ministro I informó del de cubrimiento de ciertos ídolos y de la supcIVivencia de los cultos idólatras; el pro-

443

�vincial mandó quemar una rodela bordada y el guardián fray ~i~uel Díaz
prendió fuego a varias casillas pajizas que se hallaban en lo mas aspero de

la sierra dedicadas a esos ritos.

.

'

En 1727, era aún provincial, se había terminado el nu~,vo enti~rro d~ religiosos en la capilla de San Antonio de Zacatecas, resolvm dep~s1ta_r allí los
restos de fray Juan de Angulo y para constancia de su extraordin~o estado
de conservación después de ochenta y tres años de los que dos hab1a e~tado
bajo tierra el cadáver; llamó a tres médicos aprobados por el prot~ed1cato
de México así como a dos cirujanos examinados, los que recono~1eron el
cadáver, en presencia del provincial y de su secret~rio y de _dos notarios apostólicos; declarando ser sobrenatural el estado de incorrupción en que _se ha11aba. Firmadas las diligencias, "lo cubrió con una colcha de damasco encarnado galoneada de oro; en una caja de madera ~rimorosa ~~ tres llaves,
reservando una para el provincial que fuere, otra dio al guardian de aqu~I
convento y la tercera al religioso de más alto grado, que lo era fray Antoruo
de Mendigutia...
En el mismo año de 1727, fue testigo del notable hecho ocurrido a don
Felipe de Osio y Campo, originario de Celaya, doctor en ~agrados ~ánones;
sufrió por espacio de media hora un ataque cerebral, entro en agoma Y pa·
reció expirar; al recobrar la vida pidió el mismo día el hábito de la Orden
de San Francisco, a fray Joseph de Arlegui quien se lo ofreció ~on gu~to para
cuando terminara su convalecencia. Sanó prontamente y quince d1as después salió para Zacatecas donde entró de novicio. Arlegui le preguntó al~na
vez Je dijese si había muerto o si había sufrido únicamente un ataque pasajero
y le contestó así: "R. P. Provincial, Fr. José Arlegui, si fui o
espíritu arrebatado a la divina presencia y si fue muerte o desmayo, lo 1~n~ro ; lo ~ue
~ólo puedo asegurar y decir a V. P. R. es que en el tribunal ~1V1no m~ ~
el juez tales cargos, que no teniendo que respon~er, 3:1e v1 e~ el ú.ltum
precipicio de mi eterna infelicidad, y viéndom~ perdido s10 remed~?• me alar·
gó su cuerda San Francisco para que me asiese de e!la, y cog1end~~ con
ambas manos, le pedí al santo me socorriese, y me halle con esto restituido a
mis sentidos y determiné luego hacer el voto par esto".
Durante su trienio de provincial, se concluyó el convento de Durango, con
la sacristía, el campanario y el colateral de San Antonio; en el conve~to _de
an Luis Potosí, se construyó una celda que debería servir para los com1sanos

º?

generales, cuando asistiesen a los capítulos.
El 17 de abril de 1728, entregó el gobierno de la Provincia a fray José d_e
la Torre. En el Libro de Bautismos número 9 de la Parroquia de San Ltns
Potosí , páaina
55 , consta que el día lo. de agosto de 1728, bautizó
a la, niña
o·
~
de
Anna Josepha Lucía, hija de don Joan Romeo Zapata y de dona MaríA

444

la Trinidad Faz; se dice alli que era lector jubilado calificador del Santo
Oficio, examinador sinodal de los Obispados de Michoacán y de Durango,
exministro provir¡cial de la Provincia de Nuestra Señora de los Zacatecas cura
. .
'
prop1etano y maestro de doctrina del Convento de San Francisco de esta
Ciudad de San Luis Potosí.
Se quedó en la Ciudad de San Luis Potosí con el cargo de cura de la doc~na y en l~s _seis años _qu~ la atendió nunca faltó, para que al poner ese
e1emplo, lo JID1taran los mdios y no fuesen a dejar de asistir. Los niños iban
todos los días y el domingo iban los adultos; se llevaba lista y el que no
es~ba, se ~e buscaba y se le hacía asistir; pero algunos huían y el doctrinero
hacía segwrles el rastro en que tenían mucha práctica y pronto daban con
el que se había ido.

Se dedicó al mismo tiempo a levantar un templo a Nuestra Señora de los
Remedios, quien le había salvado la vida, "cuando, acosado de una grave
enfenn~dad, la e~peraba menos", deseaba colocar alli una imagen que hacía
1~ tiempo _terua como su patrona y abogada; contaba de capital con dos
botijas de aceite, que le sobraron de la provisi6n de capítulo después de hacer
las cuentas a la Provincia y conmutadas par el síndico, dieron cincuenta
pesos. _Temía iniciar la obra con tan pequeña cantidad, pero al fin la hizo en
el patio o plazuela del convento y levantó "una capilla de treinta y cinco
varas de largo por nueve de ancho, de cinco bóvedas con sus puertas colaterales, vidrieras y ~es campanas colocadas en una esp~daña de dos cu:rpos";
babia puesto la primera piedra el 8 de septiembre de 1728 y se terminó la
obra el 5 de febrero de 1731, con donativos y limosnas dadas par diversas
personas de San Luis Potosí, de Zacatecas, de Chihuahua y de otras partes
co? un costo total de catorce mil pesos. Los altares fueron seguramente d~
estilo barroco con columnas salom6nicas, de acuerdo con las fechas señaladas.
, E_n el Libro número 9 de Bautismos de la Parroquia de San Luis Potosí,

P ~ 73 vue!ta, consta que el 19 de febrero de 1730, bautiz6 a la niña
~torua ~ranc1sca, hija de don Joseph de Salmerón y de doña María Cump do,. vecmos de Zacatecas, aparece a11í como lector del Convento de San
Franc1Sco.
En el mis~o Libro de Bautismos, en la página 77, dice que el 16 de julio
de _1730, bautizó a la niña Ignacia Antonia, hija de don Pedro de Mora y de
do~a Andrea Alvarez, actuó de padrino el alférez real de la Ciudad de San
Lu15 Poto51'
·d
•
Y regi or mayor don Francisco de Villanueva Velasco. En dicho
Libr? de Bautismos, en la página 99, consta que el 26 de diciembre de 173 I
bauti1.ó a J • - M
,
,
d
_
ª moa anuela Mana Josepha, hija de don Joseph de Rivera y
Be d~a Anna Rosa de Beráustegui. El siguiente dato del citado Libro de
autismos es interesante porque asienta que era guardián deJ Convento de

445

�Santa María del Río, dice en la página 119 que el 3 de enero de 1733, bautizó
a la niña Manuela Josepha Antonia Silvestra, hija de don Joseph de Erréparaz y de doña María Josepha d Mier y Caso, lo que nos permite saber el
•
año exacto en que fue guardián de ese convento. En este año de 1733 inici6
la construcción de la nueva iglesia de la Santísima Trinidad, hoy San Miguelito, frente a la antigua ermita, pero también se concluyó después de su
muerte, en 1752.
En la página 137 del mencionado Libro de Bautismos, se clicc el 29 de
marzo de 1734 que como cura y ministro de Doctrina del Pueblo de anta
María del Río, da licencia para que fuese bautizado en an Luis Potosí, el
niño Joseph Joachín hijo de don Luis de la Torre y de doña María de San
Juan, vecinos de la Parada de Jorge, de la jurisdicción del Pueblo de 'anta
Maria del Río; fue padrino, don Joseph de Erréparaz.
Como antecedentes a la Crónica de Arlegui )' a los notables croni ·tas f ranciscanos, podemos recordar a fray Andrés de Olmos, a fray Bernardino de
ahagún, a fray Toribio de Bena"ente o Motolinia, a fray Jerónimo de Men•
dieta, a fray Juan de Torquemada y a otros más; éste último da noticias de
la erección de la Provincia de an Francisco de los Zacatecas ; se cree allegó
algunos datos para la historia de la Provincia, fray José de Castro, originario
de la ciudad de Zacatecas donde recibió el hábito de la Orden por el año de
1670 y se dice dejó una Crónica incompleta que trataba de Querétaro y
seguramente de Zacatecas; pero no se clio a la estampa, a pesar de que dejó
impresas varias obras; falleció en Querétaro en 1708. Fray Juan Lazcano que
fue provincial de 1686 a 1689, hizo un trabajo de investigación en todos los
archivos de los conventos e hizo un extracto histórico o cuando meno cronológico que sin duda fue de gran valor para los trabajos históricos posteriores.
En el capitulo general de la Orden de San Francisco, celebrado en lilán,
el 15 de. junio de 1729, se ordenó por estatuto que cada Provincia deberja
nombrar su cronista con el objeto de que cada una pudiera tener historia propia.
En el capítulo celebrado por la Provincia de San Francisco de los Zacatecas,
el 6 de noviembre de 1734, en el Convento franciscano de Santa laría del
Río, se nombró cronista a fray Jo eph Arlegui. Tanto los potosinos fray Antonio Rizo provincial en 1734, como fray Juan Lazcano que había ido provincial en 1686, pusieron en manos de Arlegui los papeles y datos más notables
que habían logrado reunir en los registros e investigaciones que ellos habían
hecho a su vez. Tuvo así Arlegui estas fuentes , las de Torquemada, de fray
José de Castro, y la documentación original que logro reunir por cuenta
propia para hacer un extracto de todo ello y proceder así a terminar su Crl&gt;nica que sin duda, en su mayor parte escribió en esta bella y tranquila población, famosa por sus preciosos rebozos y por sus huertas de grandes nogales,
aguacates y otros árboles frutales, pero además de escribir u Crónica, tuvo

446

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�tiempo de visitar toda la jurisdicción que de él dependía; por el Oriente con-

firmaba con la Custodia del Río Verde y a él le correspondía hasta el río
de los Bagres, distante veinticuatro legua llenas de barrancas y de pasos
difíciles.

Se sabe que caminó ochenta leguas en doce días, para empadronar a los
feligreses y explicarles la doctrina cri. tiana, pero tan pobres eran sus moradores que .se vio obligado a llevar sus propios víveres y de éstos le pedían
esas pobres gentes.
Sin duda iba ocasionalmente a San Luis Poto. í para obtener algún dato
en el entonces rico Archivo de la Provincia franci. cana porque en el Libre
de Bauti~mos, número 9, ya citado, en la página 156, dice que el 13 de julio de
1735, bautizó a la niña Rosalia Ventura, hija de don Félix de Miranda y de
doña Antonia f6nica de Ceballo . La distancia de Santa María del Río a
an Luis Potosí es de poco más de cuarenta kilómetros o sea una fácil jornada a caballo y aun a pie.
Para 1736, estaba de guardián del Convento franciscano de la Asunción
de TlaxcalilJa, extramuro de la ciudad de San Luis Potosí; en el ya mencionado Libro de Bautismos, número 9, página 167 vuelta, dice que el 18
de may;'.l de ese aiio, el guardián de Tlaxcalilla fray Joseph Arlegui, bautizó
en San Luis Poto í, al niño Joscph Bemardino hijo de don Jo~eph Bias Infante )' de doña Francisca Ruiz del Castillo; fueron padrinos e1 alcalde orclinario don Joseph de Erréparaz y su esposa, doña Josepha de Mier y Caso.

En el Con\'ento de Tla."&lt;calilla, del que era guarclián, terminó su Crónica,
el 3 de mayo de 1736.
Ofrece la Crónica don Joseph de Erréparaz, indudablemente el mejor
síndico que tuvo el Convento de San Luis Potosí; sigue el "Parecer" de !ray
Juan Crisó~tomo Martín z, d la Orden de San Agustín, rector del Re.al Colegio d'! an Pablo de la ciudad de México, fechado el S de septiembre de
1736; viene luego el "Par cer" de fray José Vital Moctezuma, comendador
del Convento de San Lorenzo de 1a Real y Militar Orden de Nuestra Señora
de la Merced, de San Luis Potosí, fechado el 8 de septiembre del m.i5mo año y
que años más tarde fue obispo de Chiapas; el iguiente "Parecer", es de fray
Francisco Leal, cronista de la Pro, incia franciscana del anto Evangelio, vicario y cura ministro de la Parroquia de San José de la ciudad de México,
fechado el lo. de septiembre de ese año; igue luego el "Sentir" de fray Domingo Moraza, presidente del convento franciscano de San Miguel Mezquitic, fechado el 15 de junio de I 736; viene luego la "Licencia del uperior
Gobierno" del arwbispo de México y virrey gobernador de la Nueva España
Ilustrísimo y Excmo. señor Dr. don Juan Antonio de Vizarrón y Eguiarreta
fechada el día 12 de septiembre de ese año; viene luego la "Licencia del

447

�Ordinario", doctor don Francisco Rodríguez Navarijo, juez provisor y vicario
general del Atzobispado, fechada el 13 de septiembre. Sigue la licencia dada
por fray Pedro Navarrete, comisario general y superior de la Orden de San
Francisco, en la ueva España; el 10 de enero de 1737. El ''Prólogo al
Lector" y la "Protesta del Autor", tienen la firma del autor en el Convento
de Tla.xcalilla, el lo. de agosto de 1736.
La "Chrónica de la Provincia de
.S.P.S. Franci co de Zacatecas", la
imprimió en 1737, en México, Joscph Bernardo de HogaJ; se compone de
un volumen en cuarto con la portada en tinta roja y negra. tiene 14 fojas
preliminares sin numeración, y 412 de texto. La Crónica contiene cinco panes;
la primera parte, tiene nueve capítulo5; la .segunda parte. tiene nueve capitulos; la tercera parte, tiene doce capítulos; la cuarta parte. tiene diez capítul01
y la quinta y última parte tienen veintidós capítulos.
La "Parte Primera". "En que se contiene el origen de la custodia de N.S.P .S.
Francisco de los Zacatecas, y los aument05 que tuvo en sus felices principiot
hasta c;u creación en provincia". La "Segunda Parte". "En que se da razón
de los con\'entos y conversiones de la Provincia de .P.·. Franci co dr Zacatecas. y de alguno casos sin~ulare sucedidos en sus fundacionc . La "Parte
Tercera". "En que se da razón de los territorios de la Pro\'incia de ZacatecaSs
y de las varias co lumbres de los indios caribes que en ella moran. y de las
hostilidade con que hasta los pr •sentes tiempos la aquejan". La "Parte
Cuarta". "Dase noticia de di\'erso religioso qu murieron a manos de 1m
bárbaros en obse_quio de apo t61ico ministerio". La "Quinta Parte". "Refiérense las vidas de mucho varones esclarecidos que han florecido en virtud
en esta provincia de N.S.P.S. Francisco de Zacatecas".
Es una obra muy important pero hay que aberla manejar ya que en
ocasiones tiene discrepancias en fechas y nombres debido seguramente a la
premura del tiempo; escribió la Crónica en menos de dos años. Describe el
origen de la Custodia, su progreso y u erección en Provincia, da luego ne,.
ticia detallada de cada uno d lo convento y de las conversione en su
orden que forman la primera y segunda parte de la Crónica.
Aprovechó lo que se podía, de Torquemada, lo recopilado por fray Jci'6
de Castro, los resúmenes de fray Juan de Lazcano, primer investigador de
los archivos y clice que sin estos datos no hubiera podido cumplir su ~ ;
pero debemos agregar que él a . u vez también hurgó en las fuentes. Por la
prisa de hacer el trabajo, el estilo se olvida a veces, pero de acuerdo con la
moda de su iglo cita a veces autore sagrados, filósofos y poetas. Su meta
indudable fue dejar asentada definitivamente la memoria de los primeral
evangelizadores franciscanos que entraron a la región descrita, dando lal

nombres de los que fundaron los conventos sus h h
.
de esta obra, a pesar de la falta de archi ,
haecbos y los contmuadores
1·
d.
vos por
erse perdido al

por e incen io del convento y archivo de

z

f

gunos y

ci6n y anales que pudieran haberle servido ;;atcc~s; ~ltaron cartas de relacierto punto erróneos del Nobiliaro d R
dayu ª· provecha datos hasta
•
t
e eyes, e Alonso Díaz de H
menciona a don Juan de Oñate com d
b ºd
.
aro, que
de las minas de an Luis se sabe o es~u. n ~r, conquistador y poblador
sido nombrado primer alJalde ma que su umca intervención fue la de haber
Pueblo de San Luis minas del Pot:º1rl para Jle\·ar ª efecto la fundación del
5 , o que no ob ta para
•
menetone al capitán Miguel CaJde
d
.
que en otra parte
esta región.
ra como escubndor y conquistador ele

iguw Arlegui a T orquemada en lo ue toca

1

•

la Crónica; pero es original en la t
q
a as_ dos pnmerrui partes de
de l.acatecas de la ·ue V'
ercera parte, descnbe lo que vio en tierras
•
va izcaya Y del 'uevo Rein O d L ,

dicción de la Provincia de San F
.
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e con en la juris. di
rancisco e los Zacat
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m os y a sus costumbres con dat
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ceas. escn e a los
os " osos para la etn af'
.
cuarenta y dos Yariedades o nac ·o
ogr ia, menciona a
i ncs aunque no mencion
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enos a los apaches caras cuach"chºl
.
a sus J wmas, entre
1 1 es, nayantas tarah
.
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mdudahlemente sale ganando la et 1 , . d
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umaras Y tcpehuanes;
no ogia, e$cnbe luego 1 h "lid d
tepeh uanes y tarahumaras en 1 • 1 XVI
. . as ostJ a es de
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I para finalizar con J • .1!
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ot an al iniciarse el siglo XVIII.
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numerosos
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se dcstruyeron innumerables te J
spano es y religiosos,
E
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mp os, casas, sembrados y gana.dos
s ver a eramente un monumento histórico f
.
la Crónica de la Provincia de San F
.
d
undamental y de gran valor,
de la Nueva España que abarcaba r;:crsco e Zacat~ca~ para la región orte
Nue..-a Vizcava en la N
G 1· . a enorme Provmcta Franciscana, en la
. '
ueva a ic1a, en el Nue
R . d
parte del Virreinato que incl ,
emo e León y en la
dalcázar y de San Luis Poto;•a
parte de las Alcaldías Mayores de Guaesa jurisdicción la Custodia f y . i_,o unda pa~e, porque quedaba excluída de
Es .
ranc1scana el Río Verde
pcc1almcnte para San Luis Pot ,
.
Crónica.
OSJ, es de gran valor histórico la citada

~:3'

'"°

, · de Tuestra Señora de G d 1 ,,
. Su "Pan eginco
en el año de 1738 lo h b'
d.
ua a upe , fue publicado en Mé3 1a pre icado en San L is p
d
,
• El
e este año predicó en la JgJes· d 1 C
u
otos1.
11 de agosto
1ª e a
"La .
ompanía de Jesús
ó ·
quinta esencia de la santidad
.
' su serm n tJtulado:
Elogio de San Juan F
.
R _can~nizada de la Compañía de Je ús:
rancisco egis" impreso
M, .
este añc, era guardián d I Co
'
en
cx1co por Hogal. En
bautiz6 en la Iglesia Pa:o uia~v:nto d~- San L~is Potosí; el 17 de octubre,
don Joseph de E é
. q
' - la mna Maria del Pilar Josepha hija de
rr paraz Y de dona María Isabel z
'
Y e1 12 de diciemb
· ·
.
arzo~a, su segunda esposa
re s1gwente, bautizó al niño Phelipe María de la Trinidad
JCO

1

448

449
H29

�hijo de don Phelipe Arduengo y de doña María Ana de Herrera· fue padrino,
fray Joseph Vital Moctezuma, comendador del Convento de Nuestra Señora
de la Merced. El 18 de mayo de 1739, seguía de guardián del Convento de
San Luis Potosi y ese día, bautizó a la niña Joscpha María. hija del doctor
don Manuel Clavijo y de doña Anna de Mora y Luna. En este año, expidió
un certificado, relacionado con la epidemia que se había extendido entre loa
indios de Tlaxcalilla, Santiago y otros cercanos.
El 24 de septiembre de 1739, bautizó a la niña Thomasa Gertrudis Joscpha,
hija de don Jo eph Molina y de doña Augustina Quijano; el 5 de noviembre
s.iguiente, bautizó a la niña Jo epha Ignacia Juana, hija de don Joachín
Antonio de Otaegui y de doña Josepba Antonia de Enéparaz; fueron pa•
drinos, don Jo!ieph de Erréparaz y su esposa doña María Isabel Zarwsa. El
15 de mayo de 1740, en qu seguía de guardián, bautiz6 a la niña Maria
Joscpha Francisca, hija del doctor don Manuel Clavijo y de doña Anna de
Mora y Luna; fueron padrinos, don Joseph de Errép, r:l.Z y su esposa doña
Isabel Zarzosa; el 31 de octubre siguiente, bautizó al nii10 Francisco Xavier,
hijo de don Francisco González de Molina y de doña Josepha G6rnez de la
Puente; fue padrino el alférez real y regidor, don Manuel de la Sierra¡ el
26 d I mi~mo mes, bautizó al niño Joseph Manuel, hijo de don Jo eph Antonio de Faz y de doña María Franci,;ca Sánchez, se le menciona como padre
absoluto de la anta Provincia de uestra Señora de los Zacatecas y el
último del año, o sea el día 31, bautizó a la niña Juana Manuela de Jesús
Jo ·epha, hija de don Jo eph de Erréparaz y de doña ,{aria Isabel de Zarzosa.
"iendo fray Joseph Arlegui, guardián del Con\'cnto de an Francisco dice
en sus apuntes históricos fray José Santo Domingo que Arlegui y otras personas s opusieron a la fundación del Convento de la Orden del Carmen en
an Luis Potosí; el canónigo Francisco Peña. en su "Estudio Histórico". dict
en la página 46 que en 1744, el provincial de los franciscanos, fray Antonio

Rizo, impuso silencio al P. Arlegui.
Lo más extraordinario es que según asienta fray· José

anto Domingo en
sus apuntes históricos lo siguiente: "Pero uno de lo concurrentes, actual Sin·
dico de San Francisco, caballero de mucha virtud y honra llamado don J09E
Erréparaz, le respondió. Lo cierto es P. Guardián, que yo no sé l&gt;i los Car·
roelitas son hipócritas o no; o si tienen la virtud fingida o no. Lo que veo
es que son hombres ejemplare , que nos dan buen ejemplo a todo ... Qued6
el Guardián confundido ... pero no se enmendó, antes bien en el confesionario
aconsejaba a las mujer , que no fuesen al Carmen..." y es cosa extraordi·
naria porque en los años siguientes fue gran amigo del capitán d?Jl J3seph de
Erréparaz. Agrega en los Apuntes que Arlegui amenazó diciendo tenía veinticinco mil pesos para echar de San Luis Poto

450

í a los Carmelitas· pero •

principios
. d d de
p 1.742, lograrnn ¡0 del Carm en Ies f uesen entr gadas las ha
aen as e cotillos
y de Pozo. del
armen que era e1 1egado de la fundación..
,
El 6 de abnl de 1741 bautizo al niño Francisco Antoru·o h". d d An
,_: G t"~
d d ,
, JJO e on
..,...o u .ierrez
y e ona Mana Ignacia .oI'orzano, f ue padrino
• el alférer.t
real
d
. _Y ~~ or do:á fanuel de 1~ !erra; seguía de Padre absoluto le la Pro-

vmoa_) e guar .. n. El ~ de JUnto del mismo año, bautizó al niño
Ignacio de la Trinidad, hijo de don Joachín d Ot
. d
_ Josepb
de Erréparaz y su esposa, doña Isabel de Zarzoe. E~clg~ y e dona Josepha
ba · , al ·sa.
't de febrero de 1742
unzo muo Joseph María hijo del méd. d
i
.
,
y de doña Anna María de Mor
L
ico on _anuel Villegas Clavijo
M
a y una, fue padrino. fray Joseph Vital
octezuma, comendador del Convento de la M . d. • ,
.
sol t d I p · ·
·
eice · · egma de padre ab
u o e a i:ovmcta Y_~• guardián del convento de San Luis Potosí. El ;
de mano, bauuz6
a la nma ·foserJha Cruimi 1-a ' h..
· don J oseph de Errépa
1Jª de
•
d d
raz y e ona Isabel Zarzo a que falleció el día 4. f
drin
.
Antonio Cardozo cura beneficiado de an L UlS
. p,Otue_
pa
o
el
doctor
don
O ' l.

El. 27 del mismo mes, b au t1"·z6 a ¡a runa
·- Mana
, Josepha hiº· d d
Y de doña Petra Maña de Gaona. El 8 de abril d/~ 74; ::
a nu~ Jo-epha Rosalía, hija de don Francisco ánchez d d -· Mu •~o
Gertrud!S , 'i to El 24 de ma d
_
_
Y e ona ana
lüJO" d d
J ,. h
. yo e este ano, bautizó al niño Joscph Antonio
- f ana
, Franc1.Sca
.
. e 6on osep
. . Antoruo
. de Faz y de dona
ánchez El . '

7 ~-

ig;

r.::: d:~i~;'º'.

baull,Ó -• la nffia Marla Xav;cra MarceHna. h;ja de d::
. gw y de dona Jos~pha de Erréparaz; fu . padrino. don Jo e h
. paraz, vmdo. El 11 de septiembre de 17-12
t' fi 6
· .
P
antigüedad del pueblo de ant"
cer 1 ic por escnto que la
a los de Tlaxcala v de San M;a~;I ~ remontab~ a 1783, en lo qm· aventajaba
para la Real Audi~ncia.
~ ' a con tancia •ra para el alcalde mayor y

de Erré

"QPrcdicó otro sermón titulado: "Sagrado Paladión del ~ .
O
ue en la Rogativa pública
hiz
,
,.
encano
rbe"
Muy Noble e Ilustre Ciudad ~ue
o a _Mana ~ant1s1D1a d~ Guadalupe, la
Cath6lica~ Armas de T
~ an. Luis Poto. i por el fehz suceso de las
(que Dios
d )
uestro Cathóhco Monarcha el Señor D. Phelipc V
guar e contra la Armada Inglesa. Predi , l R
Arlegui". fue impreso en M' .
.
co e
. P. Fr. Joseph
Hogal en 1743.
- ex1co por la Viuda de don Joseph Bernardo de
El 6 de noviembre de 1743. bautizó a la ni.
..
tor don Manuel Villegas Clavi·
d d n~ Anna lgnac1a, hiJ3 del docpadrino, don Manuel -de 'I JO YL e ona Mana Anna de Mora y Luna; fue
•
nora y una
Asistió como perit ¡ ·
·
las tierras, a los na~:le~r:;:e;:s d: e~erodde ~ 7H, ~ la pose i6n que se dio de
ra de Guadalu
.
amos e an Miguel Y de Nu tra Señoen 1
pe en presencia del alcalde mayor don Micn,el Y-' e resto del añ
,-,anez; pero
o no aparece en ningún otro bautismo lo que parece indi-

451

�rar que se hallaba ausente de San Luis Potosí e igual cosa se observa en 1745.
Predicó el dia de San Pedro de 1745, en la igl~ia parroquial de San Luis
Potosí y el 4 de octubre en el templo de San Francisco de esta ciudad; public6 los do sermone Hogal_, en México, titulados: Excelencias del Príncipe
de los Apóstoles, el Gloriosísimo P. )' Sr. San Pedro y Mysterioso Enigma descifrado en la Vida y .\fuerte de Nuestro Serdphico Padre S. Francisco.
El 16 de abril de 1746, bautiz6 a la niña María Josepha Juana, expuesta
en la ca~a de don Joseph de Erréparaz, viudo, capitán de Infantería Españ~
la y teniente de alcalde mayor, a Arlegui se le menciona como padre más digno de la Provincia de Zacatecas y su cronista.
El 8 de mayo de 1746, ofició en San Luis Potosí en el matrimonio de don
Thomás de Brazcros y Campo con doi'la María Antonia de Erréparaz.
Por el año de 1747, mandó construir la preciosa sacristía del templo de'
San Francisco; el encargado de obtener el dinero y de construirla fue el muy
capaz y activo síndico de San Francisco y gran amigo de fray Joseph Arlegui, el capitán don Joseph de Erréparaz¡ se inauguró el 5 de octubre de 1753
unos cinco o seis años después de su muerte.
El hecho de que en 1719, publicó en México su Elogio de Nuestra Señora de Aranzaz1,, da motivo para suponer que a él se debe la idea de construir la hermosa capilla de los novicios de Aranzazú en el piso alto del convento y lo hace más probable el hecho de que aquí también se encargó de
su construcción el capitán don Joseph de Erréparaz; se inauguró también en

1753.
En las honras fúnebres que la ciudad de San Luis Potosi hizo el 13 de
abril de 1717, al monarca fallecido, fray Joscph Arlegui pronunció su oración fúnebre: El Moyses de la .Monarchía de España, oración fúnebre de
Felipe V, publicada por la Imprenta Real del Superior Gobierno, y del Nuevo Rezado, de doña faría de Rivera; reimpresa en Madrid en 1750.
El lo. de junio de l 747, bautizó al niño Femando Josepb Miguel hijo de
don Juan Ortiz de Salinas y de doña Anna de Aztegui; fueron padrinos, don
Joseph de Erréparaz y su esposa, doña Juana de Dios Sánchez Tamayo; el
siguiente 18 de julio, bauti7.6 a la niña Ana María Josepha Ignacia, bija de
don Joachín de Oategui y de doña Josepha de Erréparaz; fueron padrinos,
don Joseph de Erréparaz y doña Juana de Dios Sánchez Taro.ayo. El 15 de
octubre de este año, pronunció su conocido sermón: "Felicidades y gOZOI
conceguidos cuando menos se esperaban", para celebrar la fundación del convento y la dedicación del Santísimo, en el nuevo templo de la Orden del
Carmen, de San Luis Potosí. Es sabido que Arlegui había tenido diferencial
años antes con los carmelitas, sin duda por eso dice en el sermón: Durus est
hic sermo, et quis potest eum audire, y agrega:. . . "habiendo padecido la

452

•

...

'1

�Temp.lo de Son Miguelilt&gt; antcriomu11/e de lo Sa11tísima Trinidnd, S. L . P.

Cnpilln de Nue;/ro Señora de lo., Remedios. ha, del Sogrado

Com::6n, S. L. P. Estada actual

�Sacratísima Religión del Cannen y esta ciudad nobilísima tantos afanes y
ansias para conseguir la nueva fundación de este convento e iglesia. .." A
mi juicio murió poco después de esta fecha y antes de mayo de 1748; estaba enfermo de gota, según lo dice fray José de Santo Domingo. El último
fue: "El Príncipe más valiente, con la dama más prendada", que de orden
del Ilustrísimo Sr. Elizacochea, obispo de Michoacán, predicó fray Joseph
de Arlegui, en la fiesta que debido a esa orden celebró, el doctor don Antonio Cardozo, cura de San Luis Potosí, en la jura solemne del rey don Fernando VI en juHo de 1747, ebastián de Ar~balo Jo imprimió en 1749, en
Guatemala, ya que fue dedicado a don José de Araujo y Río, presidente de
la Real Audiencia de Guatemala, gobernador y capitán general de sus Provincias y dice en los pareceres y licencias: "que se imprime este senn6n en
la ciudad de Guatemala, para salvarlo del olvido en que pretendía dejarlo
la modestia del autor". Además de su reconocida modestia hay que tomar en
cuenta que para este año indudablemente había fallecido; seguramente murió como se ha dicho antes de mayo de 1748, hay que tomar en cuenta que
las órdenes religiosas llevaban su propios regi~tros de entierros, porque la
partida de defunción no .se encuentra en los libros parroquiales de San Luis
Potosi, aunque ex;ste la posibilidad como ya he dicho que los franci.canos tuviesen su propio libro de defunciones. Se ha visto que había bautizado a casi todos los hijos del capitán don Joscph de Errépara1: y el 15 de mayo de 1748
fue bautizado su hijo Joseph Ignacio Manuel Domingo de Erréparaz y Sánchez Tamayo, por el rector del colegio de la Compañía de Jesús, el padre
Juan Bautista Luyando, S. J., y el 16 d diciembre fue bauti1.ada la niña María Josepha, hija de don Joachín de Otaegui y de doña Jo epha de Erréparaz;
actuó como iempre de padrino el capitán don Joseph de Erréparaz y tampoco aparece fray Joseph Arlegui; lo que parece confirmar su deceso antes
de mayo de 1748 como antes se ha dicho, debido a esta ausencia que solamente su muerte explica debidamente.
Fray Antonio Rizo, al ser electo por segunda vez, ministro provincial para el trienio de 1745 a 1748, ordenó al cronista fray Joseph Arlegui que investigara en lo archivos de la Provincia e hiciera una lista alfabética de aulOres, dando u origen, nacimiento y muerte y su bibliografía para enviarla
a don Juan José de Eguiara y Eguren para su Biblioteca Universal M xicaque estaba ya para entrar en prensa y efectivamente en 1755 salió el primer tomo en latín, con las letras A, B y C, aprovechado por Beristain y donde
en diversa; ocasione se menciona a fray Jo eph de Arlegui en la Biblioteca
Hispano Americana Septentrional. Acaso lo inició fray Joseph Arlegui antes
de su probable fallecimiento en el año de 1748.

"ª

453

�HIBL1OGRAF1A DE FRAY JOSEPH ARLEG I
El io de uestra Señora de Aranzazú. Imp. en
ce más, Jo. é Mariano Beristáin de Souza) •

'::f

iéxico. en 1719. 4o. ( o

Tesoro Zacatecano para el lícito comercio del oro y de la plata en las minas.
(Dice Beristáin que e taba pronto para la prenira, pero que no lo babia
vi to).
Elogio de Luis primero de España, en las íi~tas con que celebró su coronación la ciudad de Duran~o. Imp. en México por HogaJ. 17~5.
Las fiestas de proclamación, jura y coronación del rey Lms lo. se celebraron, por la navidad del año de 1724.
Oración fúnebre, que predicó el M. R. P. Fr. Joscph Arlegui, Lector Jubilad Qualificador del Santo Oficio, Examinador Synodal de lo. Ob1spacb
d;• Valladolid, y Durango, Padre y Ministro Provincial de. la Santa Pro. · d San Francisco de Zacatecas en las Honras, que h1zo en u Convmc1a e
. p
, d d' 23 d dito de San Francio;co de la Ciudad de an Luis oto I e 1a
e
del año de 1726. A doña María de U res ti. yndica_ General Y
Hermana de dicha Provincia. ácalo a luz el Li~. don Franc1 co Guembogado de las Reales Audiencias de este Remo, espo_o que fue de la
ro, a
d
p . .
. lo dtdicha doña Maria y yodico General, que es e_es~ roVJnaa, qu1e~
dica a la Muy Docta, Santa y Venerable Provtnc1a de uestra . enora de
los Zacateca&lt;; del Orden del Seraphin humano el grande y adnurable Pa•
F'
ctse·0 Con licencia. En México, por los herederos de la
tnarca an ran
·
6) IS
viuda de Miguel de Rivera, en el Empedradillo. Año de 17~7 • ( 1
.
bado
en
madera,
anónimo.
18
13.5
cms.
'Sllb-Dir.
de
la
Bipágs., un gra
.
blioteca ac. de Méx.) .

:t:mbre

Su contenido es el siguiente: la Dedicatoria del Lic. don Francisco G~
rrero a la Provincia de an Francisco de Zacatecas, fechada en _san ~•
Potosí el 13 de febrcro de 1727. El "Parecer" de fray icolás de_ Lizardi, de
· ·
la Orden de an Franci co, predicador, ex-pre-m1D1Stro
Y gu ard1án de Santa María de los Angeles Ocholopazco, donde está finnado el 18 de mano
d 1727 Suma de las licencias firmada el 22 de marzo de 1727. del doctor
e
·
, ·
"P
de
Matías
Navarro, abogado de 'la Real Audiencia de ~e~co.
~cer" del
· lá de ava maestro del número de la Provmc1a Agustiruana
f
ray 1co
,
d M, ·
1 18
ombrc d Jesús, firmado en el Convento de Santa Cruz e e~co? ~ .
de abril del año citado de t 727. Sigue el texto del Sermón que ta dividido
en dos partes.
Chr6nica de la Provincia de N.
454

. P. S. Francisco de Zacatecas: Comput."

ta por el M. R. P. Fr. Josrph A1legui. Lector Jubilado, Calificador del Sto.
Officio, Examinador Sp1odaJ de los Obispados de Valladolid y Durango,
Padre Ex-Ministro Provincial y Chronista de dicha Provincia: La que dedica a . . P. Francisco don Joseph de Erréparaz, Síndico General de dicha Provincia. en nombre de Ttro. Rmo. Fr. Pedro avarrete, Predicador
General, Calificador del anto Officio, Padre de la Provincia de Santiago
de Xalisco, ex-Ministro Provincial dos veces, y Padre de la del Santo Evangelio de México, y Comis ario General de todo los de la 'ue,a España,
y Islas Filipinas. Con licencia de los Superiore.. En México por Jo. eph
Bernardo de Hogal, Ministro, e Impresor del Real y Apo L61ico Tribunal
de la Santa Cnizada en todo este Reyno. Año de 1737. (14) 412 (9) páginas 20.5 x 15 cms. (Biblioteca del Museo Nacional de México).

Panegyrico Florido que en Ja solemne Jura que hizo la Nobilísima ciudad de
San Luis Potosí con su Commercio, y Minería de Patrona General contra
la epidemia a María Santí ima en su prodigiosa aparecida Imagen de Guadalupe, Predicó el R. P. Fr. Jo.eph Arlegui, Lector Jubilado, Calificador
del Santo Officio, Examinador Synodal de los Obispados de Valladolid,
y Durango, Padre Ex-Ministro Provincial y Chroni ta de la Provincia de
N. S. P. S. Francisco y Guardián del Convento de Santa María del Río
el día 30 de octubre de 1737 años, Quien lo dedica a . Rmo. P. Fr. Pedro Navarretc, Predicador general Jubilado, Calificador del Santo Officio, Padre de las PrO\·incias de la Concepción y Xalisco, Ex-Provincial dos
veces de la del anto Evangelio y Comissario General de todas las Provincias de Nueva España e Islas Philipinas. Con Licencia de Jos Superiores. En México. Por Joscph Bernardo de Hogal. Año de 1738. ( 24) 24
páginas, dos grabados en madera, anónimos. 19.2 x 14 cms. ( ub Dirección de la Biblioteca Nacional de México). Su contenido es el siguiente:
la "Dedicatoria", por Fr. Joseph Arlegui El "Parecer'' del P. Fr. Nicolás
de Jesús María de la Orden de Carmelitas D calzos, Lector que fue de
Teología Escolástica de Vísperas Prior del Convento de la ciudad de
Oaxaca, Examinador inodaJ de .u Obispado, Definidor de su Provincia
Y actual Prior del Convento Grande de México, lo firma en el Carmen de
México, el 18 de enero de 1738. La " probación" del P. Pedro de Echevani, ·. J., Catedrático de Prima en el Colegio Máximo de an Pedro y
San Pablo y Calificador del Santo Oficio, donde está firmada el 21 de
enero de 1738. El "Sentir" de Fr. Antonio Torizes, franciscano, Lector
Jubilado, Calificador del Santo Oficio y Comisario de los Santos Lugares, lo firma en el Convento de San Gabriel de Tacuba, el 22 de febrero
de 1738. La "Licencia del uperior Gobierno", concedida por el virrey
don Juan Antonio de Vizarr6n y Eguiarreta, por decreto del 21 de enero
455

�de 1738. La "Licencia del Ordinario", concedida por don Francisco Rodríguez Navarijo Abogado de la Real Audiencia, el 23 de enero de 1738.
La ''Licencia del Orden" firmada por Fr. Pedro Navarrete en México,
el 14 de abril de 1738, como Comisario General y por Fr. Nicolás Galiano como Pro Secretario General. Sigue a continuación el Texto del
Sermón.
Quinta Essencia de la Santidad Canonizada d la Compañía de Jesús, Verificada en la Canonización de San Joan Francisco Regis, extraída por el
R. P. Fray Joseph Arlegui, Lector Jubilado, Calificador, y Comissario del
Santo Officio, Examinador Synodal de los Obispados de Valladolid y Durango, Padre más digno de la Provincia de an Francisco de los Zacatecas, y u Chroni. ta, en el Sermón, que predicó a su Canonización en el
Ilustre Colegio de la e ·clarecida Compañía de Jesús, de la ciudad de San
Luis Potosí, día once de agosto, de 1738 años: Dedicada por don Joseph
Erréparaz, Syndico general de la Provincia de Zacatecas, y Vecino de la
ciudad de San Luis, al Sr. Lic. don Francisco Antonio de Echábarri, Ugarte y Ama a, Colegial mayor, en el Insigne de San Ildefon,o de Alcalá,
Cavallero del Orden de antiago, y Oidor en la Real Audiencia, de la
ueva España, de la ciudad de México. Con licencia de los superiores:
En Mé.xico, por Bernardo de Hogal. Año de 1739. (22) 36 páginas. Un
grabado de Francisco Xavier Amador. 19.7 x 14.2 cms. (Sub Dirección
de la Biblioteca Nacional de México).
Su contenido es el siguiente: La "Dedicatoria" de don José de Erréparaz.
El "Parecer" del P. fray Jo ph López de Osuna Ex-lector de Sagrada
Teología, otario Apostólico Examinador SynodaJ del Obispado de Durango, Predicador conventual y Comisario Visitador del Tercer Orden de
Penitencia del Convento de San Francisco de la ciudad de San Luis Potosí, en donde está firmada el 18 de febrero de 1739. La "Aprobación"
del R. P. Ignacio Xavier Hidalgo, rector del Colegio de la Compañía
de Jesús de la ciudad de San Luis Potosí, donde la firmó, el 28 de febrero de 1739. El "Parecer" del P. fray Joseph López, lector jubilado,
Calificador del Santo Oficio, otario Apostólico, Regente de estudios Y
Guardián del Colegio de Santiago Tlatelolco. La "Licencia del Superior
Gobierno". La "Licencia del Ordinario''. La "Licencia del Orden". Sigue
a continuación el texto del Sermón.
Sagrado Paladión del Americano Orbe: Seon6n que en la Rogativa pública, que hizo a María Sma. de Guadalupe, la muy Noble e Ilustre, ciu•
dad de San Luis Potosí por el feliz suceso de las Cathólicas Armas de
Nuestro Cathólico Monarcha el Señor D. Phelipe V ( que Dios guarde)
contra la Armada Inglessa: Predic6 el R. P. Fr. Joseph Arlegui, Califi•

456

cador, y Co~ari? del Santo O!ficio, Examinador Synodal de los Obispados de M1choacan y Durango Padre Ex y 1·rus· tro p · · ¡ ·
·
.
,
• ''
rovmcia mas antiguo, )' Chromsta de la Santa Provincia de Zacatecas: quien lo dedica a
Ntro. Rmo. P. Fr. Juan de la Torre, Lector Jubilado, Theólogo de
M.
en la Real Junta d: la Inmaculada Concepción y Comissario General de
t~o ~I Orden de l • S. P. S. Francisco en esta Familia Cismontana. Con
licencia de los uperiores. Impresso en México. Por la viuda de don Joseph Bernardo de Hogal, Impressora del Real, y Apostólico Tribunal de
la Santa Cruzada en todo este Reyno. Año de 1743 (22) 21 • ·
d
, .
·
paginas, un
grab d0
ª ~n ma era, anorumo 19.3 x 15 cms. (Sub-Dirección de la Biblioteca Nacional de México).

s.

Su contenido es el siguiente: la "D dicatoria" a Fr. Juan de la T
por Fr. Joseph, Arlegui. El "Parecer" del Dr. don Antonio Cardoso Corre,
Paran, eate eirá.ttco que fue de Filosofía en el Real y Pontif' · corn. Se . . d
, .
ICIO
o¡cgio minano e Mex,co. Cura interino de la Villa de Sal
¡
Ob' d d
·
amanea en e
is~ o e M1choacán, Propietario por S. M de la ciudad de San L ·
Potosi y en ella Vicario y Juez Eclesiástico Comisario de I T 'b u1s
les de Inquisición y Cruzada y E.xaminador Sinodal de di h osf_ nd una¡ · d d l
c o, ll'Tlla o en
a cm a , e 5 de enero de 1743. El "Parecer" del p Fr Dom'
F
rru ·
Cal'fi d
·
·
esmo,
1 1ca or del Santo Oficio y Doctor de Teolncfo
I mgo
c
to de S F
.
d M, .
-,;,- en e onvenEI " · ~ctsco e e:aco, donde está firmado, el 9 de abril de ¡ 743_
!ai:ecer' del P. Fr. Gaspar Sánchez, Lector Jubilado, Padre de la
Provmc,a de Santa Elena de la Florida, Ex-Guardián del Convnnto G
de V' · d
· •
rany icano el de Santa Isabel de México; en donde está firmad
l
5 de marzo de l 743. La "Licencia del Superior Gobierno", concedidaº• er
decreto del l 1 de marzo de 1743. La "Licencia del Ordinario" co di~d
por don Fran .
Xa . G'
, nce a
sía C .L
CISCO, • v1er
omez de Cervantes, Prebendado de la Igleateural de Mex,co, por auto del J8 de abril de 1743 Lº
. d 1
Orden f
da
. ,cenoa e a
irma
en el Convento Grande de San Francisco de Mé .
l
24- de enero de 1743
F p dr
x1co, e
M' 1 d
' por r. e o Navarrete Comisario General y Fr
tgue e Ahumada, Secretario General. Texto del Sermón dividido e~
dos partes, la segunda contiene tres párrafos.
Excelencias del Príncipe de los Apóstoles el glorios.ísimo p y Sr S Ped

: r :·. J~~eph Arlegui. México. Por Hogal. 1745. En cu~to.
cita ~~
5t
n a.m de Souza, en su Biblioteca Hispano Americana Septentrio-

nai).

(Lo.

Aunoue no lo di Be · ,. d b
dad .
. ce
r1stám, e e ser un Sermón pronunciado en la ciumon~e 5a_n L~IS P~t~s.í ya que en 1745, residía en dicha ciudad y los serindud blohan impnmme poc~ después de la festividad religiosa en que
ª emente fue pronunoado.

457

�·
d if do en la v1·c1a ). muerte de nuestro ser[tphico Pa•
Mysterioso erugma ese ra
edi ó n el día 4 de octubre de 1745
dre S. Francisco; Sermón q~e pr d:
Luis Poto í, el M. R. P. Fray
años en su Convento de la ~1udad C lifi d
y Commis.~,uio del Santo
· Le t
Jubilado
a ica or
Joscph Arleg~n,
cor oda} d j Obispados de iichoacán Y Durango,
Oficio, Exammador, Syn_ . e 05 •
de la Pro,·incia de San Franp ..a_
M. . tro Provmc1al más antiguo
Padre Ex
lillS
.
•
¡ dedica a nuestro Rmo. S ame
Chromsta quien o
cisco de Zacatecas, y su
. do Calificador y Con.~uhor de la upreFr. Juan Fogueros, Lector Jub;ab ·Í Escoto en la Universidad de Tarrama, Cathedrático del Doctor u t1 Arz. b' ;ado de Barcelona, E.x-DefiniO 1•
• GL de todas las de
uegona, Examinador Synodal de u
. . d Cataluña y Commts~ano
d
dor de la Provincia e
.
1 • da de don Joseph fiernardo e
- I
en México. por a v1u
,
va Espana. mpreso
. .
. r . re sin numeración, y 32 mas que
Hogal. Año de 1746. 8 hojas pre muo~ª s,_' de la Biblioteca 'acional de
, En 4o . ( Sub- 1recc10n
comprende a 1 Sermon.

s:

México) .
.
el "P cer" del franciscano Fr. Antonio
·¿
1 siguiente·
are?
'
F Crisu contem o e e
.
d 1746 El "Parecer'', de r.
Mancilla, México, el 12 de febrerso eF
~co el que firmó en el Colede la Orden de an ranc
'
¡ 7u. El
d C
tóbal e astro,
elolco el 14 de de mayo de
-ro.
gio de an Buenav_e~tura de Tlat del ~itado Colegio, el 10 de mayo de
"Parecer", de Fr. Felipe M~ntal~o,del 18 de febrero de 1746. La "Liccn•
"L'
c·a de Gobierno ,
.
d "
1746. L a
icen 1
. d
l746 La "Licencia de la r en ,
ord· · ,, ctel 28 de abril e
·
del
cia del
mano •
.
32 páginas que contienen el texto
del 7 de junio de 1746. Siguen 1as

o

Senn6n.

¡

Hon-

, d Es aña Oración Fúnebre, que en as
El Moyses de la Monarchí~ e 'd
p d d. San Luis de el Potosí A nuestro
hiz la obilís.,;una cm a
e
.
ara.~, que - o
. V El día treze de abril de mil setec1entos. qu
Rey y Senor don Ph_clipe · R p F Josepb Arlegui, Lector Jubilado,
renta y siete años, d1xo el M. . . . Off' ·o Examinador Synodal de
1c1 ,
Co
· · de el Santo
•
• de
Calificador y
mmtsano .
an O Chronista de la Provincia
los Obi,;pados de Valladoli~, ~ Durás ~' o de ella. Quien la dedica a
Zacatecas, y Padre Ex-Provincial mLe gnJubilado Padre de las Santas
N. Rmo. P. F. Juan de la Torre,
ctor M" . tro' Provincial de la Pro.'
Burgos ex- I.JllS
Provincias de la ~oncepci,on, y d la Real Junta de la Inmaculada C.onvinci:i de Cantabna, Theologo e
d
p San Francisco en
O d
·
·0 General de la r en e · ·
l del
C
cepción, y omm1ssan
'{, .
'En la Imprenta Rea
Impressa en .n e::oco.
a.:..
Cism
la Familia
ontana.
R d d doña María de Rivera. """
y del Nuevo cza o, e
B'blioG b"
Superior o iemo, , .
14 5 m.s. (Sub-Dirección de la 1
de 1747. (14) 20 paginas. 18.8 x
. e
teca Nacional de Méxi~o).
"D d' t 'a" de Fr. Joseph Arlegui, El
m11ente: La
e tea on
Su contenido es e 1 l•e,-

458

''Parecer" del Dr. y Maestro don Joseph Mariano de Elizalde Yla &gt;' Parra, Prebendado de la lgleüa Catedral de México. El "Parecer". del P.
Fr. Antonio de Mancilla, de la Ord&lt;.•n de San Francisco, lector jubilado y
calificador del Santo Oficio. La "Aprooaci6n" del P. Fr. Bernardo de
Peón y Valdés. La "Licencia del Superior Gobierno". La "Licencia del
Ordinario". La "Bendición y Licencia" de Fr. Juan Fogueros. de la orden de San Francisco, lector jubilado, Calificador y Con ultor de la Suprema. iguen las 20 páginas del texto del S rmón. Fue reimpreso en Madrid, en 1750.
Felicidades y gozo conseguidos quando menos se esperaban. 'ermón panegyrico que en la solemnisima fiesta que a la nuC\'a fundación del convento y dedicación del antíssimo en el nuevo templo de an Elías de
la Sagrada Religión del Carmen en la ciudad de .. an Lui Potosí, el día
15 de octubre de 1747 año, celebró . M. R P. Provincial Fr. Antonio
Rizo, Predicador General Jubilado, Calificador del Santo Oficio, Examinador Synodal de tr s obispados, Ex-Custodio y dos vezes Mini tro Provincial de la Provincia de San Francisco de Zacatecas; ocupando .u P.
M. R. las aras; acompañándolo su súbditos en altar. Choro y processi6n
solemne: quien lo dedica en nombre de su provincia a la anta Provincia de an Alberto de Carmelitas Descalzos. A expensas de don Manuel
Ortiz de Santa María, Alférez del comercio de dicha ciudad de San Lui
y Syndico dt: Santa María del Río. Predicólo el R. P. Fr. Joseph Arlegui, Lector Jubilado, Calificador del Sto. Oficio y su Commis~ario Examinador Synodal de Mechoacán y Durango, Padre E.x-Pro,·incial más
antiguo de la Provincia de Zacatecas, u Chronista y Regente mayor de
sus estudios. Impre o en México. En la Imprenta del Nuevo Rezado de
doña María de Ribera año de 1748. 13 hojas preliminares, sin numeración, más 26 páginas en que aparece el sennón. 20.3 x 14 cms. ( Había un
ejemplar en la bibliot ca del Lic. don Primo Feliciano Velázquez).
Su contenido es el siguiente: La "Dedicatoria'' por Fr. Antonio Rizo, del
16 de octubre de 1747. El ''Sentir'', por Fr. Mateo Ansaldo, S. J., en la
ciudad de México, el lo. de junio de 1748. El "Parecer", de Fr. Manuel
Ximénez de Are!Jano, de la Orden de San Francisco, en México, el 30 de
julio de 1748. La "Aprobación", del P. Miguel Jo é de Mondrag6n, de
la misma Orden, en México, el 7 de enero de 1748. La "Licencia del Superior Gobierno", del virrey don Juan de Brancifortc y Güemes, en México el 4 de junio de 1748. La "Licencia del Ordinario", don Francisco Xavier Gómez de Cervantes, en México, el 14 de agoto de 1748.
Esta obrita es muy rara.
El Príncipe más valiente, con la Dama más prendada, Sermón que rn la

�d l limo Sr Dr. don Martín de Elizacoolcmne Fiest~ que_ de orjen cl:b: el Dr. don Antonio Cardoso Cura, y
chea Obispo de M1choac~n e d S Luis Potosí en la solemne Jura, y
Juez Eclesiástico de la ciudad eR ·
Señor d~n Femando Sexto; Preplausible Aclamación de
:le er, iector Jubilado, Calificador, y ~clicó el M. R. r. Fr. Joscp
. gud S dal de los Obispados de Mi.
.
Offi · Examma or yno
.
mm1.SSario del Sto.
c10. . . .
p . 'al ma's antiguo de la Provm,
D
Ex Mm1stro rovmc1
choacan y urango,
Chronista y Regente Mayor de sus
.
F
·
de Zacatecas su
,
G
eta de San r~c1sc~
..
residente de Capítulo de esta de uaEstuclios. Commissa.no V1S1taldlor, y p don Joseph de Araujo, y Río,
l í
ustre enor
.
D d. d
themala. e ica o a
. . . d G thcmala Gobemador Y Cap1R
1
A
d1cnc1a
e
ua
·
l
Presidente de a
ea . u .
G h
la Por Sebastián de Arébalo.
ovmc1as en uat ema .
3
1d
tán Genera e sus pr
.
b d en madera anónimo. 18. x
9 (36) 26 págmas, un gra a o
.'
.
Año ele 174 ·
.
. d
B'blioteca acional de iéx1co).
(E 1 Sub-D1rccc16n e 1a 1
1
13.3. cms.
n a
.
'6 el Sermón citado, se halaba
en
En la fecha en que. Arlegu: p~onunc;a Semblanza, el bautizo de un niño
la ciudad de San L~s Potosi; _c1:;n l lo de junio de 174 7 y el de una
que efectuó Arlegu1 e~ e_sta c1u
Peocl . '6n y 1· ura del rey Femando
ente La r amac1
d . J'
nii1a, el 18 e JU to s1gw . .
,
.
de 1747 con lo que queda
VI,
efectu6 en San Lws
;an Luis Potosí Y, como Arleaclarado este punto de que se d
- se explica la f rasc de que se
.
é5 d octubre e este ano,
·
.
gui fallcc16 despu
e
. d d d G temala para salvarlo del olvido.
imprimía el sermón en la c1u a . ~ ;~ Dedi:atoria al r. don José de
El contenido del impreso es el s1gudi1~n : d Guatemala. Gobernador y
'd
d la Real Au eneta e
Araujo. Pres1 ente e
. .
llán Fr. Diego Ortiz. La
'tán
General
de
sus Provmc1as por el Cape
C . . Ge
e
api
tln de la Cagiga y Rada¡ om1sano
•
"Aprobación", del Dr. don Airus 6 .
de la Ialesia Metropolitana de la
neral de la Santa Cruzada y Can _rugo
2 de ·unio de 1749. "Censu. dad de Guatemala donde está firmada el
J_
C
., de
c1u
d I Colegio de la ompama
ra" del P. Nicolás Prieto, S. J., Rector . e
A b' do y Consul:
,
1 E, minador sinodal ele ese rzo ispa
Jesus en Guatema a, xa
d . · d 1749. El "Parecer',
tor de la Inquisición; en Guatemala, el 11 e JU;l:/d
Comisario Vi-

u:

Po~:~;~:::

r

del P. Miguel Eduardo de Anivill~ ~ector : i;r:rco· en el Con•
sitador de la Orden Tercera de Pemtenc1a de . . d 1749, La "Licen.
d Guatemala el 7 de JUDlO e
.
vento de S. Franc1sco e ,
~ 1 3 de 'unio de 1749. La "Llcen-

~: !~ :;·i:."d!~J:::.1z:":.!ºv:1asco, ci"".6ID_go de';;:'-:'.:~:
litana d Santiago· en Guatemala el 14 de Jumo de 1 .
tropo
e
•
s F · co de
. d I Orden". en el Convento Grande de an ranos
cencia e a
,
. .
r Fr José Ximénez,
dad de Guatemala, el 3 de Jumo de 1749, po
·
.
Provincial; y Fr. Antonio María de Herrarte, Lector Jubilado y

.

la au. .

v1cano
Secre·

tario. Sigue el texto del Sermón que se divide en dos partes y la segunda
en cinco papeles.
Cr6nica de la Provincia de N. S. P. S. Francisco de Zacatecas, compuc ta
por el M. R. P. José Arlcgui, Lector jubilado, calificador del Santo Oficio, examinador sinodal de los obispados de Valladolid y Durango, padre
ex-ministro provincial y cronista de dicha provincia: la que dedica a
Ntro. S. P. S. Francisco, don José de Erréparaz, síndico general de dicha
provincia; en nombre de Ntro. Rmo. P. Fr. Pedro Navarrete, predicador
general, calificador d I Santo Oficio, padre de la provincia de Santiago
de Jalisco, ex-ministro provincial dos veces, padre de la del Santo Evangelio de México, y comisario general de todas las de la ueva España e
Islas Filipinas. Con licencia de los Superiores. En México, por Jo é Bernardo de Hogal ministro e impresor del real y apostólico tribunal de la
Santa Cruzada en todo este reino. Año de 1737. Reimpresa en México;
por Cumplido, calle de los Rebeldes Núm. 2. 1851. XX. ( 5) y 488 páginas y un grabado. 22 x 14 cms. (En la Biblioteca del Museo Nacional de
México).
Su contenido, como hemos visto en la la. edición es el siguiente: La Dedicación de la Cr6nica, -por el capitán y síndico don José de Erréparaz.
El "Parecer" del R. P. Fr. Juan Crisóstomo ,fartínez, del 5 de septiembre de 1736, en México. El "Parecer" del M. R. P. Fr. Jos' Vital Moctezuma, en an Luis Potosí, el 8 de septiembre de 1736. El "Pai-ecer", del
R. P. Fr. Francisco Leal, en México, el lo. de septiembre de 1736. El
"Sentir" del R. P. Fr. Domingo Moraza, en San Miguel Mezquitic, el 15
de junio de 1736. La "Licencia del Superior Gobierno", del virrey arzobispo Ilustrísimo Sr. Dr. don Juan Antonio de Vizarrón y Eguiarreta, en
México, el 12 de septiembre de 1736. La "Licencia del Ordinario", Dr.
don Francisco Rodríguez avarijo, en México, el 13 de septiembre de
1736. Licencia de "Fr. Pedro Navarrete", en México, el 10 de enero de
1737. "Prólogo al lector". ''Nota". "Protesta del Autor", Fr. José Arlegui, firmado en el convento de Tlaxcalilla, el lo. de agosto de 1736. Sigue el texto dividido en cinco partes. En la Semblanza se describe detalladamente el contenido de la Crónica que, en su Primera Parte cuenta
con nueve capítulos. La Segunda Parte, con nueve capítulos. La tercera
Parte, con doce capítulos. La Cuarta Parte, con diez capítulos y la Quinta Parte, con veintidós capítulos. Esta edición de 1851 tiene además,
unas "Memorias para la continuación de la Crónica de la muy religiosa
Provincia de N. S. P. S. Francisco de los Zacatecas. Acopiadas por Fr.
Antonio Gálvez, año de 1827", las que principian en la página 389 de esta edición. Estas adiciones tienen un "Prólogo" al que sigue el texto de las

�.
ca ítulos y una "Pro tes ta" .' las "Memomemorias comprendido en once . p
. deJ año de 1716 en que la
.
1 hechos ocumdos a parar
tá r_
rias", coI1S1gnan os .
año de l828. La "Protesta", es Ul'•
Crónica Arlegui termina, hasta el .
d S Luis Potosí el 14 de abril
,
pte . t d, San Francisco e an
mada en el om~n .º e
1 485 está la "Tabla de las partes y ca
de 1829. De 1~ pagina 467, ª,, / sea el índice y en las páginas 487 y
tu los que conttene esta Crom~a ,,' 1 t de éstas fray Antonio Gálvez
, . d 1 "Memonas . e au or
,
488 el indice e as
.
, la Provincia de San Francisco de Zahabía sido nombra.do Cro~1~ta d:e en eJ Convento de San Luis Potosi, en
catecas, en el Capitulo ce e ra
el mes de julio de 1819.

ª.

LOS ESTADOS UNIDO E

ANTóN LIZARDO
ALBERTO

MARÍA

CARREÑO

México. D. F.
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'
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PEÑA, FRANCISCO, Est11d10 u. ruo º1a f11ndación, progr,sos y tstado dt ,st, ,011
SANTO DoKI ·oo, Josr., Fa., Libro d~ d d d, San L11is Polosl. 1786. En: P. F. Velád, Carm,litos descalzos de isla ci11 a
11 1897
Poto í, 1921.

.

qua, Docs. para la Hist. de Se. ~- \ V~~ v:,um,~tos para la Historia de Sar&amp; ¿,,;,
Piuuo FELICIA, o, o ecci n
Potosi. San Luia Potos1, 1897-1899, tomo n. Mé ·co lmp de Victoriano ~
Obras d,l Li,. D. Primo Ftliciano Velá.zq~ez.
Xlo~ XXXIV, 454 pjgs. Húl°"'
Editor. 190 l. Biblioteca de Aut~rcs Mexicanos. T
d, San Luis Potosi, vol. II, MéXJc0, 1947.

VE.LÁZQUEZ,

ARCHIVOS

Archivo Parroquial de San Luis Potosí.
BautiJmos.
Cuamicntos.
Defunciones.

LA YmA

MÉxlco era demasiado precaria. Dos ideologías, como en el moque vivimos, agitaban al país. Este había vivido largo tiempo bajo
un dgimcn dominado por la Iglesia y tal régimen había sido atacado por un
grupo de pensadores antirreligiosos, anticlericales, que habían sido guiado en
b principios por dos hombres de inteligencia clara y de actividad extraordinaria: el doctor don Valentín Gómez Farías y el doctor don José María Luis
DE

mento en

Mora.

Las tendencias de izquierda se habían acentuado a mediados del siglo XIX
y otros dos hombres, principalmente, habían mantenido las ideas que habían
lido proclamadas en la Logia Anfictiónica de ueva Orleans y que tendían
a la destrucción de la fuen.a que hasta allí había tenido la Iglesia: Don Benito Juárez y don Miguel Lerdo de Tejada.
Ptro no eran ellos solos quienes abrigaban tales tendencias, sino que éstas
le habían extendido de modo con iderable, como lo demuestra la expedición
de la nueva Constitución de la República, expedida en 1857.
Por un fenómeno social perfectamente explicable, una reacción contra estas
ideas y contra estos propósitos había surgido, y de allí Ja gran división que se

operó: de una parte estaban los defensores de los privilegios y de los bienes
de la Iglesia; de la otra, quienes anhelaban destruir tales privilegios y apoderarse de los bienes eclesiásticos.

La lucha entonces se hizo dura y tenaz, agravada por la actitud de Europa,
que pretendía no perder los privilegios de que había gozado por siglos, y por
la actitud de los Estados Unidos, que iban constituyéndose en una poderosa
lllci6n, aunque dividida también por una ideología y por graves intereses eco116micos, fincados en la esclavitud de los negros que habían sido arrancados
de 1111 tierras nativas para ser consagrados a las rudas tareas de la explotaci 'n

del tabaco y de las minas.
462

463

�Europa y los Estados Unidos estaban en pugna, a su ,·ez. por lograr la
hegcmorua sobre México, y los últimos por ampliar su territorio, engrandecido por la adquisición que les proporcion6 u injusta guerra contra nuestra
Patria. Un grupo de mexicanos se inclinaba a Europa, movido aún por el
recuerdo del territorio perdido y por los temores de perder otros nuevos, que
claramente ambicionaban nuestros vecinos del ortc; el otro grupo se había
omeli&lt;lo a las halagadoras insinuaciones de tales vecinos.
Tal era la condición de nuestro país cuando ocurrió el episodio que tanto
conmovió a México; episodio que tan acerbamente se comentó entonces y
que hoy podemos recordar debido al hallazgo de documentos originales, procedentes de una de las partes en el conflicto, y que el autor de estas líneas
encontró en el Departamento de Manuscritos de la Biblioteca Pública de la
Ciudad de ucva York. Tales documentos son las declaraciones hecha.~ en el
diario del Capitán T. Tumer, jefe del barco de guerra de los Estados Unidos
Sauanali, parte de la Bota anclada en Veracruz en calidad de simple observadora, o, como quieren algunos, como protectora del grupo gubernamental encabezado por don Benito Juircz.
Pero hay que agregar todavía, que los gobiernos de Santa Anna, de Zuloaga
y de Miramón, que ahora fungía como Presidente de la República, se habían
rehusado a vender a los Estados Unidos la Baja California y los Estados del
orte, Sonora, Chihuahua, Nuevo León, Coahuila y inaloa, y que Juárcz y
su Ministro de Relaciones Melchor Ocampo habían asegurado al enviado de
los Estados Unidos, William {. Churchwell, que estaban dispuestos a ceder
territorio nacional, y permitir el tránsito perpetuo por el Istmo de Tehuantepec; y si bien el enviado norteamericano rindió a su gobierno un informe
terrible acerca de las condiciones políticas de México, era natural que el gobierno norteamericano se inclinara a fa,·orecer a J uárez, reconocido luego por
McLane como el verdadero Presidente de México, con el cual celebró el tra•
tado conocido con el nombre McLanc-Ocampo.

He aquí el informe de Churchwell:
" ...México, seguramente, está en la más deplorable condición. Inccsantt.S
conmociones intestinas desde que logró su independencia lo han puesto en
dificultades tan complicadas y de tal magnitud, que su redención de la anar·
quía está muy lejos de la posibilidad, excepto por la eficiente ayuda moral
del exterior. El extremo peligro de su presente condición es tal, que obliga a
pensar al observador en la necesidad de una acción inmediata. México per·
derá inevitablemente su nacionalidad o será presa de gobernantes despóticos,
salvo que los peligros que lo perjudican de tal modo sean removid&lt;&gt;5 pronta·

464

mente.
Abandonado
a ¡ mISlllO
•
1as cosa. no pued
,
•
.
aqu1, y s1 emp • ,ran sólo n •¡
.·
n contmuar como hasta
•
u fil agro ·vitará 5
, d'd
Llama d pués 1a atem:i6n
•. d
u per I a total.. :•1
e . que . hay dos part1'd o militantes: el
liL=ra1 d ominado por Juáre acc1ca
l
bezad I
z y e reacc1onar10 def
d l
.
o a lora por el general M'
1 M.
,
en or e a Iglesia, encaf
·
1
•gu
tramon
Hac
¡
·
y u t1ga a rgundo asegurand
1
.
e un ogio del primero
• • 1
'
o - o que no ra ciert
.
tituctona contaba con la opini6n pública. a
o- que el partido consde los dos partidos puede er llamad
un c~ando as gura que ninguno
conocido como el lc:gítimo.
o o terno, dice que Juárez debe ser re-

¡/

Mirma
que ha tenido div rsas· conv •"'~acrones
.
·
co J ·
sugiere que el Gobierno de lo Estad U 'd
n uarcz ' u gabinete y
un
t
o
ru os los llev com d 1
pun o en que e sientan a I al
o e a mano hasta
tonces "los adoptarán como u a.- tura
.
l de las demá nac1on
; que ello. enVttbará
'trtua protector y~- · d
n su cj mplo que e bueno"
. 1gu1en o sus con ejos apro-

Enseguida hace ver las convcnien~ias material
dos puede proporcionar Méxic
. ,
que para los Estados UniEstados de .'onora y Chihuah o, • _estos aprovechan la Baja California los
ua aSJ como Teh
t
'
presentes condicion •s de M, .
uan epcc, y afinna que "las
ºd
. ex1co presentan la m .

tun1 ad para firmar un tratado"
1.
Jor y acaso la última opormtncionado.=
que es asegur. las ventaja que ante ha

y en una nota confidencial diri 'd
.
brero 22 de 1859 le rinde sus inf gt a al Pr tdente James Buchanan en fedescripción de Baja California : : : : ace~~ de lo bienes de la lgl ·sia, una
al carácter de Juárez, de O~
y :mhuahua; le hace una referencia

del primero dice: ''Tiene voz en~I ~o~:-:•guel !¿:do de Tejada, y r~pecto
respeto, pero no tiene influencia sob
J ( ~c. mm1stros) y se le escucha con
zá, está b .
re sus rmmstro
.
.
aJo u completo e ilimitado d .. ,, a s mconscientemente quiChurch 11
onumo .

we asegura en e a nota. "El
~lado por Juárcz me ha sido ~metirogra~at del gob'.erno constitucional
li:nu ado por el Sr. Lerdo de Tejad o en a arma mas confid ncial. Fue
ral".
a y es en su totalidad eminentemente

•
el Resultado de esas re 1ac1onL'l&gt;
entre Ch
protocolo finnado por aquél

en•/;;

O

h

urc we

11

y el gobierno de Juárez fue

;:n;e~~r la primera vez
e~ª:filr~~¡r.c&lt;lo de Tejada, que di a
nea. por medio del cual dicho G bº
xteo y los Estados Unidos
tados Unidos la Baja California 1 od iemcho se comprometía a ceder a
' e ere o de conct
•w
.., nm. d os líneas de

los Esm

~
ILUAw R. MAs.i,;1i.c D' l
.
,.m,,iea11
AJ{a111s.
.
.
• i¡,
,1.
183/-1860
\' omatrc
1 IX Corr11¡,ondence o/ the Un11· ,d Stat,s lnt•r•
a1AIOHNO loe
·,
' 0 ·
• pp. 1024-30.
~

ªMA

'

NN!NO,

,CI.

p. 1033.

465
H30

�t de México el tránsito a perpetuidad ª. traferrocarril del Norte al Surocs e
f t 'd en consecuencia, del Gobierno
vés del Istmo de Tehuantepec, etc. La acf I u 'bl
Juárez y desfavorable a
de los Estados U nidos era enteramente avora e a
Miram6n.
. d . Estado L wis Cass nombró a RoEn 7 de marzo de 1859, el Seci;t_ªºº. ~ darle instrucciones acerca de las
bert M. McL~ne Ministro) en, MIe::~i!sa que el partido de Míramón "posee
.1: •
existentes en e pais e
conwoones
.
• 'o'n" pero le agrega:
mayores recursos y una m e1or orgaruzac1. ' t'as de los Estados U m'dos LAWIII
•
b O las simpa 1
"Indudablemente, sm cm arg ' ,
t' actualmente en Veracruz y
·d de Juarcz que es a
estado en favor del paru o ,
. '.
no sólo por el hecho de que se
.
t lo vena victonoso,
. d
este gobierno con gus o
. . l sino porque se enben e que sus
arrido constltuciona
ad
considera que es un p .
l
e los del partido opuesto, y porque, e.
·
son ma's libera es qu . t
bac; .. los Estados
ru'd os" .•
Puntos de vista
.
L . en tos amIS osos
aa
be
más se cree que uene sen Illll .
r el gobierno que de ser
embargo, al dejarlo en libertad parah edscof~ ar un tratado sati factorio
.
d
e el que lo sea a e irm
reconOC1do, le recuer a qu
.
-'-- del lsttno de Tehuantepec, se.
I' ·
de tránsllo a travo
h b'
de comerc10, de umtes y
,
. d al -..1inistro Forsyth, y que a Wl
.
se hab1an env1a o i,
gún las instrucciones que
Zuloaga v por Miram6n.
sido rechazadas por Santa Ano~, por 00 · Oc~ 0 y con Lerdo de Tejada reMcLane en contacto con Juarez, ~ .
p llos negoció el tratado Mc.
1 obº o legitimo y con e
conoció a éstos como e g iem do
r el Senado de los Estado. Urudos a
Lane-Ocampo, que fue rechaza
po
bación por el Presidente y el Seestos para su apro
.
pesar de los empenos pu
.,
. na por Juárez y su gobierno.
cretario de Estado de la Um?n Amenca y . ano era del todo favorable a
V
d 1 Gobierno, norteamenc
La actitud, pues, e
, ºt de apoderarse de eracrut,
1
·
,
ue
tema
e proposi O
H-L--·
q
, M , para adquirir en La Juárez cuando Miramon,
.
te
don
Tomas
ann
·
almiran
comisionó al Contr
.
·, marítima con la de tierra
f de combinar una acc1on
1.A
dos barcos de guerra, a in
d ..d
denominados Marqués de
que haría él, Miram6n. Los barcos a qumd osco,o material de guerra para au.
, f ueron carga os
Habana y General Miramon,

u

in

xiliar a Miram6n par mar.
, ter de Secretario de Relaciones
El General Santos Degollado, con su fcarah c 24 de febrero de 1860, al En,
diri '6 con ec a
del gobierno de Juarez, se
gi
U 'dos Charles Le Doux Elger, aCOIJlcargado de egocios de los. Est; o~'t ~da' por Juárez, declarando piratal
- ándole copia de una crrcu ar
p .
pan
unicación le dice:
nsul
ambos vapores y en su com .
.
. rcular inmediatamente, al Có
"Enviará Vuestra Excelenoa dicha alCJ d j s Estados Unidos que están
1 Comandantes nav es e o
. amente
de su naci6n y a os
ellos a su vez activa y efecnv
estacionados en dichos puertos para que

d

• MANNJNO,

466

op. ,it., p. 257.

persigan a la escuadra comandada por dicho Marin, como es apropiado, tanto

en virtud de la declaración de piratería que el Supremo Gobierno ha publicado, cuanto porque esos barcos cargan proyectiles y municiones de guerra

para la facción rebelde, material que será empleado en contra de este lugar
con perjuicio de los intereses y personas de los ciudadanos americanos y de
su legación situada aquf".ª
Por su parte don José Maria Mata, representante de Juárez en los Estados

Unidos, se dirigió en Washington, en 9 de marw de 1860, al Secretario de
Estado Lewis Cass, dándole noticia de ]a adquisición de los barcos y asegurándole que su adquisición tenia por objeto atacar la fortaleza de Veracruz

en combinación con las fuerzas de tierra y que en caso que no pudieran tomar parte en la acción, se consagrarían a bloquear el puerto estorbando la
entrada de vapores de los países que estaban en paz con México, impidiendo
el comercio hecho de buena fe; y terminaba diciendo que entre esos barcos
podrían ser perjudicados los de los Estados Unidos y que, en consecuencia,
esperaba que el gobierno de aquel país "procuraría capturarlos y castigarlos
confonne a la Jey". 6
Robert M. McLane, el Ministro de los Estados Unidos, que había de resolver cuál de las dos facciones en lucha habta de ser reconocida como gobierno, después de hablar con Mata, el mismo día 9 de marzo, dirigió una nota
al Secretario de Estado, hablándole de los barcos adquiridos, asegurando que
no serían capaces de efectuar el bloqueo, pero que en todo caso estimaba
que el Presidente de la Unión Americana sostendría su opinión de que tal
bloqueo no debería ser respetado por él, y que aprobaría "que pidiera al
Comandante de la fuerza naval de los Estados Unidos que se interpusiera y
85egurara la entrada y salida en todos los puertos del Golfo de México".'
Desconocemos las instrucciones dadas por la Secretaría de Marina a los
jefes navales establecidos en Veracruz, pero tenemos la oportunidad de conocer lo hecho en Antón Lizardo por el diario del Comandante T. Tumer del
Saratoga, que fue el que sostuvo el encuentro con el Marqués de La Habana
Y el General Miramón y quien rindió informe aJ Comandante Joseph R.
Juvis del ,·apor Sallanah y jefe de la flota de los Estados Unidos en el Golio
de México. Tal diario, como ya se dijo, se conserva original en d Departamento de Manuscritos de la Biblioteca Pública de Nueva York.
Tumer era un favorecedor de Juárez, porque al beneficiarlo se beneficia-

ban los Estados Unidos, como se desprende claramente de la comunicación
que dirigió en 21 de enero de 1859 al Capitán D. N. Ingraham, Jefe del De-

• Doc. 4431,
' Doc. 4432,

MA.NNrNo,

' Doc. 4433,

MANNINO,

MANNINo,

op. cit., p. 1165.
op. dt., p. ll66
op. cit., p. 1167.

467

�partamento de Artillería (o Ingeniería) en Washington. Le da cuenta de que
los Comandantes d las flotas i_ngle"a y francesa en Veracruz han pedido al
Gobierno juari ta a través del Gobernador Zamora, que para el pago de lu
deudas contraídac; con los gobierno inglé y frands se eleven los impuestos de
importación en un cuarenta por ciento, lo cual cree que Juár 'Z no podri
hacer, porque había convenido con los comerciant del puerto en disminuir
dichos impuestos al veinte por ciento, con tal que 1 adelantaran íondO!i, que
rían pagados con los mismo impu stos.
Y después de acon. jar el reconocimiento de J uárez como Presidente de
México, asienta:
"No vacilo en expresar la firme creencia de que la instalación de Juáns
como Pn.-sidente de México abriría inmediatamente la puerta no sólo a un
arreglo satisfactorio de los puntos en disputa entre México y los Estados Ufti.
dos sino que pennitjría a nuestro gobierno formular y ejecutar un nuevo u.
tado con este país que daría vida a nuestro comercio sobre esta costa al remover
las desventajas que existen para nosotros debidas a las pesadas tarifas ahora
establecidas sobre muchos de nuestros artículos".
Y agrega: "Me parece que nunca hubo una mayor oportunidad d oro que
la que proporciona la condición peculiar de México al pre ente para el esta•
blecimiento de una influencia dominadora de los a. unto de la República
por el Gobierno de los Estados U nidos, la cual si es aprovechada, ahorrarla
la necesidad de recurrir a la ocupaci6n militar de las provincia de Sonora y
Chihuahua como lo ugiere el Pre idente en u último mensaje y me inclinct
a ercer que en este caso (la suce i6n pacüica de Juñrez a la presidencia)
ningún obstáculo se interpondria al
tabl imicnlo de puestos militares ea
esas provincia para la protección de nu . tro ciudadano.. ocupando las tierras contiguas a la frontera mexicana.
"No he visto al Presidente después de mi primera ntrevista con él ni be
tenido contacto con miembros de su partido, pero he e tado asociado con un
comerciante americano, gran conocedor de las cosas de aquí y que tiene cODltante acceso a él y mis opiniones por fuera o no, se derivan de us propias
convicciones sobre todos los puntos que he tocado y estoy bajo la impresi6P
de que nuestro Cónsul aqlÚ comunicará las mi mas impresiones al Departamento de Estado" .8
Como se ve, el Comandante Turncr, era un favorecedor de J uárez porque
esto favorecía la idea del Pr idente de los Estado Unidos acerca de SoDOII
y Chihuahua, y porque e to permitiria a los mismos Estado Unidos celebrll'
con México un nuevo tratado, que ya sabemo significaría Ja venta de territorio nacional, y el libre paso por e1 Istmo de Tebuantepec.
• MS, pp. 65-68.

468

En marzo 3 de 1860 Turncr, en virtud de una

..

R. Jarvis, Comandante del vapor Sauanah y de la n:!en rec1b1da de Joseph
se trasladó al cuartel general de Miram6n
. anclada en Veracruz,
preguntarle cuáles eran sus intenciones re , q: ~ediaba a Veracruz para
americanos en el caso de que lle
pecto e as personas y bienes norteSin vacilación - eser
T gara tomar posesión de la ciudad.
1
urner- respondió. "
todos los extranjeros, re petaría a los ciudadano . q~e como en el caso de
dándoles toda la protecci6n que e
pod
s a~encanos y sus propiedades.
.
n Su
er estuviera" •
·
Q
ue en nrtud de esta respuesta su ºrió
·.
~ y propiedades con la bandc:a d~ los
ame~canos protegieran sus
Mtramón, quien, egún Tumer al .... 'bº 1 .
s Unido a lo cual accedió
·
... ci ir o se mostró "gra
respetuoso y cortés", rn
·
ve Y reservado, pero

·be

ª

~eta:

He aquí ahora la versión de Tumer acerca d 1
mexicanas en la comunicación que r . lm
e ataque a las embarcaciones
pitán Jarvis:
o ic1a ente dirigió el 8 de marzo al Ca"En 1a manana
del 6 del presente dos

des

de la bahía de Veracruz sin que h b'
~
vapores aparecieron fuera
•·--.t
u ieran izado bander ¡
se uwzu un cai1onazo desde el
·u
.,
a a guna aun cuando
ducirlos a hacer lo mismo Erancaso.do y se

IZO la bandera mexicana para inev1 entemcnte confederad
""6'"' tiempo estuvieron comunicándos
os, puesto que por
"Des é
· e uno con otro
- pu s de varias horas y después de comu .
.
espanoles en Sacrificios que l
d
rucarse con los barcos de guerra
la
'
es man aron un bote
bl .
costa en la dirección de Antó Lº
d
' se esta ecteron abajo de
''U ed
n izar o.
st
me orden6 inmediatamente ue
.
queños vapores americanos el W
q 1 /me ~olocara en seguida de dos pe.:..:.c.... d
'
ave Y e 11dianola
tab
;r,wuu e usted para que los si'm,ie
. f
, que
an a la dispo-•-- barcos mexicanos-- de d,o-d .ra y ,me m orma ra cua'I era u carácter -de
·
on e veman de e '
·6
Vlltos Y qué objeto perseguían
'
¡ue naci n, dónde fueron prosultado de estas pcsqu~s a la en _estab co ta, y que informara a usted del re"En obecr .
ma or, revedad.
1cnc1a a estas órdenes -e ti ,
,
en seguimiento de dichos vapo
: d nua- sah de aquí al J1onerse el sol
un destacamento de cerca de
a
r .o de cada uno de lo cuales coloqué
efe
remta. Y cinco hombres
·
que penetraran en aouas poco p f d
.
y mannos para el caso
Plldiera
..,
ro un a en do d
.
seguirlos y comunicarme con •JI
n e m1 embarcación no

.,a..,,,R •

.

t~•

"El d

t

os.

S H estacamento a bordo del Wav,• cstab

del
Jr.. delennard
Preb{e.

''El del /

-;

1
d
Savam,ah acompañado d I a adman ~ del ~ubtenicnte Jocl
e guar ª manna William C. Wittl

·

:_dianola e. taba mandado por el Subteniente Andrew Bryon de 1a

• Ms, p. 171.
MS, p. J7? Co
. º6
.,
mumcac1
n a

Jarvu

del 4 de marzo de 18 60.

469

�corbeta Preble, acompañado por el maestre Joseph N. Miller de la misma embarcación; por el Subteniente Andrews l. Hays de la guardia marina de
Savannah y por el Subteniente Julius E. Meiere de la guardia marina de
este barco.
"Me moví -sigue diciendo- hacia abajo de la costa, directamente hacia
Antón Lizardo, a quince millas de distancia, donde esperé encontrarlos.
"Alrededor de la media noche se reportó que dos grandes embarcaciones ae
hallaban ancladas en Antón Lizardo. Me encaminé directamente hacia ellas y
ordené a mi piloto que me anclara en medio de los dos barcos.
"En el momento en que casi había llegado a este punto y se rompió el
remolque, los pequeños vapores que estaban adelante de mí, se pusieron m
comunicación conmigo y me informaron que el mayor de los do!! vapores
estaba tratando de escapar a través del pasaje del Sur. Entonces ordené que
lo persiguieran y lo abordaran si era posible, puesto que tenía órdenes de comunicarme con el Oficial en jefe que supuse estaba a bordo de esta embarcación; al mismo tiempo hice un disparo delante de él para acercarlo.
"Tan pronto como ellos estuvieron cerca de él, lo que tardó sólo unos u»
mentos, con extrema sorpresa mía abrió un gran fuego con grandes cañones y
mosqueteóa lo que se me infonnó al mismo tiempo que el otro vapor estaba
deslizando su cable.
"Inmediatamente le lancé una andanada, pues no tuve ni la más mno11
duda de que estaba en complicidad con el otro y bajo las órdenes del oficial
del otro vapor y tuve el temor de que acudiera en su ayuda en cuyo ca
habría yo estado obligado a retirar mis embarcaciones o presenciar su captura o destrucción y como había tenido la audacia de disparar contra mí in
ninguna provocación, resolví apoderarme de él si podía. Izó la bandera eapañola tan pronto como disparé.
Al mismo tiempo el vapor mayor emprendió el combate con las fuerzas a
bordo de mis dos pequeiios vapores en una pelea movedjza. "Enconuudo
que no podía salir por el pasaje del Sur, inmediatamente cambió su cuno,
dirigiéndose al orte y pas6 a mi lado para ganar el pasa je del Norte Y
apartarse de la dirección de mis cañone., eguido por mi~ embarcaciones que
peleaban rudamente con él en ese tiempo.
"Evidentemente era muy rápido y les ganaba; pero cuando di par6 contra
ellos yo apunté un cañón contra él y le destruí la chimenea, y encontré que
era imposible seguir disparando contra él sin peligro para mis embarcacioneSi
puesto que todos estaban juntos. La cacería continuó en medio de un nutrido
fuego por ambas partes.
' o pude sino admirar en ese momento el atrevido valor de estos excelenlf.l
hombres que peleaban contra una fuerza tan superior. Se acercaron y abar·
daron a pesar de los esfuerzos de los otros para rechazarlos.

470

"Encontrando
imposible escapar' supongo que ech.o su barco contra la costa
• d
y presiona
o
muy
de cerca por ellos encalló: 1o que no supe en aquel momento
"Ell
b
.
os esta ai:i como a una milla de mi barco y mi ansiedad
r
.
ndad era muy intensa. No podía darles ayud
.
po su segubarcaciones ligeras estaban b d
ª porque_ rrus tres grandes eme ir hacia ellos el asunto ~ ; : :e:~:::
yo .pudie~ manejar mis botes
tim en
o. o estuve, sm embargo mucho
f ~ f susdpenso porque casi inmediatamente oí tres gritos de en;usiasmo
y w m onna o que e taban abordando
r 1
l
por medio de los anteojos.
po a proa, 0 que era po ible ver

q;

:'Vuelvo ahora -agrega- al vapor anclado cerca de mí.
Etn tanto que el encuentro continuaba entre los otros vapores y en el m
mtn o que pasaba esta embarcac··n l
.
S
opopa me llamó ara decinn
10 , e pnmer
ubteniente que estaba en la
Yo ordené de nJevo que se ;equte este vapor estaba disparando mosquetería.
a acara con cañones lo q e
h.
L
y ordené que el jefe viniera a bordo l
l
h '•
u se izo. e hablé
teniente Chapman para decirle qu .º cua b~o . ab1a _hecho y envié al Subviaría yo una guardia para traer! e si no su ia inmediatamente a bordo en''Vº
o.
moa bordo y me informó que su barco era el Mor ués d
que habla sido contratado por el Capitán M ,
q
8 La Habana,
para
..
ann que mandaba el otro b
AJ _trans~rtar prov1SJones y municiones de guerra y que él era e ":clo
mismo bempo yo había en . d
r· .
,
spano .
a bordo.
v1a o un o 1c1al para traer al Capitán Marín
. "Tan pronto como lleg6 a mi camarote le

vido a disparar contra mis barcos.

pregu

"EI respo nd',
·
d'iatamente y en presen .
10 mme

nté

por qué se había atre-

d

observó mis embarcaciones dirim, d
h . cia e un testigo, que cuando
tri uJ •
º.en ose ac1a el muelle 1 b' d' h
p ac16n que estaba seguro de u
. ' lll ta ,e o a su
prohibió de modo definitivo que qh' ~ eran fbarcos amcncanos de guerra y les
1c1eran uego . pero
•
1 •
una ml'zcla de nacionalidades ll d
.
'
que a tnpulac16n era

•
, eva a recientemente a bord
O
propiamente disciplinada le fue imposibl d . la
Y no estando
"Le hi
e ominar .
ce ver que era un gran ult .
que él pretendió muy hondament radJe !por elTcual tendría que responder, lo
verd d
e ep orar. odo lo cual
ah'
bres a porque du~ante la acción fue claramente escuchado ll yo s ia no era
para que subieran a bordo con él
amar a sus hom-

"U

.

sted percibirá c6mo todo está en confli

tro de su tripulación.

cto con las declaraciones de cua-

"S6Io me queda hablar de la fuerza
arm
donde
yo he podid b
Y
amento de estos barcos hasta
o o ervar.
"El
.
mayor, llamado General Miram6n lleva a
PlVOte y varios obuses con una dotaci6; de al d: dosd la~os un cañón de
re
or e Cien hombres; no
471

�_
S poniendo que me siguiera
l"b de lo canon · u
estoy seguro acerca del ca.' .re . d -""1cr dar una noticia detallada de la
é e tar en cond1c1on s e pvu
ayer, ~
oda ,a st-'l encallada.
los
embarcac16n, pero t
v1 . ' .
b', un pivote y dol- canones a
uene taro ,en
.
H b
''El Marqués de La ª an~
1ordo· el cañón de pivote es un
setenta
v
cinco
personas
a
'
'
lados con cerca de
,

pesado 24 Pdr.
.
t' , por la borda una '1;ran cantidad de
. án d e es ta embarcact 6n tr0
. botes en ces..,..
•... y
"El capit
'd por mts
ual, fueron rccog1 as
d
1
.,
- e estaban desmantela os
municiones muchas de as c
, se ion d sus canon
and
cuñetas. Cuando se tomo po
·11 lo cual se hizo sin duda cu o
yacían sobre cubierta a los lado. d; los p~1
qu yo pudiera tomar un bott
cncontr6 que hahía sido captura o y an e.

ºl~

d
los papelc d embarque, que
.
e ·tá desarma o
bo ·d
"Pretende que su vapor
o hablan de tener canones a
• o. m
acompaño, expedidos en La Habana .: lo menciono y no hay duda de que el
embargo el armamento
tal como }
arte d la fuerza con que el C.·
. d
La Habana como P
va¡&gt;0r fue equipa o en
ta" u
esta cos11 • n lo' vapor •s General M irnmon
'
' y
Pitán Marln iba a operar en
·6 d ta bata a co
~
.
· •
Hasta aquí la rclac1 n e
. ación al Comandante Jarv1s continua
, dr La Habana ' pero la comuntc
Marques

Para abordarlo.

s·

de esta manera_:
d b hablar de una circun tancia que rol' ha causado
"Es ahora nu peno o e er
.
n bote de de el lndianola con
la más honda preocupación y pena.
, del combate vmo u
d
"Como dos horas e puc
'd d
.. 1.... 00 Al pedir informes se me
·d ,. u a e p ... .- ·
t.
rsona muy ma l h en a,
., .
.
e inmediatamente JU
una pe
-, Ll ·e del eJerc1to
me,ocano.
dijo que era el Generai
.
do yo estaba a punto de
hice llevar a mi camarote.. ,
me hizo que cuan
1
"Parece . egún la relac1on que .
. ,
obiemo para obtener a guna
· d at Ind,anola por u g
• d hactJ
dejar Veracruz, {ue em1~ o . .
ue en la prisa y coníu.16n e
.10 f0 rmac10
"n acerca de mis .movimientos y q

ª" '

l remolque su bote lo deJÓ,
.
habían . ido particulanneDd
estas embarcaciones
f eran
"Los oficiales que man an .
b rd extranjero u otros que no u
.
, para no de1ar a O O
• •
fogoneroa
te instnudos por IDl
d la tripulación, roaqUlillSta Y .
americanos; a ningun~ que no l f~;i:al :on el mando no pudo distinguir en~
que eran todos xtran1eros y e
b' que él lo estaba, hasta que to VIO
ellos y otro extranjeros a bor_do, y no sa :o es digno de reproche, porque no
herido. Este oficial, l Subtemen~e Brys:rdo o de que estaba a bordo hasta que
,
ticia de que hubiera vemdo a
.•
t rua no
.6 entonce me lo envio.
u condición lo descubn y
d . formar a usted de las pequeiid
"Por mi parte tengo el gusto de po er m

e

11

pérdidas que nuestras embarcaciones han ufrido en este encuentro pues ten-

go s61o un herido mortalmente, p ro que vive aún, uno herido seriamente y
siete de modo ligero; y esto es muy notable, puesto que la lucha duró de

media a tres cuarto de hora y el fuego re ultó incesante durante ese tiempo.
pero debe recordarse que ocurrió dura11le la noche.
"De parte de esta g nte las pérdidas fueron mucho má · se,·1.-ras: doce fu ron traídos a bordo de mi cmba1 aci6n seriamente herido , tres de los cuaks
murieron, y he enviado a lo. otro al ho pital en la playa. La heridas, casi
en todo caso h chas con rifl finie. son muy ería .
"Habría pcI1Tianecido en Antón Liza1do ha~ta qu el Ge11e,al ,¡\,fi,amón e tlniera a flote, pero el doctor me pidió que \iniera inmediatamente con 1
heridos a quienes me dijo era impojbl tran portar a otra embarcación...
Y luego se jacta de la conducta de sus oficiales, de esta man&lt;:ra:
•• o puedo cerrar este de pacho, señor, sin expresar mi extrema satisfacción
a propó íto de la conducta de todos los oficiales y hombres de la expedición.
"Mis propios oficiales y hombres que infortunadamente tuvieron ólo una
pequeña parte en el encuentro, por su celo, actividad y prontitud para obedecer y ejecutar 6rd ne: me hicieron sentir con qué confianza podía depender
de ellos en cualquier tiempo en que mi barco fuera llamado a defender el
honor de nuestra bandera.
"He hablado ya de la conducta de los oficiales y hombres a bordo del

Indiano/a y del Wave; de u parte fue un asunto brillante.
"He omitido decir que el barco del apitán Marin llamado General Miramón no izó su bandera en algún tfompo: antes, durante el combate o despué
de él, y que había una luna brillante que pudo satisfacerlos fácilmente de
que eJ Saratoga no podía . r un barco perteneciente a cualquier potencia o
partido mexicano.
"También he omitido decir que los papeles de embarque del Marqués d,
La Habana certifican que sólo había 33 personas a su bordo, cuando estoy
informado por el oficial a cuyo cargo está ahora, que c rea de 30 fueron
removidas al barco de usted y que todavía quedaban a lo menos cuarenta a

bordo.

"Como esta embarcación fue enviada inmediatamente para ayudar a pone1
a flote el General Miramón, he estado imposibilitado para precisar el número de personas que son.
"Casi al tiempo en que el General Miramón fue tomado, escapó un bote
para la playa y se die que lle\'aba oficiales del ejército del General 4:iramón.

"Lo dicho en te infonne que rindo del caso y de todo sus detalles más
importantes puede er testificado por cada uno de los oficiaJes de la expedición.

MS, ff. 173-78.

473

472

�"Tengo el honor de ser, señor, muy respetuosamente su obediente servidor.
nu
T. Turner, eornandante .
.
Tal es la información que oficialmente dio Turner ~e~ ~uceso en que m•
·
diari'o
ertó copia de una carta que dmgió al Comandante
terVJno, y en su
. .,
español del barco Habana, Víctor Suárez N. Cam~o desdic1endose de lo q~e
le había dicho en una conversación personal con el: que
Saratoga hab1a
hecho fuego sin haber recibido agresión alguna del ~a_rJues de _La !1_abana.
En efecto, el mencionado Comandante español escnb10 a Ja~is, diciéndole
que "en una conversación confidencial con él (Turner) fue mformado por
, que el barco llamado Marqués de La Habana sufrió el fuego del Saratog~,
: ninguna agresión de parte suya" y agrega: "Deseo d~~e luego ~~gir
esa impresión atribuible, supongo, a mi imperfecto conocumento del idioma
ms·

:1

~~
· d
~
"La agresión de aquel barco -añade-- se basa en el hech~ e ?ue ev1 entemente era cómplice y confederado del vapor General Miramon Y en su
esfuerzo por escapar en el momento en que mis dos pe_queñ,os vapore~ estabms
comprometidos con la fuerza superior del General ~1:amon y consid~rando,
que iría en ayuda del último mencionado, preocupac1on que ~ue ~~nfmn~
con que hizo fuego con mosquetes durant~ el encuentr~ en direcc1on de JillS
vapores, lo que me obligó a callarlo con disparos de canones.
.
.
"Estoy más firmemente apoyado en esta posición por la abundante ev1dencia
del carácter belicoso de este barco: por el armamento que encontre a bordo
y el gran número que componía la tripulación diversa enteramente de lo asen,, 1a
tado en los documentos de embarque .
Ya se ha dicho el interés que Turner tenía en favorecer a Juárez como~
.J: de que los Estados Unidos entraran en los Estados de Sonora Y de Cbimew 0
,
l G
l Santos
huahua y en Tehuantepec, pero hemos visto, ~emas, que _e ene~
Degollado en su calidad de Secretario de Relaciones del tn1smo Juarez ~b[a
pedido al Gobierno Americano que considerara piratas los barcos adqU1DdOS
1

por Miramón y los persiguiera.
. . .
.
Indudablemente el Comandante Jarvis había rec1b1do instrucciones
ese
sentido de su Gobierno y ello explica la orden que d~o a Tumer ~e avei:i~
lo que eran los barcos avistados, o sea la flota de Mann. Lo _que es mex:plt~ él
es que esa investigación la emprendiera Tumer a la media noche, ~
mismo lo dice, y que hubiera hecho un disparo de cañón en contra de ~~:
barcos cuando éstos en manera alguna habían dado muestra de hostl 1 ,
T urn~ funda su idea de haber sido provocado por el armamento que tebnl8
,
·
úmero de hom rt1
uno de los barcos que atacó y que este tuviera un mayor n

e?

u
u

474

MS, íf. 178-79.
MS, íf. 180-181.

de los que mencionaban los documentos de embarque; pero ambas cosas sólo
pudo saberlas cuando se posesionó de las embarcaciones de Marín; en cambio
confiesa que había dado orden de abordarlas a los jefes del Waue y del lndianola, que estaban bajo las órdenes de Tu.roer y que pertenecían a la flota
mandada por Jarvis. Lo hecho por Turner, en consecuencia, fue completamente premeditado.
Don Octaviano Muñoz Ledo, Ministro de Relaciones del Gobierno de Miramón, con fecha 29 de marzo de 1860 dirigió una larga comunicación de
protesta al General Lewis Cass, Secretario de Estado, llamando la atención
acerca de que los barcos detenidos por la flota norteamericana habían ido
directamente de La Habana a Veracruz al servicio del Gobierno de México:
el General Miramón con bandera mexicana y el Marqués de la Habana con
bandera española, trayendo municiones, annamento y equipo de guerra destinados al Ejército del Este y que el Capitán Jarvis con el pretexto de conocer
su nacionalidad atacó aquellos barcos, asegurando que ellos habían hecho
fuego contra el Saratoga, y continúa:
"El suscrito ha recibido informes imparciales y exactos de ]os cuales resulta
sin género de duela, que el reconocimiento de la nacionalidad fue el medio
premeditadamente puesto en práctica para provocar un conflicto entre la
fuerza naval americana y los vapores al mando del General Marín, como se
prueba por el hecho de haber sido sorprendidos a media noche, hora en que
era imposible e ilegal investigar el color de la bandera, ni se tenía derecho
para practicar esa investigación respecto de embarcaciones estacionadas en
aguas mexicanas y dentro del mar territorial de la República. Aquel medio
sin duda produjo el conflicto buscado intencionalmente: un combate entre
el Saratoga y los barcos del General Mar'm, combate que duró hasta que se
vio obligado a rendirse ante la superioridad de las embarcaciones atacantes,
después de haber defendido honorablemente la bandera mexicana, sostenida
con bravura hasta el último momento .
. "El Capitán J arvis arbitrariamente tomó posesión de los barcos, hizo priSJonero al General Marín y lo ha llevado con las presas al puerto de Nueva
Orleans". ª
Y enseguida comenta: "Estos actos de escandalosa violencia, esta no oída
muestra de provocación cuya enormidad ha sido sellada con la sangre inocente de algunas víctimas se ha realizado y perpetrado en medio de la paz
que existe entre México y los Estados Unidos. La escena que acaba de pasar
en aguas mexicanas y en el mar territorial de la República es un ataque directo a la independencia de México, es una violación de los más sagrados deu MAN.NINO,

Diploma.tic Correspo11dence o/ the United States. Inter-American Aj/aires.

1831-1860. Traducción del inglés a que fue ve.rtida tal comunicación.

475

�rechos de su soberanía y una agresión de tal modo pirática que ataca a los
dos países con las más dolorosas consecuencias si fuera posible presumir que
el Capitán Jaivis actuó en el caso con conocimiento, con autorización y con
instrucciones del Gobierno Americano.
"El suscrito deplora tanto más hondamente esta ocmrencia, no provocada
en manera alguna, porque es contraria por naturaleza a la amistad que existe
entre México y los Estados U nidos y a los tratados en que reposa la mutua
seguridad de ambas naciones. Sin embargo, el suscrito se consuela por la
persuasión que abriga de que el Capitán Jarvis obró bajo su personal responsabilidad, excediéndose de las instrucciones de su Gobierno, movido por
un extremado celo y tal vez por las instigaciones del partido demagógico que
ha buscado apoyo y ayuda extranjeros aun a costa de la integridad del te.
tTitorio nacional y de la independencia del territorio. En consecuencia, el
Gobierno de la UniónJ obrando de conformidad con los sentimientos de justicia y de honor nacional, no vacila en manifestar la gran indignación nacional
contra los actos piráticos perpetrados en aguas mexicanas por el Capitán
J arvis contra embarcaciones del Gobierno Mexicano, mal empleando la superioridad de la fuerza bajo su mando y aprovechando una sorpresa nocturna:
y espera que a la mayor brevedad, que la justicia y la buena fe reclaman, se
dictarán las órdenes más perentorias para poner en libertad al General Marín,
las embarcaciones y la carga, entregándolos a los funcionarios del gobierno
autorizados al respecto para atender a la pronta y completa devolución de
dichas embarcaciones ilegalmente capturadas por el mencionado Capitán Jarvis; y que el Tesoro Público hará la debida reparación de todas las pérdidas,
costas y daños ocasionados por la acción hostil e injusta agresión cometidas
por dicho Capitán". 15

Y concluye así La protesta del Secretario de Relaciones Muñoz Ledo:
"Pero si contra lo que espera el suscrito, el Gobierno de los Estados Unidos
hubiera autorizado la conducta de ese oficial o no desaprobara en los términos que un procedimiento equitativo prescribe, o si se rehusase a dictar
las órdenes indicadas antes a fin de que el General Marín recobre su libertad
y que los barcos capturados y su carga sean devueltos con las costas, pérdidas Y
daños mencionados, es el deber del suscrito protestar desde este instante en
nombre del Gobierno de México y de la Nación contra los actos escandalosos
cometidos por el Capitán Jarvis el día 6 del presente mes en aguas mexicanas y en las playas de Antón Lizardo, y los denuncia ante los gobiernos civilizados como violación flagrante del Derecho Internacional, como actos de
14

476

Op. cit., pp. 1168-9.

real piratería en contra del pueblo mexicano cuyas fatales co
· d b
.
nsecuencras e en

pesar exclusivamente contra aquel que los ha ejecutado".1&amp;

EJ Secretario de_ Estado en nota de 28 de abril, dirigida a Robert M. McLane.
que en el 6 del mrsmo mes había decidido reconocer a Juárez como cabez d ·
b"
l ,.
a e
un go iem~ egituno para México, le anuncia la recepción de la anterior
nota y le dice :
"Corno no reconocemos al gobierno que tiene su autoridad
1 · d d
d M' ·
en a ciu a
e exico, negamos su derecho para hacer reclamaciones al respecto y no
hemos tomado nota del documento. Sin embargo le envi·am
· d ¡
os copia
e a
d .,
tra uccion para que la someta al gobierno legítimo de la R 'bli
beza
.
epu ca, encado po~· el PreSidente Juárez. Ese gobierno determíoará qué medidas deben
tomarse, s1. algunas hay que tomar en las actuales circunstancias"_ i ;
En la misma nota Cass anuncia a McLane que el Ministro español señor
Tassara, con fecha 5 de abril presentó una protesta por la conducta' b ._
da por los ofººl
ose,
va
1cia es norteamericanos a quienes Cass disculpa a
d
·
· ·¡ ·
, seguran o
que estuvieron ~uso 1~dos ~n sus procedimientos, puesto que los barcos manda~~ por Mann habran sido declarados pu-atas "por decreto del gobierno
legi~i~o, ~e ~5 de febrero". Cass olvidaba que en esa fecha McLane no había
decidido s1qu1era a cuál de los dos existentes el de Juárez O el de Mº
,
consid
,
b.
M L
'
lfamon,
. erana ~o 1erno.
e ane, aunque simpatizador del primero, se sintió
vacilante Y, as.i lo confesó al Secretario de Estado; sólo cuando se convenció
de que Juarez aceptaba las imposiciones de los Estados Unidos resolvió reco~ocer a los liberales que eran los dispuestos a someterse a la a~bición territonal Y al predominio del Istmo de Tehuantepec.
Pero la más clara confesión de que lo hecho en Antón Lizardo fue obra
de _ayu_da de los Estados Unidos es la carta de don Benito Juárez al General
E~:taCJo Huerta, fechada el 25 de abril de 1860, en que dice:

EJ triunfo de la sagrada causa que defendemos está asegurado un gran
:ueblo ~a h~cho alianza con nosotros y esta alianza desde el suces; plausible
e Anton_ ~i~rdo ha dejado de ser un misterio. Siento como usted que la
~
famiha liberal no haya podido sola, sin auxilio del extran1·eropulvenzar a Ja
·,
1
'
reacc1on Y evantar sobre los escombros los altares de la libertad
"Amio-o ~
. 1
b
.
~ m10, 51 os tacu ayistas no hubieran explotado el fanatismo de
nuestras masas ¿ cree usted que Benito J uárez habría pedido ayuda a los Es
tados Unid
· f
d
.
·
·
libe
os. para tnun ar e sus enenugos? nunca, jamás, mi amor a la
nad me hizo dar este gran paso y sabe Dios e1 inmenso sacrificio que me
c~esta. Algunos liberales tibios reprueban mi conducta, creyendo que sin los
vientos del Norte podría arribar a la capital de la República para encadenar
,.n Op. cit., p. 1169•
MANNJNO, op. cit., p. 284.

477

�' ·
se engañan Miraba jo mis plantas la hidra reaccionaria, los ~ue ;s1 p1en:a sobre este. puerto
món había combinado perfectamente su p an e c~p
•
( Veracruz) baluarte de la libertad, de manera que sd1 los v~potereslanop7=:
ricanos no capturan los b uques d ~ Marín. y apren en a es ,
rinde y la nefasta reacción triunfa mdefectibleme~te. do anunciar ya de un
"Me pregunta usted en su grata qu~- contesto, s1. pu:n
debo decirle que
od fi .al estra alianza con los h110s de Washmgt ' y
m. .o o c1 nu
·ene todavía hacer tal declaración. El pueblo es muy susoficialmente no conv1
1
d da
.
•
· ro mantener o en u •
ceptible, de toddo se ~dpres1olanaPaytr: ~::s y otros sabiendo que no hay trai"Me acusan e traJ or a
'
'
•
. , por mi parte sino una necesidad imperiosa que me obhga a no pararm,
cion
•
·
hacen 'usticia" 18
en los medios para conseguir el f m,. roed
, J la rel~ción del Comandante
1
·d n Antón Lizar o segun
Tal fue 1º octl~tund od: los Estados Unidos y del Presidente Benito Juárez,
Turner y a ac
d 1
· J árez
según las declaraciones del Secretario de Estado Cass y e propio u
.

LA CONFEDERACIÓN CHIMALHUACANA Y LAS

FUENTES HISTóRICAS
JOSÉ BRAVO

UGARTE

México, D. F.

PROBLEMA coMÚN DE LA historia prehispánica de Nayarit, Jalisco, Colima y
Michoacán principalmente, es el de la Confederación Chimalhuacana. Nacido, al parecer, como explicación sencilla, intrascendente, rutinaria, de la
historia antigua de Jalisco, dada en su clase por un profesor de Guadalajara
y difundida por é! con su texto escolar entre varias generaciones, no pareció
problema a sus contemporáneos. Y la existencia de la Confederación Chimalhuacana -verdadera innovación histórica en cuanto al nombre, territorio,
miembros y estructura de ésta-, se dio por supuesta, sin discutir sus fundamentos históricos.

Como autor de la innovación se tiene al Lic. don Ignacio Navarrete (183780), oriundo de Guadal ajara y catedrático de Historia en el Liceo de Niñas
del Estado, el cual publicó en su ciudad natal (1872) un Compendio de la

Historia de Jalisco, hecho en forma de catecismo e impreso con letra miñona
en dos partes, de 87 y 123 páginas respectivamente.
Antes de exponer la versión innovadora del Lic. Navarrete, de rastrear sus
fuentes y de cotejarla con las antiguas, transcribiremos el juicio que sobre su
Compendio se formó su coterráneo don Luis Pérez Verdía:

"Tiene el mérito de haber sido el primero que ha dado un cuadro completo de los acontecimientos ocurridos en el Estado desde la Conquista
hasta 1873. Es una relaci6n mu)I breve, hecha en forma de catecismo,
lo cual hace su lectura muy cansada.

u CusVAS, HiJtoria de la Nación M,xicana, p. 790.

478

"Por desgracia está llena de errores a tal grado, que no se le puede aceptar sin un examen minucioso. La cronología está enteramente equivocada: dice que el gobierno militar de Vázquez Coronado duró hasta 1549,
siendo que terminó cuatro años antes; que se erigió el obispado de Nueva

479

�/S./.6 el primero
Vti.:: de 1552;
que el segundo gobenzó hasta I57 l en vez. de 1569 ,· cuenta la expedición
de Vázquez del Mercado veintidós años despuh d1· su verdadera fecha
y la de Francisco de ]barra once años más tarde; el establecimiento del
paseo )' arboleda de San juan de Dio.r a la Presa, lo supone doscientos
años antes; mnuiona las exequias de Felipe 111 anticipándolas quinu;
lo mismo qut' ochenta años la edificació11 del Santuario de San juan
de los Lagos; la colonización de Coa huila cinco aiios: las obra.t hidráulicas del P. Buula más de die:: arios,· el e.1ta11co del tabaco más de uis;
la ley local de expulsión de españoles la coloca mcís de tres años deJfiuh,
etc., etc. Tie,ir., en fi11. como cie11 fechas equivocadOJ.
"Suprime tres obisJ10J, dos alcaldes marorr.s, algunos preside11tes de la
Audiericia y varios gobernadores: refiere guerras que no han r:riitido,
como la que supo,u entre España e lri(!laterra en 17S/ y 1760, y combates ilusorio.s como el del Fuerte t11 1810; l' refiere otros hechos enteromerite contrarios a la verdad, como cuando dice que 11/mo. Sr. Alcaldt
manifr.stó sentimiento por la. expulsión de los jesultaJ por lo que rC'cibw
un extrañamiento de la Corte, sinido que la oprob6 rxpr,.samen/1• rn tf
Cuarto Concilio Mexicano.
"Su criterio general es sano, aunque. algunas t-' ects lle¡a a la nimft.dad,
como lo comprueba este juicio acerca del gobicnio del general Parrodi:
'Fue un gobierno de orden y moralidad, porque Parrodi rrn dr 1m carácter caballeroso, no obstante que pertenecía al partido liberal'.
"Fue profesor de Hi.1to1ia rn d Liceo de Ni1ía.s y de Dertcho Romano
eri el Instituto", (Hi. toria Particular del Estado de Jalisco, TII, 520-1 ).
Galicia

ni

1S44, )' el de Durango rn 1625, cuando

j111 r.11

EL

NOMBRP.

"Ca1 uta

ACÁ

,,

y en 1620 el sc(!u11do; que d primer obispo muri6 en 1558 en

Don Juan B. lguíniz, concordando en este juicio con Pérez Vcrdía., a quien
sólo le rectifica la fecha d erección del obispado de Guadalajara. lo n:produce íntegro n Los historiadores de Jalisco (México, 1918, p. 33).
ada se conoce, anterior a avancte, sobre la Confederación Chimalhua•
cana. i los documento indígenas, ni lo conquistadores, ni lo croni~tas p,i.
mitivos, ni lo· bi toriadores que precedieron a don Ignacio, hablan del Chimalhuacán, ni considerado como unidad geográfica, ni con. idera&lt;lo como
unidad política. avarrete, por otra parte, no indica las fuent s hist6ricas dt
su versión inno\'adora, la cual -como anotarnos al principio-- no partCt
haberlo sido para él, sino mera explicación de lo h chos de historia prehispánica jalisciense que refería en su clase. En las fuentes históricas de estos
hechos, por consiguiente, hay que buscar lo que dio origen u oca i6n a aquélla.

Dice Navarrete (Lecc. I, pp. 3_4 ):

¿A qué país se da el nombre de Xalixco?

·PÁ unoéde lo.s Estados de la Confederación mexicana
e or qu se llama Xalixco?

·

Por el nombre de una ciudad que en tiem
.
en lo que es hoy ca1ltó1i de Tep·IC.
po de la conquista existía
,Qué nombre tenki ent

l

.

.

onces e territorio que hoy se llama ]ar &gt;
Su nombre genérico era el de Chimalh cá
, &amp;seo.
de las rodelas o escudos )' comprendi d. ua n, que quier~ decir país
y con nombres especia/e:.
a i/erentes Ertado.s independientes

,Cuáles fuero,1 sus primitivo.s pobladores?
Como sucede c011 lodos los países del
aborígenes y la lziston·a co .
mundo, nada se sabe sobre los
.
,
mtenza con la lleg d d l
ng/o sexto de la era cristiana.
a a e os toltecas desde el
¿De .suerte que los t /t
bl
Sin duda 'Y d 1/ o edcas po _aron alguna ver el Estado de Xalixcol
'
e e os y e las tribus nahuatl
d .
parte los actuales habitante.s.
acas esctenden en su mayor

i De d6ndc vinieron esos c,lebres ' m. l .
cómo se apoderaron del pals?
' ,s enosos toltecas, en qué tiempo y
Se ignora su procedencia por ue aun
huetlapalan a la mitad d 1' . l q
que se sabe que salieron de H ue.
e ng o sexto dosc·e t
h
ltab1tar/o, no se ha podido
.
• . z n_ os oc o anos después de
avenguar su situación
'f
·
puede conjeturar que e.tuvo al N
d
geogra tea, aunque se
residieron muc/zo.s an-os ent A orte e Nuevo México. Parece que
re caponeta y e r , A
pués el rio Santiago som t;
l
u ,acan. travesaron des,
e .erori a a fuerza a l
b ,
traron, imponiéndoles su re/' .6 'd'
os a orzge11es que encon.
1g1
11,
1 zoma leves
b
1undteron con ellos fund
h
, J
y costum res; se conde Chimalhuacán •que aron_d"!uc os pueblos y dieron al pafs el nombre
,
en su I toma 'h ¡ ·
ha dicho sin duda p
na ua tiene el significado que ya se
'
orque sus morad
b
males o rodelas.
ores usa an en la guerra los chi·Per
·
' p ma,wc,eron mucho /jempo en el pals conquistado ;J
arece. que dupués de un siglo de permanencia
.
desconocidas, la parttA prfocipal d la
.,
~ ~o_r causas que nos son
doactin hasta sentar sus re / e Tnlaczo~i se dmg16 por el Sur de Mi~¿n
a e.s en o ancmco (T l
· )
de u-ro
Y en Tolan (T l )
u aricmgo en el año
Chalchiutlanex a quienucao en el ano de 670, dirigidos por el caudillo
,
ronaron rey ese año.

480
481
}13¡

�•
e se qued6 en Clü1
¿Qu~~ suce d'6
i con la parte de la nac1ón to teca qu
.
malhuacán.'.,
.
lo s ª borígenes del país, a quatnes
. •
0 se ha dteho con
d
Se conI un w, com
¿'
l t i'b•• cora que pcrmaneci6 lfl•
· T "6 (excepluan o a a r ..
•
impuso su cr111 1zac1 n
.
t d de civilización nahuall qv,
dependiente) 'Y fund~ los di/ erentes es a os

historicidad no nos interesa al presente) ,1 hecho por Alba b:tlilxóchitJ, el

cual dice:
"Año de Ce Técpatl, como ya está declarado, salieron los tu/tecas de su
patria,, nación desterrados.. . (Catorce años después, habiendo fundado
Tlapallanconco 'Y estado de Hueyxallari), llegaron a Xalisco, tierra que
estaba cerca de la mar; y aquf t:Jtuvieron ocho años, siendo el descubridor
Xiuhcóhuatl . .. ; y habiendo hecho lo que en Tas demás partes, se partieron m persecución de su demanda hasta verse en tierras donde fuesen
a su gusto, dejando asimismo alguna gente para que la poblaran, con la
misma orden de los otros lugares o tierras: se partieron y anduvieron otros
veinte días, ql"e serian algunas ciert leguas, en diferentes partes, como
lo habían hecho en las demás partes. llegaron a unas islas y costa de mar
que se llamaba Chin1alhuacán Ateneo, e1l donde estuvieron ci11co años.
( Allí, pasado el tiempo de un voto de abstención sexual, hubo nuevamente partos 'tn estas i.rlas y costas de mar'); y cttmplidos los cinco
años, comen:aron la jornada, siempre caminando hacia donde sale el
sol, hasta Tochpan, en donde. se detuvieron; 1 en este camino anduvieron
diez y ocho días, que sería11 algunas ochenta leguas; y llegados a esta
tierra estuvieron otros cinco años haciendo lo que e1l las demás partes
_v multifJlicándost su generación, siendo el ducubridor Mexotzin .• ."
("Segunda Relación", Obrar Históricas, 1 23-25).

e11co11traron los espanoles.
d
ll época hasta la conqui.Ita es¿Qué acontecimie1itos hubo des e aque a
pañola?
lo
bl de Chimalhuacá11 no conocf41l
Se ignoran, porq~e como s
de Anáhuac tomaror1 sin daula
la escritura ~eroglíftca, que los p blos misteriosos de una edad remode los de M1t/a )' el Palwque, p~e
sucesos históricos sino por r.
·
modo de co11.ngnar 1os
•
•
tlsima, no tuvieron
erdie,on por la ignoran&amp;14
tradición y en los ca~tos popul:e:~nqu:is::. ~abemos, sin embargo, 'l"
de los españoles en tiempo de l
q t ·miento digno de llamar l.a
al principio del siglo doce hubo un acon ec,
atención.

p::b1::

¿Cuál es?
.
'b
huatlacas y su paso para la m,s,
La llegada sucesiva de las tn us na
central de México.
G53
.
·seo -Tello, que terminó su obra en 1_ ,
Lo historiadores anuguos de Jali
1742- comienzan la hi toria anngua
y Mota Padilla, que concluy! ~ suy: e~ caciq;e de Tzapotzinco ( lugar ~
de esa región co~ el relato ~ d:~:a ~aberle oído a su padre XonacaJta~
Centispac y Xali..xco) • el cu
d
ho nombre n toda e a uerra.
señor de la provincia de Acaponeta
e mue
que de sus abuelos y antepasados sabia que
l
alu·
d u11a provincia llamada Aztat an, s
"de lo más interno del Norte, e .
t aron "or el Nuevo MI•
.
T
d s diversos tiempos Y en r
r
~
ron vanas fam, ,as en o
t Centispac Xalisco, Aguacal
xico Zíbola, Sonora, Sinaloa, Acapontcª'L.
y pa:ando 'Jor la Sirrra d,
'
· · de Avalos y o ,ma,
1·
Tonalán y las provincias .
. t n Texcoco· la segunda vez,..
oblar de o.sien e
·
z
Michoacán, I ueron a P
por Thopia Guadiana, ae•
.
h más familias, que entraron
' . . ,,,._uan
lte,on mue ~Nochistlán, Tlaltenango, Theocalt,qut, '.Y r tecas, Xuclupila, Teul,
una de México; y que unos 'Y o~OS
,, (Tello: Cr6ruu
Por Querétaro hasta poblar en la Lag .
d'
· l y treinta anos. . .
)
hacían mansiones de tez, ~e11'. ~- t d l Conq. de N. Galicia, p. 21 .
Miscelánea, P· 23; Mota Padilla. u. e a
.
. ún Cbi·
historiadores hace m nci6n d e nmg
Como se ve, ninguno de los doscli . l de Ateneo (Chimalhuacán Ateneo)
malhuacán. Este nombre, c?~ el : 1;10::itecas desde la región de Huehuetla·
se halla en el relato del v1aJe d ( . .
. totalmente legendario, pero cuya
pallan ha ta Tollantzinco y Tollan v1aJe casi

'!

°

482

"Chimalhuacán Ateneo, jsJas y costa de mar" era, pues, según Ixtlilxochitl,
un lugar, o, si se quiere, una región, pero en el mismo sentido que lo eran
Xalixco y Tochpan, distintos y no comprendidos en aquél, del cual distaban
-según el relato- cien y ochenta leguas respectivamente.
Si en tiempo anteriores a la Conquista hubo un Chimalhuacán Ateneo, en
los de ésta había ya desaparecido, ya que no saben de él Tel10 ni Mota Pa~
dilla, ni lo hall6 D. Hilarión Romero Gil en u minucioso ludio de Jugare
jaliscienses incluido en u Memoria sobre lo descubrimientos de los español ,
leída en 1861 ;2 ni figura entre lo 212 pueblos visitados por Lebrón de
Quiñones. 21
1

Lo histórico se rcduc&lt;' ca,i a la procedencia noroccidcntal de los toltecas, quc- no se
llamaron asi hasta TolJan y que fueron bárbaros hasta que se civilizaron al contacto

coa los

pueblos ruJtos de la ~gi6n central.

1

lo1uuto GrL, HtLARtÓN : "Memoria sobre los descubrimientos que los españoles
hicitron en el siglo XVI de la región ocridental de este continente en la parte que se
le dio el nombre de Nue\'a Galicia; reinos y cacicazgos que contenía, religión y gobierno, lenguas, costumbre, y origen". (Bol. de la Soc. M ex. de Ceo gr. )' Estad., 1860,
IL ip., t. VIII, pp. 47-l-501). Se fundó en Tel10, Motn Padilla y lo d . conocida crónica del P. Fr. Manuel Gonz:füz Dávila, que cita en las pig-1. 489 y 492.
11, Relación breve y sumaria dt- la ViJita hecha por el Lic. Lorenzo Lc-br6o de Qui•

483

�Fuera de Ixtlilxóchitl no se han encontrado en lo documentos indígenas
referencias a este Chimalhuacán Ateneo. Todas se refieren al Chimalhuacán
Ateneo del Valle de México, llamado a veces simplemente Chimalhuacán, situado un tiempo a las orillas del lago de Texcoco y ahora en sus cercanías.•
No parece, sin embargo, que Navarrete haya tomado directamente el nombre del Chimalhuacán jalisciense de las Obras hist6ricas de Ixtlilxóchitl, de
difícil acceso en sus originales e impresión de Kingsborough, hasta la de 1891,
en México y por Chavero. Tampoco, de la M anarquía 1ndiana (Sevilla,
1615) de Torquemada, que reduce el relato de la peregrinación tolteca a una
breve frase: "anduvieron ciento y cuatro años vagueando por diversas parta
de este Nuevo Mundo" (I, 37 a). Ni de la Idea de una . nueva Historia General de la América Septe11trional (Madrid, 1746) de Boturini, quien sólo la
menciona (párr. XX y XXI). Posteriores a la obra de Navarrete ( 1872), son
la Historia Antigua y de la Conquista de Mlxico (México, 1880) de Qroza,
y Berra, y el tomo I de México a travls de los siglos (Barcelona, s. f., pero de
1884) de Chavero, que dan un buen resumen de dicha peregrinación coafonne al relato de Ixtlilx6chitl. Y muy posteriores y dependientes de Navarrete, son a su vez "Le Chimalhuacan et ses populations avant la Conquete
espagnole", artículo en Journal de la Societé des Americanistes, t. 1 (Pam,
1903) de León Diguet, y la Historia Particular del Estado de Jalisco (Guadalajara, 1910} de Pérez Verdía. Y a í, quedan solamente: la Historia A••
ligua de México de Clavijero, que en 1872 tenía ya cuatro ediciones castellanal
(Londres 1 1826; y México, 1844, 1853 y 1861-2); y la del mismo título, de
Veytia (M6&lt;lco, 1836): ambas con relatos de la peregrinación de los toltecas,
sumario el del primero y extenso el del segundo. De Clavijero (I, 175) procede probablemente la situación que avarrete da a Huehuetlapallan "11
Norte de Nuevo México". Y de Veytia (I, 153), en fin, el nombre de Chimalhuacán, aunque, como en Ixtlilxóchitl, es "la costa que llamaron de Cbimalhuacán Ateneo".'
Es, pues, falso, que "el territorio que hoy se llama Jalisco tenía en tiempGI
de la conquista el nombre de Chimalhuacán".
ñoncs, oidor del . Reino de Galicia ... Guadalajara, Eclics. de la Junta Auxiliar 1k
la Soc. Mex. de Gcogr. y Estad., 1951.
' Vúnsc "Cbimalhuacán" y "Chimalhuacán Ateneo" en el exhaustivo Dicciouffl
Biográfico de Historia Antigua d, M,xico, 3 t., Mhico 1952-1953, de D. Rafael Garál
Granados, quien sólo omitió lo relativo a la rcgi6n maya.
• De Clavij,ro 1e cita la edición de la Editorial Porrúa, México 1945, 4 t.; f dr
Veylia, la de la Editorial Leyenda, México 1944, 2 t.

TERRITORIO y

MlE..uBROS
u

DE LA

CONYEDERACJO'N "C IUMALH UACANA"

. Excluido
. . . de la rcgi6n que csLud·iamos e1 nombre de Chimalh
•
mvenc1on sm fundamento en las f ucn tes hºistoncas
, •
uacan
hay q
· • como
,
menos, con otro nombre o sin él llí 1
'
. ue ver s1 CX1Stia al
necesario saber primero cuáles e:.a: a ~ a confederaCl~n. Para lo cual es
donde podremos deducir su territorio. o pochan ser los miembros de eUa, de
Navarrete dice al propósito ( Ú'cc. 1/, pp. 6 ,. ss.):

,Cuál·¡ fue la divisjón geo_gra•¡·,ca¡• po1tl1ca
, . del antiguo Chimalhuacán)
Dºfí
' c1 mente se puede senalar. no obstante
•
el estado que tenía al tiempo d , I
. se procurará hacerlo según
hacerlo de tiempos anteriores Pe a conquduta española; no siendo posible
.
or carecer e datos
Decid, pues, cómo estaba dividido el als .
descubrieron.
P cuando los espanoles lo
El territorio que hoy forma el Estado de X r
una sola naci6n, sino que había en il d"f a txco no formaba entonces
nazgos o pequeños estados inde en .
' trentes m~narquE_as y tactoaformaban una confedcraci6n. p dientes, que en ciertas circunstancias
,Cuáles tran i' qui gobierno tenían?
Aun.que las monarquías no eran colindante
.
primero su tenitorio "' desp • l d l
- s, conveniente es determinar
r
ues e e os senorlos.
("Cuál era la primera monarquía?
Tonalan (Tonalá) ...
Colml prendlíNa cuatro tactoanazgos o señoríos tributarios:
T
t an, a
orte ...
Tlaxomulco, hacia el ur...
Tololot/án, pueblo situado a la orilla del Chicnáh
Tala.·· (al Occidente).
uac. · ·
es:;:º~/::::,!'~a~=~ana~gos dependían del señorío de Tonalan 'Y por
o remo, aunque no con toda propiedad.
c"C~ál era la segunda monarquía?
Xahxco, cuyos límites comprendían el territorio
,
que hoy forman los cantones de Te .
' poco mas o menos,
excepción de la sie" d l N
. . pie i' Mascota ( Amaxocotlan), con
t
a e ayant que ocupaban los
d.
actoana.:r¡os comprend'
. d
.
coras. .. ; ,ferentes
ta no sien o posible separarlos con exactitud
(°Cuál era la tercera monarqula?
.
Era Aztatlan, cuya capital de este nomb
.
.Y civilizada de Chimalhu ,
re era la ciudad más populosa
acan ...

484

485

�Contenía los tactoanazgos de:
Tzapotzinco . . .
Centispac .. .
Acaponetlan (Acaponeta), ..
Colhuacan o Culiacán.
¿Cuáles eran los tactoanazgos independientes?
Eran muchos y por la falta de noticias sólo mencionaremos los prinei,.
pales, comenzando de Oriente a Poniente.
¿Cuál es el primero?
Coinan, que lindaba al Oriente con el reino de Michoacán en el no
Chicnáhuac, teniendo por frontera al pueblo de Chicnahuatenco (La
Barca) en la margen del río y a Ayotl o Tortuga (Ayo) un poco hacia
el Norte ... La capital. .. se hallaba situada, con buenas murallas, en ,l
valle de Coinan (hoy el Valle simplemente) a la ribera oriental del no
que pasa de Atotonilco para Ocotlán .. .5
¿Cuál era el segundo tactoanazgo?
Cuitzeo, que comprendía solamente la parte de terreno situada entre el
mar Chapálico y el río Chicnáhuac, que ho ralido ya del Lago; y lindaba
con el señorío de Chapala . .. Su capital estaba en la margen occidental
del mismo río, en el punto que se conoce con el nombre de Paso tú
Cuitzeo ...
lCuál era el tercero?
Chapálac... Comprendía casi el mismo territorio que hoy tiene el dlpartamento de Cha pala, con Poncitlán, Xocotepec y Cotzallan o Axixir.. •·
¿ Cuál era el cuarto señorío?
Tzaúlan (Sayula) ... ; su tactoani Cuantoma era tributario del de Colima en tiempo de la Conquista. Tzacoalco era una de las más import_"11•
tes poblaciones por las salinas que en sus playas existían, y en ella residl,
un capitán del rey para recaudar el tributo; y en Cocolan (Cocula) go-

bernaba Tziltlali . .. a nombre de Cuantoma.
¿Cuál era el quinto?
Tzapollan ... Era entonces señor del tactoanazgo Minotlacoya, tributa• El río Lenna, llamado así desde la fundación de la ciudad de Lerma ( 1613 ), lo
llamaron los conquistadores río de Toluca y los indios nahuas Chicnahv.apan, "en lat
•
) • IO
nueve aguas", por el número de manantiales de que nace (actualmente S1ete
, JUD
a Almoloya del Río. Chicnahv.atenco, "a la orilla del Cbicnahuapan)t. fue el nombre
precortesiano de La Barca. En una lnfonnaci6n de 1561 se llama al Lago de Chapala
"laguna de Chiconahuatengo".

486

río del rey de Colima ... _, Tochpan (Tuxpan) ... , ZapotitJán ... , Tlamaz~lan o Tamazula ( eran) poblaciones importantes del señorío. Tanto
en estas como en otras poblaciones había comi.rarios del rey de Colima
con numerosas tropas para conservar el orden y recaudar los tributos.
El sexto tactoanazgo o señorlo ¿cuál era?
Autlán ... tributario de Colima.
¿Cuál era el sétimo señorio independiente?
Etzatlán. Comprendía el territorio que hoy tienen los cantones So. y

120., exceptuando a Cocula y Ameca, que pertenecían a Tzaúlan la primera y a Autlá11 la segunda. ..
¿Decidme cuál era el octavo tactoana.zgo?
Xochltepec (montes floridos). Comprendia lo que es hoy Magdalena
entre Etzatlán y T epic. ..
¿Qué otros señoríos existían?
Lo~ más notables se han ya enumerado,· pero hacia el Norte, desde

la orilla del río Grande hasta Zacatecas, existian otros, que /argo serfa
enumerar porque los más de ellos no contenfan más que un solo pueblo
Y por esto sólo haremos mención de aquellos que más tarde se hiciero~
notables por los sucesos que allí ocurrieron.
¿ Cuáles son?

.Acatic, entre Tepatitlán y Lagos;
Tacotlán ... comprendiendo la jurisdicción de Cuquío¡
Teocaltiche . .. ;
Yahualica y
Nochistlán, hoy del Estado de Zacatecas... ;
Teul .. .;
Tlaltenango,
Atemanica y
Atenquítitl. ..
~mo se ve, Navarrete hlzo "la división geográfica y política del antio-uo
0
Chimalhuac'an" por las " monarqwas,
,
tactoanazgos independientes y otros
tactoanazo-os" q e " ¡ t'
d I e
. ,, ,
.,
u ª iempo e a onqwsta hab1a en el territorio que en
17
8~
del E ta?o de Jualisco, pues éste era para Navarrete (pp. 3 y 6) el
~tono del antiguo Chimalhuacán. De ahl, que incluya en el territorio
chimalhuacano lo que en 1872 era aún 7o. cantón de Jalisco (Tepic) que
no fue segregado de Jalisco como "Territorio Federal" hasta 1884· y' que
excluy
eortma, separada de Jalisco desde 1823, a pesar de que ' Colima
h , ~
abia sido, según él {p. 11) "la cabeza" de la Confederación Chimalhuacana.

ei:ª

ª

487

�.
,
b'
ertcnec1entes
al Estado d e Jali co' a "Tzaúlan.
. .
Incluyo, en cam 10, por P
, ~, ( S)- tributarios y temtono de
Tzapotlán y Autlán" que eran -segun_ e p.
Colima si ésta debía excluir, h be 'd excluídos Junto con
Colima, y deb1an a r Sl o
f scm,ido por Diguet, como puede
·
encias Navarrete ue o,
se. En estas mcongru
. •
, M 'd'
1 reproducido por Percz Ververse en su mapa del Chuna~huacanro
:us tributarios.ª Pérez Verdía,
día (I, 3), que excluye~ Coli(ma pe tradicci~n con el mapa) como la primera
.
b
pone a Colima en con
sin em argoi
, s" chiroalhuacanas.
de "las cuatro grandes monar~ma
. l en total o parcialmente, el teDe las fuentes históricas anu~a~, unas meº;, ~ el Imperio fexica, otras
. . d e la "Confederaci6n Chímalhuacana e
mtono

i~:iu1::

en el de Michhuacan.
.
. , notoriamente desmesurada al
Alba Jxtlilxóchitl (II, 318) d1~ lun~ ~~te~s1o~s términos de los chichimecas
Imperio fexica, del que s6lo cxc uyo
es e
, ...
y reino de Mi choacan .

.
todo el imperio de esta Nueva España,
" .. .de todo punto so7uzgaro~ .
. de Mic/ioacán hasta IDJ
.
d los clachimecas ,, remo
desde los términos
e poseyeron l os an t'qu!•imos
re~,es
tu/tecas, qut
1
. •
....
.r
~
últimas provmnas que
V p "-' Nicaralwa que es toao
H
l
Acalan, era az J
,
fueron los de ue~mo an,
'huac· • desde los cuextecas (que son las
lo que contient: la t1rrra de A11a
, HJ ·tt palan que es lo que llam411
. d p•
) hasta llegar a ui a
•
d
'•rovinc11.u e anuco
.
d l lfar del Sur, do11 e s,
1
r
.
d C t • por lar costas e ~
d
Mar VermtJo o t ores~
..
p ovincias como fueron las t
.
,
d , pUndidos remos ,, r
'
incluzan gran es ¡ es
.
h honas mixtecas tzapotecas,
.
¡.;
cu1tlatecas, e oc
•
'
los cko/iu1xcas )' yo,,.cas,
l
x;calancas totonaques y otras
•
b•
1 ualcas no11oa cas, •
quauhtemaltecas, coa zaq
, d t d" punto rendidas, )' todas de a¡o
.
ue
quedaron
e
o v
, d
t
muchas nac10,us, q
, d longitud mas e cua ro. . l t
cabezas que tenia e
"
del Imprno de as re~
d
l Mar del Norte hasta el del Sur .
cientas leguas, y de latitud es e e

d

, d
f . la conquista de Honduras y
Torquemada (I, 218-9), despucs e relen!r resume a Ixtlilxócbitl dicien.
de Moctecuhzoma
,
d en
Nicaragua en tiempos
. d l
, de este Nuevo Mun o,
..,-,:i
, d quas1 to o o mas
,
.
do que aquél ".se ayv~ero ~ tierra". Solís (Lib. II, c. III), fue aun_ ow
más de cuatrocientas leguas e
. M .
se extendió desde el istJDO
e.,cagerado, pues di.JO que el Impcno
. 1 eXJcano
, hasta el Cabo Mendocmo.
de P anama

loa

a la ciudad de Colima, que fue _fundada por del
• De Colima, aparece en el map .
.
" una legua )' media de la mar
3 (
en su actual anento, nno a
españole5 en 152
no
rovincia de Colimotl.
iciona.
Sur'' ), pero no los pueblos d~ la ~le sobre todo literariamente, hay muchas cdl Riva, De Solls, que, co~o
la Biblioteca de Autores Espa.ñoltl de Manue
. /
J
La . era de Madrid. 16 .
pnm t. '28 (Il de1 d e R is" t • d, Sucesos Part1cu ares •
deneyra,

clásis/ºin

488

Clavijero, en cambio, qur. inicia el estudio crítico de nuestra historia antigua, dice que ese Imperio "extendíase por el poniente y por e) sur hasta eJ
mar Pacífico, por el sureste hasta las inmediaciones de Quauhtemallan, por
el oriente hasta el Golfo Mexicano, por el norte hasta 1a Huaxteca, y por el
noroeste confinaba con los bárbaros chichimeca ". Y que, aunque algunos
autores le dan mayor extensjón, ni en la matrícula de los pueblos tributarios, ni en la lista de los lugares conquistados que se halla en la Colección de
Mendoza, ni en los autores que han escrito con mayor instrucción" halla
fundamento alguno para ello ( I, 60). Y al e.~ecificar las provincias del
Imperio, añade: "las del mar Pacifico eran las de Coliman, Zacatolan, Tototepec y Xoconochco" ( I, 63)," dato fundado evidentemente en la M atricula de Tributos y en la Colección de Mendoza o Códice Mendocino, cuya
segunda parte sobre todo es copia de la Matricula.
"Colima'\ sin embargo, la del Códice Mendocino,' no es, según todos los
indicio., la provincia precortesiana llamada Colima, de cuyo nombre se dcIÍ\'Ó el del actual Estado de Colima. Esto se deduce del nombre y características del lugar mencionado en el Mendocino, que no corresponden a Colima,
la del Estado de su nombre.
El jero lifico 437 del Códice está allí traducido a nue tra escritura por
..Colima, pu(ebl)o"; pero la traducción correcta es, según común opinión
moderna, A.colima o Acoliman, que no es el nombre de Colima.10 El
jeroglífico 14 de Acolma y el 264 de Acolhuacan son casi iguales al 437 de
Colima, pero eran sin duda ambiguos para el intérprete, pues tratándose del
de Arolhuacan, en la fatrícula ( de la que es copia el C6dice), borró
~1 te:;cócatl que había añadido al nombre de Acolhuacan y puso en su lugar
acolmécall, añadidura que, sin borrón, subsiste en el Códice. Por Jo demás,
a pesar de lo correcto de las interpretaciones del C6dice, tiene alguna errónea, como 1a del jeroglífico 292 de Chimako por Panchimalco y, quizás,
la del 395 de Mitepec por Tiacotepec. ª
' Edici6n de la Editorial Porrúa, 1945.
• Del C6díce .Mendocino hay varias ediciont"s, Citamos la de Cooper CJark, James:
·Codtx Mrndora, London, 1938. 3 vals.

• La lectura correcta es más bien, quizás, Aeolman, a pesar de las variantea entre los
jeroglífico~ 437 y 14, )'3 que se dan \·ariantts entre jerogliiicos que se leen igual, como
~I de Coihuacan en el Códice Vaticano y otros c6dices.
11

Del de Chimalco dice Barlow: el jeroglífico muestra claramente una bandera
1Pantli) y un escudo ( chimalli) ; la "Matrícula" trae la anotaci6n correcta (Panchi'lflo/co) : adrmás, existe actualmente un pueblo de Panchimalco y ninguno de ChiDlalco. Sobrt el de Mitipe,: observa: no hay trazas de tal pueblo en la rcgi6n, mientras
que Tlacotepec (versión de la matrícula) es bien conocido y aparece en la lista de las
-conquin.u de Axa)·ácatl ( o. , . en la nota siguiente, pp. 76 y 28).

489

�d 11
señalado por el jeroglífico
Mas, cualquiera que sea el nombre e ~~ Códice como un lugar se437 (Colima), dicb~ l~gar_ es e~umdera~~h;atlan, que ba sido localizada en
cundario de la prOVUlcia tnbu~a Ge ero por Cooper Clark (I, 74, nota
el territorio del actual Estado e uerr.6 del Imperio Mex.ica por Barlow
1) y en magistral estudio sobre la e.xtensi n . 8 ss) 12 El carácter secun.
E "' o/ thc Culhua mexica,
(The exlent of the mrre
d
) J formación sobre los tributos
11
•ch 1
da confirma o en a
del
dario de di o ugar que
A~ d 1554 donde sólo se habla
que los indios pagaban Moctczuma.
e e ~ a tributaban'', sin dar
"pueblo de Qiguatlan y otros doce pue os qu
los nombres de éstos (pp. 46 , et~.) ·11
entre las conquistas de l01
.
l E do d Colima no aparece
Colima, la de sta
e
' hi , .ca del Códice Mendocino ru en
.cas ni en la parte ston
hace
d
empera ores mexi '
,
H L
riroera mención de ella 1a
otros documentos indígenas anRal~~ (;!ixtitan 15 oc. 1524):
Cortés en su Cuarta Carta de e aci n
'

ª

:iº

anite a la dicha
• ,
( U)'º nom bra omi·t e) " .,,
"Yendo este dicho capitan c
. . d una provincia que se día
ciudad de Zacatula, tuvieron notic~ e e habían de llevar sobrt la
, p rtada del camino qu
Coliman, que tsta a a
. t
·ncuenta leguas: 'Y con la gentt q,u
mano derecha, que es al ponte~ e, ~ . ella provincia de Mechuocó~
llevaba y con mucha de los amigos e aqu_
das donde hubo con los
fue allá sin mi licencia, )' entr6 algunas ¡ornan :uart.nta de caballo 1
ncuentros · Y armque era
naturales algunos ree
,
d l os los desbarataron y eclta,oa
más de den peones, ballesteros y ro e cr ,_ l ' mucha gente de lo,
.
les mataron tres espano es y
_,
fuera de la tierra, 'Y
.
• d d d Zacatula • )' sabido por ""•
.
f
eron a la dicha cm a
e
,
r 148 b)
amigos, y se tt
. ,
• le castiaué su i,iobtdfr11cia". \ P•
mandé traer preso al capttan y .
C:6 ( otro capitán cu-vo nombr1
zn.strncci n a
• ·
l d' ha
" .. ·)'º le mandé en a ic
su
• d d d Zacatula, y con la genlt
. )
que se {uese a la ciu a e
. .
también omite . . .
, d llí. pudiese sacar fuese a la prorm,e111
' habían des bar atado
que 11evaba ,, con la que mas , el ª p dos dije que
de Coliman, donde en lo.s cap,tu os asa . . de M echuacán para la
.
t que iba de la provmcia
aquel capitán y gen e
.
d los atraer por bien, )' si no, les co••
dicha ciudad, 'J' que traba;ase ,.

quistase
b
de la qut allá tomó, junt6 cin·
"El se fue, y de la gente q~e lleva a y
' . fue a la dicha pro~·incia,
cuenta de caballo y ciento cincuenta peones, y l l'
e exltnt of the Empire o/ ti,, Culhua Mtxica. lberoarncri-

R . H. : Th .
.
B keley and Los Angrlts, 1919.
rana: 28. University oí Cal~ol'1lla l'tt~;s i:dios pagaban a Moclezumn. Año dt JS54.
n B.uLoW,

u

I n./o,ma&lt;ión sobre los tributos qut

M~xico, José Porrúa e Hijos, Sucs., 1957.
"

490

éase rl Diccionario citado en la nota 3.

que está de la ciudad de Zacatula, costa dt la mar del Sur abajo sesenta
leguas . .. '1 llegó a la dicha provincia; )' en la parte que al otro capitán
habían desbaratado halló mucha gente de guerra que le estaban esperando, creyendo haberse con él como con el otro; y así rompjeron los
unos y los otros; )' pfago a Nuestro Señor que la victoria fue por los
nuestros, sin morir 1zinguno de ellos, aunque a muchos y a los caballos
hirieron; y los enemigos pagaron bien el daño que habían hecho. Y fue
tan bueno este castigo, que sin más guerra se dio luego toda la tierra de
paz, y no solamente esta prouittcia, mas autt muchas otras cercanas a
ella viriieron a St ofrecer por vasallos de vuestra cesárea majestad, que
/utron Alimtln, Colimonte " Ceguatán; ,, de allí me escribió todo lo que
le había sucedido, y le envié a mandar que buscase un asiento que fuese
bueno y en '1 se fundase un~ villa, y que le pusiese nombre Coliman,
como la dicha provincia, y le envié nombramú-nto de alcalde.r y regidores
para ella''. (p. 154 a) .16

Era, pues, Colima no un pueblo ino una proVU1c1a o región de arrestos
bélicos; pero ni ella ni otra porción del territorio de la "Confederación Chimalhuacana" pertenecieron -como se ha visto- al Imperio Mexica.
Hay, por el contrario, no pocos documentos antiguos, independientes unos
de otros, que incluyen en el Estado Tarasco. total o parcialmente: el terri• Edic. de I Editorial Porrúa, Méxiro 1960. Sobre la debatida curstión del nombre

dd capitán dcsobcdjente, lo más probable es que éste fue Juan Rodríguez de Villafutrtc. La cuestión nace de las variante., que hay en los autores antiguos que dan el
nombrt de ese capitán, omitido por Cortéi. Según ÜÓMARA (c. CLI), fue Cristóbal
dt Olid. Según BuML (c. CLVII y CLX), de quien dependen Tello, Mota Padilla,

llcaumont, Bancroft y muchos modernos, fue Juan Alvarez Chico,

HERRERA

(al parcrer

.a:iu danc cuenta) refiere dos veces el mismo episodio en el mimio capítulo ( 17 del
lib. 111, 3a. Déc.). La primrra ve?., dependiendo de Gómara, dice que fue O lid : la
etgunda, ateniéndo e a un documento desconocido, que el capitán Villafuerte, cuyo
IIOID.brc y hechos repitt muy sumariament&lt;" de:spu6' ( c. 5, lib. V) en una frase qu co-piamos tn la nota 18. Mas rs el caJO, que Ouo, fuera de Gómara y los que de él
deJ)!'nden, nunca es prest'otado como "capitán desobediente }' derrotado" en Colima.
llunaJ lo recuerda como dos veces enviado allá por Cortés y las dos vencedor. Y, fuera
de lkmal, 110 tiene actuaci6n alguna c.-n Colima : sua compañeros, al alt&gt;gar s('rvicios
Pttltado, al re&gt;· en compañía de Olid, citan la conquista de Mi('hoaeán, pero no la de
Colima. }uA. ALVAJU!.Z CH1co sólo es mencionado por BernaJ y l05 que e n Bern:)1 s
Íurufan; pero Bt·mal "nunca estuvo en en región y c,críbi6 de m moría", como dice
Saurr, }"
dicho no se halla confirmado en otros fuentes. illafoene, l'n c:.'Wlbio, "'fue
por B"ntral a Colima e a los Opelcingos", como dijo ¡u viuda doña Juana de Zúñiga,
Del capilán conquistador de Colima, al menos defirutivo. G6mara, Berna] y Herrera
dieto que fue Go~ZALO D&amp; SANDOVAL. Véase la luminosa discusión de Sauc:r en su
Colima of N. Spain, citada en el texto.

,u

491

•

�torio de la "Confederación Chimalhuacana". En orden cronológico son los
siguientes:
En 1530, durante su expedición conquistadora y hallándose en la provincia de Tcirnoac o Centicpaque (Senti pac, Nay.), al norte de las de Xalixco y Tepique, escribe Nuño de Guzmán al Emperador informándole de lo
hasta entonces acontecido y firma así su carta en Omitlán, cabecera de aquélla: "De Omitlán, en la provincia de Mechuacáo, de la Mayor España, a
8 de julio de 1530". (Colee. de Doc. Jnéd. de Pacbcco, &amp;, Madrid 1864-84,

XIII, p. 389).
La Relaci6n de Mechuacán, e:scrita hacia 1511 por un franciscano, menciona unos 140 lugares y 3 provincias conqui tados por lo· reyes tarascos y
sus auxiliares. Entre los lugares conquistados pone a Tamazula y &lt;;aputlán¡
y entre las provincias a "los pueblos DábaTos". Refiere también que Tzitzispandácuare "tuvo su conquista hacia Colima y Zacatula y otros pueblos"
(Parte 11, ce. 31 y 35 ). Dice luego que, en la fiesta de Hiquándiro, iban a
conqui tas "lo de Mechuacán y los chichimecas y otomícs que el Cazonci
tenían subjetos, y mat!alcingas y uetámaecha y chontalc y los de Tuspa y

Tamazula y Zapotlán". (Parte 111, c. 5). 1'
El Ctladcrno de TaJaciones "de ciertos pueblos de la Provincia de • {ichoa•
cán" hecho por el Br. Ortega, alcalde mayor en ella, a pedimento del Lic.
Cristóbal de Benavente, fiscal de la Real Audiencia de Mé.-xico entre 1542 y
1557, trae la nómina de 78 pueblos, entre los cuales están Amula, Tuchpa
Zayula, Avalos, Mazamitla, Cocula y Colima (Orozco y Berra II, p. 209)."
En 1579 y 1580, en la diócesis de Michoacán (como en las demás de la
ueva España), se estuvieron haciendo confonne a un cuestionario muy com•
pleto enviado de la Corte, Relaciones Geográficas de las diferentes cabeceras
que en ella había. No todas se conservan o se conocen. Entre las conocidas
que subsisten, hacen a nuestro propósito las de Tuspa-Tamazula-Qapotlán y
las de Amula, Ameca y Motines.

La Relación de Tuspa-Tamazula-&lt;;apotlán (Tuxpan, Tamazul:i y Zapatlán, Jal.) fue hecha:

"En este pueblo de Tuspa, de la Nueva España, en beinte días del mts
de Hebrero de mill y quinientos y ochenta años .. . Esta probincia de
Tuspa y Tamatzula y &lt;;apotlán está puesta en la real corona, y cada
pueblo de estos tres es cabecera por sí, y cada uno de ellos tiene los
,. Edición de Aguilar, Madrid, 1956.
" La íecha puesta al dOCUD1"nto está equivocada en cuanto al día dd roes, 31 ck
abril ; y en cuanto al año, 1528, cuando aún no era fiscal de I Audiencia el Lle, Bcnavcntc.

492

suxetos que e,i cada uno de ellos irá declarado
1' d
blos con sus _su~etos eran_ ~el Ca,o,zci, rey de la pr~vi:ci:s
tl
.
quecual
e sell rindió
t ó al capztan Christóbal de Olf' e fue t l pnmer
hombre.,
a l d~ he a en r ~ que lo envió el capitán general don Fernando Cortés
a te al conqur.sta
en el año de mi'll y qum1e11tos
. .
)' como
d' h
)' veinte )' dos años. ,
e ic o rey Cafonci se rindió con toda su tierra el dich
,
pitan general don Fernando Cortés los tomó para , Í ~ .
o catiem/io hasta
l
.
n )' e sirvieron algún
que os puneron en la real coro11a. . Este puebl f
por suxeto
a Tusistlán . .. y a T onat la11 . •. Diceu
.
• e11 tiempoo deltnt
..
que
su
xent1lldad
era
del
Cafonci
como
está
dich
.
.
tas de alf!odó
,
o, y a quwz tributaban man,
n )' naf!uas azules . .. Dicen que tenían en 1
.
o~ro señor que los gobernaba, al cual daban de l
a provincia
0 que coxían )' le servian como t f •
(R l .
a a ' y que te,da1i guerra co11 la provincia de Colima
e acio~es Geográficas de la Diócesis de Michoacán lI pp 84 . ..
GuadalaJara, 1958, 2 vols.).
' '
·
Y s ··
''El ,pueblo de Qapotlán. · · el pnmer
·
fu11dador fue el señor de Me
1
e ioacan . .. Este pueblo tiene por suxetos a Cuaoteponahuastitlan
•
otro
·
··· Y
p que
~ se lllam
C ª Jstlá
. n. · · D icen
que en tiempo de su xentilidad tenían
~enor
afonct, rey de Mechoacán, y le tributaban plumas gran
:; e co ores, '.)I plata tendida muy delgada, y algunos indios que to:
. ban en la guerra que tenian con otros pueblos comarcanos a éste
~icen
s; g~bernaban por un principal que ponía el rey de M echoacd~·
cua o e ec,an y daban de comer y le hacían su casa 'Y simenteras ,
"i que tenían guerras con los de Colima y .Aguatlán y Autlán "' C ...
apa y Tenamastlán. y .Ameca )' ¡ fat l'a1t y el Agualulco y otros .,pueblos
Ufacomarcanos. .. (]bid., II, pp. 94 y ss.).
El pueblo de Tainazu la . . . t·tene por suxetos a &lt;;apotilt.
otro
y a
T l pueblo que llaman San Bartolomé· · · )' a otro pue blo ique.
que lJ..aman

::t;;e~l::1c::-

/r

¡°

(u:

M

ll et an. y a otro pueblo que llaman Puetlan . .. y a otro pueblo que
aman echoacan . .. y a otro pueblo que llaman San L'
otro pu bl
ll
azaro. . . y a
'ti e o que aman Santiago ... y a otro pueblo que llaman Mafam,
a otro
•
de sa. .. yt Id
d pueblo que llaman Quitupan · · · D1 cen que en tiempo
: ge; • t a eran del Cafonci, rey de Mechuacán, al cual tributaban
;an cu e algodón blancas, y naguas azules, y plumas de papagayos y
·
este otras
p aves
. . grandes. . . D rcen
que se go bernaba,z por un principal de
de; C rovm~ia, que se llamaba Hácatl, el cual era del con.sentimiento
b d ªfonci, rey de Mechuacán, e que le hacían sus simenteras y le
o e edan en todo¡ e que tenían guerras con los de Colima y Á tlá
e lfatlán Y Tlajomulco y otros pueblos comarcanos " (lb 'd u lln
pp. 99 y SS.) .
.. .
l ., ,
493

�Conforme a las correspondientes "Relaciones", el Ca,;onci conquistó a Amula, tenía sujetos a los pueblos comarcanos de Ameca y poseía parte de la tierra y costa de la provincia de Motines:
La de Amula, intitulada ''Discripción de Zapotitlán, Tuscacuesco y Cusalapa", hecha en 1579, dice:
Dijeron y declararon que an,iguamente, en su gentileza, conocieron por
señor, según sus padres de estos declarantes decían, a un señor llamado
Xiutetequtte . .. y que a éste tributaban y servían por señor . .. y que
este señor rein6 setenta y cinco años, poco más o menos, hasta que el
Caronci entró con su gente en esta dicha provincia y lo mataron; y el
dicho Caronci puso tres capitanes en esta provincia, de los cuales no
saben los nombres estos declarantes; y éstos pelearan con los que quedaron y los recogieron en un pueblo que estaba aqu! junto, de pocas
casas; y que así los dichos capitanes estuvieron recogidos y peleando
con los demás pueblos; murieron y sucedi6 un señor que se llamaba
Teuquettatequemuy .. . y que a éste sucedi6 Mafatte, padre de ... uno
de los declarantes . .. el cual gobernó hasta que vinieron los españoles.
(Noticias varias de Nueva Galicía, Guadalajara, 1878, pp. 282 y 291).

posesi6n en esta tierra ,, costa del
carne humana como los t
mar, y eran. grandes comedores de
,
arascos y con unos y otro t f.
de Tlatíca. (Sauer, Carl: Colima' of N S a. .
s ~n an guerras /.os
Iberoamericana: 29 [19481, p. 72 ). · P zn in the Su:teenth Century.

El Cazonci dominaba la región de Colima. en
,
rreando según la Relaci, d P' ,
.
parte segun Herrera, gueon e atzcuaro Herrera en
" di 'al
como dice Sauer refiere casi segu·d d .
,
un e ton lapse"
•
)
'
~ 0 os veces (por utilizar d f
di
tJntas la primera entrada de los es - I
.
os uentes spano es en Colima. La segunda vez dice:
El capitán Villafuerte lleaado co l
camino ( de z t la),
,;
n
gente adonde habla de tomar el
aca u , tuvo forma para que la
t l
..
fuese a otra provincia, hacia l N t
f!~n e_ 'e requinese, que
muchos ca itan
e
or e, cuya pacifzcacion hablan pedido

ª

que, vuelt/de ;;~;/;ue:;a ~;s:;~;it::los Hernán . Cortés, respondía
supo lo que había hecho Villafu
. ~er aq~ella Jornada; y cuando
de la mucha aente ue
erte, temio que iba alzado, can ocasión

españoles. (lbid., pp. 233 y 245).

De la Relación de Motines, 1580, sólo conocemos su versión al inglés, que
por falta del texto original castellano, traduciremos:

'

los capturaban, mataban y comían; hacíanles también guerras los de
Epatlán, poblado con gente de la provincia de Mechuacán, que tomaron

494

le

c;a qu:
puso en gran cuidado. Entró
o a os solda,dos demasiada libertad;

• n a edic.

Guararua", IV, 181) _1a

La Relación de Pátzcuaro dice a su vez:
Traían guerras. . . con /os mexicano .
.
.
algunas batallas v
.
s,_ a quien siempre resistieron y en
encieron, y prendieron mucho d
ll
T
.
guerreaban con los de Col'ima y ZacatuJa y a , t s . e e los. .ambzén
(Relaciones Geográfica. de l D'6 d M'. es os siempre os su¡etaron.
J
a z c. e ich., II, 113).

Hay, por u·1tuno,
·
una información . d' .. l
'SUelto de confonnid d
l
. .
¡u icia ' cuyo cuestionanio fue aba por os tesbgos Híz
1594
.
-Constantino Huitzimé
. .
·
ose en
a pedimento de don
ngan, rueto del cazonci don Francisco Ta
ra probar la extensión que tuvieron los do . . d és
ngaxoan, paen dichos dominios estaban incl ,d ( Im~os e te. Por ella consta que
m os se ecc1onando lo que hace a nuestro
u

A veces tralan guerras con los tarascos, que ocasionalmente entraban ,

u~

y él sali6 presto de la pro!i-ncia :u:~a~;c;acan, cargados de despojos,
tocaba al Cazonci y habla ·¿ '
. o e guerra, y porque en parte
Y envi6 contento de los agra:io: ;u:;:;rse/ Cor!és ( éste), le satisfizo
gos .(Déc. 3a., Lib. 111 c. XVII E l en _za ~. siempr~ quedaron ami-

Del mismo año, 15 79, es la Relaci6n de Ame ca, que dice :
El primer fundador de este dicho pueblo y Sil comarca fue u,1 indio
mu,, valiente, llamado Jojouhquitequani . .. Era persona muy temida,
el cual dicen que vino de muy lejos de aquí ... con mucha gente de
guerra, conquistando muchos pueblos y sujetándolos hasta llegar a este
pueblo . .. para dende aquí conquistar a otros pueblos que a éste estaban
comarcanos, de mucha gente, los cuales tenía sujetos el Gai;onci, señor
de Pázquaro, de la provincia de Mechuacán, el cual dicho Cafionci tuuo
grandes guerras con él por habérsele venido ta11 cerca y por sujetallo
por su vasallo; y por ser tan valiente el dicho ]ojouhquitequani 'Y su
gente muy usada en la guerra, nunca pudo sujetalle ni jamás fue sujeto
a otro señor. Sustentóse con el dicho Cafionci hasta la venida de los

ti!~:;:b~u::

Villafuerte c:n poc~
volvieron los indios

yasí

La"

"l
otra provincia, hacia el Norte" es Coli
o que pas6 con los capitanes de II
d Croa,, pues Herrera en su recapitulaci6n de
-Go I
ernan o ortes" ( 5 lib V
nza o de Sandoval había enviado (Cortés a
.
c. '
. ' 3a. Déc.), dice: "a
Ydejado destruida la tierra".
) Colima, adonde Villa!uerte habla estado

495

�bl d Avalos" Ahuatlán, Amacueca,
propósito) "Culima y Z~catula, pu~os eTamazul~ Tuzpa, Tzacu ( a) leo,
Chacala Chapala, E~tlan, Ensapu
exo,
· ·
erteneció a Boturini,
Tzapotlán (El documento ongma P
X
Ocotlán, ocotepec,
· ,
3 d 1 Catálogo de su Museo Indiano. De
quien lo cita en el párrafo XIV ~~- ~ariano Veytia. Orozco y Berra, II,
él hizo copia "no muy correcta
on

Í

207-209) ·
· l · éd't
.
.
li . vestiaación en matena m i o e unBrand, que en 1943 hlZO am~ ~ : e ~n el territorio de éste: todo lo
preso sobre el "E tado Tarasco ' in uy
.
dido dentro de
h es del Estado de Colima y, del de Jahsco, lo compren
l

~~: :ea que, partiendo de la costa junto a Cihuatlán,Tpasal ,un

~opoca

~

I e o por Cocula y por ona a y
niente de Tuxcacuesco, pasa u g .
.
kctch of Antropology and Geonorte de Atotonilco el Alto (_An Histon_cal Sl
añol en Anales del Museo
!!raphy in the Tarascan Reg,on, traducido a esp
d" t )
Michoacano, o. 5, 2a. época, 1952, p. 59 y mapa a JUn o .

LA CoNPEDERAClÓN
Sobre ella pregunta Navarrete:

. tes no estaban ligados por
é y esta multitud dt Estados indepen d,en
l ' vínculo de unión?
a gun
.
az cada uno obraba aisladamente; pero
Partee que en tiempos de pd l
t'
Estados de Grecia en los
e1·anza e os an tguos
.
en los de guerra, a sem
b una confederaci6n fornuey de Troya forma an
prí
tiempos de
amo, r
' d
po el ,·efe más inttliaente.
l Estado más po eroso o r
.,
d . . 'd p
dable ing1 a or ~
de Michoacán, su natural eneAsí pudieron humillar ~l poder:::1::: as! udieron combatir a los esmigo, cuantas veces qutso some
,
p
. de México con
bl'
l virrey Mendoia a venir
pañoles, derrotarlos 'Y o igar a
~ ,.
I abían visto para sorne·
., .
.
cuantos en amenca se '
u11 e¡ercito superior ª
d
•¡· · A veces se
·
gran es so.en ic1os.
0
terlos, lo cual s6lo pudo conseguir c n J b
disminuían los límites
hacían la guerra unos a otros y se ensanc ia an o
de los Estados.
l
·
X alixco,
{Según esto, podríamos con toda propiedad llamar a antiguo
co11federación Chimalhuacana?
,
contraba en tiempos
e a lo menos as, se en
P
Sin duda alguna, orqu
. . t digno de referirse, qut
• t d spués de un acontec1mten o
l
de la conquu a e
.
l
d polílico del país en aqlll
acababa de pasar y que influyó en e esta o
tiempo. (Lec. II, PP· 9 - 10) ·
496

Narra en seguida avarrete, prolijamente, dicho acontec1m1ento, que es
la que se ha llamado "famosa guerra del Salitre", y, páginas adelante, la
insurrecci6n de Nueva Galicia de 1540-4 l. De u n&gt;lato entresacaremos los
datos relativos a la "Confcderaci6n".

La idea de la confederación parece haberla tomado de Frej,s, aunque en
éste la confederaci6n es sólo de cada reino con algunos cacicazgos: "EJ Estado llamado ahora de Jalisco. . . encerraba los tres reinos de Colima, Ja-

Jisco y Tonalá; su gobierno era real, pero confederado con algunos Uamados cacique o jefes de naciones" (Memoria hist6rica ... de la Conquista
Particular de Jalisco, p. 13) .19
Para Navarrete esa confederación es ya algo más grande: ''una multitud

· de Estados independient . que en tiempos de guerra formaban una formidable confederación (pp. 9-10). Los Estados independientes eran 3 monarquías (Tonalan, Xalisco y Aztatlan), 8 tactoanazgos principales y más de
8 menos importantes (pp. 6-9). egún él, no había Coofederaci6n ChimaJbuacana en tiempos de paz, rolo en los de guerra, de los que cita dos casos:
el de la guerra del Salitre y el de la insurrección de 15+1. Re ulta, sin embargo, que, conforme a los datos del propio Navarrete, tampoco la hubo en
esas guerra . Y con iguientcmente, que nu,ica existi6 la Confederación Chimalhuacana.

En la guerra del Salitre (contra el rey de Michoacán, que queña adueñarse de las salinas de Tzacoalco, p. 10), tomó la parte principal y la dirección de ella una monarquía extranjera: Colima, la cual, asociada a 13 ca-

cicazgos: Xicotlan, Autlan, T1.aúlan, Cocolan, Tochpan, Tzapotitlan, Cotulan, Tlamazolan, Chapala, Tzapot1an, Tla.,ccomulco, Xochitépec y Etzatlan (p. 11), obtuvo la victoria. Según esto, hubo entonces una confederaci6n
de Colima con 13 cacicazgos, uno de ellos, Tlaxomulco, tributario de Tonalan. Pero no lleg6 a formarse la "Confederación Chimalhuacana", compuesta de 3 monarquías {Tonalan, Xalisco y Aztatlan) y de más de 16 caciavarrete, sin embargo, deduc de la confederaci6n de Colima con
13 cacicazgo para esta guerra, la que "podríamos con toda propiedad llamar... Confederación Chimalhuacana".
caigos.

Además de Xalisco y Aztatlan, que -según avarrete- no part.1c1paron
en esta guerra hay que quitar -conforme a los documentos arriba citados-de entre lo cacicazgos participantes en ella: a Tochpan, Tlamazolan y Tzapotlan, que eran tributario del Cazonci y hacían la guerra a Colima; y a
Tzaúlan y Chapala, que entrenaban en los dominios de aquél; más aún, a lugares de Ja propia Colima, que también le pertenecían. Y como -según

e.as fuentes-

el Cazonci e taba en posesión de las salinas de Tzacoalco al

• Edic:. de Guadalajara, 1879. La primera sali6 ali! mismo, 1833.

497
fl32

�.
mbién ue suprimir la victoria "chimalh~tiempo de la conqlllsta, hay ta
ql
I cuenta Navarrete, y añadud al menos ta como a
na" y aun la guerra to a, .
V dí que avarrete "refiere guerras
d 1
e dice Pérez er a
la a aquellas e as qu
il
. " Lo que decimos está conf'rmado
1
• 'd
combates usonos .
. d
que no han ex1st1 o
la Pr0\,1ncia de Avalos, que, sien o partambién por la conqwsta pacifica de od é t conquistada pacíficamente.
. d fich cán fue como t o e'
.
te del reino e
oa • '
'
d 1 l'tre se formó para la üuurreccióa
Mucho meno que para la gue_rra e a i " ' La insurrección comenzó en
· • ChirnaUrnacana ·
d
de 1541 la • Confc crac10n
(f
d 1 "Chimalhuacán", en lo que hoy
Tla.xicoringa, valle de Guasamota ~eraeligiosa de los indios; la propagaron
es Durango), durante una cerhemodnia] r resentimiento de los indios contra
,
b ·os aprovec an o os
al
los nagu es o ruJ
h d l n·"'rra". y amenazó as1 exten"l b'a que ec ar e a '"
'
.
los españoles, a los que 1a t
G
ino hasta Michoac:ín y México, c:oderse no ~lo por. toda la rva
t:t:,~himaUmacán" afectó a Xochitépec
mo lo temia el Vll'rey Meo ~za.
tan
sobre todo, a la Ca.xcana (Tlal(Magdalena)' partes de Xahsco y Azt)at d :de fue vencida militarmente par
tenangO, X ochipilla' ochestlan, etc. ' o
el virrey Mendoza.

!

,.

r.

N E:

¡_No se propagó a los demás Estados., -pr ·gu nta

avarrete, c.

IV,

.
1 Sur como dependientes tlel
Sólo a los del Onente, /1orq_11e los dep
ÉI reino de Tonalan, 1IO
.
d Mlx;co permanecieron e11 a.z.
.
la
gobierno e
, ,
d los confederados insurrectos, sino que
st5lo no abraz6 la causa e
l' d
combatió prestando auxilio a los espanoles sus a ia os.
lecc. III, P· 65:

históricas antiguas la posición política ~
Réstanos ver en las fuentes
.
l
, irnamente antenonal de Colima en tiempos de la Conqwsta y en os prox
res a ésta.
.
. .
de su Cuarta Carta de Relación, menCortés, en los pasa;es am~a insertos "provincias": la de Colima y otraS
dona de la región de Colima, cua.tro
C
tan" En la provincia de
'
u
Aliman Colimonte Y egua
·
) ido
tres "cercanas a e a. . . .
'
un ca itán de Cortés (Villaf uerte ,
Colima -como hemos vtslo--, a
hp
d la tierra y le mataron treS
allá sin su licencia, lo desbarataron_ y ~e 7nnla ~icha provincia y en la par·
españoles y mucha gente de los anugos, y
'tán de Cortés (Sandoval),
te donde aquél había sido desbéaratad~, ~:: :p~ucha gente de guerra que
. d
, t
epar6 el rev s vencten
. d nn.
env1a o por es e, r
. tod a uella tierra se dio e ,,-,
le estaban allí esperando. En consecuencia,
a q
Aliman Colimonte y
.
. Otras provincia! cercanas, como
,
, ......
y no s6lo Colima, sino
ll d rey de España. Segun ,e;;,...,
. .
f ecerse por vasa as eI
rAli•
Ceguatan, vinieron a o r
. .
. 'ntas de las cuales la de '-"'
. y eo¡·imonte eran dos provmc1as dlStt '
Colima

498

ma habiendo de baratado y echado de su territorio a un capitán español,
fue después vencida por otro; mientras que la de Colimonte, una vez vencida la de Colima, se dfo por vasalla del rey de España. Consta, sin embargo, por la ..Relación de Lebrón de Quiñone ", que Colima y Colimonte (Colímotl1 como la llama correctamente Quirione ) , eran la misma provincia, y

que no ésta, sino la de Tecomán fue 1a única que "salió de guerra al tiempo
de su descubrimiento".·º Cortés, pues, equivocado o simplemente impreciso
respecto del nombre de la provincia que en la región de Colima estuvo en pie
de guerra, fue exacto al decir que la de Colimonte o Colímotl se dio, sin
guerra, por vasalla.
La pro\·incia de Colímotl no participó, por tanto, en esta guerra; pero sí
la tenía frecuentemente con las vecinas de Tuspa, Tamatzula y Tzapotlán,
según se ha visto. Era en Ja región el señorío o reino más poderoso y tuvo por
héroe epónimo a Colímotl. Y toda la región -Cihuatlán, Tepetitango, Colímotl, Alima, Motín y Coalcomán, junto con Tuspa, Tamatzula y Zapotlánfue célebre en los años de la Conquista y algunos después por sus placeres y
minas de oro y plata. 21 De ella procedía mucho del oro y plata del Cazonci. Y
el incentivo de esta riqueza -más que el revés militar de Villafuerte, en
realidad pequeño- fue la principal razón de enviar Cortés a Sandoval a

conquistar esa región y de repartirla prontamente entre encomenderos, reservándose el propio Cortés algunas minas y provincias_:u
• El pasaje completo de Quiñones dice: "En aquena provincia de Colima y demás
que tengo nombradaJ, no hallé que hubiese pueblo que saliese de guerra, al tiempo que
1e descubrieron. si no fue el de Tccomin, que se pusieron rn defensa y desbarataron una
o d05 veces a los cspañolt-s, y después se dieron de paz: en los demás pueblos, puesto
que algunos se ponían con sus are-os y flechas, no era para rJ efecto de resistir, sino que
huían a los montes de miedo, y los e.,pañolcs les rancheaban los pueblos y les tomaban . .•
lo que hallaban y lc:s llevaban cantidad de indios y indias para su servicio, y enviándolos
a llamar y asegurar a los que estaban en las sierraJ huídos, bajaban a dar la paz". (o. c.
en la nota 2', p. 120).
11

Consid rada 1rlobalmrnte, toda l'sa regi6n se incluía rn Michoacán. De ella y rcfia Motolinia
'f añadiéndole sólo lo de MorcilJo: "Esta tierra de Mechuacán es la más rica de metalea
de toda la ·ucva España, asl de cobre y estaño, como de oro y plata. En el año de mil
quinitntos y ,·eintr y cinco, se descubrió una mina de plata, riquísima .sobre manera ( que
llamaron de Morcillo)". Dicen luego ambos que la mina dcsapanci6 mi!teriosamcnte por
tanigo de Dios, pues JC la quitaron al descubridor y se la asignaron al rey. Ponce aclara
wd misterio" escribiendo, al hablar de Tamazula, que cuando el P. Comisario estuvo allí,
la gente decía que la mina de MorcilJo estaba en explotaci6n, quei las interrupciones se
debían a que se llenaba de agua o, 5egún otros, a que estaba agotada, y que a la fecha la
eataban limpiando para ver si daba todavía algún metal. (Relación bm:, &gt; v1rdad1ra . . .
Madrid, 1873, 2 vols., II, 114).

riáidose al tiempo de la Conquista, dice: Torqucmada (I, 336 b), copiando

11

Saucr cita entre llu minas de Cortés, las de Motín y Tamazula; y entre las provia-

499

�l 64) no llegó a unificarse poliLa región -concluiremos con Sa~er p. Colimotl Tecomán Tepetitango,
,
, y al
1 t" mpos prccortes1anos.
ricamente en os ie
. . distintas e independientes entre Sl.
•
Cihuatlán y Alima, eran provinc1~
.
·en se quejó ante Cortés de la
guna o algunas, dcpendient~ del azonct, qui
.
. , d edaton·a de illaf uertc.
, d
.• ,.
mvaston epr
.,
- didas ·'por v1a e giron
Todos lo valles y provincias deTla regi;"1 q::aron unificados a raíz de
las de Amula, Zapotlán, Tuspa y am~u ~• -d"cc Lebrón de Quiñones.
"E I dichos valles y provmoas
i
• ...: • ..1:...
la conquista:
os
.
. . de Colima y es todo una JUruua;•
se intitulan todos generalmente la provm~1a. "
ci6n del Alcalde Mayor de aquella proV1nc1a .
.,

Chimalhuacana tal' ce de {undamemua

IMAGE ES DE SEBASTIA

LERDO DE TEJADA

Prof.

XA\tt.R TA\'ERA Al.FARO

Universidad Ycracruzana

En conclusión: la Coníedcrac1~n h bl
·mplemente del Jalisco Antiguo
en las fuentes históricas, y es me1or a ar s1
0

LA PECULIAR c0Nmc1ÓN de las luchas políticas exige un clima e pccial en la
opinión pública que permita derrotar moralmente a los contendientes. Exig
un mínimo de ingratitud y un abultamiento de los datos en Jo argumentos
que se esgrimen contra lo enemigos. De tal manera ocurre esto en la política
y a tal grado parece ser necesario que tales actos hay que juzgarlos con un
patrón bajo una lente ética muy especial. La politica resulta de aqw un
juego, mas con sus reglas propias, y quien las transgreda tendrá que pagar caro
su pecado o la falta cometida. Solamente de esta manera podemos explicamos el hecho de que a un hombre o un partido que apenas ayer eran vitoreados, hoy se les injurie o se les postergue para mañana dejarlos sumergidos
en el olvido, aunque a veces en ciertos cao;os muy especiale , más tarde se les
vuelva a glorificar.
Tal es el caso de don Sebastián Lerdo de Tejada ministro de] presidente
Juárez, uno de los "inmaculado " d Paso del Norte y más tarde presidente de
los Estados Unidos Mexicanos. Sebastián Lerdo de Tejada ra un politico.
conoda las reglas, supo el jucao y se sometió a la pena provocada por la
transgresión. Tuvo el éxito en sus manos, sabore6 los aplausos y los vítore .
contó con la confianza de la opini6n popular y también pag6 con un de •
ticrro volunlario, después de su caida, la violación de las reglas del juego.
Pero ademá supo de los feroces ataque de sus adversarios, del abultamiento
de los datos y hechos, de la calumnia elaborada por sus contrincantes políticos, pero también después de su muerte fue glorificado por sus contemporáneos, cuando ya no ofrecía peligro alguno para aquellos que lo habían
combatido.

Precortesiano. 25

z tlin Tu,pa Amula y Tuxca.cUC$CO, ''preeisamentt las palf'
cins J las de Taroazula, ,..__
apo •H •( p 88-92
' )
....
sioncs occidentales dd viU'o'na p . .
. e.in
J 1 DbtLA Gursr: Ap1111III ,u Magnifica bibliografía sobre el Chimalhu~
en . l . 67 ss
la Historia de la lgltsia en Guadalajora, Mboco, 1957, ,
.
A

Ocurre pues, que a don Sebastián se le ataca aun después de su derrota
política, aun después de su violenta salida del pais y estos ataques hecho:;
en la prensa de la época son los que han distorsionado la verdadera imagen

501

500

�h::~~¡f:.~

de Lerdo de Tejada. Los pe~ódicos conftem~oráneosdded:~
la . . •
ública una ne a ta imagen e
t&gt;n el seno de
oprmon p
1 ob . , n del régimen que se inauguraba en
la necesidad, para lograr la tota apr __ ac10
Te'ada de ensombrecer
d !877 de oscurecer el prest1g10 de Lerdo de
J
,
mayo e
'
. .
.•
f d . ustificar plenamente la revue1ta tuxlos actos de su adnumStcacion, ª ~n e J D'
habia sentado plaza
. d
lt
la figura de 1az que ya
tepecana, a fdmsd el ~a oce:e~e la revuelta de La Noria dirigida en contra del
de revoltoso e e a ep
presidente Juárez.
_
d d L rdo de Tejada es muy lastiL . gen que en estos ano nos que a e e
.
lffia
d
•
ón
posible
entre
ella
y
la
antenor
al
ano
mosa y no hay punto e comparac1

ª

18?5·
nos ha deºado la prensa es terrible, mas no es una imagen
La unagen que
J •
ella podemos advertir ·arias facetas
que presente un solo aspecto smfo que en
hizo de don Sebastián Lerdo de
que matizan el grotesco agua uertc que se

de

Tej~da.
d l h •d de la ciudad de México del licenciado Lerdo de
D1as después e ª m ª
.
1 Díaz contaba en su
Tejada afirmaba la pr~°:53 de 1
e;~ g::;inión pública, la que
favor con "un poderosmm_o e , i
q l uclillo de Tuxtepcc era visto
le prodigaba su apoyo y simpatías, pues eaf~ b Cé ar Díaz "animados
' .
aladín de la libertad. Por esto, mna a
como un P
•
1 dio que abngamos a
por el amor sincero que profesamos a la patna i:J·e oDíaz no se declaraba
.
'a.más hemos sido lerdistas". Aunque csar
.
l
os tiranos, J
.
•
'd aba puramente mexicano, agrega
· rfi ·
· · Ies1sta
sino que se cons 1 er
. ,
ru po insta rn tg
l
la
. . 'endo los me1·ores caminos.
patna s1gw
•
l d . feliz a
que su deseo es e e ver
.
da esa felicidad del pa1s que
y l rensa mexicana de la época ha visto encama
.
,
ª Panhela
·
y en su caudillo que sena
tanto
César D'1az en e1 P Jan de Tuxtepec
.
,,1 realizador de Ja "regeneración" de México.
•
1
"' Así Porfirio Díaz representa el de eo de ver 1_ogra da I; paz
-que e propio
d
d la patria.
D' había roto- y la felicidad de los mexicanos, e eseo . e
. t"
iaz
d' • de Díaz que era un "esclarcc1do patno a
erá por esto por lo que se ua
n deseo ue estaba en el concenso genepuesto que trataba de llevar cabo lu
6 qde la patria. Mientras que de
d
pennanec1a en e coraz n
• di
ral, un es~o que .
S b ti
Lerdo de Tejada resultaba ser un m •
Díaz se forJa esta imagen, e as n
tri con su tiranía porque
viduo odiado puesto que había enlutado. a la pa a
~o había

~:n::f~~~l ~~e

.ª

t:;:;:•

no había logrado que _los mexicanos r~:l~aran ;s
;:rq::mo Lerdo
dado paz ni felicidad smo amargura y gnmas. ' .
.
~ por el conno hizo nada por cumplimentar el deseo de la patna, ~mo qu
trario, lo contravino, Lerdo resultará enemigo de la patna.
• MR., 25 Nov., 76.
• MR., 25 ov., 76.

502

Esta idea se volverá a exponer de varias maneras matizándola cada vez con

diferentes tintas. Es como una piedra arrojada aJ agua, Ja.s ondas que se
producen van dando un a pecto diferente pero siempre en sentido concéntrico al golpe. Así, Juvtnal diría que tanto los porfiristas como los igle istas
representaban al pueblo contra el opresor. Es decir, juvenal ve en Iglesias
~¡ presidente de la Corte metido a revolucionario-- y Díaz a los bayardos de la libertad y en ebastián Lerdo de Tejada a un terrible opresor.
Solamente ellos, se dirá, unidos, saldando dificultades y diferencias, dejando
de lado toda idea mezquina y ambiciosa podrán constituir un nuevo gobierno que acabe con ''la empico-manía", y en el que imperen la libertad,
la ley, las garantía~ y se dé impulso a las fuentes de riqueza nacional.3 En
este nuevo enfoque que se hace de manera rápida sobre la administración
de don Sebastián, se presentaba a éste como un "opresor" que solamente había
fomentado la "empico-manía" sin impulsar, en cambio, las fuentes de trabajo. Y ha de decirse que como ''opresor" que ha sido Lerdo de Tejada ha
acabado con la libertad. ha saltado por sobre la ley, y en su afán de ejercitar su tiranía ha violado las garantías. En su pasión desenfrenada por 1
poder ha conducido a la patria a la infelicidad. Y aqlÚ han de tocarse las
ideas d,- Juuenal con las de César Díaz.
Este tipo de hombres nefastos para los pueblos, como don Sebastián, tienen
que desaparecer, tienen que ser quitados de en medio por los medios que
sean, tienen que dejar el sitio para hombres probo . Y, en estos argumentos,
han de encontrar, los periodistas de entonces, la coyuntura para justificar la
revuelta emprendida contra eJ "tirano", y para exigir a Poriirio Dfaz y a
José Maria Iglesias la persecución implacable del "déspota'' y los suyos.• Po:·
ello la re\'uelta tuxtepecana es vista como una revolución que va a regenerar toda la vida nacional, que va a acabar con los vicio políticos que cn:ó
el Ierdismo, que va a ceder el lugar de honor a la ley, que va a ~espetar las
garantías que la Con. titución otorga a los indhiduos; en fin, que va a in taurar, plenamente, la democracia en México y va a inaugurar una época
feliclsima de paz y pro peridad. Para lo rar todo esto se pide energía al
general Díaz para que elcctivamente se realice una auténtica "regeneración'?
A esto se debe el desbordante optimismo que se propala, a través de la prensa,
cuando se pone en vigor el Plan de Tuxtepec, pues de esta manera, con
tal fórmula "muy fácil será la organización de un gobierno liberal y justiciero
1

MR., 25

·ov., 76.
' MR., 25 Nov., 76.
• Co., 27 ov., 76.
1

503

�, " rcp resentada durante Jar.
•
1a hidra de la anarqma
que destruya para 51empre
..
por Lerdo de Tejada.•
gos meses
.
. tada ues ella ha tenido un so1o pemaLa revolución va iendo aclima
~ 1 partido lcrdísta con su jefe; al
dí
•--.L.
miento car na l" que . fue. el
, derrocar
•bl ª todas las elecciones, suplan.,.._,
.
l d'
e ttramzo al pue o en
. '('taba el
parudo er ista qu
.
,
. tó las tarifa. v que . ,gn1 1
al voto público, al part1~0 _le~1sta que , o
.
_, os "el ~
ara lo contempor.me .
El partido de don Sebastian reprcsent ' p . , d"l contrabando el centra. d tri les la protecc1on '"
'
•
polio de las empresas 10 u ª '
d la federación y de la democraaa".
,
bl
con él la muerte e
.
'--Lt..
lismo mas detesta e y
. , " h b' combatido tan eficazmente,
.
¡
¡ " evoluc1on a
E te parudo a que a r
.
" ara má tarde transformarlo en um
erigido "el despotismo en el gobierno . p
de la libertad". La "revolu•
. , "h' , rita velada con d manto augusto
,
d . istraci6n
tirama
ipoc
.
L d " e cuando combat1a la a mm
ción" combatió al parudo de 'der o qud1'cntc alucinaba al pueblo con beUol
.
un paru o preten
.
la
... _.
del señor Juarcz, y era
l
·1 ograma de la ley, para bur rse ua
.
roclamaba mu . a to t pr
d'
cuando
discunos y p
hasta reím\ de us ,scursos,
.
bl rasgar u programa, }
.
, . •· 7 A te esta
mismo pue o,
. 11 , . . ·adir los puesto pubhcos .
n
d
·
de
la
patna
ego
ª
ID\
• , "?
para esgrac,a
,
. .T
. la "revoluc1on
. ¿ C6IDO DO
.
. cómo no hab1a de JU t1 icarse
e DO
sene de caN'os ,
. d la salvaci{m? y por otra part '
había de verse en Tuxtepcc el cannno e
,
post'bilidad de salvacióll
d Tuxtcpec ~ ,·e1a esa
•
solamente en la revuelta e . . . de la revuelta iglcsista ya que en 111
.
b',
n los prmc1p10.
.
:.a..
nacional mo taro ten e
.
, 1 • • ; de la legalidad, dcstru-...,
caudillo, Jo é María Iglesias, . ;e1a ~ /~;~p~erdo de Tejada. La ru6n
aniquilado, hecho pedazo por . o: : ~ba con la revolución, la razón la
estaba de parte del puebl~, la taz nd . armas para arrasar al régimen de
,
rf' .
se hab1a levanta o en
" . d " abra·
teman Po mo que
.
h b' cbelado contra el dicta or
Lerdo de Tejada, ~ lg~es,as que se hoa v::1:do y hollado por Lerdo de Tejada.
zándosc a la Const1tuc1ón, al derec. . , l ' ha por Lerdo de Tejada cuando
• 1 •'
la Conslltuc1on ,e c
. .1-1...
Se reconocía la \'10 ac1on a
1 l'bertad electoral. De esta manera quc:uéste había atacado rudamente . a •
•
había uebrantado normas conaLerdo de Tejada como ~n delincuente bqaucprevisto ~n el artículo 103 de 11a
astigo se encontra
. de
titucfonales, y cuyo ~ .
to delito de \'iolaci6n a la onsutuc16n .Y
Refonnas a la Consutuc16n. E
1
e había incurrido Lerdo de TeJada,
ataque a la !ibertad ~lectora!~:nei°dei~o de traición a la patria".ª En este
llegaban a mvelar e hastabTd d de Lerdo )' de justificar las dos
afán de esclarecer la culpa 11 a
'd
e lo delitos cometidos por
.
llega, pu , hasta el grado de con., f'rar qu

dcspilfarro de la renta publica .

,

6

'ª

u-

rewe:

• MR., 28 No\·,, 76.
• Co., 8 Dic., 76.
• Co., 7 Dic., 76.

504

Sebastián podrían nivelarse con el de traición a la patria. Es decir, los suy los atentados a la Constitución habían
«¡uiparado al presidente con cualquier traidor a la patria.

puestos ataques a la libertad electoral

Por esta razón se veía justificada la revolución. Se encontraba en ella una
especie de escalpelo que quitaría del cuerpo de la patria un tumor maligno
representado por la administración de don Sebastián. Por eso 5e aseguraba
que "el principal obj to que tuvo la revolución regeneradora que araba de
triunfar, en medio del júbilo del pueblo se ha logrado", aun cuando hubiera
la opinión corriente entre muchas personas de que habría sido ''más satisfactorio poder haber hecho caer sobre el delincuente que por tanto tiempo
violara las leye y pisoteara los derecho más sagrados del ciudadano el ju to
castigo que merece''.A Pero aunque era bien cieno que a Lerdo de Tejada s
le podía y debía haber juzgado por lo· medios que señalaba la Constitución.
.IÍn embargo había una imposibilidad que venía a darle aún más fue17.a y a
justificar d mejor manera la revolución. En efecto, buscando esta afirmación
revolucionaria se argumentaba que por má que se bautizara "el delito ofirial
con el nombre de Golpe de E.1tado'' no se encontraba en la Constituci6n
"otro juez para conocer y fallar .obre la conducta del señor Lerdo, rná. que
las dos Cámaras del Congreso egún el artículo 105 de Ja,¡ refonnas de 13
de noviembre de 1874". De aquí re:ultaba clarísimo que ''mientras no fuera
juzgado el señor Lerdo por la Cámara de Diputados y sentenciado por la de
nadores a una wpensión o inhabilitación, por un tiempo mayor que el
que comprende el periodo de cuauo años, en que puede ejercer su funciones
d Presidente de la República". Ahora bien, se argumentaba que no había
llegado el caso "constitucional de falta absoluta por sentencia de tribunal
competente". De e ta manera, no habiendo una sentencia que inhabilitara a
Lerdo de Tejada, y analizando el problema jurídico desde este án ulo. él
seguía siendo el presidente constitucional y cualquier intento cualquier tentativa por derrocarlo quedaba totalmente Cuera de la Constitución. Pero cxislfa un vicio en esa falta de sentencia ante los delitos cometidos, y este vicio
Jeria el que diera la clave para justificar las revut&gt;ltas a los ojo de la opinión
pública. Esta ,·iciosa ituaci6n tenía u origen en la Cámara misma. Pues,
te explicaría, •·desde el momento en que e.xi tió el crimen de la Cámara de
Diputados, nos quedamos ·in juez competente para juzgar a Lerdo y para
IUSpendcrio o inhabilitarlo en el tiempo que le faltaba para cumplir su período
constitucional''. Por lo mismo no se podía argum ntar la falta de sentencia,
J)Ues ésta no llegó ni pudo llegar, por la au encia de un tribunal competente.H•
Ante esta situación anómala ¿qué podía hacerse? ¿qué pasos deblan ciarse
' AlR., 12 Dic., 76.
Co., 7 Dic., 76.

11

503

�.
r los vicios de la achninistraci6n la ley resul~
para derrocar a Lerdo 51 po.
dí d rrocar a Lerdo y s6lo ella, se opt•
inoperante? Sólo la revoluc16n Po a e . .
l hollado y violado. "Los
bl
1 orden Consutuciona
.
naría, podría resta ccer e rd bli ron pues a la República a insurrecc10errores administrativos de Le o o 6ga d
n los atentados cometidos por
. , hall6 su raz n e ser e
1 .
narse". La insurrecCJon
. . 6 halló su raz6n de ser en a unpoLerdo de Tejada contra la ConstituCl n,
d
na bandera y un caudillo:
.
Lerdo encontran o u
rfi
sibilidad legal para Juzgar a
1 tro fue el ciudadano general Po l•
"la una fue el plan de Tuxtepec, e o
rio Díaz.11
, . .
untos fundamentales, tres "principios ~tres p
. . . eran. "La No Reelecct6n
Esa bandera traia inscritos
. r Estos pnnc1p10s
·
vadores", opinaría un a~uc~ ista. b
dores de los Estados, la libertad mude Presidente de la Repubhca, ~ godeelrnaD. tr'to" u. E tos principios de Tux15 1
. · ' política
•
•
nicipal y la orgaxuzacion
,
•da en la opinión pública porque
tepec tenían eco en el pueblo,. t~ruan .;cogi e en los últimos tiempos había
Lerdo de Tejada con su adm1rustrac1 ~' qudi
t3 Porque Lerdo de Tejada
l
' blicos se hacia o oso.
da
defraudado los cau es pu . ' ,
us violaciones a la Constituci6n, por, h l ocl'1ar por su urama y s
h h esta•
se babia ec 10
'd
la reelecci6n en un ec 0
, d
der babia converb o a
,
.d
af
que en su an e po
.
1 por esto se babia converu o en
blecido que ~anaba del _go~lc~~. g:a::is~ al juzgar la administra_ción de
"el gran cac1que reelecc1orusta .
la primera magistratura
.
, te había llegado a ocupar
ed
Lerdo se con.1deraba que es
11
. oto tan claro que no lo pu en
. . , n con un amarme
.
"llamado par la Const1tucio ,
d L d de TeJ·ada a la Presidencia,
. taS,, Al aseen er er o
to
alegar igual sus antagorus
.
1
,, Pero ocurri6 que llegó un momen
se agrega, "él y todos procuraron a pl az . blos y éstos tuvieron que pugnar
'd
" gnó" con os pue
.
. . 'ó
en que el pres1 ente pu
S b 'án llanó la Constitución e inici
,
t en que don e asti
u
con él llego un roomen o
bl
t , l•;mo tuvo que protestar.
•
b'
el pue o y es e u ..
.
un cl.ivorcio entre su go ierno y
b~
el pueblo quedarían: se decia,
Con este divorcio habido entr~ el go iemo y 1 .do especial la clase obrera."
1 ses sociales pero en un o v1
,
rar
postergadas lod as 1as c
di
1 asalariado no pod1an espe
br s los m gentes, os
""'º
A tal grado que 1os po
'
. .
'6
" 'lo procuraba el cons ...»
lla achnmistrac1 n que so
do
d
remedio alguno e aque
t " lT Golpe tras golpe es asesta
mento de sus ren as .
d sin
de estampillas, para au
lí . que a pesar de haber llega o
·able y execrable po tico
d ta que
a Lerdo, d espreci
.
. d l República, fue tal su con uc
tropiezo alguno a la Presidencia e a

ª

ª

Co., 13 Dic. 76.
,. Co., 8 Dic., 76
11 MR., 20 Dic.., 76.
" DV., 19 Dic., 76.
" VM., 19 Dic., 76.
11 HT., 14 Dic., 76.
n MR., 21 Dic., 76.

u

.

•

dejó a la nación con tocias sus fuentes de riqueza cegadas, con su joven generación agostada en el ardor de los combates, por lo que "presa de mil elementos
desgarradores y esencialmente disolventes" tuvo que abrir su propia sepultura, tuvo que arrojarse a "su completo extenninio". 18 Esta explicación que
daba Julio Zárate venía a estrechar más el círculo de juicios sobre Lerdo de
Tejada, viene a precisamos más la imagen que sw contemporáneos formaron
sobre el presidente fugitivo.
Mas Lerdo de Tejada, para poderse empinar como "tirano" tuvo necesidad
de corromper todo aquello que le rodeaba, para poder gobernar tuvo que
apoyarse en agentes criminales, por esto los hombres "m:ís obcecados en el
crimen eran elegidos para gobernar". 1 º Los gobernadores de los estados no
eran sino agentes incondicionales de Lerdo, por ello. y no existiendo un vínculo entre el gobernante y el pueblo, aquél simplemente cumplía con los caprichos d • Lerdo de Tejada a quien le debía el gobierno, destruyendo de
esta manera las instituciones democráticas emanadas de la Constitución de
1857. Así aunque don Sebastián contaba con ejércitos disciplinados y bien
pagados ocupando la mayor parte de las poblaciones más importantes de la
República haciendo creer en el triunfo, la "opinión pública que es el elemento má poderoso en todo el país era enteramente adversa a Lerdo y de
mil maneras se mostraba favorable para la revolución, que era la causa del
pueblo". Por tal motivo se veia fortalecida la revolución que, aun cuando
no contaba se dice, con elementos, libraba combates con los ejércitos lerdistas.
Lerdo en tanto, se hacía más despreciable pues "levantaba ejércitos, apelando
al odioso sistema de la leva; imponía contribuciones extraordinarias para
hacerse de recursos".
De esta manera. la opinión pública aclama "con una spontaneidad sorprendente al General Díaz, así como también despreció y rechazó al vil tirano Lerdo". 2º

Mas la situaci6n de Lerdo en el poder, durante los últimos meses, sólo pudo
lograrse a base del cohecho y la corrupción. fochos son los militares, entre
el grupo I rdista, "que deben sus ascensos a lo degradante de su conducta".
Ellos son los ase inos de "Donato Guerra, de Vclarde, de Molina, de Bonilla,
de tantas \'Íctimas sacrificadas en aras de la ambición de don Sebastián". 11
También se aseguraba que Lerdo supo rodearse de "hombres venales que
en el Congreso y en los puestos públicos contribuyeron a íalsear el voto popular y a consumar la obra inicua que se propusiera llevar a cabo el ex-

• Li., 7 Dic., 76.
• MT., 4 enero, 77.
• MT., 13 enero, 77.
" MT., 20 enero, 77.

507

506

�dictador". 22 Estos hombres qu formaban el Congreso eran una especie de
"ahijados del gobierno", formaban unas cámaras fabricadas por Lerdo "de
una manera audaz y con sarcasmo de toda la nación" .23 Era un Congreso
de peleles; de hombres electos no por voluntad del pueblo, no por el ciudadano que hacía uso de su derecho de sufragar, sino por el "gran cacique",
por el gran elector que era el "déspota", el "tirano" Lerdo de Tejada. Este
fue el sistema seguido por don Sebastián para poder obtener la aprobaci6n
del Congreso a todas las violaciones que cometía a la Con. tituci6n, defraudando con ello las e. peranzas que la nación había puesto en él. Ma en su
ambición, y apetito de.medido de poder, Lerdo de Tejada no paró allí. No
sólo confeccionó a su antojo el Congr ·o: con legisladores "ahijado", no s6lo
impuso gobernadores a lo stado para que éstos corrompieran a su vez a
las legislatura,; local y atropellaran el derecho con a~ado en el ayuntamiento, sino que conompió a los funcionarios públicos para hacer pedazos
a la Conslitución del país. Ma Lerdo, en u "fune ta administración", tenía
la nece idad de ocultar a la faz del pal&lt;- los atracos que ·ometfa a las leyes,
las violacionc a la Con tituci6n, la corrupci6n de su régimen. Lerdo de
Tejada se , ía obligado a tender un velo. una cortina de humo ante los
ojos de la opinión pública para que ésta no se diera cuenta d la magnitud
de los hechos político de su admini ·traci6n. Tenía que preocuparse por
escamotear la verdad, tenía que hacer creer a la opinión pública que su régimen se sometía a la Constitución, que había un pleno respeto al pacto
federal, que el poder del pr idente de la República no rebasaba loe; límites
que la Constitución le ~eñalaba, que había plena independencia entre los
tres poderes de la Unión y que el Ejecutivo no intentaba siquiera romper el
equilibrio producido por la fuena especial de cada uno de los otros dos poderes. Lerdo de Tejada tenía que ocultar a los ojos de la naci6n el control
que había adquirido como jefe del Ejecuti\"o sobre el poder Legislativo. tenía
que guardar la apariencia de una pcrfecta democracia. Lerdo de Tejada
tenía que justificar las medidas de política fiscal, tenía que hacer creer al
pueblo que eran provechosas para la economi.a del país las actitudes asumidas
en su política hacendaría. Para poder justificar todo esto, pen. aban sus con·
temporáneo , "había logrado corromper a casi toda la prensa de la capital
y de los Estados". u

De esta manera no !ié&gt;lo se veía en Lerdo de Tejada al corruptor de funcionarios público· sino además al corruptor de la prensa. Con tal cargo se ernpe,. MT., 13 enero, 77.
-.. PV., 28 Dic., 76.
" S., lo. enero, 77.

508

queñecia mucho más la figura el don ebastián .
.
Uos días se tt&gt;nía acerca de la prensa
. , d'
ya que la idea que en aqueldea tomada del lib ra1··
peri~ •ca era rnuy especial.
e 15mo, era con 1derada 1
poderº que podía a su \'ez eofre ta
I
a prensa como un "cuarto
·
n rse a os otros tres pod
por la Constitución . por lo .
.
eres establecidos
.
•
nu mo s1 era un cuartO pod
a la opinión pública debería
er que representaba
urdo de Tejada o cualquie~ª:tner
plena autonomía. Ahora bien, si

:1ª

'.ª

corrompía o la perseguía, el atenta: ;~lt::nte cohechaba a
prensa, la
pues se estaba enmudeciendo n d
de una monstruo idad cnonne.
.
a a menos que a Ja
· '6
, bli
·
mismo podemos asegurar que el car J
d
op1m n pu ca. Por esto
su afán de corromper 3 la pre
g~ anza O contra Lerdo consistente en
nsa, verua a los ojo d ¡
• .6
, .
empequeñecer mucho más la fiwura d ; él
e a opmJ n publica, a
Ah
b'
o
e aqu .
ora ten, en aquel clima de
. .,
,.
la posible libertad, rayana a veces,~ta~: ~l~nca, la prensa gozó de toda
~e ambiente de libertad pennitió :e ~¡~~~Je, ~~ atacar al presidente.
O
116n de ideas del partido conse d q
pen6dicos, órganos de difurva or, se sumaran a lo t,:in
d 1 .
Los ataques de los conservadores
11
s ª-iues e os liberales.
.
egaron a mostrar el p f d
. .
que esa facción guardaba contra el
'd
ro un o resenbJlllento
ritucional las Leyes de Reforma. :es~ente que había elevado al rango con.ssolamente se lanzan contra Le d' .
desahogo lleno de fogosidad, no
" o sino aun más
t el
.
aquellas leyes. En efecto los r..dacto ' d I V ' con ra
propio autor de
~ · •
'
..
res e a oz de J.{' · h
, •
su 1elic1dad por el triunfo d p n· . D'
eJOco acen publica
e O ino 1az y le b · d
ad ·
que él es el "presidente pro-.·isioaal
.
nn an su hes16n puesto
a los dos últimos déspotas
. . que nene el mérito de haber combatido
p
que eJerc1eran la presidencia•• u
ero este ataque no es único dfa tras día J
• ••
vadora han de hacer referenc:i~ L d
os penódicos de filiación comer¡
a er o, y a veces a Juáre
'L

e;e

os peores gobernante~ que había tenido M, .

Z,

supomc11dolos

hasta el

grado de negarles a los do estadis:;:~ Este a~aque ll~ga más allá,
por sus gobiernos cuando an n . 1
olerancia y la libertad dadas
'
u can os conservado
6 .·
a 6n activa en la vida política po
'd
re su pr xuna participa""""'"
r con5i erar que sólo con el ' ·
,,....... ,o, que ha abierto las puertas l d
.
regimen tuxtepodr'
1
.
de que se les respete, intervenir co a , a·t emocrac1a
l . '
an, con a segundad
O
M I
n CXl en as Justas electorales.
as os ataques a Juárez utilizando a Lerd
parten del seno del partido
d
T O ~mo pretexto no solamente
conserva or
amb1én algun
'ódi'
ral es lo hacen. Así al anunc1· ,.,,...,
... co
. 1
os pen cos libeD'
'
- - n gran agazara
· .
132 va a suspender las aduanas
Y ~ptl~o que Porfirio
abolir las alcabalas se
terrestres, y por COllSlgwente, se habían de
,
comenta que de hacerse t 1
..
.
apoyo de la opinión ues si . .
. a cosa mereciera todo el
tituci6n ya que muc:Os de ~ruf1~ ¡~ ~staurac16n, en ese renglón de la Conss prmetp10s consagrados en ella han sido violados
11

VM .. lo. Dic., 76.

509

�desde 1857 hasta la fecha''.~G También se dice, desde el fondo mismo del
tuxtepecanismo, que resulta triste confesar que basta ese momento "los destinos de México han sido confiados a hombres que por su ineptitud y falta
de buena fe para gobernarno , no han abido corresponder a los deseos del
mismo pueblo que los ha elevado"; y se agrega, unos como Juárez, "por no
haber tenido la suficiente energía para deshechar los consejos del círculo corrompido" que lo rodeaba y otros como Lerdo "por haberse dejado llevar por
sus ruines pasiones y falta de patriotismo". 27 Solamente, se confía, el general
Díaz no caerá ni en una ni en otra de las lamentables situaciones, pues tiene
la energía suficiente para gobernar y los principios más nobles son los que le
han lanzado a la lucha.
Porfirio Díaz era en aquel momento el astro de la política y todo se ensombrecía a u derredor para que surgiera refulgente. Se creía en los propósitos
de la revuelta de Tuxtepec; se confiaba en que todo cambiaría, en que las
in titucioncs entrarían de lleno a los linderos de la democracia y la Constitución, y cuando se hablaba de esas esperanzas, se contrastaban ~empre con
la administración de Lerdo de Tejada a la que, como hemos visto, se le ensombrecía mucho más de la cuenta.
La larga lista de adjetivos qu se lanzaron al rostro de don Sebastián fue
di minuycndo a medida que el tiempo transcurría. Hubo, digamos, una especie de sordina, quizá hija también de la comparación hecha entre el régimen
de Lerdo y los frutos de la política del porfiriato, que fue menguando la virulencia hasta que ésta casi lleg6 a desaparecer. Con el transcurso de los años
se empezó a preocupar la prensa por las pacíficas actividades de Lerdo como
de terrado, y toda aquella andanada de ataques pareceóa ya olvidada.
Empero, a pesar de las rectificaciones, a pesar de los pasos atrás, que con
el tiempo diera la pren a , nos dejó una imagen muy precisa, un retrato muy
claro de Lerdo de como lo pre~cntaron los hombres después de su caída.
Con trazos precisos nos han dejado un Lerdo de Tejada: ''tirano", "cruel",
"egoísta", "usurpador", "corruptor", "irrespetuoso de las instituciones y la
Constitución", "ambicioso", "deshonesto", "intrigante" y "autocrático". Con
estos datos nos queda de Lerdo una imagen desesperante, angustiosa como la

IGLAS

Co.:
HT.:
Li. :
MR.:
MT.:
PV.:
S. :
VM.:

El Combate.
El Hijo del Trabajo.
La Libertad.
Monitor Republkano.
Monitor Tuxtepecano.
Pájaro Verde.
El Siglo XIX.
La Voz de México.

de los aguafuertes de Goya.

• MR., 29 ov., 76.
n MT., 5 enero, 77.

510

511

�HISTORIA DEL ARCHIPil!LAGO MALVINERO

JosÉ ToRR.E REVELLo
Buenos Aires, Argentina

I
DESCUBIUMIENTO

Sr.crúN LO DEJÓ ESCRITO

1

Luis Antonio Bougainville, intrépido navegante fran-

cá y primer ser humano que intentó colonizar las islas Malvinas, el descubridor

del archipiélago sería Américo Vespucio, quien lo habría efectuado en 1502,
en ocasión del tercer viaje que realizó a nuestro continente, navegando en
esa circunstancia bajo bandera portuguesa, tesis que asimismo sostuvo el profaor Kohl.'
En el siglo pasado, se ha sostenido, contradiciendo la afirmación del marino
1 El arcb.ipiélago malvinero mi constituido por dos grandes islas llamadns Soltdod
o Mlllvina del Estt y Molvina. dtl 01:st1, separadas por el canal de San Carlos y lo

Ílltegran adcmb, más de un centenar de islas menores e islotes. Su fauna y su flora
de la Patagonia, a la que se encuentra unida por la plataforma
submarina o i6calo continental, guardando desde el punto de vista geológico y morfol6gico, una estrecha unidad. Su superficie ¡e fija en 11,718 kilómetros cuadra.dos,
distando 550 kilómetros de la parte continental a cuyo siJtema pertenece. Se encuentra
IÍtuado entre los 51 º y 52º50' d latitud Sur y entre los 57°30' y los 61 º20' de longitud
Ocatc de Grcenwich. Cfr.: AousrlN E. R1001, Las Islas Malvinos, reseña g,ogrt!fica. y
r,ológiea, en Bol,tln del Ctntro Naval, Buenos Aires, 1938, tomo LVII, pp. 241-264
'1 Fmu.,co A. D1,us, R11,ño g1ogr4fica d, las Islas Moluina.s, Buenos Aires, 1955.

1t rdaciona con la

1

L. A. BouOAINVILU, Viaje alrt:dedor del mundo por la fragata del r,y la "Bou'•as,'' )1 la fusta la "Estr,lla" en 1767, 1768 )1 1769, Buenos Aircs-Mb.ico, 1946, aelUnda cdici6n, pp. 23-29 y 59 y ENlllQUE Rutz Gu1ÑAzu 1 Proas d, España ,n ,1 mar
1114ftll4nieo, Buenos Aires, 1945, pp. 87-88.

513
lffl

�· ·

cartog'raio y nave-

islas avistadas en u viaje por el insigne
J
francés, que ~as
llamadas actualmente Georgias del Sur.
gante Uorenbno, fueron las
al
ce iremos l!Jl.l)Oniendo cronoló. . d di .
fuentes a nuestro can ,
. S1gmen o, ,ersas
. u-ando el archipiélago malvinero en el ~anscuno
g1camente como se fue regis ráf
d 1 más distintas procedencias.'
del siglo XVI en cartas geog icas e las
ta geográfica -que reprodujo
do que 1 en a car
1
Agreguemos a o e&gt;.-p~sa
le señala como año de ejecuci6n
1
ordenskioldc Petrus Apianus,
ª. te;; 1 . a detalle que también se reel de 1520- aparecen sít ~~das ~as JS as . a v:o 'y en el de 1523, ostentando
.stra en los globos de choner e ese mismo .
das en el mapa

ª

~

leyenda Insule delle Pulzelle. I_g:al~~~:~i:1::~e~~l'::mo integrante de
de Antonio Pigafetta, que acompMan ª11 , n donde se dio a conocer por
&lt;l' . , de Hemando de aga anes, e
. ortal
la expe ioon
.
'd d 1 estrecho que \leva el nombre de su J1l1ll
primera vez en u mtegn a
descubridor.~
h ber sido Vespucio el descubridor de las Mal~
En el supuesto de no a
d d da alguna que una o vanas
--como aducen algunos autores-11 no que_ ªtaroun las islas y las reconocieron
di ·6 de Maga anes avis
.
naves de la expc Cl n
.
·ech
arúcularmente, el llamado navto
durante su navegaci6n hacta el est1
o, y ~ . .
b
.
l · dio su prumbvo nom re.
San Ant6n o San A.ntomo, que es
1...:. •
aJ el capitán
.
. r do en temas de uutona nav '
Un marino argennno espeCJa i:,.a
b',
ocu 6 del descubrimiento de
de fragata Héctor Raúl Ratto, que 1,am ien se el ~arino portugués, al ser1 islas Malvinas, llegó a la conclus16n de q_ue
,
brado S011
as
b
Gómez siendo ptloto del navio nom
vicio de Espana. Este an
b .'d
circunstancias que se apartó en el
,
verdadero descu n or, en
I cabo
Ant6n, sena u
d' . .
a las Molucas -por e
estrecho del resto de la armada, para _irlla1gielr~ de mayo de 1521. Otro tanto
E ronza- retomando a evi
d d
de B~~na - sped
, en 1526 con la Anunciada, nave que al man o e
ocurno anos espues,
•
..
. e
Pedro de Vera debió recorrer el mismo itmerano.
.
poner que Amfoco Vespucio pulD
• Vamhagen (1865) fue el pnmcr autor enubsu' d d'cha '·'- por 54· di, latitud.
· d I s "dese nen o I
U1j,I
término a dicho viaje en Georgia e_ ur. .
pareen Madero (1891), Hupes
o sea más de lo que dijera \'espueio. S1gu.1e;;;~ d~ pr1limin11r en A&gt;tb1co Vzspuao,
(1892) y Fi~ke ( 1892)''. RoBE~'l'O LEVILL~~~:s •"d:;ubrimi1ntos, textos en itolia~o, ,,.
EL Nuevo Mundo, cortas _r1latav9a5s/ sw4;1111 R~1z GurÑAZU, Proas d, España, Clt,, Pl'pañol , inglls, Buenos Aues, l
• p.
y

• cit p 23-39.
islas
• Rutz GUlÑAZU, Proas de Espana,
.. 6~' Scho"ner de 1515 aparecen unas
E J I bo del cart ts• ... o
•
'
la
• Jbid., PP· 63-78. n e. g o
tentan la leyenda s,pli formoss, isul,; Y en el
identificables con las Malvinas, que os
.
año se encuentran unas islas coa
carta geográfica de Gaspar Vogcl, de t•se mismo
'
•

23-39.

b . . t d,t archipi"ago de Malvinas d~b, -~
El ~e!c11Vrim1en o La Prensa, Buenos Aires, 17 de Junto
n11rSd al piloto G6m,:, o al ca¡,rt ..n
en

nombre Ins. G,mmarum.

• HtcTOA R,.ÚL R.ATTO,

Para robustecer su ase1to, expuso el autor referido las razones de orden
técnico que le permitieron hacer tal afirmación, preguntándose si existían
indicios para ellos. Seguidamente señaló que se registran en las cartas de
Diego Ribero, eximio cartógrafo portugués, que en 1523 ingresó en la Casa
de la Contratación, de Sevilla, con carácter de cosmógrafo real y diseñador
de cartas náuticas,1 en las que se habría inspirado Alonso de Santa Cruz, en
el mapa que, con respecto a la región del estrecho de Magallanes, incorporó
a su Islario General de todas las ülas del mundo, en el que figuran con la
denominaci6n de Islas de ansón, indicando que fueron descubiertas por la
armada de Magallanes, cuando los navíos iban en "demanda de la costa adelante habiendo allegado y descubierto unas yslas que están al Oriente del
puerto de San Julián", a las que pusieron por nombre Yslas Sansón y de
Palos. Esta carta corresponde al año 1540.1
Como hemos expuesto, con posterioridad a 1520 es cuando la cartografía
relativa a la parte austral de nuestro continente -que ha llegado a nuestros
días- comienza a reflejar los descubrimientos que e iban sucediendo, permitiendo así a los cartógrafos ajustar sus cartas a la realidad geográfica. Esa
evidencia gráfica de las islas en la cartograíía de la época, señala el conocimiento veraz de archipiélago por marinos que habían navegado en aquellas
latitudes.
Años después, en la carta llamada de Castiglione, 1525-1527, aparecen

las Malvinas con la leyenda Islas de los patos e I(sl)as de S(an)son. Esta
carta es de origen español y se encuentra ejecutada al estilo de los padrones

reales, que se realizaban en la Casa de la Contratación de Sevilla. Con el
nombre de islas de Sansón y de los Patos aparece en el mapamundi, anónimo
de Wcirnar de 1527, que se atribuye a Diego Ribero. Como enseguida se verá,
Sans6n no es un nombre inexplicable, ni antojadizo, sino una versión errada
de S. Antón, o sea San Antón que lucía la nao del pilto Esteban Gómcz.
Teniendo en cuenta la facilidad con que se confundía en la época el tra:,.ado
1934, año LXV, núm. 23,483, cuarta secci6n, p. 2. Ampliando ese estudio, public6
H,cia una doctrina arg,ntina sobre las Malvinas, en Boletln del Centro Nav11l, Bu_enos
Aires, 1938, tomo LVI, pp. 711-723. Insisti6 sobre el tema, en el capítulo D,scu.bri•
mit11to dt .Malvinas y las ti,rras australes del contin,nt,, en su libro Hombr,s de Mar
111 la HiJtoria Argentina, edici6n aumrntada, Buenos Aires, 1941. Sobre la obra de
este malogrado autor, puede coruulmrse JosÉ TORRE R&amp;VP.LLO, Bibliogro/la del capitán
d, fragata don IU,tor Raúl Ratto, Buenos Aires, 1956.
' JosÍl Putroo Run10, El Piloto Mayor d~ la Casa dt la Contrataci6n, Sevilla, 1923,
(hay una segunda edición).
' FaANZ R. V. Wrnssr.R, Die Karten von A.m,rika in dim "Is/aire General" d,s
Alonro dt Santa Cruz:, Cosm6grafo Mayor d,s Kaiser Karl V. Mil d1m Spanisch Origillalt1:d1 ... ,

Innsbruck, 1908, p. 58.

"ª•

515

514

�rticular las mayúsculasJ detalle -señalamosde la letra t, con la s, y muy en pa
han precedido al tratar este
hab'
ntado diversos autores que nos
que ya
ian apu
b d Y(sl)a de los Patos e Y(sl)a de Sansó11
mismo asunto. Con el no~-~ e
1 famosa Carta Universal m que s,
apa~e registrado el archip1e
e~a ~escubierto fasta agora. Hízola
contiene todo lo que del mun . d .A- de. ¡ 529 en Sevilla. En la parte

:::e

Ribero cosmographo de Su MaJ~Sl~ :

Diego

n¡o

d. a·

ii cual se divide

en dos

.
. d 1
ta fgura
la s1gu1ente cyen ·
~
1
mf enor e a car
.,
h 'cieron los Cathólicos Reyes de Erptma
partes conformd a la capitulac1on queT t d ·u . .Año de 1494. Esta carta ea
}' el Rey don Juan de P~rtugadl en ~r :~ :~ extraordinario valor, por reconsiderada por los estudio. os e esa ep
•
conocía del orbe.
gistrar cuanto hasta entonces dse . 1 d S s6n y de los Patos o ~implemente
·
J nda e is as e an
1
Aparece a rrusma eye .
. S li XVI atribuida a Battista Agnese
Sansón, en la Charta fo!aui~gadtorSt bec::, Ca~to (1544) y en las cartas de
1545)
l plamsfeno e e as..,an
'
• de
( 1536. , en e
) Darinel ( 1555) ; en el portulano an6mmo
1552
Joan Francisco Camotu (
'
1 cartas de Bartolomé Velho Y
la Biblioteca Angélica de Roma (1560), ~n das G'ácomo Gastaldí (1562); en
de Diego Gutiérrez (ambas de 1561); en a e co~res nden a Joan Martines
el atlas de Georgio Sideri ( 1563) _Y e~ las qued "Sh:espcare" ( 1599-1600),
(1572, 1580 y 1587) y en el plarusfeno llama o
etcétera.
.
D
Dascensi6n, Sasii., Ctmfam, .Acenfa,
Con las variantes de islas actnfaoJ.
la Carta anónima portuguesa
e las Malvinas en
Acenfam y Alencan, aparee n
1568) en las de Fernáo Vu
( 1554-1561)' en las dt" Diego Ho1:1em ( ~5578) YJ d
, Hondius ( 1589), SeDe
( 570) Abraham Ortehus ( 1J8 , u ocus
Dourado l
,
. d J d (lS 93) Petro Plancio (1594),
bastián L6pez ( 1590) • Comeltu~ e o e
'

Bry ( 1596) • Wytfliet (1597), etcétera.

.
.
ara afirmar que fueAdemás se conocen dos cartas de suma impo~~•~¿ p magallánica, los que
ron los tripulantes del navío S. Ant~n, de la
~:~t~zaron con el nombre
descubrieron el ar~hipiélago argentm; yd;;;~o:vs de Bartolomé Olives, de
de dicha embarcación. En la carta
vn 6
parecer comoS(an)antón,
1562 se regí tra con la leyenda lilas de Sant n, par\~ E . portante señalar
l "derrola, que trazó Joan Rienzo ( alias Oli\'a), en 1 . s un6
en
carta cont con e
q ue Bartolomé Olives expresa que, para ;1"azarfsu , co'n otras cartas. En la
,,
e despue con ormo
gal l
tero del mi mo fa
ancs qu
d
.
ómo el error inicial de Sanmenci6n que acabamos de hacer, a vertimos c

i

ncuentra en d Archivo de Propaganda Fide, en Roma.
• El original de esta carta se e
OLD Periplus An essa)I on th, carlr
, .
d . Aoour Elltx NoRDENsx1
'
,
. .
b FIIWf•
Su faa1m1l lo rcpro UJO. •
dirtctions traslated from tite Sw,dish original y 897
history o/ Charls and sailing d .
1 ld cha.rts and maps, Stockholm, 1
c,s A. BATHER, with num,row r,J,ro ::::: 4~ ~ 49 y ENRIQUE Rurz Gu1ÑAZU, PrHI
(contiene sesenta cartas), vbnsc las 1
Y
d, España, cit., pp. 72.73.

516

s6n, después de sufrir cwfosas modificacionesJ vuelve al punto de partida:
San Antón, alterado inconscientemente por algún cartógrafo que al transcribir, en forma abreviada el nombre del navío que piloteara Esteban G6mez,
lo convirtió en Sansón. La demostración de lo que decimos fue planteada
por un estudioso uruguayo, Buenaventura Caviglia, aJ manifestar que concordaba con lo expuesto por Héctor Raúl Ratto, al decir su "confinnación
etimológica", señalando que el nombre de Sans6n es una adulteración de
.Santón: "en lugar de S. Ant611, por eponimia de la Nao San Antonio (piloto
üteban Gómez) ". 10
A todo cuanto venimos exponiendo. podemos agregar el testimonio del
famoso cronista Gonzalo Fernándcz de Oviedo, que en su conocida Historia
General y Natural de las Indias, finalizada en 1555, ha ándose en una carta
de marear del piloto Alonso Chaves, manifestó, al referirse a las islas Malvinas, que "desde el río Juan Serrano hasta el Cabo Blanco se vuelve la costa
al nordeste, y hay casi sesenta leguas, y está este cabo en cuarenta y siete
~dos de la línea equinocial, puesto que el piloto Diego Ribero, le pone algo
menos. y el piloto y cosmógrafo Alonso Chaves lo pone en lo dicho. Estando
en la mitad de estas sesenta leguas, que hay en la costa del río de Juan
Serrano hasta el Cabo 131anco1 corriendo al sureste cuarenta leguas, están desviada.cien la mar unas isla, que llaman de Sans6n", señalando que se encuentran "en cuarenta y nueve grados y medio, poco más o menos de la línea
equinoccial, en e5pacio de quince leguas todas cinco". 11 Indudablemente que
la latitud señalada es errónea, como es frecuente en las narraciones de los viajeros1 cuyos textos sirYieron de base a los co mógrafos y cronistas de la época,
como en el caso presente.
Multitud de pruebas lúst6ricas y cartográficas españolas del siglo XVI,
señalan que las islas Malvinas fueron descubiertas por marino españoles y
• BUEl'J.\VE:-.TuRA CAVIOLIA. Esptjismos provocados por los supu,stos "D,l Cano",
1523, y "Mapamundi" Urngmtnlo] MDXXX, en Procttdings o/ th, Eighth Am,rican
Scunti/ic Congr,ss, Held in Washingto11, May /0-18, 1940, Washington, 1943, volumc

IX, Histo,y and Geography.
11

GONZALO FrutNÁNDU ca Ovmoo y VALDÍ:S, Historia Cen,ral y Natural d, las
lidias, Islas y Ti,rra Firm, del Mar o,,ano, fadrid, 1852, tomo II, p. 113. Con ruJ)ceto a los errores de graduaciones en los documentos del siglo XVI, véase Juuus
GotBEL (HIJO ) , La pugna por las Islas Malvinas, un tsludio d, la lli.sloria ltgal )1 di,1omática, Buenos Aires, 1950, p. 20. (La edición príncipe de esta obra, en idioma
Íllglés, fue rdjtada por la Universidad de Yalc, en 1927 ) . Sobre la importancia y valiora contribución que representa esta obra en el problema mal\inero, viasc TzODORo
C!An.Ln-Bo,s, Un libro norltamericano sobr, /4 eu,sti6n d, las Malvinas, en la obra
de la que es autor titulada Costa Sur y Plata, Buenos Aires, 1939, pp. 49-101.

517

�bre y con las variantes Sebaldes, Stbaldinas, Sibaet
cen en cartas de los siglos XVII y XVIII.ª
de Bau, etcétera, apare-

bautizadas por ellos, al representarlas en mapas y cartas náuticas de indiscutible autenticidad. 12
Sesenta y dos años después de figurar r presentado el archipiélago argentino, los ingleses pretenden señalar como supuesto d cubridor de las llamadas hasta entonces isla.~ de Sans611, Patos o San Antón al marino inglés
Juan Davies, que con la nave Desire, que integraba la flota de Tomás Cavendish1 las habría descubierto el 14 de agosto de 1592. Otro supuesto descubridor sería el corsario Hawkins, que con el navío Daint)• las habtla hallado
nuevamente el 2 de febrero de 1594, bautizándola~, en honor de su reina,
con el nombre de Hawkins' Maidc11-land. 1ª
El navío holandés Geloof (Fe), al mando del capitán Sebald de Wttrt,
que integraba la armada comandada por Jacob Mahu -que había actuado en el Pacífico, sobre la co. ta de Chile, con resultado desastroso para la
empresa, por cuanto de los seis navíos que la componían, s6lo el mencionado
volvió al puerto de partida- al retomar a Gorée, de pué · de recruzar el
estrecho de Magallanes, a los tres días de navegación, en 24 de enero de
1600, avistó tres islas que se orientaban del noroe te al sureste, que se 1'gistraron en el Diario, bautizándolas !les d Sebald de Wcert. Con ese nom-

· ·, f unciones
.
Es Un 1estudioso •sueco
, • qu e CJerc10
de director en la B'bli t

d
toco mo, publico en los comienzos de nuest
.
. t o cea e
relacionados con las empresas marítim
ra ~enturia, valiosos stuclios
tas de la Mar del Sur (Paclfi"co)
- asl yd comerciales francesas en las cos, sena an o con toda
· "ó
embarcaciones que visitaron y rec
.
.
prec151 n nombres de
gando nuevos toporum' ·
al
onoci_eron la i 5las del archipiélago, agre.
icos,
parecer ignorad
1
,
nnos de otros paíscs.10
os por os cartógrafos y ma-

los franceses bautizaron al conjunto de islas co
.
del que derivó el de Maluinas ue 1
_ n el nombre de Maloumes,
quedar convertido en i\falvinCZ:
os espa_no!es comenzaron a usar, hasta
rinos franceses aparecieron reiñ~·trad reconl ocinuentos efectuado por los ma•
o.~
os en a carta que publi 6 M F ~..:
un mteresante libro de viajes.ª
e
• fC".t:1er, en

i.o

II
ExTRAÑA INTERVENCIÓN

u Juuo Guu.1ÍN Y TATO, Manumenta Charlllgraphica Indiana, prólogo de

P!DRO

Madrid, 1942; Ru1z G01ÑAzu, Proas d11 F-1,au,
citada; RoBJ;llTO LEVILLU!A, Amlrica la bitn llamada, .Buenos Aires, 1948, 2 to111111
y Jo ·t Toau R&amp;V1!LLO, Las islas Malvinas en el siglo XVI, en Yaptyú, Buenos Aira,
octubre-diciembre de 1952, núm. 68, pp. 63-70. La cartografia del siglo XVIII ha
sido reproducida entre otras, en las siguientes obras: MANUEL HmALGO IETO, C..
cuestí6n de las Islas Malvinas, contribución al estudio d, las rdacionts hispano-ingúSaJ,
siglo XVJ/1, Madrid, 1947, pp. 309-578: estudio cartográfico; PEDRO TORRES L.un:.u,
R,lación d,scriptiva de los mapas, planos, etc., d,l virreinato d, Bu,nos Air,s existlll·
tes en tl A,chil'o G,neral dt lndiar, 2a. edición, aumentada, Buenos Airl'S, 1921; Joai
TollllE REVELLO, Adición a la Relación descriptiva, de los mapas, planos, ,te. d,t oi"'inato de Buenos Aires 1xist,ntes
tl Archivo Gen,ral de Indias, Buenos Aim,
1927; del mismo autor: Mapas y planos rt/11entu al Virninato dtl Rlo de la PW•,

Novo

Y FuNÁNDEZ Y CmCAR.RO,

,n

conservados en el Archivo General de Simanc4S, Buenos Ain:s, 1938.
,. Sobre lo infundado de estos aserto. pueden vene las obras de GoEDt::L, cit., PP·
51-53 y PAUL GaoussAc, Las Islas M.aluinas, edición castellana ordenada por el Congreso de la Nación Argentina (Ley 11,904), 1936, pp. 81-110, quienes srñalan que
en ningún momento los relatos de esos marinos se refieren a las islas Malvinas. La
primera edición de la última obra citada fue publicada en francés con el título Lis
Iles Malouin,s, nouvel exposl d'un vieux litige avec une cartt dt l'archiptl, BueDOI
Aires, 1910 (Extrait des Anales de la Biblioteca Nacional de Buenos Aires). tomo VI,
pp. 401-579. En la. e.arta que se atribuye a Edward Wright, llamada de Richard Hak·
luyt, Londres, 1599, no aparece representado el archipiélago.

518

• a raí.,z. de la guerra que había tallad
"":,-u.a e nglaterra, en 1739 fue des achad d
es
o entre
seJS na\·Íos para operar co t
l
p . a esde Londres una armada de
n ra as posesiones esp - Jas
VAMOS A SEÑALAR AHORA QUE

v.... ~:::~

I

fue puesta al mando del comodoro J
ano
en el Pacífico, que
C~turión, única nave que retomó e:~;;n::n, que naveg6 ~ bordo de

anos

después, en 1748, en

por el capellán de 1 .

lena

. p

.

punto de partida. Cuatro

paz, se _publicaba un volumen en Londres

a oa\e, reverendo Ricardo Walter

l

,

nía al monarca inglés ocupar las islas M 1 .
' en e que se propalas colonias C$pañolas ubicadas I l a vmas para operar desde allí contra
a o argo de las costas del Océano Pacífico.

" CRoussAc, Las ltlas Malvinas cit
91 94
adulteraci6n de los nombre~ del e;trech pp. 1 ." . Para más detalles en el c.unbio Y
Eslaia, cit., pp. 87-89; y Jos! TOR.RE oR ma vmero, . v~;ue RuIZ Gu1ÑAzu, Proas de
o/mu, mapas Y documentos, Buenos Aires
B8,b6-l,lo2g9rafía d, las Islas Malvinas,
• E W D
'
'pp.
·
•
·
AULCREN, Lts relations
· 1
:otts d1 l'Ocean Pacifique (Commenc::i::;';: e~;~l;arit_imts entre la France et
innm,rc, de la Me, du Sud 1·
, l
.
e, s,,clt), tome premit•r w
llYa,\
usqu a a parx d'Ut ht p ·
'
PAZ-SOLDAN, Prólogo en Document
ru.' :1'1'ts, 1908; y 'MANUEL MoP1rva110, El Tribunal dtl Consulado d L. os pLa~a la Historia Económica del Virreinato
• M
e ,ma, tma 1956 to
I
XXX
FuzTER, Rllalion du voyage de ta M ~
, mo ' pp.
VI-LXXII.
rou /ait pendant l,s annJes 1712 1713
11'" u S~d, aux cotes du Chily ,t du
,
, tt
14, Pans, 1716.

~;;;-Lo,

P,

.

519

�- 1a b a la conveniencia de enviar
A esa proposición, con toda au~a_cia, seusena
un navío que reconociera el arch1p1élagliso.
el Támesis en abril de l 749~
f
. lesas se hallaban tas en
las :.,..
Dos ragatas mg
de las inmediaciones de
1"
dispuestas a reconocer -se lee- e rnarl ºngleses habían comenzado a dealkl d" ombre con que os l
,
Pcpys y de F
an . • na El
biemo inglés reconociendo la soberarua esnominar a las Malvinas.
. go
di d ' representante en Madrid, sir
Pañola del archipiélago, por mtermc o e s~ la el prop6sito -se decla.c6 a la Corte espano
Benjamín Keene, comum.
. tíf'cos El ministro de estado, José de Carde explorar las islas, c_on {mes c1lend t • 1 representante de Inglaterra, re.
ch 6 1 pedido íormu a o por e
.
vaJal re az e
licitud ratificó el ministro de guerra, ~
chazo que ante una nueva so
'a1 dvertir cuál era la verdadera fmaJi.
de Indias marqués de Ensenada, . a
. tfüca .
dy d de esa 'supuesta expedi c1'6n oen
tardiaa
odas las potencias europeas -aunque
Aclaremos ahora que, ~~ t el mundo hecha por el Papa Alejandro
mente- acataron la part1c16n d
ta la conquista de pueblos de mentre España y Portugal, en lo que respec a

i•

yt

t

20

fieles.
d
uertos y ciudades en el
Sin entrar a historiar los ataques y _saqueos . e
de diversos países, in.i:••
é . d minado por Espana, por pira as
sector de Am nea o
.
tencias europeas de UJ3tmtos
·6n realizada por otras po
¡ ·
dicaremos la ocupao
_
había todavía alcanzado a co onmr,
del
continente
que
Espana
no
lugares
MDCCXL l. ll, 111, IV by Gttoaott .
tht wo,ld in the y,arsd
f H~ Ma1·1sty's ships, s,nt uto• •
n
.
h. J o/ a scua ,on o
.
f h R:.&amp;.,
SON Esq.; Command11 rn e tt
iled rom pap,rs and oth,r matinal o t , ..,xp,dition to th1 South-S,as, Com! pubLh,d undlT his dirution by R101-1AJlO WALTD.
Honourable G1org1 Lord ,4nson, an . . that up1ditio11, London, 1HB.
.
. , hip C,ntunon in
·
H. ·
ehoplmn o/ Hu Mo1esty s s
6n ºca d, un error geográfico, en ISIOnl,
., Vfa.Jc ERNESTO J..FITTI!., La ls~5:5iy~lc~o~brc de Falkland fue puesto en 1690
Buenos Aitts, 1958, num. 14, pp.
"

~ voy·ag, round

po r el marino inglés Ston,.
La prome.ra s,c1eta y el cononio
.
29 Jo!!É ToRR11 RRVZLLO,
Aº
1952
•• GOF.DEI.., cit., p. 2
y • .
J 771 ( nuevas aportaciones}' Buenos •':'•
'
oglo-npañol sobre las Mafomas de
Documentos para la Historia A~genta~a, tolllO
6-8. Documentos sobre el asunto _en
Historia d, las Islas Maluinas, mtrodlll&gt;
~V Coluci6n d, documentos relativos a lAa 'res Facultad de Filosofía y Letras, lm-

,
R CAU.U.T-Bms, Buenos a '
6 23
,ci6n de RicAAOO .
. "D t Emilio Ra"ignani"' 1957, pp. 1 . .
tiluto de Hutoria Argentina
oc, orE
- sobre el archipiélago se basaban en la :
• Los títulos iniciaks que pose1a spana
d 4 de mayo de 1493, que plante6
.
VI llamada lnl,r Coet,ra, e
· el tratado
,del Papa AleJandro
'
.. .
conflicto finnaron ambas potencias
4,
,c,ui6n con Portugal. Para din.mir ese
AN' MANZANO Y MANZANO,
,de Torde,illas, de 7 de junio de _14?\ Cf\!:quista
las Indias d,1 poni,nt,,
la corona dt Castilla al d11scubmn_renioII&gt;' ,
9· del mismo autor, lA in,orpor
'd 19421 ano
, num. '
uista d, I 71d ias, Ma d n '
•
Madrid 1948.
•d, las 1nilitu a la ,orona de Castilla,
,

d,

:520

desde donde se practicó en gran escala el contrabando de mercaderías con

sus colonias.

Por los tratados firmados entre España e Inglaterra, en 1667 y 1670, se
estableció el status quo en los dominios que ambos países poseían en el Nuevo Mundo; principalmente nos referimos al último de dichos pactos, conocido por los historiadores como Tratado Americano, que en varios de sus
artículos alude a esa doctrina de mutuo respeto por parte de ambas potencias, con referencia a las posesiones que cada una ocupaba en nuestro continente.21
Después de la guerra de la Suce ión de España, en que Felipe V ocupó
el trono, se firmaron en 1713 en Utrecht, por las potencias que intervinieron en el conflicto, diversos tratados que dieron la paz a Europa. En uno
de los que firmaron ambas potencias rivales, España e Inglaterra, se dejó
constancia en su artículo 8o.: " i el Rey Católico ni sus herederos o sucesores pueden \'ender, ceder, pignorar, transmitir o, de cualesquiera otra manera o nombre, enajenar a Francia o cualesquiera otra nación, tenitorios o
dominios o una parte de lo mismos pertenecientes a España en América.
Por el contrario: los dominios de España en América deben ser preservados
total y enteramente. La Reina de la Gran Bretaña --se señala- se compromrte a prestar asistencia a España en el sentido de que sus antiguos dominios en las Indias del Oeste sean restaurados como lo estaban en tiempos
de Carlos II, si se comprueba que de algún modo o bajo cualquier pretexto
hayan sido alterados a partir de la muerte de Carlos II". Como hemos visto, es Inglaterra la nación que se compromete a respetar y hacer respetar
con su ayuda cualquier violaci6n territorial en las posesiones de España en
el Nuevo Mundo. Cuando en 1740 intentó realizar Rusia exploraciones en
el Pacífico, fue Inglaterra la potencia que se opuso resueltamente a ese prop6sito, considerando y reconociendo en esa ocasión er España la Única soberana de ese sector de América. 22

El tratado, cuyo artículo 80. acabamos de glosar, e taba en vigencia cuan-

do Inglaterra, bajo supue.,~tos fines científicos, pretendió reconocer las islas
en 1749, y cuyos propósitos se malograron ante la firme actitud de España, y estaba también en vigencia cuando, detrás de los franceses y siguiendo
sus huellas, en forma subrepticia, ocupó puerto Egmont (Cruzada), en la

isla Saunders (Trinidad). Inglaterra, con esa ocupación clandest..irut, viola-

ba los tratados vigentes.

El d"""º

en:;;

,, Gouu, obra citada, pp. 150-154.
21

CAMILO BARCIA

1943, p. H.

TIU!Ll..&amp;s, El p,obl,ma de las /Jlm Mafoinas, Alcalá d(• Henares,

521

�III
Los

FRANCESES SE ESTABLECEN EN LAS

los países c~n excepción de España, estaban excluidos del
blecer coloruas en esa parte del mund o" .u
derecho de estaIsu..s

MALVINAS

Los FRANCESES, UNIDOS A Los españoles por el pacto de familia, sin conocimiento de la corte de Madrid, fueron los primeros que ocuparon las solitarias islas Malvinas unidos en el recuerdo a sus intrépidos marinos. Se establecieron bajo la dirección de Antonio Luis de Bougainvillc, entonces joven marino, &lt;'11 el pue1 to que bautizaron con el "lombre dt Luis o San Luis
-que variaron después de su expulsión los españoles por el de uestra Señora de la Soledad-. en la gran isla del este, el 3 de febrero de 1764.

Al tomar conocimiento España de los hechos ocurridos, reclamó ante el
país vecino, llegándose rápidamente a un arreglo amistoso. Al saberse en
Inglaterra la ocupación francesa de las Malvinas, dio orden al comodoro
John Byron para que preparase una expedición destinada a reconocer las islas por ellos denominadas Pepys o Falkland. El comodoro inglés, en cumplimiento de las órdenes recibidas, buscó inútitlmente las supuestas islas Pepys,
recalando después en el lugar que denominó puerto Egmont, en la pequeña isla Saunders, del archipiélago malvinero, el 28 de enero de 1765; sin
Uegar a ocuparlo. De retorno a Inglaterra, se despachó una expedición colonizadora, al mando del capitán Mac Bride, que arribó a puerto Egmont,
en enero de 1766. Poco después, constató el jefe inglés que en la. islas habitaban otros hombres, al hallar una botella, en cuyo interior encontraron
un escrito firmado por varios oficiales franceses. oticia que el capitán Mac
Bride transmiti6 al Almirantazgo, con carta del 17 de man.o de 1766. Desde el puerto de Saint Maló, los franceses habían realizado tres viajes a puer•
to Luis transportando colonos, vívere y materiales para la construcción de
vi"iendas, cuyos gasto en forma global ascendieron a 613,108 libras tornesas o sea francos franceses, 13 sueldos, 11 dineros. Mencionaremos ahora que
Bougainville, al extender el recibo de esos gastos, con que fue indemnizado
graciosamente por España, hizo constar que esa suma, correspondía a la
Compañía de Saint Mal6 1 que había financiado la empresa, por gastos hechos "para fundar sus intrusos establecimientos en las Malvinas". Conocida en Inglaterra la devolución del archipiélago hecha por Francia a su legitima soberana, España, orden6 a u embajador en París que se entrevistara
con el mini,;tro de Estado de la primera, duque de Cboiseul, e inquiriese la
causa de e e hecho. El ministro francés informó al embajador inglés que,
habiendo reclamado España por la ocupación de las i las, sobre las que legítimamente ejercía soberanía, le habían sido devueltas a u dominio "en
cumplimiento del tratado de Utrecht, por cuanto de acuerdo con él, todos.
522

IV
ESPAÑA EJERCE SOBERANÍA INDISCU'flBLB

OBRE LAS

Isus

MALVINAS

DE
A LO CONVENIOO ENTRE F
.
E
• JACUERDO
dJ
ranaa Y spaña se hiz
t
·
aa e puerto Luis, el Io. de abril de 1767
,
o en rega of1realizadas y permitiéndose habitar
1 l ' traspasandose todas las obras
que voluntariamente deseaban h en! e p ugar a .todos los colonos franceses
las autoridades francesas se supoalacer º: or. los tnfonnes suministrados por

existencia de
·
· 1
mannos mg eses en un lutemente 1 .
1p1 ago, y a su encuentro hubo de dedicarse co ta
•
e pnmer gobernador español de las Mal ,.
. ,
ns nlipe Ruiz Puente, quien de acuerd
\ ~as, capitan de navío Fe1 .
dta directamente de la gobe
.º6 con as _instrucc16nes que recibi6, depenrnaa n y capitanía
raJ d
cuyas funciones ejercía entonces Fran .
d p gene
e Buenos Aires,
hermano de Antonio Maria de B
&lt;:1sco e,
de Bucareli y Ursúa,
va España.
ucareli y Ursua, v1ITCy después de la ue1

•

F impreciso del arch. 'él

ªº!ª

Las tareas de bú queda emprendidas
l
.
ron éxito al hallar a los intrusos h b't por dos mannos españoles, alcanzaingleses se intimaron mutuamente :1 •;:;o. e puerto ~~ont. Españoles e
el relato, diremos que despué d
. JO del arch1p1élago. Abreviando
dieron
s e ese pnmer encuent
_dispuesta España, a hacer valer su Je , .
ro y ,otros qu~ se sucela propia Inglaterra en el tratado d U chgituna ~beran,a garanti:r.ada por
•
e trc t, orgamz6 una
di · , ·
grada por seis
navíos con tropas de desemb
expe, c1on mtemayor g neral de la armada Juan I

_arco, que_ se puso a las ordenes del
notas con los jefes inglese q~e oc
Madanaga. Tras un cambio de
1770 el general españ I d' rd upa an puerto Egmont, el 10 de junio de
0
10 o en de atacar el J
f ,
l
•
.
o rec1an los jefes ing)ese J
F
~gar ante a res1stenoa que
. orge armer y Guillermo Maltby Mad .
a
•
·
anaga

fªªº

Viaje, cit., p . 262-276.
•
HmH p
, .t.fANu.n DANVILA Y CoLLAoo, Reinado
1-9; ÜCTAv10 GtL Mu :,Lu Mºº1~1ETO, La ,uest16n de las Islas Malvinas, cit pp
·
•
a vmas l
¡r
l
·•
·
1948, pp. 12 Y sigtes . RJCARl&gt;O
R C , e con reto ang o-español dt 1770 Sevilla
r,j
·'
• AU.LET•Bors Una (
•
•
'
•as, •nsayo basado en una 1'I
d
. •
,erra argentina, las Islas Mal'da
uirva Y tsconoctda doro.
t '6
~ y aumentada, Buenos Airc.-s 1952
men ac, n, segunda edición, co~YOI t'spañoles, franceses e inglCS&lt;'; rn
l~P14d Documentos procedentes de arf las Islas Maluirias ciL pp 33 , .
o ce, n tJ ocumentos relatiuos a la Historia
Nacio 1 b
•
'
·
Y sigt&lt;-s. L3 documentación
, 1 . .
nos '.13 so re las Mal~fo:u, fue publicada en R,visla
~u~ posc1a a Biblioteca
Aitt,, 1938-1939, tomos II y III.
de la B1bl1oteca Nacional, BueBoUOAINVILLE,

i, Carlos lll, tomo IV·

e }º·;

523

�dio órdenes a las naves de disparar sus bocas de fuego, "sin ofender la fra.
gata ni la colonia inglesa con la primera descarga -según inform6- Y s6lo
para tantear y probar la idea de los ingleses, cuya gente, aseguraba, que al
primer fuego se rendirían". Los hechos ocurrieron como se sospechaba, le.
vantando los ingleses enseguida bandera de parlamento.
.
La tensión entonces reinante entre las potencias europeas ~ lo ocumdo en
las Mal\'inas, podría traer como consecuencia el quebr~tam1ento de la paz.
Al ser conocida en Inglaterra la expulsión de sus nacionales del_ l~~ar que
ocupaban en el archipiélago, su gobierno se aprestó como para 1mciar una
contienda. E paña también comenzó sus preparativos, pero . ante 1~ defección de Francia y sin descuidar aquéllos, inició tentativas d1plomát1cas con
1 Gran Bretaña. Teniendo en cuenta las promesas verbales y secretas ofrec~das entonces por Jos ministros ingleses al embajador e pañol en_ Londres,
, ·
d e •Masserano, de abandonar las Malvina ., una vez sausfecho¡ 22
el
prmope
· al , se firmó una declaración en la capital de
Inglaterra,
e
honor nac1on
,
"l
la
de enern de 1771, en la que se establecía que se repondnan as cosas en
Gran Malvina y Puerto Egmont en el mismo estado en qu~, se hall~b~n antes del 10 de junio de 1770", aclarándose que lo expresad? no pe~Jud1ca de
modo alguno a la cuestión de derecho anterior de sober_ama d~ las islas Malvinas por otro nombre Falkland". Es decir, que Espana reafumaba sus derech~s in objeción por parte de Inglaterra. De acuerdo con lo establ~
en Ja declaración, los ingleses retomaron a puerto Egmon_t, en la pequena
¡ la que los españoles denominaban Trinidad, el 13 de. sepbem~re de 1771
lo abandonaron de acuerdo a la promesa secreta arnba mencionada el
de mayo de 1774. Así se dio término a la debatida ocupación de aquel lugar
-puerto Egmont- por los ingleses.
.
De de entonces España ejerció soberanía sobre el archipi:lago ma!vmero
en forma absoluta, sin ser discutidos los derechos que pose,~ p~r ninguna
nación del orbe, los que se basaban en principios jurídicos históncos Y geográficos.24
Los españoles mantuvieron en las Malvinas guarnición permanente ejerciendo honrosa labor humanitBria en favor de. náufragos y pescadores, en
particular ingleses y norteamericanos, que se ded ,caron a la p ca en los ma·

J

res sure1ios.
" GROUSSAC La.s Islas Malvinas, ciL, pp. 126-143; GoRBEL, obra cit., PP·. 307 ~
•
H'- · 'RA' RAno A prop6silo dt uno cláusula s,creta sobre las Mafo1nas
s1gtcs.;
c;CTOR
UL
•
•
L p
B O Aitts 22 de
,1 t,-atado d, 1771 ,nt,., Gran Bretaña 'Y Es~ana, en a r~nsa, . ucn a 1O .' si
;
&gt; gtcs.
di · bre de 1946 · HIDALGO N1ETO, La cuut16n de las Malumas, cit., pp.
c1cm
,
•
GrL
Mur-m.LA, Malvinas,
cit., pp. 69 )' SJgtes.,
Y T ou.i: REVELLO, La Prom,sa s""''•
cit.

524

El segundo gobernador de las Malvinas, Francisco Gil de Taboada y Lemos, ejerció sus !unciones entre 1774 y 1777. 20 A partir de entonces, ocupaba el cargo de gobernador el comandante de las fragatas que anualmente
hacían el viaje a las Malvinas, a relevar la guarnición, reteniendo ''en sí ambos mando". En el mismo año en que Gil de Taboada y Lemos arribó al
puerto de la Soledad, hizo efectuar un recuento de los pobladores ascendiendo ésto a 115, en su mayoría marinos de las dotaciones de las naves
allí destacadas. En ese cómputo figuraban tres mujer• , siete niños mayores
de dos alias y cuatro menores de esa edad, sin duda nacidos en las Malvinas e hijos de los colonos franceses que poco después habrían de abandonar
definiti\'amente las islas. Con respecto a los animales domésticos destinados
al uso Y consumo de la población, se anotaron los siguientes totales: caballos, 2¡ yeguas, 4; toros, 12; vacas, 207; terneros, 31 ; cabras, 6; y gansos, 11.
Gracias a las investigaciones realizadas por un estudioso argentino falle~o recientemente -A. G6mez Langenheim- se conocen con toda precisión los nombres de los marinos españoles que ejercieron funciones de gobernadores en las islas Malvinas. De algunos de dichos marinos, incluso se conservan los diarios de navegación en archivos argentinos o españoles.

En un estado de población levantado en 1797, el número de habitantes
alcan1.aba entonces a 172 personas, de las cuales 149 pertenecían a las dotaciones de la corbeta Atrevida y del bergantín Carmen y Ánimas. De las 23
restantes, cinco estaban destinadas al servicio permanente de puerto de Ja
Soledad y las dieciocho restantes eran presicliarios que purgaban condena y
te los empleaba en la doma de la caballada chúcara y en el corte del romerillo. Se deduce de la documentaci6n que hemos consultado de la época, entre los años de 1797 a 1803, fue una etapa de mucha actividad en el archipiélago. Un recuento hecho en el último año referido, dio las iguientes
cantidades con respecto al ganado existente en la isla grande del Este o sea
de la Soledad: 724 del caballar y 199 del vacuno. Por entonces el puerto de
la Soledad1 donde residían las autoridades, presentaba un lucido aspecto. En
~er término se destacaban las baterías que guarnecían la población, denonunadas San Carlos, Santiago y San Felipe, con sus bocas de fuego mirando hacia la bahia de la Anunciación. Detrás se diseñaba la curiosa estructura de la Casa de Gobierno, los cuarteles, el hospital, el almacén de p61vo~ la herrería, la carpintería, los depósitos de víveres y algunos otros edifiClOS que mostraban su silueta labrada en s61ida piedra. En la bahía se extendía un muelle, junto al cual atracaban las embarcaciones menores; desde
ese lugar partía un camino, que remataba en un arroyo llamado del Cuar• • Años más tardr ejcrci6 Francisco Gil de Taboada y Lcmo, las altas funcionea de
Vlrrty en d Nuevo Reino de Granada (1788-1789) y en el Perú (1790-1796).

525

�.
. de agu a estaban. unidas por un
tel VieJ·o. Amba. onllas
de esa franJa
.d puente
dia
¡
El
cammo
era
recom
o ad •
d
de piedra de cincuenta y dos varas e argo.
. d
rio por a~uellos hombres que se hallab~ destinados a surtir e pesca os a
los moradores del puerto de la Soledad.

V
SoBERAJIIÍA ARGENTINA EN LAS ISLAS MALVrNAS

::n~as

,
B
Aires la Revolución de mayo, ejerId810 F.bSTALLOd ENde
Malvinas el piloto Pablo Guillén,
, f mc1ones e go ema or
tab
oa l dante de la sumaca Carlota. El difícil problema que se presen Soal a
coman
· · , del puerto de la
elas autoridades reali tas para abastecer ~ 1a _guarn1c1~n 1
les se ccledad, hizo que en Montevideo, dond~ e1erc1an mandio haos ~~~\
tropas
brase una junta de guerra que resolV16 trasla~r a oc :~te una pequeña
allí destacadas. enviando al efecto la autondad e mpe .
d
.
de dc1· ar temporalmente desguarnecido el puerto e
nave con la constgna
CUANOO. EN

#

las

la oledad, misión que se cumplió en 1811.
1 ron coAntes de abandonar el lugar, los españoles celebraron un acto so_ e _e, •,
. l .
1 ca de plomo con una mscnpc1on
tocando en el torreón de la ig csia 1:11ª ~ ª ,
be ' , obre el archipiéen la que se hacía constar que Espana eJercia su so r ~ : de ese hecho
.
Las Cortes de Cádiz, al tomar conOClllllen o
'
lago malvmero.
"
uando variaran las circunstan•
dispusieron en 30 de marzo de 18 12, que c
b "i:
I
. la
encía cuidaría de que volvieran a ocuparse tal cua esta ~ :
;iassp~a
ningún momento -como hemos expuesto- ced~ó los dedrech~ ';~
'
. 1 a Afianzada la mdepen enc1a e
cutible de su soberanía a po~enc1a a gun .
de 'ulio de 1816 por el
R 'blica Argentina con el Juramento hecho en 9
J
,
1
epu
.
. dad d San Miguel de Tucumán, y como egiCongrcso reumdo en la ~iu
~
.
del archipiélago en el
tima heredera de la Nación Espanola, tom 6 poses16n

~

l h. t • d, nu,stras Islas Maluinar,
Et,"!1ntos para b~ ub~riad sobre el tema: La 1,rc1r•
Buenos Aires, 1939, 2 tomos. Antcnormcnte ha
pu ca o
111

A. Gfuru

LANGENIUITT.l,

inuasi6n inglna, Bueno Aires, 1934. d
. d ~m,rica fu,nt,s "ara su estudio, cotd·
, . .... 5 Indep,n enc1a e n
,
"
, M
T
" PEDRO
OR!lES .....,.:,;..,. '
•
, Indias p,im,ra ser11,
a·
logo d, docum 1ntos constri•ados tn ,t Arc~wo G:;;~al~CARDO R~ CAILLET-B01s, UM
drid, l9 12, tomo n. p. 485; G~EBEL, op. C.lt.A,_P· 194,8 p 404· CuÁHO fER.'i,\l'lDU
•
¡ /slm Malvinas Buenos ires,
, ·
'
Madrid
tierra argtntma, as
d d l , "ó d, los reinos d, Castilla 'Y Aragón ,
'
Du110, Armada Española, es. e a un1 :_
El último gobernador ,spañol d, w
VII P 95 y Jose Tolllls nz;VELLo,
.
1960
O
19 l, Malvinas,
tomo
, ·
.
d, u·is1or1a
. del Der,cho, Buenos A1rc3,
,
lsúu
en R,vista d,I Instituto
núm. J t, pp. 165-168.

526

acto oficial que celebró en puerto de la Soledad, el 6 de noviembre de 1820,
el comandante de la fragata Herofoa, coronel David Jewitt, en pre ncia de
los capitanes y tripulaciones de naves pesqueras extranjeras, elevando el pabellón celeste y blanco que fue saludado con una salva de veintiún cañonazos.:
A partir de 1823, ocup6 el mando de las islas Malvinas el capitán retirado de milicias Pablo Areguati. Por decreto del 10 de junio de 1829, suscripto por el gobernador de Buenos Aires, general Martín Rodríguez, se creó
la comandancia política y militar de las Malvina~ y de las adyacentes al Cabo de Hornos en el mar Atlántico, con sede en Soledad, donde debía levantarse una batería. e designó para ejercer la funciones de comandante a
Luis Vemct.
Durante el mando de este jefe, se desarrolló la colonización de las Malvinas y se transportó ganado vacuno para poblar la estancias que se iban
a establecer en el archipiélago. Vemct, el lo. de agosto, dio a conocer a los
pesqueros extranjeros que frecuentaban las islas, que a partir de esa fecha
debían someterse a las leyes de la República, para evitar los abusos que sobre la pesca venían cometiendo en aguas jurisdiccionales.
Dedicadas a esas faenas, naves norteamericanas fueron apresadas por orden del comandante Vemet, para enviarlas a Buenos Aires con el propósito de ser juzgados sus capitanes por un tribunal competente. El hecho originó una reclamación del cónsul Jorge W. Slacum, que llegó a expresar en
la nota que en 26 de noviembre de 1831 presentó al gobierno de Buenos Aires, que en nombre del de su país negaba todo derecho sobre las islas Mal\·inas, desconociendo además todas las medidas tomadas para reglamentar la
pesca y que, por ser agraviante la forma de su redacción para la soberanía
argentina, no le fue admitida. El capitán Silas Duncan, al mando de la
corbeta de guerra Lexington, en 7 de diciembre se dirigió al ministro de
Relaciones Exteriores, Tomás Manuel de Anchorena, pidiéndole la entrega de Luis Vcrnet, que se encontraba en Buenos Aires, adonde se babia
trasladado con motivo del incidente, a quien acusaba de "piratería y robo".
Ante la firme actitud asumida por el gobierno argentino en esa circunstancia, el marino norteamericano se trasladó con su nave a puerto de la Soledad, donde entró con bandera francesa el 28 de diciembre. Tres días más
tarde desembarcó con fuerzas armadas, aprisionó a varios vecinos, clavó
los cañones, inutilizó Jas armas y quemó la pólvora "y declaró finalmente a
la isla libre de todo gobierno". Ante tal atropello, se iniciaron ante el cónsul Slacum, en Buenos Aires, las reclamaciones correspondientes. La forma
• ANOEL ]11ST!NtAN O CARRANZA, Campañas Navales de la República Argentina,
Buenos Aires, 1916; tomo III, pp. 176-178; y ÍARTlNV.NO LEOUlZAMON PoNDA.L,
To/onimia criolla ,n las Malvinas, Buenos Aires, 1956, pp. 18-19.

527

�.
. que asurmo
. , el funcionario norteamericano llevó
mtempestJva
. . a. que
d le fuera
f
cancelado por el gobierno argentino el acuerdo para el eJe1:1c10 e ~s un-

~~:~ª:~:

ciones, siendo reemplazado en las negociacion~ por ~ env1:~:
arribó a Buenos Aires en junio de 1832. Era este, e encarg .
.
.
Baylies
quien
al
entablar
relaciones
con
las
autonda~es
_a_rgenbF
ranc1sco
,
di d ad ' Justif1car la
nas, usó en sus escritos un tono inusitado, prete~ . en o
emas V Maz a
. , d l comandante de la Lexington. El ministro Manuel .
a,
acc1on . e .
d l
ta.ría de Relaciones Exteriores, demostró al
cargo mtennamente e a secre
,
s escritos
re resentante norteamericano las inexactitudes que con~eruan su .
p respecto a supuestos agravíos, lo que dio origen al retiro de Baylies, que
con
solicitó su pasaporte. 29

VI
USURPACIÓN INGLESA

,
NTE CON
l!ALLANDOSE PENDIE

Estados Unidos la reclamación interpuesta por
d ¡ f
Inglaterra

~~::óú~:n:!~!•1~,/:;/: ;.:~::.t:P~0~¡:; ~:o::
Clio, de la que era com~dante el capitán Juan Jaco

i

rigieron a las islas Malvmas.
. . d donEl 20 de diciembre de 1832, arribaron las naves a Puerto Tnmda '
.
84 507 Este autor al referine a Slacum, expresa que
.. GoEBEL, obra citada, PP· 4 • ·
. ' . diplomática y tan falto de tacto
era un "individuo carente en absoluto de expebnenc1_atad PP 24-36· BARCIA TULLBS,
b
... ,, (p 490). GRoussAC o ra Cl a,
.
'
939
como de uen JWC10
•,
'
,
RA ' Historia de Brown, Buenos Aires, l ,
obra citada, pp. 69-79_; HÉCTOR ~uL IM
para la historia, cit., tomos I y 11;
tomo II, pp. 67-94; GóMEZ LAN;E ~ ,t G Quesada 'Y sus trabajos diplom4ticos soFERNA mo GoN~l.EZ RoA, El
r. ~c::s e_ c:..U.LET-Bo1s, cit., pp. 232 Y sigtes.; Jolll'I
bre Méxu:o, ~buco, 1~25, pp. 4~ y g . ' RI de la Plata, 1838-1850, traducción d,
F CAOY La interuención extran¡era en el o
A.
1943 PP·
.
,
.
ió de Luis A PooESTÁ CosTA, Buenos IICs,
, .
JUAN M. UTEDA, introduce n
. .
.
l obierno instruye al cuerpo legu•
42-43. Colección de documentos ofmales conlque e .~ s p~ndientes con la repúblico
'
. . d l ·
y estado de as cues.ione
~
latiuo de la Provincia e origen
M l .
B os Aires 1832. (Reprode los E.U. de Norte América sobre las_ Islas a vinas~ u~939 to~o III • pp. 177ducido en Revista de la Biblioteca. N~c~onal, Bu~nos
el a.:unto de la; Malvinas
364) . y Apéndice a los documentos ofwales publicadod
l
dante Si/as DKn'
. .
d l h h s perpetra os por e coman
que contiene el esclarec1m1ento e os te o
l stablecimiento y sus habitanUS,
b
d
rr de los E.U. contra aque e
B
can de la cor eta e gue a
¡ R . t d la Biblioteca Nacional, ucnos
Buenos Aires, 1832. (Reproducido en a evis aR eMANNINO Diplomatic corres¡,onIII pp 365 394) · Wru.IA1L ·
'
I
939
Aires, l
, tomo
,
·
·
'.
Affam,
• Washington• 1932, volumen ·
dence o/ the United Stat,s Inter-Ameruan

~~;,:urntos

:1::,,;,

528

de izaron la bandera de su nac1on, de donde se trasladaron a Puerto de
la Soledad, anclando en este Jugar el 2 de enero de 1833. Al siguiente día
-3 de enero- izaba el capitán Onslow eJ pabellón inglés en la comandancia del lugar. Al conocerse en Buenos Aires este atentado, causó estupor por
lo inaudito, levantándose el espíritu de la ciudadanía. El 16 de enero, el ministro Maza ponía en conocimiento del encargado de negocios de la Gran
Bretaña, los hechos desarrollados en las Malvinas, pidiendo explicaciones sobre cuanto había ocurrido. La respuesta fue entregada al siguiente día, expresando el representante inglés que carecía de instrucciones de su gobierno
para contestar la nota recibida.
Sobre los sucesos ocunidos, el gobernador Juan Ramón Balcarce dio cuenta
a la Cámara de Representantes con un mensaje que fue leído en la sesión
del 28 de enero. Todos los países del continente fueron informados por el
gobierno argentino del atentado perpetrado por Gran Bretaña y ante la amenaza que se cernía sobre los países de América, manifestaba en su escrito "la
suprema importancia de [seguir] una línea de conducta uniforme y perseverante, en cuanto se refiere a las antiguas colonias españolas, para rechazar
con un sentimiento común, toda pretensión europea que pueda herir sus
derechos de soberanía, violar la inmunidad que es debida a su rango de naciones, o que pueda ir tan lejos hasta imponer condiciones que ultrajen a las
leyes comunes y meramente apoyadas por el abuso del poder".
El 27 de junio, el representante argentino en Londres, Manuel Moreno,
presentaba una enérgica reclamación al gobierno británico. Lord Palmerston,
a cargo del ministerio de Estado, en 8 de enero de 1834 contestó a Moreno,
sin aportar prueba alg1ma, que pudiera tener su país en qué apoyar la ocupación de ese trozo del suelo argentino.ªº

Desde entonces y hasta nuestros días, se han planteado constantemente reclamaciones diplomáticas. En conferencias internacionales se ha actualizado
con firmeza la protesta de la República Argentina contra la ilegal ocupación
que Inglaterra ejerce en el archipiélago malvinero, esperando la reintegración
a su soberanía.

Hasta el presente )a nación que de forma ilegítima ocupa las islas, no ha
• Go1miL, obra citada, pp. 507-512; G&amp;oussAc, obra citada, pp. 47-68; RATTo,
Historia de Brown, citada, tomo II, pp. 92-118; BARCIA TRELLEs, obra citada, pp.
81-93; CA11.LtT-Bo1s, obra citada, pp. 324 y sigtes. Reclamación del Gobierno de las
, Prouincias Unidas del Río de la Plata contra el de Su Majestad Británica sobre la
sobtr411Ía y posesión de las Islas Malvinas (Falkland), Discusión Oficial, Londres, 1841;
M,moria de Relaciones Exteriores presentada al Honorable Congreso Nacional en 1888,
Buenos Aires, 1888. Puede completarse el conocimiento de las fuentes sobre el archipiélago argentino con la consulta de JosÉ TORRE REVELLO, Bibliografía de las Islas Malllinas, obras, mapas 'Y documentos (contribución), Buenos Aires, 1953.

529
H34

�. tif e la pose i6n siendo viciados de numostrado prueba alguna que JUS iqu , nicamcntc ~n la razón de la fuerza.
lidad todo sus acto ~r estar b~~os ~s la dcclaraci6n del doctor Alfredo
y cerrando e te e cnto, transen trcm d d I R , blica Argentina cuyo
.
f
bada por el ena o e a epu
,
R. PalaCios, ~ue ue apro
i' del 15 de junio de 1961, concebida en loa
alto cuerpo integra, en su ses on
• •
· al de tclecomuni. .
é . . "Al con iderar el convenio mternacion
s1~1entes t ~ t:~ Ginebra el 21 de diciembre de 1959, y no obstante la ~
cac1ones use, 1 o
.
• de la soberanía argentma
claración de nuestra delegación de1a~dhodconsl·tant1Iaslas Georvi:i.s del S~r y las
Isla Sandw1c e ur.
osJ M 1 ,·
sobre las I as • ª ~mas,
, .
·
¡ Senado reitera 5U
tierras incluidas dentro del sector/n:ruco ;r:nt~::~a~a al apoderarse del
protesta por el acto de fuerza rea iza ~ ~r
.
f rmando sus im. .
f
arte del temtono argenbno, rea ,
;~~;~;:~:: ~~~al~::1 dere~os, y d!clara que insi te en su designio ineductible de recuperar la tierra JJTedenta .

¿HACIA i
FILOSOF1A DE LA HISTORIA I TERAMERICAl'A?
TESIS DE V1CTOR RAÚL HAYA DE LA TORRE Y SU
CO. 'FRONTACióN CON LA TESIS DE TOYNBEE

!

MoNEusA

UNA PÉREZ--MARCBAND

Puerto Rico.

PLANTEAR EN ESTE

!OMENTO

la necesidad de que al formular una filosofía

de la historia se incluya a las Américas, no constituye hoy, desde luego, una
pretensi6n novedosa. Es forzoso reconocer que este reclamo ha sido percibido
con mayor o menor claridad -y desde diversos ángulos- en el mundo occidental, no sólo desde que los filósofos ele la historia europea dejaron de mirar
al Nuevo Mundo como el del "buen salvaje" -que muchos consideraban
como orbe sin hi toria- sino aun antes, aun desde los tempranos años de la
conquista.
Desde entonces hubo ya quien fuera capaz de demostrar a través de sus
ejecutorias, y de reclamar a través de epístolas a los gobernantes locales y a
los monarcas, "cierta" capacidad para comprender con simpaúa la situación
del hombre americano. 1
Posteriormente, entre otros. Herder, Hegel, Mane, Spengler, etc., también

se ocuparon de América al eJi.'J)Oner sus respectivas fiJosofías de la historia.
Pero al hacerlo, utilizaron siempre categorías interpretativas europeas, lo
que les incapacitó para alcanzar una visión comprensiva de aquélla.
Aclararla es cuestión de vital interés para el hombre de nuestros días, no
tólo para el hombre de América. Porque, de ser cierto -como se pretende1

Recuérdese a eJte efecto, al singular defensor de los indios, Fray Bartolomé de

las Caus, y su gran polémica con el jurista ripañol Ginés de Scpúh·eda por razón del
concepto que de los indios americanos y dd trato que estimaba debía dársclcs. Recuér-

dc,e aiirnismo en las Cartas d, 11faci611 d, la conquista, de Hcmán Cortés, dirigidas
a los 10bcrano, españoles, la evidente simpatía con que aquél describe el mercado indí1'1la y la habilidad de los artífices indígenas, a quienes compara ventajosamente con
los europeo!. Cf. Cartas d, r1laci6n dt la conquÍJta. México, 1943.

530

531

�que el equilibrio politice del mundo actual depende de que los _P1ibue~los que

.
no no
lo constituyen
conozcan me1or,
e. .in dudable que aquel cqutd dí
. R
logrará mientra se excluya d él a un .ºr~ de pueblos _que ca a a Juega
,
pel más importante en su mantenumento: el americano.. ,
unPPª haber alcanzado en nuestra hora h'tSt 6nea
· una comprens1on
mas .clara
.
or trascendencia de esta cuest16n,
.
•
t e .se han intentado
d la
rec,entemen
. mvetd la
e
.
od
t6d'codivrrso
aspectos
e
tigaciones dirigidas a rev1 ar -&lt;le m o me t
,
.
interpretación d la hi toria americana.
.
y no cabe duda de que contemporáneamente, entre los granel.es intérp":5
· n ha dado .una . interprctaci6a
de la historia unh·er~al. es Amold T oyn bee qute
d A ,.
de la mí maque facilita aquella necesaria revisión, de la histo:1?, e lm~~
-r ynbce nos ofrece esta oportum'da d, a 1 a.~umir una pos1c1on re auvuta
,
.1
frente
a la historia. en la que rechaza -par um·1ater~ Je - , tan tob'la tcona
l , del.
• ico:
. como 1a t cona
• racista Explica en cam 10, a genesas
determinismo gcogr.if
. . . . . ,.
. d d hist6-

°

desarrollo de la ociedad humana que llama cJUi~izació_n, o s°:'1e a ad
yn·ca sin parentesco ante1ior, en término de la continua mteracc1~nl. ere! (ora
·
·m dcscu1·dar los mu tip es acentre hombre y contorno físico, y v1ceve~~·
tores que pueden desplegarse en esa relanon.
.
.
.
t.:
'ad
o·be
a la ciuili::aci6n o socirdad hutónca como aquel
Este '" ton or con
h
did vencer
género de agrupaci6n formada por serc human~ que an. po
de ar-dentro de determinadas condiciones tcmpo-espac1ales-- el impe. .
del
custancias adn·rsa al hombre, o que han sabido superar la!! co~d1c1~nes osas
mundo físico que los sujetan a la animalidad, para fundar un
en e ch
que garantiza el tipo de existencia qu&lt;' el hombre juzga genuinamente u-

ri;

°~

mana.
d" ámica
De modo que la civilización representa para Toynbee ~a mpu ta 10
el
10
O
del factor in temo humano -psíquico- al reto
de~ qdue le f~~oponehufactor ·temo - u contorno--, e1 med .io, que a u vei pue. e. er mco o idad
mano. Este actúa como una especie de estimulante que mt1ta la ..
creadora del hombre que, al entrar en juego. pone en marcha y
potencialidades latentes.
Así Pues el resultado del "encuentro" d estos factores -hombre yd am,
· l
te- no pue e ser
biente físico y/o humano, condicionado tempo-e pac1a me~,
"
tr0"
di ho Surge como una esp cie de "novedad emergente ' del encuen
pr_ e : d pende en bu na medida, de que el reto no agote las f~erzas pomismo, y
,
f
.
cto p r eso entiende que
tendales del núcleo humano que u r s_u unpa . o
puede haber diversas respuestas ante un m1Jmo reto.

:~:iiza"

al modo Jo historia
concebida
•
adot COIDO
,obl't
oclos ccrr
: mismos; o la que se desarrolla en plano yuxtapuesto o extensos.
d

·

• Por eso AttNoLO J. ToYNBH rechaia . igu
roceJOS conatantts; as! como In que se manifiesta paralelamente en

532

Y por eso también para Toynbee no es posible asumir a priori que determinadas causas produzcan determinados efectos.ª Ahora bien, esto no significa que piense en la historia como cosa muerta cuyo sentido no podremo,
cobrar j:i.más. En modo alguno, pue el tiempo hist6ríco no es absoluto. Y,
aunque tampoco e men urable en términos de vida humana -según nos
advierte- sino de duración vital de las civilizaciones,* está nece aria e inseparablemente vinculado a la conciencia del espacio o escenario geográfico.
Purs para é~ la hi toria urge sólo cuando el hombre llega a dominar la
fuerzas que lo constriñen y a radicar las inkiativas creadoras que le permiten
alcanzar la más plena conciencia de u espacio-titmpo vital. Y esto, no en
un estrecho sentido comarcano, sino precisamente liberado de ese concepto
político -la nación- que para Toynbee representa no s6lo un concepto artificioso y limitador, sino que constituye un impedimento para la verdadera
comprensión de la hi toria humana. Porque, como acabamos de señalar, para
este historiador la conciencia hi tórica surge s6lo cuando el hombre se encuentra realmente inmerso en los campos inteligibles del estudio histórico que
para él comtituyen las civilizaciones.
desaparece cuando, por razones de
índole interna y /o externa, se dislocan o disgregan los elementos que mantenian dinámico y vivos lo vínculos de relación entre hombr y ambiente y
viceversa. Así pues -y aun cuando sobrevivan los núcleo humanos originarios que constituían las ciuilizacio11es- los espacio. geogr.í!icos, aunque habitados físicamente, quedan como "deshabitados" culturalment hablando.
si se fosili14'1 la sociedad sin parente. co, al producirse aquel cercrnamicnto. Por
otra parte, es po ible que en el proceso de volución de la, civilizacio11es ocurran otras alternativas, o se dé otro tipo de casos. Por ejemplo, antes de que
se agote el impulso creador en la sociedad originaria, puede ocurrir el desprendimiento de una rama o una sece i6n de . u "cuerpo principal''. Esk
desgajamiento puede transplantar a un ámbito tempo-espacial diferente,
logrando en éste una individuación propia. También pu de ocurrir que, al
agotarse el impulso creador dr la sociedad originaria, aparezca la socirdad histórica con parentesco, que a su vez puede ser de los siguientes tipos: !iliaJ.
infra filial o supra filial.
Como e evidente, para Toynbcc la civilizacio11es pueden urgir en cualquier dima o ámbito geográfico. Por eso. según él sostener el concepto de la
unificación de la historia universal "sobre base de un principio occidental o
1

AaNOLD

J.

Tov.

B&amp;B:

Ett"'1io de Ja historia. Bu&lt;•no

Aires, pp. 287. 288.

gún TovNBP.E, las crz,ifizaciones puedm s r conaidl!r.ldas como conu·mporánea,
tntre si. si se toma en roruidi:raci6n qut• k' producro rn una duración d,· tirmpo ínfimo
al comparar aqu~I durante el cual aparecen, con t·l tiempo .total qu 5r acepta como
d de la pmc-ncia del hombre en la 1icrra.

533

�europeísta sólo es pos:ble gracias a una deformación violenta de los hechos
históricos, y una limitación drástica del campo visual del historiador''.ª
As1 pues, el enfoque indetenninante de Toynbee frente a la historia univenal, introduce en la interpretación histórica un elemento de relatividad
que hace posible la reconsideración de la historia de América.• Y lo más importante es que, por los supuestos ya establecidos, esta reconsideración puede
intentarse desde una actitud liberada de los prejuicios que limitaron las interpretaciones hechas por los estudiosos europeos -mencionados al princi~io
do este trabajo, y otros- quienes siempre lo hicieron desde una perspecttva
europeizan te.
Sin embargo, aun cuando esto es cierto, y aun cuando Toynbee estudia las
sociedades americ.mas y también incorpora una de éstas -la maya- al esquema de las ciuilizaciones -exaltándola de este modo a la jerarquía de las
sociedades que hacm historia- pro,·eyendo con ello facilidades para la ta•
rea de la "dcseuropeización" de la historia de América, él mismo no ha intentado ofrecer una perspectiva de la historia americana interpretada desde
América. Y aún queda en pie para el hombre contemporáneo la tarea de
inve tigar si la realidad americana puede ser explicada, aunque en términos
de una trayectoria histórica occidental, con un iittno histórico propio, distin•
guible de otros en esa misma trayectoria.
y '-sta es, sin duda alguna, una de las cuestiones americanas que más le
preocupa aclarar al pensador y político peruano Víctor Raúl Haya de la Torre, que, desde 1928 -a trav' de artículos y obras varias-,' se comen:r.ó a
perfilar ya su interés por alcanzar una int('rpretación de América emancipada
de Europa. 1
• Aal'(Ol.D J. To,·:-.sn: Estudio de la historia. op. cit., p. 177.
• A propósito de esto, HAYA og 1.A ToRR'&amp; dice lo si1rnicntr La hnzaña rtlatit•ist~ di
ToYNDEI!. - yn. en prtscn,ia de los insoslayablt&gt;r deHubrimientos fhicos dtl contauo
espado temporal dt cuatro dimensiones y de la vigencia de la gtomttrla cura alúndt los
ptrlmetros menor,s- conl/1va, sin duda, una primera significancin: la dt "d,se11r°:
peizar" la clásica perrp,ctfoa dt la historio desplazando sus dngulos hacia nutras olin1ami,ntos ,tiolbgicos. Y, simuftdRtamtnle, lo dt dtsnacionolizarla, al descentrar slll
artificiosos contornos g,omítricos estadual,s, ¡• al espaciar sus drtas a los "campos
inteligibles del utudio hist6rico''. VÍCTOR RAúi:. HAYA DE LA ToRRt::: Toynbt~ f~tnlt
a los panoramns de la historia. Espacio-tiempo-histórico, Buenos irrs. Cía. Ed1tonal
Distribuidora dd PL'\ta, 1957, p. 1~.

' /bid., p. 9.

El esfuerzo por unancipar el p n~amiento am&lt;'ricano dd europeo ha recibido ta1'.'·
bién ttpetidamcnte el respaldo de otros pensadores indoamericanos y comtitur, 5~
duda alguna, uno de los objetivos básicos del .Apra-Alian:11 Popular R,1,olucron 1111•
Americana, egún puede . verse en la siguiente cita drl propio HAYA og LA Toaat:

A ~te respecto nos dice Haya de la Torre en su obra Toynbee frertte a Los
panoramas de la historia, publicada en 1957;

Mi pensamient~ polftico arranca de una premisa de emancipación cultu:al lndoamericana, cf&gt;menzando por la historia que dentro de los estrictos patrones europeos me parece para nosotros desubicada.ª
Este manifiesto deseo de lograr la emancipación mental de América no s6lo
de la tutela europea, sino también del criterio norteamcricanizante -que no
111enos
frrcucntemente
se ha impuesto para 1·uzgar a toda Ame' nea·
·
..
.
no s1gnif1ca, sm embargo, según él mismo indica:

un~ absurda recusación de loJ valores uniuerrales de la cultura llamada
occid~nta!, sino ~ontinuidad t'1llonómica de un .~ran proceso que en
este amb1to amenca1w va encontrando estribaci.ón para .ru resurgimiento, etc. 10 Haciendo hincapit en este punto, ya un poco antes en 1956
había ~ñ~ad_o: Sí, ciencia y pensamiento europeos, pero dig;ridos. Va~
le ~ecir asimilados, mttabolizados -"meta boté" significa cambio, mutactó1i- por un proceso dialéctico, fluyente, que llega )' continúa. Y
por una relación de espacio y tiempo, que determina )' transforma.ª

S~ .posición frente a este problema es clara. Lo que persigue no es que
Am~·n~a se desnaturalice, renegando de sus raíces europeas, pero sí que no
se hnut_e a aceptar pasivamente lo que se le propone O impone, sino por el
contrano, que trate de hacer suyo y se apropie de todo lo que pueda verteción d, actitud p,nsant,, seo el que mu,has uues y ,n diu,rsas formas st ha tnunciado
tn
· d oamencana
·
\" el ltma d t " emanc1'p aci"ón mtnt al in
de los moldes ¡· dictados ruropeol'.
ICT0R lv.tL HAY.\ DY. l.,\ ToRaz: Espacio-tit:mpo-hístórico. Lima Perú 1948 p 15
• Vf
'
'
' . .
. CTOJl RAÚL IL,YA 011 LA Toau: Toynb11 /r•nt, a los panoramas dt la hi.storia
op, cct., p. 10.
•
En un artículo publicado en R,pertorio Americano, Costa Rica, tomo 36, número 11
HAYA DI! LA TORRE sciía16 que los términos Hupanoamérica o IbcroamériC::
corresponden al siglo ·1x y reflejan la influencia española francesa y portuguesa El
1
autor señala prdc-rrncia por d término Indoamérica, porque, scgún akga 11 más amp.11•0
i•a mds l•Jos,
· t11lra m ds tot almtnte en la trayectoria total de nu1stro1' putblos. Com-'
la pre-hfrtoria, lo indio, lo iblrico, lo latino¡• lo negro, lo mtstizo y lo "t:ósmico"
,gamos recordando a V a3concelos, ma11l111i1ndo s-u vigtncia en ,l pon•enir.

p. 161.,

:t11d1

,. v·. ICTOR

op.

CI/.,

RAÚL HAYA O.E LA Toll.RE:

p. 1Q.

" VfoToR RAúL

Toyribe, frente a los panoramas de la historia
'

}t\YA DE .LA

ToR11P.: Treinta años d, aprismo, México. Fondo J,

Cultura éconómica, 1956, p. 17.

Acaso el conuplo fundamental de la filoso/la dtl moi:imitnto aprista, ,omo dtfir1i-

535

534

�brarla, pues comprende que "tan pelig1oso es \'ivir imitando como intentar
ruptura insólita y desconocimiento impli ta de todos los pr cedentes".u
Constituyen preocupaciones básicas d su filosofía de la hi~toria en primer
lugar, intentar la posible ubicación del mundo americano d •ntro de un esquema lógico de la Historia". 11 En segundo lugar, inv tigar cuáles pueden
ser los factores que le dan el carácter particular que definen ci;a realidad. Y
en tercer lugar, aclarar si "nue tro proceso hi t6rico tiene su propio ritmo,
su úpico proce:·o, . u intran. íerible contenido". u
La interpretación de la historia de mérica que hace Haya d la Torre
responde a u particular enfoque de la hi toria. uestro pcn ador parte de
la convicción de que existe una estrecha relación entre la idea de la ciencia
imperante en cada época y la que e tien sobre la historia.u Por e!iO, sostiene
que nuestro momento no puede menos que lcner una vi ión relativista de la
misma. "La revolución de la ciencia física'', nos dice. "detennina la resolución del cur.o y de la interpretación de la historia" .1
Conve~cido de e. to, al sentar su t~ is del Espacio-tiempo hiJtórico, no acepta "una gra\'itaci6n hi t6rica univ rsal, un paralelismo ab oluto, euclídeo,
fatal, para todos los proce os de la HisLoria''. 11 Entiende, en cambio, que hay
"un paralelismo relativo. En zonas limitadas de e. pacio-ticmpo valen las leyes
del paraleli mo de Euclides como ocurre en la física". 11
A\í pues, amparándose precisamente en la naturaleza y carácter de la ciencia de nuestro días, ofrece una interpretación relativista de la hi toria. Sostiene que, todo proceso histórico tien :

su propio sistema de coordenadas y "campos gravitacionales", su dtvt·
11ir de sucesos e intervalos y hasta su equivalencia social de energía, masa
y velocidad o ritmo hútóri.co. 10 América no es una excepción al principio
señalado.
Ahora bien, es preciso que aclaremos esta a,;everación porque, de no hacerlo,
podría dar la impresión de que no encontramo frente a un burdo materialista
u VÍCTOR lu.ÚL HAYA DK 1.,

pp. 46-47.

sa VÍCTOR RAÚL HAvA DI!.

LA

" !bid., p. XVI.
" VfcTOR RAÚL HAYA DI!. LA

Toul!.: La d,fensa continenlal, Buenos Air , 1945,

Tou&amp;: Espacio-ti,mpo-hist6rico.

VÍCTOR RAÚL HAYA DK LA TORllE:

" 1bid., p. 178.
" }bid., p. cit., loe., cit.
• Jbid., p. X.XXVIII.

536

cit., p.

xvn.

Tous: To)'nb11 /renlt a los panora,nns d, la historia,

op. cit., p. 207.
11

º"·

Espacio-tiempo-hist6rico , op. cit., p. 16i.

histórico, co a qu no e Ha ya d. la T orre. Porque aunq
· •
apo)·a en el supuesto setialado y en la t .
. ' 2O ue su PQSICJÓn se
•
•
ts marx1 ta
no
d
esta, a una f 1Jo ofia materialista de la hi toria ::1
respon e, como

p

.

,.

1 c1&lt;;amente porqm:
da cuenta dd r1·esgo
.
H
d I
que ex1 te de c¡ue así e• le
Juzo,1&lt;.'
0 • •
· aya
e a Torre advierte que:
.

este parnldi mo ,10 comporta una conce . . .
.
la historia El p l ¡·
. paon c1rcunscntame11te física de
· ª'ª e ismo pes más
b1e11 fil 'f'
s
ción consciente'' de los
h
oso reo. e basa en
'·retagru os umanos con los espacio
t.
.
parablcs de sus procesos culturales Esta " l '6
s ! ie":pos mselado de una prolongada are,· L
• ·p
re aci n consciente' es rerul.
&lt;m reci roca cuva m
d1dad d,•termina el ma)•or
.,
ayor o menor pro/un.
o menor avance de
· t
l
nuento histórico.2!
·
su in egra de.1t'nuo(vi-

'"'ª

Haya de la Torre impati1.a básicame
..
historia de Toynbe . En repetidas ocasion:te c~n ~ vis16n relativista de la
él jente, como lo demuestra cu d
s _ha md1cado el aprecio que hacia
an o recomienda la lect . d
.
cando que •·acéptense o no la t •
u1a e -u obra mdi, .
· eonas sustentadas en ¡
su mum~ conocimiento pr ·vio es inso layabl
e esquema toynbcano,
nuestro tiempo".'ª
e para todo hombre culto de
El escritor peruano está de acuerdo con To bce .
.
como la sentencia clave de la t .· d L.
yn
mchrnve cuando destaca
. ,
es1s e ote aquella en 1
1 h'
.
mgl s señala lo siguiente:
'
que e 1stonador

ª

En cua/qu
· e'p oca de una sociedad cualquiera, el estudio de la His_____
·_
,er
» El
· Haya dt la Torre acl'pta esto con
propio
.
Apra, al admitir que c:-sta instituc·6
J' .
su obra El ant,mptrialiJmo )' rl
d, la r,alidad indoamtricana e tl n ~ mea ttprt&gt;senta una met6dica confrontaci6n
11alidad europ,a qu, JI . '6 on a t~su qu, Ma,,x p0Jt11lara como r,sultado d 1
111111
y estudió a m11d· d
d
.
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ob ra Efpacio-tumpo-histó,ico.
Op.
·,
xv'ª os el siglo pasado. Citado tn su
1.1 Es
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l.
por l'sa razón que Haya de la Torre no ac
'
Sl'an rl l'SJ) ·jo en rl que sr rrfl •je idé t'
1 .
epta quc- ·Jos pueblos avanzados
179. y es por dla misma por lo q
a unagen futura de loJ Otro ". lbid. p
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uc .u1rma que:
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e contrast, •nlr, la imperiosa uniutrsalidad d
.
que ning,ma sociedad ,st4 txtnta
I
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recu fan como causales dt la 1 • 1 • d
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x,s tncia t una c1u1l1·ac1ó
teto, a urgencia d, los ortodoxos P • . . d
~ . n, r,cusa, en tst, rts•
tórico. C/. Toynbu /r,nte a los " rrncip1os etermtnistos del materialismo hists
ranoramas dt la historia Op
.
ICTOR RAÚL HA\' \ ot u TolUl
E
. .
•
·• crt,, p. 208.
\'f
• ··
&amp;: spacto•l1tmpo-histórico Op
't
XXXV
CTOR RAúL HA\'A oi: LA ToRa . T ,
,
·• "., p.
111.
Op., rit ., p. 6.
8.
O)nbte /rtnte n los panoramas d, la hi.itoria,

-~:.ca,

v·

537

�torio, así como el de las demás actividades sociales, está gobernado po,
las tendencias dominantes de tiempo 1 de lugar. 2•
Sin embargo, es de observar que Haya de la Torre no está enteramente de
acuerdo con el desarrollo que Toynbee hace de su tesis sobre la génesis de.
las civilizaciones.
Veamos lo que advierte a este respecto sobre su propio pensamiento:

Estas id,as difieren en su alineación conceptual )' expositiva de las después publicadas, y más tarde divulgadas, en la vastedad ecumenicista
del magistral sistema de Toynbec. Pero él ha venido a iluminarme en la
dificultosa búsqueda de los postulados, sólo por ciertos aspectos coincidentes.u
La máxima objeción de Haya de la Torre hacia Toynbee se apoya en que,
para su modo de ver el problema, el pragmatismo relativista del historiadoringlés no resuelve claramente la cuestión que para él resulta sin duda funda-mental: ¿ "cómo se fonnan y delimitan los campos inteligibles del estudiohistóricoº ,28 lo que llama civifüaciones?
A nuestro pensador americano no le satisface la explicación que ofrece aquél,
por entender que falla en señalar cuál es la naturaleza del impulso vital, del

determinador más profundo que, comprendiendo y superando aquellas
/undamentalcs influencias, gesta y moviliza el desarrollo de las culturas
como una expresión social de su consciencia del Espacio y del Tiempo. 21
Y entiende que e preci amente por fallar en aquella explicación que Toynbee
falla también en descubrir el factor positivo, necesario, que hace posible "el
milagro" de la aparición de las civilizaciones. A esta tarea se ,•a a entregar
Haya de la Torre devotamente.
Como quiera que para ganar una clara comprensión de la tesis del pensador
peruano es preciso tener una idea del alcance de ciertos conceptos, y sobre
todo del de espacio-tiempo•histórico acuñado por él, investiguemos qué sig·
nifican.
Aunque el espacio.tiempo.histórico supone un continente o escenario

gráfico Y un contenido humano tod d
se
nos advierte .
,
o entro de una dimensión de tiem
tensión ~gráfic:"

..

'

:~~~•ª que
estde co~~epto no se refiere a una mera :~
mera urac10n cronológica
, pod ,

tenderse estos términos considerados separad amente Tam
' segun
nan
e· en•
un mero agregado de factores . Q ,
·.
poco se re 1cre a
Toynbee llama "los cam
: e: _u~ es, entonces? i más ni menos lo que
·
pos
inteligible
del e tudio histórico" , las cw,
· ·¡·iza.
crones.
El espacio.tiempo-histórico es concebido
r H
unidad de factores "telu'n'cos 'truº
• poi
aya de la Torre como una
, e cos socia es eco ' ·
1
cológicos"2s que, articulados estre h ,
,
~om1cos, cu turales y psi.
"
c amente entre s1 en un vasto
dia léc t1co,
forman una categoria filosófica ue
.
panorama
cuarta dimensión histórica".2ª
q
puede considerarse como la

Pod'
· que el espacio•tiempo.hist6rico es a manera de
na~os dec1r
un caña•
mazo baJO un bordado; como la trama de relaciones o sistema coordenado

.
c(C:S.)
· de dcada
¡ fenómeno social -inseparable de su escenanoy d l
on¡un 1o e e los' expresado en l a H'is toria
. como
e
"d
., ,
vab/e de un pr
d d
'
consi eracion obser•
.
.
oceso e esarro/lo de sucesos históricos .
.
c1a colectwa de ese proceso''.ªº
1 como conscien-

e·Y cu áles son ¡os factores constituyentes d
"
. .
puede desarticular"?S1 Bás.
. e esta continwdad que no se
·
icamente el espacio histó ·
¡ •
. ,
El primero designa aquella "
.
nc~ e tumpo l11storico.
hombre" que antes señalamos yconstant~d relac16n telunca de la tierra y el
la "expresión de un grado de. coes _co~1 eraldo _por Haya de la Torre como
nc1enc1a co ecuva capa d
b
prender &gt;' distinguir como d'
. . his .
z e o servar, com. .
unens,on
t6nca su p
·
VJD11ento social".12 lncluve ad :
ropio campo de desenvoJ.
, ,
emc1s, otros factores:

!

Lo que se llama "alma"• "conciencia"• "espI riºt u,, de un pueblo -vo bl
qu, alf[O expresan de su prof un d'd
.
t ad cósmica
e t
b. , ca os
relació11 telúrica del homb
d
.
n ran tam ten en la
re Y e su tu:rra su p · ·
d' .
pa,nztescos étnicos, su arte j' sus muertos"_;,
auaJe, su tra tción, sus

geo-

.. Citada por Haya de la Torre en su obra Toynbt'1 /r1nt, a los panoramas dt la

l1isto1in, op. cit., p. 9, de la obra de Toynbec Estudio d, la historia, Op. cit.
,. VfcroR RAÚL HAYA DE 'LA To1uu,:: Toynbu fr,nte a los panoramas d, la lus·
torio. Op. cit., p. 10.
,.
ÍCTOR RAÚL HAYA

D&amp; 1.A TORRE:

Espacio-ti1mJ&gt;o-hist61ico. Op. cit., p. XXXIV.

" /bid., p. cit.

538

539

�Vale indicar aquí que con este término Haya de la Torre no alude a "los
pueblos cuyos contornos están delimitados por extensiones oceánicas",il pues
señala que "hay pueblos continentes dentro de zonas interiores" .43 Lo que
según él los forma y constituye es la consciencia hist6rica de los pueblos como
indivisibles de un devet1ir social de procesos econ6micos, culturales, que
integran su propio e intransferible campo gravitacional de observación,
escenario )' drama confundidos en una iriseparable continuidad de la
Historia.H

el tiempo biológico, ni exclusivamente el tiempo subjetivo (Ich Zeit) individual".ª' Es algo así como el grado de conciencia cultural alcanzada por
un núcleo humano. Y según el propio Haya de la Torre, es cosa clara que no
sólo el ritmo de cada tiempo histórico distinto, sino que es "intransferible de
espacio''. 35
.
•
Cabría, pues, definir al tiempo histórico desde el punto de vista del su1eto,
como:

la intuición y sentido del tiempo individual y social vinculados consciente
y funcionalmente al modo de vivir, trabajar, pensar ,• desenvolverse de

los pueblos.

36

Y, de otra parte, desde el punto de vista objetivo, como:

la expresión de ese modo de concebir y usar del tiempo, observado e
interpretado en la trayectoria móvil de su evolución histórica. 31
Unidos inseparablemente en espacio-tiempo a un medio ge~~fico humano
específico, constituyen el "élan dinámico y creador, su conciencia y su perspectiva" .ª&amp;
.
Partiendo de este supuesto básico, Haya de la Torre sostiene que los pueblos alcanzan su plena madurez como pueblos, sólo cuando logran apre~cnder
a través del estudio de su propia "biografía", "la categoría intransfenble e
indesliaable de su propio Espacio-Tiempo".89
Al ;odo de la civilización toynbeana, el espacio-tiempo-histórico constituye
la unidad mínima con la que debe bregar el historiador, y no se define a
base de fronteras físicas o políticas, porque ni aquéllas, ni éste, corresponden
.
fO R
a lo que tradicionalmente se ha dado la nomenclatura de naciones.
es-41
•
ponden más bien a una nueva nomenclatura, la de los pueblos continentes.
" Ibid.,
ª Jbid.,
.. Ibid.,
n Ibid.,
•

p.
p.
p.
p.

VÍCTOR RAÚL HAYA DE

no suponen una existencia aislada de la conciencia que observa desde
su propio espacio. De allí que s6lo cuando la conciencia descubre estas
relaciones de pensamientos y materia, inseparables del propio tiempo,
es cuando el proceso de los /enómenos históricos adquiere realidad r.onsciente.49
Para Haya de la Torre, por tanto, no hay historia "sin evolutiva relación
consciente de Espacio y de Tiempo en la dinámica de los procesos culturales" ¡50

58.

27 .
32.
cit., loe. cit.

Los pueblos continentes son, pues, aquellos ámbitos humanos que han alcanzado la plena función vital de su consciencia social del acontecer de la
Historia;t 5 los que han logrado la madurez psicológica necesaria para llevar
a cabo su cometido como unidad social consciente, así como "para realizar
su historia y para interpretarla desde su propia realidad" ! 6
Por lo señalado se ve claramente que Haya de la Torre no concibe la historia como centralizada en determinados polos. •1 Lo que sostiene es que en
cada espacio-tiempo-histórico se produce una estrecha vinculación entre la
tierra que habita el hombre y el hombre que la habita. Tan estrecha, que se
manifiesta en una especie de relación de "condominio", que a su vez se manifiesta en una verdadera conciencia social. 48
"Los procesos históricos'', nos dice al efecto:

u. ToRRR: Toynbee frente

d los

panoramas de las

1i.
U·

loria. Op. cit., p. 203.
7
• V.ÍCTOR RAÚL JiAYA D.E LA ToRRP.: Espacio-tiempo-histórico. Op. cit., P· 7 ·
.. A este respecto dice: a la concepción local o de nacionalismo chico de los par·
t'dos aislados en cada república -cuya sLntesis es- la proyección mundial de los/ª'º
,;dos internacionales- el aprismo plantea como slntesis la aeción continental o indo·
americana. Ella eleva a primera categorfa polltica la lucha contra el imperialismo que.·:
. l V'
n · '
HA A D LA TORRE· El anti·
no puede confundirse con la luc h a mun d 1a . lCTOR ""'UL
Y
E
·
imperialismo y el ApTa, op. cit., p. 82.
. .
" Cf., la rectificaci6o que hace al efecto Haya de la Torre, al Profesor William

Fletcher, de Vale. VÍCTOR RAÚL HAYA DE LA TORRE: Espacio-tiempo-histórico. Op.
cit., p. 34.
0 !bid., p. cit.
ª lbid., p. cit., loe. cit.
.. lbid., p. 180.
.. Ibid., p. 35.
• I bid., p. cit.
., 1bid., p. 24.
• VÍCTOR RAÚL HAYA DE LA TORRE: Toynbee frente a los panoramas. Op. cit., p. 202.
• VÍCTOR RAÚL HAYA DP. LA TORRE: Espacio-tiempo-histórico. Op . cit., p. 173.
• Ibid., p. XXXVIII.

541
540

�y no es posible concebir la historia separada des~ ~spacio-tiemfo, por~ue ~'!~.~~
lla, para él, no es mera memoria del pasado, smo su propia conciencia ,
·
· de procesos" •52
no es sólo un proceso, " smo
una sene
.
Con esto Haya de la Torre vuelve a poner énfasis en su enunciado de_ que
"no hay tiempo histórico ni espacio histórico aislados". 53 ~econ?ce que ~ 15ten
"muchos pueblos en el mundo que pueden ofrecer relaa~a. s1Illultane1~a~ y
semejanza de grados o estadios temporales de desenv~l:uruento econoDl.lc~,
el Espacio
polítJ..co-cultural" ,11~ pero aclara que "la similitud es modificada por áf
·
histórico", u que, según se recuerda, "no es sólo continente_ geog~ 1co, smo
· te co nteru'do humano
conscten
. , relación entre el hombre y su berra, inseparable
.
·
empo"
sa
y
no
hay
que
olvidar
tampoco
que
ya
antenor1
d e su categon'a ,..
.1
•
,
, •
mente había señalado que el tiempo hist6rico "no es el cronolog1co, y que por
•
· J • ,, B7
lo tanto, no se mide por calen d anos ru re OJes .
.
. , .
Nuestro pensador repudia asimismo la idea de que las realidades histon~as
forman sólo eslabones de una sola gran cadena".58 Para él, por el contrario,
"son varias, tendidas hacia el futuro ilimitado".59 Acepta ~u: puede haber,
sin embargo, "puntos de contacto, entrecruzamiento _Y p~Xlill1dad ya. que el
paralelismo es sólo relativo".ªº Pero, añad~ que: s_u di~eccz611 y su lon~itud no
pueden ser idénticas. Un mismo t1empo-hist~r1.co -grado Y nt"'.o de
evoluci6n, de cultura, de organizaci6n, de psicología-_ ~o es apli~able
a todos los Espacios. Por eso Tiempo-Espacio y Movimiento devienen
inseparables en cada realidad observada, 61

Así pues, para Haya de la Torre esa dialéctica unive~al qu; ~ la histori~,
no sólo no lleva una misma vida, sino que tampoco un ntmo uruco. Su m~vi. t o n·ene "van· as velocidades y varias vías. Todo se mueve,
m1en
.
, . todo dev1ene
. .
un mismo y solo cammo ni con un mismo y smcromco movuruenpero no por
.
- ' .
.
. "
d .
etar
to".s2 Convicción que le lleva a anadir que la historia se pue e mterpr
lbid., p. 17.
lbid., p. 121.
/bid., p. 24.
/bid., p. cit., loe. cit.
/bid., p. cit., loe. cit.
60 Ibid., p. cit., loe. cit.
11 Jbíd., p. cit., loe. cit.
11 /bid., p. 24.
,. [bid., p. cit., loe. cit.
'° /bid., p. cit., loe. cit.
.. /bid., p. cit., loe. cit.
0 /bid., p. cit., loe. cit.
11

.,
..
"
..

de muchas maneras, como ocurre en la ciencia física, dependiendo de donde
está el hombre". 6 s
Anticipando, sin embargo, que a esta interpretación suya podría hacerse
el reparo de que puede llevar a una concepción anárquica de la historia, indica que, por el contrario, ella "afirma un nuevo y profundo principio de
universalidad". 64
Pern, ¿ cómo así? ¿ Acaso no señala este planteamiento una interna contradicción ins?slayable? Haya de la Torre no Jo entiende así, porque para él,
lo universal en la historia deja de ser sujeci6n de todos los fenómeno 5
a un idéntico simultáneo y simétricamente regimentado por los mismos
determinadores y desde los mismos centros de irradiaci6n". 65
Para este pensador, "un universalismo, así absoluto, no explica -importa
mucho repetirlo- los antagonismos de nuestro mundo contemporáneo". 6G
En cambio, es el universalismo relativista, es decir, "aquél que deviene de un
universo finito, pero ilimitado, de cuatro dimensiones y concebido en
c~nstante e:&lt;pamión - el que confiere una más lúcida y completa capacidad para ver y comprender los acaecimientos de esta nueva época". 67
Concibe esto así, porque está convencido de que esos acaecimientos "no
pueden desligarse del dónde y del cuándo se producen,68 porque "de esa
esencial vinculación depende cómo se producen". 69
Pero su posición ante la historia tampoco es una de relativismo absoluto,
porque entiende que "bajo tal disparidad espacio-temporal subyace una profunda raíz de unidad". 10 Y, de hecho, aunque reconoce que la geografía "únpone su formidable desafío", 71 acepta sin embargo que, "ella, que divide,
también une". 72
Por eso, al elaborar este punto, describe a la historia como "una vasta coordinación universal de procesos", 78 aunque los señala como inseparables cada

"
..
•
.,
,.
•

lbid., p. 173 .
lbid., p. 25 .
/bid., p. cit., loe. cit.
/bid., p. cit., loe. cit .
/bid., p. cit., loe. cit.
/bid., p. cit., loe. cit.
]bid., p. cit., loe. cit.

'º

VfoToR

03

RAÚL

fuvA DE LA TORRE: Toynbee frente a los panoramas. Op.

" /bid., p. cit.
12
/bid., p. cit., loe. cit .
11

V.fcTOR RAÚL HAYA DE LA

cit., p. 225.

TolUI.E: Espacio-ti,mpo-hi.st6rico. Op. cit., p. 21.

542
543

�uno de su propio Espacio-Tiempo y movimiento/ ' Y no pierde ocasión para
insistir de continuo, precisamente en que:

los procesos históricos son indesligables de cada espacio-tiempo, cuya
diversidad determinada por el carácter peculiar de cada uno de esos
procesos, podrá acaso presentar la unidad de la historia universal como
el tquilibrio de individualidades inconfundibles, con sus características
dentro de una gran armonía; como los planetas dentro de un sistema o
como electrones dentro de su átomo.H
Como quiera que Haya de la Tone no es propiamente un académico. m
un filósofo de la historia, sino más bien un ideólogo político, a la par que un
poütico militante,'º al trasladar estas consideraciones generales sobre la historia, a la historia de América, no persigue sólo un valor teórico, sino práctico
también. Vemos que le interesa primordialmente alcanzar la perspectiva necesaria para llevar a cabo "el examen de las condiciones objetivas de la realidad
social de Indoamérica y para la interpretación de su devenir histórico" ;H
para lograr lo cual entiende que debe comenzar por descubrir la posible ubicación del mundo americano dentro de "un esquema lógico de la Historia".' 8
Y, apoyándose en el planteamiento de Toynbee sobre las civilizaciones que
aparecen "por desprendimiento de las que son su cuerpo principal'nu -en
su obra Toynbre frente a los panoramas de la historia-, Haya de la Torre se
pregunta si no será acaso explicable "el advenimiento de una civilización
americana como una rama en proceso de separación, de la cristiana occidental" .80
Aquí mismo sugiere que podóa sostenerse que: al arribar al Nuevo Mundo
la civilizaci6n Occidental, se asienta en él, pero influida por e{ contorno
geográfico o humano, inicia más o menos prontamente m individuación,
di/ erenciándose de su carácter originario.81
Concibe, pues, a América como un espacio-tiempo-hist6rico o pueblo con•◄

lbid., p. cit ., /ac. cit .

•• Jbid., p. 168.

"La historia es conciencia política", nos dice en su obra Espacia-tiempo-histórico.
cit., p. 35.
lbid., p. 76.
/bid. , p. XVII .
,. VÍCTOR Iv.111, HAYA DI\ I.A TORRE: Toynbu frente a los panoramas de la historia.
Op. cit., p. 229.
.. !bid., p. cit., loe. cit.
"' /bid., p. cit., loe. cit.

•~
Op.
"
"

544

tinente, o civilización novomúndica; como "posible y orbital unidad de sus
dos ámbitos espacio-temporales, el del Norte y el del Sur".82 Rechaza, por
tanto, la interpretación de la realidad americana desde el espacio tiempo-histórico europeo, al estimar que América tiene bien ganado el derecho a su
emancipación de Europa, por haber logrado ya cierto "dinámico económicosocial en apreciable desarrollo y un cierto grado de cultura y de relación
funcional con la multiplicidad de los demás procesos históricos del mundo", 89
a través del examen consciente de las posibilidades de su realidad histórica.
Desde luego, con esto en modo alguno implicamos que Haya de la Torre
crea que toda América tiene plen:;i. conciencia de su d::!Stino histórico. Sabe
Lien que hace falta trabajar mucho para alcanzar esa meta, sobre todo en
Indoamérica, a la que hay que comenzar por desfeudalizar,81 para que alcance a cabalidad la plena conciencia de su espacio-tiempo.
Haya de la Torre compara la situación encontrada en América por el colonizador inglés y el conquistador español y sostiene la tesis de que:
la respuesta de los retos físicos y humanos que el conquistador ibérico
arrostra en América s6lo fue parcial y se halla todavía en proceso hacia
su cabal cumplimiento. Por consecue,icia, el Espacio-Tiempo-Histórico
indoamericano es aún hoy más objetivo que subjetivo; más una perspectiva que una conciencia social y unánime propiamente dicha. 86
Pero este pensador tiene fe en que esa conciencia social "avanza hacia su
definición", 86 aunque, "con el ritmo desacorde peculiar de su desarrollo en
el cual aparecen diversas velocidades", 87 porque tiene la convicción de que
éstas necesariamente convergen hacia su futura fusión y unidad". 88 Y es sin
duda esta convicción la que le mueve a insistir, no sólo que se incluya a
América en toda interpretación filosófica de la historia, sino también la que
le mueve a hacer un urgente llamamiento para que "se sustente en particular la
historia de América desde una angulación relativista referida al tiempo y
al lugar''. 89 Pues entiende
"' !bid., p. 228.
" VíCToR RAúx. H.wA oE LA TORRE:

Espacio-tiempo-histórico. O /J. cit.., p. 35.
Recuérdese que éste constituye uno de los puntos básicos del programa del Apra,
partido político americano del cual Haya de la Torre es el fundador.
u VkToR RAÚL HAYA DE LA TORRE: Toynbee frente a los panoramas de la historia.
Op. cit., p. 224.
'" lbid., p. cit.
11 lbid., p. cit., loe. cit.
,. lbid., p. cit., loe. cil .
,. lbid., p. 9.
14

545
HS:,

�"que las leyes econ6mf.cas y la preceptiva política concebidas y eficac,s
en una realidad hist6rica dada son intransferibles a otra, cuyo grado 'I
ritmo de civilización aparecen palmariamente disímiles". 90
Como quiera que éste es el caso de Europa y América, según Haya de la
Torre, si el investigador se arma del espíritu envuelto en el principio del
espacio-tiempo-hist6rico, podrá observar fácilmente que: "con ojos de América y desde suelo americano, no ya en colonia, nuestra antigüedad histórica
no coincide con la antigüedad histórica europea, cronológicamente, si es su
Edad Media nuestra ... , etc.'' 91 En otras palabras, Haya de la Torre rechaza
aquí el principio de la contemporaneidad de las civilizaciones.
Ahora bien, aquella emancipación de América a la que nos referíamos
--como él mismo advierte-, no implica una "absurda recusación de los valores universales de la cultura llamada occidental",92 sino más propiamente,
"continuidad autonómica de un gran proceso que en este ámbito americano
va encontrando estribación para su resurgimiento". 93
Para Haya de la Torre es preciso no pasar por alto las diferencias en ritmo
de los diversos espacio-tiempo-hist6ricos, porque, de que se tenga clara conciencia de éstas, depende la validez de nuestras interpretaciones y la efectividad
práctica de nuestro ejercicio político. Esto lo ve claramente ejemplificado en
la propia América, en donde existen dos ritmos vitales, el del Norte y el del
Sur. Y es tanto más obvio en este último, en lndoamérica, en donde es posible
observar que "coexisten y se yuxtaponen todos los grados de la evolución de
las sociedades; desde la primjtividad en sus modalidades más elementales
hasta las formas organizativas de la vida civilizada de mayor progreso"." A
tal punto es esto así, que, según él mismo añade, en "muchos casos dentro de
cada una de las circunscripciones políticas que dividen en veinte estados a
la nación indoamericana, subsisten, en completa y perceptible escala, aquellos diversos estadios de conformación social" .95
Trasladando esta interpretaci6n al plano de la historia política, Haya de
la Torre advierte contra la práctica de aceptar las soluciones concebidas para
problemas europeos o para otras zonas del mundo, a problemas americanos,
como pretenden por ejemplo, los teóricos marxistas. Pues, según entiende
nuestro pensador político, "esa inmovilidad del observador, al desplazarse el
Treinta a_ños de aprismo. Op. cit., p. 55.
Espacio-tiempo-histórico. Op. cit., p. 76.
TORRE: Toynbet frente a los panoramas de la historia,

00 VÍCTOR RAÚL HAYA DE LA TORRE:
•1

V.fcToR RAÚL HAYA DE LA ToRRE:

.. VÍCTOR RAÚL HAYA DE LA

op. cit., p.
.. Ibid.,
... lbid.,
11 lbid.,

546

10.
p. cit., loe. cit.
pp. 224-225.
p. 225.

marxismo como praxis a otros Espacio-Tiempo-históricos, cae en una limitación cerradamente dogmática",96 incurriendo en una posici6n equivocada,
pues respondiendo a su propia tesis, el marxista debería reconocer que los
fenómenos históricos varían, de acuerdo con el lugar y con la realidad subjetiva desde la cual y en la cual se perciben. Por esta misma razón importa
revisar nuestra interpretaci6n del propio imperialismo que, para Haya de la
Torre constituye "un fenómeno econ6núco de acción ambivalente; comporta
peligro pero también trae progreso para los países de economía retardada", 97
tl se le orienta hacia lo que él llama "la industrialización civilizadora".ºª Lo
que ocurre es que, de acuerdo con este escritor, se le ha manejado con fines
de dominaci6n política. Y por este motivo Haya de la Torre sostiene categóricamente que los pueblos indoamericanos "deben independizarse del imperialismo, cualquiera que sea su bandera". 89 Pero para combatirlo efectivamente, entiende que es preciso comenzar por poner orden en las COSll$ desde
dentro de los propios estados indoamericanos, pues cree imposible separar la

lucha contra el imperialismo extranjero de la lucha contra el feudalismo nacional en Indoamérica. Porque no se podrá combatir al imperialismo, sin estructurar una nueva organizaci6n de la economía nacional
a base del Estado 'Y no se podrá controlar el Estado, sin revolucionar· ta
economía nacional, sin la transf'ormaci6n efectiva del sistema feudal de
producci6n, cuya clase dominante controla el Estado directa o indirectamente con el apoyo del imperialismo. Por eso el contenido de la lucha
antiimperialista en Indoamérica es antifeudal. 100
Haya de la Torre entiende que, realizada esta tarea, es posible "ir a la
justicia económica como idea universal por diferentes caminos".1 º1 Porque
-como ya expuso antes-, "si las necesidades universales no pueden ser satisfechas bajo la sujeción de un sistema universal, uniforme, regimentado, sino
de acuerdo con la realidad objetiva de cada espacio-tiempo-hist6rico",1º2
tampoco puede serlo el principio universal democracia, que, por ser "principio occidental que concreta en anhelo humano de libertad, asume especiales
Espaeio-titmpo-histórico. Op. cit., p. 22.
El antiimptrialismor y el Apra. Op. cit., p. 189.

" VfoTOR RAÚL HAYA DE LA TORRE:
"V.ícTOR RAÚL HAYA DE LA TORRE:

,. lbid., p. cit., loe. cit.
,. lbid., p. 123.
,.. lbid., p. 189.
,., ViCToR RAÚL HAYA DE LA TORRE: Espacio-tiempo histórico. Op. cit., p. 146.
,., lbid., p. 151. Citando de El proceso dll Haya de la Torre, dice éste en la p. XVIII
de su obra Espacio-tiempo-histórico lo siguiente: "La lucha, pues, entre el capitalismo y
el proletariado, no tiene un sentido mundial s.ino relativamente. Cobra diversos aspectos,
plantea diversos problemas, impone distintas soluciones".

547

�características según el espacio-tiempo-histórico en donde se desarrolla". 103
Asimismo continúa este pensador político señalando que, dadas las características "peculiares e intransferibles" 10 • del medio indoamericano:
"Los factores típicos de infra población, grandes zonas de materias por
explotar, enorme extensión territorial, desarrollo industrial incipiente )'
parcial, y el hecho de no ser nuestras re públicas grandes potencias militares -y de haber subsistido, sin embargo, como Estados libres-,
permiten una forma democrática original de organizar el Estado y de
alcanzar la justicia por formas de acción político-económica diferentes
de las europeas". 106
Y como quiera que -dada la naturaleza compleja de la época que vivimos-,
este autor entiende que "ningún país aislado podría alcanzar y completar esta
empresa histórica de conseguir Justicia Social con Democracia, o sea, de
"pan con libertad",106 cree que debe llevarse a cabo en toda América una
coordinación de estados dentro de un sistema federado bolivariano.
Esto, como es natural, supone "un nuevo planteamiento económico y una
nueva política",1º 7 pues se trata de orientar en un movimiento histórico armónico, dos espacio-tiempo-históricos -el del norte y el del sur-, que difieren en ritmo y que son distinguibles por la índole peculiar de su conciencia
tiempo-espacial. Por eso, al abogar por este federalismo, Haya de la Torre
advierte que se debe evitar imponer aquel panamericanismo a través del
cual se pretende reducir a toda América a una única y uniforme fórmula de
vida cultural y política, a la cual es irreductible, debido a la variedad de sus
voces históricas y su actual tiempo vital. Asimismo advierte contra el panamericanismo tutelar, identificado ya en Indoamérica como taimada fórmula
del imperialismo yanqui. Propone, en cambio, un interamericanismo democrático, "sin imperio",1°8 con lo que quiere decir, un interamericanismo en
el cual no se impongan criterios oportunistas -convenientes sólo a detenninados núcleos de intereses-, en detrimento de aquellos otros que pudieran
coadyuvar a la creación de una verdadera conciencia histórica convivencia!.
- !bid., p. 151.
,.. lbid., p. 152.
u.o [bid., p. cit., loe. cit.
• ]bid ., p. cit., loe. cit.
m /bid., p. cit., loe. cit.
'°' Ya desde 1924, en el sexto apartado del programa del A.pra, Haya de la Torre esbozaba este punto: Acción conjunta de los pueblos de América para realizar el interamericanismo democrático sin imperio. CL V.íCTOR RAÚL HAYA DE LA ToRRe: Treinta años d,
apri.mo. Op. cit., p. 221.

548

Ese federalismo, desde luego, deberá revisar muy especialmente el concepto
de soberanía, y, para lograr la articulación de una política interamericana
sana y vigorosa, deberá repudiar el nacionalismo comarcano desorbitado, la
actitud chauvinista. Sin embargo, no deberá deformar las perspectivas nacionales. A tal efecto, Haya de la Torre sostiene que los pueblos de lndoamécica
"tenemos que contemplar previamente el problema nacional; ser nacionalistas integrales y juntos así poder incorporarnos a la marcha de la civilización mundial". 1 ºº Y para ello -según este escritor-, será preciso también
estar muy conscientes de que, en semejante orden político, cuando la democracia es amenazada en uno de los estados, el riesgo que surge afecta a todo
el orbe americano y no solamente a aquel estado particular en el cual se
produjo. Es sin duda ésta, la razón que le anima a afirmar que:
a pesar de los problemas intercontinentales que ha creado en este Hemisferio el predominio de los Estados Unidos del Norte, en relación con
los Estados Desunidos de I ndoamérica, ante la amenaza común y frente
a un imperialismo que además de económico es político, antidemocrático y racista, los veintiún países del Nuevo Mundo coinciden en la
necesidad de la defensa unánime. 110
Esta conciencia que tienen los pueblos de América de la necesidad de
encarar un destino histórico-político común, de día a día gana fuerza de ley
entre esos pueblos, y les estrecha a unos hacia otros, forzándolos a desenvolverse cooperadora y armoniosamente. Pero ello no viene en menoscabo del
principio de individuación por el cual los estados mantienen su identidad
particular aunque así puede llevarlos a considerar "la transformación de sus
fronteras económicas en meros limites administrativos",111 así como a "nacionalizar progresivamente su riqueza bajo un nuevo tipo de Estado".112 Pero
éste no tiene que seguir ningún patrón europeo - ni socialista, ni comunista-.
Según Haya de la Torre, en las circunstancias americanas, "la justicia social
puede alcanzarse no solamente como resultado de una industrialización regimentada y absoluta como la rusa, sino aun en el camino de la industrialización
planificada dentro de la libertad y sin necesidad de dictadura". 113
La tesis que Haya de la Torre plantea, es la de que, en un esquema lógico
de la historia, la realidad americana puede ser ubicada dentro de la trayectoria
histórica occidental, aunque mantiene un derrotero que le es característico.
Polftica peruana. Lima, pp. 36-37.
La defensa continental. Op, cit., pp. 146-147.
TORRE: El antiimperialismo y el Apra. Op. cit., p. 123.

,.. VÍCTOR RAÚL HAYA DE LA ToRRE:

u•

VicToR RAÚL HAYA DE LA ToRJU::

u,

VÍCTOR RAÚL H.-1.vA DE LA

,u

lbid., p. cit.

111

VÍCTOR RAÚL HAYA DE LA TORRE: Espacio-tiempo

histórico. Op. cit., p. 145.

549

�En otras palabras1 sostiene que "nuestro proceso hist6rico tiene su propio ritmo,
su típico proceso, su intransferible ritmo" ;1 ª que es distinguible de otros en
esa misma trayectoria, y, por lo tanto, que resulta absurdo que, para resolver
nuestro problema americano nos dediquemos "a pedir de encargo las doctrinas o recetas europeas como quien adquiere una máquina o un traje''.115
Según Haya de la Torre, el problema de América consiste en alcanzar la
convivencia democrática entre pueblos soberanos, independientes, pero que,
paradójicamente, tienen que reconocer su interdependencia para poder vivir
soberanamente. Precisa, pues, ahora, desarrollar los detalles de una. filosofía
de la historia interamericana.
¿Estamos justificados a llamar la tesis de Haya de la Torre una interpretación filosófica de la historia de América? Creemos que sí, porque su esfuerzo no ha ido exclusivamente dirigido a expresar teórica, y Juego a concretar
empíricamente una directiva de acción política nacional en términos de patria
chica y de acción partidista. Su ambición y su propósito deliberado ha sido
el ofrecer la interpretación más cabal posible de la vida de Indoamérica en
contraste con la de Norteamérica, en la esperanza de estimular de este modo
al mejor entendimiento entre los pueblos del orbe americano.
No querríamos cerrar estas notas sobre Haya de la Torre, sin decir de su
obra lo que él ha dicho de la obra de Toynbee -al llamar la atención sobre
la importancia que tienen las ideas de este historiador para el hombre contemporáneo--: "acéptense o no las teorías sustentadas, su intimo conocimiento
previo es insoslayable para todo hombre culto",n9 en nuestra América.

FRAY RAFAEL VERGER EN SAN FERNANDO DE MÉXICO
(1750-1782)
Fa. L1No G. CANEoo, O. F. M.
Academy of American Fpi.nciscan History
Washington, D. C.

EL FRANCtSCANO MALLORQUTN fray Rafael Verger, segundo obispo del Nuevo León, es tenido por una de las más ilustres figuras de la historia de Monterrey. La influencia preponderante que ejerció para que la entonces modesta ciudad fuese designada como capital del nuevo obispado -erigido en
1777 con sede en Linares-, Ja traída del agua y el "Obispado" -el mejor
monumento colonial de Monterrey- constituyen tres títulos relevantes que
justifican el recuerdo y la gratitud de los regiomontanos. Es posible que Verger haya cambiado el rumbo de la historia de Monterrey1 al escoger a esta
ciudad como sede de su obispado.
Cede en crédito de Monterrey y de sus historiadores que la figura de su

gran benefactor no haya sido olvidada. Verger e· todavía una figura viva
en la metrópoli del Nuevo León. El gobierno episcopal de Vergcr ha sido
estudiado con notable minuciosidad, habiendo s.ido dados a conocer nume-

rosos documentos relativos a su dinámica actuación. También fue explorad~ algo de su niñez y juventud en Mallorca} Pero hay un período de su
vida que permanece un tanto en la sombra. Son los treinta y dos años que
permaneció en el Colegio de Misiones de San Femando, en la ciudad de

m !bid., p. XVI Haya de la Torre cita aquí el capítulo VII de su obra El nntiimJH·
,ialismo y el Apra. Op. cit.,
m !bid., pp. 26-27.
' 11 VÍCTOR RAÚL HAYA DE LA TolUI..E: To,·nbte frente a los pnnoramaJ de la his/om.
Op. cit., p. 6.

550

' Carloa Pérez MaJdonado dedicó a Vergcr varios capitulas de su libro El Obispado.
Monumento histórico de Monttrrt)• (Monterrey, 1947). En sus Documentos históricos
de Nu,uo Lt6n. Anotados y comentados, 1596-1811. (Monterrey, 1947) la&amp; pp. 90-129
le refieren también a Vcrger. Por último, en d t. 111 ( 1950) pp. 8-42 dr las Mnnorias
de la Academia de Ciencias Históricas de Monterrey hay una larga crónica de los actos
conmemorativos del segundo centenario de la salida de Vergcr para Amfrica, que se
cc~~raron tanto en su villa natal de Santany como en Monterrey. Esta CTÓnica encierra
asmusmo noticia., biográficas de Verger.

551

�•
México. Creo que fue allí donde se forjó la personalidad del futuro obispo
de Monterrey. Cuando menos, fue San Fernando el candelero providencial desde cuya cima quedaron de manifiesto las extraordinarias dotes de
gobierno que adornaban a Fray Rafael Verger. Sin haber dispuesto de tal escenario para darse a conocer, es probable que nunca hubiese llegado a ser
el segundo obispo de Monterrey. Parece justificado, por lo tanto, que dediquemos unas páginas al estudio de este largo período de su vida fernandina.
El Colegio de San Fernando.

¿Qué clase de institución era este Colegio de San Fernando? Aun tratando
de remontarnos lo menos posible en el tiempo, es preciso recordar que, a fines
del siglo XVII, surgió en la Nueva España, y dentro de la Orden Franciscana, una organización peculiar con el nombre de "Colegios Apostólicos de
Propaganda Fide". Nacieron a iniciativa de otro ilustre mallorquín, Fr. Antonio Llinaz, con el fin de renovar el impulso misional que había ido decayendo a Jo largo de aquel siglo. El primero de estos colegios de misiones
quedó establecido en Querétaro en 1683. Brotes de este primer colegio fueron
los de Guatemala en 1700 y el de Guadalupe en Zacatecas en 1707, ambos
llegados a su definitiva independencia en dichas fechas, tras un período inicial como dependencias de Querétaro. San Fernando constituye el tercer retoño del vigoroso árbol queretano. Se incorpora a la escena misionera en 1731,
como simple hospicio, para convertirse en colegio independiente en 1735.
Como campo de apostolado entre infieles, dirige inmediatamente sus miras
a la evangelización de los indios hostiles de la Sierra Gorda que habían resistido por años, en el mismo corazón de la Nueva España, los reiterados intentos de reducirlos. Esta misión de la Sierra Gorda o Cerro Gordo había sido
una de las tareas asignadas, en un principio, al Colegio de Querétaro, que
nunca pudo realizarla. Ahora la recibía como herencia el Colegio de San
Femando. Desde 1744 en que se hicieron definitivamente cargo de aquellas
difíciles conversiones, hasta el año 1770 en que las entregaron, como parroquias ordinarias, al Arzobispo de México, los misioneros femandinos llevaron
a cabo una labor ingente, cuyas huellas no han desaparecido todavía por completo. Allí trabajó el célebre Fray Junípero Serra, y tanto para él como para
sus compañeros fue la Sierra Gorda una especie de escuela para los días
grandes de California. Porque la gloria del Colegio de San Fernando reside
principalmente en la conquista espiritual de California. Cuando la expulsión
de los jesuitas en 1767, casi todas sus misiones pasaron al cuidado de los fran·
ci canos, que disponían del personal conveniente gracias, en primer lugar. a

552

los colegios de misiones de que venimos hablando. El Colegio de San Fernando se hizo cargo de la Baja California en 1768, y desde allí emprendieron
sus misioneros, sólo un año después, la maravillosa conquista espiritual de los
inexplorados territorios de la costa septentrional desde San Diego hasta el
norte de San Francisco. Tres años después, la Baja California fue puesta al
cuidado de los padres dominicos y los misioneros de San Fernando pudieron
concentrar todos sus esfuerzos en la Alta o Nueva California. Este fue su grande y fecundo campo de apostolado hasta mediados del siglo XIX. 2
Los colegios de misiones constituían entidades autónomas, bajo el gobierno
de un Guardián, al que asistía un consejo llamado Discretorio. Tanto el primero como los miembros del segundo eran elegidos por voto universal y secreto de todos miembros dl'l colegio. Estaban inmediatamente sometidos al
Ministro general de la Orden, quien en el caso de México ejercía su autoridad suprema por medio del llamado Comisario general de la Nueva España.
El personal se componía en su mayor parte de religiosos que voluntariamente
se afiliaban a los colegios 1 con el fin de consagrarse al ejercicio de las misiones. Los procedentes de España -que constituyeron casi siempre la mayoría- solían venir a costa de la real hacienda y con el compromiso de permanecer un mínimo de diez años en los colegios. Por lo general se trataba
~e comunidades numerosas. La de San Femando estaba formada en sepuembre de 1772 precisamente durante la primera guardianía de Verger por
ciento catorce individuos; de ellos, cuarenta y tres se hallaban en las misiones
de Cal.ifornia. 3

• 1 Sobre los Colegios Apost6licos de Propaganda Fidc, tanto en general como en particular de la Nueva España, pueden mencionarse varias obras, si bien no existe una
moderna monografía de conjunto. La obra fundamental sigue siendo la de Fr. Isidro
Félix de Espinosa, O. F. M., Crónúa Apostólica y Seráfica de todos los Colegior de Propaganda Fide de esta Nueva. España ('México, 1746) cuya segunda edición está llevando a
cabo actualmente la Academia Franciscana de Historia, de Washington. En la$ notas a
~sta redacción indico la bibliografía más importante sobre los Colegios de la Nueva Espaoa. Las Misiones de California cuentan con abundante bibliografía. Una buena muestra
de la misma puede hallarse en la edición inglesa dci la Vida de Fr. Junípero Serra por
Palou: Palou's, Life of Fray Junipero Serra. Translated annotated by Maynard J. Gdger,
O. F. M. (Washington, Academy of American Franciscan History, 1955).
1 Publica esta lista el P. Maynard Gciger, O. F. M., en su artículo "Tbe Interna]
~rganizati~n and Activities of San Fernando College, Mexico City ( 1734-1858)", en
he Amencas, VI, 1949, pp. 5-12. Sobre el gobierno de los colegios en general véase ?,ollectio statutorum, gratiarum et indulgentiarum pro missionibus earumqu: Collegns de Propaganda Fide, Fratrum Minorum S. Francisci de Obserua.ntia in Indiis
Occidentalibus (Roma, 1778). Parece que fue el Colegio de Guadalupe de Zacatec33 el que contó con mayor proporción de criollos.

553

�De Mallorca a México.
La necesidad de atender a las misiones de la Sierra Gorda fue el motivo
que trajo al P. Verger desde Mallorca al Colegio de San Femando de México. Los once misioneros traídos en 1742 resultaban ya un refuerzo del todo
insuficiente, debido al ensanchamiento de las actividades del colegio y a la
muerte de varios religiosos en la Sierra Gorda, víctimas de la peste. El colegio decidi6, por lo tanto, enviar a España al P. Pedro Pérez de Mezquia, uno
de los í undadores venidos de Querétaro y un veterano en las misiones del
Norte, con el fin de reclutar allí otro grupo de misioneros. En diciembre 1747
había conseguido reunir hasta treinta y tres, cuyo aviamiento y viaje a cuenta
de la hacienda real fueron autorizados el 31 de dicho mes y año. Figuraban
en expedición hombres de cualidades extraordinarias, hombres llamados a
sonar en la historia. Uno de ellos era Fr. Junípero Serra, el futuro apóstol
de California; otro, nuestro Fr. Rafael Verger. Todavía otros, el escritor Fr.
Francisco Palou, Fr. Juan Ramos de Lora, que sería primer obispo de Mérida
en Venezuela, y Fr. José de Santisteban, martirizado por los comanches en
l 758, allá por las llanuras tejanas de San Sabá.
La "misión" --como se llamaba también a estas expediciones de misioneros- se dividió en dos grupos. El primero, en que venía Serra, zarpó de
Cádiz en agosto de 1748, desembarc6 en Veracruz el 6 de diciembre y entró
en la ciudad de México con el año 1750. Verger, que era profesor de filosofía
en el Convento de San Francisco de Palma de Mallorca, fue de los primeros.
en sospechar que su compañero Fr. Junípero Serra se había ofrecido voluntario para formar parte de la "misión" que colectaba el P. Mezquia. Comunicó sus sospechas al P. Palou -quien lo refiere en la Vida de Serra-' y
ambos platicaron repetidas veces sobre la oportunidad que se les ofreda de
ir a misiones de infieles. Verger dijo que hubiera ido de buena gana, de no
hallarse atado por la cátedra. Tal estado de ánimo fue conocido por Serra y
• FR. FRANC1sco PALou, O. F. M., Relación Histórica de la uida y apostólicas ta•
reas del Ven,rable Padr1 Fray ]unipero Serra, y de las Misiones qu, fundó en la
Cali{ornia Septentrional y nuevos establecimimtos de Monterrey (México, 1787). Hay
una edición moderna bajo el título: Evangelista del Mar Pacifico. Fray Junípero Serra,
Padre y Fundador de la Alta California (Madrid, Aguilar, 1944). El testimonio alu•
elido en el texto se encuentra en el capítulo segundo. La vocación misionera de Ver•
ger y su salida para México se refieren en el capítulo tercero de la misma obra. Sobre la expedición de 1749-1750 en conjunto \·éase Maynard Geigcr, O. F. M., The
Franciscon Mission to San Fernando College, México, 1749, en The Americas, V,
1948, pp. 48-60. Utiliza el expediente conservado en AGI (Archivo General de Indias, Sevilla, Contratación, lcg. 5546). En el mismo qajo se encuentra también el
expediente de la expedición o "misión" de 1742, con Jos nombres de los doce misioneros que la formaban.

554

así, cuando en Cádiz fallaron a última hora algunos de los misioneros reunidos, recibió Verger aviso de presentarse como uno de los sustitutos. Otro de
éstos fue Fr. Juan Crespí, el infatigable diarista de las exploraciones californianas.
Vern:er
no salió de Palma hasta el 15 de junio, más de dos meses después
o
de haberlo hecho Serra y Palou. Por este motivo pasó a formar parte del
segundo grupo de la "misión", que no había de embarcarse para Veracruz,
hasta el 31 de diciembre de 1749 y sólo llegarla a la ciudad de México en abril
de I 750. Los documentos oficiales de embarque nos dicen que era natural
de Santany (Mallorca) y que contaba veintiséis años de edad. Era de buena
estatura, color blanco y rostro marcado de postillas.
Poco sabemos de sus primeras actividades en San Fernando. Consta que
desempeñó en el Colegio el oficio de lector o catedrático que habla ejercido
en Palma. Es probable que esto haya tenido lugar ya desde los primeros años;
ciertamente ejercía la cátedra en 1755. Por otra parte, existen pruebas de
que su personalidad comenzó a destacar muy pronto en el colegio. Es de notar
que ya en 1752, al hacerse la elección de guardián, alguien pens6 en el joven
Verger para el puesto, pues tuvo un voto. Tres años más adelante en 1755,
fue elegido discreto con el mayor número de votos recibido por nadie: veintinueve. Y en la subsiguiente elección de guardián obtuvo trece votos. Poco
después, el Discretorio le elegía unánimemente por vicai;o del colegio. Fue
también secretario del Discretorio.
En los dos capítulos siguientes, 1757 y 1761, aparece con un sólido bloque de
diez y siete votos para guardián: en 1761 tuvo asimismo diez y ocho votos para
discreto. En cambio, pierde terreno en las elecciones de 1764, en que obtiene
s61o doce votos para guardián. Su hora parecía haber llegado en 1767, en
que recibió veintiún votos para guardián, número superior al obtenido por
cualquiera de los candidatos en aqueila elección; pero una peculiar disposición reglamentaria le cerró entonces el ascenso a la primera magistratura
del colegio. La elecci6n de los discretos tenía lugar antes de la elección del
guardián, y parece que, una vez confirmados en el oficio de discretos, resultaban inelegibles para la guardianía. Esto le sucedió ahora a Verger y babia
sucedido antes a otros, entre ellos al propio Junípero Serra. 6

• Todos estos datos nos los proporciona el Libro d, Decretos del Colegio de San
Fernando, que se conscr\'a original en el Archivo General de la Nación, México, colecci6n Documentos para la Historia de México, segunda serie, vol. IX' Véase tambifo M. Gciger, The internal organiiation and actiuities of Sa11 Fernando College,
Muico City (1734--1858), en The Americar, VI, 1949. 1-31.

555

�Viaje de Verger a España (1768-1770).

Es posible que, en algunos casos, se haya echado mano de estos impedimentos legales, fácilmente previsibles, con el fin de no inmovilizar en el oficio
de guardián a hombres que se deseaba emplear en otras tareas. Pudo ser esto
lo que sucedió en la presente ocasión. Al tiempo del capítulo guardiana! (28
noviembre 1767) ya el colegio había sido encargado de las misiones de la Baja
California, que se hallaban abandonadas a causa de la expulsión de los jesuitas. Una de las condiciones que puso el Colegio de San Fernando para
aceptarlas fue que se le permitiese reclutar una nueva expedición de mi~ioneros
en España. Acaso nuestro Verger estaba ya señalado para esta empresa y con
miras a ello se le apartó de la guardianía, mientras resultaba elegido discreto
con la brillante votación que hemos visto. Este cargo le confería autoridad y
prestigio, cosas ambas muy convenientes para el buen desempeño de su nuevo cometido en España.
No conozco la fecha precisa de su salida para España, pero las firmas que
aparecen en el libro de Decretos demuestran que permaneció en San Femando por lo menos hasta el 3 de diciembre de 1767. Por otra parte, sólo el 18 de
dicho mes escribía el Virrey a S. M. recomendando la petición de nuevos misioneros que le habían presentado el Guardián y Discretorio de San Femando.
Y el 5 de junio de 1768 Verger era esperado pero no había llegado aún a
Madrid.ª Es de presumir, por lo tanto, que salió de México en Jos primeros
meses de 1768. El Consejo de Indias informaba favorablemente sobre sus pretensiones y poco después se firmaba el real despacho por el cual se le concedía
una copiosa "misión" de cuarenta y nueve religiosos, que serían transportados
a expensas de la real hacienda. Desde enero de 1769, comenzó Verger a enviar las correspondientes patentes o licencias de viaje para cada misionero.
Antes de terminar el mes de julio tenía comprometidos a cuarenta y ocho, y
por real cédula de 5 de agosto del mismo año se dieron órdenes a la Casa de
la Contratación para el avío de estos religiosos. Agregóse a ellos, haciendo el
número cuarenta y nueve, el P. Juan Prestamera, quien había tenido que
abandonar el Colegio de San Fernando algunos años antes por enfermedad
y regresaba ahora al mismo con particular dispensa. Zarparon todos de Cádiz el 31 de enero en el navío Castilla, que iba al mando del Marqués de Ca• Con esta fecha, opina el fiscal del Consejo de Indias que se espere Ja llegada del
P. Verger, para decidir acerca de la solicitud de "Misi6n" por el Colegio de San Fer·
nando, que había sido recomendada por el virrey Bucarcli. Véanse los respectivos documentos del Archivo General de Indias, citados por Charles E. Chapman, Catalogue of th, Materials in the Archiuo General de Indias /or the Hirtory of tha Pacific
Coast and the American Southwe.rt (Berkeley, University of California Press, 1919)
nn. 894-95, 1016.

556

sinas; aunque el barco se vio obligado a regresar al puerto)' la salida definitiva
no fue hasta el 3 de febrero. Tras una navegación de noventa y nueve días.
de ellos treinta y tres pasados en la aguada de Oc:oa (Santo Domingo), la esperada "misión" llegó al colegio el 27 de mayo. 7 Los misioneros formaban
un grupo no sólo numeroso sino de marcado carácter nacional. Habia castellanos, gallegos. vascos, aragoneses. catalanes, navarros y mallorquines. Entre ellos, se contaban dos futuros guardianes de San Femando -el vasco Fr.
Pablo Mu.rgártegui y el gallego Fr. Eusebio Antonio Nogueira- y un mártir:
Fr. Luis Jaime.
Vager guardián de San Fernando (1770-1774).

El colegio contaba de este modo con un fuerte refuerzo de per.,onal, que
debía administrarse con sabiduría y prudencia. Es natural que el prestigio de
Verger se hubiese acrecentado con el éxito de su viaje a España. No es de
extrañar, por lo tanto, que en la pr6xima elección ( dicimibre 1 de 1770 J
fuese elevado al supremo gobierno del colegio por una brillante mayoría de
veintisiete votos. Veamos cómo correspondió a las esperanzas de sus hennanos
de profesión.
Además de los problemas comunes a toda comunidad de su índole, San
Femando se enfrentaba entonces a una serie de situaciones nuevas, tanto internas como externas. En el orden doméstico, la comunidad religiosa se había
hecho mucho mayor y ello aumentaba las responsabilidades del superior. Por
una parte, eran mayores las necesidades materiales, y por otro lado resultaba
más difícil mantener la cohesi6n entre tantos individuos. Respecto a lo primero, los documentos asentados en el ya citado Libro de Decretos permiten
adivinar que Vcrger dio pruebas de especial actividad. El P. Visitador que
vino a presidir el capítulo guardiana} de mayo 1774, Fr. José de Leiza,
cxministro provincial del Santo Evangelio y entonces guardián de Toluca,
expresa su satisfacci6n por el buen estado de la iglesia: sacristía, alhajas y
ornamentos, "con los buenos y costosos augmentos que nuevamente se han
construido"; hall6 asimismo un superávit de 1,777 pesos en las cuentas, "aun
habiendo sido en este trienio el gasto de augmentos y me:xoras utiles y nece' El detalle de la navegación de noventa y nueve días, c:-on la detención en
Ocoa, lo proporciona Vcrger en su carta de 31 de agosto de 1771 al fiscal del ConlCjo de Indias, don Manuel Lanza de Casafonda. Sobre esta correspondencia véase lo
que decimos más delante. La documentación relativa al viaje de Verger y a los misioneros que trajo consigo a México se encuentra en AGI (Archivo General de Indias, Sevilla), Audiencia de México, lcg. 2732, y Cottfralación, leg. 5546.

557

�ssarias en la cerca de la huerta, órgano, bambas, relox, librería de coro y demas que son manüiestas en todo el Colegio, notablemente excesivo" (fol. 67).
Las actas del capítulo no revelan queja alguna contra el gobierno de Verger, aunque cabe deducir de las mismas que se plantearon algunas de las
cuestiones ya tratadas anteriormente en la correspondencia entre Verger y el
Comisario general de Indias, residente en Madrid. Verger había defendido
con firmeza sus puntos de vista sobre la necesidad de seleccionar con gran
cuidado los religiosos que sallan a misionar entre fieles, la imposibilidad de
negarse a las confesiones de fieles en la ciudad, y en otros puntos; y en ninguna de estas cosas innovó el capítulo. Sin embargo, se omitió en el acta de
la elección del nuevo guardián la frase ritual que solía insertarse en elogio
del prelado anterior: "Qui prudenter, religiose et laudabiliter huic Seminario
praefuit'' (que gobernó prudente, religiosa y laudablemente este Seminario).
Parece que esto fue a modo de censura, puesto que Verger se defendió de los
cargos que se le habían hecho ante eJ Comisario general de Indias, y éste falló
en su favor, declarándolo por "buen prelado" y mandando al nuevo guardián
y discretos que añadiesen en la tabla capitular la frase suprimida. Así se him
y consta en el Libro de Decretos, folio 72v. Todo esto demuestra que el
gobierno de Verger no fue del agrado de todos, y ello, en mi opinión, dice
en favor y no en contra suya, pues no puede haber buen gobernante que
agrade a todos los gobernados. Era, aJ parecer, hombre de ideas propias, de
carácter firme y no fácilmente manejable, según vamos a ver en seguida. 8
Verger ,. las nuevas misiones de California.

Porque el colegio tenía ante sí problemas de mayor envergadura. Cuando
Verger salió para España en 1768, Jos misioneros de San Femando quedaban
ya encargados de la Baja California; de hecho, aquel viaje tenía por fin reclutar nuevo personal para hacer frente a dicha nueva obligación. Durante su
ausencia, la responsabilidad de la Baja California había sido acrecentada por
la de las novísimas fundaciones que se estaban llevando a cabo en la Alta
• Algunos de los pequeños problemas domésticos con los que tuvo que enírentane,
en su calidad de guardián del colegio, afloran en la correspondencia de Verger con
el comisario general de Indias en Madrid, Fr. Manuel de Vega. En ella puede observarse -y esto es lo que aquí nos interesa de manera particular- que Vergcr SI•
b!a defender respetuosa pero firmemente sus puntos de vista. Además de las fuentes
de esta correspondencia, que mencionaré en seguida, tuve hace años la fortuna de
consultar un tomito manuscrito que poseia en 'México el P. Fidel Chauvet, O. F. M., '/
que contenía copias de documentos Telativos a los colegios de San Femando y Orizaba.
Entre estos documentos, había cartas de Verger al P. Vega y de éste a Verger (1771·
1774).

558

California. La ocupación de Monterrey tuvo lugar el 31 de mayo de 1770,
apenas tres días después de la llegada a San Fernando de los cuarenta y
nueve misioneros conducidos de España por Verger. A principios de junio,
Serra y Crespí erigían allí la "Misión de San Carlos de Monterrey", la segun&lt;!a que se fundaba en los nuevos territorios; la primera había sido San Diego.
Lleno de gozo, Fr. Junípero Serra comunicaba la noticia al colegio con fecha
de 12 de junio, anunciando su propósito de fundar inmediatamente la tercera
misión proyectada: Sa11 Buenaventura. Pide que se le manden los dos misioneros que faltaban para completar los seis destinados a las tres misiones citadas.
Pero añade que "si en vez de venir dos para acá viniesen ocho, a cada una
de las tres misiones se le pondría otra a moderada distancia, para que dándose
la mano cada una con su compañera, sobre dilatarse así más la fe, se lograrían
-otras estimables circunstancias del mutuo fomento, seguridad y firmeza".
Los planes de Serra eran moderados y probablemente el colegio los hubiera
aceptado; pero a Gálvez le parecieron demasiado modestos. Entusiasmado con
la noticia de la ocupación de Monterrey, que llegó a México en la primera
mitad de agosto y fue allí celebrada con grandes manifestaciones de alegría,
Gálvez determinó en seguida, con eJ asentimiento del virrey Marqués de Croix,
que debían establecerse nada menos que diez misiones nuevas, cinco entre
Villacatá -frontera de ambas Californias- y San Diego, y otras cinco entre
San Diego y el todavía no explorado puerto de San Francisco. El colegio fue
informado de que cuarenta y cuatro religiosos de los que habían llegado de
España deberían salir para California en mayo del año siguiente. Un tal
número pareció completamente exorbitante a los superiores de San Fernando,
pero ni el virrey ni Gálvez se dejaron convencer. Si fuere necesario, sugerían,
podía mandarse por otra "misión" a España, que ellos estaban dispuestos a
recomendar por todos los medios. El colegio siguió resistiéndose, al parecer
con cierta dureza, pero al fin tuvo que convenir en el envío de treinta misioneros; catorce menos de los pedidos en un principio y sin embargo todavía
demasiados en opinión de Jos superiores del colegio. Este logró, por otra parte, que se Je admitiese la renuncia. de las cinco misiones de la Sierra Gorda,
-considerando que habían alcanzado ya el grado de progreso necesario para
ser confiadas al clero secular, en calidad de parroquias ordinarias. Con ello
&lt;¡uedó disponible otra decena de misioneros veteranos, que podían ser empleados en la empresa de California.
No puede caber duda de que Verger, que formaba parte del Discretorio .
fue uno de los principales responsables de la resistencia del Colegio. El epi·
sodio le dejó un mal sabor de boca, si se nos permite la expresión, y por larg·"'
tiempo le durará el resentimiento contra Gálvez. Verger tenía evidentement&lt;~
-Otros planes respecto a los religiosos que él había reunido en España y con~

559

�&lt;lucido con tanto trabajo hasta México. Aspiraba a tener en San Fernando
una comunidad numerosa y bien organizada, como las que él había conocido
en Europa. Las misiones entre infieles debían ir estableciéndose poco a poco,
sobre bases firmes y no solamente al compás de los que él creía sueños y excesivo fervor apostólico de Fr. Junípero Serra. Porque el Colegio -y Verger- supusieron que la imposición de Gálvez en el envío de misioneros era
fruto de las cartas de Serra, y éste quedó un poco identificado, para las autoridades fornandina.~, con los "fantásticos" planes del Visitador. Y en realidad. Serra era un soñador, pero también un hombre práctico, que no descuidaba detalle; un idealista y un hombre de acción. Si él tendió al optimismo
en su visión de la empresa californiana, Verger nunca logró liberarse de su
pesimismo de hombre prudente1 que no quiere aventurarse. Eran dos posiciones
perfectamente defendibles, que nada dicen en contra de ninguno de los dos;
pero yo creo que Serra indicaba en este caso el mejor camino. Se trata de
una opinión basada en la lectura de la correspondencia de ambos, cuyas fuentes serán citadas más adelante.

Di/icultades y pobre;:a en la Baja California.
Estas ideas y este estado de ánimo influirán en la actitud de Verger respecto a las misiones californianas, durante el trienio de su guardianía en San
Fernando que comenzó en diciembre de 1770. Hay en esta actitud mucho de
negativo y de excesivamente crítico, pero también necesarias llamadas a la realidad. Y siempre un¡i. pronta disposición a defender a las misiones y a los misioneros, y a defenderlos con valentía y sin desfallecimiento. Tenemos buena
prueba de ello en varios escritos de Verger, poco utilizados hasta el presente.
Son cartas al comisario general de Indias, Fr. Manuel de Vega, cartas y memoriales al fiscal del Consejo de Indias, don Manuel Lanz de Casafonda,
memoriales al virrey Bucareli. En ellas se nos revela Verger como hombre de
inteligencia clara y de gran energía, buen dialéctico y de pluma fácil. Hombre difícil de batir. 9
Estos escritos se refieren en su mayoría a las misiones de California. Si bien
• El registro oficial de las cartas de Vergcr durante su primera guardianía en San
Femando de México ( 1770-1774 ) se conserva en el Museo Nacional, de México, en
dos pequeños tomitos. Copias de cartas y otros papeles de Vcrgcr se conservan también en el British Museum, Add. Mss. 13, 974, fols. 231-293. Varias de las cartas a.
Lanz de Casafonda y una a doJ). Antonio de la Banda se encuentran en Add. Mss. 13,
976 del mismo Britis.h Museum. En este trabajo utilizo una copia moderna, que posee
la Acadcmy of American Franciscan Hi.story, ~acada del registro oficial conservado en
el Museo Nacional de México.

560

aquí nos interesan principalmente como reveladores del hombre que los escribió, y menos como testimonios de la historia californiana, es necesario
referirse a ciertos aspectos de ésta que requirieron la atención de Verger. Uno
fue la pobreza y desarreglo de la Baja California. Los misioneros de San Fernando habían llegado allí con grandes ilusiones en 1768. Dichas misiones gozaban de gran renombre en la Nueva España. Era opinión general que los
jesuitas habían logrado grandes éxitos en la Baja California, tanto en el
orden espiritual como en el temporal. Pero la realidad, a la llegada de los
franciscanos, no se ofreció tan brillante. Aquellas misiones se hallaban realmente en estado de profunda decadencia. La causa principal de esto suele
atribuirse a la mala administración, descuido y latrocinio que, al parecer,
reinaron en dichas misiones durante el breve período entre la expulsión de los
jesuitas y la llegada de los franciscanos; sin embargo, la decadencia había
comenzado ya en los últimos años del régimen jesuítico. El hecho es que los
misioneros femandinos se encontraron con que la Baja California no era el
campo prometedor que esperaban. La situación no se remedió con la lluvia
de decretos que el visitador Gálvez1 hombre de proyectos grandiosos y de poder
sin límites, hizo caer sobre la península californiana. La mayor parte de estos
proyectos se revelaron utópicos. Cuando el presidente Fr. Junípero Serra
~alió en marzo de 1769 hacia la Alta California, las misiones de la Baja quedaron al cargo de Fr. Francisco Palou. Este, que fue también historiador de
primera fila, dedica muchas páginas de sus Noticias, especialmente los capítulos doce, trece, catorce y quince de la primera parte, a exponer el estado
de cosas que existía entonces en la Baja California.1 º Tanto Palou como el
primer gobernador nombrado por Gálvez ~l sensato Matías de Annonacomprendieron desde un principio que los planes del visitador eran irrealizables y que sus medidas económkas acabarían por arruinar del todo a la península. Armona, en consecuencia, declinó el gobierno, mientras Palou se empeñó en buscar remedio a la situación, con habilidad y prudencia.
Aunque Gálvez, preocupado con la expedición a Sonora y probablemente ya
con los amagos de su famosa locura se irritaba con sólo oír hablar de la Baja
California, Pal0l1 decidió enviar a conferenciar con él al P. Ramos de Lora,
quien llevaba propuestas radicales, entre ellas la renuncia por los misioneros
de la administración temporal de las misiones. Gálvez había salido ya de Sonora para México y el P. Ramos de Lora regresó a California, no sin haber
logrado ponerse en comunicación con el omnipotente Visitador y obtenido
,. Noticias de la Nueva Cali/ornia, obra terminada por Palou en 1783, pero que no
publicó hasta 1857. En este trabajo utilizo la versión inglesa editada por Herbert E.
Bolton bajo el título : Historical Memoirs of New California. (Berkeley, University of
California Prcss, 1926 ; 4 vols. ) . Constituye una fuente de primera clase.

!le

561
H36

�de éste la seguridad de que haría cuanto fuese necesario para remediar la
situación allí existente. Entonces mandó Palou todo el expediente a México,
aprovechando la ida del P. Dionisio Basterra, que se retiraba enfermo al colegio. Recibido amablemente por Gálvez, el P. Basterra le presentó (julio 10,
1770) un memorándum de las cosas que necesitaban remedio en la Baja
California y el VI.Sitador prometió conceder cuanto se Je pedía; pero sea que
se distrajo con otras ocupaciones, sea a causa de su disgusto con el colegio
sobre el número de misioneros que debían ser enviados a California, no hizo
nada.
De los treinta misioneros que Gálvez y el virrey arrancaron a la posición
del Colegio, veinte fueron destinados a la Baja California, con el fin de
reforzar las viejas misiones y establecer cinco nuevas entre Vellicatá y San
Diego. Estos misioneros salieron de México en octubre de 1770 y al mismo
tiempo el virrey Marqués de Croix envió instrucciones escritas al P. Palou
(México, 10 no\·iembre de 1770). Tras un viaje lleno de peripecias, en su
parte marítima, la mayoría de los misioneros no llegaron a Loreto hasta
septiembre de l 771, siendo distribuídos provisionalmente entre las viejas misiones, pues la fundación de las nuevas no era posible por falta de escoltas,
según el Gobernador informó al P. Palou. Ert realidad, estas fundaciones
nunca fueron llevadas a cabo, porque mientras tanto el gobernador, Felipe
de Barry, se convirtió de amigo -al menos aparente- en cerrado enemigo
de los Franciscanos, y cuando el virrey Bucareli intervino decididamente en
favor de éstos, ya las misiones habían sido cedidas a los Dominicos.
Lo que aquí nos interesa es la parte que en estos asuntos tomó el P. Verger,
dirá con razón el lector. Pero la digresión, aunque larga, era imprescindible
para entender lo que hizo Verger. Veámoslo. La primera carta. que conocemos de Palou a V erger es del 23 de abril de 1771. Palau había recibido el
31 de marzo pasado las tres cartas-instrucciones del virrey Croix, para la
fundación de las nuevas misiones y sobre los sínodos de éstas y las viejas.
Se muestra entusiasmado por la posibilidad de poder ampliar el campo de
apostolado hacia el norte; por otra parte, reinaba aún la annonía con el
gobernador Barry. Sin embargo, hace varias observaciones sobre los sínodos,
que le parecen insuficientes y no de acuerdo con lo concertado anteriormente
entre Gálvez y el entonces presidente Fr. Junípero Serra. Antes de esta
fecha, Palou había expuesto repetidas veces al antecesor del P. Verger en
el gobierno del Colegio -P. Juan Andrés- las necesidades y problemas
de la Baja California. En su larga carta al fiscal Lanz de Casafonda (México, 3 agosto 1771 ) Verger recoge, sistematiza y resume todos estos informes, adjuntando copia de las comunicaciones de Palou, al parecer desde
la ex.tensa del 24 de noviembre de 1769. Presenta a Palou como a "sugeto
muy capaz, verídico y práctico en la rnducción de los indios ... , en otro
562

tiempo presidente de las [misiones] que este Colegio tenia en Sierra Gorda".
Asegura a Casafonda que los cuidados de las misiones de California, tanto
las de la Baja como las de la Alta --cuya situación también exponía, según
cartas de Serra y Crespí- ayudaban mucho, con los demás de su oficio, a
quitarle el sueño, "considerando que los yerros que a mi entender se cometen
no se han de remediar" y "que tengo 46 súbditos en tantos trabajos en tierras
tan remotas". Alude al atraso en que se hallaban aquellas misiones cuando
la salida de los Jes.uítas, y ello podrla demostrarlo con una larga carta de
Gálvez que tenía en su poder. "Entraron en lugar de los expulsados -prosigue Verger- unos soldados comisionados y en materia de poco más de
seis meses hubo quien mató en su misión 600 reses, ob·o 400 y otro 300,
siendo igual eJ destrozo en los otros, como consta en las cuentas que dieron;
y esto fue lo qµe movió al Señor Visitador [Gálvez] a poner lo temporal
de las misiones al cuidado de los Padres. Y a la verdad, sólo así podemos subsistir, si les ayudan con las providencias oportunas". Esto podría parecer
impropio de los misioneros y así lo consideraron ellos al principio, lo mismo
que el vin·ey y Gálvez; así lo creía también Verger, pero "crea V. S. -añade-que es del todo necesario. Pensar que los indios por sí han de cuidar de
comida y vestido para un año, que han de trabajar por su orden para este
fin, es pensar que con las manos podemos coger el cielo sin movernos de
la tierra. Poner españoles que cuiden de todo esto, es aumentar comedores y
salarios para que se aprovechen y hagan caudal propio del sudor de los
indios, dejando a éstos padeciendo en lo espiritual y temporal".
No había bastado con la malversión de los comisionados. "Vamos todavía
a peor", continúa en el número sexto de su carta-memorial. "Porque para
las expediciones de Monterrey sacaron de ellas [las misiones] ciento cuarenta mulas, cuarenta caballos, seis yeguas, dos burros, 200 Teses, las más
vacas con sus crías, que se contaron". Cierto que de todo se había dado
recibo para reemplazar lo tomado. "¿Pero cuándo será esto? Lo cierto es
que por falta de mulas se han padecido grandes trabajos y necesidades, sin
pnderse socorrer unos a otros, ni llevar al real almacén sus frutos y sacar
de él maíz para matar el hambre, o al menos minorarla". Tanta era la
necesidad de aquellos indios que el Visitador dictó una serie de medidas
para remediarlas, pero al mismo tiempo les obligó a pagar tributo, rebajó
los precios de venta de los productos de las misiones al almacén real -[productos con que las misiones habrían de pagar la comida y vestido de sus
indios}- y hasta revocó su anterior decreto de que se diese salario a los
indios que trabajaban para el Rey, "mandando nuevamente a los comisarios
reales sacasen de las misiones cuantos indios fuesen necesarios para las sa•
linas y fincas del Rey, sin salario alguno", ni siquiera el vestido; sólo "una
triste comida". La razón que daba Gálvez para justüicar tal decreto era que
563

�"todos los vasallos, si \·erdaderamente lo son, tienen tanta obligación de
seIVir al Rey como los cristianos de servir a Dios", razón que --observa Verger- aplicada generalmente a los que sirven al Rey podría ahorrarle millones
a su Magestad ... Y últimamente, para que nada faltase, mandó que se tomase
tanto número de bulas de la Santa Cruzada, cuantos indios tenía cada misión.
De este modo, faltando la comida y vestido, se suplirá con las indulgencias". Según carta de Palou de 16 marzo 1770, esta orden de no pagar jornal
a los indios había sido reYocada por Gálvez y por el nuevo gobernador Armona, pero este había sido un gesto vacío, pues aquel gobernador recibi6
orden de volverse apenas llegado; "y aunque dicen -sigue implacable Verger- fue porque tenía renunciado el gobierno, no creo yo que fuese esta
la razón, sino porque no aprobaba lo dispuesto por el señor Visitador
[Gálvez) y este es un crimen manifiestísimo; pero ello e~ que no hemos
de decir que lo blanco es negro, por no contravenir al dictamen de este
señor, ni hemos de atropellar nuestra conciencia y onerarla por darle gusto".
''Yo bien considero -continúa en el núm. 10 de su carta memorialque nada remediaremos por más escritos que presentemos, pero descargaremos nuestra conciencia; y por fin llegará la hora en que se descubrirá la
verdad. V. S. vea lo que escribí en el correo antecedente [carta de 30 de
junio de 1771, en que puntualizaba las razones de la pobreza de la Baja
California: falta de tierra o de lluvia, u ociosidad de los indios, según los
casos] y refleje bien en lo que va ahora, para... saber que dichas misiones
ni han s.ido ni serán jamás pueblos de fundamento". Por eso los Padres
Misioneros urgían que se "pida remedio, y si no lo hallamos en el Ilmo.
Visitador Gálvez, al señor Virrey; y si no, renunciarlas. No tuvo por conveniente mi antecesor [Fr. Juan Andrés] practicar esto por escrito; lo hizo
boca a boca, y viendo que no se podía sacar cosa de provecho, guardó las
cartas y lo dejó al tiempo y a Dios. Yo aguardo razón de esta California
[la Baja] para presentarle por escrito, para que en ningún tiempo culpen
a este Colrgio, si esta~ misiones o se pierden totalmente o no se adelantan".
Sigue Verger (número 12 y siguientes) discutiendo la cuestión de los SÍ•
nodos, que afirma fueron reducidos arbitrariamente por Gálvez a niveles
irrisibles, y previene contra los fantásticos informes de Gálvez sobre las nuevas
misiones y sus progresos, para después, cuando se descubra, no se culpe de
todo al Colegio. "Pero responderemos categóricamente: que las viejas están
perdidas porque, sobre ser infelices, las han talado, retalado y vuelto ~- talar
en sus bienes y operarios; que las nuevas tienen ólo nombres de mlSlones,
porque todos los arbitrios y providencias que han dado no alcanzan para más"
( núm. 15). Probablemente Verger se excedía un poco en su pesimismo; de
haber esperado a contar con los elementos que enumera a continuaci6n
(números 15-22) como indispensables para una de tales fundaciones, es

564

posible que nunca se hubiera completado la conquista de la Alta Calif~1:1,ia.
Pero lo revelador para nosotros, en este caso, es el tono de su expos1c1on.
Nadie podrá decir que tenía pelos en la pluma, Sorprendente el tono en que
se refiere a Gálvez. ¿Es que lo creía definitivamente fuera de escena, a
causa de su enfermedad?
Mientras Verger apelaba a España, por encima del Virrey y del Visitador,
las cosas en la Baja California iban de mal en peor. El gobernador Felipe de
Barry se había vuelto completamente contra los misioneros. En octubre llegó
allí la noticia del cambio de virrey y ello fue otro motivo de inquietud. ¿ Qué
actitud adoptaría Bucareli? Palou hubiera querido volar al Colegio, "pa1·a
acalorar la cosa", como él escribe el 19 de octubre de 1771, y sugerir lo que
debía exponerse al nuevo mandatario; pero corrió el rumor de que Bucareli
traía consigo a Maúas de Armona y esto llenó de alegría a Palou, pues dicho
señor sabría defender como nadie los intereses de la Baja California. La
venida de Annona se quedó, por desgracia, en rumor. Palau escribía el 7 de
diciembre a Vero-er
lleno de angustia por la suerte de las misiones;
estaba
o
•
dispuesto incluso a ir hasta España, en busca de remedio. 11 Mientras tanto,
debía estar llegando a México el P. Juan Escudero, que se retiraba enfermo
al Colegio. Llevó cartas de Palou y de algunos Padres de la Alta California
con nuevas noticias sobre las dificultades que las misiones seguían encontrando
en ambos distritos. Armado con estos informes, Verger entró de nuevo en
acción, presentando un largo memorial al nuevo virrey Bucareli. Este, dando
una primera prueba de su actitud, envió órdenes estrechas al gobernador
Barry para que favoreciese en todo a los misioneros; incluía copia de las cartas
de éstos, "para que, después de hacer lo que en ellas se pide, me diga en
cada punto lo que haya ejecutado", tal como informaba al Colegio con fecha
18 de marzo de 1771.
Pero California estaba lejos y el correo funcionaba con lentitud. Si bien
las órdenes fueron dadas en marzo de 1772, Palau no las tuvo en sus manos
hasta diciembre. Barry, irritado por lo que él consideraba disminución de
su autoridad, inventó nuevas intrigas contra los misioneros, que Palou supo
deshacer con habilidad. Por lo demás, ya no valía la pena de I ombatir, pues
estaba ya concertada la cesión de las misiones a los Padres Dominicos, medida
en que fue asimjsmo preponderante la intervención de Verger, según veremos luego.

" Además de las Noticias del propio Palou. me valgo también de las cartas originales
de éste, que se conservan en Archivo General de la Nación, 'México, colección Documentos ptJra la Historia de México, vol. 1. Existe fotocopia de las mismas en la Academy of American Franciscan History.

565

�FIN DEL RÉGIMEN FRANCISCANO EN LA BAJA CALIFORNIA

Si bien la malevolencia del gobernador Barry, con su obstruccionismo y mezquinas tirarúas, había creado tal malestar entre los misioneros fernandinos
de la Baja California, que Palou se declaraba al extremo de su resistencia y
pedía permiso para retirarse al Colegio: aunque habían propuesto la renuncia
y de hecho renunciado algunas de las misiones más lejanas, ante la imposibilidad de atenderlas, ni Palou ni sus misioneros pensaron jamás en abandonar
por completo las misiones de la Baja California. Sin embargo, venían de anúguo sugiriendo la conveniencia de que alguna otra Provincia o Colegio de
la Orden, e incluso religiosos de otra Orden distinta, tomasen a su cargo
parte de aquel campo de apostolado. En su memorial de 23 de diciembre de
1771, Verger proponía ya que los Dominicos, u otros religiosos, tomasen a
su cargo parte de las misiones de la Baja California, siete en total; los Franciscanos retendrían las cinco restantes, más la nueva de Vellicatá y las proyectadas entre este paraje y San Diego. El 8 de febrero de 1772 repite la
misma propuesta ante Bucareli ¡ prefería el inconveniente de mezclar así a
los misioneros de ambas Ordenes al mayor inconveniente de que el Colegio de
San Fernando tuviese que cargar con el peso de todas estas misiones v las
nuevas de la Alta California, cosa que le parece imposible.U Cuatro días, más
tarde, el 12 de febrero de 1772, firmaba Palau en Loreto un detallado informe sobre las misiones de la Baja California, y en él llegaba a la conclusión
de que era demasiado campo para un solo Colegio; debía buscarse, por lo
tanto, la manera de que otros religiosos franciscanos o de otra Orden tomasen
a su cuidado algunas de aquellas misiones.
Todo esto revela que tanto en México como en la Baja California las autou Palou publica este memorial en el capitulo veinticinco, parte primera, de sus Noticias. Lo considera como resultado de los informes llevados por el escudero, quien había
salido de la Baja California el 25 de octubre 1771 y llegado al Colegio de San Fernando en diciembre del mismo año (PALou, obra cit., part. I, cap. 24). Se conoce eftcti\'amentc un largo memorial de Vcrger a Bucareli, fechado en México a 22 de diciembrt
de 1771, pero no parece ser el publicado por Palou. Por otra parte, Bucareli acus6 recibo al colegio, el 18 de marzo de 1772, "de la representación de V. Rma. de 23 de diciembre último y cartas que la acompañan ... ", y este acuse de recibo se refiere claramente
al memorial de 22 de diciembre. Puede ser que este memorial llevase una fecha en el
original ( 23 de diciembre) y otra en el registro del P. Verger ( 22 de diciembre). O que
el memorial resumido por Palou sea de otra fecha, pues dicho autor no la indica; la
identificación fue hecha por Bolton, en la eclición inglesa de las Noticias (I, 151, nota
1), La dificultad está en que el mismo Palou parece dar base para tal identificación.
¿Puede haber, aparte del memorial conservado entre los papeles de Verger bajo la fe.
cha de 22 de diciembre, un segundo memorial más sintético, o lista de peticiones. que
sería el publicado por Palou?

566

1idades franciscanas habían llegado a la extrema decisión de renunciar por
lo menos algunas de las misiones. Esta decisión debió ser alcanzada con mucha
anticipación en México por el P. Verger, probablemente bastante antes
de su citado informe de diciembre de 1771. Verger había escrito varias
veces a Palau sobre este asunto, durante el año 1771, la última que conozco
el 1 de junio, en que solicitaba un detallado informe de aquellas misiones.
Pero Palau no recibió esta carta hasta el 18 de enero de 1772, cuando ya el
P. Ramos de Lora había salido de Loreto para México con el fin de hacer
un supremo intento por detener el colapso de las misiones y, de no ser esto
posible, hacer renuncia parcial de las mismas. Que estas eran las instrucciones
de Ramos de Lora consta por la carta de Palau del l 8 de enero de 1772 y
por lo que el propio Palau dice en sus Noticias, al final del capítulo 28 de
la primera parte. Las noticias llevadas por Ramos de Lora anticipaban e]
informe de Palau ( 12 de iebrero de 1772) y ello debió decidir a Verger en
favor de la renuncia, que por razones surgidas entretanto hubo de ser total.
Podemos imaginarnos cómo reaccionaría Verger, siempre preocupado con el
mantenimiento de una numerosa comunidad en San Fernando, ante los cálculos de Palou y Ramos de Lora sobre que el Colegio necesitaría proporcionar
unos cincuenta y cuatro nuevos religiosos para cubrir adecuadamente las necesidades misioneras de ambas Californias.13
En la actitud de Verger influyó también otro factor. Hacia mediados de

1771 supo con profunda alarma que el Concilio Provincial reunido entonces
en la ciudad de México, bajo la presidencia del arzobispo Lorenzana, intentaba cambiar el régimen de los Colegios Apostólicos de Propaganda Fide,
privándolos de su independencia y sujetándolos a la jurisdicción de los respectivos ministros provinciales. Lorenzana, hasta entonces tan deferente con
el Colegio y personalmente con Verger, daba muestras de cierta frialdad inexplicable. Verger creyó averiguar que una de las causas de este cambio era
la oposición que, en concepto de Lorenzana, hacían el Colegio y sus misio11 Es posible que las angustiosas llamadas de Palou hayan dado a Verger la impresión de que el primero y sus misioneros deseaban, en el fondo, el abandono de la Baja Ca,
lifomia. Es decir, que rl ideal era la renuncia absoluta. De hecho, Verger al comunicar a Palou (junio 10 de 1772) el concordato con los Dominicos, le dice que "se había
conseguido más de lo esperado". Lo cierto es, sin embargo, que Palou no quería la renuncia total y que sólo la aceptó a la Iuerza. En cuanto a Fr. Junípero Scr.ra, aunque
pennaneció a obscuras de todas estas negociaciones, consideró el resultado como una
verdadera "expulsión". Conf. sobre esto Piette, obra citada en la nota 15. Cabe también la posibilidad de que Ramos de Lora, víctima preferida de las molestias de Barry
Y acaso poco a gusto en la Baja California, haya ido en sus informes verbales a Verger
más allá de los escritos que le había confiado Palou.

567

�neros a la entrada de los Dominicos en la Baja California. Parece que esto
creó mal ambiente .al Colegio entre los prelados asistentes al Concilio, uno
de los cuales era el dominico Fr. Antonio Alcalde, que aquel año de 1771
fue promovido del obispado de Yucatán al de Guadalajara. La condescendencia en la entrada de los Dominicos le permitía a Verger ganar dos bazas
con una sola jugada: se desprendía de una carga que él creía desde antiguo
-y ahora creía él que compartían su opinión los propios misioneros de la
Baja California- excesiva para el Colegio y al propio tiempo evitaba enfrentarse con elementos poderosos que, en México y en España, venían apoyando la causa de los Dominicos.H
Porque el proyecto era viejo. Se había iniciado con una real cédula del 4
de noviembre de 1768, dirigida al Virrey de la Nueva España, para que
buscase la manera de complacer al P. Pedro de Iriarte, quien deseaba ocuparse con sus hermanos Dominicos en la evangelización de la Baja California.
Pedían concretamente la parte central de la misma, entre los grados 25 y 28.
Hacia marzo de 1769, el rumor de esta concesión real llegó a oídos de Fr.
Junípero Serra, presidente de las misiones franciscanas en la península californiana. Fr. Junípero, que se disponía a emprender su histórica jornada a
la Nueva o Alta California, dirigió a Gálvez (9 de marzo de 1769) una carta
cuyo texto desconocemos, pero que debía expresar alarma por la posibilidad de perder un campo de apostolado en el que estaba poniendo todo su
entusiasmo. Gálvez le tranquilizó desde La Paz (marzo 28), manifestando la
duda de que tal noticia fuese verdadera y que en caso de que lo fuese tanto
él como el Virrey harían todo lo posible para impedir tal proyecto. Pero
Serra había sido bien informado, como pudo comprobar Gálvez al recibir
carta del Virrey, fechada en México a 4 de abril de 1769, solicitando su parecer sobre Ja mencionada real cédula de 4 de noviembre de 1768, que le
incluía. En su informe al Virrey (Los Alatr10s, 10 junio) se manifestaba Gálvez
completamente contrario a la entrada de los Dominicos en California, bien
atendida por los franciscanos; los dominicos podían emplearse en otros muchos campos, pues los había en abundancia. La respuesta de Gálvez fue enviada por el Virrey -junto con su propio parecer en contra, que ya había
expresado en otra carta de 22 de abril- al ministro de Indias, Julián de
" Las cartas de Verger al f'. Vega y al fiscal Casafonda, tanto anteriores como pos·
tcriores a la cesión de las misiones, revelan el esfuerzo por deshacer la impresión dr
que el Colegio se oponía sistemáticamente a la entrada de los Dominicos, mostrándose en
esto menos rendido a los deseos del Rey. En defensa de la independencia de los colegios,
dirigió Vergcr al Concilio un fuerte memorial, que se conserva entre los papelt:! del
British Museum. A djcho escrito &gt;· a sus buenos resultados -aunque pareció algo duro-l1ay referencias en la correspondencia cfo Vergcr con el fiscal Casafonda y con el comi•
sario general de Indias, P. Vega.

568

Arriaga. Sin embargo, los Dominicos no se dieron por vencidos y solicitaron
de nuevo un puesto en la Baja California, esta vez desde el grado 28 hacia el
norte. Cosa que les fue concedida por real cédula de 8 de abril de 1770;
entre las personas cuya consulta se menciona en la real determinación figura
el Arzobispo de México, pero ni el Virrey ni Gálvez. Este, como es sabido,
se hallaba por entonces fuera de combate, a causa de su crisis nerviosa; su
omnipotencia y grandes arrestos durante la visita general de la Nueva España
habían suscitado la natural celotipia en los círculos indianos de Madrid, mientras en México el Marqués de Croix seguía su política de contemporización
y Lorenzana cultivaba el favor cortesano. El campo estuvo largo tiempo libre
de obstáculos. Gálvez se recuperó, contra lo esperado, y trató aún de impedir la entrada de los Dominicos en California. El nuevo virrey Bucareli
le había consultado, noviembre 30, sobre la ejecución de la real cédula del
8 de abril de 1770; Gálvez con testó desde México el 22 de enero de 17 72 exponiendo las razones por las cuales tal proyecto le parecía impracticable.
Pocos días después, partía para España el Visitador General y el ex-virrey
Croix, quizá persuadidos de que podrían, desde MadrÍd, paralizar definitivamente los intentos de los dominicos. 15
Pero una gran expedición de misioneros Dominicos había ya Uegado de
España en agosto de 1771 y era indispensable buscarles un campo de apostolado. El arzobispo Lorenzana apoyaba su causa, según hemos indicado. Los
misioneros de San Fernando, por su parte, se habían manifestado ya dispuestos a ceder parte de las antiguas misiones, si bien inclinándose a que los
misioneros Dominicos se hiciesen cargo de las meridionales y reteniendo los
Femandinos las colindantes con las nuevas conversiones de la Alta California.
Sin embargo, ya en su informe a Bucareli de 8 de febrero de 1772, Verger
proponía que los Dominicos, además de las misiones del Sur, se hiciesen
cargo de la Misión de Santa Rosalía de Mulegé, como puerto de mar conveniente para extenderse hacia la región del río Colorado. Una solución del
viejo problema parecía, por lo tanto, inaplazable. Verger iba a negociarla con
su conocida habilidad y eficacia. Lo que no representaba ya un gran sacrificio fue hecho de forma que apareciese como un gesto de magnánima generosidad por parte del Colegio de San Femando, demostrando que éste no
abrigaba tendencias monopolisticas en eJ campo misional y que ardía en deseos
de cumplir los deseos del Rey.
,. MAXlMIN PmTTE, O.F.M. Evocation de Junipero Str-ra, Fondateur de la Californi.t
( Washington, Academy of American Franciscan History, 1946) publk6 en francés la
carta de Gálvcz a Serra (La Pnz, 28 marzo 1769) y los informes que el mismo Gilvez
dirigió respectivamente al Marqués de Croix ( 10 junio, 1769) y a Bucareli (22 de
~nero ~ 772). Piette trata largamente de este asunto, pp. 240-270, aunque con algunas
inexactitudes y acaso dramatizando con exceso las cous.

569

�Verger fue invitado a dos reuniones de la Junta de Guerra y Real Hacienda, en las que no hubo acuerdo; en una tercera reunión de la Junta,
celebrada el 21 de marzo sin la asistencia de Verger, quedó acordado que
este último y el Comisario de los misioneros Dominicos -P. Iriarte- resolviesen las dificultades existentes. Así lo comunicó el propio Bucareli a Verger
durante la visita que éste le hizo el 22 de marzo de 1772. Iriarte y Verger
llegaron efectivamente a un acuerdo el 7 de abril, mediante el cual San Fernando cedía a los Dominicos, todas las viejas misiones, incluso la recién fundada de San Fernando de Vellicatá, quedando al cargo de los misioneros
Femandinos las nuevas conversiones de la Alta California, desde San Diego
hacia el Norte. Este acuerdo fue aprobado formalmente por la Junta de Guerra
y Hacienda el 30 de abril de 1772. La orden de ponerlo en ejecución fue
dada el 12 de mayo por Bucareli, quien ya el día 4 del mismo mes había
comunicado oficialmente el acuerdo a Palou. Poco después se Jo comunicó
también Verger.

CRISIS EN LA ALTA CALIFORNIA

La lectura de las cartas y memoriales de Verger, que hemos venido utilizando en las páginas anteriores, pone bien de manifiesto que las preocupaciones
del Guardián de San Femando no se limitaban a la Baja California. No
ofrecían menores problemas las nuevas misiones que se había comenzado a
establecer ea la Alta o Nueva California. Ya vimos cómo Verger llegó a la
guardianía de San Fernando, a fines de 1770, irritado contra Gálvez por su
presi6n sobre el Colegio, a fin de que éste mandase a California la mayoría
de los misioneros que el propio Verger acababa de traer de España. Verger
creía que las nuevas misiones estaban fundándose sin base sólida, y que esto
sólo podía conducir a su ruina, con el consiguiente descrédito para el Colegio.
Fr. Junípero Serra era un misionero extraordinario, pero era "preciso mo•
derar algo su ardiente zelo", tal como Verger escribía a Lanz de Casafonda
el 3 de agosto de 177 L Sobre este tema de lo fantástico e irresponsable que
era la empresa de la Alta California, tal como se estaba llevando a cabo,
machaca Verger en sus cartas a Casafonda y al Comisario general de Indias.
Este fondo de pesimismo le sirve, sin embargo, para solicitar con eficacia el
remedio de las dificultades, demasiado reales por desgracia, con que trape•
zaban las nuevas conversiones. Verger ponía energía, constancia y habilidad
en todas las cosas, y no puede negarse que puso todas estas dotes en defensa
de las nuevas misiones californianas.
Esto resplandece meridiaaamente a través de la copiosa correspondencia_
570

de Verger, pero pudiéramos decir que alcanza su punto cuhninante durante
el conflicto Serra-Fages, que estuvo a punto de dar en tierra con toda la
empresa californiana. El teniente Pedro Fages fue el primer comandante
de Monterrey ( 1770-1774), cargo que equivalía al de jefe militar y civil de
la Alta California. Típico militar ordenancista y de escasas luces, no tard6 en
revelarse inferior al cometido que le habían asignado, al parecer por influencia de Gálvez. Para colmo de infortunios, su superior era Felipe de Barry, el
gobernador de California, residente en Loreto, cuya actitud hacia los misioneros ya conocemos. Fages llevó su obstruccionismo y molestias a tal extremo
que Fr. Junípero Serta se decidi6 a buscar el remedio mediante una apelación personal al Virrey. A fines de 1772 emprendió desde San Diego la
penosa marcha hacia la capital; el ? de febrero de 1773 entraba en el Colegio de San Femando. Allí se encontr6 con su paisano y amigo Verger, dispuesto a sostenerlo en toda la línea. El estado de cosas existente en la Alta
California no era desconocido por Verger, quien sabía perfectamente que
sólo por motivos de extrema gravedad hubiera Serra abandonado su puesto.
En el curso del año 1771 había ido recibiendo noticias de lo que allí sucedía
y ea su memorial a Bucareli (México, diciembre 22, 1771) hacía ya uso de
algunas. Por ejemplo, las contenidas en una escrita a Palau -y remitida por
éste-- en la que Serra insertaba esta frase: "Muchas veces he recelado me
acaben la vida las pesadumbres". La carta de Serra estaba fechada a 21 de
junio de 1771 y en ella ofrecía a su amigo Palou algunos casos de las mezquindades de Fages.16 Después de copiarlas, Verger decia a Bucareli: "La mucha
paciencia y sufrimiento que este experimentado ministro, del que (como es
notorio por el servicio que ha hecho a ambas Magestades en las misiones de
la Sierra Gorda, California y Monterrey, por espacio de más de 16 años)
jamás se ha oído queja alguna contra nadie, ni ésta se hubiera sabido a no
11 Esta carta de Fr. Junípero Serra, que se conserva original en la Biblioteca Nacional
de México, ha sido publicada en Writingr of Junípero Serra, vol. I (Washington, Aca•
demy o{ American Franciscan Ifütory, 1955), pp. 236-245. En los tres volúmenes de
esta colección -los vols. II y 111 aparecieron en 1956- se incluyen varias cartas de
Serra a Verger, las cuales han sido también tenidas en cuenta en el presente trabajo.
Las "pesadumbres" a que alude Scrra no procedían todas de Fagcs; a Serra le dolía
también el poco arranque demostrado por los superiores del colegio en la fundación
de las nuevas misiones. Lo revela claramente la carta de 20 junio 1771 a Verger
(Writings, I, 210-224) justificándose de la reprimenda que habla recibido del an•
tcrior guardián, quien acusa a Serra y a sus misioneros de haber dado motivo, con sus
cartas, de que Gálvez hubiera pretendido enviar a California toda la "misión" traída
de España. Manifiestamente decepcionado de que se le dificulte la promoción de las
nuevas misiones, escribía; "Lo regular era pretender los colegios misiones y dificultarlo
con muchas dificultades los ministros reales, y es cosa rara que ahora veamos lo
contrario".

571

�haberla enviado confidencialmente al otro Padre Presidente su discípulo que
reside en Loreto ( Palou), inclina mucho a creer que el sobredicho Teniente
(Fages) se había propasado en muchas cosas, y por tanto sería conveniente
que V. Excia. le mandase se arregle a las instrucciones que el Ilmo. señor
Visitador (Gálvez) dio a los dos comandantes de las expediciones de mar
v tierra, que se hallan en el archivo de ese superior Gobierno, o Secretaría
de Cámara". Bucareli hizo llegar en efecto las necesarias órdenes tanto a
Fages como a Barry, a fin de que no molestasen a los :misioneros, antes los
ayudasen en todo lo posible.
En la correspondencia de Serra, tal como hoy la conocemos, hay una laguna que va desde el 21 de junio de 1771, en que escribió a Palou desde
Monterrey, hasta 8 de agosto de l 772, en que dirigió desde el mismo lugar
una larga carta al P. Verger. Constituye esta última un triste y desperanzado
relato de las dificultades insuperables que los misioneros encontraban en el
desarrollo de su labor, en gran parte por obra de Fages. El endurecimiento
de las relaciones con éste se trasluce todavía más en las tres cartas que le
dirigió Serra, el 22 de septiembre y los días 2 y 13 de octubre de 1772, lo
mismo que a través de la respuesta que dio Fages el 30 de septiembre, desde
San Diego. Debió ser este inútil duelo de palabras lo que convenció a Serra
de que era necesario buscar la solución en México. Pero, volviendo a Verger,
éste no permaneció ocioso durante el año 1772 en sus gestiones por el adelantamiento de la Nueva Colifornia. Así lo prueban sus informes a Bucareli de
22 de julio, 15 de noviembre y 25 de diciembre de dicho año. En el primero hacía uso de las noticias contenidas en cartas del P. Francisco Dumetz,
de la Misión de San Diego, y el P. Pedro Benito Cambón, de la Misión de
San Gabriel, a base de las cuales expone la extrema necesidad en que se hallaban las misiones. El segundo informe contiene el "Nuevo método de gobierno espiritual y temporal" de las mismas, que Bucareli había solicitado
el 2 de septiembre último. En el número 6 de este informe copia Verger
estas elocuentes palabras del parecer que le había sido enviado por Palou,
desde la Baja California, pero que se refiere también a la Nueva o Alta: "Estos dos comandantes -Barry y Fages- están bien unidos y a una, pretendiendo estrechamos a sólo decir misa y predicar, y esto como y cuando los
dichos señores quisieran, y nada más, que lo que toca a los indios y misioneros es privativo del gobierno. Y si ha de ser así, más vale que nos retiremos al colegio y que el rey no haga gastos supe.rfluos, sin esperanza de adelantar la fe católica ni sus dominios". Por último, en el informe fechado a
25 de diciembre prosigue Verger la exposición del estado de las misiones
que había comenzado en su infonne de 22 de julio; utiliza nuevas cartas
de los misioneros que desde entonces siguieron llegándole.

572

Prueba todo esto que Verger estaba perfectamente enterado de La situación en California, cuando Serra llegó a México. Como superior del colegio,
Verger fue quien dirigió a Serra en sus conferencias con Bucardi, ordenándole expresamente la presentación del famoso memorial del 13 de marzo
1773, que marca un punto crucial en la historia de California. Evidentemente, Verger fue un digno colaborador de Serra. La mayor parte de las
medidas que propuso -y obtuvo- Serra, habían sido ya solicitadas por
Verger en sus extensos y bien articulados memoriales. Se mantiene, sin embargo, una significativa diferencia de actitud entre ambos. Mientras Scrra
se muestra dispuesto a mantener las misiones a cualquier precio, soportando
todas las dificultades y molestias, sin que asome nunca la menor sugerencia
de su abandono; Verger da la impresi6n de que considera insostenibles aquellos establecimientos, si no se accede a sus peticiones de remedio. Serra es siempre el misionero de vanguardia, el conquistador espiritual; Verger el organizador, el hombre de retaguardia. Serra es un creador, lleno de audacia;
Verger lo que llamarlamos un realista, que acaso exagera la crítica y la
prudencia, hasta dar a veces la impresión de mezquino. Lo típico de Verger
es su claridad mental, su acerada disección de los problemas, y Ja valentía que
pone en defender sus puntos de vista. Valentía que no anula su habilidad de
buen diplomático.

VERGER SIGUE EN LA BRECHA

Su término de guardián de San Fernando terminaba en diciembre de 1773,
pero el nuevo capítulo guardiana} no tuvo lugar basta mayo de 1774. Hasta
esta fecha, por lo tanto, permaneció Verger al frente del colegio. Pero los últimos meses los pasó fuera de la ciudad de México, ocupado en la visita del
colegio de misiones de Pachuca, que le había encargado el comisario general
de Indias. Este Colegio había sido recientemente {1771) segregado de la provincia franciscana de San Diego de México, determinando la Santa Sede que
en adelante fuese independiente y se rigiese por las leyes de los demás colegios
apostólicos de propaganda fide. Parece que, con esta ocasión, surgieron algunas dificultades, y Verger fue comisionado para resolver estos y otros problemas. Recibida esta comisión el 15 de febrero de 1774, debió salir para Pachuca a principios de abril; el 14 de este mes ya estaba en Pachuca. Con habilidad y tacto logró poner las cosas en orden; pero fue tarea larga. '.El 9 de agosto
se encontraba todavía en Pachuca, al parecer sin haber regresado a la ciudad
de México desde su salida en abril, pues consta por el ya mencionado "Libro

573

�de Decretos" que no asistió al capítulo guardiana! del colegio de San Femando, celebrado el 14 de mayo. 17
Mientras tanto, Fr. Junípero Serra había emprendido su regreso a California. El 15 de marzo de 1774 desembarcó en San Diego, siguiendo desde allí
por tietTa a Monterrey, donde entraba el 11 de mayo. Tenemos varias cartas suyas a Verger, escritas desde el camino, y también una desde San Diego (31 de
marzo 1774). No se conoce respuesta alguna de Verger. Tampoco sabemos qué
influjo ejerció, ni cuál fue su actitud, durante la guardianía del P. Francisco
Pangua (1774-1777). Verger, en su calidad de ex-guardián del colegio, tenía
voto en el consejo o discretorio, y de hecho hallamos su firma en el "Libro de
Decretos", desde el 9 de septiembre de 1774 hasta el 17 de mayo de l 777. En
California, las cosas no marchaban tan bien como Serra había esperado. La
tinúdez e indecisión del nuevo gobernador Fernando de Rivera resultaban
exasperantes para el celo incontenible del gran misionero. Rivera, sin embargo,
era amigo personal de varios misioneros, entre ellos Palou y Lasuén, y algunos
juzgaban como demasiado intransigente la actitud de Serra, y quejas sobre esto llegaron al colegio. Parece que hasta les prestó cierta atención el guardián
Pangua. Verger da la impresión en varias de sus cartas de ser también amigo
de Rivera; la cautela de éste respecto a nuevas fundaciones armonizaba bastante con el conocido pesimismo de Verger sobre la materia. Pero ignoramos
el papel que efectivamente jugó -si es que jugó alguno- en este caso.
Es muy poco asimismo lo que sabemos acerca de su segundo término como
guardián de San Femando ( 1777-1780). Al contrario de lo que sucede respecto a su primera guardianía, no disponemos del registro de su correspondencia durante este segundo período. Ni tampoco de colecciones de cartas suyas,
aunque es de suponer que existan muchas dispersas en los archivos de México
y España. Pero tenemos algunas cartas de Serra a Verger, durante la segunda
guardianía de éste, y por ellas es posible conjeturar lo que hizo en favor de las
misiones californianas. Verger intervino en la cuestión de la facultad de confirmar, que Serra venía ejerciendo por autoridad apostólica y que el comunero
gobernador Neve trató de impedir con triquiñuelas legalísticas acerca de su
" En dicho Libro d, Decretos se hace constar que tanto Verger como su secretario
enviaron la renuncia de su voz activa, es decir, de m derecho a votar en dicho capítulo.
Los datos restantes sobre la visita de Pachuca se encuentran en las cartas de Vcrger
al Comisario general de Indias, ya citadas. El J 5 de mayo de 1774 escribió también
desde Pachuca al virrey Bucarcli, remitiéndole un informe de Palou sobre las misiones
de la Baja California y juntamente una carta de Scrra. Esta carta se conserva en la
Stephens Collcction, de la Universidad de Texas. Durante la visita del Colegio de
Pachuca, Vergcr se entrevistó con el famoso Conde de Regla, gran protector de aquel
convento, como también lo era de San Femando y en general de todos los colegios de
misiones de la Nueva España.

574

pase regio. Asistió también a Serra en el establecimiento de nuevas misiones y
en las dificultades con el nuevo comandante general de las Provincias Internas, Teodoro de Croix, y con el citado Neve. La creación de la Comandancia general de las Provincias Internas, que sacaba a California de la inmediata jurisdicción del virrey Bucareli, fue muy lamentada lo mismo por Verger
que por Serra y en general por los misioneros de San Fernando. Bucareli se
había manifestado siempre no sólo como gobernante equilibrado sino como
verdadero amigo. Con la misma pena lloraron en 1779 su muerte. 18
El 17 de junio de 1780, el colegio escogió de nuevo por sucesor del P. Verger, como en 1774, al P. Francisco Pangua, quien tuvo como contrincantes en
la elección a los dos grandes de California: Serra y Palou. En su calidad de
ex-guardián, Verger continúa tomando parte en las reuniones del discretorio
del colegio. En el citado ''Libro de Decretos", su firma aparece por última
vez el 6 de enero de 1781. Por otra parte, en la reunión discretorial de 8 de
octubre 1783, fue leída una carta que "remitió desde la ciudad de Zacatecas
el Ilmo. y Rmo. Sr. don Fr. Rafael José Verger, Obispo de Linares en el Nuevo Reino de León, en que pedía no le desfiliasen de este colegio, aunque por
el estado en que se halla parece debía tenerse por desfiliado; la cual petición
leída, atendiendo los Padres al grande servicio que por espacio de treinta y
tres años ha hecho a este colegio en diferentes cargos que se le encomendaron,
no sólo en este Reino sino también en el de España, y por el loable exercicio
con que gobernó a este colegio en dos ocasiones que de él fue dignísimo prelado, fueron de sentir unánimes que se tuviese siempre por hijo de este colegio,
y como a tal atendido y venerado y obsequiado en vida y después de muerto"
(Fol. 105) .

,. En carta a Lasuén ('México, 14 enero 1780) que se conserva en el archivo de la
Old Miasion de Santa Bárbara, California, Verger opina que fue "un gran yerro" el
separar las Provincias Internas del gobierno del virrey. Lamentaba también la muerte
de Bucareli y se refería a otro proyecto que preocupaba grandemente a Verger: la
reorganización de las misiones del noroeste de la Nueva España, según los planes
de Fr. Antonio de los Reyes, el inquieto misionero del Colegio de Querétaro, que pronto
sería nombrado primer obispo de Sonora.

575

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                  <text>Humanitas es la revista de investigación más antigua del noreste de México en el área de Ciencias Sociales y Humanidades, se publica desde 1960 y actualmente está indexada en Latindex. Es una revista arbitrada y de acceso abierto que considera para su publicación artículos originales escritos en español e inglés, que sean el resultado de una investigación científica y que representen una clara contribución al debate y conocimiento de las áreas de la revista: Filosofía, Letras, Ciencias Sociales e Historia.</text>
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                <text>Humanitas es la revista de investigación más antigua del noreste de México en el área de Ciencias Sociales y Humanidades, se publica desde 1960 y actualmente está indexada en Latindex. Es una revista arbitrada y de acceso abierto que considera para su publicación artículos originales escritos en español e inglés, que sean el resultado de una investigación científica y que representen una clara contribución al debate y conocimiento de las áreas de la revista: Filosofía, Letras, Ciencias Sociales e Historia.</text>
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                    <text>Sección Segunda

LETRAS

�ALGUNOS ASPECTOS DE LA TRRMINOLOG1A
LINGÜISTICA ACTUAL
JUAN ANTONIO AVALA
Centro de Estudios Humanisticos
de la Universidad de Nuevo León.

LA FORMACIÓN DE UNA terminología lingüística propia y precisa puede decirse que tiene su origen en el Cours de Linguistique Générale de Ferdinand
de Saussure. A pesar del tiempo transcurrido desde su publicación ( 1916) ,1
muchas de las ideas y principios del ilustre ginebrino siguen aún vivas en las
corrientes lingüísticas más importantes de la actualidad y dos de éstas, la Fonológica de Praga y la Estructural de Copenhague -no importa su actitud
hacia de Saussure- están basadas en el concepto de "estructura", tan importante en el sistema de éste y cuya paternidad hay que atribuirle. Una de
las mayores preocupaciones de Saussure fue la creación de una terminología
unívoca que reflejara exactamente y sin confusión posible los distintos conceptos y matices de su teoría. A la extraordinaria precisión de estos conceptos
responde una terminología tan exacta que hoy se ha convertido en usual y
en punto de partida para cualquier teoría lingüística. Nadie duda hoy del
valor signativo de los conceptos lenguaje, lengua y habla; de los de sigruficante,
significado e imagen acústica, integrantes del signo lingüístico, concepto éste
precisado, por vez primera, en el Cours; de los de sincronía, diacronía y pancronía; de los de valor lingüístico y del de estructura, que tan fecundos han
sido para las nuevas corrientes, especialmente para la fonología y la gramática estructural.
La preocupación por determinar con exactitud el léxico lingüístico es
' DE SAUSSURE, F., Cours de linguistique générale (éd. posthume, d'aprés des notes,
d'un cours professé de 1906 a 1911 ) , Paris-Lausanne, 1916; 4a. ed., Paris, 331 p. Existe
traducción española de Amado Alonso a cuyo cargo está la introducción y notas, Edit.
Losada, S. A., 3a., ed., (Buenos Aires, 1959); es reproducción fotográfica de la 2a.
edición de 1955.

221

�relativamente reciente. Al convertirse la lingüística en una ciencia autónoma
-y debemos recordar, una vez más, que en ello influye el 'método inmanente' de Ferdinand de Saussure- se ha visto la necesidad de deslindar el
alcance de los términos y conceptos utilizados con el objeto de disponer de
un repertorio técnico que refleje las tendencias de cada escuela. Han estudiado la terminología lingüística: J. Marouzeau, Lexique de la terminologI.e
linguistique, 3a. ed., Paris, 1951 (en cuatro lenguas: francés, alemán, inglés
e italiano) ; F. Lázaro Carreter, Diccionario de términos filológicos, la. ed.,
Madrid, 1953 (con un vocabulario de correspondencias en alemán, inglés y
francés); E. de Felice, La terminología linguistica di G. l. Ascoli e della
sua scuola, Utrech-Anvers (s. f.); Eric P. Hamp, A Glossary of American
Technical Linguistic Usage, 1925-1950, Utrech-Anvers, 1957; J. Vachek,
Dictionnaire de linguistique de l'Ecole de Prague ( con la colaboración de J.
2
Dubsky), Editions Spectrum, Utrech-Anvers, 1960.
Vamos a intentar en el presente trabajo, una inicial recolección, definición
y ordenamiento de algunos términos lingüísticos que son hoy corrientes en
las más importantes escuelas lingüísticas; por no semos posible abarcar todos los
conceptos de uso más corriente, nos referiremos de manera especial a la terminología lingüística estructural, conocida también con el nombre técnico de
Glosemática. La Glosemática fue fundada por L. H jelmslev ( 1936) y alrededor de sus teorías y enunciados se ha formado la llamada Escuela de
Copenhaguen. L. Hjelmslev parte, para elaborar su teoría, de dos principios
fundamentales enunciados por F. de Saussure en el Cours de Linguistique
générale: el de inmanencia lingüística y el de estructura. El principio de
inmanencia no fue enunciado explícitamente por de Saussure ya que, sobre
todo, se trata de una metodología que debe imponerse en el análisis lingüístico. Podemos encontrar en la Introducción del Cours una enunciación tácita
del mismo: "Así, pues, de cualquier lado que se mire la cuestión, en ninguna
parte se nos ofrece entero el objeto de la lingüística. Por todas partes topamos
con este dilema: o bien nos aplicamos a un solo lado de cada problema, con
el consiguiente riesgo de no percibir las dualidades arriba señaladas, o bien,
si estudiamos el lenguaje por muchos lados a la vez, el objeto de la lingüística
se nos aparece como un montón confuso de cosas heterogéneas y sin trabazón.
Cuando se procede así es cuando se abre la puerta a muchas ciencias -psicología, antropología, gramática normativa, filología, etc.-, que nosotros sepa• Los tres últimos títulos han sido publicados por la Comisi6n de terminología del
Comité internacional permanente de lingüistas. Para la metodología y contenido de
dichos trabajos Cfr. JosEF VACHEK, "A propos de la terminologie linguistique et du
systéme de concepts linguistiques de l'Ecole de Prague", en Philologica Pragensia, IV,

ramos distintamente de la lingüística
correcto, podrían reclamar el le
. ' pero que, a favor de un método inparecer no ha
,
ngu_~Je como uno de sus objetos... A nuestro
y mas que una soluc1on para todas estas dificultades. ha
colocarse desde el primer momento
l
'
y que
norma d
.
~n e terreno de la lengua y tomarla como
, e todas
o_trC:S manifestaciones del lenguaje".s
El metodo o prmc1p10 de inmanencia tiene com b.
fases sintagmática y sistema't;ca)
.d ad
o o Jeto la lengua (en sus
•
cons1 er a como
t tO • f .
estructura hay que definir 4 E T Al
un ex m 1ruto cuya
. .
. rm 10
arcos Llorach describe
I f
s1gu1ente este principio: "El punto d . t .
. en a orma
aJ·e como f1·n en , .
e vis a inmanente, el considerar el lengu
si mismo no se ha apr d h
.
Fue Ferdinand de Saussure 'si no el r· ica o. ast~ ~1empos muy recientes.
0
!a;!d~! ~si~tió en la nece;idad de e~tu~:: e~lee~g:~:od::d~u:nc~:n::y~:

ta:

lengua ::~~e: Ante .:do,destabl~ce una tajante división metodológica: la
r cons1 era a o bien como un estado d f ,
.
táneos, o bien como una evolución de fenóm
. ~ enome~os srmul7en~:~~:~e~~a:1 º;!gg:~:ecesariam~~date un:n:;g:~::;~ ::t=~~;:e~:a;:;
'
, 1a suces1v1 d no requiere ¡
. .,
.
mática de los fenómenos ..." 5
a orgaruzac10n s1steLa aplicación del principio de inmanenci h
.
la estructuración de la nueva lingü' ti a E~ te~1do hondas repercusiones
una y otra vez en ello p d
is ca.
rrusmo de Saussure insistió,
Cours y no es ~reciso i~isti~ee::n:~contrarse abundantes testimonios en el
en

Am~~c~I más fecundo ~a sido el concepto de estructura. "Pienso -afirma
sistem: e:nqs:-t:~ su tgur~sa.concepción estructuralista de las lenguas como
os os termmos son solidarios y
1
mentario -más bien im licado--- de ,
,
'
en e concept~ complesolidaridad e interdepend~ncia de una sv1·gnal~fr.... º6El valor¡ que consiste en la
1 1cac1 n con as otras si nif. •
nes, emana del sistema e · li 1
.
g 1cac10uno de
1
,,
rmp ca a presencia concreta del sistema en cada
9
sus e ementos .
La lengua, para de Saussure es ante todo "
ali
cipio de clasüicación" T De ' , 1
' una tot dad en sí y un prinbase al estudio de la le~
aqm e postulado fundamental que servirá de
gua como estructura. "La r .. , f .
una disposición cualquiera. la ,_
. . mgws ica mtema no admite
,
u:ngua es un sistema que no conoce más que
• DE SAussuRE' F ·, eours. · · (c·ito por la edici6n e - )
en a delante se usará la sigla CLGt
spano a, pp. 50-51). De aquí
. .. de térmi
,• F. LÁZARO CARRETE R, D.iccionano
f ·¡ ló ·
E. ALARCos LLORACH Gr át ·
nos ' o g1cos, ed. cit., pp. 168b-169a
,
am 1ca estructural (
, ¡ E
·
con especial atenci6n a la lengua española) B·br segun a scuela de Copenhague y
3, Edit. Gredos, Madrid 1951 · PP 13
'cc1 C10Lteca Romántica Hispánica, Manuales
• CLGt, pr6 logo a la' edici6n
, español
.
y ss.
Gt, pp. 67 y ss.; pp. 63 y ss.
8r.
' CLGt, p. 51.
a, p. ·

2, 1961, pp. 65-78.

222

223

�cología y a Ja 1'ogica;
·
1a cosa, en cuanto se relacion
1
o su concepto interesa a la epistemolo ía. L
a c?n . os concep~os
externas es el ob1· eto de las . .
g
a cosa en s1, sin referencias
'
c1enc1as naturales
b) relaciones entre la imagen acústica ( estímu;o asociado
( ambos componentes esenciales de la entidad . ) ) y el concepto
1 ·
signo .
c ) re ac1ones entre la imagen acústica ( . . .
cuanto entidad sonoro-acústica f' . stgmfi~ante) y su forma sonora, en
.
, 1S1ca, articulada.
d) finalmente, integración en el si no del . . .
sus aspectos social, comunal e !st6rico.1~1gruf1cado y del significante y

su orden propio y pcculiar''. 8 "Una lengua constituye un sistema . .. este sistema
es un mecanismo complejo y no se le puede comprender más que por la
reflexión".9
Este concepto de la lengua como "estructura lingüística" ha sido tomado
en su integridad por la Escuela de Copenhaguen y sobre él ha constituído un
importante sistema de conceptos y una terminología lingüística que vamos a
analizar sumariamente, en sus aspectos más importantes. Par .. íos estructuralistas, la estructura debe ser analizada en el texto. El Texto es un "conjunto
analizable de signos" ,1º es decir un fragmento de una conversación, una conversación entera, un verso, un poema, una novela, una carta, esto es, un
hecho determinado de lengua. El análisis estructural parte, pues, de la unidad
más grande, el texto, que se subdivide, para su estudio, en unidades cada
vez más pequeñas, hasta llegar a los elementos básicos que integran la estructura. "Lo q Je nos es dado -afirma Alarcos Llorach- al tratar de describir la lengua, es el texto (sea oral o escrito), aún no analizado, como
totalidad no dividida y absoluta. El único procedimiento para buscar en el
decurso de este texto un sistema de lengua es el análisis, mediante el cual el
texto será considerado como una clase de elementos, los cuales, considerados
a su vez como clases, se dividen de nuevo en elementos, y así sucesivamente
hasta que la división se agota. Es un procedimiento que avanza de la clase
al elemento, un movimiento analítico y especificativo, lo contrario de la
inducción: se le llama método deductivo".11 Obsérvese de paso cómo en el
análisis debe aplicarse el método inmanente del cual hablamos ya más arriba.
La serie de entidades analizadas en el decurso del texto por el método
deductivo son, en definitiva, los signos y sus relaciones mutuas dentro del
sistema que norma el texto. La teoría del signo lingüístico si no es originaria
de F. de Saussure, por lo menos le cabe el mérito de haberla sistematizado y
puesto en circulación dentro de los estudios lingüísticos. El signo lingüístico
en la mente de De Saussure y de todos sus seguidores consiste esencialmente en
un "estímulo asociado". Desde el punto de vista psicológico -factor importantísimo en lingüística- el signo lingüístico supone una gran cantidad de
funciones y de relaciones muy complejas, entre las que señalaremos las
siguientes:
a) una sene de relaciones entre el concepto y la cosa; el concepto en
cuanto entidad intelectual abstracta y universal interesa a la psi• lbid., p. 70.
' lbid., p. 138.
'" F. LÁZARO CARRETER, Diccionario de términos filológicos, ed. cit., p. 320a.
11

224

E. ALARC0S LL0RACH, op. cit., p. 26.

So:: :~~

~7do lo que 1~ li~~stica actual implica en el signo lingüístico.
o e elemento s1gnil1cado-concept / . u·
.
elaboran los siguientes térm·
º. s1gn icante-irnagen acústica, se
auténticos:
inos correspondientes a otros tantos conceptos

-

forma del contenido
sustancia del contenido
forma de la expresión
sustancia de la expresión
or f
.,..:,}cad
orma del contenido, "orden graSl5uul
O se nos presenta" 18
f

Se entiende, en la lingüística actual
matical característico en que n
U

es independiente deI cont em"do mismo
.
deI contenido
.,
y
t· ' esta , orma
re1ac1on arbitraria .u se e t· d
.
man 1ene con el una
'
n ien e por sustancia del
t ·dO 1
(el sentido lo designado) "
f
con em
a significación
'
.
' que es con ormada por la forma Lo
.
porta para el signo lingüístico es, naturalmente la
.
q~e unque la sustancia es la misma s
1f
1 '
forma del contemdo, ya
.
·
, ea cua uere a forma" 1s L
. d
temdo no interesa al método 1
, .
. .
a sustancia el cong osematico que se interesa en el estudio de las
u Un amplio análisis del signo puede verse en CLGt
P. GUIRAUD, La Semantique Presses U .
. .
' pp. 127 y ss.; véase también
del .
1·
,
,
mvers1ta1res de France p . 1955
signo mgüistico implicada en la c
., d
. ' aris,
• La teoría
s t , d
oncepc1on e los lógico
' .
u eona el signo y de la c
. .
s matematicos y en toda
omumcac16n aceptable en
· · •
e 1aborar signos puros de com • . ,
'
prmcip10 como sistema para
umcac1on en el cam
d 1 fl
,
su ~idad de metalógica del lenguaje no o e po e a i orofia y de la ciencia, en
guaJe en su calidad de m d" d
'
. p _ra cuando se trata de aplicarla al len.
e 10 e comumcac16n h
Cf
gua¡e y la vida, Ed. Losada S A B
A"
umana,
r. CH. BALLY, El len¡
.
, · · uenos 1res 1952 R c
a metafls1ca por medio del anál" . ló .
'
. , . ARNAP, La superación de
" DTL, p. 90b.
ISIS
gico del lengua¡e, UNAM, México 1961.
" Cfr. ALARCOS LLORACH, op. cit ., p • 20•

11

1 bid., pp. 20-21.

225
Hl5

�formas; su dominio es el campo de las relaciones y funciones lingüísticas que

i

l
1

se dan dentro de una lengua.
Frente a los conceptos de forma y sustancia del contenido están los de
forma y sustancia de la expresión. En glosemática se usa el término expresión para señalar al significante de De Saussure; la sustancia de la ex presión
será, pues, lo material del sonido portador de la imagen acústica: "Una serie
de oclusivas, p-t-k, por ejemplo, constituyen una sustancia de expresión, la
cual recibe en distintos idiomas diferentes formas. Hay lenguas en las cuales
el punto respectivo de articulación de esas consonantes es único ( el español,
por ejemplo), y hay otras en que la emisión de esas mismas consonantes
exige varios puntos de articulación: el esquimal presenta dos zonas de k; muchas lenguas de la India ofrecen dos zonas distintas de t. La sustancia es idén16
tica en esas lenguas y en español; la forma, en cambio, varía". La forma
17
de la expresión es "independiente y arbitraria con respecto a la expresión" .
Así se ha ampliado el concepto de signo lingüístico, concepto depurado y
mucho más determinado que en sus orígenes. Respecto a este punto, Alarcos
hace el siguiente resumen que trascribimos por su claridad:
"Esto nos muestra que las dos magnitudes que entran en la función del
signo se conducen en ella de manera análoga. Es, pues, el signo la asociación
de una forma de expresión y una forma de contenido. Sólo gracias a estas
dos formas existen las sustancias respectivas, que aparecen cuando se proyecta cada forma sobre el sentido de su plano respectivo, 'igual que una red
extendida lanza su sombra sobre una superficie indivisa'. . . El estudio de la
lengua debe, por de pronto, limitarse a la consideración de su forma en
cada uno de los dos planos: la forma de la expresión y la forma del contenido.
Las respectivas sustancias pueden ser, naturalmente, también objeto de estudio, pero éste ya no pertenece a la lingüística propiamente dicha. La disciplina que se ocupe de la relación entre la forma y la sustancia del contenido
es la semántica; la disciplina que investigue la relación entre la forma y la
18
sustancia de la expresión es la fonética".
En el decurso del análisis glosemático nos encontramos con el concepto de
clase. Clase es un elemento del texto dividido para su análisis y "los objetos
registrados en una sola división como dependientes homogéneamente entre
sí, y como dependientes de la clase, se llamarán elementos de la clase en
cuestión".19 Estos elementos son los que constituyen, al relacionarse unos con
otros, al entrecruzarse, toda la trama de la lengua, objeto de la descripción y
" DTF, p. 142b.
"

ALARCOS LLORACH,

11

ALARCOS LLORACH,

op. cit., p. 21.
op. cit., pp. 22-23.

del estudio. E
· t en muehos tipos de dependencias y relaciones.
• x~
ramos 1as pnncipales:
. sólo enume-

-

interdependencias
. presupone al otro.
. .
' cuando un t'ermmo
determinaciones,
cuando un término presupone a otro pero no al contrario.

-

constelaciones, cuando los dos términos t'
.
.
pero no se supone ni como determinac· ienen ~1erta es~ec1e de conexión,
10nes m como mterdependencias.

De este
.
. triple tipo de relaciones se denvan
nuevos conceptos,
d
en la siguiente terminología:
expresa os

-

solidaridad, "~terde_pendencia entre dos términos .del decurso.
complementaridad,
mterdependencia entre dos térmmos
.
[ ·, "d
del sistema.
se eccion, eterminación entre dos términos dentro del de
"
esp ·¡ · · , d
. .
curso .
eci icacion, etermmac1ón entre dos te'rm'mos de1 sistema.
.

De acuerdo con la concepción estructuralist
1
obra de introducción Alarcos Llorach la len a y ta como _la expone en su
por la glosemática tiene dos pl
f' d gua, en cuanto sistema, estudiada
'
anos un amentales :
a) El plano cenemático, cuyo objeto de estudio
cenemática estudia las unidades de expresión ;~:n!:s ,c:n~rr:,)atemas. Lla
llamados propiamente cenemas
.
, v c10 ' o sea os
y marginal y los prosod
o constitu,yentes, en su aspecto central
b)
'
emas o exponentes, como sintonemas
~¡ ~!ano ple~emático, cuyo objeto de estudio son los plerema~ ~=n;~s.
rem1ca estudia las unidades de contenido (pl , 'll '
.
epleremas constituyentes (en cuanto centr I
eres, . eno ) o sea los
femas o exponentes (extensos o verbales : ~:t:n::r:1:~:?nii~~~ morHemos estudiado tan sólo al nos de 1
. .
, .
empleados en la actuar d d gu 1
os principales termmos lingüísticos
I a por a escuela estructuralist
h
.
una nueva luz sobre el estudio d 1 1
a que a arro3ado
como ya se ha -a1 d
e :1-5 enguas y sus constitutivos. Posiblemente
sen a o, esta termmologí
'
universalidad. está restring'd
, 1 a no goza en la actualidad de plena
no ha alca~do esa trasce Ida ª. erre~ os altamente especializados y todavía
d
n enc1a uruversal de otras t
· 1 ,
e la Escuela Fonológica de Pra
s·
ermmo og1as, como la
lingüística internacional ha d dga. mi embargo creemos que el futuro de la
e esenvo verse por este cami
con el instrumental de una te . 1 ,
.
no, ya que cuenta
campo de su estudio.
rmmo og1a precisa y ha fijado objetivamente el

" !bid., p. 30.

226

227

�LOS PROBLEMAS DE LA HISTORIA DE LA LITERATURA
Lic.

ALFONSO RANGEL GUERRA

Universidad de Nuevo Le6n

EL PROBLEMA DE LA HISTORIA de la literatura puede plantearse enfrentándola
1
a la Historia. Y además, sin olvidar la idea que comunmente se tiene de ésta,
preguntando si aquélla se proyecta y escribe con un propósito definido.2 Quizá se acepte como un apéndice más de la Historia, que abarca o pretende
abarcar todo lo acontecido en cuanto hecho humano: así como el historiador,
para ofrecer una visión de cierta época acumula documentos, referencias, datos, bibliografías y da después una interpretación de todo esto en una obra
escrita y organizada, así el historiador de la literatura recogería la producción
literaria de un lugar y una época, la asociaría con las condiciones personales
de los escritores y las condiciones sociales del momento para establecer una
visión de conjunto de ese período, explicando las características de los autores
y de sus obras.

Pero el problema no es tan sencillo como parece, y antes de asimilar la
historia de la literatura a la Historia, sería necesario aclarar con exactitud
1

Historia y Literatura se escribirán aquí con mayúscula cuando se considere necesario aclarar la distinci6n que se apunta en el texto, a prop6sito de la historia de la
literatura.
• El problema de si la historia de la literatura se proyecta y escribe con un prop6sito
definido, se plantea aquí porque es común observar que los estudios que a este respecto se realizan toman varias direcciones a la vez y mezclan en un mismo trazo
factores de índole diversa. Suelen escribirse historias de la literatura que recogen cronológicamente los datos biográficos de un autor, y las noticias sobre sus obras, para
colocarlos en una gran serie que ordena todas las figuras de la literatura, las grandes y
las pequeñas, colocando junto a Lope de Vega a L6pez de Vega, corno dice Dárnaso
Alonso. O bien introducen en esto las tendencias y espíritus de la época, escuelas e
"isrnos" en los que se coloca a los escritores, limitándose en definitiva a una mera
acumulación de datos que hace que nos preguntemos si efectivamente se trata en
rstos casos de verdaderas historias de la literatura.

229

�. .
. n verdad es como quedó dicho
'l debe ser la labor del h1stonador, y s1 e
enta como
cua
.
.
ue deban tomarse muy en cu
arriba o supone otras circu~sta.~c1as q
1 bor. además y esto es lo que aquí
fundamentales para la reahzac10n ~e ~s~ a b. ' establ~cido -en la medida
nos interesa dilucidar, es nece~r:
~~:ratura trabaja un "material",
en que sea posible- si el histo1?a o_r de a or tanto aclarar también cuál
llamémoslo así, similar al del_ ~stona or, y !abajo Veremos, pues, aunque
será el método que deba utihzha:se ~nd su para pa.sar después al problema
t l labor del 1stona or,
sea someramen e, a
,, " t . ,, en la historia de la literatura.
de lo que debe ser el "asunto o ma ena

:Jª;

I
h
asados es decir, en ciertos hechos
Si la historia se interesa en los hec ~~ p el s:ntido de esta búsqueda, de
pasados, tenemos que preguntamos cua es, .
d 1 hombre a su mundo pretento.
este asomarse e
. .
.
so conjunto de suceLa "selección" que practica la h1stona sobre el lru:pe: de todos- al orien.
.
lizados -puesto que no se oc
sos y situaciones ya rea
.
.
la i·nvestigación histórica, nos
•
' tos que animan
tarse por los mismos propos1
.d
1 f·nalidad de dicha investi.
d· t O
'I es el sent1 o Y a 1
permite ver de mme ia cua
¿· d n el pasado puede servir
gación. La historia re~oge todo ~ 7:se,c;::en:ta:c:as y caract:rísticas de u~
de clave para descubnr o conoc
d 1 hombres que ahí actuaron y vi.erto tiempo o sea e os
l
cierto ugar Y un ci
'
'
, t·
¡0 que se busca en d ef.1de
conocer
esas
caractens
icas,
y
vieron.
tratand o
t d 1 s huellas (de la más diver. . t d 1 hombre por o as a
nitiva es el conoc1m1en o e
Al historiador no le interesa prosa naturaleza) que va dejando a dsu pdaslo.h b
Hacia éste tienden todas
d
.
1 pasa o e om re.
piamente el pasa o, s1~0 e .
su labor cobra sentido en cuanto se
sus preocupaciones de mvest1gador, _Y
1
y definido aunor aniza con un prooós1to perfectamente c aro
'
ordena y se g
1· da :ed de lo pretérito: quiere saber lo que ha
que se pierda en la comp ica
h d . do de hacer lo que ha dicho y
hecho el hombre, y también lo q.ue da elJª
ha c~plido. en una pala¡ d 1
ha planea o y o que
'
lo que ha cal a o, o que
t camino conocerse a sí mismobra, quiere conocer al hombre -y por es e
por sus obras.
,
· t dis" , hí"
mo algo que se encuentra &lt;letras o a c1er a
El pasado esta a , co
d • d el hombre. Asomar.
a arda las huellas que va e1an °
,
tanc1a de nosotros, y º~
ue de él ha perdurado, no lleva otro propase a ese pasado a traves de lo q
·,
· a del hombre
·t
e el de encontrar esas claves para la comprens1on m1sm
h.
:o:;user sujeto a las dimensiones del tiempo y del espacio: como ser is-

Al historiador corresponde asomarse a ese pasado del hombre, y para
su trabajo cuenta con una gran variedad de elementos que le permiten cumplir buena parte de la tarea: ruinas, vestigios, objetos, instrumentos, documentos, textos públicos y priv~dos, obras que ya escribieron otros historiadores como él, etc.; todo este material no es, como podría creerse, el objeto
mismo de estudio, sino uno de tantos medios, entre los verdaderamente indispensables, con que cuenta el historiador para cumplir su tarea. Una muralla, un objeto de uso doméstico, un documento público, son para el historiador muestras o presencias de un cierto pasado, y logrando establecer
todo lo que estas muestras suponen en relación con su origen y su uso, las
causas que motivaron su creación y el manejo que de ellos se hacía, se puede llegar a penetrar un poco, o mucho, en la época de la cual provienen, la
que debe ser, en definitiva, el asunto mismo de la historia. Así pues, si todos
estos objetos tan diversos son medios o posibles medios de conocimiento de
una época pasada, la labor del historiador comenzará a partir del momento en que se pregunte sobre esos objetos que han llegado hasta sus manos,
como objetos pertenecientes a un todo vivo y complicado que es la sociedad
humana en tal período y en tal lugar.
Pero aquí surge el primer problema para el historiador. ¿ Hasta qué punto
es válido, o si se quiere posible, el aplicar o determinar a un cierto objeto
condiciones de creación y de ejecución, no como perteneciente a la época
del historiador, sino, por ejemplo, al siglo XV? Dicho de otra manera, ¿puede llegar a conocerse con exactitud el valor que ese objeto tenía en el siglo XV, y por este camino esbozar una cierta teoría económica, digamos, sobre esa época, si el objeto de que se trata fuera un instrumento propio de
determinada artesanía? El problema, de todas formas, no podría considerarse insoluble contestando con una negativa rotunda, pues cabría tomar en
cuenta muchísimos factores que permiten aceptar una respuesta positiva,
como sería el que investigaciones anteriores aportarían datos e informes relacionados con ese problema, el que se tuvieran otros objetos similares o
con diferencias notorias, textos de la época, etc; en una palabra, la labor de
este historiador sería una más entre otras muchas apoyándose mutuamente
y aportando entre sí los conocimientos de un todo que se va definiendo por
sus partes. De todas formas, la perspectiva histórica, la distancia inevitable entre el ahora del historiador, desde el cual se emite el juicio interpretativo, y el ayer en que se ubican los hechos sucedidos, dejan en pie esta condición del hacer histórico, que revela el pasado con la mirada del presente,
aunque se imponga en la investigación Ja más estricta objetividad.
Pero los objetos mismos que pueda manejar el historiador están ahí y, de
una o de otra forma, testifican con su presencia actual su existencia ante-

tórico.

231
230

�1

i

1

rior y dejan entrever su función. Pero algo definitivamente ausente, terminado, es lo que puede perturbar más al historiador: aquello que ha impulsado los hechos y las acciones de los hombres. Una guerra o una revolución,
la muerte de un gobernante o el giro en la actitud de un partido político, en
sí mismos no representan un problema para el investigador, puesto que la
historia misma, vale decir, el suceder mismo, se encarga de demostrar con
pruebas fidedignas que realmente ocurrieron. Cuando el historiador ha
comprobado que efectivamente ocurrió tal o cual circunstancia en la vida
de un país, un complot por ejemplo, o el derrocamiento de un gobierno,
o el convenio de dos potencias anteriormente enemigas, entonces es cuando comienza su verdadero trabajo de investigador, pues si se limitase a afirmar
que estos hechos acontecieron, no aportaría gran cosa al conocimiento del
pasado del hombre. Con todo este material que tiene al alcance de la mano, que deberá conocer tan íntimamente como sea posible, y con los hechos
y acontecimientos pasados cuya existencia prueba ese mismo material, el
historiador comenzará su auténtica labor, que será la de explicar el porqué
de tales acontecimientos, las causas que los originaron y las consecuencias
que de ellos se desprendieron. La historia del hombre, por sus obras, tendrá
que ser en definitiva la historia de su pensamiento y de sus ideas, de todo
aquello que, por sobre todas las otras condiciones propias de los seres animados, hace del ser humano un ser histórico.
Y así la palabra misma deberá también ser investigada por el historiador.
El documento, la nota, las correspondencias privadas, los tratados, y aun las
mismas leyes, aunque sean de un pasado inmediato, tendrán que estudiarse e interpretarse en relación con las propias condiciones de la circunstancia que las hizo nacer, tarea difícil por cuanto el lenguaje mismo puede
adoptar un valor distinto en el pasado y en el presente, y no sólo esto, sino
que puede esconder, o mejor dicho encubrir en su elaborada construcción,
los porqués que lo animaron y el sentido último que en él se pretende depositar. Tratar de comprender una constitución política sin enmarcarla en
la realidad que se aplicó, o tratar de interpretar el texto que contiene cierta correspondencia de un gobernante sin preguntarse por las causas que impulsan a afirmar o negar un determinado asunto, llevará sin duda a con•
clusiones erróneas porque se parte de un principio falso.
Vemos entonces que, por sobre la gran variedad de elementos que sobre•
viven del pasado, cada uno con sus características y condiciones particulares que lo distinguen, la tarea del historiador se nos aparece con contornos
bien definidos que dejan de lado cualquier posible confusión: el descubrimiento del pasado y su interpretación, a través del pensamiento del hom•

En su Autobiografía, Collingwood nos dice ,
cia para él la "acti .d d .
como llegó a cobrar importanvi a mterrogante" en el co . .
"
observar -dice Collingwood
noclffilento. Empecé por
•
.
- que no se puede saber lo
h
qwere decir por el simple estud·10 d e sus d ec1arac1ones
.
oralesque
o un· ombre
que -~ªYª hablado o escrito con perfecto dominio de la len
escntas, a~ntencion perfectamente veraz A f d
gua y con una mber también cuál fue la pre:untam e encontrar su significado hay que sap'.ritu y que él supone en el de un~~n: regunta p!anteada en su propio esdicho o escrito Hay que entende
a cual qmso dar como respuesta lo
concebía, eran. estrictamente c r lqu_e preguUnta y respuesta, tal como yo las
orre ativas
na pro · · ,
puesta, o en todo caso no pod'
1 .
posic1on no era una resia ser a respuesta
.
gunta que podía haberse contestado de otro
correcta, a cua~q~;er premente detallada y particularizada debe
I modo. Una proposic1on altavaga
li d
.
ser a respuesta no a una pregunta
mo
!:;:re:tazam~~:;~ saEunta preg~nta tan detallada y particularizada co. s e pasaJe nos permite
ción misma de Collingwood b
I
ha.
acercarnos a la concepso re e tra JO hi t , ·
L
1 .,
ta-respuesta habla claramente de la act. t d
s onco. a re ac10n pregundor ante el pasado obligad
.
~ u que debe adoptar todo historialo, a la ubicación q~e le im;~ns1 pr;ten e llegar a descubrirlo e interpretaraquí que la labor hi t, .
~ ca a respuesta que encuentra a su paso. De
s
onca
requiera
mo tal de
d
. . ,' para que efect·ivamente se considere co'
acuer o con la posic1on de C Ir
d
miento de los hombres del
d
.º _mgwoo , enfrentarse al pensación de hechos desprendién~:sa
y ~o dlumtarse a la descripción o narra'
se a emas e todo esto una m t d I ,
responda a esta posición y que se revele en su .
b
e o o ogia que
C Ir
misma o ra.
o i~gwood establece tres proposiciones que a I
.
.
de la historia: 1) "T0 d h"
.
.
.
c aran Y defmen su idea
a istona es la h1stona del
·
condiciones era posible conocer la h. t . d
pens~1ento. . . ¿ En qué
·
is ona e un pensamiento? p ·
1
pensamiento debe expresarse: sea en lo ue 11am
. . runera, e
de las muchas otras formas de f .d
amos lenguaJe, o en alguna
historiador debe ser capaz de
ac ivdi a expresiva. . . En segundo lugar, el
pensar e nuevo por sí ·
¡
.
cuya expresión está tratando d .
'
mismo, e pensamiento
e mterpretar" 2) "El co • .
h"
co es la reactualización en 1
, . d
.. .
nocun1ento istóri,
e espmtu el h1stonador d 1
•
storia
estudia".
3)
"El
.
.
.
.
,
e
pensamiento cuya
hi
pe
.
conocimiento h1stónco es la re-actualización de
nsam1ento pasado, encapsulado en un contexto d
.
un
tes que, al contradecirlo, lo confinan a un pi
dife pensarmentos presenano
erente al suyo".•

¡¡

ºa

¿

bre.

'. ~- G. CoLLINowooo, Autobio rafia (T d
edición, Fondo de Cultura Económic! Mé . r~953 d(e _Jorge Hernándcz Campos, la.
XlCO,
~ª~· 39).
1 como autoconocmuento del
las• tOp, cit.,. capitulo X' "La histor·a'
, · ,, A
res posiciones señaladas Colling, d d .
espmtu • 1 terminar
del trabajo histórico: "Si !~ q
1 ;.oo . eJa como conclusión el verdadero sentido
ue e istonador conoce son pensamientos pasados, y si

232

233

�.
. d . de ser mera acumulación de datos y reAsí entendida la h1stona, e1a
dim .ón que le otorh
dos para elevarse a otra
ens1 '
ferencias sobre hec os pa~.
d' . , de ciencia de los asuntos huel plano del conocumento la con ic10n
ga en
1 11
1 mismo Collingwood.
manos, como . a ama e .
1 historia como historia del pensamiento,
En conclus1ón, entendiendo ahi . d
preguntémonos ahora sí, como
.
, ·t del stona or,
.
1
rcactuahzado ~n .e. espm ~ . de la literatura puede asimilarse a la H1sse decía al prmc1p10, la historia
'tulos Para tratar de contestar
'd
·
O uno de sus cap1
toria y cons1 erarse coro
hora de aquello que debe roaesta pregunta es necesario que nos ocupemos a nu'do y su finalidad. Para
. . d l r t t ra y aclarar su se
.
nejar la historia e a 1 era u '
d
.
e desde el punto de vista
er
por
separa
o,
s1empr
loo-rarlo, tend remos que v
l'
. 1 autor y los varios probledeº la historia de la literatura, 1~ obr~ teran\ esurgen 'autor y obra.
mas que supone la circunstancia socia en qu

II
dentro de la historia de la literatura, dePuesto que tratamos de move~os
1 ti os al fenómeno de la creación
jemos de lado los problemas estnctamente ~ a v de dicha obra como producto
.
d 1 b literaria y ocupemonos
y al surgimiento e a O ra
'
. (
, espacio deberá entenderse
.
d
tiempo y un espacio aqui
humano realiza o en un
.
. d D'1!!amos por ahora, a reserva
·,
, bien social) determma os. o
en una acepc1on mas
.
.'
e la historia de la literatura, en 1ude ampliar más adelante la af1rmac1on, q;
de reguntarse por el proceso
gar de preocuparse por la creac~ón, :nt u:;:n es~ obra ya concluída, y en
que culmina en la obra, centrara su m er
od1'f1'car Puesto que la
1 d d
do provocar o m
.
todo aquello que a su a re e or pu d cto extraño sino que forma parte
· 1d
sola como pro u
'
obra no brota_ a1s ª. a y
'
le en un determinado núcleo social, y tode un hacer hterano que se cump d d .
la obra puede provocar con
ta
como acaba e ecrrse,
mando en cuen que,
d
enden de su misma naturalesu presencia determinados efectos que se espr
, mismo se sigue de ahí que el conocimiento que ohlos conoce repensándolos por s1 .
h: , .
es conocimiento de su situación en
.
d
1
·
estigac1ón
1stonca no
. .
d
tiene por med 10 e a mv
,
.
•
que es un conocmuento e su
· ·ento de s1 rmsmo, smo
1
cuanto opuesto a eonoc1m1
. . t d sí mismo. Al repensar lo que a1l ·smo tiempo conocuruen o e
,
b
situación que es a m1.
é
.
Al saber que alguien más lo penso, sa e que
guien más pens6, lo piensa 1 mismo.
b. 1
él es capaz de hacer descubre la
rlo y al descu nr o que
.
él mismo es capaz de pensa .
d
al repensarlos los pensamientos
Si es capaz de compren er,
'
l
b
clase de hom re que es.
.
d
h'
e él debe ser muchas c ases
. •
1
de gentes se sigue e a I qu
d
de muchas distintas c ases
'
.
d toda la historia que pue e
b
de
hrcho
un
microcosmos
e
.
de hombre. Que d e e ser,
. '
. . t e al mismo tiempo su conoc1De esta suerte su propio autoconoc1m1en o s
conocer.
'
., ( , 116)
miento del mundo de los asuntos humanos ' pag.
.

234

za, efectos que por lo general se verán reflejados en otras obras literarias, la
historia de la literatura no se enfocará sólo a lo particular, sino que sobrepasándolo quiere alcanzar Jo general, es decir, que estudia la obra literaria
en su condición de obra única, pero relacionándola con lo escrito antes y
después de ella para engarzarla en un todo que responda a características
de nacionalidad, de lengua, de estilo o de época.
Así entendida la producción literaria, veamos hasta qué punto es posible mantener la actitud de historiador ante obras que, como ya quedó dicho, son únicas. Porque queda fuera de toda duda esta condición que es
esencial para su existencia: el poema, la novela o el drama valen por ~í
mismos y se apoyan sobre sus propias leyes. La expresión literaria nace respondiendo a necesidades peculiares que, en su autor, se encaminan a determinada creación. Si lo que lleva consigo la literatura es una cierta concepción del mundo, expresada en un lenguaje que es también comunicación pero al mismo tiempo recinto de esa concepción que en ella llega a crear el mundo, y puesto que la obra que surge en y con la palabra nos permite participar
de esa concepción creadora, toda obra literaria auténtica será necesariamente única. Así la literatura vive en obras singulares.
¡ Oh dulces prendas, por mi mal halladas, / Dulces y alegres cuando Dios
quería! ¡Juntas estáis en la memoria mía, / y con ella en mi muerte conjuradas. Así comienza Garcilaso su famoso soneto que al paso de las generaciones mantiene su frescura y su transparencia. Sería inútil buscar su semejante en toda la literatura española, o en la obra del mismo Garcilaso, porque no tiene par. Este soneto, o bien otro de Garcilaso, o si se quiere otro
poema de diferente autor, no necesita de elementos externos o de apoyos
en construcciones formales similares. Los catorce versos del soneto se cierran
sobre sí mismos, suficientes y exactos en su propia estructura y naturaleza.
Tan suficientes son, que pueden independizarse de su autor, cuya figura el
tiempo puede borrar permaneciendo sólo la creación por la palabra. Al surgir la obra artística todo lo que en ella es esencial nos remite a la obra misma.

Siendo pues única la obra literaria, el problema consiste en considerarla
dentro de un todo que a su vez está formado por obras que poseen la misma
singularidad. Siguiendo con el ejemplo de Garcilaso podría hablarse, como
antecedente, de la literatura renacentista en Italia y de la poesía italianizante que en España introducen el mismo Garcilaso y Juan Boscán; y más aún,
siguiendo las consecuencias cabría también hablar de Gutierre de Cetina,
que es quien introduce ese tipo de poesía en la Nueva España en el siglo
XVI. Pero el procedimiento no deja de parecernos insuficiente por cuanto
opera, en cierta manera, al modo de mera recopilación de datos que se

235

�acumulan y dan un fruto que se pretende definitivo para el historiador de
la literatura. Será necesario dar todavía un paso más para concebir la producción literaria como una de las más altas manifestaciones del espíritu y
en consecuencia, como expresión de permanencia que toma cuerpo en todas
y cada una de sus representaciones individuales.
Al hablar de la creación literaria como de una. de las más altas manifestaciones del espíritu, queremos sobre todo referimos a la Literatura como suprema expresión que a través del tiempo va dejando testimonio del constante hacer del espíritu humano, en un estrato que, a su vez, nos deja de
él, y frente a él, una imagen de su propia fuerza creadora. Espíritu, o genio creador, se entenderá entonces aquí no sólo como el atributo exclusivo,
que es, del hombre, sino la presencia perenne (forjándose y rehaciéndose
constantemente a través del tiempo y de las épocas, en un proceso que las
señala) que conduce los pasos mismos del género humano en dimensión histórica.~ Por lo mismo, la producción literaria, que como quedó dicho es
expresión de ese espíritu, deberá entenderse como creación que permanece
en constante desarrollo y que precisamente se manifiesta en cada una de
las obras individuales, las cuales por serlo pueden ser representativas de ese
poder creador, sin que aquí desarrollo signifique la construcción de lo presente sobre las ruinas de lo pasado, es decir, que las obras no destruyen a las
obras, sino más bien que éstas surgen y permanecen en su propio valor con
las características de época y circunstancia histórica. Nada extraño puede
parecemos el emparentar la Odisea de Homero con el Ulises de James Joyce
aunque ambas obras difieran tanto y guarden entre sí una distancia mayor
de veinte siglos, porque en definitiva estarían en los cabos de un mismo hilo,
y sus diferencias, por más hondas que fueran, no podrían distanciarlas al grado de poder ser consideradas como dos productos extraños que nada los pueda unir. Las dos obras llevarían consigo, en el fondo de todos sus laberintos
y todos los pliegues y recovecos que las identifican como únicas, la condición
de ser obras literarias por las que se muestra al hombre en su condición de
tal. Así pueden emparentarse todas las obras de todos los tiempos, precisamente porque siendo únicas tienen algo que decimos a través de la forma
lingüística que les da vida al entregar en esa forma una cierta concepción del
mundo y de los mismos hombres; emparentarlas, uniéndolas por el lazo espi• ScHÜCKING considera que "no existe un espíritu de la época, sino que, por así
decir, hay toda una serie de espíritus de la época. Siempre podrán distinguirse grupos
totalmente diferentes con distintos ideales vitales y sociales. Con cuál de estos grupos
se relacione más estrechamente el arte predominante dependerá de multitud de circunstancias, y hace falta vivir en las nubes para atribuirlo a factores ideales". El gusto
literario. (Trad. de Margit Frenk Alatorre). Fondo de Cultura Económica, Breviario
núm. 24, México, 1950, (pág. 20).

236

ritual
"d d que las identifica y ub'icán do1as en su necesaria naturaleza d .
1
n a q~e las eleva a la categoría de obra artística.
e smgu aEl dilema del enfoque de lo individual (
•
raria)' desde el mirador hist' .
pod ,
~ue es esencial en la obra liteonco,
na asi resolv
'd
.
obra como parte de un tod
. .
, .
erse cons1 erando dicha
o urutano -y múltiple
1
)ando la naturaleza del homb p
. - en e que se va reve.
re. orque como dice F
Sh I . .
las ideas de Herder el i'ndi 'd a1iz
d
ranz c u tz siguiendo
'
v1 u ar no ebe c nf di
aislar: "Para él (Herder) 1 . d" 'd I
o un rse con la tendencia a
, o m ivi ua y ¡0 pr · d
.
de una nación no es pr· • • d
.,
. opio e una personalidad 0
mcipio e separac1on sm d
· 1 •,
dad, de continuidad de tránsit d
b' ' . o e articu ac1on, de varieparar y distinguir" ¡ L b os,, ~ com maciones, de posibilidades de coro. a o ra artística, producto d
.
muestra entonces como otras más todas
e esa personalidad, se nos
viste características de forro
.' y
en ~l proceso que reuniéndolas rea, est11o y concepciones de una é
d
.
da. y al tratar de la personalidad
poca etermmatal y como lo hemos venido present~::;o~i::a segundo a_spec~ del p~blema
del autor para examinar el papel
. .
I la _obr~ literana, ocupemonos
que Juega en a h1stona de la literatura.

•
Vale preguntar por el
¡
.
ratura, aunque a primer~a~~staque Juega _el autor en una historia de la liteparezca Improcedente Lo
ac)arar es, no la participación de1 escntor
. en el hacer liter
·
· que• se 1trata de
:~ur:u:e;:~n:::;:ª:t~i::: ~:ticra~ió~- En otras pala:::, s:~a:a/~:ti~~
dora.
na or e a 1iteratura ante la personalidad creaAun cuando es indudable la influencia extem
.
tor, y la presencia de nume
f
d
a que puede sufnr un aurosas uerzas e índole di
b
ran, el creador de la obra lit
. .
.
versa que so re él opeerana sigue siendo eso cread
considerársele, aunque puedan descubrirs
'
or, y como tal debe
racterlsticas que las identifiquen
e antecedentes de sus obras y ca.
' en una o en otra forma
.
a aJenas. Todavía en el Renacimient
. 1
' como semeJantes
cil encontrar como af1'rma K .
º1' e m~ uso en la época barroca, es fá'
a1ser e mane10 de I
.
tos en varios autores y la clara ~tili '6 d
os mismos temas o asunya publicadas y famosas .
zac~ n e algunos elementos de obras
.
' sm que esto qwtara valor a la
d .,
, .
mediata 7 En consec
.
pro ucc10n mas m.
uencia, tenemos que enfrentamos con el a t
.
----u or mISmo,
• "El desenvolvimiento ideol6gieo del método d 1 .
. .
de la ciencia literaria por E E
.
e a historia literaria"' en Filosofía
tura Económica, México la." ed:::mf;~¿ o(tráos. (¡Trad. de E. Imaz). Fondo de Cu!4
' "S'i tod a a d aptación' de un asunto
' h b'
' P g.d
) ..
un solo poeta limpio de este crimen
; i~r\. e ~ons1derarse plagio, casi no habría
. . . n a istona de la literatura se da el plagio

237

�dejando para después todo lo que podría recibir globalmente la designación de "medio social", y en el que se reunirían problemas como el de las
tendencias literarias, la influencia, el gusto del público, la posición del artista frente a esas tendencias, etc.
No se pretende por ahora aclarar el porqué de la. crea:ión -~teraria, _que
más bien corresponde a una teoría de la literatura, smo solo hJar una ~dea
en torno al escritor mismo. Si éste escribe porque responde a una necesidad
interior, o porque así llega a una verdad íntima, como afirma Alfonso Reyes, 0 bien porque se quiere revelar el mundo y haceri:e reconocer co~o
esencial, según Sartre, lo cierto es que tenemos que considerar que todavia
nos queda por recorrer la distancia entre esta condición generadora -cualquiera que sea- y la personal del escritor, en la que aquélla se c~~yle de
manera singular y única, como versión propia de su personal posicio~ que
lo impele a escribir. El escritor, los escritores, van dejan~o su presencia en
obras, pero más que su presencia total, más que ~n _P~rhl _complet~, entregan la obra misma que adquiere caracteres de mdividuahdad e independencia, en la que sin duda se logra depositar su visión del °:1undo Y su concepción creadora, pero que a la larga adquieren vida propia. El. autor, en
cierta manera, queda cubierto por la obra, aunque ésta sea un mrr~dor por
el que se pueda llegar a conocer su interioridad. Pero no hay que olvidar que
la obra, siendo un todo en sí misma, no lo es en cuanto a su creador, es
decir, que las obras nos pueden dar una visión del que la_s hace, pero_ nunca la totalidad de su espíritu. El creador deja de él una imagen parcial en
sus obras, y lo que estas obras muestran de él es lo que ingresa .como personalidad en la historia de la literatura. Se puede agregar una sene de datos
biográficos que complementen el cuadro, y nos relaten el, prin~ipio Y f~n de
una vida con todos sus altibajos, pero todo esto no sena mas que simple
información en torno a lo fundamental, que seguiría en la sombra o sólo
iluminado por la luz de la obra ~reada.
Consideramos, pues, que el historiador de la literatura debe enfrentarse
a la personalidad creadora de una obra o unas obras determina~as, Y ~o a
un todo espiritual inabarcable cuya misma naturaleza lo vuelve masequ1ble.
Es claro que con esto no se pretende descartar por completo todo aquello
que nos remite a la vida del autor, para quedamos con la ob~~ solamente,
y sin duda infinidad de noticias de esta naturaleza han permitido acercarcon bastante frecuencia. Sin embargo, es necesario saber que es muy reciente la noción
de propiedad intelectual y de sus derechos; antiguame~~e. se pensaba d~ disti.nto modo
acerca de esto". Wolfgang Kaiser, Interpretación y analisis de la obra literaria. (Trad.
de Ma. D. Mouton y V. Ga. Yebra) . Biblioteca Románica Hispánica de la Ed. Grcdos,

se a ?roblemas de creac1on hasta entonces oscuros. No obstante, el problema sigue planteándose con la obra misma, y en última instancia, con el
creador de esa obra en cuanto creador de esa única creación.
Es inútil pretender recuperar, en un retrato biográfico del artista, toda
la gama de su espiritualidad y las múltiples trayectorias que pudo seguir. A
lo _más, como ya quedó dicho, podrá llegarse al conocimiento de lo que se
agita e~ el fondo de su obra, envuelto en un lenguaje que, por otra parte,
no es ru puede ser el mismo que el del historiador. Lenguaje de creación la
p~lab~a poética n~cesita r:hacerse a cada momento, atraparse en su ~rop10 giro Y descubrirle la vida que alienta en ella. Para esto, el historiador
necesita del auxilio del crítico y del investigador, como se dirá más adelante, Y cuando logre esa penetración habrá arribado a una cima desde la
~ue no se puede captar todo el horizonte del poeta, sino sólo uno de sus paisaJ:S. ~alt:r M_uschg, que dedica un largo estudio al perfil del poeta en la
historia hterana, se ocupa del gran obstáculo con el que tropieza la investigación histórico-literaria: "Tenemos, pues, que el problema de la historia y su posibilidad fundamental de una caracterización científico-literaria
del poeta acaba ofreciendo el espectáculo de un irreductible antagonismo.
La tarea misma implica que no se pueda eliminar, en última instancia todo
factor subjetivo pues que se trata de lograr una intensidad viva en la ~racterización. Estos retratos son, a su vez, desde el punto de vista de la historia del espíritu, los puntos culminantes de los efectos alcanzados por el poeta
entre sus contemporáneos y ante la posteridad. Podrá discutirse si esto es
mucho o es poco, pero no cabe duda de que se discute, en este terreno, acerca del _senti~o de la cie~c.ia literaria como tal. Y del mismo modo que no nos
es posible aislar la actiV1dad creadora de la comunidad de vida dentro de
1~ cu~! ,h~ nacido ni atribuirle una existencia independiente de la trayectona h1stonca general, no estamos tampoco en condiciones de considerar como un ente puramente individual, desligado del entronque vital que domina
c_~ntralmente a todo creador, a quien la investiga científicamente. La vision de la gran personalidad (incluyendo la gran personalidad investigadora) Y el problema de su representación (y del modo de representarla) se
disuelve íntegramente, para nosotros, en ese exaltado movimiento primario
de todo lo vivo, en un torbellino de fuerzas absorbentes y al propio tiempo
r_epele~tet.ª ~ aunque declara más adelante que en nuestra época la ciencia
literaria no tiende a expanderse hacia lo ancho, sino que pugna con todas
sus fuerzas y con una gran pasión por calar a lo hondo y se halla en condi· del poeta en la historia literaria", en Filoso/la de la
.• W
• AL.TER M
. uscHo, " El perfil
cien~ia literari~,.!'°r E. ~rmatinger y otros (trad. de E. lmaz), Fondo de Cultura Económica, la. ed1c1on, México, 1946, (págs. 89-90).

Madrid, 1954, (págs. 89-90).

239
238

�.
eniales sin reservas y sin miradas laterales a
ciones de sumirse en las figuras g
l
ás profunda que sea, sólo
·¡' ·
eltos" la ca a por m
los fenómenos esti isucos su
,
. ,
- b con lo que volvemos
. . . l obra misma ya entrana a,
.
aportará lo que en principio a
l'd d creadora ante la historia hteblema
de
la
persona
i
a
de nuevo a1 gran pro . . .
.
uiere expansiones, que se trazan
raria, sujeto a las dehmitac1ones, o s1 se q
en la obra.
escritor, refiriéndonos con esto no a la
Todo lo que pueda conocerse del , d t sino a la comprensión de su
,
.ona datos y anee o as
l
biografia que proporc1
.
l .
tancia social y cultural que o
.
d b , ligarse con a circuns
.
.
mundo interno, e era
.
ven sobre la vida hterana
l s tendencias que se mue
rodea. Las f uerzas y a
d'd
r ellas se pueda trazar el marco
'das en tal me i a que po
.
pueden ser conoc1
.
N
como pudiera pensarse, una m- .
mueve
el
escntor.
o
es,
.
dentro del cual se
l d
b
o de poca importancia; por e1
·one resu ta os po res
vestigación que proporc1
. , d una obra (y su autor), desde ese
'b T d d d comprens1on e
contrario, la pos1 11 a e . hi , .
depende en gran parte del cono. d la perspectiva stonca,
. d 1
plano superior e
l
d , al momento de surgir, e o
de todo lo que a ro eo
cimiento que se tenga
.
b t, a su lado. Para esto se re., 1 que postenormente ro o
que la anteced io y o
.
d d 1
cial y lo individual, tanto en
la complicada re
e o so
.d
quiere penetrar ~n
. , d lo creado y de los efectos que ha produci o,
los problemas de mterpretac1on e
11
, a a apreciaciones de lo extrainverso que nos evan
¡ f ,
como en e enomeno
'
1b
trar en todo eso que plantea
literario sobre lo literario; en una pa a ra, pene
Schücking en su libro ya mencionado. d l't ario que sería la manifestación
. f mos a un suce er 1 er
l
De esta manera, as1s i
.
't d h mana a la presencia en e
b
en
su
propia
magm
u
u
,
l'd
d
constante del h om
, de la L'iterat ura, que por su universa 1 a
. . ,red
en el
tiempo y sobrev1v1en ose
'
d .
el valor vicario de la vida,D es
misma, como afirma Alfonso Reyes, a ~mere
d .
ión en la que se cumple la vida.
d 1 auxilio del
ecir, :reac .
l historiador de la literatura necesita e .
.
Rabiamos dicho que e
,
.
sus trabaJ· os como mtermed1a.
• d
Aquel permite con
,
crítico y del investiga or.
1 ,.
l auténtica nos puede llevar de
1 de la obra· a critica, a
,
b
río, llegar al nuc eo
'
t do lo que es peculiar en esa o ra.
er los pormenores y o
la mano para conoc
.
. es y las ordena hasta presentar
,.
l t
e recocre sus unpres1on
,
Por el critico, ec or qu
º1
..
lo negativo de una obra (segun,
se
suma
o
positivo
o
un cuad ro en e1 que
)
demos poseer ciertas llaves que
·
de ver las cosas Pº
.
claro, su propia manera
d
a ella El historiador de la literalas
puertas
que
con
ucen
·
.,
nos abran todas
.
.
1 nto auxiliar de interpretac1on,
,
. la crítica bien como e eme
.,
tura podra mane1ar
d' 1 b'icarla 1·unto con la producc1on
mismo
de
estu
10
a
u
,
bien como element
y si, como ocurre con
• t e a un lucrar
literaria, como pertenec1en
º y una epoca.

°

,

rolegómenos a la te orla literaria) . El Colegio de
El deslinde (p
México, 1944, (pág. 87) ·
• ALFONSO REYES,

240

frecuencia, los propios autores dejan testimonio de esa labor crítica, al historiador toca manejar todo este material en el que uniéndose pieza con
pieza se llega a reconstruir todo el conjunto. El filólogo, por otra parte, puede
despejarle oscuras incógnitas al iluminar con la investigación elementos fonéticos o semánticos en los que se ha operado el proceso de desarrollo del lenguaje. La estilística también aportará su auxilio, el más valioso quizá, por
cuanto trata de profundizar en la obra literaria y llegar, con los métodos que
ésta misma le impone, hasta el misterio mismo de su creación.
Y ya es tiempo de que respondamos al problema inicial, que es el de saber
si la historia de la literatura trabaja sobre un material similar al de la Historia, y por lo mismo, si forma parte de ella.
Quedó asentado que la historia es la historia del pensamiento, su reactualización, y que la labor del historiador toma sentido en cuanto se orienta hacia ese fin, que sobrepasa a la simple recopilación y acumulación de datos,
mero antecedente del trabajo principal. Este conocimiento histórico entonces
se ubica necesariamente en el pasado, hacia donde convergen todas las fuerzas de la labor histórica, que debe apreciar en su propio valor pretérito todos los elementos que sobreviven de ese pasado. Los objetos - dijimos-, las
ruinas y los documentos, sólo son instrumentos para el historiador, no el fin
mismo; por ellos se hace posible la reactualización del pensamiento del
hombre, en la medida en que permiten reconstruir formas de vida que estuvieron vigentes en un tiempo determinado. Historiar, en definitiva, supone
el conocimiento del pasado del hombre no sólo en sus hechos y sus acciones,
sino sobre todo en la fuerza y la intención que las han animado.
La historia de la literatura, sin embargo, no es la historia del pensamiento,
sino la historia de las obras literarias realizadas, dentro de un marco general
que las enlaza en el tiempo y trata de interpretarlas desde este punto de vista.
Lo anterior a la literatura no es literatura, y lo que se maneja en esta historia
es la obra misma. No investiga la obra que pudo haber sido, o la obra que,
escrita, hubiera adquirido tal o cual condición de alto valor si poseyera determinadas características. La obra cumplida, completa o incompleta, es el
objeto de la historia de la literatura. No puede dejar de considerarse, sin
embargo, que la obra, que es creación, tiene tras de sí el pensamiento del
hombre, como todo lo que éste realiza; diríase entonces que volvemos a lo
mismo y que nos encontramos ante una finalidad semejante a la de la Historia, pero antes de aceptar esta afirmación debemos tomar muy en cuenta
varias circunstancias que en el caso que nos ocupa le otorgan una posición
distinta. En primer lugar, si el tratar de conocer el pensamiento del hombre
fuera el propósito de la historia de la literatura, la obra literaria pasaría a
ocupar un lugar similar al de los objetos, ruinas o documentos que trabaja

241
Hl6

�el historiador como medios para lograr su propósito. Si enfrentamos dos textos, uno conteniendo una disposición administrativa y el otro un poema, veremos que el que hace Historia tomará el primero para de ahí pasar a las
investigaciones propias de su trabajo, que lo llevarán a pensar de nuevo todo
aquello que condujo a la redacción de ese texto administrativo, en el que se
dejan establecidos una serie de principios y resoluciones determinadas. El
historiador de la literatura, al tomar el poema, tiene que detenerse en él y
descubrir en los elementos que lo forman su propio contenido. Y no sólo eso,
sino que necesita recrear lo que "vive" en ese poema. No se trata de reactualizar valores conceptuales, sino de compartir los valores afectivos y de expresión que yacen en el fondo de ese lenguaje poético. Después, deberá saber
ubicar la obra en el tiempo, para poder trazar la línea que en ella sigue
cobrando vida. La historia de la literatura no se ocupa del pasado del hombre a través de su pensamiento, sino de las obras de creación literaria que se
realizan como obras únicas, dentro de la circunstancia cultural y social que
las envuelve.
Por otra parte, la peculiaridad del lenguaje literario, en la que verdaderamente se funda la creación que en él se expresa, ya que por su propia naturaleza es en sí contenido y depósito de la literatura, impone al que traza su
historia la necesidad de manejarlo con los métodos que le son propios auxiliándose de la crítica, la filología y la estilística. No se trata, pues, de reactualizar el pensamiento, sino de alcanzar en la obra misma todo lo que en
ella es, más que pensamiento, expresión de lo humano cumpliéndose en un
acto creador. Queda así separado el campo de la historia de la literatura,
pero quedaría por considerar el problema proyectándolo desde una historia
de la cultura, donde todo se abarca desde una altura más superior.

LA POESÍA NO COLECCIONADA DE MANUEL JOSÉ OTHóN

DR.

JOAQUÍN ANTONIO PEÑALOSA

San Luis Potosí, S. L. P.

de 1.ª. l'mea
. mexicana,
.
1906) "en 1
.
es Manuel José Othón ( 1858,
e no siempre eqmlibrado paisaje de la
,
la más alta nota clásica de poesía pura" i T l
poes1a mo_derna de México,
Rústicos "altos
1·t .
. a como lo atestiguan sus Poemas
y so I anos como las monta~nas de la a1bplamc1e
.
. . mexicana que
cantó".2 '
REPRESENTANTE EGREGIO

Los poetas, como los libros, suelen tener s h d
.
líricos mexicanos pueden ho
~s a os. Mientras los grandes
pués de más de medio siglo dy mostrarse en dignas y decorosas "obras"' dese su muerte el poeta t ·
. ,
ciones inencontrables o incom let
. '
po osmo contmua en edituosas.
p as, s1 no es que lamentablemente defecEn vista de esas futuras "obras" d M
1
que pretenden organizar y fijar h t e d a;ue Jos~ Othón, van estas notas
dispersa.
' as a on e es posible, su producción lírica

J.

LAS RECOPILACIONES ANTERIORES

El doctor Pedro de Alba, a la sazón senad d
, .
viuda del poeta doña Josefa 1· ,
d Oor, e 1~ Repubhca, logró que la
.
'
imenez e thon, disfrutara de
concedida por el Gobierno Federal, cuando su situación económica
una era
pensión
por
: S. N. en la Noticia preliminar de las Obras de Manuel
FEDERICO DE ÜNÍS,

1934, p. 29.
1

Antología de la Poe

,
,
, .
]~se Othon, MeX1co, 1928.
sía espanola e Hispanoamericana, 'Madrid

'

JEsus
,

ZAVALA, "Manuel José Oth6n Su ho
.
San Luis Potosí, 3 de abril, 1949.
.
mena¡e a Elena Padilla", en El Heraldo,

242

243

�demás angustiosa. En prenda de gratitud, puso en manos del doctor de Alba
los originales de su esposo.
.
d Alba
r la
"Conforme a los originales proporcionados a don Pedro. e
" ~ . ,,
familia del poeta, se debe la presente edición"' tal como advierte la noticia
d
Preliminar' firmada con las iniciales S.' N.(M' ·
Estas Obras de Manuel José Othon
exico, 1928) aparecieron en os
tomos. El primero contiene la poesía; y el segundo Ias novelas cortas y las
obras teatrales.
.
d' ·,
Don Francisco González Guerrero justamente considera esta e icio~ ~,orno
·
" ' por lo que sena pre"la más infeliz que se haya hecho de poeta mexicano
f
ferible considerarla como no existente: tal aparece en ella defor~ada la
ra del oeta potosino por omisiones, mutilaciones y erratas de imprenta .
guEn cu!to a la orga:ización de la lírica, esta edición dis:ribuye los p~emas
de tres secciones: Poesías Antiguas, Poemas Rústicos y Ultimas, Producci~nes.
Por una parte, el compilador destruye la unidad del libro P~eszas, _orga~iza~o
·o autor al entremezclarle algunas otras producciones Juveniles' y
por e1 prop1
,
.
· 1 " ' 1·
"
dentro de la sección que trata de mclu1r as u timas propor ot ra Parte,
1
d "L C
ducciones, inserta algunas mucho muy anteriores, como en e caso. e a ruz
sola" un antiguo poema de 1883.
.
.
"La Editorial Nueva España (de la ciudad de México) ' narra el licenciado
Jesús Zavala -había resuelto enriquecer la -~olección Atenea ,con las obras. ?e
Manuel José Othón, reproduciendo la edic1on de la Secretaria de. Educacio~
Pública ( 1928) . Cuando se dio cuenta de lo detestable de la mencionada edición nos llamó con urgencia. A pesar de que no estábamos pre?arados p~ra
'
· procuramos reparar1o, de acuerdo con las c1rcunstanc1as,
deshacer
el agravio,
,, 5
con el mayor cuidado. Sabemos que no hay obra humana perfecta .
,
Con esta sinceridad que lo enaltece, Jesús Zavala, coterráneo de ~thon,
publicó las Obras Completas, Prosa Teatro (México, 1945), ~ruto de casi t~da
una vida consagrada a la búsqueda, compilación y estudio de los escritos

..1:

othonianos.
Es claro que la edición distaba de ofrecer la obra "comple~a'.' Y depura~a;
·e podrá negarle ni su noble propósito ni sus justos mentos. Cualquier
pero nadi
. 1 d'li t
.
· ' que en el futuro se emprenda, tiene que recurrir .a . , i gen e Y,
otra ed i-::ion
cordial ejercicio de Zavala. Tanto más, cuanto que aquella ~~cion desperto
en numerosos investigadores, el afán de compl~tar las composiciones faltantes,
0 de restituir otras a su texto, lugar o cronologia.
Estas Obras Completas constan de cuatro secciones en la parte consagrada
• Los libros de los otros México. Ediciones Chapultepec, 1947, PP· 226-232. . ¡
• En su artículo "Sobr/ las obras completas de Manuel José Othón", El Naciona,
México, 28 de noviembre de 1948.

244

a la poesía. Se respeta el libro Poesías, tal cual lo formó su autor, si bien Zavala
le añade al final las leyendas "El lago de los muertos" y "EJ canto de Lodbrok".
Con un índice de las composiciones que llevaría el libro Poemas Internos
escrito por el mismo Othón, según dio a conocerlo en la carta a don Juan B.
Delgado, fechada e1 12 de marzo de 1903, Zavala trató de integrar, hasta
donde Je fue posible, el futurib]e Poemas Internos. Pero si este libro sería publicado después de Poemas Rústicos, ignoramos por qué Zavala, en esta colección, lo colocó antes.
Zavala respeta integralmente los Poemas Rústicos. Y bajo el rubro de La
emoción dispersa, recoge los otros poemas no coleccionados, tratando de seguir
un orden cronológico. Incluye aquí Zavala cuatro poemas que no merecen
aparecer como poesías distintas, ya que son nuevas versiones de antiguos poemas. Tal es el caso de "Venus" y "A Ambrosio Ramírez", que son respectivamente "Pulcherrima Dea" y "A un traductor de Horado" de Poemas Rústicos;
y "Scherzo Trágico" y "Lobreguez", que simplemente son dos modalidades
más de la definitiva lobreguez de Poemas Rústicos.
Años después, el mismo Zavala reunió en la revista Las Letras Patrias 6 y
posteriormente en una separata, las diversas piezas de Othón que se fueron explorando desde 1945 a 1954, año en que vio la luz esta nueva recopilación
Manuel José Othón Poesía, Teatro, Prosa, Epistolario. Edición, prólogo y notas
de Jesús Zavala.
Aquí se ofrecen diecinueve poesías no publicadas en la edición de 1945; de
las que debemos excluir el poema "A Elena Padilla", que es solamente una
nueva "lección", en la que Zavala se atrevió a poner mano. Advertiríamos que
el poema "Macbet" aparece completo, pues anteriormente sólo se conocía un
fragmento.
Otros poemas de Othón, ya publicados, se escaparon al compilador: "Nacer,
vivir, morir", "Colón descubrió un gran mundo", "a Juanene" y el discutido
"Leyendo el Quijote", que de propósito no insertó por considerarlo apócrifo.
La "Colección de Escritores Mexicanos" publicó en 1944, los Poemas Rústicos,7 seguidos de una selección que contiene "últimas poesías".
Sin mayores pretensiones, y con no pocas erratas, pero con el noble empeño de difundir la lírica del gran poeta, esta edición "ha sido hecha -se lee
en la 'Advertencia' anónima- en vista de las que la han precedido, y con aprovechamiento de la valiosa contribución que siempre aportan las páginas de la
Revista Moderna de México". La sección "Ultimas Poesías" reúne, muy incompletamente, algunos poemas no coleccionados; y más o menos sigue la
línea de la sección similar: "Ultimas Producciones" de la edición de 1928.
' Núm. 3, Mé:xico, julio-septiembre, 1954.
' Edit. Porrúa, S. A., núm. 5 de aquella Colección, México, 1944.

245

�II.

ÜRGANIZACIÓN DE LA LÍRICA DE ÜTHÓN

La edición de toda la lírica de Othón supone el planteamiento y la adecuada
solución de tres problemas: los libros que Othón dejó organizados, el caso de

Poemas Internos y la poesía suelta.
En cuanto a lo primero, el problema obviamente se resuelve respetando los
cuatro libros que organizó Othón, sin el más leve toque:
1) Ensayos Poéticos, de 1875. Publicados por Joaquín Antonio Peñalosa,
San Luis Potosí, "Con el perfil de Estilo", 1947.
2) Poesías. San Luis Potosí. Imprenta de Dávalos, 1880.
3) Nuevas Poesías. San Luis Potosí, Tipografía de Bruno E. García, 1883.
4) Poemas Rústicos. 1890-1902. México, Aguilar Vera y Comp. Editores
1902.
En cuanto a Poemas Internos, el 22 de noviembre de 1901, cuando se estaban
imprimiendo los Poemas Rústicos, Othón escribe a Juan B. Delgado: "Por lo
que toca a la publicación subsecuente de mis obras, en el forro de los Poemas
Rústicos sólo se anunciarán las poéticas de que hablo en preámbulo, y éstas
son: Poemas Internos, publicados casi todos: Poemas del Odio, inéditos casi
todos; y Poemas brutales, del todo inéditos, pues aún tengo pocos escritos".
Casi un año después, en carta del 4 de octubre de 1902, Othón vuelve a
tratar con su amigo acerca del viejo proyecto: "Pienso arreglar para diciembre
el volumen de Poemas Internos: pero deseo también imprimirlo en la Europea,
exactamente igual al presente". (Poemas Rústicos).
El 12 de marzo de 1903, suplica a Delgado que "me haga favor de ver a
Aguilar Vera para la edición de Poemas Internos. Quiero una edición exactamente igual a la de Poemas Rústicos... Sacará... doscientas (páginas)". En
esta carta, acompaña el índice de versos: I) Salmos; II) Mi Pueblo; III) Diálogo eterno, Don Quijote y Dulcinea; IV) Paolo y Francesca; V) Ofelia;
VI) La Cruz sola; VII) Nueva Luz; VIII) Pro Patria; IX) Hojas de álbum ;
cuatro poesías; X) Noche Buena; XI) Tristeza; XII) Elegía a la muerte de
Gutiérrez Nájera; XIII) Oda en: el Teatro de la Paz; XIV) Lejanías. Leyendas: Blanca de Nieve, Historia de un beso, La loca de las olas, La estatua de
carne, El lago de los muertos, El canto de Lodbrok.
Enseguida, apunta Othón: "Casi todos son versos viejos, pero cuidadosamente corregidos". En efecto, la mayor parte de los poemas están comprendidos

poesías sueltas; en la segunda, Leyendas. Poemas Internos seguiría la misma
estructura de Poesías.
En cuanto a la parte inicial, que más o menos guarda un orden cronológico
el poema "Mi pueblo" ya había sido publicado en Poesías. En cuanto a l~
~egunda, Othón reúne cuatro leyendas ya agrupadas anteriormente en Poesías
Junto a otras dos que andaban dispersas, "El lago de los muertos" y "El
t
de Lodbrok".
can

°

. C~n aquel índice provisional, Zavala trató de reconstruir el libro; aunque
mo~madamente lo colocó antes de Poemas Rústicos. Si bien consta de versos
antigu~s, _la voluntad del autor era publicar Poemas Internos después de Poemas Rusticas.
. Sin em_bargo, no creemos que Poemas Internos deba quedar como un libro
organización
de la lírica de Otho'n . No so'lo porque
oindependiente
h,
,en esta nueva
.
.
. t on no ll~go a publicar el hbro; ni siquiera porque se trata de "versos vieJOS, pero cmdadosamente corregidos", cuyo valor estético es muy inferior a
Poemas Rústicos.

ª!,

Atenidos
índice, conocemos únicamente once poemas que pertenecerían
a ~sta_ cole~c1on Poemas Internos. De los cuales hay que quitar seis, que ya
estan mclwdos en Nuevas Poesías: "Amores eternos" "P 1
F
"
"Of r " "L
,
,
ao o y rancesca
e 1a ,
a ?ruz sola', "La Nochebuena", "El canto de Lodbrok". Con 1~
cual el famoso hbro queda reducido a cinco poemas: "Salmo" "T · t ,, "El
' " "Od
.
, ns eza ,
egia
a en la inauguración
del Teatro de la Paz", "El lago d e 1os muertos" .
p ,
.
ortse~ ;ªn polco~: estols ~meo poemas irán entre los dispersos, con su respectiva
ano ac1on y a us1on a hbro soñado.
E~ cuanto a~ tercer pro~lema que comporta la organización de la lírica de
Othon, 1~ Poesia no coleccionada -nombre que reservamos para esta sección
porque ngurosamente expresa la realidad- se publica en d
l' . ~
has d d
.
.
.
, '
or en crono ogico
,13: on e es posible, y b1part1ta, segun viene antes o después de· Poe
Rusticas, cuya aparición inhibe, mucho más que un dato temporal una 'd mats
at"td ,.
.
,
ev1ene
c i_ u estet1ca. De1amos, para el final, los poemas sin fecha cierta o ni siq .
con1eturable.
,
mera
Así pues, la sección Poesía no coleccionada abarca tres apartados:
1) Antes de Poemas Rústicos, 1864-1887.
2) Desde Poemas Rústicos, 1889-1906.
3) Poesía sin fecha.

entre 1879 y 1895.
Como puede observarse, el libro constaría de dos partes: en la primera,

246

247

�III.

FUENTES PARA LA EDICIÓN DE LAS POESÍAS

psicológico de un gran poeta, son tan im ortantes
primeros y vacilantes pininos". s
p
sus obras maestras como sus
Otro manuscrito importante es aquel cuadern

Los Manuscritos.

El 28 de noviembre de 1949, la Universidad Autónoma Potosina recibió
oficialmente los manuscritos de Othón que, por la muerte de su viuda, habían
quedado en posesión de su sobrina, la señorita Isabel Steines Othón.
Según el "Inventario provisional" que redactó el licenciado Rafael Montejano y Aguiñaga, la mayor parte de los manuscritos se refiere a la obra poética,
y abarca tanto la poesía inicial como la de la madurez; ahí se encuentran poe8
mas publicados y más de una veintena de inéditos.
Del minucioso "Inventario", únicamente advertiríamos que "Caminos eternos" ya se había publicado con el nombre de "El viejo del alma"; "Voz interna" se ofrece íntegro en el manuscrito, y no sólo los siete versos finales, como
quiere el "Inventario"; "Azul", más que un poema independiente, como parece
insinuarlo el "Inventario", son los dos sonetos finales del "Angelus domini";
el poema que aparece bajo el número 12 y con el título "A Esther", debe ser
simplemente "Esther", poesía ya publicada con el nombre "Mi Virgen"; falta
situar, después del número 44, el poema "El árbol", que aparecería después
con el nombre "El arpa", tercer soneto de la "Noche Rústica de Walpurgis".
Las poesías inéditas son: "Nocturno", "La mujer", "A la luna", "Amistad",
"A Juan Valle", "A mi Esther", "Soñé", "Contemplándola", "A ti", "Lejos
de ti", "Barcarola", "Tres páginas de una historia", "El canto de las Náyades",
"Noche de luna", "Aída", "A mi esposa", "Después. . . la noche", "Tengo el
presentimiento", "Cuando una de las pérfidas mujeres", "Si mi divina emperatriz tú eres", "Hija, sé siempre lo que ahora eres", "Me quitaste de nuevo",
"Lontananza", "En las tardes tristísimas".
Esta poesía inédita en nada acrece la gloria del poeta; pero tampoco la
empaña. Si el lírico, como Nervo, guarda un santo horror hacia sus obras "odiosamente" completas; o, como el propio Othón, desconoce su labor incipiente,
nadie puede restar el valor humano, histórico y psicológico de tales exhumaciones juveniles. "En ella vemos, muchas veces, despuntar los grandes temas que
después florecerían plenamente en las obras de madurez: allí percibimos el
todavía inseguro aleteo de lo que más tarde serán poderosas alas líricas; allí
finalmente, solemos sorprender los primeros pasos de una evolución poética
que sólo conocíamos en sus etapas culminantes. Por eso, para el conocimiento
• "El destino de los mar,uscritos de Manuel José Othón", en Fichas de Bibliografla
Potosina. Año I, núm. 3, San Luis Potosí, noviembre-diciembre, 1949.

248

de la montaña, fechado en Santa María del R'

,

~ que, con ~¡ _titulo de Cantos

nos fue proporcionado generosamente or su a':; . .L.P., e~ d1c1embre de 1879,
ciado don Primo Feliciano Ve!,
p
,_guo y sapiente dueño, el licen.
azquez; manuscnto qu
h
anterior revisión de las obras de Othón.
e aprovec amos en una
Cantos de la montaña contiene varios, d"
d
,
fechas, dedicatorias y número de
m iDce_s, e poes1a y prosa, con nombres,
. .
'
versos. inase una e t d' t"
.
.
composiciones. Entre los poqmsunos
, .
s a is 1ca JUveml
de
poemas que hí
,
era inédito "19 de M
,,
ª
se encuentran, solo uno
,
arzo.
Gracias a don Luis Antonio Castro h
did
nuscritos de Othón, el "Satanás" y "L; n:d~~ o conocer ot~os. poemas roasu ilustre padre el doctor Franc· c d As' C ' que llevan la s1gmente nota de
'
is O e 1s astro· "E t
l
·
sos que escribió Manuel José Oth,
'
s os son os pnmeros ver1
1875 p· .
on, en a casa del doctor Castro
d
. mitos de quien más tarde h ªb na
, de ser el gran po ta 1 ' end mayo e
.
e aurea o, cantor
de la naturaleza". Habrá que punt u arizar que existen
poemas anteriores a éstos.
Los periódicos y revistas.

Desde los catorce años hasta su muerte O h, . . ,
blico a través del periodismo p
' . t on viV10 en contacto con el pú.
· orque enVIaba más O
f
raciones·
o
porque
él
mis
,
d
.
menos recuentes coladbo . ,
'
roo, mas e cerca mtegraba
.
accion de alguna revista. De ahí la im
'
c~n. s~s amigos la reestos treinta y cuatro años en 1 . d. portante y nada fac1l mvestigación de
.
e peno ismo y en periódicos di
. d
capital y en la provincia más allá d 1 l' . '
. semma os en la
periódicos y fechas para conocer d ed lun1te mortal, es preciso explorar otros
, es e uego tal cual comp · · ,
,
para confrontar lo conocido.
'
os1cion postuma, o
La colaboración de Othón en periódicos y revistas
.
resultados:
nos proporciona excelentes

1) La fijación en la cronología de los poemas;
2) el ritmo de producción; épocas fecundas y estériles;
3) su costumbre de publicar poemas oco d
,
. .
a guardar poemas inéditos.
p
espues de escnbrrlos y su aversión

'
• GABRl1!L
MÉNDEZ
p LANCARTE, " Alborada del Duque Job"
San
L .
,
,. ws P?tos1, octubre-diciembre, 1956, pp. 205-206
' en Estilo, núm. 40,
]OAQUIN ANTONIO J'EÑALO

up

.

en .A.bside, año XII núm 3 ~~'. a_ra _las o~ras completas de Manuel José Othón"
'
. ' ex1co, Julio-septiembre, 1948, pp. 257-283.

249

�4) la-~ frecuentísimas ediciones de un mismo poema. Buena pista para conocer la predilecci6n de Oth6n por determinados poemas;

5) la confrontaci6n de las diversas "lecciones" de un mismo poema, su cotejo minucioso, el quehacer de la lima, las variantes innúmeras para gusto de
los catadores refinados;
6) el deslinde de poemas según el impulso: poemas escritos por soberana
voluntad, poemas urgidos, poemas ocasionales, traducciones;

7) conocimiento de las amistades del poeta a través de las dedicatorias;
conexiones con periodistas y escritores.

El epistolario.
Las cartas de Othón, con su excepcional valor de fuentes de primera mano,
sirven para establecer la fecha de un poema, su proceso o su publicaci6n, o la
organización en libro, como en el caso de Poemas Rústicos cuyo desenvolvimiento editorial puede seguirse paso a paso; la exigente meticulosidad del
poeta en todo problema tipográfico; y los cantos en gestación o definitivamente
sumergidos, que apenas soñó.
Instrumento indispensable de trabajo, la benemérita Bibliografía de Manuet
2
José Othón 11 y las Adiciones a la bibliografía de Manuel José Othón,1 preparadas por la señorita Bernice Udick, insigne maestra de las Universidades de
Wyoming y Colorado, y autora del estudio Manuel José Othón, nature poet of

Mexico, a lo que añadiríamos:
Lo que escribió Manuel José Othón. Bibliografía esencial del licenciado Rafael Montejano y Aguiñaga ( San Luis Potosí, Universidad Aut6noma, 1959).

IV.

DEPURACIÓN DEL TEXTO

No tuvo Othón la fecundidad de otros poetas. Invitado a colaborar frecuentemente en revistas, o urgido él mismo de comunicación, acostumbró publicar
varias veces el mismo poema. Por ejemplo, "Surgite" aparece publicado por
lo menos ocho veces, en El R enacimiento, 1894; Revista Azul, 1895; El Mundo,.
1895; Revista Moderna, 1898; El Estandarte, agosto 1906; El Contemporáneo,.
póstumo, 1908.
11

En la Revista lberoame1icana, vol. 10, núm. 22, México, octubre, 1946, pp. 351-378.

" En Abside, año XV, núm. 2, México, abril-junio, 1951, pp. 279-294.

250

Cada vez
.
. que el poeta daba a 1a imprenta
algu' n
li
preocupación por el "acabad ,,
, .
.
poema, so a retocarlo. Esta
0
..
poebco gobierno de l
1b
.
prec1S1ón en la técnica
d' .
a pa a ra, fmura en el
d•etalle,
e h
, Y para ec1rlo de una
h l •
tlSlec o de perfección const1't
I f
vez, an e o siempre insa,
'
uye a uente más
d ¡
d
la poesia de Othón.
cau ª osa e las variantes en
He aq'
w una muestra. Si se comparan I d'
autor fue publicando el poem "Pul h . as iversas modalidades con que su
a
e ernma De "
de la primera versión del soneto sólo u d
~ ' nos encontramos con que,
De tal manera las variantes '
qd el an, a1 fmal, dos versos sin correcci6n.
l cal'
son cau a osas en el n,
.
a
idad poética, que sería preciso brindar 1
~m:;º e _importantes para
poema para establecer su proceso o su inte
v~nas . lecciones" del mismo
po, al asaltarnos casi impensadam t
ghrac1on _vital s1 no fuera que el tiem. d
en e, nos a urgido a d .
trane ad, las notas textuales que h b'é
re ucrr, con obvia conu 1 ramos deseado.
Hemos optado, sencillamente
r la 1im .
criterio: la poesía inédita y la ' ~
~1eza de los textos según un doble
la dejó su autor· en cuanto a I poes1a lorg~mzada en libro se transcribe tal cual
'
a no co ecc1onada se
úl .
Dos poemas llevaban hasta 1
' procura su hma versión.
'
e presente retoq
·
aJenos; los de Zavala en
la composición "A Elena Padill ,, Y 1os d el' doctorues
Castro
1
, ,
viv1r... ' como se puntualiza en sendas t
C
e~ a poes1a 'Nacer,
tramos su publicación y del se!!'l.lnd
no as. ?mo del pnmer poema enconprimigenia.
'
º
o, su manuscnto, los restituimos a su factura

.3:

· · ,,

ª,

El origen de otras variantes rocede d
.
.
o de la falta de comprensi·o'n p
e las ~vergenc1as de interpretación
--como aquella "
l" f'
'
que venía inmortalizándose
t d 1
• . mmorta
ilosofía de Comte
"'
,, .
en ° as as ediciones e l
d
inmoral filosofía. o del dese 'd d 1
' n ugar e una evidente
'
u1 o e os comp'I d
l
res mecánicos de copia d •
i ª ores, Y os consabidos erro
O e Imprenta
F"
d
.
. JJa o el texto, aún es preciso resolver 1
•
rumas, despreciables. Respecto a I
a~, cuestiones de grafía, no por mí1
d . .,
a puntuac1on y a tal e a1 af'
.
a mo em1Zac1on, pero respetamos la
f
.
u gr ia, preferimos
y los guiones.
pre erenc1a de Othón por las mayúsculas
En cuanto a la cronología de 1
realizado, aún quedan por resolve:v~;m~s, :e5: al adelanto que aquí se ha
fecha a sus composiciones. o la s p . ~~dmcogrutas. No siempre Othón puso
p
,
u nm10 e pr , 't
oemas Rústicos. De alg
.
opos1 o, como en el caso de los
. .,
unos poemas existe la f h d
.,
pos1c1on; de otros, sólo el dato de
bl' . ,
ec a e creac1on y de com'bl
pu icac1on de a1
pos1 e conocer la fecha N1' es f' ·1
'
gunos poemas es casi im.
ac1 tampoc
·
poesías muy breves o fragme t .
o conJeturarla, ya que se trata de
nanas.
Por
todo
esto
,
,
, "
se vera como en nuestra edición .
)&gt;Oes1as completas" textos . t bl
' sm presuntuoso invento de
'
m oca es' crono)ogia
, d ef'mitiva
..
· en,
' Y otros del'mos
251

�ticos mucho habrá que deba completarse o rectificarse, ya por nosotros mismos,
ya: en buena hora, por otros más capaces y afortunados.
0

V. Lo

APÓCRIFO Y ATRIBUIBLE

Ya en 1949 afirmábamos que, sin tener a mano la prueba ~ocumental, poseíamos la certeza de que el poema Del obispo Caram_uel citado por el P.
el José Othón. Y esto por muy vanadas razones.
'
.
· , d·
T osca, no es de Manu
Nunca se ha encontrado publicado en ninguna de las revistas ~ -~eno icos
donde el poeta solía colaborar. Por primera vez aparece en la ed1c1on de sus
obras de 1928 con el equivocado nombre de "Caramel" --que _perduró en la
edición de Ja :'Colección de Escritores Mejicanos"-; lo ~ual leJOS de ,ser un~
aranúa, es quizá una prueba de la inautenticidad. La viuda ~e Otho~ ~e h!iitó generosamente a entregar "los papeles" del poeta qu_e el edito~ publ_ico ~on
extraordinaria irresponsabilidad. Aquel poema, por su Juego de mg~mo, simapuntes y de ahl se fue a la imprenta,
patizó a Othón' Jo guardó entre, sus
·
· previo
· esqw·1mo. T odo Jo cual es
junto con ]as composiciones autenticas, sm
algo más que una hipótesis.
.
Pues entre los manuscritos que guarda la Universidad Autónoma Potosm~,
se encuentra el poema aludido, sin la firma de Othón y sin fecha de composición, escrito con la vieja grafía del siglo XVIII, lo que_ i_nduce a pen_s;1r e~ un
viejo poema, cuyo autor lo aclara el título con su gemt1vo _de posesion: ~el
Obispo Caramuel". En efecto, Juan Caramuel de Loblokwitz,. fam~o erudito
y escritor español del seiscientos, dejó varios poemas don~e el mgemo suple al
·
Métr;ca O arte de varios e ingeniosos laberintos. (Roma, 1663) ·
geruo, como su
•
Además de estas pruebas externas, el poema en~ero, c~nsiderado ;n su tono
y estilo, manifiesta claramente que no es el tono m el estilo de Othon:

Entre lúcidas perlas
descubrí no sé cuántas Galateas;
y donde se remata
la selva oscura, un coro de Napeas.
Thetis a todas en el mar retrata.
Bellas aquéllas eran, éstas feas;
en número no iguales,
porque en especie eran desiguales . ..
Por algún tiempo, el soneto La siesta le fue adjudicad~. ,Be~ice Udick 1~
citó en su Bibliografía de Manuel José Othón, y lo publico mas tarde el h252

cenciado Jesús Zavala, como un feliz hallazgo, en El Heraldo (San Luis Potosí, 7 de septiembre de 1947), y en El Nacional. (Año XX, t. XXV, núm.
7074, México 28 de noviembre de 1948).
La propia Bernice Udick, en su arúculo Una acuarela de Juan B. Delgado
aclaró la verdadera paternidad del poema. (Letras Potosinas, IX 96. San Luis
Potosí, marzo-abril de 1951, pág. 9).
Ello es que El Contemporáneo (t. IX, núm. 1714, 28 de abril de 1904)
publicó La siesta con la firma de Manuel José Othón, cuando realmente
pertenece a Juan B. Delgado; quien lo editó, dentro de una serie de cuatro
sonetos, con el útulo general de Acuarelas, en El Tiempo Ilustrado (t. IV,
núm. 160, 17 de enero de 1904), y posteriormente lo agrupó en su libro El
país de Rubén Daría. (Bogotá, Editorial Cromos, 1922, págs. 131-132).
Entre el texto de Delgado y el apócrifo de Othón, existen "tan insignificantes variantes que no hay duda que son simplemente dos versiones del mismo poeta". Bernice Udick cree que Othón, por estar entonces enfermo en
Ciudad Laredo, no se enteró de la publicación del soneto que le habían adjudicado, puesto que no corrigió el error.
Otro poema, cuya autenticidad ha sido discutible, es Leyendo el Quijote,
que tal es el nombre originario y no el que posteriormente se le adjudicó Después de leer a Don Quijote.
Apareció por primera vez en El álbum de la mujer, el 27 de abril de 1884,
firmado por Juan Manuel Vargas. Hubiera sido imposible reconocer la paternidad del poema -aquí sí un "averígüela Vargas"-, si no descifrara el enigma la siguiente nota que estampó, al publicarlo, El Contemporáneo: 13 "Este
soneto Jo escribieron el 884, en la casa del poeta Agustín F. Cuenca, él y sus
amigos Juan de Dios Peza, Manuel E. Rincón y Manuel José Othón; y decidieron firmarlo con el seudónimo de Juan Manuel Vargas".
El doctor Francisco de Asís Castro, amigo entrañable del poeta desde la
adolescencia, afirma que el soneto fue escrito por Peza, Othón y Rincón, pero
que Cuenca no participó; y que "lo firmaron con el seudónimo de Juan Manuel
Vargas, tomando el nombre de Juan por Peza, el de Manuel por Manuel Rincón, y el apellido Vargas por ser éste el materno de nuestro vate. El mismo
poeta me refirió esta historia cuando acababa de publicarse el soneto en un
periódico de México".
En su arúculo Plagios literarios el propio doctor Castro añade: "En el número de La Patria, diario de México correspondiente al día primero del presente (enero de 1905), he visto, no sin sorpresa, el soneto No ha muerto Don
Quijote (que así empieza el primer verso), calzado con la firma de J. A. Vargas
Villa. ¿Quién es este señor? Lo ignoro; pero sí sé decir que no es la primera
u 8 de junio de 1905.

253

�vez que dicha bella composición aparece firmada con el mismo nombre; lo
que revela una reincidencia punible al apropiarse de lo que no le pertenece el
susodicho Villa. Dicho soneto se publicó hace algún tiempo en las columnas
de un periódico metropolitano, y a sus pies se leía la firma de Juan Manuel
Vargas..." A continuación, el doctor Castro reafirma la triple paternidad de
Peza, Rincón y Othón. "Así me lo refirió el autor del Himno de los Bosques".1'
Zavala, a su vez: "Jamás hemos creída que Othón haya colaborado en la
composición. El potosino no estimó a Peza como poeta. . . y no hay pruebas
hasta ahora de su amistad con Manuel E. Rincón. Peza escribió tres sonetos
en colaboración con Agustín F. Cuenca con nombre supuesto, pero entre ellos
no figura (éste)" .16
Conte5taríamos diciendo que en caso de que Othón no estimara a Peza
como poeta, sí existió entre ambos una cordial amistad, como lo prueban las
cartas que se cruzaron; y que, atenidos al testimonio de Castro, no hay por
qué querer encontrar este soneto entre los que escribieron en colaboración
Cuenca y Peza, puesto que Cuenca no intervino en él.
Juzgamos que Othón participó en este poema, por las razones siguientes:
1) por el testimonio alterado de su amigo, el doctor Castro;

2) porque se publicó en el periódico potosino El Estandarte, el 22 de noviembre de 1885, bajo el rubro de "Manuel". Al ser un poema en colaboración, Othón no se atrevería a suscribirlo con su nombre completo;
3) porque en el número especial que El tiempo ilustrado consagró a Cervantes 16 se publicó el soneto en página de honor, exornada con una litografía
de R. Peón del Valle. Al pie del soneto, aparece la nota aquélla que puntualiza a sus autores, aquí sí los cuatro: Peza, Rincón, Othón y Cuenca. En este
11
mismo número aparece otro poema de Othón, Pobre Cervantes ;
4) si Othón no hubiera tenido ninguna participación en el soneto, ¿ por
qué nunca lo desmintió?, ¿por qué aceptó, una y otra vez, que se involucrara
su nombre en la composición? Porque no es posible creer que Othón no se
enterara. El soneto viene apareciendo desde 1884 hasta 1905 en un largo
lapso de veinte años. Una vez lo publica su amigo, el Lic. Primo Feliciano
Velázquez, en el periódico de su ciudad; y ahí mismo, en El Estandarte, otro
de sus amigos, el Doctor Castro, defiende la participación que Othón tuvo
en el poema.

·

Por otra parte, :~ el mismo número de El tiempo ilustrado, aparece junto
con otra colaborac10n suya.

5) Recordaríamos
, el umco
, . poema en colaboración
. .,
' también, que no es este
que escnb10 el Poeta. Ahí están: Acuarela, A Juanene, D.za'logo h umonstico.
, .
6) El tema cervantino le fue fecundo y dilecto en 1 lí .
1
el~~
a~e~y
Todo hlo cual nos induce a creer que L~yendo el Quijote, puede adjudicársele por oy.

VI.

Los CANTOS suMERomos

La s~ple noticia de los libros fantasmáticos y los poemas que se q d
en~?s

l;bos de lo inédito o lo soñado, no sólo acrece los matices psic~~ó;i:::
10gr ~cos ~el ~oeta; resulta, además, una voz de alerta para la n
exhausta investigación.
unca

o

:n

1 ib.~n .~~ prólog~ a los Poemas Rústicos, desconociendo su obra anterior

10: , . oy,,coID1e~o con ,el primero de los cuatro volúmenes de que const~
obra línea . ¿ Cuales senan los tres restantes? El propio Othón encar 6
don Juan B. Delgado, quien ya cuidaba en México la impresión de a
libro, que en la cubierta los diera a conocer is U no de ell p
I q
había qu d d
• d
·
os, oemas nternos,
del hom e a o orgam;a o. Los otros, son desconcertantes títulos en labios
. bre bueno, senan Poemas del odio, cuyas composiciones estaban
r
prop1~ c~nfesión, "inéditas. casi todas"; y Poemas brutales, "del todo inédi~
pues aun tengo poco escrito. De éstos no daré a conocer uno solo hast
'
salgan en colección, porque... yo sé mi cuento" is
'
a que
. Me inclino a pensar que el material de estos dos libros pese a las afum'
Clones
ase en de ...me, dºit~" ', ap~nas era un sueño y proyecto. En ' los manuscritos no
los cuentr~ ~l~n md1ce, pero ni siquiera el menor rastro. Por otra parte
de l~ma~ ~?e~to~ que hoy conocemos, y que pertenecen a aquellos año~
ara tpa~1-~on de oe~as ~ústicos, no integran un volumen suficiente como
res 1 ros e pubhcac1on más o menos inmediata.
P

~

!1

es!) .:-;;-s estan_ipar el título del poema Los amores de la tierra Othón añadió
a vertenc1a: Esta composición es la jornada primera' de un poema
u Epistolario (de) Manuel José Oth6n Gl

El Estandarte, San Luis Potosí, 6 de enero de 1905, p . 1.
,. El Nacional, México, 28 de nov., 1948.
11 21 de mayo de 1905, p. 315.
" ib. p. 310.

11

254

, .
México. Ediciones de la Uní . ºd ~sa;¡ e~quemas, md1ces y notas de JEsÚs
Carta del 10 d . li d
vers1 a
ac1onal Aut6noma de México 1946
,.
e Ju o e 1902, p. 58.
'
·
Carta del 22 de noviembre de 1901, Epistolario, Le., p. 40.

ZAVALA,

255

�.
El . f
por un beso no terminado aún. Se
dividido en tres, Y titulado . , m(;rn~ ) con el n~mbre que tiene la jorincluye en la prese~te colecc1on, oes~:~~ completo, aunque no pueda connada. porque por s1 sola formara un p
' conforme a l Plan que roe he puesto".
tinuarlo
.
d
r su autor, se desconocen tres
3) Del índice de Poemas internos, traza o po
'd
si bien con diverso
oesías. bien puede tratarse de algunas ya ~on?c1 2:s,
P
h t · y Le¡amas
nombre.' Tales son: Nueva luz, p ro•ª
ria
.
1 . 'n de los Poemas Rústicos. No me
4) "Ya estoy dando remate a la co elclc10 A helo po'stumo
Está inédita
· ·' que se ama n
· ··
falta más que una compos1c1on
.
. 1 y en ello me ocupo ahora.
. o es necesano gmsar a,
y en bruto. P or 1O nnsm '
»21 Quizá sea la poesía Para
t'1empo pues es muy corta. . •
Es obra de muy poco
'
L' J , Zavala. y que si el poeta
(
nJ·eturaba e1 1c. esus
'
'
un romance de T os i, co
R, .
" e debe a la índole romántica de
. 1 , 1f
n los Poemas usticos, s
no la me uyo a m e
f
Anhelo póstumo "está en
ella".22 Pero por una parte, Othlón a irmpa quuena romanza aparece impreso
· t
que e poema ara
bruto" por 1899 ' m1en ras
, . l ,
mejor libro dos composiciones
en 1905; por otra parte, Othon me uyo en su
de índole romántica.
, • d · versos' que se llama
5) "Me ocupo de escn'b1'r otro poema rustico e cien
Oda de oro".23
•,
d l drama Victoriosa) con excepc1on
6) "Ya no los acabé nunca (los actos e
,, 2, Othón
h
o del que tengo muchas escenas .
b
de un arreglo del Mack et en vers '
l R . t de México ,25 y las escenas
. , l
'l
más una escena en a evis a
,
d b"
publico e mono ogo
El E t d te 26 Según su testimonio, e 10
VII y VIII del Acto Segundo en
s an ar .
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escribir "muchas escenas" mas.
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L d (1906) narra Zavala, se propuso escn7) "De vuelta en Crndad er o
'
.
. , l 28 de
recordando que su muJer nac10 e
bir un poema sobre los mes~s y,, su esposa vieron la luz el mismo año-,
noviembre de 1858 -Manue 1,ose ~ll s que la tinta se volcó sobre lo que
quiso comenzarlo por es:e m~s . . .
o e.
uiso reanudar la obra que
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e a la ins1stenc1a de su mu1er, no q
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escn 1a y, pes
.
L
ha ocurrido es signo de muerte •21
apenas empezaba. "Es imposible. . . o que
C ta del 12 de marzo de 1903, ib., p. 79.
c::ta del 29 de mayo de 1899, ib ., p. 21.
Epistolario, l.c., P· 22, nota.
.
· 1
28
Carta del 18 de septiembre de 1899, Ep_istolar~o, ..c., p.
.
Carta del 22 de noviembre de 1901, Ep1stola110, ib., p. 40.
México 27 de diciembre de 1891.
· pot ost,
' 24 de enero de 1892.
•
· · 1952 ,
,. San L ws
M' •
Imprenta Umvers1tana,
n Manuel José Othón. El hombre y el poeta, exico,

,.
"
..
..
,.
••

8) En un índice autógrafo de Ensayos Poéticos -que tal fue el nombre
provisional de Poesías-, de entre los manuscritos de Othón que posee la Universidad Autónoma Potosina, aparece el nombre de tres poemas desconocidos:
A Núñez de Arce, La Noche de Navidad (leyenda), Justicia de Dios (tradición).
9) En otro índice similar en Leyendas y poemas -segunda parte del 'libro
Poesías-, alude Othón a la elegía Sobre las ruinas, y al poema Un episodio
del Dante.

10) Un segundo índice de Leyendas y poemas enumera El sacrificio
(poema), y, de nuevo, .Justicia de Dios, leyenda tradicional, dedicada "a Pepe
Cabrera".
11) Otro índice autógrafo de Poemas rústicos recoge los nombres de Anima
rerum, Oda de oro y Anhelo póstumo; de estos dos últimos poemas, Othón se
refería en sus cartas a Delgado.
. 12) En cuanto al conocido Amores eternos, si nos atenemos a los datos
que confiesa Othón en aquellos manuscritos, le faltan ocho poemas de los
diez que deberían integrarlo; pues sólo conocemos Don Quijote -Dulcinea y
Paolo- Francesca.
13) La Noche rústica de Walpurgis según otro índice manuscrito, constaría
de doce sonetos. Desconocemos: Las luciérnagas, La veleta, Las sabandijas,
Las ranas y Los coyotes.
14) Don Joaquín Meade, cuyo sobrio testimonio y probado juicio en diutumos afanes de investigación aseguran la seriedad de su afirmación, cuenta
que él vio un cuaderno de epigramas y poesía festiva de Othón.

VII.

LAS NOTAS FINALES

Por todo lo que antecede, podrá observarse que la presente edición sobre
las anteriores, se enriquece con veintiséis poemas inéditos, con otros seis nunca
antes seleccionados, y uno más que se ofrece completo.
Al encontrar los originales, se evitaron las restauraciones conjeturales de
"A Elena Padilla" y "Nacer, vivir..."; se suprimieron algunas composiciones
que venían ofrendándose como poemas diversos, cuando no son sino lecciones de la misma composición; y definitivamente se erradicaron dos poemas
apócrifos, todo lo cual se exhibe o se razona, bien en estas palabras introductorias, bien en las notículas finales.
Pues que consideramos a Othón, el imprevisto y sumo de Poemas Rústicos

p. 252.

257
256
H17

�.
d 1 "dii maiores" de nuestra lírica, creemos
y el Idilio Salva7e, como uno e os
1 rigor que impone su propio
que, como tal, habría que editarlo;. e~to es, c~n ~pes la pureza de los textos
. . t o, el respeto a las ed1c1ones prmc1 '
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y el anhelo de la máxima integrid~d.
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de los poemas las dedica. 1 t tan de precisar los nom res
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Las notas ma es ra
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Sobre este monumen o
b'
diéramos inscribir por epita 10,
al hombre bueno y al poeta excelso, . ien p~
su propio cántico ennoblecido por el tiempo.
A uí os dejo la lira de mis viejas c~nciones:
g:ardádmela, que aún tienen sonidos sus bordones.
y pues ya se ha colmado el ingente deseo.
q~e abrasaba mi espíritu, Gloria in excels1S Deo.

258

GONZALEZ VERA: EL HUMORISMO DE LA IMPRECISIÓN

Dr. FERNANDO ALEGRÍA
University of California, Berkeley

DrcE ERNESTO MONTENEGRO en el prólogo a Cuando era muchacho, que este
libro yacía inédito en el escritorio del autor desde hacía algún tiempo cuando,
en 1951, a raíz de haber sido agraciado con el Premio Nacional de Literatura, González Vera pudo al fin conseguir una editorial que se lo publicase.
¡ Admirable cambio el que se produce de vez en cuando en la carrera de un
escritor! Gracias a un accidente fortuito González Vera llega hasta el gran
público de su país -en el extranjero aún no se le conoce- y la crítica local
lo recibe con generosa y zalamera algarabía. Durante veinticinco años ha
sido una vaga figura, un tanto desconcertante e incomprensible en el ambiente
literario chileno. Los críticos le mencionan al pasar, muchas veces con el
ánimo de recriminar a los criollistas. En sus dos obritas, Vidas mínimas y
Alhué, dicen, González Vera ha expresado el campo y el arrabal chileno
mejor que todos los criollistas juntos en miles de soporíferas páginas. Es un
estilista, dicen otros. ¡ Qué va! Un humorista querrán decir, agregan terceros. No escribe por disciplinado y exigente, echa al canasto la mayor parte
de lo que produce. . . Pamplinas, añade un deslenguado, no escribe de puro
flojo. El galardón de 1951 multiplica los comentarios. En uno de mis viajes
a Chile oí decir a un escritor santiaguiano lo siguiente: "Curiosa cosa el
Premio Nacional, a veces se lo dan a un escritor de muchos libros como diciéndole, tome, tome el premio, pero por favor no escriba nunca más; otras
veces se lo dan a un escritor que no ha publicado sino una o dos obras. ¿ Por
qué? pregunta usted, pues, por eso, como premio por no haber pecado más
a menudo". Críticos de renombre continental, en cambio, celebraron el triunfo de González Vera sin ambigüedades, y Gabriela Mistral escribió una página
muy laudatoria en el Repertorio Americano.
¿Quién es González Vera, cuál es el verdadero significado de su obra?
Ciertos recuerdos personales acaso me ayuden a definirlo. Cuando yo era
259

�1,
1
t

estudiante del Instituto Pedagógico en Santiago y me hallaba expuesto a las
directivas criollistas de Mariano Latorre, me gustaba pensar en González
Vera como en la quintaesencia del regionalismo chileno. Le admiraba sinceramente, pero de una manera lejana, como una compensación por las maldades
perpetradas en nombre de don José María Pereda. González Vera era el fino
heredero de la aristocracia descriptiva, el sucesor de Federico Gana, el brote
maduro de Baldomero Lillo. Su aldea era como una empanada servida en el
Waldorf. Alhué contenía el campo chileno ¡ qué duda cabe! pero lo contenía
en una lírica e impresionista abstracción. Su paisaje literario era la contraparte del impresionismo pictórico y, en los momentos álgidos de su inspiración,
lucía la cualidad onírica, plateada y auroral, de las telas de Pablo Buchard.
De haberle conocido más hubiese entendido mejor, quizás, las raíces humanas de su estilización. Pero nuestras generaciones estaban separadas no
sólo por años, sino por toda clase de minúsculos, aunque poderosos, detalles
de ideología literaria tanto como filosófica. El nombre de González Vera sonaba entre nuestros grupos estudiantiles junto a nombres legendarios como
el de Domingo Gómez Rojas, de Eugenio González, de Gandulfo, Schnake,
y otros revolucionarios del año veinte. Se le decía anarquista. Cuando tuve
la oportunidad de conocerle personalmente -en las oficinas de la Cooperación Intelectual de la Universidad de Chile- me causó una impresión extraña
y confusa. Había allí, en una oficina junto a él, un raro caballero que vestía
como mozo de pastelería, rigurosamente de negro, camisa y pechera blanca,
corbata:"-mariposa negra; no sé por qué integré mentalmente a este señor con
la personalidad de González Vera. Como si González Vera hubiese cocinado
los pasteles y el otro los sirviera. Los dos me parecieron partes del mismo
ser: el anverso y el reverso de una imagen conocida en sueños. Cosa absurda,
seguramente, pues supongo que ni intelectual ni socialmente debe haber existido nada de común entre ellos. González Vera parecía buena persona, servicial, y comedido. Sarcástico, tal vez, pero humano, muy humano para su
condición burocrática de entonces. A mí, que iba de majadero con asuntos
de becas y peticiones, me atendió gentilmente al principio; después me miraba con su expresión desangrada y me iba deshauciando entre frases de su
máquina de escribir. Voz jugosa, rápida, suave y cordial, podría guillotinar
sin perder jamás el encanto de sus medios tonos. Esa personalidad encajaba
bien con la leyenda del escritor que rompía todos sus originales. Había algo
de inconcluso en sus gestos nerviosos, en su cigarrillo que no acababa nunca de
convertirse en ceniza, en sus despedidas inseguras. Como en sus dos libros
iniciales, González Vera no decía ni la quinta parte de lo que se adivinaba
en su imaginación. En la vida real se valía de las sonrisas, y en su obra literaria, de los silencios.
260

. A la_ luz ~e estos recuerdos su obra literaria cobra, a través de los años
dimens1on~s inesperadas. Consideremos Vidas mínimas ( 1923) y Alhué ( 1928)'
En estos libros Gon~ález Ve:a no es un costumbrista común y corriente. Aun~
q~e _el lector a primera vista pudiera confundir sus pequeñas prosas descrip~1vas con las. ~viñet:15" tan populares en periódicos y revistas de comienzos
de siglo -esas vinet~s ~presas en papel lujoso como para disimular la mugre
del arra~~l que_ l~s inspiraba-, una mirada más cuidadosa descubre en ellas
un prop~s~to origmal. González Vera es como un fotógrafo que, por primera
vez'. decidiera ret:atar . a sus modelos sin afeite previo: desde luego, sin el
afeite de modas literarias establecidas. Les capta en un solo instante de vida
ple?ª· Na~~ más _que en un instante va a coincidir con una crisis y el relato
sera dramat1co; s1, por el contrario, se trata de un momento rutinario, vacío
Y calmo,
quedarán flotando con un mínimo pu Iso l'meo,
·
· d las palabras
•
una
esp~~1e e suspiro_que coro~a levemente la reflexión filosófica. No hay ideali~c10n alguna: m del ambiente ni de los personajes. No le mueve a Gonz~l~z Vera la nostalgia. Su evocación obedece, más bien, al deseo un tanto
sad~co de constatar la crueldad que moldeó su juventud. De ahí el efecto
agridulce d: su prosa. Véanse, por ejemplo, sus semblanzas de obscuras gentes
de conventillo. Las ve en sus rasgos más caricaturescos:
"_Son las siete de la mañana. La señora Paula empieza a barrer. Es una
muJer alta, flaca, arrugada. Lleva la cabeza envuelta en un pañolón desflecado y negro como ~us vestidos. Ella anuda sus manos ganchudas al mango
de la escoba y empuja los desperdicios que apenas se mueven. Pasa la escoba
una Y ot~~ vez e impacientada arremete a puntapiés con las piedras que en
esta ocas1on se arrastran algunos metros". ( Vidas mínimas, 3a. ed. Santiago
1950, p. 21).
'
'
rmº

"Pero el tiempo pasó. El cuarto volvió a llenarse. Los nuevos arrendatarios
e~an una vieja y un muchachón. La vieja era chica, delgada y toda encogida. El era cuadrado, chato y andaba trotando como los mozos del telé!ITafo"
0
(lbid., p. 32).
•
"~~te inquilino es la pesadilla de la casa. Sff corta estatura y su aparente
fra~~1dad,. lo ~acen más antipático. En su cara amontonada orillan dos pe~uemtos OJOS ingen~os. Su boca desaparece bajo unos bigotes castaños que
tienen forma de cortinas. Su figura es incalificable". (lbid., p. 38).
"Al rato se abrió la puerta y apareció una mujer redonda, pequeña, deformada; una mezcla de saco y de barril. Su rostro de nariz achatada, de
boca grande y de frente oprimida, miróme con ojos comedidos". (lbid.,
pp. 76-77).
"El hombre se volvió y nos saludamos. La mujer le pasó la carta. Era un
261

�vejentón de cara cuadrada y piel amarillenta y sucia. El sitio del ojo izquierdo lo tenía cubierto con un trozo de paño negro, con una fontanilla. Su
bigote recortado y cerdoso parecía un cepillo sin mango". (!bid., p. 78).
"Su hermana Francisca era una vieja de feísimo aspecto... Era su rostro
como un trapo ajado y su cuerpo y sus piernas parecían solamente una
blusa y una pollera rellenas de papel. Sus movimientos producíanse accidentalmente y su voz nacía desacorde, dispersa; pero no se cortaba jamás. Carecía
de realidad activa. Equivalía a un árbol, a una pared, a un banco. Cocinaba,
barría, limpiaba, trajinaba. Vivía al margen de los demás". (!bid., pp. 85-86).
No he escogido estas semblanzas intencionalmente; estos son los personajes
de Vidas mínimas. ¿Los héroes? El narrador no se describe; sus dos mujeres
son amargos símbolos de primitiva bestialidad y torpeza, de materialismo
grueso que se rebela con instintiva saña contra la espiritualidad amorfa del
hombre. Pasivas en su sorpresa ante el homenaje literario de ese ser indefinido
que las corteja, estallan con ferocidad criminal al advertir que ya no pueden
sobrevivir en una imagen idealizada, pues el hombre ha penetrado, al fin,
en su secreto. Le hieren con el insulto. Frente a ellas el hombre arrabalero
crece en sordidez y animalidad, como si González Vera quisiera complementar esa humanidad en un solo rasgo de penosa e irreparable desolación.
Ve en ellos la fealdad básica que emana su primitivo sensualismo y su carencia de espíritu. Les mueve como a esperpentos, no descansa hasta que
logra vapulearles y arrastrarles por la acequia turbia del conventillo. Dejan
un reguero de sangre, que muy bien pudiera ser de aserrín.
Acaso consiga González Vera mayor equilibrio en Alhué. Por lo menos, es
probable que su mirada distinga el alma a través de la exterior fealdad. He
aquí algunas imágenes tomadas de este libro:
"Don Nazario era altísimo... De sus hombros, ya un tanto cansados, nacíale el cuello. Y sobre éste gravitaba su pequeña cabeza. Y del rostro, más
reducido aún, caía, sin desprenderse, una enorme nariz. Era serio, perezoso,
monosilábico. Desde la mañana mordía su vieja pipa y tranqueaba por la acera
sin alejarse mucho de su alm.-:én". (Alhué, 3a. ed., Santiago, 1946, p. 22).
"Era mi padre un hombre casi alto, blanco, de grandes ojos llameantes.
.Su traje negro le hacía aparecer semidelgado. Generalmente su aspecto lindaba en la severidad; pero cuando conversaba, solía reír con una risa lenta,
continuada y loca que le transformaba en absoluto" (p. 28).
"Loreto era bajita, delgada, paliducha. Parecía hoja; pero el otoño pasaba
sin causarle quebranto. Su enteco organismo poseía una fuerza nerviosa insospechable. Odiaba la alegría y el ruido" (p. 49).
"Era el profesor un sujeto rubio, bizco, de pequeña estatura, gélido com-

262

pletamente. Pisaba con la punta de los pies y gritaba sin cesar. No sonreía
ni por broma. ¡ Qué excelente carcelero hubiera sido!" ( p. 74) .
"Tenía nombre con olor a campo: Clorinda. Era flaca, casi alta, de amarillentas mejillas, de mirada fría, y muy habladora... Vivía agriada. Nunca
se le escapaba una palabra alegre. Había exprimido de su existencia la cordialidad. Cuando no podía emprenderlas contra su marido, emprendíalas contra su chico, el gato o las gallinas" (p. 128).
Esta es, entonces, la marca distintiva de González Vera: mientras otros
escritores de su tiempo, examinan el mundo popular chileno esforzándose por
definirlo en un tono de nacionalidad y regionalismo, González Vera, el fotógrafo, se despreocupa del telón de fondo y observa a sus criaturas como si
vivieran en el vacío de un desamparo universal. Nada hay en sus conventillos,
en sus aldeas o en sus paisajes, de ese agresivo regionalismo con que los
criollistas sellaban sus productos. Todo en él es vago, aun en medio de lo
concreto y específico. Una frase aquí, un comentario al pasar, una ligera
observación, nos indican que los personajes viven en la miseria de un suburbio
chileno; pero González Vera huye del peso de esa realidad. La evade rápidamente. Vive al margen de ella. O, mejor dicho, vive en ella pero incontaminado; como si le hubieran asignado la tarea de vivir en ese ambiente
durante cierto tiempo para tomar notas mentalmente y escribir, más tarde,
sus recuerdos de fina estilización.
Por eso, González Vera da la impresión de flotar con sus libros. Se mantiene en el aire de su país, volando poco, posado en el marco de una ventana
como un chincol, pestañando, listo para huír. De ahí también, la índole de
sus obras. Vidas mínimas y Alhué no son libros, no funcionan como libros,
son anotaciones para escribir libros. González Vera cultiva en ellos una vaguedad que debe producir asombro en el lector, que ha de intrigarlo y preocupado. Eso es lo que la crítica ha llamado en él su "ironía". En el fondo,
·esa vaguedad, o esa ironía, se vuelve contra él. Se castiga con ella porque ella
deja en claro sus debilidades. 'Esa vaguedad podría no ser el arte de González Vera, sino el síntoma de su imposibilidad de concebir y componer una
obra dentro de un espíritu de finalidad estructural. El transcendentalismo de
su expresión literaria se basa en contados rasgos psicológicos y detalles ambientales que extrae de la realidad de su tiempo para dejarlos vibrando con
su propia desazón de vivir. Quienes descubren esta cámara secreta en e1
fino recinto de su obra se quedan desconcertados. Por una parte, el mundo
creado por González Vera acusa una debilidad básica: está hecho de hilvanes, siluetas, medias caras, penumbras y tenues claridades; medido, pero no
organizado. Por otra parte, de cada ser y de cada objeto emana una especie
de respuesta a la angustia de la humanidad contemporánea; indudablemente,

,263

�estas respuestas no forman una sola voz. El hecho es, en consecuencia, ~~e
González Vera, para bien o para mal, no consigue dar una contextura defoutiva a su materia novelística. De aliento limitado, se agota en el esfuerzo de
purificar el lenguaje que ha de permitirle la creación de un estilo de sugerencias poéticas. Es posible que no haya pasado del lengúaje. Sus caracteres
viven brevemente, como pájaros aletean unos pocos segundos y desaparece_n:
o mueren o callan o se retiran a sus cuartos de conventillo. Nada se orgaruza
ni asume finalidad en su mundo. Nada fluye tampoco. Todo está hecho a
base de exabruptos y modestas situaciones de índole sentimental.
Impone desde el comienzo de sus narraciones un tie~~o definitivamente
pasado, una entonación de sordina y un acontecer cotidiano: El ~ector se
deja adormilar por esa suave ironía que le va entregando la ex1stenc1a de un
pueblo en pequeños trozos límpidos, sobrios, imprecisos. De pront~ se presenta el problema de concluir una narración: González Vera conJura una
crisis que arremolina a los personajes en un desgar~ador choque d~ palabras,
dichas y no dichas, de improperios o lamentos. Alguien lanza un obJeto con~ra
la cabeza de alguien, alguien se mesa los cabellos y solloza. No muy leJos
-lo suficiente para que no se vea- alguien se desangra, apuñaleado. Este
algo brutal y trágico acontece en un relámpago, no concierne a tod~s los
personajes ni le ha dado unidad a la narración ni universalis~o al conJu?to
de los episodios. Sin embargo, se encierra allí una exclamac1on de genuma
profundidad espiritual, una llamarada que nos il~ina el rostro_ con el calor
de la verdadera emoción. El relato está concluido. Muy cwdadosamente
González Vera firma y nunca olvida de consignar la fecha y el lugar donde
tales cosas ocurrieron y fueron escritas: es su modo de trascendentalizarlas.
Cuando era muchacho (Santiago, 1951 ) es otra cosa. He aquí la sonrisa que
se traduce en palabra, el silencio que se puebla de objetos y personajes, el
gesto que admite una explicación, la perspectiva inconclusa que se adelgaz~
y deja ver un fin donde presentíamos el infinito. No sé exactamente con que
actitud se habrá leído en Chile este libro de González Vera. Para mí, que lo
leí con la nostalgia viva del ambiente que describe, pero embalsamado el ánimo
por los años de ausencia y la insalvable lejanía me pareció un libro triste,
deprimente en su dulzura, profundamente inquietante en la raíz de su humorismo derrotado. A veces, dejó en mi espíritu la sensación de un contacto ingrato, como la de una mano exangüe y sudada. A veces, enternecido
por la humilde resignación ante el deshonor y el sufrimiento, creí notar una
vocación franciscana tímidamente oculta entre las carcajadas de un auto
de fe picaresco.
En este libro González Vera debió enfrentarse a uno de los problemas

264

más delicados en el arte de la composición literaria: el de salvar la dignidad y la belleza de la expresión artística cuando ella viene atada a un mundo de renunciación abyecta. Lector asiduo de los rusos prerrevolucionarios,
es posible que González Vera intentara seguir el modelo de Máximo Gorky. Pero, leyendo a Gorky, aun lo más sórdido y tenebroso de sus experiencias, jamás perdemos de vista la dignidad esencial de su actitud, la independencia sagrada de su espíritu, el valor viril de su humildad. Que el héroe de
las memorias de González Vera haya servido de lustrabotas o de suplementero, a gran honra lo tenga. No es lo que el individuo hace lo inquietante,
sino cómo lo hace. Un ser sin carácter, débil, oportunista, sin principios, humillado y ofendido, pero jamás rebelde, lava el "baño" del Club Septiembre -supongo que baño es aquí un eufemismo y que el autor quiere decir excusado- y no logramos compadecerle porque en su humildad no
hay un contenido espiritual, una calidad humana que podamos aceptar como insobornable e indestructible. Escritores como Gorky o James Ferrel, o
Richard Wright, pasan por la miasma de la miseria y la corrupción sin
mancharse y con la voluntad firme de redimirse. Políticamente podrán errar,
pero no me refiero a eso, me refiero a la dignidad y a la responsabilidad moral que exponen en sus obras. Las memorias de Gorky revelan un espíritu
sublime, profundamente revolucionario. Los hechos reales parecen un decorado incidental que destaca la crisis honda y apremiante por que va atravesando su espíritu. El vagabundo de Gorky, las horas perdidas que pasa en
las estepas, o junto al río, o en la taberna, todo esto florece artísticamente
porque se llena de la emoción lírica que el escritor alcanza en el contacto humano y en la sensación de la tierra y del paisaje. El héroe de González Vera jamás nos revela conmoción alguna de su alma, las rebeliones son de sus
amigos, los heroísmos no le pertenecen, ni acciones grandes ni pequeñas dan
relieve a su peregrinar. Como una hiel va goteando página tras página la
sustancia gris del temor y la desesperanza. Acaso hay en este libro la voluntad deliberada de aniquilarse, de anonadarse con una sonrisa en los labios.
Nadie podría negarle al autor el derecho de hacerlo y hasta pudiera celebrarse el que lo hiciera pintorescamente. Pero, los humoristas de cepa, y
González Vera es uno de ellos, nunca se aniquilan por amor al arte. Por lo
general se aplican el cilicio para revelar la llaga de los demás. Y es esta llaga, la que no es suya, la que González Vera olvidó exponer y ahondar en su
libro.
Compárese a González Vera con José Rubén Romero. Discípulos ambos
de Lazarillos y Periquillos se esfuerzan por darnos una visión cruda de la
sociedad en que vivieron. Pero mientras Romero acumula deshonras y abusos sobre Pito Pérez para presentarlo como víctima del orgullo, la ambición

265

�y la vanidad de los hombres, González Vera se limita a ventear su destino
con disimulo, demasiado bondadoso para rebelarse. Se dirá que entre ambos
autores hay una diferencia grande de temperamento. Romero es verboso,
audaz, impertinente, quemado por una malicia cuya máxima expresión es
el escándalo envuelto en clásica elegancia retórica. González Vera huye del
artificio como de una peste y antes que imitar el período largo y sabroso de
Quevedo, de Cervantes o Lizardi, prefiere el disparo en miniatura de tres
puntos suspensivos. Romero nos hace reír a carcajadas y sus chistes no son
para repetirse en buena compañía. González Vera nos hace sonreír y nos
invita a comentar sus frases para dilucidar el segundo sentido hábilmente
oculto. La verdad es que Romero es un crítico social educado en la tradición picaresca española, libre de influencias exóticas, mientras que González Vera ha intentado superar el carácter episódico de la picaresca introduciendo el elemento psicológico que le ha llegado en lecturas de rusos y franceses contemporáneos. A este propósito se me ocurre compararle con otro
novelista chileno de su generación: Manuel Rojas. Pero no quisiera dar
relieve innecesario a esta comparación. En su novela Hijo de Ladrón Rojas también sigue la tendencia picaresca, sin embargo, la armazón de la
novela muestra un conocimiento sólido de la técnica novelística moderna,
especialmente de la norteamericana. Es decir, ambos escritores chilenos llegan al género picaresco con importantes innovaciones que, en su origen, nada tienen que ver con la tradición castiza. Podría agregarse que tanto Rojas como González Vera logran forjar un estilo individual, éste con indirectas y sugerencias que mantienen un tono constante de conversación, aquél
con un lento y hondo desmenuzar de las sensaciones que me hace pensar en
la faena del lavador de oro: intenta la mirada en el metal, el agua y la
arena que se le escurren entre los dedos. De Manuel Rojas podría decirse
que su estilo estaba ya delineado en El delincuente; su última novela no ha
hecho más que agregar profundidad y riqueza sensorial a una prosa que, en
su dinámica desnudez, poseía ya un valor clásico indiscutible.
Sin embargo, un episodio como el de "Vuelapoco" revela en la obra de
González Vera una penetración tan fina y tan profunda de las pequeñas
miserias humanas, que resultaría odioso e injusto negarle su condición de
intérprete privilegiado de la vida popular chilena.1 Su actitud puede intrigarnos, su técnica acaso nos deje fríos, pero hay una intuición poética en sus
esbozos, una pluralidad de sugestiones, que indudablemente tocan la esencia misma de Chile y los chilenos. González Vera va paulatinamente dibujando su propia contextura: el trazo es engañosamente simple, despreo1

266

c~pado en apariencias, estilizado hasta la abstracción una lín d 1
cia tortuosa
sobre
fondo inmaculadamente blaneo, 'pero en ea
e e egan.
.
alguna
parte
presentunos _I~ inminencia del color, la presión intajable de una amar ra
o un ~s~eptic1smo o una suprema renunciación, que empujarán su ma!: a
una alcnbs1s, y ento~ces,. cuando esto suceda, será cosa de ver la batalla entre
la P a ra y el s1lenc10.

Cf. Cuando era muchacho, pp. 45-46.

267

�CARTAS DE UNAMUNO
ALFONSO ARMAS AVALA
Las Palmas de G. Canaria

DoN MIGUEL DE UNAMUNO tuvo a gala ser un español que conocía su
patria palmo a palmo. Viajó mucho, no con afán turístico, sino con curiosidad insaciable de viajero. Sus libros -sus ensayos- prueban la huella que
dejó en el escritor este peregrinaje espiritual a todo lo ancho de la Península; de la Península y de sus islas adyacentes, porque también visitó a Baleares y Canarias.
Precisamente, estas cartas que publicamos están relacionadas con su viaje a Canarias en 1910, la primera vez que Unamuno llega a las Islas Canarias (en 1924, al ser desterrado por Primo de Rivera, volvería; esta vez a
Fuerteventura, durante casi tres meses) . Don Miguel había sido invitado como mantenedor de unos Juegos Florales, y no desaprovechó esta ocasión;
aunque no gustase de los Juegos, aunque los vituperase, aunque los Juegos
fuesen el pretexto para manifestar su incomodidad.
De estos dos viajes nació un libro -De Fuerteventura a París-, algunos ensayos -publicados en La Nación, de B. Aires, en La Libertad de Madrid-... y la promesa de otro libro, aún más denso, sobre el Aislamiento y
otras cosas; promesa que nunca llegó a consumar. Pero, además de los libros, brotó en unos pocos corazones insulares, estremecidos por su palabra,
la llama de la inquietud y de la desazón. Un poeta, "Alonso Quesada"
-constreñido de soledad y aislamiento- encontraría en la ideología unamuniana asiento seguro para su poesía; y otro insular, escritor incipiente,
Manuel Macías Casanova, se convertiría casi en hijo de su mismo espíritu,
Domingo Doreste - ex-alumno suyo en Salamanca- y Francisco Gonzáles Díaz -periodista y orador son los destinatarios de estas dos cartas; dos,
entre otras muchas que Unamuno escribió a sus amigos de las Islas. Y que,
con la eficacia de su acción personal y directa, tanto hicieron por encender
rescoldos unamunianos en el oasis enervante del Archipiélago.
269

�Sí, oasis. Porque Miguel de Unamuno, descubridor de la "modorra" y
la somnolencia insulares, también vivió en Fuerteventura, en los años del
destierro, este clima de abandono y de sosiego. Aunque él, paradójico, convirtiera la paz en guerra, el descanso en lucha, la indiferencia en pasión._ Esa
guerra, esa lucha y esa pasión que inútilmente quiso encender en los insulares en 191 O; chisporroteantes por domésticos problemas de campanario,
por divisiones provinciales, por autonomías administrativas. . . y por caciquismo enfervorizador.
Miguel de Unamuno intentó luchar contra todo esto; y fracasó. Porque
quiso injertar el temple ibérico en el nihilismo africano. O porque no fue
capaz de despertar en los otros corazones esa chispa que se hizo llama en
los de Alonso, Macías y Doreste, tres fervientes discípulos de Unamuno en
Canarias.
U namuno quiso, en fin, transmitir a su auditorio insular -pronunció
dos discursos y dos charlas- todo el fuego, toda la brasa encendida de su
corazón español. Y no contento con la palabra hablada, la escrita; a través de la carta. Gracias a la cual, antes y después de su viaje, Don Miguel
iba desbordándose, exteriorizándose, entregándose con generosidad. Ya que
en la carta, retrato fiel de cualquier hombre, Miguel de Unamuno seguía
hablando en alta voz, sin engaños, sin retoricismo, sin fraude alguno. Confesándose en alta voz, y buscando la confesión de su destinatario, Miguel
de Unamuno vigorizaba su espíritu... y trataba, al mismo tiempo, de infundir vigor al de quien le leía o le escuchaba.
Monólogo en alta voz; esta sería la mejor definición de una carta unamuniana. Un vuelco absoluto hacia afuera, un ahondamiento en lo más
entrañable de su conciencia, un afán de conquista del ánimo del que presenciaba esta exteriorización tan singular. "Verter el corazón del alma": tal
era su consigna epistolar. Y siempre, aun siéndole difícil en ocasiones, supo

tos extremos: si debía haber una nueva provincia con capital en Las Palmas, o si debía subsistir la única capitalidad en Santa Cruz de Tenerife.
Don Miguel, desconocedor de la historia infra insular, diagnosticó, desde tan
lejos y con tan escasos elementos de juicio, con absoluta precisión. El problema -venía a decir- era uno más de los tantos regionalistas que ahogaban a España, campanarismo pueblerino y cabilismo individual. Esta era
su conclusión.
Doreste transmitió a los periódicos de Las Palmas las declaraciones de
Unamuno, en verdad poco gratas a los ánimos exaltados de los grancanarios. Pero bueno es conocer algo del texto de una carta de don Miguel, corrector y adicionador del artículo de Doreste.
"Ahí le devuelvo eso. Está bien. Le he añadido algunas cosas, al texto,
y le doy unas notas para que conforme a ellas amplíe otras ( a). Lo
que le ruego es que haga resaltar más aún la ignorancia en que vivimos de las cosas de Canarias -acaso esto pueda usted atribuírmeloporque los canarios viven más con fo vista puesta en América que en
la Península. .. Adiós,
UNAMUNO

a) . Debe usted insistir en lo de nuestra ignorancia respecto de las cosas de Canarias. El español apenas sabe geografía de su propia patria; yo, que creo saber alguna más que la mayoría, aún sé muy
poca.
2. A lo de que las ciudades son la conciencia de una región -así, en
esta frase- añada que el bizcaitarrismo ha nacido en Bilbao mismo. Esto de las ciudades se ve en Grecia; Atenas era el Atica, Esparta era Lacedemonia..."

cumplirla.

I
"LE HE AÑADIDO ALGUNAS COSAS"

Domingo Doreste - "Fray Lesco" fue su pseudónimo literario- había
intervenido como mediador en el viaje de Unamuno a Las Palmas. Cursando Leyes y Filosofía en Salamanca, había hecho hablar a don Miguel
para una revista profesional - Revista de Municipios-, en la cual Unamuna se enfrentaba con valentía con el "problema insular"; reducido a es-

270

Unamuno declarando su afán de conocer y de definir. Aconsejando cultura geográfica a los españoles -geográfica y de la otra- como· diría en uno
de los discursos pronunciados en Las Palmas. Pidiendo a los españoles continentales y a los insulares mutua comprensión (que "del conocimiento nace el amor", diría desde el escenario del Teatro Pérez Galdós, de Las Palmas). Y dictando algo de su teoría sobre la supremacía ciudadana; lo mismo que había dicho en Bilbao -atacado también de peligroso autonomismo--, en su misma patria, aunque ni los bilbaínos ni los canarios comprendiesen bien, ni aceptasen su teoría. Además, una frase -sobre la cual se
extendería en la carta de G. Díaz- : "los canarios viven más con la vista
puesta en América que en la Península. No se equivocaba mucho: Tomás

271

�Morales, el poeta insular de aquellos años, después de haber vivido en Madrid y de haber conocido lo mejor de la generación del año 12, volvería
"su vista" hacia Rubén; y, en el orden económico, Canarias seguía siendo
-como lo fue en los siglos XVII y XVIII- semillero de colonización ame.
' como " em1·grantes".
ricana: primero,
como " co1onos" y despues,
Era natural que no fuese bien acogido este artículo de Unamuno. El propio Doreste tuvo que aclarar conceptos en periódicos canarios, Y hasta defender a Unamuno de los eternos puritanos y disconformes. Tanto "Alonso
Quesada" como Doreste pronuncian conferencias, dictan charlas, comentan textos unamunianos, poco antes de la llegada del Maestro. (Es curioso
recordar la charla pronunciada por "Alonso Quesada" sobre Apuntes para un tratado de cocotología, el 4 de junio de 1910; apenas veinte días antes de la llegada de Unamuno). Pero sus esfuerzos fueron baldíos; baldíos,
para unamunizar al auditorio. Sólo consiguieron despertar algo la. cu~iosidad insular -la ulisaica curiosidad de que hablaría Unamuno-, ilusionada con escuchar al "sabio catedrático" que quizás -se pensaba- viniese a
fortalecer los sueños divisionistas.
No; los insulares no comprendieron bien aquello de que "la cuestión divisionista es una pugna no entre dos grupos del Archipiélago, sino entre dos
ciudades"; ni de que "es una ciudad la que hace una región y le da conciencia de sí misma". No. No comprendían eso; porque pretendían ver en
las palabras del "sabio catedrático" -calificativo muy común entre la prensa de la época -un no sé qué de ironía, y otro no sé qué de "antidivisionismo". De antidivisionismo porque no eran capaces de admitir el antagonismo
sistemático de U namuno, sin duda raíz primera de aquella su postura singular
ante el problema de la división administrativa del Archipiélago.
''Y eso de la curiosidad..."
La otra carta a Doreste es del 30 de marzo de 1910. Unamuno ya tiene
decidido el viaje a Canarias, y apunta a Doreste algunas ideas que luego
desarrollaría en sus discursos canarios.
Primero, su desdén por los Juegos Florales y su curiosidad por conocer a
la isla y a los insulares. La nota que apunta acerca del liberalismo es buena prueba del clima favorable con que deseaba rodear "Fray Lesco" la llegada de Unamuno a Las Palmas. Leyendo el artículo aludido por Unamuno - De vuelta a las Palmas-, no es difícil percibir entre líneas muchas
ideas unamunescas, mucha enjundia conceptual y bastante acritud en la expresión.
Luego, "eso de la curiosidad". Unamuno, tergiversando la geografía deseaba rodear a los insulares canarios de aquel hálito mediterráneo que había animado a Ulises y a los suyos a desafiar a todas las sirenas. Ulises y los

272

ulisaicos tenían tras de sí siglos de cultura, y los isleños -nótese la diferencia
semántica del nuevo sufijo- sólo podían exhibir siglos de Prehistoria neolítica y alguna aventura legendaria, como aquella de San Borondón. La mitología atlántica fue más destructora que creadora, aunque el mitólogo
Unamuno se esforzase por recrear una nueva; o aplicar la clásica a unos
moldes que le ~enían pequeños. No por otra razón luchaba Unamuno por
despertar en el ánimo insular la curiosidad, el afán de conocer, la chispa
de amor hacia otros hombres de otros horizontes.
Noticias teatrales. Corresponden con las que Unamuno proporciona a otros
corresponsales de este año (vid. Miguel de Unamuno. Teatro. Barcelona, 1954.
Edic. M. G. Blanco, pp. 18-19), y es necesario añadir que La Esfinge, la
primera obra teatral de Unamuno -en la cronología- se estrena por la
Cobea y Oliver, en el Teatro Pérez Galdós, pocos meses antes de la llegada de don Miguel. Tanto Tomás Morales como "Alonso Quesada" dedicaron críticas alentadoras a estos estrenos; aunque quizás hayan sido las de
Manuel Macías Casanova las más valiosas. Con seguridad, la obra a la que
se refiere es El Pasado que Vuelve, drama reelaborado años después, como
apunta G. Blanco en el citado prólogo ("Teatro... )
A continuación una idea que se hace reiterativa en la prosa de Unamuno; especialmente, en su oratoria: "Yo no voy a enseñar..." Este fue el
origen de su fracaso. El isleño no admitía sino a quien viniese a deslumbrarlo con quiméricas alquimias, con taumatúrgicas soluciones, con doctrinas hiperbólicas; en eso, el isleño era tan infantil, mucho más infantil que
aquellos insulares griegos atraídos por los sirénicos cantos. Si el "sabio catedrático" no traía ninguna de estas cosas, ¿ para qué oírlo, para qué escucharlo? Pero Unamuno aprendió. Y mucho. No sólo en Gran Canaria -al
ponerse en contacto por vez primera con el aislamiento--, sino en los años
del destierro fuerteventureño, cuando- como le diría a Ramón de Castañeyra, otro corresponsal suyo -descubrió la Mar y cuando trashondó el
secreto de Galdós, "que fortaleció aún más si cabe mi amor a España".
El propósito de escribir sobre las Islas -ya se dijo anteriormente- lo
cumplió. Aunque lo escrito haya hoy que reunirlo y ordenarlo. Escribió en
La Nación, en La Libertad, en La Mañana - de Las Palmas-, en ... las
incontables cartas, en las poesías inéditas, en tal o cual hoja de álbum. Unamuno sintió la isla; y la definió. Resultó ser un excelente geógrafo, y un feliz diagnosticador. Lo malo -bueno es repetirlo- es que el enfermo no salió satisfecho con un médico tan poco galante. Sin duda, como diría Unamuno en uno de sus discursos, "porque sentía voluptuosidad de su propio mal".

273
HIS

�II
"DEFIÉNDASE DE LA NUBE ..."

Don Francisco González Díaz, el otro corresponsal de Unamuno, fue un
•
E
.
ágil periodista y un espíritu sarcástico. Recogió en un volumen, species,
los fragmentos más felices de su prosa periodística; fragmentos que, como
su vida, no pudo nunca fundir en una unidad. Espíritu solitario y amargado,
distaba de Unamuno en el abismo de su hosquedad; por ello, como apunta
Unamuno entre líneas, no quiso o no se atrevió a conocer personalmente a
Unamuno, durante la permanencia de éste en Las Palmas.
La primera recomendación de Unamuno: "fundir y engarzar todo eso
en conjuntos". ¡ Difícil cosa para G. Díaz! No tenía el periodista los arrestos del ensayista, ni la soltura del escritor que era Unamuno. Además, aquel
"aisloteamiento" en que procuraba vivir G. Díaz dificultaba aún más estos
"engarces".
La Angustia, otro tema; aquí, bajo la forma del suicidio. Unamuno, augur; prediciendo a un futuro suicida su destino; pretendiendo llenar su vaciedad espiritual -"su falta de fe"- con ansias de sacrificio. Unamuno audaz frente a G. Díaz, tímido; apartándolo del precipicio de la egolatría;
lanzándolo contra el paredón de la multitud. Y, sobre todo, enseñándole
a esperar. A esperar sin desesperarse; como hacía él mismo. A luchar activamente; a no dejarse vencer por el arrebato. Y, para fortalecer aún más
el ánimo de su corresponsal, una íntima confesión: la vencida tentación de
suicida que tuvo el propio Unamuno. Don Miguel, en resumen, henchido
de duda, pero también generoso en la fe: aquella que él mismo buscaba.
América, lo americano: otro párrafo. Papanatería frente a la "oquedad
hispanoamericana" -como diría en otro lugar; esto es lo que le estaba diciendo a G. Díaz. Unamuno exterioriza aquella su santa fobia -luego
tan injustamente criticada- por los "criollos". Nótese, sin embargo, la distinción que hace de Darío -"profundo, incongruente..."- , a quien admiraría luego sin prejuicio alguno. Sobre todo, deseaba Unamuno apartar a
G. Díaz de la vanidad criolla -tan española, por otra parte-, en la que
él veía caer a su corresponsal. Nada de conventículos personales, ni de "torres de marfil"; esto sólo conducía a hinchar más el egoísmo, a borrar más
la personalidad. Y lanzarlo en medio del ágora, saturarlo de humanidad era
lo que deseaba Miguel de U namuno.
Aislamiento: meollo de la carta. Aquí volcó Unamuno, por primera vez,
después de su discurso en el "Pérez Galdós", su teoría del aislamiento. La
Isla, indecisa y solitaria nube, es albergue de un solitario; de quien, vacío de

274

"tráfago interior", pretendía uncir su soledad a fuerza de retazos, a fuerza
~e resquemor. Unamuno, aislado en medio de "la plaza pública", arremetiendo contra todo, alborotándolo todo, quijoteando cuanto tocaba su taumaturgia; Y G. Díaz, "rodeado de vanidades y de envidias", flotando en
un mar de nubes plácidas. Nubes a las que don Miguel quería ver exultantes de tormentosa furia: para que sacudiese el enervamiento de su viajero.
Por eso, el consejo de Unamuno: contra la isla, el continente. Tierra fir.
me, sin oceános de miserias, sin "encerronas", sin bajíos farisaicos. Tierra
en la que se _pisara fuert~, reciamente, sin temor; en donde a la placidez,
1~ paz y la sonarrera substituyeran el estruendo, la acritud y la gravedad. Rec1_edumbre de piedras milenarias, aspereza de campos en barbecho perenrudad de una tradición milenaria. Para llegar a todo esto hacía fal:a conoced~; Y es~ era la invitación de Unamuno, desoída por su corresponsal:
conbnentahzarse en vez de aislarse.
Pero G. Díaz no era hombre de batalla, ni de dureza. Vacilante endeb_le, pre~irió la_ ~landura, "la encerrona", la cartuja de su egomanía'. Prefirió seguir su v1a1e, su vagoroso viaje: lejos de la hondura oceánica vecino
de las femeniles playas. Huyendo tal vez de la "aspereza", del desab~miento
y de la dureza a que le invitaba Unamuno.

30-III-10
Sr. D. Domingo Doreste.
Por fin, mi querido amigo, por fin contesto a sus dos cartas. Desde luego
su carta ab!e~ta "De vuelta a Las Palmas", ha de serme muy útil ahí. Pue:
es cosa dec1d1da el que vaya en la segunda quincena de junio. Ya ve usted
sólo para eso han diferido los Juegos Florales. Juegos Florales... ¡ Uf! Ya sa~
usted la mala voluntad que les tengo, pero los tomaré, como otras veces he
hecho, de mero pretexto. Y con tal de visitar ésa...
Sus noticias sobre el liberalismo que ahí como aquí domina, y la falta de
co~~epto europeo de esencia, del sabio y del progreso, son noticias que he de
utilizar, ya verá usted. En las notas que estoy tomando para el discurso y lo
que luego salte, su carta abierta figura a la cabeza del expediente. Ruiz Zata
el actor, me habló de ese público ahora, en Madrid. Y me hizo concebir
elevada idea de él. Hay, por lo que me dijo, un grupo de gentes cultas, que
se ~nt:ran Y conservan la respetuosidad que aquí se va perdiendo. y eso de la
cunos1dad que Ud. me dice vale mucho.

u:~

Acaso sea cosa de isleños que ven pasar muchas gentes. Los griegos de las

275

�6-VII-12

islas, los hijos de Ulises, eran curiosos. Usted sabe la historia de las sirenas,
tal cual en la Odisea se nos narra.
He pasado esta semana en Madrid, en donde tuve que acudir para asuntos. y de paso traté Jo del teatro. Oliver y la Cobeña están entusiasmados
con el último drama que les entregué: aquél -creo le he hablado de elloen que transcurren 25 años de acto a acto. Quisiera hacerlo en ~arcelona ,Y
Bilbao y Juego en Madrid a fines de temporada para que dure mas. Despues
, mueho, dana
' "La Esfºmge" .
de él, en que f1an
Por Jo que hace a los ejemplares de mi "Quijote". cuando vaya a ésa lo
arreglaré ahí mismo.
¿Estará Ud. entonces ahí?
Yo no voy a enseñar e informar, sino a aprender a informarme; voy sobre
todo a conocer a esas islas, sobre las que quiero escribir Juego. Pienso traerme
de ahí un mamotreto de apuntes y notas.
Mi propósito es desde Juego enviar a "La Nación", de Buenos Aires, algunas correspondencias sobre ésa y luego hacer un libro si la materia da
para ello.
Basta por hoy.
Sabe cuán su amigo es,

MIGUEL DE UNAMUNO

11
Amigo Doreste: Ahí le devuelvo eso. Están bien. Le he añadido algunas1
cosas en el texto y le doy unas notas para que conforme a ellas amplíe otras.
Lo que le ruego es que haga resaltar más aún la ignorancia en que vivimos
de las cosas de Canarias acaso -y esto puede Ud. atribuírmelo- porque los
canarios viven con la vista puesta más en América que en la Península. ¿ Cuántos peninsulares -atribúyame también esto- no siendo empleados o militares van a Canarias por conocerlas, por pasar una temporada, por turismo,
etc.? ¿ Y hacen algo los canarios porque haya excursionistas de éstos? Adiós.
UNAMUNO

Debe usted insistir en lo de nuestra ignorancia respecto a las cosas de Canarias.
1
El español apenas sabe geografía ni aún de su propia patria. Yo que creo saber al·
guna más que la mayoría, aún sé muy poca.
' A lo de que las ciudades son la conciencia de una región -así, en esta frase-añada que el bizcaitarrismo ha nacido en Bilbao aunque a las veces asuma ciertas
formas de aparente hostilidad a Bilbao mismo. Esto de las ciudades se ve en Grecia.
Atenas es el Atica, Esparta era Lacedemonia.

276

Sr. D. Francisco González Díaz.
Usted sabe muy bien, amigo mío, cuán difícil es hacer un libro de fragmentos o artículos cortos. Lo que en un conjunto orgánico se defiende bien,
aquí queda expuesto a comparaciones. Usted debe aprovechar toda su inmensa labor periodística para fundir y engarzar todo eso en conjunto. Se lee
mejor de un tirón una novela o una disertación en 300 páginas que cien
artículos que ocupen ese mismo espacio. En cambio. . . leer a retazos, como
fue. . . Hay además, en su libro "Especies" cosas que debían estar en verso
v. gr. El Sudario, el. .. y la estrella, Las. .. (esto me recuerda una poesía del
tenerifeño Guimerá), etc., etc.
Aquello de que la fe sirve para esperar sin desesperarse (pág. 24) está muy
bien; la escuela vacía es un trozo definitivo, que debe ser reproducido en antologías. El T'imido es admirable, pero tiene un final tremendo, aquello de
sacrificarse totalmente. Sí, creo que una enorme cantidad de suicidios de todas clases son por timidez. Y por no saber esperar a la muerte. Acaso yo mismo
-y eso que de tímido nada tengo- de no haberme casado como me casé a
tiempo a esta hora estaría o en una celda de una cartuja, o en un rincón de
la parte no bendecida de un camposanto. Lo que dice Ud. del marido de la
Téllez, me recuerda aquella fórmula más chistosa y es llamar a Téllez "el
de la Téllez". Lo de la Nube es tremendo, tremendo; merece todo un libro.
Veo en la pág. 68 que atribuye Ud. al Kempis aquello de Protágoras de que
"todo es uno y lo mismo". No, ni es de espíritu kempisiano. ¿ Pero de veras
admira Ud. a Vargas Vila, y cree que es algo ese charlatán? Darío, sí, Darío
es_ algo complejo... , profundo, con todas sus incongruencias, pero Vargas
V1la! ... El. . . la oquedad hispanoamericana! A. .. Hernández no le conozco.
Y si viera Ud. qué escarmentado estoy de todos esos criollos... ¡ Huecos, huecos, huecos!
A lo del régimen especial para Canarias agregue usted que el declarar colonia a
una región que ni lo pide ni aspira a serlo es siempre una hoguera.
. Declarar a una región colonia es tanto como invitarla a que se vaya preparando a la
md~pcndencia absoluta. Y tal declaración se haría no en provecho y gusto de los cananos tal vez sino de algún tercer interesado que no fuese siquiera español. Debo
reco_rdar ~mbi~n ~uc Oliveira Martín en su Historia de Portugal, dice que si Portugal
hubiese_ sido amrulado a España en tiempos de su ocupación por los tres Felipes, y
convertido . en una de las tantas provincias españolas, acaso no se habría separado.
Una c~loma permanece colonia y no provincia asimilada por rawnes internacionales,
no nacionales. ¿ Qué razón internacional aconseja u obliga hacer colonia a una región
como Canarias que no lo es ni pide por sí misma serlo?

277

�Su libro de U d. es para hablar de una vez de e'l que para hacer citas de él
tie;;: ~: ;~:m!:~ :e :á:~:;:~::y alcance, algo orgánico .Y. de conjunt?: ~l
. dismo obliaándonos a la labor fragmentaria, nos da ag1li~ad y lcon~1s1on,
peno
' . º
y no es que falte unidad a su hbro; a tiene y
pero nos quita otras cosas.
terrible.
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de la nube defiéndase sobre todo
D ef 1en
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; ;;.:jinando ~on t~dos, y aislándose puede llevarse el tráfago todo mun ano a
su islote. Pues hay hasta aisloteamiento.
, .
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Ud
conoce
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or
a
la
Amenca
espanola
M fguro no se por que qu
·
,
ue ~ ~enín~ula. y para la ;nfermedad de la nub~, la Península e_s ~as san~
q
.bl A érica española panteón de vanidades y de envidias mons
que esa tem e m
'
d A ·1
1 ac educto de
truosas. Ante la catedral de Burgos, las u_iur~l1as e v1 a, e
u
.bl
Segovia desaparecen del ánimo muchas m1senas. En Toledo no es pos1 e.. .
rastacuerismo alguno.
.
b 1
no
me
gusta
es
la
parte
material
de
su
libro:
a
u ta
que
A otra cosa. Lo
demasiado.
d
che.
Cuando estuve ahí no le vi sino una vez y de paseo, yendo uste en ci S'.
ero me hablaron mucho de usted y de sus encerronas de~tro de su n~ e. 1
~a de seguir así huya de esa isla, déjela cuanto antes y s1 pued~ ~emr ~ara
acá a tierra firme española, mejor que mejor. Esta nuestra vieJa, recia :.
cal~mniada tierra española guarda aún tesoros para l~s que aprendan ad~~
rerla. Hace acaso a los espíritus más ásperos, desabndos, duros, pero 1S1pa
las nubes del aislamiento.
Nada más por hoy.
Un apretón de manos de,
MIGUEL DE UNAMUNO

278

JOSÉ ASUNCIÓN SILVA
APUNTES

PARA

SU OBRA
hzHAK BAR-LEWAW
The U niversity of Kansas,
Lawrcnce, Ka.

UNA OBRA LITERARIA es, en la mayoría de los casos, la producción de un ser
humano cuyos elementos son captados por él, en el ambiente donde ha pasado, por lo menos, algún tiempo de su vida. Mas el ambiente, por sí solo, no
puede explicar todos los factores de creación de un poeta o de un escritor.
Menester es también conocer otros elementos de índole hereditaria, familiar,
económica y social. Eso, naturalmente, no quiere decir, que el conocimiento
de la vida de un poeta o de un escritor, aclare todos los secretos de su obra,
pero ignorándola es imposible dar una interpretación justa de su creación literaria.
Es el caso de José Asunción Silva. Nace en el seno de una familia rica, en
la llamada entonces, Santa Fe de Bogotá, ciudad fría, al pie de los cerros de
Guadalupe y Monserrate, situada a unos 2,600 metros de altura sobre el nivel
del mar.
De sus antepasados, hereda nuestro poeta un padecimiento psicopático que
causará su neurosis, y, al fin y al cabo, le llevará al suicidio. El abuelo paterno se mató, y un tío suyo fue un demente "aficionado" a la soledad. Mimado por su familia, Silva pasa su niñez y juventud en un ambiente que
bien pudo ser la causa indirecta de su trágico fin. En la casa de sus ricos
padres, se habitúa a vivir con excepcionales refinamientos. Desde joven, envidiado por sus coetáneos, que lo llaman "el niño bonito" o José "Presunción", tiene por costumbre vivir solitario y retraído, aficionado a sus lecturas. No raras veces presencia en su casa las reuniones de lo más selecto, la
"élite" de la sociedad de las letras bogotanas en aquella época: Isaacs y Carrasquilla, Pombo y Marroquín, entre otros distinguidos literatos colombianos.
Su educación no fue completa; a los 16 años está obligado a dedicarse a
279

�labores de índole comercial. Tres años más tarde, se va a Europa para residir
en París, invitado Por el tío abuelo Antonio Silva Fortoul. Mas durante su
viaje, el tío muere; permanece en Francia dos años, gracias a los recursos
económicos de su padre don Ricardo.
Vuelto a Bogotá, las desdichas familiar y comercial, como una larga sombra, acompañan al poeta. En 1889 muere su padre, y dos años más tarde,
desaparece para siempre su muy querida hermana Elvira, amiga confidente
de Silva; él nunca se recobró de ese golpe. Después de la muerte de don
Ricardo, Silva hereda su casa de comercio. Para atender a crónicos déficits fis.
cales, el gobierno colombiano estaba obligado a poner en circulación papel
moneda. La inestabilidad monetaria que afectaba al comercio en general, y •
el mal manejo de negocios en particular, arruinaron a Silva por completo. Las
molestias de sus acreedores no le dejan en paz, y las ejecuciones legales llegan
a cincuenta y dos.
Al analizar cierta parte, si no la mayoría de la obra silveana, hay que tomar
en cuenta esos cuatro factores: la herencia del padecimiento neurótico, la pérdida de sus seres queridos, el infortunio comercial, y por consiguiente, las molestias en el terreno social.
Silva, el poeta de la duda.

Miguel de Unamuno se pregunta: 1 ¿Qué dice Silva?, y contesta: "Silva
no puede decirse que diga cosa alguna; Silva canta". Y ¿qué canta? He aquí
una pregunta a la que no es fácil contestar desde luego. En verdad, la pre•
gunta de Unamuno no es sencilla, ya que Silva es un poeta sin ideal; mas
como hijo fiel de las últimas décadas del siglo pasado, la duda y la muerte
son su musa predilecta, y la negación escéptica constituye el alma de muchas
de sus poesías y escritos, los cuales expresan el nihilismo de su época, la
veladura artística del sarcasmo y la encarnación de una filosofía pesimista.
Silva como cantor bogotano, quizás refleje también, en cierto modo, la inquietud y la congoja de su ciudad natal, que a pesar de las apariencias, era en
aquella época, más triste que alegre.
Silva es poeta de la duda; mas este apelativo que parece entrañar en su
significado una posición ante lo religioso, se traduce en su poesía por una
desconfianza de todo. La duda no es robusta posición, ni filosófica ni poética,
ya que el filósofo o el poeta son por lo que afirman o por lo que niegan, pero
no por lo que dudan. Pero esa actitud de Silva no es un recurso poético, sino

- -JosÉ AsuNc1ó:-1
1

S1LVA,

Poesías completas, Prólogo de M. de Unamuno. Madrid,

es .el "leitmotiv"
de su obra. Duda, tnste
.
. .
.
remm1scencia
muerte he aquí la
qumtaesenc1a de su canto.
'
'
En
La
Protesta
de
la
Mus
2 " 1
,
.
,
había traba' d
a e poeta satmco le1a su libro, el libro en que
Jª 0 Por meses enteros". En una mad ª d d
en el aire , olores de primavera "la M usa, sonnente,
. ruºa
a e ymayo,
flotar
blanca
grácil alsur
.ó"
~bpregundto al poeta: ¿ Qué has escrito? He hecho un libro de
gi
1 ro e burlas
en u h
.
lfas, un
llas
debilidades. ·l~ fa~a: ~ mo~t~adodlasl vilezas y los errores, las miserias y
. ' .
y os v1c1os e os hombres. Tú no estaba
,
y
la
Musa
md1gnada
le
contestó.
.
Por
q
,
h
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l
s
aqw
h
?
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ue as visto as manchas d ...
t
. ermanos. ¿Por qué has cantado sus debilidades? ... Quede ahí tq be ~s
i~sultos y de desprecios, que no fue dictada por mí
Quédat hí
o raG e
mo _del odio y con tu Genio del ridículo". . .
...
e a con tu e-

sát'

Silva yo!
desconfía
de susa facultades
¡ Poeta
Llamarme
,
' y . duda si. es poeta: " • • .Eso es ridículo.
3
llamado a Esquilo, a Ho:r:ona;ln:::o anoSmhbkre con que los hombres han
•,
'
,
a espeare a Shelley
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del valor artís•:co de .' .b..
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g . . . ara 1 va, sus versos no son otra cos " .
para decir en nuestro idioma las sensaciones en;e s~o unla tenta~v~ mediocre
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rmizas Y os sent1ID1entos comVerlaine ~u;:nb::: peioectDa~ expr,esaron en los suyos Baudelaire y Rossetti,
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, ios m10, yo no soy poeta"
En La respuesta de la tierra:i
···
..."un poeta lírico, grandioso y sibilino
. . .hablaba a la tierra una tarde de invierno"
de nuestra existencia del pasad
d 1f
' para aclarar sus dudas acerca
,
oy e uturo:
¡Oh madr~, oh ':ierra! -díjole- en tu girar eterno
nue~tra existencia efímera tal parece que ignoras.
. . ·tNo sabes el secreto misterioso que entrañas~
¿Po_r quf las noches negras, las diáfanas aurora;?
.. ,(Que somos? ¿A dó vamos? ¿Por qué hasta aquí vinimos~
(·Conocen los secretos del más allá los mue t ~
.
·P
, l . .
r os.
t or que ª, vida inútil y triste recibimos?
... ¿Por que nacemos, madre dime por qué m .
~
¿Por qué?
'
'
orimos.
• !bid., págs. 179-182.

• J•

A . SILVA, Prosas y versos lntrod S 1
xico, D. F., Editorial Cultura 1942 , ., 30e e3cl. y Notas de Carlos Garda-Prada, Mé•
,
, pags. . .
J.
A.
SILVA,
Poesías
completas
p
págs. 119-120.
, r61ogo de M. de Unamuno, Madrid, Aguilar, 1951,
•

AguilaT 1951, pág. 18.

281
280

�"la estatua de Sancho Panza
ventripotente y bonachón
perfila el contorno de bronce
sobre el cielo ya sin color". ..

La tierra impasible no hace caso a las dudas que atormentan al poeta y le deja
sin saciar su sed de conocer el secreto y sin calmar su inquietud:
La Tierra, como siempre, displicente y callada,
al gran poeta lírico no le contestó nada.

El tema del poema no es original. El ateísmo de Silva sufre un tormento de
la duda: el porqué de la vida y de la muerte, el misterio de nuestra existencia
pasajera en este valle de lágrimas, etc. Eterno y hasta hoy día no explicado
problema. "Nihil novum sub sole", decía el rey Salomón, hace unos tres mil
años. No hay nada de nuevo bajo el sol, y menos aún en el campo de la poesía;
todo ya está dicho, pero en la obra de un poeta verdaderamente grande, la
forma de decir es nueva. Silva se expresa con cierto matiz de novedad.
Notas escépticas y ateístas se encuentran en el poema Futura,5 el cual contiene una predicación de un cambio ideológico en el seno de la humanidad,
durante el siglo veinticuatro:
"¡ Ciudadanos! ¡ Compatriotas!
¡Salud! Honrad al fundador
de la más grande de las obras,_
de nuestra santa Religión".

Al definir su enseñanza., Silva parafrasea el evangelio cristiano, y al mismo
tiempo, se ríe de los milagros atribuídos a cualquier divinidad:
"eterna gloria al Redentor
que con su ejemplo y sus palabras
el idealismo desterró!
Salud al genio sobrehumano
cuyo Evangelio derramó
de este planeta por los ámbitos
la postrera revelación.
¡ Paz y salud a sus creyentes!
¿Cuál de nosotros lo invocó
sin sentir instantáneamente
mejorarse la digestión?"

Humorismo cáustico de un ateo, que se atreve, con su risa amarga, a profanar
cosas sagradas.
Al buscar la respuesta al problema de la fe que le atormenta sin cesar, Silva
indaga en el poema Filosofías 6 las religiones y sistemas filosóficos, pero se
queda insatisfecho de sus averiguaciones. La duda le roe continuamente:
"No: sé creyente, fiel~ toma otro giro
y la razón prosterna
a los pies del absurdo ¡ compra un giro
contra la vida eterna!
págalo con tus goces; la fe aviva;
ora, medita, impetra;
y al morir pensarás; ¿ Y si allá arriba
no me cubren la letra?

Todo el poema comprende un feroz elenco de negaciones, suma y compendio del pesimismo absoluto y desesperado que envenena cada canto de sus
Gotas Amargas. La fe no ofrece más que dudosas esperanzas; el placer y el
amor no causan sino agotamiento y disgustos; el arte es recompensado con la
indeferencia y el olvido; la razón corroe hasta la confianza en uno mismo; toda actitud, incluso la de no hacer nada, traen solamente molestias y sufrimientos.
De los escasos fragmentos que debieron formar parte de los Sonetos Negros, 7 se destaca otra vez Silva el escéptico y ateísta, a quien la tormenta de
la duda y el problema del MAS ALLÁ, no le dejan en paz.
La obsesión de la muerte.

En la obra silveana, llegada a nosotros fragmentaria, dispersa y con cronología insegura, la muerte es el tema dominante de su poesía. Ella está presente en su imaginación y la lleva en su alma. Silva ha medido la vanidad

¿ Cuál, según el poeta, es la figura representativa del "Redentor"?:
• lbid., págs. 127-128.

282

' lbid. pp. 133-135.
'lbid. pp. 171-175.

283

�y caducidad de todo cuanto hacemos y alcanzamos, y carente de fe religiosa, su escepticismo no descansaba sino en la obsesión de la muerte. También hay que tomar en cuenta la herencia del padecimiento psicopático. Ningún poeta de América Latina puede competir con Silva en desaliento y pesimismo; ni siquiera Julián del Casal que también tiene una concepción pesimista de la vida.
Conviene aclarar aquí un punto de suma importancia: la muerte como
tema sobresaliente de su obra, no es invención personal de Silva; no lo puede ser, como no Jo son el dolor y la desdicha de los seres humanos, con sus
desengaños y vanas interrogaciones a los cielos callados. Mas poesía es ante
todo expresión; y como tal, los versos de Silva cuyo tema es la muerte, son
inolvidables. El poeta nos explica el porqué de su obsesión de la muerte:
"Un cultivo intelectual 8 emprendido sin método y con locas pretensiones
al universalismo, un cultivo intelectual que ha venido a parar en la falta de
toda fe, en la burla de toda valla humana, en una ardiente curiosidad del
mal, en el deseo de hacer todas las experiencias posibles de la vida, completó la obra de las otras influencias, y vino a abrirme el obscuro camino que
me ha traído a esta región obscura, donde hoy me muevo sin ver más en el
horizonte que el abismo negro de la desesperación ..." El poeta, que no lo
fue en menor grado en su prosa, confiesa que unas veces ha encontrado la
locura "vestida de brillantes harapos, castañeteándole los dientes, agitando
los cascabeles del irrisorio cetro, y hacerme misteriosa mueca",9 diciéndole:
"soy tuya, eres mío, soy la locura".1 º
Silva traído "a esta región obscura" se mueve en ella sin poder salir y se
conforta con la idea de morir como varios poetas y escritores de gran fama:
"¿ Loco ... ? 11 ¿ y por qué no? Así murió Baudelaire, el más grande, para
los verdaderos letrados... ; así murió Maupassant. . . ¿ Por qué no has de
morir así, pobre degenerado, que abusaste de todo, que soñaste con dominar el arte, con poseer la ciencia, toda la ciencia, y con agotar todas las copas en que brinda la vida las embriagueces supremas?"
El poeta, poseído del horrible sentimiento de lo irremediable, está aprisionado por el hielo de la muerte y por el frío de la nada, que le impide es12
tar alegre y gozar de la vida. El canto ¡ Poeta! ¡ di paso los furtivos besos!
se compone de tres partes: a) la casta entrega en la alcoba sombría de la
selva, b) la posesión en la alcoba de espesa tapicería, c) la pobre chica en•
' J. A. S1LvA, "De Sobremesa" en Poes!as. Barcelona, Maucci (sin fecha ), p . 197.
' lbid., p. 199.
" lbid., p. 200.
u ]bid., p. 200.
" JosÉ Asusc1ÓN SILVA, Poeslas Completas, Madrid, Aguilar, 1951, pp. 66-67.

284

tre la negra seda d_el ataúd. Esta obsesión de la muerte Je impide gozar enteramente de una Joven y bella mujer.
El mis~o sentimiento de contraste se encuentra en el famoso Nocturno 1~
que ha Cllll:ntado la gloria de Silva. En él, el poeta dio la real medida de '10
q~~ prometla ~u. ,talento. Su hermana Elvira es la protagonista de esta beJhslllla compos1C1on que se debe leer sotto voce.
En el breve poema de IÁzaro,u se aprende que el reposo proporcionado
~r la muerte, vale más que el bien otorgado a nosotros por Ja ·d L
idea del _olvido persigue a Silva. En el canto Día de difuntos 15 seVJp:;cib:
un mordiente escepticismo cuando, entre la música austera d; los bronces
que tocan a muerto, ríe la voz incrédula de la vida en la otra campana q e
marca la hora, y con cada hora un olvido: 16
'
u

lAs campanas más grandes, que dan un doble recio
Suenan con un acento de místico despredo
Mas la campana que da la hora
'
Ríe, no llora.
Tiene en su timbre seco sutiles ironías,. ..
.. .Y con sus notas se ríe
Escéptica y burladora
De la campana que ruega,
de la campana que implora,
Y de cuanto aquel coro conmemora
Y es porque con su retintín
'
Ella midió el dolor humano
Y marcó del dolor el fin.
. E~ El "'.~l del sigl~ 17 se queja delante del médico del "desaliento de la
Vida , del Mal del siglo... el mismo mal de Werther de Rolla d M
fredo . Y de L eop~rd""
af.
'
' e
an1 Y rrma su "absoluto desprecio por Jo humano". Un
parecido d~~prec10 a la creación y a la vida se halla en Zoospermos.1s
La solucion a su mal, cansancio y aburrimiento de la existencia se encuentra en. el bre_ve poema Cápsulas 19 donde predice su fin, como el de
Juan de Dios, qwen:
,. /bid., pp. 68-70.
" lbid., p. 93.
11
/bid., pp. 109-113.
" /bid., p. 110.
" lbid., p. 118.
u /bid., pp. 129-132.
,. /bid., p. 123.

285

�A Leopardi leyó, y a Schopenhauer
y en un rato de spleen
se curó para siempre con las cápsulas
de plomo de un fusil. 2 º

Su poema Al oído del lector 21 es un trozo típicamente romántico:

No fue pasión aquello
fue una ternura vaga. ..
lo que inspiran los niños enfermizos,
los tiempos idos y las noches pálidas.
El espíritu splo
al conmoverse canta:
cuando el amor lo agita poderoso
tiembla, medita, se recoge y calla.

Juan de Dios es el doble del poeta, el "filósofo sutil", que en un momento
de tensión, "desencantado de la vida", se cura de ella, para siempre, con
una cápsula de plomo. Del mismo modo "se curará" también, unos años
después, José Asunción Silva.
Elementos románticos en la obra silveana.

Visto desde el punto de vista formal, hay en Silva dos poetas: el joven,
que se mueve dentro de la órbita de la poesía española de los últimos años
del siglo XIX, y otro, el modernista. La influencia de Bécquer -analogías
de ideas y temas, como los ritmos y el uso del asonante en los pares- está
fuera de duda. Así siguió escribiendo el joven Silva hasta cuando, informado de las corrientes literarias europeas de su época, y bajo el impulso
natural de su extremo pesimismo, descubrió la voz que expresaba mejor sus
males y pesares.
No es extraño encontrar influencias románticas en las obras de los iniciadores del Modernismo hispanoamericano, en general, y en las de J ulián del
Casal y J. A. Silva, en particular. Ambos fueron poetas románticos dolientes en cuanto al sentimiento, y modernistas por el estilo y la métrica de sus
poesías. Ambos tienen el presentimiento de la muerte y expresan sus quejas
con igual tristeza. La influencia del Romanticismo en ambos es evidente en
su temática, como la soledad, la melancolía, el extremo individualismo y
lo luctuoso Silva se polariza entre dos fuerzas magnéticas que le atraen con
igual intensidad disyuntiva: Bécquer y Poe, convertidos ambos, respectivamente, aquél en la niebla romántica que a través del espíritu adolorido del
sevillano, dejará Heine en la literatura española en la segunda mitad del
siglo XIX; éste, en los diablos azules, hijos del absintio, que el poeta norteamericano de Boston echará a correr por el mundo en la primera mitad
del mismo siglo.
Mas lo que en Bécquer y Poe como individuos particulares, son desorden
y bohemia, en Silva es reserva y compostura. Su drama es interior y el poeta procede de una auténtica experiencia de gran señor.
'" /bid., p. 123.

286

Pasión hubiera sido,
en verdad, estas páginas
en otro tiempo más feliz escritas
no tuvieran estro/as sino lágrimas.

Se halla aquí el arsenal de los románticos: los colores oscuros la taciturnidad y las lágrimas.
'
El poema Crisálidas contiene la influencia de la Rima LXXIII de Bécquer:
Crisálidas de Silva 22
- • .Unos días después, en el momento
en que ella expiraba,
y todos la veían, con los ojos
nublados por las lágrimas
en el instante en que murió,
.sentimos leve rumor de alas. . .

*

Rima LXXIII de Bécquer 25
Cerraron sus ojos
que aún tenía abiertos;. ..
. . . y entre aquella sombra
veíase, a intervalos,
dibujarse rígida
la forma del cuerpo ...

Silva q~e ~scribió :) poema en recuerdo de su querida hermana se inpiró
en el romantlco espanol; los dos describen la muerte de una mujer y plante~n de, manera semej~nte los eternos problemas de la vida, muerte y del
mas alla. Ambo~ terminan con una pregunta que existe desde los tiempos
remotos, y aun sm respuesta definitiva:
n !bid., p. 33.

e .•. ~s poemas de G. A. Bécquer, citados más adelante, se encuentran en Ja 16ta.
~ion de Rimas Y leyendas, Espasa-Calpe, Argentina, 1952.
!bid., p. 19.

" !bid., pp. 50-52.

287

�Silva:

Bécquer:

al dejar la prisión que las encierra,
¿qué encuentran las almas?

¿Vuelve el polvo al polvo?
¿ Vuela el alma al cielo?

al perderse en espiras,
las voces ulteriores de otro mundo

El poema Notas perdidas 24 también acusa _la. suges~ión de la ya citada
Rima LXXIII, aunque sea puramente descnpt1vo, sm problemas Y preguntas de orden metafísico:
"Bajad a la pobre niña,
bajadla con mano trémula
y con cuidadoso esmero
entre la fosa ponedla". ..

La primera estancia del poema Crepúsculo 25 demuestra claramente su
carácter romántico:
Junto de la cuna aún no está encendida
la lámpara tibia que alegra y reposa,
y se filtra opaca, por entre cortinas,
de la tarde triste la luz azulosa.

Para componer la Primera Comunión,26 Silva se inspiró en la Rima LXX

21

de Bécquer:

hasta el cielo subían,
el aroma suave del incienso

••
"
,.
"

288

!bid.,
!bid.,
Ibid.,
I bid.,

pp. 37-38.
p. 21.
p. 25.
pp. 4 7-48.

En la Rima del español es la iglesia, con el fulgor de la lámpara sobre los
vidrios, y en la poesía del colombiano en la ignorada capilla alumbrada por
las luces matinales. Allí, el maitinante llama a los fieles para que recen antes de amanecer, aquí, son "los cantos religiosos, que pausados hasta el cielo
subían".
Bécquer:
Silva
Bécquer:
Silva

"coro entre las voces"
"las voces ulteriores del otro mundo".
"los mudos santos... me saludaban"
"los viejos santos. .. mudos me sonreían".

Rima LXX de Bécquer

Primera Comunión de Silva
Todo en esos momentos respiraba
una pureza mística
las luces matinales que alumbraban
la ignorada capilla,
los cantos religiosos que pausados

sonoras y tranquilas,
los dulces niños colocados junto
al altar de rodillas,
y hasta los viejos santos en los lienzos
de oscura, vaga tinta,
bajo el polvo de siglos que los cubre,
mudos se sonreían.

vi el fulgor de la lámpara!
Aunque el viento en los ángulos oscu( ros
de la torre silbara,
del coro entre las voces percibía
su voz vibrante y clara.
.. .A oscuras conocía los rincones
del atrio y la portada;
de mis pies las ortigas que allí crecen
las huellas tal vez guardan.
.. .A mi lado sin miedo los reptiles
se movían a rastras.
¡Hasta los mudos santos de granito
Vi que me saludaban.

¡Cuantas veces, al pie de las musgosas
paredes que la guardan,
oí la esquila que al mediar la noche
a los maitines llama! . ..
.. .Cuando en sombras la iglesia se en( volvía
de su ojiva calada,
· cuántas veces temblar sobre los vi.
(drws

'

Además de versos semejantes, hay el mismo ambiente y el misticismo de
las cosas sagradas.
Según Alberto Miramón, el mejor biógrafo de Silva, el poeta escribió la
Primera comunión a la edad de diez años, y añade: "Es la primicia diáfa-

na y rica de una alma sensible en sumo grado, apenas en formación". 28 Mas
un atento examen de la Primera comunión demuestra la inexactitud de esta
hipótesis. El poema representa cierta reflexión de orden retrospectivo, que
guarda relación con una impresión pasada y con un hecho que el poeta
considera sagrado y misterioso. Un niño de diez años no usa palabras, como
los dulces niños, adjetivos pausados, mística, ulteriores, etc.
El Romanticismo puso de moda la Edad Media y la religión cristiana.
" ALBERTO M1RAMÓN,

José Asunci6n Silva. Suplemento de la "Revista de las In-

dias", No. 7, 1937, p. 35.

289
Hl9

�La Primera comunion tiene por tema un recuerdo de orden religioso que.
Silva describe siendo ya adolescente.
29
Los matices oscuros y las lágrimas vuelven en Risa y llanto:
"Juntos los dos reímos cierto día ...
¡ ay, y reímos tanto
que toda aquella risa bulliciosa
se tornó pronto en llanto!"

Nótese "que nunca han sido mías", lo que Bécquer expresa de una manera
más directa:
Triste, muy triste debió ser el sueño
pues despierto la angustia me duraba.

El poema Estrellas fijas 33 acusa una fuente doble, la de E. A. Poe 3 ' y la
de Bécquer. Silva se inspiró en los versos del norteamericano:

Bécquer en su Rima LVªº concluye:
Mi adorada de un día, cariñosa,
¿en qué piensas?, me dijo.
"En nada..." "¿En nada y lloras?" "Es que tengo
alegre la tristeza y triste el vino".

.. .Only thine eyes remained
They would not go-they never yet have gone,

cuando escribe:
mis ojos...
. . .guardaron solo. ..
.. .la tibia luz de tus miradas hondas
al ir descomponiéndose
entre la obscura fosa,
verán en lo ignorado de la muerte,
tus ojos. .. destacándose en la sombra.

Silva: "Nacen hondos suspiros de la orgía / entre las copas cálidas...";
Bécquer: ''Entre el discorde estruendo de la .ºr!ía / ac~rició mi ~ído ~ como nota de música lejana / el eco de un suspiro . Ademas de la misma idea,
Silva imita al poeta español hasta usar idénticas palabras: orgía, sus~iro,, etc.
El poema silveano Mindnight dreams,81 a pesar de su nombre mgles es
netamente becqueriano. Empieza así:

Pero Silva se inspira también en la Rima XIV de Bécquer: 35
Anoche, estando solo y ya medio dormido,
mis sueños de otras épocas se me han aparecido.

Te vi un punto, y, flotando ante mis ojos
la imagen de tus ojos se quedó ...
.. .Adondequiera que la vista fijo
torno a ver tus pupilas llamear.

Bécquer en la Rima LXVIII: 32
No sé lo que he soñado
en la noche pasada.

Silva continúa:
Los sueños de esperanzas, de glorias, de alegrías
y de f elícidades, que nunca han sido mías.

.. J.
80
11

A. SILVA, Poesías completas, Madrid, Aguilar, 1951, p. 29.
G. A. BÉcQUER, Rimas y leyendas, 16ta. ed. Espa_sa-Calpe, Argentina, 1952, p. 41.

I bid. p. 63.
.. lbid., pág. 46.

290

Silva el traductor.

Nadie, que sepamos, de los críticos de Silva, analizó detenidamente sus
• traducciones. Aparte de la Imitación de Maurice de Guérin y Las voces silenciosas de Tennyson, Les Hirondelles de P. J. Béranger y Réalité de V.
Rugo, son más una creación silveana que una estricta tradución del original.
El poema de Béranger 36 empieza de este modo:
,. Ibid., pág. 30.
E. A. PoE, Poems and essays, Leipzig, Tauchnitz, 1884, pág. 51.
'" Ibid., pág. 23.
" P. J. BÉRANGER, Des familles, París, Ed. Garnier, sin fecha, págs. 173-175.

14

291

�Captif au rivage du More,
Un guerrier, courbé sous ses fers,
Disait: Je vous revoie encare,
Oiseaux ennemis des hivers.

La traducción de Silva es más larga, y el cuadro es más triste que en el
original: 8 7
En la ribera del Maure,
encorvado por los hierros
de la prisión tristemente,
así cantaba un guerrero:
Os vuelvo a ver, pajarillos
que dais al invierno el ala.

son octosilábicos y el octavo es endecasilábico, el último necesita en cada
estancia doce versos, diez de ellos octosilábicos y dos endecasilábicos, para la
traducción del poema. Nótese también la introducción de varios adjetivos,
como piadosa, breve, hermosa y risueña, los cuales no se encuentran en el
original. La traducción es más suave y más cariñosa. Cuando Béranger dice
con cierta tranquilidad: "De mon pays ne me parlez vous pas?", Silva traduce con dulzura: "¿no os detendréis por un instante breve a contarme algo
de mi hermosa patria?" El prisionero de guerra que no tiene prisa, pide a los
pajarillos que se queden un rato con él, para contarles algo de su risueña y
bella patria. Silva, el "romántico doliente", hace más oscuro el cuadro de
Béranger, al añadir substantivos y adjetivos muy suyos.
El original: 39
L'une de vous peut-etre est née
Au toit ou j'ai refu le jour;
La, d'une mere infortunée
Vous avez díl plaindre l'amour.
M ourante, elle croit a toute heure
Entendre le bruit de mes pas;
Elle écoute, et puis elle pleure.
De son amour ne me parlez vous pas?

Los versos de Béranger, como los de Silva, son octosilábicos, pero donde
el poeta francés se limita a cuatro versos, su traductor lo expresa en seis,
añadiendo el adverbio tristemente, que no se halla en el original. Además
cambia la palabra francesa disait por cantaba, lo que trae un tono melancólico a la nostalgia del prisionero de guerra.
Béranger:
Hirondelles, que l'espérance
Suit jusqu'en ces bríllants climats
S ans doute vous quittez la France;
De man pays ne me parlez vous pas?

Silva:
Golondrinas portadoras
de piadosas esperanzas
que venís a estos desiertos,
desde mi risueña Francia;
¿no os detendréis por un instante breve
a contarme algo de mi hermosa patria?

El poema de Béranger y la traducción silveana contienen, cada uno, cinco
estancias; mas, cuando el primero se limita a ocho versos, de los cuales siete
37

!bid., págs. 41-43.
" !bid., págs. 142-144.

La traducción: •0
¿Cerca de donde nací,
en el alar de mi choza,
entre blando y tibio nido
nació alguna de vosotras?
¿De una madre desdichada
que hacia la tumba camina,
que a cada momento espera
oír, como antes oía,
el ruido de mis pasos,
y sin oírlo agoniza,
de su amor, de su pena, de sus lágrimas
no me habláis, pasajeras golondrinas?

" l bid., págs. 42-43.
'° lbid .• págs. 142-144.

293
292

�"Toit" es para Silva "el alar de mi choza", para "mourante" el traductor
necesita cinco palabras: "que hacia la tumba camina", y cuando Béranger se
contenta con la pregunta: "De mon amour ne me parlez vous pas?", Silva introduce dos substantivos: pena y lágrimas, que no se encuentran en el original. También "pasajeras golondrinas" acentúan más la tristeza del prisionero.
El poema Realidad u es una traducción de Réalité 42 de V. Hugo. Aquí,
Silva no traduce libremente, como lo hizo, al tratarse de Béranger. La versión
española de Réalité es más precisa y estricta, y quizás el hecho se deba al
respeto del colombiano al gran romántico francés del siglo XIX, ya que
Hugo gozaba en su época de un enorme prestigio literario. Examinemos ciertos trozos del original y de la traducción:
Hugo:
La nature est partout la meme,
a Gonesse comme au Japon.
Mathieu Dombasle est Triptoleme
Une chlamyde est un jupon.
.. .La verité n'a pas de bornes
Grace au grand Pan, dieu bestial
Fils, la réel montre ses cornes
Sur le frent bleu de l'idéal.

es donde quiera", la verdad es única y universal, sin espacio y límite. Hugo

compara la Venus con Lavalliere, contemporánea y favorita del rey de Francia Luis XIV, el bufón olímpico Sileno con el dios de jardines Priapo, etc.
Todas las alusiones, comparaciones y personajes mitológicos como históricos,
sirven al poeta para demostrar que la verdad, al fin y al cabo, vence siempre
a la mentira y a la calumnia.
Silva el modernista.

Ya hemos mencionado que hay en la obra de Silva dos etapas de creación:
liberándose de la órbita española, llegó a expresarse por medio de un estilo
más adecuado a su carácter, mentalidad y a su "yo" más íntimo.
"El modernismo no fue, en verdad, sino un movimiento de emancipación.
Dejamos de ser españoles, para ser hispanoamericanos. . . Quizás soltamos las
amarras de España para coger las francesas. . . pero siquiera nos desanquilosamos, movimos las piernas y los brazos, ejercitamos las musculaturas, fuimos
otros. Y eso preparó nuestro cauce para una corriente original".43 En cuanto
a Silva, su forma es innovadora. Da vida nueva al metro eneasílabo, fuera de
moda hasta él, en la poesía castellana:

Juan Lanas, et mozo de la esquina
es absolutamente igual
al emperador de la China:
los dos son un mismo animal.. .44

Silva:
Naturaleza es una dondequiera
en Japón o en Gonesa - las distancias
suprime y son lo mismo Triptolemo
y Dombasle, la toga y las enaguas.
. . . ¡No tiene la verdad límites, hijo!
Del gran Pan, dios bestial, la hirsuta barba
y los cuernos torcidos se columbran
del ideal tras de la frente pálida.

Este metro predilecto de Gonzalo de Berceo, poeta del siglo XIIl, cayó
en desuso después de la muerte de ese monje benedictino. Lo resucitó J. A.
Silva y extrajo de él una musicalidad extraordinaria. El poeta maneja también
con éxito el verso endecasílabo: 45
Las cosas viejas, tristes, desteñidas,
sin voz y sin color, saben secretos
de las épocas muertas, de las vidas
que ya nadie conserva en la memoria. ..
.. .El pasado perfuma los ensueños

El traductor hace todo lo posible para seguir fielmente la forma y el pensamiento de Hugo. Mas también aquí se encuentran frases y palabras, como
"las distancias suprime", "hirsuta barba", "pálida por bleu", que el original
no contiene. El tema comprende verdades filosóficas y mitológicas; "naturaleza
u /bid., págs. 145.
.. VícTOR Huoo, Ouevres completes, t. VIII, Paris, Hetzel et Quatin, 1882, págs.

55-56.

294

.. SANTIAGO ARGÜELLO, Modernismo y Modernistas, t. I, Guatemala, C. A., 19357
pág. 127.

" J.

A. S1LvA, Poesías Completas, Madrid, Aguilar, 1951, pág. 137.
" /bid., pág. 76.

�con esencias fantásticas y añejas
y nos lleva a lugares halagüeños
en épocas distantes y mejores. ..

O la silva, combinación del endecasílabo y el heptasílabo: 46

samientos, con un vehemente deseo de perfección en cada verso, rasgo característico de cada gran y auténtico poeta.
Verlaine y Mallarmé le enseñan el valor de la música en el verso, y Rimbaud le hace comprender la importancia del color. Silva da preferencia a los
.colores vagos y a las sombras, mas en el soneto Paisaje tropical: 49

Al frente de un balcón, blanco y dorado,
obra de nuestro siglo diez y nueve . .. ,
hay en la estrecha calle una muy vieja
ventana colonial. Bendita rama
adorna la gran reja
de barrotes de hierro colosales,
que tiene en lo más alto 'ún monograma
hecho de incomprensibles iniciales.

Magia adormecedora vierte el río
En la calma monótona del viaje
Cuando borra los lejos del paisaje
La sombra que se extiende en el vacío.
Oculta en sus negruras el bohío
La maraña tupida y el follaje
Semeja los calados de un encaje
Al caer del crepúsculo sombrío.
Venus se enciende en el espacio puro,
La corriente dormida una piragua
Rompe en su viaje rápido y seguro
Y con sus nubes y el poniente fragua
Otro cielo rosado y verdeoscuro
En los espejos húmedos del agua.

Aparte del alejandrino:
En los tallados frascos guardados los olores
de las esencias diáfanas, dignas de alguna hurí;
un vaso raro y frágil do expiran unas flores;
el iris de un diamante; la sangre de un rubí . .. 41

Silva emplea a menudo el verso libre, como, por ejemplo, en los famososN octurnos, cuya combinación métrica de versos tetrasilábicos, pentasilábicos,
etc., constituye una innovación del modernismo en la poesía de habla castellana:
Una noche
Una noche toda llena de perfume, de murmullo y de músicas de alas.. .
.. .Por el infinito negro,
donde nuestra voz no alcanza,
solo y mudo
por la senda caminaba,
Y se oían los ladridos de los perros a la luna . ..48

Como buen lector de E. A. Poe, le gusta a Silva la concisión y la brevedad.
En sus poemas cortos, el poeta encierra un sinnúmero de sentimientos y pen.. !bid., pág. 158.
" !bid., pág. 161.
.. !bid., págs. 68-69.

296

El poeta nos muestra su calidad de gran pintor en el verso, como también
en la prosa: 50 "La luz fría que entra por la hoja entreabierta de la ventana
del fondo, al través de cuyos barrotes de hierro se ven a contraluz las ramazones de unos árboles que se cortan sobre el cielo claro y descolorido, rayado
por la llovizna, aclara el cuarto desmantelado, blanqueado con cal y el piso
de ladrillos, desteñidos por el povo". Y más adelante: 51 "un estudio al carbón, hecho con imperceptibles transiciones de lo blanco a lo gris oscuro, de lo
-gris oscuro a lo negro suave, de lo negro suave a la sombra intensa; el estudio
al carbón en que la penumbra domina en el conjunto; en que la luz brilla
en el zinc de la tina... , y en que la sombra se acumula en el espaldar del
-sillón, en el mango de la sartén, en el pliegue de los colchones, en el interior
del armario vacío, debajo de las botellas y en tres puntos de la cabeza del
burro, en la nariz entreabierta... , sobre el cual brillan las pestañas plateadas
Y finísimas como rayas blancas que un dibujante, enamorado del detalle, hubiera trazado con la punta afilada y dura de un lápiz de tiza sobre la negrura
mate y grasa de una sombra reteñida con carbón Conté".
" !bid., pág. 89 .
" lbid., pág. 183.
•• Ibid., pág. J 84 .

297

�Los pasajes citados, aquí, en estos apuntes para la obra silveana, permiten
apreciar la técnica del poeta, su perfección en el gusto, su delicadeza y suavidad, mezcladas con los juegos de luces y tonalidades inciertas, como los contrastes y sinestesias de colores. Silva, en su estilo es castizo sin rancidez, y
su sintaxis es elástica y gallarda a la vez. Sinceridad de sentimientos, sobriedad
y firmeza en el dibujo, sugestión más que afirmación, fineza y elegancia indefinidas de su verso y prosa, cuyas líneas son trazadas con mano certera,
no obstante su aspecto débil y frágil, constituyen las cualidades sobresalientes.
de su obra.
El triunfo del Modernismo en América Latina, y el juicio histórico-crítico
de las generaciones venideras -ya que la gloria no debió llegar a Silva durantesu breve vida-, elevaron a este vate exquisito de Colombia al eminente lugarque ocupa hoy en el campo de las letras iberoamericanas.

EL CONCEPTO DEL TIEMPO
EN LAS OBRAS DE EDUARDO MALLEA
MYRON l. LICHTBLAU
Syracuse U niversity
Syracuse, New York.

EL GÉNERO DE FICCIÓN sigue un camino determinado en gran parte por cierto
orden cronológic~. Una novela puede abarcar una vida entera, o se limita a
la juventud o la madurez, o capta sólo un fragmento de esa vida. El límite
del tiempo, que sea siete horas, siete días, o siete años, puede ser considerado
como una cantidad variable dentro del arreglo cronológico. Siguiendo un
curso regular de cronología exacta, la novela es un fiel espejo de la vida en
el aspecto temporal y el fenómeno del tiempo no llama la atención sino en
casos extremos, es decir cuando la extensión de la obra está tan reducida ( unas.
horas) o tan extendida (varias generaciones) que parece poco natural y muy
singular el retratarla en forma novelesca. Igualmente llama la atención la
novela que se desvíe de este orden cronológico, que abandone la sucesión.
ordinaria de las cosas para cumplir un fin artístico. La novela, en su esencia
visión estética del mundo y reconstrucción artística de él, puede hacer más.
que seguir estrictamente una pauta cronológica, y tal vez su función creadora se lo exija. El vuelo del artista es alto y a veces no va derecho a la
meta, pero con tal que este vuelo tenga valor estético lo contemplamos como•
una experiencia literaria.
El novelista es quien tira de las cuerdas y guía la acción de una obra, o en
palabras que más convengan a la materia aquí tratada, él es quien guía las:
manecillas del reloj, quien las hace andar para adelante o para atrás, o quedarse inmóvil. O acaso hay una sincronización de muchos relojes. El tiempo,
pues, puede ser un marco impreciso e inestable en la narración novelesca.
Su función y valor como recurso estético o enfoque temático dependen de la
destreza novelística del autor. En manos de un novelista sensible y hábil, el
manejo de las manifestaciones y sutilezas del tiempo resulta sumamente in-

298

�teresante y significativo; en manos de un autor de menos meollo produce una
confusión de ideas, un desarreglo de materia narrativa, una cosa violentada.
Las posibilidades del empleo del tiempo son sin fin; el éxito de tal empleo
está tan limitado como el número de buenos escritores.
Eduardo Mallea presenta un caso curioso. Sus méritos de artista literario
se anublan por el contenido valioso de sus obras. Nos abruma tanto la materia
filosófica y psicológica que muchas veces dejamos de notar lo netamente literario -la técnica narrativa, la estructura, el estilo, y otros elementos artísticos. Mallea mismo contribuye a este descuido, ya que encierra su arte en
excesivo follaje verbal y sobrecarga sus ideas de una plétora de indagaciones
introspectivas. El empleo malleano del tiempo es uno de los elementos que
sólo se perciben a fondo mediante una mirada detenida a toda su obra. Es
notable la diversidad de esquemas de que se vale Mallea para tratar este concepto, que no es una cosa hecha al azar ni empleada en raras ocasiones, sino
un sistema bien pensado de utilizar el fenómeno del tiempo para crear un
determinado efecto novelesco. Que un autor emplee de cuando en cuando la
técnica de flashback o de recordaciones mentales en forma de monólogos, no
tiene nada de particular ni debe llamar la atención, pues estos recursos son
uña y carne del oficio de novelista. Pero es más que una convivencia novelesca o técnica casual que un novelista -como Mallea- se empeñe en estructurar sus obras en torno a una cuidadosa yuxtaposición temporal, a una
manipulación diestra de tiempo pretérito y tiempo actual. Y este recurso no
es trivial ni insubstancial, sino un elemento esencial que recurre con frecuencia y es de gran significación temática y artística.
Por ser tan variadas y a veces complejas las manifestaciones de esta nota
en la obra de Mallea, es poco menos que imposible intentar una clasificación. Cada caso ofrece su propia singularidad y valor artístico, cada caso se
emplea conforme al tono general que Mallea desee dar a la obra. Mas los
diversos casos se unen por un denominador común que parece llenar todo
el arte del autor que el mundo no es estático ni rígido, ni son absolutos los
valores contenidos en él; que es preciso contemplar las cosas con perspectiva
relativa, observar desde lejos para avaluar y estimar lo de cerca; y finalmente
que la sucesión inacabable del tiempo y la simultaneidad del tiempo en entidades separadas son fenómenos que, sin la intervención consciente de los
seres humanos que quedan sujetos a ellos, parecen constituir un gran ciclo
vital que ciñe el sufrimiento y la angustia del mundo, y a la vez la fe y la
esperanza.

•
300

La obra más célebre de Mallea La bahía de silencio ( 1940) ,1 se ve como
una complejidad de entrelazamientos cronológicos que se desenmarañan sólo
hacia fines de la novela. A grandes rasgos el tema versa sobre la búsqueda de
lo auténtico y duradero de la vida argentina. Narrado en primera persona
por el protagonista Martín Tregua, joven escritor idealista, el libro es, en
efecto, la biografía de un alma angustiada que anhela el mejoramiento de
una sociedad imperfecta. Dentro de las tres divisiones de esta biografía se
notan muchos aspectos temporales que nos interesan aquí. En primer lugar,
intercalada en el relato principal está otra narración simultánea (hecha también por el protagonista) de la vida de una mujer-símbolo, a quien Tregua
dirige sus palabras. De manera que corre por toda la obra una trama doble,
dos corrientes narrativas: la vida desilusionada de Tregua por una parte; y
por otra, la vida de esta mujer, la señora de Cárdenas, que encarna para Tregua lo noble y lo auténtico de la Argentina, en contraste con la superficialidad
ostentosa y el materialismo hueco de su ambiente. Aunque la presencia de la
señora se hace sentir a cada paso y se mantiene viva gracias a la destreza
narrativa de Mallea, la descripción de sus problemas y luchas interiores está
esparcida muy fragmentariamente por la obra. Mas la dualidad de argumento
existe en una forma vigorosa y se refuerza por la simultaneidad de ocurrencias en la vida de Tregua y la señora de Cárdenas. El efecto estético de este
paralelismo temporal se deriva del hecho de que el protagonista se siente
inspirado por la vida ejemplar de la mujer y al mismo tiempo se identifica
emocionalmente con las desgracias que le han acaecido. Bella comunión del
alma de Tregua con la de ella, comunión expresada primorosamente por Mallea en páginas dolorosas que yuxtaponen artísticamente dos espíritus en protesta contra una sociedad falsa e insensible. Se desenvuelven, pues, dos tragedias a la vez, tragedias simultáneas que tienen su génesis en un mismo descontento hondamente arraigado. Lo bello y emocionante de esta relación platónica entre Tregua y la señora de Cárdenas se debe principalmente a la
falta de todo contacto personal entre ellos, condición que intensifica el interés creado por la simultaneidad y paralelismo de sus vidas. Tregua ni la
conoce personalmente, ni ella a él. Pero Tregua sigue con anhelo y simpatía,
mediante fuentes secundarias, las desventuras de esta mujer, cuyo sufrimiento
es para él contraparte de su propia angustia. Lo que es ella, ni siquiera sabe
que él existe.
Hay además otro grupo de intercalaciones en La bahía de silencio. A medida que procede el relato de la desilusión de Tregua, sabemos que éste se
' La bahía de silencio ( Buenos Aires: Editorial Sudamericana, 1950) . En estas
notas cito la edición que consulté. La fecha entre paréntesis en el texto se refiere a
la primera edición.

301

�propone escribir una serie de cuentos sobre un personaje reprensetativo de la
Argentina auténtica. Este libro, que llevará el título de Las cuarenta noches
.de juan Argentino, lo concibe Tregua como desahogo de su espíritu atormentado. Secciones del libro aparecen interpoladas en el cuerpo de La bahía
.de silencio para apuntar con más énfasis los conflictos ideológicos de Tregua
y sus compañeros. Se ve aquí otra especie de dualidad temporal, en que un
personaje novelesco (Juan Argentino) sobrelleva simultáneamente una vida
emparentada con la de su creador, en este caso otro personaje de ficción. El
hecho de que la narración de Las cuarenta noches de Juan Argentino no aparece de seguida sino en tres secciones distintas de La bahía de silencio, pone
aún más en relieve este paralelismo. En otra forma también Mallea junta
la narración de Las cuarenta noches con la trama principal. Hacia fines de
La bahía de silencio. se aclara la compleja estructura de la novela. Sabemos
,que a la muerte del hijo menor de la señora de Cárdenas, lo cual ocasionó
su extraño retraimiento, Tregua cesó de escribir Las cuarenta noches y empezó a narrar la historia que es en efecto la obra titulada La bahía de silencio.
Esta obra ha de servir de alivio emocional para Tregua y de fuente de con-suelo para la señora, quien, sin saberlo, le ha inspirado tanto. El lector se
entera, además, de que esta obra que tiene ante los ojos lleva dedicatoria a
la señora de Cárdenas y pronto será entregada a ella en forma de manuscrito. He aquí un caso curioso e ingeniosamente elaborado, en que una obra
creada dentro de los confines de un libro de ficción resulta tener vida propia
y en verdad llega a ser la obra misma que está en manos del lector. Se per,cibe un vasto ciclo, un fenómeno rotativo que oscila entre lo creado por un
autor y lo creado por otra creación ficticia.
Otro aspecto del concepto del tiempo implícito en La bahía de silencio
-gira alrededor del desenlace y explica bien el título de la novela. Al final
&lt;le la narración, los protagonistas -Martín Tregua, sus amigos, la señora de
Cárdenas, y la Argentina misma en su esencia más verdadera- han sufrido
&lt;lerrota y desilusión sin pretender jamás rendirse ni desesperarse. El pasado
les fue cruel; el porvenir abrigará mejores condiciones porque hay fe y
esperanza en la renovación cíclica de la vida. Estas personas se quedan por
-el momento en una bahía de silencio, en un refugio seguro, exentos de las
fuerzas perniciosas y corruptivas de su ambiente, esperando a que renazca un
mundo más en armonía con sus ideales. Están como suspendidos en el tiempo, entre lo malo que fue y lo bueno que será. Para ellos el tiempo es algo
fluído que borra el pasado y se prepara ansiosamente para el futuro.
Hay también en La bahía de silencio unos elementos aislados, tal vez de
menor importancia, que atañen al concepto del tiempo. "Yo me despido por
un tiempo" es el título del último capítulo de la primera sección, y toda la

"302

acción de la segunda se verifica en Europa, a donde Tregua se traslada por
unos meses para librarse de su ambiente y compararlo con la vieja cultura del
Continente. He aquí otro plano de la simultaneidad de sucesos, puesto que
el lector no puede menos de considerar los elementos constantes (Martín
Tregua y su idealismo) con relación directa a los variables ( Buenos Aires y
unas ciudades europeas) . Por fin se nota que la sucesión y la variabilidad del
tiempo se personifican, en la familia de Cárdenas. El marido, que encarna
todo lo que debe ser destruido en la Argentina, es el espíritu del pasado ruinoso; su esposa, la mujer-símbolo, que posee las cualidades ideales de una
Argentina renovada, representa el presente en constante lucha con un pasado
inexorable que resiste todo cambio; y su hijo mayor, la nueva generación que
no tendrá ni pizca del resabio del pasado, podrá dedicarse en campo libre a
lo noble y lo verdadero.

•
Si en La bahía de silencio el concepto del tiempo y del orden cronológico
de la narración resulta a veces indistinto y confuso, en Simbad ( 1957) 2 llega
a ser mucho más preciso y claro y tiene una función más evidente y directa.
El protagonista de Simbad, como Martín Tregua, es un joven escritor sensible que anhela la perfección estética de sus producciones dramáticas. Se
divide el libro en cinco secciones que trazan la vida de Fernando Fe a través
de muchos años, a partir de su niñez. E intercalado antes de cada sección
está otro relato mucho más breve, de época actual, en que el dramaturgo
espera con ansiedad el regreso de su esposa que acaba de abandonarle. Hay
cinco interpolaciones en total y abarcan los cuatro días de la ausencia de su
mujer. Cada interpolación (menos la primera, que plantea el conflicto) corresponde a un día de espera, a un nuevo estado emocional, a otra evaluación
introspectiva. Su dolor crece, su excitación aumenta a medida que pasa el
tiempo. En estos breves relatos Mallea a veces logra sincronizar la acción del
protagonista y su esposa con palabras corno éstas : " (Fernando) almorzó solo
en el Odeón. ¿Dónde estaría almorzando ella?" (p. 300) ;3 o con recorda'Simbad (Buenos Aires: Editorial Sudamericana, 1957).
' Entre otros casos de sincronización se pueden citar los siguientes: "Y pensó dónde
estaría ella y cuáles habrían sido sus gestos, andando sola, por la ciudad, abriéndose
paso sola, y a quién en todo caso habría hallado, y si estaría triste o bien con alguna
melancolía, pobre esperanza. Entonces se obligó a dejar de pensar. Bebió el café en
aquel gran ambiente, en la soledad, y escuchó el susurro de esa lluvia que parecía
estable y perpetua" (Simbad, p. 121); y también estas líneas: "Lo volvió a asaltar
la idea de ella, de qué y dónde almorzaría, en aquel preciso u otro instante, de qué
seria lo que pensaba y de cómo estaría su joven y ardiente corazón" (!bid., p. 122 ).

303

�ciones como ésta: "La veía sacando su dinero de la cartera, contándolo mal,
dando una propina desproporcionada, creyéndose rica con las pocas monedasque tenía" (p. 300).
Desde el principio de Simbad es evidente que la narración va a realizarse
en estos dos distintos planos temporales, pues el primer capítulo va precedido
de dos páginas en bastardillas, en que el narrador relata que "cuatro horas
antes (su esposa) se había ido, . . .y él la había acompañado hasta la puerta
y se habían mirado y se habían dado la mano, con cierto temblor y cierto
titubeo, como si no hiciera una eternidad que se conocían" (p. 11). Y luego,
para enlazar el presente con el pasado, el narrador dice a continuación que
la lluvia que caía le recordaba al protagonista otra lluvia treinta y ocho años
atrás. De este nexo físico y temporal, de esta recordación de una época pasada, surge el relato principal de la obra, en que el lector poco a poco va entendiendo las causas de las dificultades matrimoniales. Motivo del tremendo
conflicto entre Fernando y su esposa Magdalena fue la falta casi completa de
comunicación intelectual, lo cual le movió a buscar el amor de una mujer que
participara en su vida artística. El amor que sentía Fernando por Magdalena
rayaba en la simpatía y la compasión y se nutría exclusivamente de las emociones. Pronto él se dio cuenta de que esta inquietud intelectual acabaría
por arruinar su propia vida y la de Magdalena también. Por fin, en las últimas páginas de la novela, Fernando sugirió a su esposa que le dejara para
hallar la felicidad en otra parte. Salió ella de la casa y de pronto le nacieron
a Fernando una profunda tristeza y remordimiento, pues la ausencia de Magdalena le hizo pensar en la soledad y la vacuidad emocionales con que tendría
que arrostrar la vida. Fue en este punto en que el narrador empezó la novela
con la noticia de la separación. Ahora, al final de Simbad, el pasado ha alcanzado al presente y los dos tiempos se funden en uno solo para dar el sentido
de una realidad apremiante. Y mediante esta fusión de tiempos se efectúa en
las cinco últimas páginas el desenlace tanto del breve relato intercalado como
de la narración principal que constituye el cuerpo del libro. Magdalena volvió a su marido después de cuatro días de ausencia y él la recibió gozosamente
Con unas palabras desgarradoras que expresan la coyuntura del tiempo pretérito y tiempo actual, Magdalena exclamó: "He vuelto porque pertenezco a
mi vida. Ya no puedo pertenecer a otra cosa. ¿ Comprendes? Y mi vida es lo
que sucedió" (p. 743).
En Simbad es evidente el esfuerzo por fijar la cronología dentro de un
límite preciso y bien determinado. El primer relato intercalado refiere cómo
el veintiocho de diciembre "en lo más alto de la noche de su vida", cuatro
horas después que su mujer le había dejado, Fernando se puso a meditar sobre su vida. Pero los años han atenuado el impulso vigoroso de su vida an304

terior que le resultaba difícil recordar o reconocer su propia existencia actual,
y se preguntaba si el Fernando de hoy en efecto vivía fuera de lo que había

representado en otra época. Aquella fecha el veintiocho de diciembre se
destaca por ser un punto de enfoque del drama que ocurre. Lo mismo que
en estos días se comenzaba el festejo del fin del año o el principio del ~uevo,
así el destino de Fernando dependía de la decisión de Magdalena de volver
a su marido o de quedarse separada. Transcurrieron tres días; llegó la noche
del treinta y uno de diciembre y a las once entró Fernando en su casa silenciosa, llorando en aquella hora más que nunca la ausencia de su esposa. Así
termina el quinto y último relato interpolado, en que Fernando esperaba aún
la llegada de Magdalena y el lector sentía igual incertidumbre y ansiedad. A
continuación la quinta parte del libro relata los sucesos finales que ocasionaban la despedida de Magdalena; y luego ocurre el gran desenlace de Simbad,
en que, coincidiendo el pasado con el presente, regresó ella justamente media
hora antes del comienzo del año nuevo. Y cesó de llover, tiempo propicio
para la vida nueva en el año nuevo.
Este esmero en precisar la cronología se nota también en otras formas, como en la referencia a la lluvia para vincular el pasado con el presente:
Seguía lloviendo como había llovido aquella tarde, años y años atrás,
en la subprefectura; sólo que él no tenía ahora cerca ninguna subprefectura, ningunos tamariscos, ningún océano, y sólo iba a buscar, en la
inmensidad de Buenos Aires, un restaurant donde almorzar (p. 122).

El enlace temporal se logra también por referencia a menudencias rutinarias de la vida. Se cuenta que en el restaurante citado arriba el trozo de
pescado que Fernando pidió mientras esperaba la vuelta de Magdalena le
recordó una sarta de impresiones y emociones: "Y que había sentido entonces
una sensación parecida a la que ahora experimentaba, un sentimiento mezclado de dolor e insuficiencia, sólo que entonces tenía ante sí lo que ahora
había dejado tan atrás... (p. 123)}
·

•
' También estas palabras para expresar el vínculo temporal: "¡ Qué extraño era
que el mozo le hubiera recomendado aquella brótola a la crema! Todo se repite. ¡ El
mundo es tan constante y contado en sus efectos! Se acordó del mozo del Pireo; en
el Hotel España, y de su llegada a Buenos Aires, y de su soledad tan grande como la
de ahora, sólo que entonces apenas había recogido las armas y la batalla apenas
comenzaba ... ([bid., p. 301).

305
H20

�En La bahía de silencio y en Simbad hemos visto cómo las secciones intercaladas se relacionan directamente con la acción central, o cuando menos llevan un parentesco temático, como en el caso del relato de Juan Argentino.
En la novelita Fiesta en noviembre ( 1938) 5 ocurre algo distinto, pues la materia interpolada se contrasta marcadamente con el tema del resto del libro.
Pero la naturaleza del contraste y el cambio brusco del tono y del lenguaje en
las dos distintas narraciones producen una fuerte impresión en la sensibilidad
del lector. Por una parte, la narración extensa apunta la alegría frívola, el
materialismo ostentoso, y la artificialidad de una celebración festival dada por
la señora Rague; por otra parte, el relato interpolado, dividido en seis secciones, narra cómo una patrulla militar de hombres armados secuestra a un joven poeta idealista y lo mata. No sabe el pobre artista quiénes son estos brutos
ni por qué se lo llevan misteriosamente sin hacerle acusación alguna. El contraste entre el júbilo de la fiesta y el horror del secuestro es sumamente doloroso. La simultaneidad de acción tan divergente el treinta de noviembre
por la noche hace más penosas aún las imágenes contradictorias que se sacan
de la novela. El simbolismo de la patrulla militar es obvio si se recuerda que
allá por el año de 1938, cuando se publicó la novela, ciertos elementos fascistas se hacían sentir en la Argentina y causaban un poco embrollo político
entre algunas facciones del país. Al presentar en forma tan dramática estas
dos narraciones antagónicas, Mallea contrapone diversos rasgos humanos: el
ambiente suntuoso y falso de la fiesta frente a la cruel realidad política; el
afán de lucirse con afectada extravagancia junto a la sencilla lucha por salvar
la vida; y las sonrisitas y amabilidades entre los concurridos frente a la brutalidad y la degradación de unos militares dispuestos a cumplir una misión
siniestra. Y el lector se pregunta: ¿Es posible que haya tal dicotomía en el
mundo? ¿Es posible que todo esto ocurra juntamente a la misma hora, en el
mismo país? Aquí la simultaneidad del tiempo tiene el efecto de una campana que suena en medio de nuestros placeres para avisamos de la tristeza y
el sufrimiento de otros menos afortunados.
El papel que desempeña el breve relato intercalado va mucho más allá
que su función de contrapeso de la narración principal, o de acción sincronizada con ella. Es más que un trozo desgajado de la totalidad. El conjunto
de las interpolaciones constituye un magnífico cuento corto que por su prosa
vigorosa y bella y por su honda significación ideológica puede figurar entre
las mejores páginas del autor. Fiesta en noviembre empieza con unas quince
líneas que forman la primera parte del relato interpolado; y las últimas páginas de la obra narran el desenlace trágico de este mismo relato. De modo
que el breve cuento insertado encierra físicamente el otro relato más extenso
• Fiesta en noviembre (Buenos Aires: Editorial Losada, 1956).

306

de las festividades alegres, como para hacer hincapié en la tragedia a pesar del
espacio limitado que ocupa en la novela. Y a fin de recalcar más la enormidad
del crimen y de poner de manifiesto la acción simultánea, Mallea comienza la
sexta y última interpolación con la repetición acumulativa casi exacta, palabra
por palabra, de las cinco anteriores, y luego a todo esto agrega la lúgubre conclusión: el cruel asesinato del poeta.

•
El efecto del tiempo en generaciones sucesivas de una familia es el concepto
que se proyecta en Las Águilas ( 1943) 6 y en la continuación La torre ( 1950) .7
El plan y alcance de las obras son vastos y conviene examinarlas juntamente
para captar la significación del transcurso del tiempo. Esencialmente las novelas trazan la trayectoria de la familia Ricarte desde la llegada del inmigrante
español don León en 1853 hasta la madurez del nieto Roberto. Símbolo del
tiempo implacable es la venerable casa señorial que el abuelo construyó en la
solitaria: pampa, culminación material de su labor indefatigable de treinta
años. En su soberbia frialdad y arquitectura monstruosa "Las Aguilas" (así
se llama el caserón) resiste los embates del tiempo y se alza digno para que los
descendientes de León Ricarte miren atrás con orgullo de abolengo y con un
poco de temor reverente. Pasa el tiempo. Las cosas cambian y los asuntos familiares de los Ricarte toman otra postura, pero la casa se queda exactamente
como era en años anteriores. Román, el hijo de León Ricarte, es escritor de li~tado talento pero de éxito comercial. Pusilánime, indeciso, y algo letárgico,
vive dominado por los excesos materialistas de su mujer. Hombre más bien de
la ciudad, llega a odiar "Las Aguilas" y a desatender la administración de sus
propiedades. Desprecia el pasado porque él mismo, en el presente, no sabe
sur~arlo ni siquiera igualarlo. La memoria del éxito de su padre lo obsesiona,
max1me en contraste con su propio fracaso y abulia.
Parece que la salvación emocional de Román reside en su hijo Roberto,
como para subrayar que la segunda generación de los Ricarte queda en barbech_o para brotar más vigorosa en la tercera. Estimulado por su hijo, Román
empieza a ocuparse un poco en los asuntos de la casa, pero es triste ver estos
~sfuerzos esté~iles. La vida de Román llega a encerrarse en la de su hijo, en
este descendiente, este ser terriblemente querido, este salvado de su propia
: Las Aguilas (Buenos Aires : Editorial Sudamericana, 1956).
. La torre (Buenos Aires: Editorial Sudamericana, 1950) . Una nota de la casa
editora indica que ya en 1950 Mallea tenía proyectado el tercer volumen de esta serie
sobre la f ami·¡·1a R"1carte. Sm
· embargo, no se ha publicado todavía esta novela que
va a titularse La tempestad.
'

307

�destrucción". 8 Pero Román jamás alcanza a suavizar el terrible choque entre
las dos generaciones. De modo que en estas dos novelas el pasado se ve como
un dechado digno de emular; el presente, la propia esterilidad y anulación;
y el porvenir el retorno a los antiguos valores, fenómeno cíclico que se hace
sentir con gran sensibilidad artística a pesar de la tendencia estilística a la
prolijidad.
Si Roberto en Las Aguilas tiene un papel limitado, en La torre es la figura
central. A fuerza de su ardiente deseo y su diligencia se hace abogado. Entre
otros conflictos en el espíritu de Roberto se destaca el de su idealismo inquebrantable frente al frío pragmatismo a su alrededor. Surge también el conflicto del hijo que quiere adelantarse por su propia cuenta y no atenerse a
los anhelos del padre, quien en una ocasión le recomienda un puesto en la
diplomacia que le sugirió uno de sus amigos. Que el hijo sea lo que el padre
no es, que haga lo que él no es capaz de hacer, es decir, que honre el pasado
y el nombre de León Ricarte. Mas para Roberto el pasado, su alcurnia, sólo
vale con relación a sus propias ambiciones, esfuerzos, y realizaciones. Una vez
Roberto dice a su padre :

En la novela C haves ( 1933) 10 Mallea salta repetidas veces del tiempo
presente al tiempo pasado para mejor explicar cierta aberración del protagonista. La técnica aquí es más que una que otra mirada retrospectiva a
la vida anterior de Chaves; es un recurso eficaz de sondear lo más íntimo de
su ser mediante una estructura en que se alternan escenas de su vida pasada
y su vida actual. La base del desorden de Chaves es su silencio, su mudez casi
absoluta frente al mundo, pero en particular en presencia de sus compañeros
de trabajo en un aserradero. Sólo emociones profundas pueden hacerle proferir alguna palabra. El crítico norteamericano John H. R. Polt, en su libro
sobre Mallea, dice muy bien que la mudez de Chaves es una manifestación
del aislamiento humano y la inutilidad de lo verbal para superar ese estado".11
El silencio de Chaves, su falta de comunicación, se remonta a una época
anterior, pero en la actualidad se hace más patente por la tragedia de su
vida: la muerte de su hijita adorada y de su querida esposa. ¿Cómo fue
Chaves antes? ¿ Cómo explica el pasado al presente? En unas palabras que nos
hacen pensar más en el enigma del tiempo, Mallea afirma refiriéndose a
ciertos antecedentes de Chaves:

¿Hora de hacer honor a qué cosa, papá, aceptando un destino hecho,
un destino de cajón? No hablamos de sangre, ni en broma siquiera. Papá,
¿ sabe cuántos se arrastran muertos por aceptar encallamientos así? Pero,
¿no comenzará la virtud de cada uno en cierto empecinamiento en no
dejarse cortar las manos con el cuchillo del pequeño destino rentado?
¿No comenzará la virtud en seguir caminando, cuando se trata de recorrer un camino, en vez de aceptar los asientos que en todas las paradas
nos ofrecen? Pues, fíjese, yo no quiero sentarme. Claro que no me vendría mal, ni vendría mal a mi aspecto exterior, aceptar un buen sillón,
un sofá de canónigo en que repantigarme. Pero, mire, prefiero, todavía,
ciertos desaciertos a determinados aciertos, ciertos riesgos a ciertos
abrigos.9

Aquel que dejamos atrás treinta años antes y que llevaba nuestro
nombre, ¿ qué tiene que ver con nosotros treinta años después? Otro
ser, otra raza o tal vez (!l mismo, monstruosamente, sin paréntesis de
tiempo, ni mutación ni espanto (p. 30).

Lo que más llama la atención en Las Aguilas y en La torre es que el lector
siente mover ante los ojos un vasto lienzo que abarca una gran extensión
de tiempo. La unidad de las obras reside precisamente en la acción e influencias recíprocas de distintas generaciones de los Ricarte, y toda la estructura
revela y apoya esta dependencia mútua.

•
• Las Aguilas, p. 86.
• La torre, p. 234.

308

Ensimismado en su carácter taciturno, evasivo, un tanto testarudo, Chaves
pasaba la juventud. Su vida era por completo interior, introspectiva. Se
enamoró de una muchacha y en una ocasión el tormento de los celos le hizo
articular un chorro de palabras para no perderla. El antagonismo de los
obreros y su extraño santuario dentro de sí le hacen pensar en los años felices
de su matrimonio, cuando los trabajos de la vida fueron ablandados por su
espíritu de amor y de devoción entre toda la familia. La función del pasado
-evocado aquí en unos episodios de gran fuerza dramática- es mostrar cómo
el conjunto emocional de Chaves sobrepasa la sencilla comunicación verbal,
siendo algo indescifrable, una sensación de satisfacción interior, el gozo de
amar y de sentirse amado. Una vez Chaves consiguió trabajo como vendedor
de terrenos bajos y anegadizos, pero fue un fracaso completo por su falta de
articulación verbal. Sólo sabía hablar con su mujer y con su hija, pues ellas
le inspiraron. Comenta Mallea que Chaves "no sabía vender, abandonaba al

--11

Chaves (Buenos Aires: Editorial Losada, 1953).

11

]OHNN H. R. PoLT, The Writings of Eduardo Mallea (University of California Press,
1959), p. 57. La traducci6n al español es mía.

309

�cliente sin insistir, laxo en el hablar, desganado de entregar a aquellos crasos
o malévolos desconocidos las palabras que guardaban para su casa" (p. 43).
Es obvio que los "malévolos desconocidos" representaban anteriormente lo
que en tiempo actual los compañeros de trabajo, es decir, gente con quien
Chaves no podía comunicar, con quien se sentía cohibido. Los últimos párrafos de la novela sugieren la persistencia de su pena y presagian su inhabilidad de jamás sentirse bastante conmovido para hablar de un modo normal. Los trabajadores, en quienes crece más y más la furia contra el silencio
y el desprecio de Chaves, se reúnen amenazantes a su alrededor. Parece que
un tal Mólers es el único que entiende a Chaves y le pregunta: "¿No les va
a decir, nunca, lo que quieren que les diga? Algo... , alguna cosa. ¿Nunca
va a conversar, a hablar?'' (p. 101). A lo cual Chaves da una contestación
inequívoca: "No".

•
En Todo verdor perecerá (1941) 12 el empleo del tiempo como técnica literaria está limitado en su alcance si lo comparamos con las otras novelas que
ya hemos tratado. Una de las obras mejor escritas de Mallea, de trozos descriptivos de gran colorido y vigor, Todo verdor perecerá analiza el trastorno
emocional de Agata Cruz, mujer dura y hostil, casada con un hombre que
parece tener, por su aspereza y mudez ofensiva, un carácter complementario
del suyo. Aunque la novela carece propiamente de un enfoque temporal que
circunde toda la obra, se notan unos recursos artísticos relacionados con el
concepto del tiempo. Una mirada retrospectiva a la niñez de Agata, ocurrida
en el puerto de Ingeniero White, echa luz sobre el estado actual de sus emociones y actitudes. Pero no habría nada de novedad en este recurso, ni nos
interesaría aquí, si no fuera por el desenlace impresionante de la obra que
hace del pasado una función vital del presente. A poco de morir su marido,
la soledad y sufrimiento mental que la atormentan pronto llegan a tal extremo que decide irse a Bahía Blanca, a unos kilómetros de la ciudad de su
infancia. En esta ciudad bulliciosa y próspera, Agata traba relación amorosa
con un hombre lascivo y cruel que le proporciona la cultura y el estímulo
intelectual que su marido dejó de darle. Pero pronto su amante la abandona
y se encuentra sola otra vez. Abyecta, desilusionada, harta de la vida materialista de Bahía Blanca, anhela regresar a Ingeniero White como para refugiarse
en el pasado, creyendo que el pasado puede aliviar su descontento con el
presente. Toma un autobús, ansiosa de ver la vieja casa paterna y de pasar
12

310

Todo verdor perecerá (Buenos Aires: Espasa-Calpe, Argentina, 1951).

la vista otra vez a la vecindad familiar. Su huída es un escape de lo presente, una renuncia y un temor de lo futuro, y una entrada al abrigo del
pasado. Al llegar a Ingeniero White el pasado se le aparece en múltiples formas:
.. .los setos verdes de la Subprefectura, las casas tan modestas y pequeñas, que ahora parecían mucho más chicas; las balaustradas de madera,
los bares, el café Unión construído en madera verde, con su balaustrada
y sus ventanas del bajo segundo piso; el comienzo del gran muelle...
Caminó por la calle central y llegó hasta la vieja, triste casa. Todavía
estaban en la pared las marcas ( pequeños rectángulos un poco más claros que el resto de la madera pintada) de las chapas del doctor (p. 141).

Pero el mundo cambia a medida que el tiempo avanza. El pasado no es
un mero retroceso a una época anterior; el pasado no es el presente considerado treinta o cuatro años atrás. Entre el pasado y el presente hay más que
cierto número de años; interviene el elemento humano. Agata ve su casa,
pero no es la misma en que pasó tantos años juveniles. Pronto se abre la
puerta de calle y aparece un hombre de edad a quien Agata le es totalmente desconocida. Clava en ella una mirada de asombro y desconfianza.
Es muy natural, por supuesto, que este anciano no la reconozca, pero para
Agata su nueva calidad de extraña y de desconocida en su propio pueblo,
en su propio barrio, en su propia casa, la agobia y la traspasa en lo más
íntimo de su ser. No quiere olvidar o anular el pasado, ya que el horroroso
presente la aflige tanto. Pero la recordación de otra época la hace llorar, y
Mallea coloca el llanto en un marco temporal:
Entonces, por primera vez después de tanto y tanto tiempo, en aquel
~itio sin gente, frente al agua quieta y verdosa de ese gran estanque
impasible, lloró como había llorado allí, por alguna infantil disputa o
vano capricho, cuando tenía sus siete años (p. 143).

Cada tarde durante un mes Agata vuelve a Ingeniero White para recordar
Y "meterse de retorno en la infancia" (p. 143). Por fin, ni los sitios familiares ni el recuerdo del pasado pueden salvar a Agata de la agonía de su
confusión emocional; y tras unos minutos de horror en que algunos pelaÍUStanes callejeros se mofan de ella y la amedrentan, corre sobrecogida de
terror hacia su casa, se sienta en el escalón de madera, y desata en su delirio
en llanto horrible.

•
311

�Como cuentista Mallea muestra a veces la misma tendencia de utilizar el
tiempo de un modo interesante e imaginativo. Aunque sus cuentos siguen
un rumbo casi idéntico al de sus novelas en cuanto al tema, estilo, y técnica
narrativa, prefiero tratarlos aparte aquí por conveniencia de clasificación.
Gusta Mallea de reunir en un solo volumen varios cuentos que están relacionados de algún modo, que tienen un tema común. En dos colecciones de
relatos hay una preocupación muy evidente por el concepto del tiempo. El
prólogo de La ciudad junto al río inmóvil ( 1936) 13 tiende una manta de
tristeza y tenebrosidad sobre el ambiente de Buenos Aires, ciudad hostil, áspera, y poco comunicativa. "Un gran silencio en marcha" es lo que Mallea
observa en la capital, pues los hombres se están buscando y no saben lo que
son. Siguen nueve cuentos que definen y ejemplifican, en términos típicamente malleanos, esta soledad, angustia, y pena emocional. Y luego, como
para dar fin al presente tan congojoso, Mallea escribe un epílogo, un "adiós",
el sentido del cual es muy semejante al de las últimas páginas de La bahía
de silencio; es decir, las personas retratadas en los nueve cuentos han llegado
al nadir de su fortuna y esperan una vida mejor. E indica Mallea también,
para hacer el nexo entre lo que es y lo que será, que "sólo los que han agonizado en el desierto, muerto en la duda, renacerán algún día".14 Lo importante aquí es que una técnica tan sencilla como la incorporación de un prólogo y un epílogo hace las veces de un marco que circunscribe el tiempo,
que encierra los límites en que se verifica la acción de los cuentos. La vida
de cada protagonista, por decirlo así, se ha parado precisamente en el confín
del epílogo; todos han alcanzado al mismo punto temporal y el epílogo es.
como una plataforma niveladora en donde han pisado tras sus diversas
aventuras.
Mallea agrega otra dimensión a su interés en el concepto del tiempo en
La sala de espera ( 1953) ,15 conjunto de siete relatos diversos que se juntan
por la ocurrencia circunstancial de que los siete protagonistas están en el
mismo lugar al mismo tiempo. Aquí la duración del tiempo abarca cabalmente el período de espera para unos viajeros que aguardan la llegada del
tren en una estación de ferrocarril rural. El período de espera es indefinido
porque muchas veces los trenes que atraviesan la pampa llegan atrasados.
Pero el pasar de los minutos forma un elemento constante dentro de la individualidad de cada uno de los siete viajeros. Los cuentos narrados en primera
persona por estos viajeros son más bien autobiografías muy íntimas que explican las circunstancias de su llegada a la estación a esta hora. El tiempo

es una forma de igualación, pues, todos, sin conocerse el uno al otro, están
sujetos a la misma marcha constante del tiempo. "Flotó en la sala el tiempo",
dice Mallea (p. 43) en una de las breves interpolaciones que se encuentran
entre las narraciones principales. En la tercera interpolación la mosca que
cruza de lado a lado la sala de espera indica movimiento para contrastar con
el lento y monótono andar del tiempo. Y en la cuarta, el movimiento continúa cuando la mosca describe una elipse y vuelve a posarse sobre la chimenea. En la sexta interpolación, que anuncia ya el cansancio y el aburrimiento de los pasajeros que creen interminable la espera, la inmovilidad
del lugar se define aún más con el sencillo comentario que "sólo las agujas del
reloj avanzaban en la sala de espera" (p. 165). Por fin los impacientes minutos de espera parecen desvanecerse ante la realidad de la llegada del tren
y la partida veloz rumbo a la capital.
Este interés en manipular las cuerdas del tiempo se ve no sólo en la armazón
general de un grupo de relatos, sino también en varios cuentos particulares.
En Posesión,16 a modo de ejemplo, hay una poderosa esencia temporal que
guía la narración y muestra la inutilidad de juzgar el presente a base del
pasado. La antigua amante de Videla, mujer conquistada por él física y espiritualmente, sujeta por completo a su voluntad, ahora se le presenta con
altivez, soberbia, y asombrosa confianza en sí misma. Y al tropezar con ella
en una fiesta Videla no puede aceptar la dura realidad del presente, pues
hiere su orgullo de hombre y destruye la relación de vencedor-vencida que
jamás quiere perder. El pasado, antes tan risueño y complaciente, de repente
llega a ser una completa falsedad con relación a las circunstancias actuales.

CONCLUSIÓN

Muchos aspectos del arte de Mallea se esconden bajo una capa de verbosidad. Esta tacha y el desmesurado sesgo psicológico de sus obras hacen que
se desatienda su habilidad puramente artística y novelesca. Y aunque los
defectos y limitaciones de Mallea son bien evidentes e innegables, su destreza
de novelista existe de un modo más real de lo que parezca a primera vista.
El concepto del tiempo aquí tratado da muestras de cierto interés en la
estructura de sus novelas y revela no poco cuidado en elaborar el plan novelesco y la técnica narrativa. El hecho de que Mallea trata con tanto empeño
el fenómeno del tiempo cuadra bien con la orientación psicológica e intros-

11

La ciudad junto al río inmóvil ( Buenos Aires: Editorial Sudamericana, 1954).
" Ibid., epílogo, p. 294.
,. La sala de espera (Buenos Aires: Editorial Sudamericana, 1953).

312

,. Posesión, cuento incluído en el volumen titulado Posesión (Buenos Aires: Editorial
Sudamericana, 1958).

313

�pectiva de sus obras. En algunos casos la acción recíproca de dos épocas es
la que hace más intenso el conflicto del libro o la que produce el conflicto
mismo. El reconocimiento de este recurso contribuye a una avaluación más
acertada de su arte. En efecto, un examen cuidadoso de las novelas de Mallea
tal vez disipará la tendencia de juzgarlo primero en términos sociológicos y
filosóficos, y sólo secundariamente como artista creador.

MACEDONIO FERNÁNDEZ, UN PAYADOR

Prof.

ANTONIO PAGES LARRAYA

Universidad de Buenos Aires.

SUELE REFUGIAR triviales desvirtuaciones, endebles metáforas; raramente, incluso, legítimas obras literarias más valederas que el texto al cual
precede. En mi caso la unidad entre las imágenes de M acedonjo y payador
se presentó invulnerable; surgió ajena a tentaciones retóricas, con tan placentera y máxima intuición de certeza que estos apuntes me parecen prolongaciones prescindibles de su eficiente expresividad.
El pensamiento y la poesía de Macedonio Fernández rescatan el enigma
del mundo. La palabra de Macedonio, como la de los payadores, posee virtudes reveladoras, de un orden anagógico, en el que el asombro es fuente
del conocer y de la belleza. Sólo el canto y la meditación sobre lo absoluto
abren al hombre una vía sobre las esencias. Los payadores, igual que Macedonio -con las tonalidades particularísimas de su estilo-, proceden por
necesidad reflexiva; su pensar enraíza sustancialmente, con pasión ilimitada
de búsqueda. Tanto en las payadas (cuya pauta puede ser dada por la de
Martín Fierro y el Moreno) como en No toda es vigilia. . . ( 1928) y la poemática de Macedonio Fernández, se descubre el "animal metafísico".
Muchos años de abundante nativismo trivial, de énfasis folklórico, han generalizado una versión apócrifa y empobrecida del payador criollo, su gravedad memoriosa se trueca en colorinche barato; su soledad viril, en desborde
sensiblero. La que siento próxima a Macedonio Fernández es la estampa
legítima del payador, ubicada en su florecimiento más intacto. Veo identidad
entre las motivaciones de su arte y las actitudes poéticas fundamentales del
payador gaucho.

UN TÍTULO

Inclinado al saber sentencioso, burlón ante el locuaz, revertic!o sobre sí'
mismo, el gaucho erigió al contrapunto en institución campesina. La payada
mantuvo en la memoria colectiva su sentido del mundo; sus tradiciones y

314

315,

�sus ritos fueron depurándose y afirmándose en una lenta maduración. La victoria dd payador fincaba en hallar respuesta, así fuese encubierta por el
humorismo, a un género de proposiciones ajenas a los motivos realistas del
contorno. Su arte, caracterizado con palabras de Macedonio, no fue sino "una
poemática del pensamiento especulativo". En el canto del gaucho es absorbente la preponderancia de las reflexiones de índole estrictamente metafísica,
vinculadas al ser, a la progenie, a lo absoluto. Todo ello dentro de un estilo
,que confunde palabras y conceptos en la incesante trampa tendida al adversario (Macedonio Fernández alude a su fundamental esperanza de verdad
"aunque alguna vez intente lo festivo y el descreimiento en la obra de
-doctrina") .
La identidad podría prolongarse hasta el sentido de la comunicación con
•el mundo: Macedonio fue de un vivir interiorizado, desnudo de acontecer;
un vivir de espera, dilatado y auténtico. Ese existir atemporalizado que vuelve
única la experiencia humana de Macedonio no es sino prolongación de un
decantado tiempo criollo de vida: serena, digna lentitud del afianzado que
-su época casi desconocía, aunque sobreviviera en silenciosos patios de arrabal,
en nostalgias de campo.
El arte payadoresco univoca la pasión lírica con el tema trascendente, cuestiona la última validez de lo humano. Hernández, sobre todo en la Vuelta
--consejos a los hijos- sugiere el sentimiento como impulso creador (Procuren si son cantores / el cantar con sentimiento) y el jundamento como fin
(No tiemplen el estrumento / por sólo el gusto de hablar / y acostúmbrense
a cantar / en cosas de jundamento).
Muy lejos de lo exterior de su época, muy cerca de una Argentina inmemorial, rica en impalpables sugestiones de espíritu, Macedonio, en 1928, les
habla también a los jóvenes de la fuerza deteriorante de la pasión frente a
"las solemnidades de la ciencia, el arte, la moral, la política, los negocios, el
progreso, la especie''. Hemández y Macedonio instan a abrevar en la pasión
. ' nunca h um1ºIde, siempre
.
. t a.1"
como fuente de toda certeza. " ¡ Oh, Pas1on
c1er
Quede así, en el límite de una insinuación, la unidad Martín Fierro-No toda
es vigilia la de los ojos abiertos ( 1928) : anti-intelectualismo, subordinación
de toda utilidad al arrogante, imperioso destino; auto-suficiencia del canto;
1iteratura "inseguida", en continuo estado de asombro revelador; reiteración,
1anguidez creadoras, "más como un lento venir viniendo que como una llegada" (M.F.); poesía que no se desprende de su ilusión de eternidad; la
palabra-pasión, como interrogante y cerco a lo desconocido.
La obra de Macedonio logra comunicar, a pesar de su abundancia e_n aná1isis abstractos muy sutiles, una honda sensación de verdad; su palabra estimula la actitud original del hombre para mirar el mundo. El recurso ines316

perado, que va de lo sencillo a lo dramático, remueve y preserva esa aptitud
adormecida por la costumbre, por las fórmulas, por la desganada aceptación
de un pensamiento extraño. Logra así la reinmersión del lector en su propia
experiencia, lo instala sigilosamente fuera de la causalidad, lo obliga a atender
sus íntimas vibraciones problemáticas. Esa tensión donde el que escucha participa y concurre necesariamente a la obra, característica de algunas de lasmás ricas filosofías, es también la del contrapunto, que asciende hacia un
plano donde el don poético se eleva a la supervida, al estremecimiento ontológico.
Frente al cantor "por diversión", el payador gaucho no se ufana con la·
maestría poética y aún desdeñada --en el "pueta" y el "letrao"- la forma no
justificada por la sustancia. Eduardo Jorge Bosco, en su poema Payadores
( 1941 ) penetra el sentido más oculto de esa poesía y sus intensas conexionesvitales; contempla querenciosamente a los payadores, artistas absolutos, varones
que negaban el tiempo, dueños de voces remotas, profundas, de íntima pasión:
El primer encordado vuelve como un recuerdo
a cantar, cuándo no, lo que el destino asigna;
y ahí va ganado el hombre, solito en su guitarra,
el oculto sentido de la muerte y la vida.
Y entra a nombrar lo suyo con el gesto remoto
del que ya está de vuelta de toda lejanía.
Un resplandor secreto de lento fuego oculto
le enciende el ademán de pasión contenida.

Se contrapuntee a lo humano o a lo divino, la payada termina siemprepor situarse en un plano de abstracciones puras, de especulación intemporal.
Verso y sonido son simples apoyos. Leopoldo Lugones, que se equivoca err
la interpretación del Martín Fierro, acierta en cambio cuando fija la índole del asunto en los contrapuntos: "era por lo común filosófico, y su desarrollo consistía en preguntas de concepto difícil, que era menester contestar al punto, so pena de no menos inmediata derrota" ( El Payador).
La preeminencia de su cimiento ontológico ha sido olvidada por las interpretaciones corrientes (históricas o formalistas) del arte gauchesco. Piénsese en las cuestiones que Martín Fierro propone al Moreno -cuáles son
los cantos del cielo, de la tierra, de la noche; qué es la ley, de dónde naceel amor- y surgirá una evidencia, que se hace más aguda todavía ante lasrespuestas y preguntas del Moreno, sondeo trascendental que asume una extraña palpitación esotérica.

317

�El punto de arranque de la obra de Macedonio es el mismo: poesía y
búsqueda de verdades primeras. La vertiente creadora (con voz de Güiraldes llamábala manantialidad) lo conducía a indagar verdades últimas. Su
actitud, pues, en un plano de mesura y solvencia por cierto enriquecido, es
semejante a la de aquellos legendarios poetas de la P~1:1Pª c~yo arte ~o aspiró a revestir de formas definitivas ninguna prop~s1c1ó~, .smo a es~rmular
el ansia escrutadora del hombre, conforme a un estilo ongmal. Caminos de
ida y vuelta, despojan a la realidad de sus tranquilas congruencias. Si a veces causan una impresión superficial de efectismo, la impresión es errónea:
brincos del ingenio responden a previas acumulaciones reflexivas y producen el efecto pasmoso y pedagógico del desconcierto.
Para Hernández, contar y cantar se unifican. Macedonio también identifica lírica y épica en lo fantástico absoluto. Concibe así una novela con rasgos poemáticos, convertida en investigación sobre el ser, ajena a 1~ . casualidad la sucesión la descripción, el paisaje y otros recursos tradicionales.
Mac:donio procede por integración, por asalto y por sorpresa: elimina los
supuestos del relato tradicional y los sustituye por el diálogo f~Jos_ófico'. por
los prólogos nunca concluídos, por la renuncia a las meras comc1denc1as o
a las anécdotas entretenidas. La novela se confunde con el poema Y asume
una inflexión metafísica. El desdén de Macedonio hacia la estructura sugiere una crítica tácita a los modos superficiales de la literatura, una aproximación al misterio. (En cierta carta de Macedonio se lee su refutación d_e
Maurois -a propósito de Círculo de familia- y de Proust: "Poderosos, fi.
nos en Ja prosa suelta O poema, se truecan en folletineros de la novela; falta
teoría, doctrina de arte en ellos") .
Martín Fierro deja fluir Jo novelesco sin vínculos con el estricto narrar Y
la intriga; no es desarrollo sin interiorización. El cu:nto_ se identif~~a co~
el canto. Macedonio y Hemández superan así la prrmana concepc1on numética del realismo y excluyen la pura sensorialidad como objeto de arte.
Macedonio anota: "Análogamente lo sensorial (goces y dolores del comer,
-del fumar de la sexualidad fisiológica, etc.) no es asunto posible de arte;
los efectos' de la sensualidad sobre lo no sensual del personaje, sí". (Prólogo
del "Museo de la eterna". El hombre que fingía vivir, en Huella, Buenos
Aires 1941, n. 1).
El texto de Macedonio, como el de Hemández, es un desafío lírico a lo
verosímil y se proyecta reveladoramente sobre el lector. Los personajes r~sultan agentes metafísicos, intemporales, "dadores de existencia al propio
lector" (Dos de los 29 prólogos de la obra Museo de la eterna y de Niña de
dolor, la dulce persona de-un-amor que no fue sabido, en Revista de las Indias, Caracas, mayo 1943, n. 58). La epicidad de Macedonio y de los gau318

chescos se identifica en la ausencia de enredo y suspenso, en la tensión trágica sin precisión de momentos, en el misterio y en la búsqueda de lo realimposible.
Macedonio Fernández acomete los problemas con rasgos personalísimos
que contradicen los antecedentes canónicos -desde los temas y los modos
de afrontarlos hasta la misma sistematización de los materiales-. Novela,
ensayo, poesía, fueron sólo vías para una acuciosa, pertinaz búsqueda del
ser para un pensar en escala metafísica. Instala siempre al interlocutor en
el matiz menos vulgar. No por prurito de anticonvencionalismo, sino por un
don de su inteligencia que lo apartaba espontáneamente del lugar común,
desarma textos, hábitos, repeticiones, y entre tantos talentos menores y de
reflejo, se muestra irreverente, como un filósofo de veras.
Su discurrir no pretende coherencia didáctica; se apoya en su propia fértil ima~inería y en la del lector, al que incita e incorpora a sus preocupaciones: "escribo asociado al lector en una búsqueda común y cordial" (No toda es vigilia la de los ojos abiertos). Siempre la actitud de contrapunto en
la metafísica poética de Macedonio. Páginas y versos saboreados los suyos,
cálidos, sin miedo por el tiempo que se consume. Macedonio Fernández exhibe el pensar con sus vericuetos, sus extrañas incisiones, sus vuelcos introspectivos. La revelación surge inesperada: el discurso es de marcha lenta,
paciente: tiene el ritmo demorón del matear, como hilado entre "amargos
de mate, la dulzura argentina de Sud-sudamérica".
Macedonio indaga lo absoluto de un modo peculiar y siente la poesía como exaltación de lo "estético natural". Su estilo, depurado de estridencias,
sugiere perspectivas y posibilidades inéditas, creadoras, llenas de fecundidad y de estímulos. El lirismo metafísico de Macedonio, expuesto por medio
de poemas, novelas, discusiones con Hobbes, Kant, Schopenhauer James,
monólogos irónicos o prólogos interminables, asume una calidad literaria
Y una riqueza especulativa que sugiere las inclinaciones y los rasgos inmediatos de un probable estilo argentino.
Las tesis y las exposiciones más audaces de Macedonio sólo buscan robustecer el principio de identidad fundamental, de esencia incognoscible
que se revela existencialmente en la pasión, concebida en un sentido de totalidad muy semejante al concepto de voluntad de Schopenhauer, autor muy
leído por el metafísico criollo.
En Macedonio la multiplicidad del mundo adquiere unidad a través del
Verbo; gustoso, se desentiende del mecanismo y del causalismo y afirma un
conocer por la creencia, un crear político que nace del creer y que proyecta -sobre todo en sus poemas a la Amada- un sacudimiento ontológico
antes no conocido en la poesía argentina. Sólo en Macedonio sentimos esa
319

�suerte de embriaguez metafísica característica de Nietzsche, de Kierkegaard,
de Unamuno, que hace comprensible un acercamiento a las esencias. Su
pensar y su canto buscan premiosamente la eternidad y el reconocimiento de
lo vital-eterno. Un poema suyo de 1912, Hay un morir, descubre transparente-·
mente esa necesidad de su poesía:
No me lleves a sombras de la muerte
a donde se hará sombra mi vida,
donde sólo se vive el haber sido.
No quiero vivir del recuerdo.
Dame otros días como éstos de la vida.
¡ Oh! no tan pronto hagas
de mí un ausente
y el ausente de mí.
¡ Que no te lleve mi hoy!
Quisiera estarme todavía en mí.

He aquí a las Ideas reveladas intuicionalmente por el metafísico que llega así a estados próximos a las teofanías en que las Ideas se hacían sólo comprensibles para ciertas naturalezas intelectuales. Ese conocimiento, en su prístino fluir, tiene una profunda relación con la actitud del payador frente a
la realidad: no la disminuye, la acepta, la interroga y asciende a ellas con
ardor dialéctico. El asombro del ser subsiste intacto: "poesía de la Pasión
sin contexto". Con rara penetración y ansiedad inquietante, Macedonio parte siempre de una misma y reconocible actitud ontológica. Esa virtual coincidencia de disposiciones frente al mundo permite ahondar en su americanismo y justifica el memorable elogio de Jorge Luis Borges: "las mejores
posibilidades de lo argentino -la lucidez, la modestia, la cortesía, la íntima pasión, la amistad genial- se realizaron en Macedonio Fernández, acaso con mayor plenitud que en otros contemporáneos famosos".
Reconocemos a Ramón Gómez de la Serna la primera intuición sobre
el criollismo de Macedonio Fernández y su identidad con América, "lo que
es verdaderamente América y no de boquilla y sólo por suposición". Implícitas burlas al conde viajero Keyserling se unen a una manera escondida, socarrona -"la primer sorna argentina auténtica"- de responder a una verdad que ensancha su misterio sin convencionalismo hasta en mínimas actitudes, como las de tomar un mate bien cebado a la puerta de su casa... He
aquí a este criollo del ponchito gaucho, abrazado a su guitarra ausente de
sueño en una Buenos Aires inmensa y apresurada, seguro en su vivir angustiado y gozoso de eternidad, esa "especie de irrealidad tranquila de Mace-

320

donio". Gómez de la Serna observa la vida suave, sin búsqueda trivial de
los honores, la riqueza o simplemente el ruido que desgonzaba a tantos compatriotas. Acompañado de Madre y Amada, sus dos hondas ausencias, vivía Macedonio en la revelación de la siesta y acompasaba su existencia con
interminables mates: "En la pristinidad del suelo americano, el hombre descansado en vejez cree que va a ser más viejo que la casa que habita -estilo
colonial- y trata a la casa como a una jovencita que no le podrá alcanzar
y que sin embargo le secunda para que se apoye en sus muros y columnas. No
sale a la calle por gozar más de esa inmortal unión de hombre y casa".
¡ Criollísimo, hispanoamericano esencial y de futuro este Macedonio "con
su larga vida de payador de silencios", a quien el amigo español llama descubridoramente "el Martín Fierro de la estética"! Sin prestación exterior,
Ilena a la vez de gravedad y de gracia, la obra de Macedonio se desarrolla
en un proceso constante de interiorización, por el cual ahondaba en el ser
argentino: "porque la Argentina no es tropical -observa Gómez de la Serna en las páginas que preceden a la segunda edición de Papeles de Reciénvenido ( 1944) - y por lo tanto necesita la buena y sutil controversia de
la payada". Por eso encuentra en Macedonio "la réplica nueva, el civilizado libre, el payador en persona que contesta con graciosa cachaza a todo
lo conceptuoso". Un prudente, escondido, vital criollismo, lleva pues a Macedonio a indagar con gravedad y poesía en el rostro y el ser argentinos.
Buscó apasionadamente, sin dejar su suave sonrisa de asombro Jo fan, .
'
tástlco absoluto. Sólo en la imaginación creyó encontrar certeza; el puro ra2?namiento no podía conducir a la verdad que no era para él un absoluto
smo una revelación cuya lejanía convierte en continuo hallazgo venturoso.
Pa._ra Macedonio la pasión era "la certeza misma y el ser mismo", la "idone~dad supr:~ª del ser". El íntimo demonio lírico domina sus páginas. Jamas se confmo en lo meramente especulativo. En No toda es vigilia pide se
le consienta su "necesidad de intimidad y de lírica en una obra de pura
doctrina"; su poesía del pensar se apoya en "la invención laboriosa no en
la copia de realidad". Procuraba así asegurarse novelísticamente "l;s servicios de un personaje de intachable inexistencia", cuyo no-ser absoluto acaso se cifre en este HGFG suyo, criatura que "no sólo no ocurre en la vida;
no ocurre en el libro".
. Corno en la gradación ascendente de las payadas, Macedonio parte de lo
~mtoresco o paradoja! hasta abstracciones en cuya atmósfera nos vamos
InS ta¡ando sin advertirlo: arte dialéctico veloz, como esos ascensores que
en u ~ respiro
· nos ponen casi• en la punta de una nube. Sus ocurrencias, paradojas, contradicciones, son instrumentos para desarmar el mundo confortable de la lógica utilitaria, las tranquilas aquiescencias, incluso cuando uo-

321
H21

�nizando la inclinación a lo práctico de la civilización por él cuestionada,
propone soluciones felices, tal la de suprimir las delanteras de los automóviles para que los transeúntes no se atropellaran con ellas y esos vehículos fuesen usados sólo por dentro. A veces el vericueto, la trampa verbal es sólo ingeniosa, más fuerte literaria que conceptualmente. Aun en esos casos brilla
la intuición del filósofo que aspira a recrear el mundo no en término de razón, mecanicismo, causalidad, sino con máxima esperanza como pura poesía.
Macedonio confesaba sus propósitos de "convencer por arte, no por verdad". La incongruencia aparente sírvele "para desafiar con lo artístico lo
verosímil, lo pueril verosímil". Su negación de la exclusiva sensorialidad como objeto estético, su creación de personajes por ausencia, sus infinitos prólogos, constituyen una vastísima averiguación sobre el ser revestida por un
estilo singularísimo, rico, personal que sólo se explica en la atmósfera de su
intimidad argentina.
La ausencia aparente de método de coherencia externa, es un matiz de
su reacción contra lo adocenado. Como payador da la impresión de repentizar, pero lo espontáneo se modula sobre un grupo de motivos concertados
que vuelven a su conciencia. En su discurso hay ahondamiento, diversificación, no monotonía ni reiteramiento gratuito. Leemos en carta suya a un
amigo:
"Repitiendo metódicas promesas públicas de escribir, y cuidándome de
hacerlo, me he ganado cierta nombradía que sólo por haberme conducido así, como un cumplido muerto, podía ya conquistar. No es para envanecer, por cierto; ni queda muy en claro que ésta sea fama de escritor".

Macedonio nunca deseó el módico prest1g10 literario. El tratamiento subjetivo a que sometía toda la realidad vista desde sus lados humorísticos Y
patéticos, lo alejaba de la acepción de lo literario según se organizaba en
Buenos Aires: oráculos, gloriolas, chismes alusiones benévolas. Su originalidad de pensamiento se sostenía en una originalidad en los métodos expositivos. Sus procedimientos de investigación fueron los de un filósofo y los de
un místico, y por eso semejantes a los del payador.
Su obra va al asalto de una literatura sin maravilla, sin revelación ni fervor, engolada, engañosa. Un tono inestridente, un rigor íntimo son connaturales a ese desafío contra lo estentóreo. En dos terrenos se mueve su prosa:
el de la ironía o del chiste franco y el de la pura exposición. Pero esas dos
direcciones no están deslindadas y hasta llegan a constituir una sola. La ironía le impide enfatizar; resguarda, con un homorismo sin agresividad, a ve-

32·2

ces muy socarronamente, la actitud conceptual. Lo filosófico, a su vez, da
coherencia íntima a lo que podría haber sido una caída en lo monótono a
'
pesar de que se confesaba "autor no irritable que sabe simpatizar con el lector que se le duerme".
Tuvo Macedonio la modestia sincera de su arte y también la picardía
subterránea de los payadores criollos. Con la broma descargaba de trascendentalismo hueco a un pensamiento que, por saberse profundo, no quería
aparecer estrepitoso ni académico. El chiste fue la manera de despistar sobre la grave índole de sus preocupaciones. Ejercía el magisterio si~ alardes
' cuando algo suyo podía sorprender como virtuosismo: ironía y'
y se deterna
burla constituyeron formas genuinas de su inocencia, instrumentos para quebrar falsos empaques y revisar honradamente conceptos mohosos. Aun en
esos instantes su arte es severísimo y acusa su búsqueda vibrante de absoluto.
. El. humorismo es el despiste del filósofo, la manera de quebrar toda apanenc1a de engolamiento. Igual que en el decir criollo, su burla era bondadosa, sin crueldad hacia otros seres y más bien un recurso para desentender~~ de formalidades externas. Sus palabras admiten siempre una significac1~n emboscada que envuelve reacciones contra lo adocenado y exterior.
~a?1d~ es que el contrapunto tiene un ritmo informal, en que lo profundo va
m~muandose amablemente agazapado en irónicos esguinces, en porfiadas timideces. Gómez de la Serna subrayó el matiz criollo en las sutilezas de
Macedonio:
"Por eso hemos encontrado en él la réplica nueva, el civilizado libre, el
payador en persona que contesta con graciosa cachaza a todo lo conceptuoso".

Ante una concepción nueva o ante un método nuevo para mirar el contorn_o, es tal la insuficiencia y la imprecisión de todo lenguaje que un pensaffilento original supone casi siempre una lengua original. Esto ocurre con
1~ frase de Macedonio. Hay en ella cierta finura, cierta rápida intelección,
cierta reserva inteligente que valoriza lo insinuado, porque sacude la pereza del lector y le cede un lugar activo en su obra. El que lo lee a fondo queda atrapado por las volutas de sus textos creadores que no se agotan y aún
r~sultan más absorbentes en la relectura. Se siente hasta la necesidad de olvidar esa arquitectura heterodoxa para descubrirla nuevamente y sentir otra
~ez el asombro ante lo auténticamente creador, que las letras de nuestra
tierra tan pocas veces suscitan.
·
rmagmamos
·
su 1ucha contra esa densa cuota de hábito, de comodidad, de libresca acumulación con la cual tuvo que
enfrentarse. No cedió ante ninguna costumbre ni mental ni verbal. Quizá

323

�por eso proclamaba, enfatizando a propósito: "Hay que horrorizar a América de su banalidad actual".
Macedonio Fernández, como los payadores, amó la guitarra. Fue compositor y ejecutante extraordinario. En una fotografía suya muy conocida,
abrazado a la guitarra que cruza su pecho, sus manos y su alma se acercan
cariñosamente a ella. Silenciosa, la guitarra sigue diciendo el misterio de
voces con ayer; cuerdas, caja y alma son mediadores de una dulce y hondísima motivación única. Como Nietzsche, Macedonio partía de la música al
abordar ese absoluto para la razón siempre inalcanzable. Un amigo lo encontró cierto día ejecutando y, sorprendido, observó que la guitarra adquiría en sus manos una sonoridad distinta, completamente nueva. Macedonio
eludió el elogio y contestó:
-"Tal vez _el secreto está en algo fundamental que ando buscando,
que podría ser como la clave esencial de toda la música, algo así como
la célula primordial. .."

La música fue coronación de su poesía, de su metafísica, de su novela.
Quizás en su orbe logró la poesía del pensar, soñada como algo diferenciado de la especulación utilitaria, sin pretextos, de pura imaginería, donde todo cambia y acontece con exclusión de causa, por la sola legitimidad de la
gracia. La música resúltale suprema escelencia que traduce la calidad y la
condición de un estado de espíritu, liberado de fragmentarismos. Mientras
el hecho literario se arme sobre lo verbal, no estará integrado. La música,
para Macedonio, es necesidad previa para llegar a la meta final de la poesía.
Su modo de pensar desterrando "los tigres que causan miedo y los miedos
que causan tigres", se acordaba fluidamente con su búsqueda del elemento
primero de la melodía. Un amigo recordó, de una conversación, este pensamiento:
"La música parece dar un procedimiento para desdolorar el dolor -,Y
en un momento- como pasa con el recuerdo de los muertos lejanos.
La melodía es igualmente grata en el placer que en el dolor. Hay inmenso placer tanto en sentir una marcha fúnebre como un himno a la
alegría".

En la misma conversac1on, entre otros muchos conceptos que componen
una originalísima estética musical advertía que "el acorde es así, como en
la literatura la palabra, una caricia auditiva", y señalaba a la música co-

mo herencia y legado, como forma que supera lo personal. Macedonio veía
en el lenguaje musical, muy clara, la memoria colectiva que la palabra también refleja, y así encontraba en ella una posibilidad de gracia:
"La melodía es invención por exaltación de colectividades. Resulta de
infinita reiteración, de ciertos armazones de frases, en sucesivas integraciones".

Melodía grata en sí misma, para desdolorar el dolor, surgida por exaltación de colectividades, ¿ no es acaso fórmula que serviría también para caracterizar el arte payadoresco? Advirtamos que la guitarra que sonaba entre
sus manos con tan peregrina emoción, no perdía acento porque en ella vibraran Scriabin o Rachmaninoff, como él no perdía nada de su espontáneo criollismo por conversar mano a mano en Buenos Aires con Hobbes a
través de años y distancias o por cartearse asiduamente con William James,
acontecimiento este último que como otros de su vida, él recataba quizás
por imaginar el escándalo publicitario que otros colegas hubiesen armado
con tan cotizable suceso epistolar.
Sintió Macedonio la desoladora insuficiencia de lo verbal. Procuró vencerla por vía novelesca o por vía poética. Cuando la palabra resultábale insuficiente o desalentadora, la música le servía para concretar matices de
ideas y conseguir la atmósfera, el color, la singular vitalidad que toda creación original asume. Vocación tan estricta y veraz como la de Macedonio
tuvo que ser forzosamente ardua. Buscaba cierta verdad, inasequible siempre, que sólo podía darse en una comunidad de almas extraña a la Argentina contemporánea. Preocupaba al filósofo criollo la indigencia afectiva y
estética de la humanidad civilizada, la condición solitaria de todo lo que
poseía rasgos de autenticidad. En 1939 escribía a un amigo:
"Hago un último esfuerzo por un Arte Severo, puro, de escritores que
sirven, no que hacen servir, adulan, premian, repitiendo a una por el
mundo las mismas novedades fraseológicas".

Las indagaciones de Macedonio nunca tuvieron la pedantería de lo concluyente. Fueron dadas en términos de dudas y esperanza. La obsesión de lo
inalcanzado e inalcanzable da a su obra cierto encanto de promesa futura
que la convierte en un tejido de insinuaciones felices. Si dejó un estilo, un
arte, acaso un método, es el de la literatura no condescendida, la de los duda-artes, "un arte máximo de mínimo órgano". La perfección y la gracia, en
sus estados más escuetos y dignos, surgen de sus páginas rescatadas de bu-

324
325

�llanguería y escoria. Macedonio-persona fue más que su letra, que su prosa,
que sus libros, a pesar de brindársenos tan asidua la excelencia de esas manifestaciones fragmentarias y lejanas de su yo.
Macedonio es ya en las letras argentinas personaje de leyenda. Se lo reite
se lo cita se lo admira. Su fama está hecha de mentas, de recuerdos rep
'
vestidos por la' fluidez cariñosa que de su persona brotaba. Así fue la fama
de los payadores. Sus hazañas y sus artes vivieron conversadas, recreadas. Era
un lujo, una felicidad, un orgullo, el haberlos oído o visto. Y era tal esa
dicha que hasta inclinaba a fraguar inconscientemente un conocimiento o
una proximidad inexistentes. De puras ganas de haberlo conocido, de dolor
de haberlo dejado pasar, muchos que pudieron y debieron conocer a Macedonio forjan la inocente falsedad de su relación con él.
Todo lo que pueda decirse de Macedonio lo será siempre muy imperfectamente. Ninguna definición puede comprenderlo; ninguna sistematización
puede atraparlo. Será vana toda confianza en la posesión de unas imágenes aceptables. Su mítico prestigio nació y creció espontáneamente. Macedonio fue hombre infotografiado y de una módica circulación en revistas literarias cuyo escaso tiraje lo convirtieron en impublicado también. A pesar
de eso o quizás por eso, es deveras famoso. Basta recorrer los diarios y revistas de hace tan pocos años para ver qué impresionante necrópolis de nombradías más estrepitosas fue edificándose a fuerza de bambolla, al tiempo
que la fama de Macedonio crece con segura vigencia. ¿ Quiénes eran los ministros, los gendarmes, los hombres de pro en 1928? El olvido se ejerce sobre ellos y en Macedonio, por el contrario va reconociéndose una honda y
consistente Argentina.
Su probidad y su sencillez fueron geniales. Su obra no conoció el aplauso
ni los banquetes. Vivió independiente de cátedras, periodismo y otros oficios de escritores. Su obra parece dirigirse sin impaciencia a sus lectores elegidos, paucorum hominum. . . Filósofo con audacia, con libertad, con intrepidez y una modestia que despistaba a través de ironías lo trascendente, Macedonio fue, en la Argentina, el primero en alejarse totalmente del campo
ideológico del positivismo que se conecta históricamente con precisas actitudes vitales. No se prodigó ni se dio a las dignidades exteriores, la burocracia o los hombres; meditó y vivió hacia lo hondo, muy cerca de un esencial
e inmutable estilo criollo.
En un país que sólo ha producido eruditos de filosofía y profesores de filosofía fue, auténticamnete, un filósofo. Por eso es parte de su destino egregio el no figurar en las varias, hinchadas y corteses historias de una hipotética filosofía hispanoamericana... Fue hombre de temple, de valor y vigor
filosóficos. Lo que en su obra hay de creador y original surge expurgado de

326

todo peso innecesario, sin vanidoso aparato hermenéutico. Su fina ~erti?umbre de eternidad le enseñó a Macedonio el arte de la espera y la sab1duna de
Ja esperanza, del "existir cifrado en conocer el misterio del existir". • .
Macedonio, como los payadores, rehuye lo que él llamaba "externalidad".
Asume, sin proponérselo, una misión metafísica y docente cuya clave acaso
sea sugerida por el Manuscrito de M. F. que los ojos de Hob_bes leyeron (en
No toda es vigilia la de los ojos abiertos). Domínguez, el am~go que le _lleva
a Macedonio la magnífica visita de Hobbes, a través del laberinto de ale1adas
calles de Buenos Aires, revela así al inglés la presencia de un metafísico:
-"En el barrio de él, Macedonio Fernández, a quien me refiero, goza
confianza de haber resuelto todo el problema metafísico, y es tanta la seguridad del vecindario que ya nadie allí estudia ni sabe nada de metafísica; se ha delegado en él saberlo todo en este tópico, y efectiva~ente
es hombre de no ignorar nada que se confíe y que interese al barrio, como en este caso la metafísica. Se ha hecho cargo de saberlo todo tan
bien, que el barrio, confiado en él ha llegado a una perfección tan extraordinaria de no saber nada de metafísica, que es cosa de no creer
que haya alguna vez sabido alguien algo, una pizca de ello. Muchos
no quieren creer que el barrio haya estado anoticiado alguna vez del
misterio metafísico".

Hobbes y Dalmiro Domínguez, que le regaló la magnífica visita, mueren
para que Macedonio pueda proseguir y d~r respu~sta al proble~a. ?el absoluto, una de cuyas afirmaciones irrenunciables exige la desapanc10n de su
personal entidad. . . Macedonio declara su dolor al no poder rehacer su
amistad con Domínguez, el que le dio la oportunidad de lucirse al "hacer
conocer de Hobbes al metafísico de Buenos Aires, en todo su barrio celebrado". Tiernamente, al extrañar "la dulzura nunca quebrada de Dornínguez",
sabe que sólo con los años podría medir la honda significación de esa muerte ocurrida por obra de él, de esa ausencia que sugiere el misterio del existir.
La "fantasía almista" de Macedonio comparte las intuiciones básicas del
payador, hasta en esta forma de expresión imposible sin el contrapun~o asumido por el rival O "el amigo". Con extremado sentido de la sugerencia, Domínguez aparece como el ser necesario para revelaciones del "metafísico de
Buenos Aires", con la misma necesidad de Juan Sin Ropa para lo eterno de
Santos Vega.
Disfrutó Macedonio de uno de los goces más hondos de esta fugaz vida:
la amistad segura, selecta. Si no al arrimo del fogón, en atmósferas más urbanas pero llenas de lo mejor de lo criollo, que es destello del espíritu y no

327

�escenografía rural. Su presencia en las peñas del veintitantos está ya revestida de leyenda. Algo había de magistral sin "magister" en su acercamiento a los nuevos para otorgarles su propio don, en su implícita capacidad de
calar con un método nuevo en las superficies oscuras entre las que nos movemos sin problematizarlas. Macedonio poseyó la bondad, la reserva, la pericia morosa del verbo, el arte de quebrar todo hieratismo, de poner auténtica humildad en los más evidentes aciertos. Debió gozar sin duda de la felicidad y de la responsabilidad de ser escuchado con amor. Criollo a contrapelo de una república feliz, pensó, ironizó, poetizó, en actitud de veracidad
total. Su palabra se levantó llena de pasión, de íntimo y humano calor. Por
eso, como los payadores de ley y según la poética y melancólica metafísica
suya, debió morir con la dulce y absoluta convicción de que la muerte no
existe.
Los cantores criollos, cuya rusticidad escondía una herencia intelectual de
centurias, en sus contrapuntos sometían la realidad a un agudo tratamiento
subjetivo. Partían de las cosas, de aquello que es corriente y común, pero buscaban su intimidad y recorrían, ascendentemente, el sentido de las palabras
fundamentales. Observaciones graves o risueñas se saturan entonces de originales inferencias plásticas, trágicas, metafísicas. La palabra sorprende como revelación en la que se funda decisivamente todo destino. Macedonio,
como los payadores, tiene la intuición del hermetismo alógico que impulsa al
acontecer. El arte vale así como total expresión de vida. En esto Martín
Fierro, idealista absoluto, anticipa a Macedonio, a quien se aproxima también por la construcción enigmática, oracular, en que la palabra parece vencer la finitud. Con infatigable empuje su voz se abre a la existencia.
El gaucho, hombre-esencial, y Macedonio, sienten idéntica fe en la palabra
que da a ese mundo una particular necesidad y cercanía. "La obra hace a la
tierra ser una tierra" (Heidegger). En Macedonio sentimos culminar un largo
hábito poético que ha olvidado lo insólito en su remotísimo origen y que, sin
embargo, alguna vez asaltó al hombre, asombrando su pensamiento. Vive
así la antiquísima experiencia poética del gaucho, sin traducirla literalmente.
Acaso el primer terreno firme del pensar argentino empiece en estas determinaciones de la ontología de Macedonio Femández, que recoge, en su comportamiento frente al mundo, no un subjectum sino una substantia argentina.

328

Sección Tercera
HISTORIA

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                <text>Cavazos Garza, Israel, 1923-2016</text>
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                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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                    <text>las mansiones del dolor y sus auxilios se reprodujeron tanto como los
y sus lamentables efectos, que felizmente no existen ya.
Mas, un consuelo sin limites nos fija nuevamente en el desarrollo
germen de nuestras libertades, que formando por instantes un árbol f ~
do y lozano, extiende los elementos de vida en el cuerpo federativo.
Un año ha que se lamentaban de nuestra suerte los que nos infirieron el
tamaño agravio de suponemos incapaces de ser regidos por el más subU.
de los sistemas conocidos.
El Código de la Nación se reputaba una teoría vana en sí misma y que
el desengaño vendría a ser su último resultado. Creíase que nuestros legilla,
dores distinguidos, destituídos de previsión, o arrobados si se quiere de ua
torrente de ideas peligrosas, envolvían a los pueblos en los desastres de la
anarquía, cuando los llamaba a la perfección social. Los mexicanos, coona,
turalizados con lo bueno, lo grande y lo perfecto, burlaron estos vaticinios de
la ignorancia y tal vez de la mala fe. El contento universal, la adhesión a lal
leyes, el respeto a las máximas conservadoras de nuestra existencia política.
todo viene al apoyo de la sabiduría y del profundo cálculo de los legislado,
res mexicanos.
La patria, coronada de gloria, ostenta a la presencia del universo, que
abriga en su seno la paz, la filantropía y las virtudes.
Desde este punto las armas remontan su nombre a los siglos distantes cal
la majestad de sus principios y la inmensidad de sus recursos.
Las Cámaras del Congreso Mexicano, en la plenitud de su poder, llevann
a su complemento la grandeza y felicidad de la República.

JuAN A. MATEOS, Historia de los Congresos Mexicanos, 111, pp. 347-354,

620

Sección Cuarta

CIENCIAS

SOCIALES

�LA ALIANZA PARA EL PROGRESO Y EL DERECHO
INTERNACIONAL AMERICANO
Lic.

ALBERTO GARCÍA GÓMEZ

Universidad de Nuevo León
" ... Un continente que surgia
de pronto, entre montañas y ríos y selvas seculares,
enmedio de dos mares
con látigos de viento y espumas de torrente
donde florece el trigo
el maíz se desata en espigas y mazorcas
doradas y macizas, como ajorcas
el árbol nos da sombra,
el agua es ambrosía
y el pájaro es amigo . .."

Lic.

JESÚS

FLORES

AOUIRRE

La mirada v1S1onaria de aquel ilustre americano Simón Bolívar, alcanzó
a avizorar en la vasta extensión de sus confines, la misión y el esplendor de
América. Así el 6 de septiembre de 1815, vería la luz aquella Carta de Jamaica, famosa profecía epistolar, entre cuyos párrafos hay uno que dice: "Es
una magnüica concepción el consolidar al Nuevo Mundo en una sola naci6n, con un solo vínculo uniendo todas sus partes. Si las partes diferentes
tienen el mismo origen, lenguaje, costumbres y religión, éstas deben de estar
confederadas en un solo Estado; si bien esto no es posible debido a las diferencias del clima, a las condiciones distintas, a los intereses opuestos y a las
caracterlsticas disímbolas que dividen a América" .1
Estas palabras, con las salvedades naturales de contenido histórico y temporal, han venido adquiriendo una sorprendente actualización y si en el pensamiento Bolivariano se advierte -no sin tristeza- cierta imposibilidad de
1

VICENTE LEcoNA, Cartas del Libertador. (New York, 1958) XI, 55.

623

�estrechamiento por parte de las repúblicas de América, las nuevas c ~
tancias han determinado su acercamiento más allá de las f6rmulas puramente protocolarias para formar una sola y gran familia.
América es todavía el Nuevo Continente que sorprendiera al eu~opeo y
que inspira y embelesa al poeta, por la magnífica belleza de sus paraJes y m
enorme riqueza y, sobre todo, por su proyecci6n de futuro. Ese gran esce.
nario es la cuna del hombre que ha nacido en su seno y que no escapa a ea
influencia telúrica, y en donde ha forjado su cosmovisión, enr~~?ª en sí Y
en el espíritu, acorde con su filosofía nutrida de su ho_n~a tradicion que •
be de muchas culturas, vertidas en lo histórico, en lo religioso y. en lo cultural,
forjándole un estilo vital que le es propio. No en balde se ha dicho que Arrérica es la mejor esperanza de la Humanidad.
Pero esa América -para su infortunio-, tampoco puede estar o ~ivir al
margen de las graves tensiones que agostan al ~ombr: de nuestros d1as y lo
amenazan en su credo, en su libertad y en su vida rmsma; para ello nuevamente se apresta a unir sus esfuerzos para su seguridad. Ya en la Carta de
la Organización de las Naciones Unidas, se dedicó un capítulo ente~ reconociendo la validez de los arreglos de seguridad regional Y ha servido ~
modelo, tanto por su existencia temporal, por su pro~ia :, adecuada organización, como por la eficacia demostrada, la Orgamzacion de los Estados
Americanos.
"Desde los tiempos más antiguos -ha dicho un autor- los Estados comprendidos dentro de limitadas áreas geográficas se, h_an unido para _obtener
mejor objetivos deseados en común. Las caractensticas, los. prop6sitos,. ~
como los éxitos conseguidos, varían ampliamente; pero la valide_z del P ~
pio de que, propósitos similares, en materia de negociaciones mtemaa~
les pueden realizarse en una forma más completa a través de una acci6I
co~junta llevada a cabo por un grupo de Estados comprom:tidos o que ~
gan algún interés en algunas áreas geográficas q~e hayan ahmen~do la~
del regionalismo a través de los tiempos, esto, aun en nuestros dias, se V1'9
todavía con plenitud, y en el presente, lejos de alejarse, se dirige a esos gruJ&gt;O'
Dentro de los últimos cuarenta años un nuevo concepto de seguridad.colee&gt;
tiva internacional se ha basado en el principio de la universalidad del ID~
entre todas las naciones, encontrando aceptaci'6n, asi' como ~p1'icación. prádi1
ca, tanto en la extinta Liga de las Naciones, como en las Naciones Unid~,
Por lo que se refiere al proceso de universalización, cada día más creoenlt
en el mundo actual, América tampoco puede substraerse a él ni permanecd

• J.
624

LLOYD 'MECHAN,

.

The United States and lnter-American

secun·,'Y,

P· 1•

inmune a las influencias extrañas de ideas y doctrinas que tratan de irrumpir en su seno y romper el ritmo de superación en su esfuerzo por comprenderse
mejor, así como liberarse de las cadenas de la pobreza, que no es otra cosa el
subdesarrollo en la gran mayoría de los países que integran el Continente,
constituyendo ese estado un campo propicio para la acogida de doctrinas disolventes a su propio ser e ideología, de no remediarse tales extremos.
Como un revolucionario medio para atacar los graves problemas que aquejan a América, ha nacido la Alianza para el Progreso, a la manera que hace
72 años, "Las repúblicas de este Continente dieron el primer paso para unir
sus esfuerzos y mancomunar sus actividades con el fin de lograr un progreso
más equilibrado y consagrar su atención a la paz y a la prosperidad que en
la paz tiene su fundamento". Este sentimiento de unidad tiene hondas raíces
en la geografía, en la historia y en el común destino de América. Pero, fortalecer esta unión no fue sencillo ni fácil, pues era necesario, además, crear
un sistema jurídico interamericano para adaptarlo a los imperativos del ambiente y para salvaguardar la soberanía de las naciones. Paso a paso, salvando obstáculos y luego de varias conferencias, en la IX Conferencia Interamericana, en 1948, se llegó a establecer la estructura legal de la Organización de los Estados Americanos, con lo que se dio forma concreta a los principios, propósitos y política que se venía elaborando desde 1890. Entonces,
desde la década del 50, la OEA dio pasos decisivos en campos de básica importancia para los pueblos americanos.
Para fortalecer esa unión de principios y propósitos, es condición indispensable_ conseguir un mayor y más equilibrado desarrollo del Continente, pues
la diferencia de niveles económicos que actualmente existen afecta seriamente e~ unidad. Guiado por esa indiscutible verdad el Presidente Kennedy,
al asumir la Presidencia de los Estados Unidos de Norteamérica, no sólo confinnó la autorización concedida por el Congreso a solicitud del Presidente
E'
.
.
.
'
isenhower, para invertir 500 rrullones de dólores en el desarrollo social de
América Latina, sino que anunció ampliar más aún las medidas adaptadas
para acelerar su ritmo de progreso.
"Con ese fin, el 13 de marzo de 1961, en una alocución pronunciada en
la Casa Blanca, ante los representantes de los países latinoamericanos, propuso que los pueblos del Continente uniesen sus esfuerzos en una 'Alianza
Para _el Progreso'". Nada puede expresar con más claridad y dramatismo la
esencia de esa hº1st'onca
· propos1c1
· "ón, como 1as s1gu1entes
· ·
palabras entresacadas
de la propia declaración presidencial: "Un vasto esfuerzo de cooperación, sin
Paralelo en su magnitud y en la nobleza de sus propósitos a fin de satisfacer

625
H40

�las necesidades fundamentales de los pueblos de América en materia de
trabajo y tierra, salud y escuelas".ª
A mediados de agosto, en Punta del Este, Uruguay, las naciones am
nas constituyeron oficialmente la Alianza para el Progreso y se comprom•
ron a asociarse en un esfuerzo común para acelerar su progreso económico X
alcanzar una más amplia justicia soci:l.. F~e en esta reuni~n, ~onde se r ~
la "Declaración a los Pueblos de Amenca , documento h1stónco que con
pla los graves problemas sociales y económicos que aquejan a la América La,¡
tina y los medios para solucionarlos. La Alianza para el Progreso, no es, ~
mo algún detractor ha afirmado, una violación a los principios del Deredii
Internacional Americano. A las soberanías y aun la autodeterminación de l6i
países americanos, porque sus objetivos están dirigidos a mejorar a las J;
nomías que sufren quebranto y, en general, a facilitar la resolución de Jj
problemas que se derivan de esa situación. Por lo que se refiere a la ~
mendación y aplicación de las medidas de carácter político interno, no son eíi
detrimento de la soberanía de ningún país, por lo contrario, cada uno, •
ejercicio de su propia soberanía y de su autodeterminación, adoptan las medidaí
conducentes para coordinarse en este esfuerzo americano, como así ten&lt;irell8
oportunidad de ver más adelante.
"El 13 de marzo, del año en curso ( 1962) , cumplió la Alianza su primer
año de vida y en ese lapso de tiempo ha recorrido el período más difícil, el
de la iniciación. Para que la cooperación técnica y económica fructifique en 11►.
!ación proporcionada a su magnitud y esfuerzo, la Alianza para el Progreso estipula que los países latinoamericanos operan modificaciones en los campos
básicos de sus actividades de producción y de contribución al Estado, que
se transformen los injustos sistemas de tenencia y explotación de la tierra;
y que se reformen las defectuosas leyes tributarias vigentes en muchos ~
ses, pues una justa tributación daría mayores recursos a los gobiernos para
operar con eficacia y extensión los servicios públicos".4
Para los fines de nuestro estudio, hemos creído conveniente transcribir lcil
Objetivos de la Alianza para el Progreso, considerando que en su exposic:Wi
es posible encontrar la naturaleza misma contenida en tales objetivos, qGle
son los siguientes:
"La Alianza para el Progreso tiene como propósito aunar todas las ~
gías de los pueblos y gobiernos de las Repúblicas americanas, para ~
un gran esfuerzo cooperativo que acelere el desarrollo económico y social d,
los países participantes de la América Latina, a fin de que puedan alCS-.
• t

• Tornado de A méricas. Julio 1962. Revista publicada por la Unión Panamericana,
p. 3.
• Américas. ]bid., p. 4.

626

un grado máximo de bienestar con iguales oportunidades para todos, en sociedades democráticas que se adapten a sus propios deseos y necesidades.
Las Repúblicas americanas por la presente Carta convienen en trabajar
para alcanzar las siguientes metas principales en la presente década:
l. Conseguir en los países latinoamericanos participantes, un crecimiento
sustancial y sostenido del ingreso por habitante, a un ritmo que permita alcanzar, en el menor tiempo posible, un nivel de ingresos capaz de asegurar
un desarrollo acumulativo y suficiente para elevar en forma constante ese
nivel, en relación con los de las naciones más industrializadas, reduciendo
de este modo las distancias entre los niveles de vida de la América Latina y
los de los países más desarrollados. Disminuir asimismo, las diferencias de
nivel de ingresos entre los países latinoamericanos, estimulando el desarrollo
más acelerado de los de menor desarrollo relativo y otorgándoles máxima
prioridad en la asignación de recursos y en la cooperación internacional en
general. Para evaluar el grado de desarrollo relativo se tendrá en cuenta no
s6lo la expresión estadística del nivel medio del ingreso real o del producto
bru~ por habitante, sino también los índices de mortalidad infantil y de analfabetismo y el número de calorías diarias por habitante.
Se reconoce que, para alcanzar estos objetivos dentro de un plazo razonable, la tasa de crecimiento económico en cualquier país de la América Latina, no d~b~ ser inferior al 2.5 por ciento anual por habitante, y que cada
P_ais participante deberá determinar su meta de crecimiento, en consonanaa con ~ etapa de evolución social y económica, su dotación de recursos y
su capacidad para movilizar los esfuerzos nacionales para el desarrollo.

2. Poner los beneficios del progreso econoffilco a disposición de todos los
~tores económicos y sociales, mediante una distribución más equitativa del
ingreso nacional, elevando con mayor rapidez los ingresos y niveles de la vida de los sectores más necesitados de la población y tratar al mismo tiempo
de que los recuersos dedicados a la inversión representen una porción mayor del producto nacional.
. 3. Lograr una diversificación equilibrada en las estructuras económicas naC!onales, en lo regional y en lo funcional, y alcanzar una situación que dependa cada vez menos de las exportaciones de un reducido número de productos primarios
·
., d e b'1enes de capital,
·
.
, as1' como de 1a 1mportac10n
al par de
COllSeguir estabilidad en los precios o en los ingresos provenientes de esas exportaciones.
4· Acelerar el proceso de una industrialización racional para aumentar la
Productividad global de la economía, utilizando plenamente la capacidad y

627

�los servicios tanto del sector privado como del público, aprovechando los 11,,
cursos naturales del área y proporcionando ocupación productiva y bien Ji.
munerada a los trabajadores total o parcialmente desocupados. Dentro de ette proceso de industrialización, prestar atención especial al establecimiento 1
desarrollo de las industrias productoras de bienes de capital.

5. Aumentar considerablemente la productividad y la producción agrícola,
y mejorar asimismo los servicios de almacenamiento, transporte y distribu.
ción.

6. Impulsar, dentro de las particularidades de cada país, programas de teforma agraria integral orientada a la efectiva transformación de las estnJO.
turas e injustos sistemas de tenencia y explotación de la tierra donde así le
requiera, con miras a sustituir el régimen de latifundio por un sistema jua
de propiedad, de tal manera que, mediante el complemento del crédito OJIOI"
tuno y adecuado, la asistencia técnica, y la comercialización y distribución de
los productos, la tierra constituya para el hombre que la trabaja, base de
estabilidad económica, fundamento de su progresivo bienestar y garantla de
su libertad y dignidad.

7. Eliminar el analfabetismo en los adultos del Hemisferio, y para 1970,
asegurar un mínimo de seis años de educación primaria a todo niño en edad
escolar de la América Latina; modernizar y ampliar los medios para la enseñanza secundaria, vocacional, técnica y superior; aumentar la capacidad
para la investigación pura y aplicada, y proveer el personal capacitado que requieren las sociedades en rápido desarrollo.
8. Aumentar en un mínimo de cinco años la esperanza de vida al nacer,
y elevar la capacidad de aprender y producir, mejorando la salud individual Y
colectiva. Para lograr esta meta se requiere, entre otras medidas, suministrar
en el próximo decenio agua potable y desagüe a no menos del 70 por ciento
de la población urbana y del 50 por ciento de la rural; reducir la mortalidad
de los menores de cinco años, por lo menos a la mitad de las tasas actuales;
controlar las enfermedades trasmisibles más graves, de acuerdo con su ilDportancia como causas de invalidez o muerte; erradicar aquellas enfenne,
dades para las cuales se conocen técnicas eficaces, en particular la malariai
mejorar la nutrición; perfeccionar y formar profesionales y auxiliares de.,
lud en el mínimo indispensable; mejorar los servicios básicos de la salud •
nivel nacional y local; intensificar la investigación científica y utilizar plella
y más efectivamente los conocimientos derivados de ella para la prevenci(ia

y la curación de las enfermedades.
9. Aumentar la construcción de viviendas económicas para familias

628

bajo nivel de ingreso, con el fin de disminuir el déficit habitacional • reem-

plazar con viviendas de igual clase las inadecuadas o deficientes y d~tar de
los servicios públicos necesarios a los centros poblados urbanos y rurales.
10. Mantener niveles de precios estables, evitando la inflación o la deflaci6n y las consiguientes privaciones sociales y mala distribución de los recursos, teniendo siempre en cuenta la necesidad de mantener un ritmo adecuado
de crecimiento económico.
1~. ~ortal~ce~ los acuerdos. de integración económica, con el fin de llegar,
en ultuno termmo, a cumplir con la aspiración de crear un mercado co-

mún latin,o:mieric~o que ~plíe y diversifique el comercio entre los países

de la Amenca Latma y contribuya de esta manera al crecimiento económico
de la región.

12. Desarrollar programas cooperativos, con el fin de evitar los efectos
perjudiciales de las fluctuaciones excesivas de los ingresos en divisas procedentes ~e ~rtaciones primarias, de vital importancia para el desarrollo
econ6IDico social y adoptar las medidas que sean necesarias para facilitar
el acceso de las exportaciones latinoamericanas a los mercados internacionales".5
Si se observa la transcripción que antecede, es posible establecer los diversos aspectos que la Alianza para el Progreso presenta, así como su revolucionaria si~ificación, eminentemente constructiva, para los países americanos.
.En pnm.er término, es evidente la naturaleza fundamentalmente económica Y social de esta institución, así como su contenido jurídico que resulta de la
·
·ón d e elementos a la manera prevista en las agrupaciones
'
, con1ug~c1
de caracter regional anteriormente citadas.
~ otro aspecto, la Alianza para el Progreso, es reveladora de las circunstan~as que_ prevalecen en los países americanos, misma que acusan una ostensible desigualdad en sus niveles económicos. Frente a países tan altamente
desarrollados como los Estados Unidos de Norteamérica, por ejemplo hay
otros
que
t
d amente, en su mayona,
, no presentan tales caracterís'
.
. , desaforuna
ticas, smo por el cont rano,
· .:uenen graves problemas cuya causa es la pobreza.
es el caso señalar las causas que han producido esas desigualdades econ6nucas
··da d a barca todos los órdenes tanto históricos como so.
,· su comp1eJi
ciales, políticos y culturales. Quizá también se debe al proceso ev~lutivo que
no tuvo tan. buenos signos
.
,
ha
como en otros paises,
pero que en cualquier forma
. producido una situación de atraso incuestionable y de quebranto econónuco. Sobre este último punto, el caso de América ofrece la oportunidad de

N?

1

de

Text0 ongma
· · 1• Unión Panamericana.

629

�considerar a la Economía, no ya simplemente como una ciencia cuanti

y mecanicista, ale jada del factor primordial del hombre, sino como una
cia que debe dirigirse a lo cualitativo, que tan íntimamente está relacionad(
con él, como el caso que nos ocupa.
En términos generales, es posible situar la Alianza para el Progreso COIDlt
el resultado de múltiples factores, que en el decurso histórico de los pueb!!J
americanos constituye hoy un esfuerzo de gran magnitud para ir en a ~
-ayudándose- de aquellos cuya situación económica se encuentra precilamente dentro de la consideración que los economistas llaman de subdesarrollo,
o sea que el ingreso por cabeza es insuficiente, o bien que su economía •

está lo suficientemente integrada. En este aspecto, hemos tenido oportunidad de ver cuáles han sido las medidas adoptadas para aliviar y superar talet
desniveles, como así lo consignan los capítulos relativos del propio documelllli
en cuestión, con nuevos elementos y nuevas directrices. Es la fijación de lat
aspiraciones y las grandes metas que se han trazado, como un resultado •
la gestación que lentamente se ha venido realizando en las instituciones Cj1II
sirven de necesario antecedente a la Alianza para el Progreso, y es tambilll,
un claro ejemplo de consolidación y de integración entre diversos pueblot
que por circunstancias afines han establecido, no solamente una alianza pani
su seguridad, con indudables signos de amenaza del exterior, sino que, olvidando cualquier resentimiento o incomprensión del pasado, forma una agrupación de esfuerzos para remediar las circunstancias económicas negativas

en la mayoría de ellos en lo interior, y en lo exterior, produce el fortalecimiento de los lazos naturales de fraternidad y de estrechamiento que enlll
ellos debe prevalecer, como una ejemplar actitud para el resto del mlllll\o
actual.
La existencia de la Organización de los Estados Americanos, como O!p
nizaci6n creada por las 21 repúblicas americanas para lograr un orden di,
paz y de justicia, fomentar su solidaridad, robustecer su colaboración y defender su soberanía, su integridad territorial y su independencia, confirma
nuestro aserto anterior. La OEA tuvo su origen en la Primera Conferencia
Internacional Americana que se reunió en Washington en 1890. Fue entonces cuando se creó la Oficina Comercial de las Repúblicas AmericaDII,
conocida más tarde como la Unión Panamericana. En realidad los principios
fundamentales de colaboración mutua y asistencia recíproca que siiven de
base al sistema regional interamericano existían mucho antes del establecimiento formal del sistema, y recibieron su primera expresión en el Congt'1"$

de Panamá, convocado por el Libertador Simón Bolívar en 1826. En los aíiol
subsiguientes a 1890 se celebraron varias conferencias generales y especializadas y se establecieron nuevos organismos. En 1948, durante la Novena Con630

ferencia Internacional Americana, se firmó la Carta de la Organización de
los Estados Americanos. Este tratado por primera vez dio nombre oficial así
como la forma jurídica y unidad estructural a los numerosos organismos
desarrollados durante los 60 años anteriores, y a los que comúnmente se les
daba el nombre general de sistema interamericano.
Mas si en el aspecto económico la Alianza para el Progreso es una revolucionaria actitud, por su comprensión y ayuda para los múltiples problemas
que de esa índole padecen los países americanos, en el plano del Derecho
Internacional Americano, es una sigriificativa manifestación de que, gracias
a éste, se ha logrado iniciar una nueva etapa, ya que la institución no lesiona
ni la soberanía ni la autodeterminación de ningún país americano y ha sido

heclia de acuerdo con ese derecho, mismo que tiene como fuentes a los principios y normas que se han derivado del curso de las relaciones entre los diversos
Estados de América; de las doctrinas y del pensamiento de valiosos estadistas
que se han venido plasmando y objetivando en la sucesión de las diversas reuniones, conferencias y juntas, así como de los tratados y negociaciones en general, que han venido rigiendo esas relaciones. Sin embargo, para entender
con mayor claridad que no existe violación alguna por lo que respecta tanto
al régimen interno o sea la soberanía, como las relaciones internacionales
americanas relativas a la no intervención o a la misma autodeterminación
del Derecho Internacional Americano, estimamos que es necesario un enfoque

previo de los antecedentes históricos básicos que han prevalecido con objeto
de apreciar así en mejor forma la operabilidad y actualización del ejercicio

de tales principios y normas, así como el de la mecánica jurídica internacional que permite, sin lesionar las instituciones antes dichas, el funcionamiento

de la Alianza para el Progreso.
Ya México, cinco años después de la celebración del Congreso de Panamá
que fuera convocado por Simón Bolívar, hacía escuchar su voz para la invi-

tación de la reunión que posteriormente tendría lugar en Tacubaya como su
sede. De acuerdo con lo programado en tal reunión, entre los puntos del temario, se incluyó: " .. .la formulación de un Código de Derecho Público
para determinar las obligaciones internacionales", de acuerdo con las exigencias circunstanciales de aquel momento histórico.

En esta panorámica retrospectiva enfocada al nacimiento de los países
americanos habría de observarse la formación natural de dos porciones: una
de origen hispánico y la otra de origen anglosajón, origen que tuvo su desarrollo en la etapa colonial, hasta llegar al momento mismo de la independencia
de cada uno de ellos. Tal separación, afortunadamente, en la actualidad,
ha sido superada, pues cualquier división que se invocara esgrimiendo a la

propia historia, o a la cultura o a cualquier otro motivo, resultaría ineficaz o
631

�extemporánea ante la comprensión mejor que ha liquidado tales motivacio.
nes definitivamente y la geografía se ha tomado más y más americana, en lit
búsqueda de sus propias esencias. Sin embargo, dentro de esa misma perspeo..
tiva hubo manifestaciones que aludían lógicamente a esa división, como atl
es posible encontrarlo, entre otros acontecimientos históricos, en el Congrese
de Panamá, que constituía un preciado anhelo para Simón Bolívar, a la saá
Presidente del Perú en aquel entonces ( 1824), y en el que se invitaba en
carta-circular, fechada el 7 de diciembre del propio año, a "las Repúblicas
Americanas, anteriormente Colonias Españolas", si bien, posteriormente, ae
haría la propia invitación a los Estados Unidos de Norteamérica y aun a Inglaterra. También se habló de "la doctrina de las dos esferas". De acuerdo
con el autor Ceballos, los dirigentes americanos de la independencia hispánica actuaron con un sentimiento común de hermandad continental, "reconociendo la necesidad de organizar la fuerza suficiente para inspirar respeto y
resistir cualquier intento, por lo que se refiere a Europa para restaurar el
antiguo régimen".6
El objeto de la Conferencia de Panamá, se declaró sería: "el establecimiento
de ciertos principios adecuados a asegurar la preservación de la paz entre las
naciones de América, así como la concurrencia de todas esas naciones para
defender su causa común, contribuyendo cada una para ello en la medida
de su población". 7
Sin embargo, corresponde al Congreso de Panamá la iniciación formal de
la vida jurídica interamericana, y lógicamente del Derecho Internacional Americano, si se considera que entre los puntos que serían estudiados en dicha
reunión, se incluían: a) un Tratado de Unión Perpetua, Liga y Confederación; b) una convención para preparar las futuras reuniones del Congreso,
y c) dos convenciones concernientes a los contingentes de las fuerzas armadas,
así como los subsidios económicos con que los miembros de los Estados deberían de contribuir para la proyectada confederación".8
Como acontece en el principio de todas las instituciones, las normas que
las rigen no aparecen en la forma acabada de técnica jurídica que es posible
advertir en las vigentes, que han sido producto de una evolución y perfec•
cionamiento, sin que por ello se pueda concebirlas como perfectas, pero
en los puntos básicos anteriormente enunciados se destacan en el Tratado de
Unión perpetua, Liga y Confederación, las bases mismas de la confede~
y el reconocimiento de otras instituciones jurídicas de no menor importancia:
"El objeto de este Tratado sería sostener en defensa común, o de ofensa, 51

' J.

LLOYD MECHAN.

!bid., pág. 22.

632

J.

LLOYD MECHAN.

]bid., XI, 58.
La Idea de América, pág. 103.
LLOYD MECHAN. !bid., pág. 39.

' VICENTE LECONA.
11

' !bid., pág. 10.
1

fuere necesario, la soberanía y la independencia de todas y cada una de las
patencias confederadas de América contra toda dominación extranjera, así
como asegurar en el presente y para siempre, las bendiciones de una paz inalterable, y promover la mejor armonía y la más grande comprensión entre
los pueblos, los ciudadanos y los súbditos respectivos, así como con las otras
potencias, con quienes deberán mantener o entrar en amistosas relaciones".9
Y es también en este momento histórico en que habrían de nacer las doctrinas con la aparición del Bolivarismo y del Monroísmo. "Es con ocasión
del Congreso de Panamá -nos dice Antonio Gómez Robledo- cuando la
doctrina Monroe -que acababa, como quien dice, de ser promulgadairrumpe en la vida de relación interamericana y respalda, expresa o tácitamente, la actitud del gobierno de los Estados Unidos y las instrucciones del
Secretario Clay a los delegados norteamericanos a la asamblea. Es entonces
cuando se afrontan por primera vez bolivarismo y monroísmo, y se inicia el
diálogo patético, que habría de durar por tantos años, entre el norte y el sur".1 º
El problema de aquel tiempo, tenía muy diversas circunstancias a las prevalecientes en nuestros días, en lo que se refiere a una concepción política
clara y definida sobre la determinación política de esos dos estadios, la
América española y la anglosajona, de ahí también la erección de dos doctrinas, el hispanoamericanismo y panamericanismo, que en sus principios, como era lo natural, trataran de expresar sus propios conceptos y anhelos, porque los problemas que afrontaban eran de naturaleza diversa, si consideramos
su reciente liberación y los que se derivaban de su propia constitución. El
reconocimiento de los llamados "intereses comunes", facilitó el acercamiento
y la realización de medidas prácticas, que ya en 1889, iniciase el movimiento
de un panamericanismo, alejado de suspicacias, y referido a los planos de
un sentido cooperativo en lo económico, en lo social y aun en lo cultural.
El panamericanismo, no fue de la aceptación general, porque se creyó que
lejos de constituir una doctrina que expresara el verdadero sentir de los países
de América, no era en realidad sino una política con fines distintos y contrarios a la constitución del ser de ellos. El mismo Simón Bolívar guardaba sus
recelos sobre esta bifurcación ideológica y política, cuando tomando en cuenta
la insalubridad del Istmo de Panamá, se propuso por la Asamblea del Congreso de este nombre, que prosiguiera sus actividades en Tacubaya, oponiéndose a todas luces a ello, cuando dijo: "El trasferir la asamblea a México
conducirá a ponerla bajo la influencia inmediata de esa potencia, ya de por
SÍ preponderante, y también bajo la de los Estados Unidos del Norte".11

ANTONIO GÓMEZ ROBLEDO,

]bid., pág. 33.

u Citado por

J.

633

�Mas si en el caso Bolívar temía que naufragase la nave que él había ·
pulsado, no dejaba de creer que "la unión es lo que nos falta para compl
la obra de nuestra regeneración", y vuelve sus ojos a México, ''con todo, a
la hipótesis -prosigue Antonio Gómez Robledo- ya descartada, del Estadt
Continental, Bolívar apunta que su metrópoli tendría que ser México, " ~
es la única que puede serlo". Destacar esto puede hoy parecer una super,
fluidad, pero un mexicano recogerá siempre con devoción, esas. palabras •

que el libertador dio testimonio, como en muchas otras ocasiones, de la
estimación y cariño que tuvo siempre por México, "la opulenta México",

primer país que conoció fuera del suyo al iniciar los viajes de su adoleicencia" .u
En esta breve reseña histórica de la aparición doctrinal, de no menos im-

portancia resulta la aportación del pensamiento boli~ariano al señalar ~'"; la
forma política más adecuada para los paises americano~ era la r~públiClj
cuando dijo: " .. .por estas razones pienso que los amencanos, ansiosos de
Paz ' ciencias' artes' comercio y agricultura, preferirán las .repúblicas a lor
.
reinoJ''. Por lo que respecta al Derecho Internacional Amencano que se maciaba, también de gran importancia resultan los tratados bilaterales celebradol
por el propio Bolívar con otros países.
"Mediando el año de 1822, y con mayor sentido práctico del que muchol
le suponen a este pretendido soñador, comprendió Bolívar que la mejor manera de preparar el pacto general era mediante la concertación de tratacb
bilaterales tendientes al mismo objeto. Y como para la fecha indicada •
había consolidado la independencia de todos nuestros paises, con excepci6á
del Perú, no creyó Bolívar deber aguardar más, sino que, apenas nombradt
presidente de Colombia, proveyó el envío de dos agentes: uno_ al s_ur, M01quera, y otro al norte, Santa Maria, con el encargo de negociar c1ertoS 11'tículos preliminares y prep~ratorios del congreso general.
"Las instrucciones que de acuerdo con el plan de Bolívar dio a ambal
plenipotenciarios el gobierno de Colombia (la Gran Colombia) constituyell
un documento notable, donde con toda claridad se precisa que la meta f~
no era una política de Alianza en el sentido tradicional de la expresilm,
sino algo original e inédito, algo que el mundo no había conocido hasta entoll-

.

ces.

11

Nada interesa tanto en estos momentos --dicen las instrucciones-

mo la formación de una liga verdaderamente americana. Pero
deración no debe formarse simplemente sobre los principios de
ordinaria para ofensa o defensa ; debe ser mucho más estrecha
se ha formado últimamente en Europa contra la libertad de los
11

634

ANTONIO GÓMEZ ROBLEDO,

co-

esta c ~
una aliallll
que la ~
pueblos.

Idea y Experiencia de América, pág. 45.

necesario que la nuestra sea una sociedad de naciones hermanas, separadas
por ahora y en ejercicio de su soberanía por el curso de los acontecimientos
humanos, pero unidas, fuertes y poderosas para sostenerse contra las agresiones del poder extranjero. Es necesario que usted encarezca incesantemente
la necesidad que hay de poner desde ahora los cimientos de un cuerpo anfictiónico o asamblea de plenipotenciarios que dé impulso a los intereses comunes de los Estados Americanos, que dirima las discordias que puedan suscitarse en lo venidero entre los pueblos que tienen unas mismas costumbres
y unas mismas aptitudes, y que por falta de institución tan santa pueden
quizá encender las guerras funestas que han asolado otras regiones menos
afortunadas. El gobierno y el pueblo de Colombia están muy dispuestos a
cooperar a un fin tan laudable, y desde luego se prestará a enviar uno, dos
o más plenipotenciarios al lugar que se designase, siempre que los demás Estados de América se prestasen a ello. Entonces, podriamos, de común acuerdo,
demarcar las atribuciones de esta asamblea verdaderamente augusta".

"De los dos plenipotenciarios enviados por Bolívar, don Joaquín Mosquera
pudo firmar, en nombre de la Gran Colombia, un tratado bilateral con el
Perú, representado por don Bernardo Monteagudo. Don Miguel Santa María
por su parte, enviado a México con idéntico propósito vio asimismo coro-

nados sus esfuerzos al suscribir con don Lucas Alamán, Secretario de Relaciones Exteriores, el tratado de unión, liga y confederación perpetua entre
México y Colombia.
"El Tratado Mosquera-Monteagudo y el Tratado Atamán-Santa María tanto en lo que concuerdan como en lo que difieren, tienen extraordinaria importancia en la historia del derecho internacional americano". 18

Ya en nuestro tiempo, y de acuerdo con las circunstancias privativas de la
América, el pensamiento de Bolívar recobra nueva idea: Su ideal con el que
algún día soñara, de acuerdo con las circunstancias, toma perfiles no sólo en
la unidad de América, ya de por sí de incalculable importancia, sino que,
con la alianza para el Progreso se abre una nueva época con mejores oportunidades en todos los aspectos de la vida para los pueblos de este Hemisferio,
movimiento que a partir de aquel memorable Congreso de Panamá, con el
paso de los años hemos podido llegar a contemplar la posibilidad y realidad
de la institución que estudiamos. Por último en lo referente a Bolívar, es
ÍUJto reconocerle el alto mérito que tiene, no solamente como creador de la
sociedad de naciones americanas, sino que -como acertadamente ha escrito
Antonio Gómez Robledo- a su título de padre y creador de esa sociedad
u

ANTONIO GÓMEZ

RoeLEOO, Idea y Experiencia de América, págs. 51 y 52.

635

�"debe añadirse el otro no menos justo de precursor de la sociedad de Naciones Universal".H
Mas no viene al propósito de nuestro estudio el hacer la relación de la influencia de las doctrinas que en el curso de la historia han influenciado a las
instituciones, como en el caso del panamericanismo, o la de la Política del
Buen Vecino, esta última con vigencia prácticamente de los años de 1929 a
1939, mismas que han dejado su huella en las diversas conferencias que periódicamente se han venido sucediendo, sin mencionar, claro está, los efectoe
y consecuencias de la Segunda Guerra Mundial y de sus efectos, o sea b
problemas derivados de la post-guerra que habrían de sentirse en América.
Por lo que respecta a determinados principios que han sido consagradoa
celosamente por la tradición americana, sí es conveniente analizar aunque
sea en forma breve, su trayectoria, como sucede en el caso de la soberanía,
de la no intervención y de la autodeterminación, para no mencionar sino 1ol
más importantes y que han recibido una mayor consagración en los diveI'IOI
eventos internacionales americanos, principios que en la actualidad, con motivo de la aparición de la Alianza para el Progreso, son invocados, siendo de
observarse que esta institución y su operabilidad, no los afecta en lo más
mínimo, ya que se ha considerado la obligación que tienen todos los Estadol
miembros de la organización regional de someterse a la disciplina del sistema
interamericano voluntaria y libremente convenida.
Por lo que respecta a la primera, o sea la soberanía, ya Bodino ha exp~
sado certeramente su contenido (summa potestas), así como Vate!, qwen
agregó las notas de "gobierno propio" e "independencia",. eleme~t~~ que ~
han mantenido hasta nuestros días, por encima de cualqwer pos1c1on teonzante, ya que su claridad permite tener un concepto de la sobe~í~ ~srna.
Esta, ha sido entendida ampliamente en el curso histórico de las mstituci~
americanas como así lo demuestra su acogimiento en las diversas constltu•
ciones que riaen la vida política y jurídica de nuestros países con indudables
antecedentes de las ideas enciclopedistas y liberales, que tan apasionadamente
pregonaban las ideas de libertad y democracia, así como los derechos de los
individuos, como de los pueblos, con las naturales discrepancias que ~ producen entre la teoría como tal y su aplicación en el terreno de las realidades
sociales.
En lo que se refiere al principio de la autodeterminación, con ant~eDtes más cercanos a nuestros días, sería injusto no reconocerle una evi~~te
influencia americana, por lo que se refiere a su concepción teórica Y política,
así como jurídica, la que ha tenido aplicación definitiva en el terreno del
14

636

ANTONIO GÓMEZ ROBLEDO.

Ibid., pág. 52.

derecho internacional americano. En realidad, esta institución se identifica
con el problema del colonialismo. Alguien ha afirmado, que este principio
se deriva de un conjunto familiar de doctrinas, las que, aunque aparentemente simples, encierran, no obstante, multitud de complicaciones. El punto
de partida podría considerarse en aquella proposición del siglo XVIII, en
el sentido de que los gobiernos deben descansar en el consentimiento de los
gobernados. Las dificultades de la autodeterminación llegaron a ser más serias cuando la doctrina fue llevada del campo de la abstracción a la realidad
y cuando un esfuerzo es hecho, como en el caso de las Naciones Unidas, en
las convenciones de los Derechos Humanos para trasladarlo de los preceptos
éticos y políticos en normas legales. De acuerdo con la opinión que priva en
el mundo, nadie en principio opone lo que ha llegado a ser el más evidente
por sí mismo, derecho de los pueblos de disponer de sus propios destinos,
pero "también lo es -desafortunadamente- imposible formular este derecho en términos tales como para hacerlo completamente comprensible de
aplicación en la realidad".
La autodeterminación, tuvo como es natural, tropiezos en el seno de las
propias Naciones Unidas, ya que pese a lo que pudiera pensarse, no se le
otorgó la debida atención a este tan importante punto. La primera versión
de la Carta de esta institución no lo mencionaba, sino hasta la que se elaboro en San Francisco, en la que pasó como "respeto para el principio de
iguales derechos y autodeterminación de los pueblos (Arts. 1 y 55, ambos
conteniendo el principio). En 1952, la Asamblea General de las Naciones
Unidas decidió incluir en la Convención de los Derechos Humanos un artículo que debería leerse así: "Todos los Pueblos deberán tener el derecho
de autodeterminación". Un poco más tarde, en el mismo año, la Comisión de
los Derechos Humanos, elaboró el artículo propuesto, de la siguiente manera: "Todos los pueblos y todas las naciones deberán tener el derecho de
autodeterminación, básicamente, el derecho espontáneo para determinar su
status político, económico, social y cultural", o bien en la acepción que encierra la libre decisión de los pobladores de una unidad territorial acerca de
su futuro estatuto político.
Ya en Punta del Este, los principios de autodeterminación y soberanía de
los países americanos que define en sus artículos 15 y 17, la Carta de Bogotá
ley suprema de la fraternidad americana, están supeditados a· 1a estricta condición de respeto para los tratados y provisiones de la propia Carta, al tenor
del artículo 19 de la misma. Aparte de los convenios y acuerdos continentales para la defensa de nuestra América contra toda intervención espuria,
tales como el Tratado de Río, muchas veces invocado, la Conferencia de

637

�Chapultepec, la Carta de Bogotá, el Acuerdo de Caracas, y otras P ~
del anhelo de preservación y defensa.
.,
•
Por su parte, la Comisión Interamericana de Paz, de la Uruon PanaIDeD!,
· cana ha establecido acerca de la autodeterminación que es el derecho clc
todo' Estado Americano a "desenvolver libre y espontáneamente su vida ~
tura[, política y económica". (Informe de la Comisión Interameric~a de Pal.,
a la VIII Reunión de Consulta de Ministros de Relaciones Extenores).
En relación con la Alianza para el Progreso, es posible co;11siderar qur
esta institución, que de hecho se proyecta hacia la configuración .de nací~
americanas con el propósito -ha dicho un escritor- de producir una soh,,
ción democrática, de nuevo cuño, de los problemas económico-sociales ~
todo el Hemisferio Occidental, tiene tres fuentes inmediatas: a) Acta ~
Bogotá, b) Operación Panamericana, y c) Circunstancias dete~~~ ·"'
carácter político, económico y social, actualizadoras de una trad1c1on J ~
~bservada en los antecedentes jurídicos internacionales americanos, a la ~
nera en que el Presidente de los Estados Unidos de Norteamérica, John P.,
Kennedy, también lo observara en su visita a México, en lo que se refiere &amp;
que "las normas sustanciales de nuestra Revolución, plas~adas en la Comtitución General de la República, son similares a las que onentan el programa
de la Alianza para el Progreso", es decir, están fundadas "en la jus~ci~ ~
y en el progreso económico, dentro de un marco d~ libertad ~to md1V1dual
como política según así lo manifestó al mandatano norteamencano nueslll&gt;
Presidente, li~enciado Adolfo López Mateos, en el curso de las pláticas 11'■.
ambos sostuvieron. (Informe de la Comisión Permanente del Congreso de la
Unión. México, julio de 1962).
a) Por Acta de Bogotá se conoce el instrumento cuyo nombre_ se le 111
dado a la Resolución suscrita en Bogotá, Colombia, el 12 de septiembre clt
1960, por los miembros del Comité Especial para el Est~~o de .1~ Nuevll
Medidas de Cooperación Económica, si bien, en esta reumon part1c1paron 'W
realidad 20 repúblicas americanas.
El propósito básico del acta, que se encuen~a. contenid? en su P~~
reconoce que si se ha de preservar en las repubhcas amencanas las ~
ciones libres y democráticas, es de urgencia que se acelere el progreso so&amp;!'
y económico para cumplir las legítimas aspiraciones de los pueblos a una ~
mejor, y para .proporcionarles a éstos toda oportunidad de mejorar SI •
tuación. En el propio prefacio se reconoce también el hecho de que las rep6blicas americanas se hallan tan vinculadas entre sí, que el progreso de ~
una es importante al conjunto de ellas; que puesto que los planes para.
desarrollo económico podrán tardarse en manifestarse en el bienes~r. ~
deben adoptarse oportunamente las medidas para atender a esto úJtunO, 1
638

que los países interesados deben hacer sus máximos esfuerzos para a}udarse
a sí mismos.
El acta consta de cuatro secciones principales. La primera se refiere a
medidas para el adelanto social, la segunda a la creación de un fondo especial para el desarrollo social, la tercera a medidas para el desarrollo económico, y la cuarta a la cooperación multilateral para el progreso social y
económico.

"Bajo el encabezamiento de desarrollo social, se recomiendan medidas
para el mejoramiento de las condiciones de la vida rural y la tenencia de
tierras, para los servicios de crédito agrícola, para la reforma de los servicios
tributarios y de los sistemas monetarios, con el objeto de establecer la equidad de los gravámenes; para la mejor utilización de la tierra, para la rehabilitación de tierras y obras de colonización; para el incremento de la productividad agrícola, y para la construcción de caminos que conduzcan de
las regiones de producción agrícola a los mercados. Se contempla asimismo
la necesidad de mejorar la vivienda y los servicios comunales, para movilizar
los recursos financieros y para dar mayor impulso a las industrias relacionadas
coo la construcción de viviendas". 16
b) Por lo que respecta a la "Operación Panamericana", el Presidente del

Brasil, Kubischek, propuso un esfuerzo cooperativo para el desarrollo del
Hemisferio. Al llamamiento del mandatario brasileño acudieron todas las
Repúblicas Americanas, para formar lo que se conoció como "Comité de los
Veintiuno", cuyo objeto principal era la planeación del desarrollo del Hemisferio, celebrando para este efecto una serie de reuniones que habrían
de culminar en la histórica Conferencia de Bogotá, en septiembre de 1960
Y en la memorable acta de Bogotá. Finalmente, en la Carta de Punta del
Este se habló del establecimiento de la Alianza para el Progreso. Nuevamente,
también en el Preámbulo relativo se dijo que: "Las Repúblicas Americanas
proclaman su decisión de asociarse en un esfuerzo común para alcanzar un
progreso económico más acelerado y una más amplia justicia social para sus
pueblos, respetando la libertad del hombre y la libertad política". Es importante hacer notar el señalamiento humanista que se establece aquí, cuando
en el antepenúltimo párrafo del mismo se declara: "La certeza del éxito final
descansa no solamente en la fe en sus pueblos, sino también en la convicción
de que el espíritu del hombre libre es invencible patrimonio de la civilización

americana".

e) Con respecto a este último punto, es necesario analizar la situación
11

YBTER

D.

MALLORY,

Proyec,ciones Sociales del Acta de Bogotá, pág. 5.

639

�d ·nante en los diversos países americanos, situacion que está d~termi.
~:~ao;:r factores económicos de inaplaza~le .resolución, que se derivan a
. 1es y políticos· El reconoc1m1ento contemdo en la Declaralos campos socia
Al"
ción a los Pueblos de América, de agosto de 1961, co~ ~espect~ a la JallZ&amp;
a el Progreso fue aún más preciso. "Estructuras e mJustos sistemas de tepar .
1 taci·o'n de la tierra" fueron condenados. "Programas de refornenc1a y exp o
'
, •
d
d
'
· m
· teºorales, de acuerdo con las caractensticas e ca · a ¡pais.
,,
mas agrarias
base
ara asegurar que la tierra constituya para el hombre qu~ la t~abap, a
su estabilidad económica, fundamento de su progresivo _bienestar y ga- •
, de su l'b
tad Y dignidad" , fueron aclamados con entusiasmo.
rantia
I er
••
,
los
T b ., 1 Declaración pide "leyes de tributación que ex1Jan mas a
am ien a
d" 'b ·' d las
que más tienen, con severas penas para las evasiones, ~ re istr: ucion e
entradas nacionales de manera que beneficien a los m~s nec_~s1tados, pr?~
. do al mismo tiempo el ahorro, la inversión y la remvers10n del capital ,
vie;inalmente, la Declaración expresa la convicción de que "estos ~rofundos
cambios económicos, sociales y culturales solamente pueden prod~~irse como
resultado de los esfuerzos de ayuda a sí mismos que haga cada pais •,
Por último, los resultados de la Alianza para el Progreso no ~?dran de~minarse de inmediato, considerando su naturaleza y la elevac1on de muas
que encierra. pero lo cierto es que constituye uno de los ~ás grandes
en la histori,a del mundo moderno en pro de la elevac,1~n de los mve es e
todos los órdenes de la vida para nuestros países de Amenca.

~

t

~sf~e17

UNA REVISIÓN SOBRE LA UNIÓN CENTRO-AMERICANA
DR. RoBERT S. SMITH

Duke University
North Carolina,
Estados Unidos de Norteamérica.

EN LA PARTE CENTRAL AMERICANA, entre el Río Grande y el extremo norte
de la América del Sur, quedan comprendidos siete estados soberanos. Geográficamente, Panamá y una fracción de México pertenecen al Istmo de la
América Central; pero la parte en donde se hizo prevalecer por razones de
criterio histórico y político, consistiría de solamente cinco países: Guatemala,
El Salvador, Honduras, Nicaragua y Costa Rica. El área de esta region es
aproximadamente de 170,000 millas cuadradas y su población, en 1960, excedía de los 10.000,000 de habitantes.
El reino colonial de Guatemala, que declaró su independencia de España
en 1821, comprendía cinco provincias gobernadas por un Capitán General.
A poco de haber obtenido su independencia, Guatemala se unió al Imperio
Mexicano de Iturbide, unión que fue disuelta en favor de una federación
de cinco Estados, de acuerdo con la Constitución de 1824. La tempestuosa
carrera de la Federación tuvo su fin alrededor de 1830, pero la agitación en
pro de la reunificación había creado una obsesión continua en los políticos
centroamericanos por cerca de un siglo. Desde 1951 la Organización de los
Estados Centro-Americanos, había trabajado para fortalecer, tanto los lazos
políticos como culturales, en tanto que el Comité Istmico de Cooperación
Econ6mica, luchaba acerca de lograr la integración económica de las cinco
naciones. Por lo que respecta a la longevidad de los nuevos acuerdos, no sería
posible predecirla. Probablemente otra mitad de siglo pueda desvanecer la
creencia de que la historia de la América Central "revela mucho de la inhabilidad trágica del hombre para convivir con sus vecinos".1
1

Tuo1us L.

KARNES,

Hill, 1961), p. IX.
640

The Failure o/ Union: Cent~al América, 1824-1960 (Chapel

641
H41

�. . , de "Or1!anización
de Estadoa
• 1 de la denommac1on
o
La ODECA (las sig as
d S Salvador Guiada por la Car.
")
· ' de la Carta e an
·
,
Centro-Amencanos ' nac10
.
la que ofrece membrec1a para
ta de la Organización de Estados Amden:anobs, s" en el año de 1951 El Sal.
" . , d alaunos Esta os m1em ro '
.
de
cualqmera umon e º
.
d M. . tros de Relaciones Extenores
,
conferencia e mis
·
vador convoco a una
.
San Salvador, la conferencia de las aneo
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642

cretario Trabanino y del Secretario Adjunto, Alberto Herralta, la Oficina
dividió sus actividades entre los tres departamentos para asuntos jurídicos,
culturales y sociales y económicos. Los logros obtenidos por la ODECA en
ninguna de esas áreas pudo realizar las promisorias esperanzas de sus fundadores, pero no sería propio el señalar a la Organización como ineficaz en
su totalidad. Publicaciones, investigación, y conferencias auspiciadas por la
ODECA, por lo menos han servido para conservar la idea de unión -el
"ideal de Morazán"- ante los pueblos de la América Central.
Una colección de documentos históricos acerca de la federación y una
historia de la primera Corte de Justicia Centro-Americana ( 1907-1918), apareció bajo la égida de las prensas de la ODECA; así como también, algunas
publicaciones periódicas que aisladamente han visto la luz. Los procedimientos de los cinco seminarios en escuelas públicas, dados bajo los auspicios de la
ODECA, fueron publicados como el primer volumen ( y el único), en la
''Colección de Estudios Pedagógicos". La ODECA ha trabajado estrechamente
con el Alto Consejo Universitario de la América Central, el que, desde 1948,
ha servido como el cuerpo ejecutivo de la Confederación de Universidades
Centro-Americanas y en lo que se refiere al sostenimiento de planes para la
"Integración Cultural" de Centro América, la UNESCO asignó un experto
en educación al Consejo Cultural y Educacional de la ODECA.
Un Consejo Económico y Social, compuesto de cinco ministros de negocios
económicos, determina la política para el Departamento de Economía y Asuntos Sociales de la ODECA. La obvia duplicación de esfuerzo -desde que los
Ministros de Asuntos Económicos, también constituyeron el Comité de Cooperación Económica- eventualmente llevó a la terminación de algunos estudios
económicos iniciados por la ODECA.

La Organización, sin embargo, auspicia un seminario de integración económica, la que analiza un volumen sustancial de periódicos de los economistas
de Centro América; ha llamado a una conferencia internacional de inversionistas privados y ha participado en la fundación de una asociación regional
de ganaderos.

Los escépticos bien pueden concluir que el sostener conferencias fue la
Primaria función de la organización. El Congreso Farmacéutico Centro-Americano, el Congreso de la Construcción Centro-Americano, el Primer Congreso
de Historia Centro-Americano, el Seminario de Servicio Civil Istmeño, y la
Reunión de los Bancos Centro-Americanos, comprende solamente una lista
Parcial de las reuniones habidas en San Salvador bajo los auspicios de la
ODECA. En lo que respecta al frente de la paz, la ODECA ha tenido, sin
embargo, un éxito, cuando su "efectiva y espontánea mediación", previno un
conflicto entre Costa Rica y Nicaragua; pero en una disputa de límites, en
643

�1957, tanto Honduras como Nicaragua, rechazaron los buenos oficios de Ji
Organización.
Ha habido muchas explicaciones de las fallas de la ODECA acerca de
dirigirse resueltamente hacia sus objetivos básicos de reunificación, así como
igualmente de sus numerosos propósitos de hacerlo más efectivo. Trabanü»
nunca se ha cansado de representar a la Organización como una evidencia
tangible de la "fe unionista inquebrantable", de la región. Herrarte, no obt,
tante, considera que la tarea de unificar a la América Central -"sería de
gigantescas proporciones, si ésta se dirigiese al desarrollo jurídico, económico
y a la unificación cultural antes que el problema de la unidad política pueda
ser invocado".
Un costarricense ha ridiculizado el que la ODECA se encontraba "en la
marcha": esto fue "solamente un acuerdo entre gobiernos; el pueblo lo ve
con apatía e indiferencia". Salvador Mendieta, el venerable fundador del
Partido Unionista Centro-Americano, deploraba la falta de interés en loa
estudiantes acerca de la federación Centro-Americana: la gente joven -pensó- ha sido inclinada a ver a la ODECA como "algo. . . corrompiendo a la
América Central". José Guerrero, el jurista salvadoreño que ha servido como
el primer Presidente de la Corte de Justicia Internacional, expuso que los
pueblos han "perdido la fe y el entusiasmo en el unionismo 'y han sido' francamente hostiles... para cualquier sacrificio del orgullo nacional". El fracaao
de la ODECA, como advierte Guerrero, podría probar que los Centro-Americanos prefirieron "vivir como naciones pequeñas", para quienes su único
consuelo podría ser la retención de cinco votos en las Naciones Unidas.
Mientras algunos consideraban a la ODECA como un cuerpo impotente,
cuya existencia sólo proporciona canonjías para burócratas favorecidos, las
críticas más cáusticas se refieren a esto como parte de un absurdo. De acuerdo
con un redactor periodístico de Guatemala, la "idiota idea" denominada
ODECA, no fue otra cosa que el producto del cerebro de un embajador de
los Estados Unidos en Guatemala. "Vendió" el esquema a · la Oficina del
Exterior (Foreing Office) en la creencia de que un acuerdo como el contenido en la Carta de San Salvador podría echar por tierra el crecimiento del
comunismo. Pero otro editor llegó a la conclusión opuesta: la ODECA "naci6
en la mente del Canciller guatemalteco. . . mientras que la amenaza comunista se encontraba en la esfera de un tímido principio". Los comunistas encontraron a la Organización como un excelente medio para la difusión de la
propaganda roja a través de Centro-América, en tanto que el Ministro de
Relaciones de El Salvador (Roberto Canessa) negaba tal acontecido.
La creencia de que la ODECA había hecho ciertos adelantos ganó terreno
cuando, en el final de 1959, la Organización estuvo casi a punto de derrum-

barse bajo el peso de los argumentos acerca del sucesor de Trabanino. Costa

Rica acusó a Guatemala de haber roto un acuerdo de caballeros para sostener
Ja candidatura de un costarricense; Guatemala, por su parte, hacía cargos
de que Costa Rica había mal interpretado el acuerdo. El asunto terminó después de diversas maniobras, con la elección de Marco Tulio Zeledón un
.
'
costarncense,
como Secretario General, y un guatemalteco, Guillermo Dávila
Córdoba, como Secretario General Adjunto. Celebrando el Décimo Aniversario de la Carta de El Salvador, Zeledón, proclamó que la ODECA no
, "descansar un mmuto
.
" en su 1uch a por derribar las "absurdas barredbe
e na
ras que continúan dividiendo a nuestras naciones hermanas".
~s unionistas, mientras tanto, se encontraban muy ocupados exigiendo la
rev1S16n de la Carta. Algunos consideraban el veto -el derecho de un Ministro de Relaciones Exteriores a paralizar la acción en lo que respecta a una
cuesti'on "fundamenta!"- como un error. Asemejando la reunión con un
"tratamiento médico preparatorio para la cirugía", Mendieta deseaba primero que se fuese borrando lo de las cinco presidencias; Mauricio Guzmán
propuso "Un Consejo Ejecutivo Federal", en el que la presidencia debía establecerse en fo~a rotativa. En 1960, los miembros de la ODECA presentaron su propio plan de reorganización, pero correspondió al Presidente de
Guatemala, Ydígoras Fuentes, el hacer la más fuerte excitativa para la revitalización de la organización. La ODECA, recalcó, se había movido "fuera
de su centro de gravedad", en lo relativo a trabajar en la reunificación. "Su
estatuto se encuentra completamente divorciado de la deseada unidad econó~ca Y del Mercado Común Centro-Americano, y ve las actividades que han
Sido llevadas a alcanzarlo (por ejemplo, el trabajo del Comité de Colaboración Económica) , como un distante y desinteresado observador". Sub~entemente, la Secretaría de Relaciones Exteriores de Guatemala, convenClda de la "urgente necesidad de una integración Centro-Americana en cuestiones políticas, económicas, sociales, culturales y de defensa" ha circulado
el bosquejo de una nueva carta. Si ésta es adoptada, la Améri~a Central llegaría a ser una vez más una República Federal. Una Asamblea de cinco rePres_e?~:es de cada ~stado podría integrar una legislación federal sujeta a
rectif1cac10n por las legislaturas estatales. Un Consejo de cinco ministros constituiría el Ejecutivo Federal, y la nueva rama judicial sería una renovada
Corte de Justicia Centroamericana.

La respuesta para el plan guatemalteco sobre la transformación de la
?DECA en una "reestructurada" república federal no fue muy entusiasta:
Simplemente no fue unánime la creencia de los gobiernos centroamericanos

de q~e la _reunificación era "urgente". Con cuestiones de límites sin arreglo,

con mcertidumbre política, con la inquietud social provocada por la revo644

645

�luci6n cubana y con la sospecha de que cualquier uni6n formase un Estado,
probablemente el más grande en poblaci6n, el que podría dominar a loa
otros, reaviv6 las viejas y ya centenarias fuerzas del separatismo. Aunque el
Presidente Ydígoras reitero su demanda para la remoción de las "absurdas
barreras", que mantenían a las cinco naciones apartadas, los nacionalistas,
especialmente en Costa Rica, se mofaban con la idea de que una general e
inmediata baja de las barreras pudiera barruntar progreso. En caso de ser
admitido esto hubieron de advertirse algunas ventajas en la remoci6n de las
barreras económicas; sin embargo, desde 1952 el Comité de Cooperación
Económica, evitando en todo lo posible cualquier complicaci6n de carácter
Político, ha estado luchando con los problemas de la unión económica. Sumergir a este Comité en el propuesto Consejo Ejecutivo Federal, podría arriesgar el Tratado de Integraci6n Económica y otros acuerdos que llegaron a
hacerse efectivos en la etapa de 1959-62.

II
El Comité de Cooperación Económica de los Ministros de Asuntos Económicos del Istmo Centro-Americano -el nombre con el que fue así bautiza..
do-2 se formó en una conferencia que tuvo lugar en Tegucigalpa, Honduras,
en 1952. La idea de cooperación económica, condición previa, como un substituto µara una uni6n política, la que puede referirse al siglo XIX en que
tuvieron lugar los acuerdos entre los Estados Centro-Americanos, ganó terreno
después de la II Guerra Mundial. En 1945 un escritor guatemalteco declaró
que la unidad centroamericana era "una empresa fundamentalmente econ6mica" y menospreció otros proyectos para una reunión de "romantici!lno
patri6tico". Otro escritor denomin6 a la cooperaci6n económica como el
"más importante vínculo... por alcanzar de la unión de Centro-América"¡
y la Cámara de Comercio de Managua, aplaudiendo la formación del C.0mité de Cooperación Económica, exclamó: "Estamos ya en el camino de
la realización de la unidad política de la América Central. el sueño de nuettros antepasados, por la vía de la unión económica".
En 1950, la Comisión Económica para la América Latina (ECLA), suo-ería
que las naciones miembros "consideraran la posibilidad de demandar una
o
•
expansión a través del comercio recíproco, con objeto de obtener una meJOf
integración de sus economías, así como más elevados niveles de productividad
2 En 1953 "Ministros de Asuntos Económicos" se quitó, reteniéndose tan sólo la referencia a la zona del Istmo con la esperanza de asegurar la cooperación de Panam6-

646

y de ingreso real". Cuando los delegados Centroamericanos concurrieron a la
sesión correspündiente a 1951, de la ECLA, reportaron el que sus gobiernos

deseaban el "promover la integración de sus economías", ésta recomendó la
formación del Comité de Cooperación Econ6mica como un "organismo permanente de la Comisión Económica para América Latina".
El rápido crecimiento de la población, así como la baja productividad del
trabajo, fueron las causas principales que retardaron el crecimiento de la
América Central, si atendemos a los reportes presentados por la ECLA en
la reunión de la Organización del Comité de Cooperación Económica.
Aunque la Comisión señaló muchas áreas en las que la cooperaci6n debió
estimular el crecimiento, esto no puede considerarse como una unión económica inmediata y tangible, "aunque hist6ricamente ( todos los países) aspiran
a tal medida". Debió ser más realista, concluyó la ECLA, el pugnar por "una
integración limitada que fuese aliada de una política de reciprocidad comercial e industrial".
La ECLA, actuando como el Secretariado del Comité, preparó la agenda
para la reunión de cada comité; personal proveniente de otras agencias de
las Naciones Unidas fue llamado para hacer estudios de carácter técnico y
económico solicitados por el Comité. Para "coordinar la asistencia de actividades técnicas... especialmente aquellas relativas a la integraci6n económica",
la Administración de Asistencia Técnica de las Naciones Unidas designó un
representante residente para la región Centroamericana. En lo relativo a la
pasada década, los problemas considerados por el Comité han recorrido toda
la gama del desarrollo económico del Istmo, desde el tráfico aéreo hasta
los recursos subterráneos del agua. Mientras muchas de las cientos de resol~ciones aprobadas por el Comité fallaron en el sentido de conseguir la acción necesaria del gobierno, algunos de los trabajos del Comité anticiparon frutos en los tratados y en otros acuerdos internacionales vigentes en
la actualidad.
La historia del Comité de Cooperación Económica justificó la afirmación
de Balassa, en el sentido de que "la integración económica... puede tomar
algunas formas que representan grados variantes de integración".8 Para algunos ~e sus proyectos iniciales, el Comité encontró un modelo muy útil en
e~ Instituto de Nutrición de Centro-América y Panamá (INCAP) , establecido en 1948 con la ayuda de Centro-América, de las Naciones Unidas y
de los Estados Unidos de Norteamérica.' Gracias a la iniciativa del Comité
'BELA BALASSA, La Teoría de la Integración Económica (Homewood, Illinois, 1961,
p. 2.
. • A través de la invcstigaci6n y educación, la INCAP ha trabajado en forma efectiva para combatir el mal endémico de la viruela, una enfermedad bastante extendida

647

�de Cooperación Económica, Centro-América cuenta ahora con dos ~
ciones, las que, como el INCAP, coordinan los recursos de los países miembn!J
para atacar los problemas fundamentales del desarrollo económico. La fur¡..
dación de la Escuela Superior de Administración Pública de Centro-Amériea,
en 1954, puede considerarse como el primer fruto tangible de la deliberación
del Comité. Ubicada en Costa Rica, la escuela prepara a un personal selecto
proporcionado por las agencias de Gobierno en cinco países. Es parcialmente
financiada por la administración de Asistencia Técnica, y disfruta, de acuerdo
con un tratado, del estatuto correspondiente a una organización de las Na,.
ciones Unidas. En 1956 el Instituto de Tecnología y de Investigación Induttrial Centro-Américano, otra creación del Comité, fue inaugurado en la Ciudad de Guatemala. El Instituto está dedicado a investigación científica y
económica, a solicitud de los gobiernos miembros. Igualmente, hace estudios
de contabilidad privada, particularmente en áreas relacionadas a la integra.
ción regional. Como Ia Escuela Superior, el Instituto obtiene de las agencia,
de las Naciones Unidas, tanto el personal como la ayuda financiera.
En otros campos delimitados, el Comité ha obtenido acuerdos cooperatiwr
que han sido aceptados por la mayoría de los gobiernos. Cinco países han adoptado un sistema de clasificación uniforme para estadísticas de comercio esterior, semejante a la Clasificación Estandard de Comercio Internacional. Un
convenio recíproco sobre vehlculos de motor, que fue ratificado por Guate.
mala, El Salvador y Honduras, ha facilitado las condiciones bajo las cuales,
tanto los automóviles como los camiones registrados en un país, pueden en,.
trar y permanecer en otro. Guatemala, El Salvador y Nicaragua han ratificado en 1959, dos convenios cuyo contenido se refiere a señales unifollll5
para carreteras, así como señales de tráfico, asentándose también las condiciones mínimas de seguridad para la operación de vehículos de motor. &amp;icontrándose aún en proceso de negociación, hay también pactos internacionales referidos a la uniformidad sobre metereología, derecho marítimo, administración de puertos y personal correspondiente, así com~ transporte aéreo.
Pudiera parecer, sin embargo, que estas manifestaciones llegarían a faci)i..
tar la unión económica, por su impresionante, pero no concluyente, evidencia
de la forma de manejar el camino de las Naciones Centro-Americanas pata
en la región debido a la escasez de iodina tanto en la tierra como en el agua. ~elO
el más espectacular triunfo de la INCAP, fue el 11 descubrimiento" de la incapand,
una vitamina de gran valor alimenticio, proteínico, de bajo costo, ideal como ~
plemento en la dieta de los niños y de los adultos desnutridos. Llamar a esto un ~
puede, de seguro, ser objetado por aquellos que piensan que la escasa fertilidad ~
mente otorga el premio de un alimento barato. La precipitada caída en la mortalidad
corno resultado de la efectividad sin paralelo del control de la muerte, incuestionablemente hace la tarea de elevar los estándares de vida una fuente de continua frustraci6n.

648

integrar sus economías. Sin duda, las ventajas que puedan derivarse de la
cooperación en el nivel representado por el Instituto Tecnológico y por las
leyes uniformes de transportes, son, obviamente, inalcanzables para países que

no están preparados para una integración claramente desarrollada. Las Naciones propuestas para una unión económica, según observa Meade, "desean
elevar su eficiencia económica, así como su estandard de vida, creando una

amplia área de libre comercio y también, quizás, creando una más amplia
dentro de la cual los factores de la producción puedan moverse libremente
hacia los empleos más productivos". 5 Hacia la consecución de estas metas la
América Central, o por lo menos lo más de ella, ha obtenido un progreso
modesto.
El libre comercio recíproco de los productos enumerados es de espacioso

contenido en los tratados bilaterales Centroamericanos. Extender este principio multilateralmente, para ampliar la tabla libre y para aplicar tarifas
uniformes en el comercio extra-regional, ha sido el propósito que se ha fijado
el Comité de Cooperación Económica. Dos convenios firmados en 1958-1959,
expresan lo relativo a estos propósitos. El Tratado Multilateral de Libre Comercio y de Integración Económica delimita la lista de productos libres, representando cerca del 40% el comercio redproco Centroamericano. Todos
los cinco firmantes aceptaron excepciones, lo cual tuvo el efecto de retener
impuestos o cuotas sobre artículos seleccionados. El tratado llegó a ser efectivo para tres países en 1959: Honduras lo ratificó en 1960, pero Costa Rica,
que hizo cuarenta y siete excepciones para la lista libre, declinó el ratificarlo.
La Convención sobre Igualdad de Impuestos y Cargos de importación, estableció las bases para la igualdad de tarifas en artículos importados a Centro
América de Países no-miembros. Un protocolo aseguró un inmediato 20% de
reducción de impuestos en el comercio recíproco de Centroamérica. Las ratificaciones de Guatemala, El Salvador y Nicaragua llevaron este acuerdo y
su protocolo a ponerlo en vigor en septiembre de 1960.
A principios de 1960, sin embargo, Guatemala, El Salvador y Honduras,
firmaron el Tratado de Asociación Económica. Las numerosas excepciones
al tratado multilateral, la falta de ratificación de ninguno de los acuerdos de
1958-59 por parte de Costa Rica, y el hecho de que los tres estados "norte•nos", todos con fronteras comunes, señalados con una cuota del 80% del
comercio recíproco de Centroamérica, fue ostensiblemente uno de los principales motivos para la negociación de este acuerdo tripartita. Tomando como
punto de partida la formulación del Tratado de 1958, el Tratado sobre Aso-

'J.

E.

MEADE,

Problems of Economic Union (Chicago, 1953), p. 6.

649

�ciac10n estableció el libre comercio como una regla general y enumeró las
excepciones. ( Estas fueron numerosas e importantes).
Pero hay más, el Tratado versó sobre el libre movimiento de personas y
capital, dentro de la zona de libre comercio; y los tres países se comprome..

nómica Centroamericana.

tieron a establecer un fondo de asistencia para el desarrollo, otorgando capital,
particularmente a las industrias, como lo esencial para la integración económica.
Las ratificaciones para el Tratado de Asociación Económica se comple.

negocios de Tegucigalpa. Los prospectos para esta unión cuádruple pueden

taron en abril de 1960. Mientras tanto, Costa Rica y Nicaragua no solamente

espera pueda resolver.

Tratado General, proyectaron una Carta para el Banco de Integración EcoTres ratificaciones del Tratado General se completaron en la primavera
de 1961 6 y en pocos meses el Secretariado Permanente se estableció en la
ciudad de Guatemala, así como el nuevo Banco abrió sus puertas para los
examinarse a la luz de algunos problemas de integración económica que se

rechazaron la invitación para unirse a la Asociación Norteña, sino que dieron
a conocer el que, en unión con Panamá, podrían formar un "bloque" económico tripartita "rival". La ECLA, temerosa, considerando lo que no se había
realizado en una década, con intemperencia llamó a sesión extraordinaria al

Comité de Cooperación Económica. Reunido en San José, el Comité solicitó
a la ECLA la proyección de un nuevo tratado, el que debería de ser aceptado
por cada país, dentro del engranaje para la acelerada integración _des~
por los miembros de la Asociación Económica. Esto demostró una as1gnac16n

imposible. Costa Rica insistió en que los países de población pequeña (de
cerca de un millón de habitantes), así como el temperamento individualista
de sus hombres de negocios, y el orgullo nacional, podrían prevenirlos en
contra de una unión que implica "cambios violentos en nuestra estructura
política, económica y social".

En diciembre 13 de 1960, con la abstención de Costa Rica, cuatro Paísei
firmaron el Tratado General de Integración Económica Centroamericana.

Como en el Tratado Tripartita, el Tratado General enumeró los productos
exceptuados por la regla general de libre comercio, ya fuese indefinidamente
o bien por un período de tres a cinco años. Un protocolo comprende la
lista de artículos en los que las tarifas en contra de los no-miembros re/accionistas son igualizadas y establece, para próximas negociaciones, el perfeccionar las normas de la unión. El Tratado General también incorporó la
Convención de 1958 sobre el Régimen para la Integración de Industrias, la
que sí fue ratificada por todos los países, con excepción de Costa Rica, n_unca
se llevó a efecto. 11 lntegración de Industrias" es definida como un con1unto
de industrias comprendiendo nuna o más plantas que requieren acceso al
mercado Centroamericano, con objeto de operar bajo condiciones razonables,
tanto en lo económico como en los aspectos de la competencia, aun las de
,
. da
una capacidad mínima". Inicialmente, una de tales industrias fue asigna
para cada país; una "industria de integración" del país, debería disfrutar del

libre comercio en los otros y debería también de ser protegida uniformemente
de la competencia extra-regional. Finalmente, como un sustituto para el des-

arrollo del fondo del Tratado de Asociación Económica, los firmantes del
650

Lo primero, entre las dificultades que espera vencer Centroamérica, a través de la acción colectiva, es el estancamiento de su comercio exterior. De

1955 a 1960, un período de elevación general de precios y de un rápido crecimiento de población, las exportaciones anuales de los cinco países permanecieron dentro del angosto margen de 418.00-467.000,000.00 de dólares. El
exceso de importaciones, sobre las exportaciones -cerca de ciento cuarenta

millones de dólares- se cubrió por anticipos y préstamos externos y echando
mano de las reservas extranjeras de cambio. El comercio interno Centro•
americano, que, si bien ha venido creciendo firmemente, sin embargo, en

1960, constituye menos del 10% del comercio exterior regional.'
La depresión comercial, a la que los Centroamericanos se inclinan a considerar como crónica, ha tomado y tiene sus rutas en el carácter único de

las exportaciones regionales. El café, el algodón y el plátano -productos a
los cuales los precios están establecidos en los variables y frecuentemente atestados mercados del mundo- ascendieron en un 75 a 85% de todas las exportaciones.
Todos los gobiernos de Centroamérica se adhieren al Convenio Interna-

cional del café y demandan pactos similares para estabilizar el precio de otros
productos; más aún, nadie espera una cuenta al sector tradicional de exportaciones tan grande que sea suficiente para sostener el cambio internacional
necesitado para sostener el crecimiento económico.
Cada país pugna por diversificar sus exportaciones, aunque en los mercados
• Honduras lo ratificó un año después.
Centroamérica importa de la propia Centroamérica, lo que solamente llegó a la
suma de 8.3 millones de dólares en 1950; habiendo subido a 32.7 millones en 1960
Y ha sido provisionalmente calculado en 37.4 millones de dólares en 1961 (Carta fo.
formativa de la Secretaría Permanente de Integración Económica Centroamericana,
11 de marzo de 1962).
1

651

�del pasado para exportaciones secundarias -----&lt;:acao, chicle, ajonjolí y aceil!I
esenciales, por ejemplo- han permanecido inseguros. El embargo hecho por
los Estados Unidos del azúcar cubana ha estimulado la producción Centroamericana y ha alentado a los exportadores a esperar ingresos permanenl!I
en cuotas para el mercado americano. Exportaciones de artículos de e1abc,.
ración doméstica, particularmente café instantáneo, pescado congelado y
carne, y los racimos de plátano empacados, se han elevado con firmeza en
los últimos años; y tales cosas producen más cambio exterior que las cantidades equivalentes de exportaciones no elaboradas. El turismo, que ha ve-

AMBITO, SENTIDO Y LIMITACIONES DE LA LIBERTAD POLITICA
POR SU INTRÍNSECA LÓGICA

nido creciendo lentamente, por de pronto no proporcionará aunque esto sea
relativamente, tanto cambio de dólares como México obtiene de esto que no

"exporta". Así, sin abandonar el punto para la diversificación de exportaciones, los planes nacionales así como el programa de integración, buscan la
substitución de productos domésticos para importar, como el método más seguro de mejorar la balanza de pagos.
La línea de productos alimenticios importados para su substitución, que
absorbe cerca de 1% del cambio exterior de la región, recibe una atención
particular. No pocos consideran esto una desgracia, en la "tierra de la eterna
primavera", en la que muchos granos, huevos, productos lácteos y otros,
tienen que ser importados. Los obstáculos para el incremento de la producción alimenticia no son ínsuperables, con la excepción posible de los países
densamente poblados como El Salvador. Dando una inversión modesta a las
reclamaciones de tierras, irrigación, transporte y educación, una área de libre
comercio de cinco naciones puede llegar a ser más prontamente suficiente en

sí misma en lo relativo a una alimentación adecuada. No obstante, las importaciones de ciertas clases de materiales pueden ser reemplazadas econ6micamente por productos domésticos; fibras domésticas, particularmente.
Traducción del Lic. Alberto García Gómez.

Dr.

Lms REcAsÉNs-S1cHES

Universidad Nacional
Autónoma de México

l. LIBERTAD COMO GARANTÍA contra interferencias ajenas y públicas; y libertad como contribuci6n positiva a las decisiones políticas.-Los Derechos básicos
de libertad individual (de conciencia, de pensamiento, de expresión, de autonomía personal, de garantías procesales, de inviolabilidad del domicilio y de
la correspondencia, de libre locomoción, etc.) consisten en defender a la
persona individual frente a toda ingerencia por parte de otros individuos, de
grupos y sobre todo de las autoridades públicas; consisten en asegurar una
no intervención, un ámbito de franquía, donde el sujeto pueda moverse a su
albedrío, sin que sus movimientos deban ser interferidos, ni de ellos se pueda
seguir ningún efecto jurídico pernicioso para el individuo. Es relativamente
f~cil garantizar esos derechos básicos de libertad individual, pues, en definitlva, se trata de poner barreras eficaces, infranqueables, para evitar toda ingerencia. A esos derechos fundamentales de libertad individual se los llama
negativos, porque consisten en negar intervenciones ajenas, especialmente las
del poder público en el santuario de la personalidad individual.
·
Parece indiscutible, se entiende, dentro de una concepción humanista, que

esos derechos negativos, es decir, las libertades individuales, constituyen los
supremos valores que deben encarnar en todo orden jurídico positivo, pues se
~an en conexión directa o inmediata con el valor principal, a saber, la

idea de la dignidad de la persona individual.
Pero además de esas libertades, cuya esencia consiste en exigir que los demás, Y sobre todo las autoridades, se abstengan, hay otros derechos de liber11

ª Es importante, a mi modo de pensar, el señalar que "industrias de integraci6n
no se integran necesariamente en el sentido de los negocios. Las industrias referida
así son aquellas que supuestamente contribuirán a la integración regional econ6mica.

652

tad que podríamos llamar positivos, es decir, las libertades políticas, las cuales
COnsISten en el derecho de participar en la formación de las decisiones estatales, especialmente de las normas generales, esto es, de ]as leyes; y también

653

�en el derecho de desenvolver ciertos tipos de actividad, como la que se produce en las reuniones y en las asociaciones, con el propósito sea de exponer
ideas y opiniones en materia política, sea de realizar funciones sociales ( re-

superior a aquellos que se cumplen en las instituciones sociales, y en los bie-

nes cristalizados de la cultura objetivada, no implica en modo alguno la
imposibilidad de reconocer, al mismo tiempo, que los intereses egoístas del
individuo deben ceder el paso a los intereses de bienestar general. Una cosa
son los valores y otra cosa son los intereses. Así, p.e., no puede haber ningún

ligiosas, culturales, económicas, etc.) ; y eh el derecho de tener acceso, en
condiciones de igualdad, a las funciones públicas, es decir, a los cargos y puestos políticos, administrativos, judiciales, etc., de su país; lo cual significa que
el nombramiento para tales funciones no debe constituir ni un mero privi-

pello de la libertad de conciencia de u'n individuo; porque no hay, ni habrá

legio ni un simple favor.

jamás, ningún valor colectivo superior, ni siquiera igual en rango, al valor

2. Los derechos básicos de libertad.-Los derechos fundamentales de la
persona individual son consecuencias esenciales de la idea de dignidad, la cual

que tiene la libertad de conciencia del individuo. Por eso hay que reconocer que

consiste en reconocer que el hombre es un ser que tiene fines propios, suyos,
que cumplir por sí mismo, o lo que es igual, diciéndolo en una expresión

negativa, que el hombre no debe ser un mero medio para fines extraños o
ajenos a los suyos propios. O expresando lo mismo con otras palabras: el
hombre es un centro autónomo no sólo de conocimiento sino también, y sobre
todo, de acción, que necesariamente se siente responsable de su propia misión,

esto es, del contenido que dentro del marco de su albedrío dé a su propia
existencia.
Si el hombre es un ser que tiene fines suyos propios, si es un ser que constituye un fin en sí mismo, si a él le incumbe la misión o destino en su propia

vida, el problema de su salvación, y si esos fines pueden ser cumplidos tan
sólo por propia decisión individual, resulta claro que la persona humana necesita una espera de franquía, de libertad, dentro de la cual pueda operar
por sí propia; necesita el respeto y la garantía de su libertad individual, necesita estar exenta de la coacción de otros individuos, de cualquier grupo, y
sobre todo de la coacción de los poderes públicos que quisiesen interlerirse
con la realización de tales finalidades, que son privativamente propias de la
persona. Todavía por otra razón, la libertad jurídica es esenciahnente necesaria
al ser humano, porque la vida del hombre es la utilización y el desarrollo de
una serie de energías potenciales, de una serie de posibilidades creadoras, que
no pueden ser encajadas dentro de ninguna ruta preestablecida. El desenvolvimiento de la persona sólo puede efectuarse por medio de las fuerzas creadoras latentes en el individuo humano. Aunque la sociedad y la autoridad
sean esencialmente necesarias al hombre, ni la sociedad ni las instituciones

supuesto requerimiento del bien común que justifique en ningún caso el atro-

]a más noble de todas las instituciones jurídicas, es la de admitir la exención
del servicio de armas con fundamento en una creencia religiosa o filosófica,

la llamada exención de los objetantes de conciencia, que ha cristalizado en el
derecho del Reino Unido, y en el de los Estados Unidos de Norteamérica.
Pero, en cambio, en materia de meros intereses materiales, es evidente que

el bienestar general, la utilidad de todos o de la mayor parte, debe privar
sobre el egoísmo particular.
3. Las libertades políticas.-Es necesario que exista el Estado, el cual es
el órgano del Derecho, puesto que la vida sería imposible sin un orden jurídico. Ahora bien, como nadie está ungido sobrenaturalmente, ni por ningún

título propio personal, con el derecho de autoridad política, resulta que el
único fundamento posible de ésta es la voluntad del pueblo, esto es, de la
colectividad política.
Por otra parte, el derecho a participar en el gobierno del propio país constituye un corolario de la dignidad de la persona humana. Si los hombres fuesen solamente materia u objeto pasivo del poder público, su dignidad humana
quedaría lesionada. Puesto que es necesario que exista un poder público, el

modo de armonizar esta exigencia con los requerimientos de la dignidad
humana, es conceder al hombre una participación en el gobierno.

La colectividad política, que está formada por personas morales libres, debe
también ella poseer una autonomía colectiva, es decir, no debe ser materia

de ningún poder humano distinto de ella misma.
Aunque el poder político corresponda al pueblo, este poder político no

valores y bienes, no implica necesariamente un individualismo desenfrenado.

debe jamás ser ilimitado ni absoluto, antes bien, debe tener siempre como
barreras, que nunca será lícito rebasar por ningún pretexto, los derechos individuales de libertad. Además, la colectividad política, que es autónoma y
dueña de sus propios destinos, debe respetar los valores jurídicos, los criterios
axiológicos, e inspirarse en ellos.

Reconocer que los valores realizados en el individuo son siempre de rango

Estos son los principios esenciales de la democracia, de la democracia justa,

son creadoras. Sólo la libertad personal le hace al hombre desenvolver
propia persona.

SU

La afirmación vigorosa del sentido humanista que lleva a reconocer la

emi•

nente prioridad de las libertades personales por encima de cualesquiera

otroS

654

655

�o sea de la democracia subordinada al reconocimiento y a la prática de Jas
libertades básicas del individuo.
Las hipócritamente llamadas "democracias populares" como cí~ic~ etiqueta
del más feroz antihumanismo encarnado en los Estados totahtanos, nada
tienen de democracia, y niegan radicalmente las libertades políticas. La democracia auténtica, fundada en las libertades políticas efectivas, supone e implica el libre juego de la opinión pública, y comprende esencial y necesariamente el derecho a la disidencia, a la discrepancia. La auténtica democracia
supone el juego normal y la negociación constante entre la mayoría y la,
minorías, reconociendo a éstas su derecho a existir y a desenvolverse libremente, aunque tenga que acatar las decisiones de la mayoría.
Recuérdese que entre las libertades políticas, figura también el ya mencionado derecho de acceso, en condiciones de igualdad, a las funciones públicas.
Pueden considerarse como incluidas entre las libertades políticas, o al menos
estrechamente conectadas con éstas, la libertad de reunión y de asociaci6n
para fines lícitos. Ahora bien, hoy día, y como reacción _co~tra am~as eXJ&gt;C:
riencias de abusos sufridos no sólo en el área de los totahtansmos fascista, nazi
y soviético, sino también en países civilizados de democ:a~i~ líber~, se_ sub~ya
enérncamente que la libertad de reunión y la de asoc1ac10n no solo Implican
el d;recho de reunirse y el de asociarse pacíficamente para fines lícitos, sino
también el principio de que nadie debe ser obligado a concurrir a una reunúm
ni a pertenecer a una asociaci6n en contra de su voluntad o deseo.

Las libertades de reunión y de asociación, lo mismo en sus dimensiones
positivas que en las negativas, tienen un doble alcance: el reco~ocimie~to !
la protección jurídica de unas importantes proyecciones de la libertad individual; y, al mismo tiempo, el respeto y la garantía para la espontan~i~
de los grupos sociales, todo ello naturalmente, dentro de la esfera de lo hc1to.

4. La intrínseca l6gica de la libertad exige que se prohiba ejercer la libertad
contra la libertad.-Los liberales del siglo XIX incurrieron en un tremendo
error: en admitir que las libertades políticas podían ser ejercidas en cualquier
sentido, en cualquier dirección, al servicio de cualquier fin, sin limi~6n
de ninguna especie y que, por lo tanto, el ejercicio de tales derechos y libertades debía ser permitido y garantizado incluso a quienes luchaban p0r la
supresión de esos derechos y libertades. Esto no sólo constituyó una lamen~
candidez, sino además, un garrafal error teórico, que viene a negar ~senaa
misma de la libertad política, y que, además, representa un absurdo logico.
Ha habido trágicas experiencias de cómo los peores enemigos de la libertad
-fascistas, nazis y comunistas-, se sirvieron del ejercicio de las l~bertades
públicas del Estado de la democracia liberal, para preparar el cammo con-

1:

656

ducente al establecimiento del totalitarismo, es decir, de la total y absoluta
destrucción no sólo de todas las libertades políticas, sino también, cosa mucho
peor, de las libertades individuales.
Pero no se trata aquí de apelar tan sólo, ni siquiera principalmente, a esas
destructoras experiencias. Se trata de otra cosa, mucho más importante, a
saber: se trata de demostrar que es un absurdo lógico, un contrasentido, que
las gentes afectas a idearios y a propósitos de totalitarismo, pretendan ejercitar ninguna libertad política. La libertad posee su lógica intrínseca: tiene
sentido sólo sobre la base de una plena reciprocidad. O, dicho con otras palabras: las libertades políticas implican o presuponen un juego limpio sometido a reglas de reconocimiento mutuo. Por eso, sólo deben tener derecho a
participar en el juego, aquellas personas que estén dispuestas no sólo a observar sino a mantener y a defender las reglas del juego mismo.
A comienzos del siglo XX se produjo una conversación muy ilustrativa en
los pasillos del Parlamento español entre el ilustre profesor de Derecho Público, Gumersindo de Azcárate, diputado de tendencia acentuadamente liberal, y el Conde Rodríguez de San Pedro, jefe del partido tradicionalista ultrareaccionario. El jefe tradicionalista le dijo al Dr. Azcárate: "Don Gumersindo: yo estoy con respecto a usted en una situación de máxima ventaja.
Si algún día llegara usted a gobernar en España, usted, de acuerdo con sus
ideas, tendría el deber de respetarme a mí en absoluto. Mientras que, por
el contrario, yo, si llegara a gobernar en España, mandaría que usted fuese
quemado en la plaza pública".
De acuerdo con la esencia misma de la lógica de la libertad hay que reconocer que no debe haber libertad contra la libertad, que no debe permitirse
el ejercicio de la libertad para socavar, poner en peligro o suprimir los derechos fundamentales de libertad, tanto los derechos básicos de libertad individual, como las libertades políticas.

La idea de justicia implica un principio de reciprocidad. Si tal principio
no impera, si determinadas gentes, por ejemplo las partidarias de un régimen
totalitario, para sus fines antiliberales y antidemocráticos, se aprovechan de
las libertades individuales y de los derechos democráticos, cometen una acción .
sucia, una fechoría, una deslealtad, una traición. Pero, quienes con una ingenuidad, rayana en la tontería, se lo permiten, cometen un superlativo agravio
a la lógica, incurren en un contrasentido. El instrumento de gobierno de la
democracia liberal no impone en manera alguna un determinado contenido
político. Por el contrario, admite la posibilidad de varias direcciones, incluso
opuestas entre sí, todas ellas igualmente lícitas: el pueblo decidirá si la política del Estado debe encauzarse hacia la derecha, hacia la izquierda o por
derroteros de centro. El pueblo es libre para tomar esas decisiones en cualquier

657
H42

�momento. Podríamos comparar el Estado a una nave. El pueb~o es lib~
para determinar la ruta que la nave haya de seguir. Pero, en c~b~o, a nadie
se le debe permitir ejercitar ninguna libertad ~ara !anzarse a ac~vidades que
tiendan a destruir la nave, es decir, a destruir el instrumento liberal democrático.
. .,
1
En el campo del Derecho positivo esta idea halló realizacion en a guna medida en la ley checoslovaca de Defensa de la República de 1931, la_ cual prácticamente equivalió a poner fuera de la ley las actividades políticas de los
partidos nazi y comunista. Pero donde esta id~ ha hallado ~bal y perfecta
·, es en un texto de Derecho internacional, en el articulo 30 de la
~~oo
.
U'das,
"Declaración Universal de Derechos del Hombre"
las Nac1on_es m
proclamada el 10 de diciembre de 1948, el cual precisamente eqwvale a de.
·meqmvoc
' amente que no puede permitirse el ejercicio de .ninguna
termmar
rtad
libertad encaminado a la supresión de cualquiera de los derechos y hbe es
que se proclaman en dicha Declaración.

LA HISTORIA Y EL CONCEPTO MODERNO DE HISTORIADOR

d:

Lic. DEsIDERIO GRAuE
Universidad Nacional
Autónoma de México

ANATOLE FRANCE Nos HA LEGADO en su libro La Isla de los Pingüinos una
de las críticas más sutiles y pintorescas de que tenemos noticia sobre la Historia y sus artífices:
"He confiado -nos dice- a varios sabios arqueólogos y paleógrafos de
mi país y de los países extranjeros las dificultades experimentadas para conocer la historia de los pingüinos y me han hecho objeto de su desprecio. Me
miraban con una sonrisa de piedad que parecía decirme: ¿ Es que acaso, escribimos nosotros la historia? ¿Es que nosotros tratamos de extraer de un
texto, de un documento, la menor parcela de vida o de verdad? Nosotros nos
atenemos a la letra escrita. La letra es la sola apreciable y definida. El espíritu no lo es; las ideas son fantasías. Hace falta ser un vanidoso para escribir
Historia, y además, tener mucha imaginación". Todo esto estaba en la mirada y en las sonrisas de nuestros maestros en Paleografía y sus apreciaciones
me desanimaban profundamente. Un día, después de una conversación con
un silógrafo eminente, me encontraba más abatido que de costumbre -relata
el mismo autor- cuando de repente me hice esta reflexión:
A pesar de todo hay historiadores. La especie no ha desaparecido por
completo. En la Academia de Ciencias Morales se conservan aún cinco o seis
que no publican textos, sino que escriben historia y no me dirán que hace
falta ser vanidoso para dedicarme a esta clase de trabajo.
Esta idea me devolvió el valor. Al día siguiente me presenté a casa de uno
de ellos, un anciano sutil:

-Vengo, señor, le dije, a pediros los consejos de vuestra experiencia. Estoy
muy preocupado por componer una historia y no llego a nada, a ninguna
conclusión.

El anciano me respondió encogiéndose de hombros :
658

659

�-¿ Por qué, mi pobre señor, siente tanta preocupación que da pena escucharlo, por componer una historia, cuando no tiene más que copiar cualquiera
de las conocidas como es costumbre? Si usted tiene un conocimiento nuevo
que exponer, o una idea original, si presenta a los hombres y a las cosas bajo
un aspecto inesperado, sorprenderá al lector y el lector no quiere ser sorprendido puesto que sólo busca en las historias las necedades que ya conoce.
Si usted trata de instruirlo no hará más que humillarlo y enfadarlo. No intente sacarlo de su error porque gritará que usted insulta a sus creencias.
Los historiadores se copian los unos a los otros pues de este modo se evitan
la fatiga de crear y no parecen jactanciosos. Imítelos y no sea original. Un
historiador original es objeto de desconfianza, de menosprecio y de repugnan.
cia universal.
¿ Cree usted, señor -añadió-, que yo sería honrado y considerado como lo
soy, si yo hubiera puesto novedades en mis libros de historia? ¿ Y qué son novedades? ¡ Impertinencias!
Se levantó, le di las gracias por sus atenciones y cuando ganaba la puerta,
me llamó:
-Unas palabras todavía: Si usted quiere que su libro sea bien acogido no
olvide ninguna ocasión de exaltar las virtudes sobre las cuales descansan las
sociedades: el respeto de la riqueza, los sentimientos piadosos, y especialmente
la resignación del pobre, que es el fundamento del orden. Afirme, señor, que
los orígenes de la propiedad, de la nobleza, de la gendarmería, serán tratadOI
en su historia con todos los respetos que merecen dichas instituciones. Haga saber que admite lo sobrenatural cuando se manifiesta, y con esas condiciones medrará entre la gente de buenas costumbres".
¿ Cómo escapar a la profunda ironía lanzada por ANATOLE FRANcE? ¿06mo destruir su refinado ataque? ¿La imagen que nos describe del historiador, es la verdadera? ¿Son los métodos que pregona los que se han usado
para elaborar la Historia?

EL CONCEPTO DE HISTORIA
Nos parece propio determinar en primer lugar qué es lo que ha sido la ffis.
toria en el pasado:
La palabra griega "historia" significa la, investigación o inquisición Y fue
empleada por vez primera por Herodoto en el siglo V como título de 111
obra. El empleo de la palabra con este significado señaló una real revolu•
ción literaria ya que los escritores anteriores a él habían sido simples narra-

dores de cuentos comúnmente conocidos. Fue por consiguiente, su empleo
con esa connotación, lo que justifica para Herodoto el título de "Padre de
la Historia".
Herodoto se proponía contar las hazañas de los hombres con el fin de que
no cayeran en olvido de la posteridad. La función de la historia, según él,
era en parte descubrir lo hecho por el hombre y en parte descubrir los motivos que lo impulsaron a obrar. Tucídides también la entendió así, pero
afirmó explícitamente que la investigación histórica descansa en el estudio
de los testimonios. Ambos tienen de común que propiamente la consideran
un relato, una descripción de los momentos o de los caracteres de una cosa,
y ello en contraposición a su definición esencial, es decir, a la visión de lo
que es esta cosa de un modo permanente y definitivo.
Los griegos posteriores al siglo V fueron los creadores de la historia ecuménica que tiene por fundamento la alta estima de las obras escritas por
los historiadores particularistas de la edad helénica, pues tuvieron ya conciencia de la pluralidad de las unidades sociales particulares que juntas integran un mundo humano.
Polibio crea después un nuevo tipo de historia cuya unidad dramática podía alcanzar cualquier extensión con tal de que el historiador pudiera reunir los materiales y fuese capaz de exponerlos en un relato único. Polibio
suponía fundamentalmente que el decurso histórico transcurre en un todo
de acuerdo con la naturaleza y según una ley inmutable de la que no es posible escapar. De aquí la importancia que atribuyó a todo el proceso causal de la indagación histórica. "En la historia -dice- la atención del escritor, como la del lector, no debe dirigirse tanto sobre el relato de los hechos
mismos como sobre las circunstancias que los han precedido, acompañado o
seguido. ¿Qué queda en la historia si apartáis de ella el estudio de las causas, de los medios, del fin de las empresas humanas y el cuidado de examinar si cada una ha tenido el éxito que debía esperarse?; un ejercicio literario, no una enseñanza; un pasatiempo para halagar un instante el oído, pero sin resultado para el porvenir".
,
En aquel entonces, como nos cuenta Polibio, este ejercicio literario constituía la actividad propia de aquellos historiadores que no se esforzaban por
descubrir el secreto íntimo de la historia y no obtenían de ella, en consecuencia, ninguna enseñanza valiosa.
Con este historiador, la tradición helenística del pensamiento histórico pasa a Roma cuyos dos representantes sobresalientes fueron Tito Livio y Tácito.
Tito Livio intentó una tarea verdaderamente grandiosa: la historia de Roma desde sus orígenes, pero fracasó debido al exceso de toda clase de elementos fabulosos que quiso considerar, y también por la carencia de un mé-

660
661

�todo adecuado para manejar la complejidad de los materiales de que disponía.
Tácito intentó aplicar a la historia un método que podemos denominar
didáctico-psicológico pues se propuso escribir para enaltecer las virtudes en
el orden público y para escarnecer ejemplos señalados de vicios y atropellos,

la gigante figura de Bacon la historia se transforma en un saber de hechos
y no en saber de esencias; el hombre se interesa en el pasado por el pasado
mismo, pero sin embargo cabe señalar que la situación de la historia es aún
precaria porque carecía de un método preciso y definido.

y esto último acarreó una decadencia en el índice de la honestidad histórica.

El aspecto constructivo del pensamiento del siglo XVII se concentró en los
problemas de las ciencias naturales, dejando a un lado los problemas histó-

El Cristianismo, con la introducción de las nuevas ideas sobre el pecado
original, la gracia y la creación, cambia totalmente el modo de concebir la
historia.

ricos. Para Descartes la historia no era en absoluto una rama del conocimiento. ¡ Pero cuán intrascendente nos parece hoy esta negación frente a la grandiosa concepción cartesiana del yo pensante, frente a la estructuración de

En efecto, le imprime otras características; considera al proceso histórico
no como la realización de los propósitos humanos, sino de los propósitos divinos, y éstos los debe actualizar el hombre en su vida a través de la activi-

arranca toda la fisicomatemática moderna! Es precisamente al amparo del

método de las ciencias naturales que se han desarrollado los métodos de la

dad de su voluntad. En este proceso, Dios se concreta a la predeterminaci6n

moderna investigación histórica.

de los fines, destacándose no sólo las acciones de los hombres como agentes
históricos, sino además que tanto su existencia cuanto su naturaleza deben
ser consideradas exclusivamente como instrumentos de los propósitos divinos.

Además, la posición asumida por el Cristianismo respecto a la igualdad de
todos los hombres ante Dios, o universalismo de esta actitud cristiana, trae
por consecuencia la exigencia de una historia universa] cuya temática sea el

desarrollo mundial de la realización de tales propósitos de Dios respecto al
hombre. Por ello veremos, que la historia cristiana va a asumir los caracteres de universalidad, de providencial, y también dividirá el tiempo histórico
en dos grandes períodos: antes y después del nacimiento de Cristo.

La Edad Media se dedica a perfeccionar los conceptos antes señalados,
pero además incluye una escatología, o tratado del destino final del hombre
y del mundo, pues miraba hacia el fin de la historia como algo predetemúnado por Dios y al mismo tiempo como algo que e) hombre sabia de antemano por medio de la revelación.
Como consecuencia de estas diversas concepciones, al hombre del medioevo

ya no le quedaba nada por hacer, se cae incluso en la falacia de afirmar que
se podía predecir la historia, que se podía adivinar el futuro, y se tiende a
buscar la esencia de la historia fuera de ella, en un vano esfuerzo de perci•
bir el plan divino exclusivamente y sin tener en cuenta las acciones humanas.

Es sólo hasta el Renacimiento que la visión humanista de la historia fundada por los antiguos, reaparece.

En el Renacimiento se combate lo fantástico y lo que estaba deficientemente fundado; se niegan las pretensiones de predicción del futuro y se niega igualmente que la función del historiador sea la de describir el plan divino que norma los hechos. Las investigaciones se tornan exactas, se coloca al
hombre en el centro de las preocupaciones del pensamiento histórico, y con

662

las pruebas de la existencia de Dios y frente a su sistema metódico del cual

Hasta hace poco la opinión corriente era de que el siglo XVIII, el de la
Ilustración, era un siglo específicamente ahistórico. Tal afirmación ha demostrado ser inexacta si se tiene en cuenta el desarrollo que tuvo en su proble-

mática religiosa y que desde un principio la filosofía del referido siglo trata
el problema de la naturaleza y el problema histórico como una unidad que
no permite fragmentación. La ciencia, en cuanto tal, se niega a reconocer
nada sobrenatural o suprahistórica. La concepción de los teólogos de este siglo se apoya siempre en el concepto y la exigencia de una crítica histórica de

las fuentes religiosas. Es verdaderamente la historia la que lleva la antorcha de la Ilustración y la que aparta a los teólogos de la ortodoxia de siglos
anteriores. Las exposiciones históricas que produce este siglo se hallan bajo
la influencia de Newton a través de Voltaire, y con este último la historia se
convierte en el modelo metódico por medio del cual cobra una comprensión

nueva y más profunda del objeto general y de la estructura de las ciencias del
espíritu. Se produce en suma, en este siglo, una síntesis del espíritu racional

y del histórico. La razón es referida a la historia y la historia a la razón. Ambas se mantienen en constante tensión en la que se apoya todo el pensamiento religioso de este siglo, en el que se considera que solamente con el paralelismo y la confrontación de ambas se produce la verdadera Ilustración del es-

píritu.
Al intelectualismo de la ilustración, sigue la génesis, en la segunda mitad

del mismo siglo XVIII, del historicismo, que ha llegado a ser parte integrante del pensar moderno.
Se originó el historicismo en cuatro elementos que unidos produjeron una

nueva manera de ver del historiador y de toda la vida humana. El proceso
al que llevó el historicismo fue de una individualización occidental, a la con~

663

�ciencia de sí mismo y enseñando a comprender toda la vida como una ev~
lución de lo individual.
Los cuatro elementos que le dieron nacimiento fueron, en primer término,
una necesidad prerromántica que volvió la atención de las gentes a los pueblos
primitivos y a las épocas iniciales de la humanidad, idealizándolos y poniéndolos como modelo de una humanidad más pura y plena; en segundo lugar
el movimiento pietista en Alemania protestante que despertó las subjetividades en los contactos de hombre a hombre; como tercer elemento aparece la
nueva relación espiritual con el arte antiguo, vivida y difundida por Winckelman, que aumentó la predisposición espiritual para lo nuevo, y por último el
antiguo mundo de ideas platónicas y neo-platónicas que revivió en la doctrina de las mónadas de Leibnitz y la teoría de la "inward fonn" de Shaftesbury que contiene una tendencia a lo individual.
La médula del historicismo radica en la substitución de una consideración
generalizadora de las fuerzas humanas históricas, por una condición individualizadora.
Surge la concepción positivista y dentro de ella la historia queda definida
como el estudio de los acontecimientos sucesivos que yacen en un pasado
muerto y que deberían ser comprendidos de la misma manera que los acontecimientos naturales por estar regidos por las leyes de éstos.
Caracterizase el positivismo porque, como teoría del saber, se niega a admitir otra realidad que no sean los hechos y se niega a investigar otra cosa
que no sean las relaciones entre esos hechos.

EL CONCEPTO MODERNO DE LA HISTORIA

Cabe entonces preguntarse cómo se concibe hoy la Historia.
El esfuerzo y movimiento iniciado por Dilthey, de los años de 1860 a 1870,
continuado por Max Weber y Raymond Aron por un lado, y por Heidegger
y Jasper por otro, ha llegado, como lo deseó Dilthey, a constituir una Critica
de la Razón en su Uso Histórico, al dotar al conocimiento histórico de un
fundamento racional que detenninase su legitimidad, justificándola y delimitándola a la vez. La nueva concepción realiza en el plano técnico de la historia, una transposición de perspectiva análoga a la revolución Kantiana
dentro de la teoría del conocimiento.
Pero antes de analizarla precísase examinar el pensamiento de Dilthey.

Dilthey en su único libro Jntroducci6n a las Ciencias del Espíritu, adoptó
años antes que Windelband la posición de que la historia maneja individua•
664

les concretos y que las ciencias naturales se refieren a generalizaciones abstractas, y su intención era escribir una Gran Crítica de la razón histórica, lo

que no llegó a realizar.
Para Dilthey los documentos y datos, con los que trabaja el historiador y
que por sí mismos no revelan el pasado, le ofrecen la ocasión de vivir en su
propia mente la actividad espiritual que los produjo. Es en virtud de su propia vida espiritual y en proporción de la riqueza intrinseca de esa vida, como puede el historiador infundir vida en esos materiales muertos, de tal suerte que el verdadero conocimiento histórico es una experiencia interna de su
propio objeto y el conocimiento científico es el intento de comprender fenómenos que se le presentan como espectáculos externos. Esta concepción del
historiador de hacer que el objeto viva en él pres~pone un adelanto, pero
como para Dilthey la vida significa experiencia inmediata, distinta de reflexión o conocimiento, desemboca a un psicologismo.
En efecto, el pasado viviente de la historia vive en el presente, pero vive
no en la experiencia inmediata del presente, sino sólo en el autoconocimiento
del presente. Esto es lo que Dilthey ha pasado por alto; piensa que el pasado
vive en la experiencia inmediata que el presente tiene de sí mismo; pero esa
experiencia inmediata no es el pensamiento histórico, es psicología o experiencia personal del historiador.
Hoy en día el pensar histórico ha superado el pensamiento Diltheyano y
reconoce que la Historia no es en sí misma más que la re-creación en la mente del historiador, del pensamiento pensado.
Afirmase también que lejos de apoyarse en otra autoridad que no sea él
mismo, y a cuyos dictados deba conformar su pensamiento, debe basarse precisamente en él, y por ende como tal es autónomo, auto-autorizante, dueño
de un criterio al cual deben confonnarse sus llamadas autoridades o testimonios y por referencia al cual pensamiento, se las critica.
Así, los historiadores y filósofos de nuestros días piensan que la historia debe ser una ciencia que se ocupa de las acciones de los hombres en el pasado,
investigadas por medio de la interpretación de los testimonios y cuyo fin es
el autoconocimiento humano.
Afirman que la Historia en una ciencia porque es una forma de pensamiento que consiste en plantear preguntas que intentamos contestar, pues
la ciencia en general no consiste en coleccionar los conocimientos que ya se
tienen para arreglarlos dentro de tal o cual marco.

Esta ciencia de la historia se ocupa de actos humanos realizados en el pasado, es decir trata de contestar interrogantes acerca de acciones humanas
verificadas en el pretérito.
Esta ciencia de las acciones de los hombres en el pretérito procede met6665

�dicamente en su investigación, especialmente en la interpretación de testimonios y documentos, y, finalmente, esta ciencia sirve para el auto-conocimiento
humano.
Conocerse a sí mismo significa conocer primero: qué es ser hombre; segundo: qué es ser el tipo de hombre que se es, y a la postre: qué es ser el
tipo de hombre que uno es y no otro.
Por ello el valor de la historia consistirá en que nos enseña lo que el hombre ha hecho, es decir, lo que verdaderamente es el hombre, o sea nos revela..
rá el propio conocimiento del hombre.
No deja de haber, sin embargo, pensadores que como Croce niegan a la
historia la calidad de ciencia porque creen que esta disciplina no puede
generalizar ni inducir las llamadas leyes, pero a la vez admiten que, sobre la
base no científica del conocimiento histórico, y fuera ya de la historia, se
puede generalizar y filosofar respecto de la vida misma, como si la vida, por
ser vida ... no fuese precisamente historia.
Otros, como Xénopol y Langlois afirman que no se puede tener duda de
que son compatibles la negación de las leyes históricas y la afirmación de
que la historia es ciencia.
Otros en fin más radicales creen imposible la verdad y la certeza del co'
'
nacimiento histórico. Refutando la validez de los testimonios y documentos en que consisten las fuentes históricas, proyectan su escepticismo sobre
la veracidad e imparcialidad humanas del historiador.
Pero felizmente la confianza en la historia cuenta ya con una serie nota•
ble de investigadores que sostienen filosóficamente lo contrario y de entre
ellos, séame permitido transcribir las palabras plenas de significados y de
emoción, de Francis Ambriére en su libro titulado Les Grandes Vacances.
"No es este el lugar de defender la historia -afirma-; los que maldicen
a la historia por temor o por interés no prueban nada a no ser contra eUos
mismos y no contra la historia. Un largo e íntimo uso de las fuentes documentales, una información no limitada a una sola sino que alcance un amplio encadenamiento de Edades, una inteligencia vivaz y sensible que no se
contenta con la mecánica de las fechas salientes, sino que prefiere la oscura
gestación d~ los efectos de las causas; un vasto conocimiento del hombre Y de
sus resortes secretos; extensos viajes a través de las naciones, a lo menos espirituales... ; una segura cualidad intuitiva y un alma abierta cert~ramen_te a
la poesía, la ciencia y el arte ... ; he ahí el raro conjunto de trabaJOS _Y v,rt_udes que exige la historia ... Con el estudio y meditación de la histona forJemos nuestro pensamiento y a costa de nuestro destino, realicemos nues~
desquite haciendo de él un instrumento de nuestra libertad interior; la libertad que nunca podrá ser detenida por ninguna alambrada".

666

También entre los contemporáneos, Amold J. Toynbee, a pesar de creer
que existe una tendenc1a a la repetición que se afirma a sí misma en los
asuntos hwnanos, reconoce que esta repetición de hechos en el tiempo, es
uno de los conocidos recursos de la facultad de creación y sostiene que: "si
la historia humana se repite lo hace en consonancia con el ritmo general del
universo; pero el sentido de este orden de repetición reside en el libre campo de ofrecer al trabajo creador para seguir adelante". "Bajo esa luz -concluye- el elemento repetitorio de la historia se revela como instrumento para la libertad de la acción creadora y no como índice de que tanto Dios como el hombre son esclavos de la fatalidad".
Se ve de lo expuesto que hasta hace poco la historia fue una reflexión sobre las varias y opuestas verdades que proponía cada cultura y una verificación de la heterogeneidad de cada sociedad y de cada arquetipo, mas ahora
la historia ha recobrado su unidad y vuelve a ser lo que fue en su origen: una
meditación del hombre.
Esta meditación del hombre implica la mejor de las negaciones, la negación histórica, afirma Leopoldo Zea. En efecto, si no se desea repetir la experiencia de los antepasados, viviéndola, es necesario convertirla en Historia, que es auténtica experiencia, y ya que la historia de la cultura no la forman los puros hechos, sino precisamente la conciencia filosófica que de ellos
se tiene, cuando se tiene esta conciencia se ha alcanzado la comprensión
histórica.
Comprender es, desde este punto de vista filosófico, tener capacidad para colocar un determinado hecho en el lugar preciso que le corresponde en
el presente.
Cuando se comprenden las razones que causaron en una época dada, la
realización de formas de expresión histórica determinadas, se comprenden
también las razones por las cuales estas mismas formas no pueden repetirse
en el presente salvo negando la historia, es decir, en suma, negando la capacidad del hombre para progresar valiéndose de sus propias experiencias.
De esto se sigue que el papel del historiador será precisamente el señalar
las rutas que ante sí tiene el hombre por sus capacidades para progresar sirviéndose de sus propias experiencias.
¿Cómo debe realizar este papel el hombre al hacer historia?
El historiador, al realizar su trabajo, debe construir una imagen coherente,
con pretensiones de verdadera, y que tenga sentido, de las cosas tales como
fueron, y de los acontecimientos tal como ocurrieron, y para ello es menester que norme su actividad por reglas de método.
Los pensadores contemporáneos están de acuerdo en que esas reglas metodológicas consisten primeramente en que la imagen del pasado -además de

667

�EL HISTORIADOR EN LA MODERNA CONCEPCIÓN

ser coherente y continua, es decir con sentido--, tiene que estar localizada

en el tiempo y en el espacio; en segundo lugar que toda historia tiene que
ser coherente consigo misma; y, por último, que como la imagen del histo,.
riador mantiene una peculiar relación con los que se denominan testimonios
históricos ( textos, documentos, obras materiales, de arte, edificios, lugares
geográficos, etc., etc.), debe el investigador fundar su verdad en dichos testimonios históricos.
Ahora bien, como estos testimonios son históricos sólo cuando y en tanto
que alguien los considera históricamente, se sigue de ahí que el conocimiento
histórico solamente puede surgir o nacer del propio conocimiento histórico,
lo que expresado en otras palabras quiere decir que el pensar histórico es una
actividad original, fundamental o innata de la mente humana.

Resulta, pues, que el pensar histórico es aquella actividad de la imaginación, mediante la cual se propone el historiador dar a esta idea original o
innata, un contenido detallado, la cual se consigue empleando el presente
como testimonio de su propio pasado.

Pero los testimonios históricos de que dispone o puede disponer el historiador para resolver cualquier problema, han cambiado y cambian con cada
innovación de los métodos históricos y con cada variación en la competen..
cia de los historiadores, y del examen de estas variaciones o de estos cambios,

1

aparece una segunda dimensión del pensamiento histórico, lo que se llama la
historia de la historia o historiografía.
La historiografía tiene su fundamentación en el descubrimiento de que el
historiador mismo, junto con el "aquí" y "ahora" ( o sea la espacialidad y
temporalidad) que forman el cuerpo total del testimonio de que dispone,
forma parte del proceso que estudia, es decir que el historiador tiene su propio sitio en el proceso a estudio, y sólo puede verlo desde el punto de vista
que en el momento presente ocupa dentro de él.
Los actos de la mente del historiador, no sólo son de pensamiento, sino
que este pensamiento es a su vez reflexivo, es decir que se ejecuta con la con•
ciencia de que se está ejecutando, y se constituye tal como es, precisamente
por esta conciencia.
Estos actos reflexivos, o por decirlo así, hechos a propósito, adrede, son
los únicos actos que pueden convertirse en materia de la historia, y preci-

samente por ello podemos afirmar que puede existir una historia política, una
historia de arte militar, una historia económica, corno también una historia

de la moralidad o de la religión, pues en cada uno de estos aspectos es la
mente reflexiva la que interviene en la forma especificada.

FILOSÓFICA DE LA HISTORIA

A la luz de lo sumariamente expuesto, tratemos a continuación de investi-

gar el papel y las facetas que nos presenta el historiador en la moderna concepción filosófica de la historia.
Al positivismo con toda su objetividad, la nueva filosofía de la historia le
opone ahora una clara conciencia del papel activo que en este orden del conocimiento se toma al sujeto: el historiador.
Son las categorías del historiador, su curiosidad, su experiencia humana

las que determinan, modelan y construyen la obra histórica.
Ya nadie osaría hoy reducir el papel del historiador al de un simple aparato registrador encargado de reproducir mecánicamente su cometido.

El progreso de la metodología crítica conduce a superar la distinción que
fue clásica entre la "realidad histórica" y el "conocimiento histórico" entre

.
'
el tJempo pasado, realmente vivido por hombres de carne y hueso, y la imagen que reconstruye de ese pasado la labor paciente del historiador. Por eso
lo real, lo material, la única realidad que denota el lenguaje es la "toma de
conciencia" del pasado humano, realizada en la mente del historiador y por
su esfuerzo. La realidad es la síntesis de los dos polos antes opuestos: está en
el vínculo que entre pasado y presente establece el acto creador del historiador.
Puesto que como hemos dicho, es una ciencia, la historia supone un objeto, este objeto es aprehender, comprender el pasado realmente vivido por

la humanidad.
Pero este pasado realmente vivido, esta evolución de la humanidad no
constituye propiamente la historia: ésta no es una simple calca de aquél o de

aquélla, sino que el pasado humano, cobrando vida en la conciencia del historiador, asume otro carácter, cambia de categoría ontológica. Desde luego,
lo que constituye la evolución de la humanidad, lo que ha "estado activo",

~s su pasado, la totalidad tan compleja de las relaciones causales, y este conJunto jamás se encontrará plenamente reflejado en el conocimiento, debido
a dos razones: a sujeciones técnicas ( cuantos "hechos activos" han desapa-

recido sin dejar trazas o huellas en nuestros documentos) y a servidumbres
lógicas (ya que del pasado, la historia no retiene sino los aspectos, los elementos que la "teoría del historiador" retiene entre sus redes). El historiador
puede desear formar una imagen sumaria pero exacta de este pasado inago-

table, seleccionando los hechos importantes y las causas profundas, pero esta selección estará siempre ligada a la doctrina que haya seguido para elegir

669
668

�los materiales, tanto esenciales como accesorios, y por tanto será dependiente
de la mente humana y no del objeto. A este respecto hay que insistir en que
sólo la mente divina por ser omnisciente y omnipotente, sólo ella puede poseer la totalidad del pasado, y la historia pensada por los hombres no representará nunca más que una selección.
Con razón, pues, podemos afirmar que mientras que nuestro ideal de la
historia se haga más comprensivo, es decir que mientras más trate de encontrar los aspectos más variados y diferentes del pasado humano, más se revela
como irrealizable el sueño de una historia total, universal. Podría pensarse
en una aproximación a ella, por medio de un rodeo, efectuando una síntesis colectiva a la que estuviesen asociados los sabios de una generación, o de
una época, pero en la medida en que tal colaboración fuese posible, la historia elaborada en tal forma, a lo más que podría llegar sería a reflejar la
mentalidad colectiva de una generación o de una época, y también tendría
que haberse operado en ella una selección arbitraria y limitada.
Toda historia lleva impresa el sello o marca de sus autores, pero lo que
fundamentalmente nos hace pensar que las ideas de los historiadores han
envejecido no es el hecho de los progresos y de los cambios realizados en
nuestra documentación, sino el que nosotros hemos cambiado, que no nos
planteamos ya los mismos problemas, que no juzgamos tampoco con los
mismos valores.
Además, en la historia, el pasado no aparece simplemente transcrito, reproducido, calcado, sino que está específicamente calificado; se le conoce en tanto que es pasado, no sólo porque ya estuvo cumplido, efectuado, sino también porque cuando fue real, vivido, constituyó el presente para los contemporáneos. Siendo el conocimiento histórico una relación entre los hechos de
antaño y la mente del historiador en la cual se actualizan, considera al mismo tiempo la distancia que nos separa de ellos, y por eso no es sino metafísicamente que se expresa del historiador que reanima, que resucita o revive
el pasado. Si por ejemplo estudio la vida de San Pedro, mi conciencia me
representa a la vez los acontecimientos en vías de suceder en el primer siglo de nuestra era, pero también y al mismo tiempo la distancia de diecinueve siglos que me separa de ella. Es pues en esta síntesis, entre la realidad viviente y la proyección al fondo del pasado, que se encuentra la esencia del espíritu histórico.
Por otra parte, este conoc1m1ento del pasado, en tanto que tal, es al mismo tiempo conocimiento del presente, pues vive en· la conciencia del historiador, introduce en la conciencia realidades espirituales de orden específicamente humanas, respecto de las cuales reacciona de modo característico, es
decir libremente, y esta libertad se extiende a toda la historia, vale decir que

nada de lo que es humano me será extraño, pues lo hago mío y puedo apropiarme sus valores o rechazarlos.
Por eso, desde cualquier ángulo que se la contemple, la historia revelará
siempre la misma síntesis: el objeto, el pasado, que no es aprehendido sino
por refracción a través del sujeto cuyo papel nos aparece siempre como más
importante. Bajo este subjetivismo se hace notable el cambio de postura filosófica en comparación con la concepción positivista, (obsesionada de objetividad), y por ello es justo decir que en la moderna concepción de la historia se ha operado una revolución copemicana.
En la actualidad ya no se consideran los hechos materiales como la esencia de la historia, ya no son sino la osamenta, es decir, son una condición necesaria pero no suficiente. El actual conocimiento histórico consiste, según
lo hemos afirmado, en comprender esos hechos y una profunda comprensión
de los hechos humanos exige que esa osamenta sea revestida con el ropaje de
los valores que le confieren una significación, es decir, deben ser reflexionados, y cuando hablamos de reflexión, toda subjetividad del historiador entra
en juego.
Más que una cronología crítica, la historia actual es esta nueva captura
de valores en un campo ilimitado, pues las categorías de la lógica se han extendido a todas las manifestaciones de la vida social, económica, religiosa y
artística. Mientras más penetramos en la comprensión de los valores se borran
más todos los límites a todas las aproximaciones posibles, todo se toma "evidencia potencial".
Es clásico decir que por ser una ciencia, la historia debe ser una actividad desinteresada, y ello es una verdad elemental, pero esta evidencia deja
intacto el problema propiamente filosófico del valor subjetivo, existencial de
la búsqueda histórica.
Este valor existencial de la investigación, de la búsqueda histórica, se palpa cuando vemos que, por más contingente y más gratuita que pueda haber
-sido en un principio la elección ~el tema por el historiador, desde aquel momento en que profundiza la investigación, desde el instante en que abandona el dominio esotérico de la erudición para convertirse verdaderamente en
historia, obliga más y más al investigador a entregarse a él, a poner en juego
todas sus facultades, a embeberse, a interesarse, a vivir en él, a hacerle una
dación completa de su alma, porque, como decía el maesfro Antonio Caso:
"Hay que escribir la Historia con toda el alma vibrante; sólo así se infunde
nueva vida en lo inerte y resurgen las instituciones y las creencias desaparecidas y cobra nuevos bríos el abigarrado conjunto de hombres y cosas evocado
sobre las ruinas ungidas con la predilecta veneración de los pueblos, sobre
el vasto acervo de reliquias seculares que deposita la humanidad en el pla-

670

671

'

�neta, al cumplir su destino constante: su muerte perpetua y su perpetua
resurrección" (Problemas Filosóficos).
Pero no hay que limitarse a describir el aspecto radicalmente subjetivo del
conocimiento histórico y recalcar sus rasgos negativos, sino que también hay
que subrayar insistentemente lo que tiene de positivo, de activo: si los testimonios y documentos no hablan, no arrojan luz, sino en la medida en la
cual el historiador sepa interrogarlos, podemos asentar que la historia sí es
una respuesta, una contestación a una pregunta que surge del fondo del alma del historiador, quien precisamente por eso tratará de solucionar el pn&gt;
blema central de su existencia; aquella interrogación a la que consagrará su
vida y su persona.

En los términos que a Sartre le sirven para la definición de su psicoanálisis existencial, para un historiador de auténtica vocación, es decir para aquel
que considera la historia no como un pasatiempo o una ocupación acciden-

tal, la búsqueda histórica es una manifestación empírica de esa idea original,
de ese deseo fundamental por el cual se encama y busca su realización la
persona humana.

píricos y ampliar su horizonte, que agranda la experiencia humana y la ayuda al planteamiento correcto de sus problemas, pero por sí misma ... no soluciona nada ...
Desde otro punto de vista existe también el peligro de poner demasiado
en relieve el carácter existencial de la búsqueda histórica... Sin duda, por ser
humana, debe esta búsqueda, en alguna forma, responder a una cuestión
fundamental, pero para ser fecunda, para ser verdaderamente historia, exige
del espíritu una cierta disponibilidad interior, un cierto desprendimiento, un
mucho desinterés.
Si la historia, si la búsqueda es, digámoslo ahora en otros términos, un encuentro con el "yo ajeno" de los hombres del pasado, exigirá del historiador
que siquiera por un momento salga de su subjetivismo, de su ensimisma-

miento, de la obsesión de sus propios problemas, y con el espíritu alerta realice la nueva experiencia, ya que en ella, como más directamente en el amor
y en la amistad, "nuestro yo" sale y se proyecta, para volcarse en el prójimo,
en el "yo ajeno", en el objeto de nuestras inquietudes y desvelos.

¿Quién podrá negar el profundo valor, que con tales presupuestos, y des-

Sartre y los existencialistas, han descrito con aspectos más o menos llamativos y conmovedores este carácter existencial de la búsqueda histórica: para ellos, el diálogo que el historiador sostiene con el pasado se convierte en

de el punto de vista existencial, reviste tal encuentro?
Sin embargo, como bien pudiera pensarse que tal aventura con el "yo aje-

una interrogación angustiosa que con la vista al futuro, formula el hombre a
sus antepasados, a sus hermanos o modelos de antaño, y poniendo de relieve

chos es Ia historia-, o bien, que tal contemplación no sea gratuita sino en

la temporalidad humana juegan con la ambigüedad de la noci6n de la historia describiendo la labor del historiador como un acto por medio del cual
'
el hombre
histórico trabaja en su propia realización.
De todo lo dicho, no hay que forjarse una idea demasiado optimista de la
historia o esperar y exigir demasiado de ella. No es de ella que recibirán su
solución los problemas fundamentales de la existencia; precisamente estamos

viendo y queremos demostrar, que la aportaci6n principal de la nueva temia
de la historia, reside en el hecho, bien establecido hoy día, que la verdad de
sus resultados, la verdad de los valores propiamente humanos (no de las
verdades de hecho que establece la historia) , está dada por completo, con
sus características y límites, en los "presupuestos doctrinales que la subjeti-

no" pudiera reducirse sólo a una contemplación estética -lo que para mu-

apariencia -cuando no hay desinterés- precisa asignarle un valor, lo que
nos puede conducir a una deontología o ética práctica; pero también al punto neurálgico de nuestro tema: "lo que debe ser el historiador".
A partir del momento en que se reconozca que mientras tanto vale el hombre, tanto vale la historia, se tomará uno más exigente: la fecundidad, sin-

ceridad y hondura del trabajo histórico estará en proporción directa de la
riqueza humana del historiador; mientras éste sea más inteligente, cultivado,
accesible a las cosas y a lo humano, sincero, ético y rico en experiencia, más

será capaz de comprender, de encontrar en el pasado el equivalente de esos
valores, y consecuentemente su estudio será más rico y verdadero.
Si pues, en los testimonios que maneja el investigador todo es evidencia

ción". La verdad de la historia se convierte en una función de la verdad de

potencial, como hemos dicho, resulta que el historiador debe, además de las
características apuntadas, tener otras, saberlo todo, haber leído todo. . . y
como desde luego y por más esfuerzos que el pobrecillo realice, no alcanzará

la filosofía profesada implícitamente o no por el historiador.

jamás este desmesurado y ambicioso desiderátum, resulta que la ecuación per•

vidad del historiador impuso desde un principio como marco a su investiga-

La historia por sí misma no puede alimentar una vida interior, no puede
forjar una cultura, ni ser su eje, su elemento director o su alma: tal papel
pertenece a la mente especulativa. La historia debe ser considerada como
una disciplina auxiliar a la mente, que sirve para proporcionarle datos ero-

672

sonal (cultura y temperamento) definirá su competencia, como de hecho la

ha definido siempre.
En efecto, no cualquiera puede desarrollar cualquier investigación, cualquier tema; antes que nada se debe estar interior y espiritualmente, de acuer673
H43

�do con el objeto de la investigaci6n. Para llevar a cabo la historia del arte
es necesario poseer una sensibilidad estética desarrollada y rica de contenido· para elaborar una historia del cristianismo se necesita ser capaz de concebir lo que pueda ser el fen6meno religioso hasta llegar casi a sus aspectos
místicos, y por más sutileza que se posea para comprender la .mente y las acciones de un hombre es menester tener en común con él cierto parentesco
psicol6gico que permita sentir y revivir las emociones, las ideas y las convicciones que fueron suyas.
.
Ciertamente el historiador debe, al empezar su tarea, estar animado de un
espíritu crítico extremadamente despierto y vivaz, pero alentar en él solamente la crítica es exponerlo a desechar los filones más nobles de. la ~
riencia, y si esta actitud desconfiada perdura a todo lo largo de su mvestigaci6n le perjudicará, imposibilitándolo para reconocer los verdaderos valores
humanos, ahí donde existan.
.
El exceso o abuso de la crítica, la hipercrítica como se ha llamado, la mvestigaci6n y lucubraci6n, exclusivamente teniendo en cuenta el hecho ~terial han conducido a múltiples errores, pero además han puesto en evtdenci~ a sus sostenedores más ardientes. ¿ Quién podría poner en duda hoy,
la autenticidad por ejemplo, de los testimonios extraídos de las catacumbas
romanas o de la tumba de San Pedro, o del libro de Isaías, como lo puso
en duda' el siglo XVII?
Si por el contrario el historiador, en último análisis, trata de com~render,
de penetrar en las profundidades del alma de los hombres de ?tros tiempos,
y con su espíritu totalmente abierto examinar sus actos, y su vida entera, la
virtud suprema deberá ser en él, la "simpatía", esa disposición anímica q~e
nos hace connaturales con el pr6jimo, con el "yo ajeno", que nos penmte
volver a sentir sus pasiones, volver a pensar sus ideas, a experimentar SUS
afectos O a gozar con sus triunfos y deprimimos con sus desd!chas, y todo
ello bajo la misma luz, a través del mismo prisma que se las hizo conocer a
él como verdad.
Por eso y con justa raz6n coincid~os en este ~.unto c?n el. p:n.samien~
del Maestro Antonio Caso, cuando afumaba, que el sentido h1stonco -di
ce Hoeffding-, es una forma de la simpatía universal. _Aca~o sea. la forma
suprema de la simpatía humana. Saber interpretar en smtes1s ~ummosas. los
lances sucesivos de la vida de la especie, es no s6lo entender, smo amar, es
amar intelectualmente como amaba Spinoza, como S6crates amó, como han
sabido amar los que en el desarrollo indefinido del pensamiento al través de
· · el conocim1e
· · nto y la
sí mismo llegaron a' unificar en un acto d e conc1enc1a,
· precisa,
· geome'tn· ca.' de. la
emoci6n,' la representaci6n y la voluntad, la 16g1ca
pura raz6n, y la 16gica del instinto y el sentimiento. La verdad h1st6nca,

humana, por excelencia, como la metafísica, no se engendra sino en la armonía de las ideas y la intuici6n, dentro de la íntima coherencia del espíritu" (El concepto de la Historia Universal y la Filosofía de los Valores).
Creemos que nadie puede improvisarse en historiador si no posee en términos generales esta tendencia a la simpatía que permite la comuni6n con el
prójimo. El historiador debe poder realizar esta total entrega de sí mismo,
a todo lo que de humano encuentre: Bi6grafo de Napoleón necesita comprender sus ambiciones tanto como el alma de acero de Wellington... Historiador de Hidalgo, compenetrarse con su papel de Cura y sus sentimientos de Ministro del Señor, como con la lucha interna que debió sostener al
desobedecer la autoridad eclesiástica, al mismo tiempo que vivir su afán libertario, pero asimismo poder tener conciencia plena del rencor de Calleja.
Creemos también, que el mejor historiador de un hombre o de una época,
o de un acontecimiento, podrá ser aquel que, por su estructura mental y su
propia experiencia humana se encuentre lo más cerca, lo más Citrechamente
vinculado al espíritu que antaño anim6 a su héroe, o prevaleci6 en ese período.

Por otro lado, pensamos que la simpatía a su vez, no debe constituir la
única virtud del historiador; el ideal sería conciliarla con el más fino espíritu
crítico y con la intuici6n ya que como decía el Maestro Caso: "la misión
primera del historiador es, como la del sabio, un esfuerzo de análisis, un procedimiento de crítica, pero su misi6n última es un esfuerzo de reconstrucci6n, que s6lo puede lograrse merced a la intuición que revive y anima en el
espíritu la realidad exánime de los datos, las fuentes y los monumentos de
la historia" (Problemas Filos6ficos), pero como de hecho estas diferentes virtudes se encuentran desigualmente representadas en cada investigador, los
excesos de unos de ellos tienden a provocar la enmienda de los otros, circunstancia que hay que tener presente al considerar que el progreso de la historia es en mucho la resultante de un esfuerzo colectivo.
Estimamos que como la investigación histórica, en resumen, es una aventura interior a la que se entrega totalmente el historiador, como constituye
el esfuerzo de un alma que busca la resolución de un problema que es fundamental para ella, como esta interrogaci6n al pasado, se toma quizás la
meta de su destino, debe preocuparle más hallar la respuesta a la pregunta
de "¿Dónde está la verdad?", y llegar a ella totalmente, y para sí, que la
elaboración de un conocimiento objetivo y valedero para todos.

Al través de este valor personal, que podríamos como lo hemos hecho lla-

.
'
mar existencial,
la investigaci6n imperativamente se tomará más rigurosa
porque el crítico más exigente será la propia conciencia del historiador la
cual a la postre es siempre el juez más implacable.

674
675

�LOS PROBLEMAS DE LA UNIVERSIDAD DE MASAS EN LA
AMJ!RICA LATINA

Da. Lucm

MENDIETA Y

NúÑEz

Universidad Nacional Autónoma de México

INTRODUCCIÓN

LA EDUCACIÓN SUPERIOR ALCANZA cada día mayor importancia en los pueblos latinoamericanos y sus centros universitarios son, año con año, mate-

rialmente asaltados por un número siempre mayor de estudiantes que tratan
de ingresar a ellos.
Pero sucede que la velocidad con que se desarrollan en esta época los fenómenos sociales es superior a la previsión y a las posibilidades de las ciencias
que tratan de resolverlos y a los recursos materiales de que se pueden disponer
para hacerles frente.
Resulta por esto de gran interés el análisis de los problemas que plantea el ingreso a la Universidad.
El ingreso de los estudiantes a la Universidad se hace cada vez más dificil y ofrece diversos problemas que nos proponemos tratar en este breve ensayo en el que tocaremos cuatro temas íntimamente relacionados.

1) El aumento masivo de 1a población estudiantil.

2) La deficiente preparación de los estudiantes en el ciclo secundario.
3) La orientación vocacional y
4) Las necesidades reales de la sociedad.
Nuestro ensayo no se refiere a un país determinado ni a una Universidad

particularmente considerada, sino que tiene un carácter general; pero está
basado principalmente en la experiencia actual de las Universidades de la
América Latina.
\

677

�1) El aumento masivo de la poblaci6n estudiantil. El aumento masivo de
la población estudiantil es un fenómeno universal que está relacionado con el

hay buen número de catedráticos poco escrupulosos o carentes de energía que

aumento general de la población en todos los países del mundo y en consecuencia es absolutamente normal y benéfico puesto que al crecer el número
de habitantes son mayores las necesidades económicas, científicas y culturales de la sociedad que deben ser proveídas necesariamente por más profe.
sionistas, científicos y técnicos, pues un déficit en estas tres clases de intelectuales provocaría muy serios desajustes en el desarrollo de los pueblos.
Pero el constante aumento de estudiantes crea el problema de la superpo-

a todos sus alumnos con altas puntuaciones y así influyen en el promedio general que obtiene cada estudiante restándole valor efectivo.
Otro procedimiento que se emplea para dificultar el ingreso a las uni-

blación de las universidades que ofrece varios aspectos:
A. El económico desde luego, porque exige crecientes erogaciones por par-

"regalan calificaciones", son los llamados "profesores barco" porque pasan

versidades y que nos parece más realista y más justo, es el de los exámenes
de admisión cuando se sujetan a cuestionarios bien elaborados, porque entonces todos los aspirantes a carreras universitarias quedan en igualdad de

circunstancias y hasta los que hayan obtenido bajos promedios en sus anteriores estudios, pueden prepararse convenientemente para tener éxito en las

pruebas de admisión.

te del Estado para construcción de nuevos edificios) sostenimiento de una
burocracia universitaria y de un profesorado cada día más amplio y la com-

Pero cuando la corriente estudiantil de nuevo ingreso es muy voluminosa,
se corre el peligro de que el número de examinadores no sea suficiente y

pra de equipos escolares, científicos, técnicos, deportivos, ministración de becas y de seivicios cada vez en mayor cantidad.

ficientemente.

B. .El didáctico en vista de que es difícil hallar número suficiente de eatedráticos de reconocida competencia para que atiendan a los grupos de clase que se multiplican cada año.
C. El de la disciplina porque el paso de las universidades de escasa población escolar a las actuales universidades de masas, que han dado lugar a la
aparición del líder estudiantil y de grupos juveniles de presión, dificultan
mucho el mantenimiento del orden en Escuelas y Facultades y aun en el
interior de las aulas.
Se pretende resolver la cuestión del aumento masivo de la población estudiantil en las universidades, cerrando el paso a quienes no lleguen a ellas con

un alto promedio de calificaciones de las escuelas secundarias o preparatorias; pero este sistema resulta injusto :

a. Porque la experiencia enseña que hay muchos estudiantes' que habiendo hecho una secundaria y una preparatoria con medianas calificaciones, en
las escuelas profesionales mejoran y algunos resultan verdaderamente bri-

llantes.
b. Porque a las universidades desembocan dos corrientes de alumnos: la
que viene de establecimientos escolares oficiales y la de las escuelas privadas.
En éstas a menudo se aumentan deliberadamente las calificaciones sobre las
'
'
.
que en realidad merecen los estudiantes para facilitarles el ingreso a las um·
versidades.
c. Tanto en las escuelas secundarias y preparatorias oficiales y privadas,

678

de que por la premura de tiempo y el cansancio, se realicen las pruebas deLa única solución
tiría en mantener los
universidades en vez
las universidades de

posible a este problema, en nuestro concepto, consisexámenes de admisión; pero creando nuevas pequeñas
de las grandes ciudades universitarias y fortaleciendo
provincia para evitar que afluya una corriente exa-

gerada de población estudiantil a las universidades de las capitales o a las
de mayor prestigio.
Al propio tiempo, el Estado por medio de subsidios o de exenciones de
impuestos debe favorecer y estimular el establecimiento de universidades privadas que se incorporen al sistema general de enseñanza; pero cuidando de

garantizar la idoneidad y la eficiencia de cada una.
De este modo se volvería a la antigua universidad selecta, de escasa población escolar, y se acabaría con la universidad de masas que como hemos
visto, crea muchos problemas y disminuye la calidad de la preparación universitaria.
Es claro que esta nueva organización de los altos estudios y de la enseñanza profesional requeriría una legislación adecuada o cuando menos un
acuerdo entre todos los centros universitarios de cada país a fin de no admitir en una universidad la inscripción de alumnos que vivan en lugares en
donde les corresponde otra, sino en casos excepcionales debidamente reglamentados y drásticas medidas para determinar el cupo máximo de escuelas
Y facultades y para mantenerlo con objeto de evitar que descienda su calidad

por exceso de estudiantes y falta de profesores, de aulas y de elementos administrativos y didácticos.

2) La deficiente preparación de los estudiantes en el ciclo secundario. Una

6i9

�vez resuelto el problema del aumento masivo de la población estudiantil
mediante la multiplicación y la localización racional de las universidades,
surge el relativo a la deficiente preparación que adquieren los estudiantes en
el ciclo secundario.

En efecto, los profesores de las escuelas preparatorias y especialmente los
de las profesionales se quejan de que se les dificulta mucho desarrollar sus
enseñanzas porque los alumnos carecen de los conocimientos previos indis,.

pensables para comprenderlas y asimilarlas.
Esta crisis de adaptación que sufren estudiantes y maestros al pasar aquéllos de un ciclo a otro sólo puede resolverse, a nuestro parecer, llevando al
cabo una revisión general de la educación secundaria, preparatoria y profesional para articular los planes de estudio con precisión de materias y de
métodos de enseñanza y de sistemas de evaluación del aprovechamiento, a
fin de establecer entre ellos un eslabonamiento riguroso y una continuidad
pedagógica eficiente.
Como a pesar de todo los desajustes subsistirían aún cuando fuese en
menor grado, el examen de adnúsión al que ya nos hemos referido, obligaría
a los estudiantes de nuevo ingreso a las escuelas preparatorias y a las profesionales, a superar su deficiente preparación y a adquirir especialmente los
conocimientos básicos necesarios al correspondiente nuevo ciclo de estudios.

En las universidades en donde la preparatoria o bachillerato establecen
diferentes programas en función de las carreras que puede elegir el estudiante, una revisión de esos programas, métodos de enseñanza y sistemas de
evaluación del aprovechamiento para adaptarlos rigurosamente a las exigencias de las escuelas y facultades profesionales, resolvería el problema de la
deficiente preparación del alumnado de nuevo ingreso que en éstas se advierte. En las universidades de bachillerato único es necesario establecer en

cada escuela o facultad un curso de un semestre de estudios intensivos previos para preparar al estudiante de nuevo ingreso en las materias que nece-

sita conocer a fondo para abordar con éxito el aprendizaje profesional.
Establecida y perfeccionada así, la nueva organización universitaria, surge

otro problema de trascendencia social: el de la orientación vocacional Y
profesional.
Si el Estado hace grandes desembolsos para sostener a las universidades,
tiene derecho a exigir por esto y para defensa de los intereses sociales, que
de ellas salgan profesionistas bien preparados; pero esa preparaci6n no sólo
depende de la excelencia de la organización universitaria y de sus enseñan•
zas, sino también de que cada estudiante elija la carrera para la que sea
realmente capaz. Cuando esto no sucede, se producen frustraciones en el
680

individuo que eligió erróneamente una profesión y no siendo competente en
ella, es incapaz de prestar a la colectividad servicios eficientes.

3) La Orientación Vocacional. Es éste el problema de la orientación
vocacional o profesional, pues se llama de estas dos maneras estableciendo
una confusión que es necesario deshacer.

En el Seminario celebrado en Caracas, Venezuela, durante los meses de
agosto y septiembre de 1948, se definió la educación vocacional incurriendo
en la confusión aludida pues se dijo que: "Es la que, sin desatender los aspectos esenciales de la Educación Fundamental, forma, instruye y capacita
para adquirir una profesión, arte, oficio u ocupación que pennita ser individual y socialmente útil". 1
Pero como dice acertadamente Fingermann, la vocac10n es una disposi-

ción de carácter subjetivo. La vocaci6n -la palabra lo dice-- es como un
llamado desde afuera; pero en realidad es una inclinación que va desde
dentro hacia determinadas tareas o actividades. A veces es la repercusión,
en la conciencia, de una aptitud subyacente. Mas por desgracia, no siem-

pre la vocación sentida está combinada con la presencia real de una aptitud.
¡Cuántos se creen poetas sin serlo! 2
En consecuencia, la vocación tiene que ver con las disposiciones innatas

que inclinan al individuo hacia determinadas actividades, se da principalmente en la esfera del arte. La educación vocacional sería aquella que Ir.atara de mejorar las aptitudes correspondientes a la vocación y de cultivarlas, una vez descubierta; pero que en el arte fracasaría cuando la vocación
en el individuo no estuviese complementada con la aptitud porque ésta se
puede mejorar con la educación, pero no se puede crear. Eñ cambio la

educación profesional, sin desdeñar la vocaci6n se refiere principalmente a
las aptitudes. No todos los individuos tienen vocación para algo; pero todos
tienen aptitud para algo.
La orientaci6n profesional parte de la determinación de las aptitudes de

cada persona para señalarle ·¡a profesi6n que más le conviene estudiar.
La vocación y la profesión a veces se integran en una sola unidad; pero

también pueden coexistir. Hay profesionistas eminentes dotados de grandes
aptitudes profesionales que al propio tiempo sienten y cultiv,!Il una vocación: Cirujanos que aman con fervor la música; abogados que en sus horas
1

Seminarios Interamericanos de Educación. No. 9. Universidad de Maryland 1952.

Unión Panamericana. Washington, D. C. 19541 p. 61.
1
GREGORro FINGERMANNi Fundamentos de Psicotécnica. El Ateneo. Editorial. Buenos Aires, Argentina, pp. 55 y 56.

681

�de ocio se dedican a la pintura; ingenieros que se sienten fuertemente atraídos por la aviación o por la política, etc., etc.

Si pues, las universidades tienen por objeto preparar a los estudiantes
para las profesiones liberales, para la ciencia y las disciplinas filosóficas, lo
que les corresponde específicamente es la orientación profesional y no la
vocacional.
Para cumplir adecuadamente su misión, toda universidad ha de tener un
servicio de orientación profesional al que deben acudir los estudiantes al
terminar la educación secundaria en aquellos países en donde existe el ba-

chillerato diferenciado y en donde hay bachillerato único, al concluir los
estudios de éste, puesto que la orientación profesional tiene por objeto descubrir las aptitudes del alumno antes de que se decida por una profesión
específicamente determinada.
Los tests descubren cualitativa, y cuantitativamente, las aptitudes de los individuos, ya sean físicas, técnicas o manuales; pero deben escogerse y agruparse
convenientemente para formar las "baterías de tests" que no solamente revelan las posibilidades de cada quien sino como dice Fingermann, la personalidad global del sujeto, su tipo psicológico.
Sin embargo, a nuestro parecer, el servicio de orientación profesional debe
ser obligatorio en las universidades para todos los estudiantes de nuevo ingreso; pero no así sus diagnósticos. En los países democráticos no puede imponerse el estudio de una profesión determinada y prohibirse otras a los
alumnos que llegan a los centros universitarios con el propósito de hacer una
carrera, sólo porque el diagnóstico del servicio de orientación profesional sea
negativo. Eso significaría una imposición contraria al principio democrático
de la libertad individual.
En primer lugar, aun cuando aceptemos con Fingennann que "con los tests
se obtienen verdaderas radiografías del espíritu" hay que tener en cuenta
que, como el mismo autor lo advierte, no basta la radiografía, sino que es
necesario saberla interpretar y no puede hacerse víctima a los estudiantes de
posibles errores de interpretación.
Por otra parte, no es raro que una persona demuestre aptitudes para varias
profesiones. Hay, inclusive, quienes siguen con éxito dos, quienes son médicos
y abogados, abogados y economistas, etc., etc.
El servicio de orientación profesional, ha de ser, en consecuencia, una especie de consejo científico que estará contenido en el diagnóstico que se entregará a cada estudiante; pero dejándolo en libertad de aceptarlo o no. Es
de suponerse que en la mayoría de los casos lo aceptará, que servirá para que
los alumnos y sus familiares recapaciten sobre la carrera elegida si no es la
indicada como más conveniente en el diagnóstico.

682

4) Las Necesidades Reales de la Sociedad. El servicio de orientación profesional de las universidades, tiene que organizar sus baterias de tests, en función de un cuadro determinado de actividades científicas y técnicas que formará de acuerdo con las necesidades del país correspondiente para canalizar
a las corrientes de estudiantes que llegan cada año a los centros universitarios,
hacia aquellas profesiones que sean más necesarias en un momento dado.
La orientación profesional, además del diagnóstico, debe dar a cada estu.
&lt;liante una información escrita sobre las finalidades, el contenido y el sentido
social de cada carrera y una explicación clara de la forma en que esa carrera
se practica y de lo que de ella pueden esperar desde el punto de vista
económico.
Les presentará también un cuadro realista de las necesidades del país en
cuanto a profesionistas y técnicos de las diferentes ramas de las ciencias de
la naturaleza y de las ciencias sociales.
En resumen:
l. El problema de superpoblación escolar que crea el aumento masivo de
la población estudiantil, sólo puede resolverse a) creando y distribuyendo adecuadamente en el territorio, nuevos centros universitarios para descongestionar los ya existentes y para evitar el surgimiento de más universidades de
masas que ofrecen innumerables problemas y ningunas ventajas.
II. La deficiente preparación que adquieren los estudiantes en el ciclo
secundario es una cuestión que sólo puede resolverse revisando y reestructurando los programas de estudio de esas escuelas en función de las necesidades
científicas de las escuelas y facultades profesionales y estableciendo en éstas,
el sistema de exámenes de admisión de acuerdo con bien estudiados cuestionarios que comprendan la preparación fundamental para la carrera de. que
se trate.
Estos exámenes a la vez que serían una criba que detendría a los incompetentes, servirían para subsanar los defectos de la preparación del ciclo secundario en los que lograran aprobarlos.
III. Los alumnos que llegan a las escuelas y facultades profesionales de
la universidad, deben ser ilustrados por un servicio eficiente de Orientación
Profesional sobre la carrera que más les con viene elegir de acuerdo con sus
aptitudes; pero este servicio ha de ser simplemente de orientación y no de
imposición.
. IV. La Orientación Profesional comprenderá, además del diagnóstico, una
mformación sobre las necesidades reales del país por lo que respecta a profesionistas y técnicos, sobre las finalidades, el contenido, el sentido social y las
perspectivas de cada profesión.

683

�EL DERECHO Y EL SENTIDO COMÚN

Lic. Lms M. FAR.ÍAs
Universidad Nacional Autónoma de México.

ToDA LA VIDA SOCIAL se encuentra profundamente permeada por el Derecho,
cada día más acentuadamente la legislación invade las varias actividades humanas, por lo que, con cada día que pasa, es más acusada la necesidad para
tocio hombre de tener un mínimo de conocimientos jurídicos. La noción del
derecho resulta así indispensable para el que anhela vivir en armónico concierto con los demás y ser útil a la comunidad.
Sin embargo, salta a la vista que aquellos que se dedican al estudio del
derecho y los que de él viven parecen perderse en un laberinto de leyes y de
f6nnulas olvidándose de la esencia y los fines del Derecho.
Ha habido épocas, y parece que hoy regresamos a ellas, en que las palabras
estaban dotadas de poder mágico, en que se daba más importancia a la forma
que al contenido, a la ley que a la justicia, a la fórmula que a la verdad, y
así en juicio, era preciso pronunciar fórmulas sacramentales sin cambio alguno, so pena de perder el pleito. El Derecho pasa a convertirse en rito, el
proceso deja de ser una búsqueda de la verdad con miras a impartir justicia
para convertirse en un ritual en el que se premia la habilidad para manejar
f6rmulas y se castiga la ignorancia de ellas.
En un examen profesional escuché a un distinguido maestro preguntar al
que se examinaba -y lo hacía en serio- si creía que los tribunales eran
creados para impartir justicia, y cuando el examinado respondió categóricamente que sí, el maestro rio benévolo y se mofó de lo que consideraba ingenuidad juvenil. Y es que, para muchos, los tribunales, todo el aparato de
la justicia nada tiene que ver con la justicia y la verdad sino simplemente con
el respeto a las leyes, a la letra de la ley, su función es -para ellos- nomofiláctica: custodio de la ley, no custodio de los derechos del hombre.

685

�Este es el peligro que confrontamos. La pérdida de la perspectiva, el olvido de los fines para ver s6lo la forma y la praxis.
Si a esto añadimos el descrédito de la profesi6n, la falta de fe que universalmente se tiene para el derecho, el desaliento que los abusos y los en.
gaños han llevado a la mente de los legos, la creciente cañ\idad de burlas de
que se hace objeto a nuestra ciencia, no podemos menos que alarmamos.
Recientemente ha aparecido un libro -interesantísimo-- del español Juan
Gómez Jiménez de Cisneros en que con gala de erudición y agudo ingenio
recopila cuanto de malo se ha dicho en contra del derecho y sus oficiantes a
través de los tiempos y por todos los medios: chascarrillo, novela, anécdota,
teatro, periodismo, radio, cine y televisión.
Todo esto nos debe mover a llevar al ánimo del estudiante la . advertencia
de lo fácil que es caer vencido ante el atractivo de las formas con descuido
de las esencias humanas del derecho.
Hace ya algún tiempo leí con verdadero interés un libro del jurista inglés
Sir Paul Vinogradoff, titulado Common Sense in Law, o sea: El Sentido Común en el Derecho. Años después se public6 en nuestro idioma bajo el nombre de Jntroducci6n al Derecho. La obra es fecunda y Jlena de sugerencias;
pero quizá lo más sugestivo de todo sea el título original suprimido, desgraciadamente, en su edición mexicana. Pensando en lo que escribí al iniciar

este estudio y recordando el libro de Vinogradoff, he escogido el tema de
El Sentido Común y el Derecho.
Desde luego no pretendo ser original, lo que escribo será simplemente un
recordatorio para todos los estudiosos. Pero, después de todo, me complazco en

recordar lo que alguna vez me dijo el licenciado Mariano Azuela con su característico humor: "En derecho sólo hay dos clases de escritores: los que
ponen las comillas y los que se las comen". Respetando pues las comillas, entremos en materia.
Todo el que acude a una escuela de jurisprudencia cree tener ideas muy

claras sobre el Derecho, la Ley y la Justicia, algunas veces es cierto. Todo el
que viene a estudiar sueña con ser un paladín de la justicia y un campeón
de los desheredados. Pero -primero el estudio- y después la práctica van
envolviéndolo en las teorías y las f6rmulas. Principia por admirarse de la
eficacia de las f6rmulas y termina por creer en ellas con grave detrimento
de sus limpios ideales, y las ideas claras que antes tenia quedan en el olvido
cubiertas por un cúmulo aplastante de preceptos y f6rmulas. Los primeros
triunfos profesionales inflaman su vanidad, hacen luego su aparici6n los
intereses y la ambici6n y el joven, que lleg6 a la escuela con el ánimo de
luchar por la verdad y el bien, pasa a ser un virtuoso de la eficacia, un

686

manipulador del sofisma, un adalid de la mentira, un adorador del éxito fácil, un cínico que se ríe de la justicia y no cree en la verdad.
El sentido común debe ser nuestro aliado para volver al camino recto, des-

cubriendo la esencia del derecho, del Derecho en su sentido universal, no del
positivo manifestado en leyes.
Es preciso tener nociones claras de los conceptos fundamentales, saber qué

es hombre, qué familia y sociedad y estado, derecho, justicia, ley y moral.
Sin estas nociones generales nos perderemos en los laberintos de las reglas
y la casuística.
El hombre -animal racional- es un ser social, un ente que por su ca-

rencia y por su dignidad requiere de la colaboraci6n de sus semejantes. Por
ser débil e insuficiente necesita hallar en la colaboración las satisfacciones que
aislado no alcanzaría. Por ser superior y tener dignidad exige la comunicación con los demás para expresar su amor. El espíritu pide comunicarse, por
eso posee el habla, la materia impone necesidades que sólo encuentran cumplimiento en la participación de sus semejantes.
Así surge el grupo humano cuya primera expresión es la familia. Ésta nace
por virtud de la diferencia de sexos y la tendencia o instinto de conservación
de la especie. Pero no basta la unidad familiar para satisfacer el instinto gre-

gario del hombre, las familias se van sumando hasta constituir la ciudad y
luego el Estado.
Es el sentido común el que nos indica que el hombre necesita de la sociedad, no conocernos al hombre viviendo de otra manera. Un Robinson, aparte
de ser creación imaginativa, no está aislado, Ileva consigo la ciencia de su
tiempo y aun estos conocimientos no le satisfacen y encuentra su "Viernes",

el nativo que le acompaña y al que enseña, así pues el propio De Foe está
indicándonos lo indispensable que es para los humanos la comunicación.

"Aquel que no tiene necesidad de los demás -dej6 escrito Arist6teles- ha
de ser o bestia o Dios: no es parte de un Estado". "Hay por naturaleza, nos

dice el mismo fil6sofo, un instinto o tendencia en todo hombre hacia la sociedad". Y el viejo rapsoda Homero en la Ilíada recomienda: "Huíd de todo
hombre que vive sin leyes, sin familia, ni hogar, sin afecciones . .."

De esa tendencia del hombre hacia la sociedad nacen los agrupamientos humanos que se hacen para complementar las carencias naturales de los hombres.
Y bien, tenemos ya la sociedad, sea esta familia, o ciudad o Estado en el
sentido moderno. ¿ Podrá una sociedad vivir sin normas, sin leyes, sin derecho? Volvamos a Homero, ahora en la Odisea, cuando Ulises charla con el
Rey Alcinoo: "Cada quien dicta leyes para su esposa e hijos". Queriendo
decir que no es concebible ninguna agrupaci6n humana sin que esté dotada
de leyes, de normas, de reglas. Es absurdo imaginar siquiera una sociedad sin

687

�derecho, vale decir sin normas, tanto como lo sería pensar en_ el ~er:ch_o sin
atender a la realidad social; una y otro van a lo largo de la H_1storia ~nd15?lublemente unidos. En efecto, una sociedad -cualquiera. sociedad unagmable--- sin normas no sería colaboraci6n y mutua ayuda smo mutuo estorbo,
confusión y choques que terminarían en la violencia._ Y un derecho en ab_stracto
sin pensar en los sujetos del mismo, carece de senado. El derecho es siempre
relaci6n de hombres. Todo derecho hace referencia a las personas. Alguno
podría alegar que los derechos reales son domi_nio de un h~~bre sobre una
cosa; pero en verdad no es -si bien se ve-- smo una re!ac1on humana ~r
la que un hombre tiene imperio sobre una cosa y los &lt;lemas, todos los &lt;lemas,
tienen prohibici6n de disfrutar de aquella cosa asignada por el derecho a uno.
El Derecho se crea para el hombre porque la convivencia que es producto
natural requiere del orden para subsistir.
.
Por encima de todas las agrupaciones humanas está el Estado que se diferencia de todas por su mayor extensi6n y superior misi6n. El Estado_ no es
a un agrupamiento espontáneo sino conscientemente creado con miras al
~ienestar colectivo y se da leyes para armonizar esfuerzos y preservar el orden. El Estado tiene tres elementos que lo constituyen: Gobierno, _gobernados
y territorio. Su existencia implica la idea de soberanía en el sentido, ~e que
no tiene nada por encima, de que es autosuficiente en el orden poht1co, de
que se da a sí mismo sistemas y leyes para su organizaci~n. Esto, desde luego,
sin perjuicio de mantener relaciones de interdep_endenc1a con ot~os E~tados
soberanos y con organismos supranacionales que llendan a la coex1stenc1a pacífica. Ahora bien, ¿ cuál será la funci6n primordial del Estado? Debe ser la
administraci6n del bien común, propiciando todo aquello que lleve a sus
miembros a la práctica de las virtudes sociales. Si el Estado se forma con
miras al bien común todos sus miembros aportarán su esfuerzo Y su _colaboraci6n porque todos están interesados en ello. En el ~stado la ~c1edad
obra y vive merced al concurso de sus miembros orgamzados mediante la
acción de la autoridad. Y toda sociedad organizada, todo Estado supone la
existencia de una autoridad encargada de la coordinación del actuar de todos
los miembros con miras a su fin propio: el bien común.
Ser miembro de un Estado implica una renuncia a la libertad P:i:s&lt;&gt;nal;
pero esa renuncia se ve suplida con ventaja por los resultados y bcnef1c1os, ya
e Como afirman algunos autores, "el hombre sólo llega a ser todo lo que
qu '
.
'] .
". o
tiene la obligación de ser, a cambio de deJar de ser solament~ e m~smo ,
como pensara don Antonio Caso: sólo en el abandono del ego1smo, solo en la
entrega absoluta se encuentra la plena libertad.
Pero no podemos detenemos aquí. El Estado que es soberano Y que _es
autónomo necesita de una Ley Suprema que establezca el sistema de trabajo,

la forma del cuerpo directivo, que fije los límites del poder público y señale
los derechos de los miembros de la sociedad. Es decir, el Estado requiere de
una Constitución. Esta podrá ser escrita o tácita; producto de la tarea de un
cuerpo legislativo constituyente o consecuencia de un largo proceso de Ja
tradición y la costumbre; pero siempre existirá en el Estado. Y será como Jo
quiere Hauriou equilibrio entre el Poder, la Libertad y el Orden. La Cons.
titución señalará principalmente la forma de Gobierno.
Las formas de Gobierno, enseñaba Aristóteles, son tres: Monarquía, Aristocracia y Democracia con sus correspondientes formas viciosas de Tiranía
Oligarquía y Demagogia. Y en esta exposición del estagirita queda de mani~
fiesto que lo fundamental es el hombre pues no es la ley ni la forma las que
~n buenas o malas sino la manera en que el hombre las maneja y las aplica.
Sm embargo el propio peripatético indica que la mejor de las formas es la
democrática y en nuestro tiempo el uruguayo Carlos Vaz Ferreira nos dice
que la democracia es superior en tres planos: el bien del menor mal; da mejores resultados; y estimula el desarrollo de la personalidad. En la democracia
5«: evit~ males y abusos, en ella se obtienen resultados de libertad y sana conv1venc1a y en ella la persona puede desarrollarse mejor para su propio bien y
para el bien de los demás.
_La existencia de Estados Democráticos -lo veremos con mayor detenimiento un poco más adelante-- implica íntima relación entre el derecho y la
~oral, y la necesidad de considerar a la ley no como simple forma y sanción,
smo como precepto cargado de contenido ético. Pues la identidad entre Estado
y Derecho nos lleva a la justificación de todas las tiranías.
Veamos ahora qué es el Derecho. El punto no es fácil. Empezaremos por
recordar que hay más de doscientas definiciones, lo cual ya nos indica Ja
falta de acuerdo entre los tratadistas respecto a su verdadera definición. Las
hay formales y las hay de contenido. Unas definiciones miran a la libertad
otras a la seguridad, otras más a la voluntad en tanto que algunas sólo atien~
den a la sanción, entre las que se preocupan del aspecto formal. Las de contenido, fijan su atención ya en la buena fe, ya en el ideal de la justicia
0
en el bien común.
Intentemos con el auxilio del sentido común una definición que comprenda
lo que la experiencia nos indica es el Derecho. Repasemos primero lo que
~emos entende~ por el término. El estudioso argentino Arturo Orgaz senala cuatro acepciones, a saber: Primera.-La regla de conducta socialmente
obligatoria a cuyo cumplimiento puede compelimos el Estado. Segunda.-La
pretensión legítima que una persona tiene para exigir algo del Estado o de
otro sujeto privado; es decir, el derecho como facultad. Tercera.-EI concepto doctrinario-filosófico acerca del contenido de la justicia; el derecho

688
689
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to o valor que se paga por utilizar un
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La tasa unpues
como
i ea.
uar a.- .
'
. .
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y esto sm entrar en 1as habituales divisiones de: Derecho
serv1c10 p ico.
,. .
. d etc Pero resulta evidente que cuando
Positivo, Natural, Pubhco, Pnv~ o, hac~mos referencia a las formas segunda
hablamos del Derecho en genera nho
t ) a la primera (derecho-nor.
1 t c ra ( derec o-concep o Y
y cuarta, smo a a er e
1 • d. Derecho se refiere al conjunto de
b . 1 t cuando a gu1en ice
ma). Ha ,tua
men
e
,
. do o al ideal de la 1· usticia en abs.
un pa1s deternuna
normas que imperan en
errnite elaborar la doctrina y
tracto. Pero es el derecho-norma el qu~d nos: o la norma ¿ tendrá sentido
abstraer partiendo de ·los hec~os co~oc'. os.? ~:sde luego que no. La norma
por sí es decir constituye un fm en s1 misma. 1
n "para" Sí
. '
.
. ificación teleológica, a norma es u
. '
es mstrumento, tiene s11l".
,
, 1 f rdad que persigue la norma
para una finalidad cualqmera. ¿ Cual sera a ma '
ju~:c;:imer lugar podemos decir que ~n::::"ii:ª:: ~t:~:g~: ~e:::
en la vida social. Pero no es ~l o~d:: : L~ego la norma es decir el Derecho
a su vez el bienestar de la co ect.1v1 a .
~
,
s que el
.
1 b·en común la felicidad social. Pero hay go mas y e
.
persigue e I
' 'be -esencialmente- sino cuando hay una soc1e~
h norma no se conc1
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erec o. 'l habrá disposiciones pro illvas
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d d d h mbres libres de lo contrano so o
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preceptos obligatorios; pero no toda 1a nea gam~ he b
el derecho y que son fuente de facultades para e om re.
. , ? . sAh ra bien . todo el derecho está contenido en las normas pos1t1vbas. é El
o , d , éh
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1 d. t del Pretor
1
de la filosofia y no en e e ,c o
ciencia del derecho .en e ar~~ ,, Encontrarnos decía el sabio orador, el
ni en la Ley de las Doce a as .
' 1 lado
or encima del
derecho en _l~ naturaleza del_ hom~:-n:u::s : : v~gencia ;e~anente, o sea
derecho pos1tivo, hay un conjunto
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.
. una norma positiva es o
el derecho natural. ¿ Cómo vamos a etennmar s1
.d d 1 .us.
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d'o de la confrontación con nuestra 1 ea e a J
no Justa s1 no es por me i
l . sticia constituyen el derecho
ticia? Estos principios generales, co~; el ~~ ªdl~ ntido común Este sentido
natural.. y es ésta también r~:: :::1r:~:a;~:n ha; ,: derecho pe~anente, innos advierte que hay un o d , d .
s·, es cierto que hay un derecho
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1
t·guos consideraran como justa la
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explicar que os an 1
inmutab1e no po emos
I
Tendremos que responder a
1 · ta salta que no o es.
esclavitud, ya que a a VlS
rd
d sostiene que no es el derecho
éstos con la tesis de Georges Re;a. ' cuanseº nos va presentando progresivael que cambia sino nosotros, es e~ir, qute d rechos eternos y la existencia
d 1 · congruencia en re e
mente. El caso e a lil
. d
r por ignorancia de los antiguos y
en la antigüeda~ d; la_ esclav1ltu s~ e~; ~c~aya sido justa. De la misma ma•
no porque en mngun tiempo a ese aVI u
690

nera que las estrellas y los astros están allí desde incontables milenios aun
cuando el hombre los vaya descubriendo día a día conforme aumenta su capacidad de observación con la creciente potencia de los telescopios. La estrella -dice el discípulo de Houriaou- es fija, pero el conocimiento que de
eJla tenemos progresa; así el derecho natural tiene un contenido progresivo,
no porque realmente su contenido aumente, sino porque nuestro conocimiento de él progresa.
Pasemos ahora a observar lo inconveniente de la tesis formalista que niega
todo contenido al derecho y lo identifica con el Estado. Esta postura es sostenida por los partidarios de la teoría pura del Derecho con Hans Kelsen a
la cabeza, proponiéndose, según propia confesión, estudiar el derecho positivo
haciendo a un lado "todo juicio ético-político de valor". Con tales ideas no
es posible separar los conceptos de Derecho y Estado, ya que no hay más
derecho que el impuesto por el poder público; no cabe tampoco diferenciación entre derechos objetivos y subjetivos; poca será la diferencia entre ley
y sentencia ya que ambas son decisiones del poder si bien una tiene carácter
general y la otra particular; se cae en un monismo jurídico sin distinción de
las clásicas divisiones del derecho en privado, público, nacional, internacional, administrativo, etc., ya que todo será expresión de la voluntad del poder.
Por último -sigo en esto a Orgaz- si Derecho y Estado son una y la misma
cosa, haciendo caso omiso de los ideales de justicia y libertad, se sirve por
modo espléndido como escudo para todos los sistemas buenos y malos, justos
e injustos, democráticos y tiránicos. Y como atinadamente indica Bodenheimer: "la lucha entre el poder y el derecho carecería de todo interés
para el jurista". Esta teoría echa por tierra la comprensión de la naturaleza
del derecho, impide la lucha continua por el perfeccionamiento de los sistemas
jurídicos puesto que no pueden invocarse ni valores ni ideales.
Con vista en lo expuesto anteriormente podemos decir que el Derecho es
el conjunto de principios que se traducen en normas dotadas de coactividad
que tienden a: delimitar, coordinar y proteger todos aquellos intereses que
se juzgan valiosos para la convivencia social (Orgaz) .
El Derecho nace, pues, de principios sin los cuales la vida social es imposible: respeto a la vida humana, respeto a la familia, respeto a la libertad
individual, respeto a la conservación de la sociedad, respeto a la conciencia y
respeto a la buena fe. Todos estos principios -dice el Maestro García Rojas-- tienen sustento en tendencias naturales del hombre: instinto de conservación, atracción de los sexos e instinto de conservación de la especie, anhelo
de libertad, instinto gregario, sentido religioso y amor a la verdad.
Hemos aceptado ya que el hombre es un ser social que por razones naturales se agrupa formando familias, ciudades y estados. También hemos acep691

�tado que todo grupo humano requiere de normas con miras a la eficacia en
la colaboración y preservación del orden. Pero hay una consecuencia a la
cual no hemos hecho referencia expresa suficiente y es ésta: toda sociedad
exige la existencia de la autoridad. Una autoridad que se encargue de administrar el orden y encauzar la colaboración. Una autoridad que sepa imprimir a todos los miembros del grupo social un impulso hacia el mismo fin:
el bien social. Será la autoridad la que dicte las normas de la convivencia y
vigile su cumplimiento, será la que administre la justicia y la que maneje los
bienes de la colectividad.
Pero esa autoridad no podrá ser ejercicio del poder sin límites, ni expresión de voluntad caprichosa, sino ejecución racional de actos que tiendan al
bienestar colectivo. La autoridad es "gerente del bien común" y está para
proteger y garantizar los derechos individuales y los derechos sociales de los
grupos colectivos que integran el Estado.
Quien dice autoridad no señala privilegios sino que indica responsabilidades. La autoridad sólo tiene como razón de ser -en última instanciael servicio a la sociedad. Ella indagará las necesidades y señalará las metas
y, una vez conocidas las necesidades y fijadas las metas, dictará las normas
que den satisfacción a las primeras y permitan el logro a las segundas.
El poder, la autoridad, no pueden dejar de ejercerse. No puede haber
vacíos de poder. Si la autoridad no ejerce el poder, éste pasa a otras manos.
¿ Qué sucede cuando una autoridad deja de ejercer el mando? Siempre surge
a su lado o detrás o frente a ella alguien que lo ejerza; pero con la gran
desventaja de que como la responsabilidad formal y nominal sigue en la
autoridad, el otro actuará sin sujeción a normas ni a consideraciones de
responsabilidad. La Historia está llena de ejemplos.
El poder es permanente, los hombres que lo tienen en sus manos son transitorios. Podríamos decir que éstos tienen la autoridad en forma fiduciaria;
que lo reciben, lo usan para bien de la comunidad y lo pasan a otras manos.
La autoridad se ejerce promoviendo, organizando y garantizando los intereses
de la persona y de la colectividad. Y esos intereses pueden resumirse de la
siguiente manera: Seguridad, Justicia, Salud, Cultura y Libertad.
Pero pasemos ya a ver qué concepto tenemos de la Ley. Entendemos por
ley la regla que promulga el Estado para inducir a los hombres a actuar o
para que se abstengan de ello. El Derecho, lo hemos expresado ya, se manifiesta en leyes, en disposiciones obligatorias. Y las leyes son necesarias a la
convivencia, es decir son indispensables a la sociedad para coordinar sus
actividades. Esto es tan palpable que todo intento de demostración resulta
superfluo, es algo que se desprende de todo lo que hemos venido asentando
en esta exposición. Pero veamos qué significado tiene la palabra, qué es lo

692

q~e lo_s hombres han entendido por ley. Sobre la etimolo ,
disparidad entre los autores p
e· , .
gia de la palabra hay
. ara iceron viene de "leg " 1
A 'l
en esto San Isidoro y muchos t
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ere ' eer.
e sigue
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.
au ores mo ernos la aceptan S t T ,
cambio opma que el origen está en ''r
" r
.. an o ornas en
obliga a actuar. y esta explicac·,
ligar~ ' igar, obligar, puesto que la ley
10º es a mas aceptada t d
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pre la ley ha sido escrita en t t
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consi era a obligade Leyes Física: que di::
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permzte.
La Ley será d
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individuos que co::i:::ct:: !::i:~a~d n~ae~á diritda al indiv~~uo sino a los
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provee o de uno Se co 'd
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bien de los hombres la r' t' d
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legislador tiene com; fin m~clac i_ca 1eh la bvirtud. y~ Aristóteles decía que "el
ucir a om re a la virtud" La l
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re uscan o s1emAhora bien ¿ a quién corresponde la facult d d h
que ser al Estado, pues hemos ace tado u ~ e acer, las leyes? Tendrá
es el gerente del bien común 1 d' p
} e e~te, a traves de la autoridad,
trario sería invitar al caos 'ae irector., e la vida colectiva. Afirmar lo conasí lo indican E
y la confus10n. El sentido común y la tradición

t

tad de redact~r ; ~~:~~lgE:~!; queLtie~el la auto~dad legislativa, la faculh
eyes. eg1s ar es atributo de la b
,
ay soberanía sin facultad legislativa La
, d I
so eran1a, no
se dividen en tr
d
. :
mayona e os Estados modernos
.
es po eres: Legislativo que elabora la legislac·, d l
,
atendiendo a las necesidades ue en cada ,
wn e pais
organización social; Ejecutivo ~ue administ/poc~ se van presentando en la
encargado de impartir justicia interpretando tasel~mpone ~as ~yes; y Judicial,
el orden social por violaciones a las normas esta:i::i~=vitan o que se rompa
L a t area 1egislativa es obra del entendimiento p , t'L
experiencia del
d
.
.
rae ico que aprovecha la
. .,
pasa o y aspira a m terpretar las necesidades del f t
S
mis10n es de razón más que de voluntad· El Estado podra, querer un
u u~o.
fm de-u
693

�terminado pero no podrá imponer una ley contraria a la razón, una ley _que
de an temano se sabe no va a ser cumplida. Si bien no han faltado
. tratadistas
.,
-especialmente alemanes- que consideren que la Ley ,
es smo ex~reS1on
de la voluntad del legislador. No, la Ley es razón, es analis1s de la realidad y
es disposición prudente. Ya el filósofo de Estagira dice: "La Ley debe ser ~~a
expresión de la sabiduría y la inteligencia" y Platón no obstante su adorac10n
por el Estado absoluto, pide que el legislador se guíe por la -~azón y para el
bien de todos. También para San Agustín la ley es emanac1on de la mtehaencia. Santo Tomás nos dice que "la ley es una ordenación de la razón
~on vistas al bien común, promulgada por aquel que tiene el cuidado de la
, ".
comunidad". Y Cicerón considera que "la Ley verdad era es 1a recta razon
Pero hay algo más que conviene destacar y es esto: que la ley _no sólo
establece obligaciones y crea derechos para el cuerpo gobernado, smo que
también limita al propio poder soberano. Hay lo que podríamos llamar autolimitación del poder, o la autosubordinación del creador a su criatura que
es ]a ley. A través de la legislación el poder público se señala límites y se
establece obligaciones. Y todavía más, ofrece al ciudadano, es decir al gobernado, medios para enfrentarse al poder y evitar sus abusos. Estos ~~ los
"derechos y garantías" por medio de los cuales el particula~ puede _exigir al

~º-

Estado que respete cierta actividad o no realice actos contrarios o lesivos para

sus intereses como la libertad, el honor, el patrimonio y la seguridad de la
persona humana.

Sabemos ya que la ley es regla dada por el Estado dirigida .ª los hm':1bres
indicándoles el camino de su acción y poniendo límites a la misma mediante
prohibiciones y sabemos también, que la ley es dada por el mismo Estado_ en
función de su soberanía a través de un cuerpo especial llamado leg1slatJvo.
Pero •cómo deberá ser el precepto legal? San Isidoro de Sevilla, el admirable
sabio 'del siglo VI, opina que la ley "deberá ser honesta, justa, posible, conforme a la naturaleza, conforme a las costumbres patrias, conveniente al
lugar y tiempo, necesaria, útil, manifiesta, para que no caiga alguien_ ~
engaño por su oscuridad, no acomodada a ningún interés privado, sino hm1-

tada a la común utilidad de la ciudad". La exposición de este pensador medieval me parece clara por sí misma. En esencia, nos dice que las leyes han
de ser conforme a las necesidades de la época y la realidad social en donde
han de aplicarse, claras en su redacción para evitar confusión en su interpre-

tación y hechas siempre para beneficio de la colectividad.
Tenemos, pues, ya la Ley. Pero toda ley,
muy sabia que sea, es insuficiente en la práctica. No es sino una fórmula abstracta que se concreta en
los actos de los hombres y en la interpretación que de ella se haga. Toda ley
es insuficiente. Aristóteles llama la atención sobre el hecho de que las leyes

Por

694

r

son, por necesidad, generales, en tanto que las circunstancias de cada caso son

particulares y que está más allá de las previsión humana y de la ciencia
el establecer por adelantado reglas que se ajusten a todas las variaciones de
la práctica. Por lo tanto, añade, la ley debe complementarse con la equidad;
debe existir el poder de adaptación, el trato flexible para realizar la justicia.
También Bacon nos dice que la "estrechez de la prudencia humana no puede
captar todos los casos que el tiempo encuentra". Toda ley adolece de lagunas,
de insuficiencias y es el juez el que debe salvar esas carencias aplicando los
principios generales y el sentido común, para extender, por decirlo así, el
alcance del precepto. El legislador señala soluciones generales y abstractas y
son el Ejecutivo, mediante la facultad reglamentaria, y principalmente el
Juez, los que le confieren sentido concreto de aplicabilidad a la norma.
De lo anterior se desprende que lo que más importa es la capacidad para interpretar la ley. Por eso ha dicho Piero Calamandrei: "El Derecho, mientras
nadie lo turba y lo contrasta, se hace invisible e impalpable como el aire que
respiramos; inadvertido como la salud, cuyo valor sólo se conoce cuando nos

damos cuenta de haberlo perdido. Pero cuando el derecho es enmendado 0
violado, descendiendo entonces del mundo astral en que reposaba en forma
de hipótesis, al de los sentidos, se encarna en el juez y se convierte en expresión concreta de voluntad operante a través de su palabra. El juez es el
derecho hecho hombre; sólo de este hombre puedo esperar en la vida práctica la tutela que en abstracto la ley me promete, sólo si este hombre sabe
pronunciar la palabra de la justicia, comprender que el derecho no es una
sombra vana".
Con gran acierto los romanos señalaron tres fines a la jurisprudencia: jus
adjuvandi, jus supplendi y jus corrigendi. O sea, ayudar a la ley clasificándola
al individualizar su alcance en el caso concreto; suplir las lagunas de Ja ley,

llenando las omisiones fruto de la imprevisión del legislador y corregir las
excesivas consecuencias de una mala ley o de su incorrecta aplicación.

La interpretación de la ley, la hermenéutica jurídica es, pues, de singular
importancia y su técnica ha de ser motivo de inquisición detenida para el
estudiante que mañana será juez o colaborador de la justicia en su calidad
de abogado.

Veamos ahora qué entendemos por Justicia. Si el Derecho ha sido definido
tanto y de tan diversas maneras que ya parece indefinible, a la justicia le
pasa lo mismo, pero más acusadamente. Para Kelsen, por ejemplo, la justicia

_es un ideal irracional y no puede ser objeto del conocimiento. Sin embargo
casi todos los tratadistas están acordes en esto: que la justicia es ]a virtud
suprema que las comprende todas, y "Constans et perpetuas voluntas jus suum
cuique tribuendi" o sea la constante y perpetua voluntad de dar a cada uno
695

�lo suyo. En la Edad Media Santo Tomás consideraba que sirve para or_denar
al hombre en sus relaciones con los demás e implica igualdad. Para los ¡usnaturalistas de los siglos XVII y XVIII es el ideal al que debe conformarse
el derecho como sustancia absoluta y trascendente. Entre los modernos Stammler dice que la justicia "es la orientación de una determinada volunt_ad
jurídica en el sentido de la comunidad pura". Esta declaración implic~ P?~cipios de igualdad, solidaridad y libertad. Del Vecchio piensa que la JUStlCla
requiere de los criterios de igualdad y de reciprocidad para que cad~ ~no s~
le reconozca lo que vale y se le atribuya lo que le pertenece. La Justicia sera
pues un término ideal que se funda en la proporción, la igualdad y la solidaridad humanas que aspiran a la paz universal, a la conciliación de todos los
intereses. Pidamos auxilio al Sentido Común e intentemos saber lo que es
justicia, porque si bien es cierto -como ya lo vimos-- que a los juristas Y
filósofos les ha resultado difícil expresar la justicia, todos los hombres creemos
tener un concepto claro sobre ella. Justicia es, para el sentido común, la
equilibrada distribución de los derechos y obligaciones de todos los hombres.
Consideramos justo que se nos reconozca nuestra dignidad de personas Y se
nos otorguen derechos esenciales como el derecho a vivir, a trabajar, a pensar
y hablar, a asociamos, a vivir en familia, a transitar, a disfrutar ~el pr~ducto
de nuestro traba jo, a la propiedad legítima, a que se nos considere 1gu~I:5

ante el Estado ' etc. En cambio consideramos in justo lo opuesto. Y .tamb1en
.
llamamos, ordinariamente, justicia a la que deben impartir sus func1onanos,
los jueces, que están obligados a escuchar nuestras demandas y nuestras de•
fensas.

Finalmente, la Moral es algo que el jurista nunca debe perder de vista.
Mucho han debatido los escritores sobre las distinciones entre moral y derecho. A Kant debemos la separación del Derecho y la Moral. Pero no podemos
menos que reconocer que el derecho y la moral, si bi~ sigu~n distintos ~étodos y están sujetos a distintas formas, persiguen un mismo fm, el perfeccmnamiento del hombre. El Derecho no puede desligarse de la moral, ella le da
su principal -si bien no todo- su contenido. No hay contradicción esenci~l
entre el Derecho y la Moral. Todas las legislaciones tienden a dar cumphmiento a los preceptos fundamentales de la moral. Normalmente el derecho
positivo no ordena lo que la moral prohibe ni obliga a lo que ésta demanda
cumplimiento. Hay, eso sí, diferentes campos de acción: la moral apela a la
conciencia y se interesa por la conducta íntima; en tanto que el derecho vela
la conducta externa de los hombres frente a sus semejantes y no penetra la
intimidad de la conciencia. Aun cuando la jurisprudencia no deja de interesarse por los motivos del actuar humano. Especialmente en la comisión de
1os delitos. No en balde Francesco Camelutti ha dicho que si "el civil ma-

nifiesta la corporalidad del derecho, el penal revela su espiritualidad. Pero
aún así, ni el abogado ni el juez pueden olvidarse de los principios morales
en su actividad estrictamente jurídica. Nunca podrá el jurista dejar de hacer
consideraciones de valor en sus tareas. Consciente o inconscientemente la moral, los valores éticos, están presentes en sus esfuerzos por realizar la justicia.

Así nos lo indica el buen sentido.
Ahora bien, he venido utilizando a lo largo de esta charla al Sentido Común como un aliado. He de confesar que es un aliado en que no todos han
tenido confianza e incluso ha sido motivo de burlas y ataques especialmente
a manos de Voltaire que sólo lo considera un grado arriba de la bestialidad.
El es quien afirmó que es un sentido poco común, que raras veces se encuentra en los hombres. Y también el ingenioso Benavente dice que "es más fácil
ser genial que tener sentido común". Pero todo esto pertenece al mundo de
las bromas y el buen humor.
Ahora, en serio ¿qué será pues ese sentido común? Considero que es un
sentido "común a todos los hombres" que no están afectados por vicios del
entendimiento, o sea la capacidad ordinaria de razonar. A ese sentido se presentan corno evidentes los principios inteligibles fundamentales, así como los
que son producto de la observación cotidiana. Entre los primeros, los inteligibles, podríamos citar a manera de ejemplos éstos: que el todo es mayor que
las partes, que todos los cuerpos tienen longitud, latitud y grosor, etc. Y entre
los segundos: que la noche sigue al día, etc. El sentido común es -nos dice
Maritain- el ejercicio natural de la inteligencia independientemente de la
educación que la inteligencia reciba. Nosotros ejercitamos el sentido común
tamizado por la razón y el conocimiento. Y sí considero que es buen aliado,
es más, que es un aliado indispensable para toda indagación científica.
He hecho un intento de exprimir -mediante el sentido común- la esencia de lo jurídico, si lo he alcanzado o no es cosa que no debo juzgar, de
todas maneras el intento se ha hecho y la mayor satisfacción que pudiera recibir es saber que sirve para futuras discusiones y, aun cuando sólo sea con
ánimo de contradecir lo hoy asentado, para que vengan otras personas con
mayor preparación y experiencia a tratar el tema.

697

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                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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        <name>Universidad de masas</name>
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ANUARIO DEL CENTRO DE ESTUDIOS HUMANISTICOS

r . ,., ,,
llibl :

4

UNIVERSIDAD DE NUEVO LEóN
19 63

���HUMANITAS
ANUARIO DEL CENTRO DE ESTUDIOS HUMANfSTICOS

4

UNIVERSIDAD DE NUEVO LEÓN

1963

�HUMANITAS
ANUARIO DEL CENTRO DE ESTUDIOS HUMANÍSTICOS
DE LA UNIVERSIDAD DE NUEVO LEÓN
CENTRO DE ESTUDIOS HUMANÍSTICOS DE LA
UNIVERSIDAD DE NUEVO LEóN

Presidente y Jefe de la Sección de Filosofía:
DR. AausTfN BASAVE FERNÁNDEZ DEL VALLE

Jefe de la Sección de Letras:
LIC. JUAN ANTONIO AYALA
Jefe de la Sección de Historia:
PRoF. IsRAEL CAvAZos GARZA

Jefe de la Sección de Ciencias Sociales:
Lrc.

ALBERTO

GARCÍA GóMEz

Jefe de la Sección Editorial:
Lle.

ALFONSO RANGEL

4

1963

GuERRA

�HUMANITAS
Correspondencia: Centro de Estudios
Humanísticos. - Direcci6n: Facultad
de Filosofia y Letras de la Univenidad
de Nuevo Lc6n, Ciudad UniverSitarla. - Monterrey, N. L. - Mhico.

INDICE
SECCIÓN

PRIMERA

FILOSOFIA

{A)
PRIMERA EDICIÓN
Abril de 1963. -

1,000 ejemplares

INVESTIGADORES LOCALES

Estructura y Sentido
del Cono-cimiento . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .
Prof. GONZALO HERNÁNDEZ DE ALBA: En Torna a Sartre y el Problema
de la Historia . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .
Dr. I-1.ANs-GÜNTER POTT: Imagen y Verdad . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .
Dr.

AousTÍN BASAVE FERNÁNDEZ DEL VALLE:

(B)

13
29
45

COLABORADORES FORÁNEOS

Interpretación Crítica del Existen. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 67
Dr. AnoLFO MuÑoz ALONSO: La Cuestión del Principio y Fundamento
en la Filosofía de Balmes . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 81
Dr. Av.IN GUY: La Fenomenología de la Caricia y de la Muerte en
José Caos . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 97
Dr. JUAN DAVID GARCÍA BAccA: La Negación .................... 115
PEDRO CABA: Metafísica del Fundamento y Fundamento de la Metafísica
Presencial . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 123
Dr. ISMAEL Dmoo PÉREZ: Ideas Síntesis de Algunos Problemas Generales de Etica . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 179

Dr.

MlCHELE FEDERICO ScrACCA:

cialismo

Derechos Reservados @
por el Centro de Estudios Humanísticos de la U.N.L.

La responsabilidad derivada de los estudios contenidos en este
Anuario corresponde exclusivamente a sus respectivos autores.

7

�SECCIÓN

SEGUNDA

JosÉ

P.

SALDAÑA: Memorias del Gral. Jacinto B. Treviño . . . . . . . . . . . .

391✓

Prof. EUGENIO DEL Hovo: Don Martín de Zavala y La Minería en el

LETRAS

Nuevo Reino de León . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .

411

ToMÁs MENDIRICHAGA CUEVA: Breve Reseña del Archivo Parroquial
(A)

de la Catedral de Monterrey . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .

INVESTIGADORES LOCALES

427

Teniente Coronel TRANQUILINO CoRTÉs: Diario de Operaciones del Sitio
Lic. JUAN ANTONIO AvALA: Alfonso Reyes, teórico del lenguaje . . . . . .

de Puebla, Teniente Coronel Tranquilino Cortés (1827-1869) . .

201

445

Lic. ALFONSO RANGEL GUERRA: La Construcción Novelística en DANs
LE LABYRINTHE, de Alain Robbe-Grillet . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .
Lic. Luis

2-15

(B)

COLABORADORES FoRÁNEOS

AsTEv V.: Algunos T-extos Sumeroacadios Acerca de la Crea-

ción · · · · · · · · · · · · · · · · · · · · · · · · · · · · ·. ·......................

(B)

237

MARÍA CARREÑo: Nuestra Primera Pérdida Territorial . . . . . . 463
Dr. Sn.VIo ZAvALA: La Cultura en el Nuevo Mundo . . . . . . . . . . . . . . 475
ALBERTO

Lic. JosÉ IGNACIO GALLEGOS: La Fundaci6n de la Ciudad de Durango 495

COLABORADORES FORÁNEOS

JoRGE FERNANDO lTURRIBARRÍA: lnevitabilidad de la Dictadura del Gral.
RAÚL A.RREoLA CoRTÉs: Notas Sobre la Obra Poética de Miguel N. Lira
Dr.

JAIME ÜSPINA ÜRTIZ: El Mito de Hércules . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .

Dr.

MYR.ON

I.

Dr.

Díaz después de la caída de L erdo . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .

269

Lic. ERNESTO DE LA ToRRE Vn.LAR: La Visión de México y los Mexicanos en algunos intervencionistas . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 521

L1cHTBLAU: Forma y Estructura en Algunas Novelas

Argentinas Contemporáneas . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .

285

Oca · · · · · · · · · · · · · · · · · · · · · · · · · · · · · · · · · · · · · · .... . ......... . 299
Dr. SEYMOUR MENTON: Federico Gamboa: UN ANÁLISIS EsTILÍsnco 311
PoRFIRio

MAAriNEZ

343

PEÑALOZA: Ideas Estéticas y Lingüísticas de Ignacio

Ramírez, El Nigromante . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .

''

ANTONIO NAKAYAMA A.: Urdiñola en Sinaloa . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .

la División efectuada en 1617 . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 555
loNACIO RuBIO MAÑÉ: Los Primeros Discursos del General Guadalupe
Victoria, Primer Presidente Constitucional de los Estados Unidos
Mexicanos, Ante el Congreso Nacional, 1824-1826 . . . . . . . . . . . . 569

357
SECCIÓN

SECCIÓN

543

JosÉ ToRRE REVELLO: La Primitiva Gobernación del Río de la Plata y

JoAQUÍN ANTONIO PEÑALosA: La Poesía Original de Montes de

Prof. ERNEsTo MEJÍA SÁNCHEZ: Los mtimos Días de José Martí . . . .

505

257

TERCERA

CIENCIAS

CU.ARTA
SOCIALES

HISTORIA
(A)

(A)

INVESTIGADORES LOCALES

Lic. ALBERTO GARCÍA GóMEz: La Afian.za para el Progreso y el Dere.
cho Internacional Americano . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 623

lsRAEL CAVAZOS GARZA: El Licenciado Francisco de Barbadillo Vitoria

-Pacificador y fundador de pueblos . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .

8

INVESTIGADORES LOCALES

375

9

�(B)

COLABORADORES FORÁNEOS

Dr. RoBERT S. SMITH: Una Revisi6n sobre la Uni6n Centro-Amencana . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .
Dr. Lms RECASÉNS.SICHES: Ambito, Sentido y Limitaciones de la Libertad Política por su Intrínseca Lógica . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .
Lic. DESIDERIO GRAUE: La Historia y el Concepto Moderno de Historiador . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .
Dr. Lucro MENPIETA y NúÑEz: Los Problemas de la Universidad de
Masas en la América Latina . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .
Lic. Luis M. FAIÚAs: El Derecho y el Sentido Común . . . . . . . . . . . . . .

641
653
659

677
685

Sección Primera
SECCIÓN

QUINTA

NOTICIAS Y RESENAS BIBLIOGRAFICAS
UNEsco: Seminario Regional sobre el desarrollo de las Bibliotecas Universi-

tarias de América Latina, 701.-Décimo Tercer Congreso Nacional de
Sociología, por Alberto García Gómez, 705.-F. STOLZ: Historia de la
Lengua Latina, por Juan Antonio Ayala, 707.-MARTÍN A.LoNso: Evoluci6n si.ntáctica del Español, por Juan Antonio Ayala, 708.-ALVARO
FERNÁNDEZ SuÁREz: España, Arbol vivo, por Agustín Basave Femández
del Valle, 709.-ALBERTO ÜATUR.ELLI: América Bifronte, por Agustín
Basave Femández del Valle, 715.-ADOLFO MuÑoz ALoNso: Presencia
intelectual de San Agustín, por Agustín Basave Femández del Valle,
717.-loNACIO ZARAGOZA: por Israel Cavazos Garza, 720.-RonoLFO
ARRoYo LLANO: Ygnacio Zaragoza. Defensor de la Libertad y la Justicia,
por Israel Cavazos Garza, 721.-Ivo HoLLRUBER: Michele Federico
Sciacca, por Hans-Günter Pott, 721.-A. E. TAYLOR: El Pensamiento de
Sócrates, por Alfonso Rangel Guerra, 724.-FRANCO FoRTINr: El movi•
miento surrealista, por Alfonso Rangel Guerra, 727.

•

10

FILOSOFIA

�ESTRUCTURA Y SENTIDO DEL CONOCIMIE TO

Da. AGUSTÍN

BASAVE FERNÁNDEZ DEL VALLE

Universidad de Nuevo León

Sumario: l. Descripción y análisis del conocimiento.-2. Posibilidad del conocimiento verdadero -3. Idealismo o rcaljsmo (El punto de parúda de la ttoría del
conocimiento) .-4. Origen y esencia del conocimicnto.-5. Criteriología.-6. Sentido y fin del conocimiento.

l.

DESCRIPCIÓN Y ANÁL1SIS DEL CONOCIMIENTO

UNA FILOSOFÍA SISTEMÁTICA debe empezar por el examen del problema epistemológico. La importancia capital que reviste la teoría del conocimiento estriba, ante todo, en que condiciona todos los otros problemas filosóficos. Primero hay que realizar un análisis y una crítica de los datos inmediatos de
1a conciencia, Después vendrán todas las otras cuestiones filosóficas -muy
importantes, desde luego, pero ulteriores-- que resuelven, o tratan de resolver, la lógica, la metafísica, la teodicea, la antroposofía, la moral, la filosofía
de la religión, la cosmología, la estética. ..
¿ Cuál es la esencia del conocimiento? ¿Hay un conocimiento verdadero? En caso de que lo haya, ¿ cómo llegó a ese conocimiento? ¿ Hay objetos
trascendentes, independientemente de todo pensamiento? La epistemología
o teoría del conocimiento es un estudio primordial del conocimiento en torno a estas interrogantes. Ant~ de conocer esta cosa o la otra, es preciso dilucidar una cuestión básica: ¿ Qué es conocer? Necesitamos organizar y criticar los datos del conocimiento; necesitamos comprender la naturaleza del
conocimiento humano, su valor general y sus posibilidades. Sin esta tarea
preliminar no habría vida científica de ninguna especie.
Antes de interpretar o explicar el conocimiento, intentemos describirlo y
analizarlo. En el fenómeno concreto podemos aprehender la esencia gene-

13

�ral. Una fenomenología del conocuruento me puede llevar a la estructura
óntica del conocimiento. ¿Qué sucede cuando conozco? Mi conciencia se
baila frente a un objeto. Yo, sujeto cognoscente, aprehendo un objeto conocido. Tengo al objeto, no simplemente como el cajón contiene los papeles, sino sabiendo que es objeto, tomando posición frente a él. La correlación entre sujeto y objeto es esencial. Soy sujeto para un objeto y el objeto
es sólo objeto para un sujeto. Mientras la función del sujeto cognoscente
estriba en aprehender el objeto, la función del objeto consiste en ser captable y captado por el sujeto. La correlación no es, por tanto, reversible.
Capto las propiedades del objeto sin subsumirlo dentro de mi ser. La "imagen" que en mí surge del objeto no es, propiamente, el objeto. Este permanece trascendente frente a mí. Me conduzco receptivamente, en el sentido de que el objeto determina mi conocimiento. Mi conocimiento alude
("intende") un objeto que está más allá de mi consciencia. Los objetos
reales o ideales me hacen frente, se me presentan como algo en sí. Algo en
sí que me determina y que es independiente. Es claro que yo no soy un puro sujeto cognoscente sino también un sujeto sentiente y volente. Pero el
objeto no puede tampoco ser reducido al carácter de objeto conocido, precisamente porque existe en sí~ independientemente de que lo desconozca o de que
lo conozca perfecta o imperfectamente. Mi conocimiento será verdadero si mi
"imagen" coincide con el objeto. Si el contenido de mi conocimiento no concuerda con el objeto mentado, mi conocimiento será falso. La verdad se da, consecuentemente, en una relaci6n. Los objetos se encuentran, en cierto modo, antes y después, de la verdad y de la falsedad.
El fenómeno del conocimiento, anteriormente descrito, presenta cuatro
elementos esenciales: 1) el sujeto; 2) el objeto; 3) la toma de posición; 4)
la "imagen". Por imagen no debe entenderse la simple representación imaginativa o la percepción, sino el ente lógico. Hay conocimiento de objetos
-por ejemplo: siete, justicia, polígono--- cuya representación imaginativa
resulta imposible. Y sin embargo, también estos entes se nos presentan como
hechos objetivos. Juzgamos, aunque no imaginemos, "que algo es tal". Aprehendemos pensamientos y en los pensamientos objetos. Verdadera actividad del
yo que le hace entrar en relación con un objeto para afirmar o negar algo de
él. Esta relación de pertenencia -una determinación corresponde a un objeto-- no es simplemente reproducida por el sujeto, a] modo como un espejo reproduce una cosa, sino coordinada en la complejidad de sus significaciones. La estructura de los pensamientos, su ser-verdaderos y ser-falsos, suscitan una toma de posición y exigen -"sit venia verbo"- que sean expresados. Valen -ha dicho algún autor- para todo intelecto y valdrian aun
cuando no hubiese ningún intelecto. La frase es, evidentemente, exagerada.
14

De no haber un intelecto, por lo menos el Intelecto absoluto de Dios, no
habrla pensamientos porque no habría nada. Esto se comprenderá mejor
cuando estudiemos la metafísica general y especial. Por ahora nos interesa
destacar que el fenómeno del conocimiento, que hemos descrito y analizado,
linda por el sujeto, con la esfera psicológica; por el objeto, con la ontol6gica;
por la toma de posición, con la axiológica; por la imagen, con la lógica. Pero ni la psicología, ni la ontología, ni la axiología, ni la lógica pueden resolver el problema gnoseológico. Corresponde a la Teoría del conocimiento, como disciplina filosófica peculiar, la investigación de la posibilidad, del origen, de la esencia, de las formas y del criterio del conocimiento humano.
Mi consciencia actual es el punto de partida de la descripción de mi conocimiento. Yo soy una consciencia, es decir, una realidad que se transparenta
a sí misma. y como consciencia constato, afirmo, evidencio. La experiencia
de la consciencia equivale a la consciencia del ser. El ser es principio de conocimiento, el dato más primitivo. Pero el ser lo encuentro en la realidad, en
los entes. La realidad consciente es devenir y duración, con la presencia de
dos polos: objetivo y subjetivo. Mi yo se me revela como tendencia real hacia el objeto. El apetito real de conocer me revela una modalidad del ser.
Soy cognoscente, en cuanto conozco objetos, y soy también algo conocido,
en cuanto me conozco a mí mismo. Entre la consciencia y lo real, advierto
una disposición. Lo real se me impone y me determina. ¿No significa acaso,
esta imposición y determinación, un primado del ser sobre el conocer?
Para danne cuenta de que conozco debo conocer objetos. Objetos que
orientan y especifican mi atención. No depende de mí la existencia de los
objetos que me constriñen y me dominan con su presencia. Yo no pongo los
objetos, sino que son los objetos quienes se imponen a mi consciencia. Esta subordinaci6n del ser, esta sumisión a la realidad, define al sujeto como "función" o "capacidad" de objetos y como autoconocimiento. Tiendo a los objetos porque ignoro y porque deseo poseerlos en cierto modo. El término de
mi conocimiento me evidencia, pues, mi ignorancia y mi sed de saber. No puedo conocer y conocerme sin saber que conozco. Trátase de dos aspectos del
mismo acto inmanente. Al conocer abrazo misteriosamente al objeto, lo vivo
íntimamente.
¿Hay alguna posibilidad de llegar a un conocimiento verdadero? ¿Es posible tener certeza? ¿De dónde derivaría esa certeza?

15

�2.

PosmILIDAD DEL CONOCIMIENTO VERDADERO

Los polos objetivo y subjetivo estructuran mi conciencia. El objeto aclara y
especifica al sujeto. El sujeto no constituye al objeto, que existe antes de toda
elaboración consciente, pero desarrolla un esfuerzo conceptualizante y percibe multitud de relaciones. El dato objetivo que me está presente es un dato
corporal. Y como dato corporal es extenso o espacial, temporal, diferencial y
estructurado. E] objeto, en otras palabras, está situado dentro de un contorno,
sucede en el tiempo, su aspecto peculiar es diverso y presenta relaciones de
semejanza, de grandor, de cohesión, de secuencia, de distancia, etc. Mi cuerpo acompaña siempre, como instrumento, a mi conciencia cognoscente. Mis órganos sensoriales perciben luces y colores, música y sonidos, sabores y olores.
¿Acaso estos órganos sensoriales son meras prolongaciones vivas de mi conciencia? En todo caso se da una indisoluble unión vital de los órganos
sensoriales con la consciencia. Hasta el propio cuerpo se percibe por la vista
y el tacto. Gracias a mis sen6dos se me revelan los cuerpos distintos de)
mío, como exteriores o independientes.
En toda percepción se distingue el dato objetivo, es decir, la experiencia
de un objeto, de la aprehensión, esto es, la consciencia de un acto del su jeto
que asimila. Con el auxilio de las representaciones imaginativas adquiridas,
construyo, por asociación, nuevos objetos: v. gr. un centauro, una luna de
plata, una novela. La representación imaginativa substituye al objeto ausente. Los conceptos empíricos se forman a partir de la experiencia objetiva o
sensible (por ejemplo, los conceptos de "organismo", de "cuadrado", de
"verde"} y a partir de la experiencia vivida (por ejemplo, los conceptos
de "yo", de "instinto"; de "miedo", de "angustia", de "esperanza"). Entre
estos conceptos empíricos percibimos una multitud de realizaciones. De la
combinación de conceptos surgen construcciones conceptuales más o menos
complejas y extensas. Ciertos aspectos "aislables" de lo individual, lo concreto, lo particular, se presentan en mi conciencia como elementos irreductibles a los datos corporales y a las representaciones imaginativas en que se
apoyan. Son las ideas o conceptos universales y participables, abstractos y,
sin embargo, de origen empírico. No hay conceptos "innatos". uestra conciencia toma pie en el ámbito de la e.xperiencia sensible. De ahí el conocido
principio de la filosofía tradicional: "nihil est in intcllectu quod non prius
fuerit in sensu". La experiencia concreta es madre de todas las representaciones abstractas. La conciencia de sí -experiencia vivida- se realiza en ocasión del conocimiento objetivo.
En el plano de la experiencia se halla bosquejado el conocimiento inicial
de lo real. La intelección, actividad genuinamente conceptual, explicita y sin-

16

tetiza el conocimiento de lo real. Con el juicio llega al má.ximo de intensidad.
La síntesis judicativa restituye al objeto lo que la abstracción le había suprimido. El acto cognoscitivo completo lo describe Femand van Steenberghen
en estos términos: ''en el plano del organismo sensorial el su jeto cognoscente
está dominado por el 'dato', es decir, por los objetos que se le imponen: los
'recíbe' pasivamente en su inmanencia, pero ya esto mismo implica que reaccione inmediatamente al contacto de los objetos por un acto cognoscitivo
complejo: se origina éste en el plano del organismo sensorial (percepción e
imaginación) y se desarrolla en la inmanencia perfecta ( concepción y juicio) . El progreso que se realiza en la evolución de este acto cognoscitivo aparece como un proceso de asimilación creciente, de interiorización creciente del
dato· inversamente la 'objetividad' es decreciente del dato a la imagen y
de la imagen a la idea, es decir, oposición decreciente del dato al sujeto que
se lo asimila para poseerlo mejor".1 En esta síntesis de experiencia y de pensamiento, cuya fisonomía ha sido descrita, mi interioridad objetiva -conciencia abierta a 1,m mundo corporal- opera inmanentemente, contribuyendo, no
obstante, a mi expansi6n o perfección. En mi actividad de sujeto cognoscente
empiezo por atender al objeto; mi memoria sen~ible conserva y vuelve a la
conciencia las representaciones imaginativas percibidas; con la ayuda de otras
representaciones imaginativas elementales construyo nuevas representaciones
imaginativas; mi memoria intelectual Buarda las ideas en la conciencia y las
suscita una vez más; mi inteligencia agrupa, clasifica y organiza los conceptos
empíricos y elabora conceptos construídos y definiciones; mi raciocinio asocia
diversos juicios y los ordena científicamente. Toda esta complejidad del acto
de conocer en nada mengua su unidad. Hasta aquí el acto de conocer como
se presenta en la estructura de la conciencia personal. Exrurunemos ahora la
posibilidad del conocimiento.
¿ Podemos tener certeza de algo? El dogmatismo da por supuesta la posibilidad de llegar al conocimiento cierto de la realidad. El escepticismo radical, en cambio, afirma que el conocimiento es imposible. El subjetivismo
y el relativismo, sin decir que no hay ninguna verdad. limitan la validez de
la verdad al sujeto que conoce y juzga o a un circulo cultural en un momento histórico. Para el pragmatismo lo verdadero es lo útil, lo que fomenta
la vida. Subjetivismo, relativismo y pragmatismo son, en el fondo, como algún epistemólogo lo ha advertido, escepticismo. Entre escepticismo y dogmatismo, posiciones extremas, cabe un justo medio: el realismo crítico. Hay
que pedir cuentas a la razón humana. Hay que desconfiar de todo conocimiento detenninado y no aceptar nada sin examen. Asentiremos a un ob1 FERNAND vA.N Snum&amp;ROBBN. Epistemologla, Bibliotera Hispánica de Filosofla.
.Editorial Gredos, p. 167.

17
B2

�jeto o enunciado sólo cuando se nos presente con una absoluta claridad. La
evidencia es el último criterio supremo y unive~al de certeza. Cuando nuestro entendimiento procede de acuerdo con los primeros principios, reduciendo
un enunciado a un principio fundamental, podemos tener la evidencia como
criterio de certeza. "Toda la certeza de la ciencia -observa Santo Tomásderiva de la certeza de los principios. Sólo cuando podemos reducir las conclusiones a los primeros principios, podemos tener certeza de ellas". 2 No se
pregunte ahora por la prueba de estos primeros principios -el de identidad,
el de contradicción, el de tercero excluído y el de razón suficiente, cuyo estudio corresponde a la ontología y a la lógica- porque su propia evidencia
y su carácter de principios inderivables los dispensan de toda prueba. Fuera
de estos primeros principios, necesitamos justificarlo todo. Antes de que la
reflexión justifique plenamente las certezas naturales, no pueden admitirse
como filosóficas.
Mientras que el dogmatismo ignora el problema del conocimiento, al dar
por supuesta la posibilidad de conocer, el escepticismo cae en la contradicción
y en el absurdo. La existencia de la duda evidencia, por lo menos, que no
hay duda sobre la e.xistencia del sujeto dubitativo. ''Si dubitas, existís". Al
aceptar la duda, el escéptico admite, implícitamente, el principio de con~
dicción y la veracidad de us facultades. Por lo demás, es imposible, al teorizarJ eludir la afirmación o la negación. El escéptico vive en una pennanente
contradicción práctica entre sus principios y todos los actos de su vida de
relación.
Una vez establecida la posibilidad del conocimiento verdadero, conviene
dilucidar cuál es el punto de partida de la teoría del conocimiento. ¿ Idealismo o realismo? Es preciso decidir.

3.

¿loEALISMO O REALISMO?

- El punto de partida de. la teorfa del conocimientoEl punto de partida de la epistemoiogía no puede ser un pensamiento que
se piensa a sí mismo, en radical soledad, como el "Cógito" cartesiano. EL
pensamiento real conoce objetos y se conoce conociendo. Midiéndose sobre
el sr.r y conociéndose conforme a lo que es, el pensamiento reflexiona crític.amente. Hay que partir del pensamiento que piensa las cosas y se piensa a sí
mismo al pensar las cosas, y no de un "C6gito" de tipo idealista. Me conozco
como cognoscente, como cognoscente de objetos. La teoría del conocimien• SANTO

18

ToMÁs. Da Veritate , Q. 11 , a l , ad 13.

to, al tomar como punto de partida la reflexión sobre el conocimiento real
-"acto de conocer que conocemos"-, está en posibilidad de fundar su legitimidad y de examinar el origen, el alcance, los modos y el valor del conocimiento.

¿ Existen las cosas que me rodean? ¿ Existe el mundo exterior? ¿ No podría
ser el conjunto de mi experiencia un error y una ilusión de mis sentidos? ¿Estaremos soñando un sueño coherente?
Si el objeto primero y directo del pensamiento no es la idea o la imagen,
sino una cosa real independiente del sujeto cognoscente, el llamado problema
del mundo exterior es un pseudo-problema. La hipótesis de un mundo exterior ilusorio, efecto de una "verdadera alucinación" se destruye fácilmente
al considerar que en un mundo en el cual la alucinación o el sueño coherente fuesen el estado normal, no se podría hablar ni de alucinación ni de
sueño coherente. La alucinación y el sueño tienen sentido s6lo en función de
la realidad y de la vigilia. Las representaciones en los sueños y en la locura
s61o se explican por la reproducción de antiguas percepciones de objetos exteriores reales. No hay que confundir, desde luego, una conciencia imaginante con una conciencia perceptiva; pero no hay que desconocer, tampoco,
que la primera no se daría sin la segunda.
Mi ser -esto lo ha visto muy bien Heidegger- se da en el mundo. Resulta imposible separar mi existencia de la existencia del mundo. La experiencia, cualquiera que sea, no puede reducirse a la pura subjetividad. Hasta los
sueños dependen de experiencias anteriores. Si en los sueños pudiésemos reflexionar sobre los sueños suprimiríamos los mismos sueños. En cambio, la
conciencia refleja -observa Régis Jolivet- confirma la percepción. Conciencia perceptiva y conciencia onfrica son, pues, radicalmente diferentes.
Síguese de todo esto, que si el universo no fuera más que un sueño coherente, este sueño vendría a ser tan "real" que la idea misma de sueño nos
sería totalmente extraña. La Jiip6tcs:is de una experiencia que se redujera

toda ella a un sueño coherente suprimiría hasta la posibilidad del idealismo.ª
¿ Cómo concebir la propia idea de sueño -se le podría haber preguntado a
Descartes- en un universo de sueño? Partiendo del hecho de mi ser-en-e/mundo no puedo dudar de la existencia del mundo sin dudar de mi propia
existencia. Pero, ¿ acaso es po ible, sensatamente, dudar de la propia existencia? El ego puro de Husserl es una simple abstracción que no se hubiera
dado, en la cabeza de Husserl, de no implicar, su conciencia, la realidad existencial de las cosas y del mundo. Un pensamiento sin mundo, sin cosas, sería
un pensamiento vacío incapaz de idear un ego puro.
' llio1s Jouvu. Metafísica, Ediciones Carlos Lohlé, p. 67.

19

�¿ C6mo fingir que el mundo exterior no existe si antes no se conoce de
'
'
algún modo, la oposición entre lo ilusorio y lo real? En la misma duda del
idealista está dada la existencia. Su duda se revela como una determinación
del ser. De lo contrario, siendo el mismo ser duda, no habría ya ser de la
duda, es decir, que no habría ya duda. El ser, anterior a la duda, es Jo
primero.
Partiendo de la evidencia -primera y absoluta- del ser, podemos pregtmtamos, eso sí, en qué medida nuestro pensamiento concuerda con el ser
y cuáles son los fundamentos de la certeza. ¿ Qué relación tienen nuestros
conceptos y nuestros juicios con nuestra inteligencia y con las cosas mismas
que expresan? Si vamos a juzgar nuestra facultad de conocer, es preciso,
ante todo, suponer el previo ejercicio del conocer. ¿Cómo realizar, de otra
manera, una reflexión crítica? La inteligencia puede volver sobre su acto,
sobre sus operaciones. Consecuencia de este retomo de la inteligencia, es
un nuevo concepto. El acto segundo de la reflexión crítica supone el conocimiento de que la inteligencia tiene como natural finalidad, la de conformarse
con lo que es. Y supone, también, el acto de juzgar y la existencia de los
objetos.
La duda crítica no puede ser universal. De serlo, no sería una duda real.
Ya hemos visto que la duda opera sobre la base de las evidencias inmediatas
y apodícticas. Tratar de someter estas evidencias a la duda real es imposible
por contradictorio. Se les ha preguntado a los idealistas que "si la evidencia
no sirve antes de la duda, ¿ cómo servirá durante ella o después?"
Desde luego, la inteligencia comete muchos errores. De ahí la necesidad
de verificar una critica de los procedimientos del conocer humano. Se puede
o no se puede ser fiel a las exigencias objetivas del ser. Pero en todo caso
es evidente la presencia del ser en la reflexión intelectiva. Si el ser mide
a la inteligencia, la inteligencia tiene un valor ontológico.
La insoslayable opción del realismo contra el idealismo, se impone a cualquiera que se haya planteado el problema del conocimiento. Gilson lo ha
~resado con toda energía: "O bien se toma como punto de partida el ser,
incluyendo en él el pensamiento: ab csse ad nosse valet consequentiaJ o bien
se toma como base el pensamiento, incluyendo en él al ser: ab nosse ad esse
valet consequentia".' Nosotros hemos optado, como ya se habrá advertido,
por el primer camino. Al partir del pensamiento real que conoce objetos y
se conoce conociendo, hemos partido, en realidad, del ser que mide a la inteligencia. El conocer, hemos dicho, es una modalidad del ser. Modalidad que
consiste en la aprehensión por parte de nuestro entendimiento, de algo real.
4 GlLSON. El Realismo M tt&amp;dico, Edicione$ Rialp, S. A.,
srgunda. cdici6n, Madrid 1952, p. 138.

20

Lo real se da también en el entendimiento, pero oo se da por el entendimiento. Dependemos de lo real. Tenemos la certeza de que antes de la verdad sobre los objetos existen los verdaderos objetos; antes de la adecuación
del juicio y de la realidad, se da la adecuación vivida del entendimiento con
la realidad. A cada esfera de lo real le debe corresponder un especial conocimiento de lo real. El método se deduce del tipo de realidad que se examine,
y no la realidad del método, puesto que el ser es la condición del conocer.

4.

ÜRTCEN Y ESENCIA DEL CONOCJ UENTO

¿ De cuáles fuentes proviene el conocimiento? ¿ Se apoya en la experiencia?
¿Es acaso la raz6n la fuente principal del conocimiento humano? ¿O tal vez
ambos factores tienen parte en la producci6n del conocimiento?
El racionalismo ve en la razón la fuente principal del conocimiento, la
causa de que sea lógicamente necesario y universalmente válido. Los juicios
empíricos carecen de necesidad lógica y de validez universal. De principios
formales, al margen de la experiencia, se intenta deducir proposiciones ya no
simplemente formales, sino materiales.
EJ empirismo afirma que la experiencia constituye la única fuente del conocimiento. No hay ningún "a priori" de la raz6n; el entendimiento es una
"tabula rasa", un papel en blanco. Todo se origina en la e:-.-periencia externa (sensación) y en la experiencia interna (reflexión). Nada agrega el
pensamiento. Su labor se limita a unir unos con otros los datos empíricos.
Estamos encerrados dentro de la cárcel de la experiencia sin poder llegar al
mundo de lo suprasensible.
Cualquier intento de reducir el conocimiento humano a la experiencia o
a la razón imposibilita la aprehensión del ser. El empirismo nos priva de la
penetración de la realidad en su esencia y nos convierte eo cuasi-animales.
El racionalismo nos priva del único contacto intuitivo con las cosas y nos
deja sumergidos en el dogmatismo. ¿Por qué no integrar, entonces, la experiencia y el entendimiento, para aprehender el ser real existente? La unidad compuesta del conocimiento humano se funda, en último término en la
dui-unidad del hombre: espíritu y materia. Ni angelismo ni empirism; infrahumano. El intelectualismo apoya en la realidad extra-mental toda la acúvidad cognoscitiva. Por otra parte, sabe que nuestra inteligencia es capaz
de. captar la realidad. Lo que primero aprehende nuestra inteligencia -el
primum cognitum- es la esencia de las cosas que nos rodean, el ser del
mund~, extra-mental. El progreso intelectivo es paulatino. Se comienza por
la noeton de ser o cosa y poco a poco se va enriqueciendo, en coroprehensi6n,

21

�la primigenia noción. La experiencia sensitiva e.xterior e interior constituye
el punto de partida de todo auténtico conocimiento humano. Sin esta experiencia, sin este contacto inmediato con la realidad, quedaríamos encerrados
en la inmanencia del yo. Pero la e,.-periencia aprehende las cosas circundantes y la propia intimidad, de un modo concreto, intuitivo, ciego. No se
descubre ni la substancia ni los accidentes como tales. La experiencia resulta
insuficiente para penetrar y descifrar la realidad en su esencia oculta. El
ser, formalmente, es siempre inmaterial e imperceptible. ¿ Cómo podrían los
sentidos captar lo inmaterial y lo imperceptible? Es necesario, en consecuencia, el concurso de una facultad espiritual para aprehender el ser. Esta exigencia está confirmada por la presencia, en nosotros, de la actividad intelectual. Por la inteligencia y sólo por ella, enriquecemos las notas más genéricas de la aprehensión inicial. El ser real, visto desde la esencia, se de materializa y se toma universal, a costa, es cierto, de perder sus notas individuantes existenciales. La inmaterialidad constituye, pues, el conocimiento. Conocemos, es decir, captamos una realidad distinta de la propia y la captamos
en cuanto otra, porque nuestra eminencia sobre la materia es patente.
Del factor empírico se deriva el factor racional. Los conceptos se derivan
de la experiencia; no la e."&lt;Periencia de los conceptos. Y esto sucede así
-hipótesis metafísica- porque la realidad presenta una estructura racional. La realidad, al ser conocida, no sufre modificación alguna. El sujeto que
conoce, en cambio, produce una nueva realidad: el objeto formal o inteligible. Gracias a este objeto formal o inteligible la cosa se hace presente al
sujeto cognoscente. Los diversos grados del conocimiento dependen de los
diversos grados de la perfección del ser. Un ser es tanto más perfecto cuanto
más acto y menos potencia (no-ser todavía) sea. A mayor liberación de Ja
materia, mayor cognoscibilidad. Esta ley se desprende de la esencia misma
del conocimiento. Si conocer es captar inmaterialmente la forma de un objeto, resulta claro que aumente la cognoscibilidad a medida que disminuya la
materialidad, esto es, a medida que se perleccione el ser liberándose del noser o potencia.
Si atendemos a los datos que nos suministra el análisis de nuestra conciencia. constataremos el afán de poseer por el conocimiento toda la rea~
lidad. Y poseerla tal como es en sí misma, objetivamente, ilimitadamente...
Para lograr este ideal, en la medida de lo pooble, afirmamos el ser desde
los wnbrales de la propia conciencia. Esta afirmación se presenta como
absolutamente verdadera y evidente. Pero la explicación del conocimiento inmediato tiene que efectuarse mediante los procesos -que la lógica estudiade la razón discursiva. Por lo pronto nos interesa destacar esa actividad inmanente, por la que nos perleccionamos a nosotros mismos, en virtud de la

consciente posesión de la realidad interior y exterior. Lo real t,iene, sobre el
pensamiento mi~mo, una indiscutible primacía. Partimos del ~echo de que
alguna cosa existe, que este hecho significativo me es conocido des?e que
consentí al ser. En consecuencia, ''lo mal es la norma suprema de m1 conocimiento y el último fundamento de su \·alor" (van Steenbergh':11). ~i conocimiento no se nutre de sí mismo, sino de lo real. Somos tnbutanos de
hechos, de datos, de experiencias; aunque nuestro pensamiento trascien~a
la sensación al intuir el ser y los primeros principios y al juzgar y al rac10cinar. La experiencia del mundo y la exp ricncia de mis propias vivencias
se dan en mi conciencia como dos elementos característicos. No soy, como
sujeto cognosccnte1 ni experiencia pura ni pensamiento pw-o; soy una síntesis de experiencia y de pensamiento a partir de lo real.
No basta apuntar el origen y detenn.inar la esencia del conocimiento. Es
menester buscar las bases de una sólida criteriología. Tan importante resulta
esta parte de lo teoría del conocimiento, que al~os aut,ores han ~re~endi?o
reducir --erróneamente por cierto- toda la ep1stemologia a la cntenologta.
Considero que el presente capítulo basta para mostrar, claramente, cómo la
teoría del conocimiento excede, en su temática y en su problemática, a la
cri teriología.

5.

CRITERIOLOOÍA

Cuando sin vacilación prestamos nuestro asentimiento a una verdad, fundándonos en una evidencia objetiva, estamos en el caso de la certeza.. No se
trata de una simple opinión que presta su asentimiento, con cierto temor de
errar, a uno de los extremos en pugna. En la opinión, la mente duda, no
sabe a qué atenerse, pero se decide por lo que estima como más probable.
El problema reside en descubrir una norma mental que nos shva de base
para juzgar.
¿ Existe algún criterio universal y (ti timo de verdad? ¿ Cuál podría ser la
garant'ta indubitable y fundamental de toda verdad y toda certeza? Adviértase
que nuestras preguntas están formuladas desde el ámbito filos6fico 1 exclusivamente, sin aludir al criterio basado en la Revelación divina, que se manifiesta en la fe sobrenatural. Por de pronto, habrá que distinguir el criterio
"extrínseco" a la verdad del criterio "intrínseco" a la misma. Hay quienes
ven en la "autoridad" o en la "utilidad" el fundamento definitivo de la
verdad. No parecen advertir, los partidarios de la "autoridad" como criterio
extrínseco a la verdad, que están suponiendo, inevitablemente, otras certezas.
Si Dios o el hombre sirven de apoyo al criterio de autoridad, es menester

�demostrar, previamente, que esos seres existen, que son capaces de revelar
algo apreciable, que son veraces y que realmente han testimoniado la verdad.
Para elucidar todas estas cuestiones previas, no podemos recurrir, evidentemente, a la Autoridad. En consecuencia, la autoridad tiene que ser apoyada
en un criterio de certeza último y definitivo. Por su parte, los pragmatistas,
o partidarios de la utilidad como criterio de verdad y de certeza, confunden
el criterio último de todas las verdad~.s con "un medio manifestativo de una
conveniencia medida por la circunstancia y la ocasión". ¿ Cómo podemos
saber con certeza cuándo algo es útil o nocivo para la vida? "Si un partidario del pragmatismo es calumniado de haber dicho que la verdad no es la
utilidad, no podrá limitarse a responder -apunta, en tono polémico, Antonio
Millán Puelles-- que no es útil que él haya dicho eso; tendrá que asegurar
que no es verdad que lo haya dicho; porque, de lo contrario, no habrá mani~
festado claramente si de hecho lo dijo o no lo dijo". 5 Los pragmatistas están
suponiendo, sin decirlo, una concepción del hombre -naturaleza, exigencias
y fines--, de la vida humana y de los valores absolutos. Usan el éxito de
la acción como criterio de verdad, sin advertir que un criterio empírico, parcial y frecuentemente ilusorio, no puede erigirse en criterio universal y último
de certeza. No advierten, tampoco, que la utilidad descansa en la realidad.
Dicho de otro modo: una cosa no es verdadera porque es útil, sino que es
útil porque es verdadera.
En la patencia misma del objeto conocido, reside la e.videncia del conocimiento. Evidencia objetiva que constituye el último fundamento de toda
verdad cierta. Abiertos ante la presencia del ser, recibimos intencional"Dente
los objetos conocidos. Y los recibimos con perfecta visibilidad intelectual.
Entre el juicio que formamos y la cosa que juzgamos se da una indubitable
adecuación. Indubitable no por el estado de tranquilidad psíquica o simple
ausencia del temor de errar, sino porque la verdad del juicio contradictorio
es metafísicamente imposible. Cuando el motivo metafísico fundante no puede compaginarse, en ninguna hipótesis, con el error, surge en nosotros la
certeza metafísica. La certeza física, basada en la constancia de las leyes
naturales, y la certeza moral, basada en las leyes que rigen los actos humanos, en la experiencia o en la historia, no son absolutas pero están muy
lejos de ser absurdas. La firme adhesión de nuestra mente al enunciado puede
ser inmediata, si proviene de la simple inspección de los términos del enunciado (por ejemplo, el todo es mayor que la parte); o mediata, si requiere
de la observación (por ejemplo, los animales necesitan del oxígeno para
vivir) o del raciocinio (por ejemplo, Australia está en Oceanía, Melbourne
' ANTONIO Mn.LÁN PtraLLES.

t. 11, p. 197.

24

está en Australia, luego Melborune está en Oceanía). Aunque la claridad y
la fuerza de convicción, que integran la noción de evidencia, sean diversas
en el conocimiento intuitivo -aprehensión inmediata- y en el conocimiento discursivo -aprehensión mediata- no podemos restringir dicha n~
ción a cualquiera de sus tipos. Y la evidencia engendra la certeza, es decir, la decidida y firme adhesión de nuestra mente, sin temor de errar,
al juicio lógico. Esta plenitud de asentimiento psicológico al juicio lógico,
es "certeza de la verdad", pero certeza que implica la respectiva presencia
del objeto. "Así como es comprensible de suyo que donde no haya nada,
no hay nada que ver -expresa Edmundo Husserl-, no menos comprensible
es que donde no hay ninguna verdad, tampoco puede hal:&gt;er ninguna intelección de la verdad o, con otras palabras, ninguna evidencia". 6 Es imposible
apoyar un conocimiento de objetos extra-mentales sobre la base de una garantía inmanente, subjetiva. El mismo Husserl, por más que se aproxime al
criterio intrínseco objetivo del realismo, no distingue claramente la propiedad
por la cual lo verdadero determina en el sujeto cognoscente esa vivencia de
la verdad.
Los primeros principios constituyen, en el orden lógico, el fundamento racional en que descansan las verdades. Precisamente por ser auténticos primeros principios, no es posible reducirlos a dos fundamentales -el de identidad y el de razón suficiente, como lo quiso Leibnitz- o a uno solo -el de
contradicción- como lo pretenden otros autores. Leyes a un tiempo del
pensamiento y del ser, los primeros principios son necesarios, universales,
evidentes. Bastaría el examen de nuestro propio yo para reconocer la realidad
de las primeras nociones (sustancia, causa, finalidad) y de los primeros principios (identidad, contradicción, tercero excluído, razón suficiente). Por razones metódicas, reservamos para el estudio de la estructura y sentido de la
lógica, el examen de los primeros principios.
El error es un desacuerdo mental con la realidad. No se trata de ignorancia, ni de verdad incompleta, sino de disconformidad entre el entendimiento y la cosa. Disconformidad que puede provenir: a) De la dificultad de
muchos objetos para ser comprendidos; b) De la falta de una atención sostenida y de un estudio concienzudo; e) De la voluntad, estimulada por sentimientos o conveniencias, que mueve al entendimiento a dar su asentimiento a un juicio, sin suficientes motivos racionales; d) De las pasiones -orgullo, sensualidad, pereza, ambición, avaricia- que obnubilan la inteligencia y nos conducen a una adhesión precipitada en función de ellas; e) De
los prejuicios -comunes a la especie, individuales, sociales, sectarios- que
aceptamos sin discernimiento y que falsean nuestro criterio de apreciación.

Fundamentos de Filosoffo, Ediciones Rialp, S. A.,
• EoM UNI&gt;O

H us sERL. lnvestigaciqnes 16gicas, t. I, p. 197.

25

�Aunque por causas accidentales caigamos en el error, nuestras facultades
cognoscitivas están avocadas a la verdad. ¿ Resulta acaso comprensible que
nuestras facultades nos desvíen del objeto al cual por naturaleza deben tender? ¿No impera en el universo la finalidad, el orden, la armonia? ¿Por qué
nuestras facultades cognoscitivas habrían de ser la excepción? El entendimiento está ordenado, constitutivamente, a la conformidad con el ser que
le mide. Trátase de un hecho, antes que de una teoria. De un hecho que
no necesita demostraci6n porque descansa en certezas primarias absolutamente irreductibles. La duda misma, postulada por el criticismo, supone estas certezas: c.,;stencía del sujeto, primeros principios, posibilidad del conocimiento. Hasta aquí las principales directrices de la critcriología. Conviene
ahora, para terminar el estudio epistemológico, destacar el sentido y la finalidad del conocimiento.

con la vida humana. Nuestro conocer está al servicio de nuestra existencia
personal. Más allá del dominio de lo meramente animal -sensaciones e instintos- buscamos la felicidad en un estadio espiritual superior. Y la buscamos conscientemente, con la mayor plenitud posible. o podemos ni queremos limitamos a vivir en este universo, sin meditar, al mismo tiempo sobre él y sobre nuestro puesto y de tino en el cosmos. El conocimiento, que
descubre cosas y valores, es una necesidad íntima para toda pcr.;ona humana.
El hecho de que nos encontremos en el mundo no significa que nuestro
e.xislir funde al mundo. Porque existimos mundanalmente, comprendemos
nuestras posibilidades de ser-en-el-mundo. Estar-ya-en-el-mundo quiere decir
encontrar el ser del mundo, no forjarlo. Y significa, también , la e,..;stencia
del yo y del no-yo. El ser tiene mayor extensión que el conocer. Tomamos,
en cierto modo, el ser de las cosas, respetando su entidad. La posesión inicial del conocer una cosa nos conduce a las relaciones que guarda con las
restantes y al sentido de la totalidad. Sin el sentido de esa totalidad seríamos meros náufragos en el océano de las cosas.

miento de los entes no sea cabal y exhaustivo. Basta, para la vida, un conocimiento inadecuado y abstractivo de la totalidad. Nuestras decisiones reposarán siempre sobre un conocimiento adquirido, mu table, temporal. Pero
un conocimiento que no es mero fenómeno de la conciencia, sino una relación trascendente entre un sujeto y un objeto. Un sujeto que se representa
al objeto y un objeto que existe independientemente, echado ante, dado,
ofrecido a un su jeto cognoscente. Más allá de lo comprendido en el conocimiento, de lo "obyectado'\ queda un residuo incognoscible, transobjetivo
como Je llama Hartmann. El límite de cognoscibilidad no desaparecerá nunca, aunque se pueda alejar indefinidamente. Ya Goethe había advertido con
precisión y agudeza, que "Todo lo que está en el sujeto, está en el objeto,
pero éste es algo más. Todo lo que está en el objeto, está en el sujeto, que
también es algo más". 7 La descripción fenomenol6gica del conocimiento nos
mostró que el sujeto, al captar un objeto, rebasa los límites de su interioridad subjetiva. ¿ Cuál es el fin que perseguimos al conocer? La meta última
está puesta en nuestra salvaci6n y en nuestra plenitud. En nuestro deseo
de saber andamos en pos de un ideal de unidad y de permanencia que nos
salve de la disprrsión y de la fugacidad. A partir de los conocimientos fundamentales, nos enriquecemos progre$.ivamente con una sucesión de 11dcscubrimientos''. Y cstr enriquecimiento satisface, al menos en parte, nuestro
afán de plenitud subsistencia!. Sabemos que para llegar a la plenitud anhelada necesitamos poseer el ser, lo má~ adecuadamente posible. Posesión del
ser, no tanto para satisfacer nuestra curiosidad, cuanto para decidir nuestro comportamiento ante los objetos conocidos. Discernir las cosas, reconocerlas, gozarlas, rechazarlas y valorarlas es finalidad práctica o vital del conocimiento corpóreo. Reducir la dispersi6n de la e.,rperiencia al orden universal es finalidad propia de la inteligencia. Nuestro anhelo de unidad del
ser se cumple por vía cognoscitiva. Pero esta finalidad "teórica" o "especulativa", mera contemplación desinteresada de lo real, se inserta en el dinamismo integral de] sujeto que se afana por realizarse en plenitud. Cabe decir, en este sentido, que e1 conocimiento es un instrumento de salvación y
de perfección integral del sujeto cognoscente.
Vasconcelos subrayó, con toda energía, que "conocemos con todo el ser,
coordinadamente, orgánicamente".8 Se percató, claramente, de que el conocimiento no es completo si no toma en cuenta: la verdad, el fin de la
verdad y la ventura del fin. Aunque no resulte convincente su "a priori or-

El conocer no es tan sólo una dilatación del sujeto -el cognoscente convertido, por modo intencional, en lo conocido- sino una toma de posición
que supera la incertidumbre primigenia. La inter-relación de los seres nos
lleva a un conocimiento de los entes todos. No importa que nuestro conocí-

' GonHE. Maximen und Refluionem, No. 1084, en Goethcs Werkc, hcrausg. voa
Karl Keinemann, Bibliographischen Institut in Leipzig, t. 24, p. 286.
• VASCONCELOS. Lógica Orgánica, Edición de El Colegio Nacional, México 1945,
p. 4.

6.

SENTIDO Y FJN DF.L CONOCIMTENTO

-¿ Qué es el conoGimientq?-

El conocimiento no es una actividad superflua, ajena al mundo, inconexa

26

27

�gánico" como instrumento del conocer y su rechazo de la abstracción, es
preciso admitir su certera teoría del conocimiento como coordinación de
conjuntos. El conjunto de lo físico, el conjunto d-! lo orgánico y el conjunto de lo espiritual son indispensables a la integración de mi personalidad. La
escala de los conjuntos l'_,istenciales la reconstruye mi conciencia que se dirige hacia su fin. Los elementos heterogéneos que nos llegan por los sentidos
y por la inteligencia tienen que ser coordinados. "El pensamiento coordina,
emparentando los movimientos, buscando en ellos la armonía y la meta de la
acción combinada que persigue el conjunto. Y en cada conjunto se revela
un existir renovado, que deja intacta la individualidad de cada una de las
partes y éstas, por concurrencia, engendran todos parciales que las superan
y les dan finalidad''. 8 Por otros caminos, también nosotros aspiramos a la
armonía de un saber total. Como Vasconcelos, también nosotros desearíamos descubrir la colocación y la función de las partes dentro del uni-uerso.
Pero mientras nuestro querido e inolvidable maestro profesó un decidido
anti-intelectualismo, que le impidió llevar a un cabal desarrollo sus valiosas
intuiciones, nosotros hrmos forjado nuestra filosofía como propedéutica de
sa/uaci6n, y nuestro intcgralismo metafísico antroposófico, dentro de un in.
telectualisrno realista metódico. Acaso sea éste el mejor testimonio de discípulos que le podemos ofrecer al maestro. "Cuando yo escribo un libro -decía Gentilc-- y mis alumnos lo aprenden de memoria y Jo repiten, esos no
son discípulos míos; pero cuando uno lee un libro mío y porque lo lee piensa con su cabeza, ése sí es un cliscípulo mío y yo soy su maestro, porque he
hecho nacer un nuevo filósofo". Mi obra es un ensayo de "pensar con mi
cabeza", en diálogo con mis maestros. De pensar la realidad con su concreta y verdadera integridad.

• VASCONO!LO$,

28

Todolog/a, Ediciones Botas, México 1952, p.

◄H

EN TORNO A SARTRE Y EL PROBLEMA DE LA HISTORIA
Prof.

GoNZALO liERNÁNOEZ DE

ALBA

Univcnidad de Nuevo Le6n

UNo DE LOS PUNTOS CLAVE de la crítica que se ha dirigido a la obra filos6fica de Jean-Paul Sartre y que ha producido enconadas polémicas, es aquel
que tacha al pensamiento de este autor de_ s~: franca y decididamente ahistórico. Se ve en él la negación de toda poS1b1lidad de romper los marcos del
presente y, por ende, de enfrentarse al pasado como tal. Cá~ca que no. deja de tener importancia, puesto que nos presenta ª. la f~osofta que sosl.!~n;
como fundamental postulado "la primacía de la existencia sobre la esencia
dejando de lado, por voluntad personal ya que n~ ~r necesidad metódica
o de coherencia lógica, toda una amplia gama de posib1bdades para obtener un
más completo acercamiento, una mayor comprensión, para llega~ a u~a mejor realización y visión de la existencia como ta] y de nu~~a ex1stenc1a personal y concreta, para facilitar el cumplimiento de los ,lúmtes que des?e la
publicación de su primera obra, Bosquejo de una Tcona de las Emociones,
se trazara este fccundo y discutido pensador francés. No es nucs~~ des~o ~]
adentramos en los atractivos pero peligrosos vericuetos de la cnuca filo~fica, ni el s"gufr o compendiar las discu iones q~e. ~orno sc~uela . h~ surgido en torno de ella sino el tratar de ver La pos1b1lidad o 1D1posibil1dad de
una fundamentació; tratando de quedamos en lo posible dentro de los límites del pcnsamien~ de Sartre, de algo así como una ''historia existenci~l"
o de una comprensión de la trayectoria y proyección en el pasado del sujeto por excelencia de esta posición ideológica: el hombre. En _mor de b~evedad nos contentaremos con esbozar lo más rápidamente posible las pnncipales características y notas de algunas de sus tesis, especialm~nte de aquellas que consideramos como más adecuadas para el acercanuento y comprensión del tema que nos hemos propuesto.
.
"Estoy condenado, escribe Sartre en su primera obra fundamental,
existir para siempre más allá de mi esencia, más allá de las causas y mol.Jvos de

.ª

29

�mis actos: estoy condenado a ser libre. Esto significa que no se pueden encontrar otros límites de mi libertad que la libertad misma·J oJ si se prefiereJ
que no somos libres de dejar de ser libres".i Según esto la libertad se nos
aparece como una constante y permanente posibilidad de ruptura, de anonadamiento y no de suspensión o "epogé", del mundo Mostrándosenos como la estructura misma de la existencia. No es, no implica, ni tiene en cuenta algo asi como un capricho momentáneo o un deseo inmediato que se
pierde en y por su inmediatez. Muy por el contrario sus raíces se hunden en
Jo más íntimo de la existencia. "Un &lt;'-xistentc que como conciencia, está necesariamente separado de todos los demás, ya que están en rclaci6n con él
sólo en la medida que son para él, un existente que decide de su pasado, bajo forma de tradición y de futuro a la vez, en lugar de dejarle pura y simplemente determinar su presente, un existente que se hace anunciar por algo que le es ajeno, o sea, por un fin que él no es y que proyecta al otro
lado del mundo, he aquí lo que llamamos un existente libre".' Esta libertad
tif'ne que ver, se refiere y está en consonancia con el proyecto fundamental;
que comprende y encierra los actos y los deseos particulares. Y que constituye la última posibilidad de la existencia humana: la elección originaria. A
la elección del proyecto le es inherente la libertad originaria, la libertad incondicionada. No se implica en ningún momento e] dejar de lado, el no tener en cuenta, un margen de imprevisibilidad y contingencia que representa y en cierta manera constitu)·e el núcleo de las acciones particulares. Con
ellas y su contingencia, su estado de desaz6n, se introduce en el campo de
acción de los hombres la posibilidad de modificar, reestructurar y recrear,
ese proyecto inicial. "La angustia que cuando es revelada, manifiesta a nuestra conciencia nuestra libertad, testifica la modificabilidad perpetua de nuestro proyecto inicial". El hombre existente pues, se encuentra perpetuamente
posibilitado, mejor aún, amenazado, por la posibilidad esencial del rechazo o
anulación de su proyecto: por la posibilidad de dejar de ser y convertirse en
otro. "Por el solo hecho de que nuestra elección absoluta es frágil, escribe
Sartre, apoyando en ella nuestra libertad, ponemos a la vez su perpetua posibilidad de convertirse en un más acá atravesado por el más allá que yo
sería". 8
La libertad de que habla Sartre es la que permanece dentro de los límites
de la acción y facticidad del mundo, no la que pueda provenir de un quietismo absurdo o de un inhumano deseo de escape. Facticidad que, tal como
la acci6n, es indeterminada y surge de la libertad que la "pone" y entrega
: SARTR~. JEAN-PAUL,

Op. dt., p. 530.
' Op. cit., p. 543.

30

L'Etr~ et l~ Nlant, ed. Gallimard, 50 ed., Paris, 1957, p. 515.

al ser con la elección. Así el hombre se hace responsable no sólo de sí mismo
y de cuanto haga y decida hacer sino del mundo y de cuanto acontece en él.
Hechos y acontecimientos que dependen, toman su realidad, en última y primigenia instancia, de la libertad y consecuente elección originaria. Para
Sartre todo lo que le acontece al hombre es humano .. Lo inhumano no tiene lugar ni cabida en su pensamiento: ''Las más atroces situacione.c; de la
guerra, las peores torturas, no crean un estado de cosas inhumano: No e.~
te una situación inhumana; s6lo por miedo, por huida y recurso a situaciones mágicas, decidiré sobre lo que e.s inhumano, pero esta decisión es humana y cargaré con su total responsabilidad".• Tampoco existen para Sartre hechos accidentales, un acontecimiento social que en alguna manera logre afectar a un individuo, y no importa en qué o de qué manera, no le es
extraño, le pertenece y si quiere ser sincero debe hacerlo suyo. Como inclividuo concreto esta guerra me pertenece y "la merezco, en primer lugar,
porque podría sustraerme a ella con el suicidio y la deserción: estas posibilidades últimas son las que siempre deben estar ante nosotros cuando se
trata de afrontar una situación. Si no me he sustraído a ella, La he elegido...
m todo caso se trata de una• elección". 1
La estrnctura ontológica del proyecto puede y debe ser descubierta por
medio de y en el psicoanálisis existencial. El único instrumento útil según
nuestro autor para mostrarnos y demostrarnos cómo en el fin de todo acto
humano se encuentra una determinada elección libre y un determinado y
concreto deseo de un ser en-sí fáctico y objetivo. Tendiéndose hacia la meta
ideal de ser una conciencia que funde y fundamente su propio ser en-sí:
"Es este el ideal que se puede llamar Dios. Asi se puede decir que 1o que
más hace concebible al proyecto fundamental de la realidad humana, es el
hecho de que el hombre es el ser que proyecta ser Dios ... es lo que le anuncia y le define en su proyecto último y fundamental".ª Así el hombre se nos
presenta como poseyendo una ambición trascendental, es cierto, pero como
un deseo fallido. La síntesis del en-sí de las cosas del mundo con el para-sí
de la conciencia es la gran teleología l,acia la que tendemos los hombres sin
nunca poderla alcanzar. Este imposible tránsito del en-sí y el para-sí es al
que continua e incesantemente tiende la acción humana. Como claramente
se ve se hace indispensable en este nivel del pensamiento de Sartre el enfrentarse al análisis de una ética que complemente y dé fin a sus análisis ontológicos. 7 El Ser y la Nada apunta hacia una moralidad que debe total• Op. cit., p. 639.
1 Op. cit., pp. 639-640.
• Op. cit., p. 653.
' En lugar de esa rrflexión sobre la moral que anunciara en las últimas líneas del

31

�mente prescindir del llamado "espíritu de seriedad". De la tendencia a considerar a las cosas como ya provistas de un valor trascendente a la subjetividad humana. No es posible enfrentarse al hombre como al ser "para el
cual existen los valores" sin darse cuenta de que "todas las actividades humanas son equivalentes, puesto que todas tienden a sacrificar al hombre para hacer surgir la causa de sí -y todas por principio están destinadas a fracasar. Siendo así lo mismo emborracharse en soledad que guiar a los pueblos. Si una actividad es superior a la otra no es por causa de su motivo real,
sino por causa de la conciencia que posee su objetivo final; y, en este sentido, sucedería que el quietismo del borracho será superior a la vana agitación del conductor de los pueblos". 8
Como veíamos, el hombre posee un recurso altamente valioso en su vida:
el modificar, dirigir, su futuro, su porvenir. Introduciéndose en la vida de
los hombres y, en cierta manera, en la de las colectividades, Jo que se ha
venido llamando una "eterna moratoria". Puesto que la muerte, esa absoluta detención de la libertad, es el único camino que lleva al desprendimiento y posterior comprensión de la esencia humana, de la esencia de este hombre determinado y concreto, de la esenáa de uiia colectividad social con características semejantes. Y todo ello porque sólo, claramente nos dice Sartre, es posible juzgar a los muertos. Sólo frente a ellos podemos obtener una
especie de objetividad. Podríamos decir, en términos generales, que la historia es para Sartre, a lo menos a la altura del Ser y la Nada, una cirugía
mcrtuoria. Una actividad e.xperimental que debe estudiar al ser en-sí detenido y que enfáticamente se niega a hablar [de) lo que se encuentra abierto ante
un futuro, que estudia lo concreto y lo determinado. Interpreta al en-sí es
cierto, pero no lo hace de una manera definitiva, no pretende determinar su
sentido de una vez por todas, no quiere ni puede ser eternamente valedera.
Por tener como campo de acción lo social, y con él lo humano y su pasado,
se encuentra afectada por esa perpetua moratoria que la hace inminentemente imprevisible y, por tanto, .indeductible. El único momento que cobra
una real y definitiva importancia, tanto en la trayectoria común de los hombres como en la historia particular de cada uno de ellos, es el último. Es el
que decide por todos los demás. Con anterioridad a su cumplimiento es
completamente imposible el establecer un juicio completo y con pretensiones de validez. Ya que en este momento y por él se puede cambiar toda una
actitud, toda una concepción, toda una manera de ser y de obrar. "ContaSer :V la Nada Sartre nos ha dado en su Crítica de la Ro.z6n Diallctica un análisis de la
actividad concreta, de la praxis de los hombres.
1

32

Op. cit., pp. 721-722.

minándose" todo el conjunto de las acciones, de hechos y deseos que hicieron parte y constituyeron una vida.
Elegir vivir de una determinada manera, tener el valor de morir de acuerdo con la elección libre y personal es el gran dilema del hombre y de los
hombres. Del hombre con nombre y del hombre como colectividad. La muerte personal o la muerte social 9 entrega, por así decirlo, a ese hombre O sociedad a los demás. Los hace entrar en la historia, los entrega y enfrenta a
los otros, a los jueces. "¡ Fue sólo im desfallecimiento corporal!, dice uno ,
de los personajes de Huis-Clos explicando su muerte. Sólo que todo ha quedado para siempre en suspenso ... ¡ Garcln es un cobarde. He aquí lo que
han decidido mis compinches. De aquí a seis meses dirán "cobarde como
Gardn" ... éstos morirán pero detrás vendrán otros que volverán a tomar
la consigna: les he dejado mi vida entre sus manos ... Hacen r.l balance sin
ocuparse de mí y tienen raz6n, puesto que he muerto... He caído en el do-

minio público".1º
Los hombres, podemos concluir con Sartre, poseen frente a la historia, un
doble p~pel que corresponde a la doble actividad que deben desempeñar
en sus _vidas: son actores y jueces. Autor y actor de ]a historia, ya que son
sus acaones, deseos, elecciones libres y actuaciones de mala fe algunos de los
elementos más importantes y constitutivos de la evolución histórica. Juez cle
los demás y de la historia somos los hombres por ser los únicos que podemos sopesar, comprender, valorar y justipreciar la vida y las acciones hum3:°"as Y, con ellas y por ellas, desentrañar o adjudicar un sentido a la histona, S61o el hombre, considerado como elemento constitutivo de una socieda? Y como . individualidad, puede explicarse y explicamos el recóndito y
cambian~e _senado de la historia. E,.-pJicación que tiene como medio y fin
el somctumento a las perspectivas, actitudes y, por qué no valores humanos
d e una d. etermmada
·
época y sociedad. Sometimiento que 'produce y explica'
]a necesidad de una constante revisión calificativa y revalorativa del pasado humano en función de un presente concreto y determinado. Haciéndose~os patente,, d~ comp~ es~ tesis, la razón última de la existencia y necesidad de múltiples y vanadas 1.0terpretaciones del devenir histórico: nos hace comprender el porqué de una historia del Imperio Romano interpretad~ a la manera y según la época de un 'rtto Livio, o dentro de los lineamientos de una "Scienza Nuova", o de acuerdo con un Mornmsen o un
León Romo.
Las historias cambian porque el hombre que se enfrenta al análisis del
suceder histórico no es nunca el mismo. El hombre dota a la historia y a su
: ~ e~ posible hablar_ de la mu~rtc de una sociedad o de una cultura.
uu-Clos, ed. Galhrnard, Pam, 1947, p. 105. El .subrayado el nuestro.

33
H3

�visi6n de ella de un doble cambio, de una doble manifestación deJ acontecer:
el devenir propio ele la historia de las acciones libres que la constituyen, y
esas transformaciones producto del constante trastocar de valores y perspectivas que frente a los hechos históricos pueden tener _'f hacer suyas ho~hres de diferentes épocas y de diferentes culturas, o miembros de una DllSma sociedad pero en dh·ersos momentos de su evoluci6n º. &lt;'.Stand.o col~dos en diversas y opuestas clases sociales o manteniendo diferentes po!!.C10n vitales. 11 La historia se nos presenta, pues, como dotada de una doble
p rspcctiva:
el resultado de las acciones y ~ecisioncs de los hombres que
han pa! ado pero tal como la quieren o necesitan ver los hombres del presente, de no importa qué presente. Esta hi toria, producto del hom~re que
ha sido y del que es habla nos babia, de un hombre re~ q~e ha sido, de
alguien concreto, que e.xiste ' 1pero un existente no puede Justificar nunca la
xistencia de otro existcnte•·. 12 El tratar de justificar las acciones qu~ puedo cometer en mi presente por medio de las pasiones y acciones ufndas y
cometidas por otro hombres en otros presentes implica el caer, el cometer
una acció,i dr. mala /e. 11 i el hombre presente ni el pasado tienen o .pueden pedir una justificación. El hombre histórico es lo qu~ es. Es el conJ~~to
de su. obra.,, es el conjunto de sus accion , es la totahdad de sus _dcc1510nes efectivamente cumplidas. El hombre presente es un proyecto libre. ~l
hombre hist6rico
el rr.sultado del cumplimiento de sus proyectos de~dos. La historia es el análisis de los proyectos de los hombres que han sido
por los que son.

Si la historia es el descamado análisis de los pro ectos humanos, se nos
pre nta como no iendo otra cosa sino el resultad.o de las acciones de sus
miembros constitutivo . La historia 5"rÍa. lo que ciertos hombres han querido, con y en su vida, que íuera. Sería el conjunto, p ro no la suma, de
u Vale Ja pena citar un texto que aclara y ejemplifica esta atrevida _tesis: '.'~ada
uno juzga la historia según la profesión que ejerce. Formado por su acción cotidiana
sobre ta materia, el obrero ve c-n la sociedad el producto de. fue.rus reales _obrando
según leyes rigurosas... el burgu~s, por el contrario, ~ e! _antisemita en part1~ular. • •
se comportan frente a los hechos sociales como los pnnntlvos que do~ al ,1ento o
al sol de una almita. Intrigas, cábalas, trampas de uno, el valor y la virtud del otro:
eso es lo que determina el valor de ,u comercio, es
que dete_nni.na el desarrollo de
su mundo". Rt/luions Sur la Question Juivt, ed. Gallimard, Pans, 1954, p. 43.

l?

" La Nausl,, ed Gallimard Paris, 1938, p. 250.

.

u El sostener un punto de vista como &amp;te hace compr~ible el que _se ~esprcc1en Y
"rccunos de ma1A fe" a todas aquellas interpretaciones de la histona que prt•
U
amc:n alabar O denigrar alguna determinada actitud sociaJ o pohüca
••
tcndcn
en f uneº6n d e
un "espíritu nacional eterno" o de la pertenencia a un "grupo superior", para no citar
sino dos ejemplos bien conocidos.

las acciones )' pasiones de ciertas individualidades que, para Sartre son, por
sus conflictos internos, lo motores de 1a historia.u Los conflictos internos
adquieren l"ie poder de fungir como motores del desarrollo hist6rico y del
desenvolvimiento colectivo no s61o cuando se dan dentro de una detenninada personalidad, sino cuando se encuentran en el seno de un detenninado y
concreto grupo de individuos, de una familia, de una clase social. El que se
den en uno u otros no altera ni su labor efectiva, ni su constituci6n, ni,
mucho menos, la posibilidad de su desentrañamiento y estudio. El conocerlos y compr nderlos es uno de los m •s importantes factores para el conocimiento de la realidad hist6rica y, por tanto de la realidad del hombre. En
nuestra 'poca, se queja Sartre en su Cuestión de Método, la historia se hace sin conocerse, se la considera, por incomprensi6n o desconocimiento de
sus motores, como el resultado de una cadena de actos fortuitos sin Jey
' como'
como un ciego encadenarse de hechos.causa y acontecimientos-efecto,
el conglomerado y la suma de una serie de contingencias innumerables. Pero en nuestra época e.xiste una imperiosa necesidad de transformar ese fatalista punto de vista ya que el hombre más auténticamente actual, "el rev0lucionario, si quier obrar, no puede ni debe considerar a los hechos históricos como el resultado de contingencias sin ley... unas constantes, unas
series parciales, leyes de estructura dentro de formas sociales determinadas
be ahí Jo que necesita para poder prever. Si se le da más, todo se desvan~
en idea, ya que no preci a !tace, historia, sino leerla día a día· lo real se
'
convierte en sueño''. 111 -Pero si se le da menos, nos sentimos tentados de
agregar, lo real se convierte en pesadilla-. Se nos hace, pues, necesario el
conocimiento de unas leyes estructurales de la historia dentro de formas sociales detenninadas. Y e1Io s61o puede producirse por medio de un análisis
que parta de la explicitaci6n de los diversos motores que puedan darse y
encontrarse en la historia.

.

Dentro de esas ncc idades el conocimiento de las p rsonalidades, individuales o colectivas, 18 es de singular importancia ya que el análisis de sus
''conf!ictos internos" puede aclarar y hacer coO:prender en sus propios Jj_
neam1entos los motivos últimos de la historia, su porqué y su cómo. Además
". Cf. Q1mlion d, Mlthod,, en Critiqu, d1 14 Raison Dial1etiqu1, ed. Gallimard,
Pam, 1960. · pecialmentc p. 115.
11

Materialismo y Revoluci6n, trad. Bernardo Guill~n ed. Deucali6n Bueno, Aires

1954, p. 92.
11

'

'

'

Si es P_Osible hablar de una "personalidad colectiva". A pesar de la cxtrañe1.a
exprcn6n Y dr: su aparente contrasentido creemos que bien se puede empicar el

~

:~~in~..
de

·a que modernos estudios de la IL'lmada psicologfa de grupos muestran la
phcabihdad del concepto y 1u existencfa real. Por personalidad colectiva entendemos
la foeru de un determinado grupo social que produce en 1u seno lo conflict01 que

34

35

�es indispensable, al menos para artre, aunque no sea claramente explícito
en ello, el conocer a quienes hacen la historia para saber a qué atenerse en
el momento de actuar, de producirla y en los momentos sucesivos. Ideas
que nos parecen un tanto discutibles, ya que nos inclinamos a pensar que
para el conocimiento y develación del sentido de la historia es menester una
visión de conjunto y una perspectiva lo más amplia posible. La cercanía e
inmediatez a los sucesos humanos y sociales que se pretenden historiar impide tener esa perspectiva deseada; además la posible existencia de intereses
extrahist6ricos puede llegar, y con frecuencia lo hace, a deformar el panorama total de los acontecimientos. Además, como el mismo Sartre lo quiere, la historia es imprevisible e indeductible. Para poderla estudiar, para
poderla comprender y poder comprender a los hombres que la vivieron tiene
que semos dada de antemano. Podemos estudiar lo más ampliamente posible, desentrañar su porqué y su c6mo, de los acontecimientos acaecidos en
la Revolución Francesa, pero no así .. los de la Soviética. Podemos enfrentamos al estudio de la figura de Lenin, pero no a la de Castro Ruz. La Revolución Soviética continúa evolucionando y desarrollándose. La Francesa
está detenida, ya dio lo que podía y tenía que dar. Lenin ha muerto y lo
poseemos plenamente. Castro vive y desconocemos su desarrollo y futura
evolución. El enfrentarse a los hechos del presente inmediato con un método y una finalidad histórica, implicaría una tan gran fle.~bilidad de conceptos, una tan fuerte dosis de ixnprevisibilidad que se nos antoja incompatible
con el concepto de historia y que la convertirla, si se puede hablar en este
caso de historia en una mera "adivinanza", agradable y divertida sí, pero
que no es historia, ni ciencia ni nada semejante.
En la Crítica de la Razón Dialéctica insiste una vez más Sartre sobre la
importancia fundamental que tiene el desentrañar y comprender el "proyecto fundamental", pero dando ahora principal énfasis a su incorporaci6n y
estudio dentro de una historia, pero no sólo en la que pudiéramos llamar individual sino en la social; no en una historia ideal sino en la historia concreta de una determinada sociedad en permanente construcci6n, en una sociedad en la que impera el trabajo individual y las relaciones de producci6n
de todos sus miembros. S6lo en una. sociedad que posea estas notas pueden
claramente aparecer y ser comprendidas las determinaciones individuales,
las determinaciones reales de los hombres. Ya que el hombre con nombre,
este hombre singular de esta sociedad concreta, se define antes que nada
como un ser en situación. Es decir, que forma un tocio sintético con su situa-

ción biológica, económica, polítir~
cultural • S't
. , que no p ed
1 uac1on
-,
·l
se, separarse del hombre ya que ella lo i
l
u e alS arlidades. y a la que I hombre .
onna, o nutre y le da sus posibimversamente da un sentido al
ella y por ella. No queremos ,decir
es ob . ,
escogerse en
hombres no difieren entre sí q
' .
; 10' que Sartre pretenda que los
.
, ue su situación los henn
· 1
.
.
f1ca. Los hombres difieren
d'fi
ana, igua a e 1denuescogencia
h
d
como . i iercn sus situaciones y en razón de la
que agan e su propia persona "Lo
ha
el~os no es una naturaleza, sino una condici6n
~ue. y de c?mún entre
m1tes y restricciones: la necesidad d
. d' es ~1r un ronJunto de li.
e monr e trabaJar pa
. . d
tir en un mundo habitado d
t
'
ra vivir, e exi.shacen que el mundo que cn::tramn
emano por otros hombres".11 Hechos que
.
os como dado que
nuestros pnmeros días de vida S&lt;'a un
d h" , .
nos entregan desde
sea cierto, y lo es a todas lu ,
mun . o istónco. Aunque este hecho
histo "d d .
, . ces, no nos obliga a definir al hombre
. . . ,
por su
1 1 ad de v1v1r
· · nc1 a , sino por su mtuna pos,'b"J"d
h1storicarn t 1
siciones y rupturas de su sociedad Así
. ..
en e as tranción a posteriori del hombre mo ~á d tl"J{e Ja posi_bilidad de una definisociedad hist, .
1
'
s . n o o como surgido en el seno de una
onca en a que ha nacido
formaciones sociales dete . da
y, a su vez, como n-sultado de transrmma
y concretas. R tri •
nes que sólo pueden ser vividas
P
es ccioncs y detenninacioen los casos anteriores no puedeen y
,un proyecto humano, que, tal como
•
en nmgun caso
d fi 'd
te y que, m tanto que pro ·ect
.
ser e m1 o conceptualmenlo menos de derecho Hac
o,
iempre compren ible, si no de hecho por
Sartre "a encontrar
e~ exp Clbta esta comprensión no conduce. nos dice
.
noc1oncs a stractas cu a
b'
'6
tu1rlo en el saber conceptu 1 .
'.
y com mac1 n pttdiera restiléc .
a . smo a producir en s' .
l
. .
neo que parte de los hechos dad
. .
t mismo e movun1ento dianificante. Esta comprensi6n
os recd_1b~dos y se eleva a la actividad sig.
.
que no se istmrue de l "
.
existencia inmediata
l f d
a ,.raxrs es a la vez la
• ,,
• · · Y e un amento del c
· ·
c1a _is Ese conocimiento . d"
d
.
onoc1m1cnto dr. la exi tenm m~cto e la existen e· a
su ' tado de una rf'flrxi6n sobre ella
f rl
I no es otra C05a que el reel darse de una ideo}na{
. · Q~tc- un amenta posihilita al o a~í como
rf
_,.,,a y una c1enc1a sociales dentro d 1
a, y en Jugar de primer orden I h' . .
e as que se encontra, a tstona. Pero una h' ~ •
.
ahora como el resultado la acción
d
is.or1a rnt"nrhda
mana total.
y
el proyecto personal Y de la praxis hu-

.º'

ias

Dentro de una filosofía-ideologia
• .
.
manera anterior J.. ~ •
• •
y una etenc1a sociales entendidas de la
....., mvesttgaCJones que se pued an ef ectuar en tomo .al proh

van a fungir como moto~s de la historia o de alguna manifestación social determinada.
Tal sería el caso de los Jacobinos en la Revoluci6n Francc,a, o de la burguesta nacionalista. en las guerras Latinoameñcanu de Independencia

36

t-

P: .

R1/kxi6n. . ·. • . 72 EJ subrayado es nuestro.
»" No
por un Ju1CJ0 a priori o sea
r
. . .

•

echo de nistir, aun en la a~tualicLui ~ ::1u100. smo por el simpt~ v elrmC'ntaJ
~retente y a tener UD pasado, que es~
a des que. es~ come111.ando .3 errar su
tienen.
CJ.an o su histona pero que todiwh no la

:r

37

�ecto humano deben destacar por su importancia y principalisimo lugar; ya
~ue como veíamos el hombre es para Sartre, y siempre_ lo
sido, fund~~talmcnte un pro}ecto, su proyecto. El obrar y actuar md1v1dual _5?n los_ uruedios que poseemos para comprender "el secreto del acondic1onam1ento
cos m
, l
'd
¡
del individuo como tal y como miembro de una sociedad'. E scnt1 o Y va or
que pueda mostrar una conducta humana se logra co1:1~~ndcr, en su perspectiva general~ mediante las realizaciones de las pos1b~1dades o p~yecto,
que aclaran y hacen comprensible lo dado ~r c..xcelcncsa: la totalidad de
las acciones y actuaciones humanas en su conJunto y dentro de su panorama
social. El proyecto nos reenvía, pues, a la comprensión fundamental, fundaentadora y fundamentant de la realidad humana. Para ·nuestro autor, es: comprensión es iempre actual y nunca potencial, se _encuentra e.:'Presada
y dada en toda acción, en toda pra'&lt;is y, lo que es más rmportante, sm ten_er
en cuenta que sea individual o colectiva, que surja y apare-.tca en fonna sistemática O manüestándose en forma de encadenamientos d causa a efecto o

.rn:

n~

p

el.

Sartre sólo existe una entidad real y sólo existen unas r ac1onc-.s reales: ::io existen hombres y sus relaciones sociocconómicas. Así pues, el objeto central de la ideología existencial, y para decirlo con las palabras de Sar•
tre ''es el hombr singular en el campo social, en su clase o en medio de ~
jet~ colectivos y de otros hombres si~l~, es la indi~dualidad aliena~ mistificada, tal como lo han hecho la diV1S16n del trabaJo y la explotac16n, pe1 chanclo contra la alienaci6n por medio de instrumentos falseados Y, a
ro u
d d .,
pesar de todo, ganando pacientemente t~eno": 1' Im~licándos. y e u~1endo e que el soporte de los objetos colrctivos -1deolog1~, relaciones SOC1ale!,
instrumentos de trabajo, etc.-, debe buscarse en la acbvidad concreta de los
individuos: "no nt[!amos la realidad de estos objetos. pero pretendemos que
es parasitaria".!O Dejando a un lado ese carácter paras~tario, estos objetos deben formar parte del estudio del hombre por humanizarse y de.ben hacerse
artícipes de lo humano por intermedio de una multitud de relaciones ~uma!as. La historia real, la historia concreta, la historia q~e logra sistematlzar la
· humana sólo puede ser comprendida en la medida en que pueda reílepraxis
'
'd h' 6
jar la mediaci6n de unos hombres concretos, de unos hombres con VI a 1St •
rica real y asequible. 'o sólo la historia comprendida co~o el campo ~e. acción y de desarrollo de la lucha de clases, o como el estudio de los mov1mtentos e interrelaciones que puedan sucederse entre una base y una superesti:uctura social puede y debe ser entendida por la mediación de la acción de c1ertos homb~s, sino que para comprender lo más rectamente posible el desarroQuertion . .. , p. 105.
• Question . .. , p. 86.
11

38

llo, acción y efectividad de ciertos "instrumcnt0s ideológicos'' se presenta como indispensable el analizarlos en función d una mcdiaci6n real y concreta,
es decir, humana. 21

En esta. desafortunadamente demasiado br ·ve,

rposici6n d alguna de
las ideas de artre se nos ha hecho patente con alrruna claridad, puesto que
ha sido necesario leer entre renglones, la importancia y destacado lugar que
ocupa en su pensamiento la necesidad de fundamentar un enfoque existencial de la historia que proyecte, complemente y ejemplüique su posición filosófica. En esta que podemos llamar su concepción de la historia es de excepcional importancia centrar la atención en la acción de unos individuos concretos. En individuos que pueden ser vistos como los mediadores y catalizadores de la historia. Mediador sería el hombre capaz de modelar y señalar las
guías de acción que n un momento determinado y concreto debe o puede seguir su sociedad. Y puede hacerlo sin nec idad de recurrir a actitudes mágicas
o interpretaciones metafísicas puesto que, como todo hombre, puede modificar, dirigir su porvenir y con él el futuro de la sociedad en la que está obrando. Así la pcrsonnJidad no es para Sartre ni la encamación de un "Espíritu
Absoluto", ni la personificación de una ahistórica "tabla de valoración", ni
el hombre que por un impulso divino o casi, es capaz de convertir una 'soci .
dad cerrad a" en una " a b'ierta,, , ni,. mueh o menos, un " superhombre étruco".
·
Es la e:\'Presi6n de su tiempo, la síntesis de sus problemas y el anhelo de resolverlos tran fonnando su soci dad. Modificación y transformación que sólo
aparl.'cc para -nosotros y que sólo son según nosotros. Puesto que somos los
únicos que tenemos la posibilidad de damo cuenta de las consecuencias que
1a acción Jibre de una d terminada personalidad ha podido d ncadenar. 0mos los únicos que tenemos una perspectiva y una objetividad adecuada para comprender a los hombres que han sido y con ellos a su historia, a nuestra
historia.

En párrafos anteriores señalábamos cómo para artre sólo existen hombres
Y las relaciones reales que se puedan dar entre ellos. Podemos agregar que,
de ser sto verdadero y así lo creemos sólo hay una historia: la historia humana y que "los hombres hacen su historia sobre la base de las condiciones
reales anterior ( entre las cuales se deben contar los caracteres adquiridos,
las deformaciones impuestas por el modo de trabajo, la vida, la alienación,
etc.) pero son ellos los que la hacen y no las condiciones anteriores: de otra
manera sólo serían simples vehículos de fuerzas inhumanas que regirían a
través de ellos al mundo social. Ciertamente esas condiciones exislen ... pero
Qumion . •. , pp. 55-56.
" Cf. Question ... , pp. 136-137.
11

39

�el movimiento de la praxis humana lo sobrepasa conservándolas". 23 La historia que nos está esbozando Sartre debe juzgar hombres y no fuerzas físicas.
Los acontecimientos y procesos natw·ales en sí mismos pueden ser descritos
como secuencias de "hechos" que a lo sumo guardan entre sí una relación
formal del tipo de la de causa-efecto; salvo que intervenga en y sobre ellos
un nuevo factor que, por así decirlo, les dé vida, que de abistóricas las transforme en históricas; nuevo factor que no es otra cosa que la intervención humana. Se podría argüir que el mundo natural es en-sí y para-sí mismo histórico. Que, por ejemplo, las ciencias geológicas son las encargadas de hacer
patente ese carácter propio del devenir de las capas terrestres. Que la química
nos puede mostrar el desarrollo histórico que se produce en la combinación
de los diferentes elementos del mundo natural. Esto es cierto. Pero no debemos olvidar o dejar de lado un hecho tan valedero o más que el anterior:
cuando la geología nos quiere mostrar esa peculiaridad histórica, lo que está
haciendo es relatamos o bien cómo el hombre se ha introducido en ella, qué
relaciones ha mantenido con el mundo natural, o bien cuál es el desarrollo
que como unidad, como ciencia, han tenido los estudios hechos por los hombres del medio físico. Lo físico pues, sólo es histórico en la medida en que se
relaciona o es relacionado con el elemento apartador de historicidad por excelencia: el hombre y la praxis humana. 24 Ocupando por ello dentro del
universo viviente un sitio y Jugar privilegiados y únicos; es el único ser que
tiene la posibilidad, mejor la necesidad, de definirse continuamente y sin cesar "por su propia práxis a través de los cambios sufridos y provocados, por
su interiorización y luego por el sobrepasar mismo de las relaciones interiorizadas".25 Es decir, por el ser creación, negación y superación de la historia
individual y, con ella, de la colectiva, de la sociedad. El hombre histórico es
un "ser sintético" y como tal debe ser tenido en cuenta y analizado por la historia. Así en la base de todo estudio que quiera mostrar el influjo o la obra
de un hombre en el pasado, debe encontrarse una exigencia totalizadora que
obliga a que se muestre al individuo t"ll todas y cada una de sus manifestaciones. Que pretende mostramos al hombre entero, completo, pero lo debe
hacer dentro de lo que pudiéramos llamar "el cuadro de la rareza., y no como una pieza más en la gran totalidad de una sociedad cumplida y llena, si-

no dentro de una colectividad que difícilmente puede cumplir con sus necesidades, dentro de una colectividad que sólo puede ser definida por sus técnicas de trabajo y por los medios en que éste se lleve a cabo. "La ruptura de
una. sociedad llena de necesidades y dominada por un modo de producción,
escnbe Sartre, produce antagonismos entre sus miembros; lo económico detennina lo socio-económico. Sin estor principios no hay realidad histórica.
Pero sin hombres vivientes, no hay historia". 26 Ni sucesos históricos específicos; no hay una ciencia que verse sobre la fusión del pasado con el presente en
sus múltiples dimensiones.
De existir una historia en los términos en que la postula y la desea Sartre
¿ cuá~ sería la fo~a de enfrentarse a esas relaciones humanas y a esas per~
sonalidades detemdas que se nos muestran como siendo el objeto central de
su estudio?
Ya notábamos cómo para Sartre se debe dejar de lado todo apriorismo en

el estudio de la historia, cómo se debe hacer un examen sin prejuicios del
suceso histórico para poder "reflejar'' los móviles más o menos ocultos que se
encuentran en ella y se desean y deben conocer. También apuntábamos cómo
para la ideología de la existencia de la que es vocero Sartre una de las metas
a cumplir es el desciframiento dialéctico de la historia, de ese negar superando
Y conservando ;3 1 que puede y debe se1 entendido pasando por la mediación
o mediatización, para emplear la terminolog'ia. hegeliana, de unos hombres
concret~s,_ a quienes hemos llamado unas personalidades, del carácter que
el condicionante de base les ha dado, de los instrumentos ideológicos que
emplean Y del "medium" real de su momento histórico. Estas dos consideraciones nos permiten esbozar lo más brevemente posible el método de conocimiento histórico. q~e postula Sartre en su Crítica de la raz6n dialéctica y
que ya ~n antenondad a su publicación había exitosamente empleado en
los traba3os de exégesis histórico-biográfica de las personalidades de Baudelaire Y de Saint Gene t. 28 ¿ Cuál es, pues, esa vía de conocimiento que se nos
P~senta? Antes que nada es un método totalizador, que enfáticamente se
mega a considerar un aspecto aislado de la vida de los hombres o a ver esa
vida.como separada de su medio. Ya en las primeras páginas de la Introducc16n del Ser ,i la Nada leemos lo siguiente: "Todo es un acto. Detrás
del acto no hay ni esencia, ni eje, ni centro. Rechazamos, por ejemplo, en-

.. Question ... , p. 61.

" Lo que hemos ejemplificado con la geología y la química bien puede hacerse
extensivo a esa consideración simplista de la economía y sus leyes, que pretende hacerla
ver y obrar en la historia con la inexorabilidad que se otorga a las leye! naturales.
No querrmos ni podemos negar la importancia de la economla en los rsl1ldios históricos
pero creemos, y para emplear la expresi6n de Sartre, que "es parasitaria".
u ar. Question ... , pp. 103-104.

40

,. Q

"

.
utstion, . . , pp. 85-86. El subrayado es nuestro

.

u A_qu~llo qu~ Hegel expresa con "Aufheben", ese término de tan düícil traducción.

. S'. bien es Clerto se acostumbra clasificar estas dos obras dentro de la llamada crítica
literana de ~artre,_ pero consideramos que con igual razón se las puede considerar
com~ dos eXJtosos intentos de reconstrucción histórica de toda una época efectuada a
traves de la mediación de estos hombres.

41

�tender por 'genio' -en el sentido que se dice que Proust 'tenía genio' o que
era un 'genio'- un poder singular de producir ciertas obras1 que no se agotarían, justamente, en la producción de ellas. El genio de Proust no es ni la
obra considerada aisladamente, ni el poder subjetivo de producirlas: es la
obra considerada como el conjunto de manifestaciones de la persona. . . la
esencia de un existente no es una virtud sumergida en la nada de este existente, es la ley manifiesta que precede la sucesión de sus apariciones, es la
razón de la serie". 29 Esta totalización que, por tener las notas de negar, conservar y superar es dialéctica, debe pues tener en cuenta y hacer uno, envolver dice Sartre, los actos, Las pasiones, eJ trabajo, los influjos e influencias,
etc., que se dan en el conjunto de Ja vida de una personalidad encuadrada
y sumergida en su momento histórico y, finalmente, definirla con orientación
a su relación con el devenir. Momento del método que debe ser entendido como una pura exposición y practicado sin conceptos preconcebidos, sin metas
a priori o finalidades extrañas al objeto en cuestión.
El método de conocimiento de lo histórico que nos presenta Sartre es a la
vez que totalizador eurístico. Muestra algo nuevo y desconocido por ser regresivo y progresivo. Su principal cuidado es el colocar aJ hombre en su lugar, en su cuadro de acción, en las estructuras de la sociedad que le es contemporánea. Obteniéndose desde un primer momento W1 conocimiento totalizante del momento y aspecto social considerado; pero permaneciendo aún
el hombre-objeto, el mediador de la historia, dentro de los limites de la abstracción. El conocimiento comienza, pues, con la producción material de la
vida concreta y, pasando por el hombre, debe concluir en la Sociedad Civil,
el Estado y la Ideología. En el interior de ese movimiento metódico y real
la persona se encuentra condicionada por esos factores, es cierto, pero en Ja
medida en que ella los condiciona y media. Su acción permanece dc-ntro de
la totalidad pero, sin embargo, mostrándose implícita y abstracta. Sartre se
da clara cuenta de la limitación que implica el que se mantenga su objeto
principal de estudio dentro de los límites vacíos de una abstracción. Quiere
salvar este irnpase formulando un tercer y último paso metódico, que trata
de vivificar y romper los límites del estudio de las personalidades, que muy
esquemáticamente podemos presentar de la manera siguiente:
:. L'Etre ... , Iotroducci6n, p. 12. En la Cuestión de Método, (ed. cit., p. 44),
Sartre se expresa sobre el mismo tema de la siguiente manera: ''Tenemos la ideología
de Valéry como el producto concreto y singular de un existente que se caracteriza en
parte por sus relaciones con el idealismo, pero que se debe considerar en su particularidad y luego a partir del grupo concreto del que ha surgido. Esto no implica que
sus relaciones no cobijen las de su medio, las de su clase, etc.; sino solamente que las
aprehendemos a posteriori. Por medio de la observación y en nuestro esfuerzo por totalizar el conjunto de saber posfüle sobre c1 problema".

42

a) Conocimiento de la biografía de la personalidad a estudiar, estableciéndola como una determinación de la temporalidad: sucesión de hechos
bien establecidos. Es necesario que la determinación biográfica sea a la vez
progresiva y que profundice en la época y viceversa, hasta llegar a una integración de los dos momentos, que debe surgir por sí misma.
b) Intento de determinar, en la época misma, el campo de posibilidades,
instrumentos, etc.; es decir, las principales lineas de fuerza que surgen en las
relaciones que puedan darse entre hombres contemporáneos. En este momento puede aparecer "lo colectivo". El medio común de acción de toda
una sociedad en un momento determinado y que la personalidad particulariza, individualiza y subjetiva aJ proyectar por él su propia objetivación.
e) Momento "diferencial" es aquel en que se estudia la actividad concreta
de la personalidad en cuestión y las diferencias que presenta frente a la llamada actitud común. La diferencia que resulte de este cotejo puede ser considerada como el aporte de la singularidad que es y representa la personalidad.
Al abordar el estudio del diferencial no debe olvidarse el cumplimiento de la
exigencia totalizadora, ya que las variaciones del individuo no son ni representan meras casualidades, ni pueden ser vistas como aspectos insignificantes:
son y forman parte de la totalización vivida que representa el personaje en su
proceso de objetivación. Este momento del método es el que llama Sartre
"analítico y regresivo". En él nada se puede descubrir sin haber investigado
la singularidad histórica del hombre objeto de la historia. Ese vaivén y esa
constante regresión constituyen y representan "la profundidad de lo vivido".
d) La b6squeda del movimiento de enriquecimiento totalizador que, a partir de cada momento anterior se engendra en el nuevo, es llamada por Sartre
estadio "progresivo" y no es otra cosa que el impulso que parte de aspectos
obscuros de la vida de la personalidad para llegar a la comprensión de la
objetivación final: el proyecto. Se trata de inventar, de recrear repensando,
un movimiento: "En verdad se trata de inventar un movimiento, de recrearlo: pero la hipótesis es inmediatamente verificable: sólo puede ser valedera
la que realiza en un movimiento creador la unidad de todas las estructuras
heterogéneas". so
Podemos considerar el método que nos ofrece Sartre para la consideración
Y estudios de la actividad real y concreta de las personalidades en la historia
Y para el conocimiento total de ella, como una descripción fenomenológica
aunada a un doble movimiento dialéctico, de regresión y progreso. Recordemos la definición que de este método nos da su autor: "Definiremos el

'°

CI. Question . .. , pp. 86-95.

43

�método de acercamiento e.-.cistencialista como un método regresivo-progresivo
y analítico-sintético; es al mismo tiempo un vaivén enriquecedor entre el ob.
jeto (que contiene toda la época como significaciones jerarquizadas) y la
época (que contien al objeto en su totali7.ación). En efecto, cuando el objeto se reencuentra en su profundidad y en su ingularidad, en lugar de quedar en el interior de la totalización ... entra inmediatamente en contradicción
con ella: en una palabra, la simple yuxtaposición inerte de la época da
lugar a w1 conflicto vivicnte".11 Y la historia, repitámoslo una vez más, no
es otra cosa que un conflicto \'Íviente en el seno e interioridad de unos individuos representativos o mediadores de su colectividad y conflictos.
Para Sartre la historia sería la narración de la vida de ciertos hombres, de
ciertas personalidades completas, sin libertad, sin posibilidad de elección:
muertas. De personalidade que, como lo quiere el historiador Lucien Febvre,31
entregan su obra a sus continuadores sin saber si ha de ser modificada, desvirtuada o anulada, es é ta la trag-edia de las personalidades y de la hi toria:
"han caído en el dominio público". Entender la historia de la manera como
nos la presenta Sartre es comprenderla sin un afán moralizante. Es comprender y sistemati.7.ar la praxi de los hombres como tal, como acción, lucha
y trabajo humano en Wl mundo social de relaciones e interrelaciones c~nstitutivas del conjunto de lo humano. De las que ciertos individuos, las personalidades o, para emplear el ténnino ya tradicional pero equívoco, los héroes, son sus máximas expresiones, sus más plenos voceros. Figuras que en
esta concepción no serían ni los paradigmas a seguir, ni los ardides de un
espíritu, ni las encamaciones de la historia. Sólo serían, y no es poco. un
cierto tipo, el mejor y más claro, de expresión de lo común que presentan los
hombres de cada época y lugar, sufriendo las particularidades de su vida y
momento. Sólo serían la mediación necesaria para el reconocimiento, comprensión y análisis en el pasado de lo más propio del hombre en cualquiera
de sus proyecciones temporales: la libertad, la escogencia y el compromiso.

IMAGE

Y VERDAD

ÜBSERVACIONES AL MARCEN DE UN PROBLEMA
ESTRUCTURAL DE LA OBRA DE FRANZ KAFKA

DR. HANs-GÜNTER PoIT
Instituto Tccnol6gico y de
Estudios Superiores de Monterrey

Muv Pocos AUTORES alemanes de este siglo (y no sólo de éste) han obtenido
un eco tan persistente en el mundo literario como Franz Kafka. Podría ser
difícil, o hasta imposible, que se definan detalladamente, en la actualidad,
las causas de tal resultado. Mas se puede suponer que la obra de Kafka esté
relacionada profundamente con la situación espiritual de nuestra época. La
cantidad avasalladora de interpretaciones de dicha obra que, en su mayor parte, comenzaron en Alcmania, hace alrededor de quince años y que todavía
no parecen terminar, señala de manera cneral e inequívoca la importancia
de esta obra para nuestro tiempo, aunque es su principal característica que
deje al intérprete, así como al lector. ante una tarea difícil y pesada. La
totalidad ya inapreciable de la literatura acerca de Kafka contiene en su
heterogeneidad un comentario no intentado y concreto podria casi decirse
citacionc traducidas por el autor
abrcvia1uras añadidas entre padntcs.i .

c-fertúan según las c-dicionc, alemanas y con

B1s,lireib1mg eints Kamp/ts, 195·1 (Bc-.).
Eriáhlungen, 1946 (Erz).
Ilochz1i"tsuorbertitunge11 auf dtm Lande, 1953 (Ho.).
Dtr ProztP, 1953 (Pr.).
Das SchloP, 1951 (Sch.).
Tagebilcher, 1951 (Ta.).

FRA:,;;i; KAPKA

-

11

Qu,stion .•• , p. 94.

°

Cf. FEllVU, Lucam, Un destin: Martín Luther, cd. Rieder, Paris, 1928.

44

GusTAV jA oucu, Gesptach, mil K,i/ka, 1951 (Jan.).
FRTEDRICB N1.1?.TZ CH.I!., Dtr Will, .z ur Macht, 1952 ( ie.).

45

�una secreta "continuación" de la obra misma, la cual ya en sí abunda en
"interpretaciones" diferentes y hasta contradictorias.
El hecho de que existen interpretaciones divergentes acerca de una determinada obra literaria, no constituye ningwia extrañeza en la ciencia de la
literatura, que está históricamente orientada y, por tanto, a la vez sujeta a
condiciones lústóricas. La comprensi6n de dicho fenómeno puede sencillamente apoyarse en la variedad de factores personales, psicológicos y condicionados a la época, los cuales fueron decisivos en una interpretación. Tal
vez pudiera lograrse comprender el sentido de la obra en cuestión, a pesar
de las diferentes explicaciones. Sin damos continuamente cuenta, sabemos
que esto, o sea la adecuada comprensión del sentido de una obra, forma, en
cualquier caso, la primera meta de toda consideración literaria.
Por lo pronto no es de decidir si se puede llegar a una sinopsis satisfactoria
de la hermética obra kafkiana. Más que en otros autores cuyas obras han
sufrido diferentes interpretaciones, parece, en el caso de Kafka, fundarse la
causa principal de la contrariedad de los comentarios en sus textos mismos.
La alta categoría literaria de estos textos no ha sido puesta en duda hasta
la fecha. Sin embargo, queda todav'ia en discusión su significado. Una interpretación metódica, que aquí no es sugerida, podría empezar con la pregunta de cuáles son sus características que dificultan el acceso al entendimiento
directo de la obra, y, si estas características, las que deberían ser comprendidas en el concepto de "estilo", pudieran proporcionar indicaciones importantes sobre el sentido oculto. En esto se trata de una premisa, que hoy generalmente en Alemania llega a ser cada vez más decisiva en análisis literarios. Ella, ahora en aplicación especial a Kafka, quiere decir, que el sentido
de la obra no se deja verificar simplemente en un plan ideológico, ya que
-y esto está siendo demostrado por la cantidad de interpretaciones divergentes-- el sentido no se presenta aparentemente en conocida y acostumbrada
forma de una correlación de ideas que el intérprete pueda emplear a su gusto. Para que una interpretación, o una indicación -como en el caso presente- hacia cierta posibilidad de interpretar lleguen a ser fecundas, se
tienen que apoyar en la realidad literaria del texto, y por lo menos en su
parte preparativa, siempre habrán de proceder estrictamente bajo un aspecto
filológioo.
Fácilmente se puede averiguar que los textos de Kafka se caracterizan de
manera que sus manifestaciones se llevan a cabo en forma indirecta y no
inmediatamente comprensible. El mundo representado en ellos, difiere en
importantes puntos de vista, al mundo en que vivimos. Constantemeñte uno
tropieza con situaciones y acontecimientos, los cuales no se dejan armonizar
con el orden de nuestro mundo que está constituído experimental y lógica46

mente. En el fragmento de la novela El Proceso, el personaje principal, Josef
K., es detenido, ''sin que hubiera hecho algo malo" .1'1· Está detenido, y no
obstante queda en libertad pudiendo seguir trabajando por de pronto. La
corte que lo hizo arrestar y que lo continúa citando a interrogatorios, aparentemente no es una corte común y corriente, se junta en obscuros desvanes,
y su incalculable cuerpo de funcionarios, cuya jefatura nunca es conocida,
parece ser corrupto. El proceso que poco a poco absorbe todas las fuerzas de
Josef K., jamás se lleva realmente a cabo. Al fin Josef K. es ejecutado en
las afueras de la ciudad, y por cierto sin haber sido condenado legalmente.
Se puede imaginar que tal historia provoque interpretaciones o más bien
dicho: "traducciones". Pues, al parecer queda indudable que el proceso de
Josef K., su culpa no aclarada y su ejecución súbita quieren decir algo determinado, o sea algo "traducible". En esta reflexión, justificada, se basan las
interpretaciones, obteniéndose resultados distintos. Se supone que el autor
debiera de haber tenido ideas concretas acerca del significado de su historia
y de los acontecimientos particulares de ella. Si fuera correcta esta opinión,
la que fue decisiva en la mayor parte de las interpretaciones, entonces la
obra de Kafka sería una incesante y simple yuxtaposición de alegorías sin
mayor valor artístico. Pero la estructura estilística de esta obra pone de relieve una singular importancia, la que, al parecer, ya no se deja resumir en
conceptos acostumbrados.
En primer lugar, y desde el punto de vista estilístico, hay que hacer algunas
aclaraciones generales. La forma básica literaria de Kafka la constituye la
imagen compleja, la metáfora absoluta. Como tal se distingue de importantes
rasgos del mundo real: le faltan la descripción causal y psicológica, los acontecimientos nacen inmotivados en 1a dimensión de la poesía. No hay pasado,
ni futuro, o solamente restos de estas categorías. Los sucesos, a decir así, se
realizan en un presente absoluto, cuyas partes individuales pueden ser equivalentes, y hasta en ciertas circunstancias, mutuamente substituibles. Predomina en los acontecimientos poéticos el "So-Sein" ( ser así) sin la posibilidad
de una interpretación apropiada, o sea de un análisis ideológico. No hay,
dentro de los textos, ningún pasaje en el que el autor proporcionara un
comentario acerca de la extrañeza del mundo diseñado por él. Llama constantemente la atención el movimiento antitético de los pensamientos. Ningún
pensamiento posee definida validez, siempre se ha de contar con la posibilidad
de que sea movido otra vez y comprendido desde su contrario.
Se hace necesario preguntar, cómo el autor llegó a esta manera excepcional
de escribir, y más, que si él mismo la entendía como un principio metódico.
'' Pr. 9.

47

�Ya en los primeros textos publicados por el autor en 1908 1 se da a conocer
su método literario altamente personal, a pesar de claras influencias del impresionismo. Este método queda característico para toda la obra, salvo ciertas
modificaciones en los trabajos posteriores. Poseemos solamente unas pocas
observaciones de Kafka en cuanto a su método. No se puede derivar de ellas
que su trabajo literario se base simplemente en una perfecta teoría precedente.
Su procedimiento literario es sobre todo expresión artística y espontánea de
su personalidad. Por tanto, el mundo creado por él se presenta primordialmente como su propio mundo.
Después de lo dicho no hace falta comprobar la hipótesis de que el método
literario del autor, ya por sí, posee un alto valor de manifestación, o basta
se concentra u oculta en él, el significado mismo del texto. Se puede ver
claramente, en cuán estrecha relación se encuentra el método con la dificultad del entendimiento que presenta al lector. Aceptando la hipótesis, la
cual tendría que apoyarse en un conocimiento exacto de los textos ( y no en
primer lugar en las interpretaciones ya presentes) , se podría llegar a la
siguiente conclusión: el estilo de Kafka, es decir su metafórica absoluta, la
falta de categorlas normales, así como la constante figura del movimiento
antitético de los pensamientos, se pueden usar por lo menos como primeras
indicaciones, mediante las cuales se obtendría el primer paso hacia el entendimiento, o, hablando en otras palabras: las dificultades y falta de claridad
de la poesía kafkiana no deben ser borradas prematuramente mediante las
mencionadas "traducciones" sino que han de integrarse como factores constituyentes en el análisis.
En un pasaje del fragmento de 1~ novela El Castillo es descrito el funcionario Klamm. "Dicen que tiene otro aspecto cuando llega a la aldea, otro
cuando la deja, otro antes de tomar cerveza y otro después, otro cuando está
despierto, otro cuando está dormido, otro cuando está solo, otro en la conversación y, lo que después de esto queda indudable, casi fundamentalmente
otro arriba en el castillo. Y son, aún dentro de la aldea, muy grandes las
diferencias que se relatan, diferencias de la altura, del porte, de la gordura,
de la barba; sólo en cuanto al vestido concuerdan los relatos, afortunadamente: siempre lleva puesto el mismo traje, un traje negro de chaqueta con
faldones largos". Sigue inmediatamente la explicación: "Ahora bien, que
todas estas difercncias no se deben a ninguna magia, sino son bastante concebibles, ya que se forman a través de la disposición anímica momentánea,
de la magnitud de excitación y a través de los innumerables grados de esperanza o desesperanza en que se encuentre el observador, a quien además le

está permitido ver a Klamm generalmente sólo por momentos" .2 Hay que
tomar en cuenta dos cosas de este ejemplo (el cual aquí no interesa en cuanto
a su posición en la novela) : primero, con referencia a un solo objeto son
posibles distintas manifestaciones equivalentes. Segundo, la causa de este hecho está fundada en diferentes condiciones de la percepción humana. De
ningún modo parece existir la posibilidad de llegar a un resultado seguro.
Una simple descripción, formada por observaciones de varias personas y bajo
distintas condiciones, ya puede conducir a una realidad equívoca. El verdadero objeto -en el caso presente, el verdadero aspecto del funcionario
Klamm- no es visible en la variedad de observaciones particulares; sin
embargo, este verdadero objeto que no aparece, casi es requerido e imaginado
a causa de su propia deficiencia.
Añádase a este ejemplo otro, que forma parte del "Proceso". Se trata
de la leyenda del portero y del hombre del campo que intenta entrar a
la ley. Es generalmente reconocido que esa leyenda constituye un pasaje
central dentro del "Proceso". Josef K. la escucha de parte de un sacerdote en
una catedral. La leyenda empieza sencillamente: "Delante de la ley hay un
portero. A este portero viene un hombre del campo pidiendo la entrada a la
ley". 3 Ya aquí, al principio de la leyenda se plantea la cuestión por el significado de la ''ley''; pues, es poco usual que la ley tenga un portero y que,
incluso se pueda entrar a ella. Sin embargo, pronto se verá que se puede
prescindir de formular el significado de la ley por medio de una "traducción". (Consta, por ejemplo, lo mismo del "Proceso", o para referirse a la
imagen más discutida, del Castillo). Simplemente hay que leer y observar
lo que dice el texto. Y dice todo lo que se puede decir acerca de la ley, del
portero y de] hombre del campo. El hombre quiere entrar. Esto es su única
meta. Toda su vida la pasa esperando delante de la ley, y no deja ni una
oportunidad para conse~r del portero el permiso para entrar. Finalmente
muere, sin haber alcanzado su meta. Por de pronto estos hechos serán suficientes para el análisis. En la novela sigue un grandioso comentario de ~ta
leyenda (son unas de las páginas más brillantes del autor, sólo comparables
a algunos capítulos del Castillo). Resulta muy significativo que el comentario,
la "exégesis" se basa en la realidad poética de la leyenda misma, y que la
toma como un hecho indiscutible, mientras no deja de discutir los detalles,
con el objeto de averiguar su rectitud. Pero de ninguna manera se está discutiendo el significado de la ley. La existencia de la ley así como la inevitable
relación del hombre con la ley, forman el esqueleto indudable de la historia.
Las aclaraciones contradictorias de la exégesis hacen aparecer cada vez con
2

• Hyperion, 1908.

48

1

Sch. 234-235.
Pr. 255.

49
H4

�más seguridad, este hecho fundamental. El destino del hombre del campo
es la ley. Verdad es que para él existe la posibilidad de entrar, pero lo
decisivo es que no es capaz de realizarlo.
La leyenda de la ley no sólo posee un alto valor funcional en el transcurso
de la novela, es decir, no sólo refleja un escalón transcedente de la experiencia espiritual el que alcanza Josef K., quien está acusado por una corte secreta, sino que esta leyenda posee una trascendencia ejemplar para la totalidad de la obra kafkiana. Cuán importante ella debe haber s.ido para el
autor, es fácil de concebir ya que la publicó como texto independiente {sin
la exégesis) junto con los cuentos que reunió bajo el título Un médico de
aldea en 1919. Aproximadamente dos años antes escribió una serie de textos
aforísticos, de los cuales algunos pueden interesar bajo el aspecto del presente análisis.
Principalmente hay que advertir que la mayor parte de dichos textos tiene
una gran semejanza estructural con los cuentos, cosa que se debe esperar en
Kafka. El conjunto de los te&gt;..-tos requiere una interpretación detallada, al
igual que la citación e interpretación de un solo texto siempre se ha de efectuar confonne al nexo general de todos, al menos ql1e uno quiera evitar
juicios exageradamente parciales. Consta que en esos textos se halla más
claramente lo que bien podría ser llamado la "teoría" de Kafka. Mas se ha
de limitar este concepto en igual sentido que le fue dado por el autor en
varias sentencias. Lo teórico, lo que como tal siempre tiende a lo unívoco,
le debía parecer dudoso a Kafka, quien en sus trabajos literarios reiteradamente perfiló lo equívoco. "Desde afuera siempre se va a hundir victoriosamente al mundo mediante teorías, y al mismo tiempo se va a caer con
él en la fosa, pero sólo desde el inte1ior se va a mantener a sí mismo y a él
tranquilos y verdaderos".• También en la exégesis de la leyenda se lleva "ad
absurdum" la teorí~ puesto que ella únicamente proporciona aspectos aislados y comentarios finalmente inútiles. Recuérdense las distintas observaciones sobre el aspecto de Klamm, entre las cuales su figura real, tal como
debe ser en verdad, no es distinguida. La última parte de la sentencia merece
especial atención. En ella se le opone a la teoría su contrario: lo contrate6rico de la existencia que está en relación con la verdad, o basta en sí es
verdad. "No cada uno puede ver la ,·erdad, pero la puede ser". 5 "Ten.emos
cognición. El que se empeña especialmente por ella, se hace sospechoso de
empeñarse en contra de ella,,. 6 EJ empeño por la cognición, o sea el establecimiento te6rico e ideológico de la verdad tienen forzosamente que conver• Ro. 74.
'Ho. 94.
• Ho. 104.

50

tirse en su contrario. El juicio teórico, según la opIIUon de Kafka, nunca
puede concordar con la verdad del hombre y de su mundo. Si quisiera el
hombre decir lo que es, debería mentir l.! no es capaz de reconocer lo que es
en verdad -"pues esto precisamente es lo que es uno"-. "Confesión y mentira son lo mismo. Para poder confesar, se miente. No se puede expresar
lo que uno es, pues esto precisamente lo es uno, solamente se puede comunicar lo que no se es, es decir la mentira. S6lo en el coro puede haber alguna
~ad".1 La última frase contiene una cierta restricción de la negación
radical en lo que se refiere a la posibilidad de cognición. Esta restricción es
importante porque dice, que no obstante la negación en vigor, puede ser
percibida la verdad de algún modo, y ciertamente desde su contrario, desde
la intensificación de lo negativo. "Sólo en el coro'' -esto quiere decir una
intensificación y repetición de la ''mentira", de "lo que no se es"-. El "no"
multiplicado -así parece creer el autor- finalmente señalaría a la verdad
como tal, y sin representarla directamente, la evocaría como el contrario
indispensable.
A propósito de estos pensamientos, deben mencionarse dos sentencias equivalentes sobre el arte. Ellas demuestran que el autor, formulando su escepticismo aludía enteramente a la creación artística, incluyendo también la literaria y sobre todo la suya. "El arte vuela alrededor de la verdad, sin embargo
con la decidida intención de no quemarse. Su habilidad radica en encontrar
en el obscuro vacío un lugar, donde el rayo de la luz pueda ser captado fuertemente, sin que ella hubiera sido pezceptible antes''. 8 "Nuestro arte es un
estar-cegado por Ja verdad : La luz sobre el rostro caricaturesco que se retira,
es verdad, nada más". 9 Las dos sentencias se explican a sí mismas. Queda dicho
con toda claridad de qué se trata. El tema es la percepción de la verdad en
el medio del arte, que por tanto parece presentarse a Kafka como medio
en el cual se realiza el empeño por la cognición. Un reflejo de la verdad
lo puede dar el arte, "nada más". Aunque el arte no alcance su meta se
•
l
caractenza por tenerla como tema indirecto. Sólo indirectamente estaría la
ve~ad presente en la expresión artística. La aplicaci6n de los pensamientos
~enalados a la estructura literaria de Kafka podría ser útil sin duda para la
interpretación. Es posible de describir la estructura metafórica absoluta de
esta obra como expresión poética de un profundo escepticismo. Pero este
procedimiento únicamente podría utilizarse si fuera confirmado mediante la
interpretación minuciosa de los texto,¡ mismos, es decir, que este procedimiento debería ser capaz de comprobar la igualdad de la "teoría" con las
' Ho. 343.
' Ho. 104.
' Ho. 46.

51

�manifestaciones poéticas. La consecuencia de la actitud escéptica seria la resignaci6n, la detención fatigada ante la infructuosidad reconocida. in embargo, no se verifica este resultado lógico en la obra de Kafka, ya que ella
no se basa en la teoría, y por eso nunca posee solamente una estructura
racional, sino se desprende de un acto espontáneo de la personalidad. La teoría que debería desembocar en un silencio completo, queda al lado de la
obra, pudiendo servirse de ella para enfocar con mayor seguridad lo que adquirió forma poética en la obra.
Ahora bien, las breves indicaciones permiten con tatar dos puntos sobresalientes: primero, el prop6sito declarado de la manifestación poética es la
esencia constitutiva del hombre, la verdad de su ser· segundo, est propósito
no puede aparecer :-..i&gt;resamente en el cuadro diseñado por el idioma. La
cognición que se origina en el idioma, forzosamente dtbe tener carácter negativo. El primer punto se refiere a la estructura temática de la obra la cual,
sobre todo, no se deja sino describir por característica~ negativas. Es sabido
que llama la atención la falta evidente de cualquier motivo corrientemente
literario. Con esto tiene que ver el hecho de que es difícil precisar concretamente el tema de una novela o de un cuento. Para explicarlo más detalladamente, e puede d cir: en una cierta obra de Kafka, no se trata, por ejemplo, de un cierto tema de carácter sociológico, psicoanalítico, etc.; y aun
cuando al parecer se presenten temas más definibles, ellos pertenecen a la
dimensión de la compleja forma metaf6rica. Sirvan de ejemplo las frecuentes descripciones de la burocracia. Kafka conocía la burocracia debido
a su propia experiencia profesional, teniendo además suficiente imaginación
para caracterizarla incomparablemente. Es muy probable que en ninguna
otra obra literaria se pueda comprender y estudiar la esencia d la burocracia tan profundamente. Y no obstante ella nunca llega a ser tema directo,
sino conserva su valor de metMora funcional. La falta de lementos expresamente ideológicos, es decir, de asp ctos sociológicos. políticos, científicos y
religiosos, demuestra claramente la específica forma poética de Kafka. Su
trabajo literario no podía servir para discutir y confirmar ciertas ideas. Se
comprende en esto la carencia menoonada de métodos cau$ales. Los personajes de la poesía de Kafka se distin~en obviamente por la falta de determinadas propiedades de carácter. e están convirtiendo en puros sirnos de
un análisis exi tencial el cual
abstiene ampliamente de esquemas de pensamientos disponibles.
En tal ausencia de punto de vista generalmente esp rados, .e señala indirectamente, que éstos ya no tienen importancia referente a la meta de la
creación literaria. El segundo punto amoa mencionado, según el cual no
puede ser alcanzado el fin de la manifestación literaria. podría provocar una

52

seria objeción con~. el procedimiento del autor, quien constantemente p~
rece negar la pos1b1lidad de una cognición definitiva. Consta que en un
mundo altamente organizado y que, por motivos pragmáticos, debe insistir
en resultados positi\'OS, sobre todo en tales de índole e piritual, parece ser
absurdo tal escepticismo. o pued negarse que en los textos de Kafka están
puestas en duda cosas que, por motivos evidentes, constituyen nuestro imP":s~i~dible sistema de valores. in embargo, la objeción que debe quedar
al JU1c10 de cada lector, no puede dispensar de continuar interpretando. Pues,
~n rc~i~a~ hace pasa,r por ~to u olvidar demasiado pronto lo que significa
cog01c16n , y en que r la 1ón se encuentra la n gación d ella en cuanto
a su meta.
El hombre de la obra kafkiana se halla delante de la ley. Esta situación
no se debe a una casualidad (aunque no pu da motivarse), le est.-í esencialmente d~a a ~lucionar al hombre, y es tan c.xclu iva y fundamental,
que no n~ta, n_1 puede tener motivación racional. Una vez llegado ante
la ley, le es lDlpoSible al hombre que la deje. Es su tarea esperar en frente
de 1~ ley y esforzarse por entrar. El hecho de que no entra a la ley, la infruc~?s1dad de su _esfuerzo, no lo dispensan en ningún momento de la obligac1on de persegmr su propósito. Esta situación básica (que ahora puede com~r~derse sin "~du~i6n") fue perfilada por 1 autor en muchas imágenes
sunilares. La re1terac1ón frecuente de imágenes structuralmcnte equivalentes
puede ~-rcibirsc a primera vista como monotonía. Pero es lla la que
la atenc1on a la constante presencia y trascendencia de lo fundamental. En
un aforismo paradójico el autor aludi6 a la tarea imprescindible del hombre:
"Atlas pudo tener la opini6n de que, ti lo de aba, podía dejar caer la tierra
Y alejarse furtivamente; pero más que esta opinión no le estaba pcrmitido".10
La tarea dada al hombre no debe ser abandonada de ninguna manera, puesto
que le fue otorgada con su existencia misma. "Tú eres la tarea. i ringún
alumno en ningun~ parte".11 Con esto se ve muy claramente, que la tarea
no es nada que caiga fuera del ser humano, sino que es meramente idéntica
con él. La cognición. así se puede ahora resumir -se dirige hacia u propio
ser-. El hombre mismo, como ser existente y obligado a la cognición, se
~cucntra fre~te a su propia verdad. tI se está confrontando con ella, principal y exclusivamente para que la verifique. "Verdad" no corresponde al
conc pto que se utiliza para referirse a la rectitud de opiniones y juicios.
Ta1es "verdades", según Kafka, no podrían sino perturbar la vista hacia la
verdad ~ncial. Por con~iguiente, Kafka demuestra i mpre de nuevo la inf ructuos,dad de puras opiniones, hasta llegar a aquel punto, donde la per-

11am;

• Ho. 107.
Ho. 41.

u

53

�turbación completa y la desesperanza comiencen a postular una percepción
positiva del ser.
Después de lo dicho, consta que en la obra de Kafka se trata de la verdad
que es el hombre.
Si bien se ha de decir lo mismo de toda gran poesía y también de la filosofía, es de suma importancia afirmar, que en esta obra ello se hace exclusivo y que la verdad está siendo buscada mediante imágenes absolutas, en
las cuales la verdad se oculta continuamente, y que no son suficientes las
definiciones conocidas para hacerla visible. Por tanto, imagen y verdad se
presentan en una relación casi antitética. Las imágenes creadas por el idioma
de esta poesía, paradójicamente ya no pueden revelar su significado, y hasta
se le oponen a éste e impiden su presencia. La esencia de lo que se ha de
reconocer, no aparece a través de revelaciones y nombramientos exactos, sino
únicamente a través de la señal negativa de la imagen poética. Oskar Janouch,
en sus apuntes de las pláticas con el autor, relata una sentencia de él, la cual
formula simplemente el pensamiento básico: "El hombre no es capaz de
reconocerse a sí mismo. Está en la obscuridad".u En otra ocasión Kafka
interpretó la verdad que le es accesible al hombre ("el rayo de la luz que
intenta captar el arte") con las facultades visuales de hombres que se accidentaron en un túnel ferroviario, y ciertamente a medio camino, de donde
principio y final apenas pueden percibirse. Allí "tenemos nosotros en la confusión de los sentidos o en la más alta sensibilidad de los sentidos meros
monstruos y un juego calidoscópico encantador o fatigoso, según el humor
y la lesión de cada uno en particular".13 S61o señales inseguras, sujetas a
una constante oscilación calidoscópica, entran a la obscuridad del túnel. La
realidad no puede sino ser percibid::i. mediante esas señales, las cuales no
proporcionan ningunas imágenes exactas del mundo real y verdadero. En
el juego calidoscópico con que se halla confrontada la cognición humana,
permanecen en la obscuridad el significado, la verdad del mundo y de la
situación humana.
En cuanto a los conceptos "imagen'' y "verdad" aquí usados para analizar
un problema estructural de la obra de Kafka, únicamente se le puede atribuir una determinación más concreta al primero. Generalmente uno puede
partir del supuesto de que la poesía de K.afka está caracterizada por la
imagen. Esto no quiere decir que consista de una cantidad de metáforas aisladas que tengan significado propio. Esa poesía, más bien, procede desde su
principio hasta su final de manera metafórica. Ya a su principio, se presenta
transformada fundamentalmente con respecto a la realidad, estableciéndose
11

u

54

Jan. 101.
Ho. 73.

en ella una propia dimensión de realidad. A las partes de la estructura ampliamente metafórica ]es corresponde por eso un signüicado funcional, o
sea: ellas tienen valor funciona] dentro de la realidad metafórica. En tanto
se semejan a los elementos particulares de una realidad literaria ''normal"
los que tampoco contienen significado, a menos que estén integrados en el'
orden de la realidad compleja. Esta equivalencia del procedimiento convertidor de Kafka a métodos realistas se expresa directamente, y es decisiva
para la impresión que le causa al lector. Es precisamente aquella semejanza
formal con procedimientos normales, la que puede aclarar el fenómeno de
que en el estilo kafkiano se realizan situaciones irreales como si fueran verdaderamente reales. De allí el carácter específico de los textos de Kafka:
la irrealidad fingida nunca tiene los dudosos aspectos de puras imaginaciones
fantásticas, sino se mantiene y avanza de una manera ''natural" y veraz.
Quizá se comprenda ahora, por qué una vez se defendió el autor contra
la critica de que él metía "milagros" en sus textos. En la misma ocasión,
que está relatada por O$kar Janouch, insistió en que trataba siempre de
retratar la "realidad" (hay que añadir: una "realidad" como él la veía) _u
Para aclarar esta actitud, sea considerado un breve texto, que bien podría
ser meramente realista. Es una situación corriente que alguien en una ciudad desconocida se entere por el camino. Kafka la formula de manera siguiente: "Era muy de mañana, las calles estaban limpias y vacías, yo iba
a la estación. Al comparar la hora de un reloj de torre, con mi reloj, vi que
ya era más tardo de lo que había creído, tenía que apresurarme mucho, el
susto
. al notar esto, me hizo inseguro en cuanto al camino, todavía no sabía
onentarme bien en esta ciudad, afortunadamente había un policía cerca yo
corrí hacia él, y, sin aliento, le pregunté por el camino. Él sonrió y d'ijo:
'¿De mí quieres saber el camino?' 'Sí', dije, 'ya que yo mismo no lo puedo
encontrar'. ci Déjalo, déjalo!' dijo volviéndose bruscamente, como lo hacen
personas que quieren estar solas con su risa".15 Se ve que la misma situación
si fuera descrita de manera realista, no debería divergir mucho de la ma~
nera en que la escribió el autor. El texto, por lo menos bajo el aspecto estilístico, no contiene ningunos elementos irracionales, y no obstante, al leerlo
no deja la impresión de una realidad acostumbrada. Esto sólo puede ocurrir,
porque, ya desde el principio, la idea primitiva está orientada metafóricamente. Se aclara que tal descripción literaria, aunque sea realista en sus detalles, ya no tiende a 1a integración de elementos particulares en una realidad compleja, sino se convierte en la señal de una realidad distinta la cual
está relacionada con la dimensión esencial humana.
'

,. Tan. 38.
11

Be. 115.

55

�Ahora bien, siempre la poesía de Kafka comprende a la vez una cierta
deformación de Ja realidad empírica aunque, como consta por el texto anterior, basta es capaz de adoptarla. Esta relación especifica de la imagen con
lo empírico, o sea la virtual diferencia creada por el idioma, constituye un
factor básico de la imagen literaria del autor. El fenómeno que es en esa realidad literaria el mundo ordenado según aspectos empíricos y lógicos, se revela, y simultáneamente es revocado o incluso suspendido, este fenómeno
no puede interpretarse sino de manera que la realidad empírica perdió su
valor en la poesia de Kafka. Es bien sabido que él no es el único artista
moderno en cuya obra la dimensión artistica y real demuestran una diferencia determinante. La "verdadera realidad siempre es irreal",18 le dijo el autor
a Oskar Janouch, quien en otra ocasión llamó a Picasso "deformador petulante". "Esto no lo creo", le respondió Kafka. "El anota solamente las
.
,
• ' to" 17
deformaciones
que aun
no entraron a nuestro conocmuen
.
La pérdida de la importancia del mundo empírico en la obra artística,
que se presenta como pérdida de principios fundamentales, tiene en Kafka,
como base, un pensamiento crítico y escéptico. La duda en la prioridad de
la así llamada "realidad" se hace aparentemente general. Tal vez el lector
se acuerde de un corto pasaje del cuento "Descripción de una lucha", obra
juvenil del autor. "Por qué actuáis como si fuerais reales. Queréis hacerme
creer, que yo estando de pie en el empedrado verde como caricatura, sea
irreal. Pero en verdad ya hace mucho que tú, cielo, fuiste real; y tú, plaza,
nunca has sido real'' .18 Lo que en aquella obra juvenil todavía se pronuncia
con vocablos directos, se hizo cada vez más persuasivo en el transcurso de
las creaciones literarias de Kafka. La renuncia a importantes categorías de
la realidad, se constituyó artísticamente más terminante en las fases posteriores de la obra. Como documento quizá de más trascendencia se presenta
el fragmento de la novela El Castillo.
En él se describe la tentativa del personaje principal K. de obtener residencia en una aldea, la cual, como poco a poco es revelado, está gobernada por funcionarios de un Castillo cercano. Dentro de este margen temático, que en sí no contiene nada extraño, y bien ~dría ser ~1 _argum~to para una novela realista, se destacan con frecuencia acontecmuentos ":·
comprensibles e ilógicos. Ya la motivación de K. en cuanto a su estane1a
en la aldea, es muy dudosa. No lo emplean como agrimensor que él pretende ser. El Castillo, cuya máquina burócrata influye de manera exclusiva sobre la vida de la aldea, no se le manifiesta directamente a K. Todo lo que

.. Jan. 91.
11 Jan. 88.
11

56

fü. 51-52.

él logra saber acerca de la realidad oculta del Castillo se caracteriza por
una profunda .inseguridad. Falla reiteradamente su intento de alcanzar el
Castillo y de ponerse en contacto directo con las autoridades. Se empeña
exclusivamente en averiguar el significado de la máquina burócrata en cuanto a su propia si.tuación. Está luchando por motivar y asegurar su existencia.
A esta meta se subordinan sus múltiples informaciones y pláticas, hasta su
relación amorosa con la camarera Frieda. La aventura de K. que dura muy
pocos días, en verdad es la aventura de toda una vida. El corto lapso de
tiempo -casi sólo un "momento"- se llena con una red perturbante e inestimable de descripciones, pláticas y comentarios, ante los cuales se parece suspender la categoría real de tiempo. Similar cosa puede decirse del lugar. Nunca se recibe una idea concreta de la aldea y del Castillo. Cuando
K. se propone caminar hacia el castillo, éste se aleja cada vez más, de manera que, por fin, K. tiene que regresar. Lo equívoco y la inseguridad general forman las características más palpables de un mundo con el cual se
enfrenta el personaje principal K.
Precisamente por su ambiente secreto y equívoco, el castillo ha inducido a muchos autores a una sencilla "traducción": el castillo fue interpretado como el cielo, y por consiguiente, el esfuerzo de K. se presentó como anhelo hacia la gracia divina. (Quedándose estrictamente en la realidad literaria del texto, ya no debe discutirse esta interpretación establecida originalmente por Brod, quien de este modo simplificativo creyó prestarle un
servicio a la obra de su amigo. Su interpretación, la cual además debería
ofender verdaderos sentimientos religiosos, no toma en cuenta los fundamentos espirituales de la obra). Bajo el aspecto presente, sin embargo, la
cuestión de las "traducciones" es de poco interés. Pero sí interesa la estructura de la imagen creada por el autor, y su trascendencia en cuanto a una
seria discusión de la obra en general.
El castillo existe. Su relación con la aldea misma es tan estrecha que parecen casi idénticos los dos. A pesar de esta identidad y la virtualidad de
las relaciones, el Castillo (y en cierto sentido también la aldea) queda inaccesible e imperceptible para K. Ni siquiera llega a reconocer la realidad
de la aldea, en la cual se realiza su existencia. Aldea y Castillo, que al cabo son idénticos, representan el ambiente existencial en el cual está metido
K. por razones no aclaradas. En este ambiente, K. tiene que confirmarse
como ser existente, esforzándose por averiguar su situación. En la novela
"El Castillo" se trata, para decirlo en pocas palabras, de una imagen absoluta, cuya estructura refleja la realidad existencial del hombre. Sólo en la estructura que bien puede describirse, está contenido el significado de la novela. K. lucha por aclarar, asegurar y justificar su existencia. Su lucha se

57

�caracteriza por continuas decepciones. La búsqueda de la verdad del ser
conduce a una inseguridad completa, que al parecer nunca es superada. En
este hecho habría de fundarse una interpretación, aceptando las deformaciones de la realidad como significativas, en cuanto a la manifestación general de la novela.
Queda indudable que el autor estaba convencido de que sus diseños poéticos del hombre y de su mundo, ya no podían corresponder a los conceptos normales de la realidad (que comprende sobre todo importantes aspectos ideológicos). Es de suponer que el autor se dio cuenta de la causa de
este hecho. Al final de una reflexión autobiográfica, escribió: "Yo soy fin
o principio". 19 Esta sentencia constituye el resultado de una comparación
entre doctrinas tradicionales y su propia situación espiritual. Sabía con toda certeza que re había salido decisivamente de la tradición, y que en ella
ya no podía encontrar los recursos para describir adecuadamente su situación )' la de su época. Poseemos otro apunte valioso que es una de las muy
pocas observaciones acerca de su método literario, datado probablemente
del año 1922, tiempo en que tenía ya escritos algunos capítulos del "Cartillo".
Habla en ese texto de un día de su juventud. Analizando sus deseos, que
terua en cuanto a su futuro, se le presentó "como más importante y más
atractivo el deseo de obtener un aspecto de la vida ... , en que ciertamente
la vida conservaría sus altas y bajas naturales y pesadas, pero en que simultáneamente, con no menor claridad sería reconocida como una nada, como un sueño, como un flotar... '' Sigue una explicación concreta de la ~
radoja anhelada, mientras que en un segundo párrafo viene formulándose
una serie crítica de su deseo. "Pero él no lo podía desear así su deseo no era
ningún deseo, sino una defensa de la nada, un intento de convertir en burgués la nada ... en la cual entonces apenas hacia los primeros pasos conscientes, la cual, sin embargo, ya sentía como su elemento..." 20
No se deberá clasificar a Kafka como "nihiHsta" por motivo de este texto. El texto demuestra que aquella nada, que deseaba crear el autor poéticamente, se caracteriza por tener una función casi dialéctica. El deseo se
determina como una contradicción; es realmente una paradoja. La vida
como una "nada"' significaría su negación y suspensión. ¿ Cómo podría corresponder su representación artística a su nulidad? El carácter relativo y
experimental de esta nada resulta de que la vida no es simplemente negada, sino de que en su representación real se debería dar a conocer su simultánea irrealidad, su vanidad. La crítica del segundo párrafo no se dirige
contra la posibilidad de hacer manifiesta la paradoja en la obra literaria,

'" Ho. 121.
• B6. 293-29•k

58

sino contra su defensa. La realizaci6n literaria del deseo de Kafka -esto
es el sentido de la crítica- generalizaría la "nada", la haría ''burguesa", le
daría proporciones concretas1 las que no posee en realidad. Por tanto se
convertiría en un vocablo trivial y doctrinario. La nada de Kafka continúa
siendo una paradoja: comprende el ser y el no-ser al mismo tiempo, pretende evocar una más clara perfilación de la realidad y, simultáneamente,
la anulación de ella. No en el pensamiento lógico, pero sí en la manifestación artística podría alcanzar esta paradoja cierta importancia. Las indicaciones sobre la obra de Kafka dadas hasta ahora, parecen afinnar esta suposición.
Persiguiendo el pensamiento expuesto por el autor, en primer lugar se
hace aparente la diferencia con el nihilismo de Nietzsche. La nada se le
presentó a Nietzsche como una consecuencia histórica, perteneciendo a la
dimensión filosófica. El nihilismo que Nietzsche vio manifestarse en el siglo
pasado, se anunció a través de la pérdida de los valores predominantes en la
filosofía occidental. Dijo además del nihilismo, que, una vez reconocido
como un hecho, requeriría inmediatamente un nuevo sistema de valores.
En este concepto del nihilismo, se planteó para Nietzsche un problema urgente de la metafísica, y por tanto, forma un factor importante dentro del
pensamiento metaflsico de Nietzsche. En cambio Kafka experimentó dentro de la realidad de la vida su secreta y simultánea irrealidad, y describir
este fen6meno, era su .deseo especial en aquella su época juvenil. "Fue entonces una especie de despedida, que tomó del pseudo-mundo de la juventud". 21 La formación del deseo y la despedida coincidieron. Habla Kafka,
al final del texto de las "autoridades" las que aparentemente forman
una estrecha relación con el "pseudo-mundo"1 y ciertamente le sugerian
este mundo como el mundo verdadero. En primer lugar, se Yeconoce en
el apunte tardío del autor el ambiente del cuento "Descri.pci6n de una
lucha", que más arriba ya fue mencionado. Lo que en aquella época
para él fue principalmente un sentimiento, esto lo podía formular clara y
críticamente al cabo de aproximadamente veinte años. Resumió en el texto
su sentimiento específico de la vida, y no obstante, más que un solo sentir,
más que una melancolía juvenil que pasaba. La formación del deseo resultó de una determinante comprensión, indicando un momento crítico en la
actitud intelectual del autor. Esta comprensión se revela al final del texto
como el decidido propósito de no dejar engañarse por parte de las "autoridades". Esto constituye una fuerte crítica frente a las "autoridades", correspondiendo a la despedida de un "pseudo-mundo". Podría ser difícil que se
n 811.

294.

59

�definiera cxactamen te el concepto de "autoridades", ya que éste se presenta
bastante general y vagamente. Sin embargo, ampliamente puede ser considerado como un término para personas, grupos sociales y representantes de
ideologías tradicionales, que pretendían defender la realidad de la \Ída (inclusive sus interpretaciones de ella) en un sentido pragmático-positivo. Los
valores de las "autoridades" tradicionales ya no podían tener importancia
en el momento critico al que había llegado el autor. El mundo de los valores de eUos fue claramente presenciado como un "pseudo-mundo" en aquel
momento. A este mundo se le tenía que enfrentar un mundo verdadero,
quedando eso inevitable {como la inmediata exigencia de nuevos valores rn
el nihilismo de Nietz.scbe). He aquí una semejanza estructural de los pensamientos de Nietzsche y de Kafka. En el "nihilismo" de Kafka también se
constituye una pérdida de valores autoritativos. Contiene una desvalorización de lo tradicional (compárese: "Antes era parte de un grupo monumental ..") 12 Se deja determinar esta desvalorización en la ausencia de tradicionales principios de orden, así como en la renuncia a valores ideológicos. La siempre relativa aparición de la "nada" en la obra artística, se haría
en primer término comprensible como la pérdida de valores tradicionales.
La crítica con la que empieza el seo-undo párrafo del texto, se opone consecuentemente a una concreción ideológica y generalmente disponible de la
''nada". Este intento de abrigarse contra la posfüilidad de que llegue a ser
disponible la nada, se efectúa porque ella podría ocultar su función dialéctica. Si se toma en serio el pensamiento expuesto en el texto, se aclara por
qué la obra de Kafka no podía asimilarse a la representación de correlaciones "reales" y tradicionales. Ha desaparecido la confianza en poder percibir el ser adecuadamente mediante reconocidas normas de valores. Por tanto, se presenta la imagen literaria conteniendo elementos negativos y deformativos. Las así llamadas "novelas" de Kafka, al igual que sus cuentos, no
son literatura para un amplio público, puesto que no pueden de ninguna
manera satisfacer sus esperanzas acostumbradas. Es preciso que, por ejemplo, un lector quien a pesar de esto intente leerlos, debe confesar que no
sabe qué hacer con ellos. Cierto es que con tal observación ya se encuentra
a medio paso del problema mismo, qne se plantea en esta literatura. Kafka
ha creado la defonnación de la realidad, la prueba poética de su vanidad
desde una profunda comprensión ontológica. tl no podía dudar de que
debiera tomar un camino poco común y, a la vez, peligrosísimo, para salvar
y empujar el sentido de su obra artística. Varias observaciones, en las cuales
se refiere al fracaso de su "escribir", indican que este sentido no siempre
,. Be. 295

60

se mostraba claro a él. Su deseo testamentario a su amigo Brod de que fueran quemados todos sus escritos no publicados, ha de entenderse como consecuencia de tal inseguridad temporal.
La estnictura de la realidad poética no hace sino relativizar, deformar y
negar totalmente la realidad. La estructura demuestra que la realidad retratada en ella es falsa en cuanto pretende decir lo que verdaderamente es.
Esta diferencia es determinante para ella. El aspecto puramente formal de la
diferencia es la aparente incongruencia (la "nada" relativa) con la realidad.
Pero no se consuma en este aspecto formal de desvalorizar la realidad. La
imagen de Kafka niega en la manera de su estructura literaria especial, la
creencia en la posibilidad de una manifestación directa de la verdad. Se
entiende que de ningún modo puede ser la imagen de algo definible en
ella misma. El símbolo del cosmos Goetheano, en el cual podía manifestarse la identidad de lo particular con lo general, representando orden y verdad no es aplicable al mundo poético de Kafka, aunque éste se constituye
por completo como imagen. El símbolo de Goethe se convirtió -y con él
probablemente por ,,ez última- en presencia directa del sentido, era "Sinnbild" (imagen del sentido). Con su aparición se realizó la profunda identidad, pudo ser expuesta la verdad general bajo el signo de lo particular, de
manera evidente y veraz. Esta relación en Kafka se ha invertido plenamente. La transfonnaci6n espiritual de aquel siglo apenas se puede ejemplificar mejor que con estos distintos conceptos poéticos. Para Kafka no se presenta el sentido de la imagen en la afirmación del sentido, sino primero en
su negación. En su obra, sentido y verdad ya no pueden ser representados,
puesto que la específica imagen crea su propia insuficiencia como última y
peligrosa posibilidad. Su reserva general en cuanto a una indiscutible realidad inteligible sin embargo, se asegura de una creciente importancia en
tanto que llegue a un extremo casi insoportable: al hundirse los acostumbrados nexos racionales y obligatorios. se origina de manera indirecta la e,,.,_
gcncia de un mundo verdadero. Ya no siendo símbolo representativo, esta
imagcn adquiere su sentido únicamente como señal. Debido a que no puede
proporcionar un sentido directamente perceptible, ni particulares entidades
de sentido, se convierte en Ja señal de la reserva misma, y sólo como tal es
signo para lo que es.
La esencia de la imagen Kafkiana se determina, por lo tanto, como diferencia. Sólo manifestando la diferencia a su sentido o a su verdad, puede
cumplir con el fin, el cual indudablemente le queda también a esta poesia,
y al cual Kafka se refirió en sus escasas enunciaciones aforísticas.
La diferencia realizada por el autor en la señal poética, podría definirse,
desde el punto de vista filosófico, como diferencia ontológica. Bajo tal as-

61

�pecto, la diferencia sería parte constituyente de W1a profunda reflexión ontológica, demostrándose con esto el nexo histórico con ciertos puntos de la
"filosofía del ser" de Heidegger. Aunque a primera vista parezca rara semejante relación, se debe admitir que históricamente se pueden presentar
fenómenos concordantes expresados en formas muy distintas, sin que el uno
tuviera influencia directa sobre el otro. Heidegger es el filósofo moderno
que más se empeñó en la e.'\'.posición de la pregunta por el ser. Toda su
obra se caracteriza por el esfuerzo de aclarar e intensificar esa pregunta.
Pero consta que la última palabra de esta filosofía "todavía no" es posible
de pronunciar. Es muy significativo para nuestra época que la obra filos6fica de Heidegger ( que no tiene nada que ver con la moda del existencialismo) se formuló a pasos indirectos y, de cierta manera, negativos, es decir sin resultado positivo, Similarmente a la distinta obra poética de Kafka,
el fin de la filosofía -el ser- jamás aparece en términos concretos, realizándose expresamente su única definición en el concepto de la "difercnci3". Esta diferencia es la relación esencial entre lo existente y el ser, determinándose los dos finalmente en este concepto. La obra poética de Kafka, prescindiendo de formulaciones filosóficas, insiste en una comparable manifestación de "diferencia''. Kafka admite y provoca constantemente a través de
su específica metafórica la incongruencia de la expresión artística con su
verdadero fin. La diferencia se le planteó al autor como experiencia vital.
La nada que anhelaba concretar en su poesía, era ya parte de esta experiencia. Ella det~rminaba, al parecer ya desde los principios de su obra, su
pensamiento existencial, y se entiende que tenía que expresarse persistentemente en la obra, no pudiendo superar la contradicción fundamental. La
"transmisi6n" de la contradicción a la obra artística se realizó necesariamente. La creación literaria ya no era para el autor una actitud corriente de
escribir, sino expresión espontánea y necesidad inevitable. De allí tal vez
se comprenda por qué en un concepto de una carta del año 1912 pudo escribir que él no era otra cosa que literatura. 23 El fin de tal literatura extremadamente existencial, al igual que el imperativo "Tú eres la tarea",2" es
el avance a una dimensión, en la cual la diferencia pudiera ser revelada
con una claridad expresiva y sin ejemplo. El transcurso de la obra de Kafka demuestra esto a primera vista. En tanto que se trata en esta obra de
la re-presentación y aclaración de la diferencia misma, no podía llegar a resultados aplicables. Pues el significado de sus imágenes es precisamente
prevenir a resultados inmediatos, enfocando su carácter provisional y su
insuficiencia frente a la tarea principal

Con mayor precisión ahora se puede verificar el lugar central, que la leyenda de la ley cx;upa en la obra Kafkiana. Ya el título que le dio el autor,
es de importancia: "Delante de la ley''.z 5 Esto quiere decir, que en la situación del distanciamiento se efectúa la vida. La puerta que da a la ley, está
abierta, mostrándose con esto la posibilidad de entrar que existe para el
hombre. Pero el portero le dice que ésta no es la única puerta, y que junto a cada puerta sucesivamente hay otro portero, "uno más horroroso que
el anterior". Las partes de la imagen, que no tienen significado propio, se
convierten aquí en señales de la impenetrabilidad total. La situación existencial del hombre no es caracterizada sino por esta impenetrabilidad; únicamente en esta determinación se hace perceptible la ley en la poesía de
Kafka. La e.~stencia sucede y se consume en vista de la impenetrabilidad.
No se le puede quitar al hombre su tarea exclusiva, la cual consiste en el
ininterrumpido presenciar de la diferencia. El hombre ·la soporta mediante
una constante esperanza de superarla. Pero esta esperanza constantemente
es desengañada. El portero sólo le dice al hombre que "ahora" no puede
entrar, sin embargo no rechaza la posibilidad de que pueda entrar en un
futuro próximo. El hombre, viviendo en la esperanza de llegar a su meta,
aguanta casi pacientemente la pesadilla de un "pseudo-mundo", que le está
impidiendo conocer el mundo verdadero. Los personajes de Kafka no se
vuelven rebeldes porque ya están luchando -ésta es su manera de existiry porque tienen enmedio de un mundo absurdo una esperanza sin ejemplo, la cual les hace posible soportar su situación.
"El mundo que nos concierne, es falso, es decir no es ningún hecho, sino
una ilusión y un intento de integralidad sobre una escasa suma de obseivaciones",28 estas palabras de Nietzsche las hubiera podido considerar Kafka
como propias. Sin embargo, en tanto que Nietzsche llegó al resultado extremo de que "no hay verdad",2 7 se destaca en la dimensión poética de Kafka la ley, con la cual el hombre está imprescindiblemente relacionado. Sus
aspectos de la verdad son falsos; al igual que para Nietzsche el mundo ya
no se presenta como un "hecho" ; lo esencial no es revelado, porque siempre se retira desengañando al hombre, quien espera penetrarlo. Al final de
una reflexión mitológica escribe el autor: "El mito trata de explicar lo inexplicable. Puesto que surge de un fundamento de verdad, tiene que terminar en lo inexplicable". 28
Muere el hombre del campo sin haber entrado a la ley. Josef K. es ejeErz. 158.
Nie. 418.
21 lbid.
"Ho. 100.
11
11

21 Ta. 318.
" Véase nota 11.

62

63

�cutado sin haber sabido el significado de su proceso. El agrimensor K. lucha
en vano por ser admitido oficialmente en la aldea. Ni siquiera logra avanzar hacia los funcionarios inferiores y obtener de ellos una seguridad acerca de su situación existencial. Estos ejemplos poseen una validez total. Verdad e:i que siempre de nuevo se establecen posibilidades y cambios sorprendentes, que podrían significar una evasión de la impenetrabilidad~ pero nunca se vuelven realmente efectivos. La lucha por conciliar la enorme distancia, requiere todas las fuerzas del hombre, tan pronto como ésta se haya hecho "consciente" a través de un acontecimiento repentino, por ejemplo la detención de Josef K., la Uegada del hombre del campo ante la ley, así como la
de K. a la aldea. Con tal acontecimiento determinante, bajo el cual la existencia se transforma radicalmente, empiezan las obras Kafkianas. El pasado
queda casi extinguido con este acontecimiento; entra el hombre a un presente persistente. La aparente infinidad del "momento" se manifiesta en la
estructura de la imagen literaria. Lo que acontece en este "momento" de la
existencia, sigue realizándose en repeticiones, según la invariable situación
básica de la diferencia. La repetición adquiere una función especial; ella es
expresión poética del "momento infinito", 29 y la forma principal que predomina en la imagen.
El concepto de evolución, que enteramente es aplicable y fecundo en la
interpretación de otras obras literarias, ha perdido su importancia en la obra
de Kafka. La evolución está substituída por la repetición, la que no obstante
puede caracterizarse por modificaciones. Estas modificaciones dentro del espacio de la repetición representan el constante propósito de marcar, bajo variados aspectos, la meta de la poesía. Con respecto a esta meta, las modificaciones particulares obedecen a la repetición fundamental. La indiscutible "monotonía'' de la obra, resultado de repeticiones esenciales, debería ser un objeto primordiaJ de un análisis más amplio (un objeto, que sin duda demostraría más detalles que los aquí nombrados) . Basta ahora afirmar que la
repetición corno elemento básico de la poesía de Kafka, llama ininterrumpidamente la atención al significado d~ la señal poética, destacándose como
la principal categoría existencial: se puede sólo repetir, la en sí invariada
situación del hombre, sin remedio inmediato, sin la oportunidad de modificarla seriamente. El hombre de esa poesía vive la diferencia a través de la
existencialmente comprendida repetición de lo mismo.

"momento infinito", que se realiza bajo la signatura predominante de ]a
repetición? El único iin que súbitamente puede irrumpir a este mundo, no
es otro que el de la existencia misma. Sólo la muerte del personaje principal le pone fin y solución a un mundo que se consuma a través de la forzada repetición. Se entiende que la imagen de la poesía Kafkiana no puede
concluir con ninguna solución secundaria, porque tal clase de solución es
rechazada por su evidente insuficiencia. Termina la imagen de Kafka abruptamente con la muerte del personaje principal. Se sabe por las indicaciones
de Brod que para el "Castillo" también estaba prevista la muerte de K.

El súbito fin de la imagen decide irrevocablemente acerca de la diferencia del hombre en relación a la ley. Aquí, en su fin, en vista del agotamiento
de toda esperanza, se efectúa la última y negativa constatación: se aclara definitivamente que el hombre no puede entrar a la ley. La imagen de la existencia, la que la poesía conduce hasta su extremo, sigue manteniendo el carácter de la diferencia. La verdad del ser del hombre no podía sino manifestarse en forma negativa. Pero, esta manifestación inapelable de la diferencia en la imagen, es a la vez la posibilidad extrema y paradójicamente
"positiva" de la poesía de Kafka. Lo inexplicable ciertamente no llega a ser
concebible al hombre; sin embargo, esta poesía adquiere su importancia en
el hecho de que señala lo inexplicable mediante la constatación de la diferencia. Fracasando logra ella la revelación de un "rayo" de la verdad, a la
que está exclusivamente relacionada desde su principio. En la imagen central
de la obra Kafkiana, en la leyenda de la ley, se dice del hombre del campo,
cuyas fuerzas físicas y cuyas esperanzas se están consumiendo: "Finalmente se disminuye su vista, y él no sabe si alrededor de él está obscureciendo o
si sólo le están engañando sus ojos. Sin embargo, es cierto que reconoce ahora en la obscuridad un esplendor, que irn1mpe inextinguiblcmente de la
puerta de la ley".ªº

Con el concepto de la repetición, se pone de relieve la categoría, bajo la
cual es descrita por Kafka la realidad existencial. La imagen y, por tanto,
en cierto sentido la existencia, parecen infinitas. ¿ Cuál fin puede tener el
10

64

Ta. 121; vea también Ho. 273.

• Pr. 257.

65

�INTERPRETACIÓN CRITICA DEL EXISTENCIALISMO...,,
DR. M.rcHELE FEDERICO ScIACA
Universidad de Génova

Los TÉRMINOS "existir", "existencia", "existente" y "existencial", tienen una
resonancia infinita. ¿ Qué cosa, de hecho, no pertenece a la existencia? Berdiaeff dice que todas las Filosofías han sido existenciales: han tratado de
la existencia o especulado sobre ella, pero justamente esta afirmación que
se debe tomar por otra parte con ciertas reservas, impone el problema,
no de la reducción de toda la Historia del Pensamiento al existencialismo o
una interpretación unilateral de ella, sino más bien otro, menos vulgar en
cuanto cabe distinguir, el porqué solamente desde hace cerca de 30 años
hay una Filosofía llamada "cxistencialista", o al menos que se declare explícitamente como tal. Eso significa, que el problema de la existencia, tan antiguo como el pensamiento, o sea, tanto como el hombre, se presenta con
una peculiaridad suya en lo que hoy se llama existencialismo. Se trata evidentemente de una experiencia filosófica más consciente del concepto de
e.xistente, de una filosofía casi galvanizada totalmente por este problema,
planteado en términos nuevos; en resumen, de un modo particular de concebir la existencia. El movimiento en cuestión, no se caracteriza como filosofía de la existencia, sino como aquella determinación de ella, que se llama
precisamente existencialismo.
El existencialismo, es una posición de pensamiento; cada posicíón de pensamiento, diría Camus, es una rebeldía; toda rebeldía es decisión declarada
de decir que no a algo o a alguien. Pero es también decir que sí: El decir no,
a algo o a alguien, incluye el sí a algo más: La negación de un valor que no
se reconoce por tal, es la afirmación de otro considerado valor. ¿ A qué
el existencialismo dice que no? Al conocimiento omniconsciente, a la razón omnicornprensiva de cuanto (que es todo) la razón especulativa puede
conocer y comprender, cerrar en el horizonte de su raciocinio y ¿ lo que queda
fuera? El "conocer objetivo" y la "razón especulativa", lo niega, o no se

67

�ocupa de él. Comienza el asedio a la fortaleza del raciocinio puro; la existencia concreta presiona en contra de los cimientos de la filosofía especulativa; presiona y ataca, pone instancias, formula preguntas, pone en duda
todo el formidable y macizo castillo, piedra por piedra.
. .
El existente que dice que no e interroga, se declara sobre el conocimiento
o razón. Los términos de la relaci6n, filosofía especulativa-existente, son trastocados · no se trata ya de saber qué es lo que la raz6n piensa de la existenci;, sino qué piensa la existencia de la raz6n; al contrario y~ que la ~tencia es aún un término abstracto, qué cosa es lo que el existente htc et
nunc piensa de la filosofía especulativa.
La raz6n ya no hace problemático al existente, sino que él hace probl_emática a la razón; aquel que por esta última era un no problema --el existente el accidental que no interesa a la esencia inteligible- se propone ahora
coro~ problema absoluto, que la filosofía especulativa está obligada a reconocer como su propio límite. Ella por lo tanto es invocada no para resolve~ un
problema para ella insoluble, porque no es :3-cional, sino para ~clararlo s1err:pre más como problema y exasperarlo, casi excavando la radical problematica infranqueable; y con eso, al mismo tiempo, la razón se hace problemática frente a la irreductibilidad o no racionalidad del existente. En este poner el existente como interrogante a la raz6n, y como aquel que dice lo que
piensa de ella, creo se asienta la_ ?'11'acterística fund~ental ~;. cada filo~fía existcncialista verdadera, admitiendo que sea posible una filosofia existencialista" en el sentido que, como filosofía pura pueda resolver integralmente el problema, aquel complejo de problemas que es el existente.
Pero en este punto se puede preguntar ¿ el problema de la Metafísica es
el existente hic et nunc, lo contingente y no lo necesario, lo accidental y no lo
esencial? Quien formula esta pregunta, olvida que el acto de existir funda
todo ser real, y que lo existente no es sólo contingencia y a_ccidente, s~o el
existir de una esencia. Lo real se me presenta como un conJunto de SUJetos,
o sea de esencias universales determinadas en existencias particulares.
El objeto de la metafísica, es lo existente en la plenitu~. de sus elementos,
del cual la esencia es inteligible; por lo tanto, una metafísica, que, para entendemos, podemos llamar existencial, no puede plantears~ este problema,
en cuanto el problema de la eidética o de la esencia lleva mmanente, constitutivo y esencia), el otro del acto de existir, para el cual es todo lo que es.
Esta plática realizada con un uso de términos que consideramos técnicos
tiene a pesar de eso necesidad de ulteriores precisiones.
Existir es manifestarse, estar alli, pero es presencia de algo, de una es~c-.
tura, de un orden. Con el existir, la esencia entra
el mundo, se consoli~a,
para decirlo así, en un hic et nunc cuyos cambios no son en la esencia,

':°

68

sino de la esencia. Por lo tanto, si es verdad que el existente o el sujetivo es
la "encamación" de una esencia, es también verdad que yo no soy mi cuerpo, en cuanto que él retiene la esencia, pero no la agota. Pues yo que existo, me manifiesto por el cuerpo, soy más que mi cuerpo, más que mi existir,
porque soy una esencia que existe. En este sentido, lo existente, no la existencia, que es una anotación universal, se distingue de la esencia que es conceptual y no sensible y a la cual se une algo que la determina.
La esencia sin existencia es universal, el existente es particular; 1a esencia es quod quid est, y la existencia es quo quid est: el nunc, de devenir no
existiría sin el nunc permanente que a su vez, a pesar de ser en sí lo que es,
es real por el acto de existir. Eso prueba, no solamente que el devenir postula el ser, sino que el mismo devenir tiene un ser suyo formal para el cual
es ser deue,iiente. En conclusión, el existente es un ser determinado existencial. Esto no debería olvidarlo ninguna filosofía que se dice existencialista o
existencial (dos cosas muy diferentes) la cual, cuando se sitúa el existente
como problema y lo contrapone a la pura esencia, debería acordarse del nunc
deveniente y colocarse, pues, siempre como ontología y no como pura descriptiva de los elementos existenciales, casi como lo existente sea pura particularidad sin universalidad.
Una filosofía del existente solo, o sea, del solo aspecto particular del ente,
no tiene sentido, no es filosofía (será descripción empírica o fenomenística
o también fenomenológica) y no es ni reflexi6n sobre el existente real, en
cuanto abstrae de la esencia para lo cual el existente es. En este sentido, hace del existente una abstracción, de la esencia por lo cual el existente es.
La expresión de Heidegger que la esencia de la realidad humana consiste
en su existencia ( das W esen Daseins Liegt in seiner Existenz), entendida en
el sentido que la existencia es privada de esencia, no tiene sentido; y no lo
tiene porque no se comprende qué cosa existe: la existencia sin esencia
se desvanece, es una pura "posibilidad", una abstracción. Su manifestarse es el manifestarse de su nada, y como tal, un nada de manifestaci6n
Y por lo tanto, también, un nada de existencia. Los existencialistas dicen que
es pura libertad y temporalidad entendida, la primera como el acto de la
pura constituci6n del ser de la existencia. La libertad, en tal forma, no pertenece al existente, lo "constituye": es de la libertad darse la propia naturaleza a sí misma y con esto transformarse en esencia. Pues procede la esencia; nosotros mismos constituimos nuestro ser, somos como nos afirmamos
aquí hay una ecuaci6n, la existencia como posibilidad pura, es libertad pu-'
ra; pero la libertad como posibilidad pura, es libertad de nada, porque es
la nada de la libertad.

69

�Concedemos que sea y que seamos nosotros uúsmos como nos afirmamos.
Y bien, ¿qué significa yo "so&gt;·" como me afinno? ¿ "Me doy una esencia"?
¿Quién soy yo para hacerme hombre liberalmente? ¿Qué podría también
no hacerme hombre? Palabra~ sin scnLiclo. Si yo pudiera libremente hacerme hombre, no me haría hombre por la simple razón que yo sería Dios. Y
ni Dios viendo que puedo también hacerme "libremente'' no-hombre; y Dios
no puede hacer que un hombre no sea hombre precisamente porque es libertad auténtica y no el Absurdo.
Existencia y libertad, como son concebidas por el existencialismo, son existencia abrurda y librrtad absurda. Adcmá si "nowtros somos como nos afirmamos", significa que la existencia como posibilidad o libertad se da a sí misma
sus especificaciones, esto es su esencia. AqtÚ "esencia con evidencia" quiere
decir otra cosa de lo que es el sentido técnico del término y cso es la existencia,
ahora se le da una determinación, ahora otra, siendo infinitas las posibilidades.
De tal manera que la esencia es ella particular, la determinación y la existencia,
posibilidad infinita, lo universal: se han cambiado los naipes en la mesa y se
cree haber ganado la partida. Pero toda determinación es determinación contingente: corno tal no es esencia; por consiguiente la •xistencia, también determinándose, no se esencializa entonces queda vacía; se niega siempre por
la otra ecuación ex.istcncialista de existencia y temporalidad : el devenir por la
otra ecuación existcncialista de existencia y temporalidad : el devenir temporal se identifica con la existencia, que no es otra co. a más que su proceso
temporal; por lo tanto, la esencia de la existencia es la temporalidad, que es
como decir: la esencia de la existencia es ·u contingencia, o sea su mismo existir ¡ fenomenismo absoluto e inconcluyente!

r

Y así volvemos siempre al mismo punto de Ja existencia que no es la nada
de ser. Justamente obser...a Maritain cm su Court traité de l'existence et de
l'instant (p. 12): si usted "supprimez l'essence, 011 ce qttt pose L'esse, vous supprimez du meme coup l'existence ou l'esse, ces deux notons sont correlatives
et inseparables, et un tel cxistencialisme se dérnre lui-méme". Exasperar la antinomia de esencia y de existencia a tal punto de volver a la una c.,clusiva de la
otra, es esterilizarlas ambas sin resolver nada. La existencia de Kierkegaard, a
veces, es la abstracción de una abstracción.
Para el pensamiento clásico, lo exi tente es una determinación de la c:;encia ·
para el existencialismo, la esencia es una determinación de lo existente: la existencia es una posibilidad que escoge ciertas situacione y escogiéndolas se
determina, se da una esencia que se identifica con ellas: lo existente es sus
situaciones: el sein rs la situación del dasei11. El existencialismo es el contrario de la metafísica y de la ontología clá ica; es la disolución de la esencia y
del ser en las situaciones, o sea en la historicidad pura.

70

El punto de vista gnoseológico, que hemos mencionado arriba, corresponde perfectamente a lo ontológico-metafísico; el existencialismo contrapone la filosofía llamada ''e.xistencial'' a la llamada especulativa o "esencialista"
como contraposición de la esencia a lo exí tente, del objeto al suJ·eto de Jo
•
1 abstracto a Jo singular concreto. En esta contraposición, pide
' a )a
uru,·ena
filosofía especulativa o conceptual dar una respuesta -si puede- a las instancias del sujeto, al grito del singular, como hoy se dice para dramatizar el problema y colorearlo con el lenguaje de la po sía. Por eso el existencialismo es
la rrbclión contra la filosofía de la esencia, del concepto transparente, de )a
~6n cristalina que ordena y sistematiza formas, contra la eidética y cualquier aspecto de la realidad e piritual que se presenta en los términos de la
racionalidad pura, conclusa, definitiva y definiti\'amente definiente.
El existencialismo, que ontológicamente es la disolución de] ser gneoseoló-

•
1
'
gtcamente
es a disolución o el jaque de la ra7.Ón; pues, se prtsenta como /a

crisis (rompimiento) del ser y de la razón, como la liquidación de la filosofía clásica. En este sentido interpreta algunas características de nuestra época.
De manera simplicista y con una bou.tade de efecto fácil, podemos decir
que el e.x-istencíalismo contemporáneo vino al mundo aquel día nebuloso
o aquella noche negra, en la cual, un joven profesor alemán Marti
Heidegger, aburrido y de pésimo hu.mor, se encontró con los libros casi olvidados de un tétrico teólogo danés, Kierkegaard, pesimista y humorista,
Pesimista por humorista y humorista por pesimista. Los leyó, los purifi.
có de ~os mitos de Adán y E\·a, del Demonio y de Dios, del pecado y de
la_ g;acia, y así secularizados los volvió a pen.~r fuertemente; escribió y publico ( 1927) el primer volumen de tm.a obra, en la cual "el ser" se pierde
en el tiempo, se existencial.iza y se descubre ser para la nada y para la muerte. Pero evidentement es superficial considerar al existencialismo como el
drama kierkegaarcliano ( o nietzschiano) "vaciado de su contenido religioso
Y ~e su ace~to personalísimo e irrepetible", vuelto a usar, "caracterizado y
casi estandanzado por algunos profesores alemanes contemporáneos, los cua.
les sobre un esquema del drama de la existencia han tejido el drama de la
existencia. El existencialismo es mucho más y no ha nacido, porque haya sido descubierto y estudiado Kierkegaard, sino que Kierkegaard ha sido d~cubicrto y estudiado porque responde a las necesidades espirituales y a las exigencias filosóficas pre-existentes a su descubrimiento.

La Kierkegaard-Rcnnissance, que caracteriza a gran parte de la filosofía
alemana de la primera post-guerra, se debía al clima propicio que encontró en ~l.emani_a_ ( producida sea por la derrota, o por clima filosófico, por
aquella rev1S1ón critica, a la cual se ha sometido el pensamiento moderno desde los inmediatos desarrollos del he«eliimo) y no al contrario. El e:óstcncia-

71

�lismo (y es este uno de sus prejuicios) ha considerado la "crisis de una época"
como "crisis de la existencia" o del hombre en general, y la crisis de una posici6n filos6fica, la de la filosofía como. tal. La no soluci6n sino la exprcsi6n
de la crisis-encarna el descontento, el desorientamiento, las ansias y las aspiraciones de la conciencia contemporánea, prescindiendo de su derivación histórica y del hecho de Kierkegaard, que cierta.mente no ha sido él solo el que
ha influido sobre Heidegger. Ya dentro en la fenomenología )', bien sea indirectamente, influenciado por las filosofías de la vida. Pero hay otra consideraci6n que hacer: casi al mismo tiempo que en Alemania, el existencialismo nacía en Francia, independientemente de Kierkegaard y en Rusia a través
de un pensar de nuevo la concepción de la existencia expresada en la obra
literaria de Dostojewski. En Espai1a, Unamuno la había precedido casi dos
lustros antes ( al menos en algunas tesis) y en l talia, en la mi ma época, había
comenzado la revisi6n crítica del actualismo de Gentile, justamente en el sentido de una recuperación de la existencia concreta. Fueron todas estas exigencias, que llegaron casi a la vez al punto de maduraci6n, las que llevaron
a la Kierkegaard-Renaissance y a descubrir en el pensador danés, su remoto
y "actual ' maestro, que redescubierto ha sido acaparado a diestro y siniestro,
en algunos puntos rechazado, en otros aceptado y en otros aun interpretado
o traspuesto.
Según los distintos pensadores y según las naciones a las cuales pertenecen, los
precedentes doctrinales del existencialismo, se encuentran en Kierkegaard como en Dostoiewski, en Schopenhauer como en ietzsche, en Dilthey como en
el pragmatismo, en los románticos del primer ochocientos y en Rilke, en Pascal
y en Bergson así como en Husserl, etc. Naturalmente, ninguno de estos peruadores debe identificarse completamente con el existencialismo ( algunos de ellos,
si pudieran ser interrogados, rechazarían todas las tesis existencialistas, aun en
el caso de que con el existencialismo pudieran combatir algunas corrientes racionalistas e idealistas) y muchos de ellos no se reconocen fácilmente en las interpretaciones de los fil6sofos de la existencia; pero no hay duda, por ejemplo, que
el existencialismo cambia desde Husserl el método fenomenol6gico ( aun sin las
tesis doctrinales: Husserl, fil6sofo de la esencia, encierra en paréntesis la
e.xistencia) y encuentra en las esferas huserlianas eidéticas, aut6nomas e incomunicables, un buen principio de disolución del ser que Hartmann, por su
parte, desde 1921 relega a la esfera de lo incognoscible o de lo irracional; y
que en el hist6rico post-hegeliano ( en Dilthey en particular) encuentra la
temporalización de la dialéctica de Hegel y la fractura de ella en muchas
esferas históricas, cada una expresando uno de los innumerables significados
de la existencia.
Pero el existencialismo quedaría sin explicar en su esencia sin el Lute-

72

ranismo; y por lo tanto, según nosotros, no es nunca suficiente insistir
sobre este punto: Kierkegaard es un teólogo protestante; Unamuno está influenciado por el protestantismo: la teología protestante ha tenido un nuevo vigoroso y exuberante retomo al pensamiento con el existencialismo (pensamos en Barth). Aparte de eso, el pecado, el acto de soberbia de la raz6n,
según el luteranismo, ha corrompido irremediablemente la naturaleza huma.
na, la tiene individualizada. Entre Dios y el hombre hay contraposición radical: el hombre, el siervo del pecado, nada puede hacer para los fines de su
salvaci6n y todo aquello que hace es pecaminoso. "Rotura y Fractura" pues,
entre lo Divino y lo humano, entre gracia y libertad, entre fe y raz6n, la
meretriz de Satanás: aquélla, la protestante, es teología de la crisis o de la
fractura irreparable entre Dios y el hombre. El existencialismo teológico acepta esta instancia luterana y la exaspera; no-teológico, laiciza a Lutero, convierte Ja fractura en esencia de lo humano como tal. La nada del hombre
frente a Dios (Lutero) destelcogizado, y lo Heideggeriano "ser'' para la nada.
Se podría objetar que no es luterano el existencialismo francés, y contestamos
que no se entiende completamente sin el jansenismo, que es aún fractura
de lo humano y de lo divino, de la libertad y de la gracia, anulación del hombre en el pecado, del cual solamente el arbitrio de Dios puede redimirlo.
Puesto eso, quien dice que el existencialismo sí es filosofía de la crisis, pero
no en el sentido que lo sea de una época de crisis, como la nuestra, sino en
el otro, que la filosofía, ella misma es crisis, porque crisis es la vida como
tal, o sea rompimiento y fractura, hace dogmáticamente suya aún sin darse
cuenta 1a tesis luterana, sea que la conserve en todo su sentido teológico, sea
que la acepte desteologizada. Afirmar que el existencialismo es filosofía de la
crisis, en este sentido, es hacer de ella una apología barata: se acepta ingenuamente su presupuesto que la existencia es en sí misma fractura y que la verdadera filosofía no puede ser más que filosofía de la crisis. El existencialismo, por
el contrario, es filosofía de la crisis propiamente en el sentido que es crisis
de la filosofía, o sea pérdida del principio del ser y por eso impotencia de
dar un sentido significativo a la existencia, que suspendida en sí misma, no
puede ser entendida más que como "fractura" y "nada". El existencialismo
ha encontrado su ambiente, y por decir asi, el terreno preparado para florecer
en las "sacudidas" de la primer y segunda guerra; sobre la base de esta
situación, de hecho, ha elevado las "fracturas" (históricas) de una generación
atormentada a fracturas de la existencia humana como tal, por lo tanto, no
ya históricas, sino inherentes estructuralmente, ontológicas, al hombre. La
"crisis" así entendida, como principio metafísico, es simplemente un mito; y
el existencialismo en este sentido es la filosofía del mito de la crisis o de la
existencia "rota" y "lacerada" sin que haya sastre que pueda remendarla y

73

�volverla a coser. Eso marca la culminación de la desconexión y después de
la pérdida del ser, sanciona dogmáticamente la fractura entre la "vida" y el
"pensamiento": lo "vivido", vaciado del ser, y la nada de vida, de pensamiento y de existencia, lo absurdo, lo gratuito.
El existencialismo es un movimiento complejo y hay tantos existencialismos como existencialistas. Podemos distinguir dos direcciones principales:
a) el existencialismo como filosofía de lo finito o del hombre todo histórico,
pura temporalidad, cuyo destino es estar en el mundo. De aquí las f ónnulas
heideggerianas: Dasein
ser para el fin ( Sein zum Ende) = ser para la
nada (Sein zuro Nichts)
ser para la muerte (Sein zun Tode). El hombre
es el centinela de la nada. A esta, yo la he llamado, no la ontología, sino la
oudenología de Heidegger.
Todavía el existencialismo como filosofía del fin es la de Jaspers: lo existente está siempre encerrado en una situación finita que intenta sobrepasar
y la sobrepasa, pero para caer en otra todavía finita. La existencia es trascendencia de la situación, desplazamiento de un horizonte a otro, pero se le escapa
siempre el horizonte de todos los horizontes. La trascendencia o lo infinito, como
Umgreifende ( todo circunscrito). Por eso el existente naufraga, se sumerge
frente a la trascendencia: el jaque es el fin supremo.
Otra forma de filosofía de lo finito, es la de Sartre en Francia, por el cual
"el ser es sin razón, sin causa, sin necesidad", gratuito: todo es gratuito, sin
valor: no hay nada serio; el hombre es un costal vacío con un peso muerto. La existencia está condenada a llenarse de algo. Dicho eso, podemos
precisar que dos obras famosas llevan en el título dos errores gramaticales:
no es Sein und Zeit; no L'etre et le néant, sino Sein ist Zeit; L'etre est le

=
=

néant.
El otro filón así llamado "teístico", une indisolublemente los problemas
de la persona y de Dios, confirma y define la existencia como esencial vocación de la trascendencia religiosa: fundar filosóficamente la persona y sacar
de ella "invocación religiosaº. Propiamente en la concreta individualidad
del singular -como enseñan Kierkegaard y en el fondo también Nietzsche
y Unamuno- sucede el encuentro paradójico y absurdo para la razón, de
infinito y de finito, de eternidad y de tiempo, de trascendencia y de inmanencia. Penetrar en el fondo de la existencia concreta es por lo tanto coger la
viviente contradicción que es, sentir la existencia en su "situación" de relación a sí misma y junto a la trascendencia, la existencia como intersección
de encamación y de participación, o sea del yo concreto y singular ( encarnarse y concretizarse), que participa del ser (se inserta allí), que la trasciende. El e.xistencialismo en este sentido se centra sobre lo vivido de la
"presencia" de Dios al yo, de la posición del singular frente a Dios. Buscar a

74

Dios es decidir de sí mismos, y buscarse a sí mismos es tender a Dios. Los
dos ténninos de la búsqueda son recíprocamente "empeñativos": la verdad
del hombre se revela en el reenvío a Dios, como la verdad de Dios se revela
auténtica en el existente humano. No es problema abstracto lo del Dios~o~_re, sino experiencia de vida vivida. Fundar filosóficamente la persona
significa, pues, captarla en su "situación" y en su "participación", escudriñarla
en el estado en el cual se encuentra y viviendo en la libertad que la fonna
y la revela, en la dignidad que la coloca por sobre la particularidad contingente y caduca.
De aquí otra caracteristica del existencialismo en general: la polémica en
con~ de la vida anónima del individuo, uno entre tantos, contra la vida con\'enc1onal. y acostt~brada, donde él pierde el sentido de la responsabilidad
Yde su ~1s~o destino, la ll~da a la existencia genuina. Ser sí mismos y solamente s1 m1Smos, es conqmstar la propia autenticidad la conciencia de ]a
~it~d libra~a, suspendida como la hoja sobre el abisrn'o, entre lo finito y ¡0
mfiruto, el tiempo y la eternidad. Ser sí mismos es vivir íntimamente desespei:adamcnte los términos de la antinomia, la existencia quebrada y r:.i.gmen~n su perenne "problematizarse'&gt;, en su continuo "fracturarse11 • No la
filosofía de la armonía y de la unidad racional, sino la filosofía de la "fractura", de la realidad existencial, que es singularidad, que no se vuelve a repetir, escogida y que trae el riesgo de la decisión sin apelación. En este
sentido, la existencia es "libertad'', suspensión entre problema y certeza entre
búsqueda y verdad; es acto, problema, drama que no se traduce en la' transparencia Y en la luz de la idea, ni se exalta en los lances vitales. Existencia
e_s fractura, siempre librada entre dos mundos, inmanencia y trascendencia
sm. posi~ilidad de síntesis definitiva, sin esperanza de evasi6n en una super~
resIStencia. La existencia es el "centro", el encuentro de las antítesis y su
problema es el problema mismo del ser. La persona exige la solución metafísica, pero el existencialismo no logra dárselo.

t:mª

Singular e inobjetable, el existente se introduce todavía en el mundo se
encuentra en una "situación" determinada. Verdaderamente no es
se
"encuentre" sino que es su situación, aquélla que "actualmente" define su
existencia._ El l:ombre está ligado al mundo y a los otros hombres, unión que,
como la Situac16n, es el ser propio de la existencia humana; ligado al mundo
Y empeñado .en la vida; aquí es todo sí mismo, en esta su absoluta historicidad,
~e la cual tlene el deber de no "evadirse,,; debe aceptar su "destino" ( destmo de nada y de muerte). Por consecuencia, la existencia inobjetivable de
la cual la esencia, más bien o las esencias son sus situaciones su actuarse' no
'
'
se conoce rntelectualmente' 1 que es objetivar: ni la razón ni el intelecto Ja
toman en su autenticidad.

qu:

((•

75

�Esta experiencia vivida, toma en el acto de vivir su finitud y temporaneidad o en la angustia de sentirse finita "lanzada en el mundo", destinada a
la mu:rre. Dicho eso no está completamente equivocado quien ha definido el
existencialismo la nausée de l'impuissance (Gurvitch), la doctrina que vacía
al hombre de toda su riqueza; pero tiene razón el que también ve en ella
(Pareyson) una manera original de proponer nuevamente a la meditació~ la
riqueza de la vida espiritual y "una robusta manifestación del per:5°n~~o
contemporáneo", aunque después la inevitable conclusión del eXJstenciahsmo sea la negación de la persona como valor y de los valores que la persona
misma encama y expresa.
El existencialismo tiene una relevante importancia negativa, representa el
adelanto más coherente del pensamiento moderno inmanentista y al mismo
tiempo la disolución de la ilusión del humanismo absoluto o ateo; es la conciencia crítica de las consecuencias negativas del humanismo puro, el drama
del humanísmo ateo, diría De Lubac. Vale la pena insistir sobre este punto.
El existencialismo, según nosotros, es el punto más avanzado ( tal ~ez c~~clusivo) de la que, en muchas otras ocasiones, he llamado la aut~5?luc1on
del pensamiento moderno, el principio del cual se da por la cnttca del
hegelismo en sus instancias fundamentales de Klerkegaard y de Marx. En
otros términos: el inmanentismo a través de la secularización de lo sagrado,
la separación de todas las formas de la actividad humana d~ _la teología, la
reivindicación de la absoluta autonomía de la razón, autosuf 1c1ente y fundadora ella misma de la verdad, y de la voluntad autónoma, ley de sí misma;
la historicización de la verdad (y de toda verdad) y de los valores espirituales humanos y divinos y de su mismo Dios, ha creído (y es aquí la acriti~da~
esencial de su criticidad do~ática) mejor fundar al hombre Y su digrudad, de garantizar crítica y sólidamente todos los valores humanos (sob~e
todo la libertad y la potencia del conocer) y el hombre de valor, de constrwr
un verdadero humanismo en el cual el hombre fuera principio y fin de sí
mismo y que en la historia encontrara su verdadero cumplimiento, su significado auténtico, su felicidad. Y así el mito del hombre-Dios ha engendrado
poco a poco los mitos del Dios-historia, d~l D!os-ciencia, del Di~s-e~~d?, del
Dios-progreso, del Dios-humanidad, del Dios-libertad, etc.; y la i1US1on lilDlanentística continúa aún a pesar del existencialismo y de otras corrientes críticas, a sobrevivir y a producir nuevos mitos, a creer que después de haber
temporalizado todo y negado (ser y sustancia, verdad y Dios) todo lo del hombre y de lo humano se salve mejor, mejor se funde y se explica, todo sea más
claro y legible. El existencialismo ( y no solamente eso), es el profundizar de
estas incoherentes conclusiones optimistas, acepta el momento crítico del inmanentismo y de sus presupuestos metafísicos y gnoseológicos, pero más cohe-

rentes, menos dogmático en sus consecuencias y no ilusionado concluye que si
~ ~ :erdad ( en sentido metafísico y en sentido gnoseológico) son temporales e

hlstónc_os, ~tonces no hay valores ni verdad; el hombre es su existencia, que
es su S1tuac16n, que es la pura temporalidad, de cuyo éxito el s6lo significa
algo y da a ~ existencia el único significado que se le atribuye: es la nada
y la muerte. Sobre este punto de vista, sus conclusiones pesimistas son la
plena conciencia crítica de las míticas conclusiones optimistas del inmanentismo, la conquista de la autenticidad de la existencia humana o de su novalor, si ella es la que "construye" el inmartentismo moderno, del cual el existencialismo es la disolución, el momento "escéptico" disolvente de lo ''dogmático". Pero el existencialismo no es sólo "crítica" sino también "crisis" del inmanenti~o en el sentido que él asume la concepción inmanentística-historicista de
la vida, como concepción de la vida misma (por lo tanto de la filosofía) como
fractura; y como crisis es también dogmático y acrítico. De hecho, por un
lado, asume una contingencia histórica (la situación de la Alemania y de
Europa desde 1918 en adelante) como categoría de la existencia humana haciendo de un conjunto de es~d~s de ánimo, otros tantos principios metafísi:os, y
~~ otra parte, acepta dogmaticamente las tesis del inmanentismo y del histonCJS~o '! concluye que la existencia (la vida) como tal es "crisis", fractura y
rompuruento sin someter a revisión crítica el presupuesto inmanentista. En
otros términos tiene el mérito, de haber "desenmascarado" el inmanentismo
y de haber demostrado a la evidencia que de "aquellas premisas'' la conclusión
sincera auténtica y no "ingenua" es la nada del ser del hombre y de los valores
humanos y religiosos, y con eso revela a la crisis (y también la hipocresía) de
las ~nc~usiones optimistas y de los ditirambos a la razón, a la dialéctica, a
~ histona, etc.; pero está equivocado en aceptar "aquellas premisas" dogmáticamente y con eso de asumir su crítica del inmanentismo como "crisis» de
la exis~erlcia al afirmar que_ la existencia como tal, es "crisis" o fractura y
laceración ( y por eso se define con la angustia, y en jaques, la muerte, etc.,
y no con Ja razón, el concepto, la idea eterna, etc.) Y así su pesimismo es su
ingenuidad, y en muchos casos también su insinceridad e inautenticidad. A
este punto, su "inexistencialismo" se vuelve "racionalidad" de Jo irracional• su
"asistemicidad" el principio "sistemático" de la asistemacidad; la experi~cia
"inmediata y vivida en elemento constante de la mediación. Una forma de
idealismo trascendental e histórico es exactamente aquello que liquida la ilusión de la trascendentalidad como forma objetiva del conocimiento (Kant)
y como principio metafísico (Hegel). En efecto la trascendentalidad asumida
por el existencialismo, como posibilidad o pura condición indetenninada de la
cual la existencia concreta es una realización temporal y situacional ~tra la
existencia y el ser a la nada y todo lo vuelve imposible, inexplicabÍe, absurdo.

77
76

�El existencialismo tumba el optimismo d 1 humanismo ateo (optimismo
iluminístico, racionalístico, positivístico, marxista, etc.). i el hombre es todo
histórico y Dios no existe su destino es el destino de la nada; no hay nada
erio. Eso es el ateísmo triste y consciente de que la muerte de Dios es muerte
del hombre, y de todo valor. por lo tanto, concluye el proceso de la secularización de lo sagrado (de de el renacimiento a Hegel ) que e teologización de lo
mundano y de lo humano, a lo cual si I la desteologización de lo mundano

y de lo humano ( Feuerbacb, • lanc, etc.).
Concluye afirmando, si lo sagrado es secularizado y lo mundano es desteologizado, no queda más que el hombre y sus situaciones el puro suceder. Pues
el existencialismo es conciencia crítica del humanismo absoluto y su devaluación,
pero al mismo tiempo conciencia dogmática de lo que acepta el presupuesto
de la negación de Dios y del ser, o sea la ilusión inmanentística, también sin
defraudantes saca de él consecuencias defraudantes. El existencialismo es el
inmancntismo ateo desencantado y por lo tanto puramente negativo, sin mitos,
niega a Dios in aceptar la posición de hacer del hombre Dios mismo, o sea,
de divinizarlo, entonces: ne!!ado Dios y negado que el hombre sea Dios, no
queda más que el puro homb11 histórico, botado en el mundo sin valor y sin

se equivoca aceptando como conclusión la ne aci6
sólo humano, o sea de aceptar la contradiccióng Den pura del hombre todo y
que voh·er al problema de lo pos·u· . d 1 h h.
spués de eso, no queda más
l vo e
om re y ya n
t' .
o de pura inmanencia sino de se
d
d .
o en ermmos de nada
• t ·a1·
'
r Y e trascen encta.
El ex1s
cnc1 1 mo • tambt"en e¡ ateo tiene
.
una xi
·
r •
recuperada y fundada filosóficamente , os h h h genc1a re tgiosa que va
tradición filosófica clásica de od .
a ec o nacer la nostalgia de la
,
m o que nazca la espe
d
f
ella, que la verdadera y sola
d .
ranza e un uturo de
•
esperanza e la Europa del ma ~
,
s1 11ega a ser, su tradición renovada, o será solament e Ia sombra
nana,
que
sena,
de sí misma.

Traducción de

CELIA MARÍA DEL DECAN

significado. 10 queda mis que la ne0 ación pura.
Pero la negación pura es un absurdo, no se puede negar sin afiimar, cada
negación exige la negación de la negación. que es la afirmación. Pero la e.....istencia no afirma nada, pues es la contradicción pnra o impensabl . De hecho,
más que una filosofía pensada, el existencialismo es un estado de ánimo
viviente y teorizado, o ea unn fenomenología pura una serie de biografías,
buena como material artístico. Pero la filosofía empieza cuando se reflexiona
sobre lo vivido: o sea, cuando la vida inmediata . pone como problema. Por
lo tanto, el existenciali mo está toda ,· z por debajo d la filosofía, en la filosofía de la no filosofía. Pero la afinnaci6n de la nada o del no-valor del hombre
todo histórico, y ele la e.xistencia sólo mundana, pone para la contraclic ión de
esta afinnación, el probkma o la exigencia de la trascendencia y del valor;
o sea la conclusión: una nada de c.xistcncia y una nada de valor, hace nacer
la exigencia metafí ica del ser y la religiosa de Dios. He aquí por qué los marxistas lo combaten. La hacen nacer también por la necesidad de salir de la
contradicción en los término . De hecho, la afirmación de la nada de todo,
de la nada como principio es posible solamente si el ser
o puedo decir,
la nada es, sin admitir el ser. d otra manera la nada misma sería impensable,
no sería. La nadaJ el negativo puro es porque es el ser, mientras el ser se pone
para sí mi mo.
El e.xistencialismo tiene el mérito de haber destruído la soberbia del hombre-Dios, creador de su destino histórico y el infantilismo de esta soberbia. Pero

78

79

�LA CUESTIÓN DEL PRINCIPIO Y FUNDAMENTO
.EN LA FILOSOFlA DE BALMES

DR.

AooLFO MUÑoz ALoNso

Catedrático de Historia de la Filosofía
de la Universidad de Madrid

EL HOMBRE NO ES SÓLO

lo que las palabras le permiten expresar. Es siempre

más. Por alta que sea 1a elevación que alcancen las flechas de sus voces, por

hondo que cave con el estilete de su pluma, el hombre, él, presiente una más
alta cumbre y arranca de un más profundo subsuelo. En el hombre la palabra
verdadera, su hablar, es él mismo, como luz iluminante significativa y como
reflejo caldeado. Sólo cuando el hombre comienza por escuchar, habla y se
habla verdaderamente a sí mismo. Cuando el hombre habla sin antes escuchar, se-escucha, y escucharse es una manera engañosa de abatir el vuelo de
las pocas palabras verdaderas que el hombre puede pronunciar. El espíritu
humano -digámoslo con palabras de Balmes 1- no ha nacido para contemplarse a sí propio, para pensar que piensa.
El pensamiento del hombre no conseguirá nunca expresarse por entero
en lo que dice. El pensamiento es siempre algo más profundo, elevado y luminoso que las palabras en las que se vierte. Quizás porque el pensamiento
es en 9.Í mismo -si es verdaderamente pensamiento--- la auténtica palabra,
y las palabras proferidas ráfagas anunciadoras; algo así como estrellas errantes y centrífugas de un cielo transparente. Si esta consideración es aceptada,
se comprenderá con facilidad lo arduo que resulta profundizar en el pensamiento de un filósofo, utilizando como única guía las palabras por él escritas.
El crítico que se contenta con someter las frases del fil6sofo a un estudio de
contexto o de concordancia de sentidos, interpretando por paralelismos las
frases, corre el riesgo de satisfacer su pretensi6n crítica, pero dejando al fil6sofo estudiado en orfandad de 9.Í mismo.
1

Filos. Fund., libro I, cap. XXIII (O.C. Ed. Casanovas, XVI, pág. 227).

81
H6

�CoNcIENCIA DEL TEMA EN JAIME BALMES

A Jaime Balmes le ha perjudicado la claridad ~-positiva. Al ejercer la
gracia de la cortesía como virtud permanente para con los lectores, ha inducido a los poco avisados a resbalar por los capítulos de sus obras filosóficas
como sobre el espejo del agua mansa y tibia, y no se ha ahondado en La
honda transparencia en la que el pensamiento de Balmes sigue vivo, vivificante y actual. Esta actualidad es la que pretendo revelar, comprometiendo
desde el principio mi intención con el título, de actualísima vigencia en filosofía, hoy, como lo sigue siendo en la vida espiritual desde que San Ignacio

de Loyola la acuñó en sus Ejercicios Espirituales.
No dejan de ser curiosos los hechos siguientes: que Balroes titulase su obra
filosófica más importante Filosofía fundamental; que la Filosofla elemental
sea en su concepción, redacción y publicación posterior a la Fundamental; y
que en un análisis pormenorizado de las cuestiones "fundamentales'' y "elementales" de la filosofía, no sean los "fundamentos" o los "elementos" los que
inquieten intelectualmente a Balmes, sino cabalmente los "principios" {undantes. Esta particularidad nos pane sobre aviso de que hemos de proceder con
suma cautela al enfrentamos con el tema, tanto si los hechos que citamos
obedecieron a una intencionalidad mantenida por nuestro filósofo, como si
suponen la expresividad connatural a su pensamiento y que, precisamente
por la connaturalidad, no es revelada explícitamente.
Antes de seguir adelante convendrá un breve detenimiento en las palabras que empleamos, y en el sentido, alcance y significación que paseen en
nuestro discurso. En este detenimiento una exigencia filosófica, y un procedimiento metodológico al que debemos sometemos, para que discurra después

el tema sin demasiados paréntesis aclaratorios.

DEPURACIÓN CONCEPTUAL DEL VOCABLO PRINCIPIO

El vocablo "Principio" resulta, por equívoco, polivalente, Ya Aristóteles
distingue acepciones variadísimas en las que puede subsumirse, sin forzar su
etimología ni su contenido histórico-cultural.z Acaso el fermento filosófico
de la cultura occidental haya que señalarlo en la cuestión sobre el Principio,
en singular o en plural. La razón gana en independencia y jerarquía cuando
se decide a investigar no las cosas, sino el principio o los principios de las
cosas, y obtiene -la razón- el principado metafísico cuando rompe con las

trabas
de la mítica, de la literatura, de la tradicion,
•, para satt.sfacer su e,ogen.
•
c1a con una respuesta person ªI' que deseche, por ludicas
, .
o ineficientes las
voces que no os~ten la_ originalidad de Principio o Principios, en sus sililbas
o en su c~nnotacion racional. Es el problema de Tales de Mileto como símbolo del filosofar; y es, con mayor precisión histórica el problema de Anaxi
mandra
·
'
. '. en qmen.
se lee por primera vez el vocablo
Principio. El audaz~esasuruento sensorial, pudo valerle el hallazgo feliz del vocabl0 ,
'
a11cieo,,, No
l
,
.
aex11 para su
. .
.
es, c aro está, que nos decidamos por una declarac1·ón del p .
c1p10
· · ·
, . o de Ios p nnc1p1os,
como elaboración exclusivamente filosófica El nnposito
se
salva
y
tal
vez
.
.
·
prop. . .
d'
con mayor exactitud,
Sl se considera la cuesti6n del
?nc1p10 y e los Principios como una primaria intuición ligada I alm
mlSlJla de Grecia
•
, encuentre satisfacciónª con ela
. '. &lt;:° }a que lo racional
solo
h 11
a azgo del PnnCJp10 o de los Principios.

TEOLOGÍA DEL VOCABLO PRINCIPIO

Las acepciones del vocablo Principio son tan diversas
l
'di
¡
, en e uso oot.J. ano y
' que e pretender enumerarlas aquí resultaría impertin t C
esta
• d
en e. on
voz se enc1en e la claridad del mundo. ~nua~--. . E , - .
P. . .
J • .., n , ..a , ,,, aexv in

en el cultural

~ncipio,

en el princip_i~, Dios crea el cielo y la tierra. No cabe signifi~d

0

mas temporalmente
,
Princi
.
. ongmal, y genes1aco
que el denunciado por la palabra
p10 en el primer vers1culo del Pentateuco. En el propósito de M . ,
como coautor del Génesis, el Principio es una exigencia lexical d
~lSes,
puramente tem al
d .
e caracter
.
por ' que a qlllere recto sentido al referirse a l b
d
perosmq
1p· ..
aoracreaa
.
ue sea e nnc1p10 señalado el que la oriaine f d
,
plique Es
'
1p · • .
o-· , un amente o ex.;
mas, e nnc1p10 respecto de un término es explicable en una
relac1on en la que lo principiado participe del fundamento que se
~ al
para establecerla; fundamento que --como
b
.
sen
e
sito bíblico El " · · · ,, d 1
es O vio--- no cabe en el propó"principio". del Epnnc1li~1od Se Génesis, no guarda relación alguna con el
vange o e an Juan.
San Juan en el primer ver.iículo y en el segundo de su Evangeli alim
el v~~ablo "Principio" oon luces de eternidad, en cuanto o u:~to enta
opos1c1ón de distinción- al de temporalidad del G, • E 1 p
_-con
versículos de San J
. . . enesis. n os dos pnmeros
. . .
_uan, el Verbo como Pnnc1p10, no está sometido en cu
Pnnc1p10, a causalidad ni eficiente ni final. al paso
1 cread '
anto
ci ·
'
¡ G, •
'
· que o
o en el prin
p10, segun e
enesis, no puede desprenderse de una l . ,
con el ser que es sin p · • .
re acion trascendental
.
.
rmc1p10, y no es en el tiempo,·
tiempo, mientras el tiempo sea.
aunque sea ya con el

U na alusión al Principio, como explicación mtelectual
.
de la no imposibi• Meta/. V. l

y

2.

83

82

�lidad del Misterio tnrutario revelado, la creemos también conveniente, siquiera sea en breves lineas. Principio es el Padre y el Hijo. El Padre respecto
del Hijo, y el Padre y el Hijo respecto del Espíritu Santo. No aduciríamos
aquí el significado de Principio en las relaciones trinitarias si no fuera porque
cabalmente la razón de Principio, en su depuración conceptual, es el que
toma inteligible a los hombres el Misterio maravilloso de la vida y ser de Dios.
El Principio no adquiere otro significado que el necesario al entendimiento
para admitir en una esencia infinita la distinción de tr pel'50nas, que se
constituyen por las relaciones subsistent de Principio y Principado, sin que
el Principio originador adopte las prerrogativas de causalidad eficiente, ni el
engendrado o alentado descienda a la efectividad de producido o causado.
Todas las acepciones que de la voz Principio pueden emanar, quedan ya
reducidas a un ordenamiento temporal o local respecto de lo principiado,
con la eficacia que esta preeminencia otorgue, según el género o categoría
ontológica d lo principiado, recorriendo toda la gama, desde la futilidad de
lo que se considera principio opuesto a fin, hasta la trascendentalidad de lo
principiado en atención a la gravedad de su Principio. Así -y por vía de
ejemplo histórico- Principio era el nombre clásico con que se designaba en
la Edad Media la primera lección pública que impartía un maestro, sin que
el vocablo adquiera entonces trascendencia doctrinal, sino tan sólo académica,
aunque -como es lógico-, en ese Principío se adivinara por su contenido,
estilo y resolución todo un sistema de ritmo y virtualidades distinta.,. Como
curiosidad valga la anécdota referida a Santo Tomás de Aquino y a San
Buenaventura, que en 1257 y en el mismo día y hora recibían del Canciller
Heimerico la facultad de enseñar t'I "Principio".

FILOSOFÍA DEL VOCABLO PRINCIPIO

Aristóteles acometió el estudio de lo que el Principio sea, en la Metafísica,
declarando sus acepciones.ª Me importa señalar que ha sido Heidegger el que
ha arrancado de esta citación aristotélica, para su estudio De la esencia del
fundamento ( o de la razón). El principio supone siempre ser en alguna manera origen. Y estas maneras de ser origen, Aristóteles las reduce cómodamente
a tres. El origen de donde se deriva el ser o la e.xistencia, el fieri o nacimiento,
el hallazgo o conocimiento. Es decir, lo primero de donde o existe, o nace, o
se conoce. Fundamento o razón de ser, de e.xistir, de ser-verdad en traducci6n
heideggeriana (Was-sciti, Dass-sein, Wahr-sein). Dando por supuesta esta po-

• Meta/. 1, 1013

84

si.~le divisi6n _trifásica de la vo-¿ Principio, con la que no se logra ocultar tambt~ ~a posl~le raíz común genérica, los filósofos han tratado de definir el
pnnc1p10 partiendo de lo principiado, después de haber sido éste declarado
establecido como sistema. En realidad la filosofía mode~ ha elaborad
y
d p · · ·
o un
con~pto ~ nnc1p10 en cuanto regla rectora suprema de los juicios, en dependencia kanuan~ Que es justamente contra lo que nos previene Balmes, y el impulso ~ue mov10 ~u deseo de publicar la Filosofía fundam ntal. ¡ no temiera
que el Juego abus1,·o de palabras desnivelara e ta exposición del tema, me atrevería a decir que podríamos entender en ese sentido también esta fr ..... d ¡
r61
"E
.
'
_._ e
P ogo:
s ?reci.so guardamos de que los errores que se han extendido por
m~a, se arrai~en por principios". Ya sé que no es é te el alcance de la exp~1ón ~almes,ana, pero sí cabe que nosotros le otorguemos esta interpretac16n, dejándonos llevar dt"I vocablo "principios" t&gt;mpleado por Balmes.

CARAcnRES DEL PRI ·etp10 v FUNDAMENTO EN BAL.fES

En_ Ja filosofía de Balmes la cuestión del principio y f undamcnto es la gran
cuest:tón. Por ~r la filosofía de Balmes, filosofía, la gran cuestión es la cuestión
del ser conocido, no la del conocimiento del ser; es la cuestión del fundamento. Por eso el prob~a es ineludible e inesquivable1 para el filósofo y
P_ar:3" el que no lo es. La filosofía es todo menos imaginaci6n, porque el principio ,Y fundamento que busca el filósofo es el de la realidad, que pean~
necera i:ev~l~a u oculta, pero que no por oculta deja de ser.
El pnncip10 Y ~~darnent~ de nuestros conocimientos ciertos no es, para
~es, un_ con~cnto prunero cierto, del que se deriven los demás. Me
mte_r'7~ dejar bien clara esta afirmación. La filosofía de Balmcs rechaza la
posibil•~~d ~e. _que un conocimiento cierto, el que sea, tenga fuerza de
emanaoon v1vif1cante de los demás conocimientos. Lo cual no quiere decir
que
ontol6gicamente una fundamcntaCI·'on rea t, como
. los
. . seres no reclamen
.
1
1
pnnc p 0 s~premo mcausado de existencia. Ahora bien, ese fundamento absoluto no sera, en Balmes, el principio y fundamento de nuestros conocimientos
Y e5te es un primer punto que le separa no sólo de cualqujer ontolocrismo.
0
declarado, smo
·
•
tamb',
1en de Descartes. En rigor, Balmes busca el principio
Y fundamento como principio fundamental, sin que sean ya separables los
dos conceptos.. La inmersión de Bahnes en la filosofía del ser es clara sin
que la enturbien las superficiales consideraciones sobre el ~olasti · ' (
no se l ti .
) d I
cismo o
en e O as CJSm~ • ~ pen~i':°t? de nuestro filósofo. Balmes no pretende
con~ un pnnci~10 de 1.ITad1ac1ón, sino un fundamento focal iluminante.
no aspira a descubnr la semilla fructificante, sino el cimiento básico.
'

a 17 iig.

85

�Este cimiento básico, principio y fundamento tn la filosofía de Balmes, no
es otro que el hombre en cuanto hombre. Al expresarlo así, demasiado me
percato de que no se encuentra en Balmes la expresi6n · y con todo, es
esta expresión la que, a mi entender puede tomar inteligible hoy, de una

manera clara y fiel, el pensamiento de Balmes.'

EL SENTIDO CO 1 , • COMO PluNCJPIO Y FUNDAMENTO

Lo que acontece es que Balmes el hombre, la persona humana, no agota
sus posibilidades en el principio y fundamento !undante de la filosofía. Cuando
se ve obligado a señalar este principio y fundamento fundante, descubre lo
que llamará sentido común. Expresión riquísima de contenido, y que tan
torpemente suele ser interpretada por quienes, idealistas o no, pagan tributo
a Hegel, a cambio de considerar la filosofía como una concepción del mundo
contraria o contradictoria del sentido común.
Si bien se entiende, toda la filosofía -incluso la de Hegel- es una pretensión por encontrar, en lo que Balmes llamara el sentido común, el criterio,
principio y fundamento de las ideas, de la verdad, de la certeza y de la
realidad. Porque Balmes otorga a la palabra sentido su valor de elementalidad primaria incondicionada. Difícilmente se puede expresar mejor que como
el mismo Balmcs lo dice. ''Sentido: esta palabra excluye la reflexión; excluye
todo raciocinio, toda combinación, nada de esto tiene cabida en el significado
d la palabra sentir. Cuando sentimos, el espíritu más bien se halla pasivo
que activo; nada pone de sí propio: no da, recibe· no ejerce una acción,
la sufre. Este análisis nos conduce a un resultado importante: el separar del
sentido común todo aquello en que el espíritu ejerce su actividad, y el fijar
uno de los caracteres de este criterio, cual es el que, con respecto a él, no
hace más el entendimiento que someterse a una ley que siente, a una necesidad instinth-a que no puede declinar''.ª Demos de mano el acierto o la
impericia del vocablo para designar con él lo que Balmes intenta. Lo cierto
es que la palabra deja al descubierto los rasgos y peculiaridades de que go:za
un principio y fundamento. o es una necesidad necesitan.te, para decirlo
en términos bárbaros, sino una necesidad exigida por el hombre en el ámbito
del ser, de su ser-cm-el-mundo, de su existencia espiritual. El vocablo "sentido",
• De todas formas, serán muchos 10.1 autorcJ que lean en Balmcs frases que autoricen y hasta exijan nuestra afirmación. La primera de las Cartas a un 111dphco es

explícita y significativa en este sentido.
• Filos. Fvnd., libro 1, cap. XXIII (Ed. Casanovas, XVI, pág. 315).

86

tal como Balmes lo usa en esta cuestión b .
. . . .,
a la que
le atribuye cuando se 1
·a' o llene una s1gnif1cac1on opuesta
d
e conSJ era como térm'
d la
.
e los órganos sensoriales. eñala la cond' .,
mo ~
operact6n
"idad intelectual el reconocimiento d 1 ;e1on natural o esencial de la acticomo disparo de' la naturalcz
. . eal eseo natural de saber del hombre,
Y no como íructifi 'ó his
de un nivel cultural El · · ·cspmtu
f
tcaCJ n
· tórica
del hombrc&gt;, y no ~go
)b' und.~en~o de la fiJosofía es lo humano
. . .
om re, ni siquiera particul d l h b
un pnncip10 de connaturalidad
., .
.
ar e . om re. Es
,
{
, no apnonco m aposteri6 ·
y
as1
undamemalmente inemplazable.
neo.
por serlo

ª

;n:;iro

Lo mismo acontece con el adjetivo comú
. . .
estar en la órbita del ser
. rsalm n. El pnnctp10 y fundamento, al
, es un1ve
ente necesari
b' .
superadas las difcrcnc1·as di "d al
. o y o Jetivo. Quedan
Vl u es para qued
b' •
universal, principio )' fundame to p
ar o Jetivado como criteño
ridad de las dificultades d 1 1~ . . arece ser que Balmes se percató con cla. 'bl
e exico, y se revuelve contra l ob. .
\.'lSl es por la expresión adoptada "P
.
as Jeciones preen el hecho: sentido comun'
.
ocol 1mporta el nombre si se conviene
sea o no a expresi6
1. _
d
ficarlc, es cuestión de Jengu .
d .
, n ma;i a ecuada para signi.
ªJe, no e filosof1a Lo q
d bem
examinar si en efecto existe esta . 1·
'6
.
ue e
os hacer es
me maci n de que habl
b ·
mas se presenta, a qué caso se a lica . h
,
amos, ªJº qué Corpuede ser considerada como criten' pd
)d asta que punto y en qué grado
.
.
o e vel' ad" e y líneas , d 1
s1 temiera que en la expresió
·
roas a e ante, como
"P
n se van a enredar los crít"
. .
or mi parte no disputar' d
b
.
icos,
ms1ste reiterativo:
1
nada má n el terreno de ~ fiel paf,ª ras, consigno el hecho, y no necesito
1 oso ia. • Como quiera
·
·
nada unporta". &amp;tos temores de Balm~ d
' rep1~0 que el nombre
la C.~'Pr~sión, son los que nos delatan has e ser ,mal entendido por culpa de
e1 pnncipio y fundamento.7
ta que punto él calaba hondo en
m·

EL SE TIDO co MUN
,

Y EL HOMBRE

Ahora bien, ~sta ley fundamental del es íritu h
hombre como vida espiritual co
. _P .
u.mano es, en Balmes, el
'6
, mo sentimiento psicosomáti
.
.
cxprCSI n, como realidad ontopsicolóoica
"
. lin . co, si cupiera la
o· , como me ación natural de n ues• Filos. Fund., libro I, cap. XXII (O. C Ed C
' El tema ha sido tratado desde otros ~ 1. asanova$, XVI, pág. 316).
Como fue~ estabilizadora de la filosofia b~os,_ y a \ 'CCCS c~n au!oridad y acierto.
(en Pensamitnto, núm. extraordinario 1947 CSl3lla, lo estudió Miguel Flor1, S. J.
lana, que sigue al del p Flo ,
1 , d
'. pp. 39-72). El estudio de Marcial Soced
,_
·
n , Y os e Ftdel García y Ca.mil
.
·
en,_ cst= escritos con análoga preocu ación
o ~era que le prefcrtnCJas pronunciadas coa ocasión del p
. . El tema fue predilecto en las concentenano de El Crit,rio; por la índole de

87

�tro espíritu", dice a la letra Balmes. Nos encontramos, pues, con q~e ~l h~~·

bre asiente a la verdad, encuentra el criterio de certeza en una in~l~a?ion
natural de nuestro espíritu. Que este criterio de la certeza _sea el pnnctpio Y
fundamento aparece ostensible en la flexibilidad del lenguaje de 13almes, que
· distintamente en los capítulos del libro 1 de la Filosofía Fundamental
usa in
. . • f dam tal principio de la
)as expresiones de primer pnnap10, pnnap10 un
en ,
evidencia, en sinonimia con el criterio de certeza.
· · t
mo testimonio de la
El principio y fundamento fundan el conOC11IUen o co
. .
verdad y critério de certeza. El conocimiento fundado es un conocimiento
originado en el sentido común, no por el sentido común. F~damento _en
la inclinación natural del espíritu, no por la actividad reíle~va, sen~~nal,
estimativa O volitiva del mismo. Surge el hombre en su radicali~ad_ espintu~l
como verdad verificada en su inexorable potencia, en_ su_ ra~cahdad rad~·
cada, en la evidencia inmediata de sí mismo como mclm~c1ón de ~~tl•
miento. Es la irrequietud, la relatividad inmanente, la abaheda~, la hrutud
que se trasciende r,or exig&lt;&gt;ncias de la realidad que es y se impone por

sí misma.
EL

SENTIDO COML'N Y F.L DESEO NATURAL l&gt;B SABER

Cualquier tentación psicologista de entender el principio Y fundamento
eda radicalmente superada por Balmes desde el primer momento. ~u~stro
:ósofo percibe como sentimiento fundamental la inclinac_ión. de ~ent1m1ento
a "verdades", prescindiendo de las verdades a las que la mc~mac1ón nos conesas verdades.
d uce, Y negan do que sea la inclinación la que haga· surglr
li nac1'6n natu ra1 d e
a
a
solas
con
el
sentido
común
como
me
Balmes se qued
· · ·
f
' ·tu para descubrir en él por profundidades, el pnnc1p10 y unnues tro espm ,
'
.
en su 1 od amen to. Ah ora bien, Jo diga o no Balmes, una cosa es. evidente
• •
f d
t
sofía: la inclinación natural de nuestro espíritu como pnnc1p10 y un am~ o
verdad de la filo•
d e 1a ver d ad en filosofía es primera, primordial y suprema• clin
., dl
'
sofía. La filosofía se funda en una irresistible y universal m ac1on e esp1.
.: .. a la verdad a una verdad, o a unas verdades con las que la
ntu a asenLU
,
.
.
•
•ali
inclinación del espíritu del hombre satisfaga su exigenc1a sm mate1: zarse,
el hombre as1ente ha
defrau d arse, engafuuse O anularse. La verdad a la que
.
b'
da
de revalidar la inclinación natural que el hombre siente por su usque ,

n

. 'd • argumental merece citación explícita la de Ramón Roquer. Nosotros
coinc1 en era
·
.
b·
hemos ensayado una interpretación actualizante, dando lo escrito por otros por sa 1-

hasta tal punto que una verdad que invalide esa inclinaci6n, o la depaupere,
no será una verdad, sino una apariencia de verdad, o una verdad alucinante
o alucinada. Desde Juego no será una verdad primaria fundamental.

LA

VERDAD FUNDAMENTAL FUNDANTE

Balmes no se ha contentado con exponer su doctrina encerrándose en el
silencio claustral de sus meditaciones especulativas, en soliloquio intelectual,
sino que ha llegado a esta conclusi6n después de un recorrido histórico. Cuando
en el análisis de este discurso Balmes insiste en matenerse fiel a la espontaneidad del género humano, no lo hace por un descrédito hacia la historia
de la fiJosofía, como si la filosofía labrara con la historia su mausoleo sino
'
como testimonio de que el filosofar supone una perfectibilidad variable, ardua,
y desnivelada a veces, del ejercicio natural e instintivo del espíritu humano.
No infravalora Balmes la investigaci6n técnica de la filosofía, sino que la
humaniza enraizándola en la naturaleza humana. Con otras palabras: la
filosofía es resolver en evidencias intelectuales personales, las verdades innegables en las que se está, por el mero hecho de existir humanamente. Si esas
verdades en que se está, no son las innegables del existir humano, sino acumulaciones históricas, o subsunciones culturales, o precipitaciones vulgares,
entonces la filosofía cumple su misión retrocediendo el análisis a la verdad
primaria. Es decir, desvolviendo la flecha al arco desde el que se dispar6.
Concretamente a la inclinaci6n humana natural de saber, como verdad fundam~tal fundante. Por eso el escepticismo como toma de posición relativa,
~fenda a esas acumulaciones históricas, subsunciones culturales o precipita•
oones vulgares, es virtud filosófica. Pero el excepticismo como negación o
duda del sentido común en cuanto inclinación y ley del espíritu humano,
no es s6lo la negación o duda de la verdad, es también la negación de la
filosofía misma como posibilidad. Balmes con su doctrina del sentido común
rectamente entendida como principio y fundamento, se presenta en la his-'
toria de la filosofía como el fil6sofo "sensato" por antonomasia, como el
"Doctor Humanus", que quería Pla y Deniel, como el cimentador de la
filosofía "perenne" sobre un principio humano perdurable, mientras el hombre sea considerado ser espiritual con capacidad viva vital de verdades. Balmes
-parecerá curioso pero así es- merece de la escolástica el más encendido
elogio, ya que en él cobra sentido filosófico que Santo Tomás de Aquino
pueda ser llamado en verdad "Doctor Communis".

do, no por relegado.

89
88

�EL PIUNCIPIO Y FUNDAMENTO, PROBLEMA INELUDIBLE

Es preciso observar, llegados a este punto, que Balmes se ha decidido por
su tesis, ante los fallos que advierte en los principios fundamentales enseñados por otros filósofos. En primer término, entiende que el principio y
fundamento ha sido el gran problema de los filósofos, obedeciendo el planteamiento de la cuestión a una exigencia de la realidad que implacablemente la
presenta, y a una instancia inexcusable que reclama el entendimiento. El
principio y fundamento en el orden de los seres, y en el orden intelectual
universal, se identifican en cuanto a la inexorabilidad de su instancia; y quiz.-í, -pero esta afirmación ya no es balmcsiana, la anterior sí ª- también en
un orden supremo de inteligibilidad. Siempre que algún filósofo respeta o
adivina lo que Balmes llamará el sentido común como principio supremo,
merece comprensión y aqui encía en la apreciación de nuestro autor: siempre que algún filósofo, por loado que sea en cuestiones determinadas, desecha
ese criterio, Balmes
ntreticne con fruición en disolver sus a.J'!!Umentaciones.
Así se comprende cómo dedica páginas de crítica justa e inmisericorde a Fichte,
a Schelling, o a Leibniz, y reconoce puntos luminosos -son .sus palabras 11en Kant, y motivos de acuerdo en Descartes. Puntos luminosos en Kant, porque el fil6sofo alemán se fija en el sujeto, sin destruir la objetividad en el
mundo interior, es decir, la objetividad c.-xigida por el mundo interior; acuerdo
en Descartes, interpretando su principio fundamental no como raciocinio o
entimema sino como sentimiento de mi pensamiento que me hace sabedor de

me~ológico seguido por Balm , pues recorre nueve capítulos de la Filoso/ia Fundamental hasta llegar al principio conclusivo del sentido común,
pero no parece aventurado señalar que s el sentido común como principio

Y fundamento el ~u: ~e orienta y presta armas para invalidar los otros. Si se
otorga a otros pnnc1p10s el carácter de supremos y fundamentales es porq
se fundan en la evidencia, y por ser evidentes son verdaderos. Ahora bie:c
~!mes no en_cuentra _en la evidencia un criterio supremo de la verdad obje~
bva de Jo e,1dente, smo en el irresistible instinto de la naturaleza d
·d
l
tal , .
e consi
erar
o
como
:
mstmto
que
es
previo
a
la
reflexión.
En
la
impo
'b'lid
d
d
,
.. ,
s11 a
_e pensar que se ongmana de no admitirse el principio: imposibilidad imposib~e en. el hombre. En la satisfacci6:i intelectual aeJ hombre al admitirlo;
satt'1Íacc16n connatural y cocsencial al espíritu humano.
Cualquier principio fundamental que no sea el instinto intefoctual nos revela_ lo que hay, o que algo se da, pero sólo el instinto intelectual es O se
da siendo. Este instinto intelectual es un becho con d'1c1onante
·
'
queramos
o
no, n~s _percate~os de ello o no, fundante de cualquier activid~, inclwo de
la act1V1dad m,~a de la conciencia intelectual. Este instinto intelectual es
un~ ley que ~bliga con irre i tibie impulso, pero no, por irresistible y neccs:mo, des~reciable en el orden moral. Tiene de instinto lo que tiene de p·ntual e intelectual · La neccs'd
· rsal'd
. . .
es 1
1 ªd , unive
I a d y ob1et1v1dad
del sentid
común_ le co~vierte
infalible. La ª'Plicaci6n de esta infalibilidad ued:
descu_b,erta s~ se advierte que no se amplía su contenido más allá d lq
perrrute y CXJge la consignación d 1 hecho.
e o que

~

mi existencia.'º
Es la no di tinción entre el espíritu y el pensamiento, el pensamiento como
es ncia del alma y la cscn~ia del alma como idfotica a su e.xistencia, lo que
atraía a Balmes. Es este encuentro del hombre consigo mismo en la raíz
piritual de sí mismo que es el pensamiento, lo certero que Balm · cree
de.c;cubrir en los trabajos idco16gicos impugnables de otros filósofos.

EL PRlNCIPlO Y FUNDAMENTO V LOS PRINCIPIO

Y AXIOMAS

Abra:zaclo por Balmcs el principio y fundamento, se sirve de él para descubrir la subordinaci6n que le deben otros principios que son considerados como
primarios. Ya sé que esta afirmación mía supone una rcversi6n cn el orden
• Fil. Fund., libro I, cap. IV; ( O. C. Ed. Casanovas, XVI, p. 45).
' Fil. Fm1d., libro I, cap. VII; (O. C. Ed. C:uano\18J, XVI, p. 70).
" Fil. Fund., libro I, cap. XVII; (O. C. E-d. Casanovas, XVI, p. 167).

90

EL PRINCIPIO y FUNDA fENTO y LAS VERDADES

El ~tido común, como principio y fundamento de la verdad y de la
filosof.1a, l;v:inta un problema acuciante y gravísimo de incaJculables conse
~uencias. nmero, parece que habrá ~ue afirmar que las realidades ue ~
él
l se fu~den no ostentan otra autenticidad que la que el espíritu h~man 0
es collSlcnta. .Segundo' que e1 espintu
, • h umano es la suprema realidad
trc
todas las realidades auténticas o presuntas. Convendrá sin
b
en
ceder con cautela
.
'
cm argo, pro,
. o es que no quepa afinnar la existencia de realidades
~as altas que la, ~el espíritu humano. AJ contrario. La peculiaridad condicionante ~el eSJ:&gt;1?~ humano depone en contra de su incondicionalidad
dela~a la Jm~s1b1lidad de ser concebido como espíritu absoluto El
y
~n:un denuncia la pcrfectfüilidad de la naturaleza humana com~
sci:i do
m trmseca esencial L
,
una vutu
. · .º que s1 parece seguro es que incluso esa realidad abso1
uta es cognoscible mtelectualmente -y me atrevería a deCI·r que también

tid

91

�moralmente- en el grado en que queda descrita e inscrita en la 6rbita del
sentido común. Si se separa de esa órbita, el hombre no obtiene de ella un
conocimiento humanamente fundado. Como también parece seguro que las
demás realidades son intelectualmente conocidas, en el grado en que reciben
la radioactividad del espíritu humano. Partiendo desde el núcleo del instinto
natural.
Al aceptar el sentido común como principio y fundamento de veracidad,
el conocimiento filosófico no es que luego agrande, o ensanche, ese campo
de verdades, sino que transporta a un plano de inteligibilidad superior las
verdades que se presentan como innegables e impone las rectificaciones que
la reflexión convence. Esta transposición y rectificaciones no prueban que
el instinto intelectual sea pobre o falaz, sino que muestran los límites de su
vigencia y efectividad, reducidos a los de puro testimonio vital y existencial
irrecusable; manifiestan el carácter de fundamento, cimiento y base indispensable no necesariamente el de semilla. Es principio, no causa; es fundamento
condicionante, no elemento concurrente; es un impulso natural irresistible
y obvio, no un camino tendido y prolongable. Estas peculiaridades acercan y
distinguen, a la par, al filósofo de Vich de otro pensador también sorprendente, Antonio Rosmini, que por las mismas fechas manejaba un hacha de
luz con análogas preocupaciones filosóficas y sociales, europeas y cristianas. 11

SENnDO COMÚN Y CONSE,NTIMlENTO UNIVERSAL

La distinción y diversidad radical que Balmes establece entre el sentido
común y el consentimiento común, nos ofrecen un testimonio elocuente de
la carga intelectual que deposita en su principio y fundamento. Señalar el
consentimiento general --en latín, con tentadora confusi6n, sensus communiscomo principio y fundamento de la verdad, es abrir una sima, en la que
Ja verdad queda no cimentada, sino sepultada.ª Precisamente el consentimiento común -si quiere aspirar a servir de criterio filosófico-- supone el
sentimiento individual, el testimonio de la conciencia personal, condicionante
Véase MuÑoz ALoNso: Antonio Rosmini, fil6so/o europeo, en O,b¡¡ Catholicus,
6, jumo, 1960, pp. 481-494. Sería interesante un estudio comparativo del "sen·
tido común" de l3almes y la "Fórmula" de Luis Vives, como "razón superior", como
anticipación informativa auténticamente humana. Quizás nos trajera la sorprei.a de
una constante en la Filosofía ellpañola, mantenida y prolongada por los filósofos catalanes, y desdeñada por la que se ha dado en llamar infundadamente "Escuela de
u

m,

Madrid".
,. Fil. Fund., libro l, cap. XXXIII; (O. C. Ed. Casanovas, XVI, p. 329).

92

de cualquier otro criterio. El consentimiento común sólo tiene valor en la medida en que se admita, como único primario, el sentido común; ya que es el
sentido común el que se identifica con el testimonio de la conciencia y con
e] de los sentidos, sin que por ello se otorgue a ]as particularidades "testimoniadas" valor prejuicial. Balmes, en unas frases con tono de aforismo
ha expresado lúcidamente su pensamiento y el alcance de su toma de posi~
ción. La garantía del acierto de cada uno no está --como creyó inexplicablemente Lamennais- en el consentimiento de la totalidad; sino que la razón
de que convienen todos es que cada uno se siente obligado a convenir. 13

SENTIDO COMÚN y FILOSOFÍA

El sentido común humano es equivalente a naturaleza espiritual en acción
si es que la voz misma ''naturaleza", en el sentido de rigurosa indetermina~
ción determinable en que aquí la usamos/' no comporta ya una tensión intrínseca y originaria operativa. La certeza es una calidad aneja a la vida
coro~ ~~idad radicante, como expresión natural de la persona y por eflo
el ~~c1pio y fundamento de la verdad para los hombres ha de ser una peculiandad de la naturaleza humana personal, previa a cualquier enunciación
concreta. El sentido común es la evidencia natural y la conciencia mmediata
de nuestra realidad espiritual, con las servidumbres de su individuación en
la materia. La reflexión sobre el sentido común no prueba, sino que comprueba; no demuestra, sino que muestra; revalida su razón de principio y
fundamento. La razón es, al fin y a la postre, una manifestación extensiva
del instinto intelectual, del hábito intelectual no aprendido. Podríamos decir
que en el mundo de la razón nos conocemos unos y otros, en el del sueño
nos desconocemos unos de otros, y en el del sentido común nos reconocemos todos.

Este reconocimiento, en virtud del sentido común como principio y fundamento, afecta a la filosofía en la raíz misma de su concepción. Es el
surco donde florecen las verdades primeras, donde cobran seguridad los primeros principios y los axiomas supremos. Si el sentido común como instinto
intelectual, corno trascendental del espíritu, es el criterio ineludible y cimentador, la filosofía es un patrimonio común del que sólo usan algunos
u Fil. Fund., libro I, cap. XXXIII (O. C. Casanovas, XVI, p. 331).

u Este
.
. d e la pa Iabra " naturaleza" ha sido puesto de manifiesto
. sen tido pnmar10
por. He.idegger: Von Wessen und Begriff der Arút6teles Physik B. 1 (Ed . "Il p ens1ero
· ",
Milán, 1960; de un manuscrito de Heidegger.

93

�hombres, y del que abusan otros al pretender que el filosofar comience adensando tinieblas, como si hubiera de proseguinc sólo cuando se incineran las
verdades elementales, sin las que el hombre no es ya una verdad, sino, si
acaso, una genialidad absurda. El sentido común no es una resoluci6n de
superficialidad, sino el primer documento humano de autenticidad. Hasta
tal punto resulta cierta esta apreciación que, partiendo de él, como del principio y fundamento, la razón pueda alcanzar cimas que parecían inaccesibles,
y descender a profundidades insospechadas, recorriendo unos itinerarios que
sólo muy pocos son capaces de escalar, por muy a mano que tenaan Ja
antorcha con la que hayan de alumbrarse, bien porque Jas sombras que esa
luz proyecta, o el tener que mantenerla siempre en alto, descansa, fatiga, o
aburre, bien porque entorpece otro género de actividad.
Cuando Balmes nos dice que no quiere estar reñido con la naturaleza, y
que si no puede ser filósofo, sin dejar de ser hombre, renuncia a la filosofía
y se queda con la humanidad,ª está avisándonos, en suave ironía parad6jica, que al decidirse por esta toma de posición está siendo fiel a la vocaci6n
filosófica, renunciando. eso sí, al filosofismo como profesión de oscuridades.

"TAMBIÉN AQUÍ HAY DIOSES"

te .1U \·isíta al penMdo
... r, cosas que -por lo menos durante algú ti
d
tena para una entretcnid ch la Lo5
.
n empo- en ma•
.
ar ·
cittranJeros que quieren visitar al pensador es1
~ran ver o q.~ en el preciso momento en que -hundido en profunda medit.aci ,
piensa. Los v1s1tantCl quieren "vi\ir" esto, no para ser tocad
. onpara poder decir que han ,;sto y oído a alguien del cual a : :
cs6llpensard~ amo s6lo
un pensador.
•
,
o se 1cc que es

ª

En vez de &lt;'ato c-ncuentran los curiosos a Heráclito cerca d
un lugar cotidiano e insignificante. Es cieno q
ah'
e un horno de pan. Este
cli
al .
ue
J se cuece el pan . pero He á
to,
pie del horno, ni siquiera esti ocuoado en home.ar el pan. Está aru', , .
r •
te para cal t
y as1, muestra en ese lugar tan trivial toda la
umcamene.n ane.
ch d
.
La visión de un pensador con frío es
. ~
. estre ez e au vtda.
nante visión pierden de •
di
m ercsante. Lo, cunosos, con esta desilus.io•
inme ato ..u ganas de acercane mis Q ~
Este acontrcimicnto cotidiano Y sin gracia --e,
., que al gwen
. sienta
. . ¿ frío
u van
y sea ver t alll?
cerca ~e un horno- pue~e encontr.:irlo cualquiera Y a cualquiera hora en
en~a
casa. ,Para qu~ entonces ir a bll5Clr a un penMdor? Lo . .
.
u propia
· H ácl.
·
s vmtantes se disponen
tir. . er ,to percibe la desilmionada e unoSJ1.1&amp;
. ._._d en sus caras Reco
a par1
multitud basta la ausencia de una sensación esperada ara dete. .
n.occ q~c en a
a los r ciw llegados a \·olverse. Por eso los anima p . . ~ inmediatamente
con las palabras "También aqw hay dioses".
• Los mvJta «pecialmentc a entrar
CJ

,.:°

;nan

Esta, palabras colocan la "estancia" dd pcruad
.
tantes enten&lt;lieron estas palabras .
d.
or y su actuar a otra luz. S1 los visimme 1atamente -o
·
u
Y vieron entonces todo distinto a esta
aun 11• egaron a entendedasetta historia haya sido contada Y tr:.~uz~so no lo dice el relato, Pero el que
e~ q ur. lo qu relata proviene de la atmósfera d tn ;osotrosd-gente de hoy~ estriba
bufo aqu1" al pie del horno en este 1
1 e es pe.osa or _Y lo caractcnza "tamcia, todo actuar y pensar ;,
vu gar, do nd e todo 0 bJcto Y toda circurutan.
.
• n conOCI...,,, Y usuales esto es•
(
il
. .
sm peligro • normal) también aqut'
el ámb. , .
. seguro tranqu o • intimo
,
'
, en
1to de lo seg
(D
·
dad segun Plat6n y Carta sobre •l H
.
U .
uro.
octnna d• la verumanismo. nivcrsidad de Chile S F
22 1 ; la ,·enión es de Wagner de~ Reyna).
• · ·• pp. 219-

-~!:11'

A quienes e~te principio y fundamento de Balmes les siga par tiendo prefilosófico. cuando no afilos6fico, quizás pueda valerles la respuesta dada por
Heráclito a aquellos visitantes, sorprendidos y desilusionados de encontrarle
calentándose en un homo de pan: "También aquí hay dioses". También
aquí, y precisalJlente porque los hay aquí, cabe encontrarlos en otros raciocinios y discursos. 10 Con la notable diferencia de. que Balmes, al pie del
homo, está ocupado en hornear el pan de la verdad.
" Fil. Fund., libro I, rap. XXXIV (O. C. Ed. Casanovas, XVI, p. 347).
'" La historia la cuenta Aristótcks y la comenta muy agudamente Heidegger en
su Carla sobre el Humanismo. 'o no resistimos a transcribirla: ''De Heráclito JC
cuentan unaJ palabra! que habría dicho a unos extranjeros deseosos de ser recibjdos
por él. Al acercarse lo vieron calentándose cerca de un horno. Se detuvieron sorprendidos, ')' esto sobre todo porque fl les infundió valor -a ellos, los indeciSO!- hariéndol~ entrar con estas palabras: 'Tambifo aqu1 hay dioses'".
El relato habla por sí mismo; pero, no obstante, hay algunos aspecto que destacar.
La multitud de visitantes extranjeros -en su impertinente curiosidad por el pensador- está desilusionada y d~oncertada al ver, en el primer momento, lo que &amp;te e tá haci •ndo. Cree deber encontrar al pensador en condiciones que, contra la
usual manera de vivir de los hombres, lleven todos los rasgos de lo excepcional, de
lo raro, y. por consigufrote, de lo sensacional. La multitud espera encontrar, duran- '

94

95

�LA FENOMENOLOG1A DE LA CARICIA Y DE LA MUERTE EN
JOSÉ GAOS
DR. .AI.AIN GUY
Univers.ité de Toulowe
"Il ne faut pa.s dire que nous nous
af/irmons tels que nous sommes, mais,
au contraire, que nous sommes tels qu,
nous nous affirmons''.

JULES

LACHELIE.R

(Psychologie et métaphysique, Oeuures, I, p . 217)

NADm IGNORA LA GRAN INFLUENCIA ejercida en toda la Hispanidad por el
pensamiento complejo y matizado del filósofo José Gaos, el antiguo Rector
de la Universidad de Madrid durante la Segunda República Española que
es ahora profesor titular de la Universidad Nacional Autónoma de México;
como se ha dicho del desaparecido Vascoocelos, es, en verdad, uno de los
"maestros de la juventud de la América Latina"; es también un sincero
amigo de Francia y yo quisiera, en estas pocas páginas, pagar un poco de
la deuda de amistad que con él he contraído personalmente, como aficiona.
do del pensamiento de lengua hispánica.
Todos saben que este gran historiador de la filosofia (al cual se debe notoriamente la traducción de lS'ein und Zeit de Heidegger y de la Jntroduction a l'Ontologie de Lavelle), que escribe en numerosas revistas iberoamericanas y europeas, pronuncia frecuentes conferencias y participa en numerosos congresos, es el autor de obras profundas y copiosas, señaladas por una
poderosa originalidad y u.na vasta y generosa cultura universal. Basta citar,
entre otras, La crítica del psicologismo en Husserl; Filosofía de la filosofía
e Historia de la filosofía; Dos ideas de la filosofía (una interesante controversia con el neokantiano, Director de la Facultad de Filosofía y Letras de
México, Francisco Larroyo) ; Dos exclusivas del hombre: la mano y el tiem-

97
H7

�po¡ La filosofía de Maimónid s; El pensamirnto hispanoamerirano¡ El pen•
samiento de lt:1Jgua española (magnífico ensayo de interpretación de una
inmensa área cultural, .seguido de notables análisis de filésofos hi~pánicos
contemporáneos) ; En torno de la filosofía mexicana; Filosofía mexicana de

nuestros días; Un método para resolver los problemas de nuestro tien~po.
1A filosofía del pro/esor Northrop ,· Antología fílosófica. La filosofía gnega

mentada, c.xtraña a todo dogmatismo, y que parecen reunir en prioridad el
problema del destino espiritual y el de la vida perdurable...

•
Ocupémono p~mcro de la turbadora meditación de la caricia que encubre Do.r xcfu~i·as del hombre. La mano y el tiempo (México, Fondo de
~ult~ra Econo~1c::a, 1945). Según el filósofo iberoamericano, los dos pri\.1.lcgi~s caractensticos de la humanidad son la mano y el tiempo. ~uestra
erecc16~ sobre el suelo nos ha elevado definitivamente bre el animal; Ja.s
trcm1dades de nuc·tro miembros anteriores, que eran primitivamente patas, han llegado a ser manos. Ahora bien, como ha dicho Anaxáaoras el
hombre _piensa porque tiene una mano. Y la cultura de la ma~o0 nos' da
cuenta _f1.elmentc d toda la superioridad humana. Pero esta mano -que sir": d util para el obrero como para el actor ( recordemos las marionetas itah:mas d~ Podrecca) '. para el médico como para el sacerdote- alcanza, segun Jose Gaos, la cima de su \'ocación en el acto altamente humano de la
caricia.

( con una larga y sustancial introducción crítica). Más recientemente, han
aparecido Sobre Ortega )' Gasset y otros trabajos (de Francisco Romero a
Eugenio Jmaz o Luis R caséns Siches) y Discurso de filosofía y otros trabajos sobrr. la matrria ( tado a tual del idearium del maestro) .
Primero neokantiano, José Gaos no tardó en sufrir la intensa influencia
de Ortega y Gasset pasando así a la fenomenología. D spués la {recuenta•
ci6n de las Obras de Bergson, de Dilthey y de Heid~er, destruyó en él toda confianza en el ontologismo y en la axiología y lo condujo al raciovitalismo y al historicismo. Pero una tercera etapa de su reflexión le ha ~leva~o
ulterionnente a un agnosticismo relativista integral, donde ha descoto sin
compromiso las múltiples coordenadas, refugiándose en un ''personismo"
honesto y prudente, a medio camino del esencialismo y el existencialismo.
En un libro sugestivo, pero desiwal, titulado La crisis del historicismo: Caos
en Mascaroner, Jo ' ánchez Villaseñor d clara: "Como la mayoría d los
pensadores actuales, Gaos profesa la filosofía de la desesperación. Perdida l_a
fe en Dios y en la inteligencia, vaga e éptico y desilusionado por los canunos de la cultura sin esperanzas de encontrar una luz en el caos d opuestas
doctrinas". (México, Ed. Jus, l!H5, p. 140). Aunque contiene una buena
parte de exactitud tal juicio nos par ce sin embargo un poco exc ivo: el
pensamiento de José Gaos no es tan negativo como se pretende; sin duda su
itinerario lo ha conducido, por ahora, a una vi~i6n demasiado P' imista del
mundo; pero, a nuestra manera de ver, tomando la fónnula de Lcibrutz
relativa a la escolástica: "hay oro escondido" en esta tumultuo a mar'a de
ideas y de su1restiones crítica que constituye la obra del mac tro exilado y,
además, quién sabe si ha dicho su última palabra y ~¡ no ublimará, al contrario sus presentes incertidumbres doctrinales, para seguir el consejo dado por Wordswortb, de alcanzar esos finos campanarios que mejantes a

" fovimiento expresivo'' consiste, en substancia, en "pasar o deslizar suav_emenle la par~e interior de los dedos y la palma de /a mano por la superficie de u_11 obJ ·to" (p. 56) ¡ despierta el tacto más sutil y afecta a la vez
las scnsac1~nes ~te_1~as y las sensaciones internas del que acaricia; a pesar
d_e sus vanant&lt;' mfm1tas1 se trata de un movimiento unitario y bil'n caractenzado.

dedos, "pointed to Heaven" . ..
Para hacer ~tir precisamente hasta qué punto la especulación gaosiana
permanece abierta, receptora, y permite conjeturas obre sus futuros rum•
bos metafoicos, quisiera proporcionar aquí dos trows de la rica textura (sobre la caricia y sobre la muerte), que muestran c6mo Gaos tiende a reunir
el análisis fcnomenol6gico más escrupuloso con la gnoseología más ator-

La_ caricia se reconoce en notas específicas, que derivan de una tonalidad
cscnctal: "La suavidad del movimiento", su leit-motiv absolutamente indis..
pen~le. o se trata de apretar, sino más bien de ro?.ar. de de !izar in apoyar ni d~L~crse como lo ~1aría un torpe. ''Glissez, Mortels, n'appuyez pas!"
Los reqwS1tos de cal suavidad son enumerados y profundamente explicados
por José Gaos con una admirable maestría. Se necesita , en prun·er Jugar,

98

La caricia es "el más noble de los movimie11to.r de la mano, lo más noble
def todo
· 1 aquello de que la mano puede str su¡·eto" · (p • 49) • Es que, en este
0 icio, a mano es plcnament c!Ja misma; por ello, en fin se alza, d finitivame~~e sobre el uelo, para alcanzar el plano de la di Linción y de In altitud
espmtual; he ~uí por qué, in duda, empleamos de buena gana las palabras de la '6f am1ha del verbo "acariciar" en un sentido f 1'gurado, ya que haal
c~os usi n_ a las cosas _más delicadas y finas o a las actividades más pre~osas (por eJemplo, se dice que "se acaricia una idea, un deseo, una ilu.
si6n, una ~eranza"). Así corno el vuelo es lo propio del pájaro, la caricia
es lo propio del hombre.

99

�una cierta "morosidad"; el movimiento acariciante se retarda, sin ninguna
brusquedad; no deberá ser rápida, ya que, en este caso, apenas sería percibida por el interesado y no sería suficientemente asumida p&lt;&gt;r el agente;
su tempo tiene, pues, un paso suficientemente lento para alcanzar el "limen" de la conciencia. Además, y como por un correctivo de la nota precedente, la caricia debe ser "fugaz", es decir, no permanecer ~ tiempo,
sino más bien guardar el aspecto de algo fugitivo y momentáneo, casi desvaneciéndose e inestable; cada caricia debe ser breve, entrecortada, de manera que no fatigue, pero, al contrario, que suscite en aquel que es objeto
de ella el deseo de la reiteración; precisamente, tiende a la repetición sin
fin, a la insistencia perseverante, pero siempre ligera; es necesario interrumpirla, para p0der renovarla y prolongarla. Como escribe José Gaos, "la proverbialmente deplorada fugacidad de las caricias no se debe, pues, a la exigüedad de las superficies acariciadas. Es cierto que una frente, una mejilla,
una mano son superficies breves, pero la fugacidad de las caricias es requerimiento de la suavidad del acariciar. Un movimiento de la mano puede
mantene~ uniforme sobre una larga superficie, pero sólo si se pone una
atención, un esfuerzo especial, o todo lo contrario: si es un movimiento inconsciente: o poco menos, y automatizado, como el de quien baja una escalera deslizando la mano por un pasamanos corrido. Mas ambas notas se
opondrían a otras que debe reunir la caricia, como vamos a ver. La caricia
no requiere indispensablemente, en cambio, la repetición, la insistencia; se
puede hacer una sola caricia; pero tiende a la repetición, a la insistencia,
y la lentitud y la insistencia juntas producen el demorarse, la morosidad, en
el acariciar. Esta morosidad en el acariciar y la fugacidad de cada caricia
están en una relación a la vez de condicionamiento mutuo y de opo ición:
porque la fugacidad corta la caricia, porque hace las caricias entrecortadas,
se insiste en ellas, hay morosidad en el acariciar, mientras que, a la inversa,
esta morosidad corrige la fugacidad. Sin embargo, aun las caricias más morosas no son eternas, sino sentidas como espantosamente fueaccs rn conjunto. 'Fugaces caricias' es, pues, una expresión que subraya, no la normal fugacidad d cada carida, ni de todas las caricias, sino una anormal falta de
morosidad en el acariciar, o una anormal, extraordinaria fugacidad de un
conjunto de caricias, o figuradamente. el hecho de que unas caricias se hayan deslizado, y hasta demorado, en las superficies del cuerpo de una persona sin dejar reliquias ni huellas en su espíritu" (pp. 57-59). Así pues, la
caricia no va ni con la contención ni con la discontinuidad; supone una in-

tima y sabia mezcla de asiduidad y experiencia efímera.
La tercera nota de la caricia es su "suavidad"; esta suavidad es doble,
ya que se pide tanto a la mano que acaricia como a la superficie acariciada.

100

Se requiere, a su vez, la "lisura" y la "blandura" Un
11
vendría
,
,
·
mano ca osa no con. .
' porque raspana, harta daño, al menos irritaría la . I•
,
indirectamente el problem
• 1. .
.
pie , Y aqw surge
de su legítimo derecho d a soc1~: é ~ proletano manual no está frustrado
el privilegiado y el ociosoed:canc1ar J~ntegralmente y como se debe? ¿ Solos,
.
manos isas y blancas acaparan esta
aa superior de la mano amante;,. Nuestro autor no plantea aq ,consecuenl' .
mente la cuestión. pero volverá a ello
,
.
u1 exp ,c1t.ala cultura de Ja '
p
un poco mas adelante, a propósito de
mano.
. "hºtrsuta" no puede
ser d bºd
· · or otra parte' una supe re·icie
e I amente acanCJada · "no p d
..
llo" (p 59) s·
. , .. ue en acanc1arse las cerdas de un cepite 1 .
• i ~ qmere acanc1ar los cabellos es necesario extenderlos o
ner os en una rrusma dirección ...

ª

En cuarto lugar ";ene la •·adaptación" d I
J
ciada. Esta ada ta ·6
•
e ª mano ª ª superficie acarinada de la man: Cl n , e.,age, en consecuencia, una "disposición'' detenniy, rec1procamente, una "forma'' dete . d d di b
perficie. En una palabra hay una relació
h
nruna a e e a su.. , d
'
o estrec a entre la actitud o la
SJc1on e la mano y la situación o la estructura de lo qu
. . "Ded popalma h d
e acanaa
os y
.
an e ponerse extendidos, pero no del todo sino
..
cavidad que se ad t
,
en una cierta conEn f
ap e a 1a convexidad de la superficie acariciada" ( 60)
e ecto, no se puede acariciar nada cóncavo
p.
.
replegar los dedos hacia atrás.
, ya que la mano no puede
Una nota
· y humoral interviene enseguida. es la
"tibieza"
p d naturaleza
. . - té nmca
• ara acanc1ar la mano
la
...,...r: .
. .
·
un rad
I T
,
.
y
sut"".. 1c1e acariciada deben poseer
gd"
o
ca on ico y humoral intermediario entre la 4' quedad" )' la ''b
d
m a . o se requiere ni d
· ·
ºd
u~álisis de lo "viscoso", en
~~
~d {recué_rdese ,el pertinente
as, como el u
"
.,
.. ' e Sartre, el fr10 se excluye
no ya a una~err;a;:;,:Ouego. ¿Qmen aca_ric1aría a un lagarto, a una ran~
lor moderado ~na ca.. ~P- af6~ )b.radaSeOe&lt;:'CS1ta pues una cierta tibieza, un ca.
•
nc1a
te
, una cancia
.. enferma
o malsan
.
' quemante, . na
a, anormal. S1 se acaricia la f rcnte febril d
porque se runa su estado afiebrado, sino al cont . e un cnfenn_o_. no es
rarlo y tranquilizarlo E
. . rano, porque se qu1s1cra cu.
. n cuanto a una carioa fría o fr .
senudo O una contrad· .6
.
e.sea. es un contraat rroriza al
b_1cc1 n en los términos; toda caricia glacial aleja o
to, la qu es!uea :':ateto de_ ella. La t mpcratura óptima es a este respec, .
o camino ntrc los dos extremos.
En últtmo
lugar,
la
caricia requiere a la vez una complexión de la ma, d"
no -una ' istinci6n" que le permite cum 1'
.,
ta "cultura" de esta mano ta
.
pd tr su tarea y tamb1en una ciern ncamentc otada p
t na ascensión al r ino humano (po
.. , . l ar~ este m, se necC'Sita
r opos1c1on a remo animal )
1
d
seno el estadio humano ' s requin " un a mano mancipada in ¡ y, en
e
d la
ma Id icién d I tra.bajo'' (p· 63 ) ' g07an d de un desahogo suficiente
cuso e
y quizá

L'~:7:t ~~:::

r

°

101

,

�de la ociosidad. Para acariciar, la mano nece! ita ser refinada, educada, afinada, cuidada, en una palabra· hay, al parecer, oposición entre el trabajo físico y la caricia; el negotium (como decia León Brunschvicg) es incompatible con la plena ci ilizaci6n; sólo, el otium permite llegar al estado supremo del hombre superior; el trabajo parece antagónico a la facultad de acariciar. . . En el hombre librado de toda alienación, no solamente la &lt;' ·tremidad inferior d 1 animal se ha transformado en extremidad superior, sino
qu ha llegado a ser la de un hombr plenamente libre, a diferencia del
Entfrr.mdung qu pesa sobre el esclavo o sobre el A.rbeiter del que habla tan
ju tament
far.·. " 10 es Jimplementr. que. la mano pu,de acariciar, sino
que: es la posibilidad de acariciar lo qllC hact, lo que crea la mano" (p. 63).
José Gao se ocupa en guida de las diversas especies de caricia y sobre
todo de los div rsos fines que puede tratar de alca01.ar. Según él,
acaricia sea cosas (por ejemplo, ciertos escritores acarician devotamente sus manuscritos), sea animales (¿hay que 1ccordar a Colette y sus gatos?), sea
personas ( caso el más general). En cuanto a los íines, e posible di~tinguir
seis especies de ellos. En ciertos caso , la caricia tiende a calmar a un enfermo, a una persona afiebrada o aun colérica; se le pasa, en efecto, la mano
sobre la frente, tratando de tranquilizarlo. En otros casos se trata de consolar a un afligido; Por to se desliza la mano sobr las mejillas del que
llora, o se ''coge" su barbilla en el hueco de la mano. También cuando se
quiere implorar; tal es la actitud en la llíaila (Canto • 'XIV, 465) del viejo Príamo, suplicando a quil s le devuelva el cuerpo de su hijo Héctor y
tomando en sus manos us rodillas para inclinarlo a ello; se necesita, aquí
que Príamo sienta un mínimo de ternura por Aquiles, joven como lo era
antes su hijo; en una palabra,
indi pensable que haya simpatía entre el
suplicante y el suplicado. casi en el sentido de Max cheler -es decir. una
participación afectiva- o, al menos, en el sentido de Tol toi en Señor y
siervo o en La muerte de Ivá11 llilch; esto requiere una reciprocidad de
S&lt;'ntimiento , una correspondencia de sensibilidad. En cuarto lu ar, se acaricia para expresar -y sobre todo para provocar- la afección y el amor;
es la finalidad má común de ese poderoso movimiento rcprcs ntativo de
la humanidad más evolucionada; es lo que se con tata en los amantes o en
la madre acariciando a su hijo; y la etimolo~ía hispana permite además
acercar las palabras caricia y cariño; se acaricia lo que nos es "caro"; aun
e puede acariciar con la sola intención de procurarse un placer a sí mismo,
por un hedonismo espontáneo o reflexionado, y también con la de procurar
a su compañero una voluptuosidad del mismo orden. En fin, en ciertas almas bajas, la caricia tiene por fin engañar al otro y forzar así un servicio, un favor, una ventaja cualquiera; tal es la falsa caricia de los adulado-

res interesados;
es fundamentalrn en t e contra natur.1
.
• .
d o llllSDlo de la expresi6n no al f I
d
.. _, pues mvierte el senti.,
rm • a sean o el Juego d 1 ·
c1on de las r~
nPrsonas . Teru·da cuenta de esta pe
. , e1 afi mtercomunica.
de la caricia no es menos el d
d , 1
rv~1on, a mahdad general
irad
.
on e s1, e amor desmteresad
f
.
P
o por la a piración a la unidad hum
, .
.º Y ratemal, msdiversas. Esta raíz común n . "d d ~ ~ cosnuca baJo sus formas más
.
o unp1 e e nmgun mod 0 1 •
•
parucu.larc hic et nunc.
as mtenc1onalidades
Dcspu'e d e to r·mo análisis fenomeno16 ·cos J ,
blema de conjunto de la naturaleza 1 •gi .. , ~ Gaos plantea el procia. A los ojos del amn f1'l6sof
dy ·1ª- srgni/icaci6n profunda de la cari"d
º
o ma n eno la
. .
ti os del contacto (tocar gustar 1
,
~1cia pertenece a los senejercen a distancia (vist_a, 'd ) , o er~, por opo ic16n a los sentidos que se
, 01 0 ; en etecto d
d d 1
nudo dicho "explorador" p
• epen e e tocar activo a me.
• ero va más allá d 1 ·
'
sentidos funcionando a distancia. De hecho
e situarse en el plano de los
lo que se interpone vo1untariamcnt
e1' redpresenta en suma un obstácue entre
eseo v la
·'
retrao;o uevado libr mente al placer ue
.
~ posesion, es decir un
un dejar para después de un
1 ~6 ~ qm~re obt ner del otro; se trata de
,
a re ao n mtenc1 n l d l
.
tras q•~e el animal
derecho al coito I o a e a uru6n sexual. Mienlargo llempo. As1 e manifestaba en la
puede esperar y diferirlo
trovador y de los caballero C
1
•.
celia •I amor corte ano de los
· on a canc1a nace ¡ ·
· "d
dad , f'I senúmicnto de la d 1· ad
a mtenon ad, la intimi.
e lC eza y de la ret
·6
enudo propio y noble del térm"
y en una obseenci, n,
o sea del amor en l
mo.
·6
otra parte, un poco discutible o xtrañ J , n ac1 n que nos pareció, por
ment. porque la caricia no tiene
r f~ _ose ~aos pretende que, precisaespéc1 ' la Iglc~ia desconfía de cUpo l mmediato la reproducción de la
difícil comprender esto d
a y a reduce al mínimo necesario. "E
1
.•
e otro modo que suponiend
la
.
•
en a caneta al o perteneciente al rd
.
o que
Iglesia no v
0
•
n natural del am
·
,no Y pecaminoso" (p. 72) .
.
or, smo algo humad • .
· t o p1en a el maestro
SV1ac1on jansenistas o purita
,
' a este respecto, en Jas
de la Iglesia ("omnia vestra
ntas ma,; que en la doctrina tan equilibrada
h
sun , vos autem Chri 5ti") ? p
.
at más t ol6gtco que filo·ófico
b bl
•
ara
arbitrar el depro a emente no
··
hennosos trabajos del R p O .
,
s remitimos aquí a los
.
.
rai on ,;obre la !&gt;exualidad
ea lo que sea, debe reconocerse con José
.
en nosotros el espíritu. Por eso no
. _Gaos que la caricia testimonia
se acaricia verdad
.
una persona, es decir a un esp' .
eramcnte bien sino a
mtu encarnado
s6l
pucd r ponder y Corresponder La
. .
, porque
o el ser humano
·
canoa es pues
.
d e lo que en él mismo el homb
.
d
• .
• una expr 16n típica
. d
re nene e supenor· eman
úl.
tanc1a, . el pudor, dicho de otra manera, d e esta act',t d . a, en lima ins1
te, haaa la carne que
desea d"
.
u • icmpre ambivalen,
,
ar rentemcnte sm d d l
sabra respetar y sobrepasar en ciertos
u a a una, pero que se
casos. En otras palabras, man1·¡·1esta

"ª

E~a::b~

103

102

�. . to en nosotros de la interioridad, que se substitu.ye elall simurgple
el ad venumen
, .d de orgasmo· con
a s e
proceso biológico, automático o egóIS~,
o la piedad frente a lo bello,
.
l d
t tal de sí la admirac1on o
.
el altnusmo, e 0 ~ 0
, ~
f al
te el hombre llegará a no acanto bueno o lo débil. En el hnute, m men ,
· más que con los ojos. · ·
•
· · d los
aar
.
"b· . "Así llegamos a la invers1on e
Así el maestro no vacila en descn a~·.
~r sexual lejos de ser la caricia
ténninos: lejos de haber en to a cancta am
. .'
n en el amor se., d l amor sexual las cancras so ,
en general una expresion e
al ,E lugar de ser la caricia lo se.
d" t extra o suprasexu . n
..
:cual, un mgre ten e
1
l · tal es la propos1c16n que
al es lo no sexual en o sexua,
3)
xual en lo no sexu ,
• d
filosofía de la caricia" (p. 7 ·
,
o central y cap1ta1 e una
"
presentana com
dil' 1·1
blema mostrando que una
1c
liamente sobre este
pro
¡
l.
y se exp tea ·amp t e ual no es una ear,·c,·a.· es exclusivamerite una pa caricia cxcluswamen e s x
. . dos no carecen de fuerza.
.
al" ( 68) Los argumentos 10\:0Ca
"bili
pac,ón sexu
p.
.. .
s en los uc no existe ninguna pos1 En primer lugar, hay canc1~ en,;: madre ;cariciando a su hijo no tiene
dad de amor sexual; por_ e3emp '
ue
saña Freud}, como tampoco

ª~'.

nada de erótico ( c~n!ranamcn;u:a!ºo\ :objeto precioso {es el ca~ de
la persona que acanc1a a ~n .
el amante que acaricia a su
lns aficionados a los marfiles JªP_on~_es) i·d~d propiamente sexual, en una
compañera para calmarla, pero san li a.na t
encuentra aquí explícitamente
. . del
" . el pansexua smo se
.
"suspens1on
amor •
del amor sexual las can.
E
d lugar c\lando en e1 seno
. .
repudiado. n segun
1,, ( p. 68 ) · Se trata ' en efecto, de cancias
·
cías constl·tuyen "algo no sexua
sexual O a solicitar y suscitar
implorar y a provocar e1 amor
'
. al
d . d
estJna as a
e ecíficamente se.-.:ual. En el anun , por
el placer; no son de naturaleza "6sp
I va derecha a su fin: la cópula;
.
.sten. la atraco n se.xua
el contrano, no cx1
.
. rtan sobre la trayectoria del amor se. en el hombre se msc
d
por el contrario, .
al ,, od
te de complicaciones -to a, port, rmmo natur
t a suer
h .
xual ac1a
su ehasta complicac1oncs
. .
d"entes a hacer que no llegue, pre. rt
ten , .
. .
que se mse an , .
70 _71). Entre estas comphcac1ones,
1., (
cisamente, a su termino natura
PP· f erótico se cñalan en primer
.
entre el amante y su m
,
.
que se interponen
. t rpolación de oriundez e.xclus1vamcnte,
. .
e "son una m e
. d
lugar las canc1as, qu
1 .
.... un ser humano es doIDJna o
,, Cuando a a mvcr.-,
.
h
propiament. umana .
, 1
·me las caricias o al menos, las h.
su deseo sexua ' supn
,
1
exclusivamente
por, ·num es d ecir
. a 1o ·mdispensable destinado a obtener e
.
mita al estncto mini
•
.
de ningún incremento culfin normal de la unión camal, sm preocuparse

°

'

ue manifiesta la caricia es capaz de sobrevivir a la
or profundo mientras que el amor pu.6 d 1
es un am
'
consumac1 n e ac
. :
. tabl Se podría prolongar aquí la mer, · nt" s •,•ual es superficial e mes
e.

tural.

..

~
to fíStco

Este amor espmtual

!04

ditación de José Gaos diciendo que la caricia, hija del pudor, constituye la
traducción espontánea de nuestro respeto hacia los Valores que representa
el ~r amado, lejo de reducirse a un placer vano y fugaz que se tomaría por
sí solo. A la inversa de Sartre, que defme el amor
ual por la lucha sin
gracia y el deseo de poseer y de triunfar, José Gaos ve aquí ( en el fondo,
es verdad) una infinidad de ternura y reserva; apoyándose, de nuevo, sobre la etimología, opone los verbos "coger" y "acoger"; la mano no puede
acariciar sino guardando la posición cóncava, con la cual "acoge" el objeto
amado, en lugar de imponerse brutalmente como un conquistador; se trata
aquí de un acceso a la interioridad espiritual, es decir a la auténtica interioridad. De hecho, las cosas, los seres no-vivientes, no tienen realmente interioridad: es con la vida, es decir con el individuo, que comienza la interioridad, es decir la psique; pero los animales no conocen la interioridad completa, a saber: "la intimidad", toda e piritual, privilegio d 1 alma, de la persona, en una palabra del hombre. "La caricia es intimidad entre personas
como tales" (p. 79).
Esta intimidad, signo irrecusable del espíritu, no es una penetración material, sino más bien una "compt'nctración". un dulce cambio de ternura,
una intuición compartida, análoga diríamos a la Einfühlun({ de Lipps. Mientras que el amor simplemente sexual tiende a la unión camal, el amor matizado del que acaricia renuncia a la posesión y responde "al desinterés, dominio de sí, co11tención en si, continencia" (p. 80). En este sentido, la caricia es esencialmente púdica r no lúbrica: pero como lo señala José Gaos,
guarda siempre alguna ambivalencia, porque tiene, por una parte, tendencia a sobrepasar los límites normalmente impartidos a toda p rsona y porque, por otra parte, prueba también en pennancncia una vacilación fundamental y una o cilación que la mantiene retenida, trémula y temerosa. ccEn
toda caricia hay, en suma, un movimiento de tendencia hacia el objeto y
de retracción desde 'l. de entre~a ,, reserva, material y espiritualmente. Es
el movimiento que expresa con la mayor fidelidad. la repetición, Ja insistericia a que tiende toda caricia. La r petición, la insistencia, con su df'morarsc, con su morosidad, contribuye al ahondamiento, al intimar. y traduce lo
vacilante, insinuante, oscilante, reiterativo de todo trcmular, de toda timide1., de todo pudor'' (p. 82).
Gaston Bachelard pretende que el amor humano es un calorimo ( La
psychanalyse du feu); Jo é Gaos estaría más bien de acuerdo en que sólo
la uni6n corporal exige una fu ión de dos calores de parte de los amantes,
mientras que la caricia, símbolo y expresión de la unión de los corazones,
exige más bien "la fusión de las tibiezas" (p. 84) porque el espíritu, qu es
inmaterial y volátil, se funde en el del otro a temperaturas moderadas; ¿no

105

�es, por otra parte, "ferviente'' por naturaleza y no posee, ademási su calor
propio?
Entrando pues en el terreno de la caracterología, el maestro exilado trata de clasificar bajo el ángulo de la caricia los variados tipos de h~n_ibres.
Discierne primero las variantes cuantitativas: hay personas que acanci~ a
a menudo, otras que acarician poco, otras aún que absolutamente repudian
toda caricia (sin duda las que menos tienen condición humana). Reconoce
igualmente variaciones cualitativas: hay los que acarician poco p_o~ue están preocupados sobre todo por el amor carnal· hay los que acanctan _mucho, pero por mentira, a fin de obtener lo que desean se11.-ualmente, s~~ulando una ternura que de ninguna manera sienten; hay los que acanc1an
poco, porque se limitan a elaborar teorías sobre la caricia, c?~placiéndose
en ello, como grandes imaginativos que son; los seres más acanc1ados son las
mujeres y los niños, quizá porque son más humanos aún qu~ los hombres
y los adultos (¿es necesario recordar que Au~ste _?omt~ ~log1ab~ c~~ efusión "el sexo afectivo", en el cual veía la real1zacion misma del espmtu?) •
Para terminar, Gaos busca el "sentido último" de la caricia. "La caricia
-proclama- está hecha para la carne" (p. 99); se refiere a que_ sólo la
carne reúne las condiciones requeridas por ella de parte de su obJeto; en
resumen, debe decirse también que "la carne está hecha para la caricia".
Sin embargo, no se trata de cualquier carne, sino selectivamente de la carne "viviente", animada por el soplo del espíritu, la de los seres humanos. Haciendo de nuevo un llamado a la filología, el filósofo exilado relaciona la
palabra "carne" a las palabras "cariño" y "caricia", proviniendo todas del
objetivo latino "cams", querido, amado. Todas las cualidades específicas de
la caricia se resumen en una sola: ser tierna y, precisamente, el amor que
traduce la caricia es el amor de la ternura ( p. 101). El análisis de esta "ternura" está lleno de enseñanzas; su cimiento biológico es singulannente interesante: la came viva es tierna y suave por excelencia: sólo la rigidez
cadavérica viene a endurecerla, contra natura; normalmente, esta carne viva está dotada de una mezcla típica de dulzor y firmeza (o de consistencia, de turgencia) ; no es sólo del cuerpo femenino -forma acabada si la
hay- que Fran~ois Villon pudo decir:

Corps feminin qui tant es tendre,
Poli, souef si précieux . ..
Sin embargo, parece que es en el campo humano donde la delicadeza de
la came llega a su grado más elevado, gracias a la bondad de la cultura,
obrera de la suavidad. "La ternura es ese amor que renuncia a lastimar lo

106

tie~o de la carne, manteniéndose en esa suspensión inestable y deliciosa, dcliquwsa, entre la TE N o E N e I A hacia lo amado, esencial a todo amor, y la
n ET EN e 1 ó N ante lo tierno, esencial a este amor" (p. 101). Así la "fenomenología de la caricia" nos introduce en el umbral mismo de la "fenomenología del cariño" y de la ternura (p. 102).
Entreabriendo todavía sus perspectivas, José Gaos propone en fin toda
una filosofía fundada sobre este esquema luminoso de la caricia. Según él,
se pueden clasificar las diversas situaciones de seres en tres grandes etapas.
Al principio --o, sj se prefiere, en lo más bajo de la escala- está el contacto entre los objetos; tal es la rudimentaria "coexistencia de las cosas materiales". Más alto, viene el tocar del objeto por el sujeto. Tal es La "coexistencia de los seres vivos·•; sin duda continúa ésta sujetándose por el contacto, pero comienza a realizarse, además, por "las expresiones de contacto
y a distancia". En fin, es en la "coexistencia humana" donde dominan esta
vez las expresiones a distancia. Gracias a la vista y al oído el hombre se
limita a "contemplar'' de lejos el objeto, sin apropiárselo. Aq~í se afoma el
espíritu que toma sus distancias ante la carne. ''A la distanciaci6n material
del órgano del sentido respecto del objeto corresponde una distanciación espiritual del sujeto respecto del objeto y respecto de su propio cuerpo, carne" (p. 103).
En las emocionantes páginas de su Filosofía de la Filosofía e Historia de
la Filosofla (Ed. Stylo, México, 1947), José Gaos examina, no la muerte
en general, la muerte del universo cósmico o humano, "la muerte de todos", que no es sino un fenómeno anónimo y puramente científico, sino ]a
muerte de ca~a uno de nosotros, tomada en particular, es decir la muerte
que nos conoeme personalmente en nuestra individualidad irremplazable.
¿ Cómo "vivimos nuestra muerte"? -tal es, en efecto, la cuestión: se trata
de saber có~o as~~os a la vez la idea y la realidad de la muerte, y no
solamente como mor1IDos nuestra muerte", ya que "morir la muerte" es
únicamente "el momento y la forma suprema de vivir la muerte" (p. 151) .
Bajo el f~o escalpelo del maestro, el análisis revela dos vías que se encuentran, baJo este ángulo principalmente, en radical oposición: Ja del cat?lico y la del inma~entista. El católico integral vive en la continua presenCla de la muert~ rruentras que el inmanentista en el estado puro vive en su
perpetua ausencia. La prueba de la sinceridad de las creencias religiosas es
sin duda alguna, ésta. "Parece que no haya, incluso que no pueda liabe;
vida humana, ni siquiera vida en general, en ausencia absoluta de la muerte. . . pero no todas las vjdas humanas -para prescindir de las no humanas, cosa forzosa _al menos por hoy- son vidas igualmente en presencia de
la muerte. Hay vidas en que la muerte está presente exclusivamente por su

107

�propia virtud, por decirlo así, por la naturaleza d~ las cosas, por la estru~ti.1ra de la vida, a la que sería inherente la presencia de la ~uerte. Hay vid~
en que Ja presencia de la muerte sobrevive por ~breverur la ~uerte tntSma, ajena, 0 el peligro a la inminencia de la propia. Pero ha: .vidas en que
la muerte está presente por un esfuerzo de la voluntad del ~1v1ente p~r .hacerse la muerte presente constantemente. Vida de esta especie no es umcamente la católica, pero la católica lo es con la eminencia qu~ vamos a ver"
(pp. 151-152). En consecuencia, la paralela entre las dos _acti~des tan c~ntrastadas va a ser llevada resueltamente por el autor de Filoso/ ia de la Filosofía e Historia de la Filosofía, que parece t.ener ~na ,~o~talgia del etos católico en el cual fue educado durante su mfanc1a. Dune, pues ~celara-, hasta qué punto vives o no en la presencia de la ~uerte, y te ~ue ~asta qué punto eres o no católico, no sólo en el fo~~o radica~ de ~ vida, smo
en el total y plenario despliegue de ella -o catolico corr01do mas o menos
por el contagio del inmanentismo de tu medio" (p. 152).
El hecho es que después de Descartes y el advenimiento del esp~tu m,odemo, el tema de la muerte ha desaparecido gener~lmente de la ftlosofia,
de la literatura y de la vida corriente; se la ha conSiderado como una co~
sobfe la que más valdría callarse. El existencialismo -notoriamente e.l ~e Heidegger- ha actuado indudablemente contr~ :sto, pe~ con un .pesun1smo y
una melancolía que recuerda la de los ep1cureos, rruentras que ~ el catolicismo la visión de la muerte se quiere optimista y serena gracias a un
' la angustia por medio de la fe y de lo sobrenatura1: "l
sobrepasar
e c~tolicismo llega al deseo, al afán, al anhelo de morir, al desvivirse por monr, al
muero porque no muero" ( p. 154) ; basta con recordar a Santa Teresa ?e
Jesús y a todos los grandes ascetas y místicos, para los cuales la muerte tiene verdaderamente "un nombre propio", que es el de cada uno de nosotros aunque no sea susceptible de ser transferida a otro, ya que cada uno
escl predestinado a ella en su irreductible idiosincr~ia; ~~ el límite, la
muerte "en olor de santidad" provoca una gran alegria espmtual en la comuni6n de los fieles.
Para el inmanentista, a la inversa, la muerte debe ser cuidadosamente olvidada y pasada bajo silencio -contrariamente al célebre "memento m~ri" de los Antiguos que lo legaron al cristianismo; no es más que "un accidente impersonal" (p. 155). Ahora bien, un accidente es cualqui~r c~sa
que sobreviene bruscamente o ~in razón justificada; ~~ inespe~ad~ e irracional. entre el accidente y el accidentado, no hay relac1on constttutwa o esencial'; no se es víctima de un accidente en virtud de s1.1 personalidad; todo accidente habría perfectamente podido no serlo, es decir que él es, en teoría,
intercambiable con no importa cuál otra persona. EJ capricho del azar rige
l08

al accidente, todo Jo contingente contemporáneo ha recaído sobre ese carácter imprevisible y absurdo del accidente, que es el tipo mismo de la impersonalidad. He aquí por qué, en la concepción inmanentista, la muerte jamás es esperada; hace irrupción, como una intrusa (¿no decía Jesús, como
un ladrón?); 110 está propiamente destinada a tal hombre más que a tal
otro; parece vaciada de toda finalidad personal; es una res nullius. La muerte cotidiana en nuestras ciudades llega a ser comparable a la muerte anónima y en serie de los soldados en la guerra; así no está integrada en la
trama de nuestra existencia de cada día, sino que aparece como un cuerpo extraño.
Al contrario, para el católico, la muerte está en la regla y el plan de Dios
y siempre es esperada con resignación: "no sobreviene. Más bien, va viniendo y acaba por llegar" (p. 158). Así se la considera como familiar (¿no la
esculpían los hombres medievales en las catedrales?); viene para terminar la
obra de personalización que todo cristiano debe cumplir piadosamente en
él mismo esperándola y confonnándose con el precepto divino: "velad y rogad". Es por lo que la muerte es esperada también por los padres y amigos
del moribundo "llamado al más alto servicio" ( como dicen los scouts) ; un
católico jamás puede morir solo; es rodeado de hecho por sus allegados, o,
invisiblemente (mediando la gracia del cuerpo místico), por toda la Iglesia,
militante, sufriente o triunfante. "La muerte del cat6lico es muerte esencialmente en compañía, y en compañía universal, esto es, cat6lica" (p. 159). Se
trata de una muerte comunitaria, lo mismo que todos los actos del catolicismo están a la vez marcados por el sello de la persona y de la ecclesia, s
decir de la asamblea de bautizados o de creyentes de corazón. En comparación, la muerte del inmanentista se cumple terriblemente solitaria...
José Gaos examina enseguida el lugar de la muerte. El católico muere sin
duda, dondequiera, como el no-católico. Pero su lugar normal de muerte es
su hogar y si él muere fuera, sus allegados hacen todo, en todos los casos,
para reconstruir alrededor de él la atmósfera de su hogar. "La tradición es
que el católico muera en su alcoba, rodeado de los suyas" (p. 160) , enmedio
de sus muebles y objetos habituales, en el seno mismo de su medio de vida
en el que ha ejercido su deber de estado. Tal fue. según la emotiva confidencia que nos hace, la muerte del abuelo materno del autor, en una atmósfera recogida y penumbrosa. Completamente a la inversa, el inmanentista muere en las clínicas o los hospitales, es decir en los establecimientos anónimos y
colectivos, donde toda característica personal es, por esencia, proscrita en
nombre de imperativos utilitarios e higiénicos; si el deceso ocurre en su casa y
aun en su cuarto, se puede estar seguro que éstos obedecen a los mismos
cánones de asepsia, de rigidez, de impersonalidad y de inhumanidad que las

109

�clínicas o los hospitales; antes bien, desde que la enfermedad se prolonga y
exaspera, se hacen desaparecer del living-room todos los muebles posibles,
con el propósito de hacer más prácticos los cuidados que deben darse al paciente. "Nada menos doméstico, menos hogareño, menos familiar, nada más
desnudo de envolvente afectividad, más frío, más desolado que esta muerte
entre paredes blancas, cristales brillantes, metales relucientes, batas limpias ..."
(p. 166).

Es necesario considerar también la hora de la muerte. Ciertamente, en una
primera aproximación, parece evidente que creyentes y agnósticos mueren a
toda hora; sin embargo, ~¡ se observa esto más de cerca, pronto se manifiesta
una diferencia. Es que "lac; horas de la vida humana no se diferencian tanto
por el tiempo externo a ellas, anterior y posterior, en que se insertan, cuanto
por las cosas de la uida que las llenan -o que las vacfan de contenido- porque hay horas vacías..." (p. 162). Esta justa observación de José Gaos nos
evoca los versos de Xavier Privas:
A qui sait aime:r les heures sont roses.

Si las rosas de la vida se definen esencialmente por lo que las llena, la
hora suprema de un católico auténtico será siempre fundamentalmente distinta de la de un inmancntista resuelto, aunque cronológicamente en el
tiempo objetivo "de los relojes" (como deda Bergson) vengan a coincidir.
Todo depende aquí del contenido. En esta sutil interpretación, los creyentes
mueren siempre a la misma hora: "A horas de vísperas" (p. 162): su jornada de honrado trabajo (es decir su existencia mortal) ha terminado, es el
momento de deponer el fondo y de calmarse esperando la dicha eterna: es
la hora del ángelus de la tarde, la hora "canónica", en la que la conciencia,
en paz después de la dura labor, el trabajador se retira a su casa, enmedio
de los suyos, con la satisfacción del deber cumplido, en espera de la gloria
del más allá· es también una hora acordada sobre el ciclo de la naturaleza,
'
ya que el católico
tiene hábitos de disciplina en función del curso de la luz;
se levanta temprano y se acuesta temprano. Al contrario, la hora de la muerte
para el inmanentista suena siempre en otro instante, desde el punto de vista
de su contenido: es siempre a la hora del alba, "la hora lívida de la madrugada que antecede a la rosada de la aurora·• (p. 167), es decir en suma en la
última hora de la noche, mientras apunta apenas un día todavía blanquecino.
Es la hora en que los noctámbulos agotados van a acostarse, o los grandes
enfermos se exasperan de insomnio, o la fatiga triunfa de los cuerpos y de las
al.mas. "El inmanentista muere de madrugada, trasnocha para morir'' (p.
167); sin ninguna alegria, aquí el hombre capitula frente a su fatiga y su
110

disgusto; teniendo costumbre de levantarse tarde y de acostarse tarde, se libra
sin esperanza en los brazos de Morfeo, ya que su vida le parece desprovista
de sentido y de toda dimensión de ultratumba. La muerte llega a ser entonces
un sin sentido, del que se quiere alejar la vista lo más posible, ya que se soporta
con desesperación.
El duelo presenta igualmente dos aspectos muy interesantes, según se vea
una u otra de estas dos grandes opciones. En el católico, el sepelio es público
y naturahnente solemne; oraciones, veladas fúnebres, misa de cuerpo presente,
cortejo segwdo a pie y con lentitud, ceremonia en la iglesia, cantos, inhumación ritual. "La muerte, pues, se exhibe, se hace presente a todos'' (p. 171). La
Iglesia trata de asociar a todo el mundo al duelo, y en este sentido puede
también comprenderse, creemos, el verso de John Donne:
No preguntes por quién doblan lar campanas, doblan por ti ...

El espectáculo de una santa sepultura es, para todos los asistentes, una
exhortación implícita a bien morir. A la inversa, en el inmanentista se escamotean al máximo los funerales; se participa al menor número de gentes y
todo se realiza con prisa; ni oraciones, ni cortejo a pie, ni capilla ardiente;
todo se confía a una empresa comercial de pompas fúnebres, que realiza lo
mejor que se pueda el anonimato. Nada de mortajas sino más bien la incineración o, al menos, al embalsamamiento, con el fin de "preservar a los sobrevivientes de la idea, o mejor, las imágenes, de una corrupción inmediata, anterior al plazo en que el recuerdo se haya debilitado lo bastante para que
tal idea o tales imágenes ya no surjan, o ya no ofendan" ( p. 176). Enseguida,
no hay ceremonia; se va al cementerio con prisa en automóvil y la inhumación
se realiza en el menor tiempo posible.
Asimismo, mientras que el católico cumple su duelo llevando vestidos negros y realizando un empobrecimiento general de la carne y de la riqueza mediante una reclusión a favor de la cual trata de mantenerse en unión de su
querido difunto por la oración y la meditación, viviendo ya por anticipación
su vida del más allá, el inmanentista reduce Jo más posible la ostentación de
su duelo; una cinta negra durante algunas semanas, es lo corriente; ningún
retiro tras las paredes de la casa; la vida cotidiana casi no se interrumpe y se
la reanuda lo más pronto posible; así es como se olvida rápidamente al difunto y que viudos y viudas, por ejemplo, se preocupan por "rehacer" su
vida mediante un nuevo matrimonio; bien entendido, el inmanentista no ora
por sus muertos, ya que piensa que éstos no existen ya. Así se produce un fenómeno nuevo hasta nuestros días: la ausencia de todo culto a los muertos o
de todo memorial a los ancestros. "La humanidad ha vivido tradicionalmente

111

�eonviv.meia con .rus mumos. .. 1lOIOtJOI tomOI UIIOI primelOI humanos vivimta ain manlos. Noeotroa ya no tmemos lo que nueatros antepasado, lla-

,a

maban 11.umos difalof# (p. 178). Maurice Bana elogiaba 1A tnu el 161
mollfs y todos conocen las páginas cBebres que c:ouagr6 al Dia de los Muertos,
el 2 de noviembre, en Lorraine (en .Amori et dolor, saenun); los agn6sticos
modernol, al contrario, recman este piadOIO recuerdo debido a los anc:estrol
y se contentan con vivir en el praente, con los 10loa vivientes de este "lacrimarum vaUis".
ve, pues, a ~ punto el homonte apiritual de las dos formas de vida
estudiadas es distinto. Mientras que para el cat6lico la muerte es esperada como una mensajera de la inmortalidad, que viene a completamos y que 1e
la acepta en nombre del Creador, en el inrnam:otista aparece como un escándalo, un accidente estúpido que viene a detener para siempre el desenvolvimiento de una personalidad para anonadarla defmitivamente. ¿ Quién
sabe lo que hubiera podido hacer de grande, exclama el moribundo, si yo
no hubiera muerto tan temprano? ¿Por qué, por otra parte, debo morir hoy,
como tal y tal otro? La muerte parece aqul un accidente, un alogos del cual
quisiera desembarazarse sobre la espalda del prójimo. . . Mientras que la intervención de la trascendencia aporta al creyente la convicción de la resurrección, la inmanencia integral mata todo germen de esperanza y, con a,
toda intimidad verdadera: "en la pura inmannacia no hay más que ligas
aceidentaler (p. 169); aun los que nos son más próximos llegan a ser profundamente extraños para nosotros. Tal es el pesado tributo que paga a
nuestra época escéptica y nihilista el hombre b'berado de las creencias tradicionales.

•
En una de sus más recientes obras, Juan Zaragüeta, el t.minente director
del Instituto Luis Vives de Filosofia de Madrid, escribió justamente: "se
impone adoptar como punto de partida del filosofar el de la vida humana,
de la vida de cada uno de nosotros no para ensimismarnos en ella, que no
deja de semos inmanente: la Naturaleza, la Sociedad, el Ser, Dios" (en Los
veinte temas que he cultivado, Madrid, 1958, C.S.I.C., p. 153). o nos corresponde, ciertamente, saber en qué medida José Gaos ha encontrado en el
análisis del ,yo y del nos esas grandes verdades humanas y divinas que confieren un aentido a la vida; pero, al menos, nos parece innegable que sus investigaciones siempre sinceras y arduas pueden abrimos la ruta de una realidad integral; testigo, su reciente estudio sobre el más allá (en el Discurso
de Filosofía, pp. 123-186), que nos introduce de toda buena fe en el umbral

112

del misterio. Si ea verdad, como lo ha obeeivado el excelente filósofo mexicano Agusdn Basave Femández del Valle (en "Humanital', 1961, No. 2, p.
19), que "el eros fib6fico es un vehemente amor de participar con el meollo
de nu~ penona en lo esencial de todos los entes posi"bles", se puede afirmar, sm temor, que José Gaos está animado de este eros que hace los grandes
s,ers y los mejores intuicionistas.
Traducción de

ALFONSO RANOEL

GUERRA

�LA NEGACIÓN
Sus poteMias y poderes
(en lógica formal, lógica de la razón vital y lógica dialéctica).
DR. JUAN DAVID GARCÍA. BACCA.
Universidad Central de Venezuela

Nv"a, nada, nadi,.-T,,s pa~
bras te"ibles, sobre todo la última.El hombre, sin embargo, se encara. co11
ellas y acaba perdiJndoks el mildo.
ANTONIO MACHADO

l.

NEGACIÓN

LA LÓGICA CLÁSICA -la de los, por antonomasia, clásicos griegos- distínguese de la lógica dialéctica -no clásica todavía, aunque pudiera llegar a
ser lógica de una "clase"-, en que o la negación nunca entró en firme ni en
las cosas ni en las proposiciones, o, si entró, el lógico clásico supo sacarse, bien
presto y limpiamente, tal espina de sus carnes, de su mente.
Se trata de una característica, de una entre varias; sólo que aquí no se
hablará sino de ésta.
Ya el simple enunciado, con ínfulas de principio: dos negaciones afirman
debiera hacemos sospechar que la negación nunca caló gran cosa en la afirmación. El principio de contradicción se encarga de mantener separadas ya
la primera afirmación y la primera negación. Es imposible que a lo mismo
convenga y no convenga lo mismo según lo mismo.
No domarás en esto al no ente: a que sea; o con otra versión, basada en
otra lectura de manuscritos:
No llegarás a ver que el no ente sea. Así Parménides.
Ser o no ser; Éurw .;¡ ovx lc1T:w, (Parménides}, no es tan sólo una disyunción; es ]a separación, necesariamente realizada, total e íntegra, entre ser

115

�tan Perfecta que de una parte ha quedado todo y sólo el ser, y lo
y no ser,
d
las cosas· de la otra, na ª·
que de ser tengan
;
. . ,
rif , tan de cuajo la nada que se
El ser (
se sacó de s1, el!IlllDo Y pu ico
le ha quedado fuera, hasta en palabra aparte.

º"')

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, •
ovx lcnw, µ17 e "'ª'• µ17

°"·

al ¡ nuestra de nada.
al b
N o se le Cundieron al gn'ego en una sola p . a ra, cut a e inoperante ne,,
, ) uedó fu era reducido a s1mp1e, ex ema
.
El no ( ovx, µ17 q
'
l
l , dirá inocentemente, con ro.res
.
y 1 l' · a guiada par ta onto ogia,
gac16n.
a ogic ,
. .
edid
r evidente-, de los que
de verdad y con el consentmuento -no p
o, Po
hablan según razón (.tóyos-),

el hombre es mortal, el hombre no es mortal
.
a negativa la otra, pese al conf.
cual modelos de proposiciones, a umat1va un '
..
.
a la íortenido de la primera: de desagradables recuerdos o previsiones' y
di d
del no de la segunda, de un no suelto e inafectante a es, y de un pr~, ca/
ma
,
' ver corroído hasta el tuétano por la negaeton, e
que deseanamos, eso s1,
..
firm
diamantino que eso de
modo que no-mortal diera algo más pos1t1vo,
e y
la
ática y los
., •
d
d mortal por roás que
gram
'
'
.
d
'ert
•
l·n-mortal negaCJon mcorroe ora e
'
..
· · ·d d
tenido· el e una o
es
deseos, le presten superíioales posttl~l a y
~ática el lógico griego
peranza. Si no hubiera sido por su aun espon ea gr
'
hubiera dicho, atendiendo a lo que pensaba:

=

ª

'el hombre es mortal'; no 'fl hombrr: es mortal';
no "no 'el hombre es mortal'". y este no al no le devolvía al mismísimo punto
de partida.
l
·
Lo d"o Parménides
tJ
.
,
Parl a de donde partiere, siempre volveré a o mismo.
l
,
r' • por la afirma. . d 'da y vuelta por el ser, el no ser y e no no se ,
tras viaJe e 1
.
la negación y por la negación de la negao6n.
c10Ln, pl~r. bo'\ica o matemática moderna es, en esto, tan vieja y griega
a og1ca s1m
. •
d ··
hace
l
.ega clásica. y en este punto inicial, pnnc1pal y eos1vo no
c_omo . a gtl~ lo gn·ego: y para que no quepa duda, el signo de la negasmo repe r
' '
·
·
'
ultará
ción ( - ) se quedará fuera de la_ proposici6n (p ) afU11latJva; as1 res
.
'stas que dos negaciones afirmen.
a OJOS vi
.
'6 - .
d
.,.ación p·
p
. . , afirmativa p. pnmera ncgac1 n, p • segun a ne,,
.
Prlop~s1c~o~ de conm:di;ción se formulará con signos de negación, extery e pnnc1plo
.
.
nos unos a otros y a }a ahnnac1ón:

p.p

La negaci611 es, y se la simboliza, externa. Lógica clásica, vieja o moderna,
medieval o contemporánea.
El griego conoció, claro está, un tipo de negación adherente, especificada
por el ser, y apropiada al tipo de ente: la privación, Mas no llegó a crear una
lógica de la privación.
Vivo; muerto: primera negación corrosiva, justamente, de la vida¡ mas
de muerto a vivo no se vuelve por negación de muerto, por un simple nomuerto; el muerto, caso de volver a ser vivo, vuelve por milagro. Resucitar
no es volver a vivir la vida inicial; es inaugurar otra, si es que el muerto
real y verdaderamente se murió .
Mortal, inmortal. Inmortal no es, en rigor, simplemente no mortal; exige
una reorganización peculiar del viviente que murió para que no vuelva a su
tipo de vida anterior, moridera, tan expuesta a no vida o a muerte que de
ordinario, y por ley~ se muere. Inmortal pide resurgir a nueva vida -lo que
podrá exigir, aceptérnoslo por vía de ejemplificación-, que su cuerpo, el
suyo, adquiere las dotes de cuerpo glorioso: claridad, agilidad, sutileza e
.impasibilidad.
La negación de la negación vuelve a la mismísima afirmación inicial; la
privación de la privación no puede retrotraernos a la misma afirmación o
posición inicial, porque ya la primera privación afectó intrínsecamente, de
original manera, a la afirmación.
Dos negaciones afirman lo mismo.
Dos privaciones -la privación de la privación-, reforman o transustancian lo inicial.
La negación de la negación (clásica) retoma al dominio (línea) afirmativa, y al mismo punto del eje afirmativo; todo camina en círculo.
La privación de la privación devuelve al proceso al eje afirmativo, sin
duda; mas no al mismo punto, a otro: de superación, unas veces; de decadencia o aniquilación, otras.
La lógica de afirmación, privación de afirmación, privación de privación
de afirmación está, con palmaria claridad, más cerca de ser lógica de lo real
que la de afirmación, negación ( de la afirmación), negación de negación {de
la afirmación) .
No caigamos en la idolatría del símbolo; ni le atribuyamos virtudes ocultas
o mágicas; mas no menospreciemos sus poderes de resalte clarificador. Si por
p convenimos en designar cualquiera proposición, la lógica clásica escribirá
l. 1) p;

p;p

con signo de negación externa, superpuesta; y con ";" entre las p, por el
motivo que se va a decir.
La lógica de negación afectante (privación) , profunda y revulsiva, podrá
117

116

�servirse de paréntesis para designar -superficialmente, sin duda-, ese calado de la negación, o la encerrona de afirmación con su negación:

rPn

p,
[p],
~
Ni [p] es p, como no-viviente no es lo mismo que ciego; ni ~ [p] ~ es p;
que de la ceguera no se repone uno sino por milagro, o de Dios o de la
técnica, no por virtud de la naturaleza con que se nace; nadie se cura de
ciego, de sordo, de cojo... ni de tonto. La "," indica la peculiar conexión
que se da en este caso en lo simbolizado, punto a declarar inmediatamente.
Dos negaciones afirman lo inicial mismo :
J. 3)
p
(
signo de identidad).
Dos privaciones transustancian lo inicial, lo renuevan:
I. 4)
~[p]}. .P
Como la negación y la negación de la negación clásicas no calan ni ponen
a prueba de ser o no ser al ente, se podrán aplicar a todo, pues todo saldrá
incólume de ellas. Y aun podríamos decir que, para el clásico -maestro viejo o discípulo actual: sean Russell, Camap, Wittgenstein o Godel-, ente Y
proposicí6n son justa y precisamente ese tipo de cosas impermeables a negación, tan compactas y macizas que negación y negación de negación resbalan por ellas. Y tal lógica resbala y patina ella misma por las cosas.
Tales entes cristalinos abundan más en la cabeza que en la realidad.
Y volviendo, por unos momentos, a Machado, la simple y pura negación
nunca da palabras terribles.
La privación es siempre terrible, ceguera, sordera, abulia, afasia, enfermedad, estupidez, muerte... La privación de la privación suena a resurrección renovación transfiguración transustanciación... ,· o a decadencia, muer'
'
'
te definitiva, aniquilación.
Si el lector me perdona la frase -y, si no la perdonare, táchela después de
leída-, diría que la privación pone a parir al ser, pone al ser en trance de
no ser. Y se verá entonces, por una {enomenología que llegará a ser epifanía
o teofanía, si el ser no solamente es ser, sino se pone a ser lo que antes simplemente era: ( -i-o d ~,, el..-ai), y es capaz de reponerse de una amenaza,
algo más que verbal, de no ser, de su no ser.
El lógico clásico -viejo o contemporáneo-, no llegó a tomarle miedo a la
negación; mas tampoco celebró sábado de gloria con la negación de la

l. 2

p ==

==

negación.
El sol es cada día nuevo -se lo parecía así a Heráclito--; y la aurora no
se le antojaba simple negación de la noche; negación, a su tumo, de día.
Para el lógico de la razón vital, el sol es cada día nuevo.
No nos extrañemos, pues, de que los hombres para quienes las palabras
Nunca, Nada, Nadie suenen, y les suenen, a terribles -y difícilmente se re-

118

pongan del susto que les da el solo oírlas o decirlas-, no muestren particular
afecto por la lógica matemática, simbólica, formal, clásica.

II. No,

RENÓ, RECONTRANÓ

El castellano popular ha inventado matices positivos para negaciones afectantes Y corrosivas; negar, ser un negado para; renegar, ser un renegado
de. . • ; negarse a, negar por negar. . . O la escala, muy aragonesa de no
renó, recontranó.
'
'
Si a eso de lógica de la razón vital \.amos algún día a quitarle la deliciosa
Y sugerente vaguedad en que la dejó Ortega, y continúa en manos y obras
de sus devotos
• -que no lo soy-, y de sus admiradores -que sí lo soy-,
t
menes er sera, entre otr~ cosas, separarla de la mala compañía de la lógica
fonnal -la de la negac16n abstracta y negación de negación repetidora-, y
encararla con el problema de esas palabras terribles: Nunca, nada, nadie, y
acabar perdiéndoles el miedo.
Frente a la lógica formal -formalista o formulista-, lógica informante,
~ormadora Y_ transformadora. Vaguedad, a su vez, sugerente, tal es mi ilusión, mas, casi .de seguro, _no deliciosa. Pero no es piadoso repetir o criticar
a Ortega; lo piadoso consiste en transformar la deliciosa y sugerente vaguedad de algu_nas :rases suyas en evidentes y definidas razones. Digamos, pues:
En la 16~ca _VJtal, o de la razón vital, las negaciones tienen que ser intrín~s., prop1~, unpregnadoras de la afirmación, que sólo es una inicial posioon; es decrr, la negación vital, a 1a altura de Ja vida, es privaci6n.
A su vez: toda privación (vital) no puede quedarse en simplemente aguantada, en un paciencia y barajar; ha de actuar de revulsivo· tiene que se
. a renó.
'
r
renegada ; el no, ergwrse
Por fin: no siempre -ni en todos los casos ni en todas las cosa~ 1
renegación de la privación se transustanciará a afirmación re-novada a a~to~
rres~rrección. Hay cariños que matan, y privaciones se dan que a~ban con
la VIda, con algunos tipos de vida. Y la privaci6n de la privación es entonces
nada, nunca; y el viviente -corporal o espiritual-, es nadie.
Hay que exponerse a morir de verdad, y no guardar un núcleo esencial
~ue: ya aquí,. ahora, por razones públicas de que no se entera nuestra realidad, es ya inmortal; como quien tiene siempre de reserva un diamante,
mayor. que el may~r. de la corona inglesa, para poder pagar Ja deuda de la
mort.alidacl ( ~up~lClal) actual en cualquier momento en que nos muramos
-pnmera pnvac1ón-, en que nos fuercen a pagar.
No consiste la gracia de una lógica vital en ese automatismo de 1a lógica

119

�clásica: dado p, se da

p;

y dado

p,

es factible y tiene que ser hecho

~; y sin remedio -¿para qué enfermedad que no se pasó?- volvemos a p.
¿Por qué, dada p, tener que negarla, p? Y ¿por qué dada p, tener que ne-

P==

p,

garla otra vez,
so pena de que ni padamos escribir
p?
_
Cuando la negación no llega a privación, le falta al proceso p ;p ;p fuerza
intrínseca, revulsiva. El proceso no es transeúnte. Se acepta, sin más, que
lo es. No es transeúnte, porque la afirmación no llega a estar transida .de su
negación (privación); y ésta, a su vez, no está transida de su negación (privación).
.
En una lógica clásica p ;p
son pcsiciones inconexas ( los '' :" denotan
este aspecto). En una lógica vital, dicha y entendida por una razón vital, la
proposición inicial implica (signo ",") su propia negación.:.
II. 1)
p,
[p]
; y necesariamente [p] implica ~ lP1 }, su propia resurrección o su propia aniquilación; nunca, la simple y ñoña repetición de lo

;p

inicial.

II. 2)
O sea: puesto que ~ (~]} es nueva proposición (realidad) , inno,·adón de
p, innovación en ser (resurrección) o innovación en no ser (aniquilación) ,
escribamos:

II. 3

~[f&gt;]}. ==· P.

y p no es lo mismo que p, aunque sea su resun·ección o su aniquilación.
La ló!!ica vital formula -de esta manera y referida a este punto nada
más-, ;quel jaillissement de nouvea1tlé, frase de Bergson, sugerente y deli-

ciosa como las de Ortega, vaga también como tantas de él.
No nos disimulemos tres puntos: Primero: no vale aquí, por simplista, el
principio clásico de identidad: lo misroo, del mismo, y de la misma manera.
Identidad de neutral potencia, parecida a lo de 1: 1
1.1
l.Ll
1.1.1.1

=

=

=

etc.
En los dominios de la vida, aun en los del ser, como sostendrá Hegel, la
identidad admite potencias: idéntico, mismo, mismisimo.
Eso de p '== p, vale, cuando más, para los simples seres; o seres simplificados por abstracción o definición.
~pero II. 4) p.
P fuera la fórmula, sublevan te para un clásico,
de la identidad potenciable y potenciada, propia de una lógica en que, por
decirlo con términos matemáticos, no valiera 1.1
1; sino que (1.1) diera
un tipo superior de unidad. Russell lo barruntó, en su teoría de los tipos,
al intentar fundamentar las matemáticas en la lógica. Y su axioma de reductibilidad viene a decirnos -en nuestro lenguaje, y en el de Machado-, que
acabó perdiendo el miedo a nunca, nada, nadie por el método de reducirlos

== .

=

o ap~arlos a simples sí, no, no no; y por el de atribuir, sin más precauciones
o ~~!gos, la ~ropiedad_ de idempotencia a la identidad. Eso de mismo y de
mismJSlIIlO no tiene senndo alguno en lógica clásica, vieja o contemporánea.

Segundo: El principio formal de contradicción:
P·P_,Presupone, incon!esadamente, que la negación y la negación de la
negac1on n~ ~~Jan ni ~ri:oen ni ponen a prueba de ser o de no ser al ser ( o
a la prop~si~o~). ~o insistamos con sutil crueldad, en que para entender lo
q_ue tal pnne1p10 die~ es preciso entender una contradicción; lo cual es, sencillamente, contradecirse. Se pueden pintar, externos, los signos; no se pued~ ent~der sino ª. ~a una, de vez, en una vez re.al. Hay que entender de vez
afmnaoon y negacion para saber qué es lo que dice tal principio. Lo cual
es refutarlo.
No p~actiquemos aquell~ ternura para con las cosas, de que hablaba Hegel, aspu-ando sus contradicciones, cual si fuésemos nosotros inmunes a ellas
y, aspiradas, pudiéramos expelerlas fuera de todo mundo: real e ideal.
'

;ª

P~alógica vital, la expresable por la razón vital, el principio de contrad1ce1on es eso: la contradicción elevada al rango de principio de todo
ente, ~e poner a prueba realmente su ser. La fórmula fuera II. 5) ~p. [p]};
todo bien cerrado, cual bomba o cartucho de explosivos con mecha interna
encendida, a ver. si el ser es realmente ser o no ser; si ~ capaz (posible) de
ponerse a ser; o incapaz de ello, y es depuesto de ser. El punto "." indi
· 1e ""
• "
cano
un sunp
y , smo a la vez, de una vez".

Tercero: Para una lógica formal y formularia los tres llamados principios
--0 ~

tres se~elas de otros, llamados axiomas-, son, en el fondo, uno y
el mtSmo; rep~t1C1ones de lo mismo bajo tres grupos de símbolos que no llegan a ser su piel.

~; p . P; p v p son equivalentes; por tanto, sin orden alguno
preemmencia.. E~ la lógica formal moderna, la preeminencia otorgada
a veces
· · · d e con. . ,-por Anstoteles ya, en Metafísicos T , 1005b-, al p nnc1p10
trad1~on desaparece; y tienen suficiente y perfecta raz6n en esto los ló!!icos
0
formulistas.
'
'
.P -

ni

. _En una lógica vital la disyunción se plantea al implantarse la contradie-

cion. Cuando en un orden no hay contradicción -por la simplicidad

O

sim-

plificación de los entes--, tanto p. p como p v p son pura f 6rmula. la , ·
da al ,
.
,
umca
que guar
gun senbdo es p
p, la identidad inmediata, sencilla, impermeable, por neutralidad, a negación. En este punto son perfectamente
consecuentes los lógicos intuicionistas modernos•• los de la J6ai
· negac1on.
·,
0 .ca sm

==

Vale, pues, simbólicamente para una lógica vital:
11. 60 [~ P , [p] ~ . p v [p]J. Los dos "principios" se instalan a la una, de

121

120

�·
edi como la ex" '') y el resultado vendrá tan sin rem 0
vez d e una vez ( · ·
bo b a saber·
par dentro y puesta a ser m a,
.
Pl~6n de una bomba bien montada
. . )
ta d eras a ser o a no ser, es ya
II 61 [P)· el ente (propos1C16n ' pues
e v
N d"
al
·
'
•
II 62 [ )· Nunca nada, a ie, cu
real y verdaderamente P. O s1 no, .
.
,
ser
terribles resultados de palabras terribles, ya como palabras. Ponerode~ ser ~ -o'
.
di
empresa, del an mo, non '
poner el ser a no ser: algo bien verso, por
simple, inmediato, abstracto, formal: rer o no ser; el ser es, el no ser no es.
METAF1SICA DEL FUNDAMENTO Y FUNDAMENTO
DE LA METAFfSICA PRESENCIAL 1

111.

LóOICA DIALÉCTICA

CABA
Madrid

PEDRO

Hegel levantó todo esto -sea dicho retrospectivamente- al nivel del ser.
·
' oner en marPara hacer el debido homenaje a su filosof_ar, preciso sen~ p
do Tal
empl~ .
cha otro procedimi.ento' más potente y sutil, que el ·aqm
,
endo traprocedimiento se llama dialéctica. y ha merecido, y continua mereCl
'
tados enteros.
l
te aEl autor de este artículo se declara aquí deudor de Hege ' y prome p
garle apenas pueda, es decir: apenas sepa.

Dios

COMO PRESENCIA

v

coMo REVELACIÓN

S1 LA METAFÍSICA es meditación e investigación de los primeros principios,
una metafísica fundada en el hombre, una Antroposofía que se apoya en la
presencia del hombre, ha de buscar su fundamento en la Presencia Divina,
en que la humana se apoya, y de la que es préstamo, semejanza, refracción
y reflexión. Todo el fundamento del hombre, así lógico como ontológico, está
en Dios: el principio de las cosas está en la presencia del hombre. No dice
esto que el hombre ponga o invente las cosas en el mundo (aunque como
coadjutor y vicario de Dios pone algunas, defectuosillas, pero las pone)
sino que ellas para ser, se apoyan en la presencia del hombre que es eco,
semejanza y préstamo de la Presencia Divina. El hombre pone el principio
de las cosas; Dios, el Fundamento. Pronto entenderemos esta frase que en
este momento quizás parezca sibilina.
Para el fundamento de una Ontología y de una Metafísica antropológica
o Antropos6fica contamos con la Presencia de Dios en el hombre y en el
mundo. El hombre se encuentra a sí mismo existiendo entre cosas que trata,
manipula, piensa y conoce como se trata, piensa y conoce, en alguna medida,
s Para mi libro La Filoso/fa dt la Presencia Hu.mana ('México, 1961, Ed. Herrero)
redacté esta Introducci6n, que luego retiré del texto (salvo muy pocas páginas) para
incorporarla a una segunda parte del mismo libro en la que actualmente trabajo. Como
digo, de esa lntroducci6n s6lo pasaron poquísimas páginas a la primera parte del
libro publicado, a su primer capitulo.
Como homenaje y prueba de gratitud a mis lectores mexicanos doy aquí esta Introducción, anticipándola a su publicación en la segunda parte de aquel libro y he
querido que sea también Hu.manitas el que lo dé a conocer.

123

122

�a si mismo. Presencia cosas y se autopresencia. Las cosas son, en tanto que
el hombre -un hombre cualquiera- las presenta y las presencia y conoce
en su ser. Y en ese presentar cosas y conocerlas se autoprescnta y autopresencia. Y al presenciarse a sí mismo, se da cuenta de la Presencia de Dios
en sí mismo y en las cosas. No es que obtenga por inducción la noticia de
que Dios existe, sino que en su misma autopresencia se da cuenta de la
Presencia de Dios.
Quien haya leído con alguna detención el primer volumen de mi "Ontología General de la Antroposofía" habrá notado que la noción que allí se da
de la presencia no coincide con la tradicional, incluyendo la meditación de
Gabriel Marce!. Para mí, la Presencia de Dios está en el hombre de otro
modo que en las cosas; la Presencia actúa en el espíritu humano como inducción o inspiración o prendimiento de luz, y en las cosas como resplandor
o claridad no presencial; es decir el hombre le transmite aptitud para presenciar y verse presente mientras a las cosas les da la aptitud de ser presentadas al hombre, en virtud de su nativa inclinación ofertiva hacia él o respectividad. Santo Tomás, que llama "experiencia!" al conocer de los singulares
presentes 2 y dice que el conocer que hace presentes a las Personas de la
Trinidad es un conocer experiencial, parece admitir dos modos de presencia
Divina: la común o general, según la cual Dios está en las cosas por esencia,
presencia y potencia, y otra "especial", por la que Dios es presente al hombre "como lo conocido en el conociente y el amado en el amante". A su vez,
para la primera admite tres especies de presencia Divina: como Unidad, como
Trinidad y como Revelación personal. Suárez resistiendo a aquella distinción
de modos en la Presencia, dice que hay que distinguir, en términos generales, la presencia de la causa en el efecto, de la del amado en el amante. Estas
concepciones de la presencia no coinciden con la mía pues ni la causa ni
nada natural tienen presencia, sino que lo natural es presenciado y presentado;
en el hombre la Presencia se presencializa; en las cosas se hace presentación.

a)

EVIDENCIA, CONOCIBILIDAD, NOTACIÓN Y SOSPECHA DE LA PRESENCIA DIVINA

Las cosas son conocidas por la acción de la presencia del hombre sobre
ellas. Pero también al actuar sobre las cosas, toma el hombre conciencia de
sí, se autopresencia. Y en la autopresencia siente a Dios, sin claro conocimiento de El. Es un atisbo, un barrunto, una sospechaJ pero con una radical
• Cfr. De Malo, 2. 16, a. 1, ad, 2. I Scnt dist 14, 15 y 16 en diversos apartados, y
Smm. Theol. I, q. 43-a 3).

121

evidencia de la sospecha, el barrunto, y el atisbo; es un preconocer. No cabe
hablar todavía de posibilidad de alucinación o error, porque aún no ha
empezado el conocer ni el saber. En nuestra autopresencia y en el presenciar
cosas, notamos la Presencia de Dios, pero no le conocemos. Sabemos que
está ahí, no sabemos cómo ni qué es, pero como Presencia que transe la
nuestra sabemos que es Presencia, que es un Quién y no un Qué. Las cosas
son y el hombre existe porque existe Dios. El hombre halla sentido en sí
mismo y halla sentido en las cosas, porque Dios le comunica con su Presencia
el sentido y la impulsión existencial. Yo esto no lo sé por un razonamiento previo, sino porque, al conocerme y sentirme presente ante mí mismo y ante
las cosas, siento la Presencia de Dios en la mía. De modo que puedo hacer
razonamientos porque Dios es presente en mí, en mi presencia. Y yo no soy
un hombre privilegiado. Cualquier hombre al mirarse en lo hondo halla a
Dios. No le conoce, no lo Ye, pero lo entrevé, lo barrunta. Si esto es ontologismo ( dicho sea pensando en los filósofos profesionales) ya veremos que
no hay en ello tan mala cosa como ellos suponen. Dios es presente y, como
decía Tirso de Molina, comunicable. Como que nos comunica y comuniza una
brizna de su Presencia. También el hombre como espíritu, como persona, es
comunicable y presente, y hace que las cosas se presenten. Pero la persona humana, como Dios, es invisible. Hay una inefabilidad de toda Presencia: en
la de Dios y en la del hombre, reflejada de El. Y no por eso pierden evidencia,
su misma evidencia, pues Dios, al sernos Presencia, se nos evidencia como
Persona, como Espíritu. Y toda persona metafísica, humana o divina. en
la medida de su invisibilidad, se hace evidente en su presencia. Toda pres~cia
es evidencia y lun1inosidad en cuanto actúa; y es invisible. Por eso, lo evidente no es, sin más, conocible, pero, aunque no conocible, no necesita de~os~ción ni razones que lo justifiquen. La evidencia se hace evidente por
si misma. Es el hombre, no las evidencias quien necesita comprobaciones y
demostraciones de lo que entrevé o ve imperfectamente: y todo lo evidente,
por serlo, se ve de modo incompleto. En "e-videos", la e indica lo que está
fuera, no sólo del que ve sino de la evidencia misma, pues para ver Jo evidente precisa echarse un poco fuera y verlo un poco fuera de su evidencia
misma. Por eso, el ver lo evidente no es ver o conocer: cualquiera para conocerlo hay que quedarse fuera o irse lejos de lo evidente. Todo conocer
empieza más allá de la evidencia, no inclinado sino declinado, lateralmente
desviado de ella: E-videncia es ex-videncia.
Tanto Dios como la persona metafísica humana son evidentes y por tanto
conocibles, pero de conocibilidad indirecta, incompleta y lenta, como es el
conocer de toda evidencia, como el conocer de la luz, pues para verla, hay

125

�que apartarse, buscar zonas menos iluminadas y verla reflejada, indirecta.
Vemos, no la luz sino la claridad, la luz difundida y rebotada en las cosas.
La evidencia pierde grados al hacerse conocimiento, y el conocer pierde grados de evidencia cuando se hace saber. Saber es siempre apartarse del conocer
Jo singular y único para generalizar sus conexiones. A medida q~e el con~r
de Dios y de las personas metafísicas lo reducimos y generalizamos .( digo
"reducimos", no "elevamos" ni "ampliamos") a saber, nos estamos ale1ando
de Dios y de la persona en su singularidad, y, de algún modo y en algún
grado, les estamos desconociendo. Generalizar es des-conocer. Por eso, para
el hombre, s6lo hay un medio rápido, directo y hondo de conocer, el amor
espiritual. Pero advirtamos que ese conocer del amor espiritual, por ser conocer de lo singular ( y nunca completo ni perfecto) no puede elevarse a
saber ni a ciencia. Esto es lo que no parecen advertir los que afirman el
conocimiento por medio del amor y el amor como forma altísima del conocer.
Si el conocer es alejar la evidencia, el saber es un distanciarse y una debilitación del conocer. Y quien conoce por amor halla evidencias intransmisibles,
que ni siquiera dan un verdadero conocer. El amor es evidente, pero sólo de
lo positivo y luminoso; no ve las sombras. Y ya he dicho que ni eso es conocer ni la evidencia es de verdad conocimiento.
Toda presencia -la divina como la humana- es evidente, pero invisible.
Lo que se ve es lo presente y presentado, pero no la presencia misma, que
como la luz, no se ve pero permite ver y empieza a ser vista y conocida cuando se le mira desviada y lateralmente, astillándose sobre las cosas, no como
luz, sino como claridad, como luz quebrada en su intensidad, y fragmentada
en sombras o atenuada en penumbras. Si ya dije que toda ausencia es un
modo alejado de ver la presencia, digo ahora que toda presencia, y sobre
todo la de Dios en el hombre y en las cosas del mundo, es una alusión, una
visión indirecta de su Luz como resplandor y como claridad. Por eso, Plotino,
entre otros y sobre casi todos, afirmó a Dios como Lo Uno (que quizás en
Plotino quiere decir Lo Primero a partir de la Nada), y le llamó ''Parousia",
presencia ("naeovaía", de "náe-ewat" y "náe-ttµt", estar presente y adelantarse, pasando de largo. Parusia se forma con la proposición "naeá",
cerca, en tomo, y "ovaia''i o ser, esencia o sustancia. '·Parusia" es vocablo
que Plotino toma de San Juan y algunos Padres de la Iglesia. Dios es Presencia, no sólo como Pre-Esencia sino como Parusia, como el resplandor omnipresente que circunda y traspasa todo lo que hay; la Parusia o Presencia es
Evidencia y Presencia total y no se deja ver. Deus Praesens es Deus absconditus. Como Parusia es Apocalipsis, se presenta y se oculta. La Presencía de
Dios al hombre es Revelación y, revelar es, a la vez, mostrar y volver en

126

doble velo, es presentarse ausente y omitir presente, retener y oscurecer la
presencia.

b)

MISTERIO y POSITIVIDAD DE LA PRESENCIA DlVINA

Dios se abre como inmensa, total e ineludible claridad del mundo: No sólo
por "la imagen sensible de sus efectos", sino por un resplandor suprasensible
que inunda todo lo creado. Y ello en las cosas de la Naturaleza. y en el interior del hombre; en ambos, se patentiza como presencia retraída y lejana
pero evidente e insoslayable. En ambos es revelación, evidencia misteriosa y
misterio de toda evidencia. Todo lo que nos revela a Dios es misterio: la
presencia, el ser de las cosas del mundo, el hombre, el pensar, el orden, la
unidad, la belleza, la vida y la muerte. Para llegar al problema de la demostración posible de la existencia de Dios hay que partir del misterio de su
presencia. El misterio es el modo de revelarse Dios al hombre, y el hombre
por el misterio le entrevé y empieza su búsqueda. El misterio no nos explica,
sino que nos implica y nos complica en Dios, en su Presencia; la presencia
del hombre está supuesta, implicada, o mejor, complicada en la Divina. Cuando intentamos explicar a Dios empezamos a des-complicar-nos de El; su Presencia se nos hace autopresencia de hombre; y esta autopresencia se hace
autoconciencia y se nos vuelve pensamiento. Y entonces el misterio de la Presencia de Dios empieza a ser problema de su existencia; para pensarlo como
existencia necesitamos alejarnos algo de El. Y con el pensarrúento y el problema, se inicia la búsqueda, de lo que se nos mostró como evidente y hemos
alejado para conocerle. Que no buscaríamos a Dios si no le hubiéramos encontrado, según el dicho agustiniano-pascaliano. 8
Sólo conocemos un poco a Dios por negaciones, distinciones, contrastes y
sombreados que nos presentan las cosas, y por las sombras y el a-sombro del
propio pensamiento humano que no sabe conocer sino lo que se contrasta,
distingue y diferencia de lo otro para luego re-unirlo y pensarlo como unidad.
Separando y distinguiendo lo unido y uniendo lo separado y diferencial, piensa
y conoce el hombre. Cuesta el conocer como el pensar, y supone un gesto
existencial, y por el hombre no es bien ni totalmente conocido lo que conoce
y piensa. Pero que el conocer hu.mano sea impedecto y preciso de negaciones,
distancias, penumbras y diferencias no quiere decir que la Presencia de Dios
presente sombras o manchas como el Sol. Precisamente porque no las tiene
1 Sobre el misterio y el sentido de toda revelaci6n he hablado en mi libro Misterio
en el hombre. Madrid, 1950.

127

�. .
d Dios sólo se logra indirectamente aparni presenta, nuestro co~~~nto e buscando su luz y su presencia por retando la vista de su vi51 ón directa Y
en la presencia de
flexión bien en el interior del hombre, de cada uno, y b"' il minadas ex•
b"
en las cosas de la Naturaleza tam 1en u
.
otros hombres, o ien
n·
.
su Presencia nada tiene
.
1
brada
Pero ios mism0 ' .
•
tenormente y con uz que
. ···
p ·ti· "dad y Afirmación y rebose de
.
E O · resencia pura 1 os1 v1
de negativa. s mmp .
p ·t· ºdad el hombre el mundo Y
•
Rebase y os1 1vi
,
•
Sí. Por ser Omruprescnoa~
, '
, de Dios Ser es un vocablo
Pero
el
ser
está
mas
aca
·
las cosas son 1o que son.
.
d 1
de sombra de ser Y
·
l
e las cosas tienen e uz Y
'
humano para designar O qu
od 1 ser de lo que hay. Por eso
t ama y transe t o e
1
de no-ser, pues e no-se~ r . .
. cf ble e inevitable, cuidaremos de no
mismo, ante la Presencia D1vU1a, m . a
tod la Positividad de los
.
el
orque Dios no sea
a
identificarle con
ser, no p
h
e aplicamos justamente
.
"ser'' es vocablo umano qu
Universos, smo porque
. 'd al
r y Dios de ser es la plena
1
te y va uru o
no-se .
'
'
a lo que no ~ p en.amen .'
absoluta ( ab-soluto quiere decir des-ligado)'
realidad, la afi.nnación _ónnca ~
t d ylos universos en todos los tiempos
primera y última ommprescnc1a en o os
'
y en todos los hombres.

c) D10s

PREVIO:

EL

HOMBRE OBVIO

a Dios en las
E n 1as cosas Y en el hombre notamos a .Dios. Entrevemos ectan
sombras.
'stas son obs•·~culos que refleJan su 1uz y proy
....
·
·
·
"d d , 1..:...,a
cosas po rque e .
l.
. del hombre en la propia 111tun1 a u ....,.. '
,
.
b
Y en trevemos a Dios en e mtenor
.6n sob re s1,, de la propia soro ra,
ombre
como
proyecc1
h
l
d
como asom bro e
· e¡ h oro bre meta. ' divina Al sentirse pre-escnaa,
al interceptar la Presencia
.
b
.
.
b .
saliendo al paso de la presencia divina, la o stacu iza
físico se siente o -vio Y
•
•,
,
•
autopresencia.
refle'a haciéndola evidente y ev1denciandose él mismo en
.
y
_J
• ante las cosas que se le presentan como ob-u1a.s, de
y se siente como pre-vio
..
l
odo que se siente ob-vio en el mundo, y ante Dios, y se siente pre-vzo ~ as
m
d 1
d
orque se siente pre-esencia antes de conocerlas. y piensa
cosas e mun o, p
.
.
d .
cia de Dios es Lo más ob-vio y lo más pre-vto, es ecu,
entonces que la prcsen
.
como 1a P re-Esenc ia de todas las cnaturas.

r

d) Dios

PERSONA Y R.EvELAcIÓN

es una
P ero Io que al hombre le llega de Dios, obviamente, previamente,
. • al
t
·a de la que al refleJ· arla, hace la suya espmtu , su au o-

luz, una presenc.i

128

,

presencia. Por eso, porque la primera noticia de Dios le llega como presencia,
y porque no concibe el hombre otra presencia que la espiritual y personal,
tampoco Dios es presenciado como cosa ni siquiera como la Gran Cosa ( como
lo ha denominado Ortega) sino como persona, como presencia espiritual,
como lo que aparece per se y lo que per-suena por todas las anchurosid.ades
de los universos, y todos los tiempos. Es posible que el vocablo "persona"
nada tenga que ver con un sonar más o menos. Littré y Luis Havet y Brea!
y A. Bailly y otros se resisten a esa etimología de "persona" aludiendo al sonido; y se resisten por razones filológicas, por si la "o" es larga o breve. Pero
es indudable que, aunque no fuera por razones etimológicas, la persona siempre es algo resonante, que socialmente pcrsuena y que antes, en el teatro
griego, se entendió como algo que multiplica el son y la presencia real. El
"prosopón" por el "pro" dice, además, algo que se adelanta en el mundo,
que es !a pre-esencia, lo pre-l'io y lo ob-vio. Pero también la persona, el
"prosopón" griego, es algo que se oculta, algo que se enmascara, como el
"personare" latino que suena mucho pero oculto. Según Cejador "fcrsu" o
"versu", en etrusco significaba dos enmascarados, como en euskaro "bertzu"
deriva de "bertze", el otro. También en teología antigua la tmócnaO"LS' es
lo que está debajo o detrás de algo en pie (de iO"n¡µi, istemi). La palabra
hipóstasis se usó para designar las personas de la Trinidad y la persona humana en general. Pronto el uso de la palabra hizo de ella soporte o cosa.
Dios fue primero concebido como hipóstasis del mundo, no lo que le da principio sino lo que le da fundamento, y por segunda vez remito a lo que luego
se dirá para distinguir el fundamento del principio. Y es fundamr-.nto porque es penona, pro-sopon, es decir quien se adelanta al mundo y pone, anteJl
que todo lo e&gt;...-istente, el "pre" de su Presencia Pero también, porque persona
es alguien que, para manifestarse o presentarse, se oculta. Y así la persona
nos indica también que es revelación. Y, en efecto, también la persona humana es revelación de una a otra: algo, alguien que se manüiesta escondiéndose y que se oculta manifestándose. Lo más decisivo de la persona humana
es la expresión: es el nuevo ser que viene al mundo a decir a los demás y
a sí mismo quién cs. Pero viene a decir quién es, porque no le basta, como
a los demás seres natura.les, ser y mostrarse espontáneamente sino que necesita decirlo, vocearlo, expresarlo en actitudes, gestos y palabras, nada espontáneas, sino buscadas y aun elaboradas ad hoc. La persona humana tiene una
misión ineludible: expresarse e interpretar a las demás personas; decir quién
es ella y quiénes son las demás y qué texto cifrado es el de cada una. Por
eso hay habla, gesto, escritura. El hombre es el único animal que se expresa.
Pero expresarse es callar y decir, manifestarse y ocultarse. Porque hay un
trasfondo, un más allá de su cuerpo y de su psique que es una carga de

129
119

�intencionalidad expresiva, hay pensamiento -y voluntad, gesto y palabra, arte
y silencio en el hombre.
Las cosas no se expresan: desde su ofertividad radical -nada intencionaly que es ofertividad por su referencia al hombre, por su respectividad -las
cosas se muestran en flúida espontaneidad-, como son; y se presentan como
son ganadas por el sentido existencial que brota de la presencia del hombre.
Las cosas se muestran como son -digo- y no gustan de ocultarse, aunque
Heráclito dijera otra cosa. Pero las personas no se muestran como son, porque lo que son está in fieri, es un "siendo", y porque más que mostrarse se
expresan. Y expresarse es disparar y dirigir el disparo desde un trasfondo
intencional último que se retiene: de modo que la persona tras este fondo
intencional, a la vez, lo dispara )1 lo retiene llegando a manifestarse de modo
ambiguo, haciendo esquina en sí misma. No es que la persona por definición
mienta, finja y oculte quién es, sino que viene a expresarse, pero para ello
ha de actuar o esconder un fondo inexpresable. Su intencionalidad expresiva
no logra disparar toda su carga y siempre queda algo por disparar. Y aquello
que se queda, de algún modo da a entender que le queda. Y lo da a entender sin proponérselo en nueva elaboración intencional. Expresarse es, pues,
revelarse y todo el trato y el contrato humano de personas entre sí, es interfrretación, esto es cálcuJo y ajusta no sólo de lo que decimos y quedamos
por decir, y así nos interpretamos a nosotros mismos, sino también interpretación de lo que dicen y ocultan los demás; interpretación en suma, descifrado de lo que todos callan al decir y lo que decimos al callar. También
el hombre es "homo absconditus" por ser "horno praesens" y "loquens". Dios
es para el hombre luz y oscuridad, apertura y retraimiento, manifestación y
ocultación, pero no porque Dios no sea todo luz y presencia sino porque
el hombre está amasado de oscuridad y de luz, de apertura y encubrimiento.
Por eso, Dios se revela al hombre y los hombres se revelan entre sí. El hombre es cifra, porque es representación y semejanza de Dios. El existir del
hombre abre y oculta a Dios, como dice Jaspers, desde otros supuestos, con
otros alcances y aludiendo a la Trascendencia que no sabemos si es Dios.

e)

PRESENCIA, VOZ Y SILENCIO

Y aparece así lo que la presencia, por ser persona, tiene no sólo de luz y
claridad, s_ino también de voz y sonido. Es indudable que hay en el hombre,
como ser físico, lo mismo que en cualquier otro ser vivo, una fotoestesia o
sensibilidad para la luz. Pero además, como ser espiritual, posee el hombre
un sentido no sensorial para la claridad de lo espiritual. Es lo que le hace

130

hablar de "la luz de la inteligencia'*, de "alumbrar" o "dar a luz" una obra,
de sentirse lúcido y de tener ideas claras. El hombre parece estar hecho del
barro impalpable de la luz, y todo lo luminoso le parece al hombre algo
egregio y superior. Conocer y saber le parecen formas altas de visión y contemplación, y parece creer que no hay conocimiento sino de aquello que ha
sido visto o contemplado.
Pero, aun no siendo tan noble el sentido del oído, también el conocer es un
oír o escuchar, y las palabras que nos traen ideas, es decir, visiones, pueden V!!·
nir como sonoridades, como voces habladas. San Agustín habla de un "oído
interior''. El mismo se convirtió oyendo una voz que decía: "Toma y lee".
Y como narra en el capítulo X de sus Confesiones: "Llamaste y clamaste
y rompiste mi sordera"; y Pablo de Tarso oyó una voz y se convirtió. También en lo hondo del hombre, la presencia de Dios es voz, es palabra; y con
una palabra, con una voz hizo Dios los universos. A Dios le entreoímos en
nosotros como un rumor. Le barruntamos en una voz oscura que nos suena
dentro. Pero además, así como para ver a Dios nos hacen falta las sombrasJ
así para oírle nos hacen {alta los silencios. A las preguntas de nuestro pensamiento, da Dios la respuesta silenciosa de la Creación. Y no por ser silenciosa es menos evidente la presencia de Dios, aun cuando no, por ser
tan evidente, nos es suficientemente conocida. También la revelación es palabra contrastada en silencio. La máxima evidencia del hombre cuando más
'
mtensamente se muestra y expresa para sí y para los demás, es cuando calla.
Más que su acción y su palabra, su silencio. Sólo el hombre es capaz de silencios, porque el silencio es aptitud para callar y sólo calla quien tiene habla. Los demás seres del mundo, por no tener habla no saben callar ni elaborar silencio; son mudos, y hasta cuando gritan, hasta cuando emiten sonidos que no es habla, también son mudos de lenguaje. El silencio como la
palabra suponen, no movimiento, sino acción; y la acción es lo propio del
espíritu, como el movimiento es lo propio de la materia. El silencio de Dios
da la primera palabra al hombre. Cuanto más calla el padre más charlotea el
hijo. Sólo cuando el niño llega a hombre aprende a callar profundamente.
San Pablo dice: "Oyó palabras inaudibles que el hombre no puede decir''.•
Y Santo Tomás llama la atención sobre ello.

.

• 11 Corintios -12-5-: S. th. 11, 9.175, a 3.

131

�f) DE

LA

"PARUSlA" AL CONOCER y AL PENSAR

La presencia divina, la ''parusia'' universal suscita en el hombre la autopresencia, la autoconciencia y el hambre de saber y conocer; pero también
suscita un "eros", una "orexis' 1 plotino-agustiniana que no es intelección sino amor y cccharitas" paulina. Es decir, que al retraer y quebrar la presencia
y la voz de Dios en el hombre, no s6lo se origina la inteligibilidad de las cosas y el conocer y el saber del hombre, sino también la vocación y el amor,
y la fe y la esperanza y el sentido existencial f elicitario hacia el bien. Por la
autopresencia, el hombre sabe algo de lo que es y de lo que no es, pues el
hombre es un "siendo", alguien que se encuentra a sí mismo en plena acci6n
haciéndose un ser, caminante hacia una meta, realizador de una voz o vocación. El hombre es siempre exceso de sí mismo en su ser. Es más de lo que
es. Pero es también menesteroso y deficitario: siempre es menos de lo que
puede y debe ser. Y de la tensión entre lo que se encuentra siendo y lo que
puede y debe ser, construye su existir que es verdadera acci6n, como es siempre la del espíritu, como es Dios mismo. Si en el principio fue el Verbo, es
porque el verbo era también acción en el más alto sentido.
Pero no sabemos casi nada de Dios. Dionisio Areopagita decía que lo importante para el hombre es saber lo que Dios es y, sobre todo, lo que Dios no
es. Pero Claudel comenta que decir que sólo conocemos a Dios por negaciones es "no estar demasiado lejos de la herejía". A Dios le conocemos positiva y negativamente según ya dijo San Buenaventura. La primera noticia
de Dios no es por exclusión, sino por presencia, por evidencia anterior a todo conocer y que es lo que nos permite conocer positivamente hombres y cosas. Presenciar no es conocer, pero no hay conocer posible sin la presencia del
hombre ante las cosas y la de Dios en el hombre. Mas ya hemos dicho que
el hombre s6lo puede conocer por contrastes y diferencias. Y así reforzamos
el acercamiento a Dios conociendo, re-conociendo lo que Dios no es respecto
de las criaturas. Pero no sabríamos lo que no es Dios si no tuviéramos noticia positiva de su presencia.
No es Dios esto ni aquello ni lo de más allá, pero todas las cosas so1i en la
presencia de Dios. Y su presencia es omnípresencia. Claudel dice bella y profundamente que cuando La Esposa del Cantar de los Cantares pregunta a
todo el que halla en su camino errabundo si es el amado de su alma, va oyendo complacidamente que todos dicen que no, que no son tl, pero que si quiere hallarle, salga de la ciudad (del Universo) y vaya adonde el amado descansa: en el centro de la hora del mediodía, es decir, en el presente más
pleno y central, todo resplandeciendo en presencia. Para poder hallar y conocer a Dios hay que salir de la ciudad, esto es, hay que salir de esta vida:

~~onoceréis., el, Espíritu de Ver~_ad porque morará entre vosotros y dentro
vosotros . 'Vosotros me vere1s porque yo vivo"· o con el salmista· "En
tu ~uz veremos la luz" ... y muchos otros textos de la escritura. Pe:0
aqw,
el en este mundo?
l Dice .Claudel que "desde esta mism a v1'da y entre' l¿y
os
u os· que
f dnos enuue ven existe una aptitud para ver a D.ios. • • En nuestro
pro~~ on o hay ~ Hijo de Rey que no ha perdido nunca el recuerdo de
aqu a gota de vmo de Juran~on ni de aquel diente de .
madre le frotó los labios ni de aquel grano de sal ardie t
ªJº clon que su
la ¡
.
n e que en a punta de
engua nos pusieron el día del bautismo. Hay en nosotros algo mi t .
meo te amarr d
d
s enosa~ 0 , una mora a capaz de servir de apoyo a la de Dios ( c6~o ~odria Dros encontrar casa en lo pasajero?)' cierta persistencia en e¿xi·stlr, cierta
· mrr
· ada al presente que alimenta 1a continuidad de la
,, m~ taf1sica
6
persona
.
Dice
luego
que
para conocer "no tiene el a 1ma que poner en eJer
.
· · tal
cicio
•
O cual 6rgano intelectual o sensible Ella misma
diend
, .
·
es quien, respon-. o a suav1suno toque, debe colocarse en especial disposición C
.
mieri.to
,.
. las
onoc1di . llamamos a esta disposición" · Esos "suavlSIDlos
toques" son
raaciones sutilísimas de la presencia dh&gt;ina.

g) LA

REVELACIÓN PRESENCIAL

a Dios y no sabe cómo· No le ve, no 1e oye
n ElI hombre
'b se encuentra
l
o o perc1 e; no
o encuentra aquí ni alú ru. a ll'a, pero n·10s l e es presente·'
.
con su presene1a de hombre lo a-diuína, lo pre-siente en el mundo en l '
cosas, en los hombres, en 13:5 criaturas todas, en la ordenación y sentido d:i
mundo, pero no puede decir que le conoce. Siente el homb
D' d
tro de s' l
.
re a ios en1, o expenmenta de un modo indecible, se ve prendido de Dios or
raza de _su ser, por una religación o vinculación inexplicable, suspenafdo
_e su etem1d_ad, p~ro no puede decir cómo es ello, en qué situación o modalidad lo _percibe, m ~on qué últimos sentidos y determinaciones. Más que for~as activ~s de sentir a ,Dios es como un sentimiento pasivo de saberse sennd_o por el; dentro de_ si, la persona siente en lo hondo de sí misma que alguien
le ve, que le mira,
.
Ie exige.
.
La
. que le habla' que le reprende , le co mge,
. persona no ve a DJOs, pero indirectamente le ve, al sentirse ella ligada a
~dios; no le _oye, sino que le entreoye, y al entreoír a Dios el hombre resulta
y por sí mismo · N 0 entí' en d e a D'10s, pero se siente entendido
01 o', por Dios
.
por él. En f~, no encuentra a Dios, pero sí halla el rumor y el resplandor
de su presenaa. y así Dios le resulta evidente, presente, pero invisible, im-

~

' P.

CLAUDEL:

"Sobre la presencia de Dios" en Cruz y Rayo., febrero de 1934.

133
132

�palpable, inaudible, intraducible a conceptos. Oomo persona que es, Dios
es presencia de alguien escondido, la proximidad de algo remoto y la lejanía
de algo próximo; ni ausente del todo, ni desalejable, ni desacercable. Se ve
el hombre a sí mismo como vaga imagen de Dios, al sentirse presente par su
presencia en las cosas del mundo. Se siente en El, partícipe en El, en su resplandor presencial, originado por El, envuelto e iluminado par El, pero le
siente inconcebible, inabarcable o incomprensible. Así, Dios es, a la vez, ocultación y evidencia; en suma, revelación. Sin Dios, ni el mundo ni el hombre
mismo tendrían sentido; pero el sentido, al hacerse intelección y conocimiento, sólo permite llegar a la Deidad, no a Dios persona. Es lo que venía a decir Fray Luis de León. 6
Juan Wahl en sus Estudios kierkegaardianos parece hallar en Kierkegaard
algo referido a la revelación presencial y personal de Dios al hombre, pues
en la página 262 dice: "Hay en nosotros un manantial borbollante en el que
podemos escuchar el rumor sutil (sutil y profundo) cuando el resto de la
reacción calla; en el dulce e invencible ruidillo de este manantial, reside Dios".
Sí. La revelación personal de Dios a cada hombre tiene algo de relumbre presencial y de sonido, rumor o voz que nos habla. Voz y presencia luminosa dan
al hombre la autoconciencia presencial, y en ellá cada hombre profundo, cada persona, entrevé y entre-oye a Dios, sobre todo, porque se siente visto, presenciado y oído por Alguien.
Cuanto más intensa y p1ena es la autoconciencia, más visto y presenciado y
oido se siente el hombre por Dios. La existencia misma, experimentándose presencia humana, se siente impulsada al habla, a la oración, a la súplica, sintiéndose palabra elevada a Dios y con fuerza poética para presentar las cosas y hacer las ser-qué. Y viceversa: cuando más intensa y evidente sienta el hombre, en lo hondo de sí, la presencia y la voz de Dios, tanto más
• Quizás la voz "rcvelatio" (y contesto así a una cariñosa y delicada advertencia de
mi ilustre amigo Valentín García Yebra) no la usó San Jerónimo como "doble relación" ; pero si no lo hizo, tampoco debió de usarla como "manifestación'1 , pues la partícula "re" usada como invers.iva servía mal a lo que traducía, ya que "apokalipsis", no
es lo que se manifiesta, sino lo que se oculta y se muestra como oculto; del mismo modo
que "apócrifo" ( del verbo "kripto") es lo que queda ahí encubierto, pero indicando
que está ahí. Buda decía: "Siempre que el mundo decae en fe, yo me revelo y desaparezco qued311do aquí". "Revelatio" debió de significar siempre darse envuelto en doble
velo. Y, en efecto, Dios, después de revelado históricamente en Cristo, sigue siendo
"Deus absconditus". ¿ O es que podemos decir que ya conocemos plenamente a Dios
p0r habérsenos revelado? Si "revelar" no significó en San Jer6nimo encubrir y manifestar a la vez, hoy debemos darle esa significación. También el hombre, al expresarse, se revela, pues dice quién es, pero lo dice, oculto, tras de su propia expresión.

persona, tanto más presencia existencial se ,
.
te será su voz sobre las cosas que
. ra: y tanto más poe
.'nca y ardien.
.
se arumaran y move ,
rféri
JO el influjo de la acci6n poe't"tea d e esa voz y esa
ran. ° d camente baestá la autenticidad toda del h b
.
presencia el hombre. No
.
om re en sentirse ante Dios
d , K'
kegaard' smo en sentirse ganad
. lad
, como ec1a ierexistencial novísima y primera oExisy.&lt;:rcu ,º
luz como una sangre
.
.
tlT autentica.mente n
sól
.
en presenoa de Dios~ sino también en
..
, 0 es
o sentirse
Por su parte las c
p etrado, part1c1pado, comulgado en El
osas son con máxi.m ·a ·
···
traspasadas reí 'd ,
'
a l entidad, cuando son envueltas
'
eri as y comprendidas por la
.
y
velación presencial de Dios
á
h ,
presencia del hombre. La Re' m s que acemoslo ver e
el hombre se haga ver se sienta . t
.
y onocer, es hacer que
Dios y entendido has~ en 1 . vis ~' y penetrado y envuelto y conocido de
.
as mtenc1ones más calladas No e
terorrelaoón, un relacionarse d e1 horobre con Dios
. como
.
s, pues, una hey mucho menos como con un obJe
. to smo
. expe · ' .
con otra persona,
de su Presencia Personal, de un mo do, mefable
.
nmentarse,
ant
·
¡ saberse. transido
.
una asunción previa a toda . t
.,
enor a a conciencia: en
m egrac10n.
Quiero insistir en que ¡a reve¡ac1on
•, presencial d D.105 al
una visión o intuición de D'
.
e
hombre no da
de una sospecha y un barru10ts, smo que1 nos da la sospecha, la evidencia
n o, que es O que
ll
pensamiento y pm: la fe. Santo Tomás (Sum Th n~s eva a buscarle por el
necesitamos la gracia "para d . .
·
eo · 1 q. 12, a 13) dice que
a qumr un conocim' t d D'
,
to que el que habemos por la razón natural"
ien o e 10s mas perlecne co
.
' y, en otra parte que D' a.·
mo un cierto concepto d e D'10s antes de cono 1 al i
ms e,
preconcepto, pues la razón, co mo imp
. u1 s1on
. , genuincer e,b go l asi como
. . . un
Sí; la busca, porque la tiene
tr .
a, usca a D1v1rudad.
neo de Santo Tomás. "Ado·' oent elvista yDr~velada. De ahí el grito espontá.
r e atens e1tas" L p
•
..
concebirse intelectualment
, .
. a resenc1a Divma puede
e como un ámbito
D 'd d
cepto de Dios
·
.
' una ei a , como un con, pero s1 es expenmentada exist ialm
esa presencia es personal algo
ene
ente como presencia,
. .
'
menos vago que la Deitas
ch
,
d ente y part!apable. Entre el int l tualism
y mu o mas ev1mo una Deitas
1 . . .
e ec
o de los que hablan de Días coy e nust1cismo que trata a D'
,
máximas, cabe la actitud ni mis'n·
. . tel ios ·en
.
cercan1a.s y confianzas
'
ca n1 m ectualista
hall
.
mo Presencia y a partir de ell
.
,.
, que
a a Dios coa, emprnza su busqueda
1
•
humano.
Los
neoplat6nicos
griegos
hi
.
d
I
por_
e
pensanuento
·
,
cieron e a Presencia de D ·

?ºr su

esencia
comun' un concepto. Q mzas
. , f ue Agustín de Hi
, .
.ios una
,
luada y ardientemente vio l a D eitas
.
pona
qwen
mas
como persona
· .6
.
de sí sin quemarse ni 00 f di
.
, Y smti a D10s dentro
n un rse con El. Dicho esto
barruntar a Dios en la Natural
.
' y aunque antes de
eza por medio del pens ·
vaga
noticia de su Presencia por la R eve1ac1on
. , p resen amiento,
ya hay una
.
.al
die pueda sospechar en este plantearmento
.
.
c1
,
no
creo
que narungun' SU b'Jetlv1SII10
· •
o idealismo

Y el hombre es "imagen y seDJejanza" de Dios.

135
134

�más o menos trascendental. lucho antes de hablar de intelección en el
hombre y de intcligibilidad en las cosas nos hallamos en la región de la
Presencia, en el reino del "Pre" fundamental, cuando ni el sujeto ni el objeto, ni la idea ni el ideal han aparecido todavía.

h) A.

TE

DE LA

'OCIÓ

(. 'TELECTUAL DE

Dros

La revelación presencial de Dios al hombre no es un acto gnoseológico
ni siquiera ontológico, sino pre-ontológico, un contagio o prendimiento presencial en que el hombre -la persona metafísica- se autopresenta, se hace autoconciencia y se inicia el "siendo", la impulsión existencial. La Presencia de Dios nos prende en luminosidad, pero también nos centra co~o
autoconciencia, y nos aprieta en rigor existencial, con una voz, un cammo
y un mensaje, y el hombre se ve a sí mismo como llamado por una vocación,
como caminante y como mensajero, con misión y mensaje que ha de entregar a los demás mientras se realiza a í mismo. Y ahí empieza el pensamiento }' la actuación. Dios nos llega pre~cial y misteriosamente, in ~u le
conozcamos; le iremos conociendo a medida que nos vayamos realizando
auténticamente , conociéndonos a nosotros mismos. Y ese Dios presencial
es más evidente y luminoso que el que resulta al término d una andadura
del pensamiento discursivo. Dios resulta al hombre intclcctuah~erite lejos. :
una Ontología antropos6fica y presencial, antes que llegar a Dios. a la Deitas, por la vía de los raciocinios, parte de su revelaci6? presencial. Y .obtiene estos dos hallai.gos un poco sorprendentes: que el J.IJ1petu y la lucidez
del discurso son entonces más intensos y certeros, y que eso mismo, sin advertirlo quizl1s, es lo que hacen todos los que raciocinan sobre la existencia
de Dios. Sólo que lo intelectual desacerca y objetiva y por eso, antes que
pensamiento lógico, la revelación presencial se nos hace fe, la cual, por su
parte, calienta e impetuiza al pensamiento racional comuni~dol: el ~núdo presencial. .. Y la fe, como el amor, es desalejan~e, aproxunati~a. Dios
por la fe cst.-\ más próximo al hombre que por la razon; es m~ evidente y
luminoso como presencia personal que como concepto1 causa pnmera o motor inmóvil. A los otros hombres, por el amor y la fe los .iente próximos o
prójimos. La fe es contacto y participación,
las _demo.straciones intelectuales dan la contemplación respetuosa, la visión a distancia. Demostración. es consideración y cumsiáerare significa dar la vuelta por las estrellas,
en lejana circun-spección. Reconozcamos que el raciocinio,: a cambio, da
más seguridad, sobre todo a detenninado tipo de hombres, que parecen no
descansar hasta que lo saben bien, ha sido bien demostrado. Tal es el caso

mi~?45

de aquel sabio alemán que preguntaba inocente al término de la audición
de una bella partitura: "Bien, pero ¿ qué ha demostrado el autor con esta
sinfonía?" Aunque parezca muy otra, es la misma actitud de Kant cuando
pedía e.--q,eriencia para d)Oder probar la existencia de Dios, pues la que él
postulaba era la e.-xperiencia real y objetiva, no la existencial. Y sin embargo, algo experimentó fu ra y dentro de sí, cuando habló de la majestad impresionante de la conciencia del hombre y de las noches estrelladas. o le
bastó, porque él ansiaba ante todo, una demostración lógica; prefería la
demostración a la presencia. Pero sin demostraciones bien construidas hay
mucho homb~ que experimentan una cálida y vivífica experiencia de Dios;
en cambio, sin el atisbo presencial, ¿ cabría intentar demostración alguna?
Tambi ~n Ortega, otro gran intelectualista, prefiere la idea de Dios a la experiencia de Dios. Filos6ficamcnte nunca pareció contar con un Dios personal; se quedó en la Dei tas, como Scheler, como Zubiri. Por eso def cndi6
al teólogo contra el místico, prefiriendo el teorizante al experimentador de
Dios. Para mí, antes que la experiencia objetiva y la prueba cosmológica,
importa la experiencia interior del hombre, en donde se halla la verdad. Es
dentro del hombre donde Dios se deja más entrever y entreoír, y es a través del hombre como podemos presenciar y presentar las cosas del mundo.
Por eso esta Ontología presencial y existencial toma a Dios como fundamento: su Revelación presencial, como punto de partida, y Ja experiencia
del hombre, como principio del ser-qué, del saber y el conocer.

PRE-NOCIÓN Y FUNDAMENTACIÓN DB LA NOCIÓN DEL FUNDAMENTO

Debemos empezar buscanao una fundamentación filosófica a la nOC1on
y la ontología de todo fundamento, hasta alcanzar el Fundamento de todo
J
porque la palabra "fundamento" y su sentido filos6fico suelen ser u ados
en acepciones tan variadas como equívocas. Unas veces el fundamento se
entiende como virtualidad e influjo, irreversibles, del pensamiento lógico sobre lo real, aun cuando se trale de fundamentar Ja ontología de esa realidad. Y otras, por el contrario, designa a lo ontológico y real como única
fundamentación posibl del pensamiento y sus construcciones lógicas. Kant
mismo, que echaba de menos la experiencia de Dios para poder fundamentar la demostración de su existencia, afirmando así que la experiencia de lo
real debe ser el fundamento de la demostración, afirmó también, y mucho
más frecuentemente, que Jo real, para ser ontológicamente vigente, tenía
que hallar sus fundamentos en apriorismos categoriales y en dictado del
pensamiento sobre la e.xperiencia. Y al tratar de la Metafísica de las cos-

136
137

�tumbres busca su fundamento unas veces en experiencias ontológico-reales,
y otras en apriorismos lógico-categoriales.
.
Ya el hecho de hablar de dos fundarnentaciones, la del pensamiento ~
la de lo real, la lógica y la ontológica, es negar el Fundamento, por;u~ s1
este es "primer principio" no puede haber d~s; ~ ~ f und~ei:1t~
umco,
o no es propiamente fundamento. Pero tambien, 'pruner pnncip10 envuelve aquello que se quiere explicar. Los fundamentos. físicos de ~a casa son
sus cimientos· los biológicos de un árbol son su se011lla Y su raiz; los de un
·
raciocinio son' sus supuestos y los de un silogismo sus premisas,
como 1os de
una teoría los principios en que se apoya y fundamenta. _Pe~o. no bastan el
apoyo y el asentamiento: para ser principios h:u1. de pnncrpiar y gua~ar
continuidad con lo principiado, y entonces el ClIIllento puede no . se~ ~nncipio como no lo es la silla para el que se sienta en ella. _Es pnnc1pio la
premisa del razonamiento. Pero como los principios se. imbnc~ .s~;nen,
para hablar de fundamento hay que ha~lar de ~ "pnmer prm&lt;:p10 . Pero
el calificar a un principio de "primero' , lo calif1camos de lo mismo y notamos que el pensamiento tropieza consigo mismo, sin que_ acerte~os a romper el circulo sortílego. Es erróneo decir que el pensamien~? tiene fundamento en ¡0 real, cuando en lo real sólo tiene apoyo y d~taaon, la data, los
datos y la comprobación y el contraste de sus construcciones. Y_ es erróneo
afirmar que Jo real y fáctico tiene su fund~:11to en el pensanuento donde
sólo hallan principios. Lo real apoya y certifica ~o p~ental Y el, pensamiento da los principios en que ha de hacerse mte~gilile 1~ ontologia, d_e
lo real, pero ni uno ni otro / undamentan sus respec~v~ regi~nes ~nt~logicas. Ni Jo peruamental se fundamenta a sí mismo,_ ru uene_ ;gencia sm lo
real objetivo, ni la realidad objetiva es nada real sm la acc1on ~ensamental
del hombre que la presenta. Más en lo hondo del hombre y hacia atrás, está la presencia que, al hacer posible el pensamienw y presentar ~ lo real, hace posible y aun inevitable la conjunción de lo real y el pensamiento.

,;5

!

a) RAzÓN Y PRINCIPIO

Por esto, no es adecuado decir que el flllldamento da razón de lo f~damentado; y ello, no parque el fundamento no sea_ ~6n bastante o suficiente sino parque, al revés, la raz6n bastante o suficiente de algo no es bast~te ni suficiente para ser proclamado "fundamento", el cual, en su pr,enoción, ya nos avisa que es más que una razón y aun más que toda la razon
de algo. La razón, el pensamiento racional del homb~, puede co~~e~ y reconocer el fundamento de algo y servir como se ha dicho, de pnncip10, pe138

ro no puede engirse en el fundamento mismo. Fundamento quiere decir
más que razón y más que el ser de la razón; quiere decir dar principio sin
principiar. El Fundamento irradia verdad y ser, y la razón de una y otro,
pero desconoce la incertidumbre y la sombra y la duda y los contrastes y la
originación. El Fundamento es todo presencia, y da presencia a todo. No es
cimiento, ni principio ni razón suficiente, ni causa ni semilla. El Fundamento da principio y raz6n suficiente, pero 1os da; los regala sin ligarse, no
es razón ni principio, porque no principia ni se liga a lo principiado. Es lo
absoluto, lo radicalmente desvinculado y aparte. El principio principia, se
embarca e involucra en lo principado, y así la causa y la razón suficiente
son principios del efecto. En el Fundamento no hay más razón que la creación libérrima, sin compromiso con lo creado. El Fundamento no es funda..
mentado, como la Presencia Divina no es presenciada. Y así como para conocer a esa Presencia, para mirarla intencionalmente, hace falta desviar la
mirada del hombre hacia zonas de contrastes y penumbras, así para alcanzar a inteligir el Fundamento hace falta remitirse a lo que no es el Fundamento, sino los principios que ya se dan con la presencia del hombre, ante
sí mismo y ante las cosas. Ni el pensamiento ni lo real dan el Fundamento,
porque ninguno de los dos origina sin principiar, que es lo propio del Fundamento.
Pero los llamados "principios lógicos universales" no principian tampoco lo
ontológico real, sino que otorgan la forma pensamental o lógica de lo real.
Sin duda que los "principios del pensamiento" son los principios (porque
principian) no de la ontología de lo real, sino de inteligir a los entes reales.
Si fueran principios de la realidad ontológica, tendrían que ser también esos
principios del orden de lo ontológico real, y habrían nacido en lo real y no
en el reino del pensamiento. Y si no, tendríamos que admitir que lo real
nació de lo meramente lógico, de los dictados del pensamiento humano, pero sin ser este ontológico-real, sin dejar el pensamiento de ser pensamiento,
más con fuerza ontogénica creadora del orden de lo divino. Mucho menos
vamos a suponer que el pensamiento sea como un jugo o una savia que el
espíritu humano extrae de la manipulación de lo real, pues lo real entrega
datos al pensamiento, pero no lo engendra, que esto sería más inadmisible
que el poder ontogénico del pensar humano.
Ni una cosa ni otra: El pensamiento del hombre da el principio 16gico al
conocer y la intelección de lo real, pero él mismo, no principia lo real sino
que cae o se proyecta sobre lo real. Pero, más, allá del pensamiento, más
atrás, hacia lo hondo, hacia lo que fundamenta, están unos principios universales que el pensamiento no ha elaborado y que sirven de supuestos, de
impetu y de savia al pensamiento, brotando de la autoconciencia existen139

�cial. Son universales estos principios porque vienen, no directamente de Dio~,
pero tampoco de cada hombre, aunque sí de la presencia humana, de la uruversalidad de la copresencia, gracias a la cual los entes de lo real se ~re~entan desglosados del "hay", ganados de la respectividad al hombre, consntuidos
cada uno en ser-qué y en trance de ser conocidos por cada hombre después de
. d
E
l "
,,,
haber sido presentados gracias a la presencia e otros. •n : . ser-que ya se
conjuga la desnuda onticidad de cada uno con .la _res~~tlVldad Y
forma
ensamental. El ser-qué ya aparece como especie mtelig1ble ontolog1camenie principiada o ganada por el principio presencial del hombre, _con el cual
el hombre mismo ha cobrado sentido, conciencia de sí y pensamiento. Y ese
pensamiento ya elaborado, transporta el principio universal tomado en la

,1~

coprescncia por su conciencia autopresencia!.
y no sólo es pensamiento: La respectividad del ser-qué no solam~te da
la aptitud de ser tratado y conocido sino también valorado o entend~do. El
hombre valora reconoce el valor de las cosas. Algo vale cuando algwen valora y valoriz;, La valoración es un principio existencial que viene de la
presencia del hombre como primer valor y primer valorante. _Y. la presencia humana vale por el Fundamento que le otorgó su presencialidad y _que
es más que el principio; y todo principio vale más que la mera regu_la~d~d
0 repetición de los hechos reales, aunque ésta sea universal, y los pnnc1p1os
también. La Presencia Divina es el fundamento, que da razon y no es mera
razón; que da el principio y no es principio, que está presente a todo Y no

puede ser presenciado.
b)

FUNDA!I-IBNTO y

TRASCENDENCIA

Podemos nombrarle como lo Absoluto, pues el Fundamento lo es, en
cuanto total autonomía ante todo lo creado. Pero no parece que baste llamarle La Trascendencia aunque es evidente que es trascendente la_ pres~cia de Dios en el hombre, y lo que hace al hombre trascenderse existencialmente en un "siendo" y en un trascender continuo hacia un conocer y tr~tar las cosas del mundo. Pero solemos entender el trascender como un continuar lo que es, sobrepasándole, y entonces resulta que lo trascen~en~e. es ~o
que principia y sigue en lo principiado, pero no lo que da el p~c1pio sm
principiar. y Por lo tanto no es el Fundamento. Lo que nos ?'asciende puede no fundamentamos; pero lo que nos fundamenta nos es siempre trascendente. y aunque nos esforcemos en concebir lo Trascendente coro? algo que
está más allá de lo trascendido y sin ligamen ru relación con ello, siempre habrá que reconocer que le está trascendiendo, que de algún modo está con

ello aunque esté allende de ello. Pero ahora caemos en la cuenta que también
el Fundamento es fundamento de todo lo que hay; que el Fundamento está
fundamentándolo y que, por mucho que nos esforcemos, siempre el Fundamento par:ce tener algún vínculo o ligamento con lo fundamentado. Quedan pues sm fundamentar, no sólo la Trascendencia sino también el Fundamento. Y si Trascendencia y Fundamento están más allá del hombre están
más acá de la Pre-Esencia cuyo "Pre" queda más allá de la Trasc~dencia
y del Fundamento. Y mientras Lo Absoluto, el Fundamento, la Trascendencia, alud.en a alg~ imp~rsonal, ~ producto ya elaborado por el hombre después
de la pnmera evidencia expenmental de la revelación, la Presencia al menos
por ref!ejá~nos hecha pre~encia humana, está remitiéndonos a algo personal:
a Alguien, innombrable e inconcebible, es verdad, pero que, al hacerse autoconciencia y pensamiento, nos pide una palabra, un silencio, un nombre. No
Lo Absoluto, ni el Fundamento, ni la Trascendencia, sino la Presencia Divina
y Personal, con un nombre: Dios.

c) EL

FUNDAMENTO Y LA PALABRA PRIMERA

Dios no es un nombre ni una palabra, sino el primer pensamiento y la primera palabra; sin ser un pensamiento concreto, ni un concepto acabado, ni
~a _ralabra encapsulando una idea completa, en- ese nombre, cargado de radiaciones de la Presencia, toma principio el pensamiento. Su Presencia está en
todos los hombres y su nombre está en todas las lenguas. En el Principio es
el ~erbo, la palabra que da principio creador; el Fundamento. Al autopresenc1arse el hombre en lo profundo, halla oblicuamente lateralmente la
Presenci~ Divina, a cuya radiación el hombre mismo le ;one sombras,' como obstáculo, y el asombro fundamental, que es la conciencia primera de
esa ~ombra, le hace pronunciar el primer nombre: Dios, algo silencioso y silenciado por ~I asombro. P_or eso el nombre de Dios en todas las lenguas está como aludido y aun evitado o soslayado. En sánscrito "san" o "sat" ( de
donde "sanctus") dice s6lo "el que es". De ahí el verbo sustantivo "as" que
dice "ser". Ahí se originó el griego antiguo "on", que en jónico era "o~ax"
de donde viene "anax", principe, y de "princeps", principio o decreto. Pe~
ro en sánscrito "OM", como en hebreo el nombre de Dios es sagrado y es
indecible.
'

Y ese nombre es inefable porque es el Fundamento· es la Presencia q e
E~
'
u
es ' v1 ente pero no se ve; la Voz que no se oye pero se entreoye. El "fundamentum" latino, derivado de "fundare", está próximamente emparentado
cn"f
o
undir"d
e , erramar, to d o d.
envado d e una raíz "fud", y con ella, &lt;p'IÍOJ,

141
140

�vl., 1)f(W tp'Úa&amp;~, y, tamb lºén "fOS" &gt;
nacer de donde los vocablos gnegos 'I' sán'I, 'l'_t p~e provenir del indoeu'
,
bºén se halla en
sen°
·
.

luz. Esta ra.iz que tam

1
. .
"bhutas" y "bhuta-yoni"' que s1g''bh ,, (ser) de la que se ongman
. . .
al o que
ropeo
u
'
. . .
f ntes algo que pnnc1p1a y g
nifican respectivamente, prmc1p1os y ~e "be:' . lés y al "bind" alexnán. y
se derr'ama. De esa raíz se h~, llegado" abism;: ~ fondo. y de "bhu" se
al griego "bys.ws"' hondo, y a-b~sd' "f d~-entum" y "fundus", tierra,
.,
, "íi!d" de uon e un o.u,
'
formó tamb1en la rau
,
b'én se "mentum" del vocablo
"
d . el mar Pero tam i e
l
y "el profundo , es ~~
.
materia de que se hace aquel o
1·
"fundamentum.", está indicando a p ~ ;
tum" alude a la materia del
se funda ,.. fundamenta, como e
amen
el ºd El "fundamen1
que
•
d que se hace
ru º·
hilo y el "nídamentum" a la mate_na e l
"fundus" todo fundido en
'
"f "
l oerra y a mar,
tum" alude a la luz os • Y ª
· oso ,ue se derrama en
' d la raíz "bhu". El / undamento es algo lwrun
q . d D'
Esta
el ser' e
.
el mar. es la Presencia e ios.
claridad el mundo, sobre la t1~ra y . d l 'sán rito "div"' brillar. Pero de
''D'lOS" ' Dcus, .d ,ó,..
80~ den va
e
se
d d
palabra
~• ., ,
,
·t "bha1'" derramar, de on e
, " l "
formó tamb1en el sanscn o
,
. ,
"Gott''
la raiz b iu ' se
"Bo ,. D'os "God" en ingles y
"bh°',..,..'' suerte y el eslavo y el ruso
g ' i ' .
1 fundamento del
"º- ,
'
D'
ejor Dios es e
en alemán. El Fundaroentum es i~s o, :
mundo hecho Presencia y
mundo i un fundamento he~ho de uzd so re en un C:.ear inagotable.
Pre-Esencia. Una Pre-Esencia que se errama

cl

d) FuNDAM!NTO, ASUNCIÓN E INTEGRACIÓN
"
d
to" uede ser atribuido a Dios. Como
S6lo así el concepto de fun amen
Ep
. f nda y fundamenta toda
•
--i f
d enta . como Pre- sencia, u
.
"Pre" uruvc=, un am
•
.
h
·tar en asunc16n,
Trascendencia nos atrae y ace grav1 ,
esencia y todo ser; como
.
li l aro· cipación presencial. Pero es
. b · S' en ansia de arop ar a P
en elevación aoa 1, • .
•,
•
no di amos pasiva. Aun el hombre en
más donación que participa~ion a~v~ly .
llamado m,iado y atraído que
• ·
cial se s1ente roas I u.roma 0 ,
•
• su conc1enaa presen
.
p t de Dios' 1:1y por la seme1anza
d'
.
Es
seme¡ante
no
ar
e
.
participado de lo avino.
' D'
amarle y pensarle. Todas las
se siente inclinado, llamado a bÉuscar a l 10s yas por su ser. las personas por
.
das 1 ·
1 pero as cos
·
,
criaturas están onenta
1acia ,' .
hacerse un ser que ofrecer y
. .
un buscarse a s1 mismas para
.
al omb
su existir, que es
esd
tividad están ofree1.das
h
re,
tributar a Dios Las cosas, d e ~u respecd h .
Todas las criaturas se
, d , t quedar onenta as acia
.
.,
para, a traves e es e,
.
ha . D'
Pero las cosas, en ascens1on,
,
ara onentarse
oa 105 ·
enlazan y reunen p . .
hombre. las personas, en a.sunci6n. Es una
al través de su respect1v1dad al b
' a a.nmci6n del hombre a Dios.
º6 d las cosas en el hom re y un
integrac1 n e
.
el
1 fundamentado, no se confunCoroo Fundamento, Dios no se mez a a o

l

Dios

de con las criaturas, pues, como sabemos, el Fundamento está siempre aparte
de lo fundamentado. Tampoco lo integra como un todo orgánico a sus partes, pues no somos partes de Dios ni órganos suyos en la acepción biológica.
El hombre se siente ir en asunción, pre-orientado, llamado a tJ, pero habiendo de merecer con su existir el viaje asuntivo. Dios es el Gran asunto de
toda criatura y por tanto del hombre. Y el mayor grado del hombre, ser
asunto de Dios. El hombre, por su semejanza a Dio\ y su jerarquía ontológica, se siente mirado, presenciado, referido a su Presencia, al Fundamento
y al Fundamento trata de volver. Y al través del hombre todos los seres naturales, presentados, integrados en el ser por la presencia del hombre, a
quien están referidos ofertivamente, sueñan con elevarse asuntivamente a lo
sobrenatural que el hombre trae. De ahí el sentido existencial que, partiendo
del hombre, circula por las cosas... El sentido ya sabemos que representa la
circularidad del espíritu en el mundo. Es una circularidad imperfecta, una
espiral para elevarse. Todo circula de sentido porque el espíritu circula buscando a Dios como Fundamento universal y único.

e)

FUNDAMENTO V

SER:

SEMEJANZA, INSPIRACIÓN Y

PARTICIPACIÓN

Dios es Fundamento de todo ser y todo no-ser. Pero por eso mismo no cabe dentro de la noción de ser. Podemos decir que es el Ser Absoluto, Primero, Unico e infundamentado. Pero, con todo eso, lo que estamos diciendo es
que es algo que está más allá y es previo a todo ser, tal y como el hombre
concibe el ser. Hay que fundamentar la noción y la onticidad del ser que la
Metafísica clásica unas veces ba creído sacar de la experiencia, otras del pensamiento y, lo más frecuente y en última instancia, de Dios. Es para mí evidente que, en este último caso, se ha dicho una gran verdad, la de que todo
lo que hay tiene su fundamento en Dios. Pero es la noción misma de fundamento ontológico y el fundamento mismo de noción de ser, lo que ha traído
cierto trabucamiento en la Filosofía clásica y tradicional:
Unas veces, se nos ha dicho que "ser" es todo y cada uno de lo que hay
en el mundo - y ya aparece confusión atribuyendo el ser lo mismo a "todo"
que a "cada uno", y no sabemos si como "noción" mental, o como onticidad,
pues es evidente que ni la noción ni la realidad ontológica puede atribuirse
en el mismo sentido a "todo" que a "cada cosa"- ; y que lo que es, lo es, según lo experimentamos por los sentidos, según unos, o es lo que concebimos
por el pensamiento, según otros; y en cualquiera de estos casos, hay que buscar el principio en que las cosas principian y por el que las cosas se ponen
a ser. Pero otras veces se ha afirmado, de otro modo, que el ser es algo (no

143

142

�se quiere decir "alguien", por temor a que se diga que en ello hay prejuicio,
como si al hombre le fuera posible juzgar sin algún "pre-juicio'') algo universalmente traspuesto a todas esas cosas que hay en el Universo, y que es
lo que las hace ser, con lo cual se alude no a su principio sino a su fundamento. Y se dice verdad al decir que Dios es el Fundamento de todo ser,
que es también lo que yI he dicho. Pero, por lo general, al decir que Dios
es el fundamento de todo ser, se da a entender, y aun .se dice explícitamente,
que, por eso mismo, Dios es también ser, el Ser por excelencia. . . Por falta
de una noci6n fundamentada del Fundamento, no se advierte y reconoce que
si Dios lo es, por eso mismo, no se homogeneíza ni participa, no se. liga ni
ob-liga, con lo fundamentado, y más bien servirá para pensar que, puesto que
Dios es fundamento de todo ser no es ser, o si lo es, será algo distinto radicalmente del ser que estamos fundando, encontrando, tratando y pensando a
cada paso.
Ortega y Gas.set, con su profundidad acostumbrada, habla así del fundamento: "El ser fundamental, por su esencia misIPa no es un dato, no es
nunca un presente para el conocimiento, es justo lo que le falta a todo lo
presente. ¿Cómo sabemos de él? Curiosa aventura la de ese extraño ser.
Cuando en un mosaico falta una pieza, lo reconocemos por el hueco que
deja; lo que de ella vemos es su ausencia; su modo de estar presente es
faltar, por tanto, estar ausente. De modo análogo, el ser fundamental es el
eterno y esencial ausente, es el que falta siempre en el mundo -y en él siempre vemos la h~rida que su ausencia ha dejado, como vemos en el manco el
brazo deficiente. Y hay que definirlo dibujando el perfil de la herida, describiendo la línea de fractura. Por su carácter de ser fundamental no puede parecerse al ser dado que es, precisamente, un ser secundario y fundamentado.
Es aquél por esencia lo completamente otro, lo formalmente distinto, lo absolutamente exótico". Y SP.guidamcnte subraya lo que e e ser fundamental
"tiene de distante o incomparable con todo ser intramundano", declarando
su simpatía -aunque s6lo en eso- "con los que se negaron a hacer casero,
doméstico y casi vecino nuestro al ser trascendente". En vez de unirse a los
que "traen a Dios demasiado cerca y como Santa Teresa, le hacen andar entre los pucheros" prefiere a los que "con mayor respeto y mayor tacto filosófico, lo alejan y trasponen" .1 Creo que ahí falla Ortega: en no ver que si.
la presencia es ausencia, también la ausencia de algo es presencia; en no ver
lo que el er fundamental tiene de Presencia, y lo que la Presencia tiene de
Revelaci6n; y que en toda revelación su lejanía es ~bién su proximidad. La
Ausencia de Dios está en su Presencia y viceversa.· Y el Dios trascendente a
1

quien no conocemos anda entre nosotros y en nuestra vida ordinaria y entre
1~ p1'.cheros., El en~rme intelectual que hay en Ortega, su ingente cabeza
filos6f1_ca, tema ~am~1éo su manquedad, su línea de fractura: siempre Je falt6
el senudo del l'DlSteno y de lo irracional.

_Y no hay el peligro que rehuyen los gnósticos de que Dios, con la proxim1d~ del mun?o) se manche o se h
responsable de su imperfección.
P.rcc1Sam~te ah1 es donde se ve más lúcidamente en qué profundo sentido
la Presencia es creadora, y el Creador es Presente en su obra, sin contaminarse
ella, Y sin qu el carácter absoluto del Fundamento estorbe a la a\l•
tonom1a
de
.
. lo fundamentado., El Creador no sólo inventa seres de 1a nad a,
smo que 1?venta 1~ nada
y de las imposibilidades obtiene posible, y
de los pos1~les, reahdades, sm que el Creador mismo se afecte d nada ni de
se~, ~e po ible ni de imposible. o
afecta tampoco de cerquidadcs ni de
leJaruas. Puede crear impurezas, imperfecciones, seres deficientes sin que por
eso el Creador se contamine de ellos. 'o hay que inventar un Dios segund0
.
1os gn6sbcos
·
como h.1c1~ron
para justificar las imperfecciones del mundo. Ese,
segundo dios que ellos buscan, responsable de los defectos, es el hombre. Tampoco la luz se ensucia con los contactos de la realidad. La luz más bien lim ·
rif
hi . .
.
p1a,
pu 1ca.; giemza. Y acaso Dios con su Presencia borra impurezas y deft'ctos
y fealdades que pone cl hombre. Para ello nos llama a ser el ser que debemos
ser; y pa~a eso hay misericordia y perdón y amnistía para el hombre. Qui7,,í.s
suena ah1 el más profundo sentido de la salvación.

ªª

?e

°:1sma,

. Si es verd~d que en Dios somos, vivimos y nos movernos, no por eso participamos a Dio , tomando parte o porción en El. Para entendernos los hom-

ent;

~res
nosotros misn~.os, "al.e el concepto platónico de '&lt;participación" 0
metexy , pero apenas s1 nos sirve para fundar una buena noción de "f _
d
., Pod
.
un
_a~ento •
cmos decir (sin pensar en partes ni en fracciones) que paruc1pamos
' · ~ 1a p resenc1a
· D1vma,
· ·
" el es~mtu
y que le participamos' actuando
~m~ 6rg~os de Dms, pero es palabra temible en el uso, la de "participac16n
que la. palabra ."participaci6n" debemos usar las d e msp1rac1
· · ·6n
. . MeJor
.
mducc16n o semcJanza acc1onal que facilita la acción presencial y existenoal de ho~bre_ inducido ~ inspirado. Más que participación en Dios, hay
contacto rrustt'noso, comunicación secreta con El Q.. =--'s 1a meJor
· pa¡a b ra
P~ des1gn~ nuestra pos1c1on Junto a Dios, sea la de "sem janza", una mistenosa seme1anza que nos hace aspirar a Dios, imitar a Dios representarle
Y prese~cia~ como Diosi y pensar, hablarle, responderle, y hast~ fundar como
unos diosecitos, seres -por ejemplo en arte- pero sin ser Dios ni participarle. Somos y nos movemos y nos inspiramos en Dios, y Dios nos funda.
menta el ser, todo ser, el nuestro y el de las demás criaturas pero no
ello podemos decir que Dios es, al modo humano de entender el ;er.

º.

.

. ., .

. =

¿noce!:

OaTEoA y GAssr.T: ¿Qud es Filoso/la? 1957, páginas 108-9-10.

145
14-1-

HJO

�oscuramente a Dios, y conocemos el ser y lo fundamos en las cosas al presentarlas como seres-qué, conjugando su especie inteligible, su nuda onticidad,
con nuestra presencia y nuestra intelección; pero, no porque conozcamos oscuramente a Dios y más claramente al ser, y no porque hallemos que todo
ser está fundamentado en Dios y si acaso fundado por el hombre, tenemos
que involucrar en el ser a Dios. Que no podamos pensar nada sino como
siendo, no quiere decir que Dios sea, sino que nuestro pensamiento para
pensar, necesita elaborar la noción de ser; y necesita elaborarla porque él
mismo es y necesita ser; pero es y necesita seguir siendo pensamiento, aunque también por sentirse no-ser con la onticidad de lo real. necesita esa
onticidad y la busca, y con ella, funda el ser-qui de cada cosa. Y llama a
todo y a cada cosa, ser, porque pensar es "siendo" y no hay ser sin pensar
ni pensar sin ser; y hasta Dios le llama ''Ser", incluso en la etimología de
su nombre en todas las lenguas, según vimos. Pero ello mi mo viene a confirmar que la noción de ser le sobre-viene al pensamiento humano del principio universa\ de la co-prescncia hu.mana, y que con esa noción, prenoción,

el hombre presenta y funda el ser-qué y lo conoce.
Y si el primer verbo que en la mente del hombre aparece y se forma es
el verbo "ser''; si el ser aparece, antes que en las cosas, en el pensamiento,
que es como el "verbo" del hombre de tal modo que lo primero que pod mos decir de algo y de todo lo que hay, es que es; y i no podemos designa1
a Dios sino como "Lo que es" y al hacérselo presente al hombre no puede
m nos de aparecérscle como ser, pero como ser presencial, como persona,
tal y como la persona se presencia a si misma, digamos que Dios evidente y
misteriosamente es quien es, no "lo que es". Alguien que nos pre encia y
nos mira y nos da a todas las criaturas la fuerza para ser lo que cada una
es, Dios, en fin, es. desde u "Pre" remoto, el Fundamento, lo que Pro-es;
el "Pro'' universal de todo, Quien lo {undamenta. Por eso, al manipular pensamentalmente el ser de Dios, no olvidamos que su Ser es Pre-Ser, y que,
por tanto, no es, del todo, lo que llamarnos ''ser''. Mucho más cuando luego
vemos que también el hombre es un ser raro que no es ser al modo natural,
sino que su ser es, realmente, un "siendo", y un ''siendo" que es verdadero
ser. gracias a que viene ganado por el tmpetu e.'ti tencial y por la fuerza
de la acción pura del e píritu que en el hombre se hace presencia y autopresencia. El más rico y hondo ser del hombre, no es el ser acabado de
su cuerpo, de su especie o de sus conceptos, sino su "siendo" existencial.

i sólo fuera ser al modo terminado y específico del animal, el astro o planta,
¿ qué ser inactivo y neutro sería el suyo? El ser si quiere alcanzar a ser en
la máxima intensidad para el hombre, tiene que estar siendo, tiene que ser
existencialmente y reafu.ar su "siendo" en la temporalidad que el propio e.icis-

rir va segregando para poder sostenerse existi d
.
hay "siendo'' ni existir Pe
.
en o, pues, sm lo temporal, no
cial del hombre ese ~tilo : esto mismo nos dice que ese "siendo" existencable a Dios de' quien no pode ser que el hombre tiene no es tampoco apli'
emos pensar que
tá h •
ralidad ni elabo , d
se es
ac1endo en la temporan ose un ser que no acaba d
.
las ideas y ajustemos:
e tener. RecoJarnos aqui bien

SEJ4EJANZA, PARTICIPACIÓN y ANALOGÍA

Cicerón tradujo el griego d,.alo la
"
. ,, 1
luego la filosofía escolástica ha ac 'Y t dpor comparatto
proportio" que
unos, a la analogía de proporción . ep a o en sus dos ~ers1ones inclinándose,
el mayor o menor fonnalis
' otros,_ ac~tuando mas la atribución según
mo a que se melina e) estilo
uno. Pero de la analogfa filosófica habl
•
pensamental de cada
de hablar sobre la analogía como semc. aremos mas ~~elan_te. Ahora hemos
ma palabra ("metexy'' d
,
¡anza y la part1c1pac16n. Ya esta últi.
' e µeT-exw, compartir
éste de ,
cer)' qwere decir en Plat' .
Id
' y
µe-r-1:iµ,, pertene,
on, igua ad y dif
.
l
.
que parece igual y el ser igual en l d.f
erencia, e ser diferente en lo
0
1 erente. Claro que PI t'
·· •
f •
a 1a part.1c1pac1ón en las Id
.
a on se re er1a
.6
eas, pues D10 para él está , ali' d
rel ac1 n, de toda participación d 1
. '
,
mas
a e toda
. . .
' e a sem Janza y la dese .
)a 1m1tac16n pitagórica.
meJanza. .. Recuerda

!

Toda semejanza en el mundo de lo e i.ri al
revelación puesto que seme·
sp tu Y personal tiene algo de
1ar es, a 1a vez pare
d
que no es exactamente igual
I d"f
'
cer y es-parecer, lo igual

y por eso lo que se revela pid: e~ in11:l~rte que. no .e~ del todo diferente.
I dif
. g , y el mteltgir humano es buscar
Y a
erenc1a en lo pa ·d .
mente y comparamos que
J
.
rec1 o, acercamos mental. .
.
'
es a operac1ón más elemental
1
ramos, distmguunos y abstraemos y . 1 Id
.
·
as, a ea lo arism y, uego, 1separesulta mtermedio entre lo universal lo sin
, o que en p atón,
concreto" de Hegel
H I
Y
gular, algo as1 como el "universal
.
' pero ege , aun hablando de la Id
ref ,
que m es unÍ\'ersal ni s concreto cuan
..
ea, se ena al concepto
cepto " er'', el propio Hegel die; y uc e.; ~o es um\'ersal de \'erclad como el conel mundo de Jo personal q
ql
gual a nada. Para la reuelació11, para
. .
, ue es e mundo de lo
cial
rrustenoso, val la idea la cual
á
presen
Y por tanto de lo
Idea no basta el ojo n/ iquiera 1~ m·6s qu~ concepto. y para llegar a la
el parecido en lo diferente

Y la inteligencia es más que razó ~a~ n ~
~te; ~ace falta la inteligencia.
rarse" que es ás
n, es razon ex1Stcnc1al, el órgano del "entem que conocer porq e
la enterldad del hombre y co'
. u . ~ conocer por entero, es decir desde
•
n aspu-aoon a I
cosa y de las cosas todas.
ª totalidad de lo que es cada

147

�la
roximación y la comparaci6n
La in igencia, para ~n~er"rse' bu:arazó:~ara elaborar el concepto disde lo distante y de lo dis~to, que anal 'as entre las cosas del mundo p&lt;&gt;rtingue y abstrae. Hay semeJanzas y ll ogt hombres y la inteligencia halla
que hay animales inteligentes que se
en 1~ singular, es decir, el
en la idea -no en el concepto-d hlomb
p ro la noción misma de ''seme.
1 'dad de ca a o re. e
al
l
universo en la smgu an
..
en la filosofía tradicion ; y 0
asa de precwones
.
janza" parece u? poco e:
,a" ues esta palabra no es sino semeJanza.
mismo cabe denr de la analogi. ' p ha. diferencias y no estricta igualdad,
o basta decir que en ~oda ~eJan~\
sobre lo común, sobre un fondo
si se supone que esas d1~erenc1as sel i UJ 'dad implica participación, pu ,
'dad
se enuende que a comun1
.
I"
de comum
, Y
,
d'
"lO 1·guatmente engendr"'do"
..
, pero lo "agua no
como lo homogeneo, ice
• t ) porque allí en lo igual, hay
.
. ., (
cho menos lo seme1an e
'
ed
es lo "1dént1co y ~u .
.
. en la identidad, no, resulta que pu e
distancia entre los tcrmmos igu~lcsady
l .
..:c·1pación entre los térmmos
. d .
unid
rc·a m paru
haber homogene1da m_ com
1 traducción latina de la analogía griega.
homogéneos. y la scmeJanza es a d " . la ,, y "simulaorum")' que co"Similis" deriva de "simul'' (de don e
o de la raíz sanscrita ''sama'''
rresponde al griego ó~~.1ó~; ~mejante: vezEs lo mismo "analogía" que
juntar, de donde qmzas, aµao,, cose ar. ¿

=rsal
·'!n

7u

"sem jan1.a"?

· d1

amiento"

.
"
. "
. r decir "conforme al decir e pens
La \'OZ gn ga analogia quie e cd
d..,..;.. bien igual forma o fi,, nf
.dad" pu e querer ........ '
.
("logos"), p ro co onm
.
d por participac16n,
. d . ar lo que se aJu ta a otra cosa toman o,
gura, o bien es1gn
h
participación. en el otro, no.
fim11·a de ella. En este caso, ay
'
'd d
de
la r
iorma o
te caso sobre un fondo de comun, a ' no
Pero hay part1opaC16n en. es al d
lo que difiere dentro de lo homohomogeneidad. y la scme1anza ~ e a l
e parece otra coa sin serlo
1
,
eme1ante es o qu
géneo y no sobre o :°m~.
.
ver la diierencia con ella. Las cosas
y sin participarla mas bien d7!and"o " arir son gemelo ) no sólo porqueparecen ("parere", aparecer y parere d' p i la presencia lo cual les hace
t
ser presenta as por
.
,
ofertivamente e pres an
arecer y des-aparecer), sino yendo más
a( d) parecer (,• reaparecer, y
en a a la res/1ectiuidad, el ser respecto
,
rquc en el ser-qué de e ' tr Y
d ás de su
atras, po
'
d , del ser ofrecen el parecer; a ero
al hombre, de m~do ~ue, a em~a el "modo" como categoría ontológica; la
onticidad, su apanenc1a (lo que . .
ral d la coseidad, después de
. 'd d
es ino la apanencia gene
.
. al
{enomemo a no
d
'd
el "parecer" mtenoon
d "ha ") toman o se.nt1 o en
ser extraídas las cosas e
y
d d las mientes. Las cosas tienen
otro parecer brota o e
.
del hombre, que es .
.
' ero además de su ser --como mera onb.entre sí parecidos o diferencias, p
que' Del mismo modo
·
ara alcanzar su ser•
ciclad:-, prle~'pisanarec~r''p~::::i!e para acabar de parecer. Las cosas, por sí
necesitan e

º.-: .

ª

148

=

solas, parecen Jo que son, pero el hombre, con su parecer, les hace parecer
otnu cosas que no son.• Por la acción do la presencia humana que les hace
presentarse, las cosas aparecen, trasparecen y desaparecen. Por el parecer intencional del hombre, que las aproxima y las separa de modo también intencional, se parecen y se diferencian. Además de los parecidos y las semejanzas
que llas tienen entre sí, y que el hombre les encuentra o no, hay otras que
el hombre les pone sin tenerlas ellas; por ejemplo; la semejanza en ser numéricas, o existenciales, o meramente conceptos.
De la conjugaci6n de las "apariencias'' o "parecer'' de las cosas, y el "parecer" intencional del hombre, brota la semejanza o analogía, que puede clasificarse así: analogía o semejanza de figura, de operación, de función, de
origen y de acción: pero esta última semejanza es exclusiva de entes espiri•
tual , d personas, po que "acción" ahí, alude sólo a los actos y la actividad
del spíritu, no al mero movimiento. Pero cabe que la semejanza no sea la
analogía, aunque por pt.1ra arbitrariedad de pensamiento. i por analogía
cntendemo un parecido (figurativo, funcional, operativo, acciona! o genitivo)
analogía quier decir lo mismo que semejanza. Pero si se supone que en la
analogía liay o se significa participación entonces no es semejanza, pues ésta
exige una distancia, por mínima que sea entre el modelo asimilante · el
objeto asimilado. Por eso la llamada "analogía de proporción" no puede indicar sem jama, pu la "pro-portio" alude ya indudablemente a partes y
porciones, a comunidad real y no a horno n idad de origen, cuando más.
Hay proporción y participación cuando se toma parte o porció,i de una totalidad común. Pero eso no es semejanza. En cambio se conserva la semejanza
en la llamada «analogía de atribución'' siempre que se "atribuya" por ana..
logía y ~o por pertenencia real, ni pertinencia conceptual. Atribuir inteligencia al hombre, automoción al áñima o gravedad a la masa no es atribución por analogía sino por pertenencia. Atribuir encanto a la mujer bella
y graciosa o nobleza moral al caballero que lo es, tampoco es por analogía,
sino por Juirlinencia. Atribuir automoción al coche de motor, encan!o femenino a la flor, o gravedad a la meditación de un hombre es equivocidad o
analogía d comparación. Pero la atribución por analogta o semejanza, i
no es unívoca ni es equívoca no incluye, antes excluye, la participación. Por
eso en gramática se distingue el adjetivo que califica o determina, e.xtrínsecamente, aunque con\'enga la calificación, y el eplteto, que caracteriza y no es
cualitativo sino calitativo · dice la indole o naturaleza del sustantivo, no su

ci¡a/idad.
o hay semejanzas cuantitativas con proporción o sin ella, como no hay
semejanzas en los conceptos puros, como tales. Si digo, por ejemplo, que el
• Vid páginas 2fi8.:269 de mi La Pruencia como fu.ndam,nto de la Ontofogla.

149

�concepto 4 se parece al concepto 27 en que ambos son números y parti•
cipan en la numeridad o comunidad numeral, podernos hablar de coparticipación, no semejam.a, como son coparticipantes y copertenecientes dos
ramas del mismo tronco. Si hallo semejanza entre casa y habitaci6n no es
en el concepto sino en la imagen. Pero en el caso de dos conceptos, o de dos
números que pertenecen a una comunidad, la conceptual, no hay participaci6n ni co-ptrte.nencia, sino co-pertincncia, mero concurrir a una misma oportunidad o conveniencia. Es una falsa co-participación porque no es real. La
semejanza es siempre figurativa, funcional, operati"a o acciona!, pero no proporcional, aritmética o cuantitativa. La misma proporción matemática, aunque usa vocablos que recuerdan la semejanza ( dos es a cuatro como tres es
a .seis) no es, semejanza, ni siquiera igualdad (mucho menos identidad) sino
equivalencia, igualdad de valor matemático en las relaciones. Pero no haría
falta que hubiera eqwvalencias de ·'razones" matemáticas, si fuera mera
igualdad o semejan1..a aritmética. También podíamos decir: tres multiplicado
por 4 es como dos multiplicado por doce. Si en matemáticas a aquélla se le
llama proporci6n y a ésta no, es porque estamos ante una de las tantas convenciones de los matemáticos que nunca anduvieron muy seguros de la gramática ni del habla. Ahí se trata en verdad de eqwvalencia, no de igualdades
ni de semejanzas, porque no hay semejanzas cuantitativas. Y ello, no porque
yo lo decreté así, sino porque la semejanza o similitud indica ' imagen", y
tas cantidades ni las magnitudes ni los conceptos no se representan en imágenes, que son "figuraciones" y ''re-presentaciones'' de cosa individuales. Para
que haya semejanza entre dos proporciones matemáticas es justamente necesario que no haya igualdad (aunque haya equivalencia) y sí cierto parecido
figurativo de sus cifras.
.
Tampoco debe hablarse de identidad. El concepto identifica todo lo que
cae bajo él y puede hablarse de conceptos idénticos porque son sub umido
en otro concepto má amplio que los idénticos. Pero esa identificación del
concepto, no es la identidad de cada cosa consigo misma. Cuando yo digo
que las cosas son idénticas (id [em] énticas) lo que quiero decir es que son
iguale o semejantes pues todos los entes c6sicos (sin el "qué" que les
hace ser-qué) son idénticos en la coseidad. La semejanza es comparación y
atribución por analogía, pero no es proporción ni participación. Dos figuras
son semejantes, no porque tengan sus dimensiones proporcionales, sino por.
que
parecen en la figura y no en el tamaño; o se parecen en la función,
aunque no en el volumen o la figura; o en la operación, esto es, en el modo
de obrar. En lo que no se parecen nunca es en la cantidad.
No podemos confundir la equivalencia o igualdad cuantitativa de dos
relaciones matemáticas con la semejanza de esas proporciones. Ni hablar de

150

analogía de proporción, sino de atribución

d

.

pro-porción toma parte en lo q e al d
y e comparación, porque o la
toma parte, pero entonces no es pu
u 'óe, y entonces _no es semejanza, o no
•
ropon:1 n en su acepc16n ·
H
Janzas que dan lugar a proporc·iones o matemáti
ngurosa. ay seme•
(
11

porcionales, sino Jas figuras las
cas pero e as no son proI
nes resultan d .
~
cua es, por proporcionadas en sus dimensio,
e Clerta semeJanza) y scmej
clones ( como la operativas y funcionales anzas ~~e no dan lugar a proporhaber proporciones matemát'
y genitivas) y, en cambio, puede
icas que se parecen
tre • ·
.
o proporcion que son equivalentes tre , . en
s1 sm ser equivalentes,
.
al
en
t sin ser semejantes H
ctones re es que no pueden traducirse a
. .
. ay proporla conducta del animal es propo . al mi atemat1cas ( como las operativas:
rc10n a a de su Pcns- •
nal; la novela de Gald6s es
.
. -rCte; o como la accio.
proporcional a la de Ce . t )
h
c1one matemáticas ( las de func1·0
d . ad
"an es y ay propornes eriv as o la de n'
·
·
que, siendo matemáticas O no
al
. d'
umeros 1rrac1onales),
·
son re es ru icen nada d lO al E 1
me,anzas calitatfr.as no ha
.
e
re • n as seesto, la anal~ía entre dos :respro~rc16dn, lsalv~ en la que llamo específica,
. .
. ~
vivos e a m1 ma esp ·
d
.
dtStmtas s1 han sido engendrados de modo i ual
~te ~ aun e eSpec1es
diferencias sobre un f d
d
. g ' es decir, s1 acusan notorias
.
on o, no e comunidad partic' d
.
ne1dad. Pero en este caso la sem .
. tpa a, smo de homogcser de la misma naturaleza
es propiamente calitativa, por no
en el origen.
, ca t a o mdole, sino genitiva por la similitud

r~J;za ,"º

También suele haber confusión indebida entr "
, " "
pues debiendo este último té .
. di
e analogia Y homología"
rrnmo m car solam t "' al
1
•
'
cosas distintas (como los "is6to "
Q , . en e igu co ocación" en
el mismo lugar en la escala at~~ en wnuca, esto es, cuerpos que tienen
orruca. y como lo "isóm
"
.
mo Léculas en análoga posición) d b'. d
. .
eros que tienen las
.,
, e ien o s61o mdtcar eso
.
tam b ten a los términos sinónimos de I L, .
.
s casos, se aplica
ci6n en la Fisiología, }' basta a J
a ~~ca, lo miembros de igual f un.
,.
os acontecuruentos que oc
1 •
tie_mpo ÍlSICO, constituyendo la simultaneidad (n
. urr;n en e mismo
lehsmo de tiempo b' l' .
.
o la smoroma que es paraogico , IDientras la simultan .d d
.
tiempos fisico
. 1táneos
et a es paralelismo de
. . Los seres existenciales no son sunu
ni · , •
.
contemporaneos). a Esto nos U
.
Slncromcos, smo
.
eva a otros matices de la semejanza la anal ,
Ya vimos
que "similis" viene de " s..un ul" , como s1. aln, se afirmara
y
ogia.
,
ana logia en el acontecer temporal L
.
.
una nueva
cosas m jantes gun' he
d' h. a semeJanza ·1ge di tanda entre las
.
'
mos ,c o ya. Pero esa distancia
c1al, Y hay entonces homol ,
.
,
puede ser esp •
y también semejanza figura~:• ;eun;tria, anadl~gía topológica o posicional,
os cosas istantes entre sí
.d
0
temporal y entonces surge la semejanza de cad encias,
.
d e sucesiones,
. ' 0 PareCJ
de fun-

.

,

. 'º

• Véase La Preuntia como /unda.m,nto de la Ontologla.. Página.J 472-473.

151

�ciones, de ritmoS, de edades biol6gicu (sincronía) y también la 8ell1Cjanza
especifica de seres congéneres (de la misma especie o del mismo sexo o género, pero distinta especi ) o la semejanza de conducta IOcial en seres humanos, o de su obra, o de sus tiemposy (coetaneidad, contemporaneidad).
Cabe hasta semejanza con contraposici6n (contrapunto musical) y por alternativa. Y cabe semejanza acciona! o existencial que es semejanza en el espíritu. Todo lo espiritual es análogo o conforme con el espíritu, pero no por
los tiempos de su despliegue ( menos, por la figura, la función, la posición,
etc.) pues no hay tiempos existenciales iguales o parecidos; que tan· diverso
y singular es lo personal, aun perteneciendo al espíritu.
Pero lo temporal viene a marcar una última nota importante de la semejanza y quizás la decisiva: que el suceder (asi la sucesiuidad como la sucesión
y el succedendo histórico) da irrcveni"bilidad a lo que es semejante con diferencias temporales. Los términos análogos o semejantes no son igual y recíprocamente semejantes entre sí, ni con igual y recíproca semejanza, cuando
se refieren a un tercero qu obra como modelo. En la semejanza, lo mismo
que en la imitación pitagórica y platónica, siempre hay un modelo y un
satélite, tomando éste el parecido de aquél y no, claro, aquél de éste. o se
puede decir que el satélite semeje al modelo, con la misma acepción que el
modelo al satélite. No hay reciprocidad. En Geometría puede decirse que
dos figuras son semejantes, igualmente semejantes entre sí, por relación a otra
que es aquella a la cual se semejan. Y por cierto, sin que el modelo sea real,
pues dos triángulos equiláteros son semejantes por referencia al equilátero ideal
que nunca se ha dado en la realidad. Pero ni es posible que sean igualmente
semejantes (dadas sus distintas posiciones y distancias) ni puede suponerse
que la semejanza con el modelo tenga reciprocidad. Mucho menos puede
hablarse de reciprocidad cuando se está aludiendo a semejanza en el orden
tem¡x,ral. El hijo se parece al padre, pero no debemos decir, que, en el
mismo sentido, el padre se parece al hijo, pues éste ya nació con un modelo
distinto al que tuvo el padre, y con el cual refiere la semejanza. El padre
no puede parecene a un hijo que aún no bahía nacido y vendría después
que él. Insisto: Dos cosas semejantes no son igualmente semejantes entre í,
como son igualmente iguales las que se afectan de igualdad. El polígono
menor es semejante al mayor, pero no en igual relación de semejanza que el
mayor es el menor. El hijo es semejante al padre, pero no en la misma acepción que el padre al hijo, pues si así fuera tendría razón el humorista que
dice "Mi padre ha salido a mí y se me parece".
Pero aún es más imposible la reciprocidad en el orden del espíritu, que
por ser presencial y temporal, no admite la noción de reciprocidad, la cual
es del orden de lo especial, operacional, figurativo, pero no espiritual. La p~

152

sencia
lleva inherente;
·
·
.
mtema
a si misma, la aptitud de
.
pero no de ser pre,enciada. T
presenciar y presmaJDp0CO la temporalidad
---!LII'CClproca_ Lo que pasó no puede de. de
es um~nlUIC ni
la evocación, ni el presente hacerse
oser ~ o , aunque se restaure por
pos pasados son igualmente pasad gual seDleJante al pasado, ni dos tiemciarse,
•

:8r

os, no ya cuantitativamente por los tiemnna
tampoco por la calidad hist6 ·
·
.
,-tiempo. Todos los rua...... idos de 1 u:. •
nea O ext tencial de cada
.
.
r-~a ll.llltona son metáforas; L
sima, irrepetida e irrepebole aun 51·end '
a ~nona es uní.
'
o 'parte" 0 "
º6
"
Slendo el espíritu lo más universal.
pom n espiritual, y
·a1
• pero la persona ha de labo
·
CJ mente u propia "porción" d
, .
e
e cspmtu.
Toda pe
.rar existenpersona, pero no puede hab'-.;...
nona es seme1ante a otra
üUX con ngor d
pam' · '6
modo de hablar de "partes"
,
.
.
e
cipaa n, porque no hay
,
en e1 espmtu sino con metáfora
anal •
eqwvoca. En cambio hay en tod 0 I0
..
Y con
og¡a
·
.
'
espmtual
una
·
ru funcional ni especifica, sin
. 1
semeJania, no figurativa,
y~ se da en' la presencia que o;c:::n· ~r:C~6n que ~ todo lo espiritual,
Vienen de Dios, al que el hombre
p.
. esa acción y esa presencia
el hombre funda; y si Dios crea de~ a;meJa e unita. Y_ si Dios fundamenta,
todo lo qu ya hay Dios hizo al h ada, el hombre inventa contando con
a su
hombre halla en sí ·la semejanza conombre
D'
.
. en y semeJanza. y el
recip "dad D.
ios, se siente imagen suya. p
•
roo
: ios no es semeJ·ante al h ombre en la ·
.ero
6 Slll
h om bre es análogo a Di~ un ..J:
•
lll1Sma acepcl n. El
.
--,
wosec1to ayudante coad· t
. .
D1os
no es análogo al homb
El h '
.~
JU or o vicano, pero
dre p
.
re.
ombre es h1Jº de Dios
pa . ero Dios-Padre no se pareee al hom bre su hiJo
..
Y se parece al
Por eso sorprende que las rueb
.
.
a~yen en la analogía, gueri~do
de l~ exi~tencia de Dios se
Dios siguiendo un orden o i'tin·
.p
os seres míenores para llegar a
erano en el conoc ·
d
mente se nos da en la revelació
.
er, mverso el que ontol6gica,
.
n presencial. Y así se u
d .
.
es analogia semeJante al hombre
d
ega a ecu que Dios
o semejante a Dios. El homb . , c~ o es_ el hom~re el que es análogo
re unagma a D1os semeJante a él 1
morfiiza, no porque invente un Di
.
, o antropohondo de sí se sit-nte semejante os se:eJante ~ él, sino porque él, en lo
consecuencia es contraria l ' con po . re semeJanza además, a Dios. y la
anal . D'
a a que se qUJere derivar en la demostraci6
ogia: tos no es el Ser porque sea anál
.
n por
que, al revés, por no ser Dios ser al
~o o semeJante al hombre, sino
hombre semejante a él, tampoco es el gunh ob, smo si acaso pre:Ser, y ser el
om re un ser en la :rru
.•
que las cosas son seres. Porque Dios es cl ue d
' .
sma acepc1on
transcurridos
•

·

'

SIDO

unag'

•

~rt:~:res

es semejante al hombre sino q hac
q
a semeJanza al hombre, no
El y
.,
ue
e que el hombre se sienta seme·an
•
porque nos sentimos semejantes a El l b
J te a
de nuestra inteligencia por med· d 1
' e uscamos en demostraciones
10
,
e as analogías l
.
nuestra inteligencia. Pensamos a Dios anál
y as semeJazizas aptas a
ogo a nosotros porque somos y nor

153

�sentimos análogos a Dios. Pero sabemos que somos análogos o ~ejantes
. antes de toda demostraci6n · por eso buscamos demostraciones. Es
a D 10s
'
.
.
,
"d

lamentable que lo que menos presente ha tenido siempre la F1losofia ha s1 o
la presencia del hombre en el mundo y la de Dios en el hom~re, Y en _las
cosas del mundo. Porque el hombre se siente análogo o seme1ante a _Dios,
halla el hombre dentro de sí una revelación, algo divino, una ~resencra ~mejante a la Presencia de Dios. La presen~a h~ana trascendiendo l~ Smgularidad personal, es universal, con la universalidad de la co-presenoa en
la que participan todas las personas. El espíritu del hombre lo puede rresenciar todo: lo que es y lo que no es, lo futuro y lo pasado: lo qu_e es~ en el
espacio y lo que no está en él. No es partici~aci6n real n~ esencial s1~? preesencial, en el "pre". Lo presencial es lo previo a lo esencial, y el espm~u. no
es esencia sino pre-esencia, y presencia por lo tanto. Y eso no es participación, sino pertenencia, pero una "pertenencia" genuina: Dios pertenece al
hombre de otro modo que unas cosas pertenecen a otras. Y porque el h~mbre es imagen y semejanza a Dios y pertenece al Espíritu ~vino, Dios inspira al hombre. Inspirar es el modo de engendrar en el espm:11. -~ros ~o~o
FuNDAMENTO. Dios es el Fundamento del mundo, no su pnnc1p10 n1 s~lo
su raz6n. menos su causa. Es su autor. La noción de Fundamento en Dios
da: Lo ~rimigenio, no es algo más que "la causa prima", lo originante (fons
creatum), lo eminente más alto, lnl&gt;uiµai, el Modelo de toda per~na el
Sobre-Ser el Gran Misterio y el Gran Distinto. El hombre es semeJante a
Dios, tom~do la noci6n semejanza del concepto de seme}anza que val~ ~ara
el hombre, pero Dios hay que imaginarlo, como lo más d1s;ante y lo D1stmt?,
lo más personal sin ser personal, al modo humano, lo Mas -que-- ser, s~
ser, al modo natural, el Todo siendo el Uno. Dios es Fund~enti, lo_ no ligado al mundo, "el Más Allá, el Otro Maximo, Deus Abscond1tus Y stn embargo presente en todo. No es 16gico al modo humano, con escala de tazonamientos y es el creador de todo pensamiento y él mismo se ha llamado "Lagos".
No cabe en el concepto y por eso el Cris6stomo le llamó "El Indecible",
"árreton", y siendo el Creador de todo orden está más allá del orden. es

abs-ordo, es decir absurdo. Y lo señaló Tertuliano.

INTUICLÓN,

CONCEPTO y

SER DEL FUNDAMENTO

Dios no es el Ente Común, el Ser Trascendental, sino el "Preº Absoluto,
el Fundamento de todo ser. Suárez profundamente, como de costumbre en
él, usó alguna vez, en lugar de la palabra "principio", la d1e ~'praec~p~",
de "praecipere", recibir de antemano, dando a entender esa ultuna pnnc1pa-

154

lidad que vengo llamando el Fundamento. Dios no es ser, como no sea en
esa vaga analogía conceptual que necesitamos usar los hombres para pensar, hablar y poder entendemos. Maritain dice: "No basta encontrar la palabra 'ser', decir 'ser'; es preciso tener la intuición, la percepci6n intelectual de la inagotable e incomprensible realidad así manifestada como objeto".10 Pero, aparte que la palabra "intuición" está bastante deteriorada y no
vale para el caso, no sabemos que en ese "ser", así visto, se albergue Dios.
Y creo que la mirada del hombre, y no sólo del metafísico entrevé a Dios
.
'
y no precisamente al ser palabra que no sabemos qué significa antes de la
Presencia de Dios en el hombre. Ese Ens Trascendental que no s6lo sospecha, sino que lo ve el hombre con mirada de metafísico -según Maritain-,
es el ser, que luego, por elaboración se demuestra que es Dios. Para mí es
evidente la presencia de Dios que es más que ser. Ahí en esa aparentemente
mínima diferencia, radican dos metafísicas distintas. En la de Maritain -que
no me parece del todo la tomista-, por el ser, vemos a Dios; en la mía,
por la presencia de Dios vemos, fundamos, y concebimos el ser. En aquélla,
a pesar de la mirada que ve el ser, hace falta una demostración que permita llegar a Dios; en esta otra, es la Presencia de Dios la que nos inspira en
el pensamiento la fuerza e inclinación para buscarle y hallarle hasta en las
demostraciones. Para Maritain, sólo el metafísico logra esa mirada primera
del ser; para mí, la Presencia de Dios es evidente a todo hombre, evidencia
que lu_e~o racionalizará y hará más patente a su conciencia o no, según la
autenticidad de cada uno. En aquella metafísica, el hombre es el último en
hallarse ser, cuando por reflexión, vuelve hacia sí la visión de los seres del
mundo. En esta otra metafísica, el hombre es el primero en ser, es incluso
pre-ser con respecto a las cosas; es el primero en hallarse siendo y que acaba por ver en las cosas un ser.
A mi parecer, Dios es más que ser y más que un "siendo" al modo existencial del hombre, pues no tiene que elaborarse su existencia a fuerza de
acci6n Y temporalidad como en Hegel, el cual quería que Dios naciera de
los trabajos y contradicciones de la Historia. Bueno, era un Dios que, antes ~e ser Persona, era Idea, mientras Hegel, antes que Idea se creyó personaJe. Fueron demasiadas las arbitrariedades hegelianas de aquel dictador.
Digo que Dios es más que ser y más que "siendo" existencial: que es SobreSer, Omnipresencia, evidencia misteriosa, revelación que se enseña y se esconde a la vez: Se enseña sobre todo ser y se esconde como Sobre-ser. No
es que sepamos que hay Dios porque hay en el mundo un Ser en que albergarse y quedar justificado, sino que el ser de las cosas en el mundo y el "siendo" del hombre son y existen porque existe Dios. Quién es Dios lo presenti-

• J.

MARrTAtN: Siete lecciones sobre el ser. Desclée de Brouwer, pág. 74.

155

�mos

en nuestro propio ''quién" profundo;

alli le oímos y le presenciamos,

sin verle. Lo que Dios es no lo sabemos, porque para saberlo necesitaríamos
hacerlo ser. S6lo rastreamos en el ser de las cosas su huella, su yesplandor Y
su sentido. Es la Pre-Esencia total que se revela en la presencia del hom-

bre.
Sorprende que esa mirada metafísica que proclama Mari~in Y que
permite ver el Ser, no la haya en todo hombre; qu~ _no sea ~ru~•ersalmente
humano, aun siendo ese ser tan universal. Es una v1s16n restnngtda a algunos, privada y secreta como una gracia, con lo cual Maritain toma su_ punto de partida en algo más teol6gico que lo que puede suponerse en m1 concepción de la Presencia, la cual no es ~omo digo-, un don reservado a
algunos hombres. Resulta, en suma, que en la doctrina de Maritain, aquella
visión metafísica viene a ser un modo de revelación privilegiada de lo divino; ya digo, una gracia concedida al metafísico. No puedo compartir tal
concepción. Cuando considero que dentro de los universos, el nuestro es
pequeño, y m él nuestro planeta un átomo, y cada hombre de nuestro planeta un microátomo y in embargo, Dios es presente a cada uno, y le
y le escucha y le habla y le conoce hasta su fondo y sus raíces últimas,
me doy estremecida cuenta de que su Presencia es tan incalcu~able ~onne
e impensable, que es Uni y Omnipresencia, con absoluta universalidad,. y
que es mucho más que ser y más que sobreser. Acepto su grand~ y ~u llllS·
terio y abrumado: quedo en silencio, inundado por su total ev1dencia, que
no me permite conocerle. Siento a Dios en mí, tras mí, sobre mí y sobre to-

mm:

dos, pero no le conozco.
No es un concepto sino un pre-concepto. No es un concepto al modo del
que formamos en el conocer de las cosas reales, por mucha analogía y abstracción que le pongamos. Más bien la potencia o fuerza para anal~ar y
abstraer nos vi ne de la Presencia de Dios en nosotros, y por e o el Dios de
la Analogía lo aceptamo . aun siendo un vago concepto que dice ya poco
d su evid ntc pre ncia. Dios no cabe en el ser; tampoco en un conc pto
par univwal que sea. Todo conc pto aspira a una universalidad que, por
us propias fuerzas humanas, no tendrla, ni aspiraría a tener, si la Pr:c~cia de Dios en el hombre, la co-presencia de todos los hombres, no le h1c1era
propender a ese afán de universalidad. i en el hombre con toda su pequeñez, hay busca y afán de algo uni"ersal, es porque hay alguien qu le empuj hacia ello y como universal se le presenta. No pone el entendimiento
humano conceptos universales sobre las cosas del mundo porque haya apurado y agotado el conocer de todas ellas, sino que hay algo de inducción
ratuita en las afirmaciones universal del nombre. Esa inducción le viene

El entendimiento
tiene hambre de totalidad. En cada cosa bn•r
.. .....,,.. no
·
¡
.........u,v...,
otra, smo a transcosa, lo que da unidad al todo. El pensamiento humano
busca, desde la copresentfia humana que es universal, la coseidad universal
de las cosas.
~ ~rlncipio que inunda de sentido todo concepto y que
Ortega ~lama pnnc1p10 de pantonomía", ímpetu de universalidad, hambre
de totalidad en el conocer. Pero Ortega reserva ese afán de totalidad 1
concepto filosófico, pero no para el concepto que usan 1...
• • particu. ª
.... oenc1as
tru:e5. No comparto esa distinción entre concepto filosófico y concepto cienti!ico, de modo que ~ste sea fragmentario y aquel otro totalitario. Todo con~epto, po~ ~lo, asp1:8' a lo universal. Y también los conceptos que maneJan las c1enetas particulares. son también universales, pero se atienen a un ·
aspecto o ~arte de esos conceptos, que son tan universales como antes y eomo cualqwer~ otro. El concepto "materia" como concepto es universal, aunque la matena no lo sea en cuanto hay algo que no es materia en el universo. Pero aun en_ el concepto "materia" puede quedarse en un aspecto 0
parcela de la ~ a : materia füica, química, biológica, astral, etc. Con Jo
cual vemos también que el pens.1miento se detiene en aspectos y parcialidades, y que puede buscar la totalidad después de demo trar por el análisis.
Es la escala de Jacob donde suben y bajan pensamientos.

1!ªY.

_Con~mos cosas que se nos presentan como fragmentos de algo más amplio --dice Ortega-, en conexión con otras cosas, que, aun siendo otras,
ayuden.ª éstas a ser lo que son {páginas 105 y 106 de ¿Qui es Fi101ofía?).
~n Ca.SJ. tro:~s que están como pidiendo engarces y sostenes. Pero, ¿ no lo entiendo yo _as1. 0 es que las cosas se presenten como trozos o Íf8ol71llentos de
ser universal que en inconcebible catástrof , hubiera saltado en pedazos,
sino que, ~n cada una, vemos una alusión a todas, a la totalidad de lo c6sico.
Es u co 1dad. Ese es el ser metafísico a que quizás alude faritain pe
o·
' ro ese
ser no e~ . 10s, no ~ la Presencia; aunque pueda ser el ser de las cosas, que
son 1~ u°:cas que tlenen ser acabado. Por eso lo decisivo en las cosas es su
con-sut~ncia. Y como el pensar nos \.Íene de la presencia humana que es copresenCJa y nace ya ganado de esa universalidad coprescncial, al otorgar el
ser a las cosas, les alumbra, los ilumina su universalidad c6sica su coseidad
Por l!cr precisamente "co-sa". Y en la coseidad de toda cosa, h~lamos com~
traspu~ta ~a. copresencia humana, y en ella traspuesta invisiblemente la
Preseneta Dwma.
'

1:°

P~ acá, . eJ horizo~t de nuestro mundo, las cosas aparecen ligadas,
aludidas, refendas ntre s1, y con total referencia al hombre. Como dice Or~
tega, con otro sentido, "en algo presente está siempre compresente el
•
do"_ (Id. p. 107). En cada cosa, vemo lo que es y también lo que no
mun6n a que se refiero Ortega es alus.i6n a lo que falta, es decir a lo que no

es~:

de la Pre encia Divina en la suya humana.

157
156

�es, pero que subraya al ser de cada una. No es trozo, sino que a fuerza de
ser lo que es, nos está indicando también lo que no-es. Pero si retraemos la
mirada de las cosas y la posamos en nuestro pensamiento, y luego de aquí, en
nuestro salto volandero, llegamos a la contemplación de nuestra presencia, llegamos a una zona en que ya no hay alusiones a otra, sino nuestra presencia sola anunciándonos invisiblemente la de Dios. Ahí sólo nos vemos, como obstáculos de la Gran Luz, como rumor sutilisimo de nuestro "siendo" junto al
tremendo silencio de Quien es.

Y así, hay coincidencia entre el pensamiento y el ser, porque el pensamiento para pensar necesita sentirse ser, y porque el ser para ser, necesita la concurrencia presencial del pensamiento. No hay ser sin pensar ni pensar sin ser.
¿ Cómo no habían de coincidir? Lo real para ser, se afecta del pensar, y el
pensamiento para pensar, se afecta de ser. Pero por eso mismo, no surge de
ahí una coincidencia que parece fortuita, sino que es previa a ella, porque
si es cierto que el pensamiento, para pensar necesita ser y sentirse ser, si eso
es verdad reconozcamos que esa verdad es anterior a esa coincidencia con el
ser de las cosas que esperan fuera a que el pensamiento, la presencia, llegue,
y queden ellas vestidas del ser-qué de cosas. En su cruda onticidad, sin la presencia del hombre, el ente no llega a ser. Cuando llega, es en forma de serqué: ente iluminado por una verdad que le viene del hombre y que le hace
verdadero. Y por verdadero, es. La verdad viene del hombre, de la presencia, de la copresencia del hombre y no puede ser falseada hasta que se enfrenta con las cosas ... Pero en la auto-presencia, hay toma de contacto con
la verdad venida de la luz de lo divino. Luego esa verdad de la autopresencia relumbrará en las cosas por la acción el pensamiento. Cuando Plotino decía que la inteligencia conociéndose a sí misma, conoce las cosas de lo real,
denunciaba lo divino de la inteligencia, pues ya Aristóteles decía que Dios era
un pensar sobre el pensamiento. Pero el hombre en la autopresencia no se
conoce a sí como cosa sino como siendo existencial, como presencia. Es luego, cuando para alcanzar el saber de cosas, hasta mirar el propio pensamiento; es lo que llamamos reflexión en la que se descubren nuevos nexos y relaciones en las cosas pensadas, ya hechas materia de pensamiento.
No se trata, pues, de dos ontologías, la de ser y la de pensar, las que se enfrentan en esta interpretación del conocer, para luego confrontarlas y ver
que resulta desnivel en su ajuste: o bien que el pensar funde el ser y le es
preeminente, y es lo que se llama idealismo, o bien que lo real da, como en
raíles, el esquema del pensar, de modo que éste no puede desviarse. Pero lo
que yo digo es que el pensar, ya toma su ser, su "siendo", de un ímpetu que
le viene de la presencia, y que, por sentirse ser, proyecta ser en aquello que
entra en su campo presencial. El pensamiento no inventa el ser, pero contri-

buye a que el ente se constituya en ser racias
viene de antes d
.
' ~
una fuerza creadora que le
e ser pensamiento. No mventa gratuitament I
cosas como no inventa su propio "siendo" sino
e e _ser en las
proyecta, quiera o no, como ser Por eso,
que se encuentra SJendo y se
fondo de sentido d l
.
no podemos conocer sino sobre el
no conocido
e o que ya ~mo~, pero podemos saber incluso sobre lo
: .. Esto, lo desconocido, es lo que resulta ind6cºl
como ser-que. y lo identificamos con lo irracional ind b'~ a presentarse
cosas como la poesía el amor la f
,
e I
ente, pues hay
son desconocidas.
'
'
e, que no son racionales, pero no por eso

ª

Pero, además, Dios es tan uni
1
co, como Fundamento
versa que se nos presenta como Uno y Uni-

verso, incluso del propi:~s:~e~::e:v::li~:~ente desligado del_ Uníp
. or eso no cabe D10s en
l h b
que sea. ero todo afán de uni ersalidad

un concepto por muy universal

e om re es frustración. es más h b d
.
.
v
en
miento, que universalidad lograd
am re e uruversal1dad en su entendia en sus conoceros de lo
l B
e1 concepto para ser universal ti
rea . aste ver que
.,
'
' ene que serlo por extensión per
prens10n; para ser concepto h d
. .
'
o no por com.
' a e prescindir y abstra d 1
quedando fuera lo que éste ten
d , .
er e o concreto,
ga e unico Y aun común
·
sal. Todo concepto lo más
, pero no uruver1
generalización tant
,
que ogra es, no universalidad, sino una vaga
o mas vaga cuanto más gen ali
y ,
mo de "ser" es g
al
er ce.
asi, el concepto misener para las cosas
¡h 6
versal que incluya hasta D"
N' . q~e e om re halla, pero no tan uni.
ios. i s1qwera alcanza a la
,.
d
el hombre, que no es todavía ser . " . d "
persona metaf1S1ca
' sino sien o Por eso no basta 1·
top édicamente el concepto "ser''
od I
.
ap icar orquedamos satisfechos de haber
º1o o~~esó~~lle~os en el °?~ndo y
ser en cuanto ser. Pero es cierto ue el
o e la Metafas1ca: el
para pensar las cosas del mundoq T d co~cepto ser es valioso o insustituible
iluminadas por la
.
. o as tienen, al ser presentadas, es decir
, d
presencia, por la copresencia del hombre un s
tura}
eza o m ole, un ser-qué.
,
er, una na-

fu:a:do

Conforme a esa naturaleza radical
.
dicho que Dios como Fund
y a esa presencia humana, son. He
aunque no tan' d Ji d
amento es Absoluto o desligado del Universo
es ga o que no esté Present
od
.
'
no quiere decir desinteresado sm· d
blº de a t a criatura. Desligado
0
,
es-o tga o del univ
d I h
Todo en el Universo tiene cuerda dada desde la
. erso y e ombre.
ra cuánto tiempo y anda po , .
N
Eternidad, no sabemos pa'
r SI nusmo
o sólo Dio
·
do, sino que lo movido por El le
. . p
s mueve sin ser movinatura1eza óntica. al
.
l es aJeno. ara eso Dios dio a las cosas su
'
uruverso eyes. al h b
f
se y ser libre. Todo anda desli ad 'd D' om re, uerzas para determinarDios misteriosamente se reservagla oG e . 10s, por sus propias fuerzas, pero
rac1a como ayuda Dec· d
es el fundamento n
•
. .
·
ir
e 10s que
, o es mscn 6irle en un concepto
ral
gene , ni es una no-

n·

158

159

�ci6n sobre o extraconceptual de que saquemos a Dios como de un juicio sintético a priori. No se llega al Fundamento como una noción sacada par exclusión o inferida por razonamiento, ni por una abstracción como un concepto más, sint&gt; que se funda -con toda pobreza- en la noción de Fundamento, previo o todo pensar y ser, para poder luego elaborar el concepto
de ser y el ser del concepto, los cuales ya traen todas las limitaciones del
verbo humano. Al configurar intelectualmente el Fundamento como lo que
no principia nada -siendo lo Primero y Previo-, y no es ser -dando el
origen a todo .s er- queda excluida la noci6n de concepto universal para
Dios. El vocablo "fundamento" es un producto humano que podemos cargar de diversos sentidos. Yo le pongo la carga de la PreJencia DMna. Pero
no hay Dios porque haya Fundamento, sino que el hombre ha de su(b)poncr
un fundamento al Universo, a los Universos todos, reales y posibles, porque
Dios se presenta y se anuncia epifánicamente al hombre. Antes qu saber
que Dios existe, Dios nos es Presente, y porque Dios nos es presente, sabemo que Dios existe y nos disponemos a pensarle y demostrar su existencia.
Y le aplicamos los conceptos que humanamente podemos. Y en su nombre
conocemos y fundamos cosas. La Presencia Divina fundamenta todo: la presr.ncia humana funda algunas cosas. Toda la aptitud fundadora o poétira
del hombre le viene como su pensamiento y su acción, de la fuerza creadora
d 1 Fundamento, aJ través de la presencia. Y ya sabemos que el pensamiento
no hace ser a lo real, ni lo real da el ser al pensamiento, sino que a ambos
les hace ser la presencia como sentido.
Pero para fundar, para ejercer su impulsividad poética, el hombre no
crea de la nada sino que construye con lo ya dado, con los datos de lo real,
bailando una respectividad en las cosas que les viene misteriosamente de su
impulsividad ofertiva. El concepto de ser no se hace concepto en el hombre
hasta que el ente es presentado y queda constituí.do en ser-qué. También el
pensamiento del hombre se siente ser, pero no porque el pensar artificialmente lo elabore, para si, sino porque el "siendo" existencial le hace sentirse
ser y pensar. El ser del pensamiento es el que hace que el hombre, al topar
con el ente real, lo conozC'a (lo re-conozca, decía certera y profundamente
Plat6n). Y así, el ser del pensamiento al hallar el ser de lo real, hace brotar el concepto de ser que re-conoce universal, sin saber por qué. Queda
así certificado lo óntico real y queda certificado en su fecundidad el impulso
poético o fundador del hombre, al tomar la conciencia existencial de que
ha fundado el er-qué y es capaz de fundar entes universales llamados conceptos. Y el ser del concepto se proyecta en forma de concepto de ser sobre
las cosas, que ya aparecen con sentido al presentarse inundadas por la copresencia humana que les da universalidad presencial. Pero además de esa

universalidad que cobran en la coprcscncia las cosas tienen otra universalidad real, la de la coseidad. Todo hombre, al conocer cosas, re-encuentra en
ellas el resplandor de lo Divino que le atrae, dándole el apetito y el gozo
de conocer. Y así, dos universalidades, la de la coprescncia pumana
la
de la coseidad o cocseidad, es lo que el concepto aspira a unir en una ~la.
Po~ eso en el concepto se pretende unir la universalidad ontológica O maten~} de todo ente conocido y la unhersalidad lógica o formal de todo pensamiento humano.
Pero hay otro conocer, el de personas unas a otras y como tales personas
me.~físicas (no ~í icas, ni soci?l6gic~) para las cuales no vale el concepto
u_n~, crsal. Más bt n, dada la smgulandad y unicidad de cada persona metaÍ1s1ca, ha de ~~ conocida de otro modo y por otros medios, pues ninguna
perso~a metaf1S1ca, e.abe dentro .de un concepto, como no llamemos "concepto a lo que no lo es: por ejemplo, a cualquier nominación. Al conocer
person:5 no buscamos .un concepto universal que valaa para todas, sino que,
~ rcves, por ahondamiento en su singularidad, le buscamos la última estanc1~ d~ su soledad allí donde se presencia a sí mismo, y donde Dios Ucga luuunosamcn te con su Presencia. Ahí queda indicado ya cómo el conocer humano se presenta en dos grandes formas o manifestaciones. Ese otro conocer toma la fonna del amor.

EL "
l

OYEN" y EL "NUMEN".

•o.lBRES PROPIOS Y

O tBRES COMUNES

Llam~ es ªP:lar, fijar la atenci6n, invitarla a fijarse· cualquier nombre
Y cualqu~er_ medio puede valer _para ello. Pero de-nominar es !Jamar por un
no~bre umco, no por un medio o nombre cualquiera, sino por su nombre.
Heidegger en un libro más bien vago y enredador "• qué es pensar?"
_
' es invitado a prePª
rece. confun di r "11 amar'' y "denominar". El de-nominado
senciar Y presentarse por í mismo; el llamado es apelado con nombre com~: no suyo o propio e invitado a que entre en la presentación. El "nomen cuando es .propio, es "numen", carisma, invocación a que dé su nombre y su presencia. En el llamar o apelar no se in-voca sino que se e-voca
extrayéndolo
de lo común. Por eso llamar también es califi.car, a d.JU d',car'
.
una cualidad que tal vez no tiene; el llamado por eJ· emplo: ''llam
ara~
burro,, , o "11 amar su atención".
Creen algunos lingüistas que el "nomen" latino y el "011oµa" griego deri\·an de una voz común que se enlaza con "conocer". Pero no son pocos los
que no hallan razón bastante para justificar la pérdida de la "g'' del "gnos,.

161
160
Hll

�1- . : - - Y h ---do 1li "no" · del nun del lt,e,- griego al ''nomen" .uauuu.
e .,.a-_._....
eere
m
~
"
de
''nuere•• .....
enünn.tisar
mtJA" no tmdrá más que ver con "numen ,
~~-- o ievelar, hacer leiial con )a cabeia, porque quida "numen., está ~)nado con
el sámcrito ~", anunciar, IM'IUftC-iar, hKel,e presente. Tambim "numertJJ" debe nacer ahí, y no en ''nOIDOI" como dicen, que por algo era sagrado~ Ólfiall y pitagóricos. Por llel' num&amp;ico o nu_min090, el ~~re an:
cia algo de Jo que nombra, pero como eJ numen significa algo divmo po~
piraci6n (no por participación) y es, por tanto, la persona más n~mosad
que las COIIU, el nombre 00lllO ''numen" no es "propio" de las ~ smo e
las penonas. En ellas, el nombre anuncia angelinamente, p,o-nuncui Y pre. y n ombra una P•---·
-cia que, a la vez se da y se oculta, que se
naincui
• revela;
.
La vocaci6n exiltencia1 es la llamada, el nombrar a cada uno segun qwen
es. Pero las cosas no tienen vocación propia, sino nombre común. Por eso
Dios nombra a cada hombre, y el hombre nombra a las coas no a cada una,
sino en colección, 9egún su especie o sus conjuntos. El nombre IIÓ'? es pro.
las penonas. Las cosas no tienen cada una un nombre SJDgular Y
: : :sino uno 1010 para su género, •~ ~ e , su ~lección. Por eso :
nomb
común O apelativo; no vocaca6n smo apelación. o es una n
~ 6 n del orden del numen, sino una de-nominaci6n, un nombrar vago Y
genérico, casi des-nominación y de-singailariuuión.
. .
Todo ser-qué ha sido arrancado del "ha( co~uso para consttt~ en
lo que es, dentro de la coseidad universal, S1D abdicar de su comurudad, de
.-.n-l.. cosas que le dan el texto y el contexto. Pero al llesu co-sn, con las d .........
• (ár
gar a "ser-que", gramaticalmente, se configura con tm n~mbre com~ . bol libro río idea} que aun pide, para apeane de la cose1dad y constituirse
1
.' · '.mdivi'd ua1:-,.;6n
en defim1uva
......... , un epíteto, no un adjetivo cualquiera que le
califique O determine, distinguiéndole entre otros, sino un epíte~ que le
califique, 0 al menos, le califique y aísle del resto. Todo ser-qué viene desglosad escindido de la noción universal de ser, para ser-ahE, para sn-tal,
0,
'
,• • !L
y asi, el se r•
retentarse como tal y como cuál, en ansia de de- 1111,wn.
y ~
1
ganando ontoln&amp;ñcidad (no onticidad o condición de ente, anque va uego
-o·
edid
· d
tes de ser, sino ontologicidad, índole ontológica) a m
a qu~ se _escm e
del ser en general y va concretándose más y más con las calificaaones y
determinaciones gramaticales. o se es más ser cuanto más se abstrae y
Úniversaliza sino cuanto más se concreta y singulariza, un ser-qué. Más que
e) nombre ~eral de libro, idea, o árbol dicen las expresion~ "i~ea el~",

"este libro", ''muchos árboles", pero dicen más no en exteDS1ón sm~ en intensidad ontológica. Es más ser, ser-qué cuanto más se concreta ~ mas avanza hacia la unicidad, que, naturalmente, jamás consigue, pues SI _el ser-qué
comiguiere la unicidad, ni él seria ser-qué, sino ser-quién, ni sena el suyo

162

ncmbre comá, 1ine ,,opio. En la ofertividad de Ju cosas, ea la respectividad del ter-q~ hay siempre tendencia OICUl'a de individualizaci6n, y como
si ésta fuera afán de singularizarse y existenci.alizane en el hombre.
Pero a lo más a que puede llegar una cosa es a tener un nt&gt;mbre que le
distingue de todas las demás. Ese nombre es "distinto" pero no ''propio".
Rhin, Madrid, Rocinante, no son nombres comunes, pero tampoco "propios", porque no responden a una vocación, sino a una apelación, todo Jo
concreta y singular que se quiera. •o por ese nombre cambian su condición de ser-qué en ser-quién. El nombre propio no necesita calificaciones
ni determinaciones para ser caracterizado como singular y único. Cuando
decimos "Juan", aun sabiendo que es un hombre socialmente y físicamente
equivalente a otro, no necesitamos añadir más para saber que es único en
el mundo como persona; se nota que se yergue sobre la generosidad flsica o
social para afirmarse como unicidad personal. En cambio, el Rhin o Rocinante, o el planeta Venus a pesar de pretender afirmarse sobre su condición
c6sica de río, de caballo, o de planeta siguen ambos siendo "un" caballo,
"un" planeta y "un" río, un poco distinguidos de los otros. Su nombre es
distinto, pero no propio, porque no son personas sino tentativas de personificación en la proyección poética del hombre. Juan es nombre propio porque,
aunque física y socialmente sea "un,, hombre, un individuo canjeable en el
concepto por otro, metafísicamente es más que unidad, es unicidad, insoslayable, incanjeable e inconfundible. El nombre común es un concepto, mientras el "nombre propio" es propiamente, no un concepto, sino un nombre,
inspirado por el numen de su vocación y su singularidad única
El nombre, en su acepción profunda y numinosa siempre es "propio", y
sólo propiamente conviene a personas, las cuales tienen, secretamente, cada
una el suyo aquel nombre último, indecible. con que Dios llama a cada una
y que es el nombre que conviene a su radical singularidad. El nombre de
las cosas es "común", conviene a muchas, a las cuales, cuantas más sean,
mejor las denomina y comprehende; no conviene propiamente a ninguna
aislada, sino que bajo ese nombre se cobijan, sólo por la nominación, muchas cosas reales, que algo sin duda presentaran de común ellas por sí, pero
algo de común recibir-'m también del hombre. Porque no son cobijadas bajo el nombre común de un modo arbitrario (salvo cuando el nombre es
equívoco) sino porque esas cosas cobijadas o recogidas en la denominación,
tienen rasgos parecidoi -no precisamente comunes en su realidad-. Sólo
se cobija en el "nombre común" lo que, como común o semejante, parece
al hombre y aparece en la cosa, pues todo lo diferencial y distinto es prescindido o abstraído para dar el nombre.
Por eso el nombre común comp.rehende un concepto, o más de uno, con

163

�su comprensión y su extensión, pero entendido así: las cosas, aun constituidas en objetos del pensamiento, quedan en su texto real fuera del pensamiento. Las alusiones, notas, referencias y re-presentaciones de los ejemplares de cosas, distinguidos, abstraídos y, luego, ya en abstracción, reunidos en
el concepto, forman su contenido. Pero las cosas, en su texto íntegro, aun
constituidas en objeto del pensamiento, no constituyen el contenido del concepto, sino que éste se integra de las notas y alusiones del objeto representado. El conjunto de referencias, notas, y alusiones dan la "comprensión" del
concepto. Pero éste no toma en cuenta todas las notas y referencias de las
cosas. El número de notas y referencias de una cosa, da la comprensi6n; el
número de objetos referenciados, la extensi6n. Por eso se suele distinguir: el
"objeto formal", formado con las notas que el concepto toma en cuenta, y
el objeto material que queda fuera, lejos del concepto, con notas, y referencias no advertidas o prescindidas por el concepto que actúa siempre quirúrgicamente. Todo concepto es "objetivo'\ en el sentido material, porque
del objeto material toma sus notas, y "objetivo" en la acepción de formal,
p0rque sólo toma en cuenta algunas; ¿ cuáles? las que las cosas presentan como comunes y las que al pensamiento del hombre le parecen comunes. Unas
notas y otras son las que ¿no son conocidas? Si, lo son, pero quedan abstraídas, prescindidas y no entran en el concepto. Esto debe decimos algo
muy importante: que el concepto sabe, pero no conoce con toda la riqueza
de la idea, en la cual entra la integridad del objeto formal y material, de
la cosa integra pero re-presentada. La inteligencia, por medio de la idea,
que integra la imagen y el concepto, conoce y sabe-puede saber y conocer el
texto total de la cosa. Hay, pues, en el concepto un afán de universalidad,
de extensi6n, pero ello es a fuerza de abstraer, prescindir o restringir las notas, en busca de la comprensi6n que parece tendencia a lo individuado y

singular.
Pero no nos engañemos por ese desafortunado nombre de la "comprensión" que dan los lógicos al contenido del concepto. El concepto, como toda
forma del pensamiento lógico; como el juicio, tiende siempre a universalizar. Y el "comprender" del concepto ha de entenderse de modo doble: como
comprehensi6n, en cuanto quiere abarcar muchas cosas en un conjunto, y
con-prensi6n, en cuanto prende- con o con-pren-de unas con otras, entrelazándolas para asegurarlas mejor en su saber, pues el concepto es violento y
quirúrgico porgue es dominador, abarcador y autoritario. Por eso el concepto es ciego para lo aislado o para lo solo. El concepto "Sol" o el concepto "uno", vale para todos los ce soles" y ''unos" que haya o pueda haber. Sobre la generalidad va siempre montado el concepto, que cuanto más extensión persiga, más concepto es. Lo que quiere decir que esa extensión y esa

164

cc:impren~ón d~l concepto surgen porque éste se forma operando con analogtas y diferencias. Porgue busca la universalidad en la coseidad d
. ·
ldif
·
.~~
as
erenoas. Y cuando llega a lo singular y único lo declara irracional, inefable Y en paz. Pero el hombre conoce, no sólo lo abstracto, sino lo concreto; más, ~cá de lo ~nivers~, _I~ meram~te general, y, dentro de lo general,
~o espec1f1co, ~' al fm, lo _individual y smgular. y si el concepto es ciego paa lo solo, Ja lID~gen es ~ega para lo universal; si no se re-presenta algo, no
lo conoce. Po~a haber unágenes de conjuntos unitarios, pero no hay "imágenes comunes como quería Locke, aunque sí las hay confusas por mezcladas . Y superpues_tas. En el inteligir humano alcanzamos lo solo, lo úni~
co Y ~gu_Iar, gracias a la imaginación que capta justamente lo despreciado
y prescmdido por el concepto: capta la imagen con todas las notas percibidas de lo real. Es lo que se ha llamado "intuición". Estas imágenes e "' tw'
.
JJd
.
ID
oones ~ ongen a otra f ~nna d~l _pensamiento: el pensamiento mágico que
no es prec1~ente pensamiento logico, deductivo o racional. La inteligencia
d~l hombre mt~ra ambas formas del pensamiento. El afán de universalidad le
viene de la cos~1dad de las cosas y de la copresencia humana. La búsqueda y
conocer de lo smgular le brota de la autopresencia singular existencial en cada
uno, frente al ser-qué concreto de cada cosa.
Pero ~o siempre hay ª?ecuación enb·e el contenido del concepto y el nombre coro~. Porque un nusmo nombre puede cobijar diversos conceptos y porgue lno·gnif·
siempre el contenido se da en un solo significado conceptual, n·1 s1quie· ·
1ca_do se recoge en un solo hombre. Los nombres comunes: borrico,
~ e si
Jumento, ~O~ll.lo, :te., comprenden una sola cosa, una sola clase de cosas y con
una sola signif1~c16n. Son los sin6nimos, pero no los equívocos, pues los equí~oc~s ~an el rrusmo nombre con distinto significado; por ejemplo, llamando
b~o al ba?co del z~pa~ero, al animal así llamado, y al hombre poco int~ligente. Aqw, con el significado, varía el contenido conceptual. En el antenor, al 1e debemos llamar "multívoco", o "heterónimo", varía el nombre y
el co~~erudo,_ pe:~ no el significado. En los equívocos, el nombre es el mismo, y
~bién el _s1~ca~o, pero varía el contenido del concepto. Así: león como
an~al_y_ leo?, atnbmdo al hombre valiente; se aplica a cosas diversas con distinta S1gn_if1cacion. Á11álogos s_on los que tienen el mismo significado y el mismo
conteru~o, tenga o no el mtsmo nombre. Borrico y jumento son análogos aunque varia el. nombre, porque tienen igual significación y contenido ,. aunq ue
6
h
son eter mmos. Pero
pueden tener también los análoaos
·' y
.
o , 1·gual• .st'gnif'1cact0n
no~bre aunque vanando la extensión del contenido, en proporcionalidad atribub.va. Tal ocurre con el concepto "ser" según los escola'stJ.'cos tom1s
· tas. n·icen
q~e no es sólo unívoco, sino análogo. Veremos esto detenidamente a su tiempo
Digamos solamente aquí que, para ellos~ no es una analogía formal O nominal.

4:

'

165

�sino metafísica y real. Lo que merece por ahora este comentario: _Sorprende
que siendo la analogación un nombre y un concepto, ofrezca garantias ~e realidad ontológica, pues en la analogía dicen que entra: ~- nombre comun, cosas diversas, y conexión y analogía entre ellas, por relac1on a un tercero que
las analoga. Parece, pues, que hay un "análogo" que es el que, hace que 1~
cosas diversas sean análogas entre sí, Y no que sean las cosas analo?as e~tn~ s1
·rrinan el análogo como un concepto, o un nombre comun. S1 Dios,
las que ono'
.
.d d d
como Ser, es El Análogo, es también quien da analogía de unidad Y urn a e
analogía a las cosas diversas que por El resultan análogas. Pero la prueba de
la existencia de ese Análogo se hace al revés: partiendo de las cosas análogas
hasta llegar a Dios como Análogo universal, si bien sabiendo ya ~ue es el vértice común de toda analogía entre las cosas del mundo; es decrr que _se demuestra su existencia porque ya se contaba de antemano con ella, pues s1 no se
contara ¿ quién fuera capaz de escalar parecidos entre las cosas, hasta lleg~r,
·
'
Quien da el parecido a todo? Asi elaboramos los conceptos obJesm mas, a
b · · ;&gt; s á
ti vos, pero Dios como Análogo, ¿ es también un concepto o Jetlvo. ¿ er
Dios un nombre común?
Los conceptos, aun habiendo brotado de la manipulaci~n de_lo_real, no ~otan todas las notas de lo real, como hemos dicho. Más bien e~an, p~esc~den de aquellas notas que no convienen a su ansia de universalidad. Y Sl Dios
no fuera sino un concepto, aparte de no satisfacer lo más profundo Y ~helante y ardiente del hombre, no sería "análogo" para todo'.,pues que habna prescindido de muchas cosas y muchas notas. Pero hay tamb1en concept~s que ~barcan todo el contenido óntico, que agotan todas las notas. y no depn rcs1du~s
de lo real de las cosas sin comprender. Comparo, por eJemplo, dos cosas diferentes, y por abstracción, prescindiendo las diferencias, me quedo con lo
igual v forjo el concepto, de esa cosa. Quedan sin duda notas de cada una
sin ingresar en el concepto; es el residuo ontoló~co. Pero ahora compa~
dos "cincos" dos conceptos cinco, y como ambos cincos entran en su totahd d dentro 'del concepto "dos" pues no hay diferencias entre un concepto
~ ' otro concepto cinco, resultan totalmente comprendidos sin"C
resk&gt;, aletnco y
d
1
guno. Estos conceptos pueden llamarse "exactos" o "comp etos . uan o
· os "árbol" en el concepto "árbol" no entran todas las notas de algud ecun
,
.
.. . d,,
h
nos de ellos, por ejemplo: verde o alto, pero cuando digo vutu
no ay
rasgo virtuoso de hombre virtuoso que no quede comprendido en aq~el concepto. Los conceptos ideales o de objetos ideales son exactos y no deJan resto real. Dos árboles por ser dos, dejan a muchos árboles fuera. Pero el con.
' como numero
'
"ahstrae.cepto "dos", cubre todo "dos" posible,
aunque as1,
to" no concreto o relacionado con lo real. Pero lo que se abstrae, ¿ es lo elimi~ado y prescindido, o es lo que se retiene aparte de lo prescindido por

166

ser común? El concepto es abstracto, no porque él abstrae, sino porque es
abstraído de lo diferente y diverso, pero el concepto que he llamado "ideal",
ni .abst~e de ~eren_cias ~ue no hay- ni es abstraído de nada, pues no
deJa residuo cliferenctal. Dios no C$ concepto, en la acepción de "abstraído"
o _"eliminado", que eso sería y es la forma del ateísmo, de la negación de
Dios. Pero tampoco es concepto como integración de lo común, después de
prescindir lo cliferente, pues si lo fuera, no sería universal ni comprendería
a. todas las criaturas. Pero dicen los tomistas que sí, que las comprende, en
diverso grado y proporción, y que eso es precisamente la analogía. Pero esta analogía ¿garantiza realidad?
Hay conceptos ( como hipógrifo, justicia, triángulo equiL-ítero) que no se
dan en lo real. ¿ De dónde salen tale&lt;J conceptos? Los principios universales
¿ cómo los adquirimos?, ¿ de dónde su evidencia? La inducción total . qué
1
.
.
' ¿
a garantiza, si no hemos experimentado todo lo que enunciamos O predicamos
en la ley que obtenemos? Por otra parte, los conceptos no ideales, toman
notas d~ lo r~l, pero no todas, de modo que lo que enuncian no es más que
~sa reahda_d mcomplcta. En fin, hay cosas reales que dan una representación
de su _realidad ~ los_ conceptos, pero no dan su realidad misma, y, además,
no deJan que, SJ-qtnera en partes ( luego reunidas en el concepto), ori!rine
una ~lo~a realidad. Así, de muchos animales hemos obtenido el conc:pto
de ammabdad, pero la animalidad misma, siendo concepto, no es animal.
Hay muchas cosas redondas, pero la redondez no tiene realidad fuera de
las co~s re~ondas. Del mismo modo hay analogía de cosas análogas, pero la
analogia misma no queda fuera de eUas. Tampoco el concepto ser, es, fuera
de. las cosas que son. Pero entonces cabe preguntar en virtud de qué son
an.a~ogas las c~sas, _las redondas por ser redondas, y las animales por estar investidas de animalidad. Platón y Agustín hallaron un modelo ideal fuera de
las cosas y al que éstas imitan. Pero Agustín vio más hondo· miró dentro
d .,
,
e s1 Y oyó una voz y vio la iluminación de la Presencia Divina que nos hace
ver en las cosas lo que en éstas no hay; Aristóteles y Tomás afirmaron que
la redondez está en las cosas redondas -no fuera- y la animalidad en los
animales, pero buscando algo más alto, escalaron la analogía y, por ella,
e~con~on a Dios. Pero Aristóteles, como no contaba con Dios, apenas le
vio, y solo hallo un Motor, una Causa, una Trascendencia. Tomás, como contaba ardientemente, iluminada.mente, con Dios, lo encontró y demostró con
total convicción para él. Pero ¿ llevarla la misma convicción a quien no le
hubiese antes encontrado? Si Dios es análogo, puede preguntarse: ¿Hay análogo fuera de los analogados? Y si lo hay, ¿ es resultado o es fuente de )a
., ? N
analogacion.
o es dudosa la respuesta: Es la fuente. Pero a esa fuente
¿cómo hemos llegado?, ¿por el rq2onamiento de la analogía nada más, de
1

167

�modo que si ese razonamiento no fuera correcto, no p0dríamos contac con
la existencia, con la presencia de Dios en el mundo? Y en este último caso,
¿ cómo se nos puede ocurrir semejante demostración, si nada sospechamos de
su existencia? Esto es lo que se busca y se quiere fundamentar en estas páginas, lector, leyendo.
La analogía como concepto no supone necesariamente realidad. Hay en el
mundo cosas análogas, pero no parece seguro que haya un Análogo, que
siendo un concepto, dé realidad a los analogados. Debe ser otra cosa que
concepto: una tremenda realidad de la que los analogados han sacado su
analogía, y el concepto mismo su posibilidad y su evidencia. Mucho menos
ha de ser mero nombre común. Husserl, que distinguía los nombres que son
ponentes de los que no lo son, es decir, los que suponen realidad y los que
no la suponen, decía también que el nombre no "da acto completo" pues
para completar su significación precisa del artículo, el adjetivo, etc. ¿ Será
Dios por analogía un nombre común?
El notnbre común es conceptual y de naturaleza lógica, en tanto que el
nombre propio -como veníamos diciendo- es de estambres mágicos o nu-.
minosos; cuanto menos numinoso, más conceptual y analógico, pues el concepto que no sea lo que he llamado "concepto exacto" o "ideal ( el cual es
unívoco y total) está siempre entre lo unívoco y lo equívoco, aludiendo a
lo universal y a lo singular; y cuanto más se incline a lo singular y más se
distancia de la universalidad, más se acerca a ser propio ese nombre común.
Lo más singular, lo más afectado de unicidad, es la persona, la existencia
humana, y es la que más resiste a un concepto y a un nombre común. Cuanto
más propio sea el nombre, cuanto más apropiada la atribución, más auténtico
es el nombre propio. El nombre común identifica como el propio autentifica,
da una imagen, no un concepto. El concepto (rubio, español, alto, de tantos
años de edad, domiciliado en Madrid, etc.) identifica pero no autentifica.
El nombre propio suscita la voz de la vocación y contribuye -o debe contribuir si es realmente propio- a autentificar a la persona. Al hombre mágico
no le es indiferente poner cualquier nombre a su hijo. Se siente responsable
de ser o no fiel con ese nombre, y de estar o no inspirado al ponerlo al hijo.
y si el concepto nada dice profundo y certero de la persona, menos dirá de
Dios. Dios es nombre propio, no común y no concepto. Los conceptos que
aplicamos a Dios (Trascendencia, Motor, Causa, etc.) son conceptos (como
Bueno, Justo, etc.) pero son posibles porque tenemos el nombre y la experiencia íntima de Dios, y racionalizamos luego esa experiencia. .. El concepto
de Dios, dice poco de su Existencia. Más dice el nombre de Dios, y más su
Revelaci6n y su Presencia en el hombre.
El hombre propio, si es propio y apropiado, está más allá de los predica-

168

bles clásicos, pues el "propium" de los escolásticos (Muw natura) si es,
en efecto naturaleza de la cosa, no es una atribución desde fuera sino una
e,..;~encia de esa naturaleza. Pero no hay otra exigencia de las ~aturalezas
cós1cas Y_ comunes que la de tener un r.ombre c6sico y común, y no un nombre propio que es exigencia singularísima de la singularidad personal. El único
nombre ~ropio de las cosas es el concepto o nombre común; el único concepto aplicable a las personas es el nombre propio. Muchos graves traspiés
de la Metafísica tradicional se deben a no haber distinguido suficientemente
la ontología de las cosas y la de las personas. Y porque de una parte, se atribuyen nombres que parecen propios a personas, ríos, planetas y hasta caballos,
Y, de otra, el nombre, que debía ser carismático en las personas, se hace cuasi
concepto al hacerse nombre social, se ha creído que los nombres propios son
tan conceptos como los comunes y que las cosas y los conceptos tienen un
nombre como las personas, y que, en fin, si todo lo que es, debe ser predicado
como
ser,
todo lo que se predica como serJ es. Pero no·' el nombre "Ju an" ,
•
•
,
•
s1 es cansmatl~o, cala pr?fund~en~e hasta la última singularidad de la perso~a, '. no es ru un apelativo social, m el concepto de "juventud (o joanneidad)
adJu~cado
un hombre, como tampoco el de Pedro indica concepto de
petre~dad, s1~0 algo numérico, inspirado y carismático que responde bien
a qu_1en babia de fundar la Iglesia. Cuando el nombre no es apropiado ni
propio,. es ~~e no es c~rismático, es que no es numen, sino sólo concepto y
de-normn~c1on. A eso tienden apodos y patronímicos. El nombre de Dios sólo
a El conviene.

.ª

NoMBRES v ATRIBUTOS PARA Dios

_Fray ~uis de León en su conocido libro, y San Buenaventura en el suyo,

Itinerario de la mente a Dios, van registrando los nombres que convienen a
El. Veamos esto en el orden filosófico:
Dios no cabe dentro de un concepto porque no es cosa ni ser. Si toda cosa
es 1~ que es por su coseidad universal unida a la universalidad de la copresen~1a, una cosa y todas las cosas son bien poco cosa para lo que Dios nos
sugiere.,con su Pre encía. También es muy poco el concepto de "causa" , que
es noc1on sacada de la experiencia del mundo y no vale más que para las
cosas naturales. Fuera de la Naturaleza, por ejemplo, en el mundo de las
pe:,sonas, no vale l_a noción de Ca~sa, sino la de autor, cuya etimología ("augere , . aumentar) clice que es algwen que pone algo en el mundo. Identüicar
a ~1os con la Causa, aunque sea Primera, del mundo, es empequeñecerle y
aplicarle un concepto obtenido de lo natural. Pero además, la noción de causa

169

�liga y obliga a la producción del efecto. Ni puede una causa dejar de producir efecto -porque si no, no sería causa- ni una vez producido, puede quedar radicalmente desligada de él. .. En fin, si ni el concepto de ser ni el de
cosa son aplicables a Dios, tampoco el de causa. Si Dios es Presencia como
Fundamento y no es Principio, quiere decirse que le da el principio al ser,
pero no lo principia. Mucho menos podremos decir que es la Causa, aun la
Primera Causa, cuando esta noción está sacada de la realidad de lo natural
y va .siempre ligada al efecto. Por eso Dios no se nos presenta como una
cosa, ni siquiera como la Gran Cosa -según ya dije- sino como Presencia
Personal, como Alguien. 'o es una esencia, que1 o significa el ser universal
que Dios no parece ser, o significa un concepto; ni es existencia en la acepción clásica de "algo fuera de la nada", que es bien poco decir. Mucho menos
vamos a decir que Dios es una Idea, tanto en el sentido hegeliano como en
el de "la representación" de Schopenhauer, pues un Dios inventado por el
hombre lo más que puede alcanzar a ser es fantasma o ficción de hombre,
acaso persona de arte, pero nunca Dios. Si decimos que Dios es Legislador
del Mundo, o su Arquitecto, decimos ya que es más que su causa o su ley
o su principio, pero parece que restringimos su acción a la de legislar, construir, etc. Y habría que ir enumerando todas las aptitudes y potencias para
lograr presenciar lo que en Dios hay de Persona. Pero esto supondría ir conociendo cada una y todas las potencias divinas para lograr llegar a la noción
de su Persona. Y no; más bien ocurre que, por entrever a Dios como Persona
Presencial, elaboramos, después, esos atributos de Arquitecto, Legislador, Maestro, etc. Y es n la persona del hombre donde entrevemos la Persona de Dios,
no induciendo de una presencia la otra, de la humana la Divina, sino autopresenciando la nuestra propia y en ella la Presencia de Dios. Y no concebimos presencia que no sea personal. Sólo porque el hombre se ve a sí mismo
como persona presencial, sabe que Dios es Presencia Personal.
Y no esencia, siquiera porque, como hemos dicho ya, no cabe en el ser al
modo humano. Ya dije que Dios se nos presenta como resplandor personal,
como la Persona Máxima, única, inefable, eterna, creadora de nadas y de
seres de la nada, y, entre esos seres, de las personas humanas. Llamándose
"persona", sintiéndose el hombre "persona", se siente levitado, ascendido,
asumido o llamado a ser asumido en la Persona de Dios. Es como una prueba a posteriori de Dios que el hombre saca de su experiencia autopresencia!.
Pero no debemos imaginar que Dios sea Persona al modo humarúsimo, sino
que Dios fundamenta con su Presencia la Personei_d ad total y originante.
Entre la Persona de Dios y la persona humana no hay más que semejanza y
radiación iluminantc de aquélla a ésta. La persona humana, una vez recibido
el soplo del espíritu, el impulso existencial, ha de realizarse como tal entre

170

otras personas y entre cosas. Pero la Persona Divina no necesita realizarse ni
necesita de las personas y las cosas. Si la persona humana funda, la Divina
fundamenta y crea~ sin realidad, sin material de cosas, con los hilos y éteres
sutillsimos de la nada. Y de nada en efecto, parece hecho el espíritu del
hombre y su existencial persona. Pero la persona humana construye siempre
con materiales de derribo.
La persona humana no se adapta a un concepto; mucho menos la Divina.
¿ Cómo, entonces damos nombres y atributos verdaderos a Dios afirmando
que Dios es Persona Absoluta y el Fundamento de toda Personalidad? ... Se
desliza ahí un viejo equívoco: el nombre propio de lo singular e irrepetible
no es un concepto. Si la penona como el espíritu es acción, radiación incansable, no puede quedar inscrita en ningún concepto aunque los admita a
manera de nombres o atributos. Los atributos describen, pero no conciben
ni comprchenden al sujeto. Los nombres pueden ser aplicados a muchos seres
con univocidad, equivocidad, analogía, multivocidad. El nombre propio sólo
a uno y para e&gt;.-presar su singularidad irrepetida. El nombre propio aspira a
ser la designación del atributo esencialísimo que expresa, profundamente, el
sentido de la persona. Si sociológicamente -repito- el nombre personal ha
dejado de ser personal para ser etiqueta distintiva social, nada afecta a lo
que estoy diciendo ... Dios tiene el nombre inaudito y secreto de cada hombre.
Y el nombre de la persona empezó siendo la denominación singularísima y
sustantiva. Y el nombre no es un concepto genérico. El amante llama al amado
por su nombre, un nombre único y esencial que sólo el amante ha sabido
captar. El amor funde los conceptos -siempre minerales- para acceder a
lo hondo y vivísimo y capturarle la esencia, el perfume: la radiación de la
persona. Pero en vez de encapsularla en un concepto se perfuma de ella. Para
que el amante pueda ver lo que hay de sociológico, de concepto genérico y
aun de ser físico en el amado, ha de retraer la mirada de lo profundo del
amado para quedarse en lo superficial. El concepto tiende a hacerse universal en la extensión; el nombre, en la comprensión, si es común, pero no si
es propio.
Dios no es un concepto, pero tiene un nombre, muchos nombres universa).
mente usados por todos los hombres. Su nombre es universal porque todo
hombre tiene alguna experiencia de Dios, aunque varíen los nombres al traducir )'3 con pensamiento reflexivo esa experiencia... Theos, Iahvé Joangoikoa o Gott son nombres distintos, respectivos a un determinado atributo,
de una experiencia universalmente única. Es el Innombrable, no porque no
admita un nombre, sino porque iendo el nombre incapaz de ser único y esencial, ha de ir describiendo sus atributos, y son infinitos los nombres que le
convienen sin quedar agotado en ellos. Dios es el nombre de Aquel que es

171

�Quien es. Otro nombre suyo es Uno y otro Omnipotente, y Creador y muchos más. Pero no le conviene cualquier nombre sacado de atributos humanos o conceptos físicos, sino aquellos que son atributos del espíritu magnificado
en la Presencia Divina, según la halla en sí mismo y en la presencia de los
demás hombres. También halla el espíritu de Dios como Presencia, como
esplendor que circula, ilumina y empapa a toda cosa. Le llama Omnipresente.
También le llama el Gran S~, el Pre-Ser, el Sobre-Ser, el Espíritu Creador,
el Más Poderoso, el más sabio, etc., etc. Si hay pueblos y hombres que no le
han llamado así o de otro modo, es porque no han encontrado el nombre
que les parezca adecuado, pero no porque no hayan tenido la universal e.'q&gt;eriencia de su Presencia, de su poder creador y de su unicidad. No hay un
nombre solo para Dios aun habiendo una experiencia universal de su Presencia
en todos los hombres. Y aun un solo hombre encuentra inspiración en la
Presencia Divina para los más diversos nombres. Pero el hombre nota que
todos son insuficientes para dar la versión adecuada de su experiencia de
Dios. Halla un Quien, un Alguien, y le habla, le invoca, le suplica, pero no
sabe hallarle el nombre único que dijera su unicidad esencial. Dios no es
concebible, conceptualizable, pero no porque el hombre no pueda atribuirle
nombres y conceptos, sino porque todos los conceptos positivos y de orden
espiritual le convienen sin agotarle de sentido. Y todos los negativos de lo
material y limitado y humano. La Presencia de Dios desborda todo lo que
proceda del pensamiento del hombre. Y hay conceptos que no le son aplicables; por ejemplo, extenso. ¿ Qué conceptos le convienen y qué nombres son
los suyos y cómo los sabe el hombre?
La persona al autopresenciarse, se siente a sí misma no concepto ni cosa
natural; se siente fuera de lo natural y de lo cósico. Se siente exlrarreal con
nueva realidad. Se siente frente a la Naturaleza cósmica, extra y sobrenatural. En suma, espíritu, algo espiritual que experimenta ya como algo opuesto
a lo natural, como viento o soplo fundador y poético, como palabra o verbo
que funda, y como algo, alguien, que no está sujeto a la espacialidad, la extensión, la gravedad, el movimiento, la impulsión, la muerte, etc. Y siente
que ese espíritu que experimenta en sí le ilumina interiormente y le sirve
para iluminar fuera, haciéndose eco sobre las cosas. Y siente que es presencia
y que esa presencia está radiada, influida por la otra Gran Presencia, que el
hombre nombra en silencio, estremecido, con respeto, con el balbuceo del
asombro, pues el nombre de Dios es balbuceado como por infante. Y en efecto, se ha notado que las consonantes más infantiles son las que han dado ori~
gen a los vocablos y nombres con que se designa Dios. Todo aquello que
halla en sí, en la autopresencia, y que le inunda de luz y de grandeza, y le
da el primer sentimiento de indefensión, de intemperie y de criatura, todo

ello magnificado por el asombro lo atrib
.
atribuido. y así hall
b '
. . uye Dios Y encuentra que está bien
.
.
a nom res casi mefables com h U
0
son evidencias intraducibles d 1
:
a a preconceptos que
e O que expenmcnta
su modo, y para traerlo a conciencia de ,
. ' pero q~e el hombre a
conceptos. y empieza por sustanti
s1, precisa traducir toscamente a
butos que ha encontrado.
var gramaticalmente los nombres y los atri.

ª

Dios se presenta a cada uno se ,
. .
es cada uno. Es lo que dice San p bgunl rrustenosamente quiere y según quien
.
a o en una carta (I
C
No qwere
esto decir que Dios sea di ti'
or. ap. XII-4 a 11).
s n to para cada un
.
a cada uno según su persona
,
1
o, sino que se revela
.
.
,
segun
e
nombre
con
D'
1 . .
D 10s es qwen es y no ha
Dº
que 10s e distmgue.
Y un 10s para cada h b
·
pe~o se muestra a cada pueblo y cada hombreº; ~• ni. para cada pueblo,
está llamado a ser. ._,.m~n la
., 1
gun qwen cada uno es y
' -"'b-· vocacion
a llamada . t
. 1
nada a cada uno. Por eso los b b ' dan
. exis encia ' la misión asig.
om res
a Dios nomb
d' ·
reconociendo muchos y p f' • d
,
res 1Stintos. Pero
re men o uno y asi unos 1 11am
otros el Misericordioso y si'
.·
e
an el Justiciero y
·
unos 1e sienten ' bº
ven como Amigo y otros como Mae tr p mas ten como Padre, otros le
para otros, es ante todo Amor T d s Amo. ara u~~s, es ante todo Intelecto.
0
'
or' Justi~a, Mº1sencordia,
·
y muchos nombres más es
Di · S 'I o
Sabiduría'
0
Positividad, ni Jo Malo porq::· 1°M nlo esl lo neg~tivo porque Dios es Máxima
el mundo y el hombre y l h e b a es o neganvo' e1 som h:reado que ponen
· e om re pone lo negati
af'
d e Ji beración y afirmación
Si el c
.
vo para mnar su afán
Dios también perverso }' ~
. oncup1scente y el perverso hablan de un
•a
ncupJSCente o malo la
'6
s1 ad la pone el hombre que habla así
'
negac1 n y la perver-

e

y si todos y cada uno decimos " :,, D'
para cada cual, sino porque aludimnu , JOs, no es porque haya un Dios
.
os asi al modo co
ad
siente ante la Presencia de Dios Ese "mi"
. .
n que c a cual se
de Dios que cada uno toma
·
no mclica la posesión de la parte
-por eso no me gusta la I b "
.
ap li cada a Dios- sino al od
pa ª ra Participación"
" •
'
rn o como nos s t ·
.
'
mi patria" no pretende decir que la tri en zmos ser de Dios. Quien dice
( tampoco parte)' pertenencia de s pa . a sCea suya, sino que es el miembro
d D'
,
u patna ada un
•
e ios, o1do, mirado mandado d D'
y.
o se Siente presenciado
•
•
'
e 10s
el
I' ti
·
msprra su política como el
ta
. ,
po J co siente a Dios que le
'
poe su poes1a el · 'f'
amante su amor. y así el D' d A
,
'
CJenti ico su ciencia y el
10s e gustm de Ti
, d F
.
ventura, es el mismo que el de PI t6
d'
ornas, e ranc1sco, de Buena,
a n o e Buda S '1
d
segun es él, y le atribuye diverso no b
. o o que ca a uno le siente
y
rn re.
. aunque cada hombre, y en la medida de
. .
ciba a Dios de modo perso !' .
su autenticidad, sienta y conpresencia, también la revelan·~ isuno, puesto que la presencia humana es co.
cion personal hace
'bl
lectiva, aparte la Revelación hi t, .
. , pos1 e y aun necesaria la cos onca. Tamb1en los grupos humanos (razas,

172

173

�pueblos, naciones, culturas, fases históricas) tienen un modo peculiar de sentir y concebir a Dios, como hay momentos en la vida del hombre y en las
edades de los pueblos en que Dios es sentido con un acento o con otro.
No habla a Dios lo mismo el angustiado y dolorido que el jovial y satisfecho.
Y así los pueblos y las Edades reciben revelaciones de Dios. Pero si, como
decía Goethe: "Todo lo humano es experimentado por todos los hombres",
con mayor razón diremos que es experimentado por todos los hombres lo
Divino. En el trasfondo del hombre, la co-presencia da un sentido universal,
una revelación universal, un pensamiento y hasta un lenguaje universales,
pues parece que todas las gramáticas se juntan por las raí.ces en un origen
común. Y así todos los hombres de Dios dicen en definitiva el nombre de su
Presencia universal.
Y el Universo todo contribuye a esa Teofanía. No sólo se nos revela Dios
a cada persona y a cada grupo personal ("donde quiera os retmáis en mi
nombre a1li estaré con vosotros") sino que le vemos y rastreamos en las
cosas del mundo natural; que si el hombre es imagen, las otras criaturas son
huellas o pisadas de Dios según Fray Luis de Granada. También las cosas
dicen algo de Dios. "De te Altissimo, porta significatione" toda criatura, canta
Francisco de Asís. Si en lo hondo de sí halla el hombre a Dios, también en
la grandeza de lo natural le encuentra. El hombre es una isla empapada del
océano de Dios, una porción de historia y naturaleza rodeada de Dios por
todas partes. Cuando más solo se encuentra es cuando más se siente presente
a Dios. Y cuando más unido a otros en comunidad de fe es cuando más asistido se encuentra de Dios. Y de ahí otros nombres de Dios: Porque halla a
Dios en todas las grandezas, dice que Dios es grande. Porque halla a Dios
en su soledad de hombre, dice que Dios es único. Porque se siente sin fuerzas
para seguir, dice que Dios es Poderoso.

EL

ENCUENTRO coN

Drns coMo

füttS'l'ENCIA

Son esos nombres y atributos, preconceptos que brotan de sentimientos primarios y aun de presentimientos, aunque faltan palabras para designar estas
experiencias. Cuando decimos que sentimos la autopresencia queremos designar, no un sentirse sensorialmente, ni siquiera en vivencias psicológicas definidas, sino un autosentirse, en un primer encuentro consigo mismo a partir
de la autopresencia. Es el ''notar" a Dios que se nos vuelve sentirse. Por la
revelación presencial no conoce~os a Dios, lo sentimos; no le vemos, le tocarnos existencialmente. Le notamos. Lo mismo nos ocurre con nosotros mismos, nos tocamos, nos autoexperimentamos, nos encontramos, no con el que

174

somos sino con el que estamos Jlamados a ser Me com I
, ••
gunos puntos esenciales con Fed . S .
.
p ace comcid1r en al,
enco c1acca una de ¡
f' , .
mas ~audas de nuestro tiempo: "No h --c1·'
as mentes ilosof1cas
por analogías imperfectas) . l
ay
ice- un concepto de Dios ( sino
.
"
m e ser como Idea es Dios.
ti
"
miento de Dios en un doble sentid . ) 1
.
' se ene el sentitimiento; b) Dios no se cono
. o. a . o que ruaste o la existencia es sen.
ce m se piensa en ab tr t
.
bien,
no se da a este "sentir''
'd
s ac o, se siente. Ahora
. .
un sentJ. o puramente P . 16 .
.
.
subJet1vo y por consi0"11iente m· b' ,-; bl
SICo gico y extstenc1al,
.
~o Jeuva e
y
n·
.
rrucnto que es existencia, que
. . . d..
JOS se .siente con el sentíes conciencia e sí en I
. d
es. el. o~ jeto interior del existente espiritual El
.ª esencia el se_r, la cual
pnncip10 ontoló!!ico síntesis d
.t . .
sentir, en este sentido, es el
0
,
e exis encia y esencia p
.
es sentirlo en la totalidad de , .
d
: or tanto, sentir a Dios
.
m1 fillSIIlO, anne razon de
.
.
totalidad, integralmente".11
su existenoa en mi

"Toda v1a
' mas.
, Mi sentir es existir· senti
.
.
podría sentir a Dios si Dios
f ' 1 r .ª D10s es sentirlo existente; no
tencia se identifican. por co ~o . uera be Existente. En Oios esencia y exis.
,
ns1gu1ente asta sentir! ,
mtud, sin que esto signifiqu
mtegro en toda su ple.
·
e que se 1e conozca e
l • d
siento que entre El y yo h
d"
.
n su p emtu . Por esto
ay una zstancia met f' ·
·
mismo tiempo un vínculo radical" He ahí la vi . , a ¡ica. tncomensurable, Y, al
. Por su parte Ortega nos di'ce· :,El D. d l s1on e Dms como Fundamento.
·
10s e cristi ·
•
trascendente y extramundano cu o mocl
an_lSJllo es ~ Dios verdad
ninguna realidad cósmica. N~da ~e él ; !e ser es mcomp~rable con el de
mundo, no es ni siquiera tan"'ent ] '
d punta de sus pies, cala en este
. .
o
e a . mun o Por esta
,
uanismo misterio sumo la en a . . , Q
·
razon es para el crisc mac1on.
ue un Dº
·
.
surable con el mundo se ins 'b
'I
ios ngurosamente mconmen"
en a en e un momento
" h b'
otros - es la máxima
d .
- Y a 1te entre nos. .
para ºJª· •. Para estar c
D' h
por aruqu1lar virtualmente todo l
, .
on ms ay que comenzar
ya que,
efecto, frente a Dios
1::r:~º;, darlo por no existente
daderamente es cuando se ha q d d . .
g . El alma es lo que verue a o sm mund lib da d ,
cuando está sola. y no ha
tra f
o,
era
e el, por tanto,
,
YO
orma de entrar en
-, d
.
l
a traves de la soledad p
, .
compama e Dms que
, orque urucamente ha· l
·
encuentra el alma con su auténtico ser'' iz y
~o a especie de soledad se
sencia de Dios fallan y se ,f
·
allí
en la soledad ante la pre,
_ '
ex ll¾,CTUen 1os conceptos y tod , d
, .
d espucs
anade Ortega. "E
.
·
av1a os pagmas
.
'
.
s cunoso que todos l h b
. .
c1dan en hablarnos de lo que tamb', S
,,...
os om res religiosos coin1en anta 1 eresa 11
' 1f
y que sea justamente en ese fondo d 1 l
ama e ondo del alma';
tran a Dios. El Dios cristian
ª. ma donde, sin salir ele ella, encueno por o visto es trascendente al mundo , pero

°

en

e: ::::;\;

t

, u M. F. SmACCA: "Reflexiones sobre la existencia d
. "
numero 62, Julio-Septiembre de 1957 á 244
e Dios en Revista de Filoso/la
" ÜRTECA v G
' P g.
-65 Y otras. Madrid.
AS SET: l Qué es filoso/la, pág. 184.

175

�inmanente al 'fondo del alma'. ¿Hay alguna realidad bajo esa polvorient~
metáfora?" Me parece entrever cierta ironía en esas palabras. Creo, por m1
parte que hay en el hombre ''fondo", porque hay en Dios Fundamento. En
ese f~ndo, el hombre halla a Dios, y desde ese "fondo", el hombre parte a

fundar el conocer de las cosas.
No se da un conocer racional o conceptual de Dios "porque según Sciacca
su esencia no puede ser captada por la razón, excepción he~ha de im~erfcctas
analogías'', y por "el conocimiento intelectual que prescinde precisamente
d ta existencia de la que se destaca y aísla la esencia". Y el problema de
~os según Sci:cca es el de la existencia, "que es problema ?i:e~ de~ propio del conocimiento conceptual, que el problema de la esenc1~ . S1 i D1?s
es aprehensible en conceptos porque es existenci~, per? no existencia f~ctJca
de cosas, sino existencia personal, sólo que la existencia personal en Dios_ es
sobrepersonal y misteriosa. A su existencia llegamos por el contacto presencial,
y por eso, lo primero -para mí- no es el conocer racional, ~ino la fe y
el amor el conocer de la fe y el del amor. Pero no hay fe m amor para
las esen~ias sino para las personas, que son existencias calientes, radiantes,
sientes O essentes. A Dios le sentimos primero como el calor amor~so de su
radiación en nuestra intemperie de criaturas. "De Dios sólo y Siempre se
tiene inteligencia no amor, no está permitida ninguna abstracció~" -dice
Sciacca-. Dios es existencia porque es Presencia e inunda el Universo con
algo que, luego el hombre, viendo en las cosas la coseidad y la fo~a general del ser, lo sustantiva y unifica como esencia, que es lo que qmer~ rcc~er O encapsular en los conceptos. "Lo que de Dios conozco es la existencia
' 1a ~tenc1a
.
. '' , pues, "_en
yg no la esencia; lo que reconozco (amo)_ es todavia.
el acto del amor a Dios lo conocido (sentido) es la existencia, y lo desconocido
es la esencia". Sciacca no se atreve a afirmar que en Dios no hay esencia.
Pero es igual, porque afirma ahí y en su Fil~sofía y M et_afísica, en I_a pai:te
destinada a la existencia de Dios, que en Dios la esencia es su existencia.
Si la esencia y la existencia de Dios fueran distintas _habri_a en Dios alg~a
dualidad y no esa esencia estaba más allá de su existencia y su presencia,
con lo c~al O la Presencia no sería lo primero ni fundamental, y habría que
buscar lo ~ue la trasciende, o esa esencia está más ~cá ~e. la existenci~, en
cuyo caso siendo evidente la existencia en la Presencia Dmna, la es~c1a ya
estaría pre-vista en ella. Pero, además, como para el hombre la e~cia sólo
halla representación en lo conceptual, lo más elevado que podnamos alcanzar de Dios sería un concepto, y Sciacca nos dice que no hay concepto
ni Idea de Dios. Mas si la esencia y la existencia son lo mismo en Dios, entonces, 0 no hay más que esencia o no hay más que existencia. Y como es~
es la que se nos hace evidente con la Presencia Divina, en esta Presencia

?º

176

se nos da ya la esencia en la existencia. Es que el filósofo intelectualista se
obstina en llevar hasta Dios las nociones que recoge del conocer de las cosas
yJ porque en las cosas cree haber encontrado esencia y existencia, entiende
que debe aplicar estas nociones a Dios. Y sin embargo, si Dios es Presencia
como Existencia, es que es Pre-Esencia y no precisamente conceptos esenciales.
El mismo Sciacca dice que no se trata aquí "de postular el Absoluto con el
acto reflexivo, según el idealismo moderno, es decir, aquí no hay lugar para
la cuestión de la 'noción' de Dios, problema debatido desde Descartes a
Hegel, sino más bien de la presencia de Dios en el hombre entero, no en el
orden del conocimiento conceptual, sino en el orden ontol6gico, es decir de
una presencia que es la misma esencia de la persona. Este es el nuevo (y antiguo) problema metafísico que se ha de recuperar lejos del psicologismo,
sobre el plano de la ontología".18 Y aun remacha más abajo, en la misma
página: "De la interioridad objetiva y de la persona integral emerge la razón
de la existencia de Dios, la cual en el orden ontológico, es más que un conocimiento conceptual, es presencia del Ser". Se ve que Sciacca ha visto hondo;
pero que sigue manejando para Dios la noción de Ser, como sigue aceptando
para Dios la de problema. Ahora bien, para mí, Dios no es problema sino
misterio, y a partir de la presencia del misterio en el hombre hay que enfrentarse con los problemas y elaborarlos, porque los problemas son elaboraciones
del hombre. Del mismo modo la existencia de Dios nos es problema porque
es evidencia, y evidencia misterial. Pero por eso, a partir de la evidente existencia de Dios, empezamos a elaborar nuestros problemas de orden conceptual,
para afianzar humanamente esa evidencia, y, por eso, esa existencia nos parece necesaria y conveniente demostrarla.

11

Revi.rta. de Filosofía, n. 62, pág. 267.

177
H12

�IDEAS SINTE.51S DE ALGUNOS PROBLE~tAS
GENERALES DE ETICA
DR. lsr.tA&gt;:L Orneo PÉREZ
M~xico

ELEMENTOS DE Í:TJCA. La ttica es una rama de la Filosofía que se ocupa de
los actos morales. En toda filosofía o sistema filos6fico hay siempre una conclusi6n ética o unas nonnas morales aplicables a la conducta del hombre.
Recordemos aquel pensamiento de Manuel Kant al decir que hay dos verdades en el hombre: el cielo estrellado sobre su cabeza y la ley moral en

su corazón.

Las ramas de la filosofía son la L6gica, o las leyes del pensamiento, la Psicología, o conocimiento del alma humana, la Ontología o el conocimiento
del ser en su interprctaci6n universal, y la Estética, o el conocimiento de la
bcllci'.a en las diferentes bellas artes.
La 2tica tiene una jerarquía importante como rama de la filosofía. Podemos conocer todas las ciencias que el hombre ha descubierto en la naturaleza, en la especulaci6n intelectual o en el espíritu, pero todo el saber nada vale si el hombre no tiene una conciencia moral.
Los hombres, cualquier hombre, desde el momento que nace, tiene derechos, y si no se los dan, debe exigirlos a los otros hombres que íonnan la
sociedad. Pero la sociedad debe exigirle al hombre -a su vez- el cumplimiento de deberes y obligaciones.
La ttica puede ser material y formal. La material es el cumplimiento de
los actos morales libres y deliberados. La formal son las leyes te6ricas que
justifican los actos morales. Sin el acto moral ni la sociedad ni el individuo
podrían vivir. El acto moral es lo mismo que la salud en el cuerpo físico. Si
el cuerpo está en!cnno debe curarse, y si no lo hace, en corto o en largo plazo, las células )' tejidos de ese organismo le llevan a la muerte.
La !alta de actos morales lleva forwsamente a la ruina del hombre y de
la sociedad.

179

�En la Ética hay una tructura moral y con contenido moral. La Ética
tiene relación con la Antropología y con la Psicología. La relaci6n con la
primera está determinada por los factores hereditarios recibidos de los padr o de los antepasados. Y del medio o de la circun tancia en que el hombre iva.
La influencia de la Psicología sobre la ttica se determina por las experiencias vitales, que pueden hacer del hombre un triunfador o un frustrado. De
aquí la importancia de la educación moral.
El psicoanálisi , fundado por Sigmundo Freud ha asegurado que conocidas las condiciones de creación de un niño o la gestación en la madre
puede determinar en gran parte cuál será su futuro destino. Naturalmente
que a e tas condiciones habría que añadir las circunstancias morales de la
persona, sobre todo en el proceso de evolución de la personalidad, desde la
niñez a la mocedad.

Significado de la ltica. La palabra Ética se deriva del griego ethos, que
significa carácter, y del latín mos, que significa costumbre.
En todo carácter hay siempre una costumbre. El car-.ícter se forma por los
actos morales a lo largo del tiempo y fonna.n la p rsonalidad moral del hombre. Es frecuente confundir el carácter con el t mperamcnto, pero tienen
di tinto significados. Con el temperamento se nace o se muere. El carácter
se aquilata a lo largo de la vida y puede cambiar de un pccíodo a otro.
Cuatro son los temperamento aceptados por la Biología, clasifica.dos por
\'e-L primera por el médico Huarte de San Juan en el siglo XVI y confirmados por Mcndel postcrionnente. Estos temperamentos son sanguíneo, linfático, nervio o y colérico.
El Ethos constituye una segunda naturaleza la naturaleza que el hombre
se ha formado o adquirido, de la misma manera que recibe una primera
naturaleza física y mental con el nacimiento.
En todo caráct r hay actos morales que lo forman y hay costumbres.
Algunos filósofos d la ttica suelen llamar a esta ciencia Filosofía de la
Costumbre. El Ethos es la tructura unitaria y concreta de la personalidad
moral.
Los actos morales se encadenan con los hábitos morales y se generan por
repetición de actos morales. Comprendemo así la enorme importancia psicológica de los actos morales, pues ello determinan nuestra vida moral,
contraen nuestra libertad y a veces nos inclinan a detenninados actos morales de modo ine,·i ta.ble.
La costumbre moral es un cierto modo de naturaleza. La pr ncia del
pasado es mucho más fuerte qu el presente y en la educaci6n tienen principal importancia los hábitos morales. Por eso el talento se forma en el es-

tudio, pero el carácter se adquiere en la experiencia, con frecuencia dolo-

rosa, de la vida.
El problema del conocumento es un problema de hábitos mentales y los
que niegan tener memoria están cometiendo una falsedad. i no tuvieran memoria, ¿ cómo hubieran podido retener los miles de palabras de su
idioma nativo?
Igual que la memoria es la voluntad, o las distintas facultades del entendimiento. El llamado genio no es siempre nativo y cuando lo es, se dan condiciones no bien determinadas en Biologfa.
En general, la formación del genio es más bien un proceso de voluntad y
de entendimiento. En lengua inglesa se define así: "Genius is in infinity for
taking pains". O infinita capacidad de fijar detalles.
Exi ten tres conceptos en el conocimiento de la !tica: el modo ético de
ser, lo hábitos y los actos.
Los hábitos se engendran por repetici6n de actos y el modo ético de ser
o el carácter personal, se adquiere por los hábitos morales. Actos, hábitos y
carácter constituyen el objeto material de la ttica.
Hay actos del hombre en cuanto tal1 que son actos libres y deliberados.
Y actos pro\·ocados por causas naturales, ajenas a la ttica, en las que se
comprenden las representaciones sensibles, como la presencia de un toro
bravo nos obliga a la huída por el temor; o bien son actos irresponsables
que cometemos a la ligera o por precipitación de nuestras decisiones y que
son más bien faltas de aquietamiento de la razón, de armonía interior o
de un modo ético adquirido con firmeza.
El Cristianismo considera que no constituyen falta los movimientos desordenados por impulsos ajenos a la voluntad. En el concepto cristiano el hombre puede salvarse del pecado si está asistido por la gracia divina. Pero requiere una vigilancia que se convierta en hábito y prevenga todo movimiento desordenado antes de que aparezca.
En la vida civil, sin consideración de la moral religiosa, tiene la misma
aplicación y procedimiento. El carácter moral da fortaleza al hombre para no realizar actos inmorales. El Psicoanálisis de Freud dice que la Psicología de la moralidad se fundamenta en un buen manejo del subconsciente.
Hacer el subconsciente consciente es la tarea de la educación.
i el subcon ciente no es bien manejado o dirigido, puede crear catástrofes morales, irreparables, como la de un doctor que había visto siendo niño
la muerte de un hermanito de menor edad, en un paisaje nevado.
Cuando se graduó el doctor tenía frecuentes ataques de cólera, sobre todo
al ponerse la bata blanca. La bata blanca le recordaba a su hermanito muerto en un paisaje nevado.

181
180

�Si el subconsciente es manejado con conocimiento científico de sus tendencias puede dar lugar a grandes obras de educación o a obras duraderas
de la inteligencia. Por eso los educadores deben conocer psicoanálisis y ayudar a sus alumnos para fonnar su personalidad
Los actos morales pertenecen al autor que los ejecuta con responsabilidad, y el autor tiene unos hábitos morales o una historia personal. que gravitan sobre sus actos o decisiones.

La vida p.ricol6gica y la personalidad moral forman el conjunto de la vida
espiritual. Conocidos los antecedentes de una persona puede determinarse
cuál es su vida moral.
En la consecución de los fmes de los actos morales, lo primero es desearlos y lo segundo es el gozo de la consecución de esos fines. La elección es
siempre una decisión para determinar los medios. El consejo de otros fortalece nuestra elección y cuando conseguimos los fines nos asiste la complacencia o la delectación.
El trabajo mental de que la p6l'SOna se reconozca en sus actos conscientes,
afina cada vez más nuestros deseos y nuestros logros, produciéndonos u.na
vivísima satisfacción. En esta tarea de los actos morales ha de intervenir
siempre el entendimiento y la voluntad.
El acto voluntario es efectivo, cuando se procede reflexivamente o por
medio de la razón. Pero no siempre ocurre así. Descubrir la esencia de la
voluntad es descubrir la naturaleza del deseo.
Querer realizar un acto de voluntad que lleve a la consumación del acto
moral, no es una realidad, ni tampoco la intuición, como un aspecto del
acto, frente a la plena realización, ni es tampoco la elección de los motivos.
Querer significa apetecer y amar, o deleitarse en lo querido, con los medios para la consecuci6n de los fines. La esencia de la voluntad es la fruición: todo acontece en función de la fruición.
El acto moral, en su consecuencia última y verdadera, es una "simpatheia",
que en lengua griega y en nuestro idioma significa padecer o sentir con otro,
porque et otro padece o siente.
Significa que cuando nuestro prójimo está alegre, nos sentimos alegres,
y cuando nuestro prójimo está triste y desalentado, nos sentimos tristes y desalentados.
Realizado un acto moral significa que nos acercamos a la plenitud del ser
moral, o Wl estado que todos debemos desear. Si amamos, nos hacemos
amantes, si hacemos justicia, nos hacemos justos.
El verdadero acto moral es la plenitud del amor y la justicia, y aunque
no se realice en su plenitud por nuestra limitación humana, hay algo que
se decanta y permanece en nosotros. Y cuando el hombre llega a la apropia182

ción de sus actos morales, a lo largo de su existencia, es cuando alcanza su
más profunda realidad moral.
Hemos dicho que el objeto material de la Ética son los actos morales y todos estos actos se unifican en una realidad ética más profunda, dando como
resultado el carácter o el ethos. El carácter es la tradición de los hábitos y
el acto moral es la actuación o la acción cumplida. La persona tiene un modo de ser en la bondad y en la maldad.
Toda persona es en su constitución bondadosa y la maldad es una enfermedad mental; todo proceso de realización moral es una plenitud de la
bondad y una eliminación progresiva o rápida de la maldad.

Varios conceptos del carácter. El concepto del carácter que tomamos de
la 1::tica, tiene el mismo sentido que el tomado en la Psicología médica. El
carácter en la Psicología representa una actitud mental bien definida y el
carácter en la enfermedad biol6gica es lo que llaman los médicos los síndromes patológicos.
La Filosofía en general se levanta sobre el ethos humano. El hombre es
el creador de todas las ciencias, artes y filosofías, y las ciencias, artes y filosofías se hacen para el hombre.
Un matemático imprime sentido matemático o carácter matemático a
todo lo que investiga y crea. Isaac Newton, el descubridor de la Gravitación
Universal decía que el Universo está escrito en lenguaje matemático.
El hombre de ciencia establece sus fundamentos científicos en su pensa•
miento o en sus relaciones sociales. El abogado verá al mundo como una
ordenación de leyes jurídicas que rigen todos los actos humanos. El astrónomo verá constelaciones siderales, en que los astros corren siempre sin precipitación y sin descanso. Y el poeta verá en el cielo luces líricas o de emoción amorosa.
Cada hombre ve el Unjverso según su formación mental, pero el Universo tiene sus propias leyes, con independencia de las interpretaciones que los
hombres le den.
La Filosofía se levanta sobre el ethos o sobre el carácter moral de la humanidad. Hay filosofías que establecen la moral en la utilidad económica o
en la utilidad moral. La utiHdad económica será la función del comerciante y la utilidad moral implícita en todo acto moral.
El acto moral, en el concepto cristiano, es un modo de ser de la persona,
de tal manera que el hombre ofrece actos morales, lo mismo que el manzano da manzanas y el vifiedo da uvas.
Para otros filósofos es la moral una morada o una estancia. La morada
o estancia es el lugar donde creamos día a día el edificio íntegro de nues-

183

�tra personalidad moral, que en la casa se reposa y toma nuevas fuerzas para cumplir invariablemente un destino moral.
La Filosofía de los griegos antiguos y de los romanos, llamada estoica,
cuyo principal representante fue el español Séneca, que escribió en lengua
latina, fundamenta la moralidad en la ausencia de necesidades.
Cuanto más es el hombre capaz de vivir, dentro de la mayor sobriedad,
es tanto más libre. Las necesidades son un monstruo que levantamos día a
día y cada vez nos hacemos más esclavos. La libertad es la ausencia de necesidades vanas. El filósofo romano Epicteto, esclavo en la Roma precristiana, fue sometido por su señor, un patricio romano, a la mayor crueldad: le
cortó una pierna para ver si. su esclavo se quejaba y Epicteto contestó: po•
drán dañarme en mi cuerpo físico, incluso matarme, pero mi. espíritu es
libre y nadie podrá dañarlo.
El filósofo Arturo chopenhauer asegura que el carácter moral es congénito con el hombre. La experiencia solamente sirve para conocer ese carácter, pero no para modificarlo. Este filósofo confundió el carácter con el temperamento. Lo que se llama carácter adquirido no es otra cosa que conocimiento de nuestro carácter inteligible.
La Filosofía no está constituída por los hábitos y los actos morales, sino
solamente por el carácter congénito.
El filósofo Bourker dice que todo acto moral deja una huella en el carácter y los hombres nacen con cuatro potencias: entendimiento, voluntad y
apetitos concupiscible e irascible.
Estas cuatro potencias entran en el acto moral y cada hombre adquiere en
el curso de su vida una estructura y un contenido moral, diferente de los
actos morales en cada situación.
La personalidad moral del hombre está constituída por la añadidura de
hábitos morales a sus potencias ingénitas. El ethos no es un concepto práctico, ni se manifiesta ni se modifica directamente, sino por medio de los actos y hábitos morales.
Así se constituye la Ética en Wla ciencia práctica, al reconocer que por
los hábitos descubrimos el Ethos.
Vivencia de los actos morales. EJ objeto material de la Ética se constituye por los hábitos, los actos y el cthos humanos. Pero un acto, un hábito o
un carácter se han de prolongar toda la vida, porque una golondrina no
forma verano. El objeto de la moral sería la vida en su unidad temporal.
Los hombres vivimos en el tiempo, que es la medida de la existencia. Sin
existencia no habría tiempo, de la misma manera que la sombra no sería
posible si no hubiese cuerpos que la proyectasen. Con la ausencia de todo

184

cuerpo físico, desaparece la sombra. Y lo mismo es e1 tiempo en la vida de
los seres, especialmente el hombre, porque tiene consciencia del tiempo.
Los animales tienen su tiempo, pero no tienen consciencia del mismo.
Es muy frecuente escuchar a los hombres que pasa el tiempo, pero en realidad somos los seres los que pasamos por el tiempo.
Ya dijimos que el tiempo es la medida de la existencia y en el tiempo se
forma el carácter del hombre. Al término del tiempo o de la vida moral
existen creadas dos posiciones: A) los que creen en una vida trascendente;
B) los que creen que al término del tiempo ha cesado su vida y lo único que
les cabe es que su obra moral se haya cumplido.
La v.ida es la suma de los actos y de los hábitos morales que forman la
totalidad de la existencia. Podríamos preguntamos: ¿ cómo entender la vida en su unidad de sentido? ¿Cómo alcanzar su significado?
Existen dos caminos o maneras de entender la vida: A) realmente, B) vivencialmente.
La realidad es el ethos o el carácter donde se decanta y permanece ese
fluir y pasar que es la vida. Insistimos siempre en el ethos o carácter, porque la formación de la personalidad moral es una adquisición de nuestra vida.
La vivencia se adquiere por dos clases de a&lt;;:tos: discursivos o por medio de
la razón, mtuitivos o por medio del sentimiento. Los discursivos hacen referencia a todas y cada una de nuestras acciones, de la vida entera, al fin
último o sentido de la vida.
Por los actos intuitivos se descubre la unidad de la vida; estos actos intuitivos son síntesis de la realidad o definiciones del conocimiento.
Podrá admitir la siguiente comparación para mejor comprender el sentido
de los actos discursivos e intuitivos~ en el sentido de la investigación de la
ciencia. Un investigador científico puede pasarse veinte años investigando
una rama de] saber y lo hará por medio del análisis intelectual o por medio de la razón; es el acto discursivo. Pero su obra no tendrá sentido si no
hiciera una síntesis o una ley general, en un día, en una semana o en un
año, lo que en veinte años había analizado y la capacidad de síntesis es en
gran parte in tuitiva.
En la vida moral, los actos intuitivos son los que dan la perspectiva, el
panorama de toda la vida en un breve momento. Por eso los actos intuitivos son privilegiados, en la profundidad que con ellos se alcanza. Algunos
filósofos de la moral les llaman el instante, la repetición y el siempre.
El acto privilegiado sería la hora de la muerte. El instante es la eternidad
en el tiempo, un descenso de lo infinito a la e.."&lt;:istencia finita.
Para el creyente en la trascendencia toma la forma del éxtasis o de la contemplaci6n místicas. Para el no creyente será únicamente la unidad de su

185

�conciencia moral en el tiempo. La Filosofía llamada existencialista de Martín Heidegger ha hecho un análisis de la existencia concreta y su análisis ha
sido exhaustivo, pero el término de la existencia en el tiempo físico no tiene
otra soluci6n que encontrar después de la muerte un mundo de fantasmas,
en que el hombre se halla inerme y desamparado. Nace en él el sentimiento
o la intuición de la nada, por el temor y la angustia de lo desconocido e
incognoscible.
Martín Heidegger pretendió analizar la existencia concreta, para después
crear una segunda parte que sería la Filosofía trascendente, pero él mismo
se había encerrado en una jaula de hierro de donde no podía salir. Y confes6 públicamente que no escribirá esa segunda parte de Filosofía trascendente, porque no puede hacerlo con las bases que ha creado en el análisis
de la existencia concreta.
Para Heidegger es el término de la vida en el tiempo un encuentro con
la nada y la angustia. Podrá entrever el hombre entonces la idea de Dios,
pero no es posible, porque sería lo mismo que un hombre con pretensiones
de entrar en un palacio, cerrándose él mismo las puertas y encontrando el
Mo silencio de una inasible realidad.
El final de la vida está en la memoria, según Bergson y expresada en el
libro llamado Tiempo y Memoria. La memoria es en realidad el recuento de
los actos morales, con esa misma consciencia de unidad que hemos estudiado en el instante. La memoria es un almacén de recuerdos o de vivencias
que alumbran o señalan los caminos de la vida moral
El filósofo Zubiri lo encuentra en el siempre, o una suma de ayer y de
hoy, o de los actos realizados en el pasado o en el presente; todo es uno y
lo mismo. El hombre toma conciencia de sus actos morales en el tiempo, o
una suma constante de la vida moral positiva. El siempre es una vez por
tocias, el fundamento de Jos cambios temporales y el ahondamiento en sí
mismo, en las entrañas puras de la conciencia.
Cuando no tenemos sentido del siempre, vivimos pegados a las cosas temporales o accidentales y nos perdemos en el fluir de la vida, lo mismo que
las aguas de un río corren siempre.
El ethos termina con 1a muerte y entonces empezamos a hacer definitivamente lo que hemos querido ser, bien en el triunfo o en la frustración.
Si el triunfo se ha logrado, el hombre considera su vida en plenitud, y si
hay frustración, siente la falta de lo ql!e no ha vividoJ de lo que ya no puede vivir; el hombre es el orfebre o el destructor de su propio destino.
El hombre proyecta, se propone, se esfuerza y afana en el tiempo; todo
en el ser humano es siempre proyecto, en el niño que quiere ser joven y en
el hombre que aspira a realizar sus ambiciones. Pero el hombre dispone de

186

un tiempo limitado para realizarse a sí mismo y formar su dualidad ética.
Cada hombre tiene su tiempo propio y su destino propio. El ethos es temporal. La historia no es un ciclo cerrado, un eterno retomo, como dicen los hindúes, sino una realización en su tiempo y sólo en su tiempo.
Los conceptos de oportunidad o de momentos propios son esenciales en
la vida moral. Cada hombre tiene su hora y su plenitud.
La perfección es cualitativamente distinta, no s6lo para cada persona, sino
para cada oportunidad y para cada tiempo.
Hay oportunidad para el niño, con los ojos abiertos a la realidad del mundo; sus células y tejidos, su metabolismo orgánico están siempre en combinación de crecimiento y su instinto primario lo lleva a la transformación o a la
superación constantes.
Hay oportunidad para el joven, con su entusiasmo y su anhelo. El joven
vive en proyecto o en ambici6n permanentes. El hombre que no aprovecha
la juventud, pierde la vida, ~o mismo que el que pierde el día, pierde la noche.
Hay oportunidad en el hombre maduro, tomando conciencia del sentido
de lo posible y de que en la vida es cuesti6n de paciencia.
Hay oportunidad en el viejo o aceptaci6n y fidelidad del pasado vivido. El
hombre sin pasado interesante y lleno de experiencias, tiene al término de
su vida una sensación de vacío.
En la tarea de la enseñanza no cuenta el niño supranormal, que suele
apagarse pronto, lo que interesa es el niño normal, que tiene el desarrollo
apropiado a las distintas edades de su vida.
En la vida moral, el carácter se forma a lo largo de actos y hábitos morales. Un hombre que surgiese con un hábito moral ya formado sería inconcebible, porque la fonnación del ethos es el resultado de la lucha, del esfuerzo, y a veces del dolor, a lo largo de la existencia.
El filósofo Séneca decía que nuestro tiempo es limitado y nuestras oportunidades, y en esto nos diferenciamos de los dioses.

Los actos morales y el psicoanálisis. Freud descubrió en el hombre que
había tres dimensiones en el orden moral. La primera es el super-ego, que
es el juez moral, ordenando y dirigiendo todos los actos humanos.
El superego no viene con nosotros en el nacimiento, sino que es una fuerza moral profunda a lo largo de las experiencias de nuestra vida. El superego es como una voz de la conciencia que nos manda siempre obrar con rectitud, y aunque alguien nos influya para actos desordenados, el superego se
resiste y sólo en casos de embriaguez o de ira, podemos perder la conciencia del superego y obrar actos desordenados. Pero después de haber realiza-

187

�do estos actos, nos vienen estados depresivos, que si se prolongan, pueden
frustrar nuestra vida personal y profesional.
Otras veces es otro superego que actúa sobre nuestro propio superego. Así,
por ejemplo, un padre riguroso que enseña a su hijo una moral rígida e inflexible. Entonces el hijo tiene necesidad de una catexis o descarga moral. Generalmente, el hijo para liberarse del superego del padre, tratará de
ser lo contrario de lo que le han enseñado y será como una necesidad moral para descargarse del peso que le agobia. Pero la presencia del padre estará siempre con él aunque su padre haya muerto y también los actos morales que haya realizado contrarios al padre y esa lucha le creará un estado
de angustia y de ansiedad. Pongamos un ejemplo. Un joven en estas condiciones en que el superego del padre pesa en su propio superego y que su
educación moral fue de una grave seriedad religiosa, odia el matrimonio de
la Iglesia, porque el padre siempre le impuso la autoridad de la Iglesia. Se
une en relaciones amorosas con una joven, pero detesta el •casamiento, porque le trae el recuerdo de su padre. Nace un hijo y le tiene una grao adoración, pero detesta a la madre, porque la madre representa la confirmación del padre, que quiere obligarle al casamiento religioso, y en el hijo ve
la continuidad de él mismo y que puede ser víctima de otro superego semejante. Su adoración del hijo, va unida a un sentimiento patético de protección.
Descubierto en este joven, por la catexis, la causa de su ansiedad y de su
angustia, le produjo un estado de desolación y tristeza.
El superego manda al ego la rectitud moral y el triunfo. El ego es la segunda dimensión, en la plena actualidad de la conciencia; es todo lo que
vivimos cada día y el ego es cambiante como son cambiantes nuestras vidas.
Pero los actos que seguimos por medio del ego, pasan después de la experiencia o de la actualidad de cada día a la subconsciencia, que es donde se
almacenan todas las ideas y las experiencias vitales que hemos vivido.
Si el ego no logra el triunfo y no alcanza la rectitud moral, empujado hacia los actos desordenados, entonces el ego está frustrado y puede caer en
depresiones morales, que pueden llevarle en algunos casos hasta el suicidio.
Si el ego está frustrado en todos los órdenes, bien sea amoroso o bien en negocios, personal y profesional, no encuentra solución a su futuro y cree que
no sirve para nada; es frecuente oír que se tiene mala suerte, cuando en
realidad la buena o la mala suerte la creamos nosotros mismos. Podrá ocurrir que una persona tenga más medios en sus circunstancias de poder triunfar que otra, aunque los medios favorables pueden ayudar, pero no son
bastante para dar el triunfo a un hombre. Los medios pueden ser desfavorables, pero el hombre, cualquier hombre, es la medida más alta de todos los

188

seres de la creación. El hombre, aunque sean sus medios desfavorables, puede tener el mismo triunfo que la otra persona de medios favorables y aun
superarla.
El genio del hombre no reconoce estados sociales y viene con el nacimiento o puede formarse con una gran voluntad de trabajo.
Todas estas experiencias del ego son cambiantes y pasan por estados de
entusiasmo y depresión, pasando después al subconsciente.
La historia de un hombre está escrita en su subconsciente. El ego puede
cambiar y pasar de un estado favorable a otro desfavorable, pero el superego es como la luz permanente de nuestra personalidad y de donde sacamos
todos los recursos morales para la dignidad y la grandeza del hombre. El
ego es la prueba diaria de cómo podemos aplicar los mandatos del superego.
El ego es como una pequeña esfera y el subconsciente es como una gran
esfera; el ego representa nuestra vida en cada momento y el subconsciente
es toda nuestra vida desde la infancia hasta que morimos.
El subconsciente manda al ego las motivaciones de la vida en su totalidad, de la misma manera que puede decirse que los pueblos sin historia no
tienen futuro. La subconsciencia es el pasado antiguo y la actualidad es revivir el pasado. Podríamos explicar lo mismo del proceso del pensamiento.
Las ideas surgen en el hombre por lo que ha experimentado en sí mismo y
lo que ha aprendido de las ideas ajenas o del fondo de ciencia y sabiduría
que nos ha legado la humanidad en miles de años de experiencia o de investigaciones.
Las ideas pueden surgir también en el pensamiento del hombre por reflexión propia, perfeccionando lo sabido con nuevas ideas originales. El pensamiento será más completo cuanto mayor sea su experiencia personal o el
medio culto en que se desenvuelva.
La subconsciencia es el tejido de una tela complicada que ha costado muchos años de elaborar.
El subconsciente, aunque está dormido, puede manifestarse en la conciencia por medio de diversos estímulos. Freud dice que nuestra vida moral está en gran parte condicionada a los actos reprimidos o no realizados y la
causa general que determina el estado de enfermedad mental en el hombre es la lybido o el motor sexual que mueve todos los actos en el hombre.
Para despertar esos sentimientos que se han quedado guardados en la subconsciencia, puede lograrse por medio de los sueños. En el estado de vigilia
estamos preocupados por multitud de atenciones diarias y no somos conscientes de nuestro mundo subconsciente; en el sueño todas esas vivencias

189

�despiertan y se nos presentan en forma de símbolos. Los símbolos son las
ventanas que hemos de abrir para explicar el sueño.
Citemos un ejemplo. Una señora de unos cuarenta años tuvo un sueño.
Como buena mujer tenía una necesidad afectiva. Soñó que un palomo llegaba junto a ella y se panía junto a su hombro; ella llevaba una mascada
que le cubría la cabeza y bacía un viento muy fuerte. El palomo quería quitarle la mascada con el pico, pero ella se resistía, porque el viento era muy
fuerte y la iba a despeinar. Como el palomo seguía con la misma terquedad,
ella se vio obligada a asirlo por las patas y golpearlo contra una piedra. Le
partió el cráneo y el palomo sangraba, manchfuidose sus plumas blancas.
Ella comprendió que se vio obligada a la violencia, pero al mismo tiempo estaba apenada por la muerte del palomo.
En este sueño se ven claramente los símbolos amorosos. La sangre es la
maternidad, la mascada es el pudor de la mujer que el palomo trata de burlar. Las plumas blancas son la virginidad de la mujer, manchadas de sangre.
La mujer mató al palomo, porque decia que los hombres eran vanidosos, creídos y jactanciosos y no podía admitir que un hombre se burlara de ella, pero
al darle muerte sintió compasión y estaba muy dolida de ver al palomo fenecido.
En esta mujer había un deseo afectivo, pero su experiencia le había hecho
desconfiar, incluso odiar a los hombres. Estos actos reprimidos a lo largo de
su juventud la llevaron a la violencia.
El subconsciente manda al ego las motivaciones de la vida en su totalidad.
El subconsciente es la experiencia pasada que con el ego cobra actualidad. El
sistema de Freud provocó una revoluci6n en el orden de las ideas e influyó
en la literatura, en la psicología y en las artes en general.
El descubrimiento más importante de Freud fue el subconsciente. Pata darnos una idea de cómo opera en nuestra personalidad el subconsciente, podemos
afirmar que con frecuencia somos invadidos por fuerzas interiores y exteriores.
El poder del pensamiento o de las ideas que ap1·endemos, de las gentes que
conocemos, del cine, de la televisión, todo contribuye a formar en nosotros
una superpersonalidad. Pero estas ideas o experiencias no siempre las hemos
asimilado bien y nos crean dudas o ansiedades. Este sentimiento de angus•
tia, de agobio, por lo que aprendemos diariamente, rápidamente, difícilmente nos podemos curar. Son las llainadas neurosis en que sufre el hombre
contemporáneo. Y pensamos como Freud que la solución está en el subconsciente, pero son pocas las personas que lo advierten dentro de ellas. El hombre es un vendido o un derrotado, pues hemos sido invadidos, como una
ciudad ha sido invadida por un ejército.
El hombre que excepcionalmente está dotado de una mente luminosa, co-

mo si Dios se la hubiese dado no a los d ,
o el duende que juega • . / d
emas hombres, goza del Poltergaist,
te 1 .
' s1gru 1can o que hay en el hombre un subconscienmilaununo~, que licon_ su mente puede alcanzar fenómenos físicos, llamados
. . gros. a exp cación de esta facultad, aplicable solam
.
tif1ca la presencia del Poltergaist, que es un rico subco:~:n: pocos, JUS·
Freud no explica con suficiencia.
e, pero que
Ser fi~l a los mandatos del ~uperego es lograr el triunfo del e o o de la
personalidad
Y ser
· , suprah umanag El triun
f d l
. un Poltergaist, en una dim ens1on
.º e a personalidad está en manos de cualquier hombre o de cu~ uie
Jet que sepa cumplir los mandatos del superego en el ego.
q r muCARLOS

FEDERICO JuNG. Los actos morales y el inconsciente.

Jung fue un discípulo de Freud que encontró otra expli . , d I h
bre aunq
t
d
cac1on e oro'
ue aman o en cuenta algunos supuestos amorosos de Freud D'
1
ce que en el hombre
existe 1a h ue11a de una mujer que llama "ánima"
· •
.
que en la muJe: hay una huella del hombre, llamada "ánimo" Jun
y
buscando la realidad y la relación de lo masculino y de lo fe . .
g va
conocer Ja c tit · ,
meruno para
. .
ons ucion y 1as reacciones recíprocas del hombr
d 1'
Jer, como una virtud compensadora.
e y e a muEl término ca
·,
h
de este psic6lag:ps:sa;~~: ;aru7 J~~tg p;:ª:plo dulae ~ista en t?da la teoría
e I h b
ec oones ano.guas en las
q u e om re y la mujer o lo masculino
lo femenin
.
'
parte el quehacer de la historia y del homb:
1o exphc~ en gran
hechos Las investí ·
' que es e protagomsta de los
.
gaciones actuales de Pedro Caba sobre la Metaf' .
d
1os sexos humanos han d d
1sica e
tigua.
'
a o un nuevo resplandor original a esta idea anJ ung se aparta de Freud pero part d 'l p
juego de los impulsos ue 'ti
e . e e, ara _Freu~ es el inconsciente el
espiritual no existe sin~ en f:::~ud~r:gen.: la m~osciencia del pasado; lo
psicología sin alma J &lt;1 1
u
ª ~tenor. Freud construye una
• •
Y unº evanta una ps1colog1a con alma.
J~g se msprra en las intuiciones del hombre primitivo o en 1
mágico de algunos pueblos que viven todavía en una etapa in' . ; d concep~o
tura, como los indígenas australianos o los negros de Af. .
ic1a e su c El in
·
I
nea.
consoente es e alma del pasado, de todo el asado h
bre que vemos en las ciud d
.
P
u.mano. El homte del hombre primiti
a es, mane1and~ u:i automóvil, tiene el inconscienvo, aunque su apanencia sea de un ho b
'vili d
sus reacciones profundas tienen el mismo sentid d
. , m re Cl za o;
vía en la selva. Sus reacciones están ocultas oro e agres10~ que cuando viun temor de ser casti ado or 1 .
p una educación de años o por
'6
. 1
g
p
as leyes, pero cuando se le presenta la
s1 n VIO enta, en que sus fuerzas de inh'b' . ,
ocahombre actúa con la ferocidad de las gen1.tes1c10n . n~ . pueden contenerse, este
prumt1vas.

'?

191
190

�En todo ser humano hay un inconsciente personal y colectivo, aunque de
ello no nos demos cuenta y que configura nuestras creaciones culturales o artísticas. El inconsciente personal nos viene de nuestros antepasados familiares. Hacer consciente el inconsciente es la obra de la cultura, que refina nuestros instintos, nuestros sentimientos y nuestra inteligencia, en lo que tienen de
rica experiencia del pasado, depurándolos por el saber consciente en actos
morales positivos y eliminando los negativos.
El inconsciente colectivo lo heredarnos con la estirpe o la cultura de nuestra
raza predominante o de los mestizajes que hayan formado nuestra personalidad. Y es que en el mundo todo tiende al mestizaje. La idea de una raza
pura es un fraude político, porque no hay razas puras y la calidad del hombre se da más en el mestizaje que en las pretendidas razas puras.
Lo que fueron nuestros antepasados colectivos, somos nosotros, aunque depurados por la cultura siempre creciente de la humanidad.
El alma tiene para Jung doble constitución: lo psíquico y lo espiritual. De
lo segundo no podemos conocerlo ni captar su esencia. De ahí las contradicciones para ponerse de acuerdo en lo que es el espíritu. Lo psíquico o el alma es real, con la misma evidencia que es nuestro cuerpo fisico. El alma es
como un soplo vital que anima nuestro cuerpo, da brillantez a nuestros ojos,
movimientos a nuestras ex1;remidades y anima en el hombre la función sublime de la inteligencia, de la inducción científica y de la generalidad filosófica.
En este conocimiento del alma se funda la Psicología y por el conocimiento
del alma podemos determinar los actos morales. Para determinar los actos
morales es necesario que conozcamos los actos del alma, en las diferentes experiencias de la vida o el encuentro con ideas que hemos aprendido de los
ethos en los otros o las ideas que hemos generado en nuestra propia mente.
El mejor medio de expresi6n del alma lo encontramos en los sueños. La
forma mejor de descubrir nuestras vivencias interiores es dejar dormido el
cuerpo; entonces se nos descubre el cuerpo de nuestra vida anímica y podemos encontrar las fuerzas de compensación que necesitamos para el equilibrio de nuestra personalidad.
Existe una técnica de los sueños que consiste en encontrar los símbolos pa-

ra explicar lo que vivimos o lo que deseamos vivir.
En Freud son los complejos luchas de fuerzas instintivas. Para Jung son
fuerzas morales en la naturaleza misma de la psiquis inconsciente.
Para Freud, el sueño es la realizaci6n de un deseo erótico. Para Jung es una
función moral compensadora. Siempre soñamos aquello que deseamos ser,
aquello que en el pasado no fuimos, constituyendo para nosotros una f rus-

°

El sueño es la representaCI·6n mn
· b , 1Jea
. del mconSCiente
.
.
No olvid
ca .en Jung el térm.mo
· in.consciente
·
.
·
emos mmy la función moral com ensad
.

I".'

~:ego de
instintos, '.orno en Freud, sino el complejo
que actúan en la vida psíquica.

~! 1:'::.,nom:
Ja,

bí:~::;;:

~::ci;::c~:~elC:;e~:: a su propia vida, q~e no ha0
•arse d , .
o como una tendencia de aleJ
e S1 mISIDo, y cuando más se ale. ab
que la solución estaba en las fuerzas mor!t a,d menos se ~con traba, puesto
..
es e compensación.
Conciliar ~¡ yo y .el ello es buscar la compensación. El yo es la erso
:e el mcoruoente colectivo. El hombre cuando nace tiene
::.
.
grupo~ que en el curso del tiempo logra emanciparse de esta
talidad, en un proceso personal de indivi"d uacion~
. , para adquirir una menta
menfdad
: de :::::!:aL: ~entalidad del grupo es inconsciente colectivo de su
' e a que nunca puede desprenderse en su totalidad ni d
~ar:eespreotle=, ~ . el proceso de indwiduaci6n le hace "" más pe:.Ona1 euna categona diferente con los otros miembros del gru
b., y
pertenecen al mismo inconsciente colectivo.
po, que tam ien

~

~'!~

~

a::

~~

::::~des :euróticas ~ psicopáticas son siempre una discor-

Jvir

do o ha deseado
ista i~;alidad}r~f~da, que es lo que ha vivicia del .
.
.. . .
e conc1 ac10n como fruto de la concienmconsaente mfm1to del alma,
el tema central de la teoría de

Jun:.

es

Las signifi
neurosis d y dpsicosis
, actúan siempre simb6licamente Y hay que conoprimitivo. EIC:o:b~ :~~ acu~ei:1do a la intuición mágica del hombre
dades de la intuición y el ho::tá ci~g~ .en g~eral para conocer las realinaturaleza y sabe
e pmrubvo nene los ojos abiertos ante la
poco, pero lo que sabe es verdadero
Todos Jos pueblos han tenido re resentacione . , ·.
glíficos egipcios el alfabeto f . . p 1
s srmbóhcas, desde los jero'
emcio, e arte de los indíg
·
metáfora en el lenguaje del hombre civiliz d
en_as m~~os o la
las que
a 0 · O en las ideas plasbcas con
expresamos
nuestro
pensamiento
o
la expres·.
No
.
.
ion de nuestra alma.
hay expresión de las ideas si no hay expresión simbóli
L 'd
no puede ser expresada. Por eso afinn
.
, . ca. a l ea pura
nable en su
. I
a Jung que el espnntu no es determiesencia. gual sucede con la mate • ti
bolismos de números de cantidad
d 1 ma ca, que se expresa en siro'
es, e etras o de otros si
. .
nales.
La
matemática
pura
al
d
.
d
.
gnos
convenciod
,
ecrr e sus grandes mvestig d
en saber si están pisando la realidad o si están d r d a ores, no pueci6n.
e iran
en la especulacer el

°

Jung busca también un simbolismo' con eI que pueda interpretar los sue-

tración.

192

193
H19

�ños y establecer la conciliación · entre el yo personal y la personalidad profunda.
Exísten dos tipos de personas, las que tienen conciencia a través de las
emociones y las que tienen conciencia por contemplación interior. Las primeras son extravertidas y las segundas intravertidas. Las emotivas se manifiestan con espontaneidad y con sincera actitud ante la vida; las intraver-

•

tidas lo hacen con premeditación, cálculo y reserva.
En los dos tipos existen cuatro tipos psíquicos, en los que dominan el pensamiento, el sentimiento, la intuición o la sensación.
Las intravertidas manejan el pensamiento y la intuición y las extravertidas
manejan el sentimiento y la sensación.
Como una compensación, el hombre serio busca formas de humor; es como el rocío fresco sobre las plantas secas por la acción solar. Si la planta no
recibiese el rocio o la lluvia, acabaría por secarse. Y en el hombre que solamente es serio, acaba por secársele el alma y suelen ser personas hurañas,
malhumoradas y gritonas, que nadie puede soportar. Desconfiemos de las
personas que nunca ríen. Por eso el humor es saludable y es una forma de
compensación moral para el hombre triste, porque la tristeza es siempre una
enfermedad mental, revelando que algo incompleto se ha producido en esa
persona y hay que llevarlo con formas de humor por compensación. Los humoristas de genio hacen mucho bien a los pueblos.
Pero hay hombres que hacen reír a los demás y ellos tienen una gran tristeza. En la ciudad de Nápoles actuaba el cómico CarlinL Durante días y noches el teatro estaba lleno y las multitudes reían a carcajadas. Un doctor de
Nápoles recibió la visita de un enfermo, el que le dijo que queria curarse de
una melancolia invencible. Examinado el caso, el doctor le aconsejó que fuese a ver a Carlini; pero el enfermo contestó: Carlini roy yo.
En las dos teorías, la de Freud y la de Jung, existen estas dos diferencias.
En Freud es una teoría clínica, tratando de curar enfermos de la mente por
reacciones físicas, y en Jung es educativa y moral El hombre incompleto en
el orden moral, hay que hacerlo equilibrado y completo.
Otro de los grandes temas de Jung son los complejos de inferioridad y de
superioridad. Hay pueblos que tienen complejos de inferioridad lo mismo que
los individuos y otros pueblos tienen complejos de superioridad.
El compléjo de inferioridad es una visión equivocada de sí mismo y del
mundo. Unas veces el complejo de inferioridad está basado en hechos reales
temporales, pero que se pueden superar; todos los individuos y todas las razas, teniendo una constitución normal, son iguales unos a otros. Lo que cambia es el mayor o menor progreso intelectual, por las oportunidades que ha-

El p~eblo alemán tiene complejo de inferioridad y le ha hecho b
c?m~leJO de superiorida~ dando un nivel elevado de progreso c i ~
tecruco. El ho~bre que tJ.ene complejo de inferioridad y aspira a superarlo,
puede convertirlo en complejo de superioridad.

w;

La felicidad por el bien. Aristóteles distinguía dos clases de bienes lo q
d
' s ue
can por causa e otros y los que se buscan por causa de sí mismos. Todos l_os ~ombres de~n hacer el bien para otros, porque el bien ajeno es su
p~opio bien. Los dmgentes políticos de las naciones pueden hacer un gran
bien ª la c_omun_idad de hombres y en esto debe consistir la función de gobemar. El mvesbgador de la ciencia pone el progreso científico al seivicio de
todos los hombres.
Pero cualquier
cal
.
. hombre puede realizar el b'ien en mayor 0
en menor_ es . a, porque sin el bien realizado en otros, no es posible la sociedad. La finali~d del hombre es la realización de actos morales que llevan bienes
realizar también el bien d esiIDJsmoy
'
·
c atlos
, demas.d El hombre debe
.
uan ~s ~ es sean los bienes recibidos, tantos más bienes puede dar a
~os demas. ~1 el hombre no da los bienes reobidos a otros, es como una
uen te que bene tapada su fluencia con piedras y lodo y el agua sin fluir
corrompe.
se
La moi:" es _una apropiación tanto de virtudes como de vicios. El bien no
es ':°n;b1b~e sm la existencia del mal, porque el mal que se realiza es otra
raz~n el bien, y muchas veces la realización del mal reporta bienes p drí
aph~arse aquel pensamiento de Goethe en su obra Fausto, haciendo. de:ir :
Mefist6feles o el nombre simbólico del demonio estas palab . ''Y .
1
. d b
.
'
ras.
o soy e
que quenen o o rar el mal, obra siempre necesariamente el b' "
El hombre ~ue sólo es bueno, no es del todo bueno, porqu:: ·existencia
del mal le obliga a buscar el bien, de la misma manera que entre dos caminos, uno obscuro y otro luminoso, elegimos el luminoso y desechamos el obscu~. El ho~bre que es sabio, nada tiene que aprender, pero el hombre no es
s:i-bio Y ~sprra a serlo; es el principio del descontento o de la rebeldía, anSiando siempre una mayor perfección.
. Si el hombre es bueno o malo solamente, no es ru· b ueno ru. ma1o Somos
Slem-~re algo en oposi:!ón a otro algo que no somos, y en la ciencia t~a afirmacion es una negaoon. No puede establecerse ninguna ley sin la existencia
de otra ley con la que podamos compararla, bien para hacerla más firme opara ~egarla. ~ todos los casos el hombre debe proponerse siempre la realizaCJon del bien, como un camino ascendente de perfección.
La moral es una apropiación, tanto de virtudes como de vicios porque
cuando
. .nacemos nuestra alma es como un papel en blanco donde na'a a se ha
escnto y nos vamos apropiando, por la libertad d e pensamiento,
.
.
las VlI'tudes
o
se bus

°

yan tenido en su desarrollo histórico.

195
194

�d 1 contenido que hemos querido
los vicios, es decir, nuestra vida se llena e
darle.
1 al lo hacen en raz6n del bien, porque lo
Los h0 mbres que apetecen e m , .ó d l mal es porque creemos que
1
estiman bueno. Muchas ve~es ~a e e~e:ue:tra que estuvimos equivocados,
elegimos el bien y la expenenc1a nos
. . . d el dolor de nuestro error.
con frecuencia smt1en o
.
.
fruto doloroso de la experiencia
A nadie se le regala el bien, sino que es
l b" en Para que se diera
del mal que nos hace comprender entonces e i ..
, ,
.
ue antes se diera el maniqueo.
San Agustin, fue necesario q .
en la realidad sea el mal, sin
La intención interna es el bien, aunque
i
t
tero" endo la segun·dad de
q ue nos lo hayamos propuei;to. .
f li 'd d en esto o en to o ro,
Podemos paner e c1 ~ "d d
b
entonces la intención fue buena y
" d . s la felio a en o ra,
que si pro ucuno
cuan.do deliberadamente se hace daños a otro
el acto bueno. Otro caso es
. 1 1 En este caso la intención era
.
.,
ersa de producir e roa •
d y hay mtenoon perv
odi
1 mal acaba por hacerse ano
l
malo El que se pr ga en e
aliza
mala y _e acto es
1 · f" lidad profunda del hombre es siempre re
r
a sí mismo, parque a ma

el bien.
·
patencia toda la fe.
la felicidad y en nosotros existe en
. .
T od o aspira
a
b
· pre felicitante.
. "d d h
. la estructura del bom re es siem
lic1 a
umana'
.
fe!" .d d
si no lo consigue, es porque
El hombre proyecta siempre su _1c1 a , y
.
al
. leados han s1do malos.
los medios mor es _emp
l b
de la felicidad. Si tomamos la
Hay dos errores importantes ~ a usca una suerte o como un destino.
felicidad como una fortuna extdenor, co:e subjetivo o un sentimiento psiy si la tomamos como un esta o puram
16 ·00 de la felicidad.
•
co gi
ha
di en su libro Parerga 'Y Paraltpomena
El filósofo Arturo Schopen ~er ce
ectos. lo que aparenta ante
que al hombre se le puede considerar en tres aspes y .lo que es en realidad.
más 1
los demás se representan que
d
los de
' o que
l
al hombre una pennanente y ver aEste último aspecto es lo que e tra~
ha aspirado a ser y lo ha readera felicidad, porque lo ~ue es, es otaliq~de d Puede aparentar que es rico,
li d
desuno en su to
a .
lizado, cump en o ~
- p de creer que es inteligente, y si no
.
b
él IDISffiO se engana. ue
d
y s1 es Po re,
L demás se está comportan o como
lo es, aunque aparente o engane a os
m'enor medida inspira siempre
b" 1 que es en mayor o
'
un necio. En cam 10, o , t a arece como prudente o sabio, porque la
el respeto de los demás y es e p
did sino en saber poco o mucho,
sabiduría no consiste en saber mucho apren o,
.
. . al
pero propio y ongm .
d f licidades de Aristóteles tienen dos
tido de la Etica estas os e
d 1 d"
1
En e sen
'
f li 'd d en la acumulación e mero
errores, porque si buscamos nuestra e c1 a

o de otros intereses materiales, corremos peligro de perderlos y perder nues-tra felicidad. El dinero o las cosas materiales se tienen o se pierden, en el
capricho cambiante de la sociedad o de la fortuna. En el segundo error o
en un estado puramente subjetivo, sin relación con los otros o con la sociedad, corremos peligro de que nuestro estado psicológjco cambie por hechos
mentales o hechos materiales que no habíamos sospechado.
Solamente podemos encontrar la felicidad, buscándola por causa de otros,
lo mismo que por nuestra propia causa, porque el hombre nacido no es para
la soledad, sino para la comunidad asociativa. Podríamos preguntamos:
¿cuál es entonces la vía o camino para alcanzar la felicidad?
Aristóteles a.segura que la vida entera es como una pirámide de medios
y de fines. En la base de la pirámide coloca los bienes que no se buscan
para sí mismo, sino siempre para otros; en lo alto de la pirámide coloca la
vistaJ la inteligencia, el gozo, el honor que se ha buscado para sí mismo
o el supremo bien. Coloca los bienes par causa de otros en la base, porque
son mayores los bienes en cantidad por causa de otros, y coloca los bienes
por causa de sí mismo en la altura de la pirámide, porque los bienes son
de mayor calidad para sí mismo.
Este bien supremo es perfecto, porque siempre se busca para sí mismo y
nunca para otro; los otros deben buscar también la perfección en calidad
para lograr los bienes supremos. Nadie puede llevar la felicidad a otro,
porque cada hombre debe buscar su propia felicidad, de la misma manera
que no podemos pensar con la cabeza de otro, sino con nuestra propia cabeza, ni caminar con los pies o las piernas de otro, porque el mayor mérito
consiste en que cada hombre se baste a si mismo y busque su propia perfecci6n. En esta realización individual de los actos morales radica la felicidad.
Esta concepci6n de fines y medios reposa en propósitos discursivos y de
conciencia de la voluntad y expresa eia felicidad de carácter único o esa
inclinaci6n que es constitutiva de cada hombre para encontrar el bien y
desterrar el mal.
La felicidad consiste en la propia felicidad individual, porque nadie puede
ser feliz por otro.
La felicidad no puede ser exterior al hombre por dos razones: a) porque
no se daría esa apropiación íntima y necesaria a la que aspira nuestra naturaleza espiritual; b) porque el bien perfecto debe ser autosuficiente o no
necesitar de nada ni de nadie.
El último fin del hombre consiste en una energía y esta energía se entiende
como teoría y como práctica, como propósito y como acto. Arist6te1es le
llama praxis a la teoría convertida en ejercicio o en práctica, porque práctica

197

196

�es lo que se hace o se practica y el fin supremo de la felicidad será Eu-praxis,
que literalmente significa el excelente cumplimiento de la práctica.
La palabra felicidad en el sentido religioso hace pensar en algo beatifico,
pero esto es ajeno a la vida terrena y no todos los hombres buscan esa felicidad. La felicidad en el orden terreno es el cumplimiento de los fines
por causa de sí y por causa de otros.
El suicida no puede buscar la felicidad en el suicidio, porque eso constituye un acto inmoral. Ya dijimos que cuando el hombre nace está desnudo de mente y de cuerpo físico; todo lo logrado es el fruto de una experiencia moral en la realización del bien y las oportunidades de su vida
pueden ser incontables. Al cometer el suicidio él mismo se ha frustrado,
parque una situación desesperada puede traerle otra situación esperanzada.
El suicidio es la muerte de las oportunidades y el hombre como posibilidad
ha terminado. El suicidio es el asesinato de toda posible felicidad y la frustración definitiva de toda una vida y el cese de la proyección de un destino.
Hay qu distinguir claramente la beatitud de la felicidad; la beatitud trasciende el orbe moral del hombre y se ocupa de la felicidad como algo asequible a determinados hombres. La felicidad es siempre estar en situación,
pero toda situación es pasajera, cambiante; el hombre debe entrar en una
situación con el ánimo dispuesto de entrar y de salir a otra situación. E.s
salir de una situación para entrar en otra del mejor modo posible, o buscando la perfección en cada situación. Si la situación es des!!raciada y si
las salidas están cerradas, incluyendo las salidas religiosas, porque no se
tiene fe, el hombre puede ejercitar un acto, en sí malo, que sería el suicidio, pero sería el mejor bien posible, dentro de su desesperada situación; lo
sería para él, pero no lo sería para la moral, porque su muerte no le permitía ejercitar los actos morales. En la muerte cree encontrar el suicida

equivocadamente una salida a su desesperanza.
En la felicidad todos lo hombres buscan el mayor bien y el menor mal,

pero la felicidad es una posibilidad de apropiación de lo mejor. Nos apropiamos o hacemos propios aquellos bienes que antes no nos pertenecían y
que han entrado a formar parte de nuestro ser felicitante.

198

Sección Segunda

LETRAS

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                  <text>Humanitas es la revista de investigación más antigua del noreste de México en el área de Ciencias Sociales y Humanidades, se publica desde 1960 y actualmente está indexada en Latindex. Es una revista arbitrada y de acceso abierto que considera para su publicación artículos originales escritos en español e inglés, que sean el resultado de una investigación científica y que representen una clara contribución al debate y conocimiento de las áreas de la revista: Filosofía, Letras, Ciencias Sociales e Historia.</text>
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                <text>Humanitas es la revista de investigación más antigua del noreste de México en el área de Ciencias Sociales y Humanidades, se publica desde 1960 y actualmente está indexada en Latindex. Es una revista arbitrada y de acceso abierto que considera para su publicación artículos originales escritos en español e inglés, que sean el resultado de una investigación científica y que representen una clara contribución al debate y conocimiento de las áreas de la revista: Filosofía, Letras, Ciencias Sociales e Historia.</text>
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                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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                    <text>Señalo el problema para que un mejor preparado que yo lo resuelva, y urge,
pues simultáneamente con la solución o, mejor dicho, como antecedente para
resolverlo, tendrá que hacerse un estudio a fondo de nuestro romanticismo
que tiene -arriesgaré una opinión- una fisonomía especial entre los americanos.
Confío, eso sí, en que el planteamiento de la cuestión suscite el interés
de nuestros jóvenes investigadores a quienes está llamando con urgencia la
penuria de nuestras investigaciones literarias que, veo con alarma, están remediando, y muy bien, los investigadores extranjeros.

Sección Tercera

HISTORIA

372

�EL LICENCIADO FRANCISCO DE BARBADILLO VITORIA
Pacificador y fundador de pueblos
ISRAEL CAVAZOS GARZA

Universidad de

uevo Lc6n

A FIN DE TENER UNA IDEA de la situación imperante en el Nuevo Reino de
León, en la época del personaje de que nos vamos a ocupar en este ensayo
biográfico, conviene señalar una de las instituciones que pudo haber sido de
las más benéficas, pero que degeneró en forma verdaderamente alarmante;
la encomienda.
Establecida por las sabias leyes españolas con la sana intención de po·
ner al indio al cuidado del español, al que era encomendada su protección
y doctrina, la codicia y el abuso desvirtuaron su noble finalidad.
Originalmente, en la época de Carvajal, se recurrió aquí a medios violentos para la adquisición de indios, o de "piezas", como se decía entonces.
Pero no con el propósito a que se referían las leyes, sino convertido en un
ilícito comercio de esclavos, que llegó a ser el modus vivendi de los primeros conquistadores de esta régión. Las gentes de Montemayor continuaron
tales actividades, aunque con menor crudeza, y Martín de Zavala recibió la
facultad de repartir, al mismo tiempo que las tierras, las tribus de indios;
con los mismos fines de protección y de evangelización.
Continúan, sin embargo, los abusos. Alonso de León censura acremente a
Martín López, de Coahuila, quien entra a hurtar indizuelos para vender;
pero que acaba su abominable oficio muriendo, dice, a manos de su propio
pecado. 1 En esta insaciable sed, encuentra también Andrés de Arauna, al
morir a manos de los indios "el premio que se saca de semejante vicio". 2
Califica de insaciable codicia la de este y muchos encomenderos, de traer
1 ALONSO DE LE6N. HiJt01ia de Nuevo L16n .. . Centro de "Estudios Humanísticos.
Universidad de uc,-o León. Monterrey, 1961, p. 89.
• /bid., p. 99.

375

�indios a su servicio. Aunque no ,·e en ello más que la ostentación y van:da,/
de saberse dueños de numerosos indios; sin que para ello les importe que
sean ajenos o que tengan cl menor escrúpulo en hacerlos de la nación que
más acuento les está. 3 Justifica las con\'ocaciones de los indios, en determinadas épocas. Al arrebatarles sus hijos, tienen que rebelarse, r defenderlos
como una gallina embestir al milano. Sólo de este modo podían salir del yugo en que vian. •
Ningún juez quiere verse malquisto )' aborrcciclo. Cuando alguno tiene
conocimiento de estos abusos, mejor se abstiene- de intervenir. Tal stá esta
peste infernal -agrega- y la fácil condición dr los indios, e11 seguir lo que
los amos, con dos varas de sayal )' un poco de tabaco, les dicen.•
El gobernador Zavala realiza periódicamente visitas oficiales a las haciendas, vigilando este aspecto. Pero no basta esta vigilancia a contener el abuso.
La actitud oficial se hace a su ve-¿ reprobable, cuando recurre al pretexto d
de tierro o condena a trabajos forzosos a los indios culpables, y verifica
remates de éstos para que purguen sus culpas en los centros mineros del interior de la ueva España.
A la muerte de Za,·ala esta situación se recrudece. Los gobernantes, con
pocos escrúpulos, son pr6digos en otorgar mercedes de rancherías de indios
a los vecinos. Y éstos han extendido su radio de acción a fin de hacerse de
brazos para el trabajo, a zonas alejadas del reino.

Los cronistas de la época y los manuscritos existentes en los archivos, ha.
cen cada vez más sombrío este cuadro. 1\fota Padilla, Santa María, Arlegui,
y otros cronistas religiosos, condenan la actitud de los reineros. Había un
cargo oficial de protector, pero, siendo l!Ste juez y parte, no cumplía su ofi-

cio. La institución de las congren-as! benéfica en el fondo, insistimos, degeneró
en extorsión y esclavitud. "La codicia -dice el P. Santa María- tomó el
lugar de la piedad", y el indio sufre el peso del trabajo continuo, sin retribución alguna. Concluídas sus faenas ha de buscar su alimento en el campo, quedando en rehenes sus mujeres y sus hijos; ellas obligadas también a
labores pesadas, sujetas a servidumbre en haciendas, obrajes o reales de minas. Quien logra escapar de tal situación torna a los montes con los suyos,
y su natural odio al blanco se redobla y los asaltos, las incursiones y la guerra
son constantes.ª
o ,·alen Jas queja frecuentes de los misionero , los cuales elevan a] go-

•
1

/bid., p. 98.

• Ibid., p. 65.
' /bid., p. 98.

• J. Eu:UTERJO GoNZÁLEZ. Colección de Noticias y Documtntos para la Historia
d,I l:'stado de N. Lrón . . . Tip. de Antonio Mier, Monterrey, 1867, pp. 31 y

biemo angustiosos memoriales; ni el clamor de grupos indígenas que suelen
hacer viaje a pie a Ja ciudad de México, a presentarse personalmente en el
palacio de los virreyes. Las providencias de aquéllos, y las de los monarcas,
son condenatorias y con reprensiones mu)' severas. La distancia. sin embargo
es aliada eficaz de los culpablrs r no hay remedio posible.
En el último tercio del iglo XVII y primero del XVIII, observamos en
los archivos infinidad de documentos tendientes a mejorar la situación. En
la imposibilidad de analizar cada uno de éstos, baste eñalar algunos de lo!\
títtúos que aparecen asentados en los inventarios: Que la conversión de los
indior Je Jiaaa por prrdicocione.r, co11.nrenándoloí eri pueblos y 1tpa1tiéndol s
ti rrar ( 1672). Que se ordene la reducción y admi11ist1ación de los indios de
Coahuila )' , uei,o Reino de León ( 1675). Prohibiendo averi_rruar por indios a
las p11erlas rle la (f!lesia (sin f erha). Que u /ion(!a remrdio a la rrdurción d(!
los indios drl Nuevo Reino de León (s/f). Que se. at•erÍ!!ÜI' lo maltratados
que son los indios, por los dueños de otras haciendas, de lm provincias de
Río Verde, Tampico y Nuevo Reino dr León (1689). Que se a1,:erigüen los
excesos cometidos por los gobernadores de Coahuila y Nuevo Rei11o de Leó11
(1703). Sobre el modo de castigar a los indios (1705). E11carf!a11do se. cuide
mucho la manutención ,. aumento de los indios y buen tratamiento de los
11atu rales ( 1709} ; etc., etc. 1
Otro factor importante contribuye a 1a grave&lt;lad del problema. El crecimiento prodi~ioso de la ganadería, en Ja5 po trimerías del X"VII · alborc
del XVIII, hace que el abuso de los \·ecinos sea imitado por los mayordomo.
y pastor s que sólo cst..m tt'mporalmcntc c.n cl Tuevo ReinoJ procedentes
del interior, con sus grandes haciendas de ovejas. u crueldad es correspondida con los ataques de los naturales y el hurto de grandes cantidades de
ganado. Haciendas enteras son asoladas y las muertes y los daños jamás acaban. El gobierno local es impotente para mantener la guerra.

Ju

TA DE GUERRA y IIACU:":NDA

Todos los gobernadores plantean constantemente al virr inato te panorama, p ro con los resultados que dejamos ex-puestos.
Durante la administración del duque de Linares, tiene lugar sin embargo
en la ciudad de México, una de fas junta de Guerra y Hacienda, decisiva
para el Tuevo Reino, y sin precedente en su lú toria.
' Indice d, Rtaltr Cídulas re/atiua., a Nue.10 Ltón, 1651 -1820. En: lfumnnitas.

Univenidad de Nuevo León, Mont ·rt.('y, 1962, pp. 231 ,

376

377

•

�Esta se efectúa el 22 de agosto de 1714; es presidida por el virrey, duque
de Linares, y asisten a ella veinte funcionarios entre oidores, alcaldes de ~orte, contadores del Real Tribunal de Cuentas; factor, veedor, t sorero Jueces oficiales reales de la Audiencia y Caja; contador de tributo , y el fiscal
1
de • M. de lo civil. La regia sala de la Audiencia se ve poblada de la policromía de los trajes de la época, y de las albas y onduladas pelucas d los
graves doctores, ministros togados y caballeros de las órdenes militares.
Da cuenta el virrey de cuatro gravísimos asuntos, relacionados integramente al Nuevo Reino de León. En primer término, la instancia del gobernador Francisco de .Mier )' Torre, sobre las continuas hostilidades de los
indios y sobre la necesidad inaplazable de crear una compañía ;º!.ante, que
recorra constantemente eJ reino, a fin de sofocarlas. Su mantenumento, habría de correr de cuenta de los anaderos, como más afectados. Da a conoct"r asiini mo S. E., los autos referentes a la fundación de la Villa de an
Felipe de Linare autorizada por él por haberse asffltado en un punto estratégico para la contención de las in\'asione de los_ bárba:os, procedent~s
de Tamaulipas. Se considera igualmente la controversia suscitada con mollvo de dicha fundación y que había motivado Ja guerra del pueblo de San
Cristóbal de los Hualahuises, afectado en su jurisdicción. Finalmente, y como lo más importante de todo, un escrito de Fr. Juan de Lozada, presidente
del convento de San Andrés, de Monterrey, y procurador general de la provincia franciscana de Zacatecas. Denunciaba Fr. Lozada el daño temporal
y espiritual de los naturales, a causa de las congre~as '! el extr ~o de ~torsión y esclavitud a que éstas habían llegado. Los md10s no teruan ya libertad ni para casarse. Hacerlo, significaba perjuicio para el hacendado, por la
separación del servicio personal. De ello habí~ sobrevenido ~~chos casos
de concubinato y amancebamiento, tan combatidos por los mJSJoneros. Fr.
Lozada no veía otra solución a esto que la creación de pueblos indígenas,
como tanto lo encargaban los re)·es en sus reale órdenes; dotándolos de úerras suficientes y facultando la extracción de familias tlaxcaltecas del Saltillo y de Venado, a fin de que colaboraran a la instrucción de los chichimecas en la vida civil.ª
Don José Antonio de Espinosa Ocampo y C~mejo, fiscal de S. M.~ con u
acostumbrada prudencia, e.-cpone que la solución a estos casos reqwere tres
años por lo menos. Tiene una vasta e,..-periencia en ell~ y ~ que las doscientas leguas qu hay al Nuevo Reino harán necesario ese tiempo, que se
iría en expedir despachos, hacer pruebas, expedir informes, oír representaMS. Comisi6n al Sr. Lic. Barbadillo... Archivo General de la
Ramo Reales C~dulas, Duplicados. Tomo 38, f. 192 v.

ación, México.

clones, etc. Estos no eran generalmente suficientes para definir, por las pasiones o encono de los informante ; r. entretanto, peligraba la conseIVación
de la fe. Sugiere, por lo mismo, la designación de un enviado especial; y que:
dada la gravedad del caso, conviene que sea nombrado uno de los señores
ministros que, con "autoridad y toga, adquiera plena obediencia y sujeci6n";
y al que los gobernadores, no con ideraran su igual.9
Lar~mente deliberadas 1as facuJtades de que ha de ser investido el juez
en comisión, se acuerda que éstas deberán ser absolutas¡ bien fueran correspondientes a la Capitanía General; a la Junta General; referentes a
la Real Hacienda, o a crímenes y e.'Ccesos; "Jw.gando a como hubiese lugar. aun en lo qu hubiese duda, y, entendiendo de todo, fuese obedecido,
temido y respetado". 10
Aunque el propio fiscal había propuesto originalmente a don Pedro de
Castro y Coloma, recién llegado a México de su corregimiento de Zacatecas, el \.'irrey decide nombrar, por decreto de 27 de agosto (de 1714) a uno
de los señores alcaldes de corte de la Real Sala del Crimen: el Lic. don Francisco de Barbadillo Vitoria, "fiado del celo que le asiste del servicio de ambas majestades, y de su literatura''. 11

BARBADILLO EN NUEVO LEÓN

Hechos los dispositivos del caso, emprende el alcalde de corte su viaje "tan
molesto, incómodo y dilatado" (así lo califica él en uno de sus escritos). La
jornada se prolonga por más de mes y medio, pero no hay por fortuna incidentes que lamentar. El "irrey había girado instrucciones terminantes a gobernadores y autoridades del tránsito~ para que le diesen todo género de auxilio, bastimentos y escoltas, "pena de 2,000 p os, aplicados a la obra del
real palacio".
Llega el Sr. Barbadillo a fonterrey el día de los anto Inocentes (28
de diciembre), de 1714. Convoca inmediatamente a cabildo al Ayuntamiento
reinero; presenta al gobernador su despacho, y éste lo besa y pone en su cabeza y en la de cada uno de los presentes, en señal de acatamiento.
Desde el primer in tante sabe imponer su alta invesúdura, y, sobre todo,
la energía de su carácter. Cuando alguien le pregunta dónde había de poner
los pueblos, si todas las tierras estaban cedidas a los conquistadores, dijo:
• lbid.
" lbid.
11 lbid.

378
379

�que buscaría el sitio o que lo hallaría. Dijo, adcmásJ que si el propio gobernador intentara oponerse, le quitaría el bastón y lo echaría del reino; y que
si una mosca fuese capaz de castigo y se opusiera, le daría garrote.12
Por principio de cuentas y con toda actividad, procede a integrar la Compaíúa Volante, a fin de ir personalmente a bajar de Paz a los indios que se
habían remontado en la sierra de San Carlos, de Tamaulipas. En.medio de un
ambiente hostil y de oposición, sordamente manifiesta, pero a la que se muestra siempre indiferente, realiza su tarea. Lo que más exaspera al español es
que el indio que se acerca a Barbadillo, es escuchado con bondad y perdonado, por grave que sea su delito. Aquí priva el concepto de que los indios s6lo

por miedo se sujetarían al rey, al trabajo, a la cristiandad y religi6n y no de
otra suerte. 13 Por otra parte, se tiene también el de que la ley deja de ser ley
cuando es en daño y no e,i utilidad común, ,, que, en tal caso, ni obliga cédula, ni obliga ley, ni debe obedecerse, ni mucho menos cjecutarse.i. Esta
actitud está justificada por más de un siglo de completa desvinculación de la
autoridad virreinal, y mucho más aún de la peninsular. Barbadillo habrá de
cuidar, sin embargo, de hacerla cumplir. Cada indio atendido por él, se convierte en portavoz de este inusitado proceder, y pronto se ve el fruto.
Trae de México el alcalde de corte, a Manuel de la Torre receptor y escribano real, y a otras personas capaces que han de auxiliarle. Aquí sólo en-

del Pilón. El 4 de septiembre se practican mte,·amcnte ante Fr. Tomás del
Páramo, y quedan fundados los pueblos de Purificación y Concepción, que
perduraron hasta la consumación de la Independencia, en que fueron incorporados a Montemorelos, y son conocidos ahora como Escobedo y Gil de
Leiva. 16
En cumplimiento de su comisión, interviene en el conflicto de Hualahuises
por la invasión de sus ejidos al fundarse Linares, y se manifiesta absolutamente favorable al pueblo indígena, de acuerdo con las leyes. Tiene escrúpulos para disponer el traslado de Linares; los manifiesta al virrey; la resoluci6n nunca llega y Barbadillo dispone, el 14 de noviembre de 1715, el cambio de la dila a Ja ribera del río de Pablillo. Puede considerársele, por ende,
fundador de Linares, pues aunque Villegas Cumplido había establecido la
villa primiti,·a en la Hda. del Rosario, donada por él, y las nuevas tierras
son también suyas, al alcalde de corte se deben todas las diligencias del traslado, padrones de familias, vigilancia en la nueva traza, apertura de acequias,
etc. El 14 de febrero de 1716, la visita nuevamente, y la encuentra conforme a sus disposiciones; dos meses más tarde, el 16 de abril, le señala terrenos
para ejidos y propios practicando las medidas correspondientes.17 Puede con.
siderársele, insistimos, como fundador de Linares, villa para la cual tuvo
siempre especial afección, como veremos más adelante.

cuentra dos hombres que se entregan íntegramente a su servicio: el capitán
Juan Guerra Cañamar, de quien Barbadillo escnbi6 alguna vez al virrey, que
sus hazañas no tienen más desgracia que no haber sucedido en Flandes; 16 y
Fr. Juan de Lozada, iniciador de esta empresa y que jamás ha de darse punto
de reposo. Uno y otro se remontan a la sierra, y logran que los indios les sigan.
Y surge entonces la capacidad del juez en comisión como poblador. Con un
tacto verdaderamente admirable, repuebla las misiones de San Antonio de
los Llanos, hoy Hidalgo, Tamaulipas, despoblada desde tiempos del gobernador Azcárraga ( 1673) ; impulsa asimismo las de Río Blanco y Labradores;
y repuebla las de Hualahuises y Agualeguas.
El 15 de mayo de 1715, había delimitado la legua correspondiente para
la fundación del pueblo de Purificaci6n; pero, viendo la conveniencia de que
no sea un solo pueblo, sino dos, por la comodidad de la tierra, nulifica las
medidas y comisiona al receptor para hacerlas de nuevo, a una y otra banda

Para la fundación de los pueblos indígenas, recurre a la vieja ley que establecía poder utilizar las tierras ya mercedadas, si fuesen necesarias para poblar. Las en que se fundan Purificación y Concepci6n, son expropiadas, si vale el término, a Juan de Le6n. Igual procedimiento sigue para la fundación
de otro pueblo a inmediaciones de Monterrey, por el oriente: registra personalmente los sitios y aguajes y determina poner pueblo en las antiguas haciendas de Pedro Guajardo, Jo é de Trcviño, los Orhoa de Eleja!de y Doña
Nicolai;a de Escamilla. En febrero de 1715, jnstala allí a más de mil indios
chichimecas, y posteriormente, el 4 de enero de 1716. les da el título de pueblo con el nombre de tra. Sra. de Guadalupe. 1

" MS. R11presentación que /lacen los vuinos dt esta Ciudad, contra el A.lea/de de
Corte. (Testimonio). Archivo Municipal de Monterrey, Protocolos. 1715, 7 fs.

11 DAVID ALBERTO Cossio. Historia de Nuevo León. J. Cantú Leal, editor,
fonterrey, 1925, t. TII, pp. 30 y u.
17 GoNzÁu:z, op. cit., pp. 41 y 193 .
11 MS. (Testimoruo de las)
dilig,ncias que se prricticaro11 ... (para} la fundación
d11l pueblo d, Ntra. Sra. de Guadalupe. Archi\'O Municipal de Monterrey, cxp. 3, Jeg.

,. lbid.
" lbid.
u MS. Carta del Lic. Barbadillo al Virrey. Cadereyta, 16 de mayo de 1715. ArCorte, (Testimonio). Arcruvo 'Municipal de Monterrey, Protocolos, 1715, 7 fs.

380

Esta medida expropiatoria, provoca la protesta de los vecinos. En escrito dirigido al virrey, dijeron que lo había hecho en menos de tres días, sin darles
más términos ni otras tierras. "Al tercero día -dicen- ven entrar µos españoles] por sus puertas al padre doctrinero [Fr. Sebastián de Torres] )' a los

123, año ] 823.

381

�indios echándolos de sus casas para entrar ellos, sin que estorbasen a dilatar
tal resolución las lágrimas y llantos de mujeres )' doncellas, huérfanas y huérfanos desvalidos, que se veían arrojados de sus casas, sin rrf ugio alguno, viendo en el campo sus alhajas, sus personas y sus bienes. 111 En el caso de los pueblos del Pilón, decían que quedaron tiradas las familias y sus bienes por ]os
campos, con Lástimas y sentimientos que entemecía11 a los más barbáros, como se puede considerar de unas matronas, señoras y doncellas, que se vetan
arrojadas de las mismas casas donde nacieron y se criaron sus abuelos )' sus
padres, y se criaron ellas, viéndose derrepcnte sin ca.ra, abrigo ni habitación,
arrojadas en los campos, debajo de chaparros y me.zquites.20
No dejaba de ser exagerada la pintura. Todos los españoles afectado
son dueños de buenas casas en Monterrey o en el Pilón y po een, además,
extemiones de tierra muy considerables en distintas regiones del reino.
Claro que con\'iene considerar también a fonterrcy, al \'erse in\'adida de
pronto por tanto indio, que, con la libertad que les ha dado Barbadillo,
entre matorrales y chaparro.t andan de dia )' de noche con toda libertad.
Cuanta mu rte y robo ocurre a partir de entonces es atribuida a los pames
y comcpescados de Guadalupe.
En cada uno de estos pueblos, establece ayuntamientos indígenas a los
cuales entrega un estracto de las leyes que más los fa,·oreccn. En cada uno
deja también, previas gestiones ante la Provincia de Zacateca.s, un misionero franciscano que ha de ,·ciar por la doctrina e instrucción de los indios, y
de protegerlos del español. El misionero ha de ser íntegramente un ap6stol.
Ha de ir tras el arado abriendo la tierra y enseñando al indio a culth·arla.
Cuidará de los implementos agrícolas y otros bienes materiales de la misión;
procurará el aumento de las cabezas de ganado menor y mayor, y habrá de
distribuir, con un sistema absolutamente comunal, las semillas y los frutos cade ocho días, a cada familia, en proporción a su número. Lo misioneros, al
decir de Barbadillo, han de ser cua11do no ángeles más que hombres. 21
Coincide la e tancia del alcalde de corte aquí, con el paso luminoso de Fr.
Margil de Jesús, y colabora Barbadillo con él para el establecimiento del hospicio de Boca de Leones. 22 Estimula y alienta también a los naturales de San
{igucl de Aguayo, y ante él otorga Ana taría, india viuda de Bemabé García,
Sicut, nota 12.
,. lbid.

la donación del Cristo de Tla.xcal a los vecinos del pueblo, el 19 de Dic. de
1715, a cambio de 18 !anegas de maíz, con que sustenta, JU vejez. u
A Barbadillo se debe, de hecho, la restitución de los curatos a la orden
franciscana, de que habían sido desposeídos por el obispo Camacho y Avila
tres años antes y que habia sido causa muy primordial para el estado lamentable en que se encontraba el reino. A petición suya, es nombrado Fr. Lozada
comisario de misiones, a la vez que presidente del convento de Linares. Barbadillo, pues, contribuye notablemente al impulso de las misiones v a la evangelización de los indios.
·
Su obra como pacificador, es verdaderamente importante. Ya le hemos \'isto acudir personalmente con Guerra Cañamar y Fr. Lozada, a bajar de paz
a los indios de la . ierra de San Carlos, que pasaban de cinco mil. Apacigua
a los pamoranos de Ccrralvo, y en menos de seis meses de permanencia aquí
dice que el reino disfruta de cuasi sosiego. (Jun. de 1715). Y es no s6lo el pacificador pero el libertador de los aborígenes nuestros. Diversos historiadores
asientan que decretó la abolición de las congregas. El precioso documento no
ha sido localizado en nuestros archivos, y en nada mengua su mérito el que
tal disposjción haya obedecido al encargo expreso que en este sentido tenía de
la junta general convocada por el duque de Linares, dado el ambiente en que
logró realizarlo."

RETORNO A

México

Pero Barbadillo había venido a1 cumplimiento de una comisión y, realizada
' ta, había de regresar a México. Habiendo llegado a Monterrey, como hemos dicho, en diciembre de 1714, permaneció aquí hasta poco después de
abril de 1716, esto es un lapso de 16 meses muy fructíferos. Es verdaderamente
admirable por cierto que un hombre de ]a importancia de Barbadillo, habituado al refinamiento de la corte y a una vida de grandeza, se adaptara
al medio tan difícil de estos pueblos.
Vuelto a la ciudad de féxico, da cuenta al Virrey del resultado de su misión. Ya lo había hecho por medio de una correspondencia frecuente, señalando, sobre todo, la necesidad de reprender con toda severidad a aquellos vecinos que le fueron hostiles, y aun a1 propio gobernador Francisco Bácz de

11

Carta de Barb:idillo, cita.da en la nota 15.
11
fS. Donación para ,1 hospicio de Boca da Leones . .. Archivo Gtneral de Notaria!
del Distrito Federal. Protocolo de Manuel d la Torre. Vol. 666, 1715-1736.
11

382

u /bid.

,. La Junta de Guerra facultaba a Barbadillo: . , .para r6cibir los indios d, las congr6gos qua hay y se estilan ,n ,l (r,foo) de Ltón, los p6rjuicios )' utorsiones, los quite
lw110 di 11/as, los r,du:ca a poblacion,s, et&lt;. MS citado en la nota 8.

383

�Tre\'iño, quien como natural del reino, se veía influenciado por éstos. Lo hace
así el Yirrey, y obliga además a comparecer ante sí al gobernador, que, en más
de dos meses de permanencia n ~{é..,.ico: tiene dificultade para sincerarse de
su actitud. Hombre digno r noble, pero envuelto en una situación general
de tal naturaleza, vuch·e a Monterrey notablemente cnfenno; le sobreviene
un achaque de /1trl sía (como ce llamaba entonce a la parálisis), y muere:
~iendo ustituído por don Juan Ignacio Flor
fogollón.
Entretanto que Barbadillo reasume nuevamente su alto cargo en la Alcaldía
de Corte, las cosas en el •uevo Reino toman a empeorar. Renacen la codicia
y la saña de algunos malo españoles, que sin cau a daban sobre los pueblos
indefenso y r~cataban a sus antiguos indio .
La disposición de Barbadillo en el sentido de que salieran del pueblo sólo
para trabajar, previa remuneración, para nada es obedecida, y poco a poco
van d poblándo lo lugares sin que valgan de mucho el esfuerzo del miionero ni la mediación de las familias tlaxcaltecas. Desaparece la compañía
volante¡ vuelven los protector ·s a er instrumento de los hacendados; etc. La
situación tiene algún alivio cuando el obispo Mimbela restituye definitivamente los curatos a los franciscano ; ma el mal requier nuevamente de remedio , el licenciado Barbadillo es nviado una vez más a Monterrey, pero
investido ahora con el título ele gohcrnador y capitán gmeral del uevo Reino
de León.

BARBADILLO GOBERNADOR

En algunos documentos del Archivo General efe Notarías, de la Ciudad de
México encontramos que el 25 de julio de 1719 se halla todavía en la capital
virreinal pró.timo a salir de esta ciudad, dice. Con esta fecha otorga poder a
don Antonio de 'avía, procurador de los de número de la Audiencia, para
todos sus pleitos y negocios: )', posiblcm nte a fines del mismo m , emp ncle su viaje al norte.~ 6 El viaje, en esta ocasión, e menos prolongado. Al mes
justo de su salida, llega a Montcrn.}, La fecha de su posesión como gobernador era ignorada hasta ahora. Encontramo, afortunadamente, una carta suya al marqués de an 1igue1 d A"uayo, fecha 28 de agosto, y le dice: A.ycr
tomé posesi6n del gobiemo, etc.'º
sa , 1S. Podrr ••. Protocolo d Fran&lt;"iS&lt;'o Dionisio Rodríguez. Archivo Gral. de • 'otarías, 73-J. 1719-1722, R 576, f. l.

• M , Carta ol marqués .. . Archi\o Municipal de Montrrrer, Ci\'il, Vol. 46, E~p.
6, 1719, f. 9.

Y llega en circunstancias en que tiene lugar el acontecmucnto más notable de su administración. El propio marqués de Aguayo le pide am,ilios, porque un grupo de franceses al mando de St. Dennis se ha internado en Te:·as
y se ha posesionado dC' las misiones de San José, Corpus y San Antonio, fundadas por los franciscanos.
Con actividad extraordinaria, libra órdenes al alcalde de Boca de Leones,
a fin de que disponga 80 cargas de maíz, e igllal número de bestia~ aperadas,
para su conducción hasta an Antonio. Logra conseguir 130 caballos, a 6 pesos cada uno, y reúne 25 hombres para que mar hen a $altillo. Del mi mo
modo hace traer azufre de Labradores y Río Blanco, para la fabricación de
pólvora, y se manifiesta, en fin, servidor fidelísimo de los intereses rea1c .37
En esta ocasión nos revela también la energía de su carácter. El alcalde de
Boca de Leones, Pedro de las Fuentes y Campos, se muestra poco diligente en
el cumplimiento de las órdenes del gobernador · éste le reprende severamente. En materia de precisi6n ,, el empeño de nuestro Rey, no se me detenf!a e,i

política ni etiqueta: pu,•s todo el aprrslo, en no bastando insinuación urbana,
Vmd. se valga de i1ioln1cia ,, apremio, hasta conseguir el fin de que el servicio del Rey se ha~a. 28
No suceden otras cosas notables en su gobierno. Restablece la compañía
volante; restituye a los protcctore ; Fr. Lazada prosigue su labor e,·angelizadora; incrementa las milicias: tiene algunas ausencias de Monterrey, que son
cubiertas por su teniente don Luis García de Pruneda; ·, en fin, se disín1ta
de tranquilidad relath·a.
Dura su gobierno cuatro años. Vuelve a México mediado el año de 1723,
y es sustituido por don Juan de Arriaga r Brambila, tipo funesto que dura poco, por fortuna, en el mando, pues pasados apenas unos meses, es llamado a
México, acusado de violencias con los e pañoles y de igual procedimiento con
los indios. El misionero de Guadalupe se queja de que atropelló la misión para sacar dos indias pequeñas, por medio de una escuadra de oldados, a la que
había dado orden de prenderle al pueblo i el misionero se oponía. 20
" /bid.
• Carta de 4 de st&gt;ptkmbrc de 1719. /bid.

" La conducta de- Arriagn motiv6 1 nombramiento de otro juez en comisión: el
Lic. Francisco Antonio de- Bustamante, "quirn pas6 al •. R. de Lc-ón. a harcr a\'eriguación aumaria que, remitida a México y vistas las pruebas, &lt;"omprendian al gobl'rnador en la prohibición de las leyes y digno d su. penas, por haber faltado a la
obligación t'n que lo constituyó el empleo... no "ólo 1•0 la obscn•ancia de lo político y
económico. . . sino aun en lo órdenes militares ... a fin de que los pueblos estuviesen
amparados de las alteraciones ... le sus¡xndió r le hizo romparecer a tomar la confesión y recibir clcacargos, nombd.ndo e en su lul(ar, durante el tiempo de su proceso

381
385
fW

�QUIÉN ERA BARBADILLO

¿Pero, quién fue el Lic. Barbadillo, aquel "hombre justo, benéfico y de una
energía incontrastable", como lo describe Gonzalitos, y al que tanto debi6 el
Nuevo Reino de León?
Por una Nómina de los Excelcntlsimos Presidentes de la Real Audiencia Ministros Togados, etc., que han servido e-n ella desde el año pasado de 1696,
hasta el presente de 1716, que hemos visto en el tomo 77 del ramo de Duplicados, del Archivo General de la Nación, sabemos que entró a servir como alcalde del crimen en la Real Audiencia de México, el 5 de diciembre de 1712.
De que fue recto funcionario, se desprende de la cédula de 7 de octubre
de 1721, relativa a la visita de ministros efectuada por el oidor Francisco de
Garzarón, visitador apostólico del Tribunal de la Inquisición, en 1719. La
mayoría de los ministros resultó con cuantiosas multas, y aun con privación de
oficio, pues oidores hubo que resultaron hasta con cien cargos ante el Real
Consejo de Indias. Los alcaldes del crimen Don Nicolás de Chirinos, don
Juan de Veguellina y don Francisco de Barbadillo Vitoria, sólo fueron culpados de "varias solturas de presos hechas por su orden, sin noticia de la sala,
de que se les absolvi6".ªº
Pero nos faltaba indagar el origen de este personaje, tan destacado en nuestra historia. Revisando el riquísimo archivo del Sagrario Metropolitano de la
Catedral de México, tuvimos, por fin, la fortuna de dar con la partida de entierro del Líe. BarbadUlo, fechada el 14 de mayo de 1726. En ella, además de
los datos interesantes a que después aludiremos, se menciona el hecho de haber otorgado testamento ante el escribano real Francisco Dionisio Rodríguez.
Acudimos al extraordinariamente rico Archivo General de Notarías, situado en
las calles de Villalongín; localizamos el protocolo correspondiente a este notario y en él el asiento de la disposición testamentaria del alcalde de corte. Co' los' documentos de su género, empieza: "En el nombre de Dios Toroo' todos
dopoderoso, etc." Y luego: "Sepan. . . que yo Don Francisco de Barbadillo
Vitor.ia... , natural de la villa de Ezcara)', en los reinos de Castilla, etc."
Escribimos al curato de Ezcaray, de la provincia de Logroño, en España, y el
R. P. D. Blas Sáis Ruiloba, nos envía copia autorizada del acta de bautizo, en
la cual consta que don Francisco Antonio vio la luz primera en Ezcaray, el 28
de marzo de 1670; que sus padres fueron don Cristóbal de Barbadillo y doña
(Arriaga no volvió más a Nuevo Le6n), a D. Pedro de Sarabia Oortés, el 11 de octubre
de 1724. Arr.h.ivo General de la Nación, duplicados, Vol. 170, f. 262.
• MS. ViJila de ministros . .. Archivo General, duplicados, t. 170, f. 89.

386

Antonia de Vitoria Lecea; y que su padrino fue el Lic. don Ci.rst6bal de Barbadillo, homónimo de su padre.ªi
No conforme el buen párroco de Ezcaray con su servicio, tiene la gentileza
de poner mi carta en manos de Fr. José García de San Lorenzo, agustino recoleto y eruditisimo historiador, quien a la sazón escribe la historia de Ezcaray. Interesado vivamente en la personalidad de su ilustre paisano, de quien tiene algunas referencias, se da con inteligencia a investigar mayores datos, y publica,
haciendo gentiles referencias a las notas enviadas por mí, una magnífica semblanza del Lic. Barbaclillo en una prestigiada revista. española. 32
Da primero el padre García un antecedente histórico de la noble villa, surgida de la fundación del señorío de Valdezcaray, que estableciera don Pedro Manrique de Lara el 20 de septiembre de 1440, y en la que los Barbadillo desempeñaran papel tan importante. Don Cristóbal, padre del Lic. Barbadillo, era alcalde mayor a raíz de su nacimiento. Este pasa allí sus primeros años, al lado
de sus padres. Ya para 1700, aparece residiendo en Madrid, pero disfrutando
de los privilegios de su noble familia y de su estado de hljosdalgo, puesto que,
no obstante su ausencia, en ese año es designado alcalde de la Santa Hermandad. o se le da aún el título de abogado, carrera que estudia en Madrid; pero
en 1710, al conferírsele igual cargo, ya ostenta este grado.
¿ Viene el Lic. BarbadiUo a la Nueva España con alguno de los virreyes?
Nosotros nos inclinamos a creer que haya sido el duque de Linares con quien
llegó a México. El P. García, observa que residiendo acá, (ya en 1714), el
cabildo de su villa natal continúa honrándole con cargos honoríficos, presentándole, en dicho año, para el oficio de regidor.

MATRIMONIO

Era el Lic. Barbadillo al venir por primera vez al Nuevo Reino de León,
soltero, no obstante sus 44 años de edad; y lo era al venir como gobernador y
11 "En tres de Abril de mill y seiscienttos y settenta Yo Franco de Guinea y Muxica
Abad Cura y ~neficiado en esta dha iglessia bapticc un niño hijo legitimo de Dn.
Cristobal de Barbadillo y de Da. Antonia de Victoria Lecea tu legitima mugcr y
puscle por nombre Franco. Anttonio quien nacio a veinte y ocho de marzo. Fue su
padrino el Licdo. Cristoval de BarbadilJo. Testigos Josc de Phalces y Manuel Femández. Y lo finno ut supra. Franco. de Guinea y Muxica.-Crist6bal de Barbadillo. R6bric:u" .-Archivo Eclesiástico de la Parroquia de Santa Maria la Mayor, de .Ezcaray.
Libro de Bautismos, tomo IV, folio 187 vto. -Texto tomado de B1rceo (ver nota
no. 32).

"' Semblanza de otro riojano ilustre. El Lic. Don Francisco Antonio de Barbadillo

387

�concluir su cargo en 1723. En este año, encontramos que contrae nupcias con
una noble y linajuda dama yucateca, Dña. Juana Rosa Bolio Ojeda y Guzmán.
Esta noble señora, nació en Mérida. Allí encontramos, durante una visita nuestra a la catedral yucateca, su partida de bautizo, celebrado el 13 de junio de
1670. Sus padres fueron el Cap. D. Santiago Bolio y Dña. Felipa de Ojeda
y Guzmán. Contrajo primeras nupcias Dña. Juana Rosa, con don Martín de
U rzúa y Arizmendi, conde de Lizárraga, de quien hubo un solo hijo: Martin.
Nombrado el conde gobernador de Filipinas, murió allá sin que su esposa, que
había quedado en México, le viera. Una idea de su posición social la da el hecho de haber recibido en dote, al casarse, 9,000 pesos y 2,000 en arras; y el de
que, al embarcarse el conde en Acapulco, le envió 100,000 pesos con su primo
el conde del Fresno. Este pariente desleal, se quedó con tan enorme fortuna,
y obligó a la condesa y a su hijo a vivir sin lo necesario para su precisa decencia. Residente en México, fue espléndidamente protegida por el Lic. Barbadillo, indudablemente por nexos de amistad con la familia, debido a que
D. Carlos de Tejada y Vitoria, hermano del alcalde de corte, vivió largos
años en Mérida, donde murió.
Pasó la condesa notables privaciones. Poco a poco fue deshaciéndose de
joyas inapreciables. En algún inventario de sus bienes observamos algunas de
éstas: unas pulseras de perlas; un hilo de perlas con una calabacita grande,
de bejuquillo, de resplandor; una cajuela de polvos, de oro; varios ternos de
zarcillos grandes, uno de esmeraldas y otro de diamantes, y un anillo con tm
diamante grande, enviado de Filipinas por el conde. El Lic. Barbadillo, logró rescatar del empeño algunas joyas, y de esta protección amistosa llegó
la conveniencia de celebrar el matrimonio, que aparece asentado en el Archivo del Sagrario de la Catedral de México, pero que tuvo lugar en la
parroquia de San Miguel, de la misma ciudad, en 1723. Uno y otro hicieron,
al casarse, inventario notarial de sus bienes.

Su

MUERTE

Sin hallarse enfenno, dispuso el Lic. Barbadillo su testamento, ante el escribano Francisco Dionisio Rodríguez, el 29 de diciembre de 1724. Sobrevivió,
sin embargo, casi dos años, pues ya hemos dicho que su entierro tuvo lugar
el 14 de mayo de 1726. En esta fecha, se presentó el notario en la casa del
difunto, situada en la calle de los Donceles, probablemente en la esquina con
Vitoria. En: Berceo. Boletin del Instituto de Estudios Riojanos. Logroño, 1956, año
XI, 'úm. 40, pp. 318-328.

388

la actual calle República del Brasil. Se hallaba presente el Dr. Juan Jerónimo
de Ocilia y Rayo, alcalde también de la Real Sala del Crimen, y ante él, la
viuda y numerosos testigos, se procedió a la complicada diligencia legal de la
apertura del testamento. Ante todo, el propio notario asentó una certificación
de cuerpo muerto; he aquí tan interesante documento: Certifico " doy fe
en testimonio de verdad, cómo hoy día de la data, serán las siete horas de
la mañana, poco más, vi al Sor. Lic. D. Franco. de Barbadillo Vitoria, del
Consejo de S. M., su alcalde del crimen y juez de provincia, en esta corte,
tendido en la sala principal de la casa de su morada, difunto al parecer y
sin espíritus vitales, con cuatro velas encendidas y amortajado con su vestidura acostumbrada, y para que conste en cumplimiento de lo mandado pongo la p,rese11te en la ciudad de México, a 14 de mayo de 1726, siendo testigos, etc . .. 38
Inmediatamente después se procede a examipar los testigos firmantes del
testamento cerrado in escriptis, Luis de Benavides, José de Vasconcelos, Antonio de la Gema y otros. Abierto éste, y reconocida la firma del otorgante,
se declara la autenticidad del documento y se ordena su protocolización.
Hagamos una síntesis del testamento, que nos parece sumamente interesante. Primero, dispone ser enterrado en la capilla del Rosario de Santo
Domingo. Esta capilla no tiene en nuestros días la misma disposición de
aquella época, y probablemente los restos de Barbadillo hayan corrido igual
suerte que los de nuestro ilustre Fr. Servando, sepultado en el mismo templo.
Luego la cláusula de las mandas forzosas y la disposición de ser amortajado
con el hábito de San Francisco y de que su entierro se haga sin ostentación
y sólo con una moderación decente. Otra cláusula, para ordenar se digan 500
misas por su ánima. Después la declaración de su matrimonio con la señora
Bolio, de quien no hubo hijos. Otra disposición para que se gestione la
herencia que le dejó D. Carlos de Tejada y Vitoria, su hermano. Luego, una
orden de que se compren y hagan algunos ornamentos de poco costo y se
remitan a las iglesias más pobres de las misiones del Nuevo Reino de León.
Después, otra referencia a este reino, al decir que existe acá una villa nombrada de San Felipe de Linares, que he mirado con alguna afición. Manda
que durante cada uno de los cuatro años siguientes a su muerte, se remita una
arroba de cera bujía buena, para la fiesta de Corpus en dicha villa. Después,
la declaración de heredera universal a su esposa, a quien si algo le sobrare,
lo aplique por su alma. 34
Doña Juana Rosa Bolio, su esposa, le sobrevive hasta 1737. Su testamento,
83
14

MS. Archjvo General de Notarías, R 5 76, 1726, f. 216 v.
MS. Testame11to. Archivo General de Notarías, [bid., f. 216 v.

389

�con muy buenas referencias para la historia del arte, por la descripción de
sus joyas, mobiliario y loza de thina, tiene referencias también al Nuevo
Reino de Le6n. Aplica 500 pesos para que de su rédito de 25 pesos anuales
se compre también cera bujía y se remita cada año a Linares, para la fiesta
de Corpus. A la misma villa destina cuatTo lienzos y un Cristo pequeño de
marfil. El testamento de la señora está fechado el 3 de julio de 1734. Ella
murió tres años más tarde y fue sepultada en el templo del Colegio de Niñas,
(actual parroquia de Nuestra Señora de la Caridad), que existe en Bolívar
y V enustiano Carranza, de México. 35
Don Francisco dijo no tener parientes en España. Su esposa, sin embargo,
mejor infonnada, dispone algunas cosas para don Martín, y para la viuda de
otro hermano del licenciado, residentes allá.
Tampoco dejó el Sr. Barbadillo de añorar su noble solar natal. En 1725,
al visitarle su paisano don icolás de Ocio, envió con él dos arañas de plata

MEMORIAS DEL GENERAL JACINTO B. TR.EVI~O
JosÉ P. SALD~A
Sociedad Nuevoleonesa de Historia, Geografía y Estadistica.
Monterrey, Nuevo León.

de extremada grandeza y pulida hechura, y peso de ochocientas y ocho onzas,
para la iglesia gótica de Nuestra Señora la Mayor, de la villa de Ezcaray,
donde había sido bautizado. El Padre agustino Fr. José García, cree, f-undadamente, que una de estas arañas sea la misma que pende aún de la espaciosa nave del templo.
Recientemente, al tener el privilegio de visitar España, escribí con anterioridad al P. García, anunciándoselo. Su ausencia de Ezcaray, hizo que mi
carta le llegara tarde, y a mi regreso, encontré en casa su respuesta, diciéndome amablemente que me llevaría de Madrid a Ezcaray, donde su Ayuntamiento me esperaba para que les hablase de su ilustre paisano. Sentí mucho
no haber tenido ocasión de conocer su cuna.
Tal fue, el insigne Lic. Francisco Antonio de Barbadillo Vitoria; aquel de
quien el cronista Santa María afirma que: sin duda lo dotó Dios de un cierto

espiritu y carácter superior, con cuya virtud, siri recurso de armas y sin agitaciones mayores, hacía que ca{ maran los disturbios y que se serenaran la.r
borra.seas; los vecinos, con su presencia, ocultaban el veneno de sus intenciones, y los indios, o agradecidos o temerosos de que el que les hacía tanto
bien podrfa igualmente castigarlos ::V aniquilarlos, se aquietaban en la mayor
parte, o no desenfrenaban del todo su barbarie. 30
Jurisconsulto notable; juez recto; pacificador y fundador de pueblos; organizador diligente; leal servidor del rey; evangelizador piadoso; gobernante
magnifico, y, más que todo, libertador y padre de los indios, el licenciado
Barbadillo no ha recibido el tributo que Nuevo León debiera rendirle.
"' MS. Testamento. !bid. Protocolo de Feo. Dionisio Rodrtguez. R 576, 1726, f.
60 v.;)' 2o. testamento: en ]bid., R. 576, 1734, {. 307,
• GoNZÁLEZ. Op. cit., p. 46.

390

LA HISTORIA DE u GRAN REVOLUCIÓN MvucANA, que principiando el 20
de noviembre de 1910 se prolongó a través de la Revolución Maderista y de
la Constitucionalista, hasta la promulgación de la Constitución Política de la
Nación, el 5 de febrero de 1917, no se ha escrito todavía.
Tenemos magníficas contribuciones, como la obra del General Juan Ba~
rragán, Historia del Ejército Corutitucionalista, y numerosos libros que presentan la Revolución en forma fragmentaria, sin que se haya llegado a lo que
algún día habrá de ser la historia completa de este movimiento, cuyas reper~
cusiones transformaron a México en sus aspectos sociales, económicos y políticos.
Es necesario que, quienes participaron en la contienda revolucionaria, en
cualquiera de sus actividades, alleguen aquellos conocimientos que puedan
servir de puntos de referencia en el futuro.
Ejemplo para esta clase de trabajos puede significar el libro del General
de División don Jacinto B. Treviño, Memorias, cuya segunda edición acaba
de aparecer. Se trata de un hbro que contiene material de primera categoría,
escrito con sinceridad, con devoción y con un alto espíritu de servir a los
intereses de nuestra República.
El General Treviño inicia su obra con una relaci6n sucinta presentando a
sus antepasados y describiendo con naturalidad sus primeros años, sus inclinaciones, estudios y proyección definitiva hacia la carrera militar. Ofrece una
panorámica de su época para entrar de lleno a las actividades que correspondían al carácter del Teniente Técnico e Ingeniero Industrial, que obtuvo en
el Colegio Militar el 7 de enero de 1908.
Pronto se presentaría la oportunidad en el terreno de los hechos para adies-

391

�trarse en us conocimientos teóricos. Particip6 en la campaña contra el Orozquismo en el Estado de Clúhuahua a principios de 1912, cuando el General
Pascual Oro7.co, caudillo principal de la Re\'olución . faderista, hizo armas
en contra del Gobierno Con. titucional de don Francisco l. Madero. En esta
actuación proporciona el General Treviíio magníficos datos obre las peripecias de una campaña costosa en hombres que tm·o un alto significado posteriom1ente, puesto que el General Victoriano Huerta, Jefe del Ejército Constitucional, al derrotar a los Orozquistas adquirió una relevante personalidad
militar, que fue base para que, posteriormente, le sirviera de escudo para fraguar y realizar la más ignominio a de las traiciones, que llevó a cabo en contra del Gobierno de don Francisco l. Madero.
En esta nue\·a etapa, que principió el 9 de febrero de 1913, con el llamado
''Movimiento de la Ciudadela", encabezado por los Generales Félix Díaz y
Bernardo Reyes, y que culminó con la caída y asesinato del Presidente y
Vice-Presidente de la República don Francisco l. Madero y Lic. José Maria
Pino Suárcz, el General Trcviño inició una importante actuación en su vida
militar y política al sumarse al movimiento que de inmediato se gestó en el
Estado de Coahuila, encabezado por don Venustiano Carranza, que significó
el principio de la Gran Revolución Con titucionalista.
Sería largo enumerar todos los hechos de armas en que participó el General
Treviiio, principiando por situarlo como Jefe del Estado Mayor de don Venustiano Carranza, a partir del momento en que el Teniente Coronel Luis
G. Garfias dej6 ese puesto, pocos días después de haberlo asumido.
Sin embargo. en rápida revista, consigno los hechos más sobresalientes de
una militancia valiente y honrosa, en la que se entrelazan acontecimientos
guerreros y políticos de la más alta categoría.
Firma el General Treviño, en su carácter de Teniente Coronel Jefe del
Estado Mayor de don Venustiano Carranza, el Plan de Guadalupe, el 26 de
marzo de 1913. A partir de esta fecha memorable se abren las páginas de la
historia, en las que habrán de inscribirse epopeyas, derrotas, infidelidades, y
las mil vicisitudes de una lucha que se prolongó por largos arios, y que
parecía no terminaría nunca.
Despu ~s de librar varios combates y organizar las fuerzas constitucional is tas
V en Coahuila, uevo Le6n y Tamaulipas) se emprendió la travesía, desde Candela, Coah., hasta Sinaloa.
Esta jornada larguísima y penosa hecha a caballo, por serranías y desiertos
tenía una siunificación de gran importancia. Fue iniciada el 9 de julio de
1913 y termin6 el 22 de septiembre al llegar a Hermosillo, Sonora.
En el tray cto las fuerzas revolucionarias de Durango, Clúhuahua,

inaloa

y Sonora, se adhirieron al Plan de Guadalupe, reconociendo al señor Carranza

como Primer Jefe. Los riesgos sufridos quedaron plenamente compensados.
La proeza consumada por don Venustiano su E tado Mayor )' escolta, signific6 un vigoroso impulso a la Revoluci6n que ya para esa época había adquirido un impulso invencible.
Durante la permanencia en Sonora y Sinaloa don Venustiano tuvo la oportunidad d • conocer personalmente a los principales Jefes Revolucionarios de
aquella región: Ramón !turbe, Alvaro Obregón, Benjamín Hill, Plutarco
Ellas Calles, alvador Alvarado y Manuel M. Diégucz, que habían logrado
importantes triunfos, al grado de dominar casi por completo tanto Sinaloa
como Sonora. Se emprendió el regreso rumbo a Chihuahua, haciendo la
travesía también a caballo a mediados de diciembre del mismo año de 1913.
Instalados en la ciudad de Chihuahua, desde ahí se dirigieron las operaciones en todo el país marc.1.ndose V!'rtiginosamente los triunfos que alcanzaban las fuerzas con titucionalistas sobre las que obedecían al Gobierno espurio
de Victoriano Huerta.
A fines de febrero de 1914 dispuso don Venustiano trasladar el Cuartel
General de la Revolución a Torreón, punto clave para dominar las comunicacion · hacia el norte y el sur, pues ya se veía con claridad que el impetuoso a\'ance de los revolucionarios no sería contenido por ninguna fuena no
obstante que Huerta contaba con generales de linea, suficientes pertrechos de
guerra y elementos económicos bastantes para una larga campaña. Sin embargo la moral de los federales había decaído en forma notoria, en contraste
con el entusiasmo de los revolucionarios que se traducía en triunfos continuos.
Corta temporada estuvo el señor Carranza en Torre6n, pasando a Saltillo
en donde hizo su entrada triunfal el 17 de junio de 1914. Poco tiempo después
el General Treviño, haciendo valer su carácter de militar, salido del glorioso
Colegio de Chapultepec, obtuvo de don Venustiano la anuencia para separarse del Estado Mayor y ponerse al frente de tropas.

•
En Tampico organizó el pie veterano de lo que con el tiempo sería la brigada Hidalgo, ra con la categoría de General de Brigada que por méritos
propios Je había conferido don Venustiano Carranza.
Los acontecimientos se precipitaron al grado de que el 6 de julio de 1914
se recibió la noticia de la renuncia de Huerta como Presidente de la República y de su inmediata salida al extranjero y a Veracruz. Asumió la Presidencia de la República el Licenciado Francisco Carvajal quien se dispuso desde luego a entregar el Gobierno al Jefe de la Revolución triunfante, a cuyo

392
393

�fm Carranza comisionó al General Obregón para que llevase a cabo los convenios respectivos que se efectuaron en Teoloyucan, Estado de México, compareciendo como representante del Licenciado Carvajal el General J. Refugio Velazco, que desempeñaba el cargo de Secretario de Guerra, acompañado
del General Gusta,·o A. Salas, Oficial Maror.
En esos tratados se estipuló que los efectivos del Ejército Federal y de la
Marina de Guerra fueran licenciados entregando el armamento. Los establecimientos militares, las unidades navales de guerra, y todo cuanto pertenecía
a la Nación serían puestos a disposición del Primer Jefe de la Revolución.
Entre tanto el General Trcviño, con los elementos organizados en Tampico, había avanzado hacia San Luis Potosí, incorporándose a su columna
en Estación Rodríguez los Coroneles Francisco de P. Mariel y Apolonio Treviño. En San Luí~ Potosí se incorporó a la División del Ejército del Centro,
comandado por el General Jesús Carranza. Formando con su brigada el ala
izquierda, aumentada con los contingentes de los Coroneles Azuara, Salazar
y otros jefes, se abrió paso hasta llegar a Pachuca, en donde se encontraba
cuando se rindió la plaza de México.
Correspondió al General Treviño el mando de la división, integrada por
las tres armas, haciendo los honores al Ejército Constitucionalista a su entrada triunfal a la capital de la República, el 14 de agosto de 1914. Con
esto se consumaba el triunfo de la Revolución Constitucionalista y se daba
principio a la ejecución del Plan de Guadalupe.
Integrado el Gabinete del Gobierno Revolucionario íue designado el General Treviño, Oficial Mayor de Guerra, encargado del despacho, procediendo desde luego a la reorganización de todo cuanto correspond1a a su alto
mandato.
Siguieron acontecimientos de carácter político de gran resonancia, como
la Convención de Aguascalientes, que tuvo la virtud de provocar el distanciamiento entre Carra.Jl7.a y Villa, y Carranza y Zapata, presentándose el negro panorama de una contienda, que desgraciadamente resultó más sangrienta y dolorosa que la que se había llevado a cabo entre constitucionalistas y
federales.
A partir de estos acontecimientos la personalidad del General Treviño cobra perfiles especiales, que se acentuaron a medida que los acontecimientos
fueron desarrollándose.

divisiones provocadas por Zapata y por Villa, son los de Torreón, Zacatecas,
Guada1ajara, Guay_i:nas, Celaya, León y .tbano.
La defensa de Ebano, S. L. P. quedó a cargo del General Jacinto B. Treviño; en la encarnizada lucha entre carrancistas y villistas, el asedio de los
villistas duró 72 días.
Atacaron con denuedo los valientes generales villistas Manuel Chao y Tomás Urbina, fuertes en 14,000 hombres, con 21 piezas de artillería, gran cantidad de ametralladoras y abundante parque. El General Treviño disponía
de 6,000 individuos, entre jefes, oficiales y tropa, logrando detener a lós villistas a pesar de su superioridad combativa. Durante 72 d.ías estuvieron incesantemente atacando las posiciones, sin lograr romperlas. Cada operación
significaba un desastre para los atacantes, y cada día que transcurría alejaba la posibilidad de los villistas de tomar Ebano para continuar sobre Tampico, su objetivo principal.
Terminaron aquellas magníficas operaciones el día 31 de mayo de 1915,
mediante la resolución del General Treviño de convertir la defensiva en
ofensiva. Dispuso se llevara a cabo un asalto general. "Fue al amanecer del
día 31 de mayo -relata el General Treviño en sus Memorias-, llevaba el
mando de todas las infanterías en esta operación, el valiente entre los valientes, Coronel Carlos Ozuna, quien durante las tantas luchas armadas de
la Revolución, había dado múltiples pruebas de ser un gran combatiente;
en estas condiciones, se preparaba pues, el último episodio de esta obstinada,
cruenta y encarnizada lucha, que despejaba el camino para el triunfo definitivo de nuestra causa".
En efecto la acción de Ebano significaba para los villistas la posibilidad
de apoderarse del puerto de Tampico. dominando las Huastecas y la línea a
Monterrey, cuya plaza, con Montemorelos, Linares y Ciudad Victoria, estaban
en poder de los villistas a cuya cabeza se encontraba el General Felipe

Angeles.
A eso obedecía la tenaz insistencia de los villistas por apoderarse de Ebano,
y en contra, Ja resistencia increíble del General Treviño por mantener en su
mando la posición, a pesar de la gran diferencia en potencialidad bélica.

•

Debe abonarse al General Treviño la clara visión que tuvo de la importancia estratégica de aquella posición, y reconocerse su cap~cidad indiscutible
para resistir durante lapso tan largo, asaltos continuos a fondo de tropas
aguerridas, acostumbradas a triunfar. Supo asimismo esperar la oportunidad
de atacar, para convertir el asedio de que había sido objeto, en una brillante
victoria.

Los hechos de armas de mayor resonancia que dieron unidad y fuerza a la
Revolución Constitucionalista., y posteriormente a consolidarla al combatir las

Se justifica plenamente que diga: "Considero que estas operaciones que
se llevaron a cabo bajo mi dirección y órdenes directas, constituyen la actua-

394

395

/r

U,)

�ci6n más saliente en mi larga \'Ída militar, en la que me tocó en ruerte tomar
parte en más de cuarenta y cinco acciones de armas, como Jo justifica la
Cruz de Guerra de Primera Clase que obra en mi poder, pues tan s6lo en
Ebano fueron rechazados 37 asaltos del enemigo".
Este valioso triunfo consolidó l05 que había logrado el General Obreg6n
en C-claya, León y Aguascalientes, de tal manera que en el interior del país
el villismo ya no constituía peligro alguno.
Así consider6 la situación el General Trcviño disponiéndose de inmediato
a marchar a Tampico para asistir a la recupe.raci6n de las plazas ocupadas
por el enemigo en la linea hacia Montemy. Se acercaba la derrota final de
Francisco Villa.

•
No hubo tiempo de reposo para el General Treviño, de Tampico marchó
inmooiatamente hacia Monterrey, después de organizar en la mejor fonna
posible las tropas a su mando.
La linea {érrea estaba dcstrouda y fue necesario que se. hicieran reparaciones rápidas, a fin de que los convoyes militares pudieran llegar en el menor tiempo posible a la ciudad de Montener, la que entre tanto, había !ido
abandonada por los \·illistas enterados del desastre de Celaya, de Le6n y
Aguascalimtes, as.í como de Ebano.
Desalojadas las posiciones que ocupaban al oriente de Monterrey y al
norte, se concentraron en Icamole. con el prop6sito de cuidar su retaguardia
y estar pendientes por si las circunstancias favorecían la posibilidad de un
nue\'o avance.
Después de las peripecias de un \iaje accidentado, el Genual Treviño llegó con sus f ucrzas a :\fonterrey el día 20 de junio de ese memorable año de
1915.
C.Omo Jefe del Ejército del Noreste venía fungiendo el Grneral Pablo
Gonzálex, pe.ro, habiendo ~ido llamado a Veracruz por el Primer Jefe para
encomendarle el mando del Cuerpo del Ejército de Oriente, quedó en su
lugar, con la ~nsabilidad correspondiente, el General Trcviño.
El enemigo ~eraba en Icamole el ataque de los c.arrandsta!, o en su
lug,ar.1 su avance ~bre Monterrey. A~í vio la situaci6n el General Treviño, y
ordenó de inmediato un ataque sobre aquellas posicion&lt;'s logrando completo
é.xito. Días después ya reorganizadas las fue17.:is villistas y con refuerzos que
les llegaron de Part'dón, volvieron a posesionarse de lcamole a donde se les
combatió por segunda \'C2 con resultados adversos, hasta que en la tercera

ocasión, dirigiendo las Opt'racioncs directamente d General Treviiio se logró
un triunfo aplastante que signific6 la dispersión del ejército villista y la comunicación hacia el sur, pues al mismo tiempo el General Obregón atac.aba
Saltillo con los mismos resultados halagüeños. Avanzaron las fuerzas de Obregón y las del General Tre\'iño sobre Torreón, cura posición no fue defendida
por los \'illi~tas seguros de que les esperaba la derrota, pues sobre esa plaza
marchaban nada menos que 20,000 hombres de los más fogueados, correspondientes a los cuerpos de Ejérrito del Noroeste y dcl Noreste.
Concentrado d General Villa en Chihuahua, se hicieron los preparativos
para seguirlo, sitmdo dc~ignado el General Treviño para esas importantes operaciones.
No menciono los ponn&lt;'norcs de la marcha hacia la Ciudad de Chihuahua,
porque haría demasiado e.xtcnso este comentario, siendo suficiente decir que
después de varios comhates en los que obtu,·o el General Treviño éxito absoluto, el día 22 de diciembre de ese mismo año de 1915, entró triunfante a
Chihuahua, centro de operaciones del villismo. Se designaron autoridades ci\.-iles y militares )' el General Tre-.iño, en mérito a rus brillantes campañas,
fue ascendido al grado de Grncral de División.
Podía darse por terminada la campaña en Chihuahua, pero incidentes extraños complicaron las operaciones.
El día 10 de enero de 1916 los cabecillas Pablo L6pez y Rafael Castro,
lugartenientes de Villa, asaltaron un tren de pasajeros en Santa Isabel, aprehendiendo a 18 norteameñc:anos mineros que iban al Mineral de Cusihuiriachic, a quienes se les sometió a tortura~ y algunos fu&lt;'ron ejecutados. Poco
después, otro grupo ,illista asaltó la poblaci6n de Columbus de los Estad05
Unidos, cometi&lt;'ndo serias tropelías que en ninguna forma pocHan justificarse.
La indignación de las autoridades norteamericanas puso en tensi6n las relaciones con el Gobierno Comtitucionalista, culminando la situaci6n con el
em·fo de una expcdici6n punitiva so prewcto de perseguir a Vi.JL, hasta exterminarlo.
Como es de suponerse aquella actitud del Gobierno Norteamericano encontró en don Vcnustiano la más enérgica oposición, motivando multitud de
mensajes de protesta exigiendo a la ,-ez el retiro de las íuenas extranjera(,
ya que el ejército mexirano era capaz de cmpH·nder por sí mismo la rampaña de liqujdación de las huestes de Villa, como ~ \-enía haciendo con todo
éxito.
Con este motivo, el General Tm·iño, que había establecido su Cuartel
General en Torreón, regresó a Chihuahua para continuar la persrcución de
las gavillas villistas y enfrentarse a la delicada situaci6n internacional que se
había creado.

396

397

�En vista de que a pesar de las protestas y exigencias del señor Carranza
las tropas norteamericanas continuaban en territorio nacional, previas las
notificaciones del caso, dispuso el Primer Jefe que se evitara a toda costa
cualquier avance de los invasores, procediendo, en caso necesario, al uso de
las armas.
Obedeciendo a estas terminantes disposiciones, en el poblado de Carrizales se trabó un combate entre fuerzas norteamericanas y mexicanas, siendo
derrotadas las primeras, en cuya acción murió el comandante de las tropas
mexicanas General Félix U. Gómez, habiendo perecido también los jefes
norteamericanos Capitán Boyd y Teniente Adair, resultando seriamente herido el Capitán Morey, que pudo huír con los pocos soldados americanos que
se salvaron. Esto sucedía el 21 de junio de 1916.
En la tremenda crisis surgida con motivo de estos acontecimientos, cuando
todavía ]os Estados Unidos consideraban legítimo intervenir en la vida interna
de los pueblos situados al sur de su territorio, le tocó al General Treviño
desempeñar un papel sumamente delicado. Atendiendo a las instrucciones
directas de don Venustiano, con toda dignidad se mantuvo a la altura que
las circunstancias demandaban, dispuesto a llevar las cosas hasta donde fuese
preciso.
En prenda de esa honrosa actitud transcribe el mensaje, que con fecha 16
de junio de 1916, envió el General Treviño al General Pershing, jefe de las
operaciones punitivas, a su cuartel en Casas Grandes, Chih. "Tengo órdenes
de mí Gobierno para detener por medio de las armas toda nueva invasión
a mi país por fuerzas americanas, así como para evitar que aquellas tropas
que actualmente se encuentran en Chihuahua, se muevan al Sur, Este u
Oeste del lugar que actualmente ocupan. Lo que comunico a usted para su
conocimiento y para que tome nota de que sus fuerzas serán atacadas por las
mexicanas si esta disposición no es atendida. Atentamente. J. B. Treviño".
Pocos días después, en Carrizales, se demostró que existía la inquebrantable
decisión de obrar en consecuencia.
Dentro de esta embarazosa situación continuaron las campañas militares
en contra de Villa, quien envalentonado con sus descabelladas provocaciones,
atacó la plaza de Chihuahua, siendo rechazado la primera vez, y evacuada en
la segunda ocasión, para ser recuperada con la ayuda de las fuerzas al mando
del General Francisco Murguía, a quien, por órdenes superiores, entregó el
mando el General Treviño.
Bstaba por finalizar el año de 1916, y se hacían los preparativos para la
promulgación de la Constitución Politica de México, que se discutía en la
ciudad de Querétaro. En la ciudad de México el General Treviño fue aten398

dido de una herida en la cabeza, que sufrió durante el combate efectuado en
Chihuahua el día 23 de noviembre.
Expedida la Constitución el 5 de febrero de 1917, fue electo el General
Treviño por su distrito natal, Diputado al Congreso de la Unión, de la XXVII
Legislatura. Trocaba los arreos militares por las actuaciones democráticas.
En 1919 el Presidente de Ja República, don Venustiano Carranza, lo comisionó para que se trasladara a Europa con la finalidad de llevar a cabo
estudios de carácter militar, a donde salió a principios de abril regresando al
iniciarse el año de 1920, cuando la política enardecía los ánimos con motivo
de la sucesión Presidencial.

•
Relata el General Treviño con viva emoción los preliminares de la continuada política presidencial, en la que figuraban como candidatos los Generales Alvaro Obregón y Pablo Gonzálei, y el Ing. Ignacio Bonillas. Habla de
sus inquietudes, de sus propósitos por evitar una nueva contienda armada, de
su entrevista con don Venustiano en compañía de los Generales Francisco J.
Múgica, Esteban Baca Calder6n y Rafael Vargas; de los Licenciados Alberto
M. González e Isidro Aguilar, y del Coronel Isidro Treviño, entrevista que
no dio los resultados que buscaba.
En acta firmada el 21 de abril de 1920 por las personas que intervinieron
en esta hist6rica entrevista, se hacen constar los incidentes de la misma, en
los que correspondió un papel de importancia al General Trcviño, quien
"emocionado y siempre con valor y respeto, le habló entonces de la imposici6n que se decía venir de parte del Gobierno en favor del candidato Ingeniero Bonillas, imposición que era motivo de las düicultades actuales, que no
estimaba las cosas como el Presidente las veía, pues sin ser partidario político del General Obregón, lamentaba cómo el Gobierno toleraba que una
hoja redactada por un hombre como Barrón, insultara tan soezmente al
candidato Obregón". . . En términos semejantes se produjeron los demás
miembros de la comisi6n, tratando de hacer ver al señor Presidente la justificaci6n hasta cierto punto de los levantamientos en armas de los Generales
Enrique Estrada, en Zacatecas, Plutarco Ellas Calles, en Sonora, Fortunato
Maycotte, en Guerrero, y Amulfo Gómcz, en Tuxpan. Todos ellos con mando de fuerzas del propio Gobierno al que desconocían atribuyéndole preparar
la imposición de Bonillas.
En la misma acta se precisan las palabras del señor Carranza, en contestación a Jas e&gt;..-posicíones que había escuchado. De ellas anotamos las que con399

�sideramos más importantes para el caso. Se expresa en la mencionada acta:
"El señor Presidente replicó que esto no era creíble pues en el Estado de Sonora todo estaba preparado para la lucha después de las elecciones, y si se
habían anticipado había sido porque las autoridades de Sonora, juzgándose
incapacitadas para el caso de que llegaran las fuerzas federales, habían precipitado los sucesos dando lugar a la rebelión. Que no era honrado que cl
C. Obregón poniéndose de acuerdo con los alzados en armas para garantizarse
su candidatura, y que si antes el señor Presidente no se había ocupado de limitarle su acción como candidato -pues no lo hacía- con ninguno, toda
vez que para él eran lo mismo tres que cuatro candidatos, hoy sí estaba
resuelto a defender la entrada a la Presidencia de un hombre que había demostrado no tener aptitudes para ser Presidente de la República, ya que
obraba como lo había hecho el General Porfirio Díaz. . . que se abriera un
libro de Historia Patria y que al doblar las primeras bojas se encontraría
siempre la relación de un cuartelazo, pues no se llaman de otro modo las
rebeliones del ejército, como las que se estaban efectuando, ya que no es el
pueblo el que se rebela hoy, sino el Ejército Federal, como puede verse por
las últimas noticias, pues en Tuxpan y en otros lugares estaban ya combatiendo las fuerzas que deberían haber prestado apoyo al Gobierno, con las
que se mantenían leales al mismo Gobierno. Que él estaba dispuesto a someter a esos rebeldes o a caer con el Gobierno en el caso de no serle posible
sofocar la revuelta".
Para I General Treviño la situación era adversa a los designios del señor
Carranza, dado que "tenía que enfrentarse a las candidaturas de dos hombres
a quienes abonaba tiempo ha el prestigio de sus recientes campañas militares,
cosa que los acercaba al consenso de la opinión pública general, con gra1t
influencia sobre todo el ejército triunfante, a cuya formación grandemente
habían contribuido, amén de que las más grandes unidades militares habían

estado bajo sus órdenes inmediatas".
Sin embargo de esta adversa situación para don Venustiano, por cuanto
a la fuerza annada, que con tan vivos colores pinta el General Treviño, el
pensamiento general de los candidatos Obregón y González y el de sus partidarios, es el de insistir, en contra del señor Carranza, en el cargo de imposicionista.
Con el Plan de Agua Prieta e&gt;.i&gt;edido en onora, la rebelión toma cuerpo,
al grado de queJ en unos cuantos días, la mayor parte de los jefes con mando
de fuerzas se levantan en contra del Gobierno Federal, al que también desconocen los Gobernadores de los Estados, con excepción de cinco, que permanecen fieles, y son rápidamente derrocados.
En unos cuantos días el panorama nacional se obscureció de tal manera

400

que el Presidente Carranza no sabía a ciencia cierta con qué elementos contaba. Momento a momento llegaban mensajes de todos rumbos hablando de
nuevas sublevaciones, Se hizo insostenible la permanencia del Gobierno en la
ciudad de México, resolviendo Carranza su evacuación con la finalidad de
llegar a Veracruz, y comenzar de nueva cuenta la cruzada por los principios
democráticos, y expecialmente por establecer en nuestra vida política el ci-

vilismo.
Se inició la salida el dia 7 de mayo. Largos trenes, asediados continuamente,
formaban el reducido y tambaleante radio de acción de la legalidad. Todo
era adverso, desde la pesada impedimenta hasta el sabotaje de los ferrocarrileros. Los trenes marchaban con dificultades, perdiéndose en unos cuantos
kilómetros varias unidades.
Siete días de fatigosa marcha habían agotado el combustible y el agua.
La desmoralización en completa. Se esperaba, y así sucedió, un ataque general. Guadalupe Sánchez, Jefe de las Operaciones en Veracruz, atac6 el
convoy, con los mismos elementos que había reforzado mediante las órdenes
giradas por el señor Carranza días antes en que recibiera su visita en testimonio de una falsa lealtad.
Antes el General Trcviño había actuado con especial prudencia tratando
de salvar la vida del señor Carranza. El mismo día 7, en el momento en que
se preparaban los trenes del Gobierno en la Estación de Buenavista para la
evacuación de la Plaza, el General Treviño, al frente de una poderosa columna entraba a la Ciudad de México. Figuraban entre los jefes a sus órdenes los Generales Samuel de los Santos, Jesús M. Guajardo, Manuel W. González y Sidronio Méndez.
En estos dramáticos momentos define su actitud el General Treviño en
los siguientes términos: "Hacia las diez de la mañana de aquel 7 de mayo,
mi cabeza de columna hacía alto frente a los cuarteles de San Lázaro y la
Estación del Interoceánico, mientras tanto, en Buenavista, se habían formado los tres que debían conducir al Presidente Carranza, al personal del
Gobierno y a las tropas de escolta hacia el Puerto de Veracruz, pretendiendo
repetir el movimiento que había hecho el Gobierno Preconstitucional en 1915.
Mi intención fue, desde luego, al hacer alto en San Lázaro, dar tiempo al tren
amarillo que ocupaba el señor Caranza, para que pudiera salir libremente.
Así lo hice.

"Ordené al General Jesús M. Guajardo, una vez que juzgué que había
transcurrido el tiempo suficiente para el objeto indicado, que con su fuerza
se trasladara hacia el rumbo de la Villa, con instrucciones precisas de dejar
pasar el tren del señor Carranza y cortar el resto del convoy, batiéndolos en
caso de que hicieran resistencia; así se hizo, se detuvieron varios trenes con

4-01
H26

�impedimenta y todas las plataformas que llevaban la artillería, cayendo pri.:
sioneros, además, los soldados y jefes respectivos. En la Estación de Buenavista quedaron detenidos, asimismo, dos cuerpos de Infantería completos que
no habían logrado embarcarse".
El día 10, comisionado por los Generales Obregón y González salió al mando de 5,000 hombres, con la "artillería necesaria" para atacar los trenes presidenciales, tomando las precauciones necesarias para "salvaguardar Ja vida
del señor Carranza".
De Estación San Marcos envió eJ General Treviño al Presidente Carranza,
que se encont!'aba detenido en Rinconada, un oficio transcribiéndole la orden firmada por Obregón y González, en que se le comunicaba que saliera
"hacia el lugar en que se encuentre el convoy del señor Caranza, y encaminará usted sus mayores esfuerzos para salvaguardar la vida del propio ciudadano".
El documento fue enviado el día 11 "quedando yo, dice el General Treviño, en espera de su contestación, aunque el conocimiento que yo tenía del
hombre, me hacía pensar que él nunca podría aceptar separarse de lo~ suyos".
Al no recibir respuesta repitió el mensaje al día siguiente con el mismo resultado.
El citado día 12 los Generales Obregón y González le enviaron el siguiente
telegrama: "En vista actitud señor Carranza, asuma usted el mando de
todas las fuerzas y disponiendo lo necesario, ataque usted el convoy del propio
señor, rindiendo parte del resultado".
Dispuso avanzar, ordenando al General Guadalupe Sánchez, que procedente de Veracruz se encontraba a corta distancia de Algibes, hasta donde
había llegado Carranza, que atacara de frente al enemigo.
Cuando el General Treviño, llegaba con sus numerosas tropas al lugar de
los acontecimientos, los hechos se habían consumado, concretándose a salvaguardar las pertenencias del Gobierno. La derrota de los carrancistas había sido total.
En medio de la confusión y del más profundo desaliento, don Venustiano,
sin perder un solo instante su presencia de ánimo y su entereza, emprendió,
rodeado de un puñado de fieles amigos, la dolorosa peregrinación que lo
llevaría de la mano a la traición de TlaxcaJantongo, en donde sería cruelmente sacrificado.
Tiene razón sobrada eJ General Trcviño en poner énfasis en estos tenebrosos acontecimientos. Por mi parte no me sentiría satisfecho si no expreso,
con sinceridad y respeto a todas las opiniones, mis puntos de vista sobre la
parte total de esta cuestión: el cargo de imposicionista que se le hace a don
Venustiano Can-anza.

402

•
La causa alegada como fundamento de la insurrección ~ contra del Gobierno Constitucional de don Venustiano Carranza, fue el de la imposición.
Se argumenta que existían dos candidatos a la Presidencia de la República,
los señores Generales de División don Alvaro Obregón y don Pablo González,
hecho absolutamente cierto; y que posteriormente, a iniciativa de don Venustiano, surgió también la candidatura del Ing. don Ignacio Bonillas.
Esto último, en cierto grado, es verídico, pues la candidatura del Ing.
Bonillas se lanzó a iniciativa de un grupo de amigos del señor Carranza, con
su más amplia aceptación.
Estos hechos, que pueden considerarse históricos, por su apego a la verdad,
¿'justifican la asonada militar en contra de un régimen constitucional?
Con apego a las más rigurosas normas democráticas contesto categóricamente que no. Trataré de explicar mi tesis.
El hecho de ser Presidente de la República, en un régimen democrático,
no implica perder los derechos ciudadanos. Tampoco da privilegios especiales para desposeer a los demás ciudadanos de los mismos atributos. Quedan
en consecuencia colocados en un mismo plano, los derechos políticos de los
funcionarios públicos, por alta que sea su jerarquía, y los que corresponden
a los demás ciudadanos, por modesta que sea su condición económica y social.
Si aceptamos estas premisas no es posible negar a don Venustiano el derecho de simpatizar con la candidatura del Ing. Bonillas, como podía haberlo
hecho con la del General Obregón, la del General González, o la de cualquiera otra persona que, en su concepto, reuniese las condiciones apropiadas.
Lo irreprochable de esta tesis salta a la vista cuando, para justificar la
revuelta de Agua Prieta, se echa mano del cargo, no probado, de que don
Venustiano trataba de imponer al Ing. Bonillas.
Dejemos bien clara esta situación. Se habla de algo que estaba por suceder,
y no puede ser de otra manera dado que, no habiéndose llegado a las elecciones, momento culminante de la campaña política, no podia decirse que se
había realizado la imposición.
Faltando pues la consumación de los hechos, es lógico asegurar que no
existió imposición.
Precisemos aún más el panorama. Es necesario, a mi juicio, que un acontecimiento de esta trascendencia histórica, se investigue escrupulosamente,
sin partidarismos, facciones y sin más pasión que la de servir a la verdad.
Las elecciones en que contendían como candidatos los Generales Obregón
Y González e Ing. Bonillas, debían efectuarse el primer domingo de julio de
ese año de 1920. El Plan de Agua Prieta, desconociendo al Gobierno de don

403

�Venustiano, fue firmado el día 23 de abril de 1920, o sea tres meses antes
de las elecciones.
Pero antes de esa fecha los Generales Plutarco Ellas Calles, Amulfo R.
Gómez, Enrique Estrada, Fortunato Maycotte y algunos otros, todos con mando de fuerzas, que el mismo señor Carranza les había confiado para la defensa de la~ instituciones legales, habían vuelto las armas en contra del Gobierno legítimamente constituído.
¿ Puede hablarse justificadamente de imposición con tales hechos? ¿ Quién
trataba, en todo caso, de imponerse? ¿ Quién o quiénes hacían uso de la
fuerza para "imponer" anticipadamente su \'Oluntad en las elecciones? ¿Existían constancias evidentes del propósito de don Venustiano para imponer al
Ing. Bonillas? De existir esos propósitos, ¿ contaba don V enustiano con los
elementos de fuerza suficientes para realizarlos?
Las evidencias para esclarecer los hechos y establecer la verdad histórica,
las encontramos en las mismas exposiciones de quienes participaron en la
asonada.
Si los militares de la más alta graduación, por sí y ante sí, asumieron una
actitud de insubordinación desconociendo a las Instituciones a quienes, por
deber y honor, estaban obligados a servir, con su actitud demostraron que el
Gobierno del señor Carranza no contaba con la fuerza física necesaria para
realizar la imposición.
Esto lo confirma el Gral. Treviño cuando expresa que el Ing. Bonillas
"creaba una situación política muy desfavorable para él, dado que tenía que
enfrentarse a las candidaturas de dos hombres a quienes abonaba el prestigio
de sus campañas militares, cosa que los acercaba al consenso de la opinión
pública en general, con gran influencia sobre todo en el ejército triunfante,
a cuya formación grandemente habían contribuído, amén de que las más
grandes unidades militares habían estado bajo sus órdenes inmediatas".
Efecth,amente tal era la situación. Los más influyentes Jefes Militares simpatizaban con Obregón o con González. Más aún, no ocultaban sus inclinaciones y saliéndose de las nonnas que corresponden a los militares en servicio
activo, actuaban en plan de propagandistas. ¿ Podía contar el señor Carranza
con estos Jefes Militares para la pretendida imposición? No, y él lo sabía.
Si el sei1or Carranza carecía de los elementos necesarios para realizar la
imposición de que se le acusaba, ¿ quién o quiénes resultaban ser los que en
verdad trabajaban por la imposición?
El mismo General Treviño se encarga de decirlo, confirmando así lo que
posteriormente sucedió, después de la muerte del señor Carranza; expresa;
"La forma, pues, en que se presentaba la campaña política con marcados visos
de imposición por parte del Gobierno en favor del señor Bonillas, hizo que

404

de esta tendencia se derivaran persecuciones, muy especialmente contra el
General Obregón, por haberse descubierto por medio de documentos encontrados en que dicho General ya estaba en arreglo con muchos Jefes levantados en armas contra el Gobierno del señor Carranza, tales como los Generales Zapatistas y aun con los llamados Generales Felicistas, quienes nunca
se habían caracterizado como de/ ensores por conuicción de nuestra causa,
sino, tan sólo como despechados por u derrota, pues eran vestigios del antiguo Ejército Federal, que había ido disuelto al firmarse los tratados de
Teoloyucan; como resultado de la actitud de Obregón en relaci6n con estos
señores, rtconocidos siempre como enemigos de la causa constitucionalista,
viose envuelto aquél en el proceso que al punto comenzó a instruírse en
su contra".
Se descubre fácilmente la verdad. El General Obregón necesitaba de un
cargo aparatoso para justificar su actitud y ninguno de mayor efecto que el
de la imposición.
Lo que no aparece claro es la actitud del Gral. Pablo González. Como hombre serio, de honor probado durante largos años de servicio activo en el Ejército Constitucionalista, y antes en el Maderista, no se concibe que se levantara en annas en contra del Jefe a quien había servido con ejemplar lealtad,
y menos aún que hiciera causa común con Obregón, a sabiendas de que sería
fatalmente sacrificado.
En nada le favorece al Gral. González el cargo hecho al señor Carranza
de imposicionista, cuando, al volver las annas en contra de él, las ponía al
servicio de una clara y verdadera imposición. Porque no desconocía, no podía
desconocer el propósito del Gral. Obreg6n de llegar al Poder cualquiera que
fuesen los medios para conseguirlo.
No ignoraba que estaba en arreglos con los rebeldes Zapatistas, Villistas
y Felicistas. Y si, con espíritu amplio, podía acep~ la colaboraci6n de
Zapatistas y Villistas, que al final de cuentas eran en el fondo revolucionarios, no podía decirse lo mismo de los Felicistas, cuya bandera de lucha era
la Constitución de 1857. Sin embargo, Obregón enroló en su plan subersivo
a los más prominentes enemigos de la Revolución, como los Generales Juan
Andrcw Almazán, Higinio Aguilar y Manuel Peláez.
Todo esto lo sabía el General Gonzálcz y sin embargo, lo que constituía
un crimen en Carranza, por meras suposiciones, era un mérito en tratándose
de Obregón.
Las persecuciones de que habla el Gral. Treviño son meros infundios, salvo
que así llame a las investigaciones realizadas por las Autoridades competentes
en relación a las actividades del General Obregón encaminadas a la alteración del orden.

405

�Las campañas políticas: publicaciones de toda índole y mitines, se realizaron sin cortapisas. Más aún, la opini6n pública claramente se manifestaba a
favor de la candidatura del Gral. Obregón. De haberse efectuado las elecciones seguramente que el primer lugar correspondería a Obreg6n. El segundo
nada remoto sería que lo ocupara González, y el tercero Bonillas.
¿Por qué entonces Obregón precipit6 los acontecimientos? Lógicamente
debe pensarse en una inquietud desesperante, acicateada por la ambición irrefrenable de conquistar el Poder a tocia costa. Y habiendo contraído compromisos delictuosos con rebeldes al Gobierno, peligraba legalmente su candidatura.
Posiblemente Obregón abrigaba la seguridad de no ser descubierto en sus
maniobras; pero el Gobierno logró obtener documentos irrefutables sobre esas
actividades y se le abrió proceso.
No hubo festinación alguna. Se trataba, más que de castigar al procesado,
de exhibirlo ante la opinión pública. Prueba de ello es que, en el momento
que lo consideró oportuno, se evadió de la ciudad de México, iniciando abiertamente la rebelión.
Queda descartado plenamente el cargo de imposicionista hecho al señor
Carranza. Queda en pie, firme, innegable, el cargo en contra del General
Obregón de haber fabricado toda una serie de intrigas para presentarse ante
la opinión pública como víctima, y como tal, estar en condiciones de provocar una rebelión armada.
La historia, en última instancia cuando las pasiones se extingan, cuando
los actores de nuestra gran Revoluci6n y de sus derivaciones, hayan desaparecido, dirá, inflexible, la última palabra.
Seguro estoy de que entonces, la figura de don Vcnustiano Carranza, cada
vez más grande, resistirá el escrupuloso análisis de los investigadores.

•
Triunfante el Plan de Agua Prieta, "huelga de mili.tares" como le llamó
el Lic. Luis Cabrera, fue designado por el Congreso de la Unión, como Presidente Substituto, el señor don Adolfo de la Huerta, actuando el Gral. Treviño como Secretario de Industria, Comercio y Trabajo. Es del caso mencionar el hecho de que le servía de secretario particular don Adolfo Ruiz
Cortines, que años después ocupara la Presidencia de la República.
Relata el Gral. Treviño los sucesos de mayor importancia de su actuación.
Habiendo sido designado en las elecciones verificadas ese año de 1920, para
el puesto de Presidente de la República, el Gral. Alvaro Obregón, deja la
Secretaría el día primero de diciembre, quedando en disponibilidad como
General de División.

406

No me ocupo de las peripecias correspondientes a las elecciones de esa
época, que justificaron plenamente las predicciones sobre la imposición a
favor de Obregón. En efecto el Gral. don Pablo González retiró su candidatura en vista de la falta absoluta de garantías, y consecuentemente se hizo
un simulacro electoral, del que, lógicamente resultó electo el Gral. Obregón.
Pasaron tres años de un Gobierno incoloro, que tuvo vicisitudes sin cuento
para lograr el reconocimiento de los Estados Unidos del Norte, ·que le hace
expresar al Gral. Treviño: "El movimiento de 1924 fue prontamente sofocado por el Gobierno de Obregón, quien ya para esas fechas había firmado
los tratados de Bucareli. En éstos se estipularon obligaciones para México
en las que no quedaban a salvo el decoro y la dignidad nacionales, toda vez
que esos tratados habían emanado de convenciones previamente celebradas
a iniciativa del Gobierno de México, que solicitaba e1 reconocimiento de
Obregón como Presidente de la República a cualquier precio" ...
Preparación bien planeada de Obregón contra el movimiento que se venía
gestando a favor de don Adolfo de la Huerta, oponente a la candidatura
presidencial del Gral. Plutarco Elías Calles.
Imposibilitado de la Huerta para continuar en una campaña democrática
en la que resultaba apoyado por la opinión pública, se vio obligado a levantarse en armas, a principios de diciembre de 1923. Gran parte del ejército
lo siguió en la aventura; pero, "el movimiento Delahuertista no podía triunfar, dice el Gral. Treviño, pues las opiniones de su caudillo, expresadas con
toda claridad y patriotismo antes de la firma de los Tratados de Bucareli
lo ponían, políticamente hablando, en condiciones desfavorables, de ¡nodo que'
el susoclicho movimiento armado, que vino a iniciarse a fines de 1923, apoyado por más de la mitad del ejército, no podía triunfar por la falta de apoyo
de la política americana" ...
En esta contienda permaneció el Gral. Treviño al margen. Se consumó la
imposición de Calles, quien a.sumió el poder en diciembre de 1924. Continuando así la hegemonía de Sonora, en preparación de lo que ya estaba madurando el Gral. Obregón, su regreso a la Presidencia.
Se ocupa el Gral. Treviño de los acontecimientos desarrollados con motivo
de las nuevas elecciones. Surgen las candidaturas de los Generales Francisco
R. Serrano y Amulfo R. Gómez, en oposición a la oficial del Gral. Obregón,
quien había logrado la reforma de la Constitución para regresar al poder.
Prácticos ya los Generales Obregón y Calles en meneste1·es de esta naturaleza, hicieron abortar la contienda democrática, obligando a los contrincantes a sublevarse. En un hotel de Cuemavaca celebraban una junta connotados políticos simpatizadores de Serrano, entre civiles y militares. No existían preparativos bélicos, y a pesar de tratarse de una reunión abierta todos

'

407

�fueron aprehendidos, por un pelotón de soldados federales. Dejo la palabra
al Gral. Treviño: "Conducidos hacia la Capital, fueron ejecutados salvajemente en Huitzilac, Morelos, hombres que hubieran podido ser útiles a la
Patria. Se les ejecutó sin formación de causa alguna, obedeciendo órdenes
atrabiliarias, contra la Ley y la moral, de gentes que disfrutaban el mando
supremo y pensaban que la Revolución se había hecho para su propio provecho. Las víctimas fueron: Francisco R. Serrano, Carlos A. Vidal, Miguel A.
Peralta, Lic. E. Martínez de Escobar, Lic. Otilio González, Vizcarra y Jáuregui, y otros seis más a pesar de que se hacía gala de que vivíamos en un
período de gobierno constitucional".
Se consumó el golpe gobiernista al ser ejecutado el otro candidato Gral.
Amulio R. Gómez, aprehendido después de una refriega sin importancia
militar¡ pues se encontraba seriamente enfermo.
En esta contienda sí participó el Gral. Treviño aun cuando, por lo precipitado de los acontecimientos no le fue posible actuar con mando de fuerzas.
Peregrinó por gran parte del territorio nacional, sorteando mil peligros, hasta
lograr cruzar el Río Bravo para internarse en territorio Norte-americano.
Habiendo sido asesinado el Gral. Obregón, cuando asistía a un banquete
en el restaurante de La Bombilla, en San Angel, que tenía la significación de
rendirle homenaje, con motivo de haber sido electo de nueva cuenta Presidente de la República, la política quedaba totalmente en manos del Gral.
Calles, ganándose el título de Jefe Máximo de la Revolución.
Para substituir a Calles, que terminaba su período el primero de diciembre de ese año de 1928, fue designado Presidente Provisional el Lic. Emilio
Portes Gil, quien convocó a nuevas elecciones. Contendían, como candidatos
independientes, el Lic. José Vasconcelos y el General Antonio l. Villarreal, y
con el carácter de oficial, el Gral. Pascual Ortiz Rubio.
Surgió de pronto una nueva oportunidad para el Gral. Treviño de hacer
armas en contra de Calles, aun cuando con adversa fortuna. Varios Generales con mando de fuerzas, inconformes con el sesgo que tomaba la cuestión política, acordaron desconocer a las Instituciones encabezadas por el Lic.
Portes Gil, a cuya diestra se encontraba el Gral. Calles, que era el verdadero
mandatario.
Los centros principales de operación se localizaban en Sonora, Veracruz,
Coahuila y Chihuahua. Fue designado Jefe de los rebeldes el Gral. José Gonzalo Escobar, quien de Chihuahua marchó hacia Torreón, que cayó en su
poder, saliendo de inmediato hacia Monterrey, plaza que también tomó;
pero, contra lo que se esperaba, a los dos días regresó a Torreón, abandonando
el proyecto de una rápida marcha sobre la Capital de la República.
El Gral. Trevifio tomó contacto con las fuerzas sublevadas en Cd. Juárez,

408

marchando en seguida a Chihuahua, en donde se le dio mando de fuerzas;
pero habiendo sido derrotado el Gral. Escobar en Jiménez, fue necesario evacuar la plaza. Si a esto se agrega la mala racha que habían sufrido los rebeldes de Veracruz y de Sonora, no quedaba más camino que el de la dispersión. El Gral. Escobar enfiló hacia el Canadá, y el Gral. Treviño, por
Agua Prieta se intem6 en los Estados Unidos, continuando su destierro, que
se prolongó durante ocho años.
Relata el Gral. Treviño sobriamente su estadía en Estados Unidos, de donde regresó durante el Gobierno del Gral. Lázaro Cárdenas, en junio de 1936.
Participó en contiendas democráticas, siendo electo Senador de la República.
En un rasgo de rara sinceridad en nuestros medios políticos el Gral. Treviño dice: "Fui recomendado por el señor Ruiz Cortines para ser candidato
al Senado de la República en la XLII Legislatura, representando a Coahuila,
mi Estado natal. Digo y repito que fui recomendado por el candidato del
Partido Oficial, porque no se conocía otra forma para alcanzar los escaños de
las cámaras, a pesar de que el caso era especial, pues a mí en lugar de favorecerme ser candidato de ese Partido, me perjudicaba por el desprestigio
que había conquistado en el país entero" ...
Relata sus intervenciones parlamentarias, sus convicciones revolucionarias,
que cristalizaron con la formación del Partido Auténtico de la Revolución
Mexicana, y hace mención de diversos acontecimientos hasta los momentos
en que llega a 1a Presidencia de la República el Lic. Adolfo López Mateos.
Cumple así el General Treviño con un deber. Fue actor d&lt;! numerosos acontecimientos de gran relieve. Vivió con entereza momentos de los más dramáticos y expone sus ideas sin rodeos, Seguramente que habrá quienes no estén
de acuerdo con él; pero precisamente aquí está el mérito de estas Memorias,
que se escriben para su crítica y meditación.

4-09

�DON MART1N DE ZAVALA Y LA MINERÍA EN EL
NUEVO REINO DE LEÓN
EuoENTo

DEL

Hovo

Instituto Tecnológico de Monteney

DESDE LA FUNDACIÓN DE LA CruoAO METROPOLITANA de Nuestra Señora de
Monterrey por Diego de Montemayor en 1596 basta los tiempos de don Martín de Zavala el carácter de los pobladores había ido cambiando lentamente:
aqudlos primitivos aventureros, soldados de fortuna y vagabundos, cazadores
de esclavos, iban siendo sustituídos por verdaderos colonos que entraban al
Reino con el deseo de establecerse en él definitivamente y que, por ende,
venían acompafiados de sus familias, sirvientes, ganados, semillas e instrumentos de trabajo. Este nuevo tipo de hombre, que aparece esporádicamente
en el Nuevo Reino desde fines del Siglo XVI, llega a fijarse como tipo general
del poblador en el período que estudiamos; ya para entonces los más antiguos
vecinos del Reino habían ido muriendo y sus hijos, aunque herederos de la
idiosincrasia de sus progenitores y representantes de una afieja tradición
poco a poco, por obra del tiempo y del ambiente, iban encontrándose más
cerca de los nuevos colonos que de la generación anterior.
Hay otro hecho muy notable que debemos destacar aquí: de estos nuevos
colonos muy pocos son españoles peninsulares o extranjeros, el más alto porcentaje es de mestizos y de criollos, siendo también numerosos los mulatos
y los indios "laboríos": mexicanos, otomíes y algunos tarascos, casi todos artesanos. Se desprende también de los pocos datos demográficos que hemos
podido recoger en esta rapidísima investigación, la complejidad del mestizaje
que se va operando en este período, dando origen a aquellas castas tan mezcladas y de nombres tan pintorescos: coyotes, zambos, lobos, barcinos, cambu jos, chinos, moriscos, salta patrás, no te entiendo, tente en el aire, etc.
Es también muy importante el hecho de que los indios "chichimecos", o sea
los "naturales" del Reino, permanecen al margen de esta integración racial
durante el período que aquí estudiamos. Los ejemplos en contrario que hemos

411

�encontrado son tan pocos, que justifican nuestra anterior afirmación. Todos
estos hechos, documentalmente comprobados, destruyen la tradicí6n, muy
arraigada, de que la población del Nuevo Reino de León tenía su origen en
un pequeño grupo de familias españolas que, celosamente, conservaron la
pureza de su sangre y que, por lo tanto, los habitantes de esta región no
habían participado en el intenso y complejo mestizaje que se cumplía en
otras regiones de la Nueva España. Fundándose en esta falsa tradición se
llegó a caracterizar al noreste de México como un "mar hispánico" en contraste del "mar indígena con islotes mestizos" mesoamericano. Nosotros empezamos a dudar de ese carácter, preponderantemente hispánico de la población del Nuevo Reino de León, al ir conociendo algunos aspectos de su
folklore y al descubrir en la toponimia antigua, así como en el habla popular, abundantes nahuatlismos, muchos de los cuales han llegado hasta nuestros días; además, en la investigación de archivo, nos hemos encontrado con
numerosas personas que hablaban la lengua nahuatl y que, por su bajo nivel
cultural, seguramente no la habían aprendido en las escuelas, sino en el ambiente familiar y que, por lo tanto, han de haber sido mestizos o castizos o
de alguna otra casta. Las uniones de mulatos con índias o de éstas con mestizos eran muy frecuentes.
Nos satisface poder señalar aquí ese carácter mestizo, tan "mexicano", de
las gentes de Monterrey, desde los albores de su lústoria.
Para no cansar al lector con múltiples citas en comprobación de lo anterior, sólo mencionaré un dato muy significativo: todos los 28 vecinos fundadores de la Villa de San Juan Bautista de Cadereita, eran nacidos en la
Nueva España, no hubo uno solo peninsular.1
Pasemos ahora a señalar a grandes razgos las diferentes corrientes migratorias en este período, así como la principal actividad de cada grupo:
Las gentes que acompañaron a don Martín de Zavala en su primera entrada al Reino procedían, casi todas, de la zona minera zacatecana y muchos
de ellos habían pasado por San Luis Potosí, en cuya fundación y fomento de
las minas, tanta importancia había tenido la familia Zavala. Entre ellos figuran varios parientes del gobernador, como su tío el General don Juan de
Zavala, su sobrino y homónimo el capitán Martín de Zavala y sus medios
hermanos los García de Sepúlveda, hijos de uno de los primeros pobladores
de San Luis Potosí: Antón García de Reina 2 y de doña Ana de Sepúlveda,
madre de don Martín, la cual también vino al Reino en compañía de sus
hijos. Cabe aquí señalar cierto carácter de nepotismo que tuvo el gobierno
~ "Acta de fundación de la Villa de Cadereita" en JosÉ ELEUTBRIO GoNzÁLEZ,
Lecciones Orales de Historia de Nuevo León, p. 68.
1 PRIMO FELICJANO VEL.ÁZQUEZ, Historia de San Luis Potosi, vol. II, p. 15.

412

de don Martín: Zavalas, Sánchez de Zamora, García de Sepúlveda, todos eran
mineros de abolengo, grandes conocedores de los metales y de su beneficio y, todos ellos, parientes de don Martín. En este grupo de mineros ocupan lugar especial gentes como Alonso Lobo Guerrero que "entra con más de diez mil
pesos de avíos de minas, ropa y otras cosas adherentes de sacar plata, sin los
ganados mayores, esclavos, etc". 8 Andrés de Arauna, inventor, de quien nos
ocuparemos más adelante, o Matías de Silva, oficial de espadero y natural
de SeviIJa. 4 No podemos dejar de mencionar aquí al Lic. don Martín Abad de
Uría, primer cura de la Ciudad de Monterrey s y que interviene en las más
importantes transacciones mineras de la época; estos curas mineros eran ya
una tradición en el Nuevo Reino: ya don Baldo Cortés, primer cura de Saltillo, había trabajado minas en Monclova, antes de la entrada de Carvajal
y fue de los primeros que denunciaron minas al fundarse Monterrey ¡6 en
1599 uno de los mineros más importantes del Reino lo era el Padre Cebrián
de Acevedo Ovalle, socio de Diego de Monlemayor el mozo en la Mina Santa
Ana. 7 Habría que añadir aquí el grupo de mineros que, conducidos por don
Gregario Zalduendo y Evia, se avecindaron en la abandonada Ciudad de
León ( Cerralvo), en 1625, con objeto de repoblarla y trabajar las minas ¡8
así como otros importantes mineros que habían llegado al Nuevo Reino muchos años antes de la entrada de don Martín de Zavala, como Bernabé de
las Casas, Diego de Villarreal, Alonso Díez de Camuña o los Femández de
Castro, todos ellos provenientes también de la zona minera zacatecana.
Con la entrada de don Martín al Reino, la minería recibió vigoroso impulso; nos dice Israel Cavazos Garza, sin duda el más profundo conocedor
de Ja historia local, que "En el Archivo Municipal de Monterrey se conserva
por lo menos un centenar de registros de vetas, en un término menor de
diez años". 9 Diez de la Calle no sólo confirma el dato, sino que eleva has1 !SRAl!L C.wAzos GARZA, "Algunas características de los pobladores de Nuevo León
en el Siglo XVII" en Hu.manitas, Año I, núm. I, p. 468.
• ISRAEL ÜAVAZOS GARZA, Cedulario autobiográfico de pobladores del Nuevo Reino de León (inédito).
• ALONSO DE LEÓN, Relació11 y Discursos del descubrimiento, población y pacificación de este Nuevo Reino de León, México, 1909, p. 108.
1 "Pleito por la jurisdicción de las minas de Nuevo Almadén {"Monclova) entre los
gobernadores del Reino de la Nueva Vizcaya y el Nuevo Reino de León, año de 1643",
Archivo del Ayuntamiento de Hidalgo del Parral, Chih., Exp. 22, f. 9. (En las siguientes notas haremos referencia a esta importante fuente titulándola Documento del
Parral).
' Archivo Municipal de Monterrey, Protocolo, Vol. I, doc. 1.
• "Acta de fundación del Pueblo de San Gregario de Cerralvo, 4 de septiembre de
1626". PubHcada por David Alberto Cossío, Historia de Nuevo León, vol. I, p. 212.
• ISRAEL CAVAZOs GARZA, "Algunas características, etc.", p. 468.

413

�tan te la cifra: "Su distrito ( de Ccrralvo) es tan abundante de metales, que
en él se descubrieron en breve tiempo 220 minas, las nueve se labraban y
otras nueve las tenían puestas en labor, conforme a las ordenanzas". 1 º En
el memorial que don Martín envió a la Corte con el Capitán Alonso de León
en 1656, informa a su majestad "haber puesto dos (haciendas) de sacar
plata en dicha ciudad (Monterrey); fundando y poblando el real y minas de
San Nicolás de las Salinas, en que hay seis haciendas de sacar plata, muchas
minas; fundó el Real de San Gregorio, junto a la villa de Cerralvo, en que
hay cuatro haciendas de sacar plata", 11 Sin embargo, hubo varios factores
que impidieron alcanzar el auge minero que se esperaba: la guerra constante
que daban los indios, lo despoblado y mal comunicado de la tierra, la falta
de mano de obra suficientemente experta y, la más importante, la baja ley de
plata de los minerales que iban disminuyendo, hasta agotarse, al ahondar las
minas; esto hizo que las esperanzas que en un principio se pusieron en ellas,
pronto se convirtieran en desengaños. Diez de la Calle dice: "Las minas son
tan ricas que aun habiendo pocos que la benefician, se habían sacado y marcado más de 42 mil marcos de plata y más de 50 mil quintales de plomo y
300 mil de greta, cosa muy necesaria para su labor (de la PlataL que con
gran aumento de la Real Hacienda y alcabalas causadas en su venta, se habían
gastado en las minas de Zacatecas, el Parral, Cuencamé y otras de la Nueva
Galicia a donde se habían conducido desde las de San Gregorio, Cerralvo,
Salinas ' y otras del Nuevo Reino de León; con lo cual se proseguía su beneficio" .12 Diez de la Calle torna sus datos de un amplísimo informe de 1584
fojas que don Martín de Zavala envió a la Corte en 1645. En el memorial
de 1656 dice don Martín que han entrado en las Cajas Reales "muchos
marcos de plata, derechos sacados de sus minas, sin grandes cantidades de
plomo y greta que se han sacado y conducido en carros y recuas a Zacatecas, Panal, Sombrerete y otros reales de minas, más de tres millones de
marcos de plata". 13 Pero, como siempre, es Alonso de León el que nos permite, por su sentido de observación y lo valioso de sus datos, adentrarnos en
el fondo del problema:
''Hay en este Reino muchísimos minerales de plata, plomo y cobre; lo que
hay en gran abundancia es el plomo que pudiera, de él solo, sustentarse
todo el mundo, a no haberlo en otra parte; la plata no es tanta en la que
se benefician, que suba a los dueños, ni tan poca, que no lo pasen razonable,. JUAN D.mz DE LA CALLE, Memorial y Noticias Sacras, p. 230.
u "Memorial de Don Martín de Zavala al Rey", publicado por Alonso de Le6n,
Relación y Discursos, pp. 213-216. La cita está en la p. 213.
" JUAN DIEZ DE LA CALLE, Memorial y Noticias Sacra5, p. 232.
' 1 ALONSO DE LEÓN, Relaci6n y Discursos, pp. 213 y 214.

414

mente, si hay gobierno. Lábransc en San Gregorio, donde hay muchas haciendas; han acudido bien; si fueran ahondables, son mantos y, a no ser
tantos los daños de los indios, fuera agradable vivienda con lo que se saca.
El real de las Salinas tiene cinco haciendas con las minas profundas; acuden
bien; hay Alcalde Mayor y Capitán a Guerra. Otras hay en el cerro de las
Mitras que, dicen los antiguos, acuden mucho: }ábranse dificultosamente, porque es la subida muy alía y con riesgo; hay hacienda moliente en Monterrey, a titulo de ellas, hay otra que llaman del Camahán y de 1a Parra, cerros
distantes de las poblaciones, con que no se pueden beneficiar, si no es con
fuer.za de gente; suelen traer de ellas metales, con recuas, para ligas" .14
Tenemos aquí un cuadro completo y preciso del estado de la minería en
el Nuevo Reino de León en el año de 1648; como se puede constatar fácilmente, Alonso de León señala con claridad las causas que impidieron que
el Nuevo Reino se convirtiese en emporio minero: había abundancia de greta
y de plomo; pero no de plata; los yacimientos no eran ahondables por ser
mantos y los indios, en muchos casos, impedían la explotación, especialmente
cuando las minas se encontraban en el despoblado: "no se pueden beneficiar
si no es con fuerza de gente", es decir, con soldados. Es oportuno añadir aquí,
antes de pasar adelante, o~ factor que, a nuestro juicio, intervino en el
poco éxito de la minería en esta regi6n: después de haber estudiado cuidadosamente los pocos inventarios de bienes de mineros que pudimos recabar,
conjeturamos que aquí el beneficio se seguía haciendo exclusivamente por
fundición, es decir, no llegó a establecerse el sistema de patio de Bartolomé
de Medina, tal vez porque las instalaciones eran costosas y por la dificultad
de conseguir y transportar los azogues; y la fundición sólo era aplicable a
unas cuantas clases de minerales y resultaba incosteable para los metales de
baja ley.
De la constante y activa preocupación de don Martín de Zava]a en el fo.
mento de la minería, nos dice el cronista:
"Un cerro está, que llaman de la Caldera, distante como treinta y cinco o
cuarenta leguas (¿de Monterrey o de Cadere.ita donde escribía el cronista?),
y de la Villa de Cerralvo como veinte, al occidente; es copiosísimo mineral
ele metales i tiénense de él muy grandes esperanzas; ha mandado hacer a él
tres jornadas el Gobernador. Su descubrimiento fue el año de treinta, desde
la villa de Cerralvo, con una compañía de veinte soldados, a cargo del Sargento Mayor Jacinto García de Sepúlveda; una recua y arrieros; trujéronla
cargada de metales que, ensayados, mostraron poca plata. La segunda jornada la hizo el mismo Sargento Mayor con otros veinte soldados y otra recua,
,. Ibid., pp. 83 y 84.

415

�que asimismo vino cargada; fue por la misma parte; ensayáronse, mostraron
la cantidad de la vez pasada y rinde mucha liga; fue el año de treinta y dos.
El año de cuarenta y cuatro, salió, con la misma orden, del real de las Salinas, el General Juan de Zavala; vio el cerro, que por donde quiera había
vetas fundadas y metales cuajados en gran abundancia; cargó de los que
le pareció; ensayáronse en las Salinas, mostraron plata como los otros: sin
duda hay en aquel cerro gran riqueza: qwera Dios se descubra para su santo
servicio".
"Un cerro dicen que hay, que llaman eJ de La Plata, incógnito a los que
hoy viven, también lo sería a los pasados; es hacia el norte. Se ha intentado
dos veces jornada por este Reino; 1a primera, el año de cuarenta y cuatro,
ya publicada y dispuesta, a cargo del General Juan de Zavala, que estorbó
algunas conmociones e inquietudes que los indios alazapas tenían; la segunda, este presente año de cuarenta y ocho, a cargo del mismo General, que
también estorbó el alzamiento que está en su mano, tan riguroso, de los icauras, guaracatas, acancuaras, inqueros) camahanes, icuanos y otras diversas
naciones que con tan cruda y cruel guerra tienen infestado el Reino". 16
Acerca del monto de la producción minera tenemos los siguientes datos para
el año de 1648: "El referido año de veinte y seis, que entró el Gobernador,
como está dicho, dio orden a poblar las minas; rcparti6, entre los que se
animaban, barras y otras herramientas, fuelles y alcribises con que hasta el
presente año de cuarenta y ocho, que son veinte y dos, en la Villa de Cerralvo
y real de las Salinas, consta por los libros de la caja, que está de tres llaves
en la ciudad de Monterrey, testimonios e informaciones auténticas que de
ello se han hecho en diferentes ocasiones, haberse sacado más de sesenta mil
marcos de plata, de cuya cantidad han procedido arriba de trescientos mil
quintales de greta y plomo, que han sacado tres o cuatro cuadrillas cada
año, sin muchas recuas; todo lo cual llevan al Parral, Sombrerete y Zacatecas y otros reales de minas, para ligar los metales que en ellos son secos;
conque se han sacado, según buen cómputo, más de dos millones de pesos
en los dichos reales de minas, como con infalible evidencia matemática se
puede probar, lo cual no pudieran, a carecer de tal liga, en que ha tenido
S. M. grandes intereses, relevado de los gastos que tenía". 15
El año de 1643 surgió un serio conflicto entre el Reino de la Nueva Vizcaya y el Nuevo Reino de León por la jurisdicción en las minas de Nueva
Almadén (Mondova) que en ese año fueron repobladas por gentes de Saltillo, siendo nombrado por el gobernador de la Nueva Vizcaya como Jus" Tbid., pp. 84 y 85.
11 !bid., p. 86.

416

ticia Mayor y Capitán a Guerra, el capitán Mateo de Arredondo. Corrió fama
de que las minas eran muy ricas y esto movió a don Martín de Zavala a
intervenir pretendiendo que aquella jurisdicción era del Nuevo Reino y no
de la Vizcaya: se presentaron requerimientos e informaciones por ambas partes; se enconó la disputa; don Martín nombró a su vez como Justicia Mayor
y Capitán a Guerra al Capitán Diego de Villarreal quien aprehendió a Arredondo y preso lo mandó a Monterrey; estuvo a punto de estallar la guerra
entre los dos Reinos; intervino el Virrey poniendo a la Provincia de Coahuila en poder de la Real Audiencia de Guadalajara; se ensayaron los metales que no mostraron ley y con esto el asunto fue olvidado por ambas
partes.17 Alonso de León comenta irónicamente: "Y es cosa de notar que
dos hombres pobres tuviesen tanto ardid, que sustentasen casi seis años un
embuste que bastó a poner dos Reinos ( ueva Vizcaya y ue,•o León) en
armas y otros dos en consultas (Nueva España y Nueva Galicia), para el
remedio del daño que podía acaecer, en que se causaron de daños más de
veinte mil pesos, sin la pérdida del tiempo; y porque su gloriosa memoria
quede a los venideros para escarmiento, pongo aquí sus nombres, que son:
Alonso Guerrero y Pedro López Zurita" .18
El día 14 de mayo de 1636 el Capitán Andrés de Arauna, vecino y minrro de la Villa de Cerralvo, compareció ante don fartln de Zavala solicitando patl'nte de un molino de metales que él había inventado y que tenía
"corriente y moliente" en la hacienda de minas que tomó en arrendamiento
del Lic. Martín Abad de U ría. ¿ En qué consistía dicho invento con el cual,
según su inventor "se ahon-an y suplen muchos gastos que suelen sobrevenir
para sacar la dicha plata"? Desafortunadamente no tenemos la menor idea
al respecto, ya que en la solicitud de la patente no se le describe. Cuando
logramos encontrar e1 inventario de los bienes que quedaron por fin y muerte
del capitán Andrés de Arauna,19 creímos, con entusiasmo, que en dicho .inventario encontraríamos algunos datos que nos permitirían saber, aunque
fuese en forma vaga, en qué consistía dicho invento; pero, no fue así: en
el inventario sólo figuran varias piezas de molino que nada tienen de extraordinario, on piezas de aquellos antiguos molinos de almadanas usados por
los mineros en toda la Nueva España. Sin embargo, a pesar de no tener la
descripción del invento, creemos que la solicitud de la patente es no sólo
interesante para la historia de la minería en el Noreste de México, sino también dentro de la historia del desarrollo industrial de Monterrey, ya que constituye la primera patente industrial conocida en Nuevo León.
" Documento del Parral.
•• ALo:-.so DE LEÓN, Relaciéin ,, Discursos, p. 89.
11 Archivo Municipal de Monterrey, Civil, vol. V, Exp. 6.

417
H27

�He aquí el importante documento:
"El Capitán Andrés de Arauna, minero y vecino de esta Villa de Cerralvo,
en la mejor vía y fonna que más baya lugar en derecho, parezco ante Vuestra Señoría y digo que yo tengo en arrendamiento una hacienda de sacar
plata, en la cual tengo hecho y fabricado, por mi ingenio y artificio, un molino con el cual se ahorran y suplen muchos gastos que suelen sobrevenir para
sacar la dicha plata; porque no solamente está acabado con arte, sino que
es invenci6n nuevamente fabricada, sin que parezca estar en parte alguna de
la manera y forma que actualmente hoy está corriente. Y si es así que a los
inventores de nuevas fábricas hechas con arte e ingenio, y en donde se puede
seguir pro y utilidad de la República y ciudades, según derecho, se les debe
honor y premio; y siendo obra en que con más facilidad se pueden sacar más
cantidades de plata según el artificio, en que su Majestad en sus reales haberes y quintos, puede interesar muchas más cantidades, y así, no solamente
por el provecho de los que quisieren fabricarlo como yo lo tengo en este
Reino, sino también por la utilidad de la República y haber de su Majestad,
se me debe amparar en la posesión de primero inventor del dicho artificio y
porque en todo este Reino y fuera de él no se hallará otra como ella está
hecha; por todo lo cual a Vuestra Señoría pido y suplico que sea declarado
por primero inventor del dicho artificio, haciéndome merced de que por el
tiempo limitado que Vuestra Señoría fuese servido, ninguna persona de todo
este Reino la ponga, sin que por el trabajo e inventiva del artificio, me dé
la .cantidad de pesos que Vuestra Señoría fuese servido de mandar, según el
trabajo de mi ingenio, con justicia que para ello pido, etc.-Andrés de Arauna.-(rúbrica) ". 2 º
Que dicho invento ha de haber sido cosa importante y de consideración,
nos lo dice la respuesta que dio a la anterior petici6n don Martín de Zavala:
"En la Villa de Cerralvo, en catorce de mayo de seiscientos y treinta y
seis años, el Señor Gobernador, vista esta petición, dijo que mandaba y mandó
que cualquier persona que pusiere la invenci6n de la hacienda que refiere la
petición, le pague y dé al Capitán Andrés de Arauna, cien pesos y esto se entienda por el tiempo de seis años, atendiendo a su buena inventiva, ingenio
y artificio. Y así lo proveyó, mand6 y firmó con parecer de Lic. Juan López
Serrano.-Don Martín de Zavala.-El Lic. Juan López Serrano.-Ante mí
Juan de Zavala, escribano nombrado (rúbricas)" .n
La importancia del invento del capitán Andrés de Arauna y los beneficios
que podría reportar a la minería, se ponen de manifiesto por lo cuantioso de
• Archivo Municipal de 'Monterrey, Civil, Vol. Ill, Exp. 11.

" !bid.

418

la concesión: cien pesos de oro de minas, que eran en aquel tiempo mucho
dinero; al famoso Bartolomé de Medina, inventor del método de patio o
de almagamación por azogue, no se le autorizó mucho más en el goce de su
invento: la concesión fue también por seis años y se le autorizaba a cobrar
sus derechos de patente en la siguiente forma:
"Quién tuviere de cincuenta esclavos amoa, 300 pesos de minas.
Quién tuviere de cuarenta esclavos arriba, 250 pesos de minas.
Quién tuviere de treinta esclavos arriba, 200 pesos de minas.
Quién tuviere de veinte esclavos arriba, 150 pesos de minas.
Quién tu_viere de diez arriba, 100 pesos de minas.
Quién tuviere de diez abajo, 60 pesos de minas". 22
Y de todos los mineros que celebraron contrato con Bartolomé de Medina,
el único que pagó los 300 pesos fue el fabulosamente rico don Alonso de
Villaseca en sus minas de Pachuca. 23
El Capitán Andrés de Arauna no pudo disfrutar de los beneficios de su
patente, ni siquiera dejar heredero que los disfrutase, pues el día 13 de junio
de 1637, un año y un mes después de la fecha de la patente, morían él y
su hijo Simón de Arauna, a manos de los indios. Oigamos cómo nos cuenta
la trágica muerte Alonso de León :
''Llevado, pues, de esta insaciable sed (de esclavizar indios), el Capitán
Andrés de Arauna, el año de treinta y siete, salió de la Villa de Cerralvo,
con orden bastante para llamar a su gente: cogióla y puesta en collera, cuando pudo venir gustoso a su casa, excediendo la que le habían dado, dio
orden de pasar a una ranchería nueva y que no le pertenecía. En ella halló
el premio que se saca de semejante vicio, muriendo miserablemente a sus
manos, él y un hijo suyo ... " 24
En el Archivo Municipal de Monterrey, existen los autos de proceso y la
información testimonial sobre la muerte del capitán Andrés de Arauna y
su hijo Simón, documentos llenos de curiosos e interesantes datos que por
brevedad no podemos transcribir. Oigamos siquiera lo que dice el Sargento
Mayor Jacinto García de Sepúlveda en su informe de cómo encontr6 los
cadáveres: c'habiendo caminado como trece o catorce leguas de esta dicha
Villa (Cerralvo) la tierra dentro, en un llano, habían hallado los cuerpos que
fueron del dicho Capitán Arauna y de Sim6n de Arauna su hijo, desnudos
11

F&amp;ANccsco FERNÁNDEZ DEL CASTrLJ..O,

Algunos Documentos nuevos sobre Barto-

lomé de Medina, México, 1927.
'"Ibid.
,. ALoNso DE LEÓN,

Rtlaci6n y Discursos, p. 156.

419

�todos y con muchos flechazos. . . y que estaban muy desfigurados, y el dicho
Simón de Arauna machucada la cabeza y los dientes de la boca quebrados ..." :s
¿Qué fue del invento después de la trágica muerte de su inventor? ¿Lo
adoptaron los mineros de la región y ent:ó a ese patrimonio común de la
técnica minera de la Nueva España o muere al morir su inventor? Es este
un problema del mayor interés y quizá podría llegar a resolverse estudiando
cuidadosamente los im·entarios de las haciendas de minas en el Noreste de
México, comparando lo molinos anteriores a 1637 con los que se construyeron después. Tal vez algún día podremos saber en qué consistió este invento
y añadir el nombre de Andrés de Arauna al de los famoso de Bartolomé
de Medina, Alonso Barba, Juan Capellín o José Garcés y Eguía.
En el Nuevo Reino de León los molinos para moler metales han de haber
sido casi todos movidos por agua, como e desprende de las mercedes y de
algunas informaciones de méritos y servicios: "Matías de ilva ... vecino y
minero de este Real de San Gregorio y Villa de Cerralvo... ; digo que yo
tengo fundada una hacienda para beneficio de metales de plata, con mucho
trabajo, abriendo el cárcamo y acequia personalmC'nte; y lo tengo ya hecho
y las paredes del ingenio voy levantando, etc ..." 2 n y en un inventario de los
bienes de Juan Alonso Lobo Guerrero, encontramos la siguiente partida:
"El casco de la hacienda de minas con su asiento, cárcamo, acequia, rodesno
y chiflón, corriente y moliente". 21 Y en el mismo inventario otras dos partidas nos indican claramente que aquella era una hacienda de fundición y
no de beneficio por azogue: ''Una parada de fuelles, armada en la dicha
hacienda, con sus cañones y alcribís viejo. Otra parada de fuelles de marca
menor con sus cañones ya usados"?ª
El desarrollo minero del Nuevo Reino de León nunca alcan1ó la alta proporción alcanzada en los vecinos Reinos de la ueva Galicia y la neva
Vizcaya; su producción de plata, siempre pequeña. hizo imposible que ftmdamentase su economía en la explotaci6n minera y esto lo hizo subsidiario,
económicamente, de las zonas mineras zacatecana y potosina, ésta epigonal
de aquélla; sin embargo, la alta producción de plomo y gretas, tan importantes
en el beneficio de la plata, que alcanzaron los mineros del ue,o Reino de
León, los convierte en factor decisivo dentro del gran desarrollo minero alcanzado en las zonas circundantes, siendo estos minerales "de liga" transporu Archi\'o Municipal de Monterrey, Civil, Vol V, Exp. 6.
Cedrtlario autobiográfico de pobladores.

,. lsRAEL CAvAZos GARZA,

" "Inventario de los bienes srcuestrados al capitán Juan Alonso Lobo Guerrero,
Monterrey, 1644". Archivo Municipal de Monterrey, Causas Criminales, vol. III, E,cp.
33, f. 67.
H

420

tados en recuas y carretas, hasta lugares tan alejados como Parral o San
Luis Potosí, Sombrerete, Fremillo, Mazapil o Zacatecas.
Como lo había hecho don Mart'm de Zavala durante su largo gobierno,
los gobernadores que lo sucedieron, buscaron por todos los medios fomentar
la minería, esperando poder atraer así una mayor afluencia de pobladores
al Nuevo Reino. Pero, ya lo decíamos atrás, los minerales de plata fueron
todos de baja ley y las minas no eran ahondables, sin embargo la producción
de plomo siguió siendo uno de los factores más importantes para la economía
del Nuevo Reino de León e indirectamente, como va señalado, para las
zonas mineras vecinas, ya que ese plomo era utilizado para la reducción de
los minerales de plata lo mismo en Mazapil, Sombrerete y Zacatecas, que en
Parral o la zona minera de San Luis Potosí. En el año de 1668 salió del Reino
gran cantidad de plomo extraído de las minas del cerro de Camahán; sólo
que la guerra con los indios hacía imposible formalizar los trabajos 'pues,
este mismo año, yendo a poblar las Minas de Camahán dos vecinos de las
Salinas, Alonso Rodríguez y J oseph de las Casas, en un puerto que llaman
El Pozo, les acometió una escuadra y los mataron con harta inhumanidad". 29
En el año de 1671 se hizo descubrimiento de nuevas minas en el puesto de
los Muertos, entre Monterrey y Saltillo. La fama de que las minas eran ricas
hizo acudir a muchas personas deseosas de ell.-plotarlas, y suscitó un conflicto
de jurisdicción entre la Ciudad de Monterrey y la Villa del Saltillo, conflicto
que hizo ce ar los trabajos iniciados.ªº En 1674, siendo Gobernador del Reino
don icolás Azcá.rraga, se registró alguna actividad en las minas del Real
de San Gregorio de Cerralvo, haciéndose nuevos denuncios. 31 En el Sur del
Reino, en la jurisdicción del Río Blanco, se hizo uno de los más importantes
descubrimientos de minas en este período, las Minas del Santo Nombre de
Jesús. Oigamos la narración que hace el General don Femando Sánchez de
Zamora en su Dncubrimienlo del Río Blanco y Co1wersión de sus Naturales:
"Salieron a este descubrimiento (seis españoles y el indio Vicente que fue el
que las descubrió) el día 14 de enero del año de 1675, habiendo dicho el
Padre (Fray Juan Caballero) misa por el buen suceso, prometiendo de ponerle al real el Nombre Santísimo de Jesús, de quien reza Nuestra anta
Madre Iglesia aquel dia. Estm~mos 15 {días) en ir y volver, trayendo tres
cargas de metal, que despachamos a fatehuala, que en la sazón estaba corriente la hacienda, donde se ensayaron por mano de Isidro González, hombre muy experimentado e inteligente, de que sacó diez y ocho onzas de plata
" Jo11N

BAUTISTA

CHAPA,

Historia del Nue vo Reino de Le6n desde 1650 hasta

1690, México, 1909, p. 245.
• Jo~é Euwn.RJO Go . ·zÁLEZ, Leccio11er Orales, p. 81.

u Archivo 'Municipal de Monterrey, Civil. Leg. VI, Exp. 11.

lbid.

421

�y mucha greta. Con este desengaño, hice una hac;ienda de rodezno en esta

labor del Río Blanco".

"En el ensaye y en la fábrica del molino se pas6 el tiempo hasta fin de
noviembre, que fui yo personalmente con algunos amigos y gente que fuesen abriendo el camjno; llegamos a la mina el 25, dia de Santa Catalina, virgen y mártir, cuyo nombre le puse a Ja primera mina y a otra que se descubrió inmeruatamente, la Fernandina, por mí y por mi hijo. Al tiempo que
fuimos llegando, cayéndosele a una mula la carga, partió a correr por la halda
del cerro con tanto estruendo y violencia, que de improviso se desapareció,
de manera que aquel día no la pudieron hallar; el siguiente, la salieron a
buscar, trasegando todo el cerro, donde hallaron tantas vetas de metal, que
ya las tenían en poco, no contentándose cada uno en coger para sí dos ni
tres, sino también para los parientes y amigos ausentes.
"No obstante, aunque corrió la voz, no hubo mucha operación en la tierra
fuera, hasta el año siguiente, que fue el de 76, que, habiendo yo acabado
de poner al corriente mi hacienda y sacado buenos tejos de plata, que despaché a Charcas y a San Luis, a mis correspondientes, como ya vieron la
plata, ya entonces se despoblaban las haciendas por venir al nuevo descubrimiento, de tal suerte, que no cesaba de entrar y salir gente, y en pocos, antes
que pasase el año, andaban ya corrientes, en el mismo real, cinco haciendas:
de ellas han permanecido las tres, sin las de agua que tenemos en el Río
Blanco, en que se han sacado hasta hoy, 20 de diciembre de 1680. seis mil y
seiscientos marcos de plata, manifestada ante mí ( Sánchez de Zamora era
Justicia Mayor y Capitán a Guerra de las Misiones del Río Blanco) , y más
de otros tantos de plomo y de greta que han salido para los reales de rojnas de
Charcas, Zacatecas y Sombrerete". 82
Lástima que esta extraordinaria bonanza alcanz¡¡da en tierras del Nuevo
Reino de León, no lo hubiese beneficiado en ninguna forma: econ6micamente, el Sur del Reino quedaba dentro de la zona de influencia de San
Luis Potosí.
En 1688 se observó gran movimiento en la saca de plomo ,ctierra afuera". 3 ª
Pero el hecho más importante para la historia de la minería en el Nuevo
Reino de León dentro del período que estudiamos, fue la fundación de la
Villa y Real de Minas de San Pedro Boca de Leones. El historiador David
Alberto Cosía nos da una clara noticia de esta fundación: "Administraba el
Gobierno del Nuevo Reino de León don Pedro Femández de la Ventosa, por
'" FERNANDO SÁNCHBZ DE ZAMORA, Dt1scubrimiento del Rlo Blanco y conuersi6n de
sw naturales, 'México, 1909, p. 374.
.. Archivo Municipal de Monterrey, Civil, Leg. VII, Exp. 63.

422

el año de 1690, cuando se fundó con 200 españoles y mestizos, el Real de
San Pedro de la Boca de Leones, en terrenos cedidos por el capitán don
Juan de Villarreal. Este, en compañía de don Francisco Barbariego y de
don Antonio González, descubridores de las primeras minas de esa comarca
.
'
considéranse
entre los fundadores de lo que hoy es Villaldama".
"Gran satisfacción recibió don Gaspar de la Cerda Sandoval Silva y Mendoza, Conde de Galve, al tener conocimiento por Barbariego, del descubrimiento; y, después por Fernández de la Ventosa, de la nueva fundación de
San Pedro de la Boca de Leones, no solamente por la importancia del hallazgo minero, sino asimismo porque reafirmaba el dominio español hacia ese
rumbo, estableciendo un valladar a los ataques de los bárbaros que tenían
por ese lado en constante vigilia a los españoles.
"Para esa fundación fue comisionado el capitán don Alonso Ramos de
Herrera, Alcalde Mayor de la Villa de Santiago del Saltillo; y entre las
varias razas de indios que se avecindaron primeramente, se contaban apaches
y chatapaches, de los que fueron enviados diez años más tarde a establecer
la Misión de Santiago de Valladares.
Apenas establecido el Real de San Pedro de la Boca de Leones, e inmediatamente acudieron en busca de fortuna o de trabajo, blancos o indios,
no sólo de este Reino y de la Provincia de Coahuila, sino aun de las del Sur,
donde alcanz6 gran resonancia este descubrimiento. He tenido oportunidad
de ver algunos documentos de esa época fechados en la Villa de San Luis
Potosi, en los que consta haberse preparado allá, por grupos de gente hábil
en el trabajo de minas, viaje al nuevo descubrimiento, con el propósito de
intensificar las tareas. Esta fundación puede titularse el principal acontecimiento de la administración de don Pedro Femánde-z de la Ventosa".u En
1693, siendo Gobernador don Juan Pérez Merino, el General Ignacio de Maya pobló y fundó el mineral de Santiago de las Sabinas (Sabinas Hidalgo),
cerca de Boca de Leones; veinte familias de Candela, Coah., fueron las fun~
dadoras. Maya era vecino de Saltillo. 85
El numeroso grupo de nuevos colonos que entró al Reino a poblar estos
reales de minas, constituyó una de las aportaciones más importantes para
la población del Nuevo Reino de León. Y no s6lo por el número, sino también por la calidad: la mayor parte, como lo dice Cossío, eran mineros expertos procedentes de la zona minera de San Luis Potosí; otros, que entraron por el Saltillo, provenían de la zona minera zacatecana. Y toda era gente
de trabajo y de iniciativa, y muchos de ellos abandonaron las empresas mi11

M

JD&gt;.vro
,
OSE

ALBERTO
ELEUTERIO

Cossfo, Histo-ria de Nueuo León, Vol. Il pp. 237 y ss.
,
GoNZÁLE:z, ~puntamientos para la Historia Eclesiá.Jtha, etc.,

p. 273.

423

�ncras para dedicarse a las labores ¾aricolas o a la explotación ganadera, estableciendo estancias con las que se fue poblando la región. Fue esta una importante conquista sobre el "despoblado". Entre estos nuevos vecinos del Reino hay algunos que ameritan especial mención. Don Francisco Barbarigo,
uno de los tres fundadores, era vecino del Saltillo y Teniente de Capitán
Protector de indios tlaxcaltecas y cuachichiles en el Pueblo de San Esteban
de Nueva Tlaxcala, aledaño a Saltillo, y fue uno de los más decididos y valiosos colaboradores de Fray Juan Larios, el insigne evangelizador de Coahuila. ~8 En 1696 se estableció en Boca de Leones, Antonio López de Villegas,
gran impulsor de la minería en esa época. El 11 de enero de 1700 dice, haciendo relación de sus méritos: "Antonio López de Villegas, Sargento Mayor, vecino de esta ciudad de Santa María de Monterrey, criador de ganados
mayores y menores, labrador, minero en el Real de Boca de Leones. . . digo que yo salí de San Luis Potosí, de la Nueva España, para este Reino, habrá tiempo de cuatro años, con una cuadrilla de gente de tierra fuera, que
se componía de más de trescientas personas; operarios del ejercicio de la minería y todo género de pertrechos de avío conducente a dicho oficio de minería, como es público en este Reino: y registré catas para minas, que cavé
y estoy actualmente cavando; y fabriqué una hacienda en el Real de Santiago de las Sabinas, que es la mejor que hay en todo este Reino, por estar corriente con cuatro hornos y dos vasos de sacar plata; y asimismo ~er dueño
de otra hacienda en el Real de San Pedro de Boca de Leones, en que Su Majestad, Dios Je guarde, es muy interesado en us reales quintos; y aquel Real
y este Reino de mucho aumento por la plata que producen dichas minas y
haciendas; y hallarse, asimismo, con dos labores de pan coger, corrientes y
aviadas de todos aperos; y haber ejercido el oficio de capitán de caballos de
la gente miliciana de este Reino: y hallarse argento Mayor Vivo; ejerciendo dichos oficios a mi costa y mención, con mis armas y caballos, pólvora y
balas y personas que me asistieron, asimismo a mi costa y de mi caudal, en
las jornadas de los Picachos, frontera de las Sabinas, de esta gobernación,
en el alzamiento de los indios de nación queroamas y alazapas; en que estuvimos más de dos meses y medio en campaña; habiendo salido el estandarte Real y el Gobernador de este Reino, que lo era en la sazón el Sargento Mayor don Juan Pérez Merino, su antecesor de vuestra Señoría (Vergara y Mendoza) ; y asimismo haber casado con doña María González Hidalgo, hija de los primeros conquistadores y más principales pobladores de
este Reino, que debo gozar de este privilegio; y de estos servicios no he tenido remuneración ... (pide se le haga merced de tierra) ... para que pueda

conservarse y mantenerse y ampliarse este Reino, y que vaya siempre a más,
como sucede al presente con el Real y Minas de Boca de Leones, que es de
los mejores que tiene esta Nueva España, por la mucha abundancia de sus
vetas y metales; y por hallarme con la labor de Mamulique, cuantiosa para
poder sembrar ma!z, trigo... " 117
Este era el tipo del poblador que vino al Reino a labrar las minas de San
Pedro Boca de Leones: hombres de empresa, dotados de iniciativa y espíritu
de servir a la comunidad y que venían a invertir sus caudales, grande.s o pequeños, en el fomento económico del uevo Reino. ¡ Qué lejos están de los
vagabundos y aventureros de la época de Carvajal!
Por otra parte, como dice Israel Cavazos Garza, "el adelanto relativo de
la minería ( con la bonanza de Boca de Leones), trae consigo el movimiento
comercial. El madrileño Juan de Espíndola es de los primeros en entrar periódicamente con su tren de carretas. Trae a vender efectos que van desde
el chocolate de Soconusco y prendas de la China, hasta esclavos (negros y
mulatos) e implementos de minería. Se le guardan consideraciones por el
beneficio que reporta a esta provincia, y goza de preeminencias de vecino".
"En igual caso está Francisco de Ir:ibe y Vergara. Entra y sale cada año
con mercaderías. No es vecino, pero se casa aquí con una hija de Bias de la
Gana y hasta llega a ser electo alcalde ordinario y teniente de g:obemador;
acudiendo, además a las jornadas contra los indios". 18 Muchos años atrás,
en 1668, encontramos mencionados otros dos mercaderes "que hadan carrera de este Reino". Nos dice Juan Bautista Chapa: "El año de 1668, vino una
escuadra ( de indios de guerra) cerca de la ciudad de Monterrey y, a menos
distancia de media legua de ella, se llevaron cerca de ochenta mulas de recua de dos mercaderes llamados Joseph Canales y Francisco García... " 39
La interminable y asoladora guerra contra los indios impidió el desarrollo
del comercio en el Nuevo Reino durante más de dos siglos. No sabemos con
qué fundamento dice Fray Vicente Santa María, refiriéndose a los años de
1686 a 1688: "Durante, pues, este tiempo de tranquilidad (?), (el gobierno
de1 Conde de Monclova) y de bonanza con los bárbaros, lograron aquellos
nuevos pobladores del mucho tráfico de tejidos de algodón y de lana, con
otras obras de la industria de América y muy poco de las de Europa por
pieles de venado, de berrendo y de dbola, de que los indios se hacían en su
cuantiosa ca7.a de estos animales, y también en abundante acopio de sal, que
los mismos indios conducían de la costa a los lugares poblados por los espa"

ISRAEL

., JsaAEL

u Vrro Au:ss10 RoBLEs, Coahuila y Texas en la Epoca Colonial, p. 221.

424

ÜAVAZOS

GAllZA,

CPdulario autobiográfico de pobladores del

·ueYo

Reino de León (inédjto) .
•

CAvAZos

GARZA, "Algunas caractt"rÍSticas

JUAN BAUTISTA Cn.\PA,

de los pobladores", pp. 469 y 470.

Hútoria, p. 245.

425

�ñoles. Estos se aprovechaban al mismo tiempo de los conoc1ID1entos prácticos de los salvajes para discernir los lugares aptos donde se facilitara la extracción de plata y otros metales en aquellas sierras inmediatas, habiendo
logrado por este medio bonanzas bastante pingües, de que hay todavía reliquias en los Reales de Boca de Leones y Sabinas". -1&lt;1 El cuadro que presenta
el Padre Santa María es muy halagüeño; pero ¿ en qué se basa? Los documentos que conocemos correspondientes a esos años no lo confirman de ninguna manera. Además, decir que los nómadas tenían conocimientos prácticos
para conocer los yacimientos metaliferos, no tiene tampoco el menor fundamento.
El mayor obstáculo para el desarrollo del comercio, sin considerar la escasa población y su general pobreza, era la gran inseguridad de los caminos. El
que unía a Monterrey con Saltillo estaba siempre amenazado por los indios
de guerra, en los años de 1667 y 1668, casi era imposible transitado. En
1674 don Nicolás de Azcárraga prohibió que se transitase el camino de Río
Blanco por las hostilidades de los indios y, a pesar de todos los empeños puestos en la empresa, el camino de la Huasteca no tenía ningún tráfico por la
misma razón. ' 1
Y entramos en un círculo vicioso: la escasa y pobre minería no atrajo a
los mercaderes y no llegó a crearse un activo comercio. Las dificultades que la
guerra contra los indios ofrecían al desarrollo del comercio, fueron un seno
obstáculo para el desenvolvimiento de la minería.

BREVE RESMA
DEL ARCHIVO PARROQUIAL DE LA CATEDRAL DE MONTERREY
ToMÁs MENoIRICHAGA CuEVA
Sociedad N uevolconesa de Historia, Geografía y Estadística
Monterrey, Nuevo León

II
Libros de Bautismos 3, 4 y 5: julio de 1703 - marzo de 1731.
EsTOS TRES UBROS están encuadernados en un solo volumen. En general,
se encuentran en mejor estado de conservación que los dos anteriores.
El libro tercero de bautismos empieza a fines de julio de 1703 y acaba a
principios de marzo de 1716.
El libro cuarto se inicia el 15 de julio de J 711 -ya explicaremos esto-- y
termina a principios de septiembre de 1723.
El libro quinto abarca desde mediados de septiembre de 1723 hasta mediados de marzo de 1731.

LIBRO

3

DE BAUTISMOS:

JULIO DE

1703 -

MARZO DE

1716

En el primer folio aparece manuscrita la siguiente leyenda: "Libro del licenciado don Ger6nimo López Prieto, de su cargo de Cura Beneficiado de
este Nuevo Reino de León, donde se asientan Jos bautismos de las personas
de su feligresía desde el año de mil setecientos y tres''. 1

'" FRAY VICENTE SANTA MARÍA, Relaci6n Histórica de la Colonia del Nue110 Santander y Costa del Seno Mexicano, pp. 445 y 446.

426

1
La última partida registrada en el libro segundo de bautismos es del 19 de diciembre de 1702, como afirmé en el .número 3 de H umanitas. Por lo tanto, faltan los
baut_izos de enero a junio, inclusive, del año 1703. Quizás también falten algunas
partidas de fines de diciembre de 1702.

427

�Este libro tercero de bautismos empieza en el folio 1 y termina en el 144.
Los folios, en general, se encuentran numerados, pero en algunos ya no existe
el número por estar destruidas las esquinas del margen superior derecho. En
otros con dilic.ultad se distingue el número del folio debido al efecto de la
humedad. Los folios 4, 4 vuelta y 10 vuelta están en blanco.
En la numeración de los folios se cometieron algunos errores: el folio 91
fue anotado dos veces consecutivas; el que tiene marcado el número 129 es
en realidad el 128, ya que éste no fue anotado. y el folio 132 tampoco fue
marcado.
El folio 83 fue cortado con navaja, seguramente por haberse deslizado algún yerro al asentar las partidas, dejando tan sólo una fe de bautismo.
Hay cierto desorden cronológico en la anotación de las partidas.
Este libro contiene cerca de 950 partidas de bautismo sin numerar. En
casi todas se anotó la fecha de nacimiento, cumpliendo la disposición que
dio el Obispo don Juan de Santiago de León Garabito a fines del siglo XVII.
Las partidas aparecen firmadas por los curas siguientes: bachilleres Jerónimo López Prieto, Marcos González Hidalgo, Juan de Larrea, Rodrigo de
Arizpe, Juan de Arellano, Miguel Cantú, Antonio Ramón y doctor José Martínez Guajardo.
En este libro tercero aparecen los bautizos de los primeros nuevoleoneses
que ostentaron los apellidos Arizpe, Domínguez, Marroquín, Mier, Morales
y Salinas. También están registrados algunos vástagos de la ilustre familia De
León, que durante más de medio siglo había residido en la villa de San Juan
Bautista de Cadereyta. Otras familias muy antiguas del Nuevo Reino de León,
que habían vivido fuera de los límites de Monterrey, en las villas de Cerralvo
y Cadereyta, se encuentran anotadas en los libros parroquiales de esta ciudad muy posteriormente. En este caso se encuentran las viejas familias de
conquistadores y pobladores que llevaban los apellidos Abrego, Arriola ( así
debe ser y no Arreola), Barrera, Chapa, Guzmán, Leal y Valdés. Hago notar que los apellidos Femández Vallejo y Ramos de Arriola, originariamente
compuestos, se transforman en Vallejo y Arriola.

EN

En el folio 62 vuelta, en el auto de la visita efectuada a esta ciudad a mediados de julio de 1709 por el licenciado don Francisco Santos de Oliveros
Visitador General de la Diócesis, aparece una importante noticia: la capilla'
de San Francisco Javier "al presente sirve de parroquia, por estarse reedificando la (iglesia) principal .. ." (Esta capilla, erigida a principios del siglo
XVIII por el P. Jerónimo López Prieto, se encontraba en la esquina noroeste de las calles ahora nombradas Escobedo y Morelos).
En el auto de visita del Arzobispo Camacho y Avila, en julio de 1712,
todavía se asentó que la capilla de San Francisco Javier "sirve de parrochia" y,
más adelante, en el mismo documento dice que "sirve de parrochia por estarse fabricando la (iglesia) principal..." (Folios 100 y vuelta). En el citado auto de visita, folio 105, se aclara: "la iglesia parroquial de este Colegio de San Francisco Xavier, que sirve de parroquia..."
Desde el folio que aparece marcado con el número 130, y que es en realidad el 129, a partir de marzo de 1715, se comenzó a poner con algunas variantes hasta el 7 de enero de 1716, que los bautizos eran "en la Capilla del
Señor San Francisco Xavier. que hoy sirve de Parroquial de esta Ciudad de
1 uestra Señora de Monterrey ... "; son, precisamente, las 56 partidas que
firmó el bachiller Antonio Ramón. Pero desde el folio 137 vuelta hasta el
140, ya no se anotó el lugar en donde se hacían los bautizos. Por fin, en el
auto de visita del doctor don José Codallos y Rabal, Visitado1· General del
Obispado, en marzo de 1716, que aparece al final del libro, se volvió a asentar que la mencionada capilla "al presente sirve de parroquia por estarse reedificando la (iglesia) principal. . /' 2
Algunos bautizos inscritos en este libro se hicieron en las capillas del valle
del Guajuco (villa de Santiago), La Pesquería (villa de García), Santa

DÓNDE SE HlCrERON ESTOS BAUTIZOS

El primer bautizo, fechado el 30 de julio de 1703, se dice que fue hecho
"en la Parrochial de esta Ciudad", que es actualmente la Catedral de Monterrey, aunque en las demás partidas de ese año no lo aclaren. Las partidas
del año siguiente se inician con esta nota: "Año de mil setecientos y cuatro,

428

del libro de asientos bautismales de este curato de Monterrey". En casi todas aparece que los bautizos se hicieron "en esta Parrochial" o bien
"en la Parrochial desta Ciudad". También se dice solamente 11 en esta Yglesia". En los años siguientes no se tuvo el cuidado de anotar este dato, quizás
pensando que bastaba con la firma del cura, que aparece al pie de cada fe
de bautismo.

' Como hemos visto, la parroquia de Monterrey se i.nstal6 en la C.'lpilla de San
Francisco Javier, por Jo menos, de 1709 a 1716.
El doctor don José Elcuterio González (1813-1888) da, sin precisar, la misma noticia: "Por los años de 1704 a 1710 '"irvi6 esta Capilla de Parroquia, porque se habían
quemado las otras Iglesias". (Apuntes para la Historia Eclesiástica de las Provincias que
formaron el Obi.ipadó de Linares. Monterrey, 1887. Página 353).

429

�Catarina, Las Salinas (Salinas Victoria), en el Pueblo de Tlaxcala y el valle
del Carrizal ( Marín) .8

Al.oUNAS PARTIDAS DE BAUTISMO NOTABLES

En el folio 79 está registrado el bautizo (9 de julio de 1710) del ilustre
nuevoleonés don José Salvador Lozano, hijo legítimo del Alférez don Nicolás Lozano y doña Juana García, a quien también nombran a veces doña
Juana de la Garza. Don José Salvador Lozano fue Alcalde Ordinario de
Monterrey en 1758, ocupó el cargo de Teniente de Gobernador del Nuevo
Reino de León y obtuvo el grado de General en los reales ejércitos de Su Majestad. Contrajo matrimonio en dos ocasiones y procreó dieciséis hijos. Testó
en esta ciudad el 26 de febrero de 1773 y murió el 23 de octubre de 1777.
En una fe de bautismo fechada el 29 de mayo de 1715 (folio 133 vuelta),
aparece por primera vez en estos registros parroquiales escrito el nombre de la
antigua hacienda de Santa Catalina como ahora se conoce, o sea Santa Catarina. También aparece así en otra partida fechada el 20 de diciembre del mismo
año y en el auto de visita del doctor don José Codallos y Rabal, Visitador General del Obispado (marzo de 1716). Pero en el folio 12 vuelta (junio de 1704)
aún aparece escrito Santa Catalina.'
En el folio 135 vuelta hay dos bautizos que hizo el Venerable Padre Fray
Antonio Margil de Jesús, a principios de octubre de 1715, en la capilla de
San Francisco Javier de esta ciudad. Y en el folio 136 vuelta aparecen otros
dos que hizo en la capilla del valle del Guajuco (villa de Santiago), a mediados de octubre del mismo año.
Por último, en el folio 137 se encuentra la fe de bautismo (8 de diciembre
de 1715) de otro ilustre nuevoleonés: don José Joaquín de Mier Noriega,
hijo legítimo del Escribano Real don Francisco de Mier Noriega "hombre
de noble esplendor y natural de los Reinos de Castilla", y de doña María
Margarita Buentello de Morales, "natural de esta ciudad, matrona noble,
descendiente de distinguida ascendencia ... " Don Joaquín de Mier obtuvo el
grado de General en los reales ejércitos de Su Majestad. Ocupó en distintas
• El único bautizo de este libro que fue hecho, con licencia, en el Convento de San
Francisco de 'Monterrey, "por inconvenientes que hubo . .. ", aparece en el folio 39
vuelta.
• El licenciado don Santiago Roel (1885-1957) dice: ''No hay datos para precisar
cuándo comenzó a llamársele Santa Catarina". (Nu,vo Lt6n. Apuntes hi.st6ricos. Primera edición. Monterrey, 1938. Tomo II. Página 37. Asl aparece en las demás ediciones de la obra).

430

ocasiones los cargos de Teniente de Gobernador y Gobernador Interino del
Nuevo Reino de León, habiendo sido además Procurador General del Ayuntamiento reinero en 1746 y Alcalde Ordinario de Monterrey en 1752, 1755,
1763 y 1773. Este caballero contrajo matrimonio tres veces y procreó quince hijos, entre ellos Fray Servando Teresa de Mier Noriega y Guerra. Murió
en esta ciudad a principios de octubre de 1790 y fue enterrado el 4 del mismo
mes y año en el Convento de San Francisco.

EDICTOS Y AUTOS DE VISITA

Desde el folio 40 vuelta hasta el 43 aparece, en testimonio, un edicto del
Anobispo Camacho y Avila, expedido en la ciudad de Guadalajara el 12 de
mayo de 1707.
También en testimonio se encuentra una carta del mismo prelado, fechada en la villa de Jerez (Zacatecas) el 10 de mayo de 1709 y dirigida a los
vicarios, curas beneficiados y ministros de doctrinas, en los folios 61 y 61 vuelta.
A mediados de julio de 1709 se asentó ( folios 62 vuelta a 66 vuelta) el
auto de la visita efectuada al Nuevo Reino de León por el licenciado don
Francisco Santos de Oliveros, Secretario del Arzobispado y Visitador General de la Diócesis. En los folios 65 y vuelta aparecen importantes noticias
inéditas sobre el colegio seminario, anexo a la capilla de San Francisco Javier
de esta ciudad: ''Reconoció dicho señor Visitador que el dicho colegio de
niños inmediato a la capilla de San Francisco Xavier, que está sirviendo de
parroquia, tiene siete cuartos en conveniente forma y un patio grande en
que hay algunos materiales para proseguirlo. Y que el dicho cura interino y
vicario juez eclesiástico ( bachiller Jerónimo López Prieto) vive en el dicho
colegio con veinte colegiales, los cuatro de hábitos clericales y a los seis lee
Teología Moral y a los demás que son catorce lee Gramática el bachiller
Juan de Arellano, presbítero". 5 El licenciado Santos de Oliveros ordenó que
1 El bachiller don Juan de Arellano fue Comisario del Santo Oficio de la Inquisición y de la Santa Cruzada, cura en encomienda de la ciudad de Montcrrry y vicario
juez eclesiástico de ella y de las villas de Cadereyta y Cerralvo. Siendo "cura propio
de la villa del Saltillo", se le dio cristiana sepultura en la parroquia de Monterrey el
21 de abril de 1728 y antes "recibió los sacramentos ... " (Libro 4 de entierros, años
1728-1743, folio 8 vuelta. Mismo Archivo Parroquial de Catedral). Este personaje
seguramente fue hijo legítimo del Capitán Nicolás de Arellano y doña Lucía de la
Gana, nacido en el Nuevo Reino de León el 26 de diciembre de 1685 y bautizado
en la iglesia panoquial de esta ciudad el 6 de enero de 1686 con los nombres de Juan
Esteban. {Libro 2 de bautismos, años 16 79-1 702, folio 46 vuelta. Mismo Archivo).
0

431

�cada dos meses informara el cura "que es o fuere de esta ciudad, habiendo
oportunidad, por carta a Su Señoría Ilustrísima del cumplimiento de todo lo
referido, el estado de la feligresía, iglesia que se está fabricando y todo lo demás que convenga para el remedio que necesitare. Y así lo proveyó y firmó".
(Folio 66 vuelta).
Edicto fechado en Guadalajara el 6 de junio de 1711, en los folios 88,
88 vuelta y 89.
Edicto fechado en la misma ciudad el 22 de marzo de 1711, del folio 90
vuelta hasta el 92.
Edicto fechado en Guadalajara el 3 de junio de 1712, desde el folio 96 hasta el 98 vuelta.
Auto de visita del Arzobispo de Guadalajara Doctor don Diego Camacho
y Avila, en julio de 1712, del folio 99 vuelta al 108 vuelta. En el folio 101
vuelta se encuentran otras noticias inéditas: "Reconoció Su Señoría Ilustrísima que el dicho colegio seminario ( de Monterrey) tiene adelantados más
cuartos de los que tenía al tiempo de dicha visita ( del licenciado Santos de
Oliveros), todo muy decente y en conveniente forma, con algunos materiales prevenidos para proseguir la obra. Y que dicho vicario cura interino como rector vive en dicho colegio con doce colegiales de beca, las seis mercenarias y las otras seis porcionistas, con otros niños estudiantes en hábitos de
secular, que todos pasan de veinte. Y se lee en dicho colegio cátedra de Filosofía por el bachiller don Juan de Arellano y la de Gramática por el bachiller Pedro Regalado Treviño, subdiácono. 6 Visitó Su Señoría Ilustrísima el
cuaderno con las Constituciones de dicho colegio y licencia para su fundación, dada por Su Señorla Ilustrísima, que se halló en conveniente forma".
También ordenó el mismo prelado que le informaran, entre otras cosas, acerca de la "iglesia que se está fabricando". Hay importantes datos de la visita pastoral que hizo a la villa de San Juan Bautista de Cadereyta. Y "por
hallarse Su Señoría Ilustrísima enfermo y haberse reconocido que para pasar
adelante se hallaron los caminos sumamente cerrados de monte y ser necesario mucho tiempo para abrirlos, se volvió a la Ciudad de Nuestra Señora de
Monterrey, cabecera de este Nuevo Reino de León ..." (Folio 103 vuelta).
Luego consultó los libros de bautismos, casamientos y entierros de "la parroquial de indios borrados del Convento del Señor San Francisco de esta
Ciudad de Monterrey...", pero no visitó "la dicha parroquial de indios por
hallarse quemada y sin depósito del Santísimo Sacramento ni pila bautis• El bachiller don Pedro Regalado Báez de Treviño, nijo legítimo del General
Francisco Báez de Treviño y doña Catalina de Maya y Treviño, fue bautizado "de
onsse d1as nacido" en la iglesia parroquial de Monterrey el 30 de marzo de 1701.
(Libro 2 de bautismos, años 1679-1702, folio 132 vuelta. Mismo Archivo).

432

mal, aunque estuvo en el dicho Convento" (Folios 104 vuelta y 105). En seguida se asentó: "El día veinte y seis de este dicho mes de julio, festividad
de la Gloriosa Santa Ana, en la iglesia parroquial de este colegio de San
Francisco Xavier, que sirve de parroquia, celebró Su Señoría Ilustrísima órdenes menores extra tempora y ordenó a los siguientes: de la primera clerical tonsura a don Francisco Vallejo y Francisco Xavier Galván, de la primera clerical tonsura y cuatro menores órdenes a Nicolás Prieto de Villela, José de Zcrtuchc, Matías de Aguirre, Pedro Galindo, José Antonio Vallejo,
José García, Francisco Flores de Valdés, Nicolás de Aguirre, Luis de Aguirre,
José de la Garza 7 y Lucas de la Garza. Todos colegiales de este seminario
del Señor San Francisco Xavier, los seis mercenarios y los otros seis porcionistas. Y el dicho Lucas de la Garza vecino de esta ciudad y todos originarios de este Nuevo Reino de León, villa del Saltillo y Provincia de Coahuila".
Edicto fechado en Monterrey el 27 de julio de 1712, en los folios 109 y
vuelta.
Edicto fechado en esta ciudad el 31 del mismo mes y año, en los folios
109 vuelta, 110 y 110 vuelta.
Por último, auto de visita en marzo de 1716 del doctor don José Codallos y Rabal, Visitador General del Obispado, en los folios 141 a 144. Los
dos últimos folios de este documento, o sean el 143 y el 144, son también los
últimos del libro tercero de bautismos y se encuentran destrozados. Se asentó, entre otras cosas, lo siguiente que ya he citado: "1a iglesia de la capilla de
San Francisco Xavier, que al presente sirve de parroquia por estarse reedif icando la (iglesia) principal..." 8 y, enseguida: "dicha capilla que, como dicho es, sirve de parroquia... " (Folio 141). Se dice, por fin, que "están los
caminos infestados de enemigos, que impiden el paso para los curatos circunvecinos..." (Folio 142 vuelta).
' ¿Será el mismo licenciado don José Garza Falc6n, abogado de la Real Audiencia
de México y Rector del Colegio Mayor de Santa María de Todos Santos de la misma
ciudad en los años 1741 y l 742? ( Gacetas de México. Secretaría de Educación Pública. México, 1950. Volumen III. Página 278).
1
Es muy probable que la construcción de la actual Catedral de Monterrey se baya
iniciado a principios del siglo XVIII. Lo cierto es que existi6 un templo primitivo,
que tenía bautisterio, sacristía, puertas de madera, techo de teja y una torre comenzada; esta pequeña iglesia sufrió constantes reparaciones. En el número 3 de Humanitas publiqué por primera vez la única descripción que se conoce de este templo,
según los autos de visita de 1673 y 1681.
Por lo tanto, no son exactas las afirmaciones del doctor Gonzálcz de que durante el
gobie~o de don Martín de Zavala (1626-1664) "se comcnz6 a hacer la Parroquia que
~oy suve de Catedral ..." Y agrega: "Con tanta lentitud se siguió después, que medio
siglo más tarde aún no estaba en estado de servir..." Así, también es errónea la deducción que hace el núsmo autor: "Tardó en concluirse esta Iglesia, a lo menos, ciento

433
H28

�LIBRO

4

DE BAUTISMOS: JULIO DE

1711 -

SEPTIEMBRE DE

1723

En el primer folio de este libro existía un encabezamiento manuscrito, del
que sólo ha quedado lo siguiente: " .•. año de mili se ... y once".
Desde el folio l hasta el 12 hay en total 102 partidas sin numerar, pero no
son de Monterrey; abarcan del 15 de julio de 1711 al 16 de diciembre de
1716. Estas partidas de bautismo no siguen un estricto orden cronológico y
van firmadas por el bachiller Miguel Can tú del Río y de la Cerda.0 Inexplicablemente, las partidas no aclaran en dónde se hicieron los bautizos. Sin
embargo, en otro auto de visita del doctor don José Codallos y Rabal, que
aparece enseguida, se dice que estos bautismos de criollos, tlaxcaltecas y castas son de los valles de Salinas (Salinas Victoria) y del Carri7.a1 (Marín), en
donde era teniente de cura el bachiller Cantú, "con residencia en el valle de
las Salinas. . ," Debo aclarar que los dos primeros folios están muy deteriorados y algunas partidas no se pueden consultar.
Enseguida, en el folio 13, se encuentra un curioso aviso: "Desde hoy se
comienza en esta ciudad de Monterrey, donde es la cabecera y son las partidas de toda la jurisdicción, como se siguen en )a plana siguiente, asentando
los (bautismos) que se hallan en papelitos, que se han hecho mientras los
libros han estado visitándose".
Por un lamentable descuido tampoco se aclaró en las partidas de esta ciudad. desde abril de 1716 hasta fines de octubre de ese año, en dónde fueron
hechos los bautizos. De ahí en adelante, hasta el final de este libro, se dice
con alguna~ variantes: "en la parroquial desta ciudad", "en la parroquial de
Monterrey'', etc. Pero muchas veces olvidaron los curas anotar el dato.
Algunas partidas de bautismo no fueron firmadas por el cura; varias se encuentran tachadas y otras aparecen inscritas al margen con letra muy pequeña.
A principios de septiembre de 1716 hay un folio mal encuadernado. pero
se encuentra en su sitio.
El folio que contiene los bautizos de fines de noviembre y principios de diciembre de 1718, está desprendido del libro.
Están registradas casi 970 partidas sin numerar, que aparecen firmadas por
dncue-nta años". (.Apuntes para la historio eclerid.stica de las Provincias que formaron
el Obispado de Liruml''. Monterrey, 1887. Páginas 349, 350 y 352).
• El bachiller don Mi~el Cantú fue originario del Nuevo Rl"ino de Lr6n. Hijo
legítimo del Capitán Jet6nimo Cantú y doña Beatriz de Víllarreal. quienc contra•
jeron matrimonio el 8 de mayo de 1680 "en la capilla del real de las Salinas", hoy Salinas Victoria. Nieto en línea paterna de otro Capitán Jerónimo Cantú y de su esposa
doña Juliana de Treviño, antiguos conquistadoTes y pobladores del Nue,;-o Reino de
León.

434

los curas licenciado Jerónimo López Prieto y bachilleres Miguel Cantú, Juan
de Arellano y José Galván. Algunos bautizos fueron hechos en las capillas mencionadas de los valles del Carrizal, el Guajuco, la Pesquería, las Salinas, Santa Catarina y, por primera ,;•ez en estos libros parroquiales, en los valles de
Nuestra Señora de Guadalupe y de la Pesquería Chica. En este libro se encuentran los bautismos de los primeros nuevoleoneses que llevaron los apellidos Del Bosque, Gómez, Melo, Robles, Saldaña y Urdiales.
El libro cuarto de bautismos del Archivo Parroquial de la Catedral de Monterrey termina en el folio 113 vuelta. Sólo se encuentran numerados cinco folios. De éstos: nada mis el número 33 está correctamente anotado en el folio
correspondiente.

PARTIDAS DE BAUTISMO INTERESANTES

En este libro existen los bautizos de una hlja y un hijo del preclaro nuevoleonés capitán Clemente de la Garza Falcón y de su esposa doña Manuela
Guerra, efectuados el 14 de agosto de 1717 y el 27 de julio de 1719. Don Clemente fue uno de los diecinueve hljos leg-ítimos del Sargento Mayor Francisco
de la Gana Falcón y doña Leonor de Rentería y llegó a ser Gobernador de la
Provincia de Coahuila de 1735 a 1739.
El 15 de enero de 1721 fue bautizada María Llzarda ( así dice) , hija legítima del cirujano francés don Pedro de Fee y de su esposa doña Gertrudis Rodríguez de Montemayor, de antigua familia del valle del Guajuco. 10
Varios bautizos fueron hechos. con licencia, en la parroquia de Monterrey
por el nuevoleonés P. Ignacio de Treviño, S. J., Rector del Colegio de la
Compañía de Jesús de esta ciudad. En otros bautizos aparece como padrino.
El P. Fray José Guerra, "misionero apostólico". también impartió con licencia el santo sacramento dc.I bautismo en la parroquia rcgiomontana. Este célebre misionero franciscano era sobrino del Capitán Ignacio Guerra, genearca
o fundador de su apellido en Nuevo León, quien fue originario de la ciudad
de México e hljo legítimo del Escribano Real Antonio Guerra Cafiamar y
doña Luisa Hemández de Riof río. Don Ignacio entró al Nuevo Reino de
León en el año 1659, contrajo matrimonio dos veces, procreó diecisiete hijos y
murió en Monterrey el 7 de diciembre de 1701.
El 25 de diciembre de 1718 aparece registrado un bautizo hecho, con licencia, por el P. licenciado Lucas de las Casas. Este ilustre nuevoleonés fue abo10

Noticias inéditas acerca de éste y otros facultativos, en mi trabajo Médicos y
Hospitales tn el Nutvo Reino de León. Humanitas, núm"ro 2

435

�El primer folio, que contenía la carátula manuscrita, ahora se encuentra
gado de la Real Audiencia de México, canónigo doctoral de la Catedral Metropolitana y consultor del Tribunal del Santo Oficio de la Inquisición de la
Nueva España.U
A fines de febrero de 1718, mediados de junio y fines de julio de 1723 es
mencionada cuatro veces la hacienda de Santa Catarina. Ya no vuelve a aparecer con el antiguo nombre de Santa Catalina, que había tenido desde su origen a fines del siglo XVI.

El apellido Arriola, desde esta época, empieza a ser escrito incorrectamente, como ahora se usa: Aneota. La primera vez que así aparece es en una fe
de bautismo fechada el 20 de agosto de 1717.

AUTOS DE VISITA

Como se ha visto, hay otro auto de visita del doctor don José Codallos y
Rabal, fechado en esta ciudad el 17 de marzo de 1716, en los folios 12 vuelta y 13.
El 7 de enero de 1719 se asentó el auto de visita del doctor don Diego de
Estrada Carvajal y Galindo, primer Marqués de Uluapa, Visitador General
del Obispado, quien reconoció las partidas de este libro cuarto de bautismos
y "las halló en conveniente forma, la cual mandó Su Señoría se observe en
lo de adelante, poniendo en ellas el día en que las criaturas nacieren". Aparece enseguida una breve referencia a la parroquia, hoy Catedral: "por estarse haciendo la iglesia no visitó la pila, por estar el bautisterio embarazado
y mandó que cuanto antes se ponga con toda decencia". Al pie de este documento se encuentra la vigorosa firma del ilustre Visitador: El Marq.s de
Uluapa.

LIBRO

5

DE BAUTISMOS: SEPTIEMBRE DE

1723 -

MARZO DE

1731

Este libro empieza en el folio 2 y concluye en el 90. Los folios están numerados y en orden, pero los cinco primeros se encuentran parcialmente destruídos; no es posible consultar algunas partidas. Los últimos folios, desde el
81 hasta el 90, tienen corregida la numeración.
11 ..A.utores nuevoleoneses. Dr. D. Lucas de las Casas de la Mota y Flores, por el historiador don Israel Cavazos Garza en lnter Folia, órgano mensual de la Biblioteca Universitaria "Alfonso Reyes", mano de 1960, número 69.

436

casi totalmente destruido.
Este libro consta de cerca de 640 partidas de bautismo sin numerar, que
firmaron los curas bachilleres Juan de Arellano, José Galván, José de la
Garza, Matías de Aguirre y Bartolomé Molano. 12
Los bautizos fueron hechos, en general, en la parroquia de Monterrey, hoy
Catedral. Otros se hicieron en Jas capillas de las haciendas mencionadas en
los libros anteriores y uno fue "en la capilla de arriba del valle de las Salinas . .." (Folio 35 vuelta). También aparecen registrados dos bautizos que se
efectuaron en la hacienda de San Pedro (Garza García) a principios de septiembre de 1727.
El nuevoleonés P. Ignacio de Treviño, S. J., Rector del Colegio de la
Compañía de Jesús de esta ciudad, de quien ya hemos tratado, impartió el
santo sacramento del bautismo, con licencia, en distintas ocasiones. (Folios 4,
4 vuelta, 11, 11 vuelta, 12 vuelta y 26).
Aparecen registrados en este libro los primeros nuevoleoneses que llevaron las apellidos Padilla (folios 10 vuelta y 20 vuelta) y Vela (folio 18). El
apellido compuesto Rodríguez de Quiroga, que es más antiguo, se transforma en Quiroga.

ALGUNAS PARTIDAS DE BAUTISMO INTERESANTES

En estos registros parroquiales aparecen varios bautizos de hijos de indios
otQmites ( otomíes).
Otro hijo legítimo del capitán Clemente de la Garza, futw·o Gobernador
de la Provincia de Coahuila, y doña · Manuela Guerra se encuentra anotado
en el folio 4 ( noviembre 23 de 1723) .
La palabra rancho se menciona por primera vez en una fe de bautismo
fechada el 17 de noviembre de 1724 (Folio 16). 13
EJ bautizo de otro vástago del cirujano don Pedro de Fee y doña Gertrudis Rodtíguez de Montemayor se encuentra registrado en el folio 47 vuelta
(27 de noviembre de 1727).
Por último1 en el folio 6 aparece registrada la fe de bautismo de una niña,
12
En los folios 57, 57 vuelta y 73 vuelta aparecen tres partidas de bautismo que
firmó, además del cura Aguiue, el bachiller don Juan Báez de Treviño, que fue quien
impartió el santo sacramento.
u Esta palabra rancho aparece, además, en los folios siguientes: 27 vuelta, 31
vuelta, 61 vuelta, 62, 65 1 68, 69, 69 vuelta, 76, 77, 78, 78 vuelta, 79, 82 , 83 vuelta
Y 86 (dos veces).

437

�hija de una india borrada de nombre Jacinta, a quien se bautizó con los
nombres de Ana María en la parroquia regiomontana (hoy Catedral) el 2
de febrero de 1724, "en atención a que no carezca dicha criatura del beneficio espiritual del bautismo... ", ya que habiendo solicitado al P. Fray Cristóbal Jarana, "doctrinero de los indios neófitos de esta jurisdicción", para
que le impartiera el santo sacramento, se supo que había salido de ella "dejando su iglesia desierta de ministro... " Esta fe de bautismo se asentó mediante una diligencia ante el Capitán Juan Bautista de Zaldúa Maguregui,
Notario Público. En los folios 7 y vuelta se encuentra una "providencia" del
bachiller don Juan de Arellano, referente al mismo asunto.

EmCTos

Y AUTOS DE VrsrrA

El incidente anterior dio motivo para dejar asentado en este libro de bautismos (folios 7 vuelta a 10) un "testimonio auténtico" del auto proveido casi ochenta años antes, el 20 de agosto de 1648, por el doctor don Juan Ruiz
Colmenero, Obispo de Guadalajara. en la hacienda de San Francisco (hoy
A podaca, u evo León) . Este valiosísimo documento inédito y la "providencia'' del bachiller Arellano van como apéndice al final.

por número sino por letra. Y que las partidas las firme el cura aunque haga
los bautismos su teniente y los que no hiciere éste sino otro con licencia de
dicho cura los firme éste y el que hiciere dicho bautismo y no el teniente sino
en caso de legítimo impedimento. Así lo proveyó, mandó y finn6. '' Enseguida aparece un minucioso "Inventario de alhajas y ornamentos" de la sacristía
de la parroquia de Monterrey, hoy Catedral (Folios 52, 52 vuelta y 53).
Se encuentra inmediatamente un c.xtenso "Auto de Visita de la Iglesia Parroquial" (Folios 53 a 56), donde se asienta que el Obispo Gómez de Cervantes "halló estar todo en conveniente forma. .. " Se cita por primera vez
el campo santo, que ya no existe: "en el cementerio, en el lugar que pareciere
conveniente al dicho cura, haga un osario en donde se recojan los huesos que
se sacaren de las sepulturas y se trasladen a él. Y en un día de los de la Octava de los Difuntos se entierren en sepultura" (Folio 54 vuelta). Se menciona~ solamente de paso, sin dar mayores detalles, "la parroquia de indios
de esta ciudad", o sea el convento franciscano de Monterrey, y "la iglesia de
Nuestra Señora del Nogal", o del Roble (Folio 55 vuelta).

APENDICE I
Partida de Bautismo de Do1t José Joaquín de Mier

En el folio 14 aparece un "despacho" del Deán y Cabildo Sede Vacante
de la Santa Iglesia Catedral de Guadalajara. fechado en esta ciudad el 21
de marzo de 17N.
Carta Pastoral del Ilustrísimo Sr. Dr. don Nicolás Carlos Gómcz de Cervantrs. Obispo de Guadalajara fechada ahí mismo el 13 de octubre de 1727.
(Folios 49 vuelta a 50 vuelta).
Auto de visita del mismo ilustre Obispo Gómez de Cervantes, fechado
en Monterrey el 16 de febrero de 1728, en los folio 51 vuelta y 52. Ordenó
que ''en las (partidas de bautismo) de adelante se ex-prese el origen y calidad de los bautizados y el día que nacieron, el domicilio y vecindad de sus
padre . Y que en todas las dichas partidas se exprese haberse advertido a 1os
padrinos 1 parentesco y obligación de enseñar Ja doctrina cristiana a los
ahijados. Y que Juego que se acabe cada bautismo
asiente Ja partida, con
que se evitará el inconveniente de que se a ienten después partidas entre (espacios) blancos que quedan entre partida y partida y en los márgenes y el
gravísimo de que se olviden algunas y de omitir y dejar en blanco el nombre
de los bautizados... Y mandó, asimismo, Su Señoría Tiustrisima no se dejen
blancos en los libros sino que se asienten las partidas consecutivamente. Y que
las fechas de los días y años en que se hicieren los bautismos no se pongan

oriega

t

Al margen: José Joaquín, español legítimo.

En la capilla de Señor San Francisco Javier, en ocho de diciembre de
setecientos y quince años, el Reverendo Padre Francisco Ortiz, Rector de la
Sagrada Compañía de Jesús, con mi licencia bauti26 solemnemente (y) puso
los santos (óleos) y crisma a José Joaquín, de diez y ocho días nacido, hijo
legítimo de don Francisco de Micr Toriega, Escribano Real, y de Margarita
BoteUo, españoles y vecinos de esta ciudad. Fueron sus padrinos don Francisco García Soberón y doña Lui~ Flores, a quienes se advirti6 el parente co
y obligación de la doctrina cristiana. Y para que conste lo firmé. Hecho ut
supra
DoN ANTO

t

no RA

IÓN

Libro 3 d Bautismos, años 1703 - 1716, folio 137.

438

439

�Auto de Visita del Ilmo. Sr. Dr. D. Juan Ruiz Colmenero,
Obispo de Guadalajara

APENDICE II
Auto del Bachiller Don Juan de Arellano. Monterrey, febrero 9 de 1724
En la Ciudad de Nuestra Señora de Monterrey, en nueve días del mes de
febrero de mil setecientos y veinte y cuatro años.
El señor Bachiller don Juan de Arellano, Comisario del Santo Oficio de
Ja Inquisición y de la Santa Cruzada, Cura en encomienda de dicha ciudad,
Vicario Juez Eclesiástico de las villas de Cadereyta y Cerralvo en el Nuevo
Reino de León.
Sin embargo de la providencia dada el día dos del corriente .P?r la ausencia del Reverendo Padre Fray Cristóbal Jarana del _Real, _mm1stro ~octrinero, quien salió con pretexto de empadronar los indios dejando. desLerta
Ja cabecera sin encargarla a Su Merced (el Bachiller Arellano) ro a otro
sacerdote alguno, por cuyo motivo dio Su Merced p~vi~encia de q_ue se
bautizase una párvula india de nación borrada en la (1gles1a) parroqwal de
esta ciudad, para que no careciese del beneficio del bautismo ni cesase la
propagación espiritual, dijo que por cuanto_ ~ch~ ~everendo Padre_ ha vuelto de su viaje y pretende advocarse más 1unsd1cc16n de la que tiene: pretendiendo la administración de los indios naboríos estantes en las haciendas
de los españoles, malentendido de las determinaciones de los Ilustrísimos Señores Obispos y especialmente del auto proveído a los veint; de agosto del
año pasado de mil seiscientos y cuarenta y ocho ~or el senor Doctor don
Juan Ruiz Colmenero, Obispo que fue de GuadalaJara, que por no ( estar)
derogado por ninguno de los Ilustrísimos Señores Obispos sucesores de Su
Ilustrísima antes sí vigorizado por muy expresamente y por todos mandado
observar ~ la cláusula general que se acostumbra, tiene fuerza de estatuto.
y por estar distintamente e."&lt;presa y con gran claridad puesta la distinción
de feligreses de este territorio, mandaba y Su Merced ~and6 que ~l presente
Notario ponga a continuación de este auto en este libro de bautismos, testimonio auténtico de dicho auto y, puesto que sea en toda forma, saque otro
desde el principio de esta providencia para dar cuenta a Su Señoría Ilustrísima el Muy Ilustre Señor Venerable Deán y Cabildo Sede Va~te para
que en su vista mande lo conveniente. Así lo proveyó, mandó y f mnó, por
ante mí el presente Notario de que doy fe.
DON JUAN DE AR:ELLANO

Hacienda de San Francisco (ho,y Apodaca, Nueuo Le6n),
agosto 20 de 1648
En veinte días del mes de agosto de mil seiscientos y cuarenta y ocho años.
Su Señoría el señor don Juan Ruiz Colmenero, Obispo de Guadalajara, Reinos de la Nueva Galicia y (Nuevo) León, del Consejo de Su Majestad, prosiguiendo su Visita General de dicho Obispado, llegó a esta hacienda de San
Francisco, que es del Capitán Blas de la Garza y dista tres leguas de la ciudad
de Monterrey, y visitó la capilla de su advocación, sita en la dicha hacienda,
la cual halló estar con la debida decencia para la celebridad de la misa, administración de los otros santos sacramentos y entierros de los indios naboríos de ella. Y vista la licencia del Ilustrísimo señor don Leonel de Cexvantes
'
su antecesor, 1 con las otras confirmatorias del Padre Maestro Fray Miguel de
Alvarado, Juan Magano y don Pedro de la Cerda, Visitadores, y la Composición de Cruzada que le fue exhibida con todos los papeles de lo demás referido, dijo que confirmaba y confirmó en todo la dicha licencia como en
ella se contiene por el tiempo de su voluntad y sin perjuicio del derecho parroquial del cura beneficiado de la cabecera. Y que para evitar los pleitos que
se suelen ocasionar de la confusión, se notifique al cura beneficiado e interino que al presente es, cumpla con las Constituciones Sinodales nuevamente
publicadas, en lo que toca a la debida administración de todos los estantes
y habitantes en la dicha hacienda de cualquier estado y calidad que sean y,
particularmente, en cuanto a hacer cada mes su visita, decir misa por lo
menos una vez en la dicha capilla, reconocer la doctrina y acudir por su
misma persona siempre que sea necesario a los demás efectos de su ministerio. Y que si, por hallarse impedido o por otra legítima excusa, hiciere
algunos con la intervención de otro ministro secular o regular, cuide mucho
de escribir en su propio libro los autos que hicieren, para que siempre conste
haberse hecho por conrisión o permiso del dicho cura beneficiado, porque
parece haber habido descuido en esto y en cuanto a la celebridad de las fiestas, después de los dichos decretos de visita y publicación primera de dichas
Constituciones.
Item, que asimismo se notifique al dicho Capitán Blas de la Garza, en
cuanto es parte como dueño de la dicha hacienda y patrono de la dicha

Ante mí
JUAN BAUTISTA DE Z.uoÚA MAoUREGUl

Notario Público.

1

El Obispo don Leonel de Cervantes vino al Nuevo Reino de León en su visita

pastoral, en eJ año 1635.

441

440

�capilla, cumpla y haga cumplir en todo lo determinado en el dicho auto de
visita del dicho señor Doctor don Leonel de Cervantes y en el de los otros
Visitadores y último de Su Señoría, no dando lugar a que ninguna otra persona secular ni regular, con ningún pretexto ni color que tenga, administre
en la dicha capilla y hacienda a ninguna persona en perjuicio del derecho
cierto del dicho cura beneficiado, antes siempre le reconozca por tal para
la debida administración. Y si por alguna causa de las referidas o las que
pueden suceder se valieren para algunos actos de administración, celebridad
de misas y los demás, sea y se entienda con la dependencia y beneplácito del
dicho cura beneficiado y acudiéndole como a tal con las debidas obvenciones,
según derecho, cédulas de Su Majestad y arancel común público, con apercibimiento que lo contrario haciendo se procederá a la exclusión de las penas
impuestas en dichas Constituciones y a las demás que tengan lugar en todo
rigor de derecho.
Item, por cuanto al padre cura regular del convento de San Francisco
de la dicha ciudad de Monterrey y al de la villa de Cerralvo y al de la villa
de Cadereyta, por otro nombre la Villa Nueva, les toca la administración
de los naturales, vecinos de la dicha ciudad y villas, y de las rancherlas de
indios que no están agregadas ni asistentes como irvientes o laborantes en
las casas, haciendas, estancias de labores o ranchos t de españoles, negros,
mulatos o mestizos, cuya administraci6n toca al dicho cura beneficiado, según y como la tuvo siempre el propietario en la primera cabecera de este
Reino, en cuanto a lo eclesiástico, en la villa del Saltillo, y la disposición
de los Breves Apostólicos y Cédulas de Su Majestad y según que aparece en
lo expresado en el dicho auto de visita del Ilustrísimo señor don Leonel de
Cervantes y confirmaci6n de los demás.
Su Señoría mandó que, sucediendo el caso de haber en el contorno de esta
dicha estancia de San Francisco alguna ranchería o rancherías o jacales de
indios que no sean pertenecientes, como laborantes ni en otra manera, a la
dicha estancia ni a otra, ni sirvientes de españoles, negros o mulatos o mestizos vecinos de la dicha ciudad o de algunas de las dichas villas y que para
su c6moda administraci6n y entierro de los que murieren se halle muy distante alguna de las iglesias de los dichos padres curas regulares y pr6xima la
de esta dicha estancia u otra que tenga licencia para enterrar indios, cualquiera de los dichos curas regulares a cuyo partido toque el rancho o jacal
en que se hallaren los que como dicho es fueren sus feligreses, les pueda administrar y administre los santos sacramentos y enterrar a los que murieren
' En este documento de mediados del 1iglo XVII ya apartce mencionada una vez
la palabra "rancho", en singular, y tres veces en plural.

442

en l a ~ de esta dicha estancia o en otra más vecina, como queda declarado, 11D ~ue sea ~ perjudicar en manera alguna al derecho de dicho
cura beneficiado, a qwen propiamente toca el administrar en las pillas d
,
ca
e
dichas
. . estancias a sus p~pios feligreses españoles, mulatos, negros, mestizos
e mdios naborios pertenecientes en cualquier manera a la asistencia
· ·
d las baci das
.
y SCJ'VlClO
e
en , estancias Y ranchos y labores propios de españoles negros
mulatos o mestizos como dicho es.
'
'
Así lo decreto y mando y que, todo lo dicho tocante a la dich admin'
'6
la ..1:~- •
a
istraCJ n Y ~
ummc16n de los feligreses que tocan al dicho cura beneficiado
Y a los dichos curas regulares, sea y se entienda por la misma raz6n y fundamento y los demás que están expresados en los tocantes a las ._,. ·
d
las · 1 •
•
... .....ciones e
tg ~ . ~arroqmales d~ _este dicho Reino, que reconocieron por cabecera
en el eJ~1c10 de _la admin~6n de t~os los dichos feligreses a la iglesia
parroquial de la villa del Saltillo, en la dicha ciudad de Monterrey y villas de
~ v o y Cadereyta y haciendas de labores, estancias y ranchos de los espan~les, negros, ?1ulatos o mestizos del dicho Reino. Juan, Obispo de GuadalaJ~ Ante m1, don Francisco de la Rosa, secretario.
~ dicho dia, por la tarde, hizo Su Señoría el auto pontifical de las conftrmaaones Y. confinn6 ciento y cincuenta y cinco personas de la dicha estancia
y otras veanas a ella

En veinte Y. uno de dicho mes dijo Su Señoría misa en la dicha capilla y
acabada, volVJ6 a hacer confinnaciones y confinn6 en ella cincuenta
·'
hab. d dad
y se1S
personas,
ien o
o orden para que el Padre Fray José Sánchez conven~al de San Fz:ancisco de la ciudad de Monterrey, que se hall6 p~te,
bau~ a las mas de ellas que eran indios, hijos de padres gentiles, en el
intenn. que el cura beneficiado le asistía a Su Señoría en otros ministerios.
~ dich~ dia, por la tarde, confirmó Su Señoría nueve personas en esta
~cha hacien~a, ~e que doy fe. Don Francisco de la Rosa, secretario. En el
, mes Y ano dichos leí y notifiqué el auto de estas fojas al bachiller José
cura beneficiado interino de este dicho Reino, y al Capitán Bias
, a Garza, en sus personas a cada uno por lo que les toca. Y habiéndolo
oido Y entendido dijeron que lo guardarán y cumplirán como en .1¡
ti
T •
e se coneDf:. es~os d?n _Marcos Ruiz Colmenero, don Jacinto Beltrán y Vega y
don ~rancisco Rmcon, estantes en esta dicha hacienda, de que doy fe. Don
FrancJSCO de la Rosa secretario.
. Concuerda
d
con su on'ginal, que se halla en la licencia de capilla de la hacienrcfi
a de San F ~c1SCo,
·
Y corre d esde la tercera hasta ]a cuarta foja a que

:: tceves,

me . ero, de donde yo el presente Notario lo saqué. Va cierto y verdadero
~ o = Y concertado Y a lo \'er sacar, corregir y concertar fueron testigo;
ler don José Galván, teniente de cura de esta (iglesia) parroquial,

443

�José Rodríguez y José Blas de la Garza, presentes y vecinos de esta ciudad, en
donde es hecho en once días del mes de febrero de mil setecientos y veinte y
cuatro años, de que doy fe.
En testimonio de verdad
JuAN BAUTISTA oe ZAr.oÚA MAoUREGUl

Notario Público.

Tic. C01. Tranquilino Cortés.

444

�DIARIO DE OPERACIONES DEL SITIO DE PUEBLA
TENIENTE CoRONEL TRANQtm.lNO CoaTis

( 1827-1869)

A LA BIBLIOGRAFÍA SOBRE EL Smo DE PUEBLA ( 16 de marw-17 de mayo de
1863), episodio de los más brillantes de la Intervenci6n Francesa, pueden
sumarse los innumerables documentos existentes en los archivos oficiales, así
como los epistolarios de algunos de los jefes y oficiales participantes en éste,
Entre los nuevoleonescs que concurrieron al sitio, figura el teniente coronel
Tranquilino Cortés Quiroga, soldado que, aunque de no muy vasta cultura,
tuvo el acierto de tomar nota diaria de las acciones de annas tenidas en
este lapso,
El interesante manuscrito, integrado por 6 folios tamaño oficio, escritos
en apretada caligrafía, tuvimos la suerte de localizarlo entre algunos papeles
familiares, pertenecientes a don Tranquilino Cortés, nieto y hom6nimo del
soldado republicano, residente en la ciudad de Galeana, Nuevo León.
En esta misma población del sur de nuestro estado nació Tranquilino Cortés, el 8 de julio de 1827. Fueron sus padres: Gregorio G. Cortés y Juliana
Quiroga. Durante la Guerra de Reforma, militó bajo las 6rdenes de Mariano
Escobedo y José Silvestre Aramberri, hasta alcanzar el grado de mayor, que
el presidente J uárez le ratificara en septiembre de 1861.
Durante la intervención francesa militó en el Ejército de Oriente, y con
fecha 3 de diciembre del mismo año de 61, pasó a formar parte del estado
mayor del General Ignacio Zaragoza. Como ayudante de éste, asistió al combate de las Cumbres de Acultzingo y a la gloriosa batalla del 5 de mayo de
1862, en Puebla.
A la muerte del General Zaragoza, pasó a servir a las órdenes del General
Domingo Gayoso, con quien concurrió al sitio de Puebla, en 1863, y particip6 en la defensa de los fuertes de Guadalupe y Loreto.
Rendida la plaza y hecha prisionera toda la oficialidad mexicana, el ma-

445

�yor Tranquilino Cortés fue deportado a Francia y confinado en la ciudad de
Tours, durante más de dos años. Al obtener su libertad, después de innumerables penalidades, logró regresar a su patria, por la via España-Nueva York;
presentándose inmediatamente al Gral. Escobedo, quien le confirió el ascenso
a teniente coronel.
Con este grado participó en las operaciones del Ejército del Norte, hasta
la caída del Imperio. Con la restauración de la República, le fue concedida
su baja y pudo volver a su pueblo natal, del cual fue electo alcalde constitucional en 1868. Allí murió el 2 de marzo de 1869.
El Diario de Operaciones escrito por Cortés, contiene observaciones y datos
de gran importancia; extendiendo sus notas hasta algunos de los días vividos
en el exilio. Por ello y por conmemorarse en 1963 el centenario del Sitio de
Puebla, Humanitas acoge en sus páginas el precioso manuscrito.
IsRAEL

CAvAzos

caballerías del Gral. Aureliano, que, en tiradores, cargaron hasta meterlos al
Rancho Colorado y a San Pablo, frente a Santa Anita. A las cuatro de la
tarde llegó el grueso del enemigo a esos puntos, y avanzó para el cerro de
San Juan, hasta tomarlo. Posesionados ya ellos de él, se pusieron [a] hacer
trincheras en el acto, y pusieron la bandera. Tuvieron algunos muertos y heridos. Cerró la noche sin más novedad que de ellos se pasaron 5.
Día 19. Pasaron muchos trenes de artillería y víveres, por el camino de S.
Aparicio, S. Pablo y Rancho Colorado, donde tienen un campamento como
de 41000. Protegiendo la pasada para el cerro de San Juan, hubo lijeros tiroteos y algunos cañonazos. Ya tiraron con sus piezas algunas bombas al Carmen, que solo alcanzaron 2. Cerró la noche y ya ellos quedaron fuertes en
San Juan, con bastante artillería. Por el lado del Sur movieron un tren como
de 60 carros con fuerza, y se replegaron a la garita de Amozoc. Sin novedad.
Se pasaron 3.

GARZA

DIARIO DE OPERACIONES
Puebla de Zaragoza, mar,:o 16 de 1863.

Día 16. Llegó el ejército francés a las goteras de Puebla. A las nueve de la
mañana se acampó en medio del cerro de Amaluca y la hacienda de los
Álamos, sobre el camino; y luego tomaron las alturas y comenzaron [a] hacer
trincheras. A las 12 avanzó un grueso de fuerza por San Aparicio, como de
ocho mil hombres y alguna artillería. A las cinco de la tarde se arrimaron
cuatro columnas hasta cerca del cerro de Guadalupe, que permanecieron hasta en la noche. No hubo novedad.

Día 20. Siguen pasando por ambas dos partes sus trenes, y siguen las caballerías nuestras tiroteándolos por todas partes, y sigue la deserción de ellos
metiéndose a la plaza. No hubo novedad, mas se pasaron 60 de los argelinos
de caballería a Comonfort y 13 suavos.
Día 21. A las 9 y media hubo un tiroteo y cañonazos por el camino de
Teotimihuacán, frente al Fuerte, con los que protejían el paso de sus cerros.
A ~as tres de la tarde siguió el tiroteo y cañonazos a una fuerza que intentaba
atrincherarse en el llano. Y por el fuerte de Santa Anita se les hicieron varios
muertos, con nuestra artillería, a una fuerza que vino [a] hacer reconocimientos. Para volver corría para atrás a su primer campamento. Por la
noche salieron nuestras caballerías fuera del sitio.

y alguna artillería, quedando en el alto multitud de carros, piezas y bastante
fuerza que [es] infantería y caballería. No hubo novedad.

Día 22. [Ha] habido tiros de cañón en Ingenieros, en el Carmen, al cerro
de San Juan donde nuestros artilleros metieron algunas granadas causándoles
muertos. Lo mismo por e.l Parral y San Javier ha durado el tiroteo todo el
día. A las 6 de la tarde subió una fuerza como de 500 franceses a las lomas
de Tepozúchil. Hoy se pas6 un clarín de los franceses. En la noche Ilovió y
todo quedó en silencio. Sin novedad.

Día 18. Avanzó una fuerte columna, atravesando el llano de Puebla, frente
al fuerte de Zaragoza y el de Ingenieros, por el camino de Teotimihuacán.
A las 10 del día se dieron una tiroteada con nuestras caballerías, en el llano.
Hubo algunos heridos y muertos de unos y otros; y se acamparon los enemigos en el llano, donde está una lagunita. A las dos de la tarde las fuerzas
que avanzaron por el Norte intentaron tomar el cerro de San Juan, que está
por el camino de Méjico, y f ueroo rechazados por algunos cañonazos y las

Dla 2~. Toda la línea enemiga ha estado quieta hasta ahora, que son las
12 del d1a, que han estado cañoneándose por el Carmen y el Parral. Se obse~an movimientos de tropas de San Juan para Amaluca, con carros; y lo
mismo por el poniente. El cañon~o duró toda la tarde de San Javier para
San Juan, Y siguió toda la noche para San Matías, donde estaba posesionado
parte del _enemigo. Hoy mismo entró el Gral. Carvajal y Cuéllar a Cholula,
dond e fusilaron porción de traidores.

Día 17. Avanzaron una fuerza a la hacienda de Álamos, parte de carros

446

447

�Dla 24. Ha seguido el cañoneo en los mismos puntos, basta las 6 de la
tarde, que hubo noticias que el Gral. Comonfort había derrotado 5,000
franceses.

las 5 rompió el fuego de fusilería, que duró hasta las 8 y 25 minutos de la
noche muy nutridísimo. Este ataque lo dieron con cosa de 16 mil hombres,
sobre los fuertes San Javier, el Parral y San Pablito. Ha seguido el bombardeo

Día 25. A las tres de la mañana se rompió el fuego de cañón y fusilería
por San Javier y el Parral, que duró hasta las 4 de la mañana, que por el
Norte, al frente de Loreto, se arrimó una columna enemiga que fue tiroteada por el 3er. Cuerpo de Toluca. A las 5 de la tarde hubo otro cañoneo
en los mismos puntos, y cayeron dos granadas en la plaza de armas sin causar
ningún mal. En la noche, por caminos cubiertos, se arrimó el enemigo a los
fuertes de San Javier, el Parral y el Carmen con piezas. Hoy se cogió un
sargento de los traidores por los exploradores¡ ha declarado varias cosas.

tocia la noche, habiendo logrado el enemigo, por medio de caminos cubiertos,
asaltar el fuerte de San Javier, por medio de un puente que pusieron. Fueron
rechazados muchas veces con bastante pérdida. Quedó allí el enemigo, sin
cogemos ni una pieza ni parque. El ataque fue brnsco.

Día 26. A las 4 de la mañana se rompió el fuego de artillería del enemigo,
por los mismos fuertes, y fue contestado por nosotros. Este duró una hora,
nutrido; y sigue pausado. Como a las cuatro de la tarde rompió el enemigo
el fuego de artillería de San Matías y del camino de Méjico y por la Garita
de Cholula, con cosa de 18 piezas sobre los fuertes de San Javier, el Parral
y el Carmen. tste duró hasta las 6 y media de la tarde, muy nutrido, habiendo echado la mayor parte de ·sus bombas a la ciudad. Y siguió el tiroteo
de cañón, y a las siete de la noche se rompió el fuego de fusilería y piezas
ligeras, una columna enemiga, que intentó asaltar esta misma línea, y fue
rechazada por nuestra reserva, haciéndoles muchos muertos y heridos en
media hora; a más se les hicieron bastantes prisioneros.

Día 27. Amaneció {el) enemigo en el Molino de Morales, siendo éstos de
los que estaban en AmaJucan y los Álamos.. En el día ha habido sus cañonazos por todas partes. A las cinco de la tarde hizo el enemigo un fuego
de cañón, muy vi\'o, sobre San Javier y el Parral y Santa Anita; y siguen
trabajando sus caminos cubiertos, con direcci6n a Santiago. A las once de
la noche se echaron sobre los mencionados fuertes cosa de 5,000 hombres,
los cuales fueron rechazados haciéndoles muchos muertos y heridos y quedó
frustrado su asalto. Esto duró hora y cuarto.
Dla 28. Apareció un campamento enemigo por Reventería, y fue tiroteado
por los Exploradores de Zaragoza a las 10 del día, que con unos tiros de
cañón que de Guadalupe Ies dispararon, corrieron los traidores y invasores,
caballerías y infantería. El tiroteo de cañón duró todo el día en San Javier
y el Carmen. A las 9 y media de la noche intentaron asaltar y fueron rechazados de la trinchera a puros tiros de fusil, que hizo nuestra fuerza muy vivo
fuego.

Día 29. Sigue el bombardeo. A las cuatro de la tarde fue más nutrido. A
448

Dfa 30. Siguió el bombardeo en la ciudad. A las 5 de la tarde salió una
columna del campamento de Agua Azul, y, unida con los de San Juan,
intentaron otra carga. y fueron flanqueados por 2,000 infantes y 400 caballos de nosotros y se les estorbó. Solo sigue el cañoneo toda la noche.

Día 31. Siguen los fuegos por el mismo punto asaltado, siendo éstos cañón
y fusilería. Hoy salieron los ministros americano y el inglés a ver a Forey,

por las bombas que estaban causando muchos males en las casas, y volvieron
desairados del gabacho, diciéndole que todos eran bandidos, en el supuesto
de que todos le hacían la guerra; esto contestó el "civilizador".

Día Jo. de Abril. Sjgue el cañoneo y el enemigo que estaba en San Javier
ha comenzado a horadar para Guadalupe, y se dirigen a la Merced, Plaza de
Toros y el Hospicio. Hoy vino uno, con los americanos, de Forey.

Día 2. Jueves Santo. Ha seguido el fuego en las líneas, de fusil y artillería;
y se prepara un ataque por los invasores. A las 11 de la noche lo dieron,
logrando meterse hasta el hospicio, donde fueron rechazados por nuestras fuerzas, que mandaba el Gral. Porfirio Díaz; haciéndoles gran número de muertos y heridos. Se les quitó el punto y quedaron ellos en las líneas que antes
tenían.
Día 3. Viernes S. Siguió el cañoneo. A las 9 de la mañana se preparaba
una columna del cerro para atacar a las fuerzas del Gral. Comonfort; no

supimos el resultado. Como a las cinco de la tarde llegó un grupo de caballería a las lomas de Tepozúchil. Se les tiraron tres cañonazos del fuerte de
Zaragoza. En la noche siguió el tiroteo y bombardeo.

Dia 4. A las 5 de la mañana. Hizo un fuerte tiroteo el enemigo de fusil y
artillería, de San Javier, el Parral y Guadalupe, para nuestra linea, que estaba a cien metros de donde ellos están, y nada ha logrado el enemigo. No
avanzó. Sigue el fuego. A las siete y media de la mañana hubo un incendio
en el convento de San Agustín, por una granada de los que se titulan civilizadores (?) esto causó alguna alarma, porque por todas las ventanas del
convento salían llamas de fuego. Se apagó a las ocho y tres cuartos, hora en

449
H29

�que ya el enemigo había formado sus columnas para dar Ja carga y asaltar
nuestros parapetos, creyendo que nos asustaba el incendio. No efectuaron
su asalto, viendo nuestra serenidad y que no dejábamos de hacerles fuego.
Algunos franceses quedaron alü donde fue el incendio, unos a bala y otros
que los tapó una pared que se cayó. Siguen ellos echando bombas de incendio.
A las once pasó una fuerza como de dos mil franceses por el llano de Totimehuacán, como para el Tcpozúchil y cosa de 400 caballos y algunos carros.
A las tres de la tarde se cogieron a unos franceses que andaban robando
puercos gordos de la tocinería de la esquina de Miradores. Dejaron en nuestro
poder cosa de 60 carabinas con ma.rrasos y algunas cosas más. A las seis de
la tarde cesó el fuego.

Dia 5. Siguen las horadaciones y el fuego graneado con el enemigo que
está en el Hospicio; y éste ha sido sitiado allí mismo por nuestra fuerza.
Dicen que ha fusilado a Márquez en Cholula, Comonfort. A las dos de
la tarde bajó una fuerza de infantería y caballería del Tepozúchil y la corrimos a cañonazos. En la noche no hubo nada, por haber llovido.

Dla 6, a las cinco de la mañana. Se avistó una fuerza de caballería enemiga

ciudad, y principalmente para San Agustín; cesó éste a las seis y media de
la tarde. En la noche siguió el tiroteo de fusil y algunos cañonazos en la linea,
y no logró avanzar el enemigo. Hoy les quitamos trescientas mulas.

Día JO. Comenzó el bombardeo a las siete de la mañana; duró hasta las
nueve. En la noche hubo un tiroteo con unas fue~s que se dirigen al Cannen
poniendo sus paralelos.
Dia 11. Están quietos. A las cinco de la tarde hubo un tiroteo en el Carmen. En la noche siguieron los tiros de cañón, como siempre.
Día 12. A las seis de la mañana hubo un fuerte tiroteo de cañón y fusilería
por el Carmen; éste duró dos horas. En la noche, toda la noche, hubo tiros
de cañón y se logró desmontarle al enemigo tres piezas por Santiago, y ellos
nos desmontaron una. Dícese que el Gral. Comonfort les ha hecho algunos
muertos ayer.
Día 13. Están silencios. A las doce han comenzado a echar algunas bombas y .siguieron la noche. Hoy a las ocho de la noche salió O'Horan con las
caballerías fuera del sitio.

por el llano de Reventería, la que fue tiroteada por los Exploradores de la
Frontera, hasta las ocho de la mañana; y en la plaza seguían el bombardeo y
fusilería. A las cinco de la tarde cayó un aguacero con granizo, que cargó
más en sus campamentos el granizazo. Como a las siete o las ocho de la noche, emprendieron su asalto sobre la plaza, y después de tres empujes que
hicieron, de los cuales fueron rechazados por nuestros valientes soldados, fue
hecha prisionera la Primera Ciompañía de Suaves que tenía cuarenta hombres, y su capitán; con lo que hubo para que los invasores se retiraran sin
avanzar ni un palmo de tierra sobre la plaza.

Día 14. Siguen los tiroteos. Hoy se supo que Milán les tomó a Orizaba
y les ha quitado todos los víveres que allí tenían. A las dos de la tarde están
pasando cuadrillas de carros, del rumbo de Amozoc, por el Tepozúchil atravesando el llano de T otimehuacán. Hoy han reforLado los campamentos
de los Atamos y lomas de Tepozúchil. En la noche han estado quietos y sin
avanzar. Se dice que piensan irse ya.

Dia 7. Están tranquilos y parece que se preparan para otro empuje. Pas6
la noche y nada hicieron; hubo algunos tiros de cañón y fusil dutante la noche.

artillería y fusilería, del punto de San Baltasar para el Carmen e Ingenieros.
Se situó nuestra fuerza en el Molino, y con el fuego graneado de artillería
que se les hizo fue bastante para que los gabachos corrieran, dejando el punto
de San Baltasar. Toda la noche hubo cañonazos. A las siete de la noche se
supo que Comonfort había derrotado a ocho mil gabachos por Cholula y
les quitó catorce piezas y doscientas reses.

Dfa B. Ha habido por Rcventería tiroteos con las caballerías enemigas por
las nuestras. A las once y media hubo algunos cañonazos de Loreto y Guadalupe a las caballe_rías enemigas y corrieron. A esta hora están pasando
carros por la haciertda de Los Álamos, con dirección a San Juan. Toda la
noche han estado echando bombas y granadas a la ciudad y al fuerte del
Carmen.
Dfa 9. Siguen los tiros de cañón. A las doce pasó una caballería y un ganado de mulas por el llano de Totimehuacán, con dirección a los Álamos.
A las cuatro de la tarde comenzó un fuerte bombardeo del enemigo para la

450

Día 15. A las cuatro de la mañana comenzaron a echar bombas y algunos·

tiros de fusil, hasta las seis de la mañana. A las doce comenzaron otra vez
de la misma manera, y a las cinco de la tarde se trabó un combate reñido de

Día 16. Ha seguido el bombardeo. A las doce y media del día hubo un
ataque muy reñido en los Fuertes de San Agustín, el Carmen, San Baltasar
y los Redientes del Carmen. tste duró basta las dos de la tarde y fueron

rechazados los gabachos. Ha sido el cañoneo de unos y otros muy nutrido,
así como la fusilería. A esta hora están llegándoles carros a los invasores
al Cerro de San Juan. Por la noche hubo otros tiros.

451

�Día 17. A las seis de la mañana hubo un cañoneo del fuerte del Carmen
para San Baltasar. A las ocho empezaron a llegar carros y caballería de Amozoc para la hacienda de Álamos. Serán víveres del enemigo. Siguió el cañoneo
hasta en la noche, toda la noche, en el que salieron mal los gabachos.
Dia 18 de Abril. Ha seguido el fuego de cañón y fusilería casi general. A las
dos de la tarde se entabló otro combate del Crumcn Totimehuacán y el Parral
para San Baltasar, que es donde el enemigo está y por los lados donde traen
sus paralelas; éste duró hasta las cinco de la tarde. En Ja noche siguió el enemigo arrojando bombas y granadas sobre la plaza y a los fuertes. Hoy ha
habido noticias de que el Gral. Comonfort ha derrotado a una división enemiga, en medio de Atlixco y Cholula, quitándoles todos los víveres y cuatrocientas reses.

Dia 19. A las 4 de la mañana rompió el enemigo sus fuegos por San Javier,
el Hospicio y San Baltasar y de sus paralelos que dirigen por el Carmen y
Totimehuacán, el que fue contestado por nuestros soldados, haciéndolos correr, como siempre lo hacen, a las siete de la mañana, y siguieron arrojando
proyectiles. A las 12, hubo otro tiroteo de fusiles. A esta hora se supo que el
4o. Eocuadr6n de Zacatecas, que iba a hacer su salida anoche de la plaza, el
enemigo lo había batido por las barrancas de San Pablito, que habían hecho
la maror parte prisioneros. A las 3 de la tarde se trabó un combate casi general, pero donde cargó más, fue por el mezón de La Abeja, que había logrado avanzar algo el enemigo; pero, gracias al General Negrete, que con
una fuerza de las de reserva acudió pronto y logró echarlo fuera, en la noche
siguió el tiroteo de fusil y algunos cañonazos, alguna fuerza perdimos y lo
mismo el enemigo tuvo muchos muertos y heridos.
Día 20. Ha segLtido el fuego por todas partes, de caiíón y fusil. A las 2 de
la tarde ha sido más nutrido por San Agustín, el mesón de la Reja y toda la
manzana. Hoy se ha notado que pasan carros como para Amozoc. En la
noche hubo pocos tiros. Se advertía que trabajaban en las paralelas, porque
no salen a pecho descubierto. Sólo pelean como las tuzas, debajo de tierra.
Día 21. Hoy se cree que harán algún empuje, porque han de estar hoy más
borrachos que otras veces, por ser dia del Santo de Napoleón. A las cinco
de la mañana había un incendio en la pla-La de toros y la manzana que ocupan los gabachos. Son las 9 y nada han hecho; están borrachos. El incendio
les causó algunos males pues han perdido más de 100 gabachos, que se quemaron y se logró desalojarlos de los puntos que ocupaban. A las 12 del día
arrojaron algunas bombas, y han seguido sus disparos de piezas y tiros de
fusil, por San Javier y San Baltasar. Por el rumbo de Reventería hubo un

452

tiroteo con las avanzadas de caballería. A las 6 de la tarde hubo otro tiroteo
de Totimehuacán para San Baltasar. En la. noche hubo pocos tiros; estos
fueron por San Javier.

Día 22. A las 2 de la mañana hubo un tiroteo de cañones de Zaragoza
para la paralela de San Baltasar; y lo mismo de Tcotimihuacán para el mismo
rumbo; duró una hora. A las 6 de la mañana salió un batallón de nosotros
del fuerte de Ingenieros, para la Hacienda de Santa Marta, donde había
cosa de 500 gabachos; y llegaron los soldados de nosotros hasta la Hacienda
y se trabó un combate que duró hasta las ocho y m~dia de la mañana, que un
grueso de caballería enemiga venía en auxilio de los suyos, y ésta fue deshecha a los cañonazos del Fuerte de Zaragoza y el de Ingenieros, que eran
hien dirigidas sus punterías. Se retiró el enemigo a la carrera. Siguieron los
disparos de cañón por los alrededores de la plaza, aunque pausados, que
duraron toda la noche. Se observó que trabajaron mucho en sus paralelas.
Día 23. A las 5 de la mañana comenzaron los fuegos de cañón de Zaragoza
para el rancho de casa del Arroyo, y de Totimehuacán para San BaJtasar. Y
de las paraJclas de ese mismo rumbo también había tiros de cañón y fusil,
por la calle de San Agustin y la de Tecali, para San Javier. A las 6 de la
mañana salió una compañía de infantes de nosotros, a tirotear al enemigo
que está en esa casa del Arroyo, como a mil metros de los Fuertes de Zaragoza y de Ingenieros. Como a la media hora se trabó el combate, que duró
hasta las nueve de la mañana en que se retiraron nuestros soldados a sus
posiciones. Los invasores están alu aCO!,;idos y no salen; están entre agujeros
y paredones. A las 2 de la tarde hubo otro tiroteo para evitarles el que
avanrcn sus paralelas. Este duró hasta las 7 de la noche. Dícese que llrgaron
2,500 argelinos hoy; pero también dicen que son unos negros muy cobardes,
nomás ladronrs.

Día 24. A las 4 de la maiíana comenzó el cañoneo de Zaragoza para el Arroyo de las Lomas de Tepozúchil y la Hacienda de Santa Marta. A las 8
de la mañana se presentó por la garita de Amozoc, una fuerza y se observó
como que medían con cordeles. Ésta fue desalojada a cañonazos del cerro de
Guadalupe, en menos de media hora. A las once el tiroteo era casi general
por todas partes. A las seis de la Larde fue más nutrido el fuego por todas
partes. El enemigo arrojó sobre la plaza y sobre los puertos bastantes bombas
de 14 pulgadas y multitud de granadas, principalmente para San Agustín,
por Santa Inés, y para el Carmen. A las 7 de la noche cayó un aguacero y
cesa.ron los fuegos. A las 10 de la noche se trabó un combate frente al fuerte
de Zaragoza, y tuvieron que batir con la artillería y los fuertes de Guadalupe,
453

�Independencia y Zaragoza, logrando apagar sus fuegos de rifle a las 3 de la
mañana. A las 11 de la noche intentaron el asalto por San Agustín y el Carmen. El fuego era muy nutrido, tanto de cañón como de fusilería. tste duró
hasta que amaneció y han defendido nuestras tropas los puntos heroicamente.
El enemigo tuvo mucha pérdida y nada logró, pues hasta una mina que ellos
pusieron en Santa Inés, obró sobre ellos. En esto se conoce que el Dios de las
Batallas nos proteje y a ellos los castiga.

Día 25. Sigue el ataque a la plaza bastante fuerte, desde las 5 de la mañana que comenzó por tercera vuelta, a las 6 de la mañana salió una columna
del cerro de San Juan para el puente de México; a esa misma hora se nos
presentó otra columna por el rumbo de Amozoc, entre la Garita y Amalucan;
ésta fue rechazada a cañonazos del cerro de Guadalupe, a las 8 de la ma,í\ana.
A esta hora, están pasando carros del enemigo por el llano de Totimehuacán,
y el fuego sigue bastante fuerte en el convento de Santa Inés. Por último, el
enemigo se apoderó del punto y nuestros soldados los rechazaron, echando
abajo las paredes; y sobre los escombros los siguieron, haciéndoles multitud de
muertos y heridos, y haciéndoles a más 120 prisioneros y 4 oficiales. Esto fue
a las 11 del día y siguió el combate con más fuena hasta las doce y media,
que se desengañaron que las tropas de México pelean y defienden con entusiasmo su independencia. A las 6 de la tarde salió el Gral. Negrete con su
División, rumbo a Tlaxcala. Ha vuelto sin novedad en la misma noche y
todo ha estado en silencio.
Día 26. Comenzó el tiroteo de cañón a las 6 de la mañana. A esta hora,
están entrando al Hospital algunos franceses heridos, que están trayendo
nuestros soldados, de los que han quedado en Santa Inés, heridos en el asalto de ayer y no se pueden recoger todos los muertos por que no dejan de
hacer fuego los franceses, y se puede asegurar que hay más de 300 muertos
en la huerta de Santa Inés, todos franceses. A las nueve de la mañana ha
llegado por el camjno de Amozoc, una fuerza enemiga que tom6 el rumbo
para el cerro de San Juan; a la misma hora se presentaban algunas guerrillas
enemigas por Reventcría y San Aparicio, y a cañonazos del cerro de Guadalupe se han hecho contramarchar. El enemigo parece que se prepara para
otro ata.que. Se pasó el día y no lo efectu6. En la noche han estado quietos;
arrojan una que otra bomba a la plaza.

Día 27. A las 8 de la mañana han salido algunas guerrillas de franceses
por el camino de Tlaxcala y otras por Tepozúchil, las que han tiroteado las
guerrillas nuestras de San Javier, han arrojado algunas bombas para el centro y se observan algunos movimientos, como que se preparan para atacar

454

ahora. A las 2 de la tarde atacaron por tres partes que fueron San Agustín,
el Hospicio y Santa Inés, y fueron rechazados por nuestras fuerzas. El fuego
de cañón y de fusil era muy vigoroso, que duró dos horas. Por los demás
fuertes había cañonazos a esa hora, porque se creía ya sería general el ataque.
El enemigo tuvo alguna pérdida porque él pens6 sorprender, y él fue el
sorprendido. A las 5 de la tarde pasaban carros de Cholula para San Juan, y
para el rumbo de Amozoc, por el llano de Totimehuacán. En la noche no
hubo nada. El Gral. Negrete salió con una División al llano; volvió luego.

Día 28. A las 6 de la mañana han echado algunas bombas a San Agustín y de Ingenieros. Se les está haciendo fuego con piezas a los que están en
San Baltasar. Así ha seguido todo el día; en la noche, silencio.

Día 29. Al amanecer se han visto trenes que pasan rumbo a Amozoc y
bastantes carros custodiados con caballería. El enemigo sigue trabajando en
las paralelas y echando algunas bombas de a 14 a la plaza de Armas y al
~ospicio. Hoy corre la noticia de que mañana van a dar los franceses la
carga última. Nuestros soldados ya están preparados y con entusiasmo para
resistir y cargar sobre ellos. A las 6 de la tarde hubo un fuerte cañoneo, que
duró hasta las siete y media. La noche pasó s.in atacamos.
Día 30. Desde las 6 de la mañana comenzaron las bombas, hasta las
8 de la mañana. En el día hubo algunos cañonazos y tiroteo de fusil. El enemigo sigue trabajando fuertemente en las paralelas, de día y noche.

Día 1o. de mayo. A las 6 de la mañana hubo algunos cañonazos de Zaragoza para Santa Rosa y en la plaza, y así fue todo el día. Hoy ha comenzado
el enemigo a platicar con nuestros soldados cada cual en sus trincheras y
así oficiales ya son amigos. En la noche hubo fuertes tiroteos de fusil por
Santa Inés, el Hospicio y por la Merced. A este punto le echaron algunas
bombas.
Dla 2. En la mañana de hoy, han pasado para San Juan algunos carros
que vienen de Amozoc; parece que van de vacio, pues van ligeros. El enemigo sigue echando bombas a la ciudad. Hoy se ha dicho que Forey se fue
para Amozoc un poco malo y que atacarán el día 5. El día ha pasado con
pocos cañonazos. En la noche no ha habido nada.
Día 3. A las 4 de la mañana hubo algunos tiros de cañón casi en todos los

íuertes. A las 8 se acercó una fuerza enemiga a la Garita de Amozoc y se

hizo retirar a cañonazos del cerro de Guadalupe. Todo el día han estado
echando bombas los enemigos para la plaza y a los fuertes que están al frente
de ellos;
omo no han cesado los tiradores de rifle y de fusil por una y

455

�otra parte. Como a las cuatro de la tarde llegaron a la hacienda de los
Alamas unas partidas de carros del rumbo de Amozoc y éstos pasaron para
San Juan. Tocia la noche ha habido tiros de cañón y fusil.

Dfa 4. A las 5 de la mañana ha habido algunos cañonazos por San Baltasar y Totimehuacán, y en Santa Inés y el Ho picio. A las 10 hubo algW10s
caí1onazos de anta Anita y San Pablito, a los que vienen trabajando las
paralelas de la Garita del Pulque. A las 4 de la tarde pasaron como l 50
carros por los Alamos, rumbo a Amozoc. En la noche no hubo novedad.
Dfa 5. Al toque de diana_. han tirado lo fuertes 21 car1onazos cada uno,
celebrando el 5 de mayo del 62. El enemigo está quieto, como de luto. A
las 9 de la mañana sali6 una clh-isión de nosotros para el llano, que va a
Tla.-.:cala, llevando 18 piezas. Todo el día se han tiroteado con el enemigo
que está en Rancho Colorado, en San Aparicio y otra fuerza de traidores que
estaban en Reventería. ucstra f ucrLa se retiró a las 6 de la tarde. Hoy a
la 12 del día, ha ido el canje de nuestro .soldados, dando también a los
gabachos. Mucho se empeñó Forcy en el canje. Lo más del día ha habido
tiroteo en la ciudad. Hoy se esperaba el con\'O}' y al Sr. Comonfort y que
avanzara pero no entró. A las 11 de la noche han dirigido algunas bombas al
cerro de Guadalupe los franceses, y no lograron echar en la fortaleza ni una.
No hubo novedad.

Día 6. A las doce del día salieron dos brigadas y 12 pie.zas, al mando del
Gral. egretc para el llano, por donde pasa el camino para Tla.xcala y los
campamentos que tiene el enemigo en San Pablo, an Felipe y Reventería,
frente al fuerte de Loreto y el de Guadalupe. Luego que el enemigo vio la
columna nuestra, comenz6 a batirla con sus piezas rayadas, pero eran tan
mal dirigidas sus punterías que no los ofendieron en nada. uestras fuerzas 1
a más de los cañonazos que di pararon, les pusieron varias lineas en tiradores, Yi avanzando sobre ellos hasta las 6 de la tarde que se coooci6 que
el enemigo no abandona sus atrincheramientos para batirse en campo ra~o,
· e mandó retirar la columna nuestra. Se calcula que el enemigo arrojó sobre
nuestra fuerza como 300 bombas y granadas, sin utilizarlas. Hoy, como a
las 9 de la mañana, pasaron por Totimehuacán 4,000 hombres, con direcci6n a Amalucan. Esta fuerza salió del cerro de San Juan. En la noche hubo
algunos cai1onazos. Cayó una agua y todo quedó silencio.

Día 7. El fuerte de In enieros tiró algunos cañonazos al campamento que
tiene el enemigo en an Baltasar. A las 4 de la tarde t.iró el fuerte de Guadalupe algunos tiros a la iglesita de . anta Bárbara, donde está una fuerza
enemiga. El enemigo ha estado echando algunas bombas a I
laza, y a

456

las 6 de la tarde se dirigieron 8 granadas al cerro de Guadalupe y ninguna
de ellas llegó. En la noche hubo pocos cañonazos. Hoy se ha notado ya la
necesidad que hay.

Día B. Desde las dos de la mañana se oyó un fuerte tiroteo de cañ6n y
fusiles. con dirección a San Pablo del Monte. Este era de las fuerzas del
Gral. ·comonfort, que batía a un fuerte grueso de gabachos~ que le querían
impedir el paso con el convoy que traen a la plaza. El fuego duró hasta las
6 de la mañana. A c.~ hora .se preparaban dos divisiones, con bastante artillería para salir de la plaza en auxilio de nuestros hermanos, los del centro.
Todo el día ha habido tiro de cañón de los fuertes de Guadalupe, Loreto,
Independencia, Zaragoza e Ingenieros. A la plaza no le han tirado. Son [las]
8 de la noche y no se sabe nada de los resultados del combate de hoy. A
las 7 de la noche cayó una agua y toda la noche ha estado quieta.
Día 9. A las 6 de mañana ha comenzado a disparar algunos cañonazos el
fuerte de Ingenieros, sobre el pueblo de San Baltasar, campamento del enemigo. A las 8 de la mañana salió una fuerza francesa como de 8,000 ho~br?s,
por el camino de México, con un tren de carros como de 80, y artillena.
Estos se vieron llegar hasta Ocotlán. Creemos irá a batir al Gral. Comonforl
A las 12 ha tirado el enemigo, que está en San Miguel, como de 15 a 20
granadas, para el cerro de Guadalupe, y solo una cayó causando la muerte
de un soldado y dos capitanes heridos, uno de artillería y el otro de un cuerpo de Oaxaca. Son las 8 de la noche y no se sabe que haya vuelto la fuerza
enemiga, que salió esta mañana rumbo a México.

Dia JO. Hasta las 10 del día no hay ni un tiro. A las 12 comenzaron a
tirar de San Baltasar algunos cañonazos a Ingenieros, y de San Miguel echaron los franceses algunas granadas al fuerte de Loreto. A las 7 de la noche
comenzó a llover hasta las 8. A esa hora tiraron los franceses al fuerte de
Guadalupe algunas granadas.

Día 11. A las 7 de la mañana salieron uno carros de

an Juan, por el
camino de México, y a las diez y mt.'Clia contramarcharon en unión de los
que habían salido anteayer y una fue17.a grande otra vez a San Juan. Desde
las 12 d I día han hecho fuego de artillería los fuertes de Guadalupe, Independencia, Zaragoza, Ingenieros, El Carmen, Santa Anita y Lorelo1 sobre los
puntos donde están trabajando sus paralela.11 y atrincheramientos los franceses.
Este fuego duró hasta las 6 de la larde. De San Javier y San Miguel han
echado al~unas bombas y granadas a la plaza los franceses.

Día 12.

as 8 de la mañana ha comenzado otra

\."CZ

el cañoneo en todos

457

�sus fuertes en general, a los que pocos ha contestado el enemigo. Hoy, a
las 12 del día, ha dado orden el Gral. de artillería, para que cada media
hora se le tire un cañonazo al enemigo. Esto es general en todos los fuertes. En la noche ha seguido el fuego de artillería. A las 8 de la noche atac6
el enemigo los fuertes de Santa Anita, La Merced, San Javier y el Carmen,
toda esa línea, y a pesar de estar la noche tan oscura y lloviendo, salieron
nuestras fuerza.~ de los fuertes y fueron rechazadas las columnas enemigas a
las 2 horas. Toda la noche hubo tiros de cañ6n y de fusil.

Día 13. A las 8 de la mañana sali6 una fuerza de nosotros del fuerte de
Ingenieros a atacar una fuerza enemiga que estaba en Santa Marta y las
paralelas que están en el llano de Totimehuacán. El fuego de artillerla y
fusilería fue muy nutrido, por unos y otros, hasta las 11, que de todos los
campamentos enemigos venían fuerzas en auxilio de los franceses, se replegó
nuestra fuerza a sus posiciones haciendo fuego en retirada y con bastante
orden, dejando el punto donde habfan desalojado antes al enemigo. Por nuestra parte hubo alguna pérdida, por estar en un llano y el enemigo en vallados.
Siguió el tiroteo hasta las 5 de la tarde que comenzó a llover. A las 10 y
media· de la noche hubo una catástrofe en el fuerte de Independencia: al
sacar un cabo de artillería, un cohete de luz, de un cuarto donde había
parque de artillería, se le incendieron los cohetes y el parque, volando tres
piezas del ediiicio. Causó la muerte de un sargento, dos cabos, un soldado y una mujer; habiendo quedado en los escombros tapados de tierra
cuatro soldados y una mujer que a las dos horas se sacaron vivos y muy golpeados y más 12 soldados descalabrados.

Día 14. A las 8 de la mañana hubo algunos tiros de cañón del fuerte de
Guadalupe y el de Independencia, a una fuerza enemiga que exploraba el
campo por la garita de Amozoc. Ingenieros está echando cañonazos a cada
media hora al campamento de San Baltasar. En la noche no cesó el cañoneo,
basta las 11 y ¾•

Día IS. A las 8 de la mañana atravezaba una columna enemiga por el
llano de Totimehuacán con frente al fuerte de Ingenieros. Esta llevaba el rumbo
de Tepozúchil, no para Amozoc. Luego que se descubrió en el llano les rompió el fuego de artillería el fuerte de Ingenieros y Zaragoza. Como a las dos
de la tarde se puso un campamento del enemigo en la garita de Amozoc, de
cosa de 2,000 hombres y cosa de 18 carros. A las 4 de la tarde corrían voces
de que el general francés iba a entrar a la plaza, a conferenciar con el Gral.
Ortega mañana. Los fuegos no han cesado hasta las 7 de la noche. A las 10
empezó el fuerte de Ingenieros a disparar algunos tiros de cañ
bre unas

458

�trincheras que el enemigo ha estado poniendo a su frente. Eso fue toda la
noche.
Día 16. A las 6 de la mañana rompi6 el enemigo el fuego de artillería,
con 48 piezas, sobre el fuerte de Ingenieros, los Redientes y el Carmen. El
fuego fue muy nutridísimo, como si hubiera sido de fusil E\te dur6 hasta las
10 y ½, habiendo caído prisionero un coronel francés y cinco soldados, además de los muertos y heridos que tuvieron en la segunda línea o trinchera,
donde el enemigo tenia una baterla que apag6 sus fuegos e.l fuerte de Zaragoza. Siguen echando de San Javier granadas a la plaza de armas y algunas

bombas de incendio. A las 12 del día sali6 el Gral Mcndoza, cuartclmacstrc,
al campamento enemigo, a tener conferencia con el general francés. A esa
hora se volvió a romper el fuego de artille.ria en los mismos puntos que en
la mañana, con más que ahora batían a Zaragoza también el fuerte de lngmieros ha sufrido mucho el edificio. La fuerza que allí está se ha portado
muy bien. El fuego ha sido muy nutrido y cesó a las 6 de la tarde, que fue
cuando volvió del campo enemigo el Gral. Mendoza. A esa misma hora
pasaban cinco columnas del enemigo a reforzar la línea que han estado ellos
ocupando hoy, y se acamparon en el molino de Guadalupe, a\-anzando dos
de ~ columnas hacia donde tienen las baterías con que baten a Ingenieros.
Cerró .la noche. Hubo algunos tiros de caiión de Zaragoza.

Dfa 17. A las 2 de la mañana se comenzaron a llamar a los jcfes de los
puntos, para que recibieran 6rdent'5: y fue que para las 5 de la mañana estuviera roto el armamento, y nos presentáramos en palacio a las 8 de la
mañana. Así cerr6 el día 17 de mayo, }' fuimos prisioneros de guerra a las
8 de la maiiana 1,500 jefes y oficiales.
Dla 18. Estuvimos con guardia en palacio.
El 19 se entregó la plaza y entro el general francés.

El 20 nos sacaron de Puebla, a pie, a Amozoc.
El 21, a Acatzingo, a pie. Nos conducían turcos.
El 22, al Palmar. La posada fue un corral.

El 23, a Ixtapa, a otro corral.
El 24, Acultzingo. Otro corral y a pie.
El 25 llegamos a Orizaba. La posada fue el hospital de San Antonio. De allí
desertaron los generales.

El 26, alli en la noche se fueron 200. La población se port6 bien.

459

�El 27, a Córdoba.
28, 29, 30, 31, lo., 2 'Y 3, allí encerrados.
El 4 de junio, día de Corpus, salimos a Paao del Macho. Día de Corpus.
(sie). El 5 a Palo Verde. El dfa 6 a la Soledad. El 7, allí, y fuimos pagados
a 10 reales diarios, hasta el día 8. El 8, a la Tejerla.
De allí salimos el 9, a las 5 de la mañana, en ferrocaniles, hasta Veracruz,
al muelle. A las 8 de la mañana embarcamos en el vapor Dariln. Dormimos

en Sacrificios.

El 10 salimos en la fragata Ceres, a las 12 del día. El IS pasamos por
Campeche. El 17 por La Habana se vio el Morro y la farola. El 24, día de
San Juan, llegamos a la isla de las Bermudas. Perdimos seis días para hacer
carb6n de piedra y víveres frescos. De alU escnoí a mi casa por el (testado),
y salimos el 30, a las 12 del dia.
El dia 3 de julio murió uno de los compañeros, teniente, y fue echado al
mar el 4, a las 5 de la tarde, yo iba malo de fiebre amarilla, después de 25
diu de navegación. El d1a 5 murió un capitán, este caus6 mucha impresión
su muerte entre todos DOIOtroe.
El 17 pasamos las islas de las Azores, y el 17 entramos al canal de la
Mancha. En la navegación nos extravió un viento en la mar, cosa de setenta

Cont·ento de las Damas Bla,u as ) Pu ente. T ours, 1863.

leguas. Sufrimos muchas hambres todos. El 21 muri6 un teniente coronel,
a las 8 del día El 22 Uegamos a Brest, puerto. A las 3 de la tarde vimos
tierra y tuvimos gusto. El 27 desembarcamos en Loria, después de haber
pasado la cuarentena de costumbre que tiene todo buque por los enfermos.
Esta fue de 5 días. Allí dejamos 4 de los compañeros, en la isla del Muerto,
enfermos. A las 12 del día que saltamos a tiemi, entramos a los ferrocarriles,
para conducirnos a la ciudad de Toun, por orden del emperador, quien nos
mandó dar allí mismo 120 francos, como una gratificación. Esto fue a cada
uno de nosotros. A la una partió el ferrocarril. Pasamos por Nant&amp;, ciudad
muy bonita, a las 8 de la noche, y llegamos a Tours a las 12 y ½ de la
noche. Ese mismo día anduvimos como cosa de cien leguas. Por el gobernador
de la ciudad fuimos destinados a varios hoteles, donde se nos ha recibido
muy bien, como no lo esperábamos.
El 28 amanecimos como locos, mudos o sordos, porque ni a nosotros nos
comprendía nadie, ni nosotros comprendíamos lo que nos decían. Nomás decíamos güi güi, que en francés es sí. Era un papel de comedia. La multitud
de hombres, mujeres y muchachos, se aglomeraban cuando nos veían, como

Palaciu rlc: Ju ticia. Tuur , I BG3.

�cuando hay una cosa rara. Nos hablaban y nosotros nomás decíamos güi güi.
Para comer, por señas pedíamos como es el agua, cubiertos, el pan o vino.

El 30 dimos traza de comprar gramáticas francesas para enseñamos a
pedir siquiera lo más necesario. Esto no era todo en lo general. Algunos
compañeros parlaban francés y la mayor parte no. Ya tuvimos que estar en
la escuela. La mayor parte de los particulares nos han dado tarjetas y nos
han ofrecido su casa y se reúnen con nosotros. Nos llevan a los cafés; nos
tratan muy bien y con respeto. La tropa y oficiales de la guarnición nos
hacen los mismos honores que nuestros soldados; en todos somos distinguidos.
Aquí hay muy buena policía, buena educación, muy bonitos paseos y todo es
muy hermoso. No nos falta más que dinero para poder disfrutar de todos
los placeres. 'Estamos en absoluta libertad, nomás sin salir ni una milla fuera
de la ciudad. Ver los paseos, el lago y diversiones me entristecen, por no
estar con mi familia. El 29 de julio aboné en el hotel de Inglaterra por cien
francos por mes. [Por esas] condiciones se me da cuarto amueblado, desayuno
a las 8 de la mafiana, almuerzo a las 11 y comida a las 6 de la tarde; una
muda de ropa lavada a la semana, vino y fruta en las mañanas j 5 francos
por el garzón, el mozo para que baga el mandado y dé bola a las botas y
asee el cuarto; que estos ciento cinco francos serán pagados al fin del mes,
que se nos paguen cuarenta pesos en la Comisaría de Gendarmes, que es el
sueldo que se nos ha asignado.
El 15 de agosto hubo una gran función en París y en todas las ciudades
de Francia, que es el día en que el emperador Napoleón cumple 10 años de
estar en el imperio. En Tours hubo gran función y concurrieron algunos jefes
de los prisioneros al Te Deum.
Día 17 de agosto. En Tours se supo que los subalternos habían hecho un
escándalo en eJ punto donde están y que habían matado a uno de los compañeros, a más algunos golpeados; que los del escándalo serían metidos a
los calabozos.

El 18 comenzaron las aguas.
El 5 de septiembre llegaron otros prisioneros mexicanos, 22, y una mujer:
La Barragana.

El 10, a las 11 de la noche, llegó el empel·ador a Tours. Estuvo 20 minutos y se fue.
El 1o. de octubre se nos pagó en la gendarmería con 200 francos a cada
uno, con lo que abonamos algo de lo que debíamos de comida y ropa que
nos mandamos hacer.

461

�El día 8 hubo unas carreras muy concurridas. Corrieron caballos árabes

~~~

,

El día 12 corrían rumores de que ya nos iban a mandar a México en clase
de canje y salió nulo.
'
El día 13_ se pres_entó en Tours, un ayudante de Estado Mayor del emper~dor, con mstrucciones y algunos artículos escritos, para hacemos proposicmnes para volver a México, siempre presos, con tal que no nos habíamos de
mezclar en cosas políticas.

NUESTRA PRIMERA PtRDIDA TERRITORIAL

El 14 nos llamaron a todos y nos presentamos a las 8 de la mañana a la
casa del general. Allí se nos leyeron las proposiciones y se comenzó a llamar
a uno por uno. La mayor parte de nosotros no aceptamos, y unos cuantos
las aceptaron y se juramentaron.

El 1S nos citaron a las 8 de la mañana a la misma casa...

ALBERTO

MARL\

CARREÑO

t

que lo quitado a México por el tratado
de límites de 1848 con los Estados Unidos como consecuencia de la injusta
guerra que éstos nos hicieron para ampliar su territorio, fue la primera pérdida que sufrimos, desconociéndose que Inglaterra fue el invasor que aprovechó para sí lo que el gobierno virreinal habla descubierto y paseido.
ESTAMOS HABITUADOS A CONSIDERAR

En efecto: una serie de expediciones marítimas iniciadas por Cortés en
pleno siglo XVI habían extendido los límites de la Nueva España a lo largo
del Océano Pacífico, entonces conocido como Mar del Sur; y una de esas
expediciones descubrió Nootka, que escasamente conocemos por el estudio
formulado por el Br. D. José Mariano Moziño al finalizar el siglo XVIJJ,
a pesar de que existen valiosísimos documentos en el Archivo General de la
Nación respecto al descubrimiento del lugar y de su pérdida años más tarde
en favor de Inglaterra. Veámoslos siquiera en parte.
Fue el Alférez de Fragata don Juan Pérez el designado por el Virrey don
Antonio Bucareli y Ursúa para explorar las costas del Pacifico a partir de
Tehuantepec hacia el Norte, tocando Monterrey, el puerto que perdimos a
causa de aquella guerra.
Bucareli Je pidió que formulara un proyecto de expedición y con fecha lo.
de septiembre de 1773 lo rindió, proponiendo salir de San Blas, tomar altura
hasta los 45 ó 50 grados y de allí, al retroceder, hacer la exploración detallada, pues siete viajes que había hecho en aquellas aguas le habían hecho
comprender que era la mejor manera de practicar aquella exploración.
Aceptó el Virrey la idea, se emprendió el viaje, pero al avistar las costas
de Califomia se descubrió que se había roto el timón de la nave, y Pérez
resolvió regresar y tocar el primer puerto que encontraran para efectuar la
reparación necesaria. Un año después, en 24 de enero de 1774 partirían de
nuevo los exploradores desde el puerto de San Blas y el haberse frustrado el

462
463

�primer viaje dio ocasi6n a Fr. Junípero Serra para tomar parte en este segundo aunque sólo en una porci6n de él.
Efectivamente, en 4 de diciembre de 1773 el Virrey se dirigió al Guardián
de San Femando, Fr. Rafael Verger, anunciándole que se organizaba una
expedición de San Blas al Norte, y como en el astillero de dicho puerto no
había sacerdote para que fuera con los navegantes, le pidió que fuera alguno del Colegio de San Fernando.
En 15 del mismo mes de diciembre, el P. Verger anunció que el P. Lector
Fr. Pablo Mugartegui había sido el designado capellán del barco, y agregaba:
" ... escribí el correo inmediato al P. Presidente Fr. Junípero Serra, en cuya
compañía se halla en Monterrey dicho P. Fr. Pablo, para que puntualmente
practique éste su superior orden, embarcándose el P. Presidente para San
Diego, y el nominado Fr. Pablo 1 de capellán para el nuevo descubrimiento .. .''
(MS. en el ramo de Historia, vol. 396, Archivo General de la Naci6n).
El Virrey entonces en 24 de diciembre se dirigi6 a Fr. Junípero, indicándole
lo acordado con el Guardián, e indicándole que si por enfermedad u otra
circunstancia no pudiera ir el P. Mugartegui, designara a otro, y he aquí la
respuesta que con letra clarísima y firme respondió Serra:
'Va. Jhs. Ma. Jph. Excellmo. Señor: Muy Sr. mío Excellmo. con sumo
gusto y aprecio he recibido en este pueblo de Tepic recien buelto del de
San Blas la de V. E. con fha. de 24 de Deziembre en la q. se sirve ordenarme
el q. haga lo q. es de mi parte para que el P. Fr. Pablo Mugártegui vaya
de capellan en la expedici6n de descubrimiento q. V. E. tiene fiada al Alferez de fragata Dn Juan Perez con la nueva fragata San-tiago alias la Nueva
GaJicia, según lo tiene V. E. acordado con el P. Guardián de nro. Colegio
de Sn. Femando, salvo enfermedad y otro acontecimiento en dho. Religioso,
q. impossibilitasse su viaje en el qua) caso se dexa assi pr. V. E. como pr.
dho. P. Guardian a mi cuydado al señalar otra de aquellas Missiones pa. q.
no falte capellan a la tal expedición.
"Assi como V. E. lo ordena puntualm.e se hara con el favor de Dios y
me es de especial consuelo el tener ese poquillo de influxo en vna obra tan
de mi gusto y de V. E. Solo suplico a V. E. me permita vna addicionsile
pido al R. P. Guardian en la carta respuesta sobre el propio asswnpto. Al
thenor q. me he alegrado tanto de la idea, y resolución de V. E. deseo su
feliz exito y q. tengamos la mas exacta noticia de quanto se fuere descubriendo
de nuevo. Vn Religioso solo, y el más robusto en vnos climas tan avanzados
y differentes puede enfermar; ahun quando tal no suceda ira con mucho
mas consuelo acompañado, y tendrá V. E. dos fieles testigos de aquellas nuevas tierras. Si assi le pareciesse a V. E. estimare se dexe a mi cargo el nombram.o de tal segundo capellan, no desde aca, sino despues de llegado a

464

Monte Rey desde donde dare a V. E. pronta noticia de su nombre y circunstancias supuesto que en vista del atraso del Príncipe tengo resuelto embarcarme en la misma Fragata. V. E. en el particular y en lo demas que gustare
determinara, como siempre lo mejor.
"Dios N. Sr. guarde a V. E. los muchos años que mi fina voluntad desea.
"De este Hospicio de la SSa. Cruz de Tepic y enero 7 de 1774 años.
"Excellmo. Señor. B(esa) las ms. de V. E. su mas affmo. y humilde siervo
capellan, Fr. Junipero Serra.
"Excellmo. Sr. Baylio y Virrey Frey Dn. Antto. María Bucareli y Ursua".
Y veinte días después, ya en plena expedición, escribió esta otra:
"Va, Jhs. Ma. Jph. Excellm. Sr. Muy señor mío Exmo.: Ahunq. se q. los
Sres. Pilotos escriven a V. E. de este propio puesto junto a las Islas Isabelas
en donde nos hallamos esta mañana día 3.o de nra. navegación, no omito el
añadir con esta, q. el P.e coro.ro y yo vamos buenos, y gustosos, a Dios gracias, a nrs. destinos, y que de la nueva fragata reconosco que por instantes
van haziendo buen concepto ahun del q. e&gt;.l)resan p. q. reselosos ahun de Ja
corta C.'Cperiencia no se atreven a expresar tanto quanto reciben.
"Espero en la D.a Mad.d q. las santas ideas de V. E. assi en el fomento de
los nuevos establecim.s como los del Descubrim.o de nuevos Reynos salga
con toda felicidad, p.a nuevo lustre de su nobiliss.a persona y Familia, para
dilatación de la S.ta Fe Catholica y mayor gloria de Dios, cuya infinita Bondad Guarde a V. E. 1os m.s a.s que mi tan obligada voluntad desea en su
S.to amor y gracia. Mar, a la vela, cerca Islas Isabelas, y enero 27 de 1774.
"Exmo. Señor. B. L. M. de V. E. su mas affo. y rendio siervo y capellan
que le venera, &amp;
Fr. Junípero Serra".
En la fragata Santiago, alias ]a Nueva Galicia, aJ mando de Pérez, embarcaron rumbo a Monterrey 23 pasajeros, más 89 personas que fonnaban
la tripulación, en la forma siguiente: el jefe, don Juan Pérez, primer Capitán
Y Piloto, con el enorme sueldo de $70.00 mensuales; su segundo, don Esteban
Martínez, con $50.00; el Capellán, Fr. Mugártegui sin remuneración alguna;
el cirujano, Pedro Costtan y Hoyos, con $30.00; el contramaestre, Manuel
L6pez Insúa, con $24.00; el Guardián, Pascual de Esa, con $20.00; el segundo Francisco Hernández~ con $16.00; el carpintero Manuel de Rojas,
con $19.00; el segundo Diego Nicolás, con $15.00; e] galafate Francisco Rúa,
con $19.00; el segundo, José Mateo, con $15.00; el despensero José Angleda,
con $19.00; el segundo Crist6bal Rodríguez, con $12.00; el Condestable
Ram6n Padilla, con $10.00; el patrón de lancha Carlos Ortega, con $14.00;
catorce artilleros, cada uno con $12.00; diez y nueve marineros, cada uno con
$10.00; treinta grumetes con $8.00, y seis pajes, cada uno con $6.00.

465
H30

�El viernes 10 de marzo de 1774 llegaron al puerto de San Diego en donde
se pusieron en contacto con Fr. Vicente Fuster; fondearon el 11 al 12 de
marzo y de allí partieron para Monterrey el 6 de abril siguiente, llegando un
mes más tarde, el domingo 8 de mayo.
Continuaron la navegación al rorte, llegaron a Nootka y estuvieron en
contacto con los indígenas, pero el capitán de la expedición no llegó a posesionarse del lugar. Quedaba esto reservado a Esteban Martínez en una
segunda expedición ordenada por el Virreinato.
Pero entre aquella primera encabezada por Pérez y esta segunda mandada
por Martínez varios otros navegantes habían llegado al lugar; portugueses,
norteamericanos e ingleses, y los últimos se quedaron definitivamente en la
isla, pretendiendo que el célebre navegante Capitán Cook la había descubierto, aunque esta pretensión resultara infundada, puesto que Pérez había
estado en ootka en 1774, y James Cook cuatro años después, en 1778.
De todas maneras, debe decirse, que Martínez tomó posesión del lugar 15
años después de que las primeras embarcaciones españolas habían estado en
él: el miércoles 24 de junio de 1789, según aparece del acta que levantó, y
cuyo tenor es el que sigue:
''En el nombre de la Santísima Trinidad, Padre, Hijo y Espíritu Santo,
tres personas distintas y un solo Dios verdadero, que es principio, hacedor y
creador de todas las cosas, sin el cual ninguna buena se puede hacer, comenzar
ni conservar; y porque el principio bueno de cualquiera cosa ha de ser
en Dios y por Dios, y en él conviene comenzarlo para honra y gloria suya,
en su santísimo nombre, sea notorio a todos los que el presente testimonio,
instrumento y carta de posesión vieren, como hoy, miércoles, que se contaron
veinte y cuatro días del mes de junio de mil setecientos y ochenta y nueve
años, habiendo llegado esta fragata nombrada Nuestra Señora del Rosario
( alias la Princesa), y el paquebot San Carlos el Filipino del muy poderoso, muy esclarecido y católico Sr. don Carlos 3o. Rey de Castilla, de
León, de Aragón, de las dos Sicilias, de Jerusalén, de Navarra, de Granada, de Toledo, de Valencia, de Galicia, de Mallorca, de Sevilla, de Cerdeña,
de Córdoba, de Córcega, de Murcia, de Jaén, de los Algarbes, de Algecira,
de Gibraltar, de las islas de Canaria, de las Indias Orientales y Occidentales,
islas y tierra firme de Mar Océano, Archiduque de Austria, Duque de Borgoña, de Brabante y Milán, Conde de Apspurg, Flandes, Tiro! y Barcelona.
Señor de Vizcaya y de Molina &amp;; de por mando del Excmo. Sr. D. Manuel
Antonio Flores Maldonado Martínez de Angulo y de Bodquin, Caballero de
la Orden de Calatrava, Comendador de Molinos y Laguna Rota en la misma,
Teniente General de la Real Armada, Virrey, Gobernador y Capitán General de Nueva España, Presidente de su Real Audiencia y Subdelegado

General de Correos en el mismo Reino, salió del puerto de San Bias, uno de
los de la Mar del Sur, de la comprehensión del mismo Virreinato el día diez
y siete del mes de febrero del corriente año para los descubrimientos, siguiendo
la costa de Monterrey al Norte y encargado por Comandante en Jefe de esta
expedición don Esteban José Martínez, Alférez de Navío de la Real Armada
y estando anclado en el puerto de Santa Cruz uno de los muchos que en-'
cierra en sí el de San Lorenzo de Nuca, con la referida fragata de su mando,
y paquebot San Carlos de su conserva, habiendo desembarcado en tierra
dicho Comandante con los oficiales de ambos buques, la tropa de ellos y parte
de la gente de mar, asociado por los PP. Capellanes, Br. José López de Nava,
don José María Díaz y los cuatro religiosos misioneros del Orden de N. P.
S. Francisco del Colegio Apost6lico de San Fernando de México: P. Severo
Pateno, Presidente, Fr. Lorenzo Socier, Fr. José Espí y Fr. Francisco Sánchez, sac6 una cruz, la cual adoró de rodillas devotamente con todos los que
le acompañaban; y los capellanes y religiosos entonaron el Te Deum Laudamos, y concluídos el cántico, en alta voz dijo: que en el nombre de S. M.
el Rey don Carlos 3o. Nuestro Señor, que Dios guarde muchos años, con
acrecentamiento de mayores estados y reinos para servicio de Dios, bien y
prosperidad de sus vasallos y de los muy poderosos señores reyes, herederos y
sucesores suyos que por tiempo fueren, como su comandante de estas clichas
embarcaciones y en virtud del orden e instrucciones que en su real nombre
le dio el expresado Excmo. Sr. Virrey de Nueva España, tomaba y tomó,
aprehendía y aprehendi6 Ja posesión de esta tierra donde al presente está
desembarcado, la cual la ha descubierto primeramente en el año de mil setecientos setenta y cuatro y ahora nuevamente, para siempre jamás, en dicho
real nombre y de la real corona de Castilla y Le6n, como dicho es, y será,
Y que realmente le pertenece por razón de la donación y bula del muy santo
Padre Alejandro 60., sumo Pontífice Romano, que expiclió motu proprio en
donación a los muy altos y católicos señores Don Fernando 5o. y Doña Isabel
su mujer, Reyes de Castilla y León, de gloriosa recordación y a sus sucesores
Y herederos de la mitad del mundo, dada en Roma a cuatro de mayo del año
de mil cuatrocientos noventa y tres, en virtud de la cual son estas tierras pertenecientes a la clicha real Corona de Castilla y León; y como tal toma y tomó
la referida posesión de estas suso dichas tierras y sus comarcas, mares' ríos, ensenadas, puertos, bahías golfos, archipiélagos y en este dicho puerto de la
Santa Cruz, que es isla, nombrada de Martínez, de las muchas que abraza
el puerto de San Lorenzo de Nuca, el cual se halla situado en la latitud Norte
de 49º, 33' Y en Ja longitud de 20° 18' al Oeste del meridiano de San Bias a
donde el presente se halla anclado con la referida fragata y paquebot de' su
mando Y las subrogaba y subrogó debajo del poder, posesión y dominio de

�la dicha real Corona de Castilla y León, como dicho es, c-0mo cosa suya propia que es; y en señal de posesión de él, echando mano a su espada, que tenía en la cinta, con ella cortó árboles, ramos y yerbas, mudó piedras, paseó
los campos y playa, sin contradicción alguna, pidiendo a los presentes que
de ellos fuesen testigos; y a mi Rafael de Cañizares que soy el escribano nombrado por el Comandante en jefe de esta expedición, se lo diese por testimonio
en pública forma. Y luego incontinente tomando una cruz grande a cuestas
y puesta la gente de la fragata y paquebot en orden de guerra, con fusiles y
otras armas, la llevaron en procesión, cantando los referidos capellanes y religiosos la letarúa de rogación, respondiéndole todos; y acabada la procesión
dicha, plantó la cruz e hizo un mojón de piedras al pie de ella misma para
eterna memoria. y señal de la posesión que tomaba a nombre de Su Majestad Católica, el Sr. Rey de las Españas, Don Carlos 3o. (que Dios guarde)
de todas estas tierras, mares y sus términos, descubiertas, continuas y contiguas y puso nombre a este puerto de la Santa Cruz, como dicho es; y luego
que la cruz fue plantada, la adoraron segunda vez, e hicieron oración todos, pidiendo y suplicando a uestro Señor Jesucristo fuese sen~do que todo
esto sea para honra y gloria de su santo nombre y para que nuestra santa fe
católica sea ensalzada, aumentada y sembrada la palabra del santo evangelio
entre estas bárbaras naciones, que hasta ahora han estado desviadas del verdadero conocimiento y doctrina, para que las guarde y libre de los engaños y
peligros del demonio y de la ceguedad en que están, para que sus almas se
salven; y luego los capellanes y religiosos entonaron el himno Vexilla Regis.&amp;
Seguidamente en un altar que había mandado hacer el Comandante, se celebró una misa cantada por el padre capellán de nuestra fragata, el Br. Don
José López de ava, a que asistió el capellán del paquebot, Don José María Díaz y los cuatro religiosos ya citados, siendo la primera que en esta tierra se ha dicho, a honra y gloria de Nuestro Señor Dios Todopoderoso, y
para e.~tirpación del demonio de toda idolatría. Predicó el M. R. P. Presidente Fr. Severo Patero, misionero apostólico del citado Orden de nuestro
seráfico padre San Francisco y del Real Colegio de San Femando de Propaganda fide, de la ciudad de México. Concluida esta función, el referido Comandante para más perpetua señal de memoria y posesión, hizo mondar un
árbol, en el cual formó una cruz, grabando en ella el santísimo nombre de
Nuestro Señor Jesucristo, con más cuatro letras iniciales: I. N. R. I. y al pie
de la cruz puso Carolus T-ertius Rex Hispaniarum. Y para que así conste lo
firmaron el Comandante y como testigos el Capitán del paquebot San Carlos, Don Gonzalo L6pez de Raro; el primer piloto de Armada don José Tovar, los referidos padres capellanes Br. don José L6pez de Nava, don José
María Díaz y los cuatro religiosos misioneros del referido Colegio de San

468

Femando. Y yo _el ~ribano nombrado por dicho señor Comandante doy fe
y verdadero testnnomo de que así pasó como dicho es.
·
Estebtl11 Josef Martínez. Gonzalo L6pez de Haro. ]ose¡ Tobar y Tamariz.
Br. Jph. Alexandro L6pez de Naua. José María Díaz. Fr. Severo Patero. Fr.
Joseph Espí. Fr. Francisco Miguel Sánchez. Ante mí. Rafael de Cañizares"
Al llegar Martínez al puerto de ootka encontró que estaba en él la fra~
gata Columbia y la balandra Washington, al mando del capitán John Kendrick, de los Esta~~s Unidos, y el paquebot Eugenia Nubiana, portuguesa,
al mando del cap1tan Francisco José Biana, natural de Lisboa, y del sobrecargo William Douglas.
Interrogado Kendrick por qué estaba en el puerto, informó que Bias González, "Sargento Mayor de Caballería de los Ejércitos de S. M., Gobema1or Político y Militar de las Islas de Juan Femández" le otorgó permiso pa~ entrar en el puerto, y con ello se conformó Martínez; pero respecto de
Biana, respondió que había entrado en virtud del pasaporte que les había
dado el Gobernador de Macao, el cual presentó junto con las instrucciones
finnadas por Juan Carvalho, negociante del mismo Macao. Que ignoraba
que se tratara de dominios de España, por no haberse publicado en las cortes europeos; y que estaba en la inteligencia de que esas costas habían sido
descubiertas por eJ Almirante Fon te, portugués; a lo que Martín.ez respondió
que en 1640 Portugal estaba bajo el dominio de España.
En las instrucciones que tenia Biana se le decía que "en el caso de encontrarse en e~ puert~ de Nuca o en la costa septentrional con algunos navíos
rusos, espanoles o mgleses y reconociese que Ja fuerza de cuaJqujera de éstos
es mayor q_u~ la suya, los tratara con toda amistad y liberalidad, permitiéndoles sus ,'lSltas,. pero procurando evitar toda sorpresa... " Debía informarse
del. objeto del ~aje de tales navíos, del valor de su carga y mandar una reIac:6n a Franosco José Banderas y Ger6nimo de Never Riveyra, y otra semejante a 1facao, para que su soberano fuese informado.
" Pero si esto decía el capítulo 18 de las instrucciones, el 19 prevenía que
en el caso de hallarse con la superioridad -esto es, con la fuerza- pasara
ª _t~ar posesión del navío y de su carga y llevará tanto al navío como a I0s
ofic~al~s a ~~acao para que sea condenado por presa legal y los oficiales y
eqwpaJe castigados como piratas". (Fol. 11 del proceso Ramo de Historia
Vol. 65).
'
'
Y no valieron las explicaciones ni las protestas; Martínez hizo arriar la
b:indera portuguesa, apresó la embarcación, recogió todos los docwnentos
hizo que .se formara un inventario y obligó a Biana y a Douglas a firmar
comprollllso'.. como apoderado del dueño de la embarcación a pagar el importe que ÍIJaron peritos como valor de la embarcación y de su carga.

W:

469

�El 25 de mayo entró una goleta perteneciente al mismo Carvalho y fácilmente se comprenderá que corrió la misma suerte del paquebot; como éste
iba annada y procedía también de Macao.

casabe, ~ue para la navegación hacen los inglesas el mismo uso que nosotros
con el b12cocho o galleta y a mi me parece que sea un gran antiescorbútico''.
En el párrafo 6o. añade:

Pero las dificultades con Inglaterra iban a aparecer unos dias después,
cuando se presentó el paquebot inglés Argonaut al mando del Capitán James
Colnett, quien viajaba con una autori1.aci6n del Almirantazgo inglés, fechada el 7 de septiembre de 1786 "para salir a un viaje con objetos mercantiles
a los mares del ur y Océano Pacifico con licencia de las Compañías de las
India )' ~far del Sur".

"~an ~.ersados están los ingleses con los naturales de todas estas tierras inmediatas_ nucstrasJ que a~enas habrá uno en Londres que aunque no haya
emprendido
esta navegación ignore el idioma de todos ellos, como se verif'1,
co en el pueno de ooka por la primera embarcación que apresamos pues
por las conversaciones que los ingleses tenían con los dichos naturales 'todos
ellos nos tr~taban de Piceki, que significa hombre ladrón y malo.
'
Por el mismo! paquebot prisionero que ha venldo a mi cargo, me informé
totalmente en _Nooka, que su capitán Mr. Colonet venía con destino de Gobe~ador de ~cho puerto a posesionarse y fortificarse para no dejar entrar ni
salu. emba~a.et6n al~na de otra nación, y que seguramente soy de sentir lo
hubiera venf1cado s1 no en aquel puerto, en uno de los muchos que posee
aquella costa, para cuyo efecto traían ya la casa y el martinete para la estacad~~ punto reducido, como creo que el Comandante de ooka se Jo habrá
renutido a V. E. con el mismo buque que \ino a mi cuidado. Está dich
Colonet
tra'
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b
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•
_t en s~ em arcac1 n, a más de la goleta que ya di pane a V. E.
°:mla Y cmco_ cfonos sangleyes con diferentes oficios, engañados, como ellos
mismos lo confiesan, pues los sacó diciéndoles que los Uevaha para la costa de
Bengala Y después vieron ellos se hallaban en Nooka y él se quedaba con
ellos después de fortificados, despachando su paquebot a las islas de Sa D
am
·
n ~
. mprar una muJer para cada uno y de este modo poblarse con el tiempo
~n valerse de los naturales del país. e igualmente aguardaba para este mism~
ecto ?ºs fragatas de guerra para el año venidero que salen de Londres a
conducule socorro''.

Marünez aprehendió a Colnett y decidió enviarlo prisionero a San Blas1
recomendando al primer piloto de la Armada José Tovar r Tamariz un buen
tratamiento para los prisioneros, que serían consignados al Virreinato. Poco
después, el día 13 de julio, entraba la balandra inglesa Princesa Real al mana
do del Capitán Thomas Hudson; de igual manera fue aprehendido y enviado a San Bias bajo la vigilancia del segundo piloto Jo~ Narváez.
Existe en el Archivo General un informe trunco del piloto José Tovar y
Tamariz, el conductor de Colnett a San Blas, en que se babia de las actividades de los ingleses en aquella regi6n de Nootka, quienes por pedazos de
cobre obtenían ricas pieles y hace este comentario:

" ... a la verdad me es doloroso que hallándose nue tra nación con esta
riqueza no se aproveche la Real Hacienda y los particulares de ella; y que
unas potencias tan extrañas, emprendiendo una na,·egaci6n tan dilatada se
aprQvechen de esta ocasión¡ y nosotros hallándonos tan inmediatos a esta
prosperidad, no sólo dejamos emprender esto, sino que exponemos a perder
nuestra América, pues en toda ella sabe muy bien V. E. que no hay más fortaleza que el pequeño castillo del puerto de Acapulco, y los ingleses en el día
se hallan más prácticos de estas cosas hasta la isla de Onalaska ..•"

Y los siguientes párrafos son de un interés enorme. Dice el So.:
"La mejor empresa que los ingleses hacen es arribar a las islas que por Jacobo Cook se llaman en el día, sin razón alguna, de San Duy, cuando su primer descubridor fue nuestro español Juan Gaytán, que tuvo a bien el año
de mil seiscientos y tantos el nombrar a todas ellas las islas de la Mesa, las
que se hallan totalmente pobladas de naturales situados por los veinte grados
más y menos de latitud . y de longitud como mil leguas al Oeste del meridiano de San Bias en donde por materia de un clavo, machetillo o pedazo
de hierro venden un cerdo de incomparable magnitud y con la abundancia
de sal que tienen estas islas lo benefician los citados ingleses para emprender
sus navegaciones por estos mares; y al mismo tiempo compran una fruta o
raíz que en este reino se llama namen, como en la isla de Cuba se llama

470

°

1~ra aquel un momento de transición en el gobierno del virreinato porque
sa 1ª don Manuel Antonio Flores y entraba el Conde de Revilla Gigedo • y
por esto Flores, todavía desde México dirim6 una nota al ~"gund
,
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'
b'
""
o, que ya
esta ª en Vcracruz, en 27 de agosto de 1788, dándole cuenta de lo hecho y
agregando:
"El
d _stas novedades de 1a mayor gravedad exigen muchas v delicadas pro,·isee.n.~as par~ a~ertar con el más exacto cumplimiento de lo que S. M. se ha
nido pre~ emrme en la reservada real orden que recibí en el penúltimo
correo. Y de que acompaño a V. E. copia adjunta.

. Y pienso ~asta ahora dictar aquellas disposiciones que preparen la ejecucion más fácil Y pronta de las acertadas de V. E. en los puntos de mayor
8:'ªve dad, pues por mi parte no me atrevo a tomarlas, hallándome tan pró:amo ª entregar este mando, y V. E. dentro del distrito del Virreinato
Creo que este asumpto es preferente a todos, y si V. E. lo gradúa del. mis-

471

�mo modo, espero se sirva acelerar su venida a Guadalupe, donde e.xpondré
a V. E. especialmente mis conceptos sobre la materia a que se contrae esta
carta, para las subsesivas disposiciones y para cuanto pueda yo contribuir
al obsequio del mejor servicio del Rey y de V. E,, cuya vida pido a Dios
guarde muchos años''. (Ramo de Historia, Vol. 65).
Grave asunto, en verdad, era el primero que se presentaba a la consideración del nuevo Virrey; pero más grave que él no viera el caso como el Virrey
Flores, según se desprende de su respuesta, fechada en Veracnu tres días más
tarde: el 30 de agosto, lo cual revela que Flores .mandó su informe con verdadera actividad, con indudable premura.
"A todo este contenido -respondi6 Revilla Gigedo refiriéndose al informe--- debo responder a V. E. que vengo enterado por la Superioridad de
todas las representaciones y providencias tomadas por V. E.; de la aprobación que merecieron de la Junta de Estado, y real orden que en su consecuencia se pasó a V. E., cuya copia me mcluye; que conservo muy bien en la
memoria, que una de las oportunas y prudentes advertencias que hizo V. E.
en sus instrucciones a dicho (Esteban Jose) Martínez es el artículo que en
adición dictó V. E. de 1a prevención en orden que por el Almirantazgo de
Londres se dió al Capitán Cook para que no entrara en puertos, ni establecimientos de nuestras costas, si no es en el caso que por temporal o falta de
víveres se viese obligado a ello, y que no se detuviese más días que los precisos para remediar su urgencia¡ que este modo de pensar de aquel sabio tribunai me parece poco conforme al haber enviando ahora su ministerio las
dos embarcaciones referidas a posesionarse de dicho puerto; que como V.
E. me asegura que han sido apresadas con justa razón, estoy desde luego por
este dictamen, aunque el mío hubiera sido decir a sus capitanes se volvieran
cuando quisieran a los puertos de donde hablan salido; y aun ahora me parece que estaba en tiempo de hacerlo, a no concurrir las circunstancias de ser
contrabandistas o piratas; que infiero de no expresarme V. E. son de la Marina Real, que pertenecen a lá mercante; y que es creible que el Gabinete
de Londres les diese una comisión de esta naturaleza; que por esto y por su
pequeño porte, es de pensar también proceden no de Europa, sino de Bahía
Botánica, o de algún establecimiento en la India, sin más orden ni instrncci6n superior para cometer semejante atentado; que las noticias que algunas
embarcaciones rusas han hecho a dicho puerto, y de la espedición que anunciaban de las cuatro fragatas de la misma nación que vendrían este año a to•
mar posesión de él, lo que no se ha verificado, y quisieron anticiparse a este
procedimiento, el cual njnguna potencia podría aprobar, y la misma agresora se avergonzaría en el caso de querer disculparlo, particularmente cuando
corre con la mejor armonía y correspondencia con la insultada; que de todos

472

modos m~ p~ce que V. E: no necesita aguardar a mi vista para tomar aquella., proVIdenc1as que le dicte su prudencia y profundo conocimiento en el
asunto, que no l~ creo muy p~~~so por lo pronto, pues los ingleses no pueden _proyectar nmguna expedicmn desde Europa, estando a tan grande distancia, y nosotros podemos brevemente facilitar cuantos auxilios se necesiten,
que íundadamente puede discurrirse que no se empeñe wi Gabinete tan instnú~
do en empresa que no es fácil conseguir y sí que pierda su buena reputación de
muc~os _modos; y por_ último que lo que puede resultar de este inesperado
acaecuruento es la debida reconvención que hará nuestra corte a la de Londres, instruida de que como es regular lo sea por V. E., comunicándole lo
ocurrido ... ''
Informaba luego, que los oficiales destinados a San Blas al mando del capit~ de Navío_ d~n Juan Francisco de la Bodega y Cuadra, partirían para
Me,.aco en 1.a s1gu1ente semana; que creía que no debían emprenderse nue•
vas exploraciones hasta enero siguiente y que él, Revilla Gigedo se detendría
aún en V~rac~ hasta t~mar todos los informes acerca del ~ismo puerto,
a lo que dio la importanaa merecida.
Singular buena fe del nuevo Virrey, quien había de recibir aun severísima
lección ·de los procedimientos de 1a Cancillería y del Almirantazgo de Londres, que llevaba dos siglos de intervenir en el comercio marítimo de diversos ~áISes; igno~ba también que el capitán Colnett, aunque disfrutando Jicei:i-c1a del AlmJrantazgo, seguía percibiendo sueldo del mismo, y que sólo
deJaría de recibirlo, si dejaba de dar cuenta de sus actos o dilataba en renova:_debidamente _su licencia; desconocía probablemente también que la Compama de la India y Mar del Sux de que directamente dependía, era igualmente una institución oficial inglesa.
El -~irrey Flores le respondió en 2 de septiembre, demostrando una com~rer)Slon mucho mayor de los hechos, y agregando a su infonnación ante~or: "El capitán inglés dijo terminantemente a Martínez, que traía órdenes
e su soberano el Rey de Inglaterra para tomar, como Gobernador, posesión
del puerto de Nootka, fortificarse y establecer íactorlas, conduciendo al efecto Ja gente necesaria y 29 sangleyes chinos; pero Ia resistencia de aquel comand~te y el conocimiento de la superioridad de sus fuerzas obligaron a
que d1ch~ capitán inglés prescindiese de su empresa, disponiéndose a ejecutar su sahda de Nootka con permiso o sin él".
Llama luego la atención de Revilla Gigedo acerca de que todos los barcos
apr,esados pertenecían a la Compañía del Comercio Libre de Londres y que
teman pa~en te_ del Ministerio para comerciar en todas las costas españolas,
Y en segmda dice: "Tenga o no parte en el designio de ocupar a Nootka la
Corte de Inglaterra, hemos visto muchas veces que han fundado derechos

473

�de posesión a puertos y territorios ocupados por negociantes o vasallos de su
nación, y no hay duda que ésta tiene en el Asia fuerzas navales incomparablemente mayores que las que podemos oponerle desde el Departamento de
San Blas. Allí no existe en el día otro buque del Rey que la fragata Fevorita,
dispuesta para darse al través; otra fragata titulada la Concepción está en
el viejo anual de transporte de previsiones para los presidios y establecimientos de Californias, y en Nootka se hallan la fragata Princesa y los paquebots el Aranzazú y San Carlos el Filipino".
"Estos son los buques de la actual dotación de aquel Departamento, y no
me atreveré a asegurar que su corto número y actual estado alcancen a desempeñar todas las atenciones graves y ejecutivas de sostener la Península
de Californias, conservar el puerto de Nootka y oponerse a los intentos ambiciosos de las naciones extranjeras; de suerte que no es tan fácil, como pueden haber supuesto a V. E. la remesa de auxilios oportunos, ni juzgo tampoco que deben postergarse, aguardando el mes de enero para su envío, pues
en todos tiempos deben navegar los buques del Rey, cuando haya urgencias
que obliguen a determinarlo así".
Le hace ver que precisamente iba a mandar en el mismo paquebot apresado, luego de concluída su carena, los auxilios para la subsistencia de Martínez y su gente, y aun tropas para su defensa y la de las costas; pero encontrando que son opuestas sus opiniones a las de Revilla Gigedo, concluye:
". . . suspendo mis providencias relativas a los asuntos de Nootka, hasta que
V. K me diga su última determinación sobre la liberta.el. o retención del paquebot inglés existente en San Blas, y de la balandra que quedó en aquel
puertoª.
Revilla Gigedo insistió en su parecer y las embarcaciones y sus tripulantes fueron puestos en libertad; pero iba a ser el mismo nuevo Virrey quien
hiciera entrega de Nootka, pues las gestiones hispanas sólo trajeron como
consecuencia la firma de la convención firmada de San Lorenzo el Real a
28 de octubre de 1790, y consigo la pérdida del puerto de San Lorenzo de
Nootka.
¿ Qué gestiones se hicieron? El Virrey comisionó al notable marino don
Juan Francisco de la Bodega y Cuadra para que defendiera los derechos de
la Nueva España y de España ante el Comandante inglés Jorge Vancouver,
representante de Inglaterra, y lo hizo con tanta energía como habilidad; pero el Conde de Florida Blanca inició gestiones con la Gran Bretaña cuyo resultado fue la pérdida territorial.

474

LA CULTURA EN EL NUEVO MUNDO
DR. Sn..vIO ZAVALA
UNESCO, Par1s

l. Generalidades

INTERPRETACIÓN AMPLIA DE LA CULTURA

Es coNVENlENTE AOLARAR, en primer término, cuál es el significado que
atribuimos al concepto de cultura.
Hay una acepción restringida a las creaciones intelectuales y artísticas de
valor perdurable, que cabe aplicar naturalmente al estudio de la experiencia histórica americana; dentro de esta connotación, se ha discutido mucho
en tomo a la existencia, la posibilidad o la originalidad de la cultura del
Nuevo Mundo.
Antes de entrar en el estudio de esas polémicas, cabe advertir que existe
otra acepción amplia que emplean los antropólogos y conforme a la cual
todos los pueblos, aun los más primitivos, poseen una cultura; es claro que
en semejante sentido no podían carecer de ella las sociedades coloniales euroamericanas. Creemos que el examen por extenso de las manifestaciones intelectuales y artísticas, de la índole de la sociedad en que surgen, de las contribuciones populares o del folklore, de los desarrollos lingüisticos, ofrece posibilidades inmejorables para llegar a comprender las bases de la historia cultural del mundo euroamericano. La ejeeución de dicho plan reclama el análisis no sólo de las ideas e inspiraciones que se encuentran más cerca de la
cultura original europea, sino también de la influencia que sobre la cultura
colonial ejerce el conjunto de la experiencia americana; ésta abarca los problemas de la emigración y la adaptación al ambiente ultramarino, las con-

475

�fluencias entre las varias corrientes procedentes del Viejo Mundo, más las
aportaciones de indios, negros y orientales. 1

•
2. La emigraci6n de la cultura europea
El parangón entl'e la cultura de Europa y la de América ha llevado a establecer, en algunos casos, conclusiones de identidad, y en otros, diferencia absoluta. Nos parece que ambas tesis son exageradas y que se apoyan en apreciaciones parciales de los resultados de la emigración de Ja cultura europea
a través del Atlántico.
No faltan ejemplos en la historia universal de culturas que se han e.xtendido más allá de sus marcos de origen. En tales situaciones suelen encontrarse fenómenos de proyección y conservación de rasgos originales junto a las
novedades que imponen la distancia, la adaptación a otro ambiente, la confluencia con corrientes procedentes de distinto origen.
El cuadro que hemos de examinar, y esto no debe olvidarse en ningún momento, es el de una cultura llevada por los emigrantes a tierras extrañas, que
ha dejada por ello de ser exclusivamente europea para convertirse en euroamericana en el caso que estudiamos, o en términos más generales en transoceánica si se abarca la expansión por los varios continentes. Es cierto que,
a pesar de la distancia, los pobladores de los territorios ultramarinos siguen
recibiendo inspiraciones fundamentales del foco de origen, puesto que se trata de una emigración colonizadora y no de una ruptura o exilio; pero la diversificación transoceánica nace precisamente del hecho de que la cultura
de los emigrantes se adapta a un ambiente nuevo, y, en buena parte también, entra en combinacione.s con elementos procedentes de varios continentes (distintos grupos de Europa entre sí, Indoamérica, Afroamérica, inmigrantes de Asia), que no se dan en 1a misma proporción, ni en las mismas circunstancias y tiempo, en el suelo de origen.
Los espíritus cultivados del Viejo Mundo, algunas veces sin salir del mismo y otras en contacto directo con América, participan de manera substancial en la interpretación de la experiencia relacionada con la expansión co1
La interpretación extensa de la cultura ha prevalecido asimismo en el proyecto
de una Historia dtl Desarrollo Cientlfico y Cultural de la liumanidad que patrocina
Ja UNESCO. En el documento SCH/ Mcmo. No. 557, de SO de marw de 1954, se
han incluído entre los temas que abarca los relati\'OS a la cultura intelectual y material,
las ciencias y las técnicas, la organizaci6n educativa y las estructuras sociales, las orientaciones subjeth•as y las formas de la expresión artística.

476

Ionizadora Por ejemplo, algunos europeos (Mártir de Angleria, Gómara,
Montaigne, Feijóo, Raynal), escriben obras, y los artistas difunden imágenes sobre el Nuevo Mundo (v.g., en los grabados), sin haber salido del antiguo continente. Otros europeos cultivados visitan América y dejan creaciones literarias o artísticas como fruto de tales contactos directos ( v. g., el doctor Francisco Hernández, encargado por Felipe II de estudiar las plantas
de Nueva España; Franz Post, llevado por Mauricio de Nassau al Bras.il holandés para pintar los paisajes; Alejandro de Humboldt, a lo largo de su
magno viaje científico por regiones de la colonización española). Por último,
hay europeos que emigran al Nuevo Mundo por períodos largos o definitivos,
y cuyas creaciones quedan integradas a la cultura ultramarina, ya sea por su
contenido o por sus repercusiones o destino (entre ellos, Berna! Díaz escribió sobre la Conquista de México, en la que había participado; fray Pedro
de Gante abre escuelas y talleres para enseñar a los indios, siendo su memoria olvidada en su ciudad natal, mientras vive fresca entre los mexicanos,
quienes al fin la retoman a Europa; fray Bemardino de Saha.,aún emprende
estudios sobre Ja etnología precolombina como parte de sus labores evangélicas; Manuel Tolsá edifica el Palacio de Minería y funde en bronce la famosa estatua del "Caballito", obras que van a contribuir a fijar la fisonomía
urbana de la capital del virreinato mexicano; en Lusoamérica cabe recordar
la obra de Ant6nio Vieira, nacido en Portugal, pero vinculado íntimamente
al Brasil, al que dedica algunas de sus más inspiradas páginas). Estas creaciones dan realce tanto a Jas culturas europeas de origen, como a las coloniales que sirven de marco a la obra meritoria: de manera semejante reciben
doble loa las obras de los nativos de una región americana cuando se realizan
en otra comarca del Nuevo Mundo ( v.g., la del jesuíta guatemalteco Rafael
Landívar, Rusticatio Mexicana, publicada en Modena, en 1781).
Entre los asuntos tratados por los hombres cultos de origen europeo se
encuentran, desde luego, los relacionados con el conocimiento de ]a naturaleza y el uso de los recursos americanos de minería, botánica, medicina, zoología¡ otros autores abordan la historia de la expansión temporal o la evangelización, o bien las peculiaridades de la sociedad o los problemas administrativos, o contribuyen a enriquecer el patrimonio de las letras y las artes
ultramarinas. Mas también se hallan las obras de quienes transmiten formas y
valores de Ja cultura del Viejo Mundo que tienen un alcance general, que no
está vinculado directamente con América, como suele ocurrir con los profesores de Retórica o de Teología, los pintores de asuntos religiosos, los impresores de libros, los maestros de arquitectura, aunque ocasionalmente aparezcan temas o matices de origen americano en medio de este trasplante más
amplio del patrimonio de la cultura europea. En todo caso, existe desde el

477

�principio, al lado de las tareas culturales relacionadas con la realidad americana, otro campo distinto de creación, o cuando menos de aprendizaje y
mantenimiento de las tradiciones de la cultura europea; es decir, una salida
hacia la universalidad occidental que se conserva abierta hasta el presente.
Ciertos temas ultramarinos penetran en el ambiente intelectual y artístico
de Europa, y esta presencia aumenta a medida que la riqueza, el poder y la
cultura de los pueblos americanos se fortalecen; sin embargo, mucho más
caudalosa es en la época colonial la corriente de los elementos culturales europeos (técnicosJ intelectuales, artísticos, lingüísticos) que se proyectan soore
el mundo americano. 2
Al .quedar la cultura de origen proyectada fuera de su marco anterior, se
constituyen en el Nuevo Mundo peculiares situaciones y combinaciones de
elementos, y los ritmos de desarrollo presentan variantes a uno y otro lado
del océano; por eso el análisis de la expansión transatlántica permite lleaar
. .
o
a un conocun1ento más pleno de la cultura occidental en su conjunto. Un
observador europeo ha seguido con interés "apasionante" las modificaciones
que experimentan las jerarqulas sociales del Viejo Mundo cuando pasan al
otro lado del océano y adquieren una disposición y fluidez nuevas en América, junto a las complicaciones que ofrece la composición racial de las colonias a reunir a los hombres procedentes de varios continentes; la expansión
de las religiones y el nacimiento de la práctica y la doctrina de la tolerancia
en el Nuevo Mundo contribuyen a ilustrar temas vitales de la historia de
la cultura europea; un estudioso de la poesía iberoamericana, como adelante explicaremos, ha señalado anacronismo y adaptaciones originales que no
pueden dejar de interesar a quienes cultivan las lenguas y las literaturas de la
Península Ibérica; otro crítico piensa que las literaturas de lengua francesa
de América constituyen compartimientos interesantes que no deben ser ignorados por los estudiosos de la cultura de la antigua metrópoli. En suma, la
extensión de las lenguas europeas a otras tierras, el cultivo en común de las
tradiciones literarias, el trasplante de las instituciones1 la filiación de las religiones, la escritura de historias que abarcan las experiencias de los pueblos
colonizadores en varios continentes, las ramificaciones artísticas, vienen a
ofrecer nuevas avenidas y horizontes más vastos para el estudio de los fenó• Repárese, aun en nuestros días, en el crecido número de nombres célebrrs europeos que los americanos honran en su.s escuelas y ciudades, y en el escaso tránsito de
los recuerdos por el camino inverso. Es un signo de la dependencia cultural anterior
pero también un exponente de la universalidad de la mente americana. La situació~
ultramarina fortalece los hábitos de recepción y admiración de los valores mundiales·
al mismo tiempo mantiene la amplitud de criterio y alienta las promesas creadora;
de los hombres del Nuevo Mundo.

478

menos culturales de Occidente. La emigración da nacimiento no sólo a las
ramas ,coloniales euroamericanas de cultura, sino a una transformación o posición distinta del tronco original europeo, a una reforma de la pauta intelectual correspondiente a un mundo anterior más estrecho, y en definitiva, a
una fase nueva, espacial e intelectual, artística y lingüística, de la civilización
de Occidente, y de la historia de las otras partes de la tierra a las que extiende su irradiación.
Aún existe entre ciertos europeos la propensión a reducir la historia de su
cultura al marco del antiguo continente o bien a considerar este segmento
central como el único valioso; en otros términos, asoma una especie de provincialismo metropolitano, si esta calificación paradójica fuera admisible.
De otra parte, se encuentra la resistencia sentimental de ciertos americanos
a reconocer el carácter provincial o marginal que tiene en sus orígenes la
cultura del Nuevo Mundo. Todo ello ha contribuido a encender las polémicas en torno al valor de la cultura americana, a las que adelante haremos referencia. Aquí nos limitamos a recordar que también existe una serie de juicios de europeos notables que han sabido vislumbrar el verdadero alcance intelectual de la expansión geográfica. 8
En caso anterior mejor estudiado, y que acaso presente una mayor coherencia interna, el de la historia del imperio romano, no se excluye el examen de las aportaciones de las provincias de España, Africa o el Oriente,
que afectan incluso a la historia del centro. El pensamiento o la creación artística en las áreas marginales, aunque no lleguen a sobrepasar fácilmente
un nivel de relativa modestia, pueden ilustrar los caminos de las expansiones históricas, y el estudio global de éstas beneficia al conocimiento de cada
civilizaci6n.

' Alejandro de Hun1boldt advirtió en su Examen Critique de l'lfoloire de la
Glographie du Nouveau Contintnt, I, pp. VIIl-IX y IV, 21-22, 37 (-conceptos a loa
que nos hemos referido en nuestro capítulo primero, p. 4-) que hay una coincidencia
entre la expansión del mundo geográfico y la del saber científico desde fines del siglo
XV. Nota que la filosofía concede un rango más alto a los descubrimientos de la inteligencia humana que a los espaciales o geográficos (p. e., "la découverte de l'analyse
transccdante, de cet autre monde nouveau d(l au génie de Newton et de Leibnitz");
pero al mismo tiempo percibe que los grandes descubrimientos marltimos producen
innovaciones intelectuales, y que: "C' est seulement depuis l'époque que nous ve.nons
de signaler que l'uruté homérique de l'océan s'est fait sentir dan son heureuse iofluence sur la civilisation du geore humain. L'élément mobile qui baigne toutes les cotes en
cst devenu le lien moral et politiquc, et les peuplcs de l'occident, dont l'intelligence
active a créé ce bien et qui ont compris son importance, se sont élevés a une universalité d'action qui détermine la prep6ndt!rance du pouvoir sur le globe", p. 22.

479

�LAS CULTURAS EUROAMERICANAS, SUS RAÍCES, SUS DESAJUSTES,
SUS RASGOS ORIGINALES

Las ramas de la cultura europea que emigran a través del océano se enfrentan a los problemas del arraigo en tierras nuevas y distantes ( primum
vivere deinde philosophare) quedan desprovistas de momento de muchos elementos de la cultura de origen (monumentos, universidades, bibliotecas, galerías de arte, en fin, alejadas de la solera cultural del área metropolitana de
Europa); sólo una parte limitada de esos valores puede pasar con los emigrantes a través del océano, y sólo relativamente y a distancia sigue siendo
suyo ese patrimonio de origen; desde este punto de vista, la emigración empobrece culturalmente a los grupos que la practican. Aun cuando el nivel
de educación de los emigrantes no sea comúnmente alto, dejan atrás muchos elementos que antes podían serles familiares y que no pueden disfrutar
ahora con igual plenitud. Sin embargo, esto no obsta para que mantengan su
admiración por esos bienes culturales y traten de imitarlos o intenten el traslado parcial de los transferibles (esa transferencia puede alcanzar en nuestros
días, gracias al adelanto técnico y económico, la magnitud que implica la instalación de un claustro medieval en los alrededores de Nueva York, patrocinada por Rockefeller; o de los castillos que atraviesan el Atlántico con las
piedras numeradas e incluso el "fantome a vendre"). Estos aspectos de imitación o continuación -unas veces educativos, como en el Metropolitan Museum de Nueva York, otras patéticos o ridículos por su falta de autenticidadcolocan naturalmente a la cultura americana en una posición de segundo orden o marginal. Es exacto que en cierta medida esa cultura participa de la
misma herencia y tiene tradiciones tan viejas como las de Europa ; pero es
"nueva" por todo lo que deja atrás, por haber salido de sí; y también lo es
por sus tareas de adaptación al ambiente ultramarino y por sus facultades de
rejuvenecimiento ante otros horizontes; atrás queda no sólo lo admirable sino
lo que limita y oprime. Las restricciones e impedimentos ( v.g., la Inquisición hispánica) pueden seguir al colonizador a través del Atlántico, mas la
marcha puede tener en ciertos casos un efecto libertador y abrir nuevas perspectivas naturales y humanas.
El deseo de seguir participando en el disfrute de los tesoros culturales de
Occidente es bastante general entre los colonizadores establecidos de un extremo al otro del continente (admiración por los primitivos italianos y flamencos, por las obras literarias y plásticas de las épocas del renacimiento, el
barroco, la ilustración, el romanticismo). Los euroamericanos no son los creadores de esos valores, pero los aprecian o los miran como suyos, y cuando

480

pueden los copian o procuran incorporarlos a su vida de una manera más íntima que la asequible a los asiáticos o africanos que viven en sus respectivos
continentes de acuerdo con formas de cultura originalmente ajenas o más
distantes de la occidental. En América también hay indios, negros y orientales, pero viven al lado o bajo la influencia gradual de la cultura de los inmigrantes europeos, de sus descendientes y mezclas, que arraigan y se multiplican en las tierras colonizadas.
La base general greco-romana de la civilización de Europa y el cristianismo
se extienden al continente americano por conducto de las varias ramas coloniales euroameiicanas. Ese conjunto de principios y conocimientos sustenta
la enseñanza en los colegios y en las universidades que llegan a fundarse en
el Nuevo Mundo. El empleo de la lengua latina para fines educativos y de
redacción de obras científicas se encuentra en todos los casos (v.g., cuando
sabios holandeses describen la naturaleza brasileña). Esa lengua permite la
comunicación eventual entre los marinos, militares y religiosos de distintas
nacionalidades europeas en las costas y fronteras de América, hasta el siglo
XVIII por lo menos. Es el idioma de los estudios, a pesar de la preferencia
que existe en el área protestante por la lengua vemácula para la difusión de
la re1igión. Las iglesias y los conventos contribuyen a mantener las tradiciones
de la cultura y de] arte en el mundo latino de ultramar, como ya lo habían
hecho en la edad media en Europa, según la observación sagaz de Paul Rivet.
La universalidad de la religión y el principio político de ]a asimilación jurídica de los habitantes de metrópolis y colonias facilitan el fomento de la
educación superior colonial en el Nuevo Mundo. Por ejemplo, en Hispanoamérica, así como se establecen catedrales, conventos y otras formas de la vida
religiosa y civil a imitación de la metrópoli, comienzan a abrirse los seminarios, los colegios y las universidades desde el siglo XVI. Esos establecimientos
coadym·an al enraizamiento en la tradición cultural europea en el Nuevo Mundo y abren a los descendientes de los colonizadores el acceso a la educación
superior sin tener que trasladarse a Europa. Las primeras universidades reales y pontificias hispanoamericanas gozan de estatutos similares a los de Salamanca; los cursos y textos siguen de cerca las tradiciones imperantes en la
metrópoli. No hay una pol1tica cultural que restrinja el ingreso de los criollos
hispanoamericanos a la educación superior colonial o a la metropolitana.
Los colegios de jesuítas y la Universidad de Cohnbra ofrecen oportunidades educativas a los descendientes de los colonos lusitanos, pero no llega a
instituirse un establecimiento universitario formal en el Brasil.
Tampoco lo hay en las colonias francoamericanas, aunque los canadienses
cuentan desde el siglo XVII con el seminario de Québec y otros colegios de

481
H31

�religiosos, habiendo servido el primero de antecedente a la universidad que
mucho más tarde se abriría en esa antigua capital del Canadá.

burguesía comercial creció en algunos litorales al amparo de las actividades
portuarias.

Los hijos de los colonos holandeses obtienen su educaci6n superior en la
metr6poli.

Los cargos de la Iglesia y del Estado estuvieron vinculados más estrechamente a una educación superior. No en vano la teología, la filosofía escolástica, la gramática latina y el derecho eran los estudios principales en metrópolis y colonias, y de hecho los más prácticos junto a los contables, hasta el
ad\'enimiento del auge considerable de las ciencias matemáticas y de la naturaleza en el siglo XVIII. Entonces esos nuevos conocimientos tuvieron aplicación en establecimientos roetropol.itanos navales y militares, y en alguno
colonjal, como el Colegio de Minería de México.

Colegios como los de Harvard, Virginia, Yale, Princeton, Nueva York, más
las enseñanzas de preceptores y los viajes a la metr6poli, hacen posible la
educaci6n superior de los angloamericanos en el curso de los siglos XVII y
XVIII.
La presencia en América de Europeos cultos, el acceso de los hijos de los colonos a la educación superior colonial o a la metropolitana, los viajes ocasionales de los americanos al Viejo Mundo, que en el siglo XVIII y principios del
XIX se extienden a veces a países distintos de la metrópoli, son factores que favorecen la iniciación de la alta cultura en América.
Algunos americanos van a estudiar o a residir en Europa, se compenetran
más o menos profundamente de su saber y de su arte, y crean obras con temas
o reminiscencias de América o bien de interés general (Juan Ruiz de AJarcón,
nativo de Nueva España, el Inca Garcilaso, del Perú; los jesuítas expulsos de
varias regiones de América, el doctor John Morgan de Filadelfia).
Varios de los americanos que visitan Europa llegan a destacar en los anales
del Nuevo Mundo por méritos culturales o políticos (Franklin, Jefferson, Miranda, Bolívar, San Martín, Bello, José Bonifacio de Andrade e Silva).
Hay, por fin, americanos que, sin haber salido de su continente reciben ins' relacionatrucción o inspiraciones de origen europeo y c_rean obra propia, ya
da con América o con temas generales (Sor Juana Inés de la Cruz, Sigüenza y
Góngora, Espejo, etc.) .

Estos americanos son por lo común descendientes de europeos, mas también
hay indios, mestizos, mulatos que alcanzan distinci6n como escritores o artistasl
( el indio Caspicara en la talla, en Quito; el ya citado mestizo peruano Garcilaso de la Vega, quien llega a brillar en la literatura española; el mulato Aleijadinho, famoso en el Brasil por sus obras de escultura).

•
Una parte del clero estaba compuesta de gente nacida en el Nuevo Mundo. Los europeos podían obtener con mayor facilidad los cargos eclesiásticos,
civiles y mifüares; pero no estaban cerradas por completo las puertas de tales
funciones a los americanos. Estos ocuparon también posiciones dirigentes en
varias ramas económicas, como la minería, 1a agricultura, la ganadería. La
482

Limitadas fueron las posibilidades de indios y negros para gozar de la
educaci6n colonial.
En Hispanoamérica llegó a ensayarse la educaci6n superior del indio, que
se enfrentó a la resistencia que a ella opuso el ambiente colonial; sin embargo, los proyectos continuaron hasta el siglo XVIII aunque con escasas
consecuencias prácticas.
En cuanto al negro, la exclusión fue la regla general, y sólo al fin de las
colonizaciones, bajo las nuevas ideas ilustradas, comenzaron a ponerse en
cuestión las barreras que le impedían el acceso a la educación superior.
La enseñanza primaria y de oficios llegó a impartirse en ciertos casos a
razas distintas de la blanca. En general, se facilitó esta tarea educativa donde
estuvo unida a la enseñanza de la doctl'ina y a las actividades misioneras.
La educación popular ganó terreno en Angloamérica en el siglo XVIII,
era impartida a los colonos y llegó a extenderse a los nuevos emigrantes de
Europa, como parte de las tareas de americanizaci6n, pero la polttica general
con respecto al indio y al negro no favorecia la inclusión de ellos en los beneficios de la docencia.
Con la llegada de las primeras imprentas a las colonias españolas desde el
siglo XVI y a las inglesas desde el XVII, y con la formación de las bibliotecas que atesoraban el saber de Europa y las primicias de los estudios sobre
la geografía, las lenguas y la historia de América, puede decirse que algunas
regiones del Nuevo Mundo comenzaron a entrar en posesión de los instrumentos formales de la cultura de Occidente; otras siguieron careciendo de
ellos hasta muy tarde o vieron llegar el fin de la colonizaci6n sin poseerlos.
En el siglo XVIII y a principios del XIX aparecieron bibliografías que servían de testimonio a la existencia de una producci6n literaria de América que
cubría campos muy variados. Ya veremos que ellas fueron utilizadas como instrumentos probatorios en las polémicas de la época acerca de la existencia y
la calidad de la cultura americana.
483

�En lo que respecta al patrimonio artístico, conviene tener en cuenta, entre
factores varios, cuáles eran las clases que patrocinaban el arte; las inclinaciones de los creyentes de diversas religiones; el desarrollo del medio urbano;
la aparici6n de mecenas cultos, como Mauricio de Nassau en la colonización
holandesa del Brasil; el interés o la falta de él en coronas, virreyes, gobernadores eclesiásticos y conventos, clases pudientes de mineros, comerciantes y
armadores de los puertos, y amos de plantaciones; en suma, las circunstancias
que influían en la adquisición de obras artisticas europeas, t&gt;n la atracción de
artistas del Viejo Mundo o en la formación de artistas americanos.
Ciertas bases económicas y psicológicas eran necesarias para que pudieran
prosperar las manifestaciones más altas de la vida creadora del espíritu. Y
aparte de ella, habfa que contar con oportunidades para la fonnaci6n de
los artistas, talleres y academias, buenas obras para distinguir las calidades y
acendrar el gusto, estímulos y medios de vida, aprecio o prestigio social para
promover el adelanto de los talentos naturales, y con la critica educadora de
las formas de la expresión.

En el campo de la cultura popular, las aportaciones de los europeos y de
sw descendientes, de los indígenas, de los africanos y de los orientales, pudieron crear más pronto combinaciones y términos nuevos. En ese estrato los
requisitos de la educación formal eran menos exigentes, y los varios elementos
de la población americana llegaron a expresar sus sentimientos y aportaron
sus propias creaciones (propagaciones populares de música, danza, canciones,
cuentos, romances, etc.).

•
El arraigo de los europeos en el ambiente del Nuevo Mundo pone de manifiesto ciertos desajustes entre la sociedad y la cultura.

Las sociedades americanas se encuentran en contacto inmediato con el
ambiente geográfico con la explotación de los recursos naturales con la
composición heterogénea de la población, de suerte que adquieren pronto un
carácter distinto al de las sociedades europeas. Entretanto, las culturas coloniales, por la uni6n derivada del idioma y por la complejidad de la herencia
de ideas, creencias, scnt~ientos y gustos, siguen Jas inspiraciones que llegan
de las metrópolis. Así se constituyen sociedades o pueblos nuevos en América,
y sus naciones independientes, mientras subsiste la dependencia de sus minorías cultas con respecto a los centros de procedencia. El lenguaje escrito
por los autores instruídos que imitan a los de las metrópolis difiere mucho

484

del hablado por el pueblo. Cuando en el estudio de _la ~toria de ~érica
• presta atención mayor a las influencias. filosóficas, ~teranas o artísticas, ~

.resultados tienden a ser europeizantes, baJo las m~alidades _que luego explicaremos. En cambio, si se miran de cerca las condiciones sociales, pueden adverlinc sin tardanza las particularidades americanas.
0 es extraño, por ello, que exista en algunos momentos cierta divergencia
entre las tendencias de la cultura y el carácter de la sociedad. De una parte,
influye el legado de la civilización procedente de Europa; y de o~r~ se hace
tir Ja presencia de un ambiente geográfico y humano que se dtstmgue del
en varios respectos ( por ejemplo, a causa de la experiencia del trasJante emigratorio y de sus combinaciones, las condiciones de vida en las f ronla presencia del indio, el traslado en masa de los african~ y _algunos
contactos con los orientales) ... No se trata, sin embargo, de un d1vorc10 completo, ya sea porque la cultura -incluso en sus i:eflejos políti~ y de organizaci6n de las clases- tiende a influir sobre la sociedad de vanas maneras, ya
porque es difícil que una sociedad deje de dar color local a la cultura, especiahnente en sus aspectos populares.

~

!:ru,

Veamos con mayor detalle algunos de los factores que contribuyen a sinuevo Mundo.

gulam.ar los desarrollos culturales en el

El influjo del ambiente natural en la literatura es prominente y contribuye
a poner de relieve la originalidad americana y a escapar de la simple copia
de los europeos, aunque algunos críticos señalan que los grandes bosques y
los desiertos no bastan para crear grandes poetas. La atracción que ejerce la
naturaleza del uevo Mundo es perceptible desde la busca de los ''secretos
maravillosos de las Indias" en la época de los descubrimientos, hasta las expediciones científicas del siglo XVIII y el romanticismo literario del XIX .
Otro factor que contribuye a singularizar el folklore americano, y hasta

cierto punto las creaciones de cultura más elaboradas, es la composición he~ a de la población en varias regiones.

Las comarcas donde se habían concentrado las civilizaciones indígenas sedentarias de la Améñca precolombina, aunque llegaron a ser conquistadas
• Acuo pudiera cxtcndcne a e.ta aituaci6n histórica alguna parte de la, ob~rva-

cioncs que loa etn6logos han hecho ante los fenómenos de dif115ión cultural en au
propio campo: "au cours de l'cxpan5ion des civilisations les divers domaincs culturels
partiela ne rcstent pas touj115 conncxcs (JOit, d'une part l'ergologie et l'économie;
d'autrc part, la sociologi • et ]e domaine apirituel) et .• des lors ils n'~oluent pas
néceaaircment dans la meme Jignc ni selon le meme rythme .• ," Wilhtlm Koppen,
"Autour du Problemc: Ethnologie et Histoire Unh·cnellc", en Miscel/an,a Paul Rivet
Octogenario Dienta, México, I, 140.

485

�por los colonos de origen europeo, no se occidentalizaron sin ofrecer resistencia, y a través de los contactos culturales y del mestizaje dejaron huellas
profundas de una vasta zona del hemisferio colonizado. La importancia de
la población indígena en el imperio español, por ejemplo, explica muchos de
los rasgos lingüísticos, etnográficos, históricos y artísticos de Hispanoamérica,
que no existen en la metrópoli.º
En las islas Antillas y en algunos litorales del continente, por ejemplo los
del nordeste brasileño y los de Virginia, la convivencia de los colonos con lo~
esclavos de origen africano crea otra zona de diversificación cultural. Ya hemos visto que el negro, a diferencia del indio americano, es otro emigrante
de época moderna; no cuenta, por ello, con un sedimento cultural de largo
arraigo en esta parte del mundo; pero las influencias que trae consigo pueden llegar a sobrevivir o mezclarse con las de europeos e indios y a introducir en cierto matiz de exotismo en la cultura del Nuern Mundo, como se
observa particuJarmente en el folklore de Brasil, Haití, Cuba, el sur de Angloamérica.
La literatura gauchesca rioplatense se apoya en los valores criollos, y toma
en cuenta los contactos con indios, y algunos negros, en la frontera.
Hay, por otra parte, el cosmopolitismo derivado de la inmigración europea
de varias procedencias, sobre todo en los litorales atlánticos de ingleses y
holandeses, más tarde en los del sur del Brasil y el Río de la Plata de origen
español; se trata del trasplante y la adaptación de grupos de colonos al suelo
estraño del Nuevo Mundo, donde conviven con europeos de distintos orígenes,
lenguas y tradiciones de cultura.
La distribución geográfica y las rutas de las colonizaciones hacen sentir
también su influjo en la fisonomía de la cultura de las regiones de América.
Las influencias europeas llegan con más facilidad a la costa atlántica de
América y a las ciudades ligadas con el comercio transatlántico. El europeísmo -sea en el Canadá francés, Angloamérica, Brasil o el Río de la Plataes habitualmente un fenómeno del litoral; y a medida que la colonizaci6n
avanza hacia el interior, comienza a predominar un mayor nativismo americano, unido a la rudeza y la peculiaridad de la vida en la pampa, el sertao,
la frontera o los bosques (es la base de los escritos de Sarmiento en la Argentina, Euclides da Cunha en el Brasil, F. J. Tumer sobre la civilización del
oeste de los Estados U nidos, Albert Fecland ante el paisaje canadiense). No
Deda Simón Bollvar en su Discurw de Angostura, 15 de febrero de 1819: ' ·o
somos c·uropeos, no somos indfos, sino una especie media entre los aborígenes y ]o!
rspañoh·s" Cit. por Magnus Momes, El Mestitaje 111 la Historia de Jbero-.Ambica,
Ms. Estocolmo, 1960, p. 4. La frase puede int.crprctnrsr tanto en nn sentido biológico
como cultural.
1

486

se trata tan sólo de una dualidad entre el medio urbano y el rural, entre la
corte y la aldea como e.xiste en Europa, sino también de un cambio de la vida
europeizada a otra que presente condiciones singulares de avance fronterizo,
a menudo en lucha contra indios nómadas; así aparecen notas de e.xtrañeza
y aun de barbarie que no han dejado de llamar poderosamente la atención
de los escritores que han descrito tales circunstancias. Algunas de las peculiaridades más llamativas de la vida del ue\'o Mundo aparecen m esos ambientes de frontera en los que el medio y la Sociedad de América llegan a ser
particuJannente distintos, aunque se trate a ,·eces de una fase pasajera a la
que suceden formas de civilización más afines con las de origen europeo.
En el litoral del Pacífico, Lima constituye un centro de influencia urbana
europea que, a través del Puerto del Callao, se comunica con Panamá y con
la línea de comercio del Atlántico; tiene hacia el interior -aquí situado al
este- la sierra habitada por densa población indígena, y ésta introduce variantes muy apreciables con respecto al género de vida que prevalece en la
costa europeizante; mas también en las tierras altas del interior se encuentran
ciudades pobladas por españoles como Cuzco, Potosí, Chuquisaca.
En el sur de Hispanoamérica, una corriente pobladora española desciende
del Alto Pen'.i, y establece una serie de ciudades en Tucumán; otra atraviesa
los Andes, desde Chile, y funda la provincia de Cuyo; mientras una tercera
llega por el Atlántico y arraiga en el Litoral del Plata; con el tiempo, el puerto
de Buenos Aires queda abierto a la comunicación transoceánica y se distingue
del interior argentino y paraguayo, que aparece como más replegado en sí
mismo, más provincial y "americano".
Los cambios en la fortuna económica de las regiones y en la dirección o el
rumbo de las corrientes de tránsito dejan su huella en la fisonom1a cultural
de las poblaciones del Nuevo Mundo, como es visfüle en la evolución de la
grandeza y decadencia de Potosí, relacionada con la suerte de sus vetas mineras.

Fondo común, diuersidades, paralelismos y relaciones culturales
entre unas y otras áreas de América.
En virtud de que las colonias de América dependían de metrópolis europeas
diversas y a menudo rivales, de que ocupaban territorios e:i..-tensos y por lo
común escasamente comunicados entre sí, de que su vida política, económica
y religiosa estaba vinculada a los centros de los imperios, existió una orientación cultural transatlántica más bien que interamericana.

487

�No era fácil, dentro de la organización colonial, que una influencia extranjera, por ejemplo, la francesa, se hiciera sentir en Hispanoamérica sin pasar ante.s por España. Hubo algunos casos de ello, por efecto del contra6ando
o de contactos esporádicos (por ejemplo, cuando a comienzos del siglo XVIII
llegaron navíos franceses a comerciar a las costas de Chile y Perú); pero, en
general, las relaciones de cultura entre unas y otras áreas de América, dentro
de las reserv~ políticas y religiosas que mediaban entre las metr6polis y entre
]as colonias mismas fueron más ,~ables cuando ocurrieron a través de Europa.
De ésta provenía un fondo común de cultura que se extendía a las varias
áreas euroamericanas y que engendraba ciertos desarrolJos paralelos aunque
no mediaron conexiones directas.

La Biblia representa una unidad de fondo y al mismo tiempo una diversidad
en cuanto al uso de las versiones; en esto las colonias de América no hacían
sino reproducir el panorama de la cristiandad europea después de la escisión
de la Rcfonna.
Otro de tales elementos comunes es la recepción de la tradición escolástica
europea en los primeros colegios y universidades de América; cabe comparar
los géneros de enseñanza anteriores al racionalismo que no parecen estar
desprovistos de algunas corrientes y autores comunes. Es claro que las doctrinas de Lutero y de Calvino no eran enseñadas en las colonizaciones católicas, ni las de Loyola en las protestantes; pero un examen detenido de las
cátedras y bibliotecas de la época permite descubrir supervivencias de la
tradición cristiana común, a pesar de las disensiones religiosas (por ejemplo,
en tomo al estudio de las doctrinas paulina, agustina y aun tomista) . ·
Los clásicos: Platón, Arist6teles, Cicerón, son estudiados en todas las áreas.
El derecho romano aporta otro campo común fertilizado por el mantenimiento del latín como lengua de cultura. El estudio de Heinecio parece haber
go1.ado de una difusi6n americana bastante general. Es de notar que Ja influencia de la tradición jurídica romana es aparentemente mayor en Jas colonizaciones de España, Portugal y Francia que en la de Inglaterra.
Algunas influencias literarias del Renacimiento italiano llegan a las varias
metrópolis y áreas coloniales.
La vecindad de las metrópolis peninsulares y la unión temporal de las coronas de España y Portugal explican la influencia que llegaron a ejercer
varios escritores españoles en el Brasil, por ejemplo, Lope Quevedo, Góngora.
Hubo correspondencia literaria entre la ran figura del mundo lusitano Antonio Vieira, y la notable poetisa de Nueva España Sor Juana Inés de la

Cruz.• Algunas de las historias de la expansión portuguesa fueron escritas
m castellano.
Descartes, Newton, Puffendorf, Montesquieu, Rous.,eau, son nombres europeos que se difunden por varias colonias cuando surgen las nuevas corrientes
del racionalismo y del derecho natural.

Los estudios acerca de la naturaleza adquieren mayor rigor científico en
el siglo XVIII. Sabios europeos participan en las expediciones transatlánticas,
que son organizadas desde las metrópolis; algunos americanos colaboran en
las investigaciones de botánica, mineralogía, medicina. La curiosidad del siglo
se hace presente en cada colonización y se proyecta sobre el escenario natural
deJ Nuevo Continente, que ofrece vastos horizontes, apenas comenzados a
explorar.
Cabe apuntar la presencia de judíos en varias áreas euroamericanas y las
contribuciones de cultura que pueden aportar, por ejemplo, en la ciencia
mblica.
En lo que respecta al arte, la presencia en común de estilos, ya provenga
del renacimiento el barroco o el neoclásico, obedece habitualmente a la difusión de influencias provenientes de los países de Europa, si bien es peculiar
el desarrollo en cada una de las áreas coloniales y regiones.

La pintura italiana se halla representada en las igle ias del Canadá francés
y de Hispanoamérica.

Es amplia la presencia en América del arte pictórico de los Países Bajos:
en la colonización española por efecto de las relaciones históricas de España
con Flandes; en la colonización del ordeste del Brasil a consecuencia de la
invasión holandesa; en Norteamérica con motivo de la presencia de los colonos bátavos en Nueva Amsterdam; y, en todos los casos, gracias a la influencia que ejerce esa misma pintura sobre las escuelas de las varias metrópolis europeas.
Ciertas influencias que se advierten en la arquitectura y la ornamentación
de los establecimientos iberoamericanos (por ejemplo, el gusto por los azulejos) provienen de las e.-cperiencias comunes de los pueblos de la Península
Ibérica ante la invasión árabe. Y si los desarrollos barrocos tienen personalidad distinta, tanto en España y Portugal como en Hispanoamérica y Brasil,
también es cierto que los retablos del mundo ibérico guardan mayor parentesco entre sí que con respecto a las manifestaciones arústicas coetáneas de las
colonias francesas, inglesas y holandesas del uevo Mundo.

El mecenazgo artístico de las iglesias es más amplio entre los colonizadores
' Véase
1948.

RoB!RT

R1CAJtD, António Vieira

,1

Sor Juana lnís de la Cruz, Coimbra,

�católieol que entre b protestantes. Al mino tiempo puede ebiavane q•
la auberancia y la magnificencia IDD las notas salientes de b principan
delam&gt;Doa artiaticol iberounericanol (por ejemplo, en el banoco de México,
en la eeaaltura de Minas Genia) ; en tanto que el reatiPDO y la simplicidad
caracterizan al movimiento artistico puritano.
La influencia litenria y artútica francesa es notable en varias áreas de
América en el siglo XVIII.
Existe en el uevo Mundo, desde la época de las colonizaciones, una actitud ecléctica con respecto a la recepción de las corrientes europeas de cultura
y arte.

Se mira a Europa como la fuente habitual de inspiraciones, y cuando los
pueblos americanos obtienen la independencia politica, si bien de una parte
tienden a subrayar sus diferencias nacionales, de otra hacen uso de su libertad para elegir entre los varios estímulos exteriores con más amplitud que
la acostumbrada anteriormente cuando cada metrópoli era el conducto prin•
cipal de la recepción de tales influencias. Es lo que explica, por ejemplo, la
sustitución de la influencia española por la francesa en HispanoamErica durante el siglo XIX.
Loa problemas que derivan de esta situaci6n comienzan a perfilarse deade
la qx,ca colonial. Las áreas de América reaccionan ante un estbnulo dado,
lo adoptan, lo rechazan o lo modifican; ¿ qué J&gt;OS1"bilidades de comparación
ofrecen estas respuestas que las corrientes generales de Europa provocan en
laa distintas áreas de las colonizaciones americanas?; ¿ qué particularidades
comienzan a señalarse en el estilo, tiempo y carácter de cada reacci6n?; ¿ cuándo puede hablane de desarrollos propios, v.g., en el arte barroco de M6xico,
ligado indudablemente al español, pero no carente de pcrlQllalidad original?
Antes de llevar a su término este análisis, notemos que las observaciona
anteriores bastan para comprender por qué son los estímulos culturales de
origen europeo los que gozan de mayor relieve y difusión en América en la
época de las colonizaciones. Las formas para expresar en ciencias o en artel
los mensajes del Nuevo Mundo se encuentran al comienzo en manos de lOI
hombres europeos o de los americanos educados de acuerdo con las tradicio,,
nes de la cultura metropolitana. Las obras de los descendientes de los colonizadores ofrecen una calidad más refinada a medida que las concentraciones
urbanas, la riqueza y la madurez de las nuevas sociedades, el contacto con
los creadores europeos, se van afirmando con el transCUrso del tiempo. Y, coá
mayor o menor rapidez, según los casos, las épocas y los talento! naturales;
comienzan a nacer los frutos ultramarinos valiosos o simplemente interesanta
por su peculiaridad.
La cultura euroamericana no era tan distinta de la europea de origen COo

lérlo ll aaiMica, la ahicaDa, o la anerindia de ll fpoca anterior

...... delcubrimimtoe madtimoL Las lmguas, el alfabeto, el calen,. religi6n, permidan mantener a travá del cdano "el 1uo moral"
llablaba Humboldt. Y uf podtan loe europeo1 contribuir a la forma~ de la cultura americana, y b hombres del uevo Mundo acudir al an...,, ea bmca de elementos de formación intelectual o artútica. F.Atretanto,

a..-

poseer rugos propios y a valorizar
dejar de mantener su antiguo vinculo con la civima-

_, nmaa transatlánticas comenzaban a

u pecuJiaridades, sn
dde de Ocddente.'

•
La frecaencia de loa contactos entre las áreas y regiones de cada continente,
d como el número y la calidad de los hombres de estudio y los artistas, eran
lilúy distintos en Europa y en América durante los siglos coloniales.
Los maestlOI italianos influyen en la arquitectura y en los trabajos de talla
en Inglaterra en el período del Renacimiento. o parece que haya existido
aiaguna relaci6n entre los artistas de ucva España y los de Quebec o la
Nueva IJlglaterra, y fue escasa la que hubo entre los del Perú y los del Bralil Ya hemos visto que la penetraci6n de influencias extranjeras de cultura en
las áfflll de América suele ocurrir a través de las respectivas metrópolis (por
ejemplo, cuando España recibe los influjos de la pintura flamenca en el siglo
XVI o de las ideas y las modas francesas en el XVIll, y a través de ella llega al mundo hispanoamericano). Mas el contrabando y las licencias concedidaa a ban::os neutrales comunican asimismo las ideas y los gustos del exterior. La relativa lejanía o falta de tráfico entre unas y otras áreas de coloniadlm, así como el limitado desarrollo inicial de SUI creaciones del intelecto
y de las artes, no favorecian al contacto cultural directo interamericano. Era
IIIÍI ficil en los siglos coloniales que un país como Inglaterra ( la patria de
Sbakespeare, Milton, ewton, Locke) llegara a influir sobre las áreas americaaaa de distinta soberanía, a que éstas intercambiaran entre sí IUS propios
nlores de cultura; o descubrieran afinidades entre sus situaciones y mostraran
inter&amp; por compararlas; sin embargo, la incomunicación no era absoluta, aun
' A. Gaua. La Dis¡,utt1 ,M N11ovo Mondo, Storia di 11u ,olnnit:11, 1750-1900.
~ apoli, P.. llicciardi, 1955, p. 173, caracteriza ast la situación: "L' America
aa figlia d' Europa ( como non lo erano, evidentemente, né l' Asia né l' Africa; come
lo ..-l l'Oceania, ma in tanto minore scala), -era l'Europa, e insicme era la non•
linpa--, rantitcsi gcografica, física, e preato anche política, dell' Europa".

491

490

�en este orden de fenómenos culturales, ya sea entre las regiones de un mismo
imperio, ya entre áreas de distinta soberanía.
Entre las provincias mexicana y peruana del imperio español, entre México
y Venezuela, entre México y Centroamérica, entre las Antillas españolas y el
Continente, entre el Río de la Plata, Chile y el Perú, mediaron no sólo
algunos vínculos de comercio, sino también influencias religiosas y culturales.
La devoción a imágenes del culto mexicano, como la Virgen de Guadalupe,
o de la Iglesia peruana, como Santa Rosa de Lima, se extiende más allá de
las regiones de su 01igen. El arte pictórico cuzqueño conoce una irradiación
bastante amplia. Los estudiantes del Río de la Plata frecuentan la universidad
del Alto Perú. Los funcionarios de la administración y los eclesiásticos, en sus
traslados de unas provincias a otras del imperio español, trasmiten usos legales, prácticas administrativas y costumbres, como la de beber el chocolate.
El invento de la amalgama del mercurio para extraer el mineral de plata
llega de México al Perú en la segunda mital del siglo XVI. El peso fuerte
acuñado en las casas de moneda hispanoamericanas goza de valor general en
América, Europa y Asia. Es atribuido a un artista de Nueva España, José
Luis Rodríguez Alconedo, el túmulo erigido en Puebla a la memoria de los
soldados muertos en la defensa del puerto de Buenos Aires frente a los invasores ingleses de principios del siglo XIX. 8 Las gacetas no dejan de anunciar
los acontecimietnos que ocurren en las varias provincias de la monarquía.
El comercio entre el Brasil y el Río de la Plata aporta algunas influencias
culturales brasileñas a Buenos Aires, especialmente por la vía del contrabando,
que desempeña en todas las áreas un papel destacado cuando las comunicaciones legales no son permitidas entre colonias de distintas metrópolis europeas o entre colonias y naciones europeas diversas de su metrópoli. Asi los
muebles del Brasil llegan al Río de la Plata español; la técnica azucarera
peruana influye en la brasileña, y ésta en la de las islas antillanas de varias
naciones de Europa.
En 1791, los comediantes del Cap Fram;ais, refugiados de Saint-Domingue,
abren en Nueva Orleans el teatro de la calle Saint-Pierre. En 1794, otro refugiado, Duclot, funda el Moniteur de la Louisiane. Oeillard d' Avrigny, nacido en Saint-Pien·e de Martinica, hacia 1760, escribe Mexique Co1zquis,
poema heroico según el gusto del Abate Delille (París, 1812). Nueva Orleans
queda como un centro abierto al interés por el mundo hispanoamericano.
En 1816, el teatro Saint Philippe presenta una pieza que lleva por título:
Pizarre, ou la conquete du Pérou par les Espagnols. En 1827 es impresa la
• M. ToussAJNT, Arte Colonial en Mhico, México, Imprenta Universitaria, 1948,
p. 429.

492

obra: Lettres sur le Mexique par un citoyen de la Nouvelle Orléans. El francés P. Pérennes escribe una tragedia en cinco actos en la misma ciudad sobre
Guatimozin ou le demier jour de l'Empire mexicain (1839). El puerto acoge
refugiados políticos hispanoamericanos, como lo hace Burdeos en el Viejo
Mundo.'
La relación entre las colonias continentales inglesas y las Antillas es bastante
activa en el siglo XVIII, y no sólo toca posesiones insulares de Inglaterra,
sino también de España, Francia y Holanda. Así unas regiones de América
saben de la existencia de otras. En el siglo XVIII, el interés científico llega a
poner en comunicación a sabios de Nueva España, como Alzate, con los de
Angloamérica.10 A fines de esa centuria, la literatura poütica de los Estados
Unidos proyecta la primera influencia cultural importante del área angloamericana sobre las otras zonas de América de distinto origen.
Ya veremos que en ciertas regiones hay contactos, vecindades y sustituciones
de unas lenguas por otras.
Las influencias interamericanas aumentan después de la independencia,
aunque el vínculo cultural transatlántico creado en la época de las colonizaciones no deja de existir y aun de robustecerse a lo largo del siglo XIX.

•
Ya sabemos que los elementos integrantes de las culturas de América no
proceden solamente de Europa. Veamos cómo los factores no europeos se
proyectan sobre las varias áreas de colonización.
El Continente africano también se encuentra en una posición exterior que
permite el paso de algunas influencias generales y simultáneas a las varias
áreas de América; sus habitantes llegan a todas las colonizaciones a través
del comercio de esclavos. A pesar de las diversidades de origen en África y
del defecto destructor del traslado ultramarino, varios elementos comunes de
la religión, la danza, la música, las creencias mágicas, supersticiones y hechicerías, las tendencias lingüísticas, sea de varios grupos africanos entre sí, sea
de alguno de ellos que se reparte por varias regiones de América, se proyectan a la vez sobre distintas áreas de colonización europea, como el Brasil,
Haití, Cuba y el sur de Angloamérica. Los emigrantes africanos en los territorios coloniales de los varios imperios sin despertar las sospechas que persi• Cf. A. VIATTE, Histoirt Littlraire de l' Amérique Franraist, París, 1954, pp. 224,
262, 484.
" Cf. H. BEttNSTEfN, Origins of Inter-.dmtrican Interest, 1700-1812, Philadelphia,
1945.

493

�guen usualmente a los blancos extranjeros. De ahí que la aportación de África,
cualquiera que sea el valor que en cada caso tenga, alcance en la época de
las colonizaciones una difusión continentaJ bastante extensa.
Las influencias orientales que llegan en la época colonial a través del Pacífico, repercuten particularmente en México y el Perú. Al Brasil y Angloamérica arriban a través del comercio que las metrópolis europeas respectivas
sostienen con el Oriente, más bien que por una relación directa entre Asia
y América, aunque estos intercambios no faltan del todo en Brasil y comienzan
a fines del siglo XVIII en los Estados Unidos. El gusto por los objetos y
artes del Oriente, existe en todas las áreas de América a fines de esa centuria.
El indígena americano ejerce influencias en el orden de la cultura material
en varias áreas coloniales, por ejemplo, mediante la difusión del maíz, del
tabaco, etc. Sus lenguas, religiones y conocimientos anteriores al hallazgo europeo se extienden a veces por regiones bastante dilatadas; los colonizadores
dotan a ciertos rasgos culturales indígenas y africanos de un radio más extenso de difusión, gracias a los medios de transporte de que disponen al ocupar el Nuevo Mundo. Así como los navíos europeos permiten que algunas
manifestaciones del folklore de África arriben simultáneamente a Norte y
Sudamérica, también ayudan a que voces indígenas, en particular las antillanas, alcancen una irradiación notable en varias regiones continentales, gracias
a la movilidad de los colonizadores. La presencia del indio sedentario en distintas áreas coloniales crea en mayor o menor escala, una convivencia cultural y biológica con el europeo, y Ja peligrosa vecindad del nómada de las
regiones de frontera, imprime su marca en las costumbres de los colonos. En
este sentido el indio engendra situaciones de alcance bastante amplio en el
mundo americano. En todas las colonizaciones hay, según hemos visto, una
política hacia el indígena; pero presenta rasgos distintos en las varias áreas y
épocas, aun dentro de una colonización dada, no sólo por motivos provenientes del carácter de la civilización de las naciones europeas, sino también
por la diversa índole de las culturas indias y de las situaciones regionales.

LA FUNDACIÓN DE LA CIUDAD DE DURA GO

Ltc.

JosÉ

loNACIO GALLEoos

Universidad Juárez, Durango, México.

AÑo DE MJL QUINJENTos cincuenta y cuatro marca una nueva etapa para
el norte de la Nueva España. En este año se inician las expediciones de don
Francisco de !barra que habían de traer como consecuencia el descubrimiento
de esa gran parte del país.
Para ese entonces lo descubierto llegaba basta Zacatecas, que como se sabe
había sido fundada en mil quinientos cuarenta y seis y seguramente la fundación de esta ciudad sirvió para despertar el interés de descubrir nuevas
tierras al norte.

EL

Uno de los que más interés tomó en descubrir dichas tierras fue uno de
los fundadores de Zacatecas, don Diego de !barra, que se encontraba casado
con una hija de don Luis de Velasco, a la sazón II Vmey de la Nueva España.
Es fácil comprender, pues, la influencia que cerca del Virrey tenia don
Diego de Ibarra; le iba a ser fácil arreglar el descubrimiento de la región ya
dicha.
Hubiera querido don Diego ser el descubridor y conquistador de dichas tierras, pero se encontraba inválido debido a que había perdido una pierna en
la guerra del Mixt6n, por tal motivo creyó que lo indicado era va1erse de una
persona de su absoluta confianza para que hiciera los descubrimientos y conquistas.
Hacía poco que había llegado a la Nueva España su sobrino don Francisco,
quien se encontraba, seguramente, por recomendaciones suyas, de paje en la
corte del Virrey de Velasco y éste fue el instrumento de que se valió don
Diego para iniciar las conquistas a que nos hemos referido ya.
Era don Francisco de !barra un mozalbete, para la época en que iniciara
las conquistas tenía de diez y seis a diez y siete años, pero tenía todo el carácter, la energía y el talento que en tales causas se necesitan: cualidades que

494

495

�el mismo don Diego ignoraba, puesto que creía que su sobrino no iba a dar
un paso sin consultarle. Resultando que iba a ser enteramente lo contrario
pues don Francisco para lo único que iba a necesitar a su tío era para
le costeara las expediciones.

qu;

Don Francisco de lbarra era originario de Durango, Vizcaya, hijo de Pedro Sánchez de !barra y de María Aranclia. De. este matrimonio nacieron
Martín Ibáñez de Ibarra, Juan y Francisco de !barra.
La casa de Ibarra de la que descendía don Francisco, era de las más viejas
Y nobles de Guipuzcoa. Se dividía en tres ramas: La más antigua estaba en
Hergueta, la segunda en la Villa de Ybar y la última en Durango, Vizcaya.
Ignoramos cómo transcurrieron los primeros años de !barra, sólo sabemos
que por el año de mil quinientos cincuenta vino a la Nueva España, bajo 1a
protección de su tío don Diego, con quien peonaneció los primeros años.
Después aparece como paje en la corte del Virrey de Velasco; también creemos
que por recomendaciones de su tío don Diego.
Cuando éste pensó en hacer las conquistas al norte de Zacatecas, dándose
cuenta de que él no podfa hacerlas dado su estado de inválido, y como deseara
que todo quedara en familia, fue por lo que pensó en su sobrino don Francisco, que previo acuerdo con el Virrey de Velasco, lo puso al frente de la
expedición que andando los años iba a traer como consecuencia la fundación de la ciudad de Durango.

En el ~es de septiembre del año de mil quinientos cincuenta y cuatro,
don Franasco de lbarra salió de las minas de los zacatecas rumbo al norte
llevando al P. Juan García como capellán, más treinta soldados, a fin d~
descubrir nuevas tierras, minas y poblaciones de indios; descubrieron el Río
Grande que no es otro que el Río Aguanaval, el cual pasaron a nado por
haber ido muy crecido; descubrieron también el pueblo de Saín y otro pueblo que se encontraba como a ocho legua.$, al que se le puso por nombre
El Bautismo, en virtud de que el P. García bautizó muchos indios habiendo
sido don Francisco de lbarra el padrino de todos ellos. Después 'llegaron a
San Miguel, lugar que recibió este nombre por haber llegado el propio día
veintinueve de septiembre. Este sitio se llama hoy San Mi¡uel del Mezquital.
De ahí pasaron a otro lugar que resultó ser un rico mineral al que pusieron por nombre San Martín; éste nombre fue puesto porque había en la
expedición cuatro capitanes de este mismo nombre. De ahí fueron a dar a
otro sitio llamado Mazapil, en donde encontraron nuevas minas y descubrieron otros pueblos ; luego volvieron a atravesar el Río Grande y fueron a sitios
donde no encontraron agua; así anduvieron por espacio de ocho días descubriendo poblaciones de indios.
Andando por estos lugares encontraron una india que había huído de Ju-

496

chipila en tiempos del Gobernador Nuño de Guzmán, llegando hasta ahí
con su marido y su hijo, los que fueron muertos por los inclios. Ella sirvió
de intérprete, acompañándolos y siguiendo rumbo al norte en demanda de una
región muy rica llamada Copala, descubriendo en su camino Valle de San
Juan. Después descubrieron el Valle de Guatimapé, fueron a Capinamaiz,
Ocotán, Cacaria y el pueblo de la Olla.
Tuvieron un encuentro con los indios en el cual salieron heridos once o
doce soldados y fue muerto otro llamado Domingo de Villabona y también
herido en un pie don Francisco de !barra.
Después fue descubierto el Valle de Guadiana donde estuvo la expedición
una temporada; para entonces los soldados se encontraban en muy malas
condiciones, porque ropa y calzado se les habían terminado. lbarra mandó
a Zacatecas por todo lo necesario para revestirlos, regresando a este lugar, a
fin de prepararse para iniciar otra expedición que había de traer descubrimientos de nuevas tierras.
El lugar escogido por Ibarra para residir y continuar sus descubrimientos
fue San Martín, donde estuvo algunos años, continuando en sus expecliciones
logrando descubrir sitios donde hoy se levantan Sombrerete, Chalchihuites,
Ranchos, Las Nieves, Avino, San Juan del Mezquital y otros lugares.
Tan importantes fueron los descubrimientos hechos por !barra, que el Virrey se dio cuenta de su actuación y comprendió que había que premiar su
obra, por lo que Jo nombró Gobernador, según se desprende de su nombramiento que transcribimos en su parte relativa a continuación: " ... Y desde
entonces durante los pasados pocos años, he aprenclido que más allá de las
Minas de San Martín y Avino que están más allá de las Minas de Zacatecas,
hay ciertas colonias de indios y ricas provincias como una llamada Copala y
otras que hasta ahora no han sido descubiertas por españoles, y puesto que
los nativos de esos lugares, estaban sin la luz de nuestra fe católica, yo
concedí una comisión a Francisco de Ibarra, de manera que con ciertos
religiosos de la Orden de San Francisco y españoles que fueron en su Compañia, ellos pudieran entrar al país más allá de las Minas de San Martín y
Avino a descubrir las colonias que fueron reportadas estar en esa región; y
por lo concerniente a lo que ellos pudieran ver, descubrir, o oír, fueron ordenados reportarme para que provisión hecha también se les ordenó que mantuvieran en paz el dominio real de los mencionados nativos y puesto que en
el presente tiempo de acuerdo con las carlas del mencionado Francisco de
lbarra y un reportaje de los mencionados religiosos, yo supe que en prosecusión al descubrimiento, ellos hicieron unos viajes por tierras más allá de las
Minas de San Martín y Avino, y descubrieron ciertos valles y buenas tierras
irrigadas y algunas colonias que basta ese tiempo nunca habían sido vistas y

497
H32

�ahí ellos oyeron que más adelante había grandes colonias de gente que no
~saba ropas, pero que estaban sin ningún conocimiento de la Doctrina Cris~ a por eso conforme a la voluntad y deseos de su Majestad, después de
d!scu:11' el ~unto con la audiencia real y personas de importancia y expenencia cons1derando lo que debería ser hecho para traer a los nativos a las
men_cionadas tierras a la paz, y conocimiento de Dios Nuestro Señor, para que
pudieran ser :3-Ivados. P?rque ellos están sin la luz de 1a fe, fue decidido que
algunos espano]es debenan ser despachados bajo el mando de una persona
con c?mpleta autoridad para gobernarlos, y puesto que usted el mencionado
Fran~~sco de _!barra para servir a Dios Nuestro Señor y a su Majestad, se
ofrec1_0 para ir con algunos jinetes españoles, para descubrir y tratar a ]as
mencionadas gentes, nosotros adquirimos gran confianza en usted y creemos
que u~ted es una persona de confianza, capaz de desempeñar el cargo que
yo deposito confiadamente en usted.

!

"En nombre de su Majestad, y por virtud de autorización Real, aquí incorporada,
yo designo,
ordeno y doy poder a usted Francisco de !barra con
. ..
.
cen JJnetes a qmen usted seleccionará y religiosos de la Orden de San Francisco a quienes escogerá usted para que lo acompañen a entrar libremente al
descubrimiento de tierras y colonias ya mencionadas más allá de las Minas
de San Martín y Avino, exceptuando esas que están en la provincia de Chiametla, porque su descubrimiento ha sido confiado por su Majestad Doctor
Morones, Alcalde Mayor de la Real Audiencia del Nuevo Reino de Galicia
en nombre de su Majestad, nombro y desirno a usted Capitán y Gobernado;
de la gente a qujen usted guiará y yo le concedo a usted una licencia y poder
para_ emprend~r el ya mencionado descubrimiento por todas las maneras y
med10s necesanos para mantener en paz nuestra fe católica y obediencia a su
~ajestad, a los nati~os de esas mencionadas tierras. Usted verá que los religiosos no sean detemdos cuando prediquen el Santo Evangelio. A usted se le
dará poder para fundar colonias donde a usted le parezca mejor de acuerdo
a la situación, fertilidad de las tierras y cualidad del sitio, res~ecto a esto
ust:d me rendirá cuentas, esa provisión puede ser hecha para su perpetuidad
Y s1 los mencionados nativos resisten las predicaciones de los mencionados
religiosos, su gente no los dañará; sin embargo, tomarán todo el cuidado para
ganar una libre entrada. Respecto a esto todo lo demás que usted tendrá que
hacer, usted seguirá la lista de instrucciones incluída, firmada por mi mano
y por los miembros de esta Real Audiencia. Usted las guardará y las cumplirá
p~rque ellas contienen sin cambio las obligaciones de un Gobernador y Capitán General, las cuales son parecidas a las de usted. Por ellas usted, es guiado en la administración de justicia y en todos casos y causas civiles y criminales, las cuales pueden ocurrir. En todo esto yo le concedo a usted completa
)

498

autoridad y mande todas las personas quienes le acompañan a usted, a obedecerlo como su Gobernador y Capitán y a cumplir sus órdenes y a obedecerlo
sin excusa o reservación, sujetos a cualquier pena que usted desee imponerles.
"Puesto que en la mencionada lista de mstrucciones están declaradas y especificadas todo lo concerniente al ejercicio de su oficio, y puesto que mucho
de esto está incorporado en esta comisión, usted debe adherirlas como si ellas
estuvieran aquí contenidas.-México veinticuatro de julio de mil quinientos
sesenta y dos: Don Luis de Velasco.-Rúbrica".
Al ser nombrado !barra Gobernador y Capitán Geenral, se le invistió de
grandes poderes ordinarios, comisionándolo para explorar y colonizar tierras
descubiertas y como la empresa debería ser emprendida por su propia cuenta,
se le concedieron obviamente privilegios y exenciones de que no gozaba nin-

gún otro Gobernador.

.
Conforme a su nombramiento tenía poder para explorar y colonizar las
tierras más allá de la frontera española y para poner bajo su gobierno todos
]os pueblos que no estuvieran provistos de una Iglesia y un Misionero, pero
este trabajo debería ser emprendido sin la ayuda del Gobierno y además no
recibiría ningún sueldo.
En las funciones administrativas, estaban aquellas de otorgar a los indios en
encomienda, con el objeto de explotar su trabajo y darles instrucción religiosa.
El Poder Legislativo del Gobierno, incluía el hacer ]os reglamentos para el
gobierno de su provincia: Este poder era restringido solamente por la expedición de que estos decretos no deberían ser contrarios a la justicia Y a las
órdenes reales. Su autoridad judicial dependía de la Audiencia de México;
también el tributo real debería ser enviado a la Caja Real en la Ciudad de
México.
Como Capitán General, con el objeto de explorar y conquistar nuevas provincias, !barra estaba investido de considerable autoridad militar. Todos los
hombres que lo acompañaron en la expedición tenían el deber de obedecerlo
y de no desertar bajo pena de muerte.
También tenía nombramiento de Alguacil Mayor o Alto Magistrado.
Además del privilegio de otorgar encomiendas, Ibarra disfrutaba de ciertas
franquicias. El y sus compañeros estaban exe.ntos de la alcabala o impuesto
sobre la renta durante un período de veinte años. También en el lugar del
pago acostumbrado de la Cuenta Real, de todo el oro o de los metales pre~
ciosos sacados de las minas o encontrados por otros medios, los fundadores
de la Nueva Vizcaya debían pagar al Tesorero Real un veinteavo.
Cuando !barra recibió su nombramiento de Gobernador, que fue en el mes
de enero de mil quinientos sesenta y tres, estando en San Martín, estuvo
indeciso sobre si debería aceptarlo o bien rechazarlo, pero finalmente, siendo

499

�"nfluenciado grandemente por el hecho de que Velasco lo había escogido para
tal cargo, y de que dependía de su tío el cumplimiento de la empresa, acab6
por aceptar el cargo.
El cargo otorgado a !barra, dice Baltasar de Obregón, Cronista de la expedición, era merecido: se mostró como un caballero capaz, honrado y prudente. Sus actos, su vida, sus costumbres, justificaron su nombramiento.

AJ tener !barra noticias de su nombramiento, fue a Zacatecas y empezó a
organizar la gente que iba a formar parte de su pequeño ejército. Poco antes
de la Navidad marchó con sus hombres a San Martín para darles la organización final y ayudado por su tío don Diego, se proveyó de todo lo necesario para iniciar la primera expedición que con carácter oficial iba a emprender.
El Cronista de la expedición sigue hablando de la organización dada por
!barra. Dice: " ... Empezó a formar y a elegir los oficiales de su campo, empezó por Martín de Gamón a quien dio el cargo de Maese de Campo, el cual
fue el más valiente soldado que hubo en el viaje; por su Alférez Mayor a
Martín de Rentería, buen soldado; por sus capitanes a Pedro de Quezada,
Andrés de IbarraJ Martín de Arana, buenos y escogidos soldados; por Oficiales de la Real Hacienda, a Martín López de !barra a su primo, Bartolomé
de Arriola, Juan de Heredia, vizcaíno, caballeros virtuosos, a Alonso de la
Mancha por Alguacil mayor del campo. Escogió ciento setenta buenos soldados, la mayor parte vizcaínos, los cuales han aprobado en esta Gobernación muy bien".
En cumplimiento de su nombramiento de gobernador, !barra procedió a
reunir los cien hombres de rigor, y además llev6 tres Misioneros Franciscanos, que fueron Fr. Pablo Acevedo, el hermano Juan de Herrera y un tercero
cuyo nombre desconocemos.
Corno aquel ejército debería tener su Estandarte, don Diego lo confeccionó y se lo entregó a don Francisco, que era de damasco azul bordado y
labrado de oro y plata, en cuyos lados estaba esculpida la imagen de Cristo
y de la Virgen; a su alrededor había letras de oro y seda y en los cabos las
reales armas. Este Estandarte fue bendecido en la Iglesia de San Martín,
después del acto !barra se lo entregó a su Alférez Martín de Rentería.
El veinticuatro de enero de mil quinientos sesenta y tres, Iban-a abando.
naba San Martín, siendo despedido con grandes muestras de afecto por su tío
don Diego y por el Alcalde Mayor Diego de Colio, penetrando, desde luego,
a las tierras de las que iba a ser Gobernador.
Al llegar a los límites de ellas, por orden de !barra ahí se celebró una
misa, a fin de implorar la ayuda de Dios al principio de sus actividades.

500

Antes de que Ibarra fuera nombrado Gobernador, no hizo ninguna fun•
dación de pueblos, se limitó únicamente a recorrer el territorio.
Pasó por Nombre de DiosJ donde un año antes había sido fundada una
Misión Franciscana y alrededor de ella había ya un pueblo que era de mucho
Porvenir. !barra vio grandes esperanzas en él y lo fundó, aunque después iba
a venir su fundación oficial.
Seguramente que en sus distintos recorridos, !barra buscó sitios para fundar una ciudad o villa, que fuese la capital de la provincia de la que era
Gobernador y escogió un sitio en el Valle de Guadiana, que no podía estar
mejor elegido, dada la situación en que se encontraba el Valle. Sus tierras
eran muy feraces y había gran cantidad de agua, por lo que resultaba de gran
porvenir, ya que la población que en él se fundase podía tener mucha espectativa.
Escogió, pues, el sitio donde quedase la cabecera de su provincia, se lo comunicó a sus capitanes, mientras se fue a radicar a Valle de San Juan donde
estuvo atendiendo algunas expediciones, entre otras la de Tapia o Topiamé,
que él consideraba ser la base de sus expediciones.
En el mes de abril !barra mandó al Valle de Guadiana a su capitán Alonso de Pachcco, con el fin de que viniera a echar los cimientos de la nueva
1-·illa, de acuerdo con las instrucciones dadas por el propio lbarra.
Alonso de Pacheco llegó a Valle de Guadiana y se hospedó en alguna casa
del pueblo de indios de Analco y desde ahí comenzó a hacer la traza de la
nueva población.
Es bien sabido cómo se hacia la traza de una nueva ciudad; en primer
término se escogía el lugar donde fundarse, después se señalaba un rectángulo
que era el sitio para la plaza de armas, luego se señalaban sitios para el
templo, casas de cabildo, casas de los vecinos y a cordel se tiraban las calles.
Podemos afirmar que según J.a traza hecha por Alonso de Pacheco, la Villa
de Durango quedó, en el momento de nacer, de la siguiente manera, to•
mando como centro la plaza de armas: Al norte, la Iglesia. al sur el Palacio
de los Gobernadores; por lo pronto no se señaló sitio para las casas de Cabildo;
al oriente y poniente, los solares fueron repartidos entre los primeros vecinos
que hubo en Durango. Al norte del sitio donde se iba a construir la Iglesia,
con calle de por medio, !barra señaló otro sitio donde quedó su casa particular.
Llevaba Alonso de Pacheco dos meses de estar haciendo la traza de Durango, cuando se presentó en ella don Francisco de !barra, siendo en los
primeros días del mes de julio. La presencia de éste iba a acelerar los tra-

501

�lbajos de construcción, declarándola solemnemente fundada el ocho de julio
de mil qu.inientos sesenta y tres.
Pacheco la llamaba Guadiana, seguramente por encontrarse en los llanos
de este nombre, pero Ibarra le cambió su nombre y desde la fecha de su fundación le llamó Durango.

No hemos encontrado documento alguno que hable cómo fue la fundación
de nuestra ciudad, pero nos imaginamos que aquel ocho de julio desde temprana hora hubo un gran movimiento en ella.
La tradición señala un lugar próximo a la Plaza de Armas como el sitio
donde ese día a temprana hora se dijo una misa a la que asistieron Ibarra,
sus capitanes y los primeros vecinos que se establecieron en ella. Después tuvo
lugar el acto de la fundación.

La etimología de la palabra Durango, es la siguiente: Su nombre es síncope•
de URAS-ANGO que significa en castellano "Allende el Agua".
Como hemos visto en este trabajo Analco y Durango, quedaron inmediatos, los dividía únicamente el arroyo conocido por "Acequia Grande". La
palabra Analco es nahoa, y significa "Allende el Agua", es decir tiene el
mismo significado que Durango.

La ceremonia tuvo lugar en el sitio escogido como la Plaza de Armas,
en la que el Escribano Sebastián de Quiroz, levantó el acta de fundación correspondiente, estando a su lado el joven Capitán don Francisco de Ibarra
que apenas contaba con veinticuatro años de edad. Vestía su uniforme de
gala, junto a él estaba el Alférez Martín de Rentería portando el Estandane
que los había acompañado en sus conqu.istas. Estaban los Capitanes Alonso
de Pacheco, Martín López de lbarra, Bartolomé de Arreola y Martín de
Gamón, quienes lucían sus brillantes corazas, en las cimeras que llevaban aparecían vistosos penachos, en su cuello aparecía la gola, petos de cuero y al
cinto relucientes espadas de acero. Junto a ellos se encontraba doña Ana de
Leyva, esposa de Alonso de Pacheco, que fuera la primera mujer blanca
que viniera a Durango, así como los primeros vecinos pobladores de la Villa,
que fueron Pedro Raymundo, Agustín Camello, Pedro Morcillo, Juan de
Heredia, Juan Sánchez de AJanís, Domingo Hernández, Lope Fernández,
Alonso González, Femando de Requena, Gonzalo Martínez de Lerma, Gonzalo Corona y Esteban Alonso.
La Administración qued6 integrada de la siguiente manera: Gobernador y
Capitán General, don Francisco de !barra; Teniente de Gobernador, Hartolomé de Arrcola; Tesorero, Martín López de Ibarra; Factor y Veedor Juan
de Heredia; Escribano de Cabildo Sebastián de Qu.iroz; Oficiales Reales, Bartolomé de Arrecia y Juan de Heredia.
Los nombres que no conocemos son los de los primeros Alcaldes que tuvo
la Villa de Durango, y que forzosamente fueron nombrados por !barra el día
de su fundación.
Durango nació como Villa¡ pues según las leyes de indias en vigor el
pueblo que para el día de su fundación tenia menos de cien habitantes era
una Villa.

502

503

�INEVITABILIDAD DE LA DICTADURA DEL GENERAL
D1AZ DESPUÉS DE LA CA1DA DE LERDO
JORGE FERNANDO lTURIUBARRÍA

Universidad de Oaxaca.

DEsoE QUE INICIÓ EL GENERAL DÍAz su régimen, en 1877, comenzó ya a gobernar como un caudillo. Cuando ese caudillaje se hizo permanente, condujo
al país a la autocracia. De caudillo militar que toma el primer puesto de la
nación a merced de una cuartelada, pasó a convertirse, al paso del tiempo,
en una especie de monarca europeo como cualquiera de las cabezas coronadas
que lucían sus arrestos en las cortes del viejo Continente.
A su estilo personal de gobierno convenía aplicar convencionalmente la
Constitución de 1857, la carta vigente que con su espada había ayudado a
restablecer, con lo que queremos decir que promovió tal número de reformas en ella, que, de hecho, la Constitución resultó acomodada a la voluntad
del caudillo, y no éste subordinado al mandato y a la majestad de la ley; de
otro modo, el general Díaz no hubiera sido un autócrata.
A este convencionalismo político se debió que en el transcurso de las tres
décadas y fracción del régimen tuxtepecano, el estatuto jurídico del 57 haya
llegado a las postrimerías del porfiriato tapizado de parches. Y esto no se
crea que fue consecuencia de la actitud revisionista que toda legislación requiere con el andar del tiempo, sino inspiración de la poütica amañada que
un gobierno de tipo personal necesita para ocultar su fachada tras la máscara
de la legalidad y ofrecer, dentro y fuera, el aspecto de régimen de instituciones.
¿ Pudo el general Dias haber gobernado con los principios aprobados por
nuestros teóricos del 57, que llevaron al articulado de la Constitución liberal,
con más generosidad que conocimiento del país, sus férvidos anhelos transidos de romanticismo político y de la más sublime mística libertaria? ¿O
compartía en el fondo la objeción de Comonfort, cuando éste se coludió

505

�con los conservadores de Tacubaya declarando que: "con la Constitución
de 1857 no era posible gobernar''? ¿Por qué Juárez sí pudo, .incluso con
la Leyes de Reforma, pese a que haya tenido que recurrir a las facultades
extraordinarias en Guerra y Hacienda para enfrentarse a los problemas de
orden militar de su tiempo, entre ellos la cuartelada de la Ciudadela y la
revuelta de La Noria? El pasado nos revela que Juárcz, por temperamento
y por su educaci6n legalista, fue uno de los presidentes que supo cohonestar
el cumplimiento de la ley con la realidad política y social del país; su formación jurídica y su respeto a la majestad de la ley Jo relevaron del peligro
de caer en Ja dictadura sistemática.
¿Fue sincero el caudillo de La oria y Tuxtcpec al proclamar que la
reelecci6n era la causa principal de nucstrns males nacionales, e inscribir
en su bandera de rebelde el principio contrario? ¿ O fue que con su espada, en Tecoac, abri6 por fin la puerta, antes cerrada de su aspirantismo
presidencial, en eso días en que toda\'ía taban frescos en sus sienes los
laureles de Miahuatlán, La Carbonera y Puebla, para disputar a Juárez
-y más tarde a Lerdo- el sitio que sentíase con derecho a ocupar como
copartícipe ameritado en la caída del Segundo Imperio? La prudencia con
que procedió al dejar abierta la puerta de la presidencia para su retorno al
poder, dejando proscrita sólo la reelccci6n continua de presidente y gobernadores, pero no la absoluta, en la reforma constitucional vigente desde el
5 de mayo de 1878, demuestra que no campeó la idea de un radicalismo antirreeleccionista en ninguno de sus planes políticos.
No es posible negar, con ejemplos casi actualesJ que los obstáculos legales
a la voluntad de un presidente, siempre han podido ser remo\idos en México por el ministerio de Congr sos serviles y dóciles; lo que vien a reiterarse que, sobre Ja majestad de la ley estuvo y ha estado el interés polftic o
del momento, considerando éste en su sentido peyorativo.
Así hemos vivido desd la Independencia; y aun en los tiempos d Juárez,
menos .inescrupuloso en el respeto a la ley, el ilustre patricio hubo de violar
,·irtualmcnte la Constitución, al prorrogarse el período presidencial, contra
)aq demandas del general González Ortega, con derecho legal al puesto
como su tituto juridico de la presidencia. Empero la prórroga acordada por
Juárez se justificó, de hecho, por las condiciones de emergencia del país, con
ocupación militar del extranjero.

•
Uno de los argumentos que más se han usado contra el general Díaz, es el
de haber retenido el poder demasiado tiempo. Esta retención del poder a

506

cuando menos de las primeras cuatro reelecciones sucesivas, es decir,
'
d1 . 1
basta 1900, tiene explicación si la enfocamos dentro ~el marco e s1g, o _pasad0 si consideramos el ambiente político que pnvaba en las repubhcas
Y
latinoamericanas.
¿ Por qué México había de ser, en ese senn'do, diferen te a
esos otros países hennanos, teniendo una tradición común de dictadur~ constantes, si no es que de satrapías -salvo escasas y honrosas exccpc1ones-,
desde los tiempos de lturbide, hasta los de Santa Anna?.
.
En México, como en las demás repúblicas latino~encanas, la dictadura
se implant6, ya fuere hipócrita o abi~rtamente, casi ?esde el momento en
ue se organiza el régimen independiente, con Iturb1de emperador y con
~ta Anna; en la Gran Colombia, con el propio Bolívar; en Chile, con Bernanlo O'Higgins; en Paraguay, con el doctor Francia.
La explicación que más se acomoda con la_realidad es ~ue, al q~edar a~tomiticamente abolida la monarquía con el tnunfo de la insurgencia, falto_ al
sistema republicano de estos pueblos un principio de legitimidad reconoodo
universalmente. Quedó de golpe extinguido un poder político que, bueno o
malo, estuvo legitimado por siglos de tradición, sin cnco~trar un sustituto ~ue
pudiera presentarse cubierto con ese esplendor de majestad que tanto impresiona al pueblo, y al que aquellos países estuvieron habituados desde los
tiempos prehispánicos.
.
.
En lo sustancial, la diferencia entre una dictadura y una democracia radica
en que, en la dictadura) la autoridad política es indivisible -lo que l~ asemeja mucho a la monarquía absoluta-; y, en cambio, en la dem~c1a,_ ~u
miDila estructura radica en la dispersi6n del poder a través de diversas instituciones -división de poderes- y en la efectiva independencia de esos
• ..t.-

trave1,

órganos entre sí.
Hábitos de siglos determinaron en los pueblos indolatinos que, al faltar ese
tipo de gobierno emanado de un principio de autoridad universalmente reconocido y, habiendo tanto parecido, d hecho, entre un re~ ab~luto -desde
Carlos V a Femando VII, salvando la época del despottsmo ilustrado- y
un dictador, era inevitable que tuviera que surgir la figura de éste c~mo ~a
del sustituto del régimen fenecido. El caso actual de España con la ~11g~c1a
de una dictadura que ha rebasado ya los veinte años antes de ~xtin~1rsc,
para ir a desembocar probablemente y de nuevo en la monarqwa, viene a
demostrar que en los pueblos de larga tradición autocrática el sist~a de g~
biemo sólo ha cambiado en apariencia. cuando se supone que funciona bajo
el amparo de una Constitución, como ha ocurrido en las dictaduras hispanoamericanas del siglo anterior y en las que aún padecen esos pueblos.
Para el México de mediados del siglo pasado, la ley no babia podido sustituir al rey. Desde el Acta de Independencia del Imperio Mexicano, de 1821,

507

�hasta la Constitución de 57, varias hubo. 1 Un golpe de Estado o una cuartelada desconocía la ley vigente e implantaba normas como las de las llamadas "bases orgánicas", que estaban su jetas a modificación más o menos
constante, según que sus postulados fueran barreras más o menos accesibles
al capricho del mandamás. Tanta veleidad y tan punible falta de respeto
a los principios fundamentales impidieron que la ley fuera en México, como
lo es en otras partes, el mejor instrumento para disciplinar la conducta político-social de un pueblo.
En la Constitución de 57 fueron tantos los remiendos durante el porliriato,
que sólo pudieron salvarse determinados principios tabúes del liberalismo, considerados como símbolos irrevocables. Así llegó desconocida a la primera década del siglo actual, mostrando las heridas que Je infirieron quienes hicieron
de ella un adminículo para el uso personal del dictador. ¿ Iba el fin a justificar los medios?

•
La insurgencia victoriosa abolió Ja monarquía en los países indolatinos,
pero conservó sus más eficaces fuerzas: el autoritarismo absoluto el centralismo y cierta especie de aristocracia sustitutiva de la nobleza. 'Los nuevos
mandatarios, creados dentro de la tradición española no pudieron -ni habrían
podido- crear de golpe, improvisar hábitos sociales ajenos a las formas de
vida heredadas al país en el transcurso de largo coloniaje.

Y aunque no se perpetuó en Hispanoamérica la esclavitud, como sí, en
cambio, en los Estados Unidos, hasta Lincoln; se le conservó, de hecho, con
formas equivalentes, como la hacienda y el peonaje, los servicios forzosos del
campo, la leva y la consignación al ejércitol la tienda de raya, etc., etc.
A esa situación heredada a los países indolatino~ se debe lo que podría
llamarse una predisposición habitual a la dictadura. De Iturbide a Santa
' Leyes qu, rigieron desde la consumación de la Independencia a 1856.
1821. Acta de Independencia del Imperio Mexicano.
Feb.-24-1822. Bases constitucionales.
En.-31-1824. Acta constitutiva de la federación.
Oct.-4-1824. Constitución Federal de los Estados Unidos Mexicanos.
Oct.-2 7-1835 . .Bases constitucionales.
Dic.-15-1835. Bases orgánicas.
Sep.-28-184 l. Bases orgánicas.
Ma-y.-21-1847. Acta Constitutiva y de Reforma.
Abr.-22-1853. Bases orgánicas.
May.-15-1856. Estatuto orgánico.

508

Anna -salvo fugaces interrupciones en que el espíritu liberal ensayó formas
libertarias frustráncas- la dictadura degeneró hasta la satrapía, como en
las postrimerías de "Su Alteza Serenísima'1 • Después de la Revolución de
Ayutla, muerto Juárez, la dictadura retoñó con Lerdo y, caído el régimen en
Tecoac por la revuelta triunfante de Tuxtepec, el caudillo victorioso, tan
pronto como logra manumitirse de las inteligencias rectoras de Benítez, Tagle
y Zamacona, comienza a ejercer el mando con un estilo militar, dueño como
era de una fuerte voluntad, profundo conocedor de los resortes que mueven
a los hombres y con la experiencia adquirida como jefe político y militar del
Istmo de Tehuantepec y, más tarde, en su carácter de jefe de la famosa
División de Oriente, con jurisdicción en todos los Estados del Sur y Sureste;
es decir, en casi media república.
La capacidad de dictador, el dictador en potencia que había en el general
Díaz, se revela, entre otros casos, en su primera acción de armas, en Ixcapa,
en 1858, y después, en la batalla del 5 de Mayo de 1862, cuando, en ambos
casos, desobedece órdenes expresas de sus jefes y hace, con buen éxito, lo
que cree mejor. Esta capacidad se acentúa en Tehuantepec y en la jefatura
de la División de Oriente, cuando, en las dos situaciones, puede dictar acuerdos, sin restricci6n, que van desde la ocupación precaria de la propiedad,
h~ta la ejecución militar sumaria.
Y no sólo se revela y acentúa esa natural predisposición; se convierte en
una actitud ya inseparable del mando. Por eso, poco después de que el general Díaz es designado comandante militar de Tehuacán, ya restaurada la
República, y cuando empieza a encontrarse limitado en su acción de mando,
y hasta vigilado -principal.mente por su paisano el Gral. Ignacio Mejía, a
la sazón Ministro de Guerra, que siempre estuvo celoso de sus aptitudes de
soldado-, termina por resignar ese mando, y regresa a Oa.xaca para embrazar el arado -Cincinato se hizo decir-, en espera del momento en que va
a disputarle el puesto a Juárez, si el patricio da el pretexto de la reelección,
como lo hizo.
Conseguida la presidencia, después de su primer fracaso en 1872, y a punto
de concluir en igual forma la segunda intentona, que le deparó peligros sin
cuento -como aquella travesía marítima de Brownsville a Veracruz, en que
tuvo que fingirse médico cubano y loco y estuvo en inminente peligro de
ahogarse-, el general Díaz encuentra que los cuatro años de su presidencia
se van pasando en intentos reorganizadores y en largos escarceos diplomáticos
con los Estados Unidos, porque los indios texanos perseguidos se refugian en
México y los mexicanos invaden la frontera del vecino; años que son corto
Y fugaz premio a sus afanes de caudillo republicano y a los sacrificios sin
cuento con que, al 6n, pudo escalar el poder.
509

�Esta amargura de la fugacidad sorprende su ánimo cuando, conforme a
la costumbre y, apenas doblada la primera mitad del cuatrienio) el ambiente
político empieza a agitarse en busca del sucesor. Se habla de los generales
Mariano Escobedo y Ram6n Corona -con quienes había compartido la vic.
toria militar contra el Imperio- como los probables candidatos de la oposición; pero también, y mucho, se habla de su íntimo amigo y paisano: el
licenciado José Justo Benítez, y de los también abogados Vallarta, Tagle
y Zamacona.
¡ Horror! Han transcurrido dos años en puros acomodos y tanteos, escaramuzas diplomáticas, colocación de los amigos y partidarios en el presupuesto,
sin que nada efectivo apunte como programa, y ya tiene que ir pensando
el general Díaz en el intruso que ha de venir a ocupar su puesto, tan largamente conocido y duramente peleado. El fantasma del presunto sucesor empieza a desvelarlo sin que pueda rehuirlo, porque la no reelección ha sido
inscrita como norma constitucional. Menguado le va pareciendo el premio
frente al sacrificio. Examina, con celo de moro, el panorama de los presidenciables; mira de reojo la nómina de los generales de la oposición; vuelve
airado la hoja, y escudriña en el alma de los fieles compañeros de lucha política: allí están esos tres abogados que ya han conquistado celebridad en el Foro
y cuyo prestigio no deja de ser peligro para hacer con cualquiera de ellos el
puente que le permita volver a andar el camino desandado; pero sospecha
que ellos no le devolverían la dorada silla, porque les sobrarán argucias legales
para impedírselo. Queda el amigo fraternal: José Justo ... Sin embargo, no
tarda en enterarse de que su excondiscípulo en el Instituto de Oaxaca, valido de la influencia que se le atribuye ante él, ya ha comenzado a hacer
"benitismo" futurista en el Congreso para comprometer la sucesión en su
favor, forzando Ja situación, y eso no es leal. Cree el general Díaz que, en
estas condiciones, fortalecer su aspirantismo es jugar un albur. Benítez pre.
sidente sería capaz de mandar reformar la Constitución para borrar el prin•
cipio antirreeleccionista en su personal provecho, porque no tiene compromisos con la opinión pública en ese sentido, ni responsabilidades ante la Historia. Y, si como amigo Benitez es intransigente, como enemigo sería intolerable. Entonces ... ¿quién? Necesita un tipo sin dobleces, de una pieza, incapaz de perfidias, de los que al comprometer la palabra comprometen el
honor y la vida. ¡ Su compadre Manuel González! ... El, porque a costa de
su manquera, de su valor y de su oportuna presencia en el campo de batalla,
decidió el triunfo en Tecoac, y tiene probado ser hombre de palabra.
Y entonces se da el caso de que, por primera vez en México, un presidente pueda nombrar sucesor y entregarle pacíficamente el gobierno. Se ha
producido un hecho nuevo en la historia del país. Pero, el que ha podido

510

hacerlo, ¿no podrá intentar empresas más audaces? ¿Convertirse, por ejemplo, en un patriarca político, en una especie de gran cacique? Muchos ya lo
presagian, sobre todo los desahuciados, que parecen decir en coro: "¿ Quién
lo duda? ¡ Porfirio volverá!" Y volvió el primero de diciembre de 1884, para
pennanecer veintisiete años más en sucesivas reelecciones, pegado a la presidencia como lapa a la roca marina, hasta el 26 de mayo de 1911, en que, a
los 81 de edad, dimite, forzado, el poder.
Este hombre con un don e&gt;..'traordinario de mando, con predisposición innata a imponer su voluntad, que de hecho ejerció la dictadura civil y militar en el Istmo, y la política y militar durante los dos periodos en que desempeñó la jefatura del Ejército de Oriente; que por el ministerio de las armas,
muerto Juárez, abate el poder civil de un presidente impopular y entroniza
su régimen en un país con larga tradición monárquica y con frecuentes reincidencias en la dictadura, tenía que ir derechamente a la autocracia.
Dos condiciones concunentes operaban, además de las ya señaladas: la
situación personal temperamental del caudillo, y el ambiente dictatorial que
seguía privando en las repúblicas indolatinas del Continente durante el último tercio del siglo pasado, con las solas excepciones tan ilustres de Rocafuerte, en el Ecuador, y de Mitre y Sarmiento, en la Argentina.
Y cuando vuelve por primera vez al poder, en 1884, el general Díaz reconoce que la devolución que ha recibido no obedeció exclusivamente a la lealtad del general González, sino a que su personalidad ha impuesto su retomo,
porque él ha logrado operar en la opinión de tal manera, que su segunda
presencia en el poder se está considerando seriamente como un caso de necesidad pública o algo por el estilo, a causa de las grandes inmoralidades administrativas ocurridas durante el régimen de Gonzálcz, que prohijaron el rápido
enriquecimiento del propio presidente y de sus paniaguados.
Aquí entró el genio político del general Díaz, genio que ha de seguir operando después, de modo parecido, para que cada nuevo caso de reelección
sea considerado como un imperativo de conveniencia nacional, hasta que el
procedimiento concluye por gastarse, hacerse rutinario e ineficaz.
Imposible soslayar que México entonces, como antes y después, estaba acostumbrado al proceso político que iba de la dictadura a la rebelión, para nuevamente recaer en la dictadura, y así sucesivametne. En estas circunstancias,
resulta claro que si el orden impuesto por el general Díaz, con todos sus grandes defectos, tenía la rara virtud de haber suprimido el hábito de las revueltas, los desórdenes y la anarquía que periódicamente padecía el país, con
sus consecuencias lesivas para la economía general, aun no simpatizándose personalmente con el caudillo, el resultado era que cada reelecci6n suya iba
siendo vista con explicable disimulo en los sectores capaces de iniciativa política.

511

�Sin comparar al general Díaz con el dictador Juan Manuel Rosas, de la
Argentina, pero ayudándonos de su caso para entender cómo se entronizó en
México el porfiriato, sabemos que el régimen del político sudamericano -pese
a sus procedimientos no s6lo dictatoriales, sino tiránicos-, ha sido reconocido
por muchos historiadores contemporáneos como un instrumento providencial
de la unidad nacional argentina. Algo semejante sucedió entre nosotros, y
por eso muchos suponen, con razonamiento no escaso de lógica, que el general Díaz llegó al poder cuando el país lo necesitaba. El caso puede ilustrarse con esta pregunta: ¿Nos asisten motivos fundados para suponer que
en 1884 México se había ya curado de caer en futuras rcweltas? Es todo lo
contrario. Lo probable es que, de no haber surgido en la vida política del
país la \'Ígorosa personalidad del general Díaz, se hubiera continuado con el
hábito de las cuarteladas, como ocurrió en este siglo, desde el Plan de Agua
Prieta hasta la revuelta de los hermanos Cedillo en San Luis Potosí; es decir,
durante más de veinte años.
Buscando una interpretación de los motivos del general Díaz para establecer una forma personal de gobierno -aparte de las causas temperamentales ya vistas- se advierte que, cuando menos, a partir de su segunda reelección, gobernó con su sola presencia. Sus indicaciones eran órdenes, porque
sabía que si delegaba su autoridad en segundas manos, éstas y no las suyas
se acreditarían con el prestigio del mando, y podrían llegar a disputárselo
con el derecho que da el compartir algo con otro, y así, aun con el ímprobo
esfuerzo que requiere multiplicarse para atender!o todo, pudo cuidar y conservar su prestigio de caudillo enérgico y vigilante, celoso del poder y de la
autoridad, hasta que su senilidad lo invalidó y el "grupo científico" tomó
prácticamente el mando.
En efecto, ya en el siglo actual, comienzan a declinar sus facultades y la
dirección pasa, de hecho, a las manos de Limantour, que empieza a suplantarlo y a imponerle su voluntad en casi todo, menos en lo imposible: que eJ
general Díaz se avenga a dejar la presidencia. Pero, esta resistencia suya, lejos ya de revelar cualidades positivas, denuncia una intransigencia obsesiva,
casi patológica, que lo obliga a recurrir a todas las artimañas, aun a las de
mala ley, sin omitir la represión sangrienta, para burlar a sus presuntos rivales y no soltar el poder.
A Limantour lo hizo e.'Chibir públicamente como extranjero, para desahuciarlo
en sus pretensiones presidenciales, y aunque después lo habilitó oficialmente
con la ciudadanía mexicana, esto fue bajo la condición irrevocable de que
jamás osara sucederlo; y ni aun como aspirante a la vicepresidencia, cuando
se instituyó el cargo -a iniciativa del propio Limantour-, le permitió pretender a él. Todo lo contrario: lo desautorizó mediante una circular pública,

512

cuyo texto resultaba oficioso e inconducente al decir allí, sin haber motivo,
que su Ministro de Hacienda había resuelto, con carácter irrevocable, no aspirar a ese cargo: el punto neurálgico del general Díaz.
Al general Bernardo Reyes, por haber autorizado la formación de un partido que le era afecto, inducido a ello por las enfáticas declaraciones de don
Porfirio al periodista norteamericano Creelman -publicadas en marzo de
1908-, en el sentido de que el país ya estaba maduro para la democracia,
y que vería como una bendici6n que en México se formaran partidos políticos,
lo mandó perseguir en Nuevo León -el Estado que gobernaba- con fuerzas
del general Jerónimo Treviño, su enemigo personal, y poco después le ordenó,
como militar que era Reyes, su salida a Europa en comisión oficial, desterrándolo prácticamente.
Sobre la fobia contra el general Reyes, que fue con don Porfirio de una
lealtad ejemplar, refiere el doctor Francisco Vázquez Gómez una anécdota
que pinta con vivos colores el celo africano que en el presidente causaba que
se le hablara de un sucesor, y del encono que por ese aspirantismo le tomó al
gobernador de aquella entidad fronteriza.
Dice que, conversando con el general Díaz en Chapultepec, el caudillo le
confió que consideraba al general Reyes como su enemigo político y personal.
Siendo su interlocutor partidario del general Reyes, trató de convencer al
general Díaz de lo contrario, y aun le insinuó --con la confianza que le permitía haber sido su médico de cabecera-- la conveniencia de que aquél ocupara la vicepresidencia y no don Ramón Corral; pues que, ocurriendo como
el doctor lo sugería, el general Díaz podría emprender tranquilo el viaje que
proyectaba hacer con su esposa a Europa. No así, en cambio, si quedaba
Corral, porque su impopularidad podr'ia ser causa de desórdenes públicos.
Añade el doctor Vázquez G6mez, que lo interrumpió el general Díaz con
esta observación:
-"Pero si Reyes no sale electo se pronuncia".
A lo que objetó el doctor que no lo haría porque era un leal amigo del
presidente.
Entonces éste prorrumpió en tono e,,¡:altado:
-"Es que usted no conoce al general Reyes, es un hombre de unas pasiones
terribles, y si él fuera el electo vicepresidente sería capaz de mandarme asesinar para quedarse de presidente". 2
Atribuye el doctor Vásquez Gómez el estado de ánimo del general Díaz
a una larga y bien premeditada intriga de los "científicos'' para frustrar la por
ellos tan temida admisi6n del general Reyes como candidato de parte del
1

Da.. FMNc1sco VÁsQUEZ

GÓMEZ.

Memorias PoUticll.f, p. 16.

513

�caudillo, porque su ascensión al poder habría significado la liquidación de
ese grupo político, que atisbaba el momento de suceder al general Díaz, como
lo pretendió Llmantour con el pacto secreto que tuvo con Madero1 pacto
que fracasó en Ciudad Juárez, en mayo de 1911, gracias a la actitud vigi•
lante y enérgica del propio doctor Vázquez Gómez.
Estas actitudes del general Díaz, ocurridas bien avanzado el primer de.
cenio del siglo actual, cuando ya había cumplido los 70 años y 24 de ser
presidente, denuncian que eJ caudillo había llegado a la senilidad y estaba
incapacitado para seguir siendo el jefe de la Nación.
El aparato cortesano y el oropel que brillaba con luces falaces durante las
postrimerías del régimen, contribuyeron a engañar al caudillo respecto de
su verdadera posición interior y exterior, como se verá que ocurre al visitar
México, en septiembre de 1906, el ministro norteamericano Mr. Elihu Root
Vino aparentemente para estrechar las relaciones de amistad entre los dos
pueblos; pero en verdad actuaba como enviado confidencial del presidente
Roosevelt, de los Estados Unidos. Pensando el mandatario yanqui intervenir
en los conflictos suscitados entre Guatemala, Colombia, Venezuela y El Salvador, buscaba ofrecer su mediación a los beligerantes, pero con la cooperaci6n
del gobierno mexicano, y enviaba a Root contemplando el proyecto de llegar
a dominar a Centroamérica valiéndose de México, por ser esta nación latina
vecina a los países en dificultades y con cierta prestancia como de hermana
mayor.
Preocupó entonces mucho a don Porfirio que Mr. Root se llevara de México la mejor impresión posible, y mandó arreglar el escenario. Algo de lo
mucho que para ese fin se hizo fue mandar confeccionar miles de panta.
Iones de mezclilla, y regalarlos a los indios transeúntes en la Capital, con aper•
cibimiento de multa o arresto menor si no los lucían mientras durara la per•
manencia del político yanqui.
Hubo en su honor una tertulia nocturna o garden party, en Chapultepec,
de la que The Mexican Herald dijo: "El acontecimiento sobrepujó a todo
cuanto hasta hoy se había hecho en honor de Mr. Root, y eclipsó por
completo a todo lo que hasta el día ha llegado a realizarse en cualquiera de
las dos Américas".ª Además, los banquetes y brindis consabidos y recepción
en el Congreso, en los que nuestro huésped dijo, entre otras cosas, para ha•
lagar al general Díaz, después de referirse al progreso nacional: "Señor pre,
sidente: el pueblo de los Estados Unidos sabe que la humanidad debe este
gran cambio principalmente a vos ... " " ... esa constancia y valor que ha elevado al soldado y al estailista que ahora ocupa la primera magistratura de
1

514

RIOAJWo GARCÍA

GRANADOS.

Historia de Mlxico, t. II, p. 84.

México a un lugar en la Historia, superior al de tantos reyes y emperadores
con aparatosos títulos y sin otros hechos en su vida que los dictados por s~
ambición personal".'
Pero, días después, cuando Root regresó a los Estados Unidos y los periodistas le preguntaron: "-¿ Qué ha visto usted en México?", contestó: "-He
visto a todo un pueblo de rodillas y a un solo hombre de pie..."
Rodeado de aduladores, y a despecho de su reconocido talento natural ,
quizás nunca llegó el presidente a conocer esa situación falsa y, consecuentemente, jamás también pensó en abdicar, haciéndolo hasta que su renuncia
fue condición impuesta en los tratados de paz de Ciudad Juárez y cuando
frente a su casa de las calles de La Cadena, el pueblo, con C.'&lt;J)resión de
impaciencia, le gritaba que se fuera.
Sin ser ya prácticamente él quien gobernara en el período 1904-1910, sino
Limantour y el grupo científico, tuvo la satisfacción de presidir en 1910
'
,
mostrando en su aspecto físico el color blanco sonrosado de su piel -ayer
broncinea-, en su indumentaria ceremonial de corte europeo y en la etiqueta
palaciega, con el atuendo de un monarca del Viejo Continente, las solemnes
conmemoraciones del Centenario, siendo entonces saludado y felicitado por
delegaciones diplomáticas de los países más acreditados del orbe.

•
Este hombre extraordinario, en ocasiones genial, que llevaba en las venas
sangre de cacique, de caudillo, de dictador y de autócrata; de un individualismo férreo, que desarrolló sus facultades y aprendió a dominar sus impulsos
~ mo~tañas y valles, siempre en plan de dirigir a otros hombres, ya fueren
cien, cmco mil o treinta mil, nunca, que se sepa, codició el dinero o los bienes que con él se compran. Sólo le interesaron la gloria y el poder.
. Su inclinación a ser obedecido se reveló en su juventud en varias ocasiones.
Siendo muchacho y viviendo con su madre viuda y sus hermanos en el "Solar
del toronjo", en el barrio de Jalatlaco, de la ciudad de Oaxaca, capitaneaba
chusmas de muchachos de las calles de Cordobanes -después llamada de
"Los l'eperos,, y mas
' tarde, de Libres, pues allí se reclutó un batallón liberalque armaba pedriscas con otros mozalbetes del barrio de "Los Príncipes" co~
~~ contrariedad del obispo Domínguez, padrino de bautismo y tío de' Porfino; posteriormente, siendo estudiante del Instituto de Ciencias y Artes del
E5tado de Oaxaca, al obtener la clase de gimnasia impartiéndola con aparato mirttar¡ Y, más tarde, desertando de la carrera' de Leyes por haber te• lb. 1b., p. 85.

515

�nido que incorporarse a u.na partida antisantanista al estallar el Plan de Ayuda: y ya triunfante la revolución liberal aceptando la jefatura política del
distrito de Ixtlán, en donde antes que otra cosa, se constituye en instructor
militar de los serranos y logra formar con ellos una especie de batallón de
reclutas que, poco después, fue utilísimo para conjurar en la ciudad de Oaxaca u.na cuartelada conservadora contra la "Ley Juárez".
Fue el general Díaz tan temperamentalmente inclinado al poder, que a
veces se puede cometer con él la injusticia de pensar si este desconcertante
soldado buscaba la gloria como medio para encontrar el poder, o si fue hasta
el 2 de abril de 1867, después de la caída de PueblaJ cuando le hablaron al
oído las brujas de Machbeth ... Creíble también que algo le hayan insinuado
desde Miahuatlán y La Carbonera... El sentido de esta revelación pudo haber
tenido concreción en su mente el 20 de junio de ese mismo año, al caer en
su poder y quedar transitoriamente bajo su mando e.xclusivo la capital de
la restaurada República. Debe haber sentido el todavía joven militar de 37
años, desde las terrazas del Castillo de Chapultepec, o en el austero recinto
de la sala de acuerdos del Palacio Nacional, el halago del poder, como un
guiño de la veleidosa fortuna. Su pecho atlético debe haberse expandido y,
al tiempo en que su corazón latía aún más rápidamente que cuando avisoraba el peligro en la batalla, su fuerte voluntad pudo haber respondjdo a
las brujas de la tragedia shakesperiana: "-¡ Sí. Yo seré rey!''
Resulta interesante ver cómo al tomar e1 general Díaz el poder concurren,
conjugándose, dos elementos fundamentales: por u.na parte, la personalidad
del hombre con fuertes hábitos de mando, que no s6lo ha codiciado largamente la presidencia, sino que ya ha hecho de su tenencia una cuestión de
amor propio; y por la otra, la tradición de un país que, salvo breves lapsos,
ha vivido bajo regímenes de un poder absoluto, llámense monarquía indígena, virreinato, imperio de lturbide, dictadura o satrapía de Santa Anna,
autocracia de Lerdo de Tejada, etc.
Por lo demás, el panorama que ofrecían las repúblicas hermanas del Continente, salvo las honrosas excepciones de Rocafuerte, en el Ecuador, y de
Mitre y Sanniento en la Argentina, con dictaduras militares en casi todas, y
la permanencia de Cuba y Puerto Rico bajo el régimen colonial de España,
daba la apariencia de hacer plausible, si no es que necesario, el advenimiento
de un régimen afín a los otros.
Hay dictadores de dictadores; mas en el general Díaz reuníanse dos condiciones que no fueron comunes en sus émulos contemporáneos: sus brillantes
antecedentes de caudillo republicano y su extraordinaria personalidad. Sintomática de su tiempo resulta esta situación entre Porfirio Díaz, la tradición
regimenta) de México y el ambiente político de aquellas naciones hermanas,
516

salidas todas del coloniaje y pugnando por aprender a vivir con autonomía,
pero siempre o casi siempre bajo principios constitucionales con valor teórico o especulativo, y en franco y permanente divorcio entre el ideal democrático y las prácticas políticas tal y como se imponen en la realidad.
La combinación de estos factores estaba llamada a producir en México otra
dictadura, aunque diferente, tanto por la calidad del dictador, corno porque el ·país necesitaba estar en nerviosa espectativa de las reacciones de su
vecino del Norte, siempre inducido por cierta casta de políticos a esperar
la oportunidad, si no es que a crear las condiciones necesarias de discordia,
intranquilidad y desorden -como en los tiempos de Poinsset-, propicias
para intervenir y dar el siguiente zarpazo sobre Baja Califomia y Sonora.
La vuelta a la dictadura era, pues, fatal, por las condiciones internas del
país y por las externas, en relación con las cuestiones de frontera. Analicemos
unas y otras.
Prácticamente, México había estado en guerra, ya fuere civil o intemacional, desde 1854, en que estalla el Plan de Ayutla, hasta 1876, en que es
derrocado Lerdo. Es decir: en sólo veintidós años había pasado por la revolución de Ayutla, la Guerra de Reforma, las luchas contra la Intervención
Francesa y el Imperio, y las revueltas de La Noria y Tuxtepec. El país se
había desangrado y arruinado económicamente. El retorno a la paz y al orden
tropezaba con el licenciamiento de miles de hombres que habían tenido que hacer de la violencia y el desorden un modus vivendi, apenas ayer arrancados de su
hogar y de su trabajo honesto, y que hoy veían desaparecidas, por los efectos
destructores de la guerra, las fuentes naturales de sus ingresos. La sustracción
de varias comarcas o regiones a la autoridad, por los mismos motivos, creó
Y consolidó fuertes cacicazgos del tipo Lazada, en Tepic, o de Treviño, en
el Norte.

El vandalismo, la depredación y el pillaje se extendieron por el territorio
nacional, y las bandas de forajidos, formadas, muchas veces, por auténticos
héroes anónimos ameritados en las luchas contra el invasor, asolaban los caminos y asaltaban haciendas y poblaciones tomando más angustiosa la vida
y más dura la miseria.
Esta fue la situación interna que encontró el general Díaz al tomar el poder, situación que de sobra conocía y a la que él había contribu.ído grandemente a empeorar como caudillo de revueltas y de la que en buena parte
,
'
'
deb1a sentirse directo responsable.
)

~ esta situación deben agregarse los diversos brotes rebeldes y Jas conspiraciones promovidas por los partidarios del régimen caído, como tentativa de
recon~uistar el poder, a las que no fue ajeno el general Mariano Escobedo,
coludido, según se afirma, con las tripulaciones de los barcos "Independencia"
517

•

�.

y "Libertad", caundo ocurrió la espantosa masacre de la madrugada del

25 de junio de 1879, en Veracruz.
La situación e.xtema no era menos grave y, como es de suponerse, la tensión tenía que producirse hacia el lado de nue.stro vecino del 1orte. La Casa
Blanca subordinaba el reconocimiento oficial de nuevo régimen a una pacificaci6n completa de la frontera común. Resultaba que de ·de 1848 -en que
se trazó la nueva división con el límite natural del Bravo- los norteamericanos fronterizos habían venido teniendo dificultades porque los indio texanos, perseguido por los blancos en las inhumana cacerías que éstos acostumbraban, e\·adían a sus victimarios y se refugiaban 11 nuestro territorio, en
dond , igualmente, solían burlar a las autoridades mexicanas. "'uestros vigilantes resultaban incapacc de patrullar una línea tan e.xtcnsa, y esta incapacidad provocaba una falsa y calculada indignación del gobierno norteamericano, siempre dispu sto a e.xagerar nuestros defecto y a culpamos de vivir
en p rpetuo desorden, propicio al refugio de asesinos, abigeos y maleantes.
ucedía también que aquellos indios texanos que escondían en nuestras f ronteras, no tardaban en organizar de nuevo sus incursiones sobre T~·a , en donde
ejer ían represalias contra sus perseguidores.
·
Durante la primera presidencia del general Díaz esta situaci6n continu6,
pero agravada por las anteriores luchas intestinas, detenninó que el president norteamericano Rutherford B. Rayes autorizara la formación de varios
batallones de rangers; éstos, sin permiso del gobierno me.xicano pasaban la
frontera per iauiendo a los indios texanos. Cuando se reclamaba, la respuesta
invariable era que los Estados Unidos e veían obligados a hacer lo que Mé-

r

xico no podía.
La tendenciosa presión yanqui era muy fuerte, y durante la primera presi-dencia del general Diaz llegó a ocupar la atención de importantes diarios
norteamericanos, los que en tono a~resivo proclamaban la nec idad de privar a México de su soberanía, como único recurso de liquidar el problema
de frontera: "Lo mismo el r.·mes, el Herald Tribune o el World, de ueva
York, que el Republican de Washington o The Press, de Filadelfia publicaban
noticias v comentarios sobre un tema ostensiblemente monocorde: México
jamás lo~aría estabilidad política y progreso econ6mico; sólo lo alcanzarla
a la sombra bienhechora de los Estados Unidos, al con\'ertme en un ~
teclorado suyo".ª
Pero no fue este el único problema con los Estado Unidos. Para encauzar
su gobierno, el general Díaz se había visto obligado a solicitar un préstamo
de medio millón de pesos a las fuerzas activas del paí , incluyendo a los el•
• DANIEL

Cos.ío

VrLLECAS.

tranjeros y sin omitir, naturalmente, a os norteamericanos. Estos últimos se
quejaron, a través de su ministro, al Secretario de Estado, Mr. Evans, y el
gobierno yanqui trató de impon r la excepci6n favorable a sus conciudadanos·
para lo que se propu o anular el Tratado de 1836, firmado con nuestr~
país sobre ese particular, haciendo de la buena disposición que México mostrara en servir a los intereses de los norteamericanos una nueva e intransigente
condici6n para otorgar el reconocimiento.
te caso y el de los problemas de frontera, los licenciados Matos de Ministro de Relaciones, de Embajador de México en Washington y de enviado especial, después de una larga batalla diplomática llegaron a ablandar la calculada &gt;'
fria resistencia de la Casa Blanca, que sólo buscaba pretextos más O menos
viables para mantener un ambiente de inseguridad internacional con México.
prop~&lt;:_io a la in~ervcnción. Por fin, con la designación del general Jerónim~
TreVIno, como Jefe de las fuenas mexicanas con destino permanente a patrullar la frontera. y la del teniente coronel Shafter, designado jefe supremo
de las f~eral s d_e _los Estados nidos en el Estado de Texas, entró en proceso
soluet6n el v1eJo problema de la inseguridad fronteriza. Así quedó conjurado, por entone , el peligro latente de la interv nción yanqui en México.
No cabe dudar que el conseguirlo fue un triunfo de la diplomacia mexicana.•
Enfocados

riscal Romero y Vallarta, en sus respectivos pu

?e

Examinada la situación interna del país, la perspectiva posible consistía
o en una serie alternativa de dictaduras y ren1eltas -como antes desde el
golpe ?e Estado d Iturbide, hasta el triunfo del Plan de Ayutla-' 0 en una
90la dictadura, con mano de hierro, capaz de cortar de rafa la rutina de
las cuarteladas.
Pudo haber v~ios hombres que ofrecieran a fé,dco esta segunda posibilidad, pe~. a nadie favorecían tanto las circunstancias g nerales del país y
las condic1ones personales, en ese momento histórico, que al general Día2.
e Empero, 1~ que sí resulta e:idente es que si la dictadura establecida por
l _genera! D1az. pudo tener VlSOS de ser conveniente a la nación en determinado tiempo su prolongación indefinida, hasta provocar la e.xplo. ión popula_r, carece de justificación, revela falla de ~cntido político y sólo puede
explicarse como una obsesión enfermiza, como un grave síntoma decante.
Al finalizar el siglo anterior, la regeneración de los viejos males del país
:us dolencias orgánicas o constitucionales -hablando en términos de fisio~
ogi_a comparada- al amparo de la dictadura, estaba lograda: abolidos los
cacicazgos, sofocadas las revueltas -por más que no el espíritu de rebelión-,

te

Estados
de' abril
d U ni·dos_ reconocen al general Díaz romo pre3idente constitucional el 9
e 1878, siendo John W. Foster ministro norteamericano en México.

Estados Un.idos conlra Porfirio DEaz., p. 91.

519
518

�exterminado eJ bandidaje, nonnalizadas y acrecentadas las actividades productivas del campo y la ciudad, comunicado el país por ferrocarril y telégrafo, equilibrados los presupuestos y consolidado el crédito interior y exterior.
Como consecuencia de estos logros pudo alejarse más y más el peligro de
una intervención extranjera, y bien puede decirse que la obra de la dictadura estaba concluida. Concluida, claro está, como dictadura; con los defectos de todo régimen personal y a pesar de la sana y aun patriótica intención
con que esta dictadura haya sido establecida.
La actitud más inteligente y hábil del general Díaz habría sido, sin duda,
su retiro voluntario del poder el 30 de noviembre de 1900, en que concluía su
cuarta reelección; actitud de soldado prócer que contribuyó a salvar la soberanía nacional y que, después, como civil, había sabido consolidar la paz
y encauzar al país por los rumbos de la prosperidad material, dejando el fu.
turo de México en otras manos, que él mismo pudo haber elegido como dignas herederas de su testamento político.
Es lamentable su terca continuación en el poder durante toda la primera
década del siglo actual, pero ya resulta absurda desde el momento de su
sexta reelección, en 1904, y monstruosa su admisión a un nuevo período de
seis años, en 191 O, cuando el caudillo oaxaqueño iba a cumplir ochenta de
vida. Esto no fue sino prolongar innecesariamente una época que estaba concluída con decoro, aparte de que, por su avanzada senectud, no era ya el
general Dfaz quien gobernaba.
Por inercia, por cansancio, por debilidad mental fue dejando que muchos
asuntos pasaran a la consulta de Limantour, que los resolvía siguiendo máa
o menos el estilo acostumbrado por el presidente. Su obsesión, ya enfermiza,
de seguir teniendo en la presidencia de la República una especie de objeto de
uso personal, y la adulación de los cortesanos, extremada por el temor de
que el poder pasara a otras manos extrañas al grupo científico, impidieron que
el general Díaz entrara a la posteridad con la resplandeciente gloria de un
héroe militar y civil, tal vez sin paralelo en la historia interna de la América
Latina.

520

LA VISIÓN DE MtXICO Y LOS MEXICANOS EN
ALGUNOS INTERVENCIONISTAS
ERNEsTo

DE LA ToRRE

VJLLAR

LA INTERVENCIÓN FRANCESA en México produjo una serie de consecuencias
muy diversas e importantes: políticas, sociales, económicas y culturales. En
Jo político consolidó las instituciones republicanas y la forma de gobierno
más apta para nuestra nación y aniquiló aun las añoranzas de toda regresjón
monárquica. Acreditó a México como país soberano respetado, respetable y
con pleno derecho a gobernarse libremente y ser tratado en un plan de igualdad. En lo social reestructuró la sociedad, afectó a las tradicionales clases
conservadoras, las privó del poder político, les restó fuerza económica y arrancó de ellas la dirección anquilosada que habían impreso al país. Hizo surgir
a la clase media burguesa de ideas liberales y consolidó el sentimiento de
unidad y de nacionalismo que a partir de 1847, en la época de la otra intervención, la americana, se había manifestado. Provocó la cohesión de diversos grupos, antes inconscientes de que formaban parte de una comunidad
social, política y cultural. En lo económico produjo grandes transformaciones: puso en marcha los principios reformistas de nacionalización y desamortización que afectaron fundamentalmente a la Iglesia, pero que desgraciadamente hirieron la economía de los grupos indígenas. Se favoreció el ingreso
a la dirección económica del país a extranjeros y se colocaron las bases para
la introducción a México de) capital extranjero que tanto va a influir en la
política posterior. Surgió un principio de industrialización. El problema del
campo, pese a muy loables intentos no se resolvió y la situación de los campesinos se agravó con ello. Culturalmente el país se abrió de plano a las corrientes e influencias europeas. Ideologías muy diver~as penetraron y algunas de
ellas como el positivismo se convirtieron en banderas de gobierno. Se impulsó la europeización y principalmente el afrancesamiento en las costumbres.

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�La instrucción pública se tomó del todo en laica y el pensamiento se secularizó. El agnosticismo manifestó~e con mayor amplitud. Arústicamente sufri.
mos la influencia del academis.mo en la arquitectura y la pintura. El roman.
ticismo y las nuevas expresiones poéticas influyeron en nuestros escritores,
quienes al salir de una crisis tendieron también hacia ciertas formas nacionalistas.
Fuera de estas consecuencias que no son todas, la intervención francesa
produjo en el aspecto cultural otras manifestaciones, tales como una enorme
literatura destinada a mostrar a este nuevo país que se había rebelado del
tutelaje poütico europeo y también a justificar la actuación de las fuerzas
armadas en él. A más de esta literatura a posteriori que no nos interesa por
el momento, durante la intervención misma se produjo una literatura muy
peculiar, muy característica de fenómenos semejantes desde las épocas clásicas, destinada a narrar el desarrollo de la contienda. Esta literatura que
en buena parte no tuvo pretensiones históricas, hoy ha adquirido ese valor
y más aún un valor historiográfico auténtico, puesto que describe e interpreta hechos del pasado vividos por sus autores.
Entre esas obras, unas puramente históricas, otras históricas e historiográficas, se cuentan los diarios, la correspondencia epistolar, las memorias, los
informes, los partes militares y políticos cuyo número es infinito. Nutridas
bibliografías han recogido numerosas obras de estas, más otras muchas, aún
inéditas, aguardan al investigador paciente y cuidadoso que las saque del olvido, las estudie y proporcione sobre ellas el juicio de valor que merecen.
La literatura formada a raíz de la intervención, por parte de los invasores franceses, austriacos y belgas, es bastante importante y es necesario conocerla, por cuanto ella nos da una impresión extraña, no comprometida, de
nosotros mismos, esto es, nos muestra tal como otros nos percibieron y no
como nosotros nos veíamos. La visión personal tiende en ocasiones a conver•
tirse en narcisista, cuando no se ejercita suficientemente la autocrítica, o bien
si ésta se excede puede restamos va1or, opacar un tanto nuestra imagen. La
visión ajena es por ello útil, porque nos dice cómo nos ven los demás, cómo
nos aprecian por los cuatro costados. Puede ocurrir que a veces no concuer•
den esas opiniones y más aún que nos choque la descripción que de nosotros
hacen los extraños. Si esto ocurre, hay que analizar, antes de desechar esa
opinión, objetiva y seriamente, la razón del desacuerdo. Observar con espíritu científico si Io que nos ha molestado no son sino nuestras propias fallas,
nuestros defectos, lo negativo que existe en nosotros, lo cual pudo muy bien
ser observado por ojos ajenos más que por los propios acostumbrados a esa
deficiencia. La buena o la mala fe del observador puede jugar también
en este caso un papel preponderante, así como las circunstancias e intereses

522

que le rodean, mas esto es posible observarlo y tomarlo en cuenta en el momento de utilizar sus apreciaciones. De toda suerte, para poder configurar
un día la imagen del mexicano a través del tiempo, es necesario no casarse
con las propias opiniones y figuraciones, sino utilizar la visión que nosotros
produjimos en diversas épocas y aún producimos sobre hombres de otras latitudes, de distintos temperamentos y grados culturales que nos obsen,aron y
observan.
La intervención francesa, repito, dejó afortunadamente numerosas descripciones tanto del país como de sus habitantes. De estudiarlas, clarificarlas y apreciarlas me ocupo en un trabajo vasto que realizo, del cual esta comunicación sólo es un pequeño anticipo.
,En él voy a presentar brevemente algunos testimonios escogidos, los que
me han parecido más pertinentes: Ellos son, en primer lugar el de un joven
soldado, un zuavo inteligente y zagaz observador, quien deja en una serie de
cartas escritas a su padre, una visión muy interesante de Méx.ico.1 En seguida
me ocuparé del testimonio de un coronel del segundo regimiento de caballería africana; 2 y finalmente de los recuerdos de otro militar de alta graduación quien dejó en una obra fina y bien escrita, muy apreciables datos
sobre México. 3
He escogido estas tres obras entre cientos de ellas, porque hay en las
mismas un sentido de unidad. Las tres proceden de militares de diversa graduación. Uno de ellos es un hijo del pueblo, un soldado raso, los otros dos
son de mayor jerarqwa y ambos alcanzan a obtener el generalato. La extracción de estos últimos procede de la clase burguesa.
Importa destacar que pese a su condición de militares, existe en ellos una
gran sensibilidad hacia el mundo exterior. Los tres tienen antes de venir
a México una c.xpeóencia de roce y trato social con las poblaciones y el mundo afócano, que rompe en ellos la primera barrera de incomprensión europea y de extrañamiento hacia Jos países de costumbres y mentalidad diferente. Los tres tienen apreciable preparación cultural. Menor el soldado,
quien por cierto no carece de instrucción ni de finura para percibir los roa~
tices culturales de México y sus pobladores. Ninguno de ellos por otra par• ERNESTO DE LA TORRE Vtt.LAR, La Intervención Francesa y su Bernal Dí/1,?. Revista de la Universidad de 'México, mayo 1962. Las cartas de Roie se encuentran
en el Archivo Histórico de la.J)efen~a. Vincennes, Francia.
1 GEN"ERAL [F] Du BARRA.!L. Mes Souuenirs 2 Vs. Tome Premíer 1820-1851; Tome
Deuxie.me 1851-1864. Paris, Librairie Pion, 1894-95. 113.
1
GV.TERA.L VANSON. Crimle, Italie, Mexique, Lettres dt Campagnes 1854-1867.
Precedées d'une Notice biographique. Paris, Berger Levrault et Cie. Editeurs, 1905, s.
XXXIX-325 pp. Tu.

523

�te es político, esto es, ninguno pertenece a la categoría de los azuzadores de

aventuras y rebelde a las convenciones, sin perder por ello la consideración

la intervenci6n, sino que tan s61o son hombres de servicio, leales disciplinados~ con un espíritu militar bien arraigado. Esto importa porque de esa ma.
nera, sin estar comprometidos políticamente, juzgan a la intervención alejados de todo interés inmediato. Los tres son francos y no vacilan en enjuiciar
la conducta de sus superiores cuando les parece reprensible. Militares en servicio, viven preocupados por su actividad, mas no son autómatas ciegos que
no pueden juzgar el fondo de la intervención, sino que lo hacen abiertamente, &gt;" alguno de ellos con ex-u-a.ordinaria visión, pues observa con atingencia los
diversos factores que la pro\'ocaron.
A más de referirse a la finalidad de la guerra que hacen, también se ocupan de sus dirigentes, los propios políticos y militares franceses, así como ~e
los mexicanos que son los que en este momento nos interesan. A los intervencionistas se refieren en numerosas ocasiones y en formas diversas, como
también a sus contrincantes políticos, los liberales que con Juárez a la cabeza defendían la República. El pueblo, actor y víctima de la tragedia de
esos años es contemplado por los testigos franceses y descrito con curiosidad,
con simpatía unas veces y otras con desconocimiento de su real esencia. Sus
costumbres, su manera de ser, totalmente opuestas a las de los europeQS,
están pintadas con \;vos colores, con trazos firmes y seguros, aun cuando en
ocasiones no muy justos. La forma de ser del mexicano asombró a los f ranccscs como sigue asombrando a todos los extranjeros a quienes, muchas veces sin entendemos a fondo, les gustamos. En las descripciones que de las
costumbres nacionales hacen podemos observar una linea de continuidad, pues
muchas de ellas aún las practicamos.
Si el hombre de {éxico asombra a los franceses, la naturaleza, la geogra•
fía mexicana le parecen completamente extrañas; les asombra el paisaje, los
contrastes entre una y otra región, los accidentes naturale, y principalmente la forma como el pueblo domina y aprovecha su territorio.
De todo ello vamos a presentar algunos testimonios breves pero elocuentes, representativos de una manera de ser y apreciar diversa de la nuestra y
los cuales nos proporcionan la visión que los militares franceses tuvieron acerca de México y sus hombres hace un siglo.

y el respeto hacia su familia a la que siempre permaneció entrañablemente
ligado. Mucho debió pesar en él su espíritu inquieto para darse de alta, forzado tal vez por su familia, en la milicia y, sobre todo entre los zuavos, donde se enrolaban los entonces llamados "cabeza dura".
Su condición de soldado no le privó de su carácter sensitivo y ob~ervador
y de sus inclinaciones literarias y filosóficas manifestadas en un francés ágil
y expresivo. Ya en el ejército lamenta la carencia de buenos libros y su tiempo libre lo ocupa en escribir a su familia, a su padre principalmente, numerosas cartas en las que además de las preguntas rituales sobre la salud de sus
parientes y amigos y los recuerdos de rigor, nos deja asomarnos dentro de él
y contemplar no s6lo su alma, sino todo aquello que veía: lugares y hombres

El primer testigo a tratar es Auguste Roze.
Paul-Fran~ois Auguste Roze, mejor conocido por su último nombre, Auguste, es nuestro personaje. Nació en Tonnerre el•8 de junio de 1842. Educóse en su villa natal y en el Liceo de Sens en donde adquirió el gusto de
la lectura, la capacidad y la voluntad para la composición escrita, características de la educación francesa. Inteligente y decidido y de temperamento
vivo y travieso, mostr6se en su juventud ligero, indisciplinado, amante de las
524

extraños.
Antes de los 17 años ingresa al ejército y sus primeras armas las practica
en Argelia a partir de 1859. :Miembro del Segundo Batallón, Tercera Compañía del Regimiento de Zuavos, parte a México en el año de 1862. Desde
Argelia en\'Ía a su padre diversas cartas en las que pinta la vida penosa y
dura del soldado. En México continúa esa costumbre que le liga con los suyos ya tan distantes y le permite mantener a través de esa unión un mayor
interés por la vida. Es en ellas en donde encontramos expresada la experiencia de un joven de apenas veinte años en México y la visión que de este país
obtuvo.
En una carta escrita en Corutantine, Argelia, el 18 de junio de 1862, es
en donde habla por vez primera de su próximo viaje a México, al que ve con
entusiasmo. "Plegue a Dios que así sea", escribe, y adelante agrega: "el rumor de esa partida y las promesas del Capitán han detenido mi intento de
cambiar de cuerpo".' En otra dice: "Querido padre, no temas nada. El destino obrará para mí como para otros. La expedición que vamos a emprender será dura, la temperatura bastante cálida, pero después de haber hecho
treinta días de marcha en Africa en medio de terribles calores, creo podré
soportar el calor mexicano".

Al alejarse del Viejo Mundo siente que la distancia que le separará de su

familia será más penosa, y para mitigarla pide a su progenitor un retrato de
familia y él a su vez le remite uno excelente suyo, diciéndole: "pues si yo
permanezco allá para cultivar el tabaco o cosechar racimos de plátanos, tú
me podrás ver siempre y te ·figurarás estar viendo a tu hijo a los veinte años",
y añade: "Adiós, querido padre, antes de separarme aún más lejos de ti, te
beso mil y mil veces, así como a mi pobre madre que va a estar consterna• Carta de Auguste Roze a au padre, Constantine 18 junio de 1862.

525

�da de tristeza al pensar en mi lejanía y en los peligros que me van a rodear;
pero que ella recuerde que el junco se dobla pero no se rompe, y que un
zuavo joven es como él". 5
A bordo del "Moselle" arriba a México. En el estuario del Río Jamapa, cerca de Veracruz se efectúa su desembarco y su primera noche la pasa añorando su hogar distante, rascándose las picaduras de los zancudos y admirando, extrañado, los cocuyos que volaban continuamente en torno suyo.
Veracruz ofreci6 a Roze el primer contacto con una ciudad mexicana.
Describe en una de sus cartas, sus calles, sus plazas y sus zopilotes. San Juan
de Ulúa le hace recordar, pues todo francés tiene una precisa conciencii
histórica, el bombardeo con que sus compatriotas le afligieron en 1838. Lamenta también, que la obligación de estar en el campamento a horas pre.
cisas, le impida no contemplar a las veracruzanas, "quienes como las mujeres
árabes no salen de sus casas o lo hacen tarde, luego que la frescura de la
tarde y el perfume de la brisa marina les conducen a pasearse por las bellai
calles".
Pocos ellas permanece Roze en las tierras cálidas. El clima malsano y
temor a la fiebre amarilla y al vómito negro forzaba a las tropas intervenl
cionistas a alejarse pronto de la costa. Así después de fatigantes marchas ~
las sabanas venía el ascenso por el camino de Jalapa y Perote, hasta llegar
la meseta poblana. En una carta escrita en Perote, informa del número
siderable de compañeros enfermos que le acompañaban, y a los pocos d{a\
ya frente a Puebla, la ciudad que había quebrantado el orgullo francés,
dacta otra carta que empieza por las siguientes palabras: "Al fin henos p
delante de la famosa Puebla, la cual según los mexicanos debe ser la tu
6
de los franceses. ¡ Desdichados cuyas esperanzas se quebrantarán!"
A partir de ese momento adquieren sus cartas un relieve excepci
En ellas vuelca su entusiasmo y también su falta de comprensión al
los fenómenos mexicanos, mas pese a todos sus prejuicios, México le en
siasma y atrae. Sus pueblos y ciudades tienen para él algo de incomp
ble y las costumbres de sus habitantes más aún. Su largo recorrido por n
tra patria, pues va hacia el Norte y hacia el Sur, le permite apreciar el
y admirar no sólo su vastedad y di.f erencias, sino también su sentido de
vida y forma de expresarla. Refiere a su padre la indumenta y el pr
de "los pelados" y la conducta y manera de ser de la "gente bien".
Con deleitable paciencia describe los monumentos de México y lleno
juvenil entusiasmo a las "señoritas mexicanas", a quienes encuentra una
• D11 u. ToRRB VtLJ.AR, op. cit., p. 14.
' Ibidem.

526

cia ~liar y muy notables atractivos. Habla de los mi .
.
defendían a. su país, así como de los colabo racionistas
. .
li~s me,ocanos
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• que
1ores, muy unportantes acciones gu
' ' , a con Vivos
.
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. codeJa en sus epístolas familiares un t t'
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sin que en él actúe ni el odio, ru. la pasion
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matisttcos de sus dirigentes Su . . .
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.
que cumple sus de•
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.
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e una e a escntur
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impresión que el México intervenido
las
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clan en él, le produjeron.
y
campanas que los franceses haVuelto
.
· a Francia en 1866' retoma las cartas escntas
J 1
no stalgia y en algunas de ellas intercala b
d
' as ee con amorosa
·
,
·
a ase e numeros l
ciones mas pensadas y ampli
as ecturas, descrip.
as, aun cuando no tan
,
p_nm_eras. México había ganado su simpatía 'l
espontaneas como las
eta ligero e injusto que le hubiera brotad S}'. e trataba de borrar algún jui.
.J:
º· 1, en sus carta s encontramos opiruanes
wversas
a las nuestras, CScO
. • Se de be
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.,
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a comparac1on que él estab Ieee con un modo de se
.
r comp etamente dif
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tena prejui~iado. El valor de su obra se a uilaeren te
suyo y no a un ericen en su mtegridad y no en f
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ta_ cuando sus cartas se conoPoc
,
orma ragmentana.
o mas que maduro se retira
.
Saint Florentin, impropia para 'l ' penSionado, a una casa de descanso en
larse en un modesto hotel. Seten~ y ~an 1~ era q,ue sale, de ella para instara Guerra Mundial. Por entonces d~ os anos tenia en visperas de la Primeve a saber de él. La guerra q e , p3:ece de esa localidad y nada se vuelnil aventura que emprendio' uen vMe1éxa;emr, ndada tenía de común con la juve.
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ru g1ona, tampoco sac, h 'd 1 .
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ua ' s1 no o tuvo ascensos
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entrañables, que le hacían revi .
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cuales soñaba en convertirse VIrl sus ay! bien pasados veinte años, en los
de plátanos.
en p anta or de tabaco y cosechero de racimos

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De una de sus primeras cartas mexi
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de 1862, ofrecemos algunos , af
Acanas escota en Pcrote en
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tmpreSión que el México d
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os po emos
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entonces
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·
msta y escntor:
a un Joven zuavo,

la Navidad
saborear la
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mtervencio-

"Finalmente nosotros nos ununos
.
con el G
1B .
hermosa ciudad
enera azame y su Brigada en
toros hasta lo alto de la
pued_es comparar con Lyon, desde la plaza de
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ruz RoJa.
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momento1 sus habitan tes creyeron en las proclamas del
enemigo
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Jalapa,

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el pillaje y matar y de: que ~s zuav~s eran árabes que no conocían más que

':1':r;es

entrábamos a esa hermas:; :ellas
y a los niños. Así, a medida que
a cm a ' las puertas y las ventanas se cerra-

527

�han delante de nosotros, pero nuestra conducta durante los pocos días que
ahl estuvimos les convencieron por completo de nuestra manera de ser. De
ahí en adelante se "-eía a todos sus habitantes pasearse por los campos. Te aseguro que el bello sexo no falta y que nmguna potencia puede aquí rivafu.ar.
Yo no había visto nunca tantas mujeres bellas, ni tampoco varones tan bien
parecidos. Aquí se encuentra todo lo que es necesario, aun cuando bien caro.
"Aquí fue donde encontramos al general Márquez con las tropas bajo sus
órdenes, enemigos feroces y sanguinarios de Juárez, y quienes recíprocamente han puesto a precio sus cabezas". 1
De algunos de los monumentos de Perote y de la opinión pública escribe:
"Es imposible, querido papá, describirte el edificio grandioso, sólido y
magnifico de esa fortaleza hoy en ruinas, incendiada y minada por diversos sitios. Tan pronto entramos en ella, trabajamos en reparar sus defensas
para impedir el acceso por las brechas, en limpiar la cisterna llena de una
verdadera masa de mugre, reemplazar el puente levadizo y adaptar las habitaciones que deberían servir de hospital y almacenes. En cuanto a la población, no es nada. De sus 99 habitantes, 90 son nuestros enemigos y han dado muerte a dos o tres soldados del 510. que venían de ahí al fuerte. Todos
los días hay arrestos y nos combaten. Ayer esperábamos un ataque nocturno
de las guerrillas que querían recobrar a toda costa a uno de sus jefes detenido y herido en el incidente del 18 delante de Perote. Hoy el enemigo lleg6
a tres kilómetros de la población en un reconocimiento. Seis compañías de
dos piezas de artillería partieron en caso de ataque y nosotros también deberemos partir.

Tú podrás ver que hemos avanzado bastante -a doce horas de Puebla y
ya muy lejos de Om.aba-. Esperamos la brigada Douay que viene de Orizaba, la cual empuja al enemigo. Nuestras pérdidas del 17 y del 18 son mínimas, no tenemos sino un caporal herido. En fin, esperamos y aguardamos
el día en que debamos dirigirnos sobre Puebla. En los muros del fuerte y en
todos lados han escrito: "Puebla. Muerte a los Franceses. Muerte a Napoleón Ill y a la Emperatriz su madre". 8

•
El segundo testigo es el general Du Barrail. Nacido en Versalles en 1820
de una familia de militares, toda su infancia la pasó rodeado de armas, de
libros de táctica y estrategia y principalmente adiestrado en ejercicios y dis-

ciplina por su padre, quien trató de hacer de él y de su hermano, brillantes
émulos de Marte, como él mismo lo era. Sus primeros estudios los cursó en
el Liceo Rollin y a los quince años con toda su familia pasó al Africa en
donde estuvo veinte años seguidos. Ahí ingresó a la milicia hasta alcanzar el
grado de teniente coronel de Cazadores de la Garde. Brillantes campañas
realizó en Africa, que le valieron numerosos ascensos. Vuelto a Francia a los
treinta y cinco años ingres6 como oficial especializado en asuntos árabes en
la Guardia Imperial y en ella obtuvo el grado de coronel. En 1860 regresó a
Argelia de donde salió en septiembre de 1862 para México comandando el
primer regimiento de caballería. El 4 de noviembre desembarcó con sus hombres en Veracruz y a partir de ese momento tomó nota de cuanto vio y oyó,
observó con inteligencia el desarrollo de la expedición y reflexionó sobre ella
y sobre cuanto le impresionó. En México obtuvo el ascenso al generalato
y el mando de todas las fuerzas de caballería del ejército expedicionario. La
intervención afectó su salud, y "pálido como un muerto y flaco como un cla~
vo", volvió a Francia a principios de 1864. Mis Recuerdos, como tituló sus
testimonios, están bien escritos, con la fluidez del hombre que sabe expresar
sus pensamientos y emociones en un lenguaje claro y apropiado.
Du 13arrail era un hombre de inteligencia abierta. La e.'-periencia que tuvo en Argelia y más tarde en México le convencieron de que para tratar a
otros pueblos y a otros hombres era preciso despojarse de los prejuicios europeos. Así ante los primeros fracasos de la intervención, reflexionó sobre la
necesidad de aprovechar las lecciones que los pueblos de América han dado
a los europeos, "tan infatuados --escribe--- de nuestra ciencia y de nuestra
pretendida superioridad". 9
Al ocuparse de la intervención y de sus causas observa lo complejo de las
mismas y admite que a más de tratar de contener el acrecentamiento del poder sajón y evitar el dominio del mundo por é~ influyeron los esfuerzos de
las clases reaccionarías ligadas en todo el mundo para que al reinar la paz y
el orden en México, la Iglesia mantuviera su situación y los grupos conservadores sus privilegios, y también, de manera principal, los intereses económicos
que se movían en tomo a México apoyados en las reclamaciones de Jecker
Y sus amigos banqueros.10
Destaca el papel que numerosos mexican06 pertenecientes a las clases
poderosas jugaron para decidir a los soberanos europeos a intervenir en México: el general Almonte, el Arzobispo Labastida, Gutiérrez de Estrada, José
Ma. Hidalgo, los Errazu, "refugiados de lengua dorada", como les llama,
quienes "pertenecían a la facción clerical vencida y despojada" y los cuales

' Ibidem.

• [F] Du BAUAtL, op. cit. II-289.

• Jbidem. Rdiérese. al Castillo de San Carlos de Perote.

'º lbidem. II-292-93.

528

529
H3+

�influyeron en la Emperatriz, y "como ella era devota a la manera española,
.
,
1 . 1 ,,
propició la guerra a causa de sus sunpaüas c enea es .11
De Almonte nos dejó una semblanza perfecta y en ella una explicación de
su conducta: "Había sido republicano -escribe- y en 1840 como Ministro
de ]a Guerra suscribió proclamas netamente republicanas, pero expulsado de
su país, regresó a él presa de una profunda e irreductible ~rritación contra ~
Gobierno de Juárez. De talla pequeña, pero de complexión robusta, habia
pasado ya la edad madura y estaba aún en plena ?ose_sió~ de sus facultades
mentales y físicas. Representaba perfectamente al tipo md1gena y era, se decía, hijo natural de uno de los primeros mártires de las G~~rras de Independencia... Almonte que era clerical por espíritu de familia, encontraba
en la persecución ( de la Reforma) , la justificación a su cambio de opiniones" .12
Dubois de Saligny, el Ministro de Francia, el ave negra de la época merece a Du Barrail poca simpatía y así le juzga con acritud, llamándole el verdugo de Jurien de la Graviere, Lorencez, de Forey y del Ejército. Sus medidas políticas le parecieron espantosamente reaccionarias por lo cual aprove•
cha toda ocasión para atacarlo. Confiesa que Saligny tuvo gran parte de
culpa de esa aventura y de su fracaso.
El "duro" de la intervención, el general Márquez mereció una semblanza
como Almonte, en la cual se contrastan sus caracteres. No es Márquez hom•
bre simpático para Du Barrail, mas le hace justicia al observar su firme línea
de conducta: "El General Márquez era un hombre pequeño, nervioso, seco,
alerta v aún en toda la fuerza de la edad. En él se acusaba muy bien el tipo
españoÍ, y sin la dureza de su mirada que alejaba la simpatía, me habría ~
cardado de lejos al General Yusuf. El no había jamás cambiado de partido. Había siempre pertenecido al de la reacción y había soportado todas SUI
•.. vicisitudes. Prestó su ayuda al General Lorencez durante el primer sitio de
Puebla y nos dio sus servicios durante el segundo. Se le tenía por muy va•
liente pero fanático, poco inteligente y sin piedad. Se le había apodado el
Tigre de Tacubaya, porque destruyó todo y masacró a todos en esa en_canta•
dora población en donde se encuentran situadas las vill~s de los habitantes
ricos de México. También se le llamaba Leopardo, equivocando su nombre
que era Leonard o,i .13
Junto a ellos, que eran los dirigentes del partido que apoyab3:11 las armas
francesas, observa Du Barrail se encontraba un grupo de extranJeros descla·
11
11
11

530

Ibidem.
Jbidem. II-297-98.
Ibídem. 11-397.

sados, seres que habían perdido en Francia una posición honorable por sus
faltas y quienes llegaban a México decididos a hacer carrera y fortuna en
medio de la confusión general, disputándose los principales grados de la armada que se trataba de formar, y ocupándose de negocios, palabra que es
muy elástica y que encubre numerosas maniobras.
El alto clero, personificado en la figura del Arzobispo Labastida, no escapa
a los juicios de los intervencionistas. Desde Lorencez, Forey y Bazaine, los jefes del ejército expedicionario, hasta los soldados más humildes del mismo, no
dejaron de advertir los defectos de que estaba revestido. Du Barrail, católico
convencido, enjuicia al Arzobispo con severidad cuando se ocupa del Gobierno Provisorio formado en México, constituido por Almonte, Salas y La.
bastida. De este último escribe:
"Aún joven, grueso, la cara rosada y brillante, encuadrada en un triple
mentón, con una pequeña barriga que no hacía sino crecer, Monseñor Labastida era el tipo de eclesiástico hipócrita, untuoso, dulzón y falso. Cuando se
le escuchaba hablar podría tomársele por un liberal, y se le hubiera creído resignado a hacer todas las concesiones, pero en el fondo era un hombre fijo
en sus viejas ideas, una mula obstinada en la inmobilidad y quien soñaba en
el Tribunal del Santo Oficio y los autos de fe. El fue la gran piedra de choque para el éxito de nuestra intervención y un obstáculo invencible para la
consolidación de los partidos. El conflicto entre el General Bazaine y él estaba por entonces en estado latente y se refería al problema de los bienes del
clero.
"Es justo afirmar que nuestros peores enemigos han sido las gentes cuyo
triunfo veníamos a asegurar. Monseñor Labastida era el hombre más impopular y más justa.mente impopular. Yo que soy un admirador del clero francés, un católico convencido y un adversario irreductible de los que se dicen
anticlericales, debo en verdad coniesar que el clero mexicano que conocí estaba tan desmoralizado, ignorante y comprometido en todas formas, que justificaba hasta cierto punto las pastones anti-clericales de los liberales". 14

El Ejército Aliado, encabezado por Márquez, y el cual fue subestimado
por los oficiales franceses, merece duros calificativos, tanto por su conducta y
disciplina como por su formación y composición. En un ejército formado a
base de leva, las virtudes castrenses no podfan desarrollarse extraordinariamente; de ahí los vicios que se patentizaban en él y que nos describe Du-

Barrail:
"La armada, de cuyo reclutamiento se había ocupado tanto el General Forey, contaba con cerca de 2,000 hombres en total, y aun cuando seguía las
,. lbidtm. II-487.

531

�costumbres militares aceptadas en América del Sur, tenía por así decirlo, máa
generales, coroneles y ofociales que soldados. Sus cuadros eran insuficientes
y su administración nula, sus costumbres siempre en contradicci6n foonal con
las nuestras y su fidelidad más que dudosa. Ofrecía gran analogía con aquella
que el Rey José se ocupó en reclutar en España. Daba piedad ver en las
marchas estas tropas, compuestas en su mayor parte de jinetes, mal vestidos,
mal equipados, de aspecto enfermizo, seguido por un conjunto igualmente
numeroso de mujeres casi todas a caballo, quienes al llegar al campamento
estaban encargadas de todos los cuidados de f amma. Hacían la comida, pastaban a los caballos y cepillaban los trajes de sus señores )1 dueños, cuyas caras repulsivas se velaban a través de las nubes azules de sus cigarros" .1 ~
Su juicio coincide con el del general Vanson, quien de la milicia mexicana escribe lo siguiente:
"La mezcla es bastante completa en el ejército combinado dirigido por el
Mariscal; desgraciadamente los mexicanos no son nada bellos. No carecen de
una presencia pintoresca, pero para ello hay que verlos fuera de México. Loa
de la capital están demasiado hechos a la europea y no constituyen sino caricaturas. Por otra parte hay muy pocos, puesto que el Emperador, y es lo
que me mortifica, no tiene ni un solo centinela mexicano en la puerta de su
palacio. Se da como razón para ello el que los soldados mexicanos son demasiado sucios en sus costumbres y que serla necesario barrer y lavar los pa•
tios todo el día. Sin embargo, ser-á. necesario que Su Majestad Imperial se
acostumbre a su pueblo o bien que le eleve a costumbres más digna~. Ell
tanto, el Emperador de México está custodiado por zuavos, austríacos y belgas alternativamente. Esto ocurre un poco por todas parte.e¡ y hay que confesar que no es posible tratar con más caballerosidad a una nacióo ni encontrar una que tenga el orgullo mifüar menos desarrollado; así los soldados
me.~canos nos saludan, pero jamás un oficial de esta nación es saludado por
un soldado o un oficial europeo. Se le trata aún peor que a los turcos quiens
por otra parte tienen la ventaja de preocuparse poco y miramos ~n un soberano desprecio y de continuar imperturbablemente a nuestro lado.

"Esto no está demasiado bien, pero así es. Por lo demás, hay que decir que
en México el ejército no goza entre la población de la misma consideraci6a
que en Europa. Bandido y soldado a menudo se identifican aquí. Aparte de
algunos oficiales de ordenanza del Emperador, a quienes mantenemos un tanto apartados como a los otros, no acostumbra un oficial mexicano frecuentar
lo que aquí se llama la buena sociedad mexicana".ta
" Jbidem. D.
u VANSON.

532

Op. cit., p. 248.

Del campo contrario, la estimación que obtienen sus caudillos no es poca.
Convencidos los militares de la injusticia de su causa, de las fallas del partido a quien apoyan y del verdadero espíritu público y opinión política que reina en México, no tienen más remedio que confesar que aun en medio de la
derrota militar, el partido liberal marchaba como un solo hombre en tanto
que los conservadores se dividían y perdían el terreno que las fuerzas francesas les otorgaban.11
Ante ese hecho, Du Barrail declara lo que ha visto y percibido y deja en
su testimonio una alta apreciación de las virtudes de Juárez, al afirmar: "La
verdad es que en México se es generalmente hostil a los clericales y se simpatiza con el partido liberal, encamado en Juárez, un indio de pura sangre, pero un indio inteligente, instruído y dotado de verdaderas cualidades de
gobemante".18

•
El pueblo mexicano mestizo en su esencia, produjo a los inten•encionistas
diversas reacciones. Uno de ellos dirá: "la población es una especie de olla
podrida (Pout pourrie) de todas las razas humanas, mezcladas, cruzadas, desde el piel roja más auténtico hasta el blanco más puro, por tanto ella no tiene un tipo particular y causa la desesperaci6n o el gozo, esto depende de
que sea uno etnógrafo. Sin embargo, en el fondo es de raza india. lo que la
hace en general dulce, inofensiva y aun tímida".
Las costumbres del pueblo, las encuentra muy diversas a las francesas.
Considera que aun las del clero que debían ser universales, son bien distintas en México. Así de su estancia en la casa de un párroco nos deja la siguiente descripción:
"Mi orden de alojamiento me condujo a casa del cura. El padre no sentía
entusiasmo alguno por el ejército francés. Me puso una cara larga y me
envió a donnir en la pieza más triste de su casa, un cuartito que daba hacia
la calle y no tenía comunicación con el interior. Como yo era sin embargo
el más discreto y el menos exigente de sus huéspedes y también e1 más tranquilo, se dulcificó, y un día que delante de él el general me reprochó mi
discreción y me dijo que había hecho mal en no ocupar toda la casa, el
padre me dio la más bella recámara de su curato.
"Ahí, si no hubiera tenido otras ocupaciones y otros cuidados, hubiera po" Du

BARRAIL.

Op, cit. Il-495.

u lbidem. Jl-365.

533

�dido escribir una monografía completa acerca de las costumbres del clero
mexicano. Creo que no sería demasiado afirmar que sus costumbres en nada
se parecen a las de nuestro buen clero francés. Había en la casa no sé cuántas mujeres, jóvenes, viejas, criollas, indias y jamás pude determinar exactamente la naturaleza de sus funciones. En la noche escuchaba a todo ese mundo charlar en una pieza vecina a la mía, y de tiempo en tiempo, la voz baja
del padre dominaba en la velada, pues al bravo hombre no le disgustaba
mezclarse en la conversación. Yo me dormía acordándome de una vieja historia de un capellán: este capellán tenía a sus órdenes dos sirvientas, una de
veintidós años y la otra de veinticuatro. Como el Obispo le indicara que deberla conformarse con tener sólo una con la edad canónica requerida, el
capellán le respondió: Monseñor, yo estoy dentro de las normas, solamente
que mi sirvienta está en dos volúmenes.
"¡ Y no eran dos volúmenes los que tenía el buen padre de Cholula, sino una
biblioteca completa!" 19
Nota que en México existe una gran desigualdad de fortunas y por ende
también social Que en el trabajo de las minas, los propietarios se enriquecen
súbita y extraordinariamente con un golpe de suerte, en tanto que millares
de hombres padecen miseria y enfermedades sin límite. El juego es, como la
desigualdad social, algo innato al mexicano, algo que no le abandona y vicio
que causa muchos estragos.
Así como Roze admiró la belleza de las "señoritas mexicanas", Du Barrail
no es tampoco insensible a sus encantos, de los que deja una descripción completa, en la que mezcla su espíritu galano y fino con un ligero dejo de
escepticismo:
"Suave, graciosa, pequeña, mona, jovial, espiritual con su color mate, sus
ojos de diamante negro sombreados de grandes cejas, sus labios carnudos y
rojos que descubren dientes blancos como perlas, su abundante cabellera de
ébano, cuyo cuidado es una de sus grandes preocupaciones, sus formas a la
vez opulentas y delicadas y su pie arqueado, la mujer mexicana puede pasar
por una de las maravillas de la creación. Ella es coqueta, lánguida, sí se le
juzga del exterior o a través de su correspondencia amorosa. Sus miradas son
provocativas y juraríamos que ella guarda en la sangre todo el ardor del sol
bajo el cual ha nacido. Sin embargo, aquellos de mis camaradas que han
tenido más tiempo o temperamento para entregarse a estudios comparativos
sobre ese tema, me afirman y yo les creo, que sus pasiones no son sino super·
ficiales y que ella lo sacrifica todo al exterior". 2º

Finalmente diremos cómo el paisaje mexicano conmovió a este gallardo militar. A partir de su ingreso en el territorio advirtió la maravillosa geografía
mexicana que le impresionó grandemente, y de sus recorridos por el país nos
dejó diversos cuadros, algunos de los cuales no me resisto a mostrar:
Al hablar del ascenso a las tierras templadas escribe:
"Desde que el sol nace, camina uno en medio de una multitud innumerable
de pájaros cantores o gritones, cubiertos de plumajes de colores maravillosos
que gorgean, pían y welan, y tan numerosos como granos de arena levantados por el viento. Nadan ahí en la abundancia, pues además de las bayas y
frutas silvestres de todo género, tienen a su disposición miles de insectos,
algunos brillantes, otros casi siempre desagradables, a los que se comen, mas
par desgracia muy poco. Las aves devoran a los msectos y éstos al hombre,
con lo cual todos están contentos salvo el hombre". 21
De una de las poblaciones tropicales dice:
"Córdoba es una pequeña y hermosa ciudad, compuesta de largas y estrechas calles y construida a más de 900 metros de altitud, en el límite de las
tierras calientes y las templadas, en medio de plantaciones de café, tabaco, plátanos y deslumbrantes jardines que la rodean como un cinturón verde y florido
y cuya frescura es mantenida por una gran cantidad de fuentes de agua viva.
Al salir del infierno de las tierras calientes, Córdoba es un verdadero paraíso
y el hombre agotado por las enfermedades, siente ahí renacer sus fuerzas al
contacto de ese aire más vivo, más puro y más ligero". 22
Y finalmente, ya con cierta experiencia del país, describe el altiplano y el
contraste entre ciudad y campo.
"Guadalajara es una gran ciudad de cien mil almas, edificada sobre el
mismo plano de las otras. Tiene 6 ó 7 bellas calles, algunas iglesias lujosas,
numerosos conventos muy sólidos abandonados o transformados en cuarteles
Y una infinidad de casuchas construidas de adobes cocidos al sol como las casas de los árabes. Lo que apenas es el estado de vetustez y degradación de los
monumentos recién terminados. Estas ciudades mexicanas que podrían ser
bastante bellas nos producen una impresión análoga a la que se experimentaría
viendo a un joven de 25 años herido por la decrepitud senil. Alrededor de
Guadalajara, en un espacio de cerca de una legua se encuentran jardines y
plantíos; después, nada, sino el desierto. Esta es una cosa de las que más
asombran en México. Se viaja a través de un país completamente abandonado, en el cual los caminos, generalmente destrozados, muestran apenas
el paso del hombre. Ni una casa, ni un pueblo, ni un cultivo. Después, de
lbidem. 11-361 y ss.
,, lbidtm.

11

,. Ibídem. II-422-23.
,. lbidem. II--467.

534

535

�pronto, se arriba, sin precedente alguno, a una ciudad de 50, 60 6 100 mil
almas".28

caballeros se yerguen y en los coches los ojos negros brillan bajo las mantillas.
Los abanicos esparcen en el aire el perfume de las flores clavadas en las

Las ciudades también le impresionan; de varias realiz6 muy logrados re,.
tratos, como son el de la ciudad de México y la del Paseo de la Alameda.

cabelleras de ébano, pe.rf ume que se mezcla con el humo azul de los cigarros.

"México que comencé a recorrer y a conocer, tiene positivamente el aire
de una capital por el lujo que reina y el movimiento que la anima más que
por sus monumentos que no ofrecen nada particularmente notable. Su mát
bello edificio es su Catedral construida en uno de los costados de la gran
plaza, así como el Palacio de Gobierno, especie de inmenso Cuartel que
contiene todo el mundo oficial: Cámara, Ministros, Casa de Moneda, etc., 'f
también su Palacio Municipal, el Ayuntamiento. Los otros lados de la Plaza
están formados por casas cuyas bajas arcadas constituyen sitio de paseo frecuente, abrigado del sol y de la lluvia. En la noche, esos pórticos son como
nuesh·o antiguo Palais Royal, el lugar de reunión de las bellezas fáciles. En
esta plaza desembocan algunas grandes calles, en las cuales se concentra toda
la actividad y riqueza de la ciudad. Las casas hermosas son raras y se pueden
contar las que tienen 3 pisos. Casi todas ellas están edificadas en estilo español derivado del estilo morisco: un patio interior adornado con azulej01
alrededor del cual se encuentran las habitaciones. En tomo de estos barri01
del centro, vastos suburbios acogen en sus calles bordeadas de fábricas y de
casuchas en donde se mueve, una población de criollos, mestizos e indios ~
dosos, pero dóciles. Ese mundo se pelea frecuentemente en sus cantinas, en
donde abunda el pulque, pero como hay la costumbre de cuidarlos severamente, la vía pública está tranquila. Esas barriadas están muy mal cuidadas,
mal pavimentadas, o sin pavimento. En ellas durante las lluvias se hunde uno
en un lodazal profundo y durante el estío se entierra uno en medio de un
polvo intenso y nauseabundo. El servicio de limpieza está confiado a 101
forzados y las cárceles están generalmente llenas por trabajadores más que
mediocres". 24
"Una verdadera curiosidad en México es el Paseo de la Alameda, especie
de explanada muy amplia, en donde de las 3 a las 6 de la tarde acostumbra
la sociedad reunirse, aun durante la estaci6n de lluvias, en la cual se emplea
la menor iluminación. Las mujeres vienen en carrozas jaladas por mulas con
sus arneses guarnecidos de cascabeles y pasamanería. Los j6venes a caballo,
vestidos a la europea o con sus graciosos trajes nacionales, bien apoyados ell
sus sillas mexicanas incrustadas de plata. La zona central está reservada a los
caballeros y las carrozas circulan a su alrededor. Los caballos caracolean, los
11

11

536

Ibídem. II-501.
Ibidtm. II-464.

Entonces es fácil ver que un flirt loco representa el fondo de la vida social
en México. Durante la Cuaresma este paseo diario deserta de la Alameda
para ir a las riberas de los canales de Texcoco, último vestigio de las lagunas
de antaño en los que cruzan embarcaciones cargadas de flores, legumbres y
frutas, lo cual es muy pintoresco".25
Unida a esta última hallamos la narración de una fiesta popular en Cholula
en la cual hay manifestaciones religiosas que a él le producen una viva reacción.
"Tuvimos para distraernos el espectáculo de numerosas fiestas y de innumerables procesiones que celebraron nuestros triunfos. Fueron las fiestas de rogación, las de los indios, las de los labradores en las cuales se compartía el entusiasmo entre el invasor y el buen Dios. Durante 3 días las iglesias arrojaron
a las calles un mundo de reliquias, de estatuas de santos, de papas, de abates,
de confesores y de mártires, escoltados por nubes de querubines con trajes de
danzarines de la época. Era casi un martes de carnaval, pues todo el mundo
estaba vestido con trajes de los siglos XVI y XVII. La Procesión terminaba
con la imagen de un Cristo representado con un naturalismo espantable: la
figura convulsa, cubierta de sangre que corría desde las heridas de las espinas, las rodillas destrozadas y sangrantes y un vestido de señor hidalgo en
pedazos. El clero dirigía todo eso con un aire de compunción y de beatitud
inenarrables y los indios se prosternaban en el polvo golpeándose frecuentemente el pecho. Esto era emotivo, pero un poco c6mico. ¡ La música: clarinetes, comos de pistón, trombones, oficleidos, grandes tambores, símbalos
que gangeaban, chi11aban, rugían, mugían, tomaban siempre valses, polkas
y scottish que los músicos ejecutaban de memoria sin ver la partitura no
demasiado bien, es verdad, pero sí bastante seguido.
"Esta música acompañaba la procesi6n, pero otra orquesta pennaneda en
el atrio de la Iglesia y con gran sorpresa, en ésa encontré los instrumentos, los
aires y motivos, las melocilas de la música árabe que me era tan familiar.
Por la tarde la fiesta volvió a iniciarse con acompañamiento de cohetes y
luces de artüicio, pues los indios son maestros en el arte de la pirotecnia. Los
músicos ahogados en pulque siguieron tocando toda la noche tanto y también que al tercer día el General de Mirandol al comenzar a escuchar ese
-cliariva-ri- que ponía sus nervios en un estado abominable no aguantó más y ordenó saliera un piquete de cazadores de África para detener a los
11

lbidem. ll-464.

537

�músicos y arrestarlos hasta el día siguiente. Los pobres diablos huyeron en
todas direcciones a la aparición de los jinetes y fue preciso buscarlos por todos
los pueblecitos vecinos. Esto fue un tanto excesivo, pero era necesario perda.
nar esto al pobre General que tanto había sufrido". 26

•
Nuestro último testigo es el General Vanson, quien en una serie de cartas
escritas a sus padres y a su hermano hizo una descripción de México, de
enorme in teres.
Vanson naci6 en Luneville en 1825 y realizó en Nancy sus primeros estudios. Como sus colegas, Vanson también sirve en la armada en África, participa en las campañas de Crimea de 1854 a 1856, posteriormente en la de
Italia en 1859 y en la de Mé.xico en 1864 a 1867, de donde salió casi en
vísperas de que el Imperio se delTUDlbara. Ocupa más tarde numerosos pues.
tos, dirige varias revistas militares y museos y en plena actividad muere el
año de 1900, este testigo y actor de la intervención de Francia, en la vida
me.'Clcana.
Dotado de grandes aptitudes artísticas y de interés por la historia, junto
con su carrera de annas cultivó el clibujo y la historia militar. Sensible a la
belleza en grado sumo, muestra en sus comunicaciones esa calidad que le
permite destacar lo valioso de entre la paja. Su sensibilidad le lleva en ocasiones a fijarse por contraste en lo grosero, en lo caricaturesco de una situación, como aquella en la que narra la recepción ofrecida por el pueblo de
México a los Emperadores:
"Finalmente la multitud, descosa de aclamar a sus soberanos, o como
dicen los perióclicos oficiales 'los salvadores de México', estaba representada
por todos los barrenderos, los aguadores, todos los empleados revestidos de
su traje habitual y de su profesión, lo cual no es ni propio ni elegante, y en
fin, por los niños de todas Las escuelas, todos ellos llevando sus pendones Y
una infinidad de grandes ramos con pañuelos de color en un extremo, a na•
nera de bandera. Unidos a ellos 3 6 4 bandas con la misma vestimenta y al
final medio ciento de soldados de la caballería mexicana con sus trajes de
gala, que como en Turquía se les quita al momento en que tennina la
ceremonia". ~1
Después de leer este testimonio, ¡ cómo nos surge el recuerdo de lo que
ocurre en numerosas ceremonias oficiales de nuestros días!
'" Jbid11m. II-447.
., VAN soN,

538

op.

c;iJ, , p. 256,

Sus aficiones estéticas le llevaron a buscar las obras de arte en México y
de ellas deriva este juicio generalizado pero muy realista:
"De todos los lugares grandes, o pequeños que hemos atravesado, los únicos edificios importantes son las iglesias; en ocasiones se encuentran hasta
tres de grandes dimensiones en un poblado, con sus grandes atrios cerrados y
muros ~esos. Desgraciadamente casi todos ellos han sufrido enormemente
con el último temblor de tierra. El interior y el exterior están casi siempre
cargados de ornamentos y en su interior hay sorprendentes retablos de madera dorada. Las pinturas son numerosas, algunas curiosas, pero generalmente
mecliocres. Las estatuas son muchas y todas vestidas y pintadas, lo que pro~
duce un efecto singular. Las más ricas están encerradas en nichos de cristal.
Ciertas iglesias parecen un verdadero museo de cera. Cristo y los mártires
están cubiertos de llagas y de sangre, sus cabezas están cubiertas de cabellos
naturales, lo cual algunas veces produce un efecto atroz". 28
La ciudad de México en los días de la Semana Mayor le merece un comentario revelador de viejas costumbres en el cual sus juicios sobre la belleza y
la fealdad sobresalen :
"Estoy reducido a lo que veo en las calles y en México. El aspecto es mucho
muy europeo para ser bien interesante. Los barrios indígenas son tan sucios
que no es posible ir a ellos. Sin embargo, como es costumbre loc,al, vi las ceremonias de la Semana Santa. Son muy curiosas: Las iglesias están llenas y las
calles y los alrededores de las iglesias están iguahnente repletos de gente que al
parecer se divierte tanto como durante el carnaval. El Jueves Santo, día en
que se visitan los altares, que entre paréntesis, son lujosos, sin ser curiosos, todas las avenidas se llenan de tiendas improYisadas, en donde se vende toda
suerte de refrescos y de dulces, de los que se hace un gran consumo ese día.
La Plaza de la Catedral presenta el aspecto de un lugar de feria. Los inclios
duermen sobre el pasto, después de haber comido y bebido. El Viernes Santo
es el día en el cual se toma mayor número de helados en los cafés, es la
costumbre. Se ofrecen también comidas y aún se dice que baile. Por otra parte,
durante el tiempo que las campanas enmudecen, no se puede circular a caballo ni en coche, lo que origina que las mujeres aprovechen esta ocasión muy
rara para los ricos, para recorrer las calles con magníficos trajes, con los cuales
arrastran estupendamente muchísimas cosas. En suma, en ese tiempo, como
en general, el pueblo sorprende, pero no seduce nada. El arzobispo tiene una
gran prestancia, algunos canónigos tienen buena fisonomía, pero el resto del
clero tiene un mal aspecto bajo todos conceptos y los escándalos aun pú,.
:. Ibídem. P. 239 .

539

�blicos no son raros. Yo mismo tuve un ejemplo innoble. ¡ El Emperador Maximiliano tiene mucho quehacer: es el grito general!" 29

Y de una de Jas ceremonias más excepcionales nos proporciona la siguiente
impresi6n:
"La ceremonia religiosa que vi el 12 de diciembre en nuestra Señora de
Guadalupe fue distinta. Creo haberte dicho en mi última carta que la fiesta
de Nuestra Señora de Guadalupe es la solemnidad religiosa más popular del
país. Lo que la hace más curiosa, es en efecto, la multitud de indios o mejor
dicho, de familias indígenas que vienen a vivir alrededor de la iglesia durante
2 ó 3 días. Te aseguro que viédolas no parecen haber obtenido de la presencia de los europeos en México la menor noción de civilización, salvo su catolicismo, el cual es un catolicismo de una especie bien particular. No se tiene
idea de sus mentes. Es un pueblo que permaneció o volvió al estado de infancia, lo cual se explica en él, con el embrutecimiento resultante de la miseria, así como de la opresión y de e&gt;..-plotación de las cuales no ha cesado de
ser objeto. Debe ser inferior a las tribus salvajes que no tienen en medio de
ellas sino a los misioneros, puesto que aquéllos al menos poseen un verdadero
clero para instruirlos y nadie para oprimirlos y reducirlos a la miseria del
indio mexicano.

menos grandes. Cuando digo carrillón no estoy en lo justo, pero a eso parece

sonar durante

' ' Jt 80
la elevacion
. •
,
,
El paisaje como a Du Barrail, le sorprende, pero mas aun las costumbres
de los mexicanos, sobre todo aquellas en las que se mezcla lo prof_ano con lo
religioso. En esas tres pequeñas descripciones que hemos recogido de sus
uede observar la extrañeza que le produce la conducta del pueblo
cartassep
.
I ó ·
cla ta piedad con la diversión, lo dramático y trágico con o c m1co,
que mez
. .
l
· il ·
y el espíritu de resignación con un sentmuento de competo ~qu 3.llllento.
Estos testimonios dejados por tres militares franceses, s~n un eJ~mplo de la
visión que sobre el México y los mexicanos de b~c~ un siglo,, tuvieron buena
parte de los intervencionistas. Muchas otras opllllones podnan presentarse,
corroborando y ampliando las hoy presentadas. Por el momento baste con

ellas.

"El Emperador Maximiliano decretó que la fiesta de Guadalupe será en el
futuro una de las 3 fiestas nacionales de México y este año, para comenzar
fue acompañado de toda su corte, salvo la Emperatriz que en ese momento
viajaba en Yucatán. Yo fui por mi parte y como es una fiesta popular a la
cual el gran mundo no oficial no asiste, pude, gracias a mi uniforme, introducirme a la Iglesia, la cual no es grande. La ceremonia religiosa no tuvo
nada de extraordinario, no obstante que ofició el arzobispo y el clero era
numeroso; lo que me pareció excelente fue la música. La Iglesia de Guadalupe que tiene un Cabildo separado, es muy rica y sostiene una capilla musical permanente que efectivamente es muy buena. Además de los órganos
hay toda una orquesta de violines con un solista magnífico y si las selecciones no todas eran del gusto más puro, me parecieron a mí, que soy profano,
muy bien ejecutadas. Los cantos de los niños del coro fueron también muy
importantes. Como efecto de órgano se produce un canto de pájaros que
imitan el gorgeo de una multitud de pequeñas avecitas y que es lo que yo
he escuchado más hermoso en ese género. Otra costumbre de las iglesias mexicanas que produce también un efecto tan feliz, es la sw;titución de la campanita única que se toca en Francia dw:ante la elevación, por una especie
de carrillón, compuesta de una veintena de campanillas argentinas más o
18

540

Ibidem. Pp. 246-247.

" Ibid,m. P. 284.

�URDI~OLA EN SINALOA
ANTONIO NAKAYAMA

A.

Museo y Biblioteca del Estado,
Culiacán, Sinaloa.

Los ABUSOS COMETIDOS POR LOS MINEROS ESPAÑOLES entre los indígenas de
la sierra que limita a Durango con Sinaloa, hicieron que los Acaxee iniciaran
un sangriento movimiento de insurrección, que, secundado por los Sobafüos,
puso en peligro la estabilidad de la conquista en esa región. Los castellanos
obligaban a los nativos a trabajar en forma animal, y muchas veces les haclan esclavos a sus mujeres y niños. Esta actitud iba contra las leyes españolas que establecían que los indios no podían estar sujetos a trabajos forzados, y que debía pagárseles razonablemente por sus servicios, pero para los
mineros, estos ordenamientos, al igual que los conflictos que por los mismos
motivos tenían con los misioneros de la Compañía de Jesús, no eran obstáculo
que detuviera sus desmanes, pues a los aspectos morales y legales del asunto
anteponían su apetito por el oro. Cansados los indigenas de tantas tropelías
y vejaciones, optaron por la violencia como medio de defensa, estallando la
rebelión el 8 de septiembre de 1601.
En San Hipólito mataron a treinta personas, de las cuales cuatro eran españoles y el resto negros esclavos. En Topia, San Andrés, el Real de las
Vírgenes y Las Vegas, los dueños y operarios huyeron ante la amenaza de
perder la vida, y los alzados inutilizaron la maquinaria y destruyeron las instalaciones de madera. Los blancos pidieron auxilio a Culiacán, distante ochenta
kilómetros al oeste de las montañas; a Durango, a distancia de doscientos cuarenta kilómetros al este, y a la ciudad de México donde a la sazón se encontraba el gobernador de la provincia, pero a pesar de los esfuerzos que se
hicieron, la rebelión se prolongó hasta el año de 1603 en que el capitán Francisco de Urdiñola tomó posesión del gobierno de la Nueva Vizcaya en substitución de don Rodrigo de Vivero, siendo su primera atención como gobernante enfrentarse a la insurrección de los Acaxee y los Sobaibos. Con su

543

�1 •

gran e&gt;.."J)eriencia de soldado fogueado en numerosas campañas en la frontera
del norte, y con la valiosa ayuda del obispo de Guadalajara don Alonso de
Mota y Escobar, Urdiñola terminó rápidamente con el alzamiento. Sin em..
bargo, al concluir las operaciones militares no se devolvió a Durango, sino
que atravesando la Sierra Madre tomó rumbo a la provincia de Sinaloa "por
ser informado que de veinte años a esta parte no ha entrado en ella ningÚ1'
gobernador', habiendo llegado a la villa de San Felipe y Santiago de Sitia.
loa en los primeros días del mes de diciembre.
Esta villa había sido fundada el año de 1585 por el capitán Antonio Ruiz,
Bartolomé de Monclragón, Tomás de Soberanes, Juan Martínez del Castillo
y Juan Caballero en las márgenes del río Petatlán, hoy conocido con el nombre de río Sinaloa. Estos esforzados castellanos eran sobrevivientes de la que
con el nombre de San Felipe y Santiago de Carapoa fundara el capitán Pedro
de Montoya en las riberas del río Fuerte de 1583, y que fue destruída por
los cahitas al poco tiempo de su fundación.
Montoya había conseguido autorización del gobernador de la Nueva Vía.
caya Remando de Bazán para fundar el poblado, empresa que llevó a efecto
con treinta soldados, pero los feroces indígenas atacaron la villa y tenninaroa
con los colonos, muriendo entre otros el propio Montoya, y los pocos que es.
caparon pidieron socorro a San Miguel de Culiacán de donde salió Gaspar:
el Osario con algunos refuerzos, pero al ponerse en contacto con los derro,
tados, tras de cambiar impresiones con ellos decidió que era más conveniente
dejar abandonado el pueblo y ordenó la marcha hacia el sur. En el río Peta.
tlán, el grupo se encontró con Juan López de Quijada quien había sido nombrado comandante de Sinaloa por Bazán y llevaba veinte soldados que constituían la avanzada de la e&gt;."J)edición punitiva que encabezada por el mismo
gobernador iba a castigar a los aguenidos nativos que habían destruído a
San Felipe y Santiago. L6pez intimó a los fugitivos la orden de Bazán de
que nadie debería abandonar la región so pena de muerte, por lo que en
Petatlán se pusieron a esperar que llegara este último, quien acompañado
de un grueso de tropa se adentró en el territorio de los cahitas, los que le
dejaron pasar adelante para después ejecutar en la retaguardia una espantosa matanza de soldados españoles al mando del capitán Gonzalo Martin,
de la cuaJ escaparon solamente dos de ellos. Bazán llegó hasta las márgenes
del río Mayo, donde descargó su furor en algunos infelices indigenas, y despechado e iracundo retomó a Durango llevando el estigma de la derrota.
La villa de San Felipe y Santiago era un punto perdido en medio de la marejada de las tribus cahitas, y sus moradores llevaban una vida misérrima y llena
de privaciones, habitando en jacales de vara y lodo al igual que los nativos, y
siempre en espera del ataque de los indígenas, como les habia sucedido a

544

los cinco fundadores en San Juan de Carapoa, la villa fundada por Francisco de !barra en las márgenes del Fuerte el año de 1564, y como se dice
arriba, como también les había pasado en San Felipe y Santiago de Carapoa,
pues )os cinco eran veteranos de las dos fundaciones. En los años de 1589 a
1591, la situación de los colonos no podía ser más precaria, pues los nativos,
siempre en estado de guerra, no permitían que ningún blanco les quitara el
maíz, ni mujeres, ni hijos. Vivían allí nueve españoles que eran: Juan Martínez del Castillo, Juan Caballero, Juan Pablo, Francisco Martín Redondo,
Antonio Ruiz, Bartolomé de Mondragón, Tomás de Sobcranes, Juan Ortiz,
y uno apellidado Belmar, pero la situación había llegado a tal grado, que
Antonio Ruiz y Martínez del Castillo habían decidido irse a otros rumbos.
Sin embargo, la diminuta y mísera villa estaba señalada para altos destinos, y
el acontecimiento que determinó su porvenir fue la llegada de los PP. Jesuitas Gonzalo de Tapia y Martín Pércz, quienes arribaron el 6 de julio de
1591 para fundar la misión de Sinaloa, y con esto, cambió la situación de
los habitantes y de toda la regi6n, pues el esfuerzo de los misioneros -que
fueron auxiliados militarmente por Diego Martínez de Hurdaide- llevó la
civilizaci6n a los aguerridos cahitas que desde la entrada de Diego de Guzmán en 1533, habían estado defendiendo su libertad contra las acometidas
de los conquistadores españoles.
El principal acto de Urdiñola durante su estancia en la villa, fue levantar
una información jurada sobre las condiciones de la provincia de Sinaloa
"por convenir así al servicio de Dios Nuestro Señor y de Su Magestad y para
le informar del estado de la tierra'' ordenando que "los habitantes más viejos
de la villa o de fu era de elld' fueran examinados sobre el particular. La provincia comprendía so1amente lo que hoy constituye la región norte del Estado, ya que la parte central quedaba bajo la jurisdicción de la provincia
de Culiacán, y la zona sur bajo la de Chametla, reconquistada por Francisco de
!barra a pesar de las protestas de la Audiencia de Guadalajara.
Existe una relación de Culiacán del año de 1582, suscrita por Gaspar de
Osorio, tesorero de la villa de San Miguel, pero la información de Urdiñola
es en realidad la primera que se levant6 para conocer las condiciones del
tenitorio que hoy ocupa Sinaloa. Las personas que se presentaron como testigos fueron: Bartolomé Muñoz, Diego Rodríguez, Tomás de Soberanes, Antonio Ruiz, Hemando Alvarez, Pedro de Robles, Francisco de Llanes, Juan
de Grijalva, Juan Pablo y Diego Martín. Todos conocían perfectamente la
región, pues como se ve, algunos eran fundadores de la villa y habían venido
con Francisco de Ibarra, y otros llegaron formando parte de diversas expediciones militares. Las declaraciones se iniciaron el 5 de diciembre de 1603,

545

�terminándose el 10 del mismo mes, y aunque con ligeras variantes, los testigoa
coincidieron en sus respuestas al siguiente interrogatorio:

l. D scriba el testigo el carácter de la región, su clima y \'egetación;

2. Describa las co tumbr

de los nativos )' sus hábitos;

3. Diga cuántos indios \;ven pacíficamente en poblados· si son obedientes a
su . fajestad, y si tienen relaciones con los religiosos de la Compaiiía de Jesús
y con los habitantes de la villa;

4. Diga qué pueblos de indio· ti ne a su cru-go la Compañía de J_esús¡
cuántos indios han sido bautizados o están siendo preparados para el bautlSIDO,
y qué tan lejos de la villa e tán esos pueblos nativos;
5. Diga si hay otros pueblos de indios m:1, allá de lo mencio~ados; cuAI
es su población, y si sus habitantes tán de paz o de guerra, y s1 a los que
están de paz puede dárscles instrucción religiosa;
6. Di a si la tierra que en el presente está en contacto con los religioa
v con los pañoles de este poblado, y la que e extiende más allá, hacen CODcebir esperan.zas de pro\'echo, y c6mo;

7. Diga si hay minas d oro y plata en la pro,·incia, y si están cercanas

o lejos;
8. Diga cómo se sustentan lo nati\'os y qu' plantas cultivan para aJi.
m&lt;'ntarse;

9. Diga si la dicha provincia tiene puertos sobre la Mar del Sur; si blJ
indicaciones de pesquerías de p •rlas, y con qué partes pueden comunicas
dichos puerto ;

10. Diga si en la provincia hay alguna di posición para stablecer otni
\'illas y poblados e~pañok·s. Diga d6nd y con qué ,·entajas;
11. Dil!'a si la raz6n por la qu u Maje tad mantiene en e te presidio veinticuatro ~!dados a 450.00 pesos anuales cada uno, y un capitán con li000.00,
es solamente conse1 ar en la fe a aquello- a quienes los religiosos de la C'.ompañía de J ús han bautizado, sin e. perar fmtos adicionales de la c_o~veniclll
de las almas o ventajas más amplias, o si es que ellos esperan bencf1aos;

12. Diga si en el caso de que el presidio se suprimiese los padres de la
Compañía y los residentes en la villa pueden mantenerse por sí solos en esa.
provincia;

13. Diga si con menos soldados de los que hay en el presente y con salarios más bajos puede pr venirse la despoblaci6n de la provincia.
Encabezado por Bartolomé Muñoz empezó el desfile de los testigos ante
la persona de Pedro Hemández de Villanuño, secretario de gobernación del
gobernador Urdiñola, y todos fueron acordes en manifestar que la provincia
gozaba de un buen clima que no era ni muy caliente ni muy frío; que contaba con grandes y caudalosos ríos en los que había mucha liza, bagre, robalo
y otras variedades de peces, y que la tierra producía diversidad de frutos nativos y de Castilla, contándose entre los primeros: ciruela , zapotes, vainas
de mezquite, tunas, pitahayas, maguey y algodón, y entre lo5 segundos: uvas,
higos, granadas, naranjas, limas, limones, caña de azúcar y verduras.

Mota y Escobar, en su "Descripción Geográfica de los Reinos de Nueva
Ga/icia, Nuei•a Vizcaya r Nuevo León", dice que dábanse ''en esta tierra muchas legumbres ,, frutas de mata, como son melones, pepinos, cohombros y
calabazas", y que "el ganado ma)'OT vacuno" se daba "escasamente y algo
desmedrado" atribu}'indolo "a los grandes calores de la tierra".
La referencia a las característica· de los indígenas no fue muy amplia, ya
que los testigos se concretaron a manifestar que aquéllo se mataban constantemente unos a otros; qu estaban aco tumbrados a comer la carne de
las piezas que cazaban, y que bebían una cla d ,ino que elaboraban y
con el cual se embriagaban. Este ,·ino lo sacaban del mezquite, de las tunas
y del aga"e.

Los indios de la provincia eran de mediana e.stat11ra y mu}' lampiños, pero
los que habitaban en lar zo,ias costa11eras tenfan mayor estatura "cosa que
maravilla ver que hazc esta diferencia tan conocida esta tierra en JO tÍ 12
leguas de distancia". Los hombres andaban demudas, )' las mujeres waban
una falda de cuero de venado que les cubría de la cintura abajo. Aquellos
que ya estaban reducidor, sallan en cuadrillas de la prouincia y por lo regular S'- dirigían a Culiacán donde trabajaban semanas o mesrs /)ara ganar lo
suficiente para vestirse. De ellos dice Mota )' Escobar que andab~n todos
desnudos )' eran mmamet1te haraga11es. El vicio de la embriague;: estaba muy
arraigado entre las tribus qrte poblaron lo que ahora es el te"itorio sinaloense,
Y es fácil comprender que e11 los pocos año.r que contaba de misionar entre
e~las la Compañía de j,.rús, no le era posible quitar al indígena esa perniciosa costumbre. Con el tiempo, los misioneros fu eron desterrando el uso del
~•in? en los pueblos por ellos controlados, pero cuando vino su r.xpulsióti, los
indigenas volvieron a sus prácticas viciosas.
Tomando en cuenta la escast:'7. de dato que tenemos sobre el movimiento
d~ográfic~ en el norte de Sinaloa durante la época prehispánica y en los
pnmeros anos de la colonizaci6n española, la declaración rcferent a los indí-

547

,..

�genas pacíficos que poblaban la provincia y que estaban en relaciones con
los Padres de la Compañía, es muy interesante para ir integrando ese conocimiento, pues los testigos los calcularon entre 14,000 y 20,000, incluyendo en
estas cifras a las mujeres y los niños, y a los españoles que vivían en esa zona.
Los pueblos de indios que los Padres tenían bajo su cuidado y en los que
impartían instrucci6n religiosa eran veintiséis, y se habían bautizado unas
seis mil almas. Al declarar lo anterior, los testigos hicieron hincapié en que
lo sabían porque casi siempre acompañaban a los misioneros en sus viajes,
pero por otro lado, manifestaron ignorar si existían más indígenas con necesidad del bautismo. Los pueblos mencionados se encontraban a una, dos, tres
y doce leguas de distancia de la villa, con excepción de dos que estaban a
veinte leguas.
La quinta pregunta es también de gran importancia para el conocimiento
de la densidad de la poblaci6n que habitaba desde el río Mocorito hasta la
parte sur de Sonora, ya que los testigos declararon que a más o menos unas
dieciséis leguas de la villa, sobre el río Sinaloa --que asi se denominaba entonces al río de El Fuerte- donde estuvo asentada la villa de San Juan de
Carapoa, estaban los pueblos de los Zuaques, Tehuecos y Sinaloas, y otros
más que se agrupaban a un numeroso conjunto de gente, y que según pen·
saban ellos, en los dichos pueblos vivían más de 8,000 almas que tenían rela..
ciones con los Padres y los habitantes de la villa, cosa que se comprobaba
con el hecho de que muchas veces los habían visto con los misioneros requiriéndolos para que fueran a bautizarlos e instruirlos y a construir iglesias en
sus pueblos, y porque estos indios estaban impuestos a considerar a los moradores de la villa como si pertenecieran a sus propios pueblos. Añadieron que
a quince leguas adelante del mencionado río Sinaloa habían visto otro rio
muy grande llamado Mayo, donde existía un gran número de populosos poblados, pero que no podrían decir su número con exactitud. Pero no ob~~te
que ellos habían visto esos pueblos y el rlo cuando entraron a esa provmaa,
era público y notorio que más allá del río Mayo, y de acuerdo con lo que
estaban tratando había muchos poblados en otros sitios llamados el Valle
'
de la Señora y Los Corazones, y que era positivo que en toda esta provm~
había más gente en proporción a la superficie que en toda 1a Nueva Espana,
y que esto lo sabían porque habían oído decir que en las llanuras y en las
márgenes de los ríos los pueblos eran tan populosos como los otros que ha-

..

bían visto.
No puede caber duda alguna de la gran densidad de la población que SI
agrupaba en la provincia de Sinaloa. Los testigos no eran hombres de _g,41
imaginación, y por otra parte conocían la zona en forma muy amplia 'I'
que todos la caminaron formando parte de las expediciones de ]barra, de M~

toya 'Y del gober~ador Ba:án. Los que acompañaron a don Francisco llegaron hasta la región del no Sonora para después ir hasta Paquimí, en Chihuah~a, y d~sde luego vieron los pueblos del Valle de la Señora, es decir del
Yaqui superior, y los de la región de Corazones en la tierra de los Pim L
"6 d
as. a
aseueracz n e que en proporción a la Nueva España estaba más poblada
la provincia de Sinaloa, aparentemente parece exagerada, pero hay que tomar
en cuenta el hecho de que. el, t~rritorio sinaloense estaba densamente poblado ~urante la época prehtspanica, y qtie los cronistas, tan sólo al señorío
de Cultacán le dan una población que pasaba de los 250,000 habitantes. Las
matanzas ef cctuadas_ por l~s españoles, el tráfico de esclavos, y las enfermedades europeas, casi _terminaron con los indígenas de Culiacán, pero en el
norte, donde los ca/utas se conservaron independientes durarite casi setenta
a~os después de la llegada de Beltrán Nuño de Guzmán, los poblados no su~neron merma de habitantes, antes bien, el movimiento demográfico tuvo que
ir en as:cnso. Tenemos el testimonio de Lázaro de .Arregui, quien manifiesta
2ue segun un censo que se hizo en 1620, en La provincia de Sinaloa había
200,0~ Yndios subjetos a la rreal corona y los 80,000 cristianos''.
L~ m~ería fue la espina dorsal de la economía de la colonia, así que todo
espanol cifraba sus esperanzas en el hallazgo de una rica veta, y esto se comprueba con el hech_o de que _no existe en México una mina de metales preciosos que no baya sido trabajada por los conquistadores. Urdiñola, que unía
e~ _5~ persona al español y al gobernador de la provincia, quiso saber qué po:,b:dad~. había en el aspecto minero de esta parte de su gobernación, y los
es gos d.i1eron que estaban ciertos de que había muchas vetas de plata en las
m?ntañas cercanas a los poblados, y que ellos habían hecho muchos descubrirrnentos
d e mrnas
·
•
.
en Jas s1erras,
pero desde que todos los residentes en la provin~ eran g~te pobre e inadecuadamente provista del equipo necesario no podían trabaJar1as. Manifestaron tamb1en
•, que como la provincia se extendía
'
a lo
largo del golfo de Califomia, tenía en el mar que estaba a doce leguas de )a vi:~• ~des cantidades de camarón y otra clase de peces, pero que como todos
b habitantes d~ la villa eran muy pobres, no podían conseguir los medios para
0 tener ganancias de las pesquerías de dicha costa.
:ocos años después de que se levantara la información se descubrieron las
mmasd
·
_ e S ant,ago
de los Caballeros, Cara11tapa, Baymoa' y Tecuciapa y los
espanoles
como
z uo laron a esos lugares empujados por la fiebre
'
. ,
era nal ura,
de
oro
olvidando
l
p
6d"
·
,
•
d"d
ª r zga riqueza marztima que hasta hoy en día no hemos po1
explotar los mexicanos.
.En. el aspecto de la suh sis
· t encia
· de Los mdígenas
. ,
•
de la provmcia,
los testigos

°

mdanifestaron que plantaban maíz, frijol y calabazas; que del maíz levantaban
os cosechas en el añ0 , Y que asurusmo
· ·
cosechaban considerables cantidades de

�algodón del que hacían ropa, y que de la miel (cera) hacían candelas con el
propósito de alwnbrarse.

Estos cultivos eran comunes a todas las tribus del noroccidente mexicano, 7
solame11te es de 110/arse la cantidad de algod6n que cosechaban los indígenas n
el tiempo en que se leiant6 la inforrnación, ya que en la época prehispánica los
cahita.s lo sembraban en baja escala dado que no usaban ropa, y las mlljeres
hacían faldas de. piel de venado. El señorío de Culiacán estaba considerado como la frontera más septentrional del cultivo d,l algodón, y sus habitantes eran
hábiles tejedores, "die.st,as en ob,as de agujas, así en costuras como labor.es".
En lo relacionado con los puertos, los deponentes dijeron que sabían por haberlo visto, que cerca de un pueblo que era llamado Baibachilato distante unas
doce leguas de la villa, había una grande y profunda ensenada que a ellos les
parecía admirable para usarse como puerto, y que asimismo, en Totoaca y en
el río Sinaloa había puenos de mar adecuados para rvicio de los barco.. Manifestaron también que habían oído decir que don FrancLco de !barra había
construído dos navíos para emplearlos en el mar, pero que los indígenas los habían quemado. Además testificaron que esos puertos podían poner en comunicación a la provincia con Acapulco, La Na,;dad y otras partes del far del
Sur, y también con las pesquerías de perJas de las que tenían \"arios informes.
Añadieron que a lo largo de la costa había abundancia de sal que podía obtenerse fácilmente, r que era bien conocido que toda la nación (provincia)
se proveía de ella, y que esto era lo que sahfan.

La f!ran cantidad de poblados indígenas que desaparecieron a raíz de I.
conquista, hace punto menos que imposible identificar los puertos que mtlcionaron los testigos. Tal vez Baibachilato se haya ubicado frente al canal u
la Isla de Alta mura, que fue un fondeadero muy usado por las primeras npe.diciones marítima.s, entre otras la de Hernán Cortés en su viaje a las Califomias. En cuanto al puerto e11 el río Siflaloa el río Fuerte, es mu,, probable que Stl trate del estero dr Las Piedras, que hasta el siglo pasado .siroi6
como puerto de cabotaje.
u, de los barcos mandados comtruir por Francisco d,, [barra y que fuerOI
qttemados por los natiuos, la Relación de Antonio Rui.: lo ratifica cuanlo
dice que al regreso del r aqui, el gobernador "dio 6rdcnes que algunos oficiales que traían en su compañía, de hacer nabios, labrasen y fabricasen dos
barcos grandes y otros dos botalejos y a.sí se pasó luego por obra y se labr,,.
ron y fabricaron .. . y un e;dranjero que se decía Maese Pedro ... fue 11111
de los que fabricaro11 los barcos o nabíos", y cuando los colonos abandont110I
Carapoa, "a una legua volviero1, los ojos atrás )' vieron grande humaretU di
las casas y nabíos que los enemigos quemaban".
Todos los testigos estuvieron de acuerdo en que debía fundarse otra

villa

de españoles, ya fuera en el río inaloa, 0 en el Ma .
, ..
ideales para ello como lo ten1'an b
d
• )O, donde habia sitios
o ser\'a o con agua
t
d
· d"
'
' pas os, ma era, llanos
Y tierra fértil , y con algunos m
to en 1os alrededores Vari d
.
ron Ja com·eniencia de restablecer la vieja villa d S. J o e ellos urg1cU11 año despul d
U ·d'.
e an uan de Carapoa.

s e que r mola hizo levantar esta iriform ti,
.
Martlnez de Hurdaide inició la co11.struccíón del F t d M a on, Diego
las proximidades del sitio do1lde. estuvo C p
~e~~ e ontes~laros e11
16/0. Este f uc el segundo núcleo de pobt'~óoa,bl ,a ,éndolo terminado e11
• • sirvió
•
que pcrdu ro' en ¡a
provincia.
como base para las p d. ac,
. '' anca
..
b al
ex e rcrones militares que salier
o n~rte., y fue el origen de la actual población de El F
on rum.
La villa de San ¡
d C
uerte.
d" los lcstigos, fu , fu:::dae po;';!:ªFr:;;:c:es~:b~tmiento ~edían algunos
las margenrs del rio Fuerte /bar
.
. arra d a,10 de J564 en
.
·
ra no era part,dari d [ ·
mrendas. pero para no debilitar la moral de los lo ~ e mtema de enco1 m res que le acompañaban desde ZacalecM r"parti'ó 10
.
.._., "
a unas ~• des,g ' ¡ bU
la prot'incia, nombr;ndo capitán "'' . st: .
no a ca , o gobernador de
jórquez. Los color.os se dedicaro11 ~ ~uus;c1a m_ayor a Es!e~an Martín de BoTehueco.s que poblaban la re ió i I ar mina~ )', a vwzr a expensas de los
tar ama actitud
.
g n, I or o que Los tndigenas empezaron a adopagreswa que fui• aume11tando a
d"d
.
po, j' Ueg6 el día en qu" los bl
.
me 1 que pasaba el t1em.
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a11cos no tuvieron
· l
• .
dos los poblados estaban alzarlos Para 1569 l q~ien -~s sm,,11era porque totornó mu,, angustiora pi•es I b .
l
a ntuacton de los colonos se
, • es a an en ue a día
h
qurs de Los indios Lor a/'
t
f
Y noc e para repeler los ata1men os re ueron escose d
.
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abandonar el pueblo ~• r f .
S
an
po, o que acordaron
•
•
J
t ug1arse en an lifiouel d C 1·
,
.
8
par,o/e..s, los indínenas ¡
"'
u iacan. Al salir los erCarapoa,
ormaron una ho~uera con la villa de San Juan de
1

ª

°,

Contestando a la pre&lt;runta num'
d .
•
o
ero onc
el mterr
t •
.
que e1 presidio de veinticuat
Id d
.
oga ono, manifestaron
tenía en la villa prm-incia : : a os .un capitán que Su . Iajestacl mande Jesús no solam nte h ,
J~dpenn1udo a los religiosos de la Compañía
.
acer con J erablcs progr
1
•,
llSmo de los natívo sino
b"'
. .
esos en a conversJOn y baulos indios que estal;an
,taJ:Jn. ien para ant1c1par progresos más amplio entre
,
.
mas CJanos Que com
d'
.
tenia a los dichos soldad
al .. ,
prcn ian qu Su . faJestad sostizar a aquellos que ten1'anos y cap1tan para ayudar a los religiosos en bau.
a su caigo y q e
d' mulados a la provincia
.
'
u en a ic1 6n a los beneficios acuranza de considerable : , ,·irtud d~. esas conversiones, había una gran espemuchas almas ser'
bp . echo demado de las razones arriba dichas y que
ian au t12adas pa
1
•• d
•
su Majestad.
ra e serv1CJ0 e Dios nuestro Señor y de

r

A la llegada de los mision
.
litar que les diera pr t "6 eros ¡csulias a la villa no había dcstacame11to mi.
o l'Cc1 n, )' solamn1le contaban con el auxilio de. los mo-

550
551

�radores del poblado. La muerte del P. Gonzalo de Tapia, asesinado por
hechiceros el JO de julio de 1594, oblig6 a los vecinos a pedir refuerzos
Culiacán, por temerse un levantamiento general de los nativos, habi~?do •
lido rumbo a San Felipe: Alonso de Galarraga, Juan Carlos :Y su hi10, ]
Pérez Roacho, Diego Rodr!guez, Pedro de Robles, Juan de Aco.sta, Martia
de Armen,a Baltasar Quintero, Pedro Ochoa, Francisco Llanes, Pedro de FJ.
gueta, Ger6nimo de Berriarza y Baltasar de Tapia, y con _este auxilio:
moradores pudieron tranquilizarse un poco. Sin embargo, se mst6 al gobie~
virreinal para que estableciera un presidio, el cual se instal6 en 1~95 pon~
do como capitán a Alonso Díaz, quien entre otros soldados traJo a Diepr
Martínez de Hurdaide. En 1600, este último tom6 el mando del presidio e.-.
el cargo de Capitán de 'Sinaloa que desempeñó durante veintiséis años, en lat
cuales a base de valor, astucia :Y habilidad llev6 la conquista hasta el Y •
superi~r, estructurando sólidamente la seguridad del sistema misional de 1#
Padres de la Compañía. Por sus grandes hazañas, los historiadores nortea
ricanos llaman a Hurdaide "El Gran Capitán''.
Conocedores de las circunstancias que normaban la vida de la región, b
testigos manifestaron que comprendían y sabían de cierto que si el presidió,
era cambiado, los pobladores no podrían sostenerse y la villa se despoblada.
a causa de su extrema pobreza, y porque los nativos eran belicosos, en ~
parte sin reducir y no pagaban tributos, y además los residentes no estabal
capacitados para separarse unos de otros para explotar los recursos que li

*

tierra proporcionaba.
Para la tranquilidad de los pobladores de la villa, el presidio no fue ,.
primido, pues al edificarse el Fuerte de M ontesclaros, este fue dotado de..,guarnición, y no fue sino hasta casi a mediados del siglo XVIII ,.uando l
presidio de Sinaloa fue cam.biado a Baroyeca, Sonora, '.Y para ese tiempo, k
población se había consolidado al igual que la obra misional, la que no t,fP
daría en desaparecer debido a la expulsión de los jesuitas.
Contestando a la última pregunta del interrogatorio, los testigos dijed
que sabían de cierto porque lo habían observado, que los veinticuatro soJdJ.
dos y el capitán que había en el presiclio, no eran suficientes par~ ~
las conductas y para defender la villa, a causa de los muchos mdtos de M
provincia que no estaban bien reducidos, y que de haber más soldados •
taban seguros de que los poblados se desarrollarían y que muchos otros. di
los que tenían informes, serían descubiertos y Su Majes~d _sería ~
También expusieron que habiendo poca gente en la provmcia (esp~
.
b
d
.
-4desde luego) naclie se arriesgaba a aventurarse leJOS en usca _e i:runas
las cuales habían testificado haber muchas- ya que como se designaba a ~
pocos de soldados para acompañar a los religiosos, los restantes y el

552

proporcionaban una protección insuficiente, así que para facilitar el bautismo y la instrucción solicitada por los indios, se necesitaban más soldados y
que esta necesidad iría aumentando a medida que pasara el tiempo. En lo
que respecta a los salarios, dijeron que los que los soldados habían
venido recibiendo eran insuficientes porque las cosas estaban muy car~
en esta tierra, el costo de la ropa muy alto, así como el de las armas y otros
equipos de guerra que necesitaban.
Con esta última declaración terminó la información, y pocos días después, el
capitán Francisco de Urdiñola, gobernador de la Nueva Vizcaya, salía para la
capital de su gobernación llevando consigo un valioso testimonio de las concliciones que privaban en la provincia de Sinaloa, para ponerlo en conocimiento
del rey.
Cuando Urdiñola vino a estas tierras, la provincia era apenas una débil
plantita que amenazaba secarse con el cúmulo de problemas que sobre ella
se cernían. Años después, la provincia se extendía hasta las tierras de Arizona,
y la pequeña villa fundada por cinco desesperados que caminaban errabundos
por las vegas del río Petatlán, era ahora la capital de esa enorme gobernación
y tenía como galardón haber sido el núcleo de donde irraclió la obra civilizadora más gigantesca que se viera en América durante la época colonial.

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ToRRE

REVELLO

Buenos Aires, Argentina

LA EXTENSIÓN DE LA PRIMITIVA GOBERNACIÓN del Río de la Plata planteaba
difíciles problemas de gobierno a quienes ejercían el mando, por la imposibilidad de realizar la visita que estaban obligados a efectuar a las ciudades y
pueblos de su distrito, así como otros actos de gobierno en los que su presencia era necesaria. Esto explicaría por qué en distintas circunstancias autoridades y personas destacadas que habitaban el distrito de la gobernación
elevaron memoriales y cartas al Rey y al Supremo Consejo de las Indias,
solicitando que la misma fuera dividida en dos o más gobernaciones. Justifi11

Tras los viajes de exploraci6n en las regiones del Plata, fue otorgada la conq_uista Y colonizaci6n de su inmenso territorio, a Pedro de Mendoza, por capitulación
extendida en Toledo el 21 de mayo de 1534. El flamante adelantado, entre el 2 y 3
de febrero de 1536, estableci6 el pueblo y puerto de Nuestra Señora Santa María de
Buenos Aires. En 15 de agosto de 1537 cstablecia Juan de Salazar de Espinosa la casa
fuerte de Nuestra Señora de la Asunción, la que después de despoblarse a Buenos
Aires, en junio de 1541, erigi6 Domingo Martínez de lrala en ciudad, concentrando
en ella a los diezmados pobladores de la expedición de Pedro de Mendoza, convirtiéndola así en centro de la conquista. De ella partieron los contingentes de españoles y
mestizos que fundaron las poblaciones que subsistían al efectuarse en 1617, la división
en dos gobernaciones: Buenos Aires y :Paraguay. La integraban los centros urbanos
que mencionaremos a continuación: diudad Real del Guairá (fundada en 1557),
Villa Rica del Espíritu Santo (1570) y las ciudades de Santa Fe (1573), Trinidad
d~ pueno de Buenos Aires (1580), Concepci6n del Bermejo (1585), Vera de las
Siete Corrientes (1588) y Santiago de Jerez (1593). Es interesante señalar que, siendo
la Asunción capital de la gobernación antes de su división, sin embargo, a partir del
B~iemo de Remando de Zárate ( 1593-1595), los titulares fijaron su sede en Buenos
Aires, por ser puerto de arribada de las naves proceqentes del Brasil y de España y
que ya habla sido amagada por navíos piratas. Desde allí partían las caravanas terrestres que se dirigían al Tucumán y Alto Perú.

554

555

�caban el pedido, alegando grandes dificultades materiales, teniendo en cu
los precarios medios de transporte de que se podía hacer uso para que
solo gobernante pudiera visitar y contemplar las necesidades que expe ·
taban los vecinos radicados en centros urbanos, tan distantes unos de o
Gregorio de Acosta, en un memorial, sin fecha, del óltimo tercio
siglo XVI, que elevara a la Corte, manifestaba la conveniencia de di ·
en tres distritos la gobernación del Río de la Plata, debiendo tener cada
su titular para una más fácil administración de tan dilatado territorio.1 Igua(
opinión manifestó Hcmando de Montalvo, tesorero del Río de la Plata 1
cronista de la expedición de Juan Ortiz de Zárate, en memorial que D
cribiera en la Asunción, a 15 de noviembre de 1579, en el cual abogaba paf
la repoblación del puerto de Buenos Aires, manifestando que de " ~
sustentado hasta hoy en día fuera el mejor puerto de las Indias", e indicandoat
reierido lugar como sede de uno de esos gobiernos. Esas expresiones, fnm
de la experiencia vivida, volvió a reproducirlas en otros escritos suyos, '1585, 1587 y 1590, asentando que a "un gobernador es imposible gobemarlíti
por poderoso que sea'' debido a que tenía "más de ochocientas leguas •
longitud y latitud a donde en cada una se tiene noticia de haber minas de oro
plata en abundancia". Según el proyecto de Monta1vo, la primera de las ~
bernaciones debía ocupar la costa del Atlántico, desde la Cananea hasta
Río de la Plata, penetrando por el Paraná hasta el Guairá; otra desde d!
estuario hasta el estrecho de Magallanes, teniendo al oeste por límite a 1'
cordillera de los Andes y entrando hacia el interior hasta el Río Paragutly
y la tercera desde la boca de este óo, siguiendo a ambas márgenes, hasta ~
puerto de los Reyes, abarcando la tierra de los indios Jarayes, Chiquitos,
noticia de las Amazonas". 2 Sumamente interesante por las descripciones 4'11'
Memorial de Gregario de Acosta, sin fecha. A G I (Archvio General lndilstí
Secci6n I, Patronato, est. 2, caj. 2, leg. 1 /6, ramo 12. En carta 5 de marzo de 1~
el oficial real Pedro Dorantes se dirigía al monarca proponiendo que la región di
Plata se dividiera en dos conquistas y gobernaciones "que las parta --decía- 111
Paraná e río Ypity (Bermejo) una a la banda del estrecho e otra a la de Slllli
Catalina". Desidia o incomprensión geográfica echaron al olvido tan interesante ~
puesta, que de haberse llevado a cabo hubiera asegurado para España todo el llid.
atlántico desde Santa Catalina hacia el sur, del que Alvar Núñez Cabeza de Vál
había tornado posesión al desembarcar en esa zona en 1541 FvLOENClO R. Moa-.
La ciudad de la Asunci6n. Buenos Aires, 1926, pp. 163-164.
1 Memoriales del T,sorero del Rio de la Plata, Hernando de Montalvo, ~
15 de noviembre de 1579; Buenos Aires, 12 de octubre de 1585; Buenos Aira, tl
de agosto de 1587; y Buenos Aires, 20 de mano de 1590. Originales en A G 1,
V, Audiencia de Charcas, legajo 38. Sobre Hernando de Montalvo y sus memo•
véase ENRIQUE A. PEÑA, Fragmentos hist6ricos sobre temas coloniales dejados 1º' ,ique Peña, Buenos Aires, 1935.
1

S••

556

ilustró con un curioso mapa, relacionadas con cada una de las tres zonas que
debían convertirse en gobernaciones, fue el escrito que suscribiera el franciscano fray Juan de Rivadeneira en 1581. 8 Sólo consideraba que debía dividine en dos zonas la gobernación el famoso arcediano Martín del Barco Centenera en memo¡ial sin fecha, pero de 1587, manifestando que la primera,
teniendo por capital a Buenos Aires, debía ser integrada por Santa Fe y la
Concepción del Bermejo "pueblo nuevo en el río Ipiti, que suena tanto como
Bermejo" y la segunda con sede en la Asunción, "llamada del vulgo Paraíso
de Mahoma" y la ciudad Real del Guairá y la ViUa Rica del Espíritu Santo. 4
La conveniencia o no de dividir en dos o más gobernaciones el dilatado
territorio del Río de la Plata, fue plática corriente entre las autoridades y
vecinos que se radicaron en las ciudades de su distrito. Entre las personas
que ejercieron funciones de gobernador y que dieron opinión al respecto, se
destaca el famoso criollo Hemandarias de Saavedra, que conoció mejor que
otros la inmensa región que le tocara gobernar. En carta que elevara al
monarca y que se fecha en el puerto de Buenos Aires, a 18 de junio de 1607,
expresaba que la defensa de dicho lugar requería la presencia de un castellano, mejor dicho, de un jefe para el castillo y gente de guerra en número
conveniente que el Rey considerase necesario destinar. Pero separar a Buenos
Aires de las otras ciudades de la gobernación lo consideraba de suma inconveniencia, porque, argüía a favor de su propuesta, en muchas ocasiones sería
necesario que Buenos Aires, para su defensa, requiere se la gente de las otras
ciudades y no estando éstas bajo el mando del gobernador local, "no se
podrá hacer sin muy gran dificultad, y así ~resaba- cuando algo se
haya de dividir o quitar a esta gobernación será acertado y aun me parece
1
Relación de fray Juan de Rivadeneira, A G I, Seccwn I, Patronato, Papeles de
Ultramar, legajo 294. Se reprodujo en Biblioteca del Congreso Argentino, Papeles Eclesi~t~cos del Tucumán, Buenos Aires, 1926, tomo II, pp. 258-270. Sobre el ilustre
religioso franciscano pueden conBuJtarse los siguientes trabajos: JosÉ TORRE REvELLO,
El franciscano fray Juan de Rivadeneira, su acci6n misionera y su vida ej11mplar, en
la obra Los Santos Patrones de Buenos Aires y otros ensayos hist6ricos, Buenos Aires,
1937, pp. 65-74; FRAY ANTONIO S. C. DE CÓRDOBA, El R. P. Juan Pascual dtJ
Rivaden11ira, en Archivum, Buenos Aires, 1944, tomo II, cuad. 1, pp. 109-130 y MoNs.
Nicoús FASOLINO, P. Fray Juan Pascual de Rivadenei.ra de lá Orden de Menores,
Santa Fe (Tirada aparte de la Revista Oficial de la Junta Provincial de Estudios
Hist6ricos, 1950, No. 20).

' _Relación del arcediano Martín del Barco Centenera. Original, A G I, Secci6n V,
lndi/emite General, legajo 1092. Se reproduce en la Revista Patriótica del Pasado
A.rg,ntino, Buenos Aires, 1890, tomo IV, -p. 74. Con respecto al famoso cronista
poeta véase la lnformaci6n levantada en Buenos Aires en 1593 sobre Los Servicios
t;~:rcetliano Barco de Centenera, en Revista de la Biblioteca N~cional, Buenos Aires,
' tomo I, pp. 407,428.

557

�forzoso sea lo que a V. M. tengo avisado, que son los tres pueblos de
provincia de Guairá, Ciudad Real, Villa Rica del Espíritu Santo y [
tiago de] Jerez, por las causas de que a V. M. he dado cuenta que no
de poca consideraci6n". Agregaba incluso el nombre de la persona que d •
ejercer esas funciones en el último distrito -Manuel de FrJ-as-- quien
pués sería designado gobernador del Paraguay al efectuarse la división •
1617.&amp; La proposición de Hernandarias, como se deduce por la carta &lt;l1I".
arriba hemos comentado, ya había sido expresada en otras oportunidadi!i;I
Tan es así que, cuando su carta iba de viaje a la Corte, el monarca expedl(
en Leima una R. C., a 5 de julio de 1608, dirigida al Virrey del Perú, en la
que se le pedía que informara si era conveniente separar la provincia del
Guairá del distrito del Río de la Plata y formar gobierno independiente.ª 1)
haberse seguido el criterio sustentado por Hemandarias, la historia de esa
zona fronteriza indudablemente hubiera tenido fases bien distintas a las qlii
luego se cumplieron. Los medios lentos de comunicación y la incomprcnsi41,
y desconocimiento geográfico de la región permitió el avance de Poi-tupi
sobre tierras que correspondían a España y que habían sido ganadas cm
el constante esfuerzo de sus hijos. La respuesta del Virrey, marqués de ~
tes Claros, fue en realidad rapidísima, de acuerdo con la época. Se fedi
en el Callao a 18 de marzo de 1610. Si bien el Virrey aceptaba la propuesM
de Remandarías, introducía modificaciones que eran sustanciales. Por ejentr:
plo, admitía el proyecto pero con la condición de que a las tres ciudades cW
Guairá se les agregara la Asunción, así cada gobernación contaría con cuaflf
ciudades cada una. 7 Ese mismo año, desde la Asunción, el arcediano Pecht:
• Cartas de Hernandarias de Saavcdra al Rey, Buenos Aires, 5 de mayo y 18 de
junio de 1607. Originales en A G 1, Secci6n V, Áudiencia de Charcas, legajo 27. la
la primera de las cartas mencionadas proponía por gobernador de los pueblos cW
Guairá a Antonio Añasco. Se reproducen en Revi'sta de la Biblioteca Nacional, Bueall
Aires, 1937, tomo I, pp. 153-154 y 169-170. Sobre el ilustrado gobernante criollo¡
\'éase RAÚL A. MOLINA, Hernandarias, el llijo de la Tierra, Pr6logo del R. P. G1II'
LLERMO FutU.oNo, Buenos Aires, 1948.

• R. C. al Virrey del Perú, Lerma, 5 de julio de 1608. A C 1, Sección V. Audid

de Buenos Aires, legajo 2, tomo V, foL 33.

a•

' Carta del 11irrey del Perú, ma.rqub de Montes Clarns al Rey, contestando
R. C. fechada en Lem1a a 5 de julio de 1608. A G I, Secci6n V, Audiencia de .Liid,
legajo 35. FuLOENCIO R. MORENO, La ciudad de la Asunci6n, cit., p. 169. El 1111t
qués de Montes Claros desempeñ6 el cargo de ,•lrrcy del Perú entre los año, de 1601
y 1615. La memoria de su gobierno se reproduce en Memorias de los virrey,s pi
han gobernado al Perú, durante el tiempo del coloniaje, Lima, 1859, tomo L

558

Manrique de Mendoza, se dirigía al Rey, informándole sobre la conveniencia

de establecer un gobierno y obispado en la región del Guairá. 8
Al siguiente año, el gobernador del Río de la Plata, Diego Marín de Negrón, en carta fechada el 25 de abril, insistía en 1a conveniencia de constituir
un distrito independiente en el Guairá, al cuidado de un corregidor que debía
ser integrado por las tres poblaciones principales allí constituídas: Ciudad
Real del Guairá, Villa Rica del Espíritu Santo y Santiago de Jerez, alegando
a favor de la propuesta que por hallarse muy distantes no habían sido visitadas por gobernador ni obispo alguno. Tierra pobre, asentaba, porque no
tenían salida sus producciones y era además sumamente enfermiza.º Reflexionando más despaciosamente sobre lo expresado, volvía el gobernador Marm
de Negrón a dirigirse al Rey con carta que fechó en Buenos Aires en el siguiente año, en cuyas circunstancias proponía la inclusión de la ciudad de
Córdoba y la plantificación de tres gobernaciones en el siguiente orden: primero, una integrada por Buenos Aires, Santa Fe y Córdoba "que todas tres
están en triángulo -exponía- ochenta y cien leguas uno de otro gobierno";
segundo, ceder a la gobernación de Tucumán, a cambio de la ciudad de
C6rdoba, la ciudad de Concepci6n del Bermejo "porque está -expresabaen acomodado puesto para ello"; y tercero y último, formar un gobierno
con las ciudades de Asunción, Corrientes, Santiago de Jerez, Real del Guairá
y Villa Rica del Espíritu Santo. 10
Pero el mismo gobernador, que tan acertadamente había expuesto lo que
antecede, volvió en ese mismo año a rectificarse, desorientando así a quienes
debían dictaminar, al proponer la división de la gobemaci6n del Río de la
Plata en dos, dada la inmensa extensión de su distrito y teniendo en cuenta
que el gobierno debía residir forzosamente en el puerto de Buenos Aires ocho
meses del año y los cuatro restantes -asentaba- eta imposible acudir a las
otras ciudades del mando y atender a sus necesidades. 11 Al siguiente año
-1613-, el visitador de la Audiencia de Charcas, Francisco de Alfara, se
• Carta del arcediano Pedro Manrique dt Mendo1,a al Rey, Asunción, 18 de enero
de 1610. A G I, Audiencia de Charcas, legajo 14.
' Carta del gobernador Diego Marln de Negrón al Rey, Buenos Aires, 25 de abril de
161 l. A G I, Secci6n V, Au.diencia de Charcas, legajo 27. En 1628 expresaba el procurador de la Villa Rica del Espíritu Santo que en sesenta años no había entrado un gobernador a visitar la zona. R. P. Pt.BLO PASTELLS, S. J., Historia de la Compañía de
}tsu{Ls en la Pro11iru:ia del Paraguay, cte., Madrid, 1912, tomo I, p. 422.
Carta del gobernador Diego Marln de Negrón al Rey, Buenos Aires, 8 de enero
de}612. A G I, Seccién V, Audiencia de Charcas, legajo 112.
Cartas del g"bernador Diego Marln de Negr6n al Rey. :Buenos Aires 8 de mayo
3 ~e julio de 1612 y 31 de mayo de 1613. A G I, Secci6n V, Audiencia' de Charcas,
y
leCll]O 112,

559

�pronunciaba sobre la conveniencia de dividir en dos gobiernos el dila
distrito del Río de la Plata, pero planteaba la duda en lo que se rclacion
con la ciudad de la Concepción del Bermejo, sobre si debía incluírsela en
del Tucumán o bien en el gobierno del Paraguay que se erigiera.u Tan
informes, no obstante su urgencia y necesidad de solución, permanecían
carpetados en el Consejo Real de las Indias, a pesar de llevar los trámi
más de un cuarto de siglo de iniciación.
Con la llegada a España del procurador del Río de la Plata, Manuel
Frías, el problema readquirió actualidad. En un memorial, sin fecha, pero '1614, el nominado representante suplicaba al Rey&gt; después de enumerar Ja,.
gestiones realizadas por los gobernadores Hemandarias de Saavedra y Diego
Marín de Negr6n, que conocemos a través de lo expuesto, y de señalar lol
perjuicios que causaba a la administ.ración el hecho de que los gobemanlé#
se vieran impedidos de visitar el distrito de su mando por las largas distan ·
que separaban a las ciudades entre sí, solicitaba que se dividiera en dos ~
biernos la región del Plata. Señalaba asimismo lo e."-pucsta que se hallaba 11
región del Guairá por los agravios que los portugueses del Brasil infcrían -'
los naturales, cautivándolos y vendiéndolos como esclavos en los ingeniott
azucareros.ª
Con motivo de la consulta que los togados indianos elevaron al Rey ea
11 de marzo de 1614, proponiendo para el gobierno del Río de la Plata i
Hemandarias de Saavedra, se recordaba que este personaje y Diego
de Negr6n habían expresado en diferentes oportunidades la imposibilidad
de que un solo gobernador pudiera administrar debidamente el distrito, teniendo en cuenta el gran número de indios infieles que había que reducir 'I
evangelizar, a quienes también debían amparar y defender de los portuguese&amp;
por las razones que señalara el procurador Manuel de Frías.u
Cinco años de infructuosas gestiones llevaba hasta entonces este últimq,
cuando se recibió en la Corte la carta del gobernador Hernandarias de Saavedra, de 28 de julio de 1616, en la que daba cuenta de los daños causadClf
en el Guairá por los lusitanos, con sus atrevidas incursiones) diciendo que

Mana

u Carta del visitador de la Audiencia de Charcas, Francisco di Alfaro al R,y, Plallt
15 de febrero de 1613. A G I, Secci&amp;n V, Audiencia de Charcas, legajo 112.
" Memorial del procurador genunl del Rlo dt la Plata, Manuel de Frias al laJ.
Sin fecha (1614), A G 1, Sección V, ,fodiencia dt Charcas, legajo 27. Se rcpxoduJo
en MUNICIPALIDAD DE BUENOS AIRES, Correspondencia de la Ciudad de Bu,ul
Aires con los R,:,,es d1 Espaiía, Buenos Aires, 1915, tomo T, pp. 364-370. Véase MAN1111o
RtoARDO TRELLES, El capitdn Manuel dt Frfas, en Revista del Archivo Oe111ral 11
Bu1nos Aires, Buenos Aires, 1869, tomo I, pp. 106-110.
'' Consulta del Rtal Con.s,jo de las Indias al Re¡, Felipe III, Madrid, 17 de m.,a
1614. A G I, Sección V, Audiencia de Charcas, legajo 1.

560

los tenientes que tenía destacados en dicha zona, le daban noticia de los
agravios y robos que contra los indios de su jurisdicción efectuaban, c~utivándolos por millares para llevarlos a vender a los pobladores del Brasil .y habiendo llegado a tanto la crueldad de aquellos malhechores que, según le avisaba el teniente de la ciudad de Santiago de Jerez, se habían llevado "de
cuajo un pueblo que estaba cerca de ella en servidumbre y de paz". El conocimiento de esa grave noticia promovi6 al Consejo Real de las Indias a
dirigirse al monarca con consulta del 14 de septiembre de 1617, poniendo
en evidencia la delicada situación del Río de la Plata.10
Recordaba el Consejo que hacía un lustro el procurador general del Río
de la Plata se hallaba gestionando importantes asuntos atinentes a dicha gobemaci6n y señalaba que los indios guaicurúes y payaguas amenazaban constantemente a las ciudades cercanas a los lugares en que moraban, a lo que
se agregaba la difícil situación de la zona del Guairá, que por dificultades
insalvables no había sido jamás visitada por las autoridades civiles y religiosas. Seguidamente recordaba los informes, cartas y memoriales que se
tenían acumulados sobre la materia y exponía que por la gran extensión de
su distrito, se dividiera la gobernación del Plata en dos sectores independientes entre sí. La propuesta del Consejo se identificaba con el informe del
virrev deJ Perú, marqués de Montes Claros, haciendo caso omiso del parecer
de 1~ gobernadores de la zona, que tenían un conocimiento más ajustado
a la realidad geográfica. Una gobernación debia integrarse con las ciudades
de Buenos Aires, Santa Fe, Corrientes y Concepción del Bermejo, y la otra
con las ciudades de Asunción, Real del Guairá, Santiago de Jerez y Villa
Rica del Espíritu Santo. Al mismo tiempo proponía que el sueldo de 4,000
ducados anuales que en la fecha tenía el titular, se redujera a 3,000 para el
que ejerciera el mando de Buenos Aires y a 2,000 para el que se designara
para el Paraguay. Para el gobierno de Buenos Aires, el Consejo proponfa
una lista de candidatos en el siguiente orden: Diego de G6ngora) capitán
Gregorio Rico, Francisco de Prado y Pedro Cortés de Monroy. A la vista
de la referida consulta, el rey Felipe III decretó: "Está bien lo que toca a
la división de este gobierno, y para el principal nombro a don Diego de
Góngora". 19
En la misma fecha se designaba por decreto real, para gobernador del Pa11 Carta dtl gobernador Hernondarías d11 Soavedra al Rey, Buenos Aires., 28 de
julio de 1616. A G I, Audiencia de Charcos, Sección V, legajo 112. Se reprodujo en
R,uuta da. la Biblioteca Nacional, Buenos Aires, 1938, tomo IJ. p. 147.
'" Consulta dtl R11al Coruejo da. las Indios el Rey Felipe III, Madrid, 14 de septiembre de 1617. A G I, S11cci6n V, Audienúa de Charcas, legajo 112. El título se
expidl6 en Madrid a 16 de diciembre de 1617. Se reproduce en Archivo de la Naci6n

561

�raguay, al que hasta entonces fuera procurador general del Río de la P
Manuel de Frías, cuyo nombre había propuesto Hernandarias de Saav
al solicitar, en 1607, la desmembración del Guairá. 11
La decisión del Rey venía a satisfacer una necesidad experimentada
quienes moraban en la región, desde mucho antes de fundarse las ciu
de la Trinidad del puerto de Buenos Aires, Corrientes, Concepción del
mejo y Santiago de Jerez, dada la inmensa extensión que tenía bajo su 1mmtlilll. ,.
el gobernador de la primitiva gobernación del Río de la Plata, cuya a ·
se entorpecía por falta de medios adecuados de comunicaciones, en una •
gión donde los problemas fronterizos estaban siempre latentes por el continuo
avance de los portugueses, que restaban a España importantes zonas 411
había conquistado con el esforzado trabajo de españoles y criollos y que .lii
correspondían en virtud de tratados vigentes. No obstante, agreguemos ~
en esa época un solo monarca regía los destinos de España y Portugal. Ní
menos grave era el problema que suscitaba el cautiverio de gran número dj
indígenas que eran vendidos en las factorías e ingenios del azúcar del B~
Al tener noticia Hemandarias de Saavedra de la decisión real, en DC8'
que dirigi6 al Presidente del Real Consejo de las Indias le expresaba que •
resultado había sido de mucho gusto para él, dando a continuación de flli
manifestado, amplias noticias sobre el gobierno que había desempeñado ba11iJ
entonces.18

II
Después de plantificada la división, comenzaron a llegar a manos del R,if
y de los consejeros indianos diversas quejas. El primero que hizo presente
su protesta al respecto fue el gobernador Diego de Góngora, con motivo de
una informaci6n que mand6 levantar en las ciudades de su distrito. En elfi
figura Pedro Ramírez, procurador de la ciudad de Santa Fe, en donde
constancia, a 28 de septiembre de 1621, de que el Rey y el Consejo Real c1ii
las Indias, habían sido muy mal informados con respecto a la divisi6n de

deJ

Argentina, Epoca Colonial, Reales Cédulas y Provisiones, 1517-1662. Buenos AÍIIIJ
1911, tomo I (único publicado), pp. 110-112.
" Con.su/ta del Real Consejo de las Indias al Rey Felipe 111, Madrid, 14 da
septiembre de 1617. A G I, Sección V, Audiencia de Charcas, legajo 112. El título le•
expedido en 22 de abril de 1618, en Renacimiento, Buenos Aires, 1912, tomo I¡

la primitiva gobernación. Agregaba a sus manifestaciones que la ciudad de la
Asunción debió incorporarse al distrito de Buenos Aires, o en su defecto que
)as de la Concepción del Bermejo y Corrientes integraran la del Paraguay,
pues, alegaba, no se habían tenido en cuenta las distancias y dificultades que
se presentaban en caso de tenerse que auxiliar mutuamente. El Cabildo de
Corrientes expresaba en 21 de octubre que hubiera sido más conveniente su
incorporación al distrito de la Asunción, por la larga distancia que la separaba del puerto de Buenos Aires, afirmando que las tres ciudades del Guairá
debieron formar un solo gobierno y las cinco restantes otro. A su vez, el Cabildo de la Concepción del Bermejo manifestaba que se hallaba en un todo
de acuerdo con lo expresado por su igual de Corrientes. 19 Años más tarde,
el gobemador de Buenos Aires Francisco de Céspedes, en 15 de julio de
1629, se dirigió al Rey, manifestándole que no podía dejar de advertir el
daño que se había causado con el desmembramiento del Paraguay del gobierno de Buenos Aires, asentando que en el tiempo en que se encontraban
unidas ambas zonas era más fácil su administración y los indios más sujetos,
pudiéndose efectuar los socorros con facilidad. Señalaba que desde la Concepción del Bermejo hasta la Asunción, había una distancia calculada en
60 leguas que era recorrida en seis días y podían enviarse tropas de una a
otra parte fácilmente. Antiguamente, aseguraban, existía entre el vecindario
mue.ha voluntad por estar debajo de un solo gobierno, pero por entonces
no, porque en caso de enviarse algún socorro debía hacerse con autorización
del gobernador titular y no por los tenientes de ciudades que no estaban
autorizados a hacerlo por su propia voluntad. 20 En carta sin fecha, pero de
1637, el gobernador de Buenos Aires Pedro Esteban Dávila calificaba de
siniestro el informe que se había hecho para que se efectuara la división de
la gobernación. Aseguraba que la unión de ambas divisiones, como lo había
demostrado el tiempo, permitía mejor la defensa de los centros urbanos contra los enemigos y los belicosos indios que las poblaban. Señalaba que por
dichas causas, tres ciudades de la gobernación del Paraguay habían sido destruidas y que en la de su mando ocurri6 otro tanto con la Concepción del
Bennejo. Manifestaba que al distrito de su gobierno debía incorporarse la
,. Información levantada por el gobernador Diego de Góngora. Anexa a la carta

del mismo al Rey, Buenos Aires, 6 de junjo de 1622. A G I, Sección V, Audiencia de
Cha"as, legajo 27.
11

Carta d,Z gobernador Francisco de CJspedes al Rey, Buenos Aires, 15 de julio

pp. 273-277.

de 1629. A G I, Sección V, Audiencia de Charcas, kgajo 28. Se reporduce en ENRI·
12~ PEÑA, Don Francisco de Céspedes, Noticias sobre su gobierno en el Rio de la

11 Carta de Hernandarias de Saavedra al Presidente del RtJal Consejo de las Iulll.
Buenos Aires, 13 de mayo de 1618. A G I, Sección V. Audiencia de Charcas, legajo llli.

Plata (/624-1632). Buenos Aires, Universidad Nacional de Buenos Aires, Anales de
la Academia de Filosofía y Letras, 1916, tomo V (primera parte), pp. 186-187.

562

563

�ciudad de Córdoba, en donde se había establecido la Aduana seca, lugar
por donde, según manifestaba, se escapab~ los. pasajeros y ~os_ negros, no
obstante el cuidado que había puesto para impedirlo, dando asumsmo cuenta
de todo ello a la Audiencia de Charcas. Señalaba igualmente que la gente
que por allí se introducía ilícitamente, era cristi~a nueva y clérigos y f~les
ap6statas. "Yo soy solo y no lo puedo remediar como :eo que conv~ene
-asentaba compungido- porque los ministros no son confidentes, que dicen
,, 21
que el gobernador se va y e11os se qu edan .
.
.
No fue menos quejoso en su juicio el obispo de Buenos Aires, fray Cnst6bal
de Aresti que en ese mismo año trató el tema de la división de la gobernación ~ateria que consideraba muy importante, aconsejando que debíaa
unirse 'las dos fracciones como lo estaban anteriormente, porque además de
otras razones consideraba que cada gobierno no podía por sí solo defendene
de los indios rebelados. "Cada gobernador -manifestaba- se alza con Sil
gobierno sin querer ayudar el wio al otro", de manera que después que se
efectuó la división, los naturales ensoberbecidos asolaron ciudades a su voluntad "sin ser señores los gobernadores de remediarlo", situación que no
ocurría antes, cuando uno solo era el gobernador, que podía socorrer los centros atacados con gente de guerra y con libertad de acción. 22
Siendo gobernador de Buenos Aires Jacinto Laríz, se dirigió éste al monarca con oficio de 9 de junio de 1649, expresando la conveniencia de volver
a unificar la primitiva gobernación, estableciendo la sede del obispado en la
Asunción, para evitar, aseguraba, las controversias que s_e planteaban_ entre
gobernadores y obispos. Se le respondió por R. C. expedida en Madrid a 2
de septiembre del siguiente año, expresándosele que el monarca no, accedla
a su pedido. Lógica era la respuesta porque 1as razones que exporua Lañz
., de la gobem.ac1on.
" 23
eran en un todo ajenas a la defensa y conservaeton
11 Carta del gobernador Pedro Esteban Dávila al Rey. Sin fe~ [163?1 A G ~
Sección V Áudiencia de Charcas, legajo 56. Véase la documentac16n publicada soblc
dicho gob~rnador por MANUEL RtcARDO T1tELLES, con el título Don Pedro Est,bll
Dávila en Revista del hchivo, cit., tomo I, pp. 229-352.
.. c:,ta d1l Obispo de Buenos Aires, fray Cristóbal de Aresti al Rey. Sin fecha
(1637] A G I, Sección V, Audiencia de Charcas, ~egajo 56._
.
u A G I Sección V Audiencia de Buenos Aires, lega¡o 2, libro VI, fol. 35. Slbe
tan curioso' como inte~pestivo personaje, véase el documentado estudio de ENa!QVI
PEÑA, Don Jacinto Lariz, turbulencias de su gobierno en el Rfo de la P!ata ( 16:;
1653), Madrid, 1911. MANUEL RICARDO TuLLES, con los títulos
1~f01m 1
gobernador Lar!z y Absolución de excomuniones, en Revista del Ar~hivo, c1t., tomo I.
pp. 358-369 aporta referencias de interéa para conocer la actuaci6n de este - ~
nante. En ei tomo II, de la misma revista, se inserta la Visita general de Mas~,
]647, en pp. 36-142, dando a continuación importantes documentos sobre su gobierlllli

_un

A tantos clamores se unió el del gobernador del Paraguay, Juan Blázquez
de Valverde, que en 18 de abril de 1657 remitió al monarca una información
que había ordenado levantar para hacer constar que desde que se dividiera
la gobrmación, las ciudades se habían despoblado o fueron arrasadas por indios rebeldes y otras invadidas por los portugueses de San Pablo.u
Señalaba que la gobernación del Tucumán, debido a que sus ciudades
habían permanecido unidas, subsistía floreciente. En vista de noticia de tanta
gravedad, con fecha en Madrid a 31 de diciembre de 1662 se circuló una
R. C. al Virrey del Perú,, a la Audiencia de Charcas y al tribunal que se
mandaba fundar en Buenos Aires, para que informaran sobre las causas reales de los males que se denunciaban y si se podían evitar uniendo nuevamente las dos fracciones en lo temporal y en lo espiritual. 25 No conocemos
las respuestas que pudi.eron dar las autoridades consultadas, pero ateniéndonos
a los hechos, no produjeron efecto alguno.

Los desastres causados por la división fueron tan graves, al decir del gobernador del Paraguay Antonio Vera Muxica, que desde el momento que
se efectuó, el distrito de su mando había perdido cuatro ciudades y m~ de
cuarenta mil indios y en la gobernación de Buenos Aires se había despoblado
la ciudad de la Concepción del Bermejo, a causa de las continuas amenazas
de los indios del Chaco. 28
Si bien los informes que se archivaban en el Real Consejo de Indias, que

hemos expuesto anteriormente, atribuyen la despoblación de ciudades a la
circunstancia de haberse dividido la gobernación, también consta en otros documentos que las ciudades del Paraguay, fronterizas al Brasil, fueron asoladas y destruídas por los ''bandeirantes" con el fin de cautivar indios y en,_"' "Para el Brasil, lejos de ser funesta [la circunstancia de que los reyes de España

cmeran la corona de Portugal], fue grandemente ventajosa la desventura de la madre
patria: los españoles pasaron a ser de enemigos, aliados, y los paulistas entraron en
~u• tierras, ya que las fronteras -el meridiano de Tordesillas- habían desaparecido
Junto con la independencia portuguesa..." PEDRO CALMON, Historia de la Civilización
Brasileña, Buenos Aires, 1937, pp. 76-77 .

• 1:'3

información, A G I, Sección V, Audiencia de Charcas, legajo 33. La R. C.,
~adnd, 31 de diciembre de 1662, en ]bid., Audiencia d, Buenos ÁÍres, legajo 2,
libro VII, fol. 205.
11
Carta del gobernador Antonio de Vera y Muxica al Rey, Santa Fe de la Veracruz, 18 de marzo de 1686. A G I, Sección V, .Audiencia de Charcas, legajo 283.
Sobre la despoblación de la Concepción del Bermejo, puede consultarse JosÉ To1tRE
~VEuo, Erttco Y Concepción del Bermejo, dos ciudades desaparecidas, Buenos Aires,
_acuitad de Filosofía y Letras. Publicaciones del Ihstituto de Investigaciones Hist6ncas, número LXXXV, 1943.

pp. 145-199.

565

564

�sanchar los dominios de Portugal al rebasar los límites establecidos por
tratado de Tordesillas. 27

el

Con respecto al estancamiento de las ciudades del Plata, otras fueron las
causas. La despoblación de la Concepción del Bermejo se debió al continuo
amago de los indios del Chaco. En cuanto a la pobreza a que se alude cons,.
tantemente en los escritos del siglo XVII, su causa principal se debió al ciene
del puerto de Buenos Aires, absurda política que ahogaba todo progte10,:
al condenar al vecindario de toda la región a vegetar casi en la indigencia¡
poseyendo fértiles praderas en donde el ganado se multiplicaba en fonna prodigiosa y extraordinaria. El puerto de Buenos Aires era el cauce natural para
comunicarse con España las regiones circundantes al Plata, que fue cerrado
en defensa de intereses económicos de otros lejanos sectores, y que caus6
lógicamente, el desamparo de sus vecinos. Lo expresado se agravaba si ae
tienen en cuenta las continuas amenazas de los naturales en ciertas zonas de
ambas gobernaciones y la acción constante y destructiva de enemigos exteriores, que hacían valer el peso de su osadía en depredaciones y vergoDZOIII
escenas, cautivando indígenas que habían sido ganados para la civilización.•
"' Un autor brasileño, recordando la acción de los bandeirantes, expresa que el "avaace hacia el oeste y hacia el sur" resume la entrada de los paulistas ¡ "gracias a la
penetración de los cazadores de guaraníes ('sertanistas' los llamaban los misioneros),
perdió España Santa Catalina, las misiones jesuitas del Paraguay, que llegaron a tener
como límite el Paranápanema, y el Mato Grosso, por la línea del Cuaporé. Y fue ell
virtud de esa ocupación que, en 1750, Alej;¡mdro de Gusmao estableció el criterio da
uti possidetis para los tratados de limites de América". PEDRO CAu10N, Historia ü
la Civilizui&amp;n Brasileña, cit., p. 71. Refiriéndose al acontecimiento anotado, escribe
un historiador paraguayo: "Tanto estas reducciones como villas españolas fueron d•
truída.s y pilladas por los mamelucos del Brasil, por causa de la incapacidad e incuria
de los succ.sores de lrala, quienes nada hicieron para defenderla ( ?). De esta manera
perdimos la provincia del Guairá. .." CECILIO Bh:z, Resumen de la Historia 4,1
Paraguay, Asunción, 1910, p. 12. Sobre la acción de los ba.ndeirantes ha pub}i.c:adi,
en forma documental una extensa obra ALFONSO DE E. TAUNAY, Historia. Geral ÜI
Bandeíras Paulistas, Sao Paulo, 1924-1950.
"' Si vergonzosa fue la acción de los bandeirantes cautivando y esclavizando in6
genas en la zona fronteriza del Brasil, rebasa los límites de esa maldad la actitud del
gobernador del Paraguay, Luis de Céspedes Xeira. En 1628 al trasladarse a la aecle
de su mando por la vía de Río de Janeiro cas6 en esa ciudad con doiia Victoria ~
rrea de Sáa, entrando en negociaciones con los "bandeirantes" a quienes permitió al
ejercicio vandálico de su infame comercio en la gobernación de su mando. Se calcula
que por tolerancia de Céspedes Xeira, fueron cautivados entre 1628 y 1629 m.ú do
60,000 indios guaranks. En esa circunstancia, fueron destruidas las ciudades froallOrizas de Villa Rica del Espíritu Santo, Real del Guairá y varios pueblos, de indios iJDÍsionados. Las denuncias contra el perjuro gobernante llegaron hasta la Audiencia ció
Charcas, donde se le hizo comparecer en 1631 para juzgarle. Fue condenado a la~

566

Sabemos que al practicarse la división, no primó un criterio ajustado a la
realidad geográfica. Ese desconocimiento hubo de tener fatales consecuencias
en el futuro. La corona de España perdió un extenso litoral en el Atlántico
y los indígenas de esas regiones que le fueron arrebatadas hubieron de ser
reducidos a esclavitud, junto con la destrucción de ciudades y pueblos, debido a las irrefrenables acometidas de los vandálicos "bandeirantes" que llenaban de terror los lugares por donde pasaban. No podrá decirse que quienes
vivieron y conocieron la región en los siglos XVI y XVII no advirtieron a
tiempo las fatales consecuencias que para el patrimonio de la corona española
podría acarrear, el legislarse sin conocimiento de la realidad geográfica y
hasta debe recordarse que en múltiples ocasiones, se señaló cuál era el punto neurálgico, que pasó inadvertido para quienes debían remediar la situación,
por variadas causas, algunas de las cuales han sido expuestas en el curso de
este trabajo.

dida de su empleo, inhabilitación por seis años y al pago de costas y multa por 12,000
pesos, por sentencia de 22 de agosto de 1636, confirmada en 7 de octubre del propio
año. "Castigo siempre inferior a sus delitos", como escribió el Deán Gregorio Funes. El
gobernador interino Martín Lcdesma Balderrama, que reemplazó al indigno gobernante Céspedes Xeira, reunió a los vecinos sobrevivientes de las dos ciudades destruídas
Y los concentró en un nuevo asiento, que en 1635 pobló en Caraguatí y que bautizó
con el nombre de una de aquellas poblaciones asoladas: Villa Rica del Espíritu Santo. Dl!ÁN GRP.GORIO FuNEs, Ensayo de la Historia Civil de Buenos Aires, Tuoumán 'JI
P~raguay. Buenos Aires, 1856. Segunda edición, tomo, I, pp. 228-230. Con carta del
\·ll'rey del Perú, conde de Chinchón, de 24 de mayo de 1632, se daba noticia al Rey
de que la Audiencia de Charcas había ordenado comparecer a Luis de Céspedes Xeira.
R. P. PABLO PASTl!LLs, S. J., Historia de la Compañía de Jesús, cit., tomo I, p. 471.
Puede verse en esta obra las referencias que aporta sobre los ataques de los "bandeirantes" a las misiones jcnúticas.

567

�LOS PRIMEROS DISCURSOS DEL GENERAL GUADALUPE
VICTORIA, PRIMER PRESIDENTE CONSTITUCIONAL DE LOS
ESTADOS UNIDOS MEXICANOS, ANTE EL CONGRESO
NACIONAL. 1824-1826
lcNACIO

Ruino M~ÑÉ

Director del Archivo General de la Naci6n, México

PARA DARLE FORMALIDAD LEGAL al orden político que emanó del triunfo del
Ejército Trigarante, conquistador de la consumación de la Independencia
Nacional, se instaló en la Ciudad de México el Congreso Constituyente Mexicano el 24 de febrero de 1822, aniversario del Plan de Iguala.
Las labores de dicho Congreso, presididas por don Hipólito Odoardo, fueron interrumpidas por la aclamación popular de la noche del 18 de mayo
del mismo año, que reclamaba la coronación de Agustín de Iturbide como
Emperador de México. Al día siguiente se reunió dicho Congreso y proclamó por decreto el sistema imperial. El 21 de junio siguiente fue coronado
solemnemente Agustín I y el 31 de octubre de ese mismo año el flamante
Emperador de México disolvía ese Congreso.
Un mes después se inició en Veracruz la revolución republicana, el 2 de
diciembre, proclamada por el Brigadier Antonio López de Santa Anna; movimiento que pronto fue secundado por José Antonio Echávarri, Nicolás Bravo, Guadalupe Victoria, Vicente Guerrero y otros jefes militares. El 20 de
marzo de 1823 abdicó el Emperador ante el Congreso Nacional que había
disuelto y se había reinstalado el 7 de ma.r:zo de dicho año.1 Este Congreso, así
reinstalado, estaba decidido a apoyar la revolución republicana. El 21 de
mayo se declaró convocante a un Congreso Constituyente que celebró cons1
El 2 de noviembre de 1822 el Emperador form6 otra representaci6n nacional instalando una Junta Instituyente, que trabaj6 hasta el 6 de marzo de 1823, preparando
la reinatalaci6n del Congreso.

569

�tantemente sesiones hasta el 30 de octubre siguiente, bajo la presidencia de
don Francisco Manuel Sánchez de Tagle.
El nuevo Congreso Nacional declaró el 29 de marzo de 1823 que_,había
ado el Imperio estando presentes ciento tres diputados. En la ses1on de
ces
,
1
'd!C
ese día se acordó "que el número de noventa y dos era a rnayona e ongreso". Se presentaron las proposiciones siguientes:

Se turnó a una comisión especial compuesta de los diputados Sres. don Francisco Tarrazo, de Yucatán; don Valentín Gómez Farías, de Zacatecas; don
Francisco Fagoaga, de México; don Manuel López de la Plata, de Guatemala y don Bonifacio Femández, de Chiapas. 2
El dictamen presentado por esa comisión, presentado en la sesión del día siguiente, 30 de marzo, concluyó proponiendo:

la. "Se declara que el Congreso se halla reunido en su mayoría, en ~lena
y absoluta libertad de deliberar, y por consiguiente en estado de contmuar

lo. "El Poder Ejecutivo del Estado lo ejercerá provisionalmente un cuerpo
con la denominación de Junta Gubernativa".

sus sesiones,,.
2a. "Se declara haber cesado el Gobierno de México hasta ahora existente''.

2o. "Esta se compondrá de tres miembros que alternarán cada mes la presidencia, por el orden de su nombramiento".

3a. "En consecuencia se depositará el ejercicio del Poder Ejecutivo en indi-

3o. "La Junta Gubernativa tendrá tratamiento de Alteza y sus miembros
de Excelencia".

viduos nombrados por el Congreso".
4a. "La denominación de este cuerpo, el número de las perso~as de que se
ha de componer, su tratamiento y lo demás que pueda ser necesano para el desempeño de sus atribuciones, lo fijará una comisión nombrada al efecto, presen•
tando sus trabajos el día de mañana".
Esas cuatro proposiciones fueron aprobadas en lo general y sólo fue discutide
el punto de hacer constar la presencia de ciento tres diputados en la alegada
mayoría.
,
El diputado por Oaxaca don Carlos María de Bustamante declaro en esa
misma sesión del 29 de marzo de 1823: "que habiendo reprobado todas las provincias el gobierno del Sr. Iturbide, el Congreso debe poner otro Y declarar
que ha cesado aquél".
Don Lorenzo de Zavala, diputado por Yucatán, observó que había confusión en hablar generalmente de gobierno, porque "se puede entender respecto
a los tres poderes que componen el gobierno de un Estado".
Expusieron luego el Pr~sidente, don Juan Francisco de Castañiza, Marqués
de Castaruza y Obispo de Durango, y el Diputado yucateco don Manuel CttJcencio Rejón: "que no había la confusión que supone el Sr. Zavala, porque la
voz gobierno explica comúnmente el Poder Ejecutivo¡ ni es creíble que en nuestras circunstancias se extendiese a todos los poderes"•
.
. ,,
El presidente propuso "que en lugar de gobierno se diga Poder EJecutivo ·
El diputado por Guatemala don José Vicente Orantes presentó las propasiciones siguientes:
,

4o. "Estos no podrán ser elegidos del seno del Congreso".

So. "Se regirá este cuerpo por el último reglamento que para la anterior Regencia se presentó al Congreso para su aprobación, menos en lo tocante Generalisimato, mientras se arregla otro con arreglo a las circunstancias del día".
Fue muy discutido el dictamen en los aspectos de fijar el número de individuos de la Junta Gubernativa que por lo menos se necesitaba para el despacho del gobierno, "porque podría suceder muy fácilmente que alguno se
enfermase y los demás en este caso tendrían un embarazo para obrar hasta
consultar al Congreso"; sobre ''las calidades que se requerían en un individuo
para poder ser electo"; y "que para evitar algunos inconvenientes, era indispensable prefijar las circunstancias o cualidades de los que pudiesen ser elegidos, tales como las de edad, propiedad, naturaleza, domicilio, etc."

Asimismo se debatió mucho sobre la denominación de Junta Gubernativa.
Se propuso darle el nombre de Supremo Gobierno del Estado, o el de Supremo ~oder. Otro, que se le denominase Directorio; y así fueron surgiendo otros
ténrunos. El Sr. Tarrazo atinadamente observó que "el mal no está en el nombre, sino en la realidad de las cosas''. Al fin, quedó aprobada la denominación
de Supremo Poder Ejecutivo.
Continuó la discusión sobre el punto de "cuál de los tres, o si todos eran
responsables de los actos del gobierno", que observó el Diputado por Nuevo
León, don Servando Teresa de Mier. Se aprobó la proposición de don Cayetano !barra, de México, en el sentido de "hacerse responsable el que por tumo

"

la. "Que el Poder Ejecutivo se depositase en tres personas y no mas ·

1
JUAN A. MATEos, Historia Parlamentaria de lor Congruos Mexicanos Il (México, 1878), pp. 160-4.
'

2a. "Que éstas no sean individuos del Congreso".

570

571

�tenga la presidencia, quien se aconsejará y ayudará de los otros dos, porque
en las actuales circunstancias es de suma importancia concentrar el poder to,
do lo posible; lo que no se lograría cargando la responsabilidad sobre tocb
igualmente, porque e.ntonces no podrían obrar, sino muchas v ~ sería difl.
cil su reuni6n con la velocidad que algún caso demandara".
Respecto al cuarto punto, fue objetado por el Diputado Teresa de Mier ea
el sentido de permitir la designación de algún miembro del Congreso para el
Supremo Poder Ejecutivo. El Sr. Rejón advirti6 que "todos conocemos quiénes
en el Congreso tie.nen el acopio de virtudes y luces necesarias para ser individUOI
del Supremo Poder Ejecutivo. ¿ Quién dudará que el General Victoria, Diputado por la provincia de Durango, reúne estas prendas apreciables? ¿ Y por quE
a este benemérito ciudadano lo hemos de inhabilitar para un destino en que
pueda ser más útil a la patria que sentado en este salón? No hay recurso, es
preciso reprobar el artículo por las consideraciones expuestas".
A pesar de esos argumentos, se coosider6 "que nada alteraría más a los enemigos de la libertad como la desaprobaci6n de esta parte del dictamen, pues que
ella daba motivos fuertes a la maledicencia para desconceptuar al Congreso",
para aprobar ese cuarto punto. Ma&lt;i, se propuso exceptuar al Sr. don Guadalupe
Victoria, "por sus relevantes circunstancias y la confianza que en él tiene la ación".
11
El diputado por Durango, don Florentino Martínez, observó que había empeño de que se pueda nombrar al Sr. Victoria individuo del Supremo Poder Ej.
cutivo, y en mi concepto no aciertan con los medios". Y refirió hechos para dtmostrar que dicho Sr. Victoria no era diputado y consecuentemente "estatn()6 en
absoluta libertad para elegirle para el Supremo Poder Ejecutivo, por no ballar·
se comprendido en la prohibici6n hecha por los Señores Diputados".•
El 31 de marzo de 1823 celebró el Congreso cuatro sesiones, tres públicll.
una en la mañana y dos en la tarde, con otra secreta después de la primera, •
las once y media del día. En la segunda sesión pública, a las tres y media de la
tarde, se anunci6 que "los individuos que han de formar el Supremo Poder Ejecutivo son: don Nicolás Bravo, don Guadalupe Victoria y don Pedro Celestino
Negrete, electos el primero por 57 votos de 101, el segundo por 51 de 98 Yel
tercero por 73 de 104". Y en la sesión de las seis de la tarde se discutió y aprob6
la fórmula del juramento que deberían prestar los individuos así electos.'
En esa última sesión de la tarde hizo el juramento el Sr. Negrete, a pesar de
sus reiterados deseos de renunciar, que no le fueron aceptados. 1
• M&gt;.nos, Op. cit., 11, pp. 164-76.
• De los tres individuos asi electos, Negrete no era mexicano sino español. Nació d
San Esteban de Carranza, Vizcaya, España, el 17 de septiCDlbre de 1785.

En la sesión del lo. de abril siguiente fueron el .d
premo Poder EJ'ecutivo s d •
egi os los suplentes del Su. e es1gnaron a don Mar.
M'
Miguel Domínguez.t'
iano
ichelena y a don
~ diputados por Guatemala, Sres. don Tomás Bel
Cehs, don Manuel Ignacio Gutié rrez, d on Isidro
.
Mont' f tranena,
d
Ldon Pedro
gueroa, don Juan José Quiñones d
, .
u ar. on uciano FiLópez de la Plata, pidieron su retiroº~
Vicente Orantes y don Manuel
mes de abril, alegando que com
t e ongreso en sesión del 11 de dicho
tentes .el Plan de Iguala y Tratad:s: : g~ngreso h~ía declarado "insubsisno anterior había invitado a las p . . . ordoba, baJO cuyas bases el Gobieruna sola .sociedad ya la nac'6 rovmcias de Guatemala a formar con éstas
1 n guatemalteca d b'
'
d
bcrtad para constituirse en la forma d
b'
e ia que ar en absoluta ¡¡_
puesto que en el mismo caso se halla: g~ iern~, que ~ás le acomodara, suHab'
.
a a nacion mexicana" r
ia mantemdo la unión de Centro Am, .
.
centc Filisola, napolitano al servic' d 1 . enea con México el general Vide 1os tn"unfos de la revolución re 10 bl'e unperio. mexican
.
o; pero las noticias
piraciones de los guatemaltecos
i':1a lo h1CJeron ser liberal con las asen la capital centroamerican .
e marzo de 1823 publicó un decreto
in tal,
a un con
El 24 de junio se
s O esa asamblea y el lo a,deconvocando
. ¡· . .
greso.
la . d
.
JU io SJgu1ente se
I ab
m ependencia absoluta de las p
. .
proc am a por un decreto
se constituyó en República Federalrovmc1as Unidas de Centro América, que

fo;

Ef~9

1 Los g:;"erales Bravo y Victoria n~ se hall b
.
a elecc1on de los tres individuos ue f
a, an en México, cuando se hizo
vo. Bravo había salido para custoo1ar a or;:_an.an el Supremo Poder Ejecuticruz. En la fragata mercante in 1 •
~b1,~e y verlo embarcar en Veradel río de la Antigua el 11 d g esa ;:-owlms y frente a la desembocadura

:~y~

ropa el efímero emp;rador d:
e 182~, se _hizo a Ja vela rumbo a Euatcndiendo la deie
d
extco. y V1ctona permanecía en V
d I
nsa e ese puerto am
d
eracruz,
e a fortaleza de San Juan d Ul, •
enaza o por la guarnici6n española
El
e
ua.
general Nearete era el , . d
Ejecutivo que se hall b
umco e los tres miembros del upremo Pod
1823 " se pasaron lo a ra ·entonces en Méxaco.
. El mismo
.
dfa lo. de abril der
general
s o rc1os correspondientes a lo
b
e
,
egrete, para que se presentasen desd s nom ~dos, por medio del
este los acom etluego a Jurar p · • d
de
panara para mayor solemnidad del
"
' r~vlillcn o a
ese lo. de abril en el C
"
acto . y en la misma sesi6n
sciío
'
ongreso se pre t
1S
S res suplentes nombrados (M'ch I
sen aron e r. Negrete y los dos
upremo Poder Ejecutivo y fue~n e=·J Domínguez) para componer el
'
'
i os con la ceremonia prescrita en
M.\nos •
,M
ATEOS,

n,

pp. 181-6.
JI, p. 252 _

• M&gt;.nos, 11, pp. 177-81.

572

573

�el reglamento; y habiendo prestado los dos últimos el debido juramento, pa•
saron todos al trono con el Sr. Presidente ( el Marqués de Castañiza y Oi».,.
po de Durango), quien les dirigió un discurso análogo y conciso; y desp•
de contestarle muy oportunamente el Sr. Michelena, se retiró todo el cuerpo
con el acompañamiento de estilo" .8
Conforme acuerdo del Congreso, en sesión celebrada el 3 de dicho mes de
abril, don José Ignacio Garda Illueca quedó como Ministro Universal del
Supremo Poder Ejecutivo, quedando así encargado de los despachos de R~
ladones Exteriores e Interiores, de Justicia y Negocios Eclesiásticos, de Guerra y de Hacienda. 0
En la sesión del 14 de abril se dio cuenta con un oficio del Sr. García Illu&amp;!
ca, acompañando otro del General Victoria. Decía éste:
"Excmo. Señor: He recibido los decretos del Soberano Congreso y del Supremo Poder Ejecutivo, comprendidos en los nú~eros de uno a si~te, que V.
E. me dirigió con fecha dos del corriente. No bien llegaron a IIl.lS manos f1
día de ayer, cuando fueron solemnemente publicados en la ciudad, en medio de las demostraciones del más exaltado patriotismo y regocijo universal,
"Los pueblos y tropas de la provincia de Veracruz celebran como el colmo
de sus más ardientes votos la reinstalación del Soberano Congreso y nombr,.,.
miento del Supremo Poder Ejecutivo provisional; ellos renuevan con esta
ocasión las protestas de sostener a todo trance las libertades del cuerpo reptesentativo, y obedecer pronta y cumplidamente todas sus deliberaciones.
"Síxvase V. E. presentar al Soberano Congreso el homenaje de respeto c:dl
que los jefes y tropas de esta provincia, unidas en sentimientos con todas las
demás del Ejército Libertador, declaramos recompensados todos nuestros ~
vicios y fatigas al ver reintegrada la Naci6n en la plenitud de sus derecho\
suplicándole se digne aceptar la respetuosa felicitación que elevamos a Su
Soberanía.
"Dios y Libertad.-Veracruz, 9 de abril de 1823.-GuADALUPE V1CT()IIA.
Excmo. Sr. Ministro de Estado don José Ignacio García Illueca".10
El mismo 14 de dicho mes de abril se dio cuenta en el Congreso con una
comunicación del Supremo Poder Ejecutivo, participando haber nombrado
a don Lucas Alamán como ~ecretario del Despacho de Relaciones. El 16 tom6 posesión. Un cÜa después se informaba en el Congreso, avisando el Su.premo Poder Ejecutivo haber nombrado "para Secretario del Despacho di
II, pp. 184 y 186.
• MATEos, U , p. 190. 'MANUEL ORozco v BERRA , Diccionario Universal d, H~
ria y de Geogra/!a. Tablas de los Ministerios de Relaciones, Justicia, Guerra, ~
da, Fomento y Gobemaci6n, años de 1821 a 1854, Vol. V (México, 1854), PP· 41
,. MATEOS, II , -pp. 259-60.
• MATEOS ,

574

Hacienda a don Francisco de Arrillaga, vecino hacendado de la provincia de
Veracruz, de cuyas luces y otras buenas circunstancias ha tenido las
·
··
h
.
.
me Jores
1
1
~ot1C1as, e cua a ofrecido venir a la mayor brevedad posible". Tomó poseStÓn el 2 ?e mayo. En la sesión del 28 de este mes se comunic6 al Congreso el
nomb~aroi~to favor d~ d_on ~ablo de la Llave, hecho por el Supremo Poder E1ecutivo, para servir mtennamente el Ministerio de Justicia N
·
· " T
,
.,
.
y egoc10s
Ecl~siásacos
. orno poses10n el 6 de Junio. Todos estos nombramientos se
debieron
· e·¡
. a la enfennedad del Sr• García Illueca, qw·en mun·'o en M'ex.1co
7 de dicho mes de junio de 1823, después de haber desempeñado diligentemente todas esas secretarías. El 7 de julio siguiente se dio cuenta en el Congreso de haber sido nombrado don José Joaquín de Herrera como Min' tro
de ~ue~ra Y Marina, sucediendo así al Sr. García Illueca. Tomó posesió: el
11 S1guicnte. 11
Los ~a ~enci~nados diputados centroamericanos continuaron insistiendo en
sus asp1ra~ones mde~endicntes. En la sesión del Congreso, que se celebró el
16 de a~ril- de ese mismo año de 1823, se leyó su representación "sobre que
las provmCJas de Guatemala queden en libertad de constituirse como les acomode".

,7

. Dos de ellos: los Sres. Orantes y Montúfar, presentaron en la misma se516n ~a exposición, advirtiendo haber firmado 1'la anterior proposición porque JUZg~ que así como México se ha declarado en libertad de constituirse
como me1or le convenga, el mismo derecho tiene y en el mismo caso se halla
Guatemala; Y que no atendieron a lo que se alega en dicha proposición de
haberse declarado por el Congreso nulos el Plan de fauala y Tratado~ de
0
Córdoba''
. . · Se acord o, turnar estas proposiciones a sus antecedentes y a una
comisión encargada de las cuestiones guatemaltecas.ª
J~n di~ sesión del 22 de abril expresó el diputado centroamericano don
mal e Valle,_ con un extenso razonamiento, cómo se había unido Guatecon~ Impeno Me~cano Y refirió los sucesos posteriores. El Sr. Orantes
. d 6 esas referencias Y recordó su petici6n de declarar "que las provincras el que se llamaba Reino de Guatemala están en libertad de constituirse
como
xico les acomode" , Y su brayo, "l o acaec1ºdo en ellas desde su unión con Mé: ~ara probar que ésta no fue espontánea ni libre". Pasó todo a la d'ch
com1st6n especia
· 1 encargada de asuntos de Guatemala 18
1 a
Animada fue la discusión del 6 de mayo de 1823

~

el Congreso, sobre

u MATEOS II
Munu:
G • • pp. 259, 268, 382 y 434. ORozco y BERRA Op . cit. PP 4¡3.8 DR
.
HIOLIAZZA, Op. cit., pp. 11-2
'
'
'
•
•
Arrillaga,
el
Ministro
de
H
·
d
•
.
,. MAT
I
acien a, no era mexicano, sino español.
u MA EOS, I, pp. 267-9.
nos, II, p. 291.

575

�En la misma sesión "se recibió juramento al Sr. don Nicolás Bravo, confoime a todo lo prevenido en el reglamento interior, para que entrase a fun-

.. , d Puntos Constitucionales, respecto a los suelun dictamen de la Com1S1on e
l
del Supremo Poder Ejecutivo,
·
·
sup entes
dos de los individuo~ propietarios y e la Real Audiencia, seis mil pesos anuaasignando el que teruan l~s regentes d
d
Fernando del Valle, de Yucales. Arguyeron algunos diputados, comoh º~tendentes del régimen virreinal
tán que era poco ese sueldo, pues mue os b'
~ lado 25 000 pesos sin
'
.
lturbide "se le ha ian sena
'
, .
tuvieron esa cantidad y a
d
]ose' del Valle de Centro Amenca,
al
a" . y corno on
'
al
que sirviese en cosa gun ,
,
60 000 algunos capitanes gener es
los Vureyes teruanl
~ bryos del Supremo Poder EjecuPara recordar que
,
·
10 000 a os xmern
10 000, y propcma asignar '
.
, 1 dictamen ''alegando la es'
lb
de México, apoyo e
'
tivo. Don Cayetano arra,
1eado s están careciendo de tres
lo
cual
los
emp
11
casez en que nos ha amos, por . . .
d las tropas". Al fin, se aproa cuatro meses de sueldo y se dificulta el pago e
b6 ese dictaroen.H
f ch 14 de dicho mes de mayo, se dio cuenEn la sesión del Congreso, de e a f. . d los Sres Bravo y Victoria, en
. . . Al án "con un o 1c10 e
·
lista por el rrumstro
aro
, d 1turbide acompañando la
. .
1 mbarque de don Agustin e
'
leh" 1s
que particip~- e e .
omandante de la fragata, Jacobo Zue
. ,
ta de su f aro1ha y recibo del c
1N
te y los Sres. Michelena y Domm•
. .
f
·nando el genera
egre
d l
S1gmeron uncio
.
.
l d , !timos como suplentes e os
Poder Ejecutivo os os u
fi
ITTICZ como el Supremo
e1' b d 1 27 de mayo se leyó un o •
º
'6 d 1 Congreso c e ra a e
'
ausentes. En la seSI n , e
d~ h S remo Poder Ejecutivo hacía precio del ministro Alaman, en que~ ic o 'éup l 28 al seno del Congreso con
estilo
disp t asar manana rru reo es
sente "haber
ues p,
f de que preste el juramento de
.
el Excmo. Sr. don Nicolás Bravo, a in
d' entregase el Señor Prem..
empleo y se acor O
• ,,
para entrar a desempenar su
' le declaró benemérito de 1a patria .
dente al Sr. Bravo ~~ decreto en ~ue tdictamen de la comisión especial que
En la misma ses1on se presento e
l N rete y la cuestión del suplente
veía el problema de la renuncia del general Beg o Dicho dictamen quedó en
,
1 llegada del genera rav ·
que deb1a cesar por a
l
l t ' ,l timamente nombrado, par seel artículo siguiente: "Que cese e sup en e u
os aprecio de las virtudes y
b
· en tos y no por rnen
,....
guir el orden de los nom rarru ,
b "que salga por suerte uno de ~
buen porte del mismo". Se acordo ~pro _ar
a ue ueda tornar posesión
dos suplentes del Supremo Poder6 ~1ecut1vdi!~un~ le/para el modo de proel Sr. Bravo". y además se aprob que se

?

•

" 16

el

ceder en casos semeJante_s . .
d
o "se procedió al sorteo par
En la sesión del día s1gwente, 28 delmSay '
Poder EJ' ecutivo para que
.
d l suplentes e upremo
"
cual debía salir uno e os
1 , d b salir el Sr. Domínguez .
entrase a funcionar el Sr. Bravo, y res u to e er

cionar en el Supremo Poder Ejecutivo".11
El general Negrete insistía en renunciar. En la sesión del 5 de junio
siguiente se leyó y discutió el dictamen de la comisión especial que veía este
asunto. El Congreso acordó resistirse a aceptar esa renuncia. Y se aprobaron
las proposiciones siguientes: la.) "que a los generales Victoria y Negrete se
les declare beneméritos de la patria"; 2a.) "que por la falta de alguno de
los nombrados del Poder Ejecutivo, por enfermedad u otro motivo semejante, asista por el impedido al despacho de los negocios el suplente que fue
don Miguel Domínguez"; y 3a.) "que por la Gaceta y demás papeles públicos se haga saber la renuncia del Sr. Negrete y la negativa del Congreso".18
En la sesión del 25 de junio de 1823 el ministro Alamán "leyó un oficio
del general don Guadalupe Victoria, dirigido a él sobre las conferencias habidas con los comisionados del Gobierno Español, la contestación de éstos y
las actas de cinco sesiones celebradas sobre el particular; y concluyó exponiendo al Congreso que habiendo llegado hasta aquel territorio las negociaciones, el Gobierno esperaba sus disposiciones para continuar conforme lo
tenía acordado el mismo Congreso". Se acordó turnar esta información a la
comisión especial respectiva. 19
En la del 2 de julio siguiente se puso a discusión el dictamen de la comisión sobre el nombramiento de suplente para el Supremo Poder Ejecutivo;
Y leído el Art. lo. que dice: "Se autoriza al Gobierno para que pueda comisionar a los individuos del Supremo Poder Ejecutivo cuando considere que
así lo exige la conveniencia pública, no pudiendo ejercer durante su comisión las funciones que le competan como miembro de este Poder'', se añadió
lo siguiente: "sin que durante la comisión pueda ejercer las funciones de tal
individuo del mismo Poder".
Se agregó también a ese dictamen, como artículo 3o.: "habrá tres suplentes
pennanentes del Supremo Poder Ejecutivo, siguiendo de permanente el actual suplente temporal, y eligiendo los otros dos el Congreso".
Este artículo 3o. fue desechado en cuanto a la elección de los otros dos suplentes permanentes por el Congreso. Se acordó que el Sr. don Miguel Domínguez quedase como suplente perpetuo y se nombrara a un tercer suplente.
En la sesión del día siguiente, el 3 de julio "entró a prestar el juramento
de estilo el general don Vicente Guerrero, suplente del Poder Ejecutivo ..." 20
n MAnos, II, pp. 382 y 383.
" MATEOS,

'MATEOS, II, p. 341.
u MATEOS, II, p. 368.

11

14

MATEOS,

• MATEOS,
• MATEOS,

II, pp. 390 y 391.
11, p. 419.
II, pp. 430 y 432.

,,

II, p. 381.

577

576
H37

�Se discutió en la sesión del 8 de julio el grado que correspondía dar al
general Victoria, "sin perjuicio del que le toque con arreglo a la ley general
de premios". Se consideró de preferencia despachar "la moción hecha por
algunos Señores Diputados en solicitud de que se declaren beneméritos de la
patria a los CC. Guerrero y Victoria". Que "cuando éste se presente a prestar el juramento como miembro del Supremo Poder Ejecutivo se le entregue por el Presidente la declaración del empleo que deba obtener, lo mismo
que la de benemérito de la patria, y si es posible se practique lo mismo con el
general Guerrero". 21
El dictamen de la Comisión de Premios se vio en sesión del 23 de agOSID,
relativo "a la declaración que han pedido varios señores diputados en favor
de los generales Guerrero y Victoria". Se aprobaron sus tres artículos, como
siguen:
"Art. lo. Se declara beneméritos de la patria a los ge11erales don Guadalupe Victoria y don Vicente Guerrero en premio de sus servicios patrios, y recibirán el decreto de manos de Vuestra Soberanía.
Art. 2o. Para esas declaraciones en lo sucesivo se instruirá expediente Cml

justificación.
Art. 3o. El Gobierno señalará el grado y empleo del general don Guadalupe Victoria". 22
Mientras tanto el general Victoria se mantenía en Veracruz. En el Congreso se informó, en su sesión del 30 de septiembre, "de las medidas toma,,
das por conducto del Excmo. Sr. don Guadalupe Victoria para rechazar las
hostilidades que rompió ya el Castillo de San Juan de UJúa". 23
En la siguiente, la del lo. de octubre, se dio cuenta con un oficio de Ja
Secretaría de Guerra "en que inserta el que recibió del Excmo. Sr. don Guadalupe Victoria, dando gracias al Congreso por la declaración de benem&amp;ito
de la patria..." 2 '
Del general Guerrero se dio cuenta con una representación, en la

sesilli

A pesar de que en la sesión del 5 de junio se había aprobado que el Sr. Domillguez quedase como suplente para los casos de falta de alguno de los miembros DCIIII"
brados para integrar el Supremo Poder Ejecutivo, se continuó debatiendo el_ IIUIIIO
en las sesiones de 16 y 27. Al fin se turnó el iuunto a una comisión dictaminadod,
que informó en la sesión del 2 de julio.
.
En la sesión del 17 de junio se propuso que el General don Vicente Guerrero ~
declarado benem6rito de la patria. Se turnó la proposición a la Comisión de preJDiOI,
M&gt;.TEOS, II, pp. 408, 409 y 423.
n M&gt;.TEOS, II, p. 438.
" MATEOS, II, pp. 485-6.
,. 'M.A TEOS, II, p. 531.
.. MATEO&amp;, 11, p. 532.

578

celebrada el 11 de octubre, solicitando "se le releve del encargo que sirve en
el Supremo Poder Ejecutivo, y se le permita retirarse a su país u otro análogo, con el objeto de curarse". 2 ~
Del Ministerio de Guerra, en sesión del 16 de dicho mes, pidiendo "se le
faculte para que en lugar de los doce generales de División mandados nombrar por el decreto de Vuestra Soberanía, pueda elegir catorce". Además,
"para que las dos plazas de aumento puedan ocuparse por los beneméritos
de la patria, ciudadanos Nicolás Bravo y Guadalupe Victoria, que por sus
distinguidos servicios cree acreedores a los primeros puestos de la Nación".
Se turnó a la Comisión de Guerra. 26
Desde el 12 de junio, en sesión extraordinaria, se había visto en el Congreso el dictamen de una comisión especial que estudiaba el caso de los
diputados centroamericanos, quienes solicitaban ,iu retiro. Estos continuaron pidiéndolo en sesiones sucesivas y se turnaban sus peticiones a esa comisión. Al fin, en la del 18 de octubre se puso a discusión ese dictamen, que
contenía los dos artículos siguientes:
"Art. lo. En virtud del pronunciamiento de independencia, acordado en
acta de 1o. de julio por el Congreso de Guatemala ( cuyos derechos respeta
éste de México) pueden retirarse los Señores Diputados de aquellas provin-

cias".
"Art. 2o. No se comprenden en esta medida los Señores Diputados de Chia,.
pas por ser provincia de las que componen la Nación Mexicana".
Se continuó discutiendo ese dictamen en las sesiones siguientes, del 20 y
21. Siguió la discusión en las del 23 y 25. Al fin, se aprobó con la enmienda
del Art. 2., que se redactó de nuevo así: "No se comprenden en esta medida
~ Diputados de Chiapas, ni los de aquellas otras provincias que no concumeron al pronunciamiento de su independencia en el Congreso de Guate-

mala". u
El 3 de octubre de 1823 se instaló el nuevo Congreso Constituyente, habiendo quedado cerrado el anterior veintisiete días después. 28 En la del 21 de noviembre, en el flamante Congreso Constituyente, se dio cuenta con un oficio
del Ministerio de Guerra, acompañando "una felicitación del general don Nicolás Bravo, jefes, oficiales y tropa de su mando, por Ja instalación de este
Soberano Congreso, la que fue oída con agrado". 29
Del general Negrete también se recibió felicitación. Se hallaba en Zamo• MATEos, II, p. 542.
11
MATeos, II, p. 549.
: MAnos. II, pp. 398, 429, 552, 553, 555 y 560.
• MAnos, II, pp. 563 Y 567.
MAl-110s, II, p. 589.

579

�ra. Se hicieron constar sus expresiones de enhorabuena en la sesi6n del lo.
diciembre y de la manera siguiente: "Del mismo Ministro [de Guerra)
pañando con oficio del general del Ejército Libertador don icolás B
el poder que le confirieron para íelicitar al Soberano Congreso por su
lación el general don Pedro Celestino Negrete y los demás oficiales y
que se hallaban en Zamora el 8 del pasado ..." ªº
· Las felicitaciones del general Victoria no se dieron a conocer sino en 11
sesión del 5 de diciembre, con las de la división de su mando. Y en la del
don Francisco de Arrillaga, ministro de Hacienda, leyó de orden del Sup
Poder Ejecutivo "la comunicación que le hace el general don Guacu~•
Victoria, incluyéndole oficio del capitán de la fragata 'Baulini', en que la
avisa haber llegado el 2 de agosto anterior al puerto de Liorna, teniendo
su bordo a don Agustín de Iturbide y su familia, que llegaron sin ningult
novedad, • ." u
El general Guerrero tuvo que ausentarse y dejar vacante su cargo en
Supremo Poder Ejecutivo en tres ocasiones. Estuvo en Tepecoacuilco con
jeto de pacüicar esa región y as1 lo informó el ministro de la Guerra,
ral Herrera, el 16 de diciembre en sesión del Congreso, afirmando que
partes de dicho Guerrero "ha quedado tranquilo el territorio de Tepec:oM:ulll
co, después de haber puesto en libertad a los españoles que había preso. el
ronel don Luis Pinzón". El 6 del mismo mes se leyó en el Congreso, "una
cia del General don Vicente Guerrero en que solicita licencia de un mes
.
. "
ra pasar a Cuemavaca a tomar unos baños que necesita con urgencia.••
en la sesión del 19 de enero de 1824 el mismo ministro, general Herrera,
''un oficio del general Guerrero en que participa al Gobierno haberse f
los disidentes" de una sublevación en Cuernavaca; como también se dio
ta con un oficio del ministro Alamán, en que "participa haber dispueslO
Supremo Poder Ejecuti\'o que el general Guerrero saliera para el sur&gt;
motivo de las nuevas inquietudes que amenazan" .u
El mismo ministro Alamán infonnó en la sesión del 15 de diciembre de 1
participando "la noticia que hoy ha tenido por conducto del general
G~~=~
ria de la llegada a Veracruz de la legación inglesa cerca d e nuestro
no, y de haber librado las órdenes oportunas para que con el decoro Y
dad conveniente pueda trasladarse a esta capital".as
'El general don José Joaquín de Herrera había estado de ministro de
Guerra desde el 11 de julio de 1823. Renunció y en sesión del 9 de r·---•·..
• MAnos, 11, p. 603.
., MATios, 11, pp. 604 y 607.
11 MAT•OS, II, pp. 608, 616-7, 634 y 635.
• '?.IATEOS, II, pp. 616-7.

580

de 1824 se leyó un oficio del Ministerio de Hacienda, en que

5U

titular, don

Francilco de Arrillaga, "participa que el Supremo Poder Ejecutivo ha admitido la renuncia que del Ministerio de su cargo hizo el Sr. don José Joaquín
de Herrera; y que interinamente está encargado del despacho de aquella Secretarla el Oficial Mayor de la misma".
En esa sesión del 9 de febrero el Ministerio de Estado comunicó también
"que de orden del Supremo Poder Ejecutivo se pone en el conocimiento del
Soberano Congreso el nombramiento que S. A. ha hecho en el Sr. don Pablo
de la Llave para Ministro Plenipotenciario y Enviado Extraordinario de la
República cerca de Su Majestad Británica,,."
En la del día siguiente "se leyó la exposición en que el general Guerrero
pide se le admita la renuncia que hace como individuo del Supremo Poder
Ejecutivo y que se le conceda licencia por seis meses para retirarse a cuidar
de IU salud". Que "se mandó unir al e.xpediente, adonde hay antecedentes,
para que se tuviera presente en el tiempo de la discusión sobre renuncias de
los individuos que componen el Supremo Gobierno..." 11
El n~bramiento de don Pablo de la Llave fue aprobado por el Congreso

en su SCSlÓn del 13 de febrero, conforme lo pidió en su dictamen la Comisi6n de Relaciones. Se confirmó esa aprobación el 17 siguiente...
&lt;:'°n las licencias concedida al general Guerrero, el Supremo Poder Ejecutivo quedaba en manos . d~ ~os suplentes, Sres. Michelena y Domínguez,
ya que el general Negrete msist1a en renunciar. En la sesión del 18 el dipu~ yucateco, don Manuel Crescencio Rejón, impaciente con esta situaci(m p~puso: "Pido a la comisión especial enca,gada de informar sobre las
ffll~as ~echas por las personas en quienes está depositado el Supremo Poder EJecubvo, presente su dictamen sobre este punto en el término de veinticuatro horas".

Se turnó el asunto .ª esa :°misión especial, y mientras tanto los Sres. dipu-

~ don Ju_an de D10s Canedo, don José María Covarrubias y don Epigmede las Piedras, los dos primeros de Guadalajara y el último de México
la pro~ici~n de Rejón, proponiendo "que sean llamados inme~
. • te el Sr. V1ctona y el Sr. Bravo a desempeñar sus funciones de propietarios en el Supremo Poder Ejecutivo".

:::!:º
D10

~n

José

Ignacio Espinosa, Diputado por México, presentó en esa misma
~ la proposición siguiente: ''Suplico se nombre otra comisión que entienda en el asunto de las renuncias de los individuos del Poder Ejecutivo".
: lúnoa, II, p. 673.
• MAnoa, 11, p. 6H.
MATaos, II, pp. 682 Y 689.

581

�Después de ser discutida esta moción, "se mandó

pasar

a la comisión de Le,.

gislaci6n" .37

La Secretaría de Guerra informó al Congreso, en su sesión del 19 de fe-

brero, con "copia del oficio que dirigi6 el general don Pedro Celestino Negrete al general Bravo, manifestando la disposición en que está él mismo J
su divisi6n, en orden a sostener los Supremos Poderes con motivo de las ocu-

rrencias del próximo pasado enero...".88
En Cuernavaca y en la misma ciudad de México hubo, a fines de 1823 f
principios de 1824, revueltas de carácter militar que pedían violentamente
el retiro de los españoles de los puestos públicos. El general veracruzano Jo-,
sé Maria Lobato, conspiraba en la capital y en enero de 1824 emprendió la
rebelión con mucha tropa. Las enérgicas resoluciones de los generales BnnQ
y Guerrero hicieron que Lobato y su gente depusieran las annas. 311
El Sr. Michelena, uno de los dos suplentes del Supremo Poder Ejecu ·
tuvo que dejar ese cargo y aceptar un alto empleo diplomático. En la •
del 3 de marzo se dio cuenta con "un oficio del Ministerio de Relaciones, pal"
ticipando que el Supremo Poder Ejecutivo ha nombrado al Excmo. Sr. dca
Mariano Michelena para Ministro Plenipotenciario cerca de Su Majd
Británica, en lugar del Sr. de la Llave que no podía marchar con la pronitud necesaria..." Se acordó turnar el asunto a la Comisión de Relaciones.
En la misma sesión se leyó e] dictamen de esa comisión, que fue favorabll
a ese nombramiento y se aprob6. 4 º
Los generales Bravo y Guerrero se debieron suceder uno al otro en atendlr
las cuestiones del Supremo Poder Ejecutivo, desde los últimos meses de 182:I
hasta los primeros del año siguiente. En la sesión del Congreso, de fecha 1
de mano de 1824, e informó de "una exposición del general don Viceoll
Guerrero participando que después de la llegada del general Bravo se •
a San Agustín de las Cuevas [flalpan] para atender a su salud, cuyo DIII
estado comprueba con una certificación de cuatro facultativos''.•1

En la sesión del día siguiente '"se dio cuenta con un oficio de la ~
ria de Relaciones, participando estar ya sirviendo su cargo en el Poder ¡·
cutivo el general Bravo y que ha cesado en el que tenia el Sr. Michel.eoa P'
su nombramiento de Enviad.o a Londres''. 42
n MATEOS, II,
•
•

mes ae informó al Congreso con oficio de la Secretaría de Relaciones.«
De la licencia solicitada por el General Guerrero, que fue turnada a una

comisión especial, ésta propuso, en sesión del 22 de marzo, que se le conceda
~ la condióó~ _de que "siempre que sea llamado por el Supremo Poder EjecutJ~ ~ de~wones de asuntos graves a juicio del mismo, deberá ponerse en

cammo mmediatamente para reunirse a sus colegas". 44
En la de 31 .~e. ~ano se dio cuenta con una exposición del general don
1colás Bravo, p1d1endo se le exonere del cargo de individuo del Sup
• •
remo
:I"'
cr E1ecuttvo".º
El general Victoria continuaba en la plaza de Veracruz, atendiendo los
p~lemas ~e defensa en ese puerto, constantemente amenazado por la guar1UCJ6n espanola que retenía la fortaleza de San Juan de Ulúa. En la sesión
del 9 de abril "se dio cuenta con un oficio de la Secretaría de Relaciones
~pañando otro del general don Guadalupe Victoria en que participa ai
gobierno que el 20 del corriente estará en Jalapa con objt&gt;to de instalar el
Congreso del Estado de Veracruz, y le asegura que de aill continuará su marcha para esta ciudad a desempeñar sus funciones". •is
. ?ootinu6 d~n Pabl~,d~ la Llave en el desempeño de la Secretaría de Justicia ~ egoc1os Eclesiasticos. Más tarde se encargó interinamente de la Se_de Relaciones. En la sesión del 22 de abril "se leyó un oficio del
Ministmo d_e la Guerra en que participa que el Sr. don Pablo de la Llave
no s6_1° ha 11do nombrado Secretario de Justicia y Negocios Eclesiásticos, sino
q~eda t'llcargado del Ministerio de Relaciones". El 24 de dicho mes
dio O posesión de este otro cargo. Y en la sesión del 17 de mayo sigwente "se
cuenta con un oficio del Secretario del Despacho de Justicia, participando
que e! Supremo Poder Ejecutivo ha tenido a bien volver a encargar la Secre~a de Relaciones a don Lucas Alamán. El 15 de dicho mes de mayo
:.,~ cargo Alamán, otra vez, de ese ministerio. Estuvo ausente tres sema-

ºod

°:~

=~ién

:a

licencia fue concedida al general Bravo. En la sesión del 18 de mayo
. . cuenta con un oficio de la Secretaría de Relaciones, "poniendo en
noticia del Congreso que el Supremo Poder Ejecutivo ha dispuesto que el
lC

p. 691.

MATEOS, 11, p. 692.
ENRIQUE ÜLAVAlltÍA

v FD.MJU, Mlxico lndep,ndiente, 1821-1855, en

a Travls de los Siglos, IV, p. 102.
• ?.{Anos, II, pp. 703, y 704-5.
· " MAuos, ll, pp. 713-4.
• '?.fanos, II, p. 714.

582

El 11 de marzo de 1824 tomó posesión de la Secretaria de Guerra y Marina don Manuel de Mier y Terán, ayudante general del Estado Mayor como sucesor de don José Joaquín de Herrera. En la sesión del 13 de dicho

JIIM

Oaozco v BtUA, D tccionario,
· •
• nt.
. V. pp. 413-8. MAnos II p 716
..• lfA
•
T!OI, II, pp. 723-4.
' ' .
.
• MAnos, 11, p. 733.
• MAnos, 11, p. 745.
O.ozco y BURA, 1oc. cit.
. MAnos, ll, pp. 754 y 779.

�general don Nicolás Bravo salga a desempeñar una comisión del servicio
cional".
La situación en Guadalajara y Zacatecas era en aquellos días de re
a las disposiciones del Congreso. El gen~ral don
Joaquín ~e Herrera
destinado al mando militar de Guadala1ara y asi tuvo que deJar la Secret;►ría de Guerra y Marina. El general Herrera no pudo reprimir a esos reW,.:
des y fue necesario que los generales Bravo y ~egrete acudi esen ah'1.' 9
Por oficio de la Secretaría de Guerra y Manna, entonces a cargo del 8';
neral Mier y Terán, se dio a conocer en sesión del Congreso, a ~O de maJllt
"una e&gt;..-posición del general Victoria, participando su n~m?ram1~n~o- de ,►.
bemador del Estado de Veracruz, cuyo cargo dice aceptó sm per1mc10 de Js!
que se le prevenga por el Supremo Poder Ejecutivo". 50 •
En esa misma sesión los diputados por Yucatán y Chihuahua, don Man-'
Crescencio Rejón y don José Ignacio Gutiérrez, promovieron "que se UIII
b'
"51
al General Victoria para que venga a hacerse cargo d el Go 1emo .
Se informó en la sesión del 15 de junio que "con motivo de saberse IP.J.
el General Victoria está para llegar a esta ciudad, en cuyo caso tendrá qa
otorgar el juramento correspondiente como individuo del Supremo Podlit
Ejecutivo, la _secretaría presentó la fórmula siguiente, compuesta de las •
0

!ºsé

dadas por el Congreso:
"¿Reconocéis la soberanía de la Nación Mexicana, representada por•
Diputados que ha nombrado para este Congreso General Constituyente?
"Sí reconozco.
"¿Juráis a Dios obedecer y hacer ejecutar el acta constitutiva que está•
gente, la Constitución que se decrete y las demás _leyes,. decretos y 6 ~
soberanas• conservar la independencia, libertad e mtegndad de la N~
la Religi6n Católica, Apostólica, Romana, sin tolerar el e~ercicio ~e olli
alguna, y promover en todo el bien general de los Estados Unidos MexicaDIIIII
"Sí juro.
"Si así lo hiciereis, Dios os ayude; y s1· no, os 1o d emand e"r.
.2
Al fin el tan esperado General Victoria acudió al Congreso. De la seill
del 16 d~ junio de 1824, el cronista Mateos hace constar que después de lilli
reunión secreta "se abrió de nuevo la pública cerca de las dos de la id
se presentó el Supremo Poder Ejecutivo con el General don G ~
~ictoria, quien prestó el juramento correspondiente como miembro de di#
II, p. 779.
• OuvA.llÍA Y FERll.ARI, op. cit., p. 102.
"' MATEOS, II, p. 782.
11 MI.TEOS, 11, p. 783.
a 'MAffOS, 11, p. 810.

,. MATEOS,

Supremo Poder. El señor Presidente [del Congreso, don José Mariano Marín
Diputado por Puebla] le hizo un breve discurso y le entregó el decreto e;
que el Congreso le declaró benemérito de la patria. El señor Victoria cont.estó dando gracias, y ofreciendo su obediencia a las leyes y cuantos sacrificios le mande la representación nacional". 53

Pocas semanas después regresaba de Guadalajara el General Bravo. En la
sesión del 29 de julio "se dio cuenta con un oficio de la Secretaría de Relaciones, consultando cuál de los dos suplentes del Supremo Poder Ejecutivo
que se hallan en ejercicio, deberá salir para el ingreso del Sr. Bravo". s~
acordó que el asunto se turnase a la Comisión de Gobernación.u
En la sesión del día siguiente se leyó el dictamen de dicha comisión, "acerca
de cuál de los dos suplentes que hay en el Supremo Poder Ejecutivo debe
salir por el ingreso del Sr. Bravo. Se acordó tomarlo desde luego en consideración".

Se aprobaron sus dos puntos: lo.) "Que quede en el Gobierno el General
O~errero". 2o.) "Que en caso de usar de la licencia que tiene pedida para
reararse a curar, lo reemplace el Sr. Domínguez".~5
. El Ministro de Relaciones don Lucas Alamán inform6 al Congreso, en sesión del 7 de agosto, "de la salida del General Victoria a una comisión importante, Y _que _en su lugar queda desempeñando sus funciones en el Supremo
Poder E1ecut1vo el Excmo. Sr. don José [Miguel] Domínguez".ffB
En Oaxaca había entonces una rebelión contra los españoles, promovida
por los hermanos León, Antonio y Manuel, que llegaron a extremos criminales. A sofocar esa sublevación acudió el General Victoria. n

Don Francisco Arrillaga renunció a la Secretaría de Hacienda. El g de

~ost?

~

t~m6 posesi6n el sucesor, don José Ignacio Esteva, veracruzano. Al

~gwente informaba sobre ello el Ministro de Justicia y Negocios Ecle-

stasticos, don Pablo de la Llave.68

En sesión secreta del mismo 9 de agosto se aprobó "el nombramiento que
el Supremo P~er ~j.ecutivo ha hecho en don José [Juan] Pablo Vázquez
para Agente d1plomatico cerca de la Silla Apostólica". 59
De la misión del General Victoria en Oaxaca se supo en la sesión del 19
de agosto. El Ministro Alamán informó "haber depuesto las armas don An: MAnos, II, p. 812.
• MATEos, II, pp. 862-3.
• MAT!os, II, p. 868.
n MAnos, II, p. 874.
• ÜLAVARRÍlt. y fll.RRAlU,

p. 112.

• ?.~ozco Y BERRA, loe. cit.
MATEOS,

ll, p. 877.

MATEos,

II, p. 877.

�. cond"1cton
. , nin
. guna, como constaba del ofici«&gt;
.
h
ano sm
.
tomo León y su errn '
v·
.
de una carta particular del m.tSDIO
del E.....cmo. Sr. don Guadalupe ictona y
•• ,
de
1 6,,04)
que ey ·
de la Com1S1on
1 dº

•, n del 20 de agosto se aprobó e 1ctam~ .
.
d ,.._
En 1
a sesio
.
d . de las Provincias Umdas e '-'OIRelaciones para reconocer la tn~cpen enoad b' m' cluirse entre ellas la de
,.
tro Amcnca,
cwºd an d o advertir que no e 1a

Chiapas.m.

. .
,
eraciones en Izúcar y luego en
1d
El General Victoria UlStalo su cuarte Le o6np al rden El 15 de septiembre
.
eter a los hermanos e
o
.
Hua1uapan para som
,
f . cliriaido al Ministro de la Guerra.•
de 1824 se bailaban en Puebla, segun o ic10
t,•
,
N
, M, . 11 y d s semanas despues el Congreso a.
El 17 siguiente regreso a exielco.
p º·dente de los Estados Unidos Mecional lo declaraba legalmente ecto reSI
xicanos.
6 di tir n el
Desde la sesión del 14 de julio de 1824 se comenz a scu
e
•

MATEOS,

~

II, p. 888.

MATEos, 11, pp. 889-90.
.
20 de septiembre de 1824, PP· 389.
El Sol, Año 2, Núm. 4~, M~co \64 México a sábado 25 de septiembre de
• En .Aguila Mticieaita, Aiio 2, Num.
'

e

e

1824, p. 4, se public6 lo siguienteguila:. M
S s mios· Desde 18 del corrienll
,
· ·¿ -5
Editores del A
. - uy re ·
•
. __,L d
'Rem1u o.
res.
1
. ºd
e acompaño para su J.DJCruuft
pasé a los Sres. Editores del Sohl e alire.:•tl ~~u el dla tal vez por las ocupacioao
O
'ódico· ..,..ro como no aya s
'
uH
W'VIII!
l
aquc pcn
, rretendo averiguar, suplico a v .,. ., se
de la imprenta o por otras causas que no p tu bran en esta clase de asuntos. Lo qao
insertarlo en el suyo con la brevedad que acos m
estimaré sobremanera.
.
cneral Guadalupe Victoria de ttgrac&gt; 1k
"Al llegar ayer a su posada el _c1uda~ano_ G_ d lo que un poeta a la llegada del
au viaje dijo un amigo mio de unpro,·ts0, urutan o
General' Berth.ier, en Madrid, la siguiente:
OCTAVA

LJ,g6 de Mart1J tl hijo m~ amado,
y de Minerva el más /avo,1c1do:
Ll,g6 de la. República el d,chad~,
En lo constante, htrofro 'Y lo lucido:
Lltg6 tl que ha sido s~nnpr, respetado,
. 1
Lleg6 ,1 Gran G1n1Jtal ¡qui _dulc~ gloria.
Lleg6 d hiro, mayor, ll,g6 Vu:toruz.

y ¿1 sus enemigos tan temido:

. ·· a VV ., suplic:illdotro héroe americano, la dmJo

.
Yo como justo apreciador de n:i diario· quedando a la disposi.ci6n de VV" •
les le den un lugar en su aprec. e
' Wamet"
atento servidor q.s.m.b.-El americano Jobn
.

586

greso eJ proyecto de Ja Comisión de Corutituci6n, en lo relativo al Poder
Ejecutivo. Se aprobó el Arl lo. como sigue:
"El Supremo Poder Ejecutivo de la Federación residirá en un solo individuo,
que se denominará Presidente de los Estados Unidos Mexicanos". 6 '
Siguió la discusi6n en las sesiones del 15 y del 16. En la primera de estas
sesiones se aprobó que cuatro años durase el ejercicio del Presidente. En la
RgUllda se aprobó la forma de elegirlo: que el día lo. de septiembre del año
próximo anterior al de la renovación presidencial las legislaturas de los Estados
elegirán a mayoría absoluta de votos a dos individuos, uno de los cuales, por
lo menos, no sería vecino del Estado que elige. Los resultados de esa elección
se enviarían en pliego certificado, que se leerían el 6 de enero próximo en
presencia del Congreso Nacional.º

En la del 17 siguiente continuó la discusión. Se aprobó que la Cámara
de Diputados calificase Jas elecciones y enumerase los votos; que sería el
Presidente quien ganase la mayoría absoluta de sufragios; que en caso de
ser dos los que obtuvieran esa mayoría, la Cámara elegiría de los dos uno
para Vice-Presidente; y que si ninguno hubiere obtenido mayoría, la misma
Cámara elegirá al Presidente y al Vice-Presidente de los que ganaron mayor
número de sufragios en cada elección parcial de las Le!!islaturas de los

Estados...

iguió la discusión en las sesiones del 19 y 20. e aprobó en la primera el
requisito de ser ciudadano mexicano por nacimiento, mayor de treinta y
cinc.o años de edad y residente en el país para ser Presidente y Vice-Presidente; que s6lo podrá ser reelecto el Presidente después de cuatro año de
haber cesado en sus funciones anteriores; que el Vice-Presidente asumiría la
Presidencia en caso de imposibilidad física y moral del Presidente; que el
Congreso Nacional detenninaria de llenar provisionalmente esos destinos, en
caso de imposibilidad de ambos; y que el lo. de abril de cada cuatro años el
Presidente y el Vice-Presidente electos, deberían hallarse presentes en la residencia de los Poderes Supremos de la Federación para prestar el juramento y
hacerse cargo de su alto empleos. En la segunda se acordó publicar los artículos ya aprobados. 81
Continuó la discusión en las sesiones del 21, 22, 28 y 29 del mismo mes de
julio. En la última se aprobaron los artículos siguientes: "el Presidente no
mandará en persona las fuerzas de mar y tierra, sin previo acuerdo del Congreso General, y cuando las mande con el requisito anterior, el Vice-Presidente
., MAnos, 11, pp. 840-1.
• MATWS, ll, pP. 842, 843 y 1084.
• MAnos, II, p. 845.
• M4 TEos, U, pp. 847, 848 y 850.

587

�se hará cargo del Gobiemo"; "el Presidente y Vice-Presidente no podrán
del territorio de la República durante su encargo y un año después, sin ~
miso del Congreso"; se determinó y redactó el juramento que debia hacs
"por Dios y los Santos Evangelios" de ejercer fielmente el alto encargo J
guardar la Constitución, las Leyes Generales de la Federación y las Leyea
de los Estados; que "no podrá el Presidente privar a ninguno de su liber1111
ni imponerle pCIU alguna; pero cuando lo exija el bien y seguridad de 1ft
Federación, podrá arrestar, debiendo poner a las personas detenidas en ti
término de cuarenta y ocho horas a disposici6n del tribunal competente"; J
"el Presidente sólo podrá ser acusado, durante su cargo, por los crímenes da
traición a la Independencia acional, o la forma establecida de Gobierno".•
En la sesión del 7 de agosto se acord6 agregar que el Presidente podrá •
acusado asimismo "por cohecho y soborno". El Diputado por San Luis Potml,
don Luis Gordoa, propuso que "por un articulo constitucional se prevenat.
que el Pre. idente Consútucional de los Estados Unidos Mexicanos sea cW
estado secular". Se discutió y se acordó turnar la cuesti6n a la Comisión da
Constitución.º
En esa misma sesión del 7 de agosto propuso el Diputado por Coahuila,
don Miguel Ramos Arizpe, que los sueldos que gozaría el Presidente {ued
"por vía de indemnización, de cincuenta mil pesos anuales, que recibirá prf
mesadas o trimestres anticipados"; que el Vice-Presidente, doce mil . anuales, "en los mismos términos que el Presidente,,· que "estas asignaciOIIII
no podrán aumentarse ni disminuirse durante el tiempo de las funciones •
los destinos de Presidente y Vice-Presidente"; y para cada uno de los cUlllt
Ministros "una indemnización anual de seis mil pesos". Se nombró una f»t
:misi6n especial, compuesta por los Diputados de Yucatán, don LorenJO c1't
Zavala, el mismo Ramos Arizpc, don Juan de Dios Cañedo, de Jalisco; dGI
Rafael Mangino y don José Rafael Berruecos, ambos de Puebla. DictaJIIÍl6
esa comisión en la sesión del 31 de agosto, pidiendo para el Presidente ".renta anual de treinta y seis mil pesos, por mes.a.das o trimestres anticip--,
para el Vice-Presidente, "ocho mil pesos en los mismos términos"; que ,.,_
asignaciones s6lo podrán aumentarse o disminuirse por el Congreso 0d
al tiempo de la renovación de ambos empleados"; y en cuanto a los cUlá'O
tinisLrOs seis mil pesos a cada uno. Se aprobó, menos lo relativo al Viflí
Presidente.10
Los sueldos del Vice-Presidente se discutieron en sesiones del lo., 2 Y 9 dt
• MAnos, 11, pp. 851, 8~2, 860, 861 y 862.
• MAnos, 11 p. 875.
" MATZOS, 11, pp. 875 y 901.

588

septiembre. Al fin se acordó el sueldo de d'
iJ
mil cuando funcionase como p-. "d
tez m pesos Y el de diez y ocho
.....i ente, quedando ést
Que en casos de enfermedad u otro .
.
e con el suyo ínt&lt;&gt;,gro.
cera parte de su sueldo para el v·c pllllP_Cdimdento suyo, se aplicaría una ter-

.La .
1 e- re I ente 11
odifi5e516n del 17 de dicho septiemb re estuvo· mu
d
m . icar y aprobar artículos constitucional
y _ocupa a en oír, discutír,
Naaonal. Se estableció la forma de I l ~ relativos al Poder Ejecutivo
sidente de Ia República por las 1 • as e ecc1ones del Pres'd
1 ente y Vice-Pre1
1_
egis aturas de lo E d
- votos. Se aprobaron los arti' ul
. .
s sta os y el cómputo de
e os s1gwentes rnocl.if d
propuso la Comisión de Constitu .6 .
'
ican o anteriores que
..5.
CJ n.
1. por cualqui er motl\'o
· las elecciones de Presid
estuVleren hechas y publicadas para I dí
ente y Vice-Presidente no
cane l
e
a lo. de abril
d
.
e reemplazo, o los que no se hallar
, en que eba verifide su destino cesaran' .
en prontos a entrar en el e. . .
'
, sm emban!o los anti
.
Jeretcto
premo Poder Ejecutivo se depositari '.
. guos en el mismo día y el Subrará la Cámara de Diputados votanmdterinamenE te en un Presidente que nom0 por
"En caso
.
'
stados.
que el Presidente y Vice-Presiden
.
mente, se hará lo prevenido en el ~-, J
te_ estén unpedidos temporalambos
.
cu uCU o antenor·
. l .
.
~aeoe.re no estando el Con
reun·
, y SJ e unpedtmento de
~ depositará en el Presidente de 1~
ido, el Supremo Poder Ejecutivo
viduos que elegirá a pluralid d da
rte Suprema de Justicia y en los indi--i...c_
· de Gobierno. Estos no
I:""""'•
ser de los miembros d I Coe votos el eonseJo
dades que se requieren para
p ~dgreso Genera] y deberán tener las cuali"Mientras h
res.i ente de la Federación
se acen las elecciones d
·
el_ Presidente de la Corte Su r
e qu~ _hablan los dos artículos anteriores
EJecutivo.
p ema de Jusbcta se encargará del S upremo Poder'

ª

:r

11

.
'b'ü
1 dad perpetua del Presid
ConEn caso de unposi
•
.
greso, y en sus recesos el Co . d
. ente y V1ce-Prestdcnte el
mente -·,n
.
nseJo e Gobierno
rán
'
. ~"'-· se previene en los artícul
[1
, provee
respectiva..
~Clonados], y en seguida dis ndrán os... os _dos primeros recientemente
ción de Presidente y Vicc-P~ent qu; las legislaturas procedan a la elec"EJ Presidente nomb d
. e, segun las formas constitucionales
lidad
ra o constit · naJm
·
d
perpetua del Presidente
V-ua~ . ente a consecuencia de imposibi~te ~ la elección ordinari/ ~::a:esidente, _no podrá ser elegido Presipo mas de dos años continuos" u
a, cuando haya servido este destino

Los Diputado5 por los Estados· de Jalisco
mero
"

.

y don Epigmenio de la Piedra
f México, don Juan
, propuSJeron en esa misma

MAnos JI
' • pp. 903, 905 y 919

ª MA

nos, II, pp. 928-930.

José

Rod
sesion el
.•

·

589

�17 de septiembre: e-pedimos al Congreso que inmediatamente después de
verificada la elección de Presidente y Vice-Presidente, pasen al salón a pffilo
tar el juramento que previene la Constitución, si estuvieren presentes, y no
estándola que el Supremo Poder Ejecutivo disponga que cuanto antes ves,
gan a prestarlo".'ª
En la sesión del 20 de septiembre se continuó la discusión sobre las atribuciones concedidas al Presidente y Vice-Presidente. En las del 21, 23, 25 y
27 siguió la misma cliscusión. En esta última se pidió "que hoy mismo, me,
diante estar aquí el voto de más de las tres cuartas partes de las legislaturll
de los Estados, se abran los pliegos de la elección de Presidente y Va,
Presidente, y se califiquen sus elecciones, reservándose el juramento y p&lt;&gt;esión para cuando la comisión lo dictaminare y Vuestra Soberanía lo apruebe",
Se acordó dejarlo para el dia siguiente.u.
En la del 28 de septiembre se aprobó el ceremonial del juramento y pll'
mulgación de la Constitución Politica de los Estados Unidos iexicanos¡ y
después se procedió a la apertura de los pliegos que contenian las actas di
la elección de Presidente y Vice-Presidente de la ación Mexicana.
taron haberla verificado las legislaturas de los Estados de Tabasco, Zacatfdt
Oaxaca, Veracruz, Puebla, Jalisco, Coahuila, Michoacán, Nuevo León, Guanajuato, Chihuahua, Tamaulipas, Durango, México, San Luis Potosi y ~
rétaro. Inmediatamente se nombró una comisión que debía revisar esas acWi
que debía componerse de un solo individuo por cada Estado y el&lt;'cto a plai
ralidad de votos del Congreso. Resultaron electos los siguientes: don Erud
Seguín, por Coahuila; don Antonio Eloniaga, por Durango; don Juan Jt
nacio Godoy, por Guanajuato; don Juan Rodríguez, por México; don Jlit
nuel olórzano, por Micboacán; don Servando Teresa de Mier, por NLcón: don Vicente Manero Envides, por Oaxaca; don José Mariano Md.
por Puebla; don Félix Osores, por Querétaro; don Luis Gordoa, par SIiLuis Potosi; don Manuel Fernández Rojo, por Sonora y Sinaloa; don~
Paredes, por Tamaulipas; don José Miguel Guridi y Alcocer, por Ti,.it.111¡;
don Manuel Argüelles, por Veracruz; don Juan Cayetano Portugal, por Jlo
lisco; don Lorenzo de Zavala, por Yucatán y don Santos Vélez, por Zacatd
En las sesiones del 29 y 30 de septiembre se siguió el debate sobre el d
del juramento y promulgación de la Constitución, y asimismo la revisi6n •
su texto. También se discutió sobre facultades al Poder Ejecutivo. Y dlll
Luis Gordoa insistió en su proposición del 7 de agosto, que el Presiddll

Rm-

fu~ del estado secular, habiendo dictam·

admitirse".Td

I

•. ,

Al fin, en la sesión del lo. de octubre la
..
.
la votación de. las leuislaturas d 1 Es'
co~~ón refenda
. para examinar
, ul
o·
e os
tados nnd16
d'
tic os: lo.) "Que debe tenerse po p 'd
su ictamcn en tres arcanos al General D. Guadal
v·r r_es1 ente de los Estados Unidos Mexiupe tetona por habe
'd
soluta de los votos de las legis
. 1aturas., • ' 2o ) "Q r re1.1.n1 o la mayoría ah •
General [don Manuel Gómez] Ped
'
.
ue es nula la elección del
que se vcrific6" • 30 ) "Q
raza por haber estado procesado al tiempo
,
.
ue con arreglo a la Consti .
greso al Vice-Presidente de la R , bl'
tuCJ6n, nombre el Conepu ica, entre los G
1 B
rrero, que on los que resultan con
,
enera es ravo y Gue'd
.
mayor numero de .
.
reunt o ninguno la mayoría ab I
.
, otos, no habiendo
50 uta en las eleco
•
d
1
Se hizo constar que "llegad 1 h
ones e as legislaturas".
.
a a ora de levantai
1
•,
SI se prolongaría por una hora .... ~~ 1
'6
:se a ses1on, se preguntó
sest
"
= ª
n y hab énd
d
gaoon, se pasó a la votación del Vice p '.d
I
ose vota o su prolonley que reglamentaba su elección
lió- lres1 ente, conforme lo previene la
e tr d
, YG
sa e ecto el Sr. Bravo, por qumce
.
on a os, que obtu,·o el Gen ra1
votos
-o·
e
uerrero"
Q
,,
114'1
iputaciones de los Estados . .
• ue votaron por el primero
51
GuanaJuato,
·
.
·
Yucatán
San L . pgwentes·
, . Cbili uahua, Coahmla,
Durango
Oaxaca, Puebla, Tam~ulinas ;!axis oltosiV, Sonora, Michoacán, Nuevo León'
.
·r ,
ca a
eracruz y z t
V
,
tegun d Queretaro y Jalisco".n
'
aca ecas. otaron por el

°,

En la sesión del día siguiente, 2 de octubre
.. ,
los resultados de la votac·, S
.
, se repttio la discusión sobre
del G
ion. e reiter6, la votación
ánim
eneral Victoria; la nulificación d 1
., un
e por la elección
draza, fue aprobada por once vot
e a el_ecc1on del General Gómez PeBra\'o como Vice-Presidente
contra Siete; y la elección del General
Cayetano !barra por Mé . qu
aprobada, salvando su voto el Sr don
'
x1co, en cuan to al
• u)
.
En la sesión d 1
artíc o tercero. 1s
d
e 4 de octubre de 1824
f ,
e los Estados Unidos u
.
se umo ya la Constitución Política
p 'd
n.a.CXJcanos En la d ¡ 5
hi
resi ente del Congreso don Lo .
d e
se zo el juramento por el
'
renzo e Zavala, los cuatro Secretarios d
ftM
, oo

ed;s

ATl!os, II, pp. 953-7.
E MAlaT~s, II, pp. 959-60.
,
loe •111
•ndivid1scu&amp;i6n
aobre e1 aro.culo
scgund
1 .
duos de la comisi6n dict . d o, e ecCJ6n nula del gcnrral Gómez Pcdraza
IIU IDCOnformidad. Salvara
ammn ora, Sres. Zavala, Gordoa y Vélcz e
•
"

~=

~':!'t.:~po~;:.::,t.!:-a.::,.,~•~=:~~dy ~:~, ~~

Potosí; don José M r;s Cy Armas, por Yucatán¡ don Tomás Varg g o, por
án· don J
•
aria astro por Jafuc
as, por San
lé
Jesú, ~ María Jerónimo
por
don Tomás Amaga, por Michoa,. M
Huerta, por Jalisco, Y don José 1
.' don. Juan José Romero Y don JoATJtos,
p. 961.
gnac10 Gut1énn, por Chihuahua.
llU

Anac'.

de

" MATEOS, II. p. 931.
,. MAttOS, 11, PP· 933-4, 935-40, 944, 948-9 y 950.

d

m.a o a comwon "que no debe

co1mi:i.

n.

" MAnos, ll, pp. 950-2.

590

591

�Manuel de Villa y Cosío, don Epigmenio de la Piedra, don José María C..
tro y don Juan José Romero, y luego los ochenta y nueve diputados."
Se anunció, luego, que el upremo Poder Ejecutivo acudiría a prestar el
juramento. Se designó una comisión para recibirlo. Juraron, entonces, Jea
individuos de ese Supremo Poder Ejecutivo.to
En la del 6 de octubre se dio cuenta con el acta de la elección de la legi,latura del Estado de Yucatán, a favor del General Victoria para Presidente
y del General Guerrero para Vice-Presidente. En la del 8 la del Congn!IO
de Sonora y Sinaloa con votación favorable a los Generales Victoria y Bravo.
En la sesión del 6 se acord6 adelantar la fecha de la toma de posesión cid
Presidente y Vice-Presidente de la República. En vez del lo. de abril ele
1825, el 10 de octubre de 1824. Que cesarían el lo. de abril de 1829. Y •
designó una comisión especial para arreglar el ceremonial.
Esta comisión rindió su dictamen en la sesión del 8 de dicho mes de octubtl;
"Se acordó tomarlo desde luego en consideración y fueron aprobados todér.
sus artículos, que son los siguientes:

''lo. El Presidente y Vice-Presidente vendrá al Palacio del Congreso •
esta vez, sin comitiva oficial y entrarán al salón acompañados de los SeclW
tarios del mismo Congreso.
"2o. En seguida ambos se acercarán a la mesa, y prestarán uno despd
de otro, el juramento prevenido en la Constitución; concluído este acto, el
Presidente de la República subirá al solio, acompañado del [Presidente} cW
Congreso [don Miguel Ramos Arizpe], a cuya izquierda tomará asiento. 1
Vice-Pr sidente ocupará una 5illa que se colocará fuera del solio en el mi,
mo piso.
"3o. Si el Presidente de la República dirigiere las palabras al Con~ i
Presidente de éste le contestará en términos muy breves y generales.

"4o. Una comisi6n del Congreso, compuesta de diez individuos y dol
sus secretarios, los cuatro del despacho, el Estado Mayor General, los O.
rales del Ejército y los Jefes de las Oficinas de la Federación. conducirán
Presidente y Vice-Presidente desde el Palacio del Congreso a la Catedral, •
la que se cantará un solemne Te Deum, con asistencia de todas las c ~
dades religiosas y demás corporaciones de esta capital, estando antes f o ~
en la carrera las tropas de la guarnición, que les harán los honores ~
pondientes, así en la Iglesia como en la carrera.
" MAnos, II, pp. 962-3.
• MAnos, II, pp 964 y 966.
11 MAnos, n, PP· 964 y 967.

592

"5o. En el ingreso del Presidente a la C t d 1
el ceremonial '' todo lo que p
. 1
a e ra ' se observará por esta \'ez
reventa a Ley 10 L'b
1
Recopilación de Indias.
' 1 ro 3o. del título 15 de la
"6o. Así en la Iglesia como en la carrera
forma siguiente:
' el lugar que ocupen ser.í en la
"El Presidente de la Federación en
di
del Congreso. El resto de la comiti , me o; a ~u. d~echa el de la comisión
, a se mezclara mdistintamente
"7o. Concluida la ceremonia li .
mismo orden y con la ...,; ma
re_ ~10sa, pasarán al Palacio
....
comitiva.

.

acional en el

"So. LI egan do al salón del upremo Pode E'
.
comisión del Congreso pond ,
r Jecutivo, el Presidente de la
ra en sus manos un decreto
l
reconocer y publicar en toda la F d
.
por e cual se manda
de los Estados Unidos Mexican e eracid6n al Presidente y Vice-Presidente
ti p
os, cesan o en su fun .
1
vo rovisional y disohiéndose en el
1
• • c1ones e Poder Ejecu'
acto a com1s16n del Congreso
~El·
.
: , mismo Poder Ejecutivo Provisional antes
expedjra un decreto que arreale las so
'.
de cesar en sus funciones,
en toda la Nación la posesión del p 'dlemrudadcs con que debe celebrarse
res1 ente de la República

"lOo
·
. . El
.. tratamiento
del Presidente será el d
.·
caci6n of1c1al y por escrito se
á
e Excelencia en la comuniante-firma.
usar con él sólo del mismo tratamiento en la
"llo. Una comisión cspec1'al arreglará con m, d
. .
, bli
.
as eterum1ento la etiqueta
pu co el Presidente de la Repúbli ca.
,, z

con que debe presentarse en

roa MAnos, II, pp. 964 Y 967.
Conforme
al
de"Y
la .R
. Art · 101 de la Constit11ci6n el ·
cpública al tomar posoi6n era el ' . _Juramc-nto qu debla hacer el Presidente
o, N., nombrad p .
ugw&lt;'ntc:
0
•
rc.udente ( \ ' ' Pr •
~~por Dios y los Santos Ev:n~:s cs1den~e) de l_os Estados Unidos Mexicala Co . lados Unidos me han confiado ' que CJCrceré fielmente el encargo que los
llltítución y L
• Y que guardaré y haré
d
El cere
'al . cycs Generales de la Federación"
gua.r ar exactamente
moni establecido por 1a le)· 10, Libro 3o. del
·
de "A
Indias, dice a.si·
Título I 5 de la R
1
•
·
ccopt·1 ac1'6 n
. os V1rreve1 de las Ind'
\'anca de l:u mismas
i~ por su cargo Y dignidad es debido el
de nucitra Ca ·¡
' Ct'rcmoruas que ae bacen a nue tra Real
uso y la obserPrcsadas en I paf la. \
que tengan noticia de las que
Persona dentro y fuera
Quando a orma 11gu1ente:
!Dn, mandamos que ean cx-

~~

\'llmOs ª alguna Ciud d
·
rttib~ primera
vei que entramos\~ ~¡~1~, dtde

gia)

o aielc : ~ ~o i;:rrnitimos que sall(an fuera ~:
e

puerta principal está el Obi

);;:~Id~

~ubicrc Iglesia Catedral, o Cole-

de_ la Iglesia con Cruz alta a
aa, smo que dentro de ella seis,
spo con Capa y Cru.: en la mano, y se

593
H38

�El Presidente del Congreso, Sr. Ramos Arizpe, dispuso en la sesión del
de octubre que al día siguiente, a las once de la mañanaJ fuese el acto
juramento y de la p&lt;&gt;SCSi6n del Presidente y Vice-Presidente. Se designó
comi ión del Congreso que había de acompañarlos en la ceremonia y q
compuesta de los Sres. don Tomás Vargas, de San Luis Potosí, don M
Argüclles, de Vcracruz; don Manuel Crescencio Rejón, de Yucatán;
Luciano Castorena, de México; don José Mariano Marín, de Puebla¡
Demetrio del Castillo, de Qaxaca; don Luis de Cortazar, de México; don
dro Paredes, de Tamaulipas; don Pedro de Ahumada, de Ourango; don M
tos Vélez, de Zacatecas, y dos de los cuatro secretarios del Congreso.
Asimismo se leyó y aprobó la minuta del decreto que había de expedirle
día siguiente sobre esa toma de posesión y de la cesación del Supremo
Ejecutivo Provisional.89
Tenía treinta y ocho años de edad el General Victoria cuando tom6
sesión del mando presidencial. ació en Tamazula, juri dicción de la N
Vizcaya, en el hoy Estado de Durango, el 16 de septiembre de 1786, hijo
don Manuel Femández y de doña Alejandra Félix. Recibió los nombres
José Miguel Antonio Ramón Adauto. Su tlo, don Agustín Fernánde:z, era
Cura Párroco de la población, y fue quien lo protegió por haber qu
buérfano a muy temprana edad.
Inició estudios en la Real y Pontificia Universidad de México, el Sl
agosto de 1807, para cursar la carrera de Leyes. En 1812 los abandonó
actuar en el campo insurgente, en las filas del Cura Morelos. Estuvo e-.
toma de la plaza de Oaxaca, el 25 de septiembre de 1812, y en las d
sufridas en las lomas de Santa María de Valladolid, de Micboacán. Luego
destin6 Morelos para las campañas de la provincia de Veracruz. Ahí
durante algunos años con evidente heroísmo. Simpatizó con el Plan de
y en los primeros meses de 1821 colaboró con Iturbide, siempre en la
vincia de Veracruz, donde pennaneci6 oculto durante cuatro años, resi'illlll
dose a pedir el indulto virreinal. Como aborrecía el sistema monárquico,
tuvo diferencias con lturbide y combatió sus ambiciones de coronarte
perador. A fines de 1822 se adbiri6 a la revolución republicana.
Desde que comenzaron sus actividades insurgentes, troc6 su nombre
pone una aUombra y almohada, donde nos arrodillamos para besar la Cruz dt
del Obispo, o Prcaidente, y de allí va el Cabildo cn procesión, llevando Cruz alta
ta el Altar ..."
Este ceremonial se usaba cuando los Virreyes baclan 1u entrada en la C ~
ocasión de la toma de powión de su cargo. El mismo se debla obsn--,-ar en la

de posesión del Presidente Victoria.
• 'MATEOS, II, p. 968.

594

Antonio Femández Félix como finnah
Victoria, que consideró simbo'lico d a antes de 1812, por el de Guadalupe
e sus aspira ·
v
Bravo y Guerrero era, en 1823 , d e Ias r·1guras ciones.
l
con ]os Generales
, d
los antiguos insurgentes.
mas estacadas del grupo de

Publicamos los cinco primero disc
dl
.
C,ongreso Nacional: lo.) el 24 de di .ursobs e Presidente Victoria, ante el
las ·
aem re de 1824
¡
SCSIODes del Congreso Constitu ·ente. 2 )

' en e acto de ceITarse

apertura del Primer Congreso Co:stitu;ion~. lo. de enero de 1825, en la
en la apenura de sesiones c..xtraordinarias d' 3o.) el 4 de agosto de 1825
de diciembre de 1825, en la cla
d
el. Congreso Nacional; 4o.)
gmo Naci al
usura e las sesiones extraordin .
.
on ; y 5o.) lo. de enero de 1826
1
., . . . anas del Connanas del Congreso acional corr
. ' en a sesron mtctal de las ordiEn todos estos di
,
espoodien tes a dicho año de 1826
scursos se observa el t .
.
de la vida nacional, expresado con euf . en usras~o evidente de la iniciación
del J&gt;resid
• .
ona Ycon cierto sentim talism

19

ente Victona que revel, .

en

o propio

a la patria, ya libre e i~dcpcndi~es1emp: en todas sus actividades.

El amor
festaciones. No hay declaraciones ex~lse _P pa en cada concepto de sus manimod ·
·
·r osivas en tod
d'
i • eraci6n Y hasta suavidad para las d 1am
. os sw tSCUrsos, sino cierta
liibCo.
ec
ac-ones de algún impulso enSu inclinacion
' a 1as lllnO\"acioncs
•
politi

,

cuno, cuando dice que eran " . d
esta exp~da en su primer dis
cales
º' an es suscassenti
.
•
' porque se hallaban ligados "con l fb rruentos por la reformas radi. Expresa sus ideas rcvolucionari
as t ras del corazón,,.

~ : "Aquellos días de tiniebla~ ~ara re~~lsar al régimen virreinal, die onente ..." A Hemán Gortés le ded' e oscun ad en que eJ sol se puso baJ·o
clara l
1ca este párraf . "1
¡ .
e aventurero de Med 11'
,,
.
o. as co omas que fun"la ~ - . . J
•
e in. • • ; califica a la admini
•,
--:'IS''""ante indolencia de los be
strac1on española:
tres S1gl f
.
go rnantes españoles'' " ¡
os uera SUJeto a una adm' .
'ó
y e pueblo que por
rable ".
1rustrac1 n mezq ·
.
· ·: , Y llama a Ja política
·a1
wna, a un gobierno misemezquma"
comerc1 de Españ "
.
•
y a sus diligencias "
a suspicaz y también
qwnto discurso llama a Arnenca
, . rateras especulaciones''. Sin embarg
" 1 f ¡·
o, en su
Para Estad U .
e e iz hemisferio de Colón"
.
os nidos de Amé ·
•
·
giando SUB instituciones r·
nea uene frases colmadas de admiración elo
siguieii . "
Y iguras políticas E
·
•
'
·
ti d te. Los Estados Unidos d I N . n su qumto discurso confiesa lo
en~ mora~ progresan bajo el sis:ema
de virtud política y reccon la00$0~ por el acto más espontáne dcp ica Federal, que adoptado
,._r. patria de Washington robust . do e que hay memoria, nos nivela
-.uaumantcs" ·
'
ecien o la unión cnt re Ias d os naciones
•

o:,;~~

Demuestra su repu
·
CXpresiones: "se.
~aa
contra la demagogia y el clericali
imaginan que para ser lib
..
smo con estas
res es sufJCtente el estar amotinadosu ·

'

595

�que ''jamás se tome del altar la espada santa para degollar sin misericordia
a nuestros hermanos"; y que "no rasgue la licencia el velo que corrieron diet
y ocho siglos sobre las ,·crdades de la fe".
En su segundo di cm o comienza a xaminar los resultado. de su admt.
ni tración y declara sus anhelos de instalar el Poder Judicial con la erccci6a
de la Suprema Cort · de Justicia. Confi sa en su tercer discurso que ''en 111
territorios no se 1egulariza todavía la administración de justicia'' y otras falla
iniciales del Gobierno que presidía.
Infonna sobre la entrada al territorio mexicano de innumerables extia
jera~. dc.sde la consumación de la independencia nacional. Dice: "mudlllt
han elegido una patria en este manantial de riqueza y abundancia, ofrecieode
en garantía y recompensa su capitales, su industria r sus sudores".
eñala algunos problemas surgidos por la lib rtad de prensa, que alguDGI
abusaban de dla para desahogar pasiones personales, degradándola hasta d
libertinaje.
Su quinto discurso es todo un informe amplio del primer año de su administración. Se demuestra francamente optimista; apreciando sus resultadlil
con este vaticinio eufórico: "será. marcado en !"uestros fastos como el mis
abundan te ..."
En todo ese bosquejo de los resultados del año de 1825. consagra espedll
atención a la iniciación de relaciones con varios países. Cuando mencion&amp; ti
caso de Inglaterra, consídéralo un truinfo, porque desconcertó "los planta 1
las maquinaciones de los enemigos exteriores". Va citando cómo se babfd
iniciado las relaciones con Francia, los Países Bajos, Prusia, Suecia Dillll'
marca, Rusia, Roma, Estados Unidos de América. Colombia, Perú, Proviacias Unidas del Río de la Plata, Chile y Centro-América. Cuando refiere ti
caso con Roma cuida advertir que serán relaciones "en objetos exclusivameDWreligiosos y ecle iásticos"; y en cuanto a Rusia afirma, considerando la •
cindad de California y Alaska que "México es de todos los nuevos ~
el que más se acerca a las po!-e iones rusas". Y anuncia que el Ministro Plsipotenciario de los Estados Unidos de América en Mé."&lt;Íco estaba ya plll
celebrar tratados y e.'-:clama: "Es demasiado urgente el arreglo definitivo di
1~ límites de ambas naciones".
De la convención anfictiónica convocada por Bolívar en Panamá, refiert rfl'
ya habían salido los comisionados ro xicanos y aprecia a reunión interaml'
ricana como "un suceso que recomendará la Historia como el dl' mayor •

cendencia que acaso podrá ocurrir en el siglo XIX".
Refiere sucesos muy importantes acaecidos en e año de 1825, cOIIIO 41
de la capitulación de la escuadra española del Pacífico, en Monterrey (~
lifomia), el lo. de mayo de dicho año. Que con ella se aumentó la _,.

596

mexicana y estima el evento como de valor incalculable "en l
I' .
n
I
ra1
'd
•
o po 1ttco y
supo e en o mo
cons1 eraciones altamente honoríficas M, .
'd
od I
a
exico, que fue
e1egi o entre t os os Estados que dan frente al G
O ,
. .
1 'l.
d
.
ran ceano, para rec1brr
os u nrnos espoJos del moribundo poder español en los mares de la Am, . "
De la rendición española
enea ·
.
, de San Juan de UI,ua, acaec1.d a el 18 de noviembre de 1825 aprecia
la celebre hazaña del manno
·
,
d
campechano don Pedro
Saenz
e
Baranda,
en
esa
acción
como
''at
'd
. .
.
b
.
re,, o mov1m1ento
de 'nuestra marina so .re la del enemigo que impulsó una mano d'les tra., ,
Menciona los. progre
os de la marina y que "b uques d e a1to bordo que se
,
esperan
aumentaran sus fuerzas brevemente" En cuanto al E'é . M .
1
•
b ..
.
·
J rc1to cxicano
o equipara a con los meJores del mundo".

Examinaba el problema indígena del norte que tantas rcoc
.
al réi!:imen virreinal en el siglo XVIII Af' 'ah
l p
_upac1ones causó
h , ..
• irm a que e cambio de la liti
ac1a esos desgraciados individuos de Ja raza humana, 1 f 'li , 1 po ca
·a1
h
·
es aci tara os goces
!OCJ es, a U}'Cntando por siempre la bárbara política del Gob'
.
que
¡
·
1emo espanol
front= reg a;e~tos IDlpresos y circulares a los Jefes militares de aquella;
'.m:1° a a provocar la guerra para conseguir la destrucción''.
El
monm1ento
legislati\'o en 1os Estad os, redactandose
,
tit •
.
con éxito sus con
uc1ones regionale , le merecía elogios. Decía: ''son asomb
1
sos de la moral en la Re , bl'
.
.
rosos os progrey suaví ima índole de pu ica_ y ellos te tunonian n~ menos el carácter dulce
adoptadas " su anal , los mexilcanos que la regulandad de las instituciones
'
og1a con as costumbres nacionales"
Informa de us esfuerzo
.
.
.
forajidos acosados e l Epa; perseguir el cnmen. Que "los ladrones y
merced '
. n os sta os, se habían refugiado en la capital
a
y a Ja lu~e ;~ :umd_erods~ pobl~ción perpetraban en las sombras de la nibe
e 10 ia sus mfames atentados"
El optimismo en el
b'
d
.
·
dente Victoria a
am ,ente e las f mafi7.as es sorprendente en el Prcsicarias europ~ p ~ de los muc~os empréstitos contraídos con casas baoque con el ro.•ectta una ~erspectJva halagadora del comercio, advirtiendo
.
. , ~ } o de cammos se procura su mayor fomento M .
1
anunac1on \'!gente
• ,
• enc1ona a
1
industria.
en a mmeria y en la agricultura, como asimi mo en la

Manüi ta que se estud'
.
.
el Istmo de T h
- ia un pro}ecto para una meJor comunicación en
e uantepec.
En cuanto a la ilustrac·, d 1
10~• ~e ª~ª q~c había un proyecto para crear un
instituto pcrfeccionad
crear col .
or en a ciencia, hteratura y artes. Que se trataba d
la doccn!~ en los d:stados. Que ya funcionaba el sistema de Lancaster
el Museo
~
iaba un plan CJ'tenso de educación. Que ya se formaba
• ac1ona y la Academia de Bellas Artes de an Car!os segu1a
, sus

cstu

e:

597

�actividades. Y, finalmente, afirmaba que "el libre pensamiento del mexi
hace sudar las prensas hasta en los confines de la República".
Y ante panorama tan halagador decía: "mi imaginación apenas alcam.a
colmo de felicidades que se preparan a la patria". Y hacía escarnio de
que un año antes lamentaban la suerte de la Nación Mexicana, con el nuevo
sistema político instituído, que suponían a los mexicanos como "incapaces
ser regidos por el más sublime de los sistemas conocidos".
El Presidente Victoria no verificó cambios, en los primeros meses de
administración , en los ministerios. Don Lucas Alamáo continu6 siendo
nistro de Relaciones hasta enero de 1826. Don Pablo de la Llave tam
sigui6 siendo Ministro de Justicia y Negocios Eclesiásticos hasta novi
30 de 1825, fecha en que le sucedió don Miguel Ramos Arizpe. El u..........• "
don Manuel de Mier y Terán dejó la cartera de Guerra y Marina el 11
marzo de 1824 y le sucedió el General don Manuel Gómez Pedraza, quien
mantuvo en ese ministerio hasta el 5 de diciembre de 1828. Le sucedió
General Vicente Guerrero. Don José Ignacio Esteva continuó en el ·
terio de Hacienda hasta el 5 de mano de 1827. Puede, as.í, afirmarse que
mismo ministerio del Supremo Poder Ejecutivo Provisional continuó si'
del Presidente Victoria basta fines de 1825 y principios de 1826.8~

.

I
DISCURSO PRONUNCIADO EN EL ACTO DE CERRARSE LAS
SESIONES DEL CO GRESO CO STITUYENTE,
24 DE DICIEMBRE DE 1824
Señor:

En obedecimiento de la ley que me manda concurrir por la calidad
Presidente de. los Estados Unidos Mexicanos, al acto importante en que
ceITarse las sesiones del Congreso Constituyente de la Federación, he
a deelarar sinceramente que para mí y para el Pueblo Mexicano, V
Soberanía ha fijado irrevocablemente el honor y los destinos de la Patria.
Si recordamos, señor, aquellos aciagos días en que el choque de las
niones y el espíritu de partido habían aflojado los lazos de la frate
y de la armonía¡ aquello días de tinieblas y de oscuridad en que el d
puso bajo el oriente y se alejaban nuestras esperanzas a términos ind •
" 0ROZCO

598

v

BERRA,

loe. ciJ.

c,oafemmios Y confesarán los enemigos más obstinados de nuestras glorias

que la escogida porci6n de ciudadanos a cuyo lado me acabo de sentar co~
tanta satisfacción mía, nos ha salvado del fondo del abismo a donde se nos
condujo por los incansables perseguidores de la felicidad americana.
efecto, Señ~r, que los menos a-.-isados políticos, esos nombres que por
la ligera observación de los sucesos ejercen el monopolio de la crítica extra~ sus _cálculos por apariencias dudosas y fallaron que la anarq~ nos
iba conduc1~do ~radualmente a la ruina de las libertades y a la caída de la
misma que estimaban incierta y precaria.
~ histon_a de las revoluciones acaecidas en todas las partes del globo,
en di~ tiempos, pudo convencerlos de que los fen6menos se reproducen en
ellas 1111 cesar Y de que el entusiasmo por las reformas radicales cuando se
liga con las fibras del corazón, es fecundo en prodigios y empl:a útilmente
hasta ~ - que no alcanzó la prudencia humana. Bastará para no equi~ los JWCJOS Y no desesperar del éxito el conocimiento del carácter nacional Y de tantos heroicos ejemplos de constancia y de civismo que ilustran
los fastos de Mé.xico.

".°

~den?ª

Ellos por el análisis, estado de las circunstancias que han marcado nuestras
luchas, abandonarán _sus principios esencialmente falsos, si el orgullo y los
errores de_ los pret~d1~0~ maestro~ Jo~ dejasen volver sobre sus pasos y pagar
un 11&gt;lo tributo de JUstloa y admiraCJón a las virtudes y a la energía de un
pueblo grande.
·
d Uno de los medios más poderosos Y ef'icaces de que se \'alieron
nuestros
etractores para hallar el momento en que sistemado el orden asegur d 1
paz interi
f
,
a a a
col
or y ~n _onn~ los ánimos en sostener la unión, como la principal
. ~ del ~ c10 social, se hallase esta naci6n en el caso de aparecer con
dignidad,
· 1rreS1s·
·
tibie a losfue sm duda el de suponer en los mexicanos una tendenc1a
este
.. tumult?s _Y a las insurrecciones. ¿ Y para qué? Es sabido que por
su . ~ arb1tno se forman las sediciones, y la Europa que ha pasado
mcansab)~ sobre nosotros concebirá la idea de que los facciosos y los
,.... ....
uadom
dispon'tan a su antoJo
· d e los intereses y de la suerte de los
.
IDelacanos.

:..1..

Nada más fácil a la consolidación de la Independencia y Libertad de

goz&amp;mos que

l
• .
que
e conocmucnto de que pertenecíamos a aquellos pueblos envique en exp ., d ¡
•
amotinar
_resi~n e gemo creador de la ciencia de gobierno, s dejan
de ella por partid anos, se atreven a hablar de libertad sin tener aún ·d
que Y con _el corazón lleno de todos los vicios de los esclavos se
para ter libres es suficiente el estar amotinado
Yo concedo f
·
una d
. rancamente a los que pretendían ahogamos en Jas olas de
emagogia turbulenta y desorganizadora que señalaran con de,,¡treza y
L...,,.¡_ '

ltQ._,

im~:
599

�oportunidad el punto más débil de defensa, y que cuando se vacilaba en la
adopción de forma de gobierno existía alguna predisposición para ensangrea,
tar las opiniones, robustecer los celos y los odios¡ y lacerar nuestra fraternal
benevolencia.
El fanatismo y la intolerancia política, esas ideas que tanto multiplican sus
cabezas, vinieron al apoyo de los malvados, y las mutuas recriminaciones turbaron la paz de las f anúlias.
El puñal de la venganza traspasó los corazones y se vio con sentimiento
de los buenos que algunos de los mexicanos sirvieron a las detestables maquinaciones de los comunes enemigos.
En estas difíciles y complicadas circunstancias los pueblos, usando del im,;
tinto que los llama a su felicidad, remitieron a vuestra soberanía sus deseos y
sus querellas, y le impusieron el sagrado cargo de afianzar nuestra mudama
política con una constitución liberal en sus principios, exacta en la distribución de los poderes, que combinase la seguridad de las libertades con la energía, y previniese hasta los medios de conseguir y enmendar sus propios defec;.
tos en el caso remoto de contener algunos.
La Nación Mexicana, agitada por la consideración de sus peligros y por
los temores de perder en un solo día los sacrificios de muchos años, convocó
a sus hijos predilectos y en sus manos puso dos remedios de los males presentes y los elementos de nuestra futura grandeza.
¡ Gloria sea al Soberano Congreso Constituyente de la Nación Mexicana,
que en nuestros desgraciados disturbios, desvaneció las razones de. todos loe
partidos y formó de ellos mismos el espíritu nacional!
Yo tomo en mis manos y acerco a mi pecho el acta constitutiva de nuestro pueblo; y venero en ella la expresión de la sabiduría y de la voluntad
nacional.
Ceda, Señor, en alabanza vuestra y la repitan cien generaciones. ¡C&lt;ll
cuánta satisfacción observarán los amigos de México el grandioso espectáculo que ha ofrecido a los tiempos, pasando sin trastorno ni violencia a la ~
roa libertad, desde el fango de la esclavitud! Vengados estamos del degradante concepto con que se nos vilipendia en Europa, y ella que por miles di
años nos precede en la carrera de la civilización, envidiará nuestros progresos y las felices aplicaciones de la política a la verdadera legitimidad de •
gobiernos.
Restaba, Señor, para el complemento de la obra que en 31 de enero de
1824 lisonjeó todas nuestras esperanzas que recibiésemos de vuestra mano la
gran carta, en que consignados todos los derechos y las obligaciones se UJI"
nifestase el respeto más profundo a los principios.
Así es, Señor, que el artículo fundamental que declara la perpetua ~

600

pendencia de la Nación Mexicana, será el consuelo de la posteridad como es
la divisa grabada en nuestros corazones y sellada antes de ahora por la sangre de millares de victimas.
La benigna religión de Jesús, la creencia que heredarnos con ternura y
sostenemos con ardor va a ser, como fue siempre, el apoyo más finne de la
moral, de la obediencia y de todas las relaciones dulces y estimables. , Que
1
. ' se torne de1 altar la espada santa para degollar sin misericordia
1amas
a
nuestros hermanos! ¡ Que no rasgue la licencia el velo que corrieron diez y
ocho siglos sobre las verdades de la fe!
Los pueblos, Señor, cuyas costumbres son diversas, a la par de los climas
que habi~~n, de la natura_leza de los terrenos, del estado de los espíritus, de
la poblaoon y de los habitantes, no pueden ser regidos por unas mismas leyes¡ puestos a grandes distancias del asiento del poder, no son atendidas las
necesidades del momento y su débil voz llamaría apenas la atención de un
congreso dedicado a organizar un gran todo y darle existencia.
Vuestra Soberanía adoptó una forma de gobierno, que revistiendo a los

poderes generales de la energía necesaria para el desempeño de las arduas
atn1mciones de su cargo, deja a los Estados la facultad de decidir libre e ind~pen~ente_ sobre aquellos intereses que, tocando a su administración y gobierno intenor, no dicen relación alguna con los de la federación mexicana.
Una -~olorosa y constante experiencia ha hecho conocer a los pueblos que
la reuruon de poderes en una sola mano dista poco o nada de la arbitrariedap, Y que sus libertades no dejarán de ser precarias hasta que instituciones
fundadas en la soberanía nacional fijen su extensión, señalen sus límites y demarquen su naturaleza respectiva.
Un congreso de elegidos del pueblo decidirá soberanamente sobre sus inPoder Ejecutivo, revestido de la firmeza y energía necesarias, hará cumplir unas leyes dictadas por el bien de los pueblos mismos· y el Poder Ju d"1c1·a1 , obrando con total independencia de los otros, fallará
' con la
balanza de Astrea en la mano, sobre las acciones de los ciudadanos.

tereses:

e!

No es bastante haber depositado en manos distintas el querer y el ejecutar; es necesario todavía garantizar a la Nación el buen uso de estos poderes
La prudencia de Vuestra Soberanía estableciendo la división del Congres~
en dos cámaras, ha salvado a la Nación de los peligros a que podría e,,.-ponerla el acaloramiento, Ia supereh ena
, d e un sof.1sta y la elocuencia
. conquistadode los aplausos; y haciendo que pese sobre los individuos que lleven las
~endas del poder, una justa y legal responsabilidad, asegura a los mexicanos
e los combates de las pasiones.
Mas, lo que conc1T'
10 a Vue5tra Soberanía el reconocimiento de la generación

r:1

601

�presente es haber estampado en la ley fundamental las admirables bases
la administración de justicia, esas fórmulas protectoras de la inocencia.
La infamia de un delito no recaerá sino sobre el que lo cometa.
U~a :sposa y un~s hijos inmaculados no germinarán en la orfandad y ezi
la nusena, los desaetertos de un padre o de un esposo delincuente.
Los dolores y angustias del tormento no arrancarán de la boca de la inocencia confesiones de delitos no cometidos, ni pondrán a prueba el valor y su,.
f rimiento de los criminales.
No ~narán ya l~s calabozos con los gemidos de las víctimas del furor 1
las acciones de los cmdadanos serán sólo calificadas por sus jueces naturales
y en virtud de leyes dadas con anterioridad al hecho.

P~o el mayor, el verdadero, el más expresivo elogio deJ libro inmortal,
de! s~t~a razonado que ha organizado nuestra sociedad y es también su
pnnc1pio conservador, me atrevo a decir que debe buscarse en el entusiasmo con que lo han acogido los pueblos. Ellos, calculadores de su conveniencia, desprec~ Jas viles y aun las miserables arterías de que se valen algunos
para anunciar futuros trastornos y Ja necesidad de revoluciones. Por la hon~dez de que blasono y por el respeto que en toda mi vida pública tributi
siempre a la voluntad de la Nación sober:ana, protesto, Señor, a la presencia
de sus legítimos mandatarios, que esas páginas sagradas habrán de sostenerse a costa de mi existencia, si necesario fuese, y con todo el poder que las
leyes depositaron en mi mano.
A nuestros ojos aparecen los felices resultados que ha producido la ley fon.
dam~n.tal. Compárense tiempos con tiempos, y las lágrimas de gozo y las
bend1~ones de ~dos los que sienten con vivo anhelo las dichas de su patria,
reducirán a su Justa infamia las críticas abominables de los enemigos de la
libertad y de la raz6n.

_He dicho,. ~~ñor, ~ identificado mis votos con los de todos mis compatnotas; los dinJo al Cielo para que se conserve siempre inviolable el sagrado
~epósito de la libre Constitución que nos habéis dado, y os procure la glona de recomendarla al aplauso y a la admiraci6n de todas las naciones.
JuAN A. MATEOS, Historia Parlamentaria de los Congresos Mexicanos
(México, 1878), pp. 1072-5.
'

II

11
DISCURSO PRONUNCIADO EN LA APERTURA DEL PRIMER
CONGRESO CONSTITUCIONAL, lo. DE ENERO DE 1825

No podrá ya dudarse, como se afectó dudar en algún tiempo, si las modernas sociedades establecidas para la libertad del hombre son el resultado
necesario del progreso de las ideas justas y benéficas, o si ellas existen momentáneamente por la subversión escandalosa de los principios y por el avance tumultuario de las pasiones.
Los partidarios de la envejecida tiranía, aquellos que del seno de las nubes hacen descender los pactos y las obligaciones, desconocen la legitimidad
y vigor de los gobiernos que han nacido del pueblo soberano.
Para ellos los particulares en las naciones libres no tienen freno ni garantías, unos a otros se acometen y se devoran; y en esta reñida contienda, la
crueldad y la ira despiadadas de las facciones aniquilan la esperanza de algún sistema regular de legislación.
No se crea, Señores, que para la confusión de los enemigos del pueblo he
de conducirlos a las ruinas de Cartago, he de excitar las memorias de Roma
libre o de abrir los fastos de aquella Grecia, donde las letras, las artes generosas y la sublime filosofía dieron principio a instituciones que se han admirado en todos los siglos.
No; la América, nuestra adorada patria, elevando la cabeza sobre los días
antiguos, ha resuelto el problema más interesante a la especie humana y ha
desgarrado los velos que cubrieron el origen, el fin y el objeto del poder.
El profundo legislador de la Carolina y Guillermo Penn, el amigo del
hombre, plantaron en el suelo virginal de América las semillas preciosas de
la libertad, que cultivadas con esmero por Washington y Franklin, se hallan
hoy depositadas con los frutos que produjeron en ese Capitolio que levantó
la sabiduría en las márgenes del Potomac.
De alli se lanzan rayos desoladores sobre el despotismo y de allí aparece
la generación de pueblos soberanos. ¡ Cuánta es la gloria del Nuevo Mundo! ¡ Cuánta es la grandeza de sus destinos!
Asombra, Señores, que las luces hayan penetrado hasta en las colonias
que fundara el aventurero de Medellín.
Ello es cierto, que el genio se sobrepuso a las resistencias, que la moral regularizó el calor de los partidos y que los sentimientos de la filantropía vinieron a reemplazar los hábitos y los errores que consagró el tiempo.
Pero, yo he venido aquí, Señores, a congratularme con vosotros, porque
los tiempos de la opinión y de las doctrinas sociales os han reunido bajo los

602
603

�fundamentos de un pacto creado por nosotros y para nuestra felicidad. ¿Quis
podrá disputar a los representantes que dejaron estos asientos, consagrados al
mérito y a la virtud, la satisfacción incomparable de ser reemplazados por ciu.
dadanos igualmente ilustrados, igualmente ansiosos del engrandecimiento na,
cional?
La unión, la seguridad y el bienestar de los Estados se han confiado a b
prudentes varones que, por el uso de los consejos de la sabiduría, atraj~
alderredor de sí las miradas de un pueblo que sabe calcular la justicia y ~
talento.
Dichosos nosotros en haber normado las elecciones por el aprecio del bien
público; veremos realizados en el primer Congreso Constitucional los plana
del legislador y los votos uniformes de los mexicanos.
Mi corazón se dilata por los bienes que gozamos y por los que se esperan
todavía.
El magnífico edificio de las libertades que antes fueran una bella perspectiva ideal, se asentó sobre bases indestructibles y su recinto brilla con las instituciones que mereciera un pueblo grande.
Los altos atributos con que la ley y la voluntad de mis conciudadanos quisieron revestirme en razón de depositarlo del Poder Ejecutivo, me pusierai
en el caso y feliz disposición de emplearlos todos en su utilidad.
Una ojeada, aunque rápida, sobre el estado y existencia progresiva de b
negocios os convencerá, señores, de que he procurado hacer el mayor bim
posible, según la esfera de mis luces, en el brevísimo período de mi gobierno.
¡ Dichoso yo si he acertado a llenar el extenso círculo de mis obligaciones
para con la patria!
El Secretario del Despacho de Hacienda manifestará al Congreso que li
no es ventajosa su situación, ni por sus ingresos, ni por sus obligaciones, he
logrado al cabo de multiplicados y penosos esfuerzos vestir, armar y aumentar
el ejército y la marina, socorrer al Nuevo México, Californjas y todas I»
fronteras, acallar los clamores de los empleados de la República, atrasad01
en sus sueldos, y cubrir en todas sus partes las atenciones de la administración con el uso sobrio y arreglado de los préstamos extranjeros.
La organización de la Hacienda en lo económico ha obtenido considerables mejoras por la última ley de la materia y avanza sin duda a su perfección.
¡ Ojalá, y los arbitrarios que se consultarán a la sabiduría de la Cámara de
Representantes, merezcan su aprobación tan urgente!
La seguridad de la República demanda sacrificios, pero siempre compatibles con el estado, fuerzas y patriotismo de sus heroicos ciudadanos.
Careciendo de existencia el Poder Judicial de la Federación e inhibido el
Gobierno de la intervención que antes disfrutaba en el de las antiguas pro-

604

vincias, su acción en esta parte ha sido casi nula y lo será hasta que la Suprema Corte de Justicia se instale, luego que se designe por una ley el número
y ubicación de los Juzgados de Circuito y de Distrito, y se proceda al arreglo
de los Tribunales en los Territorios y en el Distrito Federal
Sin embargo de este vacío, se han atendido en lo posible los objetos de la
administración de Justicia y los ciudadanos sólo podrán quejarse de los vicios de la legislación y de los que se introdujeron en la forma de los juicios,
por la degradante indolencia de los gobernantes españoles.
Las cárceles y los establecimientos de corrección han corrido la suerte de
los tiempos; mas, yo no desespero de hacerlo servir a la seguridad, sin aumentar las aflicciones y miserias de los delincuentes.
El Ejército Mexicano, que ciñó tantos laureles, ha adelantado notablemente su disciplina. Está para completarse su fuerza y hoy la que existe
cuenta con buen armamento, al paso que se contrat:a[9n armas suficientes
para levantar todo el Ejército, conforme exige nuestra situación política. El
Secretario de Guerra y Marina pondrá en claro mis trabajos en estos ramos.
El sistema felizmente adoptado confía la administración interior de los
pueblos a sus autoridades provisionales. El Gobierno, dentro de su órbitaJ se
ha empeñado en cortar abusos envejecidos y en que las leyes patrias comiencen a desarrollar su actividad benefactora. Así lo expondrá el Secretario de
Relaciones Exteriores.
En todos los países libres del Wliverso se forman votos por la consolidación de la independencia mexicana, y luego que se hallen en el caso de calcular los extranjeros el inmenso valor que la unión ha dado a nuestra prosperidad colectiva e individual, me persuado, Señores, que nos admitirán al
rango de las naciones independientes y soberanas.
¿Y este es el pueblo que por tres siglos fuera sujeto a una administración
mezquina, a un gobierno miserable? Privados los mexicanos de las ventajas
de un sistema equitativo, rompieron sus relaciones con la metrópoli, después
de sufrir más allá de los límites de la paciencia humana. Nuestras poblaciones incendiadas, nuestras propiedades invadidas, las cárceles siempre llenas, el
dolor, la desesperación, la muerte amenazando sin cesar nuestras cabezas, éstos fueron los títulos, éstos los caracteres que marcaron con fuego y sangre
la libertad de que gozamos.
Al recuperar nuestros derechos ultrajados y cuando se alzó el fuerte brazo para la gloria de la patria, hemos dado ejemplos insignes de moderación.
Confúndanse nuestros detractores y admiren, si por una sola vez quieren

llamarse justos, el imperio de la suavísima índole mexicana y el sistema más
filantrópico que se conoce de legislación y gobierno.
¡Ciudadanos de ambas cámaras de la heroica Nación Mexicana! ¡ Que

605

�tro las conquistas de la Revolución 1 ¡ Que lol
no sean perdipod'das p~:sotrib:ten a las ideas del siglo y a los ~delantos ~
secuaces del
er
.
.
. de su fonado y tard10 arrepenti. il' •6
América los testunoruos
la CI\.' izaCJ n en
l C tituci6n que vuestro com•
1 Q
vuestro ardiente celo por a ons
'
,
miento. 1 ue
•
.
d ue vuestra previsión y energia os fatante amor a la patna Y ª la ltberta ' q U 'd Mexicanos al alto puesto
cilite el dulce placer de elevar l~s !stad:do
~:bitro supremo de los desde prosperidad y grandeza que a ecre

:1

tinos!
JUAN

A.

MATEOS,

Historia de los Congresos Mexicanos, III, pp. 11-13.
111

APERTURA DE SESIONES
DISCURSO PRONUNCIADLOCEO~:;~O ACIONAL, EL 4 DE
EXTRAORDINARIAS DE
AGOSTO DE 1825

Señores:

·

extra

.ó
ocar al Congreso a SCS1ones
•
Facultado por la Const1tuc1 n para c:on_v
debo con atularme con vosgr
b '6n o
rd . anas· en el caso que lo crea conveniente,
.

o in
•
· para la apro ac1
con la Nación de que n1 para este paso, m .
. ....li..
otros y
•
. o se han ofrecido motivos de angustia, Y-acuerdo del ConseJo de Gobtem '
.
.
•¡ ·6n en la marcha de 111
alarmantes sobre las costas o el mtenor, vac1 ao
..
a tor•
gros
'dad
·unpen'osa
que
os
llamase
a
d1s1par
un
. ºtu .
s o alguna necest
'd
J.DSh cione
1 torbellino de las pasiones conmov1 as.
O
menta desoladora a e~renarpodc ,. t mar el uso y ejercicio de vuestras taAfortunadamente, Senores,
eis o
.
,
avanza sin obf.
eas en los momento en que la República, qweta y prospera,
r
.
táculos en la carrera de sus destinos.
.
raz6n
a los votos de loa
Yo he querido satisfacer a los deseos de nu co
yl
rf ción de loa
ueblos
que
demandan
urgentemente
el
complemento
y
a
pe
ec
P
'
•a1
zaron
a
plantearse.
beneficios que en el orden SOCt comen
de un modo
Los au;ores de la Constitución Uen.aron su augusto ,encargdo
tribudo. tras asar una linea e sus a
tan admirable y circunspecto&gt; que sm
p
lid .6n y hennOldfl
nes dejaron levantado el edificio que para su conso ac1
f erzos
' 'ta de vuestros trabajos y de la continuación de vues,tros es u
. necesi
.
anifi ta ineqw,•ocamente su &amp;·Ahora que la Nación, siempre Justa, ~. _1esd 1 .
periodo constifll, .
¡ ·
empleo que hiwteis e pruner
titud por el util y g onoso
.
l obra de la sabiduría sea consdl"
cional; ahora, conciudadanos, exige qu_e a
da por los consejos de vuestra prudenoa.

606

Vuestra previsión y mis ojos se han fijado en las grandes cuestiones que,
recomendadas a vuestro celo, no podrán dejarse a la ventura o e perar su
resolución para tiempo más distante.

En los movimientos tan complicados de la máquina política, la falta de
una rueda es bastante a pararla o a causar tal vez un fatal retroceso, que
cuando las resistencias se multipliquen sólo un sistema fuerte y armonioso contervará el vigor )' el equilibrio en los di\'ersos órdenes de la sociedad.
Por lo que a mí toca, no desempeñaría satisfactoriamente los deberes de mi
situación si no cooperaseis conmigo a superar los embarazos que la inexistencia de ciertas leyes, y mi profundo respeto a la salvadora división e independencia de los poderes sociales han de oponer al ejercicio de la autoridad que
la Nación quiso confianne.

Los depositarios de un poder que falla sobre las acciones y la conducta de
los más altos funcionarios de la República, que establecidos vigilantes sobre
el wo de nuestras respectivas facultades deben hallarse expeditos en todos
momentos para condenar al criminal y absolber al inocente, no serán responsables, ni se cumplirán los designios del código fundamental, entre tanto no se
arreglen por una ley orgánica las funciones de su in. tituto. Sin los Tribunales
de la Federación, ella será un caos: en esta parte, eñores, nada hay hecho.
En los territorios no se regulariza todavía la administración de Justicia y las
precisas garantías del hombre en sociedad, interesadas en este asunto, reclaman su pronta resolución.

La inestimable libertad de la prensa no se ha. colocado en el punto de que
no es conveniente en nuestras corcunstancias avanzar ni retroceder.
La hacienda nacional, esta sangre vivificante del Estado, exige consideraciones, reformas y establecimientos importantes. El de Ja dirección del
crédito público nos nivelará con las naciones que por su religiosidad en lo
pactos han afianzado irrevocablemente su existencia.
La moral del Ejército llama la atención del legislador para que se regenelffl el carácter y las costumbres, nacida en la guerra. Por más que los cla-

mom

de los pueblos hayan resonado cerca de Jos tronos absolutos de Euro-

pa, han prevalecido desgraciadamente unas máximas no menos fatales al ro~rcio que al reconocimiento de nuestros derechos. La disciplina, el completo, la organización de las fuerzas de mar y tierra nos pondrán, Señores, a
cubierto de las asechanzas y aun de las agresiones del universo entero, si se
conjurase para perdernos. El Gobierno se ocupa del sistema de defensa. La
República es invencible: todos sus hijo,. con la unánime aprobaci6n de los
hombres libres, sostienen denodadamente los fueros de su patria.
. Abierto para las naciones mercantiles este rico mercado, que la poütica susY también mezquina del Gobierno de España tenía reservado a sus ra-

picaz

607

�teras especulaciones, nos hallaremos tal vez en el caso de formar trawk.
que los mismos intereses comerciales requieran.
Todos los acontedmientos relativos a nuestro país se suceden y aun se
atropellan, y para negocios de tanta importancia vuestras facultades no ae
han limitado. La curiosidad, el espíritu de industria, la sua\idad de nuestra$
leyes y costumbres, la reputación de la opulencia mexicana todos est&lt;&gt;s iJn.
pulsos conducen a nuestros puerto un sinnúmero de e.xtran je ros. Para su
admisión, libre tránsito y establecimiento en los Estados y territorios de la
Federación, son urgentes leyes de policía que combinen a nuestra seguridad
con el buen trato de los que vi iten nuestro suelo. Para animar la industria
daréis, señores, a los privilegios exclusivos las consideraciones que se merezcan.
Estas materias de conocida gravedad y otras de no menos influencia en la
administración, se han sometido a los acuerdos del Congreso, que en perfecta consonancia con los designios del Gobierno, ocurrirá a todas las necesidades públicas en el tiempo y con la oportunidad que ellas indicaren en sus relaciones recíprocas.
En el momento, Señores, que vais a entregaros a nt1evos afanes, en oble.
quío de una patria de que sois el apoyo y ornamento, el1a en su marcha siem•
pre progresiva se le\'anta con dignidad en medio de todos los pueblos de la
tierra. Gloriaos, conciudadanos, de estar al írente de una nación que en los
primeros pasos de su infancia ya se concilia el respeto y la admiración del
mundo. México, por sentimientos de generosidad y benevolencia, desea la
paz y las más francas comunicaciones con el resto del globo. México, fuerte
y opulento, libra su existencia y su conservación a sus propios rrcursos.
¡ Ciudadanos, la patria ha vuelto a fijar sus ojos sobre vosotros!
JuAN

A.

MATEOS,

Historia de los Congresos Mexicanos, III, pp. 231-233.

IV

ru

Dl CURSO PR01
CIADO E LA CLAUSURA DE SESIO ES
EXTRAORDI ARIA DEL CONGRESO NACIONAL. EL 19 DE
DICIEMBRE DE 1825

eñores:
Un d eo tan ardiente en vosotros como en mi pecho cl que se perfeccionase el sist roa y la organización de la República, os reunió a principios de
agosto, después que fuisteis convocados a sesiones extraordinaria , en u!IO de
la facultad que me concede la Constitución Federal y de acuerdo con el Col&gt;-

608

~jo de ~biemo, para que deliberaseis sobre los negocios de alta importanaa que senalé, en c~plimi~to del Art. 72 de nuestro C6digo.
En pocos d1~. habéis analizado con ojo muy penetrante las relaciones de
moral Y_ de ~huca q~e _envuelven las materias sujetas a decisión. Si un anhelo o mqu1etu~ patnóttca parecía demandaros la expedición de diferentes
leyet, ella ~ sausface con la sabiduría de las que habéis dado, con el adelanto de trabaJos
ha1 .. _quedanuncian obras completas en el orden social y con Ja espe~
~ena e. que pronto Yolveréis al ejercicio de vuestras augustas
funciones,
mterrump1das
un breve espacio de tiempo, para s61 o marcar el
.....(od
. . a1
t"'.. o const1tuc1on .
~ Cámaras han manifestado designios y miras muy profundas en la discusión que prepara una ley orgánica para la Corte Suprema de Justicia. Se
han desarrollado teorías luminosas que suponen el perfecto conocimiento del
corazón del hombre.
Se ~ta nada ?1enos que de someter al fallo inexorable de la lev a los que
ella
coloco en los puestos más elevados de la República. E,
ció misma
il
,
sa corporan ~ reune en un seno ciudadanos íntegros y patriotas¡ pero las leyes
no con51de~ personas cuando establecen garantías. La sabiduría del legisla~ se extiende a todos los casos posibles¡ vosotros no dejaréis vacilante la
vida, el hono~ Y la propiedad del ciudadano. Vosotros salvaréis a )a República
en el santuano de la Je)'.
El arreg~o para la administración de Justicia en el Distrito y Secretarias de
la Federación, cuya urgencia recomendé a las Cámaras no tardará en d
mar sus ben f ·
,
erra.,
e 1cios en los pueblos, que esperan todo de los altos poderes de )a
~on. En esta_ parte jamás serán quiméricas las ideas de perfección: al
re se d_ebe irrevocablemente su seguridad y su reposo.
La desem6n que arruma
· 1os eJcrc1tos
·.1. •
y ha plagado desgraciadamente el
nuestro, porque las revoluciones producen males necesarios, ha excitado vuesque desaparezca de las filas de los hijos de la victoria.
.
cion apetece con ansia el establecimiento de su créd1'to la cl--=,·c
a6n li 'd ,6
,
= 1 ada
~ui. ª~ ~- de la deuda, _que se afecten intereses a su pago y se difun.
pnncapio '- 1lal en los capitales que animaron la industria· ella se lisonjea con
' pueblos en
la la ~esperan za que .hab''
e1s fun dado de nivelamos con los
qu~ ensenanza es el meJor apoyo de las instituciones
aumenta incesantemente la confluencia de ext~jero a nuestro país
quMcchse apresuran a visitarlo para cultivar relaciones de utilidad recíprocas'
u os han elegi'do una patna
· en este manantial de riqueza y abundancia ·
of: •
rtaendo
en
garantía
.
"'- Sea al
Y recomp~sa sus cap1tale.~.
su industria y sus sudo-•
especulador, sea al v1aJcro, sea al colmo infatigable a todo
J&gt;rometc el aro
d
.
.
,
s se
tau .
paro e 1eyes hosp1talanas que sabrán combinar con las preetoncs que demanda la seguridad del Estado.

tro~e~:~~
u:

609
H39

�El mundo civilizado ha fijado la vista sobre estas medidas de salud en que
briJlarán a la par la seguridad y la previsión del Congreso mexicano.
La libertad de la prensa es de esencia vital en las naciones que se gobiernan por máximas y principios liberales; pero ella se acomoda a las circ\Illlo
tancias peculiares de los pueblos, porque el más y el menos en esta delicada
materia son relativos a las creces de la ilustración y a las mejoras del sistema
moral. Vosotros os habéis ocupado de un asunto el más grave para los hombres de Estado, y las ideas anunciadas y debatidas en la Cámara de Diputados prometen, sin dejar lugar a la duda, que saldrá de westras manos una
ley eminentemente conciliadora de la libertad con el orden y el respeto público.

El ejercicio del Patronato en toda la Federación, este negocio que hada
más y más necesaria la especial atención del legislador, llamó la westra y nada restará que desear a los pueblos, tanto tiempo inciertos, sobre la natura-leza de sus relaciones con la Silla Apostólica.
¿ Para qué, Señores, caminar con vosotros en los detalles de los afanes que
habéis impendido en obsequio y bien de la patria? Apenas se citará una sola
de las cuestiones marcadas en la convocatoria que no haya merecido de VOiotros consideraciones importantes.
El Supremo Poder Ejecutivo, depositado en mi persona por el sufragio de
los pueblos, que tanto han empeñado mi tierno reconocimiento, os impondd,
en el tiempo en que manda la ley, de sus tareas y de los resultados que han
producido.
Os anticipo, Señores, que mi voz excitará en vosotros sentimientos de júbilo,
porque os gozáis en la felicidad y engrandecimiento de la República.
¡ Ciudadanos Diputados! ¡ Ciudadanos Senadores! La Patria os reconoce el
útil y glorioso empleo de vuestras luces y de su confianza.
JuAN A. MATEos, Historia de los Congresos Mexicanos, III, pp. 342-343.

V
DISCURSO PRONUNCIADO EN LA SESION DEL lo. DE ENERO
DE 1826, lNICIAL DE LAS ORDINARIAS DEL CONGRESO
NACIONAL CORRESPONDIENTES A DICHO ~O DE 1826

Señores:
Multiplicándose los sucesos prósperos de la patria más allá de lo que nOI
ofrecía la halagüeña perspectiva del año anterior: adquirida en todo su
610

cur•

so una consideración eterna, que ha satisfecho nuestras esperanzas; alimentándose su colmo y la idea de una felicidad sin término, en el desarrollo progresivo de tantos recursos y elementos de poder y de grandeza, que abundan
en la nación afortunada; cosechando fielmente el fruto de quince años de
trabajos y heroicas fatigas; México al nivel de los pueblos grandes del univeno, prometiendo avances gigantescos en la carrera de la ilustración; este
conjunto maravilloso desenvuelve el magnífico plan que trazó la Providencia, arreglando con sabia mano el orden, los medios y el complemento de los
destinos de la República.
La augusta ceremonia que me ha rodeado, con inexplicable placer mío,
de los representantes del ilustre pueblo mexicano, hoy que vuelven a entregarse a sus preciosas tareas legislativas, me conduce a presentar a las Cámaras y a la Nación entera el bosquejo del año de 1825, que será marcado
en nuestros fastos como el más abundante, a los que pasarán hasta aquí en
favores que nos ha dispensado el Dios de la naturaleza y de las sociedades.
Cumplo al mismo tiempo con el grato deber de hacer públicos los actos
todos de mi administración, entre tanto los Secretarios del Despacho llenan
la obligación que la Constitución les impuso de dar cuenta al Congreso, al
principio de cada año, del estado de los negocios en sus ramos respectivos.
El mes de enero del año que acabó ha merecido una grande celebridad,
por haberse en él manifestado a los agentes diplomáticos reunidos en Londres
la disposición en que se hallaba el Gobierno de Su Majestad Británica de
entrar en relaciones amigables y reconocer la independencia de los nuevos
estados americanos.

Este golpe decisivo de la profunda política del Ministerio inglés ha desconcertado los planes y las maquinaciones de los enemigos exteriores, sorprendiendo a los gabinetes de las potencias coaligadas. Así se ha revelado el
arcano de sus intenciones ulteriores y se les ha precisado a confesar que para
más adelante renuncian a toda intervención a mano armada en los asuntos
de las Américas insurreccionadas .
. Tratábase de extender y consagrar más acá del Océano el absurdo principio de legitimidad y de arruinar en el Nuevo Mundo las ideas liberales. Protestas, actos reiterados, correspondencia misteriosa en la corte de Madrid, todo esto conspiraba a fundar sospechas de que España para salvar las reliquias
de su dominación detestable procuraría ser asistida pór los ejércitos y marina de otras naciones.
La invasión de la península de 1823 encerraba el fatal designio de poner
ª ~emando VII expedito para emprender la reconquista de sus antiguas colonias. Proclamando a los españoles el Generalísimo francés, quiso significar
ser éstas las miras de su augusto tío. Concédase a la Nación Británica el ge-

611

�neroso sentimiento de volar al socorro de la causa de la razón, de la justicia
y de la libertad, y de haber redimido a las Américas de los males y d ~
tres de la guerra por la interposición de su tridente. Es tanto más lisonjera.
la deuda de nuestra gratitud, cuanto que la resolución del Gabinete de San:-James se ha apoyado en el voto unánime de los ingleses interesados en toda
sus relaciones por el triunfo de la independencia americana.
Una nación eminentemente industriosa, en la cual la política y el comer,,cio dan vuelta sobre un eje, participa de los adelantos y estabilidad de otrat
naciones que poseen las materias que el lujo y las costumbres han hecho D6ó
cesarías. Acontecimiento de tamaña importancia ha abierto la puerta a la
comunicación de dos mundos. México, llamado por su feliz localidad a figu.
rar notablemente en el nuevo orden de cosas, se envanece con la riqueza inagotable de su suelo. Nuestro agente en Londres disfruta desde entonces a
rango diplomático, con que ha sido anunciado por nuestro Gobierno. En la
capital de la República reside el Encargado de Negocios de Su Majestad Bdtánica y asociado a Mr. Morier, que arribó a Veracruz el 15 del mes anl8rior, entenderá dentro de breve en la conclusión de los tratados, que espeso
confiadamente llegarán a conciliar los intereses de ambas naciones. Las 06,.
maras, en desempeño de la facultad 13 del Congreso General, se ocuparán ea
sus sesiones de este grave negociado, que tiene suspensa la atención de Europa.
La Francia ha pronunciado solemnemente sus vivos deseos de afianzar d
relaciones mercantiles con ésta y las otras Repúblicas modernas de la Amrica, bajo garantías nacidas de su Gobierno. Será de apetecer, más bien para la utilidad de Francia que para la del Nuevo Continente, que en su Gabinete prevalezcan los clamores de esos franceses que anima siempre el cJa.
mor de la gloria y que solicitan con ansia un nuevo y rico mercado para dar
salida a su abundante industria. Cuaquiera que sea la verdadera faz del »
to original en la diplomacia, por el que se ha reconocido la independencia
de Haití, él ha justificado incontestablemente el derecho de insurrecci6n llll
los pueblos y elevado el principio de la conveniencia del triunfo sobre el
otro principio que no distingue a las sociedades de hombres de los rebaiol
de pastores.
Sin temor de equivocarme, considero este hecho como un paso avanzado
de la Francia, que la conducirá gradualmente a imitar el glorioso ejemplo
de su diestra rival. Este juicio se apoya recientemente en el acuerdo de 1t
corte de Versalles para enviarnos un agente de comercio y admitir otro au.
torizado por el Gobierno de la República. No es fuera del caso la oh~
ci6n de que esta misma marcha fue la de Inglaterra, antes de consumar •
proyectos en el Nuevo Mundo.
Por más que se quiera alejar el momento de una revolución definitiva par

612

parte de la Francia, es cierto y de gran complacencia para los amigos de la

humanidad que sus actuales disposiciones no sean de modo alguno alarmantes contra la República.
El Rey de los Países Bajos, descendiente de aquel Orange, ilustre propaga&lt;for de las libertades, que rige a sus pueblos con equidad y justicia, ha reconocido un cónsul provisional de México, que funciona expeditamente en la
nación que levantó sobre pantanos disecados el genio activo y emprendedor
de sus habitantes. Mr. D'Cuartel, Comisionado del Rey en la República me
.
b
,
expreso a nom re de su Gobierno, la adhesión que profesaba a los principios filantrópicos de nuestra existencia.
El Presidente del Consejo de Gobierno de Prusia ha comunicado el nombramiento de un agente comercial en la República, que se halla en esta capital de la Federación. Los progresos de la Compafiía de Comercio del Rhin
han empeñado sin duda al Gabinete de Berlín a abrir a su paso esta senda
desconocida para el centro de Europa.
Algunos periódicos extranjeros han comunicado noticias satisfactorias de
las ~tuaciones de Suecia y Dinamarca, y si bien carece de datos y despachos
oficiales p~ as~los a las Cámaras, considera muy puesto en razón que
dos ~tencias mantunas que no se hallan al inmediato alcance del influjo
extraño y pueden reemplazar algunos artículos de comercio que mantenía
España, se apresuren a amistarse con las naciones americanas.
En 13: conducta del Emperador de las Rusias no se descubren prevenciones hostiles contra la admirable Revolución de las Américas, y como México
es de todos los nuevos Estados el que más se acerca a las posesiones rusas, tarde O temprano se establecerán comunicaciones con el Gobierno de San Petersburgo. Nuestra consideraci6n se fija desde ahora en el memorable úkase de
2!I de septiembre de 1821, que prohibe a todos los que sean rusos todo comerClO, pesca e industria con las islas y costas del N. O. de América, desde el Estrecho de ~ehring hasta los 51 grados de latitud N. y en las Islas Aleutianas y
la costa onental de Siberia y de las Islas Kuriles. Las reclamaciones de los Estad U n1'dos del Norte explicaron
·
bastante lo que esta ley importaba a la soberanía del mar.

?5

El Santo Padre, que reúne la doble investidura de Soberano de Roma y de

cabeza de la Iglesia Católica, excita la veneración y ternura de los mexicanos
~ue aspiran con ansia a relacionarse con el Padre de los fieles en objetos excluBIVamente religiosos y eclesiásticos. La benévola carta que me ha dirigido a 29
del último julio el Sr. León XII, manifiesta sus ideas de justicia y hace creer
que nuestro enviado, que llegó a Bruselas en agosto del año pasado sea paternalmente recibido a tributar homenajes al legítimo sucesor de
Pedro.

sar:

Y viniendo a las naciones que habitan el feliz hemisferio de Colón, la justi613

�cia y la gratitud me obligan a mencionar antes que a todas a la más antigua
de América y la pómera del mundo civilizado que proclamó solemnemente
nuestros derechos, después de habemos precedido en la heroica revolución de
sacudir la dependencia de la metrópoli. Los Estados Unidos del Norte, modelo de virtud poütica y rectitud moral, progresan bajo el sistema de Repúbli,.
ca Federal, que adoptado entre nosotros por el acto más espontáneo de que
hay memoria, nos nivela con la patria de Washington, robusteciendo la uni6n
entre las dos naciones confinantes.
Un Ministro Plenipotenciario acreditado cerca de nuesro Gobierno es el
comisionado para celebrar tratados que no tardarán en someterse a la deliberación de las Cámaras. Es demasiado urgente el arreglo definitivo de loe
límites de ambas naciones y el Gobierno prepara trabajos que facilitarán la
conclusión del negocio sobre las bases inalterables de franqueza y buena fe.
La República de Colombia, para jdentificar sus principios en paz y en
guerra con la nuestra, concluyó un tratado de unión, liga y confederacilm
perpetua, que ratificado solemnemente es el apoyo inviolable de la armonía
de dos países amigos y aliados naturales. La escuadrilla de Colombia se hallaba pronta a dar la vela para nuestras costas en cumplimiento de uno de los artículos de la convención; pero el Gobierno contempló innecesaria su venida
por los sucesos de nuestras armas.
Las grandes virtudes del Presidente Bolívar en el Perú apresurarán su or•
ganización apetecida. La independencia de aquella RepúWica fue reconocida
en tiempo del protectorado del General San Martín y después no se ha presentado en México ministro caracterizado por alguno de los varios gobiemol
provisorios del Perú.
El jefe de las Provincias Unidas del Río de la Plata me ha protestado la
amistad más firme y más cordial de aquelJa nación con la mexicana.
La República Crulena, no exenta de oscilaciones momentáneas no podrá
dilatar su comunicación más íntima y más frecuente con México.
En el año pasado han tenido lugar algunas contestaciones con la República
del Centro (Centro-América) para salvar la integridad del Estado de las
Chiapas, y el Gobierno, en consonancia con las intenciones del Congreso, dará la preferencia a los medios de paz y amistad, entre tanto sea p0sible Y
basten a garantir el deseo de la nación. Se halla nombrado un Encargado
de nuestros negocios en Guatemala, que marchará tan pronto como obten•
ga la aprobación constitucional de la Cámara de Senadores.
No tardará en reclamarse la suspirada unión de los representantes de todas las naciones americanas de [en] Panamá para consolidar el pacto Y la
amistad más franca de la gran familia, que multiplicando los prodigios del

614

valor y los esfuerzos de la constancia, rechazó para siempre el dominio español. Los plenipotenciarios de México se hallarán en el mar en todo el mes
que hoy comienza. Felicito a las Cámaras y al Continente Americano por la
aproximación de un suceso que recomendará la Historia como el de mayor
trascendencia que acaso podrá ocurrir en el siglo XIX.
Y volviendo la cara a la brillante situación del interior, nuevos e importantes triunfos han sublimado la gloria de la República. La Escuadra Española del Pacífico, que entretenía las esperanzas del Gobierno de Madrid
aun después de la campaña de Ayacucho, capituló a lo. de mayo en Mon~
terrey de las Californias, aumentándose nuestra marina con el navío Asia
hoy Congreso Mexicano, y el bergantín de guerra llamado Constante. Es in~
calculable el valor de este hecho en lo político y supone en lo moral consideraciones altamente honoríficas a México, que fue elegido entre todos los
Est3:dos que dan frente al gran Océano para recibir los últimos despojos del
monbundo poder español en los mares de la América. Empeñada la generosidad de la República para con los desgraciados que adoptaban una nueva y mejorada patria, les ha pagado todos sus alcances al Gobierno Español,
que falta a todos sus empeños cuando demanda sacrificios.
Las Cámaras participan en estos momentos del gozo que me enajena, record~~º que al cabo de cuatro años de tentativas y afanes inútiles para la
rend1c1on del famoso Castillo de San Juan de Ulúa ha abatido el pabellón
q~e a_lzó Cortés en las aguas mexicanas. Ha resultado de las anticipadas combma~1~nes del Gobierno, del vigoroso asedio por mar y tierra, y del atrevido
~ovimiento de nuestra marina sobre la del enemigo que impulsó una mano
d~estra: ocu~aron nuestras tropas el 21 de noviembre la posesión que se apellidaba el Gibraltar de América, que podía decirse la llave de América y que
conservaban los enemigos jurados de la Independencia a las puertas de la
Re~ública. Un suceso de tanta magnitud y que ha sido objeto de los más
~ientes votos de los patriotas, bastaría a indemnizar a la Naci6n de sus pérdidas en largos años de lucha, a lisonjear al Congreso y al Gobierno del logro de sus tareas, encaminadas todas a beneficio de los Estados Mexicanos.
~a R~pública se ha colocado en la altura de consideración que explican
:~amos repetidos &lt;:1da día y se h~ _impreso el último sello al triunfo de
,,ran causa de la libertad de Amenca, radicalmente identificado con la
suerte de México. El Gob'temo que ve sentado al Congreso Nacional en el
trono de la Justicia, reclama de su augusta munificencia las recompensas de
que son merecedores los valientes soldados de la patria.

La H_ac~en
· da que en todos los países es el bar6metro de su riqueza y en~an?,ecuniento, prepara un aumento el más ventajoso de ingresos. La amortizacion de ca 1.tal ha 'nf did
P es
1 un
o en los acreedores la confianza que consti-

615

�tuye la magia de nuestros recursos. El crédito nacional en los mercad01
tranjeros adelanta a proporción que se observa nuestra religiosidad con
casas prestamistas. La de Barclay, Richardson y Co., de Londres, n ~
ventajosamente el préstamo para que fue comisionada por la República. tt.:
chosamente se ha usado muy poco de él para gastos comunes. El apresto ff:
buques, annamento, vestuario y remontas para el Ejército, recoger v ~
y productivas cosechas de tabaco, amortizar parte muy respetable del pit,.
tamo contratado en 1823 con la casa inglesa de B. A. Goldsmith y Co., 'f 4
puntualísimo pago de dividendos de intereses y amortización ordinaria, ha
sido el objeto de su producto liquido; pero con la utilidad que se admira íii
el Ejército, en las creces de la Marina, en la adquisición de Ulúa, en la sep.
ridad interior y exterior que disfrutamos y en otras mejoras.
Satisfaciéndose la mitad de los productos de las aduanas marítimas en ellíl
mismas y la otra en México, por acuerdo del Gobierno se han dado 6 ~
muy estrechas para que se deposite la mitad de aquéllas, que es la cuarta
parte del total de su valor, en Veracruz, Alvarado, Pueblo Viejo de Tampiat,
Tampico de las Tamaulipas, Soto la Marina y Refugio para emplearla n1giosamen te en el completo y pronto pago de dividendos y amortización ordiDJ,
ria, sin necesidad de ocurrir para este empeño al resto del último empr&amp;titó
que se halla en Londres a disposición del Gobierno.
El urgentísimo arreglo de aranceles marítimos imprimirá en el comercio
el mayor impulso de que acaso necesita, y la balanza venidera mostrará \11111tajas, comparada con la de 1824 y aun con la de 1825 que será más general
y perfecta, las aduanas marítimas meses ha que caminan a su total organizaci6n y la tendrán sin duda por el plan designado al intento. Los Estadas
de las Chiapas, Querétaro, Puebla, Tabasco y Yucatán han recibido los 111xilios en numerario a que no alcanzan sus arbitrios del momento. Ellos •
harán productivos y cesarán las remesas. Los situados a Béjar, Coahuila, aihuahua y Tejas se han atendido oportunamente. A las Californias se •
viaron socorros de toda especie. Los almacenes generales de la capital se
llan abastecidos con abundancia de vestuarios y armamento para el Ej&amp;citoi
lo que asegura su decente permanencia.
El comercio, canal de comunicaci6n entre el que consume y el que produce, progresa de un modo superior a todo cálculo en los puntos litorales de
México, y ni el monopolio, ni la rivalidad han podido alterar los mercadal
Empero, la prosperidad del comercio exige una breve y cómoda circu)aci6ll
interior a que las Cámaras darán la última mano, considerando en su »
tual reunión el proyecto de caminos. Apenas se ofrecerá un asunto en qut )a
opinión se haya expresado más terminantemente.

»

El sistema de Hacienda, adoptado por la soberanía de la Nación se ha pJaa,

616

teado eficaz y cumplidamente por el Ejecutivo. A beneficio de constantes esfuenos y para colmo de nuestra ventura, puedo anticipar a las Cámaras el grato anuncio de que es probable sean cubiertas las obligaciones del año que comienza con los productos natW"ales de nuestro suelo. Aquiétense los pusilánimes que desconfiaron de los inmensos recursos de la naturaleza, del genio y de
la industria de nuestra patria bienhadada.
El Ejército ha restablecido la moral, principio de su vida, y la disciplina ha
adelantado en un año, sobre toda ponderación en los cuerpos de línea y también en los de milicia activa. La brillantez de los equipajes, la excelencia de las
annas contribuye en gran manera a equiparar nuestro Ejército con los mejores
del mundo. Ha llegado a la República más de la mitad del cuantioso armamento encargado a Europa y se está recibiendo paulatinamente el resto para llenar
sobradamente las atenciones de la Nación. Ella cuenta con artillería para los
puntos fortificados de las costas y servicio de campaña. En Perote se ha mandado formar un abundante depósito de municiones para resguardarlas de la intemperie de la costa del norte, y con otras miras de notoria conveniencia. A las
Compañías Presidiales se les ha dado forma provisional mientras las Cámaras
resuelven en la consulta de 23 de marzo último, cuidando de proveerlas de vestuario, armamento y municiones para imponer a las tribus no civilizadas. La
de indios yaquis en la Alta Sonora se alzó, cometiendo algunos asesinatos; pero la actividad del jefe militar y de las autoridades políticas los han puesto en
disposición de pedír la paz y de evitarse la repetición de semejantes atentados.
El Congreso, acordando medidas análogas a sus sentimientos filantrópicos y
a la compasión que inspiran esos desgraciados individuos de la ~aza humana,
les facilitará los goces sociales, ahuyentando por siempre la bárbara política del
Gobierno español, que por reglamentos impresos y circulares a los jefes militares de aquellas fronteras, mandaba provocar la guerra para conseguir la destrucción. El Gobierno ha procurado atraer a los caudillos por todos los medios
d_e paz y lenidad, y la espada no se desenvainará si no es para castigar sublevaciones. Los puntos de aproximación al enemigo se han resguardado con el oportuno envío de tropas.
. ~ estado de defensa en Yucatán es muy respetable y el Gobierno por in.me~ a Cuba se ha empeñado en atenderlo. No están por demás las precauª?"es, aun en el caso de que sea evidente la importancia física y moral del enenugo. Los menoscabos y descomposiciones de la importante fortaleza de San
Juan de Ulúa han comenzado a repararse a fin de que el primer puerto de la
República en el océano se mantenga en perfecta seguridad.

Nuestra armada, después de haber hecho su deber en la rendición de Ulúa
se halla expedita para guardar nuestras costas de las incursiones de los piratas ;
contrabandistas. Buques de alto bordo que se esperan aumentarán sus fuerzas
617

�brevemente y protegerán el comercio en el Golfo mexicano. Tienen iguales atenciones dos bergantines de guerra y lllla goleta en el Mar del Sur. La correspondencia con California que estaba paralizada por falta de buques, ha vuelto
a tomar incremento con dos goletas correos, construidas en San Blas. El navío
"Congreso Mexicano", en estado de armamento, zarpará de Acapulco denm,
de un mes, a más tardar, para el Mar del Norte, donde prestará los útiles servicios que la Nación le confiera.
Encargado el Supremo Poder Ejecutivo de vigilar la pronta y cumplida ad.
ministración de Justicia de la Federación, ha dirigido sus conatos a que las Je,.
yes existentes a favor de la propiedad, del honor y la vida de todos los ciudadanos, no sean brillantes quimeras, ni los juicios otras tantas redes para el ino,
cente o el fundamento de la impunidad de los culpados. Las Cámaras conocen
hasta dónde se extiende el resorte del Gobierno y la generalidad con que se afecta esta parte complicada de la organización social. Hay trabajos del Congreso
para que el alto Poder Judicial emprenda su marcha; los adelantos para el arreglo de la administración de justicia en el Distrito y Territorio de la Federación
acabarán de afianzar a los beneméritos ciudadanos que las componen las inettimables garantías del hombre en sociedad.
Examinadas las constituciones publicadas en los Estados se advierte el ti•
no y circunspección con que las Legislaturas han establecido las bases en este
ramo, bajo las formas de la Constitución Federal y los principios lumin~
de la ciencia de la legislación. Son asombrosos los progresos de la moral en
la República y ellos testimonian no menos el carácter dulce y suavísima Ín•
dole de los mexicanos que la regularidad de las instituciones adoptadas y su
analogía con las costumbres nacionales.

Academia de San Carlos tiene abiertas las puertas de la formación del buen
gusto en las artes que sirven a Ja comodidad de la vida.
Ha empezado a formarse el Museo Nacional, que será el depósito de Jo
más raro y precioso de nuestro suelo para la ilustración del joven aplicado y
la admiración del viajero. En los Estados se crean colegios para el estudio
de las ciencias físicas y morales, comprendiendo la económica, la legislación
y los demás conocimientos que volvió exóticos para nosotros la pusilanimidad de la administración española. MuJtiplícanse las escuelas de primeras
letras y se va generalizando el sistema de Lancaster por las tareas de la Com.
pañía de México, atL'"&lt;iliada por el Gobierno. Varias sociedades y academias
secundan el movimiento rápido de la ilustración. Los más de los Estados han
adquirido imprentas y el libre pensamiento del mexicano hace sudar las prensas hasta en los confines de la República. El Gobierno se ocupa en meditar
un plan extenso de educación, que merecerá de la Cámara la atención que
reclama la primera de sus facultades exclusivas.
El laboratorio de minas ha dado empleo a crecidos capitales extranjeros,
ha vivificado 1a población del interés y ha animado su agricultura y comercio. La ociosidad ha desaparecido, los brazos hallan ocupaciones útiles y reviven las esperanzas de familias que de la opulencia pasaron a la mendicidad. Una noble competencia reina en los ingenios de moneda y la circulación de los signos de valor se aumentará a la par que la riqueza pública. La
introducción de máquínas para el beneficio de los metales, la venida de artistas consumados difundirán aquí las luces que se envidiaban a Ja Europa:
mi imaginación apenas alcanza el colmo de felicidades que se preparnn a la

Los ladrones y foragidos, acosados en los Estados, se habían refugiado
en la gran capital y a merced de su numerosa población perpetraban en las
sombras de la noche y a la luz del medio día sus infames atentados. Ellos ex•
citaron la ener&lt;Yía del Gobierno, que apoyado en la saludable ley de 3 de OC•
tubre ha logrado hacer desaparecer los crimcnes, castigarlos y prevenirlos.
El jurado para los delitos atroces, ensayado en el Distrito Federal, podría conducimos al agradable descubrimiento de haber llegado la República al estado
de perfección que supone este género de juicios.

La industria que secundariamente pertenece al fondo de nuestros recursos,
~ejora visiblemente. Fábricas de papel, ferrerías, hornos de vidrio, bilandenas de algodón, todo esto comprueba la actividad y el genio emprendedor
de los mexicanos. Aunque hasta ahora aparece como problemática la comunicación de los dos mares por el Istmo de Tehuantepec, mediante la apertura de un canal, ha desaparecido toda duda sobre la facilidad de abrir costas
Y_ ~uy buenos caminos carreteros para eJ comercio del mundo. La expedicio~ _que el Gobierno mandó a aquel país, ha regresado confirmando estas
noticias Y dejando satisfechos en gran parte sus designios. El Secretario del
D~acho de Relaciones detallará a las Cámaras los incansables afanes del
~obierno para no dejar un solo vacío en los importantes objetos de la creaci6n, fomento y adelanto de la organización interior.

La ilustración se difunde por todas las clases de la sociedad. El Gobienio
se complace en la mejora de los establecimientos de educación, en la fonna
de otros y en el empeño que se manifiesta por hacer inextinguibles las luces
en el pueblo. Una reunión escogida de ciudadanos amantes de la gloria de
la patria concibió y ha realizado el designio de crear en la capital un institu·
to para la perfección de la ciencia, de la literatura y artes. El Ejecutivo aprobó los estatutos y ocurrió a las Cámaras para el señalamiento de fondos. La

618

patria.

~ennítaseme distraer a las Cámaras en esta serie no interrumpida de prospendad, con el triste recuerdo de las víctimas que ha arrebatado la peste, segando las cabezas de la niñez y de la tierna juventud. El Gobierno ha visitado

619

�las mansiones del dolor y sus auxilios se reprodujeron tanto como los
y sus lamentables efectos, que felizmente no existen ya.
Mas, un consuelo sin límites nos fija nuevamente en el desarrollo díl
germen de nuestras libertades, que formando por instantes un árbol feam,;
do y lozano, extiende los elementos de vida en el cuerpo federativo.
Un año ha que se lamentaban de nuestra suerte los que nos infirie.nm él
tamaño agravio de suponemos incapaces de ser regidos por el más subliaw
de los sistemas conocidos.
El Código de la Nación se reputaba una teoría vana en sí misma y quie
el desengaño vendría a ser su último resultado. Creíase que nuestros 1egi111,
dores distinguidos, destituídos de previsión, o arrobados si se quiere de ia
torrente de ideas peligrosas, envolvían a los pueblos en los desastres de la
anarquía, cuando los llamaba a la perlección social. Los mexicanos, oonna,.
turalizados con lo bueno, lo grande y lo perfecto, burlaron estos vaticiniol i,
la ignorancia y tal vez de la mala fe. El contento universal, la adhesión a .lat
leyes, el respeto a las máximas conservadoras de nuestra existencia ~
todo viene al apoyo de la sabiduría y del profundo cálculo de los legis]adoi
res mexicanos.
La patria, coronada de gloria, ostenta a la presencia del universo, q1l8
abriga en su seno la paz, la filantropía y las virtudes.
Desde este punto las armas remontan su nombre a los siglos distantes aa
la majestad de sus principios y la inmensidad de sus recursos.
Las Cámaras del Congreso Mexicano, en la plenitud de su poder, llevará
a su complemento la grandeza y felicidad de la República.
JuAN A. MATEOS,

620

Historia de los Congresos Mexicanos, III, pp. 347-3M.

Sección Cuarta

CIENCIAS

SOCIALES

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                  <text>Humanitas es la revista de investigación más antigua del noreste de México en el área de Ciencias Sociales y Humanidades, se publica desde 1960 y actualmente está indexada en Latindex. Es una revista arbitrada y de acceso abierto que considera para su publicación artículos originales escritos en español e inglés, que sean el resultado de una investigación científica y que representen una clara contribución al debate y conocimiento de las áreas de la revista: Filosofía, Letras, Ciencias Sociales e Historia.</text>
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                    <text>es lo que se hace o se practica y el fin supremo de la felicidad será Eu-praxis,
que literalmente significa el excelente cumplimiento de la práctica.
La palabra felicidad en el sentido religioso hace pensar en algo beatífico,
pero esto es ajeno a la vida terrena y no todos los hombres buscan esa felicidad. La felicidad en el orden terreno es el cumplimiento de los fines
por causa de sí y por causa de otros.
El suicida no puede buscar la felicidad en el suicidio, porque eso constituye un acto inmoral. Ya dijimos que cuando el hombre nace está desnudo de mente y de cuerpo físico; todo lo logrado es el fruto de una experiencia moral en la realizaci6n del bien y las oportunidades de su vida
pueden ser incontables. Al cometer el suicidio él mismo se ha frustrado,
porque una situaci6n desesperada puede traerle otra situaci6n esperanzada.
El suicidio es la muerte de las oportunidades y el hombre como posibilidad
ha terminado. El suicidio es el asesinato de toda posible felicidad y la {rus. traci6n definitiva de toda una vida y el cese de la proyección de un destino.
Hay que distinguir claramente la beatitud de la felicidad; la beatitud trasciende el orbe moral del hombre y se ocupa de la felicidad como algo asequible a determinados hombres. La felicidad es siempre estar en situaci6n,
pero toda situaci6n es pasajera, cambiante; el hombre debe entrar en una
situaci6n con el ánimo dispuesto de entrar y de salir a otra situación. Es
salir de una situaci6n para entrar en otra del mejor modo posible, o buscando la perfecci6n en cada situaci6n. Si la situaci6n es desgraciada y si
las salidas están cerradas, incluyendo las salidas religiosas, porque no se
tiene fe, el hombre puede ejercitar un acto, en sí malo, que sería el suicidio, pero sería el mejor bien posible, dentro de su desesperada situaci6n; lo
sería para él, pero no lo sería para la moral, porque su muerte no le permitía ejercitar los actos morales. En la muerte cree encontrar el suicida
equivocadamente una salida a su desesperanza.
En la felicidad todos los hombres buscan el mayor bien y el menor mal,
pero la felicidad es una posibilidad de apropiaci6n de lo mejor. Nos apropiamos o hacemos propios aquellos bienes que antes no nos pertenecían y
que han entrado a formar parte de nuestro ser felicitante.

198

Sección Segunda

LETRAS

�ALFONSO REYES, TEÓRICO DEL LENGUAJE
Lic.

JuAN ANTONIO AYALA

Centro de Estudios Humanísticos
de la Universidad de Nuevo Lc6n
"El lenguaje, a través del cual el
hombre ha llegado a ser hombr,,
pero a través del cual se han causado graves males al género humano,
necesita ser saneado 'Y devuelto a 111
función edificadora de la sociedad 1
la persona; singularmente, podado tÚ
las arborescencias pardsitas del ab1111dono, 'Y reivindicado de la servidumbre a que lo sujetan las propagandas".
ALFONSO hYBS

Uno de los aspectos más importantes de la obra de Alfonso Reyes es su
interés por los problemas teóricos de la literatura y, en el centro de esta problemática, se encuentra su especial interés por los problemas lingüísticos. Todo
un grupo de sus obras, que provisionalmente podríamos calificar de teóricas, responde plenamente al problema lingüístico e intenta establecer una doctrina
lingüística aplicable a su doctrina literaria; dentro de este grupo de obras señalaremos especialmente las siguientes: El Deslinde; 1 La experiencia literaria;2 Tres puntos de exegética literaria;ª La crítica en la edad ateniense;•
1
El Deslinde, Prolegómenos a la Teoría Literaria, El Colegio de México, la. ed.,
1944. Se citará ED.
' La uperiencia literaria (Coordenadas), Edit. Losada, S. A. la. ed., Buenos Aires, 1942. Se citará EL.
• Tres puntos de exegética literaria, El Colegio de M6cico, Centro de Estudios
Sociales, Jornadas 38, México, 1945. Se citará TPE.
• La crítica en la Edad Ateniense, Obras Completas de Alfonso Reyes, XIII, Letras Mexicanas, Fondo de Cultura Econ6mica, México, 1961. Se citará CEA.

201

�6

La antigua retórica 5 y Los nuevos caminos de la lingüística. Sin embargo,
el interés de Alfonso Reyes por los problemas del lenguaje no se manifiesta
únicamente en este grupo de obras doctrinales o teóricas, sino que en toda
su obra podemos encontrar esparcidos innumerables testimonios en los que
se hace referencia a este problema; por razones de espacio nos limitaremos
en el presente estudio a exponer la teoría del lenguaje de Alfonso Reyes en
las obras mencionadas arriba, con especial atención a El Deslinde.
¡.

l.

PERSPECTIVA HISTÓRICA

poco la morfología
, . se erigieron en objetos de investigación
es eci~ la semántica y Ia. f, onetica
p
' y pronto aparec10 ese nuevo interés fil , f
d
antes hablábamos" 1 E ta .
.
oso 1co e que
· s misma es la actitud con que d s
todo el desarrollo de la lin .. , t'
.
e aussure contempla
, .
gu1s 1ca anterior a la etapa anal't'
1
..
el mauguraría. s Karl V
.
,
ica y pos1t1va que
oss1er, en su Filosofia del Le
. u
bién, y con el mismo espíritu
nguaJe expone, tamde las lenguas hasta llegar al ' etsed_Proceso_ por el que ha pasado el estudio
es u 10 prop1ament lin .. , ·
punto expuesto tamb',
Alf
e gwsuco de la lengua,10
ien por
onso Reyes en El Deslinde.U
Dentro de la exposición de Alfonso Re es b
en tomo a la lin .. , ·
,. .
_Y so re el desarrollo de las ideas
el nuevo giro que~:~::a~: ;:p;::~:¿::ºsumuapesl1~craac~n il~t~rés especial por
"Y 1
,
ion og1co-matem 'ti .
q~e "' ma,, ,": ha llegado a la noviáma aplicación de la lógi&lt;,: ;.:
as matematJcas
. adaptándolas así en
la vastay familia
que á a las cuestiones de1 1enguaJe,
,
m
s
o
menos
de
cerca
oh
d
•
rienda d 1 . .
' e ece aproximadamente
a la
e as c1enc1as exactas".12 y en otro lu
af'
"
'escuela terapéutica'
gar irma: Frente a esta
e~~dia objetivamen;e~:e:~:c::n q::tr~u:lié:;:sv~:i:r 'e;cuela lógic~• q_ue
ruficado, sin preocuparse de las inmed'
. . y e ente por el s1gAsí en Rudolf Camap que d . d 1 iat:15_ aplicaciones al remedio social.
de Alfred Tarski. Ent;e amb enva el os lo~co~ de Varsovia y especialmente
.
as escue as semantlcas no ha
• .,
, .
smo que son más bien una
t
d
.
Y opos1c1on teonca,
puede también aprecia~e en 6d;e:• os :~n:enc1as complementarias, como
ciencia de la semántica' as' t d'~ en ic _ards. y ya se ve que 'la nueva
nueva lógica matemátic; o llo;~s~:a'~.1~' trabaJa también de acuerdo con la

bóJi,:

Tributario de Ferdinad de Saussure, Alfonso Reyes atribuye a la época moderna la aparición de la verdadera ciencia de la lingüística, en cuanto disciplina autónoma con principios y leyes propias, con tal categoría de ciencia
autónoma que ya no depende c;lirectamente ni de la lógica ni de la psicología
ni de la sociología, sino que puede, por sí misma, proporcionar una ayuda
fundamental a estas ciencias. "El estudio de la lengua -afirma- posee una
respetable antigüedad. Olvidemos los orígenes, y callemos sobre los aspectos
más conocidos de la cuestión... Durante el siglo XIX, tal estudio participó
naturalmente del entusiasmo reinante por las teorías evolucionistas, que entonces comenzaron a derramarse por todos los meandros de la ciencia, y el
resultado fue la estupenda edifi¿ación de la lingüística histórica y comparada,
cuyos primeros vagidos se dejaron oír en el Catálogo de las lenguas, publicado
en 1784 por el español Hervás y Panduro, pues el Glossaire comparatif des
langues de l'Univers, publicado por ord~n de Catalina de Rusia y al que
Salomón Reinach atribuye la prioridad, s.ólo apareció.. tres años después. En
adelante se aplica a estos trabajos un método que alguien ·ha llegado a equiparar con lo que fue el telescopio para la astronomía. . . De un modo general, no se procuró entonces una teoría de la lengua, salvo por parte de algunos individúalistas, cuyo escepticismo preparó la ruta al método analítico
del presente siglo; métodc;&gt; estimulado también por la neces~4ad de asomarse
a algunas de las llamadas 'lenguas nativas, ajenas al grupo indoeuropeo, a
las semíticas, y a otras más que cuentan con la larga tradición exegética y literarias.. .' De suerte que la materia de las viejas gramáti&lt;::as vino primero a
corregirse y complementarse por la lingüística histórica y comparada. Pow a
• La antigua ret6rica, Obras completas de Alfonso Reyes, XIII, Letras Mexicanas, Fondo de Cultura · Económica, 'Méitlco, 196 l. Se citará LAR.
• Los nuevos caminos de la Lingüística, Suplementos del Seminario de Problemas
Científicos y Filosóficos, Núm. 21, Segt!nda serie, 1960, Universidad Nacional de

México. Se citará NCL.

202

: Cfr. NCL, pp. 3 (Su)-4 (Sn )-5 (S,,).
FERDINAND DE SAussuRE, Curso de L ingü!stica Gene
.
Bally y Albert Sechehaye, con la colaboración de Al
~al,. publicado por Charles
logo y notas de Amado Alonso) Ed't L d
bert Riedlinger (Traducción, próIntroducción, cap. I, pp. 39-45 / . esa a, S. A., Buenos Aires, 3a. ed., 1959

(CJr,

KARL VossLER,
L., Madrid,
1940. Filosofía del Lenguaje (Ensayos ) , Traducción de A. A. y R.
10
"El obJeto
·
de todas las gramáticas a saber l . .
.
to, sólo puede ser fundamentado d '
d ' o id1omáticamente propio o correcO
"d'
á
·
'
emostra
o
y
reconocid
•
1 10m hcamente verdadero Negar
d d
por una ciencia
de lo
·
re on amente la existe · d 1
a idiomática, esto es la existen . d
.
nc1a e a verdad o false'
cia e un pensanuento 'd' ' t'
d d
p o o ha hecho la gramática 16 .
,
,
i ioma ico, como por ejemgica, sena comodo pero
, 1
1 1
mostrando hasta aquí imposible" K
V
,
. segun o que venimos deu ED. p. 184.
'
' ARL OSSLER, op. Cit., p. 17.

" Cfr. NCL, p. 4 (S.,).
, .
" ED' p. 178. Puede ampliarse esta nueva dirección d
"'f. MoRRIS, Fundamentos de la teoría d l .
e la semant1ca en: CHARLES
Problemas Científicos y Filosóficos N ' e os signos (Sup~ementos del Seminario de
' um. 12, Segunda sene, 1958, - universidad Na-

�De excepcional importancia dentro de los análisis de la historia de la lingüística en el pensamiento de Alfonso Reyes es su crítica sobre las concepciones lingüísticas tanto de Grecia como de Roma, que tanto influyeron en
el desarrollo de la filosofía, la retórica e incluso los sistemas políticos y éticos.
Es de sobra conocida la importancia que cobra la discusión sobre la validez
del lenguaje en la época sofística y las repercusiones posteriores en las filosofías de Platón y de Aristóteles. "El escepticismo sofístico -afirma W. M.
Urban- había ya relajado el nexo C:;ntre palabras y cosas. En tiempos de
Platón, la relación entre palabra y cosa, entre nombre y objeto, se había
convertido, pues, en tópico habitual de conversación... La crítica de Sócrates
a los sofistas fue en principio un ataque a la teoría convencional del lenguaje
y un intento de restablecer la confianza en el lenguaje. La doctrina de las
Ideas de Platón, y más todavía la lógica de Aristóteles, fueron, en conjunto,
una reafirmaci6n de la confianza natural en el lenguaje, a la que el escepticismo de los sofistas sólo pudo perturbar, sin llegar a destruirla. La filosofía
estoica del lenguaj~, con su postulado del lenguaje natural y fundamental de
la lengua originaria (Ursprache), señaló el triunfo final".1' Alfonso Reyes,
en la Crítica en la Edad Ateniense despliega ante el lector el amplio panorama de la génesis de la gramática y de la ciencia lingüística en cuanto expresión de la crítica.
"Las doctrinas griegas sobre el origen del lenguaje -&lt;lice Alfonso Reyes-pueden reducirse a tres grupos: lo. la naturaleza; 2o. la convención; y 3o.
la conciliación de ambas. La doctrina de la naturaleza o de la 'analogía' fue
sostenida por los pitagóricos. Heráclito, Cratilo, Pródico y Teramenes consideran la palabra como una virtud de la cosa nombrada, y piensan que entre
la una y la otra hay una relación necesaria ... Los estoicos adoptan más tarde
esta doctrina, aunque orientándola hacia las ideas y no ya hacia las cosas:
los sonidos de la voz humana, dirán, son el aire herido por el alma bajo el
choque de un deseo o pensamiento. Idea y palabra son dos fases del mismo
logos. En esta doctrina analógica, la diferencia de las lenguas resulta inexplicable. Obsérvese a qué punto retardan aquellos tratados que siguen llacional de México). HEINRJCH R1CURT, Teorla de la Definici6n (Cuadernos del
Centro de Estudios Filosóficos, Cuaderno No. 9, Univenidad Nacional Autónoma
de México, 1960); RuooLF CARNAP, La superaci6n de la metafísica por medio del
Andlisi.s 16gico del lenguaje ( Cuadernos del Centro de Estudios Filos6ficos, Cuaderno No. 10, Univenidad Nacional Autónoma de México, 1961); HANS RE1CHENBACH,
Elements of Symbolic Logic, New York, 'Macmillan, 1947; BERTRAND RussELL, An
Jnquiry into Meaning and Truth, London, Allen &amp; Unwin, 1940.
" WJLBUll MA1tsHALL U1tBAN, Lenguaje y realidad. La filoso/la del lenguaje y
los Principios del Simbolfrmo, Fondo de Cultura Económica (trad. de Carlos Villegas
y Jorge Portilla}, 'México, 1952, pp. 15-16.

mando Analogía a una parte de la Gramática... La segunda doctrina O doctrin~ de 1~ co~ve~_ció~ es_ la doctrina _'insti~c'.onal' de Condillac, siempre que
se de al termino mstituoón1 un sentido elasbco... Para los griegos 'convenc1"ón_' se conf unde a veces con 'accidente'. De aquí, según Proclo, esas
' imperfecciones que en un lenguaje necesario o natural no se explicarían•1 la homonimia, la polinomia; la indiferencia que permite a Aristocles cambiar
su nombre_ por el ~e Platón, y a Tyrtamo cambiar el suyo por el de Teofrasto; las 1rregulandades morfológicas de todo orden; el hecho de que 'mano'
~roduzca el derivado 'manual', y 'pie' no produzca con igual sentido el denv~do 'pedal', o 'silla' no produzca ningún derivado 'silla!', etc... También
Aristóteles cree en el origen convencional del lenguaje.. Se supone que Protágoras pensaba de la pro~ia manera, por lo menos en cuanto al origen, pues
una vez creado el lenguaJe, lo considera poderoso a crear por sí nuevas verdades... La tercera doctrina es un compromiso de las otras dos, y admite la
mezcla de naturaleza y convención, así como las ulteriores modificaciones
del uso. Aparece en Sócrates y en Platón. En el Cratilo hay una curiosa revoltura de observaciones sutiles y de chistosos desatinos. La gramática en
general, tendrá todavía que balbucir hasta el siglo I a. C. Dionisio de T:acia
la conforma entonces en un verdadero cuerpo científico".u
Al tr~ar un. extraordinario cuadro de la pedagogía romana y de la importancia ~ue º:°e la formación retórica del futuro hombre público, Alfonso
~eyes ha _mcurs1onado también por el campo gramatical romano, de tanta
!IDportancia, en cuanto éste recibe el legado original helénico a través de las
escuelas helenísticas, y en cuanto se enriquece con la experiencia práctica de
~ pueblo que, como el romano, por su contacto con otros pueblos, pudo ampliar ~us co~~pto~ gramaticales con mucha más precisión y universa!Idad que
lo~ gnegos. E1;1~1eza -dice Alf?nso Reyes- la labor del gramático, preliminar de_ la retonca. Es uno el metodo de toda gramática, pero conviene abordar _la gnega antes que la latina. Nótese que todavía para Quintiliano la gramática
.
no se ha concretado en su oficio puramente lingu1s
.. , t"1co, smo
·
que
viene emp~pada de la humedad de aquella primera exegética literaria en que
tuvo su ongen. De suerte que se la defme: lo. como el arte de hablar correct~~nte o 'm~tódica',. y 2o.. como el arte de explicar a los poetas o 'interpre~:10~ textual . ·.. E~ 1mp~s~ble entender a los poetas sin algo de historia lin~s~ca y de h1~toria pohti~; ni_ apreciar sus metros y ritmos sin algo de
mus1ca, ...
de . la infancia
y recreo de la ancianidad, la g rama't"1ca
. Necesidad
.
,
es. . el umco estudio que. tiene mas fondo que apariencia. . . Como se ve, Q um·
nhano no ha pretendido dar un sumario de la Gramática, sino una idea
sobre su enseñanza y los problemas que ofrece. De paso, el viejo profesor es,. CEA, pp. 68 y

SS.

205
204

�piga en su experiencia algunas cuestioncillas que pondrán en guardia a los
mismos gramáticos sobre sus posibles deficiencias, mostrándoles nuevas perspectivas. La enseñanza se entiende aquí como cosa viva, muy lejos de las
frías recetas. El criterio es más que liberal, y en manera alguna muestra
aquella rigidez que ha querido autorizarse con el nombre de Quintiliano.
Como que éste no vacila en declarar que una cosa es hablar el latín y otra
es hablar en gramática, y que es indispensable pasar por la gramática, pero
plantarse en ella es funesto". 16
Otro de los textos importantes de Alfonso Reyes que puede servirnos para
completar esta rápida perspectiva histórica, lo encontramos en su Discurso
por la lengua. 11 Es interesante señalar su especial concepción de la lengua
en relación con las teorías naturalistas o convencionales de los griegos. "Una
lengua pura -dice-- es un paradigma, una abstracción. No existe en parte
alguna -y menos en el cosmopolitismo de nuestros días-- como no existe un
río nutrido por una sola fuente. Mil torrentes la surten, mil sustancias junta
en su seno, al batirse con distintas tierras y recoger los más variados acarreos
por todo su lecho. Pudo, en el origen, haber una fuente principal, aunque
siempre auxiliada por otras secundarias. Conforme el río extiende y adelanta
su curso, se enriquece, evoluciona, cambia, pierde algo de su sustancia y
acepta otros incrementos, sin dejar de ser el mismo río. . . La lingüística es
un concepto que corresponde a la ciencia natural; registra y nota cuanto existe, sin calificarlo, sin pedirle cuentas. Pero así como el lobo y el perro tienen
igual derecho natural de existir, y sin embargo el hombre persigue al lobo y
adopta al perro en vista de sus fines propios; así como el hombre corrige,
reduce y jardina la selva virgen en nombre del derecho humano; así también
nuestra cultura, por interés de la propia conservación, instituye un cuerpo
preceptivo, que es la gramática, en medio del bosque de la filología ... Por lo
que respecta a la lengua, cosa viva y cambiante, ello además es imposible. No
podemos estabilizarla, así como tampoco podemos trazar planes conscientes
para su evolución futura. . . Durante la Edad Media sólo se escribían gramáticas de las lenguas muertas. Cuando, con el Renacimiento, aparecen las
gramáticas de las lenguas vivas, la antigua definición de la gramática como
'arte de hablar y escribir correctamente una lengua', definición aceptable para
el latín y el griego, se sigue usando para las lenguas en vigencia, absurdo que
llega hasta nuestros días... La gramática, en nuestro caso es un análisis teó,. LAR, p. 469 y ss.
" Tentativas y Orientaciones, Obras Completas de Alfonso Reyes, XI, Letras Mexicanas, Fondo de Cultura Económica, México, 1960.

206

rico que se proyecta, a posteriori, sobre la realidad de una lengua ya poseída,
y ella tiene un valor normativo, pero no genético".18

JI.

LAS FUNCIONES DE LA LENGUA

El propósito fundamental de El Deslinde, en cuanto prolegómeno a una
teoría de la literatura, que desgraciadamente no tuvo tiempo de escribir Alfonso Reyes, es precisar la función literaria del lenguaje como materia prima
del fenómeno estético-literario. Sin embargo, el concepto de Alfonso Reyes
sobre este punto se fue incubando lentamente y encontramos la huella de
ello a través de una serie de referencias dispersas en toda su obra.
En su Discurso por la lengua dice textualmente: "Todo lenguaje tiene tres
notas: la comunicativa e intelectual, que es el dominio más o menos plenamente uniformado por la gramática y relacionado, pero no identificado, con
la lógica; la acústica o fonética, que el estilo artístico y la poesía ponen a
contribución, que nada tiene que ver con la lógica y que, en cambio, revela
ya humores afectivos y se relaciona con la estética; y la expresiva, la humedad de ~ecto que la pretendida fijeza lógica nunca logra absorber del todo,
modalidad sensitiva y patetismo en que bulle la energía vital de las lenguas,
manifestada a la vez en los caprichos populares y en las excelsitudes poéticas.
La lengua es como un brote biológico que se va canalizando un poco en la
lógica, y un mucho en la convención y el uso idiomáticos, pues su génesis no
es exclusiva y puramente racional, sino también irracional. No hay que perderlo nunca de vista. Hay que canalizar, pero sin figurarse que por eso se
ciega nunca el brote de la linfa. Quienes ignoran la naturaleza del lenguaje,
siempre están reclamando contra sus irregularidades (sagradas irregularidades
que traen todavía el aroma de la creación!), como los niños que conjugan:
'Yo ero, tú eres'. ¿Por qué se dice 'a pie juntillas' y no 'a pies juntillos'
conforme lo exigiría la gramática? Señores: ¡ porque así se dice!"19
Mucho más estructurada la idea y más de acuerdo con el carácter objetivo
del estudio científico del lenguaje, que expone Alfonso Reyes al interpretar
el sentido de esas funciones básicas que le atribuyeron los griegos y que siguen teniendo una validez universal, validez confirmada por toda la ciencia
lingüística moderna y cuyas raíces encontramos, ya formuladas, en Wunt.
En La antigua retórica leemos: "Humboldt llega a decir que el hombre
mal pudo haber hecho el lenguaje, cuando el hombre mismo ha sido hecho
,. ]bid., p. 315 y
" lbid., p. 318.

SS.

207

�por el lenguaje. Prescindamos de la paradoja: lo que él vio como oposición
es una modelación mutua. Conservemos el segundo miembro de este aserto.
La Antigüedad sintió agudamente que el lenguaje es el sostén de la vida humana, el Logos. El lenguaje se le ofrecía en sus varias aplicaciones:

aplicación prácbca, la retórica: el reino de la probabilidad y la persuasión,
del entimema o silogismo en mitad de la calle.
A otra parte, finalmente, el lenguaje como medio de la expresión imaginativa, o poesía, a que se consagró la poética". 2º

lo. La aplicación práctica, instrumento de comunicación social, materia
a la que poco a poco se irá consagrando el estudio científico de la gramática
y la filología, las cuales naturalmente, se derraman sobre las otras aplicaciones
del lenguaje.

Pero donde Alfonso Reyes formula definitivamente las funciones del lenguaje es, como ya dijimos más arriba, en El Deslinde. En la observación cotidiana de l?s hechos del lenguaje en todos sus múltiples niveles, encontramos
que el espíntu humano asume diversas actitudes que responden a necesidades
expresivas funcionales. "Cualquiera que sea la perspectiva con que estudiemos
el lenguaje, no perdamos de vista el hecho de que las palabras sólo tienen
sentido dentro de las mentes del hablante y del oyente. En esto, los idealistas
llevan razón: la lengua es el hablar, y el hablar es interior. . . El lenguaje
es un almacén, ideal y real, de formas lingüísticas en disponibilidad: de ahí
seleccionamos las que queremos (y hasta nos damos el lujo de utilizarlas como
n:iodelo para in~entar otras). . . La actividad lingüística tiene sus predilecciones. Tendencias que pueden manifestarse débilmente o al contrario con
énfasis; que pueden ser ocasionales, o, al contrario, pe~anentes. Todo es
según la situación, la vocación, la profesión del que está hablando. y como
el hablante marcha por unas avenidas con más energía que por otras, es natural que desarrolle ciertos hábitos. ¿ Quién no reconoce al punto si un hombre está esforzándose en actuar, en comunicar algo o en expresarse? ... Cada
actitud tiene una especie de 'forma interior del lenguaje (así la llamaba Wilhelm von Humboldt) . En el momento de actuar, de comunicar o de expresarse, las palabras quedan configuradas desde dentro. Son miras acento~ conatos, inclinaciones, modos de atacar la realidad; o sea, posturas de trabaj~".21

2o. Las aplicaciones teóricas en diversas fases:
a) Instrumento de expresión científica;
b) Instrumento de expresión filosófica;
c) Instrumento de expresión literaria.
En el primero y el segundo caso, conservación y comunicación de especies
intelectuales; en el tercer caso, de especies que provisionalmente llamaremos
imaginativas.
a) Instrumento de expresión científica. El contenido primó sobre la forma.
La antigüedad atendió al simple ajuste con la verdad, y no llegó a un lenguaje científico, específico, definido, salvo en las ciencias matemáticas. Que
la matemática sea una función del lenguaje, ya lo vieron Descartes y Vico,
y en nuestros días Karl Vossler. El lenguaje entendido como sistema de signos (Husserl) aclara este concepto. Por lo demás, si la concepción de 'lo
científico' fue cabal en la época clásica, no se había llegado al desarrollo de
las ciencias particulares (salvo la matemática), al punto que fuera indispensable, como hoy, una rigurosa terminología técnica.
b) Instrumento de expresión filosófi,a: en rigor, lógica. Pues para la Antigüedad la Lógica no aparecía como una forma apriorística de la mente, sino
como una ontología. Hoy hemos perdido la nuez y guardamos la cáscara.
Nuestra visión de la realidad es distinta, pero seguimos usando un formulismo
que sólo ajustaba a la antigua concepción del mundo... El lenguaje lógico
o filosófico de la Antigüedad todavía nos gobierna. No hacemos más que
seguir a Aristóteles cuando hablamos de 'facultad', 'energía', 'potencia', 'actualidad', 'máximo', 'medio', 'motivo', 'principio', 'forma', etcétera.
c) Como expresión teórica y dejando de lado la terminología cientüica, el
lenguaje se reparte en tres usos:

A una parte, la teoría del razonamiento puro: el silogismo y su ámbito;
el uso propiamente filosófico.
A otra parte, como zona media entre el 'discurso' o discurrir teórico y la

208

Para Alfonso Reyes las actitudes interiores lingüísticas y su manifestación
exterior se reducen a lo siguiente:
1~. Nota :omunicativa del lenguaje, significativa o intelectual, "que admite
el mvel humilde de la práctica cotidiana y el nivel superior o técnico en todos
sus grados... Aquí encontramos, por abajo, el dominio siempre indeciso de
la gramá tica usual, que es reina entre sublevaciones; y por arriba, el dominio
de la gramática científica y lógica, de ideal matemático". 22
2o. Nota acústica, de sonido en los fonemas y sílabas, de ritmo en las
frases, de unidades melódicas en los trozos, de cadencia general en los períodos. "Tal es el dominio de la fonética, a cuyo gobierno en principio no em"' LAR, p. 366 y

SS.

n ENRIQUE ANDERSON bdBERT, Qué es la prosa, Editorial Columba, Buenos Aires,
1958, passim.
21
ED, pp. 192-93.

209
H14

�•
gulan"dades personales o regionales, las pronunciaciones defecpecen las llTC
r .., ti no
tuosas o las combinaciones cacofónicas; puesto que las formas mguis cas
" 23
dejan de sonar por el hecho de sonar mal •
. .

.
"l humedad de afecto que ni la estrecha aphcac1ón
3o. Nota expresiva, a
.
d
ráctica ni la pretendida fijeza lógica logran siempre abso~ber; nota e pate~smo o modalidad sensitiva presente en los estímulos gen~~cos del habla, acarreada en las peculiaridades de la charla común, ~a~iesta en las, ~u~~::
abundancias del juego verbal, palpitante en las re~~ac:?nes de la h1:1ca.:
.
- l
n esta triple notificacion y caracterizacion
Lo que es importante sena ar e
.
ti
del lengua1·e es que Alfonso Reyes no admite, como ocurre en las siLstemta .
•
d rtamentos estancos. os res
zaciones demasiado cerradas, ais1amientos y epa
. l
1 .d
valores del lenguaje responden necesariamente ª. actitudes vi_ta es y a v~r~~
. d
el lengua1· e es un fenómeno demasiado compleJo para ~
refle1a a en
'
lan diversa! if"
aislar "Como hemos dicho, estas tres notas se mezc
c as icar y
. ·r
., r aüística· Pero no necesariamente las tres.. rtLa
mente en toda mam estac1on mº
nota acústica es la más estable; es casi imposible desterrarla, salvol en c1ehos
.
tencia y en acto a voz usímbolos de tipo matemático que anu1an, en po
' '
.
mana y más bien fueron instituídos para los ojos, para ser ~eidos. :!ient;:5
existe la palabra, actual o virtualmente pronunciada, la ine:ci~ pros ca de.
ll
bi"en n·tmos cadencias y unidades melod1cas procura as
termma en e a, o
,
, d
,
'
d caso pensado o bien aquel inefable 'canto oscuro e que
mas o menos e
,
l manifeshabla Quintiliano, y que no_ puede m~nos, d~ ª:?:panar aun a as
taciones verbales más descmdadas e martisticas .

IJI.

CONCEPTO SOCIAL DEL LENGUAJE

Uno de los aspectos del lenguaje más importantes, _que había sido descuidado como tal por toda la lingüística positivista del siglo XIX, fue el de su
valor social y el de su origen colectivo. Ferdinand de Saussure llama la at~ni
ción hacia este hecho y lo rescata como uno de los valores fund~entales ~
1
. Para Saussure prescindir del hecho social del lengua1e es reducir
en'gutaJe. una .,..;tad de su valor, por no decir a la nada, ya que no pueden
a es e a
,.m
h bl
"P
sta
concebirse sus hechos fundamentales fuera de la masa a ante.
ero eali
. · ·,
ar:ª"'
......a Saussure- deJ·a todavía a la lengua fuera de su re d d efmic10n dad social, y hace de ella una. cosa irreal, ya que no abarca más que uno e

los aspectos de la realidad, el aspecto individual; hace falta una masa parlante para que haya una lengua. Contra toda apariencia, en momento alguno
existe la lengua fuera del hechc:, social, porque es un fenómeno semiológico.
Su naturaleza social es uno de sus caracteres internos; su definición completa
nos coloca ante dos cosas inseparables... Si se tomara la lengua en el tiempo,
sin la masa hablante -supongamos un individuo aislado que viviera durante
siglos-- probablemente no se registraría ninguna alteración; el tiempo no
actuaría sobre ella"...26 Recordemos de paso la importancia tan grande que
ha tenido en la lingüística moderna la tendencia de la Escuela de París, secuela afortunada como tantas otras de las doctrinas de Saussure. Meillet,
Vendryes, Bréal, Brunot, Marouzeau y otros han escrito páginas gloriosas en
la lingüística moderna, destacando, al mismo tiempo el factor social de la
lengua como punto de partida para su comprensión. De Vendryes es el siguiente testimonio:
"En el seno de la sociedad es donde se formó el lenguaje. Existió un lenguaje el día mismo en que los hombres sintieron necesidad de comunicarse
entre sí. El lenguaje resulta del contacto de muchos seres que poseen órganos
de los sentidos y utilizan para sus relaciones los medios que la naturaleza pone
a su disposición: el gesto, si falta la palabra; la mirada, si el gesto no es
suficiente. . . El lenguaje que es el hecho social por excelencia, resulta de
los contactos sociales. Ha venido a ser uno de los vínculos más fuertes que
unen a las sociedades y debe su desarrollo a la existencia de un agrupamiento
social".27
Para Alfonso Reyes el hecho social del lenguaje comporta dos fases importantes: una pasiva y otra activa, ambos factores indispensables para su
existencia. Desde luego, el concepto social del lenguaje para él como para sus
predecesores sólo es una parte esencial del mismo. Saussure incluye el factor
tiempo; Vendryes da importancia primordial al desarrollo psicológico del individuo, etc. "El concepto social del lenguaje -afirma- no es más que un
aspecto del fenómeno, y por sí solo no podría dar cuenta de la filosofía del
lenguaje. La sociología considera el lenguaje: lo. Como producto social colectivo: fase pasiva. 2o. Como factor que influye en los demás productos sociales, los cuales, sin el lenguaje, · carecerían de la estructura que él ha venido
a comunicarles: fase activa".28 Veamos ahora cómo explica ambas fases, con
las respectivas implicaciones que ellas comportan :
lo. Fase pasiva.-Que el lenguaje sea un producto social colectivo no quieop. cit., pp. 144-45.
El lenguaje, introducci6n lingüística a la historia. UTEHA. Mé-

.. FERDINAND DE SAUSSURE,

Ibid., p. 193.
[bid., p. 193.
• Ibid., p. 193.

21

i.

210

" J.

VENDRYES,

xico, 1958.
28
ED, p. 174

2'11

•

�re decir que el grupo humano haya creado el lenguaje por convenio plebiscitario y de una sola vez. Quiere decir que hay una interacción del individuo
y del grupo, en virtud de la cual la faculta4 del habla se conforma con el
organismo del lenguaje... El lenguaje como hoy lo entendemos, o lenguaje
verbal, es una especialización oral de la comunicación humana. . . Esta ecuación social tiende acentuadamente al ensanche, y de aquí los intentos de lenguas auxiliares internacionales o de sistemas de notaciones comunes a pueblos de varias lenguas (pasigrafía) ... Pero, subsidiariamente, la ecuación social tiende por otro lado a la restricción y adopta modalidades defensivas, sea
entre grupos privilegiados o entre grupos supernumerarios. . . La ecuación
social resulta de una doble relación, ninguno de cuyos miembros podría por
sí solo dar el lenguaje: a) relación psíquica y solitaria entre sujeto y objeto;
b) relación colectiva o cambio de comunicaciones entre varios sujetos asociados.
2o. Fase activa.-Pero la palabra no sólo alude al pensamiento, sino que
incrementa el pensamiento. La ecuación tiende hacia la objetivación íntegra
del pensamiento social; y poco a poco, esta objetivación lingüística refluye
sobre el grupo que la ha uniformado. Le imprime una conciencia común, un
desarrollo regular; sostiene la solidaridad entre los individuos, y la de cada
29
individuo con el grupo; propaga las ideas eficaces de conservación y progreso" .

IV.

LENGUAJE, LENGUA y

facultad abstracta, es el habla., entend"d
1 a como organizac·, d •
es el lenguaje. entendid
d
.
ion e signos verb a1es,
.
'
a como etermmación del 1
.
reg10nes y épocas es el idioma o 1
p
. enguaJe en pueblos,
d"
'
engua. ara nuestro fm inm d' t
.
irnos del polo abstracto y d l
1
e ia o, prescmlas lenguas en particular y co:e: o co~:reto, del habla en general y de
el lenguaje".s1
'
amos irectamente Y a media cuesta con
Comparativamente, estas son 1as d iferencias terminoló!ri.cas entre F. de
aussure
y Alfonso Reyes:
~
S

Saussure

Alfonso Reyes

a) Lenguaje: facultad abstracta
b) Lengua: entidad concreta deter. .,
'
mmac1on del lenguaje.
c) Habla: entidad concreta individual
de la lengua.

a) Lenguaje: organización de signos
verbales.
b) Lengua: entidad concreta deter. .,
'
rnmac1on del habla
e) Habla: Facultad abstracta.

Como se ve claramente Alf
R
.
vidual de la lengua, es de~ir d:~:abl:y(es pr;scmde de la _manifestación indisure
.
paro e) en el sentido que le da Sausy, por otra parte, admite dos concreciones determinadas d 1 f 1 d
a bstracta: lenguaje y lengua O idioma.
e a acu ta

HABLA

v.
Se debe a Ferdinand de Saussure el esclarecimiento de términos lingüísticos que, a fines del siglo XIX, se confundían y no eran expresados con la
exactitud objetiva necesaria para el progreso de la ciencia lingüística. El carácter metódico de su doctrina imponía una distinción inicial entre las diversas
terminologías con el objeto de no crear confusiones y sí grandes precisiones.
Para Saussure existen tres conceptos irreductibles: Lenguaje, lengua y habla.
"Para nosotros - dice- la lengua no se confunde con el lenguaje: la lengua no es más que una determinada parte del lenguaje, aunque esencial...
Al separar la lengua del habla se separa a la vez: lo. lo que es social de lo
que es individual; 2o. lo que es esencial de lo que es accesorio y más o menos
accidental".so
Lo que separa a Alfonso Reyes de Saussure es en realidad una terminología
que en el fondo expresa lo mismo que la del lingüista ginebrino.
"Fijemos algunos conceptos. La manifestación lingüística, entendida como

CONCLUSIÓN

Hemos incursionado superficialmente or las
,
. .. .
Reyes y nos hemos limitado a - 1
pb
teonas Iingwstas de Alfonso
sena ar rum os y ori ta ·
la base de un estudio fecundo Alf
R
. . en c10nes que pueden ser
·
onso eyes vivió ple
1
•
modernas de la r .. , ·
.
namente as comentes
mguis0 ca Y tuvo concepc1on
1
tacarse como figura impar de ta . . es persona es que lo hacen deses c1enc1a en las letras hi
.
us obras teóricas, mencionadas al cornien d
spanoam~ncanas.
stera
donde se podrán encont
zo ~ este ensayo, son una nea canrar os puntos de vista m'
· · 1
d" , .
El mismo lo señaló al afirmar q ue: "Nuestra mvestig
.
as ongma
es dy mamicos.
·'
.
a un esfuerzo lingüístico" s2
D.
acion pue e reducirse
y en su iscurso por la L e
d fº
1· .
mente su actitud al decir: "Tiene la 1
. , ngua e me rmmarrrible, de doble efecto Es hondo su alcanenguc ud~a.dfunlc1on trascendental y te1
.
·
e m 1vi ua y es h d
co1ect1vo, por cuanto afecta a la confºiguracion
. , de la sociedad"
'
on. o su a canee
1·

ª.

11

ED, p. 173
., ED, p. 19.

.. ED, p. 174 y ss.
.. F ERDINAND DE SAussuRE,

op. cit., pp. 51 y 57.

213
212

�LA CONSTRUCCIÓN NOVELlSTICA EN DA.NS LE LA.BYRINTHE,
DE ALAIN ROBBE-GRILLET *

Lic.

.ALFONSO RANGEL

GuERRA

Univenidad de Nuevo León
Ce récit est une fiction, non un
témoignage. ll décrit una realité qui
n'est pas forcément celle dont le lecteur a fait lui meme l'expérience: ainsi les fantassins de l'armé, franfais,
ne portent-ils pas leur numéro matricule sur le col de la capote. De mlm,,
l'Histoire récente d'Europe occidental,
n'a-t-elle pas enregistré de bataille importante a Reichenfels, ou dans les
environs. 1l s'agit pourtant ici d'une
ré alite strictement matérielle, e'est-adire qu'elle ne prétend a aucune ·valeur allégorique. Le Lecteur est done
invité a n'y voir que les choses, gestes,
paroles, evénements, qui lui sont rapportés, sans chercher a leur doner ni
plus ni moins de signification que dans
sa propre vie, ou sa propre mort.'
A. R. G.

EN TODA INTERPRETACIÓN, o ensayo de comprenSion de una obra artística,
no puede intentarse abordar su contenido, su asunto o su significación como tal obra artística, si se deja de lado lo que correspondería a aquello que

* ALAIN RoBBE-GRILLET, Dans le labyrinthe, roman. Les Editions de Minuit. París,
1959.
1
Esta narración es una ficción, no un testimonio. Describe una realidad que no
es necesariamente aquella que el lector ha experimentado: así los soldados del ejér215

�F do y forma en la obra de arte, no
comúnmente suele llamarse f~~ª· on
dos, aunque bien pueda ser
.d
defimtiva como separa '
pueden cons1 erarse en .
d.
t del otro en el momento en
da uno mdepen ientemen e
'
u· . 1
que se tome a ca
. . d la obra. esta separación art icia
trar
en
el
m1steno
e
,
.
. , ,,
que se trata de pene
·
edimi. t permitidos para su "disecc1on ,
d tantos proc
en os
.
sólo vale como uno e
.
,.
de interpretación, la obra tiene
, d labO rado el trabaJo cntico o
d l
, •
• d. • 'ble tal y como surge
e as
Y despues e e
na
y
un1ca
m
ivis1
'
d
que considerarse e nuevo u
'
n estas páginas del problema de
d r Vamos a ocupamos e
. , :.
manos de su crea o .
l b . t.h de Alain Robbe-_Gnllet, co'
·,
nta Dans le a ynn e,
1
interpretac1on que prese . ,
lística: al hácerlo, nos ocuparemos de a
mo estructura o construcc1on nove
1'
t
trataremos de encontrar su
h
ntrelazado sus e emen os,
forma en que se an e
1
.
la imagen de lo que se nos
significación dentro de ·1a_obra, y por o rmsmo,
ofrece en la novela.
.,
l particularmente interesante
d
l . t rpretac1on se vue ve
. El problema e ta me
. h
e al frente de la novela el auén una obra como Dans le labynnt .e, porqu roducimos aquí al principio
·
.
labras aclaratonas que rep
'
. .,
tor ha escnto 1as pa
. , -d.
R 0 bbe-Grillet- es una f1cc1on,
·
Esta
narrac1on
ice
de nuestro trabaJo.
d
crónica de hechos realmente
.
.
decir no preten e ser 1a
.
no un testJ.momo; es
,
h h
sino algo distinto: hteratu. . relatada de esos ec os,
sucedidos, o 1a h1stona
. .,
de inmediato con todo lazo
• d 1 palabra f1cc1on rompe,
'
ra. La presencia e a
..
d d
alidad misma a la obra en
·
• ·6
quisiera ten er e 1a re
9 nexo de suJeci n que se
d
fcción porque sus elementos
.,
.
b
no se trata e una pura i
'
. d
cuestlon. Sm ero argo,
dice el autor de una realida
'd
d de la realidad Se trata, nos
'
han si o toma os
,..
d la novela no ofrecen nada con va:material, y por lo tanto, las pf~gmlas e muy sirnificativas: ''El lector es
.
L
palabras ma es son
º
. .
}or aleg6neo. as
, .
gestos palabras, acontecimientos,
. . d
o ver aqu1 sino 1as cosas,
'
. if' . ,
pues mvita o a n
d d 1 ni más ni menos s1gn 1cac1on
.t' dos sin preten er aries
. l
que le son transm1 i '
.
rt ,, Es pues una realidad matena
• ·d O su propia mue e . ,
,
.
que en su propia Vl a,
l l b . the pero esto no nos autoriza a afirt
os en Dans e a yrm '
1b
la que encon ram
l " lista" (en el sentido que esta pa a ra
mar que_~ trate de ~na .no;: ~a ;::ratura)' en la que podamos constatar
ha adqumdo en la histona
1 " lidad" porque,
l como se nos muestra en a rea
'
que lo que se na1:a es ta y
d , elementos que forman la obra, tenen última instancia, los sucesos y emas
,
de matricula sobre el 'cuello de su capota. lgualmencito francés no llevan su numero
.d tal no ha: registrado batalla importante en
te la historia reciente de Europa occ1 en , . embargo de una realidad estricta'
ded
S trata aqui sin
'
.
Reichenfels o sus alre ores. e
d . ', n valor alegórico. El lector es, pues, m. 1
d . que no preten e mngu
. .
1 son
mente matena , es ec!1' .
estos palabras, acontecuruentos, que e .
vitado a no ver aqui sino las cos~s,
menos significación que en su propia
transmitidos, sin pretender darles m
vida, 0 su propia muerte.

!s ni

drán para el lector la significación que tendrían en su propia vida. . . o en
su propia muerte, que para este caso es exactamente lo mismo. Cada lector
va entonces a elaborar la novela con su lectura, cada lector va a perfilar todas y cada una de sus partes a su manera, con sus propias fuerzas, su propia imaginación y su propia experiencia ( aunque como dice Robbe-Grillet
la realidad a que se refiere la novela no haya sido experimentada antes por
el lector) . El juego de la creación comienza en Alain Robbe-Grillet, pero
recomienza de nuevo en cada lector, o si se quiere, continúa; los lectores son
el límite que el autor ha impuesto al mundo que surge de su novela. Esta,
por otra parte, está concebida en tal forma que propicia, a cada momento,
el vuelo de la imaginación, no tanto en el sentido de "visualización" por
imágenes, sino el otro, el de la imaginación que se planta en el acto mismo
de la creación para alcanzar desde ahí las trayectorias a las que apuntan
los hechos y las palabras de la novela.
¿ Cuándo puede decirse que una novela es difícil? Suele afirmarse que lo
es cuando no se ofrece "gratuitamente", cuando el lector tiene que reelaborar lo que el autor ha realizado, para dar a cada cosa el lugar que le corresponde en el conjunto; en fin, para que rehaga, a su manera, la obra toda.
En cierta forma, podría decirse que Alain_ Robbe-Grillet propone enigmas
que al lector toca resolver. Pero es mucho más que eso; es la expresión de
una visión del mundo -infinitamente pequeña y particularizada si se quiere- pero expresión al fin, en la que se han puesto en juego, como en toda
auténtica obra de arte, sea literaria o no, experiencias y lenguajes humanos
para una coi;nprensión mejor de las cosas de los hombres, empezando por
las del propio autor.

•
La narración. Los sucesos que aquí se narran no se presentan con una
secuencia cronológica; sin embargo, curiosamente aparece un resumen de
esos hechos al final de la obra, en labios del narrador, que en ese momento
se presenta como tal, es decir, asume al final dicha condición, no antes,
pues durante toda la narracción no hay "personaje" que nos introduzca en
este mundo; más bien es una narración impersonal ( sin embargo, cabe señalar aquí que el libro comienza con la primera persona del singular, pero
de esto nos ocuparemos más adelante) .
La historia es la siguiente: después de la batalla de Reichenfels, un soldado arriba a una ciudad desconocida para él, portando una caia que contiene unas cartas y otros objetos que le ha entregado un moribundo para
hacerlos llegar a otra persona; el soldado no conoce ni la ciudad, ni sus calles,

217
216

�ni el sitio en el que debe encontrar a la persona, ni a ésta. Bajo la nieve camina en busca del destinatario, entra en una casa, recibe una información Y
es auxiliado por un niño, quien lo conduce al lugar que se supone es el de
Ja entrevista. El lugar resulta St'.t un hospital, o una casa condicionada para atender a heridos de guerra. Después de pasar la noche aquí, el soldado
sale de nuevo a la calle y sigue buscando a la persona a la que debe entregar
el paquete. La entrada de tropas enemigas a la ciudad es inminente; poco
después es herido en la calle, y llevado al mismo lugar donde recibió anteriormente la información. Aquí muere. El tratamiento -nos dice en este
momento el narrador que surge en primera persona, y que es quien inyecta
al moribundo- era ya inútil. El libro termina en una gran amplificación
de la visión, que en las últimas líne~s abarca toda la ciudad: " ...toda la
ciudad detrás de mí".
Pero esta sencilla historia no se narra sencillamente. Para hacerlo, RobbeGrillet ha utilizado un procedimiento singular que enriquece en tal forma esta novela, que se toma profunda, tortuosa, oscura, y también sorprendentemente inagotable en posibilidades de interpretación. La historia queda convertida en un verdadero laberinto.
Podría decirse que la novela se divide en dos grandes planos, o mejor dicho dos grandes espacios: uno, el espacio exterior, la ciudad, las calles; el
otro, el espacio interior, o mejor los espacios interiores que son varios: la casa, el hospital, el restaurant, etc. Pero ocurre que ambos planos, el interior y
el exterior, son absorbidos por un tercero, en el que tienen cabida ambos, con
todas y cada una de sus particularidades y características: es el mundo interno del soldado que percibe, capta, recoge y perfila todo lo que acontece a su
alrededor, imprimiéndole en ocasiones una perspectiva y un valor que no posee quizá desde cualquiera de los otros dos planos. Y todo esto: la realidad
(las calles, la casa, el restaurante, etc.) , y las percepciones que de ella tiene
el soldado, incluyendo las variaciones que su estado febril le impone en ciertos momentos, todo esto es a su vez un otro plano, el de la ficción literaria,
en el que surgen estos elementos, uno tras otro, todos con la misma validez
en la novela.
La narración comienza, como ya dijimos, con la primera persona del singular: "Je suis seul ici, maintenant, bien a l'abri". Un narrador aparece así
antes de que se nos haya anticipado ningún dato (después veremos cuál es
su función en la novela) : y no habla del lugar en que se encuentra, sino del
exterior, donde la nieve y el viento obligan a los caminantes a bajar la cabeza:
On marche en courbant un peu plus la téte, en appliquant davantage
sur le front la main qui protege les yeux, laissant tout juste apercevoir

218

quelques centimetres de sol devant les pieds, quelques centimetres de
grisalle ou les pieds l'un apres l'autre apparaissent, et se retirent en
arriere, l'un apres l'autre, alternativement.'

Pero hasta ~l lugar donde se encuentra el narrador no llega el ruido que
hacen l~s. cammantes en la calle, ni la nieve, ni el sol, ni el polvo. Al llegar
a esta ultima palabra (polvo) , se cambia la ubicación, se pasa al polvo que
cubre los muebles y las cosas del cuarto interior. Un juego de contrarios se
prolonga durant:. va~as páginas, y pasamos del exterior al interior y viceversa, con la utilizac10n de elementos muy semejantes, como el camino que
en la acera se marca con la nieve pisoteada y el camino que en la habitación ha hecho a un lado el polvo, de un mueble a otro. El procedimiento se
repetirá más adelante, .ante situaciones más complicadas y diversas.
. Cuatro, seis, ocho páginas se suceden sin que aparezca ningún personaje,
ru se haga presente el narrador. Sólo la descripción minuciosa de la calle
la nieve que cae, la forma en que cubre el suelo, las ventanas los faroles• e~
el interior no se utiliza precisamente la descripción de los ;bjetos, sino' las
form:15 que sus cuerpos han dibujado sobre el polvo que cubre la superficie
barruzada de una mesa, una cómoda o la chimenea· además se nos habla
de la situación que guardan los muebles en la habita:ión y c:mo ya se diJ'o
"
. , , que se han marcado del lecho a la cómoda, 'de ésta a la chime-'
cammos
nea, ~e la chimenea a la mesa. Los objetos, cuando se describen, adquieren
una cierta naturaleza peculiar; se singularizan en tal forma que el ángulo
de una mesa, o un adorno en la base de un farol de la calle, se detallan en
~árrafo~ que pueden extenderse más de una página. Por otra parte, los obJet~s mismos son sometidos a extrañas metamorfosis, pues se les transforma
c_unosamente su natu~aleza en _un marco de posibilidades que borra los perfiles exactos para de1ar una imagen polivalente; así ocurre, por ejemplo,
con una bayoneta, cuya forma veremos después quedó dibujada en el polvo
que cubre la superficie de una cómoda, pero que ahora está sobre la mesa:
S~r la ~roite: une f~r":e simple plus estompée, recouverte déja par
plusieurs 1ournees de sediments, transparait cependant encare; sous un
• Se camina curvando un poco más la cabeza, poniéndose sobre la frente la mano que ~rotege los ojos,, dejando s6lo p ercibir algunos centímetros de suelo delante
de los pies, algunos centimetros de pavimento donde los pies aparecen uno d
é
d
t
•
h .
espu s
e o ro, Y ~e retiran acia atrás, uno después del otro, alternativamente. (p. 11)
(La
de este trozo, y las de los siguientes sólo pretenden of recer una ver. traducción
_
s1~n espanola del texto francés, es decir, que no deben considerarse como traducciones exactas y definitivas)

219

�certain angle, elle retrouve assez de netteté pour laisser suivre ses contours sans trop d'hésitation. C'est une sorte de croix: un corps aUongé,
de la dimension d'un couteau de table, mais plus large, pointu d'un
bout et légerement renflé de l'autre, coupé perpendiculairement par una
barre transversale beaucoup plus courte; cette derniere se compose de
deux appendices flammés, disposés symétriquement de part et d'autre
de l'axe principal, juste a la base de sa partie renflée, c'est-a-dire au
tiers environ de la longueur totale. On dirait une fleur, le renflement
terminal représentant une longue corolle fermée, en bout de tige, avec
deux petites feuilles latér{lles au-dessous. .. O bien ce serait une figurine
vaguement humaine: une tete ovale, deux bras tres courts, et le corp
se terminant en pointe vers le bas. Ce pourrait etre aussi un poignard,
avec son manche séparé par une garde de la forte lame obtuse a deux
tranchants.3

Lo mismo ocurre con la lámpara y la proyección de su luz, y más notoriamente con el papel que cubre la pared, cuyas figuras pudieran ser muy diversas, una de ellas a su vez semejante a una de las que podía ser la bayoneta (pp. 14 y 19-20). Más adelante, muy avanzada la novela, conoceremos el momento en que esta bayoneta es colocada sobre la cómoda.
La figura del soldado aparece en la página 16. Es el momento en que se
describe el poste ·de uno de los faroles de la calle. Se comienza por la base,
sus adornos y curvas, y se va ascendiendo lentamente. Poco a poco, la figura aparece como si el ojo observador, muy cerca del soldado, se retirara
lentamente, como si una cámara fotográfica abandonara el close-up, y se
llegara de pronto a una imagen de conjunto:
• Sobre la derecha, una forma simple más esfumada, recubierta ya por numerosos
días de sedimentos, brillaba sin embargo todavía; bajo un cierto ángulo, mantiene
demasiada nitidez para poder seguir sus contornos sin mucha dificultad. Es una especie de cruz: un cuerpo alargado, de la dimensión de un cuchillo de mesa, pero
más largo, puntiagudo de un lado y ligeramente dilatado del otro, cortado perpendicularmente por una barra transversal mucho más corta; ésta última se compone
de dos apéndices flameados, dispuestos simétricamente de una y otra parte del eje
principal, justo en la base de su parte dilatada, es decir dos tercios aproximadamente
de su largo total. Diríase una flor, la dilatación terminal representando una larga
corola cerrada, al fin del tallo, con dos pequeñas hojas laterales sobrepuestas. O bien
sería una figurina vagamente humana: una cabeza oval, dos brazos muy cortos, y
el cuerpo terminándose en punta hacia abajo. Podría ser también un puñal, con su
mango separado por una guarnición de la fuerte hoja abierta en dos cortantes (pp.
12-13).

Contre la base conique du support en fonte, évasée vers le bas entourée de plusierus bagues plus ou moins saillantes, s'enroulent de 'maigres rameaux d'un lierre théorique, en relief: tiges ondulées, feuilles
palmée~ a cin~ ~~be: poin_tus et ~inq nervures tres apparentes, ou la peinture noire qui s ecaille laisse voir le métal ruillé. Un peu plus haut, une
hanche, un bras, une épaule s'appuient contre le fut du réverbere. L'homme est vetu d'une capote militaire di teinte douteuse, passée, tirant sur
le vert ou sur le kaki. Son visage est guisatre; les traits en sont tirés et
donnent l'impression d'une extreme fatigue; mais peut-etre une b:rbe
de plus d'un jour est-elle pour beaucoup dans cette impression. L'attente
prolongée, l'immobilité prolongée dans le froid peuvent aussi avoir enlevé leurs couleurs aux joues, au front, aux levres.'

E~,soldado lleva bajo el brazo un paquete, lo llevará durante toda la narr~Cion Y n? ~e separará de él sino en el momento de su muerte. Pero en las
pruneras pagmas (p. 22) el paquete aparece sobre la cómoda, abierto. Es
el momento en que se menciona el cuadro que se encuentra colgado en la
pared, sobre la cómoda:
La bozte enveloppée de papier brun se trouve maintenant sur la commode. Elle ~'a plus sa ficelle blanche, et le papier d'emballage, soigneusement replié sur le petit coté du parallélépipede, baille légerement en
un bec aux lignes précises, pointant obliquement vers le bas. A cet end,roit l~ marbre de_ l~ commode présente une longue felure, peu sinueuse, qui passe en biais sous le coin de la boUe et atteint le mur vers le
milieu du meuble. Juste au-dessus est accroché le tableau. 5
• Contra 1~ base cónica del soporte fundido, ensanchada hacia abajo, rodeada de
~umerosos ~milos más o menos salientes, se envuelven delgados ramos de hiedra teó1:ca, en relieve: tallos ondulados, hojas palmeadas en cinco lóbulos puntiagudos y
cinco nervaduras muy aparentes, donde la pintura negra que se escama deja ver el
metal herrumbroso. Un poco más arriba, una cadera, un brazo, una espalda se apoyan contra el fuste de la farola. El hombre está vestido con una capota militar de
color dudoso, vieja, tirando sobre el verde o sobre el kaki. Su rostro es grisáceo• los
rasgos sobresalen, y dan la impresión de una extrema fatiga; pero quizá la barb~ de
más de un día da esta impresión. La espera prolongada, la inmovilidad prolongada en el frío pueden también haber quitado sus colores a las mejillas a la frente a
los labios. (pp. 16-17).
'
'
• La caja envuelta en papel oscuro se encuentra ahora sobre la cómoda. Ya no
tiene su hilo blanco, y el papel de envoltura cuidadosamente doblado sobre el pequeño lado del paralelepípedo, sale ligeramente en un pico de líneas precisas, apuntando oblicuamente hacia abajo. En este lugar, el mármol de la cómoda presenta
una larga cascadura, poco sinuosa, que pasa sesgada bajo la esquina de la caja y al-

221
220

�Viene después otra referencia a la nieve, que cae sobre la calle desierta,
termina el primer apartado y comienza el segundo con una minuciosa descripción. Es un grabado en negro y blanco, de otra época, o bien una reproducción. Representa el interior de un restaurante, en el que se encuentra
mucha gente. Con una minuciosidad semejante a la que se utilizó en la descripción de los objetos en el apartado anterior, van surgiendo todas y cada
una de las personas que ahí se enc11entran: el dueño, un grupo de bebedores,
otro grupo de obreros que contempla un cartel, etc. Un poco al frente, entre estos dos grupos, un niño está sentado en el suelo, con un paquete en las
manos, un paquete parecido a una caja de zapatos, semejante al que portaba el soldado en la escena anterior. Al fondo, una mesa está ocupada por
tres soldados. Sus rostros son los únicos que reciben atención especial del
narrador en este conjunto de personas; se atiende a sus gestos, su postura, sus
miradas. El artista -dice el narrador- los ha representado con tanta precisión en el detalle y con tanta fuerza en los trazos, como si estuvieran sentados al frente de la escena. Poco a poco la descripción se centra en uno
de los soldados, e insensiblemente va tomando vida la escena en la que todos guardaban las · actitudes fijas de un grabado:
ll a fini son verre depuis longtemps. ll n'a pas l'air de songer a s'en
aller. Pourtant, autor de lui, le café s'est vidé de ses derniers clients. La
lumiere a baissé, le patron ayant éteint la plus grande partie des lampes auant de quitter lui-méme la salle.
Le soldat, les yeux grands ouverts, continue de fixer la pénombre devant soi, a quelques metres devant soi, la ou se dresse l'enfant, immobile et rigide lui aussi, debout, les bras le long du corps. M ais c'est comme
si le soldat ne voyait pas l'enfant - ni l'enfant ni ríen d'autre. ll a l'air
d s'étre endormi de fatigue, assis contra la table, les yeux grands ouverts.
C'est l'enfant qui prononce les premieres paroles. 1l dit: "Tu dors?"
ll a parlé tres bas, comme s'il graignait de réveiller le dormeur. Celui-ci
n'a pas bronché. Au bout de quelques secondes, l'enfant répete, a peine
un peu plus haut:
"Tu dors?" Et il ajoute, de la méme voix neutre, légerement chantante: "Tu peux pas dormir la, tu sais".
Le soldat n'a pas bronché. L'enfant pourrait croire qu'il est seul dans
la salle, qu'il joue seulemente a faire la conversation avec quelqu'un
qui n'existe pas, ou bien avec une poupée, un mannequin, qui ne saurait répondre. Dans ces conditions, il était en effet inutile de parler
canza el muro hacia la mitad del mueble. Justamente arriba está colgado el cuadro.
(p. 22).

222

plus fort; la voix était bien celle d'un enfant qui se raconte a luiméme une histoire.~

El soldado y el niño dialogan. ¿ Qué es lo que ha ocurrido? Más adelante, continuando el diálogo, y cuando el soldado dice "Ton pere. ..", misma expresión que surgirá de nuevo después, el narrador agrega: "Pero esta vez los labios se han movido ligeramente". Esta escena extraña, que parece romper una cierta unidad "real" para dar cabida a un mundo grabado
en un papel y enmarcado en la pared, con vida propia, deja el lugar al exterior, y de nuevo se suceden las calles, y el viento y la nieve. El soldado camina en la oscuridad, buscando los nombres de esas calles que no conoce.
Aparece también el niño; al fin, lo conduce hasta un lugar en el que entran los dos. Es el restaurante, con la figura del dueño, el grupo de bebedores, y el de los obreros. El soldado, enseguida, se encuentra sentado ante una
mesa, con un vaso de vino en la mano. A sus lados, manchas de vasos semejantes aparecen en la superficie, trazos circulares incompletos, que se encabalgan, se completan, que permanecen húmedos y fríos.

•
Los personajes. Casi podría decirse que esta novela no los tiene, si entendemos por personajes los que se perfilan en una obra literaria con un cierto
carácter, una conducta y una línea que los dibuja para integrarlos como
individuos. Bien puede ocurrir que algunos novelistas no se ocupen de retratarlos físicamente, sino más bien psicológicamente, y aun en este último
• Acabó su vaso desde hace tiempo. No parece pensar en irse. Sin embargo, a su
alrededor, el café se ha vaciado de sus últimos clientes. La luz ha bajado, al apagar
el patrón gran parte de las lámparas antes de abandonar la sala.
El soldado, los ojos abiertos, continúa mirando la penumbra delante de él, algun?s metros delante, ahí donde se encuentra el niño, inmóvil y rígido él también, de
pie, los brazos a lo largo del cuerpo. Pero es como si el soldado no viera al niño -ni
al niño ni a ningún otro--. Tiene el aire de haberse adormecido de fatiga sentado
contra la mesa, abiertos los grandes ojos.
Es el niño quien pronuncia las primeras palabras. Dice: "¿Duermes?" Ha hablado muy bajo, como si temiera despertar al durmiente. Este no se ha movido. Al cabo
de algunos segundos, el niño repite, apenas un poco más alto:
"¿Duermes?" Y agrega, con la misma voz neutra, ligeramente cantante : "Tú no
puedes dormir ahí, tú sabes".
El soldado no se ha movido. El niño podría creer que está solo en la sala, que solamente juega a conversar con alguno que no existe, o bien con una muñeca, un maniquí que no pudiera responder. En estas condiciones, era un efecto inútil hablar
más alto. La voz era la de un niño que se cuenta a sí mismo una historia (pp. 29-30).

223

�caso podría también suceder que sólo participáramos del "río de la conciencia", como suele decirse en el caso de Joyce, por ejemplo, o en algunas novelas de Virginia Woolf o William Faulkner. En Dans le labyrinthe, RobbeGrillet no centra su atención en los personajes como tales, es decir, la novela
no se conduce de acuerdo con las necesidades que dichos personajes, como
individuos y como elemento principal de la obra, van imprimiéndole. Muchísimos ejemplos, que no es el caso mencionar aquí, podrían mostramos cómo el personaje es el que dicta la trayectoria de una novela, porque se trata
precisamente de su trayectoria. En la novela que nos ocupa, los personajes
que en ella intervienen podría decirse que tienen, en todo el conjunto, el
mismo valor que cualquier otro elemento de los que aparecen en la obra.
El soldado, en cierta manera, participa de la condición de "parte" de un todo,
misma que también tienen, por ejemplo, las calles de la ciudad, que han
recibido del autor especial atención para delinearlas y precisar cada uno de
sus detalles; o los objetos que "vemos" sobre la mesa, como la bayoneta a la
que hicimos mención anteriormente. En ningún momento este personaje (el
soldado), o cualquiera otro de Dans le labyrinthe, alcanza proporciones de
particularidad, en el sentido de figura humana con ciertos valores de carácter
moral, social o estético. Se recortan sobre todo lo demás, y esto es claro, por
su mera condición humana, pero casi podría decirse que en estas páginas sólo
se les considera como sujetos en los que se opera el fenómeno de la percepción, o bien, que no penetramos en su individualidad más allá de este límite.
La diferencia entre los "personajes" de esta novela y los objetos, gestos o
palabras que en ella aparecen, radica quizás en que unos los perciben y otros
son percibidos; los personajes, a su vez, son percibidos por otros personajes.
Tomemos por separado cada uno de los que a primera vista nos parecen
más importantes. El soldado sería el primero de ellos. Ya nos ocupamos, al
hablar de la narración (nota 3), de cómo se introduce la primera figura,
que es la del soldado (procedimiento que se repite con otros personajes, como
el lisiado) . La continuación del trozo que reprodujimos arriba no nos retrata
físicamente al soldado, sino que nos describe su figura, y la posición que
guardan las partes de su cuerpo :
Les paupi;res sont grises, comme le reste; elles sont baissées. La tete
est inclinée en avant. Le regard se trouve dirigé vers le sol, c'est-a-dire
vers le troittoir, enneigé, devant le pied du réverbere et les deux gros
souliers de marche a bout arrondi, dont le cuir grossier présente des
éraflures et autres marques de chocs divers, plus ou moins bien recouvertes par le cirage noir. La couche de neige n'est pas assez épaisse pour
s'enfoncer de fafon visible sous le pieds, si bien que les semelles des

ch~uss~res reposent -ou peu s'en faut- au niveau de la surface blanche
qui s'etend autour d'elles. 7

Lo que sigue, ya nada tiene que ver con el personaje como tal. Más adelant:, en much~s ocasiones, encontraremos descripciones semejantes, 0 referencias a la fatiga que refleja su rostro, pero nada ma's . Hay escenas en 1as
que el soldado habla con alguien. De estos diálogos no se desprende ni un
solo element~ que permita completar el retrato del soldado. El primer diálogo
aparece precisamente ~~ando toma vida el grabado en blanco y negro. Hablan el soldado y el mno. Éste pronuncia las primeras palabras· "Tu dors?"
Repite la pregunta y agrega luego: "Tu peux pas dormir la. tu sais". y
luego se dice lo siguiente:
'
~ais la voix s'est tue, comme incapable de lutter plus avant contre
le sil~nce; et celui-ci s'installe de nouveau. L'enfant s'est peut etre endormi a son tour.
"Non. . . O ui.. . . ] e sais. " , d'it le soldat.
lls n'ont bougé ni l'un ni l'autre. L'enfant est toujours debout dans la
Pfnombre, les bras le long du corps. 1l n'a méme pas vu remuer les
levres de L'homme, assis a la table sous l'unique ampoule restée allumée
daAns la salle:· ~a tete n'a pas eu le moindre hochement, les yeux n'ont
meme pas cille; et la bouche est toujours clase.
"Ton p,ere...,, commence le soldat. Puis il s'arrete. Mais cette fois
les levres ont légerement remué.
"C'est pas mon pere", dit l'enfant.
Et il tourne la tete vers le rectangle noir de la porte vitrée.ª
,
d os s~n grises,
.
. T L os parpa
como el resto; están bajos. La cabeza está inclinada hacia adelante. La rrurada se encuentra dirigida hacia el suelo, es decir hacia el borde
de la acera, nevado, frente al pie de la farola y los dos gruesos zapatos de campaña
con punta_ redondea~a, donde el cuero grosero presenta rasguños y otras marcas de
choques d1v~rsos, mas o menos bi~n recubiertos por la cera negra. La capa de nieve
no es demasiado gruesa para hundirse de manera visible bajo sus pies, si bien las suelas de los _zapatos reposan --o poco falta para ello-- al nivel de Ja superficie blanca
que se extiende alrededor de ellas ( p. 17).
' Este texto continúa el que recoge la nota 6 •· Pero la voz se ha cal!ad o, como ·meapaz de luchar más contra el silencio, y éste se instala de nuevo El niño
· '
h
dormido a su vez.
.
qu1za se a

"No... Sí. .. Yo sé", dice el soldado.
No se han movido ni el uno ni el otro. El niño permanece de pie en la penumbra
los brazos a lo largo del cuerpo. No ha visto siquiera moverse los labios del hombre'
sentado a la mesa bajo la única bombilla eléctrica iluminada en la sala; Ja cabeza n~

225
224

H15

�Como éste son todos los diálogos que se narran directamente con las palabras textuales de los personajes. Tal parece que la comunicación no fuera
posible, porque todas las preguntas quedan siempre sin respuesta'., o cuando
la hay se impone la duda, la imprecisión y la vaguedad. Los dialog~s que
se suceden después, cuando se piden informes sobre el lugar de la ci~a, los
nombres de las calles, todo, con muy pocas excepciones, es borroso e inconcluso. En particular, el pasaje que narra el momento en que el. s~ldado pregunta el nombre de la calle, el cual desconoce, y responde el lisiado proponiendo a su vez nombres que se le asemejan, llega al extremo del absurdo.
También asistimos a los pensamientos del soldado; o más bien, para ser
exactos, a las imágenes que se hacen presentes y luego desaparecen. Por
ejemplo:
Jl ne tient, en outre, nullement a ce qu'on le conduise a l' autre bout
de la ville, bien qu'il ne sache plus, en vérité, ce qu'il pourrait maintenant faire d'autre. Loin de se sentir reposé par cette ha~te, c'est une
plus grande lassitude encore qui l'a envahi. Jl rega:de la 1eune fem~e
aux yeux clairs, au visage fermé, aux cheveux noirs, au lar~e tablier
serré a la taille; il regarde ['invalide, qui ne semble guere fatiguer son
infirmité, puisqu'il reste la, debout, soutenu par sa béqu~lle, al~rs ~u'u~e
chaise vide se trouve a proximité; le soldat se demande si son pied mutile
repose, ou non, sur le sol, mais il ne peut s'en rendre compte, car !'homme, appuyé contre le bord de la table, a l'autre bout de celle-ci, n'est
visible qu'a partir du haut des cuisses: il faudrait done se pencher en
avant soulever le pan de toile cirée et jeter un coup d'oeil sous la table,
entre' les quatre pieds carrés qui s'amincissent vers le bas -ou bien,
s'amincissant vers le bas, mais en bois tourné, cannelés, devenant a l' extrémité supérieure cylindriques et lisses, s'achevant au sommet en quatre
cu bes portant une rose sculptée sur deux de leurs faces- ou bien . . . ;
le soldat regarde encore le portrait sur le mur du fond: a cette distance,
les traits du visaoe sont tout a fait indistincts; quant aux détails de l'uni.
forme, il faut déja bien les connaítre pour les voir: les deux courroies
qui se croisent sur la poitrine, le poignard-baionnette avec sa gazne
~

ha tenido el menor movimiento, los ojos no han pestañeado ; y la boca continúa cerrada.
"Tu padre..." comienza el soldado. Después se detiene. Pero esta vez los labios se
han movido ligeramente.
"No es mi padre", dice el niño.
y vuelve la cabeza hacia el rectángulo negro de la puerta vidriada (pp. 30-31) •

226

en cuir noir fixée au ceinturon, les pans relevés de la capote, les molletieres. .. a moins qu'il ne s'agisse ici de leggins, ou meme de bottes. .. 9

El niño, la mujer, el inválido y la persona que el soldado encuentra accidentalmente en la calle, y que por un momento cree es la que busca, serían
los otros personajes importantes de esta novela. Del niño sólo llegamos a
conocer su indumentaria, algunas actitudes, casi todas indecisas (como sus
respuestas al soldado), y las personas y objetos sobre los que dirije su atención. Aparece y desaparece de pronto, y su presencia es en ocasiones real y
en ocasiones es sólo el protagonista de escenas que forja el estado febril del soldado. La mujer es la que auxilia al soldado, le ofrece pan y vino, y lo atiende
en los momentos finales, hasta su muerte. Tampoco sabemos quién es ella,
y su diálogo con el soldado sólo aporta más elementos para que continúe el
estado de inexactitud e indecisión. En ningún momento, al parecer, se le define desde ningún aspecto. El inválido, que resulta ser al final un falso inválido, un desertor, y que se supone, aunque no se determina c;on claridad,
es el esposo de la mujer, y al parecer el padre del niño, guarda la misma
situación, sobre la que no es necesario insistir.
Así, pues, todos estos personajes, más el mencionado anteriormente, y los
otros muchos que aparecen con vida propia en el grabado que se encuentra colgado en la pared sobre la cómoda, no llegan a poseer las condiciones de auténticos personajes, en el sentido ya mencionado arriba. Ocurre
con ellos lo que con los personajes del cinematógrafo, que los vemos ac• No trata, por otra parte, de que se le conduzca al otro extremo de la ciudad, aunque no sepa, en verdad, qué otra cosa podría hacer ahora. Lejos de sentirse descansado por este alto, es una mayor lasitud la que lo invade. Mira a la joven mujer de
ojos claros, el rostro cerrado, de cabellos negros, con el largo delantal alrededor de la
cintura; mira al inválido, que no parece apenas fatigado por su enfermedad, puesto
que permanece de pie, sostenido por su muleta, aunque se encuentra muy próxima una
silla vacía; el soldado se pregunta si su pie inútil reposa, o no, sobre el suelo, pero no
puede darse cuenta, ya que el hombre apoyado contra el borde ~e la mesa, al otro
extremo de ésta, no es visible sino a partir de la altura de• los muslos: necesitaría inclinarse hacia adelante, levantar el faldón del mantel y lanzar una mirada bajo la mesa,
entre las cuatro patas cuadradas que se adelgazan hacia abajo -o bien, a delgazándose
hacia abajo, pero en madera torneada, acanaladas, convirtiéndose en la extremidad
superior cilindricas y lisas acabándose en la cima en cuatro cubos portando una rosa
esculpida sobre dos de sus caras -o bien... ; el soldado mira aún el retrato sobre el
muro del fondo: a esta distancia, los rasgos del rostro son del todo indistintos; en
cuanto a los detalles del uniforme, es necesario conocerlos bien para verlos: las dos
correas que se cruzan sobre el pecho, el puñal bayoneta con su vaina en cuero negro
fijado al cinturón, los faldones levantados de la capota, las polainas... a menos que
no se trate aquí de botas. . . ( pp. 89-90).

227

�tuar, moverse y gesticular, y que en estricto sentido son tan extraños al espectador como al lector los otros, los literarios, y sobre los que hay que montar una interpretación que explique su conducta. En este aspecto, RobbeGrillet maneja sus personajes con un cierto sentido fílmico, para que el
lector los reconstruya y los integre como personajes. Y lo que hace en este
aspecto se repite en todos los demás, como veremos enseguida, al tratar el
tiempo y el espacio de esta novela.
Sólo quedaría por considerar otro personaje, que casi no aparece en la
novela, pero a través del cual ésta se proyecta. Es el narrador, el "voyeur"
que puede penetrar en todos los planos y percibirlos. El mismo fenómeno que
se ve en los personajes que mencionamos, se repite en su caso, porque en
definitiva de él no llegamos a conocer nada, como de ninguno de aquéIlos, y sólo nos quedamos con su visión de los hombres y las cosas, no precisamente como un simple personaje más, sino como un extraño y poderoso
observador que puede describir, en un mismo plano, el mundo externo y
en cierta medida limitada, el interno de los personajes. Todo esto opera
por la ficción, de la que también nos ocuparemos más adelante.

•
El tiempo y el espacio. Si los personajes y el asunto que se desenvuelve en
esta novela no son un reflejo de la realidad, sino la fusión de ésta con otros
planos de la introspección, la percepción, etc., dando como consecuencia
de ello un cuadro multiforme y polivalente en el que apunta algo que ya
justifica el título mismo de la novela, el tiempo y el espacio son tratados en
forma similar, destruyéndose su unidad interna para dar paso a una serie
de manifestaciones que en un principio, y tomándolas por separado, no parecen tener relación entre sí. Poco a poco, al integrar todas las partes del
conjunto, va estableciéndose esa relación, y el papel que juegan en la fic-

ción estas dos dimensiones.
La novela no s&amp; somete a ningún proceso o desarrollo cronológico, sencillamente porque aquí n~ rige esta concepción del tiempo. Su dimensión temporal es la que marcan los relojes, pero también lo es, y sobre todo, la que
se gesta y desenvuelve en el interior de los personajes, principalmente uno
de ellos. Por esto se pueden encontrar situaciones ya sucedidas, que salvo ligeras variantes se presentan de nuevo para repetirse. Además, el autor maneja el tiempo de su novela (no en el sentido de época o momento en que
ocurre lo que narra, sino de vertebración de los sucesos) a voluntad. RobbeGrillet dispone cuándo debe considerarse cerrado un cierto proceso, y cuándo se le somete a nuevas y diversas representaciones que acumulan sobre su

228

m'.smo "~empo" es. decir, sobre un cierto momento en el que ocurre determmada c1:cunstanc~a, una nueva versión que bien puede ser desatada por
la memoria, y posiblemente repetirse más adelante. Ya vimos, por ejemplo, que dos objetos como la bayoneta y el paquete que llevaba el soldado
se nos fresen tan, al comienzo de la novela en una posición que llegarán ~
tener solo despues de que hayan ocurrido ciertos hechos.
. :ornemos como ejemplo cuatro escenas. La primera sigue a un pequeño
dialogo entre el soldado y el niño. Éste observa a aquél:
Et i! r~mene, l~s yeux ~ers ce soldat mal vetu, mal rasé, qui ne sait
pas lui-meme ou ti va. Puis, sans prévenir, il exécute una brusque volteface, contourne avec agilité le pied du réverbere et se met a courir '
. b
a
toutes_ ¡am es, le long des maisons, suivant en sens inverse le chemin
que vient de prendre le soldat. En un instant il a disparu.
Au lampadaire suivant, la lumiere électrique l'eclaire de nouveau
d~ra~t quelques sec_~ndes;_ il court toujours aussi vite; les pans de sa
pelerme volent demere lui. Jl reparaít encare ainsi une fois deux fois
a chaque réverbere, pui plus rien.
'
'
Le soldat fait demi-tour et poursuit sa route. La neige le frappe derechef en plein visage.1º

La segunda escena aparece muchas páginas más adelante. Podría decirse. que lo que º?urre en ª.1:1bas es lo mismo, pero puede observarse que
mientras en la primera el nmo da media vuelta y corre en ésta lo hace de
frente, en el mismo sentido:
'
Et le gamin a disparu pour de bon. Le soldat est seul arreté sur
place. C'est une rue pareille aux autres. Le gamin l'a conduit jusquela et l'a laissé seul, devant une maison comme les autres et il luí a dit •
"C'
' coté puis de.
, est l"'
a . Le soldat a regardé la maison, la rue, d'un
l autre, et la porte. C'etait une porte comme les autres. La rue était
longue et naire, avec seulement, de place en place, les zones claires sous
les mémes lampadaires de f onte aux ornements désuets.
" Y d~rige sus ojos ~aci~ ese soldado mal vestido, mal rasurado, que él mismo no
sabe_ a donde va. Despues, sm prevenirlo, ejecuta una brusca vuelta, rodea con agilidad
el _pie de la farola y se pone a correr con todas sus piernas, a lo largo de las casas sigdu1endo en sentido inverso el camino que acaba de tomar el soldado. En un instante
esaparece.
. En el lamparí~ siguiente la luz eléctrica lo aclara durante algunos segundos; corre
si.empre muy aprisa; los faldones de su esclavina vuelan detrás de él. Reaparece todav1a una vez, dos veces, en cada farola, después nada más (pp. 35-36).

229

�. . Le gamin est reparti aussitot; mais, au lieu de revenir sur ses pas, il
a continué son chemin tout droit, dans le méme sens. Il a fait une dizaine de me tres et I est ensuite, brusquement, mis a courir. Le pans de
sa cape volaient derriere son dos. Il a continué tout droit, bientot disparu, apperaissant de nouveau a chaque réverbere, disparaissant, et de
nouveau, de plus en plus petit, informe, estompé par la nuit et la
neige.. .u
Pocas páginas más adelante, encontramos al soldado, en el local acondicionado como hospital o cuartel. Está quitándose las polainas; enseguida,
el niño aparece, junto ·al farol, diciendo al soldado que no sabe ponerse las
polainas. Viéndolo con detenimiento le pregunta si ha dormido esa noche,
y enseguida se dice esto, que con lo anterior vendría a ser actualización
por la memoria:

Le soldat répond d'un signe vague. Toujours courbé en avant, il dénoue le lacet d'une chausure. L'enfant se met a reculer progressivement,
a s'eloigner vers le fond de la scene, mais sans se retourner, sans faire
un mouvement, fixant toujours le soldat de ses yeux sérieux, sous son
béret de laine bleu marine enfoncé des deux cotés sur les oreilles, les
mains tenant, de l'intérieur, les bords de la pelerine rapprochés, tandis
que tout le corps semble glisser en arriere sur le trottoir enneigé, le long
des fafades plates, dépassant l'une apres l'autre les fenétres du rez-dechaussée; quatre fenétres id en tiques, suivies d'une porte a peine diff érente, puis quatre fenétres encore, une porte, une fenétre, une fenétre,
une fenétre, une fenétre, une porte, une fenétre, une fenétre, de plus
en plus vite a mesure qu'il prend de la distance, devenant de plus en
plus petit, de plus en plus incertain, de plus en plus brouillé dans le
u Y el niño ha desaparecido de verdad. El soldado está solo, detenido en el mismo
lugar. Es una calle parecida a las otras. El niño lo condujo hasta allí y lo ha dejado
solo, frente a una casa como las otras, y le dijo: "Aquí es". El soldado ha mirado la
casa, la calle, de un extremo al otro, y la puerta. Era una puerta como las otras. La
calle era larga y negra con solamente, de trecho en trecho, las zonas claras bajo los

mismos lamparines fundidos de anticuados ornamentos.
El niño partió enseguida; pero en lugar de regresar sobre sus pasos, ha continuado
su camino, en el mismo sentido. Camina unos diez metros y enseguida, bruscamente,
se pone a correr. Los faldones de su capa vuelan a su espalda. Ha continuado todo
derecho, y desaparecido de pronto, aparece de nuevo a cada farola, desapareciendo, y
de nuevo, cada vez más pequeño, informe, esfumado por la noche y la nieve. . . (pp.

crépuscule,
.
seul
c p soudainl' happé vers l'horizon et d'isparaissant
alors d'un
ou , en un c in d'reil, come une pierre qui tombe.ª
Por últ~o, ya
vemo
d casi al finalizar el libro, una escena en la que tle nuevo
s camman o en las calles al soldado y al niño:

d Etl ['interminable marche nocturne se poursui't. Comme le
·
e p us en plus vite, le soldat n'arrive bientot plu ' l
. gami~ va
retrouve seul: sans autre ressource que de quéter sn~i:p:;;vre etl ilbs~
pour y dormir . Il n'a guere
' le choix
. et doit se contenter de ela que
p a. , ri
porte ouverte qu'il rencontre.13
rem1,1Jre
En estas cuatro escenas con variantes ocurre al
.
para
los efectos de la construcción fic/icia,
. se repite
~o muy
semeJante
II
aunque
lgu que,
d
e os transcurran en la mente febril del soldado
'
a nos e
. En otra ocasión, encontrándose el niño y el s~ldad0
1
dice del niño:
en e restaurante, se

est celui du café, semble-t-.;z, qu'z n,est pas le mem
l' Ce gamin-ci
.
autre, qui a conduit le soldat ( ou qui le conduira p l
't ) . e
la caserne
d' ' ·
.
' ar ª sui e 7usqu a
- . ou~ 7ustement, zl a rapporté la bille. C'est c
. .
en tout cas, qut a mtroduit le soldat dans le café tenu p l e gam~n-ct,
me massif et taciturne ou il a bu un
.
ar e gros omtranc hes de pain rassis.ª
verre de vm rouge et mangé deux

q~~

u El soldado responde con un vago signo Siem re c
.
lazo de un zapato El niño s
.
p
urvado hacia adelante, desanuda el
.
e pone a retroceder progresiva
t
1.
o de la escena, pero sin volverse . h
. . roen e, a a eJarse hacia el fon, sm acer un mov1m1ento f'" d ·
d
o con sus ojos curiosos baJ·o su bo'
d
, !Jan o siempre al solda¡d
.
·
ma e 1ana azul
·
h d'
as oreJas, las manos sujetando desd 1 .
.
marino un ida de los lados sobre
tras que todo el cuerpo pare~e de:ri:ar=t~10:, los ~ordes unidos de su capa, mienlargo de las lisas fachadas sobr
d
ac1a atras sobre la acera nevada, a lo
•
'
epasan o una tras otra las
t
d
JOS: cuatro ventanas idénticas' segui'das d e una puerta a
ven
anas e los pisos baI
d'f
ventanas otra vez una puerta un
penas
erente, después cuatro
'
'
a ventana, una ventana
una puerta, una ventana una ventana
á
,
. ' una ventana, una ventana,
·' d
'
, m s Y mas aprisa a medid
•
v1en ose más y más pequeño más
, . .
a que se retira, vol! d
,
Y mas mc1erto más y más des
ºd
, e pronto delineado en el horizo t
d '
.
vaneci o en el crepúscu0
en un abrir y cerrar de ojos como n e y. desapareciendo entonces de un solo golpe,
u
.
.
,
una pie ra _q ue cae (pp. 107-108).
y la mtermmable marcha nocturna
.
aprisa, el soldado no alcanza a s . 1
prosigue. Corno el niño va más y más
egmr O Y se encuentra sO¡0 ·
uscar cualquier abrigo para d
. A
, sm otro recurso que
b
.
onrur. penas puede escoge
d b
a
primera
puerta
abierta
que
encuent
(
)
r
Y
e e contentarse con
1
186
,.
·re p.
.
Este nmo es el del café' parece que no es el mismo que e 1 otro, que ha con-

94-95).

230

231

�La distinción no es rotunda, pues sólo parece que no se trata de la misma
persona; y el tiempo de verbo, que es lo que ah~ra .~os interes~ ( "qu~en ha
conducido al soldado [o que lo conducirá ensegwda ] ) ,
q~ere de1ar l?s
hechos concluidos, sino por el contrario abiertos a su e1ecuc1on futura, sm

:1º

que esto tampoco sea definitivo.
Otras escenas nos muestran al soldado caminando por la calle. No cae
la nieve, y camina llevando bajo el brazo el paquete que __trae consigo siempre. El tiempo, pues, es movido a voluntad, co~o ya se ~l)O antes, Y se fracciona en múltiples imágenes que da, a la realidad sometida al ord~n cronológico, sólo el valor de uno de los muchos elementos que se maneJan en la
novela.
Con el espacio el fenómeno es aún más. ~otorio, p~es en forma pa~ente
es manejado libremente. Ya se hizo menc1on al comienzo de estas _h~e~s
de cómo el plano exterior y el plano interior se con~rapo~en al prm_c1p10
de la novela operándose el cambio por palabras, o s1tuac1ones que sirven
de traslado de uno a otro lugar. El caso más patente de este fenómeno es el
del cuadro colgado sobre la cómoda, que empieza a cobrar vida. En determinado momento, todo lo que en él está fijo empieza a moverse,_ Y_ s_ucesos importantes de la novela suceden en este espacio doblemen~e Ílctic10,
que así adquiere validez dentro de la ficción misma. La foto~raha del soldado sufre la misma transformación. La manera en que se dispone del espacio va dando cuerpo a un verdadero laberinto, en el ~ue l?~ lugares ~parecen, se sitúan, pero no se precisan, y que a la larga se _1d~n~1fican en cierta
forma, dejando la imagen de varios lugares, que al pnnc1p10 pare~en _muchos, pero que luego se van ensamblando, coincidiendo con la antenor imagen que de ellos se proporcionó.

•
La ficción. Toda esta construcción se extiende sobre el incon~~nsu_rable
campo de la ficción. Libre de las ataduras de la realidad, la creac10n literaria se puede prolongar libremente más allá de toda frontera. Todo lo que
se somete a las rígidas leyes de la realidad objetiva puede así transformarse
en algo poderosamente distinto, con relieves propios y _fu~damen:os que
van más allá de lo que el propio hombre pudiera concebir s1 se su1etara a
&lt;lucido al soldado ( 0 que lo conducirá, enseguida) hasta el cua_rtel ~e dond~, justamente, ha traído la canica-. Es este niño, en todo caso, quien ha . ~ntroduc1do al
soldado en el café del hombre gordo macizo y taciturno, donde beb10 un vaso de
vino y comió dos rebanadas de pan ( p. 14 3) •

los estrechos caminos que parten de lo real para desembocar en el mismo
ámbito del que surgieron. El tiempo, el espacio, las sensaciones, las percepciones y visiones de ese mundo bidimensional, se funden en esta otra realidad ficticia, no por esto menos verdadera, más rica y profundamente humana, en la que se perfilan, con una extraña nitidez que va más allá del
mero lenguaje, algunas de las muchas posibilidades que forman parte de la
condición de lo humano. La literatura, en cuanto acto de creación, abre
las puertas de todos esos recintos del hombre, en los que permanecen ocultos todos sus rostros.
La novela de Robbe-Grillet, en cierta forma, nos da con el título una
de las claves para entenderla. Puestas las cartas sobre la mesa, el lector no
puede esperar que las páginas de este libro lo conduzcan a través de un laberinto "material", por así decir, en el que las cosas o los hechos simples
sean por si mismos las sinuosidades del laberinto. Podría afirmarse que la
ficción misma es ese laberinto, edificada sobre otros muchos laberintos, que
irían desde el de las mismas calles de la ciudad, hasta el del mundo interior del soldado, que se cruza con el de otros personajes.
No olvidemos, a propósito de la ficción, las palabras iniciales del libro.
En ellas Robbe-Grillet aclara situaciones y nos dice qué es lo que propone
en su novela: una ficción, no un testimonio. Una ficción que sería, como
otra posible creación, elaborada con elementos de la realidad. Sólo que estos elementos, en uno y otro caso, dejan de valer por sí mismos y como elementos de la realidad, para convertirse en esa otra cosa que es la ficción
literaria, la cual pretende ser una "realidad material", como dice RobbeGrillet, sin ningún valor alegórico. Sin embargo vemos que esta realidad
material que ofrece Robbe-Grillet no es una reproducción de la realidad,
sino que por el contrario, se pretende expresarla utilizando algunos de sus
muchos aspectos.
Veamos un ejemplo. Quedó aclarado que el manejo del tiempo en Dans
le labyrinthe era completamente libre, y que en sus primeras páginas asistíamos a situaciones que correspondían a hechos que ocurrirán más tarde.
En un determinado momento de la novela el soldado es recogido en mal estado, después de que se disparó una ametralladora en la calle. Tal parece
ser que la habitación en que se encuentra es la misma que se describió al
principio de la novela; en tales circunstancias, cabe suponer que esa descripción fuera la visión misma que tiene el soldado de dicha habitación,
desde su lecho de enfermo. Por otra parte, la minuciosidad con que se van
observando los pequeños detalles de los objetos en el cuarto, y las metamorfosis que se operan, como la de la sombra del insecto que se ha posado sobre la pantalla de la lámpara, la de las figuras que adornan el papel de la

233
232

�pared, etc., podrían corresponder a la visión de un sujeto que, como el soldado se encuentra afectado por la fatiga y la fiebre. Esto podría sostener
la ~terior afirmación, y entonces todas esas páginas serían la narración o
presentación de las percepciones del soldado moribundo.
Lo mismo ocurre con el fenómeno del cuadro. Aun cuando todo lo anterior no se tomara en cuenta, y se vieran las descripciones anteriores como la visualización de ese mundo sin que en ella interviniera para nada el
soldado, no podemos impedir la consideración de que el grabado que cobra
vida sí pertenece a ese tipo de percepciones, es decir, que la realidad enmarcada en ese cuadro se incorpora por sí misma a la otra realidad, sólo a través del propio soldado, en el que los personajes y el ambiente del restaurante
empiezan a manifestarse como algo que es mucho más que unas figuras y
un lugar dibujados en el papel. Sin embargo, el cuadro se llama La derrota
de R eichenfels, batalla contemporánea del soldado, y éste mismo, y el niño,
forman parte de él. Es el mismo caso, en cierta medida, de la fotografía que
también empieza a animarse. Vistos así muchos aspectos de la novela, acabaríamos por aceptar que ésta es la narración de los últimos momentos del
soldado antes de morir, en los que se hacen presentes confusa y desordenadamente, las experiencias anteriores inmediatas, mezcladas con lo que sus
sentidos perciben a través de la fiebre.
Por otra parte, no puede dejarse de lado un aspecto también muy importante, y que es característico de las novelas de Alain Robbe-G~il:t. Se
trata de la equiparación que se hace de sus narraciones a los mov1m1entos
de una cámara fotocrráfica
o cinematográfica. Esto está presente en casi
o
.
toda la novela, y parece como si los objetos y los personajes se nos aparecieran captados por un lente perfecto que no deja escapar a su visión ni el
más mínimo detalle. Ya con anterioridad reprodujimos un trozo en el que
pareciera que se utilizara un close-up para recoger los aspectos exteriores,
cuando aparece el soldado por vez primera, introduciéndose lentamente en
ese campo de visión como si la cámara ascendiera por el cuerpo del soldado hasta llegar al rostro y después damos la imagen completa (nota 4) .
Con los objetos ocurre lo mismo. Si bien antes se les consideró como percibidos por un individuo, también ahora podría decirse -sin que esto destruyera la anterior posibilidad- que son recogidos en todos sus detalles por
el mismo lente observador. Esto podría explicar la presencia de sus más
acusados perfiles hasta agotar casi el lenguaje para su descripción. Hay también ciertos pasajes que permiten esta equiparación de la narración a una
cámara, como el de la pág. 78, donde se dice que como la ventana está situada en el segundo piso, todos los haces de luz aparecen lejanos y pálidos. .. ; y más claramente, en la pág. 161, se comienza un párrafo diciendo:

"L'image suivante représente la chambre d'une caseme, ou plus exactement d'une infirmerie militaire". La novela, a su vez, termina con una visión que se va ampliando hasta abarcar toda la ciudad:
. . .mais la vue se brouille a vouloir en préciser les contours, de meme
que pour le dessin trop fin qui orne le papier des murs, et les limites
trop incertaines des chemins luisants tracés dans la poussiere par les
chaussons de feutre, et, apres la porte de la chambre, le vestibule obscur ou la canne-parapluie est appuyée obliquement contre le portemanteau, puis la porte d'entrée une fois franchie, la succession des longs corridors, l'escalier en spirale, la porte de l'immeuble avec sa marche de
pierre, et toute la ville derriere moi.is

El lenguaje utilizado en casi toda la obra es neutro, queremos decir, no traspone los límites de un lenguaje de comunicación, exacto pero sin dejar establecida la precisión, y que no va más allá de las propias palabras. Curiosamente, esto no entorpece o empobrece la novela, sino que por el contrario, y
utilizando los procedimientos que se acaban de mencionar, y los que se mencionaron al principio de este trabajo, deja al lector consigo mismo y en la
vía de la re-creación, ya que solamente proporciona los elementos para que
se lance por la ficción. Sólo en contadas ocasiones se opera en el lenguaje
un cambio notorio en este aspecto, por ejemplo, en momentos en que se está volviendo a situaciones ya ocurridas anteriormente:
Noir. Déclic. Clarté jaune. Déclic. Noir Déclic. Clarté grise. Déclic.
Noir. Et les pas qui résonnent sur le plancher du coulouir. Et les pas
qui résonnent sur l'asphalte, dans la rue figée par le gel. Et la neige qui
commence a tomber. Et la silhouette intermittente du gamin qui s'amenuisse, la-bas, de lampadaire en lampadaire.16

11

Pero la vista se nubla al querer precisar los contornos, lo mismo que para el dibujo demasiado fino que adorna el papel de los muros, y los límites demasiado inciertos de caminos lucientes trazados en el polvo por zapatillas de fieltro, y, tras
la puerta del cuarto, el vestíbulo oscuro donde el bastón del paraguas está apoyado
oblicuamente contra la percha, después, la puerta de entrada una vez franqueada,
la sucesión de largos corredores, la escalera en espiral, la puerta del edificio con su
escalón de piedra, y toda la ciudad detrás de mí (pp. 220-221).
11
Oscuridad. Interruptor. Claridad amarilla. Interruptor. Oscuridad. Interruptor.
Claridad gris. Interruptor. Oscuridad. Y los pasos que resuenan sobre el asfalto, en
la calle congelada por el hielo. Y la nieve que comienza a caer. Y la silueta intermitente del niño que se empequeñece, allá, de farola en farola (p. 61).

235
234

�•
Il remarque a cet instant que la porte est entrouverte: porte, couloir,
porte, vestibule, porte, puis enfin une piece éclairée, et une table avec
un verre vide dont le f ond contient eneore un cercle de liquide rouge
sombre, et un infirme qui s'appuie sur sa béquille, penché en avant
dans un équilibre précaire. Non. Porte entrebáillée. Couloir. Escalier.
Femme qui monte en courant d'étage en étage, tout au long de l'etroit
colimafon ou son tablier gris tournoie en spirale. Porte. Et enfin une
piece éclairée: lit, commode, cheminée, bureau avec une lampe posée
dans son coin gauche, et l'abat-jour qui dessine au plafond un cercle
blanc. Non. Au-dessus de la commode une gravure encadrée de bois

. est ¡·ixee.
' . . Non. Non. Non.11
nozr
Todos estos aspectos, y otros muchos, se multiplican y descubren al fijar
una poca de atención en esta novela. Las explicaciones que pudieran
darse serían algunas entre otras muchas, pero lo que sigue ofreciéndose al
lector es la misma gama en la que tienen cabida las interpretaciones de todo aquel que se acerca a la obra literaria. Aquí sólo hemos anotado algunos
aspectos y, aunque muy ligeramente, la construcción novelística con sus diversos elementos. La novela sigue abierta a todo lector atento, como toda
verdadera obra literaria que no se somete a una interpretación sino que por
el contrario propone, siempre, otras nuevas en aquellos que acuden a sus
páginas.

11
Se da cuenta en este instante que la puerta está entreabierta: puerta, corredor, puerta, vestíbulo, puerta, después en fin una pieza aclarada, y una mesa con un
vaso vacío cuyo fondo contiene todavía un círculo de líquido rojo sombrío, y un enfermo que se apoya sobre su muleta inclinado hacia adelante en un equilibrio precario. No. Puerta entornada. Corredor. Escaleras. Mujer que sube corriendo de piso
en piso, a lo largo del estrecho caracol donde su delantal gris da vuelta en espiral.
Puerta. Y al fin una pieza aclarada: lecho, cómoda, chimenea, escritorio con una lámpara, situada en su esquina izquierda, y la pantalla que dibuja un círculo blanco en
el techo. No. Arriba de la cómoda un grabado encuadrado de madera negra y fijada ... No. No. No (pp. 95-96).

ALGUNOS TEXTOS SUMEROACADIOS ACERCA DE LA CREACIÓN

Lrn. Lurs AsTEY V.
Instituto Tecnológico y de Estudios Superiores de Monterrey
No habia nada hecho.
Ni materia, ni números,
ni astros, ni siglos, nada.
El carb6n no era negro
ni la rosa era tierna.
Nada era nada, aún.
PEDRO SALINAS

l. SE ENCONTRARÁN A CONTINUACIÓN dos grupos de textos mesopotámicos
cronológicamente atribuibles a los siglos XX a VI a.J.C., que contienen mate~
ria] cosmogónico y antropogónico. Unos y otros son expresiones de una misma post~ra de pensamiento frente al problema de los orígenes, y entienden
la creac10n como cumplimiento de posibilidades anteriores implícitas en un
ord_e;1 previo al ~undo y prefigurador de él: casi como un'proceso de madur~c10n que los dioses creadores precipitan, pero que no requiere que mediante la derrota y muerte de las potencias primevales un caos inicial cambie de sentido y se convierta en materia pura, inerte frente a la voluntad de un
dios que vence -como lo requiere, por ejemplo, la cosmogonía conservada
en el Enuma elish. Pero los cinco primeros textos, que son fundamentaciones de ~iturgias o proemios a mitos de carácter sacerdotal, obedecen además, y
con bastante rigor, a un complejo esquema de convenciones conceptuales,
que más abajo serán examinadas. En tanto que los otros dos, una cosmogonía
de raíz popular que desemboca en el gusano y el relato de la creación de un
héroe mitológico que no es el primer hombre, personaje de un poema laico,
sea por los ambientes en donde surgen, sea por los temas de que se ocupan,
constituyen textos aberrantes. Ambos han sido separados en apéndice.
Desde luego, no se agota con estos siete documentos la especulación me-

237
236

�sopotámica sobre la procedencia del hombre y del mundo. Tanto los pasajes
que en el Enuma elish se refieren a ella como una serie de pequeños textos
cosmogónicos neobabilónicos y asirios y un grupo de mitos sumerios que intentan explicar la organización del universo, han debido ser omitidos ahora

El grano ...... ª de treinta días no existía
El grano · · · · • • de cuarenta días no existía.
Los granos pequeños, el grano de la montaña
15)
(

por razones de unidad.1

"EN

LA MONTAÑA DEL CIELO Y DE LA TIERRA"

(20)
2. Prólogo a uno de los mitos sumerios que se proponen examinar el sentido del
orden del universo.' Su sección central, que ahora no es del caso traducir, confronta
axiológicamente los elementos de la vida rural, estructura sobre la que reposa toda
la urdimbre de la antigua sociedad mesopotámica, y reviste la forma de un debate
entre Lahar y Ashnan, respectivamente dios de los ganados y diosa de las gramíneas,
acerca de los valores correlativos de la agricultura y el pastoreo. Texto: 17 fragmentos
procedentes de la biblioteca del templo de Enlil en Nippur; cf. S. N. KRAMER, SM,
115 n. 53. S. XX-XVIII aJC; pero la redacción puede ser de los siglos XXI-XX
(época de la tercera dinastía de Ur). Edición principal: E. CmERA, Sumerian religious texts (Upland, Pensilvania, 1924), no. 25. Traducciones: E. CHIERA, ibid., 2733; Ch.-F. Jean, "L'origine des choses d'apres une tradition sumériennc de Nippur" ,
Revue d'Assyriologie (=RA), XX1V (1929), 32-38; S. N. KRAMER, op. cit., 72-73
y 53-54 (repetida, con modificaciones, en From the tablets of Sumer, Indian Hills,

( 25)

(30)

Colorado, 1956), 144-46.

3. En la montaña del cielo y de la tierra
cuando Anu hubo formado a los dioses Anunnaki,
entonces, Ashnan no había nacido, no había sido modelada.
No había sido modelada U ttu,
(5) para Uttu no se había erigido santuario.
La oveja no existía, el cordero no había sido dado a luz;
la cabra no existía, el cabrito no había sido dado a luz.
La oveja no había hecho nacer a su cordero,
la cabra no había hecho nacer a su cabrito.
(10) Entonces, el nombre de Ashnan, la sapiente, y el de Lahar,
los Anunnaki, los grandes dioses, no los conocían.

( 35)

(40)

(45)
Los textos asiriobabilónicos pueden hallarse en A. HEIDEL, The Babylonian Gene1
sis (2a. ed.; Chicago, 1951 =BG2), 64-66 y 73-75. Acerca de los mitos sumerios,
véase S. N. KRAMER, Sumerian mythology (Filadelfia, 1944 =SM), 41-68. Para
el Enuma elish sea permitido referir a L. AsTEV V., El poema de la creación Enuma
elish (Monterrey, 1961; Poesía en el Mundo, 10) .
' Cf. TH, JAcOBSEN, en H. y H. A. FRANKFORT, The intellectual adventure of an-

'

I d
.
el grano . ..... ' no existían
n umentana para vestir no existía•
Uttu ~o había sido producida, no ;e había tocado con tiara
El senor . . . . . . no había sido producido.
.
Sumuqan no había sido hecho nacer.
,
Como la humanidad en el día de su aparición
ellos (los Anunnaki) , pan para comer no conocían
'
Indumentaria para vestir no conocían
'
C~naban con los (cuatro) miembro~ sobre la tierra,
conuan pasto con la boca como corderos
,
'
'
b ebian agua en los canales.
En aquel tiempo, en la cámara de crear de los dioses,
en s~ morada Duku, Lahar y Ashnan fueron modelados
~b~eron comp~etamente la mansión de los dioses con 'alimento.
e a abundancia de Lahar y de Ashnan
los Anunnaki, en su Duku,
comieron abundantemente, y no quedaron saciados.
De la · • • • . . leche de su rebaño
los Anunnaki, en su Duku,
bebieron abundantemente, y no quedaron saciados.
Para el bien de su sagrado rebaño
a la humanidad le fue concedido ~l aliento.
En aquel tiempo, Enki dijo a Enlil:
"Padre E~Iil, a Lahar y Ashnan,
que han sido formados en el Duku
del Duku hagámoslos bajar".
'
Enki y Enlil, con su palabra sacra,
ª Lahar Y Ashnan del Duku hiciéronlos bajar.
Para Lahar dispusieron el rebaño.
plantas y hierbas en abundancia' le otorgaron.
Para Ashnan establecieron una casa
el arado y el yugo los entregaron a eÍia.
Lahar, con su estar en el rebaño
'
es un pastor que acrecienta la fecundidad del reban~º·

• Para in_dic~r el estado de conservación o de intelección de los textos se em~lean los s1gu1entes signos convencionales.
.= significado desconocido, itálicas
lectura dudosa, ( ) = interpolación,· [ ~ mtegración, [ ...... ] = laguna.

=

j.

cient man (Chicago, 1946) , 152-65.

239
238

�Ashnan está en los surcos,
muchacha amable y apetecible es ella,
(50) que levanta su cabeza .desde el campo.
. l
Abundancia que proviene del c1e o
Lahar y Ashnan hicieron aparec~r.
A la asamblea trajeron abundancia:
trajeron aliento de vida sobre el p~s.
(55) Los decretos de los dioses establecieron.
Multiplicaron el contenido de los almacen_es,
las bodegas las abastecieron hasta la plenitud.
A la casa del pobre, abrazada al polvo, .
al entrar en ella la llenaron de abundancia.
d
t
(60) Dondequiera que, de los dos, el pie se hubo
demente
en
esa
casa
quedó
acrecentado
e
a
imen
o.
gran
.
El lugar donde estuvieron, lo saciaron;
el sitio donde se sentaron, lo proveyeron:
Regocijaron el corazón de Anu y de Enlil.

Pºt t

Enlil cantó las alabanzas de su zapapico.
El zapapico era de oro, su cabeza de lapislázuli,
el . . . . . . zapapico era de . . . . . . plata y oro.
El zapapico era . . .... ,
( 15) su punta era esforzada,
como baluarte solitario que sobresale de un gran muro.
El Señor . . . . . . al zapapico, le otorgó sus virtudes.
. ..... , su tiara pura colocó en su cabeza,
y al zapapico lo hizo penetrar en el Uzumúa.
En el agujero estaba la vanguardia de humanidad.
(20) Y mientras (los) de su país
iban brotando hacia Enlil a través de la tierra,
él contemplaba fijamente a los suyos, a los de la cabeza negra.4
6. La tradición de un surgir original del hombre a través del suelo, como
naciendo de una simiente que germina, es conocida, además, por la tercera
línea de un mito de Enki, denominado Enki y Eridu:

RELATO SUMERJO DE 1.A CREACIÓN DEL HOMBRE
y TEXTOS COMPLEMENTARIOS

.
a de la creación del zapapico y pone de
4. Pasaje inicial de un mito ~ue se oc~p20 fra mentos encontrados en la biblioteca
relieve su utilidad y sus excelencias. Text~d· t'f'ca!ión y ediciones, cf. S. N. KRAMER,
.
N" p r Para su I en 1 1
"S
del templo de En1I1 en ip u .
'b 'd 51-53. Th. J ACOBSEN'
umer•
,
S
N
KRAMER,
1
1
.,
'
ES) V
SM, 115 n. 52. Traducciones. . .
1 f Near Eastern Studies ( = JN
'
.
Journa o ·es complementarios, que tarob''
ian mythology: a rev1ew
ar t'cle"
1
•
ien se
(1946) 134-38. Para los textos ~e los tres .P;5ª~x a XVIII aJC, cf. S. N. KRAMER,
d de tablillas sumenas de los s1g os
han recupera 0 ,
n. 73, respectivamente.
op. cit., 116 n. 60, 113 nn. 32 y 35 y 117

(5)

· 1
e es apropiado.
5 El Señor ciertamente prod UJO o qu
El Señor cuyas decisiones nunca pueden ser ª:teradas,
, el cielo de la uerra,
Enlil, verdaderamente separo 1
bl . , pudiese brotar en el campo.
de modo que la simiente de a p~ ac1on
R ealmente separó a la tierra del cielo sada) en el Duranki,
y vendó sobre ella la desgarrad ura (cau
de modo que el Uzumúa

.

·

d humanidad).

es:uviese listo par~ pro~~c::zl~e~a;iu::::n;a:a a brillar-,
.
Hizo ser al zapapico
'd d 1 hombre que usa el zapapico.
. , las faenas los modos de v1 a e
organizo
,
.
1
asta
( 10) Extendiendo su brazo hacia el zapapico y a can
'

240

(5)

Cuando los destinos hubieron sido destinados
para (todas) las cosas engendradas,
cuando en el año "Abundancia nacida del cielo [ . . .... "]
la gente hubo brotado a través de la costra de la tierra
como las plantas y como las hierbas,
el señor del Apsu, el rey Enki,
el señor que destina los destinos,
construyó su casa de plata y lapislázuli.

La idea de una primitiva unión del cielo y de la tierra, rota por Enlil antes
de la aparición del hombre, se da también en las dos líneas:
En los días de antes,
días en que el cielo no había sido separado de la tierra,
en las noches de antes,
noches en que el cielo no había sido separado de la tierra,
con que se abre un mito de Enki y Ninmah,5 así como en el principio de un
poema que pertenece al ciclo sumerio de Gilgamesh:
• Los hombres.
' El objeto último del mito consiste en explicar la existencia de seres humanos irregulares o deficientes -el eunuco, la estéril, el anciano, entre otros- a los que Enki

241
H16

�( 5)

Después de que el cielo hubo sido alejado de la tierra,
después de que la tierra hubo sido separada del cielo,
después de que el nombre del hombre hubo sido nombrado;
después de que Anu hubo trasladado el cielo,
después de que Enlil hubo trasladado la tierra
y de que ésta hubo sido entregada como dote
a Ereshkigal en el mundo subterráneo, etc.,

5)
(

10)
(

y en el primer verso del relato asirio de la creación del hombre, luego traducido

en el párrafo 13.
( 15)
RELATO PALEOBABILÓNICO DE LA CREACIÓN DEL HOMBRE

7. El mito sirve de fundamento a un conjuro que tiene por objeto facilitar los nacimientos. Se conserva en dos versiones, una paleobabilónica, (A), y la otra, (B),
neoasiria e incorporada al Poema de Atrahasis. Éste relata la serie de castigos que Enlil
desató sobre la humanidad antes de enviarle el diluvio, con el propósito, siempre
frustrado, de moverla a que hiciese cesar el ruido y tumulto con que perturbaba la
tranquilidad de los dioses. El último de tales castigos fue la esterilidad, y de ahí al
parecer el que se haya incluido en el poema el ritual que la contrarresta. Textos: (A):
Bu 91-5-9 269, de Babilonia y de la época de Ammizaduqa (h 1578-1558 aJC); (B):
K 7816 y K 3399 + H 3934, de la biblioteca de Assurbanipal (h 668-626 aJC) en
Nínive. Ediciones: (A): T. G. PINCHES, Cuneiform texts from Bab,•lonian tablets in
the British Museum (=CT), VI (Londres, 1898), lám. 5; S. LANGDON, Sumerian
Epic of Paradise, the Flood and the Fall of Man (Filadelfia, 1915; University of
Pennsylvania, The University Museum, Publications of the Babylonian Section, X 1),
lám. lll-lV. (B): L. W. K1NG, CT, XV (Londres, 1902), lám. 49. Traducciones:
E. EBELING en H. GRESSMANN, Altorientalische Texte zum Alten Testament (2a. ed.;
Berlín y Leipzig, 1926 =AOT2), 134 (A) y 205-06 (B), y Tod und Leben nach den
Vorstellungen der Babylonier, I (Berlín y Leipzig, 1931), no. 37 (A y B); A. HEIDEL,
BG2, 67 (A), y The Gilgamesh Epic and Old Testament parallels (2a. ed.; Chicago,
1949), 115-16 (B); E. A. SPEISER en J. B. PRITCHARD, Ancient Near Eastern texts
relating to the Old Testament (2a. ed.; Princeton, 1955 =ANET2), 99-100 (A y B).

8. (A), última columna del anverso:
"Lo que es exiguo, lo hará crecer hasta la plenitud.
La carga de la creación, el hombre la soportará".
y Ninmah producen, a modo de pasatiempo, con ocasión de una fiesta y luego de haber bebido en demasía. Pero en un pasaje anterior del propio texto, y por sugerencia de Enki, la humanidad misma ha sido formada por Nammu, diosa del subsuelo
acuoso y madre de Enki, modelando "arcilla de la que está en la parte de arriba del
Apsu", y en seguida entregado a Ninmah, que en este contexto se identifica con Ki,

20)
(

(25)

Llamaron a la diosa, [ · · · · · • a 1a ma]dre
a la más favorable
'
"T,
1
. de 1as d'iosa~, a la sapiente
Mami.
u eres a Matriz.
.
la productora de humanidad
Produce a Lullu,6 que soport~ el yugo
~l yugo ha de soportar [ ...... ].
·
N~ carga ~_: la creación, el hombre la soportará"
mtu abno su boca
·
y dijo a los grandes dioses:
"En mí reside la formación de todo 1
que Lullu aparezca.
o que es hacedero; con su ...... '

ti' que sera' quien
· ha de servir a todos los dioses
quek' seab 1:'",odelado de arcilla, animado con sang:e"
.
En 1 a no su boca
y dijo a los grandes dioses.
"En el mes de ...... '
·
de la purificación del país (Y) de1 juicio de su pueblo,
que un dios sea muerto
ye que los dioses queden purificados en el juicio.
on su carne y su sangre
q~e Ninhursag mezcle ar;illa.
Dws y hombre
.
phabrán. de [ . . . . . . ] d e ah'i, unidos
en la arcilla.
ara siempre al [ ...... ] habremos de oír"

9. (A), reverso:
[ · · · · · •] su 7 pecho
[ · · · • • •] la barba·
[ · · · · · ·] la mejill; del hombre
[ · · • • .. ] levantar
·
(5 )
[.C · · · · .] de ambos 01'os, 1ª mu1er
· y su hombre.
[ atorce ma]trices estaban reunidas
[delante de] Nintu.
[Al tér]mino de la luna nueva
[a la Casa] de los Destinos lla~aron a las hieród l s
_1_ T__- - u as.
a ierra Firme. El destino de la humanidad
ses, para quienes cada vez se vuelve , d /\proveer a las necesidades de los diomento. Cf. S. N. KRAMER SM 68-72. mas 1 1c1 proporcionarse ellos mismos su ali
• El hombre en su estado
'
, a sal
comparar
con T H. J ACOBSEN, JNES, V, 38-41.·
inicial de
..
L~l~hu": Kleinasiatische Forschungen I v~¡;~;;·) C;.2 B. LANDSBERGER, "Habiru und
• oses1vo femenino singular.
'
'
1-24.
Las cortesanas rituales del mundo de los d'10ses, imaginadas a modo de las sa-

243

242

�[ ...... ) Ea vino Y
.
[se arrodi)lló i abrió la matn~- .
su rostro.
La [venció amorosamente); Jubiloso estaba
[. . . . . . do)bló las rodillas L· · · · · -1
[ ...... ) hizo una abertura.
(15) Dejó salir su fruto,
orando.
d '11 d arcilla .9
.
como vientre el la n
e
'
eonf1gura
d iedra en medio de L· · · · · ·1·
haz . . . . . . e p
'
..
de la que está de parto.
Que los iracundos se regoc11en en ca~ .
1 F, rtil 10 otorga el nac1m1ento,
, 1
(20) Puesto que a e
que la madre del niño dé a luz por s1 so a.

(10)

(25)

°

•

11

10. (B) : L· ..... be)saban sus pies_
i2 te
'an. "Productora de hurnamdad1
llamamos;
d
[yec1.
b"
( 10) [se)ñora de todos los dioses es :u nom re .
[Fueron} a la Casa de los Destinos
[Nin]igiku-Ea (y) la sapiente M.ama.
[Catorce ma)trices estaban , reunidas
11
·na delante de e a.
1
para modelar en lar.c1 '
.
d ente recitaba el [conjuro}.
d"o
Ea mientras reitera am
.
1
1
( 15) L· · · · · ·
]
'
h"
e ella recitara el con1uro.
Sentado delante de ella, Ea iz? ¿u e ella hubo cumplido el conjuro,
[Mami re)citó el conjuro. De.spues e qu
de arcilla.
[ . . . . . .1 ella modeló
11
f auró con los dedos;
[Catorce tro]zos e a con lo
siete trozos puso a la derecha, .
. . da Entre unos y otros co1ocó un ladnllo.
20)
[siete
tro)zos
puso
a
la
izqmer
. .,
bli o is
(
·11'
en
la
estera
hend10
su
oro
g .
[E]a se arrod I o
'
1

1
tres Como la palabra empleada en a
cerdotisas de fecundidad de los tempos :err~~ca 1~ idea de santidad. Cf. E. DHOR~E,
traducci6n, la raíz semíti~a des~ nom_bre
1945; Mana: Introduction a l'histo1~~
Les religions de Babylonie et d Assyne . ( ar:lelo, habla de "las mujeres prudentes,.
des religions, I 2), 213._ (B) 2~, p;~:¡r:c~iones rituales, semejantes a las de las li• Con este verso comienzan as
neas 29-33 de (B) ·
10 Nintu.
tablilla asiria. El último verso de la, colu.1:1n,~ anu Es la columna cuarta de la
podia nacer ningun mno ' co•
.
"la matriz estaba cerrada, de modo que no
bre el hombre en el Mito de
tenor:
d
t ilidad que recae so
•
necta el ritual con el castigo e 1a es er 'l lgunas palabras dispersas, de las que m
. De los vv 1-7 se conservan so o a
Atrahasis.
·
b
. .
f do general puede o tenerse.
siquiera un sen 1
•
•
u Cf. anv. 6 de (A).
f"
i!las de arcilla, aparentemente sin nm.d d d 1 Ombligo en 1as igur
1
(A)
11 Hizo la cav1 a
e
14 líneas parale as en
·
11
guna implicación sexual, a pesar de los vv.
y
'

;:J/

244

(30)

[ ...... ] ella llamó a las mujeres prudentes.
[Siete] y siete matrices; siete produjeron hombres,
[siete] produjeron mujeres.
La Matriz, la productora de destinos,
por parejas los completó;
por parejas los completó delante de ella.
Las formas de las gen tes Mami las forma.
En la casa de la embarazada que está de parto,
que siete días el ladrillo permanezca.
...... de la casa de Mah, de la sapiente Mami.
Que los iracundos se regocijen en casa de la que está de parto.
Puesto que la Fértil otorga el nacimiento,
que la madre del niño dé a luz por sí sola.

11. La presencia de la Gran Madre (Ninhursag=Mami=Nintu ) y la
identidad del ritual fundamentado por el mito aseguran el parentesco esencial de las dos versiones. Conviene, sin embargo, poner el acento sobre las
divergencias entre ambas. Porque (B) duplica, y ya con variantes, únicamente las líneas 3 a 6 del anverso y 17 a 21 del reverso de (A), en tanto que
cubre el contenido de las otras con diferencias de consideración. Así, existe
desacuerdo entre ambos documentos en cuanto a las sustancias que intervienen en la composición del hombre. En el anverso de (A) , Ninhursag emplea la sangre de un dios al efecto inmolado por sugerencia de Enki, para
animar con ella cuerpos de arcilla. (B), en cambio, parece ignorar la participación de la sangre, y presenta a Enki y Ninhursag recitando conjuros sobre
figurillas de barro en forma de matriz, hasta lograr que de ellas nazcan los
hombres. Y mientras la ejecución de ese acto, mitad magia, mitad palabra
creadora, ocupa la casi totalidad de la redacción asiria, el reverso de (A)
describe algo que aquélla no registra. En presencia de las cortesanas rituales ( ?)
de la ciudad celestial, Enki y Ninhursag realizan una divina mimación
de los actos de la vida -fecundación y nacimiento- tal vez con el propósito
de instruir a los recién formados acerca de cómo asegurar la continuidad de
la especie. Por otra parte, es asimismo solamente (A) , en el anverso, la que
hace constar los motivos de la creación, en nada diferentes, por lo demás,
de los conservados por las leyendas similares.

RELATO ASIRIO DE LA CREACIÓN DEL HOMBRE

12. Tablilla esotérica de Assur, de hacia 800 aJC. El texto se halla distribuido en
tres columnas, la segunda y la tercera respectivamente con el original sumerio y la

245

�traducci6n acadia del relato, y la primera con caracten,s aún sin descifrar,. que _probablemente sean criptogramas para uso de iniciados. Edici6n: E. EBELI~G, Ke1lschnfttexte
aus Assur religiiisen Jnhalts, I (Leipzig, 1915), no. 4. Traducciones: E. EsELINO,
Zeitschrift der Deutschen Morgenliindischen Gesellschaft, LXX ( 1916), 432-38, Y
AOT2, 134-36; A. HEIDEL, BG2, 68-71.

(35)

13. Cuando el cielo hubo sido separado de la tierra,
su distante y fiel gemelo,

(5)

(cuando) la madre de las diosas hubo sido traída al ser,
cuando la tierra hubo sido producida, que hubo sido conformada,
cuando los destinos del cielo y de la tierra hubieron sido destinados,
(cuando) al foso y al canal les hubo sido dada (su) co~recta direc?ión,
(cuando) las riberas del Tigris y del Eufrates hubieron sido establecidas,

(entonces) , Anu, Enlil, Shamash y Ea,
los grandes dioses,
(y) los Anunnaki, los grandes dioses,
en
la mansión enaltecida se sentaron
( 10)
(y) lo que había sido producido unos a otros se dij~ron: .
"Ahora que los destinos del .cielo y de la tierra han sido de~tma~?s,
que el foso y el canal han sido encauzados en su correcta direcc10n,
(15)

que las riberas del Tigris y del Eufrates
han sido establecidas,
¿ qué haremos?
¿ qué formaremos?
Oh Anunnaki, vosotros, grandes dioses,

¿ qué haremos?
.
(20) ¿ que' f ormaremo5?"
Los grandes dioses que ahí comparecían
(y) los Anunnaki, que destinan los destinos,
unos y otros respondieron a Enlil :
"En Uzumúa, en el enlace de cielo y tierra,
(25) matemos (dos) dioses Lamga.11
De su sangre, hagamos a la humanidad.
El servicio de los dioses sea su parte:
para siempre
mantener la zanja limítrofe;
(30) sostener la canasta y el azadón
" Los dioses Larnga son dioses artesanos; cf. A. HEIDEL, BG2, 69 n. 52. Tal vez esta condición suya ayude a interpretar el v . 60, cuya primera lectura resulta desconcertante.

246

(40)

(43)

(47)
(50)

(55)

(60)

(65)

en sus manos;
para la morada de los grandes dioses
-que está hecha para ser una excelsa residenciadelimitar el campo;
para siempre
mantener la zanja limítrofe;
conservar al canal su correcta dirección ·
'
mantener las señales de límite;
regar las cuatro regiones del mundo;
suscitar abundancia de plantas,
lluvias [ ...... ] ;
mantener el límite;
llenar el granero;
~acer que el campo de los Anunnaki produzca plenamente,
mcrementar la abundancia de la tierra;
celebrar las solemnidades de los dioses
'
verter agua fresca
en la morada de los dioses
-que está hecha para ser un excelso santuario--.
Uligarra (y) Zalgarra 15
nombrarás sus nombres.
Que multipliquen bovinos, lanares, equinos, peces, volátiles,
abundancia de la tierra,
(eso) Enul (y) Ninul
con sus bocas decretarán.
Aruru,16 la que está hecha para la soberanía,
grandes destinos destinará para ellos:
producir trabajadores aptos para el trabajador apto,
.
trabajadores ineptos para el trabajador inepto,
(surgiendo) de ellos mismos como el grano de la tierra;
algo que, (como) las estrellas del cielo,
nunca será quitado de su lugar''.
Que día y noche
celebren las solemnidades de los dioses
por ellos mismos :
(estos) grandes destinos
Anu, Enlil,

10
"El ( la.
· l ~) Que produce abund anc1a
' " y " el (¿la?) que produce plenitud".
,.
En lugar del nombre Aruru, la columna acadia pone "la diosa señora de los
dioses".

247

�(70)

Ea y Ninmah,
los grandes dioses, destinaron (para ellos) .
En el lugar donde la humanidad fue hecha,
ahí Nisaba quedó firmemente establecida.
17
Que el sabio enseñe el secreto al que sabe.

CosMOGONÍA CALDEA "UNA CASA SANTA"

I

14. Proemio y fundamentación de un ritual para la purificación del Ezida, templo
en Borsippa consagrado al dios Nabu. Texto: BM 82-5-22 1048, bilingüe (sumerio y
acadio, pero el acadio parece ser el original), neobabilónico, encontrado en Sippar.
S. VI aJC. Edición: L. W. K!No, CT XIII (Londres, 1901), lám. 35-37. Traducciones:
E. EBELING, AOT2, 130-33; A. HEIDEL, BG2, 62-63.

( 5)

( 10)

15. Una casa santa, una casa de los dioses,
en un lugar santo, no había sido hecha,
un junco no había surgido, un t.rbol no había sido formado,
un ladrillo no había sido puesto,
un molde para ladrillos no había sido construido,
una casa no había sido hecha, una ciudad no había sido edificada,
una ciudad no había sido hecha,
abundancia de hombres no había sido establecida ( en ella);
Nippur no había sido hecha, el Ekur no había sido edificado,
Uruk no había sido hecha, el Eanna no había sido edificado,
el Apsu no había sido hecho, Eridu no había sido edificada,
una casa santa, una casa de los dioses,
su habitación, no había sido hecha;

todas las tierras eran mar.
En el centro del mar existía un acueducto.

Colofón del tipo usual en las tablillas esotéricas. Compárese por ejemplo el de
EnELING, Tod und Leben, 37): "Misterio de los grandes dioses. El
que sabe debe enseñarlo al que sabe. El que no sabe no debe verlo. / Abominación de
los grandes dioses". O el de VAT 9555: "El que destruya esta tablilla o la eche al
agua / lo mismo que si alguno la ve, alguno que no deba saber nada de ella, al cual
no le esté permitido oír nada de ella, / a cualquiera de éstos, plegue a Assur, Sin,
Shamash, Adad e Ishtar, Bel, Nabu, Nergal, Ishtar de Nínive, / Ishtar de Arbelas,
Ishtar de Bitkidmuri, / a todos los dioses del cielo y de la tierra y a los dioses del
pais de Assur todos reunidos, / maldecirlo con maldición mala e indisoluble, hacer
que no encuentre piedad en todos los días de su vida; / plázcales apartar del pais
su nombre y su simiente (y) arrojar su carne a las fauces de los leones". Ambas tablillas proceden también de Assur y pertenecen al siglo VIII a.J.C.
17

KAR no. 304 (E.

248

Entonces Eridu fue hecha, el Esangila fue edificado
el ~san~la que en medio del Apsu Lugaldukugga 'fundó;
Babilonia fue hecha, el Esangila fue terminado,
(15) los Anunnaki, todos ellos, construyeron (la ciudad) •
"santa c·tuda d", " morada de 1a alegría de sus corazones"
'
'
solemnemente la denominaron.
(Entonces) Marduk tramó una estructura de juncos
sobre la faz de las aguas,
hizo tierra, y (la) derramó en la estructura de juncos.
Para hacer habitar a los dioses
en la morada de la alegría de (sus) corazones,
(20) formó a la humanidad·
'
Aruru, con él, hizo la simiente
de humanidad.
Formó el ganado de Sumuqan, creaturas vivientes de la llanura .
el Tigris y el Eufrates formó, (los) colocó en su lugar;
'
sus nombres los nombró de propicia manera.
(25) Formó la hierba, la caña de la ciénaga, el junco y los arbustos,
el verdor del campo formó,
las tierras, los pantanos, los cañaverales;
la vaca, su cría el becerro
'
la oveja, su cría el cordero del aprisco;
huertos y bosques;
(30) el ma,:ho cabrío, el macho cabrío montaraz [ .... .. ].
El Senor Marduk amontonó a la orilla del mar una represa
[ ...... ] cañas, juncales, en ella puso.
'
[ ...... ] hizo existir.
[Hizo sur]gir [ ...... ], formó los árboles•
'
(35) [ ...... ] formó en el lugar.
[P~so ladrillos, el mol]de para ladrillos construyó.
[Hizo una casa], edificó una ciudad.
[Hizo una ciudad], abundancia de hombres estableció ( en ella) .
[Hizo Nippur], el Ekur edificó.
(40) [Hizo Uruk], edificó el [Ean]na.

CONSTANTES DE PENSAMIENTO

16. ,Más allá de su _diversidad inmediata, los cinco textos que acaban de
ser ~e1dos revelan una fundamental unidad de pensamiento. Sus doctrinas
particulares acerca de la creación -los dioses que crean y las circunstancias

'

249

�. nes tal como los entiende cada documentomodos y resultados de sus operac10 d
1 tradiciones en vigor en las difede otras de acuer o con as
d
11
se apartan unas
'
1
1 t pertenecen Pero en to os e os
rentes épocas y santuarios a que os re a os mogónic~ se hallan presididas
.,
tructura del acontecer cos
la concepc1on Y 1a es
t l vez sean susceptibles de forpor un conjunto de supuestos comunes, que a
mularse como sigue.
.,
d un estado inicial del mundo, a
.
p · a toda creac1on se a
Primero. rev10
d
ertenecen y a partir del cual se
l
. mos dioses crea ores p
cuyo orden os mis
.
fase cósmica físicamente compuesta
realiza todo el tra~ajo suyo. _Esta p~~ra f rra pero ;onstituida también por
por la unión origmal _d~l cielo y . e ~ ie a de ausencias de los seres que
las posibilidades de existir que su~1erel ,ª sum t como lugar en donde estos
dos vale simu taneamen e
después han de ser crea '
d
t ·a para la creación. La obra
como fuente e ma en
últimos van a presentarse y
. creación en el sentido de operanea es en consecuencia,
.
de los creadores nu
,
d
.
t nsforrnación y enriquecimiento
l
ser
de
la
na
a
smo
ra
ción que obtenga e
. ' l'd d s aun cuando todavía despro. 't'1vo mundo lleno de virtua I a e '
de un prim1
visto y rudimentario.
1
mpañía de sus icruales, es siempre
l dios que crea so o o en co
º
h'
E
d
Segun o.
' E lil E k.1-Ea la Madre de los Dioses ipos.
' · sumo· Anu n , n
'
'
un d ios cosmico
.
'
.
1 al únicamente en la Cosmogonza
.
1
de sus advocaciones oc es.
.
tas1ada en a guna
. te teológica derivada del unpecaldea, que con ello se vin~ula a 1a co~nen vez en el prólogo al Código
b b'l' .
enunciada por primera
rialismo a I omco y
M d k l dios nacional de Babilonia. Pero
de Hammurabi,1ª el creador es . ar u ' e
del universo y que se ha
. .d
Enhl en cuanto rey
aun él, que ha sustitm o ~
h d afirmarse en sus poderes de crea.d
, n dios cósmico sumo a e
~
d
convertI o as1 e
' .
d'oses y ahora se acompana e
·
·'
on
los
antiguos
1
,
dor mediante asoc1ac1on c
~ , de Ea en el
d
ar al hombre como se acompano
Aruru en el momento e crez·sh 19 Correlativamente, es a esos mismos dioses
· ana'logo del Enuma
pasaJe
. ei ·
E
a quienes pertenece 1a potest ad
cósmicos supremos, particularmente a n I ' 20
de destruir, según lo demuestran otros textos.

n

"
1 excelso Anu rey de los Anunnaki, (y) Enl!l, seCf. col. I 1-26: Cuando e
.
d' 1 ,
Marduk primogénito de
.
d ·
los destmos e pais, para
'
.
ñor de cielo y tierra, que estma
1 .
h bieron destinado y lo hubieron hed Bel * sobre toda a tierra u
'
Enki, el rango e
. . **
a Babilonia hubieron nombrado con su nomcho grande entre todos los Ig1g1,
(y)
1
tal'd d del mundo (y) en el cenb"
!to suprema en a to I a
'
bre enaltecido y la hu ieron vue él
.
d radero cuyos cimientos son firmes co.
f
ndado
para
un
remo
u
A D
tro de ella hubieron u
" p
1 texto del Código, véase . EIMEL,
ti
entonces etc.
ara e
1
mo el cielo Y como ª erra,
'
R
1953)
. (3
d de E Bergmann; orna,
.
.
Codex Hammura b'
a. e .,
. b
,
be todo el universo. ** Dioses mme* Enlil. El rango de Enlil es la ~o erarua so r
diatamente subordinados a Enlil.
,. Cf· E numa elish' VI 1-40.
·
1 uvio.
h ·
¡ diversos relatos de¡ d'l
'º En particular el Mito de Atra asis y os
1s

Tercero. La creac10n se produce por medio de operaciones directa e inmediatamente ejecutadas por los dioses que crean, y concebidas a imagen
de los actos humanos. Generalmente se copian en ellas las formas de trabajo
del agricultor, del constructor y del artesano, muy especialmente del alfarero.
Aunque a veces, en las antropogonías, el medio de creación es el acto sexual.
Y así como de cada uno de esos procesos de actividad de los hombres regularmente resulta la existencia de un solo objeto nuevo, así también cada
una de las acciones de los creadores da por resultado únicamente un nuevo
ser del mundo.
Cuarto. Con excepc10n del estado inicial del mundo, todo lo que existe
tiene su origen en la actividad de los dioses que crean. Ellos han formado
uno a uno los elementos particulares que componen el universo físico aparente, ellos han hecho los primeros animales y los primeros hombres y les
han otorgado aptitud para repetirse por medio de la generación, ellos han
constituido los modelos para los bienes de cultura -utensilios, procedimientos
de trabajo, formas de vida- que después se multiplicarán por obra de los
hombres, ellos han coronado y perfeccionado el cosmos con la edificación de
sus propios santuarios. Un relato completo de la creación, que por esto mismo
no puede nunca llegar a producirse, tendría que ser también un inventario y
un intento de clasificación de todos los seres del mundo.
Quinto. Cada uno de los seres creados ha sido puesto a existir con el propósito de satisfacer alguna necesidad de los dioses. La rica pluralidad del
mundo se organiza, consecuentemente, en una unidad teleológica y teocéntrica:
las cosas se dan como entretejidas en una madeja de finalidades que las refieren a los dioses. Y por el hecho mismo de hallarse orientado hacia éstos,
tanto como por su propio origen divino, el universo es intrínsecamente un
bien, un orden de cosas que vale positivamente. Necesariamente, pues, cada
dios que crea es al mismo tiempo un dios bienhechor y un dios ordenador.
Sexto. Dentro de esa situación general, el hombre, que no se distingue del
mundo ni por su origen ni por la materia de que ha sido hecho, y que en
cuanto mero ser natural aun ha sido creado salvaje y parecido a los animales,
tiene como finalidad específica atender al servicio de los dioses y liberarlos
parcialmente del cuidado y conservación de su obra. Y esta función suya sí
determina una singularidad. En virtud de ella, el hombre es el único ser
del mundo que puede asumir hacia éste actitudes vicarias y que es capaz
de imitar y de continuar en él, modificándolo a su vez de acuerdo con las
pautas de comportamiento que para ese propósito le han comunicado los
dioses y en cuyo ejercicio reside la auténtica condición humana, el trabajo
de creación iniciado por ellos.
En ninguno de los cinco textos arriba traducidos la especulación mesopo-

251
250

�támica acerca de los orígenes ve más atrás de la presencia de los dioses cósmicos supremos y de la existencia del embrionario cosmos inicial a partir del
cual éstos crean. Pero se!!Ún
la primera de las genealogías. con n
que
un texto
o
·
teogónico que obedece a la misma tendencia de pensamiento mtenta remontar hasta la última fuente de todas las cosas, el cielo y la tierra y los
dioses creadores, aquéllos entendidos simultáneamente como s~res ~iv~nos. Y
como elementos del mundo, proceden unos y otros de una pare·a pnm1gema,
Enmesharra y Ninmesharra, respectivamente señor y señora de las normas
22
inalterables que gobiernan la operación del universo. Desde ~l más remo:º
comienzo habría sido, pues, la doble manifestación de una misma . p_o~enc1a
organizadora, separada y diferenciada conforme a sexo, en cuyas p~s1b1li~ades
de generación habrían estado virtualment:, prefiguradas
las ex~ste~c1as y
los modos de comportamiento y de relac1on que despues se reahzanan en

(10)

( 15)

(20)

;ª

cada uno de los seres concretos.
(25)
APENDICES

UNA COSMOGONÍA POPULAR: "CONJURO CONTRA EL DOLOR DE LA DENTADURA"

l. Texto: BM 55547, de época neobabil6nica (s. VI aJC). Edición: R. C. TnoMPsoN, CT, XVII (Londres, 1903 ), lám. 50. Traducciones: E. EBELI~G, AOT2, 13334; A. HEIDEL, BG2, 72-73; E. A. SPEISER, ANET2, 100-01. Dos tablillas encont:adas
en Mari, que a partir de sus colofones pueden fecharse entre : 7 ~ 5 y 1690, contienen
un texto hurrita del conjuro, aunque sin la introducción cosmogoruca; cf. F. TuuREAUDANGIN, "Tablettes hurrites provenant de Mari", RA, XXXVI (1939), 1-10.

2. Después de que Anu [hubo formado el cielo],
que el cielo hubo formado [la tierra],
que la tierra hubo formado los ríos,
que los ríos hubieron formado los canales,
que los canales hubieron formado e1 cieno
(y) que el cieno al gusano hubo formado,
fue el Q"Usano
a llorar delante de Shamash,
o
delante de Ea corrieron sus lágrimas.
"¿ Qué me darás para que yo lo coma?

(5)

11

22

G. DE GENOUILLAC, Textes religieux sumériens du Louvre, 1 (París, 1930), no. 10.
Acerca del significado de la partícula me, véase Tn. JACOBSEN, JNES, V, 139 Y

¿qué me darás para que yo lo chupe?"
"Te daré el higo maduro
y el durazno".
"¿De qué me sirven el higo maduro
y el durazno?
Levántame y déjame habitar
entre los dientes y las encías.
La sangre de los dientes déjame chupar,
y en las encías déjame comer
sus raíces".23
Inserta la aguja y ase su pie. 2 i
Porque dijiste eso, gusano,
que Ea te golpee con el poder
de su mano.
Conjuro contra el dolor de la dentadura.
Su manipulación: cerveza de segunda y aceite mezcla uno a otra,
el conjuro pronúncialo tres veces sobre ellos
'
y pon(los) en su diente.

3. En su mayor parte el texto se halla ocupado, pues, por un mito etiológico q_~e tie~e como protagonista al gusano que habita en las encías, represen~ac1on ~n~ada del ner~,'Ío dentario. Pero es toda una progresión de generaciones cosm1cas, promovida por Anu y en la que se hallan comprometidos
los ele~entos mayores del mundo, la que ha sido puesta en movimiento para
dar ongen al gusano. Y la despropor~ión entre la magnitud de las operaciones implicadas y el valor del resultado en que desembocan, así como la desp_reo~up~da s~plificación de los procesos y el manejo de objetos de la expenenc1a 10med1ata y no de las grandes potencias cósmicas o nacionales (en
los vv. 3 a 5, por ejemplo, un relato sacerdotal hubiese encontrado lugar para
Ea) , ponen de manifiesto el carácter popular de la cosmogonía. Pero la
introducción se ha adherido a un texto que lleva un sentido religioso. El mito
trabaja en el conjuro como instrumento de dominación, para fin de que por
haber oído pronunciar su nombre y revelar otros dos aspectos capitales de
su ser, su origen y la determinación de su destino, el gusano quede sometido
23

De los dientes. F. THUREAU-DANOIN, loe. cit., 4: "los alvéolos".

. " El ~ie del g~sano, es decir, el nervio dental. La línea contiene, pues, la primera
mstrucc1on al con¡ura~or. Instrucciones ulteriores se hallan en las líneas 25-27. Las líneas 21 a 23, en cambio, serían dirigidas por el conjurador al gusano en el momento
de arrancar el nervio dental. Acerca de todo el problema, cf. A. DAVID, Operation dentaire en Babylonie, RA, XXV (1927), 97.

n. 20.

253
252

�al vínculo mágico, sujeción fuera de ia cual resultarían inoperantes las acciones que el conjurador debe ejecutar en el diente del enfermo.

LA CREACIÓN DE ENKIDU EN EL POEMA DE GILGAMESH

(35)
4. El pasaje se halla en la segunda columna, vv. 11-35, de la p~imera ta~~illa del
poema. Texto: BM 81-7-27 93 y tres duplicados, todo ello material neoasmo, procedente de la biblioteca de Assurbanipal en Nínive. Edición: R. C. THOMPSON, The
Epic of Gilgamish, I (Londres, 1930). Traducción más reciente: A. ScHOTT Y W.
von SooEN, Der Gilgamesch-Epos (Stuttgart, 1958).

5. Los nobles de Uruk se hallan en[tristecidos]
en sus cá[maras de apartamiento]:
(13)
(16)

(20)
(23)
(27)

(30)

"Gilgamesh no deja al hijo a [su] padre;
[día] y [noche] su arro[gancia] prosigue sin restricción.
[Gilgamesh] no deja la [doncella a su madre];
la hija del guerrero, [la elegida del noble"].
Los [dioses escucharon repetidamente] su queja.
25
Los dioses del cielo [invocaron] al Señor de Uruk:
["Aruru] 26 fue la que trajo al ser a este furioso toro salvaje.
Gilgamesh no deja el hijo a su padre,
día y noche [su arrogancia prosigue sin restricción].
Gilgamesh no deja la doncella [a su madre];
la hija del guerrero, la elegida del noble".
Cuando [Anu] hubo escuchado repetidamente su queja,
invocaron a la grande Aruru: "Tú, Aruru, formaste a [Gilgamesh];
27

forma ahora una imagen suya,
que haga par con la tormenta de su corazón.
,. Anu.
1
·
'" Compárese el v. 30, en donde la integración parece más segura porque e posesivo
singular en la línea inmediatamente siguiente, confrontado con su contexto en el pasaje, exige que Gilgamesh sea mencionado en alguna form~. Pero no hay, en lo.~asta
ahora recuperado, ningún lugar del poema que se ocupe d1rect~men~e de la creac1~~ de
'l
h El acto más cercano a ésta de que ha quedado testimonio es el de su per·
1
G 1 games .
feccionamiento" ( cf. Enuma elish, I 91), que Bo 624, fragmento_ perteneciente a a
recensión hitita de la obra, atribuye a Shamash, Adad y "todos_ los d~oses'.'.; ver J. _FRIE~RICH, Die hethitische Bruchstücke des Gilgames-Epos, Ze1tschnft fur Assyriolog1e,

XXXIX (1930), 2-5.
21 El término acadio significa también "reflejo" y "evocación". En cualquiera de las
tres acepciones, la idea fundamental es la de una réplica del ser a que la palabra se

Que combatan el uno contra el otro,
para fin de que U ruk pueda vivir en paz".
Cuando Aruru escuchó esto,
hizo que una imagen de Anu se representase dentro de sí.
Aruru se lavó las manos,
tomó arcilla con los dedos, y la arrojó a la planicie.
En la planicie quedó formado el valeroso Enkidu,
renuevo de ...... , ser de Ninurta.

6. Las operaciones de que consiste la antropogonía han sido pensadas a
semejanza de las que los sacerdotes ejecutan durante el desempeño de las
liturgias, y reconocen como elemento regente el manejo de la "imagen de
Anu", fuerza sagrada que mediante el poder de sus ojos la creadora recoge
del contorno mismo del dios, a la que hace luego residir dentro de su propia
intimidad, y que por virtud de sus manos purificadas traslada después a
un trozo de arcilla, en donde la fija y convierte en origen de vida humana.
Según la lectura que más arriba se acepta, la diosa termina la formación del
nuevo ser lanzando a la llanura el incipiente complejo de materia y energía
que ha sintetizado, como si con ello le añadiera un primer impulso exterior
que lo pusiese en funcionamiento y provocase por imitación, como induciéndola, su existencia independiente y plena. Sin embargo, la última parte de
la línea 34 admite otras dos traducciones, "impuso sus manos sobre ella"
(la arcilla) y "trazó un dibujo sobre ella", que necesariamente traen consigo
dos posibles variantes en cuanto a la operación final.
Por otra parte, aunque Enkidu no es el primer hombre, las líneas inmediatamente siguientes a las antes traducidas lo presentan en la misma condición de salvajismo, anterior a la sociedad y a la vida urbana, que los documentos antropogónicos mesopotámicos suelen atribuir al hombre en el momento de su aparición:

(40)

Espeso de vello se halla todo su cuerpo;
el pelo de la cabeza lo tiene como de mujer;
las guedejas de su cabello crecen como Nisaba. 28
Nada conoce de gente ni de país; su vestidura es como de Sumuqan.
Se alimenta de hierba como las gacelas.
Con las bestias silvestres se atropella en los aguajes;
con las creaturas de fecundidad su corazón se regocija en el agua.

" La cabellera de Enkidu crece con la irergularidad de los sembradíos de gramíneas
cuya diosa es Nisaba. El verso siguiente contiene una idea similar. Sumuqan era imagi~
nado a modo de fauno, y de esa apariencia suya deriva la comparación con la vestidura de Enkidu, tal vez de su propio vello, tal vez de pieles de animales.

refiere.

255
254

�EXPLICACIÓN DE LOS NOMBRES PROPIOS QUE
APARECEN EN LOS TEXTOS
Anu: "Cielo" (literalmente: "lo que está arriba"). Dios del cielo, dios local de Uruk.
Anunnaki: "Hijos de Anu". Denominación colectiva de los grandes dioses.
Apsu: El subsuelo acuoso que sustenta los mantos de agua dulce. En la Cosmogonía
caldea, templo de Ea en Eridu.
Aruru: Advocación de la Madre de los Dioses (
belit ilani: "señora de los dioses")•
Ashnan: "Trigo". Diosa de los cereales.

=

Duku: "Mansión sagrada". Estancia secreta del templo de Enlil en Nippur.
Duranki: "Ligamen de cielo y tierra". Área del templo de Enlil en Nippur.
Ea: "Casa del agua". Dios semítico de los mantos de agua dulce, señor de la sabiduría
y de la magia, dios local de Eridu. Corresponde al sumerio Enki.
Eanna: "Casa del cielo". Templo de Anu en Uruk.
Ekur: "Casa de la montaña". Templo de Enlil en Nippur.
Enki: "Señor Tierra". Dios sumerio al que corresponde Ea.
Enlil: "Señor Viento" o "Señor Tormenta". Dios de la atmósfera y de la tierra superficial, rey del universo, primado del panteón sumerio, dios local de Nippur.
Enul: "Señor de abundancia". Padre de Enlil en cuanto dios local de Nippur.
Ereshkigal: "Señora de la grande tierra". Diosa del mundo de los muertos.
Eridu: Ciudad sobre la antigua costa del Golfo Pérsico, en la desembocadura del Éufrates. Centro del culto de Enki y de Éa.
Esangila: "Casa de la cabeza levantada". Templo de Marduk en Babilonia.
Lahar: Dios de los rebaños.
Lugaldukugga: "Rey del Duku". Originalmente, epíteto de Enlil. En la Cosmogonía
caldea se atribuye a Marduk.
Mah: "Sublime". Epiteto de la Madre de los Dioses.
Mami (o Mama): "Madre". Epíteto de la Madre de los Dioses. Bajo esta advocación, la Gran Madre aparece a veces conectada con el mundo de los muertos.
Marduk: Dios local de Babilonia, promovido a la primacía del panteón y a la soberanía del universo al ocurrir el predominio de su ciudad.
Ninhursag: "Señora de la montaña". Nombre de la Madre de los Dioses en Nippur.
Ninigiku: "Señor del ojo puro". Epíteto de Ea.
Ninmah: "Señora sublime". Advocación de la Madre de los Dioses.
Nintu: "Señora que da a luz". Nombre de la Madre de los Dioses en Kish.
Ninul: "Señora de abundancia". Madre de Enlil en cuanto dios local de Nippur.
Ninurta: Dios de la cacería y de la guerra, hijo de Enlil.
Nippur: Ciudad de la Mesopotamia meridional. Centro del culto de Enlil.
Nisaba: Diosa de los cereales y de la escritura, hija de Anu.
Shamash: Dios semítico del Sol, señor de la justicia.
Sumuqan: Dios de la fecundidad de los rebaños.
Uruk: Ciudad de la Mesopotamia meridional, al SE de Nippur y NO de Eridu.
Centro del culto de Anu.
Uzumúa: "Lugar donde brotó la carne". Área sagrada en Nippur.

256

NOTAS SOBRE LA OBRA POÉTICA DE MIGUEL N. LIRA
PROF. RAÚL ARREOLA CORTÉS
Morelia, Mich.
(Resumen de algunos capítulos del
libro "Lira en el ámbito de México",
de pr6xima publicaci6n).

I. Los ESCRITORES PROVINCIANOS

y

LA REVOLUCIÓN

EN EL PANORAMA DE LA literatura mexicana contemporánea figura Miguel
N. Lira (1905-1961) como uno de los últimos cantores de la provincia. Su
Tlaxcala nativa fue tema central de su mejor obra, y en ese sentido se le
aprecia como el continuador de una noble tradición de nuestras letras, dentro del grupo que inició gallardamente don Francisco González León, el
poeta de Lagos, y al que pertenecen por igual Ramón López Velarde y José
Rubén Romero, Enrique Fernández Ledesma y Alfonso Gutiérrez Hermosillo, Manuel Martínez Valadez y Alfredo Ortiz Vidales, José D. Frías y
Alfredo Maillefert.
Si se observa la época en que aparecen estos escritores de esencia provinciana, encontramos que todos pertenecen al período de la Revolución Mexicana. Mas no es solamente la cronología la que sitúa a este grupo ligado
al movimiento emancipador de la segunda década de nuestro siglo; es también el espíritu de sus obras, que se identifica con el programa revolucionario.
Varias razones podrían aducirse para demostrar que los escritores mencionados pertenecen a la Revolución Mexicana, pero creemos que por cuestión de espacio bastará con dos: 1) El régimen político de la dictadura
centralizó las actividades del país, incluyendo, desde luego, la cultura. Es
muy conocida la frase de que fuera de México (la capital) todo es Cuautitlán, frase que expresaba el desdén con que veían los capitalinos todo lo que
257
Hl7

�sucedía más allá de sus murallas egoístas. La Metrópoli, como aún suele
llamársele era más que la capital de una República, el centro de un_ Imperio, cuyas' pr:vincias del interior, de "tierra adentro", eran. tan "pm~~r:scas" y se veían tan lejanas, que hablar de ellas er~ como refenrs; .ª los m 1~teriosos" países de Oriente, lejanos en la geograf1a y en el espmtu. Al ~eivindicar el paisaje vegetal y humano de sus regiones entrañables, l?s escntores provincianos fueron revolucionarios, aunque. algunos no tuv1ero~. una
clara conciencia de su función histórica. 2) Los mtelectuales. del porfmsmo,
al desdeñar las raíces nacionales, encontraron en lo extran!ero_ el mod;l~
de sus creaciones y particularmente lo francés llenó sus aspiraciones este~cas. Todas las formas del arte y de la literatura se empa~~ron de esencia
francesa, tanto como las modas, los carruajes y la decorac10~. de l~s fª_lacetes aristocráticos. Nuestros escritores se aferraron a la tradición hispamca
de la cultura mexicana, que en la provincia había hincado raíces profundas, tanto en su corriente clásica como en sus autores mod:mos; Y la expreión de la literatura provinciana pertenece a esas tendencias, por más que
s
muchos
de los escritores (Maillefert sobre todo ) sean "afrances~dos" . La
oposición entre lo francés y lo español no es ~in e1:°bargo ~ radical,. pero
sí es suficiente para caracterizar ·como revoluc1onana la actitud de qmene,s,
muchas veces a despecho de su propia formación cultural, buscaban lo mas
genuino para crear el espíritu de nuestra nación.

II. Los

PRIMEROS MAESTROS

La familia del poeta Miguel N. Lira, una familia de artistas,. abandonó
transitoriamente su querida Tlaxcala y, tras una breve perm~ne?cia ~n. ~~ebla, se estableció en la capital del país, donde el joven provmc1ano ~1c1_0 ,.ª
la vez sus estudios superiores y el ejercicio de la poesía. Con sus d1ec1se1s
años a cuestas y el magisterio de López Velarde y Femández Le~esma, el
futuro poeta de Tlaxcala no había penetrado hasta las fuentes mismas de
aquella poesía que le situaba en la plazuela de su pueblo natal y entre las
aentes de su región. "Pero una noche -nos dice él mismo--, en un corredor
de San Ildefonso, donde se quedaron prendidas mis mejores esperanzas. y
mis más caros anhelos, conocí la suavidad mística de los p°&lt;:mas de Fr~c1s:
co González León y aprendí en ellos la religiosidad que anima a los nuos.
1 Esta carta se encuentra en el artículo "Ante la ausencia de M'.guel N. Lira"A:o~
CRISANTO CuÉLLAR ABAROA. "El Nacional", suplemento semanano, No. 731.
r
2 de 1961.

La lectura de los poemas del maestro definió el camino de Miguel: "me
hizo pensar en que yo también tenía una provincia olvidada y unos recuerdos inefables. Así nació Tú, mi primer libro y mis primeros trece poemas".
El camino estaba trazado y por él había de transitar Miguel N. Lira hasta el
final de sus días. Aquel pequeño conjunto de poemas juveniles llegó hasta las
manos del viejo maestro, quien escribió un prólogo cariñoso para corresponder a su joven admirador: "si figuro en este libro, ello se debe a una invitación tan ingenua que no la puede desairar". 2
Con el prólogo de don Francisco González León aparece, editado por el
gobierno de Tlaxcala, el primer libro de poemas de Lira: Tú ( 1925). La
mano conductora del poeta de Lagos de Moreno se advierte en este "primer
brote de un temperamento artístico". Una identidad de asuntos y de imágenes se establece entre ambos poetas, desde los primeros versos de ese libro
primogénito. Pero no sólo está presente González León sino también López
Velarde y Enrique Femández Ledesma, como lo advirtió sagazmente Héctor
Pérez Martínez en una conferencia de 1925, antes de que apareciera el libro
de Miguel.ª
Son tan evidentes las influencias de estos tres poetas en la obra juvenil del
tlaxcalteca que resultaría tedioso e inútil señalarlas detenidamente. Pero ya
que mencionamos la palabra, justo es hacer algunas consideraciones sobre
el tema de las influencias en la literatura. En primer lugar, cabe preguntarnos qué son y cómo se aprecian tales influencias, lo cual nos lleva al asunto
de la originalidad en la obra creadora, en nuestro caso la obra literaria. Un
escritor creemos que es la suma de múltiples experiencias y lecturas. Estamos muy lejos de pensar en el escritor nato, porque vemos en los ejemplos
que nos proporciona la historia literaria, que cada hombre que escribe ha cubierto un proceso en su formación, que va desde los balbuceos inseguros hasta
la obra madura. En ese proceso, que puede ser largo o corto según la disposición del individuo, van insertándose multitud de vivencias extrañas que integran la herencia cultural que es común pero que no todos aprovechan y
enriquecen en igual forma. La obra producida durante y al final de tal cadena de fenómenos resulta original si compendia lo antiguo ya conocido con
las nuevas aportaciones del espíritu de una época o de un medio social y las
tendencias que habrán de enlazarse con el porvenir, en una alianza sucesiva,
dialécticamente renovada. Así que más que influencias encontramos preferencias; un poeta selecciona sus modelos, entre aquellos que más se identifi• Tú. Poemas. Introito de FRANCISCO GoNz.ÁLEZ LEÓN. Edición del Gobierno
de Tlaxcala, 1925.
1

La conferencia aparece publicada en "Huytlale", No. 11, febrero de 1954. Se
pronunció el 14 de octubre de 1924.

258
259

�can con el mundo subjetivo y objetivo que les es propio. Lo~ buen~s poet~ escogen buenos modelos, en una combinación infinita y _sub~, de mt:racc1ones
y de relaciones recíprocas que hacen imposible su locahzac10n. D~cir, entonces, que tal poeta influye en otro eq:iivale a señal~r una ~resen,c1a o preferencia determinada en la formación de éste. Una mfluenc1a sera a lo sumo
Ja huella, a veces imperceptible, que el espíritu complejo de un autor ha dejado en el espíritu y en la obra de otro.
.
.
.
En Ja primera etapa de su obra poética, Miguel N. Lira reg1st:a la influencia de Ramón López Velarde, Francisco González León y Ennque Fernández Ledesma; pero ante todo, empieza a ser él mismo. "Mi~ad ~ice el
autor del prólogo-, la mañana es primaveral; es cierto que m1 escudilla es
tosca, pero la colman de tal manera los encendidos frutos que _el poe~~ ha
querido os ofrende en ella, que casi no se mira la burdeza de m1 ba_rro . La
vieja y gentil escudilla del Iaguense sirvió de recipiente a los encendido~ fi:utos tlaxcaltecas como sirvió también a dos generaciones de poetas provincia'
.
, .
nos. Continente y contenido que se identifican con lo me1or de Mexico.

III.

ROMANCE y CORRIDO

Después de La Guayaba ( 1927), otro libro de poe~as con técn~ca semejante a Tú, Lira publicó la primera edición del ~omdo de Domingo Arenas, que habría de ser la obra que mayor fama traJO a su autor, ~ tal grado
que siempre se le identifica por el poema que da nombre a ese libro, y con
ese mismo poema se encuentra representado en las antologías de la poesía
mexicana contemporánea.
En el Corrido de Domingo Arenas ensaya nuestro poeta la forma ~opul~r
del verso octosílabo. Héctor Pérez Martínez que conocía la tray~ctona Pº:·
+:ca de Lira comentó: " ...nosotros cambiaríamos el título del libro de Miu
'
.
A
"
guel N. Lira para decir de él que es el romance de Domingo renas ,
Veámos cuáles son las razones que da Pérez Martínez para proponer ese
cambio de nombre: a) "Si ha habido en México algunos ensayos contemp~ráneos del romance, éstos se refieren a una influencia de Góngora al traves
de la literatura francesa, y Lira va mejor a la castiza para tomar, acaso d_e
Federico García Lorca -¿acaso de Juan Ramón Jiménez?- esa naturalidad poética que se convierte en naturalidad de intención". b) "El romance moderno casi siempre traduce una experiencia del po~ta ~ob:e el tema
referido y el corrido es la transcripción de un poco de h1stona 1mpe:sonal,
~eflejo d; un acto extraño al poeta, aunque sentid~ por é_l". c). "Las imperfecciones métricas del romance obedecen a un 1uego mtenc10nal que se

prolonga a la manera de insistir sobre una frase, insistencia cuya finalidad
se siente. El corrido -espontaneidad- realiza esa imperfección o esa insistencia no en la forna de subrayar, sino en la de componer, repitiéndolo, un
hecho, un acto, una actitud, un instante". Y concluye airosamente Pérez
Martínez: "Romance y corrido tienen su importante belleza propia. Uno
es la manifestación de un impulso comprensivo; el otro, un intento por hacerse comprender".4
Veinte años más tarde, don Gabriel Méndez Plancarte agregaría una observación más sobre este punto: " . . .mientras el romance es el viejo metro
de dieciséis sílabas, con versos asonantados con la misma asonancia ( o bien
como suele decirse, de versos octasílabos con la misma asonancia en los pa~
res) nuestro "corrido" suele estar hecho en cuartetas de octasílabos --o de
otros versos-, libres los impares y aconsonantados los pares, y cambiando
de rima en los diferentes cuartetos". 5
Conforme a esta observación del doctor Méndez Plancarte, el cambio propuesto por Pérez Martínez carece de razón, por lo menos en el aspecto
métrico formal, porque si se examinan los Corridos de Miguel N. Lira, los
del Corrido de Domingo Arenas y los anteriores y posteriores a ese libro, se
llega al convencimiento de que Lira se sujeta a las formas tradicionales de
la poesía popular mexicana.
Pero hay todavía un punto que: es preciso aclarar en el comentario de
Pérez Martínez: la influencia castiza en los Corridos del poeta tlaxcalteca.
Se mencionan como fuentes directas de esa influencia a Federico García
Lorca o a Juan Ramón Jiménez. Debe tenerse presente que el Romancero
Gitano apareció en 1928, y los poemas que aparecen en el Corrido de Domingo Arenas, así como otros que no figuran allí fueron escritos unos años antes. En el libro Romance y Corrido, de Vicente T. Mendoza 1939, aparecen algunos de los que figuran en el libro y otros ( Corrido de Marcial Cavazos y Corrido de la Muerte de Pancho Villa) que no se encuentran en libro alguno de Lira.
Esto no niega, desde luego, la influencia del poeta granadino en el poeta
mexicano, pero fue posterior al Corrido de Domingo Arenas y corresponde al momento en que la poesía lorquiana alcanzó un extraordinario auge
entre nosotros. El mismo Miguel nos lo dijo en una carta: "A raíz de la afortunada irrupción del poeta granadino en la órbita de la poesía peninsular,
algunos autores mexicanos, y yo entre ellos, adoptaron en sus poemas los
• Nota publicada en "-El libro y el Pueblo", tomo X', No. 6, agosto de 1932, pp. 48-49.
• Prólogo al Corrido de Manuel Acuña, de Miguel N. Lira. Alcance al número 3
de Huytlale. Tlaxcala, 1953.

261
260

�elementos eternamente juveniles del Romancero, tratando de elevar Y deurar las notas capitales del vivir mexicano, expresándolas con los recurp
.
.
ul "ª
sos idiomáticos que mejor se ajustan a su esencia estnctamente pop ar •

IV.

fluencia de esas fuentes castizas, pero en el caso de Juan Ramón encontramos su huella en varios poemas del Corrido de Domingo Arenas y en otros
~oemas posteriores, sobre todo en los Cantos al Río ( 1953), escrito en una
epoca en que todas las influencias se habían asentado para dejar libre curso a la personalidad inconfundible de nuestro poeta. 7

LA HUELLA DE JUAN RAMÓN

Si está clara la influencia lorquiana en la obra de Miguel N. Lira, sobre
todo en su obra teatral, no sucede lo mismo con lo que se insinúa respecto .ª
Juan Ramón Jiménez. ¿Pudo tomar Lira esa influencia castiza de sus Corridos, de los libros del poeta de Moguer?
Los estudiosos de la poesía de García Lorca han encontrado la huella
profunda de Juan Ramón no sólo en él sino en, otros poe~as de su generación. Cuando la Academia de Estocolmo acordo el Premio Nobel para el
"andaluz universal", apoyó su dictamen en las excelencias de Platero y,~o,
obra en la que se reconocieron las virtudes de la buena prosa y del espmtu
poético que la anima, pero prescindieron, los señores académic?s, de 1~ más
valiosa a juicio nuestro O sea la obra poética total del solitano canc10nero
de elegías, paisajes y recuerdos; y la influencia que ejerció en los poetas de
las generaciones posteriores, de los que no existe uno solo que no deba algo al
viejo maestro.
Los incidentes, las angustias y las esperanzas, de la guerra del pueblo español contra el fascismo, hirió el corazón de México, y la voz _de los poetas
españoles acercó nuestras voluntades hacia el conglomera~~, vahente que defendía su libertad contra la invasión extranjera y la tra1C1on de las fuerzas
oscuras del feudalismo. Nuestro país, que ha librado y libra bata~l~s semejantes, escuchó la palabra de los_ m~jores ho~bres de aquella nac10~, Y _n?
debe extrañamos que, de esa sohdandad cordial, haya resultado la identificación de nuestros poetas. Juan Ramón Jiménez y Federico García ~or~a,
sobre todo éste, por la ofrenda de su vida ante los vei-dugos de su ~atna, influyeron en la poesía mexicana, tanto como otros poetas ~e su es~rpe: ~afael Alberti, Manuel Altoaguirre, Luis Cemuda, Pedr? Sal~as, Leon Felipe,
Emilio Prados, Pedro Garfias, y tantos otros que umversahzai;on el nombre
de España, ahora con el signo de la inteligencia.
.
.
Miguel N. Lira pertenece a esta época y su obra registra;ª vigor~sa influencia de los maestros extranjeros, sin perder por ello sus raices mexicanas, antes bien fortaleciéndose al contacto con el ejemplo de los patriotas espa~oles. Resultaría muy largo señalar en cada imagen, en cada palabra, la m• Carta que me envió Miguel N. Lira. Agosto 13 de 1943.

V.

UN RETRATO DE INFANCIA

Los elementos autobiográficos abundan en la poesía de Miguel N. Lira.
Como todo poeta de verdad sublima sus recuerdos, los filtra a través de su
sens_ibilidad, l?s incorpora al mundo sugestivo de sus imágenes, y de un modo unperceptible los expresa en su obra, junto a las vivencias de su imaai.
nación y las aportaciones del mundo real en que vive.
~
U~ retrato, recientemente publicado, nos muestra a Miguel en su infancia, de cuatro o cinco años, vestido de marinero, con un pelo rizado que
le cae sobre el hombro. La presencia de este retrato obsesionó al poeta desde sus primeros cantos. En su Cuaderno de notas ( 1936) encontramos estos
versos:
Y o nací para ti con el retrato
que adorna un decorado de caireles
a la luz de la tarde en arrebato,
cuando el cielo se albricia de claveles
y se orquesta el jardín en ruiseñores
para el vals indeleble de las flores.
Era entonces la etapa marinera
del traje azul y boina sorprendidos
por el ancla de plata y la bandera
que se prenden del brazo, confundidos,
más por mirarse siempre en compañía
que por reclamos de fotografía.

En sus novelas, en sus obras de teatro, en sus poemas no coleccionados
en libros, brotó a ca~a instante este recuerdo. En Segunda Soledad (1933),
e_n Palabras a los Pá1aros (1937) y en Carta de Amor (1938), para no citar
smo algunos, encontramos la reiterada referencia al trajecito azul de ma• Cantos al Río. Poema, el Huytlale, No. 1, abril de 1953.

263

262

•

�"paraíso de caireles en fuga de reposo
rinero, a la corbata de colores, al
convenido"•
. fan te, tales como la Plaza de Armas de
vida de m
Otros recuerd os de su
. .
d
padres resurgen constantel
oquia y la v1e1a casona e sus
'
de todo ello
1
su pueb o, a parr
obra, en prosa o en verso, pero
,
mente en los renglones de su
preparación, porque aqui renos ocuparemos en el libro que tenemos en
sultaría demasiado extenso.

VI. LIRA

y

BÉCQUER

. de Juan Rad. h acerca de la .mfl uenc1a
Algo parecido a lo que hemos ic o
. , podríamos decirlo sobre Gus, en L"ira Y en los poetas de su generac1on,
mon
tavo Adolfo Bécquer.
.
l
sobre el tema. Le dice
li
Miruel nos co oca
S
Una carta de Pedro a nas a
ºta
'do su delicadeza y lirismo, su em•
. "Me han encan
.
, ·
el espanol al mexicano.
. . , de un becquensmo dramat1..
de sombras su v1S1on
d d
'
b', cada uno de nosotros es e
Paque de romanticismo
•
ntramos tam ien,
¡
co. En ese camino nos enco
.
b ta de las palabras, y los seres y os
nuestro campo. Un sutil aire móusf1ca dro 'rrealidad y misterio sentimental".ª
·
atm s era e 1
•
objetos viven en 1a misma
,
la nuestra por las circunstancias
La poesía española contempor~ea, y . d 1 ' más puro y limpio de
'b'
una nea herencia e o
ya mencionadas, rec1 ieron
G ·1
San Juan, de Góngora y
la tradición literaria. Las voces de arTc1 aso
Quevedo y Manrique, de
d V ga y Santa cresa, e
,
Fray Luis, de Lope e e
1 generaciones-síntesis de la poes1a
Bécquer y Cervantes, concurren en as

i

J

contemporánea.
d
excelencia. Su lenguaje poéGustavo Adolfo Bécquer es ,u~ ren~bva otr_,por e1·erce un definitivo magiste, ue mus1ca v1 ran e
20 G
tico -"perfume, mas q
d 1 eneración aparecida por el 19 ' arrío en los poetas del 98 y en los e a g
cía Lorca entre ellos.
·¡ . , nombrada Literatura Española
r as en su recop1
ac1on
l
d
El mismo poeta Sa m '
.
. f damental entre e mo er- 1
punto de divergencia un
.
- 1 d
del siglo XX, sena a un
., d 1898 Dice que los espano es e
.
• ano y la generac10n e
·
. d
rta
nismo latmoamenc
ovimiento revoluci9nano, espe •, t ansformaron un m
d" • al
aquella generac1on r
.. , depuradora de lo tra ic1on '
•
en una rev1s10n
S
do por estímulos extranJeros,
d' . . Garcilaso y Góngora, an
.
.
,
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·
a
no
aca
emica.
de la gran trad1c1on poe ica v1v '
Juan de la Cruz y Bécquer.
- ¡a, 4a• edic., 1953. T .
J'RAT. Historia de la Literatura Espano
• ANGEL VALBUENA

El Cisne de Andalucía no sólo brillaba como astro indiscutible y solitario
en el cielo de la poesía romántica española; sus cualidades de poeta excepcional estaban admirablemente presentes en su prosa, en sus hermosas L e)'endas y en varias cartas Desde mi Celda. que tal parece fueron esquemas para algunas leyendas, joyas preciadas por la fuerza poética de su lenguaje y por
la fantasía vigorosa que en ellas sobresale. Valbuena Prat ha escrito que en
las leyendas becquerianas "el interés dentro del motivo poético se concentra más que en la acción, en la atmósfera. .. No son los personajes, sino el
perfume de la leyenda, el ambiente de misterio, el encanto de una honda
melancolía, lo que da un valor de interés primordial, junto a una flexible
y agradable forma, a estas leyendas".
¿ Y qué menos podría decirse de los Corridos, las obras de teatro y las
novelas de Miguel N. Lira? ¿ Este es el "becquerismo dramático" y el "romanticismo de sombras", que veía Salinas en la poesía de nuestro tlaxcalteca?
Salinas se encontraba dotado de una sensibilidad especial para advertir esas
atmósferas irreales, ya que poseía una "técnica desrealizadora", según Federico de Onís, y un poder de rejuvenecimiento del barroco español, del
conceptismo adaptado a la vida moderna, un conceptismo "interior'', como
le llama Leo Spitzer.
Esa penetración tan peculiar en Salinas nos aproxima al romanticismo de
Miguel N. Lira; un romanticismo que lo liga a la leyenda de su pueblo, a la
que dota de un valor dramático que se deja flotando en el ambiente. No es
la acción. Si leemos sus Corridos, por ejemplo los .del Corrido de Domingo
Arenas {Máxrmo Tépal, Cirilo Urbina, Adelita, Pancho Villa, Emiliano
Zapata, Margarito Mariaca, Catarino Maravillas o Eutiquio Rivera), no encontramos "acción", en el sentido de argumento dominante. Cuando quiere
ceñirse a una "historia", fracasa, empobrece el Corrido, como sucede en Los
Caciques y el Corrido que dedica a don Alfonso Reyes, que se encuentran
en el mismo libro; y cuando más se sale de los dominios anecdóticos, más se
sumerge en esa atmósfera de irrealidad, se toma más "romántico'', como en
sus Corridos de La Niña de Miel y de La Niña sin Novio.

VII. LA

ÍNTIMA TRISTEZA REACCIONARIA

Un lugar especial merece el tema, poco explorado, de la influencia de Ramón López Velarde en Miguel N. Lira. En estas leves notas sólo apuntaremos algunos rasgos que quizá sean útiles cuando se emprenda el estudio
profundo sobre este asunto.
En una carta que Lira envió a su colega Crisanto Cuéllar Abaroa, dice:

III, p. 276.

265
264

•

�"Era discípulo, en 1921, de Ramón Lópcz Velarde, que fue el primero que
cantó a la provincia y la pintó con vivas pinceladas. No conocía ese año su
libro La Sangre Devota, que encierra la una y mil virtudes de las provincias
felices; pero ya habían consultado mis ojos y mi corazón Zozobra, libro
que me enseñó inusitados adjetivos y que me hizo huír de la retórica absurda, de la consonante y el lugar común".
Tomemos los libros de Lira, desde Tú hasta los últimos que dio a la
estampa o imprimió con sus propias manos, y veremos corroborado su aserto.
Una adjetivación que podríamos llamar "velardeana", si quisiéramos atribuirla al zacatecano exclusivamente; una adjetivación original, fresca, eficaz,
perdonándonos el contagio al volcar estos adjetivos.
Vals indeleble, traje azul y boina sorprendidos, acuáticas canicas, fuentes de
lluvia colegiales, metálicos deslices de patines, beneficio malva, erizado espanto, rubio trino del canario, refresco morado, viandas coloridas, nácar porcelana, sirenas postrimeras, hermosura incisiva, y cortante, el dominio azul del
telegrama, abriles abiertos, cotidiano maleficio, pintada blancura de acuarelas,
tu cuerpo vegetal, verde florecido, reposo convenido, distancia azul, cielo
sorprendido, retablo añil, son frutal, bugambilias carmín, pájaro clarín, angustia armada, inolvidable olvido, desesperada hiel, luz deshojada en el alba,
sombra digital, rama derramada, beso diminuto y eterno, ventana iluminada
por el perfume de las madreselvas, halagos curvados, cuadradas transparencias, etc., etc.
La devoción de Miguel N. Lira por su nativa Tlaxcala fue el centro de
gravedad de su obra, y este rasgo provinciano también identifica a nuestro
poeta con su maestro en las aulas y en la poesía, de quien toma esta clara
expresión: "he puesto ante tus ojos mi vida reaccionaria" .. .

VIII.

RECREO SOBRE JUGLARES

Andrés Henestrosa, gran amigo del poeta tlaxcalteca, le dijo un día a Miguel que su obra era la de un juglar, y cuenta el juchiteco que a Lira no le
agradó el calificativo; tal vez entrevió alguna malicia fraternal, y sintió que
se menospreciaba su cultura literaria, ya que los juglares eran individuos
que, en la mayoría de los casos, repetían las historias que oían de otros del
mismo oficio o de la clase semicultivada que rondaba los castillos, los monasterios o los burgos. Miguel era un hombre culto, como su amigo Andrés,
y lo que éste quiso enfatizar al llamarle "juglar" fue seguramente su carácter
popular, y en este sentido estaba en lo justo, porque en verdad los cultivadores del mester vulgar estuvieron tan cerca del pueblo, que sería impo-

266

sible conocer la historia de España
agentes eficaces que fueron l . 1' por ejemplo, sin el testimonio de esos
N
mj~~es
¿ o fueron juglarescos los versos d . G
el buen hombre demostrab
l e onzalo de Berceo, a pesar de que
a su cu tura al somete
d.d
¿ y no podría decirse lo mismo de a u . .
r a me i a sus cuartetas?
don Juan Ruiz el preste de fft ? E q el jubiloso pre-renacentista alcalaíno
1 a. stos poetas no e
escnºbºir en latín' O más bº
ran tan cu1tos como para'
'
ien eran tan profundam t
l
estar cerca de la muched b
en e popu ares que preferían
.
um re en vez de ence
copiar libros extraños.
rrarse a repasar sus latines y a
Como se ve' el asunto tJene
•
mayor trasce d .
por términos. Miguel fue en el senfd
- 1 nd enc1a que una simple disputa
·d .
,
1 o sena a O un j.ugla
1 f
gra o s1 nos atenemos a la ra' tº l' .
'.
r; y o ue en mayor
. b
IZ e imo oa1ca • juaaba
l
maneja a con destreza y lograba con ell o ' . º
con as palabras, las
En la historia de las letr
.
as el objeto que se proponía.
as mexicanas hemos tenido . l
mos que han dejado impresa el l
I
jug ares, seres anóniun poema. Caudal interminable ;e~a
u ar en una canción, un Corrido o
donde el paisaje la mujºer la f
puel o, en generosa y dramática entrega
'
'
ierra y a esperanza en
.
'
estrofas, han intearado la pe
lºd d
.
'
graciosas o dolorosas
o
rsona i a nacional.
Por otra parte, hemos tenido oetas
fuente viva del pueblo
d
p
' cuya cultura los ha alejado de la
Y e sus problemas vital
1 · •
se1ecta los ha aislado de l
1. .
es; e cnteno de minoría
.
as pa p1tac1ones popul
d
cambio se han identificad
l
.,
ares e nuestro país, y en
0 con a producc1on de ot
. •
l · d
mopolitismo no desprovisto d . t 1·
.
ras atltu es, en un conse me 1genc1a
y todavía un tercer grupo : el ue forro .
.
formación cultural, o tal vez porq ella
adn lods _:scntores que, a pesar de su
su tri
' no es enan acerc~e al
, d
pa a, y que expresan en lenguaje c lt l
.
corazon e
mayorías.
u o o que les dicta el espíritu de las

P~f

Podría trazarse un paralelo entre lo
.
de la Edad Media en víspera d l que se dio en la literatura española
'
e a aurora rena f t
p
nombres de los nuestros de los poet
.
cen is a. ¿ ara qué citar
'
as mexicanos? Cada q .
1
a su gusto. Hemos tenido juglare
, .
.
men que os coloque
mos; y poetas cultos al modo d s l anonimos en un pueblo de héroes anóniLibro de Apolonio insp1ºrad
e os autores del Libro de Alexandre o del
,
os en asuntos q
d
sangre; y también tenemos autores que
ue ~o son e su suelo y de su
d ff
1
se asemejan a Berceo
1 Ar .
e ita, en os cuales "cultura" no
. 1
.
Ya
cipreste
sino un medio de aproximación y e1:::~::adeenlte debla1slamiento ni desarraigo,
.
.
.
pue o.
. , que dan l
. Visto a distancia, con la dºrmens1on
· ¡
igua~ente interesantes y muy españoles a l
os_ s1g os, ¿no encontramos
mencionados? ¿Así veremos a l
.
os e~cntores de los tres grupos
, .
os mexicanos unidos
l
tonca cuando acontezca el gran R
. . '
en a perspectiva hisenacumento de nuestro país?

267

�EL MITO DE HÉRCULES
I

DR. JAIME ÜSPINA ÜRTIZ

Universidad del Valle-Colombia

HEMOS SOSTENIDO CON UN colega animado diálogo, al modo socrático buscador de verdades, sobre el carácter individualista -mi colega-, y nacionalista -yo- de las culturas greco-romanas.
-El individuo, como sujeto de derechos, no tuvo apenas significado para
Grecia y Roma. Recuerdo dos trabajos interesantes en los que se sostiene que
todo allí fueron instituciones sociales y desindividualización de la persona. Me
refiero al estudio sobre las instituciones romanas de León Horno 1 y a Glotz
que investigó las instituciones griegas. 2 Mire usted, cuando Aristóteles formuló
la idea vigente en su tiempo sobre el hombre, sólo relievó al ser político,
colectivo, nacionalista.ª Aquel zoon politikon es el alma de la literatura de
la Hélade y palpita en el fondo de toda la antropología clásica con carácter
obsesivo y único. La libertad individual, purgada de presupuestos políticos,
fue tan ajena a aquellas culturas como es a la nuestra (¡digo a la occidental
de hoy enfrentada al marxismo!) el condicionar la libertad individual del
hombre íntimo al estado.
A este planteamiento mi colega oponía:
-Las instituciones greco-romanas, muy al contrario de lo que usted sostiene,
fueron eminentemente individualistas. El Derecho Romano, más concretamente el Derecho de Gentes, y el culto griego de los héroes consagraron, en
aquellas culturas, al individuo como sujeto de derechos. En las mencionadas
instituciones el Estado aparece como el gran defensor de los derechos funda1

HoMo, LEÓN, Les Institutions po/itiques romaines, Ed. Albin Michel, Parít,
Trad. de José López P. Ed. UTEHA, México, 1958.
' GLoTz, G., La Ciudad Griega, Trad. José Almoina, Ed. UTEHA, México, 1957.
• ARISTÓTELES, Política, I, 1, 6 y I, 2 estudia la naturaleza social del hombre, y
por su concepto de sociabilidad encuentra fundamentos para justificar la esclavitud.

269

�mentales del individuo y como estímulo de individualización. Grecia más que
Roma quiso de cada individuo un héroe y para ello se esforzó por educar al
individuo en la autonomía prodigiosa de la areté. La areté, es decir, la excelencia de la personalidad no era otra cosa que el acopio de virtudes que hacen
superarse al individuo, sacándolo de la mediocridad colectiva a la grandeza
individual.
-Usted da una interpretación individualista -acondicionándolos a su punto de vista- a argumentos claves en pro del concepto colectivista de las
culturas greco-romanas, insistía por mi parte, queriendo mostrar al colega la
única cara de la medalla. No es del caso apoyarse en la apariencia individualista de tal o cual principio del Derecho, aislándolo del contexto y torciéndole su intencionalidad. El Derecho Romano se elaboró, mejor se codificó,
en pro de la unificación normativa del Imperio y en él lo interesante no son
los derechos que concede sino a quiénes se los concede. Porque con el Derecho
Romano pasa lo mismo que con la educación de los ciudadanos en la areté:
aquello no era para todos, era privilegio de la aristocracia gobernante. Cuando
llegó la época de la democracia los juristas atenienses no tuvieron más salida
que la de dictar para todos los ciudadanos el título de aristócratas. Usted
recuerda que aun entonces a la masa amorfa de los millones de esclavos se
les negó todo derecho y toda educación porque no tenían areté. Pero tengo
otra conclusión más, extraída de la extensión de la areté a todos los ciudadanos: la única intencionalidad de tal medida fue el servicio de la polis.
En tal forma fueron colectivistas aquellas culturas que penetraron de nacionalismo todo el psiquismo individual con sus derechos y sus virtudes. Y aquí
nos empezamos a adentrar en el alma griega, en sus ideales y en su plena
concepción de la vida. Yo quisiera que penetráramos a este maravilloso mundo
de la mano de un héroe, del más representativo de los héroes griegos, del
más mitológico de ellos, de un Hércules, por ejemplo, que para mí sintetiza
el alma griega y que por su peculiaridad excepcional, de él echaron mano
los poetas, los filósofos, los escultores y los pintores cuando quisieron presentar
al pueblo de la Hélade lo más auténticamente griego de su pre-historia.
A estas razones mi colega opuso otras interesantísimas hasta el punto de que
no pudimos ponemos de acuerdo, a pesar de estar seguros de que los dos íbamos guiados por la frónesis; tuvimos, empero, el buen humor de citarnos a
duelo en pequeños ensayos, donde cada cual expusiera los argumentos más
valederos en el sustento de su respectiva tesis. Así, habíamos dejado el método
socrático de la inspiración, por el método científico de la investigación. El
tema, dijimos, contiene un problema de interpretación histórica, nada menos
que sobre la cuestión de las cuestiones, el dédalo de la libertad individual, y
como ambos estuvimos de acuerdo en que la interpretación histórica es va-

ledera cuando
. . se apoya en sucesos históri
.
.
concepto md1vidualista y sub· a·
cos, independientemente de todo
·d·
Je vo como ¡
prec1 irnos formamos una conc1enc1a
. . ' ilu tr d o ensena el maestro H usser1' de1
uego honradamente.
s a a sobre el problema y exponerla
A propósito
de honradez mental estuvimos coro
poca
.
d
. existe en los intérpretes de la h. t .
entan o con el colega cuán
regnna acondicionan los suce
h. ~s _ona. Por sacar adelante una idea
den, cortan
.
.
sos istoncos en forma im , d"
.
pe,
, cambian, mterpolan
t' .
pu 1ca, niegan añael metodo de la tijera y el ena-ru'd;1d1c1pan y procrastinan los datos, ~sando
fueran los autores de la Historia . ~ que habla Collingwood, como si ellos
el propósito de no ceñimos a nmgun
. . 1_LeJos
.
esq de nosotros
hi
.tal impudicia'• H'1cirnos
cont~amos apriorísticos y meten a los en uema stonológico, porque los ende solo pueden salir con la fo'rm I p, ~adores en unas encrucijadas de don
.
u a magica d "R
M1 amigo es persona eal
e
orna locuta".
1
. ..
r mente versada
1
a ant1guedad. Ello me hace temer
en as culturas mediterráneas de
floretazo. Pero no importa, porque el
voy a qu:~ar tendido a su primer
go producira sus frutos en mi osad'1a.

::s:i
•

Esd el mito producto de t rad"1c1on
. , impr
.
· d
e los pueblos, que enlaza hech h'ec'.s~, enso por el contenido del aln:f~cando en héroes y semidioses las º:u istoncos o ~reencias religiosas, persotonco, como poderes sobrehumano
sas r~conoc1das, en ese momento bisen much
s recognoc1bles en l f ,
os acontecimientos históricos
.
os enomenos naturales
trías _Y ciudades; por sobre todo
nt~s. anti~uísimos de familias, fra~
constituye su carácter de encamación 'del .;ax1ma i_mportancia del mito la
Para el fin que se propon I
i eal heroico de los pueblos.
1
"d
d
d
e
e
presente
ensa
.
p eJ1 a
el mito dos element .
,
yo conviene
destacar de la c
h .
os. su caract
l' .
omerotco. En Grecia, más que en otros
er re i~toso y su esencia del ideal
tos del mito son valiosísimos para la Jt~:blos °?:1dentales, estos dos elemenhel~~os, ya porque desempeñan pa el ?reta~1on del concepto vital de los
-p1ensese en Homero-- ya tamb', p pnmord1al en los primeros escritores
de
'
icn porque
. todos los tiempos sacaron
de ellos
arsen 1sus
d filósofos
.d
' poetas Y escu1tores
~vos artísticos y de enseñanzas morale
a e I eas tradicionales, de mohto el virginal Dafne Orf
N . s. Perseo, Demeter y Perséfone Hº ,
e .
.'
'
eo, arc1so, Urano G
.
' ipon importancia el mito nacional de Hércule y ,ea, _Y por encima de todos
no menos griego que los de p rometeo y Proteo.s,4 mas neo que el de Sísif Y

~~

e11: ~:

°,

• Interesantes estudios sobre el .t
.
the of the State, quien va en busc~ : lgnego _nos_ los ofrecen CASSIRER E The M
conc1cnc1a mítica.' BoWRA, C· 'M., ·•The Greek
Y·

ª

271
270

�Enraizado en los dos elementos que hemos querido destacar está el problema de la libertad individual. ¿ Hasta dónde la conciencia mítica fue
libre? ¿En qué forma el ideal heroico dejó ilesa la libertad individual?
Al afirmar que de la esencia del mito es el elemento religioso, estamos,
así sea involuntariamente, planteando el oscuro nacimiento de las religiones,
gestadas en antigüedades brumosas y ensombrecidas mil veces, en su paso
hasta nosotros, por la travesía de generaciones mil, desde primitivos sin nombre y sin historia. La plenitud de la fe religiosa más que una experiencia
total es un legado acumulado en innúmeras generaciones, ya que la tradición
no es el agua de una noria, de idéntico volumen en todo su trayecto, sino el
caudal de un río que se va acrecentando con los afluentes que le vierte cada
día. Se habla de la pureza de la tradición, pensando en la noria y olvidándose
del río. Las grandes revoluciones sociales y las tormentas enturbian las tradiciones y los ríos.
Muy acertados andan quienes juzgan que las magnas deidades del Olimpo, al ir de generación en generación, sublimaron su carácter inicial de personajes de mito; en ese caso, Zeus habría sido el mito del pater, como Hera
(Juno) de la mater; Atenea (Minerva) la hija predilecta de Zeus habría
sido el mito del nacionalismo, como Apolo el mito del superior destino de la
Hélade para las artes, la filosofía y la política; Artemisa (Diana) la personificación de la naturaleza virgen y Hermes (Mercurio) el mito del comercio
y de la expansión de Grecia; Poseidón habría sido el mito de lo que representa el mar para Grecia, como Afrodita (Venus) representa el eterno femenino que recibiera tan destacado culto entre los pelidas.
La religión griega tuvo su origen en la familia y creció al ritmo del crecimiento de la sociedad. Fustel de Coulanges, en su obra maestra "La Cité
Antique", prueba esta tesis, que desde él ha sido comúnmente sostenida. Así
Bowra, uno de los más recientes escritores sobre Grecia a la par que atinado
y fácil expositor, dice al respecto: "La religión griega, que comenzó en el
individuo y la familia, pasó con facilidad al ámbito de la ciudad estado,
que
5
poseía ciertas características de la familia y protegía al individuo" .
Nuestro propósito de encontrar las relaciones del mito y de la religión se
reforzaría notablemente si los griegos hubieran tenido, en ellos -en sus dioses-, otros tantos modelos de acción y de grandeza. A mostrar esta relación
apuntan aquellas palabras de Bowra: "Si Zeus, en el Prometeo Encadenado,
de Esquilo, se comporta como un joven tirano, y afirma los derechos del más
Experience, London, 1957;

GROETHUYSEN ,

B., Mythes et Portraits, quien se fija más

en el mito como ideal histórico.
• BowR,., The Greek Experience, Trad. de Luis GIL, La Aventura Griega, Ed.

fuerte, no hay nmgun
• , motivo
. .
modelo". e
que mpida a los hombres tomaro
1 como
Estas
. , y e •t
, Ji • interrelaciones de la re1·igion
ana sis de la libertad individual
al mi o se nos aclaran mucho con el
lo q
.
conserv a por el .
f
ue eqwvale a decir frente a
.
gnego rente a su relioi6n
va a
.
.
sus rruto. Es Fuste! d C
o· '
guiar especialmente en este an T .
e oulanges quien nos
apoyamos.
a JSJS en cuanto a los datos en que nos
En el hogar de toda casa .
rá
Ese fuego ardoroso era el alm gn;g~ a a perennemente el fuego sagrad
el aniquilamiento del carácterª e .;s _mtepasados. Su extinción significai:
demonios
iVlll) de los
penates y su trueque en
, . maléficos d ed"1cad os a semi
perseguí1 . ,
mogeruto del muerto era I
a a impia descendencia El
.
h ·
e encargado el , •
·
pnogar. Sacerdote sumo, también él desti;:do umco encargado del culto del
prende la veneración en que se I t ,
a ser penate, fácilmente se comeran · · if.
e ema Los dem'
· b
,
msign icantes frente al pater S l. él
, as miem ros de la familia
formulas y ritos sagrados secreto
fo º·¡· podia orar, él solo conocía las
tradiciones y virtudes
·
'
' · de los bienes
paternas
el ne am
, . ia. Heredero umco
rey que p od'ia d"isponer de la vida
' de sus
ovismo
pater
era
·
li.
JU~ en su casa, era'

d

que dar cuenta de ello a nadie Co
d Jos, esposa y servidumbre, sin tener
el futuro d~l culto, la mayor im~ied~o u: él Y, de su descendencia dependía
guardar celibato y se exponía a los
~ podi~ cometer un primogénito era
Cada familia tenía su cult dif castig,s sufndos por Hipólito.
ro .
h
o
erente sus dife t d"
'
ren es 10ses, su sacerdote
P p10, su éroe y su religión . d
hogar extraño o tomar parte enpnva a. Ea delito de muerte acercarse a un
tu·
una ceren ·
·
use la ciudad, se adopto' un d.
. oma a1ena. M ás tarde, al cons·=
·•
ios comin
At
u-:- enea Polias- o un héroe
-Qumno-. La religión se ensanch,
doméstico. La tradición rodó b lo, ~6"o sm perder los rasgos del culto
personajes míticos y revistiend:
sigo:, tr~sformando en dioses a los
adecuada pintura de nuevos mitos Al ~eva mexphcables experiencias con la
sacerdote común, investido no sól~ d 1 renlie del cu!t~ políade se colocó a un
suprema magistratura:
·
e go
·
.,
se le lla , "B
. erno reh01oso
o·
, smo tambien de la
d d
mo
as1 1e1s" "R ,,
a odiaron a los de otra y como
I
. ex . Los dioses de una ciu
excluídos del culto políade' E
edn de cuto familiar, los extranjeros fuero~
f
. s ver a qte en
b
ueron aceptados por toda Grecia I d.
'
su usca del panhelenismo
n
A
os iose· olímpic
'
ores. un entonces en casos d
¡· . , .
os y otras divinidades me
.
e co mon re una . d d
con otra, las divm1· ·
d des, mvocadas simultáneamente por los :1.dv cm
.
equilibrio y se ladearon hacia los , f
ersanos, perdieron su olímpico
t ·
mas ueres A
, .
estmas, Tucídides narra la resp t d d .
propos1to de estas luchas inues
a
a
a
por
lo
t
.
•
s a emenses
a los melios. 7

1: :s

ª

, ldem. lb., p. 94.
T ucíomEs, V, lOS, l.

ª

.

Guadarraroa, Madrid, 1960, p. 89.

273
272
H18

�"En lo que respecta al favor de los dioses, tampoco nosotros creemos quedamos atrás. Pues no pretendemos ni hacemos nada que esté fuera de lo
que los hombres piensan sobre los dioses ni de lo que quieren los unos con
respecto de los otros. En efecto, nuestras creencias sobre los dioses y nuestro
claro conocimiento de los hombres nos inducen a creer que unos y otros, por
imperativo de su naturaleza, gobiernan siempre a quienes superan en poder".
Esta realidad griega es comentada por Bowra: "Es cierto que algunos grandes
santuarios, como Olimpia y Delfos, eran genuinamente helénicos, y el acceso
hasta ellos estaba garantizado por pactos internacionales. Pero cuanto más se
honraba un dios en una ciudad, tanto más se esperaba de él que le prestara
ayuda en contra de las otras".8 Y un poco más adelante añade Bowra: "Si
los dioses griegos eran parte de una herencia común, constituían también una
poderosa fuerza para mantener dividida esta herencia. . . La religión griega
se basaba sobre la creencia en el poder en sentido amplio, y especialmente en
el poder de sacar el máximo provecho de las capacidades y oportunidades; y
los dioses que encamaban esta creencia, ayudaban a los hombres reforzando
sus capacidades en muchas clases de actividad. La religión acentuaba la dig9

nidad de la acción y le confería un impulso motor" .
El providencialismo activo de los griegos -tanto más confían en el poder
divino cuanto más seguros se sienten de sí mismos-- contrasta con su frecuentísima actitud de temor ante lo desconocido, presentándonos nuevamente
el fenómeno religioso en función del sentimiento de seguridad. Para el primitivo ignorante todos los efectos cuyas causas desconoce son manifestaciones
de la divinidad. Los efectos favorables son un premio a su esfuerzo, en tanto
que los desfavorables son un castigo a su impiedad. Por eso huye de la impiedad casi con zozobra. Su conciencia es una conciencia atormentada. Posee
a plenitud el sentimiento trágico de la vida, en su doble carácter de angustia
vital y de desenlace fatídico. Pero su conciencia ha sublimado el sentimiento
trágico convirtiendo el amor fati en verdadera catarsis, con todo lo que ésta
encierra de purificación, sublimación de los instintos, llamamiento al ideal,
sentido de la muerte y perenne culto religioso. Superado el primitivismo, muchos rasgos de éstos perduran.
La casa del griego es un santuario, en cuyo hogar perviven los males, los
límites de su parcela están demarcados por los dioses, sobre su ciudad vigilan
insomnes y vengativas deidades. Las fuerzas misteriosas de la naturaleza (el
mar, la tierra genitora, el rayo, la luz) mostraban a sus ojos atónitos personificaciones concretas y exactas, a veces amigas, a veces maléficas. Y las llamaban por sus nombres: Poseidón, Gea, Júpiter, Apolo.
• BowRA, o. c., p. 90.
• Idem. lb., p. 91.

El día comienza con una lºb
'd
i ac1'ó n ante I d'
m1 as son ritos compartidos con la div' . e io_s y con un sacrificio. Las co-

:e;/ogª.' no se extinga, po,que el olvi;~d;:i. ;•~ pendiente de que el fuego
co no im:ocarlo, cuando sale o entra de
ios e acarrearía males terribles
ntra el dios. Cuando está f
d
y a su casa sería una falta
11 •
,.
uera e su casa I
b
grave
~via, un paJaro agorero le corroen 1
~ zozo rano cesa: un rayo una
P'.ªr y ese ininterrumpido consultar el ~;onc:e~cia. -~e ahí ese continu~ expices y supersticiones El á
eplac1to d1vmo por medio d
,
si
f
.
gora se suspende . 1
,
e arusgnos avorables. Si grita un
.,
si as victimas no han indica
La superstición invade los acto;;~cielago se suspende la asamblea popul:;
c?mbate antes del séptimo día del ~e;raves, ya que el ,ateniense no entra en
formulas para curar la enfermed d
y el espartano solo en plenilunio H
27
cada
vez
Tod
,
ª
pero
. .,
.
av1a en los tiem s 1 . deben .repet'lfSe
veces escu ·ienday
_po "U
g onosos y racionalistas de Atenas Ia supersp
o
btic1on
. atemoriza las conc·1enc1as
atir admirablemente que sab . b n general es un hombre que sabe
firmemente
-~
so re todod hacerse, ohedecer. . . pero que com. en 1os agueros,
quee celebra
cree
convencido
de. que lo mas
, importante
.
to os los
rel'igiosos
.
.
no
1 d1as los. actos
.
y está
smo_ el enunciado de algunas fórm 1
es e valor, m siquiera la disciplina
, . ponía Platón
u as
, los ritos".10'
"Cas1 como un resp1ce
enexactamente
boca
, d'ich as segun
Los augures deben estar ba1·0 la a t 'd d de Socrates aquellas palabras·
la autorid
, ad de Ios augures".11 Sabeu on a del .gener a]' y no el general ha.o·
nos oraculos, sobre todo en las Traq~:i~l mane10 _que da Sófocles a los ma~ca fallan, son los hombres los ue se e . y en ~1po Rey. Los oráculos nunTemor y libertad ind' .d
q_mvocan al mterpretarlos.
términos d
IV! ua ' anguStla Y libertad ·
·
ten , an an en pugna, y que si el hombr
_mtenor. Parece que estos
dra que declararse simpleme t
e quiere conservar su albed ,
e,te propósito apunta Bowra.
ateo o busca,se una re1;gi6n de amo n~
gnega es el amor. Los dioses .quiz;s ;;:o-:hamos de_ menos en la reli~ión
pero en los momentos crít'icos 1os abandonan
º
sus favontos entre los hombres,
to
r, cuando se enfrenta al fin
A .
' como Apolo abandonó a H'
cuand Af d'
con qu1les o Art .
ec"Lo: h ro ita ocasiona su ruina".
'
em1s abandona a Hipólito

i

~.~

ombres pueden respetar a los d.
no hay nada en sus relaciones que
dioses, y hacerse amigos de ellos pero
dios, Y, aunque Aristóteles barrunt'pue a ser llamado estrictamente ~or de
b, 2) un miembro de su escuela di:/s~ur~me~:e tal posibilidad (Ret. 1391
haber amado a Zeus'."12
. sena nd1culo que alguien pretendie~
Hechos desde la cuna a 1a praxis
. de la sujeción los g .
'º F
'
negos quemaban sus
u UST;L DE CouLANGES, o.
T
PLATON, Laques, 198, e.
c., rad. Ciges Aparicio, B· Ai res, 1942, p. 270.
u B
OWRA, o. c., p. 91.

275
274

�.
. . .
el culto de la familia y de la polis. _s~
anhelos de libertad mdivtdual en
, nes sus cultos y sus ritos subordmo
religi6n esencialmente mítica, po_r sus longel ~áo-ico que hace del griego un
. . e inspir6 en la vtda e sop o
o·
la conciencia
l .deal heroico.
se; ara-la-muerte. Con ello estamos en e i .
se nos presenta el aspecto religioso del mito.

ia1

•
.
h ·
que se destaca comO elemento principalísimo del mito,
El idea1 eroico,
, 1 H, les aparece como una reen.
.6n en Hercu es. ercu
,.
l
tuvo una máxima expres1
d hab
·do en tiempos remotisimos, o
e
éste
pu
o
er
si
•
carnación de Zeus. L 0 qu
é .:
odelo para el ideal heroico.
, odemos Un aut nuco m
.
es Hércules para los mas ro
.
a de Zeus y Alcmena, mu1er
Nació Hércules 1s de una aventura am,oro~ da con el fruto de la unión
La diosa Hera mas aira
E.
de Anfitrión de T eb as.
' 1
peya homérica como una ns
d
l
dioses
aparece
en
a
epo
que con el pad re e os
'
. de cada celada fatídica emerge
mala que pone acechanzas al héroe, qwen a en la cuna el infante juega
más grande y más altivo; por eso vemos quel y t an y que las estrangula.
. sierpes echadas por H era para que o roa ar
con dos
Hércules es el destino heroico.
sometidas a rigurosa paideia,
mozo son
- a
Las maravi·11osas prendas del héroe
.
• . Anfitrión le ensena
,
·t
erfecc1onarse por 1a praxis·
,
.
1
·1 t Eurito en el arco y CasPorque la arete neces1 a p
A T
l adiestra en e pugi ª 0,
conducir el carro, uto ico o
d A
maestro de música, Lino, lo mata
tor en el combate de annas pesa as. ds~, H'rcules es la fuerza y el orgullo.
d 1 r a porque lo repren 10. e
con un golpe e a ir
•
'bl
ero él prefiere su poderosa c1ava,
Los dioses le regalan armas mvenci es, p
.
,
en sus músculos y en su astucia.
.
porque conf1a plenamente
h" No es el único error de su vida morHera lo enloq~ece y mata a ~~;celJ:~ ara en otro arrebato de ira y amente
tal, porque también mata a ~u
, e!es y pecados horrendos. Pero se pubrutalidad. Es un mortal suJeto a c7
1 inmortalidad.14
rifica y el oráculo de Delfos le pre ic~d ad 1 camino de la formación del
•
15
tud. , con sumo cm a O e
H
Wilamow1tz es . 10
11
tre la novela de Hércules por erohéroe griego estableciendo un para e o enl
.. da Sócrates se había vap ód' Hércules en a encruct¡a .
doto y la fábula de r ico
.
los dioses no conceden a los morlido de ella para enseñar a los gnegos que f rzo y ascetismo heroicos.16
tales sus bienes si éstos no los buscan con es ue
Il! da XVIII 119 ; Odisea, XXI, 14-30.
G
Studies and
HoMERO,
aH , , J'1das ' Herculens furens, 932 ss.; MAc REGOR,
" EuRÍPIDES,
erac
•
146-82.
.
.
. Greek Literature, London, 1937, pp.
d1versions
in
MoELLENDORPP Herakles, t. I, p. 101.
11
WILAMOWITZ·
'
" JENOPONTE, Memorables, II, 1, 21 ss.
11

276

Hércules en la encrucijada, nos describe al héroe frente a dos mujeres, una
de las cuales lo fascina con sus atractivos, en tanto que de la otra le cautivan
su recato y sencillez. La una le promete vida tranquila y placentera, lograda,
sin esfuerzo, por las fatigas del prójimo. La otra le ofrece una vida de lucha
y ascetismo, de dedicaci6n a los demás y de férreo dominio de su alma y de
su cuerpo. Hércules siguió tras la señora Areté por la agria cuesta de la superación personal y del servicio de su rey y de su polis.
Aymard-Auboyer dicen de la fábula: 1 7 "Un ideal muy noble de sabiduría
y exaltación de la voluntad, que se simboliza en Hércules, para librarse de las
pasiones y de lo que no es de la esencia de la naturaleza humana". Seguramente que esta interpretación no haría mucha gracia ni a Pródico, ni a Sócrates, pues lejos de esa especie de catarsis, su fábula apuntaba a un blanco
bien rico en contenido. La señora Areté, suma de las excelencias del héroe,
está indicando el camino para poseerla, sí, para poseerla a ella, pues no se
entregará al héroe sino en ese arduo sendero.
Tal vez pocos autores han dedicado al contenido de la areté un estudio
tan fino y meticuloso como el que nos ofrece Jaeger en Paideia. Para él la
areté, en su polifácico contenido, presenta un doble aspecto fundamental: capacidad innata para superarse y realización de esa capacidad en el servicio de
la polis. Para Jaeger uno de los símbolos magnos de la areté es Prometeo
que también muestra el camino práctico de las superaciones, enseñando a los
hombres a salir de su estado de absoluta ignorancia, en el que no son sino
"como imágenes de un sueño" (Esquilo, Prometeo, 447) .18

Quizás J aeger tenga razón en simbolizar la areté en Prometeo, vencido y
altanero frente a Zeus, como repitiendo las palabras de Protágoras: "el hombre es la medida de todas las cosas". El hombre como ser pensante y como
ser-que-se-hace-para la acción y consuma su acción en la muerte. Prometeo
es un gran ser-para-la-muerte. Es sublime, pero un sublime del siglo XX,
enfrentado con el omnipotente en el mismo acto de desgarrarse y de morir.
Hércules aparece también enfrentado a la divinidad, pero es a una divinidad que lo fustiga y que lo estimula a la hazaña. El no se enfrenta a la divinidad, la divinidad se le enfrenta a él. Aparece inclusive piadoso, en ocasiones,
y consulta el oráculo y se purifica. Hera, más que un obstáculo para él, es
una otorgadora de obstáculos para que el héroe los supere. Más que una enemiga es la piedra de toque del héroe. Al final se reconcilian y Hércules se
casa con su hija Hebe, no bien obtenida la inmortalidad.
" AYMARD A. y AuBOYER JEANNINE, Hist. Gen. de la Civiliz., V. l., Oriente y Grecia Antigua, Ed. Destino, Barcelona, 1958, Viccns Vives.
u ]AEGER, WERNER, Paideia, Trad. Joaquln Xirau y W. Roces, Ed. F. C. E., la.
edición en un volumen, México, 1957, pp. 19-27, 883 ss., passim.

277

�El mito de Hércules es la declaración de fe en el hombre. Los griegos tuvieron fe en el hombre. "Son muchos los portentos, pero nada hay más por19
tentoso que el hombre", exclamaba Sófocles. Y hay que tener fe en el
hombre, en su capacidad de superación, en el germen de heroísmo latente
que, por falta de ideal y de esfuerzo, casi nunca produce hombres notables.
El exaltado interés de los griegos por el hombre nacía del doble elemento,
que descubrió en él su intuición genial: capacidad-original de realizar-hazañas. Sin capacidad toda realización e3 imposible, sin realización la capacidad
queda infecunda. La máxima realización, coronamiento y clave de los pequeños logros de la vida, es la muerte, más gloriosa si se brinda en un combate
de titanes -como el que libró Hércules con los cércopes-, donde el hombre sella con sangre toda su capacidad de superación y de entrega a la polis.
Héctor sabe perfectamente que Aquiles, más ágil y más fuerte, va a matarlo. Con todo, sale sereno al combate porque ha llegado la hora de consumar
el ideal heroico: luchar por su ciudad, morir por ella y lograr así la feliz
supervivencia de los héroes. Su muerte no va a ser la del soldado in~ógnito y sin lustre. Héctor, adiestrado por la señora Areté, se sabe un gnego
superado, sabe que su acción es trascendental, que la muerte encontrada ~n
el campo de batalla, hostigando al más peligroso de los enemigos de la patna,
perpetuará su nombre asociado a su heroísmo.
Para el griego lo importante no es ni vivir, ni propiamente morir. Muchos
mueren y eso nada signific~. Es morir como se vivió y para lo que se vivió.
El hombre es un ser para la muerte, pero para-la-muerte-con-intencionalidad,
donde brille toda la superación y entrega, que logró fijar en la vida, como
catalizador, la areté.
Bowra también ha estudiado con diligencia el contenido de la areté. Este
meritísimo autor lo llama las cuatro virtudes cardinales del griego: valor, moderación, justicia y sabiduría. Estas virtudes constituyen al "hombre-cuadrangular" y son el cuadrilátero de la ética griega. El valor está asociado al embellecimiento del cuerpo sano, ágil, musculoso, adiestrado, hercúleo. Lo que
Esquilo decía de los Siete contra Tebas: "Su corazón de hierro en ascuas
_ respiraba valentía, y en sus ojos, - como en el de los leones, brillaba Ares'',2°
indica que a esa belleza del cuerpo apolíneo se debe añadir la fogocidad del
ánimo. La moderación es el canon de la estética concebida como lo exige
Hegel: "Entre los civilizados, es por la cultura espiritual como el hombre
busca realzar su valer, porque solamente entre ellos los cambios de forma,
de comportamiento y todos los demás aspectos exteriores son productos de

c~ltura espiritual". 21 Los g~egos entendieron, por la moderación, que el espíntu debe aflorar en sofrosme, en euritmia, en equilibrio de la mente de la
voluntad,
·
. , de la mímica y del arte. Lo decía Pericles: "Amamos lo b,11
e o sm
ostentac10n, y amamos la sabiduría sin afeminamiento" .22 L a ¡us
· t icia
· · es 1a
moral, per~ entendida como ideal de entrega a los demás, de aniquilamiento
del yo egmsta y de sacrificio debido a la polis. "Dar a cada hombre 1
le es d eb'd
o que
i o "2s
. "El pueb lo debe combatir en defensa de la ley como en
de24
fe~sa de la ,mu:alla de su ciudad". La sabiduría está asociada al conoci~iento de si ~isn:io, de la filosofía, del logos, de la poesía, de las matemáticas, de las ciencias naturales, de la política.2s
La ar:té, con su cortejo de virtudes, hizo el estilo de vida de los griegos.
~e Terrustocles, una de las realizaciones bien logradas de este estilo de vida
dice Tucídides: "No tuvo rival en hacer en cada ocasión lo debido".26
'
Hércules, formado por la areté, se presenta en el mito como el hombre
cuadr~gular, en quien el valor, la fortaleza, la astucia y la justicia, en todo
lo relativo a su rey, alcanzaron una realización ideal. Tirteo, el poeta general
alentaba a !ºs espartanos a ir por los caminos de H ércules: "Sed dignos del
nunca vencido Heracles, tened valor, Zeus no nos ha vuelto la espalda · d
N
,· 1 f
atra o.
o temais a uerza del enemigo, ni huyáis".27
E.n los 12 trabajos. de Hércules, cuyo origen hay que buscarlo, por toda
la, h~eratura ~e Grecia, en poetas, filósofos, historiadores, moralistas, grandes
tragicos, el heroe se proyecta como gestor de proyectos inauditos. Hércules
para las mentes jóvenes de Grecia, fue lo que pudo haber sido en un mo~
mento de ,nuestra infancia Tarzán, para la niñez de hace 20 an~os. U n h'eroe,
e1 gran h eroe invencible.
Para los filósofos, moralistas y poetas el mito de Hércules es valiosa fuente
Y lo usan para exponer sus ideas sobre el destino superior de Grecia sobre
e~ de~echo del más fu~rte, sobre la fidelidad al rey y a la polis, s~bre la
victoria
del hombre
alh donde parece ser vencido siempre, es decir, la VeJeZ
·
1
,
}'. a muerte. Hercules es la fuerza, el valor, la astucia; Hércules es la brutalidad y el atropello; Hércules es la justicia _debida al rey, a la polis; Hércules
21

G. W. F.

HEGEL,

Esthétique, Aubier, Ed. Montaigne, París, · 1944, I , p. 56 .

" TucíomEs, 11, 40, l.
,. PLATÓN,

República, I, 331 e.
Diehls, Frag. 44, Ed. Oxford, 1956.

,. HERÁCLITO,

" I dem, ib., Frag. 45: "No se puede en el viaje hallar los fines del alma a n
se recorra todo el camino; así de profunda debe ser su ley" ( Logos)
' u que

" TucíomEs, I, 138, 3.
,. SÓFOCLES,
20

Antígona, 332-3.

.., T1RTEO,

·

Frag. 8.

EsQUILO, Siete contra Tebas, 52-3.

279

278

�es la juventud y la inmortalidad; Hércules es la victoria del hombre sobre
los elementos de la naturaleza y sobre las deidades del mal.
Todos estos aspectos están recogidos en los 12 trabajos de Hércules: Cuando
su rey Euristeo le pide un servicio singular, él lo ejecuta de manera casi
portentosa. Así aparece en los siguientes trabajos: -La caza del león de
Nemea, ejecutada con sus propias manos. Luego se vistió con su piel y se
puso de casco la cabeza de la fiera; -La caza del jabalí de Erimantea, dañino y poderoso, demostró la audacia de Hércules, al emplear éste una red,
como recurso para atrapar la bestia; -Valiéndose de ardides, alejó las aves
antropófagas de Estinafalia; -capturó la coraza de Cerinea, que tenía cuernos de oro y patas de bronce; -exterminó la hidra de Lema, monstruo
hasta entonces invencible, con sus nueve cabezas y su poder de echar dos
por cada una que le extirparan; -limpió en un día los establos de Augias,
que estaban sucios desde hacía treinta años, y donde se arracimaban 3,000
bueyes; para ello, aquel genio de los recursos insospechados desvió hacia el
establo los ríos Peneo y Alfeo; -apresó el toro de Creta y en sus propios
hombros lo condujo a Euristeo.
Hércules no es solamente esfuerzo y astucia en beneficio del rey, sino la
encamación del derecho del más fuerte. Euristeo lo utiliza en este sentido
para conseguir toda una serie de caprichos personales, que sin él no habría
obtenido jamás. Por complacerlo, Hércules roba y mata con naturalidad impresionante. Este aspecto lo muestran tres de los trabajos del héroe: -Para
apoderarse del cinturón encantado de la amazona Hip6lita, la mató; -Para
adueñarse de los caballos salvajes de Diomedes de Tracia, lo mató y amansó
a las bestias con la carne de su amo; -Robó los bueyes de Gerión y los llevó
de Africa a Esparta, viaje en el que erigió las columnas, que hoy llevan su
nombre.
La acción de Hércules el temerario no tiene una circunscripción precisa:
triunfa en su acción contra el Hades y en su acción contra Hera. Ni el cielo,
ni los infiernos parecen detenerlo. Parece decimos este mito: si la humanidad
te pide que bajes al infierno, baja pronto; si la humanidad te pide que engañes a los dioses, engáñalos con habilidad. Tal es el sentido de los dos últimos trabajos de Hércules: -el robo de las manzanas del jardín de las
Hespéridas, que Juno hacía guardar con tanto celo; -y su bajada al Hades,
donde conquistó al cancerbero, liberando a Teseo y a Escálafo de sus tormentos.
Frente a este coloso del esfuerzo y de la audacia, cabría preguntarse: ¿ es
un dios o es un hombre? Es un dios-hombre, nos respondería cualquiera de
los griegos de la edad heroica. Por su sangre olímpica es dios y por su
madre Alcmena es hombre; por su sobrehumano esfuerzo y superior sabiduría
-'-eil el sentido mítico de los términos- es dios, y por sus fallas y errores es

280

homb~e; por su invencible manera de actuar es dios
sagrac16n a su rey y a su polis h b
, Y por su absoluta conE 1 d
es om re, hombre pleno y cabal
n
olorosa encrucijada d J 'd
,
·
la virtud y del sacrificio en p e da vl1 ad, su libertad escogió la agria ruta de
ro e os emás· per h b'
.
' , o u iera podido también
echarse por el camino de la 1 • d
habría sido Hércules sino l hi~tub y del ego1smo. En este último caso no
.,
,
e
JO astardo de Ale
L .
e1ecc1on fundamental nos tá di . d
mena. a libertad es una
elección parece como' si per:~
cien o el mito de Hércules. Hecha esta
una impostura. Pasado el g iera su naturaleza trascendental y se trocara en
.
ran momento de la el . , 1 l'be
impostura. Pero no del tod
ecc1on a i rtad es una
., .
o, porque entonces a la l'b
d 1
s1on rmportante a saber I d
I erta
e resta otra mi'
' a e trocar al hombre ind f 'd
o aun después de
lCa elección en el hombre cuad rangular valor mod e m1
., .
umplida esta misión, la libertad no '
, erac1on-3usticia-sabiduría.
no se entregue al ideal sumo d 1 'd podra coronarse de diosa hasta que
de la muerte. La final g
e a v1 a ~ue es la polis, en la final hazaña
.
ran aventura exige una
•
.
s1ste en preparar el tipo d
asces1s contmua que cone muerte con una
'
No tengas compasión de t
, .. .
pequena muerte cada día.
ser superado, era la fó
1 u pro3irno, ~orque el hombre es algo que debe
· •
rmu ª que propoma Zaratustr N
1
a. o tengas compasión
de. t1 mismo' porque el pró''
Jtmo es a go que debe ser superado, es la fórmula
gnega.

ª

Platón, en el Gorgias,
· aprovecha el mito d H' 1
robo de los bueyes de Geri,
h
e ercu es, más concretamente el
, f
on para acer proclamar a e r el
1
mas uerte, demostrando que los biene d
, .
a i es e derecho del
del fuerte.
s el debil son por naturaleza el botín
No _es, acaso proclamación brutal del derecho
,
de Anstoteles, que llega hasta la ·u tif' . ,
del mas fuerte aquel texto
alguna, si los hombres difieren tant J s ica~10n de la esclavitud : "Sin duda
pos como las estatuas de los di o endift~ s1 en las meras formas de sus cueroses
ieren de los h b
d
. f .
om res, to os estarían
de acuei,do en que los de la e1ase m
enor
deberían
1
ser ese avos de los de
1a superior''. 28
La cara oscura de la medall
.
de los débiles, y el contraste e a ~n~gal aparece cuando mirarnos al rebaño
diente de los dioses y fl, f rue ~ as clases. La aristocracia es deseen,
i oso os, moralistas poetas h. . d
su desvelo para formarla
.
'
, istona ores dedican todo
,,, .
y capacitarla en la areté Pe " l
1
arete dice categóricamente Aristóteles 29
•
ro, e ese avo no tiene
velo, una sonrisa. "Los esclavos son inca a y por ~to no merece un desvuelve a decir Aristóteles so "U
1 p ces de felicidad y de libre albedrío"
.
n ese avo o cualquier otro animal", d'ice en,
Poi., 1254 b 34
,. ldem. lb.J 1259 bJ ta' • .
Idem. lb., III, 7, e

., ARIST.,
•

281

�su sitio Ulpiano, "servus vel animal aliud". La aristocracia "hizo uso de
ellos, dice Séneca, como se hace uso de los animales". Infelices siervos, que ante
la barbarie de sus amos, sólo podían responder con el estoicismo de un bruto.
Conocido es el rasgo de Epicteto, esclavo de Epafrodita: Su amo se divertía
golpeándole una pierna. ¡ Que la vais a romper!, dijo Epicteto. Y la pierna
se rompió. ¡ Ya os lo dije! repuso, en su dolor, tranquilamente.
Ante esa tremenda realidad de la esclavitud, Séneca proponía un remedio
brutal: "En todas partes, decía a los esclavos, podéis encontrar el término de
vuestros males. Aquí hay un precipicio, por él puede llegarse a la libertad.
Aquí está el mar, un río, un pozo: la libertad está en su fondo. Aquí hay
un árbol pequeño, raquítico, estéril: la libertad pende de sus ramas. He aquí
81
vuestra garganta o vuestro corazón: agujereadlos y obtendréis la libertad".

•

íntimo.
enseñamos lo contrario. La libertad es hacerse, s1,
, pero
t b', Grecia. parece
,
am 1en y qmzas más todavía es deshacerse.
Hacerse fuerte, :aleroso, moral, sabio, moderado. Hacerse personificación
de .un canon. de virtudes que burilan la personalidad d e conform1'dad con
el ideal heroico. Esta es la praxis. ¿ y cuál es la acción heroica a la que
hay ~u~ someter a f!sa personalidad forjada conforme a los cánones del ideal
hero~:º · Es el deshacer el yo egoísta y egocéntrico de esta decadente concepc1on de la vida occidental, es matar todo germen de eo-olatría pasivista
es someter a la prueba exterminadora de la muerte diaria
amor propio '
la ?úsqued~ _de su propio provecho, para buscar en cambio el lustre de
polis, la utilidad común. El hombre es un ser-para-la-muerte Juego m _
ramos
, . cada día. Es satisfactorio llenar su cometido• Cuando un' yo muere ua
s1 ,mismo, la humanidad re-encuentra su cauce. Así entiendo el mito d
Hercules y con este espíritu sitibundo me llego a beber en el human· e
de la Hélade.
ismo

:1

1:

A través del mito de Hércules, y en fuerza a los aspectos que acabamos
de analizar, Grecia nos da vitales atisbos sobre la libertad individual. Ante
todo, la conciencia humana parece que no puede ser enteramente libre,
parque aquellos efectos cuyas causas desconoce traen zozobras e incógnitas
que restan osadía al albedrío. El ser limitado, por el solo hecho de serlo, no
es enteramente libre. Su conciencia se condiciona a su ignorancia, y su ignorancia coloca al hombre 'en la caverna del misterio. Negar el misterio es
proclamar que el hombre ha superado todas las ignorancias y despejado todas
incógnitas. Y a esto nunca llegará, porque la incógnita de su propio ser es
indespejable. La posición del hombre en la vida y en el mundo es una serie
de eternos y angustiosos gritos: ¿ De dónde? ¿ Para qué? ¿ Hasta cuándo? ¿ Y
ayer? ¿ Y luego? El hombre no puede descartar de su elenco las dos verdades
apodícticas: yo vine a la vida sin saber lo que es vida, y yo soy un ser para la
muerte. ¿ Para qué serán la vida y la muerte?
Ese temor punzante de la duda nos demuestra que la proclamación absoluta de la libertad humana es un viejísimo y muy moderno mito. Y todos
nos prestarnos para revestir este mito. Cuando la libertad humana proclama
que se ha liberado de todos los fetiches, se hace personaje de un mito, que
se puede llamar Comte, Nietzsche o Superhombre, y que consiste en encarnar nuestro mero ideal de albedrío.
De la concepción griega del ideal heroico se desprende otro atisbo de la
libertad individual, todavía más interesante. Muchos piensan que la naturaleza de la libertad está en la afirmación categórica del propio yo y del querer
11

282

SÉNECA,

Cons. ad Marciam, 20.

283

�FORMA Y ESTRUCTURA EN ALGUNAS NOVELAS ARGENTINAS
CONTEMPORÁNEAS
DR. MYRON

I.

LICHTBLAU

Syracuse University
Syracuse, New York

Es UNA PEROGRULLADA afirmar que dentro del sentido de las palabras "forma y substancia" cabe toda la esencia de una novela. Pero a veces la substancia de una creación novelesca, por su gran significación social o psicológica, se destaca tanto que la forma artística se eclipsa o se pasa por alto casi por completo. Que sea una protesta social o una historia de amor, un estudio psicológico o un relato moral, la substancia o fondo de una obra de
ficción es manifiesto, directo, visible; mientras que la forma, la concepción
estética, la técnica narrativa, y la creacción estilística resultan menos obvias, no tan fácilmente percibidas ni apreciadas. El fondo salta a la vista
al primer encuentro con la novela; la forma artística se nos insinúa paulatinamente. En general, la crítica se ocupa muchísimo más y en proporción
desmesurada del contenido de una novela que del arte empleado para dar
a conocer este mismo contenido. Igualmente, el fondo novelesco, no importa el mérito, muchas veces es el único elemento que le hace impresión al
lector o que se recuerda. El arte parece lo de menos. En la novela hispanoamericana, en particular, la preocupación por el contenido proviene en parte del estrecho vínculo entre el hombre y la naturaleza -fenómeno que se
presta a una gran variedad de interpretaciones novelescas. A la verdad, la
novela en Hispanoamérica llegó a su plena madurez cuando por fin descubrió su propia identidad y comenzó a sondear las cualidades distintivas
de su civilización. Esto fue en las primeras décadas de este siglo. Surgió la
novela criolla o novela de la tierra, con su rico contenido basado en los · elementos autóctonos del Nuevo Mundo; surgió la novela nacional, que rindió
homenaje artístico a la realidad que es América, en contraste con la cultura
de Europa. Es evidente, pues, que más que nada el elemento que llevó la

285

�novela hispanoamericana a su apogeo fue el contenido, el tema, la substancia. Pero esta novela criolla ha pasado ya su período de grandeza, y aunque
sigue escribiéndose por toda América ha dejado de desempeñar un papel
predominante. El criollismo ya no es el sine qua non de la ficción hispanoamericana, pues otras tendencias se han añadido a él o lo han suplantado.
En la novela argentina contemporánea, digamos de los últimos veinte
años, se nota con frecuencia esta desviación de asuntos nacionales, de temas que emiten un sabor marcadamente argentino. La novela criolla y la
novela porteña ceden paso a obras de enfoque puramente psicológico, a
obras de fantasía o de mero capricho literario. Parece que los novelistas evitan la realidad para dar rienda suelta a su imaginación, o colocan la escena
social en un plano secundario para hacer hincapié en los elementos psíquicos de los personajes, descuidando intencionalmente la lucha del hombre
en contra de su medio social. Esta ficción contemporánea es rica, abundante,
variada- tan variada que es casi amorfa, sin orientación ni meta definidas.
Junto a las novelas de los viejos maestros como Manuel Gálvez, Hugo Wast
y Eduardo Mallea, aparecen cada año las de nuevos escritores que se proponen dar una nota original a la ficción argentina o ensanchar los temas y
técnicas tradicionales. Es tarea difícil juzgar justamente y con buena perspectiva a autores que se hallan en plena actividad literaria y que no han llegado
todavía a su máxima realización artística. Pese a esta dificultad, he sacado de
los innumerables escritores que forman la nueva promoción a tres que muestran más que nada una honda preocupación por la técnica y forma de sus
obras. Para ellos, pintar lo típicamente argentino es lo de menos; crear notables efectos narrativos y estilísticos es lo que los atrae. Estos tres escritores
-Marco Denevi, Ernesto Sábato y Leopoldo Hurtado- llaman la atención
no tanto por el contenido o substancia de sus novelas como por la manera
acertada e imaginativa de presentar este contenido y de encerrarlo artísticamente en la armazón narrativa. A primera vista se echa de ver el esfuerzo
por ensayar algo distinto y novedoso, si no atrevido, en cuanto a la técnica
y la estructura novelescas. Intentan manipular casi artificiosamente la trama,
el desenvolvimiento del relato, la encadenación de los diversos elementos ficticios, en fin la composición estructural de la obra. Y esta estructura o arquitectura de la novela propasa su función normal de suministrar la cáscara exterior para asumir la función mucho más amplia de formar una de las principales técnicas artísticas.

•
286

Una red de entretejimientos estructurales e ingeniosos recursos narrativos
caracteriza el marco fundamental de Rosaura a las diez de Marco Denevi 1
en q~e el ~eseo de originalidad se descubre desde el principio y se mantie~e
c~n igual vigor por toda la obra. El esquema narrativo es una división quinana en que cada sección cuenta desde un punto de vista distinto una extraña
h_is:ori_a de :m1ºr, complicada por un caso de enajenación mental y un homicidio inexplicable. Cinco divisiones y cinco interpretaciones personales ofrecidas ~or los varios huéspedes de una casa de pensión y por la propietaria de
la rrusma. El lector escucha primero, por boca de la dueña (la señora Milagros) lo que se supone es un recuento verdadero y exacto de las actividades
estrambóticas de un huésped llamado Camilo Canegato. Es un relato hecho
totalmente e~ primera persona, de estilo chispeante, narrado con mucha sal,
con un dona1re verbal que deleita y entretiene al lector a cada paso. La manera vivaracha y a veces algo respondona de desplegar la narración se ar~~niza perfectamente con la personalidad de la señora y con su propia reaccion a los sucesos que pasan ante sus ojos en la hospedería. Efectivamente el
l~nguaj~ de :sta primera sección de Rosaura a las diez en gran manera ;ostiene el mteres de la narración y mantiene en vilo la atención del lector. Según
el relato de la señora Milagros, todo empezó hace doce años cuando vino a
..
'
vivtr en su casa un hombrecito simpático y aparentemente inofensivo que
confesó ser pintor de cuadros y estar completamente solo en el mundo. El
pobre conquistó la simpatía de la dueña y de sus tres hijas, quienes le trataban como a un miembro de la familia. Fíjense en las palabras de la señora
y en la manera exuberante de decírnoslas:
1

MA~co DE~~~I, Rosaura a las diez ( Buenos Aires: Editorial Kraft, 195 7). tsta
es la qumta ed1c1on, la que consulté y que cito en este estudio. La primera edición de
la obra _e~, de 1~5~, año e~ que ganó el Premio Kraft 1955 para la Novela Argentina
por decmon unamme del Jurado, integrado por los escritores Rafael Alberto Arrieta
Ro,~~rto F._ Giusti, Fryda Schultz de Mantovani, Alvaro Melián Lafinur y ManueÍ
~uJica Lámez. Rosaura a las diez es el primer trabajo de Denevi quien va adquinen~o. en los ,ú.ltimos años gran renombre en los círculos literarios d~ Buenos Aires. El
prest1g10s0
R osaura
. cntlco argentino Eduardo González Lanuza comento' al resenar
a las ~1ez que "en ~o sucesivo, quien lo olvide ( a Denevi) al referirse a la novela
argentma contemporanea
estará
en falta" • (Sur, No. 242, sept'1embre y octubre de
. .
.
l 956, p. 165) · Ju1C1o, a o:11 Pª~:cer, que tiene mucho de verdad, si bien sea tal vez
un ta~to exager~do. Denev1 nac10 en Buenos Aires en 1922, de padre italiano y madre
arge_ntma. Curso estudios en la Facultad de Derecho y Ciencias Sociales de la Universidad de Buenos Aires, y poco después aceptó un puesto como funcionario de la
asesoría letrada de la Caja Nacional de Ahorro Postal.

287

"

�tl no era de esos pintores que pintan paparruchas que ellos dicen que
valen millones, pero que nadie quiere ni regaladas, y entre tanto tienen
que pasarse la vida a pan y cebolla. No, él cobraba sus buenos pesos, y
casi por nada, por ir a la mansión de un ricacho a ver si un cuadro tenía cuarenta o cuatrocientos años, que daba lo mismo, porque el ricacho no entendía una jota, o por quitarle a otro cuadro la suciedad de
encima, que si era yo lo tiraba y compraba uno nuevo, o por algún otro
trabajo de morondanga por el estilo. Hay gente para todo, como yo
digo. Porque mire que pagar cientos y hasta miles de pesos nada más
que para que un hombrecito como Camilo Canegato le pase unas pinceladas a un monigote pintado que se cuartea de puro viejo, es cosa
de no creerlo. Pero, vamos, con su pan se lo coman ( pp. 26-27).

A continuaci6n la propietaria intenta explicar el gran enigma que rodea la
persona de Camilo y que forma el núcleo de la trama, ampliada y analizada
en otras secciones de la novela por los demás narradores. Lo que sabe de
fijo es que Camilo, desde hace unos meses, va recibiendo muchas cartas en
sobre color rosa con perfume a violetas. ¿ Quién se las estará enviando a él,
a este pobre diablo? Suposiciones, conjeturas, chismes, y toda clase de sospechas calumniosas atraviesan el relato para avivar el elemento de suspenso y
de misterio. Por fin se despeja un poco la inc6gnita cuando Camilo mismo
narra su historia a la señora. Según el pintor, cierto viudo rico le encarg6 que
retocase algunos cuadros ennegrecidos, entre ellos un retrato de su difunta
esposa. Se trab6 una relaci6n amorosa entre Camilo y Rosaura, hija encantadora del viudo. Siguen enredos y más enredos que poco tienen que ver con
nuestro prop6sito aquí, pero que junto con otras complicaciones del argumento narradas por los otros huéspedes forman materia para un estudio analítico de carácter y de intriga. Basta decir que de repente entra en la hospedería una muchacha que todos creen es Rosaura, se celebra una boda entre
el pintor y esta muchacha, y un buen día David Réguel, uno de los inquilinos,
anuncia que Camilo Canegato mat6 a su novia en un hotel del bajo.
Así termina la primera parte de Rosaura a las diez, o sea la secci6n narrada por la dueña. El lector acepta sus palabras como verdaderas, sin más ni
más, pues hasta este punto desconoce la existencia de las otras secciones que
ya contradicen de plano gran parte de lo que ella acaba de narrar, ya dan
otro enfoque a los sucesos, ya ofrecen otra interpretación distinta de ellos. En
su funci6n novelística la propietaria echa la primera luz sobre las rarísimas
circunstancias que han pasado en su casa. Por ella también podemos
captar la inestabilidad emocional del pintor. Su relato atiza la llama imaginativa del lector, pero no resuelve nada respecto al misterio; s6lo deja un

288

revoltijo embrollado
de ocurrencias que Je confunden (un poco Juguetona·
.
mente) Y le anunan a seguir con interés el recuento de los otros protagonistas
Su personalidad volun_tariosa asoma a cada página y domina casi por com~
~Jeto la esc~na narrativa. Ella es quien maneja Jas riendas novelescas y su
~1~ra se extiende mucho más allá de su simple deber de narrador. Tan subJetiva
es su narración que llega a ser un retrato psicolóoico
de su propio
· ca,
o·
ract~r.. Hay otra nota de su relato que se relaciona con esta intensidad de
~~~iento personal: es la identificaci6n estrecha con el lector a quien van
dmgidas sus palabras. Se logra esta impresión principalmente mediante cierto
tono ve~bal de ~timi~ad, ciert~ ~esenvoltura de expresión que no admite
tra~as m afectac1on, cierta prox1m1dad emocional que convierte al lector en
testigo
·
' ocular
¡ de los sucesos referidos. La dueña J'amás renunci'a a esta pnmac'.a en e relato; Y para conseguir este efecto el novelista se empeña en
continuar
la relación en primera persona' por boca de ella, a un cuando es mas
,
· dº
m icado ei:r'.plear otro modo de narración. De manera que esperáramos que
la declarac10n. hecha _Pº~ Camilo se nos hiciera directamente, con Jas propias
~alabras del pmt?r, sm mtermediario alguno. Pero no, esto privaría a la duena de _s~ predommancia verbal y la relegaría a una posición secundaria en la
narrac10n con respecto a Camilo. Así es que la señora Milagros cuyo informe
h~ta ~ste punto se ha limitado por lo que ha podido observa:. con sus propios OJOS, habla por ~amilo a base de lo que éste acaba de referirle y hace
las veces de co~_entansta de sus actividades. Hasta expresa opiniones personales so~r: el diálogo entre Camilo y otras personas que va incluído en algun~ pag1~as de esta narración algo desviada. Llegan a tal extremo estas
reacciones mterpoladas que en algunas ocasiones ella indica cómo se hubiera
compo~do en tal o cual situación si fuera Camilo. Vale un ejemplo, en que
la duena se muestra algo contrariada al notar la debilidad moral de Camilo:
Vea ~~ted qué manera de tratarlo a Camilo. Lo trataba otra vez como
al al~aml, de la gotera. Mucha amabilidad y mucha conversación cuando d_iscut1an lo _de los cuadros, pero una vez terminado el asunto se
terminaba también la cortesía, como queriendo hacerle ver que l
_
"d
·,
a con
si. eracton era para el pintor, no para la persona monda y lironda. Camilo encontróse en el patio, en el automóvil, en su taller, y todavía le
duraba el escozor de aquella humillación (p. 70).

~¡ lector se admira de la segunda sección de Rosaura a las diez, narrada en
P_~era persona r&gt;r David Réguel, joven arrogante que lleva dentro de sí un
cinismo destructor. La señora Milagros mencionó dos O tres veces
t •
· d
a es e Jovencito esagradable y presumido, cuya exclamación al final del relato pri-

289
H19

�mero ("Camilo mató a Rosaura") sirve de puente para juntar las dos secciones. y con las palabras ásperas y sardónicas de este segun~o ~arrado~ la
f.~ra de Camilo asume de repente otro aspecto, otra. apancnc1a.
.
. Casi es
otra persona. Se cuenta aquí la misma sarta de acontec1m1entos y circunstancias antes referida por la dueña, pero vista y juzgada conforme a la modalidad psicológica, prejuicios, y caprichos del se~~r Réguel. Su~ relato ora confirma ora contradice ora tergiversa la narrac1on de la duena. Su persona'
. f orme.
lidad ' acusa un desabrimiento
que se imprime indeleblemente en su m
Es como si su violento ataque verbal contra Camilo le sirviera de desahogo
de sus propios conflictos emotivos. David explica bien su papel en la novela
cuando dice al principio de su narración :
La han tenido a la señora Milagros declarando una hora. No sé lo
que les habrá dicho, pero me lo imagino. Y yo, a todo, o a casi todo,
lo que les ha dicho ella le pongo el obel6s. No porque ere~ que les ha
mentido, no, yo no digo eso, pero qué quiere, la s~ñora Mila~ros como
testigo, hágame el favor. Les habrá dicho que, mire, como si la _oyese,
un alma de cántaro, un pobrecito, incapaz de hacerle mal a nadie, correctísimo, perfecto, pero que in ipsis rebus veneris se estrangula a la
novia la misma noche de bodas, así, como quien se toma un vaso de
agua (p. 144).

Camilo, débil y desdichado según la dueña, se convierte en el relato de
David en una figura vil y despreciable que abusó de la inocencia de Rosau,ra,
la conquistó y luego, logrados sus fines innobles, se cansó ~~ ella y la _mato a
traición. Algunos sucesos referidos por David, en que participan Camilo'. Rosaura, y él mismo, parecen corroborar esta difamación del carácter del pintor.
La narración de David se compone de un solo párrafo, como para representar más fácilmente el procedimiento flúido de su pensamiento. De ahí la
prosa nerviosa, rápida, al correr de la pluma, salpicada de locuciones agudas,
lujos verbales, y uno que otro latinismo.
Al terminar David su relato, la armazón narrativa resulta más enigmática
ue nunca. Tanto la forma misma de la novela como el contenido atur~llan
qada vez más al lector pero al mismo tiempo la confusión engendra el mtec
.,
· 1d
rés, que llega a tener' su máxima intensidad en la te~:era secc1?n
titu
a a
"Conversación con el asesino". Aquí la forma de narrac1on es un interrogatorio en que Camilo Canegato responde a las preguntas del inspector de policía. Las contestaciones, bastante extensas algunas de ellas, representan la
declaración del demandado y a la vez su reacción e interpretación de lo que
ocurrió realmente en esta extraña historia. Mas ni con la exactitud del relato

de Camilo puede contar el lector, ya que la recordación del pintor es • rfecta, confusa, nublada muchas veces por sueños y alucinaciones. Pero al
menos su memoria sirve para sacar ciertas verdades. La gran revelación es
que Rosaura jamás existió en la realidad, que no fue más que el producto
de la imaginación de Camilo, una invención urdida para llenar el hueco emocional de su vida. El pintor fabricó el engañ~ de pura desesperación y angustia, y no por maldad ni rencor. El descubrimiento de la decepción desmintió del todo las declaraciones de la dueña y de David, pero en efecto no
desenmascaró la identidad verdadera de la víctima ni del autor del crimen. Por
fin, en otra sección de la obra, se soluciona el misterio mediante una carta de
la víctima misma, quien resulta ser una pobre muchacha de la mala vida
recién salida de la cárcel. EJla es quien entró en la casa de huéspedes aquella
noche, cuando la dueña la tomó equivocadamente por Rosaura. La muchacha
huía de algunos enemigos personales y buscaba la protección de Camilo, a
quien conocía desde hacía unos años. Una mar de sucesos y detalles explican
cómo Camilo y esta ramera se hallaban juntos en el hotel del bajo donde cometió el delito un tipo llamado El Turco. Tales minuciosidades del argumento, que a veces abusan de la paciencia del lector, son ajenas a nuestros
fines aquí y no exigen nuestra atención. Lo importante de notar en Rosaura a
las diez es que todo este enmarañamiento narrativo es algo más que un recurso novelístico para desenvolver la trama; forma la esencia misma de la
obra y uno de los efectos artísticos más acertados. Como entidades consideradas por separado, las referencias pormenorizadas de cada sección nos interesan mucho menos que cuando las juzgamos en conjunto, a la luz de la
acción recíproca de la novela y con la perspectiva total que de ella se percibe.

•
Si en Rosaura a las diez el elemento estructural se ramifica en cuatro divisiones principales, El túnel de Ernesto Sábato 2 se caracteriza por una sola
orientación que casi desconcierta al lector por su simplicidad. "Bastará decir
que soy Juan Pablo Castel, el pintor que mató a María Iribarne", dice el
narrador en las primeras líneas y sigue hasta el fin de la novela con su relato
• ERNESTO SÁBATo, El túnel {Buenos Aires: Emecé Editores, 1951). Para el presente
ensayo he consultado esta edición, la tercera que se ha publicado hasta la fecha. La
novela alcanzó gran éxito literario y popularidad a poco de aparecer en 1948, y desde
entonces ha logrado mantener una posición de primera importancia en la novelistica
argentina contemporánea. El túnel fue traducido al inglés, al francés, al sueco, y a
otros idiomas; y fue comentado muy favorablemente por la mayoría de críticos extranjeros. Hasta se ha hecho de la novela una gran película argentina, habiendo par-

290
291

�introspectivo, en que van incluidos los antecedentes y las circunstancias del
delito y los m6viles que le condujeron a cometerlo. Es un esquema sencillo, sin
mucha novedad literaria en su concepción fundamental, pero llevado a cabo
con gran sensibilidad artística y mucha destreza en el manejo de los elementos
narrativos. El lector, cuyo interés ha sido despertado por esta primera declaración, se halla en presenci~ de un hábil narrador que gusta de discursar
y filosofar ociosamente sobre temas afines a la historia de su crimen. Pronto
nos revela su espíritu audaz y rebelde, en el cual domina una voluntad férrea
que a veces choca con la razón y con las normas sociales. Su relato posee
gran encanto y logra intimarse con el lector en una forma parecida a la relación de la señora Milagros en Rosaura a las diez. Por lo cándido y pintoresco
del relato, en que se mezclan la perversidad, la truhanería, y un no sé qué de
gracia maliciosa, El túnel recuerda a las novelas picarescas clásicas, en tanto
que el protagonista tiene trazas del héroe de la novela tremendista española
La familia de Pascual Duarte, de Camilo José Cela. Si bien las ideas de Castel
sobre la vida y la sociedad son bastante refractarias, anhela ganar la simpatía
del lector con su absoluta sinceridad y desenvoltura, y a la vez hacerle comprender mejor su extraño relato de amor y odio.
Las primeras páginas de El túnel resultan un poco inconexas, pero las une
la vigorosa omnipresencia del narrador que parece introducirse en el ánimo
del lector no tanto por lo que dice como por la manera viva y traviesa de
decirlo. El estilo rebosa de animación, de agilidad, y de la naturalidad verbal que proviene de la necesidad imperiosa de aliviar su alma de un tremendo
cargo que le oprime. Vea un ejemplo:
En tales ocasiones, no podía evitar la idea de que María representaba
la más sutil y atroz de las comedias y de que yo era, entre sus manos,
como un ingenuo chiquillo al que se engaña con cuentos fáciles para
que coma o duerma. A veces me acometía un frenético pudor, corría a
ticipado directamente el novelista mismo en la labor cinematográfica. Ernesto Sábato
se distingue en la literatura argentina como ensayista y novelista, y además goza de
una bien merecida reputación en el mundo periodístico. Nació en la provincia de
Buenos Aires en 1911. Su primer interés fue la ciencia y se recibió de doctor en física
en 1937. Pronto abandonó la carrera científica para dedicarse por completo a las
letras. Entre sus libros figuran Uno y el Universo (1945), Hombres y engranajes: ,,_
flexiones sobre el dinero, la raz6n, y el derrumbe de nuestro tiempo ( 1951), y Heterodoxia ( 1953). Ha colaborado en muchos periódicos y revistas de Hispanoamfrica y
de Europa, entre ellos La Naci6n, Sur y El Mercurio de Santiago. Además de su labor
literaria y periodística, Sábato ha desempeñado en varias épocas de su vida cargos
docentes, diplomáticos y burocráticos. Pero no obstante la variedad de sus actividades,
Sábato ante todo es hombre de letras y artista creador.

292

vestirme y luego me lanzaba a la calle, a tomar fresco y a rumiar mis
dudas Y aprensiones. Otros días, en cambio, mi reacci6n era positiva y
brutal: me echaba sobre ella, le agarraba los brazos como tenazas se los
retorcía y le clavaba la mirada en sus ojos, tratando de forzarle 'garantías de amor, de verdadero amor.
Pero nada de todo esto es exactamente lo que quiero decir. Debo
confesar que yo mismo no sé lo que quiero decir con eso del "amor
verdadero"; y lo curioso es que, aunque empleé muchas veces esa expresi6n en los interrogatorios, nunca hasta hoy me puse a analizar a
fondo su sentido. ¿Qué quería decir? ¿Un amor que incluyera la pasi6n
,. } Jamas, me preocup6 excesivamente. Quizá la buscaba en mi desesfi.sica.
peraci6n de comunicarme más firmemente con María. Yo tenía la certeza de que, en ciertas ocasiones, lográbamos comunicarnos, pero en
forma tan sutil, tan pasajera, tan tenue, que luego quedaba más desesper~damente solo que antes, con esa imprecisa insatisfacci6n que experimentamos al querer reconstruir ciertos amores de un sueño (pp. 77-78).

Castel se siente impulsado como por una fuerza irrefrenable a discurrir
sobre varios temas. Habla en una ocasión de la vanidad de los hombres del
orgullo, de la soberbia. Dice que no por vanidad escribe esta hist~ria
que 1~ ~a~ an~ado por la esperanza de que alguien lo comprenda. y en un~
fras~ iromca _afmna que tal vez la única persona es precisamente la mujer que
mato. Por fm, acabados estos comentarios, Castel relata que tropezó con
María un día en un salón de pintura, que ella miró con singular entendimien~o uno, de sus_ cu~d~os, y qu~ la atracci6n que él sinti6 por esta mujer fue
mstantanea e irresistible. Mana pasó un rato absorta en las pinturas y luego
se fue, en silencio, incógnita. ¿ Cómo encontrarla de nuevo? ¿ Cómo satisfacer
su anhelo de hablarle otra vez? En cinco secciones subsecuentes del libro
Castel c_o~side~ varios r~cursos de que puede valerse para hallarla, poniendo
de man1f1esto ciertas actitudes y propensiones hacia la vida al medir la factibilidad de cada propuesta. Técnica analítica y sumamente objetiva en que
el n_ovelista Sábato p~rece descargarse de toda responsabilidad de dirigir el
destin~ de sus personaJes. De modo que el pintor rechaza por no ser práctico
un ~0s1~le encuentr~ en la calle, pues es demasiado huraño y le falta confianza
en s1 m1s~o. La busqueda forma la médula de algunos de los mejores capítulos, ~dm1rables por la fuerza de expresión y elemento de suspenso. Sábato
ha sabido superar la dificultad estilística de hacer viva y variada la narración
en primera persona sin perder a la vez la trabazón íntima con el lector. Hay
un fino ~quilibrio entre lo que el lector capta por la narración expositiva y lo
que percibe por la presentación de acción directa. Pero lo verdaderamente no-

293

�I

table de estas páginas referentes a la búsqueda no reside tanto en el suspenso
creado ni en la expectación del encuentro, ya que el lector ~be d: an~emano
Castel y María acabarán por reunirse; lo notable denva mas bien .del
que
. .
d
'
modo en que el novelista nos hace percibir cada sentlmi~nto, ca a e?1ocion,
cada matiz en fin todo el procedimiento razonador del pintor a me~da que
anda en b~sca de la mujer que puede traerle la felicidad o 1~ -~esdic~a.. Lo
notable es el plan ordenado y calculado, en que con una precision casi ~ien3
tífica Castel medita sobre las medidas necesarias para alcanzarla. ~or fin la
encuentra, pero la reunión no produce el ef~c~o culmin~te que debiera tener
después de una búsqueda tan intensa y frene~ca. Ademas, ~arece que. la ~ujer no valía los esfuerzos hechos por conseguirla, pues hacia el conflicto interior del pintor ella mostraba una actitud evasiva y fría. El amor que Castel
siente por María es inexplicable, pero lo abruma y lo desespera.. E~ una narración rica de detalles introspectivas, el pintor apunta su afhcc1on al ver
frustradas las tentativas por ganar el corazón de esta mujer. No bastab~ ,su
entrega física; le hacía falta conquistar el alma y cada hebra de e°:ocion.
Quería dominarla, someterla a su voluntad. Ganar el am~r de Mana era
ganar la reo-eneración espiritual; perder su amor era hundirse de nuevo en
una vida es;éril y rencorosa. Celos, duda, recelo, furia -,todo se amontona e~
el espíritu encolerizado de Castel hasta que no puede mas y ~a mata, ª. cuchilladas. Vale decir aquí que el cuadro psíquico del pintor está tan habilmente
presentado que sería difícil aventajar.
.,
,
Casi desprovista de todo fondo social, la narrac10n re.sultana algo escueta
y árida si no fuera por el dominio absoluto del escenario por ~arte del narrador. Vemos la intriga amorosa entre María y Castel exclusivamente por
los ojos de éste. Entendemos )a relación extraña casi en total a la luz del carácter y la pasión del pintor. Este enfoque unilateral so~re la perso?a de Castel
a expensas de un estudio aun somero de las otras figuras encaJa 1~ novela
en un molde casi impresionista, en que el narrador escoge y relata s~lo unos
momentos determinados de su vida, los que mejor captan la esencia de su
tráaica complicación con María. Con toques breves, en el diálogo o en la
des:ripción, Sábato nos da una impresión viv~, pero fu~~ d~ lo que desea
retratar, que sea rasgos físicos, estados de emoc1on, .º accio~ directa. No malgasta palabras; la impresión verbal está siempre bien perfilada, segura, con• A este respecto apunta muy bien el crítico argentino Alfredo A. Roggiano . ,ª¡
hablar de El túnel: "Ficción pura sobre la base de una idea ~ropuesta, la construcc1on
se logra como en un teorema matemático, con lógica en s1, que es la d_e~ absurdo
como real 1'dad h umana, pero perfecta como proposición ad-hoc, sea
• metafmca o pno.
(Diccionario de la literatura latinoamericana: Argentina, II, Washmgton:
mon anamericana, 1961, pp. 370-371).

u ·'

294

cisa, a veces brusca pero siempre apropiada. Aun cuando hay digresiones o
anécdotas, y las hay bastantes, la prosa es limpia, a propósito, exacta en la
forma y en la idea. Que Castel refiriera todos los detalles de lo que ocurrió
en los días que precedieron a la muerte de su amada sería contraproducente
y contrario a la naturaleza estética de la obra, y por lo demás descorrería el
velo de vaguedad y de misterio, de sueño deforme, de algo quimérico que
conmueven tanto al lector. Y esta envoltura ilusoria que circunda la acción
externa proviene en parte de esta falta de precisión al retratar a los personajes
secundarios, incluso a María. Este desequilibrio narrativo, no obstante, sirve
para destacar del modo más enfático la compleja personalidad del narrador y
crear el efecto de un vasto lienzo de recordaciones e impresiones que no han
dejado más que huellas imprecisas y borrosas.

•
Otro recurso técnico de que se puede valer el novelista que desee emplear
la primera persona de narración es la forma epistolar. Difícil de manejar,
quien se atreve a usarla se expone a grandes peligros y azares literarios. En
manos de un escritor de poco vuelo la obra epistolar padece de una artificialidad inaguantable, de una frialdad y monotonía ineludibles. Leopoldo
Hurtado ensayó este género en Los amigos 4 y lo hizo con gran éxito, superando las dificultades artísticas mediante un argumento ingeniosamente expuesto, segura técnica narrativa, buen empleo del lenguaje conforme a las exigencias del relato, y cierta fluidez y movimiento de narración que permiten que
el lector se deje llevar suavemente por la trama casi sin darse cuenta de que
lee una serie de cartas. En efecto, uno de los aciertos de· Los amigos es que la
construcción epistolar jamás se impone importunamente sobre los demás elementos narrativos, ni estorba la marcha del relato. Los amigos se compone
exclusivamente de cartas cambiadas entre varios miembros de dos familias
complicadas en un supuesto homicidio. La familia de la víctima y la del homicida constituyen los dos ejes centrales que sostienen el argumento de la
obra. Esta dualidad de enfoque enriquece el desarrollo del relato y añade una
'LEOPOLDO HURTADO, Los amigos (Buenos Aires: Emecé Editores, 1959). La novela ganó un Segundo Premio en los concursos literarios Emecé 1959. A Hurtado se le
reconoce en la Argentina como uno de los más agudos críticos de arte. Es autor de
unos ensayos de arte, entre ellos Espacio y tiempo en el arte actual. Los amigos representa su primer esfuerzo en el campo de la ficción y parece que va a seguir cultivando el género, pues en 1960 sacó a luz su segunda novela, Esta noche de concierto,
publicada por la Editorial Losada. En esta obra Hurtado ha aprovechado su amplio
conocimiento para situar la acción en un ambiente de arte.

295

�uilibrio estético entre los dos polos opuestos representados por los
~:;1:e eis Murano. La disposición epistolar de la obra s: arregla ~n. tal
e y
'b casi simultáneamente las dos perspectivas antagomcas
forma que se perci en
.
. , distm·ta de las varias personas interesadas..
y la reaccion
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Unas cartas cambia _as .
'bles inverosimilitudes, y contradicciones relaa un mar de ocurrencias m~rei
'
Ortelli diri e una carta a su tía
donados con el supuesto crimen. Eduardo
dre le roggó a Mauricio, el hijo
.
en su lecho de muerte su pa
.
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en que a irma que
. .
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cuanto no tuviera importancia.
registrara su escntono y que rara
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autoridades, el padre se s~t~o liH
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. d' ta El embellecimiento de
el efecto estético. La pro~a es se~cilla, co:~sa,en~::~~nte se escriben cartas;
la frase no pasa del estilo natu~al e~ ql f;ase en el arreglo lógico y ordepero en la fuerza verbal, en el vigor e a t la mano diestra del novelista
d .d
n la soltura de la prosa, en ra
, .
nado e i eas, e
1 tilo Faltan el oropel literario, los mimmos
para pulir y refinar un poco e e\ ·.
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efectos retóricos, pero los suplen a smcen a
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encantadora de expresión.
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·
M
Elena Orbl
na relación epistolar de amistad entre Francisco uranO y
te~~~ ~ja del acusado. Con las declaraciones de Elena se desenreda poco a

y

296

.poco el enigma de la rara amistad entre su padre y el de Francisco. El
cariño que va cobrando Francisco por Elena le produce un terrible conflicto
de intereses, pero la prudencia y aplomo de la muchacha impiden que las
circunstancias desafortunadas dañen su relación amistosa.
La materia expuesta en las cartas parece dar contestación a tres preguntas

fundamentales. ¿Es posible que Ortelli, hombre sencillo y bondadoso, haya
cometido tal crimen? ¿Y por qué? ¿ Qué móviles impulsaron a Mauricio a
delatar a la policía, sobre todo cuando halló a su padre en las agonías de la
muerte? Cada anécdota, cada dato, cada información parece convergir en
estos problemas. El novelista Hurtado maneja con destreza los elementos de
misterio y de sospecha, de duda y recelo, que tanto predominan en la obra.
De lo argentino no hay nada en absoluto; de lo americano en general tampoco.
La acción puede acaecer en cualquier país y los personajes pueden ser de
cualquier nacionalidad. Hay quienes digan que esta falta de localizar los
sucesos referidos resta valor a la novela; acaso el cuadro artístico resulte menos estimaple por no estar encerrado en límites determinados, en un marco
bien definido. Pero la obra está bien lograda a pesar de este vacío social
precisamente porque el arte novelístico depende de la combinación acertada
de otros elementos que contrapesan esta limitación -la forma equilibrada, el
interés que brota de la trama bien concebida y desenvuelta, la reconstrucción
hábil de las circunstancias y las actitudes que trocaron una bella amistad en
un odio venenoso.
En una novela epistolar muchas veces lo más difícil de lograr es el desenlace. Es obvio que se llega a este punto en Los amigos cuando por fin se
resuelve el misterio del crimen. Hurtado soluciona el problema con la aparición de unos papeles que pertenecían al finado Ortelli, quien anotó en ellos
del modo más íntimo y penoso todo lo referente al caso. Por medio de estos
documentos sabemos que en efecto el delito jamás se cometió, que todo era
un gran engaño, que Murano falleció de un ataque al corazón, y que Ortelli
mismo confeccionó la decepción como el único modo de vengarse de un amigo
(Murano) que en todo le aventajaba. La superioridad de Murano, manifestada en su posición social, situación económica, y capacidad mental fue como
una llaga que roía el corazón de Ortelli y le atormentaba sin cesar. En Murano
el mediocre Ortelli veía constantemente el ejemplo de todo lo que hubiera
deseado ser y no pudo. Hombre asediado por la conciencia de sus propias
deficiencias, Ortelli desesperaba de no poder sobreponerse a sí mismo, a su
propio ser. Su estrecha amistad con Murano siempre le recordaba la desigualdad y produjo en él arrebatos de rencor y celos. Concibió, pues, como triunfo
final, este cruel engaño de hacerse pasar por el asesino del hombre que le
fue causa de tanta desgracia y sufrimiento en su vida.

297

�CONCLUSIÓN
La novela en su función estética, no puede ser superior al ª1:e que ¡~ :a
, de 'ser Hemos visto en los párrafos anteriores cómo vanos ~ove s as
su razon
·
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oldo Hurtado, Ernesto Sábato, y Marco Denevi es el deseo ~e. ~1orar a su
p . h
ero conforme a altos fines artísticos, todas las pos1b1hdades narra~:;cy º;s~ructurales de sus novelas; es el anhelo de ~anejar codn comEpletta
• , y 1os mo, viles de con ducta. s as
libertad los complicados resortes de 1a acc1on
técnicas son la manifestación más clara de su arte, y de ellas &lt;lepen e en gran
medida el mérito de sus obras. ·

LA POESIA ORIGINAL DE MONTES DE OCA
DR. JOAQUÍN ANTONIO PEÑALOSA
San Luis Potosí, S.L.P.

PoR LAS CALLES DE SAN Lurs PoTOsí, embaldosadas de cantera; por las viejas
casonas que fueron sus palacios, donde aún lo proclama la piedra del escudo
pontificio; por las naves de la catedral que él condecoró con cuanta obra de
arte miraba en sus andanzas por Europa, discurre la figura renacentista de
Ignacio Montes de Oca y Obregón, Ipandro Acaico entre los Arcades que
"cantando apacentaba su rebaño", tal como el rapsoda griego que le prestó
su verso para cifrar vida y poesía.
"A lo largo de sus ochenta y un años plenos vió fenecer al reinado temporal de los Papas y esfumarse un imperio mexicano, pasar cuatro pontífices
y muchos reyes, derrumbarse una dictadura que parecía inconmovible, estallar la Revolución Mexicana y la guerra europea, transformarse el mapa del
mundo y el alma de los pueblos. Saboreó mieles y honores, como pocos quizá;
pero también como pocos, gustó acíbares y quebrantos. Supo ser, al mismo
tiempo y con extraña plenitud, obispo y constructor apostólico, orador poliglota en las cortes europeas y predicador de humildísimas parroquias rurales;
fastuoso como un príncipe del Renacimiento y caritativo como un discípulo
de Francisco de Asís. Todo lo fue, y todo supo serlo con grandeza".1
Tres son los fases de su personalidad literaria. Traductor de los poetas
griegos, desde los dieciséis años hasta la plena ancianidad, es el más insigne
de nuestros helenistas al interpretar a los bucólicos griegos en versiones que
"conservan el perfume original" como advertía don Miguel Antonio Caro;
"con asombrosa y rica vena", en juicio de don Marcelino Menéndez y Pelayo,
trasladó al español los cantos triunfales de Píndaro, algunas odas festivas y
alígeras de Anacreonte y muchísimos Epigramas de la Antología; después de
' GABRIEL MÉNDEZ PLANCARTE. Montes de Oca humanista. A.bside, México, junio
de 1940, p. 28.

298

299

�un silencio de casi veinte años tradujo El rapto de Elena de Coluto de Lic6polis, y La argonáutica de Apolonio de Rodas, sueño y afán de largo tiempo,
cuyas octavas resplandecen "como bloques de mármol".
"Nadie negará a Montes de Oca, juzgaba Menéndez y Pelayo, uno de los
primeros lugares entre los poquísimos buenos traductores de poetas griegos
que posee nuestra lengua".
Orador fecundo, cuyos discursos junto con sus Pastorales se guardan en ocho
gruesos volúmenes, la severa claridad de la exposición, la ·argumentación robusta, la elegancia difícil, se aunaba al aplomo y gallardía en el ademán, la
impecable dicci6n, la voz cálida y el cautivante imperio que en el auditorio
ejercía. Amado Nervo evocará en sus recuerdos de adolescente al "chico de
trece años" que era "Todo ojos y oídos" escuchando la elocuencia de Montes de Oca.2
Del poeta original quiero hablaros en esta ocasi6n; quizá porque constituye la fase menos valiosa de su obra, ha sido la menos detallada, según contamos, especialmente en el análisis de Gabriel Méndez Plancarte, con el estudio definitivo acerca de sus versiones griegas y latinas. 3

I
La bibliografía poética de Ipandro Acaico se contiene en seis libros. Ocios
poéticos fue el primero y el único que vio dos ediciones; impreso en México
en 1878, fue reimpreso en Madrid en 1896, en edici6n "muy aumentada".
"Hice una tirada de pocos ejemplares, destinados más bien a mis amigos que
al público en general. Con grata sorpresa vi que en pocos días se agot6 la
edición".•
Se trata de un libro singular en la producción de Montes de Oca en cuanto
que reúne poesías originales y traducidas del griego y del latín, y en cuanto
que es el libro que ofrece la poesía más variada por el tema y las estructuras
métricas.
Los libros que siguen a Ocios poéticos, son invariablemente colecciones de
sonetos, todos ellos publicados en Madrid en pequeños y finos tomos de extraordinario gusto: A orillas de los ríos de 1917 con algunas versiones o paráfrasis griegas; Otros cien sonetos, de 1918; Nuevo centenar de sonetos, de
• Epistolario de Ipandro Acaico. JOAQUÍN ANTONIO PEÑALOSA. San Luís Potosí, Con
el perfil de Estilo. 1952, p. 74.
• En Abside. México, en los números de junio, julio y agosto de 1940.
• Prólogo a la segunda edición.

300

1921; Sonetos jubilares del mismo año, y los Sonetos P6stumos, editados en
México el año de 1941.
Sólo algunos de estos poemas, antes de ser recogidos en libro, fueron publicados por Montes de Oca en revistas mexicanas y españolas. Cuanta poesía
escribió, vio la luz de imprenta.
Solía escribir sus versos en el papel de su correspondencia exornado con
su escudo; o en breves, preciosos cuadernos, como el manuscrito de Ocios poéticos que yo guardo con afecto, de pastas de piel negra y cantos de oro.
Hay sonetos enteros sin el más leve retoque. Apenas alguna estrofa relegada; pero eso sí, numerosos versos corregidos. Sobre la palabra tachada, escribe la lección definitiva con aquella su letra menuda, apresurada, siempre
legible.
¿ Cuál ha sido la actitud de la crítica frente a la poesía original de Ipandro
Acaico? En el prólogo de la segunda edición de Ocios poéticos el propio autor
afirma que el libro suscitó "grandes elogios en España y en México aun de
escritores de diversas ideas religiosas, políticas y literarias".
Recordaríamos entre otros contemporáneos, los juicios encomiásticos de
Victoriano Agüeros y de Pesado, de Casimiro del Collado y de Ambrosio Ramírez, traductor potosino de toda la obra lírica de Horacio.
"A la tempestad de alabanzas que duró algunos años, continúa el propio
Montes de Oca, sucedió una tormenta de vituperios", desencadenada especialmente por Guillermo Prieto y Manuel Gutiérrez Nájera en México y por
Leopoldo Alas "Clarín" y Antonio de Valbuena de España. 5 "Encontraron
malo cuanto al principio habían declarado bueno", se queja con tristeza; "y
los siguieron en su ingrata tarea multitud de zoilos de diversas escuelas, que
añadieron a la censura de los versos la injuria personal".
Sus amigos más fervientes se apresuraron a manifestarle su adhesión.
Desde Washington, don Juan Valera le escribía: "He leído los artículos críticos de Gutiérrez Nájera que Ud. me ha enviado, pero ni los hallo bastante
buenos para que me interesen, ni bastante desatinados para que me diviertan.
Hay en ellos esas afirmaciones pedantescas infundadas a que está uno acostumbrado. Dice el autor que Ud. no es poeta, como no lo es Menéndez y
Pelayo. Me parece que bien puede Ud. ser desterrado del Parnaso en tan
buena compañía. Ya fundarán Uds. otro donde quiera que vayan".6
A su vez, don Marcelino le decía en carta desde Santander: "He leído la
insulsa crítica de Clarín. Y no porque él sea tonto, sino porque la pasión
política lo ciega. Es un condiscípulo mío llamado Leopoldo Alas, discreto y
• Ripios ultramarinos, M adrid 1905, pp. 5-62.
• Epistolario de Ipandro Acaico, ib., p. 44.

301

�gracioso a veces; pero demagogo e impío como un diablo, y muy aficionado
a la carne de clérigo".7
Es claro que aquellos críticos advertían la débil inspiración poética de
Ipandro; pero también es claro que sus juicios se enturbiaban con otras razones que ya no eran de orden literario, según desobedecían al viejo precepto
de Marcial que permite censurar la obra con tal que se perdone al artífice.
Montes de Oca se limitó a contestar toda esa alta marea de adversarios con
una sola frase estampada en el prólogo de la segunda edición de los Ocios
poéticos: "No temo, porque no aspiro a adquirir gloria".
Frente a los fáciles elogios de unos y la severísima censura de otros, contrasta el prudente silencio de Menéndez y Pelayo, generoso en alabar cuanto
el obispo traduce de los griegos hasta el encomio más superlativo, benévolo
acogedor de sus discursos, pero reservado siempre ante la poesía original,
salvo cuando debe agradecerle "la elegante ora sáfica que usted me dedicó".8
Los dos beneméritos manuales, pese a sus obvias deficiencias, que han
difundido el interés y el conocimiento de nuestra historia literaria, reservan
sendos aplausos a la obra lírica de Ipandro. Don Julio Jiménez Rueda afirma
que la poesía original de Montes de Oca es "de impecable y purísimo fondo.
No pierde jamás el obispo la compostura esencialmente académica. Talla
sus versos en mármol y labra en él las figuras de perfección y de blancura
excepcional". 9 Don Carlos González Peña expresa con hipérbole a su vez:
"Como poeta original es acabada e inconfundiblemente clásico; pero con un
primor, con una elegancia, con una vibración de sensibilidad que no fueron
por cierto antes de él, comunes. En particular hay una forma, el soneto, que
domina con soltura y maestría, y de la que ha dejado cosecha abundantísima".10
Asordinando estas alabanzas, Gabriel Méndez Plancarte invitaba a los críticos para que continuaran el ejemplo de Menéndez y Pelayo, siempre "tan
parco en elogios para las poesías originales de Ipandro Acaico. Juzgo que
también en eso debemos imitar al insigne Maestro" .11
Débese a Octaviano Valdés, el exquisito traductor de Landívar, el juicio
más certero y sagaz sobre la lírica de Ipandro: "Su estilo, fruto lógico de
su educación rica y fecunda, guarda siempre el decoro, desechando el desali1
lb., p. 31.
• lb., p. 28.
• Juuo JmÉNEZ RUEDA. H istoria de la Literatura Mexicana. México, Ediciones
Botas, 1942, p. 147.
'º CARLOS GoNZÁLEZ PEÑA. Historia de la Literatura Mexicana. México, Editoriales
Cultura y Polis, 1940, p. 223.
11
Horacio en M éxico. México, Ediciones de la UNAM, 1937, p. 148.

302

ño y aun el uso trillado de expresiones convencionales. Pero la mayor parte
de su obra poética, es seca y de muy débil inspiración. A través de su verso
resuena el acento del orador y del cultivado humanista que piensa y siente,
pero sin conseguir el hallazgo luminoso del punto de vista original, ni menos
traducirse en emoción poética. Sólo de cuando en cuando, alguna alondra
solitaria rompe la monotonía de centenares de sonetos en monótono desfile.
La debilidad poética de Ipandro Acaico se agrava por su actitud artística
-temperamento y escuela- gobernada por una especie de esteticismo platónico frío y exterior. Sus ojos pasan sobre los objetos, como quien acaricia
un mármol, complaciéndose en la sensación de sus sabios perfiles, pero sin
esforzarse en percibir la onda vital que circula bajo la gelidez de la epidermis".12
Tal ha sido la trayectoria crítica de la lírica de Ipandro Acaico, al ritmo
de los gustos, las pasiones y los tiempos, desde el ardiente panegírico de sus
amigos hasta la mofa cruel de sus adversarios, sin que haya faltado ni la
cautela ni el olvido. Cerrado el periplo de esta aventura, hoy podemos recoger entre el evidente ramaje algunas flores vivas de aquella fecundidad; porque todavía octogenario, el poeta florecerá con pujanza lírica increíble.
Para conocer las predilecciones literarias y las lecturas poéticas de Ipandro Acaico, bueno será entresacar, en un breve y aleccionador catálogo, los
nombres de poetas con que de vez en cuando esmalta su propia poesía.
De las letras latinas, cita a Virgilio, Horacio, Ovidio, Catulo, Estacio y
Marcial. De las españolas, al "dulce Garcilaso", al "divino Herrera", a Fray
Luis de León de quien evoca su Profecía del Tajo, a Cervantes y al "célebre
Espronceda".
De Inglaterra recuerda a Milton y a Lord Byron, a quien llama "vate sublime". De Italia, al "Dante divino" y "de Tasso el dulce canto". De Francia,
evoca a Chénier según de Víctor Hugo increpa: "A Víctor Hugo nunca sus
barreras abra Pirene" .18
Entre nuestros escritores mexicanos, menciona a Juan Ruiz de Alarcón, a
Femando Calderón, a Riva Palacio, doce veces a José Sebastián Segura y a
Enrique Fernández Granados en su seudónimo de Fernangrana. Pero indudablemente sus griegos armoniosos y melenudos transcurren como símbolos
vivos de lo que él llama "la elegancia", "la sublime y pura clásica forma".u
¿ Cómo no recordar el inofensivo incidente epistolar entre Montes de Oca y
Pagaza, pastores y árcades ambos, cuando el Obispo de San Luis Potosí envió
u Poesia Neoclásica y Académica. Biblioteca del Estudiante Universitario. Núm. 69,
México, UNAM, 1946, pp. XXXV-XXXVI.
11
Ocios Poéticos, p. 10.
" Ocios Poéticos.

303

�al de Veracruz el discurso de Mantenedor de los Juegos Florales de 1913 en
que elogiaba los méritos de Manuel José Othón?
En ese discurso, Montes de Oca glosó aquellos sonetos en que Othón anhela
recibir la flauta de la inspiración poética precisamente de las manos de Pagaza.
"A mí me hubiera agradado, decía Ipandro Acaico, que la musa al encontrar (la flauta) después de prestarla a Teócrito, la hubiera entregado al
propio Manuel José Othón, sin que pasara por tantas manos; a los admiradores de la sencillez y la virilidad helénica nos place más beber en la fuente
de Aretusa que en los lejanos estanques, a donde llega el agua del apartado
manantial, más dulce, pero menos cristalina".
Cuando Pagaza leyó este párrafo del discurso que le había mandado Montes de Oca, le contesta con generosa prudencia: "Desde que llegó el discurso,
lo he leído a trechos; más no puede &lt;lesde el primer día, ni puedo ahora ver
las cosas como usted las ve en los tres sonetos que me dedicó el bien querido
Manuel José Othón. Pero no es tiempo de pensar en tales cosas" . .. Naturalmente que Pagaza no podía estar de acuerdo por varios motivos; o por el
aprecio entrañable con que distinguió al autor de los "poemas Rústicos", o
porque sencillamente se le había comparado a "lejano estanque" de agua
"menos cristalina". Todo sea por los griegos.15

mayor parte de los sonetos tienen por asunto los grandes acontecimientos religiosos en que he tenido la fortuna de tomar parte. Con algunos pago deudas
sagradas de gratitud y amistad. Otros en fin, de lúgubre nota, me han sido
inspirados por la repentina y grave enfermedad que me acometió (y) ...
que dos veces me puso a orillas del sepulcro".
En cuanto al paisaje, ni lo ve ni lo comprende. A pesar del título prometedor A orillas de los ríos, ellos son apenas una referencia geográfica y no esa5
puras y enormes creaturas vitales y musicales que, como en la amistad, encuentran al poeta o lo hacen.
Sólo la luna logr~ entusiasmarlo, la única creatura que mira de frente,
la luna que denuncia el pequeño punto de romanticismo que latió en su
espíritu.

PLENILUNIO DE SEPTIEMBRE

¡ Diana gentil! Cual nunca esplendorosa
surgir te miro de la mar serena;
tu rostro todo ofusca y todo llena
con su fulgor; pero es tu andar de diosa.

4
¿Cuáles fueron los principales temas que desciñeron la inspiración del poeta?
Desde luego la Biblia, renovada fuente de gracia, tanto en sus páginas del
Antiguo como del Nuevo Testamento.
Hay toda una constelación de poemas con los que podrían integrarse otras
"figuras de la Pasión".
La hagiografía es una de las fuentes más fecundas; la liturgia le presta
el esplendor de sus símbolos y la historia de la Iglesia le aviva recuerdos de
gloria o de dolor. Pero, como Pagaza, no es un poeta religioso; cuando se
atreve con el tema sacro, su voz no encuentra ni la hondura de la emoción,
ni la viva y palpitante entraña del cántico.
Habrá que situar el mayor caudal de su producción lírica en la poesía de
ocasión, la desprestigiada que ha podido motivar memorables poemas de
ayer y de hoy, cuando el poeta logra rimar ocasión y corazón.
En el prólogo a Nuevo Centenar de Sonetos advierte Montes de Oca: "La
•• Epistolario de ]oaquln Arcadio Pagaza. JOAQUÍN
Potosí, Con el perfil de Estilo, 1960, pp. 12 y 13.

304

ANTONIO PEÑALOSA.

Apenas se vislumbra la preciosa
veste sutil, que el aire desordena;
la aljaba en tus espaldas de a.zucena
el contorno en tu pie color de rosa.
En las blondas estrellas que a distancia
te siguen, a tus ninfas adivino
por las que exhalan, celestial fragancia.
Y bendigo a tu numen, y a mi sino,
que traen a las puertas de mi estancia
de tu beldad el esplendor divino. 16

Cuando se inspira en los. temas griegos, enhiéstase la inspiración conforme
el estilo se aroma con aquella sutil y vieja hermosura. Ahí habrá que buscar
las mejores páginas, ahí y en la poesía autobiográfica.
Nunca tan sincero y tan humano y tan poeta, como cuando el dolor nubló

San Luis
11

Nuevo Centenar de Sonetos, p. 57. ·

305
H20

�sus ojos, y la adversidad le dejó despo~eído sin libros ni palacios, y la muerte
le advirtió la hora definitiva de la última azada.

Y sólo quiere, en su octogésimo año,
antes que acaben de cegar sus ojos
morir apacentando su rebaño. 20

Quiero imitar la mansedumbre hero_ica
con que perdieron, Job, salud y hacienda,
con sus pupilas el fulgor, Tobías.
y sin dejar mi indiferencia estoica,
plantar aquí y allá mi errante tienda

al eco de cristalinas melodías.11

La fastuosidad de la mañana cede a la nostalgia de la dud?sa luz, d_el día
con estos suspiros de transida resignación que desconocía su lira helemca de
antaño:

hierba no tiene que llevar mi diestra
a las ovejas que cargue, en mis. h ombros.1s
Se desmorona mi vigor de roca. 19
Enfermo, desterrado, incomprendido y pobre, se le abre una nueva voz,
honda y quemante como una llaga:

Triste, mendigo, ciego cual Homero
a su montaña I pandro se retira,
sin más riquezas que su vieja lira,
ni báculo mejor que el de romero.
Los altos juicios del Señor venero,
y al que me despojó vuelvo sin ira

de mi mantel pidiéndole una tira
y un grano del que ha sido mi granero.

5
Engendrado a la vida espiritual por Europa desde sus años mozos; empedernido viajero que cruzó el mar por cien veces cuando la medalla del mérito naval, por la hazañosa aventura, llegó tardíamente para condecorar el
cadáver; flamante y suntuoso en los castillos, de turbante y florida barba en
los desiertos, aquel corazón cosmopolita sabía, como Rubén, el otro trotamundos, que no hay patria pequeña, y para México reservó los latidos más
íntimos de su amor.
En su poesía yérguense las cumbres luminosas de nuestros volcanes, agítase
la colosal palmera" y "el bullicioso plátano", asciende el "humo del óleo mineral", rompe el cielo "el hablador perico" y la próvida huasteca entreabre
su misterio.
Junto a sus dilectas humanidades, se atreven las "indianidades", como en
aquel espléndido elogio de las Pirámides de Cholula exaltadas sobre los egipcios monumentos ;21 y junto al lenguaje culto y latinizante, no desdeña la
evocación de tal cual palabra vernácula. Aun las corridas de toros encuentran
su sitio fugaz en su poesía.22
Ante la técnica que comienza a p~rforar sus días con inventos inauditos,
aquel recio varón vuélvese un niño. Como por la trémula sorpresa del juguete
nuevo: "Quien fuera capitán de submarino"; o consagra un soneto a contar
las ondas sonoras de la radio. O anhela, ya herido por la muerte, abandonar
el lecho.

Y recorrer volando la campiña
en automóvil de motor ingente.23

A qué mirar con fútiles enojos
a quien no puede hacer ni bien ni daño
sentado entre sus áridos rastrojos.
" A orillas de los ríos.

" lb., p. 93.
" Nuevo Centenar de Sonetos, p. 107.

306

" lb., p. 141.
11
Ocios Poéticos, p. 371.
" A orillas de los ríos, p . 61.
" Nuevo Centenar de Sonetos, p. 83:

307

�6

Gracias al tenaz aprendizaje a que se había sometido desde su mocedad y
a las naturales dotes, poseyó tal soltura y facilidad para versificar sobre cualquier tema y desahogo que Menéndez Pelayo la graduó de "prodigiosa".
"Más que octogenario", el vigor permanece intacto, inusitado, capaz de producir, según la estadística de sus composiciones últimas, un poema cada tercer día. Gráficamente lo expresó en aquel verso: "De disparar sonetos tengo
antojos". 24
Enfermo de la vista, como no podía emprender "estudios serios ni artículos
de cierta profundidad y largas dimensiones, me limité a escribir sonetos que,
sin exigir gran trabajo, llenan agradablemente mis ocios de ciego".25
De los casi 450 poemas originales que escribió, unos 400 son sonetos; pero
cultivó aunque en breves incursiones, otras diversas estructuras con predilección por las formas más estrechas y difíciles de la métrica castellana, como
los tercetos italianos, los cuartetos endecasílabos, las estrofas sáficas, las octavillas pentasílabas, las octavillas y las octavas italianas, la octava real, el romance en diversa variedad de sílabas (pentasílabo, heptasílavo o anacreóntico, octosílabo y endecasílabo) , los endecasílabos libres y aun la rima leonina.
Por su lírica discurren odas, himnos, elegías, canciones, sátiras y epístolas.
Destacaríamos, por su forma gallardamente trabajada, los endecasílabos
dedicados a Menéndez y Pelayo "con motivo de su recepción en la Real Academia Española", las marmóreas sáfico-adónicas a don Antonio Plancarte y
Labastida en su primera misa, y los nobles tercetos de su elegía En la muerte
del Excmo. Sr. Don Joaquín García lcazbalceta, Director de la A cademia
Mexicana.
Recurre con frecuencia a las habituales licencias poéticas, que alguien llamó indecencias poéticas, especialmente a las figuras de metaplasmo; aunque
abusa poco de la diéresis y la sinéresis, de que tan fácilmente se sirvieron los
grandes de la edad dorada.
La anchurosa fecundidad, la falta de corrección depuradora son las raíces
que explican las disonancias y las cacofonías, la asonancia dentro de un mismo verso, las rimas pobres, que de por sí pueden ser opulentas y fastuosas,
si el poeta las llena de sustancia liríca. Parodiando a Proust diríamos: "A
los buenos poetas, pobreza y tiranía de la rima los fuerza a encontrar sus
mayores bellezas".
Su formación y actitud academizante, explican la prosaica languidez, la

hueca !:aseología como hojarasca muerta ("el húmedo elemento, la bien cort~da penola, la trompa de la fama, la pródiga natura") ; las frecuentes invers10nes forzadas__que son ~erdadero hipérbaton; los prosaísmos de pensamiento y de expres1on y los innumerables latinismos de léxico. Entre otros baste
a~untar: antena, nauta,_ ponto, vórtice, averno, poma, simulacro, ínsul~ formidar, argentar. Y part_1c~la~ente los adjetivos "cultos" algunos de los' cuales presu~nen alguna intimidad con la lengua del Lacio : alígero nefando
Jauta, ~rm1p~tente, tríplice, flébil, fulmínea, célica, tamaño, imbele, 'lacrimosa'.
~ad1e hab1a ~dvertido una cierta predilección que Montes de Oca uarda
hacia e_l _ve~ bunembre, precioso y fértil recurso que hace balancear af verso
en :~u1l_1b~1os de concepto o de sintaxis, de juegos de colores y de músicas.
leccion insigne que de Petrarca aprendió a balbucir Garcilaso con evocador~
cautela y a derrochar Góngora con barroca munificencia:
Fingiendo celos o fraguando enojos
ni el tiempo para, ni la edad decrece,
naves sumerges, mástiles doblegas,
ni alianzas rotas, ni alevosas lides. ..

.Pese a los defectos señalados, el poeta Jogra eJ decoro formal según él
mismo lo reclama de los demás.
Todo aprendiz de hablista o de poeta
es fu erza que conozca lengua y rima
antes que en el Parnaso se entrometa,
que el m etro de medir sin miedo esorima
O
que distinga la ese de la zeta
'
Y que maneje impávido la lima. 26

Nunca lo tentó la idea de versifica1 en Jªt'm, aunque conocia
, sus misterios

y lo hablaba con magistral soltura:

N o entr6 jamás en mi escolar programa
redactar en latín dístico breve:
y si antes no aspiré, menos me mueve
hoy a imitarlo, de Marcial la fama.2 1
21

" .A orillas de los ríos, p . 40.
u Prólogo a .A orillas de los ríos.

308

t1

lb., p. 46.
lb., p . 97.

309

�En cambio public6 dos sonetos en inglés ya casi con el pie en el, estri_bo.
Como sus amigos pensaron y se lo dijeron que esos sonetos acaso senan eJe~cicio de su juventud porque no era posible que desp_ués,de más de medio
siglo de estudiar en Oxford, poseyera tal dominio del ingles,. ~ontes de Oca
d e retacho otro poema con esta aclaraci6n: "para disipar sus dudas,
escn"b"6
i
, .
compuso Ipandro esa misma noche un soneto, cuyo borrador le envio sm
tardanza". 28
Lo que nos recuerda su silencio ante el Pontífice de Roma que le mand6
hablar en memorable ceremonia. "Decid al Papa que no he empezado a hablar, porque espero que me diga en qué idioma". .
,
"Recio y noble árbol el que dio tantos y ~ neos fn~tos, claro varon de
rara prestancia el prelado poeta que, para glona de México y del mundo español, es egregio entre cuantos renovaron en nuestra lengua, el tesoro de la
antigua y eterna belleza".

FEDERICO GAMBOA: UN ANALISIS ESTILfSTICO
Da. SEYMOUR MENTON
University of Kansas

Los NUEVOS cRÍncos han menospreciado a Federico Gamboa como a otros
escritores afiliados al naturalismo a causa de su predilecci6n por los aspectos
más feos de la vida. Se podria demostrar fácilmente la injusticia de esta
actitud. Además, en el caso de Federico Gamboa, estamos en la presencia del
único novelista mexicano del siglo XIX cuyas obras están escritas en un estilo
verdaderamente artístico. Los prosistas mexicanos del siglo XIX, después de
que su país alcanzó la libertad política de España, fueron en busca de su libertad literaria. Obras como El Periquillo Sarniento de Femández de Lizardi,
Astucia de Inclán, las N ouelas Mexicanas de Rabasa, Los bandidos de Río
Frío de Payno y La parcela de L6pez Portillo y Rojas revelan un estilo espontáneo con palabras y expresiones típicamente mexicanas. Este estilo popular subraya el mexicanismo de las novelas pero de cierta manera disminuye
su categoría artística. Aunque los personajes y el ambiente de las novelas de
Gamboa son también típicamente mexicanos, sus temas principales -el adulterio, la infidelidad, la seducción, la prostitución, la regeneración religiosa y
la regeneración sicol6gica- son universales y su estilo más culto da a sus
obras una impresión de solidez literaria que no está presente en las novelas
anteriores. Rubén Darlo llama al estilo de Gamboa "castizo en dicción".1
Domingo Estrada sostiene que uno de los rasgos más atractivos de M etamorf osis es su estilo.
El secreto del encanto que su libro produce, y que hace que no se pueda
dejarlo de la mano una uez comenzada su lectura, ... finca principal11

1

Nuevo Centenar de Sonetos, p. 144.

Solapa de

FEDERICO GAMBOA,

La Llaga, 3a. ed., México: Botas, 1947.

�mente en el estilo. No conozco otro que sea más sencillo sin vulgaridad,
más imaginado sin pedantería, más elegante sin esfuerzo. 2
Pedro Henríquez Ureña es quizá el único crítico que ha señalado la deuda
de Gamboa con el modernismo. " ...Federico Gamboa, en quien hay alguna
influencia del gusto modernista".3 El modernismo de Gamboa, aparente en
algunos de sus pasajes líricos, parece paradójico en contraste con sus temas
naturalistas. Sin embargo, esta paradoja es también característica de los naturalistas franceses y de muchos de sus partidarios internacionales.

mente el habla popular tanto de los mexicanos como de los españoles sin entregarse por completo a "la técnica de la grabadora magnetofónica" tan cultivada por los novelistas de la Revolución.
Un análisis detallado de los elementos estilísticos de Santa demostrará con
claridad todas las características citadas. Se ha escogido a Santa para este
análisis por ser la obra más famosa de Gamboa que a la vez representa el
apogeo de su arte novelístico.

. . .la novela de la cortesana, cuyos capítulos de exposición, por la maestría con que están compuestos, por la fuerte entonación y la plasticidad
del estilo, son de lo mejor y más bello que ha salido de la pluma del
novelista.5

Quoique nous puissions paraitre paradoxal (sic) il nous semble cependant que l'essence principale des ouvres naturalistes est le lyrisme. Cependant rien n'est plus vrai, tous les grands romanciers naturalistes ne sont
en somme, sous certains aspects, que de fougueux romantiques.4
El estilo de Gamboa no es constante en todas sus obras; se va desarrollando
de libro en libro. En Del natural y en la primera parte de Apariencias, siguió
el consejo de su amigo, el periodista Aurelio Garay, y escribió en forma sencilla, sincera y espontánea. Se nota el gran cambio en la segunda parte de
Apariencias, donde estrenó un estilo más literario que elaboró sucesivamente
en Suprema ley y en Metamorfosis y que perfeccionó en Santa. En las últimas
novelas, Reconql;listá y La llaga, el estilo sufrió por la mayor preocupación
personal por los problemas morales y sociales.
Lo interesante del estilo de Gamboa es que su aspecto erudito no desmiente
1a nacionalidad del autor y pocas veces da la impresión de ser pedante. Aunque hay ciertos rasgos de su estilo que lo identifican como mexicano, su admiración y su amor por España lo obligan en ciertas ocasiones a evitar conscientemente el uso de expresiones típicas por las del castellano castizo. Además, su gran respeto por los novelistas franceses de su época y su conocimiento
del francés son responsables por la infiltración de muchos galicismos.
La afición de Gamboa por las expresiones extranjeras es solamente un aspecto de su vocabulario literario. Otros factores que contribuyen al efecto
erudito de su lenguaje son las palabras cultas y arcaicas, las formas enclíticas
y l~s. neologismos. Su identificación estilística como escritor mexicano se debe
principalmente a su uso relativamente abundante de los diminutivos. Al transcribir la conversación de sus personajes, el novelista intenta reproducir fiel·· • Citado por Rubén Darlo en su juicio sobre Gamboa en las solapas de La Llaga.
~ .PEDRO ENRÍQUEZ UREÑA, Las corrientes literarias en la América Hispánica, México: Fondo de Cultura Económica, 1949, p. 83.
• ALBERT l. ALTAMIRANO, lnfluence de la littérature franfaise sur le littérature
mexicaine, México: Cosmos, s. f., p. 83.

312

LENGUA

I.

CULTISMOS

l. extrajo (9) 6
2. un sol estival (12)

3.
4.
5.
6.
7.
8.
9.
10.

1

sonrió con simiesca sonrisa (13)
cómitre (26)
cual impulsadas (29) 7
beodo ( 35)
iguanodonte (58)
metamorfoseada (58)
genésico (90)
las ígneas testas (96) 8

CARLOS GoNZÁLEZ PEÑA,

11.
12.
13.
14.
15.
16.
17.
18.
19.
20.

ápteras (270)
automedonte (277)
enjundia (283)
ergástulos ( 289)
estriárselo (291 )
el cipión (291)
cutáneo sarpullido (296)
gehena (302) 9
cloroformizado ( 331)
epinicio ( 99)

Historia de la literatura mexicana, 3 a. ed., M'CXICO:
·

Porrúa, 1945, pp. 348-349.
• Los números colocados entre paréntesis indican las páginas de Santa, 13a. ed.,
México: Botas, 1947
1

Gamboa usa constantemente la palabra "cual" en vez de la palabra más popular

"como".

' Antorchas.
' Palabra bíblica que se refiere al infierno.

313

�11.

PALABRAS Y EXPRESIONES ARCAICAS

4. su arribo (20)
5. a partir de aquí (20)
6. retornar (22)
7. gentiles-hombres ( 117)
8. el buró (124)
9. asaz ( 127)
10. luengos años ( 147)
11. a fuerza de (254)
12. shacós (299)

l. habemos ( 7)

2. priesa ( 74)
3.
4.
5.
6.
7.
8.
9.

lastimamientos (88)
por mor de ( 105)
rato há ( 127)
trucidan (213)
en antes (278)
a guisa de ( 289)
así suceda lo que sucediere (292)

VI.
IIJ.

ANGLICISMOS H

PALABRAS Y EXPRESIONES LITERARIAS

l. sodas ( 283)
2.
3.
4.
5.

l. esta Friné ( 73) 10
2.
3.
4.
5.
6.

IV.

el para ellos inusitado espectáculo (222) 11
nuestra más que amistad (229)
se amaban sáficamente (259)
tu oíslo (279) 12
a prima noche (281)

GALICISMOS

ITALIANISMOS

l. crescendo ( 134)
2. piano... muy piano ( 165)

LATINISMOS

l. ídem (91)
2. en el ínterin (280)

V.

VII.

en la una mano... en la otra (226)
rememorar (209)
macadam (127)
cactus (49)

13

l. nadie ... paró mientes en ella (10)
2. siempre confusa ( 15)
3. de tiempo en tiempo ( 18, 40)
" Gamboa presenci6 el estreno de la 6pera de Saint-Saens, Phryné, el 28 de septiembre de 1893. (Mi diario, I-1, p. 154).
11
Construcción popularizada por Cervantes.
22
Expresión arcaica inmortalizada por Sancho Panu.
11
Muchas de las palabras de este grupo están registradas como galicismos en el
Diccionario de la Academia ( 1936) o en el Diccionario de galicismos de Baralt. Otras,
aunque existen en español, son muy parecidas a palabras o expresiones francesas y se
usan en vez de expresiones sinónimas más puras.

VIII.

CASTELLANISMOS

15

l. rieles de tranvías ( 11) 16
2. explotárseles (24) 17
3. qué corcho (25) 18
4. pájaros siniestros ( 49) 19
" Gamboa estudi6 inglés cuando pasó un año en Nueva York a los 16 años. En el
caso de "rememorar'', puede también calificarse de arcaismo.
,. Las palabras de este grupo muestran la preferencia del hispanófilo Gamboa por
las palabras o expresiones usadas en España que no se usan frecuentemente en México.
11
En lugar de la expresión más mexicana "vias de trenes".
" En lugar de "explotárselos". "Lo" es la forma más ampliamente usada en Hispanoamérica, aunque no es la exclusiva como muchos lo han creido. (KANv, American-Spanish Syntax, 2nd. ed. Chicago: University of Chicago, 1951, p. 102).
11
En lugar de "qué caray" o cualquier otra expresión más típica.
" En lugar de la expresión más exacta y pintoresca "zopilotes".

314
315

�5.
6.
7.
8.
9.

IX.

hubiese sido ( 58) 20
la americana ( 72) 21
la pereza (90) 22
simón (91) 23
la vieja ciudad americana (93) 2 •

5. el cuaco (47) 32
6. pirúes (49) 33
7. los rurales (55) 34
8. chaparreras ( 55) 35
9. pulquería (55) 86
10. tequila (55) 37
11. tlachiqueros (61 ) 38
12. quién sabe qué... ! (68) 39
13 .. .. pues que perezca! (73) 40
14. calandria (91) 41
15. las diez y tres cuartos (97) 42
16. la cruda ( 148)
17. los catrines (224)
18. sus sacos (225)
19. enchilada ( 281 )
20. un petate ( 307)
21. los pelados ( 309)
22. de puro desnudos (24)
23. cigarrillos (42)
24. tecomates (55)
25. pero eso sí (60)
26. así me maten (68) 43
27. ¡ A ver cómo te las compones... ! ( 156) 44
28. palabra que me alegto de conocerlo ( 162)

AMERICANISMOS

l. cuando su arribo (20)

2.
3.
4.
5.
6.
7.
8.
X.

lo vio ir ( 31) 25
milpas (49)
gachupina (65)
la comuna (153)
enseriada ( 151)
amasiatos (192)
la dependienta (283f6

MEXICANISMOS

1.
2.
3.
4.

27

sin más rebozo ni más nada ( 14) 28
rebozo de bolita (52) 29
Adiós! (33)ªº
una magueyera ( 42) 31

,. En lugar de "hubiera sido". Se usa mucho más la forma de "ra" en toda América.
., En lugar de "el saco".
"' En lugar de "la flojera".
" En lugar de "calandria".
14 Parece raro que un escritor mexicano se refiera así a su aiudad natal.
'" En vez de "le".
" "Una tendencia natural del idioma crea terminaciones femeninas :para los nombres y adjetivos que, por su forma, se escapan a ~a d~stinción genérica :--•~uéspeda',
'comedianta', 'bachillera'-". (RAFAEL LAPESA, Historia de la lengua espanola, Madrid: Escelicer, 1942, p. 261).
.
n Estos ejemplos son relativamente pocos en comparación con los que se encuentran en Astucia y en Los Bandidos de Río Frlo, ambas escritas antes que Santa, o en
cualquier novela de la Revolución publicada posteriormente.
.
,. El rebozo o chal es uno de los objetos de vestir más estimados por la muJer de
México.
,. Un chal cuyos flecos tienen pequeños nudillos.
80 En puro sentido exclamativo para expresar incredulidad o ansiedad.
11 Campo en que crecen plantas de maguey.

316

32

El caballo.
•• Arboles parecidos a los sauces llorones .
" Soldados del gobierno.
" Polainas de cuero.
11
Un bar especializado en pulque, la bebida alcohólica más popular entre la gente
humilde.
31
Bebida alcohólica muy fuerte.
" Hombres que extraen el jugo del "maguey", planta que fermenta y se convierte
en "pulque", "mezcal" y "tequila".
" La expresión "quién sabe..." es muy característica del habla popular mexicana.
•• La palabra "pues" se usa excesivamente en México.
" Un carruaje que Gamboa también llama "simón", palabra raramente usada en
México.
" Un cuarto para las once. La forma española "las once menos cuarto" se usa
muy poco en México. En el estado de Guanajuato, la misma hora se expresa así:
"son los tres cuartos para las once".
" En el sentido de "aunque".
" Esta expresión se usa mucho en México. Es aféresis por "vamo! a ver".

317

�•

1

29. anda, un esfuercito ( 165)
30. aparadores ( 210) 45
31. se anda de tuna (280) 46

XI.

NEOLOGISMOS

1. en un princ1p10 ( 24) 47
2. pasamanería (81) 48
3. pasamanero (82) 49
4. azulosas (143)
5. emborrachaduría (157) 50
6. hetairas ( 220) 51
7. trifurcar (230)
8. multifurcar (230) 52
9. intocadas (257) 53
10. a contar de aquí (286) 54
11. para que no algún intruso (316) 55
12. de tiempo en vez (318) 56
13. y las horas negras tendrían de venir (321) 57

XII.

la tendencia a abusar de los enclíticos, formando así, esdrújulos y sobreesdrújulos artificiales, lo que contraría la índole aprosódica del idioma
castellano, cuyo acento característico es el grave . ..58

Sin embargo, Ramsey señaló en 1894 que el estilo común y corriente evita
el uso de enclíticos en muchos casos pero reconoció que "the use of enclitics
is rhetorical and distinctive of a literary, as apposed to a colloquial, style". 59
Después de dar distintas reglas para el uso normal de los enclíticos, cita
ejemplos de Castelar y de Palacio Valdés admitiendo que "the most progressive
writers in Spain at the present day allow themselves greater freedom".60
En muchos de los ejemplos siguientes, Gamboa observa las reglas de la
Gramática de la lengua española de la Real Academia,61 de la Gramática de
la len~ua castellana de Andrés Bello con notas de Rufino J. Cuervo 62 y el
Textbook of Modern Spanish de Ramsey 63 según los cuales el uso de enclíticos se permite en el modo indicativo en los siguientes casos:
1. Cuando el verbo es la primera palabra de la oración.

2. Cuando el verbo está al comienzo de una cláusula independiente precedida de una conjunción coordinadora.
3. Cuando el verbo está precedido únicamente por la expresión adverbial
de tiempo.

ENCLÍTICOS

4. Cuando el verbo es la primera palabra de la cláusula principal de una
oración subordinada.

Uno de los rasgos más distintivos del lenguaje de Gamboa es el uso abundante de enclíticos. Jorge Useta lo critica severamente por esta tendencia que
define así:
Escaparates.
Faltar a la escuela.
En lugar de "al principio".
El sistema Braille empleado por los ciegos para leer.
Un hombre que lee Braille.
'° En vez de "cantina".
" En lugar de "heteras".
., En estas dos últimas palabras Gamboa toma la raíz de "bifurcar" Y la usa con
distintos prefijos.
.. En lugar de "no tocadas" .
.. Variación del galicismo "a partir de" en lugar de "desde".
11
En lugar de "ningún".
,. Gamboa usa muchas variantes de la misma expresión: "de vez en cuando" ( 17),
"de tiempo en tiempo" (18, 36), "de cuando en cuando" (63), "de tarde en tarde"
(111).
" En lugar de "habrían de".

5. Cuando el verbo es la primera palabra de una cláusula principal de
una oración introducida por una cláusula absoluta.
6. Cuando un número de cláusulas completas sigue la una a la otra en
una serie sin conjunciones que las unan, cualquiera de los verbos puede
tener un enclítico.

"
"
"
"
..

318

.. JORGE UsETA, Federico Gamboa en El libro y el pueblo, IX, 3, México, 1931,
p. 10.
11

MARATHON M. RAMSEY, A Text-book of Modern Spanish, 3rd. ed., New York:
Henry Holt, 1934, p. 546.
'° lbíd., p. 547 .
1

Real Academia Española, Gramática de la lengua española, Madrid; EspasaCalpe, 1931, párrafo 2500.
•

" ANDRÉS BELLO y RuF1No J. CUERVO, Gramática de la lengua castellana, Buenos Aires: Sopena, 1945, párrafos 906-918.

ª

MARATHON

M.

RAMSEY,

párrafos 1366-1368-1370-1372.

319

�Los casos siguientes muestran cómo usa Gamboa el enclítico con una gran
variedad de tiempos y combinaciones de pronombres. Constituyen un pequeño
porcentaje de las formas enclíticas de toda la novela.
l. ...del que extrajo un lío de mezquino tamaño; metióse la mano en... (9)
2. En una esquina, pintada al temple, destácase "La Giralda", . . . ( 11).
3. Sus carnes marchitas, exuberantes en los sitios que el hombre ama y
estruja, creería que no eran suyas. . . ( 17) ;
4. Pepa conocía esa historia, habíala leído y releído ... ( 18)
5....y señalaba sus muertos encantos, los que escasamente sólo servíanle
ya para encadenar... ( 18)
6 . ...antes los envolvían en una llaneza y una naturalidad tales que, al
escucharla, tomaríasela más bien por austera institutriz. . . (24)
7. . ..aquí sólo yo mando y a obedecer todo el mundo ... hase visto una
pringosa con más humos! (26)
8. De día, mírasele desierto, con un cliente que otro. . . ( 101)

Después de establecer que los pronombres átonos complementos directos o
indirectos, preceden o se ponen como afijos al verbo auxiliar seguido de un
participio pasado, Andrés Bello advierte:
La única excepción legítima es cuando se calla el auxiliar por haberse
poco antes expresado: "Habíamos aguardado a nuestros amigos y prepárandoles lo necesario" .64

profusión".65 Aunque el número de ejemplos citados abajo parece grande si
se compara con el que se encuentra en las novelas españolas del mismo período, es en verdad pequeño si se compara con el de otras novelas mexicanas
de la misma época.

ITO
l.
2.
3.
4.
5.
6.
7.
8.
9.
10.
11.
12.
13.
14.
15.
16.
17.
18.

patiecito ( 31)
casita (40)
cabecita (40)
pequeñita (43)
un poquito (45)
palmaditas (47)
Santita (47)
piesecitos ( 53)
Agustinita (53)
hombrecito (64)
princesita (65)
de mañanita (66)
mejorcitos ( 73)
saloncito (86)
aprisita (92)
chorrito (95)
mesita (104)
quietecita ( 120)

19.
20.
21.
22.
23.
24.
25.
26.
27.
28.
29.
30.
31.
32.
33.
34.
35.
36.

mocito (126)
tequilita ( 162)
en seguidita (163)
juntitos ( 167)
la salita ( 175)
a camita ( 180)
una planchita ( 181)
olorcito (225)
fresquecito (243)
lo mismito (247)
derechito (257)
puntualito (268)
huequecito (278)
enfermita (279)
pegadito (284)
cuidadito (285)
quedito (299)
enterita (321 )

ILLO
9....cuando la muerte de su madre habíala estrujado el espíritu y prometídole, con el abandono del vicio ... (209)
10. Ya Santa, automáticamente, había apurado la pócima y reintegrádóse
en su modorra (260) .

XIII.

SUFIJOS

El español es una de las lenguas más ricas en el uso de sufijos, por medio
de los cuales se expresan ideas tanto objetivas como subjetivas. El uso de los
sufijos es aún más abundante en Hispanoamérica y especialmente en México.
En su capítulo sobre la lengua de Hispanoamérica, Rafael Lapesa afirma:
"El diminutivo y el aumentativo, ya tan frecuentes en España, se usan con
" ANDRÉS BELLO y RuF1No

320

J.

CuERv'o, párrafo 917:

• .••'i

l. patiecillo (34)
2. la fuentecilla (102)

3. un mediquillo (163)
4. un vientecillo (259)

AZO

l.
2.
3.
4.

piedrazas (51 )
cuerpazos
ojazos ( 118)
relojazo ( 180)

5.
6.
7.
8.

defectazos ( 190)
nublazones (233)
los abogadazos (249)
una llavaza (306)

óN
l. hombrones (45)
" RAFAEL LAPESA,

2. tristón (89)

3. muchachonas (303)

p. 261.

321
H21

�OTE

l. sanotes ( 150)

3. grandote (284)

2. casota (250)

UCA

URO

l. tierruca ( 85)

l. terruño (99)

ISIMO

l.
2.
3.
4.
5.
6.
7.
8.
9.
10.
11.
12.
13.
14.
15.
16.

contentísimas (31)
profundísimo (40)
aseadísima (41)
pobrísimas (43)
vivísimamente (44)
fresquísima (46)
afanadísimo (47)
guapísima (52)
antiquísima (53)
mismísimos (59)
lejísimo (60)
tristísimas ( 68)
bellísima (71)
buenísimos ( 109)
bonísimo ( 137)
friísimo ( 115)

XIV.

17.
18.
19.
20.
2 l.
22.
23.
24.
25.
26.
27.
28.
29.
30.
31.

humildísima (118)
respetuosísimos ( 123, 247)
principalísimas ( 130)
lo poquísimo ( 134}
naturalísimo ( 136)
tantísimas (138)
merecidísima (139)
ardientísimamente ( 159)
puntualísimamente (173)
cargadísima (251)
brillantisimo ( 253)
afligidísimo (258)
viciosísimos (259)
divinísimamente (284)
indispensabilísima ( 294)

HABLA POPULAR

-¿Pues quién ha de mandarme, niña? ¡no se haga! mi amo don Hipólito que ya no sabe qué hacer desde que su mercé se salió de la casa. . . ¡ Está triste, triste, palabra! . . . y en desta mañana me dijo: "Jenarillo, te vas allá a la Guipuz. .. bueno, a la casa ésta, y en cuanto se
salga el otro, ¡ que ojalá y lo reviente un toro! ... no, si no lo digo yo,
lo dijo mi amo . .. en cuanto se salga, tú te metes y le hablas a Santita,
pero sin mentarme, como si fuera por tu cuenta... anda Jenarillo, anda
y mírala por mí. .. Ya viene, ya la vide a usté y ya me voy. .. pero
vuelvo el otro domingo; hoy viene a la una y me estuve tlachando, tlachando que 'El Jarameño' saliera, desde la peluquería... yo la vide a
usté en el balcón y ¿a que usté no me vida, apostamos? . .. ¡ Niña Santita! ... ¿por qué no me regala un boleto de sol?" 202.

Sin lugar a dudas, Gamboa conoció a muchos españoles durante los años
que pasó en la capital trabajando de periodista. En Santa, logró captar admirablemente bien la atmósfera de una pensión española. Sus transcripciones
de la forma de hablar del torero andaluz "El Jarameño" y de su mozo Bruno
son iguales, cuando no superiores, a las de Carlos Reyles en El embrujo de
Sevilla.
¡ Pa uzté, gratis, gachó, yo le orsequio la suya! Los animalitos son de
Veraguas, pero paecen dotares de Salamanca, por er sentía, er poder, y
las mañas. .. ¿ Por donde me las guillo, camará, que uzté está de prisa
y yo también? (164).

-Soy andalú de Aracena, carcule uzté... (183).

En los dos pasajes que se reproducen a continuación Gamboa sigue la tradición de los novelistas mexicanos del siglo XIX de captar el dialecto de las
clases bajas. Aunque no abundan los pasajes de este tipo, Gamboa merece la
distinción de ser uno de los primeros autores que trata de transcribir fonéticamente el habla del pueblo. Jenaro, el lazarillo de Hipo, dice:
- ¡ Adiós! apretarla, apretarla, ¡ claro que no! pero pa las veces que
esperándolo yo a usté en el patio y saliendo ella con otro señor, me ha
apachurrado contra la pared, aldrede, sabiendo que soy yo y riéndose
de mi sofocación! .. . Y a usté sabe que conmigo es muy retebuena, siempre me guarda un taco de comida, y los sábados me afloja mi pesetilla...
dice que es pa que me bañe, porque siempre ando muy sucio, ¡usté

322

verá! ... Y en el Tívoli, ¿qué tal? no me manda dar pasteles o de esas
rebanadas de pan con carne, ¿qué les dicen ... ? (140-141) .

ESTRUCTURA DE LA ORACIÓN, FIGURAS RETÓRICAS
Y OTROS RECURSOS ESTILÍSTICOS

Una de las características más importantes del estilo de Gamboa es el
uso de oraciones y párrafos largos. Jorge Useta le critica esta tendencia denominándola "kilometrismo".66 Sin embargo, el "kilometrismo" de Gamboa
se logra con un estilo tan variado y artístico que en vez de afear sus obras,
aumenta su valor literario.
.. JORGE UsETA,

p. 10.

323

�l.

el tallo salvador, las aguas pasan por encima de ambos y dolidas de sus dos
debilidades, como que respetaran esas nupcias de dos desventuras que ni
sumadas alcanzan a oponerle una resistencia siquiera mínima. Y al apaciguarse el río, al volver las aguas a su manso y rumoroso discurrir benéfico,
los árboles y piedras - fuerza, soberbia, poderío- no se miran ya; el tallo
salvador y la paja desgarrada -lo débil, lo despreciado, lo humilde-, ahí
están, muy abrazados, temblando todavía dentro de un marco circular de
espumas, que, a manera de besos, cada ola les arrojó a su paso y que se
apagarán muy pronto, después de haber acariciado y creídose eternas -como los besos, que después de acariciar y de apetecerlos eternos, bórranse
muy pronto, de los labios primero y de las memorias después (295-296).

PREDOMINIO DE LAS FORMAS VERBALES

Las descripciones de Gamboa están llenas de vida porque el verbo es casi
siempre el elemento principal de la frase. Muchas de sus oraciones compuestas se extienden por medio de formas verbales como el gerundio y los participios y hay una preferencia especial por los nombres, adjetivos y adverbios derivados de verbos. Esta abundancia de formas verbales, subrayadas en los
pasajes siguientes, sirve para eliminar cualquier aburrimiento que pueda resultar de las oraciones y párrafos largos.
l. Tristón y metido en nubes amaneció aquel 15 de septiembre, por lo que
cuando Santa y su parroquiano despertaron -cerca de mediodía- calculáronse que el anunciado paseo nocturno no se llevaría a cabo, a causa de
la lluvia amenazante. Y frente a la tremenda perspectiva de pasar juntos
tantas horas, sin una miaja de estimación o de amor que la hiciese caminar
de prisa, no escondieron su fastidio, antes mostráronlo a las claras; él, desperezándose y revolviéndose bajo las sábanas tibias, ajadas y malolientes,
y Santa, registrando un cajón de su cómoda, segura de no descubrir nada,
supuesto que nada buscaba. Hablábanse poco, sólo lo indispensable para
zaherirse con pullas o embozadas injurias, como si después de una noche
de compradas caricias hubiesen recordado de súbito que, exceptuando la
lujuria apaciguada de él, no existía entre ellos más que el eterno odio, que,
en el fondo separa a los sexos. Una mutua repugnancia subía a sus ojos,
salía con sus palabras; los dos paladeaban el nauseabundo dejo del alcohol
y del placer venal, que nos deprimen y abochornan en cuanto sus efectos se
desvanecen. Y si a Santa -cuyo camisón resbalándose aquí y allí, puso al
descubierto fragmentos de su cuerpo trigueño- no le importaba que su
enamorado de unos momentos la contemplase o no, ni mucho menos trataba de excitarlo, la verdad es que el prójimo tampoco miraba siquiera, y
ahíto de esa carne que todo el mundo saboreaba, volvióse del lado de la
ventana y al través de sus visillos vió hacia las nubes (89).
2. Cuando un río en avenida, descuaja, destroza y arrastra hasta enormes
piedras y gruesísimos troncos, que allá van, cabalgando en las crestas espumantes y en los lomos verdosos de las ondas bramadoras a perderse en el
mar, aunque en el pánico de su curso demente, piedras y troncos se revuelvan, se entierren, resurjan y giren por huír y salvarse, ocasiones hay en
que una paja desgarrada y mísera que también cabalga, pero despavorida,
en las líquidas crines del vestigio desbocado, con sólo de que la ribera la
sujete una rama, un tallo tan mísero y endeble cual ella, escapa del turbión, y muy asida a esa debilidad, circundando con su cuerpecito íntegro

324

11.

ANÁFORA Y OTRAS FORMAS DE REPETICIÓN Y DE CONTRASTE

Estos recursos literarios ayudan a mantener el ritmo en la construcción
artística de oraciones y párrafos largos. Son tan característicos del estilo de
Gamboa que, a veces, el interés del lector se sostiene no sólo con la trama
de la novela, sino también con la anticipación del fin del motivo estilístico.
contra el mármol y contra el granito (12)
muchos vehículos, mucha gente, mucho sol, mucho ruido ( 20)
al que no regresaría nunca más, nunca, nunca (22)
Santa cedió ante aquel alud de malas palabras que, a manera de látigos,
se le enroscaban en el cuerpo; cedió ante aquella hidra que la acosaba,
pronta a clavarle sus garras (27)
5. una muchacha de vello negro, negro ... (28)
6. ¡ Qué lindamente tocaba y qué horroroso era¡ ( 31)
7. saltando de las teclas blancas a las teclas negras (32)
8. tocaban música triste cual la historia de ella. ¡ Su historia! (38)
9. al llamar a la poética misa, de l~s seis y media... la misa que bajaban
a oír (44)
10. destacáronse del resto de la serranía el Ajusco, azul, de un azul blando
(50)
11. ¡quién sabe qué cosas tristísimas! (68). (Esta exclamación se repite nueve
líneas más abajo)
12. Santa e Hipólito simpatizaron (72). (Cinco líneas más abajo en el mismo
párrafo, Gamboa escribe: "Hipólito y Santa simpatizaron" (72)
13. sus lágrimas escondidas, sus escondidos recuerdos y su escondido corazón
(89)
14. cabezas de hombres... cabecitas femeninas (96)
l.
2.
3.
4.

325

�15. mucho rodar de tranvías y coches, mucho pataleo de caballos, mucho
charlar y mucho reír, mucho griterío y mucho vocerío de di~os ~103)
16. y conforme unos minutos antes Santa sentíase reina, emperatnz y dichosa,
ahora sentíase lo que en realidad era: un pedazo de barro humano; de
barro pestilente y miserable que ensucia, rueda, lo pisotean y ~ deshace
17. yo que valgo menos que un gusano, que como gusano horr?nzo y que
como gusano he de ir siguiéndola y siguiéndola por dondeqmera y cualquiera que usted vaya ( 152)
18. su mente pensando, pensando, pensando... (152)
19. es el odio por el amor, el odio incurable y eterno ¡ es el odio antiguo! ( 159)
20. prodigiosamente rica y prodigiosamente indolente ( 174)
21. el don regio de sus mutuos cuerpos, de sus mutuas juventudes y de sus
mutuas bellezas ( 189)
22. las mismas mañas, las mismas falsías, los mismos defectazos ( 190)
23. cual si le urgiese salir de la cárcel, ora muy despacito, cual si en su pánico
tratase de esconderse en ignoradas entrañas recónditas (209)
24. el revólver, de prisa, de prisa
; -~~es. de. ~s~~pi; l~· ~~e~~e -~sc~~í~· ei es~-a~t~. ·. ·.
0

. . .. . .

.. ..

2. la historia vulgar de las muchachas pobres, que nacen en el campo y en
el campo se crían al aire libre (39)
3. si Santa reía, reía ella (44)
4. siempre de uniforme y el uniforme siempre limpísimo (56)
5. por mucho que se sabían desvelados y desvelados por una preocupaci6n
común (63)
6. tanta belleza y tentaci6n tanta (211)
7. las manos buscan algo y algo encuentran (223)
8. que... florezcan y perfumen pero que por remate perfuman y florecen
(225)
9. cirios amarillentos que amarillentas manos flaquísimas sustentan (250)
10. con risa fingida y fingida tos ( 251)
11. simpatizó con ella, como simpatizaban todos frente a la provocativa
belleza de la muchacha, belleza que todavía resultaba más provocativa. ..
Una de las pocas excepciones de este orden circular de las palabras se
encuentra en la frase siguiente: azul el cielo y verde el campo... el cielo
azul y el campo verde (81 ) .

d~ ~risa, de prisa...

........................

D~ ~ri~, ~ f~g~~~~' ·~;o· fogonazo, de prisa, de prisa (237-238)

25. debía hallarse muy grave, muy grave (303)
26. idénticas actitudes, idéntica duración, e idéntico, al aparecer, pesado sueño (337)

IV.

PAREJAS DE SINÓNI!IIOS

Este recurso, muy popular en el Siglo de Oro, fue resucitado por Juan
Valera en Pepita ]iménez.
l. empujándose y armando un z1p1zape (13)

111.

2. por inválidas e inservibles ( 17)
QUIASMO

En sus repeticiones de palabras y frases idénticas o parecidas, Gamboa las
ordena muy a menudo en forma de "redondilla" o de "cuarteto": abba. Esta
cuidadosa atención a la forma para producir un efecto lírico es uno de los
rasuos principales del modernismo que fue el movimiento literario dominante
en ºHispanoamérica cuando Gamboa estaba escn.b.1end o sus noveIas.er

3. aquella muchacha quejosa e iracunda ( 17)
4. polígonos imposibles y quiméricos (26)
5. la lluvia desatóse iracunda, rabiosa (30)
6. Agustina... agrandada, engrandecida, sacra (69)

7. ¡ cuán vil y desgraciada era, qué pequeña, qué débil, qué sola, qué mísera!
(129)
8. de las ajenas caricias y de los besos de otros (271)

l. la distensión nerviosa. . . la amodorraron, brindáronle un remedo de sueño... (21)
"' Conviene señalar que también la vida de Santa es circular puesto que nac~ y es
enterrada en Chimalistac, aun cuando en la novela vive la mayor parte del tiempo
en la capital.

V.

SERIES DE PALABRAS Y EXPRESIONES PARECIDAS

l. malvones, alelíes, y enredaderas (40) . ( En la misma página Gamboa
menciona "margaritas y azahares"; en la página 42, "rosas"; y en la página 43, "heliotropos, claveles")

326
327

�2. Un clarín, un cenzontle, un jilguero (41)
3. los ojos más negros aún, expresivos y apasionados, de árabes ociosos que
se perecen por la hembra, por el caballo, por las armas y por las fieras (113)
4... .la ciudad, la gran ciudad comerciante y alegre fue entristeciéndose, y
la isla entera prodigiosamente rica y prodigiosamente indolente, fue consumiéndose :onsumiéndose hasta no ser ni la sombra de sí misma a causa
de los endiantrados "laborantes", los tales insurrectos sin rey ni ley, ingratos, ingratísimos, que así la habían puesto y dejado, sin tabacales ~i
azúcares, sin 'ingenios' ni bohíos, sin frutos ni flores, sin pobladores y si~
oro; sus puertos, melancólicos; sus ciudades silenciosas, sus campos ~opicales, erizados, incendiados, desnudos, bebiendo por igual, como sedientos
insaciables, la sangre de los negros maldecidos y la muy noble sangre de
los peninsulares que iban a ella por darle esplendor y lustre ( 174-175). (La
anterior visión de La Habana, aunque evocada por la propietaria españo~a
de La Guipuzcoana, refleja hasta cierto grado la simpatía del autor hacia
España).
5. Por dondequiera, vendimias, lumbraradas, chirriar de friatos, ~esmayad_o
olor de frutas, ecos de canciones, fragmentos de discursos, arpegios de guitarra lloro de criaturas, vagar de carcajadas, siniestro aleteo de juramentos
y ve~ablos; el hedor de la muchedumbre, más pronunciado; principio ~e
riñas y final de reconciliaciones; ni un solo hueco, una amenazante ~uietud. el rebaño humano apiñado, magullándose, pateando en un mismo
siti~, ansioso de que llegue el instante en que vitorea su independ~cia...
(97-98). (Esta descripción del zócalo en la noche del 15 de, ~ptlembre
muestra cómo la documentación detallada que es tan caractenstica de los
naturalistas está modificada por la sinestesia modernista).

VI.

FAMILIAS DE PALABRAS

Además de la repetición de palabras, sinónimos y series para prolongar sus
oraciones y para producir el efecto de la_ inexorabl~ march: de_! tie~~o, Gamboa es muy adicto a unir palabras que tienen la misma ra¡z etimologica.

1. Santa escuchaba azorada y su mismo azoramiento ... (14)
2. sus lacios senos abultados de campesina gallega oscilaban, oscilaban asquerosamente, con algo de bestial en sus oscilaciones ( 17)
3. se echó a llorar mucho, muchísimo (22)
4. misterioso desfile nupcial, antiguo, antiquísimo ( 108)
5. lejos, lejos, lejos. .. L ejanía tamaña ocasionábale interno júbilo... ( 125)
328

6.
7.
8.
9.
10.
11.

No tenía culpa! No se declararía culpable nunca! (217)
ese día advendría, y con su advenimiento (232)
penetrar en la impenetrable masa ( 241 )
el abigarrado conjunto de demandantes y demandados (248)
algo muy grave, gravísimo (260)
un cuarto. . . deforme y disforme ( 296)

VII.

SÍMILES y METÁFORAS

l. teclado, ... parecía una dentadura monstruosa ( 15)
2. igual a manada de reses, vienen de todas partes a abastecer los prostíbulos
de los mataderos insaciables de los grandes centros (321)
3. un vientre colgante, descolorido, con hondas arrugas que lo partían en
toda su anchura, cual esas tierras exhaustas que han rendido cosechas enriqueciendo ciegamente al propietario, y que al cabo pierden su secreta e
irreemplazable savia, para sólo conservar las huellas del arado, a modo
de marca infamante y perpetua (19).
4. Derechamente, sin asomos de titubeos ni vacilaciones, como golondrina
que se reintegra al polvoriento alero donde quedó su nido desierto resistiendo escarchas y lluvias, así Santa enderezó sus pasos fugitivos a la casa
de Elvira (209). (Al comienzo de la novela, p. 57, Gamboa compara a
Santa con una mariposa) .
5. Igual a esos días que amanecen sin nubes, con luz poderosa y celeste que
hasta el espíritu alegra; con sol que ilumina y hermosea campos, casas y
calles, y del más vil guijarro hace un diamante, que en las charcas impuras derrama oro, y en la piedra y el hierro, en lo insensible, parece que
infundiera ánima, que purifica y limpia, tomando, en blanco lo negro,
lo viejo en joven, lo enfermo en sano, que engalana las campanas llenas
de herrumbre de los templos centenarios y las fachadas leprosas de las
casas vetustas; que a los miserables, a los que tienen frío, a las flores de
los jardines públicos y a los niños desnudos de los arrabales pobres, caliéntalos amorosamente y les permite olvidar y reír, iguales fueron los
albores de la mancebía de Santa y Rubio; un mes escaso; un mes en que
gustó de la doble bendición de reír y de olvidar (268-269).
¡ Mas ay! que con el segundo mes y con el tercero, lo que se vio descorazonó a Santa. Los albores de su día de sol, de la luz poderosa y celeste, se evaporaron, y como los mejores días primaverales, que tormenta
sin anuncio truécalos en lluviosos, tristes y lúgubres, y con la lluvia implacable cae sobre los espíritus la desesperanza, y sobre campos y sobre
ciudades fúnebres cortina transparente que lo opaca todo, que cierra
329

�horizontes y apns1ona anhelos, así, con un soplo, viniéronse abajo los
aéreos castillos edificados por Santa (269).
(En esta cita, el amasiato de Santa con Rubio ~e. refleja en l~ naturaleza. Esta "empatía" era característica del romanticismo y volv10 a aparecer a fines del siglo XIX. Zola la usa muy bien en Une page d'amour
y en La Regenta de Clarín, el estado síquico de la protagonista cambia
con las estaciones) .
6. la diaria y amarga batalla (17)-la lucha por la vida
7. el vocablo vino y le azotó las sienes (22)
8. el mar de sombra (53)
9. el antro (14, 91)-el burdel
10. las calles de la Independencia, a las que salieron luego de atravesado el
callejón de López, también alimentaban su océano, c~n ~gr:v~iento de
tranvías y carruajes, que a modo de pequeños barcos sm tlmon, circulaban
trabajosamente, ora con pausas o detenciones que eran saludadas con la
algazara de sus tripulantes, ora con repetidas embesti~as que ~endían
las olas y abrían un surco borrado al minuto por el fluJo y reflujo de la
multitud que los silbaba amenazadora, agresiva, con manifiestas ganas de
armar bronca (92)
11. un suspiro interminable y tétrico del río (62)
12. los astros parpadean (99)
13. los telones que eructan polvo ( 105)
14. esa desnudez magnífica sobre la que galopaban desbocados todos los apetitos ( 138)
·
.
.
.
15. su simón... formando parte de este inmenso, articulado y luminoso reptil
undívago (210)
16. la brigada ( 167)-el grupo de prostitutas
17. sí, algún día la suerte de los dos unciríalos a un propio yugo, para que
reunidos concluyesen de tirar del pesado carro de miseria (232)
18. Y cual si el palacio no estuviese suficientemente mancillado, con la incesante ralea que ejecutan los halcones borlados, los azores de levita, los
gavilanes especialistas; con ese correr de hiena que aullan artículos de
códigos... (249). (Esta escena ornitológica y zoológica tiene lugar en el
tribunal).
19. Santa se enderezó, y sin el menor asomo de repugnancia o de asco, aprisionó a Hipólito entre sus brazos desnudos, conmovida y llorosa, le besó
sus ojos ciegos -los sentenciados a no verla nunca-, y ellos se abrieron
desconsolados, exageradamente, pugnando por ver, un segundo siquiera,
¡ Señor! . . . las lágrimas de Santa, sobre ellos suspendida, los penetraron
gota a gota y en el acto se reabsorbieron en aquella superficie seca, como
330

se reabsorbe la lluvia en los terrenos sedientos, áridos e infecundos que no
han probado el agua (317-318).
20. Santa despepitó su historia ( 77)

VIII.

EPÍTETOS

Tanto como los poetas épicos se refieren a Eneas, Roldán o al Cid como
"preux" y "el que en buen ora cinxo espada", Gamboa constantemente se
refiere a los ojos ciegos de Hipólito con las mismas frases. Sin embargo, alterando un poco las palabras, el autor aumenta la calidad artística de su prosa
sin sacrificar la impresión fuerte ocasionada por la repetición.
l. sus horribles ojos blanquizcos de estatua de bronce sin pátina (91, 152,
218, 302, 310)
2. sus horribles ojos blanquizcos, sus ojos sin iris y sin esperanza ( 138)
3. sus ojos de estatua ( 138)

4. los horribles ojos blanquizcos del ciego (227)
5. sus horribles ojos sin iris (233, 291, 310)
6. sus horribles ojos blanquizcos, sus ojos sin iris, de estatua de bronce sin
pátina (2·38)
7. sus ojos blanquizcos y sin iris (323)
8. sus monstruosos ojos blanquizcos (339)

9. sus horribles ojos blanquizcos, sus ojos huérfanos de vista (32)
10. las obscuras cuencas de sus ojos ciegos (261)
11. Fue la prueba decisiva. Jamás vio Santa tan de cerca aquellos ojos horribles, capaces de impresionar hasta a un naturalista: blanquizcos, rugosos, opacos, con redecillas venosas que simulaban en la convexa superficie
de los globos enormes y yertos, complicadas marañas de cabellos sucios;
los lagrimales grises, con pequeños y asquerosos conglomerados de sustancia clara (323)
(Este es el único lugar en que se describen con detalles los ojos de Hipó.
lito. Digno de mención es el hecho de que esta descripción tiene lugar
hacia el fin de la novela) .

IX

PREGUNTAS y EXCLAMACIONES RETÓRICAS

Estas preguntas y exclamaciones retóricas ayudan a establecer una intimidad
entre el lector y los personajes. Muchas son frases típicamente mexicanas.
331

�l. ¡ Amarlos! ... ¿ Y cómo había de amarlos, si el primer tunante con que
tropezó dejolo sin el menor deseo de que la aventura se repitiese? ¿ Acaso
los hombres merecen ser amados? . . . ( 74)
2. un sutilísimo vagar de perfume desmayado y delator de que por ahí pasó
una mujer O han pasado varias ¿cuántas? ... ¿ con quién? ... El perfume
aquél percíbese apenas... ( 101)
3. Por supuesto que mentían al declarar que la cargaban los cantos de los
toreros ¿ mal respondería, si la cargase, a los requiebros de los gomosos?
•habría de estarse con la copa de champaña en suspenso? ¿ habría de
!ntristecerse y aun de suspirar según suspiraba y se entristecía? ... ( 114)
4. Siguió la cosa, en crescendo, que sobrábanle arrestos a la muchacha, y las
ocasiones no escaseaban, ¡ qué iban a escasear! ( 134)
5. Y explíquense ustedes por qué, ello no obstante, retardaba un principio
de enmienda... (294)
6. ¡ cuánta inocencia en su espíritu, cuánta belleza en su cuerpo núbil y
cuántas ansias secretas confonne se las descubre! ... ¿Por qué se le endurecerán las carnes, sin perder su suavidad sedeña? ... ¿Por qué se habrán
ensanchado sus caderas? ... ¿Por qué sus senos, mucho más marcados que
cuando niña, ¡ oh! pero mucho más -y no hace tiempo que lo era-,
lucen ahora dos botones de rosa y tiemblan y le duelen al curioso palpar
de sus propios dedos? ... ¿Por qué el padre, en el confesonario, no la
deja contarle estas minucias y la aconseja no mirarlas? (43)

X.

HIPÉRBATON

Por ser Gamboa un estilista muy refinado, no habrían de faltar en sus obras
unos ejemplos de este fenómeno característico del barroco y del modernismo.
1. como la muchacha de perderse tenía ( 73)
2. con una llavaza que de su pantalón extrajo (306)
3. con lo que dicho se está ( 251)

XI.

TONO BÍBLICO

l. En la reja, se detuvo aún, con la esperanza de que la llamaran. Volvió
el rostro y sólo contempló a su madre entre los brazos de sus hermanos,
la diestra levantada como cuando la mandara irse, en solemne grupo patriarcal de los justicieros tiempos bíblicos (69).
2. Que en este Valle de las Lágrimas fuerza es que todos los mortales car332

guemos nuestra cruz y que aquel a quien en suerte le tocó una pesada
y cruel, ¡ pues que perezca! (73)
3. Pues oiga usted, Santita, eso es difícil de resolver... Ahí tiene usted a la
Magdalena (75)
4. Y a la débil flama de la vela, que zozobraba en el limbo de las sombras
del cuai:ro, destacábase el grupo, simbolizando el ciego con aquella mujer
a sus pies, una escultura trágica del irremediable y eterno sufrimiento
humano ... {311)

XII.

RITMO

Gamboa _logra captar muy bien el ritmo de las escenas que describe. Ya
hemos aludido antes al efecto de la repetición de las palabras "de prisa" "el
·
'
r_ev~'Iver" y "f??onazo" en 1a escena del cnmen
en el burdel. Los pasajes
s1gmentes man1f1estan el movimiento suave del río en Chimalistac y la f ria
. 1
u
vio enta del torero después de que descubre que Santa lo engaña.

l. Muy ar~ba, , e~ cielo, divinamente límpido, impenetrable, sereno; y de
m~y abajo, deb1l, el rumor del río condenado a perpetuo viaje, que intenta
asirse a las peña~, a los ribazos, a los árboles para descansar un minuto, y
~e ~o lograrlo, siembra en su curso espumas que desbarátanse suspirando
lagnmas que se prenden a las hojas y flores agarradas a la orilla (67-68)
2. De súbito, "El Jarameño" dentro de la pieza, como un rayo, convertido
en estatua frente al delito torpe. En el acto mismo la fuga del inventor
.
'
que d e rrulagro
escapa, el eco de su correr, sin sombi;ero
y sin alientos por'
las escaleras y por el patio. . . En un segundo, las lavas del volcán 1~ ira
.
.
'
que ciega y empuja, la necesidad de destrozar, de pagar daño con daño.
Tambaleante, "El Jarameño'' cierra su puerta, con llave, y arroja el
"capote de luces" que le estorba; busca algo en la cómoda en la ropa de
calle pendiente de la percha. . . al encontrarlo, un alarid~ siniestro, gutural, del árabe del desierto que resucita en los interiores de su ser...
Por el balcón entornado, palideces crepusculares, rumores callejeros murmullos de día de fiesta. . . Santa ve llegada su última hora - · t:xio es
ráp~do, t~o es solemne, todo es trágico!- y se postra de hinojos, ~rando
hacia la rmagen, cuyas velas parpadeantes chisporrotean por lo largo de
sus pabilos, como los cirios que alumbran a los muertos recién dormidos...
Igual a un tigre antes de abalanzarse sobre su presa, "El Jarameño" se
en~oge, se encoge mucho, y encogido, abre con sus dientes la faca, la cuch_illa de Albacete de muelles que rechinan estridentes, que suenan a
cnmen. La hoja corva reluce... violentísimamente la baja, con el brazo
333

�l lpe sea tremendo, para que tarígido la lleva hacia atrás para que e go
d para que la mano
el cuerpo que se a,
ladre el coraz6n que engana y
. l ho·a tal es el impulso! clávase
e en los huesos rotos. • . 1 Y ª J '
..
se empap d' as de la cómoda que sustenta a la imagen y sus cmos...
l
en as ma er
.
la ho.a tarda en salir... ¿ un
"El Jarameño" tira, tira con rabia loca, y
. _J d "b a la imagen,
.
uto?
.
un
siglo?
...
Por
fin,
derriba
los
cmos,
ernl a l f
"El
mm
····l
.
,.t
Sueta a aca
l cristal de su marco quiébrase con estrep1 o. . .
l li .
y e
.
se ha asustado recoge el cuadro, o mp1a,
Jarameño", porque el _gi~o
"d : --·Te ha salvado la Virgen
exclama roncamente, sm nurar a su quen a.
•
' .
sin ue o
sólo Ella podía salvarte ... i Vete. t vete
_q
y
l C" l '
de os ie os....
'
ue si no yo sí me pierdo...
te vea! i sin que te oiga! ... i vete .... por q
'
(206-207)

XIII.

ANTICIPACIÓN

. . según.
, .
, .
rtante del naturalismo es el determm1smo.
La caractenstlca mas impo
.
d. "d esta' completamente detenm. , 1 1
hace un m iv1 uo
Zola y sus d1sc1pu o~, o que d'
bº te De este precepto filosófico, se
nado por la herencia y el me 10 am ien .
.
conc1uye que toda acción debe insinuarse, anticiparse y anunciarse.
.
ue usted yo no hemos de separarnos (228)
.
l. se me figura q
ra
burdel de doña Elvira, es protegida por H1~0,
Cuando Santa ent
.
erla de los celos de otras JÓ. hace lo posible por cuidarla y proteg
.
la
quien de la bestialidad de algunos de 1os c¡·ientes. Santa permite
, , que
.
venes_
.
proteJay el ciego
y en 1a f r ase citada le dice que sus destinos están mtima-

:1

mente ligados.
f' ales de la novela:
. , prepara a1 lector para los sucesos m
Esta declarac1on
. , inútil
'
Santa se enferma gravemente, H'ipo la cuida' paga su operac1on
la entierra y reza por ella.
d miembros desgraciados de la
La misma atracción fatalista entre os
.
.
J k de Alphonse Daudet entre el protagomsta y el
sociedad ocurre en ac
,. .
nocía esta obra.
endedor ambulante de sombreros, Behsaire. Gamboa co
v p d Bazán refiriéndose al alquiler involuntario
· d e L uc'1~ de una casa
• •

Par ~ próx~a a la de su benefactor don Ignacio Artegw en l.J_n vi~!e
en
an
• sobre una s1tuac1on
de novios,
plantea la siguiente pregunta re t,onca
idéntica:
t -a
"¿ Será cierto que a Veces se complace el Destino en que por ex ran

334

manera, por sendas tortuosas, se encuentren dos existencias, y se tropiecen
a cada paso e influyan la una en la otra, sin causa ni razón para ello?"68
2. Gamboa prepara al lector para la muerte inevitable de Santa desde el
principio de la novela. Para lograr este efecto, el autor no solamente hace
meditar a Santa, sino que también introduce ideas de la muerte en sus
descripciones de la caja de violín, de las mesas de superficie de mármol
y de un canto popular.
a. Ya que no había tenido valor de arrojarse al río de su pueblo que le
brindaba muerte, olvido, la purificación quizá. . . ( 70) .
b. ¿ Qué dónde finalizaría con semejante vida? ... ¡ pues, en el hospital y
en el cementerio, puerto inevitable y postrero en el que por igual fondeamos justos y pecadores! (75)
c. Las cajas que encierran un violín, un corneta-pistón, y que por negras
e irregulares en su forma, despiertan, al pronto, ideas de ataúdes para
fetos contrahechos ( 105) .
d. los camareros frotan los mármoles de las mesas vacías, que a modo de
lápidas de un cementerio fatídico. . . ( 106)
e. todos cantaban, alternados, en una especie de junta sentimental y poética; quién hablando de la madre, quién de la novia, quién de cárceles,
casi todos de muerte y cementerios; ( 113-114)
f. Santa, en éxtasis, pidió mentalmente la muerte, olvidada de su vida
y de sus manchas. Morir ahí, en aquel instante, frente por frente del
Dios de las bondades infinitas y de los misericordiosos perdones ( 130) .
g. Y la infinita tristeza, agorera de las enfermedades incurables, la que
sin fundamento aparente predice la muerte... (210-211)
h. la "fuerza cósmica del elemento que la hembra lleva en sí, fuerza ciega
de destrucción invencible, como la de la naturaleza, ya que la mujer
es por sí sola la naturaleza toda, es la matriz de la vida, y por ello, la
matriz de la muerte, puesto que de la muerte la vida renace, perpetuamente", esta fuerza y los extravíos de su criterio envilecido no sólo absolvíanla por el daño recién causado, sino por lo que perpetraría en
el futuro, quizá más benigno, quizá más fonnidable, pero muchos, muchos con su carne de lujuria, y de su alma enferma. .. Lo único que
ambicionaba, su pureza, su honra, su conciencia tranquila e inmaculada
de virgen crédula y confiadísima que ignora el pecado y sin compasiones la inmolan porque ama, habíalo perdido, perdido para siempre. . . ¿ eran lejanías? no, porque no le quedaban ni lejos ni cerca,
• EMILIA PARDO BAZÁN, Un viaje de novios, Madrid; Pueyo, 1919, pp. 260-261.

335

�más allá
allá. . . en un punto donde, por ejemplo, queda
quedaban
...
donde la muerte, de que acababa de escapar,
la muerte... eso era, eso,
1 d"
. de un cabello la muerte
'
pero cuya ca1avera contempló a a istanc1a
doquiera
nos
que con nosotros llevamos_ sin llevalrla, lart:uqe:; ~:eq:~a lejos puede
- ·
lo advirtamos a mue
acompana sin que
'
ede hallarse lejos· eso
'.
q ue no queda cerca porque pu
ha1larse cerca Y
h
, 11'
. allá! y en ese m1steera, donde la muerte nos acec a, mas a a. b·. ! b (215-216).
.
to invisible yacía la que Santa am ic10na a
noso pun
1
"bTdad de la muerte de
Porque lo que es pedirle que pensara en a_pos1_11
.,
(261)
l.
Santa era pedirle lo excusad o, no, no, de monr no monna...
.
'
rió aunque la pulmonía fue de patente. (263)
J Y no, no se mu ,
.
. ·d do- sería
'
k.. "Una reca1'da - prono'st1·co textual del facultativo 1iqm a
forzosamente funesta". (264)
.,
1 último capítulo:
l. Los versos siguientes de una canc1on se escuchan en e
" .. .dicen que los muertos, reposan en ca~r:'ª ,,
que no h ay sufrimientos en la otra mansion. . . (30)

~f

" . . .que si el cuerpo muere, jamás ~~ere alma,
y ella es la que te ama con ciega pasion. . . (302)

En el capítulo final, la Muerte cobra tod a su gran importancia.
.
·
todo lo malo y a todo lo
m. Pero la muerte es la ~ve~c1ble, t~;~p1::º;n:ividuos más fuertes y los
bueno; la m,uerte. pu ve~a :ra la muerte la que se aparecía en el
proyectos mas cmdados' y . , .
. . . b la idolátrica cura de
preciso momento en que H1polito pnnc1p1a a
Santa. (322-323)
1
.
. no no me interrumpas, Hipo, que tampoco yo o
n. -S1 me muero ... , ' .
.,
e tú me enterrarás en el cedeseo! ... pero si me munera,_JUr~e qu
. de IDl.
menteno
. pueblo, en Chimahstac... (326)
XIV.

DESCRIPCIONES NATURALISTAS

f'brica los aspectos físicos del amor, la suciedad
La carnicería, el burdel, la a
'f
d 1 1 hol el 1· uzgado el hospital
'
1 1 ta ·nas los e ectos e a co '
de las fuentes y as a can n '
ra1i tas Sin embargo las descrip.
t
típicamente natu s ·
'
y el cementeno son emas
.
.
t vieran la observación detallada
.
. ·entes no serían naturalistas s1 no u
c1ones
s1gw
y minuciosa.
336

1. En una esquina, pintada al temple, destácase "La Giralda", carnicería a
la moderna, de tres puertas, de piso de piedra artificial, mostrador de
mármol y hierro, con pilares muy delgados para que el aire lo ventile todo
muy libremente; con grandes balanzas que deslumbran de puro limpias;
con su percha metálica, en semicírculo, de cuyos gruesos garfios penden
las reses descabezadas, inmensas, abiertas por el medio, luciendo el blanco
sucio de sus costillas y el asqueroso rojo sanguinolento de carne fresca y
recién muerta; con nubes de moscas inquietas, voraces, y uno o dos mastines callejeros, corpulentos, de pelo erizo y fuerte, echados sobre la acera,
sin reñir, dormitando o atisbándose las pulgas con la mirada fija, las orejas enhiestas, muy cerca el hocico del sitio invadido, con paciente espera
de las piltrafas y desperdicios con que los regalan ( 11) .
(Después de seguir con media página de descripción naturalista de las
calles, Gamboa súbitamente completa la escena con un párrafo breve e
irónico).
¡ Ah! ¡ También tiene, frente por frente del jardín que oculta los prostíbulos, una escuela municipal, para niños! ... ( 12)

2. ¡ La horrible transición que presenció Santa! Cual impulsadas por un propio resorte, aquel grupo de ocho o diez mujeres se levantó de sus asientos
derribando sillas; vertiendo en el mantel el agua de los vasos, después
de enjuagarse la boca en pie y de prisa y de arrojar el buche contra el
suelo; encendiendo cigarrillos que fumaban muy apuradas, a fin de no
oler a comida. Todas se despeñaron por la empinada escalera, en tropel
de gritos y empellones -una verdadera y desaforada carga contra el dinero-, todas se alisaban el cabello, se mordían los labios hasta ponerlos
de un rojo subido, pegaban los codos a la cintura para que los senos resaltaran; todas, en su andar, marcaban el paso con las caderas, a semejanza
de los toreros cuando desfilan formados en la plaza, y todas arrastraron
adrede, por las gradas, los tacones de las zapatillas (29).
3. Sin responderle y sin cesar de besarla, Marcelino desfloró a Santa en una
encantadora hondonada que los escondía. Y Santa que lo adoraba, ahogó
sus gritos -los que arranca a una virgen dejar de serlo-. Con el llanto
que le resbalaba en silencio, con los suspiros que la vecindad del espasmo
le procuraba, todavía besó a su inmolador en amante pago de lo que la
había hecho sufrir, y en idolátrico renunciamiento femenino, se le dio
toda, sin reservas, en soberano holocausto primitivo; vibró en él, con él
se sumergió en ignorado océano de incomparable deleite, inmenso, único,
que bien valía su sangre y su llanto y sus futuras desgracias, que sólo era
de compararse a una muerte ideal y extraordinaria (59).
4. El agua de la fuentecilla del centro, cuyo chorro escurridizo y débil, más
337
H22

�simula lágrimas incontenibles de honda pena desahuciada, y en cuyo líquido sobrante, de color sospechoso, zozobran botellas vacías, colillas de
cigarros y puros, en ocasiones, un mechón de cabellos, un retrato despedazado, una peineta que allí arrojaron anónimas manos de alguien que padecía de celos y demandaba olvido con ese rapto de despecho iracundo
y estéril (102). (Este pasaje se repite en parte en las páginas 119 y 121).
5. Destacábase, sin embargo, con admirable y doliente precisión, el aborto
repentino y homicida a los cuatro meses más o menos de la clandestina
y pecaminosa preñez, a punto que Santa, un pie sobre el brocal del pozo,
tiraba de la cuerda del cántaro, que lleno de agua, desparramándose, ascendía a ciegas. Fue un rayo. Un copioso sudar; un dolor horrible en las
caderas, cerca de las ingles, y en la cintura, atrás; un dolor de tal manera
lacerante que Santa soltó la cuerda, lanzó un grito y se abatió en el
sucio. Luego, la hemorragia, casi tan abundosa y sonora cual la del cántaro, roto al chocar contra las húmedas paredes del pozo (67) .
6. El ebrio asido al árbol, ya no miraba a la tierra, presa de alcohólicas bascas, con asqueroso rumor arrojaba inmundos líquidos ( 120-121).
7. El alcohol, en tanto, continuaba su obra callada, implacable, destructora;
precipitábase en los estómagos, que se dilataban o contraían para albergarlo; como un río de fuego, corría por las venas aumentando la circulación rítmica de la sangre; se evaporaba, y por dentro de los organismos,
incontenible y arteramente, subía hasta los cerebros, a los que iba envolviendo con siniestra tela sutil de animal ponzoñoso, una tela más áspera y
más densa conforme en los estómagos caía más alcohol. A los comienzos
de la excitación colores de rosa, júbilos hiláricos e inmotivados, dicha de
vivir, necesidad de amar; el corazón, de sepulturero alegre, enterrando
penas y cuitas; el pensamiento, de providente partero, sacando a luz, rollizos y en apariencia destinados a alentar siglos de siglos, los anhelos recónditos, lo que en la lógica de lo real se halla condenado a nunca nacer; imposibles realizables con ligero esfuerzo, ideales al alcance de la mano que
principia a temblar. La \'ida sonríe, las mujeres nos esperan impacientes,
los hombres nos quieren. El alcohol no es el Enemigo, es el Electuario, lo
bendecimos, pedimos más.
La invasión continúa, el Enemigo adelanta...

......................
El enemigo adelanta, la invasión continúa...

......................
El Enemigo ha triunfado. El cerebro se entenebrece, la voluntad yace inmoble, el discernimiento se ausenta. Y los resultados son salvajes, primitivos, idénticos a los de todas las invasiones: se estupra, se asesina, se

degrada, se aniqm
. ·1a a1 d e'bºl
1 , se desconoce la clemencia, se arrasa lo bello,
se e~camece lo, bueno, se despedazan los dioses lares, se escupen las canas
se viola a 1:15 v1rgenes, se degüella a los niños... ondea la bandera roja e~
el salto at~s, la edad pétrea, la inutilidad del esfuerzo y la esterilidad' de
los propósitos, un alcohólico de más y un hombre de menos . E 1 t · f
del enemigo! (235-237)
· 1 se nun o

8. Y ª!l,á,1 en risueño cementerio de Chimalistac, del pueblecito ~ ~ s e

mec_10 ~ _cuna blanca_ de San~a, allí la enterraron Hipólito y Jenaro, en
el s1mpat1co cementerio derrmdo, siempre abierto y siempre apacible en
cu_yos barda!es desmoronados, los lagartos toman sol y corretean, las hormigas, ~raba3an Y las abejas anidan; en cuyos árboles copudos y viejos dan
sus pa3a~os mora~ores, e_stupendos concertantes de gorjeos; entre cuyas
malezas oyese palpitar la intensa vida vermicular de los campos funerarios
en cuyos sepulcros modestos, la lluvia que cae y la yerba que crece escon~
den. y. borran los nombres de los desaparecidos y las fechas de Ios desaparcam1entos; en cuyo recinto entran las vacas y en las tumbas mismas
~accn y mugen; ~onde lo~ chicos del pueblo van a jugar, y mariposas, heliotropos Y campanulas, sm respetos al sitio, se enganchan se enlazan
se aman. (336)
'
Y
La indiferencia de los animales al sufrimiento humano es el motivo de
un poema del naturalista inglés' Thomas Hardy' "Ah' Are y ou o·1n-o-mo·
on My Grave:" Después de descubrir que su perro está cavando ;; s:
tun:iba, _la muJcr muerta inicia la siguiente conversación con su anti uo
amigo fiel:
g
"Ah, yes! You dig upon my grave.. .
Why flashed it not on me
That one true heart was left behind!
Wath feeling do we ever find
To equal among human kind
A dog's fidelity!"
"Mistress, I dug upan your grave
To bury a bone, in case
I should be hungry near this spot
When passing on my daily trol.
I am sorry, but I quite f argot
lt was your resting-place".69

• THOMAS HARDY, Collected Poems, New York: The MacMiºllan Company, 1958,
p. 3 11.

339
338

�XV.

LIRISMO

Aunque era naturalista, Gamboa también era novelista del amor. Su popularidad se debe en parte a que supo templar los temas atrevidos del naturalismo con una gran corriente lírica.

7. Las manos repasando el nombre-poema; los labios murmurándolo conforme los dedos lo deletreaban:
-¡ Santa! ... (337).

CONCLUSIÓN

l. Por la calle, a lo lejos, sonaban bandtirrias y guitarras: Trasnochadores alegres,· sin duda, que desafiando el mal tiempo, tocaban música triste cual
la historia de ella. ¡ Su historia! ¡ la que le había pedido el borracho
aquél! ... (38)
2. Es la hora melancólica. . . (53, 54, 55). (En esta descripción de la vida
diaria de la familia de Santa en Chimalistac, Gamboa separa cuatro largos
párrafos con esa frase de cuatro palabras, que recuerda el verso inicial
del famoso poema de Víctor Hugo, "Le soir": "c'est le moment crépusculaire") .
3. Por los dos tremendos arcos de la presa grande despeñábase mucha más
agua y de todas partes salían tinieblas, era casi de noche. ( 61)
(Después de que Santa es desflorada por Marcelino, cae la noche y la
obscuridad creciente es un símbolo de su futuro) .
4. Hipólito preludió un vals.
. . . . . . . . . . . .
La primera parte del vals brotó de las mano¡; del ciego, acompasada y voluptuosa.
. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .
La segunda parte del vals, mucho más alegre y ligera que la anterior.

.................... . .
La tercera parte del vals, lenta, desfallecida, melancólica...

......................
La coda del vals se extendió rítmica y quedamente en el teclado.

........ . ... . . . .......
Y al par que el vals, de retomo a su primera parte, moría y era sepultado
en las teclas por las manos de Hipólito, acentuando los compases finales
(78-82).
(Hipo cuenta la historia de su vida a Santa, acompañando la narración
con diferentes movimientos de un vals).
5. Como escondrijo de amorcillos (211).
6. Hasta la estación resultaba propicia, en pleno verano, mediando el mes de
julio con sus lluvias torrenciales que refrescan y limpian; con sus atardeceres deliciosos y sus noches tibias, consteladas, casi pensativas; noches en
que puede uno sentarse al aire libre y platicar con las estrellas. . . (264).

340

Los rasgos principales del lenguaje y del estilo de Gamboa se señalan a continuación y se ejemplifican con una cita final de Santa:
l. Vocabulario culto basado en palabras y expresiones arcaicas y extranjeras y relativamente pocos mexicanismos.
2. Una abundancia relativa de sufijos que es típica del español hablado
en México.
3. Una abundancia de enclíticos.
4. Oraciones y párrafos largos en que predominan el verbo y sus derivados.
5. 1!n estilo cuidado y brillante logrado por medio de repeticiones artísticas, contrastes, familias y series de palabras y preguntas retóricas y exclamaciones.
6. Descripciones minuciosas y detalladas de temas típicos del naturalismo.
7. Cualidad lírica -que revela influencia del modernismo- reflejada en
símiles y metáforas, epítetos variados, tono bíblico y una conciencia del
ritmo.
Ig~al a l? que_ se pudre o apolilla y que, a un momento dado, nadie puede
rmped1rlo m nada evitarlo, así fue el descenso de Santa: rápido, devastador, tremendo.
Los sombríos círculos de la prostitución barata, los recorrió todos, apenas
~o~ando en ellos lo bastante para gustar su amargura infinita y no lo suf1c1ente para a lo menos tomar resuello y con alientos mayores, después
de un p_oco de relativo reposo, continuar descendiendo como descendía,
a trompicones, con dramático paso, cayendo y levantando, enferma, alcohóli_ca, lamentable! Diríase, al verla, que ahora caminaba a tientas,
encogida y medrosa -como caminamos en las tinieblas-, ignorando
dónde pararía, procurando lastimarse lo menos posible, ya que sin lastimamientos no caminaba, resignada corporalmente ¡ sólo corporalmente!,
pues para sus adentros, quién sabe qué maldiciones mascullaban entre los
hipos de sus ebriedades pertinaces y entre sus labios trémulos, que hablaban sólo cuando el alcohol concedíale cortos descansos y ella recordaba
tiempos mejores, días que fueron, horas que habían sido... !
Desde la noche en que Rubio la repudiara indignado por la flagrante infi-

341

�delidad, Santa bajaba, siempre más abajo, siempre más; no cual si Rubio simplemente la hubiese repudiado del apócrifo hogar, sino cual si
dotado por milagro repentino, de una fuerza sobrehumana, la hubiera
echado a rodar con empuje formidable por todas las lobregueces de las
simas sin fondo de la enorme ciudad corrompida. En ella rodaba Santa,
en los sótanos pestilenciales y negros del vicio inferior, a la manera en
que las aguas sucias e impuras de los albañales subterráneos, galopan enfurecidas por los obscuros intestinos de las calles, con siniestros glú glú,
de líquido aprisionado que en invariable dirección ha de correr aunque
se oponga, aunque se arremoline en ángulos y oquedades sospechosas y
hediondas, que los de arriba no conocen, aunque brame y espumajee en
las curvas y en los codos de su cárcel. Allá van, a escape, por las cloacas
y letrinas, más turbias, más ciegas y más inconscientes conforme engrosan más y más caminan. . . allá van, sin saber a dónde, golpeándose contra insensibles paredes tapizadas de barro y limo que las estrangulan, deforman y encauzan, que casi han de contemplarlas con las cicatrices que
las inmundicias han grabado y esculpido tenaz y pacientemente, y que
en el antro, simularán ojos condenados a perpetua fijeza, a nunca parpadear, a ver la fuga de las aguas impuras con su iris de lepra y sus pupilas de cieno... Allá va el agua, ignoscible, sin cristales en su lomo, sin
frescor en sus linfas; conduciendo detritus y microbios, lo que apesta y
lo que mata; retratando lo negro, lo escbndido, lo innombrable que no
debe mostrarse; arrojando por cada respiradero de reja, un vaho pesado,
un rumor congojoso y ronco de cansancio, de tristeza, de duelo. . . allá
va, expulsada de la ciudad y de las gentes, a golpearse contra los hierros
de la salida, a morir en el mar, que la amortaja y guarda, que quizá sea
el único que recuerde que nació pura, en la montaña; que apagó la sed
y fecundó los campos; que fue rocío, perfume, vida...
¡ Así Santa! (275-277).

LOS úLnMOS DtAS DE JOSt MARTt

Prof. ERNESTO MEJÍA SÁNCHEZ
Biblioteca Nacional de México, UNAM

LA SUERTE ESTÁ ECHADA, Martí no volverá más la cabeza. La ciudad grande

en que halló el amor oculto y la amistad abierta y fragante que lo desvivía
ha quedado atrás para siempre. La Estrella Solitaria brilla en su mano como
única brújula. Ha dejado los consulados y las correspondencias periodísticas,
los discursos conmemorativos y las convenciones. Al poeta mismo lo ha puesto
a cerrojo, y esa corriente natural de la pluma no ha podido detenerse. Ahora
son los manifiestos, las cartas del corazón, los testamentos, el diario íntimo.
Escribe más que nunca y es escritor menos que nunca. Escribe más como que
sabe que ya no escribirá más. El alma como un banderín tremolante y lacerado se planta en las páginas postreras. Con un fuego cordial que no deja
llaga sino que ilumina los más oscuros presentimientos, la pluma de Martí,
siempre vehemente, se ha vuelto de una concisión arrebatadora, de freno casi
axiomático. Los puntos seguidos y los puntos aparte se prodigan con absoluta
necesidad. La prosa va cargada de frases de enigmática economía, como de
la Escritura ( "Para mí, ya es hora") o del latín de la República ( "Palabras,
no puedo") .
Poco más de un mes ha podido vivir en su tierra más que adorada, o
morir bajo el sol que le dio en la cara, como quería. Deja casi un centenar
de documentos, entre cartas, recomendaciones y partes militares, escritos en
la Isla, en la mesa rústica, bajo ese sol que anhelaba; ahí se quedó la carta
inconclusa para el amigo mexicano ("Hay afectos de tan delicada honestidad ..."), ahí escribió la última carta del día final, a Máximo Gómez ("No
estaré tranquilo hasta no verlo llegar a usted"). Todas las biografías tienden
a fracasar en la narración de los días definitivos: cuando no la oratoria de
gran broche operático, la literatura de registros patéticos siempre inferior al
laconismo tachonado de brasas del propio Martí, que suele citarse al lado
con eficacia, pero con desdoro del biógrafo. No culpo a los biógrafos: narrar

343
342

�la muerte de Martí, que incluye toda su vida de agonía, es como querer aprisionar un gran ocaso del trópico, la transición de la noche y el alba matutina, en las dimensiones de una miniatura, cuando se requiere un anchísimo
muro. Y no pedimos profundidad ni movimiento, porque eso ya está dado
en el héroe, y de manera acabadísima en sus papeles de 1895, del 19 de
mayo mortal al anterior 19 de enero decisivo, en que escribe a Antonio Maceo:
"Se hará". Y como él dijo, se hizo.
Hagámoslo nosotros con sus propias palabras. Hable el héroe y no yo;
así no se haga patente la desdorosa comparación. He ordenado cuidadosamente y con cierta intención los papeles de Martí del año 95 para mostrar
cómo él fue el mejor biógrafo de su agonía. Sólo arriesgaré palabras ajenas
o explicaciones personales, para la cabal inteligencia de los pasajes, pero ellas
han sido elegidas adredemente prosaicas, para que el desnivel con las de
Martí sea obligado y notorio. No me extrañaría que un texto así tuviera la
tesitura de un poema. En todo caso, habla el héroe y no yo.
Después del fracaso de Femandina, Martí oculto todavía en casa del doctor
Miranda, escribe a Maceo la carta fechada en Nueva York el 19 de enero
de 1895: "Desde la casa amiga, donde sólo aguardo la decisión del gobierno
sobre nuestro cargamento para recomenzar inmediatamente: sin pérdida de
ayuda ni respeto, nuestra campaña, le escribo con más fe que pesar, para darle
rápida cuenta de la contrariedad que, de mano de un cobarde, ha venido
a paramos el brazo. .. Perdido el viaje triple del Lagonda, el Amadís y el
Baracoa. . . Pero no se ha perdido, por fortuna, el respeto al cubano. . . Se
hará. No veamos a lo pasado. Ud. tendrá un momento de pena, y sonreirá
¿o me he engañado con ese pecho de hermano? ... ¿No es ésta la hora? ¿No
es éste su corazón? ¿Necesito hablar? ¿Necesito escribir lo que Ud. lee sin
que se lo escriba? ¿ No es Ud. hombre capaz de verdadera grandeza? ¿ Tibieza alguna, flojedad alguna, vacilación aiguna, nos aflojarán la mano. .. ?"
Diez días después redacta la orden del levantamiento general en la Isla.
El 31 de enero se embarca en el Athos para Santo Domingo, para unirse con
Gómez. Nueva carta a Maceo, para acicatearlo. Otra carta de despedida
para Rafael Serra: "No se canse de defender, ni de amar. No se canse de
amar". A bordo del Athos, 2 de febrero, escribe a su hijita, a María Mantilla, su "niña querida", su Mariensa: "Tu carita de angustia está todavía
delante de mí, y el dolor de tu útimo beso. Los dos seremos buenos, yo para
merecer que me vuelvas a abrazar, y tú para que yo te vea siempre tan linda
como te vi entonces. No tengas nunca miedo a sufrir. Sufrir bien, por algo
que lo merezca, da juventud y hermosura... Los libros se habrán quedado
en Central Valley, y yo lo he de sentir, sobre todo si se quedó allá el Larousse,
que ahora te servirá en un trabajo de cariño que quiero que hagas, para ver

344

si te acuerdas de mí, y es, que vayas haciendo como una historia de mi viaje,
a modo de diccionario, con la explicación de los nombres curiosos de · este
viaje mío. Atlas, por ejemplo, es el nombre de la compañía de estos vapores:
busca Atlas y, escribe lo que encuentres. Athos es el nombre del vapor: busca
Athos. Cap Haitien es el lugar donde vamos ahora; búscalo en el Laurousse,
y en las geografías. Y así harás un libro curioso, e irás pensando en mí".
El 7 de febrero llegó a Montecristi y el 14 dan comienzo sus Apuntes de
un viaje. Fueron escritos para sus niñas, María y Carmen Mantilla, y arreglados por ellas, como Martí les pidió: "Mis niñas: Por la fechas arreglen esos
apuntes, que escribí para ustedes. . . No fueron escritos sino para probarles
que día por día, a caballo y en el mar, y en las más grandes angustias que
pueda pasar hombre, iba pensando en ustedes". La primera semana de Montecristi estuvo forjando y reformando planes con Má.--&lt;imo Gómez. No quedó
tiempo para apuntes ni cartas, por lo menos no hay rastros documentales.
14 de febrero: "Las seis y media de la mañana serían cuando salimos de
Montecristi el General, Collazo y yo, a caballo para Santiago: Santiago de
los Caballeros, la ciudad vieja de 1507. Del viaje, ahora que escribo, mientras mis compañeros sestean, en la casa pura de Nicolás Rarnírez, sólo resaltan en mi memoria unos cuantos árboles -unos cuantos caracteres, de hombre
o de mujer-, unas cuantas frases. La frase aquí se añeja, pintoresca, con.
cisa, sentenciosa, y corno filosofía natural. El lenguaje común tiene de base
el estudio del mundo, legado de padres a hijos, en máximas finas, y la impresión pueril primera. Una frase explica la arrogancia innecesaria y cruda
del país. . . A los caballos les picarnos el paso para que con la corrida se
refresquen: mientras bebemos agua del río Yaque en casa de Eusebio; y el
General dice esta frase, que es toda una teoría del esfuerzo humano, y de
la salud y necesidad de él: 'El caballo se baña en su propio sudor'. . . Por
la sabana de aromas y tunas, cómoda y seca, llegamos, ya a la puesta, al
alto de Villalobos... Es la Esperanza, el famoso paso de Colón, un caserío
de palma y yaguas en la explanada salubre, cercada de montes... De la Esperanza, a marcha y galope, con pocos descansos, llegamos a Santiago en
cinco horas. El camino es ya sombra. Los árboles son altos. A la izquierda,
por el palmar frondoso, se le sigue el cauce al Yaque. Hacen arcos, de un
borde a otro, las ceibas potentes. Una, de la raíz al ramaje, está punteada
de balas. A vislumbres se ve la vega, como chispazo o tentación de serena
hermosura, y a lo lejos el azul de los montes". Aquí se ha preferido la descripción del campo y la vida natural, nuevos para el hombre que viene de
la gran ciudad cosmopolita. Se han suprimido las visitas y las conversaciones:
Arturo, la señorona aquella de "sortija en el guante", don Jacinto, Nené,
don Jesús, el general Lozano y su hija Ana Vitalina. Al moroso costumbrismo,

345

�al calco y a la observación lingüísticos Martí sobrepone un cálido asombro y
conocimiento instantáneo de los hombres, de la vida sencilla y natural.
El 15 de febrero lo pasa en Santiago y el 15 apunta un sueño de lanzas
con solución moral en la vigilia, la revelación de la noche por el sueño interrumpido: "Soñé que de dos lanzas que había, sobre la lanza oxidada_ no
daba luz el sol, y era un florón de luz y estrella de llamas la lanza puh~a.
Del alma perezosa no se saca fuego. Y admiré en el batey, con amor de h110,
la calma elocuente de la noche encendida, y un gn¡po de palmeras, como
recostada una en otra, y las estrellas, que brillaban sobre sus penachos. Era
como un arco perfecto y súbito y la revelación de la naturaleza universal
del hombre". Al rato le ofrecen un festejo: "Me llevan, aún en traje de
camino, al Centro de Recreo, a la sociedad de jóvenes. Rogué que desistiesen
de la fiesta pública y ceremoniosa · con que me que:ían recibir; y
casa
está como de gala, pero íntima y sencilla. La buena Juventud, repartida por
las mesas". Describe la fiesta con fruición y traslada una copla popular,
"Nos rompió el día ( 16), de Santiago de los Caballeros a la Vega, y era
un bien y del alma, suave y profundo, aquella claridad. A la vaga luz, de un
lado y otro del ancho camino, era toda la naturaleza americana; más gallardos pisaban los caballos, en aquella campiña floreciente, coreada de montes
a lo le1·os donde el mango frondoso tiene al pie la espesa caña; el mango
, e
estaba en ' flor y el naranjo maduro, y una palma caída, con la mueha ra1z
hilo que la prende aún a la tierra, y el coco, corvo del peso, de penacho
áspero, y el seibo, que en el alto cielo abre los fuertes brazos, y la palma
real". Estamos a un paso del verso, y algunas frases ya lo son. El 17 de
febrero queda en blanco y el 18 va conversando sobre cosas de la tierra,
apunta una anécdota de Céspedes, cena con don Jesús y sus hijas llenas de
flores, y el 19 va a casa de doña Ceferina Chávez, la de sortija sobre el
guante, buena burguesa que le ofrece "por la mano de su hija, el vino dulce".
Mala noche, insomnio. "Duerme mal el espíritu despierto. El sueño es culpa
mientras falta algo por hacer. Es una deserción. Hojeo libros viejos". Es la
impaciencia del corazón. Quizás esa noche escribió la. carta de la misma fecha,
a su Mariensa: "Anoche, a las cuatro de la madrugada, estaba en el batey,
como aquí llaman al patio de las casas de campo, al claro ~esy_erbado que
rodea la casa de la vivienda; en el cielo, de un azul que parec1a vivo, estaban
encendidas las estrellas; la luna recortada, y como de un fuego suave, iluminaba de arriba un mazo de palmas: las hojas de las palmeras se mecían
suavemente, en el claro silencio: Yo pensaba en ti. . . Estás lejos, entusiasmada con los héroes de colorín de teatro y olvidada de nosotros, los héroes
verdaderos de la vida, los que padecemos por los demás, y queremos que
los hombres sean mejores de lo que soy". Al lado de la fecha y como post-

!ª

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scriptum le recuerda el trabajo encargado: "Busca para tu diario Santiago
y batey''.

El diario se interrumpe. Vuelto a Montecristi, espolea otra vez el corazón
de Maceo, 26 de febrero: "Al General escribo hoy, aún más que al amigo:
la guerra, a que estamos oblig'}dos, ha estallado en Cuba.. . recibo de Nueva
York la confirmación de su declaración de Ud. -que a quien le conociese
menos que yo parecería un obstáculo, injusto e imprevisto, pero que para
mí no lo es. El patriotismo de Ud. que vence a las balas, no se dejará vencer
por nuestra pobreza-, por nuestra pobreza, bastante para nuestra obligación. . . Cuba está en guerra, General. Se dice esto, y ya la tierra es otra.
Lo es ya para Ud. y lo sé yo. Que Flor (Crombet), que lo tiene todo a
mano, lo arregle todo como pueda. . . Esta es la ocasión de la verdadera
grandeza. De aquí vamos como lo decimos a Ud. que vaya. Y yo no me tengo
por más bravo que usted, ni en brío del corazón, ni en la magnanimidad y
prudencia del carácter. Allá arréglense, pues, ¡ y hasta Oriente!"
El mes de marzo se inicia con una carta brevísima a Femando Figueredo
y a Teodoro Pérez : "A los dos junto en un abrazo, desde este silencio forzoso, y no inactivo. Es sólo fe de vida, y de que al borde de la tierra no
olvido a mis dos hermanos de labor. ¿ Olvidarlos? Ahora es mayor la obligación, por que ya es sangre, y en la hora de ella siento necesidad más viva
de su ternura, y de demostrarles la mía. De acá, sólo les puedo decir que
todo lo humano queda hecho, y que para mí no hay derrota. Prudencia
y sacrificio y martirio sí, derrota, no". El diario consigna las actividades de
esos días: "Salimos de Dajabón, del triste Dajabón, último pueblo dominicano, que guarda por el norte la frontera ... Se pasa el río Massacre y la
tierra florece. Allá las casas caídas, y un patio u otro, y el suelo seco o un
golpe de árboles que rodea el fuerte de Bel-Air, de donde partió, cuando la
independencia, el disparo que fue a tapar la boca del cañón de Haití; y acá,
en la orilla negra todo es mango enseguida, y guanábana, y anón, y palma,
y plátano, y gente que va y viene... va cantando. Bon jour, comere; Bon
jour compere ... Los altos uniformes ven desde el balcón. El cónsul dominicano pone el visto bueno al pasaporte, 'para continuar, debiendo presentarse
a la autoridad local', y me da una copa de vino de garnacha. Corona llega
caracoleando; quita y pon de fieltros, y de la cachucha consular; salimos
con el oro de la tarde... Ouanaminthe, el animado pueblo fronterizo, está
alegre, porque es sábado, y de tarde. Es el primer caserío haitiano, y ya
hay vida y fe. Se sale del poblado saludando al cónsul dominicano en Fort
Liberté, un brioso mulato, de traje azul y sombrero de panamá, que guía
bien el caballo blanco, sentado en su montura de charol. . . (2 de marzo) Ya
después de las diez (de la noche), entro en Fort Liberté, solo. De lejos venía

347

�oyendo la retreta, los ladridos, el rumor confuso. . . En la oscuridad desensillo mi caballo, y lo amarro a una higuereta. La gallera está llena de hamacas. . . De cena, dulce de maní y casabe. . . Y cuando me llevo al buen
hombre a un rincón y le pregunto temeroso lo que le debo, me ase por los
dos brazos y me mira con reproche: Comment, frere? On ne parle pas d'argent, avec un frere. Y me tuvo el estribo, y con sus amigos me siguió a pie,
a ponerme en la calzada. . . Vadeé un riachuelo, que al otro lado tiene un
jabillal, de fronda alta y clara, por donde cae, arrasando hojas y quebrando
ramos, la jabilla madura que revienta. . . Como un cestón de sol era Petit
Trou aquel domingo. . . La fiesta está en el sol, que luce como más claro y
tranquilo, dorándolo todo de un oro como de naranja. . . El aire mueve en
las ventanas las cortinas. Adiós. Sonríe el amo, solícito a mi estribo. . . Por
los fangales, que eran muchos, creí haber perdido el camino. El sol tuesta,
y el potro se hala por el lodo espeso. De la selva, a un lado y otro, cae ~a
alta sombra. Alrededor, fango y selva sola. . . En un crucero, con el río a
la bajada, está de un lado, donde se abre la vía, un Cristo de madera. .."
El 3 de marzo lo pasa entre libros franceses en casa de Ulpiano Dellundé;
también fue "a la mísera barbería de Martínez, en la calle de la Playa":
hombre limpio y charlador, hace buenas migas con Martí.
4 de marzo. Y abrí los ojos en la lancha al canto del mar. El mar cantaba.
Del Cabo salimos, .con nubarrón y viento fuerte, a las diez de la noche; y
ahora, a la madrugada, el mar está cantando... · La larga música, extensa
y afinada, como el son unido de una tumultuosa orquesta de campanas de
platino. Vibra igual y seguro el eco resonante. Como en ropa de música se
siente envuelto el cuerpo. Cantó el mar una hora, más de una hora. La lancha piafa y se hunde, rumbo a Montecristi". El 5 de marzo no escribió.
El 6 hizo dos apuntes rápidos y certeros: el barbero y su barbería y la negra
dominica "que pasa triunfante, quemando con los ojos. . . en la calle llena
del sol del domingo". El diario vuelve a interrumpirse hasta reaparecer a
fines ' de marzo, pero de mediados del mes se conserva una carta para "Carmita buena", del 18, fechada en Montecristi: "Manuel se me va, y con él
como una raíz de mi corazón: con él aquí, me parecía que estaba [ustedes]
aún cerca de mí, y me defendía de mis penas: ahora él se va, y me han
de pesar mucho, para que · sus pensamientos vengan volando a defenderme.
Me quedo muy solo; y mi alma extraña, por su misma capacidad para sufrir,
enoja a los hombres, y los invita a angustiármela y herirla... En otro tiempo,
cuando los hombres peleaban de lanza y casco en los torneos, rodeados de
gente, como ahora pelean a lengua y pluma, el orgullo del caballero, que
de veras iba a caballo, era el lazo a la banda de colores que le había dado
su hermana, o su novia, o su amiga: y yo llevo así tu carta conmigo, como

348

los caballeros de antes el lazo de colores. Sobre carta así, resbalan las balas.
Tú me volverás a ver. Aún me queda mucho que sufrir".
El 25 de marzo lo pasó Martí con la pluma en la mano. Es la fecha del
Manifiesto de Mont~c~sti ("El Partido Revolucionario Cubano a Cuba"),
de su testamento pohtico (Carta a Federico Henríquez y Carvajal) de las
cartas de despedida para su madre y para Carmen y María Mantilla.' Si consideramos la extensión del primer Manifiesto, la profundidad sintética de su
ideario, cualquiera está en su derecho al creer que no fue redactado todo
e~e propio día. La fecha puede ser no más la de las firmas de Martí y Máximo Gomez. La fecha en que se hace público el documento. Es humano
pensar que la redacción del Manifiesto -y nadie ha dudado siquiera de la
.paternidad martiana que las ideas y el estilo están girando- explica la suspensión de los Apuntes y el exiguo número de cartas inmediatamente anterior
a la fecha. Nadie pondrá en duda tampoco la capacidad de Martí para redactar el Manifiesto en un solo día, pero la firma de Gómez al pie necesitaba que se consultaran con él muchos puntos del documento. No sabemos
cuántos borradores consultados fueron necesarios para dar con la forma definitiva que a satisfaciera las dos firmas. No quiero hacer la ofensa de leer el
Manifiesto, texto de valor histórico y político universal, sólo rememorar algunas frases típicas del pensamiento de Martí: "saneamiento y emancipación
del país para bien de América y del mundo.. . no se ha de ensangrentar sin
raz~n ni sin justa esperanza de triunfo los propósitos precisos, hijos del juicio
Y aJenos de la venganza... y llegará a su victoria racional la guerra inexting~ible que hoy lleva a los combates.. . La guerra no es co~tra el español. . .
termmante volw:itad _de resp~tar y hacer que se respete al español neutral y
honrado. . . Punible ignorancia y alevosía fuera desconocer las causas. . . de
los trasto~os _americanos, venidos del error de ajustar a moldes extranjeros,
de dogma mcierto o mera relación a su lugar de origen, la realidad ingenua
de los países que conocían sólo de las libertades el ansia de las conquistas
y la soberanía que se gana por pelear por ellas. . . Un pueblo libre, en el
trabajo abierto a todos, enclavado a las bocas del universo rico e industrial. ..
Sólo los que odian al negro ven en el negro odio . .. En el pecho antillano
no hay odio, y el cubano saluda en la ,muerte al español. .. Al acero responda
el acero, y la amistad a la amistad ... Desde sus raíces se ha de constituir la
patria con formas viables y de sí propia nacidas, de modo que un gobierno
sin realidad ni sanción no la conduzca a las parcialidades o a la tiranía...
Conocer y fijar la realidad; componer en molde natural la realidad de las
ideas que producen o apagan los hechos y la de los hechos que nacen de las
ideas; ordenar la revolución del decoro, el sacrificio y la cultura de modo
que no quede el decoro de un solo hombre lastimado. . . la confirmación de

349

�la república moral en América y la creación de un archipiélago libre donde
las naciones respetuosas derramen las riquezas que a su paso han de caer
sobre el crucero del mundo". Es imposible citar menos, pero no pueden quedar fuera otros escritos del mismo día: la carta a Federico Henríquez y Carvajal y las otras dos cartas del corazón. Al primero le dice: "De la preocupación real de mi espíritu, porque usted me la adivina entera, no le hablo
de propósito; escribo, conmovido, en el silencio de un hogar que por el
bien de mi patria va a quedar hoy mismo acaso, abandonado. Lo menos que,
en agradecimiento de esa virtud puedo yo hacer, puesto que así más ligo que
quebranto deberes, es encarar la muerte, si nos espera en la tierra o en el
mar, en compañía del que, por la obra de mis manos, y el respeto de la
propia suya, y la pasión del alma común de nuestras tierras, sale de su casa
enamorada y feliz a pisar, con una mano de valientes, la patria cuajada de
enemigos. De vergüenza me iba muriendo -aparte de la convicción mía de
que mi presencia hoy en Cuba es tan útil por lo menos como afuera- cuando
creí que en tamaño riesgo pudiera llegar a convencerme de que era mi obligación dejarlo ir solo, y de que un pueblo se deja servir, sin cierto desdén y
despego, de quien predicó la necesidad de morir y no empezó por poner en
riesgo su vida. Donde esté mi deber mayor, adentro o afuera, allí estaré yo ...
Yo evoqué la guerra; mi responsabilidad comienza con ella, en vez de acabar.
Para mí la patria no será nunca triunfo, sino agonía y deber. Ya arde la
sangre. Ahora hay que dar respeto y sentido humano, y amable, el sacrificio;
hay que hacer viable, inexpugnable la guerra; si ella me manda, conforme a
mi deseo único, quedarme, me quedo en ella; si me manda, clavándome el
alma, irme lejos de los que mueren como yo sabría morir, también tendré ese
valor. Quien piensa en sí, no ama a la patria... Yo alzaré el mundo. Pero
mi único deseo sería pegarme allí, al último tronco, al último peleador; morir callado. Para mí, ya es hora. Pero aún puedo servir a este único corazón
de nuestras repúblicas. Las Antillas libres salvarán la independencia de nuestra América, y el honor ya dudoso y lastimado de la América inglesa, y acaso acelerarán y fijarán el equilibrio del mundo".
Restan las cartas breves, que no tienen pérdida de palabra: "Madre mía:
hoy, 25 de marzo, en vísperas de un largo viaje, estoy pensando en Ud. Yo
sin cesar pienso en Ud. Ud. se duele, en la cólera de su amor, del sacrificio de mi vida; y ¿por qué nací de Ud. con una vida que ama el sacrificio?
Palabras, no puedo. El deber de un hombre está allí donde es más útil. Pero
conmigo va siempre, en mi creciente y necesaria agonía, el recuerdo de mi
madre. . . Ahora, bendígame, y crea que jamás saldrá de mi corazón obra
sin piedad y sin limpieza. La bendición. No son inútiles la verdad y la ternura. No padezca. La despedida a su María y a su Carmita dice así: 'Salgo

350

de pronto a un largo viaje, sin pluma ni tinta, ni modo de escribir en mucho
tiempo. Las abrazo, las abrazo muchas veces sobre mi corazón. Una carta
he de recibir siempre de Uds. y es la noticia que me traerán el sol y las
estrellas, de que no amarán en este mundo sino lo que merezca amor.. .' "
Reaparece Martí en el diario, con una aparente calma de naturalista, 29
de marzo. Se ha desembarazado de las penosas despedidas y su destino es
como nunca más seguro. "De sobremesa se habló de animales", de sus extrañas costumbres y su inteligencia. Por la tar~seguramente, fue a la playa, y oyó cantar una canción. El lo. de abril scribe a sus hijos: a Pepe
el "Ismaelillo" y a Gonzalo de Quesada. Vuel al diario la poesía, vísperas del viaje. "Hijo: esta noche salgo para Cu : salgo sin ti, cuando debieras estar a mi lado. Al salir, pienso en ti. Si desaparezco en el camino,
recibirás con esta carta la leontina que usó en vida tu padre. Adiós. Sé justo". La carta a Gonzalo de Quesada es la conocida como su testamento literario. "Gonzalo querido: De mis libros no le he hablado. Consérvelos;
puesto que siempre necesitará la oficina -y más ahora-, a fin de venderlos para Cuba en una ocasión propicia, salvo los de Historia de América, o
cosas de América -geografía, letras, etc.- por si salgo vivo o me echan,
y vuelvo con ellos a ganar el pan. Todo lo demás lo vende en una hora
oportuna. Ud. sabrá cómo. . . ¿ Qué habré escrito sin sangrar, ni pintado
sin haberlo visto antes con mis ojos? ... De Cuba, ¿ qué no habré escrito?
Y ni una página me parece digna de ella: sólo lo que vamos a hacer me
parece digno .. . Y falló aquel día la esperanza -el 25 de marzo. Hoy, lo.
de abril, parece que no fallará . . . En la cruz murió el hombre en un día;
pero se ha de aprender a morir en la cruz todos los días. Martí no se cansa,
ni habla... No quisiera levantar la mano del papel, como si tuviera la de
Ud. en las mías; pero acabo, de miedo de caer en la tentación de poner en
palabras cosas que no caben en ellas". Todo está preparado para hoy, lo.
de abril. "A paso de ansia, clavándonos de espinas, cruzábamos, a la media noche oscura, la marisma y la arena. A codazos rompemos la malla del
cambrón. El arenal, calvo a trechos, se cubre a manchones del árbol punzante. La luz como el sudario, al cielo sin estrellas, la arena desnuda; y es
negror lo verde. Del mar se oye la ola, que se exhala en la playa, y se huele
la sal". "El 2, el 3, va en la goleta Brothers, rumbo a Cabo Haitiano, recortlando versos, apuntando el vuelo de los flamencos o reflexionando sobre
la ingratitud y la virtud. El 4 arribaron a !nagua. El patrón de la goleta los
traiciona, se niega seguir adelante. El 5 de abril llegó el vapor frutero Nordstrand. Hay que aprovecharlo. El 6 Martí copia unos versos de Goethe de
la litera del capitán. El mismo día llegaron a Cabo Haitiano y se dispersan
en la población sin ser notados. El 7 de abril escribe Martí en su diario:

351

�"Por las persianas de mi cuarto escondido me llega el domingo del Cabo.
El café fue 'caliente, fuerte y claro'. El sol es leve y fresco. Chacharea y pelea el mercado vecino. De mi silla de escribir, de espaldas al cancel, oigo el
fustán que pasa, la chancleta que arrastra. . . Es Domingo de Ramos". El
8 pasa leyendo sobre los indios americanos, alguna novela histórica sobre
la conquista de México, libros que ha mandado traer "a la librería de la esquina. . . Y el librero, el caballero negro ~e Haití, me manda los libros y
los dos pesos". Medita sobre la resistencia del indio y especula sobre su originalidad. Vienen los versos sin llamarlos. "El verso caliente me salta de la
pluma. Habla todo en mí, ki que no quiero hablar, ni de patria, ni de mujer. ¡ A la patria más que palabras!" Ahí en Cabo Haitiano, al día siguiente,
9 de abril escribe "a mi María": "Aquí estoy en Cabo Haitiano, cuando no
debía estar aquí. Creí no tener modo de escribirte en mucho tiempo, y te
estoy escribiendo. Hoy vuelvo a viajar, y te estoy otra vez diciendo adiós...
Tengo la vida a un lado, y la muerte a otro, y un pueblo a las espaldas; y
vé cuántas páginas te escribo . .. Y si no me vuelves a ver, haz como el chiquitín cuando el entierro de Frank Sorzano: por un libro -el libro que te
pido-, sobre la sepultura. O ~obre tu pecho, porque ahí estaré enterrado
yo, si muero donde no lo sepan los hombres". El N ordstrand sale para In agua y arriba el 11 al amanecer. Se hace al mar otra vez por la tarde y por
la noche, izados en un bote son echados a las olas, para tocar por fin tierra
cubana, la playa de Playitas. Antes del desembarco escribió la carta para
Bernarda Toro de Gómez, la esposa del General que lo acompaña: "Yo sólo quiero que estas letras mías le lleguen como prueba de que en las penas
que pueda reservarnos este mundo, tienen Uds. por donde quiera que ande
yo en pie, vigilante compañero.. . No siento como quien va a correr riesgo,
sino como el trabajador, que sale alegre a su trabajo, y trabajará todo el
día, y luego vuelve· a su casa, al lado de sus hijos y su mujer... Sientan en
las suyas el calor de mi mano. Y por Ud ... aunque no fuera por él, querré
y mimaré siempre al compañero de su vida". Por fin escribe desde Cuba,
Jurisdicción de Baracoa, a 16 de abril: "En Cuba eseribo, a la sombra de un
rancho de yaguas. Ya se me secan las ampollas del remo con que halé a tierra el bote que me trajo. Eramos seis, llegamos a una playa de piedras y
espinas, y estamos salvos, en un campamento, entre palmas y plátanos, con las
gentes por tierra y el rifle a su lado. . . ¡ Ah!, si me vieran por esos caminos contento y bien cargado, con mi rifle al hombro, mi machete y revólver en la cintura, a un hombro una cartera con cien cápsulas, al otro, en
un gran tubo, los mapas de Cuba, y a la espalda mi mochila con sus arrobas de medicinas y ropa y hamaca y frazada y libros..." El mismo 16 escribió a Tomás Estrada Palma, a Gonzalo de Quesada y Benjamín Guerra:

352

"En Cuba libre les escribo, al romper el sol del quince de abril, en una vega de los montes de Baracoa. Al fondo el rancho de yaguas, en una tabla de
palmas, sobre cuatro horquetas, me he venido a escribir. . . Maceo y Flor
van delante. . . 'General', me llamaba nuestra gente desde que llegué, y
muy avergonzado con el inmerecido título... al caer la tarde vi bajar hacia la cañada al general. . . había acordado en consejo de jefes. . . nombrarme en atención a mis servicios y a la opinión unánime que lo rodea, Mayor General del Ejército Libertador. .. Hemos dormido en cuevas, y al monte claro... A porfía ahora se nos muestra cariño. Uno trae su boniato amarillo, o su cabo de salchichón, o su plátano asado; otro me brinda su agua
hervida con hojas de naranja y miel de abeja. Otro me regala, porque oyó
decir que la tomé con gusto en el camino, una naranja agria..." La carta
más próxima es del 26 de abril, cerca de Guantánamo la fecha: "En el rancho de un campesino escribí mi primera carta, hace unos doce días, en que
contaba nuestra llegada feliz, el desembarco de los seis en un bote, y yo de
remero en la lluvia obscura, y la hermandad y la alegría de los cubanos alzados que salieron a recibirnos. Ahora escribo en la zona misma de Guantánamo, en la seguridad y alegría del campamento de los trescientos hombres de Maceo y Garzón, que salieron a recibirnos aquí. . . Por el momento
veníamos muy seguidos ya por la tropa española. . . y estalló a pocos pasos el gran tiroteo de las doce horas: allí cruzaron por nuestras cabezas las
primeras balas; momentos después, rechazado el enemigo, caímos en brazos
de nuestra gente . .. Yo me acosté a las tres de la mañana, curando a los heridos.. . Organizamos y seguimos rumbo: el alma es una; algunas armas cogidas al enemigo. Yo escribo en mi hamaca a la luz de una vela de cera
' en tierra. Mucho tengo que'
sujeta junto a mis rodillas por una púa clavada
escribir. . . Y no les he dicho que esta jornada valiente de ayer cerró una
marcha a pie de trece días continuos, por las montañas agrias y ricas de
Baracoa, la marcha de los seis hombres que se echaron sin guía, por la tierra ignorada y la noche, a encararse triunfantes contra España. . . No soy
inútil ni me hallo desconocido en nuestros montes... (28 de abril) Son
las nueve de la noche, toca a silencio la corneta del campamento y yo reposo del alegre y recio trabajo del día escribiendo... está serena afuera la noche de este día en que no vi el sol cuando las fuerzas formadas quisieron oír
hablar al que con un cariño que en este rechazo, llaman "el Presidente".
Mi alma es sencilla. En vez de aceptar, siquiera en lo íntimo de la conciencia soberbia, este título con que desde mi aparición en estos campos me saludaron, lo pongo aparte, y ya en público lo rechacé, y lo rechazaré oficialmente... (30 de abril, a Benjamín Guerra y Gonzalo de Quesada) En la
sombra de una segunda noche de continua vela, y en las ancas de una batalla

353
H23

�victoriosa sobre las fuerzas mejores e insolentes de Guantánamo, les escribo... Ya no hay Flor: cayó de un balazo en el pecho; y Frank Agramo~te
y cinco más están presos en Guantánamo. Pero José Maceo, a los tres d1as
de llegar de su soledad de once días en los pinares fríos, revuela y despedaza las escuadras. Antonio Maceo no sabe cómo darse mano a ordenar sus
6,000 hombres. Y nosotros a caballo, recogiendo y sembrando. . . Ahora, a
vivo medio día, los pájaros cantan, los ayudantes discuten planes Y calcul~
fuerzas en el colgadizo; al pie de un anoncillo, que se ve por el sol ~e m1
puerta, sentados en piedras o echados de bruces, habla un grupo de nfle Y
canana sobre balas y heridos. . . Así es Cuba, amigos, y por eso podemos
' . . Aquí debo acabar. Suena la cometa....
"
ser libres.
Del 2 de mayo es su carta al New York Herald: "Cuba quiere ser libre
para que el hombre realice en ella su fin pleno, para que trabaje en ella el
mundo, y para vender su riqueza escondida en los mercado~ ~aturales de
América... Nada piden los cubanos al mundo, sino el conocim1ento y respeto de sus sacrificios, y dan al U niverso su sangre": El mismo día escribió
a "Gonzalo y Benjamín queridos", y ya en Altagrac1a: el 9 ~e mayo'. a su
Carmita: "Vamos a Masó, venimos de Maceo. ¡ Que entusiasta revista la
de los 3,000 hombres de a pie y a caballo que tenía a las puertas de S_antiago de Cuba!, 100 hombres apiñados respiran en el casuco do~de escnbo,
con la vela en un jarro. He de acabar... Todos duermen a m1 alr~dedor;
(yo) velo". El 12 de mayo escribió a Rafael Portuo~d~. El 18 al_ am~go mexicano: "ya estoy todos los días en peligro de dar m1 vida por m1 pais y por
mi deber. . . de impedir a tiempo con la independencia de Cuba que se extiendan por las Antillas los Estados Unidos y caigan, con esa fuerza más,
sobre nuestras tierras de América. Cuanto hice hasta hoy, y haré, es para
eso... Viví en el monstruo, y le conozco las entrañas: -y mi honda es la
de David. . . y ahora, puesto delante lo de interés público, le hablaré d_e
mí, ya que sólo la emoción de este deber pudo alzar d~ la muerte apetecida al hombre que, ahora que (Gutiérrez) Nájera no vive don_de se le vea,
mejor lo conoce y acaricia como un tesoro en su corazón la, amista~ c~n. que
Ud. lo enorgullece. Ya sé de sus regaños, callados, despues de ID1 v1a~e....
Hay afectos de tan delicada honestidad ..." Parece probable que Marh mterrumpió la carta a la llegada del General Masó al campamento de Dos
Ríos. El 19 de mayo, muy temprano, escribió a Gómez la última carta,
ciertamente un parte militar: "General: Como a las cuatro salimos, para
llegar a tiempo a la Vuelta, a donde pasó desde las diez la fuerza de Masó,
a acampar, y reponer su muy cansada caballería: desde anoche _llegaron. ~o
estaré tranquilo hasta no verlo llegar a Ud. Le llevo bien cwdado su JO-

La historia y las biografías han recogido los detalles del combate de Dos
Ríos en que Martí encontró la muerte. Pero nadie ha recibido la ciega incredulidad con que la prensa hispanoamericana recibió la noticia. ¡ Martí no
ha muerto! dice toda la prensa del continente. Ni el responso de Darlo en
La Nación de Buenos Aires podía convencer a nadie. Ni la nota necrológica de Amado Nervo en la prensa mexicana. Sólo cuando su propio periódico, Patria de Nueva York, aceptó tardíamente la noticia increíble, Martí
comenzó el ascenso a la verdadera inmortalidad. El "Himno de las Torres"
de Leopoldo Lugones, de 1897, ya lo incluye en el Olimpo de "las sombras
heroicas": "Grandes estaturas, grandes espadas, grandes cuerpos con almas
como espadas dentro -y coronas: Kosciusko, Dantón, Louverture, Bolívar, Martí, Garibaldi, Kanarís, Riego, San Martín, Lincoln, Nana-Sahib,
Juárez y los Quince Mil Rojos de París". Martí, novela histórica, se publicó anónimamente por "Un Patriota", en La Habana, 1901. En 1929, en
Madrid, apareció la Mitología de Martí, de Hemández Catá. Los títulos
elegidos son significativos: indican que Martí, como dijo la prensa hispanoamericana, no ha muerto. Pero sería pobre creer que la inmortalidad de
Martí se afinca solamente en los libros; Martí quería que su muerte fuera
semilla de su pueblo, quería morir y renacer en Cuba y para Cuba. Cada
aniversario de su muerte, Cuba renace de sus despojos. Cada día del año
Martí está renaciendo en su pueblo. Cada hijo del pueblo es hijo de Martí.

longo ..."

354

355

�IDEAS ESTÉTICAS Y LINGO1STICAS DE IGNACIO RAM1REZ,
EL NIGROMANTE
PORFIRIO MARTÍNEZ PEÑALOZA
Departamento de Literatura
Instituto Nacional de Bellas Artes
México, D. F.

ALGÚN ESCRITOR AL REFERIRSE al ilustre personaje que nos ocupará, dijo
que cualquier referencia a Ignacio Ramírez El Nigromante era una polémica; pero ya se sabe que no hay regla sin excepción y en ésta voy a incurrir, pues Ramírez se presta a la discusión con lo que, probablemente, se ha
obscurecido su personalidad. Esta es opinión de Prieto, quien dice: " . ..esa
fanfarronería de perversidad, ese artificio que nadie pudo explicar satisfactoriamente y que le granjearon mortales enemigos, descarrila la crítica cuando se ocupan de él sus biógrafos y falsean los puntos de partida su carácter
y sus virtudes eminentes". 1 La cortedad del espacio, en primer término, me
obliga a limitar la exploración a determinados aspectos y hay en la actividad
de El Nigromante campos -la economía, el derecho- qul sobrepasan mis
capacidades para estudiarlos. Me limitaré, pues, a considerarle como lingüista, como cultivador de la estética y como literato.
Partiré de unos cuantos datos biográficos en los que no me extiendo porque su vida es fácilmente accesible en diversas fuentes modernas, tales como
los Ensayos/ tomo 49 de la Biblioteca. del Estudiante Universitario, con prólogo de Manuel González Ramírez, o la reedición de sus Obras,3 de 1947,
1

Las citas de PRIETO están tomadas de Memorias de mis tiempos, México, Editorial
Patria, S. A., 1958.
• México, Imprenta Universitaria, 1943.
• México, Editora Nacional, S. A., 1947. Las ideas que aquí examino, fuera de las
reunidas en las Lecciones se hallan dispersas en las Obras. Utilizo principalmente:
Discurso sobre la poesía erótica de los griegos, I, p. 245.
La religión de los griegos, I, p. 26 7.

357

�que es reproducción fotocopiada de la primera edición 1889, que lleva un
extenso prólogo biográfico y crítico de Ignacio Manuel Altamirano.
Nació Ramírez en San Miguel, hoy de Allende, el 23 de junio de 1818.
Estudió las primeras letras en Querétaro, en donde su padre, don Lino Ramírez, fue vice-gobernador. Precisa Altamirano que don Lino y su esposa,
doña Sinforosa Calzada, "eran de raza mestiza y no indígenas puros, como
han dicho algunos de sus biógrafos", aludiendo probablemente a Hilarión
Frías y Soto, autor de la noticia que va al frente del tomito de El Parnaso
Mexicano dedicado a nuestro autor. En 1835 pasó a la capital en donde siguió sus estudios en diversos colegios, especialmente el de San Gregorio, en
cuya biblioteca leyó y asimiló prácticamente toda la ciencia de su tiempo.
Guillermo Prieto relata en sus sabrosas Memorias de mis tiempos que prefería los estudios de historia natural e intentó ser médico, y que se empeñó
en aprender pintura "en la que nunca hizo letra" pero de la cual adquirió
profundos conocimientos que complementó en el taller del pintor Santiago
Villanueva en donde se reunía una abigarrada peña de artistas: los músicos Salot y el Ne gro Beristáin; los escultores Rosetes; el padre Rosete, arpista, además de políticos y curiales como Pepe del Río, Zerecero e Hipólito Rodríguez, que era, con palabras de Prieto, "como la retostada en materia de libertad y herejía". Agrega que se entregó con ardor a estudios médicos y botánicos. Recuerda su amistad -iniciada en un cementerio, como
corresponde a un romántico ortodoxo- con el doctor Jecker, "padre de la
cirugía en México" de quien recibió conocimientos de medicina.
Ninguna de las fuentes consultadas por mí hablan de estos estudios de El
Nigromante, que explican cómo pudo escribir con autoridad un Ensayo sobre
las sensaciones/ publicado según Altamirano en 1848, pieza que no he logrado
ver. Explican, aaemás, la facilidad con que más tarde manejaría la fisiología
que dio base para los presupuestos de sus ideas lingüísticas y estéticas.
Ignoramos las razones que posteriormente le determinaron a seguir las carreras de jurisprudencia y la literaria, que coronó ésta con su ingreso en la
Espiritismo y materialismo, I, p. 277.
Dos lecciones inéditas de literatura, I, p. 299.
Discurso sobre J. Fernández de Lizardi, I, p. 291.
El San Agustín de la Biblioteca Nacional, I, p. 467.
Carta al señor J. J. Cuevas, I, p. 471.
Poesía erótica, I, p. 4 79.
Estudios sobre literatura, I, p. 485.
.
• Aunque R.AMÍREZ no la cita, sin duda que una de sus fuentes debe haber sido la
Exposición sumaria del sistema frenológico del Dr. Gall, por JosÉ RAMÓN PACHECO,
México, Ignacio Cumplido, 1835. Vid. Apuntaciones históricas sobre la filoso/la en
México, por EMETERIO VALVERDE TÉLLEZ, México, Herrero Hnos., 1896.

358

"Academia de Letrán" en la que entró con la aureola del escándalo que
suscitó el tema que escogió para su discurso de recepción y que todo el mundo
conoce: "No hay Dios, los seres de la naturaleza se sostienen por sí mismos";
y es de notar que entre quienes abogaron porque se le permitiera semejante
disertación, figuraron don Clemente de Jesús Munguía, después obispo-arzobispo de Michoacán y el padre Guevara.
Pronto ingresó Ramírez a la vida pública. En 1845, en unión de Payno,
Prieto y Vicente Segura, publicó el periódico Don Simplicio, satírico y de polémica, en donde por primera vez usó el pseudónimo con el que le conocemos. 5
Este fue el principio de la inmensa labor periodística de Ramírez que sólo
abandonó en vísperas de su muerte. Afiliado siempre al Partido Liberal, sufrió
todos los cambios de fortuna de su credo político y aún dentro de él hubo de
luchar colocado, como diríamos hoy, en la extrema izquierda. Ocupó destacados puestos administrativos en México, Toluca y Sinaloa. Peregrinó por
todo el país y sufrió destierros en California y Yucatán. Fue ministro de la
Suprema Corte, constituyente del 57, reformador de la educación y activo
miembro de sociedades científicas y literarias. Murió en la pobreza, en la
capital, el 15 de junio de 1879.
"Las obras de Ramírez, dice Altamirano, que apenas cabrían en veinte
volúmenes, tratan de muchas materias", pero no se han recopilado completamente hasta hoy. Las Obras citadas previamente reúnen algo de su producción y se editaron en dos tomos que llevan pie de imprenta de la Oficina
Tipográfica de la Secretaría de Fomento en 1889; con anterioridad se editaron sus Lecciones de Literatura, México, Imprenta de Francisco Díaz de
León, 1884, cuya "Advertencia" reza: "El deseo y la esperanza de dar a
luz en una edición esmerada los escritos de Ignacio Ramírez, han sido causa
de que hasta ahora se haya retardado su publicación. Mientras tanto se allanan los obstáculos que han impedido realizar este propósito, presentamos a
la benevolencia del público, en edición separada, las Lecciones inéditas de
literatura".
El primer tomo de las Obras contiene: Poesías inéditas, Discursos y Artícu• No he podido precisar el origen del pseudónimo. PRIETO, op. cit., sólo dice que
en este periódico lo usó por primera vez. En el número 1 de esa publicación, se enumeran los principales redactores: Zancadilla y Don Simplicio, GUILLERMO PRIETO;
Cantárida, VICENTE SEOURA, y
.. .un obscuro Nigromante
que hará, por artes del diablo,
que coman en un establo
Sancho, Rucio y Rocinante
con el Caballero Andante.

359

�los históricos y literarios. El segundo contiene: Economía Política, Cuestiones
Políticas y Sociales y los Diálogos de El Mensajero. Antes, dentro de la publicación El Parnaso Mexicano dirigido por Vicente Riva Palacio, se le dedicó
el tomito correspondiente al lo. de diciembre de 1885.
Queda mucho por recopilar, por ejemplo, sus artículos y poesías satíricas
aparecidos en diversos periódicos de los que fundó o en los que colaboró, como
Don Simplicio, Themis y Deucalión, El Correo de México, La Chinaca . ..
Labor difícil, pues a menudo escribió con pseudónimos no identificados o en
colaboración con Prieto u otros escritores. Como ocurre con estos admirables
hombres de acción, no tuvieron oportunidad de exponer sistemáticamente sus
ideas y si alguna vez hemos de organizar la obra escrita de El Nigromante,
será indispensable recurrir a estas publicaciones y discriminar sus colaboraciones.
En 1949 el Estado de Coahuila convocó a unos Juegos Florales para celebrar el centenario del nacimiento de Manuel Acuña. Participé en ellos con
un trabajo sobre Acuña y su tiempo,6 de donde data mi conocimiento e interés por nuestro escritor. Al tratar de precisar las fuentes del ideario y las
razones remotas del suicidio del poeta coahuilense, descubrí América al afirmar que Acuña había sido tan fiel discípulo de Ramírez que al suicidarse no
hizo sino poner en práctica la doctrina pesimista de El Nigromante. Y no caí
en la cuenta de que la relación de maestro a discípulo entre ambos ya la
había puesto de relieve Carlos Amézaga cuyo libro Poetas de México, publicado en Buenos Aires en 1896, manejé con la ligereza del novato. Sin embargo, conquisté desde entonces el conocimiento de las Lecciones de Literatura,
cuya lectura detenida me permitió más tarde hacer algunas precisiones.
Así fue como al comentar el libro Manuel Gutiérrez Nájera. Estudio y escritos inéditos 1 de mi distinguido amigo Boyd C. Carter, publicado en 1956,
pude responder a la cuestión allí planteada sobre si los artículos "El Arte y
el Materialismo" de El Duque Job, descubiertos por el profesor norteamericano, podrían considerarse como el primer tratado de estética escrito en
México. Contesté que no y en la "Introducción" al primer tomo de las Obras
de Gutiérrez Nájera precisé y documenté mi afirm.ación, señalando que el
primer tratadista mexicano de estética lo fue el jesuita José Márquez, cuyo
opúsculo Sul bello in generale, se publicó en Roma en 1804.
No puedo precisar la fecha de la redacción de las Lecciones de Literatura,
pues su publicación fue póstuma. Sin embargo, en el primer tomo de las
• Publicado en Trivium, Monterrey, N. L., septiembre de 1949, núm. 11.
7
México, Studium, 1956. Mis comentarios se publicaron con el título de "Escritos
inéditos de Gutiérrez Nájera", en México en la Cultura, México, 12, 19 y 26 de
mayo de 1957. Véase también mi "Introducción" al tomo I de las Obras de Gutiérrez
Nájera, México, UNAM, 1959, Vol. 4 de la "Nueva Biblioteca Mexicana".

360

Obras hay unos "Estudios sobre Literatura" que llevan el subtítulo de "Introducción", que probablemente fueron parte del primer esbozo de las Lecciones.. . Están fechados estos estudios en 1869. Alü mismo está publicada una
"Carta" al licenciado José de Jesús Cuevas, sobre estética y un tema concreto
de crítica de arte, fechada el 28 de noviembre de 1874, en donde afirma:
"En mi aflicción, a pesar de mis años, he emprendido un curso de estética..."
cuyo texto no conocemos, pero cuya orientación podemos deducir de los escritos
que nos quedan; hay que agregar que por aquellos años las materias afines se
estudiaban en diversos centros, jerarquizadas por Gabino Barreda del siguiente
modo: en la Escuela Nacional Preparatoria y con ligeras variantes según la
carrera futura, se exigían lógica, ideología, gramática general, literatura, español, francés, inglés, latín y raíces griegas; en ocasiones, el alemán. En la Escuela de Bellas Artes, historia de las bellas artes. En la de artes y oficios de
Tecpan, gramática castellana y arte métrico. En la rama de música del Conservatorio de Música y Declamación, estética.
Las Lecciones no son del todo ni exclusivamente un tratado sistemático
de estética, pero sí se tocan en ellas los puntos capitales de esa disciplina y
hay en un capítulo dedicado específicamente a "La belleza literaria" en donde
define: "La sensación agradable que se llama belleza, es una impresión directa del objeto sobre los sentidos correspondientes, siempre que el placer proviene de una causa externa. . . la belleza, sean cuales fueran sus caracteres
sensuales o ideales, no se levanta viva, no se mueve poderosa, sino cuando
respira odio o amor, sino cuando palpita y clama oprimida por las pasiones.
Sin duda por eso se inventó la palabra estética, sentimiento". No sigue, sin
embargo, la dirección de Baumgarten ya que si éste hace de la estética "la
ciencia del conocimiento sensible", no tiene la limitación materialista de nuestro escritor, que entronca con sensismo materialista. Ramírez mismo se daba
cuenta de la estrechez del círculo en que se encerraba y curándose en salud
aclara: "Ya se habrá comprendido que aunque hago uso de muchas palabras
que forman parte del tecnicismo de la metafísica y de la lógica vulgar, de
ninguna manera las acepto con las numerosas y vagas significaciones con que
las veo correr por el mundo literario; por lo mismo. . . definiré a mi modo
algunos de estos términos fundamentales ... Sensación. Es la continuación del
movimiento de un cuerpo extraño en los nervios de un cuerpo organizado...
Imaginación. Es la reacción del movimiento sensorio en los nervios de los
sentidos... Percepción. La reproducción en un segundo o en un tercer centro nervioso de una transformación de movimiento verificada en los centros
segundo o primero.. . Entendimiento. Todas las operaciones sensorias o musculares en que intervienen los signos fonéticos ... Inteligencia. El conjunto or-

361

�ganizado de los nervios y de sus centros, cuando en sus ramificaciones se agitan los aparatos sensitivos y los musculares".

Con rigurosa lógica y excluido de su sistema todo elemento ideal o espiritual, discute las opiniones de Platón, Aristóteles y San Agustín y dice: "Desde
Platón hasta nuestros días, los estéticos maniáticos han procedido a la elaboración de su sistema buscando un tipo de belleza; debiendo ser este tipo
perfecto y universal lo han designado en Dios; han explicado la belleza de
Dios por sus atributos; en los atributos divinos se han mencionado principalmente la sabiduría, el poder, la grandeza, el orden, la verdad, la bondad, la
armonía, etcétera, en el mundo en lo general; en lo particular en el hombre,
han considerado los atributos divinos como causa de lo bello sensible; y de
todo esto ha resultado que la belleza, en todas sus manifestaciones, sea inteligencia, poder, grandeza, verdad, bondad, orden y armonía" y a renglón seguido hace la crítica de estas ideas. Acierta al discriminar entre lo bello y lo
bueno y al aplicar esta distinción sentencia: "Debemos convenir... en que
aunque lo bello y lo útil no sean una misma cosa, no deben caminar separados
en las obras literarias, so pena de que el autor empalague por dulce o por
pedante fastidie. La materia de la obra literaria está en el asunto: ¡ ay de
los que no trabajen en metales preciosos o en piedras tan durables como el
granito!" Señalemos aquí el acento parnasiano de este credo estético, formulado expresamente entre nosotros casi simultáneamente con los manifiestos parnasianos de Francia que, posiblemente, ignoró Ramírez, pues rara vez cita
a los autores franceses contemporáneos. "El arte" de Teófilo Gautier, en
donde se habla de mármoles y esmaltes, apareció por primera vez en la revista
L'Artiste, en septiembre de 1857, y fue recogido en la tercera edición de
Emaux et camées, de 1858.

Al objeto de la estética y la lingüística, Ramírez se acerca armado de los
instrumentos de conocimiento que la ciencia de su tiempo proclamaba idóneos:
"El método de nuestros trabajos, explica, se arregla a la naturaleza de las
cosas y a los procedimientos favoritos de la ciencia moderna: analizar, clasificar, experimentar", ideas que no difieren mucho de las que codificó Claudio
Bernard para la ciencia experimental.
Cerraremos esta rápida exposición de las doctrinas estéticas de El Nigromante, transcribiendo esta rigurosa concatenación de procesos psicofisiológicos
de la génesis del sentimiento estético: "Encadenando de un modo sencillo los
resultados de la observación, tenemos: lo. La acción de los objetos sobre
los sentidos. 2o. La acción de los objetos no es agradable o desagradable fuera
de los sentidos, sino mientras obra sobre ellos. 3o. El placer y el dolor no
solamente acompañan a la acción directa, sino a su reflexión o recuerdo y,
además a los movimientos musculares que las impresiones directas y reflejas

provocan. 4o. El placer y el dolor presentan caracteres especiales según los
centros nerviosos donde se realizan. 5o. La costumbre convierte el placer en
dolor y el dolor en placer. 60. Lo que llamamos belleza natural y artística no
son sino combinaciones agradables de los placeres y aún de los dolores explicados, y 7o. Lo hermoso se aplica a la grandeza y regularidad de las formas;
lo gracioso a la belleza pequeña, accidental y fugitiva; lo sublime a lo sorprendente por su fuerza o por su tamaño; lo gustoso a las impresiones superficiales; y a todo lo que de cualquier modo halaga nuestra piel, nuestras pasiones, nuestra inteligencia, nuestra memoria, nuestra voluntad, es lo bello".
Finalmente Ramírez se muestra adicto a la teoría de la mímesis: "Debemos
comenzar por persuadimos de que la literatura existe como un hecho independiente de todo convenio entre los hombres, como existen las flores en el
campo, las conchas en el mar, los astros en el cielo: si el astrónomo, si el
botánico, si el naturalista no ha inventado su mundo, el literato que presuma
de ser un genio creador se expondrá a extraviarse para siempre en el caos.
El orador, el poeta, cantan e imitan maquinalmente como las aves..." y
agrega en otro lugar: "Cuando una obra alcanza la aprobación general se
llama modelo: las imitaciones se estiman por su aproximación al modelo.
De aquí resultan dos clases de autores, los originales y sus discípulos. También
la naturaleza nos suministra modelos de hermosura; sorprenderlos y reproducirlos es la verdadera gloria de los artistas de genio", lo que nos descubrela fuente del ideario que parece ser el principio a que Batteux redujo las
Bellas Artes, las mímesis, esto es, la imitación de la bella naturaleza.
Mucho más importantes y menos conocidas, son las doctrinas lingüísticas
de nuestro personaje. En efecto, la lingüística, tal como hoy la concebimos,
tuvo pocos cultivadores en nuestro siglo XIX. Entonces se hablaba más bien
de filología y en este sentido se calificaron los estudios de Pimentel y otros
autores sobre las lenguas indígenas de México. Por justicia hay que citar, al
lado de nuestro Nigromante, al sabio y combativo obispo-arzobispo de Michoacán don Clemente de Jesús Munguía, quien ya en 1837 había dispuesto
una Gramática general basada en las ideas de Condillac y en 1845 publicó
unas Lecciones prácticas de idioma castellano, precedidas de una "Disertación" sobre la enseñanza de esta lengua, obras que apenas han sido exploradas y tenidas en cuenta para la historia de la lingüística y la poética mexicana del XIX.
La lingüística de Ramírez, contenida también en sus Lecciones, se abre
con su teoría sobre la elaboración del lenguaje humano. Debe tenerse presente que en 1869 Ramírez había sostenido que "La palabra literatura abraza
todos los conocimientos humanos, como que todos pueden expresarse por medio de las letras.. .'' pero la define, limitándola, como "un conjunto de obser-

362
363

�vaciones sobre el mecanismo del lenguaje". No se encuentra una definición
explícita de lenguaje pero podemos deducir que sobre él sustenta una idea
muy general como sistema de comunicación. Inicia sus exposiciones con una
explicación doctrinaria, siempre fundada en los principios de observación y
experimentación, sobre el lenguaje de acción que hoy incluiríamos, como lo
hace Bühler, dentro de la teoría de la expresión.
Los elementos del lenguaje de acción serían de dos clases: los involuntarios y los imitatorios. Ahora, para que merezcan el nombre de lenguaje, deben
combinarse. "Todo lenguaje se compone de signos: todo signo es una cosa
que representa a otra. Signo es un toque, una impresión; sin el carácter de
signo, de llamamiento, es una sensación como otra cualquiera". Todos los
signos, según Ramírez, son naturales, pero el hombre escoge algunos que son
fáciles de combinar y en esta elección, dice, "consiste precisamente la arbitrariedad de ciertos signos y lo artificial de ciertos sistemas lingüísticos. . . El
signo artificial, continúa, además de ser escogido entre los naturales, se caracteriza por la necesidad convencional con que debe representar constantemente una sola sensación más o menos bien definida : cuando obra de este
modo, decimos que le usamos en sentido propio".
No podemos pasar adelante sin hacer algunas observaciones.
Considero de suma importancia, primero, que Ramírez haya manejado la
idea de signo; debo recalcar que le asigna el carácter de llamamiento y para
estimar con justicia lo avanzado de estas ideas, bastará con recordar que en
nuestros días Bühler resume la pluralidad de funciones del lenguaje en la
tríada: llamada, expresión y representación.
En segundo lugar Ramírez no hace, ni podía hacerlo, el análisis del signo,
entre otras razones por la orientación materialista de su doctrina filosófica.
Saussure,8 el fundador de la lingüística moderna, define el signo como la
combinación del concepto y la imagen acústica y para evitar confusiones los
llama respectivamente significado y significante; explica que llamamos signo
a la palabra porque conlleva un concepto. Luego considera que hay un lazo
entre el significado y el significante, vínculo que es arbitrario, que depende
de la libre elección del hablante; arbitrario, puntualiza, con respecto del significado y, en fin, por lo general identificamos los conceptos de palabra y
de signo. Esta es, entre paréntesis, la idea de Ramírez.
Aquí tenemos la oportunidad de apuntar los grados de la evolución de las
ideas lingüísticas. Ramírez, en efecto, por razón de su credo materialista, aunque construye un sistema de perfecta lógica interna, no puede ir más allá;
Saussure, positivista, sí puede ahondar en el análisis, como hemos visto. Y
• Vid. Curso de lingülstica general, Editorial Lozada, S. A., 1945.

364

Dámaso Alonso,9 merced a su posición espiritualista, afinará las ideas y demostrará que el vínculo entre significado y significante, entre palabra y cosa
representada, es motivado; que significado y significante contienen, a su vez,
significados y significantes parciales, por cuya razón, para él, significante es
o puede ser lo mismo el sonido físico que su imagen acústica. Para Saussure,
agrega, significante es un simple portador de conceptos, pero en realidad el
significante trasmite conceptos, trasmite complejos funcionales y en ocasiones
puede no conllevar concepto como en el caso de las interjecciones, cuando
son mera señal. Lo demuestra con un estudio del verso de Góngora "infame
turba de nocturnas aves" en donde las sílabas tur funcionan como significantes
parciales que evocan sensaciones visuales. Lo mismo podríamos señalar en el
verso de López Velarde:
¡ Ara mansa, ala diáfana, alma blanda,
fragancia casta y ácida!

en que la reiteración de la a suscita el clima luminoso.
Tampoco acertó Ramírez en cuanto a la arbitrariedad del signo. Las onomatopeyas son ejemplos de esas ligas necesarias y motivadas entre la expresión fonética y la cosa significada o simplemente evocada y toda la poesía,
sobre todo la moderna, es ejemplo de la motivación del vínculo entre significado y significante.
Hay más. Hemos visto la relación que existe entre los significantes parciales y el significado. Ramírez sustenta ideas afines. "La frecuencia en el
análisis de algunos idiomas, comenzando por el nuestro, dice, nos descubre
que no hay una sílaba en las palabras que no contenga una significación propia y absoluta ... Las palabras de más de una sílaba no son sino frases".
"¿Siendo así, se pregunta, en qué se diferencian una oraci6n y una de sus
partes? La oración gramatical completa una idea ... la palabra compuesta
no completa sino sensaciones determinadas, considerándolas con especiales y
limitadas relaciones". Procede, para demostrar sus ideas, al análisis de algunos grupos de voces como cuerpo, corporal, corporación, corpóreo, corpulencia, corpúsculo y separa el elemento corp o cuerp de las últimas sílabas: o,
oral, oraci6n, 6reo, ulencia, úsculo. No es preciso señalar lo avanzado de
estas ideas y análisis; aunque hoy hayamos enriquecido nuestros conocimientos, de inmediato nos damos cuenta del parentesco de las teorías del mexicano
con las modernas. Hoy en efecto, a las sílabas que Ramírez destaca como
conllevando la significación, llamamos semantemas, esto es, "los elementos formales de la frase y de las palabras que representan seres o con• Vid. Poesía Española. Ensayo de m~todos y limites estillsticos, Madrid, Credos, 1950.

365

�ceptos y, las sílabas finales son los morfemas, "elementos de la frase y de
la palabra que representan una mera relación", aunque hoy sabemos también que los morfemas no son necesariamente elementos finales, sino que
pueden ir antepuestos.10

•

También hay en El Nigromante ideas muy avanzadas en cuanto a la gramática en general, pues afirma que "Todas las palabras son nombres". Lo
que nos recuerda la clasificación de raíz lingüística que Lenz 11 preconiza
para las partes de la oración, limitada a cuatro grupos: conceptuales, pronominales, de relación y determinación, y las que refuerzan conceptos o proposiciones. Lo importante aquí estriba en el esfuerzo por superar la fundación
estrictamente morfológica de la gramática y darle lo que hoy llamaríamos la
orientación lingüística; "las palabras, afirma, con su sola posición, producen
las partes de la oración y las oraciones mismas: su valor, su movimiento, su
vida, consisten únicamente en este requisito: llamar la atención sobre una
idea determinada, representar la situación y los contornos de las impresiones
sensorias, por fugitivas que sean". Toda la doctrina de Ramírez sobre las
partes de la oración, resulta sorprendentemente moderna y su sapiencia sobre idiomas antiguos: griego, latín, sánscrito y nahua, le sirve de apoyo para
ilustrar sus exposiciones en las que además, como era propio de su época,
se esfuerza en llegar a una gramática general, inspiración que desciende del
grupo de Port-Royal.
Igualmente avanzadas son algunas de sus ideas sobre teoría literaria. Por
ejemplo asegura que "No son los tropos un adorno, sino una necesidad involuntaria ... Y no sólo en el lenguaje común no nos expresamos sino por
medio de tropos; esta costumbre es de tal modo imperiosa, que nos domina
en el lenguaje científico, a pesar de que la educación de las escuelas tiende
a borrar el colorido de la palabra con el proyecto de una propiedad o exactitud que no siempre alcanzamos". "No hay palabras, complementa su idea
en otro lugar, que no pase por la metáfora, por la metonimia y por la sinécdoque", lo que nos lleva a evocar la identificación de estética y de lingüística
general que formuló Benedeto Croce 12 y que apoya en que el objeto de
ambas disciplinas es la expresión.
Su idea sobre los géneros literarios es singular. "La verdadera poesía lírica
es un ditirambo, una embriaguez, una locura" dice casi con palabras de
Platón. Y continúa: " ... cuando dos o más [personajes] aparecen encadena11

Vid. Lingülstica general y española, por V1CENTE GARCÍA DE D1Eoo, Madrid,
Consejo Superior de Investigaciones Científicas, 1951.
11
La oración y sus partes, Madrid, Revista de Filología Española, 1935.
" Estética, MADRID, FRANc1sco BELTRÁN, 1926, 2a. edición española con prólogo
de Miguel de Unamuno.

dos por una misma acción, entonces hay un drama ... El drama no representado, sino referido a una historia y adornado de su lenguaje, se llama
poema".
Sobre la naturaleza y el mecanismo de la metáfora algo hemos visto ya:
" ... así como la impresión directa del signo causa también otra impresión
diversa en el mismo o en el otro sentido, sucede a veces que esta segunda impresión causa por su parte una tercera, y para las dos últimas nos servimos
del mismo signo. Dos fases representan este fenómeno: una directa y una
mversa.
"Directa: veo a una joven, me parece rosa, y la llamo rosa. Inversa: la
joven oye la voz rosa, 1ecuerda la rosa y se complace en parecer rosa. Ella
y yo entonces entendemos por rosa una mujer y una flor. Cuando nos servimos así de un signo, lo usamos en sentido trópico: sería más claro, en
sentido secundario".
Todo está encadenado, como diría El Nigromante. Por esta razón resuelve
tajantemente que sí hay una ciencia literaria, pues "el lenguaje no es más
que una manifestación fisiológica de la organización humana; y porque en
el mismo lenguaje se distinguen fácilmente los elementos individuales y las
funciones sociales y las diversas clases de signos obedecen a leyes constantes
que, una vez encontradas, no será difícil distribuirlas en luminosas teorías".
Aunque en mi concepto esta concepción es errónea, no puedo dejar de reconocer y resaltar la voluntad y el esfuerzo de Ramírez por fundamentar y
estructurar una ciencia literaria. La preocupación es también en este punto
muy moderna y su resultado se llama estilística. "Lo único -se pregunta
Dámaso Alonso- ¿podrá ser objeto de conocimiento científico? Un hecho artístico, un poema -ser individual, no repetido, no repetible- ¿ podrá ser
objeto de conocimiento científico, o sólo de conocimiento intuitivo? Es evidente que toda noción de 'ley' en el sentido físico-natural es aquí inaplicable.
Es evidente que el 'conocimiento' de un fenómeno artístico implicaría la comprensión de la razón de su unicidad, o sea, de su 'peculiaridad', o lo que es
lo mismo, su 'ley interna'. Es decir, terlemos que considerar el fenómeno literario. . . como un cosmos, como un universo cerrado en sí, e investigar su
ley particular -su sistema de leyes-, Jo que le constituye y le constituye único".
Esta es la única posibilidad de construir una ciencia literaria, con Jo que se
ve la comunidad en el arranque de los esfuerzos de nuestro teórico decimonónico y las tendencias modernas.
Debo dejar a un lado otros aspectos de la obra teórica de Ramírez para
señalar brevemente sus opiniones en la crítica. Sobre nuestra propia literatura se muestra escéptico. Al referirse a un discurso de José de Jesús Cuevas
en honor de Sor Juana, decide nuestra pobreza en la literatura. "Si rebajo

366
367

�hasta el mérito vulgar de nuestras supuestas glorias nacionales, afirma, es
porque ha llegado el tiempo de decir la verdad a nuestros jóvenes escritores
y artistas: nuestros tesoros son pobreza... A igual altura se encuentran Netzahualcóyotl y el Arca de Noé, nuestros casimires y Sor Juana y Carpio y
el San Agustín de muchas piezas" ( se refiere al bajorrelieve de la Biblioteca
Nacional). "Mucho me temo -había dicho antes- que al recomponer la
osamenta [de nuestra literatura india] en vez de un poeta indígena aparezca
un fraile español o cualquier otro mastodonte; respetaré en Netzahualcóyotl
todo lo que tiene de fabuloso. ¿ Hay algo en sus endechas que sea superior al
p~nsamiento y al arte que dominaban en la poesía arábigo-española? Dos o
tres poesías líricas no forman una literatura nacional; y si el pueblo azteca
tuvo su Parnaso, sería una temeridad medir su extensión y altura por los
fragmentos de un solo peñasco". Y en su discurso sobre la poesía erótica de
los griegos dice: "Lo que principalmente me atormenta en nuestros jóvenes
poetas es que no los entiendo; ¿culpa será de mis años? Creo que no, puesto
que entiendo los modelos eróticos... Deseo, concluye, que la numerosa juventud entregada al amor y a las musas, se prepare con cantos viriles a ser
digna de la mujer y de la gloria; mal hará en sospechar rivalidad en mis
observaciones, pues las he consultado con Fidel y los dos hemos convenido
en que de todos los jóvenes de nuestra época, sólo Segura canta a todas las
mexicanas" .13

"Al amor", que tiene carácter circunstancial. Gutiérrez Nájera 15 hizo un
acertado juicio de la obra de Ramírez como poeta y maestro de literatura,
señalando en él la contradicción entre las teorías y las expresiones poéticas,
frecuente, por otra parte, en nuestros poetas del XIX: "Cuando hacía versos
confesaba que incurría en una debilidad y se burlaba de sí mismo. En clase
sabía demostrar con los más convenientes sofismas que tal o cual poesía pésima contenía deslumbradoras bellezas o que sus defectos eran los mismos en
que incurrieron los más famosos poetas indios, árabes y persas. . . Se burlaba
en la cátedra con mucha gracia de la hinchada frase de Víctor Hugo, del
lacrimoso sentimentalismo de Lamartine, del falso naturalismo de Chateaubriand; así como se burlaba, con más gracia quizá, de los supuestos clásicos
que hacen consistir toda belleza en la hechura laboriosa de una frase a la
griega, pretendiendo hacer vibrar y conmover con ella oí_dos, inteligencia y
corazones que no son griegos... El mismo Ramírez como poeta, incurría en
los defectos que señalaba como crítico..."
Hay, sin embargo, en ciertas poesías de El Nigromante una nota que le
distingue de los poetas "sentimentales" contemporáneos y es lo que hoy llamamos "el dolor cósmico" tan hermosamente expresado en la elegía citada
y es de lo poco que todo el mundo recuerda de él:
Madre Naturaleza, ,-a no hay flores
por do mi paso vacilante avanza:
nací sin esperanza ni temores;
vuelvo a ti sin temores ni esperanza.

De tan estricto teórico y crítico, podría esperarse una poesía singularmente

prosaica, pero no siempre ocurre así. Ya le hemos visto combatir contra todo
elemento ideal; también se declara un escritor comprometido, como decimos
hoy. En 1846, en uno de sus artículos aparecidos en Don Simplicio hace esta
rotunda declaración: "Hoy no se puede cultivar la poesía por amor a la
poesía, pues la gloria del poeta no pasa de una academia, y hay cien academias en cada pueblo, que se desprecian mutuamente. Hoy el laurel debe
servir de pasaporte para otra carrera para" ser algo, pero no parte en la sociedad, aunque sea alcalde. . . Según esto ¿cuál es la misión de la poesía en
el siglo que vivimos? La de instrumento".u
La obra poética de El Nigromante es poco conocida y menos estudiada.
En las Obras se recopiló una parte mínima de sus poesías satíricas y, en
cuanto al resto, nuestras antologías sólo recogen unos fragmentos de la robusta elegía en clásicos tercetos "Por los gregorianos muertos" y el soneto

El episodio de la pasión senil de El Nigromante por Rosario, Rosario la
de Acuña, dio origen a sátiras y burlas a su costa. Revolvióse Ramírez contra
sus injustos burladores, pues en el caso mantuvo la dignidad personal que
manüestó haciendo chistes de sí mismo, como en el soneto "Mi retrato" que
figura en el Album que él mismo abrió con un dístico rotundo:
Ara es este Album: esparcid, cantores,
a los pies de la diosa, incienso y flores.

Contra sus enemigos escribe un soneto magistral que encierra el dolor profundo de su herida amorosa:
{ Por qué, Amor, cuando expiro desarmado
de mí te burlas? Llévate a esa hermosa
doncella tan ardiente y tan graciosa
que por mi osettro asilo has asomado.

" "Poesía erótica", Obras, t. l. Cita varios textos de poetas mexicanos, de los cuales sólo he podido identificar uno que pertenece a "Un beso nada más", de Pasionarias, de Manuel M. Flores. En cuanto al Segura que cita, me inclino a creer que se
trata de José Sebastián Segura.
" Don Simplicio, número 16.
1
'

Ignacio Rarnírcz, maestro de literatura, op. cit.

368
369
H24

�En tiempo más feliz, yo supe, osado,
extender mi palabra artificiosa
como una red, y en ella, temblorosa,
más de una de tus aves he cazado.
Hoy de mí, mis rivales hacen juego,
cobardes atacándome en gavilla;
y libre yo, mi presa al aire entrego.
Al inerme león, el asno humilla;
vuélveme, Amor, mi juventud, y luego
tú mismo a mis rivales acaudilla.

Las poesías de Ramírez fueron recogidas, como he dicho, en el primer
tomo de sus Obras y antes, como también señalé, en 1885 se le dedicó uno
de los Parnasos de la colección dirigida por Riva Palacio. Es casi seguro que
queden por recopilar muchos poemas, pero no he tenido tiempo sino para
recorrer rápidamente las páginas de Don Simplicio y La Chinaca.
Buena parte de las composiciones inéditas publicadas en las Obras se ajustan a la idea de Ramírez, según la cual la poesía debe ser instrumento; de
ellas he hablado algo en mi trabajo sobre Acuña.
Dejando a un lado esa poesía "comprometida", lo mejor se encuentra en
la poesía trascendental y la amorosa.
Andrés Henestrosa ha planteado la cuestión de si un soneto reproducido
en la publicación literaria El Iris, de San Juan Bautista de Tabasco, correspondiente al 10 de noviembre de 1895, es o no de la pluma de El Nigromante;
se trata de un soneto religioso "A la excelsa Virgen de Guadalupe", cuyo texto
es el siguiente:
Conteniendo el incendio y la matanza
que a los aztecas míseros devora,
te apareciste, Celestial Señora,
como un iris de paz y de esperanza;
y cuando Hidalgo a combatir se lanza,
te ha contemplado el pueblo que te adora
brillando en su bandera vencedora,
y bajo tu sonrisa el triunfo alcanza.
Hoy en la Patria se oscurece el día
y sus hogares el furor enciende. ..
¡Hoy por tercera vez sé nuestro faro!

370

¡ Hoy la demencia, sanguinaria, impía,
en tus altares mismos nos ofende ... !
¡Hoy por tercera vez sé nuestro amparo!

En las páginas de Don Simplicio encuentro este otro soneto a Nuestra Señora de Guadalupe, que tiene el mismo espíritu del primeramente citado:
Flor del Tepeyac, Virgen María,
bien de las almas, iris de ternura,
en sus revueltos mares de amargura
faro celeste de la patria mía.
Haz que la libre Dios de la anarquía,
destierra de su seno la locura
y que en su oriente mire con ventura
del patriotismo y de la unión el día.
Madre del indio, palma americana,
que México pronuncie sus conjuros
en contra de la turba rejoniana
y de los monarquistas hoy obscuros;
libra del yankee a la nación indiana
y a tu hijo Simplicio de los puros.

Sin tener tiempo para fundar mi idea, este último soneto lo atribuyo a
Vicente Segura.
No he tenido tampoco oportunidad de estudiar detenidamente las razones
que Henestrosa alega para atribuir el primer soneto a Ignacio Ramírez; me
explica que está firmado "l. Ramírez", pero debo hacer constar que Alfonso
Taracena discrepa y cree que pertenece a un poeta tabasqueño de nombre
José Ramírez, y que la firma l. Ramírez debe leerse J. Ramírez.
Lo poco estudiada que está nuestra literatura del Siglo XIX, explica cómo
es posible que a Ignacio Ramírez se le clasifique unas veces entre los neoclásicos y otra entre los románticos 16 y poco nos ayudaría para zanjar la
cuestión decir que neoclásico por la forma y romántico por el contenido.
,. Véanse Poesía romántica, prólogo de José Luis Martínez y selección de Alí Chumacero, México, Imprenta· Universitaria, 1941 (BEU, No. 30) y Poesía Neoclásica,
México, Imprenta Universitaria, 1946. Selección e introducción de Octaviano Valdés (BEU, No. 69).

371

�Señalo el problema para que un mejor preparado que yo lo resuelva, y urge,
pues simultáneamente con la solución o, mejor dicho, como antecedente para
resolverlo, tendrá que hacerse un estudio a fondo de nuestro romanticismo
que tiene -arriesgaré una opinión- una fisonomía especial entre los americanos.
Confío, eso sí, en que el planteamiento de la cuestión suscite el interés
de nuestros jóvenes investigadores a quienes está llamando con urgencia la
penuria de nuestras investigaciones literarias que, veo con alarma, están remediando, y muy bien, los investigadores extranjeros.

Sección Tercera

HISTORIA

372

�</text>
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                <text>Universidad Autónoma de Nuevo León</text>
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                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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        <name>Alfonso Reyes</name>
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                    <text>Sección Quinta

~
NOTICIAS Y RESENAS
BIBLIOGRAFICAS

�UNESCO

SEMINARIO REGIONAL SOBRE EL DESARROLLO DE LAS
BIBLIOTECAS UNIVERSITARIAS DE AMERICA LATINA
Mendoza, Argentina, 24 de septiembre -

5 de octubre de 1962.

EN LOS DÍAS DEL 24 DE SEPTIEMBRE al 5 de octubre últimos, tuvo lugar en la ciudad
de Mendoza, Argentina, el Seminario Regional sobre el desarrollo de las bibliotecas
universitarias en América Latina, auspiciado por la UNESCO y por el gobierno de
aquella república sudamericana.
Asistieron a este importante evento cultural, delegados de Argentina, Bolivia, Colombia, Costa Rica, Cuba, Chile, Ecuador, El Salvador, Guatemala, Haití, Honduras,
México, Nicaragua, Panamá, Paraguay, Perú, República Dominicana, Venezuela y
Uruguay, además de algunos expertos, observadores, miembros de organismos internacionales, visitantes, asesores, periodistas y autoridades del Seminario. Este fue dirigido
hábilmente por don Javier Lasso de la Vega, director de la Biblioteca Central de la
Universidad de Madrid, y por la subdirectora, Ma. Luisa Monteiro de Cunha, directora
de la Biblioteca Central de la Universidad de Sao Paulo, Brasil. Estuvieron presentes
asimismo el Sr. Carlos Víctor Penna, Jefe del Centro Regional de la UNESCO en el
Hemisferio Occidental, con sede en La Habana; y el Sr. Ram6n Juan Moruja, secretario permanente de la Comisi6n Nacional Argentina para la UNESCO. A este importante evento asisti6 como delegado de México el Sr. Israel Cavazos Garza, director
de la Biblioteca "Alfonso Reyes" y Jefe de la Secci6n de Historia del Centro de Estudios Humanísticos de la Universidad de Nuevo Le6n.
Las actividades se desarrollaron en el recinto de la Honorable Legislatura de la
Provincia de Mendoza, en un ambiente que hizo más propicio el apoyo moral de las
autoridades de dicha provincia y las de la Universidad Nacional de Cuyo.
De la discusi6n y comentario de los puntos señalados en la agenda de trabajo,
surgieron numerosas recomendaciones, entre las cuales se destacan las siguientes:

Tendencias de la educación superior

El Seminario, en su etapa inicial, estudi6 las nuevas tendencias y objetivos de la
enseñanza superior, con previsi6n para los pr6ximos 1O años. En este sentido, se manifest6 de acuerdo en la preferencia que debe darse a la funci6n de enseñanza tra-

701

�dicional reconociendo la existencia de nuevas ocupaciones que deben adquirir dignidad
universi;aria. Para ello, concluyó que el instrumento más eficaz para la realización de
estos fines, es la biblioteca; y recalcó asimismo el importante papel del bibliotecario
en la formación de los universitarios latinoamericanos.

Funciones de la biblioteca
Por cuanto a las funciones de la biblioteca universitaria, considerando el probable
desarrollo de la educación superior, destacó el Seminario el proceso de transformación;
su labor en la enseñanza e investigación, que la constituyen en complementaria de la
misión de la universidad.
Recalcó la necesidad de que la biblioteca esté constituída por un fondo bibliográfico
representativo de las ciencias, las letras y las bellas artes; y de desarro~lar sus servic!os
en forma de docencia, a fin de facilitar la investigación y la formación y perfecc10•
namiento de los profesionales.

Recursos y necesidades
Al analizar el estado actual de las bibliotecas universitarias latinoamericanas, se
observa la insuficiencia de vinculación de los servicios bibliotecarios con el programa
de la universidad, y la falta de representación de la biblioteca en la comisión de
presupuestos. Ello ha originado la provisión de recursos insuficientes, Y la deficiente
utilización de éstos, por fallas de organización.
Del estudio de la encuesta realizada recientemente por la UNESCO en 90 bibliotecas universitarias, se desprenden asimismo serias deficiencias, tales como: baja pro•
porción del presupuesto total de cada institución, destinado a la biblioteca; esca~
de personal técnico; sueldos reducidos; cifras bajas en circulación y préstamos; movimiento mínimo de información documental; carencia de guías o boletines; inicios
vagos de mecanización, y falta absoluta de automatización.
A fin de superar tales deficiencias, el Seminario recomienda: que las universidades
destinen a los servicios bibliotecarios no menos del 5% de su presupuesto total; que
la dirección de la biblioteca integre la comisión de presupuesto; y que la biblioteca
sea informada oficialmente de los movimientos en los planes de estudios, y de la
creación de nuevos organismos de enseñanza e investigación.

Financiamiento
Por lo que se refiere a la remuneración del personal, se hizo hincapié en que el
sueldo del director no sea inferior al de los profesores titulares de tiempo completo,
y que, en proporción a éste, sea señalado el de los demás empleados.
Que para la ampliación de las adquisiciones con economía de recursos, el canje sea
centralizado.
Se señaló la posibilidad de mejorar la situación económica, recurriendo a institu•
cioncs nacionales. El Seminario pide a los organismos internacionales, que en sus programas de ayuda, figure el aporte económico, técnico, etc., para que las bibliotecas

702

actualicen sus fondos bibliográficos; construyan edificios adecuados; adquieran instalaciones y equipos necesarios; preparen su persona, etc. Los directores, a su vez, deben
conocer las fuentes exteriores de ayuda, y formularán programas, que deben figurar en
los programas generales de cada institución. Además se recomienda que las bibliotecas
estén representadas en las juntas nacionales de planeamiento de la educación• y que
para el mejor logro de todo lo anterior, las bibliotecas de cada país instituya~ asocia~
ciones, juntas, etc.

Estructura de las bibliotecas y fondos bibliográficos
Se observó el aislamiento de la biblioteca, dentro de cada universidad, por lo que
ésta carece generalmente de estructura orgánica y de un lugar preciso en el cuadro
de las actividades universitarias.
Hay prolificación de bibliotecas en la universidad y aun en cada facultad; falta unificación en las adquisiciones y de procedimientos técnicos; deficiencia en la distribución
de los fondos y falta de locales adecuados.
Se recomienda que haya una biblioteca central u organismo equivalente, que cuide
del planeamiento, administración y control de actividades; centralización de procesos
técnicos, mantenimiento y utilización de fondos bibliográficos y documentales, y de la
extensión universitaria. Que la biblioteca cuente con un reglamento que señale los
deberes y derechos de los bibliotecarios y la estructura interna. Que el director de
la biblio~e~ forme_ parte del organismo de gobierno de la universidad o facultad, y
que la biblioteca disponga de una comisión consultiva o asesora, bajo la coordinación
del director.
. Por cua~to .ª la deficiencia de textos básicos, obras complementarias o de investiga,c16n; suscripciones a publicaciones; colecciones incompletas; tesis universitarias• material de referencia, etc., se recomienda la elaboración de un programa de incren:ento •
la racionalización de los fondos para su mejor utilización; la selección bibliográfica'.
de acuerdo con los docentes e investigadores; y la incorporación de obras dependientes
exclusivamente del director.

Servicios técnicos y administrativos
. ~a mayoría de las bibliotecas universitarias carece de programa racional de adquismones; hay diversidad de códigos de catalogación y de sistemas de clasificación. El
servicio de circulación o de préstamo, no responde a las exigencias actuales. Ello origina innecesarias inversiones e inconveniente utilización de recursos.
Se recomienda: que en cada universidad la selección y adquisición obedezca a un
plan racional; que en la biblioteca exista un catálogo colectivo de libros y colecciones
periódicas existentes en la universidad; que se utilicen sistemas de clasificación de
reconocida validez internacional. Que el Servicio de préstamos se mantenga debidame~~e organizado y reglamentado; que se disponga de una sección de referencia, que
facilite las tareas de investigación; y que las universidades incluyan en sus programas
de estudios cursos sobre uso de la biblioteca, iniciación bibliográfica y documental y
pn•paración de trabajos de investigación.

703

�Formación del personal

áJ d. , miles formaciones: con experiencia, pero
Hay en las bibliotecas personal de las m . ISI • • d carrera con algunos conoci. .
,
·
ni
título•
umvers1tanos
e
•
sin formación b1bhoteco1ogica
'
"liar carente de formación téc. .
•
título etc El persona1 auiu ,
micntos; bibliotecarios con
.. •
:
.
concurso y es, generalmente, un
.
etc. El director es admitido sin se1ecc16 n o
'
mea,
improvisado.
de bibliotecología a la universidad,
. d 1 incorporación de 1as escue1as
d
Se recormen a: a
. to de licenciaturas o doctorado. Que se en
o la creación de éstas, y el otorg~IIlll.en "6
e se incremente la formación o perdos O de especia 1zac1 n, Y qu
.
cursos d e posgrad ua
,
d" de becas . y que se impartan cur.
d t o o fuera del pa1s por me i 0
'
d
feccionam1ento, en r
.
'
ue los profesores de estas escuelas sean e
sillos al personal. Se recomienda asimismo q
dedicación exclusiva.
d" t
t ngan formación bibliotecol6gica adeEs imprescindible, además, que 1os irec ~6res b~bl" tecol6.,;ca como complemento de
t
de documentaci n 1 10
o• ,
cuada; que se creen cen rO_s
,
. .
de la Escuela de Bibliotecología de
la enseñanza, viendo con Slmpatia la orgamzac16n
la América Central.

Edificios y equipos

.. .
ienda conocerse los fines que ha de cumPara el planeamiento de ed1f1c10s, se ~eco~
ro rama elaborado por expertos.
plir la biblioteca, estableciendo, a contmuac16n un p g ¡"al para el género de labor
.d
. u• el proyecto sea espec ,
.
En éste, deberá cons1 erarse . q ~
1
. t . ter1·or con preferencia al exterior;
.
ifq
,
.
1 e el p aneam1en o m
a que se destina;
que se ver · u · a meros efectos arqu1·tect6n"icos., que sean previstos
..
que no se sacnf1que 1a convemenc1a 6 .
d ·nistraci6n. Se recomienda el sistema
la ampliación, el desarrollo y la econ rmca a ~.
de entrada y salida. el acceso
f1 "b"lidad • el centro umco
'
.
modular, por su gran ex1 i _ . '
1
t o cuando se trata de una ciudad uru•
•
•
la
ub1cac16n
en
e
cen
r
,
libre a las co1ecc1ones, y
1 "6 d 1 obras los arquitectos deberán asesoversitaria. Durante y hasta la conc us1 n _e as
'
"bli
•
los aspectos funcionales.
rarse del b1 otecano, en
. d fl "bili"d d evitando que sean empotrados.
· os se recolillen a exi
ª ,
.
Por cuanto a 1os eqwp ,
b. . . d rable cómodo y de fácil con,
•
t
biable
y
e
mo
1
1
1ano
u
,
1
Q ue la estantena sea m ercam
'
1
b" te acogedor
1
' de colores y e am 1en
·
servaci6n. Debe tenerse en cuenta a armom~
de reconstrucción, y la UNESCO
Tales normas habrán de observarse en e caso
.
prest ará a las Universidades orientación técnica sobre el particular.
Cooperación interbibliotecaria

para
• d establecer y mantener 1a centralizaci6n de las adquisiciones,
.
Se recom1en a
.
personal . para ello se sugiere asomejor aprovechamiento del presupuesto, uempo y
',
.
ro ectos de adquisición planificada, de cada pa1s.
.
ciarse a los P . Y
d a umvers1
.
.da d y la catalogación cooperativa, deben
t
lizada
en
ca
.
6
La catal~ga~61 npcreend~:Unante. Los catálogos colectivos, sobre todo de publicacione$
ser la aspira□ n
• li
·
"6d.
h brán de ser tarea principal de los b1b otecanos.
pen 1cas, a
. . de préstamo, nacional
Debe procurarse la coordinación o centralización del serv1C10
o internacional, de acuerdo con las normas de la IFLA.

Que la UNESCO brinde todo su apoyo para la creación de un centro piloto de
canje, de publicaciones de tipo especifico ( duplicados, tesis, etc.).
Se recomienda asimismo la coordinación de las actividades con las de los organismos
internacionales: UNESCO, OEA, FID/CLA, etc.; asi como la creación de comités
bibliotecarios, dentro de las asociaciones de bibliotecas; y la creación de juntas nacionales de bibliotecas universitarias, con representantes de las diversas j1.1ntas bibliotecarias de cada universidad.

DtCIMO TERCER CONGRESO NACIONAL DE SOCIOLOGIA

BAJO EL PATROCINIO del Gobierno del Estado de Sonora y de la Universidad de dicho
Estado y convocado por la Asociación Mexicana de Sociología, correspondiente de la
Asociación Internacional de Sociología de la UNESCO y del Instituto de Investigaciones Sociales de la Universidad Nacional Autónoma de México, habría de tener lugar
el Décimo Tercer Congreso Nacional de Sociología en el marco sereno y acogedor de
la provincia mexicana, como lo es la ciudad de Hermosillo, capital del Estado de
Sonora, de los días 12 al 16 de noviembre de 1962, versando exclusivamente sobre el
tema de la "Sociologla del Desarrollo Nacional y Regional".

Las finalidades de este importante evento fueron las siguientes: l. El estudio de
los conceptos sociológicos fundamentales del subdesarrollo y del desarrollo. 2. El es-

tudio comparativo de diversas sociedades en relación con las etapas recorridas y niveles alcanzados con el fin de determinar cuáles son los elementos favorables al desarrollo o capaces de acelerarlo y cuáles los que lo dañan y lo frenan. 3. El estudio de las
relaciones entre las diversas circunstancias y factores físicos· y el desarrollo. 4. La promoción de aportaciones de diversas fuentes, de acuerdo con las distintas especialidades
de los congresistas, para obtener datos y puntos de vista históricos, económicos, psico16gicos, etnográficos, jurídicos, políticos, etc., sobre el desarrollo, con el fin de coordinarlos en una explicación total del fenómeno, de sus constantes sociológicas y de su
dinámica, que sirvan como base científica de posibles aplicaciones pragmáticas. 5. El
estudio especüico de las circunstancias y factores de toda índole que privan actualmente
en el Estado de Sonora y en otras regiones del país y que favorecen o retardan su
desarrollo integral dentro de la comunidad nacional de que forman parte.
El temario del Congreso fue dividido en secciones, correspondiendo a la primera la
"Teoria General del Desarrollo y del Subdesarrollo"; a la sección 11, "El Desarrollo
y los Recursos Naturales"; a la sección 111, "Los Recursos Humanos y el Desarrollo";
a la IV, "El Desarrollo y la Economía"; a la V, "El Desarrollo y las Ciencias"; a
la VI, "El Desarrollo y la Técnica"; a la VII, "El Desarrollo y la Educación"; a la
VIII, "El Desarrollo y la Administración Pública Nacional y Regional"; a la IX, "Los
Sistemas de Explotación, Distribución y Propiedad de la Tierra y el Desarrollo"; a la
X, "El Desarrollo y la Religión"; a la XI, "El Desarrollo y la Raza"; a la XII, "El
Derecho y el Desarrollo"; a la XIII, "Los Trastornos Sociales y el Desarrollo"; a la
XIV, "La Patología Social del Desarrollo"; a la XV, "El desarrollo y la Planificación";
a la XVI, todos los temas referentes al desarrollo social y económico que, estando relacionados con las finalidades del Congreso no figuraron en las anteriores Secciones

704
705
H45

�del Temario y, finalmente, la Sección XVII, que agrup6 a todos los temas de las
Secciones anteriores, referidos específicamente a un país, o a una región determinados
y en particular a México.
Con la asistencia del Gobernador del Estado de Sonora, Licenciado Luis Encinas,
ex-Rector de la Universidad Sonorense y destacado intelectual, así como con la del
ameritado maestro, Doctor Lucio Mendieta y Núñez, iniciador y promotor de esta
clase de congresos, quien con su empeño y experiencia ha podido ver la celebración
del décimo tercero, a su lado estarían también el Doctor 'Moisés Canale, Rector de
la Universidad del Estado de Sonora, el Licenciado Alvaro Molina Enríquez, Director
de Trabajo y Previsión Social del propio Estado y de otras importantes personalidades,
habría de tener lugar la inauguración del Congreso, el lunes 12 de noviembre de
1962, a las 11.30 horas, en una ceremonia solemne en la que la palabra y el pensamiento del digno gobernante sonorense, Licenciado Luis Encinas, fueron clara y cálida
manifestación de bienvenida a los congresistas y de éxito para los trabajos a realizar
por el Congreso. La sede del Congreso sería la Universidad de Sonora, alta mani•
!estación, que en modernísimo albergue, es un simbolo de la fe que pueblo y gobierno
han puesto en los valores de la cultura. Relevantes intelectuales de otros países, como
el Doctor Talcott Parsons, considerado como uno de los mejores sociólogos norteamericanos, el Doctor Germán Guzmán Campos, de Colombia, el Doctor Hans Freyer, de
Alemania, el Doctor Alain Birou, de la Universidad de París, habrían de contribuir
a dar mayor realce al Congreso, para no citar solamente sino a algunos, ya que en
esta ocasión fue muy nutrida la concurrencia.
El número de ponencias que fueron presentadas para su estudio y discusión excc•
dieron con mucho a lo originalmente planeado, así como su calidad e interés científico
dentro de los lineamientos del Congreso, de aquí que las actividades del mismo se
habrían de caracterizar por la intensidad en los trabajos de las diferentes Seccione•,
así como por el valor de las exposiciones obtenidas en tales secciones y en las Plenarias, lo que produciría un clima de apasionante intervención de todos los congresiltal,
con innegable utilidad de aportaciones y de conclusiones generales, habiendo sido óptimos
los frutos recogidos.
Ante la imposibilidad de hacer una relación de todas las ponencias que fueron some•
tidas al Congreso Nacional de Sociología, habremos de citar entre otras las siguientes:
Anaya Monroy, Femando: Aspectos Socio-Jurídicos del Desarrollo en México. Birou,
Alain: La Educación de los Hombres para una Nueva Sociedad. Cornejo Cabrera,
Ezequiel: Conveniencia de un Plan de Desarrollo Armónico para la Totalidad de los
Grupos Indígenas de México. Cuba Jones, Roberto: Algunas observaciones Sociológicas
del Desarrollo. Davis, Kingsley: Causas y efectos de la Primacía de la Primera Ciudad.
Con especial Referencia a Latinoamérica. Femández Bravo, Vicente: La Distribu•
ción del Ingreso Nacional y el Desarrollo. Flores, Ana María: La Magnitud del ham·
bre en México. Formoso de Obregón Santacilia, Adela: La Igualdad de Oportunidades
Educativas para Hombres y Mujeres como Condición del Desarrollo. Freyer, Hans:
La Idea de Progreso. García Gómez, Alberto: El Derecho y el Desarrollo. González
Casanova, Pablo: Sociedad Plural y Desarrollo: El Caso de México. Guzmán Campos,
Germán: Aspectos Positivos de la Violencia en Colombia. Hayner, Norman S.: México en
Transición. Huitrón, Antonio: La Reforma Agraria y la Revolución Industrial, Condiciones del Desarrollo Integral de México. Mac-Lean y Estenos, Roberto: El Latifundio en
el Perú y la Reforma Agraria. Mendieta Alatorre, Angeles: Influencia de la Educa•
ción en el Desarrollo. Moreno, Antonio de P.: El Derecho y el Desarrollo. Olea,

Hécto~ ~-: Fuentes Históricas y Sociológicas del Derecho Constitucional en el Noreste

de Me~co. Parsons, Talcott: Influencia, Poder y Fuerza en los Procesos de Desarrollo
Econó~co. Pompa y Pompa, Antonio: El Valle de Mexicali; Laboratorio del México
del _Manana. Porras. Demetrio: Sociología del Desarrollo del Istmo de Panamá. Ramos
M~ISés: _Influencia del _C~édito Agrícola en el Desarrollo de Sonora. Silva Wiedmann:
L~s Fe~pe: Des~nvolv1m1ento de una Comunidad (Brasileña) bajo la Influencia Técnica. T1b6~,. Gutierre: El Desarrollo y la Alfabetización Escolar y Extraescolar. Uribe
Romo, Ermlio: Necesidad básica del Desarrollo de las Recñones Mexicanas d 1 N rt .
L c
·
l
.
o·
e
o e,
a onqu1sta de Desierto. Desarrollo de las Regiones Mexicanas del Norte: La Con•
quista del Desierto. Yescas Peralta, Pedro: La Administración y el Desarrollo (
Oaxaca), México.
en
ALBERTO GARCÍA GÓMEZ

F. STOLZ, Historia de la Lengua Latina,
3a. edición revisada por el Dr. Albert
Debrunner, Traducción al español por
el Dr. Juan Bautista Sita-Aquino Anjou.
Manuales UTEHA, No. 64, México,
1961, 174 páginas.
EL CLÁSICO MANUAL DE STOLZ sobre la
Historia de la Lengua Latina ha visto,
por fin, una segunda edición en español.
Hacemos hincapié en lo de segunda edición, pues da la impresión de que la
Editorial Uteha desconoce o quiere ignorar la primera edición española de
1922, cuya traducción fue hecha por
Américo Castro y editada en Madrid por
Victoriano Suárez dentro de la Biblioteca Española de Investigación Científica. Y esto no es todo; supuesto que
Américo Castro tradujo sobre la primera edición alemana de la colección Goschen y anotó inteligente y oportunamente su traducción, nos preguntamos por
qué, si se trataba de hacer una traducción nueva sobre la tercera edición alemana, no se aprovecharon las anotaciones de Castro, que complementan el contenido del texto de manera especial para
el lector de habla española. Es evidente
que la tercera edición alemana, sobre la
que se ha hecho la traducción que comentamos, está notablemente enriquecí-

da respecto de la primera, empezando
por la bibliografía, ya que se han incorporado a ellas los nuevos estudios
lingüísticos que sobre el latín han aparecido en los últimos cuarenta años ; se
han precisado más los datos prehistóricos y etnográficos y, en ocasiones, los
capitulas han recibido nueva reestructuración y enfoque. Pero, de todos modos, echamos de menos las anotaciones
de Castro de la primera edición española.
Dentro de las actuales corrientes lingüisticas se puede decir que desde el
punto de vista histórico y gramatical el
latín ha sido ya estudiado a fondo, incluso se le han aplicado los principios
de la nueva estilistica (Marouzeau ) con
extraordinarios resultados. La historiografía de la leng ua latina se ha enriquecido notablemente, como puede verse
comparando las bibliografías de ambas
ediciones mencionadas. La Historia de
Stolz, manual clásico en los estudios de
filología latina, reúne las cualidades de
un buen manual universitario: claridad,
sencillez y rigor científico en el método
y en la exposición. Sigue la tendencia
de los grandes romanistas, fundadores de
un nuevo estilo filológico, como SavjLópez y Meyer Lübke, principalmente, y
esta nueva edición ha venido a llenar
una necesi.dad esencial, ya que la es-

707
706

�timada traducción de Américo Castro se
había vuelto una rareza bibliográfica imposible de poner a disposición de los
estudiantes.
JUAN ANTONIO AYALA

MARTÍN ALONSO, Evoluci6n sintáctica
del Español. Sintaxis histórica del español desde el iberorromano hasta nuestros
días, Aguilar, Madrid, 1962. 524 págs.
DENTRO DE LOS ESTUDIOS LINGÜÍSTICOS

españoles, que gracias a las investigaciones de los últimos decenios, figuran en
uno de los primeros lugares del mundo,
estaban necesitando que alguien emprendiera un estudio sistemático de la evolución sintáctica de nuestra lengua, ya
que los manuales clásicos de gramática
histórica o de historia de la lengua se
limitaban a abordar este punto en forma superficial y como de pasada, dando,
por otra parte, gran importancia a la
evolución fonética y morfológica. Tal
ocurre con los clásicos manuales de Hanssen, Menéndez Pidal, García de Diego,
Rafael Lapesa y otros. Esta necesidad
del estudio histórico-sintáctico del español fue señalada, no hace mucho, por
Gerhard Rohfls en su Manual de Filología Hispánica (Bogotá, 1957). En este
aspecto han avanzado mucho más otras
lingüísticas, especialmente la francesa y
la inglesa, puesto que en ellas se han
desarrollado con más firmeza los métodos estructurales de análisis y catalogación.
La Evoluci6n sintáctica del Español
de Martín Alonso viene a llenar este
hueco y abrir un camino para futuras
investigaciones; excelente manual de consulta para profesores e incluso libro de
texto para cursos de especialización. Martín Alonso ya nos había dado otras dos
buenas obras de tipo lingüístico: Ciencia del lenguaje y Arte del estilo (que
ha llegado ya a su quinta edición) y

708

Enciclopedia del idioma, uno de los mayores esfuerzos lexicográficos modernos
en los que se han analizado más de tres.
cientas mil palabras, tanto en el plano
histórico como en el etimológico. Para
realizar la obra que hoy nos ocupa disponía Martín Alonso de los medios acle•
cuados y del entusiasmo demostrado en
las obras anteriores.
Evolución sintáctica del español está
dividida en dos partes: l. Sintaxis antigua, medieval y renacentista y II. Sintaxis académica y moderna ( desde 17 71
hasta nuestros días). De especial importancia consideramos, para la comprensión total de la obra, los principios
teóricos expuestos en la Introducción, en
la que se hace un recuento de principios
y de métodos importantes para proceder
al análisis sintáctico. Allí es donde podemos ver todo lo que sustenta al método de Martín Alonso; destaca la importancia para el lingüista moderno del
conocimiento de las lenguas clásicas, en
especial del latín, puesto que éste debe
ser el punto de partida para ulteriores
investigaciones en cualquier campo de la
lengua y, esta es la razón, según M. A.
de las deficiencias que presentan la Gramática académica y todos aquellos trabajos realizados en el seno de esa gloriosa
institución. Asimismo, es de importancia
en esta introducción la valoración de las
dos tendencias lingüísticas que han dominado la escena española en las últimas décadas: Ramón Menéndez Pidal Y
Miguel de U namuno. Destacamos también la importante noción de sintaxis
intemporal, que juega un papel impor•
tantísimo en la formación de las estructuras castellanas.
La edición viene acompañada de bue•
nos mapas, de textos analizados y de ín•
dices que pueden ser de gran ayuda
para su manejo.
JUAN ANTONIO AYALA

FERNÁNDEZ SuÁREZ, España,
Arbol vivo, Editorial Aguilar, 1961.

ALVARO

MUCHO SE HA ESCRITO SOBRE ESPAÑA

con aire de ditirambo y apostura retórica. Y a veces libros desventurados que
se complacen sádicamente en el dolor y
en la tragedia de España. Pero España
permanece, tras larga y penosa labor de
maternidad, "con el espíritu virgen", como apuntó certeramente Angel Ganivet.
De esa "España virgen" nos habla ahora
Alvaro Fernández Suárez. Penetra en su
ser con un enfoque sociológico. Transido
de amor a las gentes reales, al hombre,
a la mujer, al niño, nos vuelve a la realidad española. O mejor, nos devuelve
a ese país viviente. Esfuerzo severo para
comprender la estructura de la sociedad hispana, su despliegue histórico 1 su
querer y su hacer.
España, árbol vivo (Editorial Aguilar,
1961 L es un libro luminoso que reduce
a especies intelectuales el ser y el hacer de España. Precedido de una introducción técnica, está metódicamente estructurado en cinco partes: I. El condicionante básico social. II. El condicionante básico natural. III. El despliegue
histórico. IV. La estructura horizontal.
V. El ser, el querer y el hacer. Contiene
doce capítulos y trescientos sesenta y
tres páginas. Hispania, nos dice el autor,
es la forma ancestral de España. Pero
lo español no "es", sino que se está haciendo. Los franceses -padres titulares
del nacionalismo- inventaron la absur•
da locución que hace de Francia "La
France éternelle" 1 cuando es lo cierto
que ni Francia, ni nadie ni nada es eterno en este mundo. Fernández Suárez no
pretende, por lo menos, que España sea
eterna, Por mi parte confieso haber hablado, en un libro de juventud, de la
España ecuménica y eterna. Con mayor
precisión se puede hablar de la España
esencial o algo similar. Esa, y no otra,

es la intención de quienes usan el vocablo "eterna". El autor nos propone en•
focar lo social bajo dos aspectos: la
resultante --status dinámico, en el tiempo- y las fijaciones -"rocas íntimas,
plantadas secularmente en el alma de
un pueblo, que sólo con lentitud erosionan las lluvias y los vientos y conmueve
algún temblor de tierra"-. Las fijaciones --creencias, rutinas, afectividadesforman el condicionante básico social.
La tierra, el factor geográfico, integran
el condicionante básico natural. Hasta
aquí los prenotandos.
El español presenta "una fuerte integración, un acusado y delimitado sentido de sí". Acoge a los demás, desde
su torre individual, sin alarma, sin miedo, con benevolencia, con cordialidad.
No es "chauvinista", ni xeonófobo; tiene
una idea muy favorable del extranjero.
Tiene un ucomplejo de inferioridad" en
cuan to nación, pero tiene un alto concepto de su valía personal. Es como si
dijera: "Todos mis compatriotas son despreciables, pero yo (y mis amigos) soy
la gloriosa excepción". No se asombra
de estar "arrojado" o "implantado" en
esta "selva obscura" de la vida. Sabe
dónde se encuentra, lo considera natural y se siente seguro del orden del universo y de su posición en ese orden. Su
inseguridad como grupo social, no afecta
su carácter de ser humano bien integrado. Aunque no es unacionalista" y
patriotero, sabe guardar verdadera fidelidad a su grupo. "He podido comprobar
cien veces, siempre, que la amistad es
más robusta en España que el Estado, el
partido o la religión -salvo en trances
de paroxismo o frenesí político o ideológico-·; pero hay más: el español odia, al
parecer, a esas entidades sociales y políticas, y su odio se concreta, frecuentemente, en las personas aun cuando no
sean "personas visibles", sólo por el
hecho de ser compatriotas, sólo por eso.
Es el espíritu cainita que Antonio Ma-

709

�chado puso de manifiesto". No se trata
de "un odio torvo ni oculto, sino al
contrario, vital como un pájaro loco ... "
(págs. 39 y 40). Hay en el español un
deseo subterráneo de aniquilar, de reducir a la nada a su nación. Y sin embargo, en el hombre español encontramos algo hondo y cálido, donde pueden
reconfortarse, como en un hogar todos
los seres humanos. España debe tener
mucha "humanidad" para que provoque
reacciones a la vez tan apasionadas y
contradictorias. Un experto en viajes internacionales observó en quienes visitan
España dos extremadas maneras de reaccionar: o una feroz hostilidad o una
apasionada entrega. Rara vez indiferencia.
El pueblo español trágico y alegre,
es mucho más feliz de lo que él se imagina. Le falta confianza en la nación,
en el gobierno, en la sociedad. Aparece
como una entidad social problemática,
en perpetuas vísperas de desintegrarse.
Siente al hombre, al "otro", con auténtica profundidad existencial, pero no es
capaz de sentir al "conciudadano". Cultiva fundamentales valores morales, referidos a una concepción religiosa, precisamente católica, del mundo. La mujer
es la roca hispana, perceptible desde
siempre. "La mujer española es la madre. Pero no es la madre fecunda de
mera fecundidad material. Es la madre
pura, la madre virgen" (p. 74). España
es una nación mariana. Ninguna otra
nación cristiana tiene tantos santuarios
colocados bajo la advocación de la Virgen y en ninguna parte tantas mujeres
llevan el nombre de María. La ofensa a
la madre tiene, en España, los caracteres formales de la blasfemia. La rígida
moralidad femenina exigida a la mujer
española, concuerda con ese sentido reverencial y exaltador de la mujer que
se profesa en España, como en ningún
otro país europeo.

710

El español revela, con frecuencia, un
vivo entusiasmo por "su tierra", por su
pueblo, por sus campos natales. No sólo
cree que su tierra es bella, sino que,
además, la: tiene por fecunda. Lo cierto
es que la tierra española sólo en reducidas superficies ofrece un suelo medianamente fértil. En sus dos tercios predomina la estepa, fría en invierno, tórrida un período corto del verano. En
cambio, abundan los minerales de hierro,
plomo y mercurio. La vocación espontánea de España no era agraria, sino
ganadera en el interior; marinera en todas las costas e industrial en el conjunto del país. Pero el impacto musulmán, sobre todo, desvió al español de
las especializaciones a las que parecía
estar llamado, para concentrar sus energías y aptitudes en la especialización
militar, con un enorme éxito. El primer
renglón de la renta española lo ocupa,
no la agricultura, sino la industria y la
minería. Un 42% de la población activa
se ocupa en tareas agrícolas, pero sólo
produce el 21.83% de la renta. La
"raza" española es un compuesto de todas las razas europeas: se encuentra el
tipo mediterráneo y el tipo celta, el
germánico o nórdico, el alpino, incluso
el eslavo y la mezcla de todos estos tipos.
Es casi ridículo hablar de la influencia
étnica árabe, pues todos los documentos
confirman que los árabes fueron una minoría entre los invasores sarracenos. Hoy
en día no se aprecia una huella árabe
notoria en la etnia peninsular.
España -no hay que olvidarnos- tuvo un éxito escandaloso en cierto momento de su carrera. Sin aquel éxito no
se habría hablado de decadencia. El éxito
produjo la decadencia. Desde la expansión aragonesa-catalana en el Mediterráneo hasta Rocroy -poco menos de cuatro siglos-, España tuvo una indudable
hegemonía militar. Eligió, resueltamente,
ser europea y occidental. Prestó a la
cultura cristiana el servicio de protegerla

contra la ola sarracena. Cumplida su
misión como pueblo de marca, como nación de frontera, "no se detuvo, y no
sólo se expansionó en 1tierra de infieles',
sino que concibió la pretensión de imponer a la zona focal o central de su
cultura, su propia manera de entender
la vida". Es lo que Europa no ha podido perdonarle a España" (p. 151).
Como pueblo de frontera ha suscitado
la duda de si pertenece al ámbito cultural que defendió. Francia quiere ser
amada gratuitamente, sin más, porque
es bella o graciosa, aun cuando no disponga, en tal o cual coyuntura, de un
poder efectivo para hacer valer sus títulos, honores y preeminencias. Es la
inocente convicción de que a Francia se
le debe todo. Un francés preguntará al
extranjero: "Est-ce qu on aime la France
chez vouz ?" El español, contra ciertas
apariencias, está profundamente enamorado de Europa. Pero a España le falta
la virtud o habilidad --que a Italia le
sobra- de adaptarse sin discusión, y sin
poner enmiendas propias, al estilo europeo común. Se desgarra en expresiones
delirantes de su alma. Pasa su etapa di!
decadencia sin llegar a la fosilización de
sus fijaciones. Tiene conciencia de la necesidad de dar una reacción vital. Es
el dato más alentador -cara al futuro-de cuantos ofrece España.
Los extranjeros encuentran caudalosa
a la religiosidad española. La fijación
guerrera y la fijación religiosa van juntas. Lo religioso es, en España, signo de
lo nacional. Pero sucede que el católico
español -en no escasas ocasiones- propende a buscar su salvación, no por las
vías de su conducta personal cristiana,
sino por los atajos de la acción pública.
Tiene siempre la mentalidad del cruzado. Cree poder salvarse por los servicios
que presta a una determinada concepción
política. Hay en el español cierta violencia e inadaptación a lo civil, a las
llamadas virtudes cívicas. Su violencia

--Ocasional, explosiva, rápida- es de
pueblo guerrero, de pueblo que opera
en banda. Se echa al monte para afirmar algo, -para "pronunciarse"- en
defensa de la "justicia". Gusta vivir la
epopeya y cantarla. "Hacer lo que le
dé a uno la gana, sirviendo a Dios --observa Alvaro Fernández Suárez- es el
gran sueño del español" (p. 196). La
mentalidad guerrera española ve en la
guerra sacrificio, ascetismo, con alternativas de sensualidad orgiástica, lealtad
al compañero, una relación de disciplina
y de altivez con el superior, en quien se
tasa altamente, y se agradecen, las virtudes militares y humanas.
La gente -aunque con no desdeñables
diferencias de matiz- es la misma en
toda España. Las "personificaciones" fundamentales de España son: Andalucía,
Castilla, Cataluña, Vasconia, Galicia y
Madrid. Andalucía pertenece al mundo
antiguo; es una supervivencia de las culturas mediterráneas precristianas. "Parece como si el andaluz creyese que, en
el fondo, es inimitable, que retiene siempre un secreto inaccesible para el extraño" (p. 211). Aún así, el andaluz abre
tranquilamente sus puertas a todo el
mundo y se complace en abrirlas. Quiere
que todos sean andaluces. . . si pueden.
Andalucía es misteriosa, pero no esotérica. El cante jondo es "como un grito
inarticulado de pasión, de angustia, como
una fuerza comprimida que no acaba
de salir fuera, y crea, en el alma, una
criatura prisionera que hincha el corazón. "Es como si alguien hubiera encontrado el fondo del fondo de la experiencia humana y careciese aun de
palabras, de conceptos, para expresarse.
Alguien que lo supiese todo y no pudiese decir nada y apelase entonces a
la música, la mudez del mismo Orfeo a
su vuelta de los infiernos" (p. 213). La
danza andaluza en sus mejores formas,
es la misma experiencia trágica final humana. De ahí su contén, su manera apre~

711

�tada de expresar, su presión que no desahoga, la angwtia que no descarga, pero
se transforma, sin descargar, en belleza
plástica y en ritmo. Es una danza existencial y antiquísima. El andaluz vive el
presente -y aquí radica su "filosofía"
de la vida- en una especie de éxtasis
disimulado en el goce de cualquier sensación --el lento beber un vaso de vino
y el lento hablar para no decir nada-.
El arte está en no distraerse de lo esencial, que consiste en verse vivir, sentirse
vivir. De ahí que el andaluz no tenga
prisa. Lo permanente de Andalucía "es
un modo de ser entrañado, un equilibrio feliz entre el hombre y el mundo,
una nota musical perfecta que -al parecer- no puede ser mejorada..." En
fin, el misterio de Andalucía no consiste
sino en una integración muy bien ajustada entre el hombre y el mundo. De
ahí proviene la sensación de haber acertado el andaluz y su oscura conciencia
de superioridad sobre los demás hombres en materia de actitud existencial.
Castilla tiene dureza en la tierra, pero
tiene una tierna elegancia en el cielo
de fino, el más fino esmalte. Es una altiplanicie barrida por los cierzos y abierta a los altos cielos o es montaña verde
y húmeda nuevamente poblada. Hija de
la voluntad real y de la aventura de
un pueblo en marcha hacia el Sur para
conquistar su territorio. Voluntad que
se sostiene invariable hasta agotarse en
un esfuerzo secular. De Castilla emana
una fuerte idealidad, en un mundo proyectado en la región del ensueño y del
espíritu. El idealismo castellano y el misticismo castellano están hechos de una
sustancia compacta como la piedra. "Es
una tierra de fe, pero esta fe no es espiritual en el sentido etéreo, sino una
espiritualización de la materia misma o
una materialización del espíritu sin que
deje de ser espíritu precisamente" ( pp.
225 y 226). El sentido de la forma y
el orden hiro de Castilla una región di-

712

rectora en la política peninsular, porque Castilla es un fijador de ideas y de
voluntades, es voluntad endurecida.
Cataluña es vida que se expande,
brinca, bulle, ríe, llora, brujulea, se proyecta en toda suerte de formas, crea valores culturales y los falsifica. No hay
hombres mejor dotados que los catalanes: inteligentes, despiertos, activos, con
un don de adaptación asombrosa para
ir y venir, entenderse unos con otros,
desentenderse, hacer tratos y romperlos,
inventar técnicas, cultivar viejos saberes
de la religión y la filosofía, el arte y la
ciencia. . . En suma profesan el arte de
vivir una vida variadamente humana.
Se reconoce que el catalán es trabajador.
Sólo que exhibe esta virtud, se complace en estar o aparecer atareado. Su espíritu fáustico -pasión de movimiento-no le impide ser tradicionalista, cultivar
su pasado y sus tradiciones con más
fuerza. Los valores comunales de Cataluña forman un fuerte tejido, de buena
trama, decorado, además con figuras y
colores de tradición. "Cataluña gesta movimientos políticos de alcance nacional,
pero rara vez asume la dirección plena
y responsable de esos movimientos". Tierra mediterránea que se enamora y conmueve con las causas universales.
El espíritu cooperativo de los vascos
está vinculado a la rectitud en los tratos, a una manera peculiar de buena fe
en las relaciones humanas. El pueblo
vasco es sencillo y serio en las costumbres. Su afición a la buena y abundante
comida, no le impide ser un buen consumidor de cultura, como corresponde a
un pueblo de elevado desarrollo y buen
nivel de vida. Vasconia no fue romanizada. La recepción del cristianismo, bastante tardía, es fervorosa y profunda.
Los vascos abrazaron el cristianismo más
incondicionalmente que los pueblos romanizados. El pueblo vasco es el menos
imperialista del mundo, porque no trata
de imponer nada a nadie, ni de enseñar

nada, ni siquiera de ejemplarizar con su
modo de ser. Está orgulloso de su modo
de ser y de sus valores locales, pero no
intenta convertir estos valores en un sistema de validez general humana. El éxito vasco en su adaptación a los valores
de la cultura moderna, suscita en los
vascos una conciencia de superioridad
que se asocia con la más antigua y tradicional conciencia puramente local del
pueblo rústico de Vasconia.
Galicia, la arcaica, es el gran vivero
humano de España y de América. Prados, bosques, suaves humedades, verdes
variados y el canto bronco del mar. Excesiva densidad de población y depresión
económica. Alimenta hombres hasta que
están en edad de trabajar, y luego los
exporta. Actividad antieconómica a todas
luces. "El arcaísmo le da a Galicia su
exquisita fragancia lírica, el suelo umbrío donde nacen algunas finas delicadezas del espíritu galaico, de añejo sabor
medieval. Y también la salmodia humilde
que tiene, a veces, un regusto franciscano, de un suave cristianismo" (p. 266).
Madrid es blanca y roja, con anchas
avenidas; cándida y riente; bella --con
belleza limpia y nueva- y elegante. Se
advierte el cuidadoso vestir de los hombres y la elegancia de las muchachas del
pueblo. La ironía madrileña, respetuosa
con los valores parodiados y también con
el oyente o el espectador, se propone
únicamente reír y hacer reír sin causar
daño. Esta modalidad irónica de Madrid es una de las expresiones más delicadas de la cultura peculiar de una ciudad. Su extraordinaria humanidad le
hizo decir al poeta Antonio Machado:
"y tú sonríes con plomo en las entrañas". Es la gran ciudad del mundo
-lo puedo certificar con mi experiencia- donde uno se siente menos solo.
En 'Madrid el hombre no es una sombra, una apariencia que pasa, un mero
elemento móvil del paisaje urbano. Sigue siendo, a pesar de las muchedum-

bres anónimas, un hombre concreto, apenas entra en relación directa con otro
hombre. En Madrid el hombre no es
"gente". El madrileño se "interesa" por
el sentido de la acción ajena y capta el
impacto real humano de lo que le sucede a su prójimo. El transeúnte es, en
principio --o puede serlo inmediatamente--, un amigo. De cualquier modo es
siempre un hombre. Por voluntad de
servicio y de ayuda, el madrileño llega
hasta meterse en lo que "no le importa".
Cuestión de calor cordial y de temperatura fraterna. El madrileño tiene una aptitud increíble para moverse en ambientes elevados, gusto seguro, buen juicio
estético, receptividad discreta --sin servilismo-- para los valores extraños y
universales. Madrid -acorde musical,
feliz armonía imprevisible, flor acabada
de nacer- es una prodigiosa síntesis de
España.
¿ Será posible abstraer de ese mosaico
de colores que llamamos España algún
rasgo válido para el conjunto? Tenemos,
ante todo, un condicionante de base, la
peninsularidad. Históricamente cabe invocar la solidaridad de los reinos cristianos frente al Islam. Desde esa común
aventura histórica, España se presenta
como algo consistente, como una entidad ideal que, sin embargo, se siente a
la manera de un cuerpo físico. Hay un
modo de dureza hispana, de consistencia de la realidad española. "Es como
si sintiéramos a España entre los dedos
-escribe A. Fernández Suárez-, como
si tocáramos su alma y esta alma fuese
algo sustancial, hecho de una materia cuya firmeza reconforta" (p. 292). Alfonso
Reyes, el mexicano universal, dijo que
"a España le sube la tierra por las raíces como a esos árboles grandes, viejos..." El primitivismo hispano no está
en las creencias ni en las ideas, sino en
la emocionalidad. Un ejemplo: la tauromaquia es un juego de sentido trágico.
El hombre juega con la muerte. El toro

713

�representa las fuenas ineluctables que
amenazan la vida humana y, al mumo
tiempo, a la vida impetuosa y sana. El
torero hace frente a la violencia y a
la muerte, convirtiendo su miedo en forma bella y en arte. El destino se transforma en arte. Arte puro en la medida
en que el peligro es cierto. Arte impuro
en cuanto el torero - a diferencia de la
tragedia griega- puede escapar de la
muerte. Es arte y vida y muerte, todo
fundido. El torero habla así en nombre
de la criatura humana: "Soy débil, soy
mortal, estoy a merced de ti, fuerza desconocida, y no comprendo nada, aquí
estoy, solo, y tengo miedo; pero no quiero descomponer mi figura. Soy un hombre" ( p. 301 ) . El torero, profesional
mercenario en un juego de muerte está
solo y se exhibe ante el público como
objeto, en un espectáculo sanguinario.
Se le exige que sea valeroso, digno, elegante. Tiene que mantener y afirmar
el estilo aun en el dolor. ¡ Senequismo
hispano, estoicismo español! Las corridas de toros aluden, claramente, a la
victoria del espíritu y a la alta dignidad
humana frente a las contingencias adversas y aun favorables o afortunadas.
¡ He aquí una de las más agudas y magistrales interpretaciones de la tauromaquia!
También la literatura aporta testimonios expresivos de las fijaciones de un
pueblo. España tiene una literatura de
primer rango y de insuperable originalidad. Don Quijote, Sancho, Don Juan
y la Celestina son personajes de la literatura española que se han escapado del
molde de la letra y que se confunden,
fácilmente, con seres humanos.
El español tiene una gran avidez de
espectáculos, y en particular de espectáculos religiosos. Es "un devorador y
devorado de emociones". Su simplicidad
psicológica es patente. Inevitablemente
sincero. Extravertido. Rasgos comunes a
los españoles de todas las regiones: a).

714

Primitivismo; b). Enterización de la persona solidarizada con su creencia; e) .
Emoción como realidad vital; d) . Sencillez psicológica; e). Falta de profunda
peculiaridad individual combinada con
una "persona" muy definida. En la época en que la cultura occidental no había
cuajado aún, el pueblo hispano se negó
a aceptar una cultura -la islámicamuy rica y evolucionada. Para España
en definitiva, "sólo Dios importa porque existe o porque no existe", como ha
dicho Unamuno. ¿ Cuál será el ideal de
España? ¿ Qué quiere verdaderamente
España?
España nunca deseó, de veras, una
vida sencilla, colmada y satisfactoria.
Anheló, y sigue anhelando oscuramente,
librarse de sí misma, amputarse, vivir al
filo de su aniquilamiento o de su desintegración; aunque deseó, también, afirmarse y conservarse. El español parece
desear, a veces, la desintegración y ruina
de su comunidad. Femández Suárez no
explica el sentido de este anhelo de aniquilamiento o desintegración. Se limita
a apuntar que el deseo profundo del
español oscila entre la sensualidad y el
ascetismo. Habla de una sensualidad
mística española, sin llegarla a precisar.
Observa el gusto de los españoles en revolcarse en las emociones, en abrazarse
con ellas. Los españoles quieren ser grandes o convencerse a sí mismos y convencer a los demás de esta grandeza y de
esta fuerza. Desean, para España, una
misión universal. Y por ser una sociedad misional -y no una nación de rostro manso como vaca lechera- están
dispuestos a pagar su precio de fracaso
y de catástrofe.
Hoy en día cobra primordial impor•
tancia la tarea de salvar al hombre, de
preservarlo de ser destruído. España nunca ha roto con la tierra, "por ser un
pueblo árbol, arraigado, por sentir la
rotativa alegría de las fiestas, de la vuelta de las estaciones y de los astros, por

amar Y odiar fraternalmente a los hombres Y gozane en el calor de sus corazones reales, por un intento desesperado
o exasperado de afirmar la propia personalidad y erigirla como una roca contra las fuenas que la cercan y la amen~, por una percepción apasionada y
persistente de que sólo Dios importa..."
Re~ultado: buen estilo, sensualidad viva,
deJo sabroso de la vida. "Lo que vale
la ~na de salvar de España es -¿ cómo
decirlo?- su sustancialidad, esta alma
consistente, este espíritu que se toca como si fuera materia, esta verdad que es
España._ Este fuerte sabor... en España la Vida parece más real que en ninguna otra tierra" (p. 355). Hasta aquí,
en apretado resumen, las grandes líneas
directrices y las ideas capitales del libro
España, árbol vivo.
El esfuerzo de Alvaro Femández Suárez por reducir a categorías intelectuales el ser histórico y el quehacer inconcluso de España, es uno de los más serios y rigurosos en lo que va de siglo. No
todos los conceptos -lo hemos visto-está~ llevad?s a su cabal desarrollo. Algusas ideas -interesantes, por cierto-- quedan en el aire por falta de fundamentación. El capítulo VII, "La religión de
los españoles y sus fijaciones", nos parece particularmente débil y ligero. Pero el terreno para nuevas investigaciones queda desbrozado. El autor, que tiene escuela y estilo, ha prestado un valioso servicio a la cultura de la lengua española.
AousrlN BAsAVE FERNÁ!\"DEZ DEL VALLE
ALBERTO CATURELLI, América Bifronte,
Editorial Troquel, Buenos Aires, 1961.
AMÉRICA ES, EN BUENA PARTE, un desgajamiento de Europa en un paisaje virgen e indómito, en que el hombre viejo
Y refinado llega a una tierra nueva; donde bártulos, ideas e instrumentos son

pronto arrojados ante una sensación de
facilidad y de prepotencia, de tiranía de
la selva y de dramática rebelión. Prevalece lo telúrico. Se siente una dualidad
violenta y dramática entre lo primitivo y
lo refinado. Se advierte una peculiaridad
fison6Inica del Continente, evidenciada
~n una serie de rasgos. Con estos rasgos
msoslayables del hombre americano se
han hecho, a menudo, caracterologías
culturales, pero muy pocos son los que
han acometido la tarea de ofrecemos
una visión esencial y fundamental una
metafísica del ser de América. Entre
ellos se encuentra, en lugar señero, Alberto Caturelli.
América Bifronte (Editorial Troquel
Buenos Aires, 1961) es el último libr~
de una lista de obras -todas dignas de
nota- que pasa de la docena. Su autor, el joven filósofo Alberto Caturelli
ha sentido el dolor de América en car:
ne argentina, pero no ha querido revolcarse en ese dolor para entonar quejas
estériles. Su búsqueda de la consistencia
americana es netamente ontológica. Tras
los indispensables fundamentos metafísi. del ser", "cocos - " e1 ser'', " presenCJa
municación del filósofo con el 'tú' " plantea el problema de América, aduce
-en unidad de propósito y de sentidolos testimonios de Hegel, Ortega y Gasset, Keyserling. Ante todo, se advierte
la radical inmadurez de América. Hay
que empezar por tomar conciencia de
ese carácter imperfecto, inmaduro, primitivo, no realizado, de lo americano puro. La desolación del filósofo se explica:
"él escuchó el llamado, él se ha puesto
en actitud de solicitud respecto del
'otro', pero su propio llamado al tú ha
sido una voz en el desierto. El 'otro'
está vertido hacia afuera, ya sea en una
actitud de huida a todo llamado esencial o simplemente, porque para él, el
ser ha sido siempre una presencia muda ; el 'otro' es cosa en las cosas, se ha

715

�cosificado con ellas, y las cosas le han
trasmitido algo de su absoluta clausura;
por eso no puede ni oír ni responder. Es
hostil frente a este dis-locado; y le es
hostil al máximo con la hostilidad más
cruel porque su absoluta primitivez y
clausura no implica la respuesta: en realidad, una respuesta contradictoria mitigaría la hostilidad; la crueldad reside en
su sordera absoluta, pétrea, inconmovible, mineral. El no responde nada".
( Opus cit., pp. 43-44). En este medio
de la "proté hylé" (materia prima), hostil a las creaciones de la inteligencia, las
universidades, al romper con la tradición
europea clásica, se han convertido en
1
ºfábricas de profesionales sin teología
ni metafísica". Florecen los monstruos
espirituales, "proliferan los pseudos y
los fanatismos que se ciernen sobre el
filósofo como bienes prontos a despedazarlo y en los cuales habita la envidia
de la impotencia para la meditación, el
resentimiento producido por la sola existencia del filósofo, el temor al desenmascaramiento de su 'camuflage' intelectual,
la natural rabia que le produce la soberana libertad del fil6sofo en comparación
a su miserable esclavitud a las cosas que
terminan por comunicarle su absoluta
clausura" (p. 45). Y sin embargo no
queda otro camino que la lucha perseverante y la porfiada consagración al
llamado. El argentino -reconoce el autor- suele ser una vocación frustrada,
por falta de respuesta a la vocaci6n y
por temor al sacrificio.
América tiene todos los caracteres de
una pura presencia en bruto. Individualista, clusa y muda en contraste con la
clara inteligibilidad de Europa, se manifiesta nuestro Continente como si no
fuera para nosotros; como si nada, como
pura posibilidad de ser. Todo participa
de esta primigenia y originaria oscuridad
entitativa de América. "Des-cubrir Amé•
rica significa entonces romper su originalidad primitiva y abrir el camino de

la América nueva, de neoamérica". América pre-colombina es un estadio puramente telúrico y como tal mudo, ce•
rrado, virgen, a-espiritual. "l\.mérica es
de-velada cristiana y debe emerger así
del seno oscuro de su originariedad. No
en vano el Descubridor llevó a cabo su
acto en cuanto cristiano. Fue descubrí•
miento cristiano" (p. 60). Del triunfo que
suele parecer perdurable sobre la Amé•
rica originaria se pasa a la sensación de
haber sido deglutido por ella cuando menos se espera. Y es que ºAmérica conserva casi intacta la originariedad de la
tierra. El hombre se encuentra en ella
a la intemperie, como sin casa, sin aposento, no como ocupando el centro de
una mansión cósmica, sino siendo un áto•
mo de ese mundo indefinido, puro espacio" (p. 70). La sensación de intemperie que produce la pampa no es la de una
simple intemperie física, sino la de uuna
intemperie ontológica y radical que desgarra por dentro". Mientras el hombre
griego concluyó por humanar a la naturaleza, la naturaleza ha cosmosificado
al hombre americano, comunicándole a
éste su silencio.
¿ Cuáles son las determinaciones concretas sobre lo americano? Caturelli
apunta cuatro determinaciones: 1) Sociedad de Agregación. Cada hombre es
un islote de aislamiento completo. Puede
hablarse de una pseudo sociedad, en el
sentido de una suma de individuos en
los que no logra penetrar el amor socie•
tatis; las relaciones sociales, faltando la
relación social profunda, son negativas y
mentirosas pues el término predominante
de semejante relaci6n no es el otro yo
sino el mismo transformado en Yo omnívoro pues todo debe ser y es referido
al mismo. 2) Pseudo Cultura. Las formas culturales europeas, cuando son importadas en bruto, se transforman en apariencias porque no engarzan con el pre•
vio descubrimiento de la entidad muda.
En América, lo auténticamente culto de-

be ser defendido arduamente y con pocas probabilidades de éxito para que no
sea derrotado por el medio. 3) Pseudo
política. Por debajo de las apariencias de
relaciones políticas se desliza una hostilidad esencial del yo al tú, del yo al vosotros, y cada ciudadano se ve como una
mismidad cerrada y egoísta. Las mentiras y las formas bastardas se vuelven sistema. Los partidos, pletóricos de apetitos se disputan el bien común como un
botín personal. 4) La ciudad bastarda.
Buenos Aires, en Argentina, se ha constituido en centro de irradiación de los
pseudos. Lo porteño es lo no-auténtico,
lo sin raíces. Lo bastardo se manifiesta
11
en cl hombre a la defensiva" que reduce su vida a la estúpida contemplaci6n
de sí mismo.
La conclusión de Alberto Caturelli, en
su América Bifronte, es clara y sensata:
"Buscar el propio ser, descubrirle y sostener ese acto de descubrimiento, es haber hallado lo grandioso por modesto que
pueda parecer, es ser grandes desde el
principio o, lo que es igual, es ser originales y permanecer como tales hasta el
fin". Hay que librar un imprescindible
~mbate contra "lo bastardo", que se
mterpone como una capa aisladora entre el Ser y el espíritu que es capaz de
penetrarle. Es necesaria una previa actitud de humildad frente a la realidad.
El capítulo XI, ºAlgo sobre la Univenidad" y la última parte del libro,
"Cinco nuevas meditaciones sobre el ser
americano" -casi todas ellas reseñas de
obras de Mays Vallenilla, Wagner de
Reyna, Marías- hubiese sido más pro•
pio reservarlas para un Apéndice. La informaci6n del autor y muchas de sus reflexiones conciernen a Argentina más que
a todo el Continente americano. Su visi6n y su bibliografía no nos parecen su•
ficientes. Alguna vez asoma un cierto
"chauvinismo" de argentino ( cuando
afirma que Argentina, principalmente,
está llamada a ser 11el único país del

mundo que puede cumplir en el Conti•
nente Americano el papel que Europa
cumple en el viejo mundo"). Y en alguna otra ocasión afirma que Argentina,
Uruguay, Santiago de Chile y parte de
México, (¿ cuál parte?, podríamos preguntar) revelan un conato de auténtica
cultura siempre en peligro de zozobrar.
América Bifronte es una colecci6n de
ensayos -publicados, la mayoría de ellos,
en la Revista Sapientia- agrupados bajo un título común. Tienen unidad de
prop6sito y de ejecución, las más de las
veces. Carecen del rigor I6gico y sistemático de un tratado filosófico, pero no
pueden ser tomados como pura literatura. Por eso, precisamente, son ensayos,
tanteos. Tienen el atractivo del estreno.
Están escritos con limpia y ardiente pa•
si6n. Con ellos, el autor muestra su desinterés, su elevación. Y se gana -¡ no es
poca cosa!- el respeto y la simpatía
de los lectores de buena voluntad.
AGUSTÍN BASAVE FERNÁNDEZ DEL VALLE

AooLFO MuÑoz ALONSO, Presencia in•
telectual de San Agustín, Librería Editorial Augustinus, Madrid, 1961.

SAN

AGUSTÍN, MAESTRO DE ÚCCIDENTE

y maestro de nuestro tiempo, está presente en la trayectoria y en la vida misma
de la filosofía del siglo XX. Es uno de
los raros fi16sofos cristianos cuya grandeza y vigencia reconocen hasta los no cris•
tianos. Máximo introspectivo, coloso de
la intuición y de la especulación metafísica, padre de la filosofía de la historia,
místico señero y teólogo genial.
Adolfo M uñoz Alonso ha profundiza.
do en San Agustín por temple y voca.
ción. "La elecci6n de una filosofía quiero recordar ahora las palabras de
Fichte, sin ningún resabio de idealismodepende de lo que se es como hombre
porque un sistema filos6fico no es mue~
ble inerte, que se puede llevar y traer

716
717

�a capricho, sino que está animado por
,.
el espíritu del hombre que Io posee .
Muñoz Alonso es, en su contextura de
hombre, un agustiniano. Un agustiniano
español de fina inteligencia y elegante
estilo. Alguna vez me he permitido trazar los rasgos esenciales de su personalidad. Ahora me importa destacar Y comentar las ideas-madres -que fundamen•
tan y dan sentido a las ideas-subalternas- de su nuevo y último libro Presencia intelectual de San Agustín (Librería
Editorial Augustinus, Madrid, 1961),
En la ]ntroducci6n nos habla del hombre que no fue a Dios harto de carne,
sino que comenzó a ser auténticamente
hombre cuando, parando en Dios, am6
las cosas en El. Entregó su voluntad a
la Divinidad no para anonadarse, sino
para reencontrarse. Porque ''ser para
Dios es la única forma de ser el hombre
para el hombre" (p. 14).
l. El camino intelectual del alma.
Desterrado del amor, peregrino del amor,
corazón en preocupaciones de amor, fue
el hombre -verdadero, transparenteque nació en Tagaste y se llamó Aurelio Agustín. En su ascensión intelectual
renunció a la belleza de las creaturas
para mejor rezar a Dios. Anduvo entre
las cosas con presura "para que el aire de
su gracia no enturbie la mirada o apague la voz de la pregu~ta" (p. 19~. Realista extremado -la verdad es Dios- a
la par que idealista mayor -ninguna
realidad tan ideal como Dios-. Vive para la verdad y sabe que es capaz de
aspirar a la sabiduría porque fue la sabiduría la que le creó. Filosofía para lograr el sumo bien y para ser feliz. Cada
vez que conoce, participa de la verdad
y la recrea. El hombre como morada. ,de
la verdad, participa de ella en comuru~n.
Duda de todo porque no puede, ni quiere, dudar de sí mismo.

II. Presencia intelectual en el conocimiento de las cosas. Sensación no es la

718

paston del cuerpo patente al alma, sino
la pasión del cuerpo conocida, por sí misma por el alma" (p. 47). Al cuerpo
le ~orresponde, tan sólo, determinar qué
acciones ejercita el alma algunas veces.
El modo de unión del alma y el cuerpo
-sorprendente, misterioso-- no puede
ser entendido del todo por el hombre.
Los sentidos nos ponen en trance de verdad, pero "el juicio de la verdad no está constituído en los sentidos".

se torna plegaria intelectual a Dios, porque con el ejercicio de la actividad espiritual participamos de la verdad. Trátase de un esclarecimiento de la verdad,
de algo así como la verdad de la verdad. Pero hay algo más importante:
"¿ De qué nos servirá saber dónde hemos de enderezar nuestros pasos, si nos
falta o si no sabemos por dónde hemos
de caminar con ellos?", se pregunta el
Santo Doctor.

III. Presencia intelectual en la uida
del espíritu. La duda no es más que el
recurso -metódico, dramático-- de penetrar con claridad más pura en la verdad. Más que hablar del descubrimiento
de la verdad, cabe decir esclarecimiento del hombre en la verdad. El espíritu
dialoga consigo mismo. Su tristeza
"nostalgia operante"- es un santo temor de perder el amor y la verdad. En
este sentido, su tristeza le asegura la fidelidad de sus pasos hacia Dios.

V. Presencia intelectual en la afirmaci6n de la libertad. Se puede existir, sin
vivir, vivir sin entender; pero no se puede entender sin ser y sin vivir, poniendo la inteligencia como fundante. San
Agustín advierte, palpa, encuentra la libertad en sí mismo. La libertad es la condición de la libertad. O mejor, la libertad es la pasión de la voluntad. El mal
voluntario es mal precisamente por ser
voluntario, es decir, por ser obra de la
voluntad por gracia de la libertad. Y la
libertad es el dinamismo esencial de la
voluntad. Lo cual implica: lo. Naturaleza y libertad no se oponen necesariamente. 2o. Indeterminismo y libertad no
son nociones coincidentes. Lo propio y
peculiar de la voluntad y, por consiguiente, de la libertad, es únicamente el
bien. El mal es desorden, privación, ruptura, desrrealizaci6n indebida.

IV. Presencia intelectual en la concepción de la filosofía. "San Agustín
-apunta Muñoz Alonso-- no acepta la
resolución conclusiva del pensamiento de
ningún sistema, no sólo porque la fe le
entregara verdades más altas, sino porque el pensamiento en sí mismo y por
sí mismo no descansa en la seguridad
dogmática de ningún sistema cerrado de
afirmaciones. El pensamiento es teoría
teorizante Y, por tanto -y no es paradoja vana- acción y contemplación, si
es que las dos expresiones no son sinónimas en su más honda raíz" (pp. 9G
y 97). La tradición es básica para la
filosofía, pero la pura tradición sistematizada anquilosa y corrompe a la filosofía. En el agustinismo no hay náusea
ni angustia, sino inquietud como saludable melancolía, como inmortal nostalgia. Aunque platónico en la exposición,
San Agustín es extraplat6nico en la fundamentación. En sus manos, la filosofia

VI. Presencia intelectual en la idea
de catolicidad. San Agustín se muestra,
sobre todo en la "Ciudad de Dios", como
un misionólogo. La Iglesia misma es, por
naturaleza, misionera. No sólo para aumentar el número de fieles, sino para
asegurar la fe de los que viven en ella.
Y es que la fecundidad interna de la vida de la fe y de la gracia es o se desarrrolla de manera distinta, más sublime, que la fecundidad de la vida terrena. San Agustín habla -en la Epístola 187- de una como esperanza lejana, de un como deseo innato en los hom-

bres en súplica callada e inconcreta de
la fe.
VII. Presencia intelectual en el pensamiento de Menéndez Pelayo. El estilo
del pensar, en Menéndez y Pelayo, merece
el calificativo de agustiniano. Para el
maestro santanderino, San Agustín traba, enlaza y vivifica los restos de la sabiduría pagana, principalmente los platónicosi y aquellos otros que suponen
una elevación hacia las ideas primeras.
"Ha cristianizado la concordia de los
números pitagóricos". Nos ha enseñado
que sólo la nada carece de hermosura,
y lo que no sea nada, alguna belleza ostenta, aunque sea un eterno grito de dolor. Nos ha distinguido 1 profunda y sutilmente, la belleza del mundo sensible
y la del mundo inteligible. Y es "autor
del primer libro íntimo de las literaturas modernas".
VIII. Presencía intelectual en la obra
de Ortega y Gasset. En José Ortega y
Gasset, la referencia agustiniana es más
bien escasa, pero la temática y la problemática de San Agustín es muy amplia. Las Confesiones de San Agustín, dice Ortega, no son otra cosa que la guía
de su itinerario hasta Dios. Y sin embargo, a Ortega se le ha escapado el
hondo sentido de la intimidad agustiniana. Cuando aduce el nombre de San
Agustín -asegura Muñoz Alonso-- habla de oídas.

IX. Presencia intelectual en la vida
social. "Podríamos escribir --expresa el
autor- que san Agustín valoró a los
hombres, y se valoró a sí mismo, no por
la carga de soledad que podrían soportar, sino por el gozo de compañía que
eran capaces de revelar en su vida...
El amor de Dios, en diálogo íntimo, no
nos aparta de los hombres, sino que ennoblece la convivencia fraterna" (p.
207). La sociedad humana, única que
merece este nombre, no es s6lo una ex-

719

�pansividad por multiplicación de los
hombres, sino una atracción hacia la unidad original. A veces, por una paradoja desconcertante, el hombre utiliza a los
hombres para deshumanizarse. Pero la
vida social es, por naturaleza, vida de
paz. Y la paz es la tranquilidad del orden. Las cosas todas son relativas, y en
su relatividad temporal se consumen; al
paso que el hombre, ser relativo también, se consuma no en su relatividad
temporal, sino en la eternidad.
CONCLUSIÓN
Sinceridad vital, presencia real, autenticidad personal para con la verdad descubierta, todo ello encuentra Muñoz
Alonso en la esencial configuración de
la filosofía agustiniana. "San Agustín,
de cara a la verdad, ve su alma, con los
ojos de la inteligencia, como un comienzo de Dios". La presencia de la gracia
culmina en la verdad como beatitud.
11
San Agustín es el filósofo de la interioridad en la verdad, de la gracia en la
libertad, de Dios en el alma, de Cristo
en el coraWn" (p. 232).
He querido presentar a mis lectores,
en estilo casi telegráfico, una visión esencial de la última obra del Prof. Dr. Adolfo Muñoz Alonso, porque me parece que
las altas cualidades de ese libro -Presencia intelectual de San Agustín- resplandecen con sólo mostrar su contextura. El agustinismo vivo tiene en Adolfo Muñoz Alonso a uno de sus más egregios representantes y la bibliografía agustiniana de lengua española se ensancha y
se enaltece al contar, en su seno, con la
"Presencia intelectual de San Agustín".
AGUSTÍN BASAVE FERNÁNDEZ DEL VALLE

720

foNACIO ZARAGOZA, Talleres Gráficos de
la Nación; Secretaría de Gobernación;
México, 1962. 342 pp. Ilust.
LA PERSONALIDAD DE foNACIO ZARAGOZA era, por decirlo así, absolutamente
desconocida. Salvo el estudio biográfico
editado a raíz de su muerte por el Lic.
Manuel Z. Gómez -accesible por su antigüedad únicamente a los eruditos- lo
demás publicado en torno a su figura no
bastaba para forjarse una idea siquiera
de la grandeza del héroe.
Ha tocado a la pluma de un distinguido maestro coahuilense, don Federico
Berrueto Ram6n, realizar la empresa de
perfilar con rasgos precisos la vida del
vencedor de Puebla. Y la tarea no ha
sido producto de la euforia del fasto
centenario, pero de largos años de inteligente investigación en fuentes fidedignas. Dos lustros por lo menos de hurgar
en documentos originales, han sido necesarios al maestro Berrueto para entregarnos en magnífico volumen salido de
los Talleres Gráficos de la Nación, 342
páginas de relato ameno y desapasionado de los hechos del valiente soldado
norteño; y que van desde sus antecedentes familiares, en Texas, hasta su glorificación en Puebla.
Y no se limita el autor a puntualizar
hechos de armas o episodios en los que
participara el biografiado, sino que logra
que el personaje mueva en toda aquella
etapa decisiva para los destinos de México, a partir de la Revolución de Ayuda hasta los inicios de la Intervención
Francesa.
Demuestra, con argumentos irrefutables, la calidad humana de Don Ignacio, y su abnegación y entrega absoluta a cuanto pudiera constituir el triunfo de una causa. Analiza asimismo la
participación de éste en graves asuntos
de la vida política nacional, y que le llevaron a convertirse en figura central entre los personajes de entonces.

Es la obra de Berrueto Ramón un perfecto estudio sobre una época. Sujeto al
rigor de 1as disciplinas de la historiografía moderna, desecha lo tradicional para
ceñirse a lo estrictamente histórico. Bajo esta norma, emite juicios, describe sucesos, analiza personajes, desenvuelve situaciones, y nos da, en fin, un cuadro
fiel del tiempo vivido por el héroe. Sabe,
sin embargo, con su maestría en el manejo del lenguaje, ser ameno y hacer
del suyo un libro que se lee con positivo
deleite y aprovechamiento.
Para la historia de Nuevo León y Coahuila, donde Zaragoza pasa lo mejor de
sus años, la obra reviste singularísima
importancia. El acopio de información
para el pasado regional, y en particular
para la etapa del régimen de Vidaurri,
es valiosísimo.
Con la aparición de este libro, Ignacio Zaragoza deja de ser un héroe mexicano desconocido.
ISRAEL CAVAZOS GARZA
RODOLFO ARROYO LLANO: y gnacio Zaragoza. Defensor de la Libertad y la Justicia. (S. p. i.); Monterrey, 1962. 179
pp. Ilust.
LA CONMEMORACIÓN DEL CENTENARIO de
la batalla del 5 de mayo, ha dado ocasión a interesantes descubrimientos, en
torno a la vida del Gral. Ignacio Zaragoza.
Por lo que atañe a Nuevo León, el
esfuerzo más apreciable lo constituye, indudablemente, la edición hecha por don
Rodolfo Arroyo Llano, destacado médico regiomontano.
En un volumen de 179 pp., nos presenta los aspectos principales de la trayectoria militar del vencedor de Puebla, basándose, en su casi totalidad, en
la biografía escrita por el Lic. Manuel
Z. Gómez, secretario del Gral. Zaragoza y bisabuelo del autor. Recurre así-

mismo a raros documentos de familia,
que le permiten enfocar esta faceta del
héroe tan poco estudiada, y que le dan
al libro cierto aire local de no escaso
interés. Los familiares reciben estudio especial en el apéndice del libro j y especialmente doña Rafaela Padilla, la espo•
sa.
Las referencias a ella son más extensas, por cuanto a que el autor inserta
su discurso pronunciado en el Panteón
de San Fernando, de la ciudad de México, el 13 de enero último, centenario de
la muerte de tan abnegada mujer nuevoleonesa.
El material gráfico es de lo mejor. Las
reproducciones fotográficas de Jerónimo
Treviño, Tomás '.Mejía Modesto Arriola
Mariano Escobedo, El;na Zaragoza,
J. Eleuterio González, doña Justa de la
Garza y doña Rafaela Padilla, son magníficas.

n/

El libro del Dr. Arroyo Llano es una
aportación excelente para el conocimiento de uno de los más esclarecidos mílites mexicanos.
lsRAEL CAVAZOS GARZA
Ivo HOLLHUBER, Michele Federico
Sciacca -ein Wegweiser abendliindischen Geistes; Verlag Anton Hain. Meisenheim Am Glan, 1962.
EN su LIBRO Michele Federico Sciaca.
Un guía del espíritu occidental, que este
año ( 1962) fue publicado en Austria,
nos presenta Ivo HOllhuber a uno de los
más destacados filósofos italianos de hoy.
Esta publicación posiblemente sirva para que, dentro del espacio del habla alemana, finalmente se llegue a conocer la
filosofía de Sciacca y que se abra la discusión acerca de ella. Esto sin embargo
dependerá mucho de que Íos círculos fi~
losóficos estén dispuestos a asumir crítica y objetivamente una filosofía existencial-idealista que se desenvuelve en

721
H46

�gran parte a base de demostraciones altamente especulativas.
El método de la interpretación minuciosa de Ivo Hüllhuber, es el de la descripción y formulación directas de la
ideología Sciaccense, usándose la terminología metafísica que frecuentemente
sólo le es accesible al experto en la filosofía. Lo que dificulta el entendimiento en
algunos pasajes, es el uso muy variado
de términos básicos, como pasa, por ejemplo, con el término central del "ser".
En vista de la minuciosidad del autor
podríamos imaginarnos que la filosofía
de Sciacca, tratando de combinar distintos aspectos filosóficos, se encuentra aquí
en una problemática fundamental. Ella
es, en el fondo, la problemática de integrar una filosofía existencial a las difíciles exigencias de una doctrina filosófica del ser, o sea de una ontología que
avanza, en cierto sentido, hacia la teología.
A pesar de los análisis ordenados, según puntos de vista cronológicos, Hüllhuber sabe repartir los acentos de manera que siempre se descubre una faceta
nueva de la filosofía Sciaccense. No obstante la interpretación fenoménica, se
nota que el autor está muy interesado
en aclarar y destacar la esencia de los
pensamientos de Sciacca. Quizás pueda
decirse que Hüllhuber en sus interpretaciones abordó un tema personal. Se comprende el hecho de que Sciacca, en una
carta dirigida al autor por motivo de la
publicación de su libro, le pudo confirmar a Hüllhuber que su estudio forma
también "por sí solo una contribución a
los problemas especulativos" (Carta reproducida al final del libro). Ha de constar que los análisis de Hüllhuber no persiguen fines críticos, sino especulativos e
interpretativos, queriéndose prestar, en
primer lugar, un servicio al sistema filosófico de Michele Federico Sciacca.
Una filosofía nueva, o sea un nuevo
sistema de pensar hoy en día, es cada

vez más críticamente acogido por nuestra conciencia que ha pasado experiencias históricamente relevantes. Es sabido
que la demostrabilidad de las filosofías
ya no es absoluta y· objetiva. Las filosofías, y eso es casi una convicción general,
tienen que confirmar su "rectitud" en
la intensidad y confiabilidad existenciales. Esto es uno de los resultados que nos
sugiere la historia de la filosofía misma.
Tal es, al parecer, el caso de la filosofía
de Sciacca: aunque ella se sirva en gran
parte de demostraciones especulativas, se
confirma y justifica, en último término, a
través de una trascendente inquietud
existencial y moral. Si no se pueden llamar convincentes a todas las complicadas
deducciones, sí ha de decirse esto de la
urgencia personal y moral del objeto filos6fico de Sciacca.
En tanto que al principio de su carrera Sciacca estaba cautivado por el
idealismo absoluto, su pensamiento sufrió una transformación notable a través
del estudio y de la interpretación de la
filosofía de Arturo Rosmini. Según Hüllhuber, constituye un "mérito indiscutible" de Sciacca "el haber llamado la
atención del Occidente sobre uno de sus
pensadores más grandes" ( p. 19) . Para
Sciacca, se reveló adecuada y determinante la manera de pensar de Rosmini.
Apreciaba en el filósofo italiano del siglo pasado el gran intento de liberar la
filosofía de las restricciones que le fueron impuestas por parte de la teoría del
conocimiento. Interpretó Sciacca a Rosmini como vencedor de la filosofía de la
inmanencia iniciada por Kant, y se comprende que aquella tendencia de devolverle a la metafísica un valor propio y
general, bien podía influenciar y fortalecer el pensamiento idealista de Sciacca.
La metafísica liberada del idealismo crítico significaba para Sciacca acceso directo a una ontología, la cual, por su
parte, ya se hubiera desatado de la actitud crítica frente a la inmanencia, dila-

tándose necesariamente a una filosofia
compleja e integrada. En el centro de la
filosofía Sciaccense se encuentra como
motor espiritual un concepto importante, que originalmente forma la respuesta crítica a la experiencias de los sistemas
de la inmanencia. Este concepto clave
de Sciacca que se anticipa ya en su obra
Líneas básicas de un espiritualismo crítico" (1936) y que seguía, hasta en sus
más recientes publicaciones, siendo analizado y profundizado, se designa "interioridad objetiva". Aunque el concepto
aisladamente posea, aparte de su carácter contradictorio, una escasa fuerza de
alusión, ocupa en los pensamientos de
Sciacca el punto decisivo con el cual se
define la ontología existencial-idealista.
La deducción especulativa de este concepto no puede descartar el hecho de que
se trata de la premisa básica en la filosofía de Sciacca. Es un concepto que implica y trasciende la inmanencia, abriéndose con él un camino hacia la comprensión idealista del ser. Pero la onto-teología, a la que llega el filósofo italiano,
tiene como base la ontología de la existencia, y es ella a la que, en primer lugar, se refiere ontológicamente el concepto clave de Sciacca.
lvo Hüllhuber considera como obra
central el tratado L'intériorité objetive,
publicado en el año 1952. "Interioridad"
se interpreta por medio del concepto de
la "intelligentia", o sea de la facultad intuitiva humana mediante la cual se percibe el ser de una manera primitiva y directa. Así pues, con miras a la filosofía
misma, constituye la "interioridad" el
factor pre-ontológico, ya que es la base
natural de toda contemplación sistemática del ser. Según la profunda interpretación de ese concepto, el hombre se distingue fundamentalmente de todo lo que
quiera existir, principalmente a través de
su "intelligentia" o de su ºinterioridad"
que lo pone en contacto directo con la
idea del ser. (El ser aparentemente es

definido por Sciacca como idea). El acto
fundamental de la interioridad es el "Yo
soy". Con ese acto se confronta el ser
humano con la idea del ser. El ser llega
a manifestarse como objeto interior de
la conciencia humana. Por tanto, la interioridad, teniendo• como objeto el ser
mismo, trasciende siempre lo inmanente
que implica. En este sentido, la existencia humana se caracteriza exclusivamente por su interioridad, mejor dicho: ella
es interioridad y, por consiguiente, se
trasciende la existencia hacia el ser mismo siendo en último término, "interioridad objetiva".
La existencia humana, y únicamente
ella, está encima de todo lo que s6lo es
real. A través de ella, lo real asume realidad o, dicho de otra manera, el mundo
real no existe sino en cuanto el hombre
como existencia lo percibe. De aquí
se aclara que lo finito del mundo fenoménico, al igual que toda contemplación inmanente, está superado mediante el concepto de la ºinterioridad objetiva". Sciacca formula en estos términos
•Un idealismo existencial, poniendo al
hombre en el cruce de lo finito y de lo
infinito. Pero implica la definición del
hombre como existencia su participación
en el ser mismo.
Siendo el ser la idea más general a
la que no se puede comparar nada, se
presenta a la vez como idea del ser supremo, de lo infinito, de Dios. En tanto
que el hombre necesariamente concibe la
idea del ser absoluto de manera teísta,
la contemplación del ser es la contemplación de Dios. Desemboca en este punto la ontología Sciaccense en la ontoteología.
En la consecuencia de sus pensamientos básicos, el filósofo italiano llega, sobre todo en sus interpretaciones de la
muerte y de la inmortalidad, a un amplio
análisis existencial-idealista del hombre.
La ética se funda directamente en la
interpretación ontológica del ser humano.

723

722
H47

�La actitud moral humana ha de ser adecuada a la verdad de la idea suprema.
En el libro de Sciacca L'Uorno - questo
Squilibrato (1956) el hombre fue de•
finido como síntesis contradictoria de lo
finito y de lo infinito. En esta discrepancia se le presenta a Sciacca el desequilibrio ontológico del hombre. Sólo mediante la realización total y la consumación de la vida puede el hombre zanjar
este desequilibrio. La inmortalidad ya no
es para Sciacca sólo una cuestión religiosa, sino se puede abordar en la filosofía,
ya que es un problema meramente ontológico. La reflexión especulativa es capaz de demostrar, hasta cierto punto, que
la inmortalidad ha de ser una certeza, la
cual se comprueba por la concepción ontológica misma. La muerte, en este conjunto, no es el enemigo del hombre, sino
su servidor, porque sólo a través de la
muerte la existencia se aproximará definitivamente a su meta que es el ser.
Para llevar a cabo esta interpretación,
Sciacca, en su obra Muerte e !mortalidad (1959), ha de recurrir a la dialéctica de los conceptos de "vida" y "existencia". La "vida" es la parte mortal
del hombre en tanto que la existencia
como interioridad es inmortal. La "vida"
misma no es de ningún interés metafísico, sino que a través de su muerte se
libera la existencia de lo finito.
A estas alturas de la filosofía sciaccense se hace evidente lo problemático
de una combinación de dos dimensiones
distintas, o sea de la filosofía y de la
creencia religiosa. Esta, en ningún momento, puede ser substituída por una certeza especulativa. Es indiscutible que el
alto valor irracional de la religión sigue
oponiéndose a la concepción racionalista
filosófica.
Dentro del espacio de la filosofía de
Sciacca aparentemente no hay cabida
para lo fenoménico de la realidad. Lo
existente, el mundo objetivo, hasta la
vida misma no son.considerados sino fon-

724

ciones del ser humano, siendo, por consiguiente, el hombre el centro de todo. Lo
objetivamente real carece de un propio
valor ontológico. El mundo se nos presenta explicable mediante las tradicionales categorías. Es indudable que el idealismo existencial de Sciacca constituye un
gran intento filosófico. Deshaciéndose de
todo lo real y finito, va más allá de los
límites que, por lo general, son característicos para la ontología. Ivo HOllhuber
está convencido de que la filosofía de
Sciacca tiene una trascendencia general
para nuestro tiempo y para el futuro. Sin
embargo sólo en una discusión crítica del
sistema Sciaccense podría justificarse lo
que el autor dice al final de su trabajo:
"La obra de Federico Michele Sciacca
presentada hasta la fecha, obliga a un
cambio de pensar, a partir del ser y de la
verdad. Esto podría conducir tanto a una
alteración del acento en la historia de
las ciencias filosóficas, como a una aclaración cada vez más profunda de la
interioridad objetiva dentro del margen
de la filosofía sistemática, confirmándose
con ello su infatigable intérprete como
verdadero guía del espíritu occidental"
(p. 150).
HANs-GÜNTER PoTT

A. E. TAYLOR, El pensamiento de Sócrates (Col. Breviarios, No. 161), tra•
ducción de Mateo Hemández Barroso,
revisada por Elsa Cecilia. Fondo de Cultura Econ6mica, México, 1962, 151 pp.

LA BIOGRAFÍA ES HISTORIA y también en
cierta forma literatura. Se le ubica en
la primera porque se orienta hacia la
interpretaci6n de un pasado individual
pero dentro de su marco social, y además se le considera obra literaria porque
quien la escribe maneja hasta cierto punto la ficción para integrar la personalidad. En definitiva, quizá deba considerar-

se solo como obra histórica, aunque utilice procedimientos literarios.
El presente libro, que aparec10 ong1nalmente en lengua inglesa hace treinta
años con el título Sócrates, se presenta
ahora en traducción española como El
pensamiento de Sócrates, modificando el
título original para informar con más
exactitud sobre el contenido de sus pá•
ginas. Una biografía, concebida más como la recuperación de la figura intelectual que como el conjunto de hechos
y actividades de un individuo, en el plano meramente anecdótico, cae por entero en el terreno histórico, si aceptamos
para el caso las afirmaciones de Colling•
wood en torno al sentido de la tarea histórica, cuyo fin primordial, según este
claro filósofo inglés, es la recuperación
y actualización del pensamiento humano.
Desde este punto de vista, el libro de
Taylor es eminentemente histórico.
Taylor se plantea las dificultades de
la empresa que se propone, pero abre
sus páginas con el procedimiento --el
único- que debe manejarse en el estudio biográfico de figuras remotas: "La
vida de un gran hombre, particularmente
cuando pertenece a una edad remota,
nunca puede ser un simple registro de
hechos indiscutibles. Incluso cuando esos
hechos son muy numerosos, la verdadera
tarea del biógrafo reside en su interpretación i debe penetrar más allá de los
simples acontecimientos hasta el propósito y carácter que descubren, y sólo
puede hacerlo mediante un esfuerzo imaginativo" (p. 9). Pero esta imaginación,
claro está, se encauza por las vías que
indican las fuentes de que se dispone.
A falta de biografías o estudios sobre
Sócrates y su época, echa mano de los
testimonios de sus contemporáneos: Aristófanes, Platón y Jenofonte, Es en la
Introducción donde Taylor expone sus
ideas a propósito de las fuentes, su valor,
y las posibilidades que le ofrecen para

la reestructuración de la figura de S6·
crates.
Así pues, sin considerar esta Jntroducci6n, en la que, como ya se dijo,
se señala aquello que puede utilizarse
como testimonio válido sobre la vida de
Sócrates, el libro se divide en tres par•
tes: "La juventud de Sócrates"; "Ultimes años de Sócrates: su proceso y su
muerte" y "El pensamiento de Sócrates",
que a su vez se subdivide en "Etica" y
"Teoría del conocimiento y método científico".
Fuera de las referencias meramente
anecdóticas que sirven para recoger la
figura del joven Sócrates en un perfil de
tiempo y espacio, y en las que indirectamente se pueden recoger referencias
sobre su carácter como individuo y su
conducta como ciudadano, lo más importante del capítulo II, que es donde se
traza la juventud del filósofo griego, es
lo relativo al ambiente cultural y "humanista" de Atenas, el desengaño de
Sócrates con el libro de Anaxágoras, la
posición que había alcanzado antes de
cumplir los cuarenta años, en los círculos intelectuales de Atenas, su relación
con Arquelao y la conjetura de que ocupó su lugar al retirarse éste, aun cuando siempre negó (Platón, Apología)
tener "discípulos" o haber sido "maestro" de ningún hombre.
En el comentario a la Apología de
Platón, en relación con el oráculo de
Delios ( que fue dado a Querefón como
respuesta a su pregunta: "¿ Hay alguien
vivo más sabio que Sócrates?"), de que
"ningún hombre viviente era más sabio
que Sócrates, dice Taylor: "Desde luego
es evidente que existe un elemento de
humorismo en la manera en que se emplea, en este relato, la historia del oráculo; sin embargo, para que tenga algún
sentido, debe de haberse querido que
fuera el relato de un hecho histórico
de acuerdo con su supuesto principal;
que Sócrates, hacia la mitad de su vida,

725

�pasó por un período de cnsis, cuyo resultado fue el surgimiento de un hombre
con una clara conciencia de una 'misión', y que la respuesta del oráculo tuvo
un papel en la provocación de aquella
crisis. No puede carecer de significación
el que Platón lo presente haciendo el
intento de 'convertir' a un joven prometedor, Cármides, tío del propio Platón,
inmediatamente después de la campaña
de Potidea, durante la cual había experimentado el 'rapto' o 'trance' de veinticuatro horas descrito en el Banquete.
Si supiéramos más acerca de los hechos
quizá veríamos que su 'vocación' de profeta le vino durante aquella visión, y
Burnet puede muy bien haber tenido
una feliz inspiración al sugerir que esto
explica por qué, en Platón, lo encontramos tan frecuentemente usando el lenguaje militar para expresar el sentido de
la vocación que Dios le impuso. Parece
claro, por lo menos, que según el relato
de Platón, la convicción de ser un hombre elegido, con una misión especial hacia la humanidad, databa en él del principio de la Guerra del Peloponeso, si
no de antes. Si pensamos en él como
debió de ser antes de que Querefón hiciera su importante pregunta a Apolo,
veremos que el cuadro trazado por Platón en las primeras páginas del Parménides, la referencia a sus primeros días
en el Fed6n, las memorias de origen desconocido en las que se basó Jenofonte
para hablar de las relaciones entre Sócrates y Antifón y la divertida frase de
Las nubes, armonizan admirablemente
entre sí" (pp. 67-68).
Los últimos años de Sócrates, la parte
biográfica final del libro, nos presenta
las circunstancias en las que se desarrolla
el proceso del filósofo; Taylor afirma
que no se conoce con exactitud la acusación contra Sócrates, tal como debió
de formularla Melito (portavoz de Anito), aunque en el diálogo Eutifr6n S6•
crates dice que Melito lo acusa de "in-

726

ventar dioses nuevos". El autor se inclina, en definitiva, por la acusación que
aparece en Diógenes Laercio, al parecer
una transcripción del documento respectivo tal y como se conservaba en el siglo
II d.C.: "Melito, hijo de Melito, del
deme de Pita, acusa a Sócrates, hijo de
Sofronisco, del deme de Alopece, bajo
juramento, al siguiente efecto. Sócrates
es culpable: 1) de no rendir culto a los
dioses a quienes rinde culto el Estado,
sino de introducir prácticas religiosas
nuevas y poco conocidas; 2) y además,
de corromper a los jóvenes. El acusador
público pide la pena de muerte" (p. 88).
Taylor se aplica a una interpretación de
los términos en que se hace la acusación,
refiriéndose, con respecto a la primera
parte, a su oscuridad y a la amnistía de
los años 404-3, que podría explicar esta
oscuridad. Sobre la segunda parte, los
cargos por "corrupción de la juventud",
nos dice que esto se refería a las críticas
de Sócrates sobre la incapacidad de políticos como Anito, lo cual repercutía
sobre los jóvenes, que harían suya dicha
crítica. Según J enofonte, se le acusaba
de enseñar a los jóvenes a no respetar
a sus mayores.
Sócrates no se impuso la pena del destierro, como pudo haberlo hecho, y en
su lugar habló de su misión. Su actitud,
según Taylor, provocó la ira de los jurados: "Es muy natural que los jurados
se irritaran por aquel discurso que no
presentaba posibilidad de acuerdo y votaron la pena de muerte por una mayo•
ría más grande que la que había pronunciado el veredicto de culpabilidad"
( p. 100) . Las últimas páginas de este
capítulo nos narran con detalle los momentos postreros del filósofo.
La parte final, "El pensamiento de
Sócrates", se divide, como quedó dicho
antes, en dos partes, "Etica" y "Teoría
del conocimiento y método científico",
en las que se muestra cómo la verdad,
concebida por Sócrates como interés su•

premo del alma, "resulta en el principio
de una teoría tanto de la ciencia como de
la conducta moral".
"Sócrates --dice Taylor en la p. 107
de su libro- debe la inmortalidad de
su fama como mártir de la filosofía no
a una melodramática explosión de sentimiento popular en una democracia emocional, sino a la Providencia que le dio,
como amigo más joven y discípulo, al
único hombre en la historia que ha combinado la grandeza suprema como pensador filosófico con una grandeza igual
como maestro del lenguaje, y por ello
ha sido, directa o indirectamente, el
maestro de todos los hombres de pensamiento desde sus días".
ALPONSO RANGEL GUERRA

FRANCO FOR.TINI, El movimiento surrealista (Col. Manuales Uteha, No. 123123a). Traducción al español por Carlos Gerhard. Unión Tipográfica LatinoAmericana, México, 1962, 201 pp.
ESTE LIBRO, ÚTIL PARA LOS ESTUDIOS de
los movimientos literarios que han surgido en el siglo XX1 nos ofrece un panorama general del surrealismo, su cronología, sus contradicciones, sus relaciones con otros movimientos, etc., y una
antología final, no desdeñable, que incluye nueve precursores (Rimbaud, Lautréamont, Jarry, Apollinaire, Jacob, , entre los principales); nueve poetas surrealistas; manifiestos y documentos del sunealismo, así como algunos juicios sobre
éste.
Reconociendo el autor las dificultades
para encontrar una definición del surrealismo, distingue estos tres aspectos: "a)
un movimiento de ideas sobre la naturaleza, las posibilidades y futuro del
hombre, que se desarrolló sobre todo,
pero no exclusivamente, en Francia du•
rante el tercer decenio de nuestro siglo
Y, desde entonces1 con fortuna diversa,

en otros países; b) un método para la
indagación de algunas experiencias psicológicas particulares ( sueños, visiones,
alucinaciones, crisptoestesia, estados de
pasión intensa, etc.) y para su exprisi&amp;n
mediante el empleo de técnicas califi.
cadas tradicionalmente como literarias o
artísticas, y c) un conjunto de comportamientos prácticos, o sea morales y po•
líticos" (p. 4).
De todo esto se desprende que intervienen en el surrealismo -principal•
mente- intentos de expresar, en formas
no premeditadas, el subconsciente (lo
onírico, las asociaciones de ideas gra•
tuitas, etc.); frente a esto, el orden discursivo-racional, que origina la tensión,
de la cual surge el deseo de unir los
contrarios para que el hombre pueda
restituirse a sí mismo. Además, el propósito de dejar de lado toda fórmula,
principio o legislación, tabú social, patriótico o religioso, que son los obstáculos
para alcanzar esa restitución del hombre
a que se hizo mención antes. Por último,
interviene una orientación hacia la política, pero en sentido inverso, es decir,
hacia la destrucción de las formas diver•
sas de la hipocresía, que se mueven en
los campos de la ética y de la política.
Señalados estos cuatro aspectos, For•
tini los presenta después dentro de la
cronología del movimiento surrealista, ya
que pertenecen a épocas diversas. La
primera etapa comprende de 1919 a
1925, y en ella se establecen los fundamentos teóricos del movimiento. La segunda, que es la etapa de la madura•
ción, va de 1925 a 1930; el momento
en que se interviene en política (activaron esta intervención diversos acontecimientos, como la represión marroquí
dirigida contra Abd-el-Krim, en 1925;
las ligas con el Partido Comunista; el
exilio de Trotzki en 1929). La tercera
y última etapa corresponde a la difusión
del surrealismo por el mundo. Los sucesos surrealistas más importantes que

727

�señalan su marcha serían los siguientes,
empezando con los precursores del Primer Manifiesto:
1916: Surge en Zurich el movimiento
Dada, encabezado por Tristán Tzara.
1917-1918: El espíritu nuevo, manifiesto programa de Guillaume Apollinaire; Nord-Sud, revista que dirigió Pierre
Reverdy.
1919: Publicación, en la revista Literatura, que dirigían Aragon 1 Breton y
Soupault, de las Cartas de guerra, de
J acques Vaché.
1919 a 1922: Experimentos de Breton
con la ºescritura automática".
1922: René Crevel1 con Robert Desnos y Benjamín Péret, dibuja en estado
semi-hipnótico.
1924: Primer Manifiesto del surrealismo, publicado por André Breton. Desde
esta fecha, hasta 1929, se publicó también una revista por Pierre Neville y
Benjamín Péret: La revoluci6n surrealista.
1925: Se inicia el período que Nadeau
llamó heroico, en el que se intenta una
existencia surrealista. Relaciones con el
Partido Comunista, y con la revista Cla·rté, también comunista.
1927: Publicación de A plena luz,
opúsculo en el que se recogen las discusiones sobre las posibles relaciones entre
el surrealismo y la actividad revolucionaria.
1928: Publicación de Nadja y El
surrealismo y la pintura, de André Breton. Tratado del estilo, de Aragon. Se
realiza el film Un perro andaluz, de Luis
Buñuel y Salvador Dalí.
1929: Polémica en torno al exilio de
Trotzky, y redacción del segundo Manifiesto del surrealismo, por Breton.
1930: Un cadáver, libro escrito contra
Breton por un grupo de surrealistas que
abandonaron el movimiento. Surge la
nueva revista surrealista El Surrealismo
al servicio de la revolución. Se publica
la Inmaculada Concepci6n, escrita en

728

colaboración por André Breton y Paul
Eluard.
1931: Salvador Dalí desarrolla su teoría de la "paranoia crítica". La edad de
oro, segundo film de Dalí y Buñuel.
1931-1934: Participación de Louis
Aragon y G. Sadoul al II Congreso Internacional de los escritores revolucionarios, que se celebró en Jarkov.
Acusación judicial de Aragon por su
composición poética Frente Rojo, libro
en el que se pedía la intervención armada contra la social democracia. Louis
Aragon se separa del movimiento.
1935: Ruptura del Movimiento Surrealista con el Partido Comunista.
1938: "Exposición Internacional del
Surrealismo".
A partir de entonces, sólo se perciben
movimientos aislados, como los de las publicaciones de Breton en Estados Unidos,
la exposición colectiva celebrada en París
en 1947, y en ese mismo año1 la publicación del volumen El surrealismo en
1947. Entre los desaparecidos, Desnos y
Max Jacob, muertos en un campo alemán de concentración. "Dalí, dice Fortini, había pasado ya desde hacía tiempo a la extrema derecha franquista y
pseudo religiosa" (p. 17).
El Capítulo "Surrealismo y política' 1
es de los más importantes en el libro.
En él se estudia el problema del surrealismo en su función transformadora de
lo social. Tres preguntas recogen la problemática que el surrealismo se planteó:
¿ En qué medida tiene un organismo político revolucionario derecho y facultad
de intervenir en materia filosófica y literaria? ¿ Cómo se concilia la libertad de
la creación artística con las finalidades
superindividuales de la lucha política?
¿ Cuál ha de ser la actitud de una cultura revolucionaria frente a las herencias culturales burguesas? Según Fortini, los surrealistas fueron los primeros
que se plantearon estas interrogantes. La
negación, siguiendo las palabras de An-

dré Breton, los envolvió. El surrealismo
se organizó en cierta manera imitando
los partidos políticos, aunque la participación política era desdeñada por los
surrealistas. Varios acontecimientos de
trascendencia internacional propiciaron
relaciones políticas de los surrealistas
con organismos1 partidos y personas,
siendo la más notoria la que iniciaron
con el Partido Comunista. Estas ligas
terminan en 1933. Después, dice Fortini,
"No obstante todos los intentos de Breton, ya no se puede hablar de una posición política surrealista sino sólo de
actividades individuales" (p. 25).
Posteriormente a un estudio de las
contradicciones y límites de este movimiento, Fortini presenta el capítulo final: "Conclusiones", en el que hace un
balance minucioso de lo que ha quedado del surrealismo. Recogemos aquí la
última página que nos ofrece una visión,
uná valoración y un análisis del movimiento que agitó el primer cuarto de
siglo, y en el que después de todo, se
reconoce la expresión de algo que, por
existir todavía aquello contra lo que luchó, puede alcanzar en el futuro sus
prop6sitos: "Por una paradoja que sólo
es tal en apariencia, la lucha contra el
irracionalismo y contra la literatura y
la ideología de la decadencia, de la que
el surrealismo es una de las expresiones
más avanzadas, en nombre de un humanismo revolucionario, se encuentra
incluir -por lo menos entre las perso•

nalidades más conscientes- entre las
libertades y las verdades que quiere ver
reconocidas y encarnadas en la historia
y en las instituciones, una gran parte precisamente de aquellas libertades insostenibles y de aquellas verdades negras que
la labor de nuestras sociedades ha formulado en términos de arte y de literatura y, por consiguiente, también en
el surrealismo. En este sentido el error
surrealista es o puede convertirse en verdad, como ya lo han demostrado, al precio de palabras y de sangre, los poetas
surrealistas más genuinos. Ninguna sociedad, ninguna relación humana que se
pretende libre podrá ignorar o desconocer, hoy o mañana, que hay una parte
entera del hombre injustamente condenada -el deseo, el eros, el sueño, el
delirio-, que ha de integrarse a la luz
diurna, transfiriendo a otras partes del
hombre los signos negativos que hasta
ahora la han acompañado. Y que estos
postulados sean o no combatidos por las
sociedades actuales en nombre de dogmas religiosos, sociales o políticos, o bien
perseguidos, adulterados o sustancialmente mistificados por 12.s 'libertades
controladas' concedidas por quien detenta los poderes de la industria cultural
moderna, todo ello no es más que una
prueba de su autenticidad y, a pesar de
todo, de la victoria que lentamente van
conquistando a través de los últimos
decenios".
ALFONSO R.ANOEL GUERRA

729

�CANJE

PUBLICACIONES RECIBIDAS*

(1962)
ALEMANIA:
Jnstitut für Auslandsbeziehungen, Stuttgart, Stuttgart, Año 12, Cuadernos 2-3, 1962.

ARGENTINA:
Bibliografía argentina de artes y letras, Fondo Nacional de las Artes, Buenos Aires, No.
8, octubre-diciembre de 1960; No. 9, enero-marzo de 1961; No. 10-11, abril-septiembre de 1961.
Boletín de la Pontificia Universidad Católica Argentina, Santa María de los Buenos
Aires, Año III, No. 12, noviembre de 1961. Año IV, No. 13, marzo de 1962; No. 14,
mayo de 1962.
Boletin informativo, Universidad Nacional del Litoral, Santa Fe, No. 18, 2a. Serie, septiembre--octubre de 1961; No. 20, 2a. Serie, marzo-abril de 1962.
Co11ADRAN Rutz, JoaoE, Bibliotecas cu.yanas del siglo xvm (Cuadernos de la Biblioteca, No. 2), Biblioteca Central, Universidad Nacional de Cuyo, Mendoza, 1961,
143 pp.
Cuadernos de Historia de España, Instituto de Historia de España, Facultad de Filosofía y Letras, Universidad de Buenos Aires, B. Aires, XXXIII-XXXIV, 1961.
FALCIONELLI, ALBERTO, Tentativa de bibliograf!a razonada de la Rusia contemporánea,
(Cuadernos de la Biblioteca, No. 1), Biblioteca Central, Universidad Nacional de
Cuyo, Mendoza, 1961, 125 pp.
Philosophia, Revista del Instituto de Filosofía, Mendoza, No. 25, 1962; No. 26, 1962.
Sapientia, Organo de la Facultad de Filosofía, Universidad Católica Argentina, Santa
María de los Buenos Aires, Año XVI, No. 62, octubre-diciembre de 1961. Año XVII,
No. 63, enero-marzo de 1962; No. 64, abril-junio de 1962.
Universidad, Publicación de la Universidad Nacional del Litoral, Santa Fe, No. 49,
julio-septiembre de 1961; No. 51, enero-marzo de 1962; No. 52, abril-junio de 1962.

* Se

recogen por orden alfabético libros y publicaciones periódicas.

731

�Universidades, Unión de Universidades de América Latina, Buenos Aires, Año 1,.
No. 4, abril-junio de 1961; No. 5, julio-septiembre de 1961; No. 6, octubre-diciembre
de 1961.

s/n. Informes sobre el proyecto de creaci6n de las Escuelas Latinoamericanas de Economía y Administraci6n Pública, Editorial Universitaria, Santiago, s/f, 203 pp.
Teologia y vida, Revista trimestral, Publicación de la Facultad de Sagrada Teología de
la Universidad Católica de Chile, Santiago, Año III, No. 2, abril-junio de 1962.

BELGICA:
Courrier du Centre lnternational d'Etudes Poétiques, Maison Internationale de la poésie,
Bruxelles, No. 37-38.

GANADA:
Annales de l'Acfas, Association Canadienne-Fram;aise pour l'avancement des Sciences,
Montréal Vol. 27, 1961; Vol. 28, 1962.

COLOMBIA:
Estudios de derecho, Facultad de Derecho y Ciencias Políticas de la Universidad de
Antioquía, Medellín, Año XXIII, 2a. época, marzo de 1962, Vol. XXI, No. 61.
Thesaurus, Boletín del Instituto Caro y Cuervo, Bogotá, t. XVI, No. 3, septiembrediciembre de 1961. T. XVIII, No. 1, enero-abril de 1962.

CUBA:
FEIJÓo, SAMUEL, Azar de lecturas, Departamento de Estudios Hispánicos, Universidad
Central de las Villas, Santa Clara, 1961, 378 pp.
FEIJÓo, SAMUEL, Sobre los movimientos por una poesía cubana hasta 1856, Dirección
de Publicaciones, Universidad Central de Las Villas, Santa Clara, 1961, 193 pp.
GONZÁLEZ, MANUEL PEDRO, Indagaciones martianas, Dirección de Publicaciones, Universidad Central de Las Villas, Santa Clara, 1961, 273 pp.
Islas, Revista de la Universidad Central de las Villas, Santa Clara, Vol. IV, No. 1,
septiembre-diciembre de 1961.
MARINELLO, JUAN, Ensayos martianos, Dirección de Publicaciones, Universidad Central
de Las Villas, Santa Clara, 1961, 216 pp.
RivERO MuÑ1z, JosÉ, El movimiento obrero durante la primera intervenci6n. Dirección Central de Publicaciones, Universidad Central de las Villas, Santa Clara,
1961, 223 pp.
Varios, Teatro bufo. Siete obras, Dirección de Publicaciones, Universidad Central de
Las Villas, Santa Clara, 1961, tomo I, 255 pp.
CHILE:
Anales de la Facultad de Teología. Pontificia Universidad Católica de Chile, Santiago,

No. 13, 1961.
Revista chilena de historia y geografia, publicada por la Sociedad Chilena de Historia
y Geografía, Santiago de Chile, No. 129, 1961.

732

ECUADOR:
Anales de la Universidad de Cuenca, Cuenca, T. XVII, No. 3, julio-septiembre de 1962;
No. 4, octubre-diciembre de 1961. T. XVIII, No. 1-2, enero-junio de 1962; No. 3,
julio-septiembre de 1962.

ESPA/,A:
Augustinus, Revista Trimestral publicada por los Padres Agustinos Recoletos, Madrid,
vol. VI, No. 22-23, abril-septiembre de 1961; No. 24, octubre-diciembre de 1961.
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Archivo Ibero-Americano, Revista de Estudios Históricos, publicada por los PP. Franciscanos, Madrid, Año XXI, No. 84, octubre-diciembre de 1961.
Conviuium. Estudios filos6ficos, Facultad de Filosofía y Letras, Universidad de Barcelona, No. 8, julio-diciembre de 1959.
Revista de Indias, Consejo Superior de Investigaciones Científicas, Instituto Fernández
de Oviedo, Madrid, Año XXI, No. 83, enero-marzo de 1961; No. 84, abril-junio
de 1961.

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Alliance for progress, Official Documents emanating from the Special Meeting of the
Inter-American-Econamic and Social Council at the Ministerial Level. Held in Punta
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Washington, D. C., 1962, 111 pp.
DEMAR, CARMEN, Alturas del silencio, Ediciones Rumbos, Barcelona, 1960, 135 pp.
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Inter American Bibliographical and Library Association, University of Florida Library, Gainsville, Florida, Vol. IX, No. 4, octubre de 1962.
Fichero bibliográfico hispanoamericano, Catálogo trimestral de toda clase de libros en
español publicados en las Américas, R. R. Bowker Company, New York, Vol. 1,
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JournaÍ 0 f ]~ter-American Studies, School of Inter-American Studies, U~versity of
Florida, Gainsville, Florida1 Vol IV, No. 1, enero de 1962, No. 2, abril de 1962;
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La nueva democracia, Nueva York, N. Y., Vol. XLII, No. 1, enero de 1962; No. 2,
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MAKARIUS SAMEER, Buenos Aires y su gente, Textos de Córdova Iturburu, Compañía
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Part III: Geography and Geology: Vols. XXXVI, XXXVII, XXXVIII, XXXIX,
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Revista Iberoamericana, Organo del Instituto Internacional de Literatura Iberoamericana, Department of Romance Languages, State University of lowa, lowa City, Iowa,
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SÁENZ, GERARD0, Luis G. Urbina. Vida y obra (Col. Studium, No. 31), Ediciones de
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Symposium, a Quarterly Journal in Modero Literatures, published by Siracuse University Press, Siracuse, Ney York, Vol XV, No. 4, invierno de 1961; Vol XVL,
No. 1, primavera de 1962; No. 2, verano de 1962; No. 3, otoño de 1962.
The Journal of Aesthetics, published by The American Society for Aesthetics of _The
Cleveland Museum of Art and Western Reserve University, Vol. XX, No. 3, prima•
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The Hispanic American Historical Review, published quarterly by The Duke University Press, Durham, N. C.,Vol. XLI, No. 1, febrero de 1961; No. 2, mayo de 1962;
No. 3, agosto de 1961; No. 4, noviembre de 1961. Vol. XLII, No. 1, febrero de
1962; No. 2, mayo de 1962; No. 3, agosto de 1962; No. 4, noviembre de 1962.
The Personalist, an International Review of Philosophy, Religion and Literature, The
School of Philosophy, U niversity of Southem California, Los Angeles, Vol. XLII,
No. 2, primavera de 1961; No. 3, verano de 1962; No. 4, otoño de 1961. Vol.
XLIII, No. 1, invierno de 1962; No. 2, primavera de 1962¡ No. 3, verano de 1962;
No. 4, otoño de 1962.
.
.
The Philosophical Review, edited by Toe Sage School of Philosophy, Cornell Umversity,

734

Ithaca, New York, Vol. LXXI, No. 1, enero de 1962; No. 2, abril de 1962¡ No. 3,
julio de 1962; No. 4, octubre de 1962.
The Psychological Record, a Quarterly Joumal in Theoretical and Experimental Psychology, Denison University, Granville, Ohio, Vol. 12, No. 1, enero de 1962; No. 2,
abril de 1962; No. 3, julio de 1962; No. 4, octubre de 1962.
Tulane Studies in Philosopy, Tulane University, New Orleans, Vol. III, 1954; Vol.
IV, 1955; Vol. V, 1956; Vol. VI, 1957; Vol. VII, 1958; Vol. VIII, 1959; Vol.
IX, 1960; Vol. X, 1961.
FRANCIA:

Annales de l'Université de París, Revue Trimestrielle, Sorbonne, Año. 31, No. 3, julio-septiembre de 1961; No. 4, octubre-diciembre de 1961. Año 32, No. 1, eneromarzo de 1962; No. 2, abril-junio de 1962; numero hors-série (Monsieur Jean Sarrailh,
Recteur Honoraire de 1' Academ.ie de París), noviembre de 1961.
Les cahiers du nouvel humanisme, Puy-de-D0me, 3a. serie, Nos. 5-6-7, febrero de 1962.

HOLANDA:
Stichting "Het Spaans, Portugees en [bero-Amerikaans lnstituut", Utrecht, Verslag,
over Het Jaar 1961, 11.

ITALIA:

Atti, Instituto Veneto di Scienze, Lettere e Arti, Venezia, Anno Accademico CXXIII,
1960-61.
Giornale di Metafísica, Revista Bimestrale di Filosofia, Universidad di Genova, Genova,
Año XVII, No. 1-2, enero-abril de 1962; No. 3, mayo-junio de 1962; No. 4-5, juliooctubre de 1962.
MEX!CO:

Abside, Revista de Cultura Mejicana, México, D. F., XXVI, No. 1, enero-marzo de
1962; No. 2, abril-junio de 1962; No. 3, julio-septiembre de 1962; no. 4, octubrediciembre de 1962.
Boletin del Archivo General de la Naci6n (Segunda Serie), Secretaría de Gobernación,
Palacio Nacional, México, D. F., Tomo II, No. 2, abril-mayo-junio de 1%0; No. 3,
julio-agosto-septiembre de 1961; No. 4, octubre-noviembre-diciembre de 1961; Tomo
111, No. 1, enero-febrero-marzo de 1962.
Historia Mexicana, Revista Trimestral publicada por el Colegio de México, México,
D. F., Vol XI, No. 3, enero-marzo de 1962; Vol. XII, No. 1, julio-septiembre
de 1962.
Istmo, Revista del Centro de América, México, D. F., No. 18, enero-febrero de 1962.
La palabra)' el hombre, Revista de la Universidad Veracruzana, Xalapa, No. 21, eneromarzo de 1962¡ No. 22, abril-junio de 1962; No. 23, julio-septiembre de 1962; No.
24, octubre-diciembre de 1962.

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�Memoria de El Colegio Nacional, México, D. F., Tomo IV, No. 4, 1961.
Revista de la Facultad de Humanidades, Universidad Autónoma de San Luis Potosí,
S. L. P., Tomo 11, Nos. 3-4, julio-diciembre de 1960.
Revista de la Universidad de Yucatán, Mérida, Vol IV, No. 19, enero-febrero de 1962.

Universidad Central de Venezuela, Facultad de Humanidades y Educación, Caracas, 1962.
VENANZI, FRANCISCO DE, Palabras para una gestión universitaria, Discursos, 19581961, Universidad Central de Venezuela, Caracas, 1961, 299 pp.

PERU:

URUGUAY:

fuRTH-TERRÉ, EMILIO, Filosofía en el urbanismo, Lima, 1961, 142 pp.
Perú indígena, Organo del Instituto Indigenista Peruano, Lima, Vol IX, Nos. 20 y 21,
enero a junio de 1961.

ANCHIERI PÉREZ, Luis, Cielobajo, Ediciones Agón, Montevideo, 1958, 18 pp.
Boletín, Agrupación por la formación integral del adolescente, Montevideo No. 1,
diciembre de 1961, No. 2, agosto de 1962.
'
MoNcADA, Juuo, La pena desnuda, Agón, Montevideo, 1958, 11 pp.
POTTIER, MME., H., Argentinismos y uruguayismos en la obra de Enrique Amorím Agón
Montevideo, 1958, 222 pp.
'
'
RODRÍGUEZ URRUTY, Para la bibliografía de Amorim, Agón, Montevideo, 1958.
s/n, Alfonso Reyes traducido, Noticia bibliográfica, Agón, Montevideo, 1957, 36 pp.
ToRREs Y CASTRO, SANTIAGO, El amor en el pueblo y otros poemas, Ediciones Agón,
Montevideo, 1960 43 pp.
VALÉRY, PAUL, El cementerio marino, versión castellana de Américo Vidal. Ediciones
Estuario, Montevideo, 1962.

PORTUGAL:
Miscelanea de Estudos a Joaquim de Carvalho, Figueira da Foz, No. 8, 1962.
MoNTEZUMA DE CARVALHO, JoAQUIM DE, Panorama das literaturas das Americas (De
1900 a actualidades), edi«;áo do Municipio do Nova Lisboa, 1958-1959, 3 Vols.,
1341 pp.

PUERTO RICO:
Asomante, Revista Trimestral de la Asociación de Graduadas de la Universidad de
Puerto Rico, San Juan, Año XVIII, Vol. XVIII, No. 2, 1962; No. 3, 1962.
V1ENTÓS GAsTÓN, N1uTA, Indice cultural, Tomo I, 1948-55 y 1956, Ediciones de la
Universidad de Puerto Rico, Río Piedras, 1962, 290 pp.

VENEZUELA:
Catálogo bibliográfico de las obras publicadas por el profesor Edoardo Crema, Fac.
de Humanidades y Educación de la Universidad Central de Venezuela, Caracas, 1962.
Catálogo de obras ingresadas, Universidad Central de Venezuela, Departamento de
Servicios, Ediciones de la Biblioteca, Caracas, enero de 1961; febrero-marzo de 1961;
abril-mayo de 1961; junio-julio de 1961; agosto-septiembre de 1961; octubre-diciembre de 1961.
Cultura universitaria, Revista Trimestral, Organo de la Dirección de Cultura de la
Universidad Central de Venezuela, Caracas, Nos. LXXVI-LXXVII, julio-diciembre
de 1961; Nos. LXXVIII-LX:X!X, enero-junio de 1962.
NuÑo MoNTES, JUAN A., La dialéctica platónica, Facultad de Humanidades y Educación, Instituto de Filosofía, Universidad Central de Venezuela, Caracas, 1962, 207 pp.
Episteme, Anuario de Filosofía, 1959-1960, Instituto de Filosofía, Facultad de Humanidades y Educación, Universidad Central de Venezuela, Caracas, 1962.
Guia de estudios universitarios, Universidad Central de Venezuela, 1961-1962, Caracas,

•

1961, 244 pp.
NuÑo JuAN ANTONIO, La revisi6n heideggeriana de la historia de la filosofía (Separata
del Anuario Episteme, No. 3), Caracas, 1962.
s/n, Catálogo bibliográfico de las obras publicadas por el profesor Edoardo Crema,

736

737

�Acabóse de imprimir el día 20
de abril de 1963 en los Talleres de la Editorial Jus, S. A.
Plaza de Abasolo 14, Col. Guerrero, México 3, D. F. El
tiro fue de 1,000 ejemplares.

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                  <text>Humanitas es la revista de investigación más antigua del noreste de México en el área de Ciencias Sociales y Humanidades, se publica desde 1960 y actualmente está indexada en Latindex. Es una revista arbitrada y de acceso abierto que considera para su publicación artículos originales escritos en español e inglés, que sean el resultado de una investigación científica y que representen una clara contribución al debate y conocimiento de las áreas de la revista: Filosofía, Letras, Ciencias Sociales e Historia.</text>
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                <text>Humanitas, Sección Noticias y Reseñas Bibliográficas, 1963, No 4, Enero</text>
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                <text>Basave Fernández del Valle, Agustín, 1923-2006</text>
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                <text>Humanitas es la revista de investigación más antigua del noreste de México en el área de Ciencias Sociales y Humanidades, se publica desde 1960 y actualmente está indexada en Latindex. Es una revista arbitrada y de acceso abierto que considera para su publicación artículos originales escritos en español e inglés, que sean el resultado de una investigación científica y que representen una clara contribución al debate y conocimiento de las áreas de la revista: Filosofía, Letras, Ciencias Sociales e Historia.</text>
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                <text>Rangel Frías, Raúl, 1913-1993</text>
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                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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                    <text>Sección Cuarta

CIENCIAS SOCIALES

�INTERNACIONALISMO Y UNIVERSALISMO
Lrc.

ALBERTO GARCÍA GÓMEZ

Universidad Nacional Autónoma de México.
Universidad de Nuevo León.
La morada del hombre es la tierra . . .

Es POSIBLE OBSERVAR en la panorámica que nos brinda la historia de las ideas
y doctrinas filosóficas y políticas, aplicadas a lo internacional, cómo la casi
totalidad de ellas, de acuerdo con las circunstancias que actualmente privan
en el mundo, se ha venido actualizando gradualmente hasta integrar una corriente doctrinaria que ha recibido el título de Internacionalismo, de acuerdo
con sus tendencias hacia tal objeto.
Las manifestaciones internacionalistas en el campo ideológico que han venido formando la corriente doctrinaria que citamos, provienen de diversas posiciones que van de lo filosófico a lo político, amén de las contribuciones jurídicas, literarias y aún hasta poéticas, que se han producido en el transcurso
del tiempo en varios países.
En otro aspecto distinto y de muy diversa naturaleza, de acuerdo con su
origen, doctrina propia y fines ultraterrenos, pero dirigido también al hombre
mismo, se destaca el hecho singular del Cristianismo, el que da origen a un
Universalismo, en la más adecuada acepción del concepto. Desde luego no es
posible ignorar otras actitudes ideológicas que de por sí tratan de colocarse en
similar proyección universalista, si bien desconociendo la profunda naturaleza
y trascendencia que encierra el contenido del Cristianismo.
Internacionalismo y Universalismo han sido comúnmente empleados en forma distinta por tratadistas y escritores, por lo que hemos creído pertinente,
antes de iniciar nuestro breve estudio, el tratar de hacer las aclaraciones que
convengan respecto a la denotación y significado de ambos conceptos, ya que
al no aplicarlos con la exactitud debida -tomando en cuenta el estado del
533

�planteamiento y estudio en que la cuestión se encuentra- esto acarrea interpretaciones equívocas y confusiones acerca de tales términos.
En realidad el Internacionalismo hasta ahora empieza a interesar, otorgándosele la importancia y categoría que tiene, no ya como un simple concepto
enunciativo, sino como un conjunto de ideas encaminado a integrar una
corriente doctrinal, iniciándose así un nuevo campo de estudio de magníficas
perspectivas cuyos frutos podrán apreciarse en lo futuro.
En lo relativo al concepto mismo de Internacionalismo, es posible decir que
ha sido el mar a donde han confluído no pocos ríos, al que también se le ha
denominado Universalismo. Múltiples ideas de índole filosófica como política
han integrado su acervo, siendo no escasa la literatura al respecto; pero en
forma principal, de acuerdo con su evolución, en el Derecho Internacional
(lnternationes), que aunque tiene sus propios principios, normas, reglas e
instituciones, como ciencia y con técnica ad hoc, no obstante, ha recibido buena parte de esa corriente ideológica.
I. El Internacionalismo ha venido adquiriendo carta de naturalización conforme el progreso del hombre ha dejado sentir sus efectos y es indudable que
la guerra también ha influído con sus funestas consecuencias. Las dos últimas
recibieron, por su naturaleza, el carácter de mundiales y no es difícil inferir
la letal y total magnitud de una posible tercera. En esa encrucijada trágica
de nuestro tiempo, el hombre vuelve angustiosamente su mirada hacia alguna
posible solución, que no solamente alivie la tensión -llamada guerra fríaque antecede al conflicto bélico mismo, sino sea el remedio definitivo y factible
que ponga ·coto a esa terrible eventualidad, tomando en cuenta las experiencias
de los fraca~s de otros tiempos. Mas si en el terreno del progreso material los
adelantos son incontrastables, si nos preguntamos acerca de si ese progreso
se ha obtenido también en lo que al espíritu se refiere, por desgracia, la contestación podría ser contestada por las circunstancias que privan en nuestro
momento histórico, y que muestran signos negativos. De aquí que sean dignos
de todo encomio los esfuerzos de estadistas, que como el presidente mexicano,
Lic. Adolfo López Mateos, luchan en favor de la paz y luchan también por
frenar y evitar una definitiva guerra nuclear, como la situación más compleja
e inmediata por la que atraviesa la humanidad, entre otros problemas de no
menor gravedad, dentro del gran escenario internacional en el que mancomunadamente participan todos los pueblos del orbe.
Los orígenes del Internacionalismo -en primer término- es posible encontrarlos en la naturaleza misma del hombre, la que alberga un anhelo de universalidad, pero paradójicamente, el propio hombre se ha encargado de obstruir, de poner murallas y de sembrar odios fratricidas, con los resultados que
la historia contempla. "La morada del hombre es la tierra", rezaba. el afo-

rismo antiguo y la propia historia se ha encargado de relatar -como comprobación de ese anhelo de universalidad- en brillantes páginas, sus esfuerzos,
obras y empresas en tal sentido, sólo que tal anhelo no ha tenido ni con mucho
una realidad.
El "más allá" terreno no reconoce límites. Así, los grandes descubrimientos
de la época antigua, como los que se antojan temerarios e irrealizables de la
actual, han podido llevarse a feliz término, debido a otras causas, a ese espíritu anhelante de universalidad. La obra de Cervantes, por ejemplo, tiene
proyecciones universales, porque sus personajes encaman al hombre de todos
los tiempos, con sus grandezas y debilidades.
Sin embargo, ese espíritu ha tomado diversos derroteros, como es lógico suponerlo. La diversidad de su expresión es prueba de la riqueza de su contenido,
como así es posible encontrarlo en múltiples manifestaciones a través del tiempo de todos los pueblos; formando ese conjunto de ideas internacionalistas,
con trasfondo universalista, una corriente que la historia de la cultura indudablemente guarda como una de las más nobles aspiraciones del hombre.
Todo lo anterior, aunado al progreso científico, prematuro en relación con
su progreso espiritual, encierra una dinámica que se dirige a abolir -en el
caso de llegar a realizarse dentro de las posibilidades y circunstancias de lo
futurible- las nacionalidades y las fronteras; a acabar con la insensata incomprensión entre los mismos hombres, así como a desterrar la siempre latente
amenaza de la guerra y, finalmente, a eliminar todos los obstáculos y prejuicios
que han servido de barreras a la libre como natural comunicación espiritual
y material de un pleno vivir de toda la humanidad.
La posible verificación de un agrupamiento internacional -vía jurídica-,
de acuerdo con las circunstancias actuales en que vive el hombre, hace pensar
y meditar en determinados hechos de la vida moderna que también, y gradualmente, lo han llevado -vía progreso científico- ya sea consciente o inconscientemente, o bien como producto natural del progreso mismo, a esa aproximación de la que parecen coincidir en sus fines, tanto el Internacionalismo
como el Universalismo; o sea el hecho claramente perceptible de la cada vez
mayor tendencia al agrupamiento, como así acontece en los campos de lo
ideológico; si bien, como es de suponerse, los medios o caminos que han seguido
ambos difieren notablemente, tanto en posición doctrinal, como en sus propios
postulados. Lo cierto es que vivimos en un proceso de internacionalización y
también, por qué no decirlo, de universalización de acuerdo con las exigencias
sociales internacionales. El hombre está más cerca del hombre en nuestros
días, a diferencia de las distancias que lo separaban en otras épocas; ahora el
acercamiento material es un hecho evidente, y en lo que respecta al acerca-

535
534

�miento espiritual, no parece hallarse el elemento genuinamente espiritual o
moral que produzca tal acercamiento.
La validez de los conceptos se ha internacionalizado, como principio de ese
proceso. El valor seguridad, pongamos por caso, ha caído en ese campo. Así,
en los últimos cuarenta y cinco años, el aseguramiento de ese valor seguridad,
como un nuevo concepto nacido de las circunstancias por las que el mundo ha
atravesado, tiene su fundamento en el principio de la universalidad de intereses
entre todas las naciones, principio que, como ha dicho un autor, ha encontrado aceptación y práctica aplicación, primero en la Liga de las Naciones, y
posteriormente en la Organización de las Naciones Unidas.1
Frente a la natural disposición del hombre dentro de lo universal e internacional, que tiene "como morada a la tierra", contrariamente a esto, se encuentra la posición desviada y malévola, cuando la encubre para dar satisfacción a sus apetitos bastardos de dominación o sojuzgamiento; como así ha
ocurrido en determinados períodos históricos el último no lejano a nuestra
época. El meollo del problema podría resolverse si se hace el reconocimiento
sincero de los valores que, tanto espirituales como materiales, componen a la
persona y de la admisión y reconocimiento de este hecho fundamental y necesario, deben derivarse, en ese reconocimiento, todos los atributos que le son
inherentes, como son el derecho a una existencia que merezca el nombre de
tal, para que el hombre pueda cumplir su misión terrenal en la seguridad que
la paz, la verdadera paz, brinda y participar equitativamente de los frutos que
su progreso le ha proporcionado; logrando así una efectiva convivencia. Pero
esta deseable situación para el porvenir --el de un sano internacionalismo-no puede ser la situación utópica de una arcadia, ni la siniestra "lección de
las ruinas"; tampoco la amarga experiencia que el filósofo inglés Bertrand
Russel apuntaba al decir que "el mundo en que vivimos ha sido modelado
por unos seis mil años de guerras organizadas"; como tampoco, por último, la
esclavizante que predican los que, mediante doctrinas inspiradas en la violencia, en el fanatismo ateo y en la simulación, tratan de adueñarse del mundo,
a través de la llamada "coexistencia pacífica", que es, en última instancia, la
antesala de la dominación y del imperio de odio y la opresión; porque otro
es el camino de un posible Internacionalismo y muy otros los medios de
lograr esa posible integración por más que se pretenda revestirlas de un Universalismo o de un Internacionalismo convencional e inoperante.
Con objeto de ir clarificando el tema a estudio, podríamos intentar un
concepto de Internacionalismo, al entenderlo como un conjunto de ideas de
naturaleza filosófico-jurídica, que en el transcurso del tiempo y de la historia

de los pueblos, han venido germinando una doctrina que establece --de
acuerdo con la congénita disposición de universalidad en el hombre- los principios y fundamentos para que la Comunidad Internacional pueda alcanzar su
efectiva integración y, así mismo, mediante los principios que han determinado
las normas del Derecho Internacional, éste pueda adecuarse a las nuevas
exigencias de la Humanidad y hacer factible tal comunidad universal. ¿ Acaso
el concepto anterior nos lleva a la por hoy un tanto utópica creación del Estado Mundial o bien a una Confederación Internacional de Estados?
La idea no es nueva. Ya Francisco de Vitoria, fundador del propio Derecho Internacional, siguiendo a Gayo en las Institutas, así como a otros autores antiguos y alterando el texto, habría de establecer certeramente: " Quod
naturalis ratio ínter omnes gentes constituit, vocatur ius gentium . .." y sobre
esa definición constituye su tesis fundamental de que el Derecho de Gentes
brota de la sociedad internacional: "ex communi consensu omnium et nationum". Por ta11to, el Derecho de Gentes vitoriano surge de la sociabilidad, de
la sociedad m,tural, de las relaciones entre los pueblos; no entre todos los
hombres considerados individualmente, sino entre los hombres agrupados en
naciones, y en esto ha de verse una superación con la doctrina tomista de la
comunidad cristiana, y un positivo adelanto". 2
Posteriormente al pensamiento de Vitoria, otros esfuerzos no ya puramente
teóricos sino políticos, fueron hechos con carácter internacionalista. Francia
en el siglo XVIII, dejaba oír por boca de uno de sus dramaturgos (De Belloy), la aspiración que hemos mencionado acerca del Internacionalismo, al
decir en uno de sus versos:
Je hais ces coeurs glacés et morts pour leur pays
Qui, voyant ses malheurs dans un paix profonde,
S'honbrent du grand nom de citoyens du monde.3

En el terreno de las ideas, o sea la parte que hemos considerado teórica, no
podemos soslayar la influencia de las contenidas en el Enciclopedismo que
habrían de tener -las principales de ellas- su verificación en la propia Revolución Francesa. "Los Derechos del Hombre" habrían de producir otra
revolución, no solamente dentro de la propia Francia, sino hasta en tierras
americanas, como así se observa en la actitud seguida por Thomas Paine, en
lo tocante a la justificación teórica de los insurgentes en sus reivindicaciones,
y además servir a la misma Revolución Francesa, cuando publicó un folleto
2

J.

LLOYD MECHAM. The United States and Inter-American Security, p. 1. University of Texas.
1

536

Lrc. CÉSAR SEPÚLVEDA. Derecho Internacional Público, p. 5.
• THÉODORE RuvssEN. Les Sources Doctrinales de L'Internationalisme, pág. 15. Presses
Universitaires de France.

537

�en Londres, en 1791, intitulado Rights of Man being an Answer to Mr. Burke's
Attack on the French Revolution. 4 También no era novedad la idea de la
Unidad de Europa -sueño largamente acariciado que parece llegará a una
realidad en lo futuro-, lo que empezaba a germinar. En la ,Convención Francesa, el 15 de junio de 1793, el Abate Grégoire, demandaba en la discusión del
proyecto de Constitución que habría de substituir a la de 1791, _una De~la_r~ción de Derecho de Gentes, lo que habría de ser -en la autonzada op101on
del profesor Ruyssen- "la primera enunciación precisa de los principios de
5
Derecho Internacional que se había sometido a una asamblea política". En
efecto, el Artículo Primero establece: "Les peuples son entre eux dans l'etat
de nature; ils ont pour lien la morale universelle".
En los tiempos modernos -aunque por diversas motivaciones- la corriente
internacionalista no se ha interrumpido. El nombre de Roberto Schumann, se
encuentra íntimamente ligado a la idea de una lenta integración de lo que
podrá hacerse andando el tiempo: la fusión supranacional de Europa. El M_ercado Común Europeo, constituye un acabado esfuerzo cuyos resultados han ido
más allá de lo que se había previsto. Ya Winston Churchill había delineado un
plan, el cual debería ser "Una liga realmente efectiva con todas las más p~d:r~sas fuerzas incluídas en su formación, con una suprema corte para dmnur
disputas, y con fuerzas armadas, nacionales e internacionales, o ambas di_s~uestas a imponer sus decisiones y prevenir agresiones armadas y la preparac1on de
futuras guerras". "Después de la elección general británica de julio de 1945,
Churchill continuó urgiendo la creación de unos Estados Unidos de Europa, Y
en Zurich, el 19 de septiembre de 1946, dijo que el primer paso hacia ello debería ser "formar un Consejo de Europa".6
Los anteriores esfuerzos -pese a su índole eminentemente económicaconstituye, no obstante, elocuentes ejemplos de lo que las ideas internacionalistas y Ja solidaridad pueden realizar en el ámbito de ir organizando grandes
agrupamientos, que a su vez, formasen una totalidad de Estados, como en el
caso de Europa, con indudables proyecciones hacia otros campos que no fueran puramente de carácter económico.
El Internacionalismo puede dividirse en dos aspectos: a) teórico, que contiene las ideas previas a la doctrina en germen, cuyo objetivo principal es el
reconocimiento del hombre como miembro de una comunidad internacional,
situado fuera del marco puramente nacional, y con una personalidad cuyos
atributos tienen una proyección internacional también. En sus principios evolutivos esta doctrina aparece coloreada de tintes románticos y utópicos Y
contie~e diversas posiciones intelectuales e ideológicas, de acuerdo con las cir• y• Ibid., pp. 35 y 36.
• ESTEBAN GoNZÁLEZ ARDINES. Integraci6n Supr'aestatal. Tesis profesional, p. 10.

538

cunstancias y el momento histórico determinativo; hasta llegar, por último,
muchas de esas ideas, tanto de carácter filos&lt;Sfico, jurídico, político y sociológico,
dentro de la corriente que señalamos, a constituir verdaderos principios que con
el correr del tiempo -en opinión del profesor T'héodore Ruyssen-, han formado las fuentes doctrinales del Internacionalismo, de acuerdo con su obra.
Como acontece con las doctrinas que nacen, como en el caso que ocupa
nuestra atención, es de observarse que el material que las informa es abundante y disperso, y no siempre tiene la uniformidad que hubiere de desearse.
Para lograr la ordenación de dicho material, se requiere tiempo, y esfuerzo y,
como acertadamente lo apunta el profesor Ruyssen, se señalan tan sólo las
fuentes doctrinales, las que necesariamente habrán de integrar a la doctrina
propiamente dicha del Internacionalismo, mérito indiscutible del maestro galo, que constituye la más, si no la primera, seria e importante contribución a
dilucidar la problemática de esta nueva disciplina, como lo es la Filosofía del
Derecho Internacional.
b) En el aspecto práctico, se observa cómo muchas de esas ideas que han
venido formando las fuentes del Internacionalismo, se han plasmado de acuerdo con las exigencias del momento histórico, tanto en principios como en instituciones, legalmente válidas en el campo jurídico internacional. De los principios se ha llegado a la elaboración de normas, como así es posible contemplarlo en el Derecho Internacional común de nuestro tiempo, hasta llegar a
su consagración en la Carta de las Naciones Unidas, como su más acabado exponente, que en síntesis, no es otra cosa que un tratado internacional inspirado
y con fundamento en el propio Derecho Internacional.
La aparición de la Carta de las Naciones Unidas, para llegar a su realización habría de tener los antecedentes necesarios, como aquel de la Sociedad
de Naciones, el primer gran esfuerzo para agrupar a los Estados dentro de
planos internacionales. Asimismo, están los diferentes convenios y tratados, así
como la existencia de múltiples negociaciones en donde han coincidido todos
los factores, no puramente jurídicos internacionales, para ir integrando ese
acervo.
La profJia Carta de las Naciones, Unidas, es el más claro ejemplo de cómo
la internacionalización se ha venido actualizando, siendo indudablement2 su
expresión jurídica su más elevado exponente. El eterno problema del empleo
de la fuerza como solución para los problemas del hombre, gradualmente le
ha venido imponiendo a éste el imperio del Derecho Internacional, como el
más eficaz medio de hacer más viable las posibilidades de una efectiva convivencia entre los Estados.
En la formulación de la Carta de las Nac:iones Unidas, cuyos antecedentes se encuentran en la Declaración de Moscú, del lo. de noviembre de 1943,

539

�los Estados Unidos, la Gran Bretaña y la Unión Soviética, habían acordado el crear una nueva organización de tipo internacional. En Dumbarton
Oaks se prepararía el material que en la Conferencia de Yalta, de 1945, se
completó acerca de la nueva institución, para llegar, finalmente, a la Conferencia de San Francisco ( 1945), en la que con asistencia de 50 estados nacería
la Carta de las Naciones Unidas, cuyas miras principales están encaminadas al
mantenimiento de la Paz, así como de la seguridad internacionales, los dos
grandes valores que la humanidad había contemplado verse aterradoramente
deshechos.
Aunque ampliamente conocido el documento en cuestión, no está por demás, dado su alto valor, el transcribir tanto el Preám.\ulo, como el Artículo I,
con objeto de poder encontrar los elementos que nos sirven para nuestro propósito a estudio. La Carta de las Naciones Unidas empieza:
"Nosotros los pueblos de las Naciones Unidas resueltos a preservar a
las generaciones venideras del flagelo de la guerra, que dos veces durante nuestra vida ha infligido a la humanidad sufrimientos indecibles,
a reafirmar la fe en los derechos fundamentales del hombre, en la dignidad y el valor de la persona humana, en la igualdad de derechos de
hombres y mujeres y de las naciones grandes y pequeñas, a crear condiciones bajo las cuales puedan mantenerse la justicia, y el respeto a las
obligaciones emanadas de los tratados y de otras fuentes del Derecho Internacional, a promover el progreso social y a elevar el nivel de vida
dentro de un concepto más amplio de la libertad".
Por su parte, el Artículo I, en lo relativo a propósitos y principios, estatuye:
"Los propósitos de las Naciones Unidas son:
1. Mantener la paz y la seguridad internacionales, y con tal fin: tomar
las medidas colectivas eficaces para prevenir y eliminar amenazas a la
paz: y lograr por medios pacíficos, y de conformidad con los principios
de la Justicia y del Derecho Internacional, el ajuste o arreglo de controversias o situaciones internacionales susceptibles de conducir a quebrantamientos de la paz.
2. Fo mentar entre las naciones relaciones de amistad basadas en el
respeto al principio de la igualdad de derechos y al de lai libre determinación de los pueblos, y tomar otras medidas adecuadas para fortalecer
la paz universal.
3. R ealizar la cooperación internacional en la solución de problemas
internacionales de carácter económico, social, cultural o humanitario, y
540

en el desarrollo y estímulo del respeto a los derechos humanos y a las
libertades fundamentales de todos, sin hacer distinción por motivos de
raza, sexo, idioma o religión; y
4. Servir de centro que armonice los esfuerzos de las naciones por
alcanzar estos propósitos comunes".
En el aspecto internacionalista, están, como hemos dicho, la propia Organización de las Naciones Unidas; la Organización de los Estados Americanos
(OEA), que nació de la Carta. de Bogotá; el Consejo de Europa, ya citado;
La Comunidad Europea del Carbón y el Acero, así como los Acuerdos Regionales.
No menos interesante es -dentro del Internacionalismo- la observación
de las funciones de la comunidad internacional organizada, de donde se derivan importantes consecuencias.
"Los actos jurídicos realizados por los órganos de la ONU, al igual
que los actos jurídicos de los Estados, pueden dividirse en varios grupos, siendo los principales los siguientes: la promulgación de normas
generales, la conclusión de tratados, la mediación y resolución en materia de conflictos, la comprobación de hechos, la fijación de preceptos
por vía reglamentaria (instrucciones), la realización de actos administrativos y la ejecución de medidas coercitivas". 1
Sin embargo, dentro de esa panorámica internacionalista que venimos observando, ocupa un lugar preferente un movimiento de tal carácter, sólo que
dirigido al reconocimiento de la persona humana, como elemento básico para
la estructuración de un internacionalismo que pueda fincar, a su vez, nuevos
caminos de inteligencia. Si bien el hombre como individuo no suele ser sujeto
del Derecho Internacional, en cambio éste sí le protege "ya que el extranjero
puede ser protegido por su gobierno. Sin embargo, desde el Congreso de Viena
( 1915) encontramos diversos Tratados colectivos en los que el hombre como
tal comienza a ser protegido internacionalmente".8
Con antecedentes, tanto en la antigua doctrina del Derecho Internacional,
como en forma especial en Vitoria, no obstante, es en la Carta de la ONU en
donde se encuentra un reconocimiento internacional de principio de los derechos humanos. La Carta --como vimos anteriormente-- proclama en el
Preámbulo su "fe en los derechos fundamentales del hombre, en la dignidad y valor de la persona humana, en la igualdad de derechos de hombres
' ALFRED VERDROSS.

Derecho Internacional Público, p. 423.

' !bid., p. 442.

541

�y mujeres". Por su parte, se ha creado el "principio nuevo -como acertadamente Verdross lo establece-" de que la protección de los derechos humanos constituye una cuestión fundamentalmente internacional. .. Pero aunque
este principio haya sido reconocido por la Carta de la ONU, su puesta en
práctica se encuentra todavía en sus comienws. Para acometer dicha aplicación, la ONU creó una comisión especial, la Comisión de Derechos Humanos,
que preparó una "Declaración" y una "Convención" sobre la protección de
los derechos humanos. La Asamblea General de la ONU, el 10 de diciembre
de 1948, después de haberlas discutido, aprobó una "Declaración Universal
de los Derechos del Hombre", que consta de treinta artículos.
El Preámbulo de la Declaración parte de la idea de que los derechos humanos fundamentales están enraizados en la dignidad y el valor de la persona
humana. Por eso corresponden a todos los miembros de la familia humana
derechos iguales e inalienables ( Preámb., apart. lo., art. 2o.).
La Declaración universal de los derechos del hombre no tiene un carácter
jurídicamente obligatorio, sino moral, ya que la Asamblea General de 1a ONU,
no tiene, en principio, competencia legislativa, y sólo puede hacer re~o71:e~daciones, de aquí que su reconocimiento sea solamente el de un Pnncip:o,
sentándose así el establecimiento de otro principio más, que unido a otros, irá
formando el Derecho Internacional del futuro.
Por último, múltiples son ya los casos en donde es posible comprobar 1~ expansión del Internacionalismo, como en el caso del Derecho lnternac10nal
Administrativo; el régimen de las comunicaciones, debido al rápido desarrollo del tráfico de personas y cosas y correspondencia, como acontece en los
autobuses que recorren Europa, facilitando la tramitación de requisitos migratorios a las personas que pasan de un país a otro. Hay también el régimen
de la navegación fluvial, especialmente en Europa también, en donde se ha
Ileo-ado a la declaración de ríos internacionales; el régimen de los canales y
b
•
. ,
, •
el de las comunicaciones ferroviarias; el régimen de la navegac10n mantuna
y aérea; de la transmisión de noticias; la telecomunicación y el tráfico comercial. En lo que respecta al internacionalismo, en materia cultural, corresponde a la UNESCO "el promover la solidaridad intelectual y moral de la
humanidad".
Pero --concluye Verdross-, además, con la organización de la comunidad
internacional surgen también nuevos valores. Así el Preámbulo de la Carta
apunta a la buena vecindad y a la tolerancia. Pero sobre todo una coope_r~ción eficaz de los Estados presupone la buena voluntad de todos los participantes de colaborar en la realización de fines comunes, pues faltan~o tal disposición interna no cabe actuación solidaria alguna. _Lo~ Es~dos tienen que
orientarse hacia un fin último, para que quepa una comc1denc1a de sus q~ehaceres. Y este últmo fin no puede ser otro que el bien común de la humanidad,

542

el bonum commune humanitatis. Pero este fin no recibe un contenido concreto mientras no va unido al convencimiento de que todos los hombres son hermanos, por ser todos ellos hijos de una gran familia, unida por Dios y en
Dios, según expresa el conocido dicho: "conjunctio hominum cum Deo est
conjunctio hominum intersese".9

11.

EL UNIVERSALISMO

En primer término, es necesario atender al Universalismo nacido al calor
de un hecho singular: el advenimiento del cristianismo. Anterior a ese hecho
el hombre tenía, entre otras incógnitas que resolver, la realidad de encontrarse ante un gran escenario, con todas las grandes limitaciones que le imponía
no solamente su condición de hombre, sino su estado de barbarie o de semibarbarie, en ese período evolutivo primario. Pero la grandeza de ese mundo
-no comprendido en su magnitud- tenía la compensación de la grandeza
del propio hombre, quien habría de emplear varias generaciones, para empezar a comprenderlo y a conquistarlo palmo a palmo a costa de su sangre. Sin
embargo, la pura conquista de ese mundo ·que le atraía, no era, con mucho, la
gran meta, porque quedaban a la vera de sus caminos y en las horas solitarias de su reflexión múltiples incógnitas cuya contestación no satisfacían las
conquistas y el dominio, ni el avance de una técnica -mayoritariamente bélica y por tanto negativa- y que, en algunos casos, le proporcionaba algunas
comodidades para abreviar sus fatigas para el trabajo. Sus agrupaciones sociológicas, gobernadas por castas privilegiadas, paganas y abstrusamente materialistas, hacíanle la vida sin contenido, hasta la aparición del cristianismo, como el hecho más trascendental que se produjera en el curso de la historia,
produciéndose así el único y verdadero Universalismo; no serían piezas disímbolas de un todo, la prédica del odio, se vería reemplazada por la del amor y
la confraternidad, llegándose así a la formación de una conciencia universal y
religiosa del cristianismo. "Miraos como hermanos..." dicen las palabras de
las Sagradas Escrituras.
"Con toda seguridad el nacimiento de Cristo señaló una de esas encrucijadas en la historia, al introducir, como introdujo, una profunda transformación
espiritual y cultural en el antiguo mundo del paganismo. Su advenimiento
hasta llegó a dividir el calendario en dos épocas del tiempo reconocibles. El
hombre emergió de la masa de la humanidad indistinguible como una personalidad investida de una dignidad individual desconocida para las privilegia• !bid., p. 485.

543

�das castas paganas de las civilizaciones precristianas, a pesar de que Platón y
Aristóteles habían llegado al margen de la revelación. Era el punto en que
cambiaba de curso la historia espiritual de la raza..."lº
Pero no viene a los propósitos de nuestro trabajo hacer el análisis de la
presencia del cristianismo, tema que ha ocupado a profundos escritores, teólogos y tratadistas en general. Interésanos sí, desde el punto significativo de
que crea el único y posible universalismo, fundado, no en las meras conveniencias del "vivero político", sino con elevados y muy superiores fines.
Al valorizar y percatarse de la realidad internacional de nuestro tiempo,
vemos que ha hecho su aparición un documento de la mayor importancia,
que dentro de la proyección universalista de su origen, nuevamente, como
hace siglos, se llama a todos los hombres. Tal es, brevemente dicho, la Encíclica Pacem in Terris, de S. S. Juan XXIII, enseñanza y documento solemne
dirigido a todo el mundo. El valor de este documento, reconocido por cristianos y no cristianos, constituye un faro de luz en esta etapa de tensión y de sufrimiento por un futuro preñado de letales y definitivas circunstancias.
En este trance, la voz serena de la Iglesia deja oír su mensaje a través de
Pacem in Terris, que en su parte primera se refiere al orden entre los seres
humanos, con la definición afirmativa de que: "Todo ser humano es persona,
sujeto de derechos y de deberes''. Al efecto, se declara:
"En toda humana convivencia bien organizada y fecunda hay que
colocar como fundamento el principio de que todo ser humano es 'persona', es decir una naturaleza dotada de inteligencia y de voluntad libre
y que por tanto de esa misma naturaleza directamente nacen al mismo
tiempo derechos y deberes que, al ser universales e inviolables, son tam11

bién absolutamente inalienables".

necer a una det~rminada Comunidad Política, no impide de ninguna
man~ra el ser miembro de la familia humana y pertenecer en calidad
de ciudadano a la comunidad mundial".12
No siendo el propósito de esta parte de nuestro estudio, el hacer un comentario de la Encíclica Pacem in Terris, sino sólo entresacar aquellos punt?s que se refieren al Universalismo: habremos pues, consecuentes, de omitlr -muy a nu~tro pesar-_ los que, pese a su valor, no traten propiamente dicho _tema y refenm~s excl_us~vamente a los que con claridad manifiestan el pensauuento y la doctnna cnstlana a este respecto. Sin embargo, en la panorámica general de la Encíclica, no es posible omitir la cuestión vital del "Desarme"
en la que se afirma:
'
"En sentido opuesto, vemos no sin gran dolor cómo se han estado
fabricando Y se fabrican todavía, en las naciones ec:nómicamente más desarrolladas, enormes armamentos, y cómo a ellos se dedica una suma
inmensa ~e energías espirituales y materiales, de lo cual se sigue que, mientras los ciudadanos de estas naciones han de soportar gastos nada llevaderos, otros pueblos quedan sin las ayudas necesarias para su progreso económico y social".ª

. En la Encíclica no se soslaya tampoco la importancia del Derecho Intemac~onal,..cuan_do en la parte relativa, al hablar de los "Signos de los tiempos", se
dice: Ha ido penetrando en nuestros días cada vez más en el espíritu humano la persuasión de que las diferencias que surjan entre las naciones se han
de resolver no con las armas, sino mediante convenios".1'
No obstante, es en la Parte Cuarta, relativa a las R elaciones entre los Individuos, las Fa"!ilias, las 1sociaciones, y Comunidades Políticas por una
pa_rte Y la Comunidad Mundial por la otra, en donde mejor se percibe el men-

Entre los importantes temas que trata la Encíclica y en donde es posible
encontrar el signo del Universalismo -en su más pura expresión-, lo podemos hallar cuando se refiere al "derecho de emigración e inmigración", entre otros de los pasajes, al decir que:

saje de la Iglesia a lo universal. En esta parte se refiere la Encíclica a la Interdependencia entre las comunidades políticas, diciendo:
El reciente progreso de las ciencias y la técnica, que han influido en
las costumbres humanas, está incitando a los hombres de todas las Naciones a que unan cada vez más sus actividades, y ellos mismos s~ asocien entre sí. Porque hoy en día ha crecido enormemente el intercambio
de las ideas, de los hombres, y de las cosas. Por lo cual, se han multipli-

"Todo hombre tiene derecho a la libertad de movimiento y de residir dentro de la Comunidad política de la que es ciudadano; y también
tiene el derecho de emigrar a otras Comunidades políticas y establecerse
en ellas cuando así lo aconsejan legítimos intereses. El hecho de perte-

!bid., p. 8.
!bid., p. 29.
" !bid., p. 33.
12

,.. Humánitas. De la guerra y de la Paz. Lic.

II, 1961.
11 Pacem in Terris de S.S.

JUAN

ALBERTO GARCÍA G6MEZ.,

p. 535. Vol.

11

XXIII, p. 5.

545
544
H35

�cado sobremanera las relaciones entre los individuos, familias y asociaciones pertenecientes a Naciones diversas, y se han hecho más frecuentes
los encuentros entre jefes de Naciones distintas. Al mismo tiempo la economía de las Naciones se entrelaza cada vez más con la economía de
otras; los planes económicos nacionales gradualmente se van asociando de modo que, de todos ellos unidos, resulta una especie de economía
universal; finalmente el progreso social, et orden, la seguridad y la tranquilidad de todas las Naciones guardan estrecha relación entre sí". 15

/ El bien común universal constituye para la doctrina que la Encíclica sostiene, la gran meta de realización universalista -entre los otros aspectos cuyo contenido se encuentra en otros campos de estudio- por lo que habremos
de considerarla como fundamental. El parágrafo habla de la "Insuficiencia de
la organización actual de la autoridad pública en relación con el bien común
universal".
"Jamás vendrá a deshacerse la unidad de la sociedad humana, puesto que ésta consta de hombres que participan igualmente de la dignidad
natural. De ahí la necesidad, que brota de la misma naturaleza humana, de que se atienda debidamente al bien universal, o sea al que se refiere a toda la familia humana.

Universalismo, sin que, como es lógico suponerlo, tengan ni la naturaleza ni
el contenido del verdadero Universalismo, a la manera en que el cristianismo
lo originara. Aquel anhelo íntimo del hombre frente al universo, queda como uno de sus grandes signos distintivos y nobles.
Tenemos el universalismo de las ideas, ya sean en las grandes obras de todos los géneros y de todos los tiempos, como acontece en las diversas manifestaciones del hombre, cuyo más alto exponente es la cultura misma. En ella
está la huella del hombre como símbolo de su grandeza dentro de lo limitado
de ella. En filosofía, por ejemplo, es posible la afirmación de que la obra de
los griegos -Aristóteles y Platón- no ha sido superada; que crearon sistemas de tal consistencia que han servido para edificar sobre ellos o en torno
a ellos; por tanto, su pensamiento es un¡versal y perenne. Lo prop!o ocurre
con las otras manifestaciones culturales. Las grandes obras de los literatos y
músicos, se han hecho del idioma universal; es decir, las primeras se han
traducido a todos los idiomas y la mÚ5ica es el mensaje suave que va de un
confín a otro. La misma cultura es universal, porque ha venido siendo elaborada a través de los tiempos por generaciones sucesivas, salvando las fronteras, y las nacionalidades, el color de los hombres y su condición, como la más
alta expresión de la presencia del hombre y de su grandeza en ese mundo
magnificente en que nace, vive y muere.

En el pasado los Jefes de las Naciones parece que pudieron atender suficientemente al bien común universal, procurándolo ya por embajadas de su propia Nación, ya por encuentros y diálogos de los personajes más destacados de la misma, por pactos y tratados, es decir, empleando los métodos y medios que señalaban el derecho natural, el derecho de gentes y el derecho internacional. En nuestros días las relaciones mutuas de las Naciones han sufrido notables cambios. Por una
parte, el bien común internacional propone cuestiones de suma gravedad, arduas y de inmediata solución, sobre todo en lo referente a la seguridad y a la paz del mundo entero; por otra parte, los jefes de las diversas Naciones, como gozan de igual derecho, por más que multipliquen las reuniones y los esfuerzús para encontrar medios jurídicos más
aptos, no logran en grado suficiente su objetivo, no porque les falte sincera voluntad y empeño, sino porque su autoridad carece del poder necesario".16

En otro orden de ideas, también se habla de otras posibles acepciones de
1
•
11

546

I bid., p. 34.
Ibid., p. 35.

547

�MISIÓN DE LA SOCIOLOGÍA DEL DERECHO

LIC. VÍCTOR L. TREVIÑO
Universidad de Nuevo León

UBICACIÓN DEL TEMA
Tono INTENTO DE PRECISAR los perfiles de la Sociología del Derecho, con propósitos de establecer ulteriormente la misión de esta disciplina, debe partir de una noción previa y clara acerca de la Sociología General.
Empleamos e,5ta última expresión en sentido provisorio y convencional, ya
que la Sociología, como cualquiera otra de las ciencias de la sociedad, del
hombre o de la naturaleza es, por esencia, general. Sin ese carácter de generalidad, ningún conjunto de conocimientos o de principios puede aspirar a
la categoría de lo científico.
Aunque la observación anterior parezca obvia, no deja de ser pertinente,
si se toma en cuenta que no pocos autores -del pasado y del presente- han
empleado esta denominación de Sociología General, sólo que en un sentido
muy diverso al que nosotros hemos anotado -y que adoptamos sólo en función de la claridad expositiva-. Así el gran maestro de la Sociología francesa, Emile Durkheim, empleó esta denominación con finalidades metodológicas,
al establecer, al par que una transformación radical del positivismo sociológico comtiano, un riguroso método de estudio de las realidades sociales escalonadas, desde la superficie geográfica y demográfica de la sociedad -realidades ecológicas, edificaciones, vías de comunicación, producción agrícola,
etc.- y pasando por las ideas colectivas, los símbolos, los valores, las creencias y los ideales, hasta las realidades profundas que bullen en la entraña misma de la sociedad. Estos diversos tipos de realidades sociales escalonadas deben ser estudiadas -según Durkheim- por tres disciplinas particulares y especializadas, que SO?:

549

�l. La Morfología social, encargada de estudiar las realidades sociales superliciales, susceptibles de medición y cu~tificaci_ón. .
.
2. La Fisiología Social, cuya tarea consiste en mvestJgar -y analizar- el
sentido de las ideas colectivas, de los símbolos y de los valores que éstos representan. Entre tales ideas colectivas y valores están las creenc~as_ religios~ _Y
las morales, los conceptos de la justicia y la equidad, las conv1cc1ones poht1cas, etc.
3. La 'Sociología General, a la que corresponde investigar cómo se integran
y desarrollan los fenómenos profundos, los más íntimos de la realidad social;
es decir, los "fenómenos sociales totales". Se observa sin esfuerzo, entonces,
que Durkheim, con esta tricotomía metodológica, asignó un lugar preciso .ª
la sociología del derecho -al mismo tiempo que a la de la moral, de la religión, de la economía, de la política, etc.- dentro de la sociología; pero no
precisamente dentro de la "Sociología General" sino dentro de lo que él designó como "Fisiología Social".
El propósito fundamental que nos condujo a hacer la exposición anterior
no es, precisamente, el de criticar, ni analizar las críticas dirigidas contra las
concepciones durkheimnianas, sino el de establecer cómo ha sido empleada,
con fines metodológicos, la locución "sociología general" por el maestro de
la sociología francesa, y como sólo con finalidades prácticas hemos decidido
emplear la misma expansión, para situarnos -terminológicamente--, en la
posición adoptada en la parte inicial de este trabajo.
Tradicionalmente, la sociología general ha sido considerada como "la ciencia de Jo social", "la ciencia que trata de la formación y desarrollo de las sociedades humanas" y otras fórmulas definitorias más o menos afortunadas,
que atienden más a una simplista interpretación etimológica del vocablo acuñado por Augusto Comte, que a la compleja función que esta ciencia está
llamada a cumplir. (Comte la definió como "el estudio positivo de todas las
leyes fundamentales relativas a los fenómenos sociales", en su Cours de Philosophie positive, 1843) .

SOBRE LAS VARIAS DEFINICIONES DE LA SOCIOLOGÍA

Aunque los sociólogos contemporáneos han adoptado fórmulas definitorias
que engloban los elementos más generales del objeto propio de 1~ cienci~ de
lo social así como la directriz del método adecuado para su estudio, es cierto
,
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que las definiciones de esta ciencia, propuestas a lo largo de algo mas e una
centuria -desde Augusto Comte hasta nuestros días- son tan variadas y
cambiantes como las figuras de un caleidoscopio, y podría decirse -si esto

no cayera en el campo de la hipérbole- que en su abigarrado conjunto, al
través de las diversas escuelas, posturas y doctrinas, el pensamiento sociológico se ha proyectado hacia todos los rumbos de la rosa de los vientos.
Emilio Littré, en su Dictionaire de la Langue Franfaise ( 1872), define
la Sociología como "la ciencia del desarrollo de las sociedades humanas". René Maunier, en su Introducción a la Sociología (Edit. "Pax-México"), tras
de censurar la definición de Littré, concluye diciendo: "Llamaré Sociología
al estudio descriptivo, comparativo y explicativo de las sociedades humanas,
tal y como se les puede observar en el espacio y en el tiempo".
Hemos mencionado a estos dos autores franceses, no por elección al azar,
sino por vía de ejemplificación, ya que Maunier representa una de las más
vigorosas argumentaciones que pueden esgrimirse para destruir una definición propuesta: "La ciencia del desarrollo de las sociedades humanas" según
Littré, provoca la crítica de Maunier (Ob. cit.) con estos argumentos: " .. .la
palabra ciencia es -o era- prematura; y en cuanto a aquello del 'desarrollo' revela una filosofía optimista del progreso. Si se acepta el término ciencia, significa que la finalidad de la Sociología es el estudio de lo que fue y
de lo que es; pero no la previsión de lo que será, ni la suposición de lo que
pudo o debió haber sido". Con tales argumentos, Maunier rechaza uno a uno,
todos los elementos de la definición de Littré...
Si hemos de seguir el orden cronológico de aparición de las múltiples definiciones de la Sociología -y el de las concepciones de la sociedad, que son
la raíz y la substancia nutricia de tales definiciones-, habremos de partir
de los tratadistas de esta materia que identifican a la Sociología con las ciencias Físico-naturales, reduciéndose, desde luego, a los tiempos modernos, sin
otra justificación que la que podría fincarse en el hecho de que la palabra
misma que designa a nuestra ciencia haya aparecido por primera vez al mediar el siglo XIX, en una "tardía aparición", por más que los estudios acerca de las colectividades humanas, sus formas de organización, sus motivaciones y sus finalidades, tengan tan remotos antecedentes y tan esclarecidos expositores como Platón, Aristóteles y Cicerón, en la antigüedad clásica, y hayan alcanzado tan elevadas cimas en San Agustín, en Santo Tomás de Aquino y
una pléyade de filósofos de la Edad Media y de los tiempos modernos cuyas
profundas observaciones y afortunados hallazgos sería imposible esbozar siquiera dentro de los límites de una monografía. Reduzcámonos, pues, al período comprendido entre el mediar de la pasada centuria y nuestros días.
De acuerdo con la concepción de la "física social" comptiana, la ciencia
del hombre que vive en comunidad -que convive con sus semejantes-, la
sociología, comprende tres partes: "El estudio del hombre físico, o 'antropología física' (biología humana) ; el estudio del hombre psíquico o 'psicología

�humana' (antropología psíquica) y, finalmente, el estudio del hombre político o 'sociología humana"' (Maunier, ob. cit.).
Para Edward Westermark (The History of Human Marriage. London,
1901, p. 1), una institución social, tan decisiva y vigorosa como es la del matrimonio, debe ser estudiada a la luz de la historia natural. En un poderoso
esfuerzo por establecer esta absurda identidad, Westermark compara y clasifica las costumbres matrimoniales de los más dispersos pueblos de la tierra.
Es evidente que lo que se obtiene con un estudio de tal naturaleza, más
que una "historia del matrimonio" es una copiosa colección de datos acerca
de la conducta del hombre, toda vez que una historia auténtica, especialmente si se trata de una institución, exige como presupuesto fundamental una
secuencia, una continuidad, un encadenamiento de las diversas etapas por las
que dicha institución ha pasado, y no solamente un recuento de lo que ciertos individuos -o ciertos grupos de individuos- en ciertos lugares y en determinados tiempos han hecho, lo cual, en resumen, representa sólo una descripción de las respuestas instintivas del hombre a una copiosa variedad de
situaciones sociales. Y si a este recuento, a esta descripción multiforme no
puede llamarse "historia" -en el sentido cultural del vocablo- mucho menos podrá considerársele como Sociología.
Criticando la Historia del Matrimonio Humano que comentamos, el Profesor Robertson Smith (Naturaleza, XLIV, p. 270), lamenta que Westermark haya confundido deplorablemente la historia humana con la historia
natural. Dice el profesor Smith (citado por Robert E. Park y Ernest W. Burges. lntroduction to the Sciences of Sociology, 1924) : "La historia de una institución, controlada por la opinión pública y regulada por la ley, no es historia natural. La verdadera historia del matrimonio empieza donde la historia
natural del aparejamiento sexual termina".
Podrían citarse centenares de autores de obras de Sociología naturalista
que -con ligeras o considerables variantes- coinciden en identificar a la
ciencia sociológica con las ciencias matemático-físico-naturales, y que por lo
mismo, han asignado a la Sociología una función puramente explicativa de
los hechos sociales, cuya tónica dominante vibra en todas las definiciones por
ellos propuestas.
Sin embargo, y a partir del primer decenio de nuestro siglo, han surgido
tan diversas y numerosas corrientes del pensamiento sociológico, que han venido provocando no poco desconcierto entre los no iniciados en esta clase de
estudios y aun entre los estudiosos no avezados en estos menesteres.
Antes de llevar adelante una revisión -por superficial que sea- de las diversas direcciones en que se ha proyectado la especulación sociológica de los
últimos años, es oportuno hacer una observación elemental, que sirve de guía

552

inicial para la formación de una noción básica acerca d~ la materia de todo
estudio sociológico, y que revela la insuficiencia de la concepción de la historia natural de las comunidades humanas, cuya visión primordial se enfoca en
encontrar la explicaci6n de los fenómenos sociales.
El obrar humano -individual o colectivo- tiene una explicación; pero
puede y debe, además, ser objeto de una interpretación, o una comprensi6n.
Estas dos funciones cognoscitivas del hombre difieren notoriamente. Los fe.
nómenos naturales tienen una explicación que, cuando es encontrada por el
hombre, satisface a éste, en sus exigencias de conocimiento. (La legitimidad
de la verdad de un principio matemático o de una ley física es problema de la
filosofía pura, que no nos corresponde analizar ahora). Los fenómenos sociales, en cambio, son factura del hombre, y como tales, tienen un sentido,
por virtud de que no se producen -en una amplia proporción- merced a la
relación de causa a efecto, sino en la de medio a fin. El hombre forma parte
de la naturaleza, indubitablemente; pero al mismo tiempo se separa de ella:
Ama u odia; forja propósitos y actúa de cierta manera para realizarlos; implora o maldice, se congrega con sus semejantes, o se aísla: se santifica o se
envilece; y en un extremo o el otro, cuanto más humano sea tal extremo, menos sujeto está el hombre a los dictados imperiosos de su naturaleza física.
El hombre, lo mismo en su individualidad profunda que en su actuación
como miembro de una comunidad, participa de sus dos naturalezas; física -o
biológico-psíquica- y espiritual.
Resumiendo: La explicaci6n es una función mental aplicada exclusivamente a los fenómenos de la naturaleza física. La comprensión, en cambio,
es la interpretación del obrar humano, de ese obrar que se genera y se desarrolla en la aspiración constante del hombre hacia su perfeccionamiento.
El estudio de los hechos y fenómenos sociales y de las relaciones interhumanas debe enfocarse con predilección hacia la comprensión de los
mismos, sin desconocer, desde luego, la importancia de la explicación de las
causas físico-geográficas -ecológicas- o biológicas y psíquicas que intervienen en su gestación y desarrollo.

TENTATIVA DE DEFINICIÓN

Siendo tan frecuente el empleo de palabras de dudosa connotación -como sucede en la sociología al hablar de los "hechos" sociales, sin precisar
previamente la significación exacta de este vocablo- prescindiremos de algunos términos tradicionalmente consagrados, proponiendo designar a la "Sociología General" como la ciencia que estudia las estructuras y procesos de las

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comunidades humanas, así como las relaciones interhumanas, en cuanto a su
motivación, explicación, análisis y comprensión.
Y de acuerdo con esta definición tentativa, mediante una simple inferencia, podríamos anticiparnos a establecer que la Sociología del Derecho estudia las estructuras y procesos sociales, así como las relaciones interhumanas,
en cuanto éstos asumen la dimensión de lo jurídico.
La tarea de precisar qué es lo jurídico, corresponde a la filosofía del Derecho, que en esta posición conceptual, vendría a ser la disciplina más próxima,
inmediata e intercomunicante de la Sociología Jurídica.
El proyecto de definición de la sociología general antes expuesto, reclama
un breve análisis para justificarse.
Si hemos considerado a la Sociología General como "la ciencia que estudia las estructuras y procesos de las comunidades humanas..." debe hacerse notar que la distinción clara entre estructuras y procesos sociales cuenta
con una arraigada tradición. Es tan antigua -aunque formulada en muy
distintos términos- como la diferencia entre la "estática y la dinámica sociales" de Comte, y representa "grosso modo", lo que en los estudios biológicos del organismo humano significan la anatomía por una parte, y la fisiología por la otra. Parecerá chusco advertir que a una comunidad humana
no se le puede dividir con múltiples cortes de bisturí; pero es fácil comprender que no hay necesidad de ello para estudiar cada una de las formaciones
concretas, de las organizaciones particulares, de los círculos sociales, de los núcleos menores, que se forman dentro del cuerpo social, como los sistemas,
aparatos y vísceras que en su conjunto integran un organismo vivo. Importa
también aclarar que la equiparación anterior es solamente una metáfora y
que no entraña tendencia alguna hacia la concepción organicista spenceriana
de la sociedad, ni de ninguna otra clase de concepciones organicistas.
En resumen: Estructuras y procesos sociales designan lo que la sociedad
-cualquier sociedad determinada- es en un momento dado y los modos de
desarrollo o desenvolvimiento de las colectividades humanas.
Estructuras y procesos sociales son dos aspectos de una misma realidad y
ofrecen dos modos de observación e investigación para el estudio del complejo engranaje en que se estructura y se mueve la vida colectiva del hombre.
Otro elemento de la definición propuesta es el que se refiere a las relaciones
interhumanas. Este elemento definitorio encuentra su justificación en el hecho de que de tales relaciones derivan todas las formas y los contenidos de los
diversos tipos de agrupaciones humanas, debiendo observar, sin embargo, que
una relación interhurnana se da desde el momento en que un sujeto se pone
en contacto con un prójimo, y que desde ese momento la conducta de ambos
toma una forma determinada: -de sorpresa, de aversión, de alegría, etc.- ,

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DOBLE ORIGEN DE LA SOCIOLOGÍA

JUIÚOICA

La génesis de la Sociología del Derecho proviene de una doble vertiente: La
que abre la sociología general al indagar cuál es la esencia social del derecho,
y la que brota de la teoría del derecho al proyectarse sobre las realidades sociales que propician el nacimiento del derecho mismo, reclaman su transformación y exigen la permanencia de un sistema de normas de observancia
obligatoria. Por virtud de este doble origen, la indagación acerca del nacimiento y legitimidad de esta nueva disciplina, debe emprenderse desde dos
puntos de partida que al final convergen. Metodológicamente, debe señalarse, por una parte, cuáles son las escuelas sociológicas que tienen mayor acercamiento o tienden con más intensa decisión a acercarse a la Sociología Jurídica y, por la otra, deben precisarse todos aquellos estudios jurídicos o teorías del derecho que fraternizan -o se identifican plenamente- con la Sociología Jurídica, en su temática fundamental.
El pesimismo de quienes han afirmado que los sociólogos y los juristas, actuando en esferas distintas, por la clara delimitación de sus campos de estudio y de sus métodos, nunca podrán encontrarse, ha quedado ya definitivamente purgado. Ante la alternativa inexcusable que los pesimistas establecen
entre el exclusivismo sociológico y el jurídico y que hace imposible -según
ellos-, la alianza de ambas esferas e insuperable el aislamiento de una frente
a la otra, Georges Gurvitch -Elementos de Sociología Jurídica, Edit. Cajica,
1948, p. 12- expone: "Nadie ha descrito mejor la situación que el gran jurista
sociólogo Maurice Hauriou, al proclamar que un poco de sociología nos aleja
del derecho y que mucha sociología nos conduce a él; a lo que debería agre-

555

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y que es preciso reservar a la psicología todo lo estrictamente psicológico, todo ese dilatado campo que forman las vivencias anímicas del hombre, y que
se generan y desarrollan en los diversos estratos del mundo subjetivo, desde
los bajos fondos freudianos hasta las supremas alturas -tan· pocas veces alcanzadas- de la revelación y de la beatitud.
Las "relaciones interhumanas" a que nos hemos referido y que atañen a la
sociología son aquellas que -en su exteriorización u objetividad-, llegan a
formar generalizaciones o "tipos" de conducta, susceptibles de ser comparados, clasificados, analizados y comprendidos.
No requieren un análisis más detenido los demás elementos insertos en la
definición propuesta, en virtud de haber hecho ya, en párrafos anteriores, la
distinción entre esas dos categorías del conocimiento que son la explicación y
la comprensión de los fenómenos sociales.

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�garse, por precisión, que un poco de derecho nos aleja de la sociología y que
mucho derecho nos conduce a ella".
El prejuicio intelectualista acerca de la absoluta independencia que tienen
los preceptos del derecho desde el momento mismo en que son elaborados como "estructuras lógicas" (que la cultura occidental heredó de la filosofía clásica platoniana) ha venido perdiendo terreno en nuestros tiempos, a la vez
que el concepto de una Sociología capaz de englobar en su seno todos los aspectos de la convivencia humana, ha remodelado sus perfiles, abriendo amplias vías de intercomunicación con otras disciplinas destinadas a estudiar, explicar y comprender los diversos modos de la conducta colectiva del hombre.
"Por ello -dice Gurvicht (Ob. cit.)-, actualmente nadie se asombrará, ni
los sociólogos ni los juristas, al comprobar que no obstante tanta desconfianza recíproca, 'al cavar cada uno por su lado sus galerías, han terminado por
encontrarse' -(Bouglé)-, y de que el lugar en que se han encontrado es,
precisamente, la Sociología Jurídica".
Hemos dejado establecido que la Sociología del derecho proviene de una
doble vertiente; que, como consecuencia de ello, su estudio debe emprenderse
desde dos puntos de partida, hasta encontrarse en el punto, precisamente, en
que forman la estructuración de su temática. Estos dos puntos de partida son:
La revisión de todas aquellas tesis sociológicas que otorgan importancia especial al fenómeno jurídico como hecho social específico y, por otra parte, el
examen de todas aquellas teorías del derecho y la jurisprudencia que tienden
a buscar la esencia social del derecho.
Es tan amplio el repertorio de doctrinas, escuelas y teorías elaboradas por
el pensamiento sociológico de nuestros tiempos, que hace casi imposible lograr una revisión completa de todas ellas en unas cuantas ~ágin~s, y e~ intentarlo además de ser una empresa temeraria, entraña el nesgo melud1ble de
incU:rir en omisiones lesivas para un estudio formal. Quede establecido, entonces, el camino señalado, con propósitos metodológicos solamente, para un
estudio amplio y exhaustivo.
Los criterios de selección y clasificación de las escuelas y proyecciones del
pensamiento sociológico que mayor relieve han alc~zado durante los últimos
decenios, también son múltiples. En forma tentativa, proponemos establecer una primera distinción entre las escuelas naturalistas y las filosóficas, de
acuerdo con el siguiente diagrama:

Positivismo
Escuelas
Naturalistas

y

Evolucionismo

Escuelas Filosóficas:

J Ensayos fundados en la idea de una

1 física social.

Darwinismo social, malthusianismo;
Biologismo social. Organicismo. Ra{ cionalismo (Ratzel, Gumplowicz,
etc.).

lntuicionismo,
Historicismo cultural,
Hegelianismo,
Humanismo, etc.

Es de estimarse que en una forma más atenta a las con-:epciones sociológicas que distinguen entre la forma y el contenido de lo social, entre fuerzas
primarias y secundarias de la evolución de los conglomerados humanos, podría
establecerse un cuadro clasificador distinto al enunciado y .así determinar cuáles son las corrientes del pensamiento sociológico que toman como base de
sus diversas proyecciones el factor determinante y modelador de la sociedad,
entre cuyas proyecciones encontraríamos, en primer término el instintivismo o
psicologismo fundamental; el economicismo de sello marxista; el contractualismo, con Juan Jacobo Rousseau y sus discípulos; el idealismo dialéctico
(Georg Wilhelm Hegel y sus numerosos prosélitos) , etc. Frente a estas concepciones fundamentales acerca de la génesis y las formas de desarrollo de
las sociedades humanas, se situarían todas aquellas otras escuelas sociológicas
que enfocan su atención preferente en otra consideración: La relativa a cuál
es la esencia de lo social y entre ellas encontraríamos el formalismo (Toenies,
Simmel, Von Wiesse y otros destacados investigadores y brillantes expositores
de esta corriente) : la teoría de la interacción y de las relaciones interhumanas (Max Weber, Leopoldo Von Wiesse, etc.).
Una exposición tan sintética como la anterior no puede tener -y no tiene- más pretensión que la de marcar un rumbo, señalar el derrotero por
donde debe encaminarse una selección de las más destacadas corrientes del
pensamiento sociológico, que propicie la indagación de todas aquellas escuelas que se identifiquen con los presupuestos fundamentales de la sociología
jurídica.
Tal indagación debe ser concomitante con la otra dirección señalada anteriormente. Es decir, con el examen detenido de todas aquellas teorías esencialmente jurídicas que hacen referencia a las realidades sociales como fuentes
generadoras del derecho.

556

557

�SOBRE LA MISIÓN DE LA SOCIOLOGÍA JUIÚDICA

Debemos señalar, en primer término, que la Sociología del Derecho ha venido a dirimir una vieja pugna provocada entre sociólogos y juristas, particularmente entre los sociólogos comtianos y los conceptualistas del derecho de
la Escuela de la Exégesis y sus herederos supervivientes, pugna derivada de
viejas concepciones acerca del purismo de los campos de estudi~ y d~ los_ métodos de investigación entre las especulaciones jurídicas y las mvest1gac1on_es
sociológicas, que vinieron a producir una honda escisión y una profunda discordia entre los cultores de ambas disciplinas.
Llegado el momento de establecer los íntimos nexos y las amplias vías de
intercomunicación entre las investigaciones lógico,.,jurídicas , y los estudios
científico-sociológicos, se ha llegado a reconocer que ambas tareas tienen algunas funciones coincidentes que, partiendo de una base común, aspiran a
cumplir una misma misión.
.
Fenómenos sociales de tanta magnitud y de tan dolorosas repercusiones para la humanidad, como las guerras, son la caldera hirviente donde se destila el derecho internacional público. Las guerras son procesos sociales, a no
dudarlo -especialmente las guerras modernas-, porque no las hacen solamente los ejércitos, sino Jas naciones. La economía de un pueblo que combate se trastoca desde sus cimientos: con el abandono de la agricultura, con
las ~uantiosísimas inversiones en industrias de guerra, con la destrucción de
ciudades enteras, con los transportes aéreos, marítimos y terrestres que movilizan los ejércitos, la industria de la impresión se canaliza hacia la propaganda y la información bélica, y así, tanto la economía,, :orno el derecho
(suspensión de garantías, leyes marciales, etc.) sufren grav1simos trastornos.
Procesos sociales como Jas emigraciones masivas de seres humanos (nuestro país no ha podido contener esa salida de sangre me:°cana joven, vigoro~
y sana que represen ta el "bracerismo", hacia N orteaménca) , son.fuente _de. diversos pactos internacionales que son parte del Derecho Internac10nal Publico.
y aun dentro de cada nación, las distintas estratificaciones sociales, resultantes de esa fuerza incontrastable que es la división del trabajo, han venido
produciendo diversos tipos de norrnaciones jurídicas, que pueden ser enunciadas brevemente, sin otro propósito que el de confirmar que toda concepción y elaboración jurídica, tiene un basamento soci~l, y e~e~~e de él, nutriéndose de su propia savia. Así, por virtud de la diferenciacion depredatoria se establece el fuero militar, que cristaliza en un Código de Justicia Militar y en una Ordenanza; en concomitancia con el establecimiento de las
rel~ciones internacionales, surge el fuero diplomático; del mismo modo, Y por
la necesidad inmanente que tiene cada una de las clases sociales --en el sen558

tido gramatical del vocablo y no en el que pretenden darle los racialistas ni
los marxistas-, todos los sistemas de derecho actuales, reconocen un fuero
eclesiástico, un fuero parlamentario, un fuero de menores, etc.
"El régimen jurídico actual constata las desigualdades, inevitables por ser
naturales, en los diversos estratos de la sociedad. La evolución social consiste en hacer el derecho igual para todos y en hacer a todos iguales ante el derecho" (Dr. Mac-Lean y Estenos. Monografía presentada ante el VII Congreso Nacional de Sociología, 1957).
El desiderátum de esa concepción del derecho expresada por el distinguido catedrático de la Universidad Nacional de San Marcos, Lima, y Nacional Autónoma de México, se constriñe a formular un aspecto del ideal de la
Justicia social; nuestro propósito, sin embargo, es el de señalar que la misión
de la Sociología del Derecho, es contribuir con la valiosa aportación de sus
indagaciones, observaciones y análisis, a que esta suprema aspiración que consiste en hacer "el derecho igual para todos y en hacer iguales a todos ante
el derecho" llegue a ser una espléndida realidad.

559

�CULTURA, MERCADERES Y CONTABILIDAD
EN LOS SIGLOS XIII-XIV-XV
DR. GIORGIO BERNI
Sumario: l. Preparación del contador y el mercader medieval.-2. Los textos.-3.
Mentalidad y obra de los mercaderes medievales.-4. Desarrollo de la contabilidad y partida doble.-5. Bibliografía.

l. PREPARACIÓN DEL CONTADOR

Y

EL MERCADER MEDIEVAL

EL DESENVOLVIMIENTO DE LA actividad mercantil y ciudadana hacen nacer
la necesidad de sistematizar las más complicadas relaciones sociales y políti• cas; nacen los estímulos hacia el estudio del derecho, que representa el primer y más importante campo de investigacioón científica después del siglo
XI. De un sentimiento religioso más humano y sereno, de la pasión política
y del amor hacia la comunidad, a la que los ciudadanos se sienten ligados como a una familia, del espíritu corporativo y de la potencia financiera de las
Artes Mayores, del aumentado sentido de estabilidad y continuidad de la
vida y de la ambición familiar de las nuevas aristocracias urbanas, nacen grandes obras de arquitectura, en un primer momento sacras, posteriormente profanas, que junto con el derecho, son uno de los signos del Renacimiento Mercantil. En este período el mercader, al mismo tiempo que está haciendo negocios en el campo internacional, crea monumentos y ciudades maravillosas
que a lo largo de los siglos aún despiertan interés y admiración. Toma arraigo
la costumbre escrita, al servicio de las relaciones comerciales que deben ser
claras y rápidas, de la legislación, que debe ser conocida, del pensamiento y
de los nuevos sentimientos.
Por el hecho de que el deseo de la lectura desinteresada ha aumentado y
que también la razón ha llegado a ser más exigente y ya no queda satisfecha con lo acostumbrado, sino que quiere entender además de creer, mejor
dicho quiere entender para creer, nacen las primeras enciclopedias que bus-

561
H36

�can dar unidad a la sabiduría. Los Clásicos se leen de otra manera, se admiran en forma distinta de como se había hecho con anterioridad. Se abre el
camino hacia los primeros esfuerzos de una especulación filosófica más concreta y profunda.
En este marco general, la práctica de la actividad mercantil exigía un conjunto de nociones que por lo referente a la cultura situaba al mercader en un
nivel muy superior al promedio de su época.
Clara apreciación de la evolución y de la función de la escuela se encuentran en una magistral exposición de Fanfani:
"Estas pruebas de substancia aseguran que desde el siglo X, refloreciendo los tráficos, el mercader advirtió la necesidad de educarse para
dominar el mercado. Tal educación, sobre la escritura y el cálculo, primeramente fue impartida en los monasterios y en las escuelas eclesiásticas y posteriormente en las escuelas públicas. Por este camino fue alcanzada una preparación, adecuada a las necesidades del continuo desarrollo de la vida económica.
La escuela laica y privada nacía no para repetir la enseñanza de la
eclesiástica, sino para integrarla. Estaba hecha por laicos, para laicos:
así que muy prontamente, según la propensión de los artífices, abandonó el latín por el vulgar, integró los ejercicios de lectura con los cálculos. Cálculo, o mejor 'cómputo', se había cultivado aun en las escuelas
eclesiásticas de los siglos pasados, pero la finalidad era distinta: dirigida a cómputos de calendario y de fiestas primeramente, a cálculos de
tráficos después: por esto cambiaban los problemas y cambiaban también los métodos y las notas.
En el siglo XIV la escuela de los laicos se afirmó como escuela técnica, o profesional, con finalidades de practicidad. Mientras que la escuela de los eclesiásticos continuaba como escuela clásica, teológica Y
- por conocidos desarrollos- universitaria.
En los siglos XIV y XV, exigencias de artificios y evolución de las
funciones de las administraciones municipales concurren a transform_ar
las escuelas de los laicos de privadas en públicas; mientras que las influencias de los hombres del Humanismo y del Renacimiento integran
la escuela profesional de los laicos, como la escuela clásica, completando de una parte el esquema de las escuelas no eclesiásticas, y de la otra,
orientando las élites de una manera ya no tanto conforme a los intereses
del desarrollo de la economía italiana.
Con base en estas premisas se puede, pensar como cosa cierta que entre los siglos XIV y XV cualquiera que quisiera dedicarse a una ac-

562

tividad económica cualquiera, con una mmima probabilidad de éxito,
considerando el estado de la cultura y las exigencias del tiempo, debía
recurrir a una determinada carrera escolar y cumplir un determinado
aprendizaje post-escolar". 1

Las grandes ciudades mercantiles tuvieron cuidado de favorecer la educación facilitando el abrirse de escuelas de carácter profesional. La escuela ciudadana fue siempre objeto del interés de la autoridad municipal, lo que permitió a grandes masas ejercer con dignidad y provecho general, los codiciados derechos de ciudadano y facilitó que muchos pudieran prepararse para
la vida de los negocios enmarcando la educación de todos en el marco común
de espíritu religioso y de amor patrio. A los empresarios de esta época que
favorecieron estas escuelas se debe reconocer este crédito: que aún favoreciendo la enseñanza en propio beneficio, lo que cabe siempre en una finalidad altamente loable, por su eficacia extensiva, en todos los tiempos y por
todas las actividades. humanas, favorecieron el desarrollo de sus ciudades.
Si consideramos la cultura, en el sentido limitado del vocablo y la escuela,
vemos que es verdaderamente determinante el irrumpir del ansia de saber
de los estudiantes, que empiezan a desquiciar todas las construcciones del pasado. A este ímpetu creativo, se liga el nacimiento de la Universitas Magistrorum et Discipulorum, que en su origen, instituto internacional con base
en el pensamiento de Aristóteles, cimentó la unidad de cultura en u11 mundo
que se dirigía a la unidad bajo otro aspecto, como por ejemplo: el de la economía. Posteriormente la universidad pasó a una involución: ya no respiro
internacional, ya no autonomía, sino nacional y regional al servicio de los
príncipes, y siempre más desarraigada, aristocráticamente, del conjunto de
la sociedad.
Desde el punto de vista de la ciencia podemos tomar como punto de partida la mentalidad ordenada y racional del mercader, que empezó a pensar
en términos de cantidad, dio significado al número; y el número, anteriormente instrumento de intereses económicos, llegaría a ser medio de especulación propio de la investigación científica. Entre los síntomas reveladores de
una completa revolución mental y práctica podemos recordar, como hace el
Prof. Sapori, el nuevo concepto del "tiempo" -ya no propiedad de Dios,
como quería la Iglesia, sino de Dios puesto a la disposición de los hombres
como afirma la nueva sociedad mercantil- y la medición del "tiempo" ya
no indicado, según las estaciones, por los cuadrantes solares y/o por los repiques de las campanas, sino precisado en .el cuadrante del reloj, dividido en
1

FANFANI AMINTORE: Preparazione all'attivitá economica nei secoli XIV-XVI in
Italia, pp. 6-8. Milano, Instituto Editoriale Cisalpino, 1952.

563

�doce sectores perfectamente iguales. Es ésto, como dice el gran historiador
Marc Bloch: "Le progrés de la mésure de l'heure; Une des révolutions les
plus pro/ondes que se soient accomplies dans la vie intelectuelle et pratique
de nos sociétés". 2

El conflicto del "tiempo" de la Iglesia y del "tiempo" de los mercaderes se
afirma como uno de los más grandes acontecimientos de la historia mental
de los siglos en los cuales se elabora la ideología del mundo moderno. En este
conflicto se pone en causa, por lo tanto, todo el proceso de laicización de los
capitales dominios humanos, de los mismos fundamentos y de los cuadros de
la actividad humana: tiempo de trabajo, dominio de la producción intelectual.
También en este campo Florencia se adelanta y supera a cualquiera otra ciudad y país. Alrededor del año 1330 Florencia tenía 90,000 habitantes, de los
cuales 10,000 frecuentaban las escuelas primarias; de éstos, un número variable
entre 1,580 y 2,000 pensaban dedicarse al comercio; en Florencia, como en
Venecia, las escuelas mercantiles eran frecuentadas también por jóvenes de
otros países, particularmente alemanes.
Estas escuelas son conocidas bajo el nombre de Escuela de Ábaco. Debido a
que la palabra Ábaco, ha cambiado de significado con el transcurso del tiempo,
para comprender lo que se enseñaba en tales escuelas, y por lo tanto lo que de
ella se difundía por medio de los Manuales de Ábaco, es necesario precisar su
significado.
El material originario del instrumental empleado en los cálculos se encuentra en la obra de Leonardo Fibonacci Liber Abbaci de 1202; este título indica el verdadero significado: Aritmética Mercantil. Entre otros aspectos esta
obra sobre la base de una gran experiencia mercantil da un gran golpe a fa
teoría de la moneda-signo, equiparando el numerario a cualquiera otra mercancía y vinculando su valor a la cantidad de fin que contiene. La aritmética general tomó el nombre de "Algoritmo"; el instrumento introducido por
el mismo matemático y que ha llegado hasta nuestros días: es decir la pluma.
De esta obra-prototipo de todos los manuales y de todos los instructivos
aprendemos con exactitud el sentido del substantivo: Ábaco. Ábaco era toda la preparación matemática de los que aspiraban al empleo de contador
o de los que en una forma u otra querían dedicarse a la actividad mercantil
con sólidas bases culturales. De las operaciones aritméticas se pasaba a las
reglas de sociedad, a las operaciones sobre los números complejos ( todos los
sistemas de medición y monetarios), nociones de geometría, potencias y radicales y a aquella parte que hoy llamamos cálculos mercantiles y matemática financiera, desde los cálculos del interés y descuento simple y compuesto,
• Nrno VALERI: La polemica sul Rinascimento nell'opera di Armando Sapori in
Nuova Rivista Storica anno XLVII, gennaio-aprile 1963. Fascicolo 1-II, p 192.

564

a la amortización y a la capitalización; es decir, la escuela de Ábaco daba a
los jóvenes los indispensables conocimientos aritméticos, con las aplicaciones
a las distintas cuestiones económicas: dicha escuela era frecuentada también
por empleados.
Se tienen múltiples pruebas de la eficacia de esta enseñanza: en muchos
c,asos,_ el mercader se muestra rápido y honrado en los cálculos, llegando a
smtes1s extremas.
Fanfani justamente escribe:
"La preparación escolar normalmente se desarrollaba en tres momentos:
Primer tiempo: alrededor de los siete años de edad los jóvenes iban
a la esrnela para aprender a leer y escribir, en dos o tres años.
Segundo tiempo: aprendida lectura, escritura y gramática elemental,
los que no estaban destinados al latín, pasaban a la escuela de cálculo.
Este era el destino de los futuros artífices y mercaderes.
Donato Velluti escribe acerca de su hijo: avendo apparato a legge-

re, di ché, in poco tempo, fu bono gramatico... puosilo a l'abaco.
El ábaco era la escuela para los futuros hombres de negocios, como
se puede advertir, entre otros ejemplos, de dos deliberaciones del Consejo General de Lucca de 1382 y de 1386 (28 /V/ 1382): 'Cum in civitate
Lucana maxima Per Mercantiis indulgeatur. Quod quidem male fiert
potest nisi arismetrica et abaco mediante' y 4/IV/1386: ' ...magíster

arismetrice qui pueros doceat uti in mercantionibus ind sint et subtiliores et cautiores'.
En este sentido es el testamento del médico veneciano Simón Valentinis, que en el 1420 prescribe que sus propios hijos, después de la escuela elemental, se pongan ad abacum, ut discant ad facere mercantias.
En este segundo tiempo el joven aprendía la aritmética, es decir, prácticamente aprendía a resolver las operaciones que podían presentarse en
la práctica cotidiana de la actividad económica.
Terminados los cursos susodichos, el joven debía dar prueba de sí
mismo, practicando en el taller de un artesano o en el almacén de un
mercader. Esta práctica se refería al mismo tiempo al manejo del arte
o del oficio y a la teneduría de libros contables"/

Y si Pacioli en 1494 pudo teorizar la partida doble, esto pasó porque
en dos siglos los discípulos de las escuelas de Ábaco, con fatiga desconocida
pero fecunda, día tras día habían substituido a los primeros recuerdos regís• FANFANI AMINTORE: Preparazio11e all'attivitá... obra citada, pp. 8-9.

565

�traciones en las cuales se supo desde el 1300 enfrentarse a los difíciles problemas de la contabilidad industrial. La escuela de ábaco no desarrolló la sola facultad dirigida a obtener el beneficio: esto fue el temor de los últimos
escolásticos, como el beato Giovanni Dominici, como de los primeros y de
los últimos humanistas, como Matteo Palmieri, Battista Platina, León Bautista Alberti.
Preocupación religiosa por la virtud, estímulo clásico hacia la temperancia o moderación cultivaron el temor de que fuera peligroso educar a los jóvenes para los negocios.
Pero, o por la bondad y el equilibrio de la escuela o los antídotos antes de
las prédicas y después del ejemplo de las aristocracias del Renacimiento, o el
espíritu de los italianos, o el estímulo de las riquezas acumuladas para ser
gozadas, está el hecho de que el estudio preparatorio a los negocios no pudo
dañar las otras aspiraciones de los discípulos. Esta afirmación es válida por
los pequeños y modestos discípulos artesanos que entrelazaron los negocios
con viajes y veraneos, y las cuentas con interesantes diarios.
Pero con mayor razón podemos afirmar que esto valió por los grandes: ya
que Compagni, Sacchetti, Villant, Boccaccio, etc. pasaron con gran éxito en
el campo del comercio y que de las bodegas supieron levantar el vuelo para
más eficaces afirmaciones en el campo de las letras.
Antes que por fuerza las letras entrasen en las escuelas de Ábaco, los mercaderes pasaron con facilidad a las letras, comprobando así que las escuelas
técnicas, preparándolos· a la actividad económica, no habían agotado su espíritu y deformado sus facultades.
Así contadores, cronistas, cuentistas, poetas, salieron de las escuelas que
preparaban a los negocios. Pero de estas escuelas salieron sobre todo operadores de cuya capacidad son pruebas las fortunas de muchas empresas y en su
conjunto, por lo menos hasta la mitad del siglo XIV, el florecimiento de la
economía italiana.
No debemos olvidar que la actividad económica tomó empuje en Italia en
el 1200, alcanzó su máxima expansión a mediados del siglo XIV, y declinó
en el siglo XV. Así que como afirma Fiumi: " ...el Renacimiento no fue el
amanecer sino más bien el atardecer de una de las más felices páginas de la
civilización humana". 4
Es extraño afirmar que el multip1Jcarse de las escuelas de Ábaco, de los libros de ábaco, de los maestros de ábaco, de los discípulos de ábaco, en una palabra de los hombres preparados por la vida económica, coincide con un cier• ENRICO F1uM1: Fioritura e decadenza della economia fiorentina in Archivio Storico Italiano, anno CXVIII, dispensa IV, p. 502.

566

to encogimiento de la actividad econom1ca italiana, apenas disfrazado a los
ojos distraídos por el esplendor de la actividad literaria y artística.
Es a este propósito que lógicamente Fanfani afirma: " ...nos parece que
exista vitalidad en una época no cuando se comprueban amplios y generosos
consumos, sino cuando se verifican gran espíritu de empresa, elevado pionerisrno, empuje en los tráficos y en las inversiones, cuidadoso planteamiento
de balances empresariales, familiares y sociales hacia objetivos de ahorro Y
por lo tanto de nuevas inversiones".5
•
Desde los primeros años del siglo XIV en adelante se ven nacer y multiplicar las escuelas de Ábaco, en un primer tiempo privadas, después públicas.
Desde estos años el Líber Abacci de Fibonacci ( 1202) tiene desarrollos en
vulgar. En el mismo tiempo se compilan los manuales de comercio, Y en el
siglo XV siguen los distintos manuales técnicos.
Desde los principios del 1400 empiezan las advertencias de los pedagogos
para que los jóvenes sean bien adiestrados, es decir, como indica León Battista Alberto, condensando cualquier otro consejo anterior, a no hacerl~s sólo
administradores enseñándoles malas artes y obscuros oficios ("Non farli mas-

sai insegnando arti bructe et vili esercitii") .6
Lógicamente en estas escuelas se enseñaba también teneduría de libros;
de otra manera no sería posible explicarse la unidad de tantos libros y registros que han llegado hasta nosotros.
Como conclusión de la importancia de las escuelas de Ábaco podemos aceptar las palabras de Fanfani:

"De la eficacia de las escuelas son testigos, junto con los maestros que
ella f armó, los sin número de discípulos, conocidos o no, que día tras
día dirigieron o siguieron en las grandes compañías y en los pequeños
almacenes la actividad económica, recordándola tal vez en simples claras notas, tal vez comprobándola con múltiples registraciones y complejas cuentas, de las cuales, a pesar de fáciles ironías, ha sido demostrada
la absoluta exactitud.
El mercader italiano de la Edad Media, y con mayor razón el del Renacimiento, sabía leer, escribir, hacer cuentas, llevar libros en partida
simple y doble. Además tuvo, por conocimiento directo _YI o por ~~ _lectura, amplias nociones sobre los mercados europeos, africanos, asiaticos,
• FANPANI AMINTORE: Nuove vedute sulla decadenza di Venezia in una Storia
economica della Serenissima; p. 59 in Economia e Storia, n. I , 1962, pp. 56-61.
.
• LEÓN BATTISTA ALBERT!: Iprimi tre libri della famiglia, testo e ecommento d1
F. C. Pellegrini, riveduti da R. Spongano, con una nuova introduzione p. I-I-35. Firenze-Sansoni Editare, 1946.

567

�y sobre las reglas e instituciones que tenían. Cultivó nobles pensamientos de religión, de patria, de cultura, como muestran sus escritos, tal
vez rudimentarios, el cuidado de utilizar los ahorros para obras sociales o monumentos de arte.

Y a nadie se maravilla al saber que de los bolsillos del mercader italiano haya salido el dinero para llevar a terminación célebres obras
maestras, que de su pluma hayan salido 'Cronache' o 'Nove/le' inmortales, que de su sutil prudencia hayan brotado maravillosos principados.
Y si estos fueron los resultados de tanta actividad, la preparación a
ella tuvo que ser considerable. Diremos de inmediato que fue eficaz, así
como rápida y práctica. Se puede añadir que tal preparación en parte
fue común a todos los jóvenes destinados a obrar en la vida económica,
sea como artífices que como mercaderes''.7

Todas las notas y las cuentas se hacen con la pluma, como atestiguan las
numerosas hojas llenas de cifras, con las más distintas conexiones operativas,
entre los variados legajos de situaciones de cuentas. Como demostración de
la habilidad de los egresados de estas escuelas podemos llamar la atención sobre los empleados del grupo de empresas de Francesco di Marco Datini que
calculaban precios unitarios que dependían al mismo tiempo de variables positivas ( costos al origen y costos accesorios) y de variables negativas ( ejemplo: tara).
Los jóvenes terminada la escuela iban a completar su propia educación en
la empresa, en contacto directo con la vida. En este trabajo el joven tomaba
práctica de los complejos sistemas monetarios y de medición, aprendía a distinguir calidad y proveniencia de las mercancías, calculaba descuentos, intereses, registraba los acontecimientos, redactaba las cartas, etc., escuchaba a los
mensajeros y agentes que traían noticias y relaciones de cuenta de los lejanos
mercados de Flandes, de Siria, de España, de Inglaterra, etc., así se afinaban sus cualidades para los difíciles juicios acerca de los hombres, de los acontecimientos, de las elecciones.
'En este trabajo de preparación, necesariamente aprendían idiomas, afinaban su manera de escribir, adquirían sensibilidad artística y elevado nivel de
cultura técnica y una adecuada base de cultura general. Sombart erró al juzgar la cultura del mercader de la Edad Media, error que fue consecuencia de
generalizar un poco la situación existente en los territorios del Sacro Imperio
Romano, situando en primer plano la perspectiva de lo que aparenta ser
grandioso pero que en realidad es efímero, y en segundo plano la realidad
1

568

AMINTORE FANPANI:

Preparazione all'attivitá .. . obra citada, pp. 6-7 y 29.

substancial (no sólo económica) de las Comunas italianas, por el hecho de
ser de reducidas dimensiones. Una era la realidad de la Europa Central, políticamente caracterizada por el Sacro Romano Imperio y social y económicamente por el Feudalismo; otra era la realidad de Italia, donde en lo político había nacido la Comuna, y en el aspecto social y económico se había
tenido el nacimiento y la afirmación de la burguesía: es decir que Italia ya
había superado la etapa del precapitalismo. Justamente el gran Henry Pirenne afirma que en Italia la cultura del mercader del siglo XIII aparece totalmente desarrollada y superior a la que existía en el Norte de Europa y por lo
tanto lógicamente se debe admitir que se apoyaba sobre una larga tradición.
Podemos también afirmar, como claramente lo hace Luzzatto: " ...él (Marc
13loch) demuestra la falta de fundamento de la afirmación muchas veces repetida de que la Edad Media fue, a lo largo de toda su duración, un período de desoladora pobreza de espíritu inventivo y de incontrovertible dominio del tradicionalismo".8
Del siglo XII al siglo XV los grandes humanistas fueron juristas, políticos,
poetas, hombres de gobierno y hombres de negocios que operaron diariamente en su propia ciudad y se consideraron como factores de la historia;
de todo esto podemos afirmar con fundamento que los mercaderes fueron
mensajeros de civilización.
Por lo que se refiere a la contabilidad podemos tomar como lema de los mercaderes-banqueros de la Edad Media lo que Dino Compagní escribió en su
crónica Serivere bene la ragione e non errare (registrar bien los acontecimientos
y no cometer errores) .
Terminado el aprendizaje emprendían largos viajes a lejanos países con el
objeto de aplicar sus conocimientos en las sucursales y en las agencias que
mantenían con la matriz estrecho contacto.

2. Los

TEXTOS

El prototipo de los textos que se usaban en las escuelas de ábaco es el famoso, ya mencionado, Liber Abaci de Fibonacci.
Esta obra incluye 15 capítulos que distribuyen la materia como sigue:

I. Capítulo trata de los números arábigos;
II.
,,
explica la multiplicación;
' MARC BLOCH: Lavoro e tecnica nel Medioe vo prefazione di Gino Luzzatto (p. VII).
Editare Laterza-Bari¡ 1959, pp. XXIII-245.

569

�III. Capítulo explica la suma;
IV.

v.
VI y VII.
VIII y IX.
X.
XI.
XII a XV.

,,
,,
,,
,,

"
"
"

explica la resta;
explica la división;
enseñan a operar con los quebrados;
las anteriores teorías se aplican a los actos de compra
y venta;
trata de la repartición de las utilidades entre los socios de sociedades mercantiles;
trata de las operaciones de cambio;
se explican los problemas teóricos sobre las progresiones, raíces cuadradas o cúbicas y proporcionalidades.

Posteriormente -1223- el mismo Fibonacci en la Practica Geomatriae explicó los problemas relativos al cálculo de superficies y volúmenes.
Este tratado tuvo muchos imitadores, orientados ta.I}to a servir de textos
en las escuelas, como a guías prácticas en las empresas. Consecuencia de todo
esto fue que se uniformaron las reglas que se usaron a los principios de la
aplicación de la Partida Doble.
El líber Abaci de Fibonacci y sus imitaciones fueron el texto en las escuelas y en las empresas hasta el siglo XIV, pero con el desarrollo de los tráficos
se tuvo necesidad de pasar de estos textos a otra forma de preparación: nacieron así los que podemos llamar, con terminología moderna, manuales o
instructivos y que entonces se llamaron Practica di Mercatura.
Los tratados de Practica más conocidos son el Francesco Balducci Pegolotti, dirigente de la Compagnia de los Bardi de Florencia que en su Practica di
Mercatura describe en formas magistrales las costumbres mercantiles, las medidas, las monedas, los impuestos y los cálculos relativos a las muchísimas ciudades y países que visitó por cuenta de la misma compañía. Leyendo este texto nos damos cuenta de la cantidad de conocimientos y de experiencias mundiales en materia mercantil que tenían estos viajeros del comercio; a ellos se
debe en gran parte la fama y el prestigio que gozaron la industria, la banca
y el comercio de Florencia en el mercado mundial.
Otro interesante texto es el de Giorgio di Lorenzo Chiarini que empieza
afirmando "aquí empieza un libro de todas las costumbres, c"ambios, monedas, pesos, medidas y uso de las letras de cambio, modalidades de dichas letras como se acostumbra hacer en distintos países y ciudades".

En un texto de Paulo de Certaldo "El Libro de las buenas Costumbres" se
lee: "Es bella y grande cosa saber ganar el dinero, mejor y más bella aún es
saberlo gastar en la forma más conveniente".

570

La influencia de las escuelas de Ábaco y de los textos resulta clara y evidente para todos los que llegan a tener en sus manos documentos mercantiles
de l_a época considerada. Aunque estos documentos no pertenezcan a una sol~ cmdad o a una sola región, se encuentra una gran uniformidad en su graf1a, lo que no se encuentra en las actas públicas y notariales. En la documentación contable no siempre es fácil ver las distintas manos que la escribieron lo
que hace pensar -lógicamente- que todos se educaron en una fuente única
frecuentando escuelas que tenían todas las mismas fuentes pedagógicas.
'

3.

MENTALIDAD Y OBRA DE LOS MERCADERES MEDIEVALES

El mercader, según un antiguo documento de 1271 es el que lleva normalmente las mercancías y los bienes de un lugar a otro ( Mercatores, qui de loco ad
locum merces et necessaria deferre consueverunt) .

No debemos olvidar que la base de la economía de las ciudades de la Edad
Media estaba constituida por la industria y el comercio; comercio que prevalentemente se desarrolló en escala mundial con mercancías de lujo. La. lana inglesa era la base de la mayor parte de la industria continental, el meollo vital de
las ciudades era el comercio con lejanos países. A un estudio posterior es importante remitir el examen de las distintas fases técnicas, organizativas y económicas de la industria de la lana, en particular si pensamos que fue con el
ejerci:io de esta actividad que el capitalismo italiano sacó gran parte del
empuje y de la fuerza por su actividad mercantil y bancaria, asegurando al
país aquellos medios financieros que posteriormente facilitaron, de manera
particular, el progreso cultural y artístico, determinando así la primacía italiana en Europa.
El pensamiento que rige en ellas no es el de una política localista sino un
pensamiento que se dirige hacia grandes horizontes;, el lema de todos los mercaderes-banqueros de la época es Vivir en lo pequeño, pensar en lo grande.
Por ello el mercader es el alma y el sostén de la economía de la Edad Media.
Fueron los mercaderes quienes llegaron a ser los primeros portadores de la
cultura.
Según Sombart el mercader de la Edad Media no tenía la aspiración a la
utilidad en el sentido de la empresa moderna, ya que por el contrario toda su
actividad estaba subordinada por completo a la idea de la nutrición y del
gasto.
Esta afirmación está errada: es una de las numerosas hipótesis explosivas
del economista alemán quien sin embargo ha permitido muchos adelantos en
la investigación de la historia económica.
571

�Bajo todos los puntos de vista, el comercio medieval presenta profundas diferencias respecto al comercio actual. Hoy la mayor parte de las mercancías se vende antes de ser transferida del lugar de producción. Por el contrario, el comercio medieval decayó -excepto pocas excepciones- precisamente
cuando se lanzaba en el riesgo. En esa época, distintas mercancías eran despachadas para lejanos destinos, con la esperanza de que fuesen vendidas a
precio conveniente, de manera que el mismo mercader alcanzaría a transportar, en el viaje de regreso, mercancías demandadas de su patria. Los mismos
criterios técnicos dominaron desde los orígenes hasta los últimos tiempos del
comercio medieval. En realidad, no _debía de haber existido una grall) diferencia entre la época en la cual las mercancías estaban confiadas a un mercader
girovago y aquella en la cual un consignatario o corresponsal comercial tenía
la responsabilidad de acaparar una plaza por cuenta de mercaderes.
Por lo tanto cualquiera transacción implicaba un elemento de especulación
y en un determinado sentido, se resolvía en un riesgo. Justamente los exportadores de paños ingleses se llamaban mercaderes de azar, desde el momento que
compraban paños, esperando encontrar compradores en las ferias de Brabante.
Por esto podemos afirmar que, generalmente, el riesgo era la forma mental
de los mercaderes medievales. Esto explica en gran parte la difusión de la
cuenta/riesgos: es decir la costumbre muy difundida de abrir unas cuentas
separadas por cada carga de mercancías al embarque: con este sistema se
podían determinar cuáles riesgos producían utilidades y cuáles se resolvían
en pérdida.
Los mercaderes del Renacimiento económico de Italia se afirmaron individual, familiarmente y por grupos, y supieron dar la formalidad a la vida
económica, cuya dirección, así como la de la vida política, tuvieron en sus manos. Fue de estos mercaderes la iniciativa de una estructura financiera y tributaria que partiendo de las formas del mundo antiguo y bárbaro, se elevó a
base de novedosas experiencias a un grado tal que nos permite concluir con
Luigi Einaudi que aún hoy día podemos encontrar antecedentes de las estructuras tributarias y financieras modernas, incluyendo el "incometax". Fueren estos mercaderes quienes promovieron la acuñación de moneda de oro en
el momento en el que la plata ya no era apta, debido a la amplitud y a los
valores en continuo incremento del comercio internacional.
Los mercaderes piensan en términos de cantidades y esto es la expresión
más clara de la manifestación de los nuevos tiempos. Estos personajes que
tenían en sus manos la riqueza acumulada con inteligencia y gran experiencia, eran al mismo tiempo los dirigentes de la vida política de la ciudad. Casi
podemos afirmar que el mercader italiano de los siglos XII, XIII y XIV correspondía, en el campo de los negocios, al inglés del final del siglo pasado y
principios del actual.

572

Los numerosos exponentes de los hombres de negocios que, en los siglos
XIII y XIV, habían pasado físicamente los Alpes y los mares y que mentalmente habían superado las fronteras de la patria chica "che un muro ad una
fossa serra", fueron organizadores de las finanzas, de los ejércitos, de las flotas de los grandes soberanos del tiempo y también sus representantes diplomáticos; estos mismos hombres de negocios fueron signos de- renacimiento, participando a la formación del hombre universal.
Pirenne afirma que el patrimonio cultural conquistado conscientemente por
el hombre de negocios de la Edad Media, fue la premisa moral de su fortuna material.
El mercader continuaba trabajando hasta la edad madura, incansable en
sus viajes entre los puertos de oriente y su ciudad, entre ésta y las ferias de
Flandes y de Francia, vigilante y trabajador también, durante sus permanencias
en la Patria, durante las cuales recoge nuevos capitales, hace mejores y nuevos
convenios, prepara nuevas empresas; sólo la vejez lo obliga a abandonar los
largos viajes llenos de peligros y de molestias, sólo entonces se retira definitivamente a su ciudad, empieza a participar en forma activa y continua en
las reuniones públicas de las cuales es miembro, sin alejarse por completo del
mundo de los negocios, ya que sigue trabajando junto con las fuerzas más
jóvenes, en la empresa familiar o más simplemente empleando activamente
su patrimonio.
En la sociedad, la figura de primer plano es el mercader a cuya obra está
ligada cualquier ciudad de la Edad Media. Estas ciudades, de los Países
Bajos a Italia, de Alemania a Cataluña, tienen una única matriz: la del mercader. Pero siendo creaturas vivientes como el hombre, como el hombre presentan características que las diferencian desde su origen.
A la prosperidad de las ciudades contribuyó en forma decisiva la clase de
los mercaderes-banqueros, distintos en su origen social, pero unívocos y unidos
en la constante voluntad de multiplicar -donde quiera se presentasen- las
ocasiones de lucro.
Fueron estos mercaderes-banqueros, o, si se quiere, mercaderes-capitalistas,
quienes, después y antes de prestar a los príncipes y a los señores, habían acumulado grandes fortunas financiando los procesos de elaboración de los productos en cuya venta estaban interesados. Industria y comercio se unían y
se integraban en el decurso de una generación, contribuyendo a consolidar
las fuerzas de la burguesía en marcha.
Al dinamismo del mundo mercantil de esta época se debe la progresiva formación de los notarios y de los abogados, y por consecuencia del estudio del
derecho.
Pero la función del mercader es la misma ya que los ha llevado al apogeo

573

�de su fortuna económica y de su grandeza bajo todos los aspectos de la civilización. A todos estos mercaderes de la Edad Media se les pudiera aplicar
una frase del gran Leonardo da Vinci: Como un día bien aprovechado da un
feliz sueño, así una vida bien usada da una buena muerte.
El mercader es una gran figura: Pittón afirma que los mercaderes italianos han dado un desarrollo a la ciencia, la tradición a la materia financiera,
a la contabilidad. Estos mercaderes son patriotas, solidarios con su compagnia
y con todas las de su ciudad y de otras, tienen espíritu de asociación muy desarrollado.
Para estos mercaderes existía el Honor familiaris entendido en el sentido
más amplio de la palabra que según la definición del gran León Battista Alberti -amigo y protector de Luca Pacioli- consiste en nunca romper la palabra y en comerciar con honradez. Del mismo Alberti podemos recordar lo
que afirma haber sido la filosofía mercantil de los mercaderes-banqueros de
Florencia: "Cuando recuerdo los daños y las pérdidas de muchos mercaderes,
veo que de cada seis accidentes, cinco se deben a defectos de los que dirigen
las cosas, de lo que se puede deducir que ninguna cosa hace un buen dirigente cuanto la diligencia del maestro, y que ninguna cosa hace un mal dirigente como la negligencia del maestro". 9
Los mercaderes-banqueros introducen una nueva mentalidad económica;
admitiendo el concepto de previsión voltean la anterior teoría tomista, instauran la regla de que los gastos deben ser inferiores a los ingresos, y por lo tanto
hacen nacer el problema del ahorro. Los bienes y la riqueza ya no son un
medio para la salvación eterna, sino más bien para una mejor vida terrenal.
Abandonan el concepto de lo superfluo en el sentido escolástico; los bienes
están a disposición de los hombres para que los usen para su gloria y poderío. Los esfuerzos dirigidos hacia nuevas actividades económicas se hacen más
racionales con el objeto de obtener una cantidad siempre mayor de riqueza.
Se pierde el concepto de la socialidad de las riquezas y se sustituye con un
concepto edonista y utilitarista.
Pero cuando se investiga la vida, se leen las cartas, se consultan los registros de un mercader de la época considerada, es bueno, como lo aclara Barbieri, " ...volver a pensar al iter biográfico de los viejos mercaderes, que,
después de decenios de febril actividad adquisitiva, con frecuencia ignorantes
de cualquier escrúpulo ético-social, sabían terminar sus días con gestos de
generosa redistribución de las riquezas acumuladas".10

Así leyendo las últimas voluntades de los miembros de la compagnia de los
Iprimi tre libri. . . , obra citada, pp. I-2-58.
Grno: Origini del Capitalismo lombardo, Casa Editrice dott. GiuffréMilano-1961, p. 158.
• LEÓN BATTISTA ALBERT!:
•• BARBIERI

Bardi -recogidas en el archivo de Biagio Boccadibue, notario de la sociedad-,
aparece claro y dramático el contraste entre la práctica de la vida de aquellos
hombres audaces y tenaces constructores de inmensas fortunas, y el terror del
castigo eterno por haber creado una riqueza con medios poco escrupulosos,
por lo menos considerando la moral del tiempo. . .
.
.
A pesar de todo esto Francesco di Marco Datm1 e~ la primera hoJa ~~. todos sus registros contables escribía: "En nombre de Dios y de la ganancia
Distinto ejemplo de la mentalidad de los mercaderes, es una c~rta que un
representante anónimo envía de Creta el 18-IX-1347 a su matnz en ,Venecia: "A mí no me parece gran inteligencia saber vender una mercanc1a qu:
todo el mundo demanda, que tiene gran aceptación, ya que se ,vende por s1
misma; por el contrario es gran inteligencia vender una mercanc1a rr_iala, peor
que las otras, y en particular, una mercancía que se echa a perde~ s1 se guarda". Esta manera de razonar explica otro aspecto de la mentalidad de los
mercaderes ya que para los florentinos el cliente, el "amigo de neg~cios", era
el que en régimen de libre competencia adquiría la mercancía meJor
~recio más bajo. Necesitaban que el cliente estuviera contento de la adqu1s1C10~:
sobre esta base se podía planear un comercio duradero. Por ~s.to Florenc1_a
daba gran importancia al respeto escrupuloso de todas las cond1c1ones: medidas calidad, términos de entrega, buena moneda, etc.
contrario pasaba en lo que se refería a los principios sobre los cuales se
fundamentaba el comercio de Venecia y Génova.

.ª!

Lo

En el período 1100-1350 la distinción fundamental ~ntre grande y pequ:ño mercader no consistía en el comercio al mayoreo m tampoco en la cantidad de la mercancía, sino en la diferencia de apreciaciones de hombr:s cuya
mentalidad era profundamente distinta. El pequeño merca~er e_ra aun, por
su manera de vivir, por la falta de iniciativa y por la parsrmorua, un ho_~bre con la mentalidad de un artesano: era observante de la reglamentac1on
de su arte, evitaba el riesgo y no esperaba elevadas ganancias.
La peste negra de 1348 marcó el final de un largo pe~odo de incremento
demográfico y desarrollo económico y el inicio de una deslizante secular cu~a
caracterizada por el cierre de los mercados, por continuas guerras y contracción
en el volumen de los tráficos.
Pero desde este punto de vista está fuera de duda que aq~el regr~so económico no se explica con la incipiencia de la técnica mercantil. L?s ~1glos ~IIXIV vieron el reflorecer económico del occidente en la reconstituida u~1dad
del Mediterráneo, dando origen a una renovación de la sociedad, _de los ideales económicos, de la actividad productiva, de circulación de los bienes, de las
ganancias y de los consumos.
FJ tipo cambiario de la letra de cambio, por ejemplo, aunque conocido

574
575

�antes de 1350, llegó a ser de uso general después de esta fecha. Las experienr.ias de seguro marítimo y la misma contabilidad mercantil tuvieron completo
desarrollo alrededor de 1400, como por ejemplo, se puede comprobar parangonando los libros mercantiles de la "compagnia" Peruzzi (que quebró en
1343) con los de la "compagnie" de Francesco Datini (1410).
Otra novedad técnica es el tipo de sociedad comercial, similar a la moderna sociedad en participación. El ejemplo más importante es la banca de los
Medici, constituida en 1397; clara es la fundación de institutos similares que
se originan en los siglos XII y XIII.
Quizás se pueda observar que la flexión secular de la técnica mercantil, que
nos lleva a la época de la peste negra, haciendo más fuerte la competencia y
reduciendo los márgenes del beneficio, incitó a los mercaderes a tentar nuevos métodos, a incrementar la eficiencia de su propia capacidad, a reducir los
costos, con resultados que sólo los más listos y los más preparados sobresalieron. Por otra parte, se debe observar que ninguna empresa mercantil, tampoco el banco de los Medici, alcanzó el esplendor de las famosas compagnie de
los Peruzzi y de los Bardi que quebraron ambas antes de la peste negra.
Por el contrario el gran mercader, fuera socio de una gran compañía, como
la de los Alberti, o de una pequeña, como la de Datini, había conservado el
espíritu de independencia y la osadía de sus antepasados vendedores ambulantes y estaba como ellos dispuesto a enfrentarse a grandes riesgos, de los que
se defendía distribuyéndolos en muchos sectores distintos. Aprendía el idioma y las costumbres de otros países, se adaptaba a las exigencias de los mercados extranjeros; era al mismo tiempo mercader, banquero y contador, vendía
al mayoreo y al menudeo.
Claramente resulta de los libros contables que los mercaderes sólo excepcionalmente, se especializaban en un determinado tipo de mercancías y trataban de explotar todas las ocasiones de ganancia que podían encontrar. El
mismo comercio crediticio no fue una especialización: sin grandes excepciones, las grandes compañías bancarias italianas asociaban negocios de banca
internacional y de comercio extranjero.
Como los Bardi, que mantenían abierto su tendajo en la calle de Calimala, aun cuando compraban trigo en Apulia como para alimentar a una ciudad, y financiaban las guerras inglesas en Francia, así también Datini, aun en
el momento más próspero del sistema de sus empresas, nunca cerró su pequeña tienda de telas en Por Santa María.
Los italianos jugaron un importante papel en el comercio internacional:
mercaderes flamencos e ingleses llegaban hasta Génova para intercambiar especias y seda por telas.
A los inicios del siglo XIII, los mercaderes italianos más emprendedores
habían penetrado, a través de Flandes, en Inglaterra como banqueros papales,
576

pero el problema del cambio los obligó a orientarse hacia el comercio de la
lana, en vista de la prohibición de la exportación de moneda y por el hecho
de que la lana inglesa tenía gran mercado en el continente. También París
pareció ser otro gran centro de atracción y las compañías italianas empezaron a fijar agencias mercantiles en esta zona, muy cercana a la de Champagne.
Este desarrollo del comercio fue un simple componente de los cambios sumamente intensos que transformaron profundamente la fisonomía de todo el
comercio medieval.
Claramente Raymond de Roover aclara la transformación y la función
del mercader italiano:

"Al contrario de ir y regresar de las ferias, algunos mercaderes italianos, particularmente los de las ciudades internas, Siena y Florencia,
empezaron a orientar sus negocios con criterios de empresa contable,
asegurando una permanente representación al extranjero, basada sobre
el capital de los socios, agentes y corresponsales. El antiguo mercader
giróvago se fue transformando en un administrador de negocios mercantiles que ocupaba la mayor parte de Stl tiempo, sentado al escritorio para leer relaciones in/ormativas o para dictar instrucciones. La más grande preocupación para este tipo sedentario de mercader debía ser la de
hacer marchar bien las casas de representación en el extranjero, así que
el éxito comercial o el fracaso dependían con frecuencia de la selección
de representantes honrados e inteligentes".
En cuanto el mercader terminó de ir personalmente al extranjero,
otorgó poderes a los que le inspiraban confianza y se empeñaban en
ocuparse de su comercio.
El nacimiento de este nuevo aspecto de la organización mercantil,
fijada por correspondencia o por representación al extranjero, está íntimamente ligado a la rápida declinación de las ferias de Champagne,
después de 1300. Para los mercaderes italianos ya no existía la necesidad
de asistir a las f erías, cuando sus compañías comerciales organizaron sucursales permanentes en París, Londres, Brujas, etc.
Como pioneros del nuevo sistema, los italianos obtuvieron las ventajas más notables de la iniciativa. Durante los siglos XIV y XV dominaron el comercio y el movimiento monetario de toda el área de
Constantinopla y Alejandría al este, hasta Brujas y Londres al oeste. En
este amplio radio, la supremacía italiana se confirmó en el campo de
la organización mercantil, mientras que la potencia militar de las pequeñas repúblicas de la Península no superaba los confines de los Alpes". 11
u

RAYMOND DE

RoovER: Economic organization and Policies in the Midle age in

577
H37

�Lógicamente esta organización, esta estructura mercantil de los mercaderes?~q~eros italianos tuvo como consecuencia una mejoría en las instituciones
Jund1cas y en la vida de sus empresas.
Por lo que se refiere a las instituciones jurídicas Manca afirma:
"Dondequiera las commendé fueron las primeras farmas de sodalicio a
través del cual se procedió, de parte de los más emprendedores a la
movilización de los capitales por el comercio.
'
Posterior.mente, andando el tiempo, con actividades más robustas, con
acumulaciones progresivas del ahorro, se iniciaron y siempre más se
extendieron las f armas asociativas en las cuales todas las partes contribuían con una cuota de capital, en unión, obviamente a una distinta
Y más conveniente participación en las utilidades. Por esto grandemente se desarrolló el instituto de la 'societas', es decir, de la sociedad en
nombre colectivo". 12

4.

DESARROLLO DE LA CONTABILIDAD

v

PARTIDA DOBLE

Desde la aplicación del método, investigadores, historiadores y profesionales son atraídos por el método de la Partida Doble debido a su elegancia, su
precisión matemática y su simetría.
El desenvolvimiento del "arte" representa una óptima aplicación para los
matemáticos desde Pacioli.
Entre 1202 y 1494 -y mejor dicho entre 1250 y 1350- brotan de la viviente práctica de la empresa las "estructuras contables" principales del ~egistro de las cuentas basado sobre el método: el inventario, el balance y la situación de cuenta; aparece ya claramente esbozado el otro proced~i~nto, el ~el
presupuesto, al cual faltan, para ser completo, determinadas condic1on:s Y circunstancias, que por el contrario ya se habían manifestado en su plenitud por
lo que se refiere a los primeros.
.
En poco menos de un siglo, se cristalizan las grandes conqmstas de la Contabilidad:

Por lo que se refiere a la organización y estructura contable lógicamente al
ampliarse los negocios se necesitaba una organización y por lo tanto se tenía, en
las empresas de mediana importancia para arriba, una división del trabajo contable. Así que cada empresa, según las dimensiones y el conjunto de sus neo-o0
cios, tenía libros principales y accesorios.
Para el manejo de la empresa estos mercaderes tuvieron que buscar ayuda
de personas ajenas a la actividad de los negocios, y dedicadas casi exclusivamente al control de ellos.
Los distintos libros estaban bajo el cuidado del Scrivano (Tenedor de Libros), que también redactaba las cartas, ayudado por los Garzoni que copiaban las cartas. Estos tomaban los primeros contactos con la Contabilidad copiando del "Borrador" las notas y transformándolas en forma epistolar -cuentas de costo y gasto, y utilidad neta- para su envío al corresponsal.
En el escalafón superior estaban los "Fattori" que pertenecían a dos categorías: Ragionieri y Abachini ("Contadores y Cajeros"). Los primeros se dedicaban exclusivamente al cuidado de los libros principales y los segundos a los
movimientos del dinero.
Normalmente el libro de la Sociedad Libro segreto estaba al cuidado de uno
de los socios o más frecuentemente del director.
The Cambridge Economic History of Euro pe, III tomo pp. 42-46. Cambridge, 1963;
traducido en Economía e Storia n. 2, 1963, pp. 245-246.
12
•
CIRo MANCA:Nuove prospettive sulla storia economica della Sardegna pisana dalla
fine del secolo XII all'inizio del XIV, p. 191, in Economia e Storia, n. 2, 1963, pp. 178-

200.

578

_ método de la Partida Doble, método genial con el cual se siguen todos
los hechos de la empresa y la dinámica empresarial vista en sus efectos
sobre los elementos reales.
_ la contabilidad de los costos (de los más complejos: los industriales) por
los cuales se entra en el aspecto más delicado de la gestión; la gradual
adquisición del producto.
- la contabilidad de la amortización.
_ el inventario y el balance por medio de los cuales se determina el elemento mismo en la supuesta fase estática y se define así el resultado
económico.
_ el informe de cuenta con el cual se presentan partida por partida los resultados de las operaciones efectuadas.
_ el presupuesto, con el cual se indica la conducta futura de la empresa,
frenándola o vinculándola.
Todo lo dicho, promovido y potenciado en el marco más propicio: la empresa capitalista, sobre la cual vuelca sus beneficios ? efe_ctos y de la cual r~
cibe profundamente gravada la huella de aquel rac1onahsmo que es la esencia del capitalismo.
La Partida Doble es el Método contable que basándose sobre una doble
consideración analítica y unitaria de la riqueza que actúa en la empre5:1. (no
debemos· o1v1'dar que el patrimonio ha sido
. el único objeto de
. la. ,Contabilidad
.
· 1os ) s·e traduce en dos senes de cuentas (denvacion directa de
por muehos sig
579

�tales aspectos) y que por cada hecho económico se realiza invariablemente en
dos distintas partidas de cuenta de igual valor pero antitéticas en el signo.
Este método fue el resultado de una larga serie de dificultades originadas
por el muy complejo crecimiento del comercio. Su origen pertenece a la época del Renacimiento Mercantil, (aunque nació de humildes orígenes). En un
primer tiempo las transacciones mercantiles, junto con otros acontecimientos
sociales y políticos, se registraban en lo que podemos llamar borrador; pero con
el crecimiento del comercio este simple método de recordar las cosas tuvo que
desembocar en un sistema más eficiente.
Como ya se ha dicho, en una época no exactamente precisable, pero que
podemos situar en el trienio 1250-1280, y seguramente en Toscana, se inicia
la primera fase del proceso evolutivo de la Contabilidad, que desde entonces marcha velozmente y sin dificultades hacia la meta: la partida doble.
Este paso está estrictamente condicionado y ligado en el tiempo a la fase
económica que representa el tránsito de la forma artesanal a la que podernos
llamar capitalista, en el cual, como justamente afirma Doren: "se ajusta una
serie de formas intermedias; con frecuencia se trata del solo hecho de un artesano que, disponiendo de un determinado capital, da trabajo a otros artesanos independientes y vende el producto de ello resultante; pero con más
frecuencia es un mercader que financia a los artesanos, anticipándoles dinero,
materias primas, medios e instrumentos de_trabajo y poniéndolos así en una
posición de dependencia económica, sin que por esto vean limitada su independencia industrial puramente exterior".
Desde los orígenes los requisitos del método, es decir las condiciones que
debían satisfacer los registros, son :
-

unidad de la Moneda en cuenta.
constante referencia a la contrapartida.
terminación completa de las dos series antitéticas de las cuentas y particularmente de las dedicadas a los factores del resultado económico.

Los primeros registros en Partida Doble son del siglo XIV, las escrituras
que figuran en ellos representan en forma eminentemente descriptiva las relaciones del "Debe" y del "Haber" entre la empresa y los terceros, determinadas
por la gestión. Registros, hasta. la fecha completamente desconocidos, de los
que es imposible indicar el lugar y la fecha exacta de su aparición, por el hecho sencillo de que la documentación es fragmentaria o falta por completo.
Pero podemos afirmar, como ya se ha dicho, que la partida doble es producto de la Toscana, y de esta región pasó a Venecia, Génova, y a toda Europa, a lo largo de los caminos comerciales.
580

Unos libros de la ciudad de Siena han hecho intuir que la Partida Doble
era conocida y aplicada en esta Ciudad desde la segunda mitad del siglo XIII.
Los primeros registros Florentinos son los de Giovanni Gianfigliazzi, del 25 de
febrero de 1292, y el libro privado de Giotto dei Amoldo que va de 1308 a
1336.
Anteriormente se había afirmado que la partida doble era de origen genovés, por efecto de los "Cartulari". del municipio de Génova que empiezan
en el 1340; otros afirman que el origen era milanés, por los registros del Banco Giussano 1356-1358 y por el archivo de la fábrica de la Catedral; otros
hablan con insistencia de un origen veneciano, por los registros de la Casa
S~ranzo ( 1406 y 1434) y por los de la Casa Barbarico de 1430 en adelante y,
además, por el nombre de "Veneciano" que se da a la Partida Doble.
Respecto a esto último queremos aclarar que la indicación "a la Veneciana" que tanto recurre en los registros contables erróneamente fue atribuida por los estudiosos al Método de la Doble, ya que en todos los casos comprobados -incluido en lo afirmado por Pacioli: modo di Vinegia- resulta
clara la exclusiva referencia a la conformación de las cuentas. Además tenemos
el caso del mercader florentino Palliano de Galeo con estas palabras: "Lo redactaré a la Manera Veneciana, es decir en una hoja el Debe y en la otra el
Haber". Ahora bien, este libro no obedece a las reglas de la partida doble, y
esto es bastante para comprobar que la alusión a Venecia no tiene ninguna
referencia con el Método.
En Florencia en un primer período se usó el sistema de las cuentas verticales, pero después se afirmó el uso de las cuentas laterales que siempre se había usado en Venecia.
El primer libro del Método de partida doble que se usó fue el Mayor con
cuentas horizontales y/ o verticales y con muchos registros de memoria. Quizá la razón del desarrollo del Mayor haya sido la necesidad de registrar las
relaciones del Mercader con sus deudores y acreedores. En apoyo de esta afirmación podemos ver que los registros usados en Génova para la Contabilidad O Contabilización de las Finanzas consistían en dos Mayor, uno usado
por los Massari, es decir los ejecutivos del tesoro de la Ciudad, y otro, al cuidado de los Magistri Rationari cuyo deber era vigilar y controlar la obra de
los M assari.
El método, en la obra de los "Massari", desde sus orígenes, tuvo el nombre
de escritura doble, desde 1300, y se le definió también como Libro Doble con
referencia a los libros en los cuales se redactaba por largo tiempo; después de
la publicación de los tratados del siglo XVI se llamó, fuera de Italia, hasta
1800 MÉTODO ITALIANO. Pero en el año 1755 Pietro Paolo Scali de Liorna introd~jo el término PARTIDAS DOBLES, que es el más exacto, escribiéndolo en el
581

�título de su obra: Tratado del modo di tenere la scrittura dei mercanti a partite doppie, cioé all'italiana (Stamperia di G. P. Fantechi E. Ci. di Livorno).

BERTOLINO ALBERTO, ll testamento politico-economico di W. Sombart. Firenze, Sansoni Editore, 1943.

En el siglo pasado se comenzó a usar el nombre en singular. Como curiosidad histórica cabe indicar que los más antiguos documentos que han permitido las modernas investigaciones proceden de tres distintas clases de fuentes:

BoccARDO GERÓNrMo, Historia del comercio, de la industria y de la economía política. Buenos Aires, Editorial Impulso, 1942.

Públicas: Se refieren a los inventarios patrimoniales de las Comunas, a las
cuentas municipales de ingresos y egresos, etc.

CANTIMORI DELIO, 1l problema rÍ11ascimentale proposto da Armando Sapori, pp.
935-948 in Studi 011ore di Annando Sapori. Milano, 1st. Editoriale Cislapino, 1957.

Privadas: de los banqueros, de los mercaderes y de las situaciones de cuenta de
los monasterios e instituciones religiosas.

CAizzr BRUNO, Compendio di storia economica dal medio evo ai nostri giorni. Milano, Giuffré Editore, 1952.

CAROSELLI MARIA RAFAELLA, Recenti studi sul capitalismo in Problemi economici dall'antichita ad oggi, pp. 340-346. Milano, Giuffré Editore, 1959.
DoBB MAURICE, Proólemi di Storia del capitalismo. Roma, Editori Riunitti, 1958.

Judiciales: que se refieren a los documentos de los jurisconsultos, sentencias, etc.
Ejemplo de esta última es el U sus Mercatorum según el cual, faltando disposiciones de ley, los contratos de sociedad se redactaban según la costumbre y
ningún socio podía separarse de la Compagnie hasta el Saldamento.

DOREN ALFREDO, Le Arti Fiorentine. Firenze, Le Monnier, 1940.
- Storia economica dell'Italia nel medio evo. Traduzione di Gino Luzzatto. Padova,
CEDAM, 1937.

Terminamos esta parte con una breve reflexión sobre el significado del nacimiento de la Partida Doble para cosechar y reordenar la enabería, así desparramada.

liAMILTON EARL J., El florecimiento del capitalismo. Madrid, Revista de Occidente,
1948.

El contador, antes de registrar en forma definitiva en el
nuevo registro, el DIARIO.

MAYOR

escogió un

Se impuso una regla, que le sería de ayuda en la síntesis, que era substancialmente la que le permitía el registrd definitivo; el diario exteriormente repetía
las similitudes de las escrituras en orden cronológico del libro de los ingresos y
egresos, del cuaderno de los cambios, etc.; en esta forma el contable dio prueba de haber alcanzado madurez; el largo aprendizaje de la partida doble lo
había llevado a la reflexión, a la crítica, obteniendo con acción espontánea e
inconsciente, característica de las etapas iniciales del desenvolvimiento de los
fenómenos, la uniformidad de los principios inmutables. Este es el profundo
significado del nacimiento del Diario en Partida Doble.

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-

EMILIO DURKHEIM; EL ESTADO Y LA DEMOCRACIA
Lucxo

MENDIETA Y

NúÑEz

Doctor en Derecho, Director del Instituto de
Investigaciones Sociales de la Universidad
Nacional Autónoma de México

multiplicidad de significaciones que se dan a la palabra Estado, es una de las causas que dificultan el estudio científico de esta
entidad jurídica y sociológica, pues ha influído en la propia terminología de
los tratadistas de la materia hasta el punto de que en ella se advierte una
"discordancia inaudita".1
Sin embargo, es posible clasificar los diversos conceptos que sobre el Estado se han emitido desde la Grecia antigua hasta nuestros días para llegar,
por medio del análisis crítico, a definirlo con precisión y claridad. Esto es lo
que logra el eminente jurista y sociólogo brasileño Pinto Ferreira, con gran
acierto, en su Principios Generales de Derecho Constitucional Moderno.
KELSEN AFIRMA QUE LA

Los elementos que, según la teoría clásica son la esencia del Estado, se empezaron a distinguir por los filósofos griegos. Para Aristóteles, esos elementos
son : la comunidad y la independencia, es decir, un grupo social organizado,
que goza de absoluta autonomía para desarrollar su propia existencia. El concepto aristotélico fue precisado más tarde por Bodin que consideró como característica fundamental del Estado, la soberanía. Partiendo de estas ideas, la
mayoría de los autores concibieron al Estado como "una colectividad humana fijada sobre un territorio determinado y dotada de poder soberano" ,2 definición jurídica que subsiste en la actualida,d con sus tres elementos constitutivos: la población, el territorio y la soberanía, pese a las críticas que se le
han hecho. Es un concepto esquemático, simplista, que no explica suficiente1

DR. HANS KELsEN , Teoría General del Estado. Traducción de Luis Legaz Lacambra. Editorial Labor, S. A. Barcelona, p. 3.
' PINTO FERREIRA, Principios Generais do Direito Constitucional Moderno. 1955.
Jesi Konfino Editor, Río de Janeiro, t. II, p. 719.

584

585

�mente la verdadera naturaleza del Estado. Para explicarla diversos autores
expusieron teorías filosóficas y sociológicas.
Como ejemplo de las concepciones filosóficas del Estado, puede citarse la
de Hegel, para quien "el Estado es el material en que se verifica el fin último de
la razón", porque "con el Estado la libertad se hace objetiva y se realiza positivamente". Sólo en el Estado tiene el hombre existencia racional, el hombre
debe cuanto es al Estado. Sólo en éste tiene su esencia, el Estado es la vida
moral realizada". 3
Influído por Hegel; pero en un sentido sociológico, Smend considera que
el Estado es una realidad dialéctica integrante. La integración, afirma, es la
esencia de la realidad estatal y está constituída por una gran cantidad' de procesos empíricos que clasifica en tres clases: a) Jntegración personal que es la
que se advierte entre los caudillos, los jefes del Estado, la burocracia; b) Integración funcional, o sea todas aquellas manifestaciones de la vida colectiva:
elecciones, parlamentos, etc.; y c) Integración real que es la participación de
los individuos en los valores que encama el Estado, tales como ceremonias,
fiestas nacionales, etc!
Sin embargo, es evidente que dentro del Estado existen agrupamientos que
tienen la virtud integradora en los tres aspectos señalados por Smend, como por
ejemplo, la Iglesia. La teoría de este autor es valiosa solamente si se considera que el Estado es el único que posee la fuerza de integración total de las
organizaciones sociales y de las manifestaciones de la vida colectiva en una
gran unidad a la que representa y domina.
Tismascheff formuló la teoría de la diferenciación social que Pinto Ferreira resume así: toda comunidad humana se presenta polarizada en un
centro activo de dominación constituido por los gobernantes y una periferia pasiva formada por los gobernados.
Esta idea fue expuesta mucho tiempo antes, por Santo Tomás de Aquino: "si pues -dice el aquinatense- es·hasta tal punto natural al hombre vivir
en sociedad con muchos, debe haber entre los hombres algo por lo cual se rija
la multitud. Porque en todas partes donde hay una pluralidad ordenada a
5
una unidad, vemos un principio director".
La diferenciación social no es propia únicamente del Estado porque se observa en toda organización que para serlo tiene que estar constituída por un
grupo dirigente que domina a los dirigidos, o que ejerce, cuando menos, cierta autoridad sobre ellos en todas las cuestiones relacionadas con la organización.
*

H EGEL,

Lecciones sobre la Filosofía de la Historia Universal. Edición, Revista de

Para Marx Y Engels, el Estado es un simple instrumento de las clases poseedoras sobre las desposeídas.
"El_Estado no es una fuerza exterior impuesta a la sociedad ni la realidad
d~ la idea moral como pretendía Hegel. Es el producto de la sociedad en determmado período de su evolución. El Estado equivale al reconocimiento de contradicciones internas insolubles, de antagonismos irreconciliables causa de inevitabl_es complicaciones d~ las que la sociedad es impotente par; librarse. A fin
de evitar que esas contradicciones y esas clases con intereses antagónicos se devoren entre sí y lancen a la sociedad a una lucha estéril fue necesaria una fuerza aparen_t~mente colocada sobre la sociedad, fuerza que moderando el ímpetu
de las colisiones mantuviese a la sociedad en los límites del orden".
Otras muchas teorías más o menos afines con las que hemos transcrito tratan
de hallar una definición del Estado como la de Hermes Lima, para quie~ el Estado representa a la sociedad a través de sus clases dominantes; a la de Openheimer, q~e o~~na también que el Estado es un Estado de clase y que surgió por
la dorrunacion de un grupo sobre otro".6
~ntre los _conceptos modernos sobre el Estado se destaca el de Jellineck,
quien lo defme como un fenómeno socio-cultural, resultado de factores complejos de diferenciación y de integración social, o como "un poder originario de dominación".
Con Kelsen y la escuela de Viena, se nota, en la actualidad, un retomo a
la conc:pción jurídica del Estado. En efecto, Kelsen considera que lo que
~aractenza al Estado es la autonomía constitucional y el derecho de gentes;
ide~ que expo~e ~u~z casi_ literalmente: "el Estado se caracteriza por dos
atnbutos: la SUJecion mmed1ata al derecho de gentes y la autonomía constitucional". Pinto Ferreira resume estas opiniones en una breve definición: "El
Estado es la co~unidad humana fijada sobre un territorio determinado y
dotada de capacidad de autonomía constitucional". 7
En este concepto se trata, como se ve, de enlazar la naturaleza social del
~st_ado cuando _se dice que es "una comunidad humana", con su aspecto jundico que consiste en la facultad que tiene esa comunidad de constituirse libremente de acuerdo con propias determinaciones.
Fue, sin embargo, el gran sociólogo francés Emilio Durkheim quien expresó con mayor claridad y precisión una idea de carácter sociológico sobre el
Estado en la serie de lecciones que publicó en 1915, como una colaboración
con el gobierno de su país en los años aciagos de la primera guerra mundial
para reafirmar en la conciencia de sus compatriotas y de los pueblos de cu!~

Occidente, Buenos Aires, Argentina, t. I, pp. 88 y 89.
op. cit., p. 722.
GRABMAN , Santo Tomás. Col. Labor, S. A. Barcelona, p. 137.

• PINTO FERREIRA,

• PrNTO FERREIRA,

' MARTÍN

' PINTO FERREIRA,

586

Op. cit. t. 11, p. 723.
Op. cit., t. 11, p. 727.

587

�tura occidental la confianza y la fe en su organización política y en la democracia.
Al eminente sociólogo Raymond Lenoir se debe la publicación en la R evue
Philosophique, de un manuscrito de Durkheim que contiene la lección sobre
el Estado. En ese interesante, brevísimo ensayo, se dice que ei "Estado es
propiamente el conjunto de los cuerpos sociales que tienen ellos únicamente,
la cualidad para hablar o para obrar en nombre de la sociedad''.
Coincide Durkheim en cierto modo con la idea marxista del Estado pues
afirma que surgió porque "en la sociedad hay diversas fuerzas que tratan de
subordinar al individuo: sociales, económicas, familiares ; son fuerzas que
establecen situaciones de desigualdad entre los hombres. Para ponerles freno
a estas desigualdades, a estas injusticias, es necesario que haya "sobre todos los
grupos secundarios y todas las fuerzas sociales particulares, una fuerza ~gual,
soberana, más elevada que todas que sea capaz de contener y prevenir sus
excesos. Esta fuerza es el Estado".
Pero en tanto que, como ya se ha dicho, para el marxismo el Estado es un
simple instrumento de las clases dominantes, Durkheim se aparta de toda consideración demagógica dcformante de la realidad y analizando las funciones
estatales encuentra que por medio de ellas "se coordinan las diferentes corrientes sociales, pone orden en lo que sin su intervención sería desorden". De este
modo, el "Estado es ante todo, un órgano de reflexión, es la inteligencia colo8

cada en el lugar del instinto obscuro" .
Durkheim después de una breve reseña histórica de las Funciones del Estado advierte que en un principio tenía por objeto acrecentar el poder bélico para extender su dominio sobre otros pueblos y ocupado en esa tarea, no concedía atención a los intereses individuales y colectivos.
Aparecía como una entidad subordinadora con vida propia. Pero a medida que pasa el tiempo, la guerra que era en un principio casi la función e~pecífica del Estado, se vuelve cada vez menos frec~e~te ~ entonces su actividad se orienta hacia el interior, sus órganos adm1mstrat1vos se desarrollan
a medida que toma a su cargo una serie de atribuciones jurídicas y de orden
social en servicio de la colectividad.
Este concepto sociológico del Estado que se basa en el proceso histórico de
las sociedades y en la observación de la realidad es, entre los conceptos de
otros autores, el más aceptable. Como órgano de reflexión social no puede ser
instrumento de un solo grupo o de una sola clase, su función consiste en mantener un equilibrio de intereses; cuando se apodera de la dirección del Es• EMILIO DuRKHE IM, L'Etat. Revue Philosophique de la France et de L' Etrangere.
Núm. 4, 1958. Octobre-Decembre. Presses Universitaires de France. Parls.

tado un grupo_o una clase, entonces "también tiene que ser contenido por
las fuerzas sociales que subordina para no excederse, para no volverse tiránico".
En tanto que se m~tiene dentro de los límites precisos de su misión, el Estado es para Durkheun, como para Hegel, una institución grandiosa. "A menudo, dice, se le presenta como antagónico del individuo, como si los derechos del Estado no pudiesen desarrollarse sino en detrimento de los del individuo, cuando en realidad progresan paralelamente. Mientras el Estado se
vuelve más fuerte y activo, el individuo se vuelve más libre. Es que el Estado lo libera".
Pero .para comprender bien, en toda su profundidad, el pensamiento de
Durkh~un sobre el Estado, es necesario conocer sus ideas respecto de la democracia expuestas en una de las lecciones mencionadas al principio de este
ensayo y que fue proporcionada a la Revista Mexicana de Sociología por
Raymond Lenoir. 9 Pues en efecto en esa lección se esclarecen las rela;iones
entre el poder públicd que representa al Estado y la población del mismo · relaci~~es que hacen posible su función de órgano de reflexión integrad~r y
equ1librador de las fuerzas y de los intereses sociales.
Generalmente se considera a la democracia según la célebre definición de
~incoln como e~ gobierno del pueblo por el pueblo y para el pueblo. Es dec1r el pueblo mismo, por medio de sus representantes, dirige soberanamente
sus destinos. Para que esto fuera posible sería necesario un total acuerdo entre todos los individuos que integran a un_pueblo; pero como tal acuerdo nunc~ se produce, resulta que, según otras definiciones, la democracia es el gobierno de las mayorías. Durkheim demostró que contrariamente a estas ideas
p_olíticas, lo cierto es que "todo gobierno es una minoría, aun cuando sea de
cierta importancia numérica". Pues en efecto, en todo país hay un gran número de personas que por su edad o por otros motivos están impedidas de
votar, y de los capacitados para hacerlo, un gran número se abstiene de acudir
a las urnas electorales a depositar su voto. "Si por lo tanto, nos atenemos a
las consideraciones numéricas, habrá que decir que no hay democracia".
Para demostrar este aserto, Durkheim recuerda que "en 1893, de 38.000,000
de franceses no había sino 10.000,000 de electores. De estos 10 millones, sólo 7
millones hizo uso de sus derechos y los diputados electos representaban ...
4.512,000 votos, o sea, un poco más de la novena parte de la población, un
poco menos de la mitad de los ciudadanos".
• Revista Mexicana de Sociologia. Año XXI. Vol. XXI. Núm. 3. Septiembre-Diciembre de 1959. Instituto de Investigaciones Sociales de la Universidad Nacional Autónoma de México.

589
588

�En apoyo de las ideas del autor citado sobre la democracia fundada exclusivamente en el voto electoral tenernos, actualmente, el caso de los Estados
Unidos de Norte América que suele presentarse como ejemplo democrático,
pues el sociólogo Stein Rokkan en un trabajo escrito en colaboración con
Agnus Campbell, afirma que "en las tres elecciones presidenciales que tuvieron lugar después de la segunda guerra mundial, la participación media bruta de electores fue de 58%"Según los mismos autores, la situación en este importante aspecto de la vida social y política de los pueblos es casi idéntica, de acuerdo con las cifras
de votantes que obtuvieron, en Inglaterra, Finlandia, Francia, Israel, Nueva
Zelandia y Noruega. 1 º
Ante estos datos resulta evidente que la democracia no puede descansar
nada más en las funciones electorales. El desconocimiento de este hecho es la
causa de que se susciten agitaciones trágicas en muchos países, principalmente
en la América Latina, porque los partidos o grupos que pierden en las elecciones alegan que fueron víctimas de fraudes. Indudablemente que aun cuando no sea la mayoría de los ciudadanos la que vota, es necesario respetar la
voluntad del mayor número de votantes; ese respeto es, sin lugar a duda, uno
de los principios esenciales de toda democracia; pero no el único. Suponiendo que los poderes de un Estado sean electos por la totalidad de los
ciudadanos, si quienes ejercen esos poderes lo hacen de manera tiránica, allí,
a pesar de la legalidad absoluta de las elecciones y de la universalidad del
voto, no hay democracia.
Emilio Durkheim, en un breve y penetrante análisis, reafirma su idea de
que el Estado es el órgano de reflexión social; pero

"esto, dice, no significa que todo pensamiento social emane del Estado.
Hay una actividad psíquica colectiva que se forma obscuramente y se
traduce en hábitos, en costumbres, en corrientes de opinión que no se
sabe con exactitud cómo se forman. En cambio, en el gobierno hay una
serie de órganos, de comisiones de cuerpos deliberantes que son los que
después de considerar las cosas de su incumbencia deciden lo que se debe hacer.
Pero hay pueblos en los que el órgano del Estado es sustraído celos~
mente a las miradas de la multitud. Las masas profundas de la sociedad reciben sus acciones sin asistir ni siquiera de lejos a las deliberaciones que se realizan, sin percibir los motivos que determinan al gobierno a adoptar las medidas que decreta. Por su parte, el gobierno no
siente sino de manera confusa lo que ocurre en la extensión del organis-

'º

Revue Internacionel de Sciences Sociales. UNESCO. París. 1960.

mo social, los sentimientos que se experimentan los males que se sufren, las necesidades que se manifiestan".
,
En otros pueblos, por el contrario

'

"una _Parte cuando menos de las gestiones del Estado se hacen a la luz
del dia. Todo el mundo se percata, entonces, de los problemas que se
pla~tean; de las razones por lo menos aparentes que determinan las soluciones ado_ptadas. Todo el mundo participa de la vida del Estado,
puede examinar los problemas que examina el Gobierno. Las reacciones que producen influyen en el pensamiento gubernativo".
~s. esta interacción entre gobierno y pueblo, esta participación popular en la
~obtrca del poder Y l~ participación del gobierno en los sentimientos, en los
ideales _Y en las necesidades colectivas, otra de las características de la democracia, acaso la fundamental, puesto que es la que le da vida y realidad aun
en aquellos países monárquicos en donde los titulares del poder no son electos.

. "Un Estado, afirma certeramente Durkheim, es tanto más democrático cuanto que la masa de la sociedad se encuentre en estado de vigila~ Y de c,ontro~ar a~, órgano gubernativo y que el órgano gubernativo
mismo este en situacwn de percatarse de todo lo que ocurre en la
de la sociedad".
masa
La interacción entre gobierno y pueblo no es suficiente para configurar
cabalmente
· t enores
·
d 1
· a la democracia; se requiere' además, que "los as un t os m
~ a sociedad ~cupen un sitio considerable en las preocupaciones y deliberaciones gub~~at:J.vas., E~ a ellos, en los países democráticos, a los que se aplica
toda la actividad publica".
E:a acti~idad, en la democracia, está guiada por la justicia y la razón. He
aqui esta idea fundamental expresada bellamente por el propio Durkheim:

"Una democracia debe, ante todo, consagrar lo mejor de sus fuerzas a organizarse en el interior de conformidad con la idea de justicia
que se manifiesta en las conciencias.
La. democracia
se pondría en contradicción con ella misma
·
.
si· no
convirtiese en regla primordial la de profesar por la razón un verdadero culto. ;ues la razón es 1la forma más alta de la reflexión y la ciencia
es la razon en acto".

591
590

�Una característica final de la democracia, señalada por Durkheim, es la
constante evolución del Estado. Pero para que evolucione perfeccionándose
cada vez más, es indispensable que "no se confunda con la masa: debe tener
su función propia y su autonomía".
Esta lección escrita por Durkheim en 1915, durante la primera guerra
mundial, como decimos al iniciar este ensayo, con la finalidad de reafirmar
la fe en la democracia, tiene un valor actual indudable, diríamos un valor
eterno porque sus ideas nos llevan a establecer una comparación objetiva entre los Estados totalitarios y los democráticos. En aquéllos, el Estado es todo,
omnipotente y único, se eleva sobre los individuos en una actitud de dominio absoluto. En las democracias, por defectuosas que sean, se advierte una
tendencia hacia la participación cada vez más intensa del pueblo en las actividades del poder público. Por medio de la prensa, de la radio, de la televisión,
se difunden los acontecimientos nacionales y universales, los proyectos y las
medidas que el gobierno adopta para resolver situaciones y problemas interiores de carácter colectivo y por esos mismos medios publicitarios, los diversos sectores sociales dan a conocer sus opiniones y sus críticas ante las
decisiones gubernamentales, o presentan sus demandas y hacen valer sus aspiraciones, en un ambiente de libertad que cada día se establece con mayor
amplitud y firmeza, a pesar de todas las vicisitudes políticas y de todas las
regresiones contingentes, en los países que aún no alcanzan la madurez democrática.
La participación del pueblo en las actividades gubernamentales, hace que
el Estado perfeccione cada vez más por medio de la ciencia y de la técnica,
sus órganos y sus instrumentos de acción, hace que viva en un progreso constante.
En los países democráticos el Estado se reafirma, así, en el interior y deja de
aspirar a extenderse en el exterior, se perfecciona para servir mejor al pueblo
y no para subyugar a otros pueblos. Su acción sobre éstos se deja sentir, en la
actualidad, en las organizaciones formadas por todos los países del mundo
para prevenir la guerra y extender los beneficios de la ciencia y de la técnica
hacia los más débiles. En esta comunidad de naciones se advierte, también,
un clima de libertad porque las deliberaciones entre ellas se hacen a la luz
del día y con la participación de todas, estableciéndose así, una interacción
que parece conducir a lo que bien pudiera llamarse la democracia internacional.

LA RADIODIFUSIÓN Y SU ASPECTO EDUCATIVO
Por el Lrc. Lurs M. FARÍAs
Universidad Nacional Autónoma de México

l. ENTENDE~os POR RADIODIFUSIÓN la emisión de sonidos, signos O imágenes por medio de ondas electromagnéticas y que es destinada a ser recibida
por el público en general.

~- La ~adiodifusión comprende estaciones de radio y televisión de los siguientes tipos: comerciales, culturales, oficiales, de experimentación y las escuelas radiofónicas.
~- L~ radiod_ifu~ión tiene una función social que cumplir que abarca tres
obhgac1ones prmc1pales, a saber: la informativa, la cultural y la recreativa.
En esas tareas deberá contribuir al fortalecimiento de la integración nacional
Y al m:~oramiento de las formas de convivencia humana, por lo que en sus
transm1S1ones procurará:
a) Afirmar el respeto a los principios de la moral social, la dignidad humana y los vínculos familiares:
b) Evitar influencias nocivas o perturbadoras al desarrollo armónico de la.
niñez y la juventud.
c) Contribuir a elevar el nivel cultural del pueblo y a conservar las caracterís~i~as nacionales, las costumbres del país y sus tradiciones, la propiedad
del 1d10ma y a exaltar los valores de la nacionalidad mexicana y,
d) Fortalecer las convicciones democráticas, la unidad nacional y la amistad Y cooperación internacionales (Art. So. de la Ley Federal de Radio y Televisión en vigor) .
4. La radiodifusión deberá aprovechar su tremenda fuerza de alcance y
penetración en las clases populares del país para:

592

593
H38

�l. Difundir el pensamiento de la Revolución Mexicana y,
II. Desarrollar una amplia tarea de educación masiva.
Para dar cumplimiento al punto I, las radiodifusoras comerciales, coordinadas por el Consejo Nacional de Radio y Televisión (Ley F. de R. y TV.
artículo 91), desarrollarán una campaña permanente y de tenaz publicidad
para explicar y llevar a la conciencia nacional los puntos sustanciales de la
Revolución.

l. La mexicanización de los recursos naturales no renovables.
2. La distribución de la tierra y la aplicación de las técnicas más adecuadas para mejorar las condiciones de vida del campesino, el mejor aprovechamiento de la producción y la transformación inicial de los productos del agro.
3. Mejoramiento de las condiciones de vida del trabajador de la ciudad y
sus derechos y garantías.
4. La política fiscal con un sentido de justicia distributiva, fomento del
ahorro productivo con miras a la capitalización nacional y mejor aprovechamiento del ingreso familiar.
5. Nutrición, sanidad e higiene.
6. Educación y cultura.
7. Seguridad social.
8. Valor de la democracia, derechos y obligaciones del ciudadano.
Para poder dar cumplimiento al punto II (educación masiva por radio),
que es a nuestro entender el problema de mayor trascendencia, se requiere
efectuar varias campañas a fin de cubrir los diversos aspectos que presenta.
Así la radiodifusión en general, hará campañas de:
a. Carácter social.
b. Carácter cultural.
c. Carácter didáctico.
Las dos primeras podrán ser hechas por las radiodifusoras comerciales, las
oficiales, culturales y las escuelas radiofónicas. La tercera campaña, o sea la
estrictamente didáctica, para su mejor logro y debido manejo deberá ser
efectuada, principalmente, a través de las Escuelas Radiofónicas.
Las campañas de carácter social, deberán dirigirse a cubrir necesidades de
594

la vida familiar como: el ahorro, la nutrición, la limpieza y la higiene, el óptimo aprovechamiento del salario, el cuidado de los niños, etc.
Las culturales, a despertar el interés por las formas superiores del conocimiento y del arte, elevar el gusto estético y enseñar al ciudadano a utilizar
mejor su tiempo libre.
Las campañas didácticas deberán enderezar su interés hacia tres puntos
fundamentales: castellanizar, alfabetizar y capacitar técnicamente al trabajador.
Esto implica programaciones especiales dirigidas a niños y adultos; a personas que ignoran el español y la lectura; seres que conocen el idioma, pero
carecen del arte de leer; y, por fin, a adultos que sabiendo español así como
leer y escribir, necesitan una mejor preparación para elevar su ingreso y su
capacidad de elemento actuante en la vida nacional.
Para la eficacia de estas últimas tareas se requiere: crear una extensa red
de Escuelas Radiofónicas en el país, previo estudio de las zonas de mayor necesidad, según el punto que se quiera atacar, todas en una misma frecuencia.
Para ello proponemos:
l. Que se reserve la frecuencia de 530 kilociclos de la banda normal de radiodifusión para tareas educativas ya que así se facilita la fabricación en serie de transmisores y receptores de frecuencia fija: y que se reserve en televisión el canal 11 (que en la capital está otorgado a la Secretaría de Educación y maneja el Politécnico Nacional) en todo el país, para los mismos fines
didácticos.
11. Que se prepare, por parte de la Secretaría de Educación Pública el
personal especializado necesario así como el material didáctico apropiado.
111. Que se dé un entrenamiento especial de carácter elemental a grupos
del Instituto Nacional de la Juventud para la formación de Teleclubes y Radioclubes en las zonas rurales y barriadas de escasos recursos en las ciudades.
Estos clubes servirán de centros de reunión para recibir la educación radiada o televisada y que requiere la . elaboración de tareas y prácticas bajo la
supervisión de un dirigente de actividades.
IV. Que se establezca un centro productor de programas educativos de
radio y televisión en donde puedan irse formando la fonoteca y videoteca,
necesaria para una campaña de alcance nacional en esta importante materia
de la educación masiva, por los potentes medios que la ciencia y técnica modernas ponen al alcance del hombre.

595

�EXPOSICIÓN DE MOTIVOS

Es la radiodifusión el medio más eficaz de información que se conoce por
cuanto ve a su alcance e inmediatez. Por otra parte en una nación como la
nuestra de tan elevado índice de analfabetismo, es el único medio de hacer
llegar noticias y entretenimiento a buen número de seres. ~o tiene, como_ ,el
periódico, el problema de la distribución, ya que su medio de propagacion
es el espacio abierto. Los radios de baterías permiten que aun en !~~ares que
carecen todavía de energía eléctrica puedan escucharse las transmisiones.
Existen en el país :
384 difusoras comerciales en la banda normal (onda larga).
16 difusoras comerciales de onda corta.
7 difusoras culturales de onda larga.
8 difusoras culturales de onda corta.
2 difusoras culturales de Frecuencia Modulada.
23 televisoras comerciales (incluyendo repetidoras).
1 televisora cultural.
10 difusoras comerciales de Frecuencia Modulada.
9 difusoras repetidoras de estaciones del D. F. en el interior.
En pequeña escala existen Escuelas Radiofónicas sirviendo a comunidades
indígenas en Chihuahua, Hidalgo, Oaxaca y Chiapas. . ,
.
.
.
Si bien el desarrollo de la industria de la radiodifusion ha sido 1mpres10nante y muy rápido en nuestro país, poco se ha hecho por lo?rar s~s metas
sociales más importantes, por cierto ya señaladas con toda atmgenc1a en la
Ley Federal de Radio y Televisión publicada en el Diario Oficial de la Federación el 19 de enero de 1960.
No podemos negar que mucho de lo que se transmite por las _difusoras es
chabacano y pobre en el orden cultural; pero tampoco puede deJar de reconocerse que realizan muchas tareas de interés social. La . ~nformación, _por
ejemplo, es importante y ha servido para dar mayor cohes10n a los mex1~nos que se enteran -al minuto podríamos decir- de lo q~e- ocurre en el. pa1s
y especialmente reciben información oportuna de las actividad;~ del E~ecutivo Federal. Ha permitido dar a conocer los valores de la mus1ca nac10~,al
con un alcance· antes insospechado (desde luego que no toda la producc10n
musical transmitida es valiosa: pero esto puede corregirse y algo se viene haciendo en este sentido). Muchos son los programas de interé~ cultural. Jue se
transmiten, no sólo por las difusoras dedicadas a esa tarea smo tamb1en ~or
las estrictamente comerciales: música sinfónica, ópera, opereta, conferencias,

596

dramas clásicos, lectura de pasajes famosos de la literatura, etc.; en televisión
no son infrecuentes los programas de instituciones culturales, los documentales de viajes, de pinturas, de desarrollo industrial, programas de ballet y de
teatro, etc... Importante también es la colaboración que la industria del radio ha prestado a muchas campañas de interés general tales como: los censos, empadronamiento, vacunación, prevención de enfermedades, conservación del a,,,aua, reforestación, reparación de escuelas, etc.
Con todo, forzoso es reconocer que hay mucho por hacer y que la radiodifusión no se ha utilizado debidamente para Ja educación del pueblo: Es
por ello que hemos creído conveniente señalar como dos tareas importantes
inmediatas la de dar a conocer el pensamiento de Ja revolución y la educación de las masas.
De que el radio y la televisión son medios eficaces para educar, no nos
cabe la menor duda. En Italia, Francia, Rusia, Inglaterra, Australia, Nueva
Zelandia, Estados Unidos, Canadá, Colombia y el Japón se han hecho experimentos de gran significación. Por algo el legislador instauró las Escuelas Radiofónicas en la Ley que rige la materia.
En la obra Nuevas Tendencias de la Educación de Adultos de A. S. M.
Hely, publicado por UNESCO, leemos en la página 140: "La Universidad
de Toronto y la Canadian Broadcasting Corporation hicieron de consuno un
interesante experimento con un grupo de estudiantes universitarios de antropología, para ensayar diversos métodos de enseñanza, y entre ellos la radio y
la televisión. Se dividió a los estudiantes en cuatro grupos, según la calidad
de su labor académica, situándose cada grupo en un aula separada. El primer grupo escuchó una lección en forma de conferencia, el segundo la oyó
por radio, el tercero la vio y escuchó por televisión y el cuarto la estudió en
forma impresa. Acto seguido se sometió a los estudiantes a un examen escrito de media hora... se trataba de responder a preguntas de elección múltiple y de tratar una de ellas en forma de ensayo. Los que habían visto y oído
la conferencia por televisión obtuvieron las mejores notas. Ocho meses después se les sometió de nuevo a examen y aunque las calificaciones merecidas
fueron más bajas que las anteriores, del resultado obtenido se desprendía que
los ~studiantes que habían oído la conferencia por televisión y por radio no
sólo habían aprendido más sino que además recordaban mejor que los estudiantes que habían escuchado la lección o la habían estudiado por los procedimientos habituales".
Estimamos que las campañas de divulgación del pensamiento de la Revolución se deben efectuar a través de las estaciones comerciales, pues éstas tienen conquistado su auditorio y pueden lograr el mayor alcance para ese propósito. Desde luego los programas respectivos habrán de elaborarse por ele-

597

�mentos profesionales a fin de no hacerlos aparecer como propaganda descarada, que en lugar de ganar simpatías acumule opositores.
Hemos creído que el tema de la revolución es importante porque estimamos que no hay aún la suficiente conciencia del significado positivo del movimiento revolucionario para el pueblo. Hemos considerado que la Revolución es no un hecho en la historia, sino un continuo quehacer, un estado de
espíritu, una aspiración incesante de mejoría de las condiciones de vida del
pueblo, una norma de conducta, un inagotable venero de oportunidades para el hombre que trabaja y se esfuerza. Creemos tambien que los punto;; señalados al principio de este trabajo son los de más interés para el pueblo dentro del pensamiento y la acción revolucionaria.
l. La mexicanización de los recursos no renovables por constituir el patrimonio común que debe destinarse a la _elevación de los niveles de vida de
nuestros nacionales y ser base y fundamento de la industrialización del país.
Es, pues, imperativo que el pueblo entienda las razones y las ventajas de tal
política y se despierte en la conciencia popular la esperanza de mejores niveles merced a tal conducta gubernamental.

2. La distribución de la tierra, por ser la Reforma Agraria parte esencial de
la acción revolucionaria y el mejor camino para una justa distribución de la
riqueza patria.
3. El mejoramiento de los trabajadores y sus derechos, como una expresión
de la justicia de la Revolución y un método eficaz para lograr el equilibrio
entre los factores humanos de la producción, y por ende para la paz social.
4. La política fiscal, para hacer notar la necesidad de las medidas impositivas del Régimen Revolucionario, si hemos de lograr el progreso y el Gobierno ha de atender a los servicios públicos eficazmente.
5. Las medidas de salubridad e higiene por las que la Revolución propugna, por considerar que la mayor riqueza de la nación es el hombre mismo.
6. Educación y Cultura, para destacar el esfuerzo que en ese orden tan importante han venido realizando los Gobiernos emanados de la Revolución,
hasta dedicar más de una quinta parte de su presupuesto total para la educación del pueblo, por estimar que el hombre con preparación puede hacer
frente a la vida con mejores perspectivas para sí y para su familia.
7. La Seguridad Social por ser esto un aspecto que da confianza al hombre
y le permite trabajar mejor en be~eficio de la nación.
8. Por la necesidad de que el pueblo conozca el significado de la Demo-

598

cracia, como la mejor forma de organización política, así como los derechos
Y las obligaciones que entraña el vivir en un medio social democrático. Hacer
resaltar las ventajas de un régimen de derecho.
Creemos sinceramente que, mediante estas campañas, hábilmente dirigidas, habrá mejor ambiente y una mayor comprensión para las tareas y propósitos de los Regímenes Revolucionarios y se podrá contar con una más franca y
decidida participación de la iniciativa individual y de los grupos privados.
Abrigamos plena confianza en la eficacia de la radiodifusión para ejecutar esta tarea de interés colectivo.
Por lo que respecta a las campañas de carácter social, pensamos también
que la radiodifusión comercial puede prestar una colaboración de relevante
importancia. Estimamos que las empresas anunciantes y las agencias de publicidad no negarán su concurso para llevar adelante tales campañas. Los planes deberán encaminarse a combatir problemas nacionales, permanentes o
transitorios, cuya resolución dependa fundamentalmente del grado de convencimiento que se logre llevar a las masas. Así: el sentido de responsabilidad del mexicano; el ahorro por sus ventajas para el individuo y como medio de capitalizar al país; la prevención de accidentes en los talleres, las calles y las casas; el cumplimiento de los deberes cívicos; las medidas de prevención de enfermedades, la limpieza y la higiene; la necesidad de saber manejar el presupuesto familiar para un mejor rendimiento; el aprovechamiento
de los alimentos baratos y nutritivos (como el garbanzo, la harina de pescado y el pescado seco tipo bacalao) ; el cuidado de la ropa y los muebles, etc.
En cuanto a la difusión cultural, tomando en cuenta que las difusoras comerciales fueron creadas por sus concesionarios corno negocios con fines de
lucro, no puede exigirse que dediquen toda su programación a dicha tarea;
pero por ser la radiodifusión un servicio de interés público, sí podemos demandar de la industria un mejor cuidado en su programación de manera
que, en forma paulatina, eleve la calidad de sus trasmisiones y procure depurar el gusto estético del oyente medio y estimule las mejores condiciones de
la niñez y la juventud. Debernos, para esto, pensar en las capas sociales más
necesitadas de esta elevación cultural, las de menores posibilidades económicas, ya que las minorías selectas, en México como en el resto del mundo,
tienen acceso a todas las oportunidades del cultivo intelectual.
Hemos pensado que por lo que hace a las tareas propiamente didácticas,
por requerir de personal especializado deberán quedar a cargo de las Escuelas Radiofónicas que la Ley de la materia considera en su Capítulo Cuarto.
Una Escuela Radiofónica es un sistema de emisora y receptores especiales en
una sola frecuencia para los fines de "extensión de la educación pública, en
los aspectos de difusión cultural, inspección técnica industrial, agrícola, al-

599

�fabetización y orientación social". La propia Ley señala que las Escuelas Radiofónicas se regirán por las disposiciones que dicte al respecto la Secretaría
de Educación Pública.
Podemos considerar, sin embargo, que en las campañas de capacitación
técnica de trabajadores, es decir en una tarea de "educación para adultos",
sí puede participar en forma activa y eficaz la radiodifusión comercial, utilizando las primeras horas de la mañana, y, de manera especial, la televisión
por ser un medio mucho más apropiado que el radio para tales fines. Así, pueden grabarse en video-tapes, clases especiales de los Institutos de Capacitación que el régimen está instalando y ser difundidas por las televisoras en cursos sistemáticos. Carpintería, mecánica, electricidad y otras especialidades
pueden ser enseñadas por este medio en todos los lugares del país que cuenten
con estaciones de Televisión.
Las ventajas de emplear el radio y la televisión para la educación son evidentes. De cualquier manera, nos permitimos enumerar algunas a continuación:

I. Su alcance: puede extenderse a todo el país, aun a las más lejanas rancherías.
II. 'El ahorro en personal magisterial: la voz, o la voz y la imagen, de un
mismo maestro puede proyectarse a millares de estudiantes en todo el país.
III. La calidad del profesorado : puede seleccionarse a los mejores profesores y técnicos con que la nación cuente para que impartan los cursos.
IV. La perfección de las clases: una vez grabadas en cinta magnetofónica
o en video-tape, no habrá errores posibles del maestro mismo.
V. El aprovechamiento repetido del mismo material: una misma clase puede ser utilizada cuantas veces sea necesario y en tantos lugares como se quiera.
VI. Ahorro de material complementario: mapas, diagramas, documentos,
diapositivas, fotos, cintas documentales con que se cuente en la mejor institución de cada materia, pueden reproducirse en todo el país.
Todo lo anterior lo consideramos de la mayor importancia, pues a nadie se
escapa que el presupuesto para Educación con que cuenta México resulta insuficiente para satisfacer las necesidades crecientes del país. Los métodos propuestos significan un positivo ahorro.
Veamos ahora específicamente las campañas didácticas propuestas.

600

•

CASTELLANIZACIÓN

Se calcula en aproximadamente un millón el número de personas indígenas que no hablan el español. Son grupos tribales dispersos en diversos lugares del territorio nacional. Así tenemos en México quienes hablan las siguientes lenguas o dialectos:
Nahua, Maya, Otomí, Zapoteco, Mixteco, Totonaco, Tzetzal-Tzotzil, Mazahua, Mazateco, Mixe-Zoque, Tarasco, Huasteco, Yaqui Mayo, Tarahumara, Chinateco.
Este millón de seres que es preciso castellanizar, ofrece problemas de no
fácil solución:
a). Encontrar un método práctico que se aplique a los diversos idiomas;
b). Buscar los símbolos apropiados para ajustarlos a los conceptos de los
diversos grupos, que no son afines entre sí ni social ni lingüística.111ente; y
c). Contar con el número suficiente de traductores y profesores que desarrollen el método.
Se cree que el método más apropiado es el que actualmente se usa para la
enseñanza de lenguas extranjeras, llamado aprendizaje natural. Es decir, enseñar palabras y significados sin atender a los problemas de gramática que sólo se enseña cuando ya se domina el habla.
Habrá que reconocer que aun así será mucho más fácil para la Secretaría
de Educación que intentarlo de manera directa, lo que implicaría utilizar un
personal mucho más numeroso.
El sistema de Escuelas Radiofónicas que se establezcan para tal fin, una
vez dominada la etapa de castellanización podrá aprovecharse para alfabetizar,
impartir enseñanza elemental y capacitación técnica.

ALFABETIZACIÓN

Para alfabetizar se enfocarán las campañas hacia las zonas en que hagan
más falta. A priori, consideramos que deberá prestarse especial atención al
campo, ya que en las ciudades es de presumirse que la tarea se facilita más
para la educación ordinaria directa.
Al efecto se instalarán en los lugares convenientes plantas trasmisoras de
bajo costo, como eje de Escuelas Radiofónicas, y se distribuirán receptores de
una sola frecuencia para los alumnos.
Los trabajos de los educandos deberán ser supervisados por un dirigente,

601

�que no necesita ser maestro, sino simplemente una persona alfabetizada, que
los guíe con las indicaciones de las cartillas respectivas y las explicaciones verbales de los maestros. Es por esto que proponemos la creación de Radioclubes en todos los centros de población rural y de Teleclubes en aquellos lugares electrificados y en que se puede recibir la imagen de las televisoras.
En Francia se hizo el primer experimento con Teleclubes y sus resultados
fueron muy satisfactorios. En el Japón con asistencia de la UNESCO, se
adoptó el plan francés y se logró mejorar el sistema, dando resultados asombrosos en los medios rurales. Debemos advertir que ni en Francia ni en Japón
se pretendía alfabetizar. Lo que allá se buscaba era elevar la condición del
campesino, y en Japón, merced a un programa inteligentemente llevado con
el nombre de El Progreso en la Aldea, se obtuvieron frutos excelentes que superaron las esperanzas de quienes elaboraron el plan (La Televisión en las
Zonas Rurales del Japón, Informe sobre un Experimento de Educación de
Adultos. UNESCO. 1961).
La idea del Teleclub -lo mismo podemos decir del radioclub-- es organizar grupos reducidos de personas que presencien juntas las emisiones culturales de televisión, o las clases especiales que se impartan, y que al término
de la transmisión debatan sobre lo escuchado y visto. Por ello se requiere
nombrar "dirigentes" para que encabecen cada Radioclub o Teleclub y lleven
la discusión, así como para que ayuden en sus tareas a los miembros del club
y los asistan a entender mejor la:s explicaciones del profesor.
Para local de los Teleclubes en el Japón se usan las salas del Municipio,
nosotros podríamos utilizar las Alcaldías, las escuelas (donde las haya), las
oficinas del Comisariado Ejidal, las sedes de los sindicatos, las salas cinematográficas, teatros, los centros del Instituto de la Juventud, los Centros de
Bienestar Social, etc.
El reporte de UNESCO dice que en Japón los dirigentes se encontraron
con cierta resistencia en un principio, ya que las mujeres y los jóvenes, por
fuerza de la tradición, no se animaban a hablar y participar en las discusiones; pero que con sólo no presionarlos, paulatinamente fueron perdiendo el
miedo y hoy son miembros muy activos en los Teleclubes.
Sobre la campaña de Alfabetización por radio, debemos informar que ya
la Cámara Nacional de la Industria de la Radiodifusión, con la asistencia
técnica de las Direcciones de Alfabetización y de Educación Audiovisual de
la Secretaría de Educación ha elaborado un proyecto de Cartilla y tiene programada una campaña que, como experimento, se enfocará hacia tres Estados de la República, a saber: Hidalgo, México y Oaxaca.
Por lo que ve a la urgencia de atacar el problema por radio, baste considerar que desde 1947 en que se ha trabajado en una campaña directa de

602

Alfabetización, el número de analfabetos es hoy mayor que entonces debido
a la explosión demográfica que el país viene sintiendo en los últimos años. De
no intentarse el sistema de educar por radio el problema en lugar de reducirse aumentará con cada año que pase.
Hemos propuesto que se instale una vasta red de Escuelas Radiofónicas
en el país, porque lo consideramos necesario y porque sabemos que el costo no
es un problema insuperable. No podría realizarse el esfuerzo a través de una
serie limitada de emisoras de gran potencia dadas las condiciones orográficas y topográficas del país; las cadenas montañosas vienen a ser barreras infranqueables. Por otra parte los canales despejados de radiodifusión ya están ocupados por las difusoras comerciales y están sujetos a convenios internacionales; la utilización de la onda corta tiene el inconveniente de un difícil manejo de los aparatos receptores y una deficiente recepción. Desde 1959,
al ampliarse la banda normal, México obtuvo para sí la frecuencia de 530
kilociclos, que no ha sido entregada a ningún concesionario o· permisionario.
Tenemos la seguridad de que la Secretaría de Comunicaciones y Transportes la entregaría gustosa para fines educativos. Utilizando emisoras de baja
potencia, puede emplearse la misma frecuencia para toda la República sin temor de sufrir interferencias. Los aparatos receptores pueden ser construídos
a bajo costo, siendo de una sola banda y para una sola frecuencia, si se hace
a las fábricas un pedido de importancia. Además los aparatos en el mercado
pueden adaptarse a dicha frecuencia mediante un simple ajuste. También
puede pensarse en establecer cinco difusoras de regular potencia en cinco zonas del país, para cubrirlo todo, actuando una como piloto y las demás como
repetidoras (los técnicos de Comunicaciones lo estiman posible).
Proponemos también que se reserve, en televisión, el Canal 11, exclusivamente para fines culturales en todo el país. Es cosa bien sabida que la televisión tiene un alcance limitado y que para llevar la imagen a grandes distancias se requiere de estaciones repetidoras como las instaladas en Paso de Cortés y en el Cerro del Zamorano. Luego, no hay temor de interferencias si se
concede un mismo canal en diversas ciudades de la República. Proponemos
que sea precisamente el 11, en virtud de que ya en esta capital está funcionando ese canal bajo la dirección del Instituto Politécnico Nacional de la Secretaría de Educación Pública.
Creemos que la Televisión pueda usarse principalmente para la enseñanza de adultos en capacitación técnica. Desde luego que esos canales habrán
de servir también para todos los aspectos de la Educación y la cultura. Creemos
con muchos pedagogos, que la educación no termina en la escuela, que es
tarea de toda la vida y que debe ser " ... un proceso de adaptación del individuo al mundo en que vive. Y puesto que ese mundo está en constante evo-

603

�lución y el individuo es uno de los agentes potenciales del cambio, la adaptación debe constituir un proceso continuo y no algo que se dé por terminado
para siempre con los años de la infancia y la adolescencia" (Robert Peers,
Adult Education, Londres, 1958). Creemos también con Jaime Torres Bodet que "el contenido de la educación consiste en liberar". En. liberar _al
hombre del bajo salario por falta de capacidad y del temor por 1gnoran~1a.
(Ver Torres Bodet, Jaime, L'Education des Adultes: Tendances et Real1sations Actuelles, París, UNESCO, 1949).
Hemos propuesto que se establezca un centro productor de programas educativos para radio y televisión, desde el cual se envíen a las difusoras de radio y televisión de todo orden en el país, los programas sociales, culturales Y
didácticos que se consideren convenientes para cada región en el momento ~ue
se requieran, y en el cual se vayan formando una fonoteca (programas en cmta magnetofónica) y una videoteca (programas registrados en ~ideo-Tapes
y en cinta cinematográfica), que almacenen los programas realizados, tanto en ese centro como los que procedan de fuentes particulares y originados
en otros países y que sean considerados de interés cultural y educativo. No ~e
pretende con esto una centralización absorbente, sino simplemente un medio
de control y supervisión, para la mayor eficacia de los planes propuestos.
A todo lo dicho queremos añadir que el Estado por disposición de la Ley
de la materia en vigor, cuenta con "30 minutos continuos o discontinuados"
diariamente que deberán proporcionar gratuitamente las estaciones de radio Y
televisión (Art. 59), y que pocas veces ha utilizado. La Secretaría de Educación ha venido haciendo uso de esos treinta minutos para transmitir algunas
clases de cultura' general en ufl¡ centenar de difusoras de la provincia con resultados satisfactorios; pero por desgracia, no se utiliza cabalmente el tiempo
disponible. La Secretaría de Gobern~ción utiliza una h~ra por s~:nana para
transmitir cada domingo la Hora Nacional, programa de mformac1on Y propaganda del Gobierno Federal. Ocasionalmen~e la S_ec~taría de ~alubridad y
Asistencia hace uso del tiempo para campanas san1tanas y lo mismo hace la
de Agricultura para enviar mensajes a los agricultores y campesinos.
Para hacer un uso debido de ese tiempo de que se dispone por ley, es urgente crear el centro productor de programas. Las emisiones respectivas deberán
ser coordinadas por el Consejo Nacional de Radio y Televisión (Art. 59 de
la Ley).
Consideramos también que complementariamente a lo propuesto, se puede solicitar la colaboración de las Agencias de Publicidad, establecidas en el
aís para la elaboración de programas especiales de interés colectivo así cop
.
mo para que en sus anuncios comerciales se procure elevar 1as cond'1c10nes
de vida del pueblo. No nos parece de poca importancia lo que ya hacen

604

-quizá sin pensarlo con ese fin-, cuando digamos, anuncian un jabón y dicen en su anuncio comercial: "Para·su baño diario use el jabón tal o cual".
Porque así están obligando, mediante la repetición incesante, al pueblo, a pensar que el baño. es algo que debe hacerse cotidianamente. Lo mismo que
cuando al anunciar un dentífrico apuntan: "Límpiese los dientes dos veces
al día Y para mejores resultados use tal producto". En la misma forma, pensamos, pueden inculcar hábitos sanos en la conciencia popular, lo mismo pue- ·
den hacer respecto a la comida y otras prácticas diarias de todas las clases
sociales. Pensamos, pues, que es posible dar una orientación social al anuncio comercial; que deben los publicistas dirigir sus campañas según la zona
a la cual enfoquen su publicidad y ayudar al pueblo consumidor a la vez
que a sus clientes, dando en la publicidad los precios de los productos que están al alcance del pueblo; ya que muchas veces hay personas de escasos recursos que no consumen productos buenos y útiles, por creer que los precios
están fuera de su capacidad de compra. También pueden muy bien, en sus
anuncios comerciales, propiciar la exaltación de las mejores costumbres y las
más bellas tradiciones mexicanas.
México es un país en vías de desarrollo. El paso de una economía agrícola
a una economía industrial no se concibe con un alto índice de analfabetismo
y una impreparación técnica. No debemos pensar sólo en las fuertes inversiones -los especialistas hablan de la necesidad de un 10% o más de la renta
nacional en inversiones efectivas para el desarrollo industrial-. Es preciso
que pensemos en una masa trabajadora y en fuertes núcleos directivos que
cada día tengan más preparación. El esfuerzo que se hace en la escuela es
insuficiente. La necesidad de utilizar los modernos medios de difusión masiva como medios de educación masiva, se impone por sí sola.
Los avances de la técnica electrónica nos proporcionan una pluralidad de
medios que facilitan la importante labor propuesta:
Un plan de siete años de la Dirección General de Telecomunicaciones, prevé la instalación de una vasta red de microondas, en la que podrá instalarse
el equipo necesario para transmitir desde esta ciudad programas de televisión
a todas aquellas regiones que por su importancia económica queden comunicadas con ese medio. Tal sistema puede utilizarse para la media hora de
que dispone el Gobierno.
Se pueden instalar asimismo, para servir a los centros de población no comunicados, pequeñas estaciones móviles que pueden constar de:
a) Un transmisor de 10 a 100 watts de potencia,
b) Una antena de alta ganancia,
c) Una cámara de televisión,

605

�d) Un proyector de películas,
e) Una planta Diesel generadora de energía eléctrica de 10 kilowatts, y
f) 50 ó 100 receptores de televisión para distribuir adecuadamente.
Para tales transmisores móviles se pueden utilizar canales altos (Ultra High
Frecuency) con receptores adaptados.
Para algunas zonas incomunicadas del país, puede pensarse también en la
utilización de transmisores móviles de radio de 50 watts de potencia y receptores de baterías de una sola banda. Se recomienda para tales casos el uso
de la banda de frecuencia modulada por ser más despejada y por tener mejor sonido.
Hemos querido en este breve trabajo hacer proposiciones de carácter práctico que pueden ponerse en marcha en breve tiempo. Consideramos que el
tema de la educación es el más importante y por ello le hemos dedicado el
mayor espacio. Procuramos explicar en la parte final, el porqué de las proposiciones y sus medios de realización.
El anterior estudio fue presentado
por la Comisión Nacional de Estudio
de la Radiodifusión. Presidente: Lic.
Lurs M. FARÍAs. Colaboraron: Lic.
JosÉ Lurs FERNÁNDEZ, LIC. E. GurLLERMO SALAs, Lic. EMILIO VELAsco,
DR. JosÉ GUADALUPE MAINERO, LIC.
MoxsÉs ÜCHOA CAMPOS, DR. FERNANDO RosANO y Sr. GurLLERMo MoRALES B.

606

Sección Quinta

~
NOTICIAS Y RESENAS
BIBLIOGRAFICAS

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                <text>Universidad Autónoma de Nuevo León</text>
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                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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        <name>Contabilidad</name>
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        <name>Internacionalismo</name>
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        <name>Mercaderes</name>
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        <name>Radiodifusión</name>
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        <name>Sociología del derecho</name>
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        <name>Universalismo</name>
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                    <text>��PONDO UNIVEllólT-

,

..

�HUMANITAS
ANUARIO DEL CENTRO DE ESTUDIOS HUMANfSTICOS

5

UNIVERSIDAD DE NUEVO LEÓN
1964

�HUMANITAS
ANUARIO DEL CENTRO DE ESTUDIOS HUMANíSTICOS
DE LA UNIVERSIDAD DE NUEVO LEÓN
CENTRO DE ESTUDIOS HUMANÍSTICOS DE LA
.
UNIVERSIDAD DE NUEVO LEÓN

Presidente y Jefe de la Sección de Filosofía:
DR.

AGUSTÍN BASAVE FERNÁNDEZ DEL VALLE

Jefe de la Sección de Letras:
LIC. JUAN ANTONIO AYALA

Jefe de la Sección de Historia:
,.

PROF. ISRAEL CAVAZOS GARZA

Jefe de la Sección de Ciencias Sociales:
Lic. ALBERTO GARCÍA GóMEZ

Jefe de la Sección Editorial:
Lic. ALFONSO RANGEL GUERRA

5

1964

�HUMANITAS
Correspondencia: Centro de Estudios
Humanísticos. - Dirección: Facultad
de Filosofía y Letras de la Universidad
de Nuevo León, Ciudad Universitaria. - Monterrey, N. L. - México.

INDICE
SECCIÓN PRIMERA

FILOSOFIA

(A)
PRIMERA EDICION
Abril de 1964. -

Dr.

1,000 ejemplares

Lic.

Estructura y Sentido
de la Lógica . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .
MARÍA GUADALUPE MARTÍNEZ BERRONES: Estructura y Sentido
del Poder . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .
AGUSTÍN BASAVE FERNÁNDEZ DEL VALLE:

(B)
Dr.

INVESTIGADORES LOCALES

13
35

COLABORADORES FORÁNEOS

La Muerte como Problema del Orden
55
La Filosofía Presencial Yo, Autoconciencia y Temporalidad
67
PATRICK RoMANELL: La Significación del Fragmento De Arte Medica de Locke ........................................... . 109
ISMAEL DIEGO PÉREz: Introducción al Pensamiento del Hombre
por el Mito . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 117
lvo HoLLHUBER:

PEDRO CABA:
Dr.

Dr.

SECCIÓN SEGUNDA

LETRAS

(A)
Derechos Reservados ©
por el Centro de Estudios Humanísticos de la U.N.L.

La responsabilidad derivada de los estudios contenidos en este
Anuario corresponde exclusivamente a sus respectivos autores.

•

Lic.

INVESTIGADORES LOCALES

En torno a los Problemas de la Filosofía
del Lenguaje . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .
JUAN ANTONIO AYALA:

165

7

�Lic.

ALFONSO R.ANGEL GUERRA: Literatura y Sociedad . . . . . . . . . . . .

Lic.

EDUARDO GUERRA CASTELLANOS: Influencias y Coincidencias en

la Concepci6n Poética de Antonio Machado . . . . . . . . . . . . . . . . . .

ToMÁS MENDIRICHAGA CuEvA: Breve Reseña del Archivo Parroquial de

173

la Catedral de Monterrey . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .

191

CARLOS PÉREZ-MALDoNADO: El Lic. Don Rafael Pérez-M aldonado, Pri-

Prof. ROBERTO LIQUIERE: Lo Burlesco en la Poesía Francesa Contem-

poránea

. .. .. . . .. .. .. .. .. . . .. . . .. . .. . .. . .. . .. .. . . .. . . .. ..

mer Ministro de Hacienda que hubo en México . . . . . . . . . . . . . . . .

COLABOR.\DORES FORÁNEOS

CoLABORADORES FoRÁNEOS
JosÉ RAMÍREZ FLORES: Los "Tochos" de Jalisco . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .

Dr.

HANS GuNTER PoTT: Hermann Broch; Poesía como Ethos y Sím-

...................... ......... .....................

221

En Torno a la Actitud Romántica de la Generación
de 1898 . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .

235

bolo

E.
Dr.

Lic.
E. V.

JosÉ ToRRE REVELLo: La Fragata Corsario "La Argentina" en las costas

245

americanas septentrionales . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .

JAMES WILLIS RonB: Imágenes de América en Alfonso Reyes y Germán

F. W. WENTZLAFF-EGGEBERT: Consideraciones sobre el Sentimiento de
Veneración de Goethe . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .
ALFREDO A. RoGGIANo: Los Comienzos de la Poesía en la América Hispánica . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .
RoBERT G. CoLLMER: ]ohn Donne, La Llave de la Poesía Inglesa Moderna . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .
Dr. ALLEN W. PHILLIPS: El Esperpento de Los Cuernos de Don Friolera . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .
MYRON LICHTBLAU: Elementos Estilísticos de Hijo de Ladrón . . . .

439
JosÉ IGNACIO GALLEGOS: La Intervención Francesa en Durango
457
NIEMEYER JR.: Bernardo Reyes en la Historia de México . . . . . . . . 469
Primer Período Constitucional del General Díaz . . . . . . . . . . . . . . . .

HuGo RoDRÍGUEZ-ALCALÁ: Sentido de "El Camino de Santiago"

Arciniegas . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .

433

JoRGE FERNANDO huRRIBARRÍA: La Amenaza Intervencionista durante el

INMAN Fox:

de Alejo Carpentier . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .

Dr.

423

205
(B)

(B)

413

Dr.

255

PEDRO A. BARBOZA DE LA ToRRE: El Contenido de las Fuentes de

la Historia . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .
Dr.

271

477
495

RAY F. BROUSSARD: San Antonio, 1835-1845: Una Ciudad en

Transición . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .

499

279
SECCIÓN CUARTA

297
CIENCIAS SOCIALES

309
323

(A)

INVESTIGADORES LOCALES

533
Misión de la Sociología del Derecho . . . . . . . . 549

Lic. ALBERTO GARCÍA GÓMEZ: Internacionalismo y Universalismo
SECCIÓN TERCERA

Lic. VÍCTOR L. TREVIÑo:
Dr.

HISTORIA

(A)

G10Rmo BERNI: Cultura, Mercaderes y Contabilidad en los Siglos
XIII, XIV y XV . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 561

INVESTIGADORES LOCALES
(B)

COLABORADORES FORÁNEOS

Prof. IsRAEL CAVAZOS GARZA: Las Incursiones de los Bárbaros en el No-

reste de México, durante el siglo XIX . . .................... .
JosÉ P. SALDAÑA: Retablo de la Calle ]uárez ....................... .

343
357

t

8

Lucro MENDIETA Y NÚÑEz: Emilio Durkheim; El Estado y la De-

mocracia
Lic. Lms M. F ARÍAs : La Radiodifusión y su Aspecto Educativo . . . . . .

Prof. EUGENIO DEL Hovo: Un Capítulo desconocido de la Obra de Don

FernandoSánchez de Zamora ................ .. ..... . .......

Dr.

585
593

399

. l

/

9

�;

SECCIÓN QUINTA
NOTICIAS

Y RESERAS BIBLIOGRAFICAS

La Cultura Mexicana Post-Revolucionaria. ( Comentarios al volumen México.
50 Años de Revolución) Dr. Agustín Basave Fernández del Valle, 609.ALFONSO REYES: Antología, por Juan Antonio Ayala, 628.-CHARLES
V. AUBURN y otros: El Teatro de Lope de Vega, poi Juan Antonio Ayala, 629.-Punuo VIRGILIO MARÓN: Geórgicas, por Juan Antonio Ayala,
634.-MARco Tuuo CICERÓN: Catilinarias, por Juan Antonio Ayala,
636.-JEAN CousIN: Los Estudios Latinos, por Juan Antonio Ayala, 638.MANUEL GÁLVEZ: Las Dos Vidas del Pobre Napoleón, por Juan Antonio
Ayala, 641.-REms JoLIVET: Les activités de l'homme et la sagesse, por
Agustín Basave Fernández del Valle, 643.-AGUSTÍN BASAVE FERNÁNDEZ
DEL VALLE: Teoría de la Democracia -Fundamentos de Filosofía Democrática, por Eusebio Castro, 647.-PLINIO D. ÜRDÓÑEz: Licenciado y General D. Lázaro Garza A:yala, por Israel Cavazos Garza, 649.-Monografía
del Municipio de Higueras, Nuevo León, por Israel Cavazos Garza, 650.Las Fuentes Doctrinales del Internacionalismo, por Alberto García Gómez, 650.-GiovANNI PREVITALI: Vida y Obra de Ricardo Güiraldes, por
Eduardo Guerra Castellanos, 651.-SAMUEL RAMos: Estudios de Estética,
por Alfonso Rangel Guerra, 652.

10

Sección Primera

FILOSOFIA

�ESTRUCTURA Y SENTIDO DE LA LÓGICA
DR. AGUSTÍN BASAVE FERNÁNDEZ DEL VALLE
Universidad de Nuevo León

Sumario: l. ¿Qué es la lógica?-2. Los principios lógicos supremos.-3. El concepto.4. El juicio.-5. El raciocinio.-6. La logística.-7. La lógica como instrumento
para la vida y para la salvación.

l. ¿ QuÉ ES LA LÓGICA?

LA LÓGICA NO TIENE por objeto el ser real. No le corresponde estudiar, tamI

poco, ese mismo ser real en su relación con el sujeto que conoce. Ciencia de
la razón o del "logos", la lógica se refiere a la razón misma en cuanto que es
"organon" (instrumento) de la ciencia. Gracias a ella procedemos "con orden,
fácilmente, y sin error en el acto mismo de la razón". Para adquirir y poseer
lo verdadero necesitarnos razonar, progresar de lo que ya conocemos a lo que
no conocemos aún. No se trata de un mero placer de "discurrir" de concepto
a concepto, sino de un ineludible menester de concluir que nos lleve a un descanso, aunque sea pasajero, en la verdad.
Cuando aprehendemos un objeto simple -pájaro, piedra, árbol- nuestro
espíritu no emite ninguna declaración de concordancia con la realidad. Concebir o captar una cosa, sin afirmar o negar nada de ella, es tener en el espíritu un preludio de verdad más que una verdad. Pero el concepto está hecho
para el juicio. En el juicio, nuestro entendimiento sentencia reuniendo dos
aprehensiones. Y podemos comparar no ya dos simples aprehensiones o conceptos, sino dos sentencias. En este caso estaremos raciocinando.
La palabra nos remite a la idea, al significado. A la lógica no le interesan las
palabras por las palabras - agudas, graves, esdrújulas; artículo, nombre, verbo,
predicado; tiempos, personas, números...- , sino las palabras en dirección hacia las ideas, las palabras - "cristales transparentes"- como medios para que
los conceptos se manifiesten. En la proposición, las palabras llegan al máximo

13

�de claridad. Y cuando los predicados de la proposición convienen únicamente al
sujeto, de manera que ninguna otra cosa pueda poseerlos, las palabras se hallarán en el estado lógico de la definición. En este supuesto vale la conversión:
todo hombre es animal espiritual, y todo animal espiritual es hombre. Partiendo de los predicados en una definición, es posible elaborar - corno lo hizo
Porfirio con su célebre árbol- un orden de extensión creciente. A mayor
extensión de un predicado menor comprensión o contenido. En el orden de extensión creciente llegaremos, inevitablemente, al predicado de ser, que tiene
una máxima extensión -todo lo engloba- y una mínima comprensión -expresa que la cosa es algo, pero sin decir lo que es-.
La definición, expresando la esencia de las cosas, nos dice lo que son y lo
que no son en sí mismas. De ahí que valgan, en esta disciplina, tres principios:
de identidad, de contradicción, de exclusión de tercero. Principios fundamentales que toda definición cumple perfectamente y que valen para todos los
entes.
Las cosas definidas en sí mismas, no están separadas de las demás, como
si coexistieran en un receptáculo de cosas sueltas. Hay formas y modos de unir
un juicio con otros juicios mediante predicados o aspectos comunes, denominados, desde Aristóteles, silogismos (de syn y logismos, que significa razones comunes). A través del término medio, y mediante tal término medio, se unirán
los dos extremos. Se ha dicho que la teoría general del silogismo "es complicada
e inútil modernamente, pues se han descubierto procedimientos puramente
calculatorios para decidir estas cuestiones, largas y complicadas en la lógica
clásica".1 A reserva de estudiar más detenidamente la estructura y el sentido
de la logística, séanos permitido manifestar que no es inútil ordenar el pensamiento según la conexión de los términos (universales) entre sí, ni nos parece
que las dificultades de una teoría general del silogismo sean menores, para
los no iniciados, que las de una álgebra de la lógica. Pero además - y esto
es más importante-, la sustitución del trabajo racional por el manejo reglado de signos ideográficos que postula la logística, se origina de hecho, en
la mayoría de los logísticos, "en una concepción general ("Lógica de la Relación") destructiva de una sana filosofía del raciocinio". 2
La identidad mediata que se pone de manifiesto con un término medio
conveniente -silogismo-- no puede ser, a la vez, verdadera y falsa. Pero no
pertenece a la lógica estudiar los criterios para discernir la verdad o la falsedad
de las proposiciones concretas. La lógica sólo considera la estructura de la proposición, y las relaciones entre tales estructuras, independientemente de la
' JUAN DAVID GA11.CÍA BAccA, Elementos de Filosofía, págs. 45-46, Biblioteca de
Cultura Universitaria, Caracas 1959.
• JACQUES MARITAIN, El Orden de los Conceptos -Lógica Formal-, pág. 367,
Club de Lectores, Buenos Aires.

14

materia sobre la que verse cada proposición. Por eso las leyes de la lógica
formal valen para cualquier clase de proposiciones. Cualquier proposición,
hable de lo que hablare, constará de un concepto que hace de sujeto y de un
concepto que hace de predicado, unidos por otro concepto, relacionante y funcional, que es la cópula ( o verbo "es").
Todas las anteriores disquisiciones, que el lector curioso podrá ampliar en
los tratados sistemáticos de esta disciplina, tienen por objeto hacemos comprender que la lógica está ubicada en la esfera de los productos del pensamiento, no como doctrina del pensar sino como ciencia de los pensamientos
enunciativos. Aunque ciencia teórica -y no práctica- de los pensamientos
mismos, la lógica nos suministra criterios o enjuiciamientos que pueden aplicarse a la valoración de los pensamientos y de los razonamientos.
En su excelente tratado de "Lógica", A. Pfiinder distingue cinco factores
en el acontecimiento real anímico del pensar: "En primer lugar es necesario
un sujeto pensante, de quien parte el pensamiento, o que lo verifica. En segundo
lugar viene el pensar mismo, considerado como un acontecimiento del alma
acontecimiento real que comienza en un momento determinado, se prolonga'
por cierto tiempo y cesa después. En tercer término, en cada acto de pensar
es pensado un pensamiento determinado, que constituye su contenido. En
cuarto lugar, este contenido mental, en los hombres que dominan un lenguaje,
es expresado o visto, más o menos exactamente, en ciertas formas verbales. Por
último, en quinto lugar, el sujeto pensante, el pensamiento y el contenido,
vestido de las formas del lenguaje, se refieren a algún objeto, en el sentido
general de esta palabra".3 De estos cinco factores, únicamente los pensamientos -estructura, relaciones y leyes-, interesan a la lógica. Cabría preguntarnos, ahora, por qué le interesa al hombre la lógica y qué puesto ocupa
esta disciplina dentro de la vida humana. Pero antes de dar cabal respuesta
a esta insoslayable pregunta, habrá que examinar, más estrechamente, la contextura esencial de la lógica.

2. Los

PRINCIPIOS LÓGICOS SUPREMOS

Hay leyes fundamentales y simples que rigen a todo pensamiento. Sin esas
"leyes supremas del pensamiento" o "primeros principios lógicos" no sería
posible pensar ordenadamente. Todo dejaría de tener sentido. Sería imposible cualquier conocimiento, cualquier verdad.
Si los juicios, como hemos tenido oportunidad de verlo, son pensamientos
• A. PFANDER, "L6gica", págs. 10-11, traducción del alemán por J. Pérez Bances,
Espasa-Calpe Argentina, S. A.

15

�enunciativos, la pretensión de verdad pertenece a su esencia. La verdad del
juicio dependerá de que el enunciado total del mismo coincida con el comportamiento de los objetos referidos. En consecuencia, la verdad y la falsedad
de un juicio no reposan en el juicio mismo, sino en el comportamiento de los
objetos a que el juicio alude.
Los principios de identidad, de contradicción, de tercero excluído y de razón
suficiente son, antes que principios lógicos, principios ontológicos. Todo objeto se somete a estos principios o leyes supremas que formula la ontología
formal. Pero ahora nos interesa considerar los citados principios desde el
punto de vista lógico, exclusivamente.
a) Principio de identidad.
Todo contenido de un concepto, aprehendido por nuestro pensamiento,
es igual a sí mismo. Una vez concebido, el concepto permanece idéntico a
sí mismo. Las cosas concretas podrán cambiar, pero no los conceptos. Porque
todo objeto es idéntico a sí mismo -A es A-, podemos decir que el juicio
es necesariamente verdadero cuando el concepto-sujeto es idéntico total o parcialmente al concepto-predicado. "El principio -apunta A. Pfander- se
refiere a juicios de determinada estructura, a los juicios cuyo concepto predicado es total o parcialmente idéntico a su concepto sujeto, esto es, a los
juicios de identidad propiamente dichos y a los juicios lógico-analíticos. Y lo
que afirma de estos juicios es que son necesariamente verdaderos. De los demás juicios, en cambio, no dice ni que sean verdaderos ni que sean falsos.
No exige que para ser verdaderos todos los juicios hayan de tener la estructura indicada, sino que se limita a afirmar que aquellos juicios que tienen
esa estructura son necesariamente verdaderos. Y la verdad del principio lógico de identidad descansa en la esencia de los juicios por él caracterizados,
así como en la esencia de la verdad y en el hecho formal-ontológico de que
todo objeto es idéntico a sí mismo, teniendo como objeto formal de un concepto las determinaciones que este concepto le atribuye. En cambio, este principio no es susceptible de fundamentación psicológica o empírica-inductiva,
ni la necesita".4 No se trata de un principio que enuncie una verdad presuntiva, sino de un principio apodíctico, verdadero absolutamente. Su validez se
fundamenta necesaria aunque no suficientemente, en el contenido objetivo
ontológico. Para comprender el fundamento suficiente del principio lógico
de identidad es preciso no omitir la esencia de los juicios positivos especiales
de determinación, cuyo concepto sujeto y cuyo concepto predicado son idén• A.

16

PFANDER,

ticos. La función de su cópula estriba en realizar una referencia positiva identificadora. En esta referencia se formula la pretensión de verdad.
b) Principio de Contradicción.
Cuando un juicio afirma lo que el otro niega, es imposible que los dos juicios sean verdaderos. De los juicios opuestos contradictoriamente, uno de

ellos, necesariamente, es falso. Si una cosa no puede ser y no ser al mismo
tiempo y bajo la misma relación, resulta comprensible que no puedan ser
verdaderos dos juicios opuestos contradictoriamente. La contradicción se puede dar no tan sólo entre los juicios universales, sino también entre los universales y los particulares. De un concepto-sujeto no podemos predicar, al
mismo tiempo y bajo la misma relación, notas contradictorias. La imposibilidad no proviene de alguna ley empírica o psicológica que nos impida pensar
así, sino de la esencia misma de los objetos que rechaza la contradicción. Al
decir que "dos juicios contradictorios no pueden ser verdaderos ambos", no
se dice cuál de los dos es el verdadero. El principio de contradicción se funda
en el claro comportamiento de todos los objetos posibles. Las pretensiones de
verdad no pueden cumplirse, ambas, en juicios que se contradigan por atribuir al mismo tiempo positivamente y separar negativamente de un mismo
objeto-sujeto la misma determinación predicada en la misma unidad objetiva. Si uno de dos juicios contradictorios es verdadero, el otro es falso.
c) Principio de tercero excluído.

Cuando dos juicios se contradicen no pueden ser los dos falsos. Si se reconoce que un juicio es falso, el otro es verdadero; no hay una tercera posibilidad, ( tertium non datur) . Basta que reconozcamos la alternativa ineludible, para que podamos afirmar la falsedad de un juicio y la verdad del
otro, sin decir cuál es el verdadero y cuál es el falso. El principio de tercero
excluído, estrictamente lógico, funciona sólo entre los juicios contradictorios.
Cuando los juicios se oponen contrariamente -un juicio universal afirmativo
y un juicio universal negativo-- no se aplica el principio de tercero excluído.
¿Razones? Es que entre los juicios opuestos contrariamente cabe la posibilidad de que ambos sean falsos, pudiendo existir entre ellos un tercero. El
principio de tercero excluído origina el principio de disyunción contradictoria: "al sujeto de un juicio le conviene siempre determinado predicado O no
le conviene", y se funda en el principio ontológico: "todo objeto tiene• que
ser P o no P".

L6gica, págs. 232-33, Espasa-Calpe Argentina, S. A. 1938.

17
H2

�d) Principio de razón suficiente.

Todo juicio debe tener una razón suficiente. Al tener la pretensión de ser
verdadero todo juicio necesita de una razón suficiente para serlo, de ~lg~
capaz par~ abonar lo enunciado. Ahora bien, la justificaci~n la recibe e_l ~~icio de afuera. Sólo cuando existe una relación de confonmdad entre el JUICio
y el comportamiento de los objetos a qu~ el juici~, se r_ef~e:e, puede ~~blarse
de un juicio verdadero. Pfünder nos advierte que los J~ic10s no se dmgen .ª
sus objetos como sentencias arbitrarias, sino que son srmpleme~te los servidores mentales de los objetos, y sólo sobre la base del comportamiento de ellos,
y acomodados a ellos, realizan sus hazañas mentales. ,Dej~ ~ los objetos el
cuidado de '1arles la legitimación de su certeza, la razon suficiente de su_ verdad. La esencia del juicio pide que la legitimación se la pr~senten los obJetos.
Como el papel moneda necesita estar sufici~ntemente c~bierto p?r las cosas
valiosas".5 Lo que no parece advertir el ameritado tratadista, a~eman es _que la
legitimación pedida por el juicio se sale de lo puramente log1co para ir a la
ontología y a la gnoseología. Aún así, la lógica no puede desentenderse de este
principio que en algún modo le corresponde, desde el momento en que todo
juicio lleva, esencialmente, la pretensión de ser verdadero.

3. EL

CONCEPTO

La lógica es, por esencia, formal. No es el co~t~nido d~ los pensamientos,
sino su formalidad conceptual, lo que interesa al log1co. Le mteresa, ant~ todo,
aclarar y fijar conceptos, estudiar las leyes y rela~io~es de lo~ ~e~sarru~tos,
afianzar el dinamismo y el progreso en el conocrm1ento. ObJe~ividad, idealidad, significatividad e intencio~alidad son_ ~~racter~sticas exclusiv~:- del pensamiento. De ahí el objeto propio y la pos1c10n autonoma de la lo0 1ca.
Concepto, juicio y raciocinio son las tres formas lógicas que en~i~rran la
multiplicidad de pensamientos. Aunque el juicio sea la estructura logica fundamental es el concepto lo más simple, lo más elemental. Sobre el concepto
se constr:iyen las estructuras siguientes: jui~o y raci?c.inio. Por el concepto
empezaremos, en consecuencia, nuestro estudio de la log1ca.
Hay en el hombre un afán de aclararlo todo. Este afán genera el saber. El
concepto -"unidad ideal de significación"- es el acto .por . el cual
• apreheníf
demos algo sin afirmar ni negar. Todo pensamiento, ordinario o c1ent 1co, es
una ordenación O complexión de conceptos. Pero en el concepto no hay aven• Opus. cit., pág. 272.

18

tura de juicio. Sólo una aprehensión "puramente representativa y enteramente neutral" ... Consiguientemente no tiene sentido preguntarse si un concepto
es verdadero o falso. El acto de la aprehensión es simple y único. Resultado
de este acto lo es el concepto objetivo. A la lógica no le interesa la función
psicológica y subjetiva de concebir, sino lo concebido, el obiectum que se halla
frente al sujeto. Y este concepto objetivo que importa a la lógica no es la
cosa real en sí misma, sino la cosa en cuanto conocida. Trátase de una cosa
revestida, mentalmente, de unas propiedades irreales ("lógicas"). Tomemos,
por ejemplo, el concepto "animal". Cuando pienso lo que significa la palabra
"animal", dirijo mi pensamiento hacia algo que no se confunde con el propio
acto de pensar, algo predicable de una pluralidad de seres, algo que posee
la propiedad lógica de la significación universal. El término universal es tan
sólo un signo arbitrario al que se adscribe una relación de razón con una
multiplicidad de cosas. Dícese, a menudo, que la universalidad se fundamenta
en la abstracción, sin reparar que esta misma absti;acción sería imposible de
no ser "abstraíbles" las propias cosas reales singulares.
Se habrá advertido, por las consideraciones precedentes, que el concepto
-fruto del contacto entre la inteligencia y un objeto- difiere de la imagen
sensorial, siempre tributaria de las características individuales de la cosa.
La cantidad o extensión y el contenido inteligible o comprensión, son características propias del concepto que mantienen entre sí una relación precisa:
a mayor extensión menor comprensión y viceversa. La extensión se refiere al
número de objetos, que el concepto recoge dentro de su significación. La comprensión, en cambio, es el conjunto de notas o características inteligibles que
constituyen el objeto.
El concepto se clasifica en universal, si está tomado en toda su extensión,
particular, si está tomado en parte de su extensión, y singular, si el concepto
predicado se aplica a un solo individuo. Se suele agregar el colectivo, que conviene a un grupo de individuos en tanto que grupo. Atendiendo ya no a su
extensión, sino a su comprensión, el concepto puede ser simple, cuando significa un solo tipo de ser, complejo, cuando accidentadamente se unen dos o
más tipos de ser; abstracto, cuando se representa como una unidad con total
independencia de cualquier objeto en el cual pudiese estar realizado; concreto
si hace referencia, determinada o indeterminadamente, a un objeto en el cual
forzosamente tiene que n:alizarse.
Si consideramos los conceptos en sus mutuas relaciones de extensión, adver-·
tiremos que algunos conceptos -los superiores-- recogen dentro de su extensión a otros conceptos -los inferiores-- que potencialmente quedan incluídos
dentro de ellos. Fue así como Porfirio trazó su célebre Arbol: Substancia
-simple o compuesta- (género supremo) ; cuerpo -inanimado o animado(género subalterno) ; viviente -insensible o sensible- (género subalterno) ;
19

�animal -irracional o racional- ( género próximo) ; hombre (especie) ; Sócrates (individuo) . Si contemplamos ahora a los conceptos en sus mutuas relaciones de comprensión, descubriremos que pueden ser idénticos, cuando tienen el mismo contenido significativo, o diversos, cuando tienen diferente significación. Estos últimos se subdividen en compatibles, si pueden unirse en una
unidad conceptual con sentido, incompatibles, cuando caen en lo absurdo. A
su vez, los conceptos incompatibles serán disparatados, si pertenecen a géneros
completamente distintos; u opuestos, si se excluyen por su significación. La
oposición puede darse en conceptos contradictorios, cuando uno de ellos implica la radical negación del otro; en conceptos contrarios, cuando señalan los
dos extremos opuestos con una posible serie de situaciones intermedias; privativos, cuando uno de ellos señala la carencia de una facultad o cualidad exigida por una naturaleza, mientras que el otro indica, precisamente, la indicada facultad o cualidad; correlativos, cuando en su significación hay una dependencia mutua.
Se denominan "predicamentos" a los géneros supremos que se obtienen al
· dividir los universales por la materia. Su examen corresponde, propiamente,
a la metafísica. El nombre de "predicables", en cambio, se reserva a las modalidades o especies que se obtienen al dividir los universales por su forma.
Lo que se predica del sujeto -"predicable"- puede atribuírse a éste dentro de estos tipos generales: especie ( la esencia del su jeto), género próximo
(parte de la esencia del sujeto), diferencia específica ( característica que determina al género constituyéndole en especie completa), propiedad ( característica que sin ser parte integrante de la esencia, deriva siempre de ella), accidente ( característica que como se tiene se podría no tener) .
Si la filosofía, y la ciencia en general, son saberes rigurosos a base de conceptos, era necesario estudiar, aunque sea en sus líneas fundamentales, la
teoría del concepto.

4. EL

JUICIO

El juicio -y no el concepto ni el raciocinio-, es la estructura lógica fundamental. Mientras el concepto presenta, muestra mentalmente una cosa; el
juicio enuncia, predica. En esta conexión enunciativa de conceptos, algo
afirma o niega el pensamiento. Sin esta conexión enunciativa de concrptos
no habría base para el progreso lógico racional (discurso o raciocinio) . En
el juicio se asienta la verdad. ¿No bastarán estas razones para convencerse
de que el juicio es la estructura lógica fundamental?
Juicio es la forma apofántica del pensamiento que, por la afirmación o
negación, compone o divide dos o más conceptos. Expresado logísticamente:

A es B, A no es B. Nuestro entendimiento compara dos conceptos entre sí,
ve la compatibilidad o la incompatibilidad, y afirma o niega. Para efectuar
esta operación se precisan tres elementos: un sujeto de quien se afirma o se
niega el otro concepto, un predicado que es lo que se afirma o se niega del
sujeto, y una cópula (verbo ser) que manifiesta la composición o la división
que entre el concepto y el predicado establece la inteligencia. Con estos elementos materiales -sujeto y predicado- y con este elemento f01mal --cópula- se integra la estructura del juicio. En ocasiones, la estructura antes
apuntada no es explícita: se sobreentiende el sujeto, el predicado o la cópula.
En todo caso, al juzgar intentamos tocar el plano de la existencia, anclar
en el reino de la realidad y no jugar absurdamente con los conceptos. Y al
tocar el plano de la existencia, en forma categórica, habrá o no habrá acuerdo entre lo que enuncia nuestro pensamiento y la realidad. Lo verdadero
y lo falso, en consecuencia, se nos presenta como propiedad del juicio.
Los juicios se clasifican en: a priori, no derivados de la experiencia y
dependientes de la razón, y a posteriori, derivados de la experiencia o contingentes; analíticos, el concepto predicado se encuentra contenido en el concepto sujeto, y sintéticos, el predicado está colocado fuera de las notas significativas componentes del sujeto; de esencia, determinan un modo de ser,
y de existencia, se refieren al ejercicio mismo de ser.
Cualidad, cantidad, relación y modalidad son las maneras de predicación.
Por su cualidad los juicios serán afirmativos, si componen los conceptos, o
negativos, si los dividen. Por su cantidad los juicios pueden ser universales,
el sujeto supone la totalidad de los objetos cubiertos por su extensión; particulares, el sujeto sólo supone una parte de los objetos englobados por su
extensión; singulares, el su jeto se refiere exclusivamente a un individuo. Por
su relación, los juicios pueden ser categóricos, la enunciación se efectúa sin
ninguna condición; hipotéticos, la enunciación se formula dependiente de
un supuesto; disyuntivos, la verificación de una de las dos determinaciones
enunciadas excluye a la otra. Por su modalidad, los juicios se clasifican en
problemáticos, si la adhesión del predicado con el sujeto puede ser y no ser,
según condiciones; asertóricos, si el predicado conviene de hecho al sujeto;
y apodícticos, cuando el predicado conviene o repugna necesariamente al
sujeto. Un juicio puede realizar varios puntos de vista o maneras de predicación. Ningún animal es inmortal, es un juicio universal, negativo, categórico, asertórico.
Entre los juicios se dan relaciones. Cuando un juicio afirma lo que el otro
niega, refiriéndose a una situación idéntica, salvo en la cantidad, se habla de
juicios contradictorios. Son contrarios los juicios universales que se oponen:
el universal afirmativo ( A) y el universal negativo (E). Sub contrarios se
denominan a los juicios particulares cuando el uno afirma lo que el otro nie-

20

21

�ga. Subalternos se llaman a los juicios que poseen el mismo contenido y la misma cualidad, aunque su cantidad es diversa. A partir de la verdad o falsedad de una proposición dada, se puede inferir la verdad o la falsedad de
las proposiciones opuestas, de acuerdo con las cuatro reglas siguientes:
la. Contradictorias: Nunca pueden ser ni simultáneamente verdaderas ni
simultáneamente falsas. De la verdad de una se infiere necesariamente la
falsedad de la otra y viceversa.
2a. Contrarias: Nunca pueden ser simultáneamente verdaderas. De la verdad en una se infiere la falsedad de la otra. Pero pueden ser simultáneamente falsas.
•
3a. Subcontrarias: Nunca pueden ser simultáneamente falsas. De la falsedad de una se infiere la verdad de la otra. Pero pueden ser simultáneamente
verdaderas.
4o. Subalternas: Si la subaltemante es verdadera también lo será la subalternada. Si la subalternada es falsa también lo será la subalternante.
Así como el concepto se expresa mediante el término ( o palabra), el juicio se expresa por la proposición: su vehículo gramatical. Ya tendremos
oportunidad, posteriormente, de estudiar los signos con significación. Por ahora nos importa, solamente, el estudio del juicio.
La cantidad de un juicio depende -se ha dicho tradicionalmente- de la
cantidad de su sujeto. Con la cuantificación del predicado se introduce una
interesante reforma de la lógica. William Hamilton advierte que es necesario
"enunciar explícitamente en el lenguaje todo lo que está contenido implícitamente en el pensamiento". Aunque en las proposiciones aparezca el predicado con una cantidad indeterminada, es lo cierto que lo pensamos siempre
e ineludiblemente con una determinada cantidad que es igual a la cantidad
del sujeto.6 Los cuatro tipos de juicios, por la cantidad y la cualidad, que
distingue la lógica clásica ( universales afirmativos, particulares afirmativos,
universales negativos y particulares negativos) es sustituida por esta otra clasificación que se estima como más precisa:
Juicios afirmativos tato-totales: Todo hombre es todo animal racional.
Juicios afirmativos toto-parciales: Todo pájaro es algún animal.
Juicios afirmativos partí-totales: Algún animal es todo pájaro.
Juicios afirmativos partí-parciales: Algunos mexicanos son algunos escritores.
5. Juicios negativos toto-(otales: Ningún hombre es ningún ángel.

l.
2.
3.
4.

• WILLIAM HAMILTON,

Lectures on metaphysics and logic.

6. Juicios negativos toto-parciales: Ningún hombre es algún vegetal.
7. Juicios negativos partí-totales: Algún animal (a saber, el hombre), no
es ningún ángel.
8. Juicios negativos partí-parciales: Algún animal (a saber, el hombre)
no es algún ser pensante (a saber, ángel).
Establecida la relación de cantidad entre el sujeto y el predicado, se tienen las bases de una analítica capaz de un cálculo operatorio, similar al
de las matemáticas, por más que resulte un tanto fútil querer manifestar
explícitamente la cantidad del predicado. ¿No es acaso de la esencia misma
del predicado, en virtud de su relación lógica con el sujeto, ser tomado particularmente en toda afirmativa, y universalmente en toda negativa? La cantidad del predicado depende de la forma del juicio. Para comprobar este
aserto, bástennos dos ejemplos: Todo animal es mortal (el predicado mortal
es particular, puesto que el sujeto hombre no agota su contenido potencial);
ningún animal es árbol ( el predicado árbol es universal, porque todo su contenido potencial queda separado del sujeto animal).

5. EL

RACIOCINIO

Así como el juicio se estructura a base de conceptos, así el raciocinio construye sus ilaciones a base de juicios. Partiendo de otros juicios conocidos, se
infiere un nuevo juicio. Gracias al raciocinio, nuestra inteligencia progresa en
su saber, derivando nuevas verdades de los conocimientos adquiridos. Las
proposiciones previas -antecedente- y los conocimientos resultantes -conclusión- constituyen el acto más completo de nuestro pensamiento. Se comparan dos conceptos con un tercero, para concluír afirmando o negando su
sociabilidad lógica. A diferencia de la intuición, en que la verdad se nos ofrece de modo inmediato, por una iluminación súbita que no requiere antecedentes lógicos, el raciocinio está montado sobre premisas. Para que el raciocinio sea verdadero, no basta la correcta disposición de conceptos y juicios;
menester es que el antecedente sea también verdadero. Tradicionalmente se
han formulado estos tres principios:
1. De un antecedente verdadero, si el raciocinio es correcto en su forma,
siempre se tendrá una conclusión verdadera.
2. Si la conclusión, aún correctamente deducida, es falsa, por lo menos
una parte del antecedente es falsa.

�3. De una conclusión verdadera no se puede deducir la verdad del antecedente.
El raciocinio matemático --dos cantidades iguales a una tercera, son iguales entre sí- es tan sólo un caso especial de raciocinio. El raciocinio lógico,
cuya expresión verbal se llama argumentación o discurso, presenta dos formas: deductiva o descendente e inductiva o ascendente. En el raciocinio inductivo se parte de la observación de objetos o casos singulares, para extraer
de esa observación, mediante procedimientos adecuados, un principio o ley
general. En el raciocinio deductivo, a la inversa, el punto de partida son los
principios generales para concluir, mediante principios propios, en proposiciones más concretas.
En sentido estricto, no se dan inferencias inmediatas. Cuando pasamos
del juicio: "Ningún perro es gato", al de su converso: "luego ningún gato
es perro", no hemos salido de una misma verdad, aunque la expresemos de
dos maneras diferentes. Toda inferencia, en sentido propio, supone el paso
de una verdad a otra verdad. Tal es el caso del silogismo.
En su tratado de los Primeros Analíticos, Aristóteles define: "El silogismo
es una enunciación en la que, una vez sentadas ciertas proposiciones, se concluye necesariamente en otra proposición diferente, sólo por el hecho de haber sido aquéllas sentadas". 7 Todo silogismo se compone de tres juicios: dos
premisas y una conclusión. Intervienen en todo silogismo: el término medio, que sirve de punto común de comparación en las dos premisas; el extremo mayor, que figura como predicado de la conclusión; y el extremo
menor, que figura como sujeto de la conclusión. A la premisa que contiene
el extremo mayor -primera o segunda- se le denomina premisa mayor, y
a la que contiene al extremo menor, premisa menor.
El mecanismo del silogismo está sujeto, cualquiera que sea su figura, a
ocho reglas:
la. El silogismo ha de tener tres términos, m más

ni

menos.

6a. De dos premisas negativas nada se concluye lógicamente.
7a. La conclusión sigue el carácter de la premisa más débil, entendiéndose
por débil lo negativo y lo particular.
8a. De dos premisas particulares nada se concluye lógicamente.
Estas reglas, cuatro de las cuales se refieren a los términos y las demás a las
proposiciones, se derivan de la definición misma de silogismo, como lo explicitan los tratados de lógica.
Según la disposición del término medio en las premisas, se obtienen estas
cuatro figuras del silogismo:
I. El término
menor.
II. El término
III. El término
IV. El término
menor.

medio es sujeto en la premisa mayor y predicado en la
medio es predicado en ambas premisas.
medio es sujeto en ambas premisas.
medio es predicado en la premisa mayor y sujeto en la

Los modos del silogismo dependen de la cantidad y cualidad de las premisas. De los sesenta y cuatro modos posibles -considerando 4 combinaciones
por la cantidad, otras 4 por cada una de las anteriores al intervenir la cualidad y 4 más por las figuras; multiplicación que arroja un total de 64 combinaciones- sólo diecinueve modos resultan válidos, al aplicarles las reglas del
silogismo. Utilizando la nomenclatura usual (A, universal afirmativa; E, universal negativa; I, particular afirmativa; O, particular negativa ) , se ofrecen,
agrupados en las cuatro conocidas figuras, los diecinueve modos siguientes:
la. Figura.

A-A-A; E-A-E; A-I-I; E-I-O

-ª· Figura.

2a. El término medio no debe aparecer en la conclusión.
3a. El término medio debe estar tomado por lo menos una vez en toda
su extensión.

E-A-E; A-E-E; E-I-O; A-O-O

4a. Los extremos no deben tener mayor extensión en la conclusión de la
que tienen en las premisas.

A-A-I; E-A-O; I-A-I; A-1 • v A-O; E-

Ja. }, 1gura.

,a.

5a. De dos premisas afirmativas siempre se concluye afirmando.
' ARISTÓTELES, Primeros Analíticos, Sección Primera, Capítulo Primero No. 8,
Pág. 479, tomo 3, Ediciones Anaconda.

24

.1.

.gura.

A-A-I; A-E-E ; I-A-I; E , _
Además del silogismo

1

,

11,...:,

J ....

.s.:.i aho1a estudiado, hay silogis-

25

�mos irregulares -entimema, epiquerema, polisilogismo, sorites- y silogismos
compuestos -hipotético, disyuntivo, dilema- que son también, indudable-

mente, auténticos raciocinios y que el lector curioso podrá encontrar expuestos en cualquier manual de la materia. Todo raciocinio -importa decirlo-pretende ser verdadero y concluyente. El error puede provenir de la materia
-se observan todas las leyes del silogismo, pero el argumento es erróneo-,
de la forma -paralogismo, sin intención de engañar; sofisma, en el otro
caso- o de la falta de forma. La falacia puede estar en las palabras (empleo de un mismo término en diversa acepción, por ejemplo) o en las cosas
(v.gr.: atribuir al su jeto en general lo que sólo le conviene accidentalmente).
El conocimiento del lenguaje, la observación de las leyes del razonamiento
y el buen sentido, sobre todo, evitarán los paralogismos.
La teoría lógica del raciocinio, que hemos intentado resumir, pone de manifiesto la debilidad de nuestro entendimiento. No podemos conocer sino sucesivamente. Buscamos confirmar la relación que une dos juicios, colocando
entre ellos un punto intermedio de enlace. Sólo así podemos transitar de un
juicio a otro. La debilidad de nuestro entendimiento es suplida por el raciocinio, que no se realiza sin un cierto esfuerzo: un esfuerzo de una inteligencia imperfecta que anhela conquistar una seguridad.

6.

LA LOGÍSTICA

La logística -también denominada lógica matemática y lógica simbólicaprescinde de los objetos concretos y en su lugar designa por letras -p.q.r ... las diversas proposiciones.
Las operaciones básicas, cada una con su signo propio, son las siguientes:
unión copulativa(&amp;), correspondiente a la palabra y; v.gr.: "el león es mamífero" y "el pulpo es molusco"; la unión alternativa o disyunción (v), que se
forma con la partícula o; v.gr.: "todo hombre es soltero" o "casado" ; la unión
por implicación ( ➔), designada con los términos de "por tanto", "luego";
v.gr. : "todo animal es corporal, luego todo animal es espacial"; la unión por
equivalencia o igualdad de valor lógico (=), v.gr.: "el hombre es el animal
que piensa" equivale a esta otra proposición: "el hombre es el animal que
hace utensilios". La escritura lógica varía de acuerdo con los sistemas establecidos por los diversos autores.
Sobre las operaciones básicas, antes apuntadas, la logística edifica unas
especies de tablas para cada una de las expresadas operaciones: por ejemplo, la tabla de operación "negativa" ( toda proposición sólo puede tener dos
valores lógicos; el de verdad (V) y el de falsedad (F) ; de modo que si la

26

proposición es verdadera, su negación será falsa; y si la proposición es falsa,
su negativa será verdadera), la tabla de unión, etc. En esta forma, las leyes
lógicas se obtienen por medio del cálculo, sin discursos, dando como resultado el valor total V. Además del cálculo llamado proposicional, "se puede
introducir -explica el Dr. Juan David García Bacca- el cálculo de proposiciones universales y particulares, dando el cálculo funcional; se puede
tratar por semejantes procedimientos calculatorios la extensión de una proposición o concepto, cosa que corresponde al cálculo de las clases que sirve
de fundamento lógico puro a la teoría matemática de los conjuntos, y además es posible construir un cálculo más general: el de las relaciones, del que
no hay ni indicios en toda la lógica clásica, v.gr.: estudiar las leyes de proposiciones del tipo: "a es menor que b", "a es paralelo con b"; "a es padre
de b y amigo de c" etc." 8 Partiendo de seis axiomas con dos reglas de derivación, la logística deduce todas las leyes lógicas, incluyendo los primeros
principios y la formas silogísticas.
La lógica matemática es un producto genuino del racionalismo y del formalismo, que dispone de todo el método e instrumental matemático. Moviéndose en un plano de rigurosa y pura logicidad, sustituye las proposiciones
del lenguaje por una reglada operatividad sobre sus símbolos. Es visible su
interna coherencia. La matemática parece quedar reducida a la lógica. Se
inventan nuevos cálculos y se advierte la necesidad de numerosos principios (reducción al absurdo, adición, aserción, asociación, conmutación, composición, exportación, factorización, importación, permutación, simplificación,
"summation", tautología, transposición, identidad, no-contradicción, tercero
excluído) . El objeto logístico proviene de la voluntad del lógico y no de su
propia esencia objetiva. La materialidad se ha perdido. "El objeto lógico de
este sistema aparece como una construcción mental desprovista de matices empíricos, sin que por ello pueda predicarse su carácter de universal. El dogmatismo matemático parecía inclinarle, al menos en la práctica, a la afirmativa ;
pero cierta índole abstracta del mismo --observa Manuel Granell- niega en
cambio su realidad".º Partiendo de ciertas fórmulas originarias, la axiomática
llega a deducir otras fórmulas mediante determinadas reglas operatorias. La
verdad o la falsedad de los axiomas no es cuestión que inquiete al formalismo.
Lo único que importa es el cálculo, la ausencia de contradicción, la coherencia
interna. La lógica matemática es una clase de lógica formal. Pero una lógica
formal axiomatizada, relativa. Expuesto en lenguaje simbólico y artificial, el
4

JUAN DAVID GARCÍA BACCA, Elementos de Filosofía, pág. 58, Biblioteca de Cultura Universitaria, Caracas 1959.
• MANUEL GRANELL, Lógica, págs. 246-247, Revista de Occidente, Madrid.

27

�contenido de la logística abarca la silogística aristotélica, la doctrina estoica de
la consecuencia, la lógica moral y muchas leyes más.
Dada la diversidad de sistemas en la lógica matemática actual, se ha preguntado: ¿ Cuál entre los numerosos sistemas de esta lógica debe servir como
fundamento de la axiomatización? Tenemos, hoy día, docenas de sistemas diferentes. ¿ A cuál crite1io acudiremos para escoger? J. Lukasiewicz y E. Post
establecieron los llamados sistemas polivalentes de la lógica; Brouwer postula
una lógica intuicionista, axiomatizada por Heyting en 1930; Whitehead y
Russel elaboran y amplían, en su obra Principia mathematica, la lógica formal
aristotélica; Lesniewsky se aparta de los Principia mathematica con un nuevo
sistema; Gentzen y Jaskowski establecen las llamadas lógicas naturales -lógicas de la consecuencia- que establecen reglas solamente; H . Curry presenta,
dentro de la más reciente evolución, la lógica combinatoria. Ante la creciente
proliferación de sistemas -que el lector interesado podrá advertir si se toma
el trabajo de consultar los manuales de lógica matemática más o menos nuevos--, surge en nosotros la inquietud por el problema de los fundamentos de
la logística. Se ha pretendido sentar, como criterio para seleccionar mejor el
sistema logístico, una norma metalógica: escojamos aquel sistema que permita
axiomatizar con mayor facilidad y sin contradicción la disciplina en cuestión,
buscando demostraciones sencillas y "elegantes". El relativismo de esta respuesta es patente. Pero hay algo más grave: la logística pierde de vista la
realidad, las cosas, para recrearse, con frecuencia, en un simbolismo matemático. "Detrás de los símbolos -dice Gonseth- se imagina tener una realidad
íntegramente concebible, y que la estructura del mundo real es precisamente la
necesaria para que la lógica dé cuenta de ella con perfecta fidelidad" .1 º La
verdad es que la lógica de los conceptos resulta necesaria como actividad del
espíritu humano. La lógica de signos nunca suprimirá, por completo, el margen
de indeterminación que subsiste sobre los signos mismos (orales o escritos) .
No podemos dispensamos de pensar conceptualmente, substituyendo el trabajo
mismo del pensamiento por cierta manipulación reglada de signos matemáticos,
a menos de acabar matando la viviente realidad. Podemos, eso sí, advertir la
conveniencia de un álgebra lógica como la propuesta por J. Maritain, totalmente diferente de la logística -y mucho más modesta- que pondría a disposición del lógico un sistema de signos artificiales especialmente adaptados
al análisis reflejo del raciocinio. Esta álgebra lógica, constituída conforme a
los principios de la Lógica tradicional, no pretende reemplazar el lenguaje
ni dispensamos de pensar; serviría, desde el punto de vista pedagógico, para
simplificar el manejo de las reglas lógicas, y nos ayudaría en la reflexión lógica

'º FERDINAND GoNSETH, Qu'est-ce que la logique?, capítulo II, Núm. 13 Pág. 28,
Hermano et Cie., 1937.

-estudio reflejo de los procedimientos de la razónpleto y preciso de signos técnicos.11

con un sistema com-

11
Para estar en aptitud de comparar la logística con el álgebra lógica que propone J. Maritain, seleccionaremos, entre los ejemplos ofrecidos por el mismo autor,
los dos siguientes: A). En logística un silogismo en Barbara se representará, según
Alejandro Padoa (La L6gica deductiva en su última faz de desarrollo, París, Gauthier-Villars, 1912, p. 78), por medio de la fórmula:

b =&gt; c.. o.. ::&gt; b ·.

~

: ex. ::&gt;c..

que puede leerse: si b está contenida en la clase e, y si a está contenida en la clase b,
entonces a está contenida en la clase c.
Habiendo establecido la igualdad
d = - c. = .c = -d
( decir que la clase d es la clase contraria de e, equivale a decir que la clase e es la
clase contraria de d, se dirá que el primer "silogismo" se, reduce al segundo (para esto
basta llamar d al término e) -lo que no está conforme a la Lógica clásica-, y lo que
no vale sino para las leyes del álgebra de los signos, no para las de la Lógica del pensamiento, porque: lo, un silogismo en Celarent no se piensa así:
Todo hombre es no-ángel,
todo filósofo es hombre,
luego todo filósofo es no-ángel
y 2o. el reemplazo de no-ángel por un término d ( tal como "corporal" por ejemplo),
que significaría la "clase contraria" de la clase "ángel", introduciría un cambio en la
materia misma de silogismo.
B) El álgebra lógica, constituida conforme a los principios de la Lógica tradicional,
es un sistema de signos artificiales especialmente adaptados al análisis reflejo del raciocinio, que no reemplaza el lenguaje ni excluye el trabajo del pensamiento, y sí facilita
el manejo de las reglas lógicas. "A título de ejemplo --dice J. Maritain- y solamente
para mostrar en qué camino sería posible aventurarse, supongamos que se elijan signos
elementales tales como los siguientes:
T

indicaría la identificación del Pr y del S en la proposición afirmativa,

X

su separación en la negativa,

T o X una

suppositio tomada con relación a la existencia ideal,
T o X una suppositio tomada con relación a la existencia real,
La ini~ial mayúscula indicaría un término tomado universalmente,
el paréntesis, un término tomado particularmente,
los corchetes, un término singular,
el signo ➔ indicaría la inferencia ("luego") .

Evidentemente esta lista podría ser ampliada. Pero con signos tan elementales es ya

29

28

�Examinada la corrección de las operaciones logísticas, faltaría aún comprender el verdadero sentido de toda la demostración. Para comprender
en plenitud una partida de ajedrez -aclaraba Poincaré- no basta conocer
las reglas del juego. Comprender la partida es enteramente otra cosa; es saber
por qué el jugador avanza tal pieza, en lugar de tal otra que habría podido

mover sin violar las reglas del juego. Es advertir la razón íntima que hace de
esta serie de jugadas sucesivas una especie de todo organizado.12 Algo semejante ocurre con la lógica.

7.

fácil iluminar muchos puntos interesantes. Así, para traducir en este sistema de signos
el silogismo "Todo hombre es mortal, Pedro es hombre, luego, etc.", se escribiría:
Hombre T (mortal)
[Pedro] ~ (hombre)
[Pedro] T (mortal)
lo que obHga a precisar que la menor singular (y lo mismo la conclusión) impHca
una suppositio tomada con relación a la existencia real, cuando afirma del S un Pr
esencial.
La conversión simple se traduciría por medio de los símbolos siguientes:

AXS
B X A,
o:
(b) T (a),
(a) T (b)

que manifiestan a los sentidos que en caso semejante no hay inferencia propiamente
dicha, sino simplemente expresión diferente de una sola y misma verdad.
La conversión parcial (per accidens) se traduciría por el símbolo
A T (b)
(b) T (a),

que demuestra que la conversa parcial repite de una manera implícitamente disminuida
la misma verdad que la proposición primitiva.

El estudio de la razón como instrumento de conocumento no es, propiamente, la sabiduría. Pero la sabiduría humana misma no podría adquirirse
sin los servicios del saber instrumental: la lógica.
Sin la lógica no podríamos llegar a poseer ninguna ciencia. No basta acumular conocimientos de modo confuso e incierto. Necesitamos orden, rectitud
en el proceder mental, unidad en el conocimiento. Nuestra afanosa y apasionada búsqueda de la verdad no llegaría a ninguna meta de no ser por la
lógica. El somero examen de la lógica, que hemos efectuado en los artículos
anteriores, pone de manifiesto la importancia de esta disciplina para la vida
humana. Imposible vivir, y sobre todo vivir bien, sin lógica. Nuestra actividad,
movida por valores, tiene que estar dirigida por una mente que respete la
ciencia lógica, convirtiéndola en arte vital. Y aunque la lógica de la vida no
sea el criterio exclusivo que decida del valor de una persona, es -¡ qué duda
cabe!- un insoslayable factor de valoración.
No se puede vivir congruentemente, inteligentemente, sino viviendo lógicamente. Toda la conducta humana sigue, debe seguir para ser consecuente
con uno mismo, los ideales personales que rigen la existencia. "Vivir lógicamente -ha dicho el Dr. J. Hernández Chávez- es vivir axiológicamente. La
lógica de la Vida se convierte en Axiología de la Vida. Vivir lógicamente es
{"existencial" o "ideal") que la mayor -y lo que demuestra también en forma sensible
.cómo Darapti se reduce a Darii, por conversión de la menor:

Silogismos en Darapti ( tales como los dados corno ejemplo en la página 298), tendrían
por símbolos:
Murciélago
Murciélago

Darapti

C T (b)
C T (a)
{ ➔ (a) T (b)

Darii

C T (b)
(a) T (c)
{ ➔ (a) T (b)

T (alado)

T

(mamífero)

➔ (mamífero)

1 alado)

Poeta

i

Poeta

T (hombre)

(hombre)

T ( artista)

(artista)

lo cual pone en evidencia que la conclusión debe ser tornada en el mismo sentido

30

LA LÓGICA COMO INSTRUMENTO PARA LA VIDA Y PARA LA SALVACIÓN

En la misma forma se podrían verificar cómodamente todas las reglas de la reducción
&lt;le modos.
(Véase El Orden de los Conceptos, págs. 288 a 301 y 367 a 373, Club de Lectores,
.Buenos Aires, 1953).
u

El valor de la Ciencia, I, cap. I, núm. 5.

31

�valorizar, jerarquizar los valores, y escoger lo mejor". El orden entre las premisas y la conclusión de un razonamiento no coincide con el orden de la investigación y de la invención de un problema. En uno y en otro caso requerimos, no obstante, del espíritu lógico. Gracias a este espíritu lógico no acometemos empresas vanas.
La pura lógica, por ser formal, no puede refutar una proposición metafísica,
ética o científica particular. Pero "del mismo modo que la forma implica la
materia, la lógica implica algo más que la forma" ( Morris R. Cohen) . Las
leyes y reglas lógicas, aunque referidas a la pura estructura de las proposiciones
o de las fórmulas, son útiles y hasta indispensables para la vida y para la salvación. Es cierto que las expresadas leyes y reglas no tratan de contenidos, pero
aún así se aplican a los enunciados relativos a lo real. Y se aplican con un
designio de orden. Nada dicen sobre el sentido de la vida y de la realidad,
pero nada se podría decir sobre ellos sin las estructuras lógicas. Si la lógica
es aplicable a la realidad es porque lógica y realidad no están abismalmente
separadas. No hay que perder nunca de vista que las formas lógicas se refieren
a los hechos. Y los hechos, con dificultades mayores o menores, son susceptibles·
de ordenación.
El raciocinio no es una mera tautología. Todo silogismo. establece un elemento de identidad entre cosas diversas. "La afirmación de que la conclusión
se encuentra contenida en las premisas no pasa de ser una tosca metáfora
-como si las premisas fueran una caja y las conclusiones los objetos contenidos en ella-. Las conclusiones -observa Morris R. Cohen- necesitan de
las premisas porque, siguiendo ciertas reglas lógicas, se puede demostrar que
todas las demás conclusiones alternativas son imposibles. Excluyendo algunas
combinaciones de premisas y conclusiones, obtenemos resultados determinados.
Y es en este desarrollo de las posibilidades limitadas en el que radica la fecundidad de la lógica". El mundo está lleno de posibilidades. Mundo de posibilidades que tiene, por cierto, alguna conexión sistemática.
La lógica opera sobre supuestos. La observación empírica contiene elementos.
no lógicos. Por eso la prueba de la existencia de un objeto está más allá de
la lógica. De ahí la importancia de conocer a los objetos tales como son. Hay
diferentes medios de aproximarse a la realidad, implicados en la diferencia
de las cosas mismas ... No es posible utilizar un mismo método para buscar
verdades de diverso orden. La vista, el oído, el gusto, el olfato, el tacto, la
imaginación y la sensibilidad interna contribuyen decisivamente, en muchos
casos a conocer las cosas tal como son. Resulta conveniente, en consecuencia,
'
no descuidar el funcionamiento adecuado de estas facultades.
La naturaleza nos ha dado una cierta disposición para conocer la verdad_
Esta disposición --que algunos autores han querido denominar "lógica natural"- es suceptible de afinamiento, de perfeccionamiento, si atendemos a las

32

reglas que nos guían en la búsqueda de la verdad, y a las razones en que se
apoyan. No basta conocer los medios para pensar bien --en el orden especulativo y en el orden práctico--; se requiere, además, un profundo amor de la
verdad, una conciencia de las propias fuerzas y un dominio de las pasiones.
La lógica, examinada objetivamente, presenta una adecuación a las cosas y
está sujeta al imperio de la ley impersonal de la corrección formal. Pero considerada como necesidad vital del individuo, como arte de vida, está regida
por la vocación personal y por el fin último de salvación. La lógica, en este
sentido, es sólo una forma y función de la vida; pero la vida no será auténticamente humana si no se orienta hacia la realización de la entelequia, hacia la
salvación. Para nosotros la lógica pasa a ser "ancilla salutis", sierva de la salvación. Así adquiere su movilidad personal y su fuerza de transformación.
Si por razón vital se entiende una razón ínsita en la vida, abierta a la realidad, sin supeditación a lo biológico, entonces debemos saturar a la lógica
de razón vital. Hay que atender no tan sólo al pensamiento formal, sino también, y acaso más, al pensamiento material vinculado a las cosas. Nuestro
siglo nos invita a volver humildemente la mirada a las cosas.
Si la logicidad es fruto del saber a qué atenerse, resulta incongruente decir
que "ha surgido en un momento de la historia, y nada garantiza su conservación. ¿ Es que la necesidad de corrección y de certeza no es una constante
humana? Lo que la logística tiene de verdadera lógica -teoría de los enunciados y teoría de las clases referentes a la extensión de los conceptos--- es exclusivamente, como lo ha visto Aloys Müller, lógica de viejo estilo, simplemente más desarrollada. Lo restante pertenece a la matemática (teoría de
los conjuntos) o a las ciencias especiales ( teoría de las relaciones), y queda
fuera del territorio de la lógica. Todo lo que de lógica tiene la logística puede
expresarse también en palabras. La lógica simbólica "aprehende manifiestamente sólo lo formal, casi diría lo más formal de la lógica, y naturalmente
-observa A. Müller- sólo puede aprehenderse esto pasando de largo, incomprensivamente, junto lo esencial, la inteligencia de la estructura de lo$ pensamientos y de su esfera".
La lógica interesa -así me lo parece a mí, por lo menos- porque se puede
situar en la vida, porque puede ayudar a realizarse, porque es, en suma, un
instrumento para la salvación personal.

a

33
H3

�ESTRUCTURA Y SENTIDO DEL PODER
LIC. MARÍA GUADALUPE MARTÍNEZ

B.

Facultad de Filosofía y Letras de la U. N. L.
Sumario: l. ¿Qué es el poder? a). ¿Para qué es el Poder en el Estado? b). ¿C6mo es
el Poder en el estado? c). ¿Cuándo surge el Poder en el Estado? 2. Elementos in-.
ternos del Poder. a). Mando. b). Obediencia. 3. Definición del Poder.-4. Notas
características del Poder en el Estado.-5. Sujeto del Poder en el Estado.--6.
Titular del Poder en el Estado.-7. Justificación del Poder en el Estado.-8. Técnica del ejercicio del Poder en el Estado.-9. La raz6n de ser del Poder Estatal.! O. La justicia en función del Poder Estatal.-11. El Poder, acción del Estado.! 2. Condiciones de la acci6n Gubernamental: Poseer la autoridad y ejercerla debidamente.-! 3. La acción Gubernamental debe concordar con los avances de la
cultura.-14. El individuo ante el poder.-15. El problema primordial de la acci6n
Gubernamental: Conciliación entre el Poder Estatal y la libertad individual.

l. ¿ QUÉ

ES EL PODER?

Después de un análisis histórico, hemos llegado a dilucidar la noc1on de
"Poder" como una energía o fuerza unitaria dirigida hacia algo, como la acción proyectada hacia la consecución de un fin. En la organización estatal
se encuentra un solo poder y no varios, cuyo fin es el Bien Público Temporal.
Ahora bien, una vez aceptado, como instrumento de trabajo, este concepto
de poder, surge ante nosotros una bandada de interrogaciones: ¿ qué es el
poder?; ¿para qué es el poder?; ¿cómo es el poder?; ¿cuándo surge el poder
en ese organismo estatal?
Fischbach nos dá la idea de poder como un "fenómeno psíquico"; Herman
Heller, como una "unidad de acción política"; y, el Dr. Sánchez Agesta, como
"un principio motor''.
La unidad de acción estatal se observa en la cooperación de esfuerzos y
voluntades, entre gobernantes y gobernados, para llegar a una finalidad común: la convivencia y paz humanas.

35

�Los miembros de la comunidad estatal, al unirse, tienen una fuerza que
antes no existía ni en los individuos aislados, ni en los órganos ni en los gobernados.
La organización estatal es la forma o esquema del Ser-Estado, y los seres
humanos son el contenido del mismo. Los hombres son los que ejecutan la
acción, y los que tienen el poder de dicha institución.
Nosotros descartamos las doctrinas de la fuerza que reconocen el derecho
del "más fuerte'\ del "más hábil", como un poder legítimo.
El poder es inherente a la comunidad, pero como ésta no puede por sí misma
ejercerlo, necesita transferir la autoridad al dirigente o dirigentes de ese grupo
humano. El gobernante legitima el poder estatal a su cargo, por el consentimiento que sus súbditos han manifestado, voluntariamente, dentro de la organización jurídico-política: el Estado.
El Dr. Basave apunta: "La autoridad ordena una línea de conducta a los
ciudadanos y extranjeros residentes en el país. Las órdenes deben ser justas
pero además oportunas. Esto último es cuestión de tacto político. La obediencia
de los súbditos no debe ser ciega sino razonable".1
Como decíamos, el poder en el Estado es una renovación continua de energía espiritual entre gobernantes y gobernados, quienes sostienen un orden,
tendiente a la consecución del Bien Público Temporal.
a ) lPara qué es el poder en el Estado?

El poder en el Estado es para conservar el orden y la coordinación de funciones, ya que sin la acción conjunta y armónica entre gobernantes y gobernados no existe la convivencia humana. El orden estatal se logra cuando las
normas y reglamentos jurídicos que se publican son acatados y obedecidos
por el hombre que vive en dicha comunidad, ya que el poder es la energía
espiritual, psíquica, que el hombre como ser social y racional, con capacidad
de decidir y de actuar, dirige o puede dirigir hacia un verdadero humanismo.
b) l Cómo es el poder en el Estado?

El poder en el Estado no es algo tangible, sino inteligible, concebible. No
es un elemento substancial ni estático sino dinámico. Es esa energía imperante que se trasmite de un ser a otro y que actúa mediante el mando del go-

bemante y la obediencia del gobernado, obteniendo la unidad de acc1on del
poder organizado. Desde el momento en que el mandato dado -sea Ley, Reglamento o Decreto, etc.- no se obedece, se pierde ese equilibrio de unidad.
Surge, entonces, el desequilibrio estatal, revoluciones internas, revueltas, etc.

c) ¿Cuándo surge el poder en el Estado?
El poder en el Estado surge cuando el hombre, para vivir pacíficamente,
se da cuenta que necesita de alguien que le dirija y proteja, meqiante las
instituciones establecidas para ello, dentro de la entidad social jurídico-política: el Estado.
Kranemburg dice: "Como hemos visto ya, la autoridad y el derecho al
mando nacen a la vida cuando se hace necesario organizar la fuerza y regular
las relaciones humanas.
"En los momentos en que se ven en peligro la vida y los¡ medios para gozar
de ella, cuando se hacen· necesarias las decisiones rápidas, la gente está dispuesta a instituir un solo órgano de gobierno y a otorgarle una autoridad
considerable. Pero cuando esta autoridad pasa a mando de personas indignas,
de hombres que no comprenden sus funciones y que las ejercen en detrimento y no en beneficio del bienestar general, aquellos que están sujetos
a la autoridad sienten entonces que están bajo condiciones injustas, y que
tienen el derecho y el deber de acabar con ellas. Así da principio un movimiento para deshacerse del que detenta el poder. Si la falta se debe a la
persona o a la dirección política, la revuelta se dirigirá contra el gobernante
en particular; pero si se cree que depende del sistema, su objetivo será el
régimen general en cuestión". 2

2.

ELEMENTOS INTERNOS DEL PODER: MANDO y OBEDIENCIA

Los elementos internos del poder que forman "la unidad de acción política" son: el mando y la obediencia.
No puede haber unidad de acción estatal si no existe el mandato y la obediencia del mismo. El gobernante ordena a los gobernados para que le obedezcan, y, ambos, como seres dotados de voluntad y de razón, sostienen, con
su actuación consciente, la unidad de acción política. En esa cooperación
de voluntades se observa el equilibrio estatal.

1

DR. AGUSTÍN BASAVE FE1tNÁNDEZ DEL VALLE, Teorla del Estado, p. 87. Editorial
Jus. México, 1955.

• R. KRANEMBURG, Te oría Política, p. 95, versión espa ñola de Juan Bazant. Fondo
de Cultura Económica, Pánuco 63, México, D. F., 1941.

36

37

�Como decíamos, el gobernante tiene la autoridad de poder en el Estado,
que le ha confiado la comunidad estatal. El poder del Estado es inherente
al mismo, ya que sólo es uno de sus elementos.
La unidad de acción estatal no puede atribuirse, parcialmente, ni a los
gobernantes ni a los gobernados, sino a la cooperación de ambas voluntades,
a través de los elementos del poder: mando-obediencia.
La obediencia no es un impulso físico sino psíquico, espiritual, moral. Es
una de las características del ser humano. Nosotros obedecemos porque nuestra conciencia moral nos aconseja que debemos acatar las órdenes de nuestros
superiores. Tenemos el sentido de responsabilidad respecto a una orden dada
que deriva de una persona considerada superior en grado. La moralidad de
nuestras acciones entra en juego para actuar obedientemente. Intervienen los
valores al juzgar la actuación del hombre. Un acto determinado puede no
tener validez moral para tal o cual persona, pero, para el ser actuante puede
tenerla. Existen varios ámbitos en la esfera de actuación del hombre: el
moral, que depende de la conciencia interna humana; el religioso, de la actitud de religación con Dios; y el jurídico que responde, preponderantemente,
a los actos externos. La coercibilidad estatal impera sobre el hombre, cuando
las normas jurídicas no son obedecidas.
El acto de obediencia tiene sus raíces profundas en el ser humano, como
persona que es. La razón interviene al actuar, pero, muchas veces, otras causas, ya de orden sentimental o psicológico o valorativo, suelen contribuir a
las diversas decisiones del hombre.
En el ámbito estatal, los elementos del poder, mando-obediencia, constituyen el orden, sin el cual es imposible la vida del Ser-Estado.

como decíamos, dos actos diversos que se complementan: el mando y la
obediencia.
. ~¡ mandato, dentro de la organización estatal, proviene del gobernante,
dmgente de ese conglomerado humano; y la obediencia debe efectuarse por
los gobernados.
Sólo las personas son capaces de dirigir y de ser dirigidas. Las cosas por
ser tal cual son, no necesitan de ello.
Entonces, el poder en el Estado es la energía dinámica, espiritual, que
actúa u opera sobre los hombres que conviven en esa comunidad.
"Y establece en un grupo humano el orden necesario". En esta oración
observamos la proyección de la acción conjunta de 0o-obernante y gobernados
dirigida hacia el orden.
'
"Para conducirlo a su fin". El fin que persigue el poder estatal, mediante
el orden, es el Bien Público Temporal.

Luego, el Dr. Sánchez Agesta, afirma, en otro párrafo: "El poder político
est~blec~ su relación ~ntre un imperante e imperados que participan de Ja
racionalidad y de la libertad humana. No es transmisión mecánica de movimi~nto, sino ordenación . pre~eptiva de acciones. El precepto ordenador es
su mstrumento y la obed1enc1a ordenada su efecto. Gobierna hacia el fin ordenado a él una pluralidad de conductas dentro de un grupo humano hacia
la realización armónica del fin propuesto. La idea de poder se enriquece así con
un nuevo elemento. No sólo es principio de ordenación a un fin sino también
de unificación y cordinación, esto es de orden de una pluralidad de conductas
a través de preceptos".4

4.

3.

NOTAS CARACTERÍSTICAS DEL PODER EN EL ESTADO

DEFINICIÓN DEL PODER

Las notas características del poder en el Estado son:
El Dr. Luis Sánchez Agesta apunta, en sus Lecciones de Derecho Político:
El Poder es "el principio motor que dirige y establece en un grupo humano
el orden necesario para conducirlo a su fin". 3
Analicemos dicha definición: El poder es "el principio motor que dirige".
En esta oración, observamos que se alude a una dirección hacia algo. El
"principio motor" va encaminado · a la realización de acciones de la persona
humana, quien es susceptible de ser dirigida, y, a la vez, capaz de razonar y
de tener una visión de una determinada finalidad. La dirección implica,
• DR. Luis SÁNCHEZ AGESTA, Lecciones de Derecho Político, p. 493. 3a. Edición.
Granada, Imprenta Hijo de Paulino V. Traveset, Mesones 52, 1947.

a_)•. La originalidad, ya que el poder estatal está delimitado por el Derecho
Ob1et1vo u ordenamiento legal positivo que se basa en el Derecho Natural.
La_ ley fundamental del Derecho Positivo es la Constitución. El poder estatal
es mherente al Estado. No deriva de ningún otro.
b) . La aptitud para la auto-organización y distribución del poder estatal
entre los órganos diferentes del Estado.
c). La Soberanía estatal, o sea el poder supremo, dentro del Estado en
relación a los súbditos.
'
• DR. Luis SÁNCHEZ AoESTA, Lecciones de Derecho Político, p. 492. 3a. Edición.
Granada, Imprenta Hijo de Paulino V. Travcset, Mesones 52, 1947.

38

39

�d). Unidad e indivisibilidad del poder estatal.
e). Inalienabilidad del poder, ya que el Estado no puede ser enajenado
de lo que le es esencial, sin dejar de ser.
f). Imprescriptibilidad, puesto que de ser prescriptible dejaría de ser.

mento, los jueces, los policías, etc.- está constituido por un conjunto de
actividades y de obras reales de los hombres: obras y actividades insertas en
su vida, condicionadas por ella, en las cuales late la referencia a unos valores (seguridad, justicia, utilidad común, etc.), es decir, late el propósito
intencional de realizarlos. Esos valores serán los criterios, las ideas en que
lo jurídico trata de orientarse".5

g) . Inviolabilidad, característica "sine-qua-non". Sin ella no sería poder
soberano y no cumpliría su finalidad.
8.

5. SuJETO

DEL PODER EN EL ESTADO

La comunidad política, el grupo social humano, organizado, en su tota-lidad, es el sujeto del poder en el Estado.

6.

TITULAR DEL PODER EN EL ESTADO

El titular del poder en el Estado -Presidente o Parlamento--- es la persona física O moral, en quien está depositada la autoridad y la que ejerce
las funciones de mando.
El titular del poder es legítimo, originalmente, cuando ha sido de elección popular, pudiendo ejercer la potestad estatal, pero_ si la finali_d~d. que
sigue no es la realización del Bien Público Temporal, pierde. su legitumdad.
En cambio, un titular ilegítimo del poder, en cuanto a su origen, puede llegar a legitimarse si se consolida por sus actos, al realizar el orde~ y l~ ~az,
a través del tiempo. Este último caso suele suceder en las revoluciones mJustificadas o en las conquistas territoriales fuera del Derecho positivo.

7.

JUSTIFICACIÓN DEL PODER EN EL ESTADO

El poder en el Estado se justifica cuando se cumplen los ~bjetivos q~~ persigue la comunidad política al reunirse y delegar la autoi:idad al dmgente
de la misma. Las finalidades del Estado son de orden matenal y de orden espiritual: contribuir al mejoramiento econ~rn~co, orientar_ a una. n:iejor educación, formar asociaciones culturales, art1sticas, recreativas, religiosas, etc.,
para co-adyuvar a la realización del Bien Público Temporal.
El filósofo Luis Recaséns Siches en su tratado Vida Humana, Sociedad Y
Derecho, anota: "Lo jurídico p.e. el código civil, el código penal, el parla40

TÉCNICA DEL EJERCICIO DEL PODER EN EL ESTADO

El ejercicio del poder en el Estado se manifiesta en la elaboración, publicación y ejecución de las diversas normas legales, a través del mando y de
la obediencia que constituyen el orden estatal.
El Estado se vale del Derecho Objetivo para re-afirmar su poder. Estas
normas legales del Derecho Positivo, al ser acatadas y obedecidas se transforman en el orden que sostiene el equilibrio estatal, coadyuvado éste por la
coerción jurídica a través de las sanciones legales que se aplican cuando hay
infracciones al Derecho. La realización de las normas legales debe efectuarse
voluntariamente por los hombres -siempre que sean justas-- o en caso contrario, mediante la co-acción estatal por intermedio de las diversas funciones del poder. De esta manera se administra la justicia y funciona la acción gubernamental, elemento "sine-qua-non" para que exista la estabilidad
de un "Estado de Derecho".

9. LA

RAZÓN DE SER DEL PODER ESTATAL

El hombre es un ser social por esencia y por su propia naturaleza vive en
sociedad, puesto que desde que nace se encuentra rodeado de sus semejantes.
La vida de un ser humano indefenso sería imposible, si no se le proporcionaran cuidados. Pero si el hombre es por esencia un ser social, no es por
naturaleza bueno, ya que no todos los hombres actúan correctamente. De
aquí el problema de la elección del gobernante para regir los intereses de
una comunidad jurídico-política y por lo mismo, la necesidad y la obligación que tiene de elegir, entre sus congéneres, a aquél que tenga las cualidades para la dirección y el mando. En última instancia, la institución denominada Estado, tiene la necesidad de un gobernante que tenga aptitudes para
' Luis RECASÉNS SICHES, Vida Humana, Sociedad y Derecho, p. 57. Editorial
Porrúa, S. A. Ave. Rep. Argentina No. 15, México, 1952.

41

�el manejo del gobierno y también para poder realizar las diversas finalidades
que él persigue. Asimismo, se requiere que el gobernante sea querido por sus
gobernados, que tenga iniciativa para conjugar sus fuerzas, sus deseos y sus
anhelos con las de los gobernados, y, de esta manera, se obtenga el ideal
común: la realización de la justicia, y del Bien Público Temporal.
La acción gubernamental se complementa entre la del gobernante y la
de los gobernados. El hombre no anula su libertad individual al verse obligado a acatar las órdenes del titular del poder estatal, ya que toda libertad
supone un límite que es el derecho de otro semejante. Por esto, si el ser
humano, en su libre actuación pretende violentar los derechos de su prójimo,
interviene la autoridad estatal para impedir la consumación del acto, coactivamente. Por ejemplo, si una persona tratara de ejecutar un delito con
premeditación, alevosía y ventaja, y es sorprendida "in fraganti", la suspensión del acto delictuoso es necesaria, mediante la co-acción estatal sobre el
sujeto-activo, ya que trataba de infringir la esfera de la libertad de otro semejante. De aquí la necesidad de la organización del "Estado de Derecho"
y de las funciones del poder. Luego la razón de ser del poder estatal es la
protección de las "garantías individuales" y la intervención del mismo en
la esfera de la libertad de la persona humana, cuando con su actuación trata
de inferir un daño a su prójimo.
El poder estatal impone una determinada actuación en el hombre que
vive en comunidad, pero los gobernados no están sometidos a la voluntad
arbitraria del gobernante, sino que aquéllos y éste se someten, voluntariamente, a un reglamento jurídico (Constitución del Estado, máxima ley del
Derecho Positivo), y lo acatan para su cumplimiento, siempre que no sea
contra los principios del Derecho Natural. Una Constitución en la que predominara la idea de la in justicia no sería tal y a nadie se le ocurriría proclamar que se acatase y obedeciese.
Ahora bien, la necesidad de la autoridad estatal se origina en la conformación social del hombre, porque así como coexisten en él mismo, el "yo
individual" y el "yo social" sin que se divida esa unidad viviente humana, el
ente mortal; así también, éste, necesita, al convivir con sus congéneres, tanto
su libertad como la autoridad gubernamental que le dirija en el ámbito social de su vida.
El gobernante que manda y los gobernados que obedecen forman la comunidad político-jurídica: Estado. Aquél, una vez investido de su autoridad
y de su cargo, debe ayudar a convivir armónicamente, mediante sus mandatos y proyectos justos.
Bergson estudia las sociedades humanas y las comunidades animales y hace
una comparación entre ambas. Percibe, aún en las organizaciones de himenópteros -las más distantes en grado al hombre-, que existe una autoridad

42

que es acatada y el instinto de obediencia propio, que les permite convivir
con sus semejantes. Y así como en toda clase de comunidades animales existe
una autoridad, con mayor razón ésta es necesaria en las humanas, puesto que
el hombre está dotado de una inteligencia que le permite reflexionar para
hacer sus elecciones libres y formar las diversas instituciones sociales. El progreso humano se observa, solamente, cuando hay una división del trabajo y
la diversidad de actividades del hombre. Sería una utopía tratar de que todos
los hombres fueran sabios, o artistas, o empleados, o jornaleros, ya que no
habría ambiente propicio en el que pudiesen aplicar sus conoc1m1entos ni
desarrollar sus inclinaciones y gustos personales. Si el sabio no volcara sus
enseñanzas en sus prójimos, no tendría mérito alguno. Si el artista no fuese
apreciado en su arte, tendría que dejar esa actividad, forzosamente. Si el médico no tuviese enfermos a quien curar y atender, dejaría de serlo por ese
mismo hecho. Entonces, sería absurdo pretender que todo el género humano
llevase un mismo sistema de vida y una mism~ clase de actividades, ya que
la sabia naturaleza ha dotado a los seres humanos de gustos diversos. Unos,
como los genios, tienen una capacidad intelectual extraordinaria; en cambio,
otros, solamente para los oficios diferentes; y para equilibrar las energías y
posibilidades materiales y culturales distintas de los hombres, es necesaria la
organización del Estado y la jerarquía político-administrativa. Por esto, la
autoridad estatal se justifica.
Así, pues, los gobernados se imponen la obligación moral de obedecer a
los que les dirigen en la comunidad política gubernamental, de acuerdo con
un determinado régimen estatal, puesto que, como decíamos, el hombre es un
ser social por esencia y su mismo instinto le arrastra a vivir en comunidad. De
todas maneras, la potestad del gobernante es necesaria en el Estado de Derecho, porque sin ella, nos encontraríamos en un laberinto; todos los hombres querrían mandar y nadie obedecer; sin ella, subsistiría el derecho del
más fuerte, sería el reinado de la anarquía, de las pasiones y no habría paz
social. Luego, la autoridad estatal tiene la misión de hacer realizar la justicia, y esta realización -al llevarse a cabo- justifica, por sí misma, la razón
de ser del poder en el Estado.

10.

LA JUSTICIA EN FUNCIÓN DEL PODER ESTATAL

En las comunidades primitivas no era tan necesaria, ciertamente, la organización estatal que se requiere en nuestros tiempos, debido a que el hombre se conformaba con la vida social que su medio-ambiente le proporcionaba.
Por la Historia nos damos cuenta que el hombre ha acatado el mando en
43

�los diversos regímenes por los que ha pasado a través de las vicisitudes del
tiempo y del espacio: el régimen Patriarcal, el Matriarcal, el Feudal, etc.,
etc. Pero, nuestras comunidades actuales, los Estados modernos de Derecho,
tienen otros ideales y otras ambiciones. Ahora se pretende realizar la justicia,
mediante una organización jerárquica-jurídico-política, concienzuda y estable.
Por esto, todos debemos comprender la idea de justicia que se tiene como
base en nuestras comunidades democráticas modernas, para que no haya
obscuridad ni mala interpretación, ni sea objeto de disensiones entre los miembros unidos, evitando así, que por ignorancia de una finalidad, se llegue a
la disolución de la cohesión social.
La justicia es un valor que debe ser realizado por el hombre. Ahora bien,
la idea de justicia es una cosa, y otra, la aplicación de la misma. A través
del tiempo, se ha representado la justicia por una balanza y se han tenido
diversos conceptos de la misma, según su especie: reglamento, igualdad, equidad, trueque, etc.
El trueque fue la primera forma de aplicación de la justicia entre las comunidades primitivas. Se utilizaba, para intercambiar objetos comerciales, ya
que se consideraba como justo. A partir del uso del trueque han variado las
transacciones mercantiles, hasta llegar a los contratos de los derechos y obligaciones personales; ya coordinadas, ya subordinadas entre gobernante y
gobernados.
Los conceptos proporcionales de la justicia se han mezclado con los actos
de cambio, efectuándose la realización del Derecho. Y, así como la noción
del trueque se ha entrelazado con el concepto de justicia, así las pretensiones
e ideales del hombre subsisten para realizar el Derecho, a través del tiempo.
En nuestros días se concibe la justicia como la meta a seguir por las comunidades jurídico-políticas, y, por lo mismo, es necesario que todos los hombres
que viven en el Estado se percaten del ideal de justicia que se espera ver
realizado en el Estado, para que pueda perdurar la convivencia humana, la
paz y el orden apetecido por todos.
La justicia, opina Santo Tomás, es "el hábito según el cual, alguien con
constante y perpetua voluntad, da a cada uno su derecho" .6
Según Aristóteles, hay diversas categorías de justicia: la justicia general
o legal; la justicia distributiva y la justicia conmutativa, de acuerdo con las
diversas relaciones entre la comunidad y las personas, individualmente consideradas. La justicia legal se aplica cuando existe una controversia entre la
comunidad y la persona; la justicia distributiva que emplea la comunidad
para dar equitativamente a cada quien lo suyo -igualdad no aritmética sino
• SANTO To11Ás DE AQUINO, Suma Teol6gica (22. q. 58, art. 1), 5a. Edición, 1953.
Colección Austral.

44

proporcional-; y la justicia conmutativa que se utiliza cuando hay una "litis" entre persona y persona.
Dice Aristóteles, en la Moral a Nicómaco: ... "Pero volvamos a la justicia... Distingo, por lo tanto, una primera especie: es la justicia distributiva
de los honores, de la fortuna y de todas las demás ventajas que pueden alcanzar todos los miembros de la ciudad, porque en la distribución de todas
estas cosas puede haber desigualdad, como puede haber igualdad entre un
ciudadano y otro. A esta primera especie de justicia añado una segunda; la
que regula las condiciones legales de las relaciones civiles de los contratos". 7
Y Santo Tomás, en la Suma Teológica apunta: "Hay dos especies de justicia. La una consiste en dar y recibir recíprocamente, cual se verifica en la
compra y venta y demás contratos o transacciones de esta naturaleza; esta
que es llamada por Aristóteles (Et. 1.5. c. 4) conmutativa"... "La otra consiste en distribuir, por cuya razón se llama distributiva, según la cual un
rector o administrador da a cada uno conforme a su dignidad".8
En nuestros días subsiste la interpretación aristotélico-tomista de la realización del derecho a través de los órganos estatales establecidos para ello, al
aplicar la justicia al caso concreto, "cuique suum". Nosotros debemos comprender que la justicia es un concepto abstracto, ideal, un valor, filosóficamente hablando; la realización de la misma es la aplicación de ese ideal justiciero, a través de las funciones del poder estatal. Esta aplicación del Derecho Positivo se hace por vía administrativa o judicial, cuando existe una
controversia legal. De esta forma se realiza la igualdad entre iguales y la
desigualdad entre desiguales, según el caso concreto.
Giorgio del Vecchio anota: "La exigencia primera de la Justicia es que el
ser humano sea reconocido en lo que en él hay de específico, es decir, en
su espiritualidad, y, por lo tanto, en su fundamental autonomía. Esto significa que a todos los hombres concierne un derecho primordial e inabolible
de libertad, cuya validez no deriva de las leyes positivas aun cuando debe
encontrar en ellas su confirmación. El respeto de ese derecho constituye más
bien el presupuesto y la condición más importantes de que depende la legitimación de toda autoridad política ante la conciencia de los sujetos a ella".9
Ahora bien, la vigilancia de una correcta aplicación de la justicia compete
' ARISTÓTELES, Moral a Nic6mano, p. 158. 2a. Edición, 1946. Colección Austral.
• SANTO ToM:Ás DE AQUINO, Suma Teol6gica, p. 53. 5a. Edición, 1953. Colección
Austral.
• GIORGIO DEL VEccmo, Teoria del Estado, p. 206. Traducción y escrito preliminar
sobre "Algunas ideas fundamentales para la elaboración de una nueva teoría del Estado". Por EusTAQUIO GALÁN Y GuTIÉRREZ, Bosch Casa Editorial, Urge! 51 bis,
Barcelona. Título original de la obra: Lo Stato. Editrice Stadium, Roma. Printed in
Spain. Tipografía catalana. Vich, 16, J. Puges, 16 Barcelona, 1956.

45

�al aobernante, en última instancia, quien, como representante de la entidad
est;tal, debe mantener la paz, evitar que los débiles sean víctimas de los fuertes; dirigir concienzudamente la política estatal, y así equilibrar_ las fuerzas
humanas al respetar las garantías individuales de la persona. Sm embargo,
nosotros no negamos que se cometan, muchas veces, atropellos e injusticias
entre los hombres, pero, por otra parte, sabemos que los errores son cometidos por la misma naturaleza humana, y, en tales casos, se debe juzgar equitativamente, haciendo prevalecer la caridad. Por lo mismo, la comunidad
estatal debe hacer una buena elección del dirigente estatal, que sea uno de
los mejor dotados, mental y físicamente, para que se obtenga el progreso, la
seguridad social, la realización de la justicia y el bienestar común de la
humanidad.

11.

EL PODER, ACCIÓN DEL ESTADO

El titular del poder político del Estado debe hacerse obedecer y actuar
oportunamente, para que las resoluciones tomadas no sean una consecuencia de lo inevitable, puesto que si no existiera la obediencia de los súbditos
al gobernante, reinaría la anarquía. Luego, la acción gubernamental debe
ser dirigida con energía y no impuesta por las circunstancias, ya que el gobernante al aceptar tal investidura y tal cargo, al mismo tiempo, toma conciencia de las obligaciones que son inherentes a dicho puesto político-administrativo. Por ello, él debe ser activo y dirigir los asuntos políticos o administrativo-gubernamentales o internacionales concienzudamente, y no ser un
títere de sus colaboradores inmediatos, puesto que los problemas estatales no
deben marchar al garete.
Ahora bien, debemos hacer notar la diferencia entre la obligación jurídica y la moral. La obligación jurídica es una coerción a la actuación del
hombre en cualquier agrupación humana, con validez legal, mientras que
la moral está en la conciencia misma del hombre; y en caso de controversia
de ambas, debe prevalecer ésta.
En el ámbito estatal, el titular del poder debe percatarse de su representación directiva-social, ya que en toda comunidad, si el jefe de la misma no
toma conciencia de sí, de su responsabilidad y de la imparcialidad que debe
tener al actuar, habrá necesariamente, las discordias subsecuentes, porque
los gobernados se dan cuenta de su incapacidad para el mando, de la falta
de cultura y de trato social, de la ignorancia en asuntos político-estatales e
internacionales, y todo ello repercutirá en la rebelión de los súbditos.
Como decíamos, el gobernante, al ser investido de la potestad estatal, ad-

46

quiere ciertos derechos y ciertas obligaciones, debiendo predominar su conciencia moral en su actuación. De ninguna manera está obligado a continuar
con dicho cargo político en caso de no sentirse capacitado para ello, y entonces debe dimitir.

12.

CoNDICIONES DE LA ACCIÓN GUBERNAMENTAL:

POSEER

LA AUTORIDAD Y EJERCERLA DEBIDAMENTE

Las dos condiciones de la acción gubernamental son: poseer la autoridad
y ejercerla debidamente.
En los regímenes democráticos modernos, la comunidad política delega la
autoridad al gobernante, mediante la libre elección y por ello el gobernante
se debe a dicha comunidad. Luego, el dirigente estatal debe ejercer la potestad atinadamente, sin cuyo ejercicio surge la anarquía, el descontrol y la
pérdida de la armonía social. En los Estados de Perecho modernos, la Constitución Política establece el período gubernamental y la política a seguir,
de protección a la persona humana. Pose corrobora esta ideología netamente
humanista. Así anota: "una política que deliberadamente sacrificara al individuo no tendría sentido, porque el individuo es la única entidad viva, mientras que el grupo no es más que una ficción. La realidad la constituyen una
masa de individuos que quieren vivir en grupo porque en agruparse está
su felicidad" .1 º
Ahora bien, se supone que la acción gubernamental dirigida por una sola
persona es más decisiva porque cuando la potestad estatal la detenta un grupo (Senado, Parlamento, etc.), surgen, muchas veces, discusiones en las deliberaciones posibles sobre los diversos asuntos político-gubernamentales y se
pierde, así, el tiempo preciso para resolver un problema determinado que requiere una solución inmediata. La multitud entorpece la acción gubernamental; por eso, la mayoría de los teóricos del Estado concuerdan en que
la autoridad del poder estatal la sostenga una sola persona. Tesis ésta, netamente individualista.

1ll ALPRED PosE, Filosofía del Poder, p. 72. Traducción de Vicente Lascurain. Editorial Intercontinental, S. A. México, 1951.

47

�13. LA

ACCIÓN GUBERNAMENTAL DEBE CONCORDAR CON LOS
AVANCES DE LA CULTURA

La acc1on gubernamental que compete al dirigente estatal debe concordar con los avances de la cultura. Por esto, el titular del poder debe tener
un buen número de virtudes. Entre otras, debe ser activo, debe actuar sin
demora en los casos que así lo requieran; debe mantener el orden en la comunidad y convivir con sus semejantes armónicamente.
La Democracia moderna permite a los ciudadanos -gobernados- una
amplia libertad, y, por lo mismo, es necesario tener un sentido moral firme
para que se pueda actuar conforme con los dictados de la razón, dentre&gt;
de la comunidad política estatal en que se vive. Por esto, tanto el gobernante como los gobernados deben tener cualidades y virtudes especiales para
poder sostener el equilibrio estatal, coadyuvando los unos y los otros a mantener el nivel cultural de las personas, ya que éste depende, generalmente,
del ambiente en que se vive. En una comunidad, si el dirigente de la misma
no tiene ideas morales y no las lleva a la práctica, es muy difícil que logre
el progreso y muy poco se espera de él. Por esto, el titular del poder estatal
debe ser elegido cuidadosamente, ya que él es la brújula de la comunidad,
es el imán que atrae las miradas de los gobernados y por ello, debe saber
mandar y hacerse obedecer. Mientras que no haya una comprensión entre
gobernante y gobernados ni la energía que se obtiene de la acción conjunta,
existirá el desequilibrio estatal, sobrevendrán las luchas y las intrigas, y, al
fin, la anarquía social.
Además, el titular del poder estatal debe tener una capacidad intelectuaf
suficiente para el manejo del gobierno y así pueda resolver los problemas de
diversa índole que se le presenten. Asimismo, debe estar al tanto de los avances de la ciencia, de las técnicas, de las artes, de las letras y la filosofía, para
que pueda orientar a la comunidad que dirige. Y, también, el dirigente
político estatal debe tener una personalidad distinguida, un carácter asequible aunque enérgico y decidido; un temperamento balanceado y una gran
simpatía. Nosotros recordamos, a través de la historia, ciertos tipos de dirigentes monárquicos -casi unos enfermos mentales-, incapaces para el mando, porque así les correspondía en el régimen político de la sucesión hereditaria. Pero, en nuestros días, en que el "Estado de Derecho" subsiste, que
permite a los hombres de cultura, a los intelectuales y a todos aquellos ambiciosos, luchar por una vida mejor y una convivencia humanitaria justa,
en esta época en que se ha logrado la libre elección del titular del poder a
través del voto popular, se debe luchar también por que el dirigente sea capaz e inteligente, ya que tenemos un medio mucho más amplio de elección

entre la comunidad y no la restricción que existe en los regímenes monárquicos, en los que la potestad se delega del Rey al príncipe o pariente más
próximo. En el Estado de Derecho lo que existe es la jerarquía de personas
y de valores; por esto, la relación de mando-obediencia debe subsistir. Sin
ella, todo intento de equilibrio está perdido, porque si no hay subordinación,
de acuerdo con una causa justa, no hay armonía, y sin ésta no hay convivencia humana.
Todas estas razones reafirman la necesidad de hacer una buena elección
del titular del poder estatal, pues éste, además de las cualidades que hemos
señalado, debe tener un conocimiento de las vicisitudes históricas del pasado
de su país en relación con el presente, y, también, de la historia política internacional; lo que contribuirá a la eficacia del mando y así el gobernante
podrá dar una solución adecuada a cualquier problema de naturaleza semejante que se le presente.
Queremos hacer la distinción entre los dirigentes políticos por línea hereditaria y aquellos por voto popular. El dirigente monárquico -que no sea
por naturaleza demente o enfcnno-- tiene a su favor el conocimiento de la
trayectoria política familiar que le es de una vital importancia; una cierta
herencia innata y el medio-ambiente en que se ha creado que coadyuvan a
su representación político-gubernamental. Ahora bien, el representante de
los Estados democráticos, es elegido por voto popular y tenemos la oportunidad de poder seleccionar un buen gobernante; y aun en el caso de una selección errónea, existe la posibilidad de una nueva elección al finalizar el
período señalado, cosa que en el régimen hereditario es muy difícil, puesto
que el reinado de un rey termina con su vida, tiempo bastante largo, en la
mayoría de los casos, y en el que pueden surgir muchos problemas para
la Monarquía. Suele surgir que un príncipe, infante o adolescente, llega a
ser rey por la muerte del padre, y en este caso no es él quien manda sino
una pléyade de colaboradores, quienes, como nos lo dice la historia, muchas
veces han sido fuente de arbitrariedades y disturbios sociales, aun entre los
mismos parientes aristócratas.
Por esto, nosotros opinamos que el régimrn político de una determinada
comunidad sea de acuerdo con las exigencias e ideales de una época, según
el lugar en que se viva y conforme con la realidad humana. Luego, el jefe
del Estado debe ekgir, sabiamente, a sus colaboradores, para que le ayuden
en el manejo del gobierno, ya que la fusión de ideales de un pueblo -nación- es necesaria para lograr el progreso. Por ello, es preciso fomentar el
amor a la tradición, el respeto mutuo, la caridad y la comprensión entre los
hombres; sentimientos éstos sin los cuales es imposible la convivencia humana.
El gobernante debe mantener el contacto con las capas vivas de la comunidad que manda, y debe comprender a sus súbditos en su contextura físico-

48

49
H4

�espiritual que es lo más profundo de su ser. Por eso, el hombre debe ser educado, desde niño, a gobernarse a sí mismo, para que en su caso, sepa dirigir
a sus súbditos, y encauzar concienzudamente la acción gubernamental, base del
poder en el Estado, ya que, como actualmente se entiende, el poder reside
en la comunidad política quien delega su potestad al Monarca, en el régimen
monárquico, y al Senado o Presidente en las democracias. De aquí, la responsabilidad suprema que tiene el gobernante en relación a la comunidad.
Alfred Pose está convencido de que la sucesión hereditaria es la mejor
forma de gobierno. Anota: "En las horas sombrías c11ando un acontecimiento sorprende y desconcierta la inteligencia del hombre que ocupa el poder,
si tiene detrás de sí una generación de personas que han tenido en sus manos el timón, puede encontrar entre los entresijos de su conciencia el depósito que sus antepasados le han legado y que pueden inspirarle reflejos
vivificadores gracias a los cuales se salve el grupo".11
De todas maneras, la acción gubernamental requiere la autoridad y la
calidad en el dirigente político, condiciones que coadyuvan a la realización
del objeto perseguido: el bien Público Temporal, la justicia, el orden, la
paz y el humanismo. Luego, la meta principal de los gobernantes debe ser
la conservación del poder dentro del Derecho Positivo, basado en el Derecho Natural, no importa cuál sea el régimen establecido, como afirma Pose:
"La acción gubernamental tiene que preocuparse por colocar el espíritu a
la altura de las necesidades que puede crear el éxito de las transformaciones
sociales que se buscan".12

14.

EL INDlVIDUO ANTE EL PODER

Según la filosofía aristotélico-tomista y de acuerdo con el pensamiento
cristiano, no debe haber restricciones entre la libertad del individuo y la comunidad política. La persona debe buscar su propia finalidad dentro de su
ambiente social, ya que no es ningún medio al servicio de la comunidad sino
ésta debe estar al servicio del hombre. En otras palabras, la comunidad es
para la persona y no ésta para aquélla.
En cualquier grupo humano, el hombre actúa o debe actuar voluntariamente, según su libre albedrío, teniendo, únicamente, el límite que le impone la libertad de su semejante. En la comunidad política, para conservar
11
ALFRED PosE, Filosofía del Poder, p. 120. Traducción de Vicente Lascurain. Editorial Intercontinental, S. A. México, 1951.
" ALFRED PosE, Filosofía del Poder, p. 131. Traducción de Vicente Lascurain. Editorial lntercontinental, S. A. México, 1951.

50

el orden social, la persona debe obedecer las normas jurídicas, sin lo cual
surge la anarquía y el libertinaje. Como sabemos, el hombre hace funcionar
su "yo social" cuando actúa en relación con sus semejantes; y el "yo individual" respecto a sí mismo. Por lo tanto, la acción gubernamental debe velar por la correcta armonía entre la libertad individual y la función social
del grupo humano, mediante leyes justas, que no contradigan la realidad ni
afecten la libertad personal.
El hombre ha formado, históricamente, diversas costumbres -fuente de
la ley positiva-, dentro de los grupos humanos, a través del tiempo, y las
ha seguido; pero, a medida de que ha evolucionado la cultura humana, se
han ido descartando todos aquellos usos que le mantenían ligado a la esclavitud. En nuestros días, se ha llegado a un progreso tal, que, en las organizaciones estatales, el régimen político subsistente tiene como base primordial
la protección y el respeto de la persona humana, teóricamente; se le reconocen sus garantías individuales y sociales y se concibe al ser humano como
la realidad viva sin la cual el Estado de Derecho no puede existir. La autoridad gubernamental y la libertad individual se complementan, logrando,
así, la energía social dentro de la comunidad jurídico-política y la paz social
que proyecta el futuro de las naciones.
Las relaciones humanas, para que subsistan, deben ser justas, y, por lo
mismo, el titular del poder estatal debe tratar de hacer realizar el bien Público Temporal, a través de la Constitución, máxima ley positiva -que debe
estar basada en el Derecho Natural-. Cuando este ordenamiento jurídico
no es justo, sobreviene la anarquía social y el problema del hombre, al ver
atropellada su libertad individual por el abuso de la autoridad -tiranía-,
caso en el que la persona, en legítima defensa, tiene el derecho de protegerse, y, en ciertos casos, aun utilizando la teoría del regicidio.
El hombre por su razón de ser, tiene el deber de buscar su fin trascendente que le es primordial y de acuerdo con la filosofía aristotélico-tomista,
a través de su libre actuación en el mundo terráqueo, una vez espíritu solamente, en el más allá, gozar de la contemplación de la plenitud de la Verdad, de la Bondad y de la Belleza; de la Esencia Pura. La persona humana
es un todo en sí misma; y, por esto, no se le puede vulnerar su dignidad; ya
que el hombre lleva en sí mismo, la mano del Ser que todo lo es: El Creador. El hombre, por su complejidad de ser ente de razón no se contenta con
satisfacer sus apetitos y necesidades de su ser-material, sino que busca, asimismo, la satisfacción de su ser-espiritual, y esto sólo se logra a través de su
actuación libre. De aquí que la libertad es un requisito "sine-qua-non". Así
Alfred Pose apunta: "La libertad no es únicamente el resultado de un equilibrio de fuerzas entre el individuo y el grupo, sino sobre todo la recompensa
al dominio sobre sí mismo. La libertad es un estado de hecho y no de de51

�recho y aquí tenemos una razón más para separar del examen de la libertad esta vaga noción acerca del derecho a la libertad que descansa sobre un
equívoco y que además tiene un contenido tan impreciso" .13
Y Jacques Maritain anota: "El cuerpo social, en un guerra justa tiene el
derecho de obligar a los ciudadanos a exponer su vida en la batalla; pero
su derecho no se extiende a más, ni a decretar la muerte de un ciudadano
por la salvación de la ciudad".U

J5.

EL PROBLEMA PRIMORDIAL DE LA ACCIÓN GUBERNAMENTAL: CONCILIACIÓN
ENTRE EL PODER ESTATAL Y LA LIBERTAD INDIVIDUAL

A través de este breve estudio sohre el poder estatal, hemos observado que
el titular de la acción gubernamental tiene el problema fundamental de sa-

ber guiar y concatenar las energías físico-espirituales entre él mismo y sus gobernados, para poder convivir armónicamente; que debe utilizar su autoridad
en provecho de la comunidad e imponer la justicia mediante el orden jurídico establecido, proporcionándole la paz y tranquilidad que busca al organizarse jurídicamente; asimismo, como dirigente, que debe tratar de realizar
el Bien Público Temporal, fin que caracteriza los regímenes democráticos del
"Estado de Derecho" actual, y meta a seguir por una buena organización
político-gubernamental. A su vez, los gobernados deben ejercitar su libertad
individual como tal, no como libertinaje. De esta manera, se logran la conciliación entre la autoridad y la libertad humanas, y la realización de la convivencia humanitaria.

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" ALFRED PosE, Filosofía del Poder, p. 151. Traducción de Vicente Lascurain. Editorial Intercontinental, S. A. México, 1951.
" JACQUES MARITAIN, La persona y el Bien Común, p. 74. Versión castellana de
Leandro de Sesma. Dedebec. Ediciones Desclée de Brouwer, Buenos Aires.

52

53

�LA MUERTE COMO PROBLEMA DEL ORDEN
DR. Ivo HoLLHUBER
Salzburg, Austria

EL PENSAMffiNTO ATEO DE ARTHUR SCHOPENHAUER --cuyo centenario de aniversario de muerte se solemniz6 extraordinariamente en el ámbito de la lengua
alemana- sólo admiti6 como es sabido, en su problema planteado en su
obra El Mundo como Voluntad y Representación (tomo 11, capítulo 41, "Sobre la Muerte y su relación con la indestructibilidad de nuestra esencia") y
• en las Parerga y Paralipomena (Segunda parte, capítulo X, "Teoría de la indestructibilidad de nuestra verdadera esencia por la muerte") una solución
negativa, en tanto que la premisa naturalista no tolera una inmortalidad hipostática del espíritu humano.
Vemos aquí en efecto, la muerte concebida como un poder ordenador, por
cierto como orden natural conforme al cual el individuo humano es un mero
fenómeno que arraiga en la época y por ello es un fen6meno transitorio,
mientras que al género humano solamente se puede tomar por inmortal y
eterno. La muerte destruye aquí sólo nuestra "personalidad (Yo)", la gran
ilusi6n, la gran equivocaci6n, sin tocar eso lo que contiene el (Yo) como
realidad, es decir, la categoría, la idea que vive siempre. Origen de esa concepci6n es el naturalismo, en virtud del cual la voluntad de Schopenhauer es
una energía ciega e irracional. La diferencia entre la energía ciega y la reflexi6n afecta sólo a la intensidad de la manifestaci6n sin afectar la esencia
misma de la voluntad que se manifiesta. El problema es, c6mo pueden originarse conocimiento y reflexión de una energía ciega e irracional en sí.
Schopenhauer hace de la conciencia una apariencia misteriosa e irracional
en lo fenomenal, la conciencia misma, y no la ciega voluntad de vida, es
principio del ser. Muchos fueron vencidos ya por la grandilocuencia fascinadora y la facultad de intuición del sistema de Schopenhauer --como ya hemos indicado hace dos decenios en nuestro libro Das M enschenbild als Grundlager der Menschenbildung (Munich, 1941, pág. 30)- sin comprender la

55

�contradicci6n. Esta existe sin embargo innegablemente porque se supone, por
un lado, que las cosas y los seres vivientes deben ser solamente "representaciones subjetivas", meras "imágenes del intelecto"; deben ser solamente mero
relumbrón, y por otra parte, al mismo tiempo deben ser objetivaciones de
la voluntad con toda la abundancia de su vida propia, queriendo, sufriendo
y compadeciendo. Además de ello, el papel sistemático o metódico de la .
"idea" de Schopenhauer queda completamente vago: ¿ las "ideas" significan
"escalones de la objetivaci6n de la voluntad", algo superior a la voluntad que
prescriben a ella su hacer? ¿ O tiene la voluntad misma "intelecto" y sabe
por eso por sí misma lo que hace y cómo debe representarse? ¿en caso de
que sea así, para quién o qué se representa? Evidentemente otra vez para el
intelecto humano. Sin embargo, de este último hemos oído, que es el servidor
de esta misma voluntad.
De todos modos la conciencia individual es para Schopenhauer solamente
un epifen6meno. Su apriorismo consiste, además de su naturalismo, en la condición de que la vida fuese una desgracia y que no valga la pena de ser
vivida. La muerte, pues, elimina ese error radical y por eso se le tiene que
afirmar. Sin embargo, detrás de ese pesimismo no se oculta sino el antiguo
hedonismo naturalista: la vida es el apogeo de todos los bienes y por eso la
quiero más que todo, con la muerte pierdo todo. Pero si la vida como el
bien más apreciado se me pierde, entonces no vale nada y no debería ser.
La voluntad irracional de Schopenhauer nacida del sistemático naturalismo,
ateísmo y pesimismo, parece acompañada de una inconsecuencia en tanto que
por un lado se afirma el regreso no-individual al mundo y por el otro lado
- a pesar de eso- se habla de la superación de la voluntad y de una nueva
y mejor individualidad. A ello hay que añadir el gran enigma del tiempo,
que en su posición dogmática debe ser sólo una forma de apariencia e intuición, y agréguese la contradicción hipotéticamente lógica que debe consistir en que un ser que tiene un principio, no debe tener fin, contradicci6n que
se comprende ya, pensando en un rayo que sí tiene principio pero no fin, o
en la serie de números que igualmente tiene principio pero no tiene fin, lo
que señaló una vez Aloys Wenzl en una crítica a Schopenhauer.1
Además de Schopenhauer el idealismo ha insistido en que el Yo-individual
del hombre perece en la muerte y en que el Yo como espíritu del mundo sin
embargo es inmortal. En eso generalmente se olvidó que por un lado pensar
y existir no es distinto toto coelo (en tanto que lo que piensa es un Yo y no
un pensamiento y se trata pues de su jetos que piensan) y por otro lado "vivir"
y "existir" no es uno y lo mismo.
Con ese desarrollo de pensamientos nos retiramos de Schopenhauer y del
' Ver,

56

ALOYS WENZL,

Inmortalidad, Munich 1951, p. 209.

idealismo y nos dedicamos al problema de la muerte que la deduce positivamente como la gran consumadora de la existencia humana y con esto como
el (gran) factor ordinario por excelencia de la existencia completa desnaturalizada y relacionada con el espíritu.
La muerte es un acto de la existencia y pertenece a la existencia del hombre en esta vida. Vivir la vida en la plenitud de su esencialidad significa
vivir la vida en una conciencia perpetua de la muerte. El pensar sin pensar
en el morir equivale a un pensar sin pensar en el existir en el mundo.
Nosotros todos estamos sentenciados a la muerte siendo dilatada solamente
la ejecución de la sentencia a un tiempo indeterminado. También el escéptico que duda en todo no duda en la muerte. Ese pensamiento de la muerte
que pertenece esencialmente a la vida del hombre quita también a todas las
cosas llamadas "importantes" su gravedad, o por lo menos, las coloca bajo una
norma adecuada y efectúa con eso una función ordenadora de primera categoría. La compenetración recíproca de la vida y de la muerte es una experiencia arquetípica del hombre. Muriendo cumplimos un acto de la vida
y vivimos el acto de nuestra muerte y existimos en él. Scheler ya enseñó que
pertenece a la esencia de la muerte que el ser mismo cumpla el acto de
morir. El acto de morir es mi acto por excelencia, que cumplo yo mismo.
También en caso de una muerte súbita se verifica la muerte en un momento,
que todavía pertenece a mí, que es un reconcentrado y último momento. No
se puede eliminar la muerte de la conciencia, es un acto de espíritu sea cual
fuere la causa de la muerte. Ese acto es una acción, la cual no puedo cumplir abstraído. Aquí vuelve el problema de si con la muerte del cuerpo también se muere el espíritu como acto de aquél. La muerte misma se muestra
como acto de la vida. Sin espíritu no habría muerte sino destrucción, putrefacci6n del cuerpo. Los animales y otros seres vivientes que no saben nada
de la muerte no mueren sino perecen o se extinguen.
Esto lo ha visto con especial profundidad uno de los más célebres pensadores de la vida actual, el erudito genovés Michele Federico Sciacca, originario de Sicilia, cuya obra Muerte e Inmortalidad (Editada en Milán, 1959
por C. Marzorati) nosotros agradecemos por su penetración tan competente
y profunda, y a quien queremos allanar el camino en el ámbito europeo de
habla alemana con nuestro libro editado en 1962 Michele Federico Sciacca;
un revelador del camino del espíritu occidental (Publicación Editora Anton
Rain, Mainsenheim-clan, Alemania). Según él, el objeto de la ciencia son
los muertos, los cadáveres y no la muerte misma. Eso es argumento de la
filosofía y por consecuencia de la reflexión interior, muy distinta de la reflexi6n exterior. Si viniera la muerte de fuera como un fiero usurpador, entonces tampoco el hombre como los animales sabría morir. Le faltaría la
experiencia interna de la muerte. Él solamente podría informarse de la muerte

57

�del otro pero nunca llegaría a ver su propio cadáver ni tampoco podría observarlo como un objeto de experiencia. Es decir: falta un saber experimentado de la muerte. La muerte no se presenta al fin de la vida sino es inmanente en todo acto de la vida y por eso acompaña toda la vida en su consciente desarrollo. Nacimiento y muerte son los dos límites de nuestra existencia terrestre, la cual es contingente. La muerte que sólo necesariamente
incumbe a lo que es contingente en el hombre, supone para la privación de la
vida, la vida. La vida sin embargo es una modalidad de la existencia y en
efecto, no la única que le corresponde. No es contradicción que la existencia
misma puede tener otro modo de existir que aquel de la vida en el mundo.
Eso significa que la existencia dispone la vida y con ella la muerte, la que
no habría sin vida. La muerte sin embargo no ordena la existencia, es decir,
no es preciso que haya muerte para que haya existencia, aunque para ésta es
necesario que haya vida. En efecto, es contradicción que haya un mortal que
no pueda morir. Pero por otra parte el hombre sólo muriendo puede perfeccionarse en su plenitud de ser, sobre todo cuando ya posee las condiciones
imprescindibles aunque no suficientes, de las cuales la muerte interpreta una;
y parece contradicción que el hombre, a pesar de su índole para esa aspiración
hacia la perfección, no pudiera morir, es decir: se viera privado absurdamente
de la muerte, la que es la condición imprescindible para alcanzar sus causas
finales.
También de nuestra inmortalidad individual tenemos experiencia en la
vida y no hasta el fin de la vida o sea después de la muerte. Sin esta experiencia, aunque sea muy oscura, no hubiera sido planteado el problema de
la inmortalidad. Muerte material e inmortalidad espiritual son inherentes al
desarrollo de la existencia misma. El hombre ya es inmortal en esta vida por
su naturaleza y su experiencia íntima o nunca llegará a ser. La inmortalidad no es una mera esperanza (la esperanza solamente se refiere a la salvación, a la bienaventuranza) y por eso el hombre es -así decimos con Sciacca- ontológico, y por imperativo lógico, inmortal, o no es inmortal en absoluto. En consecuencia la inmortalidad de nuestra existencia ya es inherente
al tiempo y nosotros tenemos una experiencia de ella: en cada momento
experimentamos la muerte y la inmortalidad. El hombre y sólo el hombre
sabe que su muerte es precursora de su inmortalidad espiritual. En el animal
la falta de esa conciencia significa también la falta de la inmortalidad.
El hombre que quisiera reprimir la muerte de su conciencia y con eso hacerla inexistente se igualaría de tal manera al animal y no sabría vivir ni
tampoco morir su muerte; llega a ser incapaz de comprender la profundidad
metafísica de la muerte. Este hombre no existe como persona, ni ha existido;
no es vivo ni tampoco lo fue jamás; tal hombre ha despojado la existencia
de su esencialidad.

Cuando una vez se ha negado la inmortalidad y con ella el espíritu, y
se afirma solamente la vida en este mundo y con ella la mera vitalidad, entonces la vida puede ser algo accidental de la muerte, con lo cual la muerte
misma llega a ser la única cosa esencial, la única radical. Al contrario aquí
la muerte se deduce inútil como poder ordenador, porque no queda nada
para ordenar en tanto que el existir mismo no es nada más que una encrespadura momentánea sobre el eterno mar de la Nada.
Se dirá: todas esas son afirmaciones, queremos pruebas.
En eso debemos de nuevo no perder de vista que la filosofía se ocupa del
problema de la muerte desde un criterio muy diferente al de las ciencias. A
las ciencias no interesa el problema de la muerte como tal, sino el mero reconocimiento de las leyes y circunstancias en las cuales termina la vida orgánica.
El biólogo se ocupa de la constatación de la atrofia de las células orgánicas,
el geógrafo o historiador de las costumbres funerales de los distintos pueblos y
en los distintos períodos de tiempo y el sociólogo con la estadística de la
muerte que nos indica hoy el número de aproximadamente 100,000 hombres
cuya muerte se puede comprobar diariamente. Todas estas ciencias se ocupan
de la constatación del hecho (empíricamente observable) de que un organismo
ha dejado de vivir. Para todas estas ciencias la muerte permanece filosóficamente como un enigma en cada uno de esos 100,000 hombres que mueren
diariamente. La solución de este enigma no es cuestión de su competencia
ni tampoco de su capacidad. En la filosofía no se trata de la muerte en general sino de la mía, tuya, suya y de ellos, de la muerte de cada uno y del
significado que le corresponde mientras que cálculos estadísticos no importan nada en absoluto.
La muerte como problema filosófico ya se impone pensando con Sciacca
que la frase: "Estoy muerto" es contradicción ~ientras la frase "El está
muerto" conserva su buen sentido. Como yo no puedo verme a mí mismo
muerto y no puedo observar mi propio cadáver pero si el cadáver de otro
hombre se termina la antinomia "científica" tan pronto como paso de la
'
primera a la tercera persona. Por eso es de importancia para la ciencia la
observabilidad o la no observabilidad del fenómeno de la muerte; el sentido
o valor de la muerte sin embargo no, ni de la mía ni de otra persona.
Pero aquí no se trata solamente de un pasar de la primera a la tercera
persona sino de que el matiz de ambas exposiciones concierne al ser mismo.
Mientras yo con la frase "él está muerto" solamente expreso que el otro
como organismo vivo ha muerto, refiero la frase "yo estoy" no solamente a
mi cuerpo, sino a mi ser total, así que la expresión, yo estoy muerto, en yuxtaposición con el "estoy" es una contradicción. Así como yo digo hoy del
otro: "él está muerto" se dirá quizás mañana de mí, "él está muerto". Pero
esa declaración no se refiere a mi ser total sino solamente a mi organismo.

58

59

�Eso de "él está muerto" no contiene por tanto todo el contenido de ser del
"estoy" porque en la última declaración del ser se incluye también al espíritu. Aquí se ve más evidentemente la división entre el modo de plantear
problemas científica o filosóficamente: para la ciencia que observa el mero
hecho de la muerte la declaración "él está muerto" sólo contiene la comprobación de que el organismo de un hombre dejó de vivir. El problema
de que si en eso de "él está muerto" ya ha entrado el total "(Yo) estoy",
no interesa a la ciencia; tampoco tendría remedios para solucionarlo. La
filosofía sin embargo plantea ese problema como problema de la inmortalidad del espíritu. Si se niega de antemano la inmortalidad del espíritu, entonces no existe ningún problema filosófico de la muerte sino sólo un problema de la observabilidad de la verificación científica del organismo aniquilado. La negación de la inmortalidad del espíritu supone una metafísica
materialista y hace aparecer el miedo de la Nada, visto desde el punto filosófico como una frase retórica, porque si en la muerte perece el hombre en su
totalidad, entonces ya está resuelto el sentido de la muerte en el hecho de la
paralización del organismo, y no queda ningún problema filosófico ni religioso.
Aquí no se trata de superar "psicológicamente" la angustia de la nada a
la cual el hombre parece ser sentenciado "ontológicamente". Mientras que
por ejemplo Jaspers solamente entiende aconsejar la tesis metafísica en consecuencia de la cual la muerte destruye la existencia -un remedio psicológico de índole adormeciente o estimulante-, Sciacca, partiendo de la metafísica, tiende a superar el horror psicológico de la nada convencido de que
un triunfo ficticio psicológico solamente rubricaría el fracaso ontológico
definitivo.
En rigor no existe ningún problema filosófico de la muerte ni para el agnóstico ni para el teísta, es decir ni para aquél que demuestra insoluble el problema de la inmortalidad y que opina que nosotros no podemos saber si el
espíritu del hombre es mortal o inmortal, ni para aquél que hace de la inmortalidad un secreto o un artículo de fe.
Vista desde ese punto la mera esperanza de la inmortalidad -según la
opinión de Sciacca- llega a ser absurda no sólo filosófica sino también teológicamente. También aquí es origen el pensamiento del orden del ser; el
espíritu, es según su naturaleza, o inmortal o no. Si no lo es, entonces significa la esperanza en la inmortalidad tanto como creer que Dios transformará
metafísicamente la naturaleza del hombre en la muerte. Esa mera esperanza
en la inmortalidad llega a ser filosóficamente absurda, en tanto que una naturaleza metafísicamente debería llegar a ser otra naturaleza, y llega a ser
absurda teológicamente, en tanto que Dios debería conmutar las esencias, es
decir, los entes, sin consideración de la orden del ser. Tal esperanza sin em60

bargo significaría solamente someter la desesperación de la nada a un exorcismo. El misterio permanece existente con razón sólo respecto a la esperanza
de la salvación religiosa.
La pregunta de si la muerte del prójimo puede ser de actualidad como mi
experiencia de la muerte, depende completamente del lazo con el cual el hombre está allegado al prójimo. Si el otro es solamente un factor exterior condicionado casualmente por la situación social, cuya muerte no me toca como
incidente exterior y no me interesa en el sentido propio, entonces no se puede
hablar de antemano de una experiencia de mi muerte; pero si el otro significa para mí el "tú" sin el cual mi "yo" no existe, entonces ese yo termina
de ser mi yo con la muerte del otro, porque no puede ser más el yo que el tú,
para el cual yo era yo y sin el cual yo no soy más yo. En esa situación la
muerte del otro significa una experiencia esencial radical y auténtica en tanto
que el sobrevivir del mismo yo en la muerte de su tú es imposible. En este
sentido yo soy después de la muerte del tú otro que fui, soy uno de los muchos
otros. En este fundamento la muerte del otro llega a ser una experiencia, la
cual me facilita el sentido ontológico de la muerte misma, en tanto que es
una experiencia de compañía verdadera. La separación no es definitiva y la
existencia resiste a la destrucción mediante su estructura propia y la estructura del ser que motiva el deseo de amor.
Motivos de un deseo sin embargo no son en manera alguna razones metafísicas. Hasta aquí hemos dado solamente con síntomas de la inmortalidad
y todavía no con argumentos. Una razón metafísicamente válida de la inmortalidad se puede conseguir solamente por la comprensión en la inherencia de la inmortalidad en la estructura ontológica de la existencia como tal.
Pero antes hay que observar que muchas veces se confunde el problema de
la inmortalidad con el problema de una infinita continuación temporal. Si el
hombre viviera continuamente en el tiempo entonces realizaría solamente su
continuación temporalmente infinita pero no su inmortalidad, que es distinta
cualitativamente de aquélla. De este modo el hombre nunca podría realizar
su perfección a la cual aspira en el fondo de su ser, sino él debería quedar
incompleto para siempre a pesar de su infinita continuación temporal. En
caso de que el hombre no muriera, la perfección y realización de sus objetos
finales serían imposibles. Por eso. la continuación temporal del hombre es
absurda. El hombre creado ontológicamente para el ser absoluto, para Dios,
no se puede perfeccionar en el mundo. Muerte e inmortalidad corresponden
al hombre por una razón postulada por su estructura ontológica. Así el espíritu mismo quiere la muerte del cuerpo para librarse de lo finito que forma
un obstáculo de su perfección. Esa es la verdadera dialéctica de ser hombre.
El hombre quiere la vida y no quiere morir y al mismo tiempo desea la muerte
para poder perfeccionar su existencia espiritual.
61

�La muerte vista de esta manera aparece como punto metafísico y como
unidad absoluta de la existencia. El momento de la muerte es la presencia
del pasado entero y la ausencia del futuro. Como acontecimiento la muerte
pertenece al tiempo y el hombre la cumple en el tiempo. Como acto de
morir sin embargo la muerte está fuera del tiempo y por ello es absoluta.
Inmortalidad, pues, no significa una vida continua temporal sino significa
un existir en una forma de existencia que es distinta de aquella en el mundo
para realizar aquellas finalidades las cuales la vida en el mundo -aunque
si fuera perpetua- nunca podría cumplir. En ese respecto la muerte es imprescindible porque representa la única posibilidad de la inmortalidad del
hombre.
La muerte concierne a la vida y de ningún modo -como se cree muchas
veces erróneamente-- a la existencia. Hay que discernir bien la existencia
individual y la vida individual del hombre. Si se arrojan vida y existencia
en un montón, entonces se degrada también la existencia a la contingencia.
Inmortalidad no significa continuación de esta vida después de la muerte
sino significa existencia sin la vida temporal que se extingue con la muerte,
significa además sobrevivir más allá de la vida misma. El que muere no vive
más pero puede existir sin vivir temporalmente. Solamente el hombre muere,
porque sólo él tiene conciencia del morir; los otros seres vivientes no mueren;
ellos se extinguen o perecen. Observable es sólo el fenómeno de la muerte en
el muerto, mientras que "el Ser" de la muerte es un acto íntimo. En la realidad el hombre sí tiene una conciencia de que muere su cuerpo, pero no
de que muere su conciencia. Ese tener conciencia de que el cuerpo se extingue
origina que su perecer no sea un mero perecer sino un acto de morir. Este
enaltecimiento del perecer del cuerpo (el hecho de que la vida orgánica se
extingue) al "acto" (a la "verdad") del morir solamente es propio del hombre y es testimonio de su dignidad. El que considera mortal al espíritu del
hombre lo iguala a la mera vitalidad y le degrada a una función orgánica.
La muerte está presente por la conciencia, por eso es contradicción que la
conciencia perezca. Precisamente el hombre es inmortal porque él muere y no
perece.
La muerte se comprueba como poder ordenador de primer rango radicalizando la vida y quitándole todo lo que no sirve para nada y colocándola
por esa esencialización de la vida en la verdad de nuestra situación humana.
De este punto de vista la vida no es pertenencia de todos los bienes de los
cuales hay que sacar el máximo, sino como existencia en el mundo para el
ser absoluto (Dios). El poder ordenador de la muerte en esa perspectiva hace
ganar a cada momento -sea tan contingente y tan insignificante como fuere- un sentido preciso y absoluto y lo hace desembocar en la perfección
adecuada por el amor.
62

El momento de la muerte es independiente del tiempo, es solamente la
presencia que contiene todo el pasado sin un futuro histórico proyectable en
el tiempo; la muerte exige por eso motu proprio un futuro extratemporal lo
que solamente el espíritu puede realizar en su plenitud. Se trata incesantemente
del problema de la inmortalidad individual del espíritu, lo que no tiene que
ver con la eternidad del espíritu como un Todo-Uno.
También hay que profundizar y reforzar los argumentos tradicionales de
la inmortalidad del espíritu por reducción al argumento metafísico. Así es el
argumento psicológico -lo que se respalda en la aspiración del hombre a la
inmortalidad- en tanto un argumento metafísico, como se funda en la estructura ontológica del hombre, y el argumento moral con su postulado de
una justicia más perfecta, -lo que corre de vez en cuando peligro de hundirse en derecho de indemnización por pérdida de dicha temporal- se abre
a la inteligencia de que todo sujeto moral precisamente es inmortal en tanto
que es contradicción que un espíritu mortal participe de valores absolutos
y eternos. Si un único hombre pudiera encontrar la perfección en lo temporal
su espíritu no sería inmortal, además ni siquiera sería espíritu sino solamente
un órgano animal de lo cual se originaría una determinada calidad llamada
conciencia. En tanto que el hombre mismo participa de valores que no se
pueden realizar en lo finito de la existencia mundana, los cuales sin embargo
sean constitutivos para su propia existencia individual, él mismo trasciende
todas sus realizaciones y no se lo puede igualar a sus acciones. Mejor dicho
"él es más que su ser en el mundo" y por eso imprescindiblemente mortal.
Existir es una experiencia original del ser, que solamente es posible por
el llegar a presenciarse del ser. Si el ser mismo no estuviera presente al pensar,
entonces no habría ningún pensar y lo existente no sabría nada del ser. Por
eso el ser no viene de fuera ni tampoco se lo recibe por fuera, sino el objeto
interior del pensar cuya primera determinación es el "yo soy" existencial, el
acto concreto de la conciencia de sí. Actividad espiritual y comprensión intuitiva del ser objeto no se pueden separar. El pensar es acto, pero su primer
objeto es el ser como idea, no puesto por el pensar sino presente al pensar.
Por eso el espíritu es experiencia íntima del ser y su objeto forma la interioridad objetiva.
Lo espiritualmente existente permanece como origen del acto intuitivo del
ser, la substancia personal, la cual con relación a su momento de personalidad
no está sujeta a ningún cambio por la muerte del cuerpo. Mientras que el
cuerpo no contiene nada, lo que trascendiera su naturaleza, el ser como idea
no puede ser destruído por fuerzas exteriores, sobre todo la idea como tal
es objeto de un espíritu y permanece presente a la "inteligencia". Es cierto que
la idea no está creada por ella pero está ligada con ella interiormente y la
constituye. Como en consecuencia de eso la indestructibilidad de la idea es
63

�también indestructibilidad de la inteligencia humana. Este ser, comprendido
intuitivamente por el hombre como idea no puede perecer. Por eso tampoco
puede perecer la inteligencia que comprende al ser intuitivamente y por la
cual es inteligencia. 'El acto de "intelligere" es -según la afirmación correcta
de Sciacca- el acto inmortal, es la inmortalidad del sujeto inteligente. Eso
estriba en el imperativo lógico en tanto que corresponde a la naturaleza
ontológica del hombre. Es imprescindible lógicamente, en tanto que lo contrario -es decir que el espíritu sea mortal- es antinomia; el acto del existir
no puede extinguirse de ningún modo sea como fuera. De otra parte es lógicamente imprescindible que perezca el cuerpo porque el hombre puede re.ilizar más allá de la muerte de los individuos las intenciones vitales en el
orden natural de las cosas.
La inteligencia humana es la intuición de la idea del ser como primera
verdad. Ahora no hay nada en el mundo que correspondiera completamente
a la idea del ser. La idea del ser excluye por eso naturalmente toda adecuación de un contenido de ser contingente. Por eso la inteligencia es transcendente y teísta. El espíritu humano comprende todas las cosas por la idea del
ser y nunca alcanzará el Ser Absoluto proporcionado a la idea aunque
aspire siempre al conocimiento de él como al objeto adecuado a su conocimiento.
Por eso siempre que el hombre piensa, piensa en rigor, aunque no sea de
ello consciente - siempre Dios-.
El acto de ser que es constitutivo para el espíritu es inagotable. La capacidad infinita de la actualización nunca alcanza la plenitud de su realidad
propia. La percepción ontológica del propio ser se manifiesta en su intimidad
como una percepción teísta del propio ser. La inmortalidad es el postulado
indispensable de la perfección de la intimidad objetiva del hombre. La presencia del infinito tiene honda raigambre en nuestra existencia; sentimus,
exj1erimur nos immortnles.
El espíritu - siguiendo a Sciacca- no es inmortal, porque es sencillo en s11
"principio", en su origen (así es también el alma como principio de entelequia
en los animales), sino porque es sencillo en su término, en su polo determinante, en su objeto final que lo constituye. Así el argumento clásico parece
notablemente cambiado (lo sencillo es sencillo, el alma es sencilla, por eso el
alma es inmortal): el espíritu del hombre es inmortal por la sencillez de su
"término", de su (energía operante) (E'l'?'EA.tXEta ), y no por la sencillez de su
principio porque está constituído por el ente del ser de tal modo que uniendo
todos los contrastes en sí no contengan ningún antagonismo.2
Si el cuerpo es individuación, el espíritu es personalización. El espíritu es
' MrcHELE FEDERICO ScrACCA, L'Intériorité Objetive, Milán, Bocea 1952.

inseparable de los actos espirituales que lo personalizan. Esos actos forman
su existencia, pero como substancia no consistente solamente en sus actos.
Los actos son el modo singular de la realización del espíritu de todo hombre
particular, son su respuesta individual a los valores. La muerte es el último
acto personalizante del espíritu humano en lo cual todo está presente. Con la
muerte está concluído el proceso de la personalización del espíritu humano.
La muerte significa solamente la abolición de la unidad, del conjunto
substancial del espíritu y cuerpo, mientras que queda abierta filosóficamente
la pregunta de si esta anulación es definitiva o solamente transitoria. El espíritu termina, con la muerte de percibir su cuerpo y cualquier otro cuerpo,
pero el espíritu no termina de comprender el ser intuitivamente. La original
intuición fundamental del ser trasciende infinitamente toda percepción sensitiva o intelectual que siempre puede ser solamente un finito, incluído el
cuerpo propio, con lo cual el espíritu humano está ligado substancialmente.
En consecuencia es el espíritu personal lo espiritualmente existente en su
totalidad, tal como se ha personalizado, lo que supera la muerte y lo que es
inmortal.
La dinámica del espíritu humano hace servir a la muerte -de acuerdo con
el orden del ser- a un nuevo proceso de la institución del orden, y así la
muerte es contraste a la vida material pero no al espíritu, el cual solamente
por ella llega a la posición de alcanzar sus objetos propios.
En el dominio del habla románica - antes de la publicación de la obra
fundamental del iniciador de la "Intimidad Objetiva" y maestro de la "Filosofía Integral", Michele Federico Sciacca- quizás realizó el trabajo preliminar más penetrante el filósofo y jurista Agustín Basave Fernández del
Valle en su Filosofía del Hombre (Fondo de Cultura Económica, México
Buenos Aires, 1957) cuyo pensar propio revela gran parentesco espiritual con
Xavier Zubiri y el mismo M. F. Sciacca.
Basave, que ve en el hombre principalmente el ser teotrópico que aspira
a la plenitud del ser -y el cual es bosquejado sutilmente en el capítulo
"Meditatio Mortis"- hace acompañar la muerte como gran ordenadora (cavando en lo más profundo) de nuestro "YO", programa al libre albedrío
del hombre, para que él supere su desamparo ontológico y su angustia psicológica en virtud de la esperada plenitud subsistencia! del ser, y para que
ponga efectos volitivos integrantes en vez de desintegrantes, hace desembocar
la trascendencia del hombre en una transubstanciación del ser humano.
En el dominio del habla alemana el libro Inmortalidad publicado en
1951 (Casa Editora Leo Lehnnen) y escrito por Aloys Wenzl merece --como
ya dimos a entender- una consideración especial y es de valor particular
porque el autor -saliendo de la filosofía de la microfísica y mecánica de los
Cuantos, promoviendo una metafísica de la "realidad de cinco dimensiones"-,

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65
H5

�intenta despejar por el problema de la teodicea el acceso a la inmortalidad
individual, ampliando las posibilidades de pensar y amplificando también
nuestra idea de tiempo (la segunda dimensión temporal es inmaterial ante
las líneas mundanas situadas en el área del mundo) y revelando el motivo
verdadero de los procesos en contra del cristianismo que se extendieron por
los últimos siglos y deduciendo también el etos gobernado por el espíritu.
Es verdad que con Aloys Wenzl los límites entre ciencia y filosofía están
desdibujados, lo que especialmente en el planteamiento del problema muerte
e inmortalidad puede resultar precario.
Muerte y Perfección, así tituló Hans-Eduard Hengstenberg su libro editado
en 1954, a la segunda publicación del cual dio el título El Cuerpo y las últimas cosas, un título que según nuestra opinión es menos preciso (Ratisbona
F. Pustet, 1955) . La muerte como la gran ordenadora y gran consumadora
es también un pensamiento fundamental en Sciacea y Basave. Hengstenberg
habla explícitamente de "un poder ordenador que presenta el acto de morir
para todos los actos espirituales del hombre adquiridos en la vida temporal y
así para el 'ser espiritual del hombre' y califica a la muerte como el último y
más alto acto en el cual el hombre devuelve todo el ser en la mano del creador
y hace cumplir en la persona la unidad de espíritu y cuerpo siempre y continuamente". En consecuencia, la muerte es un llegar a sí mismo, a la totalidad:
la muerte es orden conclusivo.
Cierto es que todas esas inteligencias se pierden inevitablemente en cuanto
se intenta deshacer la ontología en teoría de conocimiento o tal vez en psicología. Eso es valedero especialmente respecto al concepto fundamental del
acto. De la definición del acto de Hengstenberg como "aquella realidad
espiritual, que corresponde al convincente de (evidente) de una substancia",
se aclara el sector espiritual muy penetrante desde el cual filosofan Sciacca
y Hengstenberg.
Así se puede tomar con derecho a Hengstenbcrg cuyo librito Ser y Originalidad (Pustet, 1958) será aún mucho más orientador que su gran Antropología Filosófica (Stuttgart, Kohlharnmer 1958) para un renacimiento
de la ontología en el gran dominio del habla alemana como uno de los más
grandes intérpretes de la muerte como gran institutora del orden.

LA FILOSOF1A PRESENCIAL.
YO AUTOCONCIENCIA Y TEMPORALIDAD 1

'

DR.

DEL "ELLO" AL "yo" PASANDO

EL "sE"

EN LA CONCIENCIA DE sí, halla el hombre su "sí mismo" y quizás, ahondando
en autenticidad y soledad, su "sí propio". Las cosas, los seres naturales buscan
ser otros (por eso evolucionan) porque no se sienten "otros" entre ellos, porque no tienen sí mismos. El hombre huyendo de lo natural, y de "lo otro"
que es todo lo que no es espíritu, se adentra en busca de sí. Y allí se encuentra
no con "lo otro" sino con su "sí mismo", y con el otro. Pero ese primer otro,
tan íntimo, no es el "otro yo" que vamos a hallar luego en lo social, sino
el "yo otro". Lo que ocurre es que aún no estamos autorizados a llamarle
"yo" de cada uno. Es que el yo es siempre empírico y éste a que se alude
es existencialmente, presencialmente, a priori. Y el "otro yo" es exterior al
hombre individual, es el Yo social. Veamos si podemos dar alguna claridad
sobre ello.

Freud puso el Ello más allá de la conciencia, en el mundo de la instintividad y de lo traspuesto y olvidado. Pero es que el "se" de lo social y público
es inconsciente, porque significa el arrumbadero escorial de todos los detritos
y todo lo trascordado, y porque es un sujeto gramaticalmente impersonal que
no sujeta ni actúa como centro. En lo colectivo y público, los hombres se
evaden, se olvidan de sus "sí propio" y se pierden al no tener conciencia de sí.
"Existencia banal" de hombre quiere decir existencia desarraigada y flotante
de hombres sin raíces en sí. Ese "se" público es impersonal y no tercera
persona, porque no hay una persona, en ese "se" no están muchas, todas,
la colectividad conjunta, sino que está nadie, un fantasma desujetante que
' Fragmento de mi libro inédito LA MIRADA
Beca de la Fundación March en 1961.

66

POR

PEDRO CABA

HUMANA,

escrito con la ayuda de una

67

�nada fija ni centra. Sólo una cualidad puede adjudicársele: que ese "se"
vale para designar todo hombre de la multitud, o cualquier hombre de ella
con tal de no determinarle mucho, pues todos los hombres, vistos a su luz,
son "lo mismo", esto es, ello mismo, a la vez, "id" e "idem". En suma el
"Ello". El Ello es un "El" indeterminado y remoto, muy vago de contorno.
Pero es que, aun el caso del "se" (dativo o acusativo) de la reflexividad gramatical aplicada a sujetos personales ("Luis se sienta", "Luis se comió la
fruta" o "Juan se mira al espejo"), el "se" (ladeado y marginal en el dativo,
central en el acusativo) es siempre tercera persona; es un El, de más o
menos acusada presencia. Y El es la primera forma que toma el Ello al
manifestarse más concretamente en el mundo de lo colectivo. Socialmente, "El"
es la primera persona que aparece, en el horizonte como "el otro". Ya lo
dejé dicho en mi libro "Filosofía de la presencia humana" (páginas 614 y
siguientes) ... "Ello" más que lo impersonal, es lo a-personal.
El, es la primera persona que nos aparece en el graderío de "los otros".
El niño empieza aludiendo a sí mismo en tercera persona gramatical, como
El o Ella, como si se sintiera venir de lejanías. Y se encuentra primero con
la madre, que es en Freud el Ello, pues representa lo ancestral y la Tierra,
la Madre Tierra; y luego con las cosas que, por prescntárseles "animadas",
como personales, las experimenta y concibe como "ellas". Kant en su "Antropología", descubre este orden en el niño; "Lo Otro", el "Ello", "El Otro"
y "El" dice que "el fenómeno resulta bastante difícil al antropólogo". Kant
pretende explicarlo así: "El niño antes se sentía a sí mismo; ahora, se piensa
a sí mismo". Víctor Frankl en "El hombre condicionado" sospecha si el Ello
de los freudianos no será un Yo dominado por el tiempo. Se apoya en Berze
(no sé quién es) que ya dijo: "El Ello es propiamente el antiguo Yo". También Goethe denominó al Inconsciente el Reino de las Madres, que es el
mundo del Ello.
Puede decirse, pues, que el Ello es un Yo desacercado hasta el olvido,
vago, gaseoso, transpuesto a lo inconsciente y precisamente a lo subconsciente. Es un Yo que, al disolverse en lo colectivo humano, se pierde y se
toma Ello. El Ello es una recaída en lo natural, algo que habiendo sido
humano se degrada y deshumaniza hasta quedar en casi Naturaleza. Por
no convertirse del todo en Naturaleza, aparece el "se" de lo colectivo o social
"un Yo mestizo de Ello que no es enteramente un Nosotros ni un Ello. Pero
tampoco es un Yo colectivo" (en mi libro citado pág. 618). Y también se
dice allí y todavía suscribo: "El 'se' tiene la gran ambigüedad de todo lo
social. Con el 'se' salimos al otro, a lo social, como con el 'Ello' salimos
a 'lo otro', pues 'el Ello' es de orden natural y no social". Y en la página
siguiente decía yo también: "F.I Ello es la primera determinación en desalejamiento de 'lo otro', como El, lo es de 'el otro'. El Ello resuena en los

sótanos de nuestra existencia en una tentativa de pasar a ser El, buscando
acceso a lo personal y existencial".
Pero el "se" dativo y acusativo en reflexión gramatical de persona no está
en el mundo exterior de lo colectivo, sino en el interior de cada individ~o
personal y lo hallamos en la conciencia, hacia el centro de la persona, mas
0 menos' marginado, según sea d ativo
· o acusativo.
.
El ot ro "_se ", e1 "Ello"
colectivo, además de colectivo, está también en el subconsciente personal,
de cada individuo humano, y no nos dijo Freud cómo era eso así. Pero nos
Jo dijo Jung encontrando en la base de toda concienc~a ~ersonal, _un T:ansfondo homogéneo colectivo, allí donde se fraguan las 1magenes pnmord1ales.
Los arquetipos primarios de que se nutre la existencia de todo hombre. Es
también como la madre nutricia, como la Gran Madre Tierra, sólo que en
el orden del Espíritu, que es el Gran Padre en la Comunidad de los ~ombres, Modelo y Arquetipo. El Logos es el -para nosotros- Inconsc1~nte
Universal de donde tomamos sentido y espiritualidad haciéndonos conciencia. El Ello no es el Logos o Espíritu, sino el fondo residual, detritual, que
van depositando las personas humanas en su paso por la Historia, pero. q~e
ofrece como material ya vivido y todavía aprovechable y operante, las imagenes convenientes, comunitarias, para que el Logos personal recobre en ell,as
el sentido humano y las siga haciendo circular. El Ello es el acervo comun
de las imágenes primordiales y el Inconsciente colectivo. El Ello es no-espiritual y no-presencia, pero a través del Ello (y gracias a la presencialidad
del espíritu) el hombre presencia y mira, como mira y presencia a través
de lo colectivo humano. Para ello hay que sumergirse en el sueño y trasponer la conciencia personal o darse a la evocación poética. Gracias al sueño,
y gracias a las evocaciones del arte, el Ello se reviene en la conciencia del
hombre. No es, pues, inconsciente
del todo, como no Io es tam poco el "se"
·
impersonal y colectivo que lo representa.

Y O-UNO,

YO-OTRO Y EL MÍ

Pero si de la consideración del Ello en lo colectivo, pasamos a lo personal,
asomándonos a nuestra conciencia, notaremos que, si allí, por desalejamiento
del Ello, a través del "se" y del "uno cualquiera", se pasa a El, al Tú y al
Yo ahora a la inversa desde la autoconciencia y el Yo, y el yo-otro, como
'
'
primer Tú interior, pasaremos al Otro-yo social, al Tú, a El y al Ello de lo
colectivo, que es también, como hemos dicho, el transfondo de lo personal.
Y así, ahondando en nosotros mismos encontramos a los demás, y dando
la vuelta por los demás, en lo social, nos hallamos a nosotros mismos, porque

68
69

�hallamos el mismo fondo de comunidad primera. El Ello personal es el mismo
que da transfondo a lo colectivo. Y el Yo personal moja sus raíces más profundas e~ un Ello, a la vez personal y colectivo. Por el Yo, mira y tiende
a lo social, pero arrancando de un Yo-otro, primario e íntimo y personal
que ,d~ savias_ al Y~ social ~ Otro-yo. Este último, el yo social u Otro-yo es
empmco y ps1cológ1co; el pnmero, el Yo-otro, es metafísico-existencial. Freud
descu~re bajo o dentro del yo personal, un "otro", también "yo", pero un
otro inconsciente, por represión. Le llamó el "otro-yo" confundiéndole con
el social y externo. Pero el que llamo "yo-otro", no es precisamente el "otroYo". Y tampoco es reprimido, pasivo, ni inconsciente, sino que dialécticamente hace a la conciencia personal ser consciente de sí y es el más activo
porque es el que se orienta a la actividad social, hacia el "Otro-Yo".
. Y esto. no
. es "percepción interna", porque la llamada así' ni es "interna"
sino objetivamente y por tanto externa al que objetuiza, ni es percepción
porque no halla objetivaciones que captar. La autoconciencia no es "percep~
ción" de lo que existencialmente somos y vivimos, sino su experiencia inmediata, ni siquiera intracorporal, porque en ella la corporalidad no se advierte. La autoconciencia es más que apercepción. En ésta, al catar cosas,
nos per-catamos. Pero en la autoconciencia tomamos noticias inmediatas de
no~?t~os ~}sm~s'. n tomar notas de cosas. ~n la aut~onci~ncia no hay "notas . smo_ noticia fatal. Y no por ello deJa de ser mtenc1onal, pues la intenc1onahdad recae sobre ella misma, sin ser objeto. Una es la conciencia
en la a percepción; otra, la percepción de algo en la conciencia; y otra es
la autoconciencia, la conciencia de sí, sin algo, y apareciendo ella misma,
no como "algo" sino como "alguien". Es la conciencia inmediata de Ja
persona, la cual, por ser obtenida por reflexión, por doblamiento sobre sí,
da unidad dual. Valga esta imagen: Cuando una línea o superficie se curva
y dobla, no es dos sino una, pero unidad doblada o dual. Así la autoconciencia
inmediata y reflexiva da unidad dual a la conciencia de sí. En esa unidad
~ual me encue~tro, no me hallo en contra, como parece indicar la palabra,
smo que me mzro a mí como otro y me hallo o encuentro, como hallazgo.
Y puedo dialogar conmigo, hallándome entonces como Tú, un primer Tú
que no es otro Yo distinto o diverso, sino el Yo-otro, en interlocución con
el Yo-uno.

~f

Pero aclaremos bien: No es que haya dos Yos; no hay más que uno, el de la
unidad personal. Y esa unidad es un solo Yo, y el mismo Yo es el Yo-uno
y el Yo-otro, pues "uno" y "otro" ahí son calificaciones del mismo Yo. También una hoja de papel doblada puede ser prendida en un solo clip
corO
chete y sin dejar de ser una, puede ser aludida en una y otra vertiente. Así
el Yo es grapa o broche de la dualidad de la auto-conciencia personal en
reflexión doblada sobre sí. Si distingo al Yo como "uno" y como "otro",

es para denotar una dirección, una orientación actitudinal, pero ni ese "uno",
añadido al Yo, es algo cuantitativo o numérico, ni es la totalidad del sí,
ni es el "uno" terciopersonal con que aludimos al Yo, la primera persona,
cuando decimos: "Uno cree ... ". No. Es "uno" por diferencia o diversidad
al "otro", del Sí personal. Cuando hablamos de dos objetos, distinguimos uno
y otro, sin que haya preferencia o privilegio para el designado como "uno".
Sin embargo, hay un matiz diferencial: que el "uno" es primero en el orden
del nombrar. En el Yo-uno y el Yo-otro, además de esa diferencia de orden
en la alusión, hay esta otra: que Yo-uno mira hacia dentro de sí, hacia el
centro, mientras el Yo-otro, mira hacia fuera, hacia los demás, hacia donde
. e1 O tro-yo. Pero en expresiones
.
se enge
como "U no cree que. . . " o "Ya se
ha dicho ... ", tanto el "uno" como el "se" son terceras personas, tras las
cuales se oculta o post-pone la primera, Yo, por cortesía, es decir, por gesto
ya social, en el que se refleja lo colectivo, el mundo de los Otros-yos.
En mi autoconciencia, prescindido todo "algo" en ella, distingo muy bien, en
primaria e inmediata experiencia, no solamente la conciencia excluída y lejana de todo "lo otro", sino en ella misma, en reflexión de la unidad personal, un "uno" un "otro", dentro de mí mismo y propio Yo. Fuera de mí,
pero afectando a mi conciencia, en la apercepción, me "doy cuenta" de la
presencia de otros hombres que interfieren con la mía y que participan de
una co-presencia, a la que la mía personal también pertenece. Son "otros
yos" ajenos capaces de mirarme y sujetarme en los suyos respectivos y colectivamente como un solo sujeto. Pero lo que yo decía ahora es que dentro
de mí, y sin salir de mí, hay otro que es el "otro sí" de cada hombre al mirarse en su autoconciencia; que hay un "uno" ( el Yo-uno) orientado hacia
el "sí propio", hacia el centro radical del sí personal, y un "otro" (el Yootro) que es más bien el "sí" de la ipsitud, pero con mismidad, con idem-tidad;
por tanto, referido u orientado hacia los "otros", y también hacia "lo otro",
hacia el sector real de las cosas. Se trata de un yo "para sí" y un yo "para
otros", que no son distintos y que, en mí, autoconciencia, yo los hallo en mi
como unidad personal, aunque en dos aspectos o doble faz, o mejor, en doble
actitud. Me percato de que hay en mí un "para mí y un "para otros" y que
aquel "para mí" es último, radical, inaccesible, pero comunicable de modo indirecto, por medio de mí "para otros" o "yo otro". Y me percato de que en el
centro de la autoconciencia personal se conjugan en un solo "alguien" o
"Quien", el "para mí" (como forma del "para sí" en general) y el "para otros".
Pero por el acto de reflexión, esa conjugación la miro y veo como un Yo sujeto,
que sujeta a los dos en unidad profunda.
Ya en mi libro antes citado (y lamento tener que citarme otra vez) y en
las páginas 575-576 decía que la etimología del vocablo "Yo", alude en todos
los idiomas a algo que enlaza, sujeta y unifica, y también es ejecutivo, centro

70

71

�de acción personal. Hay sujetos pasivos, sujetos que reciben la acción' de
otros, pero no hay posibilidad de Yo pasivo. Todo Yo es activo y en esto
tuvo razón Fichte. Pero si no enteramente pasivo, cabe aludir al yo de un
modo deponente o semiactivo no sólo como "me" sino también como "mí".
Note el lector que antes, pocas líneas arriba, me he deslizado del Yo al Mí,
y por eso subrayé este vocablo. También dije en aquel libro que hay un Yo
en forma de Me o Mí que indica cierta pasividad, pero precisamente frente
al Yo-otro desdoblado conceptualmente para eso, para quedar de sujeto casi
pasivo, como un Yo tendido, marginal, un poco menos central y activo, un
poco más ladeado y como paciente, respecto de la acción existencial de la
persona. "El yo, para hacerse sujeto pasivo, se desdobla y, en fo1ma directa
o indirecta, se hace reflexivo y se vuelve esa forma misteriosa del Yo que es
el Mí. Cuando consideramos el Yo y el Mí, notamos que aquél es más activo
que éste, y que el Mí es más pasivo. Pero es forma del mismo Yo. De ahí
las formas deponentes y medias en que el \'erbo se hace, en parte, activo y en
parte, dando ese carácter al sujeto o recibiéndolo de él. No solamente si digo
'Yo me miro', hay gramaticalmente un Yo y un Me desdoblados, en que
uno es sujeto activo y el otro parece pasivo, sino que realmente, existencialmente, me estoy mirando a un espejo, y el Yo que mira es activo con respecto
al Yo o Me mirados. El uno es Yo. El otro es Mí. Y ambos se hallan en la
acción verbal en el mismo sentido, con la misma dirección" (pág. 382) . Es
que el Yo-otro se nos aparece con el nombre de Mí, bizqueando ya entre
el "sí propio" y el "sí mismo", pues la mismificación es afán idem-tificativo,
una cierta inclinación a los otros, indicando así como el Yo no es inmanente
ni termina en él mismo, sino que se abre a los otros yos. Y así la persona'
íntima se proyecta hacia el individuo social, resultando ya, en la relación con
los otros, la totalidad del Yo amplia y propiamente dicho: la totalidad de
individuo y persona, que integra el "Yo uno", el "yo-otro", ambos dentro
de sí, y el "otro-yo" que soy para los demás. Este es el Yo empírico activo
'
'
ejecutivo, proyectante a que se refieren casi todos los filósofos.
Antes de continuar con el Yo, deténg{1monos un poquito más (inevitablemente) en el Mí. No hay tautología entre Yo y Mí, ni siquiera la hay, como
luego diré, en el "Yo soy yo", pero menos entre Yo y Mí, pues por éste último, aludimos más pasivamente al Yo que es de índole activa y proyectante,
pero ya se ve, no todo acción como creía Fichte. El Mí no mira como el Yo
ni actúa enérgicamente como ese Yo. "Mírame a la mirada y no a mí" dice'
un personaje en La Esfinge de Unamuno, porque el Mí no mira, y en
nuestra mirada ejecutante, activa, lanzada hacia adelante va más el Yo que
el Mí. Mirarme a la mirada, más que verme a Mí, es verme y mirarme el
Yo, el cual, sólo por ser pasivamente mirado, deja de ser Yo para ser Mí.
Por eso el Yo es posesor y propietario, pero no el Mí que actúa más bien
72

como casi poseído. Las formas personales de la gramática española Me, Te,
Se tienden a tomar formas posesivas en Mi, Ti, Su, pero la gramática misma
d~tingue aquellas formas llamándolas personales de estas que llama posesi".~s,
y además dejando de ser pronominales. No dijo mal Orteg~ cuando dtJO,
ha mucho: "Lo mío es anterior a Yo" (C.II-387); y no dtJO mal porque
aludía a la aparición histórico-biográfica del Yo en el niño. Pero desde el
punto de vista en que aquí se está tratando, no hay "mío" que no sea posterior a Yo (o "tuyo" respecto a Tú, o "suyo" respecto a El) , pues sólo el
Yo es capaz de poseer y sujetar en sí, cualidades, propiedades, posesiones y
usufructos. El verbo "haber" o "tener" exige siempre un sujeto que sea precisamente un Yo. Y este Yo se proyecta sobre lo poseído y sobre lo apropiado.
Pero todo esto alude al Yo proyectado en lo social, al "otro Yo" que cada
cual es como individuo frente a los demás. Mas el Yo metafísico, el de la
autoco~ciencia, no tiene propiedades ni posesiones. Ni siquiera tiene cualidades, pues la condición o cualidad del ser yo Uno o "Yo-otro", ya dije ~ue
era un modo de designar para distinguir. Ni siquiera el Yo de la autoconciencia es bueno o malo, pues aún no ha empezado la acción en lo social, frente
a los otros, y todavía, por tanto, no se ha definido en sus cualidades éticas,
aunque el Yo, por ser toda persona íntima eticidad, tienda a manifestarse
socialmente como conducta ética. El yo empírico-social es el que posee y tiene
cualidades y propiedades. Pero el Yo no puede ser poseído.
.
Y por cierto, que, de diverso modo, puede el Yo ser posesor. No poseo m1
cara, como poseo mi abrigo o mi familia o mi lenguaje o mi modo de ser.
Mi abrigo es mío y lo puedo usar, vender, modificar etc. . . Mi cara es mía,
pero no puedo enajenarla, aunque sí quizás modificarla en algo, pero no en
lo fundamental de ella que es la expresión. Mi lenguaje lo puedo modificar
hasta cierto punto, pero no es mío, aunque puedo habérmelo apropiado. Cuando me apropio de algo no lo hago mío, lo hago mí mismo, y mejor, mí propio, como ocurre con mi fe o con el lenguaje que adopté a los diez años y
que ahora forma parte de mí mismo. Pero mi familia, como mi nación, no
son mías en ninguna de esas acepciones, más bien al contrario, soy yo quien
pertenece a la familia o a la nación. El Yo no puede ser poseído, pero puede
en la acción social, integrarse en pertenencia a una comunidad, manteniendo
siempre su singularidad y su intimidad personal, inaccesible. Apropiarse de
algo es hacerlo un poco Yo, pero el Yo nadie que me sea ajeno puede apropiárselo. En cambio el Yo posee y se apropia, y gracias a ello se sostiene
vertical y único. Y para ello se vale del Me o Mí en sus formas más variadas
de posesión y de cualidades. Yo soy yo gracias a mi sentimiento, a mi modo
de ser, a mi lenguaje, a mi familia, a mi nación, a mi raza y mi estirpe. Y
poseyendo a Mí, posee cuanto éste posee. El Yo no es una cosa y no puede
ser poseído ni apropiado. Pero si no puedo poseer y mandar en mi Yo, sí puedo
73

�poseer-me, mandar en Mí. Y de un modo genuino. Y por todo esto, no acepto
a~uello de Ortega de que, al decir "mi vida" sea el Yo el que posea a mi
vida, después de decir también: "Yo soy mi vida". Poseo mi vida, pero no mi
Yo; luego el Yo, mi yo, no es mi vida. La vida mía es tan ajena al Yo como
otra vida cualquiera, más ajena por más próxima. Luego volveremos sobre
el Yo en Ortega, y el Yo en general.

EL ENCUENTRO Y EL RE-ENCUENTRO CONSIGO MISMO

La primera acepción etimológica de "en-cuentro" es ir o estar en contra
Y así ocurre con el choque de las cosas físicas, las cuales chocan y se en~
cuentran tanto más, cuanto más en contra y de opuesto sio-no sean sus trayectorias vectoriales. Pero en todo caso, en las cosas, el encu:ntro es ocasional
Y no buscado (ni siquiera es buscado cuando chocan porque se atraen), y en
ellas, hay encuentro, pero no se encuentran reflexiva ni recíprocamente sino
·
, hay encuentro sin encontrarse
'
q'.1e ese ""di
se e encontrarse es pasivo,
y as1,
n,1 buscar-se, al revés que en los hombres que se buscan y se encuentran rec1procamente.
Pero_ ¿y las cosas con el hombre? Ante el hombre, las cosas son encontradas,
en pasiva, Y no pocas veces puestas en contra del hombre mismo. Pero no
P?rque ellas se le pongan en contra y le resistan (como tantas veces se ha
d1ch?) no; las cosas aspiran ( es un decir) no a encontrarse a sí mismas (pues
no t1en~n "sí mismo") ni recíprocamente (pues no hay reciprocidad entre
ellas), smo que, ante el hombre, aspiran a ser halladas, descubiertas O destacadas de entre la espesa coseidad, a ser presentadas. Antes de s:r cosas
eran entes y aspiraban a ser vestidas de ser, presentadas y presenciadas po;
el hombre, y como entes desnudos se ofrecen en el "hay" universal. La primera obr.~ universal ~~ da en el "hay", no en el ser, el cual supone ya la
presentac1on y la acc1on presencial del hombre sobre los entes para hacerlos
cosas, seres-qué. Las cosas son lo ob-vio; las personas son lo pre-vio. Ya hablé
de esto en otras partes. Ahora basta con esto:
No hay oposición ni resistencia de las cosas al hombre. Ellas se ofrecen
dan como son, sin ocultaciones ni resistencias. Si a veces nos salen físic:
mente al paso ( una montaña, una piedra, un animal dañino) es precisamente
ofre~~éndose ~l tr~t~ y a la intelección del hombre para su evitación y remoc1on. Son mtehg1bles porque nos instan y excitan a ser inteligidas. Pero
ellas se dan y ofrecen como son. Y el hombre busca cosas por el universo
porque las necesita metafísicamente para ser quien es. La resistencia que
hallamos en las cosas no procede de ellas que se ofrecen siempre, sino de nuestra

propia intelección, de nuestra actuación, de nuestras propias sombras existenciales o de la obstinación y las sombras y obstáculos puestos en nuestro propio
camino de búsqueda, por nuestros errores, nuestras pasiones y las obnubilaciones creadas por esos errores. Quizás el progresar del hombre a lo largo de sí,
personalmente, y a lo largo de la Historia, quepa entenderlo como un avance
en disminución de obstáculos, penumbras y resistencias para su inteligencia.
Al fin, el primer obstáculo y la primera sombra proceden de su. propio cuerpo
al que necesita ir levizando y superando en sus resistencias. Pero el cuerpo
del hombre no es una cosa que se encuentre ahí, fuera, objetivando, sino su
mismo ser en el mundo natural, y también ese cuerpo suyo aspira a ser
superado y ennoblecido, también se ofrece como es y se da en servicio al
hombre.
Las dificultades brotan de mi cuerpo, de mi situación encamada; es mi
cuerpo el que pesa y se resiste al desplazamiento, el que halla resistencias de
superficies al tacto, de las cosas lejanas y demasiado cercanas a la visión, de
la resistencia del aire al andar, etc. Pero nada de esto resiste a mi espíritu
y mi inteligencia que salva la gravedad, las lejanías, las resistencias físicas.
También las cosas en su ser parecen resistir a mi inteligencia, pero es ella la
que se confunde y traba y dificulta en su discurso, en su metafísico andar,
y gracias a ello yo progreso y voy sabiendo, pero con la ayuda de los hombres. Si no hubiera dificultades el conocer y el saber humanos serían instantáneos y universales, como la mirada de Dios. Pero no es así. La inteligencia
del hombre hay que irla ayudando a ser y desarrollarse en sus posibilidades,
a la vez que ir creándole, entre todos los hombres, posibilidades nuevas. Por
· eso, para saber y conocer y fundar la cultura sobre la Naturaleza, necesitamos
la cooperación y la referencia de los otros: el libro, la noticia, la manufactura,
el símbolo, la narración, el habla, el lenguaje. La aparente resistencia de las
cosas es pobreza y defecto mío, resistencia mía, pues lo que parece que me
resiste soy yo quien, con mi pobreza, lo ofusca y dificulta.
Tampoco hay resistencia de los otros hombres ante mí; tampoco los tengo
ordinariamente en contra. Los hombres se buscan entre sí en metafísicos y
trascendentales rastreos. Se transrecuerdan como de una última y primera
comunidad en que todos los hombres participan. Los hombres también se dan,
expresándose. Siempre se expresan como son, pues hasta cuando se ocultan
y disfrazan y mienten están diciendo de algún modo que son mentirosos,
máscaras y ocultadores. No hay dificultad ninguna para que un hombre y
otro se presencien; más aún, es inevitable su presencia mutua y su cooperación presencial, su copresencia. Juntos, los hombres hacen la Historia, hacen
la Cultura, y la civilización (que ahora no sé si es o no lo mismo) y juntos,
es decir, después del encuentro o reencuentro (pues ya se sabían y barruntaban) se aman o se odian, pelean y se asocian . . . Las dificultades, las re-

74
75

�sistencias y mutuas hostilidades de los hombres entre sí, surgen, no de sus
presencias personales, sino de sus individualidades, de presentarse unos a otros
en sus cuerpos y atuendos físicos respectivos. Cada uno, como logos encarnado, halla en sí resistencias y dificultades que aumentan al presenciar a los
otros también vestidos de corporalidad, de modo que más que verlos, los
entrevé; y como cada uno, al expresarse, halla dificultades, los hombres se
entrevén, como manifiestos y como ocultos, en suma se hallan, pero revelándose, en ambigüedades y penumbras. No hay encuentro entre los hombres,
sino re-encuentros; cada uno se encuentra a sí y al otro; se ven otra vez, después de haberse olvidado de los orígenes, y al re-encontrarse, hay un afán
de confronte, de reajuste como molecular. Al primer contacto social de dos
hombres, puede verse que se espían, se observan, casi se registran, buscando
confrontes y reajustes mutuos. Y en cierto modo hay mutua invención, esto
es, hallazgo o descubrimiento a medias. Y brota el diálogo y la dialéctica
social que es como prolongación y proyección de la dialéctica existencial, en
la profundidad de cada persona individual. El reencuentro social de los hombres entre sí, es afán de interpretación recíproca porque es un mutuo preguntar, una callada inter-rogaci6n en busca de posibilidades de restauración
de la comunidad, si no perdida, al menos traspuesta y olvidada.

..

El verdadero encuentro del hombre es, primariamente, originariamente, el
encuentro consigo mismo, y ese encuentro, como toma de contacto consigo,
como auto-conciencia, hace posible el reencuentro con los otros. Se buscaban
los hombres antes de conocerse, pero una última comunidad les llevaba a la
búsqueda y al reencuentro. Certeramente dice Lain que en el encuentro de
un hombre con otro, en el paleolítico, en sus emigraciones y correrías, el hallazgo de un hombre desconocido, que sin embargo reconocía como hombre
debió ser "una excitante mezcla de alarma y de delicia" "Teoría y realidad
del otro" (II-42). No la alarma experimentada ante el animal que se mostraba peligroso, ni la delicia ante la presa buscada con hambre, ni tampoco
el encanto misterioso, la alegría y la pre-delicia, experimentada ante la mujer
(en la atracción sexual está el principio biol6gico de lo social), sino la delicia,
el júbilo secreto e indecible, de un ser en quien reconocía comunidad presencial, coparticipación en un transfondo; y alarma por entreverle oscuramente manifestado a través de un cuerpo como el suyo, con posibilidades
de hostilidades y resistencias, de formas ambiguas de acción hacia él. "Delicia
y alarma" porque ese "otro" primero, se le revelaba y él solamente la entreveía.

ENCUENTRO CON EL CUERPO PROPIO Y CON LOS OTROS

Hemos visto a qué profundidad se encuentra el hombre consigo, Y cómo
ese encuentro marca ya la unidad dual del hombre, como un " para sí". p ero
también hemos visto que, en esa profundidad se insinúa ya lo que h~y en él
"para otros", y por lo tanto, se prevé y anticipa el. enc_uentro posible con
ellos. Antes que mi cuerpo, experimento mi autoconc1enc1a y en e_lla, se da
mi primer encuentro conmigo, y "antes", quiere decir ahí más radicalmente.
Luego, hay encuentro con mi cuerpo; y con los otros hombre~,, con Y entre
las cosas del mundo. Son diversos encuentros, pero esa enumerac1on y el orden
con que acabo de enunciarlos, no indi_ca ~riorid~d rel_ativa. en el orden de
aparición. Lo que indica es prevalencia, Jerarqma ex1stenc_1al, rango metafísico y axiológico en la autenticidad y el saber en profundidad. del. hombre
sobre sí. Que no repare en mí mismo, como Yo y como autoconc1enc1a, hasta
que el encuentro con otros me hace refle~ionar, ~oblarme _sobre mí, Y t~mar
notas y noticias de mi propio Yo, no quiere decir que m1 Yo sea derivado
del Yo ajeno, ni mi presencia y mi autoconciencia hayan brotado porque
hay en el mundo otras conciencias y presencias; ni quiere decir tampoco que
mi Yo no sea previo -para mi conciencia- a todo "otro" sólo, porque ~nt:s
de verme como yo, haya necesitado ver socialmente a otros. Es como _si dijéramos que para mi conciencia de hombre, el espejo en que me nur? es
anterior a mí. Eso de que primero presencio a otros, y luego me ~resenc10_ a
mí, se dice y manifiesta así, porque se está pensando en temporalidad social
y hablando de un Yo también social, pero no se está pensando en el Y? m~tafísico primordial que brota en la conciencia de ser hombre. Esta conc1enc1a
y este Yo primordial, son anteriores metafísicamente a todo otro Yo y por
tanto, también al Tú. Antes que un Tú, hallo mi Yo-otro.
Lo mismo, o cosa análoga, ocurre con el encuentro con mi corporalidad.
No puedo ser metafísicamente posterior al encuentro de otros cuerpos humanos, porque sólo desde mi cuerpo puedo encontrarme con los de otros hombres
y con otras presencias corporalizadas. Que yo haya tardado en darme cuenta
de mi propio cuerpo, y que pueda juzgarle y mirarle y considerarle -desde
fuera de mí- como otro cuerpo, o como un cuerpo cualquiera, no quiere
decir que mi cuerpo no me sea más primario e inmediatamente dado que todo
cuerpo humano. Precisamente por mío y por propio y por inmediato, necesito
desacercarlo, objetivarlo como algo extraño para verlo. Después de haber visto
y mirado y tocado otros cuerpos humanos toco, miro y veo el mío (en el
espejo, en el cine) de un modo lejano y objetivo. Es evidente que yo siento
mi cuerpo de un modo evidente e inmediato, tan in-mediato y e-vidente,
que para darme cuenta total y objetiva de él, preciso salir - al menos men-

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�talmente-, y verme en totalidad y configuración desde fuera: verme en el espejo o en el cine o en la televisión u oírme en mi voz resonada, en mi cráneo,
o reflejada en el magnetófono o reproducida en la radio; y tocarme con mis
manos otras zonas de mi piel, y oler mis olores, conservados en mi vestido
o en las ropas de -mi lecho. Y si huelo mi aliento o mis meteorismos por ser
míos, no me desplacen como si fueran de otro, y no puedo hacer que me
parezcan de otros. No puedo verme directa e inmediatamente mi cara ni mi
espalda o mis orejas; sólo puedo verme, y no bien, por falta de objetividad,
mis manos y mis piernas o mi vientre. Este cuerpo es tan mío y para mí.
que no me parece un cuerpo, ni siquiera éste, sino sólo mi cuerpo algo inefable
como algo integrante de mi Yo, y precisamente de mi yo metafísico. Porque
lo más difícil de entender es que este cuerpo que soy yo, aun siendo masa física
al tacto y a la vista, y aun percibiéndolo yo de modo cenestésico, intraorgánico,
o sensorial, lo experimento metafísicamente. Hasta cuando padezco dolor y malestar, la totalidad de mi cuerpo es tan mía que su experiencia o vivencia
es de orden existencial. Hay una imposibilidad de objetivar físicamente mi
cuerpo. El cuerpo de los demás lo percibo como protuberancia o bulto en el
espacio físico, algo que se mueve y que está como detrás de una presencia
y un espíritu corporalizado en esa protuberancia. Presencio su presencia, y
luego, tras de ese presenciar, percibo su cuerpo, no ya como cuerpo bruto,
sino como cuerpo humano, como cuerpo desde el cual aquella presencia
personal pre-vista por mí, actúa. Y aun percibiendo en la distancia o en la
penumbra, un bulto o protuberancia, aunque le vea como posible cuerpo
vivo ( no sé si humano) le veré, como arquitectura no de cualquier cuerpo
físico, sino como organismo. Y si lo veo como hombre, tras de su presencia
percibo un cuerpo vivo que se autoconduce y expresa.

MI

CUERPO Y YO: CUERPO Y CARNE

Y sin embargo mi cuerpo me sitúa en el espacio y me da un impreterible
e insuperable "aquí". No puedo saltar de él y actuar desde otro cuerpo. Ni

puedo objetivarlo ni puedo actuar sin él. Con él me sitúo físicamente en el
mundo, y a través de él, obro y opero. Pero me sirve no de "instrumento"
sino de "medio", pues el "medio" tiene continuidad con el agente; el "instrumento", no, es separable de él. El cuerpo al hombre no le es instrumento
sino medio; y no órgano ni suma de órganos, sino organismo. Y el organismo
humano lo es, no solamente por la concentricidad y la correlación funcional
que hace C?&lt;)perar a todos los miembros y los órganos ( y no son la misma
cosa, "miembros" y "órganos"), a una finalidad común, sino que el orga-

78

nismo humano lo es porque está transido, transfundido y trasminado por algo
transcorporal. El organismo del animal es organismo vital o biológico. El
organismo humano es biográfico, está perfundido y perfumado de lo espiritual, que es lo que le confiere la condición de "humano". Basta recordar que
yo puedo enmendar y corregir mi organismo, y que, de hecho todo hombre
educa, corrige y enmienda el suyo, de varios modos; y hay quien pone el suyo,
con la corrección, "como nuevo". La cosmética, la higiene, la cirugía, la
ortopedia, la dietética, la terapéutica misma, no hacen sino trabajar por
corregir y modificar al organismo, a veces, hasta en sus entrañas y raíces.
Alguien manda en mi cuerpo, que no es él, sino Yo, pues aún siendo
otros hombres los que me lo corrigen, se entiende que es con mi aquiescencia
0 mi mandato. Mi cuerpo se integra en mi Yo. Yo no podría serlo, ni tomar
autoconciencia presencial, ni presenciar a los demás, ni presenciar y presentar
cosas en el mundo, sin mi cuerpo. Pero yo soy mucho más que mi cuerpo. Incluso alcanzo a estar de modo espiritual, donde mi cuerpo no está ni me ha
llevado: por el recuerdo, por la fantasía, por el pensamiento, por el proyecto,
por la espera. Pero gracias a mi cuerpo me es posible recordar, proyectar,
mirar, ver, etc ... Por él me hallo situado en un mundo y trato cosas. Pero
por todo eso, mi cuerpo no es un "organismo vivo cualquiera", como puede
serlo -y lo es- el del animal. Este organismo humano está asumido por
alguien que es más que vida animal; pero todo mi yo se trasume de él y me
es inseparable y aún indiscernible o distinguible. No me es -como decíaun instrumento extraño como unos catalejos o un aparato ortopédico, pues
estos instrumentos no ven ni tocan ni perciben, ni conmigo ni sin mí. Pero
mi cuerpo ve, y yo, con él, miro. De los catalejos puedo desprenderme y seguir mirando y viendo. Pero de mi cuerpo, no. Y es que mi cuerpo me pertenece, tiene relación pertenencia! con este Yo que soy con él y gracias a él.
La relación genitiva con mi cuerpo no es de posesión -como un objeto
extraño-, ni de propiedad en cuanto cualidad mía, pero me es propio en
cuanto es sustantivamente Yo, y es de mi pertenencia, en cuanto es integrado
y asumido por mí. Mi Y o no puede actuar sin mi cuerpo ( no sin un cuerpo,
sino sin "el mío", que es mío pertenencialmente, y por serlo, deja de ser uno
cualquiera), pero mi cuerpo no sólo no puede actuar humanamente sin mi
Yo, sino que, sin él, ni siquiera sería cuerpo humano sino sólo carne. Ortega
distingue "cuerpo" y "carne" y, con él, Zubiri; no recuerdo si con algún
matiz diferencial, pues no tengo a mano los textos. Ortega parece rehuir la.
sola denominación de "cuerpo" que es común al mineral, al astro y al electrón. Y halla que la "carne" se distingue de todo ello. Pero también hay
carne en el animal, y con ella sola, no diferenciamos a la del cuerpo humano.
Y si con el vocablo "came" se quería distinguir la del "cuerpo" del hombre,
hubiera bastado usar otro nombre técnico, o mucho mejor, el de "cuerpo

79

�humano", y no el de "carne", que es vago y genenco, tanto como el de
"cuerpo". Sin duda la noción de "carne" excluye la de cuerpos geométricos,
minerales, vegetales, gaseosos y sidéreos. Pero tampoco alude diferenciadamente al ser vivo, puesto que los vegetales son vivos y no se habla de "carne"
en el vegetal. Carne, pues, sólo es aplicable al cuerpo animal. Pero el cuerpo
animal se compone de algo más que de "carne" (sangre, hueso, humores,
linfa etc.). No todo el cuerpo animal es, pues, "carne". Y hay, además, animales (como los insectos o el pescado) que más bien se contraponen a la
noción de "carne"; por ejemplo, en la abstinencia cuaresmal. Y, en fin,
cuando en el uso ordinario del idioma hablamos de "carne" solemos atribuir
su concepto, al de animal, sí, pero al animal ya muerto y descuartizado. Sabido es cómo la noción de cadáver se ha vinculado a la de carne muerta,
dada a los gusanos: ca(ro), da(ta), ver(mibus).
Mientras "cuerpo" implica la noción de organización, de estructura, de
jerarquía en las partes, la "carne" no tiene órganos ni partes articuladas ni
jerarquía. El cuerpo del animal, en general, implica la "carne", pero la carne
por sí, no indica organización; y tal concepto de "carne", ¿ qué valor puede
tener fuera de lo~ mataderos y del gremio de hostelería?, ¿ acaso hay carne
fuera de toda corporalidad? No. Pero es la estructura corporal la que ennoblece a la carne, que es sólo parte del cuerpo, y parte indiferenciada como
concepto, pues ella, en sí no comporta la idea de estructura ni de organización,
como la noción de materia nada dice de ella si no se estructura físicamente de
algún modo. Ni hay en la Naturaleza materia prima, ni hay "carne" sin
corporizar. Y lo que conforma la individualidad, no es la carne, sino la estructura de ella, la organización, el cuerpo. Se puede teorizar y especular
sobre la materia prima y sobre la carne, pero, en el mundo físico, en el biológico y en el humano, no hallamos más que cuerpos. Fuerzas físico-químicas
edifican y labran cuerpos inertes. Fuerzas físico-químicas dirigidas por otras
biológicas edifican y labran cuerpos vivos, animales o vegetales. También en
el hombre hay corporalidad, la cual no es meramente un cuerpo vivo, labrado
por la biología, más bien es dirigido en su organización por algo que
no es físico ni biológico, sino espiritual. Y la edificación corporal resulta la más compleja, delicada y noble. ¿ Y hemos de definir al hombre
por la "carne" y no por la organización corporal? Si se amputa un brazo,
una pierna, un trozo de carne muscular, no resultan dos "cuerpos" ni dos
"carnes", sino un cuerpo, aquel fragmento en que aún dura la vida y continúa
como unidad vital, y un trozo de carne muerta, la del miembro o pedazo
fragmentado. Lo que vive en el ser vivo es el cuerpo, no la carne. La carne,
como tal es masa; el cuerpo es organización, arquitectura y jerarquía de partes. ¿ Que la noción de "carne" supone implícitamente la de vida, en cambio
la de cuerpo no? Pues dígase "cuerpo vegetal", "cuerpo animal", cuerpo

80

humano", y nadie los confundirá con esos cuerpos que son los poliedros, las
rocas O los astros. Ortega no sólo ve en la "carne", vida, sino algo más: expresión, pues para él, siguiendo a Klages y a Scheler, todo lo cósmico se
expresa, y sobre todo, lo vivo. Y así dice: "Carne es constitutiva y esencialmente cuerpo físico cargado de electricidad psíquica; de carácter, en suma"
(O.C.V.-547), pues "sólo la carne, y no el mineral, tiene un verdadero dentro" (O.C.II-571). Y en otra parte: "Cuando un cuerpo es señal de una
intimidad, que en él va como inclusa y reclusa, es que el cuerpo es carne,
y esa función que consiste en señalar la intimidad, se llama "expresión". La
carne, además de pesar y moverse, expresa, es expresión ( El hombre Y la
Gente, 118). Bien. Pero cuando una mujer nos gusta por su "carne" y lo sabe
ella, se disgusta, porque sabe que no buscamos ni su intimidad ni su expresión.
No agradece los elogios a su carne, pero sí agradece los elogios a su cuerpo;
ella rastrea que el cuerpo es más noble que la carne. Ya veremos luego cómo
. " cuerpo para ot ro" ,
la mujer, no es "cuerpo para s1'", como d'ice Sartre, smo
y no hay desconsideración ni irreverencia para ella. Y concretando ya sobre
el hombre, Ortega precisa: "La Carne nos presenta de un golpe y a la vez,
un cuerpo y un alma en indisoluble unidad". Pero no es la carne la que nos
presenta esa unidad, sino el cuerpo que no es un cuerpo cualquiera sino
un cuerpo humano. . . ¿ Se nos presentaría también con esa unidad de cuerpo
y alma toda la carne de un cuerpo en trozos reunidos en montón? Lo que
decide no es la masa de carne sino la estructura y la edificación corporal.
Pero Ortega sigue: "No vemos nunca el cuerpo del hombre como simple
cuerpo sino siempre como carne; es decir, como una forma especial cargada
de alusiones a una intimidad" (O.C.II, 573-574). No comprendo qué quiere
decir Ortega en ese último texto. No se ve cómo podrá expresarse la carne
y ser decisiva para la interpretación del hombre, si esa carne no es estructura
y organización corporal. La carne expresa, si expresa, a condición de estar
corporalizada. Pero él a continuación del texto últimamente citado no se
arredra ante las últimas consecuencias y dice: "en el cuerpo del hombre, el
verbo se hace carne" ( lbid. 574) .
Si en los textos paulinos y evangélicos se habla de la "carne" es por hablar
de un modo intensivo y plástico, como hablamos aún hoy de la contraposición
de materia y alma en el hombre, a sabiendas de que no es la materia como
tal, la que se contrapone al alma sino la materia organizada y corporal. La
expresión "El Verbo se hizo carne" es una expresión intensiva y literaria,
metafórica y no científica. Es la misma acepción en que ha quedado la palabra
"Encamación", tan usada por la filosofía de hoy. Y puede seguir diciéndose,
a condición de no trabucarse filosóficamente, tomando metáforas por precisiones científicas o filosóficas. ¿Qué médico o que biólogo habla hoy científicamente de carne para tomarla como más expresiva y precisa que la noción

81
H6

�de cuerpo? En lenguaje filosófico y cargado de sentido de lo que va dicho
antes, yo enunciaría así: "En la carne del hombre, el Verbo se ha hecho
cuerpo".

ESQUEMA DEL YO Y EL CUERPO DE OTRO

A la autoconciencia del Yo, el cuerpo aporta lo que llaman el "esquema

corporal'', la vivencia indiferenciada de ese esquema, que no es sino el complejo de auto-cepciones ( lo que llaman ••propio-ceptivo") de diverso signo:
el postura!, el de altura, el de la marcha, el de la expresión, el del habla
etc. . . etc. . . Es como una vaga y confusa conciencia corporal, sobre la que
destacan movimientos, afecciones, sensaciones, estímulos, que sobremontan
el umbral para formar parte del "contenido" de la conciencia. La llamada
vivencia de "el esquema corporal" es descartada. Es más que "esquema". El
esquema corporal es resonancia tenue y leda de la corporalidad en el Y o. El
esquema corporal es la conciencia irreflexiva del Yo, la que me insta a intencionalidades no buscadas en la reflexión. El Yo hace que el cuerpo sepa
de sí mismo, le presta la conciencia reflexiva que el cuerpo por sí, no tendría.
Hallo mi cuerpo, lo encuentro incluso en mi Yo, y precisamente en mi Yo
empírico, el cual no por empírico y existencial, deja de ser metafísico, puesto
que trasciende mi corporalidad. Que como antes dije, no se trata de un cuerpo
sino de mi cuerpo, con un "mi" pertenencia! y no posesivo. Scheler, aprovechando que en alemán, frente a ••Korper" (que es cuerpo vivo y objetivado)
se dice "Leib", en la acepción de cuerpo propio que se vive, ha formado
"Leib-ich", el propio Yo corporal, nomenclatura que alguna vez acepta Sartre.
Pero ya he dicho que, para mí, no hay "propio" cuerpo sino cuerpo pertenencia!.
El Yo es ejecutivo porque es un complejo de hechos y actos; son "hechos"
los del cuerpo sin autorización expresa del Yo, y son "actos" las determinaciones del Yo con, sin o contra las inclinaciones corporales oriundas de lo biológico natural. Mis vísceras funcionan con hechos, en los cuales no influyo
directamente con mis decisiones voluntarias y conscientes, aunque puedo
influir en esas vísceras y sus hechos por modos indirectos. Mi voluntad, mi
pensamiento, mi fantasía, son actos. Pero todo, hechos y actos integran mi Yo.
Aunque soy más que mi cuerpo, con él y gracias a él estoy sienda quien soy.
Y ese "siendo" indica acción. No movimiento sino acción, aunque cuente con
movimientos corporales. El Yo no es algo quieto ni dinámico, acabado ni sin
acabar; es un "siendo" existencial en función de la persona que le presta su
acción gerundiva. Por eso el Yo es ejecutivo y aun empírico, hasta cuando

82

actúa metafísicamente. El Yo ejecuta a la persona metafísica, la cual es acción, pero no ejecución; el agente ejecutivo de la person~ es el Yo. ~ el
órgano de ejecución del Yo es el cuerpo, es decir, el organism_o, la totalidad
orgánica de su cuerpo. Yo no soy mi cuerpo sino que soy qmen soy en ~ a
través de mi cuerpo: con él y a través de él, me ejecuto y cumplo como, qmen
soy, y ese "quien" no me Jo da mi cuerpo, pero coopera a que 1~ sea, catandose
él de la "quienidad" de la persona, gracias al Yo en que se mtegra, un Yo
necesariamente empírico, pues el propio ••yo presencial" lo es, por ser experimentado de algún modo en la autoconciencia.
.
Que sea mi cuerpo un organismo, el mío, aquel en que y con ~ue m1 Yo
organiza su individualidad (no porque indivi~ualice e~ cuerpo, smo porque
mi cuerpo Jo individualizo Yo) no quiere dec1~ q~e m1 cuerp~ me ob~dezca
siempre de modo ciego y automático. Su obed1en~1a no es ~as:va, de m~t~umento ciego y sordo, sino cooperación activa de umdad organ1st1ca, que, smergicamente, contribuye a la realización de fines que le son tr~nsc~ndent~s y que
él no ha propuesto. Con sus funciones no inventadas por el, ~ por el c~rregidas O modificadas, coopera a la unidad superior en ~ue se. mtegra Y s1n:e,
y Yo, con mi cuerpo, he de contar para no dar órdenes rmpos1b!es de cu~phr.
Por ejem.: No puedo ordenarle que vuele. Mi volunt~d, m1 pensami&lt;:n~~'
todos mis mandatos sobre mi cuerpo, deben contar con el y co~ sus pos1b1hdades aunque esas posibilidades puedan ser aumentadas por m1 Yo. Lo qu~
digo ~s que en todo caso, hay que contar con las posib~lidades que y~ m1
cuerpo tiene. Ni puedo saltar sobre él ni p~edo expenmen~r sensaciones
y percepciones O expresiones que otros expenmentan o reahzan desde los
suyos.
.
Si no cuento con las posibilidades y límites de mi cuerpo, con sus aptitudes
y capacidades, mi cuerpo y yo pueden diverger y aún coli~i~, perturbándose
y aún desquiciándose la yoidad, la cual, en efecto,. es un q~c10, sobre el cual
se centra, vertebralmente, como sobre un eje, la pnmera urudad dua~ de cada
hombre, la de cuerpo-espíritu (dualidad que no se debe confundi~ con la
profunda que hemos visto dibujarse de Yo-uno y Yo-otro en la umdad del
Yo presencial). Puedo tener hambre y no querer s~ti~facerla, Y mantener la
disparidad O divergencia horas y días, pero con un lím:te, pu~s el ayuno excesivo puede anularme la conciencia e impedirme segutr que_:iendo º. no. queriendo. Es que el Yo tiene que contar con su cuerpo. Suenos, alucmac1ones,
parestesias, pueden significar divergencias, no de alma '. cuerpo co~o suele
decirse, sino entre la corporalidad y el Yo, los cuales diverge~ prec'.samente
sobre el fondo de su unidad común y compartida. Las amb1valenc1as afectivas no son divergencias de cuerpo y alma, sino dobles afectaciones del Yo,
que no se unifica bien en su unidad profunda, unas veces influído por tendencias, inclinaciones e impulsos oriundos de lo corporal, y otras, por rupturas
83

�internas al Yo que no obra unitariamente y anda zarandeado entre indecisiones, debilidades y perplejidades. El Yo, para ser ejecutivo, ha de ser enérgico y
unitario, y en esos casos el Yo fluctúa y se bifurca. Es un Yo que no incardina ni
da unidad de acción; es un Yo des-sujetante, incapaz de obrar, de consuno,
con su cuerpo y las posibilidades y aptitudes de ese cuerpo, o bien incapaz
de sujetar la acción a un sentido central que es el que se origina en la persona
profunda y él transmite y administra. El llamado "autismo" en alguno-nos
esquizofrénicos, no es propiamente "autismo" porque con la rotura del Yo
falta el "autós" a que referirlo. Lo que hay es "des-yoización", pues un Yo roto
no es un Yo. Tampoco debe hablarse -desde este punto de vista existencial
y metafísico- de "despersonalización", pues sin persona metafísica, sin presencia personal, no hay hombre, pero puede haberlo ( aunque deficitario y
enfermo) sin un Yo que actúe como sujeto y quicio. Y es entonces cuando
el cuerpo queda destimonado de sentido existencial, lejos de la persona me.
tafísica, sin que entre ambos, actúe el Yo ejecutivo que transmite el sentido
de la acción y la presencia personal. Un cuerpo mal dirigido o mal administrado en sus posibilidades, lo mismo que un Yo débil, tan poco enérgico
que hasta no unifica bien, da desquiciamiento. Y los psicópatas no son sino
estos individuos vistos desde el ámbito social y que los demás no saben interpretar bien en su conducta.
El cuerpo del Otro es posterior a la presencia de ese Otro para mí, pero
su cuerpo es, ante todo, para él, de un modo que yo no puedo experimentar
ni ver y que sólo alcanzo a imaginar por vagas analogías. Me es evidente su
unidad individual, en su presentación corporal, en su relieve físico-espacial.
Pero primero capto su presencia personal, luego su contorno o esquema ( que
ahora, objetuizado, sí es "esquema") corporal objetivo, luego su bulto, y,
por fin, reparo en su cuerpo como organismo correspondiente y pertenencia)
a esa presencia personal suya. En su condición de persona y presencia, se me
aparece en comunidad; como_cuerpo y esquema corporal, es algo distinto y
lejano. Como persona en comunidad presencial con la mía, es de algún modo
un "para mí"; como individuo físico-social su cuerpo es "para sí", para él.
Pero a toda su individualidad le hallo una expresión que no es la que experimento en mí, pero que se parece a ella. No puedo salir de mi cuerpo ni de
mi expresión, pero veo, percibo, otros cuerpos igualmente humanos, e interpreto expresiones igualmente personales. No puedo decir que sea el cuerpo
del Otro un mero objeto para mí, porque ni lo he elegido entre cosas como
objeto, ni es totalmente una cosa, ya que lo percibo como persona que me
presencia y acaso me ve y mira. Si me fuera sólo "objeto", no me sería "el
Otro" sino "lo Otro": Pero si me es "el Otro", no me lo es al descubrir su
bulto como un "qué" sino como lo que está fuera de toda objetividad, como
un "quién"; entonces me es "alguien" y no "algo", pero estas nociones de
84

"quienidad" y de "alguienidad", las obtengo, no de su ob_jetividad_ ni de su
bulto sino que las hallo en mí y de su comunidad presencial conmigo. Antes
de se:me Otro-yo, antes de serme objeto, me es "alguien" y me es ~Quien",
por la presencia con que se adelanta a su objetividad de bulto o ~ehe~e corporal. El Otro es transcendido por su presencia personal. Yo no se qui~n e~,
pero si su presencia me llega por delante no c~~o heraldo, ~o como 1lum1nación que antecede al foco, sino como expres1on de comu~:dad, ante~ _del
encuentro con él, es que está este reencuentro en la comumon del espmtu;
y lo sepa bien o no lo sepa, pre-siento, al~en y no algo, ~ui~n. y no qué. El
re-encuentro presencial y personal es prev10 al encuentro mdiv1dual. Su presencia personal, es, en esta acepción transcendental, para mí; pero su cuerpo
y su individuación es para sí, para él. Puede ocurrir y ocurre de hecho muy a
menudo, que al ver un hombre que avanza hacia mí, oscurament~ rebozad?
de distancias, yo, barullentamente ofuscado en mis propias confusiones y hgerezas, no repare en lo que tiene de presencial eso que avanza, y sin esperar
a clarificar mi conciencia de la presencial personal que me está llegando, lo
instituyo y nombro como cosa u objeto físico. Pueden fallar mis sentidos y
tomar a un hombre por una vaca, una roca o un árbol. Pero soy Yo quien se
equivoca, no mi sentido personal que reconoce lo presencial aunque. no reconozca al individuo humano que lo proyecta. El cuerpo humano a1eno se
me da no como cosa inerte, sino como alguien expresivo y presencial.

EL

CUERPO DE VARÓN Y DE MUJER

Mi cuerpo es pertenencialmente, no posesivamente, mío; es un "para mí".
El cuerpo de los otros es para sí, para cada Yo que lo sujeta y enquicia. Pero
mi cuerpo, que es "para mí", resulta, en el ámbito de lo social, también
"para otros". Los otros encuentran mi cuerpo de un modo radicalmente
distinto de como yo me lo encuentro. Ellos lo encuentran no como objeto
-salvo las ofuscaciones ya antedichas-, pero tampoco como sujeto, a no ser
que hablemos de un "sujeto objetuizado". Pero tampoco es así, pues ellos hallan en mí un "quién" que les comuniza presencialmente, y por tanto una
persona que ha de canalizar y ejecutar su sentido existencial en un Yo, en
Otro-yo distinto como cada uno de ellos, y a la vez lo mismo idém-tico, con
cada cual de ellos. Me ven en primer término como persona presencial, aún
no sujeto y ya no objeto. Mi cuerpo queda para luego y a un lado, como
"cuerpo humano para otros". Es, quizás, eso que Sartre llama dramáticamente "alienación" y que nada tiene que ver con la alienación de Hegel,
aunque sí, quizás, con la de Marx, pero, en éste, la alienación es económico-

85

�social y en Sartre es psicológica. Pero aquí surgen nuevas complejidades del
sentimiento existencial de la corporalidad humana, que Sartre no ha tratado,
me parece. Se trata de algo que puede ser enunciado sencillamente así: Hay
quien enajena, "aliena", su cuerpo, quien lo dona u otorga, y en esa donación,
sin embargo, se recupera, se unifica y encuentra su Yo existencial; dándose,
se encuentra, y experimentando su cuerpo, no como "para sí" sino como "para
otro", se recupera y centra. No mantengamos un segundo más la situación de
"suspense" para el lector que no lo haya pensado por sí solo, más de una
vez: Ese ser humano que experimenta su cuerpo como "para otro" es la
mujer, de modo tanto más patente y paladino, cuanto más feminal sea su
condición humana. Si hay un profundo sentido de servicio corporal, que
gloria al donador que sirve, no es en el esclavo, que siempre lo fue con última
repugnancia de serlo, sino en la prostituta, que halla últimas alegrías en servir
con su cuerpo al gozo de los demás. Ruego al lector que recuerde la novela
"Volvoreta" de W. Fernández Florez. Aclaro, sin detallar para seguir a lo
que voy, que la prostitución por afán de servicio corporal, no es la única ni la
más frecuente forma de prostitución.
Viendo cómo la mujer se acicala, pule y adoba su propio cuerpo, podría
creerse, con escaso rigor psicológico y filosófico, que su cuerpo es mimado y
cultivado para ella, para su recreo y goce. Sólo en la aberración narcisista de
muchas Salomés, de hoy y de siempre, ocurre eso: que el cuerpo feminal es
cultivado para ella misma; es el mito de Narciso. Pero en la mujer normalmente femenina, no es el cuerpo para ella, sino ella para su cuerpo. Y su
cuerpo, así cultivado y embellecido, es para otro; ¿ para quién? Para el varón
elegido por amor, para que engendre en él; para el hijo, que ha de alimentarse
de él; para el medio social en que vive, para embellecerlo y darle delicadeza,
gracias y cortesía o respeto social, una lejanía que se establece socialmente
para mirar el cuerpo y la belleza de la mujer, pero a distancia. Todos los
frenos ( y también todos los desenfrenos) de la vida social humana se originan
en la conducta de la mujer. No se trata de que socialmente, todo hombre
(y por tanto, también el varón) haya de enajenar su cuerpo para ciertas
funciones de tipo social (yo no muevo mi cuerpo en el desplazamiento cuando
me conduce el "Metro" o el taxi, ni soy dueño de mi cuerpo, sino que de
algún modo lo enajeno, cuando me doy al pintor, al fotógrafo, al cine, a la
Televisión, o me dejo manipular por el médico que me explora, etc., etc.)
sino de una enajenación corporal más profunda hasta lo metafísico, que es
lo que hay que saber ver en la mujer.
En las formas más decisivas y ricas de la vida feminal, en el recato, en el
pudor, en la discreción (tan contadas y exaltadas por los escritores clásicos)
en el sentimiento de la honra (nótese que es el femenino de "honor, hon(o) ra") lo que resalta es un afán de frenar e inhibir algo que es como una

dormida y secreta impulsión de donación y entrega espiritual y corporal.
La bien llamada "fragilidad'' de la mujer, es esa quiebra, quebrantamiento
0 fallo de frenos o inhibiciones. La coquetería y el adorno corporal e indumentario son modos de "llamar la atención", precisamente del varón y no de
las otras mujeres. Lo que va como subpensado secretamente y dirigido a las
otras mujeres es la cultura intelectual, la posición social y el lujo de la mujer.
Ella se enlujece para las otras, pero se adorna y embellece para el varón, Y no
precisamente para el anciano, sino para el posible candidato a la paternidad
en ella. El recato, el pudor, la vergüenza fisiológica (que ruboriza) así como
la discreción, son manifestaciones de un temor a ceder a hondas impulsiones
del propio cuerpo, así preparado y embellecido. Es lo privativo del individuo
feminal humano que (por sentirse precisamente poco enérgico en su individualidad, y muy débil para sujetar su "para sí" en un Yo que dé unid~d
de sentido y energía para la acción), nota que su cuerpo tiende a fluv1alizarse, a irse dormido, lento y gozoso hacia otro Yo que lo llama, sorbe y
absorbe: el Yo varonil que la enamora. Por eso, el más universal motivo de
enamoramiento, lo que más profundamente enamora a la mujer, es la "gran
personalidad" ( real o aparente) el gran Yo señorial, del varón. Es que el
· y f und ad o " para otro" y no " para ~1,,, .
cuerpo de la mujer está concebido
Ya la concentricidad física a que tiende la morfología corporal de la muJer,
toda ella redondeces, rincones, recodos, hoyuelos y verticilos, da una tendencia a la individuación física, buscando el redondeo, la clausura y el encapullamiento florea!. Simbólica y expresiva~e~te es así, porJ~e la m~j~r se
sabe siendo, existiendo para otro, y para resistir a esa metafmca proc!iV1dad,
se cierra física y metafísicamente sobre sí. Lo mismo que se da así en su
cuerpo (cerrado, "sellado", dice la Escritura) se da en su p~abra, en su_ elocución, en su pensamiento. Todo en ella tiende al hermetismo, a la circularidad, a la perfumación interna, para tesaurizarse y darse en generosa perfumación a otro, por el amor. La gran virtud universal de la mujer es el
recato ( de "recaptarse" o "recabdarse", ponerse a recaudo, esto es re-cogerse)
o sea, la inhibición de los impulsos de donación corporal, manteniendo a los
demás a distancia, en nombre del respeto social. Otra virtud profundamente
feminal es la "discreción". En matemáticas como en ciencia física, lo "discreto" ;s precisamente lo no continuo, lo separado y distinguido, lo individuado en su apartamiento. También la "discreción" como virtud social de
la mujer certifica su apartamiento, su "distinción" y su "recato", con su actitud respetable y respetuosa, sus escasas y medidas palabras, ~ sus _muchos ~portunos silencios. La discreción feminal se compone: de un silencio expresivo y
evasivo, de prudencia moral, de mesura en la palabra, en el gesto y en la
actitud, y sobre todo, de pudor y de recato, de recogimiento en sí misma Pª;ª
perfumarse y lograr riquezas interiores, íntimas, para perfumar a los demas,

86

87

�y mantenerles a respetuosa distancia, sin insinuar su disposición a la entrega
corporal. De ahí el tesoro humano que se supone en la intimidad de la mujer.
Represada, inhibida, más se siente "ser para otro". Y la entrega de su cuerpo
o ( como se dice con eufemia simbólica y expresiva), la "donación de su
mano", por amor, es el triunfo y la gloria de la mujer. Pero esto no significa
"alienación" sino al revés, yoización, pero en otro Yo, en el que se enquicia existencialmente por el amor. La mujer tiene su Yo fuera de sí. Y esto debe entenderse como principio general del sexo. En la medida en que un hombre
atiende y sirve y mima a su cuerpo se acentúa de rasgos femeniles. Y al
revés: la despreocupación por el propio embellecimiento corporal, nos indica
que ese cuerpo sirve al Yo y no está destinado a otro. El autopulimiento y
adobo corporal, a veces hasta el narcisismo, en la adolescencia humana, no indica sino que es ésa, una edad todavía de sexualidad no totalmente diferenciada. Narciso era un adolescente.

EL YO EN GENERAL

Hemos hablado de mi Yo, con el cuerpo y sin el cuerpo o Yo presencial.
Hablemos ahora del Yo en general, del Yo abstraído de los hombres, lejos ya de
la persona que en cada individuo le da savia y sentido. Parece cosa no facil
saltar del Yo que estoy siendo, de modo inobjetable, al Yo en general que es
todo él objetividad. Frente al Yo, hay El-Otro y Lo Otro... Frente al Yo, no
basta hablar del no-Yo como se hizo en los tiempos del idealismo y aun
hacen algunos psiquiatras y psicólogos de hoy, pues dentro del no-Yo, hay
"el Otro" y hay "lo Otro", y aunque el Otro resulta ser un Otro-Yo, aun
siendo un Otro, es también un Yo, y no mero no-yo. Por otra parte, hay
formas y manifestaciones nebulosas y crepusculares en que no se sabe si el
Yo es mío, mi Yo, o es el de Otro-Yo que me sustituye ( como ocurre en la
historia, algunas formas del sueño onírico, es decir no meramente fisiológico,
en la sugestión hipnótica, en el sonambulismo) o si se trata de una "disolución" del Yo en el Cosmos ( experiencia de yoguis), en la Naturaleza ( experiencias de algunos poetas) , o en Dios ( experiencias de algunos místicos
religiosos.) Recordemos que Gabriel Marcel comenzó a meditar sobre la
filosofía del Yo y el Tú, cuando participaba en sesiones metapsíquicas, en las
cuales él mismo actuó de "medium". De aquellas que dice: "Yo tenía conciencia de ser el instrumento, no la fuente; en ningún sentido podía decir
que era Y o quien respondía. ¿ Quién era pues?" Ninguno de estos problemas
tiene por qué ser planteado aquí. Vamos sólo a determinar cómo puedo, pasar
del Yo mío al Yo general, en punto de vista enteramente filosófico.

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Yo, mi Yo, no es un concepto ni una noción o noticia, sino una evidencia
plenísima, tan próxima, inmediata y llena de sentido para mí, que no sé cómo
pueda saltar a una ribera mía para verlo y objetivarlo y dar una noción general del Y o como la tengo de tantas otras cosas. Pero, por de pronto, Yo,
mi Yo no es una cosa; tampoco una persona; nada que se enuncie como "tercera persona", pues Yo ni siquiera es primera persona, sino plenamente, casi
exuperantemente, Yo. Lo ha dicho Lowith: "El verdadero nombre propio
de una persona es exclusivamente el pronombre personal de primera persona".
Sin embargo, no es una persona, porque Yo es la propia persona que se le
hace Yo. Y justamente para saltar hacia fuera, hacia los otros Vos, aludimos
a nuestro Yo, en español, diciendo: "Uno cree que ...", en cuya frase el
"uno" no es la tercera persona que se podía creer según el enunciado de su
indeterminación, sino que es precisa e indudablemente Y o. Ya hemos visto
que en ese "uno" se dan, en unidad el Yo-uno, vuelto hacia dentro, hacia las
raíces presenciales, y el Yo-otro, inclinado a lo social, hacia fuera, hacia el
Otro-yo. Pero en todo caso Yo no es el Yo, ni cabe en un concepto general que
repugna a la persona viva que actúa y presencia en él.
Cuando se habla del concepto "persona metafísica" se prescinde la singularidad unísima de cada persona, se abstrae lo más peculiar de cada persona, su singularidad para dar un concepto general de ella. Lo mismo ocurre
con el Yo, con el concepto general de Yo. Ni la persona vivísima, singular y
trascendente, ni el Yo actuante, irrenunciable y evidente pueden quedar cubiertos e inscritos, en un concepto general. Pero la persona metafísica actúa
y se ejecuta mediante el Yo, y el Yo mediante su cuerpo. Y la pregunta
vuelve: ¿ Cómo puedo Yo concebir y teorizar sobre el Yo? Si mi Y o entra
en el concepto, mi Yo queda objetivado y aun objetuizado, pero ¿por quién?
Y si, no entra, ¿ qué yo general es ese que no comprende ni abarca mi Yo?
Quiero apurar todas las dificultades que surgen. Se dice: Todo lo vivido y
existido por mí, todo lo esperado, recordado y proyectado, entra en mi Yo.
Hasta se ha llegado a decir que, si no admite definición es porque no aguanta
predicados ni cualidades ni atributos, o que su "constitutivo formal", no se
deja influir por lo exterior. Yo no es más ni menos que Yo, y ninguna otra
cosa se le puede atribuir. No es objeto pero tampoco sujeto, sino Yo puro,
sin determinaciones, pues al subjetuizarlo, al nombrarle sujeto, de algún modo
quedaría objetivado y separado de mí, ya que quedaría situado en la correlación lógica "sujeto-objeto", y por tanto "objetivamente determinado".
Esto, y algo más, se ha dicho del Yo, bueno, de mi Yo, algo o alguien inefable, evidente y florentísimo. Fichte, siempre tieso y enérgico, dice que el Yo
carece de predicados porque lo que podría predicarse de él, es precisamente
él, con su acción y su energía, quien lo determina y pone. Y Ortega, que le
sigue en los comienzos del filosofar, acaba por separarse para decirnos que el

89

�Yo es, sí acc1on, pero ejecutante o ejecutiva; que es dinámico y tensional
como (Fichte), pero ello, en Ortega, se justifica porque mi Yo es mi vida.
"Una vida humana no es una sarta de acontecimientos, de cosas que pasan,
sino que tienen una trayectoria con dinámica tensión, como la que tiene un
drama. Y este argumento consiste en que algo en nosotros pugna por realizarse y chocar con el contorno (subrayo yo) a fin de que éste le deje ser. Las
vicisitudes que esto trae consigo constituyen una vida humana. Aquel algo
es lo que cada cual nombra cuando dice a toda hora: YO" ("Goya" pág.
71). Pero el caso es que en otra parte nos dice que ese Yo a que aludimos
ordinariamente no es el Yo como realidad primaria: "Yo no es el hombre en
oposición a las cosas, yo no es este sujeto en oposición al sujeto tú o él, yo, en
fin, no es ese mí mismo me ipsum, que creo conocer cuando practico el
apotegma délfico "Conócete a ti mismo" ( O.c.VI.253). ¿ Qué es el Yo para
Ortega? En sus primeros libros creía que el Yo era para los mediterráneos
una "cosa", mientras para los germanos era "acción". Pero, a lo largo de su
obra su concepción del Yo ( unas veces social y otras metafísico, y no siempre
distinguidos en el concepto) va ahondándose, y, a veces, oscureciéndose. El
Yo es, desde luego, no un "querer o desear ser tal", sino un "necesitar ser
tal", lo cual para mí no es claro. Pero él sigue y apunta hondo: "Nuestro
yo no consiste nunca en cosas que queremos ser, por tanto, en proyectos de
acción, que están sostenidos a pulso por actos concretos de nuestra voluntad.
El Yo actúa en regiones mucho más profundas que nuestra voluntad y nuestra inteligencia". Y también: el Yo "ni es una cosa material ni una cosa
espiritual; no es cosa ninguna sino una tarea, un proyecto de existencia"; o,
como dice en otra parte, "un drama". El Yo manda en la voluntad. "Manda
sin apelación y no se funda en razones ni se digna justificarse" ("Goya"
72-73). Se ve que aún siendo el Yo para Ortega, acción, como para Fichte,
y acción enérgica y casi impera!, Ortega apunta a otras cuestiones, como
luego veremos al volver sobre el Yo en Ortega.
Ni Fichte ni Ortega distinguen el Yo que hace y ejecuta y la persona que
presencia y origina. El Yo es acción pero ejecutiva, no originante; la persona
es acción originante, pero no ejecutiva. El "Yo-uno" es personal y originario;
el "Yo-otro" es activo y ejecutivo, dirigido hacia fuera. Pero el Yo es siempre
empírico, más un fruto que un principio metafísico. El Yo cuenta con el
cuerpo; y la persona con el Yo. Si abstraemos la persona metafísica, nos
quedará la acción presencial pura, un Yo presencial como el que obtenemos
si separamos mentalmente al "Yo-uno" y al "Yo-otro" y nos ahincamos en
el primero. Y aún ese "Yo presencial" es empírico porque es experimentado en
la autoconciencia. Pero ni el Yo cubre totalmente a la persona, ni el cuerpo
cubre y representa al Yo. Este Yo no queda restringido ni insularmente limitado
por su cuerpo, sino que va más allá de sus fronteras, aunque arrastrando sus re-

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sonancias e influencias, como la persona va más allá del yo, aunque actuando
a través de éste y tomándose de sus actos y su historia, pues la persona es acción;
el yo, se constituye con actos. Puede estar mi persona (en ideas, en obras de
arte o de pensamiento) en donde no actúa mi Yo. Y sin duda puede estar mi
Yo donde no está mi cuerpo: por el recuerdo, por el amor.
Pero, según ya vimos, hay un Yo profundo, presencial, y un Yo social,
ejecutivo, que actúa en relación y función de los demás hombres, los cuales
son también presenciales y también ejecutivos y sociales. Mi Yo presencial,
constituído en autoconciencia personal y presencial, no se deja calificar por
nada. Es el Yo puro de Fichte y de Husserl, el cual manda en la voluntad y
no necesita justificarse. Es el Yo profundo más allá de la inteligencia y la
voluntad que hemos visto aludido en Ortega. Pero el Yo socialmente concebido, en sus actos funcionales y relacionales con los demás, admite atributos.
Puedo decir y digo, y con ello me aclaro mi conciencia; "Yo soy necio": "Yo
soy injusto" etc., etc. Y además me siento sujeto, capaz de percibir cosas y de
apercibirme en la toma de conciencia de ellas, y de sujetarlas, someterlas a
respectividad conmigo, y objetuizarlas y ponerlas en un orden que no está
en ellas sino en mí, y que es también una orden. Ya el hecho de presenciar
el ente crudo, lo hizo "ser", pero no fui Yo quien lo fundó sino mi irradiación
presencial o la de los demás. Y me lo transfiero a mí por la acción copresencial, en la cual está su jeto, su jetado mi Yo. Pero ni la presencia ni la persona
actúan como sujetos. Es el Yo presencial quien sujeta la autoconciencia y ejecuta desde ella, llevando la acción presencial hacia los otros hombres. Y los
actos del Yo nacen de él como sujeto de la acción personal. Y no actúa como
fuente de acción, que es la persona, sino como actuante, como ejecutante y
realizador, como sujeto. Y como tal sujeto, pone objetos entresacados de las
cosas, objetuiza.
El carácter de activo le viene al Yo de la acción presencial de la persona que
le inspira y sostiene metafísicamente. El Yo actúa, es acto y ejecuta. El Yo,
más que autor genuino de sus actos, es resultado y fruto de ellos. Se ejecuta
y realiza actuando. Sólo parece fuente y principio de acción, en el ámbito
social, frente a los yos. Pero esto mismo nos dice que el Yo no se origina como
rebote en el frente de un otro al que llamamos Tú, sino que es originariamente
quien es, por la acción presencial de la persona que hay en el Yo y que le
presta la vocación existencial para ser quien debe ser. Es el transfondo ético
que ya vio Fichte y que también resuena en Ortega oscuramente. Que yo
socialmente no me encuentro como Yo, ni tomo total conciencia de mí, sino
cuando ya me enfrento con otros hombres, no quiere decir que mi yo brote
como reacción y aun consecuencia de la presencia de otros en el mundo,
dicho sea para aclarar ciertos equívocos filosóficos que, por ahí, por los libros

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�de hoy, circulan, con apresto de novedad y verdad. El Yo no aparece como
reflejo del Tú, pero tampoco es algo original y primordial, sino empírico y
ejecutivo que se va haciendo en sus mismos actos, pero que ejecuta según
la inspiración de la persona, de modo que el mando del Yo sólo empieza
a partir de su ponencia e inserción en el mundo de los otros. El Yo no sólo
es ejecutante, sino que a lo largo de los actos resulta ejecutado. Resulta que
el Yo es activo, pero también pasivo. Este Yo social es verdaderamente empírico, toda experimentación, muy escasamente "puro" ni "inteligible", ni
"trascendental", salvo lo presencial y auténtico que de la personante originante,
pone el Yo en el mundo, y salvo la comunidad copresencial de que se nutre
en la raíz.
Y así se comprende que yo, mi Yo, tan evidente, inmediato e inalienable,
pueda sin embargo objetuizar y subjetituizarse, y hablar de todo Yo en un
concepto general en el cual queda comprendido y comprometido el mío. Es
que el Yo presencial, el de la autoconciencia, no juega, al llegar a lo social,
con los otros. Nadie, al enunciar el Yo general, se considera comprendido
en él; no podría. No es que no haya comunicación entre el Yo general y el
presencial. Es que en aquel Yo del concepto, sólo viaja la presencia personal
del Yo que enuncia el concepto. No podemos meter nuestro Yo en el Yo
general, pero ponemos, metemos, nuestra presencia personal en él y entre
todos hacemos que ese Yo general sea algo también presencial y personal. Al
decir "Los hombres son malos o son tontos, o son bondadosos" queremos o
no, nos excluímos. Pero también al revés: Para que haya un yo social, general, conceptuable, en encuentro y diálogo con otros Yos, es preciso que actúe
la persona presencial que hay en él. Si no obraran personas en los Yos sociales,
sus encuentros serían puramente físicos, de cuerpos y no de Yos, serían choques sin acción a distancia. Pero justamente el encuentro de los Yos, como
toda acción social o colectiva de hombres es acción a distancia, una gravitación en que juegan fuerzas humanas; simpatía, respeto, amor, odio, etc.
Los Yos sociales lo son porque comportan intenciones personales, sentido
existencial, radiaciones presenciales. Y al proyectarse, al semi-objetivarse el Yo
de cada persona, se sujetuiza, se toma a sí como sujeto frente a los otros, y no
solamente frente a los objetos. Y así, cada Yo en lo social, resulta acción abstracta y acto concreto, no sólo acción y acto y ejecución, sino también concepto. Cada Yo se concibe a sí mismo actuando, y en la acción se cata a sí
mismo como concepto, como Yo conceptual, idém-tico a los otros Yos. Y
así puedo dar yo un concepto objetivo de todo Yo que encuentro o puedo
encontrar, y así justifico mi yoidad, pues sin otros yos, el mío no podría
actuar como Yo ni dar vía ejecutiva a la persona presencial que me inspira
y da sus savias metafísicas. Seguiría experimentándome en mi autoconciencia

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como "Yo-uno" y como "Yo-otro" y segu1na, desde mi "Yo otro", postulando otros Yos, para no quedarme frustrado en mi sociabilidad.

EL YO, LA LIBERTAD Y LA PERSONA

En la actuación social me veo y represento, porque soy allí sujeto, limitado
sujeto, cohibido por los otros. En aquel yo primordial de la autoconciencia,
cuando la conciencia se dobla sobre sí, alcanzo una originalidad, una libertad,
que nunca podré alcanzar socialmente frente a los otros, en el encuentro con
otros Yos que me limitan y restan de acción. Pero a cambio obtengo una
cooperación, un re-encuentro copresencial que me enriquece de sentido y
estimula más quien ya soy. En mi autoconciencia estoy siendo plenamente
Yo, pero sin cosas y sin otros Yos. La soledad es inaplicable y por lo tanto
estéril. Para no serlo, mi ''Yo-otro" busca salir hacia los otros Yos cediendo
metafísica libertad para alcanzar la otra libertad, la que hemos de hacer entre
todos, pues la libertad sin los otros no tiene sentido; me siento apto y capaz
y vocado a ser libre, a constituirme en libertad. Nunca soy para el otro, el
mismo Yo que soy para mí. Pero todos hemos de esforzarnos en llevar ese
Yo que cada uno es para sí, en obsequio y colaboración de los otros. Y así
surge el hombre auténtico en lo social. Y con hombres auténticos salta la
nueva libertad, la colectiva. Mas si nos proponemos lo contrario, hacer que
los demás no sean quienes deben ser, que sus Yos no alcancen libertad frente
a nosotros, tampoco nosotros seremos libres. Mi autoconciencia me da mi
Yo; mi heteroconciencia del Yo ajeno, me da la libertad nueva, la nueva
oportunidad de ser quien debo ser, precisamente con los otros. En los otros
Yos también me encuentro yo, y esto en acepción metafísica: Mi Yo me lo
encuentro con y entre los Yos ajenos. No puedo renunciar a mi yo presencial
y último, ni puedo saltar sobre mi Yo ni posponerme a mí, ni desconocerme
radicalmente salvo cuando dejo de ser Yo por pérdida de la autoconciencia
(sueño fisiológico, -no onírico-conmoción, ataque, catalepsia, etc.) pero puedo tomar un Yo ajeno para que complete y sirva al mío.
Y esa salida hacia el Yo ajeno, ya lo hemos visto insinuarse en lo profundo
de cada Yo presencial. La expresión "Yo soy Yo" no es tautológica, siquiera
porque puede interpretarse, uno de esos Yos, como presencial, y el otro, como
social y referido a otros Yos. Pero también porque puede ser entendido como
si dijera "Yo soy un yo" como tantos otros. Hegel decía que la frase enuncia
una id-entidad ( como "la silla es silla", o con ella alude a una idem-tidad
"Yo soy como otro"). Pero la primera acepción no tiene sentido; no porque
mi yo presencial no sea mi yo, sino porque el Yo es acción gerundiva, y no

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�puede llegar el segundo a identificarse con el primero. Es la aparición de lo
temporal que desidentifica. Nunca el Yo segundo del enunciado cubre justamente al primero: no son dos Yos presenciales distintos, sino la unidad dual
que ya vimos; y el pensamiento, al enunciar, introduce la temporalidad y
distingue. Pero el pensamiento es temporalidad porque el Yo también lo es.
Y éste es temporal por la persona que le inspira. No hay Yo estático, quieto
ni puntual ni solidificado. El Yo, así presencial como social, trama sus actos
de temporalidad. Y todo otro que me ve en distintos momentos temporales,
me encuentra Yo, pero también me encuentra Otro, un "Yo-otro" dentro
del Yo que él me encuentra. Yo también sé que no soy ese Otro al que veo
fuera como un Otro Yo, y le experimento como comunidad en presencia,
como ajeno, no como extraño. Yo sé que no soy él, y él sabe que no es Yo,
pero los dos nos sentimos integrados en el concepto Yo y hallamos certificada
nuestra comunidad. Es decir, nos id-entificamos -en la individualidadpara idem-tificamos a distancia, en lo común colectivo, sin confundimos.
La temporalidad existencial no es originaria del Yo, sino de la persona;
de esa temporalidad se cata el "Yo-otro" presencial para proyectarlo al tiempo
social, y atribuirlo al "Otro-Yo". Un yo sin temporalidad no sería acción ni
acto, ni, por tanto, Yo. El Yoga al suprimir los estados de conciencia, suprime
el tiempo y por tanto el Yo. Tramándose de temporalidad el Yo dura, madura,
perdura, y, metafóricamente, se endurece, se consolida y afirma, pues sus actos
en la medida en que son auténticos, reinfluyen sobre él conformándolo. El
Yo es historia personal. Es presente porque está hecho de presencia pero se
teje de futuro y de pasado porque el Yo se forja de sus propios actos. Pero
ahí, he de interrumpirme para dejar hablar a Ortega:

LA TEMPORALIDAD DEL YO Y LA TEORÍA DE ORTEGA

"El Yo es siempre presente" -dice en "Goya" (pág. 75) . - No hay en todo
el vocabulario palabra que enuncie con mayor energía la actualidad. La misma palabra "presente", la palabra "ahora", la palabra "hoy" (que, dicho sea
al margen, por mi parte, no son igualmente presentes) necesitan, para rendir
eficazmente su significado, suponer un "yo" que las pronuncia o escribe. Nuestro yo de hace un instante, ese que fuimos, ni es ya, ni es yo. Es una mera
cosa (otras veces nos ha dicho que el Yo no es cosa) que ha pasado a nuestro
yo de ahora, y cuyo efecto sobre nuestro único y auténtico yo, que es el
presente, resuena en éste como un eco próximo. Pero la cuestión gravísima
es ahí soslayada: ¿ Cómo al Yo de ahora, al Yo del presente, le ha pasado
ser aquel Yo que, ahora, según dice Ortega, no es ya ni es Y o? ¿ Y cómo

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no siendo ya el que era, sigue actuando en el Yo de ahora? ¿ Y cómo, sin
dejar de ser presente personal y desde el "ahora" colectivo, desde el "hoy"?
¿ Cómo el futuro brota como yema vegetal en el presente del yo, y cómo el
presente y el futuro anhelado, proyectado y planeado se vuelven pasado, el
,cual pasado "no es ya ni es Yo" pero sigue resonando en ese Yo "como un
eco próximo"?
Sigamos escuchando a Ortega: "En este eco de lo que fuimos hace un instante, resuena, a su vez, el eco de otro instante anterior, y así, sucesivamente,
involucrando eco en eco, llegamos con continuidad de reminiscencia, desde
ahora hasta los límites indecisos de la primera infancia. Esta continuidad (a
pesar de estar hecha de ecos, margino yo) de un pasado con nuestro Yo (ese
"un", ¿ quiere decir cualquier pasado de otro, o mi pasado?) , que es siempre
el de ahora hace de aquel nuestro pasado algo inseparable de nosotros que
nos pertenece más entrañablemente que cosa otra ninguna, que inexorablemente arrastramos y del que nuestro yo actual aparece siempre emergiendo
(subrayado mío) . Pero el hecho de que sea nuestro pasado ( creo que estos
'nuestros' quieren decir 'mío' y no algo de otros apropiado por mí), la cosa
del universo más próxima a nuestro yo, no debe inducimos a confundirlo con
éste" (pág. 75 ) . No debemos, pues, confundir ni identificar nuestro Yo con
nuestro pasado, el cual nos llega como sucesivos "ecos próximos".
Ese texto orteguiano para mí es confuso y muestra una vez más esos traspiés que siempre dio su pensamiento al hablar de la temporalidad y a que
ya he aludido en este mismo libro y en otros míos. Que el Yo "emerja del
pasado" siendo éste una sucesión de "ecos próximos" al Yo, y siendo por tanto
ese Yo quien produce los ecos que luego le llegan, es confuso. Pero además,
decir que el Yo nace ( o "emerge") del pasado, podrá valer para el historiador que alude al pretérito, al pasado colectivo y que no me ha pasado a mí
(aunque puedo apropiármelo, hacerlo mío, y por eso he distinguido antes,
entre paréntesis marginales, lo de "nuestro" pasado y lo de "mi" pasado) ,
pero no vale para interpretar mi Yo, ni mi presente, ya que es el pasado
el que nace (o "emerge") del presente, y no mi presente el que nace de mi
pasado sino que nace de un pasado no mío, pues, según ha dicho ahí el propio
Ortega, el Yo es siempre "presente" y "actual".
Y algo parecido ocurre con la relación del Yo y su futuro. También viene
a decir Ortega que el presente es antes que el futuro, lo cual parece cierto,
pero es confuso y no verdadero. Después de hablar de que el Yo es "posibilidad necesaria" y a la vez, "insegura" (con lo cual da a entender que el
presente del Yo es futuro posible y no seguro, "emergiendo" el futuro del
Yo y no el Yo del futuro), dice: "Este, pues, (el Yo), lo primero que hace,
antes de darse cuenta del presente en que está, es estirarse hacia el futuro, se
futuriza y desde allí se vuelve al presente". No comprendo cómo, a pesar de

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•

�1

1

•

metáfora tan plástica, el Yo se alarga o estira al futuro para volverse luego
a su presente. Y añade en la página 80: "El yo de un hombre es su vocación, y la vocación es tensión futurizante, pre-tensión, hacia horizontes nuevos". Y en fin, resume en la página 92: "Hemos visto que el Yo del hombre, está siempre en el futuro (nos había dicho que era siempre presente) y
desde allí afronta, vive el presente". Quiere salir Ortega de su propia confusión y la aumenta. Pues lo grave en esa frase es el "desde allí", desde el
futuro, pues no entiendo cómo siendo el Yo presente, y hallándose siempre
presente, está también "'siempre en el futuro" y "afronta" "desde él", desde
el futuro, el propio presente.
Aclaro mi posición: Hay futuro antes de ser presente, y llamo la atención
de la diferencia del "hay" y el "ser" que van subrayados. Es cierto que fu.
tu rizamos ( proyectamos, esperamos, anhelamos, planeamos, etc.) desde el presente personal. No es que el futuro funde al presente, sino que, desde el presente, futurizamos, fundamos el futuro; y eso es lo que dice Ortega. Bien.
Pero lo que ahora nos es presente, ¿no fue antes futuro? (Notemos que el
futuro para sernos presente ha de pasar como futuro, ha de hacerse pasado,
ese "fue" que he subrayado. El presente "fue" futuro desde el presente). No
hubo un futuro que luego nos es presente. El "hay" del futuro se hace el
"es" del presente. Pero la confusión no está ahí sino en esto: El presente
desde el cual el Yo futuriza, no es el presente que él ha de ser, luego, el
futuro cuando se realice. El presente del Yo es un futuro que ha dejado de
serlo, por haber pasado de futuro a presente, de modo que en esta versión
de la cuestión, el futuro, mi futuro, antecede a mi presente. Desde mi presente lo proyecto o planeo pero no se me hace, no me es, presente hasta que
deja de serme futuro. Pero además hay un futuro mío (casi todo mi futuro
real y verdadero) que nunca he previsto, ni proyectado, ni planeado, ni futurizado, sino que me sobre-viene (más que por-venir, es sobre-venir) sin saberlo yo, y que se me hace presente. Es lo que he llamado, en otros libros
míos, el "futurante", el futuro no futurizado por mí. Y aun puedo hablar
de un futuro mío no futurizado por mí, pero sí por otros que lo prevén y
proyectan y planean para mí (por ejemplo, rni_s padres), y es, en efecto, un
futuro que me será quizás presente algún día; es el "para-futuro". Por último, hay un futuro colectivo que ha de afectarme y que yo no planeo ni
proyecto, pero lo hace el gobierno de mi nación, o los sabios, por mí y para
mí; y ese futuro también ha de serme presente, en unión del presente de
otros; es decir ha de serme, no un "presente" personal, sino un "ahora", presente colectivo. Pero hay también un futuro colectivo que ni planeo yo, ni
ha de serme presente nunca, porque cuAndo llegue, ya no viviré. Es lo que
he llamado, por su parecido al "pretérito" ( que_es pasado que no me pasó,
que me "pasó de lejos") el "futúrito", futuro que no ha de ser presente para

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mí, que ha de pasarme lejos, pero que por ser futuro para otros, me afecta
copresencialmente, como futuro para la Humanidad y la Historia, y por tanto, para mí.
Pero la temporalidad del Yo es más intersticial para él de lo que puede
parecer. El Yo es presente, y todo presente está trenzado de pasado y de
futuro; pero· pasado y futuro míos, tuyos, suyos. Soy presente futurizado y
recordado, que recoge mi pasado y pre-para mi futuro. Lo que he olvidado
también está en mí y puedo evocarlo. Si recordar es otro modo de presentar, de tener presente algo, de representarlo, olvidar es un modo de recordar,
de tener en presente segundo un modo de tener almacenado y retener en
el pasado, para poder presentarlo y representarlo por la evocación. El olvido no extingue, sino que conserva y reserva; la reserva que puede ser llamada al servicio activo ... Soy futuro y pasado porque Yo soy presente; pero
soy presente, porque soy presencia, y por ser presencia, por estar siendo presencia, soy un Yo, el cual ganado, influído por la acción de la persona que
soy, se trama de actos, se reviene de impulsiones de comunidad presencial,
y, buscando a otros, y buscando cosas, se proyecta en el mundo y proyecta
futuraciones. Y como la persona es generador de tiempo existencial, de temporalidad humana, el Yo, mi Yo, también temporaliza, ejecuta lo temporal.
Yo me encuentro al nacer con un pasado antes de mí, con un pasado que
no me ha pasado y que, sin embargo, me informa y me influye y de algún
modo es mío. Pero aquí vuelve a salirnos al paso, y hay que retomarlo, que
el "me" del Yo no indica posesión ni propiedad; que no acusa un "mío".
Cuando yo digo "Me ha pasado tal o cual cosa", no digo que lo pasado sea
mío, sino que ello ha ocurrido en "me" o a "Mí". Y al quedar en mí, como
pasado, hay relación genitiva de pertenencia y no de posesión ni de propiedad; mucho menos aquello que la Gramática dice de "materia referida a
nombre". Mi pasado me pertenece. Pero el pasado anterior a mí, el que
antecede a mi nacimiento, no me pertenece; soy yo quien pertenece a él, no
por inclusión e inserción, sino por participación en la comunidad de mis antepasados, mi estirpe, mi raza, mi nación, la Humanidad, la Historia, a todos los cuales pertenezco, en un modo no poco misterioso. Pero a partir de
mi florescencia personal, de mi nacimiento existencial, esto es, de mi autoconciencia, o toma de conciencia de mi Yo, pertenezco a una persona, a una
presencia personal, y a una temporalidad también personal, pero, a cambio, me
pertenece mi cuerpo, y son míos, mis cualidades, mi abrigo, mi viña. Y en esa
temporalidad personal, a que pertenezco, y en aquellas entidades en que me
encontré al nacer, en el pretérito, a los que también pertenezco, fundo mi
pasado y mi futuro. Me soy presente; y mi pasado y mi futuro son míos, en
acepción no posesiva sino pertenencia!. Es que forman parte integrante de
mi Yo. El Yo es la densidad del presente existencial, con un peso especí-

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H7

�fico que nos hace gravitar y da gravitación y peso a lo que nos pertenece.
Nos pasa el pasado propio, no el pretérito. Gravitamos hacia el futuro propio, no al futúrico, ni al futurante, no nos pesa el pasado, ajeno, sino que,
por su mayor densidad y sobre todo, por ser pasado, de los padres, de los
ante-pasados, de quienes nos han traído al presente, nos hace gravitar hacia él. No gravitamos hacia el futuro ajeno, pero si es futuro de personas
a quienes dimos el ser, o las que pertenecemos existencialmente (nación,
raza, o nuestros hijos y nietos) su futuro nos hace tomarlo como propio y
gravitar hacia él. Todo lo que me pasa, pasa a mi Yo, y se me hace mío
y queda adscrito de modo pertenencial; me queda como mi pasado. Al pretérito, al pasado ajeno, sólo si me es muy ajeno, muy próximo, pertenezco,
en tanto que mi pasado me pertenece. En el libro contrapongo "ajeno" y "extraño". Me es ajeno quien tiene comunidad presencial conmigo; por eso me es
prójimo. Lo natural (mueral, anual) me es extraño, lo otro. Sólo lo humano
me es ajeno, el otro. Aunque rectifico a Terencio, éste quiso decir lo mismo.

TEMPORALIDAD, VIDA, CIENCIA, CONCIENCIA Y YO

Porque somos espirituales, experimentamos el espíritu y elaboramos su concepto; porque somos divinos, experimentamos a Dios y tratamos de constituir su concepto; porque somos presencia, podemos hablar del concepto de
presencia. Del mismo modo, porque somos temporalidad hemos podido forjar el concepto de tiempo, y este concepto aplicarlo a las cosas del Universo.
Y somos temporalidad, porque el espíritu en el hombre, al ingresar en lo
humano, al hacerse humano, hace o funda temporalidad hilando de lo eterno: el espíritu, intemporal, se hace temporal. Funda el tiempo, pero no lo
sufre ni so-porta, a diferencia de la Naturaleza, que es pasiva para la temporalidad y no la tiene por sí ni la funda. Cuando decimos "el tiempo que
hace", o bien, "amanece", "llueve", etc., etc., usamos formas impersonales
de verbo, precisamente porque la Naturaleza no hace ese tiempo, y porque
ese tiempo no pertenece a la temporalidad humana, sino que es tiempo meteórico, falsa temporalidad, mero movimiento, variación o perturbación física.
La Naturaleza no es tiempo sino espacialidad en todas sus formas, masa, dimensión, distancia, movimiento (no velocidad que va herida de la temporalidad del hombre, sino mero traslado, cambio o variación). El tiempo es
secreción humana, flujo procedente de los manantíos del Espíritu, y que sirve al hombre para medir, calcular, precisar, comparar, distinguir en las cosas del Universo natural. El único instrumento de medida es la "unidad
de tiempo", pues aunque midamos con una masa material tomada como

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patrón de medida, hemos de aplicar ese patrón en intervalos que suponen
unidades de tiempo.
Existencialmente vivimos lo temporal. Pero ese "existencialmente" quiere
decir que lo vivimos como lo eterno del espíritu inserto en lo corporal, en
contacto con lo natural. Brota el tiempo humano cuando lo espiritual se cruza con lo natural en nuestra encamación. Lo eternal del espíritu, al hacerse
existencia de hombre, quiebra y fragmenta en temporalidad, en tiempos existenciales que luego han de servir para unidades de medida. Y mide su propia
corporalidad como objeto natural, como masa, movimiento, cambio y función, en ritmos, pulsaciones, modificaciones y recambios. El espíritu encarnado se hace "mens", es la "mens" la que "mensura". El Espíritu, antes de
encamar en hombre, no puede ser considerado como algo quieto; es acción
pura e incansable, aunque no movimiento, como Ser. Y encamado en hombre es un "siendo", acción combinada en movimientos, en ritmos y en funciones. La temporalidad es la acción misma del "siendo" existencial. Y nuestra presencia, al presenciar, a la vez existe y mide, pone lo temporal en las
cosas del universo natural. Al presenciar, por de pronto, enlaza cosas, une,
reúne, toma conciencia de las cosas y de sí, y da testimonio de sí y de las
cosas. Al presenciar, temporaliza, porque presencia y presenta, pero también
pre-ve, pro-yecta y recuerda. Suprimid el hombre con su presencia y suprimiréis la temporalidad en el universo, pero no suprimiréis la espacialidad,
pues el espacio estaba y seguirá estando ahí, con la pre-sencia y sin ella,
aunque, sin duda, estaría ahí sin ontología (aunque con su onticidad) y sin
respectividad, pues sólo hay respectividad cuando hay un "respectare", un
mirar algo que le queda referido. Sin ese mirar o presenciar, no hay nada
re-spectivo. Al ser lo espacial presenciado por el hombre, toma respectividad
y se ontologiza. Y el hombre saca de sí, de sus senos más misteriosos, la temporalidad, y mide y compara y calcula.
Aristóteles, Newton, Galileo, el mismo Leibnitz concebían el tiempo como
objetivo, como algo que está ahí, fuera del hombre, como un "continuo unidimensional uniforme", pero "independiente de lo real"; algo así como otra
realidad, algo real sí, pero otro que lo real, lo cual no sé qué querría decir.
La ciencia físico-matemática posterior a Kant ha tendido a concebir el tiempo como categoría mental a priori, pero luego la Relatividad, a partir de
Minkowsky y Einstein, ha querido que sea otra dimensión de lo real su
"cuarta dimensión". Pero el tiempo no es dimensión de lo real, ni cuarta
ni enésima, pues siendo un medio de presenciar y medir el hombre, y no
hallándose entre las cosas, · no es ni siquiera « di-mensión" como lo es la longitud, la latitud o el grosor. Ninguna dimensión mide a las otras: la longitud no mide a la latitud y a la profundidad, ni éstas a ninguna de las otras;
ni siquiera cada una está en función de las demás, y la longitud es inde-

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�pendiente e invariante respecto a la profundidad y la latitud, como ésta respecto de las otras. Pero en cambio -según la Relatividad- cada una de
las tres dimensiones de las estructuras materiales son variables del tiempo
con que son medidas permaneciendo el tiempo, sin embargo, como variable
independiente de ellas. ¿ Cómo, pues, va a ser una dimensión más? Las dimensiones están en las cosas y el tiempo está fuera de ellas hasta que el hombre se lo adjudica y entreverá en las cosas. El tiempo va con la presencia,
con la "mens" del hombre que mide. No es que la temporalidad ni el tiempo
estén en la presencia humana, ni en la existencia, sino que al existir, al funcionar el hombre como existencia, produce tiempo y lo quema como el motor, los gases de su combustión. No es el tiempo una categoría o una fa.
cultad a priori, como siguen imaginando no pocos físicos de hoy, sino que,
al trajinar, el existir como "siendo", produce temporalidad, para la cual
toma a las cosas y sus variaciones como hitos referenciales, como toma el
viajero las variaciones del paisaje. El tiempo que el hombre pone en lo real
no es real ni es ontológico, hasta que lo toma el hombre ya objetivado entre
las cosas. Y tan bien lo objetivamos, que el mismo tiempo que pusimos entre ellas lo retiramos en el recuerdo y lo seguimos mirando como si fuera
un objeto más. Y como tal, lo observamos y medimos, lo especializamos.
Paseando nuestra presencia y nuestra mirada por entre las cosas del mundo,
y poniendo comparaciones y medidas con la temporalidad que en él inyectamos, notamos las variaciones y los cambios. No se mide el tiempo por los
cambios -como han dicho físicos de mucha nota y filósofos de nota y de
noticia-, sino los cambios y las variaciones por el tiempo. Las cosas se mueven, pero sólo el hombre, incluso sin movimiento, mide ese movimiento de
las cosas. Ellas, sin el tiempo que las mide, están en diversos lugares, por
cada instante de tiempo, como dijo, más profundamente que parece, Zenón
de Elea. Son ellas mismas con diversos aspectos, estados y apariencias fenoménicas. Pero sin el tiempo con que el hombre las observa y mide, no las
reconoceríamos en lugares distintos, ni como cosas distintas ni como las mismas. Es el tiempo el que las des-id-entifica para idem-tificarlas con distancias
entre ellas. Pero ellas no arrastran temporalidad que tome notas de sus variaciones. Por eso hubo que recurrir a la noción de substancia. Se dijo que
era la misma cosa la que se movía variando, y se su(b )-puso algo que permanecía incólume bajo toda variación: la sub-stancia o hipo-khéimenon. Pero
para saber que permanece, también hay que inyectar temporalidad, fracciones de tiempos. La sustancia es tan temporal como la variación. Para saber
que dos cosas distintas son iguales, hay que recurrir a la "mens", a la presencia existencial del hombre. El ser clásicamente concebido como lo que
permanece, se temporaliza en "siendo". Un ser inafectado por el tiempo no
es nada para el hombre. Lo que no está siendo ¿ cómo se puede decir que es?

100

Y hay movrm1entos que el hombre no percibe y la "mens", sin embargo,
mide. Con variaciones muy rápidas, los cuerpos nos parecen en reposo; tal
ocurre con el batir de las alas de un insecto o el giro veloz de las aspas de
una hélice. Y si es lento el variar, como en las manillas de un reloj, tampoco
percibimos la variación (y conste que el reloj no marca tiempos sino espacios). En el movimiento de desplazamiento, si la distancia es mucha, el sistema nos parece en reposo; tal ocurre con un móvil en la lejanía o un astro
entre otros astros, cuyo movimiento relativo sólo alcanzamos de un modo
indirecto y calculado. Y al revés: cualquier objeto en reposo, nos resulta
todo movimiento, si lo analizamos finamente. No es pues sólo cosa de percibir o no. Sabemos de movimientos ( por ejemplo los de ciertos astros lejanos),
en virtud de muchos cálculos, sin que la percepción sensorial, los note. Y
por otra parte los movimientos que percibimos no siempre son tales como
los percibimos: así, el movimiento del Sol respecto de la Tierra, mientras
los de la Tierra no son directamente percibidos. Y es que para percibir un
movimiento o variación, tiene el hombre que meter la cuña de su temporalidad, interponerse en los acontecimientos. Si no se puede alcanzar la pureza de la observación física sin la intromisión del observador, es porque
toda observación exige temporalidad y presencia humana. Sólo hay variación
si el hombre pone y entromete el tiempo, pues la variación no es más que una
serie de porciones sin relación entre sí, pero que el hombre relaciona y ata con
su presencia y su memoria. La totalidad de variaciones en la unidad de tiempo es la velocidad y la variación de las totalidades, es lo que se llama aceleración o retardamiento.
Meter el tiempo es un modo de distinguir, de desidentificar y aun de individualizar. Sobre la individualización que pueda dar la materia a los seres materiales está la individualización que da el tiempo. En el mismo individuo se da el otro con sólo percibirlo o pensarlo en distinto instante de
tiempo. En el individuo humano, más que la materia, es el tiempo el que
identifica, con los rasgos y detalles que él mismo inventa. Pero es la persona
la que genera e identifica los instantes de la temporeidad. La personeidad,
por medio de la temporalidad, contribuye a identificar individuos. Las categorías de edad, vejez, juventud, ayer, mañana, antigüedad, etc., aparecen
en el individuo porque las origina la persona en acción espiritual y presencial. La individuación de los seres naturales, las de la especie si es ser vivo,
y el contorno material recortado, si no lo es. En ambos casos interviene la
temporalidad que sólo el hombre pone. La multiplicidad en el espacio indica difere~cias y acusa distinciones individuales, pero hace falta tiempo para
enumerar o contar esas diferencias o enumeraciones. La multiplicidad en el
tiempo da sucesividad, pero hace falta algún intervalo como espacialidad,
pues el espíritu para temporalizar, necesita espacialidades en que apoyarse.

101

�La multiplicidad espacial en la unidad de tiempo es la simultaneidad. La
unidad o simultaneidad en el espacio con unidad de tiempo, da el individuo.
La unidad de acción, en sucesión de instantes de tiempo, da la persona.
No hay persona en el ser vivo por el mero hecho de ser vivo. El espíritu
personifica (como lo hace en las criaturas o personas de arte) sin necesidad
de valerse de la vida biológica, y conste que no hay redundancia, pues hay
vida (la de las personas de arte, la del espíritu en su autoconciencia) que
no es biológica. Pero el espíritu sólo alcanza a individualizar encamándose
en lo que vive. Esto hizo pensar que la individualización era cosa de orden
material cuando lo que es más brutalmente material (rocas, viento, agua)
no individualiza ni se configura por sí solo; precisa de algo que lo limite y
configure. La vida, a través de las especies, individualiza, pero no personifica, no da unidades de conciencia. El hombre es individuo y es persona, pero
mientras la individuación se ve desde fuera, la persona sólo se percibe desde
dentro de cada hombre, y su apunte o conato de individualidad se llama Yo.
Este Yo emite radiaciones presenciales que permiten que los demás lo capten
como persona, y como otro Yo. Pero ni el Yo ni la conciencia ni la persona
se dan en los seres meramente vivos y que, nada más, viven. Vivir, nada más
que vivir, no garantiza la presencia de la persona y del Yo.
Los seres meramente vivos no son autores de su vivir sino que se dejan
mandar por la vida. En sus hechos, impulsos, hábitos, instintos, obedecen,
ejecutan, no mandan sobre la vida. También el hombre tiene, en su fisiología, impulsos, movimientos que él ejecuta pero no manda; tal ocurre con las
secreciones de sus glándulas, las contracciones y movimientos de sus vísceras
y los reflejos de sus nervios. Ni los manda ni los obedece. Pero ¿ a quién nos
estamos refiriendo?: Al Yo personal que está un poco fuera de su individualidad personal. Entre el hombre hay un Yo, y toda la fisiología y gran
parte de su psicología queda al margen, a un lado del Yo, interaccionándose
con él, pero sin mandarle aunque también sin obedecerle del todo sus mandatos. Lo que hacen sus vísceras, su sangre, no siempre lo hace el Yo, aunque
lo hecho y ejecutado quede afectando al Yo y ejerciendo influjos en su
ámbito. Pero el Yo es mucho más que la anatomía, la fisiología y aun la
psicología de cada uno. La vida que vivo, mi vida, es mía y por serlo está
por bajo de mi Yo. El Yo no es esa vida que se alude cuando se habla de
la anatomía, la fisiología y la psicología individual; tampoco el Yo es vida
de especie o de colección, sino lo contrario, parece querer fundar su propia
especie o su misma colectividad. Si algo se puede decir de cada Yo, es que
no tiene especie ni pertenece a ninguna. Yo no es mi vida, sino mucho más
que mi vida. Por de pronto no la obedece y se propone, en cambio, mandarla, aunque tampoco lo logre, por entero, siempre. Pero puedo querer comer, tenga o no tenga hambre -y mejor si no la tengo- y puedo parar

102

mi corazón en el suicidio o dominar mis reflejos mediante un ejercicio adecuado como los contemplativos hindúes.
Yo 'soy más y otra entidad que mi vida. ¿ Qué o quién es este Yo que soy?
¿ En qué forma lo soy si, aunque lo soy viviendo, no es ese vivir el que constituye sustantivamente mi Yo? . . . Lo primero que se suele pensar,,º al menos decir, es que ese vivir se hace Yo cuando se hace saber de ~1, c_uando
se convierte en conciencia. Pero aquí, ¿ se dice que el Yo es conc1enc1a, saber de sí, o que la conciencia es un Yo doblado, un saber del Yo? Se nota
que los términos "conciencia" y "Yo" andan un poco entrelazados y confundidos. Y ello resta claridad, sobre todo si se da a entender que la conciencia y el Yo son solamente vida refleja, doblada sobre sí. Pero si, _co~o
he dicho la vida nunca alcanza a ser Yo, tampoco llega a ser conciencia
por muchas dobladuras y potenciaciones que ~e le dé. en_ ~u in?ividuación,
por lo mismo que el individuo a fuerza de refmar su md1v1duahda?, nunca
llega a persona. Ni la conciencia se identifica como un copo de vida cualquiera, ni el Yo es, sin más, una conciencia, entendi~a ésta_ coi:no aperc~pción y fuente de intencionalidad deliberada. Sin Yo m conc1enc1a, hay _vida
en el ser vivo. Sin conciencia hay Yo que actúa en el mundo del subconciente
y en el sobreconciente. Lo que no hay es conciencia sin Yo. Y sin Yo, pero
con conciencia plena de sí, hay Espíritu, si bien no hay espíritu sin encarnar; y con la encamación aparece la conciencia y con la conciencia_ o ~in
la conciencia, el Yo. El espíritu está más allá del Yo y de la conciencia,
pero al encamarse, como decía, se hace conciencia y también se constituye
en Yo con conciencia o sin ella. La vida está más acá de la conciencia, del
Yo y 'del Espíritu. Hasta en el hombre hay muchos momentos de vida sin
conciencia y sin Yo, aunque no totalmente sin espíritu encam:,do e~ ~l y
para constituirlo. Lo mismo en la conmoción cerebral que en el su~no _(híp~1co,
no onírico) el espíritu vigila y actúa, aunque no haya conciencia m Y_o
conciente, pero el Yo de algún modo persiste actuando y actual. Al decir
"soy Yo quien duerme", no digo que vivo y duerm_o sin Yo, sino ~ue ~l Yo
mismo decae en su vigilia, pero vigila y no se extmgue. Al dormir, pienso,
actúo, imagino, fantaseo, sentimentalizo; tengo el Yo más o menos anárquico
de mi conciencia, pero no tengo conciencia de mi Yo, o la _ten~o vaga y
diluída cuando no tergiversada. Hay Yo, pero no hay conciencia aparte.
Tamp;co la hay en la sobreconciencia, en el rapto inspirador del místico, del
poeta, del artista; ni la hay en el hombre enfurecido que se altera y se enajena. No hay, en esos casos, conciencia nítida de sí, pero ¿ quién es el que
habla, piensa, actúa y se enajena? No es la mera v_ida ni es la con~ienci~,
pues ya decimos que no la hay. Es el Yo, algo, alguien, que es y ~~tua. m~s
allá de mi vida y de toda vida a diferencia del alma que es espmtu mdividualizado en hombre. Y este Yo no es sino una radiación presencial de

103

�Espíritu, que, al hacerse espíritu humano, al encarnarse en hombre, toma
conciencia de sí, pero que, sin esa conciencia de sí, no deja de ser espíritu.
y aun Yo, pues se hace Yo por bajo y por encima de la conciencia.
Ni el Yo es meramente vida, ni la vida por sí sola se constituye en Yo.
Tampoco Yo es siempre igual a conciencia. Este se presenta como una reflexión de la vida sobre sí, pero la vida sólo puede doblarse y recaer sobre
sí, gracias al espíritu que la informa. Y la conciencia es capaz de unificar
porque alguien la sujeta, unifica y preside. El Yo no siempre es consciente.
No neguemos al Yo porque se nos trasponga a la conciencia. No hay conciencia sin un Yo que unifique y sujete, pero el Yo puede ser inconsciente
o presentar diversas formas y contenidos de conciencia. Y esto es posible porque el espíritu es como un Yo presencial universal. La vida en el hombre
se hace conciencia y se hace Yo porque viene trasumida de presencia del Espíritu. Cuando -en el niño por ejemplo- todavía no es conciencia de sí
ya es un Yo presencial, una participación en lo humano y por tanto en lo
divino de toda presencia y cuando aun no es un Yo singular y consciente
ya es algún resplandor de luz increada y presencial que le llega del espíritu.
Así el niño en quien todavía no hay conciencia, hay un Yo en amanecer,
resplandor impersonal todavía del espíritu como presencia. Poco a poco se
constituye en Yo y en conciencia de sí. No ha entrado apenas en la temporalidad humana y ya se notan en el niño resplandores de lo eterno. Viene al
mundo con transconciencia del Espíritu. De ahí la reminiscencia, la melancolía metafísica que trae todo hombre al mundo. Y así es posible que desde
su singularidad insulada en lo corporal pueda experimentar la universalidad
y la eternidad, sin saber cómo. Y así es posible también la trasmisión cultural de unos a otros hombres, y el reconocimiento o anagnórisis de ellos
entre sí gracias a la contraseña secreta de la presencia del espíritu.
Esa contraseña o consigna que identifica, que da a conocer a unos hombres con otros es el Yo. Al pensar y sentirse Yo cada hombre se siente distinto de los demás, se siente otro que los demás, pero también se siente comunitario, en comunión o en comunidad de lo espiritual y presencial que trasciende a toda individualidad humana. El individuo no es individuo por inmersión en una individualidad genérica o universal, sino al revés, por retraerse
cada uno, distinguiéndose y aun diferenciándose de los demás individuos.
Pero la persona es persona por traer su singularidad de un fondo de comunidad en la presencia espiritual. Por ser el hombre individuo, a la vez que
persona, tiene conciencia de sí y constituye un Yo. La persona le da la comunidad básica en el espíritu; la individuación le da la conciencia distinta
de ser otro. Al decir "yo", nos experimentamos distintos y nos sentimos comunizados por la raíz; nos sentimos a la vez Yo y otro. Este "otro" no es "otro
Yo" sino el mismo Yo nuestro, pero siendo a la vez otro: es nuestro "Yo
104

otro". Y así, la otroriedad primera del hombre le hace distinguir, le permite
distinguirse a sí mismo de todo otro, y sentirse otro, no sólo respecto de ellos,
sino incluso dentro de sí. Es respecto de los demás, más otro, no cuanto más
lejos y distinto (que ello indicaría su individualidad) sino cuanto más desalejado y próximo a ellos, pues lo que entonces pierde en individualidad distinta lo gana en personeidad común. Su otroridad respecto de las cosas, respecto de lo extraño, aumenta con la lejanía. La otroriedad de lo ajeno, con
los demás hombres, aumenta con la proximidad. Cuanto más nos aproximamos a los demás, más otros nos son, y esa otroridad quiere decir comunión. Un hombre socialmente muy lejano o desconocido y remoto, nos parece un extraño, porque lo sentimos sin projimidad. Nunca tenemos la conciencia de ser otro Yo, ni nos sentimos nunca el Yo de otra conciencia ajena,
pero tenemos la conciencia de ser Yo y a la vez ser otro, solo que no solamente Otro-yo, sino también para nosotros mismos, ser "Yo-Otro". Y todo
esto es debido a la presencia. Para la presencia no hay otroridad como no
hay espacio; ni tampoco tiempo físico. La presencia distingue a los seres
naturales de los que no lo son. SóÍo el hombre por ser extra o sobre-natural,
es presencia. La presencia no considera a la presencia de otro hombre como
"otra", aunque lo considere como otro individuo.
Para la presencia no hay espacio ni tiempo físico. Al presenciar todo está
en actualidad, en plenitud, y todo está en presente. La mirada física se vale
de lo espacial, por medio de los ojos, y los objetos son más distintos y detallados al presentar más o menos luz y más o menos tamaño. Pero, para el
presenciar del espíritu no hay tamaños ni graduaciones de luz, no hay espacio ni tiempos físicos, pues lo que se presencia está siendo en presente no
con más o menos ser, no con más o menos tamaño por el espacio, ni más o
menos presente por la acción del tiempo que está pasando. Una vez más:
en el presenciar como acto existencial, como disparo mental, no hay tiempo
ni espacio físicos u objetivos. Pero para aclarar así: en el presenciar se da
lo temporal e incluso lo funda, pues da a luz el presente, pero es tiempo
existencial, presencial, no objetivo_ ni físico. El amor con que una persona
presencia a otra, ¿ conoce tiempo ni espacios físicos?; con la ausencia ¿ no sigue siendo el amado presente? El libro en que habla el autor al lector, ¿ en
qué tiempo ni en qué espacio le habla? Lo mismo puede decirse de la expresión del artista en la obra de arte. En un disco fonográfico habla una
persona que ya murió hace años; ¿ cuál es el espacio y el tiempo en que
habla ese disco al cual estamos escuchando en: presente y sin lugar concreto
para el que habla? ¿ No sigue actuando su presencia humana aún después de
muerto? Sin embargo, el libro, la obra de arte y el disco son presenciados
por mí con un tiempo mío existencial, no objetivo.
Es que la pre-esencia está más allá del tiempo, del espacio y del ser. Por

105

�eso es pre-esencia y actúa desde un "pre", no ubicable ni temporal. Antes
que comunidad en el ser, los hombres --como personas-- somos comunidad,
somos personas en la presencia, en la co-presencia. Nuestra vera ontología
es pre-ontología, porque actuamos desde un "pre" que nos basa y fundamenta. De la co-presencia, nos llega un resplandor y un ímpetu comunes que
nos hacen reconocernos los hombres unos a otros, y mentalizar ese fondo
común como ser, encontrándolo por todas partes. Pero las cosas no son hasta
que el hombre las ilumina en su onticidad; sólo el hombre está en el ser,
o mejor en el pre-ser de la presencia. También Heidegger ha afirmado que
el ser hay que buscarlo en el hombre, y, por iluminación suya, en las cosas.
Es muy antigua y certera doctrina agustiniana. Las cosas al ser presentadas
por el hombre, quedan ontologizadas porque quedan vestidas de ser. Sólo el
hombre es y alcanza a ser, pero no ser en infinitivo sino en gerundio, ser en
gestión o administración que es lo que quiere decir "gerundio". No viene desde el ser sino que va a él, tratando de alcanzar cada hombre el suyo, el que
viene previsto en su vocación, buscando o barruntando desde el "pre" originario,
desde la pre-esencia. No trae tiempo ni espacio. El espacio lo encuentra ahí,
en las cosas ( no hay espacio vacío) ; el tiempo lo pone la presencia misma
con el "siendo". Como dice Agustín: "El tiempo es hecho con las cosas, no
las cosas en el tiempo". Las cosas fueron hechas sin temporalidad de ellas.
Luego vino el hombre y se la puso. Y la temporalidad la sacó el hombre
de su propio siendo. Viene de la eternidad y proyecta lo que es: temporalidad, por eso, según Platón "El tiempo es la imagen móvil de la eternidad". Yo me experimento ser Yo, en presente, ahora, en este instante. Y
luego, días o meses después, me siento ser yo, y precisamente ser yo mismo,
el mismo Yo de antes. El hecho debiera sorprendernos. Resulta que el mismo
Yo lo noto permanecer en mí y cambiar. Me siento permanentemente el mismo
Yo. Pero también en cada instante y continuamente me siento otro. En las
filosofías más clásicas se resolvió el problema diciendo que permanece algo
que es sustancial, y varía algo que es accidental, fenoménico, y sujeto a tiempo,
pues la sustancia está más allá de lo temporal. El tiempo pasa, pero no por la
sustancia ni por lo que permanece de las cosas, sino que pasa sólo por lo
cortical, aparencia! y accidental. Pero aparte que hay sustancias que parecen
haber perecido (especies extintas, seres que desaparecieron del mundo del
hombre) resulta que ahí se habla del tiempo como otra sustancia independiente de la que permanece en las cosas, y como tal sustancia ésta también
permanece. Bueno, permanece y sin embargo varía hasta no parecemos dos
tiempos distintos; parece que varía sustancialmente. Pero aquellas filosofías
clásicas lo que decían que es lo que permanece de las cosas es su sustancia,
lo que sub-está, o está debajo de las variaciones. Pero el tiempo ¿ qué sustancia va a resguardar de las variaciones que produce él mismo? Diciendo

106

que el tiempo es algo que pasa sobre las cosas, algo alígero y andarín decimos algo no cierto, y que vale sólo en el concepto. Y todo concep~o es
como falsa sustancia externa a las cosas, pues aunque éstas caduquen, el
concepto permanece.
Pero al aplicar el tiempo al Yo parece que decimos que el Yo y el tiempo
son dos sustancias extrañas entre sí que se frotan y unas veces se conjugan
y .?tras no, pues los seres vivos parece que se impregnan de tiempo en sus
teJidos y envejecen, transidos de temporalidad, mientras los seres no vivos
no envejecen nunca, y no vamos a decir por eso que son eternos O intemporales. ~n cuanto ~l Yo, hay en él y por él, memoria, recuerdo, evocación,
melancoha, pero ¿ d!remos que pasa el tiempo por él, siendo el Yo el que
parece segregar el hempo? . . . el Yo es Yo porque está siendo y temporalizando; está si~ndo el mismo y a la vez se siente estar siendo otro. Y parece
que esta otrondad no nace del Yo porque este Yo pase y deje de serlo, sino
~orque, a la vez que permanece, cambia, afectándose, dejándose influir del
tiempo, de modo que está siendo Yo, el Yo permanente, y está siendo a la
vez, otro; y no otro yo como un Yo distinto del anterior, sino el mismo Yo,
pero Otro, porque "el mismo" quiere decir "idem", esto es, un Yo y otro
Yo que, c~mparados, resultan iguales, el mismo Y o con su otroridad. Y así,
pued~ decir que Yo soy "el mismo" Yo, es decir, Yo, sí, pero otro igual 0
el mismo que Yo. Y como ese Yo brota del "siendo" existencial en el cual
me siento el mismo y me siento otro, en vez de decir que el tiem~o me hace
permane~e: y cambiar, puedo decir que es mi Yo (siendo Yo y siendo Otro)
el que ongma el succedendo de lo temporal, pues siendo Yo, me estoy siendo
haciéndome tempo~alizar, y sucediéndome a mí mismo, ya que soy y O ;
?tro, o l~ que es igual: soy Yo-otro, pero no otro-Yo distinto del que soy,
smo el mismo Yo pero Otro. Y así, siéndome, sucediéndome, origino mi propia temporalidad que, luego, lanzada, proyectada sobre las cosas, las baña
de un tiempo ya objetivo, con el que mido los acontecimientos y los fenómenos, y el concepto de tiempo que no es tiempo abstraído sino concepto
de lo temporal congelado y sin temporalidad. Y esa temporalidad que es el
Yo y el Yo proyecta sobre el mundo - pero que no lo origina el Yo sino el
siendo- se abre por la apercepción en conciencia de cosas y en autoconci~ncia. Y m~s allá de mi Yo siendo una como Yoidad más amplia en que
m1 Yo se bana y por la cual presencia. No siento mi yo como algo aislado
Y sin_gular, más que socialmente, es decir, frente a otros individuos a los que
concibo como Yos, pero, existencial y metafísicamente, mi Yo lo siento sum~rgido en comunidad, en un magma cálido y vitalísimo de yoidad, una
yo1dad general que sólo es aplicable a personas, no a cosas. Y sé que ésas son
persop.as por su resplandor presencial y su aptitud y su vocación para presenciarme a mí. Me siento Yo, no como un islote, que es el Yo social de lo

107

�individual, sino como sumergido en una atmósfera, en una esencia de presencialidad en una co-presencia, dentro de la cual presencio y soy presenciado con actitud y poderes iguales a los míos. No es que sea Yo con otros
Yos a los que me llego desde fuera, sino que ellos y Yo nos presenciamos
mutuamente porque estamos sumergidos en una misma yoidad copresencial,
la cual no es un concepto abstracto como la equinidad del caballo o la felinidad del león, sino que es una realidad ultrafísica experimentada por
todo Yo.
Pero no se crea que esa yoidad copresencial universal de lo humano, es
. Dios, sino la virtud o ímpetu presencial que de Dios viene, pero Dios no es
ningún Yo aunque es la pre-esencia de toda persona. Esta yoidad es la copresencia humana porque desde ella, dentro de ella, todas las personas pueden presenciar y presencian. Y con una co-presencia que está más allá de
la realidad social e individual, más allá de cotaneidad y contemporaneidad,
pues nos presenciamos unos a otros, en el pasado, en el futuro, y más allá
del pasado y del futuro personal de cada uno. Por la copresencia el Yo experimenta más de sí, trascendiendo su propio Yo, como si mirara desde la
yoidad humana, desde más allá de lo temporal, desde lo eterno. Se hace así
inteligible que el Yo tenga más de una conciencia, y que persista el Yo más
allá de toda conciencia suya, y se haga conciencia de lo inconsciente de este
modo; lo que me es inconsciente sé que me es inconsciente, y tomo por tanto
conciencia de lo que me lo es. El mundo de mis sueños me es inconsciente,
pero tomo conciencia de que me lo es. También el poeta toma conciencia
de lo que no sabe, que sabe, y sin embargo dice y expresa. Se ve que para
llegar a ser quien soy, se abrieron rutas y posibilidades que me han constituido en conciencia de mí y de las cosas que conmigo se relacionan. Y así
ha brotado mi Yo. Y ese Yo ha brotado en la temporalidad, pues esas vías
o rutas se abrieron porque Alguien me sembró en eternidad y me abrí florealmente como conciencia y Yo presencial en el tiempo. Y a lo largo de la
temporalidad humana quedarán sembradas mis semillas y las rutas de mi
Yo en mis hijos o en los que hayan de recoger mi mensaje, que nunca se
perderá, pues los otros hombres recogen mi presencia en su Yo y la multiplican con su presencia y su propia semilla.

LA SIGNIFICACIÓN DEL FRAGMENTO
DE ARTE MEDICA * DE LOCKE
Dr. PATRICK RoMANELL
Universidad de Oklahoma
Norman, Oklahoma, E.U.A.

JOHN LOCKE (1632-1704) HA SIDO TRADICIONALMENTE llamado en filosofía
como "empirista", sin embargo, esta etiqueta no vale estrictamente en cuanto
al •'Padre del Empirismo Británico". Atendiendo a que si bien Locke es compl:tamente un empirista en lo que se refiere a las fuentes de todo conociIment~ humano, no es un empirista acabado en lo que toca a las pruebas de
su v~hdez: De ~echo, Locke es intuicionista en lo tocante a la prueba de su
pro~1a ex1st:nc1a y un racionalista en lo que concierne a probar la existencia d~ Dios, las ~e:d~des de las matemáticas y de la ética. En otras palabras, Y ciertamente iromco, Locke es un no-empirista en cuanto a la lógica
de aquellas cosas que más cuentan en la vida, a saber las no-físicas.
Desde luego, es cierto que él aplica la prueba empírica de la experiencia
Y de la observación a las cuestiones de hecho, pero si así lo verifica, es solamente porque cree que no tenemos nada mejor para orientamos cuando se
trata de establecer la verdad de tales cuestiones. Brevemente, es posible decir
q_ue ~l hecho de que Locke sea un empirista, de acuerdo con la lógica de la
c1enc1a natural, esto no lo hace automáticamente un empirista en la lógica
de cualquier otra cosa.
Desgraciadamente, no poca confusión ha habido en discusiones acerca de
la teoría del conocimiento de Locke, y con tristeza es necesario admitir que

El autor agradece el patrocinio de la American Philosophical Society, para realizar parte de las
investigaciones sobre el presente artículo.

108

* El1 fragmento del• manuscrito de LocKE' De Arte Medi'ca, 1669, está' conservado
ent; a documentación Shaftesbury en la Oficina del Archivo Público de Londres
(p. .O. 30!24(47/ No. 2, fols. 38-47). De las tres impresiones existentes del M.S.,
por
estamos usando la versión modernizada de H • R • Fox BOURNE, Th e
L'f converuenc1a
¡¡ h
1e o
o n Locke, vol. I (Londres, Henry S. King &amp; Co., 187_6), pp. 222-227. A
menos que se especifique, todas las citas están tomadas de esta edición.
109

�tal vez es el propio Locke el responsable de este estado de cosas, aunque
de Lo;ke sea sólo en parte la culpa, como nos apresuramos a agregar. Probablemente no pueda considerarse a Locke como el más claro pen~ador qu:
haya habido en el mundo, pero ciertamente que lo es m~cho ~as que 1
mayoría de sus seguidores y críticos que lo han llevado mas alla de lo que
es en realidad.
. .
Pero hay más aún. Nos referimos a otras notas en la teoría del conoc1m1en~o
de Locke que son más características de su maner~ de pensar, q~e su obvia
vena empírica : en forma particular, habremos de citar las agnost1ca~ Y _pragmáticas. De importancia suficiente, esas tres_ notas ~a~actcrísticas estan Junt:s
y así permanecen firmemente en su pensamiento medico, pero en forma Pª. ticular en el fragmento de uno de sus escritos iniciales, al cual el pr~p10
Locke habría de intitular De Arte Medica 1669. No obsta~te, como as1 lo
hiciera notar un prominente médico británico hace ya tres decada_s, este fragla atenmento d e Locke "On the Art of Medicine" parece no haber atra1do
.
•
1
ción que este trabajo merecía de parte de los pensadores y escntores, no sm
mencionar la atención que debió haber merecido en prime~, lugar d&lt;: pa~te
de los estudiosos de la filosofía. Seguramente que, tanto el b1ograf~ V1cton~3
no 2 de Locke, así como su redactor, también Vict~riano ( el primero mas
do) habrían de apreciar la importancia general del fragmento
que e1 segun
,
b dif' ·1
el
en sí mismo, pero no pudieron percibir -lo que resu1ta a
1c1 para aqu
entonces-- su verdadero alcance y significación.
Nuestro propósito en el presente trabajo, es por lo tanto, mostrar e~ forma sucinta a través de un examen del texto y de un breve comentario, la
· if.1cac1·o'n mc'di·co-fiºlosófica de la obra De Arte. Medica
s1gn
.
• ( 1669),d así como
la relación entre este frecuentemente citado -s1 bien mexplora o manus·t
y la formación del propio pensamiento de Locke.
en o--,
.
t
'l
El manuscrito De Arte Medica ( 1669) , de Locke, ~ue consiste an so o
de doce páginas escritas de su propio puño y letra,_ ~erm_~ando abruptamente
' ·to de establecer una cuádruple clas1f1cac1on de enfermedades,
con e1 propos1
.
.
d ·,
inicialmente se oriainó con el intento aparente de servir de mtro ucc1on para
una obra más gr~de, cuyo propósito sería "proponer algu~das c~~as"d para
·
· to de la profesión médica a través de la cons1 erac1on e sus
e1 meJoram1en
'
.,
"bT
éxitos y fracasos en el pasado, su estado actual y tamb1en el de sus p~s1 1 1dades futuras. Sin embargo, en realidad, la mayor parte del texto existente
está dedicado a las fallas de la medicina en el pasado, a l~s razo~es por las
que éstas se produjeron y a las mejoras que era necesano realizar en ese
, ALEXANDER

GEORGE

GrnsoN,

The Physician's Art (Oxford, Oxford University

Press, 1933 ), p. l.
2

ºf·

Fox BouRNE,
• A. C. FRASER,

110

cit., pp. 221-222.
Locke (Edimburgh, Blackwood, 1913 ), p. 36.

campo. Aunque es de sentirse el que Locke nunca haya podido dar término
a su obra, no obstante esto, en lo que hemos mencionado hay lo suficiente
como para garantizar mucha más atención de la que hasta ahora haya recibido de los estudiosos, especialmente en lo que toca a su filosofía.
Para principiar, Locke, en aquel remoto año de 1669, sostiene que la dificultad principal de la medicina en el pasado es el que sus "reglas de práctica", no habían sido "fundadas sobre la observación, ésta libre de perjuicios",
-sino sobre "fantasías", concebidas por la imaginación. Como resultado de
esto, la medicina de las primeras épocas estuvo llena de sistemas médicos de
un carácter puramente especulativo. El prevalecimiento de tales sistemas en
-el pasado -como así lo admite Locke, sin ambages-- es psicológica y sociológicamente comprensible. Psicológicamente, sus "letrados" autores, ansiosos
«en la búsqueda de las causas ocultas de las enfermedades" y "curiosos en
imaginar la obra secreta de la naturaleza", hicieron lo que es muy "agradable a la condición del entendimiento humano, el que, no satisfecho con-sigo mismo con observar la obra de la naturaleza y el verificarse de las cosas,
es muy inquisitivo en la búsqueda de sus causas y permanece muy inquieto
hasta que en aquellas cosas de las que se cree versado, llega a formarse al-guna hipótesis que pueda servir de base desde la cual establecer todos sus
razonamientos". Sociológicamente, "ellos mismos se acomodaron a la moda
de sus tiempos y países", los que les produjo la necesaria habilidad "disputando" lo suficiente como prerrequisito para llegar a la "fama y reputación".
Siendo así el caso -concluye Locke- no constituye una sorpresa el que "su
práctica no se extendía más allá de lo que sus sagrados principios les po-drían permitir, según su manera de pensar", con los desastrosos resultados,
que en un intento para explicar el fenómeno de la enfermedad en los términos de sus favoritas y preconcebidas hipótesis, así como sus "agudas, pero
inútiles especulaciones", no solamente "confinaron e hicieron más estrecho
-el pensamiento del hombre", sino que, lo que es peor, desviaron sus indagaciones del verdadero y ventajoso conocimiento de las cosas. Locke despliega
-su temperamento pragmático cuando declara que las nociones especulativas,
"aunque verdaderas", son, a pesar de todo, inútiles como una guía en la
práctica, "y que cualquiera que vaya con la mirada puesta en ésta, "apuesto
-diez a uno que se extraviará". En otras palabras, aquellos sistemas de la me&lt;licina que empiezan con principios puramente hipotéticos de la enfermedad
y que desde éstos establezcan los diagnósticos, así como las consecuencias terapéuticas, de aquí en adelante, "enriquecen el arte de hablar", pero no el de
curar. Ilustrando lo anterior con dos ejemplos claves tomados de la historia
&lt;le la medicina: uno antiguo (la doctrina de los cuatro humores) y el otro
moderno (las nociones de Paracelso) , Locke- enfatiza: "esos teoremas especulativos le proporcionaron tan poca ventaja a la medicina como el alimento

111

�al hombre, y quien cree haber llegado a ser un médico más acertado en las:
enfermedades debido al estudio de la doctrina de los humores, que las nociones de la 'obstrucción y putrefacción le hayan podido ayudar en la cura
de las fiebres, o bien, que por haberse familiarizado en el uso de sulfuro y
el mercurio, pudo llegar hasta el útil descubrimiento en el sentido de que las
medicinas y un régimen adecuado son tan certeras para matar el último período de algunas fiebres, como se curan en otras; como también racionalmente
pudo creer que su cocinera debía su habilidad en asar y hervir, a su estudio
de los elementos y que, finalmente, sus especulaciones acerca del fuego y el
agua, le enseñaron que la misma ebullición del líquido que endurece el huevo
también hace más blanda la gallina".
En oposición al método hipotético-deductivo de los escolásticos y de los
racionalistas a priori, Locke sostiene con Francisco Bacon y con los empiristas que "el verdadero conocimiento se originó primeramente en el mundo
por la experiencia y las operaciones racionales y que, de haberse continuado
este método si los pensamientos de todos los hombres hubiesen sido empleados.
para sumar sus propios juicios en la observación de los otros, no solamente
en los que se refiere a la cuestión médica, sino también a todas las demás.
artes, se hubiera obtenido una mejor condición de la que actualmente se
tiene". Pero -y aquí está la diferencia crucial entre Bacon, el profeta británico de la ciencia moderna y Locke el científico agnóstico- "hombre orgulloso, no contento con ese conocimiento del que fue capaz y que le fuera
útil, necesitaba penetrar en las causas escondidas de las cosas, echar abajo
los principios y establecer reglas para sí mismo acerca de las obras de la
naturaleza y entonces, vanamente, esperar que la naturaleza o, en verdad,
Dios mismo, procediesen de acuerdo a esas leyes que sus reglas le habían
prescrito, siendo así que sus estrechas y débiles facultades no podían ir más.
allá que la observación y recuerdo de solamente algunos efectos producidos
por causas externas y visibles permitían, pero en una forma completamente
fuera del alcance de su aprehensión".
Con objeto de comprender por qué la tradición ha ido por caminos errados al interpretar a Locke como empirista baconiano, permítasenos comparar
el pasaje acabado de citar, tomado del fragmento en cuestión, De Arte Medica ( 1669), con su contraparte en la obra de Bacon: Advancement of Learning ( 1605). Comentando acerca de la fuente esencial de las dificultades que
han plagado de errores a la profesión médica por siglos, Bacon afirma, con
su acostumbrado aire de confianza, "que no es la insuficiencia o incapacidad
de la mente humana, sino la alejada posición o colocación de ésta, lo que
produce estas confusiones e incomprensiones; porque así como la percepción
desde lejos está llena de errores, pero exacta desde cerca, así acontece en lo
tocante al entendimiento. El remedio, por lo tanto, no es el tratar de dar vida

o fortalecer al órgano, sino ir lo más cerca posible del objeto. De aquí en adelante no hay duda de si los médicos aprenderán y usarán los verdaderos accesos y avenidas de la naturaleza"/ síguese que para cada enfermedad deberá
haber la cura correspondiente. Sin embargo, ¡ tal milenio médico nunca hubo
de ser prometido por Locke !
Si se desea captar al mismo tiempo la diferencia básica en los puntos de
vista entre el pensamiento renacentista, como el de Bacon, y el pensamiento
de la restauración en el pensamiento de Locke, rn la Inglaterra del siglo XVII,
una comparación de sus evaluaciones acerca de las perspectivas de la medicina puede ser suficiente. Pero aun así la posición pesimista de Locke acerca
de las ciencias naturales en general, y de la medicina en particular, parece
extraña en cierta forma, ya que siendo él mismo miembro de la Real Sociedad de Inglaterra, hubo de moverse entre los Baconianos, algunos de entre
los cuales fueron sus personales amigos, tales como Boyle y Newton, para no
mencionar sino a los más famosos. Por otra parte, su énfasis de las limitaciones
del c-ntendimiento humano no es extraño por lo demás, si tenemos en mente
su formación médica, para no hablar de su crecimiento en un medio puritano.
Mientras que Bacon, con un cerebro de jurista, está siempre dispuesto para
curiosear las causas de las cosas, Locke, con mentalidad de médico, está siempre dudando acerca de la habilidad del hombre para descubrirlas. ¿ Puede,
por lo tanto, causar cierta sorpresa, el que Locke hace aproximadamente tres
siglos haya preguntado a aquellos que pretendían conocer las "causas ocultas"
de las enfermedades por mera especulación?
A pesar de todo nuestro considerable progreso médico obtenido desde entonces, la "desconocida etiolog-ía", permanece al presente como un fenómeno
no muy extraño, de acuerdo con lo que nos reporta lo clínico. Y si Locke,
el médico, es más que un Tomás dudoso de la ciencia, que Boyle, el químico,
y Newton, el físico, ¿ no es porque la medicina como tal, esté en nuestros días
confrontando cotidianamente con más incógnitas, por no decir incógnitas
irresolubles, que los químicos o los físicos?
Desde el punto de vista de lo histórico, el rasgo agnóstico de Locke nos
lleva a los tiempos de Sexto Empírico (Sextus Empiricus), el escéptico de los
médicos antiguos, anterior y predecesor de David Hume, el escéptico de los
filósofos modernos. Pero mientras que Ifome fue lo suficientemente brillante
para hacer el debido planteamiento de los problemas de la causalidad en cerebro propio, según parece, Locke tuvo que aprenderlo penosamente a través
de la experiencia de la práctica de la medicina. De cualquier manera, es su
rasgo agnóstico con fondo médico, característico de su obra De Arte Medica
de 1669, el que llega a ser la tónica constante en la obra maestra de Locke
• En Bacon Selections, Ed. M. T. Me Clure (New York, Scriber's, 1928) , pp. 157-58.

113

112

H8

�de 1690, Ensayo sobre el Entendimiento Humano, cuyo bosquejo inicial ~está fechado -lo que es muy importante hacer notar- solamente dos anos
después del manuscrito médico que venimos estudi~do, esto es, en 1671. El
que comparativamente el fragmento casi desconocido s~bre A_rte de la Jv!edicina y el famoso Ensayo, participen de un fondo co~un ,de ideas, no sconstituirá ningún problema para los estudiosos de la filosofia d~ Locke. .
Mientras que el rasgo agnóstico, representa el aspecto ne~attvo de la filosofía de la ciencia, de Locke ( "filosofía natural", co~o asi la llam~ en el
lenguaje de su tiempo), la nota pragmática puede decirse que const.Jtuy~ su
aspecto positivo. He aquí cómo de nuevo su preparación méd~ca le sirve
como factor de control y para así mostrarlo concretamente, permltasenos observar cómo su concepción utilitaria de todo el campo de la ciencia natural,
está coloreada por "ese brazo del cual concierne la salud del hombre": la
medicina.
. •
d 1
Hablando de De Arte Medica acerca de que "el conocnmento e a naturaleza de los cuerpos, cuyo fin y beneficio del cual, no puede ser otro que
obtener ventajas y conveniencia para la vida humana", Locke agrega en su
forma característica, que si "todas las especulaciones s~~re est~ tema, ya s~n
curiosas O refinadas O bien que parezcan profundas y solidas, si no _Ie_s ensenan
a hacer algo a sus seguidores O mejor, o en una más_ pronta y fac1l _manera
de lo que de otro modo pudiesen, 0 si no les conduJeren al_ d~scub,1,erto de
algo nuevo y de útil invención, no merece el nombre de conoc1rrnento . ,
Luego entonces, ¿por que, habla Locke de
. tal. manera, como aferrandose
en los lados tecnológicos O prácticos de la c1enc1a? Po~que, a pesar ,de_ todo,
es médico de corazón. Todos los médicos son pragmatistas en su practica de
la medicina, aun cuando no lo sean en las teorías de ésta, y Locke no constituye una excepción.
, .
.,
En realidad, lo que distingue a Locke como un medico filosofo, es ~ue ~s
un doble praomatista en medicina, en la medida en que se acerca .ª la c1enc1a
de la medici~a con el mismo espíritu utilitario con el que practica su arte.
• Un ejemplo de esto es un pasaje que resulta importante por una razón __muy
· 1
e tablece que el autor de De Arte Medica fue con toda probab1hdad,
especia, ya que s
.
, •
(V"d K
el mismo LocKE y no SYDENHAM, como así se ha pretendido ultunam~nte
I e
ENNETH DEWHURST, THoMAS SYDENHAM Medical History, vol. VI, abnl, ~962, p. l?B).
Es el asaje en De Arte Medica que dice que "el progrcs~ de las artes ut1lcs fue ~eJado
en m~nos de gente común que tenía más débiles aptitudes y menos oportumdades
de aquí que hubiesen sido apodados con el desafortunado nombre de
para h acerlo,
• d "D ft B" ( 16 71 )
, ·
El tema del pasaJ·e está repetido a lo más verbatim e
ra
mecamcos.
d"
d B
del Ensayo (JoHN LoCKE, An Essay Concerning Human Understan mg... , e.• •
Rand, Cambridge, Harvard University Press, 1931, p. 17_3) y en el Ensayo
JoHN LoCKE, An Essay Concerning Human Understandmg, ed. A. C. Fraser,
ford Clarendon Press, 1894, vol. II, p. 128.

IIllS~::

'

114

El rec1en desaparecido médico, el doctor Henry Sigerist, puso el dedo en la
doble naturaleza pragmática de la medicina, cuando sutilmente observó que
"lo que cuenta en medicina son los resultados, ¿fue un tratamiento eficaz
o no? ... El valor de la teoría médica está determinado por los resultados
prácticos que produce". 6 De seguro, esta es la razón por la que resulta más
exacto llamar a Locke un pragmatista en medicina, más que un simple empirista. Para ilustrar la diferencia, lo que el ruibarbo significa para un médico
práctico, no lo es así para un botánico como tal. Abreviando la interesante
cuestión acerca de De Arte Medica, es que en ésta, ya sea consciente o inconscientemente, Locke extiende la prueba pragmática adecuada a la medicina al área total de la ciencia natural. Si los conocimientos científicos, tal y
como se encuentran en la actualidad, apoyan esta extensión -habida cuenta
aparte de lo demás- a base de lo pragmático, el hecho es que los intereses
médicos de Locke hicieron tal impacto en su propio pensamiento, que no
podemos comprender su posición filosófica en el Ensayo de 1690, sin tomar
seriamente en cuenta su contexto médico original. Pues la mayor enseñanza
del Ensayo sobre el Entendimiento Humano apareció primeramente, in nuce,
en 1669, en De Arte Medica, del propio Locke.
Sucintamente establecida, la enseñanza es ésta. Desde que el intelecto humano no puede penetrar en los secretos de la naturaleza debido a sus "estrechas y débiles facultades", la única cosa sensible para nosotros por hacer,
bajo estas circunstancias, es lograr lo más posible de experiencia, como nuestra guía y concentrarla sobre "el aumento del conocimiento práctico". Así
es que el pragmatismo de Locke, el cual proviene en gran parte, aunque no
del todo, de su preparación y experiencia de médico, constituye su salida del
agnosticismo y lo salva de un completo escepticismo.
Como una razón de por qué Locke necesitaba ser un pragmatista médico,
esto deberá ser ya ahora perfectamente claro. Hume pudo, sin duda alguna,
llegar a ser un acabado escéptico en su estudio, ¿ pero cómo lo pudo ser
Locke al lado de la cama de un enfermo? Aparte del hecho de que el compromiso pragmático de Locke tiene los defectos de cualquier compromiso en
filosofía, por lo menos tiene el mérito de dejar abierto el camino para alcanzar la verdad, por virtud de sus punzantes ataques sobre las "vacías especulaciones".
En suma, para concluir, el conocimiento profundo de Locke acerca de
las limitaciones de la mente humana y su defensa de un conocimiento útil
• HENRY E. SICERIST, A History of M edecine, vol. 11 (New York O xford University
Press, 1961), p. 7. Digamos de paso que no es accidentalmente que el hombre que
formuló la filosofía conocida técnicamente como "pragmatista" fuese él un médico
también, Williams James, el Locke de América.

115

�que vaya con ésta, son esencialmente el producto de una mentalidad ,;édi;.
Consecuentemente hay una muy cercana relación entr~ L~~kc, el me _1co .e
, tºca y Locke el pragmático de mente filosof1ca. La evidencia
mente pragma 1 ,
.
•
d. ·
de que la filosofía general de Locke es en el fondo una philosoph_ia me ici, puede ser encontrada en varios manuscritos de él, tanto en los pubhcado_s _como en
los no publicados, pero tal vez ninguno de éstos sirva para tal proposito como
el fragmento de 1669, De Arte Medica.
Traducción del Lrc. ALBERTO GARCÍA GÓMEZ

INTRODUCCIÓN AL PENSAMIENTO DEL
HOMBRE POR EL MITO
IsMAEL Orneo PÉREZ

EL MrTO

Y

LA VERDAD

EL MITO Y LA VERDAD son las dos caras del conocimiento y el anverso y reverso
de la realidad humana. El mito es la desfiguración de la realidad, pero
para que se dé el mito se ha de dar la realidad. Aunque podemos imaginar
cosas irreales, son siempre en referencia con algo que es real. Don Quijote
no se ha dado nunca ni en la Mancha Castellana, ni en ningún lugar de la
tierra. Don Quijote es un mito, pero un mito encamado en la realidad del
hombre universal.
Los hombres vivimos de verdades intelectuales y de verdades existenciales,
pero también vivimos de los mitos. La fabulación es tan necesaria a nuestra
existencia como la busca y la definición de la verdad.
¿ Qué sería del hombre y de los pueblos si no encontraran junto a la verdad
histórica y científica, la verdad fabulada o mágica? Grecia fue grande por
Aristóteles, por Praxiteles o por Pericles, pero no fue menos grande por Homero, por Platón o por los viejos órficos: todavía los héroes y los mitos homéricos son tomados como paradigmas morales en la literatura de todos los
pueblos o en la acción ejemplar de los hombres. O los relatos platónicos, donde
se define la verdad con la parábola poética, siguen actuales en el sentimiento
de los filósofos.
La verdad en filosofía es la adecuación entre el pensamiento y la realidad;
en física es la adecuación entre la ley formulada por el hombre y el fenómeno
observado en la naturaleza. Y en matemáticas es la consecuencia correcta en
las conclusiones de los datos presupuestos.
Es verdadero todo lo que satisface a la mente de la generalidad de los hombres. Sin verdades positivas aceptadas, el hombre no podría vivir, aunque sean

117
116

�verdades provisionales, que en un futuro no determinable pueden ser revisadas
y mejoradas. En todo viaje hace falta un zurrón con la comida_ que podemos
conseguir y para que el viaje sea posible. Cristóbal Colón hubiera navegado
mejor en un submarino atómico o en un jet cometa, que en una carabela,
pero en su tiempo se vio obligado a valerse de lo que tenía a su alcance y no
esperar el progreso de la navegación para evitar los peligros. ~a carabela ~ra
la verdad de la navegación en un tiempo, como los cohetes interplanetarios
son la verdad de la navegación cósmica del nuestro.
Teóricamente el escepticismo es necesario para el progreso humano, pero a
la vida le hacen falta verdades con las que vivir, aunque estas verdades que
satisfacen a la vida no satisfagan a la mente.
La entidad y la cateaoría de la calidad se dan en filosofía: la cantidad Y el
número se dan en las ~atemáticas. Y el movimiento en la física. La química
es una descomposición en partes de la materia física. El químico Loustalot
aseguraba: no creeré en la química si no recompone lo que descompone.
La creación de materia viva en los laboratorios es la tarea actual de la
química.
Son los diversos caminos en la investigación del conocimiento y de la verdad,
lo que llamaban "aletheia" los filósofos griegos, o desvelar lo que estaba velado.
La verdad es siempre mito. El canto y el mito fueron antes que la gramática y la lógica. Antes de ser razón intelectual fue sinrazón del sentimiento,
antes de ser ciencia fue poesía y antes de ser abstracción filosófica y matemática fue realidad inmediata, objetiva y tangible, desfigurada con la luz
máaica del hombre primitivo. La realidad inmediata se fue haciendo mito
ant: lo desconocido; en paralelo con los sentidos, coexistiendo con la ~ateria
estaba la imaginacjón de lo lejano o inexplicable: así se gestaba el mito.
Mitificamos lo que no conocemos, aureolado por nuestro sentimiento mágico, de diferente naturaleza a nuestra razón lógica, pe:o el_ mito es tan
verdadero como la verdad científica, así somos capaces de imagmarlo, porque
en nuestra naturaleza existe la profunda necesidad de su realidad o de su
existencia y tiene el mismo valor para nosotros como el teorema de Pitágoras tiene valor objetivo para todos los hombres.
Los grandes hombres de la Historia, como Aníbal o Julio qésar, tienen
una doble personalidad, la que les confiere la Historia y la que imagina el
arte de la ficción literaria o artística; es el mito que enriquece su personalidad haciéndoles ser desde el lado de la leyenda, mucho más de lo que fueron
en realidad. Alguien dijo que no hay ningún hombre grande para su ayuda

1:

de cámara.
O la madre o la mujer que hemos amado, al perderlas las agigantamos en
virtudes y las mitificamos. Asegura Gustavo Le Bon que el triunfo del imperio
romano y su continuidad de seis siglos, se debió a que las más remotas aldeas

118

de Hispania, de Galias, o de Egipto, tenían una estatua del Emperador en
hornacinas que los pueblos sometidos veneraban como dioses.
La ciencia fue antes hipótesis. Las leyes de la naturaleza fueron antes intuiciones, convirtiéndose después en normas científicas. La caída de las manzanas en el huerto familiar de Isaac Newton permitieron el descubrimiento
de la ley de la gravitación universal.
La coexistencia del mito y de la razón son inseparables de la naturaleza
espiritual del hombre.
Mito es el infierno o el demonio del que todos los hombres han hablado
y que Sócrates llamó "daimón" o el inspirador de sus mejores ideas: el mito
actúa en el sentimiento del hombre como si fuera real; hay en el mito, en
efecto, una verdad actuante, que revela una naturaleza oculta de las cosas.
¿ Cuál es esa naturaleza oculta?
Es lo que pretendemos saber, con ánimo esforzado, hasta lograr fijarlo en
la realidad con la razón científica.
Formas del mito son el amor o la amistad, la creencia política o religiosa.
Si decimos a una mujer te amo con todo mi corazón, podríamos preguntar
con la razón lógica: ¿Por qué no con todo mi hígado o todos mis pulmones?
Existe sin duda una razón oculta, que justifique la colocación del órgano
cordial. Algún_,,día lo sabremos o tal vez no lo sepamos nunca.
Esta actitud de renuncia al saber verdadero por el mito, forma parte de
nuestra naturaleza poética.
Cuando a un niño le dicen que no son verdaderos los Reyes Magos de
Oriente de su imaginación infantil, le producen un gran desconsuelo; hubiera
preferido creer siempre en el mito e ignorar la verdad. El origen de estos
reyes no está claramente establecido, por el solo relato del Evangelio de San
Marcos. Y sin embargo, su presencia mágica en las imaginaciones infantiles
ha seguido durante dos mil años de cristianismo.
Hasta el comunismo que ha combatido las formas mágicas del sentimiento
poético, exaltando la razón y la verdad científica, ha creado mitos como el
de Lenin, porque saben que el mito es actuante y creador sobre la conciencia
de las multitudes. Igual se hace con los dirigentes políticos nacionales en
países comunistas, donde se aconseja exaltarlos y mitificarlos. Y sobre los héroes caídos, cuya ausencia no constituye un peligro de exaltación de la personalidad, en oposición a los caudillos que gobiernan.
Existe más el sentido de la razón en los países democráticos, donde los
caudillos son elegidos en elecciones populares y el término de su gobierno es
un período fijado por las constituciones. Y sin embargo, en su tiempo procuran exaltar sus obras de gobierno y su talento ante sus electores para mantener su carrera política con otros gobernantes que le suceden.
Mito existe cuando queremos conocer una ciudad o una nación por los

119

�relatos de un viajero o de un libro. La distancia nos lo hace mitificar Y probablemente cuando conocemos lo que tanto deseamos por lo que sabíamos,
nos desilusionamos: es entonces cuando hemos dado entrada a la razón Y
hemos desvanecido el mito. La realidad directa ha producido este cambio.
Junto a la belleza ideal, se da en la naturaleza la escoria materia: del mundo.
Por eso el arte tiene la virtud de transfigurar la naturaleza, dandole valor
permanente con el recurso de la técnica y de la fantasía del. artista. La n~turaleza de "La Primavera" de Boticcelli, no era como el pintor la recreo,
pero su naturaleza artística se inmortalizó con las luces_ del mito estético y se
ofrece a la contemplación eterna de todas las generaciones.
La naturaleza es cambiante y la naturaleza artística del genio es eterna,
porque ha logrado una "imagen estática", o una unidad dinámica perdurable
de realidades mudables.

EXÉGESIS DEL MITO

El m'to
nace de una idealización de la realidad y las criaturas
mitificadas
i
h
.
.
son arquetipos de la naturaleza. La imperfección natu:al nos las ace 1magmar
con virtudes O resplandores ideales, que nunca se dieron realrr_iente.'
Así el heroísmo idealizado, el amor idealizado o la verdad 1deahzada. El
héroe tiene miedo por su humana naturaleza y si llega al sacrificio es porque
su gesto está idealizado por un elevado sentimiento. El caso de Sócrates tomando la cicuta, es porque su naturaleza se superaba por el sentimiento del
ejemplo ante los discípulos que le seguían.
.
El enamorado vé en la mujer amante virtudes y bellezas ideales, como es
el amor platónico, que nace del deseo y se llega a la idea univers~l del amor,
donde las imperfecciones morales o la debilidad física no_ son _posibles.
,
Como Ja verdad filosófica no es posible con todas las ex1genc1as de la razon,
la definimos por metáforas literarias y decimos "es aquello que puede ser
concebido como universal".
La existencia del mito se prueba con innumerables ejemplos. ¿ E~istió alguna
vez Penélope, 0 una mujer que tejía y destejía la tela, a la espera sm esperanza,
después de largos años de esperar a Ulises?
¿ Existió Ulises, el navegante, como arquetipo de! héroe esforzado, ~apaz
de sortear los peligros marítimos, las asechanzas de Circe o los encantamientos
de las sirenas?
¿ Pudo existir Aquiles, el héroe de Troya, cuya debilidad consistía en un
talón?
Aunque nunca hayan existido, la capacidad de inventiva en el hombre lo

hace imaginar así, como una forma profunda de escapar a la realidad material del mundo, en que el hombre busca la tranquilidad, alejado de los peligros, como la cobardía del poeta Horacio, y en que el instinto de conservación hace al hombre cobarde, mendaz y traidor.
Mitos admirables son los de Platón para explicar el reino de las ideas. Son
reinos en relación con los reinos de la tierra para mejor comprender, por las
metáforas, esos mundos del "topos uranos" que de otra manera no serían
imaginables, si nunca los hemos visto con los ojos de la cara, ni conocido
como conocemos los reinos que han existido y aún existen de los hombres.
¿ Existió Sigfrido, el héroe invencible, cuyo lado vulnerable lo tenía en la
espalda, lo mismo que los atlantes legendarios lo tenían en los talones? ¿ O el
tesoro de los Nibelungos en las interioridades de la tierra?
Coexistiendo con Sigfrido, la presencia de Grimilda y de su venganza, o
de Brunilda, la mujer fuerte de Escandinavia: y la presencia de Gunther, el
rey que la enamoró con engaños, con ayuda de Sigfrido.
Los mitos nos presentan a los hombres con una perfección poética, o una
compensación ideal de los hombres que existen 'en la realidad. El mito es creador y fabuloso a las luces de la fantasía y del arte.
La muerte de !solda, de Wagner o la Quinta Sinfonía de Beethoven, nos
recrean idealizando en el pentagrama por medio de los sonidos y de la armonía, lo que pudo ser en la realidad natural, pero que no fue tan bello y armonioso como lo fue en la obra del genio creador en esos dos grandes músicos,
o nos presentaron secretos de armonía natural, que fueron diferentes, aunque
en ambos casos fueran de belleza armónicas.
¿ Existió alguna vez don Juan? Probablemente nunca ha existido y si ha
tenido existencia un hombre así, nunca fue como en la creación artística de
Tirso de Molina o de Mozart, uno en los versos y otro en la música. O las
creaciones del mismo mito en Lord Byron, en Moliere o en Zorrilla. En cada
creador se diferencia, aunque el mito sea el mismo, lo que muestra cómo la
realidad, si fue posible, admitía recreaciones distintas, que ese es el poder
del mito y de la invención humanas.
Por eso es innecesario estudiar a Don Juan a la luz de la psicología, de
la medicina o de la historia. Don Juan es eterno, porque se halla concebido
por el mito y el arte.
O la maravillosa constelación de los libros de caballerías que inspiraron
a Cervantes, donde se da el ejemplo más extremo de creación mítica. Nunca
se dieron esos caballeros andantes y nunca hubo hombres tan valientes, perfectos o puros. En la realidad puede darse el héroe o todos los arquetipos,
pero al lado del héroe existen gravísimas faltas humanas y que en el personaje
idealizado no se conciben. Ni Amac.lís de Gaula, ni las grandes creaciones

121
120

�míticas de este tipo de novelas, han presentado a los héroes con sus defectos;
es la virtud excelente del mito.
.
Por eso la novela mítica o fantástica tiene su reverso en l_a no':ela p1c;resca
li t donde los ideales quedan subordinados a las ex1genc1as de a na;u;:~ez:~•donde el hombre, el miedo, la picardía, el _sexo o los anhelos mez.
son las normas de las acciones en los pcrsona1es.
quinos
.
1 1
d "El
Pre:entamos otro ejemplo original de estética del mito en ~ _eyende~ In
", inspirado en el "Bhagavad Ghita" poema ep1co
príncipe Indra
dostán.
BmLIOGRAFÍA: Bhagavad Ghita.-Editorial M. Aguilar.-Madrid.

EL

PRÍNCIPE INDRA

(Fondo moral de India)

..,

h
~ s No sabemos si fue mito
Lo que vamos a contar ocurno hace mue os ano. d
h
d'do en la
o verdad, pues tan lejano es el tiempo, que su recuer o se a per i
memoria de los hombres.
.
. n de los
Allá en la India, tierra siempre desconocida .y marav1ll~sa, ~r~g\ntre los
.
1
d los misterios, silbaba el viento una eyen '
.
lengu~Jes y e ave e
de los á'aros multicolores, no comprendida
rama1es de los bosques o el canto d d pl Jb'o a oído en el corazón de los
por el común conocer y conserva a e a i
'
1
t
Pocos sabios.
.
se dice en el comienzo de todos os cuen os
Erase una vez un :emo,_ tco::: en la O'ran península indostánica, regía sus
o fábulas. En ese remo, s1 u
."' 1 llamada dinastía de los kuravas.
destinos desde los albores de la raza ana, a
, .
~
. an estos hechos había sido consagrado rey, el pnnc1pe
Cuan o c?m1enz
.
' ila ro de los cielos, la familia de los kuIndra, todav1a at_dol:ds:;:: ~::e u:á:O'O: único, después de largo tiempo esravas tuvo con mm
"
perando descendencia.
, .
d Indra tuvo una muerte violenta y dramatica; en
El rey Nakula, padr~ eta pa'v1'das las almas acuchilladas de dolor, vieron
, fraO'osa y sangnen ,
'
d
:~:::s súbditos del cortejo, sin poderlo evitar, cómo el soberano era destroza o
t&gt;

•

a dentelladas por un tigre.
· t'eron
·
1 corazones se vis 1
Con este trágico motivo y durante mueh o tiempo os
de silencio y pesadumbre.
.
.
.
celebraron con impresionante suntuosidad. Los despoJOS
Las exequias se
~
por el cuerpo muerto de la reina,
sangrientos del rey, fueron acompanados

tomado el veneno ritual, productor de la muerte, incinerados los dos reyes
y conservadas las cenizas en un cofre de oro guarnecido de pedrerías.
Las ceremonias para la coronación de Indra, transcurrido cierto período
de dolor oficial, sucedieron al hieratismo severo y doloroso del sepelio.
Keshava, la bella y fastuosa capital, se vio engalanada durante el cambio
de cuatro lunas. El boato, la riqueza, la gozosa inquietud de la ciudad y cortesanos, que no excluía la austeridad del recuerdo trágico.
El brillo de las armas y armaduras de los caudillos y soldados del rey: las
tiendas de lino y oro, en cantidad innumerable, donde acampaban los guerreros de reyes invitados. Los cortejos y desfiles marciales, las músicas y cantos
de los juglares de diversas razas y lenguas, venidos en exóticas comitivas
reales; las competiciones de los adalides, la profusión de festines, de esencias
y de flores; un mundo de goces y sueños, sólo imaginables en la ficción de
las fábulas, quedó en el recuerdo maravillado de los que lo vivieron.
A partir de entonces, fue famoso el reino de los Kuravas, por la magnificencia de la corte, los incontables temores acumulados, el heroísmo de los
guerreros, puestos a prueba en millares de combates.
La educación del príncipe había sido atendida desde niño con el mayor
esmero; rodeado de atenciones y cuidados, nunca conoció los efectos del frío,
del calor, del polvo o del rocío; procuróse evitarle todo posible conocimiento
del mundo exterior, del dolor, la enfermedad o la pobreza, que aqueja a los
hombres.
Sonrientes y jóvenes servidores, le daban la visión exclusiva de la felicidad.
El príncipe lndra había heredado de su padre una insólita riqueza y poderío.
Pero el rey Nakula, por acciones que parecían olvidadas, había adquirido
tan elevado poder.
Cuatro eran los palacios de los Kuravas, edificados adrede para las cuatro
estaciones del año, en bellas y distintas regiones.
En las construcciones, monumentos ciclópeos, se habían invertido enormes
cantidades de oro macizo, marfil, maderas preciosas, diamantes, plata y cristal; águilas y cóndores, esculturados en oro, en los grandes frontispicios, daban
entrada a las mansiones del rey; los altos fustes, llenos de inscripciones, en
lenguas misteriosas, remataban con figuras de leones y elefantes.
En los pórticos, de centenares de columnas, se guardaban las hornacinas de
los dioses y los héroes venerados.
La decoración de los interiores, brillaba por el reflejo de los cristales y las
piedras preciosas: la porcelana, el nácar, las sedas valiosas de Cachemira,
amueblaban los salones: pieles de tigre y leopardo hacían imperceptibles las
pisadas.
El humo de los pebeteros exhalaba esencias de mirra y áloe, y en las lám-

123
122

�paras, de bronce y oro, ardían llamas de aceite fragante, iluminando las estancias.
Bosques de canelas y sicomoros, cedros y bambúes, boa-bads Y palmera~,
circundaban de espesuras los contornos: había arroyuelos que reptaban sinuosos, entre el verdegay de los hierbazales, floreciendo, . en los bordes de su
curso, las juncias, las adelfas y los juncos; y daban colo:1do y exhalaban fragancias, los laureles rosa, las ccledonias azules o las ane~onas moradas._ .
Magnolias, tulipanes, flores variadas, impregnaban el aire de perfumes, miles de pájaros y de insectos multicolores animaban las fronaa~.
Las superficies de las aguas, en los estanques, de fondos limosos Y p_eces
dorados, asomaban las flores desmayadas de los lotos o la verdura refleJada
1

de las lianas.
Nalguisacados flamencos, cisnes tetierg:üdos y orgullosos pavos reales, llenaban de voces ecoicas las florestas y nncones del bosque.
.
Para distraer sus ocios el príncipe Indra, escuchaba a. menudo, co~o n tualcs de guerra, los himnos épicos de sus guerreros al ntmo enardecido de
los címbalos con las estridencias de las bocinas de plata o las llamadas de los
caracoles sa~rados, convocando a los desfiles para la guerra, montados los
jinetes en rebaños clamorosos de elefantes. .
.
_
Así se renovaba el homenaje de los caudillos a su rey, postrados con de
voción y humildad, inclinando las frentes y rindiendo _las espadas.
Bellas mujeres, alternando con este bélico trajín, bailaban ante el rey, tratando también de llenar sus ocios con ilusión y alegría.
.
Danzas rítmicas de bayaderas, en contorsiones ondulantes d_e r~~o, al son
de músicas invisibles; los músculos tensos y contráctiles, con ag1tac1on de se~pientes descorriendo velos de misterios; los ojos brillantes y en llamas las hcruras {icriles y evanescentes, como el soplo de la brisa.
b Ví~e~es de Cachemira O de Grecia, doncellas morenas de Si~ o de ~ersia, blancas danzarinas del Cáucaso o de Palestina, bellas hetairas, ele,g'.das
cuidadosamente en todos los lugares, que las selvas aroman ~on sus pahdos
alientos O vivifican con su frescura los ríos sagrados d~ ~a In~1a.
.
Así el reino de los Kuravas y así su vida y magnif1cenc1a. Pudo decirse,
repitiendo el poético lenguaje de los V~das, que e~_nombre de Indra fue
·¿
todo el mundo como si los mmensos tamdos de una gran camconoc1 o en
,
.
·da del pabellón de los cielos hubiese llevado sus resonancias
pana, suspend 1
.
'
a los más escondidos rincones del Umverso.
Pero el príncipe Indra, tan poderoso, rodeado de la fama, ~e las riquezas
de los placeres, que la imaginación más exigente pu:da sonar, y t~l vez
0
por un extraño designio de los dioses, era ~~y de~gr~c1ad~. . . . . ,
, s el sabio lenuuaJ· e de la mistica hmdu terua s1gmficac1on Y
o
.
,
U na vez m a ,
cumplimiento; nunca espera el hombre la felicidad completa, s1 su corazon

no conoce la verdad, junto al perfume y belleza de las rosas se ocultan muchas
veces las espinas del rosal.
En la vida del joven rey, lo mismo que en la leyenda de Siddartha, el
iluminado, había un misterioso presentimiento, una nostalgia de mundos
perdidos, una tristeza de algo profundo e inexplicable, como si una segunda
persona, coexistiendo con la habitual, descontenta de sí, le hablase de un
pasado obscuro y le mostrase otro camino de luz y de esperanza.
Hizo largos viajes por indicación de sus ministros y consejeros, visitando
reinos lejanos, huyendo de su dolor y buscando una felicidad al parecer imposible. Tal vez el hallazgo de una princesa, pensaban en la corte, podría traer
el amor y la paz que el príncipe necesitaba.
Los diferentes reinos visitados tuvieron el orgullo de tenerlo como huésped,
y grandes fiestas celebraban en su honor.
El alma de Indra se hallaba siempre ausente, triste y vacío el corazón, con
ansias escondidas en lo profundo del ser, tan distinto de lo que veía pasar
ante sus ojos, como procesión de figuras o de cosas sin sentido.
Vana y engañosa era la acción. Ilusorio anhelo de buscar fuera de sí lo que
únicamente tenía solución en las delicadas regiones del espíritu, en la difícil
intimidad del alma.
Cansado de tantos ajetreos, de las fiestas, de los viajes, regresó por fin a
su reino.
Allí vivió varios años, sin contacto con el exterior, entregado a la meditación y al estudio. Una gran sed de conocimientos quemaba su inteligencia
tratando de explicarse el por qué, la razón de su descontento y desgracia.
Se ocupaba especialmente del estudio de la ciencia teológica, enseñada por
los sabios brahamanes, buscando la pureza interna y el recto conocimiento;
quería conocer el destino del hombre y hallar la comprensión de cómo sería
Brahama.
El poeta Kanada decía que había muchos modos de imaginárselo. A veces,
como un ánade inmenso. Cuando llovía es porque agitaba las alas desprendiendo el rocío de las plumas y trayendo la fecundidad a la tierra. Otras,
como un gigantesco corzo, concibiendo así la velocidad del viento, del pensamiento o de la luz. Y otras veces, imaginaba que sería un pavo real, cuando
el día sale, con su gama de luces y colores, en que desplegaba la cola.
Escuchaba todas las voces, conoció todas las enseñanzas, alegró su alma
con la belleza de imágenes y parábolas, en la interpretación teúrgica de los
brahamanes, o en los cantos intuitivos de los poetas.
En el fondo del alma sentía cansancio y desaliento; las definiciones no
saciaban su anhelo.
Algunas veces, y para descanso de su espíritu, agobiado del esfuerzo intelectivo, recibía gustoso el aliento del mundo; ingeniosos rápsodas, venidos

125
124

�de diversos lugares, le recitaban consejas y leyendas, evocaciones epicas de
caudillos, acciones de guerra y amor, con inquietantes aromas de sangre y admiración increíble de heroísmo.
Brahama quiso llevar la luz a su corazón. Cual mensaje que lleva el viento
o verdad que esconde la nube, llegaron noticias a su oído de un sabio sanyasy,
a quien todas las gentes, después de conocido, veneraban.
Especiales emisarios, cabalgando elefantes, llevaron la orden de conducirlo
a palacio. Mientras estaban ausentes los enviados, el príncipe Indra se consumía en la impaciencia. .
La comitiva real, tras agobiadoras jornadas, que traía el jadear de los
jinetes y el sudor fatigoso de los elefantes, encontró junto a la sombra que
proyectaban unas palmeras, al borde de un riachuelo, de aguas ondulantes
entre guijarros y piedras, al anciano sanyasy, sentado y pensativo, en actitud
serena de santidad.
El sanyasy contestó a las palabras de los emisarios: Sabía que vendríais...
Y después, pausado y silencioso, levantóse del sucio, cabalgando sobre el
elefante que le fue ofrecido.
Emprendida la marcha siguió pensativo y callado ante la reverente mirada
de sus conductores.
Contagiados todos de este respetuoso silencio, sólo le perturbaban las voces de los que animaban a los elefantes en la carrera.
Caminaban sin cesar a través de las selvas, entre espesa vegetación de árboles y malezas, donde se deslizaban las serpientes y agazapaban los leopardos.
Llegaron por fin al camino que conducía a Keshava, y después, entraron en la
ciudad y en el palacio de los Kuravas.
El rey los esperaba con invencible ansiedad. El viejo asceta llevaba los pies
desnudos y el cuerpo escasamente cubierto con un lienzo pardo: en la cabeza,
un turbante jalde, de lino, le protegía contra el polvo y el sol; la mirada, con
profundidad de infinito y claridad de aurora, elevaba y distinguía la figura,
trayendo a su alrededor un bienestar inefable.
Ya en las estancias reales, sentóle el rey junto a sí. Y le dijo en un tono
acongojado: -Soy desgraciado, noble sanyasy. He ordenado que vinieses
aquí, pues sé que conoces la razón de mi desgracia. A cambio de tus nobles
palabras, te daré el dinero que me pidas.
Vivirás en mi palacio, dormirás en muelles lechos de plumas, perfumados
los dormitorios con esencias de sándalo; te vestirán con lujosos trajes: tendrás
criados y doncellas a tu servicio, bañarás tu cuerpo en aguas claras y transparentes, esenciadas de mirra.
El sanyasy escuchó atentamente, sin demudarse, mirándolo con piedad y
simpatía. Tras una larga pausa, contestó: -Nada de cuanto me ofreces
vale para mí. Brahama es el único tesoro indestructible. La verdad eterna

de Brahama, nos dice: toda acción tiene una reacción: el bien y el mal obedecen en el hombre a una imprescriptible ley.
El recobro de la felicidad es para ti la renunciación y la desdicha. Necesitas
~espos;erte ~e la gloria y de las riquezas, convertirte en un hombre pobre,
sm mas patnmonio. que tu espíritu; debes salir de tu palacio, del encanto
de tu torre de marfil y conocer, por ti mismo, la existencia del dolor.
~o hay otra salvación posible. Habrás de cruzar las selvas, escuchando el
gnto. de los ch~cales, el silbido de las aves de presa y arrostrar los peligros
del tigre, padeciendo pobreza y desamparo.
Así podrás expiar las culpas anteriores. Escucha la voz pura del espíritu y disP?nte para la gran acción. Vyasa, intérprete de Brahama, comunicará a tus
01dos la le~enda de las dos dinastías de la India, causantes de tu dolor.
Y al decir estas palabras, levantóse el sanyasy, saliendo de la cámara real
Y desapareciendo en las vagas neblinas de la distancia ante el asombro del re
I n d.ra vivi~
.. ' dos noches absorto en amarga reflexión.
' Transcurrieron largos
y.
espac10s de tiempo con los más crueles insomnios.
Salió un día al jardín cuando amanecía. El bulbul entonaba un canto
dulce, y melancólico, alternando con los bravos gritos del bengalí.
Oyo la voz de Vyasa: -Dos dinastías reinaban en la India: Los Kuravas
Y los Pandav,as. Nakula tu padre, regía los destinos de los Kuravas. Los
Pandavas teman por rey a Sahadeva, con una hija: Ambalika.
La dinastía de los Kuravas simbolizaba las ambiciones, los deseos y la codicia.
Los Pandavas representaban el reino del espíritu, la virtud y la dicha perfectas.
Vivían los Pandavas en comarcas muy lejanas, más allá de las nieblas,
de las montañas, de las nubes azules, y se albergaban en suntuosos palacios
tejidos de sueños.
'
Todo era blanco, transparente y luminoso, sin ninguna posibilidad de
sombra. Hermosas doncellas se diluían en el nácar de luz con grados cada
vez más tenues e invisibles de blancura.
Gu;rre_ros con alas empuñaban las espadas flamcantes del espíritu.
~lh. r~mab~ la paz, pues se habían trascendido los deseos y las pasiones, y
la Just1c1a, mas alla de toda determinación, tenía un valor imponderable.
En cierta ocasión, los ejércitos dr Nakula llegaron a las fronteras de los
Panda;~s. El rey _Nakula ambicionaba la gloria de Sahadcva y tentole para
que viniese al remo de su ambición. Tras reiteradas tentaciones Sahadeva
fue vencido por Nakula.
'
. Fueron entonces derrotados los Pandavas y malditos los Kuravas. Los ejércitos de Nakula entraron victoriosos en Atma, la hermosa capital de los
Pandavas.
Sugestionado Nakula con el poder de su triunfo y cegado por la codicia,

127
126

�asesinó a la mayor parte de las huestes aladas y robó los tesoros de los Pandavas.
Las bellas doncellas de la luz se transformaron en espíritus errantes de los
bosques. Los habitantes del reino de Sahadeva fueron parias en adelante.
La princesa Ambalika perdió la luz de su realeza y vivió pobre en un ignorado rincón de la India.
Los Kuravas fueron muy poderosos con su victoria. Pero los ciclos trajeron
el castigo de su acción, con dolor invencible de nostalgia, por el reino perdido
de Brahama. El áspid del pasado ensombrecía la gloria del poder.
Keshava, capital de los Kuravas, fue a partir de entonces, el centro universal de la riqueza y el poderío.
Nakula vivió atormentado por su acción. Dedicábase a la caza, para abstraerse del recuerdo, serenar su espíritu y apaciguar la tormenta de su vida.
Al atravesar un bosque, siguiendo una presa, fue arrebatado del elefante que
montaba y destrozado a zarpazos y mordiscos por un tigre.
El príncipe Indra hubo de sustituir a Nakula. Y con la herencia del poder
y riquezas arrastraba el pecado.

Para hacer desaparecer este descontento, conciliar a los Kuravas y a los Panclavas y volver al espíritu, el príncipe había de despreciar la vi&lt;la si quería
vivir con alegría: la riqueza, si quería felicidad; la molicie, si amaba el
heroísmo.
Aquello que poseemos o aparentamos, decía Vyasa, nada vale y está sujeto
a cambio, como el viento escinde las montañas de arena o el terremoto derrumba los palacios.
Hay que matar la ambición. Y por el conocer de sí mismo, ser más ambicioso, conquistando una riqueza más yaliosa que los tesoros de los Pandavas
en manos de los Kuravas, el reino de la verdad y del espíritu.
Has de buscar, príncipe Indra, a la princesa Ambalika y libertarla de su
pobreza y abandono: ensilvecerte como los hombres que laboran los campos
o los pájaros libres que cruzan el aire, y marchar pobre, sin honores, con la
sola riqueza de tu fe y la voluntad de alcanzar un mundo más allá del deseo
del logro.
Y así fue: vestido Indra con pobres vestiduras, ceñidas con el cíngulo de
una soga, calzado con albarcas de palma, salió de su palacio.
Nadie enteróse de la huída, ni del éxodo, hasta después de ocurrido.
Aquella noche brillaba la luna, proyectando rayos de blancura sobre la
encantada fronda del palacio; un viento suave movía las ramas de los ár-

y

boles.
Mucho anduvo Indra, cruzando una naturaleza a menudo inclemente ...
Durmió a la sombra de los ramajes, sobre la verdura de los prados en primavera y sobre las secas hojarascas del otoño.

128

Cansado, extenuado por los caminos interminables, encontraba alivio, cual
rocío de amanecer de los aromas del henneh, del mango o del jazmín, descansando a la sombra de las báculas, los cadabos o los mangles.
Encontró un día una aldea de alfareros, de afanosos parias, que tejían
palmas y mimbres, sentados en el suelo o en escabeles pintados de azafrán.
Aledaño al caserío, construído, con maderas y palmas; se veían campos
cultivados de maíz y cebada; crecían los cocoteros, los lirios y las ashocas.
Unos niños desnudos daban gritos de alborozo, bañándose en las aguas tibias
de un lago, calentado por la brisa soleada.
Los aldeanos le miraron, al advertir su presencia, como si fuese un yegui
o sanyasi, por la pobreza de sus vestidos, la largueza de las barbas o el triste
signo del peregrino. Diéronse cuenta, por un misterioso saber, que se trataba
del príncipe Indra. Hablaron entre sí, mirándose con un mutuo consenso.
Le volvieron la espalda y diéronle voces para que se alejase, lanzando piedras
y azuzando a los canes. El príncipe Indra -dijeron las voces-- el destructor
el ladrón de los Pandavas.
'
Alejóse con tristeza de aquellas gentes, sin oír ya los ladridos de los perros
ni el mortificante griterío, deteniéndose a descansar a la dulce sombra de
unos saptapamas y madares.
Estaba sediento y tenía hambre. Aparecían en su imaginación ricos manjares, servidos con la vajilla de oro y plata, de sus palacios; las frutas más
sabrosas y que más gustaban a su paladar la ambrosía de excelentes vinos
y licores.
En su espejismo del agua creía ver cercanos los manantiales y cataratas
saltando entre piedras y verdines. Escuchaba, aguijoneado de pesadillas, eÍ
salvaje griterío de los cóndores; sentía las pupilas vidriosas de los tigres en
amenaza, o el pesado vuelo y olfateo de los buitres, en los cielos llenos de
nubarrones.
Como si el ala suave de la brisa le pespertase de las pesadillas, vio un
arroyuelo, deslizado entre la maleza, que descendía de un montecillo.
Sació su sed y siguió el curso del agua que corría por estrechos cauces, entre
pedregales, hasta encontrar una gruta, origen del nacimiento.
Multitud de gotas caían en los remansos, desprendidas de las techumbres
humosas.
Avanzó en el interior de la gruta, movido por invisible fuerza protectora,
rozando y separando las ramas de tupidas plantas que se oponían a su paso.
Entre enlazados tallos vegetales se adivinaba una puerta pequeña, como
madriguera de raposas. Al empujar esta entrada, abrióse lentamente, y por
el estrecho abertal formado, introdujo Indra su cuerpo.
Avanzó por un largo y obscuro corredor, al parecer de techos muy altos,
y de anchas distancias laterales, pues resonaban los pasos como en la oquedad

129

�de un extenso espacio vacío, notándose con inverosímil extrañeza grandes
corrientes de aire, en algunos de los largos trechos cruzados.
Después de una lejana marcha, pudo notar los vagos y pálidos r:splandores de la luz cada vez más intensos, a medida que avanzaba, y al fmal, una
gran salida, ~orno la cuenca vacía de un ojo irregular, abierto al infinito.
Gio-antescas cadenas de montañas y bosques de árboles corpulentos, entre
somb:as azules e imponentes roquedales, se distinguían desde los bordes de
esta gran abertura.
Un valle extenso se formaba en las faldas de los montes. Corrían las aguas
de un río rodeado de prados, de arbustos espinosos y de rosales silvestres;
correteaban los alzacolas, los pájaros de aguas y las golondrinas, cerca de los
márgenes húmedos; ondulantes palmeras y verdes frondas formaban los alrededores de un poblado, edificado en la planicie de una colina.
Indra atravesó el valle, lleno de luminosa esperanza, y ascendió hasta el
caserío. Los habitantes vivían en gran pobreza, aunque su aspecto era noble
y espiritual su continente. Todos vestían de blanco con el más fino lienzo,
como siempre es fama tejióse en Benares.
Allí estaba la princesa Ambalika, y los escasos supervivientes de los Pandavas.
Debían trabajar y sufrir los dolores de la humana naturaleza.
No tenía Ambalika a su alcance, como en otro tiempo, las sombrillas de
seda que le evitaban las molestias del sol o del polvo, ni los vigorosos elefantes para conducirla sin pisar las piedras o la dureza del suelo, con los
roces posibles de los cardos y las ortigas en desplazamientos por agrestes caminos.
Se ocupaba ahora con sus mujeres y antiguos servidores,. ;n el culti;~ Y
~osecha de los campos, la higiene de los hogares y la educac1on de los runos.
Pero su belleza se mantenía inmarcesible, en eterna primavera, con la más
noble gracia y hermosura.
Destacaba la negrura de sus cabellos, luengos, abundosos, de sus bl~cas
vestiduras O entre los dorados campos de lino y la albura de las margantas
silvestres.
La misión de Indra se hallaba cumplida. Ambalika le concedió su amor
y los Pandavas encontraron el reino perdido.
El amor de Ambalika y de Indra hicieron el milagro. El príncipe Indra
obtuvo la felicidad que buscaba.
El espíritu de los Pandavas dio la inspiración de Brahama a las acciones
de los Kuravas.
Una vez más la voluntad cósmica se hacía conciencia en los hombres.
La ley de Brahama nada ni nadie la puede destruir.
Nota aclaratoria.-Hay mito en la creación de personajes inexistentes, cuya

130

acción, por sus dimensiones imaginativas o sus perfiles fantásticos, no pudieron darse en la realidad. Y encontramos valores estéticos en el carácter de
los actores, donde el bien triunfa del mal y el amor se logra con el vencimiento de las asechanzas de la fuerza simbólica, de la perfidia. Son pensamientos estéticos los que establecen un parangón espiritual entre las dos
fuerzas del simbolismo, encamadas en los Pandavas y en los Kuravas, o en
el desarrollo de las acciones argumentativas. O en los escenarios naturales,
donde los protagonistas actúan, presentados con el lenguaje literario más bello y sugestivo que me fue posible y procurando buscar la mayor fidelidad al
espíritu del "Bhagavad Ghita", o a la leyenda "El Caudillo de las manos
rojas", de Gustavo Adolfo Bécquer, que también me sirvió de referencia
inspiradora.
Tomamos a Indra como el primero o el principal, el príncipe es el primero, que es el que armoniza a los dos principios opuestos de los Pandavas
y los Kuravas, o el Uno, que es la suma resultante del dos y el tres, después
de haber sido el origen de los dos, con el significado filosófico del Sumo
Hacedor, o la suma reabsorción de los entes de la creación en sí mismo; es
suma o síntesis después de la manifestación, en el sentido que daba Plotino:
salir de Dios y volver a Dios, que es la patria divina de origen.
Y en esto consiste el poder figurativo del símbolo: las metáforas son el recurso literario para explicar ideas o principios. La estética radica en las descripciones de los simbolismos, presentados los entes de pensamiento como si
fueran vivientes o reales, con la patética de los seres humanos.

Mrro

y ESTÉTICA DEL QUIJOTE

El mito de Don Quijote consiste en la idealización de los más nobles sentimientos que radican en la naturaleza profunda del hombre y constituye la
dualidad del sexo humano: de una parte, la entrega a las exigencias de las
necesidades del cuerpo y al instinto de conservación que hace generar en
el hombre el miedo, el egoísmo, la cobardía y las pasiones por la posesión
de bienes materiales o el goce del amor, considerado como el demonio sobre
la mujer. Y de otra parte, la conciencia de nuestra finitud o la presencia de
un fondo insobornable de solidaridad o de simpatía con los otros seres humanos, que radica en el sentimiento platónico de que lo que vivimos no es
perfecto y que hay algo superior que podemos imaginar perfecto, y que frente
al egoísmo está la simpatía o el dejar de ser en sí para ser en los otros: que
frente al amor como dominio y posesión está la conciencia del amor ideal,
que es compenetración con la mujer y los hijos, llevándonos a los mayores sacrificios y a las más bellas acciones.

131

�Cervantes encontró en Don Quijote, sin saberlo, el paradigma más elevado de
las virtudes mejores de la humana naturaleza. Por eso es la más perfecta
creación del arte, como nunca se ha dado hasta entonces. La mente de los
filósofos o la imaginación de los artistas pueden crear sistemas o criaturas
que tengan validez de realidad, aunque siempre una realidad condicionada
o limitada a la mente que lo imaginó, pero si la criatura es la NATURALEZA
MISMA SIN LIMITACIONES, entonces viven por sí mismos, sin necesidad del
autor: FUE LO OCURRIDO CON DON QUIJOTE, que se dio a caminar sin necesidad de Cervantes, por los caminos del mundo.
Miguel de Cervantes, le dio el cauce a la palabra, pero Don Quijote, como
los secretos de armonía en la naturaleza, solamente necesitan que un compositor les dé forma o los recoja en el pentagrama. El compositor es el canal por donde discurre la armonía. El pensamiento del hombre es limitado
y LA NATURALEZA ES EN TODA su MAGNITUD CREADORA. Lo que imaginamos
como hombres, es perecedero y la vida es siempre una renovada creación o
una infinita posibilidad de interpretación.
Don Quijote y Sancho son presentados en oposición y así es en la realidad. Sin embargo, como descubre Salvador de Madariaga, Don Quijote influencia a Sancho en el quijotismo y Sancho influencia a Don Quijote en
el sanchismo y es una prueba evidente de que en el hombre hay siempre un
Sancho que acecha y un Don Quijote que nunca está oculto del todo.
La locura de Don Quijote ha pasado a Sancho y la cordura de Sancho
a Don Quijote. Igual sucedió con los Duques o con quienes trababan contacto con los dos locos geniales. Así dice Cicle Hamete: "que tiene para sí
ser tan locos los burladores como los burlados y que no estaban los Duques
dos dedos de parecer tontos, pues tanto ahinco ponían en burlarse de dos
tontos".
Don Quijote había enloquecido en un amor idealista. "Y fue a lo que se
cree que en un lugar no cerca del suyo había una moza labradora de muy
buen parecer, de quien él en un tiempo anduvo enamorado, aunque según
se entiende, ella jamás lo supo ni se dio cata de ello".
Ahora bien, si Sancho no existiera no conoceríamos a Don Quijote. Lo
bueno se comprende por la presencia de lo malo, a lo sabio por lo necio:
todo existe en relación con algo diferente; es la dualidad fundamental de
todo lo que vive. Las especies vivas se justifican por lo masculino y lo femenino, que hace posible la creación y la continuidad de la especie respectiva. La síntesis de la cualidad se daría en el fruto resultante y éste a su vez
volvería a ser dualidad en el encuentro renovado de lo masculino y lo femenino creadores. O podría darse en una síntesis intelectual, en que imaginásemos la desaparición de los opuestos.
Don Quijote es una novela, la primera y la única novela de todos los

tiempos, es la revelación más profunda y más real del hombre a todos los
hombres, lo mismo que los libros bíblicos, son la revelación de Dios a los hombres, pero Dios se revela con alegorías no siempre comprensibles o con relatos de criaturas angélicas, cuya comprensión es muchas veces de naturaleza infusa.
Don Quijote, en cambio, puede ser comprendido por todos; es el hidalgo
castellano de la Mancha, cuyas hazañas, aunque inverosímiles, en muchos
casos pudieron darse y comprenderse con el entendimiento natural; es la
caricatura de un caballero armado, con armaduras enmohecidas y anacrónicas, con una bacía de barbero que provoca la irrisión, una lanza y una espada, que parecen sacadas de un museo y un pobre caballejo, el sufrido Rocinante, que lleva en sus lomos aquella triste y cómica figura, a quien todas
las desventuras acaecen por el idealismo irreal. Simboliza la lucha contra la
injusticia liberando a los condenados a galeras, que después lo molerán a
pedradas y que le harán decir: "el hacer· bien a villanos, es echar agua en

el mar".
O defender la belleza ideal de Dulcinea del Toboso encamada en una
moza campesina, oliendo a ajos y cebollas; o en lucha con el caballero vizcaíno por solas suposiciones ideales; o enfrentarse al león de la jaula con
una valentía ciega; llamándose después por su valor caballero de los leones,
en lugar del caballero de la triste figura y padeciendo de los más fuertes
contrastes, en que el caballero ideal es vencido casi siempre frente a la más
dura realidad, que Sancho Panza advierte y que Don Quijote no se da cuenta. ¿ Cómo Don Quijote que es el paradigma del ideal más puro, puede rebajarse a la realidad egoísta y al contacto con la escoria de todas las cosas
materiales? Y que fuese vencedor con su vencimiento del cura y el barbero,
aunque otra cosa pudiese pensar el lector.
Los creadores de religiones, los filósofos que alumbraron sistemas nuevos
de pensamiento, que sirvieron para crear mundos mejores, los poetas que vaticinaron o que cantaron la gloria de los héroes, no tuvieron el menor temor
de aparecer locos o idealistas y se entregaron con el quijotismo abnegado
de los que cumplían una misión de felicidad, de progreso y perfección para
los humanos.
Cervantes expresó al mundo medieval en el Renacimiento en una España
que se constituyó en campeona de la Contra-Reforma donde frente a la
claridad de la razón se aferraba a la sinrazón y donde frente a la filosofía
seguía cultivando la mística medieval, como el ejemplo de la Celestina, que
fue un anticipo del Quijote, donde el amor y la pasión de los jóvenes Calixto
y Melibea contrasta con el materialismo y la brujería de Celestina. Y que
gracias a este medievalismo fue posible el milagro de la colonización ame-

133
132

�ricana con sus misioneros ejemplares o la creación de la literatura española
del Siglo de Oro.
.
,
,
Don Quijote es el fruto típico de esa España medieval, que todav1a s:g_ma
creyendo en la fe idealista, que se pedía cuentas de sus derechos en A_m:~ca,
cuando nadie se las pedía y cuando ningún pueblo, en el pasado ~stonco,
se las había pedido. El derecho de conquista, decían todos los conqwstadores,
daba todos los derechos.
La segunda parte del Quijote es cuando los Duques se bu~l~ del _ca~allero y del escudero, porque los Duques representaban el Renacimie_nto_ i_tahano. El Renacimiento se burla de la Edad Media. Pensemos para Justificarlo
que el cristianismo italiano tiene la influencia del_ paganismo griego Y r~mano y el cristianismo español está radicalmente vmculado con el _hebra1smo
primitivo como encontramos en el arte de estos dos pueblos. !taha es Leonardo de' Vinci O Miguel Angel y España es el Greco y Zurbarán.
Nada más lejano del cristianismo medieval que esos aristócratas burlones
y escépticos.
.
El mito proporciona los motivos estéticos y la expresión del carácter bello
de los personajes. Existe una Estética del Quijote desde que comenzamos por
conocer al caballero en su pueblo de la Mancha, donde de tanto leer y poco
dormir se le secó el cerebro y vino a perder el juicio.
Nos encontramos con un loco idealista que lee libros de caballería, recordando una Edao. Media olvidada. La Edad Media no es solamente en un
orden cronológico de la Historia; viven la Edad Media to~?s los ide~listas,
que por serlo, tienen el alma medieval y se entregan al se~1c10 de los ideales
que aparentemente son locura y que nunca tendrán re~hdad. Por eso Don
Quijote eterniza su medievalismo en todas las generacione~; to~o hombre
busca la réplica a lo que lleva en sí o encuentra destellos o ide~tida~es a su
patética idealista. Don Quijote tiene siempre la respuesta al idealismo de
la humanidad.
Mucho sabía de este idealismo Miguel de Cervantes, cuya vida desventurada y heroica, tenía gran parecido con su ?ersonaje_ ~nmortal. Cervantes
aprendió, con dolor en la Universidad de la v1~a, conv1V1en~o con soldados,
con pícaros, con aventureros y cautivos, con mu1eres _de la vida y con damas
honestas, pero siempre viviendo en la escasez d: dmero, -~e honores Y de
amor, y si alguna vez los tuvo, fu~ siempre efimero, de1~ndole a~~;gura
en el alma como en sus tiempos de alcabalero, que le llevo a la pns1on de
Argamasill~ del Alba, o las prisiones de Argel, después de su. heroísmo de
Lepanto. o aquella Catalina de Palacios en Esquivias, su muJer por corto
tiempo. O su negado viaje al Soconusco.
Miguel de Cervantes tenía el alma grande y su humorismo nunca le ha~ía
amilanarse de sus desventuras. El Quijote es un libro de humano humons134

mo, que hace reír lo mismo que hace llorar. La risa y el llanto como las dos
caras del alma humana.
Sancho es la contraposición de Don Quijote con una cara diferente o el
contrapunto de la misma armonía. Y así lo confirma el cura: "Veremos en
lo que pára esta máquina de disparates de tal caballero y de tal escudero, que
parece que los forjaron a los dos en una misma turquesa, y que las locuras
del Señor sin las necedades del Criado, no valían un ardite".
Don Quijote está compenetrado sin saberlo en su locura con Sancho y
abundan los reproches de que la equivocación o la locura es del otro. Así
Don Quijote ataca a Sancho en términos duros: "Ahora te digo, Sanchuelo,
que eres el mayor bellacuelo que hay en España. Dime ladrón, vagabundo,
¿ no me acabas de decir ahora que esta princesa se había vuelto en una doncella que se llamaba Dorotea y la cabeza que entiendo corté a un gigante
era la puta que te parió, con otros disparates, que me pusieron en la mayor
confusión, que jamás he estado en todos los días de mi vida?"
Buscaremos algunos ejemplos donde se muestre con gran sugestión una
estética del mito.

EN

LA MUERTE DEL PASTOR CRISÓSTOMO

En los capítulos XII, XIII y XIV de la primera parte del Quijote se relata este curioso suceso de la muerte del pastor Crisóstomo, enamorado de
la pastora Marcela.
Encontramos aquí la influencia medieval de pastores de bosques y de encantamientos, aunque en el Quijote se produce el encantamiento de Crisóstomo por el amor no correspondido de Marcela. Don Quijote es como el
Pan de los griegos que defiende a los pastores virtuosos contra las asechanzas
de los malvados.
El Renacimiento resucitó a la antigüedad griega y romana y el mundo milagroso del medievo. Las Pastorales de Longo o Dafnis y Cloe, que tradujo
al castellano Juan Valera, sirvieron de inspiración a otras novelas con el
mismo tema, como Menina e moca de Bemardín de Riveiro, La Diana, de
Jorge Montemayor o el Amadís de Gaula, que durante más de dos siglos fue
leída por toda Europa y que fue citada por Cervantes en el Quijote: o Pablo
y Virginia, de Bernardino de Saint Pierre.
La antigüedad griega fue siempre el modelo, como aquella llamada Teogenes y Cariulea, de Heliodoro, y que imitó Cervantes en Persiles y Segismunda,
o Calderón de la Barca, para su c9media Los hijos de la Fortuna.
El origen de Dafnis y Cloe está en la mentalidad de los griegos antiguos,
135

l.

�los que llamaron a la novela "mytho", y los latinos "fábula". Contar o hablar era referir mitos o fábulas. Por eso hablar viene de "fabulor", que a
su vez procede de •'fabula". El mito significaba la palabra, discurso, fábula
o tradición popular o cuento.
Toda habla tenía mucho de cuento, novela o fábula. Y así se explicaban
los fenómenos de la naturaleza, la imaginación de los dioses del Olimpo, los
demonios y los genios y su historia se cantaba en himnos y todo lo que acontecía a los hombres. Pues fueron los rapsodas que conservaron en cantos épicos
la tradición de Aquiles y de Ulises y que Homero les dio la cifra de su unidad argumentativa.
¿ Acaso Hércules, Teseo, Perseo y Belerofonte, caballeros andantes, que amparaban a los débiles, ayudaban a doncellas y liberaban a la tierra de monstruos y tiranos, no eran sino mitos?
Cervantes en el pastor Crisóstomo, como en el discurso a los cabreros, imita a los antiguos poetas bucólicos, especialmente a Teócrito, pero sin la afectación de los antiguos y la naturalidad realista española. En Crisóstomo en·COntramos una novela idílica. Cervantes hace decir a Vivaldo, el caminante:
"que aquella madrugada habían encontrado con aquellos pastores, y que por
haberles visto en aquel tan triste traje, les habían preguntado la ocasión por
,que iban de aquella manera: que uno de ellos se lo contó, contando la extrañeza y hermosura de una pastora llamada Marcela, y los amores de muchos que la recuestaban, con la muerte de aquel Crisóstomo, a cuyo entierro iban".
Don Quijote habla de la necesidad de tener una dama de la que estar enamorado y justifica también el amor de Crisóstomo: "digo que no puede ser
que haya caballero andante sin dama, porque tan pronto y tan natural les
es dado a los tales ser enamorados, como al cielo tener estrellas".
El pastor Ambrosio hace el elogio de Crisóstomo, a punto de ser enterrado
en la montaña, y en que la belleza de la descripción es digna de Cervantes:
"-Ese cuerpo, señores, que con piadosos ojos estáis mirando, fue depositario
de un alma en quien el cielo puso infinita parte de sus riquezas. Ese es el
cuerpo de Crisóstomo, que fue único en el ingenio, solo en la cortesía, extremo
en la gentileza, fénix en la amistad, magnífico sin tasa, grave sin presunción,
alegre sin bajeza, y finalmente, primero en todo lo que es ser bueno, y sin
segundo en todo lo que fue ser desdichado".
Marcela contesta a los reproches de los amigos de Crisóstomo con palabras
sabias y discretas: "Tengo libre condición, y no gusto de sujetarme; ni quiero, ni aborrezco a nadie; no engaño a éste, ni solicito a aquél; ni burlo con
uno, ni me entretengo con el otro. La conversación honesta de las zagalas de
estas aldeas y el cuidado de mis cabras me entretienen. Tienen mis deseos por

136

término estas montañas, y si de aquí salen, es a contemplar la hermosura del
cielo, pasos con que camina el alma a su morada primera".
Marcela se alejó por la espesura del bosque y algunos quisieron seguirla,
sin tomar en cuenta sus palabras de desengaño para los que la escuchaban.
Entonces Don Quijote encontró la ocasión para defenderla por su honor de
caballero andante: "Ninguna persona de cualquier estado o condición que
sea, se atreva a seguir a la hermosa Marcela, so pena de caer en la furiosa
indignación mía. Ella ha mostrado con claras y suficientes razones la poca
o ninguna culpa que ha tenido en la muerte de Crisóstomo, y cuán ajena
vive de condescender con los deseos de ninguno de sus amantes; a cuya causa
es justo que en lugar de ser seguida y perseguida, sea honrada y estimada
de todos los buenos del mundo, pues muestra que en él ella es sola la que con
tan honesta intención vive".
Asegura Salvador de Madariaga que el Retablo de Maese Pedro adquiere
segunda inmortalidad con la música de Manuel de Falla.
Allí se han conjugado los diversos factores de la farándula teatral, ofreciendo con la ficción de las figuras y el contenido del lenguaje del Retablo
una imagen de la realidad. El mono adivino; Maese Pedro caracterizado con
un parobe verde en un ojo, simulando estar tuerto para ocultar al Ginés de
Pasamontes, el pícaro redomado; el ventero, el joven relator que deforma la
seriedad histórica del romance, lo que provoca la cólera de Don Quijote;
el rebuzno de los dos alcaldes o el ejército pintoresco de uno de los pueblos,
dispuesto a combatir con el otro. Y finalmente, la fuga de Don Quijote y
Sancho, donde se muestra la falsa fortaleza de la que blasona el caballero
de la Mancha.
El Retablo no son solamente las figuras de Maese Pedro: hay que considerarlo aumentado con todos los circunstantes, incluídos los espectadores,
como en un teatro de guiñol o marionetas. Don Quijote, con su estrafalaria
figura, la bacía del barbero, la armadura enmohecida, la lanza y la espada
viejas, sin el brillo de los aceros toledanos, los ojos brillantes y obsesivos del
loco caballero del ideal: el Rocinante flaco, que puede asomar su cabeza
cansina por la ventana del establo vecino, la gordura sanchopancesca, el ventero y todas las gentes que estaban en la posada, incluídas las maritornes y
los mozos de mulas.
Así describe Cervantes a Maese Pedro: "Este es un famoso titiritero, que
ha muchos días que anda por esta Mancha de Aragón, enseñando un Retablo de la libertad de Melisendra, dada por el famoso Don Gaiferos, que
es una de las mejores y más bien representadas historias que de muchos años
a esta parte en este reino se han visto. Trae asimismo consigo un mono de
la más rara habilidad que se vio entre monos, ni se imaginó entre hombres,
porque si le preguntan algo, está atento a lo que le preguntan, y luego

137

�salta sobre los hombros de su amo, y llegándosele al oído, le dice la respuesta
de lo que le preguntan, y Maese Pedro la declara luego; y de las cosas pasadas dice mucho más que de las que están por venir; y aunque no todas
las veces acierta, en las más no yerra; de modo que nos hace creer que tiene
el diablo en el cuerpo".
Don Gaiferos y Melisendra, Cario Magno, los soldados y caballeros franceses, las torres almenadas de Zaragoza, y después Don Quijote que irrumpe
con violencia y destroza el tablado y sus muñecos. La huída de Maese Pedro, la fuga del mono y el estrépito de voces temerosas de la tragicomedia.
Se ha producido una eclosión tragicómica. Don Quijote reconoce que los
encantadores le han engañado y ofrece pagar los maravedises y reales del
estropicio. Aquí se da el valor estético más destacado, lo mismo que en aquella devolución por el Cid Campeador a los judíos Raquel y Vidas.
"Ahora acabo de creer, dijo a este punto Don Quijote, lo que otras muchas veces he creído: que estos encantadores que me persiguen no hacen sino
ponerme las figuras como ellas son delante de los ojos, y luego me las mudan
y truecan en las que ellos quieren. Real y verdaderamente os digo, señores
que me oís, que a mí me pareció todo lo que aquí ha pasado que me pasaba al pie de la letra: que Melisendra era Melisendra; Don Gaiferos, Don
Gaiferos; Marsilio, Marsilio y Cario Magno; por eso se me alteró la cólera,
y por cumplir con mi profesión de caballero andante quise dar ayuda y favor a los que huían, y con este buen propósito hice lo que habéis visto. Si
me ha salido al revés, no es culpa mía, sino de los malos que me persiguen
y con todo esto desde mi yerro, aunque no ha procedido de malicia, quiero
yo mismo condenarme en costas; vea Maese Pedro lo que quiere por las
figuras deshechas, que yo me ofrezco a pagárselo luego en buena y corriente
moneda castellana".
Es una estampa medieval, trasladada al Renacimiento, que ya no tolera
la ficción tal como se entendía en siglos anteriores y produce un contraste
tragicómico, en maravillosa conjunción de elementos.
Recuerda a los juglares castellanos que recorrían los pueblos y los reinos
peninsulares, relatando romances de heroísmo, de amor y de fantasía. Todavía hasta primeros del siglo XX se encontraban estos epígonos del juglarismo; recorrían los pueblos españoles, llevando grandes cartelones, ilustrados
con litografías y dibujos, sobre crímenes o bandoleros de leyenda. Un narrador repetía el argumento con un sonsonete persuasivo y la masa pueblerina
se deleitaba con el hecho de ficción, provocando lágrimas, admiración o indignación.
El narrador pasaba después el platillo y recogía las monedas voluntarias.
de los asistentes. Fue el antecedente del explicador del cine mudo, que fue
el que enterró a los romances populares y al teatro de la legua.

138

Se mostraba, sin proponérselo, en el Retablo de Maese Pedro, que existe
una ambivalencia humana; la seriedad y el humor o la comedia y la tragedia
Y el choque provocaba la risa. El relator del Retablo con voz seria y la furia
de Don Quijote que hacía huír a Ginés y al mono, con la destrucción de
las figuras del Retablo, generando una carcajada bárbara y estrepitosa, como
la entrada de un burro violento en una cacharrería. O el rebuzno de los alcaldes, con tal realismo que parecían burros y no hombres, haciendo recordar
a Sancho que en su pueblo también él rebuznaba con el mismo realismo.
Cervantes logró reunir en el Retablo de Maese Pedro un maravilloso contraste de emociones y de personajes cómicos, cuya comicidad arrancaba de
una seriedad aparente,· aunque manifestada como real. La picardía de Ginés
de Pasamontes, con la presencia de Maese Pedro, recuerda la espléndida
novela picaresca española, con personajes inmortales como Lazarillo de Tormes, Gil Blas de Santillana, El Escudero Marcos de Obregón o el Buscón Don
Pablos. Y sobre todo la expresión española de la dualidad medieval y renacentista, que eso es Don Quijote.

LA FILOSOFÍA DEL HUMORISMO Y EL QUIJOTE

Hay en el hombre dos formas de conocimiento o dos saberes de él mismo
Y lo que conoce de otros seres es en función de su alcance cognoscitivo o en
relación con sus facultades humanas. Pero hay un conocimiento propio del
hombre, deslindado de los otros seres de la naturaleza. Otras zonas del conocimiento como la naturaleza o Dios son posibles porque el hombre las conoce
y aunque el hombre no las conociera, existirían tal vez, puesto que todo
puede ser considerado en función del hombre; otro conocimiento no es posible. Así pues la teología o la cosmografía se subordinan o condicionan a
que el hombre las conoce; en la naturaleza, el hombre descubre sus leyes y
en la teología, es creada por el hombre, y se crea porque la idea de Dios ya
existe en la mente del hombre.
El hombre tiene una naturaleza física o una entidad corpórea que alberga
otra naturaleza mental. La primera se estudia como antropología física y la
segunda como antropología filosófica. Saber si el hombre es de raza indoeuropea o americana, si es de color cobrizo o blanco, si manejaba la piedra
y los metales, todo eso es conocimiento antropológico o físico. Pero estudiar
al hombre como investigador de la ciencia, como creador de comunidades
en función del espíritu, de arte o de cultura intelectual, de lenguaje o de simbolismos, es antropología filosófica.
La antropología física podría responder al interrogante, ¿ qué es el hom-

139

�bre? y la antropología filosófica contestaría a la pregunta, ¿ quién es el
hombre?, dando a esta última averiguación una mayor jerarquía intelectual
o una mayor sabiduría del hombre espiritual.
El humorismo es una manifestación de cultura filosófica, puesto que sólo
aparece cuando se han dado formas refinadas de cultura. El hombre primitivo ríe porque satisface sus instintos, porque ha alcanzado la presa que ha
de satisfacer su hambre o porque ha logrado un placer sexual.
El humorismo puede ser intelectual cuando conviene a los sentimientos
generales del hombre, en choque de contrastes o erupción del absurdo. O bien
puede ser manifestación de un sentimiento de comunidad, en que sólo se
sienten impresionados los que pertenecen a esa comunidad.
Así por ejemplo el humor mexicano es diferente del humor inglés. Con el
humor inglés no se ríen los mexicanos, como con el humor mexicano no se
ríen los ingleses, porque en los dos casos hace falta un esfuerzo intelectual
para comprenderlo, y cuando interviene la función de la inteligencia, el
humor se enfría y a "tempo" lento la risa se desvanece. El humor ha de ser
un choque espontáneo, cálido y sorprendente.
Solamente el hombre ríe entre todos los animales y la función de la risa
y el llanto, que son dos categorías iguales de signo contrario, muestran una
complejidad espiritual o una manifestación superior de las emociones y de
la inteligencia, cuyo estudio, con su significado o su alcance intelectual, pertenece al conocimiento filosófico; es lo que llama Cassirer una antropología
filosófica.
Federico Nietzsche nos habla en Zarathustra de un hombre sin ternura y
sin belleza, sin piedad para lo humano: "Adornado de horribles verdades,
su botín de caza y de una belleza de vestiduras desgarradas, muchas ramas espinosas colgaban de él, pero no vi ninguna rosa. Todavía no había aprendido a reír ni a conocer la belleza. Con aire sombrío volvía este cazador del
bosque del conocimiento. Volvía de luchar con los animales feroces, pero
su seriedad refleja todavía el aspecto de una fiera, de una fiera no vencida".
El hombre ha de saber reír y llorar o debe darse en el hombre la confluencia de la tragedia y de la comedia. Desconfiamos del hombre que ha
reído poco o llorado poco; sus frenos intelectuales se lo impiden, por experiencias de varias naturalezas, formando un ser contrario a su constitución
normal de hombre. Algo de esta realidad quiso decir Platón, el maestro
de Filosofía de todos los tiempos y que relata Ortega y Gasset: "En la novela como síntesis de tragedia y comedia se ha realizado el extraño deseo,
que sin comentario alguno, deja escapar alguna vez Platón. Cree oír que
están trabados en un difícil diálogo, donde Sócrates sostiene frente a Agathón
el joven autor de tragedias y Aristófanes el cómico, que. no son dos hom~r~s
distintos, sino uno mismo, debe ser el poeta de la tragedia y de la comedia .

140

El hombre que comprendiese la seriedad y el humor, participando de las
dos caras de la medalla, nos daría el dechado de lo humano. Lo encontramos
en la caricaturista que nos descubre, en el gesto de sus caricaturas, auténticos poemas de afecto, de ironía o de intención anímica, con una graciosa
aureola de humor logra en un breve trazo o pirueta lo que un pintor lograría
pintando del todo al personaje, con luces, sombras y técnica pictórica. Un
pintor de genio puede descubrimos en un solo gesto el contenido esencial
del hombre, más allá de temporales mudanzas y en ese solo gesto está la significación total de un cuadro; es un esfuerzo de imaginación para traducir
la realidad como concebida en sueños.
Desconociendo esta verdad, el hombre lógico desprecia al hombre mágico
por tradicional y el hombre mágico no cree necesario el estudio de la ciencia
objetiva. Muchos hombres lo han reconocido así. Romain Rolland estudió
las formas mágicas de la literatura y de la filosofía orientales y el irracionalismo de Bergson es el justificante de este fenómeno, acudiendo a la intuición
y a los impulsos vitales.
El humor o "humour" tiene para los ingleses significado de temperamento,
a diferencia del carácter que imprime la cultura o la educación. Y la paradoja se produce : el humor nace como escape de la educación inglesa, que
alcanzó su temperamento por la disciplina intelectual o las ideas morales de
la sociedad sajona. Así, la novela no es completa si no tiene temas resueltos
con seriedad y humor.
Esta realidad explica las manifestaciones del humor en diferentes cómicos
y como resultado de la educación recibida o del inconsciente cultural de su
estirpe.
El humor cuando es mínimo, provoca la sonrisa y cuando es máximo provoca la risa. Entre la risa y la sonrisa hay jerarquías o gradaciones bien
marcadas. La sonrisa, se da frecuentemente en el intelectual, que suele esconderse en la sonrisa como una concesión al humor tomando más bien el
aspecto de un escudo protector contra la franca espontaneidad de la naturaleza.
Cervantes había descubierto en el Quijote antes de que lo hiciera Bergson
en su breve libro La Risa, que el humorismo es el flanco necesario del hombre serio y como remedio contra la rigidez educativa individual; que la bacía
del barbero y la armadura enmohecida, cabalgando en Rocinante, las llevan
muchos hombres sin saberlo, aunque no sean físicas, sino mentales y con la
aparición de la risa la advierten.
Miguel de Cervantes hablaba el lenguaje vivo de la experiencia y la intuición y no sabía de tesis filosóficas, como ahora diríamos en términos académicos, pero la idea quedaba expresada en sus personajes inmortales. Sucede
lo mismo con ios usos y las costumbres del pasado, que naturalmente envejecen; los jóvenes lo advierten, pero los viejos, que viven impregnados de
141

�las ideas que han vivido, no se dan cuenta, y si se dan cuenta, no son capaces
de vivir con la nueva realidad.
Por eso una generación muere, aunque siga viviendo físicamente; son vivientes que en el orden de las ideas están difuntos, o lo que llama Heidegger
hombres inauténticos. De estos cambios se salvan las grandes ideas filosóficas
o ciertos principios religiosos, cuya vida puede durar milenios de tiempo tal
vez, pero nada garantiza que en el futuro, con el advenimiento tal vez de
nuevas dimensiones interpretativas de la realidad, puedan cambiar.
El hombre es hijo de lo que ha sido y ya no es posible renovarse: sus hijos
y sus nietos, físicos o de época mental, lo reemplazarán por naturales impulsos vitales y la necesidad biológica y psíquica de experimentar personalmente.
El viejo, si quiere vivir otra época que no es la suya, propende a las extravagancias cómicas. Señala la comicidad en el caballero Don Quijote, manteniendo el ideal de la justicia más pura, tal como se entendía en la literatura
caballeresca medieval, cuando estaba viviendo en una época de auge de la
razón; Don Quijote nos hace reír y llorar con sus hazañas desventuradas o el
fracaso estrepitoso de la idea falsa de su fuerza o poder; en esta criatura literaria creada por Cervantes se da el ejemplo típico del humorismo, como conciencia trágica de lo grotesco que lo ha generado.

GENUINA EXPRESIÓN DE LA ESTÉTICA DEL MITO EN EL EPISODIO
DE LA CUEVA DE MONTESINOS

Alcanza la estética del mito su genuina manifestación en este episodio de
la Cueva de Montesinos, donde el propio Don Quijote· duda de su veracidad
ante las dudas de Sancho. Pertenece al género de la literatura fantástica, a
la que pertenecían los libros de caballerías, y a la maravillosa tradición poética de la Grecia mitológica, heredada especialmente por los bardos germánicos, quienes la transmitieron a los otros pueblos europeos. Un ejemplo típico
son los Nibelungos que recogió William Shakespeare en el Sueño de una
Noche de Verano.
Si el mito es siempre la cara opuesta a la verdad, lo relatado por Don
Quijote pertenece a las grandes creaciones del mito literario en todos los
tiempos.
Comienza el relato a desarrollarse en la entrada de una cueva, "donde
era menester proveerse de sogas para atarse y descolgarse en su profundidad".
Y que "era llena de cambroneras y de cabahigos, de zarzas y malezas, tan
espesas e intrincadas que de todo en todo la ciegan y encubren".

142

Miguel de Cerv~tes se ha anticipado cuatro siglos a la psicología profunda
de la escuela de Viena. El superego de Don Quijote se había formado en su
larga soltería, en que amó a una mujer y por timidez nunca se le declaró.
Y esa mujer idealizada se transformó en Dulcinea del Toboso, concebida para
que el amor concreto de hombre y mujer no pudiese realizarse. El hombre
busca s~~mpre lo que no ha tenido, tratando de compensar su complejo de
frustr~c1on. La lectura de los libros de caballerías había impregnado el subcons~1~?te_ de ?ºn Q~ijote de. ideas fantásticas e irrealizables, pero por su
amb1c1on idealista hubiera querido ver realizadas en su vida.
Mito de la caverna llamó Platón a una de sus ideas más impresionantes.
Y Cueva de Montesinos llamó Cervantes a un episodio legendario de Cario
Magno de Francia. Psicología de la caverna se ha llamado el estudio difícil
y complejo del subconsciente.
Como lo sucedido no es posible aceptarlo por la razón al moverse en el
reino ~el misterio, entra en la substancia típica del mito y en el relato argumentativo se produce la estética con valores filosóficos y literarios.
. Queda defin~do el mito con aquella declaración de Don Quijote, en que
hincado de rodillas, rezó una oración a Dios, invocando también a su señora
Dulcinea.
"¡ Oh, señora de mis acciones y movimientos, clarísima y sin par Dulcinea
del Toboso! Si es posible que lleguen a tus oídos las plegarias y rogaciones de
este tu venturoso amante, por tu inaudita belleza te ruego las escuches; que
no son otras que rogarte no me niegues tu favor y amparo, ahora que tanto
lo he menester. Yo voy a despeñarme, a empozarme y a hundirme en el
abismo que aquí se me representa, sólo porque conozca el mundo que si tú
me favoreces, no habrá imposible a quien yo no acometa y acabe".
La idea de la amante como una mujer taumatúrgica, que es capaz por
e! amor que se le ~iene, de hacer milagros o de hacer que las empresas difíciles, llenas de peligros, puedan realizarse sin temores ni obstáculos, revelan
tal vez, en el caso de Don Quijote, la orfandad infantil, perdiendo a su madre,
lo que hacía que la madre tuviese todas las virtudes ideales, a la que se
acude en demanda de amparo cuando el peligro real o imaginario nos cerca.
Cervantes no ~abló de la madre de Don Quijote, pero puede suponerse que
en el subconsciente del caballero de la Mancha, existía una frustración de
lo materno.
Descendido al interior de la cueva, se produce la más maravillosa fantasía
por contraste entre la realidad y el mito. Y dice Don Quijote: "me salteó
un sueño profundísimo, y cuando menos lo pensaba, sin saber cómo ni cómo
no, desperté de él, y me hallé en la mitad del más bello, ameno y deleitoso
prado que puede crear la Naturaleza, ni imaginar la más discreta imaginación humana".

143

�Y añade esta descripción: "Ofrecióseme luego a la vista un real y sun-

tuoso palacio o alcázar, cuyos muros y paredes parecían de transparente y
claro cristal fabricados".
La aparición de Montesinos, despertando de su encantamiento y llegando
a Don Quijote, reafirma los valores del mito estético, con estas palabras:
"Luengos tiempos ha, valeroso caballero Don Quijote de la Mancha, que los
que estamos en estas soledades encantados esperamos verte, para que des noticias al mundo de lo que encierra y cubre la profunda cueva por donde
has entrado, llamada la Cueva de Montesinos; hazaña sólo guardada para ser
acometida de tu invencible corazón y de tu ánimo estupendo. Ven conmigo,
señor clarísimo, que te quiero mostrar las maravillas que este transparente
alcázar solapa, de quien yo soy alcaide y guarda mayor perpetuo, porque soy
el mismo Montesinos, de quien la cueva toma nombre".
El conjunto de hechos míticos, con lenguaje impresionante, levantan la
estética de este capítulo del Quijote, donde el idealismo más puro lo hace
posible. Que Montesinos había sacado el corazón de su gran amigo Durandarte y que fue llevado a la señora Belerma, a petición de la víctima, como
prueba de su gran amor; de los encantamientos del sabio Merlín, que fue
hijo del diablo; del enajenado corazón de Durandarte, tal como fue entregado a Belerma. Del encantamiento del escudero Guadiana, con la dueña
Ruidera, sus siete hijas y dos sobrinas, las que lloraban sin cesar y que el
mago Merlín por compasión las convirtió en tantas lagunas como personas
eran, dando lugar a las lagunas de Ruidera, que se encuentran en la Mancha.
Y que el río Guadiana se abastece de las aguas de Ruidera, pero corre en
un misterioso juego de verdad y fantasía, apareciendo y desapareciendo en
la supedicie de la tierra, por el pesar de haber sido encantado.
O la aparición de hermosísimas doncellas, visibles a través de unos cristales "todas vestidas de luto, con turbantes blancos sobre las cabezas, al modo
turquesco".
Sancho se muestra escéptico ante tantas maravillas, es siempre el encuentro
de la locura y la cordura, de la seriedad o la comicidad, que se repite a lo
largo del Quijote: "Creo, respondió Sancho, que aquel Merlín, o aquellos
encantadores que encantaron a toda la chusma que vuestra merced dice que
ha visto y comunicado allá abajo, le encajaron en el magín o en la memoria,
toda esa máquina que nos ha contado, y todo aquello que por contar le
queda".
La invención de este episodio mítico de la cueva de Montesinos, que Cide
Hamete Benengeli pone en tela de juicio, por el realismo y fantasía cervantesca, en contraste con William Shakespeare que no se pone a dudar en sus
creaciones semejantes en el Sueño de una Noche de Verano. El mito es mito

Y como tal se presenta, para deleite estético de los lectores y eso es todo
bastante.
'
y
Dice Cide Hamete: "No se puede dar a entender ni me puedo persuadir
que el valeroso Don Quijote le pasase puntualmente todo lo que en el
antecedente capítulo queda escrito". Y añade: "de esta cueva no le hallo
entrada alguna para tenerla por verdadera por ir tan fuera de los términos
razonables". Y que Don Quijote "al tiempo de su fin y muerte dicen que se
retractó de ella
·
do por parecerle que convenía
. , y diJ.o que él 1a ha b'1a mventa
o cuadraba bien con las aventuras que había leído en sus historias"
. En .la creac~ón -~el mito no hace falta preguntarse si es verdadero ~ falso,
smo si la realizacion logró los valores estéticos, literarios O filosóficos que el
au.tor ~ prop~~- Y la Cueva de Montesinos cumple sobradamente con las
exigencias estetlcas del mito.
Edición Centenario. Madrid. Interpretación Psicologica del Quijote, de Salvador de Madariaaa
Editorial M A ·1
0
Madrid.
•
•
guiar,

BrnLI~G~FÍA: El Quijote.

INTRODUCCIÓN A LOS SIMBOLISMOS

El sím~lo es una r:presentación figurada de la realidad y tiene semejanza
con e~ mito: todo mito ha de ser símbolo aunque no todo símbolo ha de
ser mito.
Adoptan s!111bolos las sociedades políticas, religiosas, deportivas y de diferente_ ;ontemdo, pu~den ser banderas, escudos o combinaciones de palabras;
tambien representaciones de animales, de cifras cabalísticas o de marcas.
L~ aristocracia adoptaba escudos -imitando a la realeza- que significaban
cualidades destacadas, como el heroísmo, la lealtad, la fuerza O Ja constancia,
como el f~dament? o la causa por los que los reyes O los Papas hicieron
esas concesiones de Jerarquía social o de distinción digna de perpetuarse.
Las frate~dades religios~s o políticas adoptan sus símbolos para reconocerse
o ser reconocidas. Y las sociedades artísticas o de diversa dedicación.
. Los. brujos de los pueblos primitivos tienen necesidad de disfrazarse para
s~bolizar el poder taumatúrgico. Con su cara descubierta no ejercerían el
mismo efecto sobre sus pu~blos. Igual sucede con los magos reales O ficticios
actuales, que adoptan vestidos o lenguajes mantránicos para predecir O lograr los. ef~~tos buscados, o la inclinación al uso de pseudónimos, que literal~ente significa nombres falsos. O las diversas manifestaciones del teatro O del
eme, cuando los artistas imitan con sus atuendos, sus gestos y sus palabras, a

145
144
HIO

�los personajes que dicen representar y es más impresionante cuanto más e~ectivo es el simbolismo figurativo. La música, los efectos t~atrales, los nud?s
de diversa naturaleza, el estruendo de tambores, todo contnbuye a que el publico sienta como real los símbolos representados.
Los símbolos de los sueños, descubiertos por Freud, en su método psico-analítico desvelan el fondo onírico detrás de las representaciones simbólicas.
L;s pueblos adoptan también sus símbolos raciales o nacionales. ~l. símb~lo
de los vikingos era el martillo, de los árabes la media luna;_ la familia ~º~Jª,
en Roma, adoptó el toro ibérico de su origen, y los mexicanos, el agmla,
comiéndose a la serpiente, sobre un nopal.
A los rusos se les conoce por el oso, a los ingleses por la zorra, a los franceses por el gallo, a los españoles por el león, a los alemanes por el águila.
Y el símbolo confiere espíritu.
A los norteamericanos por el "cow hoy'' del '"farwest" -o El dorado de
los pioneros en las vastas regiones de la geografía americana; ,Y _al mexicano
por el charro valiente y enamorado, de enorme so!11brero con~co, espuelas
gigantes de plata y pistola al cinto, con un caballo arabe de bnosos saltos Y

andadura ligera.
..
El llanto de Niobé, la madre helena, por la muerte de sus ocho ~JOS Y
el nacimiento de una fuente de lágrimas, simboliza el dolor de la muJer, a
la que le han asesinado sus hijos. La fuente es el símbolo.
El cristianismo tiene su símbolo en la Cruz y aunque ya existe este símbolo
como expresión de lo masculino y lo femen~o, es a. partir
Cristo cuando
adquiere valor universal, representando al H110 de Dios crucificado, o muerto
en la Cruz, tomando desde entonces un nuevo significado, diferente del que

~&lt;:

tenía entre los arios primitivos.
El estado tiene también sus símbolos: la monarquía con la cor~na_ r:al; la
república con una bella mujer, que lleva como a~ibutos a la 1ust1~1~ Y a
la libertad. El comunismo adoptó la hoz y el martillo, en representac1on del
trabajo de los obreros y campesinos.
. . .
Cassirer nos habló del mito del Estado; las mst1tuc1ones, los programas políticos, el hombre a quien van dirigidos, tienen en el fond? una fundamental
insuficiencia, un fraude consciente o impuesto por la realidad de_ los hecho~,
que desvirtúan los esquemas teóricos de sus formuladores o los impulsos VItales de los pueblos que los viven.
Símbolos existen en los lenguajes; las palabras son la cifra de un contenido ideológico; las letras son el símbolo de la rea~ida_d, que necesitaban a~optar una fórmula gráfica para ser expresadas. El linaJe de los pueblos está en
los idiomas, que allí fueron depositando sus experiencias y sabidurí~, ancestrales. y la palabra escrita con sus simbolismos gráficos, tuvo la virtud de
perpetuarlo.

146

El lenguaje algebraico tiene signos convencionales para representar cantidad~s o números, tomados de unidades concretas existentes y que en el lenguaje de los símbolos tienen una razón formal de ser.
Los ~eroglíf'.co,s _egipcios, con sus figuras de animales y sus signos, simbolizaban ideas h1stoncas o morales y que el descubrimiento de Lord Carnavon
hizo posible. Egiptólogos posteriores encontraron su significado para curiosidad
de los hombres actuales.
~~s monumentos mayas, aztecas, toltecas y su estatuaria, simbolizaban el
e~pmtu guerrero o artístico de su cultura. Las pinturas de Bonampak O las
figuras de Tlaloc o Huitzilopochtli, son testimonios expresivos de ese tiempo,
de su ser y de su modo de ser.
Los griegos y romanos fueron creadores de simbolismos en sus figuras de
mármol o en sus pinturas, unas encontradas y otras perdidas para nuestro
tiempo~ :orno las diosas ~inerva, Palas Atenea o Venus Afrodita, del general Al_c1biades, o d~ los f1losofos Sócrates y Platón, o los frescos de Pompeya,
las rumas de Palmira o los acueductos de Hispania, etc.
. No ~udiendo expresar la realidad en muchos casos, la expresaban con arte
f1gurat1vo. ¿Cómo expresar la sabiduría, si se encuentra diluída entre los humanos o en fuerzas invisibles llamadas dioses?
Minerva expresaba en una figura este concepto abstracto de la sabiduría.
Las fórmulas estéticas de la belleza masculina y femenina, se han mantenido
siempre en la Venus de Milo y en el Apolo del Belvedere. El sentido de la
fuerza en Crotón de Milo; el encanto de lo desconocido en la belleza femenina de la mutilada figura de la Victoria de Samotracia. O la gracia poética
de la h_istoria en los pórticos y columnas rotas del Partenón, en los templos
y palacios truncos de la arquitectura romana. O las esculturas de los Césares
~oman?s en los muchos lugares del imperio, simbolizando el poder y la fuerza
invencible de Roma ante los pueblos sojuzgados.
Siempre el símbolo representa la realidad, expresada convencionalmente.
¿Acaso el lenguaje científico no es en gran parte expresión de simbolismos?
~uan~o Einstein encontró la tesis de la cuarta dimensión, se vio obligado
a smtet¡zarla para darla a conocer, encontrándola en el tiempo, como una
covariante de tiempo y espacio, reduciendo su formulación a un simbolismo
matemático.
Vivimos en tres dimensiones de tiempo, y espacio, no podemos entender la
cuarta dimensión directamente, sino sólo especulando intelectualmente y representando la conclusión hallada con metáforas literarias, en la creación de
f~gur~s. de p~nsamiento o en fórmulas físico-matemáticas. En esa capacidad
srmbohca esta representada la grandeza y la pobreza del pensamiento humano.
En filosofía se ha creado una lógica simbólica de signos convencionales o
una lógica matemática, aprovechando los recursos de figuración del pensa-

147

�miento La lógica es siempre una representación de la realid~? c~n 1signos
d 1 e~samiento lo mismo que la gramática es una representacion e a reali:a! or medí; de los recursos de la escritura o de la p_alabra _hab~~da.
. ~é son las pirámides de Egipto, sino representaciones s~boli~as del
éQ .
. .
• •,
·nas del Nilo y que nos lego el Libro de
pensamiento egipcio, que vivio a on
los Muertos?
1 l' d A i. Qué representaban el legendario talón de los atlantes o e ta on de q~ 1
les~ sino algo figurativo de algún flanco de debilidad en la gran eza e
ho~~:e:xistido Quetzalcóatl o es un mito de la leja~~ª de los pueblo~ indíé
d México confirmando la facultad de fabulac10n en el hombre.
ge~: v:rdad his;órica coexiste en gran parte con un gran. ~audal de s'rmbolos,
y comprobac1on.
t
que alimentan las fuentes de investigación
.
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. . el arte, el lenguaJe' la istona, a re 1g10• '
di
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L a c1enc1a,
.,
símbolos . Cómo expresar la idea de Dios, las versas mamexpre~1on de
.. é•
de la Virgen María o el concepto de los seres
festaciones O cognommac1ones
anNgélicos?
obligados con el lenguaje filosófico o la expresión plástica del
os vemos
od
apa a la
arte a re resentaciones con formas simbólicas, o t o 1o que ese
.
.d d pgnoscible El gran mérito del catolicismo es que por esta neces~dad
reali a co
·
·, d
rte de 1IDade expresión de lo religioso ha propiciado la creac10n e u~bt 1
. ,n
. ,
de arte pictórico que en muchos casos ha hecho pos1 e a creac10
gmena o
,
.
de obras maestras del genio creador del artista.
.
.
rSólo los privilegiados de la mística, que dicen haber visto esas entid~des re i
.
1 dan a los artistas para poderlas expresar en formas corporeas, en
giosas, as
. , .
· ,
de plástica pictonca.
d
imagenes
1 f.l, fo o más bien el teólogo, con los recursos e
O en el hallazgo por e i oso '
.
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::~~icºa :e:: ;::nq;:r:::t!::~;ac7:~ ~~::~:~::· en la obr~ d~
. , teo'rica de su contemdo. La belleza abstracta es siem
arte O en 1a concepc1on
pre en relación con la obra conc~eta, ? réplica y res?uesta de 1o que vemos.
y la réplica es una figuración o simbolismo de la realidad.

¿:

Antropología filosófica
Cultura Económica. México.

BIBLIOGRAFÍA.

de E. CASSIRER. Editorial Fondo de

LENGUAJE Y REALIDAD

:~n

Marshall Urban, profesor norteamericano, incide
es~=
del simbolismo y de la realidad o en la representac1on y
148

!~~~~d:~. e~~~::

Marshall enseña en la Universidad de Yale. Nos encontramos ante una nueva
investigación de la realidad y de sus expresiones verbales, tomadas en su prístino sentido idiomático, ya que toda filosofía no es sino una crítica del lenguaje. Federico Nietzsche volvió sus ojos a la filosofía clásica y creó la idea
del superhombre y su metafísica trascendente. Urban se atiene a la realidad que ofrecen las palabras y considera a la metafísica como un híbrido
de poesía y ciencia. Se trata de un esfuerzo considerable para fundamentar
un neopositivismo, como "preludio de un denodado nuevo mundo, en que el
espíritu humano, habiéndose librado de los espectros de Platón y Aristóteles
y de la impedimenta de los siglos, pudiera entrar en la luz plena de una era
completamente científica".
Para obtener un nuevo resplandor de los hechos y de las creaciones ver~
bales del hombre, acude a los principios del simbolismo y que Ferrater Mora
sintetiza así en su Diccionario de Filosofía:
l. Todo símbolo que es símbolo "está en lugar de", representa algo.
2. Todo símbolo tiene una referencia dual. El carácter esencial del símbolo
primario, a diferencia del mero signo, es el hecho de que los caracteres
originarios del objeto intuible son en un cierto sentido idénticos a la significación que tienen como símbolo, con lo cual el símbolo se refiere al
objeto original y al objeto que representa.
3. Todo símbolo contiene a la vez verdad y ficción.
4. Principio de la adecuación dual; un símbolo puede ser adecuado desde
el punto de vista de la representación del objeto como objeto, o puede
ser adecuado desde el punto de vista de la expresión del objeto para nuestro
tipo especial de conciencia.
Urban ha buscado consecuencias a la investigación fenomenológica y en
especial a la teoría del lenguaje, comenzando por la filosofía de los textos,
en la estructura de los signos gráficos, o como signos de expresiones orales,
significando objetos simbólicos o los objetos mismos.
La metafísica aparece como un minucioso análisis de la realidad expresiva,
la palabra y el concepto, en la comunicabilidad e inteligibilidad, como nuevos Linneos de filosofía del lenguaje y la verdad filosófica se atiene a los
datos que nos comunican las palabras y su simbolismo semántico y filológico.
Lo que llamamos metafísica no está bien fundamentado, por haber caído
en un pragmatismo tradicional o en una casuística verbal.
Marshall Urban se propuso una metafísica natural del espíritu humano,
desde el punto de vista del lenguaje.
A Manuel Kant se le hicieron estas objeciones, que debió escribir una
Crítica del lenguaje y no una Crítica de la Razón: que si era posible el cono149

�cimiento nouménico o no lo era en los límites de la razón y de la ciencia,
pudo más bien haber pensado si el discurso o el alcance de las palabras tenían
sentido y eran inteligibles.
Marshall Urban en la introducción a su libro, acude a citas poéticas, como
las Upanishads: "Si no hubiera lenguaje, no podría conocerse lo bueno ~i
lo malo lo verdadero ni lo falso, lo agradable ni lo desagradable. El lenguaje
'
. ,,
es el que nos hace entender todo esto - Meditad sobre el lenguaje .
La posición de Marshall es la de un honrado hombre de ciencia, todo en
la naturaleza está pidiendo por descubierto y ordenado en ley, mostrado en
infinito despliegue encubierto. Se le podría objetar que a fuerza de enredamos en las palabras como hecho y como símbolo, o d~ afinar !ºs c~ncepto~,
no veríamos la realidad viva. Pero ¿qué otra tarea hizo la filosof1a tradicional? Tal vez sea el único concepto que nos sea dado a los humanos, ya
que nuestras conclusiones son siempre provisionales, y ~l filósofo ~u~a problemas teóricos, y no hay un sistema que haya prevalecido como un1co; nos
lanzamos tras una desesperante liebre mecánica y nunca la alcanzamos.
Se plantea el problema del lenguaje en la historia del pensamie~to, ~~ra
llegar a los propios problemas de una filosofía considerada. en su :ª~~ez ~d10mática. Pregunta Marshall qué es el lenguaje y sus funciones significativas.
Estudia después una fenomenología del sentido idiomático, con sus nocion~s
de denotación y connotación, a la comunicación inteligible y a sus condiciones. A un análisis del lenguaje y a sus problemas metalógicos, con el conocimiento por descripción y lenguaje, o por interpretación, hallando la verdad
como inmanente en el discurso: veritas in dicto.
O el simbolismo del lenguaje, con una filosofía de las formas simbólicas
y una teoría de las lenguas. Clasifica o investiga el simbolis°;o idiomático en
los distintos contenidos del saber. En la lengua de la poes1a establece una
distinción entre el saber poético y el saber científico; la primera es la original
y la segunda es la derivada. Se dice en los versos clásicos.

"Así nos hizo la naturaleza; en verso, melodiosa,
surgió la voz del hombre antes de hablar la prosa".
El símbolo poético se toma como forma del símbolo estético en general.
Olvidemos el carácter de revelación encontrado en muchos poetas, como Víctor Rugo, que decía cómo los ángeles le inspiraban, o en general la concepción clásica, para entrar en el intuicionismo o en el sentido de los signos
verbales.
Todos los símbolos poéticos son metáforas y salen de metáforas. "La metáfora pasa a ser símbolo cuando por medio de ella encamamos un contenido

150

ideal, que no puede expresarse de otra manera". Hace una filosofía de la
poesía, como un modo de aprehender la realidad o una metafísica disfrazada.
Investiga el simbolismo como principio científico. Ya para Pierre Duhem,
la relación del concepto o símbolo científico con la experiencia sensible, es
un problema fundamental, o el símbolo en las ciencias de la vida y del espíritu. O la consideración de doble aspecto en la definición de la ciencia;
como método lógico-matemático excluyendo de la ciencia y de su forma, todo
lenguaje. O el doble concepto de lo vivo y lo espiritual, tomados como símbolos de lo corporal o lo físico.
Estudia los símbolos religiosos y el problema del conocimiento religioso,
distinguiendo entre religión y metafísica. Y termina con la metafísica natural
del espíritu humano. Apela al pensamiento de Bergson; "la ciencia se esfuerza
por llegar a un simbolismo de relaciones". Y la metafísica natural "se esfuerza por llegar a un simbolismo de cosas".

ALGUNAS PRECISIONES DEL SIMBOLISMO DEL LENGUAJE
EN OTROS FILÓSOFOS

Tomamos del Diccionario de Filosofía de Ferrater Mora: En teoría del conocimiento es el símbolo el modo como se ha expresado una realidad, a través
de notaciones conceptuales, lingüísticas o significativas no correspondientes
a un universo inteligible y substante.
Para Langer, el edificio entero del conocimiento humano se presenta, no
como una vasta colección de informes procedentes de los sentidos, sino como
una estructura de hechos que son símbolos y de leyes que son sus significaciones.
Para Diego Ruiz, la expresión situada en su lugar es un símbolo, de suerte
que el simbolismo aparecería como una técnica del manejo de las significaciones y la lógica sería una de sus partes.
Para Kant, el símbolo de una idea es como la representación de un objeto,
según analogía.
Para Guillermo de Occam, el signo no era ya lo que hace presente al conocimiento algo distinto de sí, sino lo que el objeto refleja en la conciencia, lo
que existe en el contenido de conciencia de un modo objetivo.
Hobbes define el signo como el antecedente evidente del consecuente, y a
su vez, el consecuente al antecedente, cuando se han observado antes consecuencias parecidas.
Cassirer ha investigado el signo y el símbolo como elementos conducentes

151

�a una comprensión de la naturaleza humana, la cual es, fundamentalmente
simbólica, o apta para el manejo de los signos. .
.
Richards asegura que los cánones del simbolismo constituye~ 1~ b~se de
todas las comunicaciones, sin las cuales no podría establecerse ~mgun siste~a
de símbolos, y por ¡0 tanto, ninguna ciencia, ni siquiera la lógica, concebida
como la ciencia de la sistematización de los símbolos.
BIBLIOGRAFÍA: Lenguaje y Realidad, de MARSHALL URBAN. Editorial Fondo
de Cultura Económica. México.
.
.
Diccionario de Filosofía, de J. FERRATER MoRA. Editonal Suramencana.
Buenos Aires.

SIMBOLOGÍA DEL ESPÍRITU
Tomamos como referencia inspiradora la Simbología del espíritu, de Jung.
.
. Cómo representa el espíritu del hombre sus contenidos vivenciales? ¿ Existe~ las ideas en potencia en la naturaleza humana, cuando se nace, o son por
el contrario forjadas con la experiencia vital?
Porque las ideas del hombre civilizado se encuentran como balbuceos en
el hombre primitivo. Los temores entre las ~uerzas podero~~ de la Natu:~leza que lo hacen adoptar actitudes reverenc1~les de lo re~gioso, la cr~c1on
de la ética social por necesidades de convivencia y la ~re~cio~ de los primeros
clanes como fundamento de progreso y las primeras mstituc1ones de derecho
frente a otros clanes o frente a otros hombres.
. Las ideas nacieron con el hombre o se despert aron con la necesidad de
(,

y la Antropología Filosófica, de Cassirer.

vivir?
Jung asegura que ex1'ste un inconsciente personal y colectivo. Pero este
,
inconsciente se da en el hombre civilizado, t~l ~~mo Jun~ lo conoce, ¿se~ia
igual en el hombre primitivo? El hombre pnrrutivo traen_a tal vez otro mconsciente del mundo psíquico donde surgió. ¿ Sería de ongen ce~e~te, o por
el contrario, el cuerpo físico y mental estaría en ~l~co com~ una pag~a d_onde
nada se ha escrito? o bien según la idea platomca, traena la expenenc1,a de
otras vidas, de una memoria olvidada y que a medid~ q~e transcurna el
•
'b d Ul·r·endo de nuevo la memoria o la conciencia de su pasado.
tiempo 1 a a q 1
.
.
. C,
· , el símbolo del demonio? La presencia del demonio o de
e orno surg10
.
1
. d fuerzas
, fue orio-inada con la aparición del bruJO, o a presencia e
Satan
e
·
1o, surgio
· ' e1 mago
· · 'bles
que producían el mal, y para conJurar
rea1es e mvis1
1 h
'd d
primitivo, tal como lo vemos hoy en comunidades atrasadas de a umaru a .

152

Se llegó después al mismo simbolismo demoníaco en las religiones civilizadas.
El demonio existe en la conciencia del hombre civilizado con otros simbolismos, porque en el hombre existe como necesidad profunda de su naturaleza
el demonio o el cielo de los simbolismos antiguos.
El culto de Ormus y Ariman en el magisismo persa, de Arjuna y Erisna
en el Mahabaratha, el demonio y el ángel del hebraísmo y del cristianismo,
los términos opuestos que son extremos de una misma verdad, aunque con
diferente signo, del hermetismo egipcio; en todo se repite un simbolismo de
formas que sin duda responde a una misma verdad desconocida en términos
de razón.
La idea de Satán es la presencia del mal en la conciencia de cada hombre,
creándose él mismo su propio demonio o su propio cielo, tal vez como anticipo de otro cielo y otro demonio en otra dimensión de tiempo y espacio,
después de la muerte corpórea.
Jung hace un estudio de Satán en el Antiguo Testamento y es una confirmación del mismo símbolo antiguo. En el pueblo hebreo se muestra como
revelación divina.
¿No sería una mente superior que confirma en la palabra o en el símbolo
la presencia de esta idea consustancial con el nacimiento del hombre?
Jung dice que el dogma religioso "es un símbolo con una imagen antropomorfa, establecida para designar un estado de cosas trascendente y que
no puede ser fundado en interpretación racional".
Aunque para Jung lo trascendente es interpretado como psicológico.
Jung presenta la figura de Satanás como no concebida en sí misma, sino
sólo en su relación con Dios y aunque en la historia de Job está Satán subordinado a Dios, considera que es sólo un aspecto de relación entre Dios y Satanás en el Antiguo Testamento. En el libro de Job aparece Satán como
creador de infundios y en Zacarías se le presenta como acusador y ángel
de castigo.
En el Antiguo Testamento el concepto de Dios es ambivalente, donde se
da la fusión de lo luminoso y de lo obscuro, del bien y del mal, en la personalidad divina única. Por eso el monoteísmo hebreo es la unidad de la
pluralidad. En el Libro de Job se presenta Satán como enemigo del hombre
y de Dios. El hecho de que a Yavé puedan atribuírsele acciones demoníacas
es porque existían leyendas antiguas sobre demonios, aunque al comentador
le parecía imposible la existencia de otros espíritus al lado de Yavé y "en un
piadoso afán, del demonio se hizo a Yavé ... "
La figura de Satanás se presenta también como el demonio de la enfermedad. Y añade: "parece más bien ser un espíritu maligno que tuviera poder
especial sobre tales demonios". Porque existía la creencia en demonios de la
enfermedad.

153

�A Satanás se le consideraba como el hombre que hace mal a otro hombre.
Von Rad en su tesis sobre Satanás asegura que "encama la amenaza a
los hombres por parte de Dios, ya sea como azuzador de sus fallas morales
o religiosas, o como principio demoníaco y destructor, firmemente anclado
en un plan de regeneración".
En Job la figura de Satán tiene el significado de policía divina y en el
Antiguo Testamento, Satán significa impugnar, retar, perseguir, o impugnar
por medio de acusaciones. El término Satán en un sentido primitivo significaba una persecución en forma de impedir la marcha hacia adelante.
El Daimon de Sócrates era el espíritu que le inspiraba o la fuerza contraria que le hacía tomar conciencia de la verdad.
En el libro número XXII, 22, Satanás es un ángel que se interpone como
adversario en el camino del hombre. Y como concepto mitológico es la figura
que se enfrenta al hombre con enemistad.
En Leviatan, es Satán un demonio espiritual, frente al cual Dios está en
controversia dialéctica.
Y Jung lo define así: "La Iglesia tiene la doctrina del diablo, de un principio maligno, que puede ser imaginado con patas de cabra, con cuernos y
con cola. La figura de un hombre medio animal y de un dios atónico que
parece haber escapado de una reunión de misterios dionisíacos, de un adepto
persistente del paganismo pecaminoso y alegre. Este cuadro es excelente y
caracteriza exactamente el aspecto nefasto del inconsciente, al cual no se tiene
acceso, y que por lo tanto, está anquilosado en un estado original de barbarie incontrolable".
Jung asegura que Satán "es el acto volitivo de Dios, que se hace realidad
partiendo de la personalidad de Yavé, o sea la hipótesis de situaciones activas
de Dios".
Jung establece los modelos específicos a los arquetipos universales de los
pueblos. El arquetipo es la suma de las experiencias y de la sabiduría de
todo un pueblo, representado en un hombre o en un grupo de hombres, en
oposición a los hombres con mentalidad de grupo que repiten las mismas
ideas grupales y no se diferencian en el orden intelectual unos de otros. El
hombre arquetipo es la máxima sabiduría del inconsciente personal y colectivo. Pero cada hombre del grupo puede llegar a la misma superación en un
proceso de decantación ideológica, logrado tal vez en varios siglos de experiencia vital.
Esta idea nos da la siguiente luz; hay ideas que se traen con el nacimiento
y hay ideas que se adquieren viviendo.
El inconsciente colectivo se encuentra en la tradición de un pueblo como
en la tradición de toda la humanidad, y esta tradición inconsciente se encuentra_con diferente grado lo mismo en la voz de un salvaje antepasado

154

c_omo en la voz de Platón o de Aristóteles; el hombre que recoge esas múl~ples :oces es el genio universal de la razón o el modelo arquetípico que
sunbohza el pasado de experiencias, legadas por la humanidad.
En la constitución psíquica del hombre actual lo mismo están presentes
las ho~das de Gengis Khan, las crueldades de los ejércitos orientales, la
barbane de los soldados romanos o el talento de los mercaderes fenicios·
en todo hombre está presente su pasado familiar, el pasado de su raza y ei
legado de la humanidad, en el colector inconsciente de su compleja personalidad. Nada se ha perdido. Lo que fue es.
¿ Podremos algún día recoger como recogemos las voces actuales de los
hombres, las voces de la Academia platónica o del Liceo aristotélico en
grabadoras adecuadas que la nueva técnica había descubierto, para volver
ª. recrear sus enseñanzas vivas, tal como las recogieron los discípulos atenienses?
¿ Podrem~s descub~ir el simbolismo del canto del ruiseñor en el pentagrama musical, lo mismo que hoy establecemos el simbolismo melódico de
la naturaleza?

. Todo lo que existe tiene existencia en razón de algo y anhela ser descubierto y expresado. En todo existe una enseñanza donde caben las firuraciones simbólicas o las verdades racionales. La expresión en el homb;e es
una conquista de perfeccionamiento moral o intelectual. O descubrir el
lenguaj~ ast~ológ_i~o de las estrellas _en el destino del hombre. La astrología
es la cifra simbolica de ese lenguaJe, con sus clasificaciones O sus convencionalisn:ios nominal:s,_ tomados sin duda de la realidad humana y estelar.
C? 1~ cifras .matem~tlcas que regulan el curso y las distancias estelares y
sigrufican la mfluencia sobre nuestro planeta. Jung recogió estos simbolismos
al hablamos del hombre astrológico.
El simbolismo queda expresado en todas las manifestaciones de la cultura
y es el reflejo del inconsciente colectivo. Cada pueblo o cada hombre expresa
lo que lleva dentro de sí, ofreciendo sus obras consecuentes.
En cada italiano, lo mismo encontramos a Rómulo y Remo que a Virgilio o Julio César, a Donatello o al Dante. En cada español, ~n Cid O un
Cervantes, un Velázquez o un Quevedo, un Roger de Flor o un Ausias March.
Y en un mexicano, lo mismo hallamos a un Cuauhtémoc O un Xicotencalt
un Antonio de Mendoza o un Motolinía, un Hidalgo cast;llano O un caciqu~
indígena.
Las expresiones sociales, literarias y artísticas de los pueblos, llevarán el
fulgor de los ~tep~s~dos, aunque de ello no sean conscientes. Una psicología
de las formas simbohcas, empleando el lenguaje de Cassirer en los diferentes
pu~b_los, nos daría mucha luz sobre el sentido de la cultur; 0 de su mensaje
espmtual.

155

�Hipólito Taine hizo una filosofía del arte, teniendo en cuenta las características diferenciales y peculiares de algunos pueblos europeos, asegurando
que el arte era la consecuencia de las psicologías nacionales. El hombre como
integrante de una comunidad nacional ofrece sus simbolismos o sus expresiones peculiares. Un doctor mexicano buen amigo mío, acusaba la doble
característica indc.,hispana. Aprendía idiomas con gran facilidad, como la
Malinche que ayudó a Cortés. Había un inconsciente colectivo de la magia
curativa indígena y era un médico de gran ojo clínico. Estaba presente en
su espíritu la herencia de un sacerdote azteca. Y el caso psicológico actual se
justificaba así. Su madre había muerto cuando era un niño de un año; tenía
una insuficiencia fundamental de lo femenino, que le creaba timidez y complejo de inferioridad con las mujeres. Reiteradamente había fracasado en
sus intentos amorosos. Para consolarse de su insuficiencia sentimental, escribía
literatura y filosofía. Sus representaciones formales eran líricas, con simbolismos de soñador. De otra parte, sentía la hidalguía castellana y sus criaturas
de ficción eran generosas, idealistas. Y de otra parte, sentía el complejo
indio, según sus palabras, el complejo de inferioridad y de su devoción por
las mujeres blancas.
Dice Cassirer que el hombre se diferencia de otras especies animales en
una marca distintiva. Su círculo funcional "no sólo se ha ampliado cuantitativamente, sino que ha sufrido también un cambio cualitativo". El hombre
vive en un universo físico como las otras especies, pero se ha creado además
un universo simbólico. El lenguaje, el mito, el arte y la religión son partes
de ese universo, en donde se va formando toda la experiencia humana y va
abandonando la realidad física en la misma proporción que avanza en la
actividad simbólica. Y ahora todo lo que ve o conoce, lo hace a través de
las formas simbólicas que ha creado, bien sean lingüísticas, artísticas, en los
símbolos míticos o en los mitos religiosos.
Y cita a Epicteto: "Lo que perturba y alarma al hombre no son las cosas,
sino sus opiniones y figuraciones sobre las cosas".
Y el hombre como animal racional sigue teniendo verdadera significación.
Aunque el mito se explica por un sistema conceptual no se puede caracterizar
al mito como racional. Y es que junto al lenguaje conceptual tenemos un
lenguaje emotivo; el lenguaje lógico o científico y el lenguaje de la imaginación poética. Y el hombre podría definirse ahora no como un animal racional, sino como un animal simbólico. Es el nuevo camino de la civilización
abierto para el hombre.
Y asegura Cassirer que no existe fenómeno natural, ni de la vida humana,
que no sea capaz de una interpretación mítica y que no reclame esta interpretación.
Pero el mito no tiene categorías lógicas. El mito es ficticio y nace de una

ficción inconsciente. Malinowski dice que todo mito posee, como núcleo o
realidad última, algún fenómeno natural, entretejido laboriosamente en una
fábula, a tal grado, que a veces casi lo cubre y disimula por completo.
Para Freud, las creaciones míticas, no serían sino variación y disfraz del
tema psicológico de la sexualidad.
La visión de la naturaleza en el hombre primitivo no es teórica ni práctica
sino simpática, de donde brota el mito, que siempre lleva un trasfondo emotivo.
Los mitos llevan esta característica diferencial del lenguaje filosófico de
la lógica de la razón. Así el mito, de Prometeo que trae el fuego a los hombres desde el cielo; el mito del Zeus olímpico, que es un dios de la naturaleza,
adorado en las cimas de las montañas y que gobierna sobre las nubes la
lluvia y el rayo. En Esquilo, es Zeus la expresión de los ideales éticos ; el
guardián y protector de la justicia.
•
El mito participa de la misma naturaleza emotiva que la religión. Cuando
no podemos expresar algo con lenguaje científico, lo expresamos con el lenguaje de los mitos.
La religión, dicen los teólogos, no es irracional, sino supra racional o que
no puede expresarse en lenguaje racional. Aseguraba Santo Tomás que hay
verdades de razón y verdades de fe. Pensemos que el Evangelio para ser
comprendido fue escrito con alegorías. Los mitos antiguos estaban relatados
en el lenguaje metafórico para ser entendidos, aunque el mito responde siempre a una realidad.
Desentrañando el significado del mito, podremos llegar a determinar la
vida ultraterrena o la vida anímica del hombre. Los sueños revelan por
medio _de símbolos la realidad de la conciencia. Y los mitos podrán revelamos
la realidad metafísica de la religión.
El hombre es siempre doble en su constitución mental, lo mismo que su
cuerpo participa del mito de Adán y Eva o de la doble naturaleza masculina
y femenina, escindida en la lejanía de los orígenes bíblicos. Por eso el hombre es lógico y mágico o cortical e hipotalámico. Con la razón del hombre
cortical, no descubrimos las razones últimas de la existencia y acudimos a
nuestra substancia hipotalámica y figuramos con mitos lo que no descubrimos
con la ciencia o con las luces de la razón.
El esquizofrénico es un hombre enfermo del sentimiento o de actitudes
hipotalámicas y se expresa por medio de símbolos. Volver 'a la infancia a
los balbuceos del sentimiento de los orígenes, es encontrar la terapéutic~ a
su intranquilidad.
Anatole France dicen que en su enfermedad final, regresó al lenguaje de
la infancia y eso explica cómo los ancianos revienen a la infantilidad o una
forma de consolarse de su ancianidad.
'
Los símbolos de Adán y Eva son las figuraciones de lo masculino y fe-

157
156

�menino. Los símbolos religiosos son fulgores de una realidad invisible e inexpresable en palabras. Y Dios, la máxima figura religiosa, aparece _re~onocido
como "Deus absconditus". El lenguaje poético son símbolos del sentlIIllento, en
oposición al lenguaje lógico o científico.
Ana Bessant, en su "Cristianismo esotérico", asegura que Cristo tiene tres
aspectos interpretativos; el mítico, el místico y el histórico.
El primero es el mito, solar en el lenguaje de los ocultistas y que existe
en la tradición egipcia y oriental. El sol es el padre de nuestro sistema solar
y la luna es la madre; los dos símbolos están encamados en una madre con
un niño. La virgen Devaki egipcia tiene en sus brazos al niño Horus y fue
adorado por el pueblo del Nilo. El sol alumbra la vida de los planetas y tiene
ut!a luz espiritual diferente de la luz física.
Cristo místico es el que estudian las Iglesias cristianas y Cristo histórico
es el conocido en la historia, o la ciencia de los hechos del pasado.
La luz de los tres Cristos interpretativos alumbra todo posible conocimiento sobre el guía espiritual de los hombres de la tierra, aceptado especialmente
hasta ahora por los pueblos occidentales.
BIBLIOGRAFÍA: Simbología del Espíritu, de Jung.-Editorial Fondo de Cultura
Económica.-México.

Mrro

y ESTÉTICA DE LA PINTURA DEL GRECO

Nos encontramos ante una de las obras estéticas más representativas del
arte español y universal, comparable en su grandiosidad con las grandes creaciones del genio humano y que Manuel B. Cossío considera en su manufactura
técnica y en su espíritu, aunque de diferente temática y técnica pictórica, a la
Capilla Sixtina.
El mito se produce cuando existe una des-realización de la realidad, o una
transformación de la naturaleza en otra naturaleza de arte, que el temperamento del artista ha creado. La naturaleza es la verdad y en oposición a
la naturaleza está la creación de otra naturaleza de espíritu.
El arte pictórico del Greco es de un naturalismo ideal o de un realismo
idealizado en la sencillez y profundidad de la plástica y del espíritu que lo
anima.
La expresión de la estética consiste en el carácter general de los cuadros
pintados y en la manifestación del Inito ideal, representado por el conjunto
de las figuras, de los planos, de las perspectivas o de los colores, por la luz

158

pintada que patetiza lo pintado, logrando expresar un nuevo umverso de
contemplación estética.
Estudiar a un pintor de genio debe hacerse en todas y cada una de sus
obras, pero en todas existe el mismo carácte,r fundamental o la unidad general del fondo y la forma, dentro de las diferencias de los temas que les ha
impreso el mismo creador, o que en todas las criaturas existe el mismo aliento
del creador.
Tomemos una de las obras más representativas; el Entierro del Conde de
Orgaz.
El Greco escogió esta leyenda del caballero de Orgaz que estaba en la
tradición toledana. Aunque en realidad se dio al hombre piadoso y caritativo,
no había motivo verdaderamente justificado para el milagro producido, que
fue creado por la imaginación de las gentes, que en el correr de los tiempos
todo lo mitifican.
El Greco inmortalizó con tradición piadosa en su pintura, la aparición en
el entierro de los santos Esteban y Agustín, preiniando al fallecido con su
presencia protectora, fue la causa inspiradora del cuadro.
En la concepción y en la obra se manifiesta una aureola mítica, des-realizada, logrando el impacto estético de la hermosura de los personajes y de la
obra en general, al resaltar un carácter singular y de la obra en general, el
Greco ha logrado hacer visible una realidad invisible valiéndose de los recursos de la plástica.
El Greco se identifica plenamente con el espíritu español del siglo XVI
y particularmente con la ciudad toledana, donde se halla la síntesis· más perfecta de las diferentes civilizaciones que pasaron por la península ibérica. ¿ Cómo no produjo esta identificación tan fiel? Se desconoce, puesto que la figura
del pintor es todavía un misterio. Viniendo de Creta y de Italia, con la
influencia de los pintores italianos, se desnuda de toda adherencia imitativa
y crea una obra absolutamente original y de caracteres castizamente españoles.
Refleja la tristeza de Castilla en el siglo XVI, en que la decadencia se
produce a grandes pasos hasta culminar físicamente en aquel Carlos 11, el
Hechizado, el último monarca de los Austrias. El Greco vive en tiempos de
Felipe 11, que no comprendió su pintura, y prefirió a los académicos italianos
que pintaron El Escorial.
A diferencia de Velázquez o de Goya, que son pintores de la vida, el Greco
es el pintor del espíritu triste y concentrado de esa época de la sociedad española, en unión de Zurbarán o de Ribera el Españoleto, cuyas temáticas de
santos o de frailes estáticos, coinciden con el espíritu del pintor aretense españolizado.
El Greco lo mismo que Cervantes no tuvieron conciencia de lo que estaban
haciendo. Casi desconocidos en su tiempo, no pudieron pensar en la trascen-

159

�dencia de su obra para España y para la h~~idad. Ce1:'antes apenas si
pudo sentir la alegría de su gloria con la pubhcac1on del QmJ_ote. La segunda
parte fue en los últimos años, cuando estaba a punto ~e morir. E_l Greco fue
casi desconocido para sus contemporáneos y para vanas generaciones posteriores, hasta que Manuel B. García nos lo dio a conocer en toda su grandiosidad.
,
Cossío asegura además que la pintura del Greco ~fluy~ e? _Velazquez posteriormente con su realismo luminoso y con su técnica p1c~onca. Igua~ente
· ·
frances,
' como D egas, Renoir o Gaugum, y en la pintura
con el impres1omsmo
modernista actual.
Einsenstein el director de cine, que influyó en Emilio Femández, se ~nspiró
en la pintura' de la ciudad de Toledo, concibiendo diferentes planos cinematográficos.
.
. .,
, .
, .
El Greco estaba sin duda agobiado por la 1mpos1c10n del espmtu teo1~g1co,
al lado de los hidalgos pobres y orgullosos y la tristeza ~e la decadencia española que se acusaba en el ambiente, y buscó, como se dice ahora, un esca~e
hacia la abstracción de la realidad y demostró que el arte pued~ :rearse sm
cánones académicos ni recetas establecidas y que basta un sent1m1ento profundo y una inspiración para crear un arte personalísimo.
Rodney Collin en su "Teoría de la vida eterna" ase~ur~ que el Greco
expresaba sus distintas encamaciones y que cada personaje tlene una luz familiar con el pintor.
.
., .
Es una curiosa teoría sin validez científica, pero es una mte~retac1on interesante del cuadro del Entierro. Reproducimos sus palabra~ lit:ralmente:
"El Greco: Entierro del Conde de Orgaz, 1586. En la parte mfenor,_ gr~ves
deudos muestran las distintas partes del hombre muerto, en tanto que md_1can
con la otra mano el destino de cada una de ellas, la ~beza o la p~rsona~dad
se desvanece, las partes inferiores son destinadas a la berra, e~ co~azon al cielo.
Por el borde de la capa pluvial del Obispo, las sombras de el mismo en otras
vidas, pasan por su cerebro. Y la llama de la energía solar, l'.berada por la
muerte arde aquí y allá en los circunstantes, en veces como impulso sexual
y en v~ces como conciencia. Los circunstantes no son otros que el hombre
mismo en todas sus edades, todos sus yoes.
.
,
"Por encima y entre el cielo y la tierra un án~el recoge ya de Cnsto, Mana
José el embrión todavía informe de otra vida en tanto que S'.1°. ~edro
~uy;s llaves de los mundos visibles e invisibles son el símbolo del inf1rutoy toda la compañía de Santos observan. Y San Pedro, San José, los Santos
y Cristo son él mismo".
.
Lo que es evidente es que el Greco pintó en este cuadro del En:1erro dos
diferentes dimensiones del espíritu humano, el terrestre y el celestial. Y en
las dos dimensiones existe una luz unitaria que le da al conjunto la impresión

160

de que en esa forma nunca se dio en la realidad; es una nueva realidad pictórica y luminosa, creada por el pintor, de la misma forma que la corporeidad
física cambia a la luz del sol, de las velas o de la electricidad. La luz del
Greco es luz espiritual.
Como el hecho del Entierro había ocurrido muchos años antes y es presentado en el Templo de Santo Tomé como si fuera entonces, o en la actualidad del Greco, las figuras se dijeran con la luz dimensional de ultratumba,
desconocida para los humanos y que el pintor quiso representar; es un realismo como concebido en una serena visión onírica, en que el pasado se hace
actual con toda la impresión viva, como si ahora lo estuviéramos viviendo.
El milagro del arte es que hizo eterno lo que fue un episodio intrascendente, válido tan sólo para la época del Conde de Orgaz. Y llamo milagro
en el sentido de que una imagen pictórica lo eternice para todos los tiempos,
no por el Conde de Orgaz, sino por el Greco.
Manuel B. Cossío dice que el misticismo puede ser o no ser religioso para
explicar el Entierro: Mística es una actitud mental. El Entierro es religioso
por la presencia de mantos y de clérigos, pero el tema pictórico es independiente de las calidades artísticas. No importa lo que se pinte o lo que se pretenda hacer en un orden artístico, lo importante es cómo se ha representado.
La mística es una actitud contemplativa a diferencia de la actitud analítica
de la ciencia, o un conocer dianoético y no noético.
El tema de la muerte puede ser religioso o puede ser un intento de captar
otra dimensión espiritual post-mortero. Creo que ambas actitudes se dieron
en el Greco, buscando una imagen abstracta con los recursos de la plástica,
y en eso consistió su genio.
Cossío establece un parangón del Entierro con Don Quijote. Son diferentes,
porque el uno es pictórico, y el otro literario. El Entierro es triste no sólo por
el asunto, naturalmente serio, sino, por la técnica de las formas y el Quijote
es humorístito y triste. Pero los dos son "las dos fuentes de vida más intensa,
las dos más armónicas y originales conjunciones de idealismo y realismo que
en el arte español se han producido".
El Universo pictórico del Greco ha representado el alma de los españoles
en el siglo XVI; es la más concluyente aportación a la psicología hispánica
en tierras de Castilla y tiene tanto valor representativo como El Escorial en
la piedra arquitectónica, señalando un carácter ético y estético inconfundibles.
La realidad adquirió las dimensiones del mito por la estética del arte pictórico, logrado con la expresión de un artista genial. Y fijando el carácter
de un pueblo, con la revelación realista y abstracta, armonizando todas las
figuras en una unidad indestructible, dentro de la gran variedad, lo mismo
el conde muerto que los santos o los cléricos o los hidalgos o la visión angélica

161
Hll

�en armonía con la terrena. La luz creada con la paleta del pintor lo unifica
todo.
Los rostros de las figuras muestran las diferentes psicologías, que son como
mascarillas en cera de seres que fueron vivos y que ahora están viviendo en
otra dimensión espiritual, pero las mascarillas son de una gran fidelidad al
original.
Dentro de las diferencias individuales, en todos se manifiesta la unidad
del espíritu español, con esa luz realísima o irreal que el Greco supo pintar.
BmuoGRAFÍA: El Greco de MANUEL B. Cossío.-Editorial Espasa-Calpe.
La Teoría de la Vida Eterna, de ToDNEY CoLLIN.-Editorial Sol.-México, D. F.
The paihtings of El Greco.-Phaidon Press. Londres, 1938.
El sentido del Cine, de SERGIO EINsENSTEIN.-Editorial Lautaro.-Buenos
Aires.

162

Sección Segunda

LETRAS

�</text>
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                  <text>Humanitas es la revista de investigación más antigua del noreste de México en el área de Ciencias Sociales y Humanidades, se publica desde 1960 y actualmente está indexada en Latindex. Es una revista arbitrada y de acceso abierto que considera para su publicación artículos originales escritos en español e inglés, que sean el resultado de una investigación científica y que representen una clara contribución al debate y conocimiento de las áreas de la revista: Filosofía, Letras, Ciencias Sociales e Historia.</text>
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                    <text>Sección Tercera
HISTORIA

�LAS INCURSIONES DE LOS BARBAROS EN EL
NORESTE DE MÉXICO, DURANTE EL SIGLO XIX
lsRAEL CAvAzos GARZA

Univrrsidad de Nuevo León, México.

LA HISTORIA DEL NORESTE DE MÉXIco, y particularmente la de Nuevo León,
está constituída, durante toda la etapa colonial, por una lucha constante contra las tribus salvajes. Basta examinar las fuentes bibliográficas y documentales, para percatarse de este hecho. El colonizador de la región tiene que
empuñar las armas desde su más tierna infancia, a fin de defenderse. Y hasta
la mujer toma participación directa en esta vida de perpetua zozobra, por
ser tierra de "guerra viva", esto es, ininterrumpida.1

Todavía en las postrimerías del siglo XVIII, hay que enfrentarse a este
serio problema. Originalmente fue obligación particular de cada vecino contrarrestar la amenaza; a partir de 1762, con el establecimiento de las Compañías Presidiales, la defensa es conjunta. Y las tribus bárbaras, merced a la
obra apostólica de los misioneros, se someten, aunque en mínima parte, a
vivir en pueblos, o se ven obligj:l.das a replegarse a sitios alejados del español.
Esta retirada se realiza, primero, hacia el oriente; pero, al ser colonizado Tamaulipas, se repliegan a los desiertos norteños.
Hay una etapa de paz, lograda por las compañías Presidiales, que establecen
un dique a las incursiones. El sistema de defensa prevalece hasta la segunda
década del XIX, en que es objeto de innovaciones,
Y entretanto que se opera la retirada de estos grupos que no se incorporan a
la vida civil española, en los Estados Unidos tiene lugar otro desplazamiento,
en sentido inverso, de los núcleos con los cuales el, anglosajón no acepta mezi Para el estudio de las incursiones en el siglo XVII, véase: Historia dt Nuevo León ...
Escrita en el siglo XVII por el Cap. ALONSO DE LEÓN, JUAN BAurtsTA CHAPA y el Gral.
FERNANDO SÁNCHEZ DE ZAMORA. Centro de Estudios Humanísticos, Universidad de Nuevo León; Monterrey, 1961.

343

�ciarse. Poco a poco van siendo concentrados hacia el río Colorado y Wichita,
límites entonces con nuestro país. Las reservas indígenas vienen a formar
pueblos con casi absoluta independencia. Habitantes del noroeste de los Estados Unidos, recorren las Praderías, dedicados a la caza del cíbolo, en verano, y bajan a los ramales del Colorado o el Brazos, en invierno.
Esta concentración, realizada en 1831 hacia las fronteras mexicanas, constituye una seria amenaza. Antes de este año, las depredaciones de los bárbaros, salvando con dificultad la barrera de presidios, efectuaba incursiones
que se limitaban al sacrificio de ganado y al hurto de éste en no muy gran
escala. Cuando el gobierno de México otorga concesiones a colonos texanos,
tales incursiones van gradualmente en aumento. Las Compañías de Bahía,
Álamo y Espíritu Santo, llegan a ser insuficientes. Las tribus bajan hasta el
r.ío Grande, y los pueblos de la ribera sur, particularmente Lampazos, sufren
asaltos a partir de 1820.
La anexión de Texas a los Estados Unidos, motiva más tarde el establecimiento de una cadena de fuertes militares, en sus límites con Nuevo México.
Estos son, sin embargo, ineficaces, y las depredaciones aumentan cada día.

COMERCIO n.ÍCITO

En la región noroeste de los Estados Unidos, surgen a partir de 1~35, circunstancias que agravan el problema. Los coroneles Chouteau, pnmero, Y
Mason, después, entablan negociaciones con las tribus para el tráfico ~e. efectos robados en México, a cambio de los cuales reciben armas Y muruc1ones.
Los propios funcionarios oficiales, americanos y mexicanos, disim~l~ este
tráfico deshonesto y aún participan en él. Y llega a ser común el transito de
caravanas de Santa Fe y Chihuahua, conduciendo armas y wisky, que han de
cambiar por caballada y otros productos. 2
Ha sido establecida para el caso, en e] campo Holmes, en jurisdicción de
1os Estados Unidos, una casa-trato, a donde llevan los comanches el fruto , de·¡
sus rapiñas. y si las depredaciones anteriores a ese año, tuvieron como mov1
principal el deseo de venganza por el despojo de las tierras, ahora es el botín
el motivo primordial.
El problema entonces recrudece. Los asaltos salvajes, como que tienen ahora
algo de sistemático, debido a la obra de los blancos. En 1840, se observan a~•
ques simultáneos. Bajan, unos, a San Buenaventura; acampan frente a Salb• Informes . .. de la Comísi6n Pesquisidora de la Fron(era del Norte ... México, Imp.
de Díaz de l..eón y Whitte; 1874. p. 35.

344

Uo, y hacen incursiones por Aguanueva y el Salado hasta Morterillos, cerca
de San Luis Potosí. Otros entran a Nuevo León, por Bustamante, hasta Salinas y el Topo de los Ayalas, a inmediaciónes de Monterrey; entretanto que
otros atacan los pueblos de la ribera sur del río Grande, en Tamaulipas.
Firmado el Tratado de Guadalupe (2 Feb. 48), su capítulo 11 establece el
compromiso de los Estados Unidos de ayudar a contener las incursiones, y
el de indemnizar a los mexicanos afectados por éstas en sus bienes. Durante
largos años carece de poblaciones aquel pais en su nueva e inmensa frontera,
y los fuertes, establecidos a lo largo de ésta, son deficientes, y toleran abiertamente el paso de las tribus a nuestro país, sin intervenir para nada en su persecución o castigo, ni mucho menos en el rescate de lo robado para restituírlo
a sus dueños.
Las incursiones, a pa1tir de 1848, aumentan en forma alarmante. Reinosa,
Camargo, Mier y Laredo, cuyos vecinos tienen sus ranchos en la ribera norte
del río Grande, padecen asaltos con mayor frecuencia. Guerrero, Tamps., ha
sufrido sesenta incursiones, en el lapso 1848-65, con un saldo de 78 muertos.
En Nuevo León, situado en el centro, han sido "inmensas, incalculables, las
depredaciones". El gobernador del estado, en su informe de 1850, señala que
han sido "menos frecuentes", y que sólo hubo 86 asaltos sobre 16 pueblos del
estado en ese año. 8 Coahuila, de frontera más extensa, difícilmente controla
los ataques. En 1851 ha sido invadido por más de tres mil indios y los estragos son insospechados.
En 1852, el radio de acción de las incursiones se ha extendido. En el mes
de julio, han bajado hasta Fresnillo, Sombrerete, San Andrés Teul, Jerez, y
aún a las cercanías de Zacatecas. En Fresnillo ha habido 50 muertos, y sólo
en el partido de Mazapil más de 400.
Doscientos comanches han caído sobre el Táscate, Dgo. (23 de Jul.), y en
la refriega han muerto 21 hombres. En abril del mismo año, las hordas comanches alcanzan a llegar hasta Colotlán, Jalisco.4
Santa Rosa, Morelos, Guerrero y Palomas, en Coahuila, se convierten en
campo propicio para las depredaciones.
En Nuevo León, que en 1852 habían llegado sólo hasta el Topo, bajan, dos
años después, por Linares, Montemorelos, Iturbide, Galeana y Dr. Arroyo.
Estos pueblos no tienen la experiencia de los del norte, y el ataque a Peñuelo,
en Galeana, ocasiona más de doscientas víctimas. En 1858, han llegado a
Guadalupe, a inmediaciones de Monterrey, y están en las montañas .que circundan la ciudad.
El Paso del Pan, sobre el Bravo, es el punto de acceso más común para el
• Memoria, Monterrey, 1850.
• Organo Oficial, de Nuevo Le6n. No. 75, Monterrey, jueves 27 de mayo de 1852.

345

�noreste. Entrando por el puerto de Guerra, toman puntos estratégicos, y, desde
las lomas de la Oración, Pájaros Azules, cerro del Pánico, la Paila Y Jaco,
hacen sus agresiones a Coahuila, Nuevo León y Tamaulipas.

TOLERANCIA DE LOS ESTADOS UNIDOS

El tráfico entre las tribus y blancos corrompidos, incrementado sin escrúpulo por agentes oficiales americanos, ha sido señalado _como causa ~rincipal
de las incursiones de los bárbaros, sobre el norte de México. Pero, motivo muy
esencial lo es, indudablemente, la tolerancia del gobierno de los Estados Unidos, infringiendo el compromiso establecido en el TratadO' de Guadalupe.
Por lo que al estado de Texas se refiere, se observa una abierta instigación
a los indios, por parte de los colonos, antes y después de la segregación. Los
pueblos fronterizos mexicanos, se quejan constantemente de que no hay protección para sus intereses que han quedado allende el Bravo. En forma patente se advierte que, a todo lo largo de la frontera, los indios cruzan los límites en presencia de los fuertes, sin que en éstos se vea el menor interés por
impedirlo.
y la situación para los pueblos mexicanos limítrofes se hace más crítica,
por cuanto a que se ven impedidos de castigar a los agresores, que, con sólo
cruzar la frontera, se ven salvos en terreno inviolable.
No es posible ya, como en los tiempos de Ugalde o de Zapata, llevar la
guerra hasta los campamentos indios sin provocar un conflicto internacional.
Abiertamente también se observa cómo se proporcionan armas y municiones
a los indios, a bajos precios; y que los salvajes traen pistolas de repetición Y
carabinas que sólo allá pueden adquirir. Muchos testimonios de cautivos rescatados, coinciden en que los comanches "andan vestidos como la gente~ con
chalecos y medios pantalones, con muy buenos sombreros, y que son muy buenos amigos de los americanos" .5
Obligado el país vecino a ayudar al rescate de lo robado y de los cautivos,
se da el caso de que militares no muy escrupulosos, pidan al gobierno de Nuevo León 80 pesos por cada uno de los jovencitos sacados de poder de los
indios. y la frontera no sólo sufre por largos años el azote del salvaje, sino
que ve, añadido a éste, el constante del filibusterismo, tolerador también
abiertamente; o el de grupos de blancos que, disfrazados de indios, caen sobre
• Informes . .. p. 22.

346

los pueblos indefensos, causando iguales o mayores daños, por venir mejor
armados y montados. 6
Desde los primeros años siguientes al Tratado de Guadalupe, se inician reclamaciones infructuosas de indemnizaciones. Y éstas han de ser objeto, en
1873, de un magnífico estudio realizado por la Comisión Pesquisidora de la
Frontera del Norte. Observa ésta que, de 1861 a 66, lapso de la guerra de los
confederados en Estados Unidos, las incursiones van en disminución, hasta casi
extinguirse. Y lo atribuye, categóricamente, a que los fuertes fronterizos americanos son desamparados, y a que, por ello, acabó el comercio criminal de
los agentes oficiales.

LAS TRIBUS SALVAJES

Alguna vez, las autoridades americanas protestan por incursiones de tribus
residentes en México, pero la citada Comisión comprueba más tarde, que
todos los ataques sufridos en territorio americano, han sido hechos por indios
residentes allá.
De los indios Carrizos, de Reinosa y Camargo, a los que se atribuyen asaltos, sólo quedan algunos descendientes, mezclados con el pueblo, y, de hecho,
han desaparecido.
Los Carancahuaces, habitantes originalmente de Espíritu Santo, y arrollados
al separarse Texas, están, en 1851, en la Mesa, en Reinosa. De aquí son concentrados, debido a sus pillajes, a las cercanías de Burgos y al municipio de
China, en Nuevo León; pero vuelven nuevamente a la Mesa, y, combatidos
por los vecinos de Mier, se reconcentran a Texas en 1859, y alli se extinguen.
En 1850 se celebran convenios por el jefe de las colonias militares de Coa.
huila, para dar tierras a los seminoles, kickapoos y mascogos. Estos, a cambio,
obedecerán nuestras leyes, ayudarán a combatir las incursiones y a guardar
la armonía entre ambos países. Los kickapoos se revelan y vuelven a los Estados Unidos. Retornan en 1864 a Santa Rosa, y, en 1870, su número es muy
reducido.
Por cuanto a los seminoles, encontrándose inconveniente su proximidad a la
frontera, son concentrados a las montañas de Santa Rosa, y se les dan 52 sitios
de tierra en Nacimiento, Durango. 7 Participan de 1854 a 56, en campañas
contra los comanches y mezcaleros; siembran maíz y frijol, y son inclinados a
• Para la historia del filibusterismo, véase el mismo libro de la Comisi6n Pesquisidora,
pp. 1 a 124.
' El gobierno de uevo León celebr6 convenios sobre los seminoles y mascogos el 16 de
octubre de 1850 y e1 26 de julio de 1852. Para los primeros véase también: EowARD HoLT

347

�la caza y a recibir instrucción cultural y religiosa. En 1857 son diezmados por
la viruela. Muchos se vuelven a los Estados Unidos, y sólo 60 permanecen
en Santa Rosa.
En la mesa de Catujanos, próxima a Lampazos, residen temporalmente
los lipanes, los que, con los mezcaleros y gileños, son conocidos con el nombre
genérico de apaches. Estos y los comanches y los caiguas, son los autores de
todos los asaltos a los pueblos del noreste. Visten todos igual, con escasa diferencia.
Las flechas comanches son más cortas y mejor acabadas y usan éstos tres
grandes trenzas; mientras que los apaches solo usan un molote en el pelo, o
se lo cortan hasta el hombro. 8
Las listas del pillaje capturado a los salvajes, y publicadas en el Organo
Oficial de Nuevo León, registran prendas indias, tales como: cotones de manta, chimales, belduques, lanzas, cueros de león, fustes, cueros de cfüolo, teguas,
sudaderos de cíbolo, cencerros, gamuzas, jorongos, reatas de cuero, etc.

ESTRATEGIA 'INDÍGENA

Tienen los bárbaros amplio conocimiento del terreno, aunque nunca antes
lo hallan andado. El cacique Tabaquena, de las Praderías, tenía, al decir de
la Comisión, un mapa señalando los establecimientos mexicanos con mayor
precisión que los mapas de los blancos.
A su astucia para robar, unían la destreza y sagacidad para defenderse, y
el arrojo para atacar. Habilísimos para montar, ancianos de Bustamante, N. L.,
nos han referido que sus padres vieron entrar al pueblo los caballos, al parecer
sin jinete, que venía vuelto hacia abajo.
Desde las Praderías, bajan a millares hasta un punto determinado e inaccesible, y desde allí hacen sus correrías invadiéndolo todo; repitiendo, si es
necesario el ataque, y saliendo con el botín. En esta táctica, no observada antes de 1840, ven los conocedores de las costumbres de Jos indios, la probable
organización de los blancos.
Los grupos grandes se fraccionan en pequeños, que asaltan simultáneamente
diversas poblaciones. Por tres o cuatro partes distintas aparecen en un pueblo,
ardid guerrero que confunde a los vecinos, los cuales no aciertan qué punto
defender. Verificado el robo, salvan el botín, que se adelanta a toda carrera,
MosELEY, The Public Career of Santiago Vidaurri, 1855-1858. (Tes.is de grado). University, Alabama, 1963, 387 pp.
' Informes .. . , p. 59.

348

entretanto que el resto espera entre las montañas. El triunfo es celebrado con
"alegría infernal", según expresión de un periódico de la época.
Y resulta increi'ble que, por pequeña que sea una partida de indios, raras
veces es castigada o aniquilada. En los pueblos inmediatos a la frontera, hay
el argumento de que cruzan a territorio extranjero. Más al interior, el salvaje
se interna en lo más fragoso del ·monte, a donde no puede el blanco penetrar
sino a pie y nunca con la agilidad del indio. Muchas son, sin embargo, las
ocasiones en que son alcanzados. La cifra de sus muertosi es ridícula o difícilmente obtenida, debido a que el salvaje tiene buen cuidado de ocultarlos.º

RUINA Y DESOLACIÓN

Viven los pueblos en zozobra perpetua. No bay seguridad de los bienes ni
de 1a vida. Los hogares, los campos y los caminos, no están exentos de la terrible amenaza. El Regulador de Guanajuato, refiriéndose a estos pueblos dice:
"Una guerra cruel y desoladora los consume, desde muchos años ha. Los
bárbaros les talan los campos, les destruyen sus mieses, les roban sus ganados,
les matan sus ciudadanos, y les arrancan las mujeres y los niños". 1 º
Los giros comerciales y del campo están paralizados. De nada vale a Nuevo
León "la notoria laboriosidad de sus habitantes", a que la Comisión Pesquisidora ya alude en 1873.n
Hay inseguridad en los caminos. Los viajeros, para trasladarse de un sitio
a otro, por cercano que sea, se reúnen en caravanas. En los desiertos se ven
los carros y carretas abandonadas por sus ocupantes que fueron muertos u
obligados a huír. Es com(m que el caminante encuentre su muerte y su sepulcro en el desierto.
Es frecuente asimismo ver en los archivos norteños, disposiciones testamentarias por motivo de viaje, por corto que éste sea. El Lic. Juan N. de la •
Garza y Evia, gobernador de Nuevo León en diversas ocasiones, dicta su
testamento porque va de Monterrey a Cerralvo ( 1853). (Murió en 1877).
La estadística, sólo para el caso de Nuevo León, es pavorosa. En 2'2 años
( 1848-70) registra 809 incursiones, con 935 muertos. Llega a establecerse comparación entre esta guerra y los estragos del cólera morbo. En ocasiones la
defensa resulta inútil. El gobierno de Nuevo León, recibe aviso de que en el
asalto a Baján, "no había quedado persona viva".
• Los partes rendidos al gobierno por las autoridades municipales, sobre cada asalto,
dan detalles minuciosos sobre la táctica salvaje.
'º Reproducido eo el Organo Oficial de Nuevo León, Jo. de enero de 1852.
u Informes ... , p. 33.

349

�CAUTIVOS

Con el botín de guerra el salvaje lleva también a los cautivos. El jefe de
familia es muerto, pero el indio captura a las mujeres y los niños. Con aquéllas
se cometen actos de violencia. Los niños son llevados ,a lugares remotos. Generalmente pertenecen a fauúlias humildes, campesinos o pastores; pero son
frecuentes los casos de miembros de familias acaudaladas.
Hay niños o jóvenes que han permanecido cautivos tres, seis_, diez y hasta
diecisiete años. Al ser rescatados, apenas si se logra su identificación. Algunos
fueron capturados en la escuela, y recuerdan algo de lectura; otro, capturado
de 5 años y rescatado a los 16, apenas si logra articular frases en español, y
vagamente recuerda su apellido o alguna referencia al sitio o a la época en
que se lo llevaron. Muchos son los que jamás vuelven, y que adoptan para
siempre las costumbres de sus raptores.

Cor.IERCIO
Las actividades mercantiles están paralizadas. Difícilmente se encuentra
quien se preste a servir, sobre todo en viajes, por los riesgos que se corren.
Una vista rápida a los casos de asaltos a fleteros o mercaderes ambulantes, nos
ofrece datos de sumo interés para el estudio del aspecto económico de la
época.
Una de las fuentes de riqueza más importante, es, indudablemente, el cultivo de la caña. De allí que sean frecuentes, los asaltos a carros que conducen
piloncillo de Nuevo León a Texas, Coahuila, Durango, Chihuahua, Zacatecas
o Aguascalientes.

~bio,.~6lo pide 4,000 por la muerte de su padre (lo. Feb.11849); y cánclido
Flores f1Ja en 1,500 el valor del brazo que perdió en la lucha y que Je impide
.atender sus intereses.u

GANADO

Pero el fin principal de las incursiones de los bárbaros, es, sin duda alguna,
el robo de ganado, y, en particular, de caballos.
De las rapiñas en territorio mexicano, los caballos tenían gran aceptación
entre los agentes que traficaban con los comanches desde 1835.
La presencia de los indios, es advertida casi siempre en los ranchos o agostaderos "por el estrépito de la mulada". Los criadores de ganado prefieren
abandonar su actividad y van a vender sus animales a Texas.
Hay asaltos e~ los cuales el número de bestias caballares robad~ sobrepasa
a 700. La autondad de Guerrero, Coahuila, informa el 7 de febrero de 1851,
que durante dos noches se ha observado a los indios pasar caballada a la
ribera opuesta del Bravo.
La zona norte se ve empobrecida de ganado, y, en sus correrías por Zacatecas el comandante Francisco Treviño logra quitarles, además de barras de
plata, 8,000 bestias caballares. 13
El ganado de pelo y lana concluye casi totalmente, y, cuando la población
de los Estados Unidos avanza hacia el oeste, se advierte que, además de los
caballos, empieza a desaparecer, en grandes cantidades, el ganado vacuno,
que allá es requerido para las nuevas poblaciones. Los criadores no encuentran quien "por ningún sueldo" se comprometa a cuidar los ganados.

Los vinateros, fabricantes de mezcal, son sorprendidos también por esos
caminos de Dios. Los hay también que llevan a otras latitudes madera, géneros nacionales o extranjeros, aguacates, nueces, etc .
. Un producto regional que tiene gran demanda en el mercado de otros estados, es la jauja, planta silvestre usada en la elaboración del jabón.
Cuando, en alguna ocasión, se empiezan a promover demandas contra los
Estados Unidos por daños a intereses, observamos que algunos hacen avalúo
de sus bienes perdidos: jacales incendiados, cosechas robadas, etc. Y también
se establece el precio de las vidas. Jesús Cantú, de Salinas Victoria, dice que
la vida de su padre político "no tiene precio ni se puede avaluar por su suegra
en su valor verdadero". Al fin, incluyendo el pago de doce hombres que tra-jeron su cadáver, pide ser indemnizado en 8,000 pesos. Silvestre Gana, en

Auxruos DEL CENTRO
La Comisión Pesquisidora1 fiel y exacta en todos sus informes, por cuanto
a la reseña de incursiones, no lo es cuando se refiere al auxilio que el gobierno del centro presta a los pueblos de la frontera.
Cierto que, desde la reorganización de las Compañ.ías Presidiales, en tiem. " MS. Cuaderno que contiene las copias de los 11,cpedientes. .. expresando las cantidades que reclam6 cada uno . • . Salinas, lo. de junio de ] 854. Archi,,o Municipal de
Salinas Victoria, Vol. 13, 1848.
ia

Informes . .. , p. 82.

350
351'

�pos de Bustamante, se dictaron, en lo sucesivo, disposiciones de defensa; pero
estas fueron ineficaces, faltando, sobre todo, el auxilio económico.
En 1834, se ordena la formación de Compañías Permanentes, y en 1842,
se excluye a los estados fronterizos de los productos del papel sellado, destinado a la guerra; pero la orden se deroga diez años más tarde.
En 1849, son establecidas las Colonias Militares, pero éstas no tienen ni
la mitad de la tropa, y de las 34 compañías ordenadas sólo hay 11 ; y las colonias se hallan situadas a 25 o 30 leguas entre sí, de suerte que no evitan el
paso de los indios.
.
El Congreso de Nuevo León echa en cara la inutilidad de las colonias, por
la malversación de la hacienda, y sugiere acabar con el manejo criminal Y el
robo sistemático de caudales públicos, "con ese descaro y desvergüenza con
que los empleados improvisan fortuna, al día siguiente de ocupar una aduana
o un destino semejante",14 salvo excepciones honrosas.
La misma legislatura de Nuevo León señala que Texas se está poblando
rápidamente; que allá se disfruta de tranquilidad y que la gente fronteriza
mexicana se va. Que urge atender a las fronteras, porque el vecino poderoso
continúa con los ojos puestos sobre los terrenos del norte de la Sierra Madre. 15
El Congreso de Chihuahua, en otra ocasión y refiriéndose al abandono de
la frontera afirma que, "si importa convertir los desiertos en poblaciones, más
imperiosa debe s~r la obligación de impedir que las poblaciones se conviertan
en desiertos" .16
En el centro se opina, sin embargo, que son exageradas estas voces y se
tiene a los nortefios en concepto de semibároaros.
La prensa de la Ciudad de México, a partir del 52, empieza a preocuparse
por la situación. El Siglo XI X es de los primeros en pedir que calle la voz de
los partidos, que cesen las recriminaciones y que se piense en salvar a la nación de la garra del salvaje. Propone el envío al norte de armas, caballos y
basta de maíz y frijol, de que se carece por la sequía. 11
Otro periódico: E Trait d'Union, sugiere la formación de juntas para reunir fondos, y lanza la iniciativa de que el clero ponga cepos especiales con
este objeto, del mismo modo que se están usando para colectar para la Santa
Infancia de China. "Salvémonos nosotros mismos", dice. 18
El mismo Siglo XIX, añade que estos cepos sean puestos además en teatros
y mercados, y que se organicen funciones de beneficencia. Señala que para la

iglesia no habrá dü.icultad porque el Illmo. D. Lázaro de la Garza ha gobernado la diócesis de Sonora y conoce el problema. ( No se cita el dato de que
el Arzobispo de México era originario de Nuevo León).

DEFENSA LOCAL

Pero los gobiernos de los estados, y en especial el de Nuevo León, no se
atienen al centro y organizan la defensa. Se tiene la experiencia de 200 años
de lucha y los vecinos se convierten en soldados. Los pueblos no esperan ser
invadidos para prevenirse. Al menor rumor, los jueces, por cordillera violenta,
lo avisan a cada uno de Jos pueblos, y dan aviso oportuno a los campesinos
para que recojan sus familias y ganados.
La Guardia Móvil, tiene a sus hombres "todos con caballo amarrado, listos
para acudir al peligro dondequiera que se les llame"; y la Guardia Nacional
está pendiente para resistir los puntos más cercanos, a pie o caballo." 19 No
hay pueblo que no tenga 40, 80 y hasta 100 o ,más hombres, dispuestos para
la defensa.
El 20 de septiembre de 1850, es dado a conocer el primer Plan de Defensa,
de acuerdo con las experiencias y recursos, y disponiendo las reglas de las operaciones que conviene realizar. En cada pueblo habrá siempre "fuerza lista",
y todos tendrán "bastimento hecho". La autoridad tomará los caballos "de
dónde los hubiere". 20
Ya una disposición anterior había fijado los premios conocidos por acciones contra los indios, señalándose entre otras, el de 25 pesos por cada cabellera indígena entregada al gobierno, y el de 60 por cada cautivo rescatado.

COALICIÓN

r
En agosto de 1851, el gobierno de San Luis Potosí sugiere un plan de
defensa colectivo, proporcionando recursos cada estado y obrando en combinación. No era idea nueva. El gobierno de Durango la había planteado ya
en julio de 1848, y el ministro de Relaciones, Otero, había presentado una
brillante iniciativa en su apoyo, que no llegó ni a discutirse. 21
Reunidos en Saltillo los comisionados de cada estado formularon reglas im-

" Organo Oficial, Monterrey, 13 de mayo de 1852,
u Jbid., 15 de abril.
" lbid., 20 de mayo.
17 Reproducido en el .Organo Oficial, Monterrey, 5 de agosto de 1852.
" Jbid., 29 de julio de 1852.

"' lbid., 20 de mayo de 1852.
'" Publicado en el Organo Oficial, y girado en circular a todos los pueblos.
n Por decreto No. 156, de 28 de abril, el Congreso de Nuevo León aprobó la par-

353
352
H23

�portantes en el aspecto militar: sugieren reunir, proporcionalmente 1,075 hombres, para la defensa; reviven el viejo término de las "mariscadas", o sea las
salidas en busca del enemigo, a distancias no muy grandes y puntos conocidos;
proponen campañas al Bolsón de Mapimí, Chihuahua y Durango, llevando guías para no extraviarse en los desiertos, como ha sucedido. Los cautivos
indios, distribuidos proporcionalmente, serán educados por cada estado. Establecen, además, premios y penas, y, en artículos transitorios, piden la aprobación de las legislaturas, el auxilio económico del centro y la intervención
oficial del mismo ante Washington para batir a los bárbaros allende el Bravo;
sin perjuicio de reclamar el cumplimiento del artículo 11 del Tratado de
Guadalupe.
El Plan, fechado en Saltillo el 22 de Feb. de 52, y formulado por Antonio Hernández, Juan N. Arizpe, Santiago Vidaurri y Agustín Menchaca,
no es visto con buenos ojos por las Cámaras, en México, pero sí es llevado
a la práctica, aunque no en la forma conjunta que se había previsto.
En julio de 52, Nuevo León abre una de las campañas más importantes
contra los bárbaros: cien hombres salen de Salinas, Abasolo, Hidalgo, Mina,
García y Santa Catarina, para situarse en el Huizache y seguir por el Pánico
y Pájaros Azules, y expedicionar por el Salado. Ochenta hombres patten de
Cerralvo, Marín, Agualeguas, Vallecillo y Sabinas, para expedicionar entre
el Salado y el Bravo, y regresan por el Tasajo, San Vicente y Puerto del
Guajolote hasta la Laja, Los de Marín y Cerralvo recorren también la sierra
de Picachos, descendiendo hasta Vallecillo. Otros cien hombres de Víllaldama,
Bustamante, Llanos y Valdés y Lampazos, salen a Pájaros Azules, el Capulín,
la Azufrosa, el Caracol, el Pescado, Laguna de la Leche y la Anguila. Todas
las fuerzas tienen algunos encuentros con los bárbaros, y se logra el principal
propósito: que sepan que se les persigue. Hay combates en el Carrizal, Cañón
del Saúz, Santa Catarina y Chupaderos de Loma Prieta; aunque apenas se
ganan 11 cabelleras. 22
Los recursos de defensa no importan. Conocemos varias cartas del gobernador Vidaurri, con las cuales hace envíos a los pueblos del norte, de raciones
de veneno para los charcos que los indios suelen usar para beber. 23

te correspondiente a este estado. El Piar¡ de Guerra Defensiva. . . formulado en Salrillo, se publicó en el Organo Oficial, Monteney. 26 de febrero de 1852.
u brgano Oficial, Monterrey, 22 de julio de 1852.
•• Correspondencia Vidaurri. Archivo General del Gobierno de Nuevo Le6n.

EL HOMBRE DEL NORTE

Con la tradición secular en estas luchas el hombre del norte se forja en la
guerra contra los bárbaros para las grandes lides nacionales.
"Estas constantes luchas -dice el Lic. Hennenegildo Dávila en su magistral Biografía del Gral. Juan Zuazua-, templaban el carácter de los fronterizos. En efecto -agrega- la audacia del indio los hacía temerarios; lo
artero de aquél, precavidos; lo infatigable del eterno enemigo tenaces y la
fe~dad del comanche, valientes en grado heroico. No podía ser co'barde
quien se batía con el salvaje, tan ágil en pelear pie a tierra como a caballo,
sobre cuyo lomo, atronando el espacio con terrífico alarido, deslizábase en
veloz carrera cual si fuese un ala del no domado bruto"P'
El alcalde de Bustamante, informa al gobierno que alli no hay vecino que
no tenga una buena anna de fuego; y, desde que empezó a tener fusiles han
resultado, insignes cazadores, especialmente entre los jóvenes. La Cm~.isión
Pesq:1isidora, re~oge testimonios de hombres que emplean la mayor parte de
su vida combatiendo a los indios, y que "cuentan sus campañas por el número de sus cicatrices". 2 º Al referirse a los casos especiales de los comandantes
Ugartechea y Menchaca, añade que "han encanecido en pelear contra el
indio". 2e
No hay biografía de hombres de esa época, que no se inicien con la lucha
cont~: los ,bárb~s: Zuazua, Aramberri, Escobedo, Naranjo, Garza Ayala,
Trevmo, Perez V11larreal, Caso y otros muchos, tienen su bautismo de sangre
en estas contiendas.
En la invasió? americana, primero, y en las revoluciones de Ayutla y de
Reforma, despues, el hombre del norte da: pruebas de valor y arrojo que só]o
pudo adquirir en ese tipo de vida. El Ejército del Norte, formado por gentes
de Nuevo León, Coahuila y Ta.tru1;ulipas, aporta su contribución valiosa para
la caída definitiva del imperio.
Puede concluiISe, por todo lo anterior, que el noreste de México lucha
contra ~as dep_r~aciones d~ los bárbaros durante medio siglo (1820-70). Que
los motivos pnncipales de estas, a juzgar por los informes de la Comisión Pesquisidora, fueron la concentración de las reservas en las Praderías y el comercio ilícito con ]os indios. Que la defensa Ja hicieron los hombres del norte
con el escaso o ningún auxilio del.gobierno federal. Que los hombres de] nort~
que participaron en nuestras más importantes luchas nacionales, se forjaron
•• Tip. Calle del Dr. Mier No. 70 ; Monterrey, 1892; 90 pp.
'" Informes . .. , p. 6.
•• lbid., p. 52.

354
355

�en este género de vida. Y que un estudio más profundo del tema,. y particularmente de los puntos de reunión de los salvajes, 27 podría conducir_ al esclarecimiento de los petroglifos y pinturas rupestres del noreste de México .

•
Para la elaboración de este artículo fueron consultados, además, cuatro voluminosos legajos con la documentación sobre las incursiones, facilitada por el ~obiemo de
Nuevo León a la Comisión Pesquisidora, y que se encuentran en el Archivo General
del Estado, en Monterrey, Año 1873, Legaj~ 28, 29, 30 y _31. En el ~egajo 27, Carpeta&amp; 1 y 11, se hallan los documentos relac1onados a los kickapoos, as1 como numeroSllll noticias sobre incursiones.

n Los itinerarios de los indios en sus incursiones, pueden verse en el Mapa del Estado de Nuevo León del coronel de ingenieros Santiago igra de San Martín, 1853;
(Engraved by Sardn;y &amp; Major, New York). La Comisión Pesquisidora publica también en sw informes otro mapa hecho en 1873 en Monterrey por FRANCISCO L. MreR.

RETABLO DE LA CALLE JUAREZ
JosÉ P. SALDAÑA
Monterrey, N. L.

Si DE PRONTO SE ME PREGUNTARA qué calle de las de Monterrey es la de mayor tradición histórica y merece en tal aspecto la primacía, seguramente que
me encontraría en situación embarazosa para contestar.
Surgirían a mi memoria de inmediato los nombres de las calles de Hidalgo,
de Morelos, Padre Mier, Zaragoza, Escobedo, y, claro, de Juárez. Con ello la
contestación sería un tanto acomodaticia, y diría, por ser materia de este artículo, que la calle de Juárez es una de las que contienen mayores motivos de
especial consideración, y consigujentemente debe tomársele en cuenta como
una de las de mayor sabor hislórico.
Pero habrá quien pregunte: ¿ Merece una calle que se le tome en cuenta
hasta el grado de admirarla, tenerle cariño y hasta amor? Sí, contestaría yo
de inmediato. Como se quiere, conserva y cuida una joya, un abanico, un libro, una cosa cualquiera que reúna condiciones tales, que nos haga recordar
algún incidente importante de nuestra vida.
Las calles son el canevá en que se va, día a día, tejiendo la vida del pueblo. Son ellas la vía en que transita la alegría y el dolor, la fiesta y la tragedia, la esperanza y la desilusión, la juventud y la vejez, el hoy, el ayer y el
mañana. Son ellas el testimonio petrificado; pero viviente de todo lo que sucede, de todo lo que, a veces trivial, significa con el tiempo una referencia
útil, un recuerdo sentimental, o un punto de partida histórico.
Son las calles un tesoro de inestimable valor que necesitan, sí, del artífice
que las descubra, que las saque de su sueño, que las coloque en el lugar propio a la admiración. Ahí tenemos la hermosa obra Por la Vieja Calzada de
Tlaco pan, escrita magistralmente . por el inolvidable Cronista don Artemio de
Valle Arizpe. Y están a nuestro alcance los relatos amables de las Calles de
México, del historiador don Luis González Obregón. Son ellos, con otros, que
con exquisito arte le han dado vida palpable a las viejas casonas, que hablan

357
356

/

�de la Colonia a las costumbres antiguas que tuvieron como teatro de acción
diaria las call:s y las plazas. Ellos han revivido las consejas, las peripecias de
la humanidad de otras épocas, las páginas de historia que se grabaron en las
baldosas, en las fachadas de las casas, y en las rejas de las ;entanas. .
.
Si pudieran las calles hablar cuántas y cuántas cosas. sabnamos ?e ~estlmable valor. Nos dirían de los pasos precipitados de Juventudes mqu_ie~
anhelosas de un nuevo sistema de vida; de las vacilantes pisadas ~e los vieJo~;
del trajinar de los hombres que buscan afanosamente constnur su p~~10
porvenir; de inquietos políticos inconformes con todo y con todos; de v1S10•
narios que ven en el mañana la redención de todos nu:5tros males.; • .
. Cuánto más nos dirían las calles! De los amores nacidos en el transito or•
~ario• de lo efímero de cuan to se desea, se posee y al fin se pierde; de las
ambici;nes; de las claudicaciones¡ de los pasos perdidos de los que no se sa•
be qué buscan; de los que huyen de sus propios errores o crím~nes i de !ºs que
,•an presurosos a prestar una urgente ayuda¡ de los que c~an hao~ adelante y retroceden por cansancio o decepción¡ de los que pisan con fmneza
porque saben a dónde van; de los que triunfan y de los derrotados. aben las
calles y no pueden por si mismas decirlo, todo cuanto hay en el ser humano
de b~eno y de malo, de virtuoso y de perverso, de al~"º y de abyecto. Todo
lo saben porque sobre ellas han discurrido las generae1ones una a una.
¿Por qué este discurso? Cosa sencilla, porque quiero hablar de la calle
Juáre-z. Quiero evocar algo de lo que sé de ella, por lo que he oído y por lo
que he visto. Algo tengo que decir y qwero decirlo. _
.
Mi cariño por esta calle me dará fuerzas para pergenar una crónica am~ble, que nos sirva de entretenimiento a la vez que para ~arcar la categona
que le corresponde, sin menoscabo de otras calles también m~reccdoras . ~e
nuestra atención y especial estima. Por ahora bagamos una rápida excumon
por esta Calle Juárez.

•
A fines del año de 1905, el Gobierno Federal, a CU)'º frente se encontra~a
el General don Porfirio Díaz, emprendió una intensa campaña con el obJeto de enaltecer la memoria de don Benito Juárez.
La propaganda que se organizó con ese motivo se extendió a t~o e~ pa.ís, a
través de los Gobernadores de los Estados, quienes a su vez dilund1eron la
idea por todos los medios a su alcance, instruyendo en debida forma a los Presidentes Municipales.
Cabría decir, juzgando por los acontecimientos históricos no muy lejanos
en aquel entonces, que el General Díaz sentía, allá en su interior, un profun-

358

do remordimiento con motivo de sus actitudes rebeldes en contra de don Benito, que habían surgido, según él, por las violaciones al Sufragio Efectivo. Y
para calmar aquellas recónditas sensaciones de su espíritu, acometió la tarea de formar un homenaje, de carácter nacional, al cumplir don Benito Juárez el 21 de marzo de 1906, el Centenario de su acimiento.
En reciente artículo el Lic. AUonso Cavazos expresa: "En términos generales, el remordimiento es una sanción, sanción interior, como todas las penas del tipo ético. Es como un reproche de nuestra conciencia, es el juez implacable y sutil ( duendecillo) que nos pide cuentas de nuestros actos cuando
quebrantan un principio ético" . .,eguramente que esta era la situación anímica del General Díaz, cuando, transcurridos ya más de 30 años del fallecimiento de Juárez, y habiéndose formado una aureola popular a su memoria, sintió ese "duendecillo" que le gritaba en su interior, las fallas que habia cometido. Como soldado republicano combatió a Jos invasores franceses, bajo la
bandera legalista empuñada por Juárez, distinguiéndose en grado heroico;
pero después, en el plano político, se había enfrentado a don Benito, llegando
hasta la revolución.
Con tales antecedentes puede inferirse que hubo de parte del General Díaz
una especie de confesión pública, para rehabilitarse de todo cuanto pudiera
significar menoscabo a la lealtad que debía al hombre que había salvado al
país de la dominación extranjera.
Para el general don Bernardo Reyes, Gobernador del Estado de Nuevo
León, se presentaba 1a oportunidad de hacer patente demostración de su fervor hacia don Benito Juárez y acogió con entusiasmo el proyecto emanado del
Primer Magistrado de la República. Al efecto, organizó un comité que tom6
a su cargo tocio cuanto se relacionaba con lo festejos que habrían de llevarse
al cabo.
Una bien organizada publicidad encendió el entusiasmo popular. Como
números centrales e programó un desfile por las principales calles de la ciudad; la colocación de la primera piedra del monumento al Benemérito en la
Plaza del 5 de mayo; fijar una placa en la calle que llevaría en lo futuro el
nombre de Juárcz; y una velada literario-musical en el Teatro Juár z. Para
el mayor realce de tales eventos fueron invitados los intelectuales de más nombradía del Estado.
Entre ellos podemos citar a los señores Lic. don Enrique Gorostieta, Lic.
don Virgilio Garza, Lic. don Rafael Dávila, Lic. don Rafael Lozano Saldaña, don Celedonio Junco de la Vega, don Manuel Barrero Argüelles, Lic. don
Carlos F. Ayala, Lic. don Bartolo Ramírcz Anguiano, y los poetas, que sin ser
de Nuevo Le6n, residieron en Monterrey algún tiempo y cultivaron muchas
amistades, don Juan B. Delgado y don Manuel José Othón.

359

�Para el General Reyes aquellos acontecmuentos significaron un especial
motivo para destacarse como hombre de acción y de letras. Escribió lo que
él mismo tituló: Rasgos Biográficos del Ilustre Mexicano Benemérito de la
Patria Benito Juárez, que, publicado en la prensa y en folletos se repartió
profusamente en todo el Estado, aparte del discurso que pronunció en la velada efectuada en el teatro Juárez.
Pero para nuestro propósito nos detendremos en el punto del bautizo de la
calle del Roble y al efecto del programa de festejos copiamos lo siguiente:

que no sería posible reconocerla por quien, ausente de la Ciudad durante ese
tiempo, ~e pronto se encontrase en la esquina de Juárez con Morelos, o con
Padre Mier.
La anchura, a más del doble sería la primera sorpresa, y después la substitución de los edificios, que acallaría cualquier impulso emotivo por el recuerdo de tiempos idos.
Para establecer el contraste reproduzco la primera parte de la narración sobre la Calle Juárez:

"IV. A la misma hora de las 9:30 de la mañana se situará a espaldas del

"Atraviesa la Ciudad estJ. importante calle de Sur a Norte. Principia
en la margen del río de Santa Catarina y termina en la Colonia Matehualita, teniendo como remate la vía del ferrocarril. Algo más de dos
kilómetros comprende su extensión.
El Obispo don Andrés Ambrosio de Llanos y Valdés trazó la calle
que bautizó con el nombre de 'El Roble' en honor de la Virgen que tie~
ne su templo por esta misma calle y 15 de Mayo. Corría el año de 1794
y el activo Obispo de Llanos y Valdés se proponía erigir la nueva Catedral al Norte de la ciudad y la calle nueva precisamente llegaba al lugar en que se había planificada.
Con motivo de la colocación de la primera piedra para la erección
de la Santa lgleJia Catedral, el Obispo hizo especial invitación al señor
Gobernador don Simón de Herrera y Leyva, y al Ayuntamiento de la
ciudad para que asistieran a la función que tendría lugar el miércoles
26 de noviembre de 1794, función que tuvo las características de los
grandes acontecimientos.

Palacio Municipal, una 'Sección de Caballería del Cuerpo de Rurales
de la Federación, una música militar, los carruajes necesarios para recibir a los miembros de la Delegación Nuevoleonesa y del H. Ayuntamiento, presidídos por el Alcalde lo. -,, una Compañía de Infantería del
23 Batallón, para, con solemnidad de bando fijar dos lápidas conmemorativas en casas en que habitó en ésta, el Ciudadano Benito ]uárez, en
1864 y otra que dará el nombre del ilustre Ciudadano a la calle conocida hasta hoy con la denominación del 'Roble'; comitiva y fuerzas que
se disolverán una vez verificado la expuesto, a la indicación del Alcalde 1o.".

Las casas de referencia, que habitó don Benito Juárez durante su estancia
en Monterrey en 1864, fueron las que existieron en la esquina Noroeste de
Morelos y Escobedo, y en la esquina Noroeste de Padre Mier y Galealla. A
partir de entonces, la calle del Roble, que también llevó el nombra del Nogal
y de ta Ciudadela es ahora la de Juárez, de cuya tradición y situación especial del momento me estoy ocupando.

•
En el año de 1942 publiqué el libro Estampas Antiguas de Monterrey, que
contiene la crónica o narración de cada una de las principales calles de Monterrey. Tal vez sería más propio decir de las más antiguas, ya que han surgido nuevas calles cuya importancia comercial o residencial reclama un lugar
preferente en la historia.
.
Pues bien, en este libro, que tanto quiero, porque es producto de un smc~ro e ingenuo impulso, más que de un ensayo literario, aparece la Calle Juarez tal como yo la comprendía entonces.
Durante el transcurso de más de 20 años se han operado sensibles transformaciones, al grado de que nuestra calle ha sido de tal forma cambiada
360

En 1848, pasados 50 años de abrirse la calle, el Ayuntamiento de la
Ciudad dispusa que ésta fuese prolongada, de la Plazuela de la Carne
hoy Mercado Colón, hacia el río de Santa Catarina. De esta maner~
llegó a s~ máxima longitud por el Sur, y años después fue agrandándose hacia el Norte hasta adquirir .ru actual dimensión.
De importancia comercial innegable es la calle Juárez, cuyos nombres
sucesivos han sido del Roble, del Nogal, de la Ciudadela, y de 1906 en
adelante, ]uárez.
Al trazarse la calle fue necesario construir un puente entre las actuales calles de Allende y IS de Mayo, para salvar el arroyo que conducía
agua de los Ojos de Santa Lucia, puente que se le denominó de Nues~
tra Señora de Guadalupe.
En 1841 los vecinos del barrio del Roble solicitaron del Ayuntamiento que el puente de M orelos, en lo sucesivo se llamara puente de Santa María del Roble y se colocara en una pilastra su imagen. La comi361

�sión de ornato que dictaminó sobre el asunto expuso: 'que no hay dificultad alguna en que se conceda a los vecinos la pilastra y colocar en
ella la imagen de Nuestra Señora del Roble en el puente situado en el
callejón de Santa Lucía, por ser éste el que precisamente está más en
contacto con el templo de dicha imagen y porque en concepto de la
misma comisión no parece conveniente que desaparezca un monumento
pública como lo es el puente de Morelos erigido en memoria de los patrióticos servicios que prestó en la sagrada causa de la Independencia
el héroe de este nombre'. No se tienen noticias de que los vecinos hayan llevado a cabo su proyecto.
Desde tiempos remotos la calle de Juárez ha sido asiento de muy diversos comercios, que le han dado un aspecto pintoresco.
El tramo comprendido entre el Mercado Colón y el río de Santa Catarina, siempre estuvo dedicado al comercio en sus más variadas formas.
Carnicerías, fondas, hojalaterías, sastrerías, cantinas, zapaterías ,, en fin,
un abigarramiento de todo lo que constituye el comercio de menudeo".
· A qué se debe la primacía de esta calle en el tránsito de personas a pie?
¿ iaste algún atractivo especial? ¿ Son sus banquetas más amplias? ¿ Cuál es
la razón de esa preferencia?
Damos por un hecho que ninguna otra calle de Monterrey tiene un tránsito igual. A ciertas horas tal vez la calle del Padre Mier, de Zaragoza a Juárez, ofrezca semejante panorama, por el movimiento provocado por los autobuses. Cuestión circunstancial. En cambio Juárez, sin ese requerimiento, ofrece mayor movilidad de gentes.
No se trata de un fenómeno nuevo. Desde principios del siglo se distinguió
esta calle por su especial movimiento. Tránsito normal abundante todos los
días, y extraordinario por desfiles políticos, sociales o de circos.
Esto último ha cambiado a partir de la ampliación de la avenida Pino
Suárez, por donde ahora pasan los desfiles.

•
Cuando veo la indiferencia de los albañiles encaramados en lo alto de las
paredes, al lanzar al vacío uno a uno los sillares, siento tristeza.
Ellos destruyen porque su trabajo así lo exige, sin pensar en que están bonando de la fisonomía de la Ciudad, una fase característica de épocas, que
poco a poco, van desapareciendo.
Fue primero la cuadra entre P. Mier y Morelos, después la de Mo~elos,
hasta el nivel que ocupara el Puente de San Luisito, mas luego de P. Mier a
362

Matamoros, para continuar de 15 de Mayo a 5 de Mayo, y en los días que
corren -julio de 1963- de Allende a 15 de Mayo.
Edificios de diez y más pisos, de sólidos materiales -concreto ladrillo hierro- substituyen a las casas de uno y dos pisos edificadas con Íos sillar:S extraídos de las lomas cercanas, con techos de vigas y tablas de madera cubiertos con "tepecbil", a prueba de goteras.
Esos edificios, unidos unos a otros, formaban una valla rectilíne~ que amparaba a los habitantes de los rigores del frío y del calor. Sello pecttliar de las
paredes gruesas de sillar renuentes a transmitir las variaciones de la temperatura por más extremosa que sea.
Costumbre heredada de los españoles que conquistaron estas tierras. Pudieron utilizar las canteras de piedra, abundantes y cercanas; pero no ofrecían el "confort", como diríamos ahora, de las paredes de sillar.
Todos los edificios de los primeros tiempos de Monterrey, que han sido respetados por el hombre, muestran su bondad, con la sencillez de lo eterno.
Parece como que el tiempo, respetuosamente, se detiene ante ellos.
Y es aquí, en esta Calle Juárez, en donde se ha puesto la nota conmovedora de la destrucción más espectacular, de lo que fue por siglos, comodidad
Y buen gusto, para obedecer el imperativo de los tiempos modernos.

•
Habría que reconstruir mentalmente la configuración física del Río de Santa Catarina frente a la Calle Juárez.
Hasta 1909 la margen norte del río llegaba a lo que es hoy calle de Humboldt, es decir, 100 metros más allá de la calle de Hidalgo.
La comunicación con la Colonia Independencia, entonces San Luisito se
hacía mediante un puente construido en 1891 por la Empresa de Tran~ías
de Oriente a Sur. Los tranvías de mulitas, que hacían el recorrido desde la
Estación del Golfo, ya desaparecida, seguían las calles de Zuazua, Washington, 15 de Mayo, Matamoros, Cuauhtémoc, Hidalgo y Juárez, pasando airosamente sobre el puente, para internarse en la barriada de San Luisito, por
las calles de Constitución y Jalisco hasta el templo de Guadalupe.
Los propietarios de los tranvías eran los señores don Pánfilo García don
Crescencio de Arce y don Ramón N. Sepúlveda, a quienes se les c;nocía
c?mo los empresarios de a cuartilla, en atención a que el pasaje costaba preosamente tres centavos.
El puente se lo llevó la creciente del río en el año de 1895 dándose de
inmediato los pasos necesarios para edificar otro, que s.igruficó' un adelanto
363

�en la técnica de la construcción, pues se empleó además de madera, vigas y
cables de hierro, ya que se trataba de un puente colgante.
Era más amplio que el anterior, más resistente, con casetas a los lados ocupadas por comerciantes, pero fue destruído por el fuego al finalizar el siglo
pasado.
Viene entonces la construcción de un tercer puente, con las características
de los nuevos procedimientos que imponían el uso del concreto armado. La
concesión la obtuvieron los señores Ing. Genaro Dávila y don Fortunato V.
Villarreal, disfrutando de exención de impuestos por el término de 50 años,
al cabo de los cuales quedaría en beneficio del Ayuntamiento. La inversión total fue de $ 60,000.00, siendo inaugurado el 5 de enero de 1905.
En la construcción se hizo alarde de consistencia, usándose el hierro y el
concreto en forma abundante. Hubo manera de comprobar esto, en forma
que no dejó duda alguna, durante la inundación que sufrió la ciudad los días
27 y 28 de agosto de 1909.
Por supuesto que esa resistencia enorme del puente, dio lugar a que se formara una represa originando el desbordamiento de las aguas y consecuentemente, que la devastación fuese de mayores proporciones, pues bien es sabido
que esa inundación costó a Monterrey varios millones de pesos. Pero lo más
sensible fue que perecieran entre 5 y 6,000 personas.
Quedó casi integro el puente suspendido en el río, a más de 200 metros de
la ribera sur. La creciente había ampliado el cauce en esa fantástica proporción. En cuanto al tránsito de peatones, se requería de escalerillas para bajar al lecho del río y subir después a tierra firme de la colonia Independencia.
Los comerciantes que ocupaban las casetas del puente, pasada la tragedia, continuaron en sus actividades, y en poco tiempo olvidaron las pérdidas;
contentos estaban de no haber naufragado en las encrespadas aguas de la
creciente.
Fuera del puente, al norte se enfilaban los comercios en la calle hasta Hidalgo, dejando una simple vereda en medio, dificultándose el tránsito aún
por las banquetas. Había de todo: frutas, legumbres, dulces, janos y cazuelas,
ropa, maiz, frijol, enchiladas, tamales, menudo, fierros viejos y cuanto pueda
imaginarse de chucherías. Era un hacinamiento increíble, apenas cubierto por
techos de lonas, y por supuesto, las mercandas se exhibían en mesas desvencijadas, y en el suelo, sobre petates o esteras de dudosa limpieza.
A cada lado de la calle, los comerciantes establecidos en las casas hacían
la competencia a los puesteros, con ausencia notoria de orden y buen gusto.
Bultos de maíz y frijol en las puertas. En el mostrador balanzas de dudoso
fiel, obedientes a las triquiñuelas del abarrotero.
El armazón, cuadriculado por los casilleros, lleno de polvo y telarañas, mos-

traba botellas de vinos, vasos de vidrio y de peltre, paquetes de azúcar, café,
garbanzo y demás menudencias.
Colgando de ganchos: tazas, cacerolas, lámparas de petróleo, bacines, velas
de cebo y estearina, trompos, mecates, sombreros de palma, espuelas, imitando
a las de Amozoc, cuartas de cuero, y qué sé yo cuántas cosas más,
Vino la canalización del río, la ribera norte avanzó más allá del puente
aproximadamente 100 metros y éste quedó dentro de los terraplenes.
Trabajo para las autoridades y grande, fue lograr que los inquilinos del
puente lo abandonaran, ya que habían constituido su forma de vida en él y
seguramente no les había ido mal que digamos. Sin embargo, el progreso
demandaba acabar con aquella feria continua de vulgaridades.
Como dato histórico, que no deja de impresionar el espíritu, por cuanto
confirma lo transitorio de las obras humanas, transcribo el comentario que
hizo El Norte, con fecha 16 de febrero de 1955:
"Después de uarias décadas de vida, el anacrónico y mal situado mercado de 'San Luisito' empezó a sentir, ayer, la acción demoledora de
las barras y las picas.
Algunos de los comerciantes que durante muchos años se cobijaron
a la sombra del uetusto jacalón, dejando escuchar sus pregones entre la
generalmente nutrida concurrencia, trataron de aferrarse hasta el último
momento a los beneficios correspondientes y, tras de agotar las solicitudes
para que al menos se les dejase allí dos o tres meses más, se aualanzaron
a solicitar amparo contra actos de la Autoridad Municipal, sin embargo,
todo lo hicieron en forma torcida, defectuosa, pues mucho antes, hace
15 días, firmaron con el Municipio un convenio mediante el cual la
autoridad les prorrogaba el plazo de desaloje precisamente en 15 días
más respecto de una fecha fijada con anterioridad, a cambio, todos ellos
se comprometieron a salir del mercado Precisamente para el día 15 de
febrero (ayer} a más tardar. Por otra parte, los pocos comerciantes que
trataron de ampararse llevaron a las autoridades competentes la solicitud en forma tardía, esto es, cuando ya personal de Limpia y Transportes y de otras dependencias municipales estaba dando barra.zas a las
viejas paredes, por lo que todo hace suponer que la orden de la Presidencia Municipal será cumplida al pie de la letra: desaloje pleno de
locatarios en f arma inmediata y demolición del edificio que fuera fincado sobre el macizo puente de San Luisito, una de las primeras obras
hechas en nuestra ciudad con hierro y concreto, construída en 1905 por
el Ing. Bernardo Reyes, hijo del entonces Gobernador del Estado Gral.
Bernardo Reyes".

364
365

�La piqueta no entiende de sentimentalismos y emprendió la obra demoledora, diríase que con fruición. Dos intereses convergían opuestamente: el de
los locatarios, que veían derrumbarse la fuente de su trabajo -acumulación
~e e~fuerzos Y ahorros por 20 años o más- y el de la sociedad, que demandaba
limpiar de estorbos, lo que habría de ser amplia avenida, y dominio definitivo
del río sobre su amenaza permanente.
Fueron cayendo techos y paredes, armazones y mostradores, hasta quedar
solamente columnas de concreto enterradas, quizás para siempre, en los terraplenes que formaron los macizos ganados al río, que en esa zona alcanzaron
más de 100 metros de ancho, es decir de norte a sur.
Con esto quedó cerrada una época larga, de típico sabor popular, en donde
se mezclaba el pregón suave de las mujeres, con el ronco y ríspido de gargantas hechas al fregor de aguardientes y mezcales con alma de alcohol.
Y sobre tan tajante algarabía, alguna orquesta desafinada, trataba de imponer las notas desmayadas de la canción en voga. Pero se perdía el esfuerzo
bienhechor ante los ~perativos de la lucha por la vida, que acicateaba el
regateo entre vendedor y comprador.
Al fin se impuso la fuerza de la época. ¡ El Rey ha muerto! ¡ Viva el Rey!
es la consigna eterna. Lo que acaba, a la tumba, y lo que nace a darle forma
y vida.
Desaparecieron también los puestos de la calle dejando todo preparado para
1~ ampliación que se llevó al cabo, de manera que aquellas casas ruinosas y
figones de mal agüero, quedaron vencidos para dar lugar a muchas construcciones que hoy ofrecen el espectáculo de edificios limpios, siguiendo la
tradición de tiendas populares.

•
El tramo de la calle entre Hidalgo y Morelos era tal vez el más estrecho
apenas si de paramento a paramento se contaban 8 metros.
'
Durante algunas temporadas sufría la invasión de puestos semüijos. Se les
desalojaba por las autoridades; pero en la primera oportunidad volvían a plantarse, a pesar de las protestas de los comerciantes establecidos.
En la esquina con Hidalgo, durante muchos años, existió un tendajón, de
nombre "El Toro", que vendía desde calabazas y piloncillos, hasta zapatos y
medicinas. Posteriormente cambió el ramo a ropa barata, que se exhibía colgada en los marcos de las puertas.
Seguían comercios de poca categoría basta la esquina que ocupó durante
largos años el montepío "La Montaña de Piedad", fundado por don José María Elizondo, quien lo traspasó a principio de este siglo a don Jesús y don AI366

fredo Pérez, clausurándose el negocio cuando don Alfredo inició sus actividades políticas por el año de 1911.
Años más tarde sufrió la cuadra una notable transformación al establecerse
en ese lugar la empresa Proveedora del Hogar, conocida por "P.H.". Este
establecimiento ocupó toda la cuadra por Juárez, y al ampliarse la calle perdió
edificios y terreno en proporciones muy estimables.
Ya en la nueva alineación se levantó un edificio por la Compañía filial
Financiera del Norte, S. A., arteria económica del grupo del vidrio, cuyo eje
motor lo constituye la Vidriera Monterrey.
Esta empresa financiera ha logrado, en el transcurso de 25 años, aumentar
-sus actividades al grado de que, habiendo iniciado sus operaciones con un
capital social de trescientos mil pesos, se ha elevado a la respetable cantidad
&lt;le setenta y cinco millones de pesos.
Pues bien esta Institución ha contribuido a la belleza urbanística de Monterrey, con un edificio sobrio, elegante, funcional, que aumenta el atractivo de
1a vista panorámica de ese sector.
Consta de un cuerpo de 3 pisos y una torre de 8. Se asienta en un terreno
&lt;le 1,055 metros cuadrados, que limitan las calles de Juárez, Hidalgo y Morelos.
Los primeros tres pisos sirven a Proveedora del Hogar; los cinco siguientes
a Financiera del Norte; y el resto a Almacenadora del Norte, Industria del
Alcali, y Fomento de Industria y Comercio.

•
La siguiente cuadra está llena de reminiscencias que trascienden a épocas
lejanas, porque fue a fines del siglo pasado y lo que va del presente, un centro
comercial de primera categoría .
En la esquina noroeste de Morelos y Juárez durante muchos años disfrutó
el comercio de abarrotes al medio mayoreo y menudeo una tienda llamada
"Las Palomas", propiedad de don Timoteo Lozano, quien allá por 1896 la
traspasó a don Joaquín García. Por su parte don Joaquín García bautizó el
comercio con el nombre de "El Puerto de Matamoros", dirigiendo el negocio
con gran éxito hasta 1906; a su vez lo vendió a don Francisco Armendáiz,
quien organizó una compañía quedando al frente de la misma don Emilio
'Ballí, hombre de amplios recursos, de simpatía, de don de gentes y de grandes
alcances comerciales.
Pared de por medio don Manuel Guajardo, comerciante de arrestos, estableció la cantina "La Zacatecana" que pocos años después transformó en
abarrotera de gran prestigio y popularidad.
Seguía aumentando el movimiento comercial y don Andrés Galindo, que
367

�en 1875 había establecido un comercio de miscelánea, por incontables años
estuvo en actividad en una casa vecina con la particularidad de que para él
el dinero no era cosa de gran atractivo y consecuentemente, importándole más
que todo la actividad comercial, tenía especial predilección por hacer operaciones al trueque. Lo interesante era que ningún cliente se fuese sin llevar y
dejar algo.
Más adelante se estableció otro comercio de abarrotes denominado "La
Concha" fundado por don Primitivo González en el año de 1880 y por los 90
fue a parar a manos de don Bias Cantú, quien a su vez lo traspasó a los
señores Femández García, hermanos activos y dinámicos, quienes por último
en 1897 pasaron activo y pasivo a don Lorenzo Guerra, quien introdujo novedades que mucho alentaron al comercio de ese lugar. Entre otras de sus
ocurrencias se destacaba la quema de diablos el Sábado de Gloria, que reunía
a centenares de personas ávidas de contemplar la pirotecnia, eJ estampido de
los cohetes y, lo más importante, la lluvia de dulces encerrados en las panzas
enormes de los diablos y la distribuci6n directa que desde Ja azotea del edificio hacia personalmente don Lorenzo con la ayuda de sus dependientes.
Volaban por el espacio latas de sardina, salmón, paquetes de jab6n, de sal,
de frijol, etc., etc. Estos acontecimientos de sabor esencialmente popular le
dieron gran prestigio a "La Concha" y algo alcanzaron también sus vecinos.
Seguía por orden de ubicación la panadería "La Bola", una de las más
antiguas de Monterrey, bien manejada por su propietario don Francisco Roel,
que mantuvo su actividad durante más de treinta años. Llegando a la esquina
existía un comercio "La Fama", sucursal de una fábrica de cigarros de San
Luis Potosí que se transformó andando el tiempo en el Montepío "La Rueda
de la Fortuna", propiedad de don Vicente Ferriño. La veleidosa fortuna a
veces sonrió al señor Ferriño y otras le volvió la espalda. Fue minero y comerciante en bienes raíces, supo de todo y como los gladiadores cayó en la lucha.
Pero esta esquina que estuvo impregnada de quejas, lamentos y regateos
por aquello de los empeños, sufrió una transformación de grandes alcances.
Don Guillermo Zambrano, Capitán Segundo en el mundo de los negocios.
porque el primero de la dinastía lo fue su hermano mayor don Lorenzo,.
construyó un edificio bello, elegante y funcional.
Se titula "El Roble", así bauti.7.ado en homenaje al primitivo nombre que
llevó la calle, nombre que adquiría del Templo del Roble. Fue inaugurado el
edificio el 25 de febrero de 1959. Consta de sótano y diez pisos, con aire
acondicionado, empleándose en su construcción fierro, concreto, mármol y
abundancia de vidrio. El Arquitecto responsable don Marcclo Zambrano unió
a la solidez del edificio detalles de belleza, que hacen del edificio algo con
pei:sonalidad propia.

368

Para las minucias de la historia, que suelen adquirir especial categoría, dejo
consignado que la planta baja, hacia la esquina, la ocupan los Almacenes
García -ropa y géneros-- con auténtico sabor popular "a raja-tablas". Hacia
el sur se instaló la Biblioteca Franklin y en seguida la tienda "Telas Monterrey". El resto lo ocupan numerosos despachos, significándose por su especial
categoría el Consulado Norteamericano, que dispone de algo más de dos pisos.
Sigue un edificio de agradable aspecto de tres pisos, que lleva el título de
"Edificio Martínez". La planta baja la ocupa casi en toda su totalidad el
Banco Comercial de Monterrey dejando un espacio a la empresa Windsor,
S. A., distribuidora de relojes.
Por último, un edificio de dos pisos, de tipo modernista presenta un extenso
letrero que dice: "La Puntada", Fuente de Sodas, en donde se reúnen q1úencs buscan, a pretexto de un tonificante, refresco o café.
Completa el panorama bello y alegre de esta calle la anchurosa Avenida,
que en ese Jugar adquiere mayor amplitud, y en frente los monumentales edificios, que en dos cuerpos, forman el Condominio Monteney. Fuertes, elegantes, imponentes. Se asientan en el predio en que, por muchos años, estuvo
el Mercado Colón, del que en alguna otra ocasión he de ocuparme.
Los rascacielos, las empresas de gran categoría, las oficinas suntuosas y el
ambiente de gran actividad que se respira en este sector apabullan, diríamos,
aquellas modestas casas comerciales que fueron colmenar de actividades en
tiempos que ya van siendo lejanos; pero el espíritu de aquellos tiempos de
amistades abi~rtas y de costumbres sencillas, seguirán imperturbables en el
recuerdo, en la historia, la leyenda y la anécdota.

•
Procede caminar hacia el norte, entendidos que la ampliaci6n de la calle
Juárez correspondió exclusivamente a los edificios del poniente, con excepción
del tramo vecino al puente que también sufrió amputaciones del lado oriente.
Volviendo a los primeros años del siglo, nos encontramos con una serie
de pequeños negocios entre los que destacaba la peluquería "La Borla de
Oro", de abigarrada clientela, en donde se asistía al ceremonial del corte del
pelo y afeite de la barba, con respeto absoluto al bigote, y además se era
parte auditiva de la charla pintoresca e incisiva de los peluqueros. Le seguía
a este establecimiento una famosa hojalatería, y más adelante un comercio de
Alfarería de don Sebastiáo Leal, para continuar con la librería de don Espiridión G. Vallejo, hombre de férrea contextura a pesar de su escasa estatura,
pero en cambio mostraba la cabeza redonda con pelo negro a los 80 años,
siempre afable, con los anteojos cabalgando sobre la achatada nariz, buscando

369
H24

�afanosamente los libros, reglas, cuadernos y cuanto necesitaban los muchachos
que a grito abierto pedían se les atendiera de inmediato. Era don Espiridión
un Mutualista de hueso colorado, que actuó en las filas del Gran Círculo de
Obreros durante rnás de 30 años. Hijo de él es el Lic. D. José Juan Vallejo,
''Vallejito", como se le nombra en todas partes, lo mismo en las aulas de la
Escuela de Leyes, en donde por más de 50 años ha sido maestro, como en
las sociedades Mutualistas que le han otorgado el honroso título de "Benemérito del Mutualismo", por sus permanentes trabajos en pro del ideal mutualista.
Vecino, también mutualista, don Jesús Sandoval, se destacaba con su fotografía "El Bello Arte", compartiendo su fama de artista con el popular Cuco
García, herederos, sin duda alguna, de la aristocrática fotografía "Lagrange".
Había otros pequeños negocios hasta IJegar a la esquina en donde "La
Brisa" abrla sus puertas rojas, de rejas de fierro, ofreciendo la mejor carne
de res y de puerco que se vendía en la ciudad. Por supuesto, compitiendo con
el Mercado Colón a base de kilos de más de mil gramos y precios que no
rebasaban los veinte centavos el kilo.
Andando el tiempo, fueron desapareciendo uno a uno esos negocios para
ser reemplazados por otros hasta que, a mediados de la cuadra, y ocupando
la mayor parte, se estableció el almacén "El Centro Mercantil de Monterrey",
que con la ampliación sufrió algunos cambios y en la actualidad están agre•
gándose nuevas edificaciones para ser campo de operaciones de los almacenes
"Sears Roebuck de México".
Hecha la ampliación, se construyeron los edificios que ocupan el almacén
de ropa "Tiendas U ni versales", para llegar hasta la esquina en donde opera
la zapatería "El Centenario". En el tramo del oriente las transformaciones han
sido notorias por cuanto a que los pequeños comercios y casas particulares que
existían han desaparecido para ser reemplazados por almacenes de mayor
cuantía.
Entre las cosas que recuerdo de aquellos tiempos, puede citarse la casa
particular, que a mediados de la cuadra era propiedad del Lic. don José
Luna, Notario Público. Su renombre le venía más que de sus actividades profesionales, de su afición a la pintura. Varios cuadros de indiscutible mérito
ennoblecen su afición.
Hijo de él es el Dr. José Luna Ayala, gran clínico, profesor del Colegio
Civil y de la Escuela de Medicina. Se cuentan por centenares sus discípulos.
Durante los años treintas ocupó esa casa un artista de las artes gráficas
y de la pintura, Celedonio Mireles. Después se estableció un repertorio de música, para quedar más adelante dentro de la invasión de comercios de ropa
y zapatos.
370

•
De Matamoros a Allende se inician los derrumbes con cierta lentitud,
mostrando las casas, aún cuando desocupadas, sus anteriores letreros: Ferretería Mexicana -antes comercio de abarrotes del Sr. N. Guajardo, quien
murió accidentalmente, al ayudar a bajar de un transporte una caja fuerte
que había adquirido para su negocio-; después, en el mismo lugar estuvo la
Librería Nueva; siguen, Curiosidades Mexicanas de don Mateo Leal, viejo
comercian te en artículos típicos mexicanos; "La Reyna" zapatería; México
Eléctrico; Trajes Fusi; y otra vez México Eléctrico. En esta esquina, una
cantina, "El Barril de Cristal", ponía la nota alegre, al contar entre sus clientes a hombres de letras como Oswaldo Sánchez, Federico de P. Robledo, apodado el Vale Coyote, Lic. Manuel Múzquiz Blanco, y algunos otros escritores,
que discutían sobre asuntos literarios, y declamaban los versos de su propia
cosecha Seguramente que muy pronto la piqueta acabará con estas construcciones y surgirán los edilicios que han de reemplazar a los que sirvieron, tal
vez dmante un siglo, al comercio de Monterrey.
En la acera oriente, esquina noreste, durante más de 40 años, el doctor
Mauro Villarreal mantuvo abierto su consultorio y la botica del comercio. En
la actualidad el comercio de ropa, de moderna presentación, "Almacenes Sagaón ', atrae a la clientela mediante llamativa propaganda.
En la esquina siguiente se estableció una mueblería, bien surtida; pero no
tuvo resultados satisfactorios. Fue reemplazada por el Colegio Porfirio Díaz,
del profesor don Jesús Rojas, en donde prestó sus servicios un antiporfirista,
el profesor Antonio l. Villarreal, precursor revolucionario, t:¡ue al caminar
de los años conquistó en la Revolución Constitucionalista, el grado de General de División.

•
La cuadra de Allende a 15 de Mayo, en un 50% ha sido ampliada surgiendo nuevos edificios de vistoso acabado.
Enumeramos, como dato curioso, la serie de negocios que existían en esta
cuadra, que al desaparecer las viejas casas, algunos persistirán en las nuevas y
otros habrán cambiado.
Veamos: Fotografía Treviño, antes cantina "las Delicias"; Salón de Belleza "Venus"; Estanquillo "El Roble"; Dr. Everardo G. Lozano; Dr. Carlos
de la Garza Páez; Estanquillo, Venta de sodas y dulces; "Arte", Salón de
Belleza; Cuerpo de Bomberos, -evocar al Cuerpo de Bomberos de aquellos
tiempos, es imaginarse un par de carros colorados, eso sí, muy rojos, tripu371

�lados por bomberos disfrazados de choferes, o de choferes con trazas de bomberos, cuya posición parecía la de titanes empujando a los carros.

modificación y algo queda también en el fondo del tiempo que se me ocurre
desenterrar.

Solía suceder que antes de llegar al lugar del siniestro se reventaba una
llanta, o escapaba el agua hirviendo desconchinflando el radiador, o se clavaba
la dirección; pero en todos los casos, los bomberos llegaban, aunque tuvieran
que llevar a cuestas los carros.

Principiando la cuadra en Allende se levanta un moderno edificio de maciza construcción, que lleva el nombre de Maracán. Su propietario don Pedro
Canavati, lo bautizó en esta forma en recuerdo de su esposa, de quien tomó
los primeras letras de su nombre: María Canava ti. Se trata de una construcci6n compuesta por sótano y 4 pisos. El primer piso está ocop~do por negocios
comerciales. En la esquina existe una tienda de ropa para damas que se
titula: Remy. Lo otros departamentos están ocupados por la Fotografía ''Estudios Portillo"; "Tiendas Melo"; "Zapatería M6naco" ¡ "Hilados Finos Monterrey" y "Mercería Juárez".

¡ Ah! pero había que ver cómo se mantetúa en pie la economía de la institución: Ayuntamiento $ 100.00 mensuales, que no siempre los pagaba, y
empresas particulares que "daban donativos" de uno y dos pesos mensuales.
En total un presupuesto mensual de $ 600.00.
El Comandante lo era todo: bombero, mecánico, instructor, cobrador; eso
sí, después de cada hazaña, los periódicos generosamente repartían los más encomiásticos adjetivos. En estos andares, durante 32 años, actuó Emilio Alanís
Alanís. Entró al servicio como simple bombero: fuerte, sanguíneo, ágil hasta
llegar a Comandante. Envejeció en el servicio, perdiendo los atributos de la
juventud, para conservar una sonrisa de optimismo, que fue en su vida
como un pregón del deber cumplido.
Pasó aquello, llegó la ampliación, y el chiflido de casa ya no sirvió para
las funciones a que estaba destinada; los tiempos han cambiado, y con la generosa cooperación del Gobierno del Estado, del Ayuntamiento, y de los particulares, se ha construído un edificio en terrenos ganados al Río de Santa
Catarina, que merece justamente el título de Cuartel Central de Bomberos.
El edificio por desocuparse fue donado poi: don Santiago Belden.
Sigamos la n:renci6n de establecimientos: Nuevo León Eléctrico; Peletera
Montei::rey; Estanquillo ''Jovita"; Peletera del orte; Salón de Belleza "Guadalupe"; Casa Myúam, Mercería y Joyería; Estanquillo; casa habitaci6n¡ Zapatería Ramirez; Consultorio Médico; La Sorpresa, Relojes y Alhajas; El
Triunfo, Marcos y Molduras; Las Novedades, ropa para niñas; Clínica Dental del Roble; Casa Hinojosa; casa habitaci6n; "Gema", Relojería y Joyería,
y Carnicería "La Aurora"; -treinta años antes ' consultorio del doctor José
Sepúlveda.
Como puede apreciarse, los numerosos establecimientos dan idea del comercio de poca monta. Con excepción de tres casas de dos pisos, las demás
eran de un solo piso.

•
Algo debemos decir de la acera oriente, pues aun cuando las transformaciones sufridas son poco notorias, de todas maneras, ya se ha principiado la
372

Los pisos restantes sirven a muy distintas actividades: Centro Patronal de
Nuevo León; Petróleos Mexicanos¡ bufetes de abogados; oficinas de seguros;
distribución de artículos para el hogar; despachos de ingenieros, etc., etc. Años
antes el predio pertenecía a la Cía. de Luz y Fuerza Motriz de Monterrey.
En departamentos de construcción antigua operaban oficinas y bodegas.
Continúan construcciones del siglo pasado, a las que apenas si se les ha
hecho algún remiendo sin categoría y llegamos a mediaciones de la cuadra
en donde, a principios del siglo, estuvo situada la Academia de Comercid General Zaragoza, cuyo propietario don Anastasio A. Treviño Martínez, inició
lo que pudiéramos decir la carrera de Contador Privado, aW1 cuando sin los
relieves que tiene en la actualidad.
Como me tocó estudiar en ese colegio, puedo hablar de1 algunas de mis impresiones, entre las cuales se destaca la existencia de un Ojo de Agua en el
patio, que invitaba a los muchachos en las horas de recreo a beber con fruición,
formando con las manos improvisado Tecipiente.
En cuanto a los profesores --después de don Anastasio, cuya figura singular lo destacaba como hombre de principios, de carácter, de sólida rectitud
en sus procedimientos, de gran espíritu emprendedor y, sobre todo, de W1a
arraigada responsabilidad en las actividades a que se había dedicado-, dejaron profunda impresión en mi recuerdo.
Había un 'profesor de español, joven, como de 20 años de edad, de mediana
estatura, delgado, ojos pequeños, pelo negro, semblante intensamente pálido,
pulcramente vestido, cuello y puños duros, siempre blancos. Todo ello, unido
a una prematura seriedad, daban al joven profesor marcado aspecto romántico, que e acentuaba con su tendencia a dictar trozos literarios de los próceres
del romanticismo, principalmente de Bécquer, que lo entusiasmaba. Don
Anastasio, con su voz robusta de barítono, hizo la presentación: ... "El Profesor Don Joel Rocha". Con el tiempo, aquel joven habría de destacarse en su
373

�profesión y posteriormente, como uno de los industriales de mayor categoría
en nuestro medio ambiente.
Profesor de planta fue don Alonso Mendoza, cuya característica principal
eran la pulcritud, tanto en el vestir como en sus modales. Su simpatía se hizo
general, de manera que todos los muchachos le teníamos gran cariño. Poco
tiempo actuó en su carácter de profesor, dedicándose a otras actividades y
según tengo entendido, en la actualidad dirige un negocio de camiones de
carga.
En ese rosario de recuerdos, ocupa un lugar preferente Aldo B. Alarcón,
escritor y poeta, hombre sencillo, de genuina prosapia romántica, a quien los
intereses terrenales nada significaban. Era serio, dedicado a su ministerio, afable, y dispuesto siempre a ayudar a los estudiantes en todos aquellos problemas
que se les dificultaba resolver.
Viene después el profesor don Rufino Salinas, que habiendo actuado en la
educación primaria, formó parte del profesorado de la Academia en donde
aprendió la Contabilidad en término rapidísimo, y se constituyó en uno de
los más capaces profesores de la materia. Algunos años después abandonó el
Magisterio para encargarse de la Contabilidad de la Casa Chapa, S. A., en
donde estuvo sirviendo basta su muerte.
Contiguo a la Academia regenteó durante muchos años una sastrería "La
Primavera" don Efraín Villarreal, amable siempre y siempre correcto. Mientras tomaba las medidas platicaba sobre los sucesos de actualidad, que forzosamente se relacionaban con la Revolución. Madero revolucionario; Madero
Presidente; Madero asesinado; Carranza, Primer Jefe de la Revolución. . . y
por ese orden todo cuanto iba sucediendo.
De fácil palabra, aprovechaba toda coyuntura para hacer ambiente favorable a la revolución, y por upue to era una magnífica fuente de infonnaci6n.
Más adelante se encontraba la botica de "El Roble", propiedad del Dr.
don Alfonso Martínez. Se trataba de persona pulcra escrupulosa en sus funciones de médico, y posiblemente fue el último en nuestro medio, en usar
jaqué y sombrero alto al hacer sus visitas a los enfermos. Su presencia, con tal
atuendo, causaba un efecto sicológico saludable, lo demás quedaba a cargo
del tratamiento médico. Ese edificio de dos pisos está ocupado en la actualidad
por un comercio de artículos religiosos titulado: "Nuestra eñora del Roble".
Continuaban establecimientos de poca monta, entre ellos una dulcería en
donde en la actualidad se encuentra la Pastelería Monterrey, de bien ganado
prestigio; al final de la cuadra había un tendajón de escasa categoría transformado ahora en tienda de ropa para niños.

•
374

Hagamos un alto en este tramo para rememorar un emotivo espectáculo.
Los tranvías de mulitas bajaban por propio impulso de la calle Padre Mier,
entonces de Bolívar, para detenerse a media cuadra pasando la ·de Allende.
La velocidad ·se multiplicaba en comparación a la que solían llevar cuando
las mulitas tiraban del carro. No faltaba señora, que sobresaltada, a pesar de
la costumbre o tal vez por ella, e..xclamara: ¡ Santísima Virgen del Roble! Sin
que faltara el estribillo: ¡ Que Dios nos asista!
En contraste, los muchachos le gritaban al conductor -que iba atento a los
frenos-: suéltale más; suéltale más; pero el conductor, consciente de su gran
responsabilidad dejaba a la fuerza de inercia cumplir su misión, bajo su
vigilancia, por supuesto. Solla agregarse la nota chusca. Algún muchacho, haciendo alarde de acrobacia, bajaba del tranvía en plena carrera rematando la
suerte con una revolcada y aparatosa maroma.
Ahora aquello nos parecería cosa de niños, aún a las señoras que entonces
se alarmaban. ¡ Dos minutos para recorrer doscientos metros! No se puede en
esta época del jet concebir. Y sin embargo cada cosa en su tiempo. Si
todavía existían las diligencias, sí paseaban las gentes en carruajes tirados por
caballos, si Jos papalotes eran los únicos objetos más pesados que el aire que
surcaban la atmósfera, lo de los tranvías de fuerza animal cumplían plenamente con la parte que les correspondía en aquellos venturosos días de la
crinolina, del bastón y del bombín.

•
Atravesamos 15 de Mayo. Del lado oriente se levanta la típica construcción
de sillares del templo del Roble, que ocupa un buen tramo hacia el norte.
Sus gruesos muros dan la impresión de una fortaleza.
Hablaremos de este gran edificio más adelante, y entre tanto, agotaremos lo
que haya por decir del resto de la cuadra, que es bien poco.
Después del templo existe una casa de dos pisos, destinada a menesteres de
los servicios religiosos, y de actividades de carácter social. Nada tiene de extraordinario, en su sencilla arquitectura, digno de mencionarse.
Pared de por medio, un edificio de las mismas características, viene siendo
ocupado por la Talabartería Cía. Treviiio1 S. A., desde hace mis de 50 años.
Termina la cuadra con edificios de dos pisos, que llevan el sello de las Farmacias Benavides. Oficinas, laboratorios, almacenes y en la esquina, farmacia,
artículos de tocador y restaurante. Antaño, allá por los primeros años del siglo
actual el doctor don Melesio Martínez, de amplia y popular clientela, administraba la botica y el consultorio.
El clinamismo de don Felipe de

J. Bcnavides,

convirtió la modestia de una

375

�acti\'idad de tipo provinciano, en un centro cosmopolita, que han vivificad&lt;&gt;
con inusitado entusiasmo y tecnicismo sus hijo .
Es de mencionarse un lapso intermedio entre ambas referencias. Durante
varios años, que fonnaron parte de los tiempos de la revoluci6n Carrancista,
tres personas: Francisco Ruiz Leal, Santiago Villarreal y Julián E. Guerra,
formaron una sociedad comercial. Compra y \'enta de cereales. El tiempo no
era propicio para los negocios )' el capital social, no muy abundante, se esfum6.
La separación se impuso. El fracaso ignific6 pérdida de dinero; pero ganancia firme de experiencia. Franci co Ruiz Leal marchó a Tampico en busca
de mejores vientos. Inteligente, ambicioso, con esa ambición limpia que enaltece, pronto se abri6 un magnüico campo de acción. Comerciante. industrial
financiero, conquistó una posici6n envidiable, ganada a pulso con honradez y
actividad. Viv allá, rodeado de u familia, cada vez más grande, y gozando
de la admiración y cariño de la sociedad, a la que ha entregado mucho de
sus csfuenos.
antiago Villarreal también abandonó Monterrey para radicarse en Torreón. us actividades de comerciante y agricultor honesto y trabajador le produjeron respeto y estimación. Murió hace unos inco años, cumpliendo con
la consigna de los buenos: Todos a su alrededor lloraban, y solamente él
sonreía.
Queda en el recuerdo Julián E. Guerra, tipo sacado de estampas del siglo
pasado. Simpático, afable, miope, extremadamente sociable, de esa sociabilidad sin etiquetas. Gustaba de la música y de la poesía, · solía d clamar versos convirtiendo en tribuna los sacos llenos de maíz o de frijol.
Su paso por la calle e significaba por las repetidas pausa5; aquí se detenía
ante una ventana para saludar al compadre o a la comadr , más allá aquietaba el paso ante una pu ·ta semiabierta preguntando por alguien, y luego
detrnciones rápidas para saludar a quienes caminaban en sentido opu to. o
daba descanso al sombrero. ni se borraba de su embln.nte la sonrisa afable,
que achicaba aún má los ojos, a pesar de lo cristales de aumento.
n día, un aciago día del año de 1936, llegó de su trabajo algo fatigado,
se tendió en la cama para descansar, y cuando su esposa Jo llam6 para que
se sentara a la mesa ya no conte tó. Pas6 la invisible línea que nos separa del
má allá, con la misma dulzura, con la mi ma gentileza, que empleaba al
saludar a un amigo.
Pero retrocedamos hasta colocarnos de manera que podamos analizar el
T cmplo del Roble.

•

Por supuesto que el Templo merece mención especial. Su categoría queda
dentro d I fervor religioso de los regiomontanos, a la altura de la Catedral
y de la Purísima.

La tradición de la Virgen del Roble queda fuertemente ligada a nuestra
historia. Como en el caso de ]a Purísima aquí naci6, tomó forma y se afianzó

en la conciencia religiosa de las gentes.
El Templo, amplio, funcional, de cantera de sillar, con paredes de fortaleza,
era típico preg6n del solar regiomontano.

Digo que era porque en parte ha desaparecido. El frontispicio ha sido modificado, cambiando totalmente su estilo. ¿Mejor6? ¿Es apropiado al r sto
del edificio? o me atrevo a contestar estas preguntas. Algún té01ico en la
materia podrá hacerlo.
Yo me qucdq en la imaginación con aquel frente tosco, de sillares desnudos,
que ,ieron a nuestros abuelos subir las escalinatas para franquear las amplias
puertas.
Cuántas veces, el 18 de diciembre, siendo niño, sufría codazos y empujones
para postrarme ante la pequeña irgen. Y f:Sa5 mismas ocasiones de"oraba las
golosinas que en la calle vendían mugrientos dulceros, sin perdonar el plato
de enchiladas, al reclamo apetitoso del olor que despedían, sin importarme la
traza de las greñudas f ritangueras.
Participaba al gremente en la algarabía d los muchachos, que fuera de la
solemnidad de la misa y de los rosarios, distantes de las amplias y vistosas naves del Templo, asaltábamos los caballitos, la rueda de la fortuna, y corríamos
de un lado a otro ansiosos de no perder oportunidad alguna para divertimos.
iguiendo las instrucciones del cohetero lanzábamos al espacio las varas explosiva., qu llenaban de lucecitas el ciclo, dando la imprei6n de fugaces e trellas. o faltaba el muchacho atrabiliario, que sin esperar el momento oportuno, arrojaba el cohete entre "puesteros" y transeúntes. Con una reprimenda
del "mai tro" cohetero quedaba fuera de servicio.
Tratando de agotar las diversiones rodeábamos las mesas de juego, apostando desde uno hasta cinco centavos. La ruleta desvencijada con lo colores
rojo, azul, blanco y negro. La mesa boliche, juego ingenioso. Op raba mediante una canica, o bolita sólida, que se arrojaba por uno de los postes· huecos colocados en los extremos de la mesa, la que tenía figuras pintadas equidistantes entre sí, con un hoyo cada una de ellas. Ganaba quien lograba
colocar la bolita en el número mayor. El propietarid de la mesa descontaba
a su favor el 20% d las apuestas. Juego entretenido y de cierto arte.
Al si te colorado jugaban únicam nte los incautos. Los dados e taban arreglados de manera que el ganador era siempre el montero, En la baraja sucedía
Q&gt;Sa semejante.

376
377

�Los ya enterados pasábamos de frente, con cierto aire de suficiencia. Habíamos pagado el noviciado.
. .
.
A eso de las once de la noche iniciábamos la desbandada, Jubilosos o tnstes -cada quien habla de la feria según le va en ella-. Lo que no fallaba
era el dolor de estómago productd de la indigestión. La purga y a otra__co_sa.
El día 8 de septiembre de 1884 fue inaugurado el Templo. El penodico
La Defensa del Pueblo publicó las siguientes notas:

60. A las cinco de la tarde se cantará el Rosario, y en seguida las
preces mandadas por el Santo Padre por las necesidades de la Iglesia.

7o. Un solemne Tedeum en acción de gracias dará fin a esta festividad.
80. El domingo catorce del corriente a las siete de la mañana se cantará una misa con su Majestad manifiesto, quedando expuesto todo el
día para que los fieles vengan a rendirle adoración en la nueva iglesia".

Domingo 7 de septiembre de 1884.

•
EL TEMPLO DEL ROBLE

"Mañana el Illroo. Sr. Obispo bendecirá con toda solemnidad el
nuevo Templo de Ntra. Sra. del Roble.
A este fin se ha hecho circular la siguiente
INVITACIÓN

El lunes 8 de los corrientes, fiesta de la Natividad de Ntra. Sra.; el
Illroo. Sr. Obispo bendecirá solemnemente el nuevo templo del Roble.
El Presbítero Manuel Martínez capellán de este Santuario invita a
todos los católicos a concurrir a esta ceremonia, así como a lo~ d~ás
actos piadosos que con este motivo tendrán lugar conforme al s1gwente

PROGRAMA

lo. En la mañana del día 8, ál toque del alba un repique a vuelo en
todas las iglesias será el anuncio de la gran festividad.
2o. A las ocho en punto de la mañana el lllmo. Señ~r ??ispo acom- do de¡ V. Cabildo y Clero de esta ciudad, dará pnncip10
pana
. a la benºb
dición del nuevo Templo con todas las ceremonias que el nto prescn e.
3o. Después de Ja bendición la Sagrada Imagen será trasladada en
procesión al nuevo Templo.
_ ,
. .
4o. Se cantará una misa solemnísima en que su Senona Illma. of1c1ará de Pontificia!.
So. Terminada la misa se cantará la Salve Regina como prime: _homenaje que el Prelado, el Clero y el pueblo, ofrecen a la SantiSuna
Vin!en
del Roble en su nuevo Templo.
o
378

Jueves 11 de septiembre de 1884.

PADRINOS y MADRINAS

El Presbítero D. Manuel Martínez quiso honrar con el nomhramiento de padrinos y madrinas de la bendición del Templo del Roble
no sólo a las personas de más representación en esta ciudad y fuera de
ella, sino también a todas aquellas que con sus donativos especiales han
contribuido más o menos directamente a poner la nueva iglesia en estado
de servicio. Todas las personas invitadas aceptaron con gusto el nombramiento, pero no todas pudieron concurrir al acto de la bendición,
por encontrarse a larga distancia unas, y por!diferentes motivos las otras.
No obstante, como además de aceptar bondadosamente el cargo conferido han contribuido generosamente con diferentes sumas, así para
ayudar a los gastos de la función como para eI pago de varias partidas
que se adeudan pues los últimos trabajos han causado gastos extraordinarios, nos ha parecido conveniente publicar en este número los nombres de las personas que estuvieron presentes en el acto de la bendición,
reservándonos para el siguiente con los de todos los bienhechores que
fueron honrados con igual nombramiento, y no pudieron asistir.
Asistieron como padrinos y madrinas a la bendición del Templo del
Roble las personas siguientes:

SEÑORES:

Canónigo D. Narciso VillarreaJ, D. Valentín Rivero, Lic. D. Ramón
Treviño, Dr. don Juan de D. Treviño, don Patricio Milmo, don Luis
379

�Sánchez Lic. don Francisco Sada Lic. don Emilio Cárdenas, don Gabriel Fl~res, don Justo del Pilar, Dr. don Mclesio Martínez, don Pedro
Maiz don Amado Garza, Dr. don Tomás Hinojosa, Lic. don Modesto
ViUa;,.eal, Lic. don Anastasio Trcviño, don Rómulo Rodríguez, Dr.
clon Pedro Martínez, don Valentía Rivero Gajá.

SEÑORAS:

Sra. doña Refugio Dávila de Garza García, Srita. Ana Treviño, ~~ª·
Trinidad Garza, Srita. Elvira Cantú, Sra. Josefa García de Tm·mo,
rita. Sara Milmo, Sra. Concepción Guajarclo de Hinojosa, ra. doña Josefa González de García, Srita. María Villarreal, rita. Modesta
Rivera. Srita. Carlota Larralde, Sra. Guadalupe Galván del Pilar, rita.
Lo~ Galván, Srita. Clotilde de la Gana, rita. Cruz de la Gar:za,
ra. doña Genoveva M. de Martínez, Srita. Catarina de la Garza, S~_ta.
María Antonia Cárdenas, Sra. doña Concepción Vargas de ~revmo,
ra. doña Josefa Martínez de Treviño y ra. doña Petra fartmez de
1'.íartínez.
.
Una atractiva cúpula &lt;le amplias proporciones, fue construida a pnnipios de e te siglo. Se hacían los preparativos para su inauguración, a
fines de 1905 cuando se desplomó.
Fue providencial que no ocurrieran des!!racias personale , Y aun la
imagen del Roble no sufri6 deterioro alguno, no obstante encontrarse
debajo de la cúpula.
.
. .
Se cr que cl d •rrumbe se debió a determinados c~b10s que s . hicieron en tos muros de sustentación, sin tomarse las d b1das precauoon~s.
A salto
ha hecho este templo, que aún no está del todo concluido.
Cincuenta años de pués se iniciaron reformas y ampliaciones de gran categoría, que están en proceso.
.
.
La torre del campanario, nueva totalm nte, se construyo al oncnte del
templo. Ita, tal vez la m:ís alta de las torres de los t':111plos. de Monterrey, esbelta, de estilo di tinto al mismo templo, da la 1IDpr 16n de un
centinela en posición de firme.
y dicho lo anterior cerramos este sencillo relato.

•
A to largo d la ac ra poniente no tengo datos que ,·algan la pena mencionar. En los últimos ti mpos la esquina con 15 de Mayo la ocupó una fotogra-

fía popular. Se1!1Úan casas habitación alternando con pequeñas imprentas,
tintorerías, carpinterías y al final, con 5 ele Mayo, casa habitación del Lic.
Gil Trcviño, que antes ocupó don Ismael Guerra, tronco de numerosa y honorable familia, y mucho antes, a principios de siglo, fue campo de operaciones de un comercio de abarrotes titulado "El Gallo".
Esa casa desapareció totalmente. Del resto quedan muros y vigas cortadas
al límite C..'&lt;igido por la ampliación. El aspecto nada tiene de agradable, aun
cuando se han construido dos edificio de buen aspecto.

•
De 5 de Mayo a Washington las referencias no son tan extensas, por aquello de que el lado oriente lo ocupa la Plaza del Colegio Ci,;t y el lado poniente casas sin nin una especial característica, aun cuando algo de la cuadra se
ha transíormado por algunos edificios de nueva construcción.
Por cuanto a la Plaza del Colegio Civil, como dato que pinta lo que existía y algo de lo qu fue, copio aquello que encaja en la narración publicada
en mi ya mencionado libro Estampas Antiguas de Montem·y:
"Forma la pla::a un cuadro de 48 metros por lado y está poblado di'
árboles, en su ma}'or fiarte fresnos, que le dan un aspecto agradable.
En .su interior existe una glorieta amplia y en el centro se levanta un
pedestal que sostiene el busto en metal del ingeniero don Francisco Beltrán, que por sus pequeñas dimensiones ofrece un aspecto antiestético,
aparte de no corresponder a los mlritos que como educador se le reconocen al ingeniero Beltrán.
Para levantar este monumnzto fue quitada una fuente de piedra dr
rostro de dimensiones proporcionadas al tamaño de la plaza. En el centro
de la fuente existía u,i surtidor de firrro vaciado, de tres cuer/1os, de
agradable aspecto. No tan sólo no ml'joró la plaza en ornamento sino
que, sin necesidad se le quitó un adorno antiguo que debió conservarse,
puesto que el monumento al inoeniero Beltrán, hubiera quedado mucho
mejor ya en Ido banqu la del Colegio Civil, o en la misma plaza en el
andador del lado poniente dando frente, precisamente, aJ edificio del
Colegio en donde pasara el Ingeniero los años más importantes de su vida.
En esta plaza, dude hace más de 50 años, se ha acr,stumbrado dar
audiciones musicales los viernes en la noche, conJeruándosc la tradición •
y el romance de nuestras seretiatai'.

380
381

�Habría que agregar la transformación sufrida por la plaza hace unos cuantos años.
Se arrancaron los árboles que la poblaban, se suprimieron los jardines Y se
hizo una explanada de concrnto, dejando únicamente en cada esq~a ~a
pequeña glorieta con un fresno en el centro. Parece ser que hubo la mte~aon
de perpetuar la canción aquella que le sirvió al general Amulfo R. Go~ez,
como bandera de su malograda candidatura a la Presidencia de la República:
"Cuatro milpas tan sólo han quedado ..."
En el lado oriente de la Plaza se construyó una especie de estrado de concreto, que puede servir de tribuna en casos de reuniones populares. Lo demás, a excepción de un pequeño cobertizo fabricado al lado norte, no ofrece
perspectiva alguna que rompa la planicie.
.
.
Al fondo calle del Colegio Civil de por med10, ofrece su fachada colorual
el edificio del Colegio Civil, que ha sido para uevo León, Y diríamos para
el norte de la República, el centro de estudios de más alta categoría en lo que
respecta a la preparación de los futuros profesionistas.
.
.
Siruiendo el fácil procedimiento de las citas, que en este caso nene disculpa ;or robarme a mí mismo, doy albergue a lo que en el multicitado libro
rrúo publiqué sobre el Colegio Civil:
"El Obispo don Andrés Ambrosio Llanos y V aldés, que tantos em~eños
puso en dotar a la ciudad de los elementos nec~sarios para el cultw_o Y
se!¿uridad de los habitantes, principi6 a construir por 1796 un hospital,
q~e viniera a substit1lir al que existía en el edíf icio• que posteriormente
ocup6 el colegio 'San José', situado en Mina )' Abasolo. Dumnt~ ~na
epidemia de viruela, que se desarrolló en la ciudad en 1798, se destino el
hospital, todavía en construcci6n, al servicio público, prestando ~atables
servicios. El único médico que existía en la ciudad, Fray Antonio de la
Vera y Gálvez asistió con todo celo a los enfermos l~grando señalados
éxitos, que le valieron menci6n especial cerca del Virrey de la Nueva
España.
.
El Gobernador del Estado, don Santiago Vulaurri, el 4 de noviembre
de [857, decret6 el establecimiento del Colegio Civil, sin que pudieran
normalizarse los trabajos debido a las guerras intestinas, sino dos años
después, durante el gobierno del General Aramberri.
,
El 5 de diciembre de 1859 principiaron las clases, con una matricula
de 70 alumnos, siendo director el licenciado José de Jesús Dávila Y Prieto.
Siguiendo la tradición ya establecida en el Colegio, los ~o~iernos su~!sivos /e prestaron atención; pero fue el general don Jerommo Tr~~i~o
quien hizo el mayor esfuerzo hasta lograr que se terminara el ediftcto,

382

comprendiendo un frente de 84.70 metros y 55 de fondo. Se componía
de un solo piso, con excepción de la parte occidental y una pequeña porci6n del lado Sur, en que se constrwy6 un segundo piso.
Durante la administración del Lic. Aar6n Sáenz se construyó en el
centro del edificio un segundo piso y una atractiva fachada, y hacia el
Poniente se levantó la Aula Magna de la Universidad.
Durante el Gobierno del general Anacleto Guerrero se levantó el segundo piso en el resto del edificio, mejorándose su aspecto general.
Muchos notables hombres de ciencia pasaron por el Colegio Civil cw),·a
menci6n darla lugar a una interminable lista. Citaré el personal del
Colegio de 1899, porque aún siendo lejana la época, existen muchos de
los que fungían como /Jrofesores: Director, Dr. Lorenzo Sepúlveda; Prefecto de Estudios~ fosé Luna Ayala; Tesorero, Dr. Amado Fernández;
Profesores de diversos cursos: Lic. Macedonio Tamez, lng. Ernesto García, lng. Porfirio Treviño Arreola, Dr. Eusebio Guajardo, Prof. Emilio
Rodríguez, Lic. Rafael Lozano Saldaría, 1ng. Francisco Beltrán, Dr. Benig110 R. Davis, Prof. Federico Garza, Prof. Guadalupe Montenegro, Lic.
Virgilio Garza; Mayor José R. Moreno. Estudiantes: Néstor González,
Faustino Roel, Alfonso Pérez y Galdino P. Quintanilla".

Esto estuvo bien para 1942. Ahora, en 1964, las cosas han cambiado. Casi
todas las personas mencionadas han muerto.
No tendríamos sino agregar una pequeña nota, que no por pequeña deja
&lt;le tener importancia. Me refiero a la construcción hecha en el patio que correspondió al Colegio Civil -los llamados matorrales- de la Escuela de Labores Femeninas Pablo Livas.
El terreno no podía haber tenido una aplicación más apropiada. Se trata
de un centro de enseñanza que durante muchos años ha preparado a millares de jóvenes mujeres, en condiciones de ser buenas amas de casa, o empleadas eficaces, y en muchos casos propietarias de establecimientos, ya de costura, de juguetería, pastelería, y de otras actividades.
El edificio es amplio, bien construido, de agradable aspecto, y llena todas
las formalidades necesarias para que la benemérita escuela cumpla, aún con
más eficacia, la encomiable labor que le corresponde.
Se inauguró este flamante edificio con la solemnidad del caso el día 21
de marzo de 1963, sirviendo de homenaje a la memoria de don Benito Juárez, aniversario de su nacimiento.
Presidió el acto el licenciado don Eduardo Livas VillarreaJ, Gobernador
Constitucional del Estado, e hijo de don Pablo Livas, en honor de quien hace
cuarenta y dos años se integró la escuela, como realización de los esfuerzos

383

�encomiablcs de los profesores don Anastasio A. Treviño Martínez y don Plinio D. Ordóñez.
Una nutrida concurrencia asistió a este acto, contándose los más cercanos
familiares de don Pablo Livas, así como funcionarios del Gobierno, de la
Universidad de Nuevo León, licenciado Alfonso Rangel Guerra, Rector Interino; del Patronato de la misma don Manuel L. Barragán, así como del C.
Presidente Municipal, licenciado Leopoldo González Sáenz, del Secretario
General del Estado don Humberto Ramos Lozano, del general de División
J. Trinidad Rodríguez López, Comandante de la Séptima Zona Militar. Estuvo también presente don Jesús M. Montemayor, quien cedió la cantidad
de $ 2.000,000.00 para la construcción del edificio.
La ceremonia fue sencilla pero imponente dado que, recordándose los méritos de don Pablo Livas, se daba la circunstancia de encontrarse algunos profesores que fueron compañeros de él y quienes sintieron la emoción de recuerdos imperecederos.
Seguirá la escuela derramando sus beneficios, de cuya categoría podemos
damos cuenta al mencionar que para la fecha han recibido enseñanza 21,613
alumnas, habiendo obtenido su título profesional 4,567 cifras que hablan con
elocuencia.
Volvamos a nuestra calle; pasamos al lado oriente y nos encontramos con
un edificio comercial de tres pisos en substitución de un cine que se tituló
"Imperio", mejorándose el aspecto en forma notoria.
Contiguo se levantó el Teatro-Cine "Juárez", uno de los más confortables
de la ciudad, de sencillas líneas, de gran amplitud, y magnífica butaquería~
Reemplazó a una serie de casas pequeñas, de ningún valor estético, y sin tradición que valga la pena mencionar.
Del resto de la cuadra no hay sino manifestar que se han modificado algunas casas sin que ello signifique cambios de tal magnitud que valga la pena
hacer notar.

•

quienes cariñosamente se les llamaba "Jos pelones", porque acostumbraban
pelarse al rape.
Años después estos jóvenes entraron de lleno al mundo de las actividades
industriales, fonnando una fortuna envidiable, y según entiendo radican ambos en la ciudad de México. Contrajeron matrimonio en esta ciudad, formando dos hogares en donde retozan ya los nietos. Como hermanos y compañeros
de trabajo, continuaron estrechando más sus vínculos, al casarse con dos hermanas, Francisca y Ma. del Socorro Tijerina. Por su parte don Angel de
Fuentes que se casó con Sofía, hija también de don Ambrosio, adquirió en
propiedad el edificio comercial reteniendo así Ja casa de los Guajardo.

Ninguna novedad en el resto de la cuadra, sino es en la esquina siguiente
en donde se construyó un edificio de tres pisos, cuyas principales localidades
están a la disposición de la Sucursal del Banco General de Monterrey.

En tiempos que ya van siendo lejanos, en ese lugar existió la cantina denominada "El Sol" que tenía como contrapeso en la esquina de la acera poniente de la misma calle la cantina "La Luna". De aquí que los trasnochadores
se iban tranquilamente de "El Sol" a "La Luna'' completando el circuito
que los alejaba de sus hogares.
Por los años veintes dos esforzados trabajadores de la industria mueblera,
don Miguel Arredondo y don Melesio Lankenau, establecieron una modesta
fábrica de Muebles "El AncoralJ que andando el tiempo habría de transformarse en gran industria.
De la acera poniente no tengo ninguna referencia de tiempos pasados, y
de los actuales puede decirse que al principiar la calle con Washington hace
años que la esquina estaba ocupada por la Librería del Maestro, propiedad
del Prof. Timoteo R. Hemández, y en la actualidad por una cafetería. Más
allá rompe la monotonía de los pequeños comercios el edificio de la Sociedad Mutualista de Joyeros, Relojeros y Grabadores. Don Manuel M. García
operaba con una Mueblería, y oficina de negocios, entre los cuales se destaca
la construcción de la Colonia Estrella.
Y con esto llega el punto final de Juárez hasta Modesto Arreola.

Cruzamos la calle de Washington para continuar hacia el norte, deteniéndonos breves instantes para decir lo que el recuerdo nos sugiere.
Del lado oriente, en la esquina con Washington, el dinámico hombre de
negocios don Angel de Fuentes construyó un edificio de grandes proporciones integrado por tres pisos, que lleva el título "Edificio de Fuentes". La
planta baja la ocupa la farmacia ''El Fénix".

Pausadamente llegamos a la siguiente calle. Sin prisas, abriendo los ojos
para escudriñar lo que vemos, y haciendo aflorar el recuerdo, para describir
lo que hubo.

Anteriormente fue residencia y ]ocal comercial de don Ambrosio Guajardo
y posteriormente de sus hijos Apolonio y Ernesto, dinámicos y populares, a

Tal vez valga la pena explicar algunas citas que pudiera pensarse quedan
fuera del retablo. Me refiero especialmente a las menciones ocasionales de

384

•

385
H25

�algunas personas, que por una u otra circunstancia tienen que ver o han tenido que ver con esta calle.
No se trata de biografías, que ello nos llevaría espacio y tiempo, y constituirían obras ajenas a esta labor, sino simplemente de rápidos brochazos en
una pintura que debe contener el claro obscuro de los hechos relacionados
con la calle, 'Y existen hechos que no pueden desprenderse de las personas.
Lo lamentable, es mi parecer, radica en no incluir todos aquellos hechos
y personas que debieran mencionarse; pero que yo ignoro.
Hecha esta digresión caminemos adelante. En la esquina de la acera poniente, durante largos años, un tendajón mantenía la costumbre de la miscelánea; lo mismo vendía máiz y frijol que medicinas, vinos y licores. En la
actualidad existe una papelería y librería escolar, con el nombre de "Patria",
propiedad de don Estanislao González. Pero antes, allá por los noventa del
siglo pasado, dos hermanos, Estanislao y Federico Trevifio, dieron vida a un
comercio de miscelánea, en el que los vinos y licores ocupaban buen lugar. Se
llamaba "La Luna". Ese negocio desapareció por 1918 siendo reemplazado
por un depósito de naranjas, pionero de la costumbre, ya muy extendida, de
consumir el jugo.
El Banco Mercantil de Monterrey estableció una Sucursal en un edificio
contiguo, de tres pisos, atractivo y funcional. Después tenemos una serie de
casas de poca monta con salón, peluquería, florería, intercalados hasta la esquina otros comercios y especialmente restaurantes, que más propiamente llamaríamos fondas, en donde los cabritos al pastor llaman a la clientela con su
peculiar olo,r que sale por las puertas, formando un ambietite apetitoso en
combinación con las fondas establecidas en la acera de enfrente.
Mencionaremos otro edificio de tres pisos en donde opera la Ferretería Monterrey para llegar a la esquina donde puede leerse un letrero que dice "Salón
Lontananza". Se trata del trasunto de una cantina amplia y muy conocida
en tiempos ya lejan_os que se llam6 "Lontananza", nombre significativo en
cuanto a que resultaba lejana del centro de la ciudad.
Pero es el caso de mencionar un sucedido que nos pone en contacto con
una persona cuyos andares por el mundo son muy conocidos en Monterrey y
vale la pena mencionarlos por cuanto a lo que en comunión con la colectividad tiene. Se trata de don José D. Lozano.
Este señor Lozano es de mucha historia y de mucho peso. Comerciante, industrial, revolucionario, mutualista. Anda pisando, con pies que sostienen
más de cien kilos, los ochenta años, que ya es algo en persona de ese peso.
Se dice que las gentes. gordas 'son de buen carácter. Aquí la regla tiene su
meJor comprobación. Es afable, comunicativo y dicharachero. Donde él se

encuentra hay ambiente grato; cuentos de todos colores comentarios picosos
salpicado todo ello con risas alegres, francas, abiertas. '
'
Cu_ando ~e ~uemó su casa comentó en presencia del fuego, con gesto compungido: lastuna. que se desperdicie tanta lumbre, cuando la podíamos aprovechar asando "agujitas".
Al mutualismo se ha entregado con fervor: a él, en gran parte, se debe la
construcción del gran edificio de la Sociedad Mutualista, de Viajeros. Actúa en el Círculo Mercantil Mutualista y en Factores Mutuos, y asiste puntualmente a los Congresos Mutualistas Nacionales, lo mismo a Tuxpan, Ver.,
que a Puebla.

~ se desborda. abarca~do actividades de servicio social. A sus gestiones, en
un10n de don Miguel V1llarreal, que gusta de viajar por la India encantando
serpientes, se debe la construcción de las carreteras de Monterrey a Monclova y de Monterrey a Colombia.
Es tambi~ de los soldados de la buena vecindad, que operan bajo la bandera humanista de la tolerancia y comprensión, sostenida con fe y entusiasmo
por el ingeniero José Muguena.
Dicho lo anterior tiempo es de pasar a la acera Poniente.
Del poniente principia la cuadra con el edificio de tres pisos del Banco Industrial de Monterrey, sucursal que complementa las labores financieras con
las demás sucursales de los Bancos, que actúan a. unos cuantos metros de distancia, y que se mencionan en estos renglones. A continuación el Banco de
Comercio también opera con una sucursal para seguir con el edificio del
cine "Rodríguez".
Aquí cabe detenernos algunos momentos por aquello de que este cine tiene su historia.
A principio~ de siglo los hermanos Adolfo y Antonio Rodríguez, los má.ximos empresanos de teatros y cine que durante medio siglo controlaron los espectáculos, fincaron en ese lugar un jacalón amplio sin ninguna comodidad
ni ~tractivo especial, con el propósito de dedicarlo ; funciones populares, esp_e~1almente de teatro, pues en aquellos remotos tiempos el cine apenas principiaba.
La idea fue satisfecha cumplidamente pues el jacalón se llenaba de continuo, a precios de uno a dos pesos luneta y cincuenta centavos galería. Las
compañías teatrales que operaban raras veces eran aceptables, de ordinario
se trataba simplemente de "cómicos de la legua". Lo importante es que el
público se divertía y la razón de ser de aquel teatro se cumplía satisfactoriamente.
De lo bueno se destaca la temporada larga que llenó cumplidamente el famoso e inolvidable actor cómico Arturo García Pajujo. A su influjo y ense-

386
387

�ñanza se formó el barítono José Pulido, quien alcanzó renombre y gloria. Por
el mismo camino fueron Ojcda, Cabrera, Pardavé y cien más.
Pasados los años se hizo necesario modificar los planes primitivos, pues la
ciudad iba creciendo y sus necesidades, en todos los menesteres también. En
consecuencia se pensó en hacer algo de mayor categoría y los hermanos Rodríguez emprendieron la faena desde luego.
El día 28 de marzo de 1928 fue inaugurado el nuevo teatro que ya contaba con comodidades mamíficas y aun cuando no eran precisamente una notabilidad, sí reunía las condiciones necesarias para que en esa época se le titulara "Coliseo 1áximo de Monterrey".
La construcción se debió al muy conocido y competente maestro contratista M. J uárez y la decoración estuvo a cargo de los maestro Salvador Tarasona y Je ús D. Jíménez, quienes cumplieron satisfactoriamente su comeúdo,
dando un aspecto al teatro vistoso y alegre.
Se turnaban las actuaciones de teatro y cin , habiéndose pasado películas
de gran r nombre eo la época como El Arca de oé y El Gaucho.
Volviendo a la inauguración diremos que la compañía que e. taba encargada de hacerlo fue la encabezada por el inspirado compo itor mexicano Alfonso Esparza Oteo, que ya había adquirido renombre con su famosa canción
ccun Viejo Amor''. Actuaban con él Elvira Luz R yes, Evangelina Magaña,
Manuel Ramiro Malpica, Francisco Salinas y Leobardo 1. González.
En posteriores ocasiones pasaron por el tablado del r gio teatro Bertha
Singennan, la declamadora de voz de cristal; Matilde Palau, la temperamental; Virginia Fábregas, la egregia; las hermanas Aguila, inigualables; María Teresa Montoya, la Maestra; Pepita Embil, siempre atractiva, y otras muchas artistas que largo seda citar, sin que dejemos al margen a los hombre
que como el doctor Alfonso Ortiz Tirado, Tito Gu1zar, Jorge egrete, Pedro
Infante etc. etc., llenaron una época de arte.
Durante la primera temporada del Teatro escuchamos a famosas cuplctistas que se alternaban cantando canciones espa.fiolas, argentinas y mexicanas. Entr las primeras podemos anotar: "El que a Yerro Mata", "Agua qu
no Has de Beber", "Calla Jilguero" "La' Muñ a" y "El Relicario"; entre las
argentinas: "Ladrillo", "Uno", "Volver", "Silencio", " oche de Reyes" y
entre las me.xicanas: "Estrellita", ''La Pajarera", "Mi Querido Capitán", "Morenita Mía", "Mujer". "Rosa", "Veracruz" "Farolito", "Varita de Nardo", etc.
in orden cronológico citaremos algunos de los compositores mexicanos que
más contribuyeron con su in piración a formar el ambiente folklórico de México,
cuya calidad ha significado que, a través de nuestras canciones, se conozca
a México en el mundo entero.
Podemos referimos a Manuel M. Ponce, Tata

acho, Pepe Guízar, Gon-

zato Curie), Joaquín Pardavé, Agustín Lara, Guty Cárdenas, Ricardo Palmerín. Jorge del Moral, Luis Arcaraz, María Greever.
El Teatro que llenó una época interesante en nuestro medio ambiente se
qucm6 el día 22 de noviembre de 1954 sin que afortunadamente hubiese des-gracias penonales.
El nuevo Teatro-Cine se inauguró el 28 de mayo de 1955, bautizándole con
el nombre de "Imperio-Rodríguez".
F~aliza la cuadra sin otra anotación que rompa lo normal: pequeños comemo fondas, con el remate de una clásica taquería que agrega caldos de
pollo y menudo.

•
. En el tramo de Aramberri a Ruperto Martínez sí nos dice la historia cosas
m teresantcs.
Del lado ~riente,. ~ ~a actualidad, operan comercios de ropa, calzado y
frutas. o tienen d1stmüvo especial que los haga destacarse y no tardarán
mucho tiempo sin que los derrumbes procedan a la ampliaclón de la calle.
Pero allá en el siglo , VIII, cuando el Obispo de Llanos y Valdés se echó
a cuestas la tarea de construir la nueva Catedral, metros más.adelante, se
con truyeron en toda la cuadra edificios de modestas proporciones, destinado ~ Convento de Capuchinas, que no lograron habitar, por circunstancias
que ignoramos.
Posteriormente, mediante arreglos apropiados, los edificios fueron ocupados por soldados, bautizándosele con el nombre de Cuartel Iturbide. Epoca
en que todavía el nombre de Iturbide no se había proscrito de la nómina de
los héroes nacional .
Los vecinos se habían acostumbrado al toque de diana a las seis de la mañana, a la escoleta de la banda de música y a las audiciones casi diarias que
ejecutaba en la banqueta, a horas en que el sol ocultaba el fuego de sus hornos, detrás del Cerro de la Mitra.
A '.nstancia del general do? Bernardo Reyes el Gobierno Federal construyó
amplios cuarteles en algo mas de cuatro hectáreas de terreno, por la entonces Calzada Unión, hoy venida Madero, a la altura en que se encuentra la
escuela Presidente Calles.
Preci amente cuando en 1898 visitó Monterrey don Porfirio Díaz, todavía
en el esplendor de su largo gobierno, se efectuó un imulacro de combate
en los terreno libres de los cuarteles, que la prensa calificó de brillante.
Pues bien el cuart 1 Iturbide quedó sin funcione , y posiblemente se ven-

389
388

�dió para la construcción de los nuevos, como sucedió con éstos, al construirse
otro en Madero con Félix U. Gómez, esquina suroeste.
El producto de la venta sirvió para pagar las indemnizaciones a los pr~pi_etarios de los edificios y terrenos en donde se construyó, durante la Adnumstración gubernamental del licenciado don Aarón Sáenz, en 1928, el Palacio
Federal.
De esta manera la barriada quedó en silencio, siendo substitu1do el Cuartel Iturbide, por numerosos comercios.
En frente existía una explanada que abarcaba toda la manzana. No la llamo
plaza por la sencilla razón de que tal título no le correspondía, por más que
fuese conocida con el nombre de Plaza Juárez.
En efecto no existían sino unos cuantos truenos, y menos fresnos, distribuídos sin orden alguno, que vivían de milagro, pues no conocían de más atenciones que las dispensadas por la naturaleza.
.
Los circos con cierta frecuencia lucían sus carpas y banderolas de abigarrados colores. Entonces adqt.úría la plaza especial señorío, notoriamente
cuando era el Circo Orrin el que plantaba sus tiendas. De lejos en lejos sucedía esto; y como se trataba de un espectáculo, para la época, maravilloso, el
turismo llegaba a Monterrey de todo el Estado, y aun de poblaciones de los
Estados vecinos.
Como no existían suficientes hoteles, los visitantes se instalaban en las casas de los parientes y amigos. Era tal vez el único motivo que lamentaban las
familias de Monterrey. Pero al final de cuentas todo se pasaba por alto -acomodo en las habitaciones, y aumento de la comida- con goce del pleno disfrute del extraordinario espectáculo.
La evolución del circo ha sido lenta. Antes y ah.ora los perros amaestrados;
focas con su natural frac y fina sensibilidad; caballos nobles y obedientes; leones y tigres fieros atentos al látigo del domador; elefantes enormes ~~ f_inos
colmillos de marfil haciendo acrobacias; trapecistas voladores; equ1hbnstas
admirables; y los payasos, encanto y admiración de los niños.
El Circo Orrin presentaba lo mejor que había en cada variedad; pero sobre todas Jas notabilidades sobresalía el grupo de payasos, y sobre el grupo la
figura original, inimitable de Ricardo Bell, inglés de ~rigen; pero mexicano
de corazón.
El simple anuncio de la presencia de Ricardo Bell, encen~ía el entusiasmo
entre chicos y grandes. Apenas pisaba la pista y las carcajadas resonaban.
Un traspiés, un gesto, un ademán, eran más que stúicientes para que la alegría se desbordara.
En este punto recurro a una oportuna cita. Escribía el inolvidable ~aestro
y amigo, arquitecto don Agustín Basave, una sección en El Norte, htulada

De aquí ~ de allá. Hacía desfilar hechos notables, personajes históricos, acontecimientos especiales, anécdotas de grandes hombres, y entre ellas va la que
se refiere a Ricardo Bell :
"Bell fue un payaso genial. El único auténtico entre todos los que
nos han visitado. Fue, además, un enamorado de México, inglés de nacionalidad, poseía un corazón mexicano. Sus hijos han permanecido en
el país, definitivamente vinculados con nosotros.
Recordaba nuestro amígo al evocar a Bell, un chiste que le oyó en
Saltillo y el cual hizo las delicias de nuestra simpática vecina.
Acababa de llegar el Circo Orrin a la capital coahuilensc, procedente
de Monterrey, y, como sucedía siempre, en todas las ciudades que visitaba el circo memorable, la gran carpa estaba a reventar.
Alambristas, p,restidigitadores, trapecistas y jinetes habían ya cubierto sus números cuando una cometa y un tambor al trote, anunciaron
la entrada del payaso. Una salva de aplausos los salud6, pues era el
primer dla de la temporada en Saltillo. Bell ejecutó algunas piezas en
sus particulares marimbas, juegos de campanas y de cascabeles y se fue
a saludar a Mr. Welton, el Jefe de Pista que entraba en esos momentos al redondel.
---Señor Welton, qué gusto me da ver a Ud. -le dij&lt;&gt; Bell, llevándoselo a sentar en la barda del ruedo.
-Señor Bell ¡ cuánto tiempo hacía que no veía a usted! -le dijo
W elton con su acento inglés- ¿ dónde estaba usted?
- ¡ Ah! amigo mío. He andado por todas partes, por París, por Pekín,
por Ramos .Arizpe, por Viena, por el infierno . ..

-r:Cómo? ¿Estuvo usted también en el infierno, señor BellJ
--lS'í, hombre y me encontré allí mucha gente conocida. Había rusos, turcos, belgas, japoneses, uruguayos, de todas partes. .. Muchos mexicanos, de la Capital, de Saltillo, de Morelia, de Chihuahua. Pero,
¿sabe usted, Mr. Wellon? No había ninguno de Monterrey.
-r:Cómo no, Mr. Bell? ¿Tan buena es la gente de por allá que ninguna se ha ido al infierno?
-No es eso, .Mr. Welton. Ahí tiene usted nomás que me puse a buscar alguno de Monterrey, y un diablo muy viejo me preguntó que qué
andaba haciendo, yo le dije lo que buscaba y me respondió: -No,
compadre. Es inútil que sigas buscando, el único que yo vi llegar aquí
de Monterrey, ya se' murió. Eso fue hace mttchos años.
-¿C6mo está eso, Mr. Bell?

390
391

�-Sí, M r. W elton; el que llegó de Monterrey pescó un resfrfo en el
infierno. Se le complicó con pulmonía y se murió.
Ya se imaginarán nuestros lectores cómo se le festejó la ocurrencia al
nunca bien alabado payaso Bell".

No soy de los que piensan en que todo tiempo pasado fue mejor. Hay de
todo ·en lo ya vivido, lo que sucede es que el tiempo forma en nuestro espíritu
una especie de velo a través del cual idealizamos lo que, en su tiempo, no
tuvo más relieve que un sucedido distinto a lo normal.
Así con el tiempo, hasta los momentos de peligro porque pasamos, vistos
a distancia, como que nos confortan. Pudimos salir adelante, y olvidamos las
zozobras, los sufrimientos que apretujaron nuestro corazón.
La poesía impresiona, conmueve y penetra en las fibras más sensibles del
ser humano, de ahí que Jorge Manrique, se haya inmortalizado con sus Coplas a la muerte de su padre, el Conde don Rodrigo:
Recuerde el alma adormida,
avive el seso y despierte
contemplando
cómo se pasa la vida,
cómo se viene la muerte,
tan callando.
Cuán presto se va el placer,
cómo después de acordado,
da dolor;
cómo a vuestro parecer
cualquiera tiempo pasado
fue mejor ...

Volvamos al circo. Además de la carpa principal ha sido costumbre levantar carpas de medianas proporciones) donde se exhiben víboras domesticadas,
fenómenos a base de espejos, y todo cuanto distorsiona la realidad, y rompe
con el sentido común. La descripción que hace el poeta Miguel N. Lira pinta a lo vivo el panorama:
Señores, vayan pasando
que la función comenzó,
que la niña está oantando,
con la voz que Dios le dio.

392

En esta carpa, señores,
verán lo que nadie vio;
verdad que dicen mis labios
nadie jamás desmintió.
Verán al ilusionista
lirtones cómo enredó,·
varita de mil virtudes
palomas los convirtió.
Ya el príncipe Bacasegua
fuego y plomo se comió;
el Diablo con ser diablo
comió lumbre y se quemó.
Pasen y pasen señores
¡ que la función comenzó!
l Por sólo veinte centavos,
verán lo que nadie vio!

•
En 1909 se construyó un mercado, de amplias naves, empleándose bloque~
de concreto, madera y lámina. Edificio no muy consistente; pero venía a llenar una necesidad para las amas de casa.
Durante el mes de septiembre de 1910 se realizó una e&gt;.'Posición industrial,
exhibiéndose numerosos productos de los que se fabricaban en la ciudad.
Un stand llamó la atención especialmente. Lo ocupaba un ajuar de recámara tallado por artistas expresamente traídos de San Luis Potosí, por la
fábrica de muebles "La Mexicana".
Verdaderas filigranas habían sido laboradas en madera de cedro, al estilo
barroco. Ropero de 3 metros de ancho, con 3 hojas; tocador de altas columnas
y lunas francesas; buró y sillas, así como espaciosa cama, con respaldo alto;
todo ello vistoso, más llamativo que útil.
Su precio se estimaba en veinte mil pesos, lo que hacía exclamar a los
curiosos visitantes que se trataba de una fortuna. Y sucedió lo presumible: el
propietario de la fábrica, don Alfredo Gutiérrez, tuvo que llevarse a su hogar
el "elefante blanco", como certeramente lo calificara su tío, el doctor don Juan
de Dios Treviño, de muy grata memoria.
A fines de 1959, es decir 50 años después de su erección, fue demolido el
393

�mercado. Fácil la operación si la comparamos con las dificultades presentadas
por los inquilinos de adentro y de afuera.
El edificio por dentro había perdido las características de mercado popular
para convertirse en tiendas de curiosidades, ferreterí~, a~ar~rías, plomer~as,
y venta de aparatos eléctricos. Lo que fuera el renglon pnnopal -frutenas,
dulcerías, carnicerías- había quedado en proporción pequeña.
La cosa por fuera ofrecía el más lamentable espectáculo. Pu~stos de ~
aspecto, sin servicios sanitarios, convertidos en fonduchas, nevenas, frutenas,
y cuanto puede c~ndimentarse a la vista del público: enchiladas, tacos, tortas, fritos, elotes. . . en una mescolanza de olores, como para marear a un
marinero.
En idas y venidas, vueltas y revueltas, entre autoridades y puesteros, se
pasaron varios meses, hasta llegar al final. El viejo edificio des~pareció. .
Un año después fue inaugurado un edificio de estilo modernista, atrachvo
y funcional, quo sí merece el título de mercado.

•
Seguimos caminando para avanzar hacia el norte. La calle es esencialrn~,te
comercial. En extensión difícilmente existe otra que le gane, con excepc10n
de la avenida Madero.
En el tramo siguiente no quedan habitaciones particulares. Misceláneas,
boticas, restaurantes, fruterías, de uno y otro lado. Movimiento activo de colorido popular. Pasamos a la siguiente cuadra.
En el lado oriente se inicia la cuadra con un edificio moderno de dos pisos
de la Papelei;ía Saldaña. Contiguo el edificio de cuat:o pisos de 3:5pecto alegre, del Hotel Coello. Casas particulares y de comercio hasta el f mal.
Por el poniente, en la esquina, casa de construcció~ antigua, co~struída a
principios del siglo para el Hospital Monterrey,_ atendido ~r médicos norteamericanos. A su clausura se instaló la Academia Mercantil de Monterrey.
El resto de la cuadra corresponde a un edificio que originalmente fue constnúdo para el Colegio María Auxiliadora. Las aulas se extienden por la calle
de M. M. del Llano hasta la del Colegio Civil.
Hace más de 20 años que el Gobierno Federal tomó posesión de este gran
edificio, al que se le han hecho arreglos y agregado m_ás salones. Está ocupado
por la Escuela Secundaria No. ,1. Demolida el _a1~_or1ente, la nueva construcción se hizo obedeciendo a la !mea de la amphac1on.

•
394

Pasando la calle M. M. del Llano entramos a un tramo de gran interés
histórico, de cuya narración me ocupé en ocasión anterior:
"Las escuelas normales están situadas en la manzana comprendida
entre las calles de ]uárez, Colegio Civil, M. M. del Llano y General
Tapia. Mide el terreno 66 metros por cada lado. Los edificios ocupan
el terreno de la parte oriental, destinándose el lado Sur para hombres
Y el Norte para señoritas. Ambas escuelas tienen la misma disposición en
la parte baja y la alta es común a las dos, estando formada por un salón
que mide 39 metros de longitud por 14 de ancho, comunicándose por el
su1' con dos piezas de regular extensión que sirven de ante-salón y por
el Norte con un saloncito.
El terreno lo compró el Gobierno, el 27 de Febrero de 1902, en la
cantidad de $ 10,000.00. La construcción fue dirigida por los señores
Mackin y Dillon, mediante contrato por valor de $ 88,230.80 más
$ 2,432.64 para obras de acabado. En consecuencia, el importe total
del edificio fue de.$ 90,663.44. A fines de Mayo del mismo año de 1902
estaba ya en servicio.
Hace años que se le ha abandonado, y no obstante su magnífica construcción, presenta huellas palpables de deterioro que ameritan una rápida atención.
La Normal fue creada por decreto de 23 de Noviembre de 1879
estando hasta 1886 bajo la dependencia del Ayuntamiento de la Ciudad~
En este año, siendo Gobernador del Estado el General Reyes, se hicieron algunas modificaciones al decreto respectivo y en 1889 fue reformada la Ley dándole mayor amplitud al plan de estudios.
'.El historial de la Escuela Normal es interesante, por sus Catedráticos
de indiscutible mérito y porque se ha formado un verdadero ejército de
Pro/eso res, que han elevado el nivel intelectual de nuestro pueblo. En
el año de 1899 fungió como Director el Ing. Don Miguel F. Martínez,
Y flor esa época, tenían Cátedra los Profesores don Aristeo González
Garza, don Serafín Peña, Dr. don Rafael Garza Cantú, don Arcadio
Espinosa, don Pablo Livas, don Joel Rocha, don Eulogio Flores y don
Conrado Montemayor.
Pero aún cuando los estudios normales adquirieron importancia por

1886, muchos año~ antes ya se hacian ensayos sobre la materia. En 1829
el Ayuntamiento concedió a don Victoriano Sáenz Mercado, Director de
la Aula Normal, pensión de $ 12.00 mensuales para la enseñanza a seis
niños del sistema Lancasteriano: 'En consideración, decía Mercado, que
debo comprar pizarras, nuevos testamentos, catecismos, papel, etc.' La

395

�comisión que dictaminó decía: 'Estos seis niños jóvenes que se dediquen
con empeño por su Señoría a esta enseñanza mutua, no se ha de tener
presente su fortuna, sea la que fuere; sino sus tamaños intelectuales y
demás virtudes morales y civiles para que sirvan de un vivo ejemplo de
los demás sus condiscípulos o discípulos que es el fin que debe imponerse
esta corporación para la pública utilidad del Distrito y la general del
Estado'."

Sería prolijo entrar en mayores detalles, cuyo interés histórico es innegable;
pero queda ello reservado a una obra extensa, que tiene ya realizada el Prof.
Plinio D. Ordóñez.
Nos concretamos a lo esencial, y a ello corresponde anotar el derrumbe
total del edificio y la erección de otro, más espacioso y funcional. A la entrada
del moderno edificio existe una placa conmemorativa, develada por el Gral.
don Bonifacio Salinas Leal, Gobernador 0onstitucional del Estado, que contiene en síntesis las transformaciones sufridas por el edificio:
"En este mismo sitio se levant6 el edificio de las Escuelas Normales
del Estado, puesto al servicio de ,la educación el día 22 de mayo, de 1903.
Era Gobernador del Estado de Nuevo León, el C. General Bernardo
Reyes y Directores de la Escuela Normal de Profesores, el C. Profesor
Serafín Peña y de la Escuela Normal de Señoritas, el C. Profesor Pablo
Livas.
Siendo Gobernador Constitucional del Estado de Nuevo León, el C.
General Bonifacio Salinas Leal, se inició el derrumbe total de la vieja
construcción el 4 de octubre de 1941, inaugmando este nuevo edificio
para la Escuela Normal Miguel F. Martínez, el 4 de octubre de 1942.

Procede agregar que las ampliaciones hechas al edificio permitieron acomodar aulas para impartir instrucción primaria a más de mil niños y niñas, atendiendo al crecimiento incesante de la población escolar.

•
Principia otra página de nuestra historia. Parte de la época en que .1:15
Autoridades Civiles y Eclesiásticas discrepaban, más de la cuenta, en cuestion
de interés social Una de esas disensiones ocurrió con motivo de la erección
de una nueva Catedral. Surge la evocación al detenemos en la esquina noreste
de Juárez y Tapia.
Seguramente que el señor Obispo don Andrés de Llanos y V aldés, no se

396

imaginó que las obras destinadas a un fin piadoso servirían con el tiempo como trincheras para guerras intestinas e internacionales.
En el orden del relato decía yo:
"Puesta la primera piedra de la nueva Catedral el 26 de noviembre
de 1794, por el Obispo don Andrés Ambrosio Llanos ,, V aldés, se continuaron las obras con todo empeño, invirtiendo el Obispo más de
$ 60,000.00, lo que indica la importancia que tales obras llegaron a
tener. Por graves desavenencias habidas entre el Obispo y el Gobernador
del Estado, don Simón Herrera y Leyva, se suspendieron los trabajos y
el Obispo salió de Monterrey para no volver más.
La ruptura del Obispo y el Gobernador dio origen a mil percances
que estuvieron a punto de provocar el cambio de la Sede Episcopal a
Saltillo, como la pedía el Obispo; pero activas gestiones del Gobernador,
del Cabildo Municipal y de personas de arraigo en la ciudad, así como
de las muy especiales que: hizo Fray Servando Teresa de Mier, que a la
sazón se encontraba en Madrid, dieron por resultado que el Rey de España resolviera a favor de Monterrey.
Comprendía el tramo destinado a la nueva Catedral, la manzana que
circundan las calles de ]uárez, Guerrero, General Tapia e Isaac Garza.
El 25 de Mayo de 1855 el Gobernador del Estado don Santiago Vidaurri, ordenó que se vendieran los materiales de las obras de la Catedral, que formaban la fortaleza, considerando inútil, y a!Ín perjudicial
para Monterrey, conservar lugares que eran aprovechados para depasitar toda clase de inmundicias.
Años después se vendieron a particulares los solares de la manzana y
casi se perdió todo vestigio de aquellas obras, hasta que, como queda
dicho, el Gobierno del Estado reservó un pequeño lote como recuerdo
de las andanzas guerreras de nuestros antepasados, que se cubrieron de
gloria en defensa de la Patria".

Al transcurso de los años apenas si quedó, de toda aquella arquitectura empleada como fortaleza, un solar de reducidas dimensiones, que en 1940 se
transformó en una modesta plazoleta, adornada con varios cañones de los que
tuvieron la gloria de defender en ese·mismo lugar el honor nacional, en contra
de los invasores norteamericanos, por el año de 1847.
Durante la administración Municipal del Lic. don Leopoldo González Sáenz,
aquel pequeño predio se convirtió en Biblioteca Pública y nervio motor de
toda clase de promociones culturales.
Hacia el norte, un siglo atrás, el campo ofrecía los matices verde ere397

�mas del maíz, la cebada, el trigo, y algunos manchones de frondosos nogales
y aguacates.
En 1842 el Ayuntamiento encomendó al agrimensor don Guillermo S. Still,
el levantamiento de un plano del repueblo norte, siguiendo los puntos de
referencia trazados años antes por el Ing. Juan Crouset, el mismo que levantó
los muros de la nueva Catedral.
Para el mes de agosto de ese año el señor Still decía al Ayuntamiento:
"que está concluido el plano que contiene 532 manzanas incluso las plazuelas,
siendo 159 manzanas más que las que contraté hacer y cuyas 159 todavía no
están delineadas". .
Arrancan de entonces las obras materiales para cuadricular el espacioso terreno, mediante calles, que más propiamente podían llamarse carreteras, anotando en favor de las Autoridades su visión al trazarlas de gran amplitud.
Es hasta principios de este siglo que la tierra laborable se fuera convirtiendo
en residencial, y una de las calles que más rápidamente se urbanizó fue la
de Juárez.
Ahora, extendiendo la vista del lugar en que nos hemos detenido, contemplamos al norte una sucesión de importantes casas comerciales, entre las
que se destacan las indicadas especialmente a la venta de refacciones automotrices.
De las más antiguas puede mencionarse las de los hermanos Chapa: Ricardo, José y Andrés, cuyo esfuerzo excepcional constituye un ejemplo de capacidad, perseverancia y éxito. Cerca de 50 años de titánica lucha, les permite ahora delegar responsabilidades en sus hijos de preparación universitaria,
quienes, por ley natural, gobernarán la embarcación asumiendo el mando
total, cuando el tiempo, que nada respeta, cumpla su misión.
Entre tanto, la calle Juárez atraviesa la Av. Madero, sobrepasa la calle de
Colón, y como punta de lanza se introduce rectamente en colonias proletarias,
en donde todavía el progreso no impone los servicios necesarios de salubridad
y buen vivir, para morir en la calle Anaya.
Cerramos este sencillo relato haciendo votos por que la ampliación de Juárez no tenga parecido alguno con aquella frase que se escuchaba con frecuencia al iniciarse el siglo actual: ¡ Quién verá concluir el Templo del Roble!

398

UN CAP1TULO DESCONOCIDO DE LA OBRA
DE DON FERNANDO SANCI!EZ DE ZAMORA
EUGENIO DEL HOYO

Instituto Tecnológico de Monterrey

EL GENERAL DON FERNANDO SÁNCHEZ DE ZAMoRA, don Alonso de León y
Juan Bautista Chapa, forman la tríada de historiadores del Nuevo Reino de
León en el siglo XVII; sus obras formando un solo cuerpo fueron publicadas por primera vez en 1909 por don Genaro García en el tomo XXV de sus
Documentos inéditos o muy raros para la historia de México, con el título de
Historia d¿ Nuevo León con noticias sobre Coahuila, Tejas y Nuevo México
por el capitán Alonso de León, un autor anónimo (Juan Bautista Chapa)
y el Ge11eral Fernando Sánchu de Zamora. Esta edición se hizo de un volumen manuscrito, hoy perdido, de la rica biblioteca del can6nigo don Vicente
de P. Andrade. Recientemente, en julio de 1961, salió a luz la segunda edición
magníficamente realizada por el joven y erudito historiador regiomontano
Israel Cavazos Gana y patrocinada por el Centro de Estudios Humanísticos
de la Universidad de Nuevo León.
Casi nada sabemos de la vida de don Fernando Sánchez de Zamora antes
de su entrada al Nuevo Reino de León en octubre de 1659; se sabe que
fue vecino y minero en San Luis Potosí, que era sobrino de Fray Juan Caballero y no de don Martín de Zavala como yo mismo dije erróneamente en
otro trabajo; pero, para no extender inútilmente esta nota biográfica, remitimos al lector al erudito y ágil Estudio preliminar escrito por Israel Cavazos
Garza para la segunda edición de la Historia de Nuevo Le6n con noticias sobre Coahuila, Tamaulipas, Texas y Nuevo México, etc., que atrás mencio•
namos; donde encontrará todqi lo que se sabe hasta ahora sobre la vida y la
personalidad de nuestro autor.
El General don Fernando Sánchez de Zamora escribió unos "apuntamientos"
históricos con el título de Descubrimiento' del Río Blanco y conversi6n de sus
naturales, hecha por los Religiosos de Nuestro Seráfico Padre lS'an Francisco,
· 399

�de la Provincia de Zacatecas; estos "apuntamientos", publicados por Genaro
García en 1909, como se dijo atrás, han sido hasta ahora la más valiosa
fuente para la historia de aquellas remotas misiones que fueron el origen
de los actuales municipios de Zaragoza y Aramberri en Nuevo León e Hidalgo,.
en Tamaulipas; comprenden desde las primeras entradas de los misioneros
hasta fines del año de 1680.
Recientemente tuve la fortuna de descubrir otro trabajo histórico de don
Femando Sánchez de Zamora que, además de añadir nuevos y valiosos datos
a su Descubrimiento del Río Blanco, etc., continúa la historia de aquellas misiones por diez años más, es decir, hasta 1690, fecha del documento, Y nos
habla del estado que guardaban todas las demás misiones del Nuevo Reino
de León al finalizar el Siglo XVII y nos entrega una rica nómina de misioneros. Tan importante documento, hasta ahora desconocido por los historiadores, figura en un rarísimo impreso, tan raro que no lo hemos visto cit~~ol en
ninguna bibliografía; tan extremadamente raro, que sólo tenemos noticia dedos ejemplares; el que perteneció a la 1-iquísima biblioteca Carrancedo, queya fue dispersada al venderla en pequeño!., lotes, y el que se guarda en la Colección Latinoamericana de la Biblioteca de la Universidad de Texas en la.
ciudad de Austin; la Biblioteca del Instituto Tecnológico de Monterrey guarda una copia microfílmica de tan raro impreso. El ejemplar de la Universidad
de Texas, del que se tomó el microfilm, carece de portada y ya no sabemos a
dónde fue a parar el ejemplar de la Carrancedo y por lo mismo ignoramossu titulo original, así como el lugar y la fecha de la edici6n; lo he~os titulad~,
tentativamente, Carta al Rey sobre las Misiones del Nuevo Remo de Leonescrita por Fray Francisco Ayeta y lo fechamos a fines del año de 1690. LaS:
58 fojas de este notabilísimo impreso, están llenas de datos hist6ricos Y ~e
consideraciones y comentarios del mayor interés y, ocupando desde la foJa
30 hasta la 36, se encuentra el testimonio del General don Femando Sánchez
de Zamora, que es el documento que ahora ofrecemos a los estudiosos de la
historia del noreste de México con la esperanza de poder ofrecer muy pronto,
íntegra, la Carta del Padre Ayeta.
Fray Francisco Ayeta, Procurador de la Orden Franciscana en todas las
Indias, es autor muy conocido y lo han hecho famoso sus hábiles y ~rillantes.
alegatos jurídicos en defensa de los misioneros franciscanos en tierras de
América así como por la forma tan clara y muchas veces violenta, con que
se dirige a los Obispos de las diócesis en que los frailes menores tuvieron
pleitos o problemas. La pluma de Fray Francisco Ayeta es "pluma de fuego".
Su Carta al Rey sobre las Misiones del Nuevo Reino de Le6n, es eso, un
violento, vigoroso y bien llevado alegato jurídico en defensa de sus hermanos.
de Orden, los misioneros franciscanos del Nuevo Reino de León, que habían
400 ·

sido rudamente atacados y acusados de gravísimos delitos ante eJ Obispo de
la Nueva Galicia por dos destacados e influyentes reineros: el Gobernador
del Nuevo Reino de León que lo era el General don Alonso de Le6n, hijo
del gran historiador, y el Licenciado don Francisco de la CaJancha,. "Clérigo
Presbítero, Vicario y Juez Eclesiástico de la Provincia de Coahuila, y Nuevo
Reino de León". Las graves acusaciones, contenidas en varias cartas de diferentes fechas, escritas por estos dos personajes al Obispo, nos las da a conocer el Padre Ayeta:

"Los testimonios se reducen a decir, que- al Reverendo Obispo le escribe desde Monterrey Alonso de Le6n, Gobernador y Capitán General
interino que fue del Nuevo Reino de León, en carta de 11 de febrero
de 1684, lo mal administradas que están las Doctrinas de dicho Reino
por los Religiosos de San Francisco; las unas, por la poca asistencia que
tienen en ellas los Padres; y porque, aunque asisten, sólo sirue para que
a los indios les alquilen para trabajar, y quitarles los jornales que ganan
por su trabajo; otras por la falta de licencia y aprobación del Ordinario,
e inteligencia de la lengua de los indios, usurpándolos de otras Doctrinas,
de que resulta no tener Párroco determinado y no adelantarse en la
Ley Evangélica; y últimamente en algunas, por permitirles cometan
graves delitos, siendo en éstos_, y otros, c6mplices los mismos Doctrineros.
Lo primero se prueba de la referida carta de 11 de febrero de 1684,
en que el dicho Gobernador Alonso de León escribe al Reverendo Obispo que en la Misi6n de Santa Engracia no asiste el Doctrinero, que es el
Padre Fray Matheo Gutiérrez, lo más del año; y que lo poco quej asiste,
s6lo sirve para alterar los indios de tal manera, que han estado para
matarle ( como la sabrá el Reverendo Obispo por carta que le escribe el
Alcalde Mayor del Río Blanco) y demás de ésto afirma que se han
querido levantar. También dice que en la Misión de San Antonio, falta
el Doctrinero, que es el Padre Fray Pedro de la Villa, por cuya causa
los indios carecen de enseñan.za; y que en la de Gua/eguas, donde es
Doctrinero Fray Diego de Evia, se pasa sin que se diga Misa los cuatro
meses: Todo lo cual se pretende comprobar con cartas del Licenciado
Don Francisco de la Cal,ancha, Clérigo, Presbítero, Vicario, y Juez Eclesiástico de la Provincia de Coaguila (sic) y Nuevo Reino de León; en
una de ellas, su fechQ de 24 de marzo del año pasado de 1683, dice al
Reverendo Obispo que ninguno de los Misioneros de aquellas Doctrinas
cumple con su obligación, porque no asisten en ellas; '1 en otra de 12
de febrero del mismo año, afirma lo mismo, que dice el Gobernador de
la poca asiste11cia en la Doctrina de Santa Engracia del Padre Fray
401
H26

�Matheo Gutiérrez y el fruto que de ella resulta, diciendo el sujeto que
llevó a este Padre, porque no le matasen los indios, que fue el Capitán
Zamora.
Y en cuanto a la de San Antonio, aunque en una carta el Licenciado
Calancha, su fecha de 5 de enero de 1684, afirma absolutamente, que no
hay Misionero porque murió el Padre Fray Alonso Mesa, que lo era, Y
no había venido otro; en otra posterior de 12 de febrero del mismo año,
dice: que la causa de esta falta es no haber venido el Padre Fray Pedro
de la Villa, que era el nombrado, ,, asiste en Mazapil. Y en cuanto a la
de Gualeguas, en otra de 25 de abril del mismo año, dice: que vuelve
a avisar al Reverendo Obispo la necesidad de nuevos Ministros; y que
el Padre Fray Diego de Evia no asiste a su Misión de Gualeguas, ni
dice Misa, sólo alquila los indios para que vayan a trabajar a las minas
y les quita los jornales. Y en la referida dJ 12 de febrero del mismo año
da la causa, que es por tener el Ornamento en San Gregario (Cerralvo).
Lo segundo, de administrar sin licencia y aprobación del Ordinario,
con poca inteligencia de las lenguas de los indios y usurpándolos de otras
Doctrinas, lo intenta persuadir el Reverendo Obispo con la referida carla,
que le escribe el dicho Gobernador, que dice: Que en la Misión de San
Christóbal, donde asiste el Padre Fray Juan de Menchaca, es mayor la
parte de Españoles, Mestizos, Mulatos, Negros y Indios Otomíes, admin_istrados sin licencia del Ordinario, 'j su aprobación, ni menos con permiso
del Vicario de aquel Reino, que los indios que se reducen, agregándolos
de unas Doctrinas y Feligresías a otras; de lo cual nace que no se adelanten en la Ley Evangélica, por no tener Párroco determinado; '.Y conffrmase con carta referida del Licenciado Calancha de 12 de febrero
de 1684, en que le escribió al Reverendo Obispo, que este Padre más
asiste a los ranchos de los Pastores, que a su Misión, administrándolos sin
licencia, avisándole que ninguno cumple con su obligación; )' que si no
se envían otros Ministros, se demolerán todas las Doctrinas, como sucedió
con la del Álamo, que está junto a la de Gualeguas, por enviar mucha.chas para su administración. También dice el Gobernador en la referida
carta de JI de febrero, que Fray Ventura de Serias, Misionero de la del
Alamillo, se la fundó con los propios indios que componen la de Gualeguas; finalizando que el intento de los Padres Doctrineros no es convertir
y enseñar a los indios, sino usurpar a Vuestra Majestad los medios que
concede para tan piadoso fin. Y acerca de ésto dice el Licenciado Calancha en la dicha carta de 12 de febrero del mismo año, que Fray
Ventura de Señas fundó dos X acales (sic) entre San Gregario y Gua-

402

leguas, sin tener ni un indio, y sólo tiene por oficio andar divirtiéndose
en paseos.
Lo tercero y último con que intenta persuadir el Reverendo Obispo,
la mala administración de las Doctrinas, es porque en la carta del Gobernador Alonso de León se le dice, que los Padres Misioneros permiten
hacer a los indios graves delitos, siendo en ellos cómplices, así por permitirlos, como por la misma ejecución, constándole que habiendo el
Reverendo Obispo dispensado a un indio que estaba amancebado con
dos hermanas, el que se casase con una; y casádose la otra con otrc, éste
se la fue a hurtar y se la trajo, y está mal amistado otra vez con ellas; y
también, que este Padre enviaba a un indio Gobernador con otros a
hurtar las mujeres y doncellas de otras rancherías ,, se las traían a la
misión, de que redundaron algunas quejas y alteraciones que pondera
haberle costado mucho trabajo el componerlas. Y el Licenciado Calancha, en carta de 12 de febrero de 1683 dice: que este Padre le han., informado, que los indios le miran mal, porque se lleva las mujeres a la
celda; que envía la tierra adentro por ellas y otros escándalos semejantes".

Con lógica demoledora y violento lenguaje, Ayeta va desbaratando todos los
cargos contra sus hermanos misioneros, cargos que, no por ser personales, dejaban de manchar a toda la Orden Franciscana; y entre las pruebas de descargo presentadas por Fray Francisco Ayeta, una de las que hacen más fuerza,
es el testimonio bajo juramento del General Don Fernando Sánchez de Zamora que a la letra dice:

TESTIMONIO DEL GENERAL DON FERNANDO SÁNCHEZ DE ZAMORA
SOBRE LAS MISIONES DEL

Río

BLANCO

1690
"Dixo, que juraba, y juró a Dios nuestro Señor, y la señal de la Santa
Cruz, de la manera, y forma, en derecho acos-tumbrada, so cargo de el
qual prometió de dezir verdad, y en todo quanto sabe, y ha visto~ y
dixo, que lo primero, que ha treinta años, que con título, y comissión
de Don .Martín de Zavala, Gouernador que fue de este Nuevo Reyno
de León ( que esté en gloria) de Justicia Mayor, y Capitán a guerra, y
poblador primero de esta dicha Misión, entró a ella en compañía de el
Reverendo Padre Fray Juan Cauallero, Religioso de nuestro Padre San
Francisco de esta Provincia de los Zacatecas, y uno de los graduados de

4-03

�aquel tiempo, el qual avía entrado a esta Missión en otras oca.ssiones
antes de esta, a amansar, y catequizar los Indios vozales, naturales de
ella; y assimismo sabe, que entró assisliendo al llustrissimo Señor Doctor Don Juan Ruíz Colmenero, Obispo de este Obispado, por lo que dicho General Zamora ha conocido todos los Religiosos Missioneros de
esta dicha Missión, ,, las demás, que después se fueron poblando, assi
de esta jurisdición de su cargo, como las demás que se han fundado en
todo el Reyno de León, como son las de San Antonio de los llanos, la
de San Bemardino en Santa Engracia, la de San Pablo de Labradores,
la de San Christoval de Gualeguas, la de San Buenaventura de. Tamaolipa; y assimismo, los que en dicho tiempo han asistido en la Villa de
San Joseph de Cadereyta, y Ciudad de Monterrey, cabecera de este dicho Reyno; y todo el dicho tiempo no ha visto, ni oído dezir cosa, que
contradiga al Estado Religioso de ninguno de ellos, ni ayan dado nota
de sus personas, en lo que toca en la general; y en cuanto en .la particular de cada uno, dixo, que- el dicho Padre Fray Juan Cavallero avía
sido el primer poblador de estas Missiones., el cual dexando las preeminencias, y exempciones, de que gozan los Padres nuestros, se dedicó a la
conversión de estos Indios de esta jurisdición, donde con su predicación,
y buen exemplo, agregó al gremio de Nuestra Sanla Madre Iglesia mucho número de Infieles, como constaba de los libros de administración;
y aviendo puesto en vida política estos Indios de nación uozales ( sic por
vocales), y edificado Iglesia de terrado, y decente ( que es la que oy
permanece) con Sacristía, y Celdas, baxó a poblar la Missión de San
Antonio, donde dexó al Padre Fray Joseph de San Gabriel, Religioso
Lego, de vida austera, y exemplar, para que quedas.re instruyendo, y
enseñando a los Indi&lt;JS la Doctrina, y Misterios de nuesta Santa Fé, en
cuyo exercicio estuvo, hasta que el Prelado embió Míssionero, para la
dicha Missión de San Antonio, la qual alajó el dicho Padre Cavallero
de todo lo necessario, para celebrar el Santo Sacrificio de la Missa, y
Campanas, y otras atajas caseras, y de rexas para cultivar; y de aquí
entró hasta las mesas de Castrejón, y tierras de los Janambres, que es
una Nación muy dilatada, y amansó toda aquella gente, y los reduxo al
gremio de nuestra Santa Madre Iglesia, catequizando, y bautizando muchos de ellos, con cu;,a ocasión en este tiemp&lt;J. avían entrado ya a poblar
algunos vezinos Españoles sus estancias, y labores, y Pastorías de Ovejas,
y Carneros, que entraban a agostar en dichos llanos, de que se originó,
que por defender, qtte los Indios hurtassen Ovejas, y desnudassen Pastores, y no querer consentirles sus robos, se alzaron los Janambres, y de
San Bernardino, en ocasión, que ya el dicho Padre Cavallero avía so-

404

licitado con el Provin'cial embiasse Ministro, y estaba ya en San Antonio
el Pádre Fray Salvador de Barragán, Religioso de dicha Provincia, viejo,
y de vida observante, y exemplar, matando los dichos Indios todos los
Pastores, y Vasieros de la PaJtoría de Carneros de Bemabé Bigil, y la
H azienda de Ovejas de Don Juan Péret Romo, vezinos de Cretaro ( sic
por Querétaro), cuyos ganados se llevaron, y a la siguiente noche mataron en su casa a Diego de Ynojosa, Teniente de la dicha Missión; por
lo cual temerosos los Indios de San Antonio, de miedo se huyeron y
despoblaron, con cuya ímbasión llegando las nuevas al Reyno, salió personalmente Don Nicolás de Ascárraga, Governador que fue en la ~azón
de este Reyno, y con más de cien hombres, que traxo en su compañía,
no pudo en mucho tiempo que estuvo en San Antonio, conquistar, ni
baxar de paz a los dichos alzados. Y atendiendo, a que las fuerzas de los
vezinos eran pocas para poder resis'tirsse de tanto gentilismo, mandó
despoblar las Missiones, y vezinos, con cuyo avila.ntez pretendieron los
dichos Indios hazer otro tanto con esta. Missión, cercándola una noche
mucho número de ellos, hasta que amane.ció, que el dicho Capi,tdn Zamora mandó salir a los vezinos, e Indios de la. Mi.swn, por to qual huyendo los enemigos, trepándose por la sierra, Je fueron antecogiendo
toda la caballada, que passaron de 200 bestias, y una manada de Cabras paridas, que estaban en su camino, amenazando, que breve volverían
con más gentes, y fuerza, como en efecto lo executaron, y teniendo de
ello noticias, que en la Messa· del Horrio hazían junta muchas Naciones,
y Capitanes de diversas tierras, y montes para venirlos a destruir; con
cuya noticia el dicho Padre Cavallero se resolvió, sin temor alguno de
la muerte, a baxar a los llanos con solo doze compañeros, que el dicho
Capitán Zamora embió para que le assistiessen; y aviendo llegado a los
dichos llanos, uió un grande, y copioso esquadrón de Indios enemigos,
que ya venían para el Río Blanco, y viéndolos el dicho Padre, se apeó
de la bestia, dexando retirados mucho trecho a sus compañeros, se fue
para los Indios, y se metió entre ellos; los qua.les reconociéndole, soltando las armas en el suelo, se allegaron a besarle el Hábito, segun que se
lo avían enseñado; y a su exemplar muchos Bárbaros, que venían incorporados, hizieron lo mismo, y dándoles a entender lo mal que avían procedido, los reduxo a paz, y sosiego, y desvaratándose la junta, se boluió
a esta Missión, a que se sigui6 luego el venir a ella por Missi.onero segllnda vez el Padre Predicador Fray Antonio Velasco, a quien los Indios tenían mucho amor, en que fiado el dicho Padre, bolvió a poblarla, y perseveró en su administración sólo entre ellos, sin vezindad de Españoles, ni
otra persona que le assistiesse, más que los Indios, de cuyas comidas y yer-

405

�bas silvestres comía muchas uezes, passando álgu11os trabajos, y desconsuelos en aquella soledad, hasta que le acaeció enfermedad de eriipcla,
de que siendo auisado el dicho Capitán, baxó a aplicarle algunos remedios, y en el camino topó un Indio, que le venía a avisar como avía muerto, y assí lo halló ya amortajado de los Indios, con su hábito y otro día
lo enterraron en su Iglesia, sin auerse hallado a su cabecera, y entierro
otro Sacerdote que le administrase los Santos Sacramentos, para el consuelo del Alma: los Indios hizieron muchas demostracio1ies de sentimiento, de alaridos, y llantos, y algunos viejos, y viejas se pelaron las cabezas
a su usanza, en vez de luto, de que se infiere el mucho amor que le tenfan, a que luego el Prelado proueyó de Ministro de esta Missión de San
Antonio al Padre Predicador Fray Luis Camacho, Religioso de prendas
amables, y muy amante de los Indios, a quien ellos querían, y amaban,
como al difunto, el qual .rienáo avisado, de que el Padre Cavallero estaba mlly enfermo, vino a administrarle los Santos Sacramentos, y aviéndole Sacramentado el día de Nuestro Padre San Francisco, se bolvió a su
administración, y el Padre Cavallero passó de esta presente vida al eterna,
auiendo assistido en la propagación del Santo Evangelio 18 años continuos, y aviendo convertido mucho Gentilismo, especialmente la dilatada Nación de los Janambres, ,, dexado las Missiones alojadas de ornamentos, Campanas, y otras alajas caseras, y de labranza, assi la de San
Antonio, como la de San Bernardino, dos años poco más, o menos, se
auía anticipado su compañero Fray loseph de San Gabriel, passándose
de esta vida a la eterna, cargado de años, y de virtudes: los Prelados
con el cu,•dado que acostumbran, y siempre han acostumbrado, proveyeron Ministro de Santa María del Río Blanco al Padre Fray Miguel
de Yrazoque, Religioso de buenas, y santas costumbres y vida exemplar,
y observante, el qual aviendo assistido a la administración de esta dicha Missión, fue por Ministro, y fundador de la Mi.ssión de San Bernardino, y Nación Janambre; y por su proceder, ,, apacibilísimo natural,
fue muy amado de todos los Indios, y de los vezinos Españoles, que ya
en. aquel tiempo se iban agregando, a quien mudándole a la Missión
de San Antonio, le sucedió el Padre Fray Matheo Gutiérrez de Evia,
Religioso de prendas, y muy humilde, que experimentó y vió el Ilustrissimo Señor Doctor Don luan de Santiago de León Garavito, Obispo de este Obispado, quando passó en prosecución de m visita, de los
quales Ministros se condolió su S eñoría llustríssima, viendo la miseria,
y cortedad con que passaban la vida, y en la ocasión baxaron todos
los Indios de la comarca, y se bautizaro11 muchos., y nunca supo, ni
oyó dezir se quexassen los dichos Indios de los dichos Religiosos; ade-

406

más, que el dicho Padre Fray .Matheo era de tan pusilánime natural,
y temeroso de los Indios, que no se auía de atrever a hazerles agravio, que
caussasse en ellos alteración, ni en su tiempo la huvo; porque si fo. huviera,
de necessidad lo avía de saber el dicho Capitán Zamora; antes presume,
que los Prelados lo sacaron de la Misión, por reconocer en él el poco
ánimo que le assistía, para habitar entre los Indios; y que después oy6
dezir, que viniendo el Padre Fray Lorenzo Nieto por visitador de las Missiones, traxo por Secretario al dicho Padre Fray Matheo Gutiérrez; y
que los Indios de San Antonio, pensando, o entendiendo, que el Padre
Visitador era Provincial, se lo avfan pedido para su Ministro, de que se
infiere estaba el Padre Fray Mathco bien querido de los Indios, por ausencia del Padre Predicador Fray Miguel de Yrazoque, que fue proveído
por Missionero de San Pablo de Labradores; vino por Ministro de San
Antonio el Padre Fray Alonso de Messa, el qual a pocos días de llegado,
le sobrevino achaque de pulmonía, y embiadb primero a pedir licencia
al Prelado, para irse a curar a la ciudad de Zacatecas; y saliendo a este
fin, le agravó el achaque en casa de dicho Capitán; donde murió, administrándole los Santos Sacramentos el Padre Predicador Fray Lucas González, que era actual Missionero de este Convento del Río Blanco, y en
ru. lugar proveyeron al Padre Fray Pedro de la Villa, Religioso viejo, y
zeloso de la honra de Dios, y Culto Divino, y muy cuydadoso de la Doctrina y enseñanza de los Indios de su cargo, ,, administración, con grande fruto y aumento de su Doctrina, procurando siempre cumplir con
las obligaciones de su cargo; y nunca uió, ni oyó dezir, que con los vetinos de la Missión, ni con los Indios de su administración, ni otros algunos tuuiesse riña, ni diesse ocasión a ella, como se infiere, y da a entender, de que los dichos Indios de San Antonio, en el alzamiento del
año passado, siempre se estuvieron doméJticos, firmes, y leales con losde la labor de San Mathías, que assimismo eran de su administración;
y que assi de este R eligioso, como de los demás de estas Missiones de su
jurisdicción, nunca vió, ni oyó dezir hiziessen cosa que f uesse contra su
estado Religioso, antes sí, han dado muy buen exemplo, y doctrina a
sirs uezinos, y feligreses, administrándoles con amor, y caridad, passando en estas soledades muchos trabajos, hambres, y desconsuelos, y demás inclemencias del tiempo; de tal merte, que si el dicho Capitán Zamora no huviera socorrido algunos Religiosos en muchas ocasiones, se
huvieran salido despechados, a buscar .ru alivio; y hallándolo en él, se
han templado en alguna mariera, y permanecido en sus Mi.rsiones, hasta
que el año passado de 89. los Indios Janambres de San Bernardino, por
no quererles consentir los robos de ovejas, y Pastores, que hazían repe-

407

�tidamente, se levantaron, matando muchos pastores, y V asieros, y llevándose las manadas de ovejas, y carneros, a lo qual el dicho General
Zamora acudió a su reparo; y despachándole cartas al Señor Governador Don Pedró Fernández de la Ventosa, a dos, o tres leguas distante de la labor de San Mathías, le salieron los Indios de Tamaolipa, Y
le mataron (falta una palabra o una frase); y visto por el dicho General lo imposibilitado de el socorro, y estar tan remoto, más de 50. leguas de la Ciudad de Monterrey, y recelándqse, de que sucediesse ruina
considerable, por la poca gente de armas, y ser muchos los enemigos, se
resolvió a despoblar la Missión de San Antonio, y su vezindad, trayéndose consigo hasta la Messa del Horrio los Indios de la dicha Missión,
por el riesgo ta11 manifiesto que tenían en su Pueblo, y viniéndose a esta
del Río Blanco con los vezinos de aquel distrito, y por el consiguiente a
los Padres Apost6licos, que avían fundado Missi6n en la tierra de los
Janambres· y assimismo los de las Minas del Santo nombre de Jesús,
que por estar metidos en las Sierras, vezinos a los ]anambres y ]aumaltecos, se rezelaro11 de ellos, como de hecho una esquadra de Indios les
salieron en la Mina Santa Catalina, donde se metieron, por aver sentido a fos enemigos; y visto estos que se avían escapado, cogieron la ropa,
y bestias ensilladas, y se bolvieron, sin poder ha.zer otro daño; por lo q'!_al
.se despoblaron las Minas con daño grande, atrassos, y menoscabos, assí de
el dueño, como de los Reales quintos de su Magestad; y aunque al reparo acudió luego el dicho señor Governador, con todos los más vezinos
de el Reyno, y Soldados de Presidios, no pudo conquistar los dichos
Indios, ni baxarlos de paz, por averse metido en lo más oculto de la sitr-rra, y montes; y un Correo que les despach6, Indio de la misma Missi6n
de San Bernardino, embiándoles a ofrecer la paz, y por señas del seguro de ella, su venera del Señor Santiago, lo mataron; por lo qual,
atendiendo a las dificultades que se anteponían, a que corría algún detrimento aquel lado del Norte, se bolvió a la dicha Ciudad de Monterrey, y dexando este lado a cargo de el dicho General Zamo~a, y de el
Sargento mayor Carlos Cantú, hasta que por el mes de Septiembre. del
dicho año passado bolvió a salir el dicho seño-r Governador con cinco
esquadras de Soldados, de la jurisdicción de este Reyno, en cuya compañía traxo por Capellán al Padre Predicador Fray Nicolás Recio de
Le.6n, de que dando noticia al dicho General Fernando, baxasse con sus
Soldados a incorporarse en dicha Compañía, y assí lo hizo, baxando con
su esquadra, en que llevó por Capellán al Padre Predicador Fray Joseph
de Ribera, assí por el consuelo de la Compañía, como por la assistencia
a los Indios de su administración de San Antonio, y labor de San Ma-

408

thías, que fueron de Infantería, como amigos fieles de los Españoles; en
cuya campaña, a diligencias de el dicho señor Governador, y de su Lugar-Teniente, y de los dichos dos Padres Missioneros, se baxaron de paz
los Indios revelados, y de San Bernardino, y Jambres, y con efeto se
reduxeron, y vinieron todos los Capitanes, y cabezas a esta Missión, donde se le hizo buerr. acogimiento, y se bolvieron a su tierra muy contentos,
y deseosos de que se buelvan a poblar sus Missiones, aunque para ésto sirven de mucho estorvo los Indios de la sierra de Tamaolipa, enemigos declarados de éstos, por lo qual se están recogidos en la Messa del
Horrio, donde el dicho Padre Rivera les assiste, y administra, ínterin que
se reducen los de Tamaolipa, para que con seguridad se puedan poblar
las dichas Missiones; y dixo, que todo lo arriba referido, lo sabe, como
testigo de vista, que ha assistido a las dichas entradas, con los dichos Re•
lígiosos Missioneros, a la conquista, y conversión de los Indios, '.Y essas
Missiones, como lo son las referidas, San Antonio, San Bernardino, y
San Pablo de Labradores, y esta de Santa María de los Angeles del Río
Blanco, que son las de su jurisdicci6n, ayudándoles en quanto se les ha
ofrecido, y socorriéndoles sus necessidades, conforme a su possibilidad; y
por lo que toca a las demás Missiones de este Reyno, que son San Christoval de Gualeguas, San Buenaventura de Tamaolipa, ,, la J!illa de Cadereyta; sabe, que siempre las ha visto pobladas de Religiosos Missioneros de esta dicha Provincia, en aada una un Ministro, y en la de Cadereyta dos; y continuamente vio le assistía el Ministro assignado, donde
conoci6 primero al Padre Fray ]oseph Cortinas, que lo fue muchos
años, y por viejo, y enfermo lo sacaron a la Ciudad de Zacatecas, y en
su lugar proveyeron por Ministro Doctrinero, que ha diez años, poco
más o menos, que lo es de la dicha Villa el Padre Predicador Fr&lt;ry Joseph M olinedo, con muy buenos créditos, cumpliendo con la obligación
de su cargo, y nunca ha oido quexarse a ningun ve.tino de su distrito,
antes ha oído dezir mucho bien de él, y siempre lo ha tenido el dicho
General Zamora por bueno, y observante de su Regla, y muy inclinado
a la virtud, y Culto Divino; y por el tanto, aunque la Iglesia de dicha
Villa esta buena, por ser pequeña, y concurrir 'a ella toda la jurisdicci6n
las festividades graves, y tS'emanas Santas, se dedicó en medio de muchas
cortedades, y dificultades, por falta de Oficiales, y materiales, que para ello se antepusieran a ha.ter nuevo Templo, 'Y capaz, que lo tiene ya
en estado de acabarlo; y as5imismo ha visto, y conocido a los Padres
Guardianes, y Doctrineros de la Ciudad de Monterrey, que de ordinario son dos Religiosos, y a vezes tres, y quatro, conforme los tiempos, y
ocassiones; y principalmente Ministros de Doctrina, ha conocido al

409

�Muy Reverendo Padre Fray Juan de Salas, que después de muchos años,.
que assistió en dicha Doctrina, lo eligió la Provincia Ministro Prouincial de ella, y le sucedió el Padre Pr'edicador Fray Pedro de Fontidueñas; de todos los quales, ni otro Religoso alguno, sabe, ni ha oído dezir,
cosa que contradiga al Estado Religioso, antes sí, queridos, y venerados
de toda la Ciudad, y vezinos de ella, y de los Curas Be11eficiados de la
dicha Ciudad; porque como son, y han sido únicos, quando se les ofrece
salir a la administración de las estancias, y labores de la jurisdicción, que
es larga, dexan encomendada la administración de el Pueblo a los dichos
Padres, gue acuden con todo amor, puntualidad, y cuydado, a todo lo
que se ofrece; con cu,'a licencia, sabe, que los demás Missioneros de las
Missiones de este Reyno, administran los Españoles, Negros, Mestizos, y
Mulatos, que se agregan a las dichas Missiones; y por el consiguiente, los
Capellanes que salen a las Campañas las vezes que se han ofrecido, como
a las dos que hizo el General Alonso de León, al descubrimiento de la población de Franceses, a la Costa, en qtte oyó dezir fue por Capellán el
Padre Fray Nicolás Recio de León, a la primera; y a la segunda, el Padre Fray Damián de Massanete; y otra que el dicho General León hizo,
al socorro de la Guaxteca, en que fue por Capellán el Padre Fray Fernando Jayme; y en la que hizo aora dos años a la sierra de Tamaolipa
el General Don Francisco Cuerbo de Valdés, Govemador interino que
fue de este dicho Reyno, en que fue por Capellán el Padre Predicador
Fray Antonio Lascano, Missionero de San Christoval, y otras de que no
se actterda, más que de ordinario salen los dichos Padres Missümeros por
Capellanes de Campaña, con grande consuelo de la gente Militar, actLdiendo con toda caridad, y puntualidad, pláticas, y buen exemplo, a la
administración de todos los Soldados, e Indios amigos; y aunque algunos
Españoles, obligados de la necessidad de no tener quien les muela un poco de maizt para tortillas, y quien les haga un poco de atole, por no aver
pan, y que es preciso lo hagan las mugeres, como es costumbre; y que de
darles el maiz, para que en sus casas lo hagan, o no lo ha.zen con limpieza, o lo traen cercenado, y menoscabado; y para este efecto, y no a otra
cosa, suelen entrar en las chozas, y habitaciones de los Religiosos, por la
inopia de no tener quien les assista en tan urgentes necessidades, y no
por esto se ha de presumir, ni sospechar escándalo, daño, ni mal exemplo,
antes los ha tenido, y tiene por buenos, y observantes de su Estado Reli-

Monterrey, ha passado por las dichas Missiones, y lo ha visto, y en cada
una de ellas su Iglesia, con la decencia, y limpieza, que su pobreza, y
cortedad de la tierra les permite; y sabe, que después de la Iglesia Parroquial de la Ciudad de Monterrey, no hay otras Iglesias más qtte las de
los Religiosos de Nuestro Padre San Francisco de los Pueblos, y Missiones
de este Reyno; y para descargo de su conciencia, conoce, que son tan
essenciales, como provechosos los dichos Religiosos en todo este Reyno,
assí para la predicación del !Santo Evangelio a los Españoles, como para la doctrina, y enseñanza de los Indios; y que de faltarles, serían muchos los desconsuelos, por estar los uezinos muy distantes y retirados los
unos de los otros para administrarlos; en cuyo exercicio sabe se ahogó
el Padre Fray Juan Muñoz en el Río de Ramos, jurisdicción de la dicha Villa de Cadereyta, y media,ite su caridad, y cuydado, acuden a
todas partes con todo amor; y que esta es la pura verdad de lo que ha visto, y sabe, sin encubrir cosa alguna, so cargo del juramento que tiene
hecho".

gioso; y que si faltaran los dichos Religiosos de este Reyno, fuera de grande desconsuelo a los vezinos, e Indios naturales de él, quedándose tanto
número de almas perdidas, por la falta de administración, y Doctrina; y
que ésto sabe, porque en repetidos viages que ha hecho a la Ciudad de

410

411

�BREVE RE E~A DEL ARCHIVO PARROQUIAL
DE LA CATEDRAL DE MO .TERREY
TOMÁS MENDTRJCIJAGA CUEVA

Sociedad

uevolconesa de Historia Geografía y Estadística
Monterrey. , • L. •

II I
Libro de Bautismos 6, 7 y 8 de ma)'o de 1731 • febrero de 1751
Los LIBROS 6, 7 Y 8 DE BAUTI Mo del archivo parroquial d la Santa Igle. ia
Cat dral de fonterrey están encuadernados n un solo ,·olumen.
El libro 6 empieza a mediados de mayo de 1731 y termina a prin ipio d .
noviembre de 1739. Consta de 140 folio .
El libro 7 comienza a principios de noviembre de 1739 y acaba a fines d
julio de 1744. Consta de 92 folio .
El libro 8 se inicia a principios de
brero de 1751. on ta d 97 folios.

LIBRO

6

agosto

OE BAUTISMOS: MAYO DE

de 1744 y concluye

1731 -

NOVIF.MBRE OE.

a fines

de fo-

1739

En el folio 1 aparece la igttiente l yenda manu rita: "Libro en que
asientan los bautismos, perteneciente a la admini traci6n de la ciudad de
Monterrey, del cargo del Bachiller don Matías de Aguirre, quien lo comenzó el día 13 de mayo del año de 1731".1 Enseguida, en el mismo folio,

se

' El Libro 5 de bautismos, que ya reseñamos, concluye a mediados de mano de 1731.
Quizá íaltc algún folio en el libro 6, ya que cmpiua a m diados de mayo dr ese año.
Es frecuente que los primeros y últimos folios de catos valiosos registros parroquiales
se encuentren muy deteriorados y, probablemente, varios se habrán perdido.

413

�halla esta otra: "Y lo prosiguió el Bachiller don Juan Báez Treviño, Cura
en encomienda de la sobredicha ciudad, desde el día 31 de enero de 1734
- ".
anos
En general, todos los folios están numerados. Sin embargo, algunos tienen otra numeración que aparece tachada.
Los folios 42, 107 y 108 no tienen número por hallarse destrnidas las_ ~squinas del margen superior derecho, pero se encuentran colocados en su sitio.
Entre los folios 108 y 109 se encuentra un folio muy maltratad_o, sin núm~ro y al revés, que contiene varias partidas de bautismo de noviembre Y diciembre de 1738: es el 127.
Varios folios están mal encuadernados en el orden o desorden siguiente:
123, 128, 129, 124, 125, 126 y 130. Además, los números de esos folios están
casi ilegibles.
Este libro contiene cerca de 1,200 partidas de bautismo sin numerar. La
mayor parte de estos bautizos fueron hechos "en la Parroquial de esta Ciudad", hoy Catedral, aunque muchas veces no lo haya~ asentado. ,°tros se
efectuaron en los val1es de la Pesquería Grande -hoy villa de Garc1a- (f~lios 58 vuelta, 113 y 119), de Santa Catarina (folio 60 vuelta) y de San Nicolás (folio 61) ; "en el puesto de las Higueras" y en "el puesto que ll~an
Los Martínez" -hoy Zuazua- ( ambos en el folio 76 vuelta) ; en el mismo
puesto de las Higueras (folio 87); en la hacienda del capitán Cristóbal _Gon2ález ''llamada Guadalupe" -en el actual municipio de Marín- (follo 93
vuelta) y en el valle del Guajuco (folios 124, 127, y 133).
.
Casi todas las partidas llevan al margen la anotación del nombre del bautizado y su raza o casta.
Desde la primera fe de bautismo, inscrita en el folio 2 y fechada el 14 de
mayo de 1731 , hasta el folio 45 ' a fines de enero de 1734, la mayor
. parte
•
fueron firmadas por el Bachiller Matías de Agu~;,re, "cur~ de. esta d1c?a cmdad", pero otras se hicieron "de licentia_ yaroch1 ( con ~cenc1a del pa~roco)
y, por lo tanto, fueron rubricadas tamb1en por los bachilleres_ Juan Baez ~e
rr1.
·Bartolomé Molano, Buenaventura Méndez Tovar H1dalg-0,• Ignacio
nev1no,
, ¡
Martínez y Juan Sánchez de la Barrera Gallardo. Hay una que_ fumo so o
el mencionado Bachiller Báez de Treviño y tres que aparecen ~bncad~s na~~
más por el Bachiller Molano, "theniente de cura de esta ~a ( d1ch~) crndad .
En seguida, en el mismo folio 45, aparece una nota:. Hoy,
Y un~
de enero, tomé posesión del curato. Año de 1734. Bachiller Trevino . D~ ah1
en adelante, hasta el fin, la mayor parte de las partidas se encuentran fuma•
das por el Bachiller Báez de Trcviño, aun~ue algun~s también. fueron si?nadas por otros eclesiásticos: los citados bachilleres Matias de Agurrre, Ignacio

t~~~:ª

414

Martínez, Juan Sánchez de la Barrera Gallardo y el licenciado Tomás Freire
de Somorrostro.
Al final de este libro 6 de bautismos aparece la siguiente nota:
"En trece ( debe ser tres) de noviembre (de 1739) dio fin este libro y
·se pasaron a un cuaderno las partidas que se ofrecerán en adelante de esta
naturale2a ... Visitado este libro de bautismos en esta vísita general en 24 de
-diciembre de 1741 ".

PARTIDAS DE BAUTISMO INTERESANTES

Tres hijas del cirujano francés Pedro de Fee y su esposa doña María Gertrudis Rodríguez de Montemayor, nuevoleonesa, aparecen registradas en este
libro. (Folios 7 vuelta, 44 vuelta y 79 vuelta).

En el folio 24 se encuentra registrado el bautizo de una hija del iJustre
nuevoleonés Capitán Clemente de la Garza Falcón y doña Manuela Guerra,
de quienes tratamos en el número anterior de Humanitas.
En los folios 31, 71 y 108 aparecen tres hijas de otro distinguido nuevoleonés, el General Juan García de Pruneda y de su esposa doña María Gertrudis
García. Don Juan fue Gobernador de la Provincia de Coahuila de diciembre
de 1739 hasta agosto de 1744.
En el folio 40 se halla el bautizo (13 de octubre de 1733) de doña María
Francisca de Larralde, insigne benefactora de la Catedral de Monterrey, hija
legítima del General Francisco Ignacio de Larralde y de doña Josefa Francisca
Cantú del Río y la Cerda. Fue esposa del General Antonio de Urresti y el
Capitán Andrés de Goicoechea. Murió el 25 de noviembre de 1769.
Dos hijos de don Joaquín de Morales y doña Francisca Ruiz de Ocón fueron bautizados con los nombres de Josefa Francisca y Francisco Esteban, respectivamente, el 6 de abril de 1735 y el 27 de febrero de 1738 (folios 66 y
116). Don Joaquín fue el fundador de una de las familias nuevoleonesas que
llevan el apellido Morales, precisamente la que enlazó con la familia Mier,
como explicaré al hacer la reseña del libro 7 de bautismos. Este caballero
también aparece nombrado así: Joaquín Morales y Apezechea o Estanislao
Joaquín de Morales. 2
En el folio 72 está el bautizo ( 10 de agosto de 1735) de María lgnacía
Gertrudis, hija legítima del Escribano Real Juan José Sánchez de Roe! y An' Don Joaquín de Morales era Notario Episcopal en 1737 ¡ Procurador General del
Ayuntamiento de Monterrey en 1742, 1748, 1750 y 1751; Alcalde Mayor del Valle de
Santiago del Guajuco en el mismo año de 1750 y Ayudante de Ordenes de la Capitanfa
GenCl'aJ del Nuevo Reino de León a mediados del siglo XVIII.

415

�drade y doña Ana Francisca Sánchez de Robles, quien fue esposa del caballero
don Antonio Marcos de Cossío. Otra hija y un hijo del Escribano Sánchez
de Roe) de su espo a aparecen en lo folios 95 ...-uelta y 123.
En el folio 132 se encuentra registrado el bautizo de Juan Antonio Isidoro,
hijo legítimo del Gobernador y Capitán General del Nuevo Reino de León
don José Antonio Fernández de Jáuregui y rrutia y doña María Josefa
Gertrudis de Villanueva. El mismo Gobernador habia sido padrino en el
bautizo de un hijo del General Larraldc y u esposa doña Josefa Francisca
Caotú (folio 100).
En este libro 6 de bautismos aparecen lo primeros nucvolcon es que lle- •
varon los apellidos Larraldc y Roe!.
Por primera vez. aparecen los bautizos de al!ruilos vástagos del apellido Canales en los folios 10, 54- y l08 vuelta. ·¡o embargo, este apellido Canales
más antiguo y se avecindó muchos años antes en la Villa de San Gregario de
Cerralvo.
o aparecen anotados autos de visita epi copales ni olros documentos.

Por último, en el folio 129 vuelta la partida dcJ 23 de febrero de 1729 debe decir 1739.

y

ALGUNOS ERRORES

En c1 folio 15 vuelta hay una partida fechada erróneamente el 3 de marzo•
"de setesientos y beinte y dos a.s(ruios) ... ", pero debe srr 1732.
En el folio 16 la fe de bautismo del 13 de marzo "de rnill tessientos y
treynta un año " debía decir 1732.
En el folio 21 mella la~ tres partidas fechadas en julio de 1731 son también de 1732.

r

En los folios 35 vuelta y 42 lo bautismo fechados erróneamente el 22 de
junio de 1732 y el lo. de diciembre de 1731, respectivamente deben ser ambo de 1733.

Hay otras partidas que tienen la fecha equivocada:
En los folios 44 y vuelta Jas que están fechadas el (?) y el 24 de enero de
1733 son de 1734.

LIBRO

7 DE

BAUTISMOS: NOVIEMBRE DE 1739-JULIO DE

1744

Este libro empieza en el folio l y tennina en el 92 vuelta. Contiene cerca
de 800 partidas de bautismo sin numerar.
El lircve encabezado manuscrito, en eJ folio 1, se encuentra casi ilegible.
De vez en cuando, en alguna fe de bautismo, se dice que el bautismo se hizo
"en esta parrochia" o bien "en esta iglesia parroquial", pero generalmente no
se a~cntó en dónde e hicieron. Sólo dos o tres veces se aclaró que el bautizo
se efectuó "en esta iglesia parroquial de Monterrey..." Otros bautizos fueron
en los vall de Pesquería Grande y del Carrizal y, muchos más, en el valle
del Guajuco. Casi siempre se anotó al margen de la fe de bautismo el nombre
del bautizado y u raza o casta.
Desde el folio 1 hasta el 78 casi todos los bautismos aparecen firmados por
el Bachiller Juan Báez de Treviño, excepto algunos que rubricó también el
Bachiller Ignacio fartínez, por haberse hecho de licencia parocl,i. Otras partidas fueron firmadas por los bachilleres Matías de Aguirre y Bartolomé MoIano. Desde la primera fe de bautismo del año 1744, en el folio 78, hasta el
final del libro en el folio 92 vuelta, todas fueron firmadas por el Bachiller
Pedro Regalado Báez de Treviño, hermano del Bachiller Juan de los mismos
apellidos. 1 pie del último folio se halla esta nota: "Se empezó otro libro".
Muchas partidas se encuentran casi ilegibles, siendo muy difícil -aunque
no imposible--- su con ulta. Esto es debido, seguramente, al hecho de haberse
usado una tinta deficiente, quedando después el libro expuesto a la humedad
durante algún tiempo. Los dos últimos folios están parcialmente destruidos y
muy manchados.
En el folio 83 aparece el bautizo ( primero de marzo de 1744) de una niña
de apellido Páez. Es el primer párvulo nuevolconés de su apellido que se
encuentra registrado en los libros de bautismos de este archivo.

En los folio 67 vuelta y 73 los bautismo del U de mayo y lo. de septiembrede 1725 debían decir 1735.

En el folio 79 vuelta la fe de bautismo del 22 de enero de 1726 e~ de 1736.

PARTIDAS DE llA TISMOS rNTERESA TES

En el folio J05 la que aparece fechada el 24 de mayo de 1733 debe decir

1737.
En el folio 117 vuelta la que se encuentra fechada el lo. de abril de 1737
es de 1738.
416

En el folio 12 vu Ita aparece el bautizo (18 de septiembre de 1740) de una
hija legitimad I Gobernador Femández de Jáuregui y Urrutia y doña Gertrudis de Villanueva, a quien se impusieron los nombres de Maria Justa Josefa.
417
H27

�En el folio 26 vuelta se encuentra la fe de bautismo ( 29 de octubre de 1741 )
de una hija legítima del Gobernador y Capitán General del Nuevo Reino de
Le6n don Pedro de Barrio Junco y Espriella y de su esposa doña María Antonia de Sorola, a quien bautizaron con los nombres de Ana María Petra.
El 11 de marzo de 1742 fue bautizado Manuel Antonio, "de doce días",
hijo legítimo de don Joaquín de Morales y doña Francisca Ruiz, "vecinos de
esta ciudad ..." (Folio 40 vuelta). Don Manuel Antonio Morales y Ruiz era
Teniente de las Milicias de Dragones Provinciales de la Villa del Saltillo, en
la Provincia de Coahuila, a fines del siglo XVIII. Contrajo matrimonio do
veces y su hijo don Pedro José Morales cas6 en el año de 1~08 con doña
Dolores de Mier, sobrina carnal de Fray Servando Teresa de Mier, por haber
sido hija ltg1tima de don Froylán de Mier Noriega y doña María_ Te_resa Leal
de León.ª Don Manuel Antonio Morales recibió sepultura eclesiástica en la
Catedral de Monterrey el 6 de septiembre de 1799, pero antes "se conf só }'
recibió el santo óleo y no el viático por la prontitud del accidente.. ,"
El bautizo de Ramón Fulgencio, "de ocho días nacido', noveno hijo legítimo del General Francisco de Larralde y doña Josefa Francisca Cantú del
Río y la Cerda, efectuado el 23 de enero de 1744, se encuentra en el _folio
79 vuelta. Don Ramón de Larralde fue Procurador General del Ayuntamiento
de Monterrey en el año 1766.

AUTOS DE VISITA

El 20 de diciembre de 1741 llegó a esta ciudad, en su visita pastoral, Su
Señoría Ilustrísima el Señor Doctor Don Juan G6mez de Parada, Obispo de
Guadalajara. Dos días después consultó los registros parroquiales y, al revisar
este libro, dejó asentado en el auto de visita respectivo que "mandaba y _mandó que en lo de adelante se exprese la vecindad de los padres del bautizado.
y que en una partida no se inserten muchas, que éstas se pongan s~paradas.
Y que las fechas no se refieran a las antecedente_s. Y que . el bautJ.sm? que
hiciere otro que no sea el cura exprese de licentia parochi y la partida se
firme por el que hizo el bautismo y el cura. Y en lo demás se guarde la forma
hasta aquí practicada..." (Folio 29).
En seguida aparece un extenso "Auto General de Visita" del mismo ilt1~tre
prelado, que abarca los folios 29 al 37. En su visita a la iglesia parroquial,
hoy Catedral, se asent6 entre otras cosas que u Señoría Ilustrísima "visitó
• En la revist., Absid, (julio-s •ptiembr de 1959) apareció mi trabajo sobre el origen
del apellido Mier en ' uevo Le6n.

418

el altar mayor con sus colaterales, que halló competentes..." La estancia del
ilustre Obispo se prolongó varios días en esta ciudad y el 11 de enero de
1742 consagró seis campanas siendo dos de ellas de la parroquia de Monterrey, "que puso por nombre y dedicó" a Jesús María y San Miguel, y las restantes se enviaron a las iglesias de la villa de San Juan Bautista de Cadereyta,
del valle de San Mateo del Pil6n (hoy Montemorelos), del pueblo de Nuestra cñora de la Purificación y del real y minas de San Pedro de Boca de Leones (Villaldama). (Folio 35). En seguida aparece una valiosa noticia: "Y
por cuanto se halla Su Señoría Ilustrisima con buenos informe del maestro
de escuela don Martín de Arrambide, vecino de esta ciudad, y ser a prop6sito
para el ministerio, por tanto Su Señoría Ilustrísima Je nombra por tal maestro
de escuela, encargándole mucho )a buena educación de los niños de esta ciudad que ocurriesen a su escuela. Y manda al Vicario Juez Eclesiástico que
cada seis meses visite la escuela y procure que los niños estén bien educados
en las oraciones, doctrina cristiana, santo temor de Dios y buenas costumbres.
Y en caso de que haya algún bienhechor que deje alguna renta para ayuda de
mantener al maestro cuide mucho de su principal y que permanezca la obra
pía. Y asimismo procure con esfuerzo que los padres de aquellos niños que
tuviesen posibilidad contribuyan a dicho maestro con lo que fuere justo, como
es de razón, para su congrua sustentación". Por último, el ilustre Obispo Gómez de Parada ordenó el traslado de unos restos: "Y atento a haber sido ayuda de parroquia la iglesia de la Compañía, en tanto que se componía esta
parroquial (hoy Catedral), por cuya causa se enterraban y enterraron en ella
los cuerpos difuntos, para que no carezcan de los divinos sufragios, Su Señoría
Ilustrísima manda al dicho cura que haga trasladar a su iglesia parroquial los
huesos de dichos cuerpos difuntos".

LIBRO

8

DE

]h

11SMOS: AGOSTO DE 1744-FEBRERO DE 1751

Este libro se inicia en el folio l y termina en el 97. Contiene casi 950 partidas de bautismo sin numerar.
Los folios, en general, están numerados, e.xcepto los cuatro últimos.
Al principio, en un folio sin número, aparece la siguiente carátula manuscrita: "Año de 1744. Libro en que se asientan los bautizados, perteneciente a
esta Parroquia de la Ciudad de uestra Señora de Monterrey, cabecera del
Nuevo Reino de Le6n, que e tá a cargo del Bachiller don Juan Báez de
Treviño, Cura en encomienda de dicha ciudad, Notario del Santo Oficio,
Comisario de la Santa Cruzada) Vicario Juez Eclesiástico en ella y otros agregados. Comienza el día dos de agosto del arriba dicho año. Gobernando este

419

�Obispado de Guadalajara el Ilustrísimo Señor Doctor Don Juan Gómez de
Parada, mi señor".
Las partidas están finnadas, desde el folio 1 hasta e} 7, por el Bachiller Juan
Báez de Treviño. De ahí en adelante fueron rubricadas por su hermano el
Bachiller Pedro Regalado Báez de Trevifio hasta el folio 28 vuelta. Después
continuaron firmándolas, alternativamente, los mencionados bachilleres hasta
el folio 64 vuelta En seguida, aparece en las partidas el autógrafo del bachiller
Agustín de Acosta hasta el final del libro, excepto en siete bautizos que firmó
el bachiller Bartolomé Molano en los folios 78 vuelta y 79. La última vez que
rubricó una fe de bautismo el Bachiller Juan Báez de Treviño fueJ a fines de
noviembre de 1750.
Este libro 8 de bautismos se encuentra en magnífico estado de conservación.
Hasta el folio 65 todas las partidas llevan anotados al margen el nombre del
bautizado y su iaza o casta. Después solamente tienen estos datos los siete
bautizos que firmó el Bachiller Molano.
Desde esta época los apellidos compuestos García de Pruneda y Sánchez de
Roe! se empiezan a mencionar como se conocen actualmente: Pruneda y Roe!.

AUTO DE VISITA y EDICTOS

Auto de visita del doctor don Matías López Prieto, Visitador General del
Obispado, con fecha del 28 de noviembre de 1745, en los folios 26 al 27
vuelta. Después de consultar las partidas de bautismo de este libro, quedó
asentado que "se hallaron estar en debida forma... " En la iglesia, parroquial,
hoy Catedral, el doctor López Prieto visitó el Sagrario, "que halló en competente forma", el altar mayor y los demás de dicha iglesia con sus colaterales,
"que halló decentes ...", y, por último, el bautisterio.
Edicto del doctor Ginés Gómez de Parada, Vicario General del Obispado,
expedido en la ciudad de Guadalajara el 24 de marzo de 1746. (Folios 40
a 42).
Edicto del Obispo Gómez de Parada, decretado en el Palacio Episcopal de
la misma ciudad el 19 de enero de 1746. (Folios 42, 42 vuelta y 43).
Edicto del mismo ilustre Obispo, dado el 7 de abril de 1750. (Folios 90
a 91 vuelta).

ALGUNAS PARTIDAS NOTABLES

En este libro aparecen registrados los bautizos de varios hijos e hijas de las
prolíficas familias regiomontanas de mediados del siglo XVIII. Sólo citaremos tres:
La fe de bautismo (13 de noviembre de 1746) de doña Juana Josefa de
Berridi, hija legítima de don Juan Ignacio de Berridi y doña Juana Josefa
Muñoz de Herrera, se encuentra en el folio 44 vuelta. Esta dama fue esposa
de don Andrés de Ayarzagoitia, originario de la Villa de Durango en el Señorío de Vizcaya y fundador de su apellido en Nuevo León.
En los folios 70 vuelta y 71 se asentó la partida de bautismo (20 de marzo
de 1749) de doña María Josefa Florentina de Larralde, hija legítima del General Francisco Ignacio de Larralde y doña Josefa Francisca Cantú del Río
y la Cerda. Doña María Josefa de Larralde fue esposa de don Ignacio Ussel
y Guimbarda, Gobernador y Capitán General del Nuevo Reino de León desde
1764 hasta 1772. Y a viuda, contrajo segundo matrimonio con don Cosme Damián de Arrese. Murió a fines de abril de 1780 ..
Otro vástago de don Juan Ignacio de Berridi y doña Juana Josefa Muñoz
de Herrera, fue bautizado el 26 de junio de 1750 con los nombres de Antonio
Silverio, (folio 89). Este caballero actuó como Alcalde Provincial de la Santa
Hermandad en el Nuevo Reino de León de 1776 a 1780.
420
421

�EL LIC. DON RAFAEL Pt:REZ-MALDONADO

Primer Mitiistro de Hacienda que hubo en México
Por

CARLOS PÉREZ-MALDONADO

EL SR. Lic. DON RAFAEL PÉREZ-MALOONAOO, Primer Ministro de Hacienda
que hubo en México independiente, nació el día 10 de febrero de 1761 en
San Pedro de Teocaltiche, Jalisco. Su partida de bautismo dice a la letra: "En
dicho día, mes y año ( corresponde al 19 de febrero de 1761), bauticé solemnemente y puse los Santos óleos a José RAFAEL Antonio, hijo legítimo de don
Joaquín Pérez-Maldonado y de doña Jacinta Lozano, españoles de este pueblo. Padrino don Miguel Domínguez, a quien advertí su obligación y parentesco y lo firmé. Joaquín Argüelles de la Esprieta. (Rúbrica)". (Esta partida
está asentada en el Libro No. 16, folio 94, Acta la., correspondiente al año
de 1761. Parroquia de Nuestra Señora de los Dolores en la citada población
de San Pedro de Teocaltiche, Jalisco) .
Nuestro biografiado aprendió las primeras letras en su pueblo natal, pasando
posteriormente a la capital del Virreinato en donde continuó sus estudios en
los colegios de San Pedro y San Pablo, y San Ildefonso de México. Cursó' la
carrera de leyes hasta graduarse de abogado el 19 de junio de 1793.
En el Archivo de la Universidad Pontificia de México, que actualmente se
encuentra en el Archivo General de la Nación, puede verse en el "Libro de
Grados de Doctores y Licenciados'\ Tomo 276, folio 94 vuelta, la siguiente
partida:

" Dr. José RAFAEL PÉREz-MALooNADO LozANo. Abogado de la R eal
Audiencia, Matriculado en m I lustre y R eal Colegio de Abogados. R ecibió el grado de Licenciado en Le,,es, de manos del Sr. Canónigo Juan
Francisco Campos, en 19 de Junio de 1793. L eyó la noche de su examen
una hora de ampolleta, (reloj de arena), de la Ley 35 Quod sepe de
contrahenda empt., hasta probar la conclusión de la L ey 11: Scrupulu423

�sam veterum inquisitionen, codic. lib. 8, t. 38 de contrahcnda et conmitend stipulatione. Arguyeron los Doctores Don Agustín Fernández, Don
José Tirado y Don Antonio Lavarrieta. Asistieron 33. Salió aprobado
nemine discrepante (sin discrepancia alguna). Presidió el acto el Sr.
Decano Dr. don José Vicente Sánchez".
Los primeros puestos oficiales que desempeñó el Sr. Lic. Pérez-Maldonado
fuero!'} los de Agente Fiscal de Real Hacienda, Asesor y Juez Interino del
Real Tribunal de la Acordada, y Abogado de la Real Audiencia durante el
gobierno virreinal, siendo honrado posteriormente con el título de "Individuo
del Ilustre Colegio de Letrados".
Llegamos ahora a la época de la consumación de nuestra independencia.
Puede decirse que don Lorenzo de Zavala y don Lucas Alamán fueron de los
primeros historiadores que escribieron sobre este periodo tan importante de
nuestra historia. Ambos, y con mayor saña Zavala, fueron enemigos políticos
de lturbide. Por su parte, los padres de don Lucas, en unión de otras familias
de Guanajuato, entablaron un juicio contra don Agustín cuando éste era Jefe
del Ejército del Norte, habiendo sido el fallo completamente favorable para
el Caudillo.
Con estos antecedentes es fácil suponer que las versiones de ambos historiadores no deben de haberse escrito con toda la imparcia1idad ni estrictamente apegadas a la realidad histórica, al ocuparse de un período de tanta
importancia como lo fue el del gobierno del Libertador.
El Sr. Lic. don Rafael Pérez-Maldonado, antepasado del que esto escribe,
fue uno de los más adictos colaboradores del héroe de Iguala y, en consecuencia, no escapó de las criticas enderezadas contra todos los componentes
del nuevo régimen en general.
Con objeto de poner en claro las cosas, nos dimos a la tarea de investigar
la trayectoria, así como la actuación del Primer Ministro de Hacienda que
hubo en México, con resultados completamente favorables para don Rafael,
como podrá verse en seguida.
El Libertador don Agustín de Iturbide, a quien debemos la consumación
de nuestra independencia, entró triunfalmente a la ciudad de México, al frente
de su glorioso Ejército Trigarante, el día 27 de septiembre de 1821.
Uno de los primeros actos del nuevo régimen fue la creación de la Regencia
(Poder Ejecutivo) y de la junta Provisional Gubernativa (Poder Legislativo),
quienes a su vez instituyeron las Secretarias de Hacienda, de Guerra y Marina,
de Relaciones Interiores y Exteriores, y la de Justicia y Negocios Eclesiásticos.
Al Sr. Lic. don Rafael Pérez-Maldonado se le distinguió con el honroso car-

424

"1 821" '
Co n.sumada fo fo dt pe11dencia poi Don Ag11sti11 de / Jut bide. el Lir. Do11
Ra fael Pére:-M aldonado /11e nombrado Primt• M inulro de Hacienda.

�go de Ministro de Hacienda, y, por lo tanto, fue el primero a quien tocó la
ardua tarea de organizar tal dependencia.
La Regencia estaba formada de don Agustín de Iturbide como Presidente,
don Juan O'Donojú, don Manuel de la Bárcena, don José Isidro Yáñez, don
Manuel Velázquez de León y el Illmo. Sr. don Antonio J. M. Pérez.
En cuanto a los componentes de la Junta Provisional Gubernativa, nos dice
el historiador Alamán que "los individuos designados fueron en número de
38 de los más notables de la ciudad po:- su nacimiento, fama de instrucción y
empleos que ocupaban ... como el Canónigo Monteagudo y el Lic. Espinosa;
el Obispo de Puebla, el Arcediano de Valladol1d Bárcena: los oidores Rus y
Martínez Mancilla, varios abogados distingujdos como Azcárate, Guzmán y
Jáuregui; el Brigadier Sota Rlva, los coroneles Bustamante y Horbegoso; don
José María Fagoaga, y Alcocer de la Diputación Provincial, Tagle y otras
personas".
Estos ilustres personajes fueron quienes designaron a los primeros Ministros y, por lo mismo, no deben de haber estado tan desacertados tales nombramientos como los califican algunos historiadores (inclusive A1amán), ya
que provenían de aquel grupo de notables.
Hacemos esta aclaración porque se impone para contrarrestar las apreciaciones falsas y calumniosas que hizo de los señores Primeros Ministros don
Lorenzo de Zavala y en su Ensayo Histórico de las Revoluciones de México y
que a la letra dicen: "El Generalísimo creó un Ministerio compuesto de las
personas menos a propósito para conducirlos ni menos para sostenerlo. Don
José (sic) Pérez-Maldonado, anciano octogenario, sin otro género de conocimientos que el de oficina subalterna en el ramo de alcabalas, era Ministro de
Hacienda: don Antonio Medina, marino honrado y con algunos conocimientos de este ramo, fue nombrado Secretario de Guerra; en Justicia estaba don
José Domínguez, uno de aquellos hombres cuyo mérito era plegarse a todas
las circunstancias. En el Ministerio de Relaciones Interiores y Exteriores se
colocó a un eclesiástico de quien es necesario hablar con más extensión: don
José Manuel He1Tera ... es un hombre de quien no se puede hacer una descripción positiva; es necesario para darle a conocer sin que se ofenda a la verdad, definirlo negativamente por decirlo así; no tiene conocimientos de ningún género, no tiene actividad para ninguna empresa, ni capacidad para
decisiones atrevidas, ni mucho menos para resoluciones que puedan tener grandes resultados ... Este era el Ministro de Relaciones Interiores y Exteriores".
Como podrán ver nuestros lectores por esta descripción de Zavala, según
él ninguno de los señores ministros era capaz. Mayor falsedad no pudo haberse escrito y claramente se ve que obraba en su ser la envidia y el rencor
por causas que veremos más adelante. Además hay que hacer notar que al

425

�referirse a don Rafael, lo llama José, lo que nos viene a probar que ni siquiera
lo conoció, y tan errado andaba don Lorenzo, que lo califica de "anciano
octogenario" cuando don Rafael, al hacerse cargo del Ministerio de Hacienda,
no tenía más que sesenta años de edad, pues como hemos visto por su partida
de bautismo incluída a principios de estos apuntes, nació en febrero de 1761.
Con tan burdas falsedades y completo desconocimiento de nuestro personaje,
¿cómo es posible que el historiador de marras se haya atrevido a juzgarlo?
Además, Zavala publicó su Ensayo Híst6rico en París, diez años después de
estos sucesos, o sea en 1831.
Como hemos dicho, don Lorenzo de Zavala fue, por desgracia, uno de los
que primero escribieron algo sobre el régimen de lturbide, y digo por desgracia porque es regla muy generalizada entre los historiadores, transcribir o
al menos referirse a las obras escritas con anterioridad sobre los mismos asuntos, en vez de investigar y respaldar sus afirmaciones con documentos históricos auténticos y fehacientes.
Así tenemos el caso de los Primeros Ministros tratados en forma similar en
la Historia de México de Alamán, quien confiesa en su misma obra que ese
punto lo trata haciendo uso y siguiendo a Zavala en su Ensayo Hist6rico, debido a que al escribir este autor lo que vio "Jo hace con agudeza, aunque no
sin graves equivocaciones".
¿ Cómo es posible que un historiador de la talla de Alamán haya escrito lo
que aconteció en uno de los períodos más importantes de nuestra historia, sin
pruebas fehacientes y atenido solamente a un texto que él mismo califica que
adolece de graves equivocaciones? Es esto algo inconcebible.
Pero veamos ahora lo que él nos dice en su Historia de' México: "La provisión de estos empleos (los Ministerios) fue muy poco acertada..." Sin embargo, reconocía que en aquellos tiempos "tampoco podía serlo mucho por la
escasez de sujetos idóneos para desempeñar tales puestos" y, al referirse al
Lic. don Rafael Pérez-Maldonado, copia lo dicho por Zavala: que era un
"anciano octogenario; que había sido Agente Fiscal de Real Hacienda y
como tal tenía bastantes conocimientos en la parte judicial del ramo, pero
ningunos en la administrativa".
Otro historiador, don Francisco Banegas Galván, Obispo de Querétaro,
en el Libro II de su Historia de México, publicado en 1923, dice: "nombramientos desacertados como los califican Zavala y Alamán" (él no da su opinión) y, al referirse a don Rafael comenta que era "muy laborioso y de mucha
honradez", Jo que ya eran muy altos méritos para aquel puesto de tanta
responsabilidad.
Por último, en México a T-raués de los Siglos leemos: "Ya desde el día 4

426

�del mi5mo mes de Octubre, para regularizar la mafC'ha administrath·a, la
Regencia había nombrado cuatro Secretarios del Despacho, designánd~ para
que lo fueran, a cuatro personas de buena reputación: quizá no bastante idóneas para desempeñar tan importantes puestos ( nótese que esto lo toman de
Atamán). pero que en aquellas circunstancias era de lo mejor que podía
encontrarse". Después transcriben lo que ZavaJa dijo y que ya comentamos.
Y para terminar viene este comentario: "A ser ciertas las apreciaciones de Zavala sobre las cualidades que a estos personajes atribuye, resultaría que todos
habían sido ineptos y alguno de eUos hasta pernicioso (como Herrera) : pero
en esto, se3 cual fuere la verdad, lo que no admite duda es que en aqudla
época todos carecían de experiencia y práctica en asuntos de política y administración, que habrían de ser suplidas con el talento y buena \·oluntad y,
por imperfecta que pareciese la máquina gubernamental, se le construía di'!
mejor modo posiole para regularizar la marcha de los negocios".
Ahora bien, por lo que respecta a la 'actuación y capacidad del Sr. Lic. don
Rafael Pércz-Maldonado, vamos a tratar de probar, en primer lugar, que no
era una tarea fácil arreglar la muy grave situación en que se encontraban las
finan7,as de la nue\·a nación, )' que fue victima indirc&lt;"ta de los ataques y
maquinaciones que los enemigos políticos del Libertador tramaban contra su
régimr.n.
Como lo han relatado todos los historiadores, la principal dificultad con
que tenía que luchar el nuevo gobierno, era la faltn de re&lt;'ursos necesario, para
cubrir las atenciones del senicio público. fata crítica situación económica se
debió, según unos, a que lturbide. con la intención de popularizarse y atraerse
partidarios, había disminuido los impuestos y aumentado los gastos. Como
consecuencia de tal medida, se afirma que los ingresos que afios antes ascendían a seis o siete millones de pesos, en el año de 1822 llegaron solamente a
$ 1.348, 170.00, cuando por otro lado los gastos subieron a $ 4.213,492.00
resultando terrible déficit.
Muy abundantes datos que ponen de manifiesto lo anterior en forma predsa. podrán verse en la "~{emoria que el ~linistro de Hacienda ( don Rafael
Pércz-Maldonado) prc~entó al Soberano Congreso sobre el c~tado del Erario".
A ~te inte~tc documento le dio lectura el mismo don Rafael en la Cámara
de Diputados, en la sesión ronespondientr. al día 28 de febrero de 1822, y
posteriormente se publicó "en la Oficina de Don Alejandro Valdés, Impresor •
de Cámara del Imperio. México 1822".
Allí queda demostrado. con multitud de datos fidedignos )' cifras debidamente ("Omprobadas, el triste estado de un erario C."thausto.
Ante situación económica tan desastrosa, es fácil comprender que, por más
csfuer7.os que hiciera el Ministro de Hadenda, no em posible que hiciese
427

�milagros, ya que era imposible., prácticamente, sacar a flote aquel estado de
cosas, lo que tampoco hubiera podido hacer el más hábil y eficiente financiero.
Otra prueba en abono de don Rafael es el hecho de que estaba prácticamente maniatado, puesto que el Congreso no e&gt;,.-pedía la reglamentación del
ramo de hacienda. De esto se queja amargamente Iturbide en sus poco conocidas Memorias diciendo: "No quiero ser creído por mi palabra. Examínese
lo que hizo el Congreso en ocho meses que corrieron desde su instalación
hasta su reforma... En el pá1S más rico del mundo, el erario estaba e,tliausto,
no había con qué pagar al ejército ni 31 los empleados: no había de hacienda
ni aún sistema establecido, pues el que regía en tiempos del gobierno español
se había abolido sin sustituírle otro: El Congreso no quiso ocuparse de negocio tan importante a pesar de las reclamaciones repetidas y urgentes que
hice de palabra y por medio de los Secretarios dé Estado".
Claramente se ve en todo esto, lo injustificado de las críticas enderezadas
contra el Ministro de Hacienda, cuando el mal venía de más arriba, correspondiendo a ellos la censura, como lo dice el mismo Iturbide.
Y a mayor abundamiento de datos en abono de la personalidad de nuestro
biografiado, hay que ver lo que dice el Diccionario de Geografía, !f~st01~a Y
Biografía Mexicana y las Noticias Bio-Bibliográficas de Alumnos Distinguidos
del Colegio de San Pedro, San Pablo y San lldefonso de México en cuyas
obras podrá verse que el Lic. don Rafael Pérez-Maldonado, antes de ser nombrado Ministro de Hacienda, desempeñó, entre otros cargos, los de Agente
Fiscal de Real Hacienda; Asesor, y Juez Interino del Real Tribunal de la
Acordad~; Abogado de la Real Audiencia durante el gobierno virreinal, e
Individuo del Ilustre Colegio de Letrados, cargos y distinciones como esta última, que no cualquier imprepa.rado o de medianos alcances hubiera desempeñado o recibido en aquellos tiempos.
Además, se vio obligado a dejar el Ministerio de Hacienda cuando resultó
electo Consejero de Estado del Gobierno Imperial, cuyo cuerpo quedó integrado por personalidades de las más destacadas de la capital.
Ya hemos dicho al principio que no pudo haber habido estricto apego a la
verdad en todo lo que don Lucas Alamán escribió sobre el régimen itw-bidista,
puesto que existía el caso de que su f aroilia, después de haber llevado las
más cordiales relaciones con la de don Agustín, confiesa el historiador que
aquéllas "se entibiaron". El caso o motivo de este entibi.amiento fue la famosa
acusación que en contra del libertador presentaron, entre otras casas de Guanajuato, las de Casa Rul y Alamán, sobre algunas medidas violentas y excesos
de severidad que le achacaban a Iturbide cuando éste tenía el mando del
Ejército del Norte, pero quedó plenamente comprobado que en todas las acu-

saciones hubo mucha exageración y calumnias y, una vez terminado el proceso por el Auditor de Guerra Batallerl don Agustín fue absuelto completamente, dec~arándosc que "no había méritos para su comparecencia y que estaba expedito para volver al mando del Ejército del Norte", lo cual debe de
haber causado no poco disgusto a sus acusadores. En relación a este mismo
~sunto,
de hacer notar que don Lucas advierte que "él no tenía ninguna
mgerenc1a en los asuntos de su padre, puesto que en ese tiempo se encontraba
en Europa". Así pretende hacerse aparecer ecuánime al juzgar a Iturbide y
a sus colaboradores.

:8

Ahora bien, por lo que respecta a Zavala y a las falsedades asentadas en su
obra ya citada, veamos lo que nos dice el historiador don Carlos María de
Bustamante en su Suplemento a Los Tres Siglos de México del Padre Andrés
Cavo: "Creo de mi deber... deshacer algunas equivocaciones palmarias en
que ha incurrido un don Lorenzo de ZavaJa, a quien le vino la humorada de
escribir y publicar un Ensayo Histórico de las Revoluciones de México, desde
1808 hasta 1830, ignorando hasta los nombres de los primeros personajes de
ella. Habria excusado esta crítica si este buen señor no hubiese querido dar a
su obra el carácter de magistral y clásica, sembrando sentencias graveclosas a
lo Tácito y presentándonos caricaturas desagradables de sujetos que saltaron
a la arena cuando él estaba quietecito en su casa y fonnulando criticas muy
cáusticas de varones inmaculados y que forman la gloria de la nación. Con
esta advertencia, sus lectores le darán la correspondiente carta de resguardo y
no lo creerán a ciegas".
Además, en su Diario Histórico el mismo historiador Bustamante asienta que
en enero de 1823 la actitud del mismo Zavala en el Congreso se le miró como
un acto de contrición, o un "pequé" de su extraviada conducta cuando se
empeñó en adular al Emperador Iturbide, "aunque no falta quien lo atribuya
a que Zavala se prometía que se le confiara la plenipotencia de Francia, que
se la burla.ron".
No cabe duda que con estos antecedentes, y el no haberle concedido Iturbide el ansiado nombramiento de Ministro Plenipotenciario de México en Francia, fueron la causa principal I de su odio y rencor contra el Libertador, y a tal
grado se desató en injustos ataques en contra de Iturbide y sus colaboradores,
que él mismo previó su fracaso por la falsedad de sus aserciones, Y' hacía grandes esfuerzos para que lo tomaran en serio., según podrá verse en su Prevención al Segundo Tomo de su Ensayo mencionado. Allí nos dice que "los enemigos de las reformas nacionales, los interesados en la subsistencia de los
abusos y en que la República entera permanezca estacionaria... se levantarán
con furor contra mi obra aprovechándose del candor nacional, y pretendiendo

429
428

•

�•

abusar de la ignorancia del pueblo, llamarán al honor mexicano en de[ensa
de su causa. ..", y tcnnina: "Ved, dirán a los ignorante , cómo este mexicano
desnaturalizado ataca la religi6n, ridiculiza nuestras costumbres, desacredita
a los hombres m:ís eminentes y os presenta ante las nacion civilizadas como
hombres incultos y sin virtudes. Condenad al anatema, al libro y autor''.
Y no estaba don Lorenzo muy errado al auto-nombrarse "mexicano desnaturali7ado", ya que termin6 su carrera política en la siguient forma, según
reza parte de u biograHa: "Durante la revolución separatista de Tcxa , Za\·ala, no obstante er m icano, se ali6 a los colonos tc.xanos y cooperó con
mucha eficacia a procurar la independencia de Texas. Fue electo Diputado
por HarrisbUIY perdiendo su nacionalidad, habiendo sido ademá , delegado
a la convención que en\ ashington proclamó la independencia de Te.xas que
costó tantos sacrificios y tanta sangre a México, y cuya esci ión fue el pretexto .
de que se valió la república \'ecina para hollar nuestro sucio y arrebatamos

f_ucron concedidos~• por lo tanto, llegamos a Ja conclusión de que su persona~1dad queda muy b1 n colocada en el destacado lugar que real y justamente le
corresponde .
El ·r. Lic. don Rafael Pércz-Maldonado falleció en la ciudad de Tol
Estado de . . féxico, el 26 de diciembre de 1830, a la edad de 69 años.
uca,
Ciudad de

uestra

eñora de Monterrey, 1963.

inmensa porción de nuestro territorio".
i el autor de todo esto fue uno de los que censuraron al régimen y colaboradores de lturbide, ¿ cómo es posible dar crédito a sus apreciaciones tan
llenas de falsedad s?
·o es difícil que Zavala se haya dejado influir por aquellos libelos que tan
injustamente se publicaron en contra de Iturbide, y sobre los cuales dice é t
en sus ya citadas .Memorias: "Tengo por puerilidad perder el tiempo en refutar libelo que se escribieron contra mí; ellos stán concebidos del modo
más a propósito para desacreditar a sus autores: parecen inspirados por las
furias; \'f'n anza y sangre solamente respiran; y poseídos de pasiones tan bajas,
ni refl ionar pudieron en us contradicciones. ¡ Miserabl s, ellos me: honran!''
Para tenninar repetiremos solamente lo dicho con anterioridad: La mejor
justificación d la capacidad y personalidad de los primeros Ministros en general, fue la designación que de ellos lúcieron la Regencia y la Junta Provisional Gubernativa, cuyos cuerpos estaban fonnad.os por personas de la
más notables y culta.e; de aquella época y, como se a.ienta en México a Través
de los Siglos, los citados Ministros eran personas de buena reputación y, en
aquellas circunstancias, era de lo mejor que podía encontrarse, aparte de que
ra muy natural que todos careciesen, por más inteligentes que fuesen, de
xperiencia y práctica en asuntos políticos y administrativo , que habrían d
uplirse con el talento y buena voluntad y, por imperfecta que parc.-ciese la
máquina gubernamental, se le constituía del mejor modo posibl .
Por último en relación con el Sr. Lic. don Rafael Pérez-Maldonado, ya
hemos visto los !tos cargos de responsabilidad que desempeñó durante el
gobierno virreinal, así como su brillante examen de abogado y honores que le

431
430

�LOS "TOCHOS" DE JALISCO

SEMÁNTICA D.E UN VOCABLO

Por JosÉ

R.AM.ÍR.Ez FLORES

Guadalajara, J alisco.
MucHAS soN LAS NOML.'UCIONES dadas por nuestros historiadores a los grupos de población que, a raíz de la conquista, se encontraban establecidos en
la parte occidental del Anáhuac, porción llamada más tarde Nueva Galicia, y
entre ellas se encuentra la de tochos, recibida por determinadas tribus incligenas que se supusieron, con relación a las demás, con düerendas raciales y
lingüísticas.

La Crónica Miscelánea de la provincia franciscana de Santiago de Xalisco,
escrita por Fray Antonio Tel10, y terminada ( 1652), poco antes de su muerte,
es considerada con justa razón, la primera fuente de nuestra historia regional.
A ella debemos la noticia de la existencia de los tochos, habitantes en tiempos
remotos de una fracción del territorio de lo que hoy es Jalisco, noticia que
preocupó al Sr. D. Alberto Santoscoy, insigne historiador tapatío, determinándolo a emprender un minucioso estudio de la obra del cronista franciscano,
para esclarecer, hasta donde fuera posible, la importancia y localización del
grupo indígena así nombrado. Coordinadas sus referencias, bien pronto llegó
a su conclusión en esta forma:
"Al referir la tradición del cacique Pantécatl, se dice en la obra referida, cómo los emigrantes mexicanos fundaron la ciudad de Tuitlán,
y pretendiendo la falsa divinidad se posesionaron del territorio y pueblos
vecinos, decidieron 'habitarlos de los rústicos mexicanos que traían, los
cuales no hablaban la lengua mexicana tan culta 'Y limitada como ellos',
y explica como ese dios 'encargó a los rústicos y tochos mexicanos que
conquistasen todas las naciones circunvecinas'.
433
H28

�Sigue diciendo Teilo ( pág. 854), que comprendían 'los tochos o cazcanes, Tcocaltech, Noxtlan, Tlaltenango, Xuchipila, Tuix o Teul y Cuixpalan'; y en la pág. 93 asegura que 'son los pueblos cazcanes una gente
que habla la lengua mexicana y se precian de descender de los mexicanos'."

Localizando e identificando a los tochos, concluye así el Sr. Santoscoy:
"Por último, a mayor abundancia referiré que antes de haber aclarado
ese punto, ,mtresacando yo de los libros de visita que hizo el Obispo
Colmenero, en los años de 1648 y 1649, los datos concernientes a las
lenguas que hablaban los indígenas en los diversos pueblos del Estado,
datos que se escribían con toda puntualidad, no hallé se usara el Caxcán,
sino en las poblaciones de Axixic, San Juan y San Antonio, inmediatas
al lago de Chapala, es decir, muy distantes de la comarca que Pl cronista llama la Caxcana; y en cambio en toda ésta, los pueblos de Mezquitic, Colotlán, Sta. María, Huejúcar, San Diego, Tlaltenango, Susticacán,
San Miguel, Mectabasco, Talpa, Atotonilco, Apotzol, Juchipila, Cuxpala,
Moyagua, Teul (San Juan del), San Miguel (otro), San Lucas, San
Pedro Magdalena, Y.euchitlán (jurisdicci6n de Tlaltenango), Tocatic,
Teocaltiche, Momax, Momotla, Otatitlán, Tepizcac, To'}•agua, Apulco,
Trryuca y Nochistlán, así como en Ameca, Ahualulco, Teutlán, Atemanica y Santa Ana (feligresía de Atemaxac), se hablaba de la lengua
tocha por cierto no clasificada por el Sr. Orozco y Berra, aunque diversas veces aludi6 a los indígenas de esa denominaci6n. Pero '.)'a que
me hube fijado bien en los pasajes de la citada Crónica, transcritos antes,
me expliqué al J1unto que no existía distinción alguna entre los tochos
y los caxcanes.
"En consecuencia -digo ahora ratificando la opini6n que expuse en
el referido pr6logo-, la lengua Ca:tcana que supuso el Sr. Orozco y
Berra que se había perdido, no era más que el mexicano hablado rústicamente, el Mexicand Tocho, pudiéramos llamarle, puesto que esta última
voz suena tanto como rústico, según se ha visto"?

Queden en buena hora identificados tochos rústicos y caxcanes, como concluye el estudioso escritor tapatío; nosotros, sinceros admiradores de su labor
inquisitiva, lamentamos que haya escapado a su erudición, Ja observación fon ALBERTO SANTOSCOY. Cartas al Dr. Nicolás León. Los Icliomas Indigenas en varios de los pueblos del antiguo Obispado de Guadalajara. En Anales del Museo Nacional.
Tomo VII. México. 1903.

damental de pertenecer e] vocablo tocho al idioma español como se ve claramente por el sentido en que lo toma el mencionado P. Tello.
En 1941, en notas insertas en Prisma, gaceta literaria de esta ciudad, así lo
habíamos apuntado. El P. Tel10, nacido según todas las probabilidades en
España, poseía con perfección el idioma patrio, como lo demuestra en su preciosa Crónica, y en correcto español dio el calificativo de tochos, o los siguió
nombrando como eran llamados por anteriores conquistadores y colonos, que
tomaron en cuenta únicamente, el estado de cultura en que vivía ese pueblo
de indígenas.
La nominación es definitivamente espafiola, quedando descartada toda posibilidad que le pudiera señalar su origen en alguna de las lenguas indígenas
habladas en la comarca, puesto que la mexicana, reconocida por aquéllos
como lengua madre, en la voz tochtli, conejo, que pudiera servir de raíz al
vocablo está muy distante de relacionarla con la acepción precisa que ya
conocemos por el P. Tel10.
En nuestro Estado de Jalisco, con la significación de brusco, barbaján, etc.,
hemos oído aplicar la palabra a unos campesinos de los Altos; siendo una
constancia que es conservada por el pueblo, el hecho de catalogarla el Prof.
Ramos y Duarte en su Diccionario de Mexicanismos, de esta manera:
"Tocha. (Guanajuato} Adj. Desaseada, sucia. 'Pepa es una mujer muy
tocha'. En galleg-o se dice tocho a los toscos, feo, i tochu, en bable quiere decir
'grosero, rústico'."
Don Roque Barcia, en primer Diccionario General Etimológico de la Lengua Española -Madrid 1883-, anota:
"Tocho. Masculino. Provincial aragón. Palo redondo. Etimología. Origen
ignorado. Tocho, cha. Adjetivo. Inculto, tonto, necio, tosco. Etimología, I.
Aludiendo a que es grosero o rústico como un palo; catalán totxo".
Finalmente, el Diccionario de la Lengua Española, edición de la .Real Academia, Madrid, 1925, lo interpreta por tosco, inculto, tonto, necio y en igual
sentido es tomada la voz en la edición del Año de la Victoria.
El propio valor que se ha dado a la palabra, se observa en nuestros refranes
castellanos, que dicen:
"A asno lerdo, modorro arriero; o asno tocho, arriero tonto; o asno tonto,
arriero modorro".

En tiempos moderno, José Ma. de Pereda, el "genial prosista" como lo llama Menéndez y Pelayo, en el Cap. XV de El Sabor de la Tierruca escribe:
' 1Dale otro más. .. ¡ Mire usté que es tena, puño! -dijo Nisco ma-

1

434

chacándose con los suyos cerrados las caderas-. Y a usté ¿ qué le importa?, y por último, usté ¿qué sabe?

435

�¿Pues no he de saberlo?
¿No ves que soy bruja, tocho?''
Siglos antes nuestro Miguel de Cervantes Saavedra ( 1547-1616), en El Ingenioso Hidalgo Don Quixote de la Mancha, Parta Segunda, Capítulo V, hace referencia sugiriendo el significado que conocemos de la voz estudiada, que
él da como apellido a uno de sus personajes diciendo:
" ... Traed vos dineros, Sancho, y el casarla dexadlo a mi cargo, que ahí
está Lope Tocho el hijo de Juan Tocho, mozo rollizo y sano, y sé que no mira con mal ojo a la muchacha, y con éste que es nuestro igual estará bien
casada".
Reafirmando nuestra tesis, ya consumada la Conquista, Fr. Alonso de
Molina en su Vocabulario de la Lengua Mexicana (la primera edición data
de 1554), que es la fuente filológica de mayor altura en su materia, hace
una definitiva distinción entre las voces del castellano y del náhuatl cuando
escribe:
"Tompoxtli, tonto o tocho".
Pudiera argüirse que siendo la voz indígena pasó a España difundiéndose
con rapidez, argumento que queda destruido con la cita de otro literato español, quien en pleno siglo XV, y antes del descubrimiento de América, emplea la palabra con idéntico significado. Tal vez lo hizo don Gómez de Manrique (1412-1490), en la Exclamación o querella de la Gobernación, que satiriza a los torpes o tochos mandatarios en esta forma:

Los mejores valen menos
¡Mirad que gouernación
Ser gobemados los buenos
Por los que tales no son!
La fruta, ftrJr el sabor
Se conoce su natío
E por el gouernador
El gouernado navío.
Los cuerdos fuir deur!an
De do locos mandan más,
Que cuando los ciegos guían,
¡Guay de los que van detrás!
Por último, en plena edad media, en la formación del idioma español, la
emplea Gonzalo de Berceo (1198-1264?), cultivador del "mester de clerecía"
aunque grafiado tozo, como entonces se escribía el fonetismo de la ch, según
se ve en el tomo XX de la Colección de los mejores autores españoles". 2
Berceo, que escribe en el siglo XI, en la cuarteta 197 de Duelo que fito
la Virgen María, da tal calificativo a los sayones judíos cuando dice:

196. ¡ Resucitó Don Xpto; Dios tan grande alegría!
Dos soles, Deo gracias, nacieron essi día:
Resucitó Don Xpto, e la virgo María
Toda la amargu,-a tornó en alegría.

En un pueblo donde moro
Al nescio fazen alcallde;

197. Los gabes, e los tozos, de los malos truffanes
Que andaban rabiosos como famnientos canes,
Non valien sendos rabos de malos gavilanes,
Menos valien que cuchos los bocudos alanes.

Hierro precian más que oro,
La plata dánla de balde.
La paja guardan los tochos,
E dejan perder los panes,

El anotador de la obra, don Eugenio de Ochoa, en la palabra estudiada hace una llamada (p. 251), que copio textualmente:
"Tozo. Tocho, tonto, fátuo. Está la z puesta por la ch como en remazado
por remachado".

Cazan con los aguilochos,
Cómense los gauilanes.
Queman los nuevos olivos,
Guardan los espinos tuertos,
Condenan a muchos biuos,
Quieren saluar a los muertos.

4-36

•

Ni siquiera los apodados por los españoles tochos tuvieron una lengua particular, como antes se creía, sino que hablaban un mexicano muy estropeado,
1 Poeslas Castellanar anteriorl!s al Siglo XV, publicadas por don T. A. Sánchez, bajo
la direcci6n de don Eugenio de Ochoa, París, 1842.

437

�consecuencia de su rusticidad y evoluci6n. Así me lo hace ver la noticia suministrada por el Sr. Pbro. D. Eucario L6pe:z., qtúen me mostró el original
existente en el archivo del Arzobispado de Guadalajara, de la Descripción
de Tlaltenango, dirigida al Ilmo. Sr. Colmenero, obispo de la diócesis, por su
autor don Francisco de Salcedo y Herrera, Cura Beneficiado y Vicario de
dicha jurisdicción, escrito publicado a la fecha en México por la Editorial Porrúa. Está fechado el 16 de julio de 1650, y dice refiriéndose a la lengua de
los moradores de dicha comprensi6n:
"El idioma qt¿e los indios habla1¡ entre sí es tocho, que este es su nombre propio, el cual hablan comúnmente con sus ministros y vecinos en
general".
"Es mexicano tosco que entrometen con algunas palabras y vocablos castellanos''.

Estas citas, resultado casual de mis lecturas, pudieran tal vez multiplicarse, al hurgar cuidadosamente en las obras maestras de los autores antiguos.
Para finalizar, se ve patente el apodo de tochos, puesto por los españoles,
a algunos grupos indígenas del territorio del actual Estado de Jalisco, tomando en cuenta únicamente su estado cultural, sin indagar su origen etnológico
y lingüístico.

LA AMENAZA INTERVENCIONISTA DURANTE EL PRIMER
PERIODO CONSTITUCIONAL DEL GENERAL D1AZ *
Por JoRGE

FERNANDO lTURRIBARRÍA

Oaxaca, Oax.

Los PRIMEROS CUATRO AÑos de gobierno del general Díaz iban a estar erizados de problemas. Además de los internos --desórdenes, desempleo, miseria,
deudas acumuladas- el vencedor de Tecoac iba a tropezar con un fuerte obstáculo opuesto por los Estados Unidos: la negativa de su reconocimiento hecho inusitado, contrario a su tradición diplomática con nuestro pais. En ~fecto; nunca hasta entonces había condicionado reconocer a un gobierno de nuestro país o condicionar el reconocimiento, como en este caso, a determinadas
obligaciones, convenios o tratados.
Poco después de que el 26 de noviembre de 1876, el general Díaz se hizo
cargo del gobierno provisional comienza a asediarlo ese problema, cuya solución cubre en el tiempo treinta meses de los cuarenta y ocho en que va a
transcurrir el período constitucional inmediato.
En realidad, la cuestión del reconocimiento es un asunto de política interior norteamericana, más que internacional, sin que eso impida apreciar en
to?a su importancia el que durante el largo período de reticencias, aplazaIDJentos y demoras deliberadas, estuvieron moviéndose en los Estados Unidos
fuertes intereses intervencionistas, principalmente te.xanos, y que probablemente, si hubiera faltado energía y decisi6n en el jefe del Estado mexicano
para mantener una política digna, o la habilidad necesaria para sortear los
problemas marginales del reconocimiento, la corriente intervencionista hubiera ganado entonces una batalla más en México.
Cuando nuestro ministro de Relaciones, el licenciado Ignacio Vallarta, co• El presente artículo es una glosa de la parte relativa de la Historia moderna de
México. El Porfiriato. Vida polltica Exterior. Segunda Parte, de don DANlEL Cos.ío
VtLLEGAs (Editorial Hermes. México, 1963).

438

439

�munica a John W. Foster, jefe de la misión norteamericana en nuestro paísy
que cl vencedor de Tecoac se ha encargado del poder ejecutivo, Foster contesta la comunicación con un ostensiqle "no oficial" puesto en el pliego, lo
que no deja de causar extrañeza en nuestra cancillería. Sin embargo, el comisionado norteamericano envió a Washington la nota de V allarta para su
conocimiento y solución.
Reflejo de la preocupación de Díaz es la visita que nuestro canciller hace
a Foster para conocer el criterio del departamento de Estado americano. Con
ruda franqueza Fostcr le dice que el escollo principal para el reconocimiento
radica en la situación que ofrece la frontera Norte del país. Del lado mexicano se practica el contrabando y con frecuencia se organizan incursiones para robar ganado en Texas, el que más tarde es sacrificado en México. Por
otra parte, nuestro territorio -agrega Foster- sirve de albergue a criminales norteamericanos, que así evaden la acción de la justicia.
Visto el caso con serenidad y desde un punto de vista histórico, el asunto
fronterizo ofrecía una importancia relativa y debía considerarse un riesgo calculado por los Estados Unidos desde que se modificaron nuestras fronte.ras
en el 48. En el transcurso de 29 años el país vecino no había_ hecho cuesuón
internacional de un problema considerado como natural consecuencia del
cambio de limites.
En riaor el representante norteamericano había considerado al gobierno
de Díaz°co:.no de facto, porque afirmaba que así como éste pudo derribar a
don Sebastián estaba en peligro de ser abatido por otro movimiento análogo,
aunque por 1~ pronto hubiera desaparecido la amenaza de Le_rdo y la ~~1 Jicen ciado José María Iglesias, que se había proclamado presidente legitimo.
, .
Opina Foster en sus comunicaciones al departamento de Estado que el r:g1men emanado de Tuxtepec no duraría más de un año; no obstante, recomienda esperar ]a elección constitucional. Esta tiene lugar y, como era de esperarse, el general Díaz resulta electo. Toma posesión el 5 de _may~ de_ 18_7,7·
Conforme a las prácticas del derecho internacional es reconocrdo sm dilacion
por diversos países europeos y centro y sudamericanos; pero no por los ~stados Unidos. Entonces Vallarta subraya con dignidad que "cree el gobierno
de la República que es indecoroso solicitar como gracia un reconocimiento
que se le debe (a México) por justicia".
Vista la cuestión desde otro ángulo, no podía negarse la existencia de un
t
grande número de hechos delictuosos -robos, contrabandos, asesinatos,
an
incendios
y violación constante de la frontera- a lo largo dlb"
e ªJº Río Bravo desde Piedras Negras hasta Matamoros, en una franja entre los cien y los
'
.
doscientos kilómetros -hechos imputables a mexicanos y texanos- que resultaba imposible soslayar la necesidad de formalizar un convenio con repre440

sentantes de ambos países, que se elevara a la categoría de tratado, para corregir una situación irregular suscepnb de concluir alguna vez. No obstante el criterio norteamericano no se canalizaba hacia un arreglo internacional
'
posterior
al reconocimiento, sino que exigía el arreglo del problema fronteri20 por el gobierno mexicano, como condición previa al reconocimiento, lo
que hubiera resultado imposible aun disponiéndose de todo el término del período constitucional del general Díaz.
En esta fonna Washington llegaba a la cómoda y deliberada conclusión de
que, no habiendo cooperación de parte del gobierno mexicano, los Estados Unidos tendrían que arrostrar por sí solos la totalidad del problema, lo que se
resolvería a hacer, en todo caso, sin respetar los límites internacionales y teniendo que violar frecuentemente la soberanía nacional con incursiones "punitivas" de su ejército. Esta conclusión llevaba a sugerir que el único remedio
previsto por los Estados Unidos era provocar una guerra con México, y cuyo botín necesario tendría que ser precisamente la faja de territorio motivo
del problema.
Poco antes de la exaltación del general Díaz, el 4 de marzo de 1877 había
rendido la protesta como presidente de los Estados Unidos Mr. Rutherford
B. Hayes, a cuya dudosa elección se debió, según rumores, la actitud del país
vecino. Se recordaba que de los sesenta gobiernos que México había tenido
desde la Independencia hasta el régimen de Lerdo, jamás tuvo antes Washinton inconvenientes para negamos su reconocimiento. Se pensaba, pues, con
visos serios de veracidad, que esa actitud podría atribuirse, entre otros motivos, a la conveniencia de fijar la atención de los enemigos políticos del nuevo
presidente norteamericano sobre la existencia de un problema internacional
grave con Mé:Kico y que podría conducirlo hasta la intervención armada.
Consecuentemente, se comenzó a mover la propaganda en ese sentido. Al
recibir Hayes el gobierno, tanto el World, el Times y el Herald Tribune de
Nueva York, así como el Republican de Washington y el The Press de Filadelíia comenzaron a machacar sobre el tema de que México jamás lograría
afirmar su estabilidad política y econ6mica por sí mismo, y que para Jlegar a
conquistar esa situación le era necesario convertirse primero en un protectorado de los Estados Unidos.
Por aquel tiempo sustituye en el Departamento de Estado a su antecesor
Hamilton Fisch, William M. Evarts. Entonces se comienza a configurar la
idea sugerida por el teniente coronel W. R. Shafter, de que la única forma
&lt;le acabar con las "atrocidades" de la frontera era la persecución de los delincuentes en territorio mexicano y en sus propios nidos. El departamento
norteamericano hizo suya la opinión de Shafter y mandó a Foster que propa-

441

�lara en México una versi6n sobre la posibilidad de adoptar, de hecho, esa
opinión; aunque no dejando de advertir que "sería preferible, sin duda, contar con el consentimiento oficial de México para que las tropas norteamericanas entren en su territorio en persecución de los delincuente$".
Para combatir el tema monocorde de que México nada hacía en colaboración para resolver el problema fronterizo, el general Díaz mand6 reconocer
la frontera y nombró a Jerónimo Treviño jefe de las fuerzas federales de
vigilancia.
Como el licenciado Ignacio Mariscal -que había desempeñado el cargo
de ministro de México en los Estados Unidos durante la administración de
Lerder- venía actuando simplemente como consejero diplomático del presidente Díaz, éste nombró a José Maria Mata para que lo sustituyera. Bajo
malos auspicios comenzó Mata su gestión en Washington: recién llegados se
resucita un viejo informe del ministro de la Guerra (marzo-16-1877) sobre
el robo de doscientas cabezas de ganado en la frontera. Con este motivo, escogido para especular, vuelve a echársele en cara a México el desetúdo de sus
obligaciones, y Sherman, Secretario de Guerra de los Estados Unidos, recibe
órdenes (jun.-10-1877) de comunicar al Comandante del Ejército general
Ord, que "en caso de que esas incursiones continúen, se sienta en libertad,
usando de su propia discreción, de seguir más allá del Río Bravo, para aprehenderlos y castigar a los culpables, así como para recuperar la propiedad robada que se encuentre en manos de mexicanos al otrd lado de la frontera" ...
Sobre esta orden va a girar por mucho tiempo el problema fronterizo, como
se verá.
Mata, que iba instruido en el sentido de hacer presente al departamento de
Estado, con toda prudencia, pero con dignidad, que el reconocimiento no es
solicitado por el régimen mexicano como una gracia, sino un acto "exigido
por el derecho internacional y ejecutado por varios gobiernos europeos y
americanos", es recibido en Washington de manera informal, sin siquiera considerarle su carácter de agente diplomático. Consecuentemente, Mata prefiere retirarse.
Por aquellos días se produce una invasión de las fuerzas del coronel Shafter en Piedras Negras, en un incidente en el que estuvo varios minutos con la
pistola amartillada, frente al jefe político mexicano, que también estaba listo
a disparar su rifle. Además, otro íncidente local pudo haber provocado con
motivos suficientes, una ruptura entre México y los Estados Unidos y quizá
la intervención armada: trescientos hombres que comandaba el oficial yanqui ya mencionado y los vecinos armados de Piedras Negras se estuvieron vigilando listos para disparar en el momento necesario. Esta situación creada
por la invasión de Shafter obligó a México a presentar una reclamación a

442

Washington, por conducto de don Ignacio Mariscal, que había vuelto a la
capital norteamericana a encargarse provisionalmente de nuestra representación. Mariscal, en su nota a Evarts hace constar que, aparte de la violación flagrante de nuestro territorio, han sido insultadas las autoridades de Piedras Negras y amagadas por Shafter. Pero éste ya había informado oficialmente al departamento de Estado sobre el grave incidente, y Evarts remitió
el infonne a México con la versión norteamericana, en copia, para ser mostrado a nuestro canciller por conducto de Foster, y como Vallarta, después de
leerlo, lo rechaza porque no puede considerarlo como una justificación, Foster replica airado que su misión no es defender a Shafter, sino entregar simplemente el documento, con lo que tienden a agriarse las relaciones informales y muy perentorias entre los dos países.
Esta situación obliga al Gobierno de México a dirigirse al general Treviño
por conducto de don Pedro Ogazón, ministro de la Guerra, informándole de
las órdenes ya consabidas del primero de junio, extendidas al general Ord, y
cómo ya éste ha sido autorizado por su gobiemo para penetrar en nuestro
territorio "si lo considera necesario", lo que es incompatible con los tratados
vigentes entre ambos países. Se excita a Treviño para que redoble su vigilancia en la frontera, que trasmita a Ord las instrucciones que tiene y que le haga saber "que no pudiendo el gobierno nacional permitir que una fuerza extranjera entre al territorio de México, ni mucho menos que (lleve al cabo)
actos de jurisdicción, usted repelerá la fuerza con la fuerza en el caso de que
la invasión se verifique". Termina la comurúcación recomendándole obrar
con prudencia, pero con toda energía "repeliendo con la fuerza el insulto que
se quiere hacer a México invadiendo su territorio".
Como Foster está bien convencido de que el criterio resuelto del departamento de Estado es condicionar el reconocimiento a la posibilidad de que
México tenga la capacidad suficiente para arreglar el problema fronterizo, celebra una entrevista con Vallarta, en la que le hace conocer las instrucciones
de Washington, leyéndolas casi íntegramente; instrucciones concebidas en el
sentido de que los Estados Unidos no pueden creer que el previo reconocimiento obre el milagro de solucionar las cuestiones pendientes, y que, en consecuencia, insiste en la opinión de que primero se logre un arreglo satisfactorio del problema y después se reanuden las relaciones. Esta conducta lleva a
la evidencia de que los Estados Unidos han variado con respecto a México
su política tradicional y viene a confinnar la suposición de que priva hostilidad de parte de Hayes, probablemente por la influencia que en él ejercen los
lerdistas x-adicados en Nueva York, o tal vez para seguir distrayendo la atención de sus enemigos políticos sobre un posible conflicto internacional con
México. Además, debe advertirse que Ord era un anexionista bien califica-

443

�do, indinado a desatar la guerra sobre nuestras fronteras, y por eso, bien escogido para servir de instrumento a esos designios.
Poco a poco, comentado por algunos peri6dicos norteamericanos, se va perfilando otra nueva exigencia previa al reconocimiento: la de que los ciudadanos norteamericanos radicados en México sean eximidos de participar en
los préstamos forzosos.
Y así, este nuevo requisito y la inusitada negativa para el reconocimiento,
van calando más y más en la opinión pública de México, principalmente en
el partido porfirista, el que da una interpretación política al caso, afirmando
que esa negativa no es sino un pretexto cualquiera para presionar al general
Díaz y ponerlo en el caw de abandonar la presidencia y devolver el poder a
los lerdistas, ante la amenaza de la invasión, ó de lo contrario, tener que decidirse a ser vencido en una lucha desigual con todas sus ya previstas consecuencias. Mientras tanto, los lerdistas exiliados aprovechan la situación para
publicar que los intereses nacionales están siendo subordinados en México. al
reconocimiento "pasajero" de un régimen usurpador, con lo que calumruan
a Vallarta, cuya conducta ha sido esmeradamente patriótica, al suponer que
él ha declarado a Foster -lo que es falso- la buena disposición de México
de aceptar las condiciones que le sean propuestas antes de desistir del reconocimiento.
Mientras tanto The Herald, de Nueva York, public6 el 17 de julio una
especie de suplemento con un mapa en el que aparecían marcados los Estados de Sonora, Sinaloa, Durango, Chihuahua, Coahuila, parte de uevo
León y el territorio de la Baja California, como la zona de México en la que
los Estados Unidos deberán darle un nuevo zarpazo para engrandecer su territorio. No sólo sef trata de un deseo de la ciudadanía del país vecino, sino de
lo que cierta opinión de los políticos norteamericanos considera insidiosamente como un remedio contra la situación, porque, se dice, las fricciones desaparecerán en cuanto se mueva hacia abajo la frontera con México. Ante este pronóstico, replica un periódico mexicano -si bien que porfirista-, El
Monitor Tuxtepecano, que "la nación mexicana, la que en 1846 atropellaron los americanos; aleccionada por la e..,q,eriencia no permitirá que los e.xtranjeros atenten contra la integridad de su territorio ni dejará que se coarte
su autonomía como nación libre". Así como en la publicación mencionada, en
otros periódicos mexicanos se empieza a enardecer imprudentemente a la opinión pública presentando el caso como extremadamente grave y comparando la situación a la de treinta años atrás. El gobierno del general Díaz trata
de calmar la excitación asegurando que Treviño cuenta en la frontera con
4,792 hombres de las tres armas1 "a los que se sumarán pronto otros dos mil",
y que los partes que constantemente se reciben son de "sin novedad".

444

Lamentablemente en los primeros días de noviembre ocurre una segunda
invasión, esta vez por fuerzas yanquis que comanda el teniente John L. Bullis,
lo que desencadena ataques de la prensa nacional contra Treviño. Se le reclama que su deber obliga a los soldados mexicanos a "presentar el pecho noble y lealmente a las balas enemigas, y de no hacerlo se han mostrado indignos de un pueblo libre". Se señala a "la canalla texana" como incitadora de
estas invasiones, se protesta hasta el delirio, y así se va encendiendo más y
más el rencor, azuzado el pueblo por los periódicos. Estos dan por real e inmediato el propósito de los Estados Unidos de emprender una invasi6n de
conquista sobre el país. En La Bandera Nacional se llega a decir: " .. ·)'ª no
hay que dudarlo: el conflicto con el Norte es inevitable... Los yanquis quieren un pedazo de México".
Y no es que no hubiera de parte de muchos políticos norteamericanos del
Sur, del tipo anexionista de Ord, y del gobernador texano Hubbard, el propósito de aumentar con el nuestro su territorio. Esa situación prevaleció como amenaza por algunos años. Era natural que el gobierno mexicano, temeroso de que la situación llegara a tomarse comprometida por un torpe manejo del caso, buscara evitar el enardecimiento y trabajara activamente por los
canales diplomáticos. El general Díaz tenía interés personal en que el asunto
del reconocimiento no fuese a derivar hacia un conflicto internacional. Con la
actitud de los periódicos, de poca idoneidad algunos de ellos, se les estaba
haciendo el juego a los políticos y a los anexionistas.
Por fin las cosas empiezan a cambiar un poco, y con esto la excitación,
'
,
cuando se sabe por el órgano de los tuxtepecanos que el general Ord habta
solicitado de Treviño una en.trevi}ta, y que ésta tuvo lugar en Piedras Negras
el 17 de junio. Más tarde, al corresponder Treviño la visita en el campamento norteamericano, fue saludado por una salva de cañonazos el general mexicano e invitado a pasar revista a las fuerzas del país vecino, lo que se consideró como honores discernibles entre dos países amigos. Por otra parte, y
en cumplimiento de órdenes de Ord, el comandante del Fue11e Brown fue a
Matamoros en busca del comandante militar de Tamaulipas, general Servando Canales, para informarle que, en reciprocidad, las tropas mexicanas
podían pasar a territorio norteamericano cuando la necesidad de perseguir
a los malhechores lo requiriera. Como es de suponerse, este trato entre los
militares de uno y otro país fue de pura cortesía y estuvo determinado por un
cambio en la política de Washington, dentro de un estira y afloja que jamás
dejó de preocupar al general Díaz, haciendo que la codiciada presidencia de
la República se le estuviera consumiendo en las manos sin haberla disfrutado
ni poder hacerla fructífera en tantos aspectos de la vida del país, tan necesitado de la aplicación de sus energías y de su don de mando. El mandatario

445

�me.xicano estaba muy molesto por los merodeos fronterizos de un numeroso
y complejo conjunto de lipanes, kikapúes, mezcaleros, seroinoles, apaches y

otros indios que, sin quererlo ni pensarlo siquiera, resultaban obstáculos directos al reconocimiento.
Pero no era este el único motivo de preocupación del general Díaz: los
lerdistas seguían muy activos en sus planes de reivindicar para sí la presidencia. El teniente R. A. Williams había logrado interceptar en el vapor
Ackley un buen cargamento de armas y parque consignado al general Mariano Escobedo, ex secretario de Guerra de Lerdo y alma de la conspiración
de Veracruz cuando ocurrió la sublevación de los vapores Independencia y
Libertad, cuya tripulación fue apresada por el gobernador Luis Mier y Terán
y exterminada en 1877, en una impresionante e inolvidable masacre. Su participación en la dirección del complot motivó que Escobedo fuera detenido.
Cum1do la actitud de las fuerzas norteamericanas en favor del régimen del
general Dfaz se consideraba indicio promisor del inminente reconocimiento,
el 10 de agosto de ese año se registró una invasión de mexicanos sobre Río
Grande City, que encabezaron Segundo GarLa y Rodolfo Espronceda. Cruzaron el río y se dirigieron a la cárcel disparando sus armas, la abrieron y
libertaron a dos prisioneros mexicanos. La reacción de Washington fue virulenta: "Estados Unidos está cansado de promesas y ahora exigirá obras".
La noticia cunde por todo el territorio norteamericano y nuevamente vuelve
a plantearse la situación de la incapacidad del gobierno de Díaz para evitar
esos desmanes.
Washington pide la extradición de los culpables, y Vallarta "con facultades
jurídicas muy discutibles", tiene que conced[rla echándose encima la opinión
pública, porque conforme al tratado de extradición entonces vigente no estaba obligado el gobierno de México a entregar a los incursos en el asalto. Alguien llega a proponer qu~ tanto el presidente Díaz corno el ministro Vallarta sean llevados al Gran Jurado del Congreso.
Entonces interviene el Congreso de los Estados Unidos, y llama a Ord para
que responda si cree que el gobierno de México está obrando conforme a
sus compromisos y promesas. Ord responde afirmativamente asegurando que
hay cuatro mil hombres del ejército mexicano sobre la frontera y que no pasará mucho tiempo sin que lleguen otros dos mil más. Estas fuerzas reunidas
-aseguró- serán suficientes para mantener la vigilancia, por lo que supone que no habrá razón ya para que las tropas de los Estados Unidos vuelvan
a cruzar la frontera.
Sigue después aliviándose la tensión cuando se sabe en México que el teniente Ward, que marchaba en persecución de unos abigeos, había sido invitado por la fuerza de Treviño a acompañarlo en la persecución, lo que se

+H&gt;

hizo "en gran armonía". Pero esta posibilidad de avenimiento que. comenzaba a perfilarse se perjudica por la publicación de un editorial en El Diario
Oficial de México imputando la dilación del esperado reconocimiento directamente al presidente Hayes de los Estados Unidos y a su gabinete. Foster
entrevista a nuestro ministro de Relaciones y exige que se publique sin tardanza una rectificación, y Vallarta, después de consultar el caso, ordena que
se publique al día siguiente de la entrevista, con el memorándum del representante norteamericano. Pero al punto interviene don Matías Romero en
nombre del presidente, y se llega, de acuerdo con Foster, a la conclusión de
ser inconveniente la publicación para evitar polémicas peligrosas sobre el ca-so. Sin embargo, como Foster da a entender su intención de que el memorándum quede en el archivo diplomático del ministerio de Relaciones como constancia, se resuelve la publicación de la réplica de Foster y de la contrarr~plici de nuestro canciller. La segunda está basada en un excelente argumento:
¿ en qué medida puede responsabilizarse a México de ser el culpable' único, o
siquiera principal, de los lamentables sucesos de la frontera? Echa mano para
fundamentar su tesis de la opinión del árbitro inglés Sir Edward Thomton
--que intervino en las reclamaciones de 1868--, extemada en forma imparcial, al considerar que tales depredaciones no pueden ser achacables a ninguno de los dos países, sino a la situación especial que guarda la frontera después de la modificación de nuestros límites, en el 48.
Así, con alternativas, va transcurriendo el tiempo; pero si la situación no
mejora, cierto es también que no puede considerarse lo contrario. Otro ángulo del problema, empero, vuelve a aparecer, aunque ya estaba anteriormente insinuado: la exención de los préstamos forzosos en favor de los norteamericanos, como un privilegio a su nacionalidad. Ernesto Vallarta fue intransigente, apoyado en el artículo 9o. del tratado entre México y los Estados
Unidos, de 1831. Entonces Foster propone la exención recíproca, lo que resultaría inoperante, porque los Estados Unidos no han usado ni usan el sistema de préstamo forzoso. La reciprocidad así seria ingenuamente teórica
para México.
Por fin, se busca redactar un tratado para el paso de tropas de ambos países en persecución de delincuentes: Foster da ideas conducentes o que estima por tales, y Vallarta formula su proyecto y lo entrega a Foster. En esta
empresa se encuentran, cuando se sabe que Shafter ha invadido Piedras Negras. La reacción en México vuelve a ser violenta; señá]ase al oficial invasor
como a la personificación de la transgresión de los derechos nacionales. Como el motivo principal de estos hechos se denuncia la increíble vigencia de
la orden de primero de junio, que aún no ha sido cancelada. México pidió a

447

�Washington una reparación por la vía diplomática y el departamento de Estado no tuvo Ja atingencia de contestar siquiera la nota de nuestra cancillería.
Así las cosas, Foster, a su vez, presenta su proyecto sobre la frontera, pero
Vallarta le responde que no lo podrá considerar mientras su gobierno no reciba satisfacciones por el constante cruce del Río Bravo, y pide otra vez el
reconocimiento antes de negociar. En rigor, el proyecto de Foster no era propiamente desproporcionado en ventajas para los Estados Unidos. Por el contrario: en forma más conciliadora de lo que podía suponerse, proponía concesionrs y coordinabaialrunas de las propo icionc-s de Vallarta con las de Mata. Pero, a la sa26n sobreviene un cambio arrogante en el criterio diplomático mexicano, cuando Vallarta dice a Foster (nov. 27-1877) que encuentra
inútil proseguir las negociaciones mientras los dos países permanezcan sin sostener relaciones normales. México -insiste-- ha demostrado sobradamente
su buena voluntad y, en consecuencia, tiene que considerar estéril y sin resultaclo práctico alguno proseguir el estudio de la situación más allá de donde
se halla hasta ese momento. Además -subraya-, México no está dispuesto a
admitir que el tratado sea una condición del reconocimiento, con lo que Vallarta viene a ratificar la línea de conducta que desde el inicio de los arreglos
siguió la cancillería mexicana.
Este cambio en la actitud del ministerio de Relaciones tiene su explicación:
para el momento en que ocurre, el gobierno de México se había ya estabilizado; contrariamente, el del presidente Hayes comenzaba a tener en su contra una marcada corriente de la opinión pública. Estos datos, debidamente
comprobados, habían sido enviados inteligente y oportunamente por don Manuel María de Zamacona, quien se hallaba en Washington en sustituci6n de
Mata y actuaba con nombramiento de agente confidencial de México.
Consecuencia de ese cambio en las relaciones informales con los Estados
Unidos fueron las instrucciones dadas a Zamacona para que por su conducto México hiciera oír su voz entre el pueblo norteamericano y éste conociera que nuestro país "ha estado estimando la intervención que los Estados
Unidos ha pretendido ejercer en los asuntos mexicanos, constituyéndose en
juez de la legitimidad del actual gobierno, como un acto ofensivo a su soberanía e independencia, y tanto más hostil a México cuanto que esa especie de intervención no es conforme a la política tradicional de los Estados
Urúdos". Al mismo tiempo se activaba por otros canales la propaganda en
favor de México y se movilizaba a escritores y periodistas norteamericanos
como Guillermo Pritchard y Edward Lester. Este último escribe un libro titulado The Mexican Republic, an Historical Study, en el que explica la verdadera situaci6n de nuestro país en relación con el reconocimiento. De este
libro se tiraron cinco mil ejemplares, que fueron a las manos de diputados y448

senadores, indu_striales, comerciantes, banqueros y hombres de negocios de
los Estados Umdos, para levantar, en la opinión pública norteamericana, el
velo de la ya larga, tediosa e injustificada negativa del país vecino a reconocer el régimen nacional.
Debe considerarse como una reacción a esa propaganda la llamada que el
Departam~nto de Estad~ hace a Foster para que informe ante el Congreso
norteamencano en relación con el caso México. Foster, en realidad, mtercede
en favo~ del re~onocimiento, cuando contesta a pregunta especial, que el pueblo mexicano, sin excepción, está irritado por la negativa de los Estados Unidos, y piensa que esa negativa es el primer paso de un plan deliberadamente
conceb1do para la conquista del país. Y Evarts, conforme con la opinión de
Foster, explica que "el caso de México es el de un pueblo que tiene todo el
orgullo }' las opiniones propias de una nación civilizada (pero que) de hecho
c~r:~e _de la fue~"necesaria para cumplir con las obligaciones que tal con~1,c1on importa. • • . . .En alguna forma ha de creársele a México la impreS1on de que, a cambio de una mala vecindad' de hecho, no podemos recibir como excusa las buenas intenciones o la dignidad e importancia de la República Mex:icana".
Sobr~ el _punto de vista de que México está incapacitado para cumplir con
s~ ~bhgac1ones en la frontera, martillea Foster, y propone aplazar el reconocu~u.ento hasta q~e. el gobierno mexicano demuestre que tiene la capacidad
exigida para reprmur los actos vandálicos. Como era natural, las conclusiones
de Fos~er provocan indignación en México y canalizan la opini6n general en
el scnndo de que no debe mendigarse el reconocimiento. Así el criterio del
país ~ueda uniformado en torno de la administración pública, sirviéndole de
aglutmante. Pero, bien analizada la situación internacional del momento debe rec_ono~erse q~e los informes de Foster reportaron a México más biene; que
males. as1 quedo probado el esfuerzo hecho por el régimen para pacificar Ja
frontera, esfuerzo superior a sus fuerzas. Consecuentemente, queda common~o Foster para comunicar a Vallarta que, por su conducto, los Estados
'l!mdos van a proceder a negociar las medidas pertinentes para la conservaci6n de la paz en la frontera, y que de ese momento en adelante las relaciones entre ambos países ser'an oficiales, lo que significaba el reconocimiento
de facto.
La reacción de la prensa lerdista es violenta en e..x:tremo. Se advierte e]
d~specho porque el reconocimiento virtualmente está concedido, disipándose
asi toda, esperan~a ~n un cambio político interno. Se culpa al régimen del gen_e,ral Diaz de clieetocho meses de humillaciones, de "bajezas que la usurpa~10~ ,tuxtepecana ha acumulado a los pies de la Casa Blanca e, incluso, se
msmua que se ha apelado a medios inconfesables que se conocerán más tarde".
449
H29

�El resentimiento les hacía deformar la verdad, porque es indiscutible que la
diplomacia mexicana logró mantener siempre la dignidad del país, como se
ha podido ver.
Durante año y medio se ocupó la atención preferente del régimen del general Díaz en las dos fases del problema: el diplomático, con sus graves repercusiones hacia la intervención militar de los Estados Unidos, por una parte; y por la otra, respecto de las medidas dictadas por mantener en la frontera un orden relativo, atención esta última que distrajo esfuerzos, creó preocupaciones y requirió mantener un ejército de casi seis mil hombres situado a
varios centenares de kilómetros de distancia de la capital del país, con fuertes erogaciones. A esto debe agregarse el interés del régimen, dentro de su
pobreza, por hacer dos abonos a los Estados Unidos en relación con el pago
de la deuda de México, por concepto de reclamaciones por daños durante la
Guerra de Reforma -reclamación que pretendieron extender a la época de
la Intervención Francesa y el Imperio de Maximiliano- conforme a la convención firmada en Washington el 4 de: julio de 1868. Cada uno de los dos
abonos montó a la suma de 246,501 dólares.
Como primer paso a los arreglos entre los dos países, el Senado mexicano
aprobó la iniciativa para el paso reciproco de tropas, quedando autorizado
el presidente de la República, tanto para permitir la salida de tropas nacionales del territorio, como para la entrada en él de fuerzas federales de los Estados Unidos, siempre que éstas persiguieran a indios bárbaros en regiones
desérticas. Batidos, los soldados debían retirarse a su país de origen. Los abusos que hubieran de cometerse por tropas de una y otra nación serían castigados por el gobierno del país inculpado conforme a sus propias leyes.

Al otorgarse el reconocimiento, Zarnacona asciende de agente confidencial a ministro plenipotenciario en Washington, por despacho expedido en su
favor el 9 de abril de 1878. El 13 de mayo siguiente, presenta sus credenciales al presidente Hayes; pero el 14 de junio pide telegráficamente a Vallarta que en su nombre presente su renuncia al general Díaz, alegando motivos de enfermedad imputables al clima demasiado extremoso de Washington. Como por esos días ocurre otra invasión y la posición internacional de
Mé,dco respecto del país vecino aún no puede considerarse como definitivamente firme, se suplica a Zamacona que permanezca en el cargo. Zamacona reacciona y acepta en vista de que la invasión imputable a mexicanos, está
haciendo renacer la amenaza intervencionista.
Sin embargo, pasada la crisis inmediata, el 25 de agosto repite su renuncia.
Desentrañando el motivo de su actitud, queda evidenciada, por la declaración del propio interesado, su inconformidad para e! paso recíproco de tropas de ambos países, reciprocidad que Zamacona considera como puramen450

te teórir.a en el caso de Méxic;o. Por fin, se acepta su renuncia cuando ya
Vallarta ha dejado el ministerio de Relaciones, para ir éste a ocupar la; presidencia de la Suprema Corte de Justicia de la Nación. Mata lo sustituye y a
él corresponde firmar el acuerdo expresando que el presidente no se empeña en mantenerlo en el cargo contra su voluntad.
A los cinco días de enviado este despacho, Mata, a su vez, renuncia el ministerio de Relaciones, actitud que muy probablemente estuvo determinada
por la absorbente influencia que en todos los negocios del gobierno iba ad quiriendo el licenciado José Justo Benítez, amigo personal del o-eneral Díaz y
aspirante a sucederlo en la presidencia. Quizás Mata quiso evitar un choque
con el presidente negro, como entonces se le llamaba en los étrculos políticos
no benitistas. Se encarga entonces del ministerio Eleuterio Avila, con su carácter de oficial mayor, y como Zamacona no ha saHdo aún de Washington,
Avila insiste con él para que permanezca en su puesto provisionalmente, porque el general Díaz estima de gran importancia su permanencia. Nuevamente Zamacona acepta.
De manera tardía, como con mecanismo de bomba de tiempo o bien
'
porque la disposición del Senado fue conocida en el país con tardanza,
la'
prensa hace comentarios violentos sobre la autorización para el paso recíproco de tropas, considerándola "criminal" y contraria a la Constitución, lo que
significa "elevar a tratado internacional" la tan rebatida orden del primero
de junio de 77, dada al general Ord. En El Federalista se azuzaba a la opinión pública diciendo que "el pueblo debía levantarse en masa para apedrear a los traficantes de la honra nacional" porque la llevada y traída autorización es el colmo del "escándalo, de la desvergüenza y del cinismo".

•
Ahora, ya al fin logrado el reconocimiento con tantas condiciones, requisitos y dificultades, iba a presentarse al país un problema en el orden de su
política interna, a partir de los seis meses siguientes: la renovación del Congreso de la Unión y la designación de cuatro magistrados de la Suprema Corte. Benítez, alerta, se disponía a lograr mayoóa de diputados en las elecciones de julio, como medida previa al momento de lanzar su candidatura
presidencial, para la que se suponía suficientemente apoyado por el general
Díaz.
En los corrillos políticos se habla de que si Benítez logra dominar al Congreso y consigue mayoría de componentes de la Corte, el general Díaz se convertiría en un "rey de burlas". En un banquete político celebrado a la sazón
casi se proclama la candidatura de Benítez, pese a que el pretendiente a la
451

�silla presidencial comienza a sentir el contrapeso de un grupo de enemigos.
Se suscitan, además, algunos brotes rebeldes en el país, entre ellos el del general Mariano Escobedo, que logró penetrar subrepticiamente al país a principios de junio. Lo acompañaban hombres de prestigio en el grupo lerdista,
como el general Joaquín Verástegui y Lázaro Garza Ayala. Parecía incompatible con el ya concedido reconocimiento -y así lo consideraba el general
Diaz- que, cuando esa situaci6n se discutía tan apasionadamente en los Estados Unidos, Washington en ese tiempo hubiese impedido el paso a implementos de guerra para la revuelta escobedista, y ahora, ya en plenas relaciones oficiales, el departamento de Estado no hubiese puesto objeción al paso
del jefe de la rebelión y a sus adláteres. Por otra parte, el general Miguel Negrete, comandante militar del Distrito Federal, hace renuncia de su puesto
cuando sabe que el general Ignacio Mejía, ex-ministro de la Guerra en el gabinete de Lerdo, regresa a México de su destierro autorizado por el general
Díaz.
Como si tocio esto fuera poco, una fuerza norteamericana de mil quinientos
hombres de las tres armas, comandada por el coronel Mackenzie, invadió la
zona limítrofe de Coahuila con el fin de recobrar una partida de ganado robada en Texas. Con el mismo propósito, a fines de julio, el capitán J. M.
Kelley, comandando cien soldados, sitió durante siete horas la Villa de Jiménez. Con este motivo el diputado por Texas suelta la especie de que el
gobierno de su país había resuelto ocupar militarmente los Estados fronterizos o comprarlos, como la única forma de evitar más invasiones, atropellos y
robos de ganado.
También corrió la versión de que Evarts, secretario de Estado, afirmó en
esos días que convenía aprovechar el receso del Congreso norteamericano para precipitar los acontecimientos sobre México. Simultáneamente, el general
Ord propone que si las medidas conciliatorias cc;m los indios "renegados" fracasan y el gobierno mexicano no se persuade de la conveniencia de cruzar la
línea divisoria, las tropa!r de los Estados Unidos deben hacerlo sin miramientos, atacando a los grupos armados mexicanos y considerándolos como cómplices. El general Sheridan propuso, a su vez, que si dentro de un determinado plazo no terminaran las incursiones, el Congreso norteamericano debe
aprobar las medidas consecuentes con la ocupación del territorio mexicano,
del Río Bravo a la Sierra Mexicana. Pero en esta ocasión el general Sherman, comandante general del Ejército de los Estados Unidos, opina con cordura, aplomo y conocimiento de causa, y dice que nada se ganaría con la1proposición de Sheridan, porque aun bajando hacia el Sur la frontera no por eso
dejaría de ex;stir el atractivo del robo, los Estados Unidos tendrían que enfrentarse con más indios, y repetido este juego hasta el infinito, lejos de convertir a

los mexicanos en anglosajones, nada difícil sería que "puedan hacernos a nosotros mexicanos".
Las pretensiones de Sheridan llegaron hasta el departamento de Estado y
a oídos del presidente Hayes, pero éste no se manifestó dispuesto a "seguir
considerando que el caso de México debería volver al Congreso de los Estados Unidos", pensando que los suceso9 anteriores, al demostrar que la opinión
de aquel cuerpo legislativo habia prevalecido sobre la suya propia, venían a
demostrar que quizás el Congreso se :negaría a aprobar sobre las rodillas medidas que tuvieran, al fin, que epilogarse con una declaración de guerra. Finalmente, la Comisión de Relaciones Exteriores del propio Congreso optó
por formular un proyecto de resolución conjunta colcgislativa en la que se
proponía que los Estados Unidos deben mantener en la frontera una fuerza
militar de más de 5,000 hombres, y que, en tanto que no se lleguen a firmar
los convenios internacionales de frontera, se mantengan vivas las órdenes de
primero de junio. El general Ord opinó de la misma manera y estuvo de
acuerdo en que no se rectificara la cuestión del reconocimiento del régimen
del general Díaz, porque tiene esperanzas de que dicho reconocimiento irá
a repercutir favorablemente sobre el problema de las invasiones de indios.
Al conocerse en la frontera mexicana las discusiones provocadas en torno
al problema de las depredaciones, se arman los civiles compatriotas nuestros
creyendo inminente la invasión yanqui disfrazada de vigilancia. Esto ocurre
más espectacularmente en Matamoros, y entonces los senadores por Texas
Johri S. Ford y P. R. Storms piden a Ord autorización urgente para que el
comandante del puerto de Brownsville arme la población civil de ese puerto,
ya que el rompimiento se considera punto menos que inevitable. En previsión
de una violencia, el ministro de Ja Guerra, McCrary, ordena a Sherman que
trasmita confidencialmente a Sheridan y a Ord la opinión del presidente Ha.yes, en el sentido de que el paso de la frontera no lleva la intención de provocar a México, y que las fuerzas de los Estados Unidos sólo deben defenderse
en el caso de ser atacadas por las tropas o los civiles mexicanos, ya que sólo el
Congreso está Jcgalmentc capacitado para una declaración de guerra.

Al volver Mata al ministerio de Relaciones toman los asuntos fronterizos
a sus canales diplomáticos en lo que a México se refiere. El ministro&gt; autorizado pór el Senado mexicano, dirige al departamento de Estado una nota
pidiendo Ja revocación de la orden de primero de junio, como condición previa a la firma de un tratado de paso recíproco. A esta revocación se opone
Foster, intransigente en su punto de vista original referente a que las tropas
de los Estados Unidos puedan cruzar la frontera cuando se trata de perseguir a cualquier criminal, no sólo a un indio bárbal'O. Más tarde aún, insiste
en la misma cantilena: que México no presta la cooperación suficiente en la

452
453

�vigilancia de la frontera común, cargo que, como se ha visto, estaba de sobra
desmentido por los hechos. De algo habían de servir cerca de seis mil soldados mandados y sostenidos por el empeño del general Diaz en evitar nuevos
motivos o pretextos de dificultad entre ambos países.
Poco tiempo después se enfoca la situación, desde el punto de vista de Ord,
hacia otro ángulo del mismo problema: los indios bárbaros de Santa Rosa,
Coahuila. Entonces Ord pide al gobierno mexicano, por conducto de Foster,
una campaña colectiva de los dos países sobre dichos indios. Foster trata el
caso con Mata y éste le arregla una conferencia con el general Díaz. En ella
el presidente mexicano declara categóricamente que mientras no se revoque
la consabida orden de primero de junio, rechazará cualquiera petición en ese
i;entido, o sea el paso de soldados norteamericanos a territorio nacional. Y
para poner a Foster en antecedentes de la repulsa que esa orden encon~ó en
la opinión pública del país, le revela que la autorización del Senado mexicano
para el paso recíproco de tropas antes de la revocación de la mencionada orden había motivado la renuncia de Zamacona.
'
A la sazón, ocurre un incidente en el teatro Arbeu de la ciudad de México,
en la noche del 16 de septiembre de 1878, durante la velada con que celebrábase el fasto de nuestra Independencia; uno de los oradores del programa leyó un poema, cuya parte principal resul~ó ser "una d~c~, amarga. e
insultante" requisitoria contra los Estado Umdos, que el publico aplaudió
frenéticamente. Esto daba idea clara de la tensión en la opinión pública y del
enorme recelo del pueblo y de la población pensante sobre las intenciones que
podían encubrir la insistencia con que el gobierno yanqui sostenía la ar~~traria orden. La anécdota no tardó en ser referida por Mata ~ Foster, al visitarlo éste para darle a conocer el resultado de su entrevista con el presidente
Díaz.
Por fin, con la orden de su retiro de la Legación de México y su cambio
a Rusia, Fo ter recibe a principios de marzo de 1879 un informe del departamento de Estado en el sentido de que el 25 de ese mes el ministro de la
Guerra de los Estados Unidos acordó remover la orden de marras. Foster fue
despedido con una solemne ceremonia en Palacio.
Lo sustituyó P. H. Margan, que llegó a México el 15 de abril de 1880.
Con ta venida de Morgan se advierte ya un notable cambio en la política de
los Estados Unidos cambio atribuible a las instrucciones que recibe. Prácticamente ha terminado ya el gobierno de Hayes. También pronto terminará
el régimen del general Díaz. Ambos países están en vísperas de entrar en un
período de efervescencia electoral y se procura remover el estorbo de la multicitada orden. La muerte de doña Delfina Ortega de Díaz, esposa del presidente de México, propicia la expresión de un síntoma muy favorable por
454

espcctacu1ar: en el Fuerte Brown se iza la bandera de los Estados Unidos a
media asta.

•
Ocurren todavía algunos incidentes, como era natural que ocurrieran en
una frontera tan dilatada. El último, durante el mando del general Díaz fue
causado porque un grupo de indios bárbaros, cruzó la frontera a mediados de
junio de 1880. Entonces el coronel Hatch, comandante del Fuerte Craig, tratando de evitar nuevas incursiones de estos indios en Nuevo México, consideró la necesidad de batirlos en la Sierra de Chihuahua, para lo que el
comandante dijo que las autoridades de ese Estado se encontraban conformes
siempre que se gestionara la autorización del gobierno de México. Hayes instruyó a Margan para que presentara la petici6n, y la contestación del general
Díaz fue otra vez completamente negativa. Por conducto del nuevo ministro
de Relaciones, Miguel Ruelas, se explica a Morgan que la situación por la
que se interesa el comandante Hatch puede quedar a cargo de las fuerzas
mexicanas, ya que éstas existen en la comarca en número más que suficiente.
Trata Morgan el caso con el general Díaz y se acuerda proponer que se combinen las operaciones de las fuerzas mexicanas con las del general Hatch, y
que el paso de las tropas norteamericanas, si se hace necesario, no podrá estimarse como precedente para el futuro.
Como en la proposición de Margan venía encubierta otra que hubiera vuelto a resucitar el problema ya resuelto por el retiro de la consabida orden de
primero de junio; "que los Estados Unidos deben autorizar por reciprocidad
el paso de las tropas mexicanas a su territorio", y éste tendría que ser motivo
de una convención, el caso, después de consultas y dudas, quedó resuelto por
el general Díaz en una conferencia con Morgan; solicitará la autorización del
Senado por exigencias constitucionales. En efecto, el presidente hace la solicitud y se pone de acuerdo con los senadores. como valor entendido, para
que nieguen la autorización, sobre cuya actitud hay antecedentes muy elocuentes y recientes en la opinión pública del país. Y el asunto concluye casuísticamente, con una autorizaci6n perentoria, por sólo tres meses, aplicable
exclusivamente a la cuestión presentada por el comandante Hatch.

•
Pronto vence el período presidencial de Rayes, y así también el del General
Díaz. EJ primero es sustituído por James A. Garfield. El segundo por su com455

�padre el general Manuel González. A éste le tocó tener que consentir en la
firma del convenio de 29 de julio de 1882 para el paso recíproco de tropas,
lo que con habilidad y valentía supo evadir el caudillo oaxaqueño.
En contradicción a Ja opinión frecuentemente extemada de don Sebastián
Lerdo de Tejada, de que entre México y los Estados Unidos debe estar el
desierto, tres meses antes de entregar el poder el general Díaz consiguió del
Congreso la autorización necesaria para contratar con empresas del país vecino la construcción del ferrocarril a Ciudad Juárez y la del Nacional a Nuevo
Laredo. Este paso tuvo gran significación en el mejoramiento de las relaciones
entre los dos países y sirvió para aplacar el recelo de una inminente intervención norteamericana. Se iba a iniciar otro tipo de penetración; la del capitalismo yanqui dentro del programa de industrialización del país a base de recursos extranjeros.
Como un soplo y erizado por miles de preocupaciones debidas, entre otras,
al problema fronterizo -creado artificialmente como cuestión internacional
por el régimen de Hayes- transcurrió el período presidencial del general
Díaz. Esa situación cultivada con finalidades políticas por el régimen de los
Estados Unidos, no dejó al vencedor de Lerdo saborear sus fugaces cuarenta
y ocho meses de gobierno constitucional. Finalmente, con la salida de Hayes
había quedado rebasado el problema y el general Díaz podía entregar el
mando a su compad1·e, el general Manuel González, sin este dolor de cabeza.
El sucesor tuvo más suerte en este sentido. En esas circunstancias, y sin haber
podido el general Díaz intentar un programa de gobierno inspirado en sus
ambiciones de pacificar al país y encaminarlo hacia el progreso material, nada
de extraño tiene su afán de reincidir en el aspirantismo presidencial, pasado
un período de gobierno, ahora que, a causa de sus desvelos y preocupaciones,
había quedado consolidada internacionalmente la situación de México y podía
ofrecerse el espectáculo, verdaderamente inusitado, de una transmisión pacífica del poder.
Años después Foster, el ministro norteamericano que tuvo que hacer el
papel de testaferro en el juego de la política de los Estados Unidos, publicó
sus Memorias diplomáticas. En ellas acepta que la existencia de un complot
de su país para desviar la opinión pública hacia una supuesta guerra con
México, fue un ardid al que se recurrió para hacer olvidar el origen fraudulento en la designación del presidente Hayes y afinnar su situación en el
poder.
Así el general Díaz, que tan esperanzado se hallaba en lograr una labor
fecunda en su país, fue víctima inocente de las inconfesables maniobras de un
presidente de los Estados Unidos no muy seguro de la legitimidad de su
elección.

456

LA INTERVENCIÓN FRANCESA EN DURANGO
Lic. JosÉ

loNACIO GALLEGOS

Universidad "Juárez" de Durango

PRIMERA

pARTE

EL PRESENTE TRABAJO HrsTÓruco lo voy a dividir en dos partes: las causas
lejanas e inmediatas que dieron lugar a la Guerra de Intervención; y lo que
es propiamente el tema de este artículo.
Causas lejanas

La consumación de la Independencia y el establecimiento de la República
fueron dos acontecimientos que el pueblo de México vio con desconfianza por
no estar debidamente capacitado para recibirlos.
Dice el señor general don Jesús de León Toral en su magnífico estudio
Historia Militar. La intervención francesa en México, que el Partido Monarquista subsistió en México durante gran parte del siglo XIX, debido a que
las instituciones republicanas por inercia no llegaban aún a asentarse con
firmeza en el país.
Entonces era natural que hubiera una corriente en favor de la Monarquía.
Recordamos que en 1840 don José María Gutiérrez Estrada publicó una carta
en la que abogaba por la instauración de la Monarquía, consecuencia de ello
fue el destierro de su autor dada la oposición que encontró en las altas! esferas
oficiales.

Además de las causas políticas podemos indicar las económicas.
Al concluir la Guerra de Independencia, México tenía muchas fuentes de
riqueza, pero debido a las guen·as civiles que tuvimos en el siglo pasado, nuestro país se convirtió en uno muy pobre. Sin embargo la fama de país rico
traspasó las fronteras y algunos estados europeos fijaron en México sus mira-

457

�das. España soñaba con la reconquista. Estados Unidos del Norte quería
extenderse hacia el sur, y Francia e Inglaterra deseaban a toda costa organizar
intervenciones armadas que les dejaran opimas ganancias.
Todavía recordamos la guerra sostenida con Francia en 1838, en que nuestro
país se vio obligado a pagar $ 600,000.00 por reclamaciones de los súbditos de
aquel país, de cuya cantidad quedaron en las arcas francesas $ 200,000.00
porque no había quien los reclamara.
Los representantes diplomáticos acreditados en nuestro país, desarrollaron
una labor tendiente a provocar la intervención y a través de secretos informes,
despertaron la ambición de su gobierno.
La actuación de estos diplomáticos fue funesta para México.
Deudas que tenían súbditos extranjeros con nuestro gobierno aparecían
reclamadas oficialmente por las potencias extranjeras, y al no ser pagadas por
México, venía la correspondiente protesta con la consiguiente amenaza de cobrar por la fuerza la cantidad reclamada.
Causas inmediatas

También las hubo políticas y económicas.
La intervención de Francia fue provocada por la deuda del banquero suizo
Jecker, quien como sabemos le facilitó a Miramón la cantidad de$ 700,000.00,
comprometiéndose éste a pagar 15 millones con el quince por ciento de los
impuestos federales.
La sangrienta guerra de tres años, agotó por completo el Tesoro Público,
de tal manera que a su término el Presidente Juárez se vio obligado a fin
de nivelar el presupuesto, a dar la ley del 17 de julio de 1861, por la que
suspendía el pago de las deudas extranjeras por el término de dos años.
Inmediatamente que dicha ley se publicó, las potencias europeas, Inglaterra, España y Francia se reunieron en Londres para discutir sus asuntos con
México, e invitaron a los Estados Unidos del orte a participar en dicha
conferencia, pero esta nación declinó diciendo que no se sumaba a ellos,
porque tenía especial interés en la seguridad y prosperidad de México. Por
otra parte acababa de estallar la Guerra de Secesión, que por lo pronto iba a
impedirles intervenir en nuestros asuntos.
Las tres potencias ya dichas, firmaron en Londres el 31 de octubre de 1861,
lo que en la historia se conoce como la Convención de Londres y que dio
origen a la intervención en nuestro país.
Cada una de ellas reclamaba de México fuertes cantidades de dinero.
458

Inglaterra reclamaba . .
España
Francia . . .
Total

... ... . .... .

$ 69.994,544.54

"

9.460,986.29
2.859 ,917 .00

$

82.315,447.83

Como se verá a la nación que menos se le debía era a Francia.
Después de firmada la Convención de Londres, las tres potencias enviaron
sus escuadras al Golfo de México.
La Convención de Londres sirvió para ultimar detalles de la intervención
armada, pues dos años antes, la idea de inter,;enir en los asuntos de México
había cobrado fuerz.a en Inglaterra y Francia. En el mensaje que el 19 de
diciembre de 1859 el Presidente Buchanan dirigió al pueblo de los Estados
Unidos del Norte, pedía la expedición de una ley que lo autorizase a enviar
las fuerzas militares contra México a fin de obtener indemnización por lo
pasado y garantías para lo por venir.
Estas ideas de los Estados Unidos se vieron frustradas por el talento de
Ocampo y por la guerra civil que estalló poco después; pero dichas declaraciones fueron aprobadas por Inglaterra y Francia al iniciar sus gestiones por
la intervención. El pretexto lo tuvieron dichas potencias cuando el Presidente
Juárez expidió la ley del 17 de julio de 1861; poco tiempo después aparecieron
en el Golfo de México las Escuadras española, inglesa y francesa, que ocuparon tierra mexicana. El gobierno de México nombró como su representante
al general Doblado, que obrando con mucha habilidad celebró los tratados
de la Soledad y por último en Orizaba, el 6 de abril de 1862 la Alianza Tripartita queda rota al declarar los ingleses y los Españoles que ellos se retiraban
del país, quedando sola Francia, que faltando al compromiso que había contraído en la Convénción de Londres, mostró sus deseos de seguir sola con la
intervención armada. Así fue como se inició la Guerra de Intervención en
nuestro país.

SECUNDA PARTE

Antes de entrar a la parte medular de este trabajo, quiero hacer una
síntesis sobre las condiciones en que se encontraba el Estado de Durango en
el momento de ser invadido por los ejércitos franceses.
La intranquilidad y el desasosiego estaban en todas partes. Gavillas de bandidos sin ninguna bandera y con el único fin de robar andaban por todas
partes Y en todas direcciones. Las fuerzas del gobierno no eran suficientes para
459

�combatirlos, así es que aquéllos se paseaban impunemente por las diversas
regiones del Estado, siendo Nombre de Dios uno de los lugares más atacados.
En esta misma ciudad de Durango había ambiciones por el poder. Era Gobernador Constitucional del Estado el general José María Patoni, que tuvo
que salir con la Brigada "Durango" a sumarse a las fuerzas del Ejército de
Oriente, quedando como Gobernador Interino nombrado por la Legislatura
del Estado, el licenciado Benigno Silva.
El coronel don Tomás Borrego, que siempre se distinguió por su inquietud,
mostró desagrado por la conducta del licenciado Silva como Jefe del Estado
y tachándolo de débil en la preparación de la defensa del Estado, organizó
un movimiento armado que estalló la noche del 9 de junio de 1863, por el
que se desconocía al licenciado Silva como gobernador, y se nombraba con
el mismo cargo al licenciado Juan José Subizar. ,
Este movimiento era sumamente peligroso dadas las condiciones en que se
encontraba el país, por lo que el Presidente Juárez lo reprobó por Decreto del
24 del mismo mes desconociéndose al gobierno del licenciado Subizar, declarando esta ciudad en estado de sitio y manifestando que el Gobernador
Constitucional) que lo era el general Patoni, vendría a hacerse cargo de su alto
puesto y además del mando politico, ejercería el militar.
Por este motivo el general Patoni se hizo cargo nuevamente del gobierno
del Estado el 14 de julio del ya citado año de 1863.
Pocos días después el propio general Patoni era nombrado jefe de las fuerzas
de Durango y Chihuahua.
El general Patoni emprendió obras para la fortificación de la ciudad construyendo, entre otras, un fuerte en el Cerro de los Remedios.
Un pequeño grupo de intelectuales publicaba artículos en el periódico La
Libertad, que era el oficial del Estado, con el fin de despertar el espíritu cívico
entre los durangueños contra la intervención francesa. Mí encontramos artículos llenos del más sublime patriotismo escritos por don Francisco Gómez
Palacio, don Pedro José Olvera, don Cayetano Masca:reñas y por don Carlos San tamaría.
Cuando los ejércitos franceses pisaban el Estado de Durango, el general
Patoni tuvo que salir a campaña quedando como Gobernador Interino don
Cayetano Mascareñas.
Mientras tanto los franceses después de ocupar las plazas de Zacatecas,
Fresnillo y Sombrerete entraron al Estado de Durango, siendo Nombre de
Dios uno de los primeros pueblos que ocuparon.
El 3 de julio de 1864 el ejército francés que se dirigía a ocupar la ciudad
de Durango, pernoctó en la hacienda de Navacoyán, para seguir su camino
al día siguiente, llegando al medio día a la Garita de Oriente, donde los sol-

460

dados descansaron, teniendo que resistir un fuerte chubasco, que cuando pasó
siguieron adelante, para entrar a la ciudad por la vieja calle Real, siendo las
tres de la tarde. Aquí sucedió lo mismo que en otras ciudades, los imperialistas
fueron recibidos en forma entusiasta con flores y agua de colonia; como jefe
de la columna venía el general Eduardo L'Heriller.
Pocos días después de su arribo a esta ciudad un oficial francés escribía una
carta en los siguientes términos:
"Estam~s- :ncantados con Durango que es una ciudad muy bonita, con
buenos edif1C10s, fortunas fabulosas, jóvenes bellísimas de suma elegancia en
el vestir y cuyas costumbres civilizadas y buen trato, muy superior al de
otras poblaciones del interior, se explican por la inmediación al importante
puerto de Mazatlán en el Pacífico. Hemos sido recibidos de una manera
enteramente simpática y cordial. Llegamos a las tres de la tarde tras de una
marcha de once leguas. Al llegar a la Garita comenzó a caer un aguacero
deshecho, pero las señoras permanecieron en sus puestos vitoriando a los
franceses echándoles flores y agua de colonia.
"Hay multitud de buenos edificios: la alameda es grande, y ésta y los demás
paseos se pueblan por las tardes de señoras vestidas con una elegancia que
nos ha sorprendido agradablemente".
Los principales jefes imperialistas quedaron hospedados en las casas de los
vecinos más distinguidos y el resto de la tropa en el Colegio Civil, que se
encontraba clausurado y durante los años que estuvieron los franceses en
esta ciudad quedó convertido en cuartel.

El hecho de gue en Durango fueran recibidos los franceses con tanto entusiasmo por parte del pueblo indica que aquí sucedía lo mismo que en la
mayor parte del país. La anécdota tan conocida de que una vez que fue
derrotado el Imperio_ y los Republicanos ocuparon la capital de la República,
al tratar de reorganizar cada una de las secretarías, se encontró en una de
ellas una lista de todos los .simpatizadores del Imperio, la que se trató de
ocultar porque si se hubiera dado a conocer no se hubiera encontrado gente
para formar el Gobierno Republicano, tiene su aplicación en esta ciudad.
El 5 de julio se celebró una junta en uno de los salones del Palacio de
Gobierno, a invitación del general VHeriller con el fin de nombrar las autoridades que debian de regir los destinos del Departamento de Durango.
Según puede leerse en el número correspondiente del periódico oficial de
la Prefectura Superior Política, de fecha 14 de julio de 1864, asistieron 95
personas cuyos nombres aparecen al final del acta correspondiente.
Basta leer los nombres de todas las personas que asistieron a dicha junta
P_ara darse cuenta que ahí estaban las más conocidas de la entonces pequeña
ciudad de Durango.

461

�El general L'Heriller exhort6 a los asistentes para que con toda libertad hicieran el nombramiento de sus autoridades y se retiró del salón. Entonces se
cligi6 como Prefecto Politice del Departamento de Durango al señor don
Buenaventura G. Saravia y como Prefecto Municipal al licenciado don Rodrigo Durán.
El día 6 e hizo la elección del Ayuntamiento, resultando electos los siguientes:
Primer Alcalde, don José Rafael Peña.
Segundo Alcalde, don Crescencio Romero.
Tercer Alcalde, Lic. don Vicente Quijar.
Primer Regidor, don Juan de Dios Palacios.
Segundo Regidor, don Gerardo Jáquez.
Tercer Regidor, don Juan Francisco Escobar.
Cuarto Regidor, don Francisco Alvarez.
Como Procurador resultó electo don Clemente García.
El primer acto del Ayuntamiento fue adherirse al Imperio según acta
del 12 de julio.
El Prefecto Saravia una vez que tomó posesión de su alto cargo integró el
Consejo Departamental con las siguientes personas como propietarios: Juan
N. Flores, Lic. Toribio Bracho, Francisco García, Ignacio Asúnsolo y Felipe
Pérez Gavilán. Estos nombramientos fueron ratificados por el Emperador Maximiliano el 14 de agosto del mismo año.
Después de haber ocupado la ciudad de Durango, el ejército francés pasó
a diversos pueblos del Estado; el 14 de julio llegó a San Lucas de Ocampo,
el día siguiente ocupó San Juan del Río; el 21 de septiembre ocupó Nazas y
el 3 San Juan de Guadalupe.
No obstante la ocupación del Estado por los imperialistas, no había paz.
El 15 de noviembre fue nombrado Comandante Militar del Departamento de
Durango el general José Quintanilla, días después salió de esta ciudad a
campaña y en el Pasaje fue muerto intempestivamente en unión de su secretario Mariano Canseco. Esto indica que ninguna tranquilidad existía en
Durango.
Como el Prefecto Saravia se diera cuenta que la opinión del Departamento
de Durango no estaba unüicada a favor del nuevo régimen de cosas, inició
una gira por algunas partes a fin de convencer a sus habitantes de que el
mejor régimen para el país era el imperialista. Una larga temporada se pasó
Sa.ravia por esos lugares que visitó uno por uno y cuando consideró completa
m misión regresó a Durango.
En su ausencia se encargó de la Prefectura Política el señor Juan de Dios
Palacios. En el mes de octubre de 1865 el señor Saravia se separó definitiva-

462

mente de la Prefectura y en un principio lo substituyó el señor Palacios y
después el doctor Felipe Pérez Gavilán.

Accio11es de guerra
Estas eran frecuentemente, pues exisúan diversas partidas de republicanos
que combatían sin cesar; entre los incansables estaba el general Patoni que
muchas veces !legó a dar serias batallas a los imperialistas, tanto en Menores
y en Juana Guerra. Pero la batalla más importante fue la de Majoma que
tuvo lugar el 21 de septiembre de 1864 en eJ cerro de este nombre que se
encuentra en los límites de este Estado con el de Zacatecas.
La columna republicana era dirigida por el general González Ortega y
&lt;:olaboraban los generales Patoni, Alcalde, Oitega, Carvajal y Castro.
Sabedor el general González Ortega de que una columna de imperialistas
venía de Zacatecas en auxilio de Durango, y se encontraba próxima a San
Miguel del Mezquital, decidió destruirla, para lo cual se dirigió con todo su
ejército a San Miguel, pero sabiendo los franceses el plan de aquél, retrocedieron para encontrarse con las tropas de Gonzáiez Ortega.
La columna imperialista que ib_a a las órdenes del coronel Martín llegó el 21
de septiembre a la hacienda de la Estanzuela que se encuentra en el Municipio
&lt;le Cuencamé, el coronel Martín resguardó su convoy en la casa grande de
la hacienda y en las azoteas almenadas dejó sus ejércitos armados.
El cerró de Majoma fue ocupado por las tropas que mandaba el general
Patoni, así como con las del bataUón de Chihuahua a las órdenes del general
Ojinaga. En la llanura se situaron las divisiones de González Ortega y Alcalde; ésta que constituía la reserva, quedó un poco atrás y a la derecha la
del general en jefe; 1a caballería del general Castro, que la integraban unos
200 hombres, formó el ala izquierda, y la del lado opuesto la formaron 300
jinetes de Carvajal.
La acción fue provocada por Carvajal que al frente de un grupo de exploradores llegó hasta los aledaños de la hacienda donde se desprendió el capitán
Fouré con un escuadrón de cazadores montados; se trabó un combate de corta
duración en el que los mexicanos obtuvieron la ventaja.

Martín creía en un principio que sólo tenía que batirse con la División
Patoni, porque las otras fuerzas no eran visibles desde la hacienda y se lanzó
al rescate del cerro; pero descubrió a poco que se hallaba frente a todo un
ejército, cuando ya no era posible retroceder; comprendiendo que la loma
era la llave de la posición, siguió adelante decidido a ocuparla; entró en
fuego la artilleria y uno de los primeros disparos destrozó al propio coronei'
Martín; lo substituyó el comandante Japy, quien aceleró y se apoderó de
463

�la altura) capturando parte de la artilleóa y volviéndola contra los republicanos.
Todos los esfuerzos de Patoní y González Ortega resultaron ínfructuosos;
Alcalde permaneció inmóvil y ni uno de sus soldados se batió, entonces González Ortega pudo efectuar la retirada, la que trajo la dispersión del Ejército
de Occidente.
Éste se componía de tres mil quinientos hombres y los franceses eran ochocientos.
Esta fue una de las batallas de más graves consecuencias para el Ejército
Republicano, que aquí se acabó.
Se encontraba en el Estado de Durango el Presidente Juárcz, habiendo llegado a príncipios del mes de septiembre en su peregrinar hacia el ,norte;
El primer lugar del Estado de Durango que tocó fue Santa Rosa, de a~1 paso
a Mapinú a donde llegó el día siete, después a Pedriceña donde el qumce de
septiembre dio el "Grito de Independencia". Dice Guillenno Prieto, uno de
los acompañantes del Presidente Juárez, que aquel día quince de septiembre
llegó a Pedriceña la Comitiva, iban todos cansados yéndose a recoger sín
acordarse de la fecha en que estaban, a no ser por las luminarias que los
soldados de la tropa habían encendido por todo el campamento. Así recordaron la fecha que se conmemoraba, dando el Presidente Juárez "El Grito" Y
el discurso corrió a cargo del mismo don Guillermo Prieto.
Cuando ya todo estaba en silencio y cada quien en sus habitaciones, a ínvitación del mismo Prieto los soldados fueron a cantarle al señor Juárez unos
. ' "L a PaJ orna" , que enimprovisados versos suyos con la letra de 1a canc1on
tonces estaba de moda. Dichos versos dicen así:

Si a tu ventana llega un pajarito,
trátalo con cariño que es don Benito.
Al día siguiente la Comitiva pasó a la hacienda del Sobaco, donde recibió
la visita de las autoridades de Nazas que iban a invitarla para que visitara
a esa ciudad.
Como ya se esperaba el choque de los ejércitos republicano e imperialista,
que como hemos dicho tuvo lugar en Majoma, el señor Juárez aceptó ir a
Nazas donde esperó el resultado de la batalla, que seguramente tenía esperanzas de que fuera favorable para la causa que defendía, pero al saber
el resultado, optó por seguir rumbo a Chihuahua.
Mientras tanto las fuerzas francesas seguían ocupando el Estado de Durango y el general L'Heriller fue substituido el mes de noviembre por el generaJ Castagny.

464

Actos sociales
Desde su llegada a esta ciudad los oficiales del Ejército Francés procuraron
relacionarse con la sociedad de Durango a través de distintos actos sociales.
Pocos días después de haber llegado a esta ciudad el Ejército Francés, la
Prefectura Política del Departamento de Durango organizó un baile en honor
del general L'Heriller, que tuvo lugar en el Palacio de Gobierno. Las crónicas
de este acontecimiento social aparecen publicadas en el periódico oficial de
la Prefectura Oficial Política. En dicho baile los poetas Crescencio Romero,
Antonio Gómez del Palacio y Vicente Quijar hicieron gala de su inspiración.
Después hubo otros dos bailes, el primero el 4 de diciembre en honor del
general Castagny dado por los vecinos de esta ciudad; el segundo el 15 de
agosto de 1865 obsequiado por el propio general Castagny con motivo del
cumpleaños del Emperador Maximiliano.
De este último baile conocemos una bella crónica escrita en verso por don
Vicente Quijar en la que habla con mucha elegancia de las damas que asistieron a dicho acto social.
Por ese entonces se empezó a munnurar que el general Castagny habíase
enamorado de una bella dama de esta ciudad cuyo nombre era Rosa.
Uno de aquellos poetas románticos compuso unos versos que todo Durango
conoció y que se sabía de memoria y que han llegado hasta nosotros. Dicen así:

¡ De estas Rosas no hay en Francia,
mi general Castagny!
¡ Este garbo, esta arrogancia
son propios sólo de aquí.!
El 28 de abril de 1866 se inauguró en esta ciudad el Hospicio San Carlos
destinado a la atención de los niños pobres. Se fundó a iniciativa de un grupo
de damas altruistas, las que no teniendo los recursos suficientes para su fundación, se dirigieron a la Emperatriz Carlota quien les regaló la cantidad de
quinientos pesos; por dicho motivo la institución llevó su nombre.
Años después el hospicio cambió su nombre por el de Francisco Zarco, que
es el que ostenta actualmente.
Por motivos de sobra conocidos, el Ejército Francés fue retirado de este
país, entonces conforme iban abandonando las diferentes ciudades los imperialistas, iban siendo ocupadas por los republicanos.
En esta ciudad el Ejército Francés comenzó a salir el 4 de agosto de 1866
nunbo a San Luis Potosí, quedando la plaza defendida por el batallón mixto

465
H30

�compuesto de trescientos hombres, un escuadrón de cien hombres de caballería,

más el batallón imperial formado por 600 infantes.
Los jefes republicanos que se encontraban en el Estado eran los generales
Silvestre Aranda, Francisco O. Arce, Juan González Herrera y Miguel Auza,
siendo este último nombrado jefe de las fuerzas de Durango, por cuyo motivo
hubo descontento entre el elemento militar, siendo nombrado en su lugar el
licenciado José Ma. Pereyra.
Los republicanos velan en la toma de Durango la llave del éxito en sus
futuras campañas. Así lo confesó el general Aranda al Presidente Juárez en
carta que le dirigió el 28 de agosto de 1866, al decirle que "la ocupación de
Durango será de la mayor importancia, pues entonces se extendería una línea
desde Matamoros hasta Mazatlán, situándose en algún punto de ahí el gobiemo podrá dictar las disposiciones necesarias para llevar a cabo la destrucción del Imperio".
Al abandonar definitivamente el Ejército Francés esta ciudad un grupo de
vecinos dirigidos por el señor licenciado Francisco Gómez Palacio, se comprometieron a cuidarla con el fin de salvaguardar el orden y evitar que se cometieran abusos mientras llegaban las tropas republicanas.
Ocupó la ciudad ele Durango don Silvestre Aranda que tenía el nombramiento de Gobernador y Comandante Militar del Estado de Durango, expedido a su favor por el Presidente Juárez.
El general Aranda se preocupó por reorganizar los servicios públicos y únicamente a los más conocidos imperialistas los castigó imponiéndoles fuertes
multas, pero fue muy parco en las medidas que tomó, dado que la mayor
parte de los vecinos de la ciudad simpatizaban con el Imperio.
El 26 de diciembre hizo su entrada a esta ciudad el Presidente Juárez, donde
estuvo hasta el 30 en que salió rumbo a Zacatecas.
De su estancia en esta ciudad, nos ha dejado un interesante relato el señor
licenciado Luis Zubiría y Campa, que aparece publicado en el Álbum ]uárez,
editado el año de 1931. Dice así:

"El 26 de diciembre de 1866 don Benito Juárez, hizo su entrada a
la ciudad de Durango, donde fue recibido con entusiasmo y arcos triunfales; las principales /Jersonas del Partido Liberal salieron a encontrarlo a la Garita del Norte, donde se form6 un templete para darle la
bienvenida y pronunciar discur5os alusivos al acto; las campanas se
echaron a vuelo y la artillería de la plaza hizo los honores de ordenanza, disparando veintiún cañonazos. La Comitiva Oficial entr6 en elegantes coches y el pueblo, delirante, pretendi6 arrastrar la tarretela
Presidencial y quitarle los caballos, pero el señor Juárez, de manera su466

plicatoria se opuso a ello. La calle de mayor tráfico ha sido siempre la
que hoy lleva el nombre de Constitución y que en ese tiempo la apellidaban 'De los Conservadores', por tener muchos de los connotados imperialistas sus residencias .allí; la Comisi611 encargada del recibimiento
no quiso que el Presidente entrara por esa calle, sino por la de Teresas (hoy Juárez). Al pasar por el lado oriente de la Plaza de Armas se
le extendió una gran Bandera Francesa, para que pasara sobre ella; al
notarlo don Benito, detuvo la carretela disgustado y ordenó que fuera
levantado el referido pabellón ( después se supo que la idea del hecho
fue de la señora Luz Noriega de Arce que había sido perseguida en la
época de los franceses por su labor patriótica a favor de la causa republicana; era esposa del General liberal Francisco O. Arce). El séquito
continuó '.)I dio vuelta por la calle Real ( hoy calle de 5 de Febrero) hacia la Casa de Gobierno, donde se lzabfa preparado alojamiento al
Presidente y sus acompañantes, que lo eran: Lic. José María Iglesias, El
General Ignacio Mejfa, el General Francisco Ortiz de Zárate, etc., y su
escolta especial.
Por la noche se dio un gran baile en el Salón Principal del PaCacio
de Gobierno, al que asistieron las familias de los Liberales, distinguiéndose entre las damas, la señora Guadalupe Porras de Mascareñas con
quien bailó una pieza el Presidente; la aristocrática señora Josefa Segura de Santamaría; la inteligente y sociable señora Carmen !tune de
Santamaria; la arrogante señora Luz Noriega de Arce; la señora Francisca Asúnsolo de De la Peña llevando elegante traje tricolor; doña
Cleofas Valles de Ríos y Valles, doña Antonia Prado de H ernández,
etc., la misma noche hubo fiestas públicas populares, un baile en la
Plaza de Armas y los cohetes clásicos.
Al día siguiente se obsequió al señor Presidente con 1m suntuoso banquete; al finalizar éste hubo varios brindis y el señor Cayetano Mascareñas aludiendo a algunas personas que habían simpatizado con el régimen anterior y que trataban de acomodarse al nuevo orden de cosas,
pronunció unos versos que terminaban así:
Brindo por las blusas rotas
en la guerra, no en la pa.z;
no por los falsos patriotas
que gustan ponerse botas
al sol que calienta más''.
El día 27 por la noche, la Compañía de Opera Mexicana que se encontra-

467

�ba en Durango desde el mes de julio, dio una función de invitación a la
que concurrieron todos los liberales. Al entrar el Presidente se estrenó el Himno a Juárez, composición durangueña con música del Director de la Compañía señor M.iguel Meneses y letra del licenciado Antonio Verdugo, cuyo coro
es el siguiente:

Viva Juárez, mil ecos repitan
porque Juárez la Patria nos dio,
y ya rotas las férreas cadenas
impotente el tirano partió.

BERNARDO REYES EN LA HISTORIA DE MÉXICO
E. V.

Con la cita transcrita, damos por terminado este trabajo histórico, que no
tiene más objeto que el de dar a conocer una época muy importante de esta
ciudad de Durango.

BIBLIOGRAFIA

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1949
Jv.árez. Lu1s ZunnÚA Y CAMPA. 1931.

468

NJEMEYER

JR.

RESULTA SIBMPRE MUY oIFÍcn, colocar a un personaje en la verdadera luz
histórica y para cada uno de nosotros interpretar los acontecimientos cuando
se tienen prejuicios personales.
Lamarti.oe ha clicho que la historia no es otra cosa más que una biografía
a grande escala. Pero los lectores de cualquier biografía casi nunca están de
acuerdo con la personalidad en cuestión. Para algunos, es un pecador. Para
otros, es un santo. Todo lo que un historiador puede hacer, es sujetarse a
presentar los hechos tal como son y emitir al final sus propias conclusiones
derivadas de tales hechos. El lector siempre tiene que formular su propia
decisión.
¿ En qué fonna han tratado los escritores de la Historia de México a la figura de Bernardo Reyes, General de División del Ejército Mexicano, podirista de hueso colorado, y por mucho tiempo Gobernador de este Estado de
Nuevo León? Algunos han sido justos con él. Otros no lo han sido. Antes de
llegar a ninguna conclusión en relación a que si sus cualidades exceden sus
defectos, yo desearía considerar al personaje Bernardo Reyes sobre la base
de las siguientes características. Sobre todo debemos prepararnos para juzgarlo colocándolo exactamente en el tiempo en que vivió.
Primeramente debemos recordar que don Bernardo fue un soldado. Desde
la primera vez que luchó contra los invasores franceses con piedras: y palos,
siendo todavía un muchacho de catorce años, basta el momento en que cayó
mortalmente herido el día 9 de febrero de 1913, Reyes fue un enamorado de
la vida militar. Es necesario darle la atención necesaria a sus hazañas en el
campo de batalla. Antes de los 17 ya había sido herido en combate dos veces:
una por sable, otra por bayoneta. Fue un dulce consuelo el estar presente
cuando Maximiliano entregó su espada al general Mariano Escobedo en Querétaro. De 1867 a 1885 participó en numerosas campañas contra los revoltosos que hicieron imposible la paz en México durante este período. Los aseen-

469

�sos se sucedieron frecuentemente a medida de que el joven oficial demostraba
hab~dad, astucia, v3:1or y adaptabilidad a los rigores de la vida en campaña
en diez estados y baJo cuatro presidentes. El sentido de lealtad hacia Lerdo
de Tejada lo involucró en escaramuzas con ]as fuerzas porfiristas en 1876
pero aun esto no detuvo su ascenso meteórico en rango.
Sus cualidades como jefe y su lealtad fueron prontamente reconocidas por
Díaz. La batalla de Villa Unión en 1880 fue una carga de caballería en la
que Bernardo Reyes, a la cabeza de sus tropas recibió tres heridas, una de
las cuales le hizo pedazos la mano derecha y lo dejó parcialmente manco para el resto de sus días. Por esta victoria que aplastó una revuelta que amenazaba abarcar el México occidental, Bernardo Reyes recibió el grado de General de Brigada. Más tarde llegó a General de División. Mientras muchos
generales engordaban o enriquecían durante la Pax Porfiriana, Bernardo Reyes se dedicó a: su profesión. Constantemente se perfeccionaba en la Ciencia
Militar y en sus tácticas. Escribió manuales de instrucción y revisó muchos de
los existentes. Tenía una verdadera sed del saber. Su gran oportunidad llegó
en 1900 cuando Díaz lo nombró Ministro de Guerra. Al darse cuenta de la
miserable condición del ejército, del lucro y de la ineficiencia que prevalecían
en el ~sterio de Guerra, Reyes no perdió tiempo en instituir refo:rmas que
re~entmamente transformaron este ejército en una máquina de guerra de
primera clase. El mayor logro obtenido fue probablemente la creación de la
Segunda Reserva que juntó a más de 30,000 reclutas y 210 unidades de reserva en toda la nación. 1
Nunca jamás se había conocido tal patriotismo y devoción al país durante
tiempo de paz. Desgraciadamente esto le valió a Reyes la enemistad de los
científicos que provocaron su renuncia del Gabinete y suprimieron la Segunda Reserva.
Bernardo Reyes fue primero, último y siempre un militar. Cuando escribía
de lo que era más querido a su corazón: El Ejét-cito Mexicano. Anotamos
aquí sus palabras en la monografía El Ejército Nacional~ que fue su contribución a un trabajo de Justo Sierra intitulado: Méxi.co, Su Evolución Social:
"¡-Qué época la de nuestras guerras! ¡ Los batallones que combaten, y
sus restos ensangrentados que son vencidos o que triunfan· los escuadrones arrebatados por el vértigo de la caroa, que caen destrozados; los caño11,es que truenan e iluminan siniestramente; los estandartes flotando,
1

Memoria de la Secretarla de Estado y del despacho de Guerra y Marina presen•
tada al Congreso de la Unión por el secretario del ramo, gmeral de división Bernardo
Reyes. Comprende del lo. de julio de 1901 al 31 de diciembre de 1902:, (México Tipografía de la Oficina Impresora de EstampilJas, 1902), 6-7; JosÉ R. DEL CAsT~LO
Historia de la Revolución Social de Mlxico 'de 1910 (México 1915) , 66.
'

470

corriendo como llamas er1cendedoras, en los amigos y enemigos campos;
tropas chorreando sangre, que se miran entre el fuego y el humo; brillo
de armas, fragor de bronces, toque de cornetas y tambores, flamear de
banderas vencedoras o vencidas; tal fue el cuadro apocalíptico de nuestras luchas intestinas! Y así, despedazados por ellas, nos agobia la invasión
anglo-sajona, y luego, más tarde, viene el galo a nuestro festín sangriento: pero nada nos agota: ruedan instituciones envejecidas, ruedan
cabezas con coronas, y al fin, tras tanto padecer, tras brega tanta, se alza
nuestra República gloriosa; se yergue al cielo, por nuestro ejército sostenida, la nacional Bandera Mexicana.
Al reflejarnos la Historia, en su gigante espejo fiel, la perspectiva de
los tiempos idos, el vértigo de lo infinito1 nos invade, se siente el deseo
de acciones grandes, y la emoción, electrizando nuestros nervios, nubla
la vista y aprieta el corazón"!

Solamente un romántico pudo haber escrito así.
Cuando hablaba y actuaba lo hacía como un soldado que creí.a en la Autoridad y en el mando militar. Esta característica más su naturaleza impulsiva y su gran dificultad para convivir con aquellos que no participaban de sus
puntos de vista, le crearon muchos enemigos entre sus contemporáneos civiles.
Fue su código de honor militar que le impidió actuar contra Madero. Unicamente después de haberse retirado del Ejército el día 2 de septiembre de 1911,
pudo rebelarse contra el Gobierno Constitucional. Como soldado sabía lo que
significaba la muerte y cómo morir cuando el tiempo llegase.
Fue en el campo de la administración donde Bernardo Reyes brilló como la
más fulgurante luminaria del período porfiriano. Ya he mencionado sus reformas al Departamento de Guerra. Ayer hablé de su administración en este
Estado y cómo se dedicó a servir a los intereses públicos. En este aspecto demostró una gran inteligencia en hacer decisiones, en ver que sus órdenes se
ejecutaban al pie de la letra, una alerta visión en lo que estaba transcurriendo en todo momento en la administración del Gobierno del Estado y honradez escrupulosa que abarcaba desde su vida privada hasta su vida pública.
Para el Estado de Nuevo León y para la ciudad de Monterrey, Entidades que
estaban pasando por su período de desarrollo, no podrá haber circunstancias
más afortunadas.
Además de los talentos militares y adininistrativos que caracterizaban a
don Bernardo Reyes, tan ampliamente demostrados, debemos considerar su
' General don BERNARDO Ri;;n;s. El Ejército Mexicano, monografía hi.rtórica escrita en 1899 para la obra, México - su evolución social. Edición especial (México, J.
Ballesca y Cía.), 1901, 75-76.

471

�papel como agente en jefe del Porfiriato en la frontera noreste. De 1885 a
1909, Reyes fue la personificación de Porlirio Díaz en esa área. Fue él quien
destruyó el cacicazgo Treviño-Naranjo en Nuevo León, e hizo posible posteriormente la reconciliación política tan favorable al desarrollo económico.
Fue él quien puso fin al desorden y al contrabando a lo largo de la frontera
norte que siempre había constituido una amenaza para el centro de la República.
Con firme lealtad a Porfirio Díaz, Bernardo Reyes se hizo cargo de todos
los procesos políticos en Nuevo León, Coahuila y aun en una menor escala
en el Estado de Tamaulipas. Una palabra de Bernardo Reyes era generalmente suficiente para detener cualquier oposición a Díaz y a su régimen.
Durante el porfiriato, el agente solidifícador del régimen era el Gobernador
del Estado, quien muchas veces fue descrito por algunas autoridades como un
títere de Díaz e incapaz de ejercer su propia iruciativa. En gran parte esto
era verdad. Los Gobernadores debían su posición a Díaz y a él solamente.
Pero sería injusto caracterizarlos como puramente agentes mecánicos del Presidente porque eso no haría justicia a la responsabilidad de su posición como jefes administrativos y políticos de sus Estados ni a su papel de mantener
el prestigio de la Dictadura y del aseguramiento de su continuación.
Los gobernadores servían como fuentes de información y comÓ Consejeros en asuntos locales; desarrollaban mucho del trabajo del centro en la ejecución de la política conciliatoria de las diversas facciones e intereses en los
Estados y contribuían a conservar la paz y el orden tan necesarios al desarrollo económico. Su relaci6n con Díaz puede ser mejor descrita como una de
cooperación mutua y de interdependencia. De todos los Gobernadores de Estado durante el porfiriato, ninguno tipifica mejor esta relación que Bernardo
Reyes.
En los primeros años de su larga administración Díaz preparaba las listas
de candidatos para el Congreso, la Legislatura del Estado y los puestos judiciales, pero a medida que el tiempo pasaba Reyes asunúó personalmente ~ta
responsabilidad y únicamente enviaba los nombres a Díaz para su aprobacion.
Si este sistema era anti-democrático, fue ciertamente el que más se acomodó a
las tendencias políticas contemporáneas en los procedimientos gubernamentales mexicanos.
No solamente ejerció Reyes una poderosa influencia en el nombramiento
de los miembros del Congreso, sino que también ejecutó grandes servicios de
carácter político, judicial y civil para el centro. En 1894, por ejemplo, se
ocupó todo un año en intervenir en los asuntos comerciales en Coahuila _Y
Nuevo León a petición de miembros del Gabinete. No era raro que se le pidiera intervenir en litigios, el resultado de los cuales eran de interés para el

472

•

Gobierno Nacional. Podemos dar un ejemplo de cómo se le pedía que demostrara con solamente su presencia la Autoridad del Gobierno Nacional en
el Estado de Nuevo León. Una carta a don Bernardo Reyes del Presidente
Díaz fechada el 31 de Julio de 1899 reza a la letra:
"Como el Gobierno General no tiene en ese Estado
por virtud de su carácter oficial y por sus reconocidas
merecedor de mayor confianza que Usted .. . sírvase
de Caja de la Jefatura de Hacienda para mostrar en
ta que la inspección ha sido verificada". 8

una persona quien
cualidades sea más
visitar las oficinas
forma más concre-

Para Bernardo Reyes, encargado de mantener la autoridad y prestigio del
sistema político porfiriano en la frontera norte, esta tarea era parte de su día
de trabajo.
Puede afirmarse que Reyes desde su llegada a Monterrey siempre conservó un ojo vigilante sobre los acontecimientos de la política coahuilense. Como un ejemplo de su atinada intervenci6n en ese Estado, podemos mencionar
que intervino en la eliminación del Gobernador José Maria Garza Galán en
1893. El año siguiente Reyes se vio obligado a llamarle la atención al Gobernador Francisco Arizpe y Ramos que "es necesario que estén de acuerdo conmigo" y que de no hacerlo sería "contrario a la política general de la nación,
la que requiere que cada una de las Entidades que la integran hagan sacrificios para el bienestar de todos".• Más tardeo Reyes se vio obligado a escribirle a Arizpe y Ramos que era imposible que "continuara a la cabe7,a de ese
Gobierno". Después de la renuncia de este Gobernador en 1894, el Lic. Miguel Cárdenas llegó a la gubernatura y sirvió como dócil instrumento de Reyes en Coahuila por espacio de 15 años.
Después de haber discutido brevemente las más importantes fases militares y administrativas de su carrera pública, es necesario hacer mención de la
calidad humana de Bernardo Reyes. En una época en que el progreso material de la Nación iba acompañado por la despiadada explotación de los trabajadores industriales y de la esclavitud de la población campesina, la voz de
Bernardo Reyes frecuentemente se dejaba oír en defensa de los oprimidos. Su
mterés en el ranchero, el campesino de la comunidad mral y el indio en su
aldea nativa, le impulsaron a intervenir en muchas ocasiones para proteger
Porfirio Dlaz a Bernardo Reyes, 31 de julio de 1899, ms. Cartas del Sr. Presidente
Dí.u al Sr. Gral. Bernardo Reyes, enero de 1899 a 18 de enero de 1900, Archivo de
:Bernardo Reyes.
• lleye.s a Arizpe y Ramos, Monterrey, June 4, 1894, ms. Cartas Varias, 1894. p.
:240. Archivo de Bernardo Reyes.
1

473

�a esta humilde gente contra la explotación de esos extranjeros ansiosos de
enriquecerse con la tierra y con el agua que hace a 1~ tierra rendir sus frutos. Su sentido de justicia social determmaba su oposición a la rapacidad de
la Claque de los científicos. A todo esto hay que añadir que decretó una legislación social en el Estado de Nuevo León que lo colocó muy adelante de la
tendencia contemporánea tanto en México como en el extranjero. Su Ley Sobre Accidente.s del Trabajo ( 1906) y su Ley dirigida a la eliminación del peonaje ( 1908) son solamente dos de las muchas manifestaciones de su preocupación humanitaria para el trabajador y su bienestar. 5 Estos actos son ma,,on1ficos exponentes de su recio espíritu liberal.
Para 1909, a medida que la Dictadura se aproximaba a su fin, la estrella
de Bernardo Reyes había lleg;,.do a su cenit. Su comprobada capacidad lo haáa aparecer ante los ojos de todas las clases sociales como el único para conducir un movimiento de reforma social, económica y polí.tica.
Desafortunadamente para México, Reyes no respondió a la demanda de
que actuara en contra de Díaz. ¿ Era por seguir su comportamiento patriótico tradicional? La definición del vocablo patriota es: aquel que ama a su
patria y apoya celosamente su autoridad y sus intereses. En esta ocasión coloc6
su lealtad a Díaz antes que los mejores intereses de su querido País. Fue una
lealtad personal que no supo cómo vencer. Además, creyó que cualquier oposición a don Porfirio Díaz, conduciría a la violencia, a la destrucción y al
caos. En las palabras de Daniel Cossío Villegas, Reyes "no deseaba, como al
igual que ningún otro hombre dentro del régimen, arrojar la primera piedra
contra el palacio porfiriano". 6
Siempre fue la convicción sincera de Reyes que lo que él había hecho era lo
mejor para México, y únicamente una persona de alto valor moral pudo haberse adherido a tal política ante la universal demanda de que retara la Dictadura. Al hacer caso omiso del llamado del pueblo, hizo el mayor sacrificio
personal en a.ras de la lealtad. Sus seguidores poco entendieron o apreciaron
los altos ideales que motivaron la conducta de Bernardo Reyes durante el
apremiante verano de 1909. Y Díaz, sobre quien descansaba la última responsabilidad por el sacrificio de Reyes, tampoco supo apreciar la conducta de
su General de División, hasta que se abrió el fuego de la Revolución de
1910 y no había un Bernardo Reyes para extinguir las llamas.
• Memoria que el ciudadano general Bunardo Reyes Gobernador Constitucional del
Estado de Nuevo Le6n presenta a la XXXIV Legislatura del, mismo y qu.e corresponde al pufodo transcurrido del 4 de octubre de 1903 al 3 de octubre de 1907 (Monterrey, Tip. del Gobierno del Estado, 1908), tomo I, 732-736, 740-742 ; Peri6dico oficial
del gobierno del Estado Libre y Soberano de Nuevo León, vol. XLIII, no 64, p. 2.
• Manuscrito en posesión del Dr. Daniel Cossio Villcgas.

474

Con la salida de Díaz en 1911, la causa de don Bernardo, tan íntimamente
identificada con el viejo régimen, pasó a ser u.na causa perdida para siempre.
El héroe del pueblo era ahora Francisco Madero. Desde el 4 de junio de 1911,
cuando Reyes regresó de Europa, hasta su trágica muerte un año y ocho meses
después fue patente que su carrera pública había terminado, pero Reyes todavía se resistía a reconocerlo. Era un indeseable, pero se rehusaba a creerlo.
Tenía delirio de grandeza y se consideraba como el único llamado por el destino para salvar a México del caos y la anarquía que amenazaba la propia
existencia del país. Instigado por partidarios que estaban igualmente cegados,
Reyes fue empujado a cometer una serie de errores: anunciar su candidatura
contra Madero, el apóstol, y rebelándose contra él desde San Antonio Texas
a fines de 1911, cada uno de los cuales lo hundía más en el fango del cual'
únicamente su muerte frente al Palacio Nacional le extraería con honor.
Porque Bernardo Reyes había rehusado retar a don Porfirio en 1909 se
'
le llamaba cobarde. Porque se rebeló contra Madero en 1911 y 1913 se le
denunció como traidor. Además de la seriedad de•estas acusaciones las desafortunadas circunstancias acontecieron cuando los historiadores interpretaron a
Reyes y su papel en la Historia de México, contra la luz de los trágicos eventos
que lo envolvieron en una red desde 1909 a 1913. Tal interpretación es injusta para Reyes, quién merece ser juzgado de acuerdo con los tiempos en que
vivió. Fue esencialmente un producto del, y contribuyó al régimen porfiriano
al cual le dio los mejores años de su vida. En comparación con otros funcionarios de su época Bernardo Reyes fue sobresaliente. Sin embargo su vida
desgraciadamente traslapada con el siguiente período de la Historia de México, una época extrafia a Reyes y la era autoritaria que representó. Si Reyes
no pudo aceptar el cargo, no debiese ser juzgado tan rígidamente por causa de
los trágicos eventos que lo envolvieron en los años de 1911 y 1913. Pero el
estudiante de la Historia de México, las personas que atienden a esta conferencia tendrán que decidir por sí mismos. Cualquiera que sea vuestra decisión
,
'
pe~taseme_ cerrar con este párrafo tomado de su querido Alfonso, (q.e.p.d.),
qtuen conoció a su padre tan bien y quien aquilatando las cualidades de un
hombre íntegro, lo amó tanto:
"Cuando la ametralladora acabó de vaciar su entraña, entre el montón de hombres y de caballos, a media plaza y frente a la puerta de
Palacio, en una mañana de domingo, el mayor romántico mexicano había muerto". 1

' ALFONSO RBYEs,

Oración del 9 de febrero. (México, Ediciones Era, t 963) , 23.

475

�E

LA FRAGATA CORSARIO "LA ARGENT! A"
LAS COSTAS AMERICANAS SEPTENTRIO ALES
JosÉ TORRE REVELLO

l. "LA

ARGENTINA"

PARA coNTRARllESTAR LA ACCIÓN de los navíos de guerra españoles y perseguir
su comercio marítimo, el gobierno de las Provincias Unidas del Río de la
Plata resolvi6 establecer el corso, concediendo patente para su ejercicio a toda
persona que armara algún buque destinado a luchar contra las embarcacion
enemigas.1 Para ello promulgó el 5 de mayo de 1817, un reglamento donde,
en cuarenta y seis artículos, se establecían las disposiciones que regulaban las
obligaciones y fines de la guerra que debían sostener los navíos corsarios. 2
En el artículo doce de ese reglamento, se prometía premiar a todo corsario
' La primera disposici6n sobre corso, dictada por el gobierno de las Provincias Uni-

das del Rio de la Plata, fue el D,cr,to para ,1 Corso expedido en Buenos A.ir,s, el 18
de noviembre de 1816. Impreso de la €poca, 4 páginas. Consta de 19 artículos y, en su
prdmbulo, se Ice: "La guerra sangrienta que el rey D. Fernando VII desde su rtstituci6n al trono de sus padres ha continuado por medio de tiranos contra lo puc-blos
del nuevo mundo que han reclamado su inmunidad natural, exige las medidas de
reinstalaci6n que permite el derecho de gentes y hacer sentir a la naci6n española
las consecuencias de la bárbara obstinación de su monarca, fascinado por ministros
corrompidos contra el justo clamor de los americanos injuriados".
1 Antes de promulgarse el decreto del 18 de no\'icmhrc de 1816, que fue reemplazado
por el R,glamento d, Corso del 5 de mayo de 1817, estuvo en vigencia en las Provincias
Unidas del Río de fa Plata, la Ordenanza d, Corso, expedida por el monarca de España,
en 20 de junio de 1801, que consu de 51 artículos, y las adiciones que la compl mentaron. Véase ls1001to Rvtz MoRJ!NO, l,as presas marltimas
la República .Argentina,
prim,ra pn,11 (1810-/830). Estudios editados por la Faculud de Derecho y Ciencias
Sociales de la Universidad de BuCllos Aires, XIII, Centro de Estudios de Derecho Internacional Público, 1926, pp. 149-202, donde se reproducen los textos mencionados de

,n

1801, 1807 y 1817.

477

�•

que apresase alguna embarcación enemiga "con tropas, municiones o útiles de
guerra dirigidos a hostilizar los países de América o reforzar algún punto de
los dominios españoles". En el decimotercero se recomendaba a los comandantes de las naves corsarias, no ser crueles en el tratamiento de los prisioneros,
pero se les encargaba que incendiaran y destruyeran "todo buque enemigo
de alta mar, que por su poco valor no quiseran conducir apresado", prohibiéndose, terminantemente, dejar en libertad, bajo pretexto alguno, o bien
''dejar en poder de los enemigos embarcación alguna de la clase indicada, reputándose como hostilidad al país, cualquiera de esta naturaleza". Además
de lo señalado por dicho reglamento, se acostumbraba entregar a los capitanes
de los navíos corsarios, instrucciones reservadas que se debían tener en cuenta
en circunstancias especiales.
A Hipólito Bouchard, capitán de la fragata corsario La Argentina, a cuyas
hazañas nos vamos a referir, se le extendió su patente en la fortaleza de Buenos Aires, el 25 de junio de 1817.8 Con la misma fecha, se le dieron las instrucciones reservadas, haciéndose constar en éstas, el nombre de su armador,
doctor Vicente Anasta,;io Echevarría. Se e..xpresaba en ellas que la embarcación iba a ser destinada al "corso contra los eneJDigos de la América". Por
uno de sus artículos se precisaba que el gobierno deseaba mantener buena
amistad con todos \os países amigos y neutrales, por lo que recomendaba que
se respetara toda propiedad española que estuviera bajo el amparo de aquellos
pabellones, con excepción de "los géneros prohibidos por contrabando de
guerra; pero toda propiedad que se hallase bajo el pabellón español, sea la
que fuere, será buena presa; previa la declaración del gobierno y los oficiales
al servicio de esta nación serán considerados como prisioneros de guerra".
El corsario, en caso de trabar "combate tremolará el pabellón de las Provincias Unidas, a saber blanco en su centro y celeste en sus extremos a lo largo". Era obligación del capitán del corsario La Argentina, llevar un diario
de sus operaciones, que debía enviar periódicamente a las autoridades.
En otro de los artículos, se le señalaba al capitán del corsario, en fonna
especial, que si en su navegación encontraba alguna expedición destinada contra las Provincias del Río de la Plata, debía tratar de apresar, de truir o incendiar cuantas embarcaciones pudiera, considerándose "este servicio como el
más importante a la justa causa de la América". Además se le recomendaba
que, en caso de que navegase por el Océano Pacifico, considerase el bloqueo
impuesto a las costas peruanas por las autoridades españolas y tratara de
obtener toda clase de informaciones sobre las ideas que pudieran sustentar
' El facsímil, se reproduce en Ruiz MoRENO,

Las presas marítimas, entre pp. 10 y 11.

los habitantes de aquel virreinato, con respecto al sistema de libertad e independencia que se había proclamado en el Congreso de Tucumán.•

II.

EL PRIMER COMBATE NAVAL

El corsario La Argentina era en su origen una fragata mercante española
llamada C~nsecuencia, que había sido apresada por Hip6lito Bouchard, frent;
'3 las batenas del Callao, cuando en 1816 se hallaba al mando de la corbeta
~ada de ~uerra Halcón, en circunstancias que con Guillermo Brown, realizaba su pnmera campaña de corso sobre las costas del Pacífico.6
las úl•:-~
· d agac1ones,
·
h Hipólito
,
•Bouchard era oriundo de Francia y' secrún
o
LJ.J.UaS ID
abna n~c1~0 en Bormes, ?,oblación situada entre Tolón y Saint Tropez -lugar este ultimo que, tamb1en, se le ha señalado como cuna- el 15 de enero
de ~ 780. También se sostiene que pudo haber nacido en Sa~t Tropez " resunublemente" en 1785.6
p
En su j~ventud ~abía sido marino mercante e, incluso, había integrado el
rol de navios corsanos ~n su p~tri~ nativa. Llegó al Río de la Plata en 1809 y,
al estallar. en
·'
. .Buenos Aires al s1gmente año la Revolución de Ma}'º , se adbino
a su~ -~rmc1p10s, al crearse, en 1811, la primera escuadrilla argentina, se Je
confino una de las tres naves que la integraron. Partió, el 10 de febrero del
pu~rto de Buenos Aires hacia un fatal destino. Juan Bautista Azopardo,' Hipólito ~ouchard y Angel Hubac eran "capitanes, respectivamente, de las naves
Invencible, 25 de Mayo y Americana, cuyos nombres inspiraron aquella frase
«L• L as rep:o d,~ce V. MAR.ro QuARTARUOLO, Preparativos para el crucero de la fragata
a Argentina . Apartado del Boletín del Centro Naval, Buenos Airi.-s enero-febrero
de 1953. Vol. LXX, úm. 608, pp. 12-14.
'

1: T. MlimNA, La expedici6n de corso del comodoro Guillermo Brown en aguas del
Pacifico,
·
del I nsbtuto
·
de
. octubre de 1815-junio dt 1816, Buenos Aires. Publ:ca
• c10nes
1nves~gacioncs Históricas, número XLI, 1928; RICARDO R. CAILLET-Bots, Nuestros
.corsarios: l, Brown Y Bouchard en el Pacifico, 1815-1816, Buenos Aires, Publicaciones
&lt;lel
de Investigaciones Históricas, número LII ' 1930• y HÉC'IOR R . ~T'IO,
n •
H' Instltuto
.
i.stona de Brown, Buenos Aires, Biblioteca de la Sociedad de Historia Argentina VIII
1939, t orno J , p. 125 Y Slgts.;
·
·
'
'
del nusmo
autor: Capitán de navlo Hip6lito Bouchard
"Buenos Air~s, Secretaría de Estado de Marina, Departamento de Estudios Histórico:
Navales, sene C, número 2, 1961, pp. 30-36.
1

• ~"RANCtsco LA1ous, Identidad del capitán de navío Hip6lito Bouchard, en la
Naci6n, ~ucnos_ ~es, 10 de noviembre de 1962, p. 6. Ver la nota del Departamento
&lt;le Estudios Históncos avales, que firma Humberto F. Burzio en Ratto Capitán
ae navío Hip6lito Bouchard, pp. 71-72.
'
'

479
478

�de esperanza de que "a partir del 25 de mayo sería invencible la causa
americana". 1
La pequeña flotilla, cuyo mando ejercía Bouchard, cuando semanas más
tarde remontaba el Paraná, advirtió que iban en su seguímiento naves españolas procedentes de Montevideo, que respondían a las órdenes de Jacinto
de Romarate. El 2 de marro resolvió el jefe patriota fondear frente a San
Nicolás de los Arroyos, en donde se trabó la lucha en forma desigual para los
argentinos.ª
AJlí "fue destnúda completamente la flotilla patriota". A raíz de ese desastre, Bouchard "se alistó en 1812 en el famoso Regimiento de Granaderos
a Caballo que organizaba San Martín. A sus órdenes se halló el año 13 en el
combate de San Lorenzo, tocándole la fortuna de arrebatar de manos del
enemigo la bandera española, que fue el trofeo de aquella jornada, aunque
algunos le disputan esta gloria, que, sin embargo, se funda en el testimonio del
mismo general San Martín". 9
Después de la actuación de Bouchard, a la que nos hemos referido, ~ue
hizo con Brown en el Pacífico, retomó a bordo de la fragata Conserne11c1a a
Buenos Aires, en donde el tribunal respectivo la consideró buena presa. En
esa circunstancia fue adquirida por el doctor Vicente Anastasia de Eche arría,
armador que había sido también de la corbeta corsario Halcó11. 1º

RATTo, Brown, tomo I, p. 24; del mismo autor: Bouchard, pp. 15-20.
Véase: ~1.1.CE0ES G. AzoPAJlDO, Corontl dt marina Juan Bautista A:opardo, BueAires, Departamento de Estudios Hist6ricos ·avales. serie C, núm. 3, 1961.
BAII.TOLOMÉ M1T1.1.E, El cruc11ro dt "La Argentina" dt l 817-1819, en Obras Completas, de Bartolomé Mitre, Buenos Aires, 1949, volumen XJI, pp. 82 Y sigtes. La
primera edición de este estudio, se publicó en la R11uista d11 Bu~nos. Aires, de 1864,
tomo IV, y en seguida fue reproducido en folletos en ':aJpara1so imprenta de ~
Patria, 1864. Este estudio sobre 1 crucero de La Argenlma, es uno de los tr~baJoS
capitale., sobre el tema, por las fuentes inEditas que se utilizaron en su redacc16n Y
que son la base de cuantos se han ocupado sobre el asunto. En el parte del combate
de San Lorenzo datado en el lugar de la acción, por el entonces coronel José de
San Martín el ~uno día. del triunfo -3 de febrero de 1813- , se lec: "una bandera
que pongo ~n manos de V. E. la arranc6 con la vida del abanderado el, valiente oficial don Hipólito Bouchard". Figura incorporado este documento en Jos&amp; Tou&amp; RBVELLO Selecci6n de documentos relativos al Libertador don JosJ de San Mardn, Buenos Aires, Instituto acional Sanmartirúa.no, 1953, pp. 42-43, transcribiéndolo de la
Gazeta Mini.stllrial del Gobierno de Bu11nos Aires, viem s 5 de febrero de 1815, núm. 4-t-,

'
•
nos
•

pp. 19-23; Ratto, Bouchard, pp. 23-24.
.
. .
,. L.EWlS Wu:KLER B&amp;ALER, Los corsario1 de Buenos Aius. Sus actividades en_ las
gue,,-as hispano-americanas de la. ind~p1mdencia, 1815-182 l, Buenos Aires, Publicaciones del Instituto de Investigaciones Hist6ric.,s, número LXXII, 1937, p. 124.

480

III. LA

PARTIDA

Después de efectuarse a la fragata, cuantas reparaciones fueron convenientes, la dotaron del debido armamento y de la tripulación necesaria para
el viaje, que iba a emprender y cuyo cmcero y tiempo empleado no pudieron
calcular ni el armador, ni su valiente capitán. Dos días antes de levar anclas
el navío corsario del puerto de Buenos Aires, se amotinó la marinería que, al
igual que la tripulación, era integrada por personas de distintas nacionalidades
europeas y americanas. Según lo expresó su mismo armador, la fragata La
Argentina, era "de 464 tonelada, 100 pies de quilla; piezas de artillería 34:
18 de a 8 y 16 carronadas de a 12. Marinería y toda tripulación completa
180 hombres" .11
Acompañaban a Bouchard, en el cuadro de oficiales, su segundo athan
Somers, Guillermo heppard, Luis Crassack, Miguel Burguess, Guillermo P.
Milis, Colverto Thompson y José María Píriz, que dejó escrita una relación
del ,·iaje y que actuaba de comandante de la tropa. 32 A bordo figuraban dos
hermanos políticos de Bouchard, el sargento voluntario Cayetano Merlo y
el pilotín Juan Agustín Merlo. is
Había otros dos pilotines más: Andrés Górnez y Tomás Espora; este último hada después famoso su nombre en la guerra contra el imperio del
Brasil. 11 Como médico actuaba el doctor Bernardo Copacabana.
u ANGJ?L JusTINIA ·o CAR.RANZA, Campañas naval11s d11 la República Arg11ntina,
Cuadros Hist6ricos, Buenos Aires, 1916, tomo III, Guerra de Corso, 1815-1821, cap.
VIII, Bouchard - La Argentina, p. 105. Existe una R,lación de W armas, municiones
Y demás pertrechos mandados entregar por el Gobierno en decreto d11 16 de abril último,
Para habilitaci6n del corsario la fragata "Argentina'' . . . Buenos Aires, mayo 30 de
1817. Juan ]oJJ de Sarratea. Fue publicada por F1usuTo º" OuvEJRA CÉzAR. El
corsario "La Argentina", Buenos Aires, 189+, p. 17. Sobre el estado del armamento se
ocupa QuAI.I.TARUOLO, Preparativos para el crucero de la fragata "La Argentina", pp.

14-15.
u JosÉ MAJÚA PÍRcz, M,moria exacta y puntual de todos los sucesos y méritos más
distinguidos qu11 superamos y labramos el señor comandante d11 la fragata de guerra
don Hipólito Bouchard y yo como comandante de las tropas de este buqu, ni la ex-

pedición que hicimos a los rumbos del nortt con las patentes corresponditntes de nutstro supremo dirutorio de las Provincias Unidas del Río de la Plata, Santiago de Chilt·,
lo. de octubre de 1819. Fue publicada por el capitán de fragata TEOOORO CAILL&amp;T·
Bors, El Manuscrito de Plriz, crucero "La Argentina", en Boletín del Centro Naval,
Buenos Aires, 1929-1930, tomo XLVIII, pp. 623-626. P[riz había nacido tn 'Montevideo.
u Bouchard se había nacionalizado como ciudadano de las Provincias Unidas del Río
de la Plata y había casado en 1812 con Norbcrta Merlo, cuyo d eceso ocurri6 en 1869,
ui la ciudad de Montevideo.
11
Era natural de Buenos Aires ( 1800-1835) . Sobre este insigne marino publicó cl

481
1131

�Al sonar el 27 de junio de 1817 el estampido del cañonazo de leva, eran
izadas en las balizas exteriores del puerto de Buenos Aires las anclas de la
airosa fragata, mientras en lo alto del palo de mesana ondulaba suavemente
la bandera blanca y celeste de la nueva nación, que era saludada al grito de:
"¡ viva la patcia!" 15 El navío enfiló su proa hacia la Ensenada de Barragán. 16
Allí quedó de estación algunos días, y el 9 de julio -primer aniversario de la
proclamación en 1816 de la Independencia Argentina- inició su viaje con
rumbo al cabo de Buena Esperanza, para dirigirse a Madagascar, a surtirse de
víveres y hacer aguada. El 4 de septiembre, fondeaba en uno de los puertos
de la isla Tamatava, donde Bouchard fue requerido por un oficial inglés allí
destacado, para que impidiera el embarque de negros que habían sido adquiridos como esclavos, hasta que arribara el navío de su nación destinado a
esa vigilancia. Bouchard 1 correspondiendo a lo resuelto por el gobierno de
capitán de fragata Héetor Raúl Ratto varios estudios, que culminaron en el tit~do
volumen Espora, 1835-1935, impresión dispuesta por el Centro Naval al cumplme
el centenario de su fallecimiento, ilustraciones de EMlLIANO Ce.LERY, Buenos Aires, 1935,
el nieto, JuAN M. EsPOllA (1862-1907), public6 Episodios Nacionales. Hay reimpresión.
prolongada por ENR.IQUB UoAONDO, Buenos Aires, 1945. En las pp. 59-63, dedi~ el
titulado Por la vida de un hombre, a referir las incidencias del viaje de La Árgenhna.
u Hip6lito Bouchard, en extensa carta que remitió al Gobierno de Buenos Aires,
expuso las incidencias de su crucero, que ha sido utilizado por cuantos autores trataron
el tema, desde que el general Mitre la empleara en su estudio. Se fecha en las islas
Tres Marías (frente a San Bias), el JO de febrero de 1819 y la dirigió al Director
Supremo de las Provincias Unidas. Se conserva el original en el tfrchivo General de
la Nación, Buenos Aires, Sala X, cajón 25, anaquel 2, número 6. A la vista de la
misma, publicó el armador de la nave, V1CBNTE ANASTASIO DE ECREVAIUÚA, Relación de los viajes de la fragata Argentina contra los españoles 1n la India y otros puntos,
Buenos Aires, imprenta Independencia, 1819, 22 páginas. Sobre la personalidad del
ilustre marino se ocupó el capitán de fragata HÉCTOR RAÚL RAT'I'o, en Bouchard, en
Boletín dal Centro Naval, 'Buenos Aires, 1936, tomo LV, pp. 401-412, en De la Marina
Heroica, Buenos Aires, 1936; cuya reedición publicó el Departamento de Estudios
Históricos Navales, con el título: Capitán de nav!o Hipólito Bouchard, Buenos Aires,
1961 que hemos citado y en Bouchard y la primera etapa del crucero La Argentina en
La Prensa, Buenos Aires, 9 de mayo de 1937, año LXIX, (núm. 24. 535), segunda
sección, p. l.
,.. Con motivo del traslado de La Arg1111tina a la Ensenada de Barragán, se hicieron,
en su tiempo, muchos comentarios sin fundamento. Ello obe~ecía, simplemente, a dar
cumplimiento a la orden del ministro de marina, Matías de Irigoyen, que en 18 de
marzo de 1817 mandó que los buques que demoraran en sus eargamentos, se trasladasen
al lugar referido o a cualquier otro puerto que pudiera convenirles a sus capitanes,
para que las baterlas de Buenos Aires y los navfos de guerra, pudieran actuar libremente contra cualquier ataque enemigo. QuARTAAUOLo. Preparalivos para el crucero
de la fragata "La Argentina", p. 16.

482

Buenos Aires, puso el poder de su fuerza al servicio de la humanidad, impidiendo ese vergonzoso comercio.17
Otro de los marinos que actuaron en esa ocasión, Julián Manrique, dejó
escrita una relación, en donde, al referirse al episodio mencionado, anotó:
"La introducción a ese paseo triunfal de aventuras y hazañas sin rival de nuestro capitán fue el de dar libertad al cargamento de esclavos de cuatro barcos
franceses e ingleses que se habían campado en aquella isla y que Bouchard
poniendo en práctica las declaraciones de la primera Asamblea Nacional declaró libres". 18 Según dejó escrito Bouchard, parte de los buques "tenían embarcado una porción de negros" que hizo desembarcar. Firme en su decisión,
evitó que esas naves pudieran alcanzar sus propósitos hasta la llegada de la
corbeta inglesa Conway, cuyo capitán le dio las gracias en nombre de la
civilización. 19

IV.

NAVEGACIÓN HACIA ÜRIENTE

De ese lugar partió La Argentina el día 16 con rumbo a Oriente, con el
propósito de interceptar alguna nave española de la Compañía de Filipinas,
lo que no pudo lograrse porque hacía algunos años que se habían suspendido
los viajes. Cruzando el estrecho de •la Sonda, el 7 de noviembre arribaba la
nave a la isla de Java. Durante la travesía, entre la gente de abordo, se babia
declarado el escorbuto, lo que redujo sensiblemente su tripulación. Al siguiente
día levaba anclas y el 7 de diciembre penetraba en el estrecho de Macassar,
donde se le enfrentaron cinco naves piratas tripuladas por malayos, una de
las cuales, enarbolando una bandera negra, la abordó. Se luchó tenazmente
durante hora y media, hasta que pudo dominarse a la embarcación pirata. A
bordo de la misma se hallaron cuarenta y dos hombres, a los que se resolvió
juzgar por medio de un consejo de oficiales. pe ellos veinticuatro eran jóvenes,
que se mandó embarcar en la fragata, mientras los restantes, teniendo en
17 Las resoluciones de la Asamblea Constituyente, que sesionó en Buenos Aires, con
fecha 2 y 5 de febrero de 1813, declaraba libre a todo hijo de esclavo nacido en las
Provincias Unidas del Río de la Plata, a partir del 31 de enero de dicho año, en
adelante; y a todo esclavo que, procedente de países extranjeros, fuera introducido en
su territorio. Registro Oficial de la República Argentina, q1" comprende los documentos
expedidos desde I 810 hasta I 873, Buenos Aires, 1879, tomo I, p. 194, números 395
y 397.

,. V. MARIO QuAR.TARUOLO, La Argentina rumbo a Oriente, (Apartado del Boletín
del Centro Naval. Buenos Aires, mayo-junio de 1953, \'ol. LXXI, núm. 610), p. 5.

,. MITRB, Obras completas, vol. XII, p. 84.

483

�cuenta que habían aprisionado una nave portuguesa y que asesinaron a cuantos en ella viajaban, fueron condenados a muerte, hundiéndose a cañonazos
la embaTcación en donde se encontraban. Entretanto, las otras naves piratas
se perdían en el horizonte. Mitre, refiriéndose a ese acontecimiento, escribió:
"aquella embarcación -La Argentina- que había salido a cruzar los mares en
busca de tesoros y barcos españoles, se ensayaba en su crucero alcanzando dos
victorias benéficas para la humanidad: primero sobre los traficantes de carne
humana que violaban las leyes de Dios, y luego haciendo una terrible justicia
en medio de la soledad de los mares, castigando a los que violaban las leyes
de los hombres" .20
Proseguida la navegación, ya iniciado el año 1818, la fragata se detuvo en
la isla de Joló, dirigiéndose después hacia la de Luzón, para pasar a la bahía
de Manila, donde a partir del 31 de enero estableció Bouchard un riguroso
bloqueo, al que dio término el 30 de marzo. Durante ese lapso fueron hundidas
dieciséis embarcaciones españolas cargadas de azúcar y arroz no registrándose
el tonelaje de esos navíos en ninguno de los documentos conocidos. El 9 de
abril fue avistado un bergantín español que al advertir la presencia del corsario, se refugió en el puerto de Santa Cruz. Ansioso de apresarlo, despachó
Bouchard tres botes de La Argentina, al mando de su segundo, Nathan Somers.
Este se adelantó con la embarcación en la que iba, que zozobró al chocar con
el bergantín, siendo muertos quince de sus tripulantes, juntamente con omers.
Ante ese terrible contraste, al siguiente día insistió Bouchard en su propósito,
alcanzando su objetivo el oficial Luis Crassack. Bouchard resolvió llevar consigo esa nave, poniéndola al mando de Colverto Thompson. Tres dias más
tarde, apresaba frente a Luzón una goleta española con un \·alioso cargamento. Ambas naves, debido a un temporal que habría de desencadenarse, fueron perdidas de vista y para reunirse con ellas, La Argentina fondeó el 8 de
mayo en el puerto de San Ildefonso, donde quedó de estación una quincena, sin
que aparecieran las embarcaciones perdiéndose, expresa Mitre "La presa más
valiosa del crucero".

v.

HAWAJ

El corsario prosiguió su v1aJe con rumbo a las islas Sandwich (Hawai),
donde arribó el 17 de agosto. En ese lugar se informó Bouchard que el monarca de las islas había adquirido una nave de guerra. Cuál sería su sorpresa
al advertir que se trataba de una embarcación corsaria de Buenos Aires, la
,. MITRE, Obras completas, vol. XII, p. 87.

484

corbeta Santa Rosa, llamada también Chacabuco, que había partido del puerto
argentino casi poco más de seis semanas antes. Se informó también Bouchard
que su tripulación se había sublevado y, después de ejercer la piratería dirigida por el piloto McDonald, se había presentado en la bahía de Kealakekua,
donde había sido vendido al rey Kamehameha I. n
El capitán de La Argentina se entrevistó con dicho monarca, obteniendo
su devolución previo pago de una suma convenida, más el importe de los
gastos ocasionados por la tripulación. Según refiere Píriz, se celebró con el
soberano "un tratado para paz, guerra y comercio, quedando obligado el rey
con esto a remitir a disposición de nuestro supremo gobierno todos los buques
que arribaron por aquellas costas como la Chacabuco, y a damos hombres y
auxilios cuantos se le pidieren a nuestro socorro, reconociendo desde entonces
nuestra independencia. El señor comandante lo congratuló, dándole una rica
espada, sus mismas charreteras, su sombrero y un uniforme a nombre de nuestro supremo gobierno y también título de teniente coronel de las Provincias Unidas del Río de la Plata". 22
Cuando arribó La Argentina a Hawai -dice Peter Comey-, testigo de
ese hecho, constituían el armamento del corsario, cuarenta y cuatro cañones
"y pertenecía a los independientes de Sud América, siendo su comandante un
francés llamado Hipólito Bouchard. Muchas presas había hecho durante el
crucero realizado, pero ninguna de ellas era de valor. Su tripulación estaba
muy enferma, y de los 260 que la tripulaban, escasamente había número suficiente con que atender el trabajo del barco". Más adelante, recuerda, "habiéndole inspirado gran afecto -a Bouchard- me pidió aceptara el mando
de la Santa Rosa, a lo que accedí, asumiendo su comando en el mes de octubre de 1818". 23
" Mrne, Obras completas, vol. XII, pp. 88-92; BEAJ.ER. LoJ corsarios de Buenos
Aires, pp. 132-140.
.., Refíri6ndose a este hecho BRALER. (Los corsarios de BuenoJ Aires, p. 138) lo pone
en duda, mencionando lo expuest.o por el historiador hawaiano Lydccker. En un dictamen de la Academia Nacional de la Historia, de Buenos Aires, titulado El país que
,uonoció en primer thmino la independencia de la República Argtnlina, qucr se asienta
que Píri?. en su J.femoria y Boucharcl, en su Relaci6n, "por error cona:ptual hayan denominado tratado a un mero conveni01 o negociaci6n con cl objeto de la entrega de. la
corbeta Santa Rora de Chacabuco". Más adc1antc, se manifiesta; "De acuerdo con lo
expuesto puede afirmarse, sin lugar a dudas, que Hawai no reconoció por acto unilateral ni bilateral la independencia de lllS Prouincias Unidas del Rfo de la Plata".
Cfr.; Boletín de la Academia Nacional de la Historia, Buenos Aires, 1950, 1951, vols.
XXIV-XXV, pp. 685-690.
" Sobr-e el arribo de la Sanla Rosa a Hawai, véase a HoRAc10 Boss1 CÁCBRES,
Peter Corney y el i;rucero de "La Argentina", tradu,ción y notas de ... en Boletín del
Instituto de Investigaciones Históricu, Buenos Aires, 1929, tomo VIII, p. 28 y siguientes.

485

�Ambas naves recorrieron juntamente el archipélago, logrando, con la ayuda de los naturales, capturar a más de setenta hombres que habían pertenecido
a la dotación de la Santa Rosa,2" que fueron juzgados por un consejo de
guerra. 25
Después de los acontecimientos narrados, ambas naves levaron anclas con
rumbo a las costas americanas septentrionales. Durante la travesía, se adiestró
a la tripulación, preparándola eficientemente para la lucha, en el manejo de
las armas individuales y en el uso de los cañones, leyéndoles frecuentemente
las leyes militares, cuyas disposiciones eran estrictas, castigando todo acto de
insubordinación con la pena de muerte.

VI. EN

LAS COSTAS AMERICANAS

En su memoria, anota Píri.z que en la navegación alcanzaron hasta los 36
grados Norte, arribando a la bahía de San Carlos de Monterrey, Alta California, el 22 de noviembre. En ese lugar existía un fuerte guarnecido por
tropas españolas que Bouchard se propuso desmantelar. Peter Comey fue destinado con la Santa Rosa a tomar poseción dentro de la bahía para iniciar
el ataque. La entrada se hizo de noche y su capitán no advirtió que Ja nave
quedaba dominada por la batería de tierra, integrada por dieciocho piezas de
artillería. Seguidamente, despachó Bouchard, desde La Argentina, los botes
con la gente que debía efectuar el desembarco, quedando a bordo de la fragata cuarenta hombres. Ejecutado el traslado, la tropa llegó a la corbeta casi
extenuada. Guillermo Sheppard, que debía dirigir la operación, se hallaba a
bordo y resolvió demorarla, para que los hombres se recobrarán con 1 algún descanso. Al amanecer, se advirtió que la Santa Rosa quedaba a merced de los
1'

Boss1 CÁCEREs, Peter Corney, pp. 30-31. Refiriéndose Peter Corney a la Sanla

Rosa,, escribe que era un navío construido en Norteam~rica, "de 300 toneladas de
porte, con 18 cañones de 12 y 18 libras; la tripulación estaba constituida por cien
personas, de las que treinta eran nativas de las islas Sandwich, y el resto estaba formado
de americanos, españoles, portugueses, criollos, negros, manilas, malayos y algunos ingleses".
11 En Atooi, fue apresado uno de los tripulantes de la Santa Rosa, de apellido Griffiths, que aparece entre los principales jefes de los sublevados, que había ejecutado
y ordenado actos de pirateria. Fue abandonado, después, por MacDonald, y haciéndose
de un bergantín, arribó al archipiélago. Se le formó consejo de guerra, que lo condenó
a muerte, cuya sentencia se cumplió en la playa, dos horas más tarde. Otro tl'ipulante
que había sido condenado a la misma pena, obtuvo la conmutación de ésta poJt la de
azotes". Se aplicó la pena de doce docenas de azotes a otros doce condenados. Boss1
CÁOERES, Peter Comey, pp. 31-32.

486

cañones de tierra, que con sus disparos, la obligaron a rendirse. Los españoles,
como carecían de embarcaciones, no pudieron hacer efectiva la posesión de la
corbeta. En esta situación -23 de noviembre-, Bouchard envió un emisario
a tierra intimando al jefe de la guarnición la libertad de la nave y la entrega
de la plaza. En contestación, se le pidió un fuerte rescate a cambio de la
corbeta rendida. Lo importante, en ese momento, era dilatar las negociaciones,
mientras se planeaba, para esa misma noche, el rescate de los hombres que se
hallaban a bordo de la Sanla Rosa en condiciones de reanudar la lucha.
Llegada la noche, mientras en tierra se festejaba ruidosamente el triunfo
alcanzado, Bouchard hacía trasladar con sus botes, desde la corbeta, a La
Argentina, todos· los hombres en condiciones de luchar, mientras los lamentos
de los heridos hacían confiar a la guarnición la seguridad de su presa.
Al amanecer del día 24, se preparaba a bordo de La Argentina un desembarco, que se llevó a cabo a las ocho, en Punta Pinos, lugar que escasamente
distaba tres millas al oeste del fuerte. Las fuerzas eran dirigidas por Bouchard y
las integraban 200 hombres, de los cuales, 130 iban armados con fusiles y los
restantes, en su mayoría hawaianos, llevaban lanzas como única arma. La
guarnición de la plaza salió al encuentro montada a caballo, la que, al ser
castigada por los disparos de los fusiles, dio la espalda y huyó hacia la población. A las diez, en lo alto del mástil del fuerte, tremolaba el pabellón
blanco· y celeste. Durante seis días dedicó Bouchard a sus hombres a inutilizar
las defensas, arrasando hasta los cimientos, al igual que los edificios dedicados
a cuartel y presidio, respetando, únicamente, los templos y las moradas de los
nacidos en América. Sólo fueron trasladadas a la fragata La Argentina, dos
piezas de artillería de bronce y un número de barras de plata. Entretanto se
reparaba febrilmente la corbeta 'Santa Rosa, para proseguir el crucero. 26
Ambas naves levaron anclas de Monterrey, el 29 de noviembre, con rumbo
al rancho denominado El Refugio, propiedad de un acaudalado español que
había "hecho pasar -escribió Bouchard- bastante martirio a los patriotas
de México". El 4 de diciembre fondeaban las naves frente al' referido lugar.
Fueron enviados a tierra 60 hombres armados, para que tomaran posesión del
rancho, que había sido abandonado por cuantos lo habitaban. Se surtieron
debidamente de víveres, perdiéndose en esa acción como prisioneros, un oficial y dos soldados, dedicados a esa labor. Antes de levar anclas las embarca&lt;:iones, se dieron a las llamas todas las viviendas del rancho. Las proas de las
dos naves corsarias se dirigieron el día 7 con rumbo a la misión de Santa
Bárbara, donde arribaron al día siguiente, rescatando seguidamente a los prisioneros a que hemos hecho referencia, y entregando en su lugar, al único
que en esa condición iba embarcado. El 11 se dieron nuevamente a la vela
" Boss1

CÁcl!RES,

Pet11r Corney, p. 32.

487

�y el 16 fondearon frente a la misión de San Juan Capistrano. Al comandante
de ese lugar, pidió Bouchard. que le vendiese algunos víveres que le eran necesarios y éste, le hizo responder de palabra, "que tenía bastante pólvora· y
bala para darle". Una respuesta tan altiva no podía quedar impune y, ese
mismo día, el jefe corsario inició los preparativos para efectuar un desembarco, que en la fecha siguiente se puso en práctica, con un contingente de
hombres que, a las órdenes de Peter Comey, llevaban por objeto ocupar la
población. A las diez de la mañana de ese día -17 de diciembre-- era ocupado el lugar, señalando Comey en su relato que los hombres que actuaron a
sus órdenes, alcanzaban a 140. "Al desembarcar -anotó- un destacamento
de caballería avanzó hacia nosotros y nos hizo algunos disparos, huyendo enseguida hacia el pueblo. No hubo resistencia, y pronto fuimos dueños de la
localidad, la que, después de almorzar, nuestra gente comenzó a saquear, encontrando al pueblo bien provisto de artículos en general, con excepción de
dinero. La mayor parte de los edificios públicos fueron destruídos, lo mismo
que gran cantidad de vinos y licores; los almacenes reales fueron incendiados,
como igualmente los cuarteles y casa del gobemador".27
Después de exponer los hechos referidos, recuerda Corney que el 23 -por
24 de diciembre-- divisaron las islas de los Cerros, donde permanecieron algún tiempo, reparando las embarcaciones. 28 De alü partieron el 17 de enero
de 1819, con destino al puerto de San Bias, para bloquearlo, medida iniciada
el día 25 y que fue mantenida por espacio de un mes, llenando de incertidumbre y temor a las autoridades españolas. Levantado el bloqueo, las naves
corsarias, a la vista de la costa mexicana, se dirigieron hasta Acapulco, de
donde siguieron hacia el puerto de Sonsonate. En ese lugar, informa Píriz en
su memoria, sacaron "un bergantín que estaba anclado bajo sus baterías con
todo su cargamento, capitán y parte de su tripulación. Con las noticias que
nos dio este capitán que acababa de llegar del puerto del Realejo, supimos
que allí estaban anclados cuatro buques; y con el deseo de no dejarles marirr M1T1ui, Obras completas, vol. X'.II, pp. 99-105; ANOEL JusTINlANO CARRANZA,
Campañas navales de la República Argentina, Cuadros hirtóricos, Buenos Aires, 1916,
tomo III, pp. 124-128; BEALER, Los corsarios de Buenos Aires, pp. 141-144; V. MARIO
QuARTARUOLO, "La Argentina" en las costas del Paeífico Americano (Apartado del
Boletín del Centro Naval, Buenos Aires, 1953, vol. LXXI, núm. 612; 1954, vol. LXXI,
núm. 614) pp. 8-18; Boss1 CÁcEREs, Peter Comey, pp. 32-35; y Capitán de fragata
TEOOORO CATLLET-Bors, El "Año de los Insurgentes", Bouchard en la costa de California en Boletín del Instituto de Investigaciones Históricas, Buenos Aires, 1934, tomo
XVII. pp. 322-336, obra donde se citan las fuentes principales relativas al tema, y a
la vez se señala la deficiente información que, sobre la actuación de Bouchard en las
costas americanas. registran HuBERT HowE BANCROPT, History o{ California y THEOnou H. HrTTEL, History o/ Calif omia; Ratto Boucliard, pp. 52-53.

488

na, y nos acercamos a él, en distancia de ocho leguas, poco más o menos. Aquí
nos pusimos a la facha, para nq ser vistos, y con la obscuridad de la noche
aprestamos dos lanchones con una pieza de cuatro cada uno y la dotación
necesaria de gente con los pertrechos". A la siguiente mañana, abordaron los
buques y los sacaron fuera del puerto. Dos de ellos, e[ bergantín San Antonio
(a) La Concordia y Lauterana, fueron entregados a las llamas y los otros dos,
goleta María Sofía y lugre San José (a) Neptuno, se incorporaron a los cor·sarios, con todos los tripulantes, artillería y pertrechos, sirviendo de embarcaciones auxiliares.
Antes de retirarse la escuadrilla de Bouchard del puerto de Realejo, advirtió la presencia de un bergantín que enarbolaba bandera española y que le atacó resueltamente, disparando contra la Santa Rosa, causando varias víctimas entre sus tripulantes. Cuando se iba a generalizar la lucha, el bergantín enarbo16 la bandera chilena. Se trataba del corsa1io de dicha nación amiga, llama,do El Chileno. 29
A consecuencia de este error, habría de sufrir después Bouchard graves
~cusaciones.

VII.

HACIA VALPARAÍso

Después de ese acontecimiento, despachó Bouchard la Maria Sofía, la
.Santa Rosa y el Neptuno con dirección a Valparaíso, siguiendo La Argentina en último lugar. El primero de los nombrados anib6 al puerto recordado
-el 3 de julio juntamente con el segundo; el tercero el día 12 y el último el 14.
Antes de arribar Bouchard, los tres navíos anteriores habían sido detenidos
por orden del vicealmirante lord Cochrane y, al Jlegar Bouchard, por la ac1itud que éste asumió en defensa de sus naves, fue encarcelado. Se le acu·saba de haber ejercido la piratería.ªº Se le inició un proceso que ha sido es2ll Corney le da, en realidad, el nombre de Ceres; otras fuentes la recuerdan con el de
"Los Cedros". Bouchard, expresa al mencionarla: "Isla del Cerro en la costa de
'California".
e. MITRE, Obras completas, vol. XII, pp. 109-110. CARRANZA, Campañas Navalts,
·tomo III, pp. 128-133; y B!!ALER, Los Corsarios de Buenos Aires, pp. 146-147.
.. En reaUdad, las fechas de arribada que anotan los distintos autores, no concuerdan. En informe de Lord Cochrane, de 9 de julio de 1819, dice lo siguiente: "Anoche
:atracó en el pui:rto un bote que daba lugar a sospechas; la persona que lo mandaba
manifestaba mucha ansiedad por regresar inmediatamente a su buque. Pedí al gobernador lo detuviese mientras yo destacaba al Galuarino a examinar el barco. Vuelve
-ahora el Galvarino conduciendo un buque que tiene todas las circunstancias que usualilllCntc constituyen los piratas, y a más otro barco y una goleta que ha detenido como

489

�tudiado por un destacado historiador de la marina argentina, 81 quien señaJa que Cochrane, en sus Memorias, nunca menciona a Bouchard. "Sin embargo -expresa- la llegada a Valparaíso de una expedición de cuatro barcos,
fragatas dos de ellos, fue sin duda acontecimiento de importancia en momentos que tanto necesitaba de hombres y barcos para la gran expedición. 82 Es
que este asunto le hace poco favor, y por los disgustos que dio al gobierno,
debió a la larga causarle daño al lord, contribuyendo al vacio que se le formó
y motivaría su retiro de Chile poco después. Respecto a los móviles que le
impulsaron en la acusación de piratería contra Bouchard, el general Mitre
los atribuye a su codicia desenfrenada. No cuesta creer esta explicación, por
más que no haya casi páginas de las M emoria.s de Cochrane que no hable
de dinero, y por más que Bouchard indignado por el saqueo de los barcos diga que 'no buscan más que cajones de oro y plata, los millones de onzas de
oro que ellos dicen; 150,000 pesos no pueden reparar la falta'. Creeríamos
más bien que obró en un principio de buena fe, aunque con increíble falta
de juicio sin prever consecuencias". 58

VII1.

SE PROCESA A

BoucHARD

El armador de La Argentina, Vicente Anastasia de Echevarría, designó a
Juan José de Sarratea con carácter de apoderado en Chile en defensa de sus
intereses, quien al informarle, desde Santiago, a 27 de agosto, le manifestaba:
"Por más que trabajo no puedo adelantar mayormente sus negocios. No hay
demonio que no haya tratado de mortificar a Bouchard; el comandante inglés de la Andrómaca se queja de que un bergantín inglés ha sido robado por
presas". Capitán de fragata TEOD&lt;&gt;RO CAILLET-Bo1s, El Proceso Bouchard, Buenos
Aires, P11blicaciones del Instituto de Investigaciones Históricas, número LXIX, 1936,
p. 9. "La Argentino fue secuestrada; muchos de sus hombres, junto con los de los
otros barcos, tomaron servicio en la armada chilena o en el ejército de San Martín;
otros, además se embarcaron de vuelta hacia Buenos Aires lo meJor que pudieron".
BEALRR, Lo1 Corsarios de Buenos Aires, p. 150.
., TEODORO CArLLET-Bo1s ( 1879-1949). Entre las múltiples obras que produjera&gt;
figura también una Historia Nauol Argentina, Buenos Aires, Emecé, Editores, 1944.

Se refiere el autot a la Expedición Libertadora a1 Perú, que se estaba organizando
entonces en Chile, a la que se incorporó Bouchard, a las órdenes de San Martín. En
cuanto a la fragata, retomó su primitivo nombre Consecuencia, y tuvo por capitán a
Pedro Dronct, integrando 1a misma 0pedici60 como transporte.
12

., TEODORO CAILL'BT-Bo1s, El Proceso Bouchord, pp. 46-47. Sobre el proceso también se ocupa Dumo BARROS ARANA, Historia General de Chile, Santiago, Rafael Jover editor, 1892, tomo •XII, pp. 310-316.

490

La Argentina; el piloto de la goleta 'Sofía le reclama por ser danesa. Este gobierno lo acusa de algunos actos de piratería) pero todo emana de declaraciones que han dado algunos marineros borrachos y dos oficiales a quienes Bouchard traía con grillos. A no ser que las arbitrariedades continúen hasta aquí:
no dudo saldrá completamente vindicado el nominado Bouchard". at
Después de varios meses de cárcel, fue interrogado Bouchard el 22 de noviembre, quien contestó a cada uno de los cargos que se le hicieron, figurando entre ellos, el haber continuado ejerciendo el corso, no obstante haberse
vencido su patente y haber autorizado a hacerlo a sus presas. A todo ello, respondió que "sus despachos le facultan para trasladar a sus subalternos, sin limitación, la propia autorización dP. corsario; ni podía dejar de arbitrar todos los medios necesarios a hacer respetar su expedición cuando había los mayores riesgos enemigos. Todas las ordenanzas le conceden estas facultades":85
En tan dificultosa situación, intervino Tomás Guido, representante argentino acreditado ante el gobierno de Chile, interesándose por el ilustre marino
que había paseado por todos los mares la insignia argentina, alarmando con
sus hazañas a iaJ¡ autoridades españolas, contra cuya nación !uchaba. 36
La solución de la causa se iba dilatando más cada día, mientras la nave era
despojada de sus cañones y arboladura, aparejo y cuantas otras cosas útiles
poseía.

IX.

SENTENCIA

Finalmente, el 7 de diciembre de 1819, el tribunal que siguiera el proceso,
dictaba la siguiente sentencia: ''En consideraci6n a1 actual mérito del proceso, a lo expuesto por el señor fiscal y por el defensor del teniente coronel don
Hipólito Bouchard en el auto de la relación de la causa, y a los perjuicios consiguientes a su proceso (después de lo que ha ocasionado una retardación que
no ha estado al alcance de la comisión evitar) se declara que, afianzado competentemente al teniente coronel Bouchard toda responsabilidad por las reclamaciones entabladas sobre la goleta María Sofía, queda absuelto de la
instancia del presente juicio y sus formalidades. P6ngasele en libertad: y de.. BENJAMfN VlLLEGAS BASAVlLBASO, Apresamiento de la Fragata Corsario "La Ar-

gentina" (1819), en Boletín del Centro Naual, Buenos Aires, 1911, p. 467.
" TEODORO CAtLl.ET-Bors, El Proceso Bouchard, p. 42.
• El fiscal Argomedo intervino en la causa y expresó en su requisitoria: "no habrá quien lea las diligencias y no crea al capitán un verdadero pirata, ni quien no se
admire, igualmente, de la formal oposición que hizo cuando se trat6 de registrarle el
buque". TEODORO CAJLLET-Bo1s, El Proceso Bouchard, p. 43.

491

�,'l.lékase la fragata Ar~entina y demás buques tomados en su corso. E perándo del supremo gobierno de las Provincias Unidas se servirá disponer la sati f ac i6n debido al pabellón de Cliile por la resist ncia que parece haberse
hecho al registro ordenado por el vicealmirante Cochrane. Póngase esta resolución en noticia del señor diputado de Buenos Aires; transcríbase al gobernador de Valparaíso para sus efectos y anótese en el expediente seguido por
parte de don , ntonio Chri hiansen, en demanda de la Alaría Sofía, archivándose los originales, y dándose a las partes que perdieron y al teniente coronel
Bouchard sus diarios y demás papeles de navegación, copiándose en los autos los que han obrado en ello . Godoy, Astorga. Doctor Vera. Ante mí:

local, con respecto a los lugares que visitó, la airosa nave corsaria, que fue difundiendo, con el tronar de sus cañones y un pabellón entonces d sconocido,
los principios que alentaba la Revolución de Mayo y el finnc prop6sito de
combatir contra quienes se oponían a la justa causa que defendían los pueblos
de América.

Olivares" .37

X.

BoucHARO EN LlBERTAD

Así se dio ténnino al proceso relacionado con el apresamiento del corsario
La Ar~entina y sus presas, y al encarcelamiento que padeció su capitán llip61ito Bouchard, cuya libertad recobró el 8 de diciembre. Poco después ~e incorporaba a las filas del ejército libertador del Perú que estaba omaninndo
u antiguo jefe, el general Jo5é de San Martín, y, más tarde pasó a la arma-

da pcruana.38
Di\'ersos autores ar!!'entinos y de otros países americanos, se han ocupado
de narrar el extraordinario crucero realizado por la fragata La Argentina, bajo el mando de Boucbard, o bien, se han referido, en particular, a la hi toria
T1Wl)()RO ~rLuT-Bo1s, E( Proceso Bou.chard, p. 44.
• Retirado Bouchard del servicio, con el grado de capitán de na\•ÍO, en 1829, se establrci6 en las haciendas de San Javirr y San José, en el pueblo El Ingenio, en el departamento de lea, donde muri6 asesinado, d 4 de: enero de 1837, como lo documentan
rectificando a los autores que han rl'fcrido el trágico fin de su e,ú tencia, lo miembros de número del Crnlro de Estudios Hi5tórico-Militare del Perú, capitán de naYlo íctor Carcelén, doctor Ricardo Cavero Eguzquiza y César García Rosell, en el
informe que redactaron dando a conocer la partida de defunción que hallaron en el archivo parroquial de la iglesia de San Francisco Javi r, en el valle El Ingenio. Se publicó ro la Revista del C,ntro de Estudios Hi;t6rico-Militaw d,l Ptrú, núm. 7, pp.
108-112, citado por QuARTAJUJOLO, Pr,parativor para el cruc,ro d, la fragata La Argtntina, p. 19. Lo restos de Bouchard dentro de una urna, fueron tnuladados a Bueno ,\iJ-es. a bordo del crucero escuela La Argentina y de embarcados el 12 de noviembre de 1962. La urna fue depositada en el Panteón avnt, en el cementerio de la
Cbacarita, de la capital Federa.! de la República Argcntin:1. Sobre la muerte de Bou&lt;"hard véase la ota del Departamento de Estudios Históricos • avales en RA.no, Bou11T

chard, p. 68.

492

493

�EL CONTENIDO DE LAS FUENTES DE LA HISTORIA

n~.

PEDao

A.

BARBOzA DE LA

ToRRE

Profesor de la Facultad de Humanidades y Educación
Universidad de Zulia
Venezuela

Vrvn.10s EL MOMENTO de la revisión crítica de la Historia, la Sociología, la
Psicología y otras Ciencias. Los avances científicos se han producido de tal
manera vertiginosos, y la libertad del intelectual se ha fortalecido a tal extremo, que los cánones conservadores presentan fisuras por las cuales penetran
las fuerzas de nuevos bríos en la inquisidora mente humana.
La Sociología está dejando de ser la ciencia enciclopédica, meramente especulativa y filosófica, aunque de origen positivista, para convertise en una
ciencia con grandes resultados prácticos sin llegar a lo normativo, como lo
quisieran algunos utilitaristas. La Psicología, de ciencia que estudiaba el alma, ha visto menguar su contenido después de mejores enfoques de muchos
de sus temas.
En la Historia, se vienen operando cambios substanciales desde poco después de su advenimiento; pero, en los últimos tiempos, particularmente desde el siglo XIX, sus transformaciones han sido de una profundidad impresionante, así como ciencia, ora como narración historiográfica. Y la América ha
desempeñado en ello un papel de trascendencia. Cuando alguna vez se haga
una síntesis del pensamiento historiográfico de América Latina, podremos valorar la significación de nuestros aportes en la revisión crítica de la Historia,
donde las Facultades de Humanidades han sido señeras, tanto por su cientificismo, como por su preocupación, su constancia y su influencia.
Tal vez haya obrado en ello la necesidad de América Latina, de conocer
la verdad de su propia historia, a ratos mutilada, a ratos deformada, por esta
razón o por aquella conveniencia. Cualquiera que pudiera ser la explicación,
de suyo interesante, lo real e innegable es que no hemos permanecido ni indi-

495

�Ierentes1 ni inconscientes, no obstante que algunas instituciones de Historia no
han mostrado mucha actividad.
La revisión comenzó por la Historiografía; pero actúa ya en la propia Heurística de donde, como se adivina, comienza a avanzar al terreno conceptual.
El campo de los historiadores está deslindándose muy claramente, distinto
al de los eruditos, y se acentúa la tendencia a exigir del historiógrafo, más que
nunca, una conducta de investigador; porque se reputan insuficientes su limitada obra de glosador, su periodística, y ligera dedicación al breve comentario, tanto como aquella costumbre de repetir las opiniones de otros,
en una exposición simplista con la fementida aspiración de hacer "historia
crítica".
Las Facultades de Humanidades, bajo la austeridad del rigor universitario
y con el reposo que permite el hábito científico, han impreso ritmo y espíritu académicos a )a obra de la revisión. Así sucede en Venezuela; así, según
entendemos, ocurre en otros países de la América Latina.
En la de la Universidad Central de Venezuela, por ejemplo, tiene, lugar un
movimiento nuevo alrededor de la técnica del "asedio a las fuentes". Los historiadores, compenetrados de que no puede aislarse con caracteres absolutos
el hecho histórico, por la razón de ser social y porque envuelve muchas implicaciones que no deben escapar al análisis que toma hacer al historiógrafo, ni
a la labor intuitiva del investigador, están actuando en equipo, no sólo para
estudiar, registrar y explicar el fenómeno, sino para comprenderlo dentro ~el
conjunto, referido a los factores concurrentes que configuren al hombre _histórico y el medio donde vivi6 al momento del acontecer. Enfocan la historia, no como una ciencia de hechos notables y trascendentes, sino como el
estudio sistemático y metódico de todo lo que ha sido, por el hombre o con
ocasión del hombre-social. No es una idea original 1 pero sí, una detenninaci6n inquebrantable que constituye una corriente definida.
Tal concepción obliga a elegir una técnica especial para el tratamiento de
las fuentes, que no se miran como meros materiales para el historiador, sino
como vehículos culturales de valor para la reconstrucci6n total del pasado,
no en términos de simple cronología sino, más que eso, como realidad substante que supervive. No es pasado sino en la medida en que pueda demostrarse su no vigencia en los substratos de la sociedad. Será presente aunque el
acontecer se ubique en el ayer, si llena la condición de mantener en la Cultura
alguna fuerza determinante.
Se necesita, por lo tanto, el "asedio a las fuentes" cuya aprehensión no es
' F. C. J. HEARNASnAW, en Scíeritia, de Marzo de 1932, citado por L. VERNIERS,
en Metodo/ogla de la Historia. Editorial Lozada, S. A. Buenos Aires, 1958. 94 págs. p. 12.

496

el simple hecho de tenerlas sino, primordialmente, el poderlas emplear para
esclarecer o explicar con ellas el obrar histórico.
Suele distinguirse, como lo han propuesto los tratadistas, las fuentes genuinamente históricas y las que, sin proponérselo, trasmiten noticias de ese tipo.
Aquéllas y éstas no hablan por sí solas en forma única. Hablan muchos lenguajes y son múltiples, según el especialista que las utilice o las maneje; 2
porque al geógrafo dirá lo que no advertirá el folklorista, y al sociólogo confiará lo que no podrá encontrar el zoólogo.
Debemos temer, con fundamento, que algunas fuentes históricas, no obstante su elocuencia, dado lo ilustrado y pintoresco de su contenido, no han
sido hasta ahora bien aprovechadas. Tratadas de primera mano con técnica
horizontal y por ello, superficial, o en el mejor de los casos, con técnica vertical de poca profundidad, ahondando sólo en lo rigurosamente historiográfico, se les habrá empleado en la medida de lo útil para la historia escrita con
método cronológico, de estilo heroico; patriotera y erudita. En muchos casos, el especialista mismo las ha manejado con apresuramiento, con la atención indispensable para captar la noticia que impresione al lector. Así aprovechadas, no escrutadas por otros que se contentan con citarlas como testimonios de segunda mano, conservan quizá valiosa información que espera la
obra planificada, e,xhaustiva y coordinada de los investigadores reposados y
exigentes.
Hace ya algún tiempo, se babia previsto que la constitución gradual de la
historia exigiría la acción perseverante y coordinada de equipos de investigadores.3 Así lo reclama la revisión crítica de la Historia, y tal es lo que se ha
comenzado a hacer en Venezuela donde historiadores, antropólogos, sociólogos, lingüistas, indumentaristas, etnógrafos, folkloristas, economistas, documentaristas, etc., de varias universidades del país,• han emprendido la tarea
de estudiar más que eso, asediar la obra de Caulín, como fuente histórica,
' RAM6N lotES!As. El Estado actual de los Estudios Hist&amp;ricos. En Jornadas, No. 51.
Editado por el Colegio de México. Centro ,de Estudios Sociales. México. 1945. 47 págs.,
pp. 9-19.

• P. LAcoMBE. Del L'histoi,e coruiderée come science. Pans. Citado por L. VERNTERs,
en Metodolog!a de la Historia. Editorial Lozada. Buenos Aires, 1958, 94 págs., p. 11.
• De la Universidad Central de Venezuela; Miguel Acosta Saignes (antrop6Jogo),
Alonso Game:ro (zoólogo), Francisco Tamayo (botánico), Angel Rosembla ( fi16logo),
Germán Carrera Damas (historiógrafo), Pablo Vila (geógrafo), Pedro Berocs (literato),
J. De Armas Chity (sociólogo) y Joaquín Gabald6n Márquez (jurista).

De la Universidad de Zfllia: Agustín Millares Cario (bibliógrafo) y Pedro A. Barboza
de la Torre (historiador).
De la U11iversidad de los Andes: Carlos Muñoz Oraá (historiador).

497
H32

�exigiéndole no sólo la información que se propuso sino, también, rcspue"Stas a
las preguntas que sugiere.
El asedio consistirá, en efecto, en la demanda que cada especialista le formulará a la fuente, esperando, incluso, respuestas de conexión porque, si la
fuente estudiada no puede suministrarlo todo, cabe la posibilidad de que
"en\'íe" o "reenvíe" a otro manantial.
El asedio es indispensable para la comprensión profunda del sentido de las
fuentes y así, la Historia aumentará su rango de estudio humanístico.
Con la labor de equipo se puede alcanzar, mejor que de otro modo, la
verdadera estatura del autor o autores del testimonio. Se puede conocer el
criterio de autenticidad de quien ofrece la (uente al historiador. Se llega a clasificar, previa la diversificación homogenizadora, los tipos de testimonios que
están contenidos. Se logra determinar cómo el autor alcanzó el conocimiento
que suministra y hasta dónde pudo haber caído en la ficción. Se puede seguir
la huella de los datos, hasta alcanzar la fuente que sirvió directa o indirectamente al autor del libro o del documento, del resto o del monumento. Se obtiene, inclusive, la comprensión de su propio interés en suministrar el testimonio, que es elemento de juicio de no poca importancia. ¿ Qué propósito tuvo? ¿Qué fin se propuso? ¿Fue o no interesado su objetivo?
Donde otras técnicas concluyen la utilización de las fuentes, esta del "asedio" la prosigue siempre en persecución de la verdad, hasta encontrarla. Es
que la América Indiana está urgida de hallar respuestas a muchas interrogantes que le inquietan y cuyas soluciones están ligadas, con profundas raíces, a su propia comprensión de realidad cultural.
Algo nos dice que no estamos muy lejos de poder precisar cuándo terminó
efectivamente el período de la Conquista y cuando se inició el de la Colonia.
Si el de la Emancipación comenzó sólo bajo los aires de la Revolución Francesa, o si acaso ya fue parte de ese proceso el gesto libertario de Atahualpa,
o el de Guaicaipuro, o el de Cuauhtémoc.
La técnica del "asedio", fortalecerá no sólo la Historiografía, como se comprende fácilmente sino también otras ciencias, así naturales como sociales y del
espíritu y, aun cuando provocará seguramente la acre reacción de loSi tradicionalistas, constituirá un nuevo vínculo que acercará a los especialista. Es probable, inclusive, que alguna vez nos encontremos historiadores de varios países, formando filas en un mismo equipo de trabajo, asediando una fuente,
de las tantas que se hallan en la base fundamental del ser iberoamericano.
Por ello, formulamos nuestros votos.

SAN ANTONIO, 1835-1845: UNA CIUDAD EN TRANSICió
DR.

R.AY

F.

1

*

BROUSSARD

Profesor de Historia de América Latina,
en la Mississ.ippi State University, en
State College, Mississippi

San Antonio de los Llanos, Villa de Béjar, San Antonio de Valero, Villa San Femando, San Antonio de Béxar, San Antonc, La
Ciudad del Alamo, son algunos de los nombr~ que se han aplicado a la Ciudad de San Antonio, la hermosa y romántica ciudad del Sureste. La historia
de la ciudad es tan interesante y variada como lo son sus nombres.
SAN ANTONIO DE PADUA,

Fundada en 1718 como fortaleza para proteger la Misión de an Antonio
de Valero, y como una estación de descanso y centro de abastecimiento para las misiones del este de Texas, San Antonio de Béjar peleó desesperadamente por conservar la existencia, guerreando en contra de los indios, las dificultades de la frontera y las vicisitudes del sistema colonial español. Las
probabilidades de subsistencia aumentaron cuando en 1731 las tres misiones,
Concepción, San Francisco de la Espada y San Juan de Capistrano fueron
transferidas a San Antonio; asimismo, las probabilidades de subsistencia aumentaron debido a que los primeros colonos civiles, "catorce familias de las
Islas Canarias", se establecieron en la Villa de San Fernando. 1
Durante el siglo XVIII la ciudad se desarrolló lentamente pero a paso seguro progresando las misiones y llegando más colonos. Los ciudadanos se
convirtieron en agFicultores, cultivando únicamente alimentos suficientes para su propia alimentación, ya que no existía lugar alguno para vender el pro* El autor agradece eJ patrocinio de la American Philosophical Society, para rea-

lizar parte de las investigaciones sobre el presente artículo.
FREDERlCK C. CHABOT, San Antonio y sus Comienzos, 6 ; EnwARo W. HEuStNGER,
Una Cronología de Eventos en San Antonio; Siendo u11a Historia Concisa de la Ciudad Aiio por Año Desde eJ Comienzo de su Establecimiento Hasta el Fin de la Primera Mitad del Siglo Veinte, 4-5.
1

Maracaibo: Julio de 1963.

498

499

�dueto de sus cosechas, excepto a las fuerzas armadas. Las misiones se valían
de sí mismas y ayudaron también a sostener la fortaleza. Pero muchos de los
habitantes de Villa de San Fernando y la Fortaleza de San Antonio de Béxar
combinaban el deporte de la caza de ganado salvaje, el cual abundaba en el
lugar, con un modus vivendi.
Debido a este énfasis que se le daba al ganado, se establecieron un número
de ranchos en el territorio situado entre San Antonio y El Río Grande. Algunos establecimientos comerciales se fundaron para cubrir las necesidades de
los rancheros y de los ciudadanos de Béxar, nombre que se le llegó a dar a
la ciudad.
Con el término del Siglo Dieciocho llegó la secularización de las misiones.
Este evento ttajo consigo una división y distribución de las tierras de la misión entre los neófitos. De esta manera terminó una fase de la vida de San
Antonio, ya que no seguiría siendo un centro de actividad misionera.
La ciudad continuó floreciendo durante los primeros años del Siglo Diecinueve. El comercio empezó a desarrollarse, sirviendo la ciudad como una estación de paso para el transporte de mercancías de los Estados Unidos con
destino a México. Se sugirió que se abriese una brecha entre San Antonio y
Chihuahua, puesto que ésta aumentaría el comercio en forma notable, pero
el gobierno de México nunca aprobó dicho plan. El número de habitantes
en la primera década del Siglo Diecinueve fue cerca de 5,000. 2
Luego empezó la guerra por su independencia de España, escribiéndose así
otro capítulo en la vida de San Antonio. Lai ciudad fue una guarnición militar, un centro comercial y un centro de agricultura. Por lo tanto, fue blanco
de los ejércitos de ambos bandos. Séµl Antonio cambió de dueño varias veces
y sufrió los pillajes de la guerra.
Una vez que la independencia de España se convirtió en. una realidad, la
ciudad vino a menos, hasta cierto punto. Con la paz, San Antonio no recuperó su anterior prosperidad. Esta falta de progreso continuó hasta fines de
1820 y principios de 1830, a medida que empezó a desarrollarse una fricción
entre los colonos de Austin y las autoridades mexicanas. En 1834 San Antonio tenía una extensión territorial de menos de la mitad de lo que había tenido un cuarto de siglo antes. 3
Debido a que San Antonio era la ciudad más antigua en Texas, siendo una
parte de México, en lugar de una parte de nuevo Texas, fue fundada por el
grupo de Austin y también, debido a que estaba más cercana a El Río Grande, la ciudad se convirtió en base de operaciones de las fuerzas centralistas
2 JUAN ALMONTE (Carlos E. Castañeda, ed. y trad.), Reporte Estadístico sobre Texas. Revista Trimestral Histórica del Suroeste, XXVIII (Enero, 1925), 186-192.
1 lbíd. 186.

mexicanas mandadas a dominar la armada texana, luchando en pro del Federalismo. Por lo tanto, el símbolo de la autoridad mexicana, la sede del gobierno civil en Texas, llegó a ser el blanco del ejército revolucionario texano bajo las órdenes de Stephen F. Austin, Comandante en Jefe.•
Béjar, como se llamaba a San Antonio en aquel entonces, estaba bajo las
órdenes del general Martín Cos y sus 700 hombres, un destacamento algo
más grande que el ejército de 450 hombres bajo las órdenes de Stephen F.
Austin, de manera que aparentemente la única determinación a seguir después de que el comandante mexicano rehusó la oferta de rendición, fue la de
sitiar la ciudad. 6
El sitio de Béjar duró cerca de dos meses. Todos los intentos por parte de
los mexicanos por abandonar la ciudad fueron desafiados por los texanos y
siempre con resultados desastrosos para las fuerzas mexicanas. Pero en cambio, la ciudad estaba tan fuertemente fortificada por los soldados del General Cos, que era imposible que los texanos se arrimasen a tiro de cañón. Por
lo tanto, la situación militar alrededor de Béjar permanecía estancada.
El General Austin, teniendo dificultades con su salud y con el mando, aparentemente fue relevado para aceptar el puesto de Comisionado de los Estados Unidos, renunciando a su puesto como Comandante de la Armada Voluntaria Texana. Fue reemplazado por el General Edward F. Burleson, quien
fue elegido por unanimidad en noviembre 25 de 1835. 6
El sitio continuó bajo el mando del general Burleson. Se suscitaban casi
a diario encuentros, pero la firme posición militar de las fuerzas dentro de
la ciudad, evitaban el ataque. Uno de los eventos más interesantes del sitio
fue un incidente, el cual se refiere chuscamente como la "pelea del zacate",
el cual tuvo lugar inmediatamente al sur de la ciudad. Se vuelve a relatar con
algún detalle para ilustrar el tipo de choques que se estaban suscitando.
El general Burleson recibió informes de que un destacamento mexicano estaba avanzando hacia Béjar proveniente del sur. Mandó al coronel James
Bowie a observar el avance e interceptarlo si fuese posible. En la batalla que
se desarrolló ambos bandos recibieron amplios refuerzos de sus respectiv.os
campos. Después de varios ataques y contra-ataques se trajeron cañones de
• STEPBEN F. AusnN, El Libro de Ordenes de la Campaña de 1835 del General
Austin. Trimestral de la Asociación Histórica del Estado de Texas, XI (Julio, 1907), 1.
' Stephen F. Austin al Presidente de Consulta, Cuartel del Ejército, Una Milla Después de Béxar, Noviembre 4 de 1835, en Eugene C. Barker (ed.), Docum,ntos Austin,
III, 235-236; Stcphcn F. Austin al Presidente de Consulta, Cuartel del Ejército, Una
Milla Después de Béxar, Noviembre 1 de 1835, en Corresponde11cia Oficial de la Re110/ución Ttxana, 1835-1836, pp. 41-42.
• El Libro de Ordenes de A.ustin, Trimestral de la Asociaci611 Histórica Ti.cana, XI
(Julio, 1907), 3.

500
501

�la ciudad y las fuerzas mexicanas retrocedieron dejando sus pertrechos militares en manos de los texanos y numerosos heridos en el campo de batalla. Las
bolsas de las monturas se abrieron ansiosamente puesto que se creía que contenían oro, pero en su lugar encontraron únicamente zacate. Los texanos habían atacado un grupo de arrieros con un cargamento de forraje para los
caballos de la fortaleza de Béjar. 7
Las semanas pasaron, el sitio se estancó y muchos de los voluntarios disgustados por la falta de actividad estaban listos para abandonar el ejército y
regresar a sus casas. Es más, algunos de ellos ya estaban desertando el campamento, pero por fortuna nuevos vo1untarios llegaron para reemplazarlos, y
el número de hombres permaneció relativamente constante.ª Pero se inició
una serie de eventos conmovedores y dramáticos que cambiaron el curso del
sitio y posiblemente afectaron el resultado final de la guerra.
Primero tres americanos, Samuel Maverick, John Smith y un hombre llamado Holmes, quienes habían sido arrestados teniendo la ciudad de Béjar por
cárcel durante el sitio, lograron escapar al hacer creer al Comandante que
ellos viajaban mmbo a los Estados Unidos. Estos hombres se dirigieron de
inmediato al campo texano y urgieron a Burleson a que atacase la ciudad.
Hicieron hincapié en la escasez cada vez mayor de abastecimientos entre los
mexicanos y la pobre puntería de las tropas al mando del General Cos. Se
dice que Maverick presentó un plan de ataque el cual evitaba los puntos fuertes mexicanos al pasar a través de las casas y por túneles a través de las paredes. 9
En se!!'Uida
está el arribo de un desertor de las fuerzas mexicanas, un horno
bre que ha sido identificado como Jesús Cuéllar, o Comanche Cuéllar, quien
reportó que los defensores de la ciudad no eran tan fuertes como se esperaba,
y que fácilmente se les podría tomar por sorpresa ya que no se esperaba ningún ataque. Cuéllar ofreció guiar a los texanos pasando los mandos de centinela al anocbeccr. 1 º
El arribo de Cuéllar con tal información tuvo su efecto en los hombres,
' W. H. Jack a Edward Burleson, Campamento Después de Bexar, Noviembre 27
·de 1835 en Binkley (ed.), Correspondencia Oficíal de la Revoluci611 Texana, I, 126127; Edward Burleson al Gobierno Provisional, Cuartel, Ejército Voluntario de Texas, Noviembre 27 de 1835 en Binkley (ed.) , Correspondencia Oficial de la Re110lución Texana, I, 127-129.
8 Rcna Mavcrick Green ( ed.) , Samuel Ma i erick, Texano, l 803-1870: Una Colección de Cartas, Periódicos " Memorias. 43.

' !bid.

'º ]bid.,

fuRBERT DAVENPORT,

El Capi1á11 Jesús Cuéllar,

Caballería Texana, Co-

11oaido de otra Manera como "Comanche", Trimestral Histórico del Suroerte, XXX
(Julio, 1926), 56-62.

502

quienes se puede decir que literalmente estaban "muriéndose por pelear".
Aparentemente no existe registro de una orden de ataque dada por el general
Burleson ni aún su aprobación de tal plan, pero el coronel Ben Mi1am llamó
a los voluntarios y guió aproximadamente 250 aventureros al ataque de la
ciudad fortificada de Béjar. El general Burleson afirmó más tarde que él tuvo que permanecer en el campo con el resto de la armada para proteger los
abastecimientos. El Comandante sí aprovechó al máximo la situación. Mandó una corriente constante de abastecinúentos y refuerzos a la fuerza atacante y a tiempo que c1 final de la pelea se acercaba recuperó el mando. Fue
Burlcson quien dio un paso adelante para afirmar los papeles de rendición con
el general Cos, el comandante mcicano.11
Una descripción del ataque inicial escrita por Sion R. Bostil, uno de los
participantes, es lo suficientemente interesante para citarla detalladamente:

Nosotros no fuimos por los caminos o las calles abiertas, sino a través de las viejas casas de adobe y de madera de los mexicanos, usando
arietes hechos de troncos de 10 a 12 fri,es de largo . .. haciendo agujeros en las paredes a trauls de los cuales pasamos. Como chillaban las
mujeres y niños cuando hicimos los agujeros en las paredes ,, penetramos . .. de día todos los hombres se refugiaban en estas casas . .. Nos encontrábamos opuestos a las barricadas en la calle· y en cada lado en las
casas. Ellos no podían voltear sus rifles para tirar en contra de nosotros,
pero nosotros podíamos tirar sobre la parte superior de las barricadas y
cuando alguno de ellos cruzaba en frente nosotros le disparábamos."
Los voluntarios ocupaban las casas en ambos lados de la calle. Estaban en
dos grupos bajo mandos distintos, uno bajo el mando del Coronel Ben Milam
y el otro bajo las órdenes del Coronel Frank W. Johnson. Los grupos avanzaron lentamente, peleando de casa en casa, de tejado en tejado, y a veces
de cuarto en cuarto. La batalla duró desde la mañana del 6 de diciembre
hasta el 9 de] mismo mes. Se suscitaron muchos actos de heroísmo y valor por
parte de las fuerzas atacantes. La pérdida más seria de los texanos fue la
muerte de su comandante el Coronel Ben Milam, quién cayó al tercer cUa
después del ataque. El 9 de diciembre, tres días después de haberse iniciado
el ataque, los mexicanos, quienes para entonces se habían retirado al Álamo,
u Relato de Burlcison sobre el Ataque de Béxar, Diciembre 14 de 1835, en ]OHN
BaoWN, Historia de Texas: Desde 1835 a 1892, I, 422-424; Green {cd.) Samuel Ma verick, Texano, 44.
HENRY

u SroN R. BosTnc, Memorias de Sion R. Bostik, Trimestral de la Asociaci6n Hút6rica del Estado de Texas, V (Octubre de 1901), 89-91.

503

�mostraron un bander'm de tregua y piclieron nl"gociar. Lo términos de rendición firmados por el General Cos y el General Burlcson fueron generosos
hacia el ejército derrotado. Se l permitió -guardar sus annas y partir rumbo
a México bajo promesa de no pelear en contra de las fuerzas que favorecían
la Constitución de 1824. 13
En pocos días las fw·rzas del General Cos partieron y Béjar quedó completamente en manos del victorioso ejército texano. Esto representó el primero
de varios cambios de autoridad que la ciudad sobrellevaría en los años próximos futuros. El primer cambio técnicamente no estuvo fuera del mando mexicano, puesto que el cj 'rcito texano estaba supuestamente peleando por
conseguir la restauración de la Constitución Federal de 1824 y no por la
independencia.
La autoridad texana en Béjar no se estableció firmemente. Había confusión
con respecto al mando y pronto se suscitó la inseguridad. La confusión provenía del hecho de que existían varios comandantes a una vez y la inseguridad
resultó de los rumores que habían llegado a Texas sobre un gran ejército encabezado por el general Santa Anna, el cual se creía que venía rumbo a
Texas a sofocar la rebelión.u
La inseguridad se complicó por la posición expuesta de Béjar y la falta de
municiones y abastecimientos ocasionada por el saqueo de la guarnición para
equipar la e,,..-pedición desafortunada de :Matamoros, parte de la cual salió de
an Antonio el 30 de diciembre de 1835. Mientras tanto, la otra parte de la
guarnición bajo el mando dd Coronel J. C. Neill trató de establecer alg~ de
orden y decoro. Un gobierno civil se estableció y se eligió un alcalde ba30 la
autoridad que amparaba la Constitución de 1824. El nuevo Cabildo cooperó
de lleno con las Iuerzas de la guamición. 111
Los ciudadanos de San Antonio no permanecieron ociosos mi.entras que
estos eventos notables se e taban desarrollando. Muchos de ellos simpatizaban
con la causa texana; es más, ellos mismos eran texanos y deseaban participar
en la pelea contra el Centralismo, lo cual aparentaba ser c~d~ vez más una
lucha por la independencia. Eligieron delegados para que asistlesen a la con12

Reporte de Frank W. Jonnson sobre el Ataque de Béxar, Diciembre 11 de 1835, en

BRowi-:, H~toria de Texas, 1, 417-421; Renclici6n del General Martín Periccto de Cos,
de Jas Tropas Mexicanas y del General Edward Burleson, de lat Tropas Coloniales de
Texas, Diciembre 10 de 1835, en BROWN, Historia d11 Te;cas, I, 424~27.
,. James Bowie a Henry Smith, Bcjar, Febrero 2 de 1836, en 81nkley (cd.), Correspondencia Oficial de la Reuolucidn Tuana, I, 381-383; J. M. RooJÚouu, Memorias del Comienio de Texas, 8.
•• Green (ed.), Samuel Ma1.1erick, Texano, 44; J. C. Ncill al Gobernador Y Con~jero, Comandancia en Béxar, Enero 6 de 1836, en Binkley (ed.),. Correspondencia
Oficial de la Rt:voluci6n Texana, I, 272-275.

504

vención en \\1 ashington en donde se firmó la Declaración de la Independencia.
Los delegados elegidos para representar a Béjar fueron Jcssc B. Badgett, Samucl A. Maverick, J. Antonio Navarro, y Francisco Ruiz.16
Aunque la ciudad se encontraba en posición débil con respecto a su defensa, el Coronel eill resolvió defender San Antonio si fuese posible hacer
tal cosa. La situación no estaba perdida. Llegaban nue\·os voluntarios, y si
suficirntcs refuerzos pudiesen ser mandados junto con abastecirtiientos adecuados y municiones, serla posible defender la ciudad y resguardarla del ejército mexicano en marcha. El fayor William B. Travis fue mandado a Béjar
por el Gobernador Henry Smith con refuerzo , abastecimientos y órden s de
defender la ciudad en contra de la fuerza mexicanas in\'asoras que e acercaban.17
Las líneas de batalla se prepararon, el enemigo avanzaba y las fuerzas texanas bajo e1 mando de Travis y Bowie sin poder proteger la ciudad con los
pocos soldados disponibles, se resguardaron en El Alamo y mandaron peclir
refuerzos. Aunque algunos pocos ayudantes sí llegaron de Goliad, en general
las llamadas dese peradas de ayuda no fueron oídas. Las lineas de sitio se
estrecharon. Los mexicanos demandaron la rendición o la muerte. Travis contestó con un tiro de cañón y los defensores del Álamo escogieron la muerte.
Finalmente la mañana de mar.to 6 de 1836 el asalto e inició. Varias veces
la infantería mexicana atacó con el único resultado de ser repelida sangrientamente, pero el número superior pronto demostró su poderío, y los dcfen- .
sores exhaustos fueron vencidos. El General Ampudia volte6 el propio cañón
de los texanos en el interior del fuerte y la pdea pronto vio su término con la
muerte de todos los defensores. El Coronel Bowie fue herido a punta de bayoneta estando encamado y enfermo y cinco hombres que habían sido tomados
prisioneros fueron ejecutados de inmediato por órdenes directas de Santa
Ann_a,lD

La tristeza se apoderó de la ciudad. El pueblo de San Antonio no simpatizaba con Santa Anna ni pensaba que sus acciones eran dignas. La mayoría
de ellos habían apoyado y auxiliado a las fuerzas texanas. Es más, muchos de
" William C. Binkley ( ed.), Corrnpondencia Oficial de la R,1.1o!uci6n Texana, 1835-

1836, [, 467.
11 William B. Travis a Henry Srruth, Cuartel en Campamento en Burnam, Colorado,
Enero 28 de 1836, Binklcy (cd.), Correspondencia Oficial de la Reuoluci6n Texnna, I,
352.
11 Green (ed ), W. B. Travis a Ciudadanos Compaiicros y Compatriotas, Béxar, Febrero 24, 1836, en Sam Ma1.1erick, Texano, 52.

"H. YoAKUM, Historia de Texas Dtsde su Colonizaci6n im 1685 IUJSta su .d11exacidn
a los Estados Unidos en 1846, II, 80-81; Carlos E. Castañeda (ed. y trad.), El Lado
Mexicano de la Re1.1olucid11 Texana, 101.

505

�ellos abandonaron la ciudad al acercarse las fuerzas mexicanas Y se unieron
al éxodo de 1836. Pero la autoridad del dictador mexicano duró poco. Pronto
vino la derrota de San Jacinto, en la cual una compañía de hombres de
an Antonio, bajo el mando del Coronel Juan N. Seguin e incluyendo a J.osé
Antonio Navarro, figuró prominentemente. En cambio, las pers~nas que sunpatizaron con la causa Centralista de México, abandonaron la ciudad cuando
se hizo inminente la reocupación del área por los tcxanos. 2º
Uno de los primeros ciudadanos de San Ant~nio que regresó después de
lo de San Jacinto fue el Coronel Seguin. Tomó posesión de la ciudad el 4 de
junio de 1836. Habiendo escapado de la suerte que tuvieron otros defensores
del Álamo porque actuaba como mensajero en busca de refuerzos cuando el
ataque final se llevó a cabo, ( él había tenido bajo su mando ~~ compañía en
San Jacinto) ocupó an Antonio en el nombre de la Re~~blica de Texac;.
Había sido nombrado Comandante Militar y Alcalde Prov1s1onal.
El Coronel Sewin continuó al mando de la ciudad durante el resto del
año de 1836 y 1: mayor parte de 1837. En mano de 18:7 recibió_ órdenes
del General Félix Huston de destruir la ciudad y transfenr sus habitantes a
la orilla este del río Brazos. Considerando esta medida prematura e injusta,
Seguin, siguiendo la verdadera tradición militar texana,_ asumió la responsabilidad al desobedecer la orden hasta que hubiera refendo el asunto al Presiden te. El Presidente Houston prevaleció sobre el Gobernador Huston para
que desistiese; la orden fue rescindida y San Antonio escapó de la suerte de
San Felipe.22
••
Pero el gobierno de Seguin fue temporal y provisional. Pronto ~ hic1e~on
arreglos más permanentes. El 5 de junio de 1837. 1~ ciudad de ~Jar f~e mcorporada por la Legislatura Texana y el 14 de d1c1embre del mismo ano fue
reincorporada como la ciudad de San Antonio.~3
:a J. M. RODRÍGUEZ, M tmorias de Rodrlguez: de Texas tn su. 1~i~iaci6n, 17 ! JuAN
•
SEGUTN, Memorias Personales de Joh11 N. Seguin, 5-7, transcr1poon a máqum.a en los
Archivos de la Universidad de Texas.
.
., FREDEIUCK CHABOT Con los Fu11dadorts de San Antonio: G1mealog!a de las Primeras Familias de Orig:n Latino, Angla-americano y Alemán con Biog:afla.s Ocasiona/es, Cada Grupo Prologado con un Esquema Hist6rico Breue e Tlustrac1ones, 125; Memorias Personaüs: de Seguin, en los Archivos de la Universidad de Texas, 3-6, Sam
Houston a Coronel Seguin, Enero 16 de 1837, en Amelía W. Williams Y Eugen' C.
Barker (cds.), Los Escritos de Sam Houston. 1813-1863, II. 33-3-t-.
.
" CeABOT. Con los Fundadores: de San Antonio, 125 ; Memorias Personale~ de Seguin,
6, e.n los Archivos de la Universidad de Texas ; J. H. Wharton a J. • . Srguin,. Depa_n_a mento de Guerra, Septiembre 17 de 1836, en Binkley (rd.), Correspondencia O/mal
de la Revo/uci6n Texana, II, 1012.
2:1 H. P.
. G,u ntEL (Comp.), Las Leyes de la República de Texas, 1822-1897, I,

1298-1299 ; ibid., 1379-1381.

506

Actuando bajo la autoridad del Acta Legislativa de Incorporación, se efectuaron elecciones municipales y se escogieron un Presidente y ocho miembros
de Cabildo. John W. Smith fue electo alcalde y los cabildos fueron Manuel
Martínez, Francisco Bustillos, Gabriel Arreola, Rafael Herrera, Francisco A.
Ruiz, Ramón Treviño, Pedro Flores Morales y Francisco Granado·.2'
Es interesante notar que Smith es el único nombre inglés en la lista de los
cabildos electos. El hecho de que fue electo comprueba su popularidad entre
los ciudadanos de habla española, puesto que eran la gran mayoría en aquel
entonces. Los texanos de procedencia americana eran sumamente escasos en
San Antonio en el verano de 1837.
La primera elección municipal bajo la bandera de una sola estrella representó el fin de la primera etapa de la transición que habáa de sobrellevar la
ciudad de San Antonio en el período de la República. Primeramente la autoridad militar había sido transferida desde México a las fuerzas texanas de
rebelión, otra ve:z; hacia México y finalmente hacia la República de Texas.
Con la incorporación de la ciudad bajo las leyes de Texas y la elección de
oficiales locales de acuerdo con estas leyes se e tableció un gobierno civil.
El nue,·o gobierno civil representó un cambio en la forma de gobierno. El
alcalde se convirtió en el Presidente Municipal y los regidores se convirtieron
en los Cabildos. Pero los problemas del gobierno local permanecieron casi
iguales, y la membrecía del cabildo no cambió mucho.
Pero en el momento en que el establecimiento del gobierno civil se estaba
efectuando ocurrió otro evento, el cual causaría una repentina afluencia de
ciudadanos hacia San Antonio y marcaría la segunda etapa de su transición.
Este nuevo cambio estribaba en la cualidad de sus habitantes. Se vio el aumento del número de ciudadanos anglo-americanos y la disminución del número de ciudadanos México-americanos. Este cambio duraría hasta el fin del
período de la República. La situación que atrajo un número considerable de
americanos a San Antonio en el Verano y el Otoño de 1837 fue la aperrura
de una oficina de bienes raíces. De acuerdo con la ley emitida el 22 de
diciembre de 1836 las oficinas de bienes raíces deberían abrirse el 1o. de
junio de 1837 a todos los veteranos de guerra para permitirles reclamar sus
partes y más tarde, el lo. de enero de 1938, las oficinas se abrióan a todos
los inmigrantes. 2 5 Las persona atraídas a San Antonio como resultado de la
apertura de la oficina de bienes raices fue un grupo variado. Había veteranos
de la guerra de independencia que querían cobrar sus generosas participa" Rrgistros de la Ciudad de San Antonio, Periódico A, 1837-1849, Septiembre 19 d ·
1837, pp. 1-5 transcritas y traducidas por la Administración Texana de Obras en Proyecto. en los Archivos de la Universidad de Texas.
:s GAlUIEL (Comp.) , Leyes de Texas, I, 1276-1284.

50i

�ciones. Tras éstos vinieron los speculadon:s para comprar los certificados de
lo ,-eteran~ a precios bajos. Top6grafos fueron necesarios para establ ccr denuncias. Por último, pero in meno. preciarse, vinieron los aventurero., quien
sin d recho propio a la tierra y no siendo topógrafos previeron la adquisici6n
de rit¡ue7.as de los veteranC\s recién enriquecidos, por medio de las cartas, los
dado o implemente ofreciendo u servicios a la pcr-ona indicada al tiempo
preciso.:6
in embargo, no todos los r :cién llegado a la ciudad eran persona de este
tipo. Hombres de responsabilidad Ue aron para hacer su casas allí. Alguno
de e~tos hombres trajeron a su familias · contribuyeron en gran parte al crecimiento comercial de la región. Esto hombre fueron reconocidos desde el
principio como líderes y sus nombres aparecen una y otra vez como reprcntantes en la Legislatura Texana, como Oficiales de Condado o más a m •nudo como ,fiembros del Cabildo. Entre los primeros de esta nueva clase de
ciudadanos estuvo amuel A. Maverick, un hombre que llegó a San Antonio
con u familia el 15 de julio de 1838, no mucho después de haberse abierto la
oficina de bienes raíces. Fue una de las primeras familias americanas en an
Antonio. 27
Afortunadamente para la post ridad, Mary Maverick llevó cuidadosamente
un diario detallado. Esta dama pionera ha dejado una e."cdrnte imagen de
los \"entos sociales e hist6ricos de su vida y tiempo. o rccab6 sus primeras
impresiones de San Antonio con mucho detalle, pero conc ntró su interés
en asunto relacionados con su ,ida familiar y sus hijo. En una carta a u
madre, Mary Ma,•erick hizo notar que con la excepci6n de dos familias irlandesas. quienes no eran sociables, los faverick era la única familia de habla
ingl sa en la ciudad, y consecucnt mente su único roce social se realizaba
con los mexicano .:a
La vida y tiempo en San Antonio eran difíciles a fines de 1830. Los peligros aumentaban desde el interior así como del exterior. Los problemas
exteriores aparentaban e:'1.-igir la mayorí.a del tiempo y atenci6n de los ciudadanos, pero éstos no podían hacer nada hasta haber ordenado su ca5a.
Había que controlar y organizar a los ciudadanos desordenados para que contribuyesen al bienestar de la ciudad. Algunos de estos p rsonajes desagradables
" James T. DeShield.s y Matt Bradl y (eds.) Gunra5 Fronleriuu d, Tt.tnI' Sundo
un R1porlt Autlntico y Popvlar en Orden Cronológico dtl Largo 'Y Amargo Conflicto
Sosttnido entr, Tribur lndia1 Saluaj,s 'Y los Colonos Pionuos de TuaJ, 264; CHABOT,
Los Prisioneros dt Ptrolt, 9 ¡ Samuel A. Mavericlr. a M.ary . Ma,•erick, Iléxar, Fcbr ••
ro 26 de 1838 y M n.o 13 de 1838, en Green, (cd.), Samuel Mau,rick, T,xano, 63-ó5.
" Rena b\" rick Green (ed ), Mt,rwrias de Mary A. Mav,rick, 21.
,. Mary A. Mavcrick a Agatba S. Adams, Bexar, Agosto 25 de 1838 en Green ( d.),

ran ~ventureros mexicanos, obrantes del ejército de anta Anna, pero la
rnayoria se com_ponia de aventureros americanos ,·cteranos texanos, topógrafos, tahures, quienes no tenían ningún modus vivendi aparente. Crearon una
gran_ dificu1tad alguno _de ellos, por maltratar a los ciudadanos me.'&gt;ic::mo por
considerarlos sus enemigos, otros al causar dificultades con los indios los
Comanches en particular, a medida que los gmpos topográficos penet;aron
en el territorio indio.
El Cabildo intcnt6 hacerse cargo de la situaci6n. e emitieron varias 6rdenes por parte de la ciudad en contra de vaaos y la vagancia. e requería a
los ta~emeros ~ue lle,·aran una lista de sus clientes regulares y a los que
no ~meran algun modo de ustento se les invitaba a que realizacen una entrevista ron el alcalde. Si no podían explicar su presencia se les pedía abandonasen la ciudad. Lo mexicano eran enviados hacia el Rfo Grande )' los
americano hacia el este.
. Pero la creciente amcna1.a de los indios era aún más seria que la oca!!Onad~ por lo d~rdenados ciudadanos. El aumento del peligro de este sector onlló a los ciudadano que tenían interés en aliviar la situación a
qu~ pidi ran protección a su gobierno. Se convocó una junta en masa y se
des1gn6 al Coronel Seguin, Pre5idente de las Defensas de la ciudad. Una orden
emitida por la ciudad mand6 a todos los hombres disponibles de la vecindad
a que estuvie en listo de inmediato para r peler un ataque.ªº
Los esfuerzos de dcf nsa propia eran ambiciosos pero el trabajo de realizarlos
era imposible, de manera que en ag~to de 1839 Samuel Maverick el Presidente Municipal d an Antonio, finn6 una carta mancomunadam~te con otros
ciudadanos prominentes en la cual solicitaba al gobierno de Texas que les
ayudase en contra de los indios y también en contra de la siempre presente
am naza de una invasi6n mexicana. 31
Los ciudadanos de San Antonio habían apoyado aJ Presidente Mirahean B.
Lamar, s gundo presidente de la República de Tcxas,_principalmente debido a
sus prom as de proteger la frontera en contra de los indios. Fiel a u palabra
el ~residente babia ser.-ido en forma instrumental en la obtenci6n de la legis~
!ación que proveía compañías de destacamentos montados, para proteg r la
frontera. A los sanantonianos se les prometi6 que una compañía de estas tro.." Re-gimo de la Ciudad de San Antonio, Periódico A, Octubre 11 de 1838, p. 32;
1b1d., Octubre 24 de 1837, p. 13; ibid., Junio 21 de 1838, p. 25; SEoUtN, Memorias
Prrsonales, 6-1. Todas éstas cslán n forma transcrita en los Archivos de la Universidad

de TC!.us.
.." Registros de la Ciudad de San Antonio, Periódico A, Octubre 8 de 1838, p. 32;
,bid., Octubre I l de 1838 p. 32, trarucritos en los Archivos de la Univcnidad de TeXJU
h Samucl A. Maverick y Otros al Mayor Thomas E. Western, San Antonio Agost~
1839 en Green (cd.), Samuel Mav,ritk, Ttxano, 99.
'

Samuel Mavuick, Ttxano, 77.

509
508

�pas montadas incluiría a San Antonio en su "ronda de inspección", pero que
ninguna podría permanecer de pie en la ciudad en ese entonces.ª2
día
EÍ auxilio verdaderamente se necesitaba, ya que los Comanches cada
se mostraban más atrevidos y efectuaban ataques en los suburbios de la ciudad
Pero las únicas defensas de fiar seguían siendo 1a milicia local o como se auto11 aban los "hombres del minuto". En general, estos voluntarios locales se
am
,
·
J
d d 1
dividieron más o menos en dos grupos, los mexicanos baJo e man o e,
Coronel Seguin y los americanos bajo las órdenes de John Coffee ~ays. Paso
el tiempo y el mando del joven topógrafo llegó a ser tan sobresaliente que
eclipsó a Seguin como líder militar de San Antoni~·ªª.
Las dificultades causadas por los m
· dios se conv1 rt1eron en un más serio
problema a fines de 1830 y principios de 1840. . ,
.
Un incidente recabado por Mary Maverick serv1ra para ilustrar la_ gr~vedad
d e la s1·tu ao·o·n . Cerca del fin del término otoñal de la Corte de
• DIStnto,
d 'di un
grupo de hombres estando en San Antonio para a istir a la ,Sesión, eo ~on
salir a poca distancia de la ciudad para ver el campo. Hab1a ce~ca de vemte
hombres en el grupo y todos con buenas montaduras, estando bien armados.
Los Comanches lograron separar al grupo de la ciudad, matando a todos con
excepción de un hombre llamado Campbell, conocido_ algun~s veces como
" 1 1 chín Campbell" quien escapó y regresó a la ciudad siendo portador
e par an
,
. . .
ilad sf
del relato. Al día siguiente un grupo salió y traJo dieciocho cue~os mut
os.
· · · del año de 1840 se hicieron esfuerzos más def101dos por ·eldigoA pnnc1p10s
biemo de la República de Texas para confrontar el problema de los:-° os.
Al Coronel William B. Fi.sher se le ordenó que partiese a San Antoruo _con
tres compañías de tropas para negociar con los_ indios el _re~omo de cautivos
que habían capturado. Se efectuaron negociaciones _P":lirmnares_ en febrero
de 1840, por el Capitán Henry Watt Kames y los mdios acced;eron a una
conferencia general el mes siguiente, durante la cual ellos debenan entregar
• •
35
a los texanos todos sus pns1oneros.
Los eventos que tuvieron lugar durante estas negociaciones y como consecuencia de ellas en marzo 19 de 1840 se les ha llamado la "pelea de la Ca~
d e b"ld ,, el "rompimiento del 40'' o "La Masacre de la Casa de la Corte .
e a1 os,
la
.,
tra
Los Comanches, cerca de 65, llegaron a la ciudad para
reumon, pero
-

jeron consigo únicamente una cautiva, una joven llamada Matilda Lockhart.
Habían prometido traer trece. La vieja casa de la corte fue el escenario de
las negociaciones. Los jefes indios se reunieron con representantes del gobierno
texano, la milicia y el gobierno local. La mayoría de lo indios permanecieron afuera en la plaza demostrando su destreza con el arco y la flecha al
dar en el blanco a dólares de plata que el juez Robinson había instalado para
ellos. Muchos de los pueblerinos eran ávidos expcctadores.
Dentro del edificio el Coronel Fisher, el Coronel Hugh McLeod, General
Adjunto, y el Coronel William G. Cooke, Intendente del Ejército y Secretario de Guerra Interino negociaban con los Jefes Comanches. Los texanos
exigían saber el por qué los otros prisioneros no habían sido entregados, a lo
cual los jefes respondieron que no había ningunos otros con la tribu. Sabiendo
&lt;¡ue esto era falso, los Comisionados texanos informaron a los jefes que se les
detendría como rehenes hasta que el resto de los prisioneros se entregase.
Cuando los indios comprendieron la declaración hecha por el intérprete, reaccionaron con un grito de guerra emitido a! unísono y trataron de escapar del
lugar. A esto siguió una lucha a mano armada y todos los jefe~ fueron muertos.
El resto de los indios también reaccionó violentamente. A tiempo que escucharon la señal del grito de guerra, los que habían estado disparando a los
blancos puestos sobre la barda, ahora buscaban blancos entre los ciudadanos
y el juez Thompson fue muerto instantáneamente. La pelea se generalizó en
las calles y en el sector de la plaza. 86

El relato de la participación de Mary Maverick en esta pelea bien vale la
pena citarlo en detalle.
Cuando el grito de guerra ensordecedor se escuch6 en el cuarto de la
Corte, era tan fuerte, tan estridente y tan inexplicablemente horrible,
emitido de una manera tan repentina, que las mujeres, al asomarse a
traués de la uerja, viendo la pericia de las mujeres y de los muchachos
1io podían comprender de momentos su significado. Sin embargo, los
indios conocieron su primer nota e instantáneamente dispararon sus flechas en los cuerpos del juez Thompson y otros caballeros que se hallaban cerca, matando instantáneamente al juez Thompson. Huímos hacia
la casa de la señora Higginbot/zam que daba a la calle Comercio y yo
lzuí a través de la calle hacia la puerta. Dos indios corrieron y me sobrepasaron en la calle y uno de ellos alcanzó mi puerta en el momento en

W McCraven a M. B. Lamar, San Antonio, Julio 29 de 1838 en Gulick (ed.), Do. L
II 192 - 193·, GAMMEL (Comp.) ' Leyes de Texas,
15-20; GMayor(cd
Tbocumentos amar, ,
d II, 39
)
mas G. Western a Samuel A. Maverick, Houston, Septiembre 2 e 18 , en reen · · ,
n

Samuel Mauerick, Texano, 100.
.
as Green (ed.), Memorias de Mary Mavenck, 27-29.

••
30.PR&amp;SCOTT W EBll, L os V1'g'la11tes
Texanos: Un Siglo de Defensa Fronteriza,
» lbid.,
WALTER
1
55-56; CRAl!OT, Los Prisioneros de Perote, 15-16.

,. Coronel Hugh McLeod al Presidente Lamar, San Antonio, Marzo 20 de 1840 en
W. JonNSON, (Eugene C. Barkct y Ernest W. Winkler, eds.), Una Historia de Te:cas y Texanos, I, 403-404; Green (ed.), Memorias de Mar)' Maverick, 31-33; CHABOT,
Los Prisioneros de Perote, 18-21.
FRANI&lt;

510
511

�que yo entré. El se volteó para levantar su mano y empujar la puerta,
precisamente cuando )IO bajé el pesado cierre, entonces él siguió corriendo adelante . .. El. señor Maverick se apresuró hasta la calle Y Andrés hacia el JJatio de atrás durante el tiempo que yo estaba gritando a
todo lo que mi voz daba, "¡ aquí están los indios!"; "¡ aq1,í están los indios!" Tres indios se habían escabullido a través de la verja en la calle
Soledad e iban derecho hacia el rfo. Uno de ellos se detuvo cerca de
Jinny Anderson, nuestra cocinera, quien valientemente se encontraba al
frente de los niños, los míos y los de ella, con una gran roca levantada
en ambas manos sobre su cabeza y le escuché gritar al indio, "si no te
vas de •aquí, te aplastaré la cabeza con esta piedra". El indio . .. se detuvo
un momento y corrió vertiginosamente río abajo y tomó el rumbo de la
orilla opuesta. s.
Temporalmente los indios, algo apaciguados por la pérdida de sus jefes,
pronto se recobraron e iniciaron ataques y escaramuzas ~orno ant~riorm~nte.
Literalmente sitiaron la ciudad, permaneciendo a escondidas y baJo cubierta
para matar a ciudadanos aislados o para robar niños y caballos. Mary Maverick se dio cuenta que los incidentes que ocurrieron eran demasiado numerosos
para relatar.
La amenaza india era asunto diario. La historia de un paseo vespertino
para recoger moras se da a continuación como ejemplo del peligro.

La señora Elliott y )10 partimos río arriba para recoger zarzamoras. • ,
el Sr. E/liott mandó a dos de sus dependientes, Peter Gallagher y John
Conran, yendo también el hermano de la señora Elliott, estando aquéllos bien armados .. . Nos divertimos en grande y partimos rumbo a casa
sin ninguna novedad. Pronto después de haber partido del brazo del río
nos encontramos con un carretonero mexicano que salía par{J&gt;, pastar sus
bueyes en el magnífico zacate que nosotros acabábamos de pasar. Apenas
habíamos avanzado algunos cien pies después de haber pasado al mexicano, cuando escuchamos a todo nuestro alrededor el repentino grito
de «¡indios!", "¡ indios!" Pronto la campan a de alarma llamó a las armas
y nosotros rápidamente corrimos rumbo a casa. El carretonero que nosotros habíamos pasado resultó ser la víctima -fue muerto y escalpado
por los Comanches, quienes habían estado escondiéndose cerca de nosotros en el bosque ribereño durante el tiempo que nos divertíamos mucho
1t

Green (ed.) , Memorias de Mary Mauerick, 33.

11

lbid., 50.

512

y recogíamos las zarzamoras. Nuestros dos guardias armados. . . habían

salvado nuestras vidas.
. Los Comanches, ardidos por los resultados de la pelea de la Sala del Cabildo,
intentaron cobrar venganza en el gran ataque a Lindville. Esto resultó en la
batalla de Plum Creek en donde la milicia texana bajo el mando del Mayor
Félix Houston logró vencer en forma aplastante a los indios. Más tarde, en
el mismo año el ataque 'del Coronel John Moore a los poblados Comanches en
la parte superior del Río Colorado acabó con el trabajo necesario para destruít
la amenaza Comanche.ªº
Durante el período acabado de describir había muchas otras cosas que estaban ocurriendo en San Antonio, además de las peleas de los indios. La vida
de la ciudad aparentaba un definido progreso durante los primeros días de la
República. Aunque Mé,xico y Texas técnicamente estaban en guerra, y no
era posible realizar relaciones comerciales normales, la necesidad de la mercancía por parte del Norte de México, y las grandes ganancias involucradas,
a pesar del riesgo, indujeron a hombres audaces y aventureros a efectuar el
peligroso viaje hacia San Antonio para comerciar. La venta de mercancía a
estos comerciantes mexicanos fue la causa principal de la prosperidad en San
Antonio, ya que los contrabandistas generalmente pagan por la mercancía en
oro y plata. 40
Este comercio mexicano combinado con el negocio de bienes raíces y la
agricultura aparentó ser suficiente para sostener la población. A pesar del
éxodo_ de realistas mexicanos después de lo sucedido en San Jacinto en 1836,
el flu10 de gente de Texas y de los Estados Unidos casi había superado el déficit. Los tiempos tristes de la guerra por la independencia parecían haber
sido olvidados y la ciudad progresaba. Durante los años de 1838, ' 1839 y 1840,
el comercio con México se estimó en cerca de 100,000 d6lares anuales, más
que el doble de los cuarenta mil por año que se realizaba, en 1835 cuando el
comercio era cosa legítima.~1
La ciudad de San Antonio fue descrita por J. W. Benedict, un voluntario
en la campaña en contra de los Comanches en 1839, como una ciudad de apa"

250.

(Barker y Winkler, eds. ), Una Historia de Texas)' Texanos, I, 469; NOAH
La Evolucí,hi de 1m Estado: O Recolecciones de los Antiguos Días Texanos
'

JonNSON

St.nTHWICK,

"' RODRÍGUEZ , Memorias, 34-35; SEourN, Memorias Persona/es, 9, en los Archivos
de la Universidad de Texas.
" William Van Zandt a William S. Archer, Washington, D. C. ; Enoro 10 de 1843
en George P. Garrison (ed.), Correspondencia Diplomática de la República de Texas,
11, 146-147; Ar.MONTE (Castaficda, trad.) , Reporte Estadístico sobre Texas, Trimestral Hütórico del Suroeste, XXVIII (Enero de 1925), 221.

513
H33

�riencia sombría y g6tíca. Notó que había mucha gente en la ciudad, pero pocos
americanos. Hizo hincapié en la "indolencia" de los habitantes durante el día,
pero le impresionó su jovialidad y frivolidad en los atardeceres cuando las
calles se alumbraban y se bailaba. 42
Samuel Maver:ick, Presidente de la ciudad en aquel tiempo, estuvo de
acuerdo parcialmente con las obseivaciones del Sr. Benedict, cuando escribió
a su esposa diciéndole que la ciudad de Béxar estaba adquiriendo una apariencia de negligencia y ruinosa, pero "era asombrosamente bonita y oriental
en su apariencia". También mencionó que era el único lugar en Te..xas donde
había bastante para comer y todo el mundo estaba de buen humor:º
Como había notado Benedict, los ciudadano de San Antonio de verdad
amaban el baile. El fandango o el baile era una institución. Estos bailes descritos por todos los ciudadanos de la ciudad, eran para el deleite del público...
La música generalmente era mal tocada por un violín chillón. Las muchachas
se sentaban en una banca a lo largo de la pared y los hombres se arrimaban Y
les pedían bailar. Después del baile el bailador llevaba a su pareja hacia una
mesa con dulces atendida por una vieja mujer y permitía a la muchacha que
escogiese un dulce. Generalmente no tomaba el refrigerio comprado por su
acompañante, pero lo ponía en un pañuelo o bolsa y lo llevaba consigo_ a su
casa después del baile. En la parte de atrás del cuarto se encontraba el Juego
inevitable de monte. Estos fandangos eran tan populares que el Primer Cabildo de la ciudad de San Antonio les fijó un impuesto. El impuesto de un
dólar fue aumentado a dos dólares por Cabildos subsecuentes y resultó ser una
fuente muy gustada de ingreso fijo.«
Estos primeros Cabildos de la ciudad generalmente se componían casi en su
totalidad de ciudadanos que habían prestado sus servicios en el gobierno de
la ciudad durante la guerra mexkana. Algunos nombres ingleses aparecían,
tales como John W. Smith, Samuel Maverick y William Henry Dangerfield
en ]a lista de Presidentes Municipales y William E. Howth, Comelius Van
Ness, George Blow, John McMullen y John R. Black en el registro de Ca-12 J. W. BENll.DlCT, Diario dt una Campaña en Contra de los Comanches, Trimestral Hist6rico del Suroeste, XXXII (Abril 1839) 304-305.
.. Samuel A. Maverick a 'Mary Maverick, B~xar, Febrero 26 de 1838 en Green
{ed.), Samuel Maverick, Texano, 63; Samuel A. Maverick a Mary Maverlck, Béxar,
Mano 13 de 1838 en Green (ed.), Samuel Maverick, Texano, 64-65.
" BENEDICT, Diario de una Campaña en Contra. dt los Comanches, Trimestr~l Histórico del Suroeste, XXXII (Abril 1929), 304-305; GEORGE KENOALL, Narrac16n de
la Expedici6n de Texas-Santa Fe, I, 46; FERDINAND RoBHER (Oswald Mueller, trad.),
Texas con Referencia Particular a la Inmigraci6n Alemania y a la Apariencia flsica del
Pals, 122-123; Registros de la Ciudad de San Antonio, Octuhr_e 7 de 1837 1 pp. 11-12;
ibid.; M3rzo 13 de 1838, p. 16, en Los Archivos de la Universidad de Texas.

514

bildos. Pero el grupo más grande de nombres tales como Antonio Mencha.ca,
Juan N. Seguin, Rafael Garza, Ambrosio Rodriguez, Francisco Busti110s1 Fran·
cisco A. Ruiz1 Pedro Flores, indicaban la nacionalidad de la mayoría de los
padres de la ciudad durante este período. 45
La educación en San Antonio era prácticamente nula. Se habían realizado
intentos anteriormente para mantener una escuela pública local, pero durante
los tiempos difíciles de la guerra por la independencia, ésta murió. José Ma.
Rodríguez declaró que él había asistido a una "pequeña escuela mexicana"
en la vecindad de la calle Comercio y que el "señor Calonge" impartió cátedra
en una escuela del lado oeste de la Plaza Militar, y que había una escuela en
la Casa Veramendi en 1840. 4 r. Todas estas escuelas tienen que haber sido
muy pequeñas y manejadas por un tutor. Probablemente sólo los niños de las
familias acomodadas podían asistir.
Una escuela pública sostenida por la municipalidad y similar a la anterior
fue el objeto de una petición el 14 de febrero de 1839. l. H. Winchell pidió
al Cabildo que estableciese tal escuela para la enseñanza del inglés, escritura
y la aritmética. Se ofreció como instructor con un salario de 800 dólares por
año. Pero no hay record de que se haya realizado ningún trámite como consecuencia de dicha solicitud. Más tarde, e1 27 de junio de 1844, P. L. Buquor
hizo una solicitud similar, En esta ocasión se nombró un comité para investigar el asunto y se iniciaron realmente reparaciones de la vieja casa de la Corte
en un intento por preparar uno de sus cuartos como salón de clase, pero el
trabajo en realidad nunca se terminó sino hasta la década siguiente.4 7 Aunque
no hay mención de esto en el registro, se cree razonable pensar que la falta
de fondos fue la razón por la cual la ciudad no fue capaz de establecer una
escuela pública.
Pero Ja educación elemental no era el único interés de los ciudadanos de
San Antonio. Había evidencia considerable que indicaba que deseaban establecer una_casa de estudios superiores o universidad. Dos representantes del
Condado de Béxar en la Legislatura de Texas, Juan N. Seguin y José Antonio
Navarro, tenían interés en establecer una escuela preparatoria y una universidad de artes liberales, pero bajo la dirección de la Iglesia Católica. Se comunicaron con el Padre John Trmon en 1839 cuando éste estaba en Houston,
..- Registros de la Ciudad de San Antonio. Septiembre 18 de 1837, pp. 1-5; ibid.,
Marzo 5, 1838, p. 15; ibid., Enero 6 de 1840, pp. 41-42; ibid., Enero 9' de 1841, todos en los Archivos de la Universidad de Texas.
.. RonRÍGUBZ, Memorias, 35, 37.
41 Registros de la Ciudad de San Antonio, Febrero 14 de 1839, p. 40; ibid., Junio
27 de 1844, p. 140; ibid., Junio 29 de 1844, p. 141; ibid., Febrero 22, 1847, p. 169,
en los Archivos de la Universidad de Texas.

515

�habiendo venido de Nueva Orleans para realizar un viaje de inspección para
investigar la condición de la. Iglesia Católica en Texas. Los ciudadanos de San
Antonio tenían la confianza de que la legislatura texana cedería cuatro leguas
de tierra como una dote para la universidad ya que tales donativos ya habían
sido oton!ados a otras universidades sectarias. 48
Debid; a la falta de fondos y a dificultades administrativas no se realizó
ninguna acción en ese tiempa. Pero en el año siguiente, en 1840, cuando el
Padre Haydon estuvo en San Antonio en un viaje de inspección, se le hicieron
ofertas generosas para ayudarle a establecer una escuela, pero él las resistió
hasta poder ponerse en contacto con las debidas autoridades eclesiásticas.t 9
Esto debería de indicar que el interés en la educación mostrado por los representantes de Béxar en la Legislatura, el cual había sido comunicado al Padre
Timan el año anterior, era una expresión genuina del sentir del pueblo de
San Antonio.
Cuando el Padre John Odin, el Vice Prefecto de Texas, estuvo en San Antonio en 1840, visitó las Misiones y tomó nota de que San José sería un lugar
ideal para una escuela de muchachos y que la Misión Concepción estaba
precisamente adecuada para una academia de muchachas. 50
Fue durante la visita del Padre Odin actuando bajo la autoridad concedida
por el Prefecto Padre Timan, que mandó quitar a los dos Padres ~exi~os
de San Antonio. Estos dos eclesiásticos habían estado bajo la autondad Y Jurisdicción del Obispo de Monterrey y esta acción ahora sometía a la ciudad
bajo la autoridad y jurisdicción eclesiástica del Obispo Blank de Nueva Orleans. Pero el siguiente año, en 1845, el Padre Odin fue consagrado como el
primer Obispo Católico residente de Texas.n Por lo tanto, cineo años después
de la transición de autoridades militares y civiles desde México a Texas, se
efectuó el cambio de autoridad eclesiástica.
En conjunto la situación en San Antonio en 1841 no era, mala. La peor parte de la amenaza india había terminado. El comercio estaba prosperando,
las dificultades religiosas habían sido resueltas con Ja expulsión del clero mexicano y con el establecimiento de la iglesia bajo la autoridad y la jurisdicción
del Obispo Odin. El número de americanos iba en aumento paulatinamente,
George Kendall, un periodista de Nueva Orleans, describió la ciudad en 184 l
como "la ciudad más agradable y más interesante en Texas". 52
Pero los relativamente buenos tiempos y la relativa prosperidad pronto iban
E.
.. !bid., 82.
"' !bid., 94.
., !bid., 87.
.. CARLOS

"' KENDALL,

516

CAsTAÑE.DA,

Nuestra Herencia Cat&amp;lica en Texas, VII (M.S.), 49.

Narración de la Expedición de Santa Fe, I, 47.

a ser retados por nuevos peligros. Estas nuevas dificultades iban a causar un
choque al bienestar de la ciudad de San Antonio, del cual la vieja y venerable
ciudad iba a tomar una década o más para recuperarse. El tren de sucesos se
inició a principios de 1841 cuando el Presidente Lamar visitó la ciudad. La
ciudad se encontraba bastante emocionada en espera de la visita de tal dignatario. El Cabildo se preparó para la ocasión ordenando que se disparara un
saludo de veintiún salvas y el Presidente Municipal Seguin invitó al Presidente
a un Sarao. 53
El sarao efectuado para el Presidente Lamar fue el evento social sobresaliente de la década. Se realizó en el la!'go cuarto de la casa Yturri. El cuarto
fue decorado con banderas y siemprevivas puesto que no había flores. En la
festividad el Presidente Lamar bailó con la esposa del Presidente Municipal,
una dama bastante corpulenta y puesto que Lamar no era un bailarín consumado, la pareja, según Mary Maverick, "hizo tal figura que nosotros no tuvimos más que sonreír". 5•
Se agregó una nota chusca a la descripción cuando el aprieto de los capitanes Hays, Chevallier y Howard, del destacamento de vigilantes fue relatado.
Entre los tres únicamente tenían un saco de vestir. Se pusieron de acuerdo
en turnarse, permitiendo que uno de ellos usase el saco y bailase mientras
que los otros dos esperaban. A medida que al bailarín de suerte le tocaba su
tumo de usar el saco, los otros dos se quedaban en la puerta haciendo comentarios chispeantes, amenazándolo con los puños en actitud desafiante. 55
La visita del Presidente Lamar a San Antonio tenía un motivo ulterior.
Quería despertar interés en una e.xpedición a Santa Fe, Nuevo México, para
abrir una ruta o brecha comercial hacia esa área. Obtuvo éxito al persuadir
a algunos de los hombres de San Antonio a unirse a dicho proyecto. Es más,
J. Antonio Navarro fue uno de los comisionados de la e.xpedición. 56 La expedición topó con dificultades desde el principio y cuando llegó exhausta a
Nuevo México estuvo a merced de las fuerzas mexicanas allí. Los mexicanos
la consideraron como una invasión de su territorio, así es que sus miembros
fueron capturados y puestos en marcha rumbo a México para ser encarcelados
en la prisión infame de Perote. 57
Esta invasión de territorio mexicano fue todo lo que los mexicanos nece.. Registro de la Ciudad de San Antonio, Mayo 13 de 1841, p. 81, en los Archivos
de la Universidad de Texas; Seguin a Lamar, Mayo 15 de 1841, en Gulick (ed.),
Documentos Lamar, III, 521.
.. Green (ed.), Memorias de Mary Maverick, 55 .
.. !bid.
ot lbid., 58.
•• CHABoT, Los Prisioneros de Perote, 43-44.

517

�sitaron para proporcionarles la razón de realizar una nueva invasión de Texas.
El General Vázquez, encabezando el grupo de ataque, capturó San Antonio
sin resistencia en marzo de 1842. Las pequeñas fuerzas de defensa bajo el
mando del Capitán Jack Hays retrocedieron. El General Vázquez proclamó
que Texas estaba otra vez bajo autoridad mexicana y llenó las formali~l.ades
para establecer un gobierno civil al haber nombra~o un Alcalde. ln~t6 a
todos los ciudadanos mexicanos de San Antonio a remcorporarse a su alianza
anterior. Vázquez también indicó que el Presidente Municipal Juan N. Seguin, quien recientemente había estado en México desempeñando una misión
en nombre del Presidente Lamar y quien había regresado con una advertencia
inminente, simpatizaba con la causa mexicana. Esto aparentaba ser un intento
. a Segum.
' 38
deliberado por desacredrtar
Aunque el General Vázquez permaneció en San Antonio únicamente días,
la destrucción causada por su visita fue considerable. En primer lugar, la noticia de su avance llenó de pánico a los ciudadanos y la mayoría de las familias
americanas abandonaron la ciudad huyendo hacia el este, en lo que se conoce
como "La Huída de 1842". Muchas de ellas no regresaron por muchos años
debido a la inestabilidad y la anarquía subsecuentes. En segundo lugar, Vázquez logró sembrar semillas de duda en lo que respecta a la falta de lealtad
del Presidente Municipal Seguin. Los enemigos del Presidente Municipal se
valieron de esto e incitaron al pueblo en su contra. fütaban tan agitados que
cuando regresó con el Capitán Hays después de haber perseguido a Vázquez Y
sus tropas hasta el Río Grande, fue encontrado por una ralea enardecida y
tuvo que esconderse y huír para salvar su v:ida. Pocos días después, cuando el
General Burleson llegó a hacerse cargo del ejército, el Presidente Municipal
Seruin
exi!ri6
la conducción de un juicio militar para reivindicar su nombre.
o
o
.
pero Burleson rehusó esta solicitud arguyendo que no había ninguna evidencia
para apoyar tales cargos ridículos.
Un tercer logro de Vá.zquez fue el de iniciar d éxodo de ciudadanos mexi.canos de San Antonio hacia México. Algunos de éstos simpatizaban con la
causa mexicana, pero muchos abandonaban el lugar debido a las depredaciones efectuadas por las tropas voluntarias texanas al tratar de invadir sus
tierras y ranchos. Con su campeón Seguin, quien ahora había $ido forzado a

ª JAMES KJMMINS GREER, El Coronel /acle Hays: L!der de la Frontera Te.,ana Y
Fundador de California, 64; CBABOT, Los Prisioneros de Perote, 46-47; Memorias
Personales de Seguin, 9, transcripción en los Archivos de la Universidad de Texas.
• Green (ed.), Memorias de Mar}' Mauerick, 29, 59;
les, 9-10 en los Archivos de la Universidad de Texas.

518

SEGUIN,

Memorias Persona-

esconderse para salvar su vida, los mexicanos sentían que no había ninguna
autoridad que los defendiese así es que escogieron emigrar. 66
Parece evidente que aunque d ataque de por sí no tuvo ninguna consecuencia, sus efectos a largo plazo sobre la ciudad de San Antonio fueron importantes. Los americanos que habían huído regresaron pocos años después,
pero el descrédito que sufrió Seguin no solamente arruinó a un hombre políticamente, sino que también separó del mando al último de los héroes de
habla española de la Guerra por la Independencia. De aquí en adelante los
americanos empezaron a dominar la vida política de la ciudad. Seguin renunció a su puesto como Presidente Municipal y se unió a los refugiados en
marcha hacia Méxi.co. John W. Smith fue electo Presidente Municipal para
reemplazarle. 61
La emigración de familias mexicanas de San Antonio fue uno de los efectos
de más profundo alcance del ataque de Vázquez. No regresaron a Ja ciudad
después de que se habían solucionado las dificultades como lo hicieron los
americanos después de su huída. Consecuentemente, la población de la ciudad
declinó desde 1,800 en el año 1839 hasta cerca de 600 en el año 1843. En
1839 había cerca de 1,500 mexicanos y como 250 americanos; en 1846 había
cerca de 750 personas, entre las cuales se dividían equitativamente las dos
nacionalidades. 62
La importancia del ataque de Vázquez como una amenaza militar fue exagerada por el pueblo de Texas y su¡gobierno. La mayoría de las personas pensaron que la guerra con México se había reiniciado. El Congreso votó en
favor de la declaración de guerra con el único resultado de que este voto fuera vetado por el Presidente Houston. Pero la pronta retirada de las fuerzas
mexicanas adormeció la sensación de peligro y algunog. de los que habían huído
empezaron a regresar a San Antonio. El sentimiento de seguridad era tan
fuerte que la sesión otoñal de la Corte de Distrito se convocó. Entonces, en
septiembre de 1842 llegaron a oídos de San Antonio rumores y noticias de un
nuevo avance de un ejército mexicano compuesto de 1,500 soldados. Se convocó una reunión en masa para decidir el curso a seguir. Pero la memoria
• B11.owN, Historia de Texas, II, 231, CASTAÑnDA, Nuestra Herencia Cat6/icq en
Tuas, VII (M.S.), 155, Secmm, Memorias Personales, 10, en los Archivos de la
Universidad de Texas.

" Registros de la Ciudad de San Antonio, Periódico A, Abril 18 de 1842; ibid.,
Abril 25 de 1842, en los Archivos de la Universidad de Texas.
11 Hermana MARY ANQELA F1TZMORRlS, Cuatro Décadas de Catoli.cismo en Texas:
J820-186(), p. 45; Rm~MER ('Mueller, trad.), Texas, 117.

519

�de numerosas alarmas falsas era fuerte y las noticias de un ataque inminente
se descontinuaron. 63
Sin embargo, se efectuaron preparativos para defender la ciudad en contra.
de un ataque. Dos compañías milicianas se formaron, una consistente en su
mayoría de mexicanos bajo el mando del Capitán Antonio Menchaca y Ja
otra de americanos bajo las órdenes de Chauncey Johnson. En total compoIÚan una fuerza de cerca de 200 hombres con el valiente Jack Hays como su
Comandante en Jefe. Pero Hays se encontraba fuera de la ciudad formando
parte de un grupo de reconocimiento que intentaba localizar y determinar el
número de fuerzas que amenazaban a San Antonio.
Temprano por la mañana el 11 de septiembre el Ejército del General
Adrián Woll avanzó dentro de la ciudad de San Antonio marchando a la
tonada de "La Cucaracha", un aire popular de aquellos días. Los milicianos
defensores dispararon a los soldados que avanzaban creyéndoles ser un grupo
de ladrones. Quince soldados mexicanos fueron muertos. La reyerta cesó
cuando se levantó la niebla y los santonianos descubrieron que se encontraban
rodeados por un gran ejército de tropas mexicanas vestidos de civiles. Los
defensores se rindieron declarando que ellos pensaban que habían estado rechazando ladrones y no elementos ordinarios del ejército mexicano. Sus explicaciones no fueron aceptadas y se les tomó prisioneros marchándolos hacia
México y encarcelándolos en la prisión de Perote junto con los sobrevivientes
de la expedición de Santa Fe. 64
Al General Woll se le ofreció una bienvenida por algunos sanantonianos y
se efectuó un gran sarao en su honor por sus admiradores. Llegó noticia al
General pronto después de haber ocupado la ciudad de que el Coronel Jack
Hays y el Coronel Caldwell se encontraban en el Río Salado y le retaban a que
viniese y los capturase. Las fuerzas mexicanas partieron para pelear y fueron
vencidas estrepitosamente sufriendo fuertes pérdidas. Este suceso convenció
firmemente a Woll de que la posición en San Antonio era bastante precaria
y al día siguiente abandonó la ciudad. Luego enfiló hacia México perseguido
de cerca por las fuerzas texanas. 68
Un reflejo trágico de la batalla del Salado fue la masacre de Dawson. El
Capitán Nicolás Dawson, con una compañía de voluntarios originarios de
Fayette intentaron unirse a la parte principal del ejército texano bajo las
Diario de J. L. Truehart en (ed.), Los Prisioneros de Perote, 91-93 ; Roo!Úmraz, Memorias, 17-18.
,
.. CHABOT (cd.), Diario Truehart, en Los Prisioneros de Perote, 93-97; RooRIOUEZ,
Memorias, 18; Green (ed.), Memorias de Mary Maverick, 68.
.
.. RooRÍoUEZ, Memoria¡, 18; Green (ed.), Memorias de Mary Mavmck, 72-73;
CnABOT, Los Prisioneros de Perote, 52.

~rdenes de _H~ys y CaldweIL Dawson fue interceptado y atacado por el contmgente pnnc1pal de Woll. Sin esperanza de salvación por su mayoría en
número, Dawson intentó rendirse pero la señal de su banderín de paz fue
ignorada. Los mexicanos atacaron cuando el humo de la batalla se había
levantado habiendo dado muerte a trece texanos y capturado quince prisioneros de guerra. Estos prisioneros más tarde se unieron a los otros prisioneros
de San Antonio que iban en marcha a Perote. El esclavo de Sarnuel A.
Maverick, Griffin, realizó un acto de valor prodigioso. A Griffin se le ofreció
su libertad para que siguiera a los prisioneros en marcha hacia México y pudiese
ayudar a. su.~º· El esclavo rehusó la oferta de libertad pero de cualquier
manera s1gwo a su amo. En camino se unió por casualidad a la compañía
Dawson ~~o ante~ de ser atacada. Cuando las municiones no servían para
nada, ?riffm peleo con la culata de su carabina y cuando ésta se quebró
arranco una rama de un árbol de mezquite y continuó peleando hasta caer.
.El Coronel Carrasco, uno de los oficiales mexicanos, más tarde infom1ó a
Maverick que había sido testigo de las hazañas de "ese valiente hombre de
color'', quien fue la persona más valerosa que él hubiera visto jamás. 68
Tanto el General Woll como el General Vázquez hicieron la farsa de establecer autoridad mexicana en San Antonio. Se nombró un Alcalde y el
General llegó hasta derrocar al párroco local y reemplazarlo con el Padre de
la Garza, quien estaba desacreditado y ten.ía mala reputación. Cuando retroc_edió Woll P:rseguido de cerca por CaJdweU y Hays, muchos de los simpatizadores mexicanos de San Antonio le siguieron. El anterior Presidente Municipal Seguin, oficial del ejército de Woll, estaba a cargo de su escolta.°7
Fue así que Ja ciudad casi se despobló. Los americanos huyeron rumbo aJ
este los mexicanos rumbo al sur y los únicos que permanecieron fueron los
voluntarios. Se les urgió que regresasen a sus casac;, pero pronto se les guió en
una expedición rumbo al Río Grande por el General Somerville. Un grupo
de los hombres de Somerville, sin órdenes, continuaron y se internaron en Mé. xico, siendo capturados en la ciudad de Mier. También se les puso en la prisión
de Perote con los otros prisioneros texanos. Varias de las familias prominentes
de San Antonio fueron separadas, el padre habiendo sido mandado rumbo a
México como prisionero y el resto de la familia habiendo huído aJ este de
Texas como refugiados. Uno de los resultados de estos tiempos difíciles fue la
anarquía. No existió ningún gobierno civil por casi dos años. Por un tiempo el

o CKABOT,

520

• Green (ed.), Memorias de Mary Mavcrick, 73-74; RooRÍo.UEZ, Memorias, 18-19;
(cd.), Diarjo Truehart, en Los Pri.sio11eros de Perote 113.
~- CASTAÑEDA, Nuestra Herencia Católica en Texas, VII (M.S.), 157; CHADOT, Los
Pr!.$ioneros dt Perote, 52-57; Green (ed.), Memorias de Mary Maverick, 74-75; SEOUIN, Memorias Personales, 12, en los Archivos de la Universidad de Texas.
CHABOT

521

�Mayor Jack Hays gobem6 la ciudad bajo ley marcial. Entonces John ~~ullen fue designado Juez de Condado por la Legislatura Texana el 9 de diaembre de 1842.68
Los reaistros de la ciudad de San Antonio citan:
e

Como consecuencia del estado desorganizado de los asuntos de este
condado durante los últimos dos años, no se efectuó ninguna elección
de oficiales de la Corporación hasta el 23 del actual, cuando se llevó
a cabo una elección de acuerdo con u.na orden emitida por el Honorable David Morgan, Procurador de Justicia del Condado, emitida de
acuerdo con una ley que aprobó el honorable Congreso y ratificada por
el Presidente el 14 de enero de 1842.0
Edward Dwyer fue electo Presidente Municipal y Rafael Garza, Ambrosio Rodríguez, Juan Urrutia, Antonio Menchaca, José M. Flores, James Good·
man Robert Lindsay y Thomas Whitehead fueron electos miembros del cabild~.10 Deberá notarse que babia un considerable aumento en el número de
nombres inaleses entre los integrantes del cabildo. Quizás esto fuese un refle,
jo del cambio de proporción de los dos grupos en relación del uno con el otro.
El número de personas de habla española había dismin.uído de cerca de 95o/o a
aproximadamente 50%.
Otra seria consecuencia de la invasión Woll fue que cuando él partió, un
fuerte grupo de refugiados que partieron con él saqu~aron la ciudad _Y de una
manera u otra los registros de bienes raíces de la audad desaparecieron. En
los años siguientes en que no hubo gobierno, mucha gente aprovechó la ausencia de registros ocupando las mejores propiedades sin tener ningú~ derecho a ellas. Uno de éstos, James Goodman, un herrero y armero ocupo part_e
del área de la plaza militar, cercándola, retando a cualquiera a que se la qwtase. John James, el topógrafo diputado del C~~~ado fue e'??leado por el
Cabildo de la ciudad para auxiliarlo en la resoluaon de esta dificultad. James
había leído la cesión original española, la cual delineaba el área ~: la ci~dad
y se la sabía de memoria. Volvió a delinear la ciudad y establec10 las lineas
de propiedad antiguas. La cindad entonces empleó a un abogado para que
demandase a los paracaidistas y así fueron lanzados. 71
.. GREER, El Coronel Jack Hays, 80; GAMMEL (Comp.), Leyes de Texas, 11, 827,
Registro Telegráfico de Texas, Julio 12 d~ 1843'., 8;ouston, Texas.
,,. Registros de la Ciudad de San Antonio, Period1co A, Mano 30 de 1844, p. 132,

en los Archivos de la Universidad de Texas.

'ºn

Jbid.

VINTON LEE JAMES,

A pesar de tiempos azarosos la ciudad paulatinamente comenzó a recupe-

rarse. El comercio una vez más empezó a florecer. Los trenes de mulas empezaron a llegar desde el sur portando las bolsas de plata y oro. Hacia el verano de 1843 los comerciantes mexicanos llevaron $ 50 000 en oro y plata a
San Antonio.ª
'
Pero quizás el evento más importante del año fue la llegada de Henri Casacomp,añado ?e un grupo de colonos para cumplir su propósito de colom~ar el ~o Me~a. La ~ayoría de estas gentes eran de origen francés y aleman. Hab~ sufndo homblemente el viaje desde la costa y habían llegado a
San Antonio e.x.haustos, enfermos y moribundos. Los ciudadanos les auxiliaron en todo lo que les fue posible. 73 No todos los franceses y alemanes inmi_grantes continuaron hacia la colonia de Castro, la cual llegó a ser )a Villa de
Castro. Un número de ellos permaneció en San Antonio. Los primeros en llegar no encontraron gobierno o autoridad alguna y sí mucha tierra baldía, de
manera que la ocuparon o se establecieron sin derecho. Estos fueron algunos
de los paracaidistas en contra de los cuales estaba el Cabildo de la ciudad actu~do para .esclarecer títulos de bienes raíces. Los alemanes y los franceses
ti:a1eron consigo nuevas voces, nuevos idiomas y nuevos problemas a la ciudad.
Sm pode~ _entender las lenguas inglesa o española, no conocían los reglamentos civiles que regulaban el uso del agua de riego. Este problema en
particular causó dificultades. Fue tan agudo que el Cabildo votó el 22 de
julio de 1844 que se tradujesen en las lenguas francesa y alemana los reg~amentos ~viles que gobernaban el uso del agua de riego y que estas traducciones se ÍlJasen en lugares públicos. 74
Otra seña que indicaba el cambio de condiciones en San Antonio fue la
realización del primer servicio religioso protestante. El Reverendo John McCullough, Presbiteriano, y el Reverendo John W. DeVilis, Metodista, oficiaron los servicios en la primavera de 1844. Asistieron a la congregación once
personas además de los dos ministros. Algunos de los nombres mencionados
que asistieron a los servicios fueron los de John James, James L. True-

U:º

San
Antonio y el Oeste de Texas, 19; Registros de la Ciudad de San Antonl·0 , pe_
"6di
ri co A, marzo 30 de 1844, p. 132; ibid., mayo 30 de 1844, p. 138; ibid., mayo 25
de 1844, p. 139; ibid., junio l 7 de 1846, p. 162, en los Archivos de la Universidad
de Texas.
" El Mensajero Telegráfico de Texas (Houstoo, Texas), julio 12 de 1843 .
" Car! of Solms-Brauniels (traducido del alemán), Texas, 1844-1845, p. 37; William
Bo~l~ert, Texas, 221; Green (ed.}, Memorias de Mary Maverick, 92; Cbabot, Los
Prmon~ros de Perott, 80-81.
" Registros de la Ciudad de San Antonio, Periódico A, junio 22 de 1844, p. 140,
en los Aschivos de la Universidad de Texas.

Memorias Fronterizas y Pioneras de los Primeros Dlas en.

523
522

�hart, Thomas Addicks, Mrs. Elliot, Mrs. Jacques, and Mrs. Bruner. 75 Pero esto fue únicamente un arreglo temporal, ya que los ministros solamente
se quedaron por corto tiempo y luego partieron. El comienzo de servicios protestantes de tipo regular y la construcción de la primera iglesia protestante
habría de efectuarse más tarde. Esto parece indicar el principio de un cambio que estaba de acuerdo con el cambio en la composición de los habitantes. Durante el tiempo de la República, la mayoría de los protestantes en
San Antonio, alrededor de 100 en 1839, aparentaban no sentir la necesidad
de contar con una iglesia propia. Simplemente asistían a los servicios en San
Fernando si sentían la necesidad de ir a la iglesia. Esto fue particularmente
cierto después de que el Obispo Odin reorganizó la iglesia en 1840.

La vida de San Antonio continuó siendo más o menos desorganizada hasta el fin del período de la República, pero para aquel entonces todos los elementos para el crecimiento y composición futura de San Antonio ya estaban
presentes. La transición fue completa. El único elemento que se agregó a la
lista de ingredientes necesarios para la construcción de una ciudad texana
próspera y llena de éxito fue la presencia del ejército de los Estados Unidos.
El primer destacamento arribó pronto después de que se desató la guerra entre los Estados Unidos y México. 76
Los fundadores de la ciudad, ansiosos de contar con la milicia de los Estados Unidos dentro o cerca de la ciudad, ofrecieron un lote al gobierno como base para el ejército. El obsequio fue rehusado. 77

Una función importante de las tropas de los Estados Unidos fue la ·de
hacerse cargo de la protección de la frontera y la de establecer una cadena
de fortalezas para proteger las brechas por las cuales los colonos y viajeros
transitaban rumbo al oeste.
Aunque San Antonio aparentaba ser una ciudad en ruinas en el año de
1845 cuando se hizo parte de los Estados Unidos, contaba con todos los elementos necesarios para su desarrollo. La vieja ciudad hispano-mexicana había sido en gran parte destruida por las guerras y las turbulencias y se puede
decir que la nueva ciudad estaba resurgiendo de las ruinas. Las familias americanas regresaban e inmigrantes de los Estados Unidos, de Alemania y de
Francia comenzaban a internarse en números reducidos y en pocos años esta corriente llegó a convertirse en una inundación. Llegaría a incrementar el

n_úmdedro d~ habitantes de tal manera que en 1860 San Antonio llegó a ser la
cm a mas grande en Texas/8
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                  <text>Humanitas es la revista de investigación más antigua del noreste de México en el área de Ciencias Sociales y Humanidades, se publica desde 1960 y actualmente está indexada en Latindex. Es una revista arbitrada y de acceso abierto que considera para su publicación artículos originales escritos en español e inglés, que sean el resultado de una investigación científica y que representen una clara contribución al debate y conocimiento de las áreas de la revista: Filosofía, Letras, Ciencias Sociales e Historia.</text>
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                <text>Humanitas, Sección Historia, 1964, No 5, Enero</text>
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                <text>Basave Fernández del Valle, Agustín, 1923-2006</text>
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                <text>Humanidades</text>
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                <text>Humanitas es la revista de investigación más antigua del noreste de México en el área de Ciencias Sociales y Humanidades, se publica desde 1960 y actualmente está indexada en Latindex. Es una revista arbitrada y de acceso abierto que considera para su publicación artículos originales escritos en español e inglés, que sean el resultado de una investigación científica y que representen una clara contribución al debate y conocimiento de las áreas de la revista: Filosofía, Letras, Ciencias Sociales e Historia.</text>
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                <text>Universidad Autónoma de Nuevo León, Centro de Estudios Humanísticos</text>
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                <text>Rangel Frías, Raúl, 1913-1993</text>
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                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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        <name>Archivo Parroquial</name>
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        <name>Rafael Pérez-Maldonado</name>
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