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                    <text>�PLIEGOS

DE

PSICOLOCJA

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�indice ....____

Página
I Psicopatología de la Expresión.

l. - leo Navratil:

Idolos maternos de un Imbécil.

2

2. - Alfred Bader:

Las Madres Fálicas
de Friedrich Schroder-Sonnenstern

7

por el capitán S.N. M.C.
Ulpiano Harispuru Ibarra.

12

III Dinámica de la
Relación MédicoPaciente.

por el Dr. José Cueli García.

17

IV Trastornos de la
Personalidad.

por los Drs.

..,
11 Suicidio

i

R. Noyes J r.,
John Clancy
Terry A. Travis

21

�l. Psicopatología de la Expresión.

PLIEGOS DE PSICOLOGIA

REVISTA CIENTIFICA DE LA FACULTAD DE PSICOLOGIA UANL
SALVATIERRA Y MUTUALISMO

COL. MITRAS

MONTERREY, N. L., MEXICO.

1ntroducción

Publicidad trimestral, registro en trámite
tiraje 1,500 revistas con 34 páginas
Precio $ 15.00; suscripción anual $60.00
Impreso en los Talleres de la Facultad de Psicología de la U.A.N.L.

He aquí tres artistas muy distintos en cuanto a su personalidad y origen! Decimos «artistas» utilizando
expresamente esta palabra en su sentido valorativo. Si en el caso de Hans, el imbécil, nos sorprende enseguida
cierta relación con el arte primitivo y en Giovanni Battista con el arte popular, la clasificación de la obra de
Schroder-Sonnenstern es más difícil. Los surrealistas lo incluyen entre ellos, pero su base espiritual es ciertamente distinta. Sea como sea, cada uno de ellos es un artista creador original y los tres son autodidactas en
toda la extensión de la palabra ya que no frecuentaron nunca una escuela de arte. Inventaron una técnica
diferenciada y desarrollaron un estilo muy personal. Tienen en común el hecho de que una psicosis desencadenó su fuerza creadora. Sin embargo no creemos que la calidad artística de sus obras sea debida únicamente
a una enfermedad mental, ya que otros factores difíciles de valorar, tales como la influencia de cualidades
personales y del medio ambiente, juegan, asimismo, un importante papel.

Fundador: Lic. Ramón Estrada Maldonado
Editor: Dirección Escolar Fac. de Psicología U.A.N.L.

Colaboradores:

..,
Dr. Santiago Ramírez
Dr. Alfredo Piñeyro
Dr. Ramiro Montemayor
Dra. Bárbara Hibner
Dr. Rubén Tamez
Dr. José Luis Salinas Femández
Dra. Laura Achard de De María

Durante mucho tiempo se admitió que solamente la esquizofrenia, con exclusión de otros trastornos psíquicos, puede despertar fuerzas creadoras. En efecto, el arte esquizofrénico sobresale y puede ser considerado
como el prototipo del arte psicopatológico, incluso del arte más auténtico. Sin embargo, la creciente experiencia ha demostrado que también en otras psicosis hay síntomas «esquizofrénicos» (y de creación «esquizofrénica»), presentándose incluso en las personas sanas .
El diagnóstico de «esquizofrenia» se emite con certeza en el caso de Adolf Wolfli, pero no en el de los tres
artistas que consideramos. En Hans, se observó directamente la influencia de fases psicóticas repetidas en su
creación; estamos ciertamente frente a un arte psicótico (aunque no esquizofrénico). En Schroder-Sonnenstern, se dudó del diagnóstico psiquiátrico primitivo, pero sus obra~ sorprenden por su aspecto esquizofrénico. En cuanto a Giovanni Battista, no puede afirmarse una afección mental ya que el artista no se ha
sometido nunca a una observación psiquiátrica; sin embargo, los numerosos signos esquizofrénicos de su
arte, confrontados con sus escasos datos biográficos, permiten suponer una psicosis.
Los autores responsables de la selección de estas láminas y textos han aproximado el aflista y su obra por
vías muy distintas, lo que posiblemente da a esta confrontación un encanto especial. Nuestro deseo común
es de mostrar al lector y observador que existen, al margen del arte tradicional, fenómenos que iluminan
súbitamente nuestro camino entre Eros y Thanatos. Esta forma de expresión pictórica no es simplemente
«morbosa» según los criterios psicopatológicos. La evolución del espíritu humano sigue vertientes diversas,
a menudo desdeñadas. El arte es ciertamente una de ellas, eventualmente incluso el arte de los pintores
psíquicamente extravagantes o enfermos.

�1.

1dolos maternos de un imbécil
Leo Navratil, Klosterneuburg

Láminas 1-4
Cuando Hans nació, en 1926, tenía dos hermanastras
de 12 y 13 años; su madre, viuda de un soldado
muerto en la primera guerra mundial, tenía 37 años.
Hans no conoció nunca a su padre que era cochero
y murió cuando Hans, hijo ilegítimo, era muy pequeño. Pasó su juventud en una ciudad cerca de
Viena, que recuerda perfectamente.

depresiones graves. U na cierta disminución de los
impulsos acompaña no solo a la apatía, sino también
a los estados de humor ligeramente eufórico. ¿Se
trata de una esquizofrenia sobreañadida a una oligofrenia? Esta cuestión permanece pendiente.
La observación clínica sólo descubre suposiciones al respecto.
Así, algunas veces Hans se tapa los oidos y se siente molesto
por las voces de los demás enfermos que cree que penetran por
la rendija entre la puerta y la pared, otras veces se pasea por
la noche con gafas oscuras. Hans tiene tendencia al pensamiento
mágico : cree que su hermana vendrá a buscarle y se encoleriza
y se lamenta estrepitosamente de que no lo haga. Cuando o ye
un pájaro deduce que pronto podrá volver a su casa; otras
veces se acerca a un enfermo diciéndole: «Eres tu el culpable
del mal tiempo»; después, calmándose, sonríe y no encuentra
explicación a estos hechos. Hans hace, con frecuencia, muecas.

Hans fue un niño dificil. Pronto se constató su retraso intelectual. El origen de su debilidad mental es
desconocido. Frecuentó una escuela especial, pero no
superó el segundo grado. No aprendió nunca a leer,
a escribir ni a calcular. En la escuela, no mostró ninguna aptitud especial por el dibujo y en casa no dibujó nunca. Siendo aún niño le gustaba tocar la armónica. Durante la segunda guerra mundial, Hans se
encontró con su madre en un campo de concentra- Se hallan trazos esquizofrénicos en los dibujos que
ción en Baja Austria. A la edad de 17 años, fue tras- Hans realizó por primera vez a la edad de 34 años
durante un estado psicótico. Antes no había diladado a un hospital psiquiátrico.
bujado nunca. Entre estos dibujos hay algunos esDesde los 31 años, Hans sufre de estados psicóticos. pontáneos, pero la mayor parte se deben a una inciA menudo, durante meses, su tono afectivo es alto, tación a dibujar, pero sin más sugestión y fuera del
su amor propio acentuado, es muy elocuente y em- grupo. La facultad artística del enfermo se reveló,
prendedor; pero a veces tiene accesos de cólera du- desde el principio, como una técnica específica que
rante los cuales se muestra desengañado de la vida ha conservado después de la psicosis aguda.
y querellante. Insomnio y pérdida de peso acompañan
a estas fases maníacas; después de su desaparición, El examen psicológico practicado por la Dra. Johanna Dachler,
dió los resultados siguientes: En el test de Rorschach muchas
Hans se muestra generalmente tranquilo, encogido, interpretaciones anatómicas a pesar de ignorar el nombre
un poco deprimido, aunque no se presentan nunca correcto de las partes corporales. Creó las palabras «Schulter-

spitzen», «Seitenhaut», «Schlussende», vió «Krallen» y
«Pratzen». Interpretó los espacios en blanco y dió una respuesta cromática primaria. En la escala de Wechsler Bellevue
para adultos el coeficiente intelectual fue de 51. No se obtuvo
ningún resultado positivo en la repetición verbal de cifras, en
los cálculos y en los tests de los mosaicos. No mostró la mínima noción sobre las cifras y fue incapaz de repetir dos de
ellas sin entrenamiento anterior. La cultura y la comprensión
generales así como la comprensión de formas concretas fueron
muy defectuosas. No relacionaba forma y figura al mostrarle
figu ras concretas, pero demostraba tendencias a una ordenación ornamental. Los resultados fueron algo mejores cuando
se trató de investigar nociones generales, completar o clasificar
dibujos y también en los tests de cifras-símbolo. Su facultad
de interpretar parecía mejor que su capacidad de combinar
(seis años más tarde se repitió el test y los resultados eran casi
iguales).

Los retratos de mujeres reproducidos en la parte inferior de las páginas muestran como Hans dibuja durante las fases de remisión (by c) y durante los estados
maníacos (a, e). La abundancia de cabellos indica
exactamente el estado de humor y las impulsiones.
Cuando Hans está excitado, dibuja dientes. La figura
d fue dibujada en un estado de transición.
Lámina r ( 1960) : Hans dibuja lentamente. Su trazado es firme,
a menudo las líneas son repasadas para acentuarlas. Se trata del
elemento fundamental de su técnica; su originalidad es elevada. Dibuja el cabello de las mujeres de forma amanerada
y estereotipada, pero es capaz también de dibujar una cabellera
más simple. Una abundancia de cabellos tal como se aprecia
en esta lámina solo la dibuja en estado maníaco.

d

a

b

c

La extravagancia de la cabellera parece compensada por las
lineas rectas que predominan en el cuerpo. Una tendencia al

orden hace prevalecer las líneas simétricas paralelas o en ángulo
recto y las figuras geométúcas simples. Estas categorías for males equilibran los elementos afectivos y expresivos.
El rombo en el centro del cuerpo femenino simboliza las partes
genitales que Hans sitúa en lugares diversos, a veces incluso
en el cuello. En ocasión de dibujos posteriores, Hans explica
que los arcos en la parte inferior del dibujo son ornamentos,
pero a veces también las nalgas, mientras que las formas circulares a izquierda y derecha de la cabeza son únicamente ornamentos.
Lá1JJina 2 ( 1966) . Esta página llena de movimiento y dibujada
con bastante rapidez representa una patinadora. Durante varios
días Hans había visto en la televisión patinaje artístico femenino que lo había impresionado profundamente. La figura de
la derecha representa un árbitro que lleva una placa numerada.
Son visibles sus orejas. En las dos figuras es visible, a pesar
de los vestidos, el ombligo. La patinadora tiene una abundante
cabellera, busto y una amplia falda acampanada que se confunde
probablemente con las piernas. ¿Intenta representar el movimiento, es decir la danza sobre el hielo por el abundante número de pliegues del vestido y/o por el número de piernas?
El dibujo recuerda también la frase de Ferenci: (&lt;He visto una
mujer con un abanico en lugar de sus partes genitales, caminaba
sobre este abanico y sus piernas estaban cortadas». Sea como
fuere, emana de la lámina un fuerte atractivo erótico; contiene
un simbolismo genital masivo, aunque enmascarado y velado
bajo forma geométricas.
Lámina J ( r 966) : Hans ha dibujado el coche fúnebre de memoria. El hospital posee uno parecido al del dibujo. Las figuras
femeninas sobre el techo representan ángeles. Posiblemente
Hans ha visto de semejantes sobre otro coche, lo único in-

e

�sólito es el tamaño de los mismos. Es sólo por «contaminación» que la cruz de la izquierda está unida al coche fúnebre.
Mientras Hans realizaba esta obra, hablaba con frecuencia de
la muerte; descontento de su prolongada estancia en la clínica,
la vida le parecía insoportable. Su humor maníaco contenía
trazos depresivos. El elemento de tipo maníaco se expresa en
lo expansivo del dibujo, la riqueza de detalles, la intensidad
del trazado y sobre todo por el color rojo de los tapacubos de
las ruedas; el elemento depresivo por el tema y por el predominio del negro. El empleo exclusivo, o casi exclusivo, de
negro y rojo indica una fase maníaco-depresiva. (Tales estados mixtos están en relación con los fenómenos esquizofrénicos y artísticos).
Este coche en forma de caja· puede compararse al cuerpo maternal, sugerido también por el cuerpo desproporcionado de
los ángeles cuya feminidad queda realzada por la abundante
cabellera.
Hans dibuja, además de seres humanos y mujeres maternales,
objetos técnicos, aviones, cohetes, automóviles, barcos de
guerra. El conjunto de su obra permite constatar que los detalles técnicos corresponden a órganos del cuerpo humano.
Así, los faros del coche y las ventanas representan los ojos,
pero pueden representar también los órganos genitales masculinos o femeninos; la cruz - comprendiendo las cruces de las
ventanas - representa una barrera, una prohibición (la cruz se
interpreta asimismo como símbolo de castración). Lo mismo
ocurre con las ruedas y con las formas circulares concéntricas,
elementos frecuentes en el dibujo de nuestro enfermo.
Cualquier actividad u obra pueden ser más o menos sexualizadas o desexualizadas. Los objetos tratados artísticamente son
más sexualizados que los tratados científicamente o representados con un fin puramente práctico. Los dibujos de Hans
tienen muchos rasgos infantiles; en relación con los dibujos
de los niños se distinguen principalmente por su sexualización
más acentuada.

LJmina 4 ( 1966): Hans ha realizado esta lámina poco antes de
la desaparición de una fase de tipo maníaco que fue seguida de
una ligera depresión. En el dibujo se anuncian ya algunos
signos de inhibición, pero el tono afectivo no es todavía depresivo. La estructuración de la obra es notables. La línea
quíntuple que rodea el tronco es un síntoma esquizofrénico.
Los brazos delgados, que se estrechan en las muñecas y los
dedos juntos indican la inhibición motriz. La cara rodeada de
una especie de echarpe y la claridad de sus rasgos son sorprendentes. El rostro rígido como una máscara, su expresividad, la
carga de simbolismo genital y la mirada paranoica hacen pensar en una esquizofrenia. La simplicidad monocroma de la
parte superior del tronco contrasta con el busto redondeado
y con la contorsión del cuerpo que expresa agitación. La cara
y la cintura con la hebilla son vistos de frente, mientras que el
busto se presenta de perfil. Esta distorsión es otro signo de
creación esquizofrénica. El relleno del espacio entre el brazo
derecho y el cuerpo parece absolutamente irreal; sin embargo
no puede descartarse que se trate de una visión particular del
vestido que se reproducida al estilo del cubismo analítico y que
estaría en relación con las contorsiones. Es significativo que
el collar siga dos puntos de vista distintos pero proyectados en
un mismo plano. La flor azul que adorna el pecho tiene un
contorno doble y su transparencia permite ver los estambres.
Lo que es sorprendente en este dibujo es la representación de la
cabellera: cada cabello está dibujado por separado, formado la
multitud de diminutas espirales una superficie extensa, pero
bien ordenada y limitada. Esta realización choca no sólo por

su formalismo, sus deformaciones y su simbolismo, sino también por su expresividad. El cuerpo está en movimiento. Los
brazos expresan una actitud mundana, graciosa. Una cierta
distinción emana del vestido adornado con numerosos accesorios. La abundante cabellera es un elemento de fascinación
femenina, mientras que el rostro es un elemento más bien
masculino, dominador, casi terrorífico.

Las Bellas Artes disponen de tres medios simbólicos
sexuales: la actividad artística, el acto creador, es el
que puede ser dominado por una líbido infantil;
existiendo connotaciones anales, sado-masoquistas,
uretrales, agresivo-fálicas y voyeuristas-exibicionistas. Por otra parte, ciertos elementos formales repitiéndose en condiciones diversas hacen función de
símbolos sexuales. Es por esto que el rombo se encuentra no sólo en el cuerpo femenino sino también
en los aviones dibujados por Hans; sus cohetes poseen con frecuencia dientes y sus helicópteros están
ornados con ·una línea serpentiforme. Finalmente, los
objetos dibujados y ciertas partes de los mismos tienen
un simbolismo sexual. Asi, la casa y el automóvil
tienen un carácter predominantemente femenino, y
los barcos, los aviones, los cohetes, los cañones y los
pararrayos son signos masculinos.

reproduce con inexactitud el número de objetos vistos, por ejemplo los dedos de la mano. Esta deficiencia se halla en parte en el origen de los efectos
artísticos. Estos últimos son también debidos al
hecho que Hans se entrega a técnicas desmesuradamente importantes, ignorando voluntaria o involuntariamente sus «faltas». En consecuencia, la elevación de tipo maníaco de la conciencia de sí mismo
y de sus impulsos y su falta de crítica juegan un papel
en el carácter artístico particular del enfermo. Por
otra parte, Hans está fuertemente influenciado por
los sucesos que contempla, que se reflejan a veces en
sus dibujos. Ciertas percepciones ópticas se reproducen con transformaciones, a veces con detalles significativos y graciosos. ¿Puede tratarse al menos de
un talento innato, aunque turbado, para la representación gráfica de lo que contempla? Es posible que
Hans posea también un talento innato para la composición y la distribución decorativo-rítmica.

Las «tendencias esquizofrénicas creativas» (Las tendencias al formalismo, a la deformación, al simbolismo y a la expresión fisionómica) son las funciones
creativas fundamentales del hombre. Permiten la
transformación autónoma de las nociones tradicionales.

El espíritu de nuestro enfermo no ha sido falseado
por el proceso cultural. A causa de su lesión cerebral
Las creaciones esquizofrénicas se caracterizan por no es capaz de reproducir correctamente los objetos
cuatro aspectos principales de los que derivan la pro- complicados, pero es capaz de hallar en el medio
digiosa multitud de características particulares: for- ambiente las formas sencillas y representarlas. Es la
malismo, deformación, simbolismo y expresión fisio- psicosis que provoca su expansión 1.

Si el hecho de dibujar permite una cierta liberación
de instintos sexuales parciales, permite a la vez un
control de estos. Se trata de un debate con el objeto
más que de un acto de individuación. Estas tendencias dirigidas contra el instinto se expresan de manera simbólica, en el hecho de dibujar y en el dibujo
mismo. Para Hans, cada trazo de su creación representa no sólo el saciar un instinto, sino también un
acto de dominio de sí mismo, el establecimiento de
un orden y la expresión de fuerza y poder. El elemento estructural del círculo rodeado de otros círculos concéntricos, de puntos o de cruces, no es sólo
un símbolo sexual, sino también un símbolo del ojo
en tanto que órgano de control y vigilancia. La cruz
y las líneas rectas cruzándose en ángulo recto tienen
un sentido tabú y crean además una estructura ordenada y uniforme, representando objetos del mundo
exterior. Los motivos dibujados son autorepresentaciones y - sobre todo en esta serie - representaciones
de una compañera dominante con rasgos esencialmente maternales y femeninos.

Umwl. ».,(1.0,
üp,;,.~•cotor.- 16• 29.Scm.

Hans ha desarrollado una técnica original. ¿A que se
debe? ¿Tiene un talento innato? Si se entiende por
talento la facultad de copiar un modelo complicado,
esta facultad es mínima en Hans. Copiando, hay
equivocaciones que recuerdan la apraxia óptica o
constructiva de Kleist; por otra parte, con frecuencia

nómica. Todos estos aspectos están intensamente
representados en los dibujos de nuestro enfermo. Es
poco probable que Hans hubiera desarrollado, sin el
trastorno psicótico que le aqueja, su técnica artística
especial; pero el diagnóstico clínico de la naturaleza
de su psicosis es difícil de establecer como ocurre con
frecuencia en el caso de los oligofrénicos. «Tendencias esquizofrénicas creativas» se encuentran-hoy lo
sabemos - no sólo en las esquizofrenias propiamente
dichas, sino también en otras psicosis.

1

Circunstancias parecidas parecen haber provocado una actividad artística extraordinaria en el caso de Jean descrito por
Barder («Pequeños maestros de la locura», Lausanne-Paris
196 1, editado por A. Barder en colaboración con J. Cocteau,
G. Schmidt y H. Steck). Eo la obra de este enfermo se hallan
parecidos sorprendentes con los dibujos de Hans, nuestro en-

l.ámu..f.~l1966J
L,p;z.,-ttf,es,,.._..a:,bas -:J1 X44 oa

fermo. Quizás se trate de una variedad especial del arte psicopatológico producida por la combinación de una oligofrenia
y una psicosis (Barder mismo no considera a su enfermo como
oligofrénico, sino como una «personalidad frusrrada», poco
inteligente y no influenciada por la cultura).

�2.

Las madres fálicas de Friedricb Scbriider-Sonnenstern
Alfred Bader, Lausanne
Láminas 5-8

«Mi madre fue cantante, y cuando viajaba de Paris Como consecuencia de este examen clínico, Friedrich es enviado
a San Petesburgo en el expreso del Norte, todos los a la clínica psiquiátrica de Tilsit, después a la de Tapian, de
vagones radiantes en azul y oro, y cuando el vagón- donde sale el 12.4.1919 después de una estancia total de un
año y medio. Vuelve a su casa; pero 6 meses más tarde el
cama se hallaba justamente en el poste fronterizo 8. 10. 1919 se escapa para ir a Berlin. Desaparece efectivamente,
entre alemanes y rusos, en este preciso momento, vine pues, durante más de 10 años Friedrich vive en la capital bajo
al mundo!» Es así que Friedrich Schroder gusta de el falso nomb e de Gustav Gnass. Se inscribe como tal en el
iniciar el relato de su vida aventurera. Tiene predi- control de habitantes y así sucesivamente en 17 domicilios
lección por las imágenes anecdóticas y sabe expre- diferentes. Un antiguo rapport de la policía dice lo siguiente:
«Al final de la guerra, Gnass - bajo el nombre de &lt;Eliot el rey
sarlas. Pero la realidad fue otra muy distinta! No Sol &gt; o de &lt;Eliot el amigo de los niños&gt; - funda una nueva
conociéndola exactamente, la reconstrucción de los secta cristiana, que sobre todo al sur de Berlín, en los barrios
hechos biográficos parece un rompecabezas al que le de Schoneberg y Steglitz, encontró miles de adeptos. Gnass
faltan varias piezas. Una leyenda demasiado rica se y sus discípulos organizaron colectas destinadas a la compra de
víveres para la población necesitada. Hago constatar que Gnass
desarrolla sobre una base débil.

Umma2 P.~y.-tlrlr&amp;&gt;ll966J
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UOlt,IJl$tWa.~6'aolon,i:•40,Sx1J.5""-

Friedrich nació el 11. 9. 1892 en Kuckemeese, en la región de
Tilsit, y fue el segundo de r 3 hijos. Su padre, cartero, era
conocido bebedor, su madre era una persona nerviosa y excitable. Uno de sus hermanos murió alienado en r9r6, en la casa
de salud de Allenberg. De los archivos de la asistencia pública
se deduce que los padres no se ocuparon en absoluto de la
educación de Friedrich. Excusaron sus numerosas travesuras
y desde la edad de 10 años lo habituaron a la consumición de
alcohol. Durante sus 8 años de escolaridad en el pueblo de
Kaukehmen, sus conocimientos llegaron a ser aceptables, pero
su falta de interés y su mala conducta dieron lugar a reprimendas continuas. Su maestro lo describe como «un niño muy
depravado, tozudo, astuto, pérfido y contestón, completamente refractario a todos los esfuerzos pedagógicos».
A la edad de 14 años Friedrich fue llevado a un correccional
por vagabundeo y robo. Después de 2 años de internado, un
intento de aprendizaje en casa de un jardinero fracasó, y volvió
al correccional un año y medio.
En marzo de 1910, su aprendizaje en una granja acabó con la
huída y la vuelta al vagabundeo. En 1912, trabajando en otra
granja, después de cuatro semanas, declaró súbitamente que
quería alquilar la granja y explotarla él mismo por su cuenta,
cosa completamente imposible. Al cabo de cierto tiempo, aparecieron estados de excitación y el 17.5.1912 lo internan por
ptimera vez en la Casa de salud de Allenberg. Aquí, continuó
al principio agitado y violento, expresando ideas de grandeza
y otras ideas delirantes: es el hombre más inteligente de cielos
y tierras; está destinado a convertir a los hombres; ha construido un coche que, con vapor o con electricidad, hace
3.600 Kmjh. Diagnóstico clínico: Dementia praecox. El escaso
dossier clínico que se conserva de entonces, descubre que los
médicos no habían supuesto un ataque de esquizofrenia aguda.
Sale del establecimiento, vagabundea de nuevo, y es arrestado
varias veces por mendicidad y conducta licenciosa. En 1915 es
movilizado por la guerra, pero después de examinarle en la
clínica psiquiátrica Konigsberg se le declara no apto por enfermedad mental. Recorre el país corno vivandero, posteriormente abre un comercio a su nombre y lo cierra a los cuatro
meses por fraude. Una vez más se le declara irresponsable y una
vez más salva así la situación. Después de robar temerariamente un caballo y de un nuevo examen en la clínica de Allenberg, es puesto bajo tutela por enfermedad mental en 1918.
El dictamen confirma el diagnóstico primitívo y concluye:
« No es responsable de sus delitos ... Es un soñador fantisticó
y absurdo ... Su forma de pensar y actuar es enfermiza, incoherente y versátil Le falta criterio, no se conduce según unos
fines propuestos sino siguiendo ideas fantásticas y delirantes e
inspiraciones ocasionales».

no se enriqueció a pesar de la afluencia de dávidas ... Sus adeptos se hacían predecir el porvenir por él. Yo le avisé de que se
ponía en conAicto con la ley y cesó inmediatamente en este tipo
de actividad. Entre sus numerosos adeptos y entre los que le
rodeaban se hallaban personas de posición elevada, pero nadie
de la policía. Una intervención policial o legal no fue necesaria
pero yo estaba al tanto del movimiento para preveer cualquier
eventualidad. A la larga, Gnass perdió la mayoría de sus adeptos berlineses pero encontró otros, no menos generosos, al
norte de Alemania. Después de perder, allí también, a sus partisanos y estando enfermo era tan pobre que tuvo que refugiarse en asilos. Fue entonces cuando se dirigió a mí solicitando un trabajo cualquiera. Yo tomé siempre a Gnass por un
hombre un poco desequilibrado pero inofensivo. Desde hace
varios años lo he perdido de vista. »
Otras investigaciones muestran por el contrario que Gustav
Gnass se dedicó sistemáticamente al pillaje en colaboración con
Marta Moller, adivina que ejercía también la quiromanía,
y otros cómplices. Oficialmente se declaró «psico-grafólogo»
y su campo de actividades abarcaba además de la adivinación,
el magnetismo curativo, la astrología, la estafa e incluso el
chantaje. Así Gustav Gnass se transformó en «Geheimrat
Professor Dr. phi!. Eliot Gnass von Sonnenstern, psicólogo en
ciencias universitarias» y «Director de la S.A. de Films Sonnenstern», sociedad que no existió más que en el papel.
En 1930 acabó su carrera de «profesor» súbitamente en Baviera
del sur, cuando la baronesa X, que había puesto generosamente
a su disposición no sólo mucho dinero y su confianza sino
también sus encantos, le puso pleito por extorsión de 150.000
marcos, lo que le valió 5 meses de cárcel.
El rapport médico-legal correspondiente niega la existencia de
una enfermedad mental, pero habla de una « predisposición a la
pseudología y de una degeneración psicopática con rasgos
histéricos». En el transcurso de una nueva estancia en Berlin,
fue condenado dos veces. A partir del otoño de 1933 visitó
varios pueblecitos en Alemania del Norte bajo el pretexto de
vender sales medicamentosas. Nuevas condenas por ejercicio
ilegal de la medicina interrumpieron su actividad «magnetopática». Después de una última condena, es internado en el
hospital psiquiátrico del distrito de Neustadt (Holstein) del
28. r 1. 1933 al 26. z. 1934, donde se excluyó una enfermedad
mental y se le declaró re~ponsable.
Desde febrero de 1934 no hay datos escrito&amp;, pero sabemos con.
certeza que al principio de la guerra Friedrich trabaiaba como
guarda en un almacén de la aviación. militar, ·hasta ·que poco
después fue declarado no apto. Como escapó a la campaña nazi
de exterminio se desconoce. Acabada la guerra, intentó ganarse
la vida vendiendo la leña que recogía. A veces llevaba encima
todas las ropas que tenía para no morir de frío.

�9

8

Es en 1949 ó 1950 cuando Friedrich empezó a dibujar
sistemáticamente bajo el nombre de Schroder-Sonnenstern. Según la leyenda, «tía Marthe», su compañera, que no es otra que la adivina Martha Moller
ya mencionada, le diría: «No hables tanto, siéntate
sobre tus posaderas y pinta!». Friedrich pretende
haber visto pintar en su tiempo a un pintor loco en
el Asilo de Neustadt. En efecto, los archivos de esta
clínica conserva 18 dibujos a lápiz firmados «Gnass
von Sonnenstern». Parece que no existen dibujos del
tiempo intermedio.
En 1950, Friedrich encuentra el pintor Juro Kubicek
que se interesa por sus obras, así como Rudolf
Springer, un propietario de unas galerías, que le
compra veinte. Es así que se inicia un nuevo período
de su vida.
La nueva carrera artística proporcionó pronto un
cierto bienestar material al autodidacta Friedrich
Schroder. En los años 6o sus cuadros provocaron un
escándalo en cada exposición y fueron retirados por
obscenos; pero su renombre artístico se consolidó
después de recibir una invitación de los surrealistas
a participar en su exposición internacional en la
Galería Cordier en Paris en 1959/60. En 1962, Carl
Laszlo en Basilea y Peter Gorsen en Frankfurt publicaron cada uno un libro sobre Schroder-Sonnenstern y en 1963 rodamos con Ernest Ansorge el primer film documental sobre él («Frederic el Unico»
distribución SANDOZ). En 1967-1968 la Stádtische
Kunsthalle Dússeldorf como primera institución oficial, organizó una vasta exposición retrospectiva que
no solo no provocó escándalos sino que tuvo mucho
éxito. Hoy Friedrich Schroder-Sonnenstern pertenece
a la historia del arte.
Acabamos de exponer con detalle la biografía de
Friedrich Schroder porque consideramos sus obras
como una manifestación de su vida, en consonancia
con su personalidad. Es lo que piensa también Peter
Gorsen cuando escribe que la obra artística esquizofrénica puede, sustituyendo las capacidades psíquicas
de defensa de su autor, llevar a cabo una misión
extra-estética: la función protectora, de defensa del
Yo. «Es así en el caso de Schroder-Sonnenstern que,
en su vejez, renuncia a sus papeles compensadores de
guía (curandero, magnetopata, adivino, profeta, acusador) y a su auto-puesta en escena como &lt;Eliot
von Sonnenstern&gt;, para cambiarlos por imágenes
mitológicas de su propia invención 1 .» La cuestión,
objeto de controversias, de su diagnóstico médico
puede dejarse aparte, ya que si existen dudas sobre
mantener un diagnóstico de esquizofrenia, nadie dudará en cambio de que las obras del enfermo per-

terrecen a la «pintura esquizofrénica». No se trata
aquí de examinar estas cuestiones en detalle, ni las
láminas en cuanto a sus criterios esquizofrénicos, sino
de analizar su riquísimo contenido en símbolos. Los demás problemas son propios de unamonografía especial.
Hemos escogido cuatro láminas realizadas con lápices
de colores que son testimonio de las eminentes cualidades artísticas de Schroder-Sonnenstern y que iluminan un aspecto particular de las motivaciones que
pertenece al dominio de la psicología en profundidad.
Uno de los rasgos más característicos de Sonnenstern
consiste en esto: por una parte es fanfarrón en exceso
y consigue intimidar los que le rodean en sus célebres
accesos de cólera, por otra parte cede rápidamente
cuando se encuentra en presencia de una autoridad
tranquila. Sus pretendidos éxitos sexuales están en
flagrante contradicción con sus posibilidades reales
lo que es probado ya por la elección de su amante.
Tía Marthe, su compañera «sumisa», pudo verdaderamente mantenerle en jaque hasta su muerte, o
sea durante más de 40 años y, a pesar de que la había
cubierto contínuamente de injurias, su muerte casi lo
destruyó. Aún peleándose con ella siempre, la aceptaba como una madre llena de solicitud. Delante de
« la tía», ya debilitada por la edad, el gran Sonnenstern se comportó siempre como un niño que patalea
y responde con impertinencia pero que obedece. El
hecho de que llamara siempre a su compañera «tía»
no precisa comentario!
Durante toda su vida adoptó una actitud de gran jefe,
lo que no le impidió - si la situación lo requería - de
manifestar una obsequiosidad casi grotesca. Las cartas escritas desde la cárcel son una prueba de ello.
Puede concluirse que su comportamiento en la esfera
sexual es análogo.
Gorsen ha analizado el conflicto de principios opuestos, tal como se halla siempre en la mitología de
Schroder como una antitesis entre el mundo lunar,
la moral lunar y el Sonnenstern radiante.
En la «grotesca aglutinación» de caracteres sexuales
femeninos y masculinos, esta situación confüctual se
representaría artísticamente bajo una denominación
sexual. En su diario íntimo, abundante en deseos de
caracter sado-anal y de fantasías de defecación, no
hay rastro de unión heterosexual, mientras que su
representación inconsciente sirve precisamente de
tema principal a las pinturas simbólicas. « Los pornogramas fantásticos de la renuncia» (como Gorsen
justamente los denomina) «deben ejercer pues sobre

la infantilidad sexual de su inventor una función liberadora, que es la que da un impulso creador a su arte».
Es por esto que intenta~~mos ve~, ?asándo~os en las
cuatro láminas, la relac1on patologtca del pintor con
su madre, a pesar de la ausencia de datos objetivos al
respecto.
Lámina¡: «El demonio-111urciélago abarcando todas /aJ crisis anímicas».
Esta pintura pectenece a la serie de composicio1;1es mu~ simétricas, muy frecuentes en Sonnenstern. Su conterudo es siempre
estático, simbólico, sin acción. Sobre la mandala central se
entroniza &lt;runa esfinge alada y cornuda que puede interpretarse
como el símbolo hermafrodita de la grao diosa madre »4 • Lo
que nos parece significativo en esta ejecución ~rdía (p~r
ejemplo una versión de 13 años antes no conterua toda_v:ia
tantos detalles)• es que Sonnenstern ha firmado en la reg10n
umbilical «punto vital de nacimiento» y en el centro de _la
mandala. Vemos también el cielo descrito por Gorsen que ba¡o
su vasta cúpula engloba Los antagonismos mascul":10-feminino,
fértil-estéril, bueno-malo, vivo-muerto; y que el cielo presenta
dos nubes fálicas que no existen en otras ejecuciones. «El
equilibrio interior del pintor, amenazado, busca mantenerse en
los esqueletos arquetípicos de lo que es redondo, completo
y perfecto».•
El demonio-murciélago (sobre todo si se compara a otras creaciones de Sonnenstern) demuestra ser no solo la Magna Mater
sino también, indudablemente, la imagen de un falo.
Lámina 6: «El buitre de la paz conduce al angel de la paz al Elíseo».
Esta composición dinámica es relativamente pobre en detalles
simbólicos tan característicos de Sonnenstern. El áncora que
el ángel d; la paz lleva en su cuello, colgada por encima de
un pequeño corazón, pasa casi desapercibida. Las cabezas_ de
serpiente, o más bien de anguila que sirven de orejas al buitre
y al ángel se encuentran en casi t?d';&gt;s. los dibujo~ de Sonn?nstern a partir del año 1950. Al prmc1~10 estas ore¡as _n_o teman
ojos y en cambio tenían un pronunciado aspecto. fálico. ~emuestran de que modo un símbolo, muy comprensible al pnncipio, tiende a continuación a velarse.
Tomando como ejemplo otro dibujo, Gorsen ha demostado la
analogía entre una boca mostrando sus temibles colmillos y
una «vagina dentata»'. No creemos equivocar_nos al ver en el
«buitre de la paz» no sólo el mal que proviene del oscuro
mundo lunar y que destruye con sus dientes al angel luminoso
(la buena madre), sino también una representación directa de
la madre perversa aprisionando el falo- imagen fascinante de
la angustia de castración del pintor!
Látnina 7: «La tragedia de celos cómico-dramática n1oralunar».
Este dibujo se basa en un tema parecido al anterior. _Sólo c~nociendo toda la mitología de Schroder y su tendencia contmua
a la aglutinación de contrastes, se entiende que la figura a_parentemente masculina - el dragón -y la aparentemente fememna_ no
son puramente masculinos o femeninos, pudiendo contener
cada una elementos del sexo opuesto. El dragón-serpiente es
un falo, pero también la madre perversa que. amenaza con
engullirlo todo. Por el contrario, la figura femeruna con la_ qu_e
Friedrich no ha conseguido nunca identificarse toma el s1gru6cado de víctima inocente, ya que impotente, como lo expresa
la acentuación fálica de los senos mordidos. Más aún, el dragón

devastador femenino se parece a la forma arcaica del inmortal
Ouroboros; la madre pérfida no solamente triunfará sino que
sobrevivirá!
Lámina 3: «La maldición del arado»
Gorsen ha encontrado en este cuadro un paralelismoª sorprendente: « En el dibujo titulado &lt;La maldición del arado &gt;su
significado fálico es evidente: la pener:ración del suelo, ~ímbol?
femenino. Delante del arado, doce mu¡eres &lt;lunares&gt; estan uncidas de dos en dos, fustigadas por un monstruo hermafrodita
mitad hombre, mitad bestia, que marcha detrás del arado.
Blandea un látigo enorme, que se pierde en el fondo sin perspectiva, como si dirigiera ~I arad~ fecu?dante hacia lo vací_o
y lo libidinoso. En la historia del stm~olismo se halla un fen&lt;:&gt;meno paralelo interesante: el arte simple de la Edad-Media
ilumina claramente el simbolismo inconsciente del dibujo descrito. Un grabado en madera del 1 53-2 representa el arado tirado
por las solteras9 , tema tradicional del carnaval antiguo en Renania y Franconia. Las solteras que no han encontrado marido
durante el carnaval son reunidas por los jóvenes el miércoles
de Ceniza y uncidas al arado, después, arrojadas al agua a
golpes de Látigo o acompañadas de un caballero tocando ~na
flauta. En Suavia, el arado estaáa sustituido por un rastnllo
rodeado de espinas. Un labrador lanza la simiente a fin de que
se transforme en maridos para estas jóvenes.
A pesar de la sorprendente analogía creemos que, teniendo en
cuenta la situación psicológica del pintor, es posible todavía
dar a este dibujo otra interpretación. Preguntado sobre el significado del dibujo, Friedrich Schriider respondió: « No lo sé
todavía. Es una idea revolucionaria moral-casa de correcciónhe imao-inado
como pueden uncirse los humanos!». Habiendo
0
pasado el mismo varios años e~ c~sas d~ cor'.ección, ;s fácil de
adivinar con que figuras del dibu¡o se 1dent1fica. Asi, estamos
tentados de nuevo de ver en la silueta hermafrodita de la derecha a la madre mala, que se convierte por el arado en una
madre claramente filica, mientrlis que las madres uncidas
podrían representar el deseo de id~ntificación del pin_tor. La
presencia de un ojo en la pacte antenor de la c~~rda de ttro y ~e
otros ojos en el arado expresan, de manera t1p1camente esquizofrénica, que aquí no es posible la huida.

Según Gorsen «la función preservativa del símbolo
toma, en la lucha contra el trastorno esquizofrénico,
una significación fetichista exagerada»10• En el caso
de Friedrich Schroder-Sonnenstern podemos hablar
de fetichismo fálico, ya que apenas ha pintado cuadros
sin símbolos fálicos. Boss11 dice a propósito de esto:
«Hasta hoy no podíamos determinar la significaci?n
fálica esencial de un fetiche más que en hombres Incapaces de realizar su virilidad. El fetiche les permite
fantasear una realización parcial, como esperando del
exterior lo que no poseen por sí mismos. Para este
tipo de seres que no aportan nada de humano a su
existencia, la imagen materna fálica debe representar
y reemplazar esta carencia; toda la existencia masc~lino-femenina, lo que generalmente no ocurre mas
que en la tierna infancia.
He aquí porque Friedrich Schroder-Sonnenstern ha
permanecido siempre prisionero de su madre.

�10

11

Umm,.:,5.· El~~llidls,_i::nf/S.,,.,fM:#. (1968}
~•«Jknstotw.~13•51-..

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�SUICIDIO
Por el Capitán de Corbeta S.N.M.C. ULPIANO HARISPURU IBARRA

Un breve estudio sobre el suicidio implica examinar el punto de vista psicoanalítico, de acuerdo a las teorías generales de Freud. D ado lo complejo del
tema me permitiré delinear en forma escueta el instinto de la muerte ( tánatos) con el propósito de comunicar un fundamento teórico que nos permita
entender al enfermo que intenta o consuma el suicidio.
Al mencionar el instinto de muerte nos referimos a su equivalente: la agresión.3 Concepto que se maneja diariamente sin llegar a tener una delimitación
perfectamente clara y precisa. No obstante, sabemos que se evidencia en la
condqcta y que aparece muchas veces íntimamente ligado con manifestaciones
5
destructivas. W aelder clasifica la agresividad en varias clases: una como producto secundario de la persona tendiente a la autoconservación o a la autoexpansión. Otra reactiva ante la provocación. Una tercera, que se manifiesta
en forma de destructividad, explicable en función de que proviene directamente de un impulso destructivo. La denomina destructividad esencial.
El manejo de la agresión dependerá del desarrollo yoico que tenga la persona y de las posibilidades de descarga que el mundo externo le otorgue al individuo. La descarga de la agresión se lleva a cabo por dos canales. Una en
forma de fantasía y otra en acción motora, ambas pueden ser consciente o inconscientemente y colocarse sobre objetos externos o internos. Si la descarga
de la agresión es sobre objetos externos, puede conducir al homicidio, si recae
en objetos internos, el suicidio se hace presente.
1
La actuación es un elemento esencial en el suicidio y se puede definir
como la expresión no verbal de un conflicto inconsciente. Algunas de las fantasías inconscientes más importantes que contribuyen al suicidio asumen la
forma de deseos, de la siguiente manera: l. Un deseo culposo de castigarse,
de sacrificarse. 2. Un deseo fatigado de escape, dormir, muerte. 3. Un deseo
hostil de venganza, poder, asesinato. 4. Un deseo esperanzado de vivir, de ser
rescatado, de comenzar de nuevo. 5. Un deseo erótico de entrega apasionada,
de tremendo éxtasis, de reunión con los muertos amados.
El enfermo suicida no encuentra una orientación de forma de vida en el
medio externo, fracasa en la comprensión de causas y efectos y en el control
de los deseos peligrosos. Se siente incapacitado para aceptar ayuda por una exageración de "amor propio". Frente a la vida puede tener una actitud de "todo
o nada" que ante un fracaso se aproxima al acto suicida.
El suicidio tiene lugar dentro de un marco de relaciones interpersonales y
comunica un mensaje, las m ís de las veces es un desesperado pedido de ayuda,
en otras ocasiones es un mensaje con un alto contenido agresivo dirigido al
mundo externo o relacionado directamente a personas cercanas. Un adolescente decía: ¿No sería un lindo regalo de aniversario para mi madre que yo me
matara? El suicidio tiene múltiples formas de manifestarse y varía de acuerdo
a las diferentes entidades clínicas, tales como la depresión, esquizofrenia, psicopatía, alcoholismo, etc.
Los eniermos depresivos al expresar sus sentimientos nos dicen "No puedo soportar el sufrimiento." "No tengo esperanzas de mejoría." "Es mejor morir para poder descansar." A menudo tienen una actitud impaciente, agitada.
Son desconfiados, con tendencia al aislamiento. Pueden revelar un plan oculto suicida, detallado y factible. La soledad los atormenta.
El suicidio en los esquizofrénicos puede ser imprevisible y se pueden cata·
logar los suicidios como excéntricos, pero aterradores. Tales como arrojarse al
paso de un ferrocarril o lanzarse al vacío desde un edificio. Son enfermos que

..

..

en la mayoría de las ocasiones obedecen a sus alucmac1ones. .1\. un paciente esquizofrénico las "voces" le decían: "Debes de matarte." Tomó una navaja y
caminando se cortaba el cuello. Dado que muchos esquizofrénicos suicidas
también son homicidas en potencia, quienes intentan rescatarlos impidiendo
sus actos destructivos, corren cierto peligro.
Existen diversas formas de expresar el intento suicida:~ En algunas ocasiones 1~ afirmación c~ual "si no consigo lo que quiero me mataré", puede ser
sólo una manera de hablar, que, no indica un serio trastorno. Pero si estas ex•
presioµ.~s se repiten cop__ re!ativa frecuencia y están acompañadas de algunos
síntomas de desequilibri9 emocional, tales manifestaciones asumen un carácter
más serio y de~n éons.iderarse como "amenazas", que por lo común requieren atención espeéializada.
El gestó suicida constituye ~na advertencia más seria. Se caracteriza por un
acto suicida, cuidadosamente planeado con -~Lpropósito de que alguien de importancia en la vida de la persona lo advierta, pero ejecutado de tal modo que
se evita todo daño serio. De esta forma tr.a ta eon su gesto de influir sobre otra
persona, con el fin de ganar afecto o bienes materiales. Aunque la persona
consiga su objetivo, no por eso disminuy~ el riesgo de un suicidio y en la mayoría de las ocasiones un gesto puede estar seguido por un intento de suicidio
más serio.
El grado siguiente en cuanto a gravedad, .es la amenaza; en ocasiones puede parecer una "manifestación casual", p~ero tiene un t&lt;;&gt;no más sincero. Esos
intentos son serios, constituyen a menudo un último y desesperado grito de
ayuda e implican un riesgo definido: Cualquier paciente de este grupo debe
ser objeto de una evaluación psiquiátrica completa y la mayoría de ellos ne•
cesitan tratamiento.
; ,
Existen diversos prQCed,imientos pata poder valorar el riesgo suicida. Stengel i describe signos prodrón.ucos o "pre-suicidas-" ,para uso clínico de un médico geJ1eral. Consiste en ver si el paciente, cuyo riesgo suicida está por valorarse, tiene do~· o más .características de las que a continuación se enuncian.
Cuañdo un paciente presenta dos características debe ser considérado como
positivo riesgo suicida, si presenta más de dos, el paciente tiene alto riesgo
suicida.
l. Depresión con sentimientos de culpa.
2. Insomnio con preocupación persistente sobre este síntoma. Despertar
temprano con la impresión de no haber descansado, aunado a sensación de
angustia.
3. Preocupaciones hipocondriacas severas, asociadas a convicciones delirantes de trastornos físicos, tales como eniermedades venéreas, cardiovasculares o cáncer.
4. Antecedentes de intento de suicidio.
). Ambos sexos en edad involutiva.*
6. Antecedentes de alcoholismo. Drngadicción.
7. Presencia de enfermedades físícas incapacitantes, dolorosas o graves, sobre todo en un hombre que anteriormente fue robusto y activo.
8. Aislamiento social y actitud hostil de parte de familiares hacia el enfermo, actitud que a veces exagera el paciente al comunicar sus ideas y sentimientos respecto a esto.
9. Comunicaciones y preocupaciones acerca del suicidio, obtenidas del paciente, con cierta dificultad y que habían sido ocultadas por la familia.
10. El antecedente de un suicidio en la familia.
11. La falta de empleo y problemas económicos y particularmente si esto
representa un iníortunio.
12. Estadio final de un período de depresión, cuando el humor depresivo
persiste, pero la iniciativa f la capacidad de decidir se está recuperando.
Es necesario mencionar el riesgo que entraña el uso de drogas hipotenso-

�14

15

ras, por sus efectos colaterales productoras de depresión, particularmente la
Reserpina, la Guanetidina y la Metildopa. En un estudio reciente de suicidios
consumados se encontró que el 28 % de los casos habían recibido alguna de
las drogas mencionadas (Sainsbury, 1967).
Es importante desvanecer algunas creencias erradas que constituyen el folklore y la mitología del suicidio, ya que sus consecuencias pueden ser dañinas.2
1. La gente que habla de suicidarse nunca sé suicida. Las estadísticas señalan que el 75 % de un grupo de suicidas habían atentado antes contra su
vida o habían amenazado hacerlo o habían hecho ambas cosas.
2. El suicidio se comete sin previo aviso. A excepción de los enfermos esquizofrénicos anteriormente mencionados, la persona sucida da muchas claves, indicaciones y avisos, el detectar estas claves ayudará a prevenir el comportamiento suicida.
3. El enfermo que se repone de una crisis suicida no tiene riesgo de recaer.
Las investigaciones han demostrado que casi la mitad de las personas que atravesaron por una crisis suicida y posteriormente se suicidaron, lo hicieron dentro de los primeros 90 días después de la crisis emocional y cuando parecía
que estaban en vías de recuperación.
4. Suicidio y depresión son sinónimos. No sólo los deprimidos se suicidan,
sino como se ha mencionado, abarca a otras entidades nosológicas.
5. Todos los suicidas son persoqas dementes. Sería sofisma afirmar que
porque el suicidio es un acto de locura, todo aquel que se suicida está loco. Son
personas atormentadas, que padecen de neurosis o de algún trastorno de la
personalidad, pero no son dementes.
6. El suicidio es una enfermedad única. El suicidio se comete en todas las
edades, en ambo~ sexos y en todos los niveles económicos.
7. El suicidio es inmoral. Las actitudes ante el suicidio se han transformado durante el curso de la historia, desde el punto de vista cultural, moral, ético
y religioso. El suicidio es una enfermedad mental.
8. La tendencia al suicidio es hereditaria. No hay ninguna prueba evidente de que el suicidio sea hereditario.
9. El suicidio es "la maldición de los pobres" o "la enfermedad de los ri·cos". Todas las capas sociales contribuyen en proporción semejante al total de
los suicidios.
En el municipio de Los Angeles, Calif., en 1957 se lograron las estadísticas que a continuación se exponen:
ALGUNAS CARACfERISTICAS DESTACADAS DE SUICIDIOS CONSUMADOS

E INTENTOS DE SUICIDIO, MUNICIPIO DE LOS ANGELES, CALIF., 1957
SUICIDIOS CONSUMADOS

C\RACTERÍSTICAS

CARACTIDÚSTICAS

SUICIDIOS CONSUMADOS

INTENTOS DE SUICIDIO

Ocupación

Para las mujeres, gran proporción
de amas de casa; para los hombres, gran proporción de trabajadores capacirados y no capacitados

Para las mujeres gran proporción
de amas de casa; para los varones,
gran proporción de trabajadores
capacitados, semicapacitados y no
capacitados

Lugar de nacimiento

Para ambos sexos, predominantemente nativos del lugar

Para _ambos sexos, predominantemente personas nacidas en el lugar

Método de suicidio

Para los hombres, principalmente
heridas por armas de fuego, ahorcamiento, monóxido de carbono;
para las mujeres, principalmente
barbitúricos y heridas de armas de
fuego

Para ambos sexos, principalmente
barbitúricos, algunas lesiones en
la muñeca

"Razón" para el suicidio Para ambos sexos, mala salud,
depresión; para los hombres, dificultades matrimoniales

Para ambos sexos, dificultades matrimoniales, depresión; para íos
varones dificultades financieras y
de trabajo

Para ambos sexos, cifras más ele•
vadas en las zonas de apartamientos de codos tipos (principalmente
de categoría media e inferior)

Para ambos sexos, cifras más altas
en las zonas de apartamientos, particularmente los de categoría inferior o media

Areas socioeconómicas

)

'J

DISTR.IBUCION PORCENTUAL, POR SEXO, DE FACTORES SOCIOLOGICOS PARA
SUICIDIOS E INTENTOS, EN EL MUNICIPIO DE LOS ANGELES, CALIF., 1957
SUICIDIOS CONSUMADOS
SOCIOLÓGICOS

Sexo
Más varones

Raza

Para ambos sexos casi todos caucásicos

Para ambos sexos predominante•
mente caucásicos

Para ambos sexos, mayor número
de cuarenta a cincuenta años; para
los varones sigue aumentando proporcionalmente hasta los sesenta y

Para ambos sexos, mayor número
en los veintes y treinras

Más mujeres

más
Estado civil

Para ambos sexos, gran porcentaje de casados (aunque bajo proporcionalmente) , m ás divorciados,
separados y viudos; para las mujeres gran proporción de viudas

Hombres Mujeres
M == 540 M = 228

%
T otal
M=768

Hombres MujereJ
T otal
M==828 M = l 824 M=265Z

INTENTOS DE SUIODJO

Sexo

Edad

lNTENTOS DE SUICIDIO

%

FACIORES

Para ambos sexos, gran porcentaje de casados (aunque proporcionalmente bajo ) gran proporción
de solteros.

70

30

100

31

69

100

2
10
19
21
20
14
9
4

1
9
21
25
19
18
7
1

1
9
20
23
20
15
9
3

6

27
27
17
12
5
2
1

8
29
28
18
8
4
2

8
28
28
17
9-

o

()

o

o

2

3

3

13

32

52

46

21
58

2;
54

Edad:

10-19
20-29
30-39
40-49
50-59
6o-69
70-79
80-89
90 o más años
Deseonocida
Estado civil:
Soltero
Casado

o

o
o

15
53

9
48

o

o
o

o

4

2

�16

17

DINAMICA DE' LA RELACION MEDICO-PACIENTE
SUICIDIOS CONSUMADOS

FACIORES
SOCIOLÓGICOS

%

%

Hombres Muieres
Total
M 540 M 228 M= 768

Hombres Mujeres
Total
M 828 M 1 824 M 2 652

=

Divorciado
Viudo
Separado
Otros y no se sabe
Ocupación:
Profesional
Semiprofesional

INTENTOS DE SUICIDIO

=

=

=

=

13

14

14

7

7

7

6
8

11

3
6
7

4
5
5

4

4

20
7
2

5
5

7
3

8

7

o

2

4
3

3
1

4
2

8
4

RESUMEN

Se mencionan ,.ilgunas características del instinto de muerte. Se describen
algunas características clínicas y dinámicas que presentan los enfermos que intentan o consuman el suicidio.
Se indican signos prod.i:ómicos o "presuicidas" para uso clínico del médico
general, con el fin de prevenir el suicidio.
Se dan datos estadísticos de intentos y de suicidios consumados en el Municipio de Los Angeles, Calif., en 195 7.

BIBLIOGRAFIA
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3.

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~ E Z DE &lt;::,,AITÁN, ~!'OLA.

4. MAR ZÚÑIGA, SANTIAGO. Valoración del riesgo suicida. Servicio de Neuropsiquiatría Hospi!al Central Militar. · 1970.
'
5. WAELDER, ROBERT. Teoría básica del psicoanálisis. Destructividad esencial. Editorial Pax.
México, págs. 133-137. 1964.

por el Dr. JOSE CUEU GARCIA

Existen conceptos fundamentales que tienden a persistir como personificaciones básicas a lo largo del curso vital de la persona humana tanto en las
actividades relacionadas con los demás como a los sentimientos de sí mismo.
Existe una tendencia general a personificar de un modo más o menos distorsionado, a toda la gente y aun a las ideas y causas con las que nos encontramos
en el curso de la existencia. Nuestra valuación de la gente y de las ideas está
basada en una mezcla de las primeras experiencias y de las recientes; si bien
hemos de admitir que estas últimas dominan en nuestras relaciones interpersonales diarias y normales.
Ahora bien, al revisar las actividades que en nuestro medio se dan como
las más comunes, en cuanto a la figura del médico, de inmediato las podemos
catalogar en dos grandes grupos: a) el de reacción hacia la figura real del
mismo, y b). el de una serie de reacciones hacia una figura de fantasía. Al hablar del médico estamos haciendo ya una personificación abstracta o comparable a las conocidas de los "ingleses", o de los "pobres" o de la "gente decente". Sin embargo, ya que las generalizaciones son inevitables en casos como
éste, trataremos de basarnos en las características generales más comunes y
apegadas a la realidad de esa personificación abstracta a la que llamamos
médico.
Se considera a cal especialista como una persona calificada para invadir
la intimidad corporal del individuo mucho más allá de lo permitido a otro
profesionista cualquiera. El médico puede palpar el cuerpo del paciente, examinar sus orificios, investigar el fondo de sus ojos, introducir instrumentos en
su cuerpo y obtener muestras de sus excreciones fluidas o sólidas para analizarlas. Las personas que acuden al médico están dispuestas, la mayoría de las
veces, a pasar por una serie de exposiciones y aun de situaciones embarazosas,
para poder recibir el beneficio de sus conocimientos y juicios expertos.
El médico no debe perder de vista que el enfermo inicia su relación con
él aun antes del primer contacto personal. Generalmente cuando un enfermo
acude a la consulta, ya tiene cierras nociones y prejuicios acerca del médico,
que dependen de circunstancias cales como: el que le consulte por su propia
iniciativa o presionado por sus familiares; el que le haya sido recomendado
por alguien en quien él confía; el que las opiniones escuchadas por él a otros
enfermos hayan sido favorables. Lo habitual, que cuando enfermo y médico
se encuentran por primera vez, el primero ya tiene una imagen del segundo
y esa imagen es más o menos distorsionada.
El concepto fantaseado de la figura del médico es muy antiguo, quizá
mucho más antiguo que su concepto realista. Recordemos ·cómo en el pensamiento de los pueblos primitivos antiguos y actuales se ha aunado siempre
la medicina con la magia. La misma palabra "terapeuta" significa etimológicamente "ayudante de Dios"; el curandero, tan abundante en nuestro pueblo
mexicano, es u.na mezcla confusa de médico empírico y mago omnipotente.
El sentimiento mágico del hombre primitivo ha seguido persistiendo a través del tiempo, aunque adaptándose siempre al avance de la cultura y adoptando necesariamente formas más disfrazadas. Existe la magia de las palabras
y la magia de los instrumentos y de los actos. Se siente que la simple pronunciación de un nombre desconocido o elaborado puede acarrear efectos misteriosos. Los laboratorios de productos farmacéuticos intuyendo la tendencia de
fas hombres al sentimiento mágico, adjudican a sus productos nombres alti-

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sonantes y elaborados. Para los pacientes en general tiene algo mágico el _nombre de médico, para no hablar de los aparatos, l~s pre~untas Y las palpaciones,
por medio de las que ese médico conoce la ex1steneta de un uastorno;. pa~a
el paciente ordinario eso es magia, o cuando me~os lo par~e. La expen~nc1~
del enfermo con el médico en su primera enuevtsta, es parucularmente significativa para el curso posterior de su relación con é~. La expresión facial, los
modales, el tono de voz, la prudencia y la oportunidad de sus pregunta~, la
paciencia para escuchar, etc., contribuyen_ a que °:n enf_er~o que llego_ al
consultorio tenso y angustiado se tranquil1ee y se sienta mclmado a confiar,
en tanto que otro que llegó sereno y optimista abandone el consultono lleno
de dudas y recelos.
El que un enfermo pueda establecer una buena relación con un dete~minado tipo de médico y con otro no, depende en. gr~n parte de la_ person_ahdad
de ambos; ejemplo de esto son fos rasgos autontanos de d~termm~d? upo de
médico, los cuales tienen un especial atractivo para los su1etos ~eb1les y sumisos, en tanto que sujetos autoritarios fácilmente entra?- en conflicto, c?n este
tipo de médico. La posibilidad de satisfacer, ~~ la relaaón con el medico, necesidades de aceptacion y de afecto es pewb1da por algunos enfermos, 9ue
entonces se inclinan por el médico cuya personalidad es genuinamente cálida,
en tanto que esas mismas personas se sentirían frustradas por un médico fríamente objetivo.
Sujetos obsesivos y puntillosos sienten preferencia por el médico de carácter perfeccionista que impresiona por su pulcritud, orden y exactitud, que
interroga minuciosamente y toma notas abundantes. Existen los tipos de ~jetos vanidosos y superficiales que son fácilmente seducidos por el médico
que toma posturas magistrales y que habla en tono académico, en tanto que
otros más sensibles se sienten atraídos por el que se expresa en forma modesta.
En última instancia lo que queremos enfatizar, y es lo importante, es que lo
que el enfermo busca en el médico y lo que encuentra y no encuentra en su
relación con él es simpatía, aceptación o autoridad o magia. Pero siempre más
que un diagnóstico y una prescripción.
Por otra parte, la experiencia clínica demuestra que el enfermo me1ora
no solamente por lo que el médico prescribe, sino porque encuentra o no,
en su relación con él, algo que consciente o inconscientemente necesita.
Es por esto, que según como el médico conduzca la consulta y el examen,
sea éste crucial en cuanto a la influencia benéfica o dañosa que tenga sobre el
paciente. A menudo un examen médico y la discusión de sus resultados con un
médico en quien el paciente tiene confianza, ejerce un efecto terapéutico decidido. Incluso puede ser más beneficioso para el mismo paciente el que. se le
digan los resultados de los descubrimientos específicos logrados por m~d10 del,..
exameu. No es suficiente nombrar el mal o los agentes causales de un smdrome
particular. Una gran cantidad de personas tienen diferentes conceptos acerca de
las mismas enfermedades basados en diagnósticos similares hechos a las gentes
que conocen o de lo que han leído. Tales conceptos pueden ser completamente
erróneos o inaplicables a su prop10 caso, pero también pueden causar una angustia innecesaria. Existe la necesidad de eliminar objetivamente todos aquellos factores que hagan de la situación médico-paciente, productora por sí de
angustia, una relación interpersonal aún más angustiosa.
La conducta de un médico descuidado durante la consulta, puede ser mal
interpretada por algunos pacientes, como de que se están obteniendo informaciones alarmantes. El individuo angustiado está especialmente alerta a las expresiones faciales del médico mientras que éste escucha el corazón, hace algún comentario a los ayudantes, o repite alguna parte del examen. El paci~~te
desea con toda legitimidad el saber por qué el médico ordena pruebas adicionales de laboratorio o exámenes especiales. Más aún, la prescripción de períodos

excesivos de descanso y restrÍccrones a menudo conduce al paciente hacia una
serie de actitudes de inválido que son difíciles de erradicar.
La transferencia, fenómeno descubierto por Freud, es la tendencia poderosa en los seres humanos a seguir usando en épocas posteriores de su vida
pautas y modos ~ reacción que se han originado en experiencias infantiles.
En función de ella muchos enfermos tienden a experimentarse a sí mismos
como cuando eran niños y reaccionan ante el médico como si éste fuera un
padre muy poderoso, en esta situación es frecuente que ocurra una reactivación de las activid~des y de los conflictos que el enfermo experimentó en su
infancia en relación con figuras autoritarias, padres, maestros. La tendencia
es repetir, sin tener advertencia de ello, pautas que fueron predominantes. Por
ejemplo: sumisión y docilidad incondicionales, reto y desafío que pueden ser
abiertos u ocultarse tras una fachada de docilidad., o bien desconfianza e incredulidad.
Algunas de las reacciones aparentemente incomprensibles de los enfermos
lo son menos cuando se las interpreta como reacciones transferidas a esta figura simbóJica que, por la índole de sus funciones, todo médico encarna.
Indudablemente que las cosas se facilitan cuando el enfermo mantiene con
el médico una relación auténtica de confianza y estimación. Cuando esto acontece, el enfermo se muestra deseoso de cooperar y sigue los consejos que se
le dan; en cambio, cuando la relación es negativa lo más probable es que el
enfermo no siga los consejos del médico. La mayoría de los médicos han tenido experiencia con esos enfermos que ~n tono triunfal hablan del efecto
desastroso que les ha causado un medicamento prescrito por nosotros. El problema radica en que muchas veces el médico se siente inclinado a ignorar
estas situaciones, lo cual le ocurre más frecuentemente al que tiene una imagen sobrevalorada de sí mismo. Es preferible tratar con reservas al enfermo
demasiado solícito y elogioso, pues bien puede tratarse de uno de esos sujetos
que empiezan queriéndonos mucho, elogiándonos, alagándonos y obsequiándonos y que insensible y gradualmente awnentan sus demandas de atención
hasta ·que llega un momento en que ni abandonando el resto de nuestra consulta y nuestro trabajo y consagrándonos a ellos en forma exclusiva, podríamos
complacerles. Lo que pasa es que el médico, que inicialmente halagado en su vanidad, se ha sentido comprometido a aceptar tal situación, no ha previ~to el
desarrollo ulterior y ha llegado a un punto en que se siente impotente para
manejar el problema.
Por ser fácil aceptar amor, . cualquiera puede manejar fácilmente a un
enfermo cordial y obediente; no es tan fácil cuando se trata de manejar a un
enfermo antagonista y hostil, solamente el médico verdaderamente maduro
no ve disminuido su interés y sus deseos genuinos de ayudar a una persona
que en forma maliciosa expresa sus dudas acerca de su eficacia e ínclusive de
su buena fe. Aceptar la hostilidad no es nada agradable. Sin embargo, en la
práctica de una medicina de alta calidad, es necesario. -Hay médicos cuyos enfermos son siempre buenos enfermos, ya sea por
su intolerancia para la hostilidad y la rebeldía, o por necesidad de ser obedecidos ciegamente, o de ser admirados, que inconscientem$te manipulen la
situación de tal modo que su clientela se constituya solamente con enfermos
cordiales y sumisos o bien porque obligan a sus enfermos a reprimir toda manifestación de hostilidad. Mucho mejor que esto es reconocer que la hostilidad es un elemento siempre presente en las relaciones humanas, que es perfectamente explicable que un enfermo sienta hostilidad hacia el médico y
que lo importante es identificar este afecto en el momemo mismo que empieza a surgir. Generalmente lo que conviene es enfrentar francamente cualquier reacción negativa del enfermo para determinar sus motivos racionales

21

�e irracionales. Cuando la hostilidad presente en la relación médico-paciente
es analizada, no es raro que se llegue a la conclusión de que no se trata de
una reacción determinada por la situación actual, sino el resultado de la transferencia de hostilidades tempranas hacia el símbolo autoritario que el médico
encarna. Una de las formas que los enfermos usan para expresar su hostilidad
es utilizando sus síntomas, los síntomas pueden servir como poderosos instrumentos de agresión. Consciente o inconscientemente el enfermo expresa
su frustración y su protesta mediante un incremento de sus síntomas, los cuales llenan una función económica en el equilibrio de su personalidad. Al médico conocedor no se le escapa el que no pocos enfermos manejan consciente
o inconscientemente sus síntomas con fines utilitarios, tales como tomar cumplido desquite del médico, concentrar en sí mismo mayor cantidad de afecto
y atención por parte de los demás, rehuir responsabilidades. Es más probable
que el enfermo deje algunos de sus síntomas cuando le estorben o cuando
menos ya no los necesite como fuente de satisfacción de necesidades humanas.
El médico debe aceptar que en principio toda relación interpersonal tiene
dos polos: amor y odio, ambos están presentes en todo contacto humano que
no sea breve y superficial. La identificación y la aceptación del aspecto negativo es necesario en la práctica de la buena medicina. Desafortunadamente
la hostilidad no siempre aparece en la superficie, puesto que frecuentemente
se encuentra profundamente reprimida y sólo se manifiesta, como lo muestran las investigaciones psicosomáticas, por disfunciones orgánicas y a largo
plazo por daño tisular. En buena parte, la eficacia de nuestros esfuerzos por
a}'Uclar a los enfermos depende de la capacidad que tengamos para comprender sus necesidades afectivas y responder a ellas. La conducta de la mujer histérica que nos llama a media noche, la del explotador que alarga la consulta
y que siempre está dispuesto a obtener lo más a cambio de lo menos, la del
obsesivo que nos aburre con la descripción minuciosa de sus síntomas, son
comprensibles en términos de necesidades humanas que el médico puede y
debe tratar de entender.
El médico debe tener también advertencia de sus propias necesidades neuróticas, de sus rasgos caraaeriológicos y del influjo que unas y otras ejercen
sobre los enfermos.
Es por esto que el ejercicio de la medicina requiere por parte del médico
una capacidad y una vocación especiales para la comprensión y el manejo de
los enfermos, lo que implica un genuino interés y una preparación técnica
adecuada.
Las condiciones que señalamos son indispen-sables para la buena marcha
de la relación médico-paciente.
1 . El médico no debe reaccionar ante la conducta y comunicaciones del
enfermo en términos de su subjetividad, es decir, no debe proyectar sus problemas en el enfermo ni introducir en forma inadvertida sus propias actitudes
y valores, aunque, sin embargo, no debe perder de vista que la salud tiene valores que le son propios y cuya realización es inherente al progreso del tratamiento.
2 . El médico debe respetarse y sentirse seguro de sí mismo. De no ser
así, corre el riesgo de cultivar inconscientemente la dependencia y admiración
de sus enfermos y de verse inclinado a impresionarlos con su superioridad. 3 . El médico no debe necesitar del enfermo para satisfacer sus necesidades de seguridad, prestigio y afeao.
4. Cuando el enfermo tiende a expresar un grado marcado de hostilidad, principalmente cuando siente en peligro su sistema defensivo, es cuando
el médico debe tratar de absorber esas hostilidades, sin responder a ellas con
la violencia o antagonismo, muy en particular cuando es atacado mediante el
ridículo.

trastornos de
la personalidad
Dr. RUSSELL NOYES, JR.
Dr. JOHN CLANCY.

Dr. TERRY A. TRAVIS.

University of lowa College of
Medicine lowa City

Southern lllinois University
School of Medicine, Springfield

El médico promedio a menudo se encuentra con pacientes que desafían su perspicacia diagnóstica y su ingenio terapéutico, debido a pautas exageradas de conducta. Estos enfermos pueden representar problemas de diagnóstico cuando sus
síntomas de presentación no tienen una
etiología orgánica fácilmente aparente.
Con mucha frecuencia hacen confuso el
diagnóstico por su tendencia a exagerar,
minimizar o relatar sus síntomas de una
manera atípica. Las pautas de conducta
que hacen de estos pacientes sujetos poco
adecuados para asumir el papel de enfermos y que provocan al médico a tomar
medidas no terapéuticas, pueden complicar su tratamiento. Las más comunes de
estas pautas de conducta, que han sido
designadas colectivamente trastornos de
la personalidad, se manifiestan en la dra-

Los pacientes que tienen un
trastorno de la personalidad
presentan pautas de conducta fijas
e inveteradas que las personas
normales exhiben en menor grado.
La capacidad para identificar estas
pautas exageradas de conducta
puede ayudar al clínico a manejar
con mayor destreza las difíciles
relaciones médico-paciente.

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mática y seductiva personalidad histérica; la personalidad obsesiva, ordenada
y perfeccionista; la recelosa y hostil personalidad paranoide; la personalidad psicopática, impulsiva y carente de escrúpulos; y la dependiente y obstruccionista
personalidad pasiva-agresiva ( hostil-dependiente) .1
El presente artículo trata sobre los aspectos diagnósticos y terapéuticos de este
grupo de desórdenes de la personalidad
como un conjunto, y sobre la importancia
del contacto inicial con el paciente, la interpretación de la sintomatología de presentación, el carácter de la relación médico-paciente, y los principios de manejo general. Artículos posteriores estarán
dedicados a trastornos específicos.

Características generales

Los trastornos de la personalidad son
pautas de conducta relativamente fijas y
de toda la vida, que representan desviaciones cuantitativas, más que cualitativas,
de la norma. Puesto que las personas normales tienen las mismas características de
personalidad que los individuos con desórdenes de la personalidad, se vuelve difícil saber dónde hay que trazar el límite
y aplicar una etiqueta diagnóstica. Por
ejemplo, la pregunta no es si un individuo es paranoide, sino qué tan paranoide
es. Como las pautas de conducta de personas con desórdenes de la personalidad
los ponen en conflicto con su familia y
con la sociedad, los demás usan con excesiva frecuencia las designaciones diagnósticas como etiquetas para personas
inaceptables o desviadas. Estas rotulaciones connotan rechazo e implican que una
persona no sólo causa problemas sino que
es mala.
Ciertos rasgos de la personalidad, aun-

que anormales, pueden ser provechosos,
especialmente cuando están acompañados por ventajas como inteligencia, atractivo físico o encanto social. Por ejemplo,
cierto grado de compulsividad puede incrementar la actuación de un médico
mientras que los rasgos antisociales pue-'
den constituir una ventaja para el político. Los rasgos histéricos, si no son severos,
pueden beneficiar a la actriz. Sin embargo, cuando el médico puede identificar
estas pautas comunes de conducta, se capacita para manejar con mayor destreza
una difícil situación médico-paciente.
La persona con un trastorno de la personalidad tiende a considerar sus problemas de la vida como si emanasen de su
medio ambiente, en particular de las personas dentro de éste con quienes se encuentra en conflicto crónico. Aunque sue1,e tener síntomas de ansiedad y depresión,
e~tos en sí no son característicos sino que
tienen propensión a aparecer durante las
crisis que se desarrollan periódicamente.
Estas crisis ocurren cuando las pautas habituales de conducta ya no son efectivas y
las relaciones interpersonales se están
desintegrando o amenazan hacerlo. En
estos momentos, el individuo con un desorden de la personalidad tiene síntomas
de presentación tanto somáticos como psiquiátricos y busca la ayuda del médico
para problemas que él, el paciente, entiende deficientemente. Como cualquier
otra persona, es susceptible a enfermedades físicas y no todas sus quejas se pueden
considerar como psiquiátricas.
Es lamentable que la terapéutica psiquiátrica sea relativamente ineficaz para
cambiar la pauta de la personalidad de
un individuo así; pero puede ser de considerable valor para ayudarlo a manejar
las crisis y para que aprenda cómo evitarlas. La motivación para la terapéutica
psiquiátrica suele durar poco tiempo y

está limitada a los periodos de incomodidad. La persona tiende a convertirse en
paciente en muchas ocasiones, pero rara
vez se compromete a un tratamiento cuya meta sea un cambio de la personalidad.

Entrevista inicial

El propósito del contacto inicial con la
mayor parte de los pacientes es recabar
la historia, establecer una relación armoniosa y planear la terapéutica. Para que

todo, puede él obtener la historia que
necesita.
Asimismo, los problemas para establecer una relación adecuada surgen casi de
inmediato. Un paciente enojado, manipulador o resistente, inmediatamente pone en tensión la relación médico-paciente y pone de manifiesto reacciones negativas por parte del médico. De hecho la
reacción del médico constituye un indicio importante para el diagnóstico de un
trastorno de la personalidad en el contacto inicial. Cuando nota que él mismo se
está sintiendo enojado o ansioso, frecuen-

GRATIFICAR LAS NECESIDADES DE DEPENDENCIA DE UN
PACIENTE DURANTE LA TENSION PUEDE SER EL MEJOR MEDIO DE PROPORCIONARLE APOYO EMOCIONAL.

puedan alcanzarse estos objetivos, es importante que la pauta anormal de la personalidad del paciente sea reconocida durante el primer contacto. Esto es difícil,
porque en la mayor parte de los casos las
desviaciones son sutiles, y los pacientes
son muy hábiles para aplicar sus técnicas
interpersonales particulares. Sin embargo, si el diagnóstico no se considera inicialmente, para el momento en que se
piense en la posibilidad de un desorden
de la personalidad, ya podrán haberse
presentado complicaciones.
Los problemas empiezan a desarrollar2
se casi inmediatamente. Por ejemplo,
pueden interferir en la obtención de la
historia clínica necesaria. Un médico que
se encuentra frente a un obstruccionista
enojado, una minuciosidad tediosa o una
impresionante enumeraeión de síntomas
vagos, deberá conocer el significado de
dicha conducta y saber cómo, a pesar de

temente sin saber por qué, debería estar
alerta ante esta posibilidad diagnóstica.
También deberá inhibir la expresión de
irritación, al menos hasta que haya quedado satisfecho de su origen.

Síntomas f ísicos y
reacción a enfermedades físicas

El individuo que experimenta falta de armonía en su vida interpersonal puede sufrir angustia manifestada como sintomatología orgánica, que a menudo es etiquetada como funcional. Estos síntomas ocurren, en parte, porque el paciente reconoce que las molestias físicas constituyen
una vía de acceso más legítima y aceptable hacia eJ médico. Por consiguiente,
puede presentar las quejas físicas a pesar
del hecho de que lo que realmente busca
es el consuelo o la sabiduría del médico.

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Asimismo, el médico se siente más cómodo ante síntomas somáticos e inadvertidamente puede dirigir a un paciente a que
exprese su malestar psicológico en el lenguaje de síntomas físicos. Los síntomas físicos no constituyen para el ego un trauma como el que representan los síntomas
psiquiátricos y, por lo tanto, tienden a
preferirse sobre los psiquiátricos. Aparte
de las tendencias naturales hacia la sintomatología orgánica, existe una variedad de mecanismos mediante los cuales
la tensión emocional puede convertirse
en una molestia física o experimentarse
como tal.
Uno de dichos mecanismos conduce a
la cefalea, o al dolor de espalda por tensión. En este caso, la ansiedad está acompañada por tensión muscular que eventualmente conduce a dolor en el pericráneo, relativamente inmóvil, y en los
músculos de la espalda. Esto puede ser el
resultado de anoxia o de la acumulación
progresiva de productos metabólicos. Un
segundo mecanismo es la conversión efectiva del conflicto emocional al lenguaje
corporal. Por ejemplo, una pérdida de
memoria circunscrita puede representar
el deseo de olvidar una experiencia emocionalmente desagradable, más que una
incapacidad de recordar la experiencia.
Un tercer mecanismo produce hipocondriasis. Cuando un individuo encuentra
que su vida interpersonal es cada vez
menos gratificante, puede retirar su interés y volcarlo sobre el organismo y su
funcionamiento. Esto conduce a exagerar la preocupación y la presentación de
los síntomas.
Además de la ausencia de hallazgos físicos, un suceso vital perturbador o una
vida personal crónicamente carente de
armonía, constituyen un dato de la naturaleza funcional de las molestias. La conexión ·causal precisa o la identificación

de mecanismos específicos suele ser difícil e innecesaria. La búsqueda de una
relación específica de causa y efecto entre los s'mtomas y los acontecimientos particulares de la vida ocasionalmente tiene
éxito, pero es más probable que produzca
explicaciones teóricas de validez dudosa.
El individuo con un trastorno de la
personalidad a menudo tiene enfermedades físicas genuinas, a las cuales es tan
susceptible como cualquier otra persona.
Trae consigo al papel de enfermo y a la
relación médico-paciente, pautas problemáticas de conducta y una vulnerabilidad a ciertas facetas de dicho papel y de
esa relación. Cuando un individuo se enferma y se pone al cuidado de un médico,
entra en contacto íntimo con ese médico
y depende de él. Al adoptar el papel de
enfermo sufre una regresión. A través de
este proceso aumenta su dependencia,
adopta pautas de conducta infantiles y
se entrega a las decisiones de otros en lo
que respecta a su bienestar. Al estrecharse su medio ambiente, se espera de él que
se aparte temporalmente de las preocupaciones mundanas y que se dedique a la
tarea de aliviarse. De este modo, conserva
su energía y le da a sus poderes de recuperación una oportunidad de asumir el
mando. Sólo se espera de él que desee recuperarse dentro de un periodo razonable.
Las reacciones a las enfermedades físicas difieren en cada uno de los tipos de
personalidad antes mencionados. Por
ejemplo, el individuo hostil-dependiente
puede descubrir que sus necesidades de
dependencia se llenan con el papel de enfermo, y ya que es reacio a abandonar dicho papel, puede aferrarse a él exagerando sus síntomas. Por el contrario, la persona compulsiva puede encontrarse amenazada por un papel en el cual no tenga
el control acostumbrado, y al rebelarse en

contra de ésto, puede cooperar en forma
mínima con los consejos de su médico.
Bajo tensión, una persona con cualquiera de los tipos de personalidad descritos
puede desplegar una exageración de sus
rasgos habituales de personalidad. Sin
embargo, la persona con una personalidad paranoide o compulsiva tiene poco
espacio para maniobrar, y puede mostrar
signos de descompensación o de extensión de su sintomatología, siendo cualquiera de ellas un cambio en dirección a
la psicosis.

Relación médico-paciente

Un paciente con un trastorno de la personalidad ha tenido una práctica inveterada para la aplicación de técnicas interpersonales provocativas que identifican
al desorden. Por consiguiente, tiene la habilidad de provocar a los médicos para
que reaccionen ante él de determinadas
maneras. Con frecuencia provoca ira,
culpabilidad, ansiedad e incluso grados
indebidos de simpatía. Con algunos pacientes, hay trampas específicas que deben evitarse, como la seducción por parte de la mujer histérica, o la acción legal
por parte del individuo paranoide. Sin
embargo, sin llegar a estos resultados desastrosos, la relación médico-paciente está propensa a deteriorarse, ya sea porque
el enfermo siente que sus necesidades no
están satisfechas o porque el médico, como respuesta a su propio enojo o frustración, rechaza al paciente.
Un médico rara vez está justificado
cuando expresa enojo hacia el paciente;
sin embargo,síllegará a experimentar dicha emoción en sus contactos con estos
pacientes, y consecuentemente tendrá necesidad de controlarla. El reconocimiento
temprano de las pautas desviadas de con-

ducta le ayuda en este aspecto, como lo
hace el conocimiento de que pocos pacientes se comportan deliberadamente de
la manera en que lo hacen. Los pacientes
no desean estar enfermos ni tampoco encuentran satisfacción real en sus pautas
de conducta desviada. Más bien, estas
pautas, que se aprendieron temprano en
la vida, son las únicas que saben usar. Comúnmente con estos enfermos, para que
la relación médico-paciente tenga éxito,
se deben combinar la indulgencia de ciertas tendencias con la restricción de otras.
Por ejemplo, generalmente se puede tratar con una mujer histérica apelando a su
vanidad a través de la adulación y de una
mayor atención, mientras al mismo tiempo se resiste uno firmemente a sus manipulaciones. Por lo general se puede hacer frente a la necesidad de dependencia
de la persona hostil-dependiente, sin asumir al mismo tiempo una excesiva responsabilidad por su enfermedad o tratamiento. Las mismas sugestiones del paciente con respecto a su manejo, o las expresiones de temor acerca de su tratamiento, constituyen las claves de sus necesidades para que exista una buena relación médico-paciente.

Técnicas de apoyo

El paciente con un desorden de la personalidad es un individuo inseguro que
necesita apoyo emocional adicional durante las crisis interpersonales y los episodios de enfermedad física. En la mayor parte de los casos, el médico es capaz
de proporcionarlo; ocasionalmente debe
obtener una consulta psiquiátrica. Por lo
general debe mantener una actitu~ imparcial y de aceptación, comprendiendo
que algunas veces se pondrán a prueba
los límites de su paciencia. También debe

�adoptar una actitud de escucha y ayudar
a su paciente a expresarse plenamente,
de ·modo que pueda aumentar su propia
comprensión de la conducta del paciente.
Se puede proporcionar apoyo emocional mediante una di\·ersidad de técnicas. 3
Quizá la gratificación de las necesidades
de dependencia durante la tensión es la
mejor manera de lograr ésto. De este modo puede reducírsela. El proporcionar
confianza facilita el apoyo. La confianza
que se ofrece sin garantías e indiscriminadamente es ineficaz. El paciente se
siente con más seguridad cuando es aceptado y comprendido, cuando aumenta su
propia c?mprensión de su situación, y
cuando siente que la confianza que se le
ofre~e ~s h~n_esta y realista. Una segunda tecrnca ut1l es la ventilación o la liberación de una emoción. Esto consiste en
expresar las cosas o en descargarlas, cuyos efectos benéficos pueden deberse a la
libera~ió!1 de emociones reprimidas y al
sometimiento de las experiencias dolorosas a una revaluación objetiva.
Otra técnica es el apoyo intelectual.
~ons~~e en revisar de manera objetiva la
s1tuac10n agudamente tensa del paciente
y ayudarlo en su juicio, el cual se encuen!ra tem_poralmente deteriorado por la
influencia de la tensión emocional. Como resultado, el paciente se ,·uelve capaz
de v:r su situ~ción total desde una perspectiva apropiada. Las observaciones de
tipo educativo son importantes y, con frecuencia, benéficas, especialmente en las
~reas donde el paciente puede tener una
mfor~ación errónea. Por ejemplo, es de
especial importancia que un individuo
compulsivo obtenga una información
completa y detallada en lo que se refiere
a su enfermedad, de modo que pueda aumentar su sentido de dominio sobre ella.
El consejo directo por lo general debe ser
mínimo, ya que esto implicaría para el
4

paciente que e~ incapaz de tomar decis~ones firmes por sí mismo. Al tratar particularmente con el paciente hostil-dependiente, las sugerencias deben ser ofrecidas de manera indirecta para que la
decisión final la haga el paciente mismo.
De otro modo, es capaz de sentir que está
siendo tratado como un niño, sentimiento
que resiente y rechaza.
Suele ser mejor estimular la discusión
de alternativas de un paciente y apoyarlo una vez que ha tomado su propia decisión. Estas técnicas en parte ayudan a los
pacientes a desarrollar una comprensión
que combina la satisfacción intelectual ;
emocional derivada del aprendizaje exitoso acerca de cómo manejar los problemas personales. Una vez que un nuevo
enfoque ha funcionado, puede ser aplicado a problemas similares y en el proceso puede convertirse en un mecanismo
h~bitual para hacer frente a las situaciones.
Otra técnica útil es la manipulación
del medio ambiente. Esto en muchas
ocasiones significa la adaptación de la
sala del hospital o de la unidad terapéutica a la personalidad del paciente. Si el
paciente presenta una personalidad histérica, debe eliminarse cualquier recompensa que pudiera obtener de síntomas
presentados dramáticamente (ganancia
~ecundaria). Por ejemplo, lo mejor sería
ignorar en general los desmayos. Por otro
lado, el paciente compulsivo tiene una
~ecesidad particular de sentir que mantiene un control de su medio ambiente.
Cuando el estado sintomático del paciente es resultado del hecho de que se encuentra crónicamente envuelto en una
difícil situación de la vida externa que
,
'
esta ~ás allá de sus posibilidades para
mane1arla, puede ser necesario alterar su
medio ambiente. Esto puede implicar medidas como la hospitalización temporal;

los planes de rehabilitaci6n, concentrándose en el trabajo físico o en los problemas sociales del individuo; o la ayuda de
un trabajador social para ayudarlo a aliviar los problemas financieros, de habitación, maritales o familiares.
En ciertos momentos, los medicamentos tranquilizantes, antidepresivos y sedantes son auxiliares útiles para el tratamiento de estos individuos. La acción de
estos agentes es más sintomática que curativa, y se debe recordar que tienen efectos muy poderosos, tanto psicológicos co-

paciente ha sido retirado de la situación
tensa, los síntomas tienden a desaparecer con rapidez. En la mayor parte de los
casos, los tranquilizantes menores, como
el clordiazepóxido y el diazepam, son
muy satisfactorios. Un sedante también
puede ser útil temporalmente. Si llegaran
a aparecer signos de psicosis, como puede suceder en un individuo paranoide,
puede ser útil una fenotiazina. Si aparecen signos de una depresión de magnitud
algo más que leve, como puede suceder en un individuo compulsivo, se

LA REFERENCIA PSIQUIATRICA DEBE HACERSE EN EL MOMENTO EN QUE LA RELACION MEDICO-PACIENTE SEA
FUERTE Y EL PACIENTE NO SEA SUSCEPTIBLE A SENTIRSE
RECHAZADO O DE QUE SE INTENSIFIQUEN SUS TEMORES.

mo farmacológicos. Al igual que con los
medicamentos en general, fuertes efectos
de placebo suelen acompañar su uso. El
efecto de placebo se intensifica cuando la
prescripción del medicamento va de
acuerdo con las expectaciones y deseos
del paciente. Los fármacos pueden tener
muchos significados simbólicos. Para algunos pacientes simbolizan el don mágico
de alguien que tiene poderes curativos;
para otros puede ser el recordatorio de
una dependencia inaceptable, y para
otros más pueden representar un vehículo
de rechazo. Un paciente puede sentir que
su médico desea deshacerse de él dándole
una pastilla más que escuchando sus problemas.
Durante los momentos de crisis, con
frecuencia causados por una enfermedad
física real, el paciente que tiene un trastorno de la personalidad experimenta ansiedad y depresión. Estos síntomas tienden a ser ligeros y están relacionados con
la situación tensional. Una vez que el

puede usar un antidepresivo tricíclico.
Sin embargo, en tales casos, una consulta
psiquiátrica puede ser ventajosa como
guía para la terapéutica.

Consulta psiquiátrica
En general, la consulta psiquiátrica es
más útil cuando se obtiene al principio
de la evaluación del paciente, y no más
adelante, cuando los exámenes han resultado negativos. También es mejor obtenerla anticipándose a los problemas de
manejo, que después de que hayan surgido, o después de una ruptura de la relación médico-paciente. Sin embargo, es
importante que el pacienté considere
apropiado este tipo de consulta.
En su contacto inicial con el paciente,
durante la obtención de la anamnesis, el
médico que sospeche la existencia de problemas emocionales deberá indagar sobre
la situación de la vida del paciente. Sim-

�PATRONES CULTURALES EN LA VIDA GENITAL Y PROCREATIVA DE LA MUJER
EN PARTICULAR EN MEXICO
Dr. Santiago Ramírez

plemente puede preguntar si el enfermo
siente que los problemas en su hogar o en
el trabajo pueden estar contribuyendo a
sus síntomas. De este modo puede descubrir rápidamente si su paciente acepta la
idea de que las emociones han jugado un
papel en su enfermedad.
El médico está en una situación desagradable cuando, después de haber completado su programa de pruebas, no tiene
hallazgos positivos o diagnóstico. Se encuentra ante la disyuntiva de despedir al
paciente, haciendo alguna declaración
sobre su condición y recetando un procedimiento terapéutico para un estado patoló~co supuesto, pero no diagnosticado,
o de mformarle francamente al paciente
que su reconocimiento y exámenes han
sido negativos. Si sigue este último camino, puede expresar el deseo de proporcionar tratamiento sintomático y al mismo
tiempo recomendar con insistencia una
consulta psiquátrica. Ninguna de estas
opciones resulta particularmente cómoda
para el médico; pero siempre debe estar
en guardia para que no vaya a aceptar
mayor responsabilidad por los problemas
del paciente de lo que le permiten sus
hallazgos.
El paciente tiene derecho a un diagnóstico, aunque sea uno de orden psiquiátrico; puede obtener mayor alivio
de un diagnóstico como éste, que de una
afirmación de que sus análisis han sido
negativos. Sin embargo, para obtener
una consulta psiquiátrica, son muy importantes la preparación y la habilidad
para escoger el momento oportuno. La
referencia a un psiquiatra a menudo despierta en el paciente temor a la locura,
resentimiento hacia la implicación, no
intencional, de que sus síntomas son imaginarios y, finalmente, una sensación de
que el médico lo ha rechazado al hacer
tal referencia. Por lo tanto la referencia

debe hacerse cuando la relación médicopaciente sea fuerte y no existan probabilidades de que el paciente obtenga esta
impresión ni haga que se le despierten
sus temores.
Resumen

Los pacientes con trastornos de la personalidad pueden desafiar la perspicacia
diagnóstica y el ingenio terapéutico del
médico promedio. La identificación de
estos patrones de conducta durante el primer contacto con el enfermo es importante, pero difícil. Un paciente con un
trastorno de la personalidad puede tener
síntomas físicos debidos a una situación
vital tensa. Por otra parte, una enfermedad física real puede constituir la situación tensa. Entonces el paciente usará
sus pautas problemáticas de conducta para hacer frente a su papel de enfermo y
a la relación médico-paciente.
El médico puede ayudar a un individuo así por medio de una actitud de
aceptación y diversas técnicas de apoyo
emocional. Algunas veces los tranquilizantes, antidepresivos o sedantes pueden
ser auxiliares útiles. El valor de una consulta psiquiátrica debe ser considerada
al iniciar la evaluación del paciente.

REFERENCIAS
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chiattic Association, 1968
2. MacKinnon RA, Michels R: ~e Psychiatric Inter-

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4. Castelnuovo-Tedesco P: 1be Twenty-Mínute Hour:
A Guide ro Brief Psychotherapy for the Physician.
&amp;ston, Little, Brown and Company, 1965

Octavio Paz en 'El Laberinto de la Soledad' expresaba: 'La historia de México es la del hombre que busca su filiación,
su origen. Sucesivamente afrancesado, hisparústa, indigenista, "pocho", cruza la historia como un cometa de jade que de vez
en cuando relampaguea. En su excéntrica carrera ¿qué persigue? . Va tras su catástrofe, quiere volver a ser sol, volver al centro
de vida de donde un día -¿en la Conquista o en la Independencia? - fué desprendido. Nuestra soledad tiene las mismas raJces
que el sentimiento religioso. Esa es una orfandad, una oscura conciencia de que hemos sido arrancados del todo y una ardiente búsqueda; una fuga y Wl regreso, tentativa por restablecer los lazos que nos unían a la creación".
Es obvio que el mexicano no pierde su identidad en la Independencia, muy antes de ella la había sido usurpada. Castas,
criollos, mestizos y peninsulares formaban una diversidad de figuras que impedían la adecuada adquisición de una identidad
medianamente configurada, inclusive en niveles de identidad sexual.
Durante muchvs años pensamos que la Conquista había detemúnado tanto la adquisición de una identidad como la
pérdida de otra. Pérez Martínez en esta línea de ideas expresaba: "El cuerpo de Cortez, caído en sedas y desgracias, Cuauhtémoc,
vuelto cenizas en la selva forman nuestra epopeya. Ambos fueron hombres de dos mundos que en nosotros se concilian y
luchan. Tal es nuestra estirpe, y a tal linaje tal escudo".
Cuando esto escribíamos había una gran dosis de exageración. Suponíamos en forma casi absoluta que el haber perdido
una identidad y adquirido otra era en forma total.
Las crisis de identidad aún no resucitas desde los irúcios de la cultura prelúspánica subsisten y prevalecen.
En un relato de Zurita se muestran algunas características que el cuidado de la cría tenía en la cultura azteca: "dá
banles cuatro años leche y son tan amigas de sus hijos y los crían con tanto amor que las muieres por no se tornar a empreñar
entre tanto que les dan leche se excusan cuando pueden ayuntar con sus maridos, si enviudan o quedan con hijos que le dan
leche por ninguna vía se tornan a casar hasta lo haber criado y si alguna no lo hacía así parecía que hacía gran traición".
La incorporación introyección y ulterior identificación con la figura maternal era particularmente intensa desde el pun to de vista cuantitativo. Es por esto que Elizabeth del R'.o dice: "el pueblo azteca expresó su primer ideal inconciente, la unidad con la madre en la figura de una mujer virgen que da a luz al héroe así establece un diálogo, acepta sin dificultad el paso
de la primera persona, YO a la segunda persona TU (la madre), pero lo que no acepta es la intrusión de un tercero, el padre.
Para lograr el pecarlo paso de este magno matriarcado al aparente patriarcado que exhibe el pueblo del Sol, fueron,
necesarias muchas instituciones coercitivas, muchos sistemas educativos, una gran cantidad de maniobras represivas y la alteración en la simbiología, el mito y el folklore de las cualidades bondadosas del diálogo yo niño, tú madre.
La mtsma autora señala: "'en la cultura azteca la educación de los jóvenes tanto dentro de la familia cbmó en las escuelas, se realizó bajo un régimen en el que la represión de los impulsos constituía,el funcionamiento estatal y agregaríamos: "La
represión del 68 es como postula Paz, la gran pirámide". Se imponía la necesidad de castigo, las prohibiciones institucionalizadas contra la embriaguez. El temor de la cercanía tierna a toci-(la madre de los Dioses)- era aterrante en virtud de su gran
intensidad. Sin embargo, el retorno de lo reprimido aflora en el mito, rnagia del centro, pluma preñadora en lugar de falo fecundante: era preciso transformar las expresiones formales de la toltecácidad tierna en muestras agresivas que dieran paso
y canalizaran el sadismo, de aquí la guerra florida.
Este exa.gerado cuidado y prolongada lactancia a la cría posiblemente derivaban de _grandes privaciones históricas,
debidas a la sequía. El ori!!en del culto al agua y de la ansiedad ante la inanición son su consecuencia. Mecitli-maguey-mexicas
es el nombre y la filiación de este pueblo: En el agua núel vieron los aztecas la leche materna. También como señal Gutierre
Tibón "metl-luna; xi-ombligo; co-lugar. El lugar del ombligo de la luna".
La máscara sedu~tora de la madre buena se vuelve persecutoria y mala más que por culpa, por defensa y negación adaptativa, que hace posible tanto a través del floklore, la leyenda, el mito y las instituciones educativas que se logre y cuaje la figura masculina de los caballe.ros tigres y caballeros águilas, evitándose así la persistencia en la ident1bcac1ón temerona temprana.
Quizá no seamos "el pueblo del Sol", sino como una defensa para no ser "el pueblo de la Luna". Atrás de nuestra aparente
exceso de macho no se esconde sino nuestra inmensa hembra, la figura femenina que abre y cierra el calendario azteca: malinalli y xóchitl.
¿Estoy de verdad en la guerra?
ahora no soy guerrero
nú lucha es co n mujer.
Muy posiblemente los signos, los mitos y leyendas de carácter negativo referentes a la maternidad no son sino formaciones reactivas y no al revés, enfrente del sentimiento oceánico derivado de la relación madre-hijo.
La mujer es progenie no sexo. La "alegradora" tiene el vientre echado a perder porque ha dejado de ser un vientre de
progenie y lo es de deseo.
La Malinche e_s objeto de sexualidad, más no de progenie. Los preceptos obediencia, castidad, ayuno y busca del justo
medio lograron con su enorme coercitiva reprimir a nuestra gran madre.
Del Río nos muestra con mucha claridad como la identidad del triángulo familiar con sus respectivos roles "está diseñado perfectamente desde el mundo n ahuatl, d padre distante y tenúdo, la madre pr' odiga y sobreprotectora, la sexualidad
prohibida, la maternidad aplaudida. La regla de la vida que las instituciones educativas proporcionan, reprime las satisfacciones infantiles tempranas, _la tn:ibriaguez severamente castigada, l.a risa y el estru_endo subyugados, la templanza enaltecida".
La destrucción de las instituciones educativas prehispánicas a raíz de la Conquista hizo que aflorara lo que se había
reprimido. El niño insaciable de pecho nutricio careció a partir de entonces de los medios para hacerse un caballero tigre.
La desvalorización de la mujer en la vida azteca es una técnica defensiva para no regresar si matriarcado, todavía muy
cercano y muy temido. Muchas rerniniscénicas de él aún persisten en -las instituciones y en los sistemas de gobierno ..Paradógicamente quien quizá defendió con más fervor el patriarcado fué Tlacaele el Clhualcostl de Izcóatl. La parte femenina de
la pareja en el poder.

�30
Tras la máscara del jaguar aún se oculta, persiste y subsiste hasta nuestros días la venus esteatopígica de Tlatilco.
Los estudios ·de antropología cultural llevados a cabo por Margaret Mead, por Abraham Kardiner, por Ruth Benedict y
ot~~s, han puesto de manifiesto que .muchas de las características consideradas como fundamentalmente femeninas, las que
clasicamente se incluían en el carácter femenino, más que vinculadas a determinismos orgánicos se encuentran profunda y hondamente arraigadas a las instituciones culturales que otorgan determinadas pautas, ideales, metas y papeles atribuídos a lamujer y a sus funciones dentro de la cultura. Características como: pasividad, ternura receptividad, falta de agresividad y
temor al peligro, todas ellas consideradas en la cultura occidental como específicas de la mujer y derivadas a priori de su
condición genética, tienen que ser revaleradas a la luz de la investigación cultural y del cambio social operado en las últimas
décadas.
Desde un punto de vista, formal, podríamos adscribirle a la mujer dos tipos fundamentales de expresión de su femineidad: realización femenina de tipo genital y realización femenina de tipo maternal. Estas dos series de expresiones pueden
encontrarse ausentes, asociadas u operando alternativa y antagónicamente. Es frecuente que en las concepciones populares
se asocie la realización cabal de una de las funciones con el éxito de ia otra. Así se expresa que una realización orgástica
Una afirmación como la anterior está bien lejos de ser exacta, y con más frecuencia encontramos que la cultura al realiz~rse en
determinados grupos sociales o pueblos, antagoniza una función con la otra. Margaret Mead estudió la conducta sexual y procreativa -en culturás primitivas relativamente simples. La ventaja de la utilización y organización culturales simplificadas es
obvia, ya que las variables suceptibles de producir pautas de conducta son menores y, por lo tanto, la complejidad del análisis,
también es menor.
Los arapesh de Samos son un pueblo perteneciente al archipiélago polinésico. La forma de educación brindada al niño
guarda bastante diferencias con la existente en la cultura occidental. Los arapesh son una sociedad de gente pobre, suave y trabajadora; cuando la niña llega a los seis o siete años es prometida a su futuro esposo, el cual es ocho años mayor que ella. Desde el momento del compromiso se traslada a casa del prometido, quien trabaja en compañía de su familia para mantenerla.
Cuando llega la menstruación se llevan a cabo diversos tipos de ritos de iniciación, los cuales culminan en el ayuno. Durante
éste, es el propio novio quien prepara a su prometida una sopa compuesta con distintas hojas de valor ritual; al finalizar el acto el novio le da de comer a su amada, como si se tratara de una criatura que aún no estuviese en condiciones de tomar por
sí misma la cuchara. Después de varias cucharadas la novia sigue comiendo sola; tal parece que con ello se simboliza el que ya
ha adquirido suficiente fuerza. A partir de este momento la sociedad los considera marido y mujer. Cuando surge alguna dificultad entre el hombre y la.mujer, elprimero nunca apela a su condición masculina; se ignora la frase tan común en nuestra
cultura de "yo S?Y el hombre", por el contrario, se expresa: "Yo trabajé el sagú, cultivé el ñamé, maté el canguro e hice tu
cupero. Yo te lúce crecer, ¿por qué no me traes la leña cuando te la pido? " "Como se ve, el hombre tiene derecho sobre la
mujer, porque mediante sus sacrificios y su esfuerzo la nutrió e hizo crecer. Durante las primeras semanas del embarazo de la
mujer, el marido está boligado a realizar el coito con más frecuencia, creyéndose que el semen alimenta y ahce crecer al feto.
En esa cultura las madres suelen ser muy cariñosas con sus hijos y los niños muy bien recibidos en la comunidad; la lactanciil
es prolongada y la relación entre la madre y el hijo está cargada de afecto. El niño mama cada vez que lo exige, sin existir un
horario ~eterminado, la lactancia es rpolongada hasta los dos o tres años de edad. Cuando el hijo es destetado pasa a ser aten'dido y cwdado por los hermanos mayores, a los cuales desde temprano, es particular a las niñas, se les responsabiliza del cuidado de los mel?ores. Esdecir, que desde i:nuy _temprana edad las niñas se identifican con su propia madre, teniendo para con sus
hermanos actitudes maternales. En la vida samoana los patrones culturales no son particularmente competitivos, se trata de
un pueblo alegre y con pocas aspiraciones. La vida sexual de las niñas se inicia precozmente. Esta organización cultural, tan brevem~nt.e reseñ~da, fue estudiada_ por Margaret Mead con el objeto de disipar algunas aseveraciones que se habían aceptado
a pnon: Efe~tivamente, la autora tue a Samoa con la idea de investigar si lo que denominamos adolescencia, era uñ producto
de 1?odifkaoones gl?dulares o ~¡ resultad~ de una organziación cultural y social. Encontró que las muchachas de Samoa no
sufnan la adolescencia en el sentido conocido en nuestra cultura occidental; es d ecir, que pese a una modiµ.cación glandular
present.e en dic_ha e1ad, la ~ormenta psicológica denominada adolescencia no existía. Fue así como logró concluir que existían
d:terrmnadas s1tuac1o~es vttales que eran el resulta?º de la cultura en que se vive y no de cambios físicos. Como ya lo hemos
~nalado en otro. trabaJO la a1;1tora n~ pudo descubnr en esta cultura, esterilidad, frigidez y tampoco trastornos en la lactancia.
U&gt;mo dato parttcularmente ilustrativo afumaremos que entre los arapesh no existe el suicidio.
Una cultura co~trast3:11te con la anterior, es la que describió Kardiner en las Islas Marquesas. Se trata de gente fuerte,
alta, h~,rmosa, de c:iracter violento y org°:lloso los ~o.mbres _son antropófago~ y la organización cultural se está extinguiendo.
1;3 region es ~uy nea, pero a coi:15ecuencta ,de sequ1a mtermttente se sufren epocas alternativas de hambre. Desde el punto de
~ta demografico h~y dos y med~a veces mas v3:1"ones qu~ heI?bras. En una comunidad conviene el jefe de la familia con su muJer, Y dos Y tres mandos secundanos. En comunida?es mas adme~das, P°:eden convivir el jefe, su esposa principal, dos esposas
mas Y unossonce o doce hombre~. Los celos no existen :n el sentido occ1dental de la acepción de la palabra, el jefe trata de tener ~a esposa he~osa que atraiga hombres a _la comumdad. La n;iuje'. le sirve al hombre íinicamente de objeto sexual, es muy
ªP:ec!ada Y muy ºc!iª?ª por la.gran depend:ncta _sexual que el varon tiene para con ella. La mujer para satisfacer al marido -prin?pal Y a los multiples mandos secundarios, tiene que renunciar a sus instintos maternales. El período máximo de amamantam1ent&lt;? es de cuatro meses, quedande el niño después al cuidado de los maridos segundones. La adopción muy frecuente y
se pra&lt;:Cica en es,ta. forma: cuando un jefe _de familia poderoso tiene interés en adoptar un niño, lo puede pedir a cualquier
rnurudad domestica donde hay~ una muJer embarazada. No satisfacer esta petición es una ofensa que trae aparejadas cruees venganzas entre ambas_ comurudades. Por todo esto, la madre, aún antes de tener a su hijo ha de renunciar totalmente a él.
. En re~umen, la muJer en el aspecto sexual se encuentra en una situación de privilegio frente al hombre· desde el punto
t
d~ vtS a social en un p~o de ~al~ad casi absoluta, pero privada del goce de la maternidad por perder prá~ticamente a sus
hijos pocos meses despues del nacumento, no puede amarlos ni recibir el cariño de ellos. Las consecuencias de todo lo anterior
so~: rechazo ~el embarazo en prácticas anticonceptivas, aborto y baja natalidad. La mortalidad entre las embarazadas y partunentas es ~as alt? que la que pod~ía. explicar~ como consecuencia de la falta de higiene.
. La gravidez s~ulada, pseudocresis, es particularmente frecu~nte en las Islas Marquesas. En la mitología folklórica hay
~o~
tipos _de persona3es: l~s F~AUAS y las VEHINIHAI. Los prtmeros son hombres que murieron al servicio de una mujer;
st
;sta qmere ~al_ a una nv~l, .e manda a sus fanauas para que le destruyan el feto en su interior (explicación mágica del por9ue la pseudoctests no culnuna en embarazo real) o para que la mate en trabajo de parto. Las VEHININAI son mujeres salvaJes, destruyen y roban fetos y se apropian de los niños pequeños para comérselos.

1

31
El hombre sufre de niño en la cultura marquesa iguales privaciones orales que la niña y de adulto tiene para con la mujer
una dependencia sexual tan intensa que lo obliga a odiarla. En los cuentos folklóricos, como s;ñalábamos, aparee~ las ogresas,
mujeres disfrazadas de jóvenes- h(frmosas que amenaz~n con comerse al hombre a n:ienos que este les' _de sattsfaco?n:s sex11ales
permanentes. En .4s ·islas Mar~u.es_as la Homo~exualidad en_tre id~ hon;ibres es habitual pero caractenzada por practicas de felacio y no p9r coito anal, el s01cid10 es un fenomeno conoado y comun.
.
En Samoa, donde ~ niñ~ es bien tratada, 1,ien alimentada, el embarazo es recibido con gusto. En las Marquesas por r. predominio de sujetos del sex~ ~asculi~o, la maternidad es ~nsi~;rada co~o algo no deseable y molesto. J::!s evt&lt;l~té 1ue tos
resultados bien pronto se depran sentir. Es una y otra orgamzacion la mu3er responde de acuerdo con las demandas que e hace
su propia cultura: fecundidad en un caso y esterilidad en el otro.
.
Este material antropológico, más otro que ?º es citado, hace qu~ ~aed expr~e: " .. ,muchos, si no tod?s, de l~s rasgos de
personalidad que llamamos femeninos o masculinos, se hallan tan debilmente urudos al sexo como lo esta la vestimenta, las
maneras v la' forma de peinado que se asignan a cada sexo, _según la so&lt;}e.dad y la ép~ca".
.
,
Si por un momento tratamos de extrapolar el mate~ antropolog1co _antes senalado a diferentes areas de la cu~tura occidental, podramos decir que el tipo d~ conducta procreativa y maternal existente entre los ~~apesh es ~astante pareci?a a la
conducta procreativa y material que prevaleció en nuestra cultura ha~ta ante~ de la Revolucion I?dustnal. La materrudad . es
bien recibida, las prácticas anticonceptivas poco utilizadas y la lactancia ~mplia y generosa. _Este ttpo d~ conducta procreatlva
también es la común en nuestro medio actual, tanto en las clases proletanas como en las soaedades de tipo r-ural. Po~ el contrario, las pautas presentes en las Marquesas son la caricaturización de lo q~e obse~~mos en nuestra actual cultura ocodental, en
las clases media superior y "alta y en las zonas urbanas fuertem~nte tn~~~trializadas.
, .
.
.,
.
Con mucha frecuencia hemos señalado que en la cultura mexicana, vtvtendose como antagorucas la sat1sfac~1on gerutal y
pro creativa, la mujer, poco satisfecha y realizada en su conducta genital, co?1pens~ vicariang~~ente la fa!~~ de seguridad y apoyo
que debería obtener del compañero en una maternidad exuberan~e .Y prohfica dandole al h130 ~ proteccion y apoyo que ella_no
recibe de su compañero. Prueba de ello es el dato expresado en el últtmo censo, cuat_ro de cad~.diez ~adr:s ~recen de_companero. En estas condiciones, en particular en la clase popular, los trastornos procreatlvos de ongen ps1cogemco son ba3os· Y todo
esto ya desde antes de la Conquista. (Como se dijo en el Prólogo).
.
.
.
Al contrario, en las clases media alta y alta, subst~cialmente tr~i:iscu!~radas a fo.rmas ~cilaes anglosa3onas, la satls~acción en niveles de expresión genital es particularmente ópnma y la part~apacion de la mu3er en mstrui:ne?to~ de c~tura cons_11erados hasta antes de la Revolución lndustrialcomo típicamente masculinos, es cada vez mayor..~as limita~ones ~e la funcion
procreativa mediante medidas anticonceptivas, la interferen:!ª del embarazo }'.' de la procr~acton .en la '?da sooal y cultural
de la mujer;la lactancia exige, el abandono temprano de los hiJoS ya por el traba30, ya por la vtda social, est~n transfo~ando la
vida procreativa de la mujer en algo precario y limitado que está hacien?o ~e nuestr? mundo contemporaneo. un umverso bastante similar al de las Islas Marquesas. Mundo poblado de ogresas, pronuscm~d ge_nlt:11 en el 9u~ las clases adineradas frecuentemente funcionan en forma similar a como lo hace la mujer marquesa, un mando prmcipal y múltiples segun?ones:,
.
Cualquier actividad extrema ya aquella que ~ite la satisfacción ge~tal, ya aquella que frustre la satts,faccion pro:reattva, necesaria e inevitablemente cobijan dentro ~e si fuentes 1e pat~lo_g1a que tarde o temprano se pondran al desc~bierto.
En ésta muy apretada y condensada síntesis nos ha movido el 1;11tento de hacer ver que ~,ser h,u~ano no t~n sol~,es un
conjunto de órganos, sino que también es historia y cultural. De la ~n:1ª ~~nera que la expresion plástica es man1festacion de
un proceso cultural, también el síntoma y la manera de ser son una obJet1vac10n de la cultura en la que el ser humano se desarrolla, se angustia, goza y sufre.
. .
.
.,
. .
Resumiendo, a la mujer, se le pueden atrtbUir dos tipos fundamentales en la expres10n de su femmeidad, las cuales pueden
operar en diversos tipos de combinaciones, a saber:
a) Expresiones en la realización femenina de tipo genital, y
b) Expresiones en la realización femenina de tipo maternal.
.
Las diferencias culturales producen desigualdad en las mujeres arapesh de Samo~ y en las muJere~ de las Islas Marques~,
observándose que la mujer responde de acuerdo con las demandas que le hace su propia cultura, fecundidad en un caso y esterilidad en el otro.
·
.
.
En nuestra cultura, se observa que en las clases proletarias y rurales se presenta una conducta procreatlva se~epnte a
la arapesh y lo que sucede en las Marquesas es la caricaturización de lo que observ31:nos en. n1;1estra actual cultura occidental,
en particular en las clases media superior y alta y en las zo_nas urbanas fuertemente mdustr~zadas.
Esto nos conduce a un hecho de extrema importancia. Madres rechazantes para sus lúJos, madres que de? poco amor Y
calor a los niños, condicionan potencialmente la _presencia de ~ujeres estérile~. A ~ece: las cosas no so~ tan strnples, por~~e
ocasionalmente una madre puede ocultar a los OJOS de los demas y a sus propios OJOS, -.1 rechazo que tiene enfren~e del hijo,
extremando en forma obsesiva los cuidados higiénicos y dietéticos, r,,ero estas atenciones nunca son capaces de suplir el verdadero afecto.
En la mayor parte de las ocasiones la mujer estéril y con trastornos en el emba,r~zo, nos negará haber tenido °:1ª ma,~e
rechazante y fría, cuando la interroga~os directamen_te. Sin embar~o, en la_labor ana~1t1ca nos enc,ontra~,os en forma ststematl~
ca con que la madre de la mujer esteril fue una mu3er que por diversas c1rcunstanc1as la rechazo, el dio poco afecto o con_dinó -en la niña situaciones emocionales poco propicias para una identificación maternal. En nuestra actual c~tura urbana, con ~cremento creciente de la esterilidad lo que señalamos resulta lógico si pensamos que la vida actual, con sus dificultades econom1cas, sus problemas y vicisitudes hacen poco deseables,ª los_ hijos. Vivim~s en -~ cultura _que demanda del ser humano, _en
este caso la mujer, cualidades y aptitudes cada vez ma~ alepdas de la sattsfacoon pn:~c'.;ativa. Esto trae. co~o consecuenci~,
que la mujer se encuentre ante un dilema muchas veces trresoluble: Optar por su co~dicio_n matern~l, satls~actendo ~us nec~~dades en esta tarea u optar por ren~ciar a sat~f~cciones procreattvas _p~r_otras grat1ficac1ones. de tipo so';~!: trabajo, partlctpa1cion en la cultura O genital. Segun las estadts~~cas -de G1;1emes Tror ~o.:_el 700/o de las muJer.es son fngtdas. Muy frecuenmente el síntoma es el resultado de una transaccton ante el problema.
,
En estas circunstancias, la de familias cortas, e!1 las cuales !os problem~s_de rivalidad se v~n a~avados por~¡ escaso ~~mero de miembros, el nacimiento de un hermano adquiere proporciones traumattcas, •1ue no ten1an aun orgaruzac~ones familiares
de hace un s~lo, en las cuales la niña adoptaba en forma natural un papel mater~al a edad tem~rana, a~d.nado_~s1 a la madre. en
el cuidado de sus hermanos menores. lll nacimiento de un hermano menor tiene hoy en d1a una sigm6cacion que no estaba

�¡I

32
presente en la familia de hace un siglo. Hoy en día la mujer tiene que distribuir su tiempo entre el trabajo, actividades socjales y
culturales y los hijos. Estos, los lújos, ya con una dieta insuficiente de afecto y de contacto emocional con su progenitor tienen
que afrontar el nacimiento de un hermano, sobre una tasa de amor ya escasa. Por eso el nacimiento del hermano adqukra en
nuestra cultura proporciones tan dramáticas. El anterior, no es, claro está, siempre el caso. En una familia judía el nacimiento de
un hermano varón después de tres niñas, adquirirá significación en función de la valoración que la cultura judía da al varón.
En este caso la hermana mayor, la niña, se verá privada de afecto o sentirá la preferencia de los progenitores al hermano, pero
la razones serán diversas.
Consideramos que la esterilidad y los trastornos del embarazo al igual que la hipertensión, se encuentran presentes con
mayor frecuencia en los estratos sociales altos; también su frecuencia es mayor en la consulta privada.
Podemos concluir que la frigidez, la esterilidad y los trastornos del embarazo son el resultado de una relación inadecuada
entre la niña, futura mujer frígida o estéril y su madre.
Cada mujer vivirá su ciclo sexual, ovulación y menstruación y sus deseos genitales, así como sus funciones procreativas.
de acuerdo a su particular historia personal. Unas se alegrarán cuando la menstruación, como índice de poder sortear una relación
penosa y peligrosa. Otras, en las que el conflicto entre el deseo procreativo de tener y el temor a embarazarse las haga reaccionar con sentimientos ambivalentes; por un lado frustradas en su deseo de concebir, por el otro liberadas de ese temor. Cosa
similar se puede decir acerca de la ovulación, proceso que los analistas estamos acostumbrados a detectar a través de los sueños o
cambiso de humos de las pacientes. l-la y mujeres que en el intermenstruo están angustiadas ante la percepción inconciente del peligro que significa la ovulación. Este tipo de mujeres con intenso temor al embarazo se muestran habitualmente frígidas y rechazantes en el intermenstruo, a diferencia de la mujer normal. Racionalizan el motivo para rechazar al compañero alegando
motivos baladíes: falta de atención personal, disgustos o gestos determinados; la realidad es otra, condicionan el disgusto o
gestos determinados; la realidad es otra, condicionan el disgusto y el pleito ante el peligro del coito fecundante. Otras mujeres,
por el contrario, las hiperfecundas, reivindicarán contra cualquier técnica antinconceptiva o ausencia de contacto sexual en
el momento fértil valiéndose también de motivos banales.

FACULTAD DE PSICOLOGIA
Salvatierra y Mutualismo

U. A. N. L.

Col. Mitras

Monterrey, N. L. México

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BIBLIOGRAFIA

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Adolescencia y cultura en Samoa. Editorial Abril. Buenos Aires.

para el tratamiento individual, de grupo y farmacológico.

Orientación en Planeación Familiar.

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Laboratorio de Psicofisiolog ía

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Orientación Vocacional.

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Consultas de 8:00 a 12:00 A.M. y de 2:00 a 6:00 P.M.

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Instituto de Investigación Psicosocial

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Centro de Prevensión del Suicidio con Servicio
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                <text>Revista Científica de la Facultad de Psicología de la UANL. Fundada por Ramón Estrada Maldonado, difunde la investigación en cuanto psicología, salud mental, psiquiatría, trastornos, y temas afines.</text>
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